La locomotora

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Material Information

Title:
La locomotora
Physical Description:
Serial
Language:
Spanish
Publisher:
s.n.
Place of Publication:
Guatemala
Publication Date:

Subjects

Subjects / Keywords:
Periodicals -- Guatemala   ( lcsh )
Civilization -- Periodicals -- Guatemala   ( lcsh )
Genre:
serial   ( sobekcm )
periodical   ( marcgt )
Spatial Coverage:
Guatemala

Notes

Dates or Sequential Designation:
Began with Año 1, no. 1 for July 15, 1906.
Numbering Peculiarities:
Vols. for 1907- also called Año 2-
General Note:
"Revista de política, ciencias, literatura y bellas artes".

Record Information

Source Institution:
University of Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
oclc - 30858255
lccn - 2011229543
ocm30858255
System ID:
AA00011460:00034


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Full Text
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91


aea 4tre .r
wt^k


il


Guatemala, 21


de Agosto


d 1


l*~


A


oil AS
gev Tv 'r 4.


Fr/-


de 1907.































L. .,












2oevista be political, dieoncias, fiteratura 1y 3ef[las (rttes.
Director y Redactor: Felipe Estrada Paniagua.
Admini-trador J. Alejaudro Pacheco H.-2': Acnida Sur. Niincro 3.
TOMO III. GUATEMALA, 21 DE AGOSTO DE 1'0"7. NUM. -13.


A 0 no1m dstico .
4 4 "t 4t


:"... Hoy cum ple
afios la respeta-
ble sefiora dofia Joaquina Cabrera
de Estrada, digna y amantisima
madre del senior Presidente Cons-
titucional de la Rep-iblica.
Con tal motivo, ayer obsequi6
ella un almuerzo a los que bajo el
peso de terrible enfermedad se
hallan en el Asilo la Piedad, y
boy, como en afios anteriores,
ofrecio, tambien un almuerzo, a
los presidiarios de la capital.
Various amigos del senior Lie.
Estrada Cabrera, justamente
apreciadores de las virtues de la
sefiora dofa Joaquina, leobsequia-
ron a esta un magnifico y artis-
tico Album en que van consignados
pensamientos y las firmas de
quienes al mismo tiempo le lle'va-
ron la esplendida serenata que se
verific6 anoche con el siguiente
program:


G-ranm Slaemixeat
l tI .W
con qll felicitarin esta nocl)c a la cistimlable
SeCnorLa Doia

joaquigci Calrerr dc Esfrajdia
tvrios be su antitos.


rograma
HIMNO NATIONAL.
I. Gran Marcha Triunfal de la Opera
"El Profeta," -----.----_----- Meverbeer
2. Obertura de la Opera ''La Forza
del Destino".--------.--..----.. Verdi
3. Gran Fantasia de la Opera "Cava-
lleria Rusticana" ------.-------... Mascagni
4. "La Flor del Caf6," vals .----..-- AlcAntara
5. "Cl6ebre MAinueto" .--------....._ Paderewski
6. "Recuerdos de Norma"---------- Bellini,
7. "Champagne," galop .-------..--. Wegaud
GUATEMALA, 20 DE AGOSTO DE 1907.
C3. PALCAN.TANE.R ,
DIRECTOR DE ORQUESTA.
A las 8 de la nocbe en ptnto.
A las muchas felicitaciones
que la sefiora dofia Joaquina ha
recibido hoy de toda la Reptiblica.
unimos la nuestra con los mais
sinceros votos por su ventura per-
sonal y la de su apreciable familiar.


a









La Locomotora 2


4O~I~IL


TEID 17r9`%2Eoo


fl1 disti.ngutido escritor guatemalteeo don Felipe Estrada P'aniagu.a.


L LEGO el moment, verdaderamente
L emocionante, en que el reo se
levant6 del banquillo de los acusados,
para declarar.
La igura esbelta de Luis Ortero se
irgui6 altivamente y sus facciones de
andaluz, medio africano, adquirieron una
expresi6n salvaje de retador inddmito.
Ni un murmullo alteraba el silencio que
en la sala reinaba. Los espectadores
aguardaban ansiosos las palabras del
acusado. El crime babia despertado
la curiosidad pdblica pues los actors del
drama eran bien conocidos de la sociedad
madrilefa. El, Luis Ortero. pintor de
moda, cuyos retratos se disputaban las
sefioras de la nobleza; ella, Laura Her-
berg, bermosa rubia de ojos claros, que
enamorada, se cas6 con el artist. El
pdblico de siempre, el que va A todas la-.
diversiones, el que forma el abono del
Teatro Real y el Espafiol en el invieruo
y del Circo de Parish y de las companies
extranjcras en la primavera, alli estaba;
querian oir al mismo Luis Ortero, la
relaci6n del crime, oirle disculparse, si
disculpas tenia. La Sala Segunda de la
Audiencia de Madrid estaba de bote en
bote; la atmdsfera, viciada de costumbre
por el sudor del populacho, trascendia a
perfumes elegantes de m ujeriles cuerpos.
Desde la puerta del sal6n se veia el
vaivin de los abanicos agitados nervio-
samente por sus duefias que deseabaii
ya, las emociones que se habian prome-
tido. Alli en el fondo se distinguia el
tribunal, bajo el dosel carmesi con el
retrato de los reyes, resaltando la ne-
grura de las togas de los magistrados
con el rojo del tapiz que cubria la mesa,
sobre la cual aparecian los c6digos y el
Crucifi.o. Frente A los magistrados y A
los sillones que los jurados ocupaban,
entire dos civiles de tricornio calado yN
bayoneta armada, estaba el pintor. Su
algo demacrado y palido semblante,
encuadrado por rizosa barba negra y
cabellera oscura, estaba iluminado por
los litimos rayos de un sol trist6n de
otofo que por la ventana prdxima pene-
traba, dAndole apariencia de Cristo bizan-
tino. A las preguntas que el Presidente
de la Sala le dirigiera, contest el acusado
con voz que mesurada y opaca en un
principio, lleg6 tomar tonalidades es-
tridentes de verdadero desequilibrado.
Punto por puntorelat6 el suceso, des-
cubriendo escenas amargas y dolorosos
pasajes de su vida que parecia ir arran-
cando de lo mis rec6ndito de su alma
para mostrarlo escueto, desnudo, tal cual
era, ante la Avida curiosidad de los
espectadores.


