Obras de D.F. Sarmiento

MISSING IMAGE

Material Information

Title:
Obras de D.F. Sarmiento
Physical Description:
53 v. : ; 25 cm.
Language:
Spanish
Creator:
Sarmiento, Domingo Faustino, 1811-1888
Montt, Luis, 1848-1909
Belin Sarmiento, Augusto, 1854-1952
Publisher:
Belin
Place of Publication:
Paris
Publication Date:

Subjects

Subjects / Keywords:
Education   ( lcsh )
Politics and government -- Argentina -- 1860-1910   ( lcsh )
Economic conditions -- Argentina   ( lcsh )
History -- Argentina -- 1860-1910   ( lcsh )
Genre:
non-fiction   ( marcgt )
Spatial Coverage:
Argentina

Notes

General Note:
Vol. 1-6 "reimpresion" 1909.
General Note:
Vols. 1-6 have imprint: Paris, Belin hermanos, 1909; v. 7-49: Buenos Aires, Impr. "Mariano Moreno" 1895-1900 (v. 7, 1896); v. 50-52: Buenos Aires, Marquez, Zaragoza y cia., 1902; v. 53: Buenos Aires, Impr. Borzone, 1903.
General Note:
Vols. 1-7 comp. by Luis Montt ; v. 8-52 and index comp. and ed. by A. Belin Sarmiento. Cf. "Advertencia"," v. 1.
General Note:
Vols. 7-52 "publicadas bajo los auspicios del govierno arjentino."

Record Information

Source Institution:
University of Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
oclc - 04759098
ocm04759098
Classification:
ddc - 982
System ID:
AA00010664:00048


This item is only available as the following downloads:


Full Text




OBRAS


DE



D. F. SARMIENTO


PUBLICADAS BAJO LOS AUSPICIOS
ARGENTINO


DEl. GOBIERNO


TOMO XLIX


BUENOS AIRES
7502- Imprenta y Litografia l Mariano Morenon, Corrientes 829
1900


MEMO RIAS

























EDITOR
A. BELIN SARMIENTO














ADVERTENCIA DEL EDITOR


EstA indicado en las notas que algunas pAginas de este
volume' han sido tomadas de un folleto que hemos
publicado en 1884, con el titulo de Introduccidn d las
memorias militares y foja de servicios de D. F. Sarmiento.
Ese folleto fu6 publicado durante la ausencia de Sar-
miento en misi6h A Chile y arreglado por el present
editor, en presencia de los apuntes que nos dejara, jun-
to con la plena autorizacion de emplearlos en la forma
q,ue nos pareciera convenieite, autorizaci6n de que usa-
mos entonces libremente, suprimiendo, agregando y
trasponiendo, en la plena seguridad do no apartarnos del
espiritu del autor y de que hasta los defects serian
aprobados.
La parte in6dita de los fragments p6stumos que
completan este volumen, tienen el mismo cardcter que
los del folleto mencionado. Nos fueron confiados para
que redactaramos y didramos forma, una series de apun-
tes inconexos y arrojados al papel sin plan y d medida
que una ocurrencia hacia saltar una reminiscencia, que-
dando asaz truncos 6 incompletos, interrumpidos por
la agitada ancianidad y los achaques de los filtimos
tiempos.
En vida de Sarmiento pudimos hacer lo que 61 nos
encargara; pero debiamos conservar A lo que publicara-





OBRA8 DB SARMIENTO


mos despues, su carActer de absolute autenticidad, con-
formandonos al texto manuscrito que serA depositado
en la Biblioteca Nacional, donde podrA cotejarse con la
publicaci6n y cerciorarse quien quiera de la fidelidad y
respeto con que hemos puesto en orden cronol6gico y
ajustado paginas inconexas entire si, que nadie hubiese
tenido quizA la paciencia de o-rdenar.
Declaramos, pues, que todo lo in6dito de este tomo es
genuinamente del autor y que, si bien algo hemos supri-
mido por ser repeticion 6 por su inoportunidad, nada
hemos agregado ni cambiado, ni prestado generosamente
de lo nuestro, como ha dicho un critic de anteriores
publicaciones, donde solo hemos cumplido estrictamente
los deberes de un editor, en una compilacion que no
volverai hacerse de trabajos improvisados, con rapidez
y abundancia asombrosas, corrigi6ndose solo evidentes
descuidos y errors de imprenta y hasta dejindolos cada
vez que al corregirlos temi6semos desvirtuar la origina-
lidad del estilo. Estamos persuadidos ademas que la
critical seria may niucho mas acerba si hubidsemos dejado
todos los lunares.
Una buena parte de estos apuntes revela la intencion
de demostrar que el grado de General de Division tenia
por lo menos el justificativo de la antigiledad de servicios
reales en la milicia y aptitudes demostradas. Sarmiento
en su dpoca fud cruelmente escarnecido y ridiculizado por
llevar un grado y aceptar sus emolumentos, como si fuera
debido linicamente al favoritismo y se comprende su
empefio en defenders de tan feo cargo; pero hoy, A
parte del interest hist6rico y de la belleza de las narra-
ciones, pareceria que igual empefio fuera aun de actualidad,
si hemos de atenernos A las aserciones de uno de sus
historiadores. Tanta ha sido la vocingleria A este respect,
que don Guillermo J. Guerra, escritor chileno que acaba





ADVERTENCIA DEL EDITOR VII
de consagrar un hermoso studio de 400 pdginas A Sar-
miento, se ha dejado influenciar por ese ambiente y
atribuye ai una especie de vanidad pueril el que Sarmiento
se creyera en efecto military, cuando lo ha sido y notable
en el concept desapasionado de los militares mas cua-
drados que en nuestro pais han servido bajo sus 6rdenes,
y como si fuese en realidad incompatible para ser acree-
dor A los mas altos grades militares, el haber sabresalido
en otras ramas de la actividad humana.

EL EDITOR.

















INTRODUCTION (4)




Para traer A la memorial, en los dltimos aflos de la vida
'de un actor en aquella grande epopeya de la historic
argentina, la parte que A 61 le cupo desempefiar en tan
largo y complicado drama, conviene tener present que
diez aflos despues de caido el telon, el teatro mismo de
los hechos se ha modificado, no quedando de los sucesos
historic ordenada, ni de los hombres que figuraron en
primera y segunda line, sino rarisimos testigos y actors.
Quedan es verdad, sin alterarse, 6 un extreme de la
dilatada llanura, los imperturbables Andes, al otro los
,grandes rios que arrastran sus aguas tranquilas hacia el
estuario del Rio de la Plata. Una y otra extension de
,territorio conservar, siempre la fisonomia solemne y triste
del Desierto, rebelde A recibir la action de la cultural; pero
las loconiotoras avanzan ya en todas direcciones, d.ndose
silvos de inteligencia al suprimir distancias y similar
.jurisdicciones.
LD6nde queda hoy la Guardia de la Esquina, extreme
en.tonces y centro ahora de la civilizacion de Santa Fe?
SQu6 haria hoy Quiroga con sus bandas de descarisados,
aunque pudiera lanzar otra vez el grito de: religion 6
muerte?
Seria, empero, historic digna de un Gibbon, por el

(1) Esta introduction precede un folleto titulado :-c Introducelon A las Memo-
rias Mllitares y fojas de servicios de Domingo F. Sarmiento, General de Division
-(R. A.)-Buenkos Aires, imprenta Europea, 1884, que public el editor de estas
obras, durante el viaje de Sarmiento A Chile en 1886 y del que incluiremos aqui
Jas pAginas que no hagan repeticion. ( Nota del Editor).





OBRAS DE SARMIENTO


contrast de los futures tiempos, cuando nada quede de,
1o pasado, sustituido el caballo por la locomotora, el chasquea
por el tel6grafo, el ganado silvestre por la cultural del.
suelo, y aun las razas humans por la recolonizacion de
tan vasto pais
SQu6 figures de titanes suministrarian en aquella lucha
de descomposicion, los nombres de Aldao, el fraile guerrero;
de Facundo Quiroga, Ilamado el tigre de los Llanos; de
Rosas, el astuto lobo, que no pertenecen a las categories
ordinarias de la sociedad modern? GC6mo explicar la
impotencia de espadas como las de Paz, Lavalle, Acha,
La Madrid y tantos heroes que la America acataba y
vinieron a. oscurecerse en las nubes de polvo que levan-
taban los jinetes de la Pampa? Sucedia que los guerreros
se tornasen en escritores, cambiando la espada en punzante
buril y dejando a veces paginas que valian batallas, como
si sembraran ideas regeneradoras, donde solo se veian
ruinas d osamentas. Este es el caracter distintivo de
aquellas guerras civiles que principiaron por matanzas,
y acabaron por razonamientos, y cuya grande batalla en,
la morada del tirano en quien se resume todas las
resistencias coloniales, 6 las creadas por los desperdicios
de la guerra de emancipacion, proclama la unidad de
pais tan subdividido, y una Constitucion national bajo
los principios y condiciones que reconocen los pueblos
modernos para organizer gobiernos regulars.
Mientras que aquella historic universal de la gran guerra
civil, que principia con ia abdicacion de Rivadavia, no se
escriba, la opinion de cada 6poca no vera de tan vasto
cuadro sino lo que tiene mas cerca. Los grandes centros.
de poblacion son los focos activos de la opinion pdblica
dominant; y es singular ver c6mo loshombres y los sucesos
figuran en este escalafon de grades que ia opinion contem-
poranea acuerda. Sin ir mas lejos, caido Rosas, sus suce-
sores son el objeto de la pdblica execracion; pero separado
Buenos Aires de la masa general de los pueblos, la ambi-
cion y la necesidad de la propia defense requieren un
ej6rcito, y fuerza es revivir los grados dados por Rosas
como base, afiadi6ndoles los jefes y oficiales orientales,
venidos con el Ej6rcito Grande y algunos jefes de la
Independencia. Los que militaron con Lavalle son admi-





INTRODUCTION


tidos con restricciones, y mas tarde los del general Paz,
que hicieron la guerra del Brasil, apenas eran nombrados
por cuanto quedaron en la Confederacion. Al fin, y cuando
con la reintegrtcion y constitution de la Repdblica, todos
estos diversos ej6rcitos se funden en uno, los guerreros
de la Independencia, mediante un sobresueldo, recuperan
su puesto de honor en la lista military.
Esto no quita que para la opinion local no haya glorias
que alcancen & las de la defense de Buenos Aires en
que todos han tenido parte, Cepeda y Pavon tan poco
gloriosos, y la larga campafia del Paraguay a que con-
curri6 la mas brillante juventud. Para los que no se
hallaron en sus numerosos y poco decisivos combates no
habia salvacion; y como la opinion la forman los j6venes
que escriben en la prensa, Si alguno dej6 de mostrarse
con habito military desde 1858, por ejemplo, como la opi-
nion es joven, acaso de menos de veinte afios, es de temer
que en su horizonte no entren los sucesos ni los hombres
de mas de treinta. Los de setenta pertenecerian A la
historic antigua. Si desearamos una protest contra estas
exclusiones, iriamos a buscarla elocuente en la democra-
tica Atenas, en aquello a que ha dado forma imperecedera
Arist6fanes con la misma mano que desgarraba a S6crates
y le preparaba con sus sarcasmos la copa de cicuta.
Nosotros los viejos, hace declr a los restos de Salamina, acusamos 4 esta ciudad.
Tantos combates nos darian derecho d ser alimentados pop ella, al fin de nuestra
vida. Lejos de eso, somos maltratadcs, implicados en process, abandonados 6
las burlas de los jovenes oradores, aunque seamos sordos y demasiado dbliles ya
para llenar una flauta con nuestro soplo debilitado por la edad. Poseidon debia
protejernos, pues no nos queda mas apoyo que un baston. Balbuceando con voz
senil delante de la pledra del Tribunal, no vmros sino la sombra de la justicia,
mientras que el acusador que quiere conciliarse a los j6venes, nos abruma con
su dialectica, y arrastrAndonos ante los jueces nos confunde A cuestiones, tendidn-
donos celadas de palabras. Su agreslon turba, anonada y despedaza al pobre
Fithon, el cual inhabilitado por la edad, enmudece, y es condenado a pagar la
multa, lo que le'hace decir a sus amigos, con las lagrimas en los ojos: (Ole qui-
tan lo que tenia para pagar ml sepultura 1n Decid si no es infamia esto ? Pues
qu6 1 el clepsidro mata al anciano blanco de canas que en la ardiente refriega
tantas veces se cubrl6 de glorioso sudor, y cuyo coraje salvo la patria en
Maraton I.... (1)


( 1) Traducldo por Paul de Saint Victor y eltado en Les Deus Masques. Tom. II
pag. 273.





OBRAS DB SARMIENTO


Pueden ser significativas las semblanzas de situation, y
no deja de serlo seguramente el hecho denunciado por
Arist6fanes, de que es la juventud ateniense la que asi
insulta las canas de Salamina y Maraton, justificando hoy
como entonces el pedido de los ancianos, de que ((en adelan-
te no pudiesen los viejos ser acusados sino por los viejos,
y los j6venes por los j6venes.))
No se ceba por cierto nuestra democracia en disputar el
pan a, los qua les han creado la situation pr6spera de
que abusa, puesto que les aseguran con pensions una
vida soportable. Es a la fama que se dirijen sus tiros, y
tan frecuentes y repetidos son, que al cabo desaparecen de la
vista los titulos y de la memorial la tradition; preguntandose
en seguida, 6 insinuindolo, que si no es el favor de ayer lo
que nos improvise de favorites en generates de la Repdi-
blica. (Nos abruman con cuestiones, y nos tienden celadas
de palabras.) Mostrad vuestra foja de servicios, nos dicen,
ante cuyo argument enmudecemos, a causa de que en el
caos de diez guerras civiles que se cruzaban entire si, disuel-
ta la Nacion en 1826, entrechocindose sus fragments,
uno suprimiera lo que el otro habia creado, por ser su
propia acusacion. Felices algunos, si a mas del hecho
de encontrarse por sucesion de servicios coroneles 6 ge-
nerales vivos pueden apoyarse en algun testimonio escrito,
escapado de la conflagracion, como aquellas hojas sueltas
que cubren el suelo despues de una tormenta. CGaenos a
la mano, por accident, uno de esos testimonios cuya
autenticidad proviene de que son fugaces, como suele por
ornato de la narracion, decirse que la luna brillaba en
todo su splendor en la 6poca del suceso narrado, y el
abogado que acusa a un reo de homicidio le prueba con
este incident, de una narrative extrafia al crime, que
no era en la obscuridad de la noche que acometi6 A su
victim, como lo pretendia.
El bi6grafo del general D. Nicolas Vega, narrando sus
campafias, para justificar sus titulos, dice:
((Dos dias despues fu6 atacada la fuerza del General \ega por una division
mendocina destacada desde la ciudad de San Juan, al mando del Comandante
D. Casimiro Recuero (antes de Granaderos A Caballo). El General Vega principle
sus operacilones marchando con su division hacia las alturas de Niquivil, punto
ventajoso en que se habia acampado el enemigo a una legua de Jachal, para





INTRODUCCION


encontrarlo y batirlo, lo que efectu6 tomando la ofensiva y cargando al enemigo
hasta derrotarlo completamente, persiguilndolo mas de cuatro leguas.
En esta brillante Jornada se distinguleron entire otros jefes, el Coronel D.
Domingo Recaflo (antes del Once de los Andes) y D. Domingo Sarmiento que era
uno de los ayudantes de Campo del General Vega, el cual atraveso los fuegos
del enemigo para llevar la orden del General al Comandante de Escuadron D.
Julian Castro de que flanquearan al enemigo por su derecha cuyo movimiento,
efectuado con precision, ocaslonO su complete derrota (1).

Si alguna duda Zlejara esta primera anotacion hist6rica
para reconstruir una foja de servicios, confirmaria su
autenticidad un document pTiblico que en su 6poca
adquiri6 grande notoriedad, por cuanto sirvi6 de base a
reclamaciones diplomiticas entire el Gobierno de Rosas
y el de Chile en 1849. El reclamo procedia de suponerse
probada la violaci6n de las leyes de la neutralidad, con
los prop6sitos que revelaba el General Ramirez en la
siguiente carta:

uExmo. Sefior D. Juan Manuel de Rosas:
Me honro de elevar a V. E. la adjunta carta del loco, fandtico, unitario, Domingo
Sarmiento, sin duda con su malevola Intencion, y que crey6ndome en desgraeia
y que por ella fuese yo capaz de manchar mi foja de servicios siguiendo sus
aluclnados planes contra nuestra Independencia y santa causa federal.
A este judio unitario en la revolution salvaje que estall6 en Mendoza en el Pilar
(1829) lo tom6 prislonero, salvdndole la vida a dl y A otros sin conocerlos, y por
un hcto de generosidad lo conduje A mi casa, y le notice de ello al general
D. Benito Villafafie, quien 10 hizo trasladar A la suya, diclendo que tenia encargo
de su familiar para protejerlo. -Jost SANTOS RAMIaEZ. (2)

Decidme ahora, 6 joven Juez de viejas reputaciones
jhabiais nacido siquiera en 1829? sabeis lo que fud la
batalla del Pilar? un reguero de sangre. Conociais el
apodo de loco, con que habeis escarnecido, martirizado
& un hombre pdblico, acaso dudando del acierto de sus
observaciones hijas de grande studio y experiencia,
atribuy6ndolas a un espiritu desordenado? Erais el eco
de un pobre diablo y de Rosasl
Pero estos dos testimonios traen ya indicios que habrin


(1) Blografia del senior General D. Nicolas Vega, General de los Ej6rcitos Nacio-
nales, escrita en 1864, con presencia de. sus Memorlas, pdj.. 14, tercera 'edicion,
Buenos Aires, Imprenta de ((La Union Argentina). ,
(2) Tomada de los documents presentados al Congreso por el Goblerno de Chile
dando cuenta de la mislon de D. Baldomero Garcia, 1849.





OBRAS DE SARMIENTO


de servir mas tarde para explicar ciertos hechog, 6 de-
terminar el rumbo que ya trazan al protagonista. En
1829, cuenta apenas diez y ocho afios, y, basta mirar a
cualquiera que hoy. los tenga, para cerciorarse de que
A esa edad, el joven Sarmiento es el edecan elegido por
.el General en jefe D. Nicolas Vega al mando de las
fuerzas de San Juan en Niquivil, para dar 6rdenes de
combat, contra las fuerzas de los Aldao de Mendoza; y
de que dos meses despues, disipado aqu6l ejercito, es
tornado prisionero en la batalla del Pilar de Mendoza; en
que triunfan los Aldao definitivamente y en la que
rnueren sus companieros sanjuaninos, nombrados como
61 ad honorem edecanes del General en jefe D. Rudecindo
Alvarado, y por accident muere tambien el Presidente
del Congreso que declare la Independencia de las Pro-
vinclas Unidas, mientras que el casi imberbe ayudante
de tres generals, en dos campafias y provincias distin-
tas, es el inico en cuya vida se interest el general ene-
migo, D. Benito Villafafie, que concurri6 con .uerzas de
Facundo Quiroga a la. derrota que experimentaron en
el Pilar, y por donde tuvo el adolescent official la satis-
faccion de combatir, aunque vencido, contra- las bandas
de Facundo Quiroga, como sucumbi6 & la embriaguez
el fraile Aldao, dos circunstancias que le inspiraron sus
mejores obras literarias.
Todo esto y mas contienen los dos documents citados.
De la narracion circunstanciada que a esta introduction
sigue, result que el joven ayudante Sarmiento fu6 en
Mendoza puesto con otras tres, personas muy conside-
radas, al servicio inmediato del General D. Rudecindo
Alvarado, Gobernador de Mendeza y General en jefe del
ejercito sublevado contra los tres hermanos. Aldao, que
despues de la derrota de la Tablada, experimentada en
C6rdoba por Juan Facundo Quiroga y el fraile Aldao,
queria estorbarles que volviesen a reorganizar fuerzas
(como en efecto lo hicieron) para restablecer la situation
perdida; ya que el partido liberal en Mendoza y San
Juan, queria por el contrario segundar las victorias al-
canzadas por el ejercito del General Paz en favor de
la reconstruction de la Nacion.
Su situation al lado del General Alvarado, debida





INTRODUCTION


acaso al favor de la opinion que lo habia elevado a ese
puesto, le proporciona ventajas envidiables de educacion
military. De las oficinas del Estado Mayor parten las
6rdenes que llevan los edecanes, recibi6ndose alli los
chasques de la campafia, los avisos de las fuerzas avan-
zadas sobre el multiple enemigo, pues lo formaban el
fraile Aldao, formidable aun con sus veterans de auxi-
liares salvados de la Tablada, D. Jos6 con cuatrocientos
hombres, y al fin Villafafie con seiscientos venidos
desde San Juan y la Rioja. Pero lo que mas le inte-
resa y apasiona es el eterno debate entire el coman-
dante de las fuerzas sublevadas, General D. Agustin
Moyano, a quien le va la vida en la demand, con el
Gobernador, military de la Independencia, flemAtico 6
imperturbable en medio de los contrastes y desencantos
que original su political de contemporizacion, y lo que
es peor, de inaction ante jefes militares tan experimen-
tados y unidos como los tres hermanos Aldao. Todos
los dias se renueva el mismo debate, trayendo Moyano
nuevos hechos deplorables en apoyo de su empefto
de obrar activamente, para oir nuevos arguments del
General veteran, acostumbrado A hab6rselas con ene-
migos mas fuertes, para esperar el resultado de ciertas
combinaciones... Moyano muri6 fusilado, y Alvarado pudo
-escribir en Montevideo la ( litar del General de la Reptiblica Argentina D. Rudecindo Alva-
rado en etperiodo de su mando en la Provincia de Mendoxa. 1831.
Cuando el autor de la Biografia del fraile Aldao, des-
-cribiendo los horrores de que escape en el Pilar, llam6
imb6cil la political seguida, el General reclam6 de esta
dura calificacion; pero se le cohtest6 con D. Fl1ix Frias,
que ese sefior Sarmiento de cuyo juicio apelaba en 1843,
era el jovencito edecan que tenia & su lado en 1829, y
por tanto testigo de los sucesos.
Hay ya en estos comienzos motives de career que si el
imberbe official sigue la carrera de las armas, lo harl
con ventaja en el Estado Mayor, position en que se re-
quieren muchas de las dotes de que ya da indicios; y
en efecto habremos de encontrarlo mientras depende de
otros jefes, official superior de Estado Mayor en el Ej6rcito
Grande, Jefe del Estado Mayor del Ej6rcito de reserve en.





OBRAS DR SARMIENTO


Buenos Aires, Auditor de Guerra en el Ej6rcito expedi-
cionario con el General Paunero, etc., etc.
LlImase entire nosotros Estado Mayor & la reunion de
jefes y oficiales sin colocacion que rodean al General y
de ordinario sirven mas para confundir el servicio que-
para activarlo. El Estado Mayor de un ej6rcito es, puede
decirse, el alma de ese ej6rcito 6 el corazon que renueva
la sangre y la distribuye por todo el cuerpo. (( El ejercito.
prusiano, dice el General norte-americano Hazen, tiene
< otro importantisimo departamento, y es el Estado Ma-
e yor. A su cabeza esta el General Moltke, y en torno
< suyo se reune la inteligencia del ejercito, que lo guia y
a vigila. Los oficiales de Estado Mayor son purament&
a militares. Reunen datos militares, del interior y del,
" exterior, levantan mapas militares, guardian los archi-
( vos, pasan A ser Jefes de estado mayor de divisions,
< cuerpos y ejercitos, y estAn generalmente preparados
4a para el mando en jefe.s (1).
Nuestros caudillos de ginetes tenian por Estado Mayor
un cuerpo de vaqueanos que trajan escrito en sus re-
cuerdos cada accident de las Pampas, el vado de los rios
y arroyos, elportezuelo 6 cuchilla de las montafias 6 los
senderos que cruzan los bosques donde los hay. El Ej6r-
cito Grande traia ademas en su Estado Mayor un Jefe que
abria diariamente el alnico mapa de la parte del pais que
atravezaban al rumbo, y corregia no sin provecho & veces.
el itenerario indicado por el vaqueano.
Hacianse estados, tomabanse distancias, y de vez en
cuando, de aquella tienda habitada por el linico jefe que
Ilevaba uniform y montaba en silla, salia A excitar el
entusiasmo del ej6rcito en march, el boletinde las victo-
rias alcanzadas. El dltimo de todos fu6 el parte de la me-
morable y gigantezca batalla de Caseros, escrito por gala
en el escritorio y con la pluma misma de Juan Manuel de
Rosas.
Era el redactor de aquel document hist6rico, decidida-
mente un experimentado Jefe de Estado Mayor, que como lo
observaba de los prusianos el General Hazen citado, venia


(1) The school and the Army in Germany and France, pag. 181.





INTRODUCC10N


preparado por sus studios A pasar desde el Estado Mayor
al mando de divisions 6 del ej6rcito mismo. Tan poco
preparado vienen para estas funciones nuestros jefes y
oficiales de aquella reparticion, que al autor de los boletines
del ej6rcito, acabaron por llamarle el boletinero, inico honor,
salario y recompensa que obtuvieron muy buenos y leales
servicios hechos con sus caballos y sus armas propias, como
era de los fidalgos que poblaron y conquistaron la Am6rica.
Y para probar que tales documents expresaban ciencia
y conciencia del arte de la guerra, introduciremos aqui, el
studio politico y military que en 1841, habia hecho de las
grandes batallas de Chacabuco y Maipu con las que se
present, por todo bagaje, en el scenario de la America
del Sur, ignorado de todos y de si mismo el dia anterior,
aplaudido y estimado al dia siguiente, improvisado literate,
hombre de gobierno y leader A poco de la opinion plblica,
en el pais que lo hospedaba, consejero del gobierno y para
los tiranos de su patria como si fuera el uinico escollo que
no quitarian de su paso, por representar los grandes princi-
pios que no se extirpan, como on ne tue point les iddes.
Pondremos primero ante el lector el escrito firmado por un
teniente de artilleria en el (Mercurio)) de Valparaiso, en Chile,
el 10 de Febrero de 1841, para que vea por su context,
antiguas y duraderas huellas del Jefe de Estado Mayor, ya
formado'treinta afios antes con toda la capacidad de juzgar,
que supone la de dirigir, y quedarA justificada la alta posi-
cion que ocup6 desde entonces en los negocios argentinos, y
la influencia que ha podido ejercer hasta los tiltimos afios
de su vida, sin interrupcion por cuarenta afios. (6).


(1) Las observaciones que siguen en el folleto de que hemos tornado esta in-
troduccion se hallan mas interesantes y mas ampliladas en lQs autografos frag-
mentarios de que nos hemos valido (sin eambiarle nada y solo cordinAndolos)
para confeecionar este volume. Lo referente a los primeros escritos del autor
en la prensa de Chile, lo hemos colocado mas adelante en su orden cronol6gico.
El escrito firmado Un Teniente de Artillerta, sobre la batalla de Chacabuco debut
literario de Sarmiento, se halla en el tomo I, de sus obras, pdg. 1, y el subsi-
gulente (Los diez y oeho dias de Chile, desde la derrota de Cancha Rayada hasta .la
victoria Maipo,n en la pdg. 26 del mismo tomo. Hemos ereiJo escusado reprodu-
cirlos, aunque el autor los hubiese agregado aqui. (N. del E.)














