Obras de D.F. Sarmiento

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Material Information

Title:
Obras de D.F. Sarmiento
Physical Description:
53 v. : ; 25 cm.
Language:
Spanish
Creator:
Sarmiento, Domingo Faustino, 1811-1888
Montt, Luis, 1848-1909
Belin Sarmiento, Augusto, 1854-1952
Publisher:
Belin
Place of Publication:
Paris
Publication Date:

Subjects

Subjects / Keywords:
Education   ( lcsh )
Politics and government -- Argentina -- 1860-1910   ( lcsh )
Economic conditions -- Argentina   ( lcsh )
History -- Argentina -- 1860-1910   ( lcsh )
Genre:
non-fiction   ( marcgt )
Spatial Coverage:
Argentina

Notes

General Note:
Vol. 1-6 "reimpresion" 1909.
General Note:
Vols. 1-6 have imprint: Paris, Belin hermanos, 1909; v. 7-49: Buenos Aires, Impr. "Mariano Moreno" 1895-1900 (v. 7, 1896); v. 50-52: Buenos Aires, Marquez, Zaragoza y cia., 1902; v. 53: Buenos Aires, Impr. Borzone, 1903.
General Note:
Vols. 1-7 comp. by Luis Montt ; v. 8-52 and index comp. and ed. by A. Belin Sarmiento. Cf. "Advertencia"," v. 1.
General Note:
Vols. 7-52 "publicadas bajo los auspicios del govierno arjentino."

Record Information

Source Institution:
University of Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
oclc - 04759098
ocm04759098
Classification:
ddc - 982
System ID:
AA00010664:00015


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OBRAS



D. SARMIENTO

D. F. SARMIENTO


PUBLICADAS BAJO LOS AUSPICIOUS DEL GOBIERNO
ARGENTINO



TOMO XVI
(Nueva7 edicidu)



PROVINCIANO EN BUENOS AIRES
PORTENO EN LAS PROVINCIAS


BUENOS AIRES
LIBRERIA LA FACULTADD, JUAN ROLDlN
436 FLORIDA 436
1914



















ESTADO DE LAS REPUBLICAN SUDAMERICANAS

A MEDIADOS DEL SIGLO




Memorla al Instituto Hlst6rloo de Franola sobre la cuestl6n d6olma
del program de los trabajos de la primer clase fijado en 1852




cQuelle est la situation actuelle des rdpubli-
ques du centre et du sud de l'Amerique.s (1)


INFLUENCIAS EXTERNAS QUE OBRAN SOBRE LA MARCH DE LOS
SUCESOS Y EN LA POLfTICA DE LAS REPfIBLICAS HISPANO-
AMERICANAS.


No s61o la existencia de estos paises, sino los movi-
mientos que los agitan, se ligan A las mAs altas cuestiones
que han dividido al mundo de cuatro siglos A esta parte


(1) A monsieur Renzi, administrator del Instituto Hist6rico de Francia.-Seior y
honorable colega: Su carta-circular anunciando a los miembrosAel Institutoel program.
ma de los trabajos, fijado en Julio de 1852, no me ha legado con el Investigateur de la
misma epoca, sino despues de fenecido el termino acordado para la remisi6n. No siendo
mi animo concurrir al premio, he querido s61o, al tratar la ddcima de las cuestiones
propuestas a nuestra clase, mostrar a mis honorables concolegas el deseo de cooperar,
aunque d4bilmente, a mantener vivo el interns por los studios que entran en la espe-
cialidad del Instituto, y acaso responder por mi parte al lamado, si en la elecci6n de la
material que escojo para tratar, el Comite Central ha querido provocar sus various con-
colegas de la America del Sur a que aprovechasen de la ventaja que su residencia en el
teatro mismo de las escenas americanas les da para suministrar datos que la ciencia
pueda elaborar y elucidar.
Dignese, pues, honorable colega, presentar en primer ocasidn este trabajo, que ni
tiene ni puede tener otro merito que ser ejecutado en medio de los trastornos que des-
cribe, y al resplandor naciente de las esperanzas de un mejor orden de cosas.
He entendido por centro y sur de la America las colonies espafiolas, y A ellas en
general se refieren mis observacioncs, en lo que no sefalo como peculiar A una loca-
lidad.
Ruego a usted, senior y honorable colega, se digne aceptar ia seguridad de mi distin-
guida estimaci6n.
Yungai (Chile), Mayo 25 de 1853.
D. F. Sarmiento.





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y que en 18io trajeron por resultado su segregaci6n de
la monarquia espafiola y la proclamaci6n de la Repdiblica,
como su iinica forma possible de gobierno.
Salidas, empero, de las luchas de la independencia,
aisladas entire si, sin ideas propias de gobierno, asedia-
das de dificultades, solicitadas por el deseo de romper con
todas las trabas de un pasado de obscuridad, de ignoran-
cia y de arbitrarismo, y retenidas por las ambiciones per-
sonales que se desenvolvian, muchos gobiernos americanos
volvieron los ojos A esa Europa, desde donde habian par-
tido los primeros colonizadores, en busca de una regla, de
un principio de political que pudiese guiar la political ame-
ricana en el laberinto de intereses y de resistencias que
embarazaban su march.
La Europa, despu6s de 1815, acertaba a salir, como la
America mas tarde, de una conflagraci6n general, de una
revoluci6n que en sus principios y consecuencias habia
tambi6n, como en America, puesto en cuesti6n las antiguas
bases del gobierno de las sociedades. A la caida de Na-
pole6n, la Francia, desangrada y empobrecida por sus
pasadas victorias y sus recientes derrotas, hubo de darse
un gobierno nuevo, en que entraba de hecho el principio
de la legitimidad monArquica, vencido y guillotinado por
la revoluci6n del 89, que A su turno habia sido vencida
por sus propios excess y encadenada por el genio de las
batallas. Dos enemigos antiguos, pues, se encontraban en
presencia, uno y otro dilacerado, uno y, otro dudando de
la verdad absolute que representaban. No pudiendo ven-
cerse uno A otro: la legitimidad, porque venia A encon-
trar las ideas liberals muy avanzadas para retrogradar A
los tiempos de Luis XIV; las ideas de libertad, porque el
soberano legitimo les era impuesto como capitulaci6n y lo
apoyaban mill6n y medio de bayonetas, obr6se lo que los
norteamericanos llaman un proviso, que es un compromise
que celebran dos tendencies opuestas (la esclavitud y la
abolici6n, por ejemplo), para mantenerse en ciertos limi-
tes. El rey por la gracia de Dios, seg6n 6l, consinti6 en
someter su autoridad A una constituci6n, que, exceptuando
una sola palabra (otorgada), reconocia casi todas las li-
bertades populares. Asi, pues, el principio legitimista era
consentido, pero no reconocido en principio por la naci6n,





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admitiendo el hecho de su existencia, y las libertades cons-
titucionales eran A su vez consentidas, pero no reconoci-
das en principio por el rey, reservandose el derecho de
otorgarlas.
Merced A este pacto tAcito, aconsejado por el cansancio,
sancionado por la necesidad de paz, la Francia crey6 en-
contrar una soluci6n A las dificultades del moment, guar-
dAndose cada uno de los principios antagonists para me-
jorar su situaci6n en favor de mejores circunstancias.
Este proviso fu6 el origen de un sistema de political, que,
adquiriendo cada dia mAs robustez, concluy6 por ser el
principio fundamental de la political de una gran parte
de las naciones cristianas constituidas. Crey6se, cuando
fue ilustrado por los mas hAbiles estadistas, que se habia
encontrado el verdadero secret de hacer marchar la liber-
tad y la civilizaci6n sin comprometer el orden interno, sin
destruir de un golpe el edificio de lo pasado, incrustAn-
dole las nuevas ideas, reparAndolo con nuevos materials,
hasta que, el tiempo andando, se encontrara todo rehecho,
renovado y sus parties en armonia con los progress de la
humanidad.
Tan convencidos se mostraban en este punto los partidos
divergentes, que Chateaubriand, legitimista, anunciaba,
sin embargo, su creencia de que la Repiblica era el go-
bierno del porvenir, y A Luis Felipe, al anunciarlo al pue-
blo como rey constitutional, lo llamaba Laffitte la verda-
dera repibllica.
Este proviso tom6 mAs tarde el nombre de doctrinarismo,
juste-milieu y sus sostenedores se llamaron conservadores
con relaci6n al orden, que era el terreno neutro en que
todos los partfdos estaban de acuerdo, y a la paulatina
sustituci6n de instituciones nuevas, en reemplazo de las
tradicionales, A media que fuesen debilitAndose y perdien-
do su actualidad.
Esta teoria, verdaderamente conciliadora, se esparci6 por
todos los otros paises y fu6 la norma de todos los gobier-
n6s, pues que admitia en su seno sin chocarse los princi-
pios adversos, las ideas atrasadas y las de progress, A
condici6n de no traducirse en hechos inmediatos y violen-
tos. Aseguraba la libertad A todas las ideas para dilucidarse
y buscarse proselitos, tanto en favor de la libertad como





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para combatirla; tanto para la repdblica como para la mo-
narquia misma.
La monarqufa legitima y constituida no pudo resistir,
empero, quince afios a la acci6n disolvente de uno de sus
principios. La revoluci6n de 1830 desbarat6 el gobierno que
reposaba sobre aquella base, conculc6 el orden que se pro-
ponfa asegurar y de sus ruinas surgi6 una nueva monar-
qufa, no ya legitima, sino electa, como para remediar el
mal aparente de la primera.
La revoluci6n de 1830, apenas inciada, el principio con-
servador Ia domin6 y la hizo abandonar A su propia suerte
todas las revoluciones que habia engendrado, A fin de no
ser tachada de revolucionaria. El juste-milieu fu6 entonces
proclamado como el muelle central de la political, y Guizot,
Thiers, Barrot, Salvandy y tantos otros estadistas, se hicie-
ron las luminarias del mundo para cimentar la doctrine
que, en sus progresivas conquistas, atrajo al Papado mismo
y A la desp6tica Prusia a otorgar constituciones 6 incorpo-
rarse en la gran familiar de los pueblos asi constituidos.
Pero en medio de los triunfos y conquistas que el prin-
cipio hacia, la b6veda central se vino abajo y una segunda
dinastia destronada, una segunda perturbaci6n del orden,
mAs ruinosa que la primera, vinieron A poner en conflict
A la Europa, sin disminuir en un Apice el credito del prin-
cipio. Si en la revoluci6n de 1830 se descart6 la legitimi-
dad como la causa del mal, en la de 1848 se descart6 la
monarquia misma; pero la republica que sali6 del trastorno,
si bien vacil6 un moment, luego se proclam6 decidida-
mente conservadora, abandonando a su propia suerte al
resto de la Europa arrastrado en el movimiento y desco-
nocidos los tratados de 1815 en principio, sin romperlos en
la prActica.
El golpe de estado de Diciembre de 1852 fu6 la ruptura
de aquel pacto celebrado en 1816, robustecido en 1830,
confirmado en 1848, para vivir en paz los principios libera-
les y reaccionarios, apoderAndose uno solo de ellos desde
entonces de los destinos de la Europa entera.
Pero desde el moment en que el jefe del Estado en Eu-
ropa dice: .El Estado soy you, cuando el poder se consti-
tuye sobre las bases en que estaba antes del 89, las repi-
blicas sudamericanas no pueden, sin dejar de ser repi-





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blicas, admitir ni el principio politico ni las doctrinas que
lo sostengan.
Este desenlace 6, mas bien, esta absorci6n de un prin-
cipio en otro, pone,. nuestro ver, un t6rmino A las in-
fluencias de principios politicos europeos en America, que
no pueden seguirse sin confesarlos, y confesarlos seria ne-
gar 6 comprometer el principio americano. Quidnes serian
ahora los expositores de la nueva doctrine como los tuvo
la que le precedi6?
Las revoluciones europeas de 1848 adelante no tuvieron
ocasi6n de ejercer influencia visible en las repiblicas sud-
americanas, ya por su pasajera duraci6n, lo que les quitaba
el prestigio necesario para hacer autoridad, como por las
ideas extremes que se proclamaron en Francia y que en
Amdrica no tenian fAcil entrada en los Animos. Un movi-
miento revolucionario en Chile coincidi6 con aquellos sa-
cu'dimientos, mas bien que ser fruto de ellos; si bien pudie-
ron servirle de estimulo y prestarle medios de acci6n y
nombres. Los de las repiblicas del Plata, contemporaneos,
eran desenlace necesario de cuestiones muy antiguas, y el
movimiento legislative y social de Nueva Granada, que la
prensa europea ha tachado de rojismo, me parece que se
liga A otra series de influencias externas, de que me ocupa-
r6 luego.
D6bense sefialar las influencias que ejercen unos Esta-
dos americanos sobre los otros, aunque sean apenas sen-
sibles. La Repdblica Argentina y el Uruguay son dos ge-
melos, ninguno de los cuales se agita sin despertar al otro
6 impresionarlo con igual vivacidad. La historic de veinte
afios de independencia reciproca es la de veinte afios de
esfuerzos ruinosos para romper esta mancomunidad y prue-
ba su existencia inevitable. Bolivia, el Peru y Ecuador se
encuentran envueltos hace ainos en un sistema de political
que los hace interesarse en los movimientos interiores de
cada una, no sin que de vez en cuando se traduzcan en
guerras las antipatias political de sus respectivas adminis-
traciones. La tirania argentina, tan ruidosa 6 insolente en
su capricho, no dej6 de ejercer una influencia latente en
algunos Estados, aunque la amenaza que estuvo siempre
pendiente sobre aquel gobierno absurdo estuviese A la ex-
pectativa del 6xito final. La influencia mAs benefica que





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un Estado americano ha podido ejercer sobre los vecinos
Estados ha siao muchos afios la de Chile. La prolonga-
ci6n de su tranquilidad interior, sus victorias en el exterior,
el brillo de su prensa, la importancia commercial de Val-
paraiso y muchos progress legislativos y materials lo
hicieron, por much tiempo, un objeto de atenci6n para los
otros Estados y un modelo de gobierno. Desgraciadamen-
te, las iltimas conmociones, tray6ndolo A la categoria de
los otros paises convulsionados, ha hecho disminuir la con-
fianza que antes se tenia en la bondad de sus instituciones,
y la march mis 6 menos liberal, mAs 6 menos reaccio-
naria, que adopted en adelante su gobierno, sera material de
studio, de simpatia 6 aversi6n para los otros Estados; pero
no ya una de esas influencias externas que, impregnando
la atm6sfera, se constituyen en autoridad, blanco y guia.
Chile, en este sentido, entra de nuevo en la via de los ex-
perimentos, y en material de experiments, despu6s de las
ideas intermediaries que rigieron el mundo politico, todos
los otros sistemas estan esperando ain la sanci6n del tiempo.
R6stanos sefialar una otra influencia externa que obra
sobre una parte de la Am6rica del Centro y del Sur, des-
tinada A obrar con mAs actividad y fuerza cada dia, y, A
nuestro juicio, la inica incontrastable, la dnica definitive y
eficaz; diremos mis todavia, la inica que acabara con las
incertidumbres y vacilaciones de la political de estos Esta-
dos. Hablo de la influencia de las instituciones de los Es-
tados Unidos de Norte Am6rica, y al hablar asi necesito
mostrar las razones en que me fundo.
Las influencias que ejercen los movimientos del mundo
civilizado sobre toda la masa no esperan, por desgracia,
que los pueblos est6n preparados para recibir la impul-
si6n que dan. Las colonies espafiolas no estan preparadas
para la independencia, y sin embargo, en 18Io, el sentimien-
to, el intent mismo estaba en el espiritu de los colonos,
desde M6jico hasta Chile. La coincidencia y simultaneidad
de las insurrecciones lo muestra, y hasta en un mismo dia
estallaron movimientos revolucionarios en distintos puntos
del continent. Las colonies norteamericanas se habian in-
surreccionado con 6xito y todas las colonies siguieron la
impulsi6n. Asimismo, las libertades norteamericanas estAn
destinadas A ejercer una influencia tanto mis active en





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la America del Sur cuanto que las influencias europeas se
hacen sospechosas por la direcci6n absolutista que han to-
mado, y estas otras vienen apoyadas en los prestigious que
una riqueza y poder cada dia mAs sorprendentes, difundi-
das por el espectaculo de su grandeza creciente, de su tran-
quilidad imperturbable, y por la invasion pacifica de su
industrial y sus industriales hacen por todas las costas de
la America del Sur. En cuanto a la duraci6n de esta in-
fluencia y en cuanto A su acci6n diaria sobre esta parte
del mundo, basta examiner la march que Ileva y las ins-
tituciones 6 intereses que le sirven de lastre. Los Estados
Unidos se han levantado de la noche A la mafiana y Ile-
gado A contar en setenta .aios veinticinco millones de ha-
bitantes. Por una ley infalible de su extraordinario acre-
centamiento, cada veinte afios dobla su poblaci6n, por lo
que dentro de veinte afios contarA, acaso antes, cincuenta
millones de almas. Dentro de veinte afios ninguna naci6n
de la Europa culta y occidental tendrd cincuenta millones
de almas. Los Estados Unidos seran, pues, y son ya la
primera naci6n del mundo, por su poder y por su prestigio.
Los veinticinco millones de habitantes que tiene hoy
son todos educados, y no hay naci6n del mundo que tenga
diez millones de habitantes educados. Los veinticinco mi-
Ilones son 6 propietarios 6 poseedores de capital 6 de una
industrial productive, y no hay naci6n en el mundo que
tenga tres millones de hombres que vivan exentos de es-
casez y necesidad; por tanto, sus veinticinco millones equi-
valen hoy A cincuenta millones de otra naci6n por su ca-
pacidad para obrar, para producer, para enriquecerse, influir,
vencer resistencias y dominarlas.
Su territorio abraza ya medio continent, y cada dia se
le incorporan Estados que salen de su seno como p6lipos,
6i otros que vienen de afuera A pegArsele atraidos por su
magnetismo, y aunque hubieran los Estados Unidos de se-
gregarse en dos 6 mAs confederaciones, no siendo el poder
de sus armas lo que constitute su influencia, sino los ele-
mentos que encierra en instituciones, industrial y fuerza de
dilataci6n y de asimilaci6n, la influencia como blanco, guia
y modelo no disminuiria por eso, como lo mostraremos
luego.
Panama, que era una ciudad arruinada, y el istmo un





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camino abandonado, han vuelto A la vida, A la prosperi-
dad y el engrandecimiento, poblados sus puertos en am-
bos mares de naves, sus caminos cubiertos de transeuntes
como jubileo, sus calls obstruidas de gentes, sus casas
escasas para tanto gentio, y Nueva Granada, influenciada
por este contact diario, ha remodelado sus instituciones
republicans, de manera que se armonicen con los prin-
cipios fundamentals de las instituciones norteamericanas y
evitar las colisiones que tan fatales fueron A M6jico desde
que se puso en contact inmediato con la Uni6n.
Chile se cubre de caminos de hierro que construyen y
proven norteamericanos; sus costas de molinos, cuyas mi-
quinas introduced norteamericanos; sus puertos de buques,
que traen norteamericanos.
La acci6n conservadora 6 revolucionaria de la Francia
se ha ejercitado en el mundo civilizado por sus libros y sus
revoluciones. La de los Estados Unidos se ejerce por el
contact de sus ciudadanos, por los resultados de su in-
dustria y por aquella fe que sus instituciones inspiran en
cuanto al poder que representan y A la duraci6n que ofre-
cen. En este sentido, si el movimiento de Nueva Granada
fuese calculado por una political previsora, puesta en acci6n
por la influencia del contact con la Am6rica del Norte,
el epiteto de rojismo es tan aplicable A ella como A los Es-
tados Unidos mismos.
Tal es el hecho material que se present A la vista, la
influencia que atrae, el espiritu que se insinfia por todos
!os poros de la sociedad y que cada dia cobrarA mayor
consistencia y mayor fuerza. La Am6rica del Sur, pues,
tiene su principio de gobierno encontrado, su tendencia
fatal, inevitable, porque nadie podrA estorbarla; porque alli
va el mundo americano; porque va A dominar, a. sobrepo-
nerse A toda otra influencia exterior; porque cada dia sera
mAs fuerte 6 irresistible.
Estas influencias no son political, sino individuals. El
gobierno norteamericano puede mostrarse indiferente A ellas,
y aun puede contrariarlas; pero el foco de la acci6n, el
individuo no serA por eso menos active, menos ardiente
en sus prop6sitos. Gusto de reproducir el pensamiento in-
timo norteamericano tal como 61 mismo se siente rebullir
en el alma ain de los hombres menos dispuestos A darle





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empuje. Un hombre de paz, un ap6stol de la edueaci6n
universal, Mr. H. Mann, se expresa asi: (Pasar 4d hablar
del estimulo que en este pais se aplica d las propensiones,
y de la carrera libre, sin freno, sin limits, abierta a su
actividad. En todas las naciones qtte han existido, sin ex-
ceptuar Grecia y Roma, el espiritu de las masas ha sido
obstruido en su desarrollo. Entre millones de hombres,
s61o media docena de individuos, a veces un individuo solo,
han estado en actitud de vomitar la lava de sus pasiones
con fuerza volcAnica. Estos pocos hombres han sido los
Faraones, los Nerones, los Napoleones de la raza. El resto
ha sido sometido A un sistema de ceguedad, de mutismo,
de vegetaci6n. Como una inevitable consecuencia de esto,
el alma de los hombres no ha mostrado ni la mil6sima parte
de su energia. Los hombres malos han pululado en la
tierra, es verdad, pero eran hombres d6biles. Los resulta-
dos que da la historic son inadecuados para juzgar lo que
la voluntad puede hacer, en bien 6 en mal, cuando los
instruments sean puestos en sus manos y tenga el mundo
entero por esfera de acci6n, instruments tales como las
artes mecanicas, un lenguaje altamente cultivado, con la
general capacidad de leer y escribir, armas de fuego, vapor,
cafiones, la prensa, la posta... Ha pasado la 6poca de las
opinions heredadas. La actual generaci6n de hombres, la
generaci6n que va a ocupar la escena por estos cuarenta
afios, dejara obrar sus deseos mAs plenamente, con mis
actividad que ninguna generaci6n de hombres que haya
existido jams. Ya resuena en nuestros oidos el paso de
esta hueste innumerable...,)
De done el autor concluye que es precise apurarse a
morigerar esos deseos por la educaci6n universal; pero
para mi objeto s61o me interest mostrar la fuerza agent
de cuatro, seis, diez millones de espiritus emprendedores,
que invaden y continuarAn invadiendo la America del Sur,
como teatro adecuado a la industrial y mas a mano que
el Asia 6 la Oceania. Webster, tomando la misma doctrine,
arriba al mismo resultado. (Esta libertad, decia en un dis-
curso inaugural, es caracterfstica, peculiar y enteramente
americana. Nada igual ha existido en los anteriores tiem-
pos; mientras que entire nosotros sus principios se han
identificado en el alma de cada individuo y ligado con nues-





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tras opinions diarias, hasta convertirse, por decirlo asi, en
un element de vida tanto social como politico; de manera
que a cualquier pals que un ciudadano norteamericano se
transport, Ileva consigo, plenamente desenvueltos en su
inteligencia y experiencia, nuestros principios y opinions
norteamericanos, y esta en actitud, con la cooperaci6n de
otros, de aplicarlos i la formaci6n de nuevos gobiernos.,
Y los hechos que hemos presenciado en California, Tejas,
Nuevo M6jico, me parece que son-garantes de la verdad
del anuncio y del poder de esta influencia externa sobre
el porvenir de la Am6rica del Sur; debiendo notar que
dondequiera que se ha eiperimentado, el estado cr6nico de
revoluci6n 6 incertidumbre ha cesado, sucedi6ndosele la
libertad y la prosperidad unidas. M6jico arde en la -guerra
civil y sus tres ramas desgajadas florecen a su lado en paz.
Creo explicarme este hecho por dos causes: primera y
principal, que el principio de gobierno introducido es bue-
no en si, verdadero en la prActica y no prime interns
ninguno. La otra causa me parece venir de la sanci6n, que
a la bondad del principio da la prosperidad del resultado
y la fuerza y poder que rodea al Estado que lo inculca,
sostiene y proclama. La tirania se ha sostenido en el mun-
do, la monarquia misma por el esplendor de que se ha
rodeado siempre. No era possible despreciar A Luis XIV,
que tenia la sanci6n de las artes, de la victoria y del lujo,
aunque el desenfreno de sus pasiones de ostentaci6n con-
dujesen a la Francia i la bancarrota. Ni contra Luis XV
podia sublevarse el sentimiento del disgusto moral, en me-
dio del acatamiento del mundo, aunque hubiese descendido
el iltimo escal6n de la degradaci6n humana.
Este principio de gobierno tiene, ademis, cimientos tales
de permanencia, de predomrinio y de duraci6n, que si un
nuevo cataclismo politico hubiera de sumir en la barbarie
y en los despotismos asiAticos A la Europa, el principio
sobrenadaria para fundar un nuevo mundo definitive. Este
principio tiene por base las libertades anglicanas y el idio-
ma y la raza sajona. Ahora, estas libertades, aquella raza
y aquel idioma imperan sin rival en el comercio del mundo.
Componen una naci6n fuerte en Europa mismo; han inva-
dido y dominado los mas ricos territories del Asia; han
torado la impenetrable Africa por el Cabo de Buena Es-





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peranza y por el rio Niger, para vivificarla. En la Ocea-
nia levantan una naci6n poderosa hoy, la Australia, que
para echar sus cimientos saca de la tierra el oro por tone-
ladas y cuenta en un solo afio doscientos mil habitantes
improvisados, y como las colonies inglesas son esencial-
mente repiblicas,, gobernadas por sus legislatures propias
y la madre patria s61o desempefia el papel de nodriza du-
rante la infancia de estos Estados, result que las repd-
blicas modernas tienen dos continents en su poder: la
Am6rica y la Oceania, y formidable destacamentos en las
tres antiguas parties del mundo, con esta ventaja: que ellos
marchan sin revoluciones, mientras todo lo demas se con-
mueve y desbarata A cada moment. No hay, pues, para
la America del Sur otro principio salvador en perspective,
otra estrella polar que seguir en la political, otro padr6n
para pesar la importancia, solidez y valor de sus institu-
ciones.
Al hacer esta enumeraci6n de los dominios de la raza
inglesa he querido s6lo,mostrar todos los puntos del globo
en que estAn encarnados los principios constitutivos de las
instituciones republicans de Norte America. La aristocra-
cia inglesa es un accident local de ias islas BritAnicas. No
sale de alli, no se transmite A las colonies, que son demo-
cracias independientes 6 democracies bajo la tutela de las
leyes y de las libertades inglesas. Estas libertades, siendo
en si un principio bueno de gobierno y apoyAndose en
masa tan enorme de naciones en germen y en contact tan
inmediato con nosotros, constituyen una de las influencias
externas que estAn destinadas a obrar sobre la Am6rica
del Sur.
Aquellas instituciones se fundan sobre las bases mas im-
perecederas y menos sujetas A las circunstancias del mo-
mento: la industrial que asimila la material y la hace, en
mns 6 menos cantidad, parte integrante del individuo, con
la posesi6n de la ciencia y los descubrimientos humans
aplicados en inmensa escala y puestos en manos de todos;
-En Ia desaparici6n de la fuerza como element de or-
den, que lo es igualmente de desorden, absorbiendo su-
mas enormes y exponiendo la vida y la propiedad en sus
desbordamientos frecuentes;
-En la educaci6n primaria, por lo menos, pero univer-





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sal, principio formulado valientemente asi: ((Dondequiera
que entire nosotros exista un ser human con capacidades
y facultades que puedan ser desenvueltas, mejoradas, cul-
tivadas y dirigidas, las puertas de los conocimientos deben
estarle de par en par abiertas y proporcionArsele toda clase
de facilidades, para que entire sin restricci6n por ellasn;
-En la abundancia de terrenos baldios, de repuesto,
para que la sociedad se dilate A media que la poblaci6n
crezca; sin que, como en los Estados europeos, se sienta
venir el dia en que el vaso se Ilene y no admita A los goces
de la vida a un ser viviente mAs. La poblaci6n que de la
Europa desborda es un element de riqueza para la Re-
p6blica, y las deportaciones, persecuciones y expatriaciones
que require allA el triunfo del principio absolute, utilizalos
la Rep6blica para nutrirse con lo mAs alto del pensamiento
europeo, lo incorpora en su seno y lo hace parte de su
fuerza creciente.
Asi, pues, la bandera de la Repiblica va en dos siglos
por una march fatal, ascendente, A mostrarse sostenida
por quinientos millones de hombres fuertes por la educa-
ci6n, fuertes por la posesi6n de los medios industriales mis
avanzados, fuertes por la mAs asombrosa acumulaci6n de
riquezas, fuertes por el dominio de los mares, fuertes por
la energia moral, fuertes por el uso de las armas con mis
perfecci6n que los ejercitos, fuertes por la carencia de la
deuda pfiblica que es la bancarrota de las tiranfas, fuertes,
en fin, por la bondad del principio mismo, por la eleva-
ci6n del carActer del hombre y por las fuerzas descono-
cidas hasta hoy que va A desplegar la capacidad de con-
cebir libremente y la facultad de ejecutar dada A cada indi-
viduo de esta inmensa sociedad de sabios, de ricos y de
sefiores. El president Pierce de los Estados Unidos acaba
de decirlo: Cada ciudadano norteamericano lleva en la
cabeza corona, mAs noble que la de esos reyes y principles
de Europa; y el Senado de Nueva York ha presentado al
Congress de la Uni6n una petici6n para que la diplomacia
norteamericana emprenda, con la Inglaterra, la abolici6n
de la esclavitud, recabar de todos los Estados de la tierra,
para los ciudadanos norteamericanos, el goce de las liber-
tades religiosas de que disfrutan en su patria. Dentro de
veinte afios, pues, si San Pablo volviese A la tierra A en-





PROVINCIANO EN BUENOS AIRES


fiiar un principio nuevo y las resistencias se sublevaran
c6ntra 61, diriales: ((Soy ciudadano norteamericano,; y las
resistencias se inclinarian como otra vez ante el nombre
romano.
No quiero, ni por asomo, insinuar que estos principios
predominan en la political de las repiblicas de Sur Ame-
rica. Indico sdlo una influencia externa que obra ya sobre
ellas, mas 6 menos directamente, con mayor 6 menor acti-
vidad. Roto, atropellado el proviso de las ideas conserva-
doras allA donde tuvieron su origen, su auge y su catAs-
trofe, muerto el principio absolute que se le sustituye en
las ideas, en los intereses, en los hechos. Todo lo que A
este principio se oponga sera una causa de malestar, de
lucha, de desastre; y la tendencia de la political sudame-
ricana debe ser de hoy mAs, no poco A poco, sino de prisa,
preparar el terreno para su complete incorporaci6n. El que
asi no lo hiciere sufrira los dolores, la agonia de Mejico
moribundo, al lado de California regenerada y llena de
vida, de Centro America vuelto al dominio de los indios,
del Paraguay borrado de la lista de los pueblos cultos, del
Uruguay aniquilado, de la Reptiblica Argentina extin-
guiendo a gran prisa su poblaci6n actual para entregar el
terreno a otra mAs capaz de fecundarlo, de aquellos otros
Estados en que los principios que sirvieron de norte para
su colonizaci6n y que estan obrando hasta hoy, los van
matando mAs 6 menos rApidamente, seg6n que se obstinan
en continuar en el mismo camino.
No pudiendo seguir en todos los puntos de la Amirica
espafiola la explicaci6n de esos principios, ni las modifi-
caciones que en mal hora experimentaron, sin salir de los li-
mites de una Memoria, me contraer6 principalmente A la
Repdblica Argentina, como que alli obran con franqueza
y en mAs dilatado campo las fuerzas disolventes y se pal-
pan y sienten las causes y los efectos. Llevame a escoger
este punto de studio, no s61o el interns por mi pais, que
ya seria justificaci6n suficiente, sino el que mis concolegas,
por las largas complicaciones de la Francia en sus cuestio-
nes, estAn m6s familiarizados con lo que a aquellos paises
atafie. En el Archivo del Instituto se encuentra Aspecto fi-
sico, costumbres y hdbitos de la REPITBLICA ARGENTINA, que
tuve el honor de presentar como titulo justificativo para mi
TOMO XVI. -2





OBRAS DE SARMIENTO


recepci6n, y mis dignos concolegas han debido haber A sus
manos la edici6n francesa de Argirdpolis, en que estan con-
signados various hechos geogrAficos 6 descriptivos de la si-
tuaci6n y aspect de las cuestiones political que se agitan
aparentemente en aquellos paises. Con estos antecedentes
mi tarea es mAs fAcil y la explicaci6n de los hechos actuales
mAs comprensible.



