Obras de D.F. Sarmiento

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Material Information

Title:
Obras de D.F. Sarmiento
Physical Description:
53 v. : ; 25 cm.
Language:
Spanish
Creator:
Sarmiento, Domingo Faustino, 1811-1888
Montt, Luis, 1848-1909
Belin Sarmiento, Augusto, 1854-1952
Publisher:
Belin
Place of Publication:
Paris
Publication Date:

Subjects

Subjects / Keywords:
Education   ( lcsh )
Politics and government -- Argentina -- 1860-1910   ( lcsh )
Economic conditions -- Argentina   ( lcsh )
History -- Argentina -- 1860-1910   ( lcsh )
Genre:
non-fiction   ( marcgt )
Spatial Coverage:
Argentina

Notes

General Note:
Vol. 1-6 "reimpresion" 1909.
General Note:
Vols. 1-6 have imprint: Paris, Belin hermanos, 1909; v. 7-49: Buenos Aires, Impr. "Mariano Moreno" 1895-1900 (v. 7, 1896); v. 50-52: Buenos Aires, Marquez, Zaragoza y cia., 1902; v. 53: Buenos Aires, Impr. Borzone, 1903.
General Note:
Vols. 1-7 comp. by Luis Montt ; v. 8-52 and index comp. and ed. by A. Belin Sarmiento. Cf. "Advertencia"," v. 1.
General Note:
Vols. 7-52 "publicadas bajo los auspicios del govierno arjentino."

Record Information

Source Institution:
University of Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
oclc - 04759098
ocm04759098
Classification:
ddc - 982
System ID:
AA00010664:00003


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OBRAS


DE



D. F. SARMIENTO



TOMO III


DEFENSE,
RECUERDOS DE PROVINCIA,
NECROLOJIAS Y BIOGRAFIAS


(REIMPRESION AUMENTADA)




BUENOS AIRES
5141 Imprenta y Litografia t Mariano Moreno ,, Corrientes, 829.
1896


lT EN



















MI DEFENSE


1843



No hai cosa mas dificil, decia Sully, que
defenders de una calumnia forjada per un
cortesano.

Habiendo Apeles escapade de la acusacion capital que le
suscit6 Ptolomeo, compuso i dej6 en la ciudad de Efeso su
cuadro de la Calumnia.
La Adulacion abria la march de sus personajes, i daba,
por la espalda, la mane al Artificio i a la Astucia; esta mar-
chando hacia atras, atraia hicia ella a la Credulidad, con la
boca abierta, el mirar abobado, las orejas paradas; a la derecha
se apoyaba en la Ignorancia, representada bajo la forma de
una mujer ciega, i a la izquierda en la Sospecha, atrevidndose
apinas a poner el pie en el suelo. La Calumnica con miradas
sombrfas i feroces, la seguia arrastrando de una mano a la
Inocencia, bajo el emblema de un nifio, con los ojos levanta-
dos hicia el cielo. Con la otra mano la calumnia ajitaba
una antorcha, cuyos vapores formaban una nube que la Ver-
dad, seguida del Arrepentimiento, vestidos ambos de duelo,
no podian penetrar.






OBRAS DE SARMIENTO


INTRODUCTION

Je ferai mes honneurs en bien une gale-
libert4; celui qui n'ose se rendre bon temoi-
gnage a soi-mime, est presque toujours un
l1che qui sait, et craint le mal qui on pourrait
dire de sa personnel, et celui que hesite A avoue,
ses torts, n'a par le force de les soutenir, ni les
moyens de les racheter.
EF.IEIR P i: 5 DE MADAME ROLAND.

Lanzado repentinamente en la vida p-blica, en medio de
una sociedad que me ha visto surjir en un dia sin saber de-
d6nde vengo, quien soi, i cuiles son mi caricter i luis ante-
cedentes; en d6nde lie templado las armas con que me he
echado de improvise en la prensa, combatiendo con arrojo a
dos partidos, defendiendo a otro; sentando principios nuevos
para algunos; sublevando antipatias por una parte, atray4n-
dome por otra afecciones; complaciendo a veces, chocando
otras, i no pocas reuniendolos a todos en un solo coro de
aprobacion o vituperios; predicando el bien constantemente
i obrando el mal alguna vez; atacando las ideas jenerales
sobre literature; ensayando todos los jneros, infriiI: nd,; I:: r
ignorancia o por sistema las reglas; impulsando a lajuventud,
empujando bruscamente a la sociedad, irritando susceptibili-
dades nacionales; cayendo como un tigre en una pol-mica, i
a cada moment conmoviendo la sociedad entera, i siempre
usando el lenguaje franco hasta ser descort4- i sin Inira-
miento; diciendo verdades amargas sin otro titulo que el creer-
las Atiles; empleado por el Gobierno, rentado i colocado al
frente de una creation nueva que exije aptitudes conocidas
i con menoscabo de las esperanzas de muchos; gozando, en
fin, de una colocacion social al parecer aventajada i llena de
porvenir, el pblico ha debido preguntarse mil veces, quidn
es este hombre que asi hace ocuparse de l1 a tantos, que co-
mete tantos desaciertos, sin dejar alguna vez que-otra de
merecer simpatias? iQue fascination, qud in'ster,.s, i qud
tramas ocultas lo han hecho acceptable a los que mandan?
lCuales son sus titul,:.s literarios i las aulas que ha cursado
para tomar un lenguaje tan afirmativo? iPor qud se le presta






MI DEFENSE


este apoyo que parece hijo de un espiritu de favoritismo,
obra del capricho de un Ministro? Quien es en fin? iQuidn
lo introdujo? iQuien lo conoce?
Nadie, sin embargo, responded a estas I..4.!t-i -, todos se
miran sin saber que pensar de esta aparicion, i de esta eleva-
cion caprichosa. Algunos rumors corren sobre su orijen, su
patria, su education, i en manera ninguna satisfacen la espec-
tacion public. El espiritu de resistencia natural en todos
los hombres, i el de partido, a que ha causado algun mal, se
apoderan de algunos rumors vagos que le desfavorecen; pero
inciertos aun, confuses, aunque de un character odioso. En: un
rincon de la sociedad se halla sin embargo un hombre que
dice a todos los que se le acercan; "yo he conocido a este
individuo en su propio pais, es un miserable despreciado alli
de todos, un hombre corrompido, un criminal, un asesino, sin
aceptacion, sin amigos; es un detractor, un infame; yo lo co-
nozco como a mis manos, so today su historic; puedo probar lo
que digo, es sabido de todo el mundo.n I esta solution a todas
las dudas repetida diariamente, cayendo sobre el Animo de los
que le escuchan como una gotera de veneno, esti disolviendo
poco a poco la reputation del individuo en question, exacer-
bando las prevenciones que ha suscitado, resfriindole las
Ssimpatias que ha logrado arrebatar, quizas mal de su grado.
Repite este tal sus ataques cada vez mas virulentos,
a media que los primeros se han mostrado menos efica-
ces, hasta estallar por la prensa en un diluvio de imprope-
rios, los mas espantosos que han podido caer sobre la ca-
beza de un individuo, i como la luz public no ha visto
jamas; derramando el oprobio a manos llenas, sublevando
todo jdnero de pasiones, i prodigando las acusaciones con
una brutalidad sin ejemplo. Qud fenomeno es este, que in-
sano furor? Que encono tan inveterado hai entire estos
dos hombres? iSerd possible, Dios poderoso! que el escritor
que algunas veces ha dejado traslucir sentimientos nobles
i elevados, que tanto interest ha manifestado por la cosa
pfblica en Chile, que tanta aficion ha mostrado a la
diffusion de la ensefianza primaria; que el individuo, en fin,
que sin sus escritos viviera ignorado, pues que sus acciones
jamas han llegado a llamar la atencion de nadie i a quien todos
han creido un hombre moral a today prueba, i algunos virtuo-
so, sea tan hip6crita que haya conseguido engainar a una so-
ciedad enter, i esta sociedad sea tan ciega, sus hombres pl-
blicos tan inocentes, que han sido todos el juguete de un







OBRAS DE SARMIENTO


truan despreciado en una pobre provincial, 1 que viene a al-
zarse en la capital i enrolarse con los escritores?
Este hombre, este miserable, este hip6crita soi yo! Yo el
redactor de various diaries i peri6dicos en Chile; yo el autor
de algunos opfsculos sobre asuntos de utilidad pfblica; yo en
fin, el Director de la Escuela Normal!
Presentado bajo una luz tan siniestra, denigrada mi vida
present con el sucio tizne de mi vida pasada, ino me sera
permitido presentar al pfblico estos dos fragments de un
mismo todo, i hacerle cotejar el que conoce con el que se le
oculta o se le desfigura? jNo me serA permitido esplicarme
a mi modo, cuando me ponen en el disparador, cuando tan-
tos otros lo han hecho sin necesidad tan urjente? Enrolado
en esta sociedad por simpatia, por intereses, por gratitud,
por necesidad en fin, no me serA dado presentar mi fe de
bautismo, mi hoja de servicio? Para conservar el aprecio de
tantos hombres respetables que me favorecen con su distin-
cion, ino puedo, no debo intentar, si es possible, vindicarme?
iOh! no! Yo se que puedo i que debo decir todo lo que a mi
buen nombre interest, para satisfacer a los que bien me quie-
ren; para disipar las prevenciones de los que alucinados por
las calumnias que contra mi se vierten, o la indiscreta fran-
queza de mi lenguaje escrito, han formado opinions erra-
das con respect a mi character; para desarmar i confundir, en
fin, a los que cuentan con mi silencio, con la imposibilidad
en que, al parecer, me hallo de justificarme i de parar sus ti-
ros. Yo me debo a mi mismo estos cuidados, estoi solo contra
muchos; necesito, ya que la jeneralidad no tiene motives para
distinguirme, que nadie me desprecie, aunque haya muchos
que se sientanjimpulsados a aborrocermo. ,Me hard, pues, en
bien i en mal justicia, como decia madama Roland, con igual
libertad; el que no se atreve a darse buen testimonio a si mis-
mo, es casi siempre un inflame que sabe i teme el mal que
puede decirse de su persona; el que no acierta a confesar sus
estravios, no tiene fuerzas para vindicarlos, ni medios de ha-
cerselos perdonar.,
No sehasta d6nde haya jactancia en decir que todos los
que me aborrecen, no me conocen personalmente; pero es
mui larga la lista de hombres cuyas prevenciones han caido
a mis pids, cuando se han acercado a mi sin mala intention.
Un hecho hai notable en mi existencia que, atendido mi
character i mi position, me lisonjea en estremo. Yo he excitado
siempre grandes animadversiones i profundas simpatias. He







MI DEFENSE


vivido en un mundo de amigos i enemigos, aplaudido i vitu-
perado a un tiempo. Mi vida ha sido desde la infancia una
Iucha continue menos debido esto a mi character, que a la
position humilde desde donde principle, a mi falta de pres-
tijio, de esos prestijios que la sociedad recibe como realida-
des; i a un raro concurso de circunstancias desfavorables. Los
que creen que hace dos aiios que principi6 esta lucha con las
resistencias con la sociedad, con las preocupaciones, i que es
debida a mis indiscreciones solamente, se engaian much. Es
mi vida enter un largo combat que ha destruido mi fisico
sin debilitar mi alma, acerando i fortaleciendo mi character.
Lo que me sucede en Santiago, me ha sucedido en mi tierra
natal: siempre se me han presentado obsticulos para emba-
razarme el paso; nunca me ha faltado un oficioso que, no al-
canzandome a los hombros, se me ha prendido on la cintura
para que no me levante, i la corta carrera que he podido an-
dar, me la he abierto a fuerza de constancia, de valor, de es-
tudios i sufrimientos. Ah! la mitad del tiempo lo he perdido
en estos trabajos, tan improductivos como inevitable. Cuan-
do he logrado surjir para mi patria, ella se hunde bajo mis
pies, se me evapora, se me convierte en un espectro horrible!
Cuando he querido adoptar otra i he llamado a sus puertas,
sale a recibirme un perro rabioso que me desconoce, me salta
aa l cara, me muerde i me desfigura a punto de quedar hecho
un objeto de asco o de compassion. Oh! no! Dejenme que ha-
ble al piublico como a una numerosa concurrencia, que espli-
que una corta vida que se arrima, como una plant de debit
tallo, a otras mas fuertes, i que ha sido tr.ipl.iiitadl. en di-
versos terrenos. A los que preguntan d6nde he estudiado
para tomar un lenguaje tan positive, les mostrard mis aulas
i mis titulos de suficiencia. A los que quieren do buena fe co.
nocer mi carActer privado, les presentard una vida llena de
vicisitudes que he atravesado sin contaminarme. Los que
quieran saber, en fin; c6mo soi escritor, como Director de la
Escuela Normal, 6iganme una vez i juzguenme en seguida.
Quizas eaigan muchas preocupaciones, quizas se desvanezcan
errors graves. No es una novela, no es un cuento; me apoya-
r4,en cuanto pueda en testimonies que aun puedo usar aqui.
En lo demas, de-afio a mis enemigos privados i politicos que
me desmientan.
He sido tan terriblemente atacado que no me queda escusa
para callar por mas tiempo. Estoi solo en medio de hostiles
prevenciones; donde yo baje la voz, nadie se creera obligado







OBRAS DE SARMIENTO


a alzarla por mi. I si aun merezco tener una reputation, la
necesito come una fortune para mi propio bienestar, i, en se-
guida ofrecerla a la sociedad, para cimentar i difundir la edu-
cacion a que he dedicado mis esfuerzos.
Perd6neme el puiblico lo que hall de jactancioso, de petu-
lante, o de mezquino en mis escritos. Voi a recorrer las 6pocas
de mi vida, porque necesito salvar de un naufrajio mi reputa-
cion, que hace ya rucha agua en fuerza de las andanadas que
me disparan. Mostrare cdmo me he educado, cuAles son mis
tendencies i mis principios, de d6nde nacen los estravios mis-
mos que me atraen tantas enemistades. jQuizAs gane algo on
este empefio.


MI INFANCIA


Ya estA mi espiritu restablecido, el aturdimiento producido
por los golpes que han caido sobre mi reputation tan de re-
cio, ha pasado ya; voi ahora a cumplir con lo que el deber i la
sociedad me imponen. Vean quien es el hombre que tantas
importunidades causa, vean mis titulos.
He nacido en una provincial igrorante i atrasada, no como
cree don Domingo S. Godoi, en el barrio de San Pantaloon,
sino en otro mas oscuro todavia, llamado el Carrascal, nom-
bre equivalent a Huanguali.' He nacido en una familiar que
ha vivido largos aiLos en una mediocridad mui vecina de la
indijencia, i hasta hoi es pobre en today la extension de la pa-
labra. Mi padre es un buen hombre que no tiene otra cosa
notable en su vida que li.1,. r prestado algunos servicios, en
un empleo subalterno, en la guerra de la independencia. Se
hall on la batalla de Chacabuco, i por su exaltacion patrid-
tica, le dieron sus contemporAneos el apodo de MI.lAie Patria.
El sefor gaJIpcha, coplCuch, chanfleta, bzchLaca, o que se yo
como diablos so llama, sabe algunos pormenores sobre esto,
que per caridad no ha dado a la prensa, pero que ha conta-
do a todo el mundo; me refiero a lo que 41 sopa o diga. Mi
madre es el verdadero tipo del cristianismo en su acepcion
mas pura, la conlianza en la Providencia fue siempre solution
a todos las dificultades de la vida.

1. Uno de los antiguos barrios de raucheria de Santiago. El E.







MI DEFENSE


De edad de cinco afios entr6 a una esueIel:. que cuando he
leido las obras de Mr. Cousin, he visto en ella-un dechado de
perfection. Un dia hablard de esto cuando trate de education
rimaria. Se ensenaba a leer mui bien, a escribir, aritm6tica,
61jebra, i los rudimentos de religion. La parte moral era cui-
ddad con un esmero de que no he visto ej.-Ijplo despues en
escuela alguna. Mi padre i los maestros me estim laban des-
de mui pequeilo a leer, en lo que adquiri cierta celebridad
por ent6nces, i para despues una decidida aficion a la lecture,
a la que debo la direction que mas tarde tomaron mis ideas.
Cuando he escrito sobre education, he manifestado mi fir-
me creencia de que la perfection i los estimulos en la lectura,
pueden iRifliir pll'r.' ,w.n .it en la civilization del pueblo.
En mi no L. 1 renido ..tr .:rii.en mi .ifi:i.:in a instruirme que
el haber :pn'.li.ilo, ler .ii bien. Comno pi riwaeu'i'ira mu-
chos afios en la escuela, en cambio me s.i:-ti,:- .1l dil.,j.:',
principiando segun el mdtodo que propone Rouseau para su
milio; logre perfeccionarme y,:i svl,l sin models i sin maes-
tros. CuandQ en mi primer viaje a Chile vi lo que era dibujo
i vi models, me convenci de que no sabia nada i abandoned
para siempre la pI'r t': L.:,n de dibujar. Despues he ensefiado
todos los ramos de este arte i he llegado a former retratistas.
Muchos dibujos de discipulos mios corren-en Santiago, i don
Franklin Rawson me debe algo de sus conocimientos.
De la escuela fui llevado a C6rdova a un colejio, de donde
regres4 mui luego por enfermedades que me Atacaron. El
gobierno de Buenos Aires pidi6 per ent6nce- a cada una de
las provincias, seis j6venes para f 'rm.t~ el i:-l:ejio do ciencias
IJiji:rales, i-fui yo nombrado; pero habi6ndose interesado mu-
chos padres do familiar por las vecas, so .'rt,.ir':n los j6venes
i no me toc6 a mi. Me de4.tnoe en estas nimiedades, porque
una rara fatalidad ha pe..li si.:-Ltpro sobre mi, que pa ioi
cerrarme las puertas de los colejios.
Un digno sacerdote, el presbitero don Jose Oro, hermano
del obispo de a-iq.li a.i.p1:li.:1, se elcarg6 de mi education. Me
ensefi6 latin i j,:. g a.i, i .i..: nada se cuidaba mas que de for-
mar mi caricter moral i de instruirme en los fundamentos
de la relijjon, i en los acontecimientos de la revolution de la
independencia, de la qi.iu 1 habia sido actor. Creo deberle a
1e una gran parte de mis ideas jenerales, mi amor a la patria
i principtos liberals, porque era mui liberal sin dejar de ser
mui (cristiainl.. Aun antes de concluir mis studios de latin,
los sucesos politicos nos separaron, pues que yo vivia con 61







OBRAS DE SARMIENTO


En seguida entr6 de official de injenieros a estudiar jeome-
tria, i cuando ya me hallaba en aptitud de continuar por mf
solo con las operaciones para levantar el piano de la ciudad,
que nos habia encargado el jefe de la section, un senor Ba-
rrua, este me dej6 solo, i el gobierno mand6 suspender los
trabajos, no creyendome por mi corta edad capaz de desem-
penarme con acierto, no obstante mis protests. Era goberna-
dor de San Juan ent6nces don Jose Antonio Sanchez, chileno,
vecino de esta capital donde reside actualmente. Este senior
se empei6 en mandarme a Buenos Aires al colejio de cien-
cias morales, a cuyo efecto vi6 a mi madre, quien so neg6 a
admitir el ofrecimiento, porque yo queria absolutamente ir a
reunirme al destierro con mi tio i maestro el presbitero Oro,
que me llamaba. Fui a done 61 i continue mis studios, has-
ta que lleg6 un enviado del gobierno de San Juan, este mis-
mo senior Sanchez, que habia conseguido de mi madre su
adquiescencia a su empefio i el de otros individuos, de cos-
tearme a sus espensas el colejio; todavia me negue porque no
tenia valor de dejar a mi tio, que dulcificaba las penas del
destierro, la escasez i la soledad de un lugar salvaje, con mi
compafifa i las diversas lectures que haciamos juntos, yo le-
yendo i 61 esplicandome i comentando. Despues lleg6 mi
padre de un largo viaje, i ya no pude resistirme a las reitera-
das solicitudes del gobierno. El dia que llegu6 a San Juan,
fu6 depuesta esta administration i se frustr6 todo.
Ent6nces entr4 en el comercio, donde continue mis lectu-
ras, en que ocupaba buena part del dia. Un tio mio, el pres-
bitero Albarracin, cura hoi de Ovalle, en Coquimbo, se con-
trajo a continuar mi education relijiosa, i durante afio i me-
dio, sin la interruption de un solo dia, tuvimos conferencias
desde las 9 de la noche hasta las 11, esplicandome las escri-
turas que lef integras con ese objeto, el dogma, la discipline
i la moral relijiosa. A este otro de mis ties, no mdnos liberal
que el primero, debi el complement de mi education relijio-
sa, quo el primero me habia recomendado much.
Por este tiempo cay6 en mis manos la Vida de Ciceron por
Midleton, i esto me sujiri6 la idea de estudiar de memorial la
historic romana i la de Grecia, por los catecismos de Ac-
kerman, lo que realice solo i en corto tiempo. Seguf solo
estudiando jeometria elemental; pero me fastidi6 i la dej4.
Volvi al latin con otro sacerdote, pero asimismo me cans6, i
lo abandon porque no sabia que hacer con estos conocimien-
tos. Mis lectures continuaban, i come unos libros me hacian







MI DEFENSE


conocer la existencia de otros, yo buscaba en San Juan to-
dos los que llegaba a conocer por sus nombres i necesitaba
para mis lectures. Contar6 una cosa de quo he conservado
siempre un vivo recuerdo. Una seoiora beata, pasaba por mi
tienda todos los dias a misa i siempre me encontraba leyendo,
con cuyo motive decia a un amigo: ,este mocito ha de ser li-
lerttino. ..-I por qu6, sefiora?-Porque hace ya un afo que
todos Ilos dias i a cualquiera hora que pase, estd siempre le-
yendo, i no han de ser libros buenos los que lo tienen tan
entretenido.n De este modo i sin maestros ni colejios, he ad-
quirido algunos rudimentos en las ciencias exatas, la histo-
ria, la moral i la filosoffa, etc. Siendo aun mui j6ven, habl6
en los Andes con don Ramon Bari sobre metafisica i los es-
tudios que 41 estaba hacienda ent6nces en el Institute, i me
tom6 la confianza de rebatirselos, lo cual le arranc6 esta pre-
gunta: ,I d6nde has aprendido eso?,, pregunta que no he
olvidado nunca, porque analogas me hac.-: muchas a cada
memento. Un amigo me decia: ,tal articulo de usted esta mui
bueno, a la verdad nunca lo hubiera creido capaz de eso.,n-
Ni yo tampoco, hombre, fu6 mi respuesta; lo veo i no lo creo.
Para terminal la relacion de estos studios tan desordena-
dos i que contindan hasta ahora, dird que el afio 29, duran-
te un tiempo en que estuve escondido por motives politicos,
pude proporeionarme una Grandtica vieja de Chantreau, i
unos diccionarios, i cuando sali a luz, me habia traducido
muchos libros; que durante doce aios he andado atisbando la
pronunciation que aun no es correct; que el afio 34 aprendi
en Chile el ingl6s, pagando por mes i medio un maestro que
me iniciase en l1, i que hasta ahora no he podido aprender
a pronunciarlo; que el aiio 37, aprendi en mi pais el italiano,
i el- ano 41 el portugues aqui, por necesitarlo para la redac-
cion del Merci'io.
Pero no han parade aqui mis constantes esfuerzos para
former mi razon i mi espiritu. El afio de 1839 formamos en
mi pais una sociedad para entregarnos a los studios litera-
rios. Los doctors Aberastein, Quiroga, Cortinez, otro j6ven i
yo, nos hemos reunido durante dos afios consecutivos, por
mi part casi sin falta de una sola ino.:c. -,. darnos cuenta de
las lectures que haciamos, i formarnos un sistema de princi-
pios claros i fijos, sobre literature, political i moral, etc. En-
t6nces hemos estudiado de una manera critical i ordenada la
literature francesa. Ent6nces he conocido a Hugo, Dumas,
Lamartine, Chateaubriand, Thiers, Guizot, Tocqueville, Ler-







10 OBR DE SARMIENTO
mipier, Jouffroy, i los de la Revista Enciclopedica, cufytgs-
critos solo nosoItos posefamos; las revistas europegs i muc os
otros escritpres de nota que servian de texto a nuestros estu-
dios. Esta Atil e instructive asociacion dur6 hasta el momen-
to en que las persecuciones politicas-ios desparramaron. Hoi
estAn tcdp aquellos compafieros en Chile, i pueden dmrmo
su testimtnio, debiendo yo a cada uno de ellos muifparticu-
lares beneficios, i el haberme creido siempre en m&gria de
conocimientos no mui inferior a ellos, i apoyandome -on su
amistad enla opinion di mis paisanos que nunca han lega-
do a persuadirse que, sin haber estado en un colejio, hub'iese
por mi propia constancia i esfuerzo llegado a tener una Wzon
tal cual ilustrada. Ellos me han dado confiansa en mi mismo,
i hasta ahora ,me prodigan 1* caidados de unos hermanos,
afeandome mis estravios, exhortAndome a la constancia, i su-
ministrAndome consejos e ideas.
Asi se ha formtdo#esta education lenta i oscuramente, i
no es estrafio que Godoi no haya visto nada de esto; porque
a mas de necesitarse ojos para ver, mis palabras ni ninguna
arrogante apariencia en mis esterioridades ha revelado nun-
ca este trabajo intern, obra de la paeiencia i de una ide; fi-
ja, llevada adelante durante veinte aies, en despecho de la
pobreza, del aislamiento, i de la fWlta de elements de instruc-
cion en la oscura provincia en que me he criado. En la in-
fancia, en los viajes, en ol destierro, en los ejrrcitos, en me-
dio de las luchas de los partidos, en la emigraiQen en fin, no
he conocido mas amigos que kos libros i IdlIpriJdicos; no he
frecuentado mas tertulias que las de hdabres de instruction.
Mis modales se resienten de esta falta de roce*i mis aparien-
cias desmienten tAkl los juicios favorables que arguna vez
arranca una qtue otra production literaria. ]Iero se que no
son muchos los jdvenes de mi edad que puedan vivy solos
meses enteros encerrados en un pobre gabinete, profundizan-
do una idea itil, masticindola; que son pocos los j6venes que,
sin mendigar la protection de nadie, ni andarprodigando vi-
sitas, i sin fortune, puedan bastard a sus cortas necesidades, i
tengan el valor de despreciar las exijencias de la sociedad.
Ha dicho don Domipgo S. Godoi que recien me estoi civili-
zando aqui, i es la pura verdad. Mis amigos i las personas que
me tratan de cerca, se rien de mi torpeza de modales, de mi
falta' de elegancia i de alifios, i de mis descuidos i desetencio-
nes; i yo no soi de los Altinios en acompafiarles en sus burla,
Un amigo me caracteriz6 una vez con estas palabras: ;"e







MI DEFENSE'


ni*A"entro de casa, el hombre en la calle,. i todos los que
me onocen me consideran asi. Algunos se nan encargado de
mis asuntos, porque ven que necesito un tutor. Don Domingo
S. Godoi hallar- material de mui fino ridicule en 'todas estas
cAndidas confesioneo pero quiero darle armas mas honestas
de lis que ha usado hasta ahora conmigo. Cada dl*lamento
la falta qiue siento de luces en ciertas materials, luces que solo
-puede*ladquirirse en los colejios, i que ya es demasiado tar-
de atra ponerse a remediarla. Mis pobres studios ban sido,
piie, desordenados e incompletos; lero a este des6rden mis-
mo debo grande ventajas, pues que no teniendo maestros ni
masgguia que mi propio juicio, yo he sido siempre eljuez mas
bien que el admirador de la importancia de un libro, sus
ideas, sus principios. De estafalsa position ha nacido la in-
dependencia de mi pensamiento, i clerta propension de crear-
me ideas propias sin respetar la autoridad de los otros. Quizas
a esto es debido mi espiritu de observacion, que me pone en
el caso de desempefiarme sin much esfuerzo en la prensa pe-
ri6aica, hallandome en aptitud de tratar sin much dificultad
cuestiones del moment. I a esta education que tiene por base
el hAber sido estimulado a leer bien i much cuando chico,
mi decidida persuasion de que, reformando los mdtodos i sis-
temas de education primaria-puede civilizarse un pueblo mas
bien que con colejios i universidades. Esta persuasion me ha
arrastrado a reunir estos conocimientos sobre la ensefianza
primaria, i a crear metodos nuevos en various ramos.
He aquipues,a education del pobre hombre'que ha me-
recido que don Domrago S. Godoi para perderfl o perderse
41, haya hecho decir a otro que va a mudarse a la imprenta
con camas i petacas hasta que haya coftguido anonadarlo i
hacwlo despedir ignominiosamente de Santiago. El partido es
mwi desigual, yo no me he propuesto perder a nadie. Yo no
ataco; en todos mis actos i mis escritos, he querido defender-
me de una persecution horrible i tenaz. Todas las resisten-
cias i las animadversiones que he suscitado en Santiago, se
han personificado en don Domingo S. Godoi i C.a, porque la
maledicencia i la mala intencion pfiblica han encontrado su
hombre. Todo se personifica en el mundo. Napoleon es la per-
sonificion del saber, el valor i la audacia francesa; Rosas es
una personification de la barbarie, la crueldad i la violencia
de las ihasas. Godoi es un Napoleon, un Rosas en la chismo-
graffa i en el arte prolijo de dafif. Cuando analice sus escri-
tos i sus palabras, hard notar el raro talent, la mafia esqui-






12 OBRA3 DE SARMIENTO
sita con que se ha sabido tocar cuanto resort cabo para
sublevarme la opinion pdblica, para irritar todojenero de sus-
ceptibilidades. Su triunfo parece complete. Pero no ha triurn-
fado de la enerjia de mi espiritu que no sabe lo que es ple-
garse i encontrarse ante la injusticia, aunque esta injusticia
sea la del public, porque no es minos injusticia porque son
muchos los injustos. Echandome encima las preocupaciones
populares i las redes de las formas judiciales, no ha, podido
r, embargo turbarme un moment; i 1l no goza, a fe mia, &e
1 satisfacciones que me ha proporcionado queriendo empon-
zonar mi existencia. Permanezco tranquilo porque no nece-
sito mentir para defenderme; porque cuento que el piblico
engafiadjhoi, me harajusticia manana, cuando yea loshechos
en su verdadera luz.
Ya he mostrado al piblico mi faz literaria; vea ahora mi
fisonomia political; vera al military, al asesino!


