Obras de D.F. Sarmiento

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Material Information

Title:
Obras de D.F. Sarmiento
Physical Description:
53 v. : ; 25 cm.
Language:
Spanish
Creator:
Sarmiento, Domingo Faustino, 1811-1888
Montt, Luis, 1848-1909
Belin Sarmiento, Augusto, 1854-1952
Publisher:
Belin
Place of Publication:
Paris
Publication Date:

Subjects

Subjects / Keywords:
Education   ( lcsh )
Politics and government -- Argentina -- 1860-1910   ( lcsh )
Economic conditions -- Argentina   ( lcsh )
History -- Argentina -- 1860-1910   ( lcsh )
Genre:
non-fiction   ( marcgt )
Spatial Coverage:
Argentina

Notes

General Note:
Vol. 1-6 "reimpresion" 1909.
General Note:
Vols. 1-6 have imprint: Paris, Belin hermanos, 1909; v. 7-49: Buenos Aires, Impr. "Mariano Moreno" 1895-1900 (v. 7, 1896); v. 50-52: Buenos Aires, Marquez, Zaragoza y cia., 1902; v. 53: Buenos Aires, Impr. Borzone, 1903.
General Note:
Vols. 1-7 comp. by Luis Montt ; v. 8-52 and index comp. and ed. by A. Belin Sarmiento. Cf. "Advertencia"," v. 1.
General Note:
Vols. 7-52 "publicadas bajo los auspicios del govierno arjentino."

Record Information

Source Institution:
University of Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
oclc - 04759098
ocm04759098
Classification:
ddc - 982
System ID:
AA00010664:00013


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OBRAS

DE



D. F. SARMIENTO


PUBLICADAS BAJO LOS AUSPICIOS DEL GOBIERNO
ARGENTINO




TOMO XIV

(Nu-ev- a edici6n)




EN EL
ETAECITO G-RANDE


BUENOS AIRES

LIBRERtA aLA FACULTADb, JUAN ROLDAN
436 FLORIDA 436
1913

















ADVERTENCIA DEL EDITOR


Desde 1851, la larga campafla emprendida diez
aflos antes contra Rosas por Sarmiento, tomaba un
nuevo giro. El tirano habia logrado enajenarse los
gobiernos de Corrientes y Entre Rios que empeza-
ban a reclamar el retire del encargo de las Rela-
ciones Exteriores depositado provisionalmente en
el Gobernador de Buenos Aires y de que 6ste se
habia apoderado para crear un gobierno monstruoso.
Habian fracasado las negociaciones entire las pro-
vincias litorales para ,(arreglar la navegaci6n de
los rfos y la organizaci6n del pafs>>, ante las exi-
gencias y el non vouloir del representante de Buenos
Aires.
Los escritos de Sarmiento, consignados en los
tomos VI y XIII de estas obras, se encaminaron d
discutir los problems econ6micos y demostrar 6 los
pueblos del interior su conveniencia en sacudir el
yugo. Las piezas que adquirieron mayor impor-
tancia en este orden de ideas fueron Argirdpolis y
una Presentaci6n A los Gobernadores. (Tomo XIII.)





OBRAS DE SARMIENTO


El pronunciamiento del General Urquiza era inmi-
nente y Sarmiento se preparaba A segundarlo en la
acci6n despu6s de haberle preparado el terreno con
sus escritos. El proyecto de Sarmiento era invadir
por su parte por el lado de Chile y desalojar la
tirania en las provincias cuyanas. Tenfa preparada
una expedici6n military, cuyos jefes debian ser Sar-
miento, Aquino, Alvarez y tal vez Mitre y Paunero,
con doscientos veterans de la Independencia ya
organizados y cuatrocientos sanjuaninos emigra-
dos. Pertrechos y dinero estaban prontos y s61o se
esperaba la oportunidad precisa para obrar. En esas
circunstancias fud A Chile el Dr. Guillermo Rawson,
joven que habia salido de las aulas de Buenos Aires
con inmensa reputaci6n de saber y posefa no poca
dosis de suficiencia. Visit6 a Sarmiento, que era el
centro, como el foco de la resistencia A Rosas, y
emple6 dos dias de discusi6n para disuadirle de
lo que llamaba , y cuenta Sar-
miento en sus Memorias (1) que al terminar la dis-
cusi6n, estrechAndole los brazos por las sangraderas,
le dijo: (Doctor, tiene Vd. la inteligencia de un
sabio alemdn; el coraz6n sano, pero rotos los bra-
zos... Vd. no harA nada en su vida!...
,Fud A Valparaiso y Copiap6, agrega, desmon-
tando los animos, burlandose del descabellado pro-
yecto, aventurando elsecreto, segin melo escribian,
y jactdndose de haberme hecho oir raz6n.
Proyecto cuya condici6n de 6xito estaba en el
secret, debia fracasar ante las indiscreciones del


(1) Indditas. Se publicarAn en uno de los vol(menes de estas obras.





INTRODUCCION


joven idealista y Aquino pereci6 asesinado en la
campaila de Caseros, como Alvarez en Tucumdn,
queriendo rendir el solo un batall6n enemigo, cuando
aquellas dos brillantes espadas hubiesen prestado
servicios incomparables en otro terreno. Los suce-
sos se hubiesen encaminado de otro modo, de reali-
zarse aquella campafia por Cuyo, que indudablemen-
te habria-tenido cumplido dxito sans coup f6rir, pues
el poder de Urquiza se hubiese hallado contrabalan-
ceado por aquel lado, su acuerdo de San Nicolas que
motive la revoluci6n del 11 de Septiembre hubiese
encontrado instruments menos d6ciles y las horri-
bles convulsions de que fud teatro San Juan, por
hallarse atrasada en las soluciones inevitable, no
se hubieran producido, ni sacrificado centenares de
victims, algunas ilustres.
En este libro se relata el viaje que hicieron 6 vela
por el Estrecho los comandantes Aquino, Paunero,
Mitre y Sarmiento, para incorporarse a Urquiza, la
1legada A Montevideo con su dramatica expectacidn
por ignorar lo sucedido en aquella plaza, asf como
las negociaciones y las desconfianzas que inspiraba
la polftica future del General Urquiza.
Pocas veces la historic tiene en cuenta los medios
con que se han conseguido grandes resultados, y asi-
mismo el tiempo relega al olvido los defects per-
sonales de los gra'ndes actors; pero deben tenerse
en cuenta esos defects si han influido en la con-
ducta de otros actors cuya historic se narra. Quizd
fuera necesario convenir en que la liberaci6n defi-
nitiva de la patria del yugo de la tirania perseguida
en vano durante tantos aflos por heroes como La-





OBRAS DE SARMIENTO


valle, Paz, Pacheco y Obes, La Madrid, por publi-
cistas como Sarmiento, Varela, Alsina, Mitre, Frias,
Alberdi, Marmol, Cand, G6mez, L6pez, Lamas, Te-
jedor, etc., no podia realizarse sino con instruments
adecuados al medio y que Urquiza resumia pode-
rosamente en su carActer. Por mrs que se deba
hacer honor al ilustre vencedor de Caseros de la
moderaci6n que adquiri6 con el tiempo, coadyuvan-
do A la uni6n national y respetando los gobiernos
regulars de Mitre y de Sarmiento, no deja de ser
un hecho testimoniado por los contemporaneos que
antes de Caseros y durante los afios subsiguientes,
Urquiza realizaba el tipo del antiguo caudillo, obran-
do por el terror, convirtiendo toda garantia en pre-
dominio personal de arbitrario y dotado de ese civis-
mo rustico que s61o alienta atentados.
El objetivo, en tanto, era voltear A Rosas, y Sar-
miento pudo decir como el Mariscal de Montluc:
SQuant a moi, si je pouvais appeler tous les esprits
d'enfer pour rompre la tete A mon ennemi, qui me
veut rompre la mienne, je le ferais de bon coeur, Dieu
me le pardonne. Puso, pues, su espada al servicio
de Urquiza, y apenas redactado el parte de la
victoria, hubo de separarse del vencedor, abandonar
la anhelada patria y emprender de nuevo el camino
al destierro.
El dsprecio manifestado puiblicamente contra los
unitarios, la obligaci6n de llevar la cinta colorada,
las escenas de sangre en Palermo, las tendencies
arbitrarias del vencedor, su resistencia contra toda
idea de organizaci6n regular, hacian presagiar una
situaci6n insostenible entire la reacci6n moral todo-





1NTRODUCCI6N


poderosa que habia sucedido en Buenos Aires al
regimen de barbarie, y el caudillo que pretendia
preponderar al amparo de la victoria, mediante la
violencia y el arbitrarismo.
No s61o se convertian esas disidencias en cues-
tiones de principios, con las cuales el honor no
permitia a Sarmiento transigir, sino que su previsi6n
le hacia ver la necesidad de hallarse en situaci6n de
ayudar eficazmente A la uni6n future, colocdndose a
igual distancia del Estado de Buenos Aires y de la
Confederaci6n, para proclamar lo que fu6 su lema:
,Portefio en las provincias, provinciano en Buenos
Aires. ,
De que entraban eo esas previsiones los sucesos
motivados por el arbitrario acuerdo de San Nicolas
lo prueban diversos parrafos de sus escritos de la
4poca, entire otros las 6ltimas palabras de Cam-
pania en el Ejdrcito Grande. Y de que la critical
acerba que se encuentra en este libro contra el
caudillo de Entre Rfos no son impresiones d pos-
teriori, hijas del despecho 6 del resentimiento,
tenemos una prueba muy singular qu6 debe consig-
narse aqui.
Durante la campafia, Sarmiento usaba una car-
tera de bolsillo donde consignaba diariamente, a
veces a lJpiz, en frases abreviadas, en concepts
concisos, los incidents y las impresiones que
resentfa. Ese cuaderno, con otros papeles, desapa-
reci6 al llegar el ej6rcito cerca del Puente de MAr-
quez, el 1L. de Febrero, habiendo caido prisionero el
asistente que los llevaba y reci6n despuds del 3 de
Febrero fueron encontrados envueltos en una cinta





OBRAS DE SARMIENTO


colorada entire los papeles del tirano. Ese document
esth en nuestro poder, y examinado cuidadosamente
no se encuentra una sola enmendatura, y pdgina por
pagina se halla en germen el libro escrito con
ese memorandum, asf como indicada la mayor
parte de los defects y errors que en el libro se
reprochan al General Urquiza.
Creo deber transcribir la primera pdgina de este
precioso document, en que se hallan dos palabras
que much intrigaron A Urquiza: Regreso de
Europa en 1848.-Carril y Gutidrrez en Lima.-
Encuentro con Oro en Arica.-Le comunico mis
esperanzas de una crisis en la Repiblica Argentina,
y le aseguro que en 1852 entrard en ella por
un movimiento de pretorianos 6 termidorianos
que preveo. Escribo el 26 de Mayo 1848 la
carta al General Ramfrez en que se encuentran
estas palabras: entrar en campafia. > 1849.-Escribo la cr6nica
y hago dejar la redacci6n del ( Progreso >,
Espejo que se habia constitufdo en Chile el
6rgano de Rosas.-Desde entonces ningin diario
chileno se atreve a abogar por el tirano.-25 de
Mayo de 1849.-Durante un banquet patri6tico
presidido por el General Las Heras en Yungay,
el Dr. Zapata hace lectura del primer reclamo
de Rosas al Gobierno de Chile contra mi. -
Contesto en la Cr6nica n." 19.-Nuevo program
echando las bases econ6micas de la revoluci6n.-
Suspendo oportunamente la Cr6nica. Efectos
producidos en la opinion de las provincias.-Yanci,
Rawson, Lioveras, Vidarte, los paisanos.-1850.-





INTRODUCCI6N


Escribo la protest. Analisis del Mensaje de
Rosas.-Recuerdos de Provincia.-Mis viajes.-
Educaci6n Popular.
,Argirdpolis. -Objeto de la publicaci6n.--Osten-
sible--real-acreditado en carta al Dr. Alsina.-
Visito a los argentinos de Aconcagua, Valpa-
raiso, Coquimbo, Copiap6, para aplicar y exponer
la idea y reunir fondos.-Los pareceres se divi-
den.-Pocos la comprenden.-Incidente de Oro.-
Lo introduzco en la Repfblica Argentina a dos
mil ejemplares.-Inundo las provincias.-Profunda
sensaci6n.-Conducta de los Gobiernos de Salta,
Tucuman, San Juan, Mendoza.-Palabras del
General Urquiza,--De Don Jos6 M.8 Echagtie.-
Bompland.-Carta anterior del General Urquiza.
41851.-Escribo Sud Amdrica.-Entrevista en
Chile con Rawson. Plan abandonado.-Plan
seguido.--Rawson tenor ). Paunero, Aquino.-
Reclamo 3.* de Rosas sobre imputaci6n de asesinato.
- C6mo fu6 preparado.-Excitaci6n de la opinion
piblica en Chile temiendo que fuese asesinado por
Rosas (3 de Abril).-El 7 de Abril, lunes santo,
sali6 para San Juan y TucumAn el joven Elguera,
hijo del diputado al Congreso de 1862, llevando 200
ejemplares de Una copia de la representacion, etc.,
dirigida A los Gobiernos de las Provincias. El
domingo 6, de Ramos, se la envid A casa del General
Pinto en la noche, hora en que se'acababa de impri-
mir. Compusidronla el 4 y el 5 y la escribi el 3


(1) QuizA sea oportuno recorder que entire el Dr. Velez y Sarmiento, desde 1861,
acostumbraban designer d Rawson bajo el apodo de ACanario de la Gironda.





OBRAS DE SARMIENTO


de Abril, dia en que el General Urquiza dat6 sus
circulares, de que la Copia era un comentario.
Coincidencia rara en la historic de las revoluciones.
-Incidentes posteriores.
-Carta de Rawson del 4 de Julio anunciandome
que Benavidez estaba decidido.-Se cierra la
Cordillera. Envio de uh caj6n de libros al mi-
nistro.- Ignoro lo que sucede en las provincias.
- Llega la noticia de que el General Urquiza
abre la campafia oriental.-Augurios sobre Aquino.
-Se resuelve venirnos a Montevideo, Paunero,
Aquino, Mitre y yo.-Sargentos de Granaderos a
caballo.-Demoramos por falta de buques un mes.
-La Mddicis.-Revoluci6n de Coquimbo. Nos
embarcamos el 1." de Octubre.--Incidente Balbastro
(se halla en Sud Amdrica n. 9, tomo III).-
Navegaci6n feliz.-Llegada 6 Montevideo 2 de
Noviembre.-Campamentos rojos.-Alarmas.-Nos
dicen que Oribe estd en su quinta.-Juibilo.-Recibo
las felicitaciones cordiales de mis amigos.




Para apreciar las aptitudes militares del General
Urquiza y hacerle justicia desdeese punto de vista,
he aquf lo que refiere Sarmiento en un manuscrito
inddito:
espfritu (del General Paz) lo ostentaba al encon-
trarnos por la primera vez en Montevideo, como
tablas de zozobrada nave que arroja el rio ~ la





INTRODUCCI6N


playa.-6Lo mordi6 el perro Purvis? fud su risuefia
salutaci6n, y pasando A otras cosas y a la batalla
de Caseros--,Urquiza es un verdadero General,
me dijo, tiene el ojo military. No pude darle caza
en Corrientes, donde, reuniendo mi linea atrinche-
rada en la Tranquera de...(?), comprendi6 en el
acto que estaba derrotado si atacaba. Aguard6lo
bastante tiempo, y viendo que no comenzaba el
ataque, hice avanzar tropas. iNi noticias! Se
habia retirado d la luz del dia sin dejarse sentir,
y en various dfas de persecuci6n no pude darle
alcance, pisAndole los talones, sin tomarle un pri-
sionero, ni un caballo, tal era el orden y la rapidez
de sus movimientos). El General Paz habia confir-
mado este concept cuando le aplaudfa la asombrosa
maniobra de echarle A Pacheco todo el peso de su
caballeria de ocho mil hombres tres dias antes de
la batalla campal de Caseros: ,Yo no echo, me dijo,
mi caballo trabado Urquiza era menos just con
Paz, por celos y emulaci6n de soldado.





La carta escrita en Montevideo A su llegada y
publicada en Chile en hoja suelta que se trascribe
en este volume, es un document complementario
que no debia perderse.
El autor no ha trascrito en su libro los 26 Bole-
tines publicados durante la campafla, mediante la
imprenta ambulante que llevaba consigo, y hemos
creido de interns, para la finosomia de los sucesos,





OBRAS DE SARMIENTO


incluirlos cada uno en su lugar, haciendo contrast
el descontento que surge de la narraci6n contra las
tendencies del general en jefe, y el lenguaje leal y
entusiasta empleado para servir la causa. La prensa
de Chile, es decir, principalmente los escritos de
Sarmiento, ( de la artillerfa y entrar como ella batiendo A Rosas
hasta en las calls de Buenos Aires, lanzAndole
ahora la palabra A guisa de metralla, excitando A
las poblaciones y llevando A todas parties el aviso
de su cafda. Asf la prensa, como expresi6n del
pensamiento, y la palabra que se llam6 Cr6nica .
Protesta, Sud AmBrica, se hallan presents y son
actorss>
A nuestro conocimiento, es el Sr. General Mitre
el inico en poseer la colecci6n de aquellos Boletines
que no han sido reimpresos y ha tenido la ama-
bilidad de proporcionArnoslos con excepci6n del
nim. 19, que se ha extraviado, como no se ha podi-
do encontrar la carta que se imprimi6 en el Rosario.
El sefor Mitre ha colaborado en la redacci6n de
algunos de aquellos boletines y se complace en repe-
tir que Sarmiento le dictaba en el Diamante la
descripci6n del pasaje, y exclamaba aludiendo A la
forma introducida por el improvisado escribiente:
'iqu6 grandes cosas hariamos, dictadas por mi y
escritas por Vd., Mitre!)
Debemos apuntar algunas indicaciones bibliogrd-
ficas respect A este libro. La primera parte, la que
contiene los documents bajo el rubro ( randum, fud public la en Rio de Janeiro (imprenta
de J. Villeneuve y Comp.a, 1852), y el resto en Chile,





INTRODUCTION 15

reproduci6ndose en Buenos Aires en El Nacional A
media de su publicaci6n.
Se notard una dedicatoria A mi querido Alberdi,
que demostraba ya sintomas de contrariar y des-
autorizar la propaganda de Sarmiento en favor de la
organizaci6n regular de la Republica y de la Uni6n
libremente consentida por todas las parties. Las
ruidosas poldmicas que siguieron formarAn el si-
guiente volume.


































/













CAMPAI A
EN EBL

EJERCITO GRANDE ALIADO DE SUD AMERICA
POR
El Teniente Coronel D. F. SARMIENTO



AD MEMORANDUM

A=nteecedentes hist6ricos
1848

Sefior general D. Jose Santos Ramirez:
Sefior general:
Hace hoy diez y nueve afios A que en una tarde de aciaga me-
moria para Mendoza un official, que me traia prisionero, me
dijo: siga usted a este jefe. Este jefe era usted, senior general, y
el prisionero era yo. Llev6me usted A su casa, y alli me salv6
de correr la suerte de Albarracin, Sabino, Moreno, Carril y
todos los j6venes sanjuaninos que fueron fusilados... Vuelto
a mi pais conserve siempre la memorial del servicio que usted
me habia hecho, sin que jamAs me hubiese sido dado mani-
festar a usted mi gratitud de una manera digna. Digo digna
porque cuando yo me hallaba en mi pals y en aptitud de valer,
estaba used pr6fugo; cuando yo sabia que estaba usted en
Mendoza, yo me hallaba desterrado, y usted mandando. Conoce
usted el orgullo de partido. Ofrecerle A usted la expresi6n de
mi gratitud cuando usted mandaba habria sido pedir gracia A
mi enemigo politico; habria sido recomendarme A su indul-
TOMO XIV.- 2





OBRAS DE SARMIENTO


gencia, y no lo habria hecho jams a riesgo de pasar plaza
de ingrato.
Hoy usted y yo somos pr6fugos, desterrados, y estA usted en
mi patria; y no creeria poder saberlo sin avergonzarme, si no
recordase A usted una buena acci6n que usted habra olvidado
quizA, pero que yo recuerdo con gratitud... i Veinte aiios de
sacrificios de su parte han tenido por recompensa el destierrol
Se ha envejecido sirviendo una causa estdril, que no ha dado
sino crimenes, persecuciones y sangre, y despubs de veinte aiios
estamos como el primer dia! Se han exterminado algunos mi-
Ilares de guerreros, algunos centenares de hombres de talent
han desaparecido, y sin embargo las resistencias no han cesado;
ese gobierno y ese sistema de cosas no han triunfado; prueba
evidence de que ese sistema es contra la naturaleza, la justicia
y el derecho.
Yo me apresto, general, para entrar en campafla. No crea us-
ted que es mi objeto, no lo crea usted, ir a esas pobres provincias
a luchar personalmente con las pasiones y con el poder estfpido
de la fuerza material: seria vencido, me deshonraria. Mis miras
son mAs elevadas, mis medios mas nobles y pacificos. Si los
argentinos no han caido en el iltimo grado de abyecci6n y de
embrutecimiento, la raz6n tendrA influencia sobre ellos, la verdad
se hard escuchar, y un dia nos daremos un abrazo!
Para entonces, general, le ofrezco todo cuanto yo valgo, y se
lo ofrezco con tanto miAs gusto cuanto que tengo la intima con-
vicci6n de que es fatal, inevitable, el caso que ha de Ilegar en
que pueda serle 6til A usted y A todos sus amigos......
Aprovecho, general, etc. ,
D. F. Sarmiento.


1849
AL EXCMO. SENOR GOBERNADOR T CAPITAL GENERAL DB LA PROVINCIA DR *


Si aquellas manifestaciones me constituyen un conspirador
ante los ojos de V. E., en tal caso puedo asegurar que la
conspiraci6n tal como la establecen mis antecedentes piblicos
y privados; la conspiraci6n por la palabra, por la prensa, por
el studio de las necesidades de nuestros pueblos; la cons-
piraci6n por el ejemplo y la persuasi6n; la conspiraci6n por los





CAMPARA EN EL EJERCITO GRANDE


principios y las ideas difundidas por la ensefianza, esta clase
nueva de conspirar serA, Excmo. senior, de mi parte, eterna,
constant, infatigable, de todos los instantes; mientras una
gota de sangre bulla en mis venas; mientras un sentimiento
moral viva sin relajarse en mi conciencia; mientras la libertad
de pensar y de emitir el pensamiento exista en algAn punto de
la tierra... Conspirar6, en fin, por los esfuerzos perseverantes de
una vida entera sin tacha, consagrada A los intereses de la
civilizaci6n, del engrandecimiento y prosperidad de la America,
y muy particularmente, Excmo. sefior, de la Repiblica Argenti-
na, mi patria; pues que no he renunciado al titulo de argentino,
y, como tal, a mi derecho imprescriptible de tomar parte en todos
sus actos, como ciudadano que soy de ella; pues su consti-
tuci6n republican y democrAtica me hace parte del soberano,
y, por tanto, del gobierno, por la palabra y por la influencia de
la raz6n, de que no puede desposeerme, sin mi voluntad, el
gobierno de Buenos Aires, de quien no soy sdbdito, por perte-
necer d otra de las provincias confederadas.
Necesitaria volimenes para exponer, ante los ojos de V. E.,
las razones que me hacen career que este sistema de cosas que
hoy triunfa en la Rep6blica Argentina es caduco y deleznable
por ser acontra la naturaleza, la justicia y el derecho). Me
limitare, pues, A un hecho entire mil, que esti A la vista de todos,
y del que V. E. es A la vez victim y ejecutor. Hablo del
sistema de expoliaci6n entire los gobiernos confederados, con
el cual arruinan A los pueblos, destruyen el comercio, y com-
prometiendo y perjudicando A cada habitante de la Repiblica,
harAn que un dia se levanten en masa aquellos infelices, ajados,
pisoteados y saqueados, para former gobiernos que favorezcan
y desenvuelvan sus intereses. En Chile, en los Estados Unidos,
en Francia, en Inglaterra, y en tod6s los paises del mundo
que tengan gobiernos racionales, no hay aduanas interiores.
En las edades mAs bArbaras de la Europa, los sefores feuda-
les que tenian establecidos sus castillos en las crestas de las
montafias, en las gargantas de'los valles, en las encrucijadas
de los caminos, 6 en los valles de los rios, tenian sus tropas
de siervos armados para arrancar contribuciones A los pasantes,
y quitarles parte de lo que Ilevaban. Pero este sistema de
tropelias y de rapifias no tiene hoy ejemplo en el mundo, sino
en la Repdblica Argentina, como me tomare la libertad de
exponerlo brevemente.






OBRAS DE SARMIENTO


En San Juan pagan tres pesos de internaci6n por cabeza los
ganados engordados por sus confederados los mendocinos; ocho
reales el quintal de harina y un peso de piso cada carreta.
En la provincia de San Luis paga cada carga que va 6 viene
de las provincias de Cuyo A los litorales cuatro reales...
En C6rdoba, en Tucuman, en ,Santiago del Estero les hacen
pagar seis pesos de derecho por carga de aguardiente de San
Juan y Mendoza, que con uno y medio reales de exportaci6n
en sus provincias respectivas, cuatro reales de trdnsito en La
Rioja, cuatro reales en Catamarca y seis pesos de trAnsito para
Jujuy en Salta, han arruinado al comerciante, quitAndole suce-
sivamente capital y provecho. Las expoliaciones en C6rdoba
ejercidas sobre los mismos cordobeses son tales cuales no vi
ejemplo de ellas entire los beduinos de Africa. Las haciendas
de ganados estan divididas por parroquias. Cada cuatro meses
se presentan los comisarios del gobierno, y A expenses del
hacendado se reune el ganado, cayendo en decomiso el que
no ha sido parade en rodeo. Reunido el ganado se saca el
diezmo sobre el capital y no sobre la producci6n. Este diezmo
es trasportado A los puntos que el gobierno design, a expenses
del hacendado. Hay unos contratantes, hongos, como los de Can-
t6n en la China, que reciben este ganado; pero ellos han inven-
tado una media de ganado de entrega, que hace que dos
cabezas chicas de ganado al tirar equivalgan A una de ganado
de entrega, y una y media flaca d una de entrega...
Hanse establecido a la entrada de la ciudad de C6rdoba casi-
tas para arrancar contribuciones, sobre todo lo que de la campa-
fia introduced los pobres paisanos. El gobernador de C6rdoba
tiene una renta asignada de diez y seis mil pesos anuales, es de-
cir, cuatro mil pesos mAs que el president de la Repiblica de
Chile, que s61o tiene doce mil, y manda un Estado floreciente y
rico en lugar de una provincia arruinada y pobre como lo estA
hov la de C6rdoba (I).