ORIGEN Y DIVERGENCIAS DE LAS COLONIES EUROPEAS AL NORTE
6 AL SUR DEL CONTINENT


No necesito, por fortune, ante mis concolegas, mis ver-
sados que yo en la historic europea, traerles de nuevo A la
vista aquel sorprendente cuadro que el mundo present en
el siglo xv, en que, despertada la inteligencia del sopor de
siglos, desenterrados del polvo de estantes ignorados los
legados de Grecia y Roma, y arrojAndose el ingenio por
sendas nuevas, cual quiso como Galileo escudrifiar el cielo,
cual como Bac6n hacer el catAlogo de las ciencias futuras,
cual como Col6n ver la extension de nuestro globo, cual, en
fin, como Lutero interrogar la tradici6n, la autoridad y so-
meterla al escrutinio de la raz6n. Resurrecci6ri sorprenden-
te de lo pasado, asalto audaz dado al mismo tiempo al
porvenir, 6poca supreme ((en que tanto alboroto causaba en
el mundo el hallazgo de un libro de TAcito perdido, como
el descubrimiento de un mundo nuevo,; los prodigies de la
aplicaci6n de la imprenta, como la vista de los sat6lites de
Jipiter, porque todo se acumulaba en aquellos dias: lo pa-
sado y el porvenir, el cielo profundizado y la tierra com-
pletada.
El mundo politico y religioso sufri6 un sacudimiento y
un trastorno con aquella excitaci6n de la raz6n A inquirir,
A conocer, A juzgar, A descubrir. Tantas cosas, que tenian la
sanci6n de los siglos, habian sido puestas en duda, que to-
das, al fin, hubieron de pasar por la criba del raciocinio. La
Reforma fud el grito de alarma; la lucha estall6 de un cabo
al otro de la Europa, y aquella grande unidad politico-reli-
giosa, que sulisistia desde el tiempo de los romanos, frac-





PROVINCIANO EN BUENOS AIRES


cion6 el mundo europeo en tres campos distintos. Paso de
prisa sobre los hechos para arribar a mi prop6sito. Al Norte
de la Europa, concluida la guerra religiosa, las ideas de la
Reforma se establecieron en Inglaterra, como iglesia y prin-
cipio dominant, con el Parlamento y las libertades aris-
tocraticas. En el centro, en Francia y Alemania, la Reforma
y la tradici6n, cansadas de luchar, depusieron las armas,
convenidas en no exterminarse reciprocamente; al Medio-
dia triunf6 absolutamente la tradici6n, la autoridad, el es-
piritu antiguo, sin admitir en su seno principio ninguno
nuevo.
Descubierto el Nuevo Mundo, por una de esas misterio-
sas evoluciones cuya tActica s61o conoce la Providencia, la
Reforma y los principios politicos que habian emanado de
su seno se extendieron al Norte de la America; la tradici6n
y la autoridad tomaron todo el Sur y el Centro. Estos dos
principios de gobierno, el gobierno discutido, resistido, res-
tringido por el individuo al Norte; el gobierno por la auto-
ridad, por la obediencia pasiva, por la unidad de creencia
al Sur, iban A probar su eficacia y solidez. Llamados, empe-
ro, a cotejar sus obras tres siglos mis tarde, el uno presen-
t6 la naci6n mas poderosa y feliz del mundo, la raza huma-
na llevada a su iiltimo grado de vigor y cultural; el otro
s61o ha dejado ver hasta hoy, en un Continente desierto
aun, pueblos degenerados y un caos en que la raza euro-
pea y las classes elevadas han tenido en algunas parties que
ceder su puesto A los indigenas 6 i los negros que trajeron
para su servicio. Ni gobierno, ni moral, ni riqueza, ni po-
blaci6n, ni industrial, ni cultural. Hoy mismo estA casi por
todas parties por colonizarse el pais. Fiasco mAs complete,
descalabro mas vergonzoso no experiment nunca un sis-
tema de ideas.
En el siglo xvIII viajaron por America los sefiores Jorge
Juan y Antonio de Ulloa, encargados oficialmente de exa-
minar el estado de las colonies; y del solo indice de sus
Memorias Secretas puede inferirse el resultado prActico que
habian dado en dos siglos el principio de autoridad discre-
cional y los elements constitutivos todos de la colonizaci6n
de los pueblos del Mediodia. Copio algunos de estos extrac-
tos, por cuanto ellos son la indicaci6n de lo que produjo
la sumisi6n pasiva, base de todo el sistema.





OBRAS DE SARMIENTO


ci6n escandalosa de sus jueces.-Se decide en la audiencia
de Quito un pleito entire frailes por la parte que da mis
dinero.-Causas de esta corrupci6n.-Se juega con la jus-
ticia A discreci6n.
n)Avaricia de los europeos empleados en el Perd y su
tirania con los indios.
nAyuntamientos. Ambici6n de los europeos para entrar
en ellos.
,Barcos. Ignorancia de los pilotos.-Censuras eclesiAs-
ticas para no navegar en invierno.-Impropiedad de estas
excomuniones y el modo de eludirlas.-P6rdida de embar-
caciones, no s61o en el mnar,'sino en los puertos, por descuido
y otras causes.
)Cabellos. Llevan A los indios A los obrajes atados los
cabellos A la cola de los caballos.
,Capitulos de frailes. Sus alborotos escandalosos.-
Causas de estas contiendas.-Son ferias donde se venden
empleos.-Toman partido en ellos hasta los jefes politicos.
nComercio ilicito. Arbitrio indtil para estorbarlo en
Cartagena.-Es mayor en PanamA que el comercio licito.-
Prostituci6n escandalosa de los jueces para consentirlo.-
Hacen los oidores este comercio ilicito.
nComunidades. Poseen muchas fincas contra el bien
del Estado.
nConcubinato. Es general en el Peru.
nCorregidores. Avaricia insaciable de los que van al
Perd.-Sus injusticias en la cobranza de tributos.-Son los
dnicos mercaderes en sus partidos.-Sus ganancias en los
repartimientos.-Las riquezas que acumulan en poco tiem-
po.-Remedio que pudiera ponerse A estos des6rdenes.
nCriollos. Division entire espafioles y criollos.-Es fo-
mentada por los gobernadores mismos.
,Curas. Su avaricia inhumana.-Se apropian los bie-
nes de los difuntos.-Costo de un entierro regular.-Son
causa de la disoluci6n de los indios.-Medios para remediar
estos abuses.
,Curas regulates. Avaricia incredible de estos religiosos.
-Efectos perniciosos de la mala vida de los curas.
,Doctrina. Lo que contribuyen los indios para asistir
A la doctrina.-Modo curioso de ensefiarla.





PROV-INCIANO EN BUENOS AIRES


,Eclesidsticos. Es la clase mas desordenada en el Per6.
-Desprecian A sus prelados y A los jefes civiles.-Se expone
su mala conduct.
,Elecciones. Alborotos que hay en las elecciones de
alcaldes.
))Escuelas. Hay gran falta de ellas en las provincias
del Peru.
nEspadas. Intentan hacerlas en Lima y no pueden.
))Espafoles. Van A la Am6rica pobres y miserables.-
Gozan todos de los fueros de nobleza.-Su ambici6n para
obtener empleos municipales.
),Estancias. Fuerzan A los indios A cuidar el ganado.
nFraudes. Se hacen con el mayor descaro.-Fraude
enorme de los gobernadores de Cartagena.-Mayor todavia
el de la guarnici6n del Callao.
,Frailes. (Suprimo todo el indice).
nFuero eclesidstico. Es causa de la disoluci6n de los
religiosos.
nGobierno. Pocos recursos del gobierno del Peri.-
Muy tirAnico con los indios.-Sus defects son irremedia-
bles.-Los virreyes y demAs empleados no atienden mis
que A sus intereses.-Modo curioso de obedecer y no cum-
plir las 6rdenes del rey.-Origen de los gobiernos.-Cir-
cunstancias que corrompen A los del Peri.
,Intendentes. Les quitan los virreyes las facultades de
su jurisdicci6n.
,Oficios reales. Disimulan el contrabando.-Son nom-
brados por los virreyes.-No se les toma cuenta de los ha-
beres reales.
)Oidores. Reparten entire si las penas de camara.-
Hacen comercio con perjuicio del Estado.-Eluden las 6r-
denes soberanas.
nPdrrocos. Oprimen A sus feligreses con sus pesadas
exacciones.
,Plazas de armas. Su descuido y falta de defense.
u(Provinciales de frailes. Alborotos que causan sus elec-
ciones.-Venden los curatos A los frailes.-Grande utilidad
de este empleo.
,Regalos. Cantidad que los indios estAn obligados A
dar A los curas.
n)Repartimientos. Su perverse establecimiento. Es





OBRAS DE SARMIENTQ


muy cruel el de mulas.-Hacen repartimientos A los indios
de cosas inutiles a precious enormes.
Virreyes. Ceremonies de su entrada pidblica en Lima.
-Su facultad de proveer los corregimientos vacantes.-Abu-
so que hacen de ella.-Cantidad de regalos que reciben en
el dia de su riombre.-Deberia tomArseles residencia en
Espafia.-Privilegios que se deberian coartar.-Abusos que
hacen de su autoridad.,
He' aqui, pues, un sistema de ideas morales, sociales y
political que se juzga A si mismo. Todo el que ejerce poder
6 influencia se deprava.
Este mismo espectAculo presentaba la colonizaci6n en
M6jico y Centro Am&rica en 1625, en que la describe Ga-
ges, fraile irlandes que residi6 nueve afios en aquellas co-
marcas (I), y si tales enormidades han desaparecido en al-
gunas parties 6 mitigAdose en otras, d6bese exclusivamente
a la introducci6n de nuevos principios de gobierno y A la
dislocaci6n de la autoridad colonial, obrada por la inde-
pendencia, introduciendo la responsabilidad de la autoridad
ante la opinion de los gobernados.
Y no es necesario entrar A profundizar las influencias
metafisicas que ejercieron aquellos principios en el por-
venir de las sociedades que fundaron. V6seles obrar en la
superficie de las cosas, en los puntos mas fundamentals y
echar desde el principio los cimientos A la future ruina
de todo el sistema.



OCUPACI6N DEL TERRENO


Descubierta la America, el Sur y el Centro presentan
el espectaculo, desde el primer dia de la conquista, de la
guerra, de la destrucci6n de imperios, de violencias y des-
6rdenes inauditos. Es el mAs meritorio el que mAs des-


(1) Nueva relaci6n que contiene los viajes de Tomas Gages A Nueva Espafia. Unida
a una descripci6n de las tierras y provincias que poseen los espafioles en toda la Ame-
rica, de la forma de su gobierno eclesiAstico y politico, de su comercio, de sus costum-
bres y las de los criollos, mestizos, mulatos, indios y negros.i





PROVINCIANO EN BUENOS AIRES 23

truye, el que mAs abarca, el que mis despojos present.
La ocupaci6n de la Am6rica espafiola se hace en nombre
y en beneficio de la autoridad y del engrandecimiento de
la corona. Cuanto mAs pais se ocupe, mAs bien servida
ha sido aqu6fla. Los colonos son linderos vivos puestos en
esta vasta adquisici6n, y apenas dejadas unas cuantas fa-
milias en un punto, la vida, las fuerzas activas se lanzan
adelante en busca de nuevas tierras para amojonarlas del
mismo modo. En cosa de un siglo estuvo ocupado un pais
que, con los elements de poblaci6n que se le ponian, pedia
cuarenta siglos para que Ilegasen A tocarse unas poblaciones
con otras. Asi, pues, las victims sacrificadas eran desde
su origen las poblaciones mismas que iban A formarse. No
consultado el interns del individuo para situar las ciudades
y los comienzos de las naciones, sino el interns de la corona
y las exigencias de dominaci6n, descuidAronse las razones
de conveniencia mercantil, de viabilidad y provecho. La
obra, pues, de la Revoluci6n de la Independencia ha sido
aniquilar esas ciudades mal colocadas, dejAndolas morir de
inanici6n y fundando otras nuevas en armonia con los
verdaderos intereses de los pueblos; y ya pod6is imaginaros
el trastorno y las resistencias de los pueblos, las families
que decaen sin saber por qu6, la estagnaci6n, la pobreza,
que son el resultado de este lento morir de ciudades que
no tienen para que subsistir. Si no es Montevideo, Buenos
Aires y Valparaiso, que no pertenecen al sistema de colo-
nizaci6n, todo el resto se destruye, except PanamA, que
revive hoy de sus ruinas, except acaso Lima, que puede
traer el Callao A sus puertas por medio de un camino de
hierro.
Contrayendonos A la Repiblica Argentina en particular,
los vacios dejados entire una y otra colonia, con terrenos
sin demarcaciones precisas, debian ser un dia el teatro de
guerras interminables entire pueblos que se separaban entire
si despu6s de la desmembraci6n de la monarquia, llamnn-
dose Estados, s61o porque A causa de las distancias no
se conocian. El vulgo en la Repdblica Argentina ignora
hacia qu6 lado estA el Paraguay, que, sin embargo, fu6 uno
de los primeros puntos ocupados, y seria en vano pregun-
tarle si ha oido nombrar A Charcas, A la Plata, que fueron
parte del virreinato.





OBRAS DE SARMIENTO


La tendencia fatal, pues, de estos paises era separar-
se, fraccionarse, desconocerse. El patriotism, el sen-
timiento de la nacionalidad no lo sintieron cuando colo-
nias, porque no habia la presencia, la vecindad 6 el choque
con otras nacionalidades; no lo hubo despu6s, porque por
las separaciones y las distancias nunca supieron A punto
fijo quidnes eran argentinos. La guerra de la Independen-
cia di6 un poco de vigor A este sentimiento en los puertos
y en los ej6rcitos y en la clase culta poco numerosa; pero
se debilitaba en las provincias remotas, y salvo cuando la
guerra toc6 A sus fronteras, hubieran dejado perecer la
Repdblica y cubrirla de vergiienza en las derrotas sin pres-
tarle ayuda. Las trece provincias, es decir, los trece pu-
fiados de poblaci6n escasa que quedan al fin nominalmente
unidas, diseminadas en cerca de un mill6n de millas cua-
dradas, jamAs pudieron concurrir A un fin, contrariAndose
las unas A las otras, contrabalanceAndose y anulando los
esfuerzos por la imposibilidad de entenderse A tan largas
distancias. Por qu6 se fundaron San Juan y Mendoza
donde estn ? Porque un dia los conquistadores de Chile,
viendo la cadena majestuosa de los Andes A su Oriente,
se dijeron unos A otros: : Pasemos? Pasaron, y arrojaron dos
pueblos al otro lado, sembraron dos calamidades que tres si-
glos mAs tarde debian regarse con lAgrimas y sangre. A Tu-
cumAn llegaron los aventureros del Peri, buscAndole fin A
aquella tierra eterna que se dilataba delante de ellos, y donde
se aburrieron de caminar y hallaron agua para sus caballos,
echaron cimientos de colonies en memorial de sus hazafias.



PROPIEDAD TERRITORIAL


Cuando las naciones europeas descubrieron el Nuevo
Mundo present6se en grande una grave cuesti6n de dere-
oho de gentes que la antigiiedad no habia examinado.
Los fenicios habian colonizado en las costas de Grecia,
Espafia y Africa, fundando factorias para su comercio; los
griegos las costas del Asia Menor y las islas del Medite-
rrAneo, sembrAndolas de ciudades; los romanos invadieron





PROVINCIANO EN BUENOS AIRES


el mundo civilizado en setecientos afios y le dieron sus le-
yes. Pero todas estas colonizaciones no habian tocado con
el mundo salvaje, que se descubria por la primera vez A
los ojos europeos cuando Col6n descorri6 la cortina que
lo ocultaba..Un mundo mayor que el conocido era el ob-
jeto de la ocupaci6n. A quidn pertenecia ? Z Tienen derecho
A la tierra, los salvajes, los d6biles, las razas inferiores ?
La conciencia europea respondi6 unanimemente: no. La
tierra pertenece al descubridor civilizado, al que primero
la vi6; y cuando dos descubridores disputaban entire si por
qui6n la habia visto primero y hasta d6nde llegaba el de-
recho resultante de este acto, el Papa, en nombre de Dios,
dnico poseedor legitimo de la tierra no ocupada por razas
cultas y fuertes, sefial6 un grado de la esfera para linea
divisoria entire adquisiciones que tan fAcilmente podian ha-
cerse. Otra cuesti6n se present luego. A quidn pertenecen
los hombres que viven en esa tierra? Son hombres? Un
tribunal de conciencia en Espafia decidi6 que no eran hom-
bres, y la conquista obr6 en consecuencia. Los mat6 en
unas parties, los despoj6 de cuanto poseian en todas, escla-
viz6 A los que les sobrevivian, y esclavos primero, siervos
despues, salvajes siempre, los incorpor6 en su poblaci6n.
En las colonies sajonas, con ideas mas avanzadas sobre
la dignidad "del hombre, aunque salvaje, la raza europea
fud poco A poco arrorlindolos delante de si, dejAndoles
una libertad que s61o en mal de los indigenas debia obrar,
confiando A la ley fatal de la civilizaci6n el encargo de
aniquilar lentamente A las razas inferiores. Cuesti6n terri-
ble que pesa ain hoy sobre toda la America y que resol-
verAn las necesidades de la propia conservaci6n.
De un modo 6 de otro, quedaba el terreno despejado
delante de los colonizadores; ; pero qu6 terreno, qu6 exten-
si6n inconmensurable! i La Europa toda era s6lo una pro-
vincia en extension, comparada con la magnitude de esta
tierra que iban A poblar! Ya hemos visto como la corona
espafiola, la idea de dominio politico, emprendia de un
golpe por el Sur, el Norte, el Occidente y el Oriente, por el
centro del continent, por las islas de las Antillas, ocupar,
poseer, sin poblar. Toda la poblaci6n de la Espafia trans-
portada A Amdrica era poca para la realizaci6n de este pro-
yecto insensato. La sociedad iba A desparpajarse, la civi-





OBRAS DE SARMIENTO


lizaci6n A desvanecerse en una barbarie que crecerfa con los
siglos, A media que se alejasen las poblaciones de las costas
y fuesen olvidando las prActicas, las artes, hasta las pala-
bras del idioma que habian traido.
i Que distinto espectAculo presentaba la colonizaci6n del
Norte de la America! Pequefios grupos de sacerdotes lle-
gaban de dia en dia A sus costas. Sacerdotes todos llenos
de fe en sus creencias: huyendo de un mundo demasiado
profano para ellos, A fundar otro que habia de ser el mundo
definitive, la glorificaci6n de la libertad, de los derechos
del hombre, de la dignidad y de la elevaci6n de la raza
humana. Sacerdotes como lo fueron todos los que en tiem-
pos antiguos lIevaron la civilizaci6n de un punto A otro;
sacerdotes como Mois6s y sus secuaces, que desde las pira-
mides de Egipto salian con el germen del cristianismo, como
los padres peregrinos que, reunidos A la sombra de una
encina, donde hoy estA Boston, meditaban en el recogi-
miento y contemplaban a lo lejos la visi6n de la libertad
humana, por los Estados Unidos. ((Deseo, decia Guiller-
mo Penn, al fundar la colonia de Philadelphia (Philos,
amor; adelphos, hermano), mostrar hombres tan libres y
tan felices como es possible que lo sean,, y A su colonia y
A sus leyes les llamaba siempre el ((SANTO EXPERIMENTO)).
((Aqui, escribian los reci6n Ilegados A los paisanos de Ale-
mania, de Inglaterra y de Suecia, podemos adorar A Dios
segin los dictados del principio divino, libres de los errors
rutineros de la tradici6n; aqui en paz y recogimiento podre-
mos reposarnos en el regazo de la naturaleza no adulte-
rada; aqui podremos mejorar un inocente sistema de vida,
sobre campos eliseos aun virgenes.,
Los reyes de Inglaterra hicieron con mAs profusi6n, si
cabe, que los de Espaia, concesiones de terrenos A sus fa-
voritos, A compafifas de especuladores, A nobles para fun-
darles condados y mayorazgos; pero el principio fundamen-
tal de la colonizaci6n inglesa, el interns del colono, redujo
estas concesiones A la nada y sujet6 la distribuci6n de la
tierra A la ley orgAnica de la sociedad, la poblaci6n, la ve-
cindad de las habitaciones, las facilidades del transport,
la proximidad de la costa. Guillermo Penn disputaba al
lord York, con tenacidad extrafia A la generosidad de su
carActer, un pedazo de terreno; y como le echasen en cara





PROVINCIANO EN BUENOS AIRES


esta codicia de un terreno inculto: c(No lo hago por la tie-
rra, decia; es por amor del agua,. Equivoco sublime que
encerraba toda la economic political de la colonizaci6n;
queria tener por limited de sus posesiones la costa de un rio
navegable. Las colonial libres norteamericanas no se ale-
jaron, pues, de la costa del Atlantico, no se encargaron
de ir, A amojonar con sus poblaciones las posesiones bri-
tinicas, y la revoluci6n de la Independencia las encontr6
fuertes, compactas A lo largo de la costa, con todas las ins-
tituciones europeas, con la civilizaci6n que habian traido,
las artes, las tradiciones, los usos, las ideas sin deprava-
ci6n, sin degeneraci6n, sin aflojamiento. MAs adelante vol-
ver6 sobre la ley de la colonizaci6n, sus reglas y limits.
Volvamos A las colonies espafiolas. Z C6mo distribuir la
tierra en aquellos vastos dominios, en aquellas poblaciones
en germen, colocadas A la aventura, donde un empleado
de la autoridad lo hall6 oportuno, sin relaci6n al comer-
cio, al transport, ni A la ventaja de los colonos ? 4 Para
qu6 servia la tierra? Qu6 hacer con sus products en
Quito, en Chuquisaca, en San Juan,, en Salta? A d6nde
llevarlos ?
Y la tierra es la base de la propiedad. La tierra es la
inica base de la civilizaci6n. Es precise poseerla, explo-
tarla, habitarla, poblarla, para que las artes, las leyes naz-
can 6 se funden y perpetden. Los calmucos y los Arabes no
se civilian porque no se arraigan. La tierra, pues, fu6 en
la Am6rica espafiola un accident; y por lo mismo que no
servia para nada, pudo tomar cada colono cuanta quiso; por
lo mismo que los products de la labranza eran initiles, dej6
de labrarla, y como se habian traido vacas, caballos, ove-
jas para propagar, los colonos espafioles descubrieron que
dejAndolos pacer A su voluntad la hierba que crecia espon-
tineamente en los campos, se multiplicaban rapidamente
y sin trabajo personal, sin cuidado. La propiedad, pues,
fu6 el. ganado, la tierra inculta un element de prosperidad.
Entonces cada hombre que no fuese soldado, sirviente 6
indio, tom6 una grande extension de suelo para sus reba-
lios. La estancia, de stare, estar, permanecer, es la base pri-
mitiva de la colonizaci6n espafiola. Se la encuentra en M&-
jico, en Centro Am6rica, Nueva Espafia, Chile,y Repiiblica
Argentina, donde permanece intacta despues de tres siglos





OBRAS DE SARMIENTO


sin modificaci6n alguna y donde vamos A estudiarla en sus
efectos sociales.
La colonia establecida en Buenos Aires pobl6 de ganado
la parte de la provincia actual, Santa Fe, Montevideo, En-
tre Rios y Corrientes, territorio que despu6s de la revoluci6n
se ha dividido en un Estado y cuatro provincias. Un espacio
de pais como la Francia y la Alemania era la propiedad,
las estancias de doscientos A trescientos propietarios de Bue-
nos Aires. He visio en Entre Rios, en 1851, una estancia
con titulos reales de sesenta leguas cuadradas, con el Uru-
guay y el Gualeguaychi por limits, y hay muchas de ma-
yores dimensions. Los rios navegables servian de limits,
de linderos y de custodia del ganado.
Pero necesito poner ante los ojos de mis honorables con-
colegas un cuadro vivo de esta distribuci6n de la tierra, no
para el hombre, sino para el ganado; no para la sociedad,
sino para su aniquilamiento. El hecho no es simplemente
un antecedente hist6rico de las colonies espafiolas, es hoy
mismo su ley orgAnica en el pais que me ocupo, y de esta
ley parten los fen6menos que luego descender6 A apreciar.
John Arrowsmith (Mulgrave square en Londres) ha publi-
cado la carta topografica de la provincia de Buenos Aires,
demarcadas las propiedades territoriales, seguin estaban con-
signadas, hasta 1840, en los registros del Departamento
TopogrAfico de aquella provincia. Como esta oficina pibli-
ca ha trabajado la carta hace muchos afios, corregidola y
variado, segdn las subdivisions 6 aglomeraciones de las
estancias que van ocurriendo progresivamente, y es el Re-
gistro pdblico de los titulos de propiedad y de limits,
puede ponerse confianza legal en sus indicaciones. Bien;
el espacio de pais comprendido entire los 360 y 380 de lati-
tud y tres grades de longitud de fondo, forma s61o ciento
setenta y seis estancias; entire el 350 y el 360, cuatro grades
de longitud pertenecen A doscientos noventa y tres propie-
tarios; los grades 35 y parte del 34, mAs antiguamente
poblados, cuentan trescientos cincuenta y ocho poseedores.
Suma total: ochocientos veinticinco propietarios con titulos
registrados de cincuenta y dos mil millas cuadradas de
terreno. Algunas lagunas, algunos villorrios, algunos terre-
nos Aridos 6 suburbios de ciudades poseidos por pobres que
los han heredado de padres A hijos sin titulo, no introduced





