Obras

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Material Information

Title:
Obras
Series Title:
Biblioteca de clásicos cubanos ;
Physical Description:
2 v. : ;
Language:
Spanish
Creator:
Romay Chacón, Tomás, 1764-1849
González Amador, Zaida
Pérez Rodríguez, Beatriz.
Publisher:
Imagen Contemporánea
Place of Publication:
La Habana
Publication Date:

Subjects

Subjects / Keywords:
Medicine -- History -- Cuba   ( lcsh )
Science -- History -- Cuba   ( lcsh )
History -- Cuba -- To 1810   ( lcsh )
History -- Cuba -- 1810-1899   ( lcsh )
Genre:
non-fiction   ( marcgt )

Notes

System Details:
System requirements: Pentium III; 128MB RAM: Windows 95 or higher; 24MB free hard disk space; SVGA monitor (800 x 600 resolution, 16 colors); 128-bit sound card; CD-ROM drive.
General Note:
Includes indexes.
Statement of Responsibility:
Tomás Romay y Chacón ; ensayo introductorio, compilación y notas, José López Sánchez.

Record Information

Source Institution:
Biblioteca Nacional José Martí
Holding Location:
Biblioteca Nacional José Martí
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
oclc - 772636717
isbn - 9597078597 (obra completa)
ocn772636717
Classification:
lcc - R114 .R65 2005
System ID:
AA00008989:00001


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Full Text

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BIBLIOTECA DE CLSICOS CUBANOSCASA DE ALTOS ESTUDIOS DON FERNANDO ORTIZUNIVERSIDAD DE LA HABANARECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE LA HABANAJuan Vela Valds DIRECTOREduardo Torres-Cuevas SUBDIRECTORLuis M. de las Traviesas Moreno EDITORA PRINCIPALGladys Alonso Gonzlez DIRECTOR ARTSTICOLuis Alfredo Gutirrez Eir ADMINISTRADORA EDITORIALEsther Lobaina Oliva

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Responsable de la edicin: Ernesto Chvez lvarez Realizacin y emplane: Beatriz Prez RodrguezTodos los derechos reservados Sobre la presente edicin: Ediciones IMAGEN CONTEMPORNEA, 2005; Coleccin Biblioteca de Clsicos Cubanos, No. 34 ISBN 959-7078-59-7 obra completa ISBN 959-7078-60-0 volumen I Ediciones IMAGEN CONTEMPORNEA Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz, L y 27, CP 10400, Vedado, Ciudad de La Habana, CubaDiseo grfico: Luis Alfredo Gutirrez Eir Composicin de textos: Equipo de Ediciones IC

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PRESENT PRESENT PRESENT PRESENT PRESENT ACI"N ACI"N ACI"N ACI"N ACI"NEn momentos en los cuales se trabajaba para esta edicin de las obras del doctor Toms Romay y Chacn, slo nos separaba algo ms de ao y medio para la conmemoracin del 240 aniversario de su nacimiento (21XII-1764/21-XII-2004). Y no de manera casual se produca el acontecimiento editorial propuesto por Ediciones Imagen Contempornea de la Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz de la Universidad de La Habana. Resultaba ms que necesario para esta Coleccin de Biblioteca de Clsicos Cubanos, en su poltica editorial, promover en el contexto del conocimiento cientfico de sus publicaciones, a este simpar iniciador de la ciencia mdica en Cuba, promotor principal del estudio de la naturaleza y el hombre. Y es que Toms Romay form parte de una elite del pensamiento delXVIII cubano, de aquella Generacin del 92 o la Ilustracin Reformista Cubana, expresin primera y sin precedentes del quehacer imbricador y coherente en lo poltico y social, en lo econmico, cientfico y militar; son los tiempos del Despotismo Ilustrado en la Gran Antilla. De Romay, el cientfico a quien el obispo Juan Jos Daz de Espada y Fernndez de Landa apoya para la puesta en prctica en 1804 de la vacunacin antivarilica —admirable y singular campaa sanitaria, nica del siglo XIX—, tomamos sus textos publicados en 1964 por la Comisin Nacional Organizadora del Bicentenario de Toms Romay, conmemoracin dirigida por la Comisin Nacional de la Academia de Ciencias de la Repblica de Cuba, edicin que nos ha servido de base para sta de Biblioteca de Clsicos Cubanos. Estos dos volmenes, ahora en manos de nuestros lectores, contienen el esmerado trabajo de compilacin, ensayo introductorio y montaje bibliogrfico del destacado cientfico doctor Jos Lpez Snchez; adems y como complemento informtico propio de nuestras ediciones, en ambos libros se incluyen los correspondientes “ndice onomstico”, as como el cuadro cronolgico comparado de la vida y obra de Romay, y los acontecimientos nacionales e internacionales de su poca. En el cumplimiento del empeo iniciado hace ya un lustro, en la promocin del conocimiento de la obra de los “clsicos de los orgenes del pensamiento emancipador y de las ciencias hasta 1868”, la presente publicacin constituye un hito impostergable en el esfuerzo por mantener para las

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OBRAS VI\ VI\ VI\ VI\ VI\ nuevas generaciones en este siglo recin iniciado, el conocimiento del ideario formador de “un hombre que quiso y supo abrir cauces de mejoramiento para su Patria y para su pueblo”. CONSEJO EDITORIAL

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PR"LOGO PR"LOGO PR"LOGO PR"LOGO PR"LOGOAl cumplirse el bicentenario del nacimiento de Toms Romay y Chacn, la Comisin Nacional de la Academia de Ciencias de la Repblica de Cuba ha querido conmemorar tal acontecimiento histrico, enalteciendo la memoria de este iniciador del movimiento cientfico cubano, y ningn homenaje ms eficaz que la divulgacin de sus mltiples y polifacticos trabajos. Hasta el presente, solamente se han publicado algunos artculos suyos recopilados en cuatro tomos por Ramn F. Valds en 1858, bajo el ttulo Obras Escogidas del doctor D. Toms Romay cuya edicin, aunque fue un gran esfuerzo en las circunstancias de aquella poca, no pudo cumplir su objetivo de dar a conocer la obra del doctor Toms Romay. Ahora se publican realmente por primera vez sus Obras Completas donde se recoge la totalidad de los artculos aparecidos en el Papel Peridico de la Havana en las Memorias de la Sociedad Econmica de Amigos del Pas as como la mayora de sus folletos originales. A los trabajos se les han puesto ttulos para identificar adecuadamente las materias de que tratan. Muchos de ellos son informes o dictmenes dirigidos a las instituciones que los solicitaban, forma en que usualmente, en esos tiempos, se manifestaba la vida cientfica o cultural de los mejores talentos cubanos. En la transcripcin de casi todos los trabajos se ha respetado la sintaxis y la ortografa originales.*No se ha seguido el rigor cronolgico en el orden de aparicin de los trabajos porque, dada la diversidad de cuestiones por l tratadas en su larga y fecunda vida, se hara muy difcil la lectura. Hemos preferido agruparlos por materias para mayor facilidad del lector. Esta edicin de las Obras Completas de Toms Romay constituye el mejor homenaje que Cuba revolucionaria rinde a un hombre del pasado, a quien debemos juzgar en su poca y dentro de las circunstancias histricas en que desarroll sus actividades. Para esta edicin se han modernizado la ortografa y sintaxis originales con que los artculos fueran escritos. ( N. del E. )

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OBRAS 2\ 2\ 2\ 2\ 2\ Estas Obras Completas van precedidas de un ensayo biogrfico, en el que se da un juicio valorador de su contribucin en los orgenes de la ciencia en Cuba, y por la cual se ha hecho merecedor del homenaje de la presente y tambin de futuras generaciones. COMISI"N ORGANIZADORA DEL BICENTENARIO DE TOMS ROMAYLa Habana, 1964.

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ENSA ENSA ENSA ENSA ENSA YO INTRODUCTORIO YO INTRODUCTORIO YO INTRODUCTORIO YO INTRODUCTORIO YO INTRODUCTORIO EL ORIGEN DE LA CIENCIA EN CUBAJOS L"PEZ SNCHEZEl 21 de diciembre de 1764, en la calle de Empedrado nmero 71, cerca del Hospital de San Juan de Dios, nace Toms Romay. Fueron sus padres don Lorenzo Romay y Mara de los ngeles Valds Chacn, hija expsita adoptada por la Condesa de Casa Bayona, Mara Teresa Chacn. No posean bienes de fortuna, aunque posteriormente conquistaron una posicin econmica relativamente acomodada. Inicia sus estudios en el Convento de Predicadores bajo la tutela de su to paterno fray Pedro. Recibe el grado de bachiller en Artes el 24 de marzo de 1783; y poco despus obtiene por oposicin la Ctedra de Texto Aristotlico, el 12 de marzo de 1785, por cuyo motivo se le confiere la licenciatura y el magisterio en Artes. Cursa estudios de Medicina en la Universidad Pontificia de San Jernimo de La Habana, y el 12 de septiembre de 1791 aprueba su examen ante el Real Tribunal del Protomedicato, despus de efectuar los dos aos de prctica con el doctor Manuel Sacramento. Ese mismo ao hace oposicin a la Ctedra de Vsperas (Patologa) y la obtiene, y a ttulo de tal se le confieren los grados mayores de licenciado y de doctor. El da 24 de junio de 1792 recibe el ttulo de Doctor en Medicina. El escenario histrico en que va a iniciarse Romay, en el siglo XVIII, presenta como caracterstica fundamental la consolidacin de los elementos nacionales de una nueva clase social: la burguesa cubana. Esta clase estar integrada en su mayora por una semiaristocrtica casta de cubanos ricos, propietarios principalmente de ingenios azucareros, los hacendados, que han desplazado en srdida lucha por la hegemona econmica a sus antiguos competidores, principalmente ganaderos y vegueros. Los azucareros se han enriquecido a costa del comercio exterior y la compra y venta de esclavos. Audazmente tratan de imponer un sistema liberal de comercio exterior y liquidar cuantas trabas del rgimen colonialista feudal dificultan su desarrollo interno. El ansia de lucro y la competencia extranjera sern los acicates para fomentar un movimiento de superacin cultural dirigido, en

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OBRAS 4\ 4\ 4\ 4\ 4\ lo esencial, a impulsar la enseanza general y el estudio de las ciencias naturales como base para hacer progresar la agricultura y la industria. Estos adelantos en la Isla si bien interesaban poco a la Metrpoli y a los comerciantes espaoles residentes en sta, preocupaban mucho, en cambio, a los productores cubanos para obtener el mayor rendimiento de sus tierras. Con la fuerza material y de atraccin que es capaz de desencadenar una clase social en ascenso, la naciente burguesa cubana ejerci un poderoso influjo aun sobre los propios Capitanes Generales y altos funcionarios que enviaba la Metrpoli. El ms propicio de aqullos fue don Luis de las Casas, quien al decir de O’Farrill fue “el mejor agente de las pretensiones de los habaneros”. En su poca se conjugan factores que favorecen el surgimiento de una nueva situacin econmica y social en Cuba. Adems, el desarrollo y progreso de orden interno se ver ayudado, y en cierta forma promovido, por condiciones exteriores, tales como la independencia de los Estados Unidos y el vivo inters de esa nacin por comerciar con Cuba, el hecho de que Espaa se encontrase en paz con las dems naciones, as como por la revolucin en Hait. Con Las Casas se inaugura una etapa que bsicamente se asienta en la alianza de los Gobernadores con los grandes seores del azcar o hacendados criollos. Es al servicio de esta clase a la que se ha unido Toms Romay como dueo del ingenio azucarero La Amistad, y por exigencia de ella, que encabeza el gran movimiento de reforma econmico-cultural representado por la creacin y actividad de la patritica Sociedad Econmica de Amigos del Pas, el Papel Peridico de la Havana y el Real Consulado. La burguesa criolla comienza a ejercer una profunda influencia entre los elementos de la clase media, que ven en ella la posibilidad de ganar gloria y fortuna. Por otra parte, aquella clase para lograr su objetivo —la direccin hegemnica de la nacin, tanto en lo espiritual como en lo material— requiere el concurso de los hombres ilustrados de la poca. En tanto este proceso est en marcha, Romay, por su esfuerzo individual, va mejorando su instruccin y adquiriendo una amplia cultura. Hasta este momento no ha tenido una oportunidad pblica que le haya permitido mostrar sus dotes morales, su ilustracin y su talento. Esta ocasin va a brindrsela don Luis de las Casas, como resultado de la amistad que entre ellos se establece; unas relaciones que influirn notablemente en el curso de sus propias vidas. A este respecto existe una ancdota, relatada por uno de sus bigrafos, que sita a don Luis de las Casas invitando a Romay a subir a su coche para conducirlo al Palacio de Gobierno y tener con l una larga conversacin, al final de la cual declara Las Casas: “Hombres como ste son los que necesito a mi alrededor para mis proyectos.” Cierto o no, lo histricamente verdadero es que existen pruebas irrefutables de esta ntima amistad. En un documento expedido por el Conde de

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /5 /5 /5 /5 /5 Casa Bayona el 14 de julio de 1819, se consigna el hecho que Las Casas otorg a Romay una beca para ampliar sus estudios de Botnica, Qumica y Medicina en el extranjero, y que Romay escogi para ello la Escuela de Medicina de Edimburgo. Esta Escuela, en la segunda mitad del siglo XVIII, gozaba de gran reputacin, y sus estudios mdicos ofrecan una caracterstica singular, como era la de unir la Botnica y la Qumica a los estudios de medicina. De seguro Romay conoca esta peculiaridad, y adems, dada la admiracin que profesaba por la obra cientfica de Cullen, resulta comprensible la seleccin hecha por l. La guerra desatada entre Espaa e Inglaterra le impidi cumplir con este designio. Entusiasta partidario de los estudios de la naturaleza, propendi a la creacin del Jardn Botnico y a prestar su concurso para que Jos Estvez Cantal se formara como el primer qumico cubano. En unin de Jos Agustn Caballero llev la ilustracin cientfica a las pginas del Papel Peridico, y las abri a la lucha denodada contra el escolasticismo. Abandon la polvorienta Universidad Pontificia y en los hospitales foment una nueva enseanza mdica, la que estudiaba “los signos sensibles que nos presenta el enfermo”, y busca la confirmacin del diagnstico en la prctica de las autopsias. A Romay debe la Medicina cubana el haber adquirido un carcter cientfico, que iniciara nuestra bibliografa mdica con la publicacin de su Disertacin sobre la fiebre maligna llamada vulgarmente vmito negro que si no fue la primera escrita en castellano sobre esta enfermedad, como se ha afirmado errneamente, en cambio s es una notable monografa, quizs una de las mejores en nuestro idioma, en su tiempo, y que debe ocupar un prominente lugar en la bibliografa universal sobre la fiebre amarilla. Igualmente se le debe el que acometiera la empresa de sanear nuestro ambiente introduciendo la enseanza y prctica de la higiene pblica, y que en colaboracin con el Obispo Espada erradicara la perjudicial costumbre de enterrar los cadveres en las iglesias, abogando por la construccin de un cementerio general; que propagara las ms avanzadas doctrinas mdicas de su poca, dando a conocer entre nosotros las obras de los ms esclarecidos autores mdicos del siglo XVIII y principios del XIX. Aunque toc numerosos temas cientficos, la nota ms alta de su vasta erudicin era la Medicina. Fue un gran y notable mdico. Un mdico que se hizo por s mismo, que cre su propia biblioteca, que asimil las modernas doctrinas mdicas de su tiempo bajo su nica y exclusiva iniciativa, y que, gracias a la inteligencia de su cerebro privilegiado, supo escoger las ms avanzadas. Un mdico que dio una magnfica leccin a los hombres de su poca, la mejor de todas dentro de las condiciones prevalecientes: la superacin individual por medio del estudio. Proclam que haba que aprender la Medicina al lado de la cama del enfermo; pero dijo tambin que lo que se observaba haba que confrontarlo con los autores extranje-