-La mate, senior Presidente, porque
debi matarla, como cien veces la mataria
si ante mi se pusiera. Me bes6 en la
boca y aquel beso frio, indiferente, beso
de muerto, si los muertos besaran, me
demostr6 el tin de su carifio. Conociendo
el carActer de Laura, comprendi lo impo-
sible de que volviera A mi, con el amor
de siempre y antes que fuera de otro,
quizas lo hubiera sido ya, hundi mis
manos en su cuello y rasgu6, como pude,
aquellas carnes mas blancas que la
nieve que en sus labios pusiera al darme
el fatal beso. Laura Herberg, senor
President, era alemana, de Hamburgo.
En Paris, en el Museodel Louvre no,.
couocimos. Copiabamos los dos el mismo
cuadro. Yo. ya habia alcanzado repu-
taci6n y ella me conocfa de nombre. A
mi, ella me recorilaba el tipo de las
mujeres de la Escuela Holandesa. Sus
cares sonrosadas, como flores rojas
salpicadas de nieve, sus oj0)s a/ules de
cobaltico-, reflejos, -u pelo rubio que
cual tiara de ore, coronaba su frente,
sus opulentas forms, su majestuoso
andar, todo, todo llam6 mi atencidn. El
arte, fuj el principio de nuestras conver-
saciones y el amor el final. Y amor
grande, s-in limited, con inmensidades de
mar y cielo, prendid en no:sotrois v nos
amamos y al amarnos sentimos la feli-
cidad. La luna de iiel durd algunos
alio,, una tonteria mfa a eclipse. Laura,
me sorprendio en mi studio entire los
brazos de una de mis models; muchacha
morena, delgaducba y nerviosa que con
lubricidades de mujer ardiente formaba
un gran contrast con el tranquilo amor
de la alemana. Nt un grito, ni un
reproche, ni una lagrima.-En mi pals,
me dijo Laura, las mujeres dejan de
amar cuando se las engana.
Desde aquel dia, en que un maldito
capricho vino a echar por tierra toda mi
felicidad, comenz6me 6. mostrar la mis
complete indiferencia. Mi carifio hacia
ella se redobl6; crueles deseos atenace-
naban mi cuerpo ante la imposibilidad
de poseerla de nuevo. Ella afable con-
migo ante las gentes, solas, ni me
dirigia la palabra.
Una tarde en que volv alegre a casa,
pues uno de mis cuadros alcanzu en
estranjera exposici6n primera medalla,
un verdadero triunfo de artist, comu-
niqun le la noticia y al verla sonrefr,
quise besarla.-No, dijo ella esquivando
su boca, aun no be olvidado. El dia que
olvide, mi indiferencia convertiriase en
desprecio y no desees nunca que llegue
ese caso, pues quizis sea prueba de qne
be encontrado en otro, el amor que tdt
q tiiste regatearme.


-Ouedime frfo. Conocia su caracter
firme 4 inflexible, bien demostrado en
otras ocasiones, como en nuestro matri-
monio hecho 6 pesar de la resuelta opo-
sici6n de sus padres, como la vez en que
por uua broma mia, tir6los pinceles y
no volvi6 jams a pintar ni un simple
disefio. Ausenteme de Madrid algunos
meses para hacer unos studios de
campo que necesarios me eran. Volvi
a mi casa, en lujurioso atardecer de
primavera, y encontrr A Laura que
inclinada sobre una labor de bordado,
trabajaba, completamente absorta, sen-
tada junto la ventana, de par en par
abierta, del jardin. Llegue de puntillas
y la bes6 entire los encrespados ricillos
de la nuca, volvi6 ella la cabeza y sin
sorprenderse lo mis minimo, me bes6 en
la boca. La frialdad de sus labios enar-
deci6 mi -angre, una nube rojiza se
atraves6 en mi vista al recorder las
palabras de aquella tarde, y agarrotando
su cuello entire mis manos, la asesin ......
Su hermoso cuerpo, deslizAndose de la
silla, cayd, pesadamente sobre la alfom-
bra, aquella boca, que tirmnara su senten-
cia de muerte, cubri6se de amarillenta
espuma y golpee loco, con mis manos,
sus carnes, y rasgue sus vestidos por si
notar podia en su cuerpo de diosa las
hucllas del amante. Mir, llorando al
cielo, y el cielo, limpio v azul de prima-
vera, convidaba a la vida. Mirejaljardin
y los floridos Arboles v los verdes ma-
tajes decian amores. Y yo, alli solo,
muy solo, juntoa los despojos de aquella
mujer que me engali6, yante un porvenir
cavernoso, con inllmtt.has nerlrar rs yf mii'hti.e

Termin6 el acusado y el silencio que
se hio en la sala fue interrumpido por
las palabras del Presidente "El Jurado
se retire a deliberar" y los sollozos
convulsivos de Luis Ortero.
Francisco de Arce.
Guatemala I l-Ag- osto--l1 'i7.


A una gitana


ji3 DONDE \as en tu camino incierto?
qui buscas? que persigues? quo ambicionas?
del aucla tierra en Ias distintas zonas,
no hallaste IuLInca ni li;llar;s un puerto?
Iimne. en tu coraz6u el goce ha niuerto?
Por quc es tan triste la canci6n que entonas'
De tus padres barrio las blancas lonas
el igniromro soplo del desierto?
A tf, gitana misteriosa, acudo;
Habla! ....tu prediccidn no me intimida:
tras este batallar constant y rudo,
hallaremos la tierra prometida....
tl, la bohemia del desierto mudo......
y .o, el pobre bohemio de la vida!
Julio Florez.








