Obras de D.F. Sarmiento

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Material Information

Title:
Obras de D.F. Sarmiento
Physical Description:
53 v. : ; 25 cm.
Language:
Spanish
Creator:
Sarmiento, Domingo Faustino, 1811-1888
Montt, Luis, 1848-1909
Belin Sarmiento, Augusto, 1854-1952
Publisher:
Belin
Place of Publication:
Paris
Publication Date:

Subjects

Subjects / Keywords:
Education   ( lcsh )
Politics and government -- Argentina -- 1860-1910   ( lcsh )
Economic conditions -- Argentina   ( lcsh )
History -- Argentina -- 1860-1910   ( lcsh )
Genre:
non-fiction   ( marcgt )
Spatial Coverage:
Argentina

Notes

General Note:
Vol. 1-6 "reimpresion" 1909.
General Note:
Vols. 1-6 have imprint: Paris, Belin hermanos, 1909; v. 7-49: Buenos Aires, Impr. "Mariano Moreno" 1895-1900 (v. 7, 1896); v. 50-52: Buenos Aires, Marquez, Zaragoza y cia., 1902; v. 53: Buenos Aires, Impr. Borzone, 1903.
General Note:
Vols. 1-7 comp. by Luis Montt ; v. 8-52 and index comp. and ed. by A. Belin Sarmiento. Cf. "Advertencia"," v. 1.
General Note:
Vols. 7-52 "publicadas bajo los auspicios del govierno arjentino."

Record Information

Source Institution:
University of Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
oclc - 04759098
ocm04759098
Classification:
ddc - 982
System ID:
AA00010664:00014


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OBRAS 1

DE



D. F. SARMIENTO


PUBLICADAS BAJO LOS AUSPICIOS DEL GOBIERNO
ARGENTINO



TOMO XV

(lTN eva, eclici6n)



(APOcA PRE-CONSTO TUIONAL)
(hPOCA PRE-CONSTITUCIONAL)


BUENOS AIRES

LIBRERfA a LA FACULTAD JUAN ROLDIN
436 FLORIDA 436
1914
















ADVERTENCIA DEL EDITOR




El doctor Alberdi ha reeditado dos veces sus uCartas
de Quillolan, y los adversaries de Sarmiento, en distintas
circunstancias, han hecho caudal y texto para distraerle de
otros objetivos importantes, de aquellas aciduladas homi-
lias, cuyo merito principal para muchos ha consistido pre-
cisamente en servir A ese objeto. Nunca ha cuidado Sar-
miento, entretanto, de recoger siquiera lo que hubiese es-
crito contra Alberdi, habituado A combatir de frente las di-
ficultades del presence, sin buscar en el pasado otra cosa que
ensefanzas tiles y no recriminaciones esteriles.
Ha sucedido, pues, con esta celebre polemica entire dos
espfritus superiores, que los que ya forman la posteridad
s6lo han oido una de las voces, sin cuidarse casi ninguno
de conocer la replica, considerando los mAs que el litigio
entire Sarmiento y Alberdi estaba fallado, que los hechos
hist6ricos desarrollados y la influencia que en ellos han
tenido ambos contrincantes, daban la raz6n A quien supo
preverlos y contribuy6 poderosamente A la organizaci6n y
civilizaci6n de su patria, contra el que, dotado de intelec-
tualidad hors line y A la vez de un caracter irascible, apart6
su existencia de la de su pais, para concluir con la imper-
donable acci6n de allegar simpatias en torno del tirano del
Paraguay en guerra con la Repiblica Argentina, de quien
dijo: todo lo que yo quiero me lo ha dado ya en part: es
hacer pedazos con su grande y heroica resistencia el ordcn
de cosas que formaba la ruina de mi propio pais...
Algunos antecedentes es necesario recorder para apre-





OBRAS DE SARMIENTO


ciar el rol de cada uno. Despuhs de Caseros, Sarmiento em-
prendi6 el camino al destierro, previendo desgarramientos
en que no queria ser parte, conviniendo con Alberdi, A su
Ilegada a Valparaiso, en una actitud expectante, para in-
fluir mejor en la uni6n national y la organizaci6n consti-
tucional, cuando Urquiza se hubiese gastado lo suficiente
para no ser un obstAculo.
Muy pronto, sin embargo, habia traido Alberdi del Pa-
rans un nombramiento de enviado diplomAtico de la Con-
federaci6n ante el gobierno de Chile. Pas6 much tiempo
sin hacer reconocer su misi6n de la cancilleria chilena y sin
poner empefio en ello, pues su misi6n efectiva consistia en
allegar opinions en torno de Urquiza y contra Buenos Ai-
res, fundando un club en Valparaiso y escribiendo en El
Diario de la misma ciudad.
En estas circunstancias, Urquiza habia impuesto, como
(voto del ejercito), al anciano doctor L6pez, para gober-
nador de Buenos Aires; habia convocado el llamado acuerdo
de San NicolAs, en que se violaban bases esenciales del de-
recho ptiblico, acordando representaci6n de dos diputados
al Congress por cada provincia, sin tener en cuenta su po-
blaci6n; la legislature de Buenos Aires habia desaprobado
el pacto; Urquiza habia dado el golpe de estado, apoderAn-
dose del gobierno de Buenos Aires, contra lo pactado en
la alianza del Brasil y Uruguay para derrocar a Rosas; el
ej6rcito y el pueblo de Buenos Aires, el i i de Septiembre,
se habian pronunciado recuperando su autonomia y res-
tableciendo su disuelta legislature; Urquiza se habia reti-
rado al Parana, y despuds de haber reconocido la legitimi-
dad de la revoluci6n del Ii de Septiembre, habia declarado
la guerra A los picaros porteios; pronto habia lanzado A los
antiguos jefes de Rosas a sitiar a Buenos Aires; la guerra
estaba encendida y los buenos debian estar del lado del de-
recho, de la civilizaci6n y con el element tnico de que po-
dia echarse mano para constituir la Reptiblica, que era Bue-
nos Aires.
Sarmiento que, al alejarse de Urquiza, s61o habia publi-
cado los antecedentes de la campafa de Caseros que se re-
gistran bajo el rubro de Ad memorandum en el tomo XIV
de estas obras, lanz6 desde Chile su Campaia en el Ejercito
Grande, que contiene el process de los procedimientos, abu-





INTRODUCCI6N


sos v arbitrariedades del vencedor de Caseros, refido ab ini-
lio con today tendencia de organizaci6n regular. En seguida,
v en presencia de la perspicaz propaganda de Alberdi en
contra de Buenos Aires, public su clelbre Carla de Yun-
.aly, invocando cl derecho v poniendo en guardia A los pue-
blos del interior contra los avances del caudillo, denunciando
sus trapacerias.
FuL entonces que Alberdi se retir6 A (Quillola, en com-
)paiia del senior Monguillot, para meditar v alambicar su
libro Sobre la prensa y la political mnilitanle en la Repiblica
Argentina. El titulo y la teoria en 61 encerrada eran obli-
cuas-(-Alberdi es como los perros que trotan de soslayo)),
-y encubrian un ataque A fondo contra una sola persona-
lidad, sin cuidarse de los grandes principios que se deba-
tian A cafonazos. No trataba de la prensa en la Repiiblica
Argentina, sino de un escritor refugiado en el extranjero,
y Alberdi sostenia, al mismo tiempo, que el cafi6n tronaba
en Buenos Aires, que estaba en paz la Reptblica y se asom-
braba de que la prensa de guerra hiciera la guerra A Ur-
quiza, que hacia la guerra A Buenos Aires. (lla concluido
la guerra, y la political pide hoy A la prensa la paz..., Y en-
tonces demuestra que el que habia luchado upor diez y quin-
ce afios, contra Rosas no sabia mAs que pelear y era inepto
para tralar los grandes problems cuva soluci6n se imponia.
De las represalias que tom6 Sarmiento de aquellos ata-
ques ad hominem no se haria menci6n en estas obras si no
envolviesen esos escritos los problems mismos que el his-
toriador ha de tener en cuenta para conocer las dificulta-
des con que tropezaron los hombres sinceros que buscaban
el progress, la uni6n, la gloria, la estabilidad de la patria,
dificultades de que dan testimonio las siguientes lines, es-
critas por Sarmiento treinta afios despues:

uc Es cierto que tenemos esta facultad de odiar que se nos atribu-
ye ? La verdad es que por esta causa, 6 invocando este odio, acaso
suscitado por hombres notables, se han producido hechos de tal mag-
nitud que afectaron 6 afectan la march de los acontecimientos.
En 1851 nos separamos del general Urquiza, regresando ; Chile,
y al llegar, abocindonos con Alberdi, inico corresponsal politico que
teniamos, hablamos largo y convinimos en abstenernos de toda ac-
ci6n, hasta que se resolviesen las dificultades que surgian entire Bue-
nos Aires y Urquiza.






OBRAS DE SARMIENTO


)Llenibamos nosotros religiosamente este compromise, cuando su-
pimos que Alberdi se ponia en accidn, 4 favor de Urquiza, despu6s
de disuelta la Legislatura de Buenos Aires, A consecuencia de las se-
siones de Junio. Reclamamos, nos querellamos, y al fin fu6 precise
parar los golpes asestados contra Buenos Aires por los que se de-
claraban urquizistas.
nAlberdi logr6 desautorizar nuestra palabra como testigos y como
leaders que habiamos sido durante diez afios, asegurando que el odio
implacable que profesdbamos al general Urquiza nos hacia ver desde
un punto de vista falso los sucesos. Era en vano que, fieles A la ver-
dad, protestasemos que no sentiamos tales odios, que no nos habia-
mos querellado, como sostenia Alberdi, pues nos habiamos separado
en buenos t6rminos. No hubo remedio: aborreciamos A Urquiza, le
tenfamos envidia por haber estudiado 61 en la Universidad y nos-
otros no. Asi logr6 sublevar contra nosotros el odio de las provin-
cias, cuyos jdvenes se educaron en el odio inspirado por Alberdi;
mientras que Alberdi habia huido y rehuido de tomar parte alguna
en la lucha hasta que Urquiza triunf6, no s61o en Caseros, sino en
Junio, fu6 desde entonces el orAculo, el mentor y el director de la
opinion pdblica en el interior. Acabamos por sublevarnos y atacar,
sin sentir, sin embargo, el pretendido odio; pero ese odio hizo la for-
tuna (pecuniaria) de Alberdi, su fama literaria y su carrera political.
,)El tiempo, que todo lo aclara, dej6 tambi6n en clare que no hubo
tal odio implacable, sino la viveza natural del combat. Tan con-
vencido de ello estaba el general Urquiza, que lo express asi en t6r-
minos inequivocos, en sus uiltimos dias, declarando la confianza que
tenia en la sinceridad de Sarmiento y la poca fe que le merecian otras
amistades.
,El tiempo mostr6 tambi6n que si habia un odio implacable entire
Alberdi y Sarmiento, 6ste debi6 olvidarlo, no sabiendo d6nde estaba
su adversario, tan abajo habia caido.n

Dece un autor reciente: (Les morts se prdtent aux rdcon-
ciliations avec une extreme facility. uC'est un bon instinct
que de confondre dans la gloire et dans l'amour les ouvriers
qui, bien qu'ennemis, travailldrent en common a quelque
grande oeuvre morale au social. La Idgende opere ces rdu-
nions posthumes qui conlentent tout un people. Elle a des
resources merveilleuses pour metire Pierre et Paul et tout
le monde d'accordn (I).
Muy gustoso se prestaria el espiritu de sus descendientes
A la reconciliaci6n p6stuma de dos grandes obreros de nues-

(1) A. France. Le Jardin d'Epicure ,pigina 123





INTRODUCTION


tra organizaci6n, si fuese possible conceder al uno los m6-
ritos que quiso apropiarse y que precisamente pertenecen
al otro. El doctor Alberdi tuvo la felicidad de grabar su
nombre sobre la base de la Constituci6n argentina, porque
formul6 en el moment precise el pensamiento que de tiempo
atras venia elaborAndose, principalmente por Sarmiento, en-
tre los emigrados que estudiaban los problems sociol6gicos
y econ6micos que impedian la organizaci6n regular de la
Reptiblica. Las ideas que Alberdi present en sus Bases y
su Proyecto de Constituci6n fueron adoptadas, por venir
en forma concrete, y por la influencia del partido A que se
habia plegado y servia con toda la fuerza de su ingeniosa
dialectica, mientras que se require toda una investigaci6n
entire la genesis de esas ideas para descubrir A sus verdade-
ros autores y a los que arrojaron primero la semilla y que
cultivaron cuidadosamente la plant.
Ya hemos hecho resaltar que en aquella c6lebre pole-
mica Sarmiento defendia principios, ideas y una causa ge-
nerosa, sin preocuparse de personas sino en cuanto se ha-
Ilaban envueltas en los sucesos, mientras que Alberdi, su
antiguo amigo, le sali6 al encuentro con ataques individua-
les, sin respeto A sus servicios y prescindiendo de su pro-
pia posici6n diplomAtica, que le inhibia una actitud agre-
siva contra un ciudadano A quien debia protecci6n en suelo
extranjero.
El mismo parang6n puede hacerse entire ambos prota-
gonistas, en lo que se refiere A los sucesos posteriores y A
la sanci6n hist6rica de sus ideas. Alberdi pasaba por ha-
ber inspirado, con sus ((Bases)) y su Proyecto,, la forma
institutional de la Repiblica, hacienda triunfar muchas
ideas de largo tiempo elaboradas por Sarmiento y otros
emigrados, y lograba introducir algunas que Sarmiento con-
sideraba err6neas y funestas para la realizaci6n del sistema
republican y federal, como ser el apartar sistemadamente
al extranjero de toda participaci6n en las responsabilidades,
al tiempo que se le Ilamaba por grandes corrientes A poblar
estas regions y se le hacia s61o agent de la prosperidad
material sin hacerlo participe del progress en la prActica
de la libertad; asi tambi6n, y para no extendernos dema-
siado, la singular clAusula que constitute A los gobernado-
res como agents del gobierno national, agents sin inves-





OBRAS DE SARMIENTO


tidura y sin sanci6n, que obliga al president a cacer en la
pendiente de influir irregularmente en su designaci6n, para
que fuesen en realidad sus agents, lo que destruye el sis-
tema federal. (VWase el tomo VIII.)
Sarmiento tuvo parte brillante en la introducci6n de las
reforms que el Estado de Buenos Aires requeria para in-
corporarse a la naci6n, y tuvo el coraje de no propcnder
sino A las que fuesen esenciales para obtener de ambas par-
tes la sanci6n de la Constituci6n, abandonando las dispo-
siciones que mas repugnaban A su espiritu previsor y que
con mts calor habia combatido en debido tiempo.
Sancionada que fu6 la Constituci6n argentina, jams des-
pleg6 los labios para desautorizar ninguna de sus clusu-
las, buscando siempre el comentario mas apropiado para
sacar el mejor partido en la prActica, de lo mismo que con-
denaba en teoria. Y no hay una linea, ni una palabra de
Sarmiento, desde 1861 hasta 1888, que pueda interpretarse
como una critical de una disposici6n constitutional vigente.
Organizada la Repiblica, sancionada la Constituci6n,
Alberdi se alej6 del pais y concluy6, en su impotente ren-
cor contra -sus adversaries, por hacer causa comrnn con el
dictador L6pez, por hallarse al frente del ej6rcito que lo
combatia su adversario, el general Ilitre, y olvidando que
la guerra estaba empefiada entire dos naciones, de las cua-
les una era la de su nacimiento, y que eran argentinos los
que sucumbian en aquella cruenta campafia.

EL EDITOR.






TOT'A.


Debe tenerse present que los escritos que entran en este volume
estAn intimamente ligados, en cuanto A la discusi6n de principios de
la 6poca pre-constitucional en que se produjeron, con los que se
hallan en el tomo VIII de estas obras.
Los comentarios de la Constituci6n y escritos anexos del tomo






INTRODUCTION 11

VIII fucron publicados, adelantindose al orden cronol6gico, cedien-
do el editor A las instancias del doctor Arist6bulo del Valle, deseando,
como catedrAtico de derecho constitutional, hacer de ese libro la
base de su ensefianza en la Universidad, de cuya fecunda tarea fud
arrebatado por la fatalidad, que parece acechar a los hombres de valia.
Pertenece igualmente A las discusiones con el Dr. Alberdi el es-
tudiado escrito criticando los primeros capitulos del Proyecto de Al-
berdi, que se halla en las pAginas 329 y siguientes del tomo VIII.
















PRELIMINARIES


(El Nacional, 19 de Noviembre de 1852.)

Valparaiso, Octubre 22 de 1852.

Senior director de ((El Nacionaln:

La nueva faz que presentan los negocios argentinos y el
mal 6xito de la political seguida por el general Urquiza me
pone en la obligaci6n de dar a usted una explicaci6n de la
conduct guardada por los argentinos residents en Valpa-
raiso y de los m6viles que han obrado en la direcci6n de
aquella intriga political, pues no es otro el carActer que han
tenido aquellos manejos.
El triunfo del general Urquiza fuC celebrado en Chile
con el entusiasmo que debe suponerse en hombres que con 61
adquirian una patria que, durante muchos afios, habian crei-
do cerrada para siempre. La llegada de la proclama de Fe-
brero, en que se prescribia la cinta colorada, nos llen6 a
todos de estupefacci6n, de tristeza y de desencanto; pero
era tal el deseo de arribar A la suspirada organizaci6n, que
la opinion se recobr6 luego de su incertidumbre y todos se
esforzaron en persuadirse que aquel acto incalificable era
acaso justificado por circunstancias locales y sin trascen-
dencia political.
La llegada de Sarmiento, quien habia sido el 6rgano de
los argentinos en Chile durante tantos afios, renov6 la apu-
rada incertidumbre; pero el senior Sarmiento no habl6 sino
con el doctor Mariano Sarratea y el doctor Alberdi detalla-
damente, y como no escribiese una palabra ni en pro ni
en contra de los hechos, no fue dificil aceptar su disen-





OBRAS DE SARMIENTO


timiento, como resultado de falta de discreci6n, de ambi-
ci6n burlada, etc. Al menos asi se dijo, y nadie se encarg6
de contrariar esta interpretaci6n, ni 61 tampoco.
Con la noticia del golpe de estado en Buenos Aires reci-
bieron aqui cartas de Guti6rrez el senior Urzua y el doc-
tor Alberdi. La primera se public en El Diario, diciendo
que lo ocurrido en Buenos Aires no era como lo decian los
diaries de aquella ciudad, sino de otro modo que no decia;
y aprovechando el desfavor que el nombre de Mitre tenia
ante el gobierno, se desahogaba contra Mitre, como si
Mitre fuese el author de la resistencia de la Sala y pueblo
de Buenos Aires A aceptar el pacto de San NicolAs que no
habia autorizado hasta entonces.
De la otra carta nada se supo; pero como Guti6rrez, mi-
rado en Buenos Aires con una especie de prevenci6n, por
los insultos que hizo A los ciudadanos que asistian A la
discusi6n, IlamAndoles tenderos, se entreg6 abiertamente A
Urquiza, que lo ha hecho diputado de Entre Rios, donde
nadie lo conoce, es de career que Gutidrrez sugiri6 desde en-
tonces A Urquiza nombrar en Valparaiso .enviado diplomA-
tico A Chile al doctor Alberdi y c6nsules A Beeche y Pefia,
A fin de procurarse en el primero un escritor hAbil que lo
sostuviese, si Sarmiento lo atacaba, y en los otros el apoyo
de los comerciantes argentinos. El hecho es que al dia si-
guiente de la llegada de las cartas de Guti6rrez el doctor
Alberdi empez6 A sugerir hAbilmente la idea de former un
club, presidido por personas respetables, y empez6 A dar co-
miditas en su quinta A los redactores de El Mercurio y de El
Diario.
El interns de todos predisponia los Animos A concurrir
A allanar todo g6nero de dificultades y de disentimientos.
El club se organiz6 en efecto y formul6 el acta de adhe-
si6n, vaga, equivoca, que A todo se prestaba. Esta era la
habilidad y la intriga de Alberdi. No atrevi6ndose A decir
por lo claro que su objeto era adherirse al golpe de estado,
para lo que habria encontrado resistencias y protests endr-
gicas de muchos. Pero aquella adhesion, tal como estaba
concebida, las explicaciones capciosas de Alberdi, fueron
dando poco A poco seguridad, y uno tras otro fueron subs-
cribiendo y de muchos nombres se hizo uso que no habian
subscripto aquella acta. El general Las Heras, A quien pri-





LAS CIENTO Y UNA


mero le transmitieron el acta, vi6 que ella nada decia; pero
en carta particular de don Goyo G6mez se le explicaba el
objeto, que era apoyar tdcitamente el golpe de estado. El
general dijo con indignaci6n: Es un ultraje hecho a las
canas de un anciano que tiene ya un pie en el sepulcro pro-
ponerle que preste su nombre g estos indignos manejos. Don
Domingo Sarmiento, consultado por algunos, dijo que creia
que debfa aguardarse un poco de tiempo la llegada del co-
rreo, al menos, para aventurarse en aquel camino que creia
erizado de peligros, pues conocia prActicamente la situa-
ci6n de los negocios y creia que los sucesos indicarian bien
pronto la linea que habia de seguirse.
El resultado fu6. que en Santiago no se obtuvo una sola
firma; y aun muchas de las de Valparaiso fueron recaba-
das, asegurando que Sarmiento estaba de acuerdo, pero que
se habia impuesto el deber de no manifestarlo.
En Copiap6 las resistencias fueron mis decididas. Los ar-
gentinos se reunieron dos veces, y en ambas rechazaron
el acta, fundindose en que era vaga, en que la adhesi6n
a la organizacidn es initil, pues que este era el voto de
todos, comprobado por los hechos; refiri6ndose a la carta
privada en que se explicaba la maniobra, alegaban que los
datos recibidos de Buenos Aires no eran suficientes para
apreciar la legitimidad de la disoluci6n de la Legislatura
de Buenos Aires.
Como Sarmiento se obstinase en guardar silencio, los
diaries de Valparaiso en que describe Alberdi, ocultando su
nombre, como lo tiene de costumbre cuando hace alguna
de estas diabluras, escribian a mansalva la vispera de la sa-
lida del correo, para que sus articulos fuesen reproducidos en
los peri6dicos argentinos.
Al fin lleg6 la clave de todas estas intrigas, que era el
prometido nombramiento de enviado diplomAtico A Alberdi;
y todo qued6 explicado indignados muchos de entire nos-
otros de ver la farsa que se nos habia hecho representar,
sin otro objeto que crearle titulos t Alberdi para hacerse en-
viado, como se lo habia prometido Gutierrez, si habia una
manifestaci6n en favor de Urquiza. Entonces recordaron
que A MArmol se le habia nombrado con ese mismo objeto
de escribir en Rio Janeiro, donde se crey6 que se establecia
Sarmiento, y que Rosas habia tenido a su devoci6n en





OBRAS DE SARMIENTO


Paris & Emilio de Girardin, A quien Alberdi se parece tanto
en figure, carActer, talent y desmoralizaci6n en materials
political. Entonces vimos, por la primera vez en Chile, en
diez afios, la emigraci6n dividida en fracciones: teniendo la
mis numerosa la que permanecia en silencio por dignidad,
por prudencia y por no dar lugar A ningin extravio en la
opinion.
Llegaron por este tiempo las primeras noticias de Men-
doza en que se anunciaba la revoluci6n de Buenos Aires,
y con la ligereza 6 la parcialidad de escritores rentados, 6
mis bien dicho Alberdi, viendo en peligro de quedar en
ridicule su nombramiento, se apresur6 a hacer firmar a los
miembros del club la protest que le acompalio impresa,
maldiciendo la revoluci6n de Buenos Aires y excitando las
prevenciones provinciales contra aquella ciudad. Pero cuan-
do andaba circulando este desahogo de la rabia y del amor
propio del diplomatic chasqueado in fieri, llega la noticia
de que Urquiza se ha retirado en vista del movimiento for-
midable de Buenos Aires y de la reuni6n de todos los par-
tidos, a una, para expulsarlo.
En estas circunstancias Sarmiento habia roto su silen-
cio por medio de una carta al general Urquiza, en que ha-
cia revelaciones de hechos ignorados y rectificaba, de an-
temano, las noticias venidas primero, coincidiendo exacta-
mente sus explicaciones con las noticias que habia traido
el correo. La impresi6n que este escrito produjo en Valpa-
raiso fu6 por el moment desagradable, puesto que nadie
estaba preparado d oir un lenguaje tan decidido como el
que el mismo escritor habia usado contra Rosas. Mas la
verdad se hizo poco a poco paso, y todos comprendieron que,
por lo menos, la direccidn impresa por Alberdi a los dia-
rios debia limitarse A dulcificar los Animos, 4 no encender
la guerra civil en las provincias contra Buenos Aires.
La revoluci6n estaba consumada, asegurada. El general
Urquiza ha desistido del empefio de sofocarla. Las fuerzas
estsn en poder de Buenos Aires. Urquiza ha repasado el
Parana, convencido de la imposibilidad de contrarrestar el
movimiento. Los enviados europeos estAn en Buenos Ai-
res. Corrientes estA mandada por hombres hostiles A Ur-
quiza y apovados en la otra mitad del ejercito que triunf6





LAS CIENTO \' UNA


en Caseros. Todas las provincias del norte no son afectas
i Urquiza, desde C6rdoba.
Buenos Aires no reconoce el pacto de San Nicolas. La
base sobre que el congress estai montado es falsa, dando
dos diputados A cada provinciL, y Buenos Aires no reco-
nocerA ese congress jamAs, ni ia ingerencia del general Ur-
quiza en los negocios plblicos, ingerencia A que casi virtual-
mente falt6 el general, alejindose del teatro; pues el decir
que las provincias pueden former un Estado aparte de Bue-
nos Aires es una atrocidad que ningtn patriota honrado
puede admitir.
Todo esto se hizo sentir A Alberdi, quien continue con
el mismo tes6n que antes haciendo hablar i los diaries en
el sentido de obrar una separaci6n entire las provincias y
Buenos Aires, nada mas que porque e1 es enviado diplo-
matico de Urquiza, y con la separaci6n de Urquiza queda
tl chasqueado; y para quienes conocen a Alberdi y su amor
propio, saben que es capaz de encender la guerra en la
Reptiblica, a fin de tener apariencias de raz6n.
En estas circunstancias el viejo general Las Heras pro-
voc6, en Santiago, una reunion de argentinos para hacer
p6blicos sus votos por la reunion de la Repiblica v ale-
jar toda perturbaci6n, toda preocupacion que dificulte la sus-
pirada organizaci6n, haciendo sentir que, si sucesos va con-
sumados habian hecho infructuosa la cooperaci6n del ge-
neral Urquiza, esto no debia obstar para que las provin-
cias continuasen su obra, pues los hombres no eran la Cons-
titucidn, sino meros instruments que las circunstancias da-
ban v quitaban. La moderaci6n del voto de Santiago; su ab-
soluta prescindencia de today alusion A lo ocurrido en Val-
paraiso; la respetabilidad de los que lo formulaban; la re-
aparici6n del nombre de Sarmiento, todo contribuia a hacer
volver A todos los sentimientos de confraternidad, de uni6n,
que aquel document inspiraha, sin prescribir nada, sin
desechar Ai Urquiza ni A Buenos Aires, y s6lo buscando el
medio de continuar la obra de la reorganizaci6n.
El .efecto ha sido que aquellos cuvo amor propio no esti
comprometido, que Fos que no son ni enviados diplomnticos
ni c6nsules, han vuelto atris, subscribiendo la nueva acta,
emanada de Santiago, que en nada se opone A la anterior
que firmaron al principio en Valparaiso, pues ella no con-
TOMO XV.-2





OBRAS DE SARMIENTO


tenia nada de lo que los directors de aquellos pasos sola-
pados tenian en vista. Se esperan las adhesiones de Copiap6
de los que han resistido tenazmente A tomar parte en la
cruzada de Valparaiso y que desmienten, como el acta de
Santiago, la pretension del club en su circular del 19, de
hablar en nombre de los argentinos residents en Chile, en
lugar de Club de Valparaiso que se llamaba antes, preci-
samente ahora que todos muestran su resistencia a seguir el
camino violent y precipitado en que se han lanzado.
Lo singular en todo esto es que la acta que elaboraron al
principio la mandaron A M.endoza A publicarla alia, porque
aqui no la han publicado en ningfin diario, mientras que las
circulares impresas las firm s61o el president, v luego se
envian Ai N'lndoza para que se crea que todos los que fir-
maron la primera acta aprueban y firman estos nuevos pro-
cedimientos.
Los argentinos de Santiago, centre quicnes se encuentran
el general Las Heras, don Juan Godoy, don D. F. Sarmien-
to, can6nigo Navarro v tantos hombres de antecedentes v
prestigio, como en las firmas de Valparaiso, don NicolAs
Rodriguez Pefia, vocal de la Junta de iSlo, el general Dehe-
sa y otros, han dado sus nombres A la prensa, no en un acta
vaga v expresando deseos generals de hien, sino como ob-
jeto express, claro, nacido de las circunstancias, A saber:
no apelen los pueblos A la guerra;-no se adhieran A hom-
bres sino) i pueblos;-no se entreguen A recelos provincia-
les;-en fin, mediten, aguarden, escuchen.
Este es el estado de la cuesti6n hasta la salida del correo
en que escribo. El acta de Santiago publicada en El Diario
reune lirmas para mandarla original ai Mendoza. El pan-
fleto del seno'r Sarmiento produjo sensaci6n. Para unos
era como echarles un jarro de agua fria ; para otros fu6 como
la luz del rayo en medio de las tinieblas; para otros fu(,
en fin, como una carcajada satinica de risa que venia A des-
concertar la gravedad con que cada uno estaba desempe-
fiando su papel de comedian: 6ste enviado diplomatico, aquil
consul, el otro president, el otro corresponsal, etc. Todo
habia sido puesto en duda y en ridicule.
Urquiza separado 6 no de los asuntos p6blicos, pero sin
Buenos Aires, la plaza commercial, el asiento de la diploma-
cia, todos los c6nsules v diplomAticos se quedan con los pa-





LAS CIENTO Y UNA


peles mojados. Asi es que el primer movimiento fu6, como
buque que hace agua, acudir a la bomba, mandar circula-
res, protests, chasques, para impedir que Urquiza se se-
parase de los negocios, y haoer que las provincias adhirie-
sen i el y se separasen de Bun nos Aires, al solo objeto de
que los nombramientos no quedasen en el aire (i).