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OBRAS 6\ 6\ 6\ 6\ 6\ ros, principalmente los europeos, y someterlo a la experimentacin para comprobar sus resultados. Uni siempre, a su propia experiencia, la ms rica que contenan los textos a su alcance. Fue una mente abierta e innovadora, enemiga de la rutina infecunda, para quien toda nueva teora era acreedora de estudio e investigacin. Jams expuso sus xitos con la vanidad de quien se cree a salvo de cualquier crtica. Por el contrario, siempre que los divulg reclam de sus colegas la valoracin adecuada. Jams ocult sus errores, ni tuvo el temor de confesar que haba cambiado de criterio, bien porque la prctica le demostrara que sus opiniones no se ajustaban a la verdad, o porque en una nueva doctrina crea encontrar una explicacin ms racional y lgica del complejo fenmeno de las enfermedades. Y as vemos como, al final de su vida, abandona todas las sectas doctrinarias, entre ellas la propia de Broussais, que en un tiempo crey fuera el manantial inagotable de la verdad patognica y recomienda que se fuera eclctico; que se aceptara aquella parte que pareciera mejor en cualquier sistema, menos en el escolstico —oscurantista por definicin— que combati rudamente. Se preocup ms por los problemas de la higiene pblica que por los privados de la profesin. Ello lo consagra como uno de los primeros grandes higienistas de Amrica. La introduccin, propagacin y conservacin de la vacuna antivarilica durante ms de treinta aos es un episodio cimero en su actividad mdica. Su humanitarismo, su vocacin mdica, hacen que esta figura venerable, ya septuagenaria, ofrezca un ejemplo de devocin y sacrificio, ocupando su puesto de combate en la lucha contra la devastadora epidemia del clera morbo en 1833. Esta conducta es ms de admirar si tenemos en cuenta que muchas familias ricas se marcharon de La Habana para refugiarse en sitios donde suponan que no llegara el “huracn sin bramido”, como la calificara el mdico y poeta Ramn Zambrana. Con ser muy meritoria la actuacin de Romay en el campo de la Medicina, ella sola no es la que conforma su personalidad histrica, sino, ante todo, el haber sido el iniciador del movimiento cientfico en Cuba. A pesar de los lmites que le imponen las condiciones sociales y polticas de la colonia, y el estado de las ciencias en la Metrpoli, Romay es capaz de emular, en una cierta dimensin, con los ms ilustrados enciclopedistas que protagonizaron la lucha ideolgica por el alumbramiento de la sociedad burguesa. l —como tantas otras personalidades cientficas que florecieron en esa poca en Amrica Latina, como Espejo, Varga, Flores, Unanue, Alzate, Montaa y otros— constituye una confirmacin de los rasgos generales que dan carcter a los movimientos burgueses en todo el mundo. El limitado desarrollo de las ciencias de una parte y la necesidad de la burguesa por la otra de acometer la solucin de innumerables problemas cientficos, es lo que explica el enciclopedismo. En este sentido

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /7 /7 /7 /7 /7 todos ellos fueron, por la menos, personalidades de vasta erudicin y multifactica cultura. Romay fue esencialmente un pensador cientfico. En todos los casos lo encontraremos abogando por la aplicacin de mtodos cientficos, an en materias tan ajenas a su formacin profesional como es el caso de la agricultura. Sus contemporneos tuvieron siempre en gran estima su saber, y as vemos como someten al dictamen de l y de Saco —el polgrafo cubano del siglo XIX—, un proyecto para establecer estudios de Astronoma y la creacin de una Escuela Nutica. Abord las ms dismiles materias, entre ellas Medicina, Botnica, Qumica, Agricultura, Historia, Gramtica, Arte, Sociologa, Filosofa y Educacin. En esta ltima se pronunci desde el primer instante como partidario de la propagacin de la instruccin por mediacin de escuelas gratuitas y por la implantacin de mtodos o sistemas pedaggicos nuevos, a cuyo efecto favorece la proposicin del Obispo Espada de enviar a Espaa a una persona para estudiar el mtodo de enseanza de Pestalozzi. No obstante, el campo donde habr de moverse con plena capacidad y gran sentido de progreso ser en las ciencias naturales. En un artculo publicado en el Papel Peridico de la Havana en 1793, de franco matiz iluminista, llama al estudio de la naturaleza “la que no debe abstraerse, sino escudriarse y analizarse”, y proclama que “el hombre es ya el gran objeto de las meditaciones de la ciencia”. Seala la necesidad de estudiar la Botnica y la Qumica junto con la Medicina, y hace elogios del nuevo plan de estudios implantado en la Universidad de Valencia, “que arroja de las ctedras la brbara medicina rabe para colocar en su lugar las ciencias exactas, la fsica experimental, la botnica y la qumica, la fisiologa y la patologa”. Al ao siguiente, en su Memoria para mejorar la enseanza de la Gramtica Latina, incita al establecimiento, en los conventos, de clases de Matemticas, cuyos principios an “estn felizmente subyugados al clculo geomtrico”, para conseguir la aquiescencia de los prelados que s admitan el estudio de la Geometra en los claustros. Romay supo vincular la necesidad de desarrollar e impulsar el estudio de las ciencias naturales con una lucha sistemtica contra el escolasticismo, transitando los mismos caminos de los cientficos europeos del sigloXVII, a partir de la aplicacin de los principios filosficos y los mtodos racionales preconizados por Bacon. Combate tenazmente el sistema metafsico, as denomina a la escolstica, que obliga a creer en lo que no palpan, es decir, en lo que no es resultado del conocimiento dado por los sentidos; y a concebir la naturaleza segn “las ideas de un cerebro destemplado”. Aos ms tarde afirma que “la ignorancia y el escolasticismo impiden en casi toda Espaa los progresos de la medicina”. Y en su Elogio a Las Casas arremete contra Aristteles y Galeno, a quienes se veneraba todava

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OBRAS 8\ 8\ 8\ 8\ 8\ y se les tena como autoridades consagradas en las aulas de la Pontificia Universidad de La Habana. Estos y otros pronunciamientos, hechos casi siempre en relacin con la enseanza de la Medicina, y tambin en su lucha contra el descuido en que se tienen a las ciencias naturales, definen muy claramente el pensamiento filosfico de Romay. Claro que puede aducirse que l no construy un sistema filosfico propio, ni se adhiri a ninguno de los grandes sistemas que imperaban en su poca. Ello es cierto, pero encontraremos ms de una vez el movimiento cientfico naturalista como una corriente muy importante en la historia de la Filosofa. Romay no era filsofo, a l no le estuvo especficamente encomendada la misin de dirigir la reforma en este terreno. Esta labor le correspondi a Jos Agustn Caballero. Tanto uno como otro muestran no obstante inconsecuencias, son mentalidades fronterizas; entremezclan convicciones religiosas con concepciones materialistas. Todo ello est plenamente justificado porque no pueden escapar al signo de su tiempo, hora de transicin y de integracin, instante de lo nuevo que dbilmente aflora entre la maleza secular de lo viejo y carcomido de la ideologa del medioevo. Romay, al imprimir un carcter cientfico a la Medicina, asimilando las ideas y tendencias dominantes de esta ciencia en su siglo, al promover con audacia y sagacidad el estudio de la naturaleza y del hombre; al abogar por las ciencias naturales y propagar entre nosotros sus avances y conquistas —por supuesto, dentro del restringido marco de posibilidades que brindaban las comunicaciones de Cuba con el extranjero, el incipiente desarrollo de la imprenta y la falta de libros en su medio— en Europa se acredita como una inteligencia independiente, responsable de sus actos, aun a costa de los riesgos que ello implicase, y se convierte en un genuino creador de nuestra cultura cientfica. El sello de su vigorosa personalidad, la tendencia bsica de su pensamiento cientfico, se impondrn durante un largo perodo. Como muy bien se ha afirmado, model no slo un sistema de salud pblica basado en la lucha contra las enfermedades infecciosas, sino tambin el rumbo de las ciencias, dando preferencia a la Medicina, la Botnica y la Qumica por sobre las otras, y ello hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XIX. Adems de cientfico, Romay fue hombre pblico; es decir, particip en las actividades de este carcter que tuvieron lugar en la Isla durante un prolongado lapso. Fue secretario de la Diputacin Provincial de La Habana, un organismo emanado de la Constitucin poltica adoptada en Espaa en 1812. En el perodo que va de 1808 a 1812, en la Isla se produjeron determinados acontecimientos polticos, reflejo en cierta medida de la situacin creada en la Metrpoli ante la invasin de los ejrcitos de Napolen, la abdicacin de un Rey y el secuestro de otro. La burguesa cubana, bajo la prudente direccin de Francisco de Arango y Parreo, se traz una

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /9 /9 /9 /9 /9 estrategia consistente, en lo fundamental, en tratar de mantener a toda costa sus posiciones y aprovechar al mximo las posibilidades para consolidar y ampliar sus logros en el comercio exterior; al mismo tiempo que mantena a raya a sus rivales, los comerciantes peninsulares importadores. Para conseguir estos resultados debe asumir activamente la defensa de la unin de Cuba con Espaa, condenar la invasin napolenica, cooperar con el movimiento de lucha por la independencia nacional espaola y apoyar el sistema de gobierno monrquico en su nueva variante constitucionalista. En este perodo Romay se identific plenamente con las ideas polticas cardinales de la burguesa cubana. Bajo el impacto de un movimiento insurreccional, Fernando VII, el rey feln, se vio obligado a jurar de nuevo, en 1820, la Constitucin de 1812. Constitucionalistas de La Habana, sinceros e insinceros, exigieron entonces al Capitn General, Cajigal, que proclamara la Constitucin, la jurase y la estableciese en toda la Isla. Con el restablecimiento de la Constitucin resurgieron todos los organismos que haban cesado en 1814. Toms Romay reasume la Secretara de la Diputacin Provincial. Con tal motivo se ver envuelto en una de las ms violentas querellas polticas, promovida por el cura Gutirrez de Pieres. Ya en este perodo hay una manifiesta divisin entre espaoles y cubanos en el pas. Pieres encabeza la faccin peninsular que adopta el sistema constitucional por entender que los cubanos con el nuevo rgimen perderan sus favores e influencia cerca del trono. Romay, en su polmica con Pieres, se manifiesta decididamente como monrquico constitucional; y declara que, por haber mantenido estas opiniones y otras, pudo haber sido delatado ante la Junta de Vigilancia de Madrid por sus “doctrinas liberales y contrarias al sistema de opresin y arbitrariedad”. En poltica, la posicin de Romay es consecuente con las aspiraciones de su clase social. En esta etapa la burguesa no se planteaba todava la independencia de Cuba de la Metrpoli; se contentaba con tener un gobierno local con cierta autonoma. An no haban madurado las contradicciones entre la Metrpoli y la colonia. El Gobierno espaol, ms el absolutista que el constitucional, se mostraba tolerante en lo poltico, y liberal en lo econmico, con los ricos exportadores cubanos de azcar; entre otras razones porque hacia las arcas del Tesoro Real flua incesantemente una fuerte aportacin fiscal, y de los puertos de Espaa salan los barcos repletos de productos que tenan un buen mercado en la Isla. Con la vuelta al absolutismo en Espaa en 1823 cesa la Diputacin Provincial, y tambin las pblicas actividades polticas de Romay. El rpido desarrollo y la marcha acelerada de los acontecimientos polticos y econmicos, particularmente a partir de la dcada del treinta del sigloXIX, plantear nuevos y ms altos objetivos en la lucha social que ya l no podr comprender ni interpretar; pero hasta ese momento Romay figu-

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OBRAS 10\ 10\ 10\ 10\ 10\ ra como un tpico exponente del movimiento reformista cultural y poltico cubano. El hecho de que Romay fuese el Secretario Permanente de la Junta de Poblacin Blanca ofrece la oportunidad de estudiar su conducta ante la esclavitud. Es frente a este complejo y decisivo problema social de la poca, ante el cual la burguesa cubana habr de adoptar distintas actitudes en el decursar de su historia en el siglo XIX, que podemos valorar no slo la posicin de sta como clase, sino tambin los rasgos singulares de las personalidades que entran en juego en esta poca. La burguesa cubana es resuelta partidaria de la esclavitud. La fuerza de trabajo esclava la estimaba imprescindible para el progreso de la industria. Los principales mantenedores de la esclavitud son los hacendados azucareros, aunque tambin coinciden en esta utilizacin los cafetaleros. Las autoridades peninsulares la sostienen porque la trata de esclavos les permite obtener pinges ganancias; es un lucrativo negocio para las autoridades coloniales y para los comerciantes espaoles y otros que traen negros de frica. Con ser la esclavitud una gran injusticia social, su faceta ms abominable sin embargo la constituye quizs la trata, es decir, la cacera o compra de africanos y su transportacin en los buques negreros a los puertos de destino. Frente al problema de la esclavitud llega a esbozarse una contradiccin en el seno de la sociedad cubana. De un lado los grandes exportadores de azcar y caf, de otro los agricultores medios. Los primeros necesitaban defender y sostener el rgimen de la esclavitud en toda su integridad. Los segundos no dependan vitalmente del mismo, pero la consideraban til y conveniente. Sin embargo, al crearse la Junta de Poblacin Blanca, la burguesa rica apoy esta institucin por miedo a que el excesivo crecimiento numrico de los negros y la actitud inglesa contra la trata pudiese dar lugar en Cuba a una revolucin como la de Hait. Pero tan pronto se percat que el asiento de colonos blancos poda introducir cambios, aunque pequeos, en el orden de la distribucin y propiedad de las tierras, una diversificacin de la agricultura y abra la posibilidad de la trata clandestina, abandon a su propia suerte a la Junta, lo que significaba su paralizacin. Prefera la explotacin de los negros esclavos, aunque sta constituyera una amenaza potencial a sus intereses de clase. En la Junta de Poblacin Blanca Romay representa la ideologa de los agricultores medios. De mdico sin propiedades ha pasado a ser propietario de tierras con una pequea dotacin de esclavos. En la Sociedad Econmica abogar siempre por el fomento de la agricultura, la diversificacin agrcola y la extensin de cultivos como el trigo, el man y el ajonjol; estos ltimos con un propsito industrial: la extraccin de aceites. Su doble condicin de mdico y de agricultor medio le permite, no obstante, convertirse en una de las primeras voces condenatorias de la trata, al menos tericamente. Aqu, como en la lucha para proteger al pueblo de

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /11 /11 /11 /11 /11 enfermedades, se revela como una persona de sensibilidad humanitaria. l era un humanista por su cultura y su empeo por el estudio cientfico del hombre, movido con frecuencia por un criterio generoso en defensa de los dolientes y desvalidos. Romay es utpico y sincero defensor de un trato justo y humano para los esclavos. En una exposicin que dirige a la Real Junta del Consulado, proclama airado: “La conservacin de la agricultura de esta Isla, la prosperidad de algunos particulares, es acaso preferible a la vida de un solo hombre? Cules son las decantadas ventajas que adquieren esos infelices con la esclavitud, si apenas se les arranca de sus hogares cuando son sepultados en los abismos del mar? No es menos malo vivir, aunque errante entre las selvas, sin domicilio, sin propiedad, sin leyes, ni religin, que morir al impune arbitrio de unos hombres que no reconocen otros derechos que el de su propio y srdido inters?” Y para que no se albergue la menor duda de que la reforma que propugna y que tiende a la proteccin de la vida de los esclavos es una actitud generosamente humana, declara: “Y se convencern de la rectitud de mis intenciones cuando consideren que teniendo yo un motivo particular para contribuir a que se aumente ms y ms la introduccin de negros bozales en este puerto, si pretendo disminuirla con la presente mocin, ser sin duda porque prefiero el bien comn a mi propia utilidad y conveniencia.” Cuando examina las consecuencias que acarrea la aplicacin de las medidas exigidas por Inglaterra, hacia 1840, de conceder la libertad a los esclavos introducidos en esta Isla a partir de 1820 afirma, no sin antes poner al descubierto las verdaderas intenciones de Gran Bretaa, “que no son altruistas, sino sencillamente comerciales”. “No pretendo que subsistan esos ingresos a costa de perpetuar la esclavitud y permitir un trfico tan opuesto a la moral cristiana, a la humanidad y a nuestros verdaderos y slidos intereses. Suprmase uno y otro.” El liberalismo abolicionista no cal en Romay como tampoco en ninguno de los iniciadores del primer movimiento reformista. No obstante, comprendi la injusticia del rgimen de la esclavitud, lo denunci como antihumano e incluso se mostr favorable a su supresin dentro de ciertas condiciones. Su voz no encontr eco en su tiempo, y slo en las postrimeras de su vida emergieron las fuerzas para luchar contra la esclavitud, las que no lograran su triunfo definitivo sino hasta en el curso mismo de la guerra de independencia nacional. Y es que el hombre hace la historia, pero no puede disponerla a su antojo, y menos cuando tiene, como Romay, limitaciones ideolgicas. El movimiento reformista traduce del modo clasista ms apropiado la forma inicial que deba adoptar la lucha de la burguesa para abreviar sin riesgos el trnsito del feudalismo al capitalismo, en las condiciones concretas de la Cuba esclavista de ese perodo histrico. Este movimiento refor-