EL MILITARY I EL HOMBRE DE PARTIDO


Era comerciante el afio 28, i demasiad6 j6ven todavia, no
me interesaba el movimiento de los partidos, cuya existencia
ignoraba. ~omas Paine i la Revolucion de los Estados Uni-
dos, que cayeron en mis manos por ese enonceipme hicieron
ocuparme de los principios %onstitutivos de los gobiernos, i
de los derechos de los gobernados; pero todo esto era te6ri-
camente i sin aplicacion ninguna a mi pais. No obstante mis
resistencias, fui hecho alferez de milicias; i a la segunda guar-
dia que monte, dirijf al gobierno un oficio pidiendo mi exo-
neracion de aquel servicio, con cumplimientos tales que me
llevaron redondo a un calabozo i sirvieron de cuerpo de de-
lito a una causa criminal. Luego me hicieron conocer que
habia cometido una indiscrecion; pero yo sostuve mi posi-
cion sin mengua, i el gobierno tuvo que abandonar la causa,
porque el partido liberal que le hacia una terrible oposicion,
hall6 en este asunto un arma para atacarlo. Ent6nces quise
profundizar la fisonomia political de los acontecimientos, me,
inform de las tendencies i objeto de los partidos, i no me
fud dificil escojer el queon! iconvenia. Veia en uno a los vie-
jos retr6grados, a los antiguos godos, i a los gauchos ignoran-







MI DEFENSE 13

tesf; hi otro a los j6venes, a los antiguos patriots, i a los que
abogaban por la libertad. Nada mas necesitaba, fuf unitario
desde ent6nces. Dos afios despues el partido a que yo perte-
necia se apoder6 del gobierno, aprovechandose de una suble-
vacion de las tropas, 1 toda la juventud decent volo a las
armas; yo el primero.
Aqui principia mi carrera political i military, las persecu-
clones, las campafias, los destierros, las emigraciones. Nutri-
do de las ideas dominantes en los libros que habia leiN
preocupado con la suerte de la libertad, que la historic de
Roma 1 de Grecia me habia hecho querer, sin comprender
bien los medios de realizar este bello ideal, me lanc6 en las
luchas de los partidos con entusiasmo i abnegacio#, habien-
do sacrificado toda mi vida de adulto a esta grande empresa.
Para probar a don Domingo S. Godoi que a la edad de
quince anos yo no era tan despreciable en mi pais, recordard
que fui nombrado ayudante del general de nuestras fuerzas, i
que despues ocupe el mismo destino en Mendoza al servicio
del general Alvarado; queallf, durante la campafia que ter-
min6 con el terrible desastre del Pilar, me honro con una dis-
tincion mui especial el senior Salinas que habia sido ministry
de Bolivar. El sefior don Nicolas Vega, resident en Copiap6,
i el seiior don Pedro Leon Zoloaga, actualmente establecido
en San Fernando, podrAn decir cual fud mi comportacion en
todas parties i la decision que manifesto siempre. Durante las
vicisitudes de la guerra, siempre me mantuve eoel servicio
military, ijaias quise admitir empleo en la lista civil, como
se interesaban muchos, no obstante que en los campanrtbntos
no halbia mas sueldo que la racion i los sufrimientos, i en las
oficinas holganza, honorario i comodidades: Durante la admi-
nistracion de don Jer6nimo La Rosa, secretario actualmente
del intendente de San Fernando, so tir6 el decreto de mi
nombramiento de official segundo de la secretaria de gobier-
no, que rehus6 aceptar, porque mis ideas sobre los servicios
a la patria i a la libertad eran tan sublimadas i quijotezcas
que creia deshonroso estarme en una oficina, cuando habia
que hacer la guerra para hacer triunfar nuestros principios
politicos.
El afo 30 ocurri6 un aoontecimiento en mi pais que ha
' suministrado j Godoi el medio de hacerme aparecer en Chi-
le como un asesino. El pobre hombye no ha hallado otra ar-
ma mas poderosa para estarmetiriendo durante dos afios,
hasta estamparlo en la prensa con todo el cinismo i el desca-







OBRABS DE SARMIENTO


ro que da el habito inveterado de herir las reputaciones aj-
nas impunemente; el habito de la maledicencia enjendrado
por la envidia de los que, como 61, conocen su propia nulidacd
i necesitan deprimir el m6rito que reconocen en otros para
mantenerse en el lugar usurpado que ocupan en la sociedad.
A Las provincias del interior etmaban en profunda tranquili-
dad. El general Paz oaupaba a C6rdova, i un congress de
ajentes se habia reunido para preparar los medios de llevar
laguerra a Buenos-Aires. Yo me hallaba en San Juan licen-
ciado del ej6rcito, i el coronel Albarracin, resident hoi en
Aconcagua, me habia mandado 6rden de incorporarme al re-
jimiento de coraceros a que perbenecia. Estaba sirviendo en
comisiofien un escuadron de milicias que se hallaba daguar-
nicion cuando el aiceso. El 4 de noviembre estall6 una revo-
lucion encabezada por el negroPanta, famoso bandido que
estaba sentenciado a muerte i preso en la circel. Otro bandi-
do que se hallaba en el cuartel de cabo de guardia, llamado
Leal, estaba en la conjuracion, i tres mas de afuera. La revo-
lucion se ejecut6 con una audacia inaudita; sorprendieron la
guardian, hirieron al sarjento i a 8os oficiales, mataron a un
j6ven military de las primeras families de San Juan, le abrie-
ron la cabeza al comandante del cuerpo, i en seguida proce-
dieron a aprehender a los vecinos ricos, i a saquear. La revo-
lucion no tenia objeto politico ninguno; el pTn de los forajidos
era arrancar una gruesa suma de pesos, fusilar a various veci-
nos, poner en libertad a dos reos de estado, i fugarse con la
presa a Chile. Tan sin character politico era la reyolucion, que
ningun federal se comprometi6 en ella, iuno que otro que vino
a la plaza en la noche, se alej6 con horror al instruirse del *
objeto i miras de los conjurados. Al dia siguiente fud sofoca-
da por un rasgo de heroicidad poco comun. Un coronel de
ejdrcito que se hallaba alli, con cuatro oficiales de milicias i
tres soldados, se vino sobre el cuartel a las site de la mafnana, .g
Sse apoder6 de el, i en seguida so fu6 a la plaza donde lo aguar-
daban los principles de los sublevados en nfimero de 60 for-
mados en batalla. El coronel Rojo, con su diminuta banda atra-
ves6 la plaza i avanz6 hacia ellos sin salir del trote i sin hablar
una sola palabra, sufriendo una granizada de balas hasta que -
lleg6 a la line, que no pudo mahtenerse por el desconcierto
que introdujo en las filas esta invasion silenciosa de site
Shombres.NTodos echaron a huir, i la persecution continue lar-
go rato despues. A los tiroacudieron los que no habian sido
press i en la crcel empezaron a quitar las prisiones a As






MI DEFENSE 15

d#-veinte oficiales que estaban destinados a ser victims del
furor de los bandidos. Todos acudieron al cuartel, donde se
eahontraron con los cad6veres de sus amigos i companieros
sacrificados esa noche, i los que habian sobrevivido, heridos
i mutilados; una oreja de un j6ven estaba en el zaguan, i los
charcos de sangre por todas Bartes. La tropa del escuadrca
sublevado por el cabo Leal, estaba formada alli; i una partida
trajo a cuatro miserables de los que fueron tomados por las
calls. La chusma i el pueblo gaucho nos era hostile; siempre
habia que recelar de las masas. iQuien se sorprendera de que
hubiese uno que diese 6rden de ejecutar inmediatamente, al
frente de la tropa, a los cuatro primeros aprehendidos con las
armas en la mano? iQuidn estrafira que jovenes ardientel e
irreflexivos que acababan de escapar a la4muerte, despues de
haber sufrido todo jdnero de vejaciones, i con el espectaculo
de los cadaveres sangrientos de sus amigospsacrificados, se
abandonaran al furor que estos actos inspiran i quisiesen an-
ticipar la venganza de In lei? lQui.n llamara asesinos a los
mihtares que sofocaban upa revolution de carrots porque
aquellTno tenia otro caractMr? iQui4n en fin, sin injusticia dara
el nombre: de asesinato a actos cometidos en medio de.la
exaltacion ardiente de una larga i prolongada lucha de par-
tidos?
I luego, con mi aracter ardiente, impetuoso, con mi san-
gre i mi razon de diez i nueve aflos, jqud se imajinan que
haria yo ent6nces? Se cree que tendria suficiente cachaza
para pasar por sobre el cadaver de un amigo intimo, el ma-
logrado Carmen Gutierrez, con quien habia estado la noche
: Antes, sin vengar yo mismo su muerte? Pues bien! pues
h bien!...... nada de eso hice, no por falta de voluntad, sino
porque llegu6 tarde i cuando el gobierno habia mandado sus-
pender las ejecuciones. Cuando supe la revolution en la no-
S che, di ~ mi padre mi caballo para' que se salvage, i yo me
acoji a casa de un amigo federal, don Ignacio Flores, compa-
fiero de negocios de don Vicente Lima, amigo de don Domin-
go 4. Godoi, mi calumniador, de quien puede saber la
verdad de este asunto. Al otro dia vino mi asistente a avi-
S sarme que la revolution estaba ya sofocada, habiendo sido 41
uno de los site! Llegud al diartel en los moments mismos

:1. Sistema de prison ent6nces usado en Chile que consistia en unas
jauk de fierro con ruedas, para utilizar a los criminals en el trabajo
de ~s caminos piblicos. El E.







OBRAS DE SARMIENTO


en que se ejecutaba a los cuatro aprehendidos, i mui luego
llegaron el coronel Rojo, don Domingo Castro i Calvo, don
Nicolas Vega i otros que traian la 6rden de suspension dada
por el gobierno.
Pero la Providencia ha querido que para confundir a este
cuitado, a este ridicule necio, de cada hecho que cite, tenga yo
en Chile los testigos presenciales. Ah! si alguna vez mi espi-
ritu ha sentido con gratitud la presencia de un Dios protec-
tor de la virtud desamparada, es en este solemne moment
en que se decide ante la opinion public el gran process que
la ha ajitado por tantos dias.
El official que mand6 ejecutar a los cuatro hombres que fue-
rorl ajusticiados en el cuartel, se halla en Santiago, es hoi ciu-
dadano chileno, casado i afincado aqui; se llama don Vicente
Morales, era mayor de plaza. Otroj6ven no minos distinguido
por su moralidad i buenas costumbres, estaba de official de
guardia. Ahora, pues, sin reconocer como criminals los actos
de aquel dia, juro ante Dios i los hombres que yo no derra-
m6 una gota de sangre, i esto por motives ajenos de mi vo-
luntad!
Don Vicente Morales ha estado tres afios en San-Juan des-
pues de aquel acontecimiento i cuando gobernaban los fede-
rales; ni los tribunales, ni el gobierno, ni el public, le han
pedido cuenta de aquella action. Yo he estado desde el ano
36 al 40 bajo las mismas circunstancias i con los mismos
resultados. Si aun queda duda sobre el caracter puramente de
vandalaje de aquella revolution, todavia hai mas pruebas que
lo confirmed. Veamos sino. Uno de los Pablos Herreras fud
ajusticiado en Mendoza el anio 39 por salteo, robo de tiendas i
asesinatos, i como jefe de cuadrilla de bandoleros; Leal, el afio
39 o 40, en San-Juan fud aprehendido por el gobernador en
persona, despues de una larga persecucion, i ajusticiado como
jefe de cuadrilla de salteadores i por haber hecho echo muer-
tes; el negro Panta, en la Rioja, ajusticiado el afio 39, despues
de estar largo tiempo su cabeza a talla por horrorosos salteos
de caminos; otro Pablo el aiio 33, por Yanzon, por iguales
causes; i el Pablo que sobrevivia, fue indultado el ano 40, para
ir de espia a la Rioja, despues de haber sido sentenciado a
muerte tres veces.
Este ha sido el desdichado fin de los cinco que encabezaron
la revolution del 4 de noviembre, cuyo carActer i pormenores
ha ocultado cuidadosamente Godoi, para presentarme a mf
como un individuo que, sin mas ni mas, habia ido a cebarse







MI DEFENSE


en press de la cArcel, por saciar que s4 yo que, propension a
derramar sangre.
He aqui el famoso asesinato que me atribuye el tontarron
de Godoi; he aqui la lima sorda con que ha estado royendo
mi reputation durante dos ans:', con una constancia de pre-
sidario, con el encono de un firibund.,. El dia que no ha ha-
llado a quien decirle sin mas comentarios, sin mas atenuacion,
que soi un asesino, no ha dormido sosegado, porque no ha
lednado bien su dia, porque no ha podido destilar una gota
de veneno.
A mas de cien individuos lo ha repetido con un empefio
de ser creido que parecia que le iba en ello su propio honor.
Lo ha repetido pdblicamente cien veies d:,n Joaquin Tocor-
nal, hijo, apoyAndose en el testimoniio i Godoi, i este ha
llevado su depravacion hasta darse por testigo presencial del
hecho, i cuandb ha sido desmentido en i.iibico \p"r el que
verdaderamente fu6 testigo, ha dicho quo este i61tiwo estaba
loco &nt6nces, i por fin ha ofrecido probarme el crime de que
taIn Iratritamiii enr me acusa. Pero esto lo prometia antes de
.saer q.ie y'' le ho hecho former causa criminal apoyada en
la information de los que lo han oido en diversas ocasiones,
proferirse contra mi con las calumnias mas odiosas que pue-
a dictar una alma carcomida por la envidia, la rabia i la nu-
lidad.
Veremos lo que prueba, veremos lo que le valen todos los
improperios con que me ha cubierto por la prensa, veremos
si cumple su juramento de perderme, veremos, en fin, si me
vuelve a nombrar en su vida el zonzo chismoso.
He abrazado con el calor i el fanatismo de una religion los
principios politicos que han sucumbido hoi en mi patria; to-
do lo he pospuesto, reposo, familiar, cuidados de fortune, todo.
En quince anos de mi vida de adulto, solo he estado cuatro
en la casa paterna; los restante los he pasado en el destierro,
en los campamentos, en la emigracion, en los ejrrcitos. En mi
juventud hubiera deseado que los que han trabajado por es-
tablecer el despotismo i hacer desaparecer toda forma cons-
titucional, hubiesen tenido una sola cabeza para cegarselas de
un golpe; i he tenido la satisfaction de que acundo Quiroga
jurase a mi madre matarme donde quiera que me encontrase.
Pero sea fortune, sea disposition de la Providencia, nunca he
tenid:, occasion do echar sobre mis hombros la responsabili-
dld do ningun acto personal de los muchos que son frecuen-
tes, necesarios, i justificados en medio de las revoluciones. No
2







18 OBDAS DE SARMIENTO
tengo que reprocharife un solo acto de venganza, ni una sola
accion que pueda mancillarme. *
S El afo 1836 volvi a mi patria arrancado de Copiap6 por
las 6rdenes, mas bien que instancias, de mis paisanos que te-
mian que perdiese la razon a afecto de una 9eccion cerebral
que me atacaba. Mis padecimientos morales eran muchos i
prolongados! En mi pais fui recibido con distinction por Bena-
. vides, gobernador, i por todos mis enemigos politicos. Conser-
vamoslargo tiempo una amistad que no turbaba mi severidad
Sde principios, que nunca ocult4 i de que hacia alarde.
\ Los primros dos afnos me-ocupd, en cuanto a cosas pIbli-
as'rayudado de otros amigos, en former reunions de teatro,
mascara, etc. Don Domingo Godoi, dira sino era ese hombre
despreciable el que dirijiaT realizaba todas estas cosas, ven-
ciendo todo jdnero de dificultades i teniendo en continue
movimiento a la sociedad. Recordard un dicho mui spiritual
de un mfsico. Pasaba por el cuartel un pariente mio i lo d-
tuvo para hacerle esta pregunta: 1" digame, senor, esamos
mafiana a las 6rdenes de don Domingo Sarmiento?- Ul es
eso?-Es, senior, que hace dos meses que a cada rato viene la
6rden del gobierno: la misica estarA mafiana a las 6rdenes de
don Domingo Sarmiento.,, Cuando la revolution empez6 a
organizarse, los j6venes pafriotas nos dejamos de miscaras
i de teatro, i empezamos a prepararnos para la lucha que iba
a trabarse. Yo fund por ese ent6nces un colejio de senoras,
que sostuve contra todas las resistencias que las pieocupa-
ciones i el orgullo de las families oponian; fui nombrado por
el gobierno director de la imprenta del Estado, i fund; acom-
pafiado de otros amigos, un peri6dico a mi manera; i sin ha-
blar jamas de la political, a los 6 numeros tuvo el gobierno
r que fiacerlo callar i ponerme en la circel, porque vi6 que el
gobierno de la provincia se le escapaba de las manos, i la au-
toridad pasaba a las de los RR. del Zonda, por la influencia.
sobre la opinion piblica.
SMas tarde sobrevinieron ya los peligros. Nuestra vida es-
taba amenazada, i se tom6 la resolution de emigrar. Yo deci-
di dar este paso al doctor Aberastain, que por patriotism
vacilaba: Cuando 41 me pregunt6, "ii Ud;?-Yo? yo me quedo?
-iI por que?-Porque no quiero darles a mis enemigos la ,
satisfaccion de ver destruido, por mi ausencia, el colejio que'
tantos esfuerzos nos cuesta; que destruyan ellos; i porque us-
tedes necesitan tener en San-Juan un corresponsal que teona
valor de correr todos los riesgos, i no hai otro que pueda ha-







MI DEFXA&


cerlo como yo.,, Berd6neme el pAblico que recuerde este hecho
,ue me envanece. Aberastain esta en Copiap6. Yo fui el Anico
unitario, i el mas cQmprometido, que qued6 en San-Juan a
hacer frente a la tormenta que no tard6 en descargar.
Recibia chasques del campamento de Brisuela enemigo del
gobierno de SQi-Juan, trabajaba phblicamente contra su po-
litica, le creaba resistencias, le alejaba el apoyo de sus mis-
mos amigos, i de palabra i por escrito trataba de hacer cam-
biar de rumbo al mismo gobernador. Un dia estuvo en un
pelo que no reuniese a la Junta de representantes i al pueblo.
En este estado de cosas recibi avisos de que heia en el go-
bierno el proyecto de dar un golpe que aterrase a sus enemi-
gos, i de que la victim destinada al sacrificio era yo.
Mis amigos se interesaban edi que me ocultase, pero no
quise hacerlo. El gobernador me mand6 Ilamar con un edecan
i tuve la audacia de asistir, ne obstante que sabia que era
*pLra aponerarse de mi persona. A los diez dias las tropas se
propslieron dar el golpe premeditado. Formaron en la plaza
en ehadro, en nimero de 1,000 hombres de todas armas, i
luego los oficiales, con las espadas desnudas, se dirijieron a la
prison pidiendo a grandes voices mi cabeza. Sabia que el go-
bierno no queria participar de la responsabilidad del crime
intentado por la exaltacion deklos militares, i me propuse
comprometerlo ganando tempo.
Sali al balcon de la circel, i resistiendo a las 6rdenes de ba-
jar que me daban aquellos furibundos, sufriendo sin pesta-
iear los golpes i sablazos del official de guardian, gang algunos
minutes hasta que me convenci de que los avisos de lo que
sucedia en la plaza, habrian llegado al gobernador, i no baja
sino cuando diez oficiales subieron arriba e hicieron imposi-
ble today resistencia. Cuando llegu6 abajo, me aguardaba unao
mitad de tiradores encargados de mi ejecucion; tuve suficiente
presencia de animo para burlarme de todos, ganar todavia
tiempo, escaparme de entire las bayonetas i lanzas, hacer al
fin llegar la suspirada 6rden del gobierno, i salvar la vida.
Don Domingo S. Godoi sabe lo demas como erudito en vidas
ajenas. Este es el hombre despreciado en San-Juan!Este es el
hombre oscuro! Al dia siguiente de este suceso, estaba en
march para Chile, desterrado para salvarme del rencor de
mis enemigos que, en despecho del gobierno, habian jurado
.mi muerte.




?1 0


20 OBRAS DE SARMIENTO



EL HIJO, EL HERMANO I EL AMIGO


Se ha dicho i repetido quela vida privada
debia ser rodeada de un muro de bronce: pre-
ciso es que la calumnia sea mui poderosa, por-
que para ella es un juguete derribar este muro.
ALISSANT DE CHAZET.; ,

Mi moral privada ha sido atacada horriblemente, i en este
punto siento que las fuerzas me flaquean para justificarme.
iC6mo presentar al pfblico una vida enter de j6ven que na-
da tiene de interesante, i, que sin medios de fortune, no ha
podido ser ni ftil ni regalada? iHablard en nombre de un ami-
go para poder a mis anchas, como el pobre don Domingo S.
Godoi, cubrirme de elojios i darme todailas buenas cualida-
des que pueden ganarme la aceptacion pdblica? Eh! esas su-
percherfas son buenas para servir de albarda a los tontos.
Yo no conozco en los asuntos que son personales otra per-
sona que el yo, i este es poco c6modo para hablar de virtud
ni de buenas acciones.
No he sido un santo, ni he aspirado jamas a un dictado
tan dificil de merecer. Mis costumbres han sido mas o m6nos
las de todos los j6venes, i en la series de vicisitudes qae for-
man el cuadro de mi vida, hai uno que otro memento de ol-
vido que de buena gana quisiera rayar ahora de la list de
Bmis acciones. Sin embargo, nunca he cometido un delito, i
hasta ahora bendigo a la Providencia i a los que formaron mi
corazon, por haberme dado fuerzas para cruzar una juven-
tud borrascosa sin caer nunca, aunque algunas veces haya
bambaleado.
No he tenido mas vfnculos que me liguen a la sociedad que
los de hijo, hermano i amigo, i creo haber desempeiado mis
obligaciones de un modo acceptable a Dios i a los hombres.
Desde la temprana edad de quince afios he sido eljefd de mi
familiar. Padre, madre, hermanas, sirvientes, todo me ha es-
tado subordinado, i esta dislocacion de las relaciones natu-
rales ha ejercido una influencia fatal en mi cartcter. Jamas
he reconocido otra autoridad que la mia; pero esta subver-







MI DEFENSE


sion so fund on razones justificables. Desde esa edad el cui-
dado de la subsistencia de todos mis deudos ha pesado sobre
mis hombros, pesa hasta hoi, i nunca carga alguna ha sido
mas gustosamente llevada.
De todas las parties en que pae he encontrado, he partido
con ellps el fruto de mi trabajo; los muchos paisanos que via-
jan de aquf a mi pais, podran decir cuintas veces han sido
portadores de dinero i efectos para mi familiar. En su defect
digan don Diego Antonio Barros, don Pedro Salas, i otros co-
merciantes, cuantas letras les han sido cubiertas por mi, li-
bra4as desde San-Juan por Laspiur i Yanei, mis amigos i
encdrgados de facilitar dinero. Cuando los sucesos de mi pais
me hicieron desesperar volver a el, arrastr4 como pude a mi
familiar a Chile, i ya que mis circunstancias no me han per-
mitido gozar del placer de tenerla a mi lado, la he establecido
en Aconcagua, done goza de una colocacion respectable i
Wdonde puedo ateuder a sus necesidades. Don Domingo S. Go-
doi ha tenido la villania de esparcir rumors de mi mala
conduct con mi padre i el abandon en que lo tengo en
Aconcagua. Ah! esta sola amargura me faltaba! Mi padre me
ha acompafiado en todas mis peregrinaciones i hemos partido
siempre entire ambos hasta de los cigarros. Cuando las enfer-
medades lo han asaltado, he sacrificado todo cuanto he tenido
para su alivio, i hoi tiene en el senior don Pedro Ortiz, en San
elipe, medico de cabepera que lo asiste diariamente con
esmero, de que le estoi prafundamente reconocido. Los boti-
carios de Santiago, si pudieran haberse fijado en este hecho,
dirian las veces que les he comprado partidas de remedies, i
las muchas que han necesitado esplicaciones de mi part
para venderme cantidades que han creido peligroso poner en
manos desconocidas. En cuanto a mi padre i mi familiar, don
Lorenzo Leyton, comerciante de esta ciudad, podri decir si de
* mas de 1,500 pesos a que ha ascendido mi cuenta corriente,
los dos tercios no son de efectos para mi familiar; que diga el
seoftr Puelma si en igual caso, todo lo que he tomado de su
tienda no es ropa de sefioras; quo diga el senior Villegas si el
1.9 de cada mes no recibe de mi 20 pesos, arriendo de casa de
* su pertepncia en San Felipe; iltimamente, que digan todos
los amigos que han penetrado en mi modest habitacion, si
he conocen un mueble, un objeto de valor cualquiera, i si
descubririan a no decirlo ahora, en que he podido invertir en
dos alios unos tres mil pesos que he obtenido por precio do
mis vijilias.







22 OBRAS DE SARMIENTO
No han parado aqui mis cuidados con'mi familiar. He teni-
do la paciencia de educarla. Una de mis hermanas posee co-
;nocimientos suficientes para dirijir un colejio de seiioras que
ha fundado en San-Felipe. El senior intendente, el gobernador
de los Andes, el de Putaendo, i el senior cura parroco, han
asistido a los examenes rendidos el 17 de enero; i el sefor
intendente ha llevado su condescendencia hasta de encargarse
61 personalmente de distribuir los premios i suscribirlos con
su firm. Otra de mis hermanas tiene instruction en el paisa-
je, dibujo floral i natural.
Con respect a lo que he creido ser mis deberes para con
mi patria, mis pretensions son mui exajeradas. He creido
siempre que en mi el patriotism era una verdadera passion
con todo el desenfreno i estravfo de otras pasiones.
Nunca he perdido de vista a mi pais, nunca he abandona-
do ni renunclado a la causa political a que he pertenecido.
Despues de haber servido como pude al abierno de Child*
en las elecciones que lo elevaron, i cuando cualquiera otro
habria esperado el efecto de la protection del gobieno; apd-
nas tomaron nuestros asuntos un aspect favorable en Men-
doza, cuando abandonando todo, me puse en marcha a cor-
dillera cerrada, despreciando las ventajosas propuestas de
don Manuel Rivadeneifa para la redaccion de El Mercurio,
i el nombramiento de Director de la Escuela Normal con
con que me brindaba el Ministro, a ciWas instancias de perma-
necer en el pais me negu6, por cteer necesaria mi coopera-
cion en la guerra de mi pais. Los que hablan de mi venalidad,
podrAn juzgar por este hecho de mi apego a los intereses ma-
teriales. Pobres jentes!
1D6nde esta, pues, mi inmoralidad, don Domingo S. Godoi el
chismoso? Sabe Ud. que yo juegue i pierda de vez en cuando
cuanto dinero adquiero? Me conoce Ud. algunas disipaciones,
algunos gustos i habitos viciosos? Ah! si yo he sido antes un
perdido, como Ud. lo dice, debo ser hoi un ejemplo de arre-
pentimiento mui notable. Yo vivo en mi cuarto encerrado
casi constantemente. No visit a nadie, ni aun a mis amigos,
no me conocen los que me tratan de cerca mas disipaciones
que el teatro, i los domingos en la Alameda. De veinte casas
respetables en que he sido presentado i recibido con afecto
no he frecuentado cuatro, i esto porque se reunen jdvenes d*
m4rito i de instruction de cuya conversation gusto much.
De mis relaciones con mis amigos, nada tengo que decir;
tengo algunos, mui pocos; pero cuanto les debo! He sido ser-






MI DEFENSE 23

video por muchos, he podido a mi turno servir a otros. Mu-
chas amislades se han roto, por mi culpa, por la ajena; i en,
cuanto a mis enemigos, porque tambien los enemigos son
relaciones sociales, jamas he herido a ninguno en su ho-
nor, aunque muchas veces he humillado su amor propio.
Don Domingo S. Godoi, el palaciego, me ha dicho por la pren-
sa: corfompido, asesino, rufian, i mil otros denuestos, que cada
uno es la imputacion de un delito. Yo le he dicho en cambio:
cobarde, chismoso, palaciego, galan-emplasto, i otras cosas
que solo afectan a su amor propio, el amor propio de un necio!
'Los que han dicho que en mis escritos soi personal, dicen lo
que quieren. He tratado bruscamente a los autores, nunca a
las personas, i nadie podria descubrir por mis escritos, de
que persona hablo, aunque le haya dicho como a escritor,
ignorant, etc. El primer vestido de hombre que he cortado,
es el de verano que le hice a Godoi en Un refresco; nadie me
qegarA que no fuera, si quisiera dedicarme a la profession, un
sastre no mui chlucero.
Todos los dias irrito susceptibilidades i crio deseos de encon-
trar en mi conduct acciones que me denigren. Debiera ser
mas prudent; pero en punto de prudencia, me sucede lo que
a los grandes pecadores, que dejan para la hora de la muerte
la enmienda. Cuando tenga cuarenta 5fios, serd prudent; por
ahora sere como soi i nada mas.
He salido por fin de la -humillante area de describirme a
mi mismo. Tendrd que fradecer a Godoi el haberme hecho
dejar el modesto incgnimo que encubri6 mi vida privada.
De mi parte solo he puesto la sinceridad, en lo demas los he-
chos hablan de suyo, i el p*blico podrdjuzgar.
Ya he mostrado al hombre, tal como es, o como el mismo
se imajina que es. En una segunda publication mostrarg al
libelista famoso, al escritor en Chile, al maestro de escuela;
mis obras Altimamente, mis principios politicos i sociales.
* Ent6nces no me dirijird a Godoi, sino al pdblico.


EL ESCRITOR EN CHILE


A principios del afio 1841, en mi transito de Aconcagua a
Santiago, pasaba un dia por el campo de batalla de Chacabu-
co, acompafado de un amigo que se habia eacontrado en






OBRAS DE SARMIENTO


aquella memorable jornada. No obstan'twque el sol heria mi
frente, nos detuvimos en una peqaefia eminencia, par hacer-
e esplicar por aquel testigo i actor la colocacion delos ejdr-
citos i los detalles de la action. En Chacabuco no hai nada
ahora que recuerde un suceso que tanta influencia ha ejerci-
do *n los desinos de Chile i de toda la America. Cerros as-
qperos i cenudos; lomadas parduscas; un vallecito estrecho,
pedregoso i arido; barrancas i torrents do vista desapacible,
es aquel campo una pijina borrada, un bajo relieve destruido.
Hubiera querido encontrar en 1l algun rastro, alguna impre-
sion duradera del combat; pero nada, nada. En Chacabuco
no hai vestijios de ningun jenero; pas6 el tumulto de la ba-
talla i el silencio ha vuelto a recobrar su dominion. Me acuerdo
que importunaba a mi cicerone con preguntas que el no podia.
satisfacer; queria saber donde habia sido el lugar donde San
Martin mand6 cargar al capitan Solar que mandaba su escol-
ta; cual era el declive por donde Necochea se dej6 caer ha-
ciendo rodar a la mitad de sus granaderos;,-pero mi hombre
no habia visto nada de esto, porque e1 estaba en su compafifa
i sabia much menos que yo sobre los pormenores de aquel
suceso. N6 s ,por qud me caus6 ta contemplacion de aquel
lugar, tan yermo ahora, una profunda sensacion de dolor i de
descontento. Nos separamos de allf i continuamos silenciosos
nuestro viaje; i no obstante que mis sensaciones se habian
amortiguado, algunos dias despues de mi llegada a Santiago,
mandd al Mercurio unos borrones suscritos por un teniente
de artilleria. El pfblico particip6 al leerlos de mis emociones
sobre aquel acontecimiento, no obstante algunos errors, i don
Manuel Rivadeneira me ofrecid desde ent6nces la redaccion
del Mercurio, que acept1; pididndome permiso para descubrir
mi gombre, por interesarse en ello muchas personas de San-
tiago i el gobierno. Una carta de introduction a don Diego
Barros, de que no quise hacer'uso, debia servir de motive d,
entendernos. Recordard esta vez la ajitacion que habia entire
los j6venes literates en esos dias que no podia descubrirse el
autor del comunicado; don Andres Bello lo habia sancionado
con su aprobacion como composition literaria i por tanto era
bueno. Los que me han creido mui preocupado con la impor-
tancia de mis pobres escritos, se sorprenderAn un poco al sa-
ber que no conserve ejemplar ninguno de aquel artfculo, no
obstante que le tengo cierta gratitud como a un bienhechor,
pues que a 61 le debo mi modest position en la sociedad i la
consideration de algunos. Cuando empez6 a descorrerse el






MI DEFENSE


velo del misterio queencubria al autor de aquella production,
don Dieg~Barrps me hizo llmar a su casa para comunicar-
me sus nstrucciones, dandome cita para dos dias despues,
cita a que no concurri.
Poco despues, por intermedio de los paisanos que so crelan
con mayor influjo para conmigo, se me hiciery propuestas
por un partido para que me encargase de la redaccion de un.
nuevo peri6dico, entregAndome la imprenta de la Bolsa, hoi
Liberal. Contest de un modo evasivo i me propuse ganar
tiempo. Era para mi un asunto mui grave escribir en los mo-
mentos en que iban a ajitarse cuestiones de partidos. Queria
conservar intactos mis principios politicos; asegurar los inte-
reses de mi pais; no aparecer en Chile como un revoluciona-
rio, apoyando reacciones; conocer el carActer de los partidos,
sus tendencies, sus hombres i sus objetos; i habia entodo esto
material para mui profundas meditaciones.
Como yo no contestase nada a las reiteradas invitaciones
que de diversos partidos se me hacian, uno de los ministros
del gobierno me hizo anunciar, por conduct del sefor Min-
vielle, su deseo de tener una entrevista conmigo. Ent6nces
reuni a tres de mis paisanos, cuyo juicio respetaba much,
don M. Zapata, don Domingo de Oro i don Jose L. Calle, i es-
ponidndoles mi position i mis ideas les pedi consejo. Todos
ellos convinierin en la necesidad de suscribir a los deseos del
senior mihistro i oir sus proposiciones. La entrevista tuvo lu-
gar. Yo quiero que el -pfblico se imajine un moment una
entrevista entire un ministro del gobierno de Chile con un
pobre hombre, ignorado, sin recursos, sin amigos i sin apoyo,
1 comprenda el papel que yo debi hacer en ella. Despues de
haber pasado las primeras formalidades, en presencia del se-
fior Minvielle, a cuyo testimonio me refiero, se me esplip6 el
motive de aquella reunion. Se deseaba confiarme la redaccion
4e un peri6dico;la march del future gobierno debia ser li-
beral, pero moderada; se creia que yo podia desempefiar este
encargo, etc. .Cual se cree que fu6 mi contestacion? jAdmitir
sin condiciones? No. Primero quise saber cual era la political
del gobierno con respect a los asuntos politicos de mi pais;
yo sostenia que el ministerio, o al minos El Araucano nos
era hostile; queria que se me dejase escribir sobre este punto,
lo que se me neg6, atendido a que el peri6dico tenia por asun-
to esclusivo las elecciones; insist en hacerlo en el Mercurio.
El gobiernoqueria, en cuanto fuese possible, mostrarse neutral
en nuestras cuestiones, i como el Mercurio pasaba por un