(1) Cada cuero paga A su salida dos reales y tres cuartillos, cualquiera que sea
su calidad, de manera que un cuero de desecho que cuesta dos reales paga lciento
treinta y siete y medio por ciento de su valorl Como el ganado que ha quedado es
poco, no creo que excedan de treinta mil los cueros que se exportan. Cuando en
Buenos Aires estan los cueros A bajo precio, como sucedi6 en 1849, este ramo de
exportaci6n se inutiliza; porque aun costando en C6rdoba los cueros dos reales y
estando en Buenos Aires A catorce 6 diez y seis reales la pesada como estuvieron en
1849, no cubre aquel costo... Es incredible la cantidad de contribuciones que se pagan
en C6rdoba, y aun mas incredible no habiendo ejercito pago, instrucci6n piblica,






CAMPArIA EN EL EJERCITO GRANDE 21

En Buenos Aires no son menos inicuas las consecuencias de
la arbitrariedad de los impuestos. Durante muchos afios el
Estado dispuso del gantdo des-onocido, llamAndose asi el que
se encontraba en una hacienda con marca de la vecina, de la
cual no la separaba limited alguno; aunque estuviese, A causa de
la falta general de peones, por haberlos tornado el gobierno,
alzado todo el ganado, y los duefios del desconocido estuviesen
presents para reclamarlo.
Una mula que sale de Entre Rios para el trAfico de Bolivia
paga en su provincia ocho reales, y cuatro reales de piso en
Santa Fe, cuatro reales en C6rdoba, cuatro reales en Santiago
del Estero; en TucumAn cuatro reales, en Salta cuatro reales,
y en Jujuy cuatro reales, suma casi igual al capital, mientras
que en Bolivia, pals extranjero, s61o paga medio real de piso
en el mercado de la Paz, siendo de notar que el traficante que
hace un arreo de quinientas mulas necesita, A mas de los
gastos ordinarios, llevar consigo la enorme suma de 1,572 pesos
para ir pagando por el camino A cada expoliador pdblico que
le sale al atajo.
En todas parties y por todas las vias de comunicaci6n las ca-
rretas son abrumadas de derechos exorbitantes. De TucumAn
l Buenos Aires carga una carreta 150 cueros, por los cuales
paga cuarenta y ocho pesos de derechos de trAnsito en el cami-
no. La aziicar de TucumAn paga en Santiago del Estero diez



orden judicial 6 obra p6blica de calidad alguna: ademas de esto, los pocos empleados
que existen no son pagados casi nunca, y con todo eso nunca hay dinero en caja,
y a la mas pequefa precisi6n se recurre a emprdstitos forzados. Las rentas son
derrochadas en provecho de la familiar del gobernador y sus adherentes, ya comprAn-
doles por el triple de su valor todo lo que necesitan para la tropa, ya vendidndoles
las rentas publicas por much menos de lo que valen, no teniendo competidores,
pues nadie se arrima A arrostrar la voluntad del gobernador 6 mandones.
En 1842 se remat6 el derccho exclusive de introducci6n en la provincia, de yerba
y azucar.
En 1848, cuando la harina estuvo muy cara en Buenos Aires, donde el trigo lleg6
a 500 pesos papel, la fanega subi6 en C6rdoba como era natural. Entonces el gober-
nador prohibit la exportaci6n so pretexto que el ago future trafa mat aspect. Esto
hizo bajar la harina; entonces la compraron los manopolizadores, permitiendose luego
la sklida, porque jel ago pr6ximo tenia buen aspectol Azfcar de cualquier clase paga
seis reales arroba y dos reales por bulto. Vino, aguardiente 6 cualquier bebida
sesenta por ciento sobre el valor de la plaza. Todos los demis articulos pagan del
diez y seis al diez y ocho por ciento. El vino paga en Buenos Aires treinta y nueve por
ciento, en C6rdoba sesenta, que siendo sobre las avaluaciones ya aumentadas con
los derechos y costs, hace que una pipa de vino vendida en 180 pesos apenas cubra
el costo, y de este modo no admira que el consume de este articulo s6lo llegue A
veinte pipas por afio.
(Extracto de una correspondencia en Sud America, Vol. III, pAg. 155.)





OBRAS DE SARMIENTO


reales por arroba, seis en C6rdoba, con lo que aniquilan la- pro-
ducci6n. El aguardiente de cafia tiene once pesos por barril de
derechos en C6rdoba.
Todo este c6mulo de absurdos, injusticias, dilapidaciones,
aquel salteo organizado (hablo con el mayor respeto), suponen
que los caminos se mejoran, que la autoridad armada responded
de la seguridad del comercio. Pero nada de eso hay, Excelenti-
simo senior. No hay correos sino en 6pocas arbitrarias, y some-
tido su despacho al antojo, 6 A las necesidades de la political.
Este sistema de reclusi6n y de aislamiento lo pagan los pobres
pueblos, arruinAndose lentamente, viendo emigrar los capitals,
perdiendo el credito en las plazas de comercio.
Los caminos no estdn mds avanzados. Los salvajes de las
pampas han desolado una gran parte del territorio poblado en
dos siglos de penosos afancs; y en las cartas geogrdficas de la
Repiblica Argentina vienen marcadas todavia las poblaciones
de San Jose del Rebedero, Santa Catalina, las Tunas, Loboy, el
Sauce, Chafiarilos, Pifiero, G6mez, Federaci6n, Blancamanta,
Guaguaca, Fuerte, San Bernardo, La Reducci6n, Aguadita,
Tambo, Saucesito, San Jos6, Rio Quinto, Punilla, Villa del Rio
Cuarto, Estranguela, Salado, Achiras, Portezuelo, El Rosario,
Cabral, que, como d V. E. le consta, son desiertos yermos hoy.
Al contemplar este ominoso cuadro, del que quito sombras y
objetos, por no recargarlo demasiado, 8 necesitariase, por ventu-
ra, un gran fondo de penetraci6n para anunciar que tal sistema
de cosas no puede durar? 8 Necesitase mis conspiradores contra
el orden establecido que los. mismos que lo minan por sus des-
acatos, sus violencias & injusticias? 8Y es de extrafiar, Excelen-
tisimo sefior, que despues de haber recorrido el mundo civilizado
y atravesado veintidn estados de los que forman la libre cuanto
poderosa Federaci6n Norteamericana del Norte, no sienta sino el
mis profundo desprecio por el gobierno de Buenos Aires,, que,
apoderado de la direcci6n supreme de la Repdblica, no ha sabido
producer en veinte afios sino guerras interminables en el exterior,
ruina, despoblaci6n y miseria en el interior? (Extractos de La,
Cr6nica, n6m. 19, Santiago de Chile, 3 de Junio de 1849.)





CAMPARA EN EL EJTRCITO GRANDE


1850

AL SENOR H. SOUTHERN. ENCARGADO DR NEGOCIOS DE S. M. B. CEPCA DEL GOBIERNO DE
BUENOS AIRES


Antes, empero, de mostrarle mi juicio sobre estos actos en que
echo menos la dignidad, la buena fe, y el sentido comin, permi-
tame S. S. que exponga ante su consideraci6n los titulos que me
autorizan para ser franco y acaso severe. Pertenezco al corto
nimero de habitantes de la America del Sur, que no abrigan pre-
venci6n alguna contra la influencia europea en esta parte del
mundo; como publicista he sostenido de diez afios a esta parte
que estaba en nuestro interns abrir A la Inglaterra y A todas las
naciones europeas la navegaci6n de nuestros rfos, para que des-
envolviesen el comercio, la riqueza, creasen ciudades y estimula-
sen la producci6n. Y en cuanto al conato constant de excitar en
America las simpatias por los europeos, abrirles todos los cami-
nos de acci6n y de bienestar, dan testimonio diez afios de escritos
y la afecci6n de los ingleses, sus nacionales en Chile, A cuyo
testimonio apelo. En nombre de estos convencimientos y de
estos trabajos en favor de los intereses europeos en America,
permitame S. S. que le pregunte: een qu6 se funda para career, y
manifestarlo asi en una nota official, que la separaci6n de Rosas
de la direcci6n de los negocios de la Repdblica Argentina seria
la calamidad mds grande que podia sobrevenir al pais?
d Seria, acaso, una calamidad para el pals que cesase la gue-
rra en Montevideo, que el habeas corpus fuese restablecido, que
la propiedad, la vida, la libertad de los particulares fuesen res-
petados?
Yo s6, senior, lo que S. S. me contestaria al oido si estuvi6-
ramos cerca, porque ese es el concept comtin entire los diplo-
mAticos europeos. ,Estos paises,' me diria, son demasiado
bArbaros para ser gobernados de otro modo. Las constituciones,
las leyes, el habeas corpus, el jurado, la libertad, en fin, no les
convienen; y la cesaci6n del despotismo irresponsible, horrible
A veces, ruinoso 6 inmoral siempre que pesa sobre ellos, seria
en cualquier otra circunstancia la calamidad mds grande que
pudiera sobrevenirles., Lo que supongo que S. S. me diria al
oldo puede decirlo A boca llena, sin temor de que yo se lo
desapruebe. Yo he habituado los oidos de los americanos a
oirse Ilamar barbaros y ya no lo extrafian. Pero aun admitien-





OBRAS DE SARMIENTO


do la barbarie de los argentinos, algunas explicaciones pueden
atenuar en el animo de S. S. el rigor de las deducciones. Tenga
present que el gobierno de Rosas, porque no se trata aqui sino
de una persona, ha sido instituido exclusivamente para la ciudad
de Buenos Aires, donde S. S. reside, aunque despuis haya ex-
tendido su influjo A las otras provincias. Ahora la ciudad de
Buenos Aires no es menos culta ni menos moral que la de Santia-
go de Chile, donde resido, y no es necesario para mantenerla en
paz ni suma del poder pdblico, ni cinta colorada, ni los epitetos
de salvajes, infames, en los actos oficiales. No preceden A los de-
cretos del gobierno el mueran que S. S. ve todos los dias, no obs-
tante que hay partidos eminentemente hostiles al gobierno, ni
habrA observado S. S. que en los actos oficiales del gobierno de
Chile se Ilame A los poderes extranjeros que S. S. represent
infames, pdrfidos, como en la nota que S. S. ha leido en la Gace-
ta Mercantil. Hay mAs todavia: es opinion comdn en America, y
en Chile mismo, que en 1831, cuando principi6 a gobernar Ro-
sas, Buenos Aires era la ciudad mAs culta de la America del Sur,
y la mAs avanzada en instituciones europeas y civilizadas...
La Inglaterra.tiene poblada la Nueva Holanda de deportados
por crimenes capitals, y la poblaci6n que ha resultado de esa
aglomeraci6n de criminals no es gobernada por la Inglaterra
como estA gobernado Buenos Aires. Cree S. S. que Buenos
Aires necesite gobierno mAs rigido, mAs terrible que los presi-
diarios de la Australia? Pero si esta es su convicci6n, S. S.
no me negarA que las masas de Buenos Aires son menos est6li-
das, menos embrutecidas, menos insensibles A todo sentimiento
moral que las masas irlandesas, a quienes ]a miseria impulsa
fatalmente A los des6rdenes y A los crimenes; y Ilevando adn
mis adelante la comparaci6n, me atrevo A asegurar que la po-
blaci6n de Buenos Aires y el mAs negado gaucho es mil veces
mis rational, mis adelantado que las masas inglesas de las cam-
pafias y los trabajadores de las minas y los millones de hombres
y de mujeres que emplean las fAbricas de Birminghan y de
Manchester, embrutecidos por el uso inmoderado del aguar-
diente, animalizados por diez y ocho horas de trabajo, por la
ignorancia, el abatimiento, la inmoralidad y la miseria...
,Por qud, pues, senior, sobrevendrian las mAs grandes cala-
midades al pais porque cesase un orden de cosas en Buenos Ai-
res que supone la depravaci6n de costumbres, los hAbitos de
crime que realmente no existen? Yo he recorrido el mundo aca-





CAMPA'A EN EL EJERCITO GRANDE


so mAs que S. S., y puedo hacer esta justicia A mis compatriotas
sin ser desmentido. Los excess cometidos por- nuestras masas
han sido aconsejados, ordenados, autorizados por ese gobierno,
cuya continuaci6n cree indispensable S. S.
CCree S. S. que separado Rosas del mando la anarquia se
apoderaria de la Repiblica? Pero esta es una conjetura tan
hipotetica, questionable y aventurada, que un ministry de la
Inglaterra, cualesquiera que fuesen sus convicciones, no debi6
estamparlas en una nota official, dando A lo que puede ser un
error vulgar del hombre el carActer de una manifestaci6n diplo-
mitica. No es peregrino en la historic el caso de una subversi6n
tan complete como la que ha obrado Rosas en los fundamentos
en que reposan las sociedades. Si S. S. se toma el trabajo de
recorrer las paginas de la historic de su patria, en el capitulo
Cronwell encontrara la misma subversi6n, el mismo desorden
de ideas; en el lenguaje sangriento de los puritanos hallarA el
modelo del lenguaje brutal del gobierno de Buenos Aires; y sin
embargo, aquella sociedad, desquiciada por tantos afios, entr6
sin violencia y en un solo dia en el camino de la moral y de
la justicia; las leyes volvieron a imperar y la Inglaterra fu6
mis feliz que lo habia sido antes. Si vuelve S. S. los ojos
A la Francia encontrari el mismo ejemplo A la caida de Robes-
pierre, que habia subvertido mAs que Rosas los sentimientos
morales. Eran mill6n y medio los sansculottes que se hablan
manchado en la sangre de mAs de medio mill6n de arist6cratas,
espantando al mundo con sus atentados. Eran'hombres conven-
cidos que obraban por fanatismo, por error, y no por obedecer
a un director de matanzas como en Buenos Aires; y sin em-
bargo, despubs de la revoluci6n de Thermidor no se necesit6
nada para que la sociedad volviese A los hAbitos de humanidad
que habia perdido, que los espiritus se aquietasen y continua-
sen siendo Atiles A su pais esos hombres mismos que se habian
mancillado con crimenes espantosos...
Las provincias argentinas han sido en distintas 6pocas presa
de caudillos que hablan sublevado las masas, y, como ahora, se
creia y se propalaba tambi6n que si faltaba el caudillo las ma-
sas insolentadas lo levarian todo a fuego y sangre. En Salta,
cuando muri6 Giiemes, el jefe de los gauchos alzados, todo vol-
vi6 4 la tranquilidad ordinaria, y desde entonces hasta hoy ni la
influencia de Rosas ha podido subvertir el buen orden. Sucedi6





OBRAS DE SARMIENTO


otro tanto con Araoz en TucumAn, y mds tarde en los Llanos
con la muerte de Quiroga.
Ac6sase en Am6rica, sefior, A la political inglesa de un ma-
quiavelismo frio 6 insensible a los males que ella misma prepa-
ra. Yo la he defendido constantemente de cargo tan infundado...
( Qu6 convenia en este pals a los intereses mercantiles de la
Inglaterra? Desde luego que se abriesen A la navegaci6n los
rios que desembocan en el Plata: entonces la mercantil Ingla-
terra llevaria hasta Matogroso, Salta y las misiones brasileras
sus artefactos. Convenlale que este pais fuese abierto A la emi-
graci6n europea, como los Estados Unidos, para aumentar
rApidamente la poblaci6n consumidora y centuplicar la pro-
ducci6n, de que reportaria adn mAs la Inglaterra que en los
Estados Unidos, pues que siendo estos paises habitados por
pueblos que no tienen capacidad fabril, la Inglaterra ha de
proveerlos de artefactos, cualquiera que sea la poblaci6n que se
reuna. Promete ese rApido desarrollo el gobierno actual? Diez
y ocho afios han mostrado lo que puede esperarse del siste-
ma, cuya desaparici6n mira S. S. como una calamidad. Los rios
no se navegan, y el pais se despuebla...
Terminar6 esta larga carta asegurando A S. S. que lejos de
career una calamidad la separaci6n de Rosas del gobierno, la
creo una de esas bendiciones del cielo que harfan A los pueblos
argentinos hincarse de rodillas A darle las gracias. No tema A la
anarquia: los pueblos no se mueven sin causa, ni son fieras
los argentinos que se escapen si Ilega A faltarles el guardian.
Todos tienen casas y permanecerAn en ellas. VolverAn A su
patria 4 millares los que andan pr6fugos, respirarAn los opri-
midos, y de los que estAn alli y de los que de fuera traigan las
luces que han adquirido, se formard un gobierno que no serA
el mejor imaginable, que en estos tiempos no es condici6n que
ha de exigirse la perfecci6n; pero serd menos absurdo, menos
esthpido, menos ignorante y menos inmoral que el que tiene
actualmente. El recuerdo de la tirania pasada hard prudentes
y medidos A los partidos, y la riqueza desenvuelta por la libertad
de obrar de los actuales habitantes, los europeos que acudirAn A
millares, y el conato de despachar todos los asuntos de interns
pdblico que van A ser abandonados por Rosas, harAn olvidar
bien pronto los pasados sufrimientos. Creamelo, sefior, la Repu-
blica Argentina necesita mas libertad, caminos, seguridad,
correos, navegaci6n de los rios, inmigraci6n y todos los asuntos





CAMPARA EN EL EJIRCITO GRANDE


que hoy no se despachan, que el que un haragAn imbecil, mie-
doso y embrutecido por el ejercicio del despotismo, est6 nominal-
mente A la cabeza del pals.
Yo pertenezco, senior, al n6mero de esos millares de argen-
tinos A quienes en una sesi6n de la sala de representantes de-
nunciaba D. Baldomero Garcia en 1839 como (que quieren andar
A la extranjera, hablar A la extranjera, vestir A la extranjera,,
y mis simpatias por los extranjeros no lo excluyen A S. S.,
representante de una de esas naciones A quienes el gobierno
de Rosas atribuye brutales caprichos 6 infames aspiraciones...
D. F. Sarmi,?nto.
(Extracto del n(m. 52 de La Cr6nica, Santiago. Encro de l~'50..


ARGIROPOLIS
Julio de 1850.
Terminar la guerra, constituir el pais, acabar con las animo-
sidades, conciliar intereses de suyo divergentes, conservar las
autoridades actuales, echar las bases del desarrollo de la riqueza,
y dar A cada provincia y A cada estado comprometido lo que le
pertenece, no son, por ventura, demasiados bienes para tratar
con ligereza el medio que se propone de obtenerlos?...
El gobernador de Entre Rios ha sido unitario y es hoy since-
ramente federal. Su nombre es la gloria mis alta de la Confe-
deraci6n; y los argentinos, separados de la familiar com6n,
volverAn en vano sus ojos A ese lado, esperando que de alli
salga la palabra Congreso, que puede allanar tantas dificulta-
des...
El general U/quiza es el segundo jefe respectable de la Confe-
deraci6n: 61 la ha hecho triunfar de sus enemigos por las armas.
A l1, como gobernador del Entre Rios, le interest vivamente la
cuesti6n de que vamos A ocuparnos. 8 SerA 61 el inico hombre
que, habiendo sabido elevarse A cierta altura, no ha alcanzado
A medir el nuevo horizonte sometido A sus miradas, ni com-
prender que cada situaci6n tiene sus deberes, que cada escal6n
de la vida conduce A otro mis alto? La historic, por desgracia,
estA lena de ejemplos, y de esta pasta esta amasada la genera-
lidad de los hombres.





OBRAS DE SARMIENTO


1851
SUD AMIRICA
Santiago, 1. de Febrero de 1851.
El gobierno de Buenos Aires busca un pretexto para cerrar
el comercio de las provincias trasandinas con Chile, y este
reclamo, Magallanes 6 cualquiera otro, puede servirle de causal.
Esta media entra en el sistema de cerrar la navegaci6n de los
rios que desembocan en el Plata, de negar la extracci6n de
moneda A Entre Rios y Cdrrientes. Otra vez nos hemos fijado
en la mala configuraci6n commercial de la Confederaci6n con un
solo puerto en contact con el comercio extranjero. Si en despe-
cho de los obstdculos naturales las provincias del interior buscan
los mercados del Pacifico, la political del gobernador que posee
el puerto dnico del AtlAntico le aconseja cerrar todas las vias
de importaci6n y exportaci6n que no vayanr d parar A la aduana
de Buenos Aires... El contact de las provincias con otros mer-
cados que el que 61 tiene bajo su dominio tiene otros inconve-
nientes que se refieren I la political. SAbese que el encargo
de las relaciones exteriores se hizo al gobernador de Buenos
Aires provisoriamente y d condici6n de la reunion inmediata
del Congreso. i Veintitres afios van transcurridos desde la ce-
lebraci6n de aquel pacto! Hay mil cuestiones que arreglar entire
las provincias: navegaci6n de rios, aduanas interiores y exte-
riores, constituci6n del pais, etc., etc. Los ej6rcitos de Pacheco
y Oribe que recorrieron las provincias en 1842 tuvieron orden
de recoger las armas de las povincias, y la cumplieron con una
prolijidad ejemplar. Asi, pues, el gobernador de Buenos Aires,
posesor del dnico puerto en contact con el extranjero, duefio
de la 6nica aduana, preparaba el terreno para la pacifica discu-
si6n de la constituci6n, como el le6n de la fibula con las man-
sas ovejas.
En 1846, poco despues que Chile abriese el comercio trasan-
dino, cerrado antes para compeler al gobierno de Buenos Aires
2 dar satisfacci6n a los reclamos de 6ste, apareci6 el famoso
decreto que exigia A los comerciantes fianzas por derechos que
habia de imponer en lo sucesivo. Las consecuencias de esta
media sin ejemplo se han hecho sentir por todas parties. Pro-
vincias hay que no cobran desde entonces los derechos ordina-
rios, y comerciantes que deben tanto 6 poco menos que el
capital que giran.






CAMPANA EN EL EJARCITO GRANDE


Santiago, 3 de Abril de 1851.
COPIA DE UNA REPRESENTACION XLEVADA A LOS GOBIERNOS DE LA CONFEDe ACl6N (1)
iViva la Confederaci6n Argentina!

Excmo. sefior Gobernador y Capitdn General de la Provincia de...


Habra precedido, 6 seguirA inmediatamente A la presentaci6n
de esta petici6n, la declaraci6n solemne hecha por el general
Urquiza, general en jefe de uno de los ej6rcitos de la Confedera-
ci6n, y en virtud de su carActer de Gobernador y Capitan Gene-
ral de la benemerita provincia de Entre Rios, pidiendo que se
convoque el SOBERANO CONGRESO, cuya convocaci6n es la base
del pacto federal; para que constituya el pais bajo el sistema fe-
deral, y resuelva la cuesti6n de la navegaci6n de los rios, inclul-
da entire las atribuciones del congress, que el mismo pacto lito-
ral reconoce.
El acto del Excmo. senior gobernador de Entre Rios no es,
pues, un acto de rebeli6n contra ninguna autoridad legitima, si-
no el uso de un derecho y el cumplimiento de un pacto...
El Excmo. sefor gobernador de Entre Rios tiene interns en
que se convoque el congress:
i.o Porque desearia defender de una autoridad constituida y
reglada, bajo el imperio de una constituci6n, y no de la voluntad
sin trabas ni responsabilidad de otro gobernador igual 61l, que
puede, sin embargo, declararlo salvaje, unitario, traidor, y tra-
tarlo como d tal.
2.0 Porque si el congress se reune se acabarAn al fin esos
encargados, que hacen la paz 6 la guerra, y mantienen durante
veinte afios el desorden en el interior, la Rep6blica inconstituida,
y las relaciones exteriores complicadas en desavenencias desas-
trosas.
3.0 Porque siendo jefe de una provincia litoral desea, natu-
ralmente, que el congress arregle la navegaci6n de los rios, y
que su provincia tenga las mismas ventajas comerciales, para
tener su parte (en el cobro y distribuci6n de las rentas gene-
rales,. El interns del general Urquiza es el mismo que tienen
todos los gobernadores de las provincias y las provincias mis-

(1) Folleto suelto, tirado A dos mil ejemplares y distribuido en todas las provincias
del litoral de los Andes. Los primeros ejemplares llev6los A San Juan y a TucumAn
el joven Elguera, hijo del diputado, el 7 de abril, que parti6 de Chile. (Tomo XIII.)





OBRAS DE SARMIENTO


mas; pues nadie mejor que ellas debe saber lo que les conviene
a este respect, y lo que manifestarian si estuviesen reunidas
en congress soberano, y no sujetas A la discreci6n de quien
tiene interns en privarlas de estas ventajas.




SUD AMERICA
(Vol. I,pdg. 379)
Santiago, Abril 17 de 1851.
La Repdblica Argentina ha hallado al fin su hombre, su brazo
armado, que en su desamparo le presta ayuda, que la levante
de su caida. El grito del general Urquiza encontrari un inmenso
clamor en su apoyo, y la caida del poder mas monstruoso y
que mis sangre haya costado cimentar se efectuara sin derra-
mamiento de sangre ante la asociaci6n de tres ideas que com-
prenden todas las necesidades del present, y la seguridad del
porvenir. (Congreso, constituci6n, navegaci6n libre.) Esperen
en hora buena los pueblos el hecho material del acto del gene-
ral Urquiza; para nosotros estd consumado ya, por su posici6n,
por sus recursos, por su seguridad, por los intereses de su
provincia y de las otras riberanas que estAn 4 su retaguardia.



(Vol. II,pdg. i9)
Santiago, Abril 24 de 1851.
Y, sin embargo, del seno de aquella tirania espantosa, sin
ejemplo en los anales de la historic modern, sale una revo-
luci6n pacifica, fundada en el derecho escrito de la Repdblica;
en el pacto federal que los gobiernos habian firmado; en el
studio de los intereses del pais. Navegaci6n libre de los rios,
convocaci6n del congress, constituci6n federal; he aqui, no el
grito revolucionario, sino la legitima demand de los pueblos
y del general Urquiza, jefe de la provincia de Entre Rios, y, por
tanto, poder legal y competent para pedir el cumplimiento
de pactos solemnes, de promesas retardadas con toda clase de
pretextos. La Repiiblica Argentina puede tener un WAshington
que la d6 lugar entire las naciones constituidas del mundo,
apoyado en el derecho y en los grandes intereses nacionales.
Si los hechos correspondent d los principios proclamados, aquel






CAMPASA EN EL EJERCITO GRANDE


pals, teatro de tantos horrores, victim de usurpaci6n tan es-
candalosa, terminarA su revoluci6n por los medios mAs eleva-
dos, por los principios de economic political mas adelantados...
La duda no es ya permitida. La Regeneraci6n, diario nuevo
fundado en Entre Rios, explica su titulo y su objeto en estos
t6rminos: ,aApenas hace cinco dias que naci6 (el aflo 1851) ya
todos lo conocen y le llaman por su nombre... Este afio 1851 se
IlamarA en esta part de America el de organizaci6n,.-(Rege-
neraci6n, num. 5.)



SUD AMIRICA
(Vol. II, pdg. o29)
Santiago, Junio 9 de 1851.
LIGA LITORAL

Adhesi6n al pacto federal del 4 de Enero de 1831. Contribuir
con todas nuestras facultades al cumplimiento de la atribuci6n
4.* Invitar A todas las demAs provincias de la Repiblica, cuando
esten en plena libertad y tranquilidad, A reunirse en federaci6n
con las tres litorales, y d que, por medio de un congress general
federativo, se arregle la administraci6n general del pais bajo el
sistema federal, su comercio interior y exterior, su navegaci6n,
el cobro y distribuci6n de las rentas generals y el pago de la
,deuda piblica, consultando del mejor modo possible la seguridad
y engrandecimiento de la Rep6blica, su cr6dito interior y exte-
rior, y la soberania, libertad 6 independencia de cada provincia...