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OBRAS 12\ 12\ 12\ 12\ 12\ mista tiene tres lneas principales de desarrollo: la econmica, la filosfica y la cientfica. Cada una de estas lneas tendr su adalid. As, Arango y Parreo represent la reforma econmica liberal, Jos Agustn Caballero la revisin filosfica, y Romay la del movimiento cientfico. Esta divisin no es por supuesto tan ntida, porque en la obra de cada uno de ellos siempre habremos de encontrar elementos que pueden pertenecer a la de otro. Pero sin duda alguna estas lneas representan las directrices fundamentales que presiden los actos de cada una de estas personalidades. De ah que pueda afirmarse que las tres forman el trpode columnar que sostiene e impulsa el primer movimiento de reforma econmica y poltica de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Romay, al asumir la responsabilidad de dar vida al estudio de las ciencias naturales, de luchar contra la vieja ideologa, de identificarse con los objetivos de la nueva clase social en ascenso, adquiere categora de forjador de nuestra nacionalidad. Sus ideas y sus acciones son las de un hombre que est consciente del papel que le corresponde desempear en la lucha social. No importa que estos precursores se presenten con el ropaje de la “hispanidad” y no abriguen ideas separatistas respecto de la Metrpoli. El movimiento por ellos iniciado, tarde o temprano luchar contra la dominacin de Espaa. En este sentido ellos son cubanos porque piensan, luchan y trabajan por Cuba, y Cuba es para ellos su Patria. Cargado de gloria y de aos, pero pobre, muri Romay a los ochenta y cinco aos de edad, el 30 de marzo de 1849. Su entierro fue una imponente demostracin de duelo. Qu hizo este hombre para que sus contemporneos le profesaran un tan gran reconocimiento? Fue un hombre que quiso y supo abrir cauces de mejoramiento para su Patria y para su pueblo.

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Toms Romay y Chacn (1764-1849)

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Hombres como ste son los que necesito a mi alrededor para mis proyectos. Don Luis de las Casas y Aragorri

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MEDICINA GENERAL MEDICINA GENERAL MEDICINA GENERAL MEDICINA GENERAL MEDICINA GENERAL EL ORIGEN DE LAS FUENTES ES UNO DE LOS METEOROS MS OCULTOS A LA PERSPICACIA DE LOS FSICOS*Seor editor: El origen de las fuentes es uno de los meteoros ms ocultos a la perspicacia de los fsicos, y del cual no han juzgado los modernos con ms felicidad que los antiguos. Aristteles —cuya opinin plagiaron Mariotte y Perrault— crey que las aguas pluviales, la nieve y el granizo, los hlitos que se elevan de la tierra y condensados por el aire superior vuelven a descender a ella misma, y finalmente el aire subterrneo convertido en agua, eran la causa de este fenmeno. Halley, no juzgndolas suficientes, y observando que el mar no se disminuye no obstante la inmensa porcin de vapores que exhala, ni se aumenta con las aguas de todos los ros de la tierra, concibi una circulacin perenne entre estos dos elementos. Las aguas convertidas en vapores descienden sobre la tierra, se renen en sus cavernas, penetran la superficie y vuelven otra vez a su centro. Descartes, De la Hire y Plot no hicieron otra cosa que reproducir el antiguo sistema de San Gernimo, San Basilio, el Damasceno y otros Padres, sistema que aparece muy conforme al captulo 12 del Eclesiasts, en el cual se insina que las aguas del mar se comunican inmediatamente a la tierra, y sta se las devuelve sin que jams llegue a rebosarse. Estas hiptesis aunque ingeniosas me parecen menos probables que la de Santo Toms exornada por Valisnerio y Schetini, los cuales creyeron necesario el recproco concurso de todas estas causas para que puedan surtirse tantas, y tan copiosas fuentes. Es constante que la tierra no es un cuerpo slido impenetrable, exento de poros y hendiduras. Todos los fsicos conciben en su centro, principalmente en las montaas, anchurosas cavernas y numerosas grietas, unas tan profundas y dilatadas que penetran hasta el mar, otras superficiales y menos extensas. Aqullas son unas arterias por donde el mar introduce sus aguas en la tierra, y despus de hendir su seno el impulso de las posteriores las obliga a romperlos, y volver a su centro fecundizando las riberas por donde transitan, y engro*Papel Peridico de la Havana 6 de diciembre de 1792.

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OBRAS 16\ 16\ 16\ 16\ 16\ sndose con otras pequeas venas que derraman en las principales. La economa del orbe terrqueo no es menos admirable que la del cuerpo humano. Los otros pequeos canales estn destinados no solamente para recibir las aguas de las lluvias, del granizo y de la nieve, sino tambin los vapores que descienden sobre la tierra. Supuesto que todos los cuerpos transpiran, esto es, exhalan una porcin innumerable de tomos insensibles, sea por la accin de la materia sutil o por el movimiento intestino de las partes del mismo cuerpo, es preciso que los lquidos, cuyas partes estn en una continua agitacin, arrojen tambin algunas partculas, que llamamos vapores. Los del mar son tan abundantes que, segn refiere Halley, en un momento se humedeci el papel hasta inutilizarse, y se empa el vidrio del telescopio donde observaba los astros durante la noche en una montaa de la isla de Santa Elena. La tierra tambin arroja sus hlitos, o atrados por los rayos solares, o impelidos por su virtud centrfuga, o por el movimiento expansivo del fuego subterrneo. Estos efluvios, reunindose y condensndose por la frialdad del aire superior, superan la gravedad de este elemento, falta el equilibrio y descienden por su propio peso. De aqu provienen las densas neblinas y aquellos rocos tan copiosos que bastan para fecundizar los pases donde las lluvias son muy escasas. Los vientos los impelen, y chocando contra las montaas los atraen por su virtud centrpeta; los absorben en sus senos como unas esponjas, segn la frase de Aristteles, y en estos alambiques formados por el Autor de la Naturaleza se filtran y purifican, para suministrar a los hombres y a las bestias unas aguas dulces y agradables. Pero como las aguas que los ros derraman en el mar sean excesivamente ms copiosas que las que descienden sobre la tierra en las lluvias, nieve, granizo y rocos, segn los clculos ejecutados en Italia y Francia por Gualtier y Riccioli, me persuado que stas slo contribuyen a engrosar en ciertas estaciones aquellos manantiales que tienen su origen en el mar, o a producir algunas fuentes peridicas. En diecisis pulgadas de profundidad, que es lo ms que penetran estas aguas, an no se ha encontrado algn cauce tan copioso que baste para conservar el flujo perenne y abundante de un ro como el de la Catarina, Almendares y otros. Las pequeas cavernas que pueden existir en tan corto espacio, producirn solamente unos manantiales semejantes a los que en estos das manaron en esta ciudad y sus inmediaciones, de los cuales unos han desaparecido y otros se disminuyen sensiblemente. Pero los antiguos cauces de los pozos que no debieron su origen a las aguas de aquellas lluvias, si slo su mayor aumento, han vuelto a su primitivo estado despus de consumidas las aguas advenedizas. stas slo fueron capaces de producir todos los estragos que experimentamos en aquellos funestos das, supuesta la providencia de la primera

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /17 /17 /17 /17 /17 causa conservadora y arbitraria de las segundas. Unos muros dbiles y antiguos cuyos cimientos o no tuvieron en su principio la debida profundidad, o se han descubierto rebajndose la superficie de las calles con el curso de las aguas, por la colisin de los carruajes y por la falta de aquellas piedras que los cubran y calzaban, necesariamente haban de ceder al choque continuo y dilatado de unas aguas graves y copiosas. La misma tierra extraordinariamente humedecida por unas aguas que no pudindolas contener en sus senos se filtraban diluyendo, y consumiendo la porcin gredosa que une las diferentes partes que la componen, perdi su configuracin y carecieron los cimientos de aquel apoyo slido, y paralelo en que estribaban. Por la misma falta o detrimento en la base han descendido muchos peascos, y algunas partes de las montaas se desprendieron desmoronndose unas, y conservndose otras en las llanuras con su antigua faz y con las plantas y rboles, segn la mayor o menor porcin de greda que contenan. Algunos han credo que sin terremoto no poda producirse este fenmeno, pero los que no ignoran sus signos y efectos, y los que observaren en las mismas ruinas de los edificios unas porciones de las paredes reducidas en polvo y otras ilesas, sin la ms leve alteracin, convendrn en el modo de discurrir de su afecto servidor. Matas Moro .*ARTCULO EN EL QUE SE OPONE A LAS PRETENDIDAS VIRTUDES DEL AGUA DE MILFLORES, RECOMENDADA COMO ANTDOTO EFICAZ CONTRA LA ELEFANTIASIS, LA ALFERECA, LA HIDROPESA Y OTRAS ENFERMEDADES**Cum vero affectus numerosi sint, cuique corum sua est curationis indicatio GalenoSeor editor: Quien juzgare que algn medicamento preparado de un propio modo y en una misma dosis sea adaptable sin la ms leve alteracin a muchas enfermedades, a todos los climas, estaciones, edades y sexos, no solamente carece de las primeras y ms superficiales nociones de la Medicina, sino tambin de discernimiento. Los individuos de la especie humana no se distinguen menos por sus naturalezas particulares que por sus facciones. *Seudnimo de Toms Romay. ** Papel Peridico de la Havana 10 de febrero de 1793; Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 2, pp. 6-8.

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OBRAS 18\ 18\ 18\ 18\ 18\ Las circunstancias que concurren a la generacin y existencia de un hombre, siendo imposible conciliarlas en la produccin de otro, causan una diferencia sensible en su temperamento original, y en todas sus operaciones. Alejandro no sera el mismo, dice Santo Toms, si no hubiera nacido de Olimpia o no le hubiese engendrado Filipo. Este mismo Alejandro, preservado de la muerte por algn remedio siendo joven, si se le hubiese administrado su otra regin en distinta enfermedad, variando el mtodo de vida, o teniendo ms aos, cuando no le sumergiera en el sepulcro le pondra al menos muy cerca de sus bordes. Su mdico Filipo seguramente no le curara de un mismo modo en Esparta y en Babilonia. Convencido de la verdad de estos principios, nada me pareci tan inverosmil como la noticia promulgada en el peridico nmero 80 en el cual se recomienda el agua de milflores, o de la boiga de las reses como un antdoto eficacsimo contra la elefanca, la alfereca, la hidropesa y otras enfermedades, las ms terribles que afligen a la humanidad. Incurrira en un ridculo y difuso pedantismo si pretendiera discurrir sobre cada una de ellas para manifestar la ineficacia de este remedio, hasta concebir el mecanismo del cuerpo humano en las tres que ha insinuado para hacerlo despreciable, aun de aqullos que la han mirado como un especfico extico, estando adocenado en la comunsima farmacopea de Palacios entre los disolventes temperantes ms vulgares. Debilidad en las fibras de los vasos absorbentes y exhalantes hasta hacerse incapaces de ejercer la insensible traspiracin; falta de tono, de energa y vigor en todo el sistema nervioso; laxitud, flaqueza e impotencia en sus resortes. He aqu las causas principalsimas, y los ms sensibles efectos de la hidropesa. Sequedad, crispatura, convulsin de los nervios as a su origen, tensin en los msculos, contraccin en las fibras de los intestinos hasta hacerlos arrojar las orinas y otros excrementos ms difciles de expelerse, aumento excesivo en la energa del cerebro, tal es el estado de la economa animal en un epilptico. Supuesta una oposicin tan diametral entre estos dos afectos, sera necesario para que un mismo medicamento los superase que tuviera contrarias virtudes. Debera ser tnico y emoliente, desecante y humectante, estimulante y anodino, elctrico y narctivo, segn el sistema del clebre Cullen. No ignoro que hay ciertas especies de epilepsia producidas por laxitud y atona, en las que les es necesario usar de los tnicos, y hasta de la misma electricidad; pero esto no prueba otra cosa sino que un medicamento del modo que ste se prescribe no solamente no puede ser til para distintas enfermedades, pero ni aun para una sola cuando sta pueda producirse por contrarias causas. No son menos opuestas las constituciones de un elefanciaco o lazarino y la de un hidrpico. En el primero sensiblemente aparecen los crueles efectos de una sangre recargada de partculas sulforosas, acres y corrosivas.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /19 /19 /19 /19 /19 En los segundos todo el dimetro de la mquina est mudado de un humor fro, hmedo, glutinoso y sin accin. Aqullos exigen unos medicamentos absorbentes, refrigerantes, humectantes, y suavemente diluentes; stos todo lo contrario, los clidos y desecantes, los resolutivos y evacuantes ms acres y activos. Cualidades inconciliables en un mismo ente, en el grado de actividad que se requiere para poder purificar el cuerpo humano de unas enfermedades que infestan todos sus slidos y lquidos. “Y quin podr concebir que esta misma agua sea tan astringente que contenga los flujos de sangre y las evacuaciones de mucho tiempo, y tan aperitiva y resolutiva que haga venir la menstruacin a las mujeres, que la tengan detenida, aunque sea de mucho tiempo, haga arrojar las malas matrices y deshaga los sirnos, uno de los mas slidos tumores que se forman en el cuerpo humano?” Sin embargo de estas y otras varias razones, que no me permite ni aun insinuarlas la naturaleza de este papel, quise en obsequio de la humanidad deponerlas, y experimentar este especfico en seis individuos del Hospital Real de San Lzaro, de ambos sexos, de distintas edades y en diferentes perodos y especies de elefanca. Sus efectos me ratificaron en el concepto que haba formado de ser este medicamento disolvente alcalino, como todos los compuestos de los excrementos animales. Y si estas fieles observaciones merecen la atencin de los facultativos, y se dignaren exponer su sentir, ser recibido con el mayor aprecio por el nfimo de ellos y mayor servidor de usted. Matas Moro.ARTCULO EN EL QUE SE HACE UNA CRTICA DOCTRINAL DE LA MEDICINA, Y EN EL QUE SE DESARROLLA UNA CONCEPCI"N ILUMINISTA DE LA MISMA*Amare Liceat, Si Potiri Nom Licet CicernSi el hombre slo hubiese de anhelar lo que es accesible, o si su potencia fuera una barrera insuperable que circunscribiera sus deseos, ni los primeros romanos se propondran por lmites de su imperio los ngulos del universo, emprendiendo al mismo tiempo aquellas maravillosas obras que no podan perfeccionar, ni osara Platn dictar leyes a una repblica imposible de existir sobre la tierra, ni Marco Tulio aspirara a formar un orador que no deba esperarse por el curso ordinario de la naturaleza. As, el ciudadano a quien el cielo ha dotado de un alma benfica digna de un poder Papel Peridico de la Havana 1 de septiembre de 1793; Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 2, pp. 9-14.