GIMNASIA MILITARY



Debo atribuir al espiritu guelrero que habian creado las
necesidades y las grandes emociones de la empresa de
haeerse independientes, lo que hizo ensayar en San Juan
un pensamiento que es hoy institution en Francia, a saber,
la introduction de la gimnasia military en las escuelas. El
Ministro Waldeck Rousseau acaba, de pronunciar un belli-
simo discurso en presencia de estos heroes armados de
doce aios! Esa es.la esperanza de la patria,
CelebrAbase por entonces el 25 de Mayo, con un estusias-
mo que cuidaban de hacerlo religioso. Saludabase el sol
con descargas de fusileria donde no habia cafiones, todo el
pueblo reunido en la plaza de Armas, con la vista clavada
en el punto del oriented, como ha sido el rito de todos los
pueblos antiguos, por donde debia aparecer el disco del
astro que corona nuestro escudo de armas.
Los que estin versados en la historic conocen las forms
de las fiestas decretadas at Ser Supremo por Robespierre,
para el 20 de Prairial.
El 25 de Mayo procuraba revivir en la raza quichua que
forma la masa intima de las poblaciones, el culto del sol de
los incas y yo he sentido de nifio, al ver asomar el primer
destello del orbe fulgurante, estremecimientos sublimes de
un sentimiento religioso que se despertaba.
Fu6 idea luminosa la de nuestros padres poner al disco
del solfacciones humans, pues que para los que no entran
en las profundidades de la teologia hebraica, dos cosas
iguales a una,tercera, son identicas entire si; y si el hombre
es hecho A imagen y semejanza de Dios, Dios es seme-
jante al hombre y. el hombre puede construir dioses a, su





MEMORIES


imagen y semejanza, tan seguro de no errar como coo
una proposition de Euclides.
En Buenos Aires, las damas elegantes, las lindas j6ve-
nes y las niftitas adorables, vestian de blanco ese dia, con
mofios y cintas celestes y gorro frigio do raso lacre puesto
con mas coqueteria que el cono rojo de los griegos. Acaso
era reminiscencia de aquellas galas, las que en 1864 pre-
senci6 visitando al sefior Presidente del Perd en el pala-
cio de Pizarro, despues de haber pronunciado un discurso
en la apertura de la escuela de artes y oficios, sus hijas y
las damas de la asistencia, recibian d. S. E. el ministry de
la reptiblica que fu6 antes Provincias Unidas del Rio de la
Plata, con el traje de corte que se recibi6 al General San
Martin, al tomar posesion de Lima y exhibit en un gran
sarao de condesitas y marquesitas limehias, aquella colec-
cion de Apolos del Belvedere, de Martes y Neptunos, escul-
pidos por el cincel divino de los griegos, como los Lavalle,
-Necochea, Martin Rodriguez, Bulnes, Cokrane y tantos
,h6roes irresistible en la guerra y en todos los terrenos...
y c6mo no habia de triunfar con tales auxiliares!
En San Juan la fiesta solar no contaba con accesorios tan
imponentes 6 seductores. No habiendo tropas estaciona-
das, no podia ostentar la larga formation que.a la edad de
nueve aftos vi en la cafiada de C6rdoba el 25 de Mayo de 1820
del ejercito arrebatado por el estdipido Bustos a la conquista
de nuestra independence, abandonando el Desaguadero.
Cont6 cuatro batallones, dos de negros, ocho piezas de arti-
lleria, 6 lo que recuerdo, y dos regimientos de caballeria,
uno de htisares, & 6stos les cont6 los botones de las dos
chamarras, cuyo nimero porsupuesto he olvidado ya. No
tengo la memorial de las cifras, razon sin duda por la quo
no he acumulado much dinero que digamos.
En cambio de un pasatiempo requirido, A falta de otros,
asom6 en San Juan, como asoma la margen del disco del
sol que ha de iluminar toda la tierra, la gimnasia military
aplicada & las escuelas.
Para solemnizar el dia, era prActica en toda la repdblica
que los niflos de las escuelas asistiesen en formacion A la
salva de bienvenida consagrada al sol, y un coro de alumnos
prorrumpiese en un himno de adoracion, gritando entire los
-estampidos del cafion y las descargas de fusileria el VENIRE





OBRAS DE SARMIENTO


A.ME argentino, que es la mas soberbia evocacion que haya.
hecho pueblo algun6 al presentarse en la escena del
mundo,
Old, mortales, el grito sagrado,
Libertad, libertad, libertad,
Oid el ruido de rotas cadenast
Don Ignacio Fermin Rodriguez, el venerable maestro, de
bendecida memorial, de la Escuela de la Patria, que habia
sucedido A la del rey, imagine, disciplinary un cuerpo de
nifios, ensefiados A marchar A golpes de tambor, y A evo-
lucionar segun la mas adelantada escuela de maniobra que
permitia dejar escrito en el suelo, dejando cada soldado
caer de la cartuchera un ramo de flores, un letrero legible
de una cuadra: vivA LA. PATRIA, porque la patria era el verbo.
y el verbo era Dios, 6 estaba con Dios.
El vestido era vistosisimo, como vestirian los angeles del
cielo cuando fu6 precise contener la revolution de aq uel
Luciferus, portador de luz, como si dij6ramos algo como
jesuitas, que quisieran arrebatarla 6 esconderla. Llevaban
calzones y chaquetas albas como ampos de nieve, cefiidos
los primeros al tobillo con motios celestes y gabos del mismo
color en la chaquetilla, la cabeza adornada con toca roja de-
lanilla.
Fusiles, no habia que pensar; pero se pudo obtener pres-
tadas cincuenta tercerolas de c aballeria, A fin de armar
una compafia, de manera que la falange hiciese A su vez.
los honors del dia. Podria A 6stos compararse A los efebos
y varies cumplieron en la vida azarosa que les fu6 depa-
rada, el juramento que prestaban los de Atenas al incorpo-
rarse en la ciudad. (4)
El coro de cantores llevaba el traje caprichoso que es-
permitido A las bandas de mdsica. En el colegio de Santa
Rosa que fu6 la primera casa de education para senori-

(1) H6 aqui ese juramento eternamente hermoso :--No deshonrar6 las armas
sagradas que la patria me confia, y no abandonar6 ml compafiero de fila. Com.
batir6 por todo lo que. es santo y sagrado, con muchos 6 solo, y no entregar6 i
los que me sueedan la patria disminuida, sino mas grande y mas fuerte. Obede-
cere A los magistradosy Alas leyes, y si alguno derriba las leyes 6 las desobedece,.
las vengar6, solo, 6 con mis coneiudadanos y honrar6 la religion de mis padres-
Invoco A los dioses en testimonlo de mi juramento I ( V. del E.)





MEMORIES


tas, dej6 un maestro don Pepe... una mdsica de cancion
national, descompuesto el canto, como se hace en la orques-
ta entire los diversos instruments, lo que acompafiado de
utn ofikleide para suplir la falta de bajos profundos en las
voces infantiles, nacia una mdsica d'ensemble perfect.
El armamento de tropa consistia simplemente en una
pica, como la del pueblo francs, en la revolution, y no mas
larga que el antiguo dardo 6 sagaya de los negros de Africa.
Mas la invencion capital sanjuanina consisti6 en pegar en
medio de la brillante y acerada moharra de hojalata una
argollita de bronce con su agarradera, de manera que al
tocar el asta, sonase contra el metal de la lanza. Cuando
echibamos armas al hombre, se oia el cliquetis de las
argollitas, rasl como un solo golpe. jQu6 fusil, ni que fusilli
ni que nmimero uno de los Andes, cuando marcabamos el
paso y se blandengueaba la linea de derecha y despues &
izquierda, hacienda como olas de fuego con las bayonetast
Nuestras latas refulgentes echaban chispas, y parecia una
corriente de cristal que se dirigia hacia un lado y despues
del otro, como leon que busca el enemigo i -destripar,
quoerens quem devoret... Y a la voz de altol quedar como
plants seculares. Y cuando decia el comandante Laval,
que fu6 despues un pobre capitan, descansen!... arm!...
parecia que se descolgaa buna descarga de ferralla... rrrrramt
y no se oia nada mas, como si el mundo se hubiera acabado.
He aqui,'pues, el germen de la institution del porvenir.
Deben establecerla en las escuelas de San Juan, como re-
cuerdo de la gloriosa tradition de la escuela de la patria,
que fu6 sin duda alguna la mas complete y adelantada
que tuvo jamas la Repdblica Argentina, puesto que yo me
eduqu6 alli, segdin aquel que decia, Paris es la mejor ciudad
del mundo... y de sustitucion en sustitucion, yo soy lo
mejor que hay en el mundo, idea que le viene a cada
pobre diablo que sube al powder en estas pampas y soleda-
des americanas.
Eu el asilo de hu6rfanos de la fiebre amarilla de
Buenos Aires, se han introducido con 6xito los ejercicios
militares; pero habiendo el joven Krause introducidolos
en la escuela que dirige, la comision escolar le mand6
suspender ejercicios que parecen fuera del orden de
deas & que debe conducir la ensefianza.





OBRAS DR SARMIENTO


La Francia; ha sido aleccionada, sin embargo en, Sedan
de dos cosas:-lo qne no se debe library la suerte de la
patria al primer bellaco que quiera alzarse con el santo
y la limosna; 20, y mas capital, qne el que maneja el
fusil perfeccionado, ha de tener cultivada la inteligencia.
Denme lugar aqui para un poco de pedagogia.
La guerra es y seri una necesidad de la existencia.
Soy miembro de la asociacion que tiene por objeto su-
primirla entire las naciones; pero las naciones deben vivir
entire tanto que se extinga.
Las ciencias aplicadas a las exigencias de la guerra
van aumentando de tal manera el poder de dafiar, que
se require much studio y preparation para disminuir
el dafho propio y devolverlo con usura. Es precise, pues,
prepararse, con tiempo, y la vida es corta. Si el soldado
es obligado, como en Europa, a llevar las armas siete
aflos, a fin de que A los cuatro, como pretenden los
4tcticos, est6 s6lido en la linea de combat, el individuo
pierde la flor de su juventud, y la poblacion, la mas
sana, robusta y perfect reproduccion de la especie, sin
contar la disminucion de production intellectual y de ri-
queza creada.
El niflo, mas que el adulto, necesita ejercitar sus miem-
bros, afinar sus sentidos, ver con precision, marchar con
garbo y disminuir la fatiga muscular, adiestrar sus manos,
etc. Pero todavia necesitaria otra clase de ejercicios que
perfeccionen su ser. El ejercicio de los juegos infantiles
6 del trabajo, forma y desarrolla al individuo; los ejer-
cicios colectivos, en cadencia, i una voz de mando, para
obtener un fin conocido, constitute la sociedad y nos
dan esa fuerza formidable que constitute los imperios.
Los egipcios no han tenido maquinas para elevar A
una cuadra de altura cantos de piedra s6lidos como el
hueco de una habitacion. Ved el mecanismo para traer
desde las canteras del Alto Egipto jnonolitos como el de
Luqsor, que estA en la plaza de la Concordia en Paris,
sobre el sitio mismo de la gillotina. Puesta sobre rodi-
llos que ruedan sobre tablones, la cama en que reposa
es tirada por diez 6 veinte mil hombres, divididos por
mitades 6 cuartos, cada una empujando 6 tirando la
cuerda que viene del monumento y de rmitad en mitad,





MRMORIAS


va hasta la vanguardia, un mdisico como nuestro tambor
modern, da el golpe y toda la column avanza el pie
izquierdo y tam! tam! taml lo demas lo sabe el dltimo
cabo de cuadra. Estas son las batallas, este el poder
human, Ilamado nacion ... todos A una!
Pero require tiempo aprender A ser nacion armada y
se le puede tomar A la nifiez aflos economizados A la
edad adulta, ganando los dos. La escuela require orden,
y el niflo movimiento. Pueden hacer un convenio entire
maestro y discipulo. Moverse en orden.
Se ha introducido en Alemania una gimnAstica artificial
con aparatos costosos y ejercicios de equilibrio que da-
rlan acr6batas y hacen perder tiempo. La gimnastica
military ahorra tiempo perdido en aprenderla en la edad
adulta y desenvuelve en el niifio cualidades artisticas de
que carece naturalmente; tenerse erecto, vase. sino el
defecto de los palurdos y el trabajo que cuesta A los
oficiales que disciplinan reclutas, hacerlos modificar su
allure descuajeringada, marchar con aplomo, sacar el pie
con gracia, mover brazos y cuello con elegancia y Ilevar
la cabeza erguida y la vista al frente. Pero lo que no
se ve, es que los ejercicios de conjunto, forman el ru-
dimento de la asociacion, habituando A contar uno con
otro, A recibir y comunicar un pensamiento inico, A re-
gularizar la voluntad por consideraciones extrafas, inde-
pendientes de, nosotros mismos y aun contra nuestro
sentir individual.
El paso redoblado 6 el regular, ejercitan la cadenc-ia,
el sentimiento del nmimero que esla mdsica y que Platon
creia era la armonia de los cielos, de los astros. Los que en-
sefian reclutas encuentran A veces reclutas que no pueden
asentar el pie & la voz de unol dosl ni aun dandoles de
varillazos, como les sucede A los malos sargentos y me
ha sucedido A mi. Es que les falta orgAnicamente el sen-
timiento del ndimero, las progresiones aritmytica y geo-
m4trica, 6 la simple division; si tocaran un instrument,
no llevarian compAs alguno, si bailasen, estropearian A
la compafiera, etc.
Los niflos necesitan, pues, aprender a okrar de con-
cierto, A ejecutar una idea, A hacer que sus piernas
aprendan & medir el largo precise, inerrable, de manera





OBRAS DE SARMIENTO


que marchando al galope, Ileguen a su destiny de alto,
en la misma cantidad de segundos que trescientos com-
pafieros que forman la linea y han empleado la misma
cantidad de segundos en dar cien pasos a la carrera.
H6 aqui la solution del problema social, tal como lo
propone el slavo Grisogon Bortolazzi, ( desarrollar el
hombre de manera que so encuentren en un just equi-
librio, los grandes moments del complicado mecanismo
que lo constituyen, ia vis fisica con la intellectual, para que
la humanidad no produzca ni enanos ni sabios, ni atletas
sanguinarios 6 idiotas.
A los quince aflos el nifio seria soldado maniobrero,
ejecutando con movimientos del cuerpo solos, arias y tutti
de arrancar aplausos al espectador; y a los veinte sabria
matemrAticas y su ojo ejercitado pondria uria i el punto
con una bala, esperando la occasion regal de hacerle la
tilde 6 atravesaflo a la t, con precision y finura.
Despues, A trabajar y multiplicarse, que es el objeto y
fin de la existencia, lo uno para vivir dignamente, lo otro
para continuar la sociedad y seguir ocupando el pedazo
de la superficie del globo que nos pertenece.














LAS CULEBRINAS DE SAN MARTIN



En 1845 llegaba a Paris, y lo primero que solicitaba mi
'curiosidad entire los grandes monumentos, era la figure
de San Martin, el h6roe de la Independencia, al que adhe-
rian nuestras ardientes simpatias de patriots. Ver A San
Martin, hablar con l61, era mi gran anhelo que debia realizar
don Manuel de Guerrico, entroduci6ndome en sti pre-
sencia.
Cosa singular y que viene bien recorder aqui. Mi primer
escrito en la prensa de Chile, mi diploma de escritor ame-
ricano, me viene de la description de la batalla de Chaca-
buco y lo que va del 11 de Febrero al 5 de Abril de 1841,
'fecha del aniversario de Maipo, que tambien describe,
habia bastado para dar al joven emigrado oscuro, una
position brillante y asegurarle la amistad del General
don Jos6 Gregorio de Las Heras, que culliv6 largos aflos, asi
como del General Dehesa, del Coronel de la Plaza y del
famoso Coronel Barafiao.
Todos estos jefes me ayudaron con sus testimonios a
redactar una descripcion de la batalla de Maipd, que debe
*ser'tenida por la mas complete y veridica, puesto que era
escrita siguietido el testimonio de los actors mismos en
aquella brillante jornada, a saber: el Teniente Dehesa que
mandaba la guardia del campamento de Cancha Rayadas
cuando los espafioles en column cerrada asaltaron el
-campo por la noche; el Coronel Las Heras que salvd del
desastre la derecha, y el Coronel de la Plaza que mandaba
'la artilleria argentina. Y para corregir A veces la jactancia
,de los bravos, el Coronel Barafiao que mandaba la caballeria
TOMo xix.- I





OBRAS DE SARMIENTO


espafiola y les tiraba las riendas a sus amigos los enemigos,
dicidndoles, yo cargu6 por ese lado y no encontr6 tales
tropas...
El escrito military que firmaba un fingido Teniente do
artilleria, describiendo la batalla de Chacabuco, no tiene
por cierto, la autenticidad hist6rica del otro ; pero fu6 de
mayores consecuencias y produjo 6 aceler6 un cambio de
opinion en Chile y de position para el General San Martin.
Entre las galas de un estilo que se ignoraba a si mismo,
so hacia sentir la viril empresa 'que acometia un escritor
an6nimo de rehabilitar la memorial del vencedor de Chaca-
buco y de'Maipo, proscrito de su patria y borrado de la
lista military de Chile, cuya independencia asegur6 defini-
tivamente, por las pasiones que aquella lucha de titanes
sublevaba entire los protagonistas.
Al presentarme, pues, en Grandbourg, residencia de San
Martin cerca de Fontainebleau, contaba de antemano con
una cordial reception, pues que estaba informado por sus
amigos de Chile de la buena parte que me cabia en su
rehabilitation. Nuestro don Gregorio Gomez, el General
Las Heras y otros restos del mundo antiguo, me habian
recomendado con amor, con interns, y el General Blanco
dichole tan buenas cosas de mi, que me recibi6 el anciano
sin aquella reserve que ponia de ordinario para con los
americanos en sus palabras cuando se trataba de Am6rica.
Habia en el corazon de este hombre una llaga profunda
que ocultaba las miradas extrafias, pero que no esca-
paba a las de los que la escrudifiaban. 1 Tanta gloria y
tanto olvido I 1 tan grandes hechos y silencio tan profundo '
Habia esperado sin murmurar cerca de treinta afios la
justicia de aquella posteridad & quien' apelaba en sus
dltimos mementos.
cHe pasado con 61l mementos sublimes que .quedaron
siempre grabados en mi espiritu. Solos un dia entero,
toucndole con mafia ciertas cuerdas, reminiscencias susci-
tadas a la ventura, un retrato de Bolivar que veia por
acaso... Entonces, animAndose la conversation, lo he visto
transfigurarse y desaparecer A mi vista el campagnard de
Grandbourg y evocarseme el General joven, que asoma
sobre las cdspides de los Andes, paseando sus miradas.
inquisitivas sobre el nuevo horizonte abierto A su gloria.





MEMORIES


Sus ojos pequefios y nublados ya por la vejez, se abrian
por moments, y mostradome aquellos ojos dominates
luminosos, de que hablan todos los que le conocieron;
su espalda encorbada por los aflos se habia enderezado,
avanzando el pecho rigido, como el de los soldados de
linea de su tiempo; su cabeza se habia echado hacia
atr'As, sus hombros bajadose por la dilatacion del cuello
y sus movimientos rapidos, decisivos, semejaban a los del
brioso corcel que sacude su ensortijada crin, tasca el
freno y estropea la tierra. Entonces la reducida habita-
cion en que estabamos, se habia dilatado, convirti6ndose
en pais, en nacion; los espafioles. estaban allA, el cuartel
general aqui, tal ciudad acullA, tal hacienda testigo de
una escena, mostraba sus galpones, sus cacerios y arbo-
ledas en derredor de'nosotros...
Ilusion! Un moment despues, toda aquella fantasma-
goria habia desaparecido. San Martin era hombre y viejo,
con debilidades terrenales, con la terrible pesadilla de
haber abandonado su patria, su gloria, huyendo de la
ovacion que los pueblos americanos reservan para todos
los que los sirven.
De nuestras largas platicas sali6 mi discurso de reception
en el Instituto Hist6rico de Francia, (1) cuyo asunto debia
referirse a cuestiones americanas, por cuanto la historic
de Francia debia suponerse extrafia a los studios del
recipiendario. Como habia sido hasta entonces un punto
muy discutido el asunto de la entrevista de Guayaq.uil
entre los dos campeones de la Independencia, irmiuitab'l
much hacer conocer la version aut6ntica de uno de los
actors, el mas sincero, puesto que de su parte estuvo
]a abnegacion. Aquella relacion fu6 compuesta casi bajo
el dictado de San Martin y mereci6 su complete aproba-
cion.
Hizo mas franca y cordial nuestra primera entrevista,
una feliz reminiscencia del General.
-Conoci un Capitan de milicias de San Juan, don Cle-
mente Sarmiento, a quien entregu6 despues de la batalla


(I) A la session en que se ley6 ese Discurso asistio el general San Martin, segun
consta de las aetas de la Sociedad. (N. del E.)





OBBAS DE SARMIENTO


de Chacabuco, los prisioneros espaiioles que debian llevarse
a San Juan.
-Es mi padre, senior, y yo vi Ilegar los prision'eros...
-Pero?.. Debia V. ser muy nifio...
-Seis afios justos, pues he nacido el 15 de Febrero y
siendo el 11 de 1817 la batalla, los prisioneros han de haber
llegado el 20 a mas tardar.
-Es raro acordarse.
Como si fuera hoy. Mi madre habia quedado con sus
chicos a cargo de mi tio el cura de la Matriz, el hoy
obispo Sarmiento y debia yo haberme escapado hacia la
plaza, cuando oi la bulla de la llegada de gentes formadas
y el alboroto popular de los que corrian de todas parties
a ver los prisioneros godos, pues no se les llamaba de
otro modo. Debi oir el nombre de mi-padre que llegaba,
y siguiendo el ruido de la gene, entire hombres y caballos
que llenaban la calle (hoy Laprida) _en que vivia el
Gobernador don Ignacio de la Rosa, (casa de Ferreira
despues), yo apareci asorado, pero sin desconcertarme,
dentro del salon de recibo del Gobernador, buscando con
los ojos a mi padre, y una vez encontrado y sabidose que
habia pasado por entire las patas de los caballos, don
Ignacio de la Rosa me tom6 en sus brazos... y he aqui
mi primer campafia militar...
Y n ezca tap impropia la calificacion, teniendo
apoca. Eralo de entusiasmo por la naciente
Ptria, de aparatos militares, de ruido de armas, entire
'cuyo fragor me cri6, pues el ndmero 1 de los Andes se
form en San Juan en 1814, mi padre era de- la milicia
afecta al servicio del ejercito, y como tal se encontr6 en
la batalla de Chacabuco, y tras de los prisioneros, lleg6
de regreso el ndmero 1 de los Andes & remontarse en
1818 y entraron de sargentos ocho j6venes sanjuaninos,
entire ellos don Francisco Oro Banegas, amigo intimo de
mi familiar, el despues General Maurin, y el que fud mi
primer comandante, el valiente don Javier Angulo y otros
que seria prolijo nombrar.
Los nifios no oian sino narracion de combates, pues a
mas del de Chacabuco, de San.Juan fueron las fuerzas
que ocuparon i Coquimbo.
Sabiamos apreciar la gloria, admirando al tambor mayor





MEMORIAL


en primer lugar, el serpenton y el chinesco de la mtisica,
con relaciones formadas con un tambor chrileno muy abor-
dable por su poca edad, quien en cambio de pasas de mos-
catel, nos referia como habia sido la batalla, y desde el
punto de vista de un tambor debia ser digna de la his-
toria.
Recuerdo la imponente figure del Comandante Sequerra,
la del colosal Capitan Ross, francs, que corri6 muchas
cuadras por alcanzar a un picaro que mo quit6 el sombrero
en una noche de fuegos.
El cuartel de Santo Domingo, cerca de la casa paterna,
era por tanto el teatro, la escuela y el colegio de los pillue-
los-del barrio, y yo me he encontrado entire mis papeles
cuando joven, no s6 como venido a mis manos, el libro de
6rdenes del nim. 1 de los Andes.
Cuando se sublevaron tras de los partidos politicos, Ia casa
del cura fu6 el campo neutral, donde se present mi padre,
enviado como parlamentario desde el Valle de Zonda, don-
de se habian asilado los leales, y recuerdo con orgullo el
tono arrogante y altanero de mi padre, el Capitan Sarmiento.
que intimaba rendicion a. losjefes insurrectos. .Pareciame
un h6roe de otra especie, al oir tal lenguaje, extrafiando
que no lo matasen en el acto, tantos oficiales cehiudos y
bigotudos que arrastraban agitados sus charrascas sobre
la baldosa de la celda de mi tio el cura.
Ahorro al lector la historic de aquellos dias de alarma y
de zozobra, como pudiera contarla un historiador de ocho
aflos, que se hall present en todos los parlamentos, YyTi6
desfilar delante de si, no digo el nmimero 1 de los Andes
cuyos jefes y muchos oficiales, sargentos y tambores cono-
cia, incluso el Mayor Corro de la revolution, al Capitan
Bundicho que fusil6 A Sequerra y sus tres compafieros, y vi
degradado y fusilar a su turno en la plaza pdblica, como
vi asi mismo al tambor que recibid sus despojos, casaca
etc., y era conocido mio; no solo todo esto, sino lo que es
mas important por lo novedoso, la entrada de las tropas
mendocinas 6 San Juan, al mando del Coronel Alvarado,
que despues fu6 mi General, en persecucion de los subleva-
dos que iban ya camino de la Rioja y en ndmero de dos
mil hombres. Era aquello de nunca acabar, pasando bata-
lHones, mitad tras mitad, y luego la artilleria...





OBRAS DE SARMIBNTO,


Oh! la artilleria, no recuerdo haber visto antes cafiones, y
si vi, ni la mitad tan enormes, ni tan largos, ni tan
te'rribles, segun me dijeron, como eran las culebrinas de
Mendoza.
Eran cuatro, esbeltas y elegantes como cuello de cisne.
Debi6 dejarlas San Martin, como demasiado grandes para
pasar la Cordillera.
Esto era en 1820, creo. En 1829, las encontr6 en Men-
doza y formaron la base del tren de artilleria del ejercito
que contra los Aldao allege el General Moyano, de quien
fui ayudante, pasandQ luego al servicio del General Alva-
rado. Cuando desesperando aquel de la pachorra del tilti-
mo, sali6 A campafia en busca del enemigo, se cometi6 la
imprudencia de dejar en la ciudad las culebrinas, sacando
solo A campafia la artilleria ligera.
Esto fu6 nuestra ruina. Sitiados en las Lomas de Lujan
por los enemigos, trajeron estos al fin las culebrinas y las
asestaron A nuestro campamento. La derrota de tropas,
ya desalentadas por muchos/combates sin resultado,. se pro-
nunci6 a los primeros dispar6s.
AQua seria de las culebrinas?
En 1872, siendo Presidente, visit el Parque de Buenos
Aires por no s6 que motives de servicio. Acompafiabame
el Comandante para darme razon de lo que excitaba mi
interest. Entramos en una sala donde habla varias piezas
de artilleria. Mirelas con interest. Como fu6semos ya de
retirada, volvi A mirarlas, y mi vista no podia desprenderse
de aquellas bellas piezas de ordenanza en bronce.
-iQu6 cafiones son estos? pregunt6 al Comandante.
-Si creo que son unas piezas que trajo el General Pa-
checo del interior.
-iLas culebrinas de Mendozal exclam6 alborozado, echAn-
dome sobre una de ellas, con tanta efusion como si fuera
un amigo de ailos ausente.
Las ingratas estaban las cuatro reunidas, prisiorneras
hechas por Rosas, despues de habernos destruido A nosotros,
sirviendo al fragile Aldao.
Orden6 que las sacasen al patio y las aprestasen para
enviarlas & Mendoza, devolvi6ndole aquellas prendas, como
devolvi A San Juan dos piezas que Saa se trajo A San Luis.
Pero Comandante y Edecan eran de aqui, y no obstante





MEMORIES 23

,contarles casi enterneoido esta, hisioria de familiar, aquellas
relaciones de las culebrinas conmigo desde la edad do
nueve aflos, supe tarde para remediarlo, que la orden nG
habia sido cumplida.
I Deben estar aun en el Parque, initiles ahora, que con
los studios de la resistencia de los metales y la fuerza de
los explosives, los cafiones modernos han suplantado &
auestras antiguas piezas de sitio.