26 OBRAS DE SARMIENTO
diario ministerial, queria evitarse que hubiera malas inteli-
jencias. Esto di6 motive a algunds debates, que concluyeron
* qen que escribiria, si queria, en la correspondencia del Mer-
curio sobre aquellos asuntos, bajo la protest de mi parte de
que si el Araucano contrariaba mis ideas, lo habia de atacar.
Al menor asomo de parcialidad, le mand4 poco despues una
rociada en un articulo Pinganilla. Otra condition mas puse:
tal era la de no atacar a persona alguna, ni al senior Tocor-
nal, la que pas6 sin comentarios, porque era tambien el deseo
del gobierno. Condition que cmptli estrictamente, pues ni
aun las refutaciones a sus parciales fueron escritas por mi.
Cuando algunos encontraban algun mdrito en el Nacional,
decia don Domingo Godoi que la mayor parte de los articu-
los que en 61 se rejistraban no eran mios; cuando se vitupera-
ban mis pretendidas personalidades, ent6nces si que era el
author de todo; porque para don Domingo Godoi siempre ha
habido razones para perderme. I no se entienda que en estas
esplicaciones quiero rendir un tardio homenaje al senior To-
cornal; quiero solo reconocer los hechos i no reservarme para
mi sino lo que me pertenece, que siempre serA bastante para
justificar el odio que algunos de sus parciales me tienen, i las
calumnias i embustes que para denigrarme ha vertido cons-
tantemente uno de sus hijos. Yo tengo mis principios i mis
ideas fijas, i dejo que cada cual siga su camino, sin irritarme,
sin ofenderme.de que sea divers del mio. Yo pregunto ahora
a los que han dicho que he sacrificado mis principios, que me
he vendido al gobierno, Acuindo me han visto separarme un
apice de las ideas que manifesto ent6nces en el Mercurio i
en el Nacional, i que despses he sostenido en el Progreso?
Se cree que tengo muchas cars; pero mis ideas political son
las mismas ahora que antes. El espectaculo de las revolucio-
nes americanas i el studio de sus causes jeneradoras, han
morijerado mis deseos de marchar de frente.i atropellandolq
todo; respeto los hechos i las resistencias; no creo en la posi-
bilidad de perfeccionar nuestras instituciones; no creo que el
partido liberal, llamado asi en Chile, pueda dar un paso sin
sublevar terrible resistencias; no creo en la repfblica sin
pueblo liberal i educado, como no creo en la monarquia entire
nosotros sin el mas espantoso despotismo. Estoi intimamente
convencido de que la America esta hoi en una terrible crisis,
i de que Chile debe andarse con tiento para no sumerjirse en
los males que han visitado a todas las otras secciones. Mi
compafiero de trabajo, un compafnero que me conocen todos







MI DEFENSE


i de cuya amistad me honro i que no ha saludado hasta aho-
ra a un ministry, ha apoyad6 mis ideas en estos dias, atacan-
do al Demdcrata, que invoca ideas i principios que no com-
prende, ni en su orijen ni en sus consecuencias; porque mi
compafiero i yo participamos ambos de las mismas conviccio-
nes, porque tenemos los mismos principios politicos i litera-
rios; porque, en fin, hemos estudiado la political americana
no solo en los libros, sino en un horrible anfiteatro en que
estaba espuesto a nuestros ojos el cadaver mutilado de una
repiblica, que fu6 intes mui respectable, i que es ahora lo
que mas hoi, mas mafana, ha de ser Chile, si la Providencia
no aconseja mejor a los hombres que influyen en los partidos,
lo que me parece impossible, porque los partidos son siempre
instruments ciegos de las ideas que les sirven de base.
He merecido a los miembros del gobierno la atencion de
que jamas me hablen nada sobre la march de mis publica-
ciones; i ya una vez he tenido la satisfaction de separarme
completamente de su manera de ver ciertos asuntos. Cuando
ha sucedido que en poldmicas que ha promovido la irritacion
en que a veces me ponen las injusticias de los que como Go-
doi quieren pisotearme, se ha llevado la condescendencia
hasta ocultarme la desaprobacion de mi conduct, a fin de
que no la recibiese como una 6rden.
Mis relaciones personales con los miembros de la adminis-
tracion, son enteramente nulas. Vi al Presidente Antes de
recibirse del mando, para solicitar de el el perdon de un preso
de los carros; he visitado una sola vez a dos de los ministros
actuales, i a otro, con quien mis deberes como director de la
escuela normal me ponen en contact, no me he acercado
sino cuando el desempefio de mis obligaciones lo hace indis-
pensable. En esto no hai ni orgullo ni ingratitud. Otro tanto
me sucede, sin poderlo remediar, con otros personajes. Tengo
ivierta cortedad uraiia, descortes, que me hace star mal en
presencia de hombres colocados en la sociedad en mas alta
position que yo. Asi lamo yo los pies, don Domingo Godoi el
calumniador, a los que mandan; asi he solicitado destinos;
asi me he hecho de apoyos. No vivo, pues, bajo la sombra de
nadie, don Domingo el palaciego; i si soi yo una plant des-
tinada a crecer, no ha de ser como las parasitas, como Ud.,
don Domingo Santiago, sino al rayo del sol i al embate de
los vientos.
Hoi que este pobre hombre me ha puesto en una position
tan dificil, he podido recien contar mis amigos, i nunca me-






28 OBRAS DE SARMIENTO
nos que ahora me hard consentir que soi un miserable; i, aun-
que yo no haya hecho al pais el eminente servicio que este tal
Domingo Santiago le hahecho en nacer en una casa de San-
tiago, i no en una casucha de otra parte, todavia tengo espe-
ranza de ser considerado como uno de los ciudadanos 7itiles
del pais.



















APINDICE





VAYA UN FRESCO

PARA DON DOMINGO GODOI QUE HA CAMINADO TANTO ESTOS
DIAS

(Hoja snelta, Santiago, Imp. del Progreso)


Nunca somos tan ridfeulos por las cualidades que tene-
mos, come per las que afeotamos tender.
La mas pelihrosa ridiculed de los viejos que han side
amados, ea olvidarse de que ya no lo son.
Mas irreconcilable es la envidia que el odio.
Meximas de la Rochefoucault.

Me detendr4 un moment a esplicar las circunstancias que han moti-
vado la enemistad del senior don Domingo Godoi, i el orijen de esta pre-
vencion con que me persigue; porque aunque 61 diga lo que quiera, se
le trasluce por sobre la ropa que me aborrece con todas las fuerzas de
su alm'i, lo que es much decir, perque su fuerte es aborrecer. jHa abo-
rrecido a tantos en su vida!
San Juan es una ciudad de casuchas, una aldea, un pobre pueblo. En
El Zonda, peri6dico que redact6 alli yo, i no el sefor don Domingo S.
Godoi, como han creido algunos aqui, lo he caracterizado bien, segun se
verA luego cuando lo ensefie en la Bolsa. En este cuitado pueblo encon-
tr4, a mi regreso de Chile, al sefor Godoi, con un character semi-oficial,
de c6nsul o que s6 yo qud, con los barruntos de ajente diplomAtico de
primer categoria; con todo el alto tono i refinamiento de una capital;
con sus aires de hombre de corte, i con la pretension de ser un galan de
treinta aflos a lo sumo, para cnyo objeto se razuraba manana i tarde a
fin de que no apareciesen ciertas porfiadas canas que habrian probado
que era pollo que no se cocia de dos hervores. A esto alude al atribuir-
me en su escrito treinta i seis alos de edad, es decir, dos anos m6nos
de los que 41 tiene, porque siempre hemos pasado por j6venes de una







30 OBRAS DE SARMIENTO

misma edad. ]En la provincia todo pasa! Este mozo, como dicen por alli,
hacia profession de galantear muchachas, i solia tomar palco por tempo-
radas en las costillas de alguna pobre nifia, a quien susurraba amorfos.
Era el senior Godoi el tipo de la galanteria en aquella provincia, i ann-
que yo era un pobre diablo, ni mas ni m6nos como 61 me pinta, visitamos
por largo tiempo en una misma casa, i segun 61 decia, con el mismo ob-
3eto, aunque yo no salgo garante de su verdad. Ap6nas me conoci6 cuando
su acreditada tijera me di6 una forma particular, i me estamp6 una filia-
cion que me venia de perlas i daba que reir grandemente en mi ausencia,
en la tertulia a que ambos asistiamos. Yo tuve la indiscrecion, jcuAn
caras me cuestan estas indiscreciones! de lamarle el galan emplasto, el
viejo verde, el brazo izquierdo de Portales; i a esto se afladi6, para mayor
confusion mia, decir que era un pobre tonto, mui dado a la chismograffa
i a los enredos, i sin duda alguna, palaciego de Santiago, porque habia
cosas mui singulares en su conduct i en sus espresiones.
-Sefor Godoi, le decian alguna vez, por qu6 no toma sandia?
-Oh! no... contestaba con desdeftosa cortesfa, desde una vez que en
la quinta de EgaFia tomamos con Diego (Portales) despues del almuerzo
much sandia, i nos di6 una pataleta, nos propusimos no tomar mas.....
Diego me decia, hombre...l la quinta de Egafla... oh! eso es un jardin
europeo. Nos hallabamos...
-Le han Ilegado a Ud. peri6dicos de Chile, don Santiago? qu6 hai
de nnevo?
-Hai un decreto que hace mas de un aflo que estoi insistiendo que
se publique... Tocornal era de mi opinion; pero Prieto necesita que le
den las cosas hechas.... Estando en el Consejo de Estado, les decia yo:
seflores, hasta cuando...! Diego me decia ri6ndose una vez...! Una por-
cion mas de medidas les he aconsejado...!
-Qu6 noticias hai del Perd, don Domingo?
-Va eso magnficamente; mi hermano esth a la cabeza del ej6rcito;
es el alma de las operaciones, el que dirije a Bilnes... segun me describe
mi companero el ministry tal...; i mi primo, el president de la camara,
es el candidate de mas popularidad para la presidencia... Oh...! es el
idolo del ej6rcito...!
-Toma Ud. un poco de t6, senior c6nsul?
-Oh! ann es temprano; en palacio no acostumbramos tomarlo hasta
las once, en que nos reunimos para la malilla; i luego este t6 que aqui
se vende... gconocen Uds. el t6 mandarin?
-4Mandarin, dice Ud? N6 sefior......
-Diego al venirme me regal6 dos cajas...... les mandar6 a Uds. un
poco.....
-Bailar. unas cuadrillas?
-Oh!... bien, bien; Diego esincansable para las cuadrillas. 6No gusta
Ud. un cigarro? Esta cigarrera me la regal6 Portales al venirme. Est&-
bamos en las conferencias, me vi6 mi cigarrera que me habia mandado
mi compaftero Lavalle de Lima, i me dijo:-Hombre, vos te vas para
allA, para que quieres cigarrera tan rica; toma la mia......!
Yo que siempre he sido aficionado a la political, solia acercarme a con-
templar de cerca a este favorite mimado de Portales, este miembro del
Consejo, que estaba en los pormenoras mas intimos del gabinete de
Chile que dirije desde San Juan. Los j6venes, mis amigos, que han
presenciado estas cosas, i que se hallan actualmente en Coquimbo i Ce-








MI DEFENSE 81

piap6, recordarAn los comentarios que haciamos sobre esta vejiga de
viento; i los seflores Muifoz i Uriondo, que presenciaron cosas analogas
en Mendoza, podrAn afladir otros pormenores mui curiosos.
Pero el fuerte de mi enemigo era el estrado.
El matrimonio le ha dado unos 20 ailos mas; el afo 36 tendria a lo
sumo 26 alios, dos mas que yo. Eramos muchachos; 61 el dije de las da-
mas, damas de lugar se entiende. Solia tomar una familiar entire ojos
por la indiscrecion de alguna muchacha que no habia querido dar oido
a sus amores consulares; aqui de su talento......! Los padres, los abue-
los, los tios, todos Ilevaban su part de difamacion por supuesto; la vida
de la madre, i la lejitimidad de la hija, i el honor de esta entraban a
discussion. Tiene este hombre una sonrisa sorda, que ella por si sola ya es
una calumnia, un chisme. Cuando no habia de donde sacar una especie
con que herir, en la calle habia oido a un alfarero cantando un versito
que decia:

(Fulanita i fulano......

Se acuerda, sefior don Domingo, de aquellos versos famosos que oy6
Ud. a un lechero? Alguien que esta aqui se los oy6 mil veces, ri6udose
con su risita sord6nioa, con su meneo de cabeza.
He visto families enteras Ilorar come en un duelo por las species de
Godoi; le he visto un aio enter cebarse en la reputacion de una pobre
muchacha, a quien inutiliz6 i aniquil6 por no s6 que descortesia feme-
nil; he visto a varias families pararse todas repentinamente i despedir-
se de una vista al verle entrar; he visto a media docena de individuos
volverle las espaldas en todas parties, i 61 ocupar, sin inmutarse, un
asiento, porque tiene de diplomAtico la imperturbable sangre fria para
tolerar los menosprecios sin pestaffar; se le ha visto en San Juan al fin
arrinconado, bloqueado en su propia casa, sin tratar a nadie, perseguido
por el odio de las famalias.
ADiga don Domingo Godoi cu;ntos amigos tiene en Mendoza i San
Juan, despues de quince aios de residencia? Nombre mas de uno en
cada pueblo? I no vaya a escudarse con la nacionalidad. Apelo a los chi-
lenos emigrados, que digan si ban notado animadversiones nacionales; a
esos mismos chilenos a quienes ha perseguido, porque eran j6venes i
mui bien recibidos de las nifas, porque este punto de las nifas ha sido
la piedra de esoAndalo de este galan chulleco i dandy cataplasma.
Ha dicho en su escrito famoso, que ha mandado rotulado a cada fa-
milia, que yo lo he visitado aqui i tratadolo con atencion. Lo iltimo no
mostrarA mas que mi urbanidad. Despues de sus bodas fuf a cumpli-
mentar a su sefiora, i me retire de su casa. Godoi, come era natural, no
quiso rebajarse hasta volver una visit a un hombre tan despreciable
come yo, que no la esperaba tampoco. Cuando este caballero volvi6 a
Santiago. lo salud6 cortesmente. Tres meses despues, el dia que su se-
flora lleg6, fui por la noche a hacerle una visit de bienvenida. No he
vuelto mas. Con su sefiora he estado alguna vez en el teatro, en ausen-
cia de l1; esta es la verdad del hecho, que ]o desmienta si gusta.
Puedo decir con complacencia que los que me quieren mal no me han
tratado nunca. Muohos ni de vista me conocen. A Godoi es precise
acercarse para detestarlo come lo detestan todos los que Antes fueron
sus amigos. El libelo que ha publicado i los que le sigan serin mi justi-








32 OBRAS DE SARMIENTO

fioacion. Lo mismo que ha estampado por la prensa es lo que ha estado
pregonando como un frendtico, duranta dos anos, contra mi en todos los
lugares pdblicos. Juzguen los que han leido este bostezo de imprope-
rios con que ha ensuciado todo Santiago, si he obrado mal en premunir-
me contra sus ataques, haci4ndole una provocacion como la que le hice,
i que 41 ha sabido beneficiary para ilevar adelante su obra. I todo este
odio, por qu4? Porque le hacia algunas jugadas en mi pais, porque a su
envidia contestaba con decir a las nifas que era un galan cincuenton,
que usaba cataplasmas permanentes, que era un palaciego, que era un
tonto. He aqui todos mis delitos! Bien caro me cuestani Ah! cataplas-
mas...... ah! canas mal rapadas......
I ahora es occasion que yo tambien hable de ministros, ya que Godoi,
el amigo de Diego, me echa en cara que yo fuf el dnico que no asisti a
su casa a darle el parabien por la victoria de Yungai, todo con el objeto
de que el pdblico sepa que el Gobierno fu6 a cumplimentarlo con la
mdsica de viento. ;Pobre patriaf Es decir que todo San Juan fud, i solo
yo, el despreciable, el matador no fud? iQud falta tan notable haria!
Qud present me tenia cuAndo pudo notar mi ausencia entire 2,000 ciu-
dadanos!
Pues todo esto es una mentira urdida por eu cabeza...
El ministry Maradona i algunos que pudierotreunirse, entire ellos yo
i el doctor Aberastein, con quien andaba esa noche, estuvimos en la
puerta de su casa con la mnisica, i Maradona nos estuvo contando los
pormenores que tenia de las noticias. Aberastein estA en Copiap6 i pue-
de recorder este hecho. A los tres dias despues, en la quinta de don Juan
Agustin Cano, hubo un convite a que asistieron Benavides, Maradona,
Hoynela, otros i yo, i el asunto general de los brindis fu6 la victoria de
Yungai. Todas las personas que cito son mis encarnizados enemigos poli-
ticos; que digan sinembargo, si fuf yo el m6nos entusiasta en brindar por
aquel glorioso suceso, i si alguno cree que era esto complacencia por el
gobierno? Que diga don Agustin Cano, ahora mi enemigo, si no les derra.
me mi copa por un brindis de Hoynela (hoi gobernador) en que deseaba
mal a los unitarios; teniendo aqul6, como duefio de casa, que pedir que
no se tocase aquella tecla, por consideration a mi, el fnico unitario quo
estaba present; porque jamas disimuld mi sentir ante nadie.
La rabia de ese zonzo, carcomido de envidia, nace de que he venido a
su pais i me he encontrado con el mismo padre con las mismas alforjas
que conoci en San Junan. Anteayer le decia a un amigo:--cRenjifo me
dice que no me acaloref que vaya con calm para enterrar a este m.lva-
do.-A otro:-He estado con Bnlnes, me aconseja que haga tal i cual
cosa.i
A su llegada se declar6 tocornalista, contando, sin duda, con alguna
intendencita; ahora anda solicitando reemplazarme de director de la Es-
cuela Normal, para servir a la patria. Don Joaquin Godoi, don Vi-
cente Jil, don Martin Zapata i muchos otros, podrAn decir lo que decia
de mi i del partido que habia abrazado: las palizas que yo debia esperar, i
las seguridades de'infalible triunfo de su partido, i como les pintaba los
males que estaba hacienda a los interests arjentinos. Oh! sobre este pun-
to ha manifestado ideas i dado consejos mui curiosos. Nunca he visto un
desprecio mas absolute por su pais i por el sentido comun de sus pai-
sanos.
Hasta ahora sostiene que yo he perdido aqui la causa de los arjentinos,







MI DEFENSE 33

porque no he sabido adults al pdblico i al goberno para hacerlos cabres-
tear i declarar la guerra. Est- persuadido que los escritos de Pardo fue-
ron el m6vil de la del Perd, sin 4os cuales escritos no habria habido esta
guerra, porque 61 dice: Uds. no conocen a mis paisanos! HAbleles siempre
del nombre chileno, del pabellon chileno, de la gloria de la nation chi-
lena, i los tendrA Ud. a su disposition, los harA pasar per el aro del diablol
T interest en el pais, con desembozo i sin mezquinos rodeos. Para 61 soi un
borrico. 41 por qu6? Porque no he estado en an colejio; lo mismo que
me decian mis pobres paisanos, que no hamnpodido persuadirse hasta
ahora, que yo estoi escribiendo en Chile.
Don Andres Bello me hizo el honor de defenderme en una reunion
en que mi vinchuca me estaba chupando la sangre, como es su costumbre,
dici6ndole que esa era mi gloria, el haber alcanzado a ser escritor per mi
propio esfuerzo; llevando el senior Bello la buena intencion para conmi-
go hasta igualar, en su concept, uno que otro escrito mio a algunos de
los de Larra; pero en despecho del sefor Bello i de verme escribiendo
dos aiios diariamente, 61 sosterfdrA siempre que soi un mostrenco, porque
en San Juan le saqu6 a ltz sus emplastos i las canas, no obstante que
somos. mas o m6nos, de uga edad. 41 qu6 couseouencia saca este zonzo,
porque ni picaro es, zont no mas, zonzo viejo; qu6 consecuencia saca de
que en mi pals sol un '- ibre despreciable? Yo las sacar4, que pues en
*hn rincon de la Repdblica Arjentina soi despreciado, los que aqui me
aprecian en algo, son hombres de much m6nos capacidad que aquellas
jentes, i cujdado que entire las personas que me aprecian o manifiestan
apreciarme en algo, hai algunos nombres que suenan con honor en la
carrera de las armas, de las letras i del fore. Pero 61 que se educ6 en un
colejio con los mejores maestros, ,qud sabe de nada, de escritos ni de
ideas?
Lo que se ha visto en sus anteriores i los que seguirin: ensartar todo
lo que puede vulnerar a un hombre, i probar hasta donde puede Ilevarse
la ansia de aplastar a un enemigo. I, sin embargo, tino para distinguir
los escritos. Escribiamos en San Juan un peri6dico entire varies j6venes;
come yo era el dnico que no era doctor, yo era el mas incapaz de escri-
bir; casi todo lo escribi yo, sin embargo. Godoi tenia un sat6lite en San
Juan que carg6 con muchas odiosidades a causa de 61. Este se divertia
much haci6ndole prodigarme elojios a su pesar.
--Que le ha parecido El Zonda, don Domingo?
-EstA bueno, esta bueno, el editorial est mui bien escrito, hai acier-
to en la critica...
-I bien, aquien cree que sea el author?
-Oh! Aberastain, ninguno de los demas es capaz de escribir eso.
-Pues es de Sarmiento!
Otredia iba cbn la mOsma pregunta, o se le anticipaba Godoi con al-
gunos elojios.-Pues eso es de Sarmiento. El j6ven ese ha muerto, pero
estAn en Chile los que le oiau contar ri6ndose las mortificaciones que
daba a mi hombre.
'Continue Godoi vomitando sarcasmos e improperios contra mf; acabe
de derramar su hiel; alucine i prevenga al public; halague todo j6nero
de interests; predique i recorrra los lugares pdblicos; yo nada de eso ha-.
r6, no puedo oponerle nada. Consume su obra: yo estoi siempre mis
ocupado de to que deseara i no tengo simpatias entire muchos a quienes
3







34 OBRAS DE SARMIENTO

S ha persuadido que es Este un asunto national. Por ahora le confieso
que el viento sopla en su favor; veremos si marchamos contra el viento,
o se inclina a nuestro lado.
Este articulo lo he escrito solo para 41, porque solo 4l lo entiende, solo
61 sabe en qud estA su mdrito.
Desde mariana me contraerd al pdblico, a quien necesito dar a conocer
various antecedentes necesarios. iPudiera que una vez no triunfe la ca-
lumnia de la verdad!'

Santiago, Enero 28 de 1843.







EL LIBELO


L'infamie ne s'attache point naturellement a ee que les
lois dofendent, si elle ne blessed pas lea prinoipes admis par
tons lea membres de la soci6t Personne no risquera de
passer pour lohe, n'exposera sa consideration dans la so.
ci6t6, ne se couvrira d'ignominie de peur d'6tre poursuivi.

Las publicaciones de Godoi me ban tachado con el infame titulo de
libelista; i el pdblico que casi siempre acepta sin critica una palabra, se
ha quedado satisfecho con la oportunidad del odioso epiteto; i aun las
ritualidades judiciales le han dado cierto aire de lejitimidad, lanzando
un mandamiento de prison contra mi persona. Pero hai much diferen-
cia entire las palabra i la idea que representan; entire el jnicio prinmo del
pdblico i la sanction de la lei; entire una providencia de forma i una sen-
tencia. Los que no se han dejado sorprender en este punto, han lamen-
tado, por lo minos, que hubiese dado, poniendo un cartel injurioso en
lugar pdblico, un paso que no justifican las leyes del honor. Rechazo
abiertamente uno i otro cargo, porque uno i otro carecen de fundamento.
Sostengo, por el contrario, primero: que no soi un libelista ante la lei;
segundo: que no he hollado ninguna prescription de honor ante la opi-
nion. Despues que se han desenvuelto las consecuencias desagradables
de mi arrojado paso, i medito sobre los antecedentes que lo motivaron,
creo que, si por desgracia me hallara de nuevo en la position dificil en
que me habia colocado Godoi, volveria a repetir el mismo acto i me re-
tiraria tranquil a aguardar los resultados.
Nadie duda ahora que Godoi me ha calumniado con una constancia
sin ejemplo durante dos afos; si 41 no lo confesara, los tribunales se lo
harAn reconocer. Haoe, pues, mas de un alio que cada vez que me ins-
truyen de los procedimientos de este pobre hombre, me viene al espiritu
esta insoluble question: jc6mo poner a mi perseguidor en la imposibili-
S dad de continuar sus ataques?
4Pedirle una satisfaction personal?-Ridiculo. Me habria hecho un
desire. El duelo es entire nosotros una quimera dorada, que existe i se







MI DEFENSE 35

representa en las tablas; pero que las leyes i las costumbres rechazan: *
Todos los que lo invocan como remedio a las injuries no so han batido
jamas, i, sin embargo, han injuriado o han sido insultados por lo minos
diez veces en su vida. De quinientos casos de ofensa ocurridos entire ca-
balleros, uno llega a desenlazarse por un duelo; de dies duelos que se
arreglan, uno se realize. Todo concluye con haberse dado material a la
maledicencia public, esto es, cuando los agraviados no se desahogan
dandose de bofetadas como unos patanes. 41 cuantos duelos ban ocurrido
en Santiago durante diez alos, i cuAntos casos que lo exijan? Esta es la
pura verdad. gQui6n es pues el fanfarron sino el que invita a un duelo
que no ha do realizarse? Entre j6venes o militares acaso ocurre alguna
vez; pero qu6 resultados habria tenido una esquela mandada por mi,
pobre diablo, oscuro, nacido en el barrio de San Pantaleon, joven
perdido, tildado de crimenes, mandada a todo un senior don Domingo
SantiagaGodoi, que hace antesala alguna vez al Presidente, que oye a
toda hora estornudar gravemente a los ministros, quo sabe como nadie
bailar las cuadrillas, i conserve la cigarrera que le di6 Diego? Ya pe
parece que le veo soureirse desdefosa i diplomiticamente, segun lo pres-
triben Martens, Vattel i los demas (i ya estoi yo mordi4ndome tambien
de rabia de solo imajinarmelo); i decirle a un quidam, sefialandole en
actitud 4pica mi pobre esquela: avea Ud. lo que me describe ese botarate,
ese estropajo!..... El ridicule i el oprobio habria llovido sobre mi.
4Lo habria demandado?-Ridiculo tambien! Veremos sin6 la repara-
cion que obtengo hoi que he dado este paso. Molestias nuevas i mas
amargas calumnias; echarme encima el odio de sus paniaguados; poner
en discussion mi vida; una buena suma de dinero, i al postre una senten-
cia que contendrd lo que d6 la gana; pero que no me resarcirA jamas de
los daios i desazones que me habrA costado. Las leyes son impotentes
contra la opinion; i la calumnia deja manchas indelebles. El duelo es
una reparacion ficticia; pero que ha sido admitido en todas parties como
suficiente; i cuando las leyes se han esmerado por medio de prescripcio-
nes bArbaras i desatinadas en proscribirlo, la opinion de los hombres, en
despecho de ellas, lo ha sostenido como la fnica ancla de salvation, i no
estA lejos en Europa el dia en que se le reglamente i legalice.
6Habria acudido a la prensa?-Mil i mil veces mas ridicule todavia!
Habria tenido yo que responder en un juicio de imprenta de mis propias
aserciones, i acaso sufrir un fallo. Habria tenido que tolerar una lluvia
de sarcasmos, i palabras afrentosas que cada una de ellas contiene la im-
putacion de un delito, como se ha visto ahora. Al cabo las calumnias
que contra mi vertia de palabra Godoi, solo eran creidas en la Bolsa por
los que de antemano se sentian inclinados a career todo mal de mi. Por la
prensa, la nacion entera se ha hecho testigo de una querella que tiene
por orijen algunas cataplasmas de un viejo verde, i la cigarrera de Diego.
aQud me quedaba, pues, que hacer ent6nces? Lo que hice reflexiona-
damente, lo que volver6 a hacer mafiana, en despecho de todas las difi-
cultades que me traiga.
iPonerle un parche en la espalda!
6Acude a un juez que se lo saque? En vano, porque estA hecho de ma-
nera que el juez no pueda despegarlo. Ante los tribunales lo he de batir
por mas que lo crean algunos tan dudoso.
g Acude a la prensa para sacArselo? En vano, porque ahi tambien lo
he de batir. Al public se engaria un dia, se le ajita, se le preocupa; pero







OBRAS DE SARMIENTO


al fin el sentimiento innate de la justicia habla mas fuerte que la preo-
cupacion i triunfa el que tiene razon.
ZAcude a mi para que se lo saque?-Al m6nos estoi seguro que la ri-
sita de Martens i de Wattel no le ha de venir a los labios; i a esta risita
es a la 6nica cosa que le tiemblo en esta vida.
Cualquiera de estos tres espedientes o todos juntos si los toma, trae-
rAn la consecuencia de que mi nombre no ha de sonar mas en los labios
de ese pobre hombre en lo sucesivo; que la calnmnia se le ha de atrave-
sar en la garganta, i lo ha de ahogar. Si el remedio a mi mal era costo-
so i duro no por eso debia de ser m6nos seguro en sus resultados. Lo
desafio a que me nombre dentro de un mes.
H6 aqui el parche:
iDos aluos hace que Domingo Godoi repite en Santiago que he come-
tido que s4 yo que crimepes en mi pais. Domingo Godoi miente como
un miserable que es. Mi crime para con ese hombre consist esehaber-
lo apreciado en lo que vale, i haber venido a su pais i ver confirmado
mm sentir, conocidndolo por un hombre insignificant. He herido su
amnr propio, el amor propio de un necio. Desde que me llama un asesi-
no, hubiera podido confundirlo ante los Tribunales de Justicia si un
agravio hecho a la honra de un caballero, pudiera satisfacerse ante la
justicia. Le habria pedido satisfaction personal, sino supiese que es un
cobarde, que me encontraria a mi un hombre mni dospreciable para
hacerme caso.-Yo he podido cometer muchas imprudencias, jamas me
he mancillado con un crime. He podido offender a algunos, pero nunca
he hecho nada que me haga despreciable.-Santiago, enero 10 de 1843.
-DOM INGO FAUSTINO SARMIENTO.)
I4 qu6 historic de libelo famoso es esa con que se engafia al p6blico i
se alucina a la multitud de los que hacen coro a cuanto la mala inten-
cion dicta? jTodo patel escrito que tenga relacion con personas es un
libelofamoso? _La circunstancia de estar puesto en lugar pdblico cons.
tituye el delito? 4I si es un elojio? 6I si no contiene injuria? a1 si la
que contiene no es grave? 41 si, siendo esta grave ante la opinion, no lo
es ante la lei? Porque la lei i la opinion son dos tribunales diversos en
material de ofensas; lo que el uno condena absuelve el otro; lo que este
aprueba castiga aquel. He puesto en la Bolsa, a donde don Domingo
Godoi acude diariamente a calumniarme, un aviso desmintinddolo. 4Le
he dicho cobarde? Pero la palabra cobarde no infama sino a los milita-
res que hacen profession de valientes. Las mujeres se honran de ser co-
bardes, mi don Domingo Santiago. Muchos :j6venes i viejos lo son i lo
confiesan i Ud. ha sido j6ven Antes i es pasablemente viejo ahora. Ante
la lei, pues, la palabra cobarde vale tanto como decirle a un hombre
feo; aunque sea un Adonis, como Ud., mi don Domingo Santiagp, pre-
tendia ser.
Yo dejoa un lado las cuestiones juridicas que han de ventilarse
ante los tribunales; esto es del resort de los abogados; pero lo que a
mi se me alcanza en esto, me basta para descansar en la fe de que no
dafia a mi delicadeza i buena fama el haber puesto en la Bolsa un aviso
quo contienefundamentalmente un desmentido contra un calumniador, i
accidcntalmente una ofensa al amor propio de mi enemigo, gravisima
ante la opinion pdblica, mui leave ante la lei que no da a la palabra
cobarde valor ninguno.
Nadie se ha fijado, de los que han querido infamarme con el dictado








MI DEFENSE


de libelistafamoso, que las leyes que se han creado para reprimir los
delitos que pueden cometerse por medio del libelo, son anteriores al
uso diario de la prensa, i a las eyes que establocen los delitos de esta.
iCosa singular i ridicula.al mismo tiempo! Don Domingo Godoi en un
papel impreso que pueden leer cuatro mil personas, que circula por today
la Rep6blica, que irA en algun cartucho al estranjero, me llama asesino,
rufian, corrompido i cuanta palabra represent ante las leyes una injuria
grave i punible. Cuando este impreso sea acusado ante el juri IlevarA,
sin duda, un veredicto que lo condene a 200 o 600 pesos de multa; midn-
tras que por haber puesto yo un solo ejemplar de un papel bajo mi pro-
pia frma, en que digo a los quo conburren a la Bolsa: c(Sefiores, miente
don Domingo Godoi cuando me llama asesino), un papel que solo han
visto tres individuos i que hubiera quedado ignorado si don Domingo
Godoi no le hubiese dado publicidad, me costarA, segun creen algunos
que so 1f creen todo, una pens infamante. El primero que hiere mil
veces i ante la nation enter, lo remedia todo con una pequefa suma g
dinero; el segundo que hace ver el rasgufio ante un numero reducido e
*ndividuos, queda infamado; el primero, usando de los subterfujios de
Sa prensa, se salva; el segundo, procediendo con la noble honradez de
uu enemigo leal, poniendo su firma para responder a la ofensa que hace,
se pierde para siempre. aQu6 m6nos importancia tendria el haber dicho
de palabra a todos los circunstantes en la Bolsa: a Godoi miente en el mal que de mi dice, como un miserable que es?)
Hai, pues, un disparate en today estajfarsa del libelofamoso, que no
muestra m6nos la discordancia de nuestras leyes entire si, que la lijereza
de la jeneralidad en career infamado a un hombre porque ha sido m6nos
pr6digo en los medios de daliar.
La infamia!...... Ya estuviera en mano de los hombres tiznar con la
infamia a cualquiera a quieu injustamente se le echa encima una pres-
cripcion vetusta i mal aplicada. N6! la infamia no es una arma que estA
en mano del juez; es un'sello que la conciencia pfblica estampa sobre
los que huellan las leyes inmutables de la justicia. Una lei podrA decir:
sea infame el que escriba una palabra que acredite que no se somete a
que lo difame un hombre; pero la sociedad se levanta contra esta ficticia
difamacion, i honra a la virtud en despecho de la lei i de los tribunales.
A los que han creido que mi aviso era un cartel de desaffo, no dard
mas contestacion que la que merecen los que dicen que he ofendido con
el cartel el honor national.
h- Agradezoo much a los que ma compadecen por los males que mi
procedimiento me ha causado. Son mayores i mas profundos de los que
la jeneralidad cree; pero era esta una amputacion dolorosa que debia
sufrir siwmurmurar. He hecho una incision a mi honra a fin de que la
gangrena que la amenazaba no la contaminase today. Quedard mutilado,
pero sano i salvol.