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OBRAS 20\ 20\ 20\ 20\ 20\ indefinido y de una vida interminable, lejos de intimidarse se irrita y esfuerza por superar los grandes obstculos que le rodean, y en esta saludable convulsin agitados los espritus fluyen de su mente inflamada las ms gratas y tiles ideas. Yo no puedo, se dice a s mismo, defender mi patria con los filos de un acero, yo no puedo decorarla con magnficos y suntuosos edificios, tampoco me es concedido disminuir con las riquezas las adversidades de mis semejantes, porque la fortuna me las ha rehusado, y aquel coraje intrpido que nos hace prodigar la ms preciosa sangre; pero siendo rbitro absoluto de mis potencias, le desear al menos las mayores prosperidades, le ofrecer mis pensamientos y les comunicar a los dichosos ciudadanos que ms favorecidos de la naturaleza fueren capaces de conseguir, o aproximarse, a la perfeccin de sus obras. Tales son los sentimientos de mi alma cuando transportado de jbilo veo una ilustre porcin de mis compatriotas consagrar sus talentos y tesoros en el ara del patriotismo, y disputarse con el ms vivo inters los inmarcesibles laureles con que Neptuno, Ceres y Minerva adornan las sienes de sus alumnos. Partcipe del mismo celo que los inflama, mulo de la gloria a que aspiran, si no pretendiere usurprsela contribuyendo a las prosperidades y deleites del hombre, aspirar a consolarle cuando rodeado de dolores y amarguras implora nuestra compasin para que conservemos a la patria un ciudadano til, y a la Humanidad un individuo ms precioso que el decoro y opulencia de todos los pueblos. Agitadas de este mismo deseo las naciones cultas de Europa, aun careciendo de los sentimientos de humanidad y patriotismo que manan de las sociedades econmicas como de unas fuentes de beneficencia y de salud, han erigido otras de Medicina donde el hombre halle el alivio de sus penas y desolaciones en los das ms terribles de su vida. Como sta por una infeliz condicin de la naturaleza no sea constantemente uniforme, se juzgaron demasiado injustas si dirigiendo sus conatos a felicitrsela; mas en aquel tiempo menos gravoso le abandonasen, cuando con una voz lnguida y moribunda excita nuestra ternura y beneficencia. Entretanto la Humanidad misma reconocida a los beneficios que les debe, hace resonar sus nombres hasta en las pajizas chozas de aquellos pueblos que despreciando todas las delicias y comodidades no reconocen otro bien que la salud y la vida. Espaa, que en los ltimos perodos del siglo XVIII hubiera disputado el trono de las ciencias si una revolucin tan funesta a los Estados como a la sabidura no reprimiera el rpido curso a sus ingenios; Espaa, tan sensible a las miserias del hombre como ilustrada para no adoptar cuanto pueda evitrselas, despus de hacer ver a las dems naciones las grandes ventajas que resultan de las sociedades econmicas, reconoce las que ellas disfrutaban con las de Medicina. La Filosofa, renaciendo en la patria de los Sneca y Colmuela, arrolla las dems preocupaciones del orgullo e igno-

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /21 /21 /21 /21 /21 rancia, y hace que los nuevos habitantes de la fecunda Hesperia depongan aquel ceo desdeoso con que miraban los profesores de una ciencia la ms til a la humanidad, y que stos abjuren la ridcula supersticin con que tenazmente adheridos a un sistema metafsico crean lo que no palpaban, y conceban la naturaleza segn las ideas de un cerebro destemplado. Pero apenas perciben la voz del gran Bacon intimando que la naturaleza no deba abstraerse, sino escudriarse y analizarse, abandonan el Peripato y todas sus cuestiones nominales, huyen de Galeno, detestan a Avicena, abominan a Averroes, y arrojan con indignacin aquel yugo que haba abrumado sus ingenios ms tiempo, y con ms ignominia que el de Tarif las cervices de sus padres. El hombre es ya el gran objeto de sus meditaciones, el cadver del hombre el inmenso libro que con voces inefables, pero demasiado enrgicas, les manifiesta en cada pgina que rasga la diestra mano del anatmico el origen, los progresos y efectos de las enfermedades. La inspeccin de una sola vscera les ensea ms fisiologa y patologa que los difusos volmenes de Enrquez, Maroja y Bravo. Instruidos en las funciones de las partes y en la historia de las enfermedades, vuelven los ojos sobre el eterno y delicioso pensil de la naturaleza; y esta madre benfica les ofrece en sus tres opulentos reinos los auxilios ms poderosos para exterminarlas. El botnico elige aquellos simples cuyas virtudes aparecen al primer examen de los sentidos; el laborioso, el infatigable qumico pone en tortura la naturaleza, y la obliga a revelarle los recnditos secretos que haba ocultado en sus inaccesibles entraas. El ente ms precioso y el ms deforme, el que se burla del yunque de Vulcano y el que cede al dbil impulso de un Cfiro, ambos los toma con la misma indiferencia, los introduce en su laboratorio, los abrasa, los calcina, los convierte en cenizas, vuelve a sublimarlos hasta reducirlos en hlitos imperceptibles, y hasta que triunfando de su resistencia encuentra lo que jams pudo preveer. De este modo los mdicos espaoles se prepararon para zanjar los fundamentos de la Academia Mdica matritense, de esa gran obra til a la Humanidad, gloriosa a la nacin, digna del siglo de las luces y de la proteccin del sabio y generoso Carlos III. La ereccin de las sociedades de Sevilla, Cdiz y Cartagena ocupar un lugar tan distinguido en los fastos de la Humanidad, como en los de la literatura espaola. La recientemente establecida en la capital de Catalua, las disputar si no la antigedad, al menos la gloria de ser nicas. La dichosa fermentacin que sucede a la antigua inercia de los espaoles, el inters con que solicitan la perfeccin de esta utilsima ciencia, acredita la distinta idea que les merece, y anuncia los grandes progresos que deben esperarse. El ms respetable tribunal de la nacin, que no omite medio alguno de fomentar el bien pblico, ordena que para cursarla deba proceder el estudio de la Geometra y Fsica experimental, y el gran Carlos III enva pensionados a dos clebres facultati-

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OBRAS 22\ 22\ 22\ 22\ 22\ vos1 a la primera Universidad de Escocia, para que bebiendo las benficas aguas que manaban de los labios del Nstor de la Medicina,2 volviesen a fecundar su patrio suelo. La Universidad de Valencia, reformando el plan de sus estudios, arroja de las ctedras la brbara medicina rabe, ignominioso reto de su antiguo cautiverio, para colocar las ciencias exactas, la Fsica experimental, la Botnica y la Qumica, la Fisiologa y la Patologa del ms erudito y elocuente de sus alumnos,3 y destinando otra para ensear los elementos prcticos del inmortal Cullen, ver en sus aulas reunida la ms provecta juventud de todas las naciones, mientras que Francia y Escocia prevn desiertos los trillados caminos que la conducan a Montpeller y Edimburgo. Si en la extensin de doscientas leguas, donde las producciones de la naturaleza son muy anlogas, y muchos de los fenmenos meteorolgicos suceden bajo un mismo meridiano, se han juzgado oportunas tantas Sociedades y Academias para observar la alteracin que puede causar en el temperamento de los hombres y carcter de las enfermedades la ms leve diferencia en la atmsfera y terreno, con cunta razn no debemos suspirar por semejante establecimiento los que habitamos en otro mundo separado del antiguo por un mar de mil quinientas leguas, y por una barrera celeste que se juzg inaccesible e inhabitable? Comparemos el clima, producciones y meteoros de un hemisferio con los del otro, hagamos un paralelo entre el europeo y el americano, principalmente el habitante de las islas, y sin deprimir a ste hasta confundirle con las bestias, como hizo el atrabiliario Paw, ni elevarle con nuestro mayor panegirista el Conde de Carli al ms sublime grado de civilizacin y de cultura, observando justamente la sinceridad de Coln y la imparcialidad de Robertson, percibiremos una sensible diferencia entre el hombre fsico y moral. Examinemos nosotros mismos, y si procedemos de buena fe, confesaremos que aunque nuestros ingenios sean vivos, perspicaces, sutiles y fogosos, capaces de todas las ciencias y de la ms vasta comprensin, an no hemos producido obras dignas de tan bellas disposiciones, ni que sean comparables con las europeas, ora sea porque carecemos de maestros capaces de ilustrarnos y cultivar nuestros talentos hasta adquirir toda aquella perfeccin de que son susceptibles, o porque privados de tiles y honrosos alicientes que nos estimulen a perfeccionarnos en las ciencias y artes, nos abandonamos luego que podemos reparar las mayores y ms urgentes necesidades. Pero gracias al justo y piadoso Soberano, cuyo amor paternal superando las columnas de Hrcules, proporciona al literato y guerrero americanos dos sendas brillantes para aproximarse a su trono y hacerse digno de sus 1El doctor don Ignacio Mara Luzuriaga y el doctor Rivas. 2As llama Pinel al doctor Guillermo Cullen, Catedrtico de Edimburgo. 3El doctor Andrs Piquer.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /23 /23 /23 /23 /23 beneficencias. La ereccin del Colegio de Granada y la creacin de las Compaas de Guardias de Corps americanas, decidirn si la inercia y desidia es natural en estos colonos, o efectos de su legislacin. Entretanto, siendo incontestable que las causas fsicas tambin influyen en la economa del hombre, sin esperar la solucin de aquel problema contribuyamos a merecer una decisin favorable, precavindonos al mismo tiempo con la industria, estudio y meditacin de las nocivas impresiones del aire, la primera y ms poderosa de todas ellas; o evitando, al menos, aquellos cuerpos que lo inficionan y corrompen en ciertos perodos hasta causar unas epidemias de fiebres catarrales, como las que padecimos en los meses de junio y julio de 1789 y acabamos de experimentar en la misma estacin; las que aunque leves en s, predispusieron, no obstante, para que se propagasen otras enfermedades las ms terribles que afligen la humanidad. Lind y Cullen, que residi muchos aos en nuestras colonias, son de sentir que el calor del clima y los vapores hmedos y ptridos que se elevan de los pantanos y espesos bosques que rodean la mayor parte de nuestros pueblos, producen las disenteras y fiebres intermitentes que tanto nos molestan en el esto y otoo; y Robertson, aunque menos instruido en las causas de las enfermedades, no dud afirmar que estos dos principios ms poderosos que las armas de los naturales de La Espaola reprimieron los rpidos progresos de sus conquistadores, cercenando con la mayor violencia los intrpidos comilitones de Coln, y ms de mil de la expedicin de Ovando. Los bosques, no lo dudo, estn ya tan distantes de esta ciudad que no puede ofenderla el aire detenido en ello, y despus arrojado por los vientos impetuosos; pero, acaso estamos igualmente preservados de otras causas locales tan activas y capaces de inficionarlo? Los hlitos que desde el principio de las lluvias se elevan de ese inculto valle llamado con tanta propiedad Cinega, son bastante para contagiar la atmsfera de todo un reino. Dganlo si no los que permaneciendo en El Cerro, pasada la estacin de tomar baos sin embargo de abstenerse de ellos y de todo exceso, son arrojados por las fiebres intermitentes que desde all se propagan hasta esta ciudad. Los rastros y mataderos situados hacia la parte de donde vienen los vientos reinantes, slo dudar cuanto pueda ofendernos el que careciere hasta del olfato para no percibir la corrupcin y fetidez que exhalan aquellos inmundos lugares. Las aguas estancadas en las concavidades de las canteras hasta que el sol las convierte en vapores despus de haberlas corrompido; los pantanos formados alrededor de la ciudad por los derrames de la zanja, cuyas aguas permanecen en unos todo el ao sirvindoles de mrgenes sus muros, y la de otros vuelven a su antiguo cauce llevando las inmundas partculas que contrajeron en los muladares situados en sus riberas; el psimo olor que stos lanzan obligndonos mil veces a huir con precipitacin de esos paseos destinados para el recreo y deleite de nuestro

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OBRAS 24\ 24\ 24\ 24\ 24\ sentido; la ninguna precaucin con que introducimos en nuestras casas los negros bozales, y hasta los residuos de los cargamentos, despus de haber habitado en unas chozas estrechas y poco ventiladas donde han fallecido innumerables virolentos, escorbticos, ticos, etctera. Pero a qu ocurrir a unas causas distantes o advenedizas cuando dentro del recinto de nuestros muros conservamos y fomentamos una demasiado poderosa para exterminarnos, prescindiendo de los sepulcros y cementerios de la iglesia. Toms Romay.DICTAMEN DE LA MEMORIA SOBRE EL MEJOR MTODO PRESERVATIVO Y CURATIVO DE LA ENFERMEDAD NOMBRADA JARRETAS, QUE AQU SE CONOCE VULGARMENTE CON EL NOMBRE DE MAL DE LOS SIETE DAS*El socio doctor Toms Romay dio cuenta por medio de un papel que ley el secretario de haber desempeado la comisin que se le confiri por acuerdo de 18 de febrero, informando que en la Memoria sobre la enfermedad nombrada jarretas o mal de siete das haba encontrado [...] aunque con la desgracia de que el mtodo curativo que prescribi fundado en principios, teoras [...] no estaba confirmado por la experiencia, contribuyendo a proponer seriamente imprimir [...] toda la [...] por ser difusa, al menos un extracto [...] de ella a que agregare un apndice sobre los beneficios y efectos que se han experimentado en esta Isla con el uso del aceite de palo o blsamo de copaiba. La Junta oy con el aprecio de siempre el dictamen de este amigo benemrito, y acord unnimemente se ejecute como le parece, encargndole se tome el trabajo de hacer el extracto y apndice que propone, en el concepto que se imprimir luego que la presente. Tambin satisface en el propio papel el encargo que se le confiri por acuerdo de 10 de marzo sobre calificar el mrito de otra Memoria que trata del vmito negro, acusndose de desempearlo con el justo motivo de estar [...] sobre el mismo asunto y no querer hacer sospechar su dictamen por esta razn. La Junta admiti la excusa por considerarla fundada, y acord que se reserve en el archivo la expresada Memoria hasta que vista la del amigo Romay se pueda reconocer comparativamente cul de las dos podr convenir de fe a la pblica luz, manifestndosele por ahora al interesado que la Sociedad ha mirado con aprecio el buen deseo que descubre en su papel de hacer bien a la Humanidad. Actas manuscritas de la Sociedad Econmica Libro I, f. 433.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /25 /25 /25 /25 /25CARTA SOBRE LA FECUNDACI"N DE LAS MULAS*Parcere personis, dicere de vitiis. MarcialMuy seor mo: Si yo hubiera de referir todo lo que me ocurre para indemnizarme de los cargos que usted me hace, y manifestar la ineficacia de las pruebas en que funda su sistema, sera preciso formar una disertacin muy difusa; pero cindome a los estrechos lmites de este papel, y a los principales puntos que usted toca en su carta de 10, 14, 17, 21, 24 y 28 del presente, procurar contestarla con la ms posible brevedad. Y para conseguirlo sin incurrir en el defecto de ser oscuro, quisiera que usted y todos los que leyesen este escrito tuvieran presente lo que hemos publicado sobre el asunto. Confieso a usted que a no estar muy satisfecho de la verdad y exactitud con que proced en todo lo que expuse, me hubiera consternado y confundido al ver los vicios tan terribles de que me acusa, y el tono magistral con que se produce. Vase uno y otro en este perodo. Entre estos linces adocena a Empdocles y Demcrito, y les atribuye que tuvieron por fecundas las terceras especies. Ambos he visto citados en Aristteles (libro 2 de De la generacin de los animales); pero muy lejos de eso, ninguno os afirmar lo que el annimo les imputa. Algunos casos raros iguales al de nuestra mula los pusieron en la precisa necesidad de confesar que podan parir. Dispense usted le diga que ni Empdocles, Demcrito y Aristteles jams confesaron que las mulas podan parir, ni yo lo dije fundado en la autoridad de ellos. Lo que opinaron los dos primeros filsofos y refiere el ltimo en el lugar citado, es nicamente lo que expres en estos trminos: “Empdocles y Demcrito no dudaron que el mulo poda engendrar, y que la hembra es capaz de concebir; pero no de conservar el feto hasta perfeccionarlo. El primero imputaba este defecto al licor destinado para la generacin, y el segundo a los vasos y rganos que deben prepararle y retenerle. Aristteles es de la misma opinin, bien que no adopta las razones en que se funda.” Vuelva usted a leer su captulo, y no solamente encontrar el texto que copi sin alterar un pice en el peridico nmero 16, sino tambin este otro contrario a lo que usted dice, y muy favorable a m: sed interest, quod mas septenis dumtaxat generet, ut aiunt (Empidocles et Democritus); femina improlis omnino est, id que propterae, guia pendiscere ad finem, quod concepirit, regucat. Nam concepisse quidem iam mula constat Si usted hubiera reflexionado sobre este pasaje, quizs no habra despreciado a Aristteles tratndole de implicado, inconsecuente e inconstante en sus afectos hasta el punto de desacreditarse. Entonces comprende* Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 2, pp. 88-100.