La Locomotora 3


fa buena estrclla


fQUELLA noche, y icuin lejana esta
esa noche! cay6 una estrella en el
arroyo. "aTe imaginas, me dijo, que yo,
sin una raz6n para ello he caido del ma-
ravillosoazul sobre vuestraoscura tierra?
iQue error el tuyo! Yo sabla muy bien
que tt pasarias por la calle en el momen-
to mismo de mi caida; y siL,ti lo quiercs,
agitando yo mis rayos, como si fuesen
las plumas de una ala te transportare a
las regions divinas de la paz y de la luz.
Alliarriba, muy alto, mas alto todavia;
las realidades de la vida no existen. Eso
que vosotros llamiis lo verdadero jams
ha entristecido los ojos de los astros cla-
ros; pero, en cambio, los suefios son los
paseantes habituales de las rutas lumi-
nosas"
-"No vacilo. le respond A la estrella.
Despliega tus alas de llamas, arrebitame,
Ilevame contigo, hermosa ave, formada de
resplandores."
Al moment la estrella me llev6 hacia
el pais de la quimera y del ensueio. Y
desde entonces no he vuelto mas I la
tierra.
Catulle Mendes.

hA PANDERETA



HIZO DIOS un magoflico pander
que sirviese de caja A la alegria,
dord su cerco con luz del dia
y lo dej6 entire lazo- prisione ro.
Hechas con placas de metal ligero,
le intercalo sonaja-s porffa,
y di6 estrepito loco y armonia
al ronco parche del tirante cuero.
Lo ech6 a rodar en torno del planet
y cruz6 la sonante pandereta
por todas las naciones que el sol bafia.
Fud perdiendo vigor cada segundo
y al acabar de recorrer el mundo
bes6 la tierra y se par6 en Espafia.
Salvador Rueda.
Ni Q.A. NRQ.O.
I Aa"V -- --w _
pL CORAZON de hierro de este monstr.lo,
rpalpita al par del mio
y los dos van bogando sobre el agua,
el, perdiendo carbon, y yo suspiros!
Entre el cielo y el mar nos encontramos
los dos, a un tiempo mism:.;
l6 expLesto al furor de las tornientas,
y yo, de mis pasiones al arbitrio.
En luchda 1 con las ondas que Io atajan,
y yo con mi albedrfo;
31 va dejando< tras de si una estela,
3o lanzando al cielo mi impotente grit.:-!
El, camina feliz buscando el puerto,
yo al puerto me encamino;
no sabe 61 cunddo se hundirA cn las olas,
yo no s6 cuando, en el sepulcro frio!
JosS Pedn y Contreras.


L OTRO dia, domingo, levanta-
S mos nuestras tiendas y caminan-
do hacia occidente por el valle de Cherith,
dimos comienzo a nuestra peregrinacidn
por Galilea. Pero, fuese que la consola-
dora fuente de la admiraci6n se hubiese
secado en mi, 6 que mi alma, arrebatada
por un moment A la cimas de la Historia
y sacudida por Asperos escalofrios de
emocidn, ya no pudiese complacerse en
aquellos tranquilos y yermos caminos de
Siria, ello es que sentisiempre indiferen-
cia y cansancio, desde el pais de Efrain
hasta el pais de Zabul6n.
Cuando aquella noche acampamos en
Bethel, la luna llena comenzaba a mostrar-
se trash los montes negros de Gilead...
El festive
Potte me ense- I
fio el suelo sa-
grado en que
Jacob, pastor
de Bersab$, ha-
bia vi-,toen .ue-
n)os una escala
luminosa, hin- -
cada 6 sus pie [W
v arrimada a
las estrellas,
por la cual su-
bian V bajaban,
entire tierra y
cielo, Angeles
,'ilenciosos. Yo,
bostecc formi-
da bl e m e n te
murmu r ando:
-; Tiene gra-
cia!...
Y asi, boste-
zando, atravese
la tierra de lu-, Pueite sobre ul r,:,
prodigious. La
gracia de los valles me aburl-id tanto
como la santidad de las ruina,. En el
pozo de Jacob, sentado en las misinas
piedras en que Jestis, can.-ado como
yo de andar por aquellos casinos
y como yo bebiendo del cintaro de una
samaritana, habia ensefiado la nueva v
pura manera de adorar; en las proximida-
des del Carmelo, aposentado en la celda
de un monasterio, ovendo de noche el
viento en el ramaje de los cedros que
abrigaran a Elias, v las ondas vasallas de
Hiram, rev de Tiro; galopando con el
albornoz al viento por la planicie de Es-
drel6n; remando dulcemente en el lago
de Genesareth, cubierto de ,ilencio v de
luz, donde quiera el Tedio march a mi
lado, compafero fiel que A. cada paso me
apretaba contra su pecho, debajo de su
manto pardo.
A \eces, sin embargo, coino un perfu-
me delicado y grato me Ilegaba del remo-
to Pasado y agitaba levemente mi alma,
como una brisa lenta agita un cortinaje
muy pesado... Entonces, fumando delan-
te de mi tienda, trotando por el lecho
seco de los torrentes, veia con deleite
jirones sueltos deaquella Antigiiedad que
me aprisionaba: la terma romana donde
una criatura maravillosa, de mitra gual-
da, se ofrecia lasciva y pontifical; el


hermoso Manases, Ilevando la manoi la
espada lena de pedrerfa; mercaderes en
el Templo, desdoblando los brocados de
Babilonia; la sentencia del Rabi con una
rtbrica brillante, en un pilar de piedra a
la puerta Judiciaria; las called iluminadas,
griegos danzando la calibida... Y enton-
ces, esperimentaba un deseo angustioso
de sumergirme en aquel mundo irrecu-
perable. iCosa risible! Yo, Raposo y
doctor, que gozaba todas las dulzuras de
la Civilizaci6n, sentfa nostalgia de aquella
barbara Jerusalem, por donde pasara en
un dia del mes de Nizam, siendo Poncio
Pilatos, procurador de Judea.
Despucs, estos recuerdos agonizaban
com-) una lAmpara i la cual faltase el
aceite. En mi alma solamente quedaban


Las Anima., cerca de Caballo Blanco.