1. Este articlo fu6 el Vi iltuno de los que aparocieron con el titulo de Defens;, dosligado
nu tanto de los primeros que son una autobiografia, lo hemos reprodaoido en ap6ndice
junto con el titulado Vaya unfresco, para dejar reuidas las prinoipales plezis de la pol6-
mica con don Domingo S. Godoi. El Editor.



















RECUERDOS DE PROVINCIA


Es este un cuento que, con aspavientos i gri-
tos, refiere un loco, i que no significa nada.
SHAKESPEARE, flanmlet.
Decir do si m6nos de lo que hai, es necedad
i no modestia; tenerse en m6nos de lo que uno
vale, es cobardia i pusilanimidad, segun Arist6-
teles.
MONTAIGNE, Essais.


A MIS COMPATRIOTAS SOLAMENTE


La palabra impresa tiene sus limits de publicidad como
la palabra de viva voz. Las pAjinas que siguen son puramente
confidenciales, dirijidas a un centenar de personas, i dictadas
por motives que me son propios. En una carta escrita a un
amigo de infancia en 1832, tuve la indiscrecion de llarmar
bandido a Facundo Quiroga. Hoi estan todos los arjentinos,
la Amdrica i la Europa, de acuerdo conmigo sobre este pun-
to. Ent6nces mi carta fua entregada a'un mal sacerdote que
era president de una sala de Representantes. Mi carta fu4
leida en plena session, pidi6se un ejemplar castigo contra mi,
i tuvieron la villania de ponerla en manos del ofendido, quien
mas villano todavia que sus aduladores, insult a mi madre,
llam6la cot torpes apodos, i le prometi6 matarme donde quie-
ra i en cualquier tiempo quo me encontrase.
Este suceso quo me ponia en la imposibilidad de volver a
mi patria por siempre si Dios no dispusiese las cosas huma-






.40 OBRAS DE SARMIENTO
nas de otro modo que lo que los hombres lo desean, este
suceso, decia, vuelve a reproducirse dieziseis afios mas tarde,
con consecuencias al parecer mas alarmantes. En mayo de
184S escribi tambien una carta a un antiguo bienhechor, en
*. cual tambien tuve la indiscrecion, de que me honro, de
*hilher caracterizado i juzgado el gobierno de Rosas segun los
dictados de mi conciencia; i esta carta como la de 1832, fue
entregada al hombre mismo sobre quien recaia este juicio.
Lo que se ha seguido a aquel paso, sAbenlo hoi todos los
arjentinos. El gobernador de Buenos-Aires public aquella
carta, entabl6 un reclamo contra mi cerca del gobierno de
Chile, acompafi6 la nota diplomntica i la carta con una cir-
cular a los gobernadores confederados; el gobierno de Chile
respondio a la solicitud, replica Rosas, se repitieron las cir-
culares, vinieron las contestaciones de los gobernadores del
interior, continue el sistema de dar publicidad a todas aque-
Ilas miserias que deshonran mas que a un gobierno, a la espe-
cie humana; i parece que continuari la farsa, sin que a nadie
le sea possible prever el desenlace. La prensa de todos los
paises vecinos ha reproducido las publicaciones del gobierno
de Buenos-Aires, i en aquellas treinta i mas notas oficiales
que se han cruzado, el nombre de D. F. Sarmiento ha ido
acompafado siempre de los epitetos de infame, inmundo,
vil, salvaje, con variantes a este caudal de ultrajes que pa-
recen el fondo nacidnal, de otros que la sagacidad de los go-
bernadores de provincia ha sabido encontrar, tales como
traidor, loco, envilecido, protervo, empecinado, i otros mas.
Caracterizanme asi hombres que no me conocen, ante
pueblos que oyen mi nombre por la primer ve. Desiend
el vilipendio de lo alto del poder pfiblico, reprodicenlo los
diaries arjentinos, lo apoyan, Io ennegrecen, i sibese que en
aquel pais la prensa no tiene sine un mango, que es el que
tiene aside el gobierno; los que quisieran service de ella co-
mo medio de defense, no encuentran sino espinas agudas, el
epiteto de salvaje, i los castigos discrecionales.
I sin embargo, mi nombre anda envilecido en boca de mis
compatriotas; asi lo encaentran escrito siempre, asi so estam-
pa por los ojos en la mente; i si alguien quisiera dudar de la
oortunidad de aquellos epitetos denigrantes, no sabe qu4
egarse a si mismo en mi escusa, pues no me conoce, ni tie-
ne antecedente alguno que me favorezca.
El deseo de todo hombre de bien de no ser desestima-
do, el anhelo de un patriota por conservar la estimacion de






RECUERDOS DE PROVINCIA 41

sus conciudadanos, han motivado la publication de este opfs-
culo que abandon a la suerte, sin otra atenuacion quo lo
disculpable del intent. Ardua tarea es, sin duda, hablar de si
mismo i hacer valer sus buenos lados, sin suscitar sentimien-
tos de desden, sin atraerse sobre si la critical, i a veces con
harto fundamento; pero es mas duro aun consentir la deshonu
ra, tragarse injuries, i dejar que la modestia misma conspire
en nuestro dafio; i yo no he trepidado un moment en esco-
jer entire tan opuestos estremos.
Mi defense es parte integrante del voluminoso protocolo
de notas de los gobiernos arjentinos en que mi nombre es el
objeto i el fondo envilecido. Mi Contestacion, que se rejistra
en el numero 19 de la Crdnica; mi Protesta, en el nimero 48,
i este opfsculo deberan, pues, ser leidos por los que no quie-
ran juzgarme sin oirme, que eso no es practice de hombres
cultos.
Mis Recuerdos de Provincia son nada mas que lo que su
titulo indica. He evocado mis reminiscencias, he resucitado,
por decirlo asi, la memoriA de mis deudos que merecieron
bien de la patria, subieron alto en la jerarquia de la iglesia, i
honraron con sus trabajos las letras americanas; he querido
apegarme a mi provincia, al humilde hogar en que he nacido;
debiles tablas sin duda, como aquellas flotantes a que en su
desamparo se asen los ndufragos, pero que me dejan advertir
a mi mismo que los sentimientos morales, nobles i delicados,
existen en mi por lo que gozo en encontrarlos en torno mio,
en los que me precedieron, en mi madre, mis maestros, i
mis amigos. Hai una nobleza democratic que a nadie puede
hacer .sombra, imperecedera, la del patriotism i el talent.
Hudlgome de contar en mi familiar dos historiadores, cuatro
diputados a los congress de la Repiblica Arjentina, i tres
altos dignatarios de la Iglesia, como otros tantos servidores
de la patria 4ue me muestran el noble camino que ellos si-
gureron. Gusto, a mas de esto, de la biograffa. Es la tela mas
adecuada para estampar las buenas ideas; ejerce el que la es-
cribe una especie de judicatura, castigando el vicio triunfan-
to, alentando la virtud oscurecida.'Hiai en ella algo de las
bellas artes, que de un trozo de mirmol bruto puede legar a
la posteridad una estatua. La historic no marcharia sin to-
mar de ella sus personages, i la nuestra hubiera de ser riqui-
sima en caracteres, si los que pueden, recojieran con tiempo
las noticias que la tradition conserve de los contemporineos.
El aspect del suelo me ha mostrado a veces la fisonomia.de






OBRAS, DE SARMIENTO


los hombres, i dstos indican casi siempre el camino que han
debido Ilevar los acontecimientos.
El cuadro jeneal6jico que sigue, es el indice del libro. A
los hombres que en el se rejistran, ligase el mio por los vin-
culos de la sangre, la education, i el ejemplo seguido. Laspe-
quefieces de mi vida se esconden a la sombra de aquellos
nombres, con algunos de ellos se mezelan, i la oscuridad hon-
rada del mio, puede alumbrarse a la luz de aquellas antor-
chas sin miedo de que revelen manchas que debieran perma-
necer ocultas.
Sin placer, come sin zozobra, ofrezco a mis compatriotas
estas pajinas que ha dictado la verdad, i que la necesidad
justifica. Despues de leidas pueden aniquilarlas, pues perte-
necen al nflmero de las publicaciones que deben su existen-
cia a circunstancias del moment, pasadas las cuales nadie
las comprenderia. iMerecen la critical desapasionada? iQud he
de hacer! Esta era una consecuencia inevitable de los epfte-
tos de infame, protervo, wwlvado, que me prodiga el gobier-
no de Buenos Aires. iContra la difamacion, hasta el conato do
defenders es mancha!


LAS PALMAS

A pocas cuadras de la plaza de Armas de la ciudad de San
Juan hacia el norte, elevtbanse no ha much tres palmeros
solitarios, de los que quedan dos aun, dibujando sus plumeros
de hojas blanquizcas en el azul del cielo, al descollar por so-
bre las copas de verdinegros naranjales a guisa de aquellos
plumajes con que nos representan adornada la cabeza de los
mdijenas americanos. Es el palmer plant ex6tica en aque-
lla part de las faldas orientales de los Andes, como today la
frondosa vejetacion que, entremezclandose con los edificios
disperses de la ciudad i alrededores, atempera los rigores del
estio, i alegra el animo del viajero cuando, atravesando los
circunvecinos seeadales, ve disefiarse a lo 16jos las blancas to-
rres de la ciudad sobre la line verde de la vejetacion.
Pero los palmeros no han venido de Europa como el na-
ranjo i el nogal, fueron emigrados que traspasaron los Andes
con los conquistadores de Chile, o fueron poco despues entire
los bagajes de algunas families chilenas. Si el que plant







RECUERDOS DE PROVINCIA 43
alguno de ellos a la puerta de su domicilib, en los primeros
tiempos, cuando la.ciudad era aun aldea, i las calls caminos,
i las casas chozas improvisadas, echaba de mdnos la patria de
donde habia venido, podia decirle como Abderahman, el rei
Arabe de C6rdoba:

1"Ti tambien, insigne palma, eres aqui forastera;
De Algarbe las dulces auras, tu pompa halagan i besan;
En fecundo suelo arraigas, i al cielo tu cima elevas;
Tristes 16grimas lloraras, si cual yo sentir pudieras '.,

Aquellos palmeros habian lamado desde temprano mi
atencion. Crecen ciertos Arboles con lentitud secular, i a falta
de historic escrita, no pocas veces sirven de recuerdo i mo-
numento de acontecimientos memorables. Me he sentado en
Boston a la sombra de la encina bajo cuya copa deliberaron
los Peregrinos sobre las leyes que se darian en el nuevo mun-
do que venian a poblar. De alii salieron los Estados Unidos.
Los palmeros de San Juan marcan los puntos de la nueva
colonia que fueron cultivados primero por la mano del hom-
bre europeo.
Los edificios de la vecindad de aquellos palmeros, estan
amenazando ruina, muchos de ellos habi6ndose ya destruido,
i pocos sido reedificados. Por los apellidos de las families que
los habitaron, c~ese en cuenta que aquel debi6 ser el primer
barrio poblado de la ciudad naciente; en las tres manzanas
en que estan aquellas plants solariegas, esta la casa de los
Godoyes, Rosas, Oros, Albarracines, Carriles, Maradonas, Ru-
finos, families antiguas, que compusieron la vieja aristocra-
cia colonial. Una de aquellas casas i la que sirve de asilo al
mas j6ven de los palmeros, tiene una puerta de calle anti-
quisima i desbaratada, con los cuencos en el umbral superior
donde estuvieron incrustradas letras de plomo, i en el centro
el signo de la compafia de Jesus. En la misma manzana i
dando frente a otra calle, esta la casa de los Godoyes, donde
se conserve un retrato romano de un jesuita Godoi, i entire pa-
peles viejos encontr6se, al hacer inventario de los bienes de
la familiar, una carpet que envolvia manuscritos con este r6-
tulo: "este legajo contiene ]a Historia de Cuyo por el abate
Morales, una carta topogrAfica i descriptive do Cuyo, i las
1. Historic de la dominacion de los arabes en Espana, tom. I, cap. IX.
por Conde.






OBRAS DE SARMIENTO


probanzas de Mallea." Hubo de caer alguna vez bajo mis
miradas esta leyenda, i yo quise ver aquella suspirada histo-
ria de mi provincia. Pero ai! no contenia sino un solo manus-
crito, el de Mallea, con fechas del afio 1570, diez afios des-
pues de la fundacion de San Juan. Mas tarde leia en la His-
toria Natural de Chile del abate Molina, describiendo unas
raras piedras que se encuentran en los Andes amasadas en
arcilla, que el abate don Manuel de Morales, ,intelijente ob-
servador de la provincia de Cuyo, su patria,, las habia estu-
diado con esmero en su obra titulada: Observaciones de la
cordillera, i llanuras de Cuyo1.
He aqui, pues, el leve i desmedrado caudal hist6rico que
pude por muchos afios reunir sobre los primeros tiempos de
San Juan: aquellas palmas antiguas, la inscripcion jesuitica,
i la carpeta casi vacia. Pero una de las palmas esta en casa
de los Morales, la inscripcion de plomo sefiala la morada del
jesuita, i la leyenda quedaba para mi esplicada. Practicanse
dilijencias en Roma i Bolonia en busca de los manuscritos
abolengos, i no pierdo la esperanza de darlos a la luz piublica
un dia".


JUAN EUJENIO DE MALLEA


En el aio del Senfor de 1570, es decir, ahora unos doscien-
tos ochenta afios, "en la ciudad de San Juan de la Frontera,
por ante el mui magnifico senior don Fernando Diaz juez
ordinario por Su Majestad, don Juan Eujenio de Mallea, ve-
cino de dicha ciudad, pareci6, por aquella form i manera
que mas conveniese a su derecho, i dijo: que teniendo necesi-
dad de presenter ciertos testigos para hacer ad perpetual
rei memorial, una probanza, pedia i suplicaba que los tes-
tigos que ante su merced presentara, tomrndoles juramento
en forma debida i de derecho, so cargo del cual fuesen pre-
guntados i examinados par el tenor del interrogatorio atras
contenido, lo que dijeren i espusieren, signado i firmado por

1. Compendio de la historiajeogrdfica, natural i civil de Chile, tom. I.
2. La obra del jesuita Morales, lijeramenteincompleta, la hemos des-
cubierto entro los MS. del abate Molina que por nuestra mediaciona
compr6 el Gobierno para la Biblioteca Nacional. El E.







RECUERDOS DE PROVINCIA


escribano, interponiendo su merced su autoridad i decreto
judicial, se lo mandase entregar para seguimiento de su jus-
ticia; mandando ante toda cosa citar i suplicar a los oficiales
reales de esta ciudad para que se hallasen presents a ver
jurar i conocer a los dichos testigos, i decir i contradecir lo
que vieren que les conviene.,
Fecha i evacuada la probanza, i no teniendo mas testigos
que presentar, i ,habidndose acabado el papel en la ciudad,"
pas6 a la ciudad de Mendoza del Nuevo Valle de Rioja a con-
tinuar su dilijencia. Los testigos presentados en San Juan, e
interrogados por ante el escribano pfiblico Diego Perez, lo
fueron:'Diego Lucero, Gaspar Lemos, procurador i mayordo-
mo do ciudad; Francisco Gonzalez fiscal de la real justicia;
Gaspar Ruis, Anse de Fabre, L6cas de Salasar, Juan Contre-
ras, Hernando Ruis de Arce, factor i veedor; Hernan Daria
de Sayavedra, Juan Martin Jil, Diego de Laora, un Bustos,
Juan Gomez, isleio; i otros dos. Del tenor de las respuestas
dadas a las veinte i cuatro preguntas del interrogatorio
result a fuerza de confrontaciones i de conjeturas, la histo-
ria de los primeros diez afios de la fundacion de San Juan, i
la biografia interesantisima del fijodalgo don Juan Eujenio
de Mallea, que habia sido juez ordinario, i era a la sazon
contador de la real hacienda i alferez real, teniendo en su
casa el estandarte, i manteniendo a sus espensas sus jentes i
caballos. Dejando a un lade el enojoso estilo i fraseolojia de
la escribania, hard breve narracion de los hechos que en di-
cho interrogatorio quedan probados. La mayor parte de los
testigos, vecinos entonces de San Juan, conocen a Mallea de
diez i seis anos Antes, i han militado con el en las campafias
del sur de Chile, habiendo Mallea venido del Perfi con el
general don Martin Avendafio en 1552.
En 1553 cuando acaeci6 la muerte de Pedro Valdivia, Ma-
llea se hallaba en la Imperial, a las 6rdenes de Francisco de
Villagra que tan notable papel hizo en las guerras de Arau-
co. Aquel jefe, sabiendo la situation desastrosa en que habia
quedado Concepcion despues de la derrota de Tucapel, acu-
dio con su jente a aquella ciudad, puso drden a los negocios,
i sali6 de nuevo a campafia con ciento ochenta hombres,
entire los cuales contaba Mallea, quien se hall en la triste
jornada del cerro de Mariguifiu, 11amado desde ent6nces de
Villagra en conmemoracion del desastre. Pas6 en seguida a
Concepcion, i mas tarde fud destacado a repoblar a Villarica.
En 1556 pasa a Valdivia en compaftia de don Garcia Hurta-







OBRAS DE SARMIENTO


do de Mendoza, hasta que en 1558, sale entire los ciento cin-
cuenta soldados que mand6 Garcia, con el capitan Jer6-
nimo de Villegas, a la repoblacion de Concepcion que habia
sido abandonada desde la derrota de Villagra. Es hijodalgo,
i se le vi6 siempre entire los capitanes; habia servido durante
veinte afios a sus propias espensas ,con sus armas i caballos,
i hecho cuanto en la guerra le habia sido mandado que hi-
ciese come bueno ileal vasallo de Su Majestad,n hasta que
casado en San Juan con la hija del cacique de Angaco, quo
se llam6 dofa Teresa de Ascencio i le trajo en dote muchos
pesos de oro i di6le various hijos, estaba por fin adeudado en
pesos de oro, habiendo perdido la hacienda de su mujer en
el mantenimiento de su jente i casa en servicio del rei, i no
pagandole tribute los indios que le habian caido en enco-
mienda en Mendoza, i que despues de la fundacion de San
Juan, cayeron en los t6rminos i jurisdiccion de la ultima
ciudad.
El afio de 1560 pas6 con cien hombres de guerra el capi-
tan Pedro del Castillo la cordillera nevada, hicia el oriented
de Chile, i fund6 la ciudad de Mendoza del Nuevo Valle de
Rioja, que asi estA nombrada en los autos seguidos en 1571
por el escribano piblico don N. Herrera en la dicha ciudad.
or las declaraciones de los testigos result que se distribu-
yeron en Mendoza los habitantes que alli encontraron, siendo
presumible que a Mallea le tocasen algunos de las lagunas de
Guanacache, por lo que pudieron mas tarde caer dentro de
los terminos de San Juan. Poco tiempo despues sali6 de Men-
doza el general don Juan Jotre con alguna jente a descubri-
miento hicia el norte, i descubri6, en efecto, various valles que
no se nombran, si no es el de Tulun, en el cual, volviendo a
Mendoza i regresando a poco tiempo, fund la ciudad de
San Juan de la Frontera. La semejanza de Tulun, Ullun i
Villicun, nombres que se conservan en las inmediaciones, per-
mite suponer eran estos los valles, con el de Zonda, ,"que ha-
llaron mui poblados de naturales, i la tierra parecia ser mui
fdrtil,n, como lo es enefecto. En 1561 gobernando en Chile don
Rodrigo de Quiroga, pas6 a la provincial de Cuyo eljeneral
don Gonzalo de los Rios con nueva jente de guerra a sofocar
un alzamiento de indios. Despues de trazada la ciudad, se
alzaron los huarpes, sus habitantes, i la tierra fue pacificada
de nuevo. Tres leguas hacia el norte de la ciudad hai un lu-
gar Ilamado las Tapiecitas, a causa de los restos de un fuerte
cuyas ruinas eran discernibles ahora veinte o treinta anos, i







IECUERDOS DE PROVINCIAL


su colocacion en aquel lugar parece esplicar el nombre de
San Juan de la Frontera, por no estar reducidos los indios de
Jachal i Mogna, cuyo cacique iltimo vivid hasta 1830, ha-
biendo llegado a una senectud que pasaba de ciento veinte i
mas afios.
Aquel general de los Rios, vuelto a Mendoza de su campafia,
supo por un indio prisionero, que habia un pais lejano en cu-
yas montafias se encontveba oro, enabundancia tal quela ima-
nmacion de los espafioles lo bautiz6 desde luego con el nom-
bre de Nuevo Cuzco, la espedicion de descubrimiento de aquel
Dorado pas6 de Mendoza a San Juan, i cuantos pudieron alis-
tar caballos, se lanzaron a la conquista del vellocino de ore.
Don Juan Eujenio de Mallea "sali6 con su jente i muchos ca-
ballos., Marcharon algunos dias siguiendo al indio que los
conducia, dieron vueltas i revueltas, los viveres escasearon,
i una mafiana al despartar para emprender nueva jorada,
encontraron que el indio habia desaparecido. Hallabanse en
medio de un desierto sin agua, sin atinar a orientarse del
rumbo a quo quedaban las colonies; i despues de padeci-
mientos inauditos, llegaron tristes i mohinos a San Juan los
chasqueados, habiendo perecido de sed i de hambre quince
do entire ellos. I cosa singular! la tradition de este suceso vi-
ve hasta hoi entire nosotros, i no se pasan diez anos en San
Juan, sin que se organicen espediciones en busca de momen-
tones de oro, que estAn por ahi sin descubrirse, i que inten-
taron los antiguos en vano, habiendose concluido los vive-
res, o fugidoseles el indio baqueano, en el moment en que
habian encontrado una de las sefias dadas por el derrotero.
Come fu6 la preocupacion de los conquistadores hallar por
todas parties oro tan abundant como en el Peru i en Mejico,
la poesia colonial, los mitos populares, estin reconcentrados
en today Amdrica en leyendas manuscritas que se llaman de-
rroteros. El poseedor de uno de estos itineraries misteriosos,
lo cela i guard con ahinco, esperando un dia tentar la pere-
grinacion prenada de incertidumbre i peligros, pero rica de
esperanzas de un hallazgo fabuloso. Hai tres o cuatro de es-
tos en San Juan, siendo el mas popular el de las Casas Blan-
cas, en el que despues de vencidas dificultades infinitas, a las
que solo faltan, para ser verdaderos cuentos Arabes, espanta-
bles dragons i jigantes descomunales que cierren el paso i
sea fuerza veneer, han de encontrarse terminado el ascenso
de una elevadisima i escarpada montafna, las suspiradas Ca-
sas Blancas, de cuya techumbre cuelgan en pescuezos de







OBRAS DE SARMIENTO


huanacos, sacos de oro en pepitas que dizque dejaron alli
escondidos los antiguos, habi6ndose caido i derramado mu-
chos, dice el derrotero, a causa de haberse podrido el cuero
de los susodichos pescuezos. Me figure a los primeros colo-
nos de San Juan, en corto niimero en los primeros afos, ca-
reciendo de todas las comodidades de la vida, bajo un cielo
abrasador, i establecidos sobre un suelo arido i rebelde, quo
no da fruto si no se lo arranca el arado, descontentos de su
pobre conquista, ellos que habian visto los tesoros acumula-
dos por los incas, inquietos por ir adelante, i descubrir esa
tierra inmensa que deja, desde las faldas orientales de los
Andes, presumir un horizonte sin limits. Las indicaciones
dudosas de algun huarpe, acaso de las minas de Hualilan o
de la Carolina, reunian en corrillos a los conquistadores con-
denados a abrir acequias para regar la tierra, con aquellas
manos avezadas solo a manejar el mosquete i la lanza. iLa-
bradores en Am6rica! Valiera mas no haber dejado la alegre
Andalucia, sus olivares inmensos i sus vifedos! La ubicacion
de la mayor parte de las ciudades americanas, estA revelan-
do aquella preocupacion dominant de los espiritus. Todas
ellas son escalas para facilitar el transito a los paises de oro;
pocas estin en las costas en situaciones favorable al comer-
cio. La agriculture se desarroll6 bajo el tardo impulse de la
necesidad i del desengafio, i los frutos no hallaron salida desde
los rincones lejanos de los puertos, donde estaban las ciudades.


LOS HUARPES


Grande i numerosa era, sin duda, la nacion de los huar-
pes que habit6 los valleys de Tulun, Mogna, Jachal i las Lla-
nuras de Huanacache. La tierra estaba en el moment de la
conquista ,mui poblada de naturales,, dice la probanza.
El historiador Ovalle, que visit A Cuyo sesenta aiios des-
pues, habla de una gramatica i de un libro de oraciones cris-
tianas en el idioma huarpe, de que no quedan entire noso-
tros mas vestijios que los nombres citados, i Puyuta, nombre
de un barrio, i Angaco, Vicufia, Villicun, Huanacache, i otros
pocos. iAi do los pueblos que no marchan! Si solo se queda-
ran atras! Tres siglos han bastado para que sean borrados
del catalogo de las naciones los huarpes. iAi, de vosotros,







CUERDOS DE PROVINCIAL


colonos espaiioles resagados! mdnos tiempo se necesita para
que hayais descendido de provincia confederada a aldea, de
aldea a pago, de pago a bosque inhabitado. Teniais ricos an-
tes, como don Pedro Carril, que poseia tierras desde la Calle
Honda hasta el Pie-de-Palo; ahora son pobres todos! Sabios
como el abate don Manuel Morales, que escribi6 la historic
de su patria i las Observaciones sobre la cordillera i las
llanuras de COyo; te6logos como frai Miguel Albarracin;
politicos como Laprida, president del congress de Tucu-
man; gobernantes como Ignacio de la Rosa i Salvador M. del
Carril; hoi no tennis ya ni escuelas siquiera, i el nivel de la
1.irbario ,pasean a su altura los mismos que os gobiernan.
De la ignorancia general, hai otro paso, la pobreza de todos,
i ya lo Labeis dado. El paso que sigue es la oscuridad, i desa-
parecen en seguida los pueblos, sin que se sepa a d6nde ni
cuando se fueron!
Los huarpes tenian ciudades. Conservanse sus ruinas en
los valles de la cordillera. Cerca de Calingasta, en unallanu-
ra espaciosa, subsisten mas de quinientas casas de forma
cicular, con atrios hacia el oriented, todas diseminadas en de-
s.nrden, i figurando en su plant, trompas de aquellas que
nuestros campesinos tocan hacienda vibrar con el dedo una
lengiieta de acero. En Zondh, en el cerro Blanco, vWnse las
piedras pintadas, vestijios rudos de ensayos en las bellas ar-
tes; perfiles de huanacos i otros animals, plants humans
talladas en la piedra, cual si se hubiese estampado el rastro
sobre arcilla blanda. Los medanos i promontories de tierra,
suelen dejar escapar de sus flancos, pintadas cantaras de ba-
rro llenas de maiz carbonizado, que las viejas sirvientes creen
que es oro encantado para burlar la codicia de los blancos.
Esto no estorba que en la ciudad huarpe de Calingasta, se
encontrasen dos plates toscos de oro macizo que sirvieron
largo tiempo de pasar fuego por lo bonito, hasta que un pasa-
jero did un peso por cada uno de ellos, i los vendi6 despuos
en Santiago a don Diego Barros, al fiel de la balanza.
Vivian aquellos pueblos de la pesca on las lagunas de Hua-
nacache, en-cuyas orillas permanecen aun reunidos i sin mez-
clarse sus descendientes los laguneros; de la siembra del maiz,
sin duda, en Tulun, hoi San Juan, segun lo deja sospechar
uir canal borrado, pero discernible aun, que sale desde el Al-
bardon, i puede llevar hasta Caucete las aguas del rio. Ulti-
mamente, hacia las cordilleras, se alimentaban de la caza de
los huanacos que pacen en manadas la gramilla de los fal-







OBRAS DE SARMIENTO


deos. Hasta hoi se conservan tradicionalmente las eyes i for-
malidades de la gran caceria national que practicaban los
huarpes todos los aios. Nada se ha alterado en las costum-
bres huarpes, sino la introduction del caballo. Un correjidor
i capitan general que fud de la provincia de Cuyo, dice el
padre Ovalle, me cont6 que luego que los indios huarpes re-
cocen a los venados (huanacos), se les acercan, i van en su
siguimiento a pie a un medio trote, llevindolos siempre a
una vista, sin dejarles parar ni comer, hasta que dentro de
uno o dos dias, se vienen a cansar i rendir, de manera que
con facilidad llegan i los cojen, i vuelven cargados con la pre-
sa, a su casa, donde hacen fiesta con sus familias.... hacien-
do blandos i suaves pellones de los cueros, los cuales son mui
calientes i regalados en el invierno 1.,,
En los primeros meses de primavera, cuando los huanacos
so preparan a internarse en las cordilleras, humedecidas i
fertilizadas por el agua de los deshielos, c6rrese la voz en Ja-
chal, Huandacol, Calingasta i demas parajes habitados, seofa-
lando el dia i el lugar donde ha de hacerse la reunion para
la grande caceria. Los j6venes i mocetones acuden presu-
rosos, trayendo consigo sus mejores caballos, que han estado
de antemano preparando para aquella fiesta en que han de
lucirse, i quedar pagadas en reses muertas la destreza del
jinete, lo certero del pulso para lanzar las bolas, i la seguri-
dad i lijereza del caballo. El dia designado vinse Ilegar a
una espaciosa Ilanura los grupos dejinetes, los cuales reuni-
dos a caballo, tienen consejo para nombrar eljuez de la caza,
que 1o es el indio mas esperimentado, i trazar el plan de las
operaciones. A su drden se divide su d6cil i sumisa comitiva
en los grupos que el dispone, los cuales se separan en direc-
clones diversas, cuales a cerrar el boquete de una quebrada,
cuales a manguear las manadas de huanacos hAcia la parte
del llano donde ha de hacerse la correria. Dos dias despues
los polvos que levantan los fujitivos rebafios, indican la apro-
ximacion del moment tan deseado. Los cazadores toman dis-
tancias, i cuatro pares de libes, lijeros cuanto basta para bolear
huanacos, empiezan con gracia i destreza infinite a voltejear
a un tiempo en torno de las cabezas de losjinetes. Huyen los
huanacos despavoridos, sueltan a escape los caballos, sin aflo-
jarles la rienda, por temor de las rodadas que son mortales a
veces; pero que el gaucho indio evita, aunque cuente de se-