Concepci6n del Uruguay, Junio 23 de 1851.
IViva la Confederacidn Argentina!
IMueran los enemigos de la organifacidn nacionall
Sr. D. F. Sarmiento:
Mi estimado compatriota: Me he instruido de su apreciable
carta de 28 de Febrero l6timo, y me cabe la satisfacci6n de con-
testarla en circunstancias para usted y para todo buen argentino
llenas de las mejores esperanzas y seguridad.
Por los papeles piblicos que a la fecha habrAn circulado por
todas parties estarA usted informado que, por decreto de i.0 de
Mayo, esta provincia admiti6 la renuncia que con tanta insis-





OBRAS DE SARMIENTO


tencia ha hecho el general Rosas, y que, en su consecuencia,
reasumi6 las facultades delegadas A aqul, quedando investida
de todas las que le correspondent a su soberania territorial,
y que esto mismo ha hecho Corrientes.
Estoy, pues, colocado en la posici6n que usted tan vivamente
deseaba, y como Rosas debia enfurecerse con el pronunciamiento
energico de estas provincias, que consideraba, y efectivamente
eran la column mAs robusta para su permanencia en el mando,
A que tan indigno se ha hecho por su political engafiosa y
traidora, tales han sido las medidas tomadas para resistir sus
embates y sus perfidias, que hoy contamos ya con la seguridad
del triunfo de nuestra causa. Cuento con todos los elements
para veneer A Rosas con poca sangre, y en poco tiempo; pero
deseo obtener la sanci6n de los pueblos hermanos, y espero
A este respect conseguir much por la justicia de la causa y
simpatias que debo encontrar en toda la confederaci6n, y por
la interposici6n y trabajos de usted por esa parte. Puede usted
asegurar A los pueblos y j los hombres individualmente que
la base de la revoluci6n que he promovido, sus tendencies, toda
mi aspiraci6n, y por lo que estoy dispuesto A sacrificarme, son
hacer cumplir lo mismo que se sancion6 el I.0 de Enero de 1831,
esto es, que se reuna el Congreso General Federativo; que de
la Carta Constitucional sobre la base que dicho tratado estable-
ce, y haga los demas arreglos de conformidad a la atribuci6n
quinta del articulo 19. En este sentido y sin separarse de estos
principios es necesario, es absolutamente indispensable que se
hable A los hombres y a los pueblos, separando toda otra
opini6n political, toda otra forma de gobierno, porque el sis-
tema federal estA sancionado por los pueblos y sellado con
su sangre.
Creo con la mejor buena fe que proclamar otras ideas, tra-
bajar en sentido contrario es anArquico y anticonstitucional, y
la anarquia es precise evitarla A costa de cualquier sacrificio.
Cuento con su cooperaci6n porque me lisonjeo de que usted
estarA conforme conmigo, porque el pensamiento que me do-
mina, la political que he adoptado me la ha ensefiado la expe-
riencia, donde la habremos aprendido todos. Rosas, con s6lo de-
cir que era federal, nos ha dominado veinte afios, y gobernado
con la mas atroz tirania y despotismo.
Si los anuncios que usted me hace de la sublevaci6n contra
Rosas de todas las provincias tan luego como yo me pronun-





CAMPARA EN EL EJERCITO GRANDE


ciase son bien calculados 6 exactos, ha llegado el tiempo de
realizarlos. La sanci6n de las provincias es lo que 6nicamente
necesito, porque los otros recursos los tenemos en las provin-
cias que hemos iniciado la revoluci6n, a mis de que no me faltan
aliados, porque el odio A Rosas es universal en Am6rica y en
Europa.
Vtelvo a repetir a usted que la conformidad de ideas y de
principios es el element que solicito y en el que fundo una de
mis esperanzas de triunfo. El senior Albarracin me ha infor-
mado de cuanto usted le recomend6, y me lisonjeo de no haber-
me equivocado en la cooperaci6n de los gobiernos. Creo que el
sefior Benavidez y los demAs seran nuestros amigos; pero es
precise no precipitarse: poco tiempo hay que esperar, y el su-
frimiento facilitard el triunfo. Sin embargo, si Ilegase el caso
del pronunciamiento de dos 6 mas provincias, yo inutilizaria
las medidas que podria tomar Rosas para sofocarlo. Trabaje
y escriba en el sentido que le indico; procure el voto de los
pueblos y la acci6n d6jela a mi en esta parte.
He recibido las tres colecciones de Sud Amdrica que se sirve
remitirme, y se lo agradezco, prometi6ndole difundir sus ideas,
De usted atento servidor y compatriota
Just ]osd de Urquiza.



Concepci6n del Uruguay, Junio 25 de 1851.

...Con este motive me dijo (el general Urquiza) lo autorizo d
usted, A mas de la carta que le escribo a Sarmiento, para que
haga conocer A 61 y 4 los demas amigos el program que me he
propuesto seguir, el cual esta reducido i estas formales palabras:
nUn olvido de todo lo pasado-nada de colorados, negros ni
otro color politico-atacar con toda resoluci6n el miserable es-
plritu de provincialismo; respetar el principio bajo el cual de-
bemos constituirnos, por haberlo proclamado los pueblos de la
Repdblica, la integridad del territorio A todo trance; apurar to-
dos los medios posibles de reunir un congress para que decide,
arregle y ordene lo que sea mAs convenient al bienestar de la
Repdblica, respetar y ayudar a todos los gobiernos existentes
en las provincias, salvo el solo caso de hacer una resistencia
obstinada al pensamiento actual sobre constituir la Repiblica;
TOMO XIV.--3





OBRAS DE SARMIENTO


nada de insultos ni personalidades. Esos gobernadores, cons-
tituido el pais, afiadi6, descenderin por la ley. Yo tambi6n,
amigo, me he de retirar a mi casa; pero mi espada y mi
brazo estaran siempre prontos para sofocar la anarquia. En-
tonces habra justicia para todos, y cada cual segdn sus m6ritos,
no lo dude usted, ha de tener el premio que le corresponde; y
apretandome el brazo me dijo: estoy resuelto a tocar todos los
medios de evitar la efusi6n de sangre; pero si desgraciadamente
no se consigue hacer entrar en su deber al enemigo que com-
batimos, la revoluci6n no ha de fracasar por falta de energia.,
Hasta aqui sus palabras...
Me dice tambi6n el general que 61 cree que por ahora debe
permanecer usted en ese punto, 6 aproximarse mas al teatro de
los sucesos si el caso lo require. Tiene muy btenos informed
sobre Rawson, creo que debe ser por su hijo el Dr. don Di6-
genes.
Santiago Albarracin.



Rio de Janeiro, Junio 25 de 1851.
Senor don Domingo F. Sarmiento

Hace usted un inmenso bien tocando cuestiones que han re-
husado siempre tratar nuestros escritores piblicos, A pretexto de
no crear 6 no fomentar animosidades provinciales, que si exis-
ten es s6lo porque ellos no han sabido ilustrar A los pueblos.
Le ruego, pues, y lo conjuro ; que continue escribiendo, que-
dandome la seguridad de que lo harA con acierto y buena
fe que hasta aqui.
Su Argir6polis, en mi modo de pensar, expresa un pensamien-
to grande, patri6tico, sublime tambi6n, pero de dificil y, actual-
mente, de impossible realizaci6n. Sin embargo, 61 ha servido para
mostrar la identidad de intereses de estos estados, y la conve-
niencia de mancomunarlos. Lo demas vendra con el tiempo y
la experiencia.
No es menos patri6tica la idea de extender el frente commercial
de la Repi~blica hasta el Paraguay bajo las mismas condiciones
que en Buenos Aires; pero aun suponiendo que esto se consi-
guiese prActicamente con la absolute apertura de los rios, que-
daria una cuesti6n mAs grave porque es de una importancia
vital. Hablo de la creaci6n de rentas nacionales.





CAMPAIA EN EL EJ9RCITO GRANDE


Extendido el frente commercial de la Repiblica (en que no
incluyo ahora el Paraguay), las provincias situadas sobre 61
entrarian en los derechos respect del comercio que se hiciese
por sus puertos que tiene Buenos Aires sobre el que se hace por
el suyo. De esto resultaria que cada una estableciese su aduana,
y que hiciese suyas las rentas de su provincia, aunque los con-
sumidores fuesen en gran parte de las situadas en el interior.
Tiene esto el inconvenient, al menos por ahora, de esa mul-
titud de aduanas v de un ej6rcito de empleados, tropezando,
ademas, con la dificultad de que no habria rentas nacionales, y
que, de consiguiente, no podria haber ni gobierno national ni
tampoco naci6n.
Otros escritores argentinos, dignos del mais alto aprecio por
su instrucci6n, han esquivado tocar este asunto. No me ocupar6
ahora de indagar las causes de su resistencia; pero estoy muv
lejos de atribuir A usted los mismos motives. Demasiadas prue-
bas nos ha dado de su acrisolado patriotism para no hacerle la
mas complete justicia.
Pudiera ser que usted se persuade que no es la oportunidad
de abordar esta cuesti6n, mientras que yo creo que es la mejoi
y mds pr6spera ocasi6n. HAgase usted cargo que el general Ur-
quiza, que esti al frente de la obra de redenci6n, nos present,
como una parte muy principal de su program, la convocaci6n
de un congress. 6 Y puede darse mejor oportunidad? 8 Debe
perderse tiempo en ilustrar a los pueblos y & los hombres que
los han de representar sobre punto de tan vital interest?
Tampoco temo que la enunciaci6n por la prensa de esas
ideas produzca celos ni rivalidades. Fuera de lo que tienen en
si de rectas y de justas y de patri6ticas, me asiste la confianza
de que usted sabria hacerlo con ese tacto delicado, con esa mode-
raci6n, con ese tono conciliador que distinguen sus trabajos.
Esta consideraci6n aleja de mi todo temor, bien que debo con-
fesarle que aunque lo tuviese me sobrepondria A 61, porque sin
aquellos arreglos nunca terminarAn nuestros males, que tam-
poco pueden ser mayores.
Hablard algo ahora del estado actual de los negocios.
El general Garz6n, que despues de reconocer al gobierno de
Montevideo fu6 nombrado general en jefe, debe haber pasado
el Uruguay el 18 de este mes, acompafado del general Urquiza,
que ha querido asociarse A lo que llaman un paseo military;
tal es la facilidad con que piensan sera derrocado el poder de





OBRAS DE SARMIENTO


Oribe. Al mismo tiempo ha de haber penetrado por la fron-
tera del norte el ejercito imperial A las 6rdenes del conde Ca-
xias, que es el general mas acreditado del Brasil. Estos cuerpos
suben A veinte mil hombres de buenas tropas que tiene usted en
operaciones activas contra el president legal, y que son mis
que sobrados para consumer su ruina. En cuanto A esto no hay
la menor dificultad.
Es de career que un general tan experimentado, como el
general Urquiza, haya provisto a la seguridad de Entre Rios
durante esta corta ausencia, de modo que tampoco debemos
abrigar temores por ese lado. Luego que se desocupe en la
Banda Oriental piensa contraer su atenci6n A la otra parte del
ParanA; entonces cree que serA el tiempo de que se pronun-
cien las provincias del interior. Parece que cuenta con algu-
nas, 6 mejor dire con la mayor parte, 6 las mas importantes.
Quiera usted guardar much reserve con respect al dato que
acabo de suministrarle, porque lo s6 de un modo muy privado.
El Brasil ha entrado esta vez en la cuesti6n de plano, y sin
reservarse medio de salir de ella, si no es por el triunfo de la
causa que protege. Su ej6rcito, su escuadra, sus tesoros, todo
lo ha puesto en la balanza, y, puedo decir, hasta el sacrificio
de sus pretensiones jerArquicas.


Nuestro com6n amigo me describe que ha sido muy bien
recibido en Entre Rios. Las miras del general Urquiza son
eminentemente nacionales, eminentemente argentinas, segdn me
lo asegura dicho amigo, y segln otros datos que he podido
recoger. Pienso que es la oportunidad de decir a usted que
en mi modo de ver, al mismo tiempo que las provincias reti-
rasen A Rosas el poder de entender en las relaciones exterio-
res, se lo confieran al general Urquiza. Ya el gobierno imperial
lo consider como Jefe del Estado de Entre Rios; entonces lo
miraria como representante de la Rep6blica Argentina.
Al concluir 6sta echo casualmente la vista sobre un pArrafo
de su l6tima carta que llama mi atenci6n. Con justisima raz6n
ha deplorado usted la political estdril que han seguido nuestros
jefes de partido que han tratado de eludir las cuestiones de
intereses que se agitan, y s6lo hablando a los pueblos, en sus
proclamaciones de libertad y de tirania, etc. Tiene usted, repi-
to, justisimos motives de hablar asi, y deplorar esa political, A





CAMPANA EN EL EJERCITO GRANDE


la que puedo asegurar jamAs me he asociado. Pero permitame
observarle que casi no es, ni puede ser, objeto de las procla-
maciones de un general; es tarea de los escritores, A quienes
incumbe ilustrar, dirigir, y hasta crear la opinion pdblica.
De usted, etc.
Josd Maria Pas.


SUD AMIRICA

(Vo. II, pdg. 307)
Santiago, Julio t1. de 1851.
Candidatura Montt. ((Richelieu, one of the greatest statement
-that the world ever produced, said the pen is more powerful
than the sword.) (Mercantile Reporter.) No somos nosotros,
sino el Mercantile Reporter de Valparaiso, quien recuerda esta
sentencia aplicandola A las circunstancias actuales de Chile...
Creemos conocer la situaci6n y los intereses del pais, como
los que mas se precian de ello, y nos autorizan a abrigar
esta creencia diez alios de studio de los hechos, de contact
con los hombres, y de examen de la march de las ideas y
de los intereses diversos. Muchos hombres sirtceros creen que
el pais reclama imperiosa &" instantineamente la realizaci6n
de progress politicos. Son 6stos los medios de mejorar la
situaci6n del pais? Creemos sinceramente que no, y de nuestra
sinceridad es prueba el sistema politico que hemos iniciado
con respect A nuestro pais, en Sud Amdrica. Para combatir
A un tirano, iy que tirano! no hemos invocado los sentimien-
tos de libertad adormecidos, 6 anulados en el Animo de los
pueblos. No: hemos estudiado los intereses generals, la ven-
taja de las comunicaciones, las franquicias comerciales, la nave-
gaci6n de los rios, como bases permanentes de toda libertad
political entire nosotros. Abandonando las ideas que pudieran
reputarse personales, hemos dilucidado el derecho que han
dejado establecido los hechos consumados por otro partido
que el nuestro, aceptado esos hechos en cuanto se conforman
con aquel derecho escrito, y que una flagrante usurpaci6n tie-
ne oscurecidos... Simpatizamos con muchos, con casi todos
los principios que muestran profesar los j6venes que por amor
sincere y razonado de las ideas republicans se alistan en todas
las oposiciones; pero de ahi A la organizaci6n y gobierno de un





OBRAS DE SARMIENTO


pais hay un abismo. Consagrados a la political militant desde
la primera juventud, hemos encanecido en su studio, vi6ndola
desenvolverse en nuestra Amdrica espafola, desde el terreno de
la proscripci6n y del sufrimiento. La palabra tirania apenas
nos conmueve: tan embotadas tenemos las fibras, A fuerza de
sufrir sus golpes: ni nos electriza ya su adversaria de libertad:
tantas ilusiones generosas hemos visto disiparse. Acercarnos en
cuanto sea possible A la realizaci6n de los principios generals,
alejarles los obstaculos reales que pueden detener su march,
he aqui lo que debemos hacer en Am&rica, y esto es lo que para
nosotros hace la elevaci6n al poder de hombres como don
Manuel Montt... La ignorancia y atraso de la muchedumbre es
nuestro verdadero tirano: el tirano, contra quien somos impo-
tentes porque somos uno contra mil: el tirano, contra quien
la gloriosa espada de todos los antiguos generals de Chile se
reconoce embotada... El gobierno es hoy material de trabajo, de
competencia y de resultados prActicos. Dondequiera que estd
en manos no preparadas para sus tareas se desvirtua 6 descarria
Ilenando aspiraciones extrafias A su objeto.



SUD AMERICA
(Vol. II, pdg. 375)
Santiago, Julio 17 de 1851.
CAbenos la felicidad poco comin de terminar el segundo volu-
men de Sud Amdrica con la publicaci6n de la circular del gene-
ral Urquiza, gobernador de la provincia de Entre Rios, anun-
ciando A los pueblos argentinos su determinaci6n de (ponerse A
la cabeza del movimiento de libertad con que los argentinos de-
ben poner coto d las absurdas y temerarias aspiraciones del
gobernador de Buenos Aires,. Esta pieza official da cima A nues-
tros d6biles esfuerzos para restablecer el derecho piblico, os-
curecido por veinte afios de violencias y de trapacerias indig-
nas, y didramos con ella terminada la ardua tarea que empren-
dimos desde la aparici6n de La Crdnica si el period que abre A
los destinos de nuestra patria la generosa empresa del general
Urquiza no trajese consigo nuevas'dificultades y la necesidad y
el deber de hacer nuevos esfuerzos para vencerlas y dominarlas.
Ha sido casi siempre el fatal error de los pueblos adormecerse
a la vispera del triunfo final, confiar en la justicia de su causa, y





CAMPANA EN EL EJERCITO GRANDE


abandonar del todo su suerte A los hombres magnanimos que se
ofrecen para salvarlos... Por poco que se tienda la vista al por-
venir, el hombre menos perspicaz observarA que tenemos por
delante dos 6 tres afios de oscilaciones, de lucha entire elements
diversos, de trabajos preparatorios para obtener la suspirada or-
ganizaci6n definitive del pals, y cualesquiera que las dificultades
sean nadie debe arredrarse de mirarlas cara A cara. Es este un
acontecimiento fatal y necesario. Si no son tales ni tan graves
las circunstancias, habitu6monos A creerlo asi, A fin de que no
nos fatiguen ni sorprendan, y los sucesos nos hallen siempre
preparados. Rosas ha hecho de la Rep6blica un caos: es precise
poner orden en todo; y el medio de hacerlo no es otro que ir de
paso, mientras se logra la organizaci6n general, organizAndose
seg6n los elements de cada pueblo...
Montevideo puede desde luego establecer el trAnsito y tras-
bordo de los efectos, y fomentar un gran comercio interior. En-
tre Rios ha conquistado de un solo golpe las ventajas comercia-
les de que por tantos afios ha estado privado. Santa Fe, C6rdo-
ba y Santiago del Estero pueden, desde el moment que com-
prendan sus intereses, ligarse d este sistema commercial, y des-
ligarse de toda sujeci6n political A la influencia de Rosas.
Sucede otro tanto con Salta, TucumAn y Jujuy, y aun Cata-
marca, que son los pueblos mAs distantes de la influencia de
Rosas. Por los puertos del Pacifico, por Cobija y Copiap6 pue-
den continuar proveyendo A sus necesidades comerciales, en
despecho de las complicaciones politicas...
Las provincias de Cuyo pueden volver su frente commercial al
Pacifico y suplir con California su ruinoso mercado de Buenos
Aires... Esas provincias que hemos agrupado en torno de Entre
Rios tienen por base el comercio libre del AtlAntico; las del Nor-
te por Cobija, las de Cuyo por Uspallata, apoyadas en el Pacifi-
co encontraran medios de existencia y de prosperidad, como asi-
mismo de defense por la facilidad de procurarse armas y demas
elements de guerra... Nuestro objeto final es organizer la Re-
p6blica en un todo homogeneo: empecemos, pues, de una vez A
hacerlo parcialmente. 8 Por que para las necesidades de la com6n
defense no se hacen tres gobernaciones, tres grupos de provin-
cias aliadas entire si, y trabajando de consuno en obtener los
mismos fines? No es la guerra lo que hay que temer inmedia-
tamente en el interior, no es la iniciativa'de la lucha lo que nos
incumbe. Resistir, he aqui, en una palabra, lo que haremos por





OBRAS DE SARMIENTO


largo tiempo. Debe tenerse cuidado de no caer de nuevo en la
red que despues de veinte afios de sufrimientos tratamos de
romper ahora. La pereza, la ignorancia y el egoismo de las pro-
vincias han tejido la cuerda que las ha tenido atadas A Rosas.
Obremos en todo, sin olvidar un moment que vamos A consti-
tuirnos de una manera definitive y que esta tarea no ha de
hacerse A bayonetazos, ni por la voluntad de un solo hombre.
Dada aquella organizaci6n parcial de las provincias, mientras
dure el estado que presentimos, pudiera ademAs ponerse mano A
la demolici6n del sistema de expoliaci6n ejercido por las provin-
cias entire si, aboliendo de un golpe las aduanas interiores, re-
concentrando las exteriores en los puntos que la naturaleza in-
dica. Que la primer provincia que retire el encargo fatal A Ro-
sas declare al mismo tiempo abolido todo peaje, todo derecho
cobrado en su territorio sobre products argentinos; que sea
abolido el pasaporte; y se invite A todas las provincias aliadas a
suscribir al mismo pacto. El pueblo, el traficante, el productor,
el arriero, comprenderAn desde luego, por hechos practices y
palpables, el interns que los liga A la causa que defienden sus go-
biernos: entonces trabajarin y se apasionardn por ella; entonces
se obrara uno de esos movimientos universales como el de la
Independencia americana, al que contribuyeran todas las classes
de la sociedad en masa...
Entre Rios y Corrientes organizarAn sus aduanas maritimas,
Salta y Jujuy la terrestre para el comercio de Bolivia, Mendoza y
San Juan deben establecer una aduana general, no provincial
sino argentina en Uspallata, desde donde puedan las mercade-
rias libremente seguir su destinaci6n, sin necesidad de mAs tra-
mitaci6n ni resguardo, dando por libre 6 muy poco recargada de
derechos de exportaci6n de products nacionales para Chile,
pues no debe hacerse distinci6n ninguna de provincias ni de
procedencia...
Todas estas cosas es bueno decirlas A tiempo y llamar la aten-
/ci6n sobre ellas. Initil cosa nos parece ocultar una situaci6n
que de suyo se manifiesta A los ojos de todos. No sabemos a6n
cuales son las provincias que han respondido al llamamiento del
general Urquiza; lo que sabemos es que ninguna podrd evitar
ser arrastrada por el movimiento general. Hemos podido calcu-
lar el dia y la hora en que el gobernador de Entre Rios mandaria
su declaraci6n A los pueblos del interior, y preparado la opinion
de esos pueblos para recibirla y comprender su importancia.





CAMPAiA EN EL EJtRCITO GRANDE


Han de cometerse muchos errors; la vacilaci6n y el temor oscu-
recerAn los primeros pasos de muchos gobiernos; no s6 si decir
que habrA alguno que emprenda sostener por las armas que
Rosas debe ser rey 6 cacique, 6 el disparate que aquel atolon-
drado esta revolviendo en su mente. Estas y mAs aberraciones
,que ocurran no estorbaran que Montevideo sea indomable: que
Entre Rios y Corrientes esten separados de hecho y de derecho
,de la Confederaci6n, ni que el Brasil tenga un ejercito poderoso
en sus fronteras y una escuadra imponente en las aguas del Pla-
ta para asegurar la independencia efectiva de Montevideo; y que
Montevideo, el general Urquiza y el Brasil esten unidos en un
mismo prop6sito, sin contar con el Paraguay, aliado del Brasil, y
la Francia de Montevideo. Dados estos antecedentes, la suerte
de Rosas esta decretada, y con 61 la de todos los miserables que
coadyuven A la prolongaci6n de los males de nuestra patria.
Estamos colocados en punto culminante para observer la con-
ducta que guard cada protagonista en aquel drama. Sabemos
cuantos crimenes han cometido la ambici6n desenfrenada de los
unos, las venganzas y las pasiones brutales de los otros. Sabe-
mos cuAnto debe perdonarse A la fragilidad humana y A las ex-
citaciones de partido; pero sabemos tambi6n lo que se debe A la
justicia y A la salvaci6n de la patria, que puede sucumbir bajo
el peso de la traici6n de un miserable, 6 del egoismo de un cui-
tado, como una poderosa maquina estalla por la interposici6n
de un grano de arena entire el juego de sus resorts.

Copiap6, Junio 17 de 1851.
Senior don D. F. Sarmiento.
Sin escrdpulo lei a nuestros amigos aqui la carta colectiva
que usted nos dirigi6, y algunos pdrrafos de la que me describe
particularmente A mi. La impresi6n producida fu6 diverse. Al-
guno observ6 que la carta de usted, siendo contestaci6n A otra,
esta habria sido inexacta, fijandose en lo que usted decia res-
pecto de la adhesi6n al pacto federal de 1831. A esto contest
que en efecto habia contestado A usted carta en que me propo-
nia recabase de los hombres de valer de aqui esa adhesion p6-
blica, y nada menos que en un convite, el 9 de Julio, que yo debia
ser franco con usted y hacerle conocer las opinions de todos,
particularmente sobre un punto que usted habia elegido como
palanca de sus trabajos actuales contra Rosas ...............





OBRAS DE SARMIENTO


Excusado me parece decir, porque usted lo comprender&
bien, que estas discusiones, con el calor que no puedo dejar de
poner en ellas, hacen nacer ciertas prevenciones contra mi; pero
aunque esto puede deshabilitarme para influir respect de mu-
chos, de en medio de estas discusiones tempestuosas surge la
idea de usted mis alta, reconociendo en usted el inico campe6n
de nuestra causa por este lado, y el 6nico que se atreve a entrar
en la Repiblica Argentina y hablar alli A todos desde Rosas
abajo...
Antonio Aberastain.


Copiap6, Septiembre 2 de 1851.
Usted logr6, en su iltima carta, quebrantarme de manera
que pas6 medio dia muy mal. Despues lei las noticias de los dia-
rios y Sud. America y me rccobr6. Por que da usted tanta impor-
tancia A la inacci6n de San Juan? 8 No ha dudado usted siempre
de Benavidez? Si ahora es como ha sido siempre, nada hay que
deba sorprendernos. Si el no quiere iniciar la obra es porque
no merece ese honor. Siempre pens6, y creo haberlo dicho A
usted antes, que Benavidez podia ponerse contra Rosas estando
6ste caido. Por fortune parece que los sucesos se precipitan en
el Rio de la Plata, y no hay much que aguardar...
N... me dice que hay aqui como doscientos hombres de los
que han servido A Benavidez, que de uno por uno han ido a
ofrecersele para el caso de una expedici6n. N... ha venido A
comunicArmelo y preguntar que responded A esos hombres. Yo
le he dicho que por ahora no se piensa en expedici6n, que se
quiere ver primero el aspect que toman los primeros sucesos
de la guerra en el Rio de la Plata, y tambien se aguarda que
se abra la cordillera para saber el espiritu de aquellos pueblos...
Aberastain.


Lima, Agosto 10 de 1851.
Senor don D. F. Sftrmiento.
He recibido con gusto su muy apreciable del 9 de Julio, 6
impuesto de su contenido, dire A usted que me ha dado un gran
gusto el anunciarme que se trata de hacerle la guerra por esa
via al tirano de nuestra patria. Mis deseos han sido y serdn
siempre estar en acci6n contra el monstruo que nos prime; asi






CAMPARA EN EL EJERCITO GRANDE


es que siempre debi6 usted contar con mi vida y mi brazo para
ese fin. Tratare de hacer el mayor esfuerzo para ayudar A salvar
la patria...
Crisdstomo Alvarez.


Valparaiso, Diciembre 6 de 1851.
Sefnor don D. F. Sarmiento.

La campafia que ha hecho el general Urquiza en la Banda
Oriental es una de las mAs brillantes y hermosas para un jefe
que se ha puesto al frente de la obra de constituir su patria, y
los principios humans y generosos que ha proclamado en su
cuartel general del Pantanoso llenan A todos los argentinos de
orgullo y de esperanza. La inmediata caida del tirano es para
nosotros un hecho consumado.
Yo y todos los compatriotas nos proponemos regresar A la
patria...
Tengo asunto para escribirle pliegos, pero el tiempo me fal-
ta. Todo debe decirse en los campos de Buenos Aires; las pro-
vincias no pueden ni querrAn resistir. Conocen que el general
Urquiza defiende sus intereses proclamando la realizaci6n del
pacto federal que hasta ahora ha sido una burla y una farsa en
la boca del gran Rosas.
Cuando comimos juntos la iltima vez nos dimos cita para la
plaza de la Victoria en Buenos Aires, y pronto se realizara esa
nuestra reuni6n.
Olvidaba decirle que el coronel don J. Cris6stomo Alvarez es-
tA en Copiap6, de donde piensa pasar A las provincias. Delante
de la Serena hay doscientos argentinos de caballeria al mando de
don Pablo Videla, y no dudo que concluido el sitio de esa ciudad
abran su campafia para las provincias. Pensamos en ello...
Mariano de Sarratea.