PROVINGIANO EN BUENOS AIRES


diferencia en las cifras que pase de un quinto de la super-
ficie total del terreno. 'Partiendo las 52,000 millas por mil
propietarios del terreno, toca A cada uno cincuenta y dos
mil millas cuadradas de propiedad territorial. Calcilanse
en Francia cinco millones de propietarios, y entire ellos cer-
ca de cinco millones y medio de grandes propietarios, sobre
ciento treinta y cuatro mil millas cuadradas. La Inglate-
rra, con diez y nueve mil millas cuadradas, esta amayo-
razgada entire cuarenta y cinco mil propietarios, y lord Ellem-
borough, el mayor propietario territorial de aquel pais, po-
see apenas diez mil acres de terreno.
La estancia, sin ser un mayorazgo, es indivisible, bajo
cierta media, pues destinado el terreno A alimentar ganados
con sus products naturales, no puede ser itil sino en cuan-
to tiene una cierta superficie, capaz de contener cierta can-
tidad de ganado. Es cpndici6n, pues, de la estancia perma-
necer indivisa, como es estar despoblada de habitantes, si
no es villorrios que se han formado en algunos puntos,
y families que viven bajo la tutela y protecci6n del pro-
pietario. Con estos datos de hoy volvamos A los primeros
tiempos de la colonizaci6n. DesparrAmanse algunas fami-
lias sobre esta superficie inmensa, en ganaderos, peones,
mayordomos, etc. Las generaciones se suceden: tres siglos
van A deslizarse sobre aquellos primitives pobladores. Al
principio las tradiciones europeas que traian consigo esta-
ban frescas, los usos arraigados, las creencias vivas. Pasa
una generaci6n y entonces la abundancia de came, la fal-
ta de molinos, hace dificil procurarse pan y se suprime el
uso del pan. No habiendo poblaciones inmediatas, ni sas-
tres, concluyen por atarse un pedazo de tela A los rifio-
nes, el chiripd, para envolverse, y el uso del poncho, otro
pedazo de tela cuadrado con que cubren la parte superior
del cuerpo, les ahorra otro vestido que la camisa. Destrui-
das las sillas de montar, se ingenian para reemplazarlas
con toscas construcciones, Ilamadas recado, lomillo, de lomo,
aparejo, de aparejar, preparar. La suela escasea y la reem-
plazan con el cuero crudo de correaje. Faltando curtim-
bres, acuden al expediente de las primeras edades del mun-
do, A cubrir sus pies y piernas con el cuero de las patas de
vacas y caballos, tal como Miguel Angel ha revestido los





OBRAS DE SARMIENTO


pies de Mois6s'en el desierto, en la estatua del mausoleo de
Julio II en San Pedro-ad-Vincula.
Faltan carpinteros, madera y clavos, y se amafian A cons-
truirse ranchos, sin puertas, sin ventanas, de barro, sobre
puntales; los muebles no entrarian 4 former parte en el
menaje, y bariiles desfondados, cabezas de vaca reemplazan
su ausencia. Como no hay escuela, ni sacerdote, ni libros,
las ideas se obscurecen poco A poco, se pierden; el senti-
miento moral se embota y el hombre, animal gregario, ni
en su condici6n bruta existe asociado. Cada estanciero es un
Robins6n; cada familiar esta como Adin principiando A
former la sociedad. No es extraflo que se repitan las can-
dorosas escenas de la Biblia; el concubinaje vuelve A ser la
ley natural, la ociosidad Arabe la condici6n social. Azara ha
dejado una pintura vivisima del estado en que encontr6 a
principios de este siglo la sociedad de las campafias que
visit al Sur del Parana.
((Los hijos (de los espafioles), dice, que no oyen reloj,
ni ven regla en nada, sino lagos, rios, desiertos y pocos
hombres desnudos y vagos, corriendo tras de las fieras y
toros, se acostumbran A lo mismo y A la independencia; no
conocen media ni arreglo para nada; no hacen alto en el
pudor ni en las comodidades y decencia, criAndose sin ins-
trucci6n ni sujeci6n, y son tan soeces y bArbaros, que se
matan entire si algunas veces con la frialdad que si dego-
Ilaran una vaca. En fin, por lo que hace A la instrucci6n,
auxilios temporales y espirituales, no llevan much ventaja
A los indios infieles. Los eclesiAsticos debieran gritar sin
intermisi6n (ey quign los oiria?) contra tan pestiferos vi-
cios, persuadiendo, ademAs, que el trabajo arreglado es
una virtud que hace felices A los hombres.,
James Bell, el ge6grafo ingl6s, describe asi A estas gen-
tes: cSu carActer es extremadamente malo. Entregados A los
vicios mAs degradantes y sumidos en la ignorancia y su-
perstici6ri, parece que han olvidado completamente su ori-
gen y estAn casi al nivel de los salvajes,. Malte Brun es
mAs precise todavia: ((El amor A la patria, el pudor, la de-
cencia son para 61 sentimientos desconocidos. Habituado
A degollar animals, derrama igualmente la sangre de sus
semejantes. La calma del desierto parece haber dado a es-
tos hombres una profunda insensibilidad: son inclinados A





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la desconfianza y A la astucia... Estos tArtaros de Am6rica
tienen una invencible repugnancia por toda ocupaci6n que
no puedan desempefiar a caballo, etc.)
Hablando de estos pauses, el norteamericano author de
England and America se expresa asi: ((Este pueblo, disper-
so sobre vastas y f6rtiles llanuras, ha perdido casi todas las
artes de la vida civilizada: la mayor parte de ellos viven
en la mas degradante miseria, y si continian asi por largo
tiempo, retrogradando como hasta ahora, las hermosas pam-
pas de Buenos Aires quedarAn pronto expeditas para otro
experiment de colonizaci6n,.
Azara mismo era un gran propagador de la cria del
ganado, de la poblaci6n de la tierra con animals. Em-
pleado de la corona, poco cuidadoso del porvenir que esta
industrial. preparaba para las sociedades americanas mis-
mas, 61 extendi6 el ganado por campos aun despoblados
del Paraguay y Corrientes. Una vez sola en sus obras se
le escape la idea de que el ganado barbariza y embrutece
a los que lo apacentan. MAs adelante, encantado con los
pingiies products de industrial tan fAcil, se explaya con
amor en la exposici6n de una teoria que 61 ha descubier-
to. Medida la superficie de todo el virreinato de Buenos
Aires y calculado el ganado que pace en una legua cua-
drada, encuentra que aquel pais puede admitir ochenta mi-
llones de cabezas de ganado con s61o ciento setenta mil
cuidadores. Asi, pues, 170,ooo almas, poco mAs que la po-
blaci6n actual de Buenos Aires, ocuparian una superficie
de un mill6n y medio 6 dos (incluso el Paraguay y Uru-
guay) de millas cuadradas.
La idea era excelente para tArtaros 6 calmucos, y sobre
todo para el ganado; pero al fin el tArtaro no posee la
tierra, es n6mada. Cuinto producirian al afio 80 millones
de cabezas de ganado? Este product llenaba de asombro
a Azara. No se hizo la pregunta: cuinto producirian
ochenta y cinco millones de hombres cultos, en lugar de
esas vacas, es decir, la poblaci6n actual de los Estados
Unidos, Francia, Irglaterra y Espafia reunidas? Este cAlcu-
lo le habria asombrado mAs que el otro.
Lo que sucede en la campafia de Buenos Aires sucede
en las campafias de muchas otras provincias, sucede en
Montevideo y parte del Brasil.





OBRAS DE SARMIENTO


En 1513, 1523, 1525, 1596, various reyes de Espafia in-
tentaron en vano, por medio de leyes reglamentarias, poner
coto al desparpajo que se hacia en America de tierras; orde-
nando la cantidad que habia de darse en merced A cada
colono, seguin fuesen regidores, escuderos 6 peones, segin
que estuviesen en tierras ya pobladas 6 por poblar, desig-
nando que a un pe6n, un espafiol llano, se le diesen un
solar de cincuenta pies de ancho y ciento en largo, cien
fanegas de tierra de labor de -trigo 6 de cebada, diez de
maiz, dos huebras de tierra (lo que labran dos yuntas de
bueyes de sol a sol) para huerta, y ocho para plants y otros
Arboles de secadales, tierra de past para diez puercas de
vientre, veinte vacas y cinco yeguas, cien ovejas y veinte
cabras. Una caballeria 6 porci6n para oficiales y. personas
de merecimierito era cinco veces la porci6n destinada A
un espafiol llano. Todos tenian la obligaci6n de tener edi-
ficados los solares, poblada la casa, hechas y repartidas
las hojas de tierras de labor y haberlas labrado y puesto de
plants, y poblado de ganado las que fuesen de past, den-
tro de tiempo limitado, so pena de perder el derecho. Man-
d6se que se retirasen las estancias a lugares donde no pu-
dieran hacer mal los ganados en las sementeras de indios.
Un siglo despuds, notando que el ganado impedia la cul-
tura de las tierras, los Felipes III y IV ordenaron A los
virreyes sacar de las tierras de regadio los ganados y sem-
brar trigo, si no tuvieren los duefios titulos para tener
tierras de esta calidad. Del resultado prActico, para la dis-
tribuci6n de la tierra, de estas leyes y otras que omito,
puede juzgarse por lo que ha sucedido en toda la inmensa
extension de pais que compuso el virreinato de Buenos
wSAires. Los virreyes, regidores, cabildos, A quienes estaba
encomendada la repartici6n de la tierra, hallaron muy bue-
nas razones para darla en proporciones inconmensuradas,
lo que acab6 por extinguir toda tentative de agriculture y
con la despoblaci6n del suelo, segdn que convino sacar
el mayor provecho inmediato, con el menor trabajo, en el
mAs corto tiempo y con el menor ndmero de hombres, aun-
que para ello se necesitasen cincuenta leguas de pais inculto.
El mal estaba en el favor possible, en la facultad discrecio-
nal dejada a los empleados, en la donaci6n gratuita de la
tierra y en la colocaci6n de las poblaciones en lugares re-





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queridos por el interns de la dominaci6n y no por el de
los colonos. La tierra produce labrada mas de lo que pueden
consumer los que la labran. De ahi viene la riqueza ilimi-
tada de la agriculture; pero necesita mercados para el so-
brante de products, camino para el transport, etc. Aqui
principiaba A obrar el interns de los colonos. No sembraban
por no malbaratar trabajo; criaban ganado porque la tie-
rra producia h'ierbas y la reproducci6n era espontanea.
Cuando mAs podia hacerse salvaje, abandonado A si mismo,
como en efecto sucedi6 y sucede actualmente en la Repii-
blica Argentina.
Una ordenanza de don Felipe II permiti6 dar A cada
poblador en tierra nueva hasta cinco peonias, con las mis-
mas obligaciones de las leyes anteriores. Pero indepen-
dientemente de estas causes trascendentales las habia nor-
males en la ley fundamental de la colonizaci6n. La fanega
de tierra es una media que abraza la extension de qui-
nientos estadales en cuadro, y el estadal, trece y dos tercias
varas. (Voyez fanegada dans l'Annuaire des Longitudes,
40,689 ares.) La fanega tiene 6,620 varas en Area, por lo
que las tierras de labradio que constituian la peonia eran
de treinta y cinco cuadras cuadradas, y la caballeria, segin
las prescripciones de la ley, se componia de ciento setenta y
cinco cuadras de labradio, y por lo menos el double de
pastoreo. He aqui, pues, la ESTANCIA constituida, la pobla-
ci6n diseminada en una extensa-superficie, la cultural aban-
donada. Todas las leyes posteriores, y fueron muchas, no
pudieron detener el torrente de males de este sistema, y
todavia en 1853 se esta discutiendo A cafionazos, por sus
consecuencias, A las puertas de Buenos Aires, la ley de
la distribuci6n de la tierra.
El mismo fen6meno se produjo, y por las mismas cau-
sas, en la colonizaci6n hecha por los holandeses en el Cabo
de Buena Esperanza, que produjo al fin los boers, palabra
equivalent A gaucho, y que A la Inglaterra cost6 tantos
afios reducir A poblaciones y volverles A inocular la civi-
lizaci6n europea, que habian perdido casi del todo en la
cria de ganados diseminados sobre una superficie ilimitada.
<(La pobreza y babarie de aquel pais, dice el South African
Advertiser, es'debida al olvido de los primeros gobiernos
de las mAs sencillas reglas de la colonizaci6n. Por una
TOMO XVI.-3





OBRAS DE SARMIENTO


variedad de causes, muchas permanentes y accidentales
otras, se han derramado (los boers) sobre mayor espacio
del que convenia para su mutua ayuda y sostgn. Esto re-
tardaba la progresiva division del trabajo y exponia al po-
blador solitario A muchos peligros y privaciones que des-
trufan todo hAbito de industrial. En lugar de tratar de pro-
ducir cuanto podian necesitar, la necesidad los llev6 poco A
poco A habituarse A la carencia de todo. Habi6ndose ex-
tendido demasiado rApidamente los limits de la coloniza-
ci6n, la defense de tan vasta frontera se hizo mas premiosa
que la necesidad de cultivar la tierra., Mr. Barrow, en sus
viajes por aquellas colonies, da la raz6n de esta barbari-
zaci6n de los boers y de la destrucci6n de las colonies. (El
gobierno, dice, tenia dominio sobre toda la tierra de aquel
pais y disponia de ella de la manera siguiente: Declar6
primero que cualquiera que disease tomar tierra podia ha-
cerlo con una sola condici6n: que era la de tomar, por lo
menos, cien veces mAs terreno que el que pudiese cultivar.
Todo el pais fu6 dividido en circulos de algunas millas
de diAmetro, y cualquiera que emprendia vivir en medio
de uno de estos circulos obtenia la propiedad del circulo
entero. El objeto de este sistema era separar A los que iban
A ser propietarios, separarlos unos de otros por el dia-
metro de cada circulo, y el motivo para esta separaci6n era
que, estando asi separados, nunca podrian, por la fuerza
de la uni6n, pensar en gobernarse por si propios. El ob-
jeto se logr6 completamente, pero la colonia fu6 arruina-
da. Toda la tierra concedida asi, aunque escasamente ha-
bitada, y menos cultivada, dej6 de ser un element de
colonizaci6n). Lo mas notable es que, salvo algunos mi-
1'res de boers que el gobierno ingles pudo reunir en un
puerto, el resto ha perecido ya en las invasiones frecuentes
de los cafres, como perecen en America en las de los indios.
Dos colonizaciones, pues, montadas en el mismo princi-
pio han tenido el mismo resultado.
Los primeros pobladores de la isla Hispaniola, hoy Santo
Domingo 6 Haiti, urgidos por la falta de peones, pidieron
al gobierno espafiol incluyese en los titulos de concesiones
de inmensos espacios de tierra una concesi6n proporcionada
de indios. Los indios concedidos fueron extinguidos por el
trabajo y se les supli6 con negros; los negros mataron A sus





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amos con el discurso del tiempo, y hoy hay un imperio de
negros en donde se ensay6 por la primera vez la estancia.
La parte de la isla que conservaron los espafioles s61o cria-
ba ganado hasta estos 6ltimos afios, y much despues que
los franceses hubiesen introducido el cultivo de la caila en
la otra parte. Los peones del pastoreo argentino hace treinta
afios que trabajan por matar A los propietarios, 6 despo-
jarlos, apoderAndose de sus ciudades.



LAS MISIONES


Estaban las riberas del Plata destinadas A ser el ensayo
hasta en sus exageraciones, hasta en su poesia, de las doc-
trinas sociales y political que habia perpetuado 6 desen-
vuelto el triunfo absolute que la autoridad y las tradiciones
obtuvieron en el mediodia de Europa, en la lucha con la
Reforma. La sociedad de Jesus fu- inspirada por aquella
segregaci6n de naciones del seno de la unidad cat6lica,
como dique contra nuevas irrupciones, como una milicia
para la propaganda, la predicaci6n y difusi6n del catolicis-
mo. Todavia el jesuitismo es material de graves disenti-
mientos en los pueblos cat6licos mismos. Para mi objeto,
s61o me interest como element social, como utopia en la
fundaci6n de colonies, pues tales eran las famosas MISIONES
del Paraguay. Leyendo las Cartas Edificantes que las des-
criben, cree uno asistir A aquellas escenas del Tel6maco
sobre el rey Idomeneo y su pueblo, utopia nacida del mismo
principio. Desgraciadamente, visitando los lugares donde
tales maravillas existieron no hace un siglo, encu6ntrase
s61o algdn frontis de iglesias destruidas, entire naranjales
silvestres, bajo cuya enramada se guarecen tigres y ser-
pientes.
El jesuitismo, como instituci6n political, es al catolicismo
lo que los cuAkeros son al protestantismo: el principio ele-
vado A la segunda potencia. Tal es el sentimiento del indivi-
duo en el cuakerismo, que establece la guia moral para
todos los actos, en la conciencia del individuo, en la luz
interior que lleva consigo; de manera que no se someterA A





OBRAS DE SARMIENTO


autoridad, uso 6 prActica en la tierra si no esta en armonia
con los dictados de esta conciencia debidamente consultada.
Tal es el sentimiento de la sociedad, de la anulaci6n del
individuo ante la autoridad en el jesuita, que el resume
de sus constituciones esta refundido en aquellas terrible
palabras del fundador: jperinde ac cadaver! La obediencia
pasiva A la voluntad directive sin la mAs leve modificaci6n
de parte de la voluntad del individuo. Los cuAkeros pro-
dujeron la Pensilvania; las misiones no dejaron tras si
rastro duradero. Aplicado su sistema A la civilizaci6n de
salvajes, verdaderos menores, sus teorias de gobierno pa-
triarcal y protector merecen disculpa ante la several criti-
ca de la historic. Pero sus principios y sistema de gobierno,
sacados de su aplicaci6n inmediata, se reprodujeron bajo
una forma terrible y ruinosa en la tirania del doctor Fran-
cia, la mAs espantosa de las consecuencias de esa aspira-
ci6n A subordinar las opinions del individuo, los apetitos
y pasiones de la naturaleza A la autoridad que rige la socie-
dad. Las misiones y la posterior tirania del Paraguay en
el mismo sitio y sobre los mismos hombres, estaban funda-
das sobre esta misma base; el individuo, cuyo tutor era el
Estado, era nada; el pecado estaba entire la categoria de los
delitos y los crimenes, y s61o se diferenciaba por el, grado
de las penas. El individuo no debia poseer nada 6 poco en
propiedad, y esto limitado por leyes suntuarias: la produc-
ci6n se hacia en comfn, presidida por el Estado, para bien
del Estado y seg6n lo dispusiesen, ordenasen y presidiesen
las autoridades. A esta extrafia innovaci6n political acom-
pafiaba un sistema econ6mico comin A Fenel6n y A Rous-
seau, cuyo axioma es bastarse d si mismo. Asi el algod6n
era sembrado, hilado, tefiido, tejido y confeccionadas las
telas en el seno de la colonia: las herramientas y utensilios
debia producirlos la colonia, sin consumer articulos manu-
facturados que no fuesen la obra de sus manos. El malo-
grado Bastiat ha hecho una luminosa critical de este sistema
econ6mico, que, A ser adoptado por todas las naciones A un
tiempo, las condena al aislamiento, A la pobreza y A la
barbarie. Pero la mAs horrible y pavorosa de las refuta-
ciones de esta utopia esta en los resultados prActicos que
produjeron en la parte del globo en que tales doctrinas se
ensayaron. Los colonos hubieron de morirse de hambre





PROVINCIANO EN BUENOS AIRES


el dia que falt6 la autoridad tutelar para llamarlos A toque
de campa-na al trabajo. Faltando los jesuitas falt6 el alma,
la vida A aquellos cadaveres vivientes que habian hecho de
los hombres; pero la doctrine no se perdi6, si se perdieron
las poblaciones que se proponia hacer florecer. El doctor
Francia la recogi6 y la aplic6 A las colonies espafiolas.
Por medio de las crueldades mAs horribles, por la muerte
de sus concolegas en el gobierno, por el espionaje, lleg6 A
reducir tambidn A la obediencia perinde ac cadaver al Para-
guay: durante treinta afios de tirania l1 fu6 juez supremo,
obispo, legislator y soberano absolute de las vidas, de las
conciencias, castigando con las mismas penas los crimenes,
los pensamientos, los usos y hasta las afecciones; ; pero qu6
penas, qu6 refinamientos de crueldad, de venganza, de odio,
de barbarie! Fud el comerciante finico, el comprador y el
vendedor universal, fijando la autoridad el precio de las
mercaderias. Era el fomentador de las artes para bastarse
el pais A si mismo. Para complement, en fin, de la teoria,
secuestr6 el Paraguay al contact del mundo: mat6 en el
individuo el sentimiento de su espontaneidad y present
el espectAculo de un pueblo que dejaba de vivir, de cami-
nar, de hablar, cuando un cafionazo se lo ordenaba. Este
pueblo estaba armado, sin embargo. Las consecuencias fue-
ron que el doctor Francia muri6 de vejez, y sus sfibditos
lo ignoraron tres dias despuds de su muerte; que el Para-
guay fu6 embrutecido, empobrecido y degradado A tal pun-
to, que muerto Francia nada ha cambiado de su estado an-
tiguo; apoderAndose del gobierno el primer pasante y col-
gando al mismo que le di6 la noticia de la muerte del dic-
tador.
Por todas estas torturas, por todos estos ensayos de las
mAs horribles utopias de autoridad absolute, de obedien-
cia pasiva, han pasado las poblaciones espafiolas en el
Rio de la Plata, como consecuencias naturales, 16gicas de
los principios de gobierno que presidieron A la fundaci6n de
las colonies, y de los errors econ6micos y de ejecuci6n
que emanaban de ellos; y si me anticipo A sefialar estos
hechos es porque quiero completar el catAlogo de elemen-
tos que han luchado y contindan luchando contra las ten-
tativas, tantas veces malogradas, de organizaci6n.
; Representaos un moment lo que va A suceder en este





OBRAS DE SARMIENTO


r&mue menage de una gran revoluci6n political, al separarse
los menores de la autoridad tutelar de la Espafia, al rom-
perse el cable que contenia la acci6n en march ya de tan-
tas causes disolventes! Ciudades mal colocadas que van
4 sentirse pospuestas y dejadas A trasmano, como la Asun-
ci6n del Paraguay, Charcas, Chuquisaca; ciudades como
Montevideo que sienten rebullir la vida commercial en su
seno y que estAn encadenadas por los monopolies y res-
tricciones coloniales; provincias que van A constituir un
Estado, mediando entire ellas centenares de leguas de de-
siertos inhabitados; ciudadanos que discuten las teorias de
Rousseau y Benjamin Constant 6 interrogan la historic de
las recientes revoluciones y constituciones del mundo para
darse ellos las que les convengan, y campafias dilatadas,
pobladas por ganados, cuidados por hombres vueltos A la
vida natural, barbarizados por el aislamiento, la p6rdida
de las necesidades de la vida civilizada, independientes de
carActer, porque no conocen sujeci6n ni regla. Imaginaos,
en fin, la guerra de la Independencia llamando A las armas
a todos los que sienten el espiritu de acci6n, y al paso de
los ej6rcitos, los campos aquellos sembrados de desertores,
las provincias que se dislocan, los intereses que se cho-
can, las preocupaciones que se amotinan, la violencia que
cria rencores y pide represalias. Figuraos un mundo que
se desploma, pesos retenidos en la pendiente y que se lan-
zan buscando el reposo; ciudades maritimas que abren todos
sus poros a las influencias vivificantes del comercio, de
la industrial, de los goces, de la libertad, y pueblos leja-
nos atados A localidades ingratas, secuestrados de las vias
comerciales, aniquilAndose porque lo que se destruye en el
esfuerzo de la Independencia no lo reemplaza la mayor ri-
queza que el cambio de sistema econ6mico y commercial
debe traer con ella. Pero mirad mAs adentro todavia en esta
subversi6n general y vereis s61o las consecuencias natura-
les, legitimas de causes antiguas, la impotencia de todo
un sistema de ideas para producer nada de duradero, para
crear, para.vivificar. La independencia de las colonies es-
pafiolas mata a la Espafia y mata A las colonies mismas.
La independencia de las colonies inglesas da nuevo empu-
je A la industrial inglesa y levanta por encanto Estados
que un siglo despu6s van A poner miedo no s61o A la In-
glaterra, sino al mundo.





PROVINCIANO EN BUENOS AIRES


Lo que sucedi6 en 18o1 adelante en los dilatados pafses
que compusieron el virreinato de Buenos Aires lo sab6is
vosotros, sAbelo el mundo, porque el mundo civilizado fu6
testigo y actor de este gran drama. Yo he intentado otra
vez seguir paso A paso el desenvolvimiento de las fuerzas
contendientes en tan vasto campo, la barbarie de las cam-
pafias, representadas por cuanto de mIs bArbaro, de m.s
audaz se present en caudillos de jinetes que se improvi-
saron; pero la Europa ha visto en Rosas la personificaci6n
de esas fuerzas y ha sido necesaria su fAcil aunque ruido-
sa caida para que se convenciesen de que lo que tanto asom-
bro habia causado era s61o un audaz semisalvaje, tenaz
por rudeza de carActer y cortedad de previsi6n, fuerte por-
que sabia atropellar cuanft el hombre mAs depravado, mAs
inmoral respeta. Todo este sistema de gobierno, por absur-
do que pareciese, se fundaba, sin embargo, reconcentrAn-
dolas en si, en todas las tradiciones, todas las ideas y todos
los resultados prActicos de la colonizaci6n espafiola-la ne-
gaci6n de toda libertad, de toda espontaneidad A los in-
dividuos-la apoteosis de la autoridad, el poder absolute,
con la suma del poder piblico, sin restricci6n, sin contra-
peso, sin resistencias y como corolario los errors econ6-
micos mAs deplorables, 6, mAs bien, el sacrificio de todo
principio econ6mico, como en la colonizaci6n, ante las exi-
gencias de autoridad y de dominio.
El ensayo, pues, del gobierno absolute, ha sido hecho
veinte aflos consecutivos, y el resultado ha sido el mismo
que la idea absolute habia dejado en tres siglos de coloni-
zaci6n: no dejar nada establecido. La barbarie Ilevada al
gobierno de las ciudades s61o produjo el escandalo de todas
las violaciones, de todas las candorosas invenciones de un
espiritu feroz, suspicaz y sin conciencia, y el consumo de
algunos centenares de millones de fortunes, de algunos mi-
llares de vidas. Caido el tirano, y caido por consecuencia
de su propia tirania, las causes de desorganizaci6n han
continuado obrando y un nuevo caos presentan hoy aque-
llos paises, que la carta geogrAfica sefiala, despues de los
Estados Unidos y en contraposici6n de los Estados Unidos,
como uno de los puntos privilegiados de la America del
Sur y predestinados para el asiento de grandes y felices
pueblos. SerA eterna esta lucha? 6 No hay tdrmino para





OBRAS DE SARMIENTO


esta cadena de males que tiene su primer eslab6n en la
ocupaci6n del continent? g Va A legar una generaci6n un
tiranuelo, un caudillo salvaje, para que la generaci6n que
le suceda tenga la triste misi6n de derrocarlo y legar A la
subsiguiente el que las masas brutas le impongan, para
que otra generaci6n se ensangriente en esfuerzos para des-
arraigarlo? iOh! no. Ni hubiera emprendido la tarea que
me he impuesto, por satisfacer a vuestros deseos, si no
entreviese el desenlace de esta lucha en que hemos nacido
y vivido, y A las causes de disoluci6n no viese sucederse
principios regeneradores no en perspective, desenvolvi6n-
dose lentamente, sino activos, poderosos, luchando y ven-
ciendo definitivamente.