1. Hist6rica relacion del Reino de Chile, por Alonso de Ovalle. 1646.







RECUERDOS DE PROVINCIAL


guro salir parade, por temor de quedarse atras; i cuando
los mas bien montados han logrado ponerse a tiro, cuatro
pares de bolas parten de una misma mano, ligando unas en
pos de otras tantas reses de monteria. Otros cuatros pares de
bolas reemplazan a la carrera del caballo las que ya fueron
empleadas, i el cazador diestro puede asegurar asi diez, quin-
ce i aun mas huanacos en la correria. Si la provision de bo-
las se ha agotado, salta listo a tierra, ultima su presa, desem-
baraza loslibes, i saltando de nuevo sobre el enardecido re-
domon, se lanza tras la nube de polvo, los gritos de los caza-
dores i los relinchos de los caballos, hasta lograr si puede to-
mar posiciones. Suelen ocurrir una o dos desgracias por las
caidas; vuelven los cazadores a reunir sus reses, que cada uno
reconoce por las bolas que las amarran; i si acaece alguna
dispute, lo que es raro, pues es inviolable la propiedad de ca-
da uno, el juez de la caza la dirime sin apelacion. Vuelven
los grupos a dispersarse en direction a sus pagos; las muje-
res aguardan con ansia los cueros de huanacos cuya lana
sedosa estAn viendo ya en ponchos de listas matizadas, sin
contar con la sabrosa came que va a llenar la despensa, cui-
dado primordial de today ama de casa. Los chicuelos hacen
mil fiestas a un cervatillo de huanaco que cay6 el primero en
poder de los cazadores, i los alegres mocetones cuentan en
interminable historic todos los accidents de la caza i las ro-
dadas que dieron, i las paradas.
Otra costumbre huarpe sobrevive, hija de la antigua i fati-
gosa caza a pie. Repetire lo que observe el historiador Ovalle
en su tiempo, i ahorrarAme el lector entendido el trabajo de
esplicArselo. "No dejare de decir una singularisima gracia
que Dies dio a estos indios, i es un particularisimo instinto
para rastrear lo perdido o hurtado. Contard un caso que pa-
s6 en la ciudad de Santiago (Chile) a vista de muchos. Ha-
biendo faltado a cierta persona unos naranjos de su huerta,
llam6 a un huarpe, el cual le llev6 de una part a otra, por
esta i la otra calle, torciendo esta esquina, i volviendo a pa-
sar por aquella hasta que ultimamente di6 con el en una casa,
i hallando la puerta cerrada, Ie dijo: toca i entra, que ahi es-
tin tus naranjos. Hizolo asi i hall sus naranjos. De estas co-
sas hacen todos los dias muchas de grande admiration, si-
guiendo con gran seguridad el rastro, ora sea por piedras li-
sas, ora por yerbas o por agua1.l,


1. Ibid. Ovalle.







OBRAS DE SARMIENTO


Ilustre Calibar! no habeis dejenerado un apice de tus abue-
los! El celebre rastreador sanjuanino, despues de haber he-
cho con su ciencia devolver a muchos lo hurtado, i dejado
salir de las carceles a los press, como sucedi6 con mi primo
M. Morales, sin acertar a cortarle el rastro que habia prometi-
do no hallar, se ha retirado a morir a Mogna, morada de su
tribu, dejando a sus hijos la gloria do su nombre, gloria que
ha llegado a Europa de folletin en Revista, copiando el pd-
rrafo del Rastreador de Civilizacidn i Barbarie; dejando
Calibar mas duradero recuerdo en Europa que las barbarida-
des de Facundo, el blanco perverse e indigno de memorial.
SiHabeis visto por ventura unas canastillas de formal varia-
das que contienen los Atiles de costura de nuestras nifias,
corradas de boca a veces, a guia de cabeza de cebolla; o bien
Lbiertas, por el contrario, como campana, con bordes brillan-
tes i curiosamente rematados, salpicadas de motas de lana
de diversos colors? Estas canastillas son restos que aun que-
dan en las laguna de la industrial de los huarpes. Servianse,
on tiempo de Ovalle, de ellas como vasos para beber agua,
tan tupido era el tejido de una paja lustrosa, amarilla i suave
que crece a orillas de las laguna de Huanacache. iPobres la-
gunas destinadas a servir, mejor que las de Venecia, a poner
en contact sus lejanas riberas, llevando i trayendo en bar-
quillas o en goletas de vela latina, los products de la indus-
tria i los frutos de a1 tierra! Elhuarpe todavia hace flotar su
balsa de totora para echar sus redes a las regaladas truchas;
el blanco, embrutecido por el uso del caballo, desfila por el
lado de los lagos con sus mulas, cargadas como las del con-
trabandista espanol, i si vais a hablarle de canales i de vapo-
res como en los Estados Unidos, se os rie, content de si
mismo, i creyendo que vos sois el necio i el desacordado! I sin
embargo, en pie-de-Palo est6i el carbon de piedra, en Men-
doza elhierro, i centre ambos estremos micese la superficie
tranquila de las sinuosas lagunas, que el zabullidor risa con
sus patas por desaburrirse. Todo esta alli, menos el jenio del
hombre, mdnos la intelijencia i la libertad. Los blancos so
vuelven huarpes, i es ya grande titulo para la consideration
pAblica, saber tirar las bolas, llevar chiripa, o rastrear una
mula!
La idea que el jesuita Ovalle echaba a rodar en los reinos
espafioles, sobre las bendiciones del suelo privilejiado de San
Juan, es todavia doscientos afios despues, un clamor sin ecos,
un deseo esteril.... -no hai duda que si comienza a acudir







RECUERDOS DE PROVINCIAL


"jente de afuera, aquella tierra serA una de las mas ricas do
ulas Indias, porque su grande fertilidad i grosedad, no nece-
"sita de otra cosa que de jente que la labre, i gaste la grande
"abundancia de sus frutos i cosechas'." Pobrepatria mia!
Estais en guerra, por el contrario, para rechazar a lasjentes
de afuera que acudirAn; i arrojais, ademas, de tu seno a
aquellos de tus hijos que os aconsejan bien!


LOS HIJOS DE JOFRIT

-De d6nde descienden los hombres que vemos brillar en
nuestra 6poca, en ministerios, presidencies, cAmaras, cAte-
dras i prensa? De la masa de la humanidad. A d6nde so en-
contrarAn sus hijos mas tarde? En el ancho seno del pueblo.
He aqui la primer i la 6ltima pAjina de la vida de cada uno
de nuestros contemporineos. Aquellas antiguas castas privi-
lejiadas que atravesaban siglos contando el numero de sus
antepasados, aquel nombre inmortal que se llamaba Osuna,
Joinville u Orleans, ha desaparecido ya por fortune. iCuinto
ha debido depurarse la masa humana para arribar a sacar
de su seno los candidates que han de llamarse Pitt, Wash-
ington, Arago, Franklin, Lamartine, Dumas, i ser nobles de
su pais, i aun reyes de la tierra, sin que su elevacion haya
costado un jemido! Las antiguas families coloniales han
desapareeido en la RepAblica Avjentina; en Chile se agarran
todavia de la tierra i resisten al nivel del olvido que quiere
pasar sobre ellas.
Luminoso rastro de sus proezas i valimento habia dejado el
capitan Juan Jofrd en la conquista e historic civil de Chile.
En 1556 el cabildo de Santiago, sabedor del plan de un le-
vantamientojeneral de indios que habia urdido Lautaro, or-
dena a Juan Jofrd entrar con treinta soldados a la tierra de
los promaucaes, i acudir con sus lanzas donde quiera que el
inc'endio estalle; habiendo el capitan logrado el objeto, i dado
tiempo a precaverse i prepararse para mas decisive jornada.
Mucha fama i peso debi6 darle esta proeza, pues que el 9
dejulio del mismo aio, decretando el cabildo de Santiago
fuese fiesta solemn la de este santo, como patron de la
capital, nombr6 alfdrez real a Juan Jofrd, con encargo de


1. Ovalle, Histarica relacion, lib. 11, cap. VI.






OBRAS DE SARMIENTO


presentar en el dia del santo el real estandarte en que salie-
ron bordadas de oro las armas de la ciudad i en su cima la
imAjen del ap6stol a caballo, cuya ceremonia qued6 desem-
pefada el 24 del mismo mes, diciendo los alcaldes desde una
ventana al alfdrez que estaba en la calle: este estandarte en-
tregamos a vuestra merced, sector alferez de esta ciudad de
Santiago del Nuevo Estremo, en nombre de Dios i de S. M.,
nuestro rei i senor natural; i de esta ciudad, i del cabildo,
justicia i rejimiento de ella, para que con e' sirvais a S. M.
todas las veces que se ofreciere; i el dicho capitan Jofrd dijo
que asi lo recibia i prometia de hacerlo i de cumplir, i lo
recibi6 a caballo; i se fueron todosjuntos con otros caballeros,
acompaiiAndolo a la iglesia mayor, a donde oyeron visperas, i
despues de acabadas tornaron a cabalgar, i anduvieron por
las calls de esta ciudad hasta que volvieron a la casa de este
capitan, a donde se qued6 el estandarteo.. CuAl fuese su
influencia i valimiento en los complicados negocios de aque-
lla opoca, puede traslucirse del hecho de que, siendo don
Juan Jofre alcalde de Santiago en 1557, recibi6 6rden de con-
vocar el cabildo el 6 de mayo, ante quien fueron presentados
los poderes i despachos de don Garcia Hurtado en Mendo-
za, quien despues de reconocida la autoridad de justicia ma-
yor, puso en su empleo de alcalde a Diego Araya, no sin que-
ja de injusticia hAcia Jofrd que fu6 depuesto.
Yo alcaned al iltimo descendiente de don Juan Jofrd fun-
dador de San Juan. Era don Javier, un grueso i ostentoso
senor, digno representante en 1820 de su ilustre abuelo. Su
casa estaba contigua al consistorio municipal, como era jene-
ral en las colonies, en que la circel i el gobernador ocupaban
el mismo frente de la plaza de armas. La revolution de la in-
dependencia lo hahll vivo, i se dieron un abrazo, haciendo 61
la inauguracion solemne de la nueva 4poca, en su salon espa-
cioso, decorado de molduras de estuco de gusto delicado,
obra de arquitectos de mdrito que solian penetrar a las colo-
nias, i aun producirse entire los jesuitas. Este salon, a quo
daban solemnidad colgaduras de damasco pendientes de jer-
chas doradas, sirvi6 de sala para la inauguration de la repre-
sentacidn provincial. Sus sillas de nogal sus sofaes de tercio-
pelo carmesi, han servido hasta ahora poco en todas las
grades solemnidades political, degradados ya i hechos tri-
zas por la incuriagubernativa. El mismo salon sirve hoi de sala


1. Gay, Historia de Chile, t. 1, cap. 28.







RECUERDOS DE PROVINCIAL


de billar, despues de haber sido consagrado a funciones de
teatro. Un Alamo robusto se alzaba en el limited norte de su
espacioso solar, que el hacha de la codicia no habrA respetado
quizAs. Era el padre de esos millones de alamos que hacen
barata i fAcil la construction civil; era el primer inmigrante de
su especie que se estableci6 en San Juan. A diez cuadras de
la plaza hAcia el occidente, se levanta una aguja o piramide,
que hoi eleva su punta truncada en medio de un erial desa-
pacible. Dos veces la he visto por las tardes rodeada de dos
o tres vacas que iban a buscar abrigo bajo su sombra contra
los rigors del sol. La piramide aquella es la tumba de la
revolution, muerta en la infancia, ruina ya a los treinta aios
de erijida. Tambien seoala la propiedad de don Javier Jofr6
i su patriotism. De noche, cuando el aire reseco, tostado, se
anda azotando por el rostro que bafia sin refrescarlo, mi ma-
dre en el verano de 1816, iba con nosotros, nifios aun, a pa-
searse en las alamedas en cuyo centro estaba la pirAmide.
Partian de alli dos diagonales a los estremos de un cuadrado,
flanqueado de lindas alamedas, a cuyos pids corrian lines de
lirios blancos i de rosas encarnadas. Cuatro pilastras, a guisa
de basamentos de estatuas, sefialaban los cuatro angulos, i no
se qug idea confusa recuerdo de laborinto de callejuelas i cir-
culos de varias direcciones. Vidnenme aun las rafagas de aire
fresco i perfumado, i diviso grupos de faroles que arrojaban
su luz por entire el follaje de los Arboles. Construy6 la pird-
mide el injeniero espafiol Diaz, de quien quedan tan chuscos
recuerdos en la historic de la guerra de la independencia,
i debia conmemorar la espedicion del ejdrcito libertador a
Chile.
En 1839 uno de los herederos de don Javier Jofr4 recla-
maba el terreno en que habia estado el paseo publico, por
haber faltado la condition i el objeto con que fue donado. I
no encontrando.objecion de parte del gobierno, el interesado
preguntaba en mi presencia al ministry ji el pih ame, senior?
..... Queria decirle qqu6 hacemos con aquel monument?
A lo que el ministry contestaba con una bondad infinite: "en
cuanto al piranme, puede Ud. echarlo abajo ......
Yo lo he oido! Pocos dias despues escribi en el Zondai un
articulo titulado La Pirdimide, primera vez que las fantisti-
cas ficciones de la imajinacion me sirvieron a encubrir la in-
dignacion de mi corazon. No la han destruido todavia los
barbaros; se necesita comenzar por la cispide, i no sabrian
armar un andamio.







OBRAS DE SARMIENTO


LOS HIJOS DE MALLEA

Las families espafiolas venidas posteriormente a estable-
cerse a San Juan, se vengaron del fijodalgo Mallea en los
hijos de la india reina de Angaco. Decianles mulatos! i yo los
he alcanzado luchando todavia contra esta calumnia que so
trasmiti6 de padres a hijos. Mi madre, que no sabe que don
Juan Eujenio de Mallea servia a sus espensas, con sus propias
armas i caballos, me cuenta que don Luciano Mallea, a quien
decian tio Luciano Mallea, era mui conocedor en jenealojias,
i sostenia que eran ellos mestizos de pura i noble sangre. Fu6
aquel viejo el tipo de la colonia espafiola, especie de patriarch
pobre i severe, sentencioso en sus palabras, i ademas poeta,
que tenia un adajio o un verso para cada ocurrencia de la
vida. Los pueblos que no piensan viven de la tradition moral,
i el libro de los proverbios anda desparramado entire los an-
cianos. Asi decia con tono modulado el viejo Mallea, a los
j6venes novios:

Cisate i tendrAs mujer;
Si es bonita que celar,
Si es fea que aborrecer,
Si es rica que obedecer,
Si es pobre a quien mantener;
Casate i tendras mujer.

Cuando oia palabras descompuestas en boca de persona
respectable, increpandolo decia con sorna: "no se ve el moco,
sino de donde cuelga1," lo cual me trae a la memorial el haber
visto a un personaje respectable de Chile, hacer un jesto do
asco al lear en una nota official estas palabras: asqueroso, in-
fame, vil. Este no veia el moco sino de donde colgaba.
Otra rama de Mallea se debi6 establecer en Mendoza, pues
el padre de don Alejo Mallea, hoi gobernador de aquella pro-
vincia, era su descendiente i se llamaba como 6l Juan Euje-
nio. En fin, los actuales representantes del alferez real, entra-
ron en nuestra familiar por dofa Anjela Salcedo, esposa de don
Domingo Soriano Sarmiento, i don Fermin Mallea, marido


1. En la nariz se le columpia un moco, QUEVEDO.







RECUERDOS DE PROVINCIAL 57
de doia Mercedes. Doia Anjela, viuda, me encarg6 de los
negocios de su marido i de la primera education de su hijo.
Una esclava suya alzada, la denunci6 en mi ausencia por uni-
taria, prueba de ello que tenia en un agujero escondidas unas
cuantas talegas de plata. Acudi6 la policia i el ministry de
gobierno a verificar el hecho; i los primeros funcionarios del
estado federalizado, atraidos irresistiblemente, seducidos por
aquellos pesos fuertes.... se llenaban los bolsillos en presen-
cia de la inocente victim de aquel salteo. Facundo, el ladron
de pueblos, tuvo asco esta vez de los suyos, i Benavides
quince aieos despues, ha pagado part del robo, por un movi-
miento de pudor que le honra.
Don Fermin Mallea, a quien aludo en mis Viajes con
motives de las ruinas de Pompeya, tuvo el fin mas desdichado.
Su muerte acaecida en 1848, la deben los tribunales de jus-
ticia, i un dia han de pagarla en la ignominia de sus hijos,
los jueces, escribanos, partidores, que fueron de ella causa; en
ellos, en la comun ignorancia, en la torpeza de los jueces, en
las pasiones desenfrenadas que asusa, en lugar de contener,
un sistema de iniquidad que trae escrito ya en la frente el
crime, encabezando todos sus actos con el sacramental
mueran; que al lanzar el decreto, deja escapar como la baba
del leproso, ]a injuria; salvaje, inmundo, malvado.... Ah!
la pagareis en vuestros hijos, pueblos inmorales, victims de-
gradadas que os haceis c6mplices del vicio que desciende de
10 alto!
Era mi tio Fermin de carActer aspero i de condition dura.
Harto me lo hizo sentir en mi juventud; pero estas jenialida-
des no alcanzaban a empanar algunas dotes de corazon mui
laudables. Cre6 a su lado un dependiente, Oro de apellido,
que era la dulzura por excelencia, i tan honrado i laborioso,
que Mallea, en recompensa, hubo de asociarlo en su negocio
de tienda que ambos manejaban. Discurrieron los afios, los
negocios marchaban. Mallea distraia fondos para sus necesi-
dades, i jamas una sola nubecilla turb6 la armonia que resul-
taba de la estrema oposicion de sus caracteres. Un dia hubie-
ron de balancear el negocio, i result que todo 41 pertenecia
por cuenta de utilidades al dependiente. Mallea se mezaba lo
cabellos, echaba pestes, i negaba la evidencia; pero las cifras
estaban ahi, matadoras, inflexibles. El habia sacado en diez
afos tanto, i el j6ven no habia tocado nada! I aqui de ]a te-
nacidad de Mallea. Del balance se pas6 al contador, del con-
tador a los jueces, i a los escritos; i de alli a la exasperacion,






OBRAS DE SARMIENTO


las alcaldadas, i el pleito interminable. La naturaleza suave i
amorosa de Oro no pudo resistir a tan dura prueba. Amaba
entrafiablemente a Mallea, i aquella tierna plant empez6 a
doblarse sobre su tallo marchito; a la hipocondrfa del Animo,
se sucedi6 la prostracion fisica, i a ]a enfermedad, la muerte;
porque el triste muri6 de pena, de ver la injusticia que le ha-
cia su patron i protector. Los mddicos abrieron su cadaver i
aseguran que le hallaron el corazon seco!
Mallea, en tanto, que ajitaba aquel malhadado pleito, un
mes Antes de la muerte del j6ven, habia dejado de salir a la
calle; hablaba a cuantos veia de su negocio, i a cada momen-
to so le sorprendia abstraido, sacando una cuenta, cuyos nd-
meros figuraba con el dedo en el aire. Los feudos i reyertas
en las ciudades de provincial son, como todos saben, asuntos
que glosan todas las mananas los corrillos de comadres; i
bajo aquel sistema de gobierno, donde no hai vida pdblica,
donde es bueno callarse sobre todo, las cuestiones domesticas
ocupan la atencion pfblica i llenan, en lugar de peri6dicos,
debates, partidos, proyectos, noticias i leyes, los ocios de las
personas mas graves. La muerte del j6ven Oro conmovi6
hasta los cimientos la ciudad enter. Larga procesion de ve-
cinos condolidos acompafiaba al panteon el f6nebre carro,
cuando cruje el rodado, r6mpese, i es fuerza descender el
feretro en la puerta misma del infortunado Mallea, que esta-
ba a la sazon sacando afanado aquella fatal cuenta que lo traia
confundido. La maledicencia se decia por lo bajo, con ojos
espantados, "castigo de Dios!" midntras que los jueces que
habian con su inepcia traido este desenlace de una question
de cifras que no habian sabido aclarar en seis ainos, echaban
plants tambien de career que hai una Providencia que casti-
ga las malas acciones! Ya so ve, el crime alli no es crime
si lo compete el funcionario! El ultimo resto de razon aban-
don6 desde ent6nces a Mallea, i llorando dia i noche, i bo-
rrajeando papel sin tregua, se fud desfigurando, carcomido
por la duda, sacando su cuenta siempre por aclararla, ahu-
Ilando, cuando el llanto de sus ojos se habia agotado, hasta
que espir6 despues de un suplicio de muchos anos, que ha-
cian mas agudo, el amor i la estimacion que conservaba por
elj6ven que habia mirado come hijo, i su propia honradez;
pues que en todo este triste negocio, no hubo mas que ter-
quedad de caricter, i pasiones desbordadas, que no supo ni
quiso refrenar la injusticia e ineptitud de los jueces.






RECUERDOS DE PROVINCIA


LOS SAYAVEDRAS


En el barrio de Puyuta habia Antes un antiguo pine, cuyo
tronco sirve hoi de sosten del presbiterio en la iglesia de los
Desamparados, el Anico edificio piblico construido en estos
tiempos de barbaric, i un modelo de ignorancia de las reglas
de la arquitectura, que un dia sera visitado con asombro por
jeneraciones mas ilustradas. Conoci a los dos Altimos des-
condientes del soldado de este apallido; Wfu el uno sentencia-
do a muerte por asesinato. El otro, llamado el indio Saavedra,
de talla jigantesca, de alma torba, fud bandido de pro-
fesion en Mendoza i San Juan, i llamado por su fama de de-
salmado al servicio de la federation en 1839, cuando el
desembarque de Lavalle. Hubo de lancearme el 18 de no-
viembre de 1840 en la plaza, apellidAndome salvaje, i fud seis
afios despues ajusticiado por crime de asesinato. Asi las
cualidades guerreras de los abuelos dejeneran en vandalism,
cuando las sociedades decaen i se degradan. iAi, de los hijos
que se estan educando en la escuela de los mueran, i de la
violencia!


LOS ALBARRACINES


A mediados del siglo XII, un jeque sarraceno, Al Ben
Razin, conquist6 i di6 nombre a una ciudad i a una familiar
que despues fue cristiana.1 M. Beauvais, el celebre serici-
cultor frances, ignorando mi apellido materno, i sin haberme
visto con el bornoz, me hacia notar que tenia la fisonomia
completamente arabe; i como le observase que los Albarra-
cines tenian, en despecho del apellido, los ojos verdes o azu-
les, replicaba en abono de su idea que, en la larga series de
retratos de los Montmorency, aparecia cada cuatro o cinco
jeneraciones el tipo normal de la familiar. En Arjel me ha
sorprendido la semejanza de fisonomia del gaucho arjentino
i del arabe, i mi chauss me lisonjeaba dicidndome que al ver-
1. Diccionariojeogrdfico historic, art. Albarracin.







OBRAS DE SARMIENTO


me, todos me tomarian por un creyente. Mentdle mi apellido
materno que son6 grato a sus oidos, por cuanto era comun
entire ellos este nombre de familiar; i digo la verdad, que me
halaga i sonrie esta jenealojfa que me hace presunto deudo
de Mahoma. Sea de ello lo que fuere, los viejos Albarracines
de San Juan tenian en tan alta estima su alcurnia, que para
ellos el hijo del alba, habria sido a su lado, cuando mas, un
cualquiera. Una tia mia casi mendiga, solia llegar a casa
desde sus tierras de Angaco, coronando, sobre un rocin mal
entrazado i huesoso, unas grandes alforjas atestadas de le-
gumbres i pollos, echando pestes contra don Fulano de tal,
que no la habia saludado porque ella era pobre! I entdnces
se seguia la resefia de los cuatro abolengos del infeliz
que no escapaba, a la segunda o tercera jeneraci6n, de ser
mulato por un lado i zambo por el otro, i ademas escomul-
gado. Yo he encontrado a los Albarracines, sin embargo, en
el border del osario comun de la muchedumbre oscura i
miserable. A mas de aquella tia, habia otro de sus hermanos
inb6cil que ella mantenia; mi tio Francisco ganaba su vida
curando caballos, esto es, ejerciendo la veterinaria sin saber-
lo, come M. Jourdain escribia prosa sin haberlo sospechado.
De los otros once hermanos i hermanas de mi madre, varies
de sus hijos andan ya de poncho con el pid en el suelo,
ganando de peones real i medio al dia.
I sin embargo; esta familiar ha ocupado un lugar distingui-
do durante la colonia espafiola, i de su seno han salido altos
i claros varones que han honrado las letras en los claustros,
en la tribune de los congress, i llevado las borlas de doctor,
o la mitra. Distinguese los Albarracines, aun entire la plebe,
por los ojos verdes o celestes, como antes dije, i la nariz pro-
minente, afilada i aguda, sin ser aquilina. Tienen la fama de
trasmitir de jeneracion en jeneracion aptitudes intelectuales
que parecen organicas, i de que han dado muestras cuatro o
cinco jeneraciones do frailes dominicos, padres presentados, i
que terminan en frai Justo de Santa Maria, obispo de Cuyo.
Los jefes de esta familiar fundaron el convent de Santo Do-
mingo en San Juan, i hasta hoi so conserve en ella el patro-
nato i la fiesta del Santo, que todos hemos side habituados a
llamar Nuestro Padre. Hai un Domingo en cada una de las
ramas en que so subdivide, come hubo siempre dos i aun
tres frailes dominicos Albarracines a un tiempo. Fu6lo un
hermano de mi madre, secularizado, don Juan Pascual, cura
de la Concepcion, excelente te61ogo i empecinado unitario; i







RECUERDOS DE PROVINCIAL


hasta la clausura del convento en 1825, se hall entire sus co-
ristas un representante de la familiar patron de la 6rden. Sa-
bese que en aquella edad media de la colonizacion de la
America, las letras estaban asiladas en los conventos, siendo
una capucha de fraile signo reconocido de sapiencia, talisman
que servia a preservar acaso el cerebro contra todo pensa-
miento heretico. No cel6 del todo, no obstante, al del celebre
frai Miguel Albarracin, cuya gloriosa memorial se ha conser-
vado hasta hoi como la gala i alardo del convento.
Hai raras manias que aquejan el espiritu humane en 4pocas
dadas; curiosidades del pensamiento que vienen no se sabe
porqud, como si en los hechos presents estuviese indicada la
necesidad de satisfacerlas. A la piedra filosofal que produjo
en Europa la quimica, se sucedi6 en Amdrica la question fa-
mosa del milenario, en que todo un San Vicente Ferrer habia
quedado chasqueado. Sobre el milenario han escrito varies,
haci6ndose notar Lacunza, chileno, cuya obra se public en
Londres no ha muchos tiempos. Mucho antes que 41, habia
ensayado su sagacidad en resolver tan arduo problema, el
doctor frai Miguel, de quien es tradition conventual que te-
nia ciencia infusa, tanto era su saber. El infolio que escribi6
sobre la material, fue examinado por la inquisicion de Lima,
el autor citado ante el santo oficio acusado de herejia; i con
ansiedad de sus c6frades, fue a aquella remote corte a respon-
der a tan temible cargo.
Era la inquisicion de Lima un fantasma de terror que habia
mandado la Espafia a America para intimidar a los estran-
jeros, finicos herejes que temia; i a falta de judaizantes i
heretizantes, la inquisicion cebaba de cuando en cuando al-
guna vieja beata que so pretendia en santa comunicacion con
la viljen Maria, per el intermedio de Anjeles i serafines; o al-
guna otra mdnos delicada que preferiria entenderse con el
anjel caido. La inquisicion se hacia la desentendida por largo
tiempo, jugaba a la gata muerta, i cuando la fama de santi-
dad o de endiablamiento estaba madura, caia sobre la infeliz
ilusa, traiala al santo tribunal, i despues de largo i erudite
process, hacia de su flaco cuerpo, agradable i vivaz pAbulo de
las llamas, con grande contentamiento de las comunidades,
empleados i alto clero, que per millares asistian a la cere-
monia.
Existen en Lima varies process de autos de fe, entire ellos
uno mui notable contra Anjela Carranza natural de la ciudad
de C6rdoba del Tucuman, quien pas6 a la ciudad de Lima







62 OBBAS DE SARMIENTO *

por los anos de 1665, i empez6 a adquirir fama do santidad i
de favorecida del cielo. Di6se a escribir sus revelaciones ocho
anos mas tarde, diciendose asistida e inspirada por los doc-
tores de la iglesia. Estos escritos llegaron a componor mas de
7,500 fojas, en forma de diario, hasta el mes de diciembre de
1688, 6poca en que cayeron en podor del santo pficio de Li-
ma, el cual los calific6 de herdticos i blasfemos. Encerrada
en las carceles de la inquisicion el 21 de diciembro de 1668,
entablaron contra ella un process que dur6 por espacio de
seis afios, resultando condenada a .salir en auto de fe p'ibli-
co en forma de penitente, con vela verde, soga a la garganta,
i a estar encerrada en un monasterio por espacio de cuatro
anos., La ejecucion de esta sentencia tuvo lugar a 20 de di-
ciembre de 1693, como consta de una relacion publicada en
Lima por la Imprenta Real el afio 1695. El nombre de esta
mujer se conserve aun en todos los pueblos del PerA, i la di-
cha description del auto de fe en que se habla de ella, es
uno de los libros mas raros de cuantos se han impreso en
Lima.
El gran delito de esta beata fue prendarse de un amor mis-
tico mui subido de dos personajes pacificos de nuestra histo-
ria cristiana; Santa Ana i San Joaquin, a quienes describe
con todos sus pormenores. Era nuestra seiiora Santa Ana,
"mui hermosa, algo metida en carnes, befa de labios, las ma-
nos mui blancas. I San Joaquin de facciones toscas i nariz
grande; aunque viejo, no inspiraba asco a su esposa, porque
era aseado i se bestia bien. Del prefiado de la seiora Santa
Ana nacieron CRISTO I MARfA, pero Cristo como cabeza de
Maria; i cuando Cristo naci6 de la senora Santa Ana, rena-
cieron tambien Joaquin i Ana; i cuando Santa Ana aliment6
con su leche a la Virjen Santisima, Jesucristo tambien la ma-
maba! i de los pechos de Santa Ana solamente mamaron Cris-
to i Maria; pero quien primero mam6 fue Jesucristo.,,
Despues de las beatas venian los estranjeios, de los cuales,
entire otros, hai un Juan Salado, frances, que fud quemado
sin otra causa rational que la novedad de ser frances, rara
avis ent6nces en las colonies i objeto de odio para los pue-
blos espafioles. Pero como sucede siompre con todos los po-
deres absolutos e inicuos, en Lima, entire las victims de la
inquisicion cay6 una vez un deudo de San Ignacio de Loyo-
la, quien acusado de judio judaizante, por sus criados que
querian robarlo, muri6 en la prison, i el santo tribunal le hi-
zo enterrar secretamente. Andando el tiempo, empero, hubo







RECUERDOS DE PROVINCIA


do morir uno de los criados, i declare en articulo de muerte
su villania, i la inquisicion se propuso reparar el dafio con el
cadAver que se hizo exhumar al efecto. De las costumbres,
horriblemente pueriles de aquella epoca, podra formarse idea
por los estractos de la sentencia absolutoria que sigue: "Don
Juan de Loyola Haro de Molina, natural de la ciudad de Ica,
donde obtuvo los honrosos empleos de maestro de campo del
batallon, i varias veces el de alcalde ordinario, siendo de pri-
mer voto en su ilustre cabildo i rejimiento, de poco mas de
60 afios de edad, de estado soltero, que preso por este santo
oficio, muri6: sali6 al auto en estatua, i estando en forma de
inocente con palma en las manos i vestido de blanco, se le le-
y6 su sentencia absolutoria, dAndole por libre de los delitos
de herejia i judiaismo, que por maliciosa conspiracion i falsa
calumnia so le imputaron. Restituido, pues, el buen nombre
opinion i fama que Antes de su prison gozaba, se mand6 sa-
liese en el acompafiamiento entire dos sujetos distinguidos,
que el santo tribunal senal6 para que le apadrinasen en la
procession de reos, i que al tiempo de alistarse la function en
la iglesia, se colocase la estatua en medio de los mas califica-
dos del concurso; i levant6ndose cualesquiera secuestros i
embargos hechos en sus fincas i bienes, se entrogasen del to-
do, segun el inventario que do ellos se hizo cuando se secues-
traron; i que si sus hermanos, sobrinos i parientes quisiesen
pasear la estatua per las calls ptblicas i acostumbradas, en
un caballo blanco hermosamente enjaezado, lo ejecutasen al
dia siguiente al auto, en que los ministros del santo tribunal
habian de hacer cumplir la pena de azotes que se impuso a
cada reo; i que en atencion a haberse de 6rden del santo tri-
bunal sepultado secretamente su cadaver en una capilla de la
iglesia de Santa Maria Magdalena, recoleccion de Santo Do-
mingo, pudiesen exhumarlo para hacerle pAblicas exequias,
trasladindole al lugar que por su fltima voluntad sefial6 pa-
ra su entierro; i que a sus hermanos i parientes se despacha-
sen testimonies de este hecho, para que en ningun tiempo la
padecida calumnia, les sea embarazo a obtener los mas sobre-
salientes empleos, asi politicos, como cargos del santo oficio,
honrindoles el Tribunal con las gracias que juzgare propor-
cionadas para comprobar la inocencia del espresado don Juan
de Loyola, difunto. Fueron sus padrinos don Fermin de Car-
vajal, conde del Castillejo, i don Diego de Hesles Campero,
brigadier de los reales ejercitos de S. M. i secretario de la cA-
mara del Exemo. senior conde de Super-unda, virrei de Lima.,,






64 OBRAS DE SARMIENTO

Des~ribiendo un autor limefio esti.- rnar rehabilitaciot, di-
ce: "en la procesion del santo oficio desde su casa hasta San-
to Domingo...... dos lacayos vestidos de costosa librea,
cargaban una estatua que trayendo al pecho un r6tulo gra-
bado en una l1mina de plata de delicado burial, espresaba el
nombre i apellido del inocente don Juan de Loygla que, fal-
samente calumniado de los abominables delitode henrje i
judio judaizante, muri6 por los afios de 1745 preso por este
santo tribunal, aunque poco Antes de su fallecimiento, \ l .a-
bia empezado a descubrirse la inicua conspiracion de 1... fd-
sos calumniantes. Era el vestido que llevaba de lana blancd,
color que simboliza su minocencia, guarnecido de finisimos so-
brepuestos de oro de Milan, con botonaduras de diamantes, i
salpicado de varias joyas de cuantioso precio, que hermosea-
ban toda la tela. En la una mano traia la palma, insignia de
su triunfo, i en la otra su baston de pufio de oro con riquisi-
ma pedreria, por haber obtenido en la ciudad de Ica, de don-
de era native, siendo orijinario de la ilustrisima casa de Lo-
yola, en el lugar de Aspeytia do la provincia de Guipuscoa,
los honors i distinguidos cargos do nmestre de campo de la
caballeria, i varias veces el de alcalde ordinario'.,,
Asi el verdugo de la pobre confederacion, cuando ya no
encuentra algun salvaje unitario que entregar al santo oficio
de la mazorca, coje una Camila O'gorman, un nifio de vien-
tre, i un cura en pocado, para hacerlos matar como a perros,
a fin do refrescar de cuando en cuando el terror adormecido
por la abyecta sumision de los pueblos envilecidos. El despo-
tismo brutal nunca ha inventado nada de nuevo. Rosas es el
discipulo del D.r Francia en sus atrocidades, i el heredero de
la inquisition espafiola en su persecution a los hombres de
saber i a los estranjeros. Los tres han embrutecido el Para-
guai, la Espafia i la Republica Arjentina, dejAndoles en he-
roncia la nulidad i la vergienza para anos i siglos. La Bru-
ydre, el moralista frances, escribia ahora cerca de un siglo:
,no se necesita ni arte ni oiencia para ejercer la tirania, 1 la
political que no consist mas que en derramar t'sgr,:, e por
demas limitada i sin refinamiento; ella inspire matar a aque-
llos cuya vida es un obsticulo a nuestra ambicion; i un hom-

1. Relacion del auto particular de fe celebrado en la iglesia de Santo
Domingo, el 19 de octubre de 1749, etc.. por don J. Eusebio de Llano
Zapata, literate que ha escrito muchas obra~s interesantes; viaj6 much
por Europa i America, i pocos saben que naci6 i se educ6 en Lima.