CLUB EN OPOSICION AL CLUB URQUIZISTA
ESTABLECIDO EN CHILE


IVIvA LA REPUBLICAN ARGENTINA!

Los abajo firmados, argentinos residents en Santiago
de Chile, vivamente interesados en la suerte de su patria,
amenazada en este moment de una crisis por la separa-
ci6n de los negocios pfiblicos de la persona del general
Urquiza y el pronunciamiento armado de la provincia de
Buenos Aires contra los actos, autoridades y political ema-
nados del pacto celebrado en San NicolAs de los Arroyos
entire los gobernadores provinciales, han acordado, despues
de madura deliberaci6n, dar la present manifestaci6n, A fin
de interponer sus ruegos para ante los pueblos y gobiernos
argentinos, en nombre de antiguos servicios de muchos de
ellos A la causa de la libertad americana, de las canas de
otros, de las dignidades que condecoran a algunos, y, en
general, en nombre del sentimiento comiin A todos, de pa-
triotismo, a fin de que, en las circunstancias dificiles en que
se encuentran, no se dejen arrastrar por pasiones de loca-
lidad, 6 por el deseo mismo de llevar rApidamente la orga-
nizaci6n A cabo, por sujeciones que, aunque bien intencio-


(1) Esta correspondencia es enviada de Valparaiso a El Nacional de Buenos Aires,
que la public el 19 de Noviembre de 1852. El mismo diario public el 11 de Febrero de
1853, una extensa correspondencia firmada por el respectable jurisconsulto doctor
Gabriel Ocampo, que relata los mismos hechos y confirm la anterior en todos sus
detalles.-(Nota del Editor.)





20 OBRAS DE SARMIENTO

nadas, pueden partir de' hechos 6 mal comprendidos 6 mal
comunicados.
De la guerra civil, de la violencia, no puede aprovechar
sino la tirania.
Los habitantes de Buenos Aires son argentinos como sus
hermanos de las provincias; y a menos que la pasada tirania
sea restablecida para sofocar la opinion pfiblica, los hom-
bres eminentes de Buenos Aires, sus publicistas mas acre-
ditados, son argentinos ante todo.
La Constituci6n no ha de ser obra de las armas ni de la
violencia; su discusi6n, su adopci6n, requieren tranquili-
clad en los espiritus, paz en la Reptiblica, libertad en las
provincias, y el alejamiento de toda coacci6n, de toda irri-
taci6n inftil.
Otra line de conduct, otro espiritu, no traerian por re-
sultado sino la interrupci6n de las relaciones comerciales;
la division territorial; la desmembraci6n y la ruina total,
no s61o de toda esperanza cle organizaci6n, sino de indus-
tria, y el desbordamiento de las pasiones en el moment mis-
mo en que el mundo cspera vernos aparecer dignamente en-
tre la familiar de las naciones libres y constituidas.
Si, pues, han caducado los acuerdos de San Nicolas; si
unos hombres han sucumbido en la ruda obra de nuestra
organizaci6n, otros medios, otros caminos que sugerirA la
prudencia, y otros hombres que sefialarAn la opinion y las
circunstancias, pondrin su contingent de sacrificios, de
esfuerzos, de abnegaci6n para llevarla A cabo. Es el porve-
nir de nuestras families, es la dicha, la libertad y la segu-
ridad de todos la que va A establecerse y consolidarse, y nin-
guna consideraci6n del moment ha de hacerse superior a
aquel supremo interns, ni A ningin hombre se ha de adju-
dicar ni el derecho ni el encargo de constituirnos.
i Que la paz reine en todos los Angulos de la Repiiblica!
; Que el orden en cada provincia asegure la libertad de to-
dos, y que las armas sean depuestas para dar lugar ai la de-
liberaci6n tranquila, At los convenios nuevos, Ai arreglos amis-
tosos entire hermanos!
Estos son los votos que los argentinos residents en San-
tiago transmitcn a los de Valparaiso, la Serena y Copiap6,
a fin de que los apoyen con el prestigio de sus nombres.






LAS CIENTO Y UNA


Santiago, Octubre 19 de 1852.

General Gregorio de Las Heras, Julidn Na-
varro, Jose Lorenzo Guirdldez, Lisandro
Lloveras, Pedro R. de la Plaza, Josd A.
Alvarez Condarco, Andrds Videla, Ma-
nuel Baraiao, L. Zuloaga, Vicente Mo-
reno, Lino Almandos, Francisco de la
Barra, Pedro N. Herrera, D. F. Sarmien-
to, Santiago S. Cortinez, Juan Godoy,
Hilaridn M. Moreno, Jacinto Rodrigues
Peca, Alcibiades de la Plaza, Honorio
Jurado, Abraham Sireday, Marcos A.
Lloveras, Demetrio Rodriguez Pea (i).

(1) El comentario con que El Nacional de Buenos Aires acompaila la publicaci6n
de estos documents y de la Carta d Urquiga de Sarmiento, pertenece al doctor Vdlez
y demuestra entusiasmo por surgir la opinion por los manejos interesados del doctor Alberdi*, pregonando, ademAs,
















CARTA DE YUNCAY (1)


D. F. SARMIENTO, DIPUTADO AL CONGRESS NATIONAL POR LA PROVINCIAL DE SAN JUAN,
AL GENERAL JUST JOSE DE URQUIZA, VENCEDOR EN CASEROS

(Yungay, Octubre 13 de 1852.)

Secior general de Entre Rios, D. Justo J. de Urquiza.

Mi distinguido general:
Colaborador obscuro en otro tiempo en la obra que S. E.
se propone llevar A cabo de organizer nuestra patria; ad-
mitido en una 6poca en sus consejos, y separado esponta-
neamente desde que crei injustificado el sistema de political se-
gluido, volvi voluntariamente A la antigua expatriaci6n A
fin de conservar ilesa en la prActica la pureza de los prin-
cipios de que me habia por diez afios constituido 6rgano, y
de no ser, al propio tiempo, arrastrado por los movimientos
y las perturbaciones que preveia en germen.
No siendo s ssostenedor, general, no habiendo querido
hacerme su opositor, permitame romper el silencio deco-
roso que me habia impuesto, en nombre de aquel patrio-
tismo hourado que S. EI. me reconoci6, v que tuvo la indul-
gencia de decirmelo A mi mismo do(s dias antes de la ba-
talla de Caseros. Desde entonces acA nada he hecho, ge-
neral, que me haga desmerecer aquellos honrosos dictados.
Nada hare en adelante, cuente con ello, (lue desdiga de tan
honorables antecedentes. Esta es mi ambici6n, general, am-
bici6n A la que no aspiran, cr6alo, muchos de los que lo
rodean, y lo dejan extraviarse, porque les conviene no des-
agradarlo.

(1) Imprenta de Julio Bclin y C.a





OBRAS DE SARMIENTO


Estibamos al principio, y aun me lisonjeo de career que
lo estamos ain, de acuerdo en los puntos fundamentals
sobre la organizaci6n possible de la Replblica. Hemos dis-
cordado s6lo en la practice. Fu6 mi opinion, desde much
antes que S. E. tuviese ocasi6n de former una, que el go-
bierno que sucediere al de Rosas debia echar un velo sobre
los extravios de que 61 habia sido instigador. En 1845 for-
mulaba va estas ideas asi: (Por otra parte es desconocer la
naturaleza humana career que los pueblos se vuelven crimi-
nales, y que los hombres extraviados que asesinan, cuando
hay un tirano que los impulse A. ello, son en el fondo mal-
vados. Todo depend de las preocupaciones que dominant
en ciertos moments, y el hombre que hoy se ceba en san-
gre por fanatismo, era ayer un devoto inocente, y serA ma-
fiana un buen ciudadano, desde que desaparezca la excita-
ci6n que lo indujo al crimen... No digo entire los partidarios
de Rosas: entire los mazorqueros mismos hay, bajo las ex-
terioridades del crime, virtudes que un dia deberian pre-
miarse), (I).
Estas ideas las emiti, recuerdo, una vez, en presencia de
don Elias Bedoya, hoy su consejero de Estado; las he re-
producido en todos mis escritos postcriores, y han hecho
siempre la base de la political que he aconsejado a los pue-
blos y d los gobiernos. En esta indulgencia, que no nace
del coraz6n, sino del studio de la historic, estaba compren-
dido S. E., senior general; porque ;, c6mo disimularse que
su vida pdblica anterior requerira la indulgencia de la his-
toria ?
Pero la adopci6n de estos sencillos principios tenia por
objeto el interns del pais y no la satisfacci6n de preferen-
cias 6 de intereses personales. Tenia por blanco itil apro-
vechar de todos los hombres de m6rito que contienen los
partidos, y hacerlos concurrir a la obra de la organizaci6n
general.
Los sucesos recientes, y la series de oscilaciones que se
han sucedido a la batalla de Caseros ponen en problema de
nuevo aquella suspirada organizaci6n. Buenos Aires y Co-
rrientes estAn en armas contra el nuevo orden de cosas, y
en una y otra part veo figurar nombres que me abismarian

(1) Civiligaci6n y Barbarie primera edici6n, pAgina 319.







LAS CIENTO Y UNA


si no conociese de antemano los efectos fatales de causes na-
turalisimas. C6mo es, general, que la revoluci6n de Bue-
nos Aires es encabezada por el general PirAn, su mas fiel
servidor, su brazo derecho, y la provincia de Corrientes tiene
A su frente al senior Pujol, ministry antes del general Vira-
soro, y consejero Aulico de S. E.?
Yo me explico estos hechos, al parecer tan extrafios, por
otros de igual caracter que veo. C6mo ha podido come-
terse el fatal error de confiar el gobierno de Buenos Aires
A nuestro amigo GalAn, y su ministry de Entre Rios, desde
diez afios atrAs, hombre excelente, fiel servidor de S. E.,
en verdad, pero obscure en Buenos Aires, desconocido de
todos y falto, por tanto, de simpatias? C6mo es que veo
figurar en el Congreso, como diputados nombrados por las
provincias, A aquel buen y sumiso escribiente de S. E., don
Angel Elias, A Segui, mi buen amigo, pero su redactor de
publicaciones, A Leiva, su antiguo ministry de Entre Rios,
A aquel Huerguito que se nos reuni6 en los campos de Ca-
bral, y que se hizo su edecAn y comensal por su juventud y
complacencia, y A dos ex ministros de los que lo han seguido,
general, en todas sus posteriores variantes en la political ?
( Por qu6, pues, veo una especie de servidumbre dom6stica
en el gobierno, en el Congreso y en la oposici6n misma,
Galin, Segui, PirAn, Pujol, Elias, Huerguito, los mismos
que hemos comido juntos en Palermo y en el Diamante,
los mismos que hemos rodeado la tienda de S. E.? Z Y los
federales, general, d6nde estmn ? Z Y los unitarios, d6nde
estAn ?
i Que! No habia en Buenos Aires un federal de aquella
provincia, un general Guido, un general Pacheco, un coro-
nel Costa, Lagos y otros mil a quien confiarle el gobierno,
nominalmente siquiera, para salvar las apariencias, para
no herir las susceptibilidades de aquella poblaci6n, y poner
A Galin, su ministry, su servidor antiguo, A la cabeza de
las tropas?
He aqui el error, general, pero este error era consecuen-
cia forzosa de una series de errors anteriores, y que quiero
indicar aqui ligeramente para que los evite en adelante si
logra triunfar de las resistencias en Buenos Aires; porque
si continta en ellos, la paz piblica, el orden, la constitu-
ci6n que se propone dar, serAn la piedra de Sisifo que se le





OBRAS DE SARMIENTO


derrumbarA A cada moment, y pasarA toda su vida en el
torment que se impuso Rosas por la misma causa, y, con
el mismo efecto, A saber: demorar su caida, acumulando ab-
surdo sobre absurdo, y abriendo abismo bajo abismo. Las
mismas causes produce los mismos efectos, general, no se
engafle. Permitame ser sincere siempre.
Pocas veces presentarA la historic de los pueblos un fe-
n6meno como el que ofrecia la Repidblica Argentina en 1851.
En Buenos Aires 6 en las provincias, entire los antiguos uni-
tarios y los federales, entire el vulgo y los jefes que soste-
nian A Rosas, dominaba el mismo sentimiento, A saber: la
inutilidad, la injusticia, el ridicule y la imposibilidad del
sistema de Rosas. La persona de Rosas habria sido admi-
tida, aun con sus antecedentes horribles, si hubiese cam-
biado de sistema; si A la falsia de todos sus boatos hubiese
sustituido la realidad, es decir, la paz, la seguridad de las
personas y de la propiedad, y sobre todo la confianza en el
porvenir, de que tl les habia despojado por la eterna nece-
sidad de luchar.
Publicistas patriots habian estado por largos afios estu-
diando los intereses de la Repiblica, calmando los odios
de partido y obrando una reacci6n lenta pero segura contra
la barbaric de las practices del gobierno, contra la inutili-
dad de sus violencias, y lo ruinoso, est6ril y absurdo de sus
prop6sitos. En honor de S. E. debe decirse que S. E. misma
no ha estado libre de experimental el efecto saludable de es-
tos trabajos. Sus actos piblicos lo demuestran. Asi, pues,
la cuesti6n necia de federales y de salvajes unitarios se trans-
form6 en una cuesti6n econ6mica de navegaci6n de rios, de
vias de comunicaci6n, etc. En este terreno, tan oportuna-
mente y tan de antemano preparado, los partidos antiguos
podian deponer sus odios, los instruments mismos de la
tirania de Rosas podian ponerse al frente de la regeneraci6n
de la Rep6blica.
Guiado por estas nociones del buen sentido, y muy co-
nocedor del estado general de la opinion en Mayo de 1850,
me tome la libertad de escribirle A S. E. mostrindole lo que
esperAbamos de su patriotism, y ofreciendole la cooperaci6n
franca y leal con que debia contar de nuestra parte.
Los resultados correspondieron A estas anticipaciones.
Rosas sobrevivia A su caida como un Arbol carcomido, por-





LAS CIENTO Y UNA


que no se levantaba un ligero vientecillo para hacerlo caer
por su propio peso; y si las provincias y los gobernadores
del interior no cooperaron A su caida, permitame, general,
decirselo: fu6 s61o falta de previsi6n, diligencia y sagacidad
de sus consejeros. Yo he permanecido dos meses en la corte
del Brasil, en el comercio casi intimo de los hombres de Es-
tado de aquella naci6n, y conozco todos los detalles, general,
y los pactos y transacciones por los cuales entr6 S. E. en la
liga contra Rosas. Todo esto, no conocido hoy del p'iblico,
es ya del dominio de la historic, y estA archivado en los mi-
nisterios de Relaciones Exteriores del Brasil y del Uruguay.
Tenia, pues, el senior general, en Marzo de 1851, inteli-
gencias entabladas con la plaza de Montevideo, asegurada
va irrevocablemente contra Oribe por las armas, vestuarios,
pertrechos y subsidies que se habia procurado; tenia, ade-
mas, por tratados con el Brasil, asegurados cien mil pesos
fuertes mensuales para gastos de guerra, la cooperaci6n de
un ejercito de diez y seis mil hombres de linea, que con S. E.,
sin S. E., contra S. E., debian entrar en el territorio orien-
tal ; se acuerda, general, de esas palabras ? En alg6n rinc6n
de sus oficinas debe estar la nota que las contiene. Tenfa,
ademas, A su disposici6n ocho vapores, transportes A discre-
ci6n y cuanto jamAs pudo reunirse para asegurar el 6xito.
Estos elements de triunfo eran los que debi6 hacer co-
nocer A los gobernadores de las provincias, gentes egois-
tas, y cuyas vacilaciones debieron cesar por su propio egois-
mo, dnica pasi6n que los movia. Para asegurar el exito
se debi6 obrar, como se obra en todos los casos, por agents
oficiosos, hablando, examinando las cosas, allanando las ob-
jeciones. Asi lo habia hecho yo con Benavidez, que estaba
muy bien dispuesto. Asi lo hacia con los gobernadores de
La Rioja, TucumAn, Catamarca, Jujuy, que no pedian sino
un apoyo. Pero, icuAl seria la estupefacci6n de estos hom-
bres al echarse un dia de manos A boca en la Gaceta de Bue-
nos Aires que el general Urquiza les enviaba una circular
entregada A Rosas por Saravia, en que les ofrecia el apoyo
de... las lanzas entrerrianas! Los gobernadores mandaron en
el acto A Rosas los titulos de jefe supremo, como ilnica con-
testaci6n digna de aquella baladronada. Benavidez se vol-
vi6 desde entonces contra el doctor Rawson, y contra todos
los que trabajan en San Juan por el general Urquiza, per-





OBRAS DE SARMIENTO


siguiendo con multas, con prisiones, con amenazas de de-
giiello A la junta de representantes, que trabaja en el mismo
sentido.
No habria habido, pues, batalla de Monte Caseros, por-
que nadie, ni Rosas mismo, ni sus jefes, ni sus soldados
querian resistir. Rosas lo dijo la vispera de la batalla: ((Es-
toy abandonado de todos; el pueblo me aborrec ; porque mis
generals y mis hermanos lo han saqueado: y mis generals
me abandonan porque estan hartos de fortune y quieren
guardarla).
i Qud esperanzas abri6 en todos los Animos la caida de
Rosas! Qud fe en el porvenir! i Qu6 conocimiento claro de
las necesidades! En el Rosario, antes de entrar el ejercito
en el territorio de Buenos Aires, veia complacido este sen-
timiento universal en las masas, en el ejdrcito, en los jefes,
en los vencidos y en los vencedores. Todo aquel c6mulo de
absurdos iba A desaparecer; pero...
Llegamos A Buenos Aires, y el general vencedor se em-
pena en que los ciudadanos, que A millares iban punto me-
nos que A besarle las plants llenos de entusiasmo y gra-
titud, recojan del fango el odiado, .el despreciado, el inno-
ble trapo colorado que habian pisoteado el 4 de Febrero,
como prueba de que cran libres ya. Este hecho insignifi-
cante es causa en gran part de todos los niales que se han
sucedido. Los pueblos son asi, obran por reacciones. La
cinta de R osas era el despotismo, era la mazorca, era la bar-
barie, era la humillaci6n, era todo. Imponerla era resfriar
los Animos, suscitar descontentos, traer la duda, la division,
la alarma para el porvenir. Todo estaba perdido, todo puesto
en duda. El pueblo iba y venia. No queria career A sus pro-
pios ojos; esperaba todavia. El excelente y timido joven Go-
rostiaga me dijo, al presentarme el 5 de Febrero, Ilegando
con el ej6rcito A Palermo, y con el acento.del dolor: ((esta
cinta, senior, jamAs nos la volveremos A poner! Todo Bue-
nos Aires resistirA). Yo le dije apretAndole la mano: ((resis-
tan y se salvan). Tres dias despuds era ministry y Ilevaba
la cinta, al mismo tiempo que el gobierno provisorio, por
convenio previo con el general, declaraba no obligatorio su
uso. El pueblo de Buenos Aires, desde las negras hasta el
banquero, se mantuvo firme en no usarla. El dia de la en-
trada triunfal S. E. goz6 del delirio de aquella inmensa po-





LAS CIENTO Y UNA


blaci6n aglomerada en azoteas, ventanas, puertas y aceras
hasta estorbarnos el paso; pero recordarA tambien que sus
ojos irritados no encontraron en todo el discurso del triunfo
una cinta colorada; y que los millares de ramilletes de flores,
las banderas, las colgaduras, ostentaban los colors de la
patria y no el colorado.
Buenos Aires did, pues, ese dia un voto pfiblico, so-
lemne, unAnime. Queria al general y los principios fede-
rales, pero no queria la continuaci6n de las farsas, de las
violencias de Rosas. Queria al hombre v no al sistema. S. E.
mismo lo reconoci6 en la mesa ese dia, en que todos sus alle-
gados, Iluerguito incluso, se atrevieron A repetir algo de
lo qcue yo habia dicho a su hijo don Di6genes en la puerta
de la propia habitacin de S. E. sobre los males que iba. A
traerle aquella obstinaci6n. Yo habia hablado antes A don
Angel Elias lo mismo ; pero como le tiene tanto miedo es
probable que no le dijese nada; y si yo no le hablId S. E. en
Gualcguaych6, done, por mcdio de Elias, Ponsati, el co-
ronel Basavilbaso, se me hacian hacer insinuaciones repe-
tidas para que me pusiese el despreciable trapo, ful porque
vo no entiendo de insinuaciones en lo que estA compro-
nmtida la dignidad. Si queria que me pusiese aquella za-
randaja, por quc el senior general, que hablaba conmigo
todos los dias sore la political, no me lo decia cara a cara,
sabiendo que no hacia caso de sus insinuaciones?
Qud hizo el general despuds de la ovaci6n del 20 de Fe-
brero, tan espontAnea, tan cordial, pero tan digna de la
ciudad de Buenos Aires? ; Escupirla A la cara con la pro-
clama que redact6 Segui (hoy diputado), injuriando, calum-
niando al gobierno, faltando A la verdad, incitando A la di-
visi6n, introduciendo el epiteto sucio de salvajes unitarios!
i Nadie se engafi6 desde ese dia!
Recuerdo la candorosa expresi6n que andaba en boca
de todos: ((lslo no se ha acabadon.
El ej6rcito se componia de elements diversos. Los
orientales eran los que habian resistido A Rosas y su sis-
tema en Montevideo. Los correntinos eran los mismos que
habian seguido las banderas del ilustre Lavalle y de Paz;
los generals Medina, Lamadrid, L6pez, Madariaga, Aba-
los, servian contra el sistema, y mAs de cien oficiales supe-
riores de los mismos antecedentes. La proclama heria, pues,





OIIRAS DE SARMIENTO


A today la poblaci6n de Buenos .ires, heria al ejercito que
habia peleado para otra cosa; destruia la confianza, dejaba
en problema el porvenir.
S. E. recuerda la posici6n que yo tenia en el ejercito,
y en el Rosario yen Palermo pudo ver la que me dispensaba
la opinion. Amigo de S. E. y con honorables antecedentes
de carActer personal, debo decirlo, era el confidence de todos
los elements de su ej6r.cito, hasta del circulo que lo rodeaba
y comia A su mesa. Esta situaci6n me permitia observer
los fatales efectos que habia previsto, y presentir el desca-
labro de todas las esperanzas. Entonces tom6 mi partido sin
consultar A nadie. Me expatri6.
Aquella media, tan insignificant al pareoer, fue tra-
ducida por el instinto popular en su verdadero sentido: la
continuaci6n de la arbitrariedad antigua A nombre de la
Constituci6n ahora, como antes habia sido A nombre de la
Federaci6n.
Las provincias neoesitaban una satisfacci6n. Permane-
cian, adn despues del triunfo, oprimidas por los mismos
caudillos que les habia impuesto Rosas. La mAs trivial po-
litica aconsejaba dejar A 6stos caer por el peso de las cir-
cunstancias, 6 notificarles su separaci6n, garanti6ndoles el
general vencedor la vida, la propiedad y la libertad misma.
Teniamos powder moral para eso y much mas. Saravia dejo
cl gobierno, Mallea fu6 depuesto, y Benavidez tenia escrita
su dimisi6n cuando lleg6 Irigoyen, el antiguo agent de
Rosas, dici'ndoles: ((Lo mismo que Rosas,. ((No se ha cam-
biado sino la persona de Urquiza,. Ha habido carta en Val-
paraiso del senior Irigoyen escrita de San Luis A M1endoza
y remitida desde alli, que contiene estos concepts. La estu-
pefaccidn de los pueblos, la de Benavidez mismo, hubiera
querido presenciarlo yo como me la pintaron en cartas. i Era
el juego del gana pierde!
Pero aunque hayan chuscos que se diviertan con estas
farsas, cl curso natural de las cosas trae sus consecufencias.
En despecho de los enviados, en contravenci6n de la orden
recibida, Mendoza, San Juan, C6rdoba, TucumAn, Salta,
Jujuy, Corrientes, depusieron A sus gobernadores, por la
misma raz6n clue habian sido depuestos los de Santa Fe y
Buenos Aires. El general qued6 burlado, y, por tanto, re-
sentido, v se veng6 con San Juan, el pueblo mAs entusiasta





LAS CIENTO Y UNA


por el senior general, pues desde dos aiios antes que su nom-
bre apareciese en la escena se lo presentaba yo como el fu-
turo salvador de la Repiiblica. Rawson con una barra de
grilles puesta por la mano de Benavidez v de orden de Ur-
quiza es la mas edificante de las ironias de la historic hu-
mana. Pero lo que el senor general no alcanza Lt ver por
falta de hibito de estudiar la political, es que su nombre se
desmonetizaba en todos estos manejos. Ya no inspira con-
fianza ni t amigos, ni i enemigos. Sus mAs solemnes pro-
mesas no Ilevan consigo el asenso de la fe, que es lo inico
que les da fuerza. Era, senior, al principio su nombre el
punto de reuni6n de los partidos pasados, la garantia cierta
del porvenir. Ahora no es nada, seri lo que el acaso y la
fuerza le den ; pero como el acaso y la fuerza no es S. E., pue-
den dejar de estar de su part, como empieza desgraciada-
mente ai palparlo.
Y en esta political de desencanto, de gana pierde, im-
puesta a las provincias, no dirA que las circunstancias lo han
arrastrado ai ello. No: era un pensamiento fijo: era una
emboscada que trafa armada desde Entre Rios. Como yo
tenia mi colocacion en las marchas A dos pass de distancia
del general Virasouro, yen los cnmpamentos mi tienda se ar-
maba 6 diez varas de la suya, hablahlamos de ello con nues-
tro amigo Galan, con Basavilbaso, Pir-n, Pujol y los de-
mas que estalan en la mente de S. E. Ademais, cuando en
Palermo fui i.pedirle mi separaci6n del servicio, S. E. me
dijo: "Yo no dejo i Saravia en el mando,, A o1 que yo re-
puse: ((y, y Benavidez, senior, queda?,) ((. Es tan desprecia-
ble ese hombre ?) me contest S. E. A lo que yo me con-
tent- con afiadir: ((Pero, senior, la provincial de San Juan,
que nos es tan adicta, no es despreciablen. No insist mais,
porque yo sahia que era un partido tomado, y si lo recuerdo
ahora con las mismas palabras no es para malquistarle a
Benavidez. No haya miedo. Entre sastres no se pagan cos-
turas, v aquel desahogo, si lo fluI, se lo debia S. E. A Be-
navidez por cosas peores impresas en sus proclamas con-
tra S. E.
Ouidame ahora hablar de las cosas de Buenos Aires,
que tan alarmante aspect presentan. Ahora se Ilaman per-
turbadores A los que, como al principio, no pueden tildarse
de salvajes unitarios. Pero es precise que le instruya de an-