cen;zas, y delante de las ruinas del monte
Ebal 6 bajo las pomaradas que perfuman
a Sichem, no hacia otra cosa sino bostezar
Cuando Ilegamos 6 Nazaret, que apare-
ce en la desolaci6n de Palestina como tn
ramillete posado en la piedra de una
sepultura, ni siquiera me interesaron las
hermosas judias por quienes se ba56 de
teruura el coraz6n de San Antonio. Con
su cantara bermeja al hombro, subian por
entire los sicomoros A ,la fuente donde
Maria, madre de Jestis, iba todas las tar-
des, cantando como ellas, y como ellas
vestida de blanco... El alegre Potte,
retorcidndoselos bigotes, les murmuraba
madrigales en voz baja. Ellas sonrefan
bajando las pestauas grande y negras.
Era aquella suave modestia ante la que
San Antonio, apoyado en su bord6n, y
sacudiendo la barba, suspiraba: "iOh!
virtudes claras, heredadas de Maria,
llena de gracias!" Yo, en cambio, s6lo
murmuraba secamente: "Remilgadas!"
A traves de caminos donde la vifla y
la higuera abrigan casas humildes,
como cuadra A la dulce aldea de Aquel


a visi6dn be pasabo








La Locomotora 4


que ensefi la humildad, trepamos al
monte de Nazaret, batidos siempre
por el viento que sopla de Idumea. Alli
Topsius, quitindose el gorro, salud6
aquellas planicies, aquellas lontananzas
que Jesis, ciertamente, iriai contemplar,
concibiendo en presencia de su luz v de
su gracia las incomparables bellezas del
reino de Dios... El dedo del doctor histo-
riador me iba sefialando todos los lugares
religiosos, cuyos nombres sonoros caen
en el alma con una solemnidad de profecia
6 con un fragor de batalla: Esdrel6n,
Eudor, Salmen, Tabor... Yo miraba,
liando un cigarro. Sobre el Carmelosoun-
reia una blancura de nieve; las planicies
de Perea fulguraban en una polvaredade
oro; el golf de Caipha era todo azul; una
tristeza cubria a lo lejos las montafias
azules de Samaria; grades aguilas revo-
loteaban sobre los valles... Lostezando
murmur e:
--Bonita vista.
Al fin, una madrugada, comenzanuos a
descender hacia Jerusalem. Desde Sama-,
ria a Ramah fuimos agasajados por esos
grades y negro- chubascos ide Siria, que
no tardan en producer rugidores torren-
tes entire las rocas, bajo los almendros en
floor: despu.s, junto A la colina de Gibeah,
donde, en otro tiempo, bajo los cipreses
de su jardin, David tafifa el arpa, miran-
do i Si6n, todo se visti6 de serenidad y
de azul y una agitaci6n engolf6se en mi
alma, como un viento triste en una ruina;.
Yo iba Jerusalem: ~a cii? .Serfa aque-
lla que un dfa contemple resplandeciendo
sunttiosamente al sol de Niam, con sus
torres formidable, v el Templo color de
oro v color de nieve, v el Area Ilena de
palacios y Bezetha regada por la? aguas
de Earogel?
-;El KIurds, cl IKurd.--grit5 el \iejo
beduino con la lanza en el aire, anuncian-
do por su apodo musulmin la ciudad. del
Se iar.
Galope todo trtmulo... Pronto distin-
gui alli abajo, cerca del Cedr6n a la ciu-
dad sombria, Ilena de conventos y agaza-
pada en sus mnurallas caducas, como una
pobre cuhierta de piojos, que para inorir
se arrebuja en los harapos le su manteo,
junto al quicio de una puerta. Bien pron-
to, las herraduras dle nuestros caballos
golpearon las losas de la calle Cristiaua...
Despues. al penetrar en nuestro cuarto,
claro v alegre con su tabique de ramajes
azules, todavia un instant fulgurid on mi
memorial cierta sala, con candeleros de
oro y una estatua de Augusto, donde un
hombre togado extendia el brazo dicien-
do: '"Ciar me conoce bien."
Ea de Queiroz.


T 1A GENTE viene y va por el an-
cho paseo. La noche es hermosa.
En el cielo limpio de nubes, titilan
los astros con diamantino resplandor: los
focos elhctricos dibujan lineas de plafa
entire la atm6sfera; los faroles de gas,.
manchas lividas sobre el suelo. El aire
se mueve con pereza; apenas sacude las
hojas de los Arboles. Enlasramas de es-
tos duermen ahora el amor de los pajaros;
en sillas y bancos cuchichean el amor de
los hombres. A cierta distancia, series y
edificiosaparecen su mergidos en un bailo
lechoso. Cuando las distancias aumen-
tan todo se convierte en negruras salpi-
cadas de puntitos bermejos.
Me dejo caer contra una silla, entriste-
cido con raz6n; mis ner ios,, quebrantados
en gimnasias esttipidas, deben ser culpa-
bles tinicos de mi tristeza. Miro destrui-
do el ir y venir de los paseantes. He
llegado A tales sitios ignorando d6nde me
dirigia. Este i otro lugar, nque mas
tiene? Hay horas en que todos los siti:-.
son iguales parauno: otros hay en que un
sitio determinado resume el Universo.
De pronto, salgode mi mismo, como
llainad. 'a voces por alguien que tiene
autoridad desp6tica sobre mi. El alguien
que vocea no es un alguien; es algo, un
edificio que, metiendoseme por los ojos,
me vuelve a la realidad de los objetos y
los series.
El edificio fue en 4pocas, lejanas ya,
temple de mis adoraciones; antesala del
temple, el ancho paseo donde he llegado
sin darme cuenta de ello siquiera.
Noches enteras, sin hacer distinci6n
entire las de verano y las de invierno, sin
preocuparme del calor 6 del frfo, he me-
dido de arriba a abajo este paseo con las
pupilas puestas en los balcones dela casa,
aguardando que en uno de ellos brillase
una luz, que era para mi alma un faro
anunciador de felicidades sin limits.
Toda mi existencia oscilaba con los os-
cilaresdelaluz. Ella,enlos dias de forzosa
separaci6n, dibujaba las paredes delga-
binete; los grandes retratos que, a tener
vida, hubiesen sentido envidia 6 celos de
nosutro-,, los ,muebles, guardianes de
nues.tros dillogosy de nuestros- silencios;
la atm6stfera amasada con oxigenoy be-
sos: el hechicerci cuartito cue servia de
estuche ]a mujer de mis amores.
Todo 61 pasaba entonces frente a mis
ojos a los resplandores de la electric
lucecilla, y al iin pasaba ella.