RECUERDOS DE PROVINCIAL


bre que ha nacido cruel, hace eso sin dificultad. Es esta la
manera mas horrible i mas grosera de sostenerse o de ele-
varse'. ,
iQu4 mas podremos ahora decir de Rosas, pobre remendon
de viejo, con algunas brutalidades de su propia invention?
La cinta colorada mandola usar Tiberio en su retrato, i ahora
dos mil aios. eran en Roma azotados los ciudadanos en las
calls, cuando no llevaban en su pecho la efijie del empera-
dor, segun nos lo refiere Tacito. La inquisicion tenia sus
frases de proscripcion, herejes, judaizantes, como el salvajes
unitarios de ahora; i tan inerrable es la filiacion de estas
ideas, que.el coronel Ramirez me ha llamado judio para
adular al inquisidor arjentino. Pobres espafioles!
Vuelvo a frai Miguel Albarracin. Ante aquel tribunal debia
presentarse el docto frai Miguel Albarracin, i justificar osa-
das doctrinas que sobre el milenario habia emitido. Afortu-
nadamente, era, dicen, elocuente el fraile como un Ciceron,
cuyo idioma posefa sin rival; profundo como un Tomas; sutil
como un Scott, i Dios mediando i a lo que yo creo, no enten-
diendo ni 41 ni la inquisicion jota de todo aquel farrago de
conjeturas sobre una profecfa que anuncia un cambio en los
destinos del mundo, sali6 victorioso de la lucha, maravillan-
do a sus jueces, por institute dominicos tambien, con aque-
llos tesoros de la escolastica argucia de que hizo ostentacion
i alarde. Lo que es digno de notarse, es que pocos afios des-
pues de producidos los milenarios, apareci6 la revolution de
Ia independencia de la America del Sur, como si aquella co-
mezon teol6jica, hubiese sido solo barruntos de la pr6xima
conmocion.
MIi tic. frai Pascual, viendome nifio entendido i ansioso de
saber, me esplicaba la obra de Lacunza, dicidndome con or-
gullo indignado: estudia este libro, que esta es la obra del
grande frai Miguel, mi tio, i no de Lacunza, que le rob6 el
nombre, sacando el manuscrito de los archives de la inquisi-
cion, donde qued6 depositado; i me mostraba ent6nces la
alusion que Lacunza hace de una obra sobre el milenario de
autor americano que no os6 citar. Despues he creido que la
vanidad de familiar hacia injusto a mi tio con el pobre Lacunza.
El maese de campo don Bernardino Albarracin venia, dicen,
de Esteco, la ciudad sumerjida, en cuyos alrededores poseia
la familiar centenares de leguas de una donation real, i que


1. Caractgres de Labruydre, tom. I, pdj. 232.






OBRAS DE SARMIENTO


hered6 mas tarde una sefora Balmaceda; apellido estinto. hoi
que ha dejado el nombre de un puente, i dado per la I'mea
materna un gobernador a San Juan. El hijo del maese de
campo, don Cornelio, cas6 con hija de don Jos4 de la Cruz
Irarrizabal, oriundo de Santiago de Chile, familiar estinta alli
tambien, que ha dejado el temple de Santa Lucia, fundado i
rentado por la munificencia de dofia Antonia Irarrazabal, i
la fiesta del Dulce Nombre de Maria, cuyo patronato se con-
serva en una rama de nuestra familiar. Las casas del Dulce
Nombre, degradadas hoi a fuerza de servir de cuarteles a las
tropas, a causa de su extension, sirvieron de habitacion sun-
tuosa a la rica i poderosa dona Antonia, a quien, no teniendo
hijos, iban sucesivamente a acompafiar mi madre u otras de
sus sobrinas.
Hai pormenores tan curiosos de la vida colonial que no
puedo prescindir de referirlos. Servian a la familiar bandadas
de negros esclavos de ambos sexos. En la dorada alcoba de
dofia Antonia, dormian dos esclavas j6venes para velarla el
sueno. A la hora de comer, una orquesta de violines i arpas,
compuesta de seis esclavos, tocaba sonatas para alegrar el fes-
tin de sus amos; i en la noche dos esclavas, despues de haber
entibiado la cama con calentadores de plata, i perfumado las
habitaciones, procedian a desnudar al ama de los ricos falde-
llines de brocato, damasco o melania que usaba dentro de
casa, calzando su cuco pig media de seda acuchillada de co-
lores, que por canastadas enviaba a repasar a casa de sus
parientes m6nos afortunadas. En los grandes dias las telas
preciosas recamadas de oro, que hoi se conservan en casullas
en Santa Lucia, daban realce a su persona, que entire nubes
de encaje de Holanda, abrillantaban aun mas, zarcillos enor-
mes de topacios, gargantillas de coral, i el rosario de venturi-
nas, piedras preciosas de color cafe entremezcladas de oro, i
que divididas de diez en diez por limones de oro torneados
en espiral i grandes como huevos de gallina, iban a rematar
cerca de las rodillas en una gran cruz de palo tocado en los
Santos Lugares de Jerusalen i engastada en oro e inscrusta-
da de diamantes. Aun quedan en las antiguas testamentarias,
ricos vestidos i-adornos de aquella 4poca que asombran a los
pobres habitantes de hoi, i dejan sospechar a los entendidos
que ha habido una dejeneracion. Montaba a caballo con fre-
cuencia, precedida i seguida de esclavos, para dar una vista
por sus vifas, cuyos viejos troncos vense aun en las capella-
nias de Santa Lucia.







RECUERDOS DE PROVINCIAL 67

Una o dos veces al afio tenia lugar en la casa una rara
faena. Cerribanse las gruesas puertas de la calle, clavetea-
das de enormes clavos de bronce, i ponianse en incomunica-
cion ambos patios, para apartar a la familiar menuda; ent6n-
ces, cudntame mi madre que la negra Rosa, ladina i curiosa
como un mico, la decia en novedoso cuchucheo, hoi hai aso-
e'o! Aplicando con tiento en seguida una escalera de mano
a una ventanilla que daba hacia el patio, la astuta esclava
alzaba a mi madre, aun chicuela, cuidando que no asomase
much la cabeza, para atisbar lo que en el gran patio pasa-
ba. Cuan grande es, me cuenta mi madre que es la veraci-
dad encarnada, estaba cubierto de cueros en que tendian al
sol en gruesa capa pesos fuertes ennegrecidos, para despe-
jarlos del moho; i dos negros viejos que eran depositarios del
tesoro, andaban de cuero en cuero removiendo con tiento el
sonoro grano. iCostumbres patriarcales de aquellos tiempos,
en que la esclavitud no envilecia las buenas cualidades del
field negro! Yo he conocido a tio Agustin, i a otro negro An-
tonio, maestro albafil, pertenecientes a la testamentaria de
don Pedro del Carril, el fltimo rico-home de San Juan, que
guardaban hasta 1840 dos tejos de oro i algunas pocas tale-
gas. Fue la mania de los colonos atesorar peso sobre peso, i
envanecerse de ello. Aun se habla en San Juan de entie-
rros de plata de los antiguos, tradition popular que recuerda
la pasada riqueza, i no hace tres afios que se ha escavado la
bodega i patios de la vifia de Rufino, en busca de los miles
que ha debido dejar i no se encontraron a su muerte. Qud
se han hecho, oh, colonos! aquellas riquezas de vuestros
abuelos? I vosotros, gobernadores federales, militares verdu-
gos de pueblos, podriais reunir estrujando, torturando a toda
una ciudad, la suma de pesos que ahora sesenta ainos no mas
encerraba el solo patio de dona Antonia IrarrAzabal?
Yo me he asombrado en los Estados Unidos al ver en cada
aldea de mil almas uno o dos bancos, i saber que existen por
todas parties propietarios millonarios. En San Juan no ha
quedado una fortune en veinte afios de federation. Carriles,
Rosas, Rojos, Ores, Rufinos, Jofrd, Limas, i tantas otras fami-
lias poderosas, yacen en la miseria, i descienden de dia en dia
a la chusma desvalida. Las colonies espariolas tenian su ma-
nera de ser, i lo pasaban bien, bajo la blanda tutela del rei;
pero vosotros habeis inventado reyes con largas espuelas na-
zarenas i apdnas desmontados de los potros que domaban en
las estancias, creyendo que el mas negado es el que mejor







68 OBRAS DE SARIIENTO
gobierna. La riqueza de los pueblos modernos es hija solo de
la intelijencia cultivada. Fomgntanla caminos de hierro, va-
pores, maquinas, fruto de la ciencia; dan la vida, la libertad
de todos, el movimiento libre, los correos, los tel4grafos, los
diaries, la discussion, la libertad en fin. Barbaros! os estais
suicidando; dentro de diez aios, vuestros hijos seran mendi-
gos o salteadores de caminos. Ved la Inglaterra, la Francia,
los Estados Unidos, donde no hai Restaurador de las eyes,
ni est6pido Hdroe del desierto armado de un l1tigo, de un *
pufal, i de una banda de miserables para gritar i hacer efec-
tivo el mueran los salvajes unitarios, os decir los quo ya no
existen, i entire quienes se contaron tantos ilustres arjentinos!
tHabeis oido resonar en el mundo otros nombres que los de
Cobden, el sabio reformador ingles; Lamartine, el poeta; o
los de Thier i Guizot, historiadores, i siempre por todas par-
tes, en la tribune, en los corfgresos, on el gobierno, sabios i
no labriegos o pastores rudos, como los que vosotros habeis
armado del poder absolute para vuestro dafio?


LOS ORO

Cas6se dofia Elena Albarracin con don Miguel de Oro,
hijo, segun tradition de la familiar, del capitan don Jos6
de Oro quo vino a la conquista despues de terminadas las
guerras del Gran Capitan on Italia. Llev6le on dote biefies
de fortune i el patronato de Santo Domingo, que se conserve r :
aun entire sus descendientes; i si dos jeneraciones no habian
desmentido la reputation de sesudos quo traia la sangre Al-
barracin, por la line de don Miguel vinoles a sus hijos una
imajinacion ardiente, caractdres osados, i tal actividad de es-
piritu i de action, que hasta las mujeres de aquella casa se
d istinguen por cualidades notabilisimas on que el conato de
la ambition i la sod de gloria corren parejas. Tenia don Mi-
guel un hermano cl4rigo loco, est4 loca hoi una de sus hijas,
monja, i el presbitero don Jos6 de Oro, mi maestro i mentor,
tenia tales rarezas do caracter que, a veces por disculpar sus
actos, se achacaba a la locura de familiar las estravagancias
de su juventud. Capellan del nfmero 11 del ejdrcito de los
'Andes, jinete como el primero, compafiero de camorras i lo-
curas del c6lebre Juan Ap6stol Martinez, no estorbzadole la


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RECUERDOS DE PROVINCIAL


sotana para llevar el uniform de su batallon i sable largo de
la 6poca, tenia desenfado bastante para atravesar su caballo
con una real moza en ancas, a la puerta de un bailey, i des-
nudar su alfanje i chirlear al mas pintado, si tenia la rara ocu-
rrencia de hallarselo a mal. Compafieros suyos de francache-
la me han asegurado que habia en esto mas malicia i travesu-
ra que verdadefo libertinaje.
Ligase mi infancia a la casa de los Oro por todos los vin-
Sculos que constituyen al niflo miembro adoptive de una fami-
lia. Era mi madrina, i esposa de don Ignacio Sarmiento, mi
tio, la matrona dofia Paula, blanda de carActer como una
paloma, grave i afectuosa a la par como una reina, i un tipo
de la perfection de la madre de familiar entire nosotros. Don
Josd el presbitero, llev6me de la escuela a su lado, ensefinme
el latin, acompofile en su destierro en San Luis, i tanto nos
amAbamos maestro i discipulo, tantos coloquios tuvimos, 41
hablando i escuchAndole yo con ahinco, que a hacer de ellos
uno solo, reputo que haria un discurso que necesitaria dos
anos para ser pronunciado. Mi intelijencia se amold6 bajo la
impression de la suya, i a 61 debo los instintos por la vida pu-
blica, mi amor a la libertad i a la patria, i mi consagracion al
studio de las cosas de mi pais, de que nunca pudieron dis-
traerme ni la pobreza, ni eldestierro, ni la ausencia de largos
anos. Sali de sus manos con la razon formada a los quince
afros, valenton como 41, insolente contra los mandatarios
absolutos, caballeresco i vanidoso, honrado como un injel,
con nociones sobre muchas cosas, i recargado de hechos, do
recuerdos, i de histories de lo pasado i de lo ent6nces presen-
te, que me han habilitado despues para tomar con facilidad
el hilo i el espiritu de los acontecimientos, apasionarme por
lo bueno, hablar i escribir duro i recio, sin que la prensa pe-
riodica me hallase desprovisto de fondos para el despilfarro
de ideas i pensamientos que reclama. Salvo la vivacidad tur-
bulenta de su juventud, que yo fui siempre taimado i pacato,
su alma enter trasmigro a la mia, i en San Juan mi familiar,
al verme abandonarme a raptos de entusiasmo, decia: ahi est6
don Jose Oro hablando; pues hasta sus modales i las inflec-
ciones de voz alta i sonora se me habian pegado. Creilo du-
rante el tiempo en que vivimos juntos, un santo, i me huelgo
de ello, que asi pudo trasmitirme sus sabios consejos, sin que
embotara su eficacia, la duda que trae el ejemplo contrario.
De hombre barbado i por la voz piblica, supe de otros su
historic. Era insigne domador, de apostArselas a don Juan






70 QBRAS DE SARMIENTO
Manuel Rosas, i a la fiesta del Acequion, descendia de las
montafas donde tenia su hacienda de ganados de los Som-
breros, cabalgando un potro, garantidas sus piernas por espe-
sos guardamontes que le permitian salvar barrancos i esteros,
i arremeter con los altos 1 tupidos espinos que embarazan el
transito en nuestros campos. La enerjia de su fisico le acom-
panf hasta la vejez, i una vez le vi cojer a un espafiol cua-
drado i hacerlo rodar diez varas por el suelo. Era valiente i
se preciaba de serlo, gustaba de las armas, i una chapa de*
pistolas adornaba siempre la cabecera de su silla. Vestia de
paisano con chaqueta, i no rezaba el breviario por concession
especial del papa. Gustaba con passion de bailar, i 41 i yo
hemos fandangueado todos los domingos de un afio enredan-
donos en pericones i contradanzas en San Francisco del Mon-
te, en la Sierra de San Luis, en cuya capilla, estando 41 de
cura, reunia por las noches despues de la platica de la tarde,,
a las huasitas blancas o morenas, que las hai de todo pelaje i
.lindas como unas Dianas, para domesticarlas un poco, por-
que ningun pensamiento deshonesto se mezcl6 nunca a estos
recreos inocentes. No digo que no hiciese de las suyas cuan-
do j6ven, que eso no me atafie. Tenia un profundo enojo con
la sociedad, de que huia, no vidndosele en la ciudad sino en
la fiesta de Santo Domingo, o en el plilpito. Dijome una vez
que llevaba predicados setenta i seis sermones hasta 1824; i
como yo le escribi tres o cuatro de ellos, puedo hablar de su, I
oratoria concisa, llena de sensatez i de ideas elevadas, espre *
sadas en lenguaje fresco, i sin aquel aparato de citas latinas
i palabras abibladas. Sefiores, decia al comenzar su sermon,;
dirijidndose al public desde el fondo del piilpito, donde per-
manecia inm6vil, cruzados los brazos sobre el pecho, para
evitar el manoteo de ceremonial, i pronunciaba su oracion en
tono de conversation, parecido al sistema que Mr. Thiers ha
introducido con tanto brillo en la camara francesa. Una vez
dictandome un sermon de San Ramon, record una escena
de infancia en que habia sido aplastado per una tapia, i sido
necesario desmoronarla sobre sus hombros, a golpes de aza-
don, para desembarazarlo. SalvAronlo los huesos de hierro
en que estaba armado su cuerpo, colocado de bruces sobre
pids i manos, i la intercesion de San Ramon, a quien invocaba
Ilorando su madre, sobre cuyo corazon resonaba cada golpe
de azada, temiendo que reventaran el hijo de sus entrafias,
midntras que el fornido travieso gritaba desde abajo: nden
no mas que todavia aguanto.n Hacia alusion a-este milagro







RECUERDOS DE PROVINCIAL 71

del santo, i el l1anto de la gratitud empez6 a humedecer su
voz, a media que me iba dictando; anublabanseme a mi los
ojos, i caian sobre el papel gruesas l1grimas que echaban a
perder lo escrito e impedian continuar, hasta que soltando 41
el Ilanto de recio, pude yo desahogarme, i oy.ndome 41, me
llam6 con sus brazos, i sollozamos juntos largo rato, hasta que
me dijo, dejdmoslo paramanana.... somos unos nifios!
La manera de trasmitirme las ideas habria hecho honor a
los mas grandes maestros. LlevAbamos un cuaderno, con el
titulo de Didlogo entire un cindadano i un cnmpesno, que
siento haber perdido no hace much tiempo. Era yo el ciu-
dadano, i sabiendo la gramatica castellana i comparando con
ella la latina, me iba enseiando las diferencias. Declinacio-
nes distintas de las de Nebrija servian de tema, i al studio
de las leyes de la conjugacion, se seguia el de los verbos re-
gulares formados per mi sobre las radicales. De mis pregun-
tas i de sus respuestas, ibase de dia en dia engrosando el
diario, i a poco, i siempre estudiando los rudimentos, empece
a traducir on lugar de Ovidio i Cornelio Nepos, un libro de
jeografia de los jesuitas. Dabale lecture casi siempre a la
sombra de unos olivos, i mas que del latin, me aficionaba a
la historic de los pueblos, que 41 animaba con digresiones
sobre la tela jeografica de la traduccion. Asi olvid4 i volvi a
estudiar varias veces el latin, pero desde nifo fud mi studio
favorite la jeografia. Pasabamos en plaicas variadas el tiem-
po, i de ellas algun dato ftil se quedaba siempre asentado en
mi memorial. Todos los accidents de la vida suministraban
asidero a alguna observation, i yo sentia de dia en dia que
el horizonte se me agrandaba visiblemente. Una vez me
dijo:-pasame tal libro de sobre la c6moda.- Al tomarlo
hube de remover el mueble, i un crucifijo de bella escultura
que habia en ella, se estremeci6, escurri4ndosele la corona do
cordel entretejido sobre el cabello de madera hasta detenerse
sobre los hombros. ,nQu4 le ha sucedido al Senor? me pre-
gunt6 con tono blando.-Es que yo fui a tomar el libro, i la
c6moda.. .-No import, me replic6, esplicame lo que ha
sucedido i por qud.n-Hicelo en efecto, i aiadi6: en Chile
sucedi6 en un temblor lo mismo que ti has visto; i me cont6
la historic del Sefior de Mayo, con comentarios que al vulgo
de los creyentes habrian parecido impios, citandome las dis-
posiciones del Concilio de Trento sobre imajenes innobles i
sobre la autenticidad de los milagros i los requisites legalese
dire asi, para estar en el deber de darle crddito. No hace







OBRAS DE SARMIENTO


muchos aflos que dando cuenta de una pieza de teatro, aria-
di, sin saberlo, qud s4 yo que frase en que entraba la monja
Zsaiartu. Grande alboroto en Santiago! Gruesas i gordas in-
jurias me llovieron sobre la calumnia, i hasta un personaje
de la iglesia meti6 su cucharada contra el escdndalo. iDe
d6nde diablos, me decia yo a mi mismo confundido, he saca-
do yo este maldito cuento? Era, segun pude recordarlo, his-
toria que me habia contado mi tio Jos4; pero que yo creia
pasada en autoridad de cosa juzgada i de ahora cien afios.
Guard4me mi esplicacion para mi mismo, mandando de reti-
rada algunas merecidas andanadas a mis adversaries.
Cuidabase don Jose de espulgar mi tierno espfritu de toda
preocupacion dafiina, i las candelillas, los duendes i las ani-
mas, desaparecieron despues de largas dudas i aun resisten-
cias de mi parte. Estdbamos una noche solos ambos en nues-
tra solitaria habitacion de San Francisco del Monte, i habia
velindose en la vecina iglesia el cadaver de una mujer hi-
dr6pica. Anda, Domingo, me dijo, i traeme de la sacristia el
misal, que necesito ver un speibus que hai, contra lo que
dice Nebrija. Tenia yo que entrar por la puerta de la iglesia,
dejar atras el ataud rodeado de velas, tomarle una, o resol-
verme a engolforme en el canyon oscuro del edificio, i entrar
en la sacristia. Estuve sudando a mares en la puerta gran
rate, avanzando un paso i retrocediendo, hasta que desen-
volvi6ndose el miedo que se estimula a si mismo i multiplica
sus fuerzas, yo renuricid a entrar, i me volvia cola entire pier.
nas, a confesarle a mi tio que tenia miedo a los difuntos; iba
resuelto como un balandron puesto a prueba, a pasar por la
vergiienza de humillarme hasta merecer el desprecio, cuando
por una ventanilla vi la cara placida, tranquila de mi tio que
dejaba deslizar lentamente el humo de una reciente fumada
del cigarro. Al ver esta fisonomia noble me crei un vil, i vol-
viendo sobre mis pasos, entr6 a la iglesia, deje atras al difun-
to, i en alas del sentimiento del honor, que no ya del miedo,
tome a tientas el libro i sail levantindolo alto, como si dijera
ya a mi maectro; he aqui la prueba de que no tengo miedo.
De regreso, emperor, pareciame de ljos que no habia espacio
suficiente para pasar sin esponerme a que el difunto me echa-
se garra de las piernas. Esta serial reflexion me conturb6 un
memento, i describiendo en torno suyo un circulo, vuelto el
cuerpo i los ojos hacia e1, rozando la espalda contra la mu-
ralla, marchando de lado, despues para atras per no perderlo
de vista hasta tomar la puerta, yo sai de aquella aventura






RECUERDOS DE PROVINOIA 73

sane i salvo, i mi tio recibi6 el libro, i buse6 en 41 i hall el
caso. Pero 61 ignor6 toda su vida las peripecias que habian
ajitado mi espiritu en seis minutes. Yo habia sido vil, gran-
de, heroico i miedoso, i pasado por un inferno, por no sen-
tirme indigno de su aprecio.
La historic de don Jos4 de Oro puedo recomponerla de
mis recuerdos. Estudi6 i se orden6 en Chile i s6 casi todos
los accidents de su vida de colejio. Cl4rigo j6ven, ardiente i
gaucho, hacia arreos de mulas para Salta, cuando la recon-
quista de Chile hubo de ofrecer a su ardorosa virilidad cam-
po mas digno. Hall6se en la batalla de Chacabuco i auxili6 a
various moribundos en medio de la metralla. Nunca pudo ha-
cer a San Martin en Francia entrar en pormenores sobre sus
desagrados con el clerigo Oro; pero ellos habian chocado, i los
Oros sido press como partidarios de los Carreras, o mas bien
como enemigos de San Martin i de don Ignacio de la Rosa,
su teniente en San Juan. Conservibales una profunda ene-
miga, i me hablaba siempre de sus feudos. Algo de serio
debi6, sin embargo, ocurrir, puesto que cuando nos reunimos,
hacia afRos que estaba sepultado en su vifia, sin relaciones, i
separado de toda injerencia en las cosas pfblicas. Durante
la administration ilustrada de don Salvador M. del Carril, fud
nombrado representante de la junta provincial, i su presen-
cia bast6 para cortar una grave question que se debatia de
tmucho tiempo, i traia alborotado al pdblico que acudi a las
ventanas i puertas del salon de Jofrd, en que se tenian las
sesiones. Tratibase de abolir el derecho de 6leos, aquel peaje
que (pacamos a la entrada de la vida, i el cl6rigo Astorga,
que hatia sido godo empecinado i era ent6nces catdlico ran-
cio, para ser despues federal neto, azuzaba el fanatismo de
los mismo pobres a quienes se queria alijerar de aquella ga-
bela, ni mas ni mdnos como ahora los bArbaros llaman salva-
jes i estranjeros, a los que se interesan por volverlos a contar
entire los pueblos civilizados. El presbitero Oro, no bien hu-
bo prestado juramento, pidi6 la palabra, apart la question
de religion de lo que era puramente financiero, confundi6 a
Astorga que arafiaba la silla con sus dedos crispados, i los
6leos fueron abolidos i continian asi hasta hoi.
Mas tarde don Josd se separ6 del partido de los hombres
de progress de ent6nces, que eran centenares, i se disgust
con Carril, no tanto por las ideas liberals, cuanto por algu-
nas susceptibilidades heridas. He oido contar un echo de
ent6nces que muestra la rara mezela de cualidades altas con







OBRAS DE SARMIENTO


las mas injustificables estravagancias. Dabase un convite en
el Tapon de los Oros, represa hecha sobre un arroyo, a que
asistian Carril i medio San Juan para sondear la opinion so-
bre Ia Carta de mayo; don Jose no habia sido invitado, i en
despique desnud6se en su casa como para echarse en el bafio,
mont6 en pelo un caballo, i present6se a la vista de los con-
vidados al arrojarse a la represa de agua; bai6se tranquila-
mente buen rato, i saltando con gracia en el caballo negro en
que resaltaban sus forms blancas i nerviosas como un atleta
antiguo, tom6 la vuelta h6cia su casa, sin responder a los que
lo llamaban. No respond de la veracidad del hecho, que yo
nunco le vi hacer nada estravagante.
Estos incidents lo echaron en el partido federal de ent6n-
ces, que contaba en su seno hombres de pro e ilustrados.
Era el doctor don Salvador Marfa del Carril el mayor de
los hijos de don Pedro del Carril, graduado en la Universidad
de C6rdoba, discipulo aventajado del celebre dean Funez, lle-
no del espfritu de Rivadavia i trasluciendo en sus modales
elegantes i altaneros, la cultural de la dpoca, i la hidalgufa de
su familiar.
Su palabra era breve, precipitada, como la del jefe que so
escusa de esplicarse ante sus subalternos, acompafiada de
movimientos rApidos, i jesticulaciones desdeiosas e impa-
cientes. Era Carril el jenoroso arist6crata que otorgando ins-
tituciones a la muchedumbre, parecia star de antemano con-
vencido de que no sabrian apreciar el don, i se cuidaba pooo
de hacerlo acceptable. Sed libres, les decia en la Carta de ma-
yo, que sois demasiado inhabiles para que os tome por es-
clavos. Tenia razon! Los colonos espafoles han mostrado el
mismo sentimiento de los negros viejos emancipados, que
prefirieron la esclavitud a la sombra del techo de sus amos,
desechando una libertad que habria exijido que pensasen por
sf mismos. Carril dictaba con una rapidez que traia atarea-
dos a sus escribientes, dando en esto muestra de la claridad
i fuerza con que se sucedian sus ideas.
Ejerci6 en San Juan tal influencia que llegaba hasta la
fascinacion. Tenia fe la poblacion en masa en sus talents i
saber, i todas las reforms que adopt, eran de antemano apo-
yadas i sostenidas por el asentimiento pftblico. Tal debia ser
su popularidad en los primeros tiempos de su gobierno, que
para oponerse a la sanction de la Carta de mayo, se corrieron
listas entire las mujeres, tan conocido era de sus opositores
mismos su escaso nfmero. Las altas cuestiones de organiza-






RECUERDOS DE PROVINCIAL


cion que propuso, le suscitaron descontentos, i una guarni-
cion de cincuenta hombres, bastante apenas para cubrir las
guardias se sublev6 contra 61 i lo depuso del mando. Carril
con los suyos emigr6 a Mendoza, de donde vino una division
i sofoc6 el motin. Tuvo lugar ent6nces un hecho que mues-
tra la noble escuela a que pertenecia. La vispera de la bata-
lla de las Lefias, reuni6 en su tienda de campaiia a todos los
que le seguian, i les espuso la necesidad de costear de sus
bolsillos los gastos de la espedicion, que serian reembolsados
por el tesoro national. Mas el triunfo ceg6 aquellos animos
bisonos, i el resentimiento por las injusticias, exacciones i
violencias de que habian sido victims, les aconsej6 imponer
multas a los vecinos implicados en el motin del 26 de julio.
La mayoria inmensa de votos sofoc6 su voz, i no queriendo
marcharse, renunci6 el mando. iHarto caro la han pagado
los que desoyendolo, se dejaron arrastrar por las pasiones del
moment! Las medidas de persecution de ent6nces, tuvieron
horrible desquite mas tarde, i todos, con lijerisimas escepcio-
nes, han espiado despues una primera falta.
Don Salvador Maria fud llamado al ministerio de hacienda
por Rivadavia, i mostr6 en aquel destino poderes a la altu-
ra de su situation. Renunci6 con Rivadavia, hasta que con la
revolution del 1. de diciembre fug nombrado de nuevo mi-
nistro por el gobierno provisorio, siguiendo mas tarde la suer-
te do su partido. Cas6se en Mercedes, en la Banda Oriental,
ejerci6 la profession del comercio algun tiempo, reapareci6 en
1840 con Lavalle, como comisionado de los arjentinos de
Montevideo; asisti6 a las conferencias tenidas en Martin Gar-
cia con losjefes de la escuadra francesa; fua nombrado des-
pues intendente del ejercito, i a haber seguido Lavalle sus
consejos, otro rumbo hubiera torado la revolution. Reside
hoi en el Brasil, en Santa Catalina, respetado de cuantos le
conocen.
San Juan le debe la creation de su inica imprenta, inuti-
lizada ya despues de veinte i cuatro afios de rudo servicio, la
formation del Rejistro Oficial, la delineacion de la ciudad,
una alameda, i la vana tentative de dar una carta fundamen-
tal, que contuviese i reglamentase los poderes. Rodeose de
los hombres mas eminentes que la provincia tenia, i ent6nces
eran muchos; i la dpoca de su gobierno fu6 sin duda la mas
brillante de San Juan. Su memorial esta hoi olvidada, como
la de Laprida, la de Oro, i tantos otros hombres de jenio de
que debiera honrarse aquella provincia.