013RAS DE SARMIENTO


tecedentes que S. E. no conoce. C'uando llegamos A Buenos
Aires estaban ya echadas por S. E., 6 sus consejeros, las ba-
ses de todas las perturbaciones posteriores. Venia empefiado
en hacer correr el agua hacia arriba, y el agua tiene la tor-
peza .de correr hacia abajo siempre. Esto es todo. Nadie que-
ria la resistencia. Era tanta la fe en la fuerza de las cosas,
que todos decian: esperemos, aguantemos, todo se ha de
componer. El ilnico que queria resistir era yo', general. Yo
sabia lo que venia preparado, y tambien sabia los medios
que teniamos de atajar el mal, antes que se desenvolviera.
Cuando uno ve los titeres de detras de la cortina, comprende
cosas que el pfiblico abobado no se explica, creyendo en
efecto que los titeres hablan y hacen cabriolas.
Para suprimir detalles me contentar6 con transcribir frag-
mentos de cartas del coronel Mitre y del doctor Velez, dos
de los desterrados de Junio, por oponerse A los proyectos
de S. E., dos perturbadores. Con fecha I. de Mayo me es-
cribia el iltimo A Rio de Janeiro: ((Yo acepto y respeto mu-
cho su principio de ousted, y no quiso beber; pero en las cir-
cunstancias presents puede admitir atenuaciones. Hoy sale
el primer nfimero de El Nacional, redactado por mi y por
Pedro (Ortiz) y otros j6venes de las provincias. El general
Urquiza nos favorece con una buena subscripci6n ; tenemos
con il, en su calidad de provinciano, comunidad de vistas 6
intereses para la organizaci6n del pais,.
El coronel Mitre me escribia con fecha Abril 13: (Esto
-marcha mejor de lo que usted lo dej6. El general ha entrado
en otra huella y se ha rodeado de otros consejos que escu-
cha y sigue. El 1 de este son las elecciones. Siento que no
este usted aqui, pues seria diputado por Buenos Aires, y en
ese terreno serviria mejor al pais que no protestando aislada-
mente, y dejando A sus compatriots comprometidos en otra
via, que, mala 6 buena, debe Ilevarnos al fin de la jornada,.
Como lo ve S. E., los doctors Vdlez, Ortiz, provincia-
nos; el coronel Mitre, portefio, estaban de acuerdo con S. E.,
y desaprobaban mi conduct. Pero como yo sigo una luz
interior, independiente de las vicisitudes humans, en lugar
de ir A Buenos Aires, adonde me Ilamaban, con el asenti-
miento de S. E., me embarqun el 18 de Mayo para Chile.
Apenas habia desembarcadoen Valparaiso, Velez, Ortiz, Mi-
tre, sus amigos, sus sostenedores hasta el moment de mi





LAS CIENTO Y UNA


partida, estaban va desterrados por perturbadores! ; por
anarquistas!
C6mo explicarse estas anomalias? Con la misma clave
que se explican todas las demAs: el extravio de la political
de S. E. Los provincianos, los porteiios, sis amigos, sus ene-
migos y federales 6 unitarios, todos quieren una cosa: se-
guridad para el porvenir. S. E. quiere, aunque no lo dice,
no dire lo oontrario, sino simplemente hacer su gusto. Las
consecuencias de eso no se acuerdan. ;Y las consecuencias
vienen fatales, inevitable, terrible!
Se eligieron representantes en Buenos Aires. ( C6mo?
Con presencia de tres mil hombres que S. E. ech6 de tropas
de linea i las mesas electoras, mostrando los cuchillos. El
pueblo de Buenos Aires gan6 las elecciones, sin embargo.
SOQu6 hizo entonces el senior general, no pudiendo negar
la legitimidad de aquellas elecciones? Imponerle A la Junta
de Representantes, que debia elegir gobernador, un candi-
dato en un brindis desde el almuerzo. (( Brindo, dijo, por don
Vicente L6pez para gobernador, porque este es el voto del
ejercito !, 6 hizo publicar el brindis.
La Junta nombr6 a quien le ordenaban de una manera
tan gastron6mica, e hizo su gusto el autor del brindis. i Pero!
Entonces el ejercito, el general Piran, su consejero antiguo
y amigo, el piblico se miraron en silencio, dici6ndose para
si: (( Asi va a ser guardada y respetada la Constituci6n pro-
metida! ; Desde un almuerzo se decide la suerte del ,pais ?
Sin embargo, dijeron todavia, ; esperemos, este hombre S
compondri!
Se convoca a los gobernadores de las provincias a San
Nicolas, paso indiscreto que dejaba ya ver la hebra. Lo
mismo se habria conseguido haciendo venir diputados de
gobiernos, a fin de salvar, siquiera, las apariencias; pero
reunir A Lucero, Benavidez, Gutierrez, L6pez, sacar A estos
carcomas del palo que estin royendo era provocar las reac-
ciones de San Juan, TucumAn, C6rdoba. Si quita usted la
amarradura, c c6mo quiere que queden juntas las cosas que
los lazos tenian atadas ? Y como si estos ejemplos no bas-
taren todavia, S. E. compete el mismo disparate ausentin-
dose ahora de Buenos Aires. Se levant lo que estaba com-
primido, faltindole el peso que tenia encima.
La nominaci6n de los diputados por provincia era otra
TOMO xv.-3





OBRAS DE SARMIENTO


de esas initiles violaciones del sentido comiun. La prAc-
tica constant desde 181o, el consenso de todas las naciones
de la tierra, establecen que los diputados i un congress
sean en proporci6n de la poblaci6n. C6mo darle A diez
argentinos que hay en La Rioja la misma voz que A diez
mil argentinos que hay en Buenos Aires? Sc diria que
en la constituci6n conviene hacer prevalecer los intereses
de las provincias? Pero eso se consegula sin hacer dispa-
rates. D6mosle diez diputados A Buenos Aires, v nada mas
que dos A cada provincia. Es claro que formaremos una ma-
yoria los provincianos de veintiseis contra diez, y les gana-
remos todas las votaciones. Pero otra era la madre del cor-
dero. Se queria que el Congreso fuese chiquito, que cupiese
en el pufio, para manejarlo por medio de Angel Elias: se
queria que fuese en un rinc6n, donde, al verse todos des-
amparados, y sin garantias, obedeciesen a las insinuacio-
nes. Se queria, en fin, que hubiese los menos hombres de
capacidad, sabiendo que los hay pocos en las provincial.
Se violaron todas las reglas, y se hizo lo que se queria.
Pero se prepararon las escenas de Julio; y el que se saca al
campo ahora el Congreso, compuesto de cuatro gatos, ech6
tres mil hombres al cuartel del Retiro el dia que la Junta de
Representantes de Buenos Aires debia discutir el pacto de
San NicolAs, y para colmo de imprudencia, no se habia te-
nido con la Junta de Buenos Aires la precaucidn de ama-
rrarle las manos, como A las juntas de las provincias del in-
terior, haci6ndolas de antemano despojarse del derecho que
tienen, y yo afado: el deber de discutir, rechazar, ratificar
lo que hayan hecho sus gobernantes.
Asi, pues, de media en media, de tropelia en tropelia,
el libertador fu6 llevado A no tener un hombre en Buenos
Aires A quien confiar el gobierno, y A verse condenado A asu-
mirlo 61 mismo. Este acto, que S. E. debi6 career su triunfo
definitive, no era mAs que el borde del abismo. Desde luego
violaba abiertamente el pacto solemne en virtud del cual el
Brasil le habia entregado su ejercito, su marina, sus teso-
ros. ((Art. 2.0 Los aliados se comprometen A dejar A Buenos
Aires en libertad complete de darse el gobierno que mas le
conviniere, etc., (Cito de memorial )
Pero todo esto no vale nada en comparaci6n de los efec-
tos morales obrados sobre la opini6n de todos los hombres.





LAS CIENTO Y UNA


i Quidn que tenga noticia de estas violencias creera que va
, darse una Constituci6n real al pais, y, si es dada, que la
respete un hombre que A cada paso, por los motives mAs
frivolos, atropella por todo, creyendo que los pueblos son
nifios A quienes se alucina con proclamitas y decretos?
Y ahora same permitido volver A un punto capital. Por
que crey6 oportuno delegar el gobierno de Buenos Aires
en GalAn? Se nos ha dicho aqui que S. E. era federal de
los de Rosas, y que sus simpatias estaban, naturalmente,
por sus hombres. Pero yo no me content con esas fAciles
explicaciones. Su interns, su egoismo, deben Ilevarlo A apo-
yarse en lo que es s6lido. El que asi no lo hace es un loco.
Desechados los que S. E. queria apellidar salvajes unita-
rios, esto es, los que en la prensa, en el ej6rcito, en la di-
plomacia lo avudaron A elevarse, debi6 apovarse entonces
en el partido que S. E. llama federal; por qu6 no lo hizo?
; Por que se vi6 condenado A entregar el gobierno al ge-
neral GalAn, su ministry de Entre Rios, su jefe desde antes
de Cagaancha ? ; Seria porque A este amigo lo gobierna como
A un dom6stico? Cuando leiamos los borradores del Bo-
letin ntmero 26 de la batalla, GalAn, Ilamado al efecto, me
iba A indicar una reform, cuando S. E. le interrumpi6 di-
ciendo con desprecio: iC CAllese la boca!... ; Siga, Sarmien-
to !) Verdad es que antes ya me habia dicho, disculpAndose
de haber querido hacer otro tanto conmigo: Yo soy asi;
A GalAn, A quien tanto quiero, le suelo echar unos caballos....
En hora buena; ; pero este es el gobernador que le daba A
Buenos Aires?
Si, pero la causa no es esa sola, general. Es que en Bue-
nos Aires no hay federal ninguno de los que sirvieron A
Rosas que le sea adicto A S. E. El hacer figurar los nom-
bres de Guido, Anchorena, Costa, Reyes, Arana, Lagos,
etcetera, etc., en su gobierno, es s61o una carnaza para alu-
cinar A los otros, acaso para aturdirse A si mismo, v ocultar
que estA en el aire, que su poder no tiene base, que estA
solo. Por que no llam6 al ministerio A Arana, 6 A Lagos,
6 a Guido, 6 A Garcia, cuando derroc6 el gobierno, v llam6
A GalAn, su hombre de Entre Rios? i Por que di6 el man-
do de la guarnici6n de Buenos Aires al general PirAn, su
jefe antiguo de Entre Rios, y no se lo di6 al general Pa-





OBRAS DE SARMIENTO


checo 6 A algun ot.ro de los hombres conocidos en Buenos
Aires ?
Por la misma raz6n que en los vacios del Congreso ha
metido 6 Leiva, su ministry antiguo de Entre Rios; a Elias,
a quien hace murder con el perro Purvis para divertirse y ve-
jarlo; al muchacho Segui, a su edecancito Huergo, y ex-
trafio no ver A Laguitos y a don Di6genes, y el resto de la
familiar en lugar de Guido, Garcia, Anchorena, Arana, Pa-
checo, hombres de respeto y consideraci6n, ya que Alsina,
Portela, Vilez, Dominguez, Tejedor, Sarmiento y tantos
otros podrian ser tachados de unitarios salvajes.
He aqui, pues, senior, las consecuencias de una sola falta:
no haber querido escuchar A sus amigos honrados. i Se
acuerda lo que le dije en Gualeguaycht, cuando me insinu6
que libertada la Rep6iblica se retiraria a su casa ? Se acuer-
da de lo que le respond cuando me indic6 su Animo de
traer el Congreso y el gobierno i Entre Rios, sobre lo que
pesaba Buenos Aires en la balanza y que S. E. no debia
alejarse de alli ni el Congreso ? Se acuerda de lo que le dije
en el Diamante delante de Mitre y Paunero, cuando les re-
petia la lecci6n que me habia hecho a mi dos veces: <(Cuando
lleguemos A Buenos Aires ha de ser necesario colgar A mu-
chos, 6 me he de volver a mi casa y dejarlos que se avengan
como puedan ?-General, le dije ante aquellos testigos, me
permitir6 repetirle lo que le dije en Gualeguaycht : No ha
de hacer ni lo uno ni lo otro. No anticipemos nada sobre
los hechos. Conozco la situaci6n de la Repiiblica y el espi-
ritu que la domina.-Ya verA usted las resistencias, me re-
puso.-i OQu estA teniendo miedo, general! Las venceremos.
j En d6nde nos opondrAn resistencias ? En la prensa, en
la tribune, en el ejtrcito? Lo veremos.-- Miedo yo, cuando
he desafiado el poder de Rosas!--Miedo i fantasmas, ge-
neral. Asi son los hombres). Creo que no le gust6 much
A S. E. esta franqueza honrada; pero vo no contaba con
que nosotros mismos enredisemos la pita, para'tener el gusto
de desenredarla A tirones y A tajos y reveses.
DesengAgiese, general. Constituir4 la Repiblica, como
ha impuesto la cinta colorada, conservado los gobernadores
de Rosas, disuelto el gobierno de Buenos Aires, v hecho
cuanto se le ha ocurrido A patadas; pero hasta cuindo du-
rarA su Constituci6n impuesta? ; MAientras tenga la fuerza





LAS CIENTO Y UNA


en su powder? Las constituciones no se hacen para darse el
gusto de darlas, sino para las generaciones venideras. No
por las circunstancias excepcionales del moment en que se
dan, sino en atenci6n al porvenir. Por eso es precise rodear-
las de todos los prestigious de legitimidad, de independen-
cia, de capacidad, de ciencia en los que las dan, ri fin de
que sean obedecidas v respetadas. Cree que mafiana, que
dentro de seis arios, hombres que se respeten tengan vene-
raci6n por la obra soplada de Angel Elias, Segui, Leiva, sus
ciegos servidores; pues todo lo demris, aun los pocs nom-
bres esclarecidos que aparecen, no son mas que ochos v
nueves de la baraja? Elias (don Angel) es el constituvente
de la Repiblica.
Todo lo demas son legalidades A la manera de Rosas,
cartas jugadas, toros corridos. La verdadera constituci6n de
la Repiblica eran los siete mil hombres de line con que
tenia bloqueado desde Palermo A Buenos Aires, desde Fe-
brero hasta Septiembre, y en despecho de ellos, S. E. ha
visto que las resistencias legitimas no han cesado contra las
trampas legalcs, que son hasta hoy el fondo de toda political.
Ya ha entrado la carcqma en el ejercito: a cree que es la se-
ducci6n lo que obra en ello ? Que el general Piran ha sido
trastornado? Error, general. Estas explicaciones vulga-
res son la causa de que se repitan nuevos desaciertos. Cuando
Ilegamos A Buenos Aires S. E. mand6 crear cuatro hatallo-
nes de los pardos que se tomaron prisioneros. Esos pardos,
tan rudos como parecen, habian jurado no combatir, A fin
de que Rosas cayese, esperando el reposo de que los habia
privado veinte afios. fHe aqui que el resultado de su propia
derrota es para los pobres el ser regimentados de nuevo para
servir ai otro amo. Pero esos hombres eran portefios v ningin
vinculo moral los liga A un desconocido de quien A nadie
oyen hablar bien. Los cuatro batallones torados A Oribe v
los cuatro regimientos de caballeria esperaban A su regreso
A Buenos Aires, de donde salieron en 1837, ver los restos
de su familiar y sus pagos antiguos, volver A la vida, en fin.
Asi se los habia prometido S. E.
Despues de la victoria quedan encerrados en los panta-
nos de Palermo para hacer la guardia al preso: el pueblo
de Buenos Aires. Los correntinos habian venido gustosos A
vengar los ultrajes que Rosas les habia hecho en Pago-Lar-





OBRAS DE SARMIENTO


go, Vences, etc. Pero libertado el pais, su deseo era volver
al seno de sus families. Pero el general, no teniendo con-
fianza en las tropas de Buenos Aires por ser de portefios.
deja los dos batallones correntinos de custodia de la ciudad
al mando de PirAn. Z Qud sucede entonces? La prensa ha
sido encadenada; la Junta disuelta; el gobierno usurpado;
los amigos desechados; los vencidos cortejados, pero sin con-
fiarse en ellos. Entonces la cosa principia por la otra punta.
PirAn desata A los correntinos: los correntinos A los batallo-
nes de Buenos Aires; los batallones libertan A la Junta; la
Junta al pueblo, y el pueblo apelarA A sus fuerzas, A su deses-
peraci6n, al ejemplo de Montevideo victorioso nueve afios
contra Rosas, Oribe y Urquiza coligados, para salvarse de
caer en manos del tiltimo mohicano; el fltimo caudillo, ge-
neral. Eche la vista por toda la Reptiblica y yea si queda
otro bArbaro creado 6 en germen de la escuela de Artigas,
Ramirez, L6pez, Quiroga, Rosas, Urquiza, Virasoro, Bena-
videz. Es un pobre hombre, como me decia S. E. Este es el
progress inmenso que han hecho la Reptiblica Argentina,
la Oriental por medio de sus revoluciones. El caudillaje estA
muerto, extinguido para siempre. Oribe, Rivera, estAn ahi:
el president del Uruguay no es ni Lucas Moreno, ni Ve-
nancio Flores: es el senior Jiro, ciudadano vecino. S. E. ie-
tirado de la escena political, la Repiblica Argentina queda
libre de su antigua lepra, el caudillo .manchado en sangre,
deudor de millares de vidas, inventor de suplicios horribles,
exterminador de prisioneros, como en Pago-Largo, Ven-
ces, la India MIuerta, osarios donde han quedado por milla-
res los infelices gauchos degollados por batallones y regi-
mientos. Se atreviera S. E. A contar ahora la justicia hecha
en su hacienda de San Jos6 con aquel muchacho del robo
del chaleco colorado ? ; Era una irrisi6n de la historic que ca-
yese Rosas, el que s61o ordenaba, y se ensalzase al ejecutor
gratuito! Iba A ser S. E. un president, cuya historic debia
principiarse en Monte Caseros, porque para atrAs es negra,
salpicada de sangre. Dios no lo ha querido.
Pero en aquel sistema de compresas, bilmas v ligaduras
en que fundaba su poder, habia otro vicio que no ha apa-
recido todavia, pero que le es inherente y aparecerA luego.
; Contaba con el poder de siete mil hombres ? Ignoro si cuen-
ta todavia con 6l. Pero siete mil hombres de ej6rcito perma-





LAS CIENTO Y UNA


nente, aglomerados en Buenos Aires para custodiarla, es
precise vestirlos, pagarlos bien, darles ascensos v perspec-
tivas de porvenir. Siete mil hombres no pueden ser soste-
nidos un afio en estado ninguno de Sud America, porque no
hay rentas para tanto. Qut sucederia si S. E. continuase
necesitando mantenerlos en pie ? Que consumiria el ganado,
y traeria de nuevo el descontento en los propietarios; que
absorberia las rentas nacionales y su gobierno no podria
realizar ninguna de las promesas que ha hecho; desengaho
de los pueblos. Como las rentas no bastan, echarA mano de
la emisi6n de papel moneda: ruima del comercio. Pero como
el ej6rcito necesita jefes, A los jefes es precise corromperlos
con dones, como Rosas: expoliacidn de las propiedades. Pero
como el publico que sufre se queja: persecucidn d los anar-
quislas, ambiciosos, perturbadores, y las otras clasificacio-
nes de uso. Pero como la intimidaci6n no puede obrar fuera
del pais: diplomncticos complacientes cscribientes, refutan-
tes, rcclamantes en los estados vecinos. Y como al fin todo
este sistema no puede operar sin destruir v aniquilar el co-
mercio, y comprometer los intereses de la Europa y los Es-
tados Unidos, el Brasil, Chile, etc., vienen: prolestas, no-
tas camnbiadas, bloqueos, hasta que cuando todo esta ma-
duro, es decir, cuando la cuerda A fuerza de estirarla revienta
los soldados se sublevan 6 son vencidos, viene abajo toda
la armazdn, v el que la habia montado, 6 queda ensartado
en una de las bavonetas que el mismo mont6, 6 se va A
Inglaterra A lamentarse de no haber tenido un poco mAs
de sentido conmtin, v sobre todo un poco menos de confian-
za en lo que no es una garantia de duraci6n, porque car-
come, purque mina, porque corroe aquello mismo que quiere
sostener.
Tales son, general, las consecuencias inevitable de la
political seguida hasta aqui; tal la explicaci6n de las resis-
tencias que se van escalonando una en pos de otra, y de
las infinitas, extranias e inesperadas que se le irAn oponien-
do despues. Ha entrado ya A Buenos Aires? Lo felicito.
Pero, y quc hacer en seguida? Benavidez entr6 tambien
en San Juan, y qu hizo? Falsificar una firma para fin-
gir que tenia un ministry. Delito ordinario y capital, pre-
visto por la ley, y que tiene asignado veinte afios de pre-
sidio. S. E. no llegarA A esos extremos. Tiene A GalAn que





OHRAS DE SARMIENTO


firm decretos 6 le traiga fuego, es lo mismo. Pero ; y des-
pu6s ? Para captarse la confianza perdida 4 qud harA ? i Res-
petar ia opinion, las leyes, la moral, la justicia, restable-
cer la libertad?... ; AcabAramos, general! Debi6 principiar
por ahi, v nada de cuanto pasa y va A suceder habria tenido
lugar.
O Qut remedio ahora al mal hecho, general ? Le aseguro
que me tengo por pasable m6dico, y que no le hallo he-
chura. Cuanto mAs le tomo el pulso A la situaci6n mas
desesperada la encuentro. Es S. E. hombre perdido, sin
rehabilitaci6n possible. Es, A mi pobre juicio, la ultima de
la procesi6n de victims que se sacrifican en las revolucio-
nes. Yo abri la march; sigui6seme Alsina, Mitre, VW1ez,
Ortiz, que me desaprobaban; sigui6seles L6pez, que los
ech6 abajo. SeguirAnsele los generals Piran, Madariaga y
los centenares que los han seguido. Pero vo lo veo, gene-
ral, A S. E. cerrando la march, detrAs de todos, con los
mismos ojos que lo vi en 1850 desde esta misma casa, mar-
chando sobre Rosas, aunque ni A S. E. misma le pasase
todavia por las mientes esta idea. Z Va A apelar A la antigua
crueldad, al terror, i la mazorca? No lo intent, ni aun al
dia siguiente de su entrada. MAs perdido todavia. r No ve,
general, que estA fresco, odiado, fulminado, despreciado el
recuerdo de esas groserias initiles, que no prueban mAs que
la nulidad y la impotencia?
Ese clerigo Pefia habla en su nota de escarmentar A Bue-
nos Aires; sin duda como escarment6 a la legi6n argen-
tina en Montevideo en 1846, para entronizar A Rivera. Pero
; hasta cuAndo se escarmienta i Buenos Aires? Rosas la
estuvo escarmentando initilmente veinte afios, hasta que
se fu6 1 A Inglaterra bien escarmentado. CuAntos afios
va S. E. A estarla escarmentando ahora? Y cuAndo cuenta
irse A su estancia de San Jose ? ; Perdido, general, perdi-
do! Cuenta con las provincias? Pero qu6 tienen de co-
min las provincias con S. E., A quien no conocen?
'! Qu6 esperan del porvenir que les prepare encendiendo
la guerra civil? Pero no olvide que Rosas, que tuvo bajo
su f6rula A las provincias, no pudo vencer A Montevideo,
donde se habian atrincherado sus enemigos, en nueve afios;
y sus enemigos desde alli le suscitaron al Brasil, le sedu-
jeron al general Urquiza, que era su PirAn, le quitaron el





LAS CIENTO Y UNA


ej6rcito, y se lo echaron encima. ; Perdido, general, perdi-
do! Si triunfa, peor todavia. Como no ha de powder conte-
nerse, y como el abismo estA cavado, ha de caer en 61 inevi-
tablemente.
Yo le dir6 por qu6 esta perdido. Es porque su rol acci-
dental ha pasado. Termidoriano como Tallien, sofoc6 A su
compaiiero y c6mplice Rosas, el Robespierre argentino; jefe
de las tropas pretorianas, se sublev6 contra el tirano a quien
habia sostenido. Pero para sucederle era precise ser Augusto
despu6s de haber sido Octavio, y tener por base un pueblo
cansado de la anarquia, en lugar de hallarlo, como ha en-
contrado A la Rep6blica Argentina, cansada de la tirania
mAs espantosa. Ahora es regla hist6rica que despu6s de las
grandes tiranias no medran las pequefas: y es otra regla
que no se repiten dos fases hist6ricas en un mismo pueblo.
4 C6mo le ha podido pasar por la cabeza que porque sir-
vieron A Rosas Anchorena, Arana, Costa, Lagos, etc., lo
habian de servir A S. E. ? O Qu6, son los hombres bestias de
posta, indiferentes al que las ha de ensillar? ; Cree que
Benavidez, sin los otros caudillejos que han sido destro-
nados, ha de permanecer por siempre batallando, pelean-
do, atajando, por cuenta de quien quiera? No, general: es-
tas son cucharas de pan, cataplasmas, que entretienen pero
que no curan. El 6nico remedio, el Anico apoyo s6lido es uno
que S. E. ni sospecha siquiera: LA FE. Restablecer la fe
perdida; restablecer las esperanzas, las ilusiones disipadas
con tanto absurdo, con tanta nifieria. Imposible es hacer
que lo negro sea blanco. Imposible es que, aunque lo jure
de rodillas, nadie le crea una palabra. No le cree Segui, no
le cree GalAn, no le cree Elias. Se lo manifestaria 6ste si
no le tuviera miedo al perro Purvis; se lo manifestaria Ga-
lAn si no tuviese todos sus intereses en poder y en compa-
fiia de S. E.; se lo manifestaria Segui, que con su lige-
reza acostumbrada lo dice A otros, si no esperase y disease
plata, much plata,, son sus propias palabras.
Pero si S. E. no puede recuperar la confianza perdida,
puede todavia salvar el porvenir de la Repiblica. Yo no
me alarmo tanto de las calamidades actuales como de las
que deja preparadas para mas tarde. A eso es precise acudir.
Si ha triunfado, si ha hecho su triste entrada A Buenos
Aires, i que tristee, general, ha de ser cuando la compare





OBRAS DE SARMIENTO


con la del 20 de Febrero, tan gloriosa, tan aplaudida! No
import: si ha entrado, pues, made disolver ese Congreso
sin libertad, sin dignidad, sin prestigio, para que no figu-
ren en 1l sus sirvientes Elias, Segui, Leiva, Huergo, Go-
rostiaga, que estin diciendo a gritos lo que hay en el fondo,
y convoque un nuevo congress elegido libremente, en que
entren los seiiores Alberdi, Guido, Alsina, Anchorena, L6-
pez, Dominguez, Mitre, Lagos (el coronel), Portela, V6lez,
Carril, Pico, los generals Pacheco, Pinto y Oro, Aberas-
tain, Marmol, Sarmiento, hombres de saber, de prestigio,
de autoridad, de conocimientos. Reinalo en el Rosario, y
declare territorio federal diez leguas A la redonda, bajo la
autoridad del Congreso, sin que S. E. vaya a quitarle, con
su presencia, toda moralidad, toda idea de independencia.
Haga mis todavia. Llame a los agents del Brasil, del Uru-
guay, de las Estados Unidos, de la Francia y de la In-
glaterra, que han venido a asegurar los intereses comer-
ciales de sus paises, y digales: He perdido la confianza; la
anarquia se ha declarado entire los jefes de mi ejdrcito, y el
odio en la poblaci6n. Asistan al Congreso, roddenlo de res-
petos, lleve cada uno un buque de guerra, para que el Con-
greso no tema estar i merced de la guarnici6n que yo ponga
a sus 6rdenes aparentes; Estados Unidos, ensefadles el
medio de constituirse federales; Francia, cuidad de la In-
glaterra v viceversa; Brasil de la America y todos de la
paz duradera de esta tierra desolada por muchos afios, y
amenazada ahora por muchos mas. Si cree oportuno re-
unir el Congreso en Buenos Aires dos veces sometido in-
itilmente, disuelva el ej6rcito, reuna la guardia national,
y pida a esos mismos agents que le presten su auxilio para
mantener el orden, mientras la Constituci6n se sanciona.
Parece un poco amargo el remedio; parece heroico, pero no
veo otro. Todos los estados circunvecinos, los Estados Uni-
dos, la Francia y la Inglaterra estan interesados en que la
Repiblica se constituya realmente sobre una base s6lida.
S. I. el emperador del Brasil me decia: A1i Brasil le in-
teresa que la Republica Argentina se constituya libremente;
que el Congreso sea un poder; que la Constituci6n sea un
freno, a fin de que esos gobiernos de caudillos no den la
orden de montar a caballo de la noche A la mafiana y nos
echen treinta mil vindalos sobre la frontera. Cuando hay