REGENERACI6N


Muy feliz anduvo el que lanz6 esta palabra ante el carro
triunfal de Rosas. Lo que se intentaba en su caida, lo que
se estA realizando en medio de la lucha, es lo que la con-
textura y la etimologia de la palabra expresan-mejora-
miento de razas, vivificaci6n de los principios constituyentes
de la sociedad.-La declaraci6n de la Independencia tenia
ipso facto, no por la voluntad de los colonos, sino por la na-
turaleza de las coass, dos cambios inmediatos en el sis-
tema de colonizaci6n. La Espafia habia colonizado con sus
habitantes y para su beneficio. Las leyes de Indias, las
tradiciones exclusivas de su iglesia, su odio A los extran-
jeros, sus celos A su inferioridad commercial imponian estas
dos condiciones. Los arribantes de otra estirpe que la es-
pafiola A las costas americanas podian ser capturados, apri-
sionados y ajusticiados sin otro delito que no pertenecer a
la raza espafiola.
Las mercaderias se hallaban en el mismo caso, bien
que dejando la Espafia de ser fabricante, se content con
constituirse en proveedor de las mercaderias inglesas y fran-
cesas. CAdiz era el centro de estas factories. Aquellas leyes
restrictivas tuvieron desde los principios esas compensa-
ciones con que la naturaleza castiga todos los absurdos,





PROVINCIANO EN BUENOS AIRES


Jamaica se constituy6 desde luego en centro commercial para
el contrabando, y el monopolio espafiol sufri6 por siglos
el contrapeso de este rival poderoso. Los que pudieron ser
desde los principios colonos y aventureros en America se
establecieron en los mares, en las islas desiertas, y desde
alli atacaban A los espafioles para arrebatarles los galeones
que llevaban tesoros. Los filibusteros, lo bucaneros, que
Ilegaron A hacerse una potencia maritima sin tierra y sin
estado, despojaron A la Espafia de la mitad de las riquezas
que sacaba de sus colonies. PanamA, Cartagena y Puerto
Rico fueron varias veces destruidos y saqueados por estos
colonos acuAticos, ya que no se les permitia descender A
tierra y establecerse tranquilamente.
El mismo fen6meno se repiti6 en el Rio de la Plata
mAs tarde. Los portugueses fundaron en su margen izquier-
da la colonia del Sacramento y desde alli el contrabando
ingl6s invadi6 toda esta parte de la Am6rica A tal punto,
que Ceballos obtuvo el virreinato como premio de la des-
trucci6n de aquel foco de comercio libre, y sigui6 en sus
leyes comerciales las rutas que el contrabando habia dejado
establecidas hasta Chile y el Perd. La Independencia, pues,
abriendo los puertos americanos A la concurrencia libre del
comercio, destruy6 todos los mercados ficticios, todas las
vias comerciales forzadas y este trastorno trajo por el mo-
mento las consiguientes perturbaciones en la manera de ser
de varias colonies.
Pero otra variaci6n mas profunda en el sistema colonial
se operaba ipso facto tambi6n, aunque su acci6n habia de
ser mas lenta. Os he mostrado como qued6 dividida la
Europa, la material primera de la colonizaci6n, en tres sec-
ciones religiosas y political. Todas las libertades al Norte;
todas las tradiciones al Sur; las libertades y las tradiciones
en el centro tolerAndose por no poder vencerse.
La independencia de las colonies, dejando de pedir A
la Espafia exclusivamente sus nuevos colonos y abriendo
sus puertos A todas las naciones, admitia de hecho y de
derecho toda clase de arribantes. Los antiguos coloniza-
dores eran por la legislaci6n espafiola ciudadanos ameri-
canos, y aun mAs que los criollos, desde su arribo y por
el hecho solo de su arribo, parte integrante del Estado.
f Serian ciudadanos americanos los nuevos colonos arri-





OBRAS DE SARMIENTO


bantes, despu6s de la independencia? Los colonos espafio-
les y sus hijos respondieron A esta cuesti6n de diverse
manera segtin que les plugo, y he ahi todavia otra de las
causes de perturbaci6n en la Am6rica del Sur. Unos Es-
tados creyeron que debian seguir el sistema exclusive de la
tradici6n religiosa de los Estados del Mediodia de Europa;
otros se inclinaron A tolerar las creencias que tralan los
nuevos colonos del centro de Europa; pero quedando como
Iglesia del Estado la Iglesia cat6lica. En cuanto A derechos
civiles, en cuanto A quedar incorporados en el Estado ipso
facto los nuevos arribantes, casi todas las colonies ameri-
canas respondieron negativamente, no ya contra los de
diverse estirpe, sino contra los espaiioles mismos, quedan-
do, A causa de la independencia que abrfa de par en par
las puertas A la colonizaci6n y poblaci6n de Sur America
A todas las naciones, para realizar lo que la Espafia sola
no habia podido, cerrado el camino para la Espafia y para
el resto del mundo.
Me permitir6 recorder que en las colonies del Norte se
present con la independencia esta misma cuesti6n, y por
lo pronto la resolvieron sus legisladores, pidiendo al nuevo
arribante ingl6s 6 de otra naci6n tres afios de espera, para
darse tiempo A comprender las instituciones libres, en cuya
permanencia su voto podia influir; con esta circunstancia
caracteristica, que la masa de arribantes europeos A los
Estados Unidos venia A enrolarse necesariamente, A causa
de su inferioridad de educaci6n y fortune en las masas
populares, mientras que la masa de arribantes europeos A
los Estados sudamericanos, por su cultural relativamente su-
p.erior A nuestras masas y sus aptitudes industriales, viene
A enrolarse necesariamente en las classes cultas. Asi, pues,
lo que allA era una aprensi6n de retardo, un riesgo, aqui
era un auxiliary de orden y de estimulo. Con el process del
tiempo los Estados Unidos tuvieron necesidad de recon-
siderar esta cuesti6n. El partido mAs culto y acaudalado
trat6, por lo mismo que los nuevos arribantes engrosaban
!a masa popular menos instruida y mAs avehturosa, de res-
tringirles mAs y mis sus derechos, y A este fin se form6
el partido nativista. Pero el mal 6xito de la tentative no hizo
mAs que hacer avanzar las ideas de conveniencia, de orden
y de progress que envolvia en si la cuesti6n. Cada Es-





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tado la resolvi6 segiin sus intereses: los de la costa, re-
cargados de poblaci6n, se atuvieron a la antigua ley; los
del centro, es decir, los que estaban colonizAndose, pu-
sieron en p6blica subasta la ciudadania para los arribantes.
MichigAn la di6 A ocho meses visto el hombre, y en las
constituciones recientes de Nuevo Mejico, California, In-
diana, etc., se ha establecido ya de una manera definitive
la incorporaci6n de los nuevos arribantes, declarando este
principio sencillisimo y natural: es ciudadano quien quiere
serlo y desde -el moment en que expresa su deseo.
En la America del Sur, pues, se ha procedido de otra
manera, y el resultado aparente es que todos los nuevos
caudales, que todos los nuevos habitantes, que todas las
nuevas industries que se formen, establezcan e introduz-
can por los nuevos arribantes seran gobernados y legis-
lados por los antiguos colonos y sus descendientes. Y
tened present que los nuevos colonos venian A remediar
un defecto de la colonizaci6n primitive. Trafan el comer-
cio por los vinculos que los ligan a los pauses de su ori-
gen y las industries que hacen la fuerza de los Estados
modernos. La Espaiia coloniz6 por casualidad, por haberse
entendido Col6n y la reina Isabel; pero la colonizaci6n no
era un resultado de su historic. Lejos de tener superflui-
dad de poblaci6n, despedia en la misma 6poca dos na-
ciones de su territorio, los judios y los Arabes, que fueron
a dispersarse y perecer en las costas africanas: no era ne-
cesidad de su industrial, pues carecia de ella y proveia a
las colonies, comprando para si y para ellas artefactos A
las otras naciones. No era consecuencia de disturbios po-
liticos 6 religiosos; las victorias de Carlos V habian puesto
buen orden en este punto sobre las ideas de sus vasallos,
y Felipe II, por la absorci6n del poder politico y la Inqui-
sici6n, di6 sanci6n A aquel triunfo. Asi, pues, las colo-
nias fundadas por aquella naci6n, a mis de los vicios capi-
tales que hemos sefialado, tenian este otro de la impotencia
industrial. La civilizaci6n emigraba A la Am6rica del Sur
sin su bagaje necesario: las artes, las maquinas, las ciencias
naturales 6 los secrets y recetas que las precedieron. Los
nuevos colonos despu6s de la independencia eran, pues,
parte integrante y complementaria de la organizaci6n de
las nuevas repdblicas. Ellos iban a ponerlas en contact





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con el resto del mundo culto; por ellos debia introducirse
en estos paises todo el caudal de descubrimientos, de he-
chos, de instruments, de recetas, de aparatos que la Euro-
pa ha adquirido para transformar la material y convertirla
en propiedad, en riqueza, en product exportable. Mirada
la cuesti6n bajo este aspect, parecia natural que los nue-
vos arribanfes viniesen como a su casa, que fuesen admi-
tidos en la asociaci6n en primera linea, en mejor al menos
que los palurdos que nada poseen, que nada saben, que
nada produce, que nada pueden. Otras consideraciones,
empero, prevalecieron. Los colonos eran, al fin, colonos,
y tanto se daban cuenta de estas razones como de las que
los habian hecho nacer aqui 6 alli, tener tales 6 cuales ideas
y haber efectuado la revoluci6n de la Independencia.
La mayor parte de nuestras legislaciones ha exigido del
nuevo arribante una verdadera amputaci6n. SerA ciudada-
no despuds de largos afios, con tal que no sea ni diputado,
ni ministry, ni gobernador, ni president, bien entendido
que renunciard A las creencias religiosas que trajo, sin lo
cual no podrA casarse, ni sus hijos ser reputados por la
ley civil legitimos;-y como la continue oscilaci6n de estos
paises no hace ni seguro, ni envidiable el ser parte del le-
gislador 6 del gobernante, los nuevos colonos han preferi-
do quedarse miembros de sus naciones respectivas, lo que
original otra causa perenne de perturbaci6n en la America
del Sur. La Inglaterra, la Francia, la Espafia, los Estados
Unidos y cuanta naci6n puede hacerse respetar, tienen su
parte de gobierno en estas colonies, a pretexto de proteger
A sus nacionales. Vosotros habeis visto a los gobiernos su-
cesivos de Francia 6 Inglaterra veinte afios mezclados en
las luchas argentinas, decidiendo allA en sus gabinetes so-
bre la justicia y conveniencia de las luchas intestines, dis-
cutiendo en sus parlamentos nuestros intereses, como los
suyos propios, mandando escuadras, agents, haciendo
alianzas entire si, rompi6ndolas, etc., lo que no ha estorba-
do que las cosas sigan su curso natural, si no las han em-
peorado con su intervenci6n, casi siempre mal aconsejada,
y esto por causes naturalisimas. Ningin enviado ameri-
cano, aun de los Estados Unidos, pretend en Inglaterra 6
en Francia influir en la march de los negocios piblicos, ni
favorecer 6 contrariar el triunfo de esta 6 la otra idea poli-





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tica. En Am6rica, por el contrario, el embajador 6 el c6n-
sul ingl6s 6 francs, hombres obscuros en la political de su
pais, se darin el gusto de tener un papel principal en nues-
tros negocios: de figurar en primera linea en los aconteci-
mientos humans. DirAn: este hecho me gusta; me opongo
A tal media; doy mis simpatias a tal partido; me constitu-
yo juez de por la reina de Inglaterra mi sefiora, 6 del em-
perador mi amo, de las cuestiones political y de los gobier-
nos. Y en esta supreme influencia ejercida no entran el
studio de los intereses reales de la Am6rica, ni las ten-
dencias political de los gobiernos que representan. Entra
en primera linea la acci6n de las causes pr6ximap sobre el
individuo que la ejerce, la excitaci6n de los partidos ame-
ricanos mismos y su posici6n, pues pudiendo influir en el
6xito, los partidos d6biles lo solicitan, acarician y empujan
para atraerlo A sus intereses. Pero todo este desorden no
nace sino de las instituciones sudamericanas, en cuanto A
la incorporaci6n del nuevo arribante en el Estado, dejan-
dolo fuera y constituyendo, por tanto, un Estado en el Es-
tado, y, lo que es mas, muchos Estados en el Estado, se-
gin sus nacionalidades, y, lo que es peor todavia, Estados
m6s fuertes, en ciertas cuestiones, que el Estado mismo
que los contiene. La cr6nica de toda la Am6rica en estos
veinte afios es el registro de estas perturbaciones. M6jico
tiene en este moment cinco cuestiones promovidas por
estos gobiernos, que por compensaci6n de un error de las
instituciones se han creado en su seno.
i Pero ojali que estos temperamentos con sus compensa-
ciones fuesen soluci6n d las dificultades que crean! Nada de
eso: son diques puestos a rios que contindan fluyendo sin
intermisi6n. Los nuevos arribarites llegan, desde i8io, y
continian llegando, y so pena de hacerse estos paises in-
habitables, Ilegaran mIs y mis cada dia. Creciendo, pues,
las fuerzas de acci6n, estos rios desbordarAn necesariamen-
te, manteniendo en el intertanto la agitaci6n sorda del ma-
lestar, de fuerzas que pugnan, de pesos que buscan su re-
poso. El Estado en el Estado que constituyen los nuevos
arribantes continda creciendo, aumentando su fuerza nu-
m6rica, su fortune como parte integrante de la fortune del
Estado. De esta situaci6n tenemos un ejemplo en Valpa-





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raiso, que cito como un antecedente y una explicaci6n de
otros fen6menos semejantes A que descender6 luego.
Habian matriculadas en 1849 en Valparaiso sesenta y
cuatro casas de consignaci6n, de las que s61o quince son
nacionales. Llmanse almacenes las casas que especulan
sobre efectos de la costa, de las cuales ocho tienen naciona-
les y dos extranjeros. Son tiendas (boutiques) las casas en
que se venden por menor efectos de Europa. De 6stas hay
ochenta poseidas por extranjeros y s61o cuarenta por nacio-
nales. Los baratillos, establecimientos de reducido capital,
son diez, tenidos por nacionales. Las bodegas (caves), casas
de consignaci6n de cereales, cecinas, frutas secas, diez y seis
son tenidas por nacionales y seis por extranjeros. Panade-
rias, industrial antigua, hay nueve, las principles extran-
jeras y diez y seis nacionales. Pulperias, donde se venden
articulos de consume diario (9piciers), treinta y dos extran-
jeras y dos s61o de nacionales. Carnicerias, cervecerias, fA-
bricas y despachos de licores, de fideos, tonelerias, sombre-
rerias, joyefias, librerias, relojerias, grabadores, retratistas,
colchonerfas, constructores de buques, fabricantes de pia-
nos, de velas, carpinterfas, herrerias, hojalaterias, tonele-
rias, cerrajerias, caldererfas, talabarterias, casas de agencia,
todo, sin mAs excepci6n que una curtimbre, es poseido y
dirigido por extranjeros. Hay, ademAs, cuatro boticas te-
nidas por nacionales, mientras son extranjeros los duefios
de doce mAs. Modistas, sastrerias, boterias, peluquerias,
en nimero de treinta y cuatro establecimientos, son todos,
except uno, extranjeros. De manera que si se separan las
bodegas, los almacenes de efectos coloniales, las panade-
rias, las velerfas y jabonerias, que son en su mayoria na-
cionales, todo el resto es extranjero; y en lo que son artes
6 industries manuales, hay ciento cuarenta y cinco esta-
blecimientos extranjeros y trece nacionales. Las escuelas
de educaci6n primaria que frecuentan los nifios de classes
elevadas son extranjeras; los colegios son todos extranje-
ros; las compafifas que proven de agua, gas, etc., A la
ciudad son todas extranjeras.
Resulta, pues, que casi todo el personal del capital, de
la industrial, del comercio, de los buques, que constituyen
la riqueza, el movimiento y la propiedad de la ciudad mAs
rica, mAs active de Chile y que todas las fuerzas activas





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de la sociedad estan fuera de la naci6n tal como se ha cons-
tituido. Son un Estado nuevo que obedece A las leyes que
otros les dictan para su felicidad, de manera que los de-
pendientes que los sirven, que los deudores cuyos pagards
tienen en su carter, que los empleados de aduana que des-
pachan sus buques, que los cargadores que transportan sus
efectos, son sus legisladores, sus gobernantes, bien enten-
dido que no los han de perturbar en el ejercicio de su in-
dustria.
Las elecciones de 1848 para diputados, que fueron muy
refiidas en Valparaiso, dieron ndmeros muy significativos;
de donde result que hay, pues, diez mil habitantes en Val-
paraiso sanos, activos, con intereses, con pasiones, con
simpatias political que permanecen, al parecer, frios espec-
tadores de estos debates politicos entire los criollos. Pero hay
en el fondo de esta aparente calma la verdad que revelan los
mismos interesados. Un diario de la 6poca, El Comercio de
Valparaiso, redactado por un publicista notable al servicio
de un partido (I), decia entonces, A prop6sito de esta acci6n
latente, de estas antipatias de la masa de poblaci6n de
Valparaiso, no incorporada con el Estado:
(Los mAs empefiados en la agitaci6n no son de Chile:
Screeis que hombres que no son de Chile amen tanto este
pais que es extranjero para ellos, que quieran revolverlo
con buena intenci6n?
,G Al extranjero agitador qu6 le importa que arda Chile ?
Al dia siguiente se irAi otro pais, y desde alli verA sin
gota de dolor las ruinas que ha dejado su perfidia en pais
ajeno.
,Dicen que quieren la cultural y el progress, y se valen
de la clase menos ilustrada del pueblo, la seducen, la alu-
cinan, la instigan A que se mueva, A que se agite.-Hom-
bres de bien, creeis que una vez agitada esta clase vol-
verA al orden inmediatamente?-No: el pais entrarA en
una carrera de males, que durar -por afios.-Vosotros lo
llorar6is, pero el forastero agitador estard en lejano pais,
tranquilo, riendo de la credulidad con que seguisteis su
bandera engafiosa.

(1) D. J. B. Alberdi, conocido por sus Bases para servir d la Constituci6n de la
Reptblica Argentina.





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))Para conocer A los amigos de Chile y distinguirlos de
sus engafiadores hay una prueba:
)Todo chileno, antes de ir a las armas, se dirai si mis-
mo:--(( No hay un medio sin sangre, sin desgracias, de
que pudiera echarse mano antes de todo para poner en
armonia y de acuerdo hombres y cosas fAciles de acordar-
se, porque al fin son de mi pais? Z Hay ese medio? Pues
si le hay, busqubmosle antes.),-Eso dira y harA todo
chileno.
,, El agitador extrafio C que harA en vez de eso?-Busca-
ri la confusion y la revuelta antes que todo, porque al fin
revuelve un pais ajeno, y si se vierte sangre no es la de
sus hermanos y sus paisanos.-El dira: (Mi California es
la anarquia; pues voy A ella en busca de oro y fortuna,.-
Asi dira el que no es chileno, y tambi6n se engafiarA el
infeliz, porque la anarquia es una mina en que s6lo se ex-
plotan lAgrimas y pobreza.,
La pasi6n 6 el deber del moment ocultaba al recomen-
dable publicista autor de estos concepts, que diez 6 veinte
millones de propiedad representada por esos extranjeros,
que cinco millones en pagarbs que estan en circulaci6n por
cr6ditos otorgados, que sus casas de consignaci6n, sus in-
dustrias pr6speras s61o con la paz, no podian naturalmente
propender a la. revuelta, limitando su acci6n 6 influencia
a hacer triunfar en las elecciones las ideas que mAs espe-
ranza diesen de perpetuaci6n de la paz y acaso de mejora
de situaci6n en cuanto a las sujeciones que les impone el
sistema general de instituciones que rigen los destinos de
la America del Sur.
El hecho dej6 desmentidos victoriosamente aquellos car-
gos hechos A la poblaci6n sin derechos politicos. Cuando
el candidate que patrocinaban sus simpatias fu6 gobier-
no y el partido que sostenia aquel diario quiso valerse de
la clase menos ilustrada del pueblo, para derrocar la admi-
nistraci6n, esos extranjeros calumniados de excitar A la anar-
qufa se armaron para defender sus propiedades y pres-
taron al gobierno todo el poder de su influencia moral y
pecuniaria. Traigo A colaci6n este hecho simplemente para
mostrar una de las causes de perturbaci6n latentes 6 ma-
nifiestas que obran sobre la Am6rica del Sur.





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SITIO DE MONTEVIDEO


Todavia parece que resonara en los oldos aquel clamor
eterno del sitio de Montevideo, que llen6 nueve afios las
columns de la prensa europea, que agit6 el mArmol de la
tribune de los parlamentos y debatieron en el silencio del
gabinete los gobiernos de Inglaterra y de Francia. i CuAntas
misiones diplomaticas, cuantas escuadras, cuantos tratados,
cuantos sistemas'de political seguidos y abandonados! Y
en despecho de tantos esfuerzos el sitio de Montevideo se-
guia impasible, cual si fuese una funci6n normal de la na-
turaleza, como el agua que fluye de una fuente, como el
pefiasco que reposa sobre su propia gravedad. Rodaron
tronos que se crelan cimentados sobre granite, desapare-
cieron dinastias en el intertanto, y Montevideo sin dinero,
sin soldados, sin viveres, desahuciado por todos, por todos
menospreciado, se mantuvo inexpugnable, inflexible, intra-
table, si no era 61 quien imponia las condiciones de paz.
6 Qu6 era, pues, este Montevideo que asi traia perturbada
la political del mundo y, lo que es peor, desconsideradas
sus influencias y sus combinaciones? Z Recordais vosotros
por qu6 se peleaba en definitive? Deciase entonces que
para que la autoridad legal de un president depuesto en
1840 fuese restablecida para concluir cuatro meses del pe-
riodo legal que le faltaban en la 6poca de su deposici6n.
Vosotros direis si a este grave complement de cuatro me-
ses pudo el gobierno argentino consagrar diez aiios de es-
fuerzos, cien millones de pesos y sacrificar diez mil vidas,
sucumbiendo 61 mismo en la demand.
El sitio de Montevideo era 4 lo creer6is, sefiores ? un acto
capital solamente de este gran drama de la descomposi-
ci6n y recomposici6n de las colonies espafiolas. Z Creer6is
que no era mAs que la barbarie de las campafias que to-
caba A su cenit, para descender, y la aurora de la reha-
bilitaci6n de las ciudades para recuperar su posici6n na-
tural de influencias civilizadoras y de centros y bases de
todo poder ? 6 Me creeriais si afiado que era s6lo la rege-
neraci6n de las colonies por la incorporaci6n de nuevos


TOMO XVI. -4





OBRAS DE SARMIENTO


elements de vida, de nueva sangre y de nuevos principios
de gobierno?
Si por lo pronto no diereis entero asenso A tan extrafios
asertos, en manera ninguna me sorprende. No se han de
encontrar A fe indicios de ellos en los voluminosos carta-
pacios del Ministerio de Relaciones Exteriores en Francia,
ni en el Foreing Office de Inglaterra, que, A encontrarse,
no hubieran errado tanto en tantos ailos.
Montevideo es una naci6n del vasto plan de la coloniza-
ci6n espafiola en las mArgenes del Plata. En una y otra
orilla la propiedad estd del mismo modo constituida, la
poblaci6n campestre igualmente disuelta, barbarizada. Los
resultados de la conmoci6n de la Independencia fueron id6n-
ticos de ambos lados. Del sitio de Montevideo se despren-
di6 en 1812 Artigas, contrabandista antes, desertor enton-
ces, jefe de bandas de jinetes despu6s y el primero que
encabez6 aquella insurrecci6n de ilotas libres, aquella jac-
querie de los de A caballo, y ensay6 los horrores, las ex-
poliaciones y las crueldades que mAs tarde se convirtieron
en Buenos Aires en gobierno constituido. Su asistente Ra-
mirez, disciplinado por 61 en el bandidaje, alborot6 los
pastores de las estancias de Entre Rios.
El inovimiento pas6 los grandes rios y los desertores de
ej6rcitos, L6pez, Quiroga, Ibarra, jefes de ej6rcitos subleva-
dos como Bustos, fueron apoderandose sucesivamente de
las ciudades, hollando tpdas las tradiciones civiles, hasta
que en 1829, alborotadas aquellas gentes que Azara describe
en la campaiia de Buenos Aires, puso con ellas Rosas cerco
A la ciudad, y cediendo 6sta por evitar mayores males, los
jinetes del desierto la impusieron un gobierno, que para
que realizase toda la verdad de las indicaciones 'de Azara,
(degollaba d los hombres con la misma frialdad que si fueran
vacas,. Todas las resistencias argentinas, todas las glorias
de sus antiguos ej6rcitos, todos los elements de la civiliza-
ci6n europea, 6 perecieron, 6 enmudecieron ante el degiiello
y la confiscaci6n. Los ej6rcitos de Rosas batieron la Re-
piblica entera hasta la cordillera de los Andes al Occidente,
hasta la frontera de Bolivia al Norte. El triunfo fu6 com-
pleto, absolute. El exterminio habia cegado las cabezas, el
terror creado una nueva atm6sfera, y cada campamento de
aquellos ej6rcitos qued6 sefialado por hecatombes de vic-





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timas. Suprimo con placer el detalle de estos horrores. Es
el antiguo principio de autoridad, es la antigua tradici6n
de gobierno que trajeron los colonos, la que se ensaya por
primera vez en todo su vigor, desde los bellos tiempos de
la Inquisici6n. No tolerar nada, no pararse en nada. Una
idea absolute, sin piedad debe dominar la sociedad. Los
judios judaizan ? Se les despoja y expulsa de la peninsula.
Z Los Arabes mahometizan? Se les saquea y expulsa. Z Las
ideas de la reform 6 de la filosofia penetran ? Se quema al
hombre que las abriga. ( Y las consecuencias? De eso no
se cura la idea absolute. La consecuencia fu6 a la larga bo-
rrar una naci6n del mapa entire las de primer orden y de-
jarla inhabilitada por siglos para alcanzar i las otras que se
le han adelantado de siglos en poder, civilizaci6n 6 in-
dustria.
Mientras estas escenas pavorosas tenian lugar en la mar-
gen derecha del Plata, ved lo que sucede en la izquierda.
Desde 1836 adelante empiezan A llegar nuevos colonos, ca-
narios, vascos, franceses, espafioles, italianos, y encuentran
un punto favorecido para el comercio, una sociedad ino-
cente en los medios de adquirir y de industrial; nadando
en riquezas sin aprovecharlas; repletas las arcas de capita-
les sin ponerlos a granjeria. Los veintis6is mil arribantes
se agitan, se mueven, abren sus talleres, improvisan indus-
trias, labran la tierra, navegan los rios, cantean piedra,
edifican ciudades, construyen mutlles, introduced merca-
derias, y un pedazo de los Estados Unidos, con su actividad
creciente, sus improvisaciones de riqueza y de cultural, su
animaci6n y su libertad se muestra en s61o seis afios de
dejar a Montevideo. 6 mAs bien a los hombres A su propia
acci6n. Los crimenes disminuyen porque no hay tiempo de
cometerlos, porque no hace tanta cuenta un buen robo como
el mas fAcil negocio. Las instituciones civiles se afirman,
por la misma causa que piden seguridad para las empre-
sas, y la civilizaci6n brilla alli, alimentada por los restos
que de Buenos Aires han salvado, resaltando mas sus efec-
tos por el contrast.
Entonces fu6 que Rosas, 6 la barbarie triunfante en la
margen derecha del rio, se acordo que a un president del
Uruguay que tenia el mando de los ej6rcitos de terrorists,
el mayor de todos los terrorists 61 mismo, le faltaban cua-





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tro meses de presidencia, y vencida la Repiblica Argen-
tina, enfrenado Buenos Aires, enderez6 sobre Montevideo
aquellas terrible huestes, que habian dejado A su trAnsito
un reguero de sangre y un camino de devastaciones en mil
leguas de pais que habian recorrido; dado tres grandes ba-
tallas y vencido, degollado, si! degollado, por batallones,
por escuadrones, por hecatombes, A cuantos habian osado
resistir, y para que nada faltase A esta fidelidad de la for-
tuna y i la energia salvaje del principio, el ejercito de Mon-
tevideo fu6 deshecho, sus jefes aprisionados y degollados,
desde que el ej6rcito de Rosas pis6 la Banda Oriental.
i Imaginaos, sefiores, la ciudad el dia que tan pavorosa
nueva penetr6 en su recinto, con los rebafios de families
que huian delante de estos Atilas americanos, con el pu-
fial y el cafi6n, la tea y la lanza, nivelandolo todo, enroje-
ci6ndolo todo en sangre, color que habian adoptado como
vestido! ; Imaginaos el pavor cuando mAs tarde una linea
roja como una cinta de sangre circunval6 la ciudad y la
salud6 con salvas reales para mas escarnecerla! Pero hasta
aquella salva, hasta aquel saludo ir6nico debia s61o Ilegar
la disoluci6n de las colonies que habia principiado alli mis-
mo con Artigas. La barbarie no di6 un paso mAs desde en-
tonces, y los esfuerzos que hoy hace son s61o agonias y
actos de desesperaci6n.
Montevideo, como Buenos Aires, habia sido sitiada p6r
los pastores y, como Buenos Aires, habia otras veces acep-
tado el dominio de sus caudillos. Esta vez, por esas razones
cuya fuerza nadie se explica, por causes aparentes, que no
son causes bastantes, pero simplemente porque ya estaba
maduro el principio regenerador y necesitaba obrar, mos-
'trarse y vencer, los vecinos de Montevideo resolvieron de-
fenderse ellos mismos sin ejercito, sin jefes, sin armas, sin
murallas. Los extranjeros, enriquecidos en aquella Eden,
en aquella California anticipada, indignados a su vez de ser
perturbados por las hordas semibArbaras, ofrecieron su
apoyo, sus fortunes, su sangre; y he aquf que los vecinos,
los ciudadanos, peleando ellos mismos para defenders, y
los nuevos arribantes asociAndose A la resistencia, hacien-
dola suya, 6 mAs bien incorporindose ellos en la ciudad,
por la carta de ciudadania que dan la propiedad y la sangre
que se derrama, quebrantaron las fuerzas del principio, del