San Juan, Abril 30 de 1851.
Sehor don Domingo F. Sarmiento.
Ayer he recibido su encomienda sin carta ni serial alguna (i).
Hard de ella el mejor uso compatible con las circunstancias.

( 1 Copia de una representacidn dirigida d los gobernadores de las provincias,
escrita el I de Abril y enviada de Chile A las provincias el 7 de Abril, por conduct del
joven Elguera, de TucumAn. El 3 de Abril dat6 primeramente el general Urquiza
la circular del 1.0 de Mayo, que la copia comentaba.





OBRAS DE SARMIENTO


La grande obra se trabaja con empefio, y d juicio mio, que
estoy mejor instruldo que otro alguno en lo que concierne al
element que mas de cerca nos rodea (el general Benavidez)
el 6xito es seguro, infalible. La paciencia perseverante era la
virtud de WAshington, y la inica de que 61 se prgciaba. Imite-
mosle con inteligencia...
Hay amigos entusiastas de usted y de sus principios.
G. Rawson.



San Juan, Junio 4 de 1851.

No es prudent fiar al papel sin garantia muchos detalles
preciosisimos que quisiera trasmitirle respect de la situaci6n.
Usted comprenderA, sin embargo, cuando yo le asegure que las
cosas marchan aqui i media de nuestro deseo. Que luego
podr6 comunicarle resultados positives los mas favorables. Por
ahora importa muchisimo continuar rinfforzando la predica-
ci6n, inspirando confianza en el 6xito, por medio del studio
prolijo y veridico de los elements de acci6n, y no cesar en la
demostraci6n del derecho. Las provincias del norte han estado
mal provistas de silabario, de donde han resultado errors crasos
y muy graves en los 6ltimos tiempos. Por ejemplo, una dipu-
taci6n de Jujuy, Tucuman y Salta a Buenos Aires, pidiendo lo
que nuestro diputado Villanueva solicita desde tiempo inme-
morial.
8 C6mo hicieramos para obtener aqui el Sud Amdrica en lo
sucesivo? Usted, que es el hombre de los recursos ingeniosos,
discurra un medio, seguro de que en ello hard un inmenso ser-
vicio A la patria.
Su conduct personal, tan important en la actualidad, debe
medirla much. Tenga entendido que cuanto mis y mejor
conozco el estado de las cosas aqui, tanto mis me felicito de
que la sublime locura no tuviese lugar. Paciencia, amigo, y
actividad. Un dia mis de espera puede asegurarnos el bien,
y economizar desgracias...
Adi6s, pues; muchos son sus amigos aqui.
G. Rawson.





CAMPARA EN EL EJ#RCITO GRANDE


San Juan, Septiembre 21 de 1851.
No tengo plena fe en el conductor de 6sta. Excuse, por tanto,
mis reticencias. Usted sabrd ya lo que ha pasado entire nosotros,
y como las mAs fundadas esperanzas quedaron iludidas. Ahora
no nos queda otra cosa que la luz del Oriente. Ab Oriente lux!
Usted debe saber tambi6n la historic de su enviado de Julio. Las
cartas fueron entregadas cobardemente A Benavidez, except
una de 8 de Julio que yo he visto. Los peri6dicos, porque supon-
go que el caj6n los contendria, estAn en poder de Benavidez, to-
davia sin abrirlo, por temor de que, como de la caja de Pandora,
salgan todos los diablos malos A visitar nuestra provincia. Por
lo demas, el compromise, como suele lamarse, no me hace
temblar, ni serA este un inconvenient para que yo preste A la
patria cualquier g6nero de servicio aun con positive riesgo de
la vida.
Salud, esperanza y valor.
Rawsoon.


Cobija, Agosto 1.0 de 1851.
Seflor gobernador y capitdn general de la provincia de Salta,
don Manuel Saravia.

Opino tambi6n que si el general Rosas cediese esta vez A la
petici6n que se le hace A nombre de la Repiblica para que le
devuelva sus derechos y Ilene sus necesidades consignadas en
la atribuci6n 4.* del pacto federal, no quedarA un argentino
que no se preste A ayudarlo sacrificando las opinions diversas,
resentimientos personales, agravios, etc., deponiendo todo esto
para sentar sobre ello la primera piedra del edificio, dAndose
todos un fraternal abrazo; abrazo sin el cual no tendremos
jamAs patria. Pero si, por desgracia, el general Rosas, como
otras veces, so cualquier pretexto, rechaza tan just demand,
no hay que vacilar un moment en secundar el grito que, en
nombre de los intereses mAs cars, ha dado ya uno de sus hijos,
uno de nuestros hermanos, un argentino, en fin, que la Provi-
dencia ha destinado para abrirnos el camino por donde debemos
marchar hasta fijar nuestros destinos. Este es el general Ur-
quiza.





OBRAS DE SARMIENTO


Copiap6, Septiembre 2 de 1851.
Sefor don Domingo F. Sarmiento.
Empecemos por lo fijo y seguro, como usted dice, y no en el
de los suefios, que lo han de dejar despachurrado cuando reciba
noticias como las de Mendoza y San Juan.
Viendo descuidado su proyecto por N... lo tom6 de mi cuen-
ta. Pregunt6 cuanto costaria un emisario de confianza enviado a
La Rioja, A cordillera cerrada. Se me dijo que diez y ocho on-
zas: las apronte. Aberastain hizo el lio de papeles, el emisario
dijo bueno, y se march, prometidndome aviso para este vapor;
pero hasta este moment, que son las dos de la tarde, no s6
nada; sin embargo de que creo que la misi6n ha sido desempe-
fiada.
Ahora, 8 qu6 se reduce esto? pregunta usted. A que venga
el Chacho A la cordillera. Sabremos por 61 lo que puede hacerse,
y lo que necesitan en armas, municiones y hombres, en la inteli-
gencia de que, de acuerdo con Rodriguez, me apronto A reunir
diez mil pesos de esta emigraci6n para el objeto.
Respecto A la importancia que damos al hecho del Chacho,
depend de la resoluci6n de 6ste. Hasta dudamos de que venga
a la cordillera despu6s de lo acontecido en San Juan y Mendoza.
Por lo mismo comprenderA usted que para nosotros no tiene
objeto todavia la misi6n del santiaguefio Labaysse.
Sentiriamos que usted se fuese A Montevideo, como me lo
anuncia, y se Ileve A Paunero y a Aquino. Pero tampoco me
atrevo A decirles que se queden porque no veo nada claro...
Carlos Tejedor.


Salta, Septiembre 20 de 1851.
I Viva la Confederacidn Argentina!
iMueran los asquerosos salvajes unitarios!
jMuera el loco traidor salvaje unitario Urquiga!
El gobernador y capitdn general de la' p ovincia de Salta al
Excmo. seaor gobernador y capitdn general de la provincia
de Buenos Aires, encargado de la direcci6n supreme de los
asuntos nacionales de la Confederaci6n Argentina, y gene-
ral en jefe de sus ejgrcitos, brigadier don Juan Manuel de
Rosas.

El salvaje unitario Mariano SantibAfiez es el mismo que en
1834, con mano traidora, hiri6 mortalmente al ilustre general





CAMPANA EN EL EJtRCITO GRANDE


don Pablo Latorre; es el mismo que en 22 de Febrero de 1849
encabez6 el movimiento andrquico; ha sido el agent para in-
troducir en estos pueblos los libelos incendiarios del empecinado
salvaje unitario Sarmiento; su carrera, Excmo. senior, marcada
de delitos de primer orden contra la Confederaci6n y la Am6rica,
contra la paz y quietud de las provincias del norte, lo han con-
ducido al suplicio...
Dios guard ~ S. E., etc.
Josd IM. Saravia.



Mendoza, Agosto 2 de 1851.
Afio 42 de la libertad, 36 de la independencia,
y 32 de la Confederaci6n Argentina.
/ Viva la Confederaci6n Argentinal
iMueran los salvajes unitarios!
El gobierno de la provincia, en uso de las facultades que le
confiere la Honorable Sanci6n de 29 de Julio de 1851, y consi-
derando:
Que el bando de traidores salvajes unitarios ha levantado
otra vez el estandarte de anarquia, encabezado por el loco trai-
dor Justo Jose de Urquiza;


ACUERDA Y DECRETA

Art. I. Todo acto de excitaci6n en favor del vdndalo salva-
je Justo Jos6 de Urquiza, bien sea tratando de justificar sus ini-
cuos procedimientos, dando noticias falsas y alarmantes, intro-
duciendo proclamas 6 papeles de las virulentas producciones del
bando de salvajes unitarios, asi como toda producci6n difaman-
te de la sagrada causa Federal 6 Independencia, 6 de los gobier-
nos confederados, muy principalmente del jefe supremo de la
Repdblica, serA considerado como acto de coadyuvaci6n y coo-
peraci6n del traidor Justo Jos6 de Urquiza, y sus perpetradores
incurrirAn en la pena que design la ley A los que tomen parte
en los hechos de traici6n A la patria .........................

MALLEA.-Anselmo Segura.





OBRAS DE SARMIENTO


San Juan. Octubre 15 de 1851.
Sefor D. D. F. Sarmiento (i).

Muy Sr. mio:
Prometi A usted participar las buenas noticias que tuvi6ramos
del loco salvaje Urquiza, y como buen federal cumplo y dire todo
lo que s6 de pocos meses A esta parte. Serd por parties. Muy de
cierto se asegura que nuestro general ha tomado unos paquetes
que los salvajes de Chile mandaban para esta banda; y que a6n
mis: personas hay que los han visto en casa del gobierno, los
paquetes, pero no su contenido, que nadie ha leido las picardias
que contienen. Se sabe que nuestro general ha dicho que tiene en
su poder las cartas que dentro de ellos venian, que con ellas.
habia de colgar media docena de salvajes. Cosa que me parece
muy acertada.
Se asegura que se toman precauciones A fin de tomar cuantas
cartas y papeles puedan venir de 6sa, a fin de apestillar por me-
dio de ellas A los salvajes, que est6n de aqui en comunicaci6n con
los de Chile. Estos paquetes son tomados en Julio y datan las
cartas que yo he visto de ese correo de fecha 8. Estos salvajes
son sumamente credulos; aqui la prueba: Como nuestro general
es tan bondadoso y condescendiente, se alucinaron con que po-
drian reducirlo 4 entrar en su plan de admitir A nuestro ilustre
restaurador su renuncia y pedir la reuni6n de un congress para
constituir la naci6n, etc. A estos pobres no les falta pico y co-
raje; y sin mAs que esto principian A trabajar con los hombres
mas influyentes hasta abocArsele al mismo general.
Repito, pues, que su bondad lleg6 A tal que les di6 esperanza
de adherirse d un pensamiento tan patriota; y llegamos A career
que positivamente lo reducirian seg6n se le veia vacilar, y aun
expresarse confidencialmente aprobando el pensamiento de pedir
la reuni6n de un congress constituyente, como tambi6n se le
oy6 quejarse del manejo de nuestro ilustre, y del estado de po-
breza 6 inseguridad de que se quejaban las provincias. Todo esto
seria, sin duda, un sebo para pillarlos mejor. En estas circuns-
tancias s61o se sabia del pronunciamiento del traidor Urquiza,
pero nada de su verdadero estado de poder. Llegaron oficios del

(1) Esta carta, cuyo original ensefie al general Virasoro y d su ministry el senior
Pujol, fud publicada en Chile en la imprenta de Belin y C.a. y reproducida por el
Mercurio de Valparaiso y el Comercio del Plata.





CAMPARA EN EL EJERCITO GRANDE


gobierno de C6rdoba, copias del nombramiento que se hacia de
jefe supremo de la Republica A nuestro ilustre, autorizAndolo pa-
ra que, cuando fuera de su voluntad y considerase tiempo opor-
tuno, llamara la reuni6n del congress, declarando al mismo tiem-
po que era de tal modo privativa la determinaci6n de este asunto
a la persona de nuestro ilustre, que el que contrariase esta dispo-
sici6n seria considerado y tratado como salvaje unitario. Por
circular convidaba A las demAs provincias A marchar de confor-
midad. Nuestro general parecia no hacer much caso de todo
esto, y la tal circular qued6 por algunos dias bajo la carpeta sin
darle gran importancia. El hombre vacilaba, se hacia el tonto,
necesitaba ver mejor el horizonte, y A todos les decia que si,
con todos condescendia, y todos estaban muy contents. He aqui
el modo mejor de ensartar credulos inocentes. Las cosas marcha-
ban de esta manera, cuando nuestro compaiero de armas el co-
ronel Diaz lleg6 de Jachal. Sabe que es el favorite, el brazo de-
recho, federal en esencia y existencia. Comprendi6 la cosa: trat6
de darle camino mas seguro al gobernador: es decir, no se le
despegaba A ninguna hora de su lado, dando principio por lle-
varle noticia de cuAnto hablaba cada salvaje en particular, y
puanto fraguaban en general: lo toc6 vivamente con calor y con
perseverancia.
Obligado a. tomar alguna determinaci6n se resolvi6 llamar
doce A catorce ciudadanos para que le dieran consejo: Don
T. Marandoni, Juan A. Cano, Pedro Quiroga, Elias Losada,
Miguel Chagaray, Doncel, S. Lloveras, G. Rawson, T. Rojo,
Laspiur, Eleuterio Cano, TristAn Chagaray, D. S. Sarmiento,
etcetera. Hubo dos reuniones de estos caballeros, donde se mos-
tr6 el estado de las cosas segun noticias vagas y ninguna official.
Hubo alli hombres que con su elocuencia, la fuerza de sus razo-
nes y su estilo dulce, suave y culto, dejaban encantados y calla-
dos A todos los demas; persuadidos quedaban, pero no sin mie-
do. Es visto que hay salvajes muy inteligentes y capaces. Que
Dios les ha dado pico de oro, y que, A fuer de hAbiles, conven-
cen; pero no pueden arrancar el miedo que los viejos tienen A
que se mueva el orden hoy establecido por el ilustre, y, sobre
todo, temen que los manden desollar vivos a todos, que es 16-
gica tambien hAbilmente empleada con muy buen 6xito.
Llegaron noticias que La Rioja, Catamarca, TucumAn y Salta
habian autorizado con el mando supremo A nuestro ilustre, con
lo que nada mds era necesario para seguir su ejemplo, por la

TOMO IV. 4





OBRAS DE SARMIENTO


mayoria de la reuni6n. Los salvajes comprendieron que los viejos
federales estaban resueltos A salvar su cuero y no dar motive
para que les viniera alguna tempestad, y A fin de que no se mani-
festasen con decision en el asunto, les aconsejasen contestar al
gobierno remitiesen el negocio a la sala, para que ella determi-
nase como era de su competencia.
El caminito pareci6 muy c6modo y 6sta fue la decision. Diaz
trabajaba con los militares con dofia Angela y con la gobernado-
ra. Se excusaba del ministry y aun trataba de minarlo y hacer se
desconfiase de su march. Por iltimo, fue necesario decidirse,
pues ya todos los pueblos habian tomado su partido, except
este, cuya demora era ya un compromise, como tambi6n era un
pecado el consultar y pedir consejo en asunto que tendia nada
menos que A robustecer el poder del h6roe, del gran hombre, por
quien vivian y respiraban aun.
De golpe vino el miedo, el temor al castigo, pues ya divisaban
el lAtigo, ya se consideraban con el delito de vacilaci6n. Sin oir
mAs el gobierno pas6 A la sala su proyecto vaciando casi la ley
de C6rdoba.
La sala se compone en su mayor parte de salvajes, y 6stos no
tenian miedo A pesar que la barra era numerosa y se componia
de militares adictos y encabezados por el coronel Diaz. Se pide se
resuelva sobre tabla por ser su despacho urgente ;pero la sala en
mayoria la pasa A la comisi6n competent. Apercibido el gobierno
que pueden contrariar su resoluci6n tomada, trata de ponerse
serio y mueve A la comisi6n a un pronto despacho, sin p6rdida de
tiempo, porque si no, etc... Llega la noche de sala ordinaria, y
supone, 6 no, que la comisi6n puede haberse expedido y que tra-
tarAn el asunto. Dispone que Diaz y Coquino, Mayor de Plaza,
reunan A todo federal para las oraciones; y antes de que estu-
viese reunida la sala, recorren la poblaci6n con la banda de
m6sica dando vivas al ilustre y mueras al traidor, A los salvajes,
y d todo el que se oponga al nombramiento de jefe supremo. Ti-
ros, gritos furibundos y toque A degiiello con las cajas y corne-
tas fueron muy suficiente aviso A los salvajes de su posici6n cri-
tica y al pueblo todo para ponerlo en consternaci6n.
No hubo sala porque nadie se atrevi6 A salir de su casa te-
miendo la de San Bartolom6. Para la siguiente noche se cit6 la
sala.-Se llen6 la barra de militares con mal aspect, mal cefio,
y a pesar de todo, un salvaje tom6 la palabra y de su boca brot6
un raudal de perlas; para este salvaje no hay miedo ni posici6n





CAMPARA EN EL EJARCITO GRANDE 51

dificil. Sabe meter los dedos en la llaga, tvcar la parte mas deli-
cada: pero su tino es sorprendente, exquisito, y esto mismo lo
eleva A una altura adonde nadie hubiera osado asestarle un tiro
sin temor de errdrselo. Habl6 media hora, como 27 afios hacia
no se habia oido en esta tierra de cristianos. Se guardaba un pro-
fundo silencio, nadie se atrevia A respirar, sus palabras Ilegaban
A cada oido sin ser interrumpidas y eran escuchadas con profun-
da atenci6n. Salvajes habia que lloraban sin poder dominar su
sentido entusiasmo y su felicidad ante aquel destello de libre pen-
samiento.
En fin, amigo, este divino salvaje tiene a Dios 6 al diablo
adentro... Concluy6 dejando A todo el mundo en profundo silen-
cio, de tal modo, que A nadie por aquella noche le vino gana de
hablar. Unicamente al president, que al fin de gran rato se re-
solvi6 A recorder A los muertos; y no pudo conseguir que ni
siquiera un aullido se oyera. Les dijo que ponia en discusi6n
el proyecto de S. E.... Silencio.-Que lo daria por suficientemen-
te discutido... Silencio.-Pidi6 votaci6n, y esta se verific6 en
complete silencio. Asi se termin6 el.negocio levantAndose en si-
lencio cada representante sin hablar palabra hasta que Ilegaron
A sus casas. Parecia que A estos demonios les hubiesen aparado
los labios: estaban emperrados. Parecia aquello una ceremonial
hecha al cuerpo present de alg6n personaje que con su muerte
dejaba la consternaci6n y el luto A una poblaci6n. Este fu6 el mo-
do solemne como se sancion6 el proyecto del gobierno. Dado es-
te paso es consiguiente que usted comprenda que nuestros com-
pafieros federales largamos la lengua contra todo salvaje para
humillarlos y aterrarlos, teniendo 6stos que meters en un
cuerno.
No obstante que sabemos, seg6n nos dicen, que nuestro
ilustre cuenta con much gente para combatir al traidor, A pesar
de todo, aqui se estAn organizando con empefio el batall6n de
veterans y las milicias. 8 Sabe usted A lo que creo que mis se
teme? Son a los salvajes de Chile, que en este verano hagan al-
guna diablura... En el pueblo de C6rdoba hubo aviso de que
al norte por el Tio se velan grandes humos, infiriendose pu-
dieran ser Mascaritas, Salas y algunos otros salvajes. Se tir6
bando: pena de la vida el que tuviera comunicaci6n con estos 6
prestara recursos, etc., siendo castigados con la pena sin excep-
ci6n de persona y sin que para ello hubiere process, bastando
c61o presunci6n. Parece que todo ha quedado en nada, pues





OBRAS DE SARMIENTO


s6lo han sido temores.'Lo que se teme positivamente es que los
salvajes de Chile se pongan de acuerdo con el traidor y en el
verano (precisamente en Enero) se dejen caer d un tiempo; los
unos por el norte de C6rdoba, y oIs otros por Salta, Tucumdn 6
La Rioja.
El pueblo que seria perdido, indudablemente, seria C6rdoba,
porque se halla muy descontento, muy oprimido, muy pobre.
Mendoza es otro pueblo que temo, pues su gobierno no es
fuerte y prime much; teniendo s61o por garantia A San Juan,
que estaria pronto A su socorro. Aqui se hacen ejercicios mi-
litares tres veces por semana y cada dia se toman mayores pre-
cauciones para estar preparados A todo caso...
Se dice que Diaz aconsejaba A nuestro general hiciera venir
al Chacho para tenerlo aqui seguro; pero no ha faltado alg6n
diablo que made prevenir a 6ste que no venga. Todo esta
aqui pendiente de los sucesos del Estado Oriental como acto
decisive. Diaz ha sido mandado A La Rioja, Catamarca, Tucu-
mAn y Salta A arreglar y allanar las dificultades que obstan para
el trAnsito de los derechos que habia impuesto en esas pro-
vincias. Aqui se ha dado el transito libre; pero el tropiezo de
la fianza en Aduana no se ha allanado y aun subsiste. Debe
usted estar en la inteligencia que no tenemos correo corriente;
de noticias frescas estamos escasos.
Quedo como siempre, su afectisimo.

Mendoza. Octubre 29 de 1851.
Rosas no tiene ya apoyo ninguno en los pueblos; lo prueba
el alarmante estado de agitaci6n que domina A todas las pro-
vincias, segdn vemos por algunas hojas impresas en ellas. La
CAmara de representantes de San Juan se compone, en su tota-
lidad, de unitarios, figurando en su seno los Yanzi, los Rojo,
Laprida, los Rawson, Beruti, Sarmiento,.. Lloveras. Mendoza,
San Luis y C6rdoba se hallan bajo facultades extraordinarias,
disueltas sus representaciones. El norte todo s6lo esperaba
para decidirse el resultado de una primera batalla. La comuni-
caci6n entire Buenos Aires y las provincias proseguia cortada
por una fuerte division A las 6rdenes de Baigorry. La repre-
sentaci6n de Buenos Aires habia decretado grandes aprestos de
guerra; pero la nueva de esta victoria sera la contrasefia para
que todo el interior se ponga instantaneamente en armas contra
el tirano.





CAMPAI'A EN EL EJERCITO GRANDE


Cuartel general en Gualeguaychi, Noviembre 16 de 185i.
Sehor Teniente Coronel don D. Sarmiento.
Con satisfacci6n he recibido el ejemplar de Sud Anmrica, el
retrato de San Martin, y la hermosa piedra que se ha dignado
remitirme, y que yo admito con much gusto, como un testi-
monio de la adquisici6n que he hecho de la amistad de usted,
que tan sinceramente se ha adherido al Pacto Federal de la
Repiblica en la atribuci6n 4.a, que establece toda nuestra actua-
lidad.
Yo estoy content con que lo est6 usted por su parte con la
idea que le manifesto de acompafiarme en la pr6xima campafia,
en la que sus servicios 6 inteligencia serAn de much utilidad.
Si usted quiere realmente pasar A Montevideo, yo tendr6 much
gusto en recomendarlo para que se transport en uno de los
vapores que de mafiana a pasado deben venir con tropas, sin
que por esto deje usted de estar en campaia, cuando much
tiempo hace que lo esta, combatiendo con sus escritos al tirano
de nuestra patria.
Soy de usted afectisimo amigo y S. S.
justo Josd de Urquiza.


Montevideo, Noviembre 30.
Sehor doctor don Vicente L6pez.
Nuestro amigo el coronel Paunero me indic6 que el senior
Sarmiento se hallaba sin espada. Yo habia reservado para mi
una que tengo el gusto de ofrecerle, pididndole a usted se la
present en mi nombre. Es de las de mejor calidad que he
visto por aqui, y tiene la especialidad de deber su origen a
la confianza que tenia Rosas de entrar triunfante en Monte-
video...
J. Batle,
Ministro de la Guerra de la R. del Uruguay.


Montevideo, Noviembre 20.
Sefor don D. F. Sarmiento.
Mi querido compatriota y amigo: Tengo el gusto de dedicar
d used esas espuelas. Tienen para mi la recomendaci6n de haber





OBRAS DE SARMIENTO


sido del uso de mi hermano el general Lavalle, y mandadas
hacer por 61 en su campafia de Quito.
Su amigo,
Rafael Lavalle.


1852
Rosario, Enero 1.0 de 1852.
Habituado a luchar con el tirano de nuestra patria, sin otro
galard6n que el testimonio de mi propia conciencia, me sentia
demasiado conmovido anteanoche para dirigir la palabra A los
habitantes del Rosario, que se han dignado darme tan evidence
prueba de estimaci6n, visitandome reunidos. Si algo he hecho
en bien de nuestro pais, este acto me lo paga con usura, y creo
que he logrado expresar en mis escritos los sentimientos com-
primidos por tantos afos en el coraz6n de cada uno de mis
conciudadanos, por las simpatlas que he encontrado en cada una
de las provincias que he visitado.
No. pudiendo ahora, ni mis tarde, expresar de otro modo mi
gratitud a los habitantes del Rosario, lo hago por este medio
para que mi nombre se asocie al recuerdo del dia mis feliz
para un pueblo civilizado, y es aquel en que se erigi6 la primera
imprenta, y sus millares de lenguas llevaron A todas parties la
fama del acto de heroismo con que los habitantes se alzaron
contra sus tiranos.
Una colecci6n de mis libros quedara depositada en el archivo
p6blico. El estatuto provincial niega el derecho de ciudadania al
santafecino que no supiere leer en 1850, y yo he hecho pro-
fesidn de todos los ramos que tienen relaci6n con la educaci6n
del pueblo. En EDUCACI6N POPULAR hallarin los que quieran pro-
mover la cultural de su pais consejos y ejemplos.
Es mi Animo, terminada la campafia del general Urquiza, y
que el heroismo de los vecinos del Rosario ha cambiado en
march triunfal, retirarme a concluir mis dias en alguno de
los risuefios parajes que bafia el Parand, para consagrarme,
libre de toda preocupaci6n de espiritu, A fomentar la navegaci6n
de estos poderosos rios, vehiculos de riqueza, y asombrados, sin
duda, de verse hasta hoy desiertos de vapores y naves por mi-
Ilares en sus aguas, como de ciudades florecientes en sus
orillas. El Rosario estA destinado, por su posici6n topografica,
* ser uno de los mis poderosos centros comerciales de la






CAMPANA EN EL EJERCITO GRANDE


Rep6blica Argentina, y seria una de las mis puras glorias que
codiciaria acelerar el dia de su engrandecimiento y prosperidad.
El l6timo dia del afio de 1851 ha sido el mis grato de mi
vida. Hoy principia una nueva era para nuestra patria, y apro-
vecho esta ocasi6n de felicitar A los habitantes del Rosario por
tan venturoso afo.
Domingo F. Sarmiento.




Santa Fe, Enero 14 de 1852.
Seior don D. F. Sarmiento.