LAS CIENTO Y UNA


ministros responsables, y no lacayos 6 escribientes, cuando
hay congress deliberantes, oposici6n, prensa libre, ren-
tas votadas, presupuestos discutidos, entonces se miran bien
para lanzarse en guerras sin fundamento serio)).
S. MI. tenia raz6n. No bien acababa de elevar con sus
tesoros a S. E. insilnzi al gobierno de Montevideo que des-
conociese los tratados celebrados con el concurso de S. E.
misma, y ofreciendoles el apoyo de sus armas v nombrando
enviado al Brasil al mismo general Guido que lo habia ve-
jado tanto en tiempo de Rosas; y la guerra habria estallado
si hombres hibiles no lo hubiesen trastornado y hecholo
declararse en favor del Brasil, desnombrar a Guido, y ame-
nazar con las mismas armas ofrecidas al gobierno de Mon-
tevideo, que tuvo que convocar al Congreso a sesi6n se-
creta, v revelarles que habia recibido aquella intimaci6n.
Como todo este negocio se manej6 al principio por manos
de su hijo don Di6genes, enviado diplomdtico practicea
nueva que nos ha introducido S. E. del Paraguay, donde un
hijo del president es el general y otro de quince ainos al-
mirante) y fut terminado por el clerigo Pefia, todo qued6
tapado; pero es un hecho evidence de que hay documents
escritos.
Si aun no ha entrado A Buenos Aires, general; si estA
sitiando, y el Brasil, los Estados Unidos, la Francia, y la
Inglaterra no han mediado para estorbar la destrucci6n in-
Pitil de propiedad, el derramamiento de sangre initil, y digo
in6til, general, porque ;. qu6 importa ahora que S. E. entire
6 no ? que es ahora para el porvenir ? nada, 6 un obstaculo.
Si a6n no ha entrado, general, entonces... No le aconsejar6
retirarse A su casa. Son pocos los hombres que conocen cuan-
do dejan de ser necesarios. Entonces, general, siga sitiando,
siga devastando los alrededores de Buenos Aires, consumien-
do ganado, enregimentando paisanos, matando enemigos,
que al cabo no son argentinos, son portefios. Siga interrum-
piendo el comercio, arrasando los sembradios como lo hici-
mos a nuestra entrada, en que por pereza se dejaron cien
mil caballos veinte dias en las chacritas de los alrededores
de Palermo. Yo estaba present cuando el coronel Hornos
le pint6 in6tilmente con ruda pero sentida elocuencia los
estragos que hacia la caballada. Siempre sal sobre Buenos
Aires, cono lo dijo A los gobeinadores provincianos en San





OBRAS DE SARMIENTO


Nicolas; que sea Buenos Aires lo que Santa Fe, La Rioja,
San Luis, y las ciudades gobernadas por caudillos. Siga,
general, dejando el campo cubierto de los cadaveres insepul-
tos de sus propios soldados, como estuvieron los de los nues-
tros, los de los soldados de Rosas hasta que yo sali, esto es,
diez v seis dias despu6s de la batalla. Se enterraron des-
pu6s ? Lo ignore. Se enterr6 el cadaver de Chilavert v de
los ciento de la division Aquino, degollados 6 fusilados en
Palermo, A doscientos pasos de la puerta de su habitaci6n,
y cuya putrefacci6n apestaba el aire? Yo fui A ver el ca-
daver de Chilavert hinchado, desfigurado, comido, supu-
rando diez dias despu6s de su ejecuci6n. Hablo, general,
de hechos hist6ricos, sabidos y presenciados por cuarenta
mil testigos; brasileros, orientales, correntinos, santafeci-
nos, portefios. i Hablabame de ello con espanto el mariscal
Marquez extrafiando aquella negligencia, para otros que no
sean los argentinos, verdaderamente espantosa!
Por que mat6, general, a Chilavert al dia siguiente de
la batalla, despu6s de la conversaci6n que tuvieron ? Todo
el ej6rcito se qued6 asombrado, sin saber por que causa
secret, pues aparente no habia, se deshacia de Chilavert.
Muchos dias d.espues, contemplando con Mitre su cadAver
desfigurado, a quin habrA degollado el general en este
pobre Chilavert? me decia. No s6 por qu6 me parece, re-
plicAbale yo, que es al artillero cientifico, A fin de que su
Piran no tenga rival. Acertaba yo, general, en esta con-
jetura? 4 Qu6 singular y que misteriosa coincidencia seria
que los tres artilleros de la Repiblica, los generals Paz
y Piran y el coronel Mitre se encontrasen reunidos contra
S. E.? Chilavert era el minico que le quedaba para oponer-
les, por su habilidad y su valor. iAcaso la sombra san-
grienta de este infeliz se le present, general, A ofrecerle
sus servicios y preguntarle: por que me hizo matar, siendo
prisionero de guerra, military de linea, sin ning6n crime,
aunque se me tachasen debilidades? He servido A Rosas
en la artilleria, pero no en la mazorca, no en las expolia-
ciones. i Quien sabe, general, si ahora le pesa haber sa-
crificado un artillero! En los sitios 6stos pueden mAs que los
caballos.
Siga mandando A las provincias detalles exagerados de
sus fuerzas. Se habla de diez y seis mil hombres que reune





LAS CIENTO Y UNA 45

ya sobre Buenos Aires. i Extrafia cosa! Yo invented, gene-
ral, el estado del ejdrcito libertador; yo le pedi una firma,
v S. E. me indic6 la del general Virasoro. Yo puse la cifra
de dos mil hombres supuestos que figuran en trenes y ba-
gajes. Con S. E. aumentamos el efectivo real de los cuerpos
de veintitres mil que eran a veintiocho mil. Ahora veo que
vuelve 4 tener diez y seis mil hombres sin los correntinos,
los brasileros, los orientales y los batallones de Buenos Ai-
res, es decir, sin cuatro de los ejercitos aliados. Digo la ver-
dad que me confunde este parir hombres la provincia de
Santa Fe, que no dio' mil en aquella gran cruzada. El ge-
neral Aladariaga no mandaba tropas de Palermo sino milicia
de caballeria de los alrededores de Buenos Aires. Esto me
recuerda, general, los parties de Anibal y Cartago: he ven-
cido a los romanos, mandadme tropas: he saqueado sus ciu-
dades, mandadme dinero. Lagos ofrece su cooperaci6n aho-
ra, cuando antes se vino de Entre Rios por no ayudar a
Urquiza; el coronel Flores, que en Montevideo abandon
su cuerpo en despecho de los ruegos de S. E. en todo el
auge de su poder, j lo sostiene ahora que esti, que ya caigo,
que ya levanto? Bustos, que se escap6 de Montevideo y fu6
puesto fuera de ley con Costa, Dominguez, Garcia por Ur-
quiza, ahora que pueden volverle la mano, e lo llaman a que
se apodere de Buenos Aires? Tanta aberraci6n he visto en
estos afios que me sorprende tan poco esto como si me
dijeran que el emperador del Brasil ha sentado plaza en el
ej6rcito de Urquiza para corresponderle el servicio que S. E.
le hizo conservdndole esa corona que Ileva en la cabeza, como
tuvo S. E. la petulancia de decirlo en sus barbas al senior
Carneiro Leao, enviado extraordinario del emperador, y
que se me caia la cara de vergiienza al oirle a aquel enviado
referir la irritante escena y los comentarios: (q Si, los millo-
nes con que hemos tenido que comprarlo para derrocar a
Rosas! Todavia despues de entrar i Buenos Aires queria
que le diese los cien mil duros mensuales mientras oscure-
cia el brillo de nuestras armas en Monte Caseros, para atri-
buirse s61o los honors de la victoria !)
i Se habla de entrerrianos que vuelan A cumplir el voto
del i.o de Mayo! Parece que fuera esto largo. El ej6rcito
de Entre Rios se compone de milicias de las campafias y de
las ciudades. Cuando llegue la orden de convocarlas ha de





OBRAS DE SARMIENTO


dArseles tiempo de reunirse, marchar A los campamentos,
atravesar el pais, cruzar el ParanA. Nosotros pusimos cua-
renta dias para llegar A Buenos Aires. Todo es extraordi-
nario. PirAn se subleva con cuatro batallones acantonados
en el Retiro, su efectivo era de mil quinientos hombres, y se
olvida que hay cinco mil hombres en Palermo, que dista s61o
doce cuadras; y Galin, en lugar de caerle encima, pide 6r-
denes A Santa Fe, y recibe la de atacar inmediatamente.
SMientras tanto el general Urquiza invade con los santafe-
cinos, y proclama A los paisanos de Entre Rios como A los
de Corrientes? i Imposible! Hasta cuando Ilevar A toda
aquella poblaci6n A hacer guerra de exterminio sin recom-
pensa, sin paga, sin caridad? ; Es su condado Entre Rios?
, Son sus habitantes todos hijos suyos, aunque tenga tantos
naturales ? Ya empieza A tocarse el cencerro con que se al-
borota i las provincias. ; Los picaros porteilos! ; A los por-
tefios! Desde Artigas hasta Facundo este ha sido el grito
universal. Se olvidan que si Rosas 6 Buenos Aires han des-
truido las provincias y aniquilAdolas 6 esclavizAdolas, ha
sido por la mano de los provincianos Benavidez, Virasoro,
L6pez, Urquiza, sus ciegos instruments, sus vendidos ver-
dugos.
La noticia del motion military (tomo el lenguaje official)
lleg6 el 13 A Santa Fe: y S. E. did orden el t5 A Galin
de atacar con sus cinco mil hombres. La orden debi6 lle-
garle el 17, y el 18 de Septiembre ha tenido lugar el comba-
te. 6 Por que no ha llegado A mis oldos, general, todavia la
algazara de los que celebran su triunfo? Ha desobede-
cido Galin ? Y no es la primera vez que lo hace. 6 Se acuerda,
general, como nos reiamos en el Estado Mayor del coronel
Galin, que despues que nosotros (los orientales, A quienes
me incorpor6) en la izquierda, y la izquierda del centro,
compuesta de brasileros, teniamos envuelta la casa de Monte
Caseros, ain no habia forma de hacer mover A Galin, con
la derecha del centro, con los entrerrianos, que se habia que-
dado A cuatro cuadras de la linea enemiga? ; Sabe que el
coronel Chenaut tuvo que engafiar A Virasoro dAndole una
orden que no habia recibido para hacerlo avanzar, avudado
por las slplicas del brigadier MArquez, que al fin avanz6
solo? Porque asi son, general, muchas de esas reputaciones
que se han levantado al servicio de los caudillejos: terrible





LAS CIENTO Y UNA 47

despues de la derrota de sus enemigos. En Pago Largo tres
mil prisioneros degollados; en la India Aluerta ochocientos
cuarenta; en Vences quinientos, en Palermo, despu6s de Ca-
seros, doscientos. Eran salvajes unitarios, eran traidores,
eran bandidos? No, general, eran una cosa que no le ha
pasado A S. E. todavia por la imaginaci6n, eran... hom-
bres... eran argentinos... eran gauchos... eran padres de fa-
milia, esposos, hijos, hermanos... eran, en fin, parte de la
poquisima poblaci6n de esos paises que desolan ustedes,
general, los caudillos, los gauchos; que son el cuchillo de
los gauchos mismos que los elevan. Los salvajes unitarios
no han introducido el exlerminio y el degiiello, ustedes des-
de Artigas, Quiroga, Rosas, Urquiza, el que mis prisione-
ros ha degollado. Esto es hist6rico. La correa, el cuero de
Beron d'Astrada lo sac6 un muchacho que hasta cuando se
le reuni6 Elias (hoy diputado) le servia A la mesa; y S. E.
cont6 el cuento, dici6ndole que S. E. habia ofrecido dar una
argolla al que sacase la lonja, la sobase, 6 hiciese una ma-
nea, i y este diablo, afiadi6, se desmont6 del caballo, refal6 el
cuchillo...! etc. Elias public por la prensa algo de esta
conversaci6n singular. Yo he militado, general, en sus ejer-
citos y conozco uno A uno sus jefes. Galan, pues, no ata-
cara hasta que llegue S. E., hasta que lleguen los santafe-
cinos, entrerrianos, sanjuaninos, puntanos y tutti quanti
tienen un caudillejo que los lleve A haraganear, A matar va-
cas, A degollar gauchos, A violar mujeres. Temo que no
le quede otro papel que hacer que el de Ramirez, que vino
tambi6n A Buenos Aires, y entr6 y volvi6 A salir; pero cuan-
do quiso volver a entrar se encontr6 con las puertas ce-k
rradas, y tom6 el campo, di6 batallas, gan6, perdi6, y, al fin,
lo mataron qu6 se yo d6nde. 4 Quien averigua el paradero
de toda esa canalla de caudillejos ?
Sus amigos ponderan, general, los dones que ha hecho
A las provincias, con el decreto (excelente pero abusive y
usurpador de autoridad) sobre la navegaci6n de los rios y
las rentas nacionales. S. E., general, que tanto gust6 de
La Crdnica, nimero 19, de Argir6polis v de Sud America,
se encargari de decirles, en desagravio de la verdad, A sus
cortesanos: que no le habian pasado antes por las mientes
tales ideas. Cuando Lafone compr6 el primer vapor, el fa-
moso Blanco, y lo interest A S. E. con cuatro acciones,





OBRAS DE SARMIENTO


S. E. las rechaz6 con indignaci6n, diciendo: ya vienen los
carcamanes A introducirse en los rios. Cuando Lavalle lo
invit6 A asociArsele, le contest que se separate de los ex-
tranjeros; cuando de Montevideo entablaron relaciones con
S. E., en 1845, S. E., despu6s de admitirlas, las entreg6
a Rosas, porque eran de los extranjeros; cuando le dije yo
que iba A traerle dos oficiales franceses, me replic6 con 6n-
fasis: dos oficiales carcamanes. La ley prohibe al extran-
jero, en Entre Rios, establecerse fuera del recinto de las
ciudadas y adquirir propiedades rurares. No hay un re-
clamo A Rosas, una nota de S. E. A Rosas, ni un diario de
Entre Rios que able de libre navegaci6n de los rios, de
aduanas, hasta despuds de Argirdpolis, que le abri6 los
ojos. El pacto litoral prescribe que el Congreso, y no la co-
misi6n gubernativa, arregle la navegaci6n de los rios, la dis-
tribuci6n de las rentas; y S. E. atropellando el pacto fede-
ral, sin necesidad, y anticipAndose A la sanci6n del Con-
greso, dicta una ley que era el voto pdblico de Buenos Ai-
res (veanse Los Debates suprimidos) para darse los hono-
res de la cosa.
0 cree,'general, que se despoja de las ideas a los que
las emitieron como de las propiedades en tiempo de Rosas ?
Hard S. E. con ellas, ante la historic, lo que el cacique pa-
tag6n que para imponer respeto A un buque ingles se pre-
sent6 con una levita larga de pastor protestante y un som-
brero cuAquero. El capitAn lo primero que le pregunt6 fu :
4 Cuando mataste al duefio de ese vestido?
Ordena, en su desesperacidn, que el Congreso se instale,
no obstante su ausencia, no obstante la guerra civil que va
A encender. i Manotadas de ahogado, general! Faltando
el ej6rcito, con que intimidaba A las provincias, faltAndole
Buenos Aires no le quedaba mis apoyo que el fantasma del
Congress, donde estAn sus escribientes, sus lacayos para
dirigirlo. e Cree engafiar a nadie con esas farsas? Las ideas
de Congress, de libertad, de navegaci6n libre, estAn con-
signadas, general, en libros, en publicaciones anteriores A
su sublevaci6n contra Rosas. Con los nombres de Argi-
rdpolis, Comercio del Plata, Debates, Crdnica, Sud Ame-
rica, Civilizacidn y Barbarie que las proclamaron, andan los
nombres de Alsina, Mitre, Sarmiento, etc. El Brasil, el
Uruguay, Chile, la Francia, Inglaterra, las provincias ar-





LAS CIENTO I UNA


gentinas, conocen estos nombres, y, al no verlos en el
Congress ni a su lado, y, por el contrario, expatriados, per-
seguidos, y en oposici6n a S. E., descubren toda la trapa-
ceria de ese fantasma de Congreso, de legalidades, como el
restablecimiento de Benavidez en San Juan v las demas vio-
lencias v absurdos que lo han perdido. La Francia envi6
A Saint-Georges, porque de antemano era partidario nues-
tro; la Inglaterra A Hottman, porque habia peleado en Obli-
gado contra S. E., general; el Brasil le es hostile porque
fu6 la primer victim de sus engafios. i A quin, pues,
va A engafiar con esas bromas de Congreso? ; No sea nifio!
Es singular que el primer hombre que se separ6 de
S. E. fuese el provinciano mas provinciano, un tal Sar-
miento; y que entire los desterrados de Junio figure el doc-
tor V6lez, provinciano, y el doctor Ortiz, provinciano. Es
mis extrafo todavia que los diaries que suspendi6 en Bue-
nos Aires S. E. fuesen El Nacional, escrito por provincia-
nos, Los Debates, que reproducia La Crdnica, Sud Ame-
rica, Argirdpolis, que son el credo de las provincias. Pero
es que hay provincianos de provincianos. ; Provincianos co-
mo Benavidez, si; provincianos como Sarmiento, eso no!
Es asi, general; pero tambidn hay porteios de portefios.
Portefios como GalAn y el clerigo Pefia, eso si; portefios
como Piran, Chilavert y Mitre, eso no; portefios como
Elias, diputado por la Rioja, y Huerguito, por San Luis,
eso si; pero portefios como Alsina, Portela y los obscu-
ros aspirantes, eso no. Asi, pues, mi general, hay gente
para todo, v no han de ser tantos los celos de las provin-
cias cuando La Rioja y San Luis, las dos provincias mAs
provincias de la Republica, han alcanzado A ver las narices
de Elias y la figurita triste de Huergo. Hay provincianos
que aman lo mismo A Buenos Aires, general. Acuerdese de
Palermo v de la quinta de Holmberg.
Todo se habria remediado desde el principio, sin em-
bargo, si las provincias hubiesen abandonado el camino
trillado y que tan caro les ha costado de autorizar A quien
se los pide, para hacer lo que les da la gana, y no hacer las
cosas por si mismas, como hombres, como pueblos v no
como mujeres 6 menores de edad, por medio de tutores v
de autorizados sin responsabilidad. Todo se habria reme-
diado si alguien conociendo, como yo, la composici6n del
TOMO XV. -4





OBRAS DE SARMIENTO


Ejercito Grande hubiera podido decirles al oido: (No te-
man nada. Ese ej6rcito es inmovilizable. A correntinos ni
entrerrianos no los hacen penetrar al interior; A los por-
tefios de Rosas si los llevan A una nueva guerra se suble-
van, porque ansian por el reposo. La perspective de no te-
ner ya que pelear, que padecer, era la esperanza que ani-
maba A todo el ejircito, y reunia A los que sostenian la plaza
de Montevideo y a los entrerrianos, A portefios y provincia-
nos. Sobre todo, lo que ignoraban las provincias era que
esas tropas y mAs eran necesarias para oprimir A Buenos Ai-
res. Si un cuerpo expedicionario se movia, los demrs se su-
blevaban. Seg6n aparece ahora, habia como siete mil hom-
bres en Buenos Aires. Y los que se mandaron A Corrientes
han vuelto? Es extrafio que se haya olvidado aquella expe-
dici6n v no se able mas de ella.
No tema, sin embargo, general, que las provincias se
mezclen en lo que aparece como una querella entire Pirin
y Urquiza. El espiritu de aldea que tiene lugar de patrio-
tismo en las provincias basta para neutralizar todo esfuerzo.
No tenga miedo que se entiendan entire si, que antes de
dar una autorizacidn, ii ofrecerse en alma y vida A sostener
lo que les digan, 6 no les digan que sostengan, se pregun-
ten unas A otras: C y qu6 vamos A hacer? e qu6 responder?
iNo! en el acto, calentito, responded si, con mil amores,
pida mis y se le darA. Ella se hacen la policia unas A
otras. Cuando San Juan se hubo librado de su buen hom-
bre, Mendoza dijo: restablezcamos A Benavidez, que asi
lo mandan de allA; ahora, si Mendoza quisiera obrar, Bena-
videz les diria: estense quietos, que asi conviene A la quie-
tud p6blica. Salta le hace la policia A Jujuy; Santiago A
TucumAn; Entre Rios A Corrientes, al revs de aquello de
(una mano lava A la otra y las dos lavan la cara,; aqui to-
das ellas se ensucian y se embadurnan. Rosas las conocia
bien, y jamAs se ocup6 de mandarlas un chasque, sino des-
pu6s de salido del atolladero. El silencio era su secret.
Cuando nada dice, prueba que no hay nada, este es el axio-
ma ,de la political provincial. Sin embargo, ahora no estA
demis hablarles de entrerrianos, Lagos, Bustos, extranjeros,
GalAn, etc., y sobre todo tener co'rriente la prensa exterior
y agents diplomiticos, para mantener el buen espiritu





LAS CIENTO Y UNA


y dirigir la opinion. El mundo se compone de tontos y de
pillos; la honradez es excepci6n rara.
Se habla de aspirantes obscures, por Piran y Madariaga.
Pero, general, quin elev6 a Piran y A Galn ? E CuAl es
mis obscure: Galin 6 Piran ? Si es obscure el uno para de-
rrocar al otro su compafiero antiguo, es culpa de S. E. que
se rodea de hombres obscurisimos, como Elias, Segui, Huer-
guito y tanto otro badulaque que ha mandado al Congreso;
y el clerigo Pefia, a hay algo mis obscure y despreciado ?
En Buenos Aires se dirA que Ilega Benavidez con los
diez mil hombres que esperaba Rosas en su auxilio. Si no
ha triunfado, general, siga, siga, que asi se hacen todas
las cosas por alli; se principia no se sabe cuindo, ni por
que, ni c6mo, ni para que; se sigue, porque se principi6.
Al fin se echan de menos algunos millones de ganados, al-
gunos millares de hombres, se secan las lAgrimas, se orean
los charcos de sangre, y al dia siguiente se autoriza al Res-
taurador, digo mal, al Libertador, para que principle de
nuevo. Se subleva Buenos Aires contra Galin ? Se le so-
mete, nada mis natural. Si no quiere se le corta el pes-
cuezo. Lo que admiro es que PirAn, los correntinos que
tanto lo conocen a S. E., los batallones y los perturbadores
no sepan esto, que es el abecd de nuestra historic!
A mi me ha sucedido lo mismo, general: he principiado,
y, una vez principiado, he seguido, hasta decir la verdad
por entero, sin cortapisas, la verdad como se dice cuando
tenemos A Dios por testigo en el cielo, a la posteridad por
jueces en la tierra y al patibulo por castigo en perpectiva.
Era mi Animo guardar el silencio que me impuse el dia
que le escribi anunciAndole mi partida, y protestando con-
tra el primer absurdo y la primera violencia. Esperaba que
constituida la Rep6blica volveria A mi casa 6 A Buenos Ai-
res, sin reproche y con la cabeza modestamente erguida. El
general Pirin me ha hecho el gravisimo mal de forzarme
A renunciar A mi porvenir. Veo que el triunfo va a ensan-
grentar de nuevo nuestra historic, y no ire A apretar manos
tintas adn con sangre fresca; ni i ver a Buenos Aires mus-
tio, silencioso, encorbado bajo el peso de sus nuevas desgra-
cias. Veo que se lanza a las provincias a sostener un impo-
sible, un anacronismo, por medio de una lucha fratricida,
y me inmolo, como el viejo soldado de la libertad, centinela





OURAS DE SARMIENTO


dormido que despierta con la bayoneta del enemigo al pe-
cho: da el grito de alarma A los suyos, y muere.
Acepte, general, este sacrifice, que es mayor que el re-
sentimiento eterno que deben causarle mis consejos. Nin-
guno me ha costado tanto, cr6amelo. He vacilado, he ve-
lado, he meditado tres dias, he pedido al cielo que me ilu-
mine. Sentia, no ya la came debil, sino el espiritu. Ahora,
ialea jacta est! ; el dado estA tirado! Cuando sepa su victoria
sobre Buenos Aires pedir6 carta de ciudadania en Chile para
consagrarme A la enseiianza popular, como un voto de ab-
negaci6n, como un anacoreta que renuncia A la sociedad y
al mundo.
Me inmolo, general, al temor de que los argentinos me
atribuyan la direcci6n dada A la prensa de Valparaiso, que
ahora no chilla inttilmente como chilled diez afios en vano
contra Rosas, segiin. la nota official que me pas6 Elias de
orden de S. E., en el Rosario. De las opinions no somos
los hombres responsables sino ante Dios; de su verdad y
justicia responderA la historic. De su moralidad y since-
ridad los antecedentes de los que escriben, y la ocasi6n y
los alicientes con que lo hacen. Para mi los peligros, la lu-
cha cuando todos desesperan; la expatriaci6n y la obscuri-
dad despu6s del triunfo.
Con la mano segura que John Hancok firm el acta de
la independencia de los Estados Unidos, de mi pufio y letra,
y de mi espontAnea voluntad; en mi carActer irrevocable de
representante del pueblo,

D. F. SARMIENTO,
Diputado al Congreso Constituyente argentino

Electo a unanimidad de votos por la provincia de San Juan, su patria. No obstante
hallarse en tierra extrafia; no obstante de haber protestado contra las violencias de
la political del general vencedor, elecci6n que intent en vano invalidar Benavidez,
falsificando Ia firma de un ciudadano para expedir un decreto, no encontrando
ministry que quisiese autorizarlo.















CONVENCION DE SAN NICOLAS DE LOS ARROYOS



(Tornado del Diario de Valparaiso del 26 de Octubre)


REPOBLICA ARGENTINA

Situaci6n del poder en la Republica Argentina.-El pacto de San Nicolas estA vi-
gente.-Politica reaccionaria de Buenos Aires.

(Las iltimas noticias venidas de la Repiblica Argentina nos dan
muy clara idea de la situaci6n de las autoridades generals de aquel
pais.
,)No existe la acefalia que se ha dado como un hecho entire algunas
personas mal informadas de la situaci6n. Hemos visto la ratificaci6n
que C6rdoba, Mendoza y San Juan hacen, por medio de sus legisla-
turas, de la autoridad deferida al director provisorio.por el acuerdo
de San Nicolds de 31 de Mayo l6timo; y no hay por qu6 dudar que
todas las demas hagan otro tanto. Ese acuerdo, segin el testimonio
de Buenos Aires, ha sido hecho en perjuicio suyo y en beneficio de
todas las provincias.
,Para que el gobierno general quedase ac6falo seria necesario que
ese acuerdo dejase de existir. Celebrado por todas las provincias, s6lo
ellas 6 su mayoria podrdn abrogarlo, pero de ning6n modo una pro-
vincia sola. Si no tenemos noticia de que las provincias signatarias
de este pacto lo hayan deshecho, d con qud antecedente, con qu6 datos
establecen que 61 ha dejado de existir ? Por qu6 Buenos Aires lo haya
desaprobado ? Pero qu6 es Buenos Aires ? Es una de las catorce pro-
vincias que componen la Repdblica Argentina, sin mrs ni menos de-
recho politico, como provincia 6 parte de la Confederaci6n. que La
Rioja, Jujuy 6 San Luis.
,No puede, pues, Buenos Aires hacer y deshacer pactos naciona-
les; y si 61 tuviese ese derecho, seria forzoso reconocer que tambi6n
lo tenian La Rioja, Catamarca, Jujuy, etc. En tal caso, cualquiera
de esas provincias podria pronunciarse un dia de mal humor, y decir
d todas las demds juntas: (Sefioras mias, no quiero que ustedes com-






OBRAS DE SARMIENTO


pongan nacidn; yo me separo de lo que ustedes hagan, y con esto
queda deshecha la Repuiblica bajo tal 6 cual forma que no acepto.,
,A tales resultados llevaria la doctrine subversive y facciosa de
que una provincia puede anular y revocar la obra ejecutada por todas
las demis reunidas.
,Si el acuerdo de San Nicolis existe, la autoridad que 61 confiere
al general Urquiza es un hecho vigente hasta que no se la retiren, de
un modo expreso, las provincias que se la han conferido.
,Todo acto aislado, toda declaraci6n parcial que desconozca la
existencia y autoridad de ese acuerdo y de los poderes que 61 crea, es
un acto de sedici6n y de discordia, porque desconoce lo que ha esta-
blecido el pais.
),No hay discrecidn, no hay sensatez en la pretension dirigida a
anular la autoridad y los actos que han sido el resultado de ese acuer-
do. En virtud de ese acuerdo se ha creado el Directorio del general
Urquiza, y en ese caracter ha tenido cerca de si d todos los ministros
diplomiticos extranjeros, ha expedido decretos y firmado tratados de
inmensa importancia.
,El ha firmado la independencia del Paraguay, y celebrado trata-
dos con esa Reptiblica, que abren al comercio argentino el territorio
y los rios del Paraguay. SSeria discrete, seria itil anular ese tratado ?
,,El general Urquiza ha decretado la libre navegaci6n de los rios
argentinos. Seria liberal, seria progresista anular esa libertad ?
))El ha suprimido las aduanas interiores. Tambi6n seria itil res-
tablecer la guerra de las aduanas interiors?
,E'l ha abolido la pena de muerte y la confiscaci6n de bienes por
motives politicos. Seria itil anular eso porque 61 lo ha hecho ? Don
Juan Manuel de Rosas diria si, positivamente, y lo anularia tambi6n
por su part.
)n Es discrete traer al terreno de los hechos politicos esos medios
de anulaci6n que pertenecen A las naciones pequefas y d la chicana
del foro ?
nEn repdblicas desquiciadas, que han tenido la vida del caos, es
la mis alta felicidad el conseguir introducir la uniformidad y acuerdo
entire sus pueblos, sobre un hecho, un hombre 6 un prop6sito. Esto
se habia obtenido despu6s de la caida de Rosas, es decir, bajo el as-
cendiente de un movimiento de libertad. Y en lugar de conservar esa
ventaja risuefia, feliz, A pesar de todas sus imperfecciones y faltas,
como medio de arribo 6 un resultado orginico de caracter permanen-
te, se arroja la perturbaci6n y desquicio con tantisima ligereza 6
irreflexi6n, como si fuese la obra mis fdcil y sencilla volver a poner
de acuerdo todas las provincias argentinas sobre el pensamiento y
los medios y de dar al pais una regular y pasable organizaci6n.
q" Y qui6n pretend reemplazar al hombre que ha recibido el dere-
cho de iniciativa de manos de la victoria americana y de los grandes






LAS CIENTO Y UNA


sucesos argentinos de 1851 ? i Un pueblo es el que aspira a encabezar
el movimiento organizador en lugar de ese hombre! Un pueblo quie-
re decir cien mil almas. Una cabeza compuesta de cien mil cabezas es
la anarquia; la anarquia no puede encabezar nada.
,> Quidn garantiza la paz, la unidad, la constancia de ese pueblo?
El general Pinto, gobernador actual de Buenos Aires, ciudadano leal
y firme, no es hombre de espada, no es hombre de campafia, no daria
batallas. El general Madariaga, su ministry, no represent un hecho
de armas national y glorioso en el pasado 6 present de la Repibli-
ca, y si fuese tan feliz que repitiese la campafia de Facundo Quiroga
al derredor de las provincias, al cabo de cuentas se llamaria jefe su-
premo de la Repiblica y se habria peleado para volver al punto de
partida. El doctor Alsina, ministry del Interior, buen abogado y ex-
celente escritor, no impondria respeto 6 esas provincias militares y
guerreras, que quieren A los escritores, pero que no los reputan bas-
tante altos para entregarles el gobierno de la nacidn.
,;a Qud esperanza hay, pues, de que Buenos Aires pueda colocarse
i la cabeza de un plan de organizaci6n national y llevarlo a cabo con
buen 4xito ?
),Menos presumible es que conserve unidad y armonia en su seno
si se reflexiona en que la prensa y la palabra serdn entregadas i toda
su libertad por un gobierno que tiene que ser leal al principio invo-
cado como causa de su instalaci6n. Para que la prensa se llame libre
es precise que pueda ejercitarse contra 61. Bien puede recibir inspira-
ciones del cielo, buen cuidado tendrian el partido de Rosas y el par-
tido federal antirrosista de no dejar al actual gobierno bonaerense,
compuesto de unitarios, la tranquilidad y el tiempo necesario para
encabezar y dirigir la obra de la reorganizacidn national hasta su fin,
teniendo por condici6n previa acabar en toda la Repiblica con el in-
flujo del mayor enemigo y glorioso vencedor de Rosas.