76 OBBAS DE SARMIENTO
Cinco families de Carriles, hermanos de don Salvador Ma-
ria, estAn hoi establecidas definitivamente en Santa Catalina,
Capiap6 i Coquimbo, rayando en cosa de medio million de
pesos, la fortune que entire todos han sabido reunir eIel des-
tierro; la casa paterna en San Juan ha servido hasta este afio
de palacio episcopal, i los cuantiosos bienes del antiguo jefe
de la familiar, el ricacho de San Juan, don Pedro, se han con-
sumido i desmoronado en una particion, que la impericia, la
pereza i las malas pasiones, prolonga inconclusa hace ya doce
anos. Miden sesenta i seis cuadras cuadradas las visas de la
testamentaria, i las tierras incultas described una line de
siete leguas de costado desde la calle Honda hasta las faldas
del Pig-de-Palo.
Despues de la batalla de las Lefas, en que los suyos fueron
vencidos, don Josd de Oro emigr6 a San Luis, i fui yo a poco
a reunirmele, abandonando la carrera de injeniero que habia
principiado. Nos queriamos como padre e hijo, i yo quise se-
guirlo, i mi madre por gratitud lo aprobaba. Algunos rastros
ban debido quedar en San Francisco del Monte delaOestra
residencia alli. Introdujimos flores i legumbres que nosotros
cultivibamos, pasando horas enteras en derredor de un alheli
sencillo, el primero que nos naci6. Fundamos una escuela, a
que asistian dos NINITOS Camargos, de edad de veinte i dos
i de veinte i tres aios, i a otro discipulo fud precise sacarlo
de la escuela, porque se habia obstinado en casarse con una
muchacha lindisima i blanca, a quien yo enseiiaba el deie-
treo. El maestro era yo, el menor de todos, pues tenia quiace
aiios; pero hacian dos por lo mdnos a que era hombre por T
formation del caricter, i jai! de aquel que hubiese osado sa-
lirse de los tdrminos de discipulo a maestro a pretesto de que
tenia unos pufios como perro de presa! La capilla estaba sola
en medio del campo, como acontece en las campaiias de C6r-
doba i San Luis. Yo trace, pues que tenia unos tres mess de
injeniero, el piano de una villa, cuya plaza hicimos triangu-
lar para darnos buena mafia con la escasa tela; deline6se una
calle, en cuyo costado trabaj6 un senior Maximiliano Gatica,
si no me olvido. Demolimos el frente de la iglesia que habia
pulverizado un rayo, i construimos un primer piso de una
torre i coro, compuesto de pilares robustos de algarrobos,
coronado de un garabato natural, encontrado en los bosques,
que describia tres curvas, la del centro mas elevada que las
otras, en la cual taller yo en grandes letras de molde esta ins-
cripcion: San Francisco del Monte de Oro, 1826. iPor que






RECUIEDOS DE PROVINCIA


rara combination de circunstancias mi primer paso en la vi-
da era levantar una escuela i trazar una poblacion, los mis-
* mos conatos que revelan hoi mis escritos sobre Educacion
popular i colonies!
Vaga&a yo por las tardes, a la hora de traer lefia, por los
vecinos bosques, seguia el curso de un arroyo trepando por
las piedras; mternabame en las soledades prestando el oido a
los ecos de la selva, al ruido de las palmas, al chirrido de las
viboras, al canto de las aves, hasta llegar a alguna cabafia de
paisanos, donde conoci6ndome todos por el discipulo del cura
i el maestro de la escuelita del lugar, me prodigaban mil
atenciones, regresando al anochecer a nuestra solitaria capi-
lla, cargado con mi hacesillo de lefa, algunos quesos o hue-
vos de avestruz con que me habian obsequiado estas buenas
jentes. Aquellas correrias solitarias, aquella vida selvatica en
medio de jentes agrestes, ligandose sin embargo a la cultural
del espiritu por las platicas i lecciones de mi maestro, mien-
tras que mi fisico se desenvolvia al aire libre, en presencia
de la turaleza triste de aquellos lugares, han dejado una
profunda impression en mi espiritu, volvidndome de continue
el recuerdo de las fisonomias de las personas, del aspect de
los campos, i aun hasta el olor de la vejetacion de aquellas
palmas en abanico, i del arbol peje tan vistoso i tan aromati-
co. For las tardes vuelto a casa, oia en la cocina cuentos de
brujos a una la Picho, i volvia mas tarde al lado de mi tio
a promoter conversation sobre lo pasado, a leer un librojun-
tos ipreparar las lecciones del dia siguiente. Una mafiana
aareci6se uno de mis deudos que venia a llevarme a San
Juan, para mandarme de cuenta del gobierno a educar a Bue-
nos-Aires. Dej6me optar libremente mi tio, i escribi a mi ma-
dre la carta mas indignada i mas ilena de sentimiento que
haya salido de pluma de nifio de quince aieos. Todo lo que
en ella decia, era sin embargo, un puro disparate! Vino a po-
co por mi mi padre, i ent6nces no habia que replicar. Nos
separamos tristes sin decirnos nada, estrechandome 61 la ma-
no i volviendo los ojos para que no lo viera ilorar. Ah! cuan-
do nos juntamos despues de su regreso de la Convencion de
Santa Fe, a que fu6 nombrado diputado en 1827, era yo....
unitario! La razon que 61 habia desenvuelto con tanto esmero,
habia visto claro, i una vez que tocamos el asunto, vi6 61 que
habian de mi part convicciones profundas, 16jicas, razonadas,
que podian ser respetadas. Despues nos veiamos como ami-
gos; visitAbalo yo despues en su viiia de noche, i ya hombre






78 OBRAS DE SARMIENTO
i teniente de linea, pasaba las mas gratas horas al lado de su
lecho, en que estaba postrado, oydndole hablar i abandonarse
sin reserve a los recuerdos de lo pasado. Alguna vez le vi po-
seido de tal preocupacion, que dude por la primer vez si en
aquel moment estaba fresca su razon. Mas tarde su'pe que
los vapores del vino avivaban aquella existencia mon6tona
para remontar su alma cuando el cuerpo decaia. Mientras
vivimos juntos, nunca le vi serial ninguna de exaltacion es-
traordinaria, sin embargo, de que no usaba del vino en canti-
dades moderadas. En San Juan, es esta una enfermedad que
se lleva a centenares de vecinos. Al declinar de la edad, de-
sencantados de la vida, sin esperanzas, sin emociones, sin tea-
tros, sin movimiento, porque no hai ni education, ni libertad,
dan muchos en irse temprano a sus vifias. La soledad i el
vacio del espiritu traen el tedio, este llama al vino como an-
tidoto, i concluyen por perderse de la sociedad i darse a la
embriaguez misantr6pica, solitaria i perenne.
Muri6 don Jose de Oro en 1836, como habia vivido, el hi-
jo de la naturaleza; el campesino, como gustaba apeidarse
en el Didlogo conmigo. Dormia centre dos puertas en'el in-
vierno, bajo la techumbre celeste en el verano. Saltaba de la
cam a las tres de la maiiana en todos tiempos, i su tes, mui
conocida, se oia en la soledad de la noche, midntras vagaba
por las vecindades de su vina. Jamas el sol pudo sospechar
que se acostaba en la cama. Cuando su fin se aproximaba,
fuse a las cordilleras donde estaba su hacienda, para respi-
rar aires mas puros, i alli muri6 rodeado de algunos de sus
deudos, bendecido de todos, i casi sin sentirlo. La bondad de
este hombre rarisimo pasaba todos los limits conocidos. Pre-
venianle una vez que su mayordomo le robaba, i contestaba
ridndose: "ya lo se, pero qud diablos quieren que haga? tiene
este canalla un cardimen de hijos, i si lo despido se mueren
de hambre.,, Siendo ministry do gobiernQ de don Jos6 Tomas
Albarracin el afno 30, cfpole a mi madre por mi cuenta, una
contribution de seis bueyes gordos a tres dias vista. Habia
firmado mi tio Jose la implacable 6rden, i cuando mi madre
se desolaba no sabiendo de donde pintar seis bueyes, ella
que no tenia qud comer, el ministry entraba en su casa di-
cidndole: "no llore, no sea zonza; hace media hora quo parti6
un propio para bajar de los Sombreros ocho riovillos gordos
que le traerAn para que pague la contribution i haga sus
provisions de invierno. Ultimamente, Facundo le echaba una
contribution de vestuarios; i el buen clIrigo sabidndolo, trajo






RECUERDOS DE PROVINCIAL


a su casa su guard ropa de pantalones, levitas i manteos, se
di6 mafia i traz6 media docena de piezas de guarnicion.


FRAI JUST DE SANTA MARIA DE ORO

De entire aquellos sabandijas vivarachos, turbulentos i tra-
viesos de los hijos de don Miguel, el mayor de todos, Justo,
contrastaba por el reposo de su espiritu reflexive, i la blan-
dura de character. Era la victim de la malicia inquieta de
sus hermanos Jose i Antonio en la nifiez; tirdbanle con las al-
mohadas cuando dormia, meAbanle las botas cuando iba a
levantarse, i a today hora del dia suscitibanle tropiezos, ten-
dianle asechanzas, i lo acusaban a su several madre de diablu-
ras que ellos hacian exprofeso para ponerlo en aprietos.
El niiio Justo fu6 llamado asi para perpetuar el nombre de
frai Justo Albarracin su tio, que era cuando 1 naci6, la lum-
brera del convento de Santo Domingo i el timbre de la fami-
lia; i en aquellos tiempos en que las families aristocrAticas
estaban debidamente representadas en los claustros, el primo-
jinito de la familiar Oro fud destinado a seguir bajo el habito
dominico, la no interrumpida cadena de frailes sabios de la
familiar. Mostrdse desde luego digno sucesor de sus antepasa-
dos, i en prosecution de sus studios, fue enviado a Santiago,
capital ent6nces de las provincias de Cuyo, donde distinguidn-
dose por su capacidad, desempenaba citedras de teolojia a la
edad de 20 aios; recibi6 las 6rdenes sagradas a los 21 afios
por dispense de Pio VI, i pas6 a la Recoleta Dominica luego
en prosecution de la perfection monAstica. Sus prendas de
carActer, saber i costumbres, debian ser mui relevantes, puesto
que los recoletos lo pidieron a pocos anos de incorporado en
su 6rden por director vitalicio, i que el general de la 6rden en
Espafia acord6 esta solicitud.
El nuevo prelado so entreg6 desde luego al instinto creador
de su jenio. La hacienda de Apoquindo, perteneciente a la
comunidad, debia transformarse en una sucursal de la Reco-
leta Dominica, i para obtener los permisos necesarios, o hacer
adopter sus planes al general de la 6rden, hizo un viaje a Es-
pafia, la Europa de aquellos tiempos, en donde le sorprendi6
la revolution de la independencia. Como Bolivar, como San
Martin i todos los que se sentian con fuerza para obrar, vol6






OBRAS DE SARMIENTO


a incorporarse a los suyos, desembarc6 en Buenos Aires, aplau-
di6 la revolution, vi6 de paso a su familiar, regres6 a Chile a
su convento, i despues de haber prestado su cooperation a
los patriots hasta 1814, emigr6 a las Provincias Unidas en
el memento de la restauracion de la dominacion espanola.
Nombrado diputado al congress de Tucuman por la provin-
cia de San Juan, con el ilustre Laprida que fu6 electo presi-
dente, tuvo la gloria de poner su firma en el Acta de la De-
claracion de Independencia de las Provincias Unidas, tomando
part en todos los audaces trabajos de aquel congress; siendo
suya la mocion que adopt el congress de aclamar por patro-
na de la America i protectora de la independencia sud-ame-
ricana, a Santa Rosa de Lima.
La reconquista de Chile abria de nuevo a su actividad el
teatro de sus primeros honors, acrecentados ahora con el
prestijio que daba la participation en las decisions del con-
greso de Tucuman, que a lo Idjos inspiraba una especie de
estupor, a fuerza de ser solemnes i decisivas. En 1818 zanj6
una de las mas graves cuestiones que embarazaban la mar-
cha de los negocios. Las 6rdenes relijiosas. divididas en rea-
listas i patriots, dependian del vicario general de la 6rden es-
tablecido en Espafa; i la influencia popular del fraile, podia
echarse de traves en la march de la revolution aun no bien
asegurada. El provincial frai Justo de Santa Maria declar6 la
independencia de la Provincia de San Lorenzo Martir de
Chile en la Orden de Predicadores, como los patriots chile-
nos habian declarado la independencia civil i political de la
nacion, como 41 mismo habia firmado el acta de la emancipa-
cion de las Provincias Unidas. Al leer las actas capitulares
del definitorio de la Orden de Predicadores, se reconoce que
han sido inspiradas por el jenio del congress de Tucuman.
,,Fr. Justo de Santa Maria de Oro, dicen, Profesor de Sagrada
Teolojia i humilde Prior i Provincial de la misma Provincia:
Venerables padres i hermanos carisimos: conforme a los prin-
cipios inmutables de la razon i justicia natural, declare Chile
su libertad dada por el Creador del Universo, decretada por
el 6rden de los sucesos humans, i confirmada por la gracia
del Evanjelio. A despecho de la ambicion i del fanatismo del
antiguo trono espafiol, despedaz6 las cadenas de su esclavi-
tud, rompi6 todos los vinculos que lo ligaban a la triste con-
dicion de una colonia, i declar6 ser, segun los designios de la
Providencia, un Estado soberano, independiente de toda do-
minacion estranjera. Reivindicando su libertad i en ejercicio







RECUERDOS DE PROVINCIA


de ella misma, constituy6 los altos poderes que han de regu-
lar i dirijir la nacion a su felicidad.
"La Iglesia en todos tiempos ha seguido los progress de
la civilization i engrandecimientos de los imperios para apo-
yar i sostener la independencia nacional.... Desde que un
estado recobra su libertad, al punto caduca al respeto del
clero secular i del regular, today la jurisdiction que ejercian
en ellos los prelados de otro territorio. Esta se devuelve al
Sumo Pontifice'.... .
Sobre tan s6lida base se declar6 la independencia de la
provincia de Santiago, quedando resumidas las atribuciones
de vicario general de la 6rden en el mismo frai Justo, provin-
cial de la Riecoleta Dominica.
El convento habia dado, pues, todo lo que podia en hono-
res, trabajos i titulos. El doctor frai Justo necesitaba un nue-
vo campo; una mitra sentaria bien sobre la cabeza del prior,
provincial i general de la 6rden. Leon XII trabajaba por en-
t6nces en anudar las relaciones interrumpidas por la revolu-
cion entire la Sede Apost6lica i las colonies americanas. Una
buena political le aconsejaba congraciarse la America inde-
pendiente para cohonestar el cargo que sobre la Sede Apos-
t6lica pesaba de complicidad i connivencia con los reyes de
Espaiia. El por tantos titulos digno diputado de uno de los
congress americanos, era, pues, un candidate para el epis-
copado que acreditaria aquellas buenas disposiciones de la
Santa Sede. Sabialo el padre Oro, i tenia sus ajentes en Ro-
ma que le avanzaban la jestion de sus negocios. En 1827 le
vine recomendado por su hermano don Jos6, como un miem-
bro de la familiar; acoji6me con bondad, i a la segunda entre-
vista me inici6 en sus proyectos, contandome todo lo obrado,
a fin de que pudiese, a mi regreso a San Juan, satisfacer ple-
namente la curiosidad do sus deudos. Sus bulas de obispo
Taumacense no tardaron en llegar en efecto. Consagr6lo en
San Juan el seftor Cienfuegos en 1830, i poco despues fu4
creado obispo de Cuyo por Gregorio VI, que al efecto se-
greg6 esta provincia del obispado de C6rdoba.
Esta ereccion de un nuevo obispado di6 motive a que Oro
volviese a tomar la pluma para desbaratar los obsticulos.
que a sus designios querian oponerse. Era por ent6nces vica
1. Los documents de la separacion de la Provincia de San Lorenzo
MArtir, fueron publicados en 1819, en Santiago, en un cuaderno de 70
pij. en 4." bajo el titulo de: ORDEN DE PREDICADORES EN EL ESTADO
D E CHILE. Nota del Editor.







OBRAS DE SARMIENTO


rio capitular en sede vacant de la cathedral de C6rdoba, el
doctor don Pedro Ignacio de Castro Barros, antiguo diputado
del congress de Tucuman i cura titular de la matriz de San
Juan, la misma que iba a ser elevada a cathedral. Desde 1821
en que habia sido nombrado cura, los gobiernos sucesivos de
la provincial le habian prohibido entrar en funciones, por li-
brarse de las malas artes de aquel caudillo del fanatismo,
desempeiAndolo, como cura sufragAneo, el presbitero Sar-
miento, hoi obispo de Cuyo, i para quien venian bulas que
lo elevaban a la dignidad de dean de la nueva cathedral. El
doctor Castro Barros, fuese ambicion, fuese terquedad, so ne-
g6 a reconocer las bulas pontificias, reuni6 el cabildo de C6r-
doba, i por una series de irregularidades, poniendo aun en du-
da la autenticidad de los diplomas, elev6 una representation
a la curia para que desistiese de la segregacion ya ordenada i
consumada. El obispo Oro mand6 imprimir a Chile un folle-
to.1 El doctor Castro Barros ha publicado su recurso al res-
paldo de un panejirico de San Vicente de Ferrer.2 En los
documents publicados por el obispo Oro, n6tase esta frase
del oficio del gobernador del San Juan, dictado por el mismo
obispo: PPor lo cual el gobierno advierte al sefor don Pedro
Ignacio de Castro que consider atentoria a la religion, uni-
dad de la Iglesia, obediencia al Romano Pontifice, i conside-
raciones debidas a este gobierno de San Juan, las pretensio-
nes que promueve en la nota de 15 de agosto que so le dirije
de C6rdoba, i deja terminantemente contestada con la reserve
en el archive secrete de esta administration., Barros, por la
nota asi contestada, habia querido sublevar la autoridad civil,
como lo consigui6 en Mendoza, a fin de oponerse a la deci-
sion de la silla apostolica. El parrifo 31 de la impugnacion
del obispo Oro lo dice terminantemente: ise ha puesto igual-
mente el reparo de faltar al breve de que se trata, el plicito
de la autoridad temporal, i para ello se dice que este es un
asunto esencialmente national, que escdusivamente pertenece
al congress general; se incita a los sefiores gobernadores do
Cuyo a protester contra la bula; se toca el influjo del Excmo.
de Cdrdoba, encareciendo la eminencia del puesto que ocupa;
i recerdando a los demas Exemos. sefiores, hallarse consti-
tuidos en los mismos deberes.n
1. Defense de la Vicaria Apost6lica etc.... impugnada por el provisor
sede vacant de C6rdoba. Impreso en Santiago de Chile, afio de 1831.
Imprenta Nacional, por M. Peregrino.
2. Buenos Aires 1836. Imprenta Arjentina.








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Por fin, en la nota (d) afiade: ,el senior Castro Barros es-
cribi6 proponiendo una transaction entire aquella curia i el
vicario apostdlico, sin que cosa alguna se hiciera trascenden-
tal. En 6 de agosto propone al capitulo ajenciar este negocio
con los gobiernos de Cuyo, (4sta no se ha remitido en copia);
hace suspender la primera sobre el obedecimiento del cabildo
en 25 de julio; con sus oficios de *'. ;'. .. t... alarma a di-
chos sefiores gobernadores, provocAndolos a un desobedeci-
miento a la silla apost6lica; da al public impreso su dicta-
men de resistencia al Santo Padre ....,
Estas intrigas del doctor Castro Barros fueron fatales a su
ambition. Un afio despues recibi6 de Roma el aviso de estar
su nombre inscrito en las notas negras de la curia romana,
como sacerdote rebelde a la autoridad pontificia, i por tanto
inhAbil para desempefiar durante su vida function ninguna
eclesiastica. En vano Castro Barros envi6 a sus espensas al
clerigo Allende, su amigo, a Roma, a sincerar su conduct;
todas las puertas se cerraban a la aproximacion de Allende,
quien tuvo que regresar a America sin una palabra de con-
suelo para su amigo, fulminado por los rayos de la iglesia.
Desde ent6nces el doctor Castro Barros se ech6 en el ultra-
montanismo mas exajerado, gast6 mas de cinco mil pesos en
reimprimir cuanto panfleto cay6 en sus manes contra el pa-
tronato real, en defense de los jesuitas, de la estinta inquisi-
cion, i cuanto absurdo puede sujerir el deseo de congraciarse
con la autoridad pontificia, a cuyo reconocimiento el habia
querido poner trabas, cuando aquel reconocimiento no con-
venia a sus intereses particulares. En 1847, cuando estuve
en Roma me pregnitaron por Castro Barros personas que
tenian injerencia en la curia romana, repitidndome la pros-
cripcion irrevocable quo pesaba i pesaria sobre 41 hasta su
muerte. Las principles obras espiatorias de Castro Barros,
son el Triurio literi.rio o tires sabio.N dictdmenes sobre los
poderes del sacerocio del uinpewio, r'eiupreso en Buenos
Aires, a espensao del doctor Castro Barros con el lovable obje-
to de que se salve su ,reciproca lindependencia;-Restableci-
miento de la ConmpafiV de Jesus en la Nueva Granada,
reimpreso a solicited del doctor Castro Barros, con notas
says, que dicen: "Los Papas, Inquisicion, Compaiia de Je-
sus, i todos los institutes relijiosos, han sido siempre impug-
nado i zaheridos por los herejes, impios i demas enemigos
de la religion cat6lican; "Con mas razon los jesuitas serin los
granaderos del Papa en la Nueva Granada.... ., equivoco






OBRAS DE SARMIENTO


ridicule, al que puede afadirse el verso de Beranger: les
capucins son nos cosaques; "Nada de esto agrada a fos fil6-
sofos del dia, porque dicen que no hai Dios, cielo ni infierno.
Ah! bestias!,, Estos i otros desahogos del ambicioso conde-
nado por la iglesia, le merecieron a su muerte en Chile los
honors de santo, i uno de sus panejiristas esclamaba al fin:
"si no temiese anticiparme a los fallos de la Iglesia, yo soli-
citaria la protection de San Pedro Ignacio Castro.,, Pero
como no se hacen santos sin la beatificion de la Iglesia, po-
demos estar seguros de no tener que doblar la rodilla ante
uno de los majaderos que mas sangr3 han hecho derramar
en la Repfblica Arjentina, por fanatismo, por ambicion per-
sonal, por intolerancia i por hipocresia. Abandoned su biogra-
fia por no contrariar los prop6sitos de sus adoradores, pero
aquf me permit estampar la verdad en asuntos que son pu-
ramente domdsticos i que atafien a mi familiar.
Despues de consagrado i reconocido obispo, frai Justo se
entreg6 a la multiplicidad de creaciones accesorias a la cate-
dral que habia levantado, i en esta tarea de todos los instan-
tes de su vida, mostro la enerjfa de aquel carActer, i la perti-
nacia de designio que enjendra las grandes cosas. En una
provincia oscura, destituida de recursos, debia establecerse
una cathedral, un seminario conciliar, un colejio para laicos,
un monasterio abierto a la education de las mujeres, un coro
de can6nigos dotados de rentas suficientes; i todo esto lo em-
prendia frai Justo a un tiempo, con tal seguridad en los me-
dios i tan clara espectacion del fin, que se le habria creido
poseedor de tesoros, no obstante que a veces i casi siempre
faltabanle los medios de pagar el salario de los peones. Que-
ria construir un taberniculo i faltAbale el modelo i el artist
que debia ejecutarlo; pero 1l tenia todo lo demas, la idea i la
voluntad que son el verdadero piano i el artist. Llamabame
ent6nces a mi, tenido por 6l i por su familiar por mozo inje-
nioso, i a tientas i con mal delineados borrones, tomando de
un libro un capital de column i aun consultando a Vitrubio,
llegamos al fin a trazarnos nuestro tabernaculo sobre seis
columns d6ricas i una cupula a guisa de linterna de Di6je-
nes, para que un carpintero menos id6neo aun, realizase
aquel imperfecto bosquejo. Pero jai! que el tabernAculo esta-
da destinado para servir de docel a mas humilde objeto de
veneracion. Estrendlo yo en el catafalco hecho en sus ex&-
quias, i on el cual, simbolizando las dos grandes faces de su
vida, se apoyaban la estatua de la Libertad con el Acta de la







RECUERDOS DE PROVINCIA


Independencia en la mano, i la de la Relijion con la Bula
que le constituia obispo, esfuerzos de voluntad mas que de
arte, hechos en honor de aquella vida tan ilena, i sin embar-
go, interrumpida tan a deshora. Todos sus trabajos estaban
ya a punto de concluirse, cuando lo sorprendio la muerte; i
en los mementos de espirar: ."dse prisa, decia, al notario que
le servia de escribiente, dese prisa que quedan pocas horas, i
tenemos much que escribir,,; i en efecto, en aquel moment
supremo, daba disposiciones para la terminacion de la iglesia
del monasterio, la manera c6mo debia enmaderarse, los re-
cursos i materials que tenia acumulados, sobre su corres-
pondencia a Roma, idea de un adorno para la construction
del coro, el destine de algunas sumas de que le era deudora
la Recoleta Dominica, detalles de familiar, su testamento, su
alma enter i su pensamiento prolong ndose al traves de la
muerte; i como se lo decia al sefor dean que lo acompafiaba
en sus fltimos moments ,mi corazon estA en Dios, pero ne-
cesito mi pensamiento aqui para arreglar la continuacion i
termination de mi obra.... .n La muerte interrumpi6 aquel
dictado, dejando cortada una frase!....
Su instruction era vastisima para su tiempo. Habia apren-
dido el frances, el italiano i el inglis; era profundo te6logo,
esto es fil6sofo, i de sus platicas frecuentes pude colejir que
sus ideas iban mas adelante, sin traspasar los limits de lo
licito, de aquello que exijia su estado. La cualidad dominan-
te de su espiritu era la tenacidad, tranquil a la par que per-
sistente. Sabia esperar, aguantAndose a palo seco sin perder
camino, cuando las dificultades arreciaban. Si solicitaba una
concession necesaria, ensayaba su influencia para obtenerla;
desesperanzado, pedia otra que conducia al mismo fin, i des-
pues la primera bajo una nueva forma. Diez ainos mas de
vida habrian dado a San Juan, por conduct del obispo Oro,
progress que todos sus gobiernos no han sido part a ase-
gurarle. Quiroga le estorb6 fundar un colejio, i la muerte
terminar su monasterio docente; i como de debia toda su im-
portancia a la extension de sus luces i la claridad de su
injenio, habria puesto toda aquella fuerza de voluntad, que
hacia el caudal de sus medios de action, en jeneralizar la
instruction. El obispo Oro ha muerto pues, prematuramente
a los 65 aios, habiendo gastado toda su vida en el penoso
ascenso que de humilde fraile de un convento lo levaba al
obispado; mala estrella comun de hombres de merito que
tienen que levantar uno a uno todos los andamios de su







OBRAS DE SARMIENTO


gloria, crearse el teatro, former los espectadores, para poder
exhibirse en seguida. iCuAntas veces es destruida la obra,
que es fuerza volver a comenzar! ;Cuantos dias i afnos pasa-
dos en presencia de un obsticulo que embaraza el paso!
El monasterio que intent fundar revelaba la elevacion
de sus miras, i los resultados de una larga esperiencia, auxi-
liados i bonificados por el studio de las verdaderas necesi-
dades de la 4poca. Los votos de las monjas no debian ser
obligatorios sino por cierto nimeros de aios, concluidos los
cuales, debian volver a la vida civil, si asi lo tenian por con-
veniente, o renovar sus votos por otro period determinado.
El monasterio debia ser un asilo, i ademas una casa de edu-
cacion phblica. Debia fundarlo una monja hermana suya que
estaba on el monasterio de las Rosas en C6rdoba i que hoi
ha vuelto a San Juan.... loca.
Algunos afnos despues, yo emprendi con dofia Transito de
Oro, hermana del obispo, i digno vistago de aquella familiar
tan altamente dotada de capacidad creadora, la realization
de una parte del vasto plan de frai Justo, aprovechando los
claustros concluidos, para fundar el colejio de Pensionistas
de Santa Rosa, advocacion patridtica dada por 4l al monas-
terio i que cuidamos do perpetuar nosotros. Hija Anica de
doia TrInsito i de uno de mis maestros, era una niiia que
desde su mas tierna infancia revelaba altas dotes intelectua-
les. Frai Justo, habiendome conocido en Chile en 1827, i
gustado much de hallarme mui instruido en jeografia i otras
materials de enseilanza, escribi6 mas tarde a su hermana que
me confiase la education de su hija, i de mi aceptacion i de
los resultados obtenidos. sali6 entero el program de educa-
cion, i el intent del colejio de pensionistas de Santa Rosa,
que abrimos el 9 de julio de 1839, para conmemorar la de-
claracion de la independencia, en que frai Justo habia teni-
do part, i hacer de los eximenes piblicos del colejio una
fiesta civica provincial, puesto que Laprida, el president
del congress de Tucuman, era nuestro compatriot i aun
deudo mio.
En el discurso de apertura del colejio, que se rejistra en
el num. 1.0 del Zonda, dando cuenta de la escena el malo-
grado jdven Quiriga Rosas, decia: 4la primer voz que son6,
fu6 la del j6ven director, don Domingo Faustino Sarmiento,
que leia el acta de la independencia, lo que el concurso es-
cuch6 con mistico silencio. El mismo, en seguida, pronunci6
el siguiente discurso, modesto per su forma, inmenso por el







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fondo: SSefores, un dia clisico para la patria, un dia caro al
corazon de todos los buenos, viene a llenar las espectaciones
de los ciudadanos amantes de la civilization. La idea de for-
mar un establecimiento de education para sefioritas, no es
enteramente mia. Un hombre ilustre cuya imajen presencia
esta escena, (el ret'ato del obispo estaba colocado en la sala),
i cuyo nombre pertenece doblemente a los anales de la Re-
publica, habia echado de antemano los cimientos a esta im-
portante mejora. En su ardiente amor por su pais, concibi6
este pensamiento, grande come los que ha realizado, i los que
una muerte intempestiva ha dejado solo en bosquejo. Por
otra part, yo he side el int6rprete de los deseos de la part
pensadora de mi pais. Una casa de education era una nece-
sidad que urjia satisfacer, i yo indiqud los medios; juzgu6
era llegado el memento i me ofreci a realizarla. En fin, seio-
res; el pensamiento i el interest general lo convert en un pen-
samiento i en un interest mio, i esta es la Anica honra que me
cabe.n
El colejio aquel cuya piedra fundamental pusimos ent6n-
ces, vivi6 dos aiios, i alcanz6 a dar frutos envidiables. iOh,
mi colejio, cuAnto te queria! Hubiera muerto a tus puertas
por guardar tu entrada! Hubiera renunciado a today otra afi-
cion por prolongar mas aoies tu existencia! Era mi plan hacer
pasar una jeneracion de nifas por sus aulas, recibirlas a la
puerta, plants tiernas formadas por la mano de la naturale-
za, i devolverlas por el studio i las ideas, esculpido en su
alma el tipo de la matrona roman. Habriamos dejado pasar
las pasiones febriles de la juventud, i en la tarde de la vida
vuelto a reunirnos para trazar el camino a la jeneracion na-
ciente. Madres de familiar un dia, esposas, habriais dicho a la
barbarie que sopla el gobierno: no entrareis en mis umbra-
les, que apagariais con vuestro halito el fuego sagrado de la
civilization i de la moral que hace veinte anos nos confiaron.
I un dia aquel dep6sito acrecentado i multiplicado por la fa-
milia, desbordaria i traspiraria hasta la calle i dejaria escapar
sus suaves exalaciones en la atm6sfera. iEs possible, Dios mio!
que hayamos de hacernos una religion del conato de conser-
var restos de cultural en los pueblos arjentinos, i que el deseo
de instruir a los otros tome los aires de una vasta i meditada
conspiracion? Vu4lvenme en los aifos maduros las candorosas
ilusiones de la intelijencia en las primeras manifestaciones
de su fuerza, i aun creo en todo aquello que la juvenil ines-
periencia me hacia career ent6nces, i espero todavia!