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OBRAS 26\ 26\ 26\ 26\ 26\ ra usted que cuando dijo genus unum mulorum sterile est, quipe quod neque secum, neque cum aliis junctum generes quiso decir que la mula jams parira ( improlis omnino est ) aunque se fecundase por mulo, o por otro animal de distinta especie, quia perducere ad finem quod conceperit negucat Pero si este lugar an no es bastante para conciliar la antinomia que usted concibe entre los que yo cito y refiere el ilustrsimo Feyjo, la historia le inclinara a disimular cualquier error que se encuentra en sus preciosas obras. Habiendo estado muchos aos sepultadas, la humedad y los insectos consumieron varias partes de ellas. As las compr Apelicn de Teos, hombre estudioso, pero de escaso ingenio y poco instruido en el sistema peripattico, segn refiere Estrabn; sin embargo, juzgndose capaz de reintegrarlas, suplant todo lo que las faltaba. No es sta la nica alteracin que han sufrido los escritos del Estagirita. Teodoro de Gaza, traductor de sus libros de las partes y generacin de los animales, suponiendo el trastorno que Apelicn haba hecho en los originales, los orden del modo que le pareci ms conforme a su mente. Tambin la multitud de intrpretes que han vertido parcialmente sus obras, su poca instruccin en las lenguas griega y latina y en la doctrina de Aristteles, su mismo estilo lacnico geomtrico, propiedad que le facilitaba su idioma patrio; todo esto ha contribuido a la oscuridad y confusin de las versiones, pues unas veces le han parafraseado traducindole no como l se explic, sino como quisieron o pudieron hacerlo, y algunas lo ejecutaron con exactitud. Por ejemplo. Aristteles para significar el hijo de yegua y mulo us de la voz ginnus Sus traductores no encontraron en la lengua latina alguna palabra que privativamente conviniese a este mixto; usaron de la misma que el filsofo hacindola una leve inflexin, y as le llamaron ginnus o hinnus, observando este consejo de Horacio: Et nova, fictaque nuper, haberunt verba fidem, si Gugno fonte cadant, parce detorta. Pero aunque los griegos y latinos aplicasen estas mismas voces al mulo procedente de caballo y asno, Aristteles se explic de un modo que slo dejara de entenderse cuando la voluntad haga las veces del entendimiento. Despus de los dos textos que fielmente copi en mi carta anterior, contina as: Quod autem facit ginnus est; quod mulus obleges est... Pygmgmorum etiam id est, nanorum, pomiliorum, et pusillorum generatio similis est.1 Y en otro lugar, prodeunt, quos ginnos vocant, ex equa (et mulo), cum in gerendo utero egrotavit, mone pumiliorum in ordine nominum .2 Plinio se produce casi del mismo modo en el lugar citado por usted.3 1 De la generacin de los animales, Libro 2, captulo 8. 2 Historia de los animales, Libro 6, captulo 24. 3 Historia Natural, Libro 8, captulo 44. In plurium Gryorum et monumentis, cum egua muli coitis natum, quem vocaverint ginnum, id est parvum mulum

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /27 /27 /27 /27 /27 stos fueron los fundamentos que tuve para afirmar que Aristteles conclua diciendo que “el mulo juntndose con la yegua producir un animal llamado ginnus o hinnus, el que formar una raza tan peregrina como la de los pigmeos en la especie humana”. Y volver usted a zumbar al annimo porque se explic de esta suerte? Le dir usted todava que se deje de prodigios, y que entendi mal a Aristteles? Se rectificar usted en que no menciona tal raza? Y despus de suponer que pari la mula (de doctor Carlos Palomino) pues aunque no la vi los testigos me inducen a creerlo, decidir usted que aquel feto era un potrico como los que dan las yeguas? Afirmar usted an que el hinnus procedente de yegua y mulo del que hablan tan expresamente Aristteles y Plinio es hijo de caballo y asna? Diga usted cuanto guste yo siempre creer que los hijos de la mula y de la yegua no pueden ser idnticos, aunque ambas se fecundasen por caballos, lo que yo ni nadie ha podido averiguar en el caso presente; pero tal vez estara usted en el vientre de la yegua Pisaflores, madre de la mula en cuestin, y la vera engendrar y fecundarla al mismo tiempo. Yo, como que no tengo esta certeza, juzgo que as como el mulo producido por asno y yegua se distingue con facilidad del Bundegano o machoromo hijo de caballo y asna, por invertirse solamente el orden de la generacin; es necesario que el resultado de mulo y yegua, y el de mula o asno o caballo, sea diferente del mismo mulo, del Bundegano, y del potrico, habindole producido un padre o una madre distintos en especie al caballo, asno y yegua. Plinio asegura que de dos de diversos gneros resultar un tercero distinto de sus progenitores.4 La experiencia lo confirma, y esto me parece bastante para manifestar la exactitud con que traduce el lugar de Aristteles; as lo fuera para que usted variase el concepto que ha formado de l, y respetara a ese hombre inmortal que ser justamente admirado mientras la filosofa tenga un alumno, mientras se indague la verdad. Ms favor debi a usted el reverendsimo Feyjo. Fue muy suficiente haberse usted presumido que yo lo ofend, para que esgrimiendo su bien tajada pluma tirase tajos a reveses a troche y moche. Disculpo a usted, a los nuestros con razn y sin ella. Si usted se hubiera dignado citar la edicin, todo se habra evitado; pero no encontrando el texto que refiere en el lugar que cita, y si otros expresamente contrarios en diferentes partes, entre stos uno con que acredita Buffon que Aristteles tuvo por fecunda la especie mular, bien pude explicarme en estos trminos actadsimos: “No presumiendo que el ilustrsimo Feyjo pudiese cometer voluntariamente semejante infidelidad, examin cuatro diferentes ediciones, creyendo fuese error de imprenta; mas habindolas encontrado idnticas, infiero que este autor copiara aquellas palabras de otra obra, sin confrontarlas con el original.” De aqu no consta, ni debe usted inferir que yo injustamen4Ibdem.

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OBRAS 28\ 28\ 28\ 28\ 28\ te le vulner hasta el extremo de plagiario. Lejos de insultarle, le respet hasta el extremo de culpar al editor; pero convencido de su inocencia, le imput, es verdad, algn defecto, mas no fue el de plagio. Si usted quiere saber lo que significa esta voz, en pena de la impostura y error que ha cometido tenga el trabajo de leerlo en el abad de Trubles,5 o en el Padre Janin;6 y si no los encontrase o no entendiese, en el nmero 27 de nuestro peridico de 1793 lo hallar extractado con mucha claridad. Si yo hubiese tenido la ms leve noticia de que en esta ciudad haba otro ejemplar de los libros De La Generacin... y de la Historia de los animales de Aristteles, le hubiera solicitado para buscar el lugar que cita el padre Feyjo, as como lo confront con cuatro diferentes ediciones de sus obras; pero no lo sospech hasta que vi la confianza con que usted atesta lo que me atribuye. Efectivamente, encontr un ejemplar en la biblioteca del Convento de Santo Domingo, y en l un registro con la firma y rbrica de usted y subrayadas las palabras que cita el ilustrsimo Feyjo. Toda la diferencia ha procedido de ser distintas las ediciones. La de usted y quizs la del padre Feyjo fue hecha en Len por Esteban Miguel en 1581; la de mi ejemplar, que pertenece a la Universidad para dar los puntos en las oposiciones a las ctedras de Filosofa, se hizo en Pars por Antonio Esteban, impresor, en 1629. En sta el libro 2 de De la generacin de los animales consta de ocho captulos, en la de usted de seis; pero el mismo texto que tiene la ma en el captulo octavo la tiene la de usted en el sexto, con el propio ttulo, y sin diferenciarse ni en una letra desde el principio hasta el fin, como que Teodoro de Gaza ha sido el nico y los tradujo. Siendo esto incontestable, y que usted ley este captulo, pues asegura que en l se hallan ms de doscientas palabras a su propsito, las que no he visto; pudiera extraar dijera usted que en el texto del captulo octavo, que copi con la mayor fidelidad, estn las palabras mal combinadas, y que las entend mal; pero lo que admiro es ver que usted repare no hubiese yo entendido al filsofo hallndose traducido en un latn brbaro, cuando usted no ha comprendido mi discurso estando como usted dice bien parlado. Favor con que no puedo corresponderle aunque soy reconocido. Uno de los motivos que tengo, entre otros varios, para persuadrmelo es el modo con que usted se explica sobre el pasaje que refer de Tito Livio. Sin dudar que tuviera un talento de primer orden, no di crdito al hecho que refiere por las razones que exponen los eruditos y juiciosos autores del Nuevo diccionario histrico. Si usted le hubiese ledo no creera tan fcilmente aquel caso, y conocera que yo le traje ms bien como un parangn que como una prueba incontestable. 5 Essais de Literature, t. 4, p. 37. 6 Fruit de mes lectur, ch. 21.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /29 /29 /29 /29 /29 No as el que copi literalmente de la Historia natural escrita por el Plinio de Francia. ste es el ms slido fundamento de mi opinin; l era bastante para convencerme, y me pareci que con l slo poda persuadir que los mulos son capaces de engendrar, y las hembras de fecundarse y parir. Usted, sin embargo de tratar al ilustre autor que publica ese hecho con toda la deferencia que merece, le llama cuento, voz que suena a consejas, o a las historietas con que suelen divertir a los nios. No, amigo mo. Es un caso que mereci la atencin de la Academia de las Ciencias de Pars, esto es, del cuerpo ms sabio y sensato de Europa, la que disputo, no a la obstetriz de Sisselia ni a la comadre de Amsterdam, sino a uno de sus ms distinguidos miembros para que examinase su realidad y circunstancias. Es un hecho que pareci el ms cierto y mejor autenticado al Conde de Buffon, nombre respetable a que estn anexas las ideas de erudicin vastsima, de juicio y de criterio. Si usted preocupado de que era cuento no le mirase con indiferencia, hubiera acudido al original como lo insinu, y convencido por unas razones las ms slidas, y por observaciones y experiencias muy comprobadas sabra “que el mulo y la mula tienen ambos, como los dems animales, todos los rganos y el licor necesario para la generacin; que nunca han producido en los climas fros, pocas veces producen en los pases calientes, y aun ms rara vez en las regiones templadas; que los animales de especie mixta son menos fecundos, y siempre ms tardos que los de especie pura, aunque algunos casi igualan en fecundidad a sus padres; y que tal vez no habiendo otro animal sino el elefante que sea menos fecundo que el caballo y el asno, es preciso que el mixto que de ellos resultare sea el mas infecundo”. A vista de esto no preguntara usted por qu son tan raros los partos de las mulas. Ni afirmara que por declaracin de los mejores anatmicos se sabe que no pueden ser fecundadas por defecto de la organizacin necesaria, no habiendo citado otros disectores de bestias que a Empdocles, Demcrito y Aristteles, en cuyo tiempo, aadi usted, estaban los ingenios muy preocupados. Ni tampoco se aturrullara con la precisin de evadir los insuperables escollos que trae anexa la fecundidad de las terceras especies, sin acordarse que poco antes haba dicho con el implicado Aristteles que en frica todas las terceras especies brotaban sus fenmenos con motivo de juntarse en un mismo bebedero diversas especies de animales; palabras que legalmente trae el docto monje a quien usted acata puesto de hinojos. Bien pudo usted omitir los siete primeros prrafos, pues a ms de ser impertinentes al objeto de su carta, hubiera evitado contradecirse y cometer una felona. Slo se dirigen a zaherir al pobre annimo, bien le conoca usted, que en nada le ha ofendido antes siempre le ha dado pruebas de amistad, y lejos de oponerse a su sistema le facilitaba fundarlo. S, seor don F. F. V. Yo me propuse nicamente manifestar que las mulas podan fecundarse y parir, prescindiendo del modo y tiempo en que lo ejecutan. Si

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OBRAS 30\ 30\ 30\ 30\ 30\ a usted no le parecieron bastante slidas las razones que expuse, debi haberlas esforzado. Pero hizo lo contrario; procur enervarlas, y suponiendo lo que haba intentado destruir, quiso hacer ver que la mula no pari proque fue cubierta, sino porque naci fecundada. La cuestin es peregrina; mucho ms la lgica de usted, sin embargo de hacinar tantos axiomas muy comunes. Despus de haber decidido que la naturaleza escase a las terceras especies los rganos necesarios para la generacin; despus de creer que ni las hembras fueron hechas para concebir ni los machos para engendrar, por defecto de virtud en el licor y de proporcin en los vasos destinados para este efecto; quiere usted persuadir que la mula puede fecundarse ms fcilmente cuando sus rganos estn ms imperfectos, y cuando los animales ms fecundos estn menos aptos para concebir y engendrar. Peregrino modo de superar obstculos es aadir otros nuevos? Usted para explicar un fenmeno, un prodigio, un caso inslito, como que las mulas paran, admite dos. Primero, que se fecunden no teniendo vasos capaces para ejercer esta funcin; segundo, que lo hagan cuando estos mismos rganos an no han recibido aquella escasa perfeccin que adquieren con la edad. Descuente que no podr decirse de usted que cay en Escila por huir de Caribdis, sino que se estrell contra una y otra sirte. Cuando una sola razn es suficiente para probar alguna cosa, deca Leibnitz, todas las dems que se aadan sern superfluas. Esta redundancia debe evitarse principalmente en los papeles peridicos, establecidos no para publicar disertaciones ni obras didcticas, sino discursos muy cortos que insinen cuando convenga aquellas obras maestras que tratan con extensin sobre el asunto. Menos ahora, siempre he procurado ser muy sucinto, y por esto no encontrara usted, en mi carta de 22 y 26 de febrero, todas las razones que esperaba. La que he referido me parece bastante para manifestar la improbabilidad de la opinin de usted. Examinemos ahora sus fundamentos. stos se reducen primeramente a varios hechos, copiados todos menos uno de las memorias eruditas de Salafranca; y aun suponiendo que sean ciertos, son impertinentes. Que naciera una becerra preada de otra, los ratones de ratones, los gusanos y lombrices de otros semejantes, no es del caso. Estos animales, siendo de los ms fecundados; tienen todos los rganos necesarios para procrear; la mula, dice usted, carece de ellos por una obra acertada y completa de la naturaleza. El caso que refiere el padre Feyjo a ms de esta excepcin tiene otra cosa, y es que la nia preada y la contenida murieron ambas a los siete das. Esto indica que la naturaleza no pudo soportar ms tiempo la violencia que sufra. La mula en cuestin vivi tres aos antes de abortar sana y robusta, y permanece en el mismo estado. El parto nunca odo que refiere Bartolino como noticia cierta, es lo ms inverosmil y ridculo que he ledo. Redcese a que una mujer dio a luz