Octubre 27 de 1i52.

(Certificamos, a petici6n del autor, haber visto en prueba
la parte del follcto Convenci6n de San NicolAs que est6 en
letra bastardilla v contiene numeradas las tachas de nulidad
de dicho pacto.

Gabriel Ocampo.-Manuel Baraiao.-Juan
Gregorio de Las Heras.)


Al consagrarnos A tratar las cuestiones de vital trascen-
dencia que van A agitarse en la Rep6blica Argentina, de-
bemos una satisfacci6n A nuestros compatriotas, pues que






OBRAS DE SARMIENTO


nos la debemos A nosotros mismos. Nuestro silencio de un
aiio ha sido interrumpido por una explosion en la carta di-
rigida al general Urquiza con fecha 13 de Octubre, en que
ha podido traslucirse el animo de herir de muerte al objeto
de nuestros ataques.
Dos quejas dolorosas tenemos contra el general Urquiza,
y si, sentados como otra vez en las graderias del Diamante,
viendo deslizarse A nuestros pies, manso y solemne, el Pa-
rand, mientras que nuestras miradas se esparcieran incier-
tas sobre el panorama indefinido de las islas, como antes
del porvenir, ahora de lo pasado, nos entretuviesemos el
general Urquiza y yo, ; cuAntos reproches reciprocos, cu.n-
tas recriminaciones sobre los pasados acontecimientos nos
hariamos! i Por qu6 no nos entendimos ? Por que, cual dos
nAufragos, l1 y yo nos encontramos hoy fuera de la escena
political que cada uno en su escala habia preparado por lar-
gos afios de esfuerzos ? ; Por qud no comprendi6 el gene-
ral que tenia ambici6n mas alta que la suya, y que le ha-
bria ayudado A ser el Washington sudamericano, A trueque
de que me dejase en libertad de aspirar en todo el discurso
de mi vida A hacerme el pilido reflejo de Franklin, que s6lo
fu6 administrator de correos y dej6 un nombre inmaculado,
en nada inferior A los mas altos? (I).
El general Urquiza, en el brillante period de su gloria,


(1) Mi querido Sarmiento: Le mando sus cartas de Montevideo y Buenos Aires
cuyo contenido habrd olvidado quiza, y ahora le importaria tenerlas d la vista.-
Suyo-Jacinto Peoia.
Montevideo. Diciembre 2 de 1852.
aMi querido Jacinto:
>,...Estuve en Entre Rios con el general Urquiza, quien me recibi6 con toda la
distinci6n imaginable, y a indicaci6n suya resolvi acompafiarlo en la pr6xima campaiia
al mando ostensible de una bacteria de prensas volantes para derramar cual metralla
las proclamas, boletines, diario del ejercito, ordcn dcl dia, etc.. etc. Otras funciones,
empero, me estan rcservadas, y asociado a Paunero debemos former el estado mayor
del ejdrcito. Los temores que yo abrigaba all sobre el contact inmediato con el
caudillo los tenian aqui todos los viejos unitarios, de manera que se esperaba con
zozobra el resultado de nuestra entrevista. Seria largo contarie todos los detalles de
seis dias de permanencia en Gualeguaychu. caminando con tiento en mi march
ascendcnte, palpAndonos mutuamente, hasta que hall ed que yo era un animal ino-
fensivo cuando escondo las uias, y yo que dl era un tigre manso, cuando ve que no
quieren tomarlo por los cabezones. Es probable que logremos entendernos. Esperan
todos que el contact diario modifiquc, lo que no puede cambiarse radicalmente; pues
es un caudillo de una voluntad ftrrea como lo son todos los hombres que se elevan
por si mismos. Buenos Aires le inspira celos; pero cuando el cambie de teatro sentira
cuanto le interest A su poder, ejercerlo en un teatro digno de las grandes cosas que ha
ejecutado y las que le estAn encomerdadas.






LAS CIENTO Y UNA


ha tratado A muchos hombres; y sin embargo me atrevie-
ra A asegurar que ninguno cual yo pudo serle mis 6itil en
un moment dado; ninguno tuvo deseo mis sincere de ello;
ninguno hizo menos para hacerse ni necesario, ni favorite.
Fui de Chile A ofrecer mis servicios en la uinica capacidad
que podia prestarlos. Mi alma, mi ser, en cuanto A cosas
political, andaba de aios atrAs estampado en escritos del
general muy conocidos. Fuera de ese circulo era en vano
buscarme; yo no existia.
Fud la otra el mal gratuito hecho A mi provincia, res-
tituy6ndola presa de un tiranuelo obscure. Las afecciones
locales forman parte de nuestra existencia. Luchar diez afios
sin tregua, lucir al sol y al fuego del enemigo en Caseros
una espada para ir en seguida A deponerla A los pies de Be-
navidez, si queria ver los lugares en que he nacido, era sa-
crificio a que nunca habria podido resignarme. Encaminada
la political por senderos tortuosos que yo no habia explo-
rado, abandonada mi patria A merced del vencido, yo nada
tenia que hacer en Palermo. Mi casa en el destierro era mAs
noble morada que las antesalas de aquella mansion creada
para presenciar desencantos y terrible caidas.

...iQud hacen nuestras provincias? ;Ah! no saben ellas el mal que hacen dejando
formarse estas congestiones de poder, que es la enfermedad de nuestro pais.>
SARMIENTO.

Palermo de San Benito, Febrero 10 de 1852.
aun polvorosos mis vestidos despu6s de la batalla memorable de Monte Caseros.
El entusiasmo del moment ha pasado, y ahora me encuentro frio para entrar en
detalles, y dispucsto y preparandome para continuar la faena diaria como el jornalero
que se emborracha el domingo, es rey, pr6digo y grande una hora, y el siguiente dia
encuentra que es precise comenzar de nuevo a achicar la bomba, hasta el ultimo
instant de la vida.
vEl humo de la victoria ha embriagado a los espiritus debiles que intentan confiscar
en provecho propio el triunfo que no era si no de todos. La congestion cerebral vuelve
A atacar a nuestro enfermo, y amenaza llevarselo sino lo sangran por los pics. Esos
gobernadores de las provincias servirdn, si subsisten, para anudar en ellos la ya rota
cadena de los estipidos. IQue no estar yo alli ahora! iQue no haber un vapor que me
conduzca! iAy de los que esperan que el mand les caiga del cielo! Que obren todos
sobre todos los puntos. Que la clase propietaria, inteligente y civilizada, tome las
riendas del gobierno para preparar el congress y la material de las discusiones. No
puedo extenderme mis por ahora.>
SARMIENTO

Buenos Aires, Febrero 11.
rodeado de amigos, ebrio de popularidad, de esa popularidad de coraz6n que hace que
las viejas nos abracen Ilorando, las nifias nos muestren unas A otras y los j6venes nos






OBRAS DE SARMIENTO


La carta al general Urquiza era otra cosa que un des-
ahogo. Era un esfuerzo supremo, exigido por circunstancias
premiosas. Habiame abstenido tenazmente de tomar parte
en las cuestiones nuevas que veia surgir; y por una casi
presciencia de lo que s61o para mi era infalible, rogado, en-
careciendo A mis amigos la conveniencia de no precipitarse
en una via que no tenia salida. Pero poco a poco vi cam-
biarse lo que era aquiescencia complete en duda; A la duda
sigui6se, no s6 por que, la convicci6n contraria, y i la con-
vicci6n que se formaban, ignore sobre qu6 base, sucedi6se
la acci6n, que cada -dia tomaba mayor energia y mAs ex-
tensi6n. Imponiame la inacci6n por temor de hacer mal,
obrando en el sentido de mis convicciones; pero e se exten-
deria 6sta hasta ver impasible que se obrara en el sentido
opuesto, agravando mis y mAs la situaci6n? Y aun asi me
hubiera sobrepuesto A mi mismo, si lo que habia anunciado
a mis amigos como possible no viniese. sorprenderlos de
improvise como hecho.
Las primeras noticias de la revoluci6n de Buenos Aires
nos venian con el anuncio official del intent y de los me-
dios de sofocarla. Los gobiernos del interior respondian ma-
quinalmente al llamamiento de guerra, y Buenos Aires in-
vestida, sus avenidas tomadas; las provincias ignorando, por
la incomunicaci6n, la verdad, se iban A lanzar en una gue-

colmen de consolaciones. ;Mentido parlamentarismo! iRuinosa prudencia! iRetribu-
ci6n debida A la virtud, A la energia y d la constancial La gloria de los cultos antiguos
esta aqui en la tierra, se la goza en vida, y paga y recompensa sin media Io bueno
que hacemos, por vanidad muchas veces, y casi siempre por no saber ser malos.
>UIrquiza se empefia en haccr levar el cintillo colorado. Buenos Aires se le rebela
contra esta exigencia, exepto algunos ddbiles que han recogido dd suelo el trapo que
habian pisoteado en el moment en que se creyeron libres. iAy amigo! iQue no haya
un hombre de buen sentido que quiera recoger esta masa de gloria que anda flotando
en nuestra atmdsfera hace afos, y que al reposarse sobre alguna elevaci6n que
tropieza en su camino la rechazan, y se vuelve la pobre buscando siempre como un
meteoro luminoso, como un alma en pena, como un fdnix dorado, un punto culminante
donde fijarse una hora. En vano le digo al que puede: sea usted Washington, que yo
sere Franklin en cuanto lo permit la mezquidad sudamericana. Pobres gentLs que
me responded: soy Artigas, L6pez, Quiroga, Rosas, Urquiza, tontos rematados todos,
bolas de jab6n que se desenvuelven hasta ser visibles al ojo de la cr6nica contempora-
nea, y se disipan al dia siguiente sin dcjar rastro alguno.
>Transmita A Sarratea, Aberastain, Tula y cuantos hombres tienen coraz6n lo que
de esta carta importa: acci6n, movimiento y completar la obra comenzada. Termidor
se hard normal caido el tirano sin la tirania, y la hidra de catorce cabezas volverA
A levantarse, aunque le falte la primer, sobre cuyo tronco se le acomodard otra
llena de fuerza.
>Un abrazo A todos los amigos; que se vengan. El porvenir es nuestro, seguro, rico
grande. Digolo yo, jvoto A sanes! y probarAnlo los hechos.
SARaMINTO





LAS CIENTO 1 UINA


rra odiosa, a la que los unicos agents activos de la opi-
ni6n argentina en Chile las empujaban con declaraciones,
circulares y articulos de diaries llenos de saiia. (Revolu-
ci6n esteril, decian, porque es un motin de soldados, men-
guados en niimero, representado por nombres que no re-
conoce la Republica: est6ril, porque tiene origen en una
provincia, y lucha contra trece; porque carece de soldados,
de jefes, de dinero)>. Los tales ((rechazan la idea de que pueda
salir del lugar de su origen, porque alli encontrarA brazos
generosos que repriman su aciago desarrollo, (i). Brazos
generosos queria decir armas fratricidas, y el que asi invo-
caba la sangre, cuando creia que iba A verterse de las venas
de sus hermanos de Buenos Aires, maldice en seguida al
que haga un enemigo a muerte de su hermano, cuando
supo que el viento no soplaba del lado de sus represivos
deseos.
Entonces, pues, y provocado por la audacia y la ligereza
de estos consejos; temblando de que aquellos gritos descom-
pasados lanzasen las provincias A la guerra, abandon el re-
poso, y poniendo de manifiesto las imposturas oficiales y lo
gratuito de los comentarios oficiosos, lanc6 un arma de gue-
rra, de destrucci6n contra el que invadia A Buenos Aires A es-
carmentarlo, desengafiando si podia A los pueblos que se de-
jaban arrastrar en pos. Tal es el caracter de la carta al general
Urquiza del 13 de Octubre. j Qud llevaba este para Buenos
Aires? Cafiones. Yo asest6 desde aqui, para parar, si era
possible, las consecuencias ulteriores en una guerra que pudo
ser larga, las 6nicas armas de que podia disponer, A bien
que el general sabe mejor que los que condenan y calumnian
lo que no tienen motivo de comprender, que no rehuso es-
grimir armas mis certeras y de mAs cerca del peligro.
Me sacrifiqu6, pues, por salvar A las provincias de ser
inducidas A su mal por frases sin conciencia. El correo lleg6
repitiendo d posteriori la verdad que vo habia establecido
d priori, sin que por eso los instigadores A la guerra y al
desconocimiento de hechos triunfantes y consumados cesa-
sen de insistir, aunque con menos safia, en sus desacorda-
dos prop6sitos.

(1) Palabras de Alberdi, Diario de Valparaiso, 26 de Octubre de 1852.-(Nota
del Editor.i





OBRAS DE SARMIENTO


La siplica A pueblos y gobiernos de los argentinos de
Santiago que entire nombres respetabilisimos he subscrito,
dara fe de esos sentimientos *de confraternidad entire los pue-
blos, pues fu6 inspiraci6n y redacci6n mia.
He herido, pues, al general Urquiza con el mismo ani-
mo, con el mismo objeto que l marchaba Li Buenos Aires.
Fu6 mi carta un misil arrojado en la guerra que estallaba.
La guerra tuvo un desenlace paciico, y nada mAs tengo
que ver con el que atacaba lo que estimo digno de triunfar,
y triunf6.
Sin embargo, aconsejar6 siempre A los pueblos y go-
biernos argentinos que no den influencia ni acci6n direct
al general Urquiza en la political. Ning6n g6nero de pre-
venci6n contra 61 me anima; nig6n agravio personal me
hizo; me separ6 de 61 deliberadamente por la misma raz6n
que me le habia reunido: por el interns de la patria. En
torno del general se habian aglomerado, por una de esas
admirables evoluciones con que la 16gica responded A los
hechos triunfantes, todos los elements que Rosas habia
conjurado contra 6l: estados vecinos, publicistas eminen-
tes, jefes y oficiales distinguidos, provincias v pueblos que
lo aclamaban. El general, despu6s del triunfo, se ocup6 de
desagregar estos elements, disiparlos al viento y quedarse
con el esqueleto de la fuerza. El ej6rcito se sublev6, al fin,
arrastrando en su movimiento hasta los jefes y tropas que
habia traido de Entre Rios, perdiendo 61 mismo todo pres-
tigio y toda posici6n.
El hecho es, sin embargo, muy sencillo. El general sa-
lia de una provincia en donde su voluntad es la ley sobe-
rana, el poder regulador y creador de todo. De 6l dependent
vidas y fortunes. Es juez de hecho, jefe de las armas, go-
bernante, etc. Con estos hAbitos, y con las preocupaciones
provinciales de su localidad, que son distintas de las del
resto de la Repdblica, y sin otra escuela political que la de
Rosas, en que se habia formado, pas6 A este lado de los
rios, y, encontrAndose en un mundo que no conocia, con
hombres, con ideas, con influencias, con intereses nuevos,
sucedi6 lo que debia suceder: se estrell6 contra las dificul-
tades, hiri6 A todos los partidos, conculc6 todos los inte-
reses, y se hall solo un dia sin mas elements de gobierno
que sus entrerrianos, y alguno que otro de esos- hombres





LAS CIENTO Y UNA


sin convicciones 6 desmoralizados por las largas luchas,
que prefieren el hecho pr6ximo con sus ventajas aparentes
al principio duradero con sus tropiezos del moment.
Vuelto el general Urquiza A la vida piiblica, fuera de
su provincia, incapaz ya, por su edad v sus hAbitos inve-
terados, de educarse y enmendarse, sustituirA al interns de
las provincias su encono, antiguo y nuevo, contra Buenos
Aires; v en lugar de propender i la uni6n, se esforzarA en
extender por today la Reptiblica aquel espiritu de odio con-
tra los portenios, que sembraron en esa part de nuestro te-
rritorio Artigas, L6pez, Francia, y que trajeron las des-
membraciones del Paraguay, de Montevideo, causa de todas
nuestras desgracias posteriores. No se olvide que Corrientes
y Entre Rios, dominados en i816 por esos caudillejos, no
quisieron concurrir al Congreso de TucumAn, y desde Santa
Fe, extendiendo su espiritu de disoluci6n y de vandalaje
hasta C6rdoba, encendieron la guerra, se separaron de Bue-
nos Aires, en 1820, y dejaron las provincias A merced de
Ibarra, Quiroga y los demAs desorganizadores, que traje-
ron, al fin, la destrucci6n de las provincias con sus saqueos,
degiiellos y desmanes, dando por resultado final el gobierno
de Rosas, educado en su escuela, y la subordinaci6n de to-
dos ellos, con las provincias postradas ante aquel insigne
malvado.
Ouc le sucedi6 A Buenos Aires en 1820 con la sepa-
raci6n de las provincias? Que mientras ellas se despeda-
zaban entire si y eran arruinadas por sus caudillos, Buenos
Aires con Martin Rodriguez, Las Heras, Rivadavia, esta-
bleci6 el orden, hizo efectiva la libertad, y entr6 en tal via
de prosperidad, que A los cinco afios las provincias mismas
clamaban por participar de aquellos bienes, y se trat6 de
constituir la Repiblica. ; Quien estorb6 que nos constitu-
y6semos entonces? Los mismos que tiranizaban las provin-
cias: L6pez, Bustos, Quiroga. ,, Que sacamos de no haber
aceptado la Constituci6n? Treinta afios de guerras, de ho-
rrores, de atraso, que duran hasta hoy; pero lo mAs notable
es que esos caudillos provincianos, tan quisquillosos contra
la dominaci6n de Buenos Aires libre, constituido, con la
prensa A la disposici6n de los provincianos, concluyeron por
someterse servilmente A un estanciero rudo de Buenos Ai-
res, A quien entregaron las provincias maniatadas, y cuyos





OBRAS DE SARMIENTO


vergonzosos caprichos obedecieron hasta el fin, sin tener
el coraje de levantarse contra 61, cuando va estaba vencido,
aun antes del combat, por los poderosos elements que ha-
biamos reunido contra 1l.
Tal es nuestra triste historic y tal la realidad de esas
declamaciones de provincialismo, de odio, y de todas esas
palabras con mueras, y con muertes que han sustituido A
la realidad y a los intereses reales de la Repiblica. Apro-
vechemos, pues, de las terrible lecciones de la historic: no
volvamos A entrar por el mismo camino por el cual nos
hemos extraviado. Todo con Buenos Aires, nada con los
caudillos provinciales, que no traen sino violencia y ruina,
porque son incapaces de comprender la justicia, los inte-
reses econ6micos y la libertad.
Afortunadamente nada podrAn hacer de consecuencia
los caudillos moribundos que nos quedan. El general Ur-
quiza para hacer cuanta necedad ruinosa, s6lo para l1, le
ocurria, repetia A cada rato, en la march del Ejercito Gran-
de: ((Si no hacen esto 6 lo otro, me segrego con Corrien-
tes)). Es aquello de los nifios de Andalucia: ((Si no me dan
pan, me paso A los moros). Para hacer efectiva su amenaza
en caso necesario, arre6 de Buenos Aires con el parque de
artilleria y millares de fusiles tomados A Rosas, y los mand6
A Corrientes y Entre Rios. Pero la Providencia se sirve de
los mismos designios de los inicuos para confundirlos. El
ej6rcito de Corrientes que, para acabar con Rosas y sus
caudillos, habia venido A Buenos Aires, apenas regres6 A
su patria, prest6 el apoyo de sus armas victoriosas A la
Junta de Representantes, quien depuso A Virasoro, el anti-
guo caudillo de Rosas, y elev6 al gobierno A su ministry el
doctor Pujol, joven patriot que habia venido con el ej6r-
cito y hallAdose en Caseros. De sus ideas, de sus prop6sitos,
puede inferirse algo por la carta que desde Buenos Aires nos
escribia con fecha 16 de Marzo. ((Mi querido amigo:-Acabo
de saber que su asistente Garrido march en este moment
para Chile, y he querido aprovechar esta ocasi6n para sa-
ludarlo siquiera, ya que me es impossible contarle tantas co-
sas como tengo que decirle cuando me ponga de prop6-
sito A escribirle de ellas. Las cosas political marchan to-
mando formas colosales, en el sentido y tendencies que han





LAS CIENTO Y UNA


impreso d la administracidn y que'usted conoce. Me dispongo
A escribirle muy largo, y me reserve para entonces.
,No me olvide, amigo; recuerde siempre que tiene en
mi un amigo muy deseoso de serle litil, y muy digno de su
estimacidn, esto sin vanidad, etc., etc.-Juan Pujol.,
Estas frases encapotadas, este sentirse digno de mi esti-
macidn no por mi, sino por mis principios, encerraban va
todo el program del movimiento A cuya cabeza se ha puesto.
Corrientes, fuerte hov en su ej6rcito y en su derecho, es-
carmentada por Pago Largo y Vences, ni se ha dignado
siquiera nombrar diputados A ese Congreso espireo, reunido
bajo el lAtigo de su antiguo opresor. Los correntinos que
habian quedado en Buenos Aires para servir de carceleros
fueron los primeros en dar libertad A sus hermanos, v en
seguida han volado A reforzar A su provincia contra las ten-
tativas A que en su desesperaci6n puede abandonarse el
que pisotea A las legislatures, y restablece caudillos, tan
buenos verdugos de las libertades en nombre suvo como
en el de Rosas. Corrientes vela, pues, por la libertad v la
uni6n argentina del otro lado de los rios. No pasara el
caudillo el ParanA, sin que Entre Rios mismo acabe la
gloriosa revoluci6n que la Republica Argentina en masa
consumaba A la sombra y con el auxilio de las ambiciones
de Rosas y Urquiza, que se querellaban para disputarse
la presa.
Aquel Ej6rcito Grande ha sido uno de los elements mAs
fecundos de nuestra regeneraci6n. Los jinetes argentinos
vieron, no sin sorpresa, que los brasileros eran hombres en
la guerra y que la tActica valia mAs que su propio valor.
Los brasileros recibieron coronas de triunfo en Buenos Ai-
res y volvieron A su pais bendiciendo al pueblo que las tra-
diciones de lusitanos y espaiioles y las guerras de frontera
les habian ensefiado A aborrecer.
Los correntinos y entrerrianos, por la bArbara tradici6n
de Ramirez y de Artigas, enemigos jurados de Buenos Ai-
res, encontraron por todas parties amor y hospitalidad y su
viejo encono se convirti6 en simpatias. El general Virasoro,
que venia respirando saiia contra los portefios, me decia
lleno de asombro al ver la inmensa ciudad, extendida ori-
Ilas del Plata: ,Pero si esto es toda la Repiblica,. Se ha
quedado en Buenos Aires, y simpatizado con la revoluci6n.