GUERRA CIVIL



Hace treinta y tres afnos dej6 consignados estos re-
cuerdos.
((El presbitero don Jos6 de Oro, mi tio, llev6me de la es-
cuela A su lado (1824), ensefidme el latin, acompaidle en
su destierro A San L'iis, y tanto nos amnbamos, maestro y
discipulo, tantos coloquios tuvimos, 61 hablandoy escuchan-
dolo yo con ahinco, que f hacer de ellos uno solo, reputo
que daria un discurso que necesitarla dos afnos para ser
pronunciado. Mi inteligencia se amold6 bajo la impression
de la suya, y a 61 debo los instintos por la vida pdblica, mi
amor A la libertad y a la patria, y mi consagracion al estu-
dio de las cosas de mi pais, de que nunca pudieron distraer-
me, ni el destierro, ni la pobreza, ni la ausencia de largos
anos. Sali de sus manos con la razon formada A los quin-
ce afios, valenton como 61, insolente contra los mandatarios
absolutos, caballeresco y vanidoso, honrado como un angel,
con nociones sobre muchas cosas, y recargado de hechos,
de recuerdos y de histories de lo pasado y de lo entonces.
present, que me han habilitado despues para tomar con
facilidad el hilo y el espiritu de los acontecimientos, apa-
sionarme porlo bueno, hablar y escribir duro y recio, sin
que la prensa peri6dica me hallase desprovisto de fondo
para el despilfarro de ideas y pensamientos que reclama. (4,)
Buscaba esta pAgina solo para encontrar consignado en
ella que pasamos dos afios conversando de lt pasado y me
encuentro que en 1850, que auri no habia aparecido en la
escena pdblica de este lado de los Andes, ya me atribuia el
carActer que creo haber mostrado- despues.
Pero aquel pasado de que me entretenia el presbitero.


(1) Recuerdos de Provincia, pAg. 55.





MEMOKIAS


military, era la campafia del Ej6rcito de los Andes, la bata-
lla de Chacabuco, la guerra de la Independencia, el Con-
greso de Tucuman de que habia sido diputado su hermano,
el ilustre padre dominico, fray Justo Santa Maria de Oro,
y los recientes acontecimientos, y su oposicion cat61lica li-
beral A la political innovadora del doctor Salvador Maria
del Carril, quien fu6 depuesto por un motin de la guarni-
cion y restablecido por fuerzas de Mendoza, al mando de
los hermanos Aldao, liberales entonces.
Oiamos cafionazos desde su vifia que esta al Norte de la
ciudad, y me decia:-se estan batiendo en el Posito-Arre-
cian los cafionazos:-Como que se acercan-Para 61 era
grave el caso; no lo vi inmutarse, hasta que una hora des-
pues se oyeron repiques que anunciaban plegarias en la
iglesia matriz-Hum! hizo con un movimiento de desprecio,
han derrotado A los nuestros-Mas tarde vimos pasar los
dispersos y al dia siguiente me dijo:-andate A tu casa, que
yo te llamar6.
Entonces se traslad6 A San Francisco del Monte en Sari
Luis, donde'fui luego A reunirmele como estA contado en
otra parte.
Siendo Presidente, y anunciando al Gobernador de
San Luis, Ortiz Estrada, que visitaria pronto aquella
localidad, encarguele preguntase a los habitantes si
recordaban los que sobreviviesen, al nifio sanjuanino
que tenia el cura Oro i su lado y les dijese que ese
era el Presidente. Contestaron afirmativamente una
SefioraI Quiroga que en 1825 era una guapa muchacha,.
y una Camargo que vivia & corta distancia.
Pero le encargaba tambien informarle del paradero de
una inscripcion tallada por mi, en una triple curva de
madera de algarrobo y transcribirme copia. Hizolo asi,
encontrola en la sacristia y decia:
UNus DEUS, UNA ECLESIA, UNUS-BAPTEMA. (1)


(1) Para mostrar el camino andado, recordaremos aqui que la (mica Inscripcion
pedida por Sarmlento antes de morir y que se halla en su tumba, en un hermoso
bajo relieve del escultor de Pol, dice como simbolo de la action de toda su vida
Una amrrica libre con doses, lengua y rios libres para todos. Debemos afiadir
que tenemos informes fidedignos de que la inscription se conserve todavia en 1901.
( Nota del Editor ).





OBRAS DB SARMIENTO


Yo esculpi este lema bajo su dictado, asintiendo fervien-
temente A su contenido y lo reproduzco ahora que sostengo
a capa y espada, la plena libertad de conciencia que
proolam6 Don Salvador Maria del Carril, cuya oracion
fdnebre pronunci6, rehabilitando su memorial ante ft
historic, como el primero que rompid la glace en esta
America espafiola.
En la edad media, en el silencio y aislamiento de los
castillos feudales, la noble'za trasmitia a sus hijos y des-
cendientes las ideas de casta, de honor, y lo que es- mas
las tradiciones de la guerra, pues que su oficio era pelear
por sus propios feudos de vecino A veoino, de heredero
A heredero, y acudir al llamado del rey, con sus adherentes,
armas y caballos, para defender el pais comun contra el
extranjero.
Lo que precede mostrari que ocurri6 lo mismo en mi
educacioii, trasmitiendo -este caballero cruzado, este cape-
llan del Ejdrcito de los Andes, la traduccion hist6rica de
la part. ya ejecutada de la Independencia. Podia, pues,
continuar yo A la mayor edad, como un Par ingles al
suceder A su padre, el debate pendiente a su muerte, en
el sentido tory, pues en el seno de la familiar, en las con-
versaciones diarias, ha ido atesorando datos para el de-
sempefio de sus funciones de Par de Inglatera.
A falta de torreones del castillo feudal estaban en San
Francisco como teatro de action, (aquellas correrias so-
litarias, aquella vida selvAtica, en medio de gentes agrestes,
ligandose sin embargo A la cultural del espiritu por las
plAticas y lecciones de mi maestro, mientras que mi
fisico se desenvolvia al aire libre, en presencia de la
naturaleza triste de aquellos lugares, han dejado una pro-
funda impression en mi .espiritu, volvi6ndome de continue
el recuerdo de la fisonomia de las personas, el aspect
de los campos, y aun hasta el olor de la vegetacion de
aquellas palmas en abanico y del Arbol pege tan vistoso
y tan aromitico...Vino a poco mi padre. Nos separamos
tristes, sin decirnos nada, estrechfndome las manos, y
volviendo 61 los hojos para que no lo viera llorar. Ah!
Cuando nos juntamos, despues de su regreso de la Con-





MEMORIAL


vencion de Santa Fe A que fu6 nombrado diputado era
yo... unitariol > (1)
Cuanto se debe en los acontecimientos humans, a la
-casualidad, A hechos incidentales que si se suprimen,
cainbian la faz de esos acontecimientos, 6 suprimen 6
ponen en evidencia un hombre.
Todo lo que me rodea de joven hasta la pubertad, es
sacerdotal. Dos tios Curas, mi preceptor cl6rigo, dos
obispos en mi familiar, soy llevado al Seminario de Mon-
serrat de C6rdoba, y sin embargo sigo, porque soy
empujado por otro camino.
Soy comerciante, por disposicion testamentaria de un
-tio mio y estuve al frente de negocios que me habrian
conducido A la fortune.
Salido del Colegio, oyendo pliticas a lo S6crates, dos
ailos, de omni re scibili, empec6 a leer libros y sino el
primero, el segundo en importancia que cay6 en mis
manos fu6 la Vida de Ciceron por Middleton que Mommsen
declara un panegirico. No estaba en estado de juzgar y
recibia las primeras impresiones como blanda cera que
conserve la forma que le imprimen los objetos; pero la
historic romana era como un cuadro en que se represent
una escena de la vida, acaso una batalla, sin los ante-
-cedentes que la provocaron. Yo he principiado la histo-
ria de Roma por el trAgico fin de la guerra civil. La
edicion espafiola de cuatro voldimenes tiene los bustos
de todos los protagonistas de aquel sangriento drama,
Brutus, Cinna, Cbsar, Pompeyo, Marco Antonio, Atticus,
Ciceron. Busco en la Biblioteca de Buenos Aires y no
encuentro la magnifica edicion espafiola y aunque Duruy
trae los mismos bustos, quisiera verlos en las mismas
piginas de la obra de Middleton, para buscar antes 6 des-
pues la narrqcion que mas impression me hizo, la idea
que mas me choe6.
Entonces el mundo literario y politico era adverse al
bando y prop6sitos de C6sar que el prusiano Mommsen
halla justificable y asombroso, como lo fu6 Napoleon
durante sus victorias contra la libertad y el reposo de


(1) Recuerdos de Provincia.





OBRAS DR SARMINTO


los pueblos. Ahora se v6 el reverse odioso de la me-
dalla.
Creo que el lector me va A decir: basta ya lo veo; su
juventud fu6 un curso prictico de la guerra, bajo la
atm6sfera cAlida de la lucha por la Independencia que
termin6 en Ayacucho y la noticia lleg6 A San Juan des-
pues del restablecimiento de del Carril.
El cl6rigo Oro, en sus largos coloquios, trasmite, como-
si dejAramos el process con todas sus articulaciones acce-
sorias, de las cuestiones de partido quo empezaban A
tomar el primer lugar; y dltimamente, con el nombre
de Ciceron que vacila y cambia de partido, se presentan
al espiritu sin preparation, los personajes mas culmi-
nantes de la historic humana, hasta con sus propios
rostros, tales como se hallan esculpidos en el marmol,
para verlos obrar, y con la imaginacion. juvenile, como
si los oyera hablar, levantado el telon y apartada la dis-
tancia de los siglos.
Leyendo este libro estaba li otros de los que fueron
cayendo en mis manos, de la biblioteca de Don Ignacio.
de la Rosa, pues esta venia de la de los Zaballa To-
ranso, donde probablemente existe adn, y de repente,.
he aqui un grande rumor y alboroto en la ciudad. El
ya temido Quiroga entra de sorpresa con sus bandas de
Ilanistas, con el designio de disolver el contingent que
bajo las 6rdenes del coronel Stombac debia con el nombre
de regimiento ndmero 18, marchar al Brasil, & reforzar
nuestras columns diezmadas por la victoria. Perdimos
la Banda Oriental.
Nada de eso comprendia yo todavia, pero la tienda
quo servia forma la esquina de la manzana A cuyo otro
extreme esti el cuartel de San Clemente; como esta en
frente la que hoy es Escuela Sarmiento.
Las tropas de Quiroga desfilaron delante de mi, apos-
tado en una piedra que ocupaba la esquina y pude con-
templar aquel especticulo que no se me ha borrado
jamas de la imaginacion.
D4 los prisioneros tomados al Chacho sn 1863, de esos.
mismos llanistas, acaso los hijos de los de 1827, hice
tomar una fotografia de un grupo de mas de ciento,.
que el tiempo ha desmejorado y de que los lit6grafos no





MEMORIES


-esperan buen resultado al intentar reproducirla en grande.
(1) Es de advertir que en 1827 y hasta muy arraigado
el gobierno federal de Benavides, el paisano sanjuanino,
el arriero, el vifiador, el artesano vestian decentemente de
paflo y estos dltimos montaban exclusivamente en silla in-
.glesa. En ninguna provincia, por ser aquella exclusivamen-
te agricola, se habian radicado tanto los buenos usos
europeos. El chiripd cruzado es invention guarani que no
alcanz6 A la falda de los Andes poblados por chilenos. Hasta
1831, el arriero sanjuanino que viajaba pa bajo,, es decir
Buenos Aires, usaba sombrero de pelo forrado en hule,
aunque hiciese el mejor tiempo, pantalon angosto sajon
-6 verde botella, dejando ver un flequito del calzoncillo,
bota fuerte, y pafluelos de seda A profusion, visible la
mitad de cada uno en el bolsillo 6 la espalda, y la
cabeza la cifien con una corbata negra;
Era de crispar los nervios, ver destilar aquellas hordas
-de salvajes, sucios, peludos, con andrajos de lona por ves-
tidos, con cabellos y barbas desgrefiadas por falta de
afeite, en tiempos en que no se usaba la barba entera.
Yo me acuerdo del horror de ver la mia que Ilevaba del
continent A Inglaterra, no habi6ndome tomado el trabajo
de los ingleses al volver A su pais de rasurarse. Shoking I
Shoking I era la esclamacion de las damas al verme pasar.
Horrible! most horrible! hubieran esclamado al ver aque-
has figures patibularias, safiudas, engreidos todos de entrar
sin obsticulo A una ciudad civilizada, acaso rebozando de
dicha los soldados del ndimero uno de los Andes, que
secuestr6 Quiroga A su trinsito para Tucumin, despues
de la sublevacion de Corro y de. que el caudillo feroz y
brutal hizo el valiente uldcleo de su montonera.
Todo este desfile por una calle polvorosa, en caballos
tomados en Angaco, de potreros de alfalfa y por tanto
tascando los frenos, y los ginetes hasta la mitad del cuerpo
cubiertos con- los guardamontes de cuero crudo, que cubren
-en efecto las piernas, y cuando se entrechocan como alas
produce un ruido de cueros de que no se puede dar cuenta
el que no ha visto eatrechadas entire calls columns de A


,() Conservo esa curlosa fotografia. (Nola del Editor.)





OBRAS DB SARMIENTO


cuatro, porque de ordinario no sabian marchar de otra
modo.
a Y 6sto es lo que defiende y sostiene el lema que yo he
tallado con mis manos, Unus, Deus, una fidel t Este es
el partido federal Aquel negro pendon es la bandera
de la patria, el pabellon que flames en Chacabuco Estos
los -enemigos de Rivadavia!...
Cuando el studio me di6 terminos de comparacion, y
no transcurri6 mucho-tiempo A fe, pues luego emprendi
la lectura de la Biblia con mi tio el cura Albarracin,
liberal, Tivadavista; cuando tuve terminos de comparacion,
me pareci6 que la revelation de Saulo en el camino de
Damasco ha debido ser de este carActer. Algo de mons-
truoso, de inconcebible, ha debido revelarle ]a verdad
y dejado de perseguir, las nuevas ideas, como se lo
imprec6 ]a vision: Saulo! Saulo! porque me persigues ?
Yo estaba cambiado. Eso que veia, era simplemente
detestable. No conocia lo otro. Rivadavia habia desa-
parecido de la escena, y la oposicion no tenia cuerpo, ni
forma visible, ni program. Al menos yo no sabia nada.
Quiroga pasaba su tiempo en casa del viejo Burzoa,
desplumando al monte a todos los que hacia invitar
por aquel, que se hacia un honor de imitar la servilidad
del esclavo, para adular a su propio hu6sped, no levan-
tando los ojos en su presencia, no hablando, tray6ndole
fuego en el braserillo de plata gue se usaba entonces.
Yo presenci6 tales escenas.
Yo segula leyendo. Que? Todo, no del caso referido.
El Contrato social y Tomas Payne que llegaron a la
tienda de un amigo mio.-Evidencia del Cristianismo
por Paley.--Monsefior'de Pratt, sobre no sd qu6 cosa,
y Lord Chesterfield el modelo del buen tono...













N IQ UIVIL



Empezaba A recibir mi iniciacion en las cuestiones po-
lfticas. Conoci a muchas personas notables de San Juan
que eran del partido liberal. Las grandes families colonia-
les, con exception de los Oro eran unitarias; los j6venes
elegantes, y los habian, seguian a sus families.
Una division de seiscientos hombres, al mando de don
Ventura Quiroga, marchaba con rumbo A C6rdoba A engro-
sar las fuerzas de Quiroga, que la invadia con su excelen-
to caballeria casi de linea. Los Aldao habian mandado un
soberbio regimiento con casacas coloradas y que pereci6 en
gran parte en la batalla de la Tablada, puesto que no regre-
saron sino sesenta hombres.
La division sanjuanina se sublev6 en las Quijadas, bajo
la inspiration de algunos oficiales subalternos y por medio
del sargento Soler, un negro porteflo de arrogante talla y
modales decentes que se decia haber sido asistente del
General Soler. Cuando fuimos definitivamente desechos
por las fuerzas meridocinas a las 6rdenes de dos de los
Aldaos, pues el fraile habia ido A C6rdoba, fu6 tornado So-
ler y fusilado con seis mas.
El Gobierno de Quiroga Carril fu6 depuesto y se nombr6
uno provisorio para mantener el orden. Asi que Ilegaron
las fuerzas de regreso de su abandonada campafia, se nom-
br6 al mayor don Nicolas Vega, Comandante general y se
estableci6 el campamento en el Pocito, A donde empezaron
& acudir los j6venes de las families aristocraticas, por
que Ilegaba el caso de restablecer el gobierno de las gentes
cultas.
Yo tome mi partido. Sin hacerlo preceder de explicacion





OBRAS DE BARMIENTO


.alguna, puse orden en los papeles, cerr6 la tienda, y con la
Have en la mano me present A mi tia Angela, dici6ndole:
aqui estA la Have, me voy al ej6rcitol Toda reflexion era
indtil ysin dejar la casa, pues alli vivia hacia dos afios y
no en la paterna, me- dirigi al Pocito, despues de haber to-
mado en casa la espada de mi padre que era una pieza de
aparato, con guarniciones de entorchado.
Recibi6ronme con interns y me dispensaron mil conside-
raciones, hasta que fui destinado al escuadron del Coman-
dante don Javier Angulo, veteran del ndmero 1 de los
Andes y que en la batalla del Rio IV, en que el General
Moron de Mendoza, se hizo derrotar tontamente con exce-
lentes tropas, el Capitan Angulo habia hecho her6icos es-
fuerzos por restablecer el combat.
El General Vega ha escrito .una biografla suya, en que
hace la historic de aquella campafia, sin penetrar mas alli
de la corteza de los sucesos, Yo hare otra secei6n mas al
alcance del lector.
San Juan tuvo la desgracia de no former un military du-
rante la guerra de la Independencia. Todos sus capitanes
y mayores murieron j6venes. Habia ese Teniente Coronel
Quiroga Carril que era de opuesto bando y de poco valer.
Tuvo un mayor Echegaray que vino mas tarde de las Casa-
matas, donde estuvo prisionero. Mi primo, el Teniente Co-
ronel Reaflo, muy valiente y de poco valer, habia dado en
borracho. Don Nicolas Vega era un Toniente de marina
espafio,l, de la Esmeralda, que pas6 A los patriots. Sirvi6
en el 10 y se cas6 en la poderosa familiar de los Furque,
con lo que se arraig6 sanjuanino. A l1 apelaban los pa-
triotas en sus cuitas. Desgraciadamente no tenia cuali-
dades de mando, cosa que se descubria en su blanda fiso-
nomia de rico home.
Otra cosa pasaba en. Mendoza. Tres hermanos militares,
dominaban la provincia hacia afios, auxiliados por el mayor
Recuero y otros jefes y oficiales. En Mendoza se habia
formado el ej6rcito de los Andes y estaban frescas las tra-
diciones de aquella organization, la maestranza funciona-
ba y abundaban armas.
Ea 1826, yendo & Mendoza A comprar azucar, vi echar
retreta con una banda lisa de sesenta tambores y pifanos,
con chaquetas de tripe punz6, que los hacia parecer ascuas.





MICMORIAS


-No he vuelto a'ver en Am6rica banda de tambores igual.
El uniforme de las tropas, aun improvisadas, era en regla,
cosa que en San Juan no se cuidaba. Tenian excelente
artilleria de que carecia San Juan.
Cuando se supo, pues, que venian contra nosotros fuer-
zas de Mendoza, se miraron unos a otros y se compren-
dieron todos. Pero iba A darse una batalla en C6rdoba y de
ella dependia la suerte de San Juan.
El Ronco Quiroga de Jachal que era bastante intrigante,
pero que en este caso era apoyado por mi Comandante An-
gulo, resolvieron retirarnos A Jachal, que estA A cincuenta
leguas al Norte,A ganar tiempo y asi se resolvi6. Fuimo-
nos a Jachal y como era natural, los Aldao nos hicieron
seguir con una fuerza de caballeria y fuW precise salirle al
encuentro.
Nuestra linea de caballeria tambien se tendi6 en Niqui-
vil y el combat se inici6 con guerrillas, tiroteos, etc. Tiene
la palabra el General Vega, en el relate fidedigno de la
campatia. Despues de anunciar la victoria obtenida por
nuestras armas, continua:-((En esta brillante jornada, se
( distinguieron don Domingo Reafia, Teniente Coronel del
(( ndmero 11 y durante la guerra del Brasil, Comandante
< de Patagones, y don Domingo Faustino Sarmiento que
a era uno de los ayudantes de campo del General Vega, el
< cual atraves6 los fuegos enemigos, para llevar orden del
General al Comandante don Julian Castro Albarracin, de
e que flanqueara al enemigo por su derecha, cuyo movi-
a miento efectuado con precision, ocasion6 su complete
derrota. ( )
Un famoso novelist y sic6logo (2) describe las emocio-
nes.de unjoven que entra al servicio y se halla en una ba-
talla por primera vez. El no ha visto precisamente al
enemigo, porque hay un bosque que ataja la vista. Va ma-r-
chando A galope y una bala de canyon le mata cuatro sol-
dados de su escolta. El mismo ne6fito se encuentra con

(1) Foja de serviclos del General argentino don NicolAs Vega.- Buenos Ai-
res. 1876.
(2) La Charteuse de Parme por Stendhal en que la descripelon de la batalla de
'Waterloo se parece tmucho A 1o que el autor relata.-N. del E.
Tomo xLix.- 3





OBRAS DE SARMIENTO


un desgaritado enemigo y lo mata. El cafioneo cesa, y
encontrAndose con alguien le dice que el ejdrcito ha triun-
fado.--Yo tambien he triunfadol-Naturalmente.-4Enton-
ces yo he tornado parte en la batalla?-Quien lo duda, si
hace part del ej6rcitol--Y habr6 peleado yo porque mat6.
A uno que iba solo?-Ohl es usted un hdroe y seri conde-
corado.
Yo podria decirque me sucedi6 lo mismo. Yo no era pre.
cisamente ayudante de campo del General; pero L. se-
acero6 A mi Comandant.e Angulo, para decirle que man-
dase orden A un piquete que estaba a retaguardia, de ale-
jarse del camino, y meters en el monte con los press
que eran el Coronel Quiroga, Carril, ex-Gobernador, y el
presbitero don Vicente Atienzo su secretario, A fin de que si
nos derrotaban, los nuestros 6 los mendocinos no los ma-
tasen.
Volvi a dar cuenta que dejaba cumpliendose la orden,
cuando el General que tenia en efecto A mi primo el Coro-
nel Reafia a su lado, y cuya sonrisa me pareci6 no muy
del caso, vaya, me dijo Vega, A decirle al Comandante Cas-
tro que cargue, sefialAndomelo. Fui en efecto, y se movia
de propio motel Comandaite y tom6 el airedel cuerpo... y
no- volvi a ver al General hasta los tres dias; pero repito,.
yo no era su ayudante, sino del Comandante Angulo.
Es el caso que comenz6 la persecution y no pude ganar
A muchos la delantera, desde que toda la fuerza de
caballeria pierde la formacion, por no powder avanzar en
line, entire los. matorrales, y acaba por hilarse en el
camino que siguen tambien los disperses ueios tras de
otros.
Para mi, lo divertido del caso, eran los gritos nuestros,
y los mios de enfusiasmo y de gusto de haberme encon-
trado en la refriega.
Seguimos asi algun tiempo. Iba el primero un Castro,
cuyo nombre no recuerdo, (vivian tres hermanos en la
calle Ancha del Sur). Era un atleta, y por tal recomen-
dacion amigo del Boyero de Mendoza, sargenfo de Grana-
deros a Caballo que se pas6 i Quiroga despues en el
Rio IV. Aquel Castro llevaba el caballo alzado y revo-
leando hacia rato el sable sobre la cabeza, esperando un
cabe, hasta que al abrirsele un claro, pudo pondrsele un





MEMORIAL


poco al costddo A un infeliz y descargarle tal tajada,
porque no fu6 sablazo, que una corona del craneo, como
una de sandia, vol6 revolvi6ndose en torno de si misma,
hasta caer al suelo.
En eso los que le precedian, cobraron alas, no dir6
que corrian, y la persecucion fu6 amainando, hasta que
nos detuvimos &. reunir el escuadron ya enteramente
disperse.
Tengo, pues, como se ve, la primera pagina de mi foja
de servicios. 4De qu6 fecha? La historic no la dice, ni
]a autobiografia del General tampoco; y sin la biografia
del General Vega, el hecho hubiera sido borrado de la
historic.
Como era de esperarse, al saberse en 'San Juan el
contrast de vanguardia, debi6 moverse el ej6rcito entero
para repararlo. Sdipose en efecto e'n Jachal, que venian,
6 inspirandose en el peligro, se hizo una operation magni.
fica. En lugar de retirarnos mas al Norte, lo que habria
desmoralizado completamente A, milicias, nos dirigimos
hacia el Sur, no precisamente en busca del enemigo, sino
para buscarle la vuelta, dirigi6ndonos hacia San Juan,
por tras la sierra de Calacasto, mientras el ejercito ene-
migo, con infanteria y artilleria avanzaba, provisto de
cargas de agua para la travesia.
La operation tuvo el mas esplndido 6xito y llegamos
por la aguada de Calacasto, A la subida de las Piedras,
camino de San Juan, donde, ohl fortune, tomamos el
chasque que el fraile Aldao le hacia A sus hermanos,
dici6ndoles que habian sido completamente derrotados en
la Tablada por el General Paz, con grann matanza de las
tropas de Quiroga. El objeto de la retirada al Sur habria
hecho honor A Dumouriez 6 A Gustavo Adolfo que eran
c6lebres por sus retiradas para veneer.
Ahora, LcuAl fu6 la fecha de la batalla de Niquivil?
Contemos. De la Tablada A Mendoza, hay tres dias, con-
tadas las leguas por derrotedos. De Mendoza A San Juan
para trasmitir el parte, dos, con la demora en dar las
6rdenes. De San Juan A. las Piedras, horas. El combat
de Niquivil ha sido pues posterior de tres dias A la batalia
de la Tablada.
El General Vega intent proclamar alli a& las tropas,





OBRAS DE SARMIENTO


haciendo leer el parte,y notas. La idea era excelente,
pero no sabia hablar en pliblico y se enredaba en las
cuartas. Al fin, salimos de aquel mal paso, porque lo es
aquella subida y llegamos A las Tapiecitas. C06mo no
divisaron de la ciudad los polvos?
Llegamos de noche. El Capitan don Juan Aguilar fu6
destacado A atacar el Principal, en donde un mozo san-
juanino, y no tropas .mendocinas como quiere el General,
se le antoj6 resistir, se cruzaron tiros, y le quebraron una
islilla al Capitan que lo era de line y noble, de cuya
lesion no san6 nunca y muri6.
Nosotros avanzamos, sin embargo, y en la calle de las
vifias de las Zaballa y de los Moreno y Navarro, se nos
ech6 encima de buenas & primeras, un grupo que huia
de la ciudad, tratando. de- ir a reunirse con los Aldao.
Era-el Coronel don Francisco Aldao, sus ayudantes y un
medico sanjuanino A quien cupo un puntazo. Era inuitil
resistir, y fueron hechos prisioneros.
Llegamos A la plaza donde vi muerto el caballo plateado
do mi amigo un Teniente Ruiz, y el Comandante Angulo
recibid orden de marchar hacia el Sur, sin decirme nada,
porque se ponia fastidioso cuando olia p6lvora, pero com-
prendi que ibamos al Pocito. Llegados ., una cierta posi-
sion, hizo alto- y sefialAndome la primer mitad del
escuadron, me dijo, advance con esa gente y ataque
aquella casa.
Yo di la orden de marchar sin comprender bien lo
que en ello se contenia; pero apenas di frente A la entrada,
cuando avanz6 un hombre bien entrazado y para interro-
garme puso ya el caballo atravesado-4 Qui6nes son Vds.?
grit6, y somprendi6ndolo de sibito, volvi6 el caballo y
grit6: el enemigo I Entonces vi saltar como gamos uno
tras otro, diez 6 doce hombres que, sin duda, estaban sobre
aviso y desaparecieron. Era indtil correrlos, porque sus
caballos estaban de razgarlos con la ufia y nosotros con
los que habiamos sacado de Jachal, cuatro dias antes y
sin atravesar bocado.
Reuni6se el Comandante y nos ocupamos de medir y
contar el botin, A saber: diez fardos de municiones, ocho
tercerolas, algunas lanzas, setecientos caballos gordos men-
docinos, con ufieras y qu6 s4 yo qu6 mas. Puede com-





MBMORIAS


prenderse mi alegria. Prevengo que el h6roe de la jornada
tiene solo diez y ocho aflos y que ya le confian un combat.
Yo debia llevar el parte y probabletliente escribirlo.
A poco lleg6 el Comandante Julian Castro, el mismo A
quien llev6 la orden de ataque en Niquivil. Hablaron
ambos, sin reirse; todo lo contrario, el recien venido con
la cara muy larga. Como notasen que los observaba, el
Comandante Angulo levant el brazo, y clav6 el dedo en
direction A las Tapecitas, punto que desde alli se divisaba
mejor que desde la ciudad. Mird y no vi nada, por lo
que volvi los ojos hacia mi Comandante que conserve el
dedo apuntando en la misma direction y entonces vi,
oh! horror!-toda la quebrada de las sierras de las
Tapecitas cubierta de una densa nube de polvot El-
enemigo que llegaba, pisAndonos los talones, mientras
que nuestra infanteria se habia dispersado en la ciudad,
ganando cada uno su casa.
jEstAbamos perdidosl
Muchos afios despues me ocurri6 que la salvacion la
teniamos nosotros en los setecientos caballos, si mi Coman-
dante march A la ciudad A recojer los jefes y oficiales
y al menos doscientos 6 trescientos hombres de tropa.
Teniamos la retirada hacia C6rdoba; pero yo no pensaba
entonces y esper6 ver que venia.
El Comandante aguard6 la noche, y me dijo: vamos
por el pueblo, ayudante,-dejando al mando de la fuerza
los oficiales subalternos.
A medio camino encontramos una fuerza. Mi coman-
dante hizo lo mismo que habia hecho el mendocino, poner
atravesado el caballo, teni6ndolo levantado.-iAlto ahi,
quidn vivel grit6 con voz estent6rea que sobrecoji6 de tal
manera A los otros, que se quedaron clavados en sus puestos.
Una voz blanda contest6:-Segundat de flanqueadoresL...
,C6mo teniamos sobre nosotros, tales bichos con ponchitos
verdes, casbas amarillas?--Flanqueadores dijiste?-y se
tendi6 el Comandante y me tendi yo y nos siguieron nues-
tros dos asistentes y nos hizimos humo, oy6ndose sin em-
bargo el ruido de la piedra suelta del pedregal.
Corrimos sin mirar para atras el Comandante y yo, sin
saber & qu6 rumbo, cuando el puntero detuvo el caballo y
se acerc6 & una casita donde habia fuego.--Qud fogones





OBRA. DE SARMIBNTO


son aquellos, patrona?-Es la division del General Villafafte
es gente riojana.
Habiamos Ilegado Ila entrada de la Callesita, al Este del
Pedregal. Did vuelta el Comandante mas presto que co-
rriendo y nos dirigimos hacia el Oeste, atravesando todo
el Pedregal hasta topar con la acequia madre del Pocito, en
cuyos chilcales nos esconderiamos con caballos y todo, hasta
que a la entrada de la noche siguiente mandasemos un
asistente A la hacienda de los Rojos A pedir lenguas y hacer-
nos de viveres y proveer lo convenient.