Pasaba y repasaba por junto al hueco
delbalc6n, con el cuerpo semioculto entire
los pliegues de la bata 6 del peinador, con
los cabellos caidos sobre la espalda como
6ureo manto real, 6 recogidos en torno de
la frente como una olim pica corona, pasa-
ba con andar misterioso, con dcsmayada
lentitud, vuelta la cara hacia el sitio ocu-
pado por mi, puestos los dulcisimos ojos
en el espacio negro, fruncida la boca
como para moldear un besoy enviarmelo.
Asi pasaban las horas de forzosa sepa-
raci6n; asi mela presentaba laluz con sus
electricos resplandores.
Y si para verla a ella y para ver los
objetos de ella aguardaba yo horas y
horas al lucir de la lampara, icon que
ansiedad no lo aguardaria cuando su bri-
1lo era voz de luz que me decia: "iVen!....
No esperes mis, que yo no espero mas
tampoco!...."
Ahora brilla tambien la luz en los balco-
nes del edificio; tambien alumbra parede-,
y retratos y muebles, tambien pasa por
delante de ella una mujer con el cuerpo
simi-oculto por los pliegues del peinador
y la cabellera caida contra la espalda
como Aureo manto real; tambi0n sus ojos
contemplan las obscuridades del espa-
cio; tambidn sus labios se fruncen
modelando un beso para enviarlo ella s6lo
sabe a quiea y d6nde.
A mi no es ya.... Ya no soy sacerdote
en el temple aquel; ya no se enciende la
lucesita para gritarme: iVen! 6 iMfraine!
.... ZQuien sabe si es ella 6 si es otra la
mujer que pasa y repasa por entire el
hueco del balc6n? [Hay tanta distancia
desde el paseo hasta el gabinete! IHay
tanta distancia desde el hoy al ayver I Se
abri6 un abismo tan profundo entire yo y
ella, que ni los ojos del cuerpo ni los ojos
del alma pueden distinguir bienlas cosas
ni los seres!....
Despues de todo,, que importa eso? La
luz sigue brillando. Para alguien seran
sus resplandores. iDichosos quienes ain
pueden llegar a recover los de esa i otra
luz esa semejante, desde el ancho paseo,
donde el aire se mueve perezosameinte
sacudiendo apenas las hojas de los Arbo-
les, en cuyas ramas duerme,, cuando e.i
noche, el clamor de los pajaros, mientras
en las villas y en los bancos cuchichea el
amor de los hombres!.......


Joaquin Dicenta.


1 LJ U -9- -








La Locomotora ,


2ecutrbos be viaije

ia barca i e lca el ril o batelero
En el muelle de Theraphia, para pasar
i la otra ribera del B6sforo, se require
escoger una barca en mediode las muchas
que prestan alif ese servicio. Todas son
ligeras, bellas, en su mayor parte; bien
pintadas, con hermosos cojines de ter-
ciopelo, y manejadas cada una por un
remero joven, de brazos fuertes y for-
nidos.
Sdlo la mis pr6sima al muelle, y a la
cual correspondfa el turn en aquel
moment, tenfa el aire de pordiosera al
lado de las demis: en vez de terciopelo
sobre los cojines lucfa sobrecamas india-
nas, en pequefos pedazos, de diversos
colors. Esta barca bien cuidada, pero
vieja y Ilena de remiendos, la comandaba
un batelerocaduco, de aspect miserable.


PucL te S.:'bre c riu Ocoitc., c-rc.a Lie Cabal
Koch Hag inan y Cfa.)

Cerca ya de mi la rehusc brutalmente,
6 hice atracar la inmediata qlue era nueva
y dorada. Pero cuando se ;apartaba ella
para dejarle pas.i a la otra, yo vf que,
con algunos cuilad i:s ingeniosos, sus
pedazos de indianas cstaban reunidos y
acomodados, obra, sin dudla, de alguna
vieja mujer, esposa de ese buen hoinbre,
para dar todavia un poco do apariencia a
la barca desmautelada y no desagradar
a los clients; y senti caer s-obre min la
mirada del \'ieo batelero, una mnirada
cargada de reproche contenido, de resig-
naci6n y de angustia. ... Eutonces una
piedad desconsoladora me apreto el cora-
.zon, piedad que me hizo la j-rn-ada muy
sombria.
Yo me prometi, en cambio, volver al
dia siguiente, buscarla entire toda-, cum-
plimentarla por el buen gusto de sus
-modestos embellecimientos, lo mismo
que tomarla cada vez que yo pasara.


Pero ni al dia siguiente ni a los otros
posteriors pude encontrarla. Y esto
es quizis bien pueril, que de todas las
malas acciones de mi vida, ninugua me
ha dejado mis remordimient-os que la
afrenta becha 6 aquel pobre viejo, i sus
pequenias sobrecamas indianas, ribetea-
das con humildes galones rojos y muy
laboriosamente arreglada-,.
Pierre Loti.


in1pr's_ ones be

Paul 23our wt

'awn Tennis
Una francesa, queriendo explicar su
character, ha escrito lo siguiente:
"Nunca me visto para un baile sin
saber por quien
voyalli. "-Las
mujeres norte-
americanas,por
el contrario,
visten con el
objeto de apa-
recer bellas,
porque son mu-
jeres hermosas
y sanas, como
su raza, y en
aquel moment
ninguna piensa
en el "flictiog,"
absorbidas co-
mo estin en se-
Se guir el juego,
en que cada re-
o Blanco.-(Finca de cin llegado se
interest inme-
diatamente al
igual de otros. Aleccionadas por cursos
de cultural fisica, comprenden el atle-
tismo en done quiera que lo encuentran
con la misma semi p-rofesioial inteligencia
que en un asalto de esgrima un- espada-
chin mide con una mirada la agilidad de
sus combatientes y su juego.
En cierto moment, uno de los j6venes
combatientes que acaba de herir la bola,
llama un asistente para qud le limpie
la zuela de su zapato de caucho, llena de
lodo. Durante esa plebeya operaci6n, el
joven logra asumir una apostura tan
gallarda, que oigo a una muchacha excla-
mar: IOh, cuinto desearia que ganase!
iEs tan buen mozo!" Ingenua -x,:lama-
ci6n de la mujcr norteamericana por la
belleza fisica, considerada al modo paga-
no. Va tan ljos esta adiniraci6n, que
uno de los mis celebrados atletas de
Estados Unidos. reune en su palco, des-