Mi estimado compatriota:
Me ha sido muy satisfactorio el recibo de su apreciable carta
fecha 5 del present, y agradezco a usted los sentimientos con
que se expresa en ella tan favorables A esta provincia, acep-
tando gustoso las felicitaciones que usted me dirige, por la
confianza con que me han honrado mis compatriotas, aunque
inmerecidamente.
Celebro que usted haya conocido prActicamente (i) la situa-
cidn topografica de esta provincia, muy ventajosa relativa-
mente a las demis de la Rep6blica Argentina para las relacio-
nes mercantiles y vias de conducci6t de toda clase de articulos
ya del pals como extranjeros; pero celebro much mAs su reso-
luci6n de vivir entire nosotros. La provincia de Santa Fe lo reci-
bird siempre, y darA a usted el lugar que se merece, no mezqui-
nAndole cuanto pueda hacer para proporcionarle su felicidad;


(1) En los Dcsmochados se aparta al Sudoeste el camino de Buenos Aires, costean-
do paralelamente el Parana. El primer puerto de Santa Fe es el del Rosario, distant de
los Desmochados veinte leguas y por donde han de surtirse en adelante de efectos de
C6rdoba, y las provincias de Cuyo, ahorrandose casi todo el flete que se paga desde alli
por tierra A Buenos Aires, que son tres pesos, cantidad que no deja de utilidad una
carga de aguardiente. El camino de Mendoza al Rosario mide ciento setenta y dos le-
guas por la post, mientras que A Buenos Aires se cuentan trescientas; y como el flete A
Buenos Aires es de doce pesos carga, descargando en el Rosario valdria en proporci6n
(Sud America, vol. I, pag. 140.-1851.)
Ya hemos hecho sentir en otra part la ruinosa organizaci6n actual de la Confedera-
ci6n, con un solo puerto habilitado para el comercio extranjero; pero A la sabia y me-
ditada deliberaci6n del Congreso, toca remediar por eyes previsoras este error de la
naturaleza. El Congreso decidird si cuando el mar no bafia nuestro territories sino por
un extreme, la voluntad humana podra prolongar hacia el interior, por medio de rios
extensos como mares, la comunicaci6n y contact director con el comercio extranjero:
el Congress decidira si conviene aplicar a Santa Fe destruida, A Corrientes y Entre
Rios anonadados el mismo ensalmo que ha hecho en pocos afios la prosperidad y el en-
grandecimiento de Buenos Aires y Montevideo. (Argir6polis, pag. 75.)





OBRAS DE SARMIENTO


pues me persuade que antes que usted se resuelva A venir sea
usted lamado, pues hombres como usted son tiles en todas par-
tes y aqui necesarios.
Entretanto, etc.
Domingo Crespo,
(Gobernador de Santa Fe.)


Cuartel general en los Espinillos, Enero 2 de 1852.
Sefor don Domingo F. Sarmiento.
Estimado amigo:
S. E. el senior general ha leido la carta que ayer le ha escrito
usted, y me encarga le diga respect de los prodigios que dice
usted que hace la imprenta asustando al enemigo, ccque hace
muchos afios que las prensas chillan en Chile y en otras parties,
y que hasta ahora don Juan Manuel Rosas no se ha asustado;
que, antes al contrario, cada dia estaba mas fuerte,.
Angel Elias,
(Secretario del general Urquiza.)


Rosario, Enero 3 de 1862.
Senior don Angel Elias.
Mi distinguido amigo:
En medio de las atenciones que con tanto placer me absorben,
he recibido la cartita de ayer, en que me trasmite, por orden de
S. E., su juicio con respect A la poca influencia de la prensa de
Chile para asustar a Rosas. Si este concept hubiese sido emiti-
do en una conversacidn lo miraria como una de tantas opinions
sobre las cosas y los hechos; pero en la forma que viene no s6
si deba recibirlo como un reproche.
Es probable que en la carta A que se refiere el senior general
haya oscuridad 6 generalidad en el concept; pero al hablar en
ella de la prensa, hablaba de esta prensa del Ej6rcito Grande, y
como 6sta no public sino documents y hechos que emanan del
senior general 6 relatives al ejercito, no acertara A comprender
por que la publicidad dada A esos documents y A esos hechos no
ejerceria influencia ninguna.
Si se refiriese i las pocas palabras de comentario con que yo
he acompafiado la publicaci6n de esos documents, A mis de





CAMPANA EN EL EJERCITO GRANDE


haberlas consultado con el sefor general, y en su ausencia con el
senior general Virasoro, 6 los coroneles GalAn y Basavilbaso,
hasta que se me ha autorizado para proceder por mi mismo, esas
palabras no son sino la reproducci6n del espiritu de los docu-
mentos mismos, 6 la simple narraci6n de los hechos.
Mas en el concept de que yo haya dado lugar A crer que me
referia a la prensa de Chile, es este asunto muy grave para que,
presentdndose ocasi6n de explicarme, no la aproveche. Es muy
natural career que yo me exagere A mis propios ojos la influencia
de la prensa, es decir, de la palabra, del studio, del consejo;
pues debiendo a ella una mediocre posici6n en various estados
americanos, y me atreveria afiadir, entire algunos hombres dis-
tinguidos de Europa, no es extraiio que la ame y la estime en
much. Pero la prensa de Chile he sido yo durante muchos afios,
y en estos l6timos no se ha ocupado de otra cosa que de predis-
poner la opinion p6blica en favor del senior general y de la digna
empresa que iba A acometer. No ha conseguido nada en este
sentido la prensa de Chile? Seria por lo menos premature el
asegurarlo, y en caso de ser asi seria un deslucido cumplido el
que me haria el senior general anunciAndomelo de una manera
punto menos que official, si no hubiese en esto un error de con-
cepto. La prensa de Entre Rios ha trabajado en el mismo senti-
do, y no veo por que la una haya sido mAs efectiva que la otra.
Las armas que combaten A Rosas son invencibles; pero tam-
bien es cierto que la opinion lo ha abandonado, y alguna parte,
por pequefia que sea, debe conced&rseles A los que han tenido el
coraje de combatir su poder diez afos y demostrar su indmorali-
dad y su impotencia, y yo no acepto la negaci6n de la parte que
me toca en ella, porque aceptarla serfa desesperar del porvenir
de mi patria y anularme.
Conociendo, como conozco, la bondad del senior general,
-apunto estas explicaciones sin adoptarlas ....................
Espero de la generosidad de usted que haga conocer al senior
general del contenido de esta carta aquello que pueda interesar-
le y predisponga mejor su animo, etc.
D. F. Sarmieinto.






OBRAS DE SARMIENTO


Cuartel general en los Espinillos, Enero 5 de 1851.
Sehor don Domingo F. Sarmiento.
Estimado amigo:
Dos cartas he recibido de usted, y absolutamente no he teni-
do tiempo para contestar a ellas; pero hoy lo hago con much
gusto.
La primera es aquella en que me habla del negocio de la
prensa, asunto que, segin el espiritu de su carta, le ha mortifi-
cado; por lo que debo decir a usted que este es un negocio com-
pletamente arreglado, pues el sefior gobernador se ha mostrado
muy afable, hablando sobre usted...
Angel Elias.



GENERAL PACHECO
Chacras de Mor6n, Febrero 1.0 de 1852 (12 del dia).
Excmo. senior (don Juan Manuel de Rosas).
Tengo el honor de remitir a S. E. una maleta conteniendo los
objetos detallados en la adjunta relaci6n, que indican pertenecer
al salvaje unitario Domingo F. Sarmiento, la cual maleta fue
aprehendida por un pe6n de don Ger6nimo Peralta. Este fu6 en-
viado bombero por el sargento mayor de mi escolta don Juan Pa-
blo Albanoz, de quien es sobrino, y habiendo legado A la Guar-
dia de Lujin con los caballos muy acosados, mand6 ese pe6n al
campo enemigo con el encargo de que tratase de sorprenderles
alguna cosa, y de traerle algo como prueba de que habia llegado,
A dicho campo. El pe6n fue, en efecto, y tom6 del medio del
campo (falso) de los salvajes unitarios (el campo del general Ur-
quiza) la maleta con los demas objetos que remito a V. E.
Envio A V. E. al mencionado N. por si V. E. quiere imponerse
de todo lo relative, sintiendo no poder hacer lo mismo con el
pe6n por no haber venido i este campo.



RELACI6N DE LOS OBJETOS CONTENIDOS EN LAS MALETAS QUE SE HAN TOMADO AL SALYAJE
UNITARIO TITULADO TENIENTE D. F. SARMIENTO EN SU PROPIO CAMPAMZITO.
Una carter de bolsillo con various apuntes.
Una carta topografica de la provincia de Buenos Aires por
Woodbine Parish.





CAMPARA EN EL EJARCITO GRANDE


Un MEMORANDUM que tiene por titulo del teniente coronel Domingo F. Sarmiento en el Ej6rcito Gran-
de, I852).
Una carta del titulado teniente coronel Olegario Orquera.
Un paquete rotulado Ilmo. y Ex)cmo. senior Consejero Er-
meto Honorio Carneiro Leao. Montevideo.
Otro rotulado Ilmo. y Excmo. sefior almirante don Juan
Pascual Grenfell A bordo del Alfonso.
Varios papeles impresos.



Buenos Aires, Febrero 23 de 1852.

Sehor General en Jefe del Ejercito aliado.

Excmo. sefor:
Habiendo obtenido de V. E. el permiso de regresar a Chile,
despues de haber terminado la comisi6n que se dign6 confiarme
en el Ej&rcito, he resuelto aprovechar la pr6xima partida de un
buque para Rio de Janeiro, para tomar desde alli alguno de los
muchos que salen para el Pacifico.
Aceleran esta resoluci6n el lenguaje y los prop6sitos de la
proclama que ha circulado ayer, siendo mi intenci6n decidida no
suscribir A la insinuaci6n amenazante de Ilevar un cintillo colo-
rado, por repugnar A mis convicciones, y desdecir de mis hono-
rables antecedentes.
Este acto, por el cual me sustraigo a toda jurisdicci6n gu-
bernativa, es un hecho personal que en nada se liga con la con-
ducta que garden 6 hubieren de guardar otros, justificAndolo
mi radicaci6n en Chile, y el ver, A juicio mio, malograda la es-
peranza de un regreso definitive A mi patria.
Que Dios ilumine A V. E. en la escabrosa senda en que se ha
lanzado, pues es mi convicci6n profunda que se extravia en ella,
dejando disiparse en un period mAs 6 menos largo, pero no
menos fatal por eso, la gloria que por un moment se habia re-
unido en torno de su nombre.
Aprovecho esta ocasi6n de ofrecer A V. E. los respetos y la
consideraci6n con que me suscribo de V. E. seguro servidor.
D. F. Sarmiento.

















PROLOGO



Si alguno de los millares de argentinos que han reci-
bido heridas graves en nuestras eternas luchas civiles
leyere estas pAginas recordarA aquella extrafia sensaci6n
que se experiment al recobrar el uso de la raz6n, y abrien-
do los ojos no poderse dar cuenta de si mismo y pregun-
tarse interiormente: qui6n soy y qu6 lugares son 6stos?
Z por qu6 no puedo moverme y qu6 fisonomfas extrafias
son las que me rodean? Hasta que, A fuerza de prolija
investigaci6n, halla en un extremo apartado de la memorial,
entire no bien definidas reminiscencias, el recuerdo de un
combat en que estaba dando una orden, y despues... des-
pues no se acuerda mAs de nada.
Este hecho, frecuente tambien en pos de suefios letAr-
gicos y enfermizos, explica el puf norteamericano, que
refiere como, alojAndose un ingl6s en una posada, conti-
guo A la habitaci6n de un pasajero negro, y habiendole
tiznado por travesura A 61 mismo la cara un su amigo
mientras dormia, vi6se negro el rostro al ser despertado
de madrugada, segin lo tenia prevenido, para continuar
su camino; y leno de indignaci6n y compadeciendose del
chasco exclam6, volviendo A dormirse: este bruto de sir-
viente ha venido A despertar al negro; y el pobre ingles
(era 6l) va A rabiar mariana, cuando lo recuerden tarde
para seguir su viaje.
Suc6dele cosas A uno en la political americana que
no serfa extrafio tomarse despierto, bien despierto, por el
negro del cuento, experimentando realmente aquella des-
orientaci6n de que hablaba al principio; y vale la pena
de contarlo, la fascinaci6n, que, despu6s de disipada, me





OBRAS DE SARMIENTO


ha inducido A poner orden por escrito A mis iltimas re-
miniscencias.
Exige la voluntad, despues de haber estado excitada y
tirante, por decirlo asi, por afios, en la prosecuci6n de alg6n
fin, sus dias de inacci6n, como el cuerpo pide algunas ho-
ras de reposo, en pos de las grandes fatigas. Entonces
las impresiones pasan por los sentidos sin dejar rastros
en las percepciones del espiritu: se vegeta, se cambia de
lugar, sin darse de ello cuenta clara.
Un suefio pesado me habia retenido uno de estos dias
en el lecho, hasta muy avanzada la mafiana. Hube de
abrir al fin los ojos con dificultad, y A mi frente y sir-
vidndole de marco el claro de una ventana, present6seme
un cuadro natural y para mi desconocido. El sol, bien
avanzado ya en su carrera, derramaba torrentes de luz blan-
ca sobre montafias agudas y cubiertas de vegetaci6n tu-
pida, azulada, y vaporosa A lo lejos, verde esmeralda, bri-
Ilante y abrumada de parAsitas en los declives mAs cer-
canos. Desde sus bases se extendia una inmensa tasa de
agua, tersa, dividida s6lo por el reguero de fuego que des-
cribia el sol en la linea de la visual, y agitada en parties
por barquillas de dos velas latinas. Hacia el lado de la
ventana, y hasta tocar la orilla del lago, extendiase un
jardin artisticamente decorado de hileras de plAtanos y
de bambdes en sus costados y al centro terraplenes de
flores extrafias A los climas templados, y de plants te-
flidas de amarillo 6 de encarnado, cual si ellas mismas
intentasen en las raras formas y colors de sus hojas re-
medar A las flores. Alcanzaba la vista A dominar en los
segundos plans alquerias y casillas de campo de un gusto
esmerado, con techumbres pintadas,- tejas brillantes y fa-
chadas en que el granite y estucos blancos sobre fondo
azul celeste prestaban armonioso contrast A los grupos
de Arboles florescentes, extrafios, gigantescos que las som-
breaban, derramando sobre ellas enredaderas y lianas, 6
sombras espesas que, formando masas de claro-obscuro,
daban realce deslumbrador A la luz filgida que bafiaba
los edificios.
D6nde estoy? me decia, sin poder disipar el letargo.
Este sol, esta vegetaci6n, este lujo de habitaciones, s61o
puede verse en la India, en Madras 6 en Calcuta, donde
I





CAMPAr5A EN EL EJERCITO GRANDE


]a cultural inglesa ha sometido A regla la naturaleza tro-
pical, desenfrenada, bella y ebria como una bacante anti-
gua. Recordaba haber oido al hijo del general Mansilla
detalles sobre la India; pero yo estaba despierto, y no
era recuerdo, ni ilusi6n, ni pintura, lo que mis ojos veian:
las barquillas aquellas se movian, mecianse las flores, sa-
cudidas por insects dorados, y el ruido de carruajes y el
bullicio de poblaci6n alejaba toda idea de un cuadro de
gabinete 6ptico.
No pudiendo tomar por el pr6ximo extreme el hilo in-
terrumpido de mi existencia, empec6 A buscarlo un poco
mAs alli, entire mis recuerdos, y pude al fin cerciorarme
de que no hacia aun seis meses 6ramos siete que parti-
mos de Chile, rondando el Cabo de Hornos, A bordo de
la Mddicis, 4 prestar nuestros servicios al general Urquiza
contra el tirano argentino.
SSiete!: Aquino, el brillante y caballeresco coronel de
queridisimo recuerdo, muerto sin gloria en los campos del
Espinillo; el coronel Paunero, experimentado soldado de
la guerra del Brasil; el teniente coronel Mitre, maestro pro-
fundo en su arma, la artilleria; y el capitin retirado de
Coraceros de la Guardia, Domingo F. Sarmiento, acom-
pafiados de los sargentos licenciados de Granaderos A ca-
ballo de Chile, Elpueta, Novoa y Garrido.
De estos siete soldados han muerto dos en la campafia
del Ejercito Grande aliado, y sobrevivido A tres lanzadas
otro; y con tres hombres fuera de combat de siete que
componiamos el cuerpo expedicionario de la Medicis, fu6
6ste el mas maltratado de la suerte, entire brasileros, orien-
tales y argentinos que entraron en campafia. Los que han
sobrevivido hallironse A la sombra del pabell6n imperial
en el combat naval del Tonelero, y arrostrado las balas
rojas, la fusileria y metralla de Mansilla, durante cincuen-
ta y cinco minutes, y en la batalla campal de Monte Case-
ros, i las 6rdenes del victorioso general Urquiza, hecho
cuanto puede esperarse de hombres de pro y de soldados
de honor; viendoseles entire los jefes, y hacienda la campa-
fia A sus propias expenses con 'sus armas y caballos, como
los antiguos capitanes castellanos.
Por lo que A mi respect, pues ya sabia quien yo era,
traje a la memorial, al volver de mi trascuerdo, que, de-





OBRAS DE SARMIENTO


jando atris familiar y cuidados de fortune, en busca de
una patria libre y culta, por quince a~ios de destierro sus-
pirada, habia costeado el AtlAntico y el Pacifico, remon-
tado el majestuoso Uruguay y el fecundizante Parani;
atravesado las provincias argentinas Entre Rios y Santa
Fe; visitado las capitals Montevideo y Buenos Aires; ba-
tidome en mar y en tierra; y, viajando y combatiendo,
soportado duras fatigas, y gozado de emociones profun-
das; observando lo que mis ojos vefan, y ofan mis oi-
dos; pensando, escribiendo, y viviendo de la vida febril
del entusiasmo y de la lucha; y como si algo faltara en
este vivisimo panorama, pasado A mi vista en cinco meses
de actividad y movimiento, A los hielos del Cabo de Hornos,
venfan por afiadidura A oponerse los esplendores sofocan-
tes del tr6pico, y A las desnudas 6 ilimitadas planicies de
las pampas argentinas las safiudas crestas y picos, que,
entire bosques enmarafiados, rodean la lujosa bahia de Rio
de Janeiro, donde escribo estas pAginas, en el Catete, ba-
rrio pintoresco y fashionable, Hotel des Etrangers, en una
habitaci6n alegre cuyas ventanas dan hacia el pedazo de
mar, contenido entire los faldeos de la montafia Das Orgas,
el Pan de Az6car y el Corcovado, y era la tasa de agua
que en parte caia bajo mis miradas al despertar, y no
acertaba a comprender en el primer moment.


i Ando peregrinando por la tierra de nuevo en busca
de instrucci6n para el pueblo! Demonio escapado del in-
fierno del destierro sempiterno, vuelvo, despubs de haber
bajado al mundo de la vida, a recoger de nuevo la cadena
que me tiene atado, lejos del pedazo de tierra que me fu6
por la naturaleza asignado por patria! i Emigrado otra vez!
SPr6fugo!... i Proscripto!...
Qu6 sabe el que naci6 argentino ad6nde amanecerA
mafiana, ni ante qu6 nueva area ha de ver encaneoer su
cabeza, malgastados ya, derrochados los mAs claros y be-
llos dias de la vida tras de alguna manzana dorada, como
aquellas que diz que crecen alrededor del mar Muerto, y
al morderlas llenan de cenizas la boca del viajero que bus-
caba refrigerio?
; Parece un suefio!... exclamaban las damas de Buenos





CAMPARA EN EL EJERCITO GRANDE


Aires quince dias despubs de caido el titano, en los in-
tervalos de la conversaci6n en que contaban su dicha ac-
tual y sus pasadas angustias. ;Y cierto! que todo es suefio
entire nosotros, hasta la vida que se salva de la epidemia
que asola A aquel pais hace veinte alios.
Reina en estos dias la fiebre amarilla en Rio de Janeiro,
v los sobrinos y hermanos de Rosas, con quienes venia
yo comiendo en un plato A bordo del Prince, temian al
desembarcar ser victims de sus estragos, echando de me-
nos aquellas playas argentinas, donde ninguna dolencia
peculiar al clima le sale al hombre en alguna encrucijada
del camino de la vida y lo asesina, como el v6mito negro
de la Habana 6 las tercianas de Lima. ; Ay! que se olvi-
daban que en la Confederaci6n reinaba, hasta ahora poco,
enfermedad end6mica, mas rApida en sus efectos, mis de-
voradora en sus estragos que el c61era morbo asiatico.
Llam6se aquella enfermedad degiiello, y salvar de su diente
era apenas el destierro, regimen que dura por aflos sin t6r-
mino. Bastaba que el entrecejo de alguin bArbaro se frun-
ciese para hacer rodar la cabeza del que piensa, como no
piensan los que no se tomaron nunca el trabajo de coordinar
dos ideas. ; Ah! a veces han caldo quinientas cabezas en
un dia y A veces una sola que valia por ciento de aqu6llas.
No tiene el mal estaci6n fija, y si amaina su fuerza, queda
latente en la atm6sfera, aconsejando la prudencia precaver-
se y no hacer desmanes. Cuando los sintomas de la enfer-
medad aparecian en el semblante 6 en los actos de alg6n
vecino, dAbasele al apestado el nombre de salvaje unita-
rio; y entonces se lo sefialaban los unos a los otros, evitan-
do su encuentro, pues que las leyes de la justicia y de la
humaniiad y hasta las del decor, cesaban de protegerlo.
En las veladas de A bordo, A la luz vacilante que Ilega
del sol a las zonas polares del Cabo de Hornos, conver-
sAbamos de lo que pasaba entire nosotros, los argQnautas
de la Medicis, circunnavegando en pos tambien de un
vellocino de oro, guardado por un Drag6n espantable; v
el gran magico Alexander que nos escuchaba, decia lleno
de estupefacci6n: ,( Pero que paises son esos donde cuan-
tos se nombran han muerto 6 en los combates 6 dego-
llados?, Y, en efecto, el sacrificado coronel Aquino, que
nos referia histories de vivaque, no acertaba A nombrar


TOMO XIV. 5





OBRAS DE SARMIENTO


compafero, amigo, enemigo, que no estuviese va sepul-
tado.
Ayer encontr6me de manos A' boca con Alexander en la
Rua de Ouvidor, y despues de la bienvenida de amigos
que se encuentran inopinadamente, pregunt6me por los
otros de la MCdicis. ; No sabia atin que Aquino habia sido
degollado! La memorial de Aquino volvi6 A despertarse do-
lorosa, como era festivo y agradable su recuerdo. Si al-
guna vez remontAis, ioh lectores! el Parana, mis allA del
Rosario, divisardis las torres solitarias v solemnes de San
Lorenzo. Desead el requiescat i la victim propiciatoria
sacrificada en los altares de la libertad argentina. iAhi
reposa Aquino! Su sombra, teffida de sangre, debi6 se-
guir las marchas del Ej6rcito Grande, por lo que todos,
jefes y soldados, la tuvimos siempre present como un
peligro, una amenaza, 6 un alerta silencioso, y soldado
medroso hubo que, A la luz vacilante 6 interrumpida de
las luci6rnagas que alumbran por moments la Pampa.
crey6 discernirla serena, con el aspect imponente que con-
serv6 su fisonomia en el cadAver!
; Cosa extrafia! Al visitar la Mddicis, en que debiamos
embarcarnos, de improvise desapareci6 Aquino de nues-
tras miradas, y al salir contuso de la bodega, donde cay6
por no haber visto abierta una escotilla, ((mal agiiero,,
exclam6 pensativo; pero desoy6 el aviso del cielo y se em-
barc6. Al despedirse de nuestros compatriotas en Val-
paraiso, una voz amiga dijo con pena: "este banquet
puede ser para alguno de nosotros la Cena de los Giron-
dinos), y los ojos del que hablaba se encontraron invo-
luntariamente con los de Aquino. Uno que lo traicionaba
tambidn le dijo: ((no vaya, Aquino. Yo s6 lo que son esas
cosas)); pero Aquino no comprendi6 la inspiraci6n del co-
raz6n del amigo, y no hizo caso del consejo de su enemi-
go. Todavia en el Diamante, mientras contaba A sus com-
pafieros las funestas interioridades de la division de su
mando y que le acarrearon la muerte, dispar6se su caballo
ensillado, lo que motiv6 esta observaci6n indiscreta y l1i-
gubre: ((no aqui, sino en el campo de batalla saldra s6lo
ese caballo). Aquino, Mitre, Terrada, Paunero, Sarmiento
presents quedaron al oirla estupefactos. i Pero Aquino mu-
ri6 degollado!





CAMPAxA E E EL EJERCITO GRANDE


Los naturales de la tierra creen haber hallado antidote
seguro contra esta epidemia que creen adhe'rente al suelo.
Llevan un trapito colorado en el pecho como los fetiches
que usan los africanos contra mordeduras de viboras y
culebras; y cuando entire nosotros el mal arreciaba usA-
ronse tres A un tiempo, que contra mal tan grave la abun-
dancia de precauciones no dafia. A los judios y A los le-
prosos en la Edad Media se les forzaba A Ilevar un gorro
amarillo en serial de reprobaci6n. Entre nosotros son los
buenos los que llevan el sambenito, para distinguirse de
los extranjeros A quienes nuestras distinciones en buenos
y malos no alcanzan: ellos son malos, ya se sabe; pero, al
rev6s de las epidemias naturales, ni la enfermedad del pais
les dafia, ni el preservative ejerce influencia ninguna so-
bre la conservaci6n de sus cabezas, que permanecen donde
Dios las coloc6 con ciencia infinita, y ninguna criatura te-
rrena es osada de tocarlas; por lo que cuando haya un con-
greso soberano en la Reptiblica Argentina tengo de hacer
moci6n para que, asi como el odiado, A la par que respeta-
do extranjero, puede pedir carta de ciudadania argentina,
asi el argentino pueda obtener carta de extranjeria en su
propio pais, cuando quiera sustraerse al trapo y a la en-
fermedad que cura; si bien es verdad que la felicidad de
haber nacido argentino es como el pecado original, y peor,
pues basta para lavarse de iste un poco de agua.
En busca ando, hace veinte afios, del medio de corregir
la atm6sfera argentina de esta disposici6n m6rbida. Rosas
me llam6 diez afios salvaje unitario; hasta que al fin hall,
en mengua de su tenacidad tan decantada, que era mis
prudent Ilamarme simplemente emigrado. Rosas ha caido,
y el epiteto subsiste con la clasificaci6n de odiado. C6mo
es possible que el buen sentido de un pueblo entero llegue
A estragarse A punto de hacer material de jugar su ca-
rActer en la historic los grandes, su vida y su porvenir
los pequefios, por imponer los unos y resistir los otros
estos signos absurdos, 6 aquellas pretendidas injuries?
Z Quien A quidn dice salvaje unitario, epiteto inventado
para encubrir su rusticidad un bArbaro atrabiliario? El
salvaje unitario Mariano SantibAfiez, decia Saravia de Salta
al cortar la cabeza de aquel patriota, por servir la causa
que sostenia el general Urquiza. El loco, traidor, salvaje,





OBRAS DE SARMIENTO


unitario Urquiza apellidaba A 6ste Rosas en sus decretos,
y Baldomero, Irigoyen y demAs energ6menos en sus voci-
feraciones. El salvaje unitario Juan Manuel de Rosas, repli-
ca el Boletin del Ejercito Grande; y al gobierno de Buenos
Aires y al redactor del Boletin mismo insinu61es el general
Urquiza el nombre de salvajes unitarios.
Es este un pueblo de locos, de necios, 6 de borrachos ?
Pero borrachos, necios 6 locos, lo que hay de deplorable
es que se juega con sangre y afios y afios perdidos en
divisions esteriles, porque la impulsi6n es extraviada.
Tengo contra todos estos males de mi pobre y decaida
patria una receta eficaz, cuyo uso me atrevo A aconsejar
a los que se sientan con voluntad de aplicarla. No be-
bAis de la hiel y del vinagre que os pasen en la esponja,
cuando s61o pediafs agua por caridad A vuestros verdu-
gos. I Volved la cabeza A un lado y ser6is salvos!
Soldado, con la pluma 6 la espada, combat para poder
escribir, que escribir es pensar; escribo como medio y
arma de combat, que combatir es realizar el pensamiento,
y este mi titulado Diario de la Campafia en el Ejercito Gran-
de tiene por objeto dar cuenta A mis amigos de los hechos
A que se refiere como de las causes que los produjeron, y
los resultados que debiera dar y darA el triunfo de Mon-
te Caseros, a que concurri con mi double carActer, arrastran-
do desde el Pacifico al campo de batalla aquella prensa de
Chile que continue fulminando y persiguiendo al tirano
hasta las calls de Buenos Aires.
Tienen estos apuntes la gloria y la recomendaci6n de
haber pasado en resume por la vista de don Juan Ma-
nuel de Rosas, la vispera de la batalla, como si hubiese sido
la mala suerte de aquel pobre hombre que yo habia de
estarle zumbando al ofdo: ; caerds... ya caes... ya has cai-
do! pues lo que lefa en manuscrito estaba destinado para
ver la luz despues de su caida.
Debi6 hallarlo, sin embargo, bueno y veridico, pues no
lo rompi6, y pude rescatarlo entire los despojos del com-
bate, y hallar todos mis papeles, segdn la minute del
general Pacheco, en orden; y cosa extrafia y fatidica!
amArrados todos con una ancha cinta colorada! MandA-
bame Rosas en ella el cord6n morado que debia amargar
nuestro triunfo ?