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Fud solemne i tierna nuestra despedida. Seis u ocho nifias
de diez i seis arios, cAndidas i suaves como los lirios blancos,
agraciadas como los gatillos que triscan en torno de su ma-
dre, fueron a darme leccion al iltimo asilo que me ofreci6 mi
patria en 1839, la circel donde me tenia preparado para arro-
jarme de su seno por la muerte, la humillacion o el destierro;
i en aquel calabozo infecto, desmantelado i cuyas paredes
estAn llenas de figures informs, de inscripciones insipidas,
trazadas por la mano inhibil de los press, seis nifias, la floor
de San Juan, el orgullo de sus families, la promesa del amor,
recitaban a la luz de una vela de sebo, colocada sobre adobes,
sus lecciones de jeografia, frances, aritm6tica, gramitica, i
ensenaban los ensayos de dibujo de dos semanas. De vez en
cuando una rata diforme que atravesaba el pavimento, tran-
uila, segura de no ser incomodada, venia a arrancar chilli-
dos comprimidos de aquellos corazones susceptibles a las im-
presiones como la temblosa sensitiva. Las lJgrimas de la
compassion habian arrasado al principio aquellos ojos destina-
dos a suscitar mas tarde tormentas de pasiones; i terminada
la leccion, i depuesta la gravedad del maestro, abandonaron-
se sin reserve a la charla interminable, precipitada, curiosa e
inconexa, que hace santas i anjelicales las efusiones del co-
razon de la mujer. Algunas golosinas enviadas al preso por
las amigas, fijaron el ojo codicioso de alguna, i a la indica-
cion de estarles abandonadas, echironse sobre ellas como
banda de avecillas, charlando, comiendo, riendo i estirando los
blancos cuellos en torno del plato, de cuyo centro salian por
segundos dedos de marfil escapindose con un bocado. Can-
tAronme un cuarteto del Tancredo de que yo gustaba infini-
to, i despididronse de mi sin pena, i animadas de nuevo anhe-
lo para continuar sus studios. No nos hemos vuelto a ver
mas! Ni volver6 a verlas nunca cuales las tengo en mi mente
a aquellas cAndidas imajenes de la nubilidad abiertas a las
castas emociones, como el caliz de la flor que aspira el rocio
de la noche. Son hoi esposas, madres, i el roce Aspero de la
vida ha debido ajar aquel cutis aterciopelado cual la manza-
na no tocada por la mano del hombre, i la perdida inocencia
quitar a sus fisonomias la expansion curiosa i presumida quo
muestra por su desenfado mismo a veces, que ni aun sospe-
cha que hai pasiones en su alma, a las que bastaria acercar
una chispa para hacerlas estallar con estrepito!








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DOMINGO DE ORO.


Es el hijo mayor de don Jose Antonio de Oro, hermano
del presbitero i del obispo, Domingo de Oro, cuyo nombre ha
oido todo hombre pdblico en la Republica Arjentina, en Bo-
livia i en Chile, i de quien Rosas escribia les una pistol de
viento que mata sin hacer ruido,n i a quien los arjentinos no
ban podido clasificar, vidndolo asomar en cada pAjina de la
historic de la guerra civil, a veces en malas compafias, i casi
siempre rodeado del misterio que precede a la intriga. I co-
mo sus actos no pueden inspirar terror porque naaa hubo
jamas de cruento en su carActer, desconfian de 41 a lo ljos,
prometiendose huir de las seducciones irresistible, de las ar-
tes encantadoras de este Mefist6feles de la political. I, sin em-
bargo, Domingo de Oro pudiera apostar que saldria sano i
salvo de la caverna de una tigre parida, si las tigres pueden
ser sensibles a los encantos de la voz humana, a la elocuencia
blanda, risuefia, sin aliiio, pdrfida, si es possible decirlo, como
los espiritus que atacando una a una las fibras adormecen el
cerebro i entregan maniatada la voluntad. Este ensalmo se ha
ensayado con el mismo 6xito sobre Bolivar i sobre Portales,
sobre Rosas i sobre Facundo Quiroga, sobre Paz i sobre Ba-
llivian, sobre unitarios i federales, sobre amigos i enemigos; i
en los consejos del gabinete, como en los estrados i en las
tertulias, la palabra de Oro ha resonado unica, dominant,
atractiva, hacidndose un circulo de auditors, domeiando
todas las aversiones, acariciando artificiosamente las objecio-
nes para poder desnudarlas de sus atavios, i asi en descubier-
to, entregarlas al ridicule. Oro, de quien todos los hombres,
que de l4 han oido hablar, han pensado much mal, i a quien
han amado cuantos lo han tratado de cerca, no es el pensa-
dor mas sesudo, no es el politico mas hibil, no es el hombre
mas instruido, es solo el tipo mas bello que haya salido de la
naturaleza americana. Oro es la palabra viva, redeada de to-
dos los accidents que la oratoria no puede inventar. Yo he
estudiado este modelo inimitable, he seguido el hilo de su
discurso, descubierto la estructura de su frase, la maquinaria
de aquella fascinacion mAjica de su palabra. Sus medios son
simples, pero la ejecucion es tan artistic, tan peculiar del
maestro, como la pincelada de Rafael o la mas rapida de Ho-







OBRAS DE SARMIENTO


race Vernet. La nobleza de su fisonomia entra por much en
los efectos de su dialdctica, como las decoraciones de la 6pe-
ra de Paris en Roberto el Diablo. Su alta estatura sostenida
con abandon i flexibilidad, esta ya protestando contra la
idea de arte o alifio en la frase; su cara oval, palida, morena,
prolongada, se bafia por segundos en emociones de sonrisas
que se derraman de su boca acentuada i graciosa, como el
perfume de la palabra que va a abrir su capullo, como las
luces crepusculares que preceden a la salida de la luna, con-
vidando a todos los concurrentes a star alegres. Sus ojos
llenos de bondad, de animacion i de escepticismo, dan a
aquella fisonomia alegre, juguetona, un aire melanc6lico al
mismo tiempo, lo que dobla la facisnacion ejercida por una
frente que prematuramente ha invadido toda la parte supe-
rior del craneo, limpio i brillante cual si nunca hubiese teni-
do cabellos. Asi cree uno star oyendo a un sabio, a un an-
ciano quebrantado por los sinsabores del desencanto, i que so
rie de lastima i de pena de que haya tanto de que reirse en
esta vida.
He aqui, pues, uno de los grandes secrets de Oro; los
otros son de ejecucion, i no son m6nos certeros. Pronuncia
las palabras nitida i pausadamente, modulando cada una con
el finido de una miniature, con un esmero que se conoce ser
obra de un studio largo i perseverante, que ha concluido
por convertirse en segunda naturaleza. La passion, el fervor
de una replica fulminanto no lo harAn jams precipitar la
frase, dejar inapercibida una coma, sin rotundidad un perio-
do, aunque no se trate sino de dar 6rdenes a su criado. Si
combat la idea ajena, Oro la adopt, la prohija, i teniendola
en sus brazos la present al que la emite, preguntandole con
carifio, si tal otra forma no le convendria mejor, si no la re-
conoceria por hija suya con tales o cuales lunares menos, i el
padre embobado empieza a near a su criatura, i a acariciar i
adoptar la que Oro supone ser la lejitima; si asiente lo hace
de tal manera que preste al pensamiento ajeno, la fuerza de
un axioma, de un resultado confirmado por su esperiencia
de los hombres i de las cosas, si dispute, oye las replicas con
interest, con mil sonrisas de benevolencia hasta que la imper-
tinencia de su adversario le deja tonar la palabra, i ent6nces,
si la cosa no vale la pena de discutirla, ni el contrario do
convencerlo, lleva por rodeos infinitos la conversation a mil
leguas de distancia, a pretestos de digresiones involuntarias,
sembrando el camino de los dichos mas picantes, de los chis-








RECUERDOS DE PROVINCIA


tes mas risibles; porque Oro sabe todo lo ridiculo que ha su-
cedido en Amdrica, i posee la tradition integra de cuanto la
lengua posee inventando para reir; histories de frailes enamo-
rados, de zafios consentidos, de decretos i leyes dictados por
estfpidos, con un repertorio de cuentos er6ticos, para solaz i
animacion de mozos i solterones que harian de l1 siempre un
compaiiero de pagar a tanto el minute de francachela, en la
cual hace entrar al ne6fito, por una esclamacion de sarjenton,
lanzada oportunamente, a fin de que cada uno se halle a sus
anchas, desprendido de todo encojimiento i sujecion.
Este hombre tan espl4ndidamente dotado ha abierto a don
Juan Manuel Rosas su camino, i abandonindolo con estrdpito
el dia que se lanz6 en la carrera de violencias inutiles de don-
de no puede salir hoi; ha combatido al lado del caudillo Lo-
pez, sido el predilecto de Bolivar, el amigo del general Paz,
figurado en los mas ruidosos acontecimientos de la Repi'bli-
ca Arjentina, i hoi, si no me engafho, es mayordomo de una
casa de amalgamacion, lidiando con patanes que muelen me-
tales, como lidi6 today su vida con patanes jenerales, gober-
nadores i caudillos que demolian pueblos. Estos pueblos no
le han perdonado, no, sus actos, sine su superioridad. Nos
vengamos siempre hablando mal de nuestros amos, i el rato
de fascination involuntaria ejercida por Oro, lo paga en las
desconfianzas que suscita, porque nadie se cree realmente tan
pequeio i tan tonto como se ha visto al lado de el, sino por-
que ha de haber habido de part del embaucador un engaiio
1 un fraude manifiesto, pero que no se puede esplicar en que
consiste.
Oro con las cualidades de esposicion que lo adornan, seria
un hombre notable entire los hombres notables de Europa.
J6venes he visto, que acababan de salir del seno de la socie-
dad mas culta de Madrid i a quienes dejaba azorados aque-
lla distinction esquisita de maneras, hechas aun mas ficiles
por el tinted americano, arjentino, gaucho, que da Oro a los
modales cultos sin hacerlos descender a la vulgaridad; porque
Oro, salido de una de las families mas aristocraticas de San
Juan, ha manejado el lazo i las bolas, cargado el puiial favo-
rito como el primero de los gauchos. Vilo una vez en la fiesta
del Corpus en San Juan con un hachon en la mano i envuel-
to en su poncho, que caia en pliegues Ileno de gracia artisti-
ca. Estas predilecciones adquiridas en su contact con las
masas de jinetes en Corrientes, Santa Fe, C6rdoba i Buenos
Aires, han subido hasta su cabeza i organizadose en sistema







OBRAS DE SARMIENTO


politico, de que aun hasta hoi puede curarse. Pero estas pre-
dilecciones gauchas en 61, son un complement sin el cual el
brillo de su palabra habria perdido la mitad de su fascina-
cion; el despejo adquirido por el roce familiar con los hom-
bres mas eminentes de la dpoca, el conocimiento de los hom-
bres, la seguridad del juicio adquirido en una edad prematu-
ra, i las dotes que traia ya de la naturaleza, toman aquel tinte
romanesco que dan a la vida americana las peculiaridades de
su suelo, sus pampas, sus habitos medio civilizados. Oro ha
dado el model i el tipo del future arjentino, europeo hasta
los iltimos refinamientos de las bellas artes, americano hasta
cabalgar el potro ind6mito; parisiense por el espiritu, pampa
por la enerjia i los poderes fisicos. Conoci a don Domingo do
ro en Santiago de Chile en 1841, i tal era la idea quo de la
Repfblica Arjentina traia de su superioridad, que cuando
publiqu6 en El Mercurio mi primer escrito en Chile, mand6
secretamente un amigo a la tertulia en que Oro solia hallar-
se, para que leyese en su fisonomfa qud efecto le causaba su
lectura. Si 41 hubiese desaprobado mi ensayo, si 1 lo hubiese
hallado vulgar o ridicule, c'en etait fait, yo habria perdido
por largo tiempo mi aplomo natural i mi confianza en la ree-
titud de mis ideas, lnica cualidad que puede former escrito-
res. El amigo volvi6 despues de dos horas de angustiosa es-
pectativa, dicidndome, desde 16jos: "bravo! Oro ha aplaudido.n
Yo era escritor, pues, i lo he probado hasta cierto punto.
Despues vi en 41 una de las dotes que mas lo distinguen. A
diferencia de muchos, Oro, a media que yo salia de mi os-
curidad iba dejando agrandarse en su espiritu la pequefia
idea que habia tenido alprincipio de mi valimiento. Creo que
un dia empez6 a career que yo le Ilegaba a la barba ya, sin
manifestar otra cosa que placer e induljencia, i llegaria a per-
suadirse de que puedo continual sin desdoro la carrera que
61 ha abandonado, sin que esta persuasion le cause pena ni
descontento.
La vida de Oro es una prueba de mi modo de comprender
su rara elocuencia, obra toda de una naturaleza rica i esplen-
dorosa. Su character politico es el mismo en todos tiempos, i
en medio de aquellas contradicciones aparentes de las diver-
sas faces de su vida, hai una unidad tal de intent que cons-
tituye la series mas 16jica de actos.
Oro cuenta los anios con el siglo diez i nueve. Su infancia
se desliz6 sin aquellas sujeciones que debilitan las fuerzas de
action por el conato mismo de educar la intelijencia que ha







RECUERDOS DE PROVINCIAL


de dirijirlas; un poco de latin en San Juan, algo de iljebra i
jeometria en Buenos Aires, i el conocimiento del frances, he
aqui todo el caudal que hasta los diez i nueve afnos tenia ate-
sorado, cuando la vida political se levant a su lade para lan-
zarlo en una series de actos que debian trazarle su porvenir.
El presbitero Ore, su tie, habia incurrido en el desagrado de
los partidarios de San Martin. La familiar de los Oros se hall
bien pronto comprometida, i sobreviniendo la revolution de
Mendizabal, Oro de veinte aiios, fu6 el intermediario entire
aquel official sublevado i San Martin, para proponer una
transaction que, firmada en Mendoza por el coronel Torres,
hoi resident en Rancagua, San Martin rehus6 ratificar. Vuel-
to Oro a San Juan, encontr6 una segunda revolution del ni-
mero 1.0 de cazadores de los Andes, i habiendo acercAdose a
los sublevados, fu4 preso i desterrado por el gobierno a Valle
Fdrtil o Jachal. La nueva faz, sin embargo, que la revuelta
tomaba, cambiando de promotores, reconciliaba al gobierno
de San Juan con Ore.
En 1821, i apinas se habia visto San Juan libre de los
amotinados, un peligro nuevo, imprevisto, hacia echar mdnos
la cooperation e aquellos valientes desertores del ejdrcito
de los Andes, estraviados por intrigas que venian desde lejos;
don Jos4 Miguel Carrera emprendia su campafia para pasar
a Chile a vengar la esclusion hecha de su bando i la muerte
de sus hermanos.
Carrera, inspirado por la venganza, se present en la tien-
da de Ramirez, el montonero teniente de Artigas, toc6 ese
rest de hidalgufa que no falta nunca en el alma del bando-
lero, i de entire sus jinetes tom6 los guias i de su fogon la tea
con que iba a correr la pampa, incendiar los pajonales para
trazar un horizonte de llamas i humo que avanzase con l1
tierra adentro, hasta descubrir en el occidente las crestas ne-
vadas de los Andes que se proponia escalar con sus jinetes.
La montonera, come avalanche de hombres desalmados, se
desplomaba sobre las villas de las campafias arjentinas, de-
gollaba los rebafios, saqueaba las habitaciones i robaba las
mujeres; i de la orjia del festin que iluminaba los campos i
las techumbres incendiadas, partisan vencedores i vencidos,
hombres i mujeres, poseidos ya del mismo vertigo de pillaje
i de sangre de que acababan los unos de ser victims. Las
mujeres peleaban come furias en los combates; i s6 de lance
en que un montonero tomando por un estremo un escuadron








OBRAS DE SARMIENTO


que estaba formado esperando 6rdenes, lo deshizo, a fuerza
de estarle matando cabos en el estremo.
El terror de los pueblos dura aun en las tradiciones loca-
les; muestranse en los caminos las osamentas blancas de los
ganados que degoll6 a su trAnsito por aquel esquisito senti-
miento del mal que aguijoneaba a aquellos filibusteros que
traian a la cabeza un heroico Morgan que habia echado Ila-
ve a su corazon, para que no oyese el clamor de las victims
ni el espanto de las poblaciones. Pero para aquellos pueblos,
el patriot chileno i sus feudos con San Martin, desaparecie-
ron en presencia del pavoroso nombre de la montonera. Ca-
rrera, en efecto, para atravesar con seguridad la pampa, se
habia hecho arjentino, i tornado el tinte national en su color
mas negro. Fuerzas imponentes de San Juan i Mendoza so
adelantaron a salirle al encuentro, i en el Rio IV fueron des-
trozadas, aumentando los disperses con la abultada relacion
de las atrocidades de la montonera de Carrera, el terror que
precedia ya a su nombre. Carrera habria ocupado a San Juan
i Mendoza, los dos pueblos que tienen la Have de los Andes,
sin que sus propios elements bastasen a salvarlos. A Oro le
ocurri6 lanzar a la circulacion una buena idea, i el terror
panico so asio de ella come de la Inica tabla de salvation;
Oro mismo fu6 encargado de hacerla efectiva yendo en busca
de Urdininea i ocho oficiales mas, bolivianos, que se hallaban
en la Rioja, para rogarles que viniesen a organizer la resis-
tencia. Urdininea vine, i aquella provincial tan desolada, cam-
bi6 su abatimiento en exaltacion como no la ha presentado
despues; todos los hombres en estado de llevar las armas se
presentaron sin distinction de classes ni edad. Urdininea traia
consigo la ciencia military que habia faltado en el Rio IV, i
todos se creyeron salvados. Como una de las reminiscencias
do mi niftez, recuerdo la figurita estravagante i diminuta de
Rodriguez que se atraia la atencion de los muchachos. Este
es el mismo Rodriguez que se encontr6 asesinado en la pla-
ya de Buenos Aires, quedando su muerte un arcano entire
los muchos que aclarard mas tarde el tiempo que recompone
i endereza la historic.
Carrera lleg6 a seis leguas de San Juan; un soldado chile-
leno, Cruz, que se le pas6 en la Majadita, le instruy6 del as-
pecto nuevo que las cosas habian tornado, i cambi6 de rumbo
echAndose sobre Mendoza, per campos aridos que destruye-
ron sus caballos, i le hicieron caer en manes de sus enemigos.
A San Juan le cupo la menos gloriosa parte en los hechos







RECUERDOS DE PROVINCIAL


de armas, recojer prisioneros, los cuales por un decreto do
venganza, fueron condenados a muerte con todos los que hu-
biesen acompafiado a Carrera, come oficiales, amigos o con-
sejeros. Cdpole la mala suerte do caer entire los prisioneros a
Urra, j6ven de veinte i ocho anos, secretario de Carrera, do-
tado de talents rarisimos, leno de instruction, i como era
rare ent6nces, poseedor de muchos idiomas. Mas que su md-
rito i su juventud, abogaban por Urra la causa misma que se
le habia seguido, por la cual constaba que lejos de haber
participado en los crimenes de la montonera que eran horri-
bles, habia estorbado muchos por su influencia. Oro se puso
en campana para salvar la vida de aquel malhadado joven
que se habia cautivado nl voluntad de la poblacion enter:
intercedi6 el clero on su favor, i pididronlo las tropas mismas
que habian hecho la campania. Pero librenos Dios de los go-
biernos i de los hombres a quienes aconsoja el miedo; son
implacables con los vencidos. Urra fue fusilado de noche, al
fin de unos muros viejos, como aquel duque d'Enghion tan
estimable. La vida de Oro estuvo por horas pendiente de un
hilo, por haber interesado a las tropas en favor de Urra, i no
estuvo libre de cuidados, sine cuando se hubo alejado de su
provinia, para principiar aquella romanesca peregrinacion
que aun no ha terminado todavia. Visit a C6rdoba, a donde
lo persiguieron las asechanzas de sus enemigos; pas6 a Bue-
nos-Aires, donde Agrelo lo hizo trasladarse a Corrientes; i
alli, al lade del general Mancilla, gobernador de aquella pro-
vincia, concluy6 de formarse su fsonomia especial, revistion-
do el fondo aristocrAtico que traia de su familiar, con aquel
barniz que da el contact inmediato con los pastores arjenti-
nos. Alli habia visto Oro levantarse de nuevo la montonera,
en su suelo native per decirlo asi, sobre la huella fresca aun
de Artigas i Ramirez; alli se le presentaba por la primera vez
aquel odio de las provincial contra los portefios, odio de pura
descomposicion i de des6rden, pero que tan poderoso instru-
mento politico habia de ser mas tarde; alli debia educarse, sir-
viendo al partido de las ciudades en la lucha impotent contra
la montonera, i de alli sacar aquel profundo convencimiento,
de que era desesperada la oposicion do los hombres de cul-
tura europea contra aquellos titanes de la guerra, que esta-
ban destinados a veneer; conviction que Oro ha conservado
hasta 1842, en que disputgbamos largamente sobre este pun-
to, i que conserve segun entiendo hasta hoi. Oro por separa-
cion del mando de 1fancilla, qued6 de secretario de un Sola,







OBRAS DE SARMIENTO


gobernador del partido gaucho, con quien, come era de espe-
rarlo, no pudo entenderse jams, come que era impossible
poner coto a las estipidas voluntariedades de aquellos hijos
do la naturaleza, que desde Artigas hasta el Ailtimo capataz
de pueblos, tienen las ideas de Aaroun al Raschild en mate-
ria de gobierno. En esta dpoca, sin embargo, tuvo el j6ven
Oro hospedado en su casa a otro j6ven de Buenos-Aires, gau-
cho tambien, i cuyo nombre debia ser conocido, aunque de
una manera bien triste, de todos los pueblos del mundo. Este
j6ven estanciero era un tal don Juan Manuel Rosas, con quien
Oro hizo desde ent6nces conocimiento.
Don Domingo de Oro habia, sin embargo, desde aquella
polvorosa oscuridad que en torno suyo hacian on Corrientes
las montoneras interiores, los brasileros i orientales que las
instigaban, llamado la atencion del gobierno de Rivadavia
que cuidaba much de poner de relieve todos los hombres
notables que veia a lo l1jos despuntando en el horizonte po-
litico. Era el animo de Rivadavia enviar a Bolivar, cuyo nom-
bre aspiraba a eclipsar el de la Repiblica Arjentina, una mi-
sion, i para ello escojid al general Alvear, el mas brillante mili-
tar de la epoca, al doctor Diaz Velez, i a don Domingo do
Ore, nombrado secretario. La legacion arjentina lleg6 a Chu-
quisaca, i por lo que respect a Ore, Bolivar, Sucre, Miller, In-
fante i Moran, hallaron en el un digno representante en la
diplomacia de aquella juventud arjentina que habian visto
representada en la guerra por Necochea, Lavalle, Suarez, Prin-
gles i tantos calaveras brillantes, los primeros en las batallas,
los primeros para con las damas, i si el case se presentaba,
nunca los postreros en los duelos, en la orjfa i en las disipacio-
nes juveniles. Bolivar i Sucre se disputaban sucesivamente las
horas de aquella charla, amena como una maiiana de prima-
vera, vivaz i picante como espumosa copa de champafia, nu-
trida ya de la savia que dan los riesgos corridos, las dificulta-
des vencidas en la vida political tan tormentosa de la Rept-
blica Arjentina, sol que agosta las plants debiles, pero que
sazona i madura el fruto que anticipa en las bien nacidas.
Ore, malogrado el objeto de la mission, recibi6 despachos de
secretario de la legacion en Lima; i aun antes de pasar a des-
empeiiar este nuevo destine, recibi6 los de secretario del di-
putado que debia enviarse al congress de Panama, que tam-
poco tuvo lugar.
Aunque no habia regresado a la Repfblica Arjentina, cuan-
do fu6 nombrado diputado al Congreso Constituyente, per







RECUERDOS DE RROVINCIA


San Juan, al cual no se incorporo sin embargo.' De aquellos
eomienzos de carrera political i diplomitica de Oro, habia que-
dado en todos los espiritus la persuacion de que veia claro en
todos los negocios, i que su palabra era un poder que podia
oponerse a las fuerzas materials que empezaban a desenca-
denarse en torno de la presidencia de Rivadavia.
En Santiago del Estero encontro Oro cartas de los minis-
tros de Rivadavia que le ordenaban pasar a San Juan a orga-
nizar la resistencia contra Facundo Quiroga. Facundo habia
entrado ya en San Juan, por faltar un hombr que, como Oro,
supiese sefialar done estaba la parte ddbil ce la situation
political para reforzarla. Pas6 sin embargo a Curdoba i Men-
doza, donde encontr6 que los amigos mismos del gobierno
general conspiraban con los Aldaos. Mand6 a Buenos Aires
el cuadro estadistico de la opinion public i de los intereses
que se rozaban, sin que acto ninguno posterior revelase que
aprovechaban de su consejo. La presidencia cay6, i en aquel
punto final que se ponia a uno de los mas brillantes capitu-
los de la historic arjentina. Oro volvi6 a ver a su familiar en
San Juan, cargado de anos, puesto que desde su partida ha-
bian corrido site, i transformado de fisonomia con aquel bar-
niz que dejan sobre el rostro human el contact con los hom-
bres notables i los grande acontecimientos.
Oro regres6 a Buenos Aires, cuando Dorrego, su conocido i
su compafero de viaje un afio antes, estaba a a cabeza del
gobierno. Dorrego era la realizacion de la idea political que
Domingo de Oro habia sacado de su largo aprendizaje en Co-
rrientes, i que sus viajes por las provincias no habian hecho
mas que corroborar, el gobierno de los hombres cultos a nom-
bre de los caudillos; pero los hombres de principios no gobier-
nan en nombre de lo que destruye esos principios; los gobier-
nos en America son aprobados o reprobados por la minoria
culta de la nation en que estA la vida political. Fuera de este
terreno no se gobierna a la manera de los pueblos cristianos,
se desquicia i se estermina todo lo que se opone: asi lo habia
hecho Artigas, asi lo hizo Facundo, asi lo hizo mas tarde Ro-
sas. Oro se equivocaba, como se equivoc6 Dorrego, i Oro tuvo
que ir bien pronto a poner el dedo en la herida que ya empe-
zaba a sangrar. Detras de Dorrego, la mentira constitutional

1. Consta de acta celebrada en San Juan en 18 de julio de 1828 de-
clarindolo diputado electo por la provincia de San Juan. Nfim. 18 del
Rejistro Oficial.







OBRAS DE SARMIENTO


i culta, estaba Rosas, la verdad horrible, que encubrian las
formas i los nombres de los partidos. Oro no simpatizaba con
el partido caido, ni acababa de decidirse por Dorrego, quien
lo llam6 pocos dias despues de su legada a Buenos Aires a
servir en un ministerio, que rehus6 por ent6nces, si bien
acept6 otro destiny mas tarde en el ministerio de la guerra,
bajo la espresa condition de no escribir en la prensa politi-
ca. Renunci6 aquel destiny en un moment en que sus sim-
patias personales por la mayoria de los hombres pfblicos,
lo empezaba a inclinar a decidirse por el partido unitario.
Tom6 una imprenta, la del Rio de la Plata, public como
editor el primer nfmero del Porteho, peri6dico de oposicion,
i hubiera publicado el Granizo, si sus RR. hubiesen consen-
tido en darle una firma abonada.
Rosas era ent6nces comandante general de campafia, es-
taba encargado de fundar la nueva frontera, i del Negocio
pacifico, que era un arreg]o hecho con los salvajes, por el
cual, mediante cierta subvencion del gobierno, los bArbaros
ocuparian ciertos lugares, sometiendose a la jurisdiccion del
gobierno. Rosas solicit a Oro, a quien habia conocido en
Corrientes, para correr con la contaduria de aquel negocio, i
Oro acept6 creyendo salvar asi de la decision que lo determi-
nado de los partidos politicos exijia imperiosamente de todo
hombre notable. Pero Rosas se ocupaba ya de traer la fron-
tera a la plaza de Buenos Aires, i Dorrego menos temia la
oposicion de los amigos del congress i la presidencia, que ha-
bia desbaratado, que la insurreccion abierta del Comandante
de Campafia. Oro emple6 su influjo por evitar o postergar el
rompimiento. Dorrego queria separar a Oro del lado de Ro-
sas, por temor de que a la astusia i tenacidad de su adversa-
rio, viniese a afiadirse la sagacidad i claridad de perception
del j6ven, cuya capacidad habia tenido occasion de apreciar
Antes; insistiendo Rosas en conservarlo a su lado, seguro de
haber encontrado lo que hasta ent6nces le faltaba, un barniz
culto a sus designios. En este quita-hijos, o como lo ha di-
cho Oro una vez, entire aquellas dos piedras de molino, 61
trat6 de ponerse a salvo, aprovechando la occasion que el go-
bierno lo ofreci6 de ir a interponer su influencia en Corrien-
tes para estorbar que estallase una revolution que so prepa-
raba por instigaciones de Rivera; quien debia apoderarse de
aquella provincia, lo cual se logr6 completamente, si bien
reaparecid mas tarde. Domin6la algunos mementos, hasta
que nuevas complicaciones hicieron impossible todo esfuerzo.







RECUERDOS DE PROVINCIA 99

Oro se retire a Santa Fe, desde donde reunido a Mancilla,
volvi6 a desbaratar la revolution, hasta que apoderado de ella
aquel Sola, antiguo gobernador de Corrientes, entr6 en su
verdadero terreno, la exclusion de toda idea political, la sacie-
dad de las pasiones egoistas.
En Santa Fe, Oro form un proyecto de esplotacion de
los bosques de dominion piblico, i pas6 a Buenos Aires a for-
mar una compania para el efecto. Buenos Aires ardia en
aquel moment, i a sus amigos de Santa Fe escribi6 cuanta
conmocion sentia bajo sus pids i los rumors que anunciaban
la crisis. El 1.0 de diciembre era apenas el estallido de las fuer-
zas que habian estado hasta aquel moment comprimidas.
La conduct de Oro en este moment supremo, fud sublime
a fuerza de ser franca, audaz i estraviada. Hoi que nos hemos
reunido en el destierro, arrojados por la misma mano los que
sostenian la revolution i 61 que la combati6, puede conven-
cerse 41 de que el esfuerzo, por ser bien intencionado, no era
m6nos initial. Oro venia de las provincias, i estaba en con-
tacto con todas las fuerzas desorganizadoras; las habia com-
pulsado i sentidoles su peso; la revolution del 1.o de diciem-
bre no hacia mas que provocar today su enerjia i hacerlas
aparecer en la superficie. Oro combati6 el intent, despues de
consumado, desaprob6 el hecho, i en la plaza de la Victoria,
en medio de aquel pueblo embriagado por la esperanza de
triunfo que le daba la presencia del ejercito, delante de dos
mil ciudadanos apifiados en torno suyo, asombrados de tan-
ta audancia i de tanta elocuencia, i de Salvador Maria del Ca-
rril, Oro, rodeado de aquellos militares que, acariciando su
bigote i apoyados en sus tizonas imperiales, sonreian de lIsti-
ma de los que osasen avistar sus lanzas, hizo la mas elocuen-
to, la mas desesperada protest contra aquella revolution
que parecia ser el fin de todos los males pasados, i que segun
l1, no era sino el precursor de todas las calamidades que
iban a sobrevenir. Hablibale Carril de derechos ultrajados,
de violencias cometidas, i Oro le oponia el detalle de violen-
cias, de crimenes i de males aun ignorados, como la muestra
del hecho dominant, irrisistible. Oro no defendia la justicia
de los procedimientos inculpados, sino la ineficacia de los
medios adoptados para derribarlos. Dorrego fu6 vencido, fu-
silado; i el 14 de diciembre en el caf4 de la Victoria, Oro
volvi6 a insistir en su teoria, calificando en medio de los ven-
cedores, de asesinato aquel acto que parecia por el moment
desmentir sus anteriores predicciones. Sostenia 61 que los go




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