pues de la representaci6n en que ha
tomado parte, I las mujeres de la mejor
sociedad, con el torso desnudo, les da
una disertaci6n sobre su cuerpo, una
conferencia sobre su musculatura. La
fotograffa de este torso, realmente mus-
cular, como aquel del Museodel Vaticano
que las manos del viejo Miguel Angel
acariciaban, se venden en todas las tien-
das, y m.s de una de estas bellas espec-
tadoras die "lai n tennis" posee una de
ellas en su sala. "Hay gentes que con-
sideran esto indecente" decia una de las
mencionadas damas, mostrandome ese
singular document de la independencia
de ideas. "Yo no lo creo," afiadia ella.
"Esto es griego; he ahi todo."


Paul Bourget.


31 it taci6n
SF.RETAp.i. r.r
INS'R i.;CI,',N PliBLICA


AMARICA CENTRAL
Guatemala, 9 de Agosto de 1907.
Sefor Director de "LA LocOMOQORA."
Debiendo tomarse en la debida antici-
paci6n las medidas conducentes al 4xito
que el patriotism desea alcanzar para
Guatemala en el pr6ximo Congreso Medi-
co Pan-Americano, me doy la honra de
invitar a Ud. para que se sirva asistir a
una reuni6n en la que tomarin parte la
Comisi6n Organizadora del Congreso y
las diversas Sub-Comisiones; y que ten-
dra verificativo el 10 del corriente a las 3
p. m. en el Sal6n de Recepciones del
Palacio Nacional.
Le anticipo las gracias por su puntual
asistencia, y me subscribe de Ud. atento
y S. S.
Angel M. Bocanegra.


Pdsame
La sefiora doiia Adela Samayoa de
Lardizabal falleci6 el 17 del corriente,
desp u s de prolongada enfermedad.
Sentimos el triste suceso y por e1
presentamos nuestro mars sinceiropesame
a la familiar de la finada y especialmente
a su viudo nuestro appreciable amigo don
Jose Marfa Lardizabal.


Ziuevo biario
Dirigido y redactado por el senior Ge-
neral y Doctor don Fernando Somoza
Vivas comenz6 a circular ayer la nueva
publicaci6n diaria- que 11eva por nombre
"La Mailana."
Correspondeimos on gusto al atento
saludo del apreciable colega y le desea-
mos el mejor exito en sus arduaslabores.








La Locomotora 6


JiL NORTE, a las margenes del
Niemen, llega una tierna criolla de quin-
ce anos, blanca y sonrosada como la floor
del almendro. Viene del pais de los
colibries, la conduce el viento del amor...
Los de su isla decianla: "No te vavas...
Hace frio en el continente... El invierno
te matara." Pero la criollita era incre-
dula respect A que existiese el invierno,
y no conocia el frfo sino por baber toma-
do sorbetes; ademas, estaba enamorada;
no temia i la muerte... Hete aqui que
desembarca ahora alia arriba, entire las
nieblas del Niemen, con sus abanicos, su
hamaca, sus mosquiteros y una jaula de
doradas celosias llena de pajaros de su
pa is.
Cuando el viejo Norte ha visto llcgar
aquella flor de las islas, en\iada por el
Mediodia en un rayo de sol, su corazon se
ha conmovido de lastima, y pensando con
acierto que el frio se tragaria de un boca-
do la doncellita y sus colibries, ha encen-
dido su anchosol amarillo, y se ha vestido
de verano para recibirlos... La criolla se
cngafia: ha creido que aquel calor brutal
y pesado del Norte ha de ser un calor
duradero, ha tomado aquel eterno verdor
oscuro por el verdor de la primavera, y
colgando su hamaca en el fondo del par-
que, entire dos abeto--, se pasa todo el
dia abanicindo-.e y mecihndose.
;Pues hace inucho calor en el Norle!"
esclama entire risas. Sin embargo, una
cosa la inquieta. ;Por q'lut las casas no
tienen azoteas en e-,te extraio pais? ?Pa-
ra que esos gruesos muros, esasalfom-
bras, esas pesadas colg'adura,? ,De queS
servirian esos grades hornillos de loza,
esas enormes pilas de lefia qiie amontonan
en los patios, esas pieles de zorro azul,
esas mantellinas con forros doubles, esos
abrigos de peleteria que durmenn en el
fondo de los armario_?... iPobre adoles-
cente, pronto lo sabri!
Una maiana, al despertar-,e, se sieute
presa de un gran escalofrio la criollita.
Ha desaparecido el sol, y dele cielo oscuro
v cubierto, que parece haberse acercado
a la tierra entire tinieblas, camen en gru-
mos unos copos de felpilla blanca y silen-
ciosa, como debajo de los algodoneros.
El invierno; aquf esta el invierno! iEl
viento silba, znmban las estufas. Dentro
de su jaul6n de doradas celosias, ya no
gorjean los colibries. Permanecen inmo-


viles susalitas azules, rosadas, de rubi,
verdemar, v da pena verlos arrimarse
unos a otros. letirgicos y embotados por
el frio, con sus agudos piquitos y sus
ojuelos como cabezas de alfiler. Alli
abajo, en el fondo del parque, tirita la
bamaca llena de escarcha, y las ramas de
los pinabetes son de cristal hilado... La
criollita sieute frfo; ya no quiere salir
mas.
Hecha tin ovillo delante del fuego como
uno de sus pajaros, pasa el tiempo miran-
do la llama, y' evoca al sol con sus recuer-
dos. Dentro de la gran chimenea lumino-