CAIPARA EN EL EJERCITO GRANDE


Ello es que, A causa de su fatal don, tuve que seguirle
a poco; como 61, asilarme en un buque de guerra; como
61, contemplar tristemente A Buenos Aires tres dias desde
las balizas; como e1, decir adi6s A la patria y tomar el
camino del extranjero, acompafiado, para mayor irrisi6n
te la fortune, de su sobrino y de su hermano el general
Mansilla, con quienes, embotadas las asperezas del espi-
ritu de partido por el roce diario, asisti A la Opera en pal-
co comfin en Rio de Janeiro, no sin grande estupefacci6n
del Emperador, de la corte y del piblico, que no acerta-
ban A descifrar aquel enigma viviente, expuesto ante sus
ojos, como una lecci6n de las raras vicisitudes de la poli-
tica argentina.

Rio de Janeiro, Marzo 20 de 1852.





Rio de Janeiro,Abril 13 de 1852.
Senior don Bartolome Mitre.

Mi querido Mitre:
Un mes de reposo en Petr6polis, la linda colonia ale-
mana sobre la montafia Das Orgas, me ha sacado del
marasmo en que usted sabe caigo siempre despu6s de
los grandes esfuerzos de voluntad 6 de espfritu. Estoy,
pues, fresco y content, y mi primera serial de vida es
acordarme de mis amigos.
El Golfinho probablemente les llevarA A usted y A Paune-
ro los diplomas y la condecoraci6n de Oficiales de la Orden
military de la Rosa, que da en el Brasil honors y trata-
miento de coronel, como una honra con que el Emperador
ha querido que conservemos el recuerdo del combat naval
del Tonelero, A que asistimos los tres A la sombra del pabe-
116n brasilero, usted y yo literalmente, pues recordarA que
estAbamos sobre la borda, apoyandonos en el asta-bandera,
salvo Paunero, que de miedo, no de las balas, sino de
caerse al agua, se fue A dar de palos A aquellos infelices
artilleros de la pieza de A setenta y ocHo, los cuales, con





OBRAS DE SARMIENTO


los lomos calientes, recobraron toda la actividad de unos
energfimenos. Paunero merecia, poi este acto de soldado
viejo que se va al grano siempre, una distinci6n especial.
El senior Vicealmirante Grenfell, al dar cuenta del com-
bate, tuvo la atenci6n de poner nuestros nombres entire
los de jefes y oficiales A quienes concedi6 los honors de
permanecer sobre el puente, lo que indico A usted para que
oI haga notar en su foja de servicios. Fue el general Man-
silla quien me trajo La Crdnica Maritima, en que se ha-
Ilaba el parte official del senior Grenfell, nuestro noble hubs-
ped, ri6ndose much de que hubi6ramos tenido el gusto de
saludarnos en el Tonelero A balazos, y conocernos despues
en el Prince en nuestro caracter com6n de pr6fugos. El ge-
neral Mansilla me ha dicho que 1l, de su parte solamente,
nos habia mandado mis de cuatrocientas cincuenta balas,
lo que hace que pasagen de ochocientas las que se cruzaron
y que nosotros computamos en menos.
Para mi la menci6n honorable del senior Vicealmirante
Grenfell, y la condecoraci6n del Emperador, como mi espa-
da, las espuelas de Lavalle y el estandarte tomado al ene-
migo (i), son los 6nicos recuerdos y los inicos trofeos
adquiridos. Sin ellos, mi nombre habria sido borrado de
las listas del ej6rcito, no obstante que fui el 6nico que, por
su double empleo, no tuvo hora de reposo en la campania, y
se hall6 en los dos grandes combates que la ilustraron.
li residencia en Petr6polis ha sido un preservative con-



(1) Sarmiento, que no tenia mando de cuerpo, queria mostrarse de otro modo que
como tinterillo,apodo despreciativo del gaucho contra el pensador, yatravesando el
campo de batalla en busca de acci6n, hubo de caer prisionero de un cuerpo enemigo, si
no fuese el oportuno aviso del benemdrito jefe don CAndido Galvan. Luego tom6 el
mando de una division de infanteria oriental a lo mAs recio del combat, sobre la bate-
ria de la puerta del Palomar que arrojaba una lluvia de metralla, carg6 a su frente,
apoderAndose con su mano del pabell6n enemigo. Ese trofeo conquistador en el campo
de batalla, se halla en mi poder y fu6 exhibido por el president Sarmiento a la expecta-
ci6n del pueblo,inaugurando la estatua de Belgrano, como general porta-estandarte de
la Republica Argentina, con las palabras que el lector hallard en aquel memorable dis-
curso.
Tiene las disposiciones de la bandera national, es decir, las tres fajas; pero las dos
laterales son negras en vez de celestes. La fajablanca central ostenta el escudo argen-
tino orlado de laureles dorados como el sol. En las cuatro esquinas gorros frigios colo-
rados y las siguientes inscripciones: en la faja negra superior, viva la confederacidn
argentina; en la inferior, mueran los salvages unitarios, y en la faja blanca, Batall6n
Cuartel General.
Las espuelas de plata de Lavalle se perdieron con una maleta que cay6 al mar des-
embarcando en Nueva York.-(Nota del editor.)





CAMPARA EN EL EJERCITO GRANDE


tra la fiebre amarilla, un studio prActico sobre los efectos
beneficos de la emigraci6n, y un bAlsamo para mi espiritu.
He sido recibido por el Emperador con una indulgencia y
atenci6n que A veces le hacia derogar de las formalidades de
la etiqueta.
La cuesti6n del Rio de la Plata ha llamado la atenci6n
de este gobierno sobre la historic, las costumbres, los hom-
bres y las cosas de nuestro pais; y al temor que antes
inspiraba al Brasil nuestro espiritu guerrero, y la descon-
fianza suscitada por el genio de la intriga, de la descortesia
y las trapacerias y querellas de que Rosas les habia dado
tantos ejemplos, se ha sucedido el respeto por el carActer
moral de que han dado muestras tantos de los que han
combatido la tirania y en homenaje a las luces 6 inteligencia
de nuestros escritores y hombres de estado. De estos, me
decia el senior Paulino, (los tienen ustedes notabilisimos.
Mucho tenemos, senior, que aprender en los libros y escri-
tos de ustedes, y la cuesti6n del Rio de la Plata, en que
hemos sido obligados a tomar part, habrd dejado por
resultado duradero el que, disipadas las preocupaciones de
raza, empecemos a apreciarnos y nos ayudemos argenti-
nos y brasileros con nuestros consejos, en la direcci6n de
los negocios p6blicos, siendo comunes A ambos pauses los
obstAculos con que tienen que luchar. Por much que
demos A la cortesania de un hombre tan culto como el se-
fior Paulino, queda de estos concepts much de que debe-
mos envanecernos.
El Emperador, joven de veintis6is afios, estudioso, y do-
tado de cualidades de espiritu y de coraz6n que lo harian
un hombre distinguido en cualquiera posici6n de la vida,
se ha entregado con pasi6n al studio de nuestros poetas,
publicistas y escritores sobre costumbres y caracteres na-
cionales. Echevarria, Marmol, Alberdi, Guti6rrez, Alsina,
etc., etc., son nombres familiares A su oido, y por lo que a
mi respect, habiame introducido favorablemente Civiliza-
ci6n y barbarie, hace tiempo, con la primera edici6n, ha-
biendose procurado despu6s Sud Amdrica, Argirdpolis,
Educacidn popular, etc. Mi recepci6n era, pues, favorecida
por estos antecedentes, y en varias admisiones, muchas de
ellas solicitadas, pues, por temor de ser indiscreto, yo eco-
nomizaba mis visits, he pasado horas enteras respondiendo





OBRAS DE SARMIENTO


i sus preguntas, explicindole las cosas que los escritos no
alcanzan, dindole noticias sobre el paradero de los hombres
cuyos nombres le han interesado.
Su naturaleza blanda, formada en el hAbito de la mode-
raci6n, y del orden moral y legal que lo rodea, se impre-
siona vivamente por aquellos caracteres duros, energicos,
que he trazado en algunos de mis escritos. Facundo, Nava-
rro, Oro, Funez, Calibar, Barcala, le lamaban much la
atenci6n y me decia: q Por que no hace usted una colecci6n
aparte de estos caracteres, y retoca aquellos que no estan
disefiados sino ligeramente? Seria un curioso libro,. Ex-
plicAndole la causa de estas originalidades que le sorpren-
dian tuve ocasi6n de detenerme sobre muchos otros que aun
no estan trazados, y que todos participan del carActer anor-
mal que hace nacer nuestra vida incierta y precaria, como
aquellos pinos de Noruega, cuyos troncos asumen forma
particular que ha servido de modelo para la construcci6n
de los faros, y cuyas races se prolongan desmesuradamen-
te hacia el norte, A fin de resistir a las tempestades de los
climas glaciales que A cada moment amenazan echarlos por
tierra.
SC6mro le trasmitiria en una carta los asuntos variadi-
simos de aquellas conferencias en que, mAs que Empera-
dor y un simple particular extranjero, pareciamos dos es-
tudiantes, el uno entendido y Avido de conocimientos, el
otro endurecido en las luchas del pensamiento, professor en
materials de emigraci6n, cultivo de la seda 6 historic intima
de su pais ?
Dile mi ejemplar de la Crdnica para que tuviese A la vis-
ta cuanto sobre emigraci6n he publicado, habi6ndome pedi-
do que le explicase mi modo de ver sobre el hecho prActico,
y la explicaci6n de mis ideas A la Rep6blica Argentina.
Sobre seda hablamos largamente, pues 61 posee un esta-
blecimiento, y para que la discusi6n se hiciese sobre el
cuerpo del delito (pues no creia exacto lo que en mi memo-
ria A la Sociedad de Agricultura de Chile habia escrito con
xespecto al Brasil), me habia hecho traer una colecci6n
de madejas de seda y de muestras hiladas, ilustradas por
una memorial que para mi informaci6n habia pedido al
director del establecimiento.
En esta conferencia, que dur6 dos horas y media de ter-





CAMPANA EN EL EJERCITO GRANDE


tulia de silla a silla y con un abandon afectuoso y cordial de
parte del Emperador, ocurri6 un incident que le darA la
media de la generosidad de su caracter. En la enume-
rac6in de mis escritos, que deseaba conocer, yo habia olvi-
dado nombrar unos viajes por Europa, Africa y America,
en cuyo primer tomo se registra una malhadada carta sobre
el Brasil; y en las anteriores visits S. M. parece ignorarlo
tambi6n. Habiendosele presentado el general Rivera en
esos dias, me dijo, aludiendo A 61, y como quien no pone
en ello intenci6n: (No es bavardn,. Eh diablo! me dije yo
para mi coleto, i ha lefdo mis viajes! Pero como digno sol-
dado del Ej6rcito Grande, no pestafie6, ni movie un misculo
al oir silbar esta bala perdida.
Mas gruesas y mis cercanas nos habian pasado A usted
y a mi aquellas rojas que usted me mostraba en el Tone-
lero, dici6ndome esa viene aqui, y pasaba zumbando por
nuestros oidos, usted el grognard joven del cafi6n, y yo el
viejo conscripto recibiendo lecciones de la experiencia del
veteran. La conversaci6n seguia, hasta que, no s6 por que
incident, me dijo: tMucha impresi6n le hicieron A usted
los negros en su primer viaje; pero se ha exagerado la
influencia de la raza negra sobre nuestro porvenir, y sobre
nuestras instituciones)).
Ahora ya no habia subterfugio, y el combat estaba
iniciado. Un official de guerrilla habria ripostado A esta
exposici6n. Yo me fui, para hablarle el lenguaje de su
arma de usted, sobre la bacteria que quedaba oculta y que
era el punto dificil. Sin duda, senior, le contest, en es-
tos juicios hechos A la Jigera, y por la primera impresi6n
de los sentidos, hay much que atribuir A la precipitaci6n
del viajero (que por ver una sirvienta tuerta cree que todos
los habitantes del pais que atraviesa son tuertos) ; pero en
el caso present hay algo mas grave. Los argentinos sali-
mos de nuestro pais con las preocupaciones que nos han
trasmitido los espafioles sobre los portugueses, y antes de
Ilegar al Brasil venimos ya dispuestos A juzgarlo por el lado
desfavorable. Es fortune que hoy se nos haya hecho co-
nocer de una manera tan simpdtica, que A los que saben
apreciarlo les impone el deber de desvanecer en el vulgo
las preocupaciones que lo desfavorecen y yo me encargo de
esta tarea),. El Emperador segufa con interns el hilo de





74 OBRAS DE SAR.3IENTO

mis ideas, apoyando cada frase con un movimiento de ca-
beza en serial de afable asentimiento, y dirigiendo de vez
en cuando sus miradas hacia los individuos de su sdquito,
que escuchaban nuestra conversaci6n, parecia decirles:
<( No oyen ustedes como es lo que yo les decia?,
Felizmente este lenguaje de mi parte ni aires de lisonja
tenia, ni era nuevo para el Emperador. En el moment
del asalto de Monte Caseros el mariscal MArquez, por un
lado, y yo por otro, nos encontramos sobre el terreno cir-
cunscripto del combat, y como ya hubiesemos antes ha-
blado largamente sobre la poca estima en que teniamos
al soldado brasilero, me dijo al estrecharnos con entusias-
mo las manos en felicitaci6n de nuestro triunfo: ((V. S. es
testigo de la conduct de nuestras tropas en el campo de
batalla,. ((Si, senior brigadier; las he visto pelear, y les
ha cabido la fortune de ganar hoy dos batallas, una contra
Rosas, y otra contra las preocupaciones vulgares que las
desfavorecian., Estos concepts, que despues se me pidie-
ron por escrito, para remediar A la parsimonia del lenguaje
del Boletin n6m. 26, le habian sido trasmitidos al Empera-
dor, y 61 mismo me lo habia recordado. Sobre el Brasil ha-
blara otra vez, y acaso ahorre desaciertos A nuestra political
el apreciarlo en su verdadero valor.
Para terminar, con lo que al Emperador respect, como
nuestras conversaciones no tenian mAs caracter que el li-
terario, leile un manuscrito que hall muy de su gusto,
except en un concept, cuya exactitud puso en duda; la
sostuve; replic6me: disputamos y quedamos perfectamente
de acuerdo, no sin que algunas gales hubiesen dado un
caracter ameno A la contienda. He aqui el hombre privado,
el dom Pedro II; pues el Emperador, el hombre de Estado
es reservadisimo, muy circunspecto y aun desconfiado de
que se-le sorprenda, en palabras inoportunas, su pensa-
miento intimo. La etiqueta de don Juan VI regla todas
sus acciones y la estrategia constitutional, sus palabras y
pensamientos; dejando para la vida dom6stica sus afeccio-
nes, y para las gentes de letras, brasileros 6 extrafios,
estas manifestaciones de su inteligencia cultivada con es-
mero.
Aquella diferencia que hago me explica por qu6 los que
le conocen se sorprenden del abandon con que me ha





CAMPARA EN EL EJIRCITO GRANDE


tratado, y de lo comunicativo y franco que se ha dignado
mostrarse conmigo. Nada me habia dejado traslucir sobre
las condecoraciones con que el senior Paulino se ha pro-
puesto darme una agradable sorpresa. Dentro de poco ir6
a darle, A nombre de los tres que hemos sobrevivido de la
expedici6n de la Medicis, las debidas gracias (i).
MAndole A usted un panfleto que tiene por titulo el
que Ilevaba el Memordndum que cay6 en poder de Rosas
y reconquist6 en el campo de batalla. El cansancio y el
tedio por un lado, y la mala correcci6n de la tipografia
brasilera por otro, han estorbado que escriba y publique
nada por ahora, contentAndome con citar ad-memordndum
todos los documents que trazan el camino de mi narra-
ci6n, como antecedente necesario de los concepts que emi-
tir6. Es lo que va un laberinto de fragments, en que pue-
de extraviarse el juicio; pero yo tengo el hilo de Adriadne,
y lo pondr6 a disposici6n de todos.
No s6 c6mo miren mis prudentes amigos la publicaci6n
de varies documents y sobre todo del iltimo, que puede
prestar asidero a malas interpretaciones. Deseo que usted
conozca mi opini6n A este respect, mis antecedentes y
mis motives. Antes de todo, en todas las transacciones
de la vida pdblica y privada quiero ser yo, siempre yo,
tal como la naturaleza me ha hecho, y no deformado por
las presiones exteriores. Por esta raz6n no consult A mis
amigos en los actos supremos de mi vida en lo que no
tiene relaci6n sino con mi persona. Esta raz6n debe sa-
tisfacerle.
Como tuve el honor de decirselo al general en mi 6ltima,
era mi intenci6n decidida no ponerme como ciudadano la
cinta colorada que como military llevaba; pues entire la obe-
diencia del soldado y el sometimiento del ciudadano A ac-
tos puramente voluntarios, de los que ejercen powder, hago
distinciones profundas.
La cuesti6n de la cinta colorada era para mf, ademAs,


(1) Las relaciones de Sarmiento con el ilustre y sabio Emperador, continuaron cor-
diales y leno de mutuo respeto hasta la muerte. Bastara recorder que sobre los restos
de Sarmiento estd depositada la magnifica corona verde y oro de los colors brasileros
con dos cintas en que S. M. hizo border en oro las siguientes inscripciones:
Civiligacidn y Barbarie-Tonelero-Monte Caseros-Petr6polis-Instruccidn Pui-
blica-Recuerdo y homenaje de dom Pedro d'Alcdntara.-(N. del E.)





OBRAS DE SARMIENTO


una cuesti6n personal. En Gualeguaychti el doctor Ortiz,
mi compatriota y amigo, y don Rafael Furque, me pre-
vinieron lo que los sefiores Elias, Ponsati y Basavilbaso
les habian indicado sucesivamente como un deseo del se-
fior general; pero yo debi esperar a que 61 mismo me ha-
blase de asuntos a que l1 por su insistencia, y yo por mi
resistencia, dAbamos una gran importancia. Cuando el se-
fior Elfas me di6 el parabien por el lema impreso que lle-
vaba mi papel de cartas, y en el cual habia una piblica
declaraci6n de principios, que ha sido adoptada despues
en Entre Rios, por consejo del senior general, hice sentir a
su secretario la diferencia que yo hallaba entire esta decla-
raci6n espontinea de ideas y aquel simbolo impuesto y
que traia antecedentes manchados por la tirania de Rosas;
y como el senior Elias abundase en el espiritu y modo de
ver del senior general, esforc6 mi idea asegurAndole que ja-
mas me pondria aquella insignia, para mi signo de terror
y de sangre, con letras 6 sin ellas; que era una cuesti6n de
honor, pues no habria mAs que leerme lo que contra ella
habia rscrito, llevAndola ahora, para quedar expuesto A la
vergiienza p6blica.
Dos 6 tres dias antes de la publicaci6n de la malhadada
proclama, habiendome suscitado don Di6genes Urquiza la
conversaci6n de la cinta, le expuse mi sentir con todo el
calor, con toda la verdad que estA en mi carncter, sobre
las consecuencias funestas que traeria al general su insis-
tencia en cosa de suyo tan insignificant, pero de inmensa
trascendencia para el p6blico de Buenos Aires y el de las
provincias del interior, cuyo espiritu conocia yo. Conjurele
Ad que le hablase al senior general en este sentido, incre-
pAndole A e1 y a los que lo rodeaban el que, por temor
de desagradarlo, lo dejasen extraviarse, concluyendo por
asegurarle lo que al senior Elias: que yo no me pondria
jamAs como ciudadano ese trapo.
Tres 6 cuatro dias despues sali6 la proclama. Habia
de ponerme la cinta, despues de tan formales protests?
Habia de crearse una excepci6n en favor de mis convic-
ciones ? 8 Podia permanecer alli de piedra de escAndalo, 6
sofisticando el espiritu de la cosa por usar traje military?
Usted ve que mi camino venia trazado; y como habia te-
nido el gusto de decirselo al senior Elias en Gualeguaychd:





CAMPAFA EN EL EJERCITO GRANDE


-Yo no practice ni acepto el axioma de Rosas: de sacri-
ficar A la patria, fortune, vida y fama. Las dos primeras las
he prodigado, A condici6n de guardar la iltima intacta,
tal como yo la entiendo, pues s61o A las mujeres les hace 6
quita la honra la opini6n ajena.
Me embarque, pues, y para quietud de mi conciencia
consigned en la carta al senior general el motivo y el esti-
mulo. Afiadianse A esto ciertas trapacerias de oficina, que
me tenian afectado, y contra las cuales no s6 opener sino
punzadas, y queria evitarlo.
Creo haber satisfecho A sus deseos, como he satisfecho
a mis convicciones.
Las noticias de los diaries de Buenos Aires traidos por
el vapor, el movimiento administrative y el espiritu de la
prensa, me han interesado profundamente. Lo felicito, como
usted sabe que s6 hacerlo cuando apruebo, por las nobi-
lisimas pAginas que ha escrito en el primero y segundo
nimero de los Debates, nombre sencillo y que lo dice todo.
i Honor A todos los muertos y A los invAlidos de la inteli-
gencia y del coraz6n! Despu6s de haber honrado sus ceni-
zas, 6 sus cicatrices, puede un nuevo atleta, con el coraz6n
descargado, sentarse en el banco aun caliente que ellos de-
jaron! i Ah! esto me trae A la memorial mis amigos sacri-
ficados Aquino, Santibafies, C. Alvarez! Dejemelos A mi,
yo cuidar6 de su memorial. i Pobrecitos


He tenido el gusto de tratar de cerca al senior Lamas,
A quien no vi sino una sola vez en Montevideo en 1846;
ic6mo ha crecido desde entonces acA! CuAnta prudencia,
cuAnta habilidad prActica le ha dado esta embajada al Bra-
sil que Ilena el episodio mAs glorioso de la defense de Mon-
tevideo, base de nuestra resurrecci6n political!
La historic de esta misi6n es un monument, y el hom-
bre creado por su intrincada complicaci6n, un tesoro para
nuestros paises; y digo para nuestros paises porque sus
simpatias, sus studios, sus afecciones de familiar lo ha-
cen argentino en 6sta 6 en la otra orilla del rio.
Tiene A punto de concluir la vida tiel general Belgrano
de que usted me habia hablado; pero, de simple biografia
que usted conoci6, es ahora historic profunda, que, como





OBRAS DE SARMIENTO


un rio de largo curso, atraviesa majestuosamente todas las
grandes fases de nuestra revoluci6n en que el general Bel-
grano tom6 parte desde la invasion inglesa hasta su muerte.
La ha enriquecido con studios completes, hechos por va-
rios de nuestros antiguos generals, sore las primeras ba-
tallas, y con documents diplomaticos que arrojan una
grande luz sobre aquellos oscuros sucesos.
Su aparici6n serA un verdadero acontecimiento, y su
autor oriental, escribiendo uno de los episodios m6s nota-
bles de nuestra historic, tomarA carta de ciudadanfa en
nuestra literature, haci6ndola el mismo servicio que Gui-
zot A la Inglaterra, escribiendo la de los Estuardos 6 la
de Monk.
Es el primer libro clAsico que tendremos sobre la Re-
voluci6n; y una vez trazado el ancho camino que le abre
el senior Lamas, todo lo que 61 no toca, por no ligarse di-
rectamente A su asunto, podrA colocarse con facilidad en sus
lugares respectivos por los que quieran aprovechar de su
trabajo.
Todo lo que yo s6 hacer a este respect usted lo sabe:
es admirar la perseverancia y la inteligencia: estimular A
que publiquen pronto, y despu6s de publicado ayudar A ge-
neralizarlo.
Para mi no hay mAs que una 6poca hist6rica que me
conmueva, afecte 6 interest, y es la de Rosas. Este serA
mi studio fnico, en adelante, como fu6 combatirlo mi solo
estimulante al trabajo, mi solo sost6n en los dfas malos. Si
alguna vez hubiera querido suicidarme, esta sola conside-
raci6n me hubiera detenido, como a las madres que se con-
servan para sus hijos. Si yo le falto, quin harA lo que yo
hago por 61?
Suyo,
Sarmiento.





CA MPANA EN EL EJERCITO GRANDE


DEDICATORIA

Yungay, Noviembre i2 de 1852.

Mi querido Alberdi:
ConsAgrole a usted estas paginas en que hallara de-
tallado lo que en abstract le dije a mi Ilegada de Rio de
Janeiro, en tres dias de conferencias, cuyo resultado fud
quedar usted de acuerdo conmigo en la conveniencia de
no mezclarnos en este period de transici6n pasajera, en
que el caudillaje iba a agotarse en esfuerzos initiles por
prolongar un orden de cosas de hoy mas impossible en
la Repdblica Argentina. Esta convicci6n se la he repetido
en veinte cartas por lo menos, rogAndole por el interns de
la patria y el suvo propio que no se precipitase, aconsejAn-
dole atenerse al bello rol que ((sus Bases, le daban en la
Regeneraci6n Argentina.
Si antes de conocer al general Urquiza dije desde Chile:
((su nombre es la gloria mas alta de la Confederaci6n (en
cuanto A instrument de guerra para voltear A Rosas)",,
lo hice, sin embargo, con estas prudentes reserves: (( Sera
61 el 6nico hombre que, habiendo sabido elevarse por su
energia y talent, llegado A cierta altura (el caudillo) no ha
alcanzado a medir el nuevo horizonte sometido a sus mi-
radas, ni comprender que cada situaci6n tiene sus deberes,
que cada escal6n de la vida conduce A otro mAs alto? La
historic, por desgracia, estd Ilena de ejemplos. de esta
pasta estd amasada la generalidad de los hombres... Y des-
pus ?... Despuds la historic olvidarA que era gobernador
de Entre Rios un cierto general que di6 batallas, y muri6
de nulidad, oscuro y oscu'recido por la posici6n de su pobre
provincia). Ya est-'en su provincia. La agonfa ha comen-
zado, y poco han de hacer los cordiales que desde aqui le
envian y le llegan fiambres para mejorarlo.
Oigame, pues, ahora que habiendo ido A tocar de cerca
A aquel hombre y amasado en parte ekbarro de los.aconte-
cimientos hist6ricos, vuelvo A este mismo Yungay, donde
escribi Argirdpolis, a explicar las causes del descalabro
que ese hombre ha experimentado.