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /31 /31 /31 /31 /31 a un embrin, en cuyo vientre, que era la hembra, se hall otro feto tambin del sexo femenino con todas las partes de su cuerpo perfectas largo cerca de tres palmos, con uas y pelo, como atestigu la obstetriz de Sisselia (persona muy abonada, lugar muy conocido). Debe advertirse que ambos embriones, el pregnante y las molas preadas eran iguales. Yo prescindo del embolismo que hace usted de fetos en el vientre de embriones, de embriones pregnantes y molas preadas, equivocando unas cosas en otras, y confundindolas todas; pero no puedo disimular creyese usted como noticia cierta que en el vientre de un embrin tres palmos con pelos y uas cupiese un feto tambin de tres palmos con uas y pelos, y que estos dos cuerpos unidos saliesen... yo no s por donde. Usted que lo ha concebido lo sabr. Quien esto cree como noticia cierta, creer tambin a pie juntillo que Epeo fabric un caballo tal como le pinta Virgilio, y que introducido en Troya ech de su vientre un ejrcito de griegos armados con lanzas y espadas, broqueles y morriones. Y qu dir de las molas preadas, la una semejante a un plipo y la otra a una carpa? Que si estos pedazos de carne informe engendrados por copulacin pudieran probar el sistema que usted ha imaginado, Moriseau le suministrara un centenar de casos an ms raros. Trtase de un animal perfecto que ha vivido muchos aos, y abort un feto con todas sus partes rectamente organizadas. Las molas no son cuerpos animados. El nico caso oportuno que usted cita es el de la yegua que pari una mula preada de otra; pero an ste no le hallo bastante calificado para formar una rigurosa panidad. Ignrase el tiempo que vivi la mula preada, que es una circunstancia muy esencial. Eusebio Nieremberg, de quien copi Salafranca este pasaje, me parece que fue ms a propsito para escribir obras msticas y ascticas sobre la Historia Natural. Para esto se requiere a ms de una erudicin vastsima y una crtica muy fina, varias proporciones que no pudo tener un pobre religioso. Alejandro suministr a su maestro ochocientos talentos y algunos cazadores y pescadores para que pudiesen escribir su historia de los animales. Plinio, en las diferentes comisiones importantes que le dispensaron la amistad y estimacin de Tito y Vespaciano, examin muchas cosas por s mismo y otras por sus sbditos. El Conde Buffon se corresponda con los primeros literatos del mundo, mereci la proteccin de Luis XVI y tuvo un empleo que le facilitaba escudriar la naturaleza. Ignrase que Eusebio Nieremberg tuviese estas proporciones, por tanto su Historia Natural merece poco aprecio. Pero supongamos que todos los argumentos que usted produce son ciertos y oportunos; resta todava un reparo muy difcil de resolver, y es cmo pudo la mula contener en su vientre por tres aos aquel feto. Usted lo previno, y procur disiparle diciendo con Francisco Bayle que una mujer estuvo preada veintitrs aos y otra diecisis segn refiere Bauchando. No tengo el honor de conocer a este caballero, pero s a Bayle, y aunque le

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OBRAS 32\ 32\ 32\ 32\ 32\ respeto en la Fsica, no doy crdito a todo lo que cuenta. l y Bartolino, a quien usted cita en otro lugar, traen varios ejemplos de nios que lloraron dentro del vientre;7 y es inconcluso que si respirasen solamente, se ahogaran con el licor linftico en que nadan. Ms fcilmente pueden equivocarse en el tiempo de preado, cuyo clculo depende de los informes que dan las mujeres. stas, unas veces por ocultar sus crmenes y otras por error, mienten mucho. As se explican Sunquemo, Piquer, Pablo Zaquas y todos los mdicos sensatos, cuyas autoridades producira si fueran necesarias para probar que el preado no pudo exceder de un ao; y si alguna vez ha pasado de trmino el feto se ha visto u osificado o sin aquellas dimensiones correspondientes al tiempo en que ha mediado entre la concepcin y el parto, porque la mola donde se contena le ha impedido vivir y perfeccionarse. Es demasiado frecuente juzgarse las mujeres embarazadas desde que les falta la menstruacin, y ratificarse en esta idea al ver que el vientre se eleva y endurece, cuando por mil causas puede suprimirse aquella evacuacin y de aqu resultan obstrucciones y tumores de un tamao y dureza extraordinaria; el mismo caso de Bayle lo acredita. Finalmente las leyes fundadas en una autoridad de Hipcrates, y usando de la mayor piedad, solo reconocen legtimos los hijos pstumos que nacieren dentro de los diez meses de fallecido el esposo de su madre.8 Pero no son necesarias estas razones para despreciar la historieta de Bayle; hasta decir que la duracin de aquel preado se atribuy a hechizo de una mujer llamada Boneta.9A estos hechos agrega usted algunas reflexiones, pero fundadas todas en un supuesto falso. Se sabe, dice usted, por declaracin de los mejores anatmicos que no pueden ser fecundas por defecto de la organizacin necesaria. Qu sigue de esto? Indubitablemente que naci fecundada. Si estuvisemos en clases le negara usted el supuesto, el testimonio, la hilacin y consecuencia. Empdocles, Demcrito y Aristteles, los nicos anatmicos de brutos que usted ha citado, no dijeron que las mulas no podan fecundarse por defecto de organizacin, sino que no podan conservar el feto hasta hacer un parto natural. Para esto se requiere ms perfeccin en los vasos que para lo primero, aunque para uno y otro se necesita una parte donde se ejerza esta funcin. Si las mulas carecen de ellas, dnde reciben el principio de la generacin? Dnde le conservan por tres aos, donde forman un feto semejante a ellas? A m me parece que usted solamente probar que la mula sin tener matriz nace fecundada y retiene el feto, cuando cita un ejemplo de algn animal del sexo masculino en quien se observase este fenmeno. 7Martn Martn, Anatoma completa, cap. 5. 8 Partida 4, Tit. 23. Ley 4. 9 Memorias eruditas de Salafranca, t. 2, 28.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /33 /33 /33 /33 /33 Entretanto suponiendo un hecho certsimo y notorio, como que varias mulas hayan contenido dentro de s y arrojado un cuerpo que se les parece, conservndose antes y despus de ejecutarlo sanas y robustas; infiero que tienen todos los rganos necesarios para concebir y perfeccionar. Y si pueden hacerlo en el tiempo que usted dice, cuando para que suceda en los animales ms fecundos es preciso trastornar las leyes que la naturaleza ha observado con esta operacin; ms fcilmente se verificar en aquel perodo prescrito a todos los seres, y menos difcil de comprenderse. Pero no es la razn solamente la que me hace diferir de la opinin de usted. Yo no ignoro que los misterios de la generacin estn ocultos bajo un velo impenetrable al entendimiento humano; la observacin y la experiencia sern mi ms firme apoyo. El Conde Buffon, ya lo he dicho, asegura que el mulo y la mula tienen, como los dems animales, todos los rganos y el licor necesario para la generacin. Cazavant, que vio lo que abort en la isla de Santo Domingo y le escribi sobre este hecho, le dice que la mula tena las tetas abultadas y llenas de leche; Blasius refiere que Stenon, habiendo disecado los testculos de dos mulas, hall que los de una eran iguales a los del asno, y contenan en sus cavidades varios huevecillos, uno de ellos de un tamao extraordinario y lleno de un licor amarillo, y otro semejante en su figura a una glndula conglomerada. Los testculos de la otra eran ms pequeos y no contenan ningn huevo. Hace una descripcin muy prolija de la matriz, y concluye que la mula en cuyos testculos se encontrasen huevos podran engendrar sin algn prodigio.10Algunos han credo, dice Lemer, que las mulas son tan incapaces de fecundarse como los monstruos persuadidos de que ellas lo son; pero se engaan. Ha sucedido muchas veces, y en diferentes pases, que las mulas hayan parido. En 1703 en Palermo de Sicilia pari una de edad de tres aos un pollino, y le nutri con su leche, que tena muy abundante.11 Este mismo caso se encuentra en los diarios de Trevoux, en el mes de octubre de 1703, pgina 82. Aristteles asegura que en la parte de Siria ms inmediata a Tenicia todas las mulas conciben por coito y paren, aunque no son de la misma especie que las nuestras son muy semejantes.12 Sin leer la historia natural de Buffon pocos ignorarn que las mulas se dejan cubrir por caballos, asnos y mulos. Sabido es que por una experiencia muy comn que para conservarlas lozana conviene echarles algn macho; y yo las he visto no solo condescender ultrneas, sino excitarle y halagarle. Esta condescendencia, esta inclinacin de la naturaleza debe tener algn objeto. 10 Anaton des animaux 11 Suite de la matiere medic M. Geoffroy par Mrs. Arnault et salerne, t. 3, p. 288. 12 Historia de los animales Lib. 6. cap. 24.

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OBRAS 34\ 34\ 34\ 34\ 34\ Parceme, pues, haber manifestado que las mulas pueden fecundarse del modo ordinario y menos comprensible, sin ser necesario suceda el extraordinario fenmeno a que usted ocurre sosteniendo y disculpando estas dos peligrossimas proporciones: la hembra puede nacer fecundada; el preado puede durar hasta veinticinco aos. Jzgome tambin indemnizado de los cargos que me hizo; y si en alguna expresin le hubiere ofendido, repito a usted estas palabras proferidas por San Agustn en una ocasin algo semejante: Da veniam si quid liberius dixi nom ad contumeliam tuam, sedad defensinem meam. Cralo usted as, y viva persuadido de que las disputas del entendimiento jams alterarn la voluntad con que le estima. Doctor Toms Romay.ARTCULO EN EL QUE HABLA DE LAS NECESIDADES DE UN AMBIENTE RENOVADO PARA LA VIDA, Y SE TRATA DE LA COMPOSICI"N DEL AIRE ATMOSFRICO*El hombre es uno de los animales que no puede vivir sino sumergido en una atmsfera de aire; y es absolutamente necesario no slo no estar privado de l, sino que sea saludable el que respire, purgando de los hlitos que los suelen degenerar y en cantidad suficiente para facilitar la respiracin; esta funcin de la vida animal, que es tan precisa y urgente a nuestra conservacin. Los experimentos de la mquina pneumtica nos prueban que segn el aire se enrarece se destruye el equilibrio que haba entre todas las partes del animal que est dentro del recipiente. El tejido de sus fibras y dems partes que le componan se dilatan, los vasillos bronquios del pulmn pierden su elasticidad, y por consiguiente quedan incapaces de contraerse y alargarse como es indispensable para respirar, lo que ocasiona al animal inquietudes y angustias, y aun la misma muerte si contina el experimento. De aqu se infiere cuan peligroso es permanecer mucho tiempo en parajes sin ventilacin, principalmente donde las luces alteran el aire y lo enrarecen, y en donde tambin el mucho concurso no slo lo privan de la respiracin de la electricidad necesaria para ser saludable, sino igualmente le quita una gran porcin del aire vital u oxgeno. De aqu provienen los vahdos y otros accidentes que en semejante ocasiones experimentan las mujeres, y con ms frecuencia las histricas. Desde que se ha establecido el sistema de gases, se han rectificado en esta materia muchos hechos importantes, dirigidos todos a nuestra conservacin. Una de las ms tiles averiguaciones que se han hecho ha sido *Papel Peridico de la Havana 1799.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /35 /35 /35 /35 /35 sin disputa la de examinar la composicin del aire atmosfrico. Sbese que consta de dos tufos o fluidos elsticos; el uno que mantiene la respiracin y combustin, y el otro que no puede servir para ninguno de estos fenmenos. El primero, que se ha llamado aire vital, se compone de calrico y oxgeno; el segundo, llamado tufo aztico, es un fluido mortfero para los animales, apaga los fuegos inflamados y constituye las tres cuartas partes o los dos tercios de la atmsfera. An siendo tan corta la porcin de aire respirable est expuesta a pervertirse. Despus de las ms exactas experiencias ha probado De la Metherie que en una hora absorbe cada hombre por la inspiracin trescientas sesenta pulgadas cbicas de aire vital; y siendo ste intil para repetir la misma funcin se puede fcilmente concebir con que facilidad se altera el aire y se inutiliza para la respiracin. Se requiere adems una exacta proporcin entre las sustancias primigenias que le componen. Cuando sta se altera, lo que sucede con frecuencia por mil motivos, notamos unas veces dificultad en respirar, y otras advertimos una respiracin acelerada que nos fatiga e incomoda. Estas observaciones nos persuaden la necesidad de mantener el aire siempre renovado, que es el nico medio conocido para preservarnos de muchas dolencias, y tambin precavernos en nuestras enfermedades de que se agraven ms, por tener los enfermos sepultados en una atmsfera de vapor meftico, en un aire corrompido sin casi resorte ni movimiento, o bien enrarecido, capaz de oprimir la respiracin y de aprobar infinitivo las dolencias del paciente. ste es un abuso demasiado frecuente en nuestro pas, contra el cual declaman vanamente los verdaderos mdicos. Es muy raro el enfermo que no se encuentra en un aposento estrecho, cerradas hasta las rendijas de las ventanas y an muchas veces la nica puerta y cubierta adems con una cortina. All recibe el paciente una multitud de visitas importunas que bajo el pretexto de consolarle en sus males se lo aumentan de varias maneras. All se introducen el bracero para calentar las medicinas, siendo muchas de ellas unos ungentos y aceites rancios que con la accin del fuego se hacen empireumticos, y exhalan un hedor insufrible. All permanecen reconcentrados en el aire los hlitos que exarroja el enfermo por la transpiracin y con todos sus excrementos. Albaales habr menos inmundos que en muchos de estos lugares. Y podrn en ellos vencerse las enfermedades y recuperarse la salud? Yo me admiro como sana uno solo de estos enfermos, y como no adolecen todos los que le asisten. Salgamos pues de la preocupacin, del grosero error en que estamos imbuidos de que la moderada ventilacin es perjudicial a la salud. Conozcamos a la luz de estas verdades que por casualidad sern tiles los ms eficaces auxilios de la medicina si no se respira un aire puro. l comunica a la sangre por inspiracin el calrico, ese pbulo de nuestra vida; y toma de ella el hidrgeno y el carbono, dos sustancias inflamables que excediendo la proporcin con que deben existir en nuestro cuerpo, y unindose con el