Alk
SL-9o

1IT


010
A0.
ir ia


Otra vista del puentec


sa y ardientc, vuelve a ver todo su pais:
los anchor muelle- bafiados por el sol,
con la parda melaza que rezuma y fluye
de las callas de an.tcar, y los granos de
mriz Hlotantes entire un polvo dorado;
luego, .la. siestas de mediodia, las claras
cortinas, ls esteras de paja; despues las
noches de estrella,, las brillantes luci6r-
nagas, v millones de alitas que zumban
entire las flores v en las mallas de tul de
los mosquiteros.
Y mientras que suefa a-i ante la lum-
bre. snc,'dense loz, dia-. de invierno, cada
vez mAs cortos, cada vez mis oscuros.
Todas las mafanas hay que sacar un
colibri muerto dentro de la jaula; bien
pronto ya no quedan mas que dos, un par
de vedijas de plumas verdes, que se
erizan una junto a otra en un rincon...
Esa mafiana no ha podido levantarse la
criollita. El frio la agarrota, la paraliza
como a una balandra mahonesa encerra-
da entire los belados tempanos del Norte.
El dia esti oscuro; la estancia triste. La
escarcha ha extendido sobre las vidrieras


una gruesa cortina de seda mate. La ciu-
dad parece muerta, y por las silenciosas
calls silba con lamentos el barrenieves
de vapor... Dentro de su lecho la criolla
hace relucir las lentejuelas de su abanico
para distraerse, y pasa el tiempo miran-
dose en espejo- de su tierra, guarnecidos
con grandes plumas indias.
Sucedense los dias de invierno, cada
vez mas cortos, cada vez mas oscuros.
La criollita languidece desolada entire sus
colgaduras de encajes. Lo que la eutris-
tece, sobre todo, es que desde su lecho
no puede ver la lumbre. Parecele que ha








-*1

A










so:bre el r io icosito.

dejado su patria por segunda vez... De
rato en rato pregunta: "1Hay fuego en la
habitacidn?-Si, pequefia, 1o hay: la chi-
menea esti echaudo llamas. ,Oyes chispo-
rrotear la lefia y estallar las pifias?--Oh,
veamos, veamos!" Pero por nmas que se
inclina, la llama esta demasiado lejos: no
puede verla, y esto la desespera.
Pues bien. Una noche que et-ta pensa-
tiva y pilida, con la cabcza al borde de la
almohada y lo ojos vueltosconstantemen-
te hacia esa hermosa llama invisible,
aproximase i ella su amado y toma uno
de los espejo.s que estln sobre la cama.
"NQuieres ver el fuego, monina?... iBue-
nol Espera..." Y, arrodillindose delante
lde la chimenea, trata de enviarla con su
espejito iun reflejo de la magica luz:
"hLo ves?-;No! No veo nada.--,Ahora?...
-;No! Tampoco..." Luego, al recibirde
pronto en pleno rostro un ravo de luz
que lo rodea con un nimbo: ";Oh! iYa lo
veo!," exclama gozosa la criolla. Y muere
sonriendose, con dos Ilamitas en el fondo
de los ojos.
Alfonso Daudet.


PED


0


f--i;


L- L








La Locomotora 7


IIJDIFL O


Jt&K2J1t9


"1- I j npi.ru, r:on s;re y ran al aire,
la; liprim as ;on .agJ.a y an al mar:
dime. mOler.. .. cuandr. el aamor -e o.I ida.
;r9be, t il d.ude va"
(BrCKER).
-iQue me miras?
-Miro tu boca.
--La quieres?
-i;Qu pregunta!,...
-Basta, Luis, no seas loco; mira que
es tardisimo y en casa me van a echar de
menos.
-Que prisa tienes, mujer, apenas son
las once y media y basta las dos que
comes, ya ves si bay tiempo.
-Eso es: y despues Ilego de prisa y
corriendo, toda sofocada y esperando mi
gente.
-iAlmal deja quete bese en la boca,
porque asi te impido que refunfufies...
-iAy! que me lastimas.


mente todo: perode cierta manera, dando
al mundo lo que del mundo es y guardan-
do las formas y miramientos.
-No me quieres, Matilde: no le des
vueltas. Tengo pocos anios, es verdad;
pero el carifo hacia ti me los centuplica y
veo todo. iLa sociedad, la sociedad!, -que
nos importa?; mientras te rea arriba, en
la cdspide, en la moda, te alabarA siempre
babeindote palabras de vasallaje; pero en
cuanto te yea cafda, se mofara de tf. El
verdaderoamor, como el que yote tengo,
no se fija en nada. El mundo para ti y
para mi debe ser un hormiguero que se
arrastra y murmura alli lejos, muy lejos,
pero entire el cual y nosotros bay una
muralla infranqueable... el Amor.
;Te agradece la sociedad una lagrinma
que por ella derrames, mientras yo con
mis besos te las enjugo? Desengafiate,
.4 7


Baios de San Antonlo.-Sala de espera.


-Estrujarte quisiera hasta meterte
dentro de mi cuerpo para tenerte siem-
pre en mi, para que nuestra care se
cunfundiera, para que no te separases,
como te separas hoy, como te separas
siempre, porque cada vez me quieres
menos.
-;Que chiquillo eres! ,Tti crees que
sin mas ni mis es possible hacer todo lo
que uno quiere? Si me dejase guiar por ti,
a estas horas todo el mundo me sefalaria
con el dedo como una perdida. ;Lo que
hacen los pocos afosi si eres un niflo,
que puedes saber? Creeme a mi, Luis,
que con relaci6n a ti soy casi vieja; en la
sociedad se puede hacer todo, completa-


nena, todo eso que me dices no es prActi-
ca, ni es talent, es hipocresfa, que es lo
linico que el mundo te puede ensefiar.
Si es verdad que me quieres como me
dices, 'por que no hemos de ser felices
siempre? No tengo mis cariflo que til,
vAmonos lejos, a America, a. otro planet
si fuera possible, donde amarnos siempre;
donde podernos besar en la boca, ante ei
mundo enter, sin miedos, sin sobresaltos
con el alma quieta.
-Eso; todo muv bonito, muy bonito;
pero muy loco. Olvidas que nosoy libre; no
te acuerdas que soy casada; que mi mari-
do, al dejar el mundo de sn barco, Ilegara6
de uu moment a. otro. Suponte que por