OBRAS DE SARMIENTO


Como se lo dije A usted en una carta, asi comprendo
la democracla; ilustrar la opini6n y no dejarla extraviarse
por ignorar la verdad y no saber medir las consecuen-
cias de sus desaciertos. Usted, que tanto habla de political
prdctica, para justificar enormidades que repugnan al buen
sentido, escuche primero la narraci6n de los hechos prdc-
ticos, y despubs de leidas estas pAginas,. llimeme detractor
y lo que guste. Su contenido, el tiempo y los sucesos pro-
barAn la justicia del cargo, 6 la sinceridad de mis aser-
ciones motivadas. i OjalA que usted pueda darles este epiteto
A las suyas!
Con estos antecedentes, mi querido Alberdi, usted me
dispensary de que no descienda A la pol6mica que bajo
el transparent an6nimo del Diario me suscita. No puedo
seguirlo en los extravios de una 16gica de posici6n semi-
oficial, y que no se apoya en los hechos por no conocerlos.
No es usted el primer escritor invencible en esas alturas,
y sin querer establecer comparaciones de talent y de mo-
ralidad political que no existen, Emilio Girardin, en la pren-
sa de Paris, logr6 probar victoriosamente que el pronun-
ciamiento de Urquiza contra Rosas era un cuento inven-
tado por los especuladores de la Bolsa, y la Europa en-
tera estuvo por un mes en esta persuasion, que la embaja-
da de Montevideo apenas pudo desmentir ante los tribuna-
les. Mi Animo, pues, no es persuadirlo, ni combatirlo; us-
ted desempeia una misi6n, y no han de ser arguments
los que le hagan desistir de ella.
El piblico argentino allA y no aqui, los que sufren y
no usted, decidirAn de la justicia. No serA el timbre me-
nor de su talent y sagacidad el haber provocado yb hecho
necesaria esta publicaci6n, pues c6nstale A usted, A todos
mis amigos aqui, y al senior Lamas en Rio de Janeiro, que
era mi Animo no publicar mi campafia hasta pasados algu-
nos afios. Los diaries de Buenos Aires han reproducido
el ad Memordndum que la precede, el pr6logo y una carta
con que se lo acompafi6 al Diario de los Debates. VWalas
usted en el Nacional, y observe si hay consistencia con
mis antecedentes politicos, nuestras conferencias en Val-
paraiso y los hechos que voy A referir.
He visto con mis propios ojos degollar el fltimo hom-
bre que ha sufrido esta pena, inventada y aplicada con





CAMPA A EN EL EJERCITO GRANDE


profusi6n horrible por los caudillos, y me han baiiado
la cara los sesos de los soldados que crei las iltimas vic-
timas de la guerra civil. Buenos Aires estA libre de los
caudillos, y las provincias, si no las extravfan, pueden li-
brarse del iltimo que sblo ellas con su cooperaci6n levan-
tarian. En la prensa y en la guerra, usted sabe en que
filas se me ha de encontrar siempre, y hace bien en Ila-
marme el amigo de Buenos Aires, A mi que apenas conoci
sus calls, usted que se cri6 allf, fue educado en sus aulas,
y vivi6 relacionado con toda la juventud.
Hablole de prensa y de guerra porque las palabras que
se lanzan en la primera se hacen redondas al cruzar la
atm6sfera y las reciben en los campos de batalla otros
que los que las dijeron. Y usted sabe, segdn consta de
los registros del sitio de Montevideo, qui6n fu6 el primer
desertor argentino de las murallas de defense al acercarse
Oribe. El otro es el que decia en la cimara: <( Es precise
tener el coraz6n en la cabeza! Los idealistas le contestaron
lo que todo hombre inocente y candoroso piensa: ((Dejemos
el coraz6n donde Dios lo ha puesto,.
Es esta la tercera vez que estamos en desacuerdo en
opinions, Alberdi. Una vez disentimos sobre el Congreso
americano, que, en despecho de sus lucidas frases, le sali6
una solemne patarata. Otra sobre lo que era honest y
permitido en un extranjero en Am6rica, y sus Bases le han
servido de respuesta. Hoy sobre el pacto y Urquiza, y
como el tiempo no se para donde lo deseamos, Urquiza
y su pacto serAn refutados, lo espero, por su propia nuli-
dad; y al dia siguiente quedaremos, usted y yo, tan ami-
gos como cuando el Congreso americano, y lo que era ho-
nesto para un extranjero. Para entonces y desde ahora, me
suscribo su amigo,
Sarmiento.



ADVERTENCIA

Estos apuntes, como todos los escritos que emanan de
reminiscencias individuals, se resentirAn de su origen. Yo
vi, yo oi, yo hice.
TOMO XIV 6





OBRAS DE SARMIENTO


LUalos el que quiera. Critiquelos el que guste. A la dis-
tancia puede decirse de los hechos que refiero lo que sin
referirlos me decia un amigo:-(-Usted ha refiido con Ur-
quiza; y su juicio, por tanto, esta preocupadon. Yo no le
contest por cierto:--(Usted ha recibido un nombramiento
de Urquiza, y ha adquirido, por tanto, el don de lenguas.
Me content con objetarle: cambia usted s61o las premises
tomando por causa el efecto. Porque la political de aquel
caudillo no era conforme A los principios que yo sostengo
me separ6 de l1. Si ha habido rifia (que no hubo) la causa
es anterior A la rifia; la rifia es la consecuencia,.
Yo me divierto much con las teorias que inventan ios
hombres que se llaman prfcticos A cuatrocientas leguas
del teatro de los sucesos, en un bufete, 6 en un mostrador
de Valparaiso, para explicar los hechos contra la deposi-
ci6n de los testigos oculares, que tomaron parte en ellos,
que fueron envueltos en el polvo de su march, y que, A
causa de esta mania de decir las cosas en tiempo hAbil,
y cuando no hay utilidad prActica en decirlas v de hacer-
las, cuando el caso llega de ejecutarlas A costa de su pellejo,
son reputados idealistas vaporosos, y hombres puramente
te6ricos. Pero lo que refiero lo vimos treinta mil hombres,
de los cuales aun no han muerto cuatrocientos que yo sepa;
de manera que en cuanto A la verdad de los hechos no ad-
mito testimonio en contra sino de los que tuvieron ojos y
piernas y brazos en la realizaci6n de los actos, dejando A
los prActicos del Pacifico que inventen sus hechos A su modo
y para su propio y exclusive uso.
Me he estado mordiendo la lengua ocho meses por no
ir A interrumpir la march del carro triunfante con revela-
ciones indiscretas. Yo sabia que al carro le faltaban las
tuercas de todos los tornillos, y cuanto mas de prisa venia,
yo me decia para mi coleto: i Qu6 bArbaro. i Qu6 costalada
va A darse
La catAstrofe del nuevo Hipolito ha sobrevenido, y a los
curiosos reunidos en torno de los caballos derrengados, el
triunfador enclenque y el carro roto, me present yo A
explicarles la causa del desastre, y el espantajo que hizo
desbocarse los caballos.





CAMPARA EN EL EJERCITO GRANDE


EN MONTEVIDEO (1

Montevideo, Noviembre 5 de 1851.

Mi distinguido y buen amigo: Si no tuviera que hablar-
le de acontecimientos que dejan absorta la mente y est6ril
y pobre la imaginaci6n que quisiera inventarlos ni aun
como suefio, le encargaria decir A Balbastro que estamos
en Montevideo despu6s de 30 dias de navegaci6n, en des-
pecho de su oficiosidad y del interns que nuestra suerte
le inspiraba.
A nuestra llegada a la bahia de Montevideo, en ese esta-
do de excitaci6n novedosa que la arribada al puerto deseado
despierta, llamAronnos la atenci6n una series de campa-
mentos militares que se divisaban A la falda opuesta del
cerro, donde no habia antes posiciones militares. Nada
podia explicarnos aquella singularidad, y nuestras tenta-
tivas de darnos cuenta de ello nos iban Ilevando insensi-
blemente de duda en duda al recelo de algin acontecimiento
extraordinario. Preguntamos con cautela al piloto del puer-
to d6nde estaba Oribe, y como de un hecho sencillisimo
y sin mAs comentario nos dijo que estaba en su quinta. La
maniobra de anclar el buque lo absorbia, y no nos prest6
mAs atenci6n. Despu6s de consultarnos nos dirigimos A un
lanchero y 6ste nos di6 la verdad por entero.
Veinticuatro horas despu6s aun no me habia pasado el
dolor de cabeza que me trajo el vuelco de la sangre al
saber los acontecimientos de que habia sido teatro el pais.
Oribe se hallaba, en efecto, en su hacienda como individuo
particular, bajo la protecci6n del gobierno a quien habia
combatido tantos afios, despu6s de haber entregado al gene-
ral Urquiza su ejercito compuesto de siete mil quinientos
veterans, su artilleria y sus inmensos pertrechos de guerra,
y dejando toda la Banda Oriental 4 la autoridad del antes
titulado gobierno de Montevideo. La cuesti6n, pues, que
traia por diez afios A la Francia y la Inglaterra confundi-


(1) Estas dos cartas fueron publicadas en hoja suelta en Chile por la imprenta Belin.
No pertenecen & este libro, pero debian serle incorporadas por los detalles que contie-
nen.-(Nota del editor.)





OBRAS DE SARMIENTO


das se habia decidido en una hora, sin una gota de sangre,
y el tan temido poder de Rosas disipado por un soplo.
Sucesos son estos que han dejado azorados aun A los mis-
mos que han sido actores en ellos, y que van A resonar en
el mundo con estrepito proporcionado A la idea que del
poder de Rosas se tiene por todas parties.
Los hechos militares que han terminado en la capitula-
ci6n del Cerrito les son A ustedes conocidos, y revelan en
el general Urquiza una inteligencia poco comdn, y la ins-
piraci6n que hace que en ciertos moments se abandonen
todas las vias conocidas para contrarrestar la fuerza mate-
rial, dirigi6ndose adonde existe una causa moral de debi-
lidad. La vuelta de la isla de Elba s61o pudiera compararse
A la invasion del general Urquiza si aqui no hubiese habido
un plan de operaciones habilisimo y aconsejado por una
audacia que s6lo justifica el 6xito, y que viene de una fe
profunda y de una especie de iluminismo.
El general Urquiza, despu6s de haber aguardado al ejir-
cito brasilero cerca de dos meses, no obstante el tratado
que fijaba precisamente al 18 de Julio la apertura de la
campaiia, se lanza un dia sobre Oribe con seis mil caballos
describiendo en torno de 61 una media luna inmensa y
que por horas y A la rapidez del galope se vino cerrando,
arrollando los puestos avanzados hasta encontrarse el ej&r-
cito de Oribe reconcentrado al pie del Cerrito, coronado
de fortalezas. Cuando Rosas caracterizaba loco al general
Urquiza respondia al sentimiento general, que creia des-
cabellada la tentative de destronar a Rosas, y cuando se
han visto las fuerzas de Oribe se comprende todo lo que
habia que temer si tales elements de resistencia se hubie-
sen puesto en actividad. Habia a disposici6n de Oribe siete
mil veterans de infanteria, un tren formidable de artille-
rfa, posiciones fortificadas, y todos los elements de guerra.
El general Urquiza se muestra, el pavor se apodera de
todos: apenas se cruzan algunos tiros de guerrillas y Oribe
capitula, entregando todo sin condiciones. No han vuelto
a Buenos Aires sino los coroneles Maza y Costa de todo
aquel ejercito que constitufa el poder de Rosas, que dormia
en la seguridad mAs complete, y que habiendole pedido
Oribe cuatro mil soldados y dos mil onzas, habia mandado
una banda de misica, para burlarse de Oribe, y mil onzas





CAMPANA EN EL EJERCITO GRANDE


de oro. Las consecuencias de aquel acto pueden apenas
ser calculadas. El general Urquiza hall6 en almacenes en
el Cerrito catorce mil vestuarios, pertrechos formidable de
guerra, incorporando A su ejercito siete mil veterans, do-
minados por el ascendiente de su nombre y de la causa
que sostiene.
Las emociones de aquellos dias sobrepasan A toda des-
cripci6n. La ciudad de Montevideo ha estado en trances de
muerte mientras se desenlazaba aquel extrailo drama; la
poblaci6n, en despecho de las 6rdenes, sali6 en masa, acer-
cAndose A aquellos ejercitos silenciosos, mientras se estipu-
laba un desenlace que nadie podia prever, y cuando se
anunci6 el resultado obtenido, todos se palpaban para ase-
gurarse de que estaban despiertos y no era aquello un
suefio 6 un engafio. La poblaci6n de la ciudad se traslad6
en masa al Cerrito A ver A sus enemigos, A ver el campo
que s61o habia divisado en ocho afios, y tocar con las manos
las yerbas, respirar el aire, y convencerse de que no esta-
ban sitiados. En cambio, la campafia se aboc6 A la ciudad,
y los paisanos A caballo, con sus trajes fantAsticos, sus
mujeres y sus hijos recorrian las calls, mirando las casas,
admirAndolo todo, y asombrados de ver viva y alegre aque-
lla ciudad, cuyas puertas le habian estado cerradas diez
afios. Una mania se apoder6 de los habitantes de 6sta y
era la de montar A caballo, y para satisfacerla el general
Urquiza tuvo que poner en venta diez mil caballos, de los
cuales se han vendido algunos hasta A cuatro reales, porque
los nifios, los artesanos, las mujeres, todo el mundo queria
poseer un caballo, estarlo palpando, verlo comer y correr
por las calls y el campo vecino. Cinco dias de locura, de
fiestas, de abrazos, de correrias, de galopes no bastaron
A calmar la excitaci6n de los Animos, y traer un poco de
orden en la vida de esta poblaci6n.
En Buenos Aires el rechazo fu6 de otro g6nero. Rosas
estaba aturdido durante muchos dias, dando 6rdenes inco-
herentes, despachando chasques y mandAndolos alcanzar
para cambiar de objeto. La poblaci6n empez6 4 agitarse y
la emigraci6n comenz6 de nuevo como en el afio 35 y 36.
Los vapores de la carrera llegan todos los dfas con cente-
nares de pasajeros y de families que salen, buscando segu-
ridad; pr6fugos aparecen A cada instant en buquecillos,





OBRAS DE SARMIENTO


y no queda hueco en Montevideo que no est6 ocupado por
estas avenidas de extranjeros 6 argentinos que acuden de
todas parties.
El general Urquiza estaba hasta fines de Octubre en las
inmediaciones de Montevideo arreglando todas las cosas
para dar el golpe de gracia A Rosas, y el dia antes de nues-
tra llegada habia salido con cuatro mil hombres traspor-
tados en vapores al nuevo campamento de Bologne, para
pasar el rio. Cuenta con treinta mil hombres, que todos
han contado, cuerpo por cuerpo. Cinco mil entrerrianos,
tres mil correntinos, siete mil tomados A Oribe, tres mil
veterans de la plaza de Montevideo y doce mil brasi-
leros que estAn acantonados A cinco leguas de distancia
de esta ciudad. El Brasil y Montevideo han puesto A su
disposici6n ej6rcito, escuadra, transportes, vapores y cuan-
to es necesario. Rosas toma disposiciones, acuartela, ha-
bla de millares de soldados, de defense heroica, y de se-
pultarse bajo las ruinas de Buenos Aires; pero los solda-
dos se le rien en la formaci6n y es precise tolerarlo; la des-
moralizaci6n estA en 61 mismo como en todos los Animos;
los pasajeros que llegan, personas de criterio sin pasi6n
political, poco afectas al general Urquiza, aseguran que
antes que pase el ejercito se habrA terminado todo de suyo,
por la disoluci6n de un poder que nada represent, ni el
terror, que se ha encontrado impotente porque es el ver-
'dugo el que debiera ser la victim, y no hay quien quiera
encargarse de la tarea de asustar A los otros.
Rosas no existe, pues, como poder, y s61o la necesidad
de proceder A la organizaci6n del pais y desarmar los ejer-
citos, y que se alejen los aliados, aconseja el poner el ejer-
cito A la otra orilla del Plata que ya estA abandonada por
Rosas, que sabe que no puede opener resistencia A una
invasion tan formidable.
El drama terrible que nuestro pais ha representado en
estos afios ha terminado, pues, con una catAstrofe sorpren-
dente, aigno desenlace, sin duda, de aquel poema san-
griento. Una sola gota de sangre no se ha derramado
para quitar de las manos la cuchilla del exterminio con
que hemos sido diezmados durante veinte afios, y el poder
mas formidable de los tiempos modernos desaparece en





CAMPANA EN EL EJERCITO GRANDE


presencia de las resistencias mis formidable aun que he-
mos sabido oponerle.
Es probable que aun queden algunas dificultades que
vencer; pero el porvenir es nuestro, y sabremos vencerlas
por todos los medios, pues la revoluci6n de transforma-
ci6n estA terminada y la guerra civil agotada en sus fuen-
tes, como la tirania ha sido conocida, experimentada y
castigada.
Me es impossible entrar en todos los detalles que hace
nacer situaci6n tan nueva porque aun falta el bltimo acon-
tecimiento. El Rio de la Plata y el ParanA estAn cubier-
tos de vapores: hay lines establecidas desde el Parana A
Montevideo, desde Buenos Aires A esta iltima ciudad, entire
el rio, el Brasil y la Europa. La vida pulula por todas par-
tes, y la juventud que estA saliendo de Buenos Aires para
Montevideo muestra un fen6meno que nos deja espanta-
dos. Centenares de hombres de capacidad, Ilenos de dig-
nidad y de competencia para la nueva situaci6n, aleccio-
nados por los hechos que han presenciado, y educados A
la altura de las nuevas circunstancias. El espiritu piblico
existe poderoso, inteligente y capaz de todo; no duerme sino
que espera con prudencia, evitando toda manifestaci6n que
comprometa el 4xito final.
Como esta carta la leerAn algunos de nuestros amigos de
las provincias, le dare A usted algunos detalles sobre per-
sonas que se encuentran en el ejercito del general Urquiza.
El coronel don Juan Castro, sanjuanino, es uno de los
jefes de mAs cr4dito que tiene A su lado. Este sujeto, que
conoci joven, se ha formado completamente, y es hoy un
military respectable por su valor y sus conocimientos. Los
coroneles don Cesario Dominguez y don N. Burgos se
incorporaron con las fuerzas de Oribe. Encontr6 aqui A
nuestro amigo el doctor Ortiz, edecAn del general Urquiza y
que habfa fugado de Buenos Aires; Federico Carril, que se
habia distinguido con Lavalle, vino de capitAn, bajo las
6rdenes de Madariaga en el ej6rcito del Brasil; don Rafael
Furque, sujeto estimabilisimo de San Juan, esta empleado
en Gualeguaychi al servicio del general Urquiza, y hay
aun otros muchos conocidos provincianos que estAn por aca.
Yo parto mariana en un vapor A Entre Rios A tener
una entrevista con el general Urquiza, A darle cuenta del





OBRAS DE SARMIENTO


estado interior, en lo que conozco. Todos presienten que
ser6. recibido favorablemente, recordando algunas palabras
con que me ha favorecido.
La premura del tiempo, las visits y, la excitaci6n que
me causan los sucesos, me impiden extenderme mAs, como
1o har6 en otra ocasi6n.
Salud y confianza.-Suyo, Sarmiento.




Mi querido y buen amigo:
Estoy de regreso de Entre Rios, y tantas emociones he
sentido, tanto he visto y gozado, que dudo poder poner
orden con convenient mesura A mis recuerdos. Si en me-
dio de una pesadilla de aquellas que dan forma A los
temores vagos que se ocultan en nuestro coraz6n me hu-
biese visto caido en medio del ej6rcito de Rosas, rodeado
de caras siniestras y amenazadoras, sin poder huir, hubie-
ra creido, sin duda, una revelaci6n de lo que mAs tarde
debiera sucederme. Si, por el contrario, me hubiese ima-
ginado en Chile surcando las aguas del Plata y del Uru-
guay en un vapor norteamericano, cortado por el padr6n
de los que navegan el Mississipi, habriame burlado al des-
pertarme de las anticipaciones de la esperanza, como so-
lemos explicarnos el origen de un suefio por tal idea real,
tal cosa deseada, tal ocurrencia 6 tal recuerdo de lo ya
acaecido. La verdad es que la pesadilla horrible y el sue-
fio festive se realizaron al embarcarme el 12 del corriente
en el vapor Uruguay, con destino A Entre Rios, entire mil
hombres de las tropas que fueron de Rosas, comiendo to-
dos los dias del trayecto con los jefes y oficiales que por
tantos afios fueron el terror de los pueblos argentinos. C6-
mo he sufrido con la presencia de estos hombres! No es
que me inspirasen aversi6n 6 miedo, pues no habia motive
para ello, sino que la realidad, tocada de cerca, la revela-
ci6n de misterios incomprensibles al coraz6n human, en-
tristecen el alma y apremian al espiritu A entregarse A me-
ditaciones importunas. Puede concebirse que diez mil
hombres hayan sido arrancados del seno de su familiar y
de la sociedad, y permanecido nueve afios A la intemperie





CAMPAIA EN EL EJERCITO GRANDE


del invierno y verano, sin casas, sin tienda, sin salario, sin
botin, ni esperanza de obtenerlo, sin goces, sin emociones y
sin otro alimento que un pedazo de care? Puede creerse
que exista fuerza moral para adormecer todas las pasiones y
anular en el hombre todos los instintos, hasta la familiar, in-
movilizarlo y reducirlo A una existencia pasiva, esclavo ar-
mado de pies A cabeza, timido como un cordero dando
batallas todos los dias ? Tal es el espectAculo que ha pre-
sentado el ejercito de Rosas. Diez mil hombres habian
salido de Buenos Aires once afios ha: son hoy los que
quedan vivos, pues que mAs de un tercio ha perecido.
Millares de viejos, encanecidos en aquel horrible destierro
que se llam6 Sitio de Montevideo, no han recibido sueldo
alguno en diez afios, pues veinte pesos papel seiss reales
al mes) quedaban devengados por afios en un poncho, 6
en mano de los apoderados. Lo que es mAs notable y lo
que es inico en la historic humana es que los jefes y
oficiales que mandaban este ejercito no han tenido as-
censos en diez afios, y muchos en catorce y aun en veinte
de servicio. Los que eran capitanes en 1840 lo eran en
1851; y asi de los demAs, sin una sola excepci6n. Rosas
habia cuidado asi de alejar de los espiritus toda idea de
movimiento y de noble ambici6n. Parece que hubiera ne-
vado sobre todas estas cabezas de soldados, cabos, alf6-
reces y comandantes de cuerpo indistintamente. Dos j6-
venes vi, y pregunt6 qui6nes eran, porque su presencia
entire tantos ancianos me parecia ser de causes extrafias.
Patrocinio Recabarren, mi primo y vecino, encontrelo alli,
entire aquellos viejos, Ilenos de arrugas y cicatrices, azo-
rado de abrazarme y casi dudando de que nos viesemos
juntos. Habia sido capitAn de line catorce afios, hecho
las campafias de los indios, de Mendoza y el Sitio de
Montevideo, distingui6ndose en todas parties por su arrojo,
servido en la escolta de Rosas, y permanecia estereoti-
pado capitAn. El general Urquiza despert6 A estas momias
de la tirania, dando A todo el ej6rcito un ascenso, y la
sangre ha vuelto A circular por aquellas almas aletarga-
das. Sidntense hombres de nuevo, y Rosas no sospecha ain
las tempestades de c61era y de venganza que se estin le-
vantando en estas victims de su frialdad y de su egoismo.
Sus fieles servidores, las victims condenadas A derramar





OBRAS DE SARMIENTO


la sangre de sus hermanos y A pisotear A los pueblos, esta-
ban tambien condenados al exterminio, A morir lentamente,
diezmados por los combates y la intemperie. El cuerpo de
dragones de Buenos Aires, que sali6 en 1841, con doscien-
tas sesenta plazas, tiene hoy treinta y un soldados y ocho
oficiales.
; Cudl es el secret de fen6meno tan extrafio ? La inep-
titud y humildad de condici6n de los jefes y oficiales subal-
ternos, y el aunamiento de los jefes superiores para explotar
la guerra y el poder que ejercian. Veinte generals y corone-
les, orientales y argentinos, han reunido fortunes inmensas:
han talado el pais que ocupaban, sirvi6ndose del ej6rcito
como de peones sin salario.
De coroneles abajo el terror mantenia la resignaci6n,
la pobreza y la moraliaad. Cerca del campamento de Ori-
be vase hoy A visitar la zanja donde estAn insepultos los
cadAveres y esqueletos de centenares de soldados degolla-
dos, mezclados con los salvajes unitarios orientales y ar-
gentinos. Por estos medios una sola queja no ha sido
oida en diez afios de sufririentos y de injusticia. Dos
ejemplares darAn idea de lo que avanzo. El coronel Gra-
nada, viejo obeso y borracho, jefe de la escolta de Rosas,
habia reunido veinte cueros de tigre quitados A los solda-
dos de su cuerpo que en el Rinc6n de las Gallinas los
habian cazado A riesgo de perder la vida. Quitar un cuero
de vaca puede cohonestarse con pretextos plausibles; i pero
un cuero de tigre! El mayor Recabarren es mal querido de
sus compafieros y aun de los jefes A causa de las bromas
que les hace con frecuencia. En la mesa a bordo del Uru-
guay, despues de terminados los postres, Recabarren pa-
saba A un teniente coronel una taza de salsa en grasa, y con
la seguridad de su semblante lo hacia tomar de aquella p6-
cima nauseabunda, despues del postre; sintiendo el jefe
(que asi dice el tal por jefe) disgusto al tomar grasa, se
content por decir que ya estaba satisfecho con las tres
cucharadas tomadas! Como 6ste son la generalidad de los
oficiales de las tropas, peones rudos, hombres extrafios A la
vida civil, capataces muchos de ellos de las estancias de
Rosas. De tarde en tarde se encuentran excepciones ho-
norables. He conocido al teniente coronel Aguilar, al capi-
tAn Terna, excelentes sujetos, conocidos de mi familiar en





CAMPAlA EN EL EJERCITO GRANDE


San Juan y del senior obispo. La moralidad mas complete
predomina en la masa del ej6rcito, y aquellas fisonomias
graves menos anuncian la ferocidad de hombres habitua-
dos A las carnicerias de una guerra de exterminio que la
resignaci6n y' el estoicismo tranquilo que dan ailos y afios
de sufrimientos superiores A la naturaleza humana.
Guardo para trabajos mAs meditados las numerosas
observaciones que he hecho durante este viaje, y cuatro
dias que permaneci en los campamentos, con los datos
preciosos que empiezo A recoger para cumplir A Rosas la
promesa que le hice en el pr6logo de la segunda edici6n
del Facundo, de oir las deposiciones de las victims y de
los verdugos. En este moment me ocupo de adquirir el
fiador y la manea del cuero de Avellaneda, gobernador de
TucumAn, que para en poder de Benigno Oliden, residen-
te hoy en Maldonado, official de Oribe, y quien lo sac6 del
cadAver 6 hizo de ella un arreo de su caballo. Si las
obtengo mandar6 una de esas piezas al museo de Paris;
para edificaci6n de Guizot, de Mackau, Girardin, Balcarce
y tantos otros sostenedores de Rosas.
i Oh! ; me la pagarAn!
Pero apartemos la vista de estos recuerdos horribles y
volvAmosla A los cuadros consoladores que el vapor va
sometiendo sucesivamente A la vista A media que remonta
las aguas amarillosas del Plata. Cuatro vapores en convoy
Ilevaban con el auxilio de un remolque las tropas A Entre
Rios. Desde Montevideo A la Colonia el rio es un mar
cuyas playas se pierden de vista. Martin Garcia se pre-
senta al fin A la vista, con su blanda eminencia, su for-
taleza insignificant y la multitud de casitas construidas
en torno de la guarnici6n. Desde alli para arriba el rio
toma caracter y forma. Las Hermanas preceden A la isla
del Juncal en que Brown tom6 la escuadra brasilera, y
los cabos de ambas costas, contorneando bahias en la
extrema anchura del rio, varian la escena que abren con
una grandiosidad imponente las bocas del Guazf y la
embocadura del Uruguay, que aparecen en la perspective
cual calls que los buques deben recorrer. Cada uno de
los puntos de la costa oriental tiene su sangrienta historic
de estos afios de frenesi. Higueritas, en que Oribe ha
edificado una aduana y una iglesia; el Rinc6n de las