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OBRAS 36\ 36\ 36\ 36\ 36\ azoe materia que dispone a la alcalescencia o putrefaccin, producen todas las especies de calenturas, segn predomina algunos de estos principios. Y si las producen en un cuerpo sano, cmo no las conservarn en el que estuviere extenuado y achacoso? Doctor Toms Romay.ARTCULO EN EL QUE INFORMA HABER UN TRATAMIENTO PARA LA LITIASIS RENAL POR UN MEDICAMENTO QUE DISUELVE LOS CLCULOS*Abastecindose an el mismo Hipcrates de extraer los clculos contenidos en la vejiga por los grandes riesgos a que expone esta operacin, buscaron los mdicos posteriores los medios de disolverlos y facilitar su expulsin. La farmacia galnica se jactaba de haberlos encontrado, y por mucho tiempo se administraron con la mayor confianza varias drogas sin que nadie hubiese visto alterarse alguna de esas concreciones por la accin de esos remedios. Apareci en fin la Qumica, y prestando ms aserso a la experiencia que a los vanos raciocinios y autoridades, busc en el anlisis los principios de que constaban para usar de los reactivos capaces de deshacerlas. Paracelso, a quien no dudar llamar el patriarca de los qumicos, fue el primero que ejecut estos ensayos; crey que los clculos eran la sustancia media entre al trtaro y la piedra, formndose por la modificacin de una resina animal semejante a la materia artrtica. Casi fueron del mismo dictamen Sydemham, Sheyne y Murray. Helmont no admiti esta analoga, y mir el clculo como un cogulo animal compuesto de las sales de la orina y de un espritu voltil terrestre. Boyle juzg encontrar en ellos un aceite y sal voltil. Hales observ que un clculo que pesaba doscientos treinta gramos dio un volumen de aire 0,45 veces mayor que l, dejando una porcin de cal que pes cuarenta y nueve gramos La opinin de los primeros mdicos fue reprobada por las observaciones de Swieten, Pinelli, Roering y Watson; y advirtiendo Haen, Rogel, Alston y Meckel que el jabn, el agua de cal y otros alcalinos disolvan los clculos, excitaron a repetir los anlisis. Ejecutronlas con mayor prolijidad y con constancia Scheele y Bergman, y al fin convinieron en que la mayor parte que compona estas piedras era cido concreto, a quien Morveau llam cido litisico, y en la nueva nomenclatura es conocido con el nombre de cido ltico. Chaptal y Arjula son del mismo sentir. Papel Peridico de la Havana 27 de enero de 1799.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /37 /37 /37 /37 /37 Sabido el principio que en ellos exceda no era difcil encontrar el medio de disolverlos. Este utilsimo descubrimiento se debi al infatigable Scheele. Despus de haber usado varios reactivos qued convencido de que los lcalis custicos y voltiles deshacan prontamente esas concreciones. Restaba slo saber cual de ellos era el ms eficaz; los nuevos experimentos lo decidieron. La sosa o lcali mineral mereci la preferencia no slo por los efectos que produjo, sino tambin por varias razones que no me permite referir la naturaleza de este papel. Pero aunque esta sal sea menos custica que la potasa, no poda administrarse interiormente sin enervar primero aquella cualidad. Saturse con el gas cido carbnico ponindola en estado de no sentir el paladar ms que un sabor levemente punzante, conservndole su virtud disolvente; virtud que perdera si se saturase hasta extinguir enteramente su alcalinidad. Preparado de esta suerte el lcali mineral es el remedio ms eficaz para la nefritis calculosa, usndolo no en el tiempo del paroxismo, sino cuando se haya disipado el dolor y la inflamacin. Referir un solo caso bastante para recomendarle. Un religioso de la Orden de Santo Domingo fue por espacio de doce aos tan molestado de esta terrible pensin, que principalmente de cuatro aos ac nunca pasaron quince das sin que no arrojara algunas piedras atormentndole los ms agudos dolores. En este tiempo le asistieron varios facultativos, y yo apur intilmente cuantos recursos me sugera el arte. Administrle, en fin, en julio del ao pasado 1798 un dragma de lcali disuelto en un pocillo de cocimiento de zarza, el que tomaba todas las noches. El 20 experiment un fuerte dolor primero en los riones, y seguidamente el urter izquierdo, el cual ces luego que sinti haber descendido la piedra a la vejiga. El 22 en la noche le repiti en su esfnter con ms vehemencia que nunca, suprimindole enteramente la orina. La duraron estos sntomas hasta las once del siguiente da, en que a beneficio de un bao emoliente y otros auxilios arroj un clculo de figura elptica que pes veintin granos, el mayor que haba expelido hasta entonces. Continu tomando el lcali por algunas semanas, y siempre que orinaba arrojaba una porcin considerable de arena gruesa, y algunos calculillos. Desde aquel da hasta el presente no ha vuelto a sentir alguna incomodidad notable; de lo que infiero que si hubiera observado ms tiempo el mtodo que le prescrib, se hubiera preservado para siempre de tan molesta enfermedad. No se limita a esto solo la virtud del lcali mineral. Es generalmente reconocido como un poderoso disolvente de la linfa, y por tanto utilsimo en todas las enfermedades que proceden de su espicitud. Yo sospecho que esta sal es la celebrada de Arjula como especfico de las escrfulas. Indceme a presumirlo no slo los alivios que he advertido en algunos escrofulosos a quienes se la he administrado, sino tambin el saber que

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OBRAS 38\ 38\ 38\ 38\ 38\ tiene por base el muriato de sosa, recomendado por Ruser en las obstrucciones linfticas que dependen del vicio escrupuloso, y experimentada por Fourcroy en varias enfermedades de esta naturaleza. Se encontrar este remedio debidamente preparado en la botica situada a la espalda del Convento de Santo Domingo. Toms Romay.DICTAMEN SOBRE LA MEMORIA DEL DOCTOR NIDERBURG SOBRE GALVANISMO*Seor don Juan Bernardo O’Gavan, Secretario de la real Sociedad. El deseo de encontrar un medio capaz de conservar el decoro de este ilustre Cuerpo sin ofender la opinin del seor Nicols Niderburg, nos ha obligado a demorar la censura de su Memoria sobre el galvanismo; pero habiendo sido reconvenidos en oficio de 24 del pasado, expondremos nuestro dictamen para que usted lo participe a la Sociedad. El doctor Niderburg no manifiesta en el adjunto papel estar muy instruido en los ltimos descubrimientos fsicos y qumicos; su Fisiologa nos es desconocida, y en la Nosologa y dems partes de la Medicina comete algunas contradicciones muy notables. Suponiendo, en la pgina 2 vuelta, que “no es posible conozcamos la naturaleza y causas de las enfermedades internas”, exige, en la pgina 4 vuelta, que “el facultativo sepa las causas y naturaleza de la enfermedad en cada caso particular, para poder proporcionar el grado de estmulo”. En el mismo prrafo prosigue, “como el galvanismo obra poderosamente sobre todo el sistema, particularmente sobre los nervios, les aplaca el exceso de irritabilidad, que es el origen de la mayor parte de las enfermedades crnicas”. En primer lugar, si el galvanismo es un estmulo poderoso, lejos de aplacar el exceso de irritabilidad debe aumentarlo hasta causar una debilidad indirecta. Lo segundo se opone a los principios de toda patologa que el exceso de irritabilidad sea el origen de la mayor parte de las enfermedades crnicas; al contrario, todas ellas provienen de un exceso de debilidad. El mismo doctor Niderburg, despus de referir dieciocho de ellas se explica de este modo en la pgina 5: “No es preciso ser mdico para conocer que todas estas enfermedades procedan de un estado de debilidad en todo el sistema corpreo, o de una debilidad parcial acompaada de aquella; por tanto deben esperarse los mejores efectos de la influencia de fluido metlico, cuyo estmulo es tan poderoso.” *Publicado en “Aviso” del Papel Peridico de la Havana 10 de marzo de 1807; Actas manuscritas de la Sociedad Econmica Libro III, f. 360; Archivo de la Sociedad Econmica, leg. 67.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /39 /39 /39 /39 /39 Por estos defectos, y otros que omitimos, juzgamos que no har ningn honor a la Sociedad autorizar la impresin de la expresada Memoria. sta es una traduccin muy defectuosa del original ingls publicado en Nueva York por el mismo doctor Niderburg en 1803, y de la cual tenemos un ejemplar. Como el autor ignora nuestro idioma, se habr valido de alguna persona poco instruida en las ciencias naturales y en la lengua castellana. sta es sin duda la causa de no haber expresado sus ideas con orden y exactitud, y que tambin le ha impedido usar de las voces tcnicas y aun de las castellanas con propiedad y pureza. Pero habiendo presenciado todo el tiempo que dice las operaciones de Galvani y de Volta, pudo adquirir los conocimientos prcticos necesarios para emplear las mquinas oportunamente. En esta ciudad lo ejecuta con permiso del Protomedicato, y no tenemos noticias de algn resultado adverso. Dios gue a usted muchos aos. Habana, 12 de febrero de 1807. Toms Romay, Francisco Lemaur.INFORME SOBRE LAS AGUAS DEL POZO DEL CASTILLO DEL PRNCIPE*Seor Presidente, Gobernador y Capitn General: En cumplimiento de la orden de Vuestra Excelencia pas la tarde del 11 del corriente a reconocer las aguas del pozo del Castillo del Prncipe, en presencia de los seores comandantes de Ingenieros de aquella fortaleza, el Ministro Interventor de Real Hacienda y del protomdico regente doctor don Nicols del Valle. Habindose extrado a las dos de aquella misma tarde toda el agua que contena, observamos que a las cinco haba recibido nueve pulgadas, que equivalen a tres por hora. Probamos el agua del citado pozo y no la encontramos desagradable al gusto. La comparamos con la de la Zanja y de la lluvia poniendo cada una de ellas en tres diferentes vasos, y sin embargo que permaneca muy turbia el agua del pozo y saturada de partculas trreas; calculada su gravedad especfica con el aremetro de Baum, result que no era ms grave que la lluvia, y s ms leve que la de la Zanja. La temperatura era en sta y en la del pozo igual a la de la atmsfera, pues estando el termmetro en los 76F, permaneci en el mismo punto despus de haber estado sumergido un minuto en cada una de estas aguas; en igual tiempo baj en la lluvia a los 74. La tintura de apallas no produjo en ninguna de las tres la menor alteracin, prueba de que no contienen ni hierro ni vitriolo; el nitrato de plata les Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 3, pp. 81-82.

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OBRAS 40\ 40\ 40\ 40\ 40\ dio a todas un color de violetas en la parte superior, ms claro en el agua del pozo y en la de lluvia que en la de la Zanja, resultando despus en sta un precipitado parduzco. Antes de sacar del pozo el agua que analizamos, vimos cubierta toda su superficie con una nata tornasolada; el olor y el sabor del agua era bastante para persuadirnos que el cuerpo que sobrenadaba en ella era un petrleo disuelto con todas las propiedades de aceite escurial, en cuyo estado los qumicos lo llaman nafta. Las piedras que poco antes se haban sacado del fondo del pozo eran ollares, de un color muy oscuro, y en su olor y sabor manifestaban estar saturadas de petrleo. Finalmente, el Comandante del Castillo me dio un pedazo como de dos onzas de este mineral puro y concreto extrado anteriormente del mismo lugar; el cual aplicado a la llama de una vela se inflam y derriti prontamente presentando todos los caracteres de la pez mineral llamada vulgarmente chapapote. Resulta pues de este ensayo que en el citado pozo existe una mina de petrleo disuelto y concretado, en cuyas partculas mezclndose con el agua lejos de privarla de aquellas cualidades fsicas que la hacen potable y preferible al agua de la Zanja, le comunican tambin algunas virtudes medicinales. El petrleo y las aguas saturadas con este aceite mineral, fortifican el estmago y todos los nervios, disuelven los humores grasos, y han solido curar la perlesa y el reumatismo. Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos aos. Habana y marzo 19 de 1807. Toms Romay Seor Marques de Someruelos, Presidente, Gobernador y Capitn General de esta ciudad e Isla.DESCRIPCI"N DE UN HERMAFRODITA*Habiendo comprendido que el doctor don Bernardo Czar, ayudante director de la Marina Nacional de este Apostadero, haba reconocido el 28 del pasado abril un marinero hermafrodita, quise examinar un fenmeno que an no haba visto en la especie humana. Entre los brutos observ esta monstruosidad hace veinte aos, en dos caballos que trajeron de un lugar de esta Isla al excelentsimo seor don Gabriel de Aristizbal. Posteriormente tuve una cabra hermafrodita que me regal el farmacutico don Agustn Hernndez. En los caballos los rganos de ambos sexos estaban igualmente caracterizados, aunque con imperfeccin; en la cabra ambos eran desproporcionados a su tamao, el masculino demasiado pequeo y el Diario del Gobierno de la Habana, 8 de mayo de 1813.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /41 /41 /41 /41 /41 femenino excesivamente grande, presentndose siempre como en estado de calor. Por este motivo y porque a cualquier objeto le acometa en la aptitud que los cabrones ms ardientes, la saqu prontamente de mi casa. Conducido pues por el doctor Czar y en consorcio del doctor don Juan Prez Carrillo, pasamos a la habitacin destinada a los seores comandantes de la Marina de este puerto, y sabiendo que en uno de sus cuartos bajos estaba el hermafrodita, le distingu entre otros cinco marineros que all estaban no porque sus facciones sean hermosas, sino porque advert en ellas, y en sus modales y en la voz, ciertos rasgos de terneza femenil, aunque con bozo y vellos en la barba. No los tiene en ninguna otra parte del rostro ni en todo su cuerpo, nicamente bajo los brazos y en el empeine. Su estatura es mediana, las carnes proporcionadas, la musculacin y los contornos de su cuerpo semejantes a los de mujer. Los pechos son iguales en tamao, figura y perfeccin a los de una doncella de su edad, no les falta aureola ni pezn. En la parte inferior del pubis, donde es natural a todos los hombres, se descubre un pene de dos pulgadas de longitud con prepucio y glande imperforada; por lo cual careciendo de urter, y no habiendo experimentado alguna ereccin, no puede orinar por l ni ejercer actos viriles. Conservndose siempre este pene dentro de los dos labios, que caracterizan el sexo femenino, hace las veces de cltoris, aunque de una magnitud excesiva. El labio izquierdo se presenta ms abultado que el opuesto, porque dentro de l est contenido y pendiente de su cordn uno de los testculos, poco menor que el huevo de una paloma casera. El derecho es testicondo, situado sobre el anillo inguinal del mismo lado; mas comprimindolo hacia bajo, desciende hasta la parte superior del labio y vuelve a contraerse por su cordn. Bajo el pene cltoris se percibe el efinter del urter por donde orina, y el orificio de la vagina, tan estrecho que intentando el doctor Czar introducirle el dedo ndice, no pudo conseguirlo, y el hermafrodita se quej como que senta dolor; lo que acredita no haberse violado ese conducto. Asegur que nunca haba mestruado ni sentido jams estmulos venreos, ni inclinacin a alguno de los dos sexos. Reconocido posteriormente y repreguntado el 2 del presente en la imprenta de los seores Arazosa y Soler, en presencia del Conde de O’Reilly, de don Antonio del Valle Hernndez y varios otros sujetos, confes que se inclinaba con preferencia a los hombres, por lo cual haba tomado su traje, aun participando ms del sexo femenino. Llmase Antonio Martnez, natural de Chiclana, su edad diecinueve aos, pero representa ms. Fue bautizado como mujer, porque entonces slo tena los rganos de aquel sexo. A los seis meses de nacida se descubri el pene, y creyendo los padres fuese alguna enfermedad, la hicieron curar mucho tiempo, hasta que se convencieron de que eran ineficaces todos los remedios. Siendo ya adulto se visti de hombre, y tom plaza de marinero en uno de los buques que hacen el comercio de Levante. Hace

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OBRAS 42\ 42\ 42\ 42\ 42\ siete aos fue reconocido en Cdiz por el cirujano mayor de aquel departamento. Se embarc despus para Montevideo, donde tambin lo reconocieron cuatro aos despus. De ese puerto lleg a ste con la misma plaza de marinero en un barco mercante. La noche del 17 ltimo lo aprehendi la partida de Marina, y temiendo lo destinace a servir en la Armada nacional, expuso la excepcin de ser hermafrodita. Esto dio ocasin al reconocimiento del doctor Czar y aque se divulgase por la ciudad un fenmeno tan raro. Sin embargo de su autenticidad, varias personas poco instruidas en la fsica y en la historia juzgan imposible reunirse en un mismo individuo los rganos que distinguen los dos sexos, aun con la imperfeccin que hemos advertido en el caso presente. Pero es demostrado que en la mayor parte de los vegetales se encuentran aquellas partes tan perfectas, que una misma planta se fecunda a s misma y reproduce, a las cuales clasific Linneo. Entre los irracionales, especialmente las ostras, es muy frecuente hallarse en un propio individuo los caracteres de ambos sexos; pero por ms perfectos que parezcan no se fecundan a s mismo. Cuanto ms perfecto es el animal, tanto ms imperfecto son los rganos de algunos de los dos sexos y por consiguiente tanto menos posible es la propagacin unipersonal. De aqu es que no slo ningn animal perfecto ha podido fecundarse a s mismo, pero ni tampoco ha ejercido alternativamente las funciones de varn o de hembra; y aun aade Valmont de Bomare que los individuos de la especie humana llamados hermafroditas o andrginos, lejos de ser hombres y mujeres al mismo tiempo no son ni lo uno ni lo otro con perfeccin. Tal es hasta ahora Antonio Martnez. No puede ejercer las funciones viriles, porque careciendo su pene de urter, es incapaz de seminar, aun cuando poseyera los rganos destinados a la preparacin de ese lquido. Y podr concebir faltando la perfeccin necesaria a las partes que contribuyen a esta operacin? Carece de ninfas, de carnculas mirthiformes y por consiguiente de rima menor; y el no haber mestruado a los diecinueve aos teniendo suficiente vigor acredita la imperfeccin del tero y dems rganos internos. Si este hecho no fuere bastante para probar la existencia de los hermafroditas, lo esforzar con otros muy semejantes. Dos refiere Valmont de Bomare. El primero observado en Pars, en 1751; el segundo, mucho ms extraordinario, se present en la misma ciudad en 1765. Llambase este hermafrodita Grand Jean y se bautiz en Grenoble como mujer en 1732, conservndose con su traje y con todas sus inclinaciones hasta los catorce aos. Empez entonces a mirar como un placer desconocido a las mismas jvenes que haba tratado antes con la mayor indiferencia, sintiendo ciertas pasiones que le persuadieron no pertenecer al sexo que haba simulado. Vari de traje, y engaado por sus estmulos y deseos se cas como hombre, juzgndose capaz de ejercer todas sus funciones. No sucedi as, y delatado a los magistrados de Lyon, fue declarado infame, condenado como profanador de un sacramento a ser azotado, a un calabozo