una tonteria nuestra se entera; entonces
el escandalo, la comidilla obligada de
todos... ;que horror!
Seamos juiciosos, nilfito mio; si eres
bueno y formal, nos seguiremos viendo
en este piso; en nuestro nido. como ti le
llamas; yo encontrare tiempo para venir;
ya veras. Los dias que salga a misa,
alguna tarde que vayade visits, ya veras;
se juicioso y tu Maltilde te querr.
siempre.
-;iMalditos miramientos que de ti me
alejan! ,no me quieres? :no eres- mia?
Entonces, por qu- yo, que soy el verda-
dero duefio de tu alma, tengo que poseer-
te como un Indr6n; en el misterio; en la
sombra; con sobresaltos siempre... ;que
no: nos vean!... ique no se enteren!... ;no
me mires tatnto en el paseo!... y mil cosas
por el estilo?
Ese bombre, .
quien segtin tii 110
quieres, por unas
palabras dichas en
latfn y cliatro borri-
nes en un papel tim-
brado, ya es tu due-
1io, ya es tu amo, ya
te puede esigir cari-
io. Y -o, que te
quieror con toda mni
alma y que me quie-
res tu, per faltarme
esa bendici6n y esos






tuya, tuya soy; s61o
s scon tus caricias, te
lo juro, se estremece
micuerpo. A mi ma-
rido debo atencidn,
nada mis. Cuando
me case cref que-
rerle, despu-s me
convenci que no era
possible. Tonte-
rias de muchachas;
se me figure que si
no me casaba pronto, me quedaria
soltera. Pero ya sabes que el Linico
houibre a. quien he querido, A quien
quiern, a quien querrd, eres td, Luis de
mi alma.
-Pues si eso es verdad, vA;monos; no
necesita encontrarte aquf ese hombre.
-No, Luis; L qu6 ese escaindalo?
-Tti quieres vermie sufrir; tti quieres
que me vuelva loco. Cunado vengas y me
abraces, al miorder tus labios, se me an-
tojar6 sentir en ellos el dejo amargo de
las caricias del otro.
-Va'mos, no dig-as tonterfas. Si ntate
aquf, en el sofi; no estcs dtr rodillas en el
suelo...









La Locomotora 8


-iTe me vas Matilde, te me vas! Ya
no eres s6lo mia. ;!.ue cortos se me han
hecho estos meses!


una y pico; voy A llegar tarde y boy
come en ca.a mis cutfadas. Acompana-
me hasta la puerta. .


Mira, yo quisiera tener tu conformidad: -- ------ -- ----------------


comprendo que.te molestAr; con tantas
lamentaciones; pero no puedo, no sedomi-
narme. Hasta me imagine a veces que
empiezasa cansarte de mf: iverdad que
no, Matilde, jurAmelo'
-Te lo juro por ti, que es lo que mis
quiero...
Bueno, bueno; basta de besos, somos
dos nifios sin talent ninguno... L'es? la


-El tiltinio beso, Matilde; en la boca,
que sea muy largo, muy largo... ,quie-
res?...
-Por Dios chiquillo, que es tardisiuno.
Ya sabes, el miircoles a las nueve y
media, irl- A San Jose \ luego aqul.
-Ya estara tu marido y no me vas a
parecer tan mfa.
-Pues tuya; tuya siernpre; )a lo


-Adi6s, mi vida.
-Adi6s... sangre...

iPobre Luis, solo volvi6 al gabinete; se
dejd caer en el sofa, y reclinando su cabe-
Za en el almohadi'n atll, rompid Ilorar
con \ ulsivaam ente...
Ella, alli en la calle, apresuraba el
paso contoueando su lujurioso cuerpo, al
mismon tiempo que pensaba:
-Ese chiquillo me va a comprometer
el mejor dia; la verdad es que a veces se
pone tan pesado... la culpa me la tengo
vo, que me enamori-ique de ese mufeco
rubio...
Francisco de Arce.


S'*- ": .. ."".' ." '. '" ". '. -.:.

S.. ....'. .'.; .. .., -" .. .,
-r ,-~*

,.


Ejelci.-:is tie t ro al blanco.-iArtilllefa.)


TRIU1NFAT



AMIAS tc niegues al dolor... El duelo
es la supreme condici6n que exalta
la vida misma... Cuando el duelo falta,
falta el impulso con que arranca el \uelo.
Nunca es mAs puro y transparente el cielo
ni con mis bella radiaciin se esmalta,
que cuando el rayo de su seno salta,
y agita el aire su inconsuitil velo.
Ser tn dolor en la mortal fatiga
es ascender hasta el celeste campo
en done s6lo la grandeza espiga...
S6, pues, un Duelo, y triunfaras en todo,
con la triinfal resurrecci6n del campo
que gesta flores en el mismo lodo.

Manuel Barrero Arguelles,


FEDERICO


FUE como un sol; en el Oriente rojo
Del grau dia de luz que se levanta,
Snrgi6 triunfante su genial enojo
Como el penddn de lajusticia santa.

El mundo I mir6, y ante su arrojo
Nadie siguid la huella de su plant,
Mientras Jestis, a quien venci6 el sonrojo,
Baj6 su faz ante inclemencin tanta.

Y iguih Zaratitstra su camino
Burlindose de todo lo divino
Y Ilenando a los hombres de pavura.

Y en vez del vil madero del Calvario,
Le sonrid al formidable visionario
Con un gesto terrible, la Locura.
Orosmdn Moratorio.


7





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4.
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FOTOGRAFIA


IMPERIAL


DE EMILIO EICHEMBERGER
GUATEMA LA
Retratos a todos precious, desde los mds baratos.-Grande y magnffica colecci6n de vistas
y tipos del pafs.-RETRATOS DE TAMAF4O NATURAL en tinta china
6 acuarela, ejecutados por. LAMBERTO EICHEMBERGER con procedimiento mas
modern y entregados en tiempo mds corto
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U libro


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