OBRAS DE SARMIENTO


Gallinas, campamento de la division Granada; las islas
del Vizcaino y del Gallego en el Rio Negro, cuya pose-
si6n conservaron los-de Montevideo hasta la pacificaci6n.
Ultimamente Ilegamos al puerto de Landa en Entre
Rfos, lugar de desembarco en la costa. Iba, pues, A tocar
por la primer vez el suelo de mi patria, despuds de diez
afios de esfuerzos perseverantes por volver A ella: iba A
ver aquel pedazo de tierra que, sobre la carta y por la
especulaci6n sola, habiame habituado A creerlo bello, rico
y destinado A ser grande y pr6spero; iba, en fin, A con-
templar de cerca al hombre cuya gloria llama hoy la
atenci6n de todas las naciones relacionadas con la cues-
ti6n del Plata, al jefe, en fin, de la revoluci6n por la
cual he trabajado en la prensa chilena con una felicidad
y acierto de que puedo juzgar s61o por las simpatfas que
encuentro por todas parties.
La novedad de la situaci6n, la curiosidad y los deseos
avivados por la proximidad de verlos realizados, me hicie-
ron apresurar mi desembarco sobre la costa entrerriana,
cubierta de bosques de ceibos en flor, los cuales decoran
con sus macetas de flores rojas baiiadas y animadas por
el bullicio de los yajaes. El primer hombre con quien hube
de entenderme fu6 un pardo, comandante del puerto, hom-
bre de edad, quien, oy6ndome nombrar, depuso para con-
migo su gravedad military, anunciAndome que era sanjua-
nino, salido el aio 12 de Mendoza en un contingent pa-
ra el sitio de Montevideo, y ascendido penosamente desde
la humilde condici6n de asistente hasta la de teniente co-
ronel del ej6rcito national, A las 6rdenes de Alvear, en
la guerra del Brasil, y despues de mil vicisitudes de las
guerras civiles, era hoy coronel al servicio del general
Urquiza. LlImase Francisco Soza, y tiene en Mendoza her-
manos, de los cuales procede, sin duda, el botero Soza,
de Santiago, pues se le parece en la boca. Desde alli me
dirigi A Gualeguaychd, residencia del general Urquiza,
atravesando una campafia hermosisima, -accidentada de on-
dulaciones pintorescas y cubierta de ganados.
La hoy ciudad de Gualeguaychd es una poblaci6n situa-
da A orillas del rio del mismo nombre, navegable para em-
barcaciones menores, y centro de un vastisimo comercio.
No puedo dejar de repetir que por todas parties he encon-





CAMPANA EN EL EJARCITO GRANDE


trado fisonomias simpAticas y la acogida que se da a un
antiguo amigo. Al dia siguiente fui presentado al general
Urquiza, y durante mi residencia tuve con 61 cuatro largas
entrevistas, que han terminado por mi incorporaci6n al
Ejercito Grande y la designaci6n de los servicios que debo
prestar en el Estado Mayor General. Estas entrevistas, co-
mo es fAcil inferirlo, encierran detalles preciosisimos que'
serAn para mi de duradero recuerdo, para la realizaci6n de
esperanzas tantas veces burladas, y un prospect entero de
la political que ha de dirigir los destinos de nuestra patria.
El coronel Paunero debe ser nombrado jefe del Estado Ma-
yor, y el brillante Aquino y el simpAtico Mitre incorporados
en sus respectivas armas.
El general Urquiza ha pasado sus noches, durante una
temporada, en bailes y fiestas. Las calls de Gualeguaych6
estAn ain decoradas de arcos triunfales y de banderas.
El domingo 15 del corriente hubo un convite general en
una isla que forma el rio, en frente de la capitania del
puerto, donde pas6 el dia y la noche sucesivamente casi
toda la poblaci6n de la ciudad. Me ha sorprendido agra-
dablemente el gusto exquisite que reina en el vestir de
las sefioritas y los modales cultos y desembarazados que
s61o se notan en las grandes capitals. Hay teatro en ac-
tividad y actors pasables, entire ellos uno que he conocido
en Chile. La mesa es regalada y la multitud de italianos
establecidos en el pais hace que los manjares presented
la variedad y formas que s6lo en Valparaiso y Santiago
se encuentran. Los rios proporcionan abundante provision
de pescados. El pact', el surubi, el dorado, el pati y otros
muchos, entire los cuales los hay de mAs de dos varas de
largo. Puede, pues, vivirse en Entre Rios sin echar de menos
las comodidades de pueblos mAs adelantados, y con la
pr6xima pacificaci6n estos paises serAn invadidos por una
poblaci6n numerosa, afanada en participar de las venta-
jas de situaci6n tan privilegiada.
Mi regreso A Montevideo lo hacian urgente la pr6xima
apertura de la campafia, y las instancias y solicitud del
general Urquiza, A fin de que estuviese mAs pronto de
vuelta, despues de desempefiar varias comisiones de ser-
vicio.
En Landa encontr6 de nuevo cuatro vapores, remolcando





OBRAS DE SARMIENTO


otros tantos buques de vela, los cuales traian de Monte-
video tres mil hombres mAs, no quedando sino ochocientos
de las divisions entrerrianas.
De regreso descend a la isla de Martin Garcia: reco-
rrila a caballo de un extreme A otro, y hall6la espacio-
sisima para una ciudad, feraz para la cultural, estando en
su parte mAs elevada cubierta de una capa de aluvi6n de
muchos pies de espesor. La piedra s61o se encuentra en
la base: los puertos son espaciosos y seguros, y es hoy
estaci6n de buques de guerra, resguardo y guarnici6n mi-
litar. Un dia sera aduana zolwerein del Brasil, Uruguay
y Paraguay, para la importaci6n por estos rios, y siempre
la lave del Plata. En una piedra prominent y cercana
a la playa dej6 escrito:-1850 Argirdpolis--85z Sarmiento,
inscripci6n que yo traduzco para mi: En 1850 cref hallar,
A pretexto de Martin Garcia, una soluci6n a la cuesti6n
argentina; y ya en 1851 volvia de hablar con el que la
habia encontrado.
El vapor toc6 tres horas despuds en la Colonia, teatro
de las tiltimas matanzas de la guerra civil en el Estado
Oriental. Es una ciudad pequefia, situada, como Monte-
video, en una lengua de tierra, y como aqu6lla antes se-
parada de la campafia por una muralla en ruinas. Alli
y en los alrededore% esta acampado el conde de Caixas,
con doce mil hombres, y llegaran bien pronto tres mil de
la guarnici6n de Monftevideo, destinados a hacer la cam-
pafia de Buenos Aires. Este formidable campamento, A diez
leguas de Buenos Aires, con ocho 6 diez vapores a su
servicio, es decir, A tres 6 cuatro horas de camino, es una
espada de Damocles que pende sobre la cabeza de Rosas
y hace impossible todo movimiento de su parte. Si quie-
re disputarnos el paso del Parand, 6 aventurar tropas en
el litoral, le echamos un taco de infanteria y artilleria en
San Pedro, San Nicolas, el Rosario, 6 el mismo Pa-
lermo. Sin esto nuestros medios de acci6n son inmensos,
y el nombre del Ejdrcito Grande dado por el general Ur-
quiza al de invasion sobre Buenos Aires es merecido. La
Amdrica no ha visto jamAs masa de hombres mas nume-
rosa; infanteria mis disciplinada y aguerrida, caballerfa
mAs brillante. La tirania mAs celebre, mAs espantosa de
los tiempos modernos, sera conducida a la tumba por cua-





CAMPANA EN EL EJERCITO GRANDE


renta mil hombres en armas, por las provincias argenti-
nas, el Estado Oriental devastado, el Brasil amenazado,
y los ej6rcitos del mismo tirano, que van A pedirle cuenta
de las devastaciones que les ha forzado A hacer en diez
ailos. Esto es grande e imponente, y yo me huelgo de
encontrarme en estos funerales, para echarle mi pufiado
de tierra. Mandoles las proclamas que abren la campafia
al pasar el Parana, y la imprenta volante del ej6rcito darA
bien pronto los boletines, la orden del dia, el Diario del
ej6rcito, y el manifiesto del general Urquiza A los pueblos
que va A libertar. Que los argentinos residents en Chile
trabajen sin cesar porque las provincias del interior no scan
arrastradas A participar de la suerte de Rosas. Su causa esti
juzgada: su perdici6n y la de sus sostenedores consumada.
Contindian Ilegando de Buenos Aires centenares de pa-
sajeros y de pr6fugos. Sesenta encontramos en Martin
Garcia. Rosas da bailes en que Manuelita luoe diamantes
por valores fabulosos. Pero en todas estas orgias, en que
se agitan sombras inanimadas, encuentran escritas en las
paredes el Mane, Thecel, Phares de los poderes que van a
desaparecer. El terror estA embotado: Rosas duerme, 6,
mis bien, cierra los ojos para no ver el abismo que lo
circunda. Hace reclutar gente, organize cuerpos, cambia
jefes, y 6stos y el pueblo, los ciudadanos y las masas rien,
bailan, y se burlan del papel de espantajos que se les confia.
Manuelita dijo, no hace seis dias, que su tatita habia dicho
que no le quedaba mas amigo que ella, y decia verdad la
pobre mozuela. De las antesalas de Palermo se esparcen
rumors siniestros para amedrentar a Buenos Aires. HA-
blase de hacer volar la ciudad con millares de libras de
p61vora, si inquietan a Rosas 6 se sublevan sus tropas.
Ha torado de las escuelas cuatrocientos niflos, de que
va a hacer una guardia para Manuelita, en realidad: para
retenerlos como rehenes de la fidelidad de los padres. Las
prActicas de los siglos birbaros reviven al expirar el poder
de la barbarie entire nosotros. Pero todo esto y mAs no hace
mella en la opini6n, que se muestra fuerte, uniform 6 in-
contrastable. Nadie se batirA.
Las onzas, despu6s de haber subido a 400 pesos papel
moneda, han bajado"i 300, y se cree que bajarAn mAs: tal





OBRAS DE SARMIENTO


es la confianza que inspira la idea de un nuevo gobierno
de paz y de prosperidad.
Las emisiones han comenzado de nuevo, y algunos mi-
llones mAs se agregarAn A la cantidad enorme emitida.




MONTEVIDEO

En la noche del i. de Noviembre pudimos ver el faro de
la isla de Flores, y en la mariana del 2, voltejeando a mer-
ced de un vientecillo de tierra, acercarnos A Montevideo. La
ciudad estaba ahi como una pirAmide artistic; el Cerro
alzaba como siempre su majestuosa cabeza; la bahia osten-
taba su bosque habitual de mAstiles; el rio descendia len-
tamente A confundir sus amarillas ondas con las azuladas
del mar: todo era lo mismo que cuando habiamos dejado
en diversas 6pocas la ciudad fuerte con su cintura de calio-
nes. Pero ahora, qu6 habrfa sucedido en los dos meses
que habian transcurrido desde las 6ltimas noticias recibidas
en Chile? Urquiza habia debido invadir en Julio el Estado
Oriental. Habia triunfado? Z Habia sido vencido? Qui6n
manda en Montevideo? 6 Oribe 6 Urquiza ? Esto era lo que
la brisa de tierra no nos podia decir, no obstante que habia
sido respirada antes de Ilegarnos por nuestros enemigos
6 nuestros amigos.
Al pasar por delante del Cerro vimos hacia la base, al
Oeste, grandes campamentos de tropas, tiendas de campa-
iia, y aun cuerpos formados. G Qu6 hacian allf ? 6 Quibnes
eran ? De la plaza no, porque este costado del Cerro estaba
fuera del circulo de sus operaciones. Era Oribe que sitia-
ba la plaza ? 1 Seria Urquiza que sitiaba a Oribe ?
El piloto del puerto lleg6 a indicarnos el lugar donde de-
bi6ramos anclar; la quilla de la Medicis toc6 en el fondo del
rio, tan cerca de tierra estAbamos, y ningdn indicio se reve-
laba que pudiese ilustrarnos. Era domingo y los c6nsules
extranjeros habian izado sus pabellones. El pabell6n ar-
gentino flotaba entire ellos. Pero, G y ante qui6n estaria acre-
ditado el agent que lo tremolaba A su puerta ? D6nde
estA Oribe? pregunt6 yo al piloto, queriendo ir de un golpe





CAMP VNA EN EL EJERCITO GRANDE


al fondo de la cuesti6n.-En su quinta, contest sin aten-
ci6n, y di6 orden de virar i otra maniobra del ancladero.
-- En su quinta!
iTodos nos miramos, sin mover un mdisculo de la cara!
En su quinta quiere decir en el Cerrito; luego estA sitiando
siempre: no hay cuidado!
i Pero la verdad era que teniamos un cuidado del diablo!
Ya estAbamos anclados, y la verdad la ibamos a saber pro-
bablemente en el muelle 6 en la cArcel. Entonces fuimos
A interrogar a los boteros.--;i Hola! i eh! qui6n manda en
la plaza?-El gobierno.-- Oribe?-EstA en su casa.-- Y
Urquiza?-Se embarc6 anteayer para Entre Rios.-- Y el
sitio sigue ?-Se acab6 ya; todos se entregaron; hay paz...,
Nos abrazamos todos como chiquillos, dimos saltos so-
bre cubierta, respiramos fuerte, pues habiamos todos cuatro
reprimido durante una hora nuestro sobresalto, y tratado
cada uno de mostrarse A los ojos de sus compafieros sereno,
tranquilo, indiferente A aquellas siniestras indicaciones.
Saltar a tierra, lanzarse A las calls cada uno por su
cuenta fu la supreme felicidad A que consagramos toda
nuestra energia. Yo me dirigi A la calle Ancha, fuera del
mercado. Habia parada. Los viejos tercios italianos, fran-
ceses, vascos, estaban ahi, diezmados por nueve afios de
combates, satisfechos de triunfo tan costoso. Los cuatro
batallones de negros orientales formaban A la cabeza, uni-
formados con lujo, con el uniform frances, que habian
recibido poco antes, y que sentaba admirablemente a los
soldados mas aguerridos, mAs disciplinados que la America
podia ostentar. M. du Chateau, jefe de la expedici6n france-
sa, habia dado repetidas veces testimonio de esta supreme
perfecci6n de los cuerpos de linea de la plaza, y si a la
llegada de los cuerpos franceses les faltara algo, adquiri6-
.ronlo en breve estudiando en la escuela francesa.
Excusado es decir que los amigos llovian de todas parties
en liusca de los reci6n Ilegados, antiguos veterans todos
de la lucha contra Rosas; cual del sitio, cual de Paz, cual
de Lavalle, y cual otro de todos A un tiempo, con tal que se
please contra los caudillos. Lo mas notable es que las mu-
jeres habian presentido que Ilegariamos, y A cada buque
que se anunciaba del Pacifico mandaban saber si fulano
habia llegado, por esa 16gica invencible del coraz6n, mAs
TOMO XIV. 7





OBRAS DE SARMIENTO


fuerte en el bello sexo que la del cAlculo, que no duda
cuando la pasi6n esta de por medio.
Montevideo estaba ain en la embriaguez de su dicha.
Era el preso de nueve afios que se sentia libre, que tras-
pasaba el recinto de la muralla para ir A ver la vegetaci6n,
las quintas de los alrededores, las flores de los jardines,
los cactus, los aloes de las cercas, porque todo esto habian
conquistado en aquellos dias. El asunto mas grave de las
conversaciones, el t6pico inagotable, era montar A caballo,
contar c6mo habian galopado una legua, y las nuevas par-
tidas que se preparaban. Comprar caballos, sillas, vestidos
de amazona, el negocio del dia; talabarteros, sastres y ca-
ballerizos los personajes de la 6poca.
Para nosotros, para mi, otro era el objeto de mis solici-
tudes. Desde luego recibia las oficiosas atenciones de los
amigos. VisitAronme los viejos generals, los ministros.
Hizo el senior Carneiro Leao, enviado plenipotenciario del
Brasil, manifestaci6n de su deseo de verme, en los tdrmi-
nos que un personaje sabe hacerlo, sin descender y sin
hacer sentir su superioridad. Fui en el acto A visitarlo; me
recibi6 con distinci6n exquisite; y al dia siguiente, acom-
pafiado de su secretario, me devolvi6 la visit, tray6ndome
los tratados celebrados con Urquiza y el gobierno de Mon-
tevideo, que estaban todavia secrets, para mostrarme c6mo
estaban en armonia con los intereses, integridad, honor y
gloria de la Reptblica Argentina, y las ideas econ6micas
sobre navegaci6n de los rios de que me habia constituido
6rgano.
Una persona, empero, no venia A verme. Por fin, en-
cuentro en casa una tarjeta enviada por don Di6genes
Urquiza. EstA enfermo este sujeto ? No: serA, acaso, por-
que es encargado de negocios de Entre Rios, y creera
derogar A su dignidad visitar en persona A un individuo.
Don Di6genes es un hijo del general Urquiza, de edad
de veinticuatro afios, grande propagador antes de mis es-
critos en Buenos Aires, y hoy el hombre que se daba estos
aires para conmigo, habituado, debo decirlo, al trato de
personas por su edad, dignidad y rango en la sociedad,
muy superiores, sin duda, A aquel imberbe, que empezaba
tan pronto A olvidar aquella jerarquia natural en que estAn
colocados los hombres en la sociedad, y contra la cual na-





CAMPANA EN EL EJERCITO GRANDE


da pueden, sin faltar A los respetos debidos, esas elevacio-
nes oficiales que produce las circunstancias del moment.
Este encargado de negocios, hijo de su padre el gobernador
A quien representaba, empezaba," por otra parte, A suble-
varme el espiritu, viendo ya una especie de gobierno do-
m6stico, de familiar, del cual no habia ejemplo anterior en
nuestras prActicas, si no es el reciente del Paraguay.
La cosa no valia la pena de recordarla, pero me deja-
ba la desaz6n en el espiritu que he pintado antes. Otros
hechos vinieron a alarmarme. El general Urquiza habia
permanecido cerca de un mes a las puertas de Montevi-
deo, sin entrar una sola vez en la ciudad, sin aceptar
ninguna de las reiteradas invitaciones con que la gratitud
p6blica habia querido mostrarse. Durante aquel tiempo ha-
bia permanecido en su tienda, recibiendo en ella embaja-
dores, ministros, generals y los numerosos residents ar-
gentinos con quienes necesitaba conferenciar sobre !os
asuntos relatives A la patria com6n.
Este sistema no era nuevo, por cierto, y es uno de esos
recursos A que la insuficiencia apela para conservar la su-
perioridad asumida. Facundo Quiroga habia hecho otro
tanto en San Juan, acampando en medio de un prado de
alfalfa, y forzando, por la desnudez de todo amueblado,
a sentarse en el suelo A los enviados del gobierno que
venfan a tratar con l1. Un progress habia hecho Urquiza,
en la invenci6n de medios de duplicar su importancia,
que no ocurri6 6 Quiroga. El general Urquiza tiene A su
lado un enorme perro, A quien ha dado el nombre del
almirante ingl6s que simpatiz6 con la defense de Mon-
tevideo en los principios del sitio, y contribuy6 a su sost6n
contra Oribe. En honor del anciano y simpAtico almi-
rante, la bacteria que defiende la puerta principal de la
line de defense se llamaba Purvis. El perro Purvis, pues,
muerde horriblemente A todo el que se acerca a la tienda
de su amo. Esta es la consigna. Si no recibe orden en
contrario, el perro muerde. Un grufiido de tigre anuncia
su presencia al que se aproxima; y un ((Purvis) del ge-
neral, en que le intima estarse quieto, la primera serial
de bienvenida. Han sido mordidos Elias, su secretario, el
bar6n de Grati cuatro veces, el comandante de uno de sus
cuerpos, y Te6filo, su hijo, y ciento mAs. El general Paz, al





OBRAS DE SARMIENTO


verme de regreso de Buenos Aires, su primera pregunta
confidencial fu6: 4 No lo ha mordido el perro Purvis?-
Porque no ha podido morderme, general, le contest, es
que me ve usted aqui. Siempre tenia la punta de la espa-
da entire 61 y yo.
; Que se imagine cualquiera las emociones que debia
experimentar cada ciudadano argentino al penetrar en
aquel antro., con el sombrero en la mano, los ojos fijos
en el monstruoso perro, su salvaci6n pendiente de un grito
dado un segundo mas tarde del moment oportuno, mos-
trando ante un extrafio sintomas de terror que nos presen-
tan en una luz desfavorable, y i veces ridicule!
Pero lo que mis me llam6 la atenci6n en estas confi-
dencias fu6 que el general se habia ocupado, durante su
acampamento en los alrededores de Montevideo, en hacer
sentir A los emigrados argentinos la necesidad de ponerse
la cinta colorada. En Montevideo cuarenta 6 cincuenta ar-
gentinos con aquel embeleco habrian producido el mismo
efecto que si el Club del Valparaiso hubiera resuelto usar-
la en Chile. La resistencia venia mas bien -de la decencia
piblica comprometida en la cosa, que del absurdo de ha-
cer Ilevar A los vencedores en la lucha de diez afios el sig-
no de dependencia de Rosas, contra el cual habian com-
batido. Lo mis singular era que ante Alsina, L6pez, y
otros hombres artamente colocados, el general no manifes-
taba empefio alguno, no obstante ser los que con mas fre-
cuencia 6 intimidad trataba; pero apenas salidos de su pre-
sencia, en la de otros de menor cuantia y los de su sequito
prorrumpia en denuestos contra el empecinamiento de los
unitarios.
Quien haya leido en Civilizacid6 y Barbarie lo que so-
bre la cinta colorada he escrito podrA formarse idea de la
extrafieza, de la preocupaci6n en que me echaba esta per-
sistencia en seguir las prActicas de Rosas. El general de-
cia que era una cosa que no significaba nada, que cuando
llegAsemos a Buenos Aires la pisoteariamos; pero que era
necesario conciliarse las masas, y que 61 queria probar a
Rosas que era federal. MAs tarde tuve ocasi6n de notar
este sobresalto y empeiio de justificarse ante la opini6n de
Rosas, de que parecia hacer much caso.
Sea de ello lo que fuere, de estos datos y de muchos





CAMPARA EN EL EJERCITO GRANDE


otros que iba recolectando y que referir6 en su lugar,
yo empec6 A ver confirmados recelos que traia desde Chi-
le, y resuelto A seguir el plan de vida political que he se-
guido siempre, que" consiste en conservar ilesa la dig-
nidad del hombre, como la inica arma que pueda opo-
nerse al despotismo personal, resolve no ir hasta Entre
Rios, ni acercarme al perro Purvis, no obstante que desde
nifio he tenido por rasgo caracteristico la impavidez para
hacer frente A los perros, que nunca han podido mor-
derme.
No habia en esto, cr6aseme, sentimientos ni exagera-
ciones de amor propio. Todos habian resistido A la des-
dorosa pretensi6n de hacerles cargar un signo reprobado;
y hubieran desechado como una pesadilla horrible su pro-
pia image, tal como habian de presentarse sus perso-
nas ensambenitadas un mes despues. Pero lo que me alar-
maba no era tanto la exigencia como la manera de im-
ponerla. Con Alsina, L6pez y otros hombres de consejo
disimulaba; pero con aquellos que nada habrian osado
decirle se exhalaba en improperios contra los que resis-
tian. Habia, pues, en eso aquella perseverancia brutal,
que huye de ser ilustrada, que insisted en despecho de to-
do, y que reduce A la condici6n de siervos a los que,
por sus luces 6 su posici6n, querrian, por lo menos, ser
consejeros.
El doctor Alsina me mand6 llamar una mafiana, y en-
cerrados en su escritorio, y con todas las precauciones
oratorias imaginables, me dijo que habia sabido mi reso-
luci6n y que la deploraba como una calamidad. (La Ga-
ceta sacarA partido de esta circunstancia. Ya se dice que
el general estA en desacuerdo conmigo; y si A esto se
afiade que usted desiste de acercarsele, nuestros amigos
de las provincias iy de Buenos Aires van a desalentarse.
Es precise sacrificarlo todo a la necesidad de dar conjunto
4 los elements aunados contra Rosas. Los brasileros ha-
cen sacrificios, los orientales los hacen, los hacemos to-
dos a aquella supreme necesidad. Vaya A Entre Rios, y
que se sepa en Buenos Aires que esta reunido al gene-
ral para inspirar confianza A nuestros amigos en los
principios y en las esperanzas que sostienen la lucha,.
Don Vicente L6pez, mi antiguo amigo, me aguardaba





OBRAS DE SARMIENTO


en casa con el mismo objeto, y con menos rodeos entr6
de Ileno en la cuesti6n, dici6ndome que todos los com-
patriotas temblaban, no ya de que no fuese A Entre Rios,
sino de que, yendo, la rigidez de mi caricter fuese A es-
trellarse en los principios con usos, con exigencias y hA-
bitos que me chocarian profundamente. (Es un hombre
manejable, me decia, con tal que se halague su amor pro-
pio, y, al insinuarle las ideas, se le haga comprender que
es 61 mismo quien las ha formulado y hecho nacer. Se
necesita s6lo un poco de sagacidad, de mafia, de souplesse
para manejarse. Yo le he hablado con la mayor libertad,
dichole las cosas mas delicadas, mezclAndolas con elogios
de su valor, de su penetraci6n, y, sobre todo, desenvol-
vi6ndole sus vastos planes, ocultos hasta hoy, por no ser
llegado el moment de manifestarlos,. L6pez, despu6s de
mil detalles de sus entrevistas, y lo que 61 habia logrado
hacerle adoptar para el porvenir, me aconsej6 ir, trazAn-
dome un plan de conduct para evitar desagradarlo y
ganar su confianza. Yo accedi al deseo de todos mis ami-
gos, presentado como una necesidad piblica, y resolve mi
viaje A Entre Rios.



CAMPANA DEL URUGUAY

Los dias que permaneci en Montevideo los emple6 en
adquirir datos sobre los extraordinarios acontecimientos
que habian tenido lugar en el Uruguay. De lo que en-
tonces supe de fuentes oficiales y de las confirmaciones
posteriores, he aqui lo que de mAs notable puede refe-
rirse (i) :
Montevideo, como se sabe, fu6 el iltimo atrinchera-
miento en que hicieron pie las resistencias argentinas y
orientales contra la triunfante tiranfa de Rosas. Arrolla-
dos nuestros ejercitos en Mendoza y Tucuman, los orien-
tales en el Arroyo Grande; esterilizada la victoria de
Caaguazi, y mAs tarde vencida Corrientes en Vences,

i) VWase en el tomo V, pig.28. los antecedentes y la descripci6n de la lucha ern
MIonevideo.-(Nota del editor.)




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