(COPIA DEL ter DRSPAGHO MILITARY)
-Octaba elase-nueve pesos-valga para los afios de mil ochocientos veinte y
ocho y mil ochocientos veinte y nueve-diez y ocho y diez y nueve de la
libertad. -
El Goblerno Supremo de la provincla de San Juan.
Hallandose vacant en el Batallon de Infanteria provincial la plaza de Subte-
niente de la 2a compaila:
El Gobierno en uso de las facultades que le concede la ley; ha tenido a bien
nombrarlo al cludadano, Don Domingo Sarmiento, concedidndole todas las gracias,
prerrogativas y exepciones que por este titulo le correspondent, del que se tomar&
razon en la oflcina de Aduana.-Es dado en la Sala del despacho A diez de Junto
de mil ochocientos veinte y ocho: flrmado de S. E. signado con el sello de la Pro-
vincia y refrendado por el Sefior Ministro Secretarlo.
Manuel Gregorio Quiroga.-O. A. de Oro.
-El segundo despacho es de 13 de Abril 1830-nombrpndolo Ayudante del Escua-
dron de Dragones de la Escolta.-Flrmado Juan Aguilar y (el General) Nieolds Vega.
-El tercero es de 14 de Agosto 1830.-Ayudante en el ter Escuadron de la militia
de caballerla Provincial.-Flrmado Juan Aguilar y G. de la Rosa. Estos despachos
originals, se han encontrado reclentementq. El autor Ignoraba que se con-
servasen.
(N. del E.)











MENDOZA



Como lo que sigue es harto paisano, salvo oir las descar-
,gas los dos dias de los compafieros fusilados, har6 un
,cuarto intermedio y sin otra preparation nos presentaremos
al benevolo lector, sentados & la orilla del fogon, en el
bosque de Algarrobos de la Carpinteria, camino de Mendo-
za, esperando que se asase un churrasco, mi padre, mi tio
materno el cura de la Concepcion y un peoncito de con-
flanza que cuidaria de las cabalgaduras.
ContinuAbamos la operation de Jachal despues de Niqui-
vil. Avanzfibamos hacialos cuarteles de invierno del enemi-
-go, A. fin de sustraernos i su persecucion y alcance.
Era el caso que el ejercito que nos habia vencido, se habia
:sublevado & su turno, encabezando el movimiepto, el Coro-
nel D. Agustin Moyano, jefe del batallon de infanteria de
milicia de Mendoza y un Comandante de caballeria, el
'hombre mas simpitico, alegre y bueno que militaba en
aquellos tiempos.
Habian seguido nuestros movimientos, acechando la
occasion de dar vuelta casacas. Acaso la derrota de la
Tablada inspira este pensamiento, para evitar la revancha
*que'costaria nuevas exacciones a los pueblos.
Los roles estaban cambiados. San Juan en poder de los
federales, con la division de riojanos de Villafaile, y Mendoza
en poder de los patriots, esperando ponerse en contact
con el General Paz.
Llegamos a. Mendoza en medio de la exitacion de los es-
piritus.
Recubrdese que el doctor Velez y el dean Zavaleta, habian
esido enviado por el Presidente Rivadavia, A someter la





OBRAS DE BARMUBNTO


Constitucion A los pueblos, como si, donde reinaban Lopez,.
Bustos, los Aldaos, hubiese pueblo.
Reuniose lo mas select de la Bolsa, pues ya habia Bolsa
commercial con todbos los usos y practices de las ciudades
industriales. Habl6 largamente el ilustre Dean, esponiendo
las ventajas que ofrecia un pals constituido, A fin de pre-
servar la paz, etc... Para qu6 repetir lo que se dijo enton-
ces! Corriaseles las lAgrimas al auditorio, no sabiendo que
era predicar en desierto, pues los tres hermanos se apoyaban
reciprocamente y contaban con Quiroga y Bustos. Pero
se creia el ensalmo roto y creian estar seguros ahora de
constituir la Repiblica, con el General Paz en C6rdoba,.
Quiroga derrotado y Mendoza libre.
Cuando llegamos, estaba ya organizado al gobierno y
nombrado General en Jefe. Don Rudecindo Alvarado, es-
pectable General de la guerra de la Independencia, hacidn-
dblo empero tristemente celebre las derrotas de Torata y
Moquegua..
Ningunas conexiones tenia yo en Mendoza, sino es.
haber estado seis dias por intereses mercantiles, salvo un
joven sanjuanino alli establecido, D. Jos6 Ignacio Flores, mi
compafiero de infancia,- pariente ademas, y uno de tres 6
cuatro personas' con quien en mi vida me he tratado de tHi
y vos.
Tenia Mendoza Bolsa de Comercio, como he dicho, muy
frecuentada y en la que se hacian cambios valiosos y ocu-
paba ademas el lugar que hoy, los clubs politicos. La po.
blacion era numerosa y distinguida y ciertos dias llenaba
la alameda famosa plantada por San Martin, con sus hileras-
colosales de alamos y Ilegados en 1829 A todo su,desarrollo.
Era con estas formas exteriores, la segunda ciudad de la.
Repuiblica, con una buena Biblioteca, su movimiento comer-
cial, sus tradiciones militares y el fracuente trAnsito de
hombres notables de un Oc6ano a otro Oc6ano, A traves del
continent, pues no eran muy frecuentados ni el E stre-
cho de Magallanes, abandonado desde que el Adelantado
Sarmiento no pudo socorrer A la colonia del Puerto Hambre
y Cabrera perdi6 todas sus anclas. El Cabo de Hornos no-
fui habilitado derrotero para el comercio sino despues.de
reconquistado Chile y tom6 creces el puerto de Valparaiso..
Ya en 1826, me habia llamado la atencion su actividad





MEMORIAL


commercial, .el movimiento de carretas que Ilegaban de
Buenos Aires, de carretillas que cruzaban en todas direc-
ciones las calls, cambiando de lugar las mercaderias,
mientras que en San Juan todavia no hablan carros ni
carretillas.
Esta vez se me presentaba Mendoza, como iluminada
por fuegos de Bengala, bajo el prisma de las exitaciones de
la vida pdblica y de la guerra, que animan los semblan-
tes, dan t6pico A las conversaciones, y lanzan al vecindario
A las plazas y las calls, como en Roma, 6 mas bien como
en Mendoza mismo, en los tiempos no lejanos de la for-
macion del Ej6rcito de los Andes, pronto A lanzarse hacia
las costas del Pacifico. Olase el martilleo de los artifices
en la antigua y bien dotada Maestranza, en la que el ex-sa-
cerdote Beltran ensay6 sus missiles, y donde se construian
fusiles y lo que pareciera impossible, bayonetas. Divisaba-
se el humo de sus hornos de fundicion de balas huecas de
canyon, y por todas parties se encontraban jefes y oficiales
y soldados con uniformes,-la infanteria llevaba morriones
con manga,-misicos y tambores, caprichosamente atavia-
dos, acaso por los mismos maestros sastres que idearon los
uniforms del 11, del 7 y del 8 de infanteria.
En Mendoza habian grandes sabios. Actores y acr6batas
daban A su paso funciones, para costear la jornada. En
aquella 6poca memorable vivian los ricos homes que debian
perecer mas tarde con el General D. Jos6 Aldao, A manos
de los indios.
El General de los Ej6rcitos de Chile y del Peri, D. Rude-
cindo Alvarado mandaba las fuerzas de la plaza, mientras
que los Generales Jos6 y Francisco Aldao y su hermano el
ex-capellan de granaderos a caballo tenian la campafia.
En las regions de la political descollaban como monu-
mentos el Dr. D. Narciso Laprida, Presidente del Congreso
de Tucuman, objeto de la veneration universal, el Dr.
Salinas, Secretario de Bolivar'y Godby Cruz, (1) amigo y
corresponsal del general San Martin-. En las letras, DJn


(1) Don Tomis Godoy Cruz. Se conserve en nuestro poder un legajo de do
cumentos referentea A la vida de este prohombre, entire ellos una coleeccion de
cartas a su padre, de 1813 A 1820. Es probable que Iarmiento hubiese tenido la
ntencion de biografiar a Godoy Cruz. (N. del E.)





OBRAS DL SARMIENTO


Jose Calle, que histore6, despues aquellos sucegos y re-
dact6 con'migo El Mercurto en Chile; Don Juan Gualberto
Godoy, el Tirteo de la political de partido, escribiendo
El Coracero, todo en verso, peri6dico caustico y satirico del
:g6nero de El Diablo Predicador de Buenos Aires, que hizo
escuela.
Constitulan el ndcleo del partido federal, muchas gen-
tes decentes; y con ideas proteccionistas en favor de
.sus vinos y cereales, se oponian A la political de bajas
tarifas, consideraban A. Mendoza la rival de Buenos Aires
y aun hablaban de crearse un, puerto al Sur Oeste, na-
vegando y canalizando el Colorado, que seria el de Bahia
Blanca hoy, para exportar y recibir directamente sus
mercaderias, tal era la idea de propia suficiencia que les
habia dejado el espectaculo de las grandes cosas.
El partido liberal era en cambio numeroso y lleno de
actividad. Don Agustin Delgado, Ministro de Rivadavia,
los Videla, de diversas families, Godoy Cruz, Villanueva,
Blanco, Calle, Zapata, Chenau y centenares mas.
En 1829, cuando me imcorpor6 al ejercito del general
Alvarado, Mendoza alcanzaba su apogeo. Un mes despues,
-el rayo se descargaba sobre su cabeza, y todos aquellos
exple.ndores se disiparon entire ruinas y regueros de
sangrel En 1830 perecieron los mas ricos en los campos
del Sur, asilados entire los indios. En 1831 el coronel
Videla Castillo con dos mil hombres, casi todos veterans
xnandados por Jefes de linea y un regimiento de grana-
deros de San Juan de quinientas plazas-(que yo habia
disciplinado con su jefe el Coronel Chenaut, A quien hice
despues General)-se dej6 derrotar A campo abierto
por Quiroga con doscientos hombres y los press de las
-carceles de Buenos Aires, estando el caudillo enfermo
dentro de una carreta.
La part culta y liberal de Mendoza, con sus glorias
militares, se dispers6 efitonces para siempre, emigrando
& Chile lo mas florid de la poblacion. Alli los Zapata
fundaron colegios, los Calles redactaron diarios, los Villa-
nueva ejercieron la medicine 6 plantaron vifias en Acon-
cagua, como los Videla acabaron por ser banqueros, y los
,Cobo, cuyo padre introdujo el alamo, fueron duefios del
Chafiarcillo, en que se cortaba la plata A tincel. Di6 A


42





MEMORIAL


Chile, en los Coroneles de la Plaza, padre 6 hijo, solda-
dos aguerridos, Secretarios de Intendencia con los Del*
gado y Godoy, caligrafos en Bergmans de la misma fa-
milia, y hasta los primeros boteros de Santiago fueron los
.Sosa de Mendoza, que gracias a su talent de verdaderos
artists, puedieron educar sus hijos en Paris.
Qu6 quedaba de aquella soberbia Mendoza, que aun en
:su part federal, era culta y en la que ni la montonera
-qde era la expression popular de la federation, tenia asi-
dero, pues la tradition military de San Martin, se perpe*
tuaba por los Aldao, los Recuero y los auxiliares que tan
bien representaban a los Granaderos a caballo en la Ta-
blada?
Tras el triunfo de los federales, decapitados ed la lucha,
de sus cabos, tras la emigracion quo con su triunfo venia
-ordenada, vino la decadencia y la cripula, el juego eregidos
.en sistema de gobierno, con un ap6stata, 6brio casi siempre,
para ocultarse A si mismo las manchas cancerosas-de su
-oprobio.
Hasta que un dia, 6 la vispera ya de recibir Mendoza
-el bautismo de la regeneracion, sin anuncios, sin aque-
1los ruidos subterrineos que corren como multitud de
carros rodando por el empedrado, sin los sacudimientos
que precedieron 6 la desaparicion de Herculanum y Pom-
peya, bajo las cenizas del Vesuvio, la tierra se estremeci6,
bambole6 como si le faltasen sus cimientos, y la ciudad
se tendi6 sobre la superficie, cayendo muerta de un golpe
y apretando bajo las ruinas de templos, palacios y habi-
taciones 6 los cuatro quintos de sus moradores
Las ciudades coloniales son la morada exclusive de la
poblacion europea y A no sobrevenir el terremoto en la
-poca de la vendimia, cuanto habia de propietario y de
culto habria perecido aquel infausto dia.
Llegu6 antes de cumplirse un afio de la catastrofe, a
,devolver con las armas de Buenos Aires el puesto queo
los supervivientes reservaba el triunfo definitive de las ins-
tituciones libres.
Ay Solo permanecia inmutable, exelso, magestuoso, el
'Tupungato, cuya nevada cabeza se divisa desde los confi-
nes de San Luis, y parece un centinela de la eternidad
para contar los dias de las obras de los hombres





44 OBRAS DE SARMIENTO

Un antiguo pino de .parasol, como los que decoran e'
paisaje de Nipoles 6 de la Campagna de Roma, se con-
servaba, sino tan inm6vil, impasible, en medio de las-
ruinas, marcando el lugar que fu6 el claustro de San
Francisco, y hacia el Oeste, siguiendo la direction de las
montafias vecinas, que cierran el horizonte ocultando las
cordilleras nevadas, la negra y espesa linea de los alamos
semi-seculares que dej6 San Martin y A cuya sombra, como-
lo Inico duradero que es lo que crea el genio, so acogieron
por largo tiempo las families medio desnudas, esperando
que se levantase una techumbre hospitalaria.
Acudiah el 10 de Enero de 1861 A saludar al antiguo
compafiero de armas los unos, al emigrado animoso que-
habia en Chile ensenado a esperar contra la esperanza,
al enviado de Buenos Aires con la. verdad de las insti-
tuciones, salian a saludarlo los que habian salvado de la
catastrofe, envueltos en ponchos de tosco tejido, que no
disimulaban camisas reflidas con todo decoro, porque en
las grandes desgracias pdblicas, se hace gala del mal
comun, la pobreza y el desalifio. Hasta de la enferne-
dad reinante se envanece el hombre y en tiempos cala-
mitosos, surgeon como products natulales las figures de
tercer orden en la political y los sargentones de la milicia..
El Gobierno del Coron'el Nazar y del Comandante Videla,
ambos forasteros, fu6 lo que qued6 en pie tras del terrible-
sacudimiento; y como en las ruinas se albergan las fieras,
de allf sali6 la invasion A San Juan, sin motive, y la
mortandad d lanza seca, todo el fruto del triunfo de los
Aldao en 1829.
No debo dejar subsistente este cuadro de la abomina-
cion de la desolacion, sin correr el diorama que principia
con la entrada del Teniente Coronel D. F. Sarmiento en
Mendoza y pasar A much despues, cuando en el afio en
que estas reminiscencias escribo, nos hace el seftor Bal-
maceda Ministro PlenipotenciariQ de Chile, una descrip-
cion de Mendoza que acaba de atravezar y que reasumir&
en breves razgos.
De una calle central de cuarenta varas de ancho, como
los Brodways de las grandes ciudades modernas, pero som-
breadas las Amplias aceras por hileras de Alamos de la
Carolina 6 de Italia, parten en angulos rectos, called de-





SMEMORIAS


,veinte varas que dan entrada la ciudad modern, Si
los antiguos conventos no lanzan aqui y alli sus torres,
como si quisieran disputarles en audacia A las cdspides
de las frondosas masas de Arboles que en la prespectiva
semejan hosques, la Escuela Sarmiento se alza como nuevo
templo; y en lugar de monjas Catalinas, esti la Escuela
.Normal de nifias en edificio todavia mas expl6ndido. San
Nicolas convertido en Quinta Agron6mica y A los Aldao,
se suceden los profesores, 6 los congresales Civit, Blanco,
Zapata, Godoy que todavia traen A la memorial los nombres
de otros tiempos.
Aun quedan resabios de fuerza y ambiciones que
cuentan abrirse paso con el sable. El ladron con escala-
miento y fracture no desaparecera por cierto; pe.ro dando
mayor consistenicia a las murallas y reforzando y perfec-
cionando las cerraduras, los casos vendrin A ser mas
-raros.
Cuando el jurisconsulto Velez oia hablar de, casas y
murallas de mimbre y barro, tras del temblor en Men-
la sabiduria de las leyes, intitil la distinction de los de-
litos 6 impossible la aplicacion de las penas. El dinero
debe guardarse en caja de fierro, bajo cerradura. Si lo
ponemos en,la calle, casi no hay delito en apropiArselo.
Las instituciones son las cerraduras.


TIROTEOS DE GUERRILLA

Algunos dias despues de mi llegada a Mendoza, acaso
para honrar A los sanjuaninos, se pidieron cuatro oficiales
para edecanes del General Alvarado. Con much sorpresa
me vi en la lista, siendo- los otros un doctor Albarracin
Sabino, mi pariente venido de Buenos Aires, mi propio
Comandante Angulo, que tenia en Mendoza mayor repu-
tacion de valiente que en San Juan, por los sucesos de
Rio IV, y el Capitan don Andr6s Carril, que lo habia sido
del No. 11 del Ej'drcito de los Andes. Para dar tono a esta
narracion, anticipar6 que Albarracin y Carril, fueron fusi
lados con cuatro mas al fin de la campaila.
En lo que respect al cuarto qu'e escuso nombrar, no





OBRAS DRB ARMIENTO


detallar6 sus merecimientos para tan alta distinction A los.
diez y ocho aflos, sino es diciendo que se repetia lo que
le sucedia desde la edad de quince y es que los'adultos
lo aceptaban en la sociedad de los hombres, merced A la
education exceptional que habia desenvuelto su inteli-
gencia y formado su carActer desde tan temprana edad.
Un incident insignificant me puso en contact con el
Dr. Laprida y fud que oyendose tiros por el Sanjon y
viendose un centinela A caballo en la misma direction,
creyeron que era enemigo; me lo denuncian, y haciendo
un rodeo le sali del otro lado, cortandole la retirada.
El soldado imp6rterrito conserve su puesto y cuando me
acercaba sable en mano, me dijo con la acentuacion desa-
brida del mendocino:- si soy de la plaza, sefior.a- En-
vain6, pues, mi arrojo para mejor occasion. LlevAbamos
los sanjuaninos gorros colorados, y el Dr. Laprida que
presenci6 el acto, quizo conocer al compatriot y cambia-
mos palabras de afecto de su parte, de respect y vene-
racion de la mia.
Como no hago historic, sino reminiscencias personales
aftadir6 que en las Lomas de Lujan, donde se di6 el
dlitimo combat, en el moment del ((salvese quien pueda),
soe encontr6 el infeliz conmigo y me dijo, sefialandome el
oriente,- Huyamos para C6rdoba. (( Es tarde, seflor,
esti el enemigo ya de ese lado... Alli acaban de matar al
Mayor Estrella.- Y, qu6 hacemos?-Sigame.-- A. d6nde?
-Para acA, esa es infanteria nuestra... No tu.vo confianza
en mi estrella y tom6 la primer direction indicada. Yo
lo vi bajarse del caballo y por no ser temerario, no digo
A manos de quien creo que muri6. Yo les habia estado
haciendo fuego personalmente el dia ariterior A esos
mismos.
Entr6 luego en funciones al lado del General Alvarado.
Las funciones consistian en no" hacer nada. Era una per-
sona respectable, pulcro, elegant, con aires de gran sefior,
A lo Lamartine, A quien creo se parecia. Hombre de pala-
bra facil, para emitir siempre las ideas mas correctas y
dar salida A t6da clase de dificultades, solo que no daba
una orden, ni salia de los regios salones que le habian
preparado.
Los primeros dias su inactividad misma inspiraba con-





MEMORIAL


fianza al pdiblico-ICuan seguros estarfamos con tan gran
General, cuando no creia oportuno dar la menor ordent
Despues he visto reproducirse situaciones iguales, con id6n-
ticos resultados, la derrota final. Los Aldao, empero, tenian
la campafia y reunian milicias.
Sesenta soldados de linea del magnifico regimiento de
Auxiliares de Mendoza habian vuelto de C6rdoba. El
Comandante Balmaceda, (enchalecado despues por los
Taboada, si no me traiciona la memorial se encontr6
con este regimiento en la batalla y me contaba despues
una ocurrencia singular. Las cargas de caballeria, lo sabe-
mos los viejos oficiales, son actos puramente morales.
Lavalle, el cl1ebre cargador, el heroe de Rio Bamba, decia
& los j6venes del Escuadron de Mayo, que le pedian para
pasar la noche, contase algo de sus campaias.-c(Ho(nbre,
les decia, nosotros no tenemos que contar en material de
hazaias militares. Una division de caballeria carga A la
otra; una de las dos cede, sin esperar A cruzar lanzas-
Esto es todo.
Pues bien, como los- coraceros del General Paz no com-
prendian que pudiesen ser ellos nunca los que cedian,
cargaron al regimiento de las casacas coloradas de Men-
doza, y como estos, con sus caballos de razgarlos con la
ufia, no se proponian ceder tampoco, se pasaron unos y
otros A unas veinte varas de distancia, mirandose sor-
prendidos de encontrarse y de que nadie cediera. EL
Comandante de Coraceros veia la sonrisa en los labios de
sus soldados, riendose en efecto de la novedad del caso,
de estarse parados, y sinti6ndose ya, que trataba uno que
otro de torcer el pescuezo del caballo, cuando un grito&
formidable de A la cargal rompi6 el ensalmo, dieron vuelta
los colorados y las lanzas empezaron A hacer su oficio.
(( Si el otro so me anticipa, decia, somos nosotros los que
damos vuelta.)
Era tambien edecan del General Alvarado un jovenzuelo,
hijo del Gobernador interino un Videla, A quien le sucedia
lo que A un contertulio y viejo amigo mio, cuya fisonomia
extraNfi por lo cambiada una noche, no obstante no haberse
cortado el pelo ni carnbiado la forma de la ba'rba: era
que habia sido nombrado c6nsul de Bolivia y ponia la
cara grave que tan alto puesto reclama. Mi co-edecan,





48 OBRAS DB SARMIENTO

hijo de Gobernador y mendocino, queria echarla conmigo
de entendido. Cuando mas servia de comunicarme los
secrets de la political que pescaba al vuelo en casa de
su padre. Yo estaba habituado al trato de otra clase de
gentes y poco a poco fui ganando la consideration, despues
el carifio del desgraciado Dr. Salinas, con quien acabamos
por hacer rancho comuin en la campania.
A pocos dias de servicio en mi alto empleo de edecan
de S. E. senti la vanidad de las cosas humanas. Me
aburria enormemente de ver entrar, salir; oir hablar, dis-
cutir, y todo para la nada. El grave General se mostraba
superior a las pequefias pasiones d'ici-bas.
Tras la narracion de algunos encuentros que tenian lugar
ya cerca de la ciudad, me desliz6 un dia, al ruido de los
tiritos, como decia de los combates *despues el General
Rivas, y llegando al frente de una guerrilla nuestra, hall
que la cosa era lo mas divertida: tiro va, tiro viene,
avanzan, se retiran los nuestros, segun se ven avanzar
las casacas coloradas de los veterans auxiliaries que han
estado en la Tablada, y por tanto gente muy considerada
y respectable. Andando la historic y repitiendonos las
embestidas alcanzamos '1 matar a dos sin embargo, y yo
contemplaba de cerca uno.
Un caso de estos merece consignarse aqui, aunque
advance cronol6gicamente su recuerdo. Ocurri6 cuando yo
era maestro guerrillero. A fuerza de asistir a ellas dia-
riamente, como colegial escapado a las areas de las aulas
y haciendo l'dcale buissionniere. Me habia constituido ayu-
dante del Capitan D. Joaquin Villanueva, tio del que fu6
muchos aflos mi amigo, el Senador D. Aristides.
Don Jos6 Aldao que mandaba las fuerzas enemigas,
sabia de cuanta importancia era para la moral del ejercito,
que las guerrillas 6 avanzadas no sean vencidas y al efecto
ponia en ellas, su pequefio pero aguerrido grupo de vete-
ranos. Nos-batiarrfos todos los dias sin resultado, sino es
conservar cada-bando sus posiciones. Un dia, no habiamos
parade mientes en que la guerrilla tendida ante la nuestra
se habia venido poquito ,. poco ganando terreno y acor-
tando distancias los tiradores, hasta que repente, se nos
echaron encima y no hubo mas remedio que escaparnos
en desorden hasta' la reserve que habia quedado a mas