OBRAS DE SARMIENTO


El general Mansilla, que A bordo del Prince me hablaba con
el mayor desprecio de los brasileros que lo habian dejado
burlado en el Tonelero, al recorrer las calls de Rio de Janeiro
v sus suntuosos alrededores repetia sin cesar : (Esta ciudad
sola no tiene por donde principiar con todos nosotros. EstA
visto, somos unos miserables,.
Asi el Ejercito Grande ha producido el efecto de las
antiguas cruzadas: los provincianos se reunieron en Buenos
Aires, v sus celos se disiparon ; los enemigos fronterizos se
aliaron contra el tirano, y quedaron para siempre curados
sus odios de raza; Urquiza meditaba cadenas para Buenos
Aires, v su ejercito lleva inoculado el espiritu de libertad
i Entre Rios. Una division entrerriana con sus generals
A la cabeza tom6 parte en la revoluci6n, y Entre Rios em-
pieza A convulsionarse. Si los poltrones que en las provin-
cias del interior no quisieron apoyar A Urquiza hubiesen
gozado del triunfo de Febrero en las calls de Buenos Aires
no estarian bregando hoy por darse otro amo, por odio A lo
que no conocen, no pueden vencer y envidian.
Todas las provincias del norte estAn en posesi6n de sus
derechos; A Ibarra sucedi6 el joven Taboada, educado en
nuestras luchas, amigo de la libertad y de la uni6n ar-
gentina. TucumAn, Salta y Jujuy son libres, C6rdoba con-
quist6 sus derechos en despecho de Urquiza, batiendose los
ciudadanos en las calls con los esbirros que, por ignoran-
cia, sostenian A los verdugos de veinte aios; San Juan estA
ahi, protestando noble, paciente, enrgicamente contra la
violencia inaudita que se le ha hecho despojAndola de la li-
bertad. San Luis v La Rioja permanecen entregadas A los
gobiernos irresponsables, y Mendoza, un moment desca-
rriada por sugestiones de Valparaiso, que, si en los mendo-
cinos que adherian A ellas nacian de un deseo ardiente de
contribuir A la organizaci6n, no podrA decirse lo mismo de
los que las impulsaban, puesto que les vinieron muy luego
nombramientos diplomAticos emanados del ex director, con
lo que se han visto comprometidos A seguir sosteniendo lo
que atn creian susceptible de restablecimiento.
La Rep6blica ha adherido virtualmente al movimiento
de Buenos Aires contra el pacto legal de San NicolAs, al
cual debemos consagrar algunas pAginas.
Un sentimiento dominaba en el espiritu p6blico despu6s





LAS CIENTO Y UNA


de Caseros: constituirse para no ser de nuevo victims del
capricho: asegurar las libertades y las ventajas que los pu-
blicistas, que con tanto denuedo desmoronaron la tirania
de Rosas, les habian hecho entrever.
El vencedor de Caseros no entendia la cosa asi. Para 61
no habia pueblos, sino gobernadores de provincia, duefios
de ellas como 61 lo es ahora de Entre Rios. La Constitu-
ci6n debia, pues, ser un arreglo entire los propietarios feu-
dales. Deponer a uno de ellos habria sido poner en duda
su propiedad de Entre Rios. La convocaci6n de San Nico-
las partia de esta base. Se pidi6 a las juntas que renunciasen
a su derecho de examiner esos convenios que iban A ce-
lebrar; y por la posta, para alcanzar al plazo angustiado que
se les acordaba, partieron los gobernadores A San Nico-
lis, donde iban A arreglar sus negocios y no los de las pro-
vincias.
Para muestra de la capacidad de discutir y examiner las
cuestiones de que iban a ocuparse, en el acta de los trata-
dos qued6 consignado que se habia delegado en los secre-
tarios el encargo de presentar proyectos y discutirlos; y el
secretario de Urquiza y el secretario del infeliz anciano L6-
pez presentaron las piezas que ya venian fraguadas desde
Palermo. El convenio qued6 concluido en veinticuatro ho-
ras. He aqui una legalidad bien a la ligera, si fuese la finica
y la primera de su genero. Afortunadamente estaba de Dios
que seria la iltima afrenta hecha a la inteligencia y al de-
recho argentino.
Protestaron las provincias contra este arreglo hecho
entire los lobos? Protestaron. San Juan depuso A Benavi-
dez, Tucumin A Gutierrez, C6rdoba a L6pez, Corrientes a
Virasoro, Buenos Aires a L6pez; he aqui, pues, cinco de
los diez llamados a San Nicolas, repudiados por sus pro-
vincias. Catamarca deleg6 en el encargado, Salta y Jujuy
no asistieron, de manera que en resumidas cuentas Urquiza
por Entre Rios, Mendoza, Santiago y La Rioja son los que
en realidad se atribuyeron el derecho de dar a la Rep6-
blica bases para la reuni6n de un congress. ; Dirise que to-
das las Juntas de Representantes aprobaron el pacto! Esa
es la legalidad, pues. Que crime ha cometido Rosas, qu6
cadena ha remachado a los pueblos, sin haber sido previa y
legalmente autorizado para ello? Los pueblos querian cons-
TOMO XV.-7-





OBRAS DE SARMIENTO


tituirse en paz, y Urquiza tenia un ejercito en sus manos.
Aprobaron .el convenio, y depusieron i las altas parties con-
tratantes, en prueba de su aceptaci6n.
; Que fu6 ese pacto ? La piedra de escAndalo, la violaci6n
de todos los principios, de todas las tradiciones naciona-
les, un enjuague para sacar en limpio un Congreso compues-
to por los instruments conocidos de la persona de Urquiza.
Dos diputados por provincia hacen un quorum de veinte
individuos reunidos. Hasta su salida de Buenos Aires Ur-
quiza no habia podido reunir diez y seis. Los gobernado-
res tenian por el convenio derecho de retirar sus diputados,
asf es que, si alguno se permitia emitir libremente su opi-
ni6n, en el acto podia ser separado del Congreso.
Este cuerpo debia reunirse en Santa Fe para tenerlo bajo
la presi6n del aislamiento, sin prensa, sin correos, sin po-
blaci6n, sin goces, sin seguridad. Me equivoco: Urquiza
se encargaba de asegurar a los diputados la entera libertad
de cumplir con sus 6rdenes; y para que el insulto se afia-
diese A la groseria de estos manejos, el tratado decia que Ur-
quiza provecria el viAtico A los diputados. De d6nde salia
ese viatico? Del product de las estancias de Urquiza 6 de
las rentas nacionales, cuya inversi6n pertenece A esos di-
putados y no al general Urquiza?
Yo habia en Argirdpolis indicado la conveniencia de re-
unir el Congreso fuera de Buenos Aires, ya por conformar-
me al pacto federal que me proponia analizar, ya en pre-
visi6n de que Rosas pudiese resistir i las provincias y 6s-
tas reunirse y deliberar sobre sus intereses. Pero yo no me
habia propuesto nunca entregar el Congreso A un caudillo
para que hiciese con sus miembros titeres de campafia en
alg6n galp6n de aldea.
En Gualeguaychi, en nuestras primeras conferencias, me
insinu6 el general que asi que cayese Rosas se retiraria A
su casa. Como estoy cansado de oir A todos los majaderos
estas modestias hip6critas, hacia de la suya el desprecio que
merecia; pero como era una red para examiner si yo aplau-
dia el pensamiento, tuve que explicarme, y decirle por que
la idea era irrealizable, y c6mo llegaria A ser funesta. Al dia
siguiente me insinu6 que era una recompensa debida A Entre
Rios por sus esfuerzos el que el Congreso se reuniese en la
ciudad del Parana. Esta era la verdad verdadera. Traerse el





LAS CIENTO Y UNA


Congress A su casa, como Rosas habia puesto la Junta al
frente de la suya.
Cuando, pues, me mostr6 aquel plan singular de political
entrerriana, le dije: ((General, es casi excusado hablar por
ahora de estas cosas: el tiempo y los acontecimientos nos
han de aconsejar. Me permitire s6lo indicarle una cosa, y
es que, asi como ayer le decia que despuds de la caida de
Rosas el poder quedarA asimilado A su persona, asi le digo
ahora que Buenos Aires es un poder. Rosas no nos ha go-
bernado con su habilidad y su political, porque es un estii-
pido. Nos ha gobernado con la ciudad de Buenos Aires,
que tiene esclavizada; nos ha gobernado con el puerto, con
las rentas, con las armas, con la prensa, con el comercio,
con la diplomacia europea, con las tradiciones de aquella
ciudad, con los hombres versados en los negocios plblicos,
con la cultural v riqueza de sus habitantes, con su peso y su
influencia en los destinos de la Repiblica. Si, pues, el Con-
greso sale de aquel foco de poder, un dia Buenos Aires nos
deja con Congreso y demAs armaz6n, y tendremos que prin-
cipiar de nuevo. Pero no tengamos plan anterior, aguarde-
mos que los hechos nos iluminen,.
Su contestaci6n fu : (cha de ser precise colgar A muchos,,
lo que traduje: (do lie de colgar a usted,. ,Sefor general.
le repliqu6, conozco much el espiritu que domina en la
Repuiblica, y estoy seguro de que no llegarA ese caso. En
Buenos Aires es donde mAs acogida han tenido las ideas so-
bre navegaci6n libre, etc. En fin, hemos de gobernar A las
provincias con Buenos Aires, y a los portefios desde su casa,
por el partido inmenso que apoyarA A S. E. alli,.
Los que han visto los acontecimientos posteriores nota-
rAn c6mo tom6 la cosa, v la embarrada que hizo. Lo ini-
co que sali6 cierto fue que no se movi6 de Buenos Aires,
sino para perderse, y que no colg6 A nadie sino A soldados y
oficiales A su entrada, porque Rosas habia degollado ya lo
bastante para que no pueda intentarse de nuevo este me-
dio de gobierno. Su idea era persistent, sin embargo, y me
repeti6 tres veces la frase, la tercera delante de los coro-'
neles Mitre y Paunero, para hacerles la entraiia, y yo le
contest que tenia miedo, lo que era la verdad, porque s6lo
e! miedo aconseja A la nulidad y la impotencia esos ex-
tremos.





OBRAS DE SARMIENTO


Veamos, en resume, todas las irregularidades de forma,
todas las violaciones de principio que contiene el acuerdo
de San NicolAs:
i.o Convocaci6n de gobernadores para discutir, autori-
dad qu.e por el derecho constitutional, vigente en todas las
provincias, no ejerce funciones legislativas.
2.0 Aprobaci6n previa, pedida A las legislatures, para
que den por definitive lo que hubiera de acordarse por pode-
res ejecutivos.
3.0 Omisi6n de este requisite con la legislature de Bue-
nos Aires, por la que quedaban insubsistentes todas las otras,
preconcebida una violencia y un menosprecio A la autori-
dad de aquella legislature, 6 dejado A ella sola el derecho,
arrebatado a las demAs, de ratificar 6 no lo pactado.
4.0 Delegaci6n de los gobernadores en los ministros y
secretaries que los acompafiaban-pero que no eran parte
official en el convenio, segtn el decreto de convocaci6n,-de
la facultad de presentar proyectos de bases de arreglo. Las
delegaciones especiales no son transmisibles A tercero.
5.0 Creaci6n ad hoc en San NicolAs de entire los concu-
rrentes oficiosos de prosecretarios para darle A los gobernado-
res que no habian llevado estos adldleres no pedidos por el
decreto de convocaci6n.
6.0 De los catorce gobernadores s6lo concurrieron ocho,
pues el encargado de las relaciones exteriores, y el general
Virasoro, estando en campafia, y en territorio extrafio, de-
jaron gobernadores delegados en sus provincias, y estos y
no ellos eran los supuestos representantes de sus provincias,
A no ser que aprobaren que sus delegados, pero efectivos
gobernadores provinciales, los comisionaban en forma, 6 los
autorizaban A reasumir para aquel caso especial la autoridad
civil de que todo gobernador queda despojado desde que sale
de la jurisdicci6n de su provincia, quedando sometido, en
lo que hace al regimen econ6mico, A las autoridades civiles
de las provincias donde transit.
7.0 De los gobernadores invitados al convenio, como re-
presentantes de la voluntad de sus provincias respectivas,
mientras lo celebran antes, 6 despues, son depuestos por esas
mismas legislatures, i quienes se supone representan : el go-
bernador de C6rdoba, el de Corrientes, el de San Juan, el
de Buenos Aires y el de TucumAn; v A causa de la no rati-





LAS CIENTO Y UNA


ficaci6n de la legislature de Buenos Aires, parte contratante,
puesto que no se le despoj6 previamente su derecho inalie-
nable de revision de todo lo pactado, el que no era gober-
nador de Entre Rios en aquel acto y s61o encargado de re-
laciones exteriores con carlcter de poder ejecutivo de la
Repiblica, de donde result que s61o los gobernadores de
Santa Fe, Santiago y Mendoza no fueron revocados, y, por-
tanto, las tnicas tres autoridades legitimas (si los goberna-
dores pueden serlo para legislar) que representaron sin pro-
testa de sus legislatures a las provincias de su mando.
8. Dejada la legislature de Buenos Aires en posesi6n de
su derecho de revision de lo pactado, el gobernador, de re-
greso de San Nicolas, somete A su deliberaci6n el convenio,
y en uso de su soberania lo desecha in integrum, lo que de-
jaba como no ocurrido ni estipuladas todas sus disposicio-
nes; porque un convenio no firmado por una de las parties
contratantes deja de serlo para las otras.
9.0 El convenio de San NicolAs reconoce subsistente y
obligatorio el pacto federal de 1831; por lo que la convo-
caci6n de los gobernadores, en lugar de los diputados de
gobernadores, segln lo establece el articulo... para former
la comisi6n gubernativa, era una violaci6n flagrante del mis-
mo pacto, reconociendo la incompetencia de los mismos que
lo firmaban. Un diputado de gobernador entra en la cate-
goria de agent diplomAtico, ministry, enviado, que puede
pactar, estipular y hacer arreglos, en nombre de su gobierno,
quien puede revocarlo, porque es revocable, como cualquier
otro funcionario puramente administrative.
o1. La dotaci6n de dos diputados por provincia violaba
el consenso, prActica constant y principio de derecho cons-
titucional, superior 4 toda voluntad humana, de la repre-
sentaci6n parlamentaria en proporci6n de los habitantes y
no en relaci6n de las demarcaciones territoriales puramente
convencionales. Por esto es que estA exclusivamente reser-
vado A las cimaras de diputados el derecho de iniciativa para
votar las contribuciones.
SI. Violaba el principio de la soberania popular que es-
tablece, en todos los puntos sujetos A discusi6n, la sanci6n
por el voto de las mayorias numericas.
12. Violaba las leyes vigentes en la Reptblica, no revo-
cadas por nadie, pues que fueron acordadas por congre-





OBRAS DE lARMIENTO


sos debidamente convocados, y practicadas constantemente
en los congress de 1812, 1816 y 1826.
13. El total de diputados, segin esta absurda conven-
ci6n reducido A veintiocho, el quorum no podia pasar de
veinte para constituir congress; y veinte personas no pue-
den dar abasto para las comisiones de hacienda, de guerra,
de peticiones, de materials constitucionales, de legislaci6n,
de comercio, de navegaci6n, etc., etc.
14. Este cuerpo soberano representante de la Repiblica,
compuesto de veintiocho individuos, de los cuales nunca
habrian podido concurrir mas de veinte a un tiempo a sus
sesiones, quedaba en una humillante igualdad y aun infe-
rioridad i las legislatures provinciales, compuestas del mis-
mo nimero, y aun casi del double en la de Buenos Aires, de
manera de no poder ejercer prestigio ni autoridad sobre los
cuerpos deliberantes subalternos, mis numerosos, y, por
tanto, mas capaces, con mayor n6mero de oradores, y hom-
bres especiales en las diversas materials de la legislaci6n.
15. La facultad reservada A las provincias de retirar los
diputados, y reemplazarlos por otros, hacia ilusoria la in-
violabilidad del representante del pueblo, sometiendolo A
voluntad del gobernador, 6 4 la Junta, 6 que se yo que au-
toridad provincial, y desnudAndolo asi de su carActer de
irrevocable, que es condici6n inherente de la diputaci6n, y
de su autoridad superior A juntas provinciales y gobernan-
tes que tiene como miembro del congress soberano.
16. Esta reserve, que trastorna los principios inmuta-
bles del derecho constitutional, y hace del diputado un de-
pendiente de las autoridades provinciales, i las cuales va,
por su mandate, A imponer leyes, estA en contradicci6n con
la clsusula que prohibe A las provincias dar instrucciones A
sus diputados; bastAndoles retirarlo para que no contrarie
la mente secret del que lo envi6.
17. La disoluci6n de la Junta de Representantes de Bue-
nos Aires, en castigo de no aceptar el pacto que se estaba
discutiendo adn, pues desde que ella no habia autorizado
previamente A su gobernador para dar por definitive lo pac-
tado, estaba en su derecho de aprobar 6 desaprobarlo. Este
acto constitute la muerte de una de las parties contratantes.
18. El reconocimiento hecho por el general Urquiza,
despu6s del restablecimiento en Buenos Aires de esa misma





LAS CIENTO Y UNA


legislature que habia tenido la audacia de disolver, decla-
randola en posesi6n de todos sus derechos; y, por tanto,
restablecida la discusi6n del pacto, y su no ratificaci6n al
estado en que se hallaba el 6 de Junio, en que una de las
parties contratantes lo rechaz6.
19. El convenio supone que hay un poder superior al
Soberano Congreso, disponiendo que el general Urquiza
proveerA al viAtico de los diputados, sin designer cuota, co-
mo era de esperarse, en el mismo convenio, como si el So-
berano Congreso no fuese el tnico Arbitro de la inversi6n
de las rentas nacionales, 6 aquel mand6n fuera g darle ra-
ci6n de sus bienes particulares.
20. Las leyes de las legislatures provinciales, por las
cuales aprobaron el convenio de San NicolAs, despues de ce-
lebrado, son nulas, superfluas y sin consecuencia; pues ha-
biendose despojado de antemano de su derecho de exami-
nar, discutir, ratificar 6 desechar las que sus gobernadores es-
tipulasen, no tenian autoridad ni personeria para aprobar se-
gun vez lo que ya estaba aprobado.
21. La soberania del Congreso Constituyente supone
una autoridad national, superior A todo lo que existe en
material de organizaci6n national. Su mandate le viene di-
rectamente del pueblo que elige sus miembros; y sus opinio-
nes representan y expresan las de la mayoria num&rica que
los eligi6. El acuefdo celebrado por gobernadores, como
base para la reuni6n del Congreso, es ante su soberania
un simple proyecto de ley, un material como las constitucio-
nes anteriores, y las leyes civiles que debe consuiltar y tener
en vista; pero no una parte ya de la constituci6n misma que
va A dar.
22. Todo el texto del acuerdo, con todas las violaciones
y negaciones de los principios constituyentes que contiene,
el origen ejecutivo de que emana, y la omisi6n de la palabra
soberano, inherente A un congress constituyente, dan al
acuerdo v al congress, que de 61 debia emanar, el carActer
de una conferencia de agents diplomAticos, sometidos A la
voluntad de sus soberanos, los gobernadores que los dele-
garon, y revocables segtin la voluntad de 6stos; lo cual es
la negaci6n del Congreso mismo.
23. De la condici6n de revocables dada A los diputados,
al beneplacito de los gobernadores, pues las provincias no





OBRAS DE SARMIENTO


tienen otro 6rgano official, el Congreso podia ser paralizado,
desmoralizado, desorganizado, toda vez que cuatro gober-
nadores, como los de Corrientes, Entre Rios, Santa Fe y
Buenos Aires, acordasen retirar A un tiempo sus diputados.
Lo mismo sucederia con los que de cada provincia no ce-
diesen A la direcci6n, ideas, objetos y political del encargado
de las relaciones exteriores.
Cuando se examine esta pieza, sin ejemplo en la histo-
ria de las aberraciones humans, una idea dolorosa asalta
el espiritu abismado. Puede, en efecto, constituirse un Es-
tado donde la ignorancia de todo principio de derecho llega
A este grado, donde el olvido de las mis vulgares tradicio-
nes de los pueblos de estirpe europea raya en el idiotismo ?
Han dejado, por ventura, los negros de la isla de Santo
Domingo consignados en documents publicos iguales ex-
travios de la raz6n ? EstAn mAs adelantados que nosotros
los indios canacas de las islas de Sandwich, cuya legislaci6n
sigue las reglas ordinarias del derecho y de las prActicas
europeas ?
; Asi ibamos A presentarnos A la Europa, A los Estados
Unidos, al Brasil, A Chile, con una constituci6n montada
sobre estas bases, que son la negaci6n de toda autoridad, de
toda idoneidad, de toda independencia en el Congreso? Los
doctors Pico, L6pez, Gil, que discutieron aquellas bases,
j ignoraban todas estas nulidades, aberraciones, contradic-
clones y absurdos ? i No! protest por el honor de los titu-
los de suficiencia cientifica que los decoran, por el conoci-
miento intimo que tengo de la instrucci6n y capacidad de
cada uno de ellos, que los conocian y disimulaban, no sien-
do duefios de su voluntad, ni de expresar su sentir. La evo-
luci6n del pacto de San NicolAs consignada en actas pi-
blicas se coordina asi :
Usurpaci6n del derecho del pueblo A tomar parte en la
confecci6n de la Constituci6n.
Usurpaci6n del derecho de las legislatures, obligAndolas
A dar previamente por definitive lo que estipulasen sus go-
bernadores.
Usurpaci6n del derecho de los gobernadores por inca-
pacidad, delegando en sus secretaries, adlAteres 6 lengua-
races el encargo de establecer los preliminares.





LAS CIENTO Y UNA


Usurpaci6n del derecho dado A estos, en general, dele-
gando en el secretario ad hoc Pico v el ministry L6pez.
Usurpaci6n de la capacidad de estos dos abogados, por
el general Urquiza, cuyas 6rdenes obedecian.
Usurpaci6n de la autoridad del general Urquiza por el
ej6rcito en que se apoyaba, y con lo que imponia aque-
lla series de contravenciones al buen sentido A los dos secre-
tarios, estos A los gobernadores, los gobernadores t las le-
gislaturas, las legislatures A los pueblos, hasta que el ejer-
cito, poder supremo en toda esta jerarquia de oprimidos,
di6 en tierra con aquella cinica 6 imptdica convenci6n de
San NicolAs, que serA, Dios mediante, la uiltima de las des-
honras, de las manchas echadas sobre nuestro pueblo, la
opinion y la cienfcia de nuestra patria. No. Escribo en Chile;
y acaso estas piginas lleguen A manos de S. M. el Empe-
rador del Brasil y de los hombres notables de aquel pais,
Carneiro Leao, Paulino, Parafihos, Grenffell, mariscal MAr-
quez, que cada uno, espontAnea v separadamente, en distin-
tos lugares y ocasiones, se han dignado manifestarme su
convencimiento de que posee la Repiblica Argentina hom-
bres notables, notabilisimos en las ciencias political, cons-
titucionales y sociales, Ilevando el senior Paulino, ministry
de Relaciones Exteriores del Imperio, la exageraci6n de esta
persuasion hasta decirme: ((Nosotros no conociamos, sefor,
la Rep6blica Argentina sino por la guerra; ahora la cono-
cemos por sus letras, por sus publicistas, y much tenemos
que aprender de ellos nosotros. En Chile no se reirAn,
A fe, de aquellas lastimosas miserias que no nacen de ig-
norancia sino de la opresi6n ejercida por los barbaros, pues
que Chile, mAs que ningin Estado americano, ha hecho jus-
ticia siempre A la capacidad y al nimero de hombres versa-
dos, consumados, excepcionales, en materials de gobierno
que poseemos.
El pacto de San NicolAs no existe, pues, por el origen
esp6reo de donde parti6, por la deposici6n de casi todos los
que lo firmaron; por la desaparici6n de la escena political
de aquel en cuyo beneficio se pact. Nulo, porque estipu-
laba un absurdo con mira dolosa y personal; nulo, porque
la parte despojada de su derecho natural, inalienable, de ser
representada en congress en proporci6n del nfmero de ar-
gentinos que contiene, y no por nombres geogrAficos, ni





OBRAS DE SARMIENTO


divisions de territories desiertos, protest contra el des-
pojo; nulo, en fin, porque para hacer valer su derecho ho-
Ilado hizo ostentaci6n de su poder y ech6 A rodar political,
pacto, director, caudillo y toda esa comedia vergonzosa 6
impudente.
Desechemos, pues, nosotros tambien ese pacto indigno,
y oigamos la voz de la Providencia, que, en sus inmuta-
bles designios, sorprende A cada moment A los que no es-
tudian las leyes morales con que rige al mundo, y desbarata
de un soplo las combinaciones y arterfas de los malvados.
Argentinos, os dice, pobre pueblo desmoralizado, en me-
dio de una tierra ain no poblada, levantaos por la digni-
dad, por la moralidad de los actos, por la endrgica y per-
manente protestaci6n contra la violencia, A la altura de vues-
tros destinos. Unios todos en un solo pensamiento, en un
solo deseo; los nombres de mendocino 6 portefio son fruto
de los desiertos que median entire los que los llevan; si el
pals estuviera poblado no podriais concebir tan desacorda-
dos celos. Veinte afios de gobiernos de bArbaros, inmorales,
sanguinarios, expoliadores, os han dado por resultado cien
afios de retroceso, de ignorancia y de despoblaci6n. Puesto
que la march de los acontecimientos os libra de la pre-
si6n del iltimo de ellos, no lo llameis voluntariamente A
restablecer la barbarie, los caudillos, y el imperio de la vo-
luntad de un solo hombre incapaz de conducir al bien, por-
que no conoce el bien piblico, que es fruto de studio, de
examen, de discusi6n, de antecedentes. Buenos Aires es la
parte del territorio que poblaron vuestros abuelos que mas
se ha civilizado, poblado, enriquecido. Z Vais A separaros de
ella para castigarla de sus ventajas, sin que podAis traerlas
al interior, pues no se trae ni la posici6n geogrAfica, ni los
resultados ya asegurados?
El moment es precioso. No faltara quienes, en nombre
de una prudencia que ya les ha fallado muchas veces, en
nombre de un desinteres que puede ser 6 no efectivo, acon-
sejen quedarse en el aislamiento, aguardar los sucesos, se-
g6n la rutina de las legalidades. Nos perdemos perdiendo
el tiempo. No es la constituci6n federal la que ha de ase-
gurar nuestra tranquilidad, en cuanto A obra escrita y san-
cionada. No: es por lo que debe tener lugar despuds de que
ella est6 sancionada, A saber: por la confianza, por la seguri-





LAS CIENTO Y UNA


dad que dard al trabajo. Yo he predicado la libertad de los
rios para que la vida penetre en todos los puntos del terri-
torio; pero decretarla no basta.
Ningfin buque 6 poquisimos han entrado en el Parana
de procedencia extranjera, en un aio A que esta abierto.
; Por que ? Porque no hay en sus riberas reunion de gente
culta v consumidora de artefactos, que d6 salida A cuatro-
cientas toneladas de mercaderias que traeria un buque de
Europa en un ndmero determinado de renglones. HAblase
de caminos de hierro en Mendoza, lo que muestra la buena
direcci6n dada A ideas; pero un camino de hierro es impo-
sible, economicarente hablando, en un pais despoblado.
Un camino de hierro no puede cargar mercaderias de mu-
cho volume y poco valor como lanas, cueros, etc., treinta
leguas, sin hacer impossible su venta por el recargo de pre-
cios; un camino de hierro de treinta leguas necesita despa-
char al dia, por lo menos, cuatro trenes con cuarenta va-
gohes cargados de gente que pague cuatro pesos por per-
sona, para poder costearse, v no hay hoy esa poblaci6n en
los puntos que tocaria el travecto.
Pero la constituci6n, dando garantias A la propiedad, al
trabajo, al emigrante, hard bien pronto cubrirse de pobla-
ci6n esos despoblados; la poblaci6n crearA riquezas y pro-
ductos exportables, y la producci6n alimentarA el comercio.
Entonces tendremos realmente navegaci6n libre de los rios,
canales, caminos de hierro; no porque el gobierno lo d6,
sino porque dejando obrar al capital, el espiritu de empresa
hard lo que le de mAs, produciendo riqueza. Esta es la cons-
tituci6n. La constituci6n es que no haya guerra civil im-
pulsada por los antojos de 6ste 6 el otro gobernante, que
proliba a los extranjeros adquirir propiedades rurales, ni
salir de las ciudades a comprar frutos a la campafia, como
en Entre Rios.
La constituci6n es que no haya Juan vecino de necesitar
pasaporte para ir de su estancia A la ciudad, como lo esta-
bleci6 Rosas, lo restableci6 UrquizA, y ha sido por segunda
vez abolido por el gobierno libre de Buenos Aires. La cons-
tituci6n-c6digo, la constituci6n obra escrita, esa es la in-
cumbencia de los publicistas, de los jurisconsultos, de los
hombres de saber que Buenos Aires y las provincias tienen,
sin decirles hagan esto 6 lo otro, hombres que saben menos





OBRAS DE SARMIENTO


que ellos. Hoy la confecci6n de una constituci6n es una
ciencia que tiene por antecedentes las constituciones dadas
en todos los paises constituidos, los resultados que han pro-
ducido tales 6 cuales disposiciones, y los progress que las
ideas econ6micas y political han hecho en estos iltimos tiem-
pos; todo esto subordinado al conocimiento de las necesi-
dades del pais A que se aplican.
Nosotros no vamos A constituir s61o A esos campesinos
de chiripA diseminados en las campafias pastoras. Para quien
no posee, no adquiere, no progress, no se educa, no edifica,
no emprende, no fabric y no se enriquece, no se necesita
constituci6n. Ese obedece al primero que lo manda, porque
es pobre, porque es ignorante, porque estA ocioso v porque
tiene miedo. Nosotros vamos A constituir un inmenso pedazo
de la tierra, cruzado de rios poderosos, donde ha de le-
vantarse necesariamente una gran naci6n luego, si sabe-
mos asegurar al comercio, al capital, A la emigraci6n su
seguridad; mAs tarde, si los escasos pobladores actuales se
dividen en saber, si ayudaran A Urquiza a vengarse del
desprecio de los que lo elevaron y lo han abandonado, si
las provincias pobres y mediterrAneas se constituirin apart
de las provincias ricas v atlAnticas. Vamos A constituir la
libertad de marchar adelante, de educarnos, de elevarnos A la
altura de los pueblos mAs civilizados, v no hemos de encar-
gar esta tarea al mAs negado de entire nosotros. Vamos, en
fin, A poner termino A los des6rdenes v violencias de los
que tantos horrores avudaron A cometer, y no hemos de Ila-
mar al que cometi6 tantos como todos juntos A qu(e siga co-
metiendo otros nuevos.
Nuestra constituci6n, pues, ha de ser la obra del saber
y no del antojo de nadie, ni de las ideas dominantes en un
circulo. Si 6stas prevalecen, no hacemos mAs que preparar
las convulsiones futuras, que han de hacer initiles todos los
sacrificios hechos, y necesarios otros nuevos.
f De qud medios, pues, podriamos valernos para que la
constituci6n sea hecha por hombres competentes, y por un
congress libre, legitimo y revestido de autoridad? He aqui
algunas ideas sencillas:
i. Ning6n pacto anterior initil como el de San Ni-
colas.
2.0 Cada provincia elija el ntimero de diputados que la





LAS CIENTO Y UNA


representaron en el iltimo Congreso- de 1826. Acaso las pro-
porciones han cambiado ya con el movimiento de la pobla-
ci6n. La Rioja, San Luis, Santa Fe han perdido habitan-
tes en estos ultimos ai)os; Corrientes, Entre Rios, Buenos
Aires han ganado; pero para el primer congress no debe
alterarse la antigua cuota, que esta fundada en los c6mpu-
tos censitarios de Azara, hechos en i8o0, y otros datos pos-
teriores.
3.0 Ninguna fuerza armada habri en las ciudades si no
es la guardia national, compuesta de todos los vecinos in-
distintamente.
4.0 El congress se reunirA en Buenos Aires para que
tengan sus miembros el auxilio de la prensa, de la posta
y de los esten6grafos para la reproducci6n de los discur-
sos. Es precise que esten alli, donde estin los archives, las
bibliotecas, todos los medios de informaci6n. Es precise
que tengan, para sus nobles trabajos, un teatro digno de la
majestad soberana del Congreso Argentino y de hombres
habituados a los refinamientos de la vida civilizada. Es pre-
ciso, en fin, que se establezcan en lugar donde sean acata-
dos, v tengan el mundo entero por testigo y por moderador.
La mayor parte de las maldades y violencias groseras que
se cometen entire nosotros es a causa de la dificultad de po-
nerlas en transparencia. For eso Rosas cre6 la mazorca, en-
caden6 la prensa, y se hacia elegir por peticiones escritas a
fin de ocultar la verdad. Urquiza, no conociendo estos mira-
mientos, A los cuatro dias ya era lamado el segundo tomo
de Rosas.
5.' Las fuerzas de linea estarAn a disposici6n del Con-
greso en el lugar de su residencia.
6." Las juntas de representantes de las provincias co-
rresponderan con el Congreso.
7. No se nombre encargado de las relaciones exteriores
para que no se nos vuelva i levantar el gobierno de Bue-
nos Aires con el santo v la limosna, y nulos impotentes va-
van armando su nido, y haci6ndose dar autorizaciones. Si
mientras el Congreso se reune Ilaman 4 la puerta de la Re-
piblica las potencias extranjeras, higanles decir por el por-
tero, en voz baja: su sefioria estA en paios menores, esta
un poco indispuesta; no esta visible, no recibe hoy, vuelva
usted mariana.