PROVINCIANO EN BUENOS AIRES


sometimiento A la fuerza y A la tradici6n del gobierno de
las colonies.
La lucha comenz6 luego; el campo intermediario entire
sitiadores y sitiados fu6 empapado en sangre nueve afios,
y dos repdblicas y dos despotismos sangrientos nada pu-
dieron contra el pufiado de defensores que se improvis6 en
Montevideo. No entrar6 en los pormenores de asedio tan
largo, pero si indicar6 brevemente los rasgos que hacen A
mi objeto.
-Durante elsitio los sitiados abolieron la esclavitud, lo
que era un paso dado hacia un nuevo orden de cosas.
-Un temple fu6 edificado para satisfacer las necesi-
dades del culto de algunos de sus habitantes, dejando zan-
jada una de las viejas cuestiones de colonizaci6n.
-La ciudad fu6 gobernada nueve afios por el Congreso
y las autoridades ordinarias, sin poderes excepcionales y
por s61o la acci6n de las leyes civiles.
-No hubo en nueve afios sino una ejecuci6n notable por
causes political, al principio del sitio y en virtud de sen-
tencia de triblunales.
--Las rentas p6blicas fueron administradas municipal-
mente por los vecinos mismos que las compraban antici-
pando los fondos, a condici6n de administrarlas, lo que
produjo el orden y la economic en la recaudaci6n y extin-
gui6 la dilapidaci6n traditional en el pais, fundando el
cr6dito ain sobre ruinas.
-En el campo enemigo, durante los nueve afios, fueron
degollados centenares de victims, oficiales, vecinos, solda-
dos, paisanos, sin otro requisite que una serial del jefe y
a veces de los subalternos.
-No hubo hospitals de sangre en los primeros afios, de
manera que todos los heridos de cierta gravedad perecian
irremediablemente.
-El ganado de las haciendas fu6 extinguido para sa-
tisfacer la avaricia de los jefes.
-No hubo administraci6n de las rentas, ni otra regla
que la confiscaci6n y el despojo.
El resultado final fu6 que la plaza, es decir, los vecinos
vencieron.
Todavia este triunfo de Montevideo envuelve cuestiones
que necesito indicar. Habia lucha de colonizaci6n, lucha





OBRAS DE SARMIENTO


de instituciones, lucha de traje y vestido, lucha, en fin,
de tActica y de estrategia military, y en todos los puntos,
las fuerzas coloniales, tal como las trafa la tradici6n del
Mediodia de la Europa 6 la disoluci6n de la sociedad en
las campafias, fueron paralizadas y vencidas. Sab6is vos-
otros que los batallones de la plaza llevaban el equipo eu-
ropeo, y en su organizaci6n, regimen y maniobras seguian
los principios generals de la tActica europea. Las tropas
sitiadoras vestian de chiripd rojo, y en su organizaci6n y
abandon de las reglas, obedecian A la tradici6n de la
montonera, que es el goum Arabe, que os es hoy tan fami-
liar. Asi, pues, la montonera, la palanca de los vAndalos
fu6 vencida, y la pujanza de sus masas de jinetes despres-
tigiada en presencia de la tActica, cuya eficacia habian
puesto en duda durante veinte afios, como dud6 la Francia
de la eficacia de su tActica contra el goum Arabe, desde
1830 hasta la retirada de Constantina en 1842, en que el
coronel Changarnier disip6 el ensalmo, poniendo a prueba
su corisistencia.
La montonera venia perdiendo desde much tiempo atrAs
su vigor. En los primeros afios, i las 6rdenes de Arti-
gas, Ramirez, Carreras, L6pez, cuando era el alzamiento
espontAneo de aquellas masas de jinetes ociosas 6 inquie-
tas, su fuerza era terrible, como la de los guerrilleros en
Espafia. Jinetes prodigiosos, valientes en la guerra por el
hAbito de lidiar y domar toros y caballos, se lanzaban al
combat con una alegria feroz: el impulse era individual
y el secret de su tActica romper la linea enemiga, inter-
polarse en ella y buscar el combat cuerpo A cuerpo con un
adversario. El grito de guerra de la montonera espontAnea
hasta los tiempos de Carreras fu6 al entrevero (la mele),
literalmente, y las tropas mal disciplinadas no resistian al
asalto.
Movimiento id6ntico por la causa, la espontaneidad y
el efecto de las masas francesas a los principigs de las
guerras de la revoluci6n y de donde sali6 mAs tarde la
creaci6n de cazadores de infanterfa, que tan tiles resul-
tados produjo, someti6ndolos a las reglas de una tActica
ordenada.
Pero A media que la montonera fu6 dejando de ser
espontineo alboroto, jacquerie des campagnards, A media





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que se fue encontrando ella misma instrument de la am-
bici6n 6 de las pasiones desenfrenadas de los que se le im-
ponian sus caudillos, perdi6 aquella pujanza del entrevero,
y ya fue necesario, para suplirla, darle algunas ligeras
nociones de maniobras, con lo que quedaron inutilizadas;
pues no teniendo la precisi6n del ej6rcito de linea, ni sus
jefes la instrucci6n suficiente para darlas, descubrieron bien
pronto toda su nulidad. Las sangrientas batallas que han
registrado las parties posteriores, si no es la de la Tablada,
son carnicerias efectuadas sobre prisioneros para encubrir
la miseria de las batallas mismas, en que, huyendo sin
combat el grueso de caballerfas menos terrificado por sus
jefes, el vencedor salia ileso y los prisioneros proveian de
sangre para untar las lanzas. El sitio de Montevideo fu6,
pues, el sepulcro del poder indisciplinado de los barbaros.
El cafi6n requetia ingenieros; el sitio planes de ataque bien
combinados; los asaltos evoluciones precisas, y la direcci6n
general conocimientos estrat6gicos. Era, en fin, necesario
ejercitos como los tienen los pueblos cultos, y para tenerlos
Rosas y los bArbaros tenian que dejar de ser quienes eran
6 darse por vencidos.
Era precise abandonar el chiripd, y esta era la muerte
de la idea political.
Era precise dejar de degollar introducir el juicio mi-
litar, la prueba y la defense, y esta era la muerte political.
Era precise educar al soldado y ponerle jefes morales
6 instruidos, y esta era la muerte political.
Era precise, en fin, administrar con economic y equidad,
reconocer reglas, respetar categories y poner limits al po-
der discredional, y esta era la muerte political.
Montevideo con todo esto y un pufiado de hombres sin
terror y con much tActica, con generals experts, y por
oficiales una juventud animosa y educada, con guardias
nacionales, libertos 6 inmigrantes por soldados, venci6 to-
dos los dias, durante los nueve afios, las tradiciones de
predominio de las masas salvajes, la omnipotencia del
despotismo colonial, las fuerzas financieras, num6ricas y
de prestigio de Rosas, las intrigas europeas, el cansancio
del mundo y la infidelidad de la fortune. Sobre el mont6n
de ruinas de los alrededores de Montevideo ha quedado
para siempre escrito: no mAs sitios, no mAs caudillos. Ahi





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principia la regeneraci6n de las colonies espafiolas en el
Rio de la Plata. Tan complete fu6 el triunfo de la tActica
civilizada, de la tActica clAsioa para distinguirla de los
instintos salvajes de los jefes improvisados, que en Caseros
s6lo las tropas disciplinadas, s61o los que Ilevaban uniform
y quepis francs tuvieron que hab6rselas con el enemigo.
Pero el sitio de Montevideo 6 la guerra de nueve afios
trajo otro resultado que necesito consignar aqui para me-
moria. Destruy6 y extermin6 el ganado de las campafias
y consumi6 todos los capitals de la ciudad sitiada. La
ruina de la propiedad fu6 complete, absolute. Qued6 aque-
lla tierra tabla rasa para organizer la propiedad y la in-
dustria sobre nuevas bases.
Y aqui me permitir6 observer otra de las causes de
perturbaci6n que dilaceran la Am6rica espafiola, y es la
carencia de ideas econ6micas de todos estos paises que
han adorado el becerro de oro del heroismo de la fuerza.
Ni los gobiernos, ni los gobernados, ni las ideas liberals,
ni la reacci6n se han preguntado nunca: cuanto va A
costar cada paso atras 6 adelante, la innovaci6n 6 la con-
servaci6n, la tirania 6 la libertad? El sitio de Montevideo
dura, con escandalo del mundo, nueve afios, y cuesta al
pals que dej6 obrar el capricho de un tirano, mAs de cien
millones de pesos, diez afios de progress, la fortune de
todos los partidos, la sangre de millares de victims, la
ruina de la industrial del ganado A ambos lados del rio.
La otra causa de la tenacidad de estas luchas es la iniquidad
proclamada, la falta de garantias para los vencidos, los
antecedentes de violencias y expoliaci6n de los caudillos y
la poca fe que sus promesas merecen. Cuando un poder
toma por divisa el exterminio de sus enemigos, la confis-
caci6n y la negaci6n de todas las libertades como se hacia
en aquellas luchas, la resistencia es hasta la muerte, hasta
el impossible. El sistema de vencer A todo trance trae apa-
rejada la resistencia A todo trance. Luego vamos A ver
repetirse el fen6meno en otra parte.





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DESCOMPOSICI6N DEL DESPOTISMO POR SUS VICIOS


Dejemos A Montevideo en su noble tarea de quebrantar
la fuerza brutal y numbrica por la fuerza inteligente y or-
denada. Pasemos al otro lado del Plata y veamos el poder
discrecional A la obra.
Desde 1842 adelante la tranquilidad queda restablecida
en todos los Angulos de la Repuiblica. La obediencia pasi-
va, la sumisi6n estoica es el sentimiento inico que preva-
lece por el terror y la confiscaci6n primero, por el escar-
miento y el cansancio despues, por el descr6dito de la re-
sistencia y la muerte 6 la expatriaci6n de los que la inten-
taront. La obediencia pasiva se convierte en convicci6n
national, se vuelve cinica, entusiasta, intolerante, enva-
neci6ndose de su abyecci6n misma. El poder es todo, la
soberana voluntad del Dictador llega A hacerse una segunda
Providencia, prefiada de promesas, benefica hasta en sus
males, previsora hasta-en sus desaciertos. El sabe lo que
hace; A su tiempo darA lo que se le pide, y del seno del
mal aparente 6 inmediato saldrAn los bienes ocultos y le-
janos.
El pufial de los asesinos del Estado descansa ya inactive.
El terror, las matanzas son ya indtiles; no hay A quien
matar; nadie resisted. La base del poder es incontrastable.
Si el ejbrcito que sitia A Montevideo no toma todavia la
plaza, no es vencido tampoco, y en lugar de estar acan-
tonado en las ciudades argentinas lo esta en los alrede-
dores de Montevideo, lejos de la acci6n de la opini6n y
active para sofocar la revuelta.
Nunca hubo poder mis vigorosamente constituido, mAs
s6lidamente afianzado, mAs ciega y sumisamente obede-
cido. Es el ensayo mAs en grande que en los tiempos mo-
dernos se haya hecho de la acci6n del poder discrecional.
La prensa adoctrina diariamente al pueblo, y el gobierno
se encarga de hacer llegar sus escritos sin replica, no s6lo
i los extremes de la Repiblica, sino A todos los paises del
mundo. La Legislatura es un altar de adoraci6n, de genu-
flexiones, de aprobaciones A todo lo que el poder discre-





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cional desea, y en quince afios no se oye en su seno una
sola voz que interrumpa el coro de alabanzas. Las vidas
y propiedades, la honra misma de los ciudadanos le son
ofrecidas en sacrificio a la defense national, es decir, al
poder. Hombres distinguidos representan A la Reptiblica
en Inglaterra, Francia, Brasil, Chile, Estados Unidos, etc.
La Europa, l1 America lo aceptan, disculpan sus excess
y lo acatan. O Qu6 resultados produce este gobierno ?
Como iniciaci6n y base del sistema, ya lo sab6is, seisus-
tituy6 a los medios cultos de ejecuci6n el degiiello, por
personas adictas al gobierno sin la degradaci6n del ver-
dugo, y este sistema horrible se aplic6 indistintamente A
los proscriptos, a los prisioneros de guerra, A los ciuda-
danos en sus casas y A los criminals ordinarios, quedando
abolido, como parte del sistema, el process, confesi6n, ca-
reo, defense y sentencia de juez.
Pero el resultado econ6mico mis visible fu6 el alzamiento
del ganado en las campafias de Buenos Aires. Rosas lo
decia en su mensaje A la Legislatura de 1850. A causa de
la falta de peones el ganado habfa perdido desde 1839 ade-
lante todo resto de domesticidad y h6chose salvaje. He
aqui todo el suistema de colonizaci6n espafiola destruido por
sus propios frutos. Permitidme explicaros el sistema eco-
n6mico y politico que encierran estas candorosas revela-
ciones del poder que la industrial del ganado mismo habia
creado.
De aquellas mil propiedades territoriales Ilamadas estan-
cias, la mitad habian sido confiscadas por pertenecer A
salvajes unitarios. El ganado que en ellas pacia, adminis-
trado por el juez de paz 6 abandonado A si mismo, si no
dilapidado enteramente, habia vuelto al estado salvaje.
Como la propiedad no estA en la tierra misma, que es s61o
su continent; como la riqueza es mobiliaria 6 semoviente,
en un dia, en una hora puede ser arruinado, despojado,
anulado el poseedor. El despotismo, el terror, pues, se
funda en esta peculiaridad de la industrial pastora. El ganado
del calmuco 6 del Arabe tiene por guardiAn la tribu a que
los propietarios pertenecen, y la tribu anda armada para
batirse defendi6ndolo. Asi esta compensada la movilidad
de la propiedad con el ej6rcito que la custodia.
Faltaban peones. Qu6 son, pues, los peones homess





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de peine) en este drama? j Por que faltaban? Acordaos de
esas chusmas degradada's por el aislamiento, por la igno-
rancia, por la penuria, esos espafioles que describe Azara,
que ya en 18oi no se distinguian ni en el vestido ni en las
ideas de los salvajes. Esos son los peones que faltan de
sus hogares; esa era la material primera de la montonera
primitive, los sicarios de los degiiellos y crueldades. D6n-
de estAn ahora ? Estan purgando sus propias faltas, cogidos
en la misma red que tendieron, son los soldados de los
ej6rcitos que estan peleando en Montevideo. Los que que-
dan en la provincia estin hace afios en acantonamientos en
Palermo construyendo jardines y sirviendo de guardias pre-
torianas: en las campafias, trabajando sin salario en las
estancias de los jefes militares, que dominant el pais y se lo
han subdividido para explotarlo. El departamento paga una
contribuci6n diaria de ganado a los jefes. Estos colectan
los cueros, como un gaje y un derecho, y como los cueros
son realizables en el mercado, cuanto mas ganado se mate,
mis cueros se sacan, mas dinero se realize. El ganado
sufre esta destrucci6n lenta durante doce afios. El ganado
qued6 y permanece hasta hoy alzado. Los comerciantes
chilenos que fueron a Buenos Aires A comprarlo en 1852
no encontraron ofertas, sino A condici6n de sacarlo ellos
mismos de su cuenta y riesgo de las estancias.
En las provincias del interior sucedi6 peor todavia. La
Rioja, San Luis, C6rdoba, Santa Fe, los focos antiguos de
la montonera, han visto extinguidos sus ganados por los
mismos gobiernos que habian hecho nacer. En C6rdoba
hubo cuatro diezmos de ganado al afio, y en todas parties
esta propiedad realizable, transportable, en horas y sin gas-
to, provey6 A todas las requisiciones, A todas las dilapida-
ciones del poder discrecional, que todos los dias inventa
una raz6n de interns piblico, un peligro de invasion de
indios, para ejercer nuevas extorsiones. Porque en eso par6
la sumisi6n pasiva, la autoridad sin resistencias legitimas,
sin contrapeso y sin diques.
Todas las oficinas piblicas, hasta la Biblioteca, el gobier-
no mismo se convirtieron en oficinas de negocio. El des-
potismo sin resistencia dej6 de ser sanguinario y se con-
virti6 con la paz en comerciante, en usurero, en ladr6n
piblico. Se dictaban en Buenos Aires, C6rdoba, Entre





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Rios decretos paraeprohibir la entrada de harinas 6 permi-
tirla, segin los acopios que los gobernantes especuladores
tenian hechos: habia leyes reglamentarias para la matan-
za del ganado, que tenian por objeto monopolizar esta in-
dustria. Donde no se criaba ganado los gobernantes eran
rematadores de diezmos, proveedores de viveres, lefia, alum-
brado para tropas y se tenian tropas acuarteladas, pagadas
initilmente en la paz para tener ocasi6n de proveerlas y
ejercer estas industries rateras. Los pasaportes daban de
comer A centenares de oficinistas, por las propinas que
arrancaban por despacharlos: las capitanias de puerto de-
jaban millones por los permisos concedidos 6 negados, se-
gin que se pagaba A los que tenian en su mano estas fa-
cultades. Las aduanas se convirtieron en explotaciones sobre
el comercio: los caminos se Ilenaron A cada provincia que
atravesaban de derechos de cencerro (I), de peajes de ca-
rretas, de contribuciones con todos los nombres, con todos
los pretextos.
Fueron en Buenos Aires cerradas las casas de exp6sitos,
de locos, los hospitals. Cerrada la Universidad y con-
vertida en almacenes de aduana. Retiradas las rentas A
las escuelas primaries y abandonado todo cuidado admi-
nistrativo que no fuese arma de persecuci6n y sus rentas
dilapidadas y los capitals afectos A los establecimientos,
como los edificios enajenables, donados A favorites. Los
colegios y escuelas particulares, faltando la Universidad,
fueron facultados para presentar certificados de capacidad
de sus alumnos, con la requisita condici6n de probar que
eran federales decididos, y fueron doctors todos los nifios
mediante una propina A su maestro y al portero que debia
elevar el memorial, de manera que hoy tienen titulos de
suficiencia todos los que saben leer, como obtuvieron gra-
dos militares muchos que cometieron y perpetraron actos
que llevarian A galeras. Habiase formado un Banco para
el descuento. Hizose luego Banco de emisi6n de papel mo-
neda, sin garantia, sin restricciones, y se emitieron mi-
llones y millones, segfn que la guerra, el espionaje, la
corrupci6n, la prensa del mundo asalariada lo hacian ne-

(1) La cloche que porteau cou un des mulets, pour attirer les autres, ct les taire
marcher.





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cesario, y hubo al fin sobre una sola provincia, sobre ciento
treinta mil habitantes nacionales, ciento treinta millones en
circulaci6n, lo que hace un mill6n A amortizar por cada
mil almas.
Los tribunales vendieron por gantidades estipuladas las
sentencias, y si la parte agraviada tenia valimiento con
el aut6crata, la sentencia era apelada ante 61 y el expe-
diente quedaba sepultado en los archives de gobierno si no
revocada. Los comerciantes hacian presents A la familiar
del gobernante y obtenian exenciones de derechos, y la de
Risas acumul6 una fortune en estos obsequios.
La administraci6n fu6 transportada A la residencia par-
ticular del gobernante, abandon6se el despacho de los ne-
gocios y la casa de gobierno se convirti6 en corte, A la
manera de la de Luis XV, ostentando en las ciudades sin
velo el concubinaje de las campafias. Y esto es consecuen-
cia necesaria del poder discrecional. Efectos iguales pro-
dujo en la Edad Media y muy avanzado el siglo xvIIi en
Europa; vense todavia en various puntos de Italia y es la
fuente de las rentas del Egipto, de la Turquia y de la
China; bien que mAs antiguo el sistema en estos pauses,
el explotador en jefe despoja de vez en cuando A bajaes y
mandarines de cuanto han arrancado A los pueblos.
S Qud hacia el jefe del Estado en medio de este saqueo
universal? i Asombraos, sefiores! Construia unos jardines,
como Luis XIV. Pas6 sus tiltimos afios contraido A esta
tarea, hacienda extirpar hortnigueros y que le entregasen
por cuenta las hormigas muertas. En esa tarea lo sorpren-
di6 el enemigo.
Hay todavia otros resultados sobre la constituci6n orgA-
nica de la colonizaci6n que importa hacer sentir. El Estado,
poseedor de las tierras baldias, las habia dado en enfiteusis
hasta 1835, cediendo el usufructo mediante un canon 6 hi-
potecando la propiedad al pago de la deuda extranjera. La
tirania ofreci6 A los soldados la tierra que poseian los clasi-
ficados de unitarios, y la hipotecada la vendi6, don6 y des-
parpaj6 entire sus sostenedores. La tierra no ocupada, como
el ganado, mobiliario, venian, pues, A constituir un nuevo
caudal de dilapidaciones, una fuente inagotable de gracias,
favors y recompensas A disposici6n del hombre de la suma
del poder puiblico. Afortunadamente, su ejemplo fu6 imitado,





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y el general Urquiza, fundando estancias en compafiia con
sus jefes, en los terrenos no ocupados de su provincia; ex-
plotando el gobierno como una gran propiedad, se hizo de
ej6rcito suyo, de jefes suyos, para derrocar al tirano en jefe.
La propiedad territorial experiment en Buenos Aires
otras modificaciones. Concibese que los generals, que los
jefes de cantones, pudieron en veinte afios acumular suertes
de estancias haciendo valer el prestigio de que gozaban y
los medios de intimidaci6n. El capital hizo lo mismo, po-
ni6ndose a la sombra del poder, y en la carta topogrAfica
estin marcadas esas inmensas aglomeraciones de tierra en
una sola mano. Hay propiedades que pueden contener un
departamento de Francia.
Me he detenido en esta enojosa enumeraci6n de los de-
sastres del arbitrarismo, de la autoridad tutelar, para mos-
trar las causes de un progress y de una reacci6n favorable
A la libertad.
El poder absolute en sus exageraciones, en las necesida-
des que se cria para sostenerse y marchar, tiene un poder
de reacci6n que parece una bendici6n, para quienes, sin
sufrir inmediatamente sus efectos, pesan con el estoicismo
de la filosofia sus resultados.
De la confiscaci6n naci6 el habito de poner el nombre de
los colonos europeos, 6 domicilados en contratos simula-
dos, para escudar los intereses. La idea de un derecho
inacatable quedaba en los Animos. La noci6n del derecho
estaba salvada.
Durante la administraci6n de Rosas empez6 a sentirse
el poder civil y las garantias, que existian s61o para los
extranjeros. La ingerencia de la Europa en las cuestiones
argentinas tenia por objeto proteger A sus nacionales en
pauses donde la vida y la propiedad estaban a merced de
un gobierno de sangre y de rapifias. El efecto indirecto
de estas intervenciones fu6 crear la ciudadania y la liber-
tad en el seno mismo de la tirania mAs espantosa. Lleva-
ron todos los criollos durante veinte afios un chaleco y una
cinta rojos; pero los extranjeros no la llevaban, de donde
resultaba una lecci6n escrita para el pueblo en jeroglificos
visible, a saber el punto en que la tirania tenia que dete-
nerse, y siendo los garantidos los cuatro quintos de la po-
blaci6n visible y varonil, resultaba. A la vista un censo que





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mostraba a los oprimidos su minoria, como una excepci6n
de la regla. El derecho, las garantias estaban, pues, en
mayoria, y la vergiienza era s61o para los nacidos en las
colonies. Los extranjeros ligados A las families, simpAticos
a los proscriptos, duefios del comercio, escudaron la pro-
piedad, mantuvieron vivo el sentimiento de la dignidad.
A tal grado lleg6 este acatamiento al derecho garantido, que
las autoridades iban A las casas de los europeos A pedirles
declaraciones, que Rosas lbs invit6 a peticionar para su
reelecci6n y que en doce afios no hubo en medio de aquel
sistema de asesinatos y despojos un solo europeo que tu-
viese de qu6 quejarse.
De la do6trucci6n del ganado resultaba un cambio en la
industrial 6 una modificaci6n para ponerse A cubierto del
azote de las requisiciones. Se sustituy6 en parte la cria
de merinos, que require mAs inteligencia y disemina me-
nos la poblaci6n.
De la guerra cr6nica de Montevideo resultaba la dismi-
nuci6n, el desencanto y mis tarde la resistencia de los cam-
pesinos A ser llevados A la guerra.
De las expoliaciones, el deseo vehemente de poner un
dia diques A esta gangrena que vulneraba A todos indis-
tintamente.
De los derechos, peajes y extorsiones fiscales naci6 el
studios de las cuestiones econ6micas y el examen de las
fuentes de la riqueza pdblica.
De la inutilidad de aquel sometimiento pasivo de veinte
ailos, del desencanto de las esperanzas remotas, volvia a
renacer fuerte, vigoroso el sentimiento de la resistencia, de
la defense propia y del propio gobierno.
Las masas estaban diezmadas, amansadas y desencan-
tadas. Las classes cultas, en el intertanto, estudiaban desde la
ribera opuesta el fend6meno extrafio del sitio de Montevideo,
comprendiendo el medio sencillo de obtener las bases por lo
menos de toda asociaci6n possible, el respeto de las vidas,
propiedades y opinions. Toda esta elaboraci6n se hizo en
los iltimos doce afios de la tirania de Rosas, y A su caida,
m6s que venganza de los pasados sufrimientos, pedia la
poblaci6n de Buenos Aires, la mis trabajada por esta sa-
ludable reacci6n, una reacci6n moral en los medios de
gobierno; reafidad en las instituciones y bases seguras de





OBRAS DE SARMIENTO


reposo, que no viniesen de la tutela del gobierno, indepen-
dientes de la fuerza, superiores A la fuerza misma, para
descansar de las inquietudes y tormentos de veinte afios.
Las ideas propiamente dichas, lo que al progress ataile,
no apasionaban A este pueblo. i Qu6 hablarle de fiestas,
cafias y zambras al enfermo que gime paralitico en el lecho!
Su felicidad supreme seria s6lo poder caminar un poco.
Siento tener que decir que una hora despu6s de caido
Rosas, se hizo sentir al pueblo, ebrio todavia de dicha, que
la voluntad de uno solo tan impotente, tan initil, tan rui-
nosa hasta entonces, volvia a ser la influencia dominant,
y vosotros no sab6is lo que es este desencanto pdblico, este
caer s6bitamente del transitorio olvido de los males pasados
A la silbita aprensi6n de una cadena del mismo g6nero.
Vosotros hab6is visto el despotismo glorioso, en nombre del
genio, de la ciencia, de la victoria y la dominaci6n de toda
la Europa y el acatamiento universal; pero no tennis idea
del despotismo ruin del bArbaro, que, como Rosas, no
tiene otros titulos, otra capacidad que la de sobrepasar A lo
mAs rudo de la especie humana en degradaci6n, en crime-
nes, en ignorancia y nulidad. Habeis pasado de los dias de
libertad tumultuosa A ,los del despotismo brillante, gran-
dioso, active, prodigioso; pero no sab6is lo que es salir
de una tirania ruin para caer en otra que se present con
el mismo ropaje. Llegado el jefe del Ejercito Libertador A
Buenos Aires, proclam6 la perpetuaci6n del rojo simbolo
de las pasadas iniquidades y la conservaci6n en el poder
de los expoliadores de las provincias. i Era esto para volver
locos A los hombres!