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /43 /43 /43 /43 /43 cargado de prisiones y ltimamente a perpetuo destierro. Elevada la causa al Parlamento de Pars, sus jueces ms ilustrados en la Fsica y el Derecho pusieron en libertad a ese iluso, declararon nulo su matrimonio, y le previnieron se vistiese y comportase como mujer, pues era se su sexo dominante. Lo acredit el reconocimiento que se hizo de su persona. Aunque lampio, estaban las piernas cubiertas de vellos. Los pechos mayores que los del hombre, pero no eran delicados ni sensibles al tacto como los de la mujer; los pezones gruesos y sin aureola; la voz semejante a la de un joven adolescente. El cltoris que sala de los grandes labios sobre el meato urinario tena cinco dedos de longitud y uno de grueso, capaz de ereccin y permaneca firme en el acto del coito; en su parte inferior se distinguan dos testculos, y en la superior prepucio y glande; mas como era imperforada no poda expeler por ella ni orina ni materia prolfica. El orificio de la vagina era tan estrecho que no arrojaba sangre ni mestruo, ni el otro lquido. Aun fue ms ruidoso en toda Espaa, y ms digno de la contemplacin de un naturalista, lo sucedido en Granada el siglo anterior. En 1755 naci en Zjar, pueblo de la abada de Baza, obispado de Guadix, una nia que se llam Fernanda Fernndez. Educada por unos padres honrados y cristianos, y teniendo ella las ms piadosas inclinaciones tom el hbito de religiosa capuchina en un monasterio de Granada el 10 de abril de 1774 a los dieciocho aos de su edad, y profes al siguiente. Desde el principio de su juventud advirti que cuando estornudaba, tosa o haca algn esfuerzo extraordinario, se le desprenda por entre los labios sexuales un cuerpo carnoso de una pulgada o poco ms de longitud, el que prontamente volva a ocultarse sin causarle alguna incomodidad. Su pudor no le permiti reflexionar sobre este fenmeno, ni menos comunicarlo a sus compaeras. As permaneci hasta la edad de treinta y dos aos en que empez a sentir inclinaciones al bello sexo, frecuentes desprendimientos de aquel cuerpo extrao y propulsiones involuntarias. Inform entonces al confesor de los nuevos afectos y movimientos que notaba, suplicndole la extrajese de aquel monasterio donde juzgaba no deba permanecer siendo otro su sexo. Mas aquel director y los dems que tuvo en el espacio de cinco aos despreciaron su instancia, atribuyendo a un fuerte histerismo los estmulos carnales que senta, y a la relajacin del tero o de la vagina el cuerpo extrao que se presentaba en ella. Mas su ltimo confesor, el padre fray Esteban Garrido, luego que fue informado de todo lo que padeca, reflexionando detenidamente y consultando a los mejores telogos y fsicos, previno a la superiora del monasterio separase a sor Fernanda de las dems religiosas y la custodiase bajo llave hasta la resolucin del Ilustrsimo Seor Arzobispo de aquella dicesis, don Juan Manuel Moscoso y Peralta.

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OBRAS 44\ 44\ 44\ 44\ 44\ Instruido este prelado por el padre Garrido, dispuso entrara en el monasterio una comadre, reconociese a la expresada monja y expusiera su dictamen. Practicse el examen, y habiendo certificado ser varn la persona reconocida, se extrajo del monasterio el 21 de enero de 1792 con traje de mujer seglar. Depositada en lugar seguro, fue nuevamente reconocida por dos mdicos, dos cirujanos y una partera, y unnimes atestaron entre otras particularidades las siguientes. Descubranse bajo la regin hipogstrica dos labios unidos en la parte superior al monte de Venus, y en la inferior al perineo, formando la rima mayor. Separados los labios no se encontraron ninfas ni cltoris; pero en el sitio que deba ocupar ste se manifest el conducto urinario, por donde sala ese lquido. Dos lneas ms abajo no se hall el orificio externo de la vagina, y en su lugar estaba un perfecto pene demarcado su balano en la parte superior por una lnea membranosa que la circunscriba, y terminaba con el urter por donde depona mensualmente desde los catorce a los quince aos una corta cantidad de sangre, expeliendo tambin por el mismo conducto un lquido seminal cuando experimentaba alguna ereccin o estmulos venreos. El pene careca de prepucio; cuando se observ tendra pulgada y media de longitud, y en su ereccin asegur llegar a tres pulgadas. En la base de ese miembro se encontraron dos eminencias colaterales redondas y pequeas en forma de testculos, cubiertos por la misma tnica que interiormente cubre las partes carnosas de los labios. En virtud de lo expuesto atestaron unnimemente los expresados facultativos que prevaleciendo en esta persona los rganos principales, que caracterizan el sexo masculino, deba reputarse por verdadero hombre, y como tal usar el correspondiente traje. Conformndose con este dictamen el prelado diocesano, anul la profesin de sor Fernanda, la hizo vestir de hombre, y el 11 de febrero de 1792 le remiti a sus padres al pueblo de Zjar; todo lo cual consta del expediente archivado en la curia eclesistica de Granada. Para ilustrar ms la historia natural en un punto incierto todava aun al mismo Conde Buffon, convendra haber observado si este sujeto fue capaz de fecundar alguna mujer. Sin un dato tan decisivo, estoy persuadido que si ese ilustre fillogo se hubiera instruido de todas las circunstancias tan autorizadas en el caso referido, no habra dicho “que no tenemos ningn hecho bien comprobado en orden a los hermafroditas, porque la mayor parte de las personas que han credo hallarse en ese caso no eran sino mujeres en quienes cierta parte sexual haba tomado demasiado incremento”. No dudo que Hipcrates y Plinio han dado ocasin para dudar de la existencia de los hermafroditas, refiriendo unas trasmutaciones de hombres en mujeres y de stas en varones que slo pudieron verificarse en el cerebro del autor de las Metamorfosis Para que sucediera lo que atestan

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /45 /45 /45 /45 /45 esos autores era preciso trastornar y an destruir la organizacin peculiar a cada sexo. Mas como para merecer el nombre de hermafrodita no se ha exigido nunca la perfeccin absoluta ni en uno solo de los rganos que distinguen los sexos, sino que ha bastado la reunin imperfecta y monstruosa de ambos; de aqu es que han sido reconocidos desde los siglos ms remotos, y aun castigados muy injustamente por las naciones ms ilustradas y cultas. Las leyes de Grecia y Roma los condenaban a ser precipitados en el mar o en los ros, cuyo suplicio se ejecut despiadamente con Tiresias, sin embargo de la energa con que ella misma sostuvo en el Aerpago el privilegio con que la haba distinguido la naturaleza entre todos los individuos de su especie. Es muy digno de leerse este juicio en el tomo 5 de la Filosofa de la Naturaleza Tambin pueden verse las historias de varios hermafroditas en Pablo Zaquas, Pignatelli, Clericato y Venette en su Tableau de l’amour conjugal Pero nada es tan fcil ni tan convincente como reconocer a Antonio Martnez. Todava existe en esta ciudad, y en el propio lugar donde yo le examin. Habana y mayo 8 de 1813. Doctor Toms Romay Chacn .ARTCULO EN EL QUE DA CUENTA DE LA EXPULSI"N DE TRES FETOS, UNO DE ELLOS UN MONSTRUO*Doa Martina Cabrales, esposa de don Antonio Surez, que vive en la calle de Compostela nmero 126, a los siete meses de embarazada dio a luz la noche del 17 del corriente un feto varn perfectamente organizado, de un tercio y una pulgada de longitud contenido en su par. A las seis de la maana del 17, experimentando nuevos dolores, pari otro igualmente perfecto del mismo sexo y tamao, al que se le administr el bautismo por habrsele advertido algunas seales de vida, pero no al primero. Lejos de quedar tranquila, despus de expeler ese cuerpo, sinti fuertes dolores y un movimiento convulsivo en el tero que la sofocaba. As permaneci hasta las once del propio da, en que arroj otro feto monstruoso poco ms pequeo que los anteriores, cuyo par qued adherida y fue necesario extraerla. Ni en sus partes inferiores de la cintura, ni en los rganos peculiares al sexo masculino, se descubra la ms leve imperfeccin; pero la otra mitad de ese cuerpo era una masa de carne de figura cnica, cuyo vrtice se apoyaba en la cintura, y el otro extremo aplanado y desproporcionado a la base por su latitud tena en el centro de su superficie convexa un botn de carne un poco oscuro, siendo muy blanca todo lo dems de la piel. El cordn umbilical distaba del pubis lo que correspon* Diario del Gobierno de la Habana, 27 de abril de 1817.

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OBRAS 46\ 46\ 46\ 46\ 46\ da, y cuatro lneas ms arriba se presentaba un botn de carne del tamao y color de una lenteja, figurando otro ombligo. Disecada la parte superior de ese feto en mi presencia por don Antonio Viera, a la una del citado da en la casa del doctor don Antonio Machado, se encontr en la mitad inferior de ella, que corresponda al vientre, el hgado, el bazo, los intestinos, los riones y dos costillas de las falsas en cada lado, adheridas a la mitad del tronco dorsal; no se hall estmago ni alguna otra de las partes propias de esa cavidad. La otra mitad era una masa de carne muy blanca y gelatinosa en su centro, sin cavidad ni organizacin alguna. Al da siguiente fue acometida doa Martina Cabrales de una fiebre aguda, con dolor y tensin en el vientre, siendo mayor la sensibilidad y dureza en el tero, y por consiguiente se disminuyeron los loquios. Tratada esta calentura como inflamatoria, y remitiendo todos los sntomas al da tercero, arroj un cuerpo membranoso ya corrompido que se conoci ser la par del segundo feto. Con lo cual, y prescribindosele remedios antiptridos, ha recuperado la salud. Habana y abril 24 de 1817. Doctor Toms Romay .INFORME SOBRE UN GABINETE ANAT"MICO DE FIGURAS DE CERA, PROPUESTO POR EL DOCTOR JOS CHIAPPI EN COLABORACI"N CON LOS DOCTORES MARCOS SNCHEZ RUBIO Y JUAN NGEL PREZ CARRILLO*Con oficio de 23 de agosto ltimo nos remiti el amigo secretario una instancia presentada al Cuerpo Patritico por el doctor don Jos Chiappi, ofreciendo establecer en esta ciudad un gabinete anatmico bajo las condiciones que expresa en una nota adjunta, a fin de que en su vista expusiramos lo que se nos ofrezca y parezca. La Comisin no se detiene en recomendar la utilidad y aun la necesidad de semejante establecimiento para ejercer con perfeccin la Medicina y mucho ms la Ciruga; pues sin un conocimiento exacto de las partes integrantes del cuerpo humano, de sus figuras, de sus conexiones y usos, no podr comprenderse las que padecen en las enfermedades, ni las funciones que se alteran; menos podr el cirujano practicar sus operaciones sin exponerse a ofender las que debe preservar. Pero la Comisin no est igualmente convencida de la facilidad con que puede realizarse el proyecto del doctor Chiappi, ni tampoco de su conserva* Actas manuscritas de la Sociedad Econmica Libro VI, f. 610; Memorias de la Real Sociedad Econmica de la Habana t. IV, p. 423; Archivo Nacional de Cuba, Gobierno Superior Civil leg. 1676, no. 83837.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /47 /47 /47 /47 /47 cin. Por las piezas que ofrece exige diecisis mil novecientos pesos, cuya cantidad se le abonar en tres partes; la primera antes de empezar la obra, la segunda cuando entregue la mitad de las figuras, y la tercera concluidas todas; cuya suma, dice, “se ira reintegrando por medio de la contribucin de un peso que pagar cada individuo que quiera saciar su curiosidad, y de una pensin impuesta a los estudiantes que reciban las lecciones prctica de Anatoma”. El Cuerpo Patritico, que conoce mejor que nosotros el estado de sus fondos y las facultades que tiene para arbitrar, le compete decidir si puede anticipar para emprender esa obra cinco mil seiscientos sesenta y siete pesos, tercera parte de su valor. La esperanza de reasumir esa cantidad y las restantes con la contribucin y pensin indicada nos parece ilusoria, siendo tan precarios los recursos. Ese espectculo slo interesar al que desea instruirse en la organizacin del cuerpo humano; el nmero de stos es muy inferior al de aqullos que slo admiran en los objetos las bellezas materiales. Ninguna de esas sensaciones excitar en ellos un gabinete anatmico; bastar verlo una sola vez para quedar satisfecho el ms curioso, y tal vez arrepentido de haber contribuido con un peso, cuya exaccin nos parece excesiva. Mucho ms entretiene y divierte al pueblo una corrida de toros o un comedin de magia, y le cuesta mucho menos. La pensin impuesta a los alumnos que reciben las lecciones, aun siendo ms segura que la otra, quizs no ser suficiente para dotar al maestro y pagar los alquileres de la sala donde se coloque el gabinete, debiendo estar en un edificio accesible a los curiosos, segn propone el doctor Chiappi, lo que no se proporcionara en un hospital. Despus de un costo muy superior a nuestros fondos, y cuya compensacin es tan incierta, no lo es menos la duracin de esas figuras de cera. Permaneciendo siempre dentro de las urnas preservadas del aire, no hay duda que se conservarn mucho tiempo; mas no podrn darse las lecciones prcticas sin extraerse de ellas para hacerlas conocer a los discpulos por sus propios nombres y demostrarle sus conexiones y funciones. Perdiendo por el uso el barniz que las cubre y preserva, quedarn expuesta a una pronta y violenta alteracin. Habiendo manifestado nuestro dictamen acerca de las dificultades que concebimos en el proyecto del doctor Chiappi, convencidos ntimamente de la necesidad de ensearse la Anatoma y de las ventajas que se adquieren estudiando en los cadveres humanos, expondremos el modo de proporcionar esos conocimientos con ms utilidad y menos costo. Siendo Intendente del Ejrcito y Real Hacienda de esta Isla el seor don Jos Pablo Valiente, estableci una ctedra de Anatoma Terica y Prctica en el Hospital Militar de San Ambrosio, cuyo cargo desempe su cirujano mayor el doctor don Jos Crdoba, y nos parece que despus de su fallecimiento no ha continuado esa enseanza con el mismo celo y aprovechamiento.

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OBRAS 48\ 48\ 48\ 48\ 48\ Para que se proporcionen los cadveres necesarios y se ahorre el costo de una sala se destinar, en el mismo hospital, la que sirvi en aquella poca. Ser obligacin del catedrtico dar una hora de leccin todos los das no feriados; desde el primero de abril hasta ltimo de septiembre ensear la teora por el autor que juzgue conveniente, y desde octubre hasta marzo demostrar en los cadveres aquellas lecciones. Cuando convenga ejecutarlas en los de mujeres pasar al Hospital de San Francisco de Paula con sus discpulos. Debern serlo todos los que aspiren a ejercer la medicina y la ciruga, en cuyas facultades no se recibirn por el Tribunal del Protomedicato ni aun los cirujanos romancitas sin presentar certificados de haber cursado dos aos completos de Anatoma Terica y Prctica. La Comisin presenta solamente sus ideas, la Sociedad las rectificar si merecen su aprecio, conciliar a las autoridades que deben concurrir a realizar tan importante objeto, formar el plan que debe observarse, elegir con imparcialidad el catedrtico que juzgue ms apto asignndole la dotacin competente, y facilitar cuanto sea necesario y merece la pblica utilidad. Habana, septiembre 12 de 1817. Doctor Toms Romay Doctor Juan ngel Prez Carrillo. Doctor Marcos Snchez Rubio.LAS AGUAS DE CAYAJABOS PODRN SUSTITUIR A LAS DE SAN DIEGO?*Seor Superintendente General: Para determinar con exactitud si las aguas