OBRAS DE SARMIE1TO


8.0 Los pueblos, por elecciones direct 6 indirectamente,
segin lo estime mejor el Congreso, nombran el Presidente
de la Repfblica, si Presidente ha de haber, porque la pala-
bra director ya la ha desprestigiado Urquiza.
Que las provincias que adhirieran A estos principios del
sentido comTin procedan a la elecci6n de diputados con su-
plentes, y los manden al local del Congreso, done se irAn
reuniendo, como se hizo para el Congreso de Tucumrnn, que
declar6 nuestra Independencia.
Qud si yo cuinta otra indicaci6n puede sugerir el buen
sentido, encaminada a asegurar la dignidad, la seguridad,
la soberania del Congreso. Esto basta. Reiinase, pues, el
Congress, y la constituci6n esti efectuada; porque pueblo
ninguno de la tierra esti mis preparado, mas dispuesto, mis
resuclto A constituirse bien que la Repiblica Argentina. Lo
han probado Corrientes, C6rdoba, San Juan, Buenos Aires,
TucumAn, y cuantos han sido puestos A prueba por el que
queria constituirlos legalmente, es decir, constituir la obra
de Rosas en el moment mismo de venirse abajo v con los
elements mismos que se habian aunado en su dafio.
Es la nulidad y la orgullosa insuficiencia lo que levanta
esa cadena de obstaculos en que se han estrellado va dos
generaciones de argentinos desde mil ochocientos diez A esta
parte. Es que la obra sencilla y natural estA confiada A ma-
nos ineptas y a directors que ni para obedecer son ca-
paces.
La RepDblica Argentina, ese grande y sublime cuerpo
que arrancamos A la Espafia, es tratada como un cadAver
abandonado A los nifios estudiantes de la medicine en los
anfiteatros. Examinad el sistema de gobierno inventado por
Rosas; no tuvo vena que no la rasg6 para ver que color
tenia la sangre; no dej6 m6sculo que no le dilacer6 creyen-
do que habia encontrado el secret de hacerlo movers a
su modo.
Rosas cay6 en medio de las convulsiones que hacia su-
frir A su paciente; y he aqui que se present otro empirico
diciendo: si no la supo hacer, ahora verin. Y empieza de
nuevo el curandero A aplicarla remedies caseros, infusiones
de jarrilla, bebidas que cree calientes v que son frias, 6
no son nada, y A medio'camino y aun antes de cumplir
la operaci6n ya estaba puesto A la puerta. ; Quitn vendra





LAS CIENTO Y UNA


ahora A hacer su ensayo de aldea, A aplicarlo segin se prac-
tica en su tierra, A este pobre enfermo que en vano les dice:
d6jenme que no necesito medicos; necesito s61o de aire, de
ejercicios, de que no crean que estoy enfermo ?
El Congress se reunirA, pues en Buenos Aires, en nues-
tra ciudad de Buenos Aires, la unica que conoce la Eu-
ropa y el mundo, la primera en nuestras glorias pasadas,
la victim inmolada veinte afios por la barbarie que desde
Artigas A Quiroga, desde Entre Rios a La Rioja, anduvo
haciendo estragos, hasta que hall su representante, su hom-
bre en el bArbaro de las campafias de Buenos Aires. Man-
dad a vuestros prohombres de las provincias, treinta en ni-
mero, si tal es su representaci6n, acordada por leyes vigen-
tes de la Repdblica, y dejad A Buenos Aires que ponga los
suyos, y vereis bien pronto lo que sucede, y es que hacienda
a un lado esas ridiculas clasificaciones de portefios y provin-
cianos se forman partidos encabezados por provincianos y
apoyados por porteiios, y viceversa. Temeis que aquella
ciudad corrompa y seduzca A hombres que se respetan, que
valen y pueden tanto como cualquiera otro, y que aman la
verdadera gloria: la libertad y la prosperidad de la patria?
Pero para encontrar hombres inmorales, sin dignidad v sin
patriotism, no es necesario ir a Buenos Aires.
Para prostituirse los provincianos no han necesitado sa-
lir de sus casas. Leed las actas de vuestras legislatures, las
proclamas de vuestros generals, los decretos de vuestros
gobiernos, los discursos de vuestros oradores, v hallartis
en ellos el servilismo mis descarado, las adulaciones mis
groseras, al Genio de la Am6rica, al Grande Americano,
al Ilustre Restaurador de las Leves v su digna hija Ma-
nuelita... i Eh! y ahora cuando se os habla de constituiros,
de uniros al pueblo generoso, no hablo de brazos generosos,
que ha lavado en un dia la afrenta de veinte afios; cuando
aquellos de nuestros hermanos, que han olvidado el comnin
ultraje, las odiosas distinciones de los partidos antiguos,
esteriles, sin significado hoy, os dicen: venid v constituya-
monos A la sombra de la libertad conquistada; venid, que
aqui no hay caudillo que os amedrente, y os insinice, con sus
lacayos, lo que debris decir y hacer para agradarlo, nos-
otros les responderiamos: no; necesitamos un tutor que nos
defienda como un pastor a su rebaio ?





OBRAS DE SARMIENTO


Decidme, provincianos: que pueblos son esos que hace
medio siglo que escandalizan al mundo con sus des6rde-
nes? i Que intereses tan complicados los dividen que no
han podido constituirse, en cuarenta aios de esfuerzos, en
cuatro congress constituyentes? Que son esas provincias
tan intratables cuando se les ofrece la libertad, tan abyectas
cuando sus tiranuelos levantan el lAtigo?
Yo he recorrido las mas notables de ellas, yo conozco A
sus hombres mAs distinguidos; y, como los de Buenos Ai-
res, somos todos pobres hombres llenos de pretensiones y de
inepcia, somos miserables pueblos, ignorantes, inmorales y
apenas en la infancia. Somos, en fin, raza bastarda que no
ocupa sino que embaraza la tierra con su presencia, indtil
para la producci6n y la riqueza, y apenas contada entire los
pueblos civilizados del mundo. ;Si, comprovincianos! No
os desprendAis de Buenos Aires que va A desplegar sus alas
y alzar A las nubes su cabeza, por seguir guias falaces que,
por un camino de miserias, de guerras y de destrucci6n, os
llevarin al desierto, al vandalaje y A la destrucci6n cierta.
La obra del Congreso de 1826 fud desechada porque que-
riamos cosa mejor. Nos dimos con una piedra en los dien-
tes; un cuarto de siglo ha durado el cuarto intermedio entire
aquel Congreso y el que sigue, y los estragos hechos en
veintis6is anios no alcanzarian A borrarlos ciento. Vamos A
principiar de nuevo?
Otro tanto os dicen ahora que lo que os decian Artigas
y Ramirez, los bandidos de Montevideo y Entre Rios; Fa-
cundo 6 Ibarra, los bandidos del interior; Francia, el bandido
del Paraguay. Los seguisteis, y qud cosechasteis en treinta
afios de peregrinaciones ? La Rioja, San Luis, Santa Fe ape-
nas son aldeas; Tucuman fue saqueado dos veces; tres ejer-
citos equiparon San Juan y Mendoza; cubierto estA ain
Chile de sus hijos desparramados, y el resultado final fu6
entregarse, no A Buenos Aires, ojalA que asi hubiese sido,
sino A Rosas, el tirano de Buenos Aires, un necio despre-
ciable.
Fuera division, pues, fuera tutores, fuera caudillos im-
potentes. ;Viva Buenos Aires en las provincias! Vivan
las provincias en Buenos Aires por medio del Congreso!
Temed la prostituci6n para los vuestros. Por lo que A mi





LAS CIENTO Y UNA


respect, no la temo de nadie, y la mia no os la garantiria
Urquiza a buen seguro. He resistido A duras pruebas, y, en
material de entereza y probidad, ante Buenos Aires y ante
las provincias puedo hablar bien alto. Yo soy el dnico que
dijo al vencedor de Caseros:-no me pongo cintillo colo-
rado,-porque me estimo much para descender A ser mi-
nistro de un majadero.

D. F. Sarmiento,
Diputado al Congreso Constituyente.


TOMO XV.-6















ACTOS COLECTIVOS


DE LOS ARGENTINOS RESIDENTS EN SANTIAGO DE CHILE


A los argentinos residents en...

Compatriotas:
Los argentinos residents en Santiago nos hah comisio-
nado para someter a la consideraci6n de nuestros compatrio-
tas, deudos y amigos de... los actos que han celebrado en
conjunto, los motives que los han inspirado, y los fines que
se proponen alcanzar, con el concurso de todos sus compa-
triotas, por la influencia de los nombres que son aceptados
por la opinion en nuestra patria comin, y por la elevaci6n
de miras que tenemos derecho de atribuir a cada uno de los
argentinos residents en Chile.
Los acontecimientos que tienen lugar en nuestra patria
han tornado un rumbo que muchos de entire nosotros no
podiamos prever, colocados A tan larga distancia del teatro
de los sucesos. Pero estos hechos, aprobados 6 desaprobados
en su oren su on 6 en sus causes, estdn fuera del alcance de nues-
tra voluntad. Ellos son la obra de los hombres, de las ideas,
de los tiempos, el efecto de causes, acaso la consecuencia
de nuestras propias faltas; la mano de la Providencia, las
leyes morales que rigen los destinos de los pueblos, teniendo
en ello su debida y primordial parte. Cuando los aconteci-
mientos se han producido, cuando una deplorable divergen-
cia de intereses y de miras ha estallado entire las provincias
que componen nuestra patria, tan nuestra en Buenos Aires
como en las provincias, entonces, y s6lo entonces, nos he-
mos buscado unos a otros con inquietud, indicindonos casi
simultineamente la idea de reunirnos, de entendernos, y dar-





OBRAS DE SARMIENTO


nos cuenta de nuestras sensaciones, de nuestros temores, de
nuestros deseos.
Nuestra acta del 19 de Octubre expresa este sentir, con la
imperfecci6n de un primer movimiento del coraz6n argen-
tino, mAs bien que fruto de un profundo studio de la situa-
ci6n, propencliendo A huir de toda conclusion que amena-
zase, por la imposibilidad de conciliaci6n entire los elemen-
tos divergentes, una escisi6n territorial 6 la organizaci6n de
dos rep6blicas en una.
Pero encontrando que no todos los argentinos de Valpa-
raiso -estaban de acuerdo en nuestras vistas, acaso por no
estar suficientemente especificadas, acaso por no haber ex-
plicado hastante nuestro objeto, volvimos A reunirnos el 28
de Octubre para reconsiderar el asunto, fijar por la discu-
si6n nuestras ideas, y trazarnos un plan de conduct, que,
ahora y en todo tiempo, para con nosotros mismos, para con
nuestros compatriotas, y aun para el pais en que residimos,
fuese una norma, cualesquiera que los acontecimientos sean,
que sirviese de punto de partida A nuestros actos, de fin A
nuestras aspiraciones; y para proceder con acierto se nombr6
por votaci6n una comisi6n que redactase algunos princi-
pios claros y seguros, que pudiesen ser confesados por todos,
reunir todos los Animos y servir de base y de objeto A nues-
tros trabajos posteriores, teniendo present que los argen-
tinos residents en Chile no son ni portefios ni provincianos,
sino argentinos de todos los puntos de la Repfiblica, hom-
bres arrojados en distintas 4pocas y circunstancias del seno
de la patria, y que han luchado, han sucumbido 6 han per-
severado en la esperanza de ver realizados los prop6sitos
que la idea de organizer el pais encierra, v A los que tanta
sangre, tantas l1grimas, tanto tiempo, tantas fortunes se han
sacrificado.
Desech6se la idea de constituirnos en club, ya para alejar
hasta la sombra de una rivalidad, 6 la posibilidad de que
se desenvolviese, como asimismo temiendo que se nos su-
pusiese el deseo de imponer nuestras convicciones A los que
no formaban parte de 61, 6 el intent de apropiarnos la re-
presentaci6n de los argentinos, 6 el temor de que aquellos a
quienes se confiase su direcci6n traspasasen en la prActica
el objeto, espiritu 6 intenciones de sus comitentes.
Recav6, pues, el encargo de tan delicada misi6n en el





LAS CIENTO Y UNA


general don Juan Gregorio de Las Heras, doctor don Ga-
briel Ocampo, don Domingo F. Sarmiento y don Juan Go-
dov, buscando en ellos consejo, capacidad, influencia moral
v desapego, por las diversas provincias de que son oriun-
dos, A cualesquiera de las parcialidades en que amenaza di-
vidirse la Republica.
Reunidos en casa del senior general Las Heras en nues-
tro caracter de comisi6n informant entramos con sinceri-
dad en el debate de los diversos puntos en cuesti6n, segtln
lo que subministran los hechos, v los motives de divergen-
cia entire las provincias v Buenos Aires. Cada uno puso su
contingent de miras v de ideas; cada uno las sostuvo en
la esfera que nos habiamos trazado de fijar bases a la con-
ducta que debieramos guardar en el nombre colectivo de ar-
gentinos; y cediendo A las objeciones contrarias, modifi-
cando lo demasiado absolute de las proposiciones, evitando
los escollos presumibles, pero sin dejar nada ambiguo 6
indeterminado, arribamos al informed que sometimes en el
mismo dia A la consideraci6n de nuestros compatriotas, y
que, aprobado unAnimemente por ellos se ha hecho desde
entonces nuestro credo comiin, nuestra base de conduct,
v el prop6sito que nos proponemos seguir en adelante po-
niendo todos los medios legitimos v honrados para llevarlo
A cabo, subministrando cada uno en su esfera su part de
trabajo, de tiempu, de studio, de fortune y de sangre, que
es lo clue la patria tiene derecho cle pedir a sus hijos en los
dias de prueba, en las horas de conflict por que aun le resta
que pasar, hasta reposarse A la sombra de instituciones clue
la permitan descansar de medio siglo de agitaciones, de de-
sastres, de batallas v de calamidades.
Pero nuestra misi6n no terminaba en esto s6lo, sino que
teniendo en mira conciliar las opinions divergentes, en cuan-
to A la representaci6n del nombre argentino, se nos ordenaba
nombrar una diputaci6n en nuestro seno para ir en persona
A Valparaiso a conferenciar con nuestros compatriotas de
Buenos Aires v de las provincias, nuestros deudos y ami-
gos, para arribar A uniformar nuestras miras; objeto A que
se mostraron deferentes, en despecho de obstAculos casi
invencibles, de salud quebrantada 6 ocupaciones premiosas,
todos los miembros de la comisi6n, y al que quedan a6n
dispuestos si la exposici6n sencilla que en esta carta colec-





OBRAS DE SARMIENTO


tiva hacen no fuese suficiente para logr'ar fin tan ardiente-
mente deseado.
Para mejor ilustrar los juicios de nuestros compatriotas,
deudos y amigos, debemos afiadir algunas explicaciones de
la mente que ha presidido A la redacci6n de cada uno de los
articulos de las bases, que tenemos el honor y el placer de
remitirles en copia.
Desde luego pareci6nos que debiamos dejar en entera
libertad A cada uno individualmente, y A los publicistas ar-
gentinos de emitir las ideas que quieran seg6n su modo de
ver las cosas, sin hacernos colectivamente responsables de
los errors, exageraciones 6 extravios en que podrian in-
currir. Este punto, conforme A nuestras aspiraciones de li-
bertad del pensamiento, conciliaba la dignidad de los que
echan sobre sus hombros la responsabilidad de sus actos y
opinions, y la debida mesura que nos corresponde guardar
a los que, ya simpaticemos 6 no con tales sentimientos, no
nos hemos hecho ni debido hacer solidarios de ellos.
El otro cuidado que hemos tenido, y que campea y pre-
domina en cada uno de los articulos, es consagrar como un
dogma de fe, como una base sine qua non, la unidad del te.
rritorio argentino. Las disidencias de los hombres no de-
ben afectar la uni6n en un solo cuerpo de aquella hermosa
fracci6n de la tierra que nos legaron nuestros padres en i8io,
y que en cada punto de su exltensi6n, en cada angulo de la
Rep6blica represent nuestra nacionalidad, nuestras glorias
pasadas, la cuna de nuestros grandes hombres, el cuerpo y
la sangre de esta patria, que es hoy como fu6 siempre, aun
en las 6pocas tenebrosas en que la han manchado las de-
bilidades y las discordias de sus hijos, el objeto sagrado
del amor y de la ternura de todo argentino. Ninguna solu-
ci6n, pues, A las cuestiones de hecho admitiremos volunta-
riamente que divida y fraccione la Repiblica en dos 6 mAs
parcialidades.
Las disensiones principian casi siempre entire nosotros
por motives frivolos, bajo pretextos de justicia que ocul-
tan 6 ennoblecen intereses personales. Las pasiones locales
apoyan estas disidencias, haciendo causa propia y pfblica
lo que al principio fu6 causa extrafia 6 individual; el tiempo
pasa, la victoria decide ciegamente, la obstinaci6n de las
pasiones sanciona lo que la victoria ha efectuado, y un dia





LAS CIENTO Y UNA


nuestros hijos se encuentran victims de hechos calamito-
sos pero fatales en que no tuvieron parte, y el territorio di-
vidido, v las mAs bellas fracciones de 61 extrafiadas de la
uni6n argentina; y por las vicisitudes de los tiempos nues-
tros hijos y hermanos antes echados en el ndimero de nues-
tros enemigos, trabajando en nuestro dafo. No tuvieron otro
origen las segregaciones de la Banda Oriental y del Para-
guay, que hemos ido A regar despu6s con sangre inttil, para
poner remedio tardio A males que otros nos legaron.
Un punto delicado era precise tocar, y sin amedrentar-
nos lo vidrioso de las circunstancias, ni los peligros de la
situaci6n, lo hemos tocado con mano firme, aunque con la
debida prudencia. Hablamos del pacto 6 acuerdo de San
NicolAs, que es la manzana de la discordia, y el punto de
partida de la desagregaci6n argentina. Algunos de entire
nosotros profesan la doctrine de que aquel pacto es nulo y
atentatorio por mAs de un titulo. Nosotros nos hemos abs-
tenido de manifestar colectivamente ideas tan absolutas;
pero crevendo necesario, indispensable, inevitable pronun-
cirnos sobre punto tan capital, no hemos vacilado un mo-
mento en declarar, conforme A nuestra ciencia y conciencia
del derecho plblico, seguido y aceptado por toda la cris-
tiandad, que dicho pacto c(no es en derecho un acto consu-
mado, desde que una de las parties contratantes no lo sus-
cribi6, y que, por tanto, cualesquiera que sean sus ventajas 6
desventajas, la existencia de este pacto no debe ser mirada co-
mo obstAculo para nuevos convenios 6 la adopci6n de nuevas
bases que concilien los intereses divergentes, ni una bandera
para que en pro ni en contra se ensangriente de nuevo la Re-
p6blican; siempre teniendo en vista la unidad territorial, y
que todas las soluciones que hayan de darse las cuestiones
presents se circunscriban en esta esfera, de cuyos limits no
puede, A nuestro juicio, salirse sin crime, sin preparar ca-
lamidades para el future, A saber: la constituci6n de la Re-
p6blica, bajo la forma mejor que estime la mayoria de los
argentinos, representada en congress soberano constituyen-
te, en un solo cuerpo de naci6n, una, indivisible, de ma-
nera que en sus extremes 6 en el centro, en las provincias 6
en Buenos Aires tengamos, ahora y siempre, derecho de lla-
marnos argentinos, solidarios de las glorias pasadas de la





OBRAS DE SARMIENTO


Reptiblica, responsables de sus desaciertos y victims de sus
quebrantos.
Los demis articulos complementarios de nuestras bases
son s6lo la reproducci6n de los sentimientos comunes a to-
dos los argentinos; la consignaci6n de principios de igual-
dad commercial que estin ya de hecho y de derecho incorpo-
rados en nuestro derecho piblico; el alejamiento de la dis-
cusi6n de intereses tan nobles, tan delicados v tan premio-
sos, de toda coacci6n por las armas, por la negaci6n de li-
bertad A las opinions contrarias, y por el depravado recurso
de suscitar las preocupaciones locales, ensafiando a pue-
blos ilusos unos contra otros, para estorbar que se entien-
dan, se expliquen y arriben A anudar pacificamente sus ne-
cesarios 6 indisolubles vinculos de hermandad y nacionalidad
argentina.
En fin, compatriotas, deudos y amigos, A quienes nos
dirigimos: hemos creido ponernos en la situaci6n de hom-
bres A quienes se les pide un consejo, garantido por su re-
putaci6n present y future de patriots honrados, por la
continuaci6n de los servicios rendidos A la patria por algu-
nos, por los titulos de suficiencia de otros, y hemos dado
este consejo tomando toda nuestra parte de responsabilidad
en sus consecuencias, y ofreciendo nuestro concurso perso-
nal para hacerlo efectivo. Si la imperfecci6n inherente A nues-
tros juicios se ha manifestado en este acto, que Dios y la
patria nos lo perdonen; si no, ayudadnos con vuestra apro-
baci6n, con vuestro concurso para llevarlo A cabo. Somos
todos instruments mezquinos de la Providencia para la rea-
lizaci6n de sus designios. Por ligero que sea el peso de cada
uno de nosotros en los destinos de nuestra patria, de las
cuestiones pendientes hoy, dirigidas y sostenidas por hom-
bres como nosotros, van A surgir, sin embargo, hechos que
tomarin su lugar en la historic, y traerAn bienes 6 males de
infinita trascendencia, y 6stos sin cura ni remedio para las
generaciones venideras.
Tanta franqueza de nuestra parte, deseo tan vivo de co-
operaci6n como el que manifestamos, y prop6sitos tan cla-
ros, nos dan derechos a esperar de la sinceridad, indulgencia
y sentimientos personales de nuestros compatriotas la de-
cisi6n franca, que solicitamos como miembros de una fa-
milia.





LAS CIENTO Y UNA


Aprovechamos esta ocasidn de ofrecer a nuestros com-
patriotas, deudos y amigos de... la manifestaci6n sincera de
nuestros sentimientos de confraternidad como hombres y
como argentinos.

Juan Gregorio de Las Heras.-Gabriel Ocam-
po.-D. F. Sarmiento.-j]an Godov.




MANIFESTACION DE LOS ARCENTINOS EN SANTIACO



Los abajo firmados, argentinos residents en Santiago
de Chile, vivamente interesados en la suerte de su patria,
amenazada en este moment de una nueva crisis, por la se-
paraci6n de los negocios ptblicos de la persona del general
Urquiza, y el pronunciamiento armado de la provincia de
Buenos Aires contra los actos, autoridades v political ema-
nados del pacto celebrado en San Nicolas entire los goberna-
dores provinciales, han acordado, despues de madura deli-
beraci6n, firmar la present manifestaci6n i fin de interpo-
ner sus ruegos para ante los pueblos y gobiernos argentinos,
en nombre de antiguos servicios de muchos de entire ellos a
la causa de la libertad americana, de las canas de otros, de
las dignidades que condecoran 4 algunos, y, en general, en
nombre del sentimiento comtin a todos de patriotism, A fin
de que en las circunstancias dificiles en que se encuentran
no se dejen arrastrar por pasiones de localidad, por el deseo
mismo de levar rapidamente la organizaci6n 4 cabo, por
sugestiones que, aunque bien intencionadas, pueden partir
de hechos 6 mal comprendidos 6 mal comunicados. De la
guerra civil, de la violencia, no puede aprovechar sino la
tirania. Los habitantes de Buenos Aires son argentinos co-
mo sus hermanos de las provincias, y a menos que la pasada
tirania sea restablecida para sofocar la opinion piblica, los
hombres eminentes de Buenos Aires, sus publicistas mis
acreditados, etc., son argentinos ante todo. Los Debates,
El Nacional dan fe ptiblica de ello. La constituci6n no ha
de ser la obra de las armas ni de la violencia; su discusi6n,





OBRAS DE SARMIENTO


su adopci6n require tranquilidad en los espiritus, paz en
la Repiblica, libertad en las provincias, y el alejamiento de
toda coacci6n, de toda irritaci6n in6til.
Otra linea de conduct, otro espiritu, no traeria por resul-
tado sino la interrupci6n de las relaciones comerciales, la
division territorial, la desmembraci6n y la ruina total, no
s6o1 de toda esperanza de organizaci6n, sino la destrucci6n
de la industrial y el desbordamiento de las pasiones, en el
moment mismo en que el mundo espera vernos presentar-
nos dignamente entire las families de las naciones libres, fe-
lices y constituidas.
Si, pues, han caducado los acuerdos de San NicolAs, si
unos hombres han sucumbido en la ruda obra de nuestra
organizaci6n, otros medios, otros caminos que sugerira la
prudencia y otros hombres que sefialarin la opinion 6 las
circunstancias, pondrAn su contingent de sacrificios, de
esfuerzos, de abnegaci6n para llevarla A cabo. Es el por-
venir de nuestras families, es la dicha, la libertad de todos
lo que va A establecerse y consolidarse, y ninguna conside-
raci6n del moment ha de hacerse superior A aquel supremo
interns, ni A ning6n hombre ni a ninguna provincia se ha de
adjudicar ni el derecho ni el encargo de constituirnos.
Que la paz reine en todos los Angulos de la Repiblica,
que el orden en cada provincial asegure la libertad de todos
y que las armas sean depuestas para dar lugar A la delibe-
raci6n tranquila, A los convenios nuevos, A arreglos amis-
tosos entire hermanos.
Estos son los votos de los argentinos que alli resident.

Santiago, Octubre 19 de 1852 (11.




BASES presentadas por la comisi6n de redacci6n nombrada al efecto
y adoptadas por los argentinos residents en Santiago


Los abajo firmados, comisionados por sus compatriotas
residents en Santiago para que fijasen las bases sobre las

(1) Siguen las firmas publicadas en el tomo VIII, pagina 46.