MEMORIES


distancia que la que previene la tactica. Movi6se esta al
frente nos rehicimos al costado, y secundado el movimiento
colorados, que A su turno retrocedian hasta sus reserves, un
official sanjuanino De los Rios. Vimos & mi Rios, revoleando
los libes, al costado de los colorados, lanzarlos y prend6rseles
A un jastial de sargento, liandole los dos brazos con la cara-
bina y la rienda, detmanera que el caballo se qued6 parado.
Nuestra guerrilla se detuvo cuando recuper6 su altura y
y%, perrito de todas bodas, no teniendo formation, volvi
A ver manipular la presa A mi Alf6rez Rios. Habiase des-
montado y acercAdose al monstruo inm6vil como una
-estatua ecuestre de bronce: solo s6 que el encantado auxiliar
tenia una cara y hacia unos jestos de condenado por los
libes, que le impedian moverse. Rios no tenia sable, puesto
que era recien escapade de San Juan; y como el del chino
yacia en la vaina, principi6 por ahi el decomiso, despren-
-di6ndoselo de 'a cintura y cifinndoselo sin discontinuar.
Seguiase la tercerola, pero antes de desembarazarlo de
ella, le orden6 desmontarse, ofreci6ndole galantemente un
apoyo, sin el cual no es empresa fAcil tocar el suelo pre-
cisamente con los pies primero, cuando el jinete tiene
liados los brazos. Tenia cuchillo A la cintnra, y Rios se
lo resbal6 antes para evitar discusiones posibles; proce-
ddiendo en seguida Ai. desenvolver las bolas, desprendiendo
la cArabina separadamente, como quien coge fruta de un
Arbol y dejando, al fin respirar al pobre prisionero quien
fud enseguida enviado & la reserve. Con Ia montura hizo
Rios lo mismo, tomando de ella el lazo, el maneador, la
manea y algun otro correaje, pues lo demas no valia la
pena. Desde entonces el Alf6rez Rios se present con
tercerola A la espalda, como un iroquez habria llevado A
la cintura la cabellera escalpada a su enemigo.
Volviendo A la narracion de los sucesos, escapAbame to-
dos los dias A las "guerrillas, como otro A los- alrededores
de Paris al bal AMabille, y debo decir en honor de la verdad
hist6rica, que yo introduce alli en la tActica de guerrillas
un element mal 6 poco usado, aunque sea de buena ley y
,de antigua invention. Creo que remonta A los salvajes y
por analogia, se llama chivatear, por lo que imita, golpeAn-
ToMo xLxX.-4





OBRAS DR SARMIENTO


dose la boca, i las cabras y cabritos. Fu6 mi cuerda desde
nifio el entusiasmo exhuberante y todavia se derrama de,
mi alma, no obstante los anos, esta generosa espuma de la
vieja cerveza. Yo animaba las guerrillas con mis gritos,
con los sobrenombres dados A los enemigos que usaban por
divisa trapos blancos como virgenes inmaculadas y plumas.
de avestruz en los sombreros, porque fu6 el instinto fede-
ral siempre parecerse A los salvajes!
No se crea reprobado tal uso en los ej6rcitos, sirviendo al
contrario de entretenimiento y animacion A los guerrille-
ros. En Montevideo, durante el sitio de diez aTDs, la gue-
rra estuvo reducida al cafioneo de los fuertes y A los corn-
bates de guerrillas. Cansados al fin de matarse reciproca-
mente sin resultado, se introdujeron usos mas cultos y casi
inteligencias entire los enemigos que suelen establecerse
en los g'andes sitios, aun entire cristianos y musulmanes.
En los iltimos aflos, salia la avanzada de la plaza, pues que
do noche se reconcentran, A ocupar los puestos, del dia
anterior; la del enemigo habia hecho otro .tanto; se cam-
biaban algunos tiros pro forma y en seguida se dirigian la
palabra de un lado al otro, saludAndose. los conocidos, pi-
diendo noticias de sus deudos, los que los tenian en las
filas contrarias y despues, comunicandose reciprocamente
noticias sobre los recientes sucesos, bien entendido que
eran solo los desfavorables al enemigo las que se comuni-
caban, sin economizar los epitetos de cobardes, montone-
ros, gabachos, traicioneros, rocines y otros por el estilol.
Un official de guerrilla de entonces, me contaba que era tal
la influencia que los chistes, las pullas y diatribas felices.
ejercian sobre el Animo de los adversaries, que cuando les
venia una bien condimentada, quedaban todos abatidos y
mustios; haci6ndoles mas duradero efecto el ridicule del
enemigo que una bomba; quedando dos 6 tres dias anona-
dados bajo el peso de la burla victoriosa, hasta nuevas re-
presalias y restablecimiento de la superioridad en el chiste,
como en la bayoneta 6 el sable.
Ohl dias felices de la juventudl Yo grit6 en la vanguar-
dia ypequefios encuentros, hasta la vispera de la derrota,
en que me las habia con otro de mi calafia del enemigo y
nos.hubi6semos ido a las manos, avangand.o poco A poco,
cambiando tiros y balandronadas, si mi padre no viene.


50





MEMORIES 51

y toma de un brazo al edecan guerrillero y lo lleva A las
lines.
Esto merece explicacion. Como visitase algunas veces la
Maestranza en plena actividad, como vi mas tarde el Vesu-
vio, aquella tercerola del Alferez de los Rios, me andaba
siempre trotando por la imaginacion. Los viejos militares
recuerdan una pequefia carabina de caballeria llamada
rifle, con ]a bayoneta unida por un mecanismo al canon,
de manera de cargar sin desprenderse, con solo correrla.
Me hice de una en la Maestranza con bandolera y buen re-
puesto de cartuchos, con lo que agregu6 a los gritos y
sobrenombres de vanguardia, uno que otro tiro en apoyo y
sost6n de lo dicho.
Sin mas accidents concluy6 para siempre este aprendi-
zaje de la guerra en el servicio mas active 6 inteligente cual
es el de guerrillas, que es el mas peligroso, razon porque
deben turnarse los cuerpos en el servicio de avanzadas,
sino se quiere que sufran enormes bajas. Puso el General
Paz de planton en una azotea cercana a la guerrilla A un
joven orador que por motives harto aristocrAticos le increpo
exponer 4a la esperanza de la patrias, por haber ordenado
una salida A la Guardia Nacional recien organizada. Y el
General decia: (dos demas muchachos toman la leccion por
el lado ridicule; pero no saben el peligro que corre. 'Un
official no puede permanecer quince dias an servicio avan-
zado de guerrillas sin que lo maten.)
Poco despues vino a Montevideo el Boyero, aquel famoso
sargento de granaderos A caballo que salv6 a Zapiola en
Cancha Rayada y que, para congraciarse con los amigos a
quienes en el Rio IV habia traicionado, se iba a las guerri-
llas a cruzar quolibets y chuscadas con el enemigo. Se avan-
zaba & veces en el campo intermediario, con esa indife-
rencia del veteran intangible y gritaba A otro de sus
antiguos compafieros:-Ch6, yeni pa acAt-El otro contesta-
ba-Si de hecho, sos tan bruto, quien es zonzo par diz'..
Aludia a los pufios formidable del atleta que podia rajar
en dos un crAneo 6 desarticular un cuello si se le presen-
tara a tiro de revesino. No repiti6 much las amenazas y
provocaciones, sin que lo bajasen redondo de un balazo y
fuese, sin chistar palabra en esta vids, a dar cuenta en la
otra de sus pasados errors.





OBRAS DB SARMIBNTO


MANIOBRA FRUSTRADA

Don Jose Aldao era hombre de much autoridad y expe-
riencia y despues de tantos aflos de dominion y con el auxi-
lio de sus hermanos y otros jefes, much trabajo habla de
darles A nuestros utopistas. Sus fuerzas crecian cada dia.
Y cada dia venia el General Moyano y encarecia la nece-
sidad de obrar endrgicamente, sin lo cual cada dia se estre-
charia mas y mas el circulo en torno de la ciudad.
El General Alvarado hallaba salida a todo, lo despedia
content y al otro dia volvia con la misma insistencia ind-
til, A exigir que se pusiese en campafia.
En la aVida del fraile Aldao), lastimado de la suerte que
cupo A tantos por su causa, trat6 al General Alvarado de
imbdcil, y leyendo en Salta, escribid i Frias (don F6lix), di-
cidndole que observase al sefior Sarmiento que ya 61 se
habia justificado de aquellos cargos. Contest6le A Frias:
-Digale al General Alvarado que el senior Sarmiento de
hoy, es aquel edecan que apenas le pintaba el bigote, que
lo presenci6 todo dia a dia, y habl5 con los jefes hasta el
ultimo moment, y era inseparable del secretario de Bolivar
bue muri6 fusilado.)
Su- justificacion que releo ahora, es apenas su condena-
cion, pues denuncia el espiritu dominant en los viejos
unitarios y la escuela te6rica de Rivadavia.
(Mi primer cuidado, apenas me recibi del Gobierno, dice
la justificacion del ben6volo General, fu6 solicitar de la
Legislature una amnistla para los anteriores extravios de
la opinion, y la restitution de las garantias individuals
que son la salvaguardia de las personas y de la propiedad.
jQu6 moment para constituir una Provincia, con los tres
Aldao en campafia, experimentado el uno, ebrio consuetu-
dinario el otro, lo que disculpa no sujetarse A lo pactado, y
un perillan desvergonzado, don Francisco, que habia trai-
clonado al General Vega, acometiendo los cuarteles vacios
en San Juan despues de firmada la pacificacion, que trai-
cionaba & su hermano Jos6, pidiendo fuerzas a San Juan,
despues de haberse sometido aquel y muriendo despues
en la ejecucion de otra intriga 6 victim de la embriaguez
del fraile,, como se verS mas adelante.





MEMORIES


La guerra cierra las puertas del Templo de Janio y abrir-
las de par en par, es simplemente imbecilidad, como tuve
el honor de escribirlo en 1845 en la ((Vida de Aldao y de-
jirselo sospechar al Ministro del Interior doctor Rawson,
en 1863.
No son estas ideas empero, fruto de los afios y del estu-
dio de las Constituciones. Ya en 1845 en Chile, explicaba
la ineficacia de la defense de los liberals en Mendoza.-
Estos hombres ilusos se empefiaban en establecer desde
luego las formas constitucionales por las que tanto ansia-
ban; el respeto A las vidas era su axioma y las discusio-
nes parlamentarias su medio de accion. y sus enemigos
aprovechaban de esta infatuacion para errcadenarlos de
nuevo. (Vida de Aldao.)
En la segunda edicion de la ((Vida de Aldao, el autor
atenu6 el epiteto de imbecil dado al General Alvarado, por
el de desapercibido.
La hist6rica de aquel episodio, el mas sangriento de
nuestras guerras civiles y uno de los mas fecundos en con-
secuencias funestas, la hizo don Jos6 Calle en un escrito,-
Memoria de los acontecimientos mas notables en la Provincia de
Mendoza de 1829 d 1831.-Esta escrito en el lenguaje pom-
poso de la 6poca y respirando la narracion por las anchas
heridas, frescas aun. ((En el catAlogo de los hechos que
vamos A referir, dice don Jose Calle, de las matanzas que
sucedieron A nuestra derrota en el Pilar, se nota constan-
temente el delirio, la falsedad y la corruption. Se observa-
rA la debilidad misma enmudecida con el terror, la justicia
en el mayor abandon, la buena fe y el patriotismo he-
chos el juguete de miserables hip6critas y facciosos y de
un espiritu excesivamente sanguinario y brutal.))-(PAgi-
na 103.)
Imposible que no fuesen derrotados hombres que piensan
y escriben asi.
Todos los gobiernos del mundo, aun los mas libres, prin-
bipian la guerra por suspender las garantias individuals,
Para hacer lo contrario, fdndase el General Alvarado en
que siempre ha creido que la Repuiblica Argentina fiecesi-
ta una Constitucion, ((sobre todo, que ha mi profession, no
a me ha pardcido nunca el medio seguro de alcanzar la orga-
(< nizacion nacional.a-Y segun la misma exposition, em-





OBRAS DR SARMIENTO


prendi6 hacer un anticipo de veinte afios del future gobier-
no national, al dia siguiente de estallada la guerra intestina
en la Provincia y amagada de una invasion exterior de las
fuerzas de San Juan y la Rioja que vino en efecto. Toda la
defense es de este calibre. Se propone someter pacifica-
mente A los hermanos Aldao que poselan la tradition y
prActica del poder y un cuadro rpagnifico de tropa de linea
y lo burlan, quedAndose en casa de Gobierno como rehen
el mas cinico de todos, Francisco, para espiar todos sus
actos, Don Jos6 en'Coro Corto, medicamenidndose y el fraile
al mando de la tropa de line, negandose A una entrevista
con el Gobernador. El sentido comun del pdblico, aun de
los indiferentes, se sublevaba, auxiliado por los chascos y
desencantos que traian cada dia uno en pos de otro, las can-
dideces de aquel grave, impasible Don Quijote de la paz
en medio de la guerra, y que acaba con toda esperanza,
como con toda autoridad, hasta que las tropas se sublevan,
pidiendo salir en busca del enemigo, cuando ya habia pri-
vado de agua a la ciudad y reunido fuerzas poderosas.
El General Alvarado, con la jactancia que suele ser
comun A los viejos generals de la Independencia que han
tenido al frente tropas regulars, habla con menosprecio
de las de Aldao y sin razon. Tenian segun el mismo
130 auxiliares y 200 colorados de Quiroga salvados de la
batalla de la Tablada y las mejores tropas de caballeria
de entonces, fuera de los Coraceros. Los ochocientos
sanjuaninos y riojanos tenian la fuerza de cohesion que da
la guerra en pais enemigo, contra la desagregacion A que
estan sujetas las milicias en su propio pais, como sucedi6
A las nuestras.
Tenian,r pues, los Aldao, mil hombres de caballeria con
cuatro jefes espertos y subordinados entire si y toda la
Provincia de Mendoza, rica en caballos y recursos y la de
San Juan A retaguardia. Eran, pues, superiores A nosotros
siempre que supiesen esquivar un encuentro con la infan-
teria. En cambio nosotros podiamos asegurar con ella y
las calls, todo el territorio al Oeste del Sanjon que es
much y cuanto mas se quisiera.
Pero la inaccion de mi General Alvarado, debla perderlo
todo, A pesar de una habil operation que ejecut6 con el
mas cumplido mal 6xito.





MEMORIES


Durante los primeros meses de reaction contra los Aldao
nada se hizo, mientras estos tenian la Provincia entera por
suya y allegaban tropas diariamente, al plantel de linea
de caballeria que hace siempre el ndcleo de la resistencia
,en campo abierto. Yo presenciaba diariamente los cargos,
las sdplicas del General Moyano, repitiendolas mas apre-
miantes a cada nuevo reves.
Cuando nos arrebataron la carneada a una cuadra de la
Iglesia de San Nicolas, es decir, nuestras mismas barbas,
le decia Moyano:-iSefior, esto es una vergienza! nos in-
sultan y ponen en ridiculo delante de nuestros propios sol-
d cinco, que nuestra situation era brillante y fuera de todo
peligro.
Todos los dias se renovaban estas escenas; y en saliendo
Moyano, empezaban los comentarios entire el Dr. Salinas,
secretario, Albarracin tesorero y yo edecan 'honorario y
pasabamos en revista la situation, premiabamos y castiga-
'bamos generals, como es la function de antigua data y el
,deber de su propia plana mayor. Estas escenas las he
visto repetir much despues, cuando otros eran generals
-como Alvarado, sin mas diferencia que y6 estaba mas
arriba, en position de meterles un poco de azogue en las
venas para mover su pachorra. ICuantas razones estrat4-
,gicas, econ6micas y aun political, hay siempre para dejarse
estarl
Un dia, se da la orden de ponerse en march el ej6rcito.
iQu6 alegria en todo el campol qu6 actividad en el cuartel
general; que apretones de manos entire los amigos!... Al
fint... Qu6 gravedad y compostura en el porte y semblante
del antiguo General de los Ejdrcitos de la Independencia.
Salimos hacia el Este de Mendoza, no me acuerdo por qud
calls, marchamos fuera de la ciudad hasta la tarde y hubo
un alto. &Ad6nde iriamos? Eso solo el General lo sabia.
Entrando la noche, nos pusimos en march, y un Mayor
Estrella que venia en el Estado Mayor, nos dijo que con-
tramarchAbamos, del Carrizal A donde habiamos llegado.
Esto me contrari6 much. jNos volviamos sin combat?
Ahora muy avanzada de la noche hicimos alto, se escogi6
campamento para el Cuartel General, y se vieron luego
-brillar como rojas estrellas los cien vivacs del ejercito. Te-





OBRAS DE SARMIENTO


niamos la infanteria cerca y A nosotros nos tocd un huerto.
de manzanos, con Ia alfalfa A la rodilla. Cada uno at6 su
caballo en un tronco y a veces seis en el mismo, sin cui-
darse much de la larga dada a cada uno.
Chisporrotearon los churrascos y creo que en el Templo
de Jerusalen en dia de solemne holocaust, no se com-
placieron mas las narices del Altisimo al llegarle el
humo, gordo, parfumado y hasta sabroso de mil asados
que estan atisbando devotos. Un Comandante de Caba.
lleria, fusilado despues, y que habia hecho largas cam-
pafias A los indios, limpiaba despues de regular su ham-
bre, el cuchillo en la bota de potro y en seguida con el
revez de la mano, se limpiaba la boca, arreando los.
gruesos labios de derecha A izquierda, de izquierda A dere-
cha y en seguida, repetia la misma operation en la
bota para descargar la mano de la grasa recogida como.
lo habia hecho antes con el enorme alfajor: y toda la
operation con la c6mica gravedad y compostura de uni
cacique, que nos hacia perecer de risa.
Al amanecer sin aclarar todavia, que es cuando mas-
arrecia el suefio, unas descargas y tiroteos casi en nuestras
orejas nos puso de punto y en indecible confusion A los
caballos amarrados a-lazo largo en los manzanos, inten-
tando disparar, enrredAndose, dandose coces. Algunos ofi-
ciales despavoridos, saltaron sobre sus caballos en pelo y
alguno arranca, tray6ndolo & la, razon y al suelo, al
aturdido ginete que no habia cuidado de deatar primer
al animal.
Minutos despues, estAbamos listos y el ejercito en orden
de parada. Restablecida la calma, siguiose el solemne
silencio de la espectativa, cuando lleg6 el primer aviso-
de la vanguardia.
El enemigo habia pasado por sobre nosotros, sorpren-
diendo dormidas 6 descuidadas las fuerzas que guardaban
el paso y A las primeras palabras, comprendi que la
salida A campafia, la march y la cautelosa contramarcha,.
era una hAbil operation military, concebida en el gabinete
y que por negligencia en la ejecucion, ti otras causes.
se habia frustrado.
Cincuenta y tres anos despues, leo el relato del General
y todas las impresiones de entonces se me despiertan,





MEMORIAL


revistiendo las palabras impresas, aquellas mismas car-
naduras de los objetos vistos cuando el sol naciente ilu-
minaba el campo, cada uno en su puesto, despues que
el lesenlace del drama se nos present: ManqudI
Copia-r6 la relacion aut6ntica del General. SAbese ya
que en San Juan esta el General Villafafie de la Rioja
con seiscientos hombres y que el descreido Francisco,
de aquella familiar de tiranuelos habia, sin autorizacion
del Jefe military y el mayor de edad, pedido al gobierno,
de San Juan, avanzase tropas en auxilio de una revo-
lucion que no existia. Oigamos A nuestro General:-
e Los enemigos situados aquella noche en el Plumerillo,
((Rodeo de Videla, ascendian A 130 auxiliares, 200 colo-
S(rados de Quiroga y 60 A 70 milicianos del Plumerillo.
( Este era el total de la derecha 6 sea la division de
( D. F6lix Aldao. Seiscientos A setecientos sanjuaninos y
a riojanos formaban el centro, 6 division de Villafafie y
a cuatrocientos milicianos de Lujan, Cruz de Piedra, San
( Carlos y otros puntos del Sur, mal armados y sin moral
( alguna estaban & las 6rdenes del coronel Francisco
S(Aldao>. No era mas la fuerza enemiga, prosigue el
General Alvarado, digan lo que que quieran Don Manuer
Zapata y otros que se hallaban presents.
((Me resolve, dice Alvarado, despues de alguna operation
< frustrada, A tomar la defensive, esperando que las co-
municaciones dirigidas al General Paz el 27 de Agosto
ay los encargos repetidos A la comision de San Luis,
a produjeran el efecto de ser auxiliados por 100 hombres
a de caballeria de line y algunos jefes. Crel sin embargo
c deber hacer otra tentative persuadido que los Aldao-
c intentaran dar un golpe A la partida sitiada en las
a Barrancas, por considerarla aislada, la mand6 reforzar
Ssolamente; pero A la tarde hice mover toda la division
a en direction al Carrizal y por una contramarcha en la
noche (para ocultarle la operation al enemigo) me situ6
SA las tres de la mafiana en las Barrancas. En efecto,
( mis cAlculos no salieron fallidos. El coronel Aldao se
habia movido sobre este punto; pero el Capitan Don
( Joaquin Villanueva que estaba alli de servicio desde
algunos dias antes, recibi6 mis 6rdenes para avanzarse
( hasta cubrir el camino que cruza del Carril & Barrancas





OBRAS DI SARMIENTO


( netr6 de su importancia al recibirlas y el resultado
a fu6 que la division de Aldao encontr6 esta noche des-
a cubiertas' las avenidas de mi campo, se coloc6 sin ser
a sentido sobre la position de una compaftia de mi
a < sobre el campamento. Ellos fueron la serial de alarm
(( y si no es la sorpresa que Aldao recibi6 al sentir
a contestados sus tiros por descargas de infanteria, a la
que no habla creido encontrar alli, aprovecha las ven-
((tajas que le ofreci6 nuestro descuido. Pero so retire
a precipitadamente & los Barriales y el Capitan Villanueva
afu6 el que n'os priv6 de un triunfo indudable. Con
( este motive fu6 precise reconvenirlo de un modo algo
( serio))-(fusilarlo manda la ordenanza)-pero me con-
a test que el era un vecino y que trabajaba sin aspira-
< raciones y sin obligation de sufrir. A los pocos dias
a se retir6 & su casa, sin licencia alguna del gobierno, y
a volvi6 despues a la division, solicitado por D. Agustin
a Bardel. En este caso estaban todos los Jefes y oficiales
< y por esto se juzgara de mi posicion.-(pAg. 20).
.Qui6n no recuerda el cargo del Gran Capitan, en Santa
Elena, contra Grouchy, el valiente Grouchy, que no cum-
pli6 sus 6rdenes de perseguir & Bliicher, despues de de-
rrotado en Mont Saint Jean, con lo que habia dado tiempo
de rehacerse y acudir en auxilio de Wellington. en el
moment sicol6gico de la batalla de Waterloo y decidiendo
la jornada en favor de la libertad del mundo y de la moral?
Pasaron los altos y muri6 Grouchy, protestando en vano
contra el cargo y la imputacion inmerecida; la redacciod
official prevalecia, hasta que el Coronel Charras tom6 en
manos los autos de aquel gran process y comparando las
6rdernes del dia de los tres ejdrcitos y los parties de los
generals de division, result que el emperador no did
la orden sino seis horas despues de la batalla de Mont
Saint Jean y seis horas no se reparan con derrotados.
Al General Kebir, lilamado asi por los mamelucos, al
general Rayo, se habia sucedido en la edad adult un
imb6cil, como tengo. el sentimiento de haber llamado al
General Alvarado, y sino un imb6cil, un tirano egoista,
sin honor 6 infield & todo compromise. Result6 que pasado





MEMORIES


Mont Saint Jean, Bonaparte enchido de orgullo ocup6 horas
enteras en quejarse de los liberals de Paris que le ha-
bian hecho jurar una Constitucion. Apenas obtenido un
primer triunfo y aunque quedaba Wellington que no se
cocia 6 dos hervores, ya no pensaba mas que pasar por
encima de la Constitucion. Los Mariscales se asombra-
ban de ver lo que preocupaba al vencedor y esti probado
que Grouchy inquieto, lo seguia a corta distacia mientras
se paseaba, se le ponia casi por delante, mirAndolo con
intencion, provocAndolo A darle 6rdenes de perseguir A
los derrotados. Pero el Emperador estaba triunfando con-
tra los ( enemigo y Grouchy no vid A los prusianos ese dia.
Algo parecido ocurre en la justificacion del General
Alvarado. Ignoro si el Capitan Villanueva estaba desta-
cado en esta comision, yo me habia separado de mi
maestro de guerrillas hacia dias por un incident pueril.
Un dia recibo orden del General Moyano de presentar-
me en el Cuartel General. Llegado & su presencia--De
d6nde viene el Sr. Edecan, que no se le encuentra en
su puesto?-Vengo de las guerrillas, mi General.-Entre-
gue Vd. ese rifle-Si es mio sefior...-Un official no lleva
rifle como un soldado.-Y hube de entregarlo. Despues
supe que era obra de mi padre, denunciarme como ra-
bonero y hacerme quitar el embeleco como & un chiquillo.
Me senti verdaderamente humillado en mi caracter de
h6roe en ciernes.
Debido & esta circunstancia estaba separado de Villa-
nueva; mas es tan grave el cargo que se hace pesar
sobre la memorial de mi amigo, A quien vi por la filtima
vez en la derrota, que no debo dejarlo pasar sin medir
sus quilates.
Las Barrancas habian venido A hacerse el punto estra-
1tgico de la campafia. Solo alli podia evitarse la conjun-
cion de las dos divisions, la mendocina de los Aldao, y
la sanjuanino riojana que Ilegaba al mando del General
Villafafie. Es este, como se sabe, el grande objetivo de la
guerra.
Habia ademas otra consideration para obrar con much
cautela, y es que el tiempo era nuestro aliado natural.
Triunfante el General Paz en la Tablada, nuestras co-





60 OBRAs DE SARMIENTO

municaciones estaban de hecho establecidas y no deblan
pasarse dias sin que se hiciesen sentir las fuerzas de
C6rdoba, en Mendoza.
Ni Aldao en busca de Villafafie, ni este para incorpo-
rarse a las fuerzas mendocinas, habian de intentarlo por
destacamentos, sino con todas sus fuerzas reunidas.
L Que significa entonces, este Capitan Villanueva con su
compafiia de setenta hombres mandado A los Barriales A
atajarles el paso una i otra division?
Pudo en efecto, ser mandado, pues era el official de mas
prestigio que teniamos y lo prueba el hecho, de tenerlo
casi de planton en las guerrillas diarias, para oponerlo a
los veterans, los de las casacas rojas. Pero de todos modos,.
es inexplicable la magnitude de la obra encargada k un
simple capitan con tan poca gente.
El hecho material producido, el rumor constante del
campamento, y la inspection de los lugares, deponen en
contrario de la facil aserciori del general en jefe. Las
Barrancas son, lo que su nombre dice, un terreno de
aluvion 6 greda de seis varas de espesor, desgarrado por
las avenidas, (1) que han abierto unos a guisa de calle-
jones que facilitan el transito de un lado a otro. Estos
callejones son gargantas, desfiladeros en algunas parties
estrechados por cuadras, entire las barrancas inaccesibles
que figuran murallas.
Una de las divisions debia pasar por aqui y la habi-
lidad de la cperacion del general Alvarado, estaba en esco-
jer este punto y colocarse con toda la division A, la salida.
Cuando yo inspeccion6 los lugares, vi que habia podido
encerrarse como en una jaula i un ejercito entero, con
solo esconder una compaflia de infanteria cerca de la
entrada, para cerrarla despues de haber dado paso al
enemigo y coronar las barrancas con la infanteria y ren-
dirlos al paso por debajo de las bocas de los cafiones de
sus fusiles.
gQui6n fu6, pues, que el que descuid6 y dej6 pasar el
enemigo sin obstaculo, viniendo por el contrario A pisotear
al general mismo en su propia cama?

(1) Torrentes impetuosos-que se improvisan con los deshielos de la montafia.
(Nota del Editor).





MEMORIES


Confesemos qua fueron muchos los que descuidaron las
mas sencillas reglas del servicio. 4Mand6 el general un
ayudante a los Barriales, A ver si el capitan estaba en
su puesto y prevenido de la proximidad de nuestro ej6rcito?
4Se pusieron avanzadas en aquel camino, de manera que
el enemigo no nos pisase dentro del mismo campo?
Todo hace career que nada se. hizo y que el general se
ech6 & dormir a la bartola, olvidindose solo esta vez, que
todos 6ramos reclutas y que el general debe repicar y
andar en la procesion, mandarlo y hacerlo.
Esta fu6 la causa constant de los triunfos del General
Paz. A las tres de la mafiana de una noche lluviosa
cafa sobre una guardia avanzada y ay! del official, si al
hacer levantar las casoletas para inspeccionar cada fusil,
encontraba que alguno estaba sin piedra. Ira de Diost
Era mayor crime que haberse pasado al enemigo y
prueba visible de que el pobre official era un traidor.
Detestibanlo pasablemente los oficiales y cuando lo veian
pasar a caballo, en los primeros tiempos del sitio de
Montevideo, cubiertas de barro las botas, en sus rondas
de inspection bajo una lluvia de balas,-Hi. de p.-
decian los resentidos reclutas, ahora to fleve la cabeza
una bala y 6 nosotros nos Hleve el diablo,-porque gra-
cias & esos hAbitos, los sbldados podian como Napoleon,
la vispera de Austerlitz, dormirse A pierna suelta sobre
los sonados y esperados laureles del dia siguiente.
Verdad es que estas operaciones estrat6gicas, aun las
mas bien combinadas, estan sujetas a mil contratiempos
en la ejecucion. El General Bonaparte para acordarlas,
daba cron6metros a sus generals, cartas topogrbficas
detalladas 6 itineraries verificados y aun asi le fallaban
muchas.
Nuestra retirada de Jachal San Juan, despues de
Niquivil, era una admirable concepcion, valientemente
ejecutada; pero Ilegados A San Juan los milicianos se
dispersaron por ver A sus families, la infanteria se va
A su casa y el ej6rcito desaparece. Era una desgracia
imprevista que' hubi6semos tornado prisionero al pillo
Francisco Aldao, que falt6 a. su paitabra desde que so
vi6 libre y fuerte. Como fu6 otra que el Comandante
Castro fuese al Pocito y pintase A mi Comandante la





OBRAS DB SARMIENTO


situation como desesperada, pues con los setecientos
caballos gordos que tan gloriosamente, en mi sentir,
habia tornado yo, la habriamos tirado para C6rdoba,
pues ya estaba despejado el camino.
Cuando el Director de la Guerra contra el Chacho,
recibi6 orden del General Paunero enviar a C6rdoba el
60 de linea que se hallaba en la Rioja, habiendo ya
elevado su renuncia y por su empleo de Gobernador
-no pudiendo tener funciones subalternas en eL ejercito
de operaciones activas, pas6 nota al Coronel Arredondo,
jefe en campafia con el 60 y fuerzas sanjuaninas, dici4n-
dole que si no creia possible y uitil ejecutar la orden,
pues no llegaria ni en un mes a C6rdoba, y queria
asumir personalmente la responsabilidad del acto, se
dirigiese inmediatamente al Chafiar, punto extremo de
los Ilanos, camino de C6rdoba, a. donde llegaria infali-
blemente el Chacho, derrotado en diez dias mas. Acept6
la indication el Coronel, Ileg6 al Chahiar, y segun el
Comandante Brihuega, que lo acompafiaba con sus
'rifleros sanjuaninos, se acanton6 en medio de un ras-
trojo, donde al dia siguiente de llegado, una mujer pa-
triota vino a avisarle que el Chacho estaba en su casa
y se preparaban para asaltarlo, pues no tenia la caba-
llada a mano; advertido y list, el Chacho tom6 las de
Villadiego y ejecut6 una hazafia, que fu6 dar la vuelta
de la Provincia de la Rioja, por sus cuatro tdrminos,
volviendo a su punt6 de partida, despues de haberle
echo matar todos sus caballos a la division que lo
perseguia.
El oportuno consejo tan bien aprovechado por Arre-
dondo, fu4 malogrado por un hora de discrepancia.
Sucedi6le lo mismo el Coronel Mitre, cuando invadi6
A los indios de Catriel sublevados en Tapalqu6. Exe-
lentes vaqueanos sabian el punto donde habian ido a
establecer los toldos. La division se acerc6 en la noche,
sin que los indios sintiesen la proximidad de los cris-
tianos. Unas taperas eran la serial de estar ya pr6ximos.
Los vaqueanos creyeron haber -ya tropezado con ellas y
fu6 precise marcar el paso un poco, hasta aguardar
los primeros albores. Un vaqueano indeciso se ponia de
rodillas a rezar y lamentarse. El dia albore6: los toldos





MEMORIAL


estaban & ocho leguas todavia de distancia. Los indios
tomaron caballos en presencia de los polvos y tuvieron
tiempo de montar a la chusma ... Qu6 burlas al pobre
Coronel que habia jurado que ni la cola de una vaca
(rabona), se llevarian los indiosl
Pero caso mas lamentable y mas al caso, debo recorder
para que tan grande concept no quede ignorado de cada
generation, que todavia no cree sino en la presteza del
caballo.
Habia un comerciante y proveedor enrichi pretendido
enriquecer la nAutica con un invent de su caletre. Pedi-
mosle por amistad que se consultase antes con gentle del
arte y nos contest que estaba rico y queria darse el gusto
de hacer su ensayo, saliese lo que salgare. Un mecAnico,
sin ser muy entendido, me explic6 en que consistia la alu-
cinacion:-Cree que aumentando las h6lices, duplicar. el
impulso, sin acordarse que el impulso depend de la mayor
fuerza motriz. Es lo mismo que un remero tome dos remos
para representar la fuerza de dos remeros. Si tomase
cuatro el resultado seria el mismo; un hombre remando.
Era en fin, para darme cuenta yo del caso, lo de las capi-
rusas del sastre del Quijote: se le encargaba hacer una do
una estrecha tira de patio. Vaya para una capiruza chica
y para dos, vamos. La exigencia fu6 hasta arrancarle al
taimado sastre la obligacion de hacer seis. Presentose con
una capirucita en cada dedo de la mano y todavia le so-
braba para la otra, tanto habia dado de si la tira estrecha
de patio.
Pues bien, durante la sublevacion nmmero que se y6
cuantos del majadero Lopez Jordan, yacia en el rio de
Lujan el armazon de dos naves aparejadas que era el casco
del malhadado ensayo del Fulton Mendez, y el Presidente
que pasaba con frecuencia, de transit para las siempre
verdinegras y hdmedas islas, saludaba tristemente aquel
error y como estaban aparejados para llevar ganados al
Entre Rios con un corral sobre cubierta, el nautico Presi-
dente empez6 A hallarle aplicacion a la guerra actual,hizo
propuesta de compra y obteni6ndola, se la mand6 al Mi-
nistro de la Guerra que reunia en el Parana caballadas de
Santa Fe y fuerzas que debian transportarse de un lugar
& otro. El mueble era mandado hacer exprofeso para





OBRAS DE SARMIENTO


transport fluvial. ,Pero una innovation sugiere otra mas
estrepitosa, y en un pelo estuvo que la historic military se
enriqueciese con un hecho de armas que dejase pequeftitos
al General Paez que tom6 un buque espafiol con su caba-
Illeria en el puerto de Macaraibo, aquellq era un actor do
valor y cualquiera es valiente, siendo valiente, se entiende.
Pero en este caso habia inspiration 6 ingenio.
El porfiado de Jordan, emprendi6 la segunda tentative
de'insurreccion, contando con un armamento que habia
-despachado en aduana la casa Querencio y Cia., solicitado
por el corredor Adolfo Olivera, segun consta de las polizas,
:que la aduana de un Estado vecino segun las ideas co-
rrientes en la tertulia del Jefe de Policia de entonces, no
se ha de andar averiguando si son corredores los que por
tal tienen casas respetables de comercio.
Cuando el General Vedia lo estrechaba en Gualeguaychd,
mantenia Jordan sus posiciones contra tdda regla de pru-
dencia, porque esperaba el santo advenimiento por Guale-
guay 6 Gualeguaychd del arm'amento comprado. Prome-
ti6ronle entregarle uno en Hernandarias, cuando yI se
hubo internado, burlando con habilidad de gaucho mafiero
y liviano, las fuerzas que lo perseguian, y una vez se vino
en persona con buena esp.olta, A una casa & legua y media
de aquel puerto hacia el interior, A esperar el tan deseado
6 indispensable armamento. Sabido esto, en ese mundo
de espias y traidores por donde todo se sabe, un dia, tras
un ligero reconocimiento hecho de los lugares por-uri vapor,
salid de noche del puerto del ParanA, la double nave sin
las doubles h6lices, Ilevando en sus entrafias, como el caba-
llo de Troya, no digamos los cincuenta heroes al mando
del astuto Ulises, sino un escuadron de caballeria monta-
do en sus palafrenes, y ciento cincuenta infants para des-
pejar la inc6gnita, si fuese necesario. Debia esta division
,desembarcar callandito, no en Hernandarias precisaments,
que alli habria gente qud los sintiese, sino en las inmedia-
ciones, en lugar ya visto y calculado.
A las cuatro 6 cinco de la mafiana, era lo que prescri-
bian las instrucciones dadas, la infanteria rodeara la casa,
A impedira sobre todo el acceso al corral donde hubiesen
caballos; y tomadas estas precauciones, llamar quieto a la
puerta del palacio encantado, donde dormiria como un


64 '





MEMORIAL


patacho el desapercibido General, y rogarle que se aso-
mase por la ventanilla A ver el especticulo de un escuadron
*de caballeria de linea formado A su frente, carabina en
mano y un centenar de infants idem, prontos A la manio-
bra y como caidos del cielo.
Ahl no corri6 tanto riesgo un conocido mio con las balas
envueltas en icido prdsico, ni los punales envenenados con
estricnina de la misma factura, como el que corrida esta
vez el cuartel general de Hernandarias.
La expedicion de los nuevos argonautas salid sin ser sos-
'pechada del Parana, remont6d vapor rios arriba sin incon-
veniente, pas6 sin ser sentida por las casas de Hernanda-
rias y amaind sus fuegos y atraco el vapor en el lugar
-convenido. Qu6 mas quieren que les diga? Toda la tropa
tomd tierra, los caballos se alinearon con sus ginetes y
llegado el moment de obrar, se did la orden de marchar
por cuatro A. la derecha, y se emprendid la march con el
mayor arreglo y silencio, por la orilla de una ceja de monte
que se internaba hacia el interior de las tierras y servia
de pintalla para encubrir el movimiento, solo si que en
lugar de tomar por delante de la ceja, tomaron por detras
,de ella, lo que fiera indiferente. Pero la tal ceja, no era
ceja, y si clavo, cufia, delta, que iba abriendo y ensanchando
cada vez mas, de manera que en lugar de acercarse A las
-casas, la ufana division se dirigia hacia Corrientes.
4Puede sobrevenir contratiempo igual? Pues bien, es lo
n ismo que le pas6 al General Paz cuando reconocid que
eran enemigos los que habia tornado y aguardado como
soldados suyos disfrazados de gauchos que habia mandado
4 un reconocimiento. Tuvo tiempo de ponerse en salvo,
siguiendo la costa de una ceja de monte de chafias que asi
parecia mirada de la punta, pero que tambien tenia forma
d-e delta, y la tom6 por mal lado, y el monte luego se inter-
ppso entire 6l y las, avanzadas de su ejercito, que hubiera
podido oir los rumors del campamento. Asi se cambi6 el
rumbo que llevaba la historia,porque tiene sus reglas aun
para ir mal.
Y ya que de peligros se habla, bueno es que recuerde
*aqui uno, que por no ser corrido en aventuras militares,
vno debo dejar de consignar por ser el mayor que he
ToMo xux.-5





OBkltAM UD BAkMIdI1TO


corrido, aunque he salvado del machete dos veces de sal-
teadores en Chile, en el un caso por estar alerta y bien
armado, y en el otro, por hacerles career 6 mis contendores
que las dos pistolas que les tenia asestadas al pecho A una
vara y cuarta de distancia que estaban cargadas, cuando ni
p6lvora tenian. Eran tres y se retiraron en presencia del
peligro de quedar dos con la barriga al aire, pues era ya
entrada la noche, sobre la cumbre de las Coimas entire Pu-
taendo y San Felipe, donde con tanta gloria se habia bati-
do Necochea con los espafioles.: Este y otros hechos que
suelen ocurrir de vez en cuando en las cuestas de Chaca-
buco ,y otros lugares ilustrados por nuestras armas, haria
decir como Edmond About cuenta de un ingles apasionado
de la Grecia, que le habian robado la cadena en las
Term6pilas y el reloj en las planicies de Maraton, A manos
de los sucesores de Leonidas y de Temistocles.
Mi peligro fu6 de otro genero. El juez de la causa de los
Guerri, conversando conmigo despues, no se atrevia A darme
todos los detalles de la tentative, hasta que tranquilizado
por mi, me trasmiti6 un dicho del Dr. Puiggari, quien
aseguraba que con solo tocarse el lagrimal los curiosos que
manoseaban las balas extraidas de las paredes en torn
del atentado, se aseguraria la muerte inmediata. Pudo
pues herirme ligeramente, aunque mas no fuese hacer un
rasguflo, una bala si no estalla el arma al salir el tiro y
entQnces quedar, acaso por dictamen de cirujano, declara-
do y comprobado, que el Presidente y Teniente Coronel, se
habia muerto de la impression que debi6 hacer en su Animo
el formidable disparo de un trabuco a boca de jarro, dis-
parado A dos varas de distancia. Con6cense las disposi-
clones de la opinion y quienes hacen la opinion de loco, de
chocho y habria llevado A la historic un calificativo. Un
alto personaje, al saber lo ocurrido, lo ech6 A la broma en
.mi desfavor, hasta que le trajeron un fragmento del trom-
blon y crey6 comoa Santo Tomas. No se que en su vida
hubiese corrido.riesgo alguno para tanta presuncion y no
neg6 que lo habia podido hacer correr a otro.
Mas, como disgresiones, que se van hilvanando sin sentir
de la pluma, con estas basta y volvamos A mi historic de
aquellos tiempos prehist6ricos.





MEMORIES


SITIADOS

El hAbil movimiento del General Alvarado malogrado, el
General Aldao aument6 su prestigio, con su acierto. Ne-
cesitaba reunir en un solo cuerpo su ej6rcito y los que lle-
gaban en su auxilio y lo consigui6 pasando sobre nosotros,
al amacer por aquel terrible desfiladero.
Poniase ademas con su fuerzas al Norte; asegurfndose la
retirada sobre San Juan a que podia Quiroga acudir en
persona dado el caso que el General Paz avanzase sus opera-
ciones por San Luis, no comprendiendo hasta hoy el por-
qub no lo hizo ni siquiera con una pequefa fuerza, si no
no es que el General Alvarado, contando con la buena fe
de los Aldao no la requiriese.
Con la idea de un contrast sufrido, volvimos A Mendoza
hablando bajo y encogidos como pollos mojados, comme un
renard d qui une poule trurait pris.
Los jefes mendocinos comprometidos, la vida les iba, y
andaban tristes y cariacontecidos, perdida toda confianza
en el General y aun mostrandose reacios los menos cultos
y los mas violentos.
Nos habiamos alojado fuera de la ciudad, cuya de-
fensa acudiamos. La iniciativa quedaba en el otro cam-
po y todavia no me explico qu6 se iba A defender y
por qu6 tiempo, pues nada mas se hacia que dejarlo
trascurrir en la inaccion. Y habia plan estrategico en
sostener la plaza vigorosamente, pues un mes ,hubiera
bastado para que fuerzas de linea de C6rdoba viniesen en
nuestro apoyo.
La situation se iba haciendo angustiada; pero me parece
que al volver A la ciudad no habia plan determinado. La
salida A las Barrancas, debi6 ser aprovechada para avanzar
desde alli una partida que salvase Corococho y la Paz, para
hacer Ilegar comunicaciones al General Paz instruy6ndole
del estado de las cosas y pididndole avanzar tropas. Su
vanguardia con Videla Castillo se hizo sentir despues del
desastre del Pilar, y la ciudad de Mendoza pudo ser defen-
dida hasta entonces, como se han defendido Buenos Aires





OBRAS DE SARMIENTO


y Montevideo, al menos hasta ser socorrido. El General
habia visto las fortalezas del Callao y sobraban elementosen
Mendoza para organizer una plaza de guerra; pero la resis-
tencia se limitaba A ser pasiva.
Hablkbamos quedo en los corrillos, el silencio se venia
hacienda, como cuando se. presta atencion A oir ruidos
y rumors que uno echa de menos, como cuando vemos
nubes negras acumularse en el horizonte y ponemos el oido
A oir el trueno que es su voz usual. De repente una tarde
pin! panI tiros, gritos, exclamaciones en el campo vecino,
ginetes que corren hacia el Cuartel General....
LQu6 hay?-Sublevacion del ej6rcito.-Piden ir al enemigo.
-El General no esta seguro aqui. Venimos A llevarlo A
la ciudad.
El tumulto y la confusion llegaban por oleadas hasta
nosotros, y amenazaban envolvernos cual torbellino de
polvo. Requerimos los caballos y yo indiqu6 A los oficiales
sanjuaninos seguirme por una calle que conducia hacia el
oeste al campo abierto. Alli hicimos alto para esperar A
otros y tornar consejo. No teniamos salida sino para Chile.
San Juan nos estaba cerrado al Norte;, al Sur los indios de
Pincheira, al Este los Aldao cubriendo la Provincia entera.
Quedamos de acuerdo y esperamos.
Al, bajar el sol vino alguno a decirnos que todo se habia
arreglado, renunciando Alvarado gobierno y mando, to-
mando este el General Moyano, 6 interno el otro un sefior
Videla harto entrado en afios. La inaccion A que el Gene-
ral Alvarado, condenaba el ej6rcito, habia llevado la exas-
peracion hasta el dltimo punto y una extrafia revolution
habia estallado en las tropas, pues lo que pedian era solo
que las condujesen al combat.
Regresamos al campamento y encontramos rostros ale-
gres y palabras Ilenas de entusiasmo. No se necesitaban
muchas para despertar el mio y todos nos preparamos
para emprender luego las operaciones activas.
Tiempo era y sobrado. Los Aldao habian quitado el
agua A la ciudad! La campafia tenia con esto objetivo
determinado y fijo. A Lujan! A destapar las obstruidas
tomas; y luego nos pusimos en movimiento. Dejabase
iridefensa la maestranza, repleta de elements de guerra
y las cuatro culebrinas de San Martin detris de.nosotros,





MEMORIES


abandonadas por pesadas para ej6rcito animado del frenesi
del combat.
Llegamos en efecto & Lujan; y- no s6 si se abrieron las
tomas, pues luego fuimos sitiados y el combat se inici6
de detrAs de las tapias de nuestra parte, de entire las
barrancas del rio de la otra.
Con don Vicente Morales mi pariente, disparamos muchos
tiros a Pepe Quiroga tambien pariente mio, que nos provo-
caba, con otro official Martinez sanjuanino. Sobre estos,
pesa un cargo muy grave. Dios los haya perdonado...
Me habian regalado el caballo en que Albin Gutierrez
mand6 la batalla de los M6danos contra don Jos6 Manuel
Carreras y por cuidarlo, descubri que habian echado por
tierra un lienzo de pared. Tenian con esto la brecha
practicable. Mi casual vigilancia frustr6 el ataque.
De noche haciamos cartuchos los jefes, ayudantes y
asistentes de confianza con la p61vora y balas traidas
en carretillas y alli se conversaba ,sobre la situation.
Es falsa la asercion del General Alvarado que reinase
desaliento entire los oficiales: aun reducidos a esta extre-
midad, ninguno dudaba de la victoria. Eramos todos tan
bisofiosi
De dia en dia habia venido haci6ndome de mayor nilmero
de amigos en la division y en la mafiana del 29 de Setiem-
bre, un joven Gutierrez, me prest6 su partida de veinte
hombres para ir esearamucear con el enemigo por otro
lado. Era yo esta vez duefio de una fuerza imponente, y
la calle, de paredes largas como una flauta ahorraba al
general 6ste, la necesidad de trazarse un plan estratdgico
muy complicado. Avanzar para adelante y huir para atrAs,
hp aqul las dos operaciones jefes, pivotales de la jornada.
Los soldados de ambos bandos, milicianos por lo general,
lo que menos deseaban era irse A las manos y esta era
la curiosidad que yo tenia y me propohia satisfacer. Ordeno
un tiroteo que sirva de introduction al capitulo; avfnzome
enseguida & provocar de palabras, diciendole montonero,
avestruz y otras lindezas al official adverse, quien sin
avanzarse much, me hace fusilar con tres 6 cuatro de
los suyos, que se estaban un minuto apuntAndome los
tiros. Me ingenio del'modo mas decent que puedo, para
no seguir sirviendo de blanco, despues de haberme aguan-





OBRAS DB SARMIENTO


tado quince tiros 6 veinte y cinco pasos. Mando cargar,
nos entreveramos un segundo, y los mios y los agenos
retroceden 6 un tiempo, cada partida por su lado, dejando
en el fugaz campo de batalla, al pobre general mohino
de que no siguiera un rato mas la broma. Rednome &
los mios y siento en todas las evoluciones del caballo,
que me acompaila un soldado, siguiendome hacia adelante
y hacia atras en todos mis movimientos. Como yo no
conocia a mis propios soldados, puesto que era u4 alle-
gado, nada de particular encontraba, hasta que uno grit6:
-Ese es enemigo! Era segun se vi6, un infeliz que en
el pequefno entrevero tenido, se habia quedado, no atre-
vi6ndose a disparar de miedo de ser muerto y seguia al
official tal -vez en busca de protection.
Quize responder a esta confianza; pero como los gue-
rrilleros en calls angostas no tienen formacion, desnu-
daron sables algunos y trataron de herirle. Interpuse
mis respetos, (escasisimos?); busc6 la salvation en la
fuga; y entonces entrando en funciones como el mas
avanzado, acaso mejor montado, alcance a pasarlo y cerrarle
la calle, eon lo que el pobre hizo trepar su caballo al
border de la acequia, y con un buen chirlo de mi sable,
porque se puso muy a tiro de mi amistad, se tir6 de
cabeza al agua en la acequia de tres varas de ancho,
de corriente rapidisima y sigui6 de espaldas aguas abajo, -
hasta tomar distancia, sin poder seguirlo, pues que la
guerrilla enemiga, que presenciaba la escena, avanzaba
a protegerlo.
Al dia siguiente el cerco so estrechaba y arreciaba el
fuego, no habiendo lugar seguro en el campo, pues las
balas'se cruzaban de todos costados. Quemar6nse el pri-
mer dia 20.000 tiros y cien. caflonazos fueron disparados
de part de los cercados. El segundo dia hasta las doce,
igual estrepito, sin ningun 6xito. Los Aldao sabian que
las municiones se agotaban, y siis soldados se parapetabai,
detras de tapias y murallas.
'Comunicaciones de Quiroga les recomendaban no tratar
ni promoter nada. (Es precise, les decia, que tengamos
el mayor ndmero possible de enemigos para sacar contri-
buciones.)





MEMORIAL


EL CAMPO DEL PILAR

Pero el pueblo de Mendoza que oia el fuego de dos dias
-creia que pocos habria vivos ya; y las mujeres desoladas
corrian por las calls pidiendo a gritos que fueran los
sacerdotes, los ancianos, los hombres de prestigio, A me-
terse entire los combatientes y separarlos. Una comision
de sacerdotes se acerc6 al lugar del cornmbate, eligi6 un
,terreno neutral para tratar, y se convino en que todos se
sometieran & un gobierno elegido-por el pueblo. I C6mo
debian reirse los Aldao del candor de sus enemigos I Esta-
ban vencidos ya y press, y siempre guardando los aires
altivos de ciudadanos libres. Pero la Providencia no quiso
permitir que la farsa se representase hasta el fin. Esta
comedia debia concluir por una catastrofe que llen6 de
espanto A sus actors mismos.
Eran las tres y media de la tarde: ajustado el convenio,
la tropa A quien se tuvo la indiscrecion de comunicarlo
habia hecho pabellones y los oficiales andaban en grupos
felicitindose de un desenlace que para nosotros era sim-
plemente la salvacion. Francisco Aldao entr6 al campo
sin escolta; bienvenidas cordialmente amistosas lo saludan,
entablase una conversation animada, las chansonetas y
las pullas van y vienen entire hombres que en otro tiempo
han sido amigos. RodeAmoslo como veinte oticiales. Yo
lo conocia, porque lo habiamos tornado prisionero aquella
noche triste en San Juan; vestia uniform sencillo, traia
lanza con banderola roja usada, montaba en silla hangara.
Un moment despues un emisario del fraile se present
intimando rendicion so pena de ser pasados A cuchillo.
Mil gritos de indignacion partieron de todas parties, Fran-
cisco fu6 el blanco de los reproches mas amargos.- decia con dignidad y confianza, no hay nada, es F6lix que
ya ha comidol)-dando A estas palabras, que repiti6 va-
rias veces, un Wnfasis particular y A un ayudantela orden
,de avisar & Fl1ix que 6l estaba alli, que el menor amago
de' su part era una violacion del tratado.
.La alarma corri6 por todo el campo A la voz, itraicion!,
traicion I los oficiales llamaban en vano A la formacion,





OBRAS DB SARMIENTO


cuando un disparo de caifon hizo pasar zumbando por
nuestras cabezas una bala, cinco mas le siguieron arro-
jadas al grupo donde estaba Francisco.
Yo vi entretanto, masas de caballeria que abandonaban
los puestos del lado del campo que hacia frente al enemigo.
y voli'6a contenerlos.
Esta circunstancia me did occasion de ser testigo, acaso,
el unico, de un hecho que prueba la sinceridad del General
en Jefe y debo afiadir por consecuencia, la de don Pancho,.
que no habria sido muy de fiar. En esta salida mia, vi al
Mayor Recuero que volvia del lado que estAbamos nosotros
y se encontr6 A la salida hacia el rio con don Jos6 queo
venia con un ayudante 6 dos, visiblemente A entrar en el
campo sin temor alguno, como habian venido antes don
Francisco y Recuero.
Este me confirm todo esto en Chile, donde nos cono--
cimos mas tarde emigrados, dici6ndome que 61 aconsej,6
A don Jos6 volverse, viendo la agitacion que reinaba en el
grupo de que yo me habia desprendido.
Don Jos6 (I) se alej6 exclamando:-Veste es Felix! ya est&
borrachohb En efecto, borracho estaba, como era su cos-
tumbre por las tardes; tres 6 cuatro dias antes, habia sido.
preciso cargarlo en un catre para salvarlo de las guerrillas.
La confusion se introdujo en el campamento y la aproxi-
macion de los auxiliares de don Felix y los azules de San,
Juan completaron la derrota., Un moment despues pene-
traba el fraile en el campo A tan poca costa tornado. Sobre
un cation estaba un cadaver envuelto en una frazada: un?
presentimiento vago, un recuerdo confuso del mensaje de
su -hermano le hace mandar que le destapen la cara:-
qQui6n es este?> pregunta. Los vapores del vino ofusca-
ban su vista A punto de no conocer al hermano que tan
brutalmente habia sacrifiddo.
Sus ayudantes tratan de alejarle de aquel triste especta-
culo antes que reconozca el cadaver.-qQui6n es este?.
repite en tono decisive. Entonces sabeque es Francisco.
Al oir el nombre de su hermano, se endereza, la niebla de

(1) Este trozo pertenece A la Yida de Aldao y lo hemos Intercalado aqui para
completar la narracion. Va hasta donde sigue la relacion personal con esta
serial -N. del E.





MEMORIAL


sus ojos se disipa, sacude la cabeza como si despertara de
un sueflo y arrebata al mas cercano la lanza. jAy de los
vencidosl ,La carniceria comienza: grita con voz ronca a
sus soldados:-amatenl maten!> mientras que 61 mata sin
piedad prisioneros indefensos A los oficiales que le traen,
los hace reunir en un cuadro; eran primero diez y seis,
entire ellos el joven Joaquin Villanueva, notable por su
valor. Manda A sus veterans matarlo A sablazos; Villa-
nueva recibe uno por atras que le hace caer la parte su-
perior del craneo por la cara; se levanta y echa A correr
por aquel circulo fatal limitado por la muerte; el fraile lo
pasa con la lanza que entra en el cuerpo hasta la mano,
y no pudiendo retirarla otravez, la hace pasar toda y la
toma por el otro lado. La carniceria se hace general y
los jdvenes oficiales mutilados, Ilenos de heridas, sin de-
dos, sin manos, sin brazos, prolongan su agonla tratando
de escapar a una muerte inevitable.
La noche sorprende A los vencedores matando; las parti-
das se vienen A la ciudad y cada tiro que interrumpe el
silencio de la noche, anuncia un asesinato 6 una puerta
cuya cerradura hacen saltar. El dia siguiente sobrevino y
el saqueo no habia cesado. El sol apareci6 para contar
los cadAveres que habian quedado en un campo sin corn-
bate 6 iluminar los extragos del pillaje. Al dia siguiente,
los actors de aquel terrible drama estaban mudos de es-
panto. El fraile se did cuenta entonces de todo lo que habia
hecho, y la muerte de su hermano, A quien l61 habia sacri-
ficado. *
Yo todavia no s6 como escape de aquella matanza y de
la via de horrores que atraves6 en seguida.
Como he dicho, quise contener la caballeria que iba 6
desbandar, por un portillo por donde necesitaba desfilar.
El tercer soldado grit6 al primero y segundo:-s (lanceenlo!b
-y era inutil insistir. Yo he visto varias veces el coraje
que inspira el miedo. Nadie resistiria, si lo empleAsemos
en resistir al enemigo.
Sali del campo del Pilar despues de haber visto morir A
mi lado al ayudante Estrella y haber ultimado uno de los
nuestros A un soldado enemigo que me cerraba el paso,
mientras bregabamos con la lanza y el sable con que yo
habia logrado herirlo. Sali por entire los enemigos, por





OiRAS DE SARMIENTO


una series de peripecias y de escenas singulares,.entrando
en espacios de calls donde nosotros dramos los vencedo-
res, para pasar A otras en que ibamos prisioneros. Mas
allA dos hermanos Rosas, de partidos contrarios se disputa-
ban un caballo. Vi matar, pugnando yo por salvarlo, al
padre de don Aristides Villanueva, Ilevado en ancas de un
seflor Corvalan y atacado de atras por un furibundo, tocin-
dole la espalda con la moharra y dos, yo uno de ellos,
prendidos del asta para que no lo atravesase.
Un trompa sanjuanino venia tocando A degfiello y reco-
noci6ndome cambi6 la corneta por el sable; pero apostro-
fandome A pretesto de que le habia dado unos palos en
la campafia de Jachal y como yo le prometiese otros para
cuando volviera a mandarlo, (era antiguo sirviente de
color), meti6 espuelas a alcanzar su division.-Lo tuve en
efecto t mis 6rdenes despues, y reimos hermanablemente
del caso.
Alli fu6 donde vi morir miserablemente al ilustre La-
prida, cuyo cadaver fu6 expuesto acribillado de heridas en
Mendoza.
Todos estos cambios de gituacion se hacian al andar del
caballo, porque el v6rtigo de vencedores y vencidos que
-ocupabamos en grupos media legua en una calle, apartaba
la idea de salvarse por la fuga. Cuandu la hora de la
reflexion, de la zozobra y del miedo vino para mi, fue cuan-
do despues de haber salvado de ese laberinto de muer-
tes, guiado por mi buena estrella, al fin, no s6 donde, ni
-como, ni quien, pasando un jefe que llevaba en ancas 6
un teniente desnudo y herido de bala en una pierna, me
dijo:-- A su casa. Era el Comandante don Jos6 Santos Ramirez
que venia cargado de noble botin hecho en el campo de
batalla, heridos y prisioneros que traia a salvar de la carni-
.ceria bajo su techo hospitalario.
Tan A tiempo fuimos recogidos que A los dos dias lleg6
de San Juan la orden de pasar por las armas A los oficiales
sanjuaninos, y seis de estos pagaron este tributo al furor
tranquilo de los politicos que ponen tales decretos al rede-
dor de un bufete. De los cuatro edecanes de Alvarado, el
joven Albarracin Sabino y don Andr6s del Carril del ej6r-
cito de los Andes, tuvieron su parte.





MEMORIES


Mi tio don Ignacio Sarmiento, casado con una hermana
del obispo Oro, vino de San Juan con pasaporte del gobier-
no, para buscarme si habia perecido, 6 rescatarme si estu-
viese prisionero. Supo esto tiltimo del gobierno mismo de
Mendoza, porque reclamado por 61, para cumplir la orden
de ejecucion, el Comandante Ramirez contest indignado,
que si no bastaba ya de horrores, al menos le shorrasen a
61 el oprobio de entregar un huesped de su casa y su. pri-
sionero hecho pot 61 en el campo de batalla, para llevarlo
de su hogar al patibulo.
En cuanto A mi padre con quien nos perdimos de vista
en la confusion del campo de la muerte del Pilar. Se salv6
al principio de la derrota; pero la ignorancia de mi para-
dero llevAbalo inconsolable, fuera de si, y como avergon-
'zado de haber salvado su propia existencia. ParAbase a
cada moment A esperar los dltimos grupos de fugitives,
por ver si su hijo venia entire ellos, hasta ser el diltimo de
los que precedian a las partidas enemigas. Llegado & lugar
de salvamento, no quiso seguir hacia C6rdoba & los pr6fu-
gos y permaneci6 dias enteros rondando en torno de las
avanzadas enemigas, hasta que cay6 en su poder, como
aquellas tigres fi quienes han robado sus cachorros y vie-
nen llevadas del instinto maternal. & entregarse a los caza-
dores implacables. Traj6ronlo & San Juan, pusieronlo en
capilla y escape de ser fusilado, mediante una contribution
de dos mil pesos, despues de demostrar su tranquilo des-
precio A la muerte. (1)
Regresamos con mi tio y en el camino nos querellA-
bamos, yo A grito herido, 61 sonriendo y contestAndome
con bondad. La dispute era sobre la excelencia de su
partido, cada vieja acabando su madeja.
De estas pliticas y controversial, saqu6 eq limpio un
hecho curioso. Al fin admiti6 que los unitarios tenian

(1) Me ha relatado el anciano Don Rigulo Martinez, lo sigulente conflrmado
por la tradiclon en San Juan. Llegado Don Jos6 Clemente Sarmiento A San'Juan,
A la presencia de Facundo Quiroga, le intim6 se preparase A la muerte, que serfa
*fusilado dentro de dos horas. Espirado ese plazo se le d16 cuenta al caudlllo de
que el preso solo habia comprado empanadas y vino y que despues de comer y
beber se habia tendido A dormir y en ese moment dormla profundamente. Tan-
ta serenidad y tan tranquilo despreelo por la muerte, tuvo el efecto de seduclr
-al terrible Facundo, quien lo admitio al rescate. (N. del E.)





OBRAS DB GARMIENTO


razon Esto no era de 61, ni las razones en que s&
apoyaba. Conocidamente las habia oido alguno que
la chase de hombre superior; y si estuviera en San
Juan por entonces Don Domingo de Oro, se las habria
colgado A l61. Pero estaba el Dr. Francisco Bustos, cordobes.
hermano del General Bustos, y solo 61 podia tener la
frescura de pensar asi.
Los unitarios, decia, tienen razon. Representan la gentle
decent, los ricos y generalmente las personas ilustradas.
Quieren constituir el pals eso no puede, negArseles; pero
amigo, me decia mi buen tio, las masas no estan con
V. V. y hemos de vencerlbs siempre. Este fu6 como se
sabe, el credo federal. El General Urquiza me hacia
en el Diamante las mismas concesiones, con la misma
restriccion;-pero que quiere Vd. las masas estan con
nosotros.
Llegados A San Juan, tuve que guardar la sombra
por algun tiempo, y con gramaticas y diccionarios que
me procure el padre de los actuales Laspiur, aprendi
frances, con harto trabajo. En prueba de alianza y
amistad mi tio Ignacio, me regal un cachorrito (1) espahiol
de ponerse A la cintura que era una monada, y conserve
muchos afios como memorial de familiar. Hubo 61 do
huir A su turno, cuando se di6 vuelta la torta, y sabiendo
despues que poco habia de temer de nosotros regres6 A
los pocos meses y por precaucion, mientras Ilamaban a
Domingo como dej6 ordenado, se acost6 a dormir en una
vieja bodega, cerrando los ojos para no volver A abrirlos,
en un lago de gas carb6nico de una cuarta de pro-
fundidad. La muerte de Plinio el mayor que quiso ver de
cerca el Vesuvio en ignicion. No se sabia nada de esto-
entonces p t las provincias.
Al General Ramirez, mi salvador en las matanzas de
Mendoza, debi a los ailos mil otro servicio que ha pasado
desapercibido, porque a nadie interesaba y al mismo
tiempo un terrible disfavor que diM salida A la envidia
de los que malqueri6ndome, muy poco tenian que echarme
en cara.


(1) Caaohrro-especie de pistola. (N. del E.)





MEMORIAL


En 1849, por incident de una celebration del 25 de
Mayo, en Chile, A que concurrieron el General Las Heras,
otros patriots ilustres y un hijo del General Lavalle que
fu6 mi secretario de Legacion en Chile, Perd y Estados
Unidos, .es decir dos generaciones extremes, se did A la
prensa ia siguiente carta, de dicho General 5 Rosas, dan-
dome el epiteto de loco, que habia decretado el fraile
Aldao para los mendocinos liberals; pero al mismo tiempo
le instruia por incident, de haberme tornado prisionero
en la batalla de Lujan.--Con que V. se ha hallado en
batallas en 1829?--Y que tiene de particular?... -Que
yo no habia nacido aun...
Asi pues, la mencion honorable del General Vega
en la batalla de Niquivil, campafia de Jachal y la que
pretendi6 desfavorable el General Ramirez de la cam-
pafia de Mendoza, son los dlnicos documents aut6nticos
que establecen la primera pAgina de mi foja de servicios,
habiendo servido entonces bajo las 6rdenes de tres
generals, dos de ellos de la Independencia, hecho dos
campafias y asistido a dos batallas, habiendo mandado
en jefe dos pequefos encuentros y asistido dos meses
A las guerrillas y A los trabajos de gabinete del Estado
Mayor que dan tanto. Todo esto antes de cumplir diez
y nueve afios.
Las cartas A que se reflere el autor son las sigulentes:
Santiago, Mayo 26 de 1848.
Sefior General Ramirez.
Haee diez y nueve aflos, A que en una tarde de aclaga memorial para Mendoza,
un oficlal que me traia prisionero, me dijo, siga Vd. I ese Jefe. Ese Jefe era
Vd. senior General, y el prisionero era yo. Llevome Vd. A su casa y alii me salvo
*de correr la misma suerte de Albarracin, Sabino, Carril y todos los jovenes sanjua-
ninos que fueron fusllados por la orden que lleg6 de San Jualopara que se fusi-
lasen A todos los oficlales sanjuaninos que habian ido a segundar el movlmlento
,de Mendoza, que sucumbi6 en el Pllar. Vuelto & mi pals conserve slempre la memo-
ria de este serviclo que Vd. me habia heeho, sin que Jamas me hublese sido dado
manifestar A Vd. mi gratitud de una manera digna. Digo digna, porque cuando
To me hallaba en ml pals, y en actitud de valer, estaba Vd. pr6fugo; euando yo
sabia que estaba Vd. en Mendoza, yo estaba desterrado, y Vd. mandando. Conoce
Vd. el orgullo de partido. Ofreeerle la expreslon de ml gratltud cuando Vd.
mandaba, habria sido pedir gracia A mi enemigo politico; habria sido recomen-
d ingrato.
Era yo por otra parte demasiado oseuro entonces, para que este paso de ml parte






OBRAS DB SARI1BNTO


tuviese valor A los ojos de Vd. Ifoy Vd. y yo, Eomos profugos, desterrados, y
estA Vd. en mi patria; y no creyera poder saberlo sin avergonzarme, sin recorder
A Vd. una buena action que Vd. habrA olvidado quiza, pero que yo recuerdo con
gratitude.
Escrlbo 6 mi familla y A mis amigos que le ofrezean sus d6biles servlcios; y
crdame, General, deseo vivamente que me honre con su amistad y afecto y me
d6 occasion, no de corresponderle su flineza, porque eso no es possible, sino de
mostrarle que era digno de ella.
Remito A Vd. algunos opiIsculos que he publicado y en adelante le mandare
cuanto salga de mi pobre pluma.
La Revolucion de Paris, cambia General, la situaclon del mundo y con ella la
de la RepDiblica Argentina y la del monstruo que la ha envilecido. No se com-
prometa, General, en nada en lo sucesivo. Veinte afios de sacrifleios de su parte,
ban tenido por recompensa el destlerrol Se ha envejecido sostenlendo una
causa esteril, que no ha dado sino crimenes, persecuclones y sangre; y despues
de veinte afios estamos como en el primer dia. Se han exterminado algunos
millares de guerreros, algunos centenares' de hombres de talent y sin embargo,
las resisteneias no han cesado; ese gobierno y ese sistema de cosas no ban triunfado
y esti hoy mas que nunca, lejos de establecerse; prueba evidence que ese sistema
era contra la naturaleza, la justicia y el derecho. Vd. 10o ha visto; el gobierno
mas poderoso del mundo ha caido en una hora, porque quizo negar A los cluda-
danos, el dereeho de expresar publicamente sbs pensamientos; y con la caida de
aquel gobierno, la violencia, la coherclon son imposibles boy en la tierra. El des-
potismo de Rosas sera impossible, no por las resistencias armadas de sus enemi-
gos, ni por las armas coaligadas de las potencias extrangeras: caerd por el ridicule,
por el oprobio, por la humillaclon, por la esterilidad de los resultados obtenidos
en velnte alos de desastres, de persecuclon y de crimenes.
Yo me apresto, General, para entrar en campafia. No crea V. que es mi objeto,
uo lo crea V., Ir A esas pobres provincias A luchar personalmente con las pasiones
y con el poder estlpido de la fuerza material. Seria vencido; me deshonraria.
Mis miras son mas elevadas, mis medios mas nobles y paciflcos. Si los argentinos
no han caido en el filtimo grado de abyecelon, de embruteeimiento, la razon tendrA
Influeneia sobre ellos, la verdad se harA escuchar y un dia nos daremos un
abrazol
Para entonces, General, ofrezco A V. todo cuanto yo valgo y se lo ofrezeo con
tanto mas gusto, cuanto que tengo la intima convicelon que es fatal, inevitable el
caso que ha de llegar en que pueda serle fitll i V. y A todos sus amigos.
Aprovecho, General, esta ocaslon para repotirme de V. afectisimo amigo y
servidor.
D. F. SARMIENTO.
xnmo. Senior Don Juan Manuel de Rosas.
Mi respectable seflor:
Me honro en elevar A V. E., la adjunta carta que acabo de recibir en el correo
por la via de San Juan, del loco fanatico salvaje unitarlo D. F. Sarmiento, sin duda
con su malevola intention, crey6ndome en desgracia y que por ello fuese yo capaz
de manchar mi foja de servlcios, siguiendo sus alucinados y criminals planes
contra nuestra independencla y nuestra santa causa federal que he jurado soste-
ner A todo trance; y aunque realmente me hallase en desgracia, mas firme y
constant me encontrarian mis confederales, porque ml carActer es infiUdable.






MEMORIAL


A este jud4o unitarlo en 1826, en la revoluelon salvaje unitaria que estall6 en el
Pilar de Mendoza, le tome prislonero, salvAndole la vida A l1 y A otros en aquel
aeto sin conocerlos; y por un espiritu de generosidad, los conduje A mi casa, y lo
notlcl6 de ello al finado General D. Benito Vlllafafie, quien lo hizo trasladar a la
suya, diclndome tenia encargo para protegerlo, de su familla.
V. E. se fljara que despues de diez y nueve afios, viene.recomendAndome tal
servicio, prevalidndose de unas circunstancias totalmente equlyocadas para 6l,
pues ni me creo en desgracia, ni tengo porqu6 juzgarme tal.
V. E. Impuesto de su tenor, determinarA lo que tenga A bien, quedando persua-
dido que cualquiera otra de este, 6 del que sea, las trasmitar6 inmediatamente 4
manos de V. E. para su superior conocimiento, como es de mi estricto deber, sin
contestarlas.
Deseo A V. E. la mas complete salud su mas pequefio S. S. Q. B. L. M. de V. E.
Josd S. Ramirez.
iViva la Confederacion Argentinal

El Ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno de Buenos Aires, Encargado
de las que correspondent a la Confederacion Argentina.

Buenos Aires, Abril It de 1849.

Afio 49 de la libertad, 84 de la Independencia y 20 de ta Confederation argentina.

Al Exmo. Seofor Msnistro de Relactones Exteriores de la RIptblica de Chile.

El Infraseripto tiene la honra de dirlgirse A V. E. por orden del Exmo. Sefior
Gobernador, para solicitar de V. E. se digne prestar su ateneion A lo que pasa A
exponer y elevarlo al supremo conocimlento del Exmo. Sefior Presidente de esa
Rep6blica.
Las cuatro adjuntas coplas autorizadas que el abajo firmado acompafia a V. E. de
una carta del Teniente Coronel Don Jos6 Santos Ramirez a S. E. el Sefior Gober-
nador, fecha 30 de Noviembre iltimo, de otra relative del salvaje unitario Domingo
F. Sarmiento al Teniente Coronel Ramirez, escrita desde Santiago de Chile el 26 de
Mayo de 1848, de la contestacion dada por el Infraseripto a aquel jefe y circular
diriglda A los Gobiernos de la Confederacion, instruirAn al de V. E. de la criminal
cuanto abominable furia con que el traidor Domingo F. Sarmiento, perteneciente
A una logia sanguinaria 6 infame, que tantos males ha causado a la causa de la
America, sigue copsplrando del modo mas alevoso 6 inicuo, desde Chile donde se
ha refuglado, contra el orden y goblerno estableeido de la Confederacion Ar-
gentina.
Al ilustrado juicio del Gobierno de V. E. no se oculta lo que para lances tan
desagradables prescribe el derecho de gentes, a fin de reprimnir y castigar a los
refuglados politicos que asi conspiran contra su patria, desde el pais de. su asilo.
Por otra part, este goblerno tiene la grata persuacion de que el de V. E. tan
amigo del orden legal y paz de los pueblos americanos, como deseoso 6 Interesado
en oruzar las maquinaciones de los traidores que suscitan la anarquia en provecho
de miras antl-americanas, no puede dejar de abrigar una especial consideration
4 la causa comun de los Goblernos establecdos en el Continente, por el voto de
los pueblos, y fleles en cumplir la mislon americana que A todos compete tender
en el propio interest de sus respectivos palses.





OBRAS DB SARMIENTO


Es por lo tanto con grande conflanza que el Gobierno Argentino solicita de
V. E. una media eflcaz de repression y castigo que ponga al aleve conspirador
Domingo F. Sarmiento, en la imposibilidad de proseguir en adelante abusando del
asilo en Chile para incendiar un pais vecino, amigo y hermano de esa Repiblica,
y para lanzar desde alii libelos tan infames 6 Insolentes como el que con una
mira perverse de seduccion ha dirigido al flel y benemdrlto jefe argentino Don
Jose Santos Ramirez.
Dios guard a V. E. muchos afios.
Felipe Arana.

INSTRUCTION MILITARY

La derrota del Pilar y matanza de oficiales que se siguie-
ron y de que salv6 & merced A la intervention del Corman-
dante Ramirez y del General Villafafie A solicitud de mi
familiar, no nos hacia en manera alguna cambiar de pro-
p6sito.
El General Paz, habia triunfado de Quiroga y los Aldao
en la Tablada, y tan pronto como pudiese hacerse de
recursos, extenderia sus operaciones hasta la falda de
los Andes. Las dos campafias desgraciadas del General
Vega y del General Alvarado, habian sido inspiradas por
esa emergencia;.
Varios oficiales que estibamos escondidos, nos pasamos
la palabra, y de A dos, de A tres, nos dirigimos & Chile,
cuando mas no fuera que para escapar A las persecucio-
nes inevitable, cuando los enemigos nuestros amigos se
acercasen.
Mi accidentada y miserable vida en Chile en esa primer
emigracion, le he contado y no volver6 sobre ella (1).
Tan deliberado era el pensamiento de la pr6xima vuelta,
.que entire diez 6 doce tomamos una casa espaciosa y
antigua. (en Santiago), para prepararnos al regreso, pro-
porcionandonos armas y municiones para oficiales y solda-
dos que contabamos reunir en Aconcagua.
No tard6 en saberse' que el Coronel Castillo se aproxi-
maba de San Luis a Mendoza, con cuya noticia nos puisimos
en march doce oficiates, al mando del Comandante don
Hip61lito Pastoriza, y emprendimos reconquistar el derecho
de vivir en nuestras casas.


(1) En lecuerdos de Provmcia.





MEMORIES


Pas6 la Cordillera la expedicion sin novedad particular,
por los Patos, por donde San Martin invadi6 a Chile y
-descendimos hasta Leoncito. Era el plan mantenernos
en esas alturas, *recorrer si era necesario la linea de
-Calingasta y la Iglesia, acercarnos A Jachal, 6 bien diri-
girnos hacia Mendoza por el Paramillo, segun lo aconsejaren
las circunstancias. Ninguno de estos sabios planes se puso
oen prActica, pues la primera noticia que tuvimos de la
ciudtad, fu6 que so habia sublevado Barcena con el
escuadroli de su mando, depuesto al Gqbierno y a con-
-secuencia de un Cabildo abierto de notables, estaban en
el poder nuestros amigos.
Al dia siguiente estabamos en el seno de nuestras fami-
4ias y a la tarde me presentaba al nuevo Gobernador,
don Juan Aguilar, aquel herido del Principal (cuartel)
en la noche de la" entrada de Jachal. Este-me llam6 A
part y me instruy6 de las razones que requerian quo
inmediatamente aceptase las funciones de Ayudante Mayor
del Comandante Barcena, siendo toda la oficialidad del
-cuerpo del partido adverso y el Comandante mismo foras-
tero. Era ese. Tuerto Barcena, cordobes, de negra reputa-
.cion, pues se Fe atribuian muertes y degollaciones ordenadas
,por 61; pertenecia A una familia de viso de la ciudad de
'C6rdoba, y debia ser uno de esos j6venes que se extravian
por falta de education y teatro, pues era inclinado A la
-embriaguez.
La vida de aventuras, de entusiasmos habia concluido
y principiaba el trabajo rudo del cuartel, no habiendo
,un solo official que tuviese instruction military, ni siendo
practice en las divisions colecticias, semi-montoneras, usar
deo formas, salvo pasar listas, distribuir raciones, marchar
por cuatro, montar guardias y poco mas. La tarea era
dura, gobernando y administrando un escuadron, sin otro
auxilio que el Porta, que se las pintaba para retacear
reces personalmente y no pude obtener de 61 que cortase
su aparceria con un sargento que en realidad valia mas
*que 61. Desde entonces empez6 la prActica asidua, pues
mno habia relevo para el tinico ayudante del cuerpo, de lo
.que se llama vulgarmente la mecdnica y serfa mejor Ilamar
dla economia internal del cuerpo, llevando registros y libro
ToMo zxu.- 6





82 OBRAS DR SARMIENTO

de 6rdenes y racionando por pedidos de compafiia, segun
el estado de fuerzas quea present por las tardes el sar-
gento primero. Tan adiestrado estaba en esa adminis-
tracion regular, que en 1861, Jefe de Estado Mayor del
Ej6rcito de reserve de Buenos Aires, introduce en una
division de tres mil hombres, este sistema de contaduria
A la prusiana, de manera de poner tres dias en averiguar
el paradero de las idnicas cuatro raciones en que discre-
paban los recibos y encontrando al fin qu6 cuerpo y que.
compafia. las habia recibido demAs.
Dejando & un lado. las antipatias y desconfianzas de
partido, A Barcena le precedia una perverse fama que de-
vicioso traia desde estudiante. Era ya dado A la bebida,,
lo que lo exponia A percances desagradables. Debfan
administrarse ,cien azotes A un soldado despues de la lista
de tarde. Habia reglas precisas para la ejecucion del acto.
El cabo perfectamente cuadrado, debia descargar el golpe
de la varilla de membrillo, al aire natural del descenso-
del brazo, apoyando sobre el hombro la varilla para.partir,
A. fin de que el palo no sea muy recio. El Ayudante asistia
a. la repugnante ejecucion y se tenia & espaIdas del cabo,
con la espada desnuda enfrente del pecho, pronto A des-
cargar un golpe de plana. en la espalda del cabo, si se
excede 6 atenua el golpe de lo regular. Ya le habia
administrado dos, y fuese torpeza 6 acaso intencion, el
cabo no arreciaba los golpes en la just proporcion. Vi6n-
dolo,,el Comandante se avanza y descarga terrible cinta-
razos al cabo, quien se aturde y acaso ignora cual es la
media de su deber. Entonces Barcena enfurecido, le
manda una estocada, que afortunadamente no rompe el
cuero; mrndale una segunda, fren6tico ya y ciego do
c6lera, con el mismo 6xito, hasta que el Ayudante, avan-
zando dos pasos, se interpuso entire el asesino y la victim,
diciendole en voz baja:-Reportese mi Comandante, ests
no es su puesto, este es el mio... De vergiienza de no
haberlo traspasado, arroj6 Ia espada y se fu6 (del cuadro..
La flexibilidad de la oja de la espada, en efecto, salv6 la
vida al infeliz cabo: eran unas espadas espadines,-de-
gala,-para funcionarios coloniales, con vaina de suela y
guarnicion de entorchado de plata y era de esta clase l&
primera que oefii y habia servido i, mi padre.





MEMORIAL


A poco de estar en estas funciones, lleg6 A San Juan el
esperado Escuadron de Coriceros de la Guardia del Gene-
ral Paz, al mando del Teniente Coronel don Santiago
Albarracin y una compafia de infanteria de negros del
antiguo 2 de line, con sus cabezas ya encanecidas en el
servicio.. No pasaron quince dias cuando el Comandante
Barcena recibi6 6rdenes de hacer tomar caballos y marchair
al dia siguiente a. las seis, en direction al Pocito, hacia un
punto que se designaba.
Al llegar encontramos formado el Escuadron de Cora-
ceros y se nos di6 orden de tomar la derecha. Se nos
mand6 echar pie A tierra; el dia avanzado, picaba el sol
bastante y ful despertado, pues me habia dormido en la
zanja que hacia una acequia en seco, con el caballo de
la rienda.
-De orden del Comandante Albarracin.-Fui recibido
con muestras de cariflo, aunque lo conocia por primer
vez, pues no era un Ayudante personaje para ir a visitar
jefes, aunque muoho mas encumbrados habia tratado en
mi carrera de edecancito de tres Generales. Sufri un inte-
rrogatorio sobre el origen, instruction y partido de los
oficiales y se me orden6 retirarme.
Dos horas despues los clarines sonaron a caballo, for-
mamos, pero con sorpresa vi que yo solo, y un capitan de
los nuestros 6ramos los dnicos oficiales del cuerpo. Barcena,
por lo visto, habia sido eliminado y cuando regresamos a
la ciudad, seguimos hacia el cuartel de San Clemente que
era el de coraceros, en lugar del de San Agustin que era el
nuestro. Estibamos incorporados como simples reclutas en
el cuerpo de linea, y yo pas6 revista como ayudante de
coraceros y los deberes de servicio empezaron a ser much
mas rigurosos, aunque compartidos con otro ayudante.
El plantel A que nos incorporabamos era de veterans
que habian hecho la guerra del Brasil y eran notables por
la profunda moralidad que los distinguia, como su disci-
plina 6 instruction. Los negros eran blancos de canas,
pues eran de los regimientos de la Independencia que Bus-
tos sublev6 en Arequito.
Jamas en un aflo que presidi listas de tarde, se azot6 h
ningun soldado. Eran unos santos, impecables, ni de pe-
cado venial. La discipline habia transformado la natura-





84 OBRAS DB SARMIENTO

leza, sujetando & reglas los apetitos y las pasiones. Jamas
habia que castigar alguno, ni aun en las listas de
tarde, que suele ser el inconvenient de las tropas acanto-
nadas en las ciudades.
Una mafiana me toma de un brazo el Capitan Marchand,
joven porteflo, y casi llorando me dice:-Ven hermanito, y
pideme un pobre negro que tengo que darle doce azotes
en la cuadra por una bagatela, pobrebl-Tom6me un poco
la delantera, y cuando llegu6, lo encontrd furioso,-aPicaro,
le decia al soldado puesto en el suelo boca abajo y ense-
fiando las negras posaderas, ivenir aqui, A deshonrar el 2o
de Infanterial Ya lo ver&s!... y me echaba una mirada fur-
tiva, como diciendo, ya es tiempo...-- tan, que interceda por este pobre soldado. Perd6nelo por
esta vez. Yo respond de su conducta.-Bien! Agradece,
picaro, que el ayudante te pide, que sino, ya lo hubieras
visto; pero no faltart occasion; levantatelb-y a la compa-
fiia:-Rompan filas! Quedandonoslos dos contentisimos.
Los oficiales de coraceros, salvo el Mayor don Nicomedes
Castro, eran como solian ser entonces los oficiales de caba-
Ileria, habiendo- various de la campafia de C6rdoba, con
escasa education, ni aun civil. No obstante mis diez y
nueve abriles, por lo que precede, inferirAse que debia
poseer bastante desenvolvimiento, y A pocos dias de estar
en el cuerpo, conquistado una position respectable. Era ya
una especie de hombre de letras, pues sabia frances,habia
leido bastante, y un ayudaqte que sabe escribir y redactar
notas es impagable, pero las paga 6l confiAndosele todo tra-
bajo.
Entr6 entonces de lleno en el servicio military; y para
edificar al lector sobre ciertos cargos hechos y populari-
zados cincuenta ailos despues, me detendr6 en algunos
detalles. No eran comunes en aquellos tiempos los oficia-
les con cierta instruction y las cualidades que me Ilevaron
a conquistar un lugar en la repdblica de las letras, se
hacian notar desde la adolescencia en provincias done
ni colegios habia. Debi, pues, ser empleado en toda fun-
cion que 'requiriese capacidad de aprender cuando mas no
fuese. Fui desde luego el fiscal de todas las causes mi-.
litares que ocurrian; y de ahi mi conocimiento de las orde-
nanzas que me permitia ten6rmele tieso al criminalista





MEMORIAL


doctor Tejedor, en una discussion, siendo 61 Ministro, dici6n-
dole que 61 no conocia esta part del derecho. A mis
ejemplares del Colon les falta precisamente el segundo
volume perdido en el servicio (4); y en mis escritos pos-
teriores, aun sobre Constitucion, ha debido notarse que
como exception, cito mas que otros las ordenanzas milita-
res que desde aquella 6poca empezaron a serme fami-
liares.
La instruction en la discipline y education del recluta
era generalmente confiada & los ayudantes y puse tanto
empeno en ello que puedo jactarme de haberla elevado A
un arte. Habiendo el Gobierno nombrado al mayor don
Nicomedes Castro, Jefe de una academia de tActica para
ensefiar A la oficialidad de cuatro regimientos de caballeria
de milicia, me pidi6 A mi como Secretario. Tres meses'
despues, el Jefe puso este caso: dQu6 voces de mando se
darian para hacer marchar un regimiento al frente en dos
columns por el centro?-y como le preguntase:--Puede
usarse en las voces de mando del Coronel, la palabra para-
lelas?-Eso es, me contest, es initil que d6 usted las voces
de les Comandantes, pues que ya indica la del Coronel;
delas usted sin embargo.-Y al concluir, dijo A los oficiales:
-sefores, no tengo mas nada que ensefiarle al ayudante, a
quien nombro desde ahora mi segundo y podra sustituir-
me en adelante.
Recibia, pues, mis diplomas de doctor en tActica de caba-
Ileria, que he cultivado despues, hasta las reforms que
ha experimentado esta arma en la guerra franco-prusiana,
que la ha alejado A grandes distancias del campo de ba-
talla, para hacerla eficaz solo en la estrategia.
Era jefe del Detall un Sargento Mayor Smith, joven ingl6s
de buena presencia y mejor education, que no s6 donde
haya muerto, quien se estaba en su oflcina hasta las nueve
y mas de la noche, esperando el parte de la lista de ocho,


(1) En el lamentable incendio de la Biblioteca Franklin de San Juan; A la que
Sarmiento habia legado sus libros, se perdieron 'muchas reliqulas inestimables,
obras con dedicatorias de autores, otras anotadas y entire ellas un ejemplar del
Colon regalado por el General Las Heras, del que faltaba el tomo 2a perdido por
Las Heras por la misma razon y reemplazado por una copia manuscrita de Sar-
mlento he cha en su juventud y anotada por 61 y Las Heras.-(N. del B.)





OBRAS DB SARMIENTO


que generalmente traia por toda noticia del cuerpo asin
novedad.,' El interest estaba en ver qu6 dibujo adornaba
el papel, pues no teniendo de qu6 dar parte, aquella frase
sacramental venia en entabladura de un arco de triunfo,
6 en el timpano de un frontis griego, 6 dentro de una co-
rona de laureles 6 una guirnalda de rosas. Una vez le
puse, en lugar de (sin novedad), ALL RIGHTI que le hizo
morderse de risa y echarme-una raspa.
Con la Academia, habia quedado licenciado 6 como se
dice, en comision, mientras el Escuadron hizo una punta
hacia los Ilanos, A perseguir entire los garabatales, monto-
neras intangibles y acercindose la guerra al desenlace,
empezaron A crearse nuevos cuerpos. '
Lleg6 por entonces (1830), el Coronel Chenaut, con mission
de levantar un regimiento de seicientas plazas, y desde
el dia de su llegada, por recomendaciones que decia traer
de Mendoza, quiso llevarme a su cuerpo de nueva creation;
pero tocamos en la dificultad que tenia dado elkempleo de
Ayudante A un Espejo, de Mendoza y mi fisonomia de diez
y nueve afios no presentaba tela para un capitan. Ofre-
cile sin embargo mis servicios como ayudante por un mes,
dindome a prueba, pues el Coronel Mitre, tactico de infan-
teria, suponia que no debia yo conocer el servicio de meca-
nica ni la tActica de evoluciones de caballeria. -
Era un hombre infatigable, lleno de entusiasmo y ardor y
un poco cruel con el recluta. TrabajAbamos todo el dia y
dando yo el parte en persona, nos quedabamos & tertuliar
en sus aposentos. Al mes cumplido, puestas.las espuelas
y listo el asistente, fui A despedirme con much sorpresa
suya.-ICuanto siento que me deje. Ayudante, nos enten-
diamos tan bienl-dapitan, si Vd. gusta, mi Coronel.-Oh!
impossible darle ese grado.-Perdon, es que ya lo tengo del
Escuadron de Dragones que tenemos orden de levantar
con mi antiguo Mayor Don Nicomedes Castro, ahora Co-
mandante.
Con Chenaut hicimos junto la campafia de Caseros y
recien volvimos a vernos en 1868 en casa de Don Martin
Pifiero donde pas6 una escena digna de recordarse. Des-
pues de los saludos de estilo.-Oh! mi Coronel Chenaut Lse
acuerda Vd. que no me quiso nombrar capitan en 1830?-
Pero senior Presidente, era Vd. tan joven... no podia





MEMOMIAS


preveer... Confiese que cometi6 una injusticial-... Senior
-Pues me la pagarl!-Y lo dej6 con el susto, suplicante
ante la sefiora de la casa para que intercediera:-Este Sar-
miento es tan malot-Al dia siguiente iba al Senado el Men-
saje, pidiendo acuerdo para ascender A General al Coronel
Don Indalecio Chenaut, aquel pobre amigo, uno de los mas
antiguos coroneles, el brazo derecho del General Paz, el
Edecan del General Urquiza en Caseros, y jefe de Estado
Mayor en el Paraguay, que no habia obtenido el titulo de
General que tantos que ni tenientes eran en 1830 habian,
obtenido. Pocas veces tiene uno en la vida ocasiones como
esta de saborear la venganza, ese placer de los dioses.
El campo de instruction fu6 establecido al otro laao de la
Quebrada de Zonda, en un terreno inculto que boy perte-
nece A mi familiar. Fui encargado por el Comandante, de
dividir las compafilas por tablas y para proporcionarme
cabos, puse A contribution ciertas observaciones que habia
hecho. Paseando delante de una compaftia de reclutas
formada, con aires de maton, de repente sefialaba A un
recluta con la mano, dici6ndole con voz en6rgica:-De qu6
-cuerpo?-lGranaderos a caballol-No 11 de los Andesl-era
la repuesta inmediata.
La revolution del negro Panta vino interrumpiiqestas
tareas, pues el Escuadron de Coraceros habia salido & cam.
pafia. En la noche se sublev6 la guardia, parti6ronle en dos
la cara al Comandante, mataron & un Ayudante que se
hallaba arrestado por no querer dar las gracias A su jefe al
terminal otro arrest. El Coronel Rojo sofoc6 la revolution
con siete hombres, entire ellos mi asistente que me traia xmi
caballo, bati6ndolos en la plaza, donde lo aguardaban en
ndmero de sesenta, verdadero acto de heroismo.
San Martin introdujo en la discipline la tenue erectad y
rigida que conserve todavia el soldado ingles y ha perdido
el frances A fin de ahorrar fatiga 6 incormodidad innecesa-
ria al soldado, como se han ensanchado pantalones y man-
-gas para no embarazarle los movimientos. Los soldados y
aun los jefes de San Martin han quedado reformados, y hasta
la vejez conservan la actitud marcial, tiesa, con el pecho
avanzado, de tal manera que mas tarde en Santiago de
Chile, solia decir por esta causa: aquel caballero que viene
A la distancia, ha pertenecido al ejdrcito de los Andes, sin





88 -OBRAS DB SARMIENTO
equivocarme jamas. Los chinos harapientos de una recluta,
apenas entraban en formacion obedeciendo al h&bito, por
asociacion de ideas, sacaban el pecho y se delataban solda-
dos antiguos.
Preso 6 incomunicado en Mendoza, (1856), tercera dei
mie prigione, sea dicho de paso, paseAbase delante de lar
puerta del calabizo un chino escaso de camisa, envolviendo
el todo en un raido y corto chamanto chileno.-jEna qu6
cuerpo ha servido, amigo?-iCabo de guardian fud el grito-
estent6reo,-iel preso ha hablaol-Oiase luego el tropel
del cabo y dos soldados que subian de cuatro en cuatro
los peldatios de la escalera del Cabildo, acaso temiendo-
alguna tentative de seduccion 6 escape. Explic6se lo su-
cedido, que habi6ndole entregado incommunicado el reo por
la consigna este la habia violado, y el cabo que no era
veteran, tranquilizand6se: Para eso me llama? Cont6s-
tele nomas.-Entonces el chino dijo en voz alta: Ndmero
once de los Andesl y golpeando la culata, emprendi6 los
paseos del centinela, como si llevara el shak6 de la Guardia
Imperial.
En Mendoza se conservaron mas que en San Juan por
largo tiempo, las pricticas y usos del servicio military,
habieuio tenido muy A mis expenses, aunque en mi be-
neficio, que experimentar la prictica en el servicio de cen-
tinelas del que hoy es Coronel Olascoaga.
Cuando muchos aflos despues,'se escap6 de prison cierto.
prisionero (Arredondo?), alguno que tenia estos anteceden-
tes, pudo decir sin temor de equivocarse, que no debi6 ser
de mendocinos la guardia que custodiaba al preso, pues
todos saben por tradition cual es la manera de recibirse
de la guardia el official y el cabo que entra de cuarto, in-
dependientemente de la consigna.
Volviendo & nuestro campamento de Zonda, la organiza-
cion se hizo rApidamente y la instruction, discipline y
movimientos costaron poco, dirigidos por los dos escuadro-
nistas que tenia San Juan entonces. El traje de nuestros-
dragones era de tosco patio azul celeste con cabos colorados..
No estibamos destinados A hacer dhuesos duros, come-
dicen los franceses, ni & pervertirnos en las delicias de
Capua. Facundo Quiroga con un puflado de presidiarios
venia sobre Mendoza, y la traicion del Boyero que entreg6-





MxMORIAS 89
el Rio IV y se asoci6 al invasor, avis6 siniestramente siu
aproximacion.
Por orden del Gobierno, no s6 con qu6 prop6sitos, porque
el Comandante nada me comunicd, tom6 la mitad de una
compafiia de dragones, la compafia del 20 de Infanteria de
negros y un escuadron de milicias, y fu6 A establecerse en
las Lagunas, es de suponer que para cerrarle el paso A
Quiroga, qu6 infaliblemente debia ser batido en Mendoza,
donde habia ochocientos infants, seis 6 diez piezas de ar-
tilleria y fuera de caballeria mendocina, los seiscientos
hombres de granaderos A caballo que habiamos disciplinado
con el Coronel Chenaut.
El Comandante Castro y el Capitan Marchand, acaso los
valientes veterans negros, murieron en su puesto, no supe
si sorprendidos, lo que es de temer, porque en ese paraje
no hay past para mantener los caballos A mano, 6 fueron
oprimidos por fuerzas superiores, despues de perdida Men-
doza. En otra part he explicado la causa del desastre, en
que doscientos, quiz& trescientos hombres sin discipline,
vencen,6 mas bien toman A un ejdrcito de mil quinientos
hombres de todas armas y con excelente infanteria. En-
contrAronse de manos A boca las bandas opuestas en mar-
cha y las fuerzas de Mendoza, atravesando un tewreno
cubierto de matorrales, mientras que A pocas cuadras A
retaguardia, habian pasado un campo despejado mandado
hacer para una batalla campal. Si el General Castillo for-
ma su infanteria entire los matorrales, deja clavado con
eso A Quiroga en el carruaje que lo conducia, pues no
habia un palmo de terreno para avanzar la caballeria. Se
hizo lo que debia evitarse A todo trance y fud buscar terreno
favorable para desplegar la caballeria; pero el retrocesO
precipitado desmoraliz6 tropas nuevas aunque disciplina-
das. Conoci todos los detalles de esta jornada, por don
Pedro Domingo Chenaut, hermano del Coronel, que atra-
ves6, cargando por entire una guerrilla de infants manda-
da por un peruano (?) Espinosa,-el mismo que hubo de
matarme despues, en la carcel de San Juan y muri6 cuandao
la entrada del General Hacha, mandando un batallon-Don
Manuel J. del Carril, millonario resident hoy en Paris y
1hermaro del ilustre don Salvador Maria, era teniente de
granaderos, y convenia en la misma explicacion. Fud





OBRAS DE SARMINTO


aquello una averia y no una derrota, corlo fu una averia la
toma del General Paz. ,
Cuando lleg6 la noticia & San Juan de este desastre, traida
&or los mismos soldados que fueron de Chenaut, no siendo
-de esperar que pudiera rehacerse el regimiento, casi sin
armas como sucede despues de la derrota, y no teniendo
mas fuerza con aspect military que la parte del escuadron
que estaba A mis 6rdenes en Zonda, los ciudadanos resol-
vieron emigrar hacia Coquimbo, y en la noche fueron lle-
gando al Valle de Zonda, en ndmero de doscientos vecinos,
los mas acaudalados, huyendo de las violencias, vejAme-
nes y contribuciones forzosas quo requeria la necesidad de
volver A organizer ej6rcitos nuevos, ya que se fgnoraba quo
el General Paz mismo, por otro de los accideptes inexpli-
cables de la guerra, cala en manos del enemigo, y el ejdr-
cito sin Jefe, emprendia su retirada hacia Tucuman.
-Lo mas curioso es que yo no sabia nada de lo que pasaba
en la ciudad, aunque estaba & la expectativa de sucesos
de bulto, desde que parte de mi cuerpo se hallaba en cam-
pafia. Esa noche fui llamado, de orden del senior Gober-
nador Pastoriza, al punto de reunion de la proyectada
retirada, y entonces supe la magnitude del desastre. Se
me orden6 cubrir la march precedido de un arreo de
ganado; el que en tres dias de camino hasta la Iglesia, me
forz6 A quedar A retaguardia con un dia de retardo. Sin-
tomas de amotinamiento se notaban de vez en cuando,
pero la discipline los retenia, 6 bien la disposition ultima
tomada de marchar los oficiales A retaguardia, en oaminos
estrechos, pedregosos entire colinas donde cuatro caballos
cubren el frente.
El dlitimo dia se dej6 sentir la presencia de avanzadas
del enemigo, aunque se mantenian & distancia respetuosa,
acaso por no traer armas de fuego, y ver nuestra actitud qua
no era de dar muchas seguridades de triunfo.
Cuando hubimos llegado a territorio chileno no obs-
tante el episodio sangriento de la muerte del General Vi-
llafafie, en el asalto dado por el mayor Navarro, (l) pudo

(1) Este Mayor Navarro, sanjuanino, cuyo nombre no hemos sabido averiguar,
era tipo de car~Ater romancesco y trigico. Acompafi6 A Lavalle hasta que hizo las
paces con Rosas y tavo que ganar los indios donde se cas6. En esa retirada &





BMIORIAB


la Repdiblica Argentina.
Quiroga, llegado A San Juan, puso al lado de la carcel
un banquillo flamantemente construido y un rollo para
azotar, acto que practice con ciudadanos respetables. Las
mrujeres y madres de los unitarios pr6fugos costearon la
formacion rApida de un nuevo ejercito perfectamente equi-
pado, ya que nosotros nos habiamos tornado la molestia de
disciplinary las reclutas. El ej6rcito de Tucuman fu6 ven-
cido y la ciudad saqueada, para -hacerle pagar su rescate,
como fueron fusilados todos los jefes prisioneros.
Los que pasamos A Chile tomamos diversos caminos,
quienes al Norte, quienes al Sur. Con mi padre tomamos
al Sur, en direccion a Aconcagua, buscando el arrimo de
don Jose Domingo Sarmiento miembro de la antigua fami-
lia Sarmiento que habia residido en Putaendo. No habia
en aquel lugar una sola escuela, y viendo en el patio una
tira de papel impreso, que reconoci ser la mitad de un
-cuadro de leatura del sistema de Lancaster, ofreci al Go-
bernador organizer una Escuela Lancasteriana, en cuya
direction me sucedi6 A poco, mi primo el capitan don Vi-
cente Morales, que habia sido alumno de una escuela lan-
casteriana.
Como A mi nacimiento se olvid6 colocar entire las hadas
que debian dotarme con sus dotes, entire otras A la que
distribuye la fortune, la mina Colorada, de propiedad de mi
General Vega, de que fui digno mayordomo, vistiendo el
saco azul y el birrete colorado traditional del minero,
aguard6 A que yo dejara mi alto empleo,-alto, por que lo
ejercia a quinientos pies debajo de tierra,-para dar un
million de duros en la primera quiebra db la veta en barra.
En 1843, recien me pag6 en Valparaiso, y cuando yo no los
necesitaba, los pobres salaries que no podia antes del al-
-cance, tan angustiada era su position. En cambio, aprendi
ingles en la mina, ley6ndome un tomo de las novelas de


Coquimbo no se resignaba f tanta humillacilon, hasta qua encontrando a Villafafie,
General de Quiroga, que a su turno regresaba, sallole al encuentro, retindolo a
singular combat y atravesandole de su lanza. Regres6 6 San Luis, junt6se con
Pringles y disputando qulen del otro se salvarla en el dnico caballo que los dos
i'hroes poselan, murieron A manos de Quebracho Lopez.-(N. del R.)





OBRAS DR SARMIENTO


Walter Scott por dia A la luz del candil. De algo me sir-
vi6, como se v6, ser minero, aunque me predispusiese A fo-
mentar las minas en San Juan como Gobernador 6 invertir
en ello seis mil pesos fuertes de mi peculio, como consta
de los contratos y pagas de compaflias de minas, en que-
para animar a los otros rme veia forzado A entrar, lo que
no hizo productivas las minas, no obstante la maquinaria
traida por Rikard deInglaterra y que yace en Gualilin.
Regres6 a San Juan en 1837, donde encontrd al Coronel
Rojo y uno que otro official de aquellos tiempos. El Co-
ronel hacia una particular distinction de mi, creo que por-
la influencia de su esposa de la familiar Cano-y durante
cuatro afios nos consagramos los Dres. Aberastain, Cortinez,
Quiroga Rosas y yo A promover todo lo que podia contribuir-
A desenvolver g6rmenes de civilizacion y seria digno de re-
cuerdo lo que se hizo en sociedades, colegios, periddicos, (1),
teatros, miscaras, bailes, que han dejado honda impre-
sion en los Animos y rastro duradero en las costumbres
Esta series de documents y recuerdos bastarian A embe-
Ilecer la foja de servicios de los mas acreditados Generales.
y el lector argentino sabe cuan necesario era reproducirlos,
y coordinarlos. Qui6n sabe lo que ha pasado en San Juan
y Mendoza en 1829 si ninguna cr6nica lo dice, y aun se
ignora la fecha de los sucesos? Ha leido alguien, si no es
algun biblidfilo 6 erudito, el opdsculo de D. Jos6 Calle sobre-
el gobierno del General Alvarado ?
AdmirAbase urf antiguo Presidente de las CAmaras, de
que el bombardeo con ametralladoras ejecutado por el
President, sobre las murallas del Colegio Nacional en,
construction, en el Rosario en 1871, haya tenido su explica-
cion satisfactoria en 1886 solamente (3) habiendo aquel,

(1) Por no haber otra occasion de consignarlo, copiaremos una frase del pro-
grama del Zonda, cuyo primer nimero es de 20 de Jullo de 1859.
a Un periddico es pues, todo, el goblerno, la administration, el pueblo, el co--
" merelo, la Junta, el bloqueo, la Patria, la elencia, la Europp, el Asia, el mundo
a entero, todo. Un perl6dlco es el hombre, el eiudadano, la civilization, el clelo,
a la tierra, lo present, lo pasado, los crimenes, las grandes acciones, la buena 6
(cmala administration, las neceidades del individuo, la mislon del Gobierno, la
4 historic de todos los tiempos, el siglo present, la humanidad, en general, la-
medida de la civilization de un pueblo.) (N. del E.)
( ) En el articulo a Sangre y mas sangre mas adelante. (N. del E.)





MEMORIES


funcionario tolerado las burlas de los diaries de la 6poca,
y quddase hasta hoy reconocido como un acto frivolo,
indigno del General en Jefe de los Ej6rcitos, y del primer
magistrado de la nacion. Es una pretension insolente de
la detraccion de partido, que se descienda & mostrarle sut
sin razon, lo que no hace mas que darla mayor audacia,
torque pudor y arrepentimiento, Dios se la d6.
Es un hecho hist6rico, que tras del ridiculizado y osten-
toso ensayo de ametralladoras, en las murallas de un
colegio, lo que doblaba el escindalo (I buscadol), el loco
dias. Llevabanle la cuenta los diarios,-y va uno, decian,
y van dos... segun que pasaban los dias, hasta que llegado
el veinte y uno, se interrumpi6 la cuenta, sin que ninguno
de los bromistas, al abandonar el sonsonete, dijese la
causa 6 hiciese la justicia. Para qu6 dar explicaciones
*a esa opinion canalla, como era la que inspiraba las burlas
y la oposicion ?
Estas ocurrencias justificaran el cuidado de un anciano
mentos ignorados i olvidados, a fin de que, sin ese cuidado,
su nombre no quede en lo military, bajo las impresiones
,que revela la frecuente alusion &a la virgen espada
que cii16 por gala, segun parece, por favor cortesano, segun
ia creencia establecida.
Un grande peligro ha corrido el autor de estas pAginas,
salvandose de la.muerte calculada inevitable por el asesino
que arm6 el brazo de los Guerri, con tal furia que revent6
el arma homicide y se salv6 la victim.
El peligro real no era tan solo de perder la vida, sino
la fama de hombre de pro siquiera, por el g6nero de
muerte que le preparaban. El Juez del Crimen Dr. Bunge,
debiendo pedirle ciertas declaraciones, vali6se de precau-
ciones oratorias, & fin de no excitar los nervios con el
relato.
De tal manera estaban empavonadas de acido prdsico'
las ocho balas que encerraba el trabuco aun no descargado'
-que el Dr. Puiggari, nuestro c6lebre quimico, habia decla-
rado que aun los espectadores que las tuviera en sus matos
si por casualidad se hubiesen enseguida tocado el lacrimal
del ojo habrian caido fulminados. Un razgufio hecho en





OBRAS DB SARMIENTO


el cutis por la bala habria dado igualmente la muerte (I).
Y bien; el peligro inminente que ha corrido con los
Guerri, 6 con la opinion pdblica entonces, ha estado en
que si le rosa la piel una de esas balas, el Coronel
D. F. Sarmiento resultaba haberse muerto del susto pro-
ducido por el estampido del trabuco, pues la ligera con-
tusion recibida, no bastaba A explicar el hecho, y no habia
de concebirse possible que las balas estuviesen envenenadas
por la tranquila prevision del artist inventor del crime
politico; y no se habria capturado A, los asesinos ni veri-
ficado que el pufial de reserve estaba empavonado de una
gruesa capa de estticnina.
Este fu6 el gran peligro y habria sido la gran gloria
del facultativo matar eni el cuerpo y en el alma al que,
al decir de ellos, y vive Dios que tenian razon fu6 el
alnico obstdculo para. que el asesinato del General Urquiza
por el chambelan de palacio, no fuese el camino para
subir al mando y restablecer el reinado del terror.
La opinion pdblica les habria ayudado con sus c6nje-
turas y su buen sentido. i Morir de un susto I La prueba
era evidence; ningun 6rgano vital habia sido tocado, y
sin embargo se Ie encontraba muerto I
Y bien; los militares no guardian recuerdo ni del peligro
que corrieron en medio del fuego, y salvo los reclutas antes
de foguearse, no tienen idea de la muerte durante el corn-
bate. Aun el peligro de muerte por sorpresa 6 cuando el
entusiasmo ha sido excitado, pasa desapercibido 6 es afron-
tado sin pestafiar.
El asesinato de los Guerri, ni aun en el recuerdo nos
dej6 impression de espanto tan justificable. Al ver oscu-


(1) El juez de la causa remiti6 A Sarmiento para que las conservase, A mas de
un trozo del trabuco estallado, tres balas con la sigulente nota : a No. I; bala
" sacada de uno de las dos pistolas que se tomaron cargadas, la que apesar de
a estar mordida, result no estar envenenada, segin el analisis quimico A que fu6
" sometida.-No. 2, Cortado, envenenado con sublimado corrosive (cloruro, mer-
, cdrico) sacado del trabuco que se tom6 cargado, pudiendo producer la muerte
" el contact del veneno que contlene, ya sea con una herlda 6 con alguna part
a dpllcada del cuerpo.-No. 3, Cortado de la misma procedencia que el anterior,
" examinado por el Dr. Pulggari y que present un agujero que estaba lleno de
m sublimado corrosivo.a)
Conservamos todaviaesas plezas. (Nota del Editor).




Full Text
xml version 1.0 encoding UTF-8
REPORT xmlns http:www.fcla.edudlsmddaitss xmlns:xsi http:www.w3.org2001XMLSchema-instance xsi:schemaLocation http:www.fcla.edudlsmddaitssdaitssReport.xsd
INGEST IEID EA73S50J5_0Z9U5L INGEST_TIME 2012-08-30T14:14:09Z PACKAGE AA00010664_00048
AGREEMENT_INFO ACCOUNT UF PROJECT UFDC
FILES