RESISTENCIAS CIVILES


No me propongo haceros una resefia de los hechos ocu-
rridos en las mArgenes del Plata despubs de la caida de
Rosas. Seria demasiado largo. Quiero mostrar c6mo se re-
habilitan aquellas sociedades, c6mo se constituyen 6 se pre-
paran para constituirse. Os recordar6 s61o que hablo de
paises destinados fatalmente A ser repdblicas, A gobernarse





PROVINCIANO EN BUENOS AIRES


por si mismos. Los ensayos de poder discrecional, A mAs
de odiosos y, permitidme la expresi6n, villanos, han sido
entire nosotros desgraciados. Veinte afios de duraci6n de
un sistema de este g6nero dejaron s6lo el caos, como el
desbordamiento de un rio deja s61o estragos.
Voy A exponeros algunos hechos que se ligan A los pre-
sentes disturbios.
El vencedor de Caseros, ya os lo he dicho, mostr6 des-
pubs de la victoria sobre Rosas el deseo de que los ciuda-
danos Ilevasen, como en tiempo de aqul1, una cinta, un
emblema, moi que sais-je, rojo. Estos pueblos lo habian
Ilevado veinte afios; lo que se les pedia, pues, era en ellos
un hAbito. Nada habia de nuevo; pudiera decirse que nada
habia de chocante. Someti6ronse los hombres de estado A
esta exigencia, por obtemperar; someti6ronse expatriados
que no la habian soportado nunca. S61o no la acept6 la
Repiblica en masa, las poblaciones en masa: los hom-
bres, las mujeres, los nifios, los ricos, los pobres.
4 Qu6 revoluci6n se habia operado en el espiritu de pue-
blos educados veinte afios bajo la confiscaci6n, el litigo,
la afrenta, el degiiello, los tormentos ? i El terror en Fran-
cia dur6 un afo! En la Repiblica Argentina se insolvi6 en
la sangre, circul6 con ella veinte afios, se transmitia de
padres A hijos, como sucedi6 con Jacobo I. Este pueblo,
que no habia tenido vergienza veinte afios, la tuvo en un
dia, y resisti6 y venci6. La tirania lo habia levantado de
su postraci6n. Sobre este sentimiento de la propia dig-
nidad del individuo puede, pues, fundarse una constituci6n.
Hubo este pueblo de elegir sus diputados para la Legis-
latura. Hacia s61o un mes que habia firmado hip6crita y
servilmente manifestaciones de adhesion A Rosas, ofrecien-
doles fortunes, vidas y honra en su defense. No hacia un
afio que ese mismo pueblo habia suscrito peticiones escri-
tas, rogando, implorando al tirano que continuase despo-
tizAndolo, aunque quedasen por dos afos sin despacharse
los negocios piblicos. El jefe del ej6rcito victorioso, acan-
tonado en los alrededores de la ciudad, quiso influir en el
acto de la elecci6n de la Legislatura, y previendo resisten-
cias A su voluntad, mand6 tropas A circundar las mesas para
intimidar el voto, y aquel pueblo, envilecido veinte afios, ha-
bituado A adivinar los deseos del aut6crata, aquel mismo
TOMO XVI.-5





OBRAS DE SARMIENTO


pueblo, por entire medio de la soldadesca, sin tumulto, sin
irritaci6n, sin gritos, nombr6 sus diputados A la Legislatura,
conforme A su deseo y A su querer. Comprendeis que hay
en este solo hecho la base ancha y honda para la realiza-
ci6n de las instituciones republicans? Celebr6se un pacto
entire aquellos caudillos de las provincias, que trafan ain
las manos tintas en sangre y repletas de expoliaciones, y
aquel pacto encerraba dos clAusulas repugnantes: la orga-
nizaci6n de una nueva dictadura y la violaci6n del principio
de la representaci6n parlamentaria que da un representante
por un cierto nimero de habitantes. El pueblo de Buenos
Aires peticion6 A su Legislatura, en medio de los ej6rcitos
que cercaban la ciudad, para que rechazase aquel pacto;
y la Legislatura, emanada del voto espontaneo de sus co-
mitentes, sin espiritu de partido y s61o por salvar los prin-
cipios parlamentarios y la dignidad de su Legislatura, sin
entusiasmo, sin fe en el 6xito y s61o por llenar un deber
de conciencia y de posici6n, neg6 la ratificaci6n de ese
pacto, que era su propia muerte, puesto que algunas horas
despues la Legislatura fu6 disuelta por la fuerza. Y todo
esto ocurria en la misma Sala en que por veinte afios el
poder Legislativo habia sido el escarnio mis bien que la
representaci6n de la voluntad piblica.
SComprend6is que majestad hay en esta inmolaci6.n
tranquila de los individuos al deber, de la forma legislati-
va al principio que represent? y ; que germen sembraba
la autoridad soberana de una provincia para la pr6xima
inauguraci6n del Soberano Congreso Nacional! A la diso-
luci6n de la Legislatura respondi6 la sublevaci6n del ej6r-
cito vencedor mismo, con el apoyo de todos los jefes de la
provincia, y A este enderezamiento del poder constituido
sobre la base del asentimiento piblico, una 6poca de ex-
pectaci6n y de lucha con los restos del poder discrecio-
nal que la victoria sobre Rosas habia accidentalmente puesto
en las manos de su vencedor. Todos estos actos son es-
pontAneos de la poblaci6n de todas las classes. No hay par-
tidos, no puede haberlos. No ha habido tiempo para que
se formen. Si se dijera que obraban las influencias de los
unitarios, que lecci6n para el arbitrarismo y aun para la
represi6n de buena fe! La confiscaci6n, los degiiellos, el
terror, el poder de veinte afios, una generaci6n muerta y





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otra educada bajo el despotismo, Z no habian, pues, dado
otro resultado que mis resistencia, mas energia, mis una-
nimidad ?
Este es el lugar oportuno de indicaros una de las Ilagas
mis profundas que A la future tranquilidad del pais habian
hecho los excess y las necesidades de conservaci6n de la
tirania de Rosas. Luchando contra las classes propietarias,
contra los militares que sobrevivian A la guerra de la In-
dependencia, contra las ciudades y apoyandose en las cam-
pafias, se habia formado un personal military en jefes y
oficiales, mayor que el que tiene la America toda entera.
Diez mil hombres en el sitio de Montevideo; otros tantos
en los campamentos; la herencia recogida y aceptada de los
jefes y oficiales de las bandas de Quiroga, de L6pez, de cada
uno de los caudillos provinciales formaban ya un per-
sonal military monstruoso. AfiAdase A esto el que Urquiza
habia ascendido de un grado en todo su ej6rcito de doce mil
hombres; afiAdanse los jefes de la guerra de la Indepen-
dencia; los de los ejercitos revolucionarios de Lavalle y de
Paz, y los centenares de oficiales que habian defendido la
plaza de Montevideo, y se tendrA una idea aproximativa del
personal military que tiene una repiblica de un mill6n de
habitantes. Chile tiene veinte coroneles y seis generals. La
Repiblica Argentina tiene cerca de mil hombres en oficia-
les superiores. Este exceso de militares es para la regene-
raci6n del pais un element precioso. La carrera military
tiene que ser en adelante, como en los Estados Unidos, pu-
ramente honorifica y ciudadana. El d6spota que aliste en
sus filas doscientos de entire ellos tendra ochocientos en
contra, y el espiritu military inactive, cuando es ya popular,
se convierte en fuerza moral y en parapeto de los goberna-
dos. Pero lo que para el porvenir del pais es una prome-
sa, en pueblos que no tienen por qu6 pelear con nadie era
un peligro, en el moment de la transici6n brusca del es-
tado de guerra. permanent al estado de paz definitive, y
las nuevas autoridades de Buenos Aires 6 no previnieron
6 no pudieron evitar el conflict. La historic de Francia
tiene un hecho semejante. Vencido Napole6n en 1814, el
ejdrcito fud en parte licenciado; la paz trajo de las naciones
antes enemigas los ciento veinte mil prisioneros que habian
quedado en ellas de las guerras pasadas, y el ejercito des-





OBRAS DE SARMIENTO


bandado se enderez6 un dia y fu6 necesario Waterloo para
desarmarlo de nuevo. Buenos Aires no podia dar empleo A
todos los jefes y oficiales de Rosas, ya que habia ocupado A
muchos de ellos, ya que habia recibido muchos mAs del
ej6rcito de Urquiza, ya que reconocia los de la Independen-
cia. No podia satisfacer todas las aspiraciones que habia
dejado truncadas la caida de Rosas ni continuar todas las
rentas por l1 prodigadas. Sucedi6 lo que habia de suceder,
lo que sucedi6 en Francia en 1815. Aquellos intereses aun
no satisfechos, aquellas carreras cortadas se pusieron en
movimiento y los jefes puestos en la campafia hicieron su
levee de boucliers. Las campafias otra vez! iQu6 bello es-
pectAculo es el de una verdad hist6rica, econ6mica, ya ex-
plicada, que se levanta de repente y hace exclamar al pue-
blo: i Hela ahi! Ella es! La campana de Buenos Aires se
levanta en masa para dar su voto, para hacer una mani-
festaci6n armada sobre no s6 qu6 cuestiones political. Os
aseguro que ella no lo sabia tampoco; pero se levanta pri-
mero; esta es hist6rica, normal. Despues se sabrA por qu6
se ha levantado. Se lo explicarAn.



SITIO DE BUENOS AIRES


La ciudad de Buenos Aires fu6 sitiada al principiar este
afio y permanece hasta hoy resistiendo. e Que mal le ha-
bia hecho la ciudad A la campafia? Z Porque la campafia,
las masas de jinetes, tienen un sentimiento politico y la
ciudad tiene otro?
Creo que el movimiento primitive naci6 de un sentimien-
to 6itil, que fu6 en seguida explotado para otros fines. La
posici6n equivoca en que Buenos Aires queda con respect
A las otras provincias, con motive de sus resistencias al
arbitrarismo, hacia inminente la guerra, y la aversion A .la
guerra era el tnico sentimiento vivo, profundo, arraigado
que habian dejado en las masas de la Repfiblica la tirania
de Rosas y las cien tiranias subalternas que veinte afios
estropearon, atormentaron, degollaron, explotaron A estas
pobres masas de campesinos pobres, humildes, sumisos y





PROVINCIANO EN BUENOS AIRES


aterrados. ((No mas guerra, era el grito de alarma en las
campafias. ((La paz, la pazn) fu la intimaci6n que hicieron
A las autoridades de Buenos Aires al cercar la ciudad.
Este era el sentir ingenuo de las masas. Para los que
las trafan sobre la ciudad habia otros estimulos. Rosas
habia subido al poder imponiendose candidate por medio
de un sitio, y las circunstancias espinosas de la situaci6n
hacian muy natural este expediente. Pero la ciudad res-
pondi6 instintivamente: (i Montevideo, Montevideo !n, y los
ciudadanos rechazaron todas las propuestas de la insurrec-
ci6n pastora y de las ambiciones aventurosas.
He aqui vuelta la political, los elements, los actors, A la
misma situaci6n de 1829; pero entire 1829 y 1853 media el
sitio de Montevideo, el triunfo definitive de las institucio-
nes civiles y la sujeci6n de esos elements de desorgani-
zaci6n que se mezclan en toda nuestra historic y produce
tan extrafios fen6menos. No es mi Animo persuadiros A
que la ciudad rompa el cerco de lanzas que la estorba ali-
mentarse A precious baratos, ni me obstino en career de todo
punto impossible el triunfo de las fuerzas sitiadoras. Mi
convicci6n no va hasta trazar A los hechos por realizarse
un ferrocarril, de donde no pueden escaparse las ruedas que
los mueven. No. El porvenir de la lucha es lo inico que
me interest y me infunde confianza, y quiero mostraros
los elements regeneradores que veo, no ya en germen,
sino triunfantes; y dominadores.
-Buenos Aires, esto es, la poblaci6n moral, culta, pro-
pietaria, irteligente, se ha armado para pelear personalmen-
te, endurecerse A las fatigas, desimpresionarse del pavor de
la fuerza y de las armas, y con un aflo de combates dia-
rios, con ese sentimiento de la dignidad personal que des-
pierta el uso de las armas y la frecuencia del peligro. Bue-
nos Aires, con ciento cuarenta mil habitantes compactos y
reunido en un sentimiento comiin, es mAs fuerte que las
chusmas de las campafias diseminadas en cincuenta mil
millas cuadradas, y todo poder que gobierne esta ciudad en
adelante respetarA lo que sabe hacerse respetar. Hay, pues,
una opini6n pdblica y un pueblo, bases de todo gobierno
republican. La defense de Buenos Aires no es hecha por
ideas exaltadas contra partidos menos avanzados. Es la
defense de las ciudades de la Holanda con sus municipa-





OBRAS DE SARMIENTO


lidades A la cabeza; de las ciudades italianas de la edad
media con sus Senados; de las comunas francesas del tiem-
po de las cruzadas que conquistaban su libertad 6 la com-
praban de los sefiores feudales, tray6ndolos A otorgar cartas,
inmunidades y privilegios.
-La defense de Buenos Aires ha asociado A la poblaci6n
culta criolla los nuevos colonos europeos, por las simpatfas
antiguas, por la defense de la propiedad, por el sentimiento
de la dignidad humana ajada en someterse al capricho de
jinetes rudos 6 inmorales. Los nuevos colonos, la inmigra-
ci6n europea en Buenos Aires cuenta cien mil hombres, y
cien mil hombres industriosos y propietarios necesitan le-
yes, tranquilidad y orden para conservar y aumentar esa
propiedad. La antipatfa 6 simpatfas de poblaci6n tan nu-
merosa decide irrevocablemente de la seguridad future
del pafs.
-La defense de Buenos Aires se ha hecho en apoyo
de un principio bueno en si: el respeto debido A las auto-
ridades que el pafs se ha dado por su voto espontAneo, con-
tra el poder que quieren imponerle, la insurrecci6n de jefes
de campafia, sostenidos por la ignorancia, la incapacidad
de juzgar, los malos hAbitos y la desmoralizaci6n de masas
semisalvajes, y un buen principio noble y legitimamente
sostenido es una semilla fecunda de orden y de institucio-
nes, como es una caja de Pandora el triunfo de un malo,
por la cadena de males que engendra.
-La defense de Buenos Aires no ha sido inspirada por
la influencia de un general, de un caudillo popular, un
partido 6 un ministerio, sino por un sentimiento moral,
econ6mico, comdn A todos los partidos, A todas las classes,
sostenido por sacrificios voluntarios de dinero de los ricos
y defendido con la sangre de todos los ciudadanos sin
distinci6n, y este general sentimiento, este general sost6n
y este general concurso, constituyen la fuerza y las con-
secuencias ben6ficas para el future establecimiento del or-
den y de la paz.
-La defense de Buenos Aires ha sido decretada y di-
rigida por la Legislatura, en virtud de las leyes y para
el sost6n de esas leyes, de esos poderes ordinarios, y el
element que ha de hacerse triunfar A la vispera 6 A la
expectativa de una constituci6n no es el de los poderes





PROVINCIANO EN BUENOS AIRES


personales, sino el de los ciudadanos interesados en que
sea respetada.
-La defense de Buenos Aires la apoyan jefes de ifnea,
seg6n las reglas de la tActica y la estrategia europea, A
que obedecen tropas equipadas, administradas y educadas,
seg6n el sistema comdn A los pueblos civilizados; acaban-
do con esas hordas indisciplinadas que asolan el pais en
lugar de defenderlo, que requieren el levantamiento en
masa de las pollaciones para suplir por el ndmero A la
debilidad orgAnica.
Enumero estos hechos sin caracterizarlos sino por el
lado constituyente, en cuanto premisa, en cuanto promesa
de la realidad prActica de una constituci6n efectiva, ema-
nada del consentimiento de los gobernados y convertida
en hecho por la imposibilidad de violarla de parte de los
que han de ejercer el poder.
El deseo de constituirse estA en todos los Animos, y
casi no se discute sobre la perfecci6n possible de las cons-
tituciones escritas. La lucha estA en terreno mAs alto, y
s61o se disiente sore la realidad prActica de esas prome-
sas; y vosotros, que hab6is visto proclamar de 1848 ade-
lante veinte constituciones discutidas libremente por los
representantes del pueblo y pisoteadas todas y en todas
parties un afio despues por los que fueron encargados de
ponerlas en prActica, no hallar6is sin duda muy desca-
minado este sangriento debate, sobre todo cuando los que
se presienten ya poder ejecutivo muestran tanta lisura para
atropellar esas qu creen telaraflas de instituciones y res-
petos morales.


ORGANIZACI6N


Permitidme que aun os exija un moment mAs de aten-
ci6n para arribar al fin que me he propuesto en este trabajo,
y es mostrar c6mo de la masa de hechos que dejo indicados
nace una organizaci6n forzosa para aquellos bellos pauses,
teatro de lucha tan sangrienta y tan prolongada.
No incurrird en la grave y vulgar falta, tan desacre-
ditada ya en todos los pueblos de Europa, de trazar planes





OBRAS DE SARMIENTO


de constituciones que pretenden haberlo previsto todo, ase-
gurado todo y que al dia siguiente de puestas en ejercicio
se las encuentra rechinando por un lado, estallando por
otro 6 inutilizadas 6 despedazadas por los mismos que las
idearon; porque lo inico que no habian previsto es que
no serian observadas, 6 no durarian largo tiempo. Este es
ya un resort gastado y mis bien trabajo de oficinistas
y compiladores que obra del pensamiento. En material de
constituciones todo estA dicho, desde las de Locke, Franklin
y Si6yes, que no fueron puestas en prActica por candoro-
sas y ut6picas, hasta la centena de ellas que han. sido ju-
radas, violadas y abolidas en 'Europa y America. La inica
constituci6n vigente inalterable es la de los Estados Uni-
dos, simplemente porque si no existiera no serfa por eso
menos observada. El Congreso existia antes de la cons-
tituci6n; las libertades eran ley de la tierra dos siglos antes
de la constituci6n, y la tentative del parlamento ingl4s de
imponer contriuciones A las colonies fu6 resistida hasta
la guerra, hasta la independencia, porque tales poderes no
estaban en las constituciones de las colonies.
La constituci6n de los Estados Unidos subsiste porque
nadie se di6 prisa a imponerla, ni el Congreso, ni el poder,
ni la ciencia, ni un partido.
La c6misi6n nombrada para pasar A los diversos Esta-
dos de la Uni6n el proyecto de Confederaci6n discutido
y aprobado por el Congreso el 15 de Noviembre, lo acom-
pafi6 de una circular, solicitando de los Estados que auto-
rizasen A los delegados para suscribirla en su nombre, en
la que les decfan:
(Para former una uni6n permanent, de acuerdo con
las opinions y deseos de los delegados de tantos Estados,
con diversos hAbitos, products, comercio y political inte-
rior, encontraban que era tarea que s61o el tiempo y la
reflexi6n, ayudados de una disposici6n conciliatoria, podria
madurar y cumplir. Apenas podrfa esperarse que ningin
plan, en la variedad de previsiones esenciales A la uni6n,
corresponderfa exactamente con las mAximas y miras po-
liticas de cada Estado en particular. Y tengase present
que despubs del mAs cuidadoso examen y los informes mAs
amplios y cumplidos, se propone esta como la mejor y
mas adaptable las circunstancias de todos y como la uni6n





PROVINCIANO EN BUENOS AIRES


que ofrece algin prospect de obtener la satisfacci6n ge-
neral. Permitidnos, pues, afiade la comisi6n, recomendar
del modo mAs encarecido estos articulos A la inmediata y
desapasionada atenci6n de las legislatures de los respec-
tivos Estados. Examineseles frecuentemente en el sentido
de la dificultad de reunir en un sistema general los diversos
sentimieritos 6 intereses de un continent, dividido en tantas
comunidades soberanas 6 indiferente bajo la convicci6n de
la absolute necesidad de unir todos nuestros consejos y
todas nuestras fuerzas, para mantener y defender las liber-
tades comunes. Examineseles con las libertades 'que con-
viene a hermanos y conciudadanos, rodeados de los mismos
riesgos inminentes, luchando por el mismo noble objeto
y profundamente interesados en estar ligados para siem-
pre y unidos por vinculos intimos 6 indisolubles. Y, final-
mente, examfneseles con la templanza y magnanimidad de
sabios y patriots legisladores que mientras estAn intere-
sados por la prosperidad de su circulo mAs inmediato, son
capaces de sobreponerse A afecciones locales cuando las
encuentran incompatible con la salud, felicidad y gloria
de la confederaci6n general.)
Tal fu6 el en6rgico y elocuente Ilamamiento A los Es-
tados. Sin embargo, arrastr6 muy lentamente la opinion
y convicci6n de las diversas legislatures. Se hicieron mu-
chas objeciones y propusi6ronse muchas enmiendas.
Desde luego notar6 con Blackstone-que (aunque la so-
ciedad no tiene su formal principio en un convenio entire
los individuos, influidos por sus necesidades y sus temores,
no obstante el sentimiento de su debitidad 6 imperfecci6n
es lo que mantiene reunida A la especie humana; es lo
que demuestra la necesidad de esta uni6n, y que, por tanto,
es el fundamento de la sociedad civil, y esto es lo que se
llama el contrato original de la sociedad... a saber que
la comunidad guardase los derechos de cada uno, y que,
en cambio, el individuo se sometiese A las leyes de la co-
munidad). Y aunque os parezca de mal gusto volver a
los fundamentos de las sociedades, no es fuera de prop6-
sito en colonies que, como hab6is visto, han disuelto la
sociedad misma en sus elements components, la agre-
gaci6n de las families, y esto al dfa siguiente de la mas
espantosa de las subversiones sociales que ha ocurrido en





OBRAS DE SARMIENTO


los tiempos modernos y a la vispera de reorganizarse estas
sociedades descompaginadas. El miedo de los males pasados
es, pues, el sentimiento que solicita A buscar una organi-
zaci6n que no los reproduzca, y las necesidades sentidas,
la guia y el medio de conseguirlo.
En todo aquel vasto campo de agitaciones, en toda esa
mezcla de intereses encontrados, la sociedad civil, con sus
tradiciones de gobierno, de leyes, de decoro, de.dignidad,
de conjunto material y social, la habeis vist6 mostrarse
en Buenos Aires; si bien en el interior de la Rep6blica
hay A largas distancias, aislalos entire sf, otros conjuntos
de poblaci6n, otras sociedades civiles que abrigan los mis-
mos temores y las mismas esperanzas; pero en el hecho
tangible, en la manifestaci6n active, desde la caida de
Rosas, es la ciudad de Buenos Aires donde el deseo de
constituirse ha sido seguido de la voluntad en acci6n, resis-
tiendo por medio de las formas y de los poderes constitui-
dos, por las armas tambibn, A todo lo que no era esencial-
mente constitujrente, aunque se presentase como medio de
hecho para constituir.
La voluntad soberana de un individuo fu6 veinte aflos
un medio impotente de constituir, ni el poder que no pudo
organizer, ni la sociedad que disloc6 en sus bases primi-
tivas la seguridad y la vida, en el vano empefio de cons-
tituir el poder segin su voluntad. La fuerza, la compul-
si6n no fu6 tampoco element de organizaci6n, pues ella
misma se destruy6 en Montevideo, en Caseros, en Setiem-
bre y en los movimientos posteriores.
Busquemos, pues, la organizaci6n possible de aquellas
sociedades en los elements sociales mismos, obrando en
virtud de su propia gravitaci6n. Tomemos por base una
gran ciudad con una poblaci6n Ilena de vigor, gobernAn-
dose en virtud de esas mismas leyes regulars que solicita,
defendiendo una parte considerable de la propiedad na-
cional, A cuya conservaci6n se encaminan las leyes, re-
sistiendo A la violaci6n de los principios sociales. Veamos
si este hecho es fecundo y lo que necesita para comple-
tarse.
La fusi6n, la amalgama intima entire los descendientes
de los colonos antiguos y los nuevos arribantes es allf un
hecho consumado, sellado por la sangre, sostenido por la





PROVINCIANO EN BUENOS AIRES


comunidad de intereses y por una tradici6n de simpatias.
El nuevo arribante forma, pues, hoy parte de la ciudad,
con todos sus derechos, sostenido por el primero de todos:
armarse voluntariamente y con el asentimiento de las au-
toridades, en su propia defense. Esta uni6n constitute una
fuerza de brazos, de fortunes y de votos, superior A la fuerza
que en brazos, fortunes y votos puede en la provincia de
Buenos Aires presentar el espiritu de disoluci6n de las
campafias, y de aquella alianza civil de los elements cons-
titutivos de la sociedad y el element nuevo que entra A
regenerar la Am6rica del Sur, siendo 6ste progresivo, au-
mentandose 6 pudi6ndose aumentar al infinito, result como
hecho incontrastable que los derechos de la sociedad civil
quedan victoriosamente establecidos para en adelante. Nin-
gin Estado sudamericano se halla bajo estas felices con-
diciones que entire nosotros nacen precisamente de la exa-
geraci6n de los errors de la colonizaci6n y de los excess
del despotismo.
El sitio de Buenos Aires produce, pues, dos resultados
constituyentes: fortificar por las resistencias civiles la ener-
gia moral de la poblaci6n, estrechando la fusi6n de las
poblaciones europeas con las criollas por un lado, y con-
tinuar debilifando y anonadando, por sus mismos excess,
los elements desorganizadores de la barbarie que, no pu-
diendo renovar su personal, se debilita con cada nuevo
triunfo. Sucede lo mismo con respect A los grupos remo-
tos de sociedades que el mal sistema colonizador despa-
rram6 A distancias inmensas.
El resultado general serA lo mismo que el parcial que
antes hemos indicado: continuar los grupos de poblacio-
nes lejanas debilitAndose por sus propios extravios y por
los principios mismos que los hacen obrar.
El sitio que Buenos Aires sufre es el iltimo bostezo del
hAbito brutal de la violencia, de la soberana decision del
sable, del poder personal, del anhelo de obediencia pasiva,
cohonestada con esas candorosas constituciones de la Eu-
ropa, cuyas garantias escritas un afio s6lo sirvieron para
hacer retrogradar de un siglo las ya conquistadas insti-
tuciones.
MAs graves y mAs series son que un sitio las yerdade-
ras bases de una constituci6n.





OBRAS DE SARMIENTO


PRINCIPIOS COLONIALES

La guerra no siendo constituyente sino por los derechos
que asegura, la primera cuesti6n que va. A presentarse, fe-
necida aqu6lla, es, pues:
~ Quien tiene derecho de votar?
Es decir, quin es el que nombra las autoridades, las
sostiene, las quiere y las necesita constituidas? Y el prin-
cipio norteamericano, tal como lo aplican hoy los Estados
que estAn colonizAndose, es una verdad, un hecho triun-
fante, una necesidad y un hecho adquirido.
La Constituci6n, pues, consignarA este derecho, y la so-
ciedad civil, organizada bajo leyes, tendrA el mis vivo in-
ter6s en sostenerlo, armarlo y aumentar su acci6n, porque
eso constitute su fuerza y su seguridad.
Asi, pues, queda de par en par abierta la puerta A la
incorporaci6n inmediata de los inmigrantes en la socie-
dad civil y political de las repdblicas del Plata, con todos
los derechos que A la propiedad, A la vida, A la conciencia,
A la libertad de acci6n y de pensamiento en igual caso
concede A los nuevos arribantes la Novisima Reconstruc-
ci6n del derecho politico de las colonies de Norte America,
que establece por la reciente reform de las constitucio-
nes en la posesi6n amplia, absolute y complete de la ciu-
dadanfa, al arribante que declare su simple deseo de for-
mar parte de la asociaci6n political.
De este principio conquistado ya y que viene en apoyo
de los intereses presents y del pbrvenir, result la necesi-
dad de parar A otro de los elements de desorganizaci6n
que estorban que aquella tierra entire en el gremio de todas
las otras sociedades modernas, y esto conduce A otra pre-
gunta:
SCdmo se adquiere la posesidn de la tierra?
Pues que teniendo ya la ciudad y el ciudadano, se nece-
sita fijar el derecho A la tierra; cuesti6n extrafia A las cons-
tituciones europeas, pero fundamental en colonies que po-
seen millones de millas despobladas, y que, como en las
espafiolas, su mala distribuci6n y ocupaci6n ha traido la
destrucci6n de todo el sistema social.





PROVINCIANO EN BUENOS AIRES


Asi, pues, para indicar los medios de distribuir la tierra,
permitidme que os muestre las nociones que tenemos de
esta parte del derecho colonial, s61o para nosotros intere-
sante. ((Los Estados Unidos son ain colonies en el senti-
do en que la palabra es usada aqui. Reciben gene de los
Estados antiguos y envian mayor nimero de los habitan-
tes ya establecidos A poblar nuevos lugares. Al promover
la inmigracidn de gente y capitals, los motives de estas co-
lonias parecen ser precisamente opuestos A los de un pais
antiguo en promover la emigraci6n de capitals y de gente.
El pais antiguo necesita extender la esfera del campo de
empleo A su capital y trabajo: las colonies necesitan mis
capital y trabajo para cultivar un campo ilimitado. Intro-
duciendo mis capital y mAs brazos 6 trabajo en Francia,
no se hace mAs que aumentar la competencia y el malestar
de los capitalistas, como tambi6n la competencia y la mi-
seria de los trabajadores: introduciendo mAs capital y mAs
trabajadores en. America, aumentariais el engrandecimien-
to y la riqueza de aquella grande colonia. Introduciendo
trabajo solo en Francia no aumentariais el capital de aquel
pals, porque el aumento de brazos no hallaria empleo;
pero como el trabajo cria capital antes que el capital exista,
y como en America hay capital demasiado en tierra para
el empleo de mAs trabajo, result que introduciendo en
Am6rica trabajo solo, creariais mas capital para el empleo
de mAs trabajo. De donde se sigue que colonies situadas
como en los Estados Unidos, que ya poseen mas capital
que trabajo, tienen mayor interns en obtener brazos que
capital.))
De estos principios econ6micos fundamentals en las co-
lonias result, pues, la necesidad fundamental de legislar
la tierra para el aumento de la poblaci6n y de la riqueza,
y para poner coto A la desagregaci6n de la sociedad, obrada
en la Repdblica Argentina por los errors de la colonizaci6n
antigua.
Los Estados Unidos son el dnico pais colonizable y colo-
nizador que ha estudiado esta cuesti6n en toda la magni-
tud de sus consecuencias y legislAdola de una manera fija
y segura para las sociedades presents y futuras.
Establecer6 algunos de los principios fundamentals en
que reposa la distribuci6n de la tierra.





OBRAS DE SARMIENTO


El Estado lo componen los hombres y sus propiedades;
de donde result que la tierra no ocupada, aunque se ha-
lle en los limits de un Estado particular, pertenece a la
naci6n en general, quien puede hacer concesiones de tie-
rra a ese mismo Estado, para objetos conocidos y espe-
cificados.
No puede, por tanto, dejarse A cada parcialidad de la
Rep6blica el derecho de disponer de la tierra, porque la
tierra inculta es un dep6sito para proveer A la demand
de las poblaciones presents y futures, y este dep6sito exi-
ge una responsabilidad que no puede distinguirse sin de-
jar de ser efectiva.
Este punto consignado en la ley fundamental estorba el
desgrefio y la disipaci6n de la tierra, el abuso que la co-
dicia y la ambici6n puede hacer distribuyendo tierras para
fines de predominio 6 influencia, y contrariando los prin-
cipios que deben regir A la saludable distribuci6n de la
tierra. El desconocimiento de esta ley por los coloniza-
dores antiguos, la ley del enfiteusis, en la Repiblica Ar-
gentina, y por Rosas, Urquiza y otros, ha traido los estra-
gos de que en sus consecuencias pr6ximas y remotas so-
mos victims hoy.
La tierra inculta debe estar al alcance de todos los que
deseen poseerla; pero su precio debe ser fijado por el po-
der soberano, de manera que estorbe en adelante la acu-
mulaci6n de vastas extensions de pais en pocas manos.
Asi, pues, para atenerme A las doctrinas econ6micas A este
respect, (el objeto de la comunidad seria contrariado, si
el pago requerido por tierras baldias no fuese suficiente-
mente alto que arredrase A los individuos de tomar mAs
tierra que la que, sin dafio de la sociedad, ellos podrian to-
mar). ((Si el precio fuese demasiado bajo, que se pudiesen
adquirir grandes extensions de terreno por un valor insig-
nificante, los individuos especulando vagamente sobre los
provechos lejanos, provenientes del aumento de poblaci6n,
adquiririan grandes espacios de terreno, sin tener ]a vo-
luntad, ni la capacidad de usarlo; se interpondrian gran-
des desiertos entire los pobladores: producirfan una extre-
ma dispersi6n, reduciendo el poder del capital y del tra-
bajo al minimum, haciendo imposibles grandes provechos
v altos salaries.)





PROVINCIANO EN BUENOS AIRES


A estos males par6 el Congreso de los Estados Unidos
por un sistema de administraci6n de las tierras baldias, de
que no se ha separado un moment la prActica. Fij6 un
precio invariable, un peso por acre de terreno, no declare
colonizables sino tierras medidas previamente, y sucesi-
vamente echadas en venta al mercado. Este precio hace el
minimum legal para la piblica subasta. Obtenida la tierra
nor los particulars, la contribuci6n direct es inmediata-
mente impuesta A la tierra sobre su valor intrinseco y sus
adelantos; de donde result que el poseedor de tierras bal-
dias, sin trabajarlas, las pierde A la larga en el pago de la
contribuci6n, como el redito se come al capital inactive.
((El pago de la tierra comprada se hace al contado sin ex-
cepci6n, A fin de hallar una garantia inmediata de la in-
tenci6n y capacidad de trabajar la tierra; porque aunque
pueden establecerse condiciohes para conceder las tierras,
A mas del campo dejado al favor, las disputes y evasiones,
el tiempo requerido para el desempeflo de las condiciones
del titulo, haria que las tierras pasasen por un period de
incertidumbre en cuanto A su propiedad,, pues la tierra
para ser fecundada debe ser tenida en propiedad absolute,
sin restricci6n y sin reconocer derechos al que la enajen6.
Toda la laboriosa legislaci6n del enfiteusis de Buenos
Aires partia del olvido de este principio fundamental de
la propiedad territorial. El poseedor enfit6utico era s61o un
ocupante, una especie de inquilino, dependiente, si no de
la acci6n del gobierno por la ley misma, dependiente de
la abolici6n 6 violaci6n de la ley, por la subversion de
las instituciones, lo que sucedi6 en efecto, pues Rosas atro-
pell6 toda esa legislaci6n ficticia y dispuso seg6n su bene-
placito de los terrenos.
Las leyes de Indias y cedulas reales prescribian la venta
de tierras en pdblica subasta; pero el deseo de poblar lle-
v6 A los gobiernos americanos A pedir autorizaciones al
Congress de 1819 para hacer concesiones gratuitas de te-
rrenos. El doctor Ocampo, comentando las leyes del en-
fiteusis, en lo que respect al uso de esta concesi6n, dice:
((Que habian hecho los gobiernos un gran abuso de las fa-
cultades otorgadas por el Congreso para el reparto de tie-
rras, pues que concedieron campos inmensos, sin conside-
racidn d la posibilidad del denunciante para poblarlos, ni





OBRAS DE SARMIENTO


d la clase de establecimientos que se proponia plantificar,
y de aqui provino que los agraciados no tomaron posesi6n
de ellos ni se cuidaron de cumplir con las obligaciones que
les habia impuesto el Directorio,. Consecuencia natural de
la delegaci6n del Congreso de facultades tan vidriosas. Las
variaciones a que estuvo sujeta la ley del -enfiteusis y su
destrucci6n de hecho por la acci6n desordenada 'del poder
ptiblico, no son mas que la consecuencia del fatal sistema
que dejaba incierto el titulo de propiedad y paralizada la
mejora y explotaci6n del terreno como material primera.
La ley de la colonizaci6n ha sido el abismo cavado bajo
las plants de las generaciones que han visto sepultarse
en estos cuarenta aios las fortunes acumuladas en los pa-
sados siglos, el trabajo propio y las vidas de millares de
habitantes. Desde el aiio io hasta la fecha ha perecido
un tercio, nada menos, de la poblaci6n viril en estas lu-
chas de los elements de una sociedad que se destruye
para reorganizarse de nuevo. Si la ocupaci6n del terreno
se hace en adelante con el mismo desorden que antes, si
vuelven a violarse las leyes inmutables que president A la
organizaci6n de las sociedades humans, a la producci6n
y aprovechamiento del trabajo; si la sociedad de families
y de vecinos vuelve A descomponerse, la barbarie sera
de nuevo el element active que vuelva A destruir la obra,
para volverla a comenzar por tercera vez en medio de rui-
nas, de expoliaciones y de sangre. Una ley de coloniza-
ci6n es, pues, la ley fundamental de paises que poseen
tierras y piden hombres, y esta ley no la han de dar ni
los ciegos instruments de la fuerza, ni hombres de can-
dorosa intenci6n, pero que no sospechan siquiera que hay
otro mundo de instituciones que no estAn en el catilogo
de constituciones que compilan, sino en la esencia' de nues-
tra propia historic, emanado de nuestros desastres y dictado
por principios econ6micos ya experimentados.
Al establecer de manera tan absolute los principios que
deben regir la distribuci6n de la tierra en pais tan despo-
blado, fijo s6lo lo que a la Constituci6n y a la ley organica
atafie: que es detener la continuaci6n de males conocidos
y asegurar al porvenir las mismas facultades que al pre-
sente para adquirir tierra; porque si hubiese de dejarse a
los actuales habitantes la facultad de apoderarse de cuanta





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tierra quieran, los arribantes que la querian dentro de
cincuenta afios tendrian que obtenerla A precious onerosos
y de manos del monopolio.
En cuanto A la tierra ocupada ya, A la estancia, A esas
mil porciones de terreno en que estan divididas las cincuen-
ta mil millas cuadradas de la provincia de Buenos Aires,
en cuanto A la industrial del ganado, esto no es incum-
bencia de la ley orgAnica, sino de la legislaci6n ordinaria
y del progress de la poblaci6n. La historic de tres siglos
ha dado ya sus resultados. El ganado, dispersando la po-
blaci6n, la desmoraliza; desmoralizada y embrutecida estA
A merced de los aventureros y malvados; los malvados
ignorantes, apoderAndose del gobierno de las ciudades, ani-
quilan la cria del ganado con sus extorsiones, su tirania
y la necesidad de tolerar las dilapidaciones de sus secua-
ces. El ganado en Buenos Aires ha sido destruido cuatro
veces en medio siglo, por las guerras y alzamientos que
61 mismo provoca; ha quedado y permanece alzado desde
1839 hasta 1853, de maner4 de no dar products seguros,
y cuando en 1852 los propietarios del ganado creyeron re-
parar sus quebrantos con la paz, una nueva insurrecci6n
de los peones, con los jefes militares sin porvenir, ha puesto
todo el ganado en poder de los insurrectos y sujeto A la
destrucci6n y dilapidaci6n que experiment en Montevi-
deo, por las mismas causes, por los mismos m6viles y por
los mismos agents. Luego queda probado que la industrial
del ganado, tal como esta organizada hoy, es ruinosa en
si, prefiada de desgracias y de sacudimientos y un obs-
tAculo A la paz y riqueza del pais.
Examinada la cuesti6n por el lado de la distribuci6n del
suelo, se arriba A los mismos resultados. La inmensa pro-
piedad territorial, amontonandose en pocas manos, deja
flotantes las poblaciones que han de servir A su guard.
No poseyendo tierra los campesinos, ni comodidades, ni
Arboles, ni casas que los fijen y retengan en el suelo, son
mobiliarios 6 semovientes como el ganado mismo, y estAn
prontos y listos para el alboroto que les produce emociones,
movimientos y satisfacciones de las pasiones salvajes de
pillaje y sangre; luego queda probado que la inmensa pro-
piedad no puede subsistir sin reform, sin preparar para
mAs tarde nuevos conflicts.


TOMO XVI.-6





OBRAS DE SARMIENTO


Ya veis, pues, sefiores, como en estas sociedades primi-
tivas cada ley sale del efecto mismo producido por la falta
de leyes que reglasen la propiedad, la industrial, el poder
y la manera de nombrarlo. El propietario necesita para
asegurar los products de la tierra enajenar parte de la
que posee por miedo de ser desposeido de toda; y como la
tierra inculta no tiene mAs valor que el que produce las
hierbas naturales, que pueden convertirse por la nutrici6n
en vacas, result que, aunque de much tiempo poseidas,
no tienen valor adquirido, lo que es una causa ms de
ruina para el pais. La legua cuadrada en Buenos Aires
vale 5,000 pesos, mientras que en Chile, en Aconcagua,
la cuadra labrada vale cuatrocientos pesos, lo que da me-
dio mill6n de pesos por legua.
-Vosotros conoc6is el absentismo irland6s y sus estragos,
y el absentismo de los propietarios obra en estas deso-
ladas y solitarias campafias efectos anAlogos. Me abstendr6
de descender 4 las aplicaciones econ6micas y A los me-
dios de resolver estas cuestiones de propiedad, sin dafiar
virtualmente los intereses particulares y abrir el camino
A la rApida colonizaci6n y explotaci6n de la tierra. Esto
seria material de un studio aparte requerido por la ne-
cesidad de aplicarlo A la cura de mal tan cr6nico.
Otra de las aplicaciones inmediatas de la ley orgAnica
de la distribuci6n de la tierra, otro de los grandes pro-
gresos hechos por la ciencia del gobierno en America,
emanada de sus necesidades presents y futures, y satis-
fecha y proveida abundantemente con los recursos colo-
niales que son la tierra baldia, donde, como en las repd-
blicas del Plata, la poseen en cantidades inmensas, es pro-
veer con ella A la educaci6n universal de todos los ciuda-
danos, para extirpar las propensiones criminals del hombre
libre, cuando no estA educado.
Los Estados Unidos han destinado millones de acres
de terreno baldio para proporcionar A cada Estado en par-
ticular, a cada provincia, A cada aldea, medios suficientes
de proveer de un capital permanent para llenar necesidad
tan vasta y tan apremiosa. Los capitals ya realizados
por los Estados ascienden A veinte millones y medio, y las
tierras reservadas para el mismo fin, pero no enajenadas
todavia, valen much mAs. Las necesidades de la educa-





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ci6n pdblica en las repiblicas del Plata son de una mag-
nitud que van m6,s allA de predisponer A las generaciones
infantiles A entrar en la vida con los rudimentos necesarios
para dejar de parecerse A los salvajes de la Pampa. La
naci6n que va A fundarse en un mill6n de millas cuadradas
que hoy ocupa y que puede extenderse por sus rios A un
mill6n mAs de desiertos, teniendo hoy un miserable plantel
de colonos, la mayor parte inhAbiles para producer por su
falta de industrial, corre riesgo de perder en medio siglo
de active colonizaci6n hasta el idioma de la raza primiti-
vamente colonizante, si al echar sus fundamentos no se
asegura su prevalencia por instituciones que doten la ins-
trucci6n en todos sus ramos.
Los Estados Unidos han puesto ya por ley una escuela
en cada cuatro millas y una biblioteca a su puerta; pero
la biblioteca no es mAs que la reuni6n de los libros que
sobre ciencias, literature, mecAnica, moral, artes, indus-
tria, historic posee el idioma ingl6s. Posee nuestro idioma
ya este caudal de ciencia? Entonces entra en las funciones
del Estado cuidar de adquirir, de aclimatar, de reproducir
la ciencia y los conocimientos, que son hoy el patrimonio
de la especie humana y, por tanto, la herencia de que hemos
sido desposeidos 6 que hemos perdido en el aislamiento de las
colonies, en la desagregaci6n de las. families que trajo ese
espantoso retroceso A la barbarie, de que las campafias
argentinas presentan tan triste y pavoroso ejemplo. Esa
barbarie misma, ni esa diseminaci6n de la sociedad, no son
obstAculos para poner la venda A la herida. Hay en la Re-
pdblica Argentina catorce grupos de poblaci6n bajo el r6-
gimen civil en catorce ciudades principles y cien n6cleos
de aglomeraciones en las villas y aldeas: hay dos mil leguas
de costas, de rios que serAn centros de nuevos grupos, bus-
cando las leyes naturales de la propagaci6n de las colonies.
Este progress en el arte de construir naciones no lo en-
contrar6is en vuestros ensayos europeos; son hijas del tra-
bajo americano, son conquistas de la democracia, son pre-
visiones de la colonia, son, en fin, sus leyes orgAnicas.
Los pueblos antiguos tienen la tierra poseida y poblada.
Sus leyes y no sus constituciones deben ocuparse de la
seguridad de la tierra 6 de la mejora de los que la habitan.
La constituci6n de las colonies nuevas va al origen mismo





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de la -sociedad. Estipula primero c6mo y qui6nes son sus
ciudadanos, admitiendo sin restricci6n A todos los que de
afudra vienen solicitando la ciudadania, es decir, trayendo
un hombre y ofreciendo un product, ambas cosas que
necesitan defenders y legislarse A si mismas. Arregla la
distribuci6n de la tierra no poblada, 'satisfaciendo A la
demand del present, reservando su porci6n A los que ven-
drAn atrAs y evitando los escollos de un despilfarro de este
precioso capital y el envilecimiento y depravaci6n de esta
nodriza de las sociedades. Hecho esto, reserve capitals
para educar A los ciudadanos y nacionalizar la ciencia y
la industrial, que si no han inmigrado todavia, es precise
introducir, conservar, difundir y asegurar como capitals,
como medio de poder y de riqueza y como palancas de ele-
vaci6n moral en el individuo.
Una fuerte unidad national sin tradiciones, sin historic,
y entire individuos venidos de todos los puntos de la tierra,
no puede formarse sino por una fuerte educaci6n comin
que amalgame las razas, las tradiciones de esos pueblos en
el sentimiento de los intereses, del porvenir y de la gloria
de la nueva patria. Este es otro punto del derecho colonial,
fijado por cada uno de los Estados que componen la Uni6n
americana, y formulado 6 incorporado asi en las cinco no-
visimas constituciones de los Estados en via de colonizaci6n:
((Un sistema complete de escuelas comunes serA asegurado
en todos los puntos del Estado. El principal de todos los
fondos procedentes de la venta 6 otras disposiciones de las
tierras que fueren confiadas al Estado, para objetos de
educaci6n, serA inviolablemente conservado y su renta em-
pleada fielmente al objeto especial para que fueron con-
cedidas,.
Todavia me permitir6 indicar un principio constitutional
que la Am6rica del Norte ha elaborado para dar seguridad
A sus instituciones. La Constituci6n es el resultado del pen-
samiento de una 6poca y son los legisladores de otras 6po-
cas con sus pasiones quienes van A obrar en el circulo tra-
zado por ella. Como estos legisladores, 6 son electos por
el pueblo, 6 estAn influidos por los partidos, 6 dominados
por los que ejercen el poder, y en todo caso son la expresi6n
real 6 ficticia de la voluntad national, es precise que haya
un poder que contenga los\desbordamientos de la opini6n





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6 las influencias gubernativas en los casos en que se dicten
leyes que destruyan 6 falsifiquen el pacto fundamental, El
Justicia mayor de los Estados Unidos ejerce esta soberana 6
inapelable autoridad sobre la opini6n de un moment dado,
sobre la influencia 6 intimidaci6n del poder y los extravios
de los partidos. En nombre de la justicia suspended los efec-
tos de una ley dictada y aprobada, y no teniendo sanci6n
ni pudiendo reclamarse su cumplimiento queda virtualmente
derogada. Es esto el registro de las leyes que hacian los
Parlamentos antiguos en Francia y que contuvieron largo
tiempo el despotismo de los reyes. Fu6 una negative de
enregistrar lo que hizo a Luis XIV presentarse al Parla-
mento a amenazar de chicotazos a los jueces. Fud esta atri-
buci6n la del grande elector de la Constituci6n de Si6yes.
Fue esta atribuci6n la que hizo valer la Cour d'assises en
1830 para absolver de la obediencia A las Ordenanzas reales
de Julio. Fud esta atribuci6n la que la Constituci6n de 1848
puso en manos del pueblo para defender la Constituci6n
con las armas en caso de violaci6n flagrante, que hubo en
1849, y fueron castigados y deportados los que intentaron
hacer uso de su derecho.
Para no confiar, pues, la guard de la Constituci6n A la
insurrecci6n, para herir la infracci6n en su principio mismo,
la autoridad y la ley, las instituciones norteamericanas han
confiado A un juez inamovible, interprete soberano de la
ley, revestido de todos los prestigious de ciencia, integridad
6 independencia la facultad de poner un veto al arbitraris-
mo, al capricho 6 al error legal. El pueblo 6 parte de
pueblo a quien tal ley perjudica queda exonerado de obede-
cerla y los empleados del poder inhibidos de darla cum-
plimiento. Si la Constituci6n francesa de 1848 hubiese pro-
visto de una base tal de criterio en materials constituciona-
les, ni los representantes hubieran podido traicionar la
Constituci6n, desprestigiarla y violarla con ostentado ci-
nismo, ni hubieran tenido lugar las revueltas que trajeron
el desenlace que la Constituci6n no habia previsto.
Omito recordaros como complement de realidad de
instituciones lo que la ley fundamental, uinica intacta hasta
hoy, inica que no cost una gota de sangre, inica que no
tom6 la precauci6n de fijar t6rmino prohibitive para hallar-
la mala, precisamente porque era buena, neg6 A los legis-





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ladores futures el derecho de legislar sobre todos esos fa-
tales puntos que se han Ilamado leyes organicas 6 comple-
mentarias, con las cuales se falsean en la prActica todos
los principios proclamados.
Puede, pues, Ilamarse el esqueleto de constituci6n ame-
ricana, pues que en ella tuvo origen y s61o ella ha cose-
chado los frutos, los siguientes fundamentos:
El hombre.-- C6mo es ciudadano?
La tierra.-- C6mo es distribuida?
La sociedad.-- C6mo se educa y eleva?
La Constituci6n.-- C6mo es defendida contra las viola-
ciones ?
Los derechos.-- CuAles son superiores A la voluntad
humana y, por tanto, no material de legislaci6n?
Las repdblicas del Plata, sin tradiciones, sin personal
monArquico, sin glorias militares ilustres y, por un regalo
de la Providencia, no habiendo conocido el poder personal
absolute, sino ejercido por cuanto hay de villano, de abyec-
to, inmoral y criminoso de la especie humana, march fa-
talmente A las libertades industriales, cosmopolitas y per-
sonales que constituyen la grandeza de los Estados Unidos.
Es por esto que principio y acabo trayendolos A la memorial.
Creo haber llegado al t6rmino que me habia propuesto,
y era demostrar c6mo la revoluci6n argentina iniciada por
la guerra civil en 1812 por Artigas, generalizada por Qui-
roga y organizada en sistema por Rosas, estA a la vispera
de concluir, destruyendo todos los elements del sistema
colonial, la industrial, que tiene por base la desagregaci6n
de la poblaci6n y por consecuencia la desmoralizaci6n y
la barbarie; el poder discrecional que ejercen hombres obs-
curos, elevados por el 6xito y la fuerza, y la fuerza misma
aniquilada en su base, las campafias, y desprestigiada en
el continue mal 6xito de su empleo, impotente para tomar
A Montevideo, inmpotente para defender A Rosas, impo-
tente para sostener un nuevo arbitrarismo.
No son menos patentes los elements regeneradores
que se ven en actividad. Las classes morales y cultas, con
los medios que da la uni6n civil, en nombre de sus dere-
chos, con su propia sangre y fortune defendi6ndose, resis-
tiendo A la fuerza, es decir, tomando la consistencia que
s61o asegura el goce de los derechos del ciudadano. No se





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violan las constituciones que no pueden ser violadas por
escarmiento. La historic de la Europa estA ahi para pro-
barlo.
A la sombra siniestra de estas luchas entire los criollos,
la colonizaci6n se rehace, un ciudadano garantido aparece
en cada nuevo arribante, y amalgamAndose con los ele-
mentos que encuentra simpAticos constitute la nueva ciu-
dad, la nueva Rep6blica sin arbitrarismo possible, sin di-
lapidaci6n y sin poder dafiar.
Estos derechos no los otorga constituci6n alguna, sino
que emanan de la esencia de las cosas mismas, se robus-
tecen cada dia por la resistencia al influjo personal y cons-
tituyen la peculiaridad del principio de gobierno americano,
que estA, no en las nacionalidades ni en las tradiciones,
sino en los individuos y en los intereses. La Repdiblica
Argentina empez6 A constituirse desde que hubo una clase
de poblaci6n en Buenos Aires que Rosas no pudo atro-
pellar, y en este sentido las mal aconsejadas intervenciones
europeas fueron la base de nuestro element constituyente.
Sigue constituyendose el pais por el predominio de este
nuevo element y el aniquilamiento progresivo de las fuer-
zas indisciplinadas que el desparpajo de la tierra y el alis-
tamiento de la poblaci6n puso en mano de pasiones desen-
frenadas de ambici6n, codicia y violencia. El drama argen-
tino toca A su fin.


LAS RAZAS
Yungai, Octubre it de 1853.

Seitor don Benjamin Poncel.

Los ecos de la prensa me traen hasta mi obscure retire
las nobles palabras que usted se ha servido dirigirme des-
de Buenos Aires, y apreciando debidamente la distinci6n
y el objeto, he credo que debia A usted y A las ideas ver-
tidas en mi Memoria al Instituto Hist6rico de Francia,
objeto de la discusi6n, una respuesta que menos tiene por
objeto combatir las ideas que usted abriga que completar
las que yo he manifestado en dicho trabajo.
No sin alguna sorpresa veo que persona tan ilustrada





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arriba a conclusions deducidas en la Memoria en cues-
ti6n, que yo no habia previsto, lo que prueba que falta
de claridad y precisi6n de mi parte han dado lugar A lo
que me permitir6 llamar extravio.
No he hablado de razas ni de dominaci6n political al
inculcar sobre las influencias externas que trabajan la mar-
cha de la America del Sur. Una influencia no me parece
conducir A una sustituci6n de razas, ni el antagonismo
de las razas sajona y latina excluye el que ejerzan reci-
proca influencia en sus destinos las instituciones que las
rigen.
Al medir la extension de los dominios de la raza anglo-
sajona en estos mundos, he querido sefialar s61o la fuerza,
extension, expan'si6n y permanencia de las (influencias)
que pone en actividad sobre los paises que estAn pr6xi-
mos al teatro de su acci6n, y estas influencias las ha re-
ducido A dos 6 tres primordiales: influencias de formas de
gobierno, influencia industrial, influencia educational. No
me parece que result otra cosa de mi Memoria. (Tal es,
digo, el hecho material que se present A la vista, la in-
fluencia que atrae, el espiritu que se insinia por todos los
poros de la sociedad y que dia A dia cobrarA mayor con-
sistencia y mayor fuerza. (La America del Sur tiene su
principio de gobierno hallado, etc.n No hablo, pues, de
raz6n ni de sustituci6n de una por otra en la Am6rica es-
pafiola.
Me tacha usted de un fatalismo que condena A su entera
ruina A nuestra raza, por la absorci6n de la raza anglo-
sajona. Pero permitame observarle que mi Memoria pro-
testa, desde la primera pagina hasta la iltima, contra esa
condenaci6n que usted pone en mi pensamiento.
El 25 de Mayo, dia que para nosotros recuerda los he-
chos de esos instrumentsts asombrosos de la independencia
americana),, decia el senior Renzi, secretario del Instituto
Hist6rico: (Dignese, pues, honorable colega, presentar en
primera ocasi6n este trabajo que no tiene ni puede tener
otro merito que ser ejecutado en medio de los trastornos
que describe y al resplandor naciente de las esperanzas
de un mejor orden de cosas,. Usted .ve, pues, que la Me-
moria es inpirada por fe, y que en las esperanzas A cuyo
resplandor se describe no entra por nada la raza sajona. Al





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entrar en la apreciaci6n de las causes de la lucha argen-
tina, afiado: ((Si hubiera emprendido la tarea que me he
impuesto, si no entreviese el desenlace de la lucha en que
hemos nacido y vivido, y A las causes de disoluci6n no
viese sucederse principios regeneradores, no en perspec-
tiva y desenvolviendose lentamente, sino activos y podero-
ros, luchando y venciendo definitivamente,. Sin duda que
no es la raza sajona A quien atribuyo el triunfo. ((Busque-
mos, pues, la organizacidn possible de aquellas sociedades
en los elements sociales mismos., Es este el fatalismo y
la absorci6n ce la raza sajona? Siento decir A usted que no
creo autorizado su reproche al suponerme el materialis-
mo de una sustituci6n de razas, cuando s61o queria ana-
dir el triunfo de principios de gobierno.
Y A este respect permitame indicar adn otro concept
todavia menos autorizado de su parte. Dejo A un lado el
filosofismo, mal nacido y bautizado en su pais de usted y
una de las influencias externas que han obrado largo tiem-
po en America. Sin duda que en los Estados Unidos no
mentaria usted filosofismos, porque alli no tiene ni aplica-
ci6n ni sentido; pero del filosofismo pasa usted a indicar
que con el noble objeto de extirpar abuses no ha hecho
mAs que sacudir las bases eternas de toda sociedad, ata-
cando con palo de ciego al principio de autoridad. Estos
concepts, por lo mismo que son obscuros, como filosofismo
y destruir sin reedificar, tienen gran aceptaci6n en el espi-
ritu del vulgo.
No entrar6 yo A examiner el valor real de estas pala-
bras, por la misma raz6n que lo hacen abstenerse A usted
de entrar A pesar otras (non est hic locus); pero si es el
lugar de decirle que tales cargos no son aplicables A los
principios ni A los concepts de la Memoria. Nunca he
hablado de obediencia sin el calificativo de pasiva; ni de
autoridad sin este complement: absolute, irresponsible.
((Por todas estas torturas, por todos estos ensayos de las
mAs horribles utopias, de autoridad absolute, de obediencia'
pasiva, han pasado las poblaciones del Rio de la Plata.),
e De que autoridad habla usted, pues ? Son las bases
eternas de toda sociedad, la obediencia pasiva y el poder
absolute, los dos abusos que combat en mi Memoria?
SefiAleme usted una sola frase que lo autorice A hacerme





OBRAS DE SARMIENTO


el reproche de atacar las bases de la sociedad. Recorra
usted, al contrario, esa Memoria, de un extreme A otro, y
verA el empefio de atraer A una sociedad extraviada, desde
hace cuarenta afios, al camino de todas las sociedades cul-
tas. He demostrado que la disoluci6n de la sociedad, por
la desagregaci6n requerida por una industrial antisocial, ha-
bia traido la desmoralizaci6n de la raza.
Ataco en esto las bases eternas de la sociedad, que
son el conjunto y reunion de los hombres bajo las autori-
dades?
8 Repruebo una insurrecci6n de vAndalos que sitian por
hambre una ciudad culta y ataco las bases eternas de la
sociedad? 8 Que principios salvadores proclam6 en Mayo
esa Memoria, sefior Poncel? Los mismos que usted ha visto
triunfar en Julio.
((Tomemos por base una gran ciudad, una poblaci6n
Ilena de vigor, gobernAndose en virtud de esas mismas
leyes regulares que solicit, defendiendo una gran parte de
la propiedad national, A cuya conservaci6n se encaminan
las leyes, resistiendo A la violaci6n de los principios socia-
les., Z Asi ataco las bases eternas de esta sociedad ? Es triste
tener que refutar aquello mismo que tratAbamos de hacer
desaparecer.
Y qu6 remedio encuentra usted A los males actuales
de la America? Tres terminos, dice usted, hay para repa-
rarla: educaci6n materna, educaci6n civil, educaci6n
social.
Y ahora que estamos de acuerdo en un punto, permitame
levantar el cargo que me hace de destruir sin reedificar.
Como usted Ilega recientemente A America, y mi nombre
no merece ser conocido en Francia sino por ese corto ni-
mero de amigos cuya simpatia recuerda usted para hon-
rarme, le recordar6 que A la educaci6n de los americanos
he consagrado toda mi existencia; no en la parte que hace
A la ciencia que yo no poseo, sino A la difusi6n de los sen-
cillos medios de adquirirla. Este ha sido mi grito de alarma
y mi arma de combat, y s61o lo traigo aqui A cuenta para
que el lector candoroso fuera del Rio de la Plata no vaya
A career que la educacidn es tambi6n una de sus refutaciones
A las ideas emitidas en la Memoria. Ese trabajo protest
contra cargo tan fuera del caso, y si ella no protestara,





PROVINCIANO EN BUENOS AIRES


habrialo hecho abundantemente Educacidn Popular, el Mo-
nitor de las Escuelas y una vida entera de consagraci6n
a reedificar, senior Poncel, obra en la que, los que hablando
de autoridad, de filosofismo y de destrucci6n, han hecho
poquisimo hasta hoy, cr6amelo.
Pero aun hay otro element que, contray6ndonos a la
Reptblica Argentina, es tan efectivo y mAs aun que la
educaci6n, y es la incorporaci6n en la ciudad de todos los
arribantes que buscan patria y propiedad, trayendo, en
cambio, la aptitud industrial de que carecemos. Y en esto
permitame volver sobre el tema de su estimable carta. No
he contado nunca para esta regeneraci6n con los norte-
americanos, como habrA usted visto, por el hecho de que
no fueron las legiones sajonas las que prestaron su auxilio
a las autoridades constituidas en Buenos Aires. Fueron
la legi6n espafiola, la legi6n italiana, la raza latina, la que
mezcl6 su sangre con la nuestra en los gloriosos combates
en que fueron salvados los principios eternos de toda so-
ciedad, el triunfo de las leyes contra la violencia salvaje
de hordas indisciplinadas. Son vascos, son italianos, son
espafioles, son franceses, y no norteamericanos, los que
regeneran estas sociedades con su industrial, con sus sim-
patia's por la sociedad moral y culta y su aversi6n invencible
a la dominaci6n de los restos impuros de la desmoraliza-
ci6n. de nuestros campos. Ya ve usted, pues, c6mo los
hechos abogan por mi manera de ver las cuestiones ame-
ricanas y c6mo ellos me absuelven de ese fatalismo que
me atribuye, queriendo la sustituci6n de razas. Educar
la masa de la poblaci6n sudamericana es mi empresa, y mi
deseo que sea confundida entire enorme masa de nuevos
arribantes que le den los medios industriales que no ha here-
dado y no se improvisarian en dos siglos, a quererlos in-
troducir, sin los hombres que los tienen asimilados A su
manera de ser.
Z C6mo se obra la educaci6n materna? Era precise tener
una madre educada primero, y veinte afios de consagra-
ci6n A los medios de obtenerla me autoriza para career pe-
ticidn de principio lo que usted toma por base de reform
y regeneraci6n.
Creo, pues, haber rectificado los errors A que han debi-
do conducirlo acaso defects de redacci6n de mi parte. (No





OBRAS DE SARMIENTO


es el destino fatal de las poblaciones sudamericanas some-
terse A la influencia de la raza sajona), como poder, como
sustituci6n de razas; pero si experimentar su influencia
como instituciones libres, industriales y de educaci6n ge-
neral.
c(Educaci6n, dice usted, es lo que ha dado A los anglo-
sajones el saber dirigir ese arrojo 6tilmente, en lugar de
gastarlo en perjuicio propio, como sucede entire los des-
cendientes de los espafioles, deseles a los hijos de la Ame-
rica espafiola una educaci6n suficiente...) Me tomo la li-
bertad de enviar a usted el primer volume del Monitor
para mostrarle ; c6mo entiendo y practice la influencia nor-
teamericana y cuAnto motivo tengo para tachar de injusto
el cargo que me hace de anatematizar A mi propia raza!
Los espafioles, italianos, vascos y dem's que se han inmo-
lado en defense de los principios que esa Memoria sostiene,
los cien mil europeos de la raza latina que se han asimi-
lado A nuestra causa y que son los que pueblan ambas
mArgenes del Plata, le mostrarAn que la raza anglo-sajona
no entra sino como element de esa gran masa de princi-
pios, de hechos, de fuerzas y de intereses.
Pide usted educaci6n social, que simboliza perfectamente
en la palabra justicia. No creo que es un cargo que usted
me dirige. Al triunfo de la justicia se dirigen esfuerzos
que por fortune no son esteriles. Condenar la injusticia,
esto es, el arbitrarismo, es ya un paso dado para obtenerla;
resistirlo es el medio seguro de afianzarla. La compara-
ci6n que usted ha tornado de nuestros hAbitos es doble-
mente apropiada al caso. Pregunta usted qc si un potro
mal enfrenado puede ilegar nunca A ser un buen caballo?))
Los politicos que quieren contemporizar con las dificultades
en la Repiblica Argentina le dirAn que si, y aun consi-
deraran quitarle todo -freno para que no se impaciente. Yo
entiendo la educaci6n civil de otra manera, y creo que
desde Rosas, representaci6n del principio de autoridad, en-
tendido tal como yo lo rechazo y lo combat, es decir, ab-
soluto, hemos hecho grandes progress. Examine usted una
a una las causes de nuestras desgracias y encontrard una
injusticia y una subversi6n de las bases eternas en que
reposan las sociedades, intentada y resistida.
No acepto, pues, la decidida oposici6n que me ofrece A





PROVINCIANO EN BUENOS AIRES


esa fatalidad que me atribuye. No la acepto porque no
hay oposici6n. Educaci6n popular y emigraci6n europea son
mis medios de regeneraci6n, y el hecho constant, antiguo
y permanent le muestra a usted que es la raza latina la
que inmigra A la Repiblica Argentina; la defense de Bue-
nos Aires, en gruesos batallones, ha pasado revista ante
sus ojos de usted las legiones que vienen en nuestro apoyo.
i Sobre qu6 seria su oposici6n ? Acaso querria usted pro-
barme contra mi deseo, contra mi congratulaci6n, que us-
ted no ha debido pisar las playas argentinas y tomar, con
el mismo celo que un criollo, la defense de nuestra nacio-
nalidad cosmopolita?
No acepto el reto, pues, para futures debates sobre esta
cuesti6n, porque cuesti6n no hay. Si no mediara entire nos-
otros todo el ancho de la Am6rica, su refutaci6n no habria
tenido lugar, por inoficiosa; y i tenerlo, hubieramos podido
fijarlo en t6rminos precisos para interrogaciones recipro-
cas. El sistema de S6crates es admirable para descartar
todo argument no motivado y hacer decir lo que las ge-
neralidades envuelven de obscure y de indeterminado, tal
como filosofismo, que no es el amor al sofismo, como por
distracci6n lo define usted, sino el conato de hacer del
espiritu filos6fico del siglo xviii un bando. Esta es la defi-
nici6n que dieron de la palabra los que la inventaron, se-
mejante en su origen y acepci6n A jesuitismo, maquiave-
lismo, etc., ya y muy conforme, ademrs, con sus etimo-
logias griegas, philo-sophos, amor A la verdad, y la termi-
naci6n ismo, que hace profesi6n, secta 6 sistema de lo que
la raiz indica. El sofismo no entra por nada en esta cla-
sificaci6n. Perdone usted estas pequefieces que nos son co-
munes A los que tenemos por arte la esgrima de la palabra.
Me temo que, A mAs de la poca claridad de mi exposi-
ci6n, A lo que atribuyo la mayor part, su error venga,
al atribuirme un pensamiento que me sorprende por no
ser mio, de ese sentimiento tan natural A los franceses de
celo y emulaci6n con la raza sajona, lo que de ordinario
pone una venda en los ojos 6 hace exagerar la dimension
de los objetos. Celo laudable en un francs, pero extrafio
a nuestros intereses americanos. Para nosotros, franceses
6 ingleses son una sola cosa: el europeo; y para la Ame-
rica, sus rivalidades, el medio seguro de estudiar sus ex-





OBRAS DE SARMIENTO


celencias reciprocas y sus defects. No somos franceses en
Am6rica, como no somos ingleses, ni norteamericanos. Qui-
si6ramos, si, poseer los resultados de sus civilizaciones,
y para ello darles a todos colocaci6n ventajosa entire nos-
otros.
Si sus recelos le viniesen s61o de que doy en mi Me-
moria por debilitadas las influencias de la Francia en cuanto
a principios de gobierno, en tal caso deseara estar mAs cerca
del teatro de acci6n, no para discutir, sino para ver sim-
plemente. Hay teorias A que los ojos suelen dar todo su
valor.
Disculpara usted si me tomo la libertad de hacer estas
indicaciones, que s61o muestran mi sorpresa de leer lo que
usted se digna manifestarme y mi dificultad para expli-
carme las causes de fascinaci6n tan extrafia. dice usted, un pueblo que pudo sufrir durante veirite afios
el espiritu disolvente de tantas y tan extrafias desgracias
y pudo salir de ellas, mostrarse lleno de un espiritu na-
cional tal vez extremoso, no serd el pueblo que pueda re-
negar la sangre de sus padres, muddndola por otra ajena;
no, cien veces no; no por eso quiero decir que rechace
toda inmigraci6n, pues he sido yo uno de esos misione-
ros voluntarios que espontaneamente han Ilamado la in-
migraci6n europea hacia la Am6rica del Sur, pero sin ex-
cepcidn ni acepci6n de razas, pues todas ellas formardn un
conjunto homogineo nacionalizdndonos con el tiempo con
las poblaciones sudamericanas principalmente entire estas
poblaciones del Plata...,
Esto tambi6n es refutaci6n de mi Memoria. Ya ve usted
si tengo motivo para mostrarme sorprendido y much mAs
de que esto sea una refutaci6n. ((La defense de Buenos
Aires, he dicho, ha asociado A la poblaci6n culta criolla
los nuevos colonos europeos, por las simpatias antiguas,
por la defense de la propiedad, etc., Los nuevos colonos,
la emigraci6n europea, cuenta en Buenos Aires cien mil
hombres industriosos y propietarios que necesitan leyes,
tranquilidad y orden para aumentar y conservar esa pro-
piedad. ((A la sombra siniestra de esas luchas entire los
criollos, la colonizaci6n se rehace y un ciudadano garan-
tido aparece en cada arribante, y amalgamAndose con los





PROVINCIANO EN BUENOS AIRES


elements que encuentra simpAticos, constitute la nueva
ciudad,.
Z SerA esto lo que refuta usted? Es esta la acepcidn y
y excepcidn de razas ? Z Pero es serio todo esto ? Por si lo
fuere le dar6 A usted la clave de mi Memoria. Por influen-
cias norteamericanas entiendo la Repdblica, la libertad, la
educaci6n popular y la igualdad. Por arribantes entiendo
todos los hombres que llegan al Rio de la Plata. Por ante-
cedentes nacionales combat todo lo que desde Felipe II,
la Inquisici6n, el doctor Francia, Rosas, le sobrevive. La
raza, los antagonismos de raza latina y sajona no han en-
trado ni pueden entrar en mi espiritu.
Hecha esta declaraci6n, que en todo otro caso habria
credo excusada, acepto con reconocimiento las muestras
de deferencia con que me honra, y aun la invitaci6n hos-
pitalaria de volver A mi patria (para ver la sobrada vita-
lidad que le queda, para marchar ufana hacia 'sus pode-
rosos destinos... el calor del coraz6n que se hace sentir
en medio del desorden moral 6 intellectual causado por vein-
te afios de padecimientos,. Eso mismo era lo que en Mayo
anunciaba al Instituto Hist6rico en estos t6rminos: ((No
es mi Animo persuadiros que la ciudad rompa el cerco de
lanzas que le estorba alimentarse A precious baratos, ni me
obstino en career de todo punto impossible el triunfo de las
fuerzas sitiadoras. Mi convicci6n no va hasta trazar A los
hechos por realizarse un ferrocarril, de donde no pueden
escaparse las ruedas que los mueven. No. EL PORVENIR DE
LA LUCHA es lo 0inico que me interest y me INFUNDE CON-
FIANZA, y quiero mostraros los elements regeneradores que
VEO, no ya en germen, sino TRIUNFANTES Y DOMINADORES).
6 Esta es mi fatalidad que desespera de nosotros mismos ?
8 Es, acaso, la raza sajona la que veo, no ya en germen,
sino triunfando y dominando?
Me invita usted, pues, A ver lo que ya veia, y me divier-
ten poco los dramas cuyo desenlace estA desde el princi-
pio trasluci6ndose. En cuanto a ese calor del corazdn que
usted siente palpitar de cerca alli, aunque autoridades com-
petentes lo hayan declarado prueba evidence de mala fe, rii
estA reconcentrado hoy A orillas del Plata, ni late menos
en las pAginas de la Memoria que usted ha creido refutar,





OBRAS DE SARMIENTO


repitiendo en mejor concepts, es verdad, cada una de sus
ideas, por disipar un fantasma de la invenci6n de su espiritu.
No es del todo impossible que un dia cambiemos, sobre
base s6lida y no sobre suposiciones negadas por mi parte,
pensamientos que le den lugar A hacer participar A los pue-
blos del Plata de la lucidez de su inteligencia y de su te-
soro de luces.
Aprovecho, etc.


LAS RAZAS

(La Crdnica, 19 de Noviembre de 1853.)

Con suma complacencia hemos recibido la carta particu-
lar del senior Poncel, explicativa de la que nos dirigi6 por
la prensa de Buenos Aires y i la que tuvimos el honor de
contestar por, El Mercurio, de Valparaiso. Como lo habia-
mos sospechado, su disentimiento provenia de alguna obs-
curidad accidental en la redacci6n de la Memoria al Instituto
Hist6rico de Francia. El senior Poncel fija la frase que ha
extraviado su juicio... '(La tendencia de la political sudame-
ricana debe ser, de hoy mAs, no poco A poco, sino de prisa,
preparar el terreno para su complete incorporacid6n... A los
Estados Unidos afiade el senior Poncel. Pero el antecedente
de la oraci6n incidental que cita es conforme A la version
que ya habiamos dado en El Mercurio y que debemos re-
producir aqui.
((No quiero indicar, digo, ni por asomo, que estos prin-
cipios predominan en la political de las repdblica's de Sur
Am6rica. Indico s6lo una influencia externa... muestro el
principio absolute, que se sustituye en las ideas, en los
hechos, en los intereses. Todo lo que A este principio se
oponga serA una causa de malestar, de lucha, de desastre,
y la tendencia de la political sudamericana debe ser de hoy
mAs, no poco d poco, sino de prisa, preparar el terreno para
su complete INCORPORACI6N.)
En castellano es claro como la luz que lo que ha de in-
corporarse es el principio y los territories. Acaso el pose-
sivo su, que en francs y en ingles concuerda con el ante-
cedente variAndose son 6 su 6 leur, his, her 6 their, seg6n





PROVINCIANO EN BUENOS AIRES


los casos, ha dado lugar al error; pero aun asi, nos parece
absuelto por el espiritu y la letra de la Memoria entera.
IndicAbamos en ella la incorporaci6n de un nuevo principio
para substituir A (los principios que sirvieron de norte para
su colonizacidn y que estdn obrando hasta hoy, y los van
matando mnis d menos rdpidamente, segin que se obstinan
en continuar en el mismo camino,). (PAg. 12).
(Porque aquellas instituciones (el principio republican
como lo entienden los norteamericanos) se fundan sobre
las bases mas imperecederas... la industrial que asimila la
material al individuo... la desaparicidn de la fuerza como
element de orden. La educacidn primaria al menos, pero
universal... la abundancia de terrenos baldios para que la
poblaci6n se dilate..., (Pag. II).
Creemos excusado acumular mayores citas, para demos-
trar que no hemos tenido otra mente que indicar la influen-
cia externa que las instituciones americanas obran y prepa-
rar el camino A la complete incorporaci6n de los principios
de gobierno. ((No hay para la Amdrica otro principio sal-
vador en perspective, otra estrella polar que seguir en po-
litica.)
Desvanecido el error del senior Poncel en cuanto A nues-
tra mente en los pasajes que le han alarmado, nos compla-
cemos en ofrecerle nuestra cooperaci6n para difundir en la
Repiblica Argentina las generosas ideas que sobre la edu-
caci6n de las masas y la inmigraci6n europea lo animan.
El moment es favorable y oportuno por demas. La Ale-
mania se conmueve mAs que nunca al impulse de emigrar.
Trescientos mil hombres emigrarAn este afio A la Am6rica
del Norte, segin los diaries europeos, y cien millones de
florines llevaran consigo. La Rep6blica Argentina abre to-
'dos sus poros a la aspiraci6n de engrosar su poblaci6n.
Es la preocupaci6n pfiblica que explotan adn aquellos que
menos comprenden la trascendencia de las ideas. HAlla-
sela en todos los documents piblicos, y mientras estA
consignada en la Constituci6n de Santa Fe, la inmigraci6n
ha defendido a Buenos Aires de las violencias con que se
la querian imponer. Asi, pues, este element nuevo esta
en los prop6sitos de un lado y en los hechos del otro; prueba
de que domina completamente la situaci6n. Falta s6lo fe-
cundar este germen, y a este objeto La Crdnica consagrarA
TOMO XVI.-7





OBRAS DE SARMIENTO


sus esfuerzos, comb en otro tiempo los consagr6 a preparar
su advenimiento. La tarea es inmensa, pero no dificil. Trd-
tase de desviar hacia las orillas del Plata un brazo del raudal
que 'lleva otra direcci6n; es, pues, precise trabajar en
Europa. TrAtase de preparar el terreno para que fluya en-
tre nosotros con ventaja; es, pues, precise trabajar en Ame-
rica. Much se habla de emigraci6n, como se habla de
educaci6n primaria; la ejecuci6n de la obra, empero, re-
quiere algo mAs que buenos deseos. Requiere la inmedia-
ta concurrencia de las leyes que proven A la repartici6n de
las costumbres en cuanto pueden desenvolver trabajo; de la
prensa, de la legislaci6n, de la diplomacia, del gobierno.
De la parte que cada uno de estos elements corresponde
hablaremos en adelante.
Por ahora nos limitaremos A aplaudir la idea que hemos
visto anunciada en los diaries de Buenos Aires, de former
una sociedad espontAnea para provocar, fomentar y dirigir
la inmigraci6n. Esta es la buena via. Rogamos A los socios
que la compongan nos admitan como miembros correspon-
sales de ella. Esto nos permitiria poner nuestra pequefia
parte de esfuerzos en la obra que va A fecundizar las ven-
tajas obtenidas por el triunfo de la civilizaci6n, contra los
elements no ha much armados de la barbarie y de la
violencia.




Senor doctor don F. Sarmiento, miembro del Instituto His-
tdrico de Francia, de.la Academia de Chile, etc.

Muy senior mio:

Aprovecho la arribada A este puerto (para tomar carbon)
del vapor peruano Ucayal, para escribir a usted, aunque sin
titulo para ello, sobre asuntos politico-literarios, y lo har6
con gusto antes de volver A mis tareas pastoriles. El mo-
tivo que tengo es haber dirigido A La Tribuna, diario de
Buenos Aires, una carta en contestaci6n A la Memoria de
usted al ((Instituto Hist6rico de Francia,. Dicho diario ofre-
ci6 publicar mi carta, segin lo anunci6 en su n6mero del





PROVINCIANO EN BUENOS AIRES


2 de este mes. Por ella verA usted la opinion que abrigo,
contraria a la de usted con respect A los futures destinos de
la raza latina esparcida en el continent de Sur Am6rica, y
como sentiria en el alma que se diese A mi opinion una ten-
dencia diferente de la que en si tiene ella, quiero explicar
mi intenci6n.
Ante todo declare de que no por eso ser6 menos el admi-
rador sincere de la vasta erudici6n que manifiestan sus
escritos, y por eso ruego a usted se sirva considerar mi
oposici6n, no como la refutacidn de su Memoria tan notable,
pero sf como una simple contestaci6n a la idea que usted ha
emitido en estas palabras:
((...Y la tendencia de la political sudamericana debe ser
de hoy mas, no poco a poco, sino de prisa, preparar el
terreno para su complete incorporaci6n... (a los Estados
Unidos) .,
En seguida quiero que usted conozca el intimo motive
que me impuls6 A mi, pobre pastor, A romper una lanza
politico-literaria, 6 mis bien dire filos6fica, con usted, a
quien respeto como hombre de studios y de saber.
Mi objeto es aprovechar esta oportunidad para dar lugar
en estos paises a una pol6mica itil, ilustrada, entire hom-
bres que sepan.discutir sin dejar de apreciarse mutuamente
y ver si de este modo se despiertan estos pueblos del le-
targo social en que yacen, haciendoles ver el precipicio en
cuyo borde viven incautos... a la manera del indio que deja
salir y ponerse el sol sin que su luz alumbre el ser intelec-
tual de l6...
Este es mi principal objeto, y le juzgo digno de la aten-
ci6n de usted. De consiguiente espero que, penetrado usted
de la bondad del fin que me propongo, se servira alimentar
una pol6mica honrosa y provechosa para la America del Sur.
Si esta fuera tambien la opinion de usted, le ofrezco,
desde ahora, contando con su reciprocidad, la polemica mis
caballeresca, tal vez, y seguramente la mks itil a la patria
de usted, que haya surgido, hasta hoy dia, en la prensa
sudamericana.
Sin mIs objeto, y ofreciendo hacia usted en cuanto me
consider uitil en este destiny, me firmo de usted atento se-
guro servidor Q. B. S. M.
Benjamin Poncel.
















DERECHO DE CIUDADANIA EN EL ESTADO

DE BUENOS AIRES ()




DISPOSICIONES CONSTITUCIONA ES
#Art. K. Son ciudadanos del Estado to-
dos los nacidos en el, y los hijos de las pro-
vincias que componen la Reputblica, de mas
de veinte afios.*
haber nacido en el Estado y reunir las con-
diciones de senador.
cArt. 156. Ninguna ly tendrd efecto re-
troactivo.w



1


No dudas, sino amargas recriminaciones, ha suscitado el
articulo 85 de la nueva Constituci6n de Buenos Aires,. que
pone por condici6n para ser nombrado gobernador el re-
quisito de haber nacido en el Estado. i(Segun esta Consti-
tuci6n, ha dicho un publicista indignado, todos pueden
gobernar A Buenos Aires, except los que han dado a luz
la Repdblica Argentina), y citaba en apoyo de cargo tan
grave, los nombres de Saavedra, San Martin, Monteagudo,
Alvear, Pringles, Rondeau entire los grandes argentinos
muertos, y entire los vivos, Paz, Madrid, Vl6ez Sarsfield,
Hornos, Barros, Passos, actuales servidores de Buenos Ai-
res, como excluidos de ejercer la magistratura A que, por
los servicios prestados, por las virtudes y los talents, pu-
dieran ser Ilamados por los habitantes de Buenos Aires.


(1) Santiago, Imp. Belin, 1854.





PROVINCIANO EN BUENOS AIRES


Toda vez que un pueblo ensaya instituciones nuevas, A
media que la prActica va someti6ndolas A prueba, surgeon
las cuestiones de derecho que sus disposiciones envuelven,
y aparecen las dudas que frases generals pueden susci-
tar en su aplicaci6n A los hechos prActicos. De aqui viene
la necesidad del comentario que ensancha 6 restringe la lati-
tud de las disposiciones escritas, y A la luz de principios
fijos, establece su verdadero significado, teniendo en cuenta
la mente del legislator y los limits en que esa mente pudo
obrar, sin ofensa de derechos preexistentes.-Proponemo-
nos examiner el articulo 85 de la Constituci6n y los que
a 61 se relacionan, para mostrar bajo sus various aspects
las consecuencias A que conduce la manera de aplicar A
la prActica el texto de aquella disposici6n. Desde luego
nuestra opinion es que sin salir del caso propuesto de las
personas nombradas, los generals Hornos, Paz, Madrid
y los jurisconsultos Vl6ez Sarsfield y Barros Passos han
nacido en el territorio de Buenos Aires, y son, por tanto,
ciudadanos elegibles para ejercer el cargo de gobernador
en la jurisdicci6n actual de su territorio, siempre que ellos
quieran reivindicar los derechos politicos anexos al naci-
miento. La exposici6n de algunos principios generals bas-
tard para hacer sensible esta verdad.
LIAmase en t6rmino generico un estado tanto al territorio
que obedece A las leyes de un gobierno, como al gobierno
mismo de una naci6n, cuando no se quiere especificar la
forma de aquel gobierno y sin relaci6n A la extension de
su territorio. Asi se dice indiferentemente los estados de
Europa, por sus reinos, los buques del estado por los de
una repdblica. Como la forma de gobierno puede cambiar
sin alterar la generalidad del epiteto Estado, asi los limits
territoriales pueden ensancharse 6 estrecharse, cambiar las
relaciones de los sfibditos del Estado, si ellos contindian
prestando homenaje A sus leyes. Asi, pues, A menos de
no ser absorbido por otro, un Estado es un cuerpo per-
manente que preexiste A los cambios politicos que en 61
se operan, pudiendo, como la Francia, ser sucesivamente
reino, repiblica, imperio, reino, repiblica, imperio otra vez,
sin que los derechos afectos al Estado sufran cambio al-
guno. Las pIrdidas de territorio que experiment en las
vicisitudes de los tiempos no destruyen los derechos A





OBRAS DE SARMIENTO


former parte del Estado en los habitantes del territorio per-
dido, sino por su sumisi6n al nuevo soberano que sucede
en la posesi6n; pues aquellos que, abandonando el terri-
torio segregado, continian adictos A la metr6poli, conti-
nian siendo s6bditos del ,Estado, como si la parte del te-
rritorio en que nacieron no se hubiese segregado.
A este derecho deben los generals Concha, los herma-
nos Rondeau, San Martin y Alvarez Thomas, de nacimien-
to argentino, el general Dulce, chileno, su admisibilidad
en Espafia A todos los destinos piblicos, A la par de los
espafioles peninsulares, no obstante que el territorio en
que nacieron, espafiol entonces, es hoy extranjero.
El Estado de Buenos Aires no es la' obra de la Consti-
tuci6n political que se da en 1853. El Estado de Buenos
Aires, virreinato espafiol antes, repiblica despues, metr6-
poli de una extension territorial, fija hoy, despues de treinta
afios de luchas, la nueva circunscripci6n territorial A que
limita la autoridad que ejerci6 sin dispute sobre el resto
del territorio argentino de que fu6 cabeza. Nacidos, pues,
en el Estado son todos los argentinos que vinieron al mundo
bajo la dominaci6n de autoridades nombradas por el go-
bierno de Buenos Aires, ya fuese 6ste virreinato 6 repi-
blica, derecho que pueden abandonar adhiriendo al soberano
nuevo que ocupare por conquista, cesi6n 6 emancipaci6n
dichos territories, 6 conservarlo adhiriendo A la metr6-
poli. Asi los nacidos en, las Malvinas, ocupadas por la
Inglaterra hoy, son nacidos en el territorio de Buenos Aires,
y lo son ain los que nacen bajo la dominaci6n inglesa, si
reivindican su derecho de nacimiento, 'mientras no desista
el Estado de Buenos Aires de sus pretensiones A la sobe-
rania de aquellas islas. Asi tambi6n los habitantes mismos
de la ciudad de Buenos Aires, nacidos durante la tempo-
raria dominaci6n inglesa en 1806, pudieran reivindicar,
si quisiesen, en Inglaterra, sus derechos de subditos bri-
tAnicos, por haber nacido bajo el dominio de sus armas,
y ya ha ocurrido caso, en don Santiago Albarracin, vecino
'de Buenos Aires, sustraido i las persecuciones del dictador
Rosas por el representante de la Inglaterra, Hamilton, en
virtud de este derecho.
Es por extension de este principio del derecho anexo al
nacimiento que aun los hijos gozan del de sus padres,




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