LAS CIENTO Y UNA


cuales, dejando a cada individuo la libertad de acci6n y la
opinion particular que pueda formarse sobre la march de
los acontecimientos que tienen lugar en nuestro pais, ha-
brian de hacker concurrir sus esfuerzos, su inteligencia y sus
deseos en comnm, en nombre de la patria, y de la confrater-
nidad argentina; y versindose las cuestiones actuales sobre
hechos que se prestan a interpretaciones diversas, de las cua-
les puede nacer la division entire los pueblos argentinos, la
guerra misma y la frustraci6n de las esperanzas de organi-
zaci6n que nos han sostenido en medio de tantas vicisitudes
y contratiempos, hemos convenido, despues de maduros y
prolongados debates, fijar los puntos principles que deja-
mos consignados en los articulos siguientes:
I.o Entendemos v debemos entender por organizacidn
nacional el convenio mutuo, las concesiones reciprocas, por
las cuales las provincias argentinas, debidamente representa-
das en Congreso Soberano Constituyente, reuniendose en un
cuerpo de naci6n que lleve el nombre glorioso que nuestros
padres nos legaron, se constituyan segfn los principios y
las formas que emanan del derecho com6n, y no nos ha-
gan una excepci6n, 6 una anomalia entire las naciones cons-
tituidas.
2.0 En consecuencia de esto debemos rechazar con todas
nuestras fuerzas, y reunir nuestra acci6n colectiva, a fin de
impedir, en la esfera de nuestra capacidad, toda tentative,
toda tendencia A poner en riesgo la unidad territorial, ya
por la desmembraci6n de una 6 mAs provincias, ya por la
division en dos repiiblicas, aunAndose en un cuerpo las
provincias, v Buenos Aires en otro.
3. Para llegar al fin deseado de organizarnos en un
cuerpo de naci6n, e ilustrar el juicio v dirigirlo al bien de
los pueblos, debemos aconsejar A los que ejerzan autori-
dad que propendan A mantener la paz en la Rep6blica, en-
cerrAndose los gobiernos en los limits de sus jurisdiccio-
nes, y respetando los derechos de las otras provincias, per-
*mitiendo la libre circulaci6n de escritos, que, sin faltar A
las leaves ordinarias, debatan el pro y el contra de las cues-
tiones que se agitan, relatives a la organizaci6n national.
4.- Que los argentinos residents aqui, y A su ejemplo
y amonestaci6n los escritores y publicistas que se propon-
gan ilustrar la opinion p6blica, huyan, como del uso de





OBRAS DE SAIXL1IENTO


una arma vedada, de concitar los celos de unas provincias
con otras, y de desviar la opinion publica del objeto pri-
mordial, que es constituirnos en un cuerpo de naci6n, v
para ello la pr6xima f inmediata convocaci6n de un Sobe-
rano Congreso Constituvente.
5.0 Que para mejor fijar estos puntos debemos declarar
que el convenio de San Nicol6s no es en derecho un acto
consumado, desde que una de las parties contratantes no
lo suscribi6; y que, por tanto, cualesquiera que sean sus
ventajas 6 desventajas, la existencia de este pacto no debe
ser mirada como obstAculo para nuevos convenios, 6 la adop-
ci6n de nuevas bases que concilien los interests divergen-
tes, ni una bandera para que en pro ni en contra vuelva A
ensangrentarse la Replblica.
6.0 Que la navegaci6n libre de los rios y la nacionaliza-
ci6n de las aduanas exteriores deben considerarse como prin-
cipios incorporados en el derecho national argentino, y no
cuestionados por nadie.
7.0. Que estos puntos primordiales sean sometidos A la
consideraci6n de los argentinos residents en Santiago, v
demAs puntos de la Rep6blica de Chile, como asimismo a
nuestros compatriotas de cada una de las provincias, A fin
de uniformar la opinion sobre puntos que, mal compren-
didos, pueden acarrear consecuencias de infinita trascen-
dencia, con desdoro de nuestro nombre en el exterior, harto
abatido por los pasados extravios, y digno del menosprecio
si, no obstante tan terrible lecciones, a6n di6semos nuevos
motives de escAndalo.
Tales son las conclusions A que la comisi6n ha arribado
y que somete A la consideraci6n de sus comitentes para que
se dignen resolver lo que juzguen convenient.

J. Gregorio de Las Heras.-Gabriel Ocampo.
-D. F. Sarmiento.-Juan Godoy.




Santiago, Octubre 29 de 1852.

Leido el informed de la comisi6n que precede ante los
argentinos convocados al efecto, y aprobadas en todas sus






LAS CIENTO Y UNA 93

parties las bases propuestas v las conclusions de la comi-
si6n, las suscribieron los presents, disponiendo se trans-
mitiese copia A los diversos puntos donde resident argentinos
para solicitar su adhesi6n.

Juan Gregorio de Las Heras.-Gabriel Ocam-
po.--uan Godoy.-D. F. Sarmiento.
(Siguen las firmas.)




CORRESPONDENCIA

Copiap6, Septiembre 9 de 1852.
Amigo estimado:


...Ayer hubo una reunion de argentinos i que no concurri6 gran ni-
mero. La opinion fu6 uninime. San Roman da cuenta ahora de ello d
Valparaiso y dice que:
Se ha hallado la acta buena (la del Club), pero innecesaria porque
en sus terminos vagos y generals d nada puede conducir sino i ex-
presar el anhelo de la emigraci6n argentina en Chile por la constitu-
ci6n de su pais, cosa conocida y comprobada con cien hechos, particu-
larmente por la emigraci6n de Copiap6;
Que si se le da a dicha acta algtin sentido practice y precise se ha
de interpreter como una adhesion A lo que ahora estd pasando en el
Rio de la Plata;
Que ese es, efectivamente, su valor, pues la nota con que se la
acompafia lo dice expresamente;
Que los presents consideran imprudente dar desde luego tal apro-
baci6n, pues no tenemos informes bastantes para discernir si el ani-
quilamiento del gobierno y representaci6n de Buenos Aires merece
excusarse, 6 es un grande, criminal y escandaloso atentado sin excusa;
Que, por consiguiente, niegan su concurrencia.
El doctor Rodriguez propone el nombramiento de tres personas
que redacten un plan sencillo de asociaci6n de los emigrados para
star a la mira de cuanto se refiere d intereses argentinos. Esta idea
se adopt. Los nombrados fueron Ocampo, el autor y yo.
Por ahora nada mds ocurre. Siempre suyo,
Domingo de Oro.






OBRAS DE SARMIENTO


Seior don...
Santiago, 31 de Octubre de 1852.

Mi estimado amigo:


A pesar de que hoy mismo no estoy capaz de soportar el peso de la
pluma, voy a responder a su estimable de ayer. La importancia de su
contenido reclama un esfuerzo de mi parte, y es precise que la con-
testaci6n no se haga esperar much.
Para que usted pueda former concept de lo que he dicho en la
reunion argentina del 28 de este mes, recordard los antecedentes de mi
alocuci6n con la misma franqueza y libertad con que digo siempre lo
que siento en cualquier material que sea.
Nuestro amigo y compafiero don Martin Zapata fu6 el primero que
me anunci6 la formaci6n del Club Argentino de esta ciudad; y al dar-
me esta noticia me exhibit la acta orginica que contiene el program
de sus trabajos. Entusiasmado hasta el extreme dije A Zapata que esta-
ba tan de acuerdo con las ideas y miras del Club, que me felicitaba de
que mi firma fuera la primera que se habia obtenido en Santiago. To-
m6 entonces la acta y la suscribi con toda la emoci6n y calor de mi
alma; y mi adhesi6n fu6 tan reflexionada y concienzuda que he di-
cho, y repetir6 de nuevo, que firmaria mil veces actas semejantes si
fuera necesario hacerlo.
Despu6s de vista y firmada la acta lei una circular del Club que,
pareci6ndome muy mal, vino a resfriar el entusiasmo con que habia
suscrito aquel document. Crei ver en ella un pronunciamiento ex-
temporaneo y poco meditado acerca del golpe de estado del general
Urquiza, un pronunciamiento que desviaba al Club del camino que
se habia trazado en su program; y entonces manifesto i Zapata mi
desaprobaci6n sin ninguna especie de reserve, rogAndole empefiara
todo su valimiento para que se recogiera esa pieza que, a mi juicio,
iba A desmoralizar los trabajos con que el Club se proponia cooperar
d la organizaci6n de la Repdblica. Dos 6 tres amigos con quienes ha-
bl sobre el particular pensaron como yo, pero nos abstuvimos de di-
fundir esta idea por no impedir la adhesion que se buscaba entire los
argentinos residents aqui.
No obstante la mala impresi6n que me hizo la circular proclam6
por patriotism la necesidad de firmar la acta; y con este motive tuve
la ocasi6n de notar que habia argentinos que no querian prestar su
adhesion, unos porque temian que el Club se desviara de su progra-
ma, y otros porque, atendida su organizaci6n, preveian que preten-
deria imponerles sus convicciones sin consultar las de la mayoria de
los emigrados.






LAS CIENTO Y UNA


Este es el cuadro compendiado pero fiel de lo poco que he hecho
y dicho desde que vi y suscribi la acta hasta que lleg6 la noticia de la
revolucidn del ii de Septiembre uiltimo.
Despuds de conocido este suceso yo me abstuve de juzgarlo; y siem-
pre que fui interrogado A este respect contest: que no me considera-
ba en aptitud de pronunciar mi juicio; que lo daria cuando tuviera da-
tos que me revelasen las tendencies de este movimiento; y que enten-
dia que los argentinos emigrados, sean cuales fuesen sus opinions,
debian guardar silencio acerca de ese suceso y limitarse 6 hacer valer
su influjo moral en favor de la organizaci6n de la Reptiblica, de la fu-
si6n de los partidos, etc., etc., etc.
Ese movimiento inspired la idea de la reunion del 19 del corriente.
Yo no asisti a ella, d pesar de haber sido invitado, porque me encon-
traba enfermo; pero al siguiente dia me remiti6 don Domingo F. Sar-
miento la acta que habian levantado los concurrentes, y no tuve in-
conveniente alguno en suscribirla. Yo no vi en ella un program ni
cosa que se opusiera al del Club de Valparaiso que habia aceptado con
tanta espontaneidad: la consider como la mera manifestacidn de un
voto noble, generoso y patri6tico por la uni6n de los argentinos que,
a consecuencia de aquel suceso, aparecian en desacuerdo y dispues-
tos d buscar en el campo de batalla la soluci6n de las grandes difi-
cultades que habian surgido en nuestro pais; y no trepidd un instan-
te en unir mi nombre al de otros argentinos que valen mis que yo,
bien seguro de que por este acto no renegaba de los principios que
habian proclamado mis compatriotas de Valparaiso.
Supe muy luego que la mayor parte de 6stos rehusaba suscribir la
acta de los argentinos de Santiago, y hasta ahora no he podido expli-
carme de una manera plausible los motives de esa negative. Era qui-
zA un despique contra los que no se habian adherido a la acta orgini-
ca de ese Club 6 el efecto del convencimiento intimo de que sin Urqui-
za no podia conseguirse Ia organizaci6n national porque todos sus-
piramos pero sea de esto lo que fuere, yo la recibi con un profundo
desagrado, no por un ciego espiritu de intolerancia, sino porque la
mir6 como un sintoma seguro de una funesta disidencia entire los
emigrados argentinos.
Me encontraba bajo el imperio de esas ideas y sentimientos cuan-
do apareci6 la circular del 19 y principiaron a ver la luz pliblica los
articulos de El Diario, en que se ha atacado el movimiento de Buenos
Aires, sosteniendo la vigencia del pacto de San Nicolds respect de
esa provincia. 6 impugnado el manifesto de la Sala de Representan-
tes de la misma. Yo y various argentinos respetables, con quienes he
conferenciado acerca de esa circular y publicaciones, las hemos cali-
ficado de eversivas del program del Club de Valparaiso y propias ini-
camente para abanderizar la emigracidn argentina, alimentar los odios
de partido, obrar una deplorable division entire los hombres que han






OBRAS DE SARMIENTO


derrocado la tirania, ensangrentar la Repdblica y alejarnos 6 una dis-
tancia inconmensurable del punto en que nos habia colocado la vic-
toria de Monte Caseros; y, debo confesarlo sin rubor, he reprobado
esa manifestacidn y articulos con toda la fuerza de mi conciencia y la
energia que inspiran el patriotism y el ardiente deseo de que los
emigrados no aparezcan como el vivo reflejo de la anarquia que ha
desolado tantas veces la Repiblica Argentina.
Esas publicaciones nada tenian de particular consideradas como la
opinion de un hombre aislado; pero eran para mi muy graves y alar-
mantes como juicios definitivos 6 irrevocables de una asociacidn de
emigrados acerca de nuestra situacidn, de nuestras esperanzas y de
las importantes cuestiones que se agitan A las orillas del Plata. Peno-
so me era suponer que el Club de Valparaiso autorizaba unas publi-
caciones en que se exhiben las llagas que infestan nuestra sociedad;
sin embargo, se repiti6 y asegur6 generalmente que eran subvenciona-
das por el Club, suscrito al crecido ndmero de ejemplares de El Dia-
rio que se hace circular en las provincias transandinas, y no faltaron
argentinos que las tomaran como producciones de plumas compro-
metidas 6 sostener la persona y tendencies del general Urquiza.
No debo ocultarle que crei a pie firme que esas publicaciones expre-
saban las opinions del Club, y, por lo tanto, crei tambidn que este
habia abandonado su noble, hermoso y patri6tico program y adopta-
do otro feo, mezquino y personal. Poseido de esta idea, como lo esta-
ban todos los argentinos con quienes habia hablado, pens6 que era de
absolute necesidad poner todos los medios que estuvieran en nuestras
manos para hacer cesar esas publicaciones que A mi entender iban a
producer grandes males en las provincias argentinas. Dominado de
este pensamiento indiqu6 A mi amigo el senior Barafiao en la mafiana
del 28 la urgencia de una reunion de argentinos para conferenciar
y acordar algo acerca de tan important negocio, agregindole que
creia oportuno invitar A ella al senior Lamarca, secretario del Club de
Valparaiso, para que pudiera conocer y transmitir las opinions de los
argentinos en Santiago, y contribuir con su influjo 6 ponernos de
acuerdo acerca de la conduct que debia observer la emigracidn en
la dificil posicidn en que se encuentra la Repdblica Argentina. El
senior Barafiao acogi6 mi idea, y me manifest entonces que, abun-
dando en mi sentido, habia dado algunos pass para que se verificara
la reunion proyectada. Ella tuvo lugar el 28 de este mes en una de
las salas del Hotel Ingles.
Abierta la sesi6n se did cuenta del objeto con que habian sido con-
vocados los concurrentes, y se concluyd proponiendo el nombramiento
de una comisi6n que fuera 6 entenderse con el Club argentino de Val-
paraiso para hacer cesar los ataques dirigidos al movimiento de Bue-
nos Aires y acordar la linea de conduct que debia seguir la emigra-
ci6n argentina en las actuales circunstancias. No recuerdo con fijeza






LAS CIENTO Y UNA


y claridad si tambi6n hubo una proposici6n formal para la organiza-
ci6n de un Club Argentino en Santiago, pero entiendo que algo se dijo
a este respect por el giro que di al discurso que pronunci6, Ilegado
que fu6 mi turno.
Dificil me es reproducir las ideas que verti en mi breve alocuci6n,
pero har6 por indicarle los puntos capitals que abraz6 para que
pueda usted apreciar las palabras que tanto lo han alarmado.
Acogi de piano la idea de una comisi6n cerca del Club Argentino
de Valparaiso, y justifiqud hasta donde pude la oportunidad de su
adopci6n. Acogi tambi6n la de reunir nuestros esfuerzos para coope-
rar a la realizacidn de la grande obra de nuestra constituci6n, y agre-
gud que estaba resuelto 6 no contraer compromise alguno mientras
no conociera en sus detalles el program del Club propuesto, porque
no queria trabajar en beneficio de persona nacida sino en provecho
de los intereses nacionales.
En la amp'lificaci6n de estos pensamientos, insist fuertemente en
la necesidad de darnos un credo politico y dije poco mAs 6 menos:
Que deseaba conocer bien los principios y designios del Club para
adherirme 6 no a ellos con aquella libertad agreste que habia conser-
vado lejos del alcance de la tirania de mi pais; que habia suscrito con
el mayor placer y entusiasmo el program del Club de Valparaiso y
que firmaria sin hesitaci6n todos cuantos contuviesen las mismas ideas
y prop6sitos: que me habria cortado la mano antes que firmarlo, si
hubiera previsto que e1 nos arrastraba a sostener otros interests que
los de la Repsiblica: y que entendia que la emigraci6n no debia pro-
nunciar juicio alguno entire el general Urquiza y la provincia de Bue-
nos Aires, sino emplear todos sus medios de acci6n para conciliar los
inimos y hacerlos marchar unidos a la organizaci6n del pais.
Yo conclui mi discurso proponiendo el nombramiento de una co-
misi6n que redactara las bases del program, y no recuerdo bien si
al hablar de esta comisi6n 6 de la que debia ir 6 Valparaiso rechac6 la
idea de excluir a los portefios, fundado en que no debiamos dar un
ejemplo contrario 6 las sanas ideas que tratibamos de inculcar en el
espiritu de nuestros compatriotas.
Mi propuesta fud admitida, y, en consecuencia, ,fu nombrada la
comisi6n para la redaccidn del program. Resultaron electos para
componerla los sefiores Las Heras, Sarmiento; Godoy y yo; y reuni-
dos al siguiente dia en casa del primero acordaron el program apro-
bado en la reuni6n del 29.
En la discusi6n de la comisi6n yo me empefid en que se consigna-
ra un articulo por el cual los argentinos de Santiago se comprometian
i no pronunciar juicio alguno sobre la validez 6 nulidad del pacto
de San Nicol6s, ni sobre la justicia 6 injusticia del movimiento del i
de Septiembre, sin perjuicio de que cada uno sostuviera, en su caric-
ter privado, las opinions que fueren de su grado; y si no obtuve la

TOMO xv.-7






98 OBRAS DE SARMIENTO

plena admisi6n de estas ideas, consegui, al menos, todo lo que 4 mi
juicio bastaba para alejar los peligros que ofrecen esas cuestiones, y
evitar se pretend hacernos responsables solidariamente de las obras
y pensamientos de este 6 aquel emigrado. Usted verd consignadas
estas ideas en el program y al mismo tiempo hallard expresado el
sentimiento que me ha dominado en estos iltimos dias, a saber: que
el pacto de San Nicolis no puede ser un obstdculo a nuevos arre-
glos entire las provincias disidentes ni un pretexto para ensangrentar
la Rep6blica.
He delineado ya, aunque muy 4 la ligera, todo cuanto he hecho y
dicho desde que firm la acta del Club de Valparaiso hasta que sus-
cribi, como miembro de la comisi6n, el program del de Santiago; y,
por consiguiente, usted se encuentra en situaci6n de apreciar bien lo
que important las palabras que me transcribe.
No soy hombre capaz de recoger lo que he dicho con meditaci6n,
pero tampoco lo soy de aceptar en silencio las versions y glosas que
se quiera hacer de mis palabras. He hablado de publicaciones que me
han llenado de indignaci6n, porque las he visto como la tea destinada
i encender el fuego de la discordia; he elogiado el program del club
de Valparaiso, porque lo he considerado como la expresi6n fiel del
mds acendrado patriotism acerca de las verdaderas necesidades de
nuestro pais; y si he dicho que me habria cortado la mano antes que
firmarlo no ha sido en odio de los sentimientos que 61 contiene, sino
en just reprobaci6n de la manera con que los veia desenvueltos en
los articulos de El Diario y de las aplicaciones practices que de ellas
se hacia A vista y presencia del Club en un peri6dico subvencionado
por 61.
Esto es todo lo que hay y ha habido por mi parte; y si usted en-
cuentra en ello equivocaciones de concept, seguro estoy de que ha-
llard tambi6n franqueza y patriotism, y, sobre todo, ausencia del de-
seo 6 intenci6n de ofender a persona alguna. En discusiones de esta
clase s61o punza y hiere el que quiere remover de su camino los obs-
tdculos que se le presentan; y por fortune yo no veo entire mis com-
patriotas uno que pueda impedir el cumplimiento del prop6sito que
tengo de vivir y morir olvidado de los que mandan y hacienda todo el
bien que pueda dentro del estrecho circulo en que me muevo.
Despu6s de estas explicaciones usted me permitiri decirle que nun-
ca he pretendido imponer 4 usted ni 4 persona alguna con mi pobre
nombre ni con mis protests y declaraciones. S6 que nada valgo;
y este convencimiento, unido d la independencia de mi caricter, me
han retraido siempre de buscar pros6litos aun entire mis allegados y
amigos. Dejo que cada uno piense como mejor le parezca, porque s61o
A este titulo podria exigir que se respeten mis opinions. Nadie mejor
que usted conoce mi moderaci6n y tolerancia. He disentido muchas
veces de su modo de ver en political; pero jamis se lo he manifestado





LAS CIENTO Y UNA


con el aire del mando 6 el tono del magisterio, y, lo que es mis, ja-
mis he tentado violar el santuario de sus convicciones por mas que
las haya creido en oposici6n con las mias.
Me he detenido en esta contestaci6n por darle una muestra de la
consideraci6n que me deben usted, mis parientes y todos los argenti-
nos que forman el Club de Valparaiso. El process queda ya en sus
manos; y al abandonArselo no llevard usted a mal le diga que la sa-
nidad de mis palabras y la nobleza de los motives que me las inspira-
ron me hacen esperar que el fallo de mis compatriotas sensatos reco-
noceri la pureza de las intenciones de su amigo y compafiero
Gabriel Ocampo.




LOS ARCENTINOS



Este es nuestro titulo, nuestro derecho, nuestro pasa-
porte y nuestra justificaci6n. Qui6nes sino los argentinos
pueden hablar de las cosas de su patria? ; Y esta patria
c6mo se llama ? i Confederaci6n Argentina ? Llam61a el Con-
greso de TucumAn Provincias Unidas del Plata en 1816.
i Provincias Unidas del Rio de la Plata! Amarga ironia que
los restos dilacerados del magnifico y extenso virreinato de
Buenos Aires lanzan al mundo va para medio siglo en me-
dio de las convulsiones de una agonia eterna. Parece que
la vergiienza de llevar tal nombre ha hecho que sucesiva-
mente se Ilame A aquella porci6n de tierra Repiblica y Con-
federaci6n Argentina. Nosotros no discutiremos la opor-
tunidad ni la legitimidad de tales titulos. Resucitamos el
antiguo nombre por revelarse en 1l el objeto de estas pi-
ginas: propender A la uni6n de todas las provincias argen-
tinas. Provincias Unidas del Rio de la Plata fu6 para nues-
tros padres el contrapeso que en la historic del mundo pon-
dria la Amdrica del Sur al ya glorioso nombre de Estados
Unidos de Norte Amdrica. Los Estados Unidos han mar-
chado de prosperidad en prosperidad, hasta hacerse la pri-
mera naci6n del mundo por sus riquezas, su libertad y su
ilustraci6n. Partidas de la otra extremidad de la America,
las Provincias Unidas han retrogradado A tiempos que para





OBRAS DE SARMIENTO


otras naciones ya pasaron, y sus desgracias, su pobreza v
sus des6rdenes las hacen la fabula y la desesperaci6n del
mundo. ; Lo que se crey6 que iba A ser el eco que repetia
la voz, fu6 s6lo un gemido; el imulo fu6 la antitesis; y
lo que se creia imitaci6n, parodia, vergtienza, farsa san-
grienta... !!!
Provincias Unidas repetiremos nosotros ahora que la
desunidn amenaza sumirlas en un nuevo caos, peor, si cabe,
que el que le ha precedido. Provincias Unidas diremos a
Buenos Aires, cualesquiera que sean los partidos que diri-
jan su political. Provincias Unidas diremos A las provincias
del interior que se aunan para conseguir acaso el mismo
fin, aunque por medios que las alejan mis y mis de su
objeto.
He aquf la importancia del olvidado y glorioso nombre
que hemos ido A desenterrar de entire el polvo de los ar-
chivos de nuestra pasada historic.
La instalaci6n del Congreso Nacional tenia por santo
objeto poner por base de esta suspirada uni6n instituciones
consentidas por todos los pueblos, libremente discutidas por
los representantes de la naci6n. Estamos en 1852 en la mis-
ma situaci6n en que el Congreso de 1816, convocado en
TucumAn, pronunciaba sobre los medios de conseguir estas
solemnes palabras:
((Si: el medio tunico y principal. Es forzoso persuadirse
de una verdad que es un dogma politico dictado por la raz6n
y sancionado por la experiencia. Divididas las provincias,
desunidos los pueblos, y aun los mismos ciudadanos por
unos principios, que si no es fAcil analizar, es un deber po-
litico ocultar bajo el velo de un silencio religioso; rotos los
lazos de la uni6n social; inutilizados los resorts todos para
mover la mAquina, que di6 algunos pasos hacia nuestra li-
bertad, pero retrograd6 sucesivamente al impulse de las
pasiones; minada la opinion p6blica; erigidos los gobier-
nos sobre bases d6biles y viciosas; chocando entire si los in-
tereses comunes y particulares de los pueblos; negAndose
algunos al reconocimiento de una autoridad comin que fijase
sus deberes y terminase de un modo imponente sus que-
rellas; en diametral oposici6n las opinions; convertidos en
dogmas los principios mAs distantes del bien comin; ener-
vadas las fuerzas del Estado; agotadas las fuentes de la





L S CIENTO Y UNA


public prosperidad; paralizados los arbitrios para darles
un curso convenient; pujante en gran parte el vicio, y ex-
tinguidas las virtudes sociales, 6 por no conocidas, 6 por
irreconciliables con el sistema de una libertad mal enten-
dida; conducidos, en fin, los pueblos por unos senderos
extrafios, pero anAlogos A tan funestos principios, A una
espantosa anarquia, mal el mAs digno de temerse en el curso
de una revoluci6n iniciada sin meditados planes, sin cAlculo
en sus progress, y sin una prudent previsi6n de sus fines,
, qu6 dique mas poderoso podia oponerse A este torrente de
males politicos que amenazaban absorber la patria y sepul-
tarla en sus ruinas, que la instalaci6n de un gobierno que
salvase la unidad de las provincias, conciliase su voluntad
y reuniese los votos concentrando en si el poder? A este
unico recurso han apelado los reinos, las repliblicas, los
pueblos del orbe conocido, cualquiera que haya sido el ca-
rActer de su gobierno politico, en los moments de una di-
visi6n que iba A desquiciar las bases de su existencia.
"i Pueblos de las Provincias Unidas! Vosotros habeis
reclamado mAs de una vez este 6nico puerto de salvaci6n
en la inminencia de vuestros riesgos. Una amarga expe-
riencia os ha hecho ver la ineptitud del powder arbitrario, la
inercia de la fuerza armada sin el apoyo de la autoridad re-
conocida uninimemente en los pueblos; la debilidad de los
mayores empefios sin el auxilio de la opinion, perdida por
la rivalidad reciproca de los que debian formarla, y que s61o
la concurrencia de las voluntades hacia el bien v el des-
prendimiento general con que las provincias han confiado
A las manos de sus representantes su autoridad y poder, po-
dra dar el mAs esforzado empuje A una causa que, A fuerza
de repetidos infortunios, se ha visto desgraciadamente al
borde del precipicio. Asi es que cuando los enemigos de ella
sefialen el moment de su ruina, y promuevan entire vos-
otros las agitaciones de la discordia civil, verAn A su pesar
al carro majestuoso de la patria rodar sobre un eje solo, y
despefiarse con mAs impetu y pujanza A arrollar de un golpe
todas las pretensiones, todas las esperanzas de sus inicuos
empenios. Tal es la brillante perspective que present A los
ojos imparciales el Soberano Congreso de las Provincias
Unidas del Rio de la Plata.),
Pero la esperanza eludida entonces, y que vuelve A ale-





OBRAS DE SARMIENTO


jArsenos ahora, nos mostraria, si fuese necesario todavia
demostraciones, que acaso la vehemencia del deseo es causa
de que se malogre el esfuerzo mismo. Ahora como entonces
se ha dado en vano ((mas esforzado empuje A una causa
que, A fuerza de repetidos infortunios, se ha visto desgra-
ciadamente al borde del precipicio,. Ahora como entonces
se ha querido ((arrollar de un golpe todas las pretensiones,
y las pretensiones han quedado subsistentes.
Un afio ha transcurrido desde la desaparici6n de la dic-
tadura ruinosa que pes6 veinte aflos sobre los pueblos argen-
tinos, y cada paso que con precipitaci6n se di6 para marchar
adelante, en lugar de allanar un obstaculo, levant6 otro
mAs formidable. Acaso si se hubiese tenido menos confianza
en el 6xito, si no se hubiesen querido saltar dos escalones
A la vez, para llegar mAs pronto, estariamos hoy mas cerca
del objeto que deseAbamos alcanzar.
En este estado de cosas, cuando los principios divergen-
tes que luchan en las provincias argentinas se robustecen
de cada lado, amenazando hacer cr6nica la lucha, y pro-
ducir el despotismo y la anarquia; cuando la fuerza ha sido
impotente y la coercion infitil, algunos hijos de aquella tierra
hemos creido que llegaba el moment, no de interponer una
mediaci6n sin titulos y sin influencia, sino el concurso de
nuestras ideas en favor de los principios de nuestra predi-
lecci6n, ya para disipar las prevenciones contrarias, ya para
conciliarlas con los intereses adversos.
Que esta franqueza nos sirva de salvoconducto para lle-
gar A los oidos de aquellos mismos que disientan de nues-
tras opinions. Veinte afios hace que en nuestros paises se
fiscaliza el pensamiento, se le establecen cordones sanita-
rios, y se aspira A engafiar la conciencia pfiblica con una
aparente, pero falaz 6 impossible uniformidad de opinions.
Veinte afios ia Gaceta Mercantil y los decretos de los gober-
nadores repitieron, sin ser desmentidos, que todos los ac-
tos de persecuci6n eran la obra de la espontanea manifes-
taci6n de la opinion; y veinte afios de repetirlo trajeron por
un camino de guerras, de desolaci6n y de crimenes, la des-
trucci6n de ese poder y la condenaci6n de todos esos hechos.
La libertad se la conoce por sus frutos y las instituciones
por su prActica. La constituci6n de un pais no es un folleto
escrito. La Francia se ha dado diez en menos de un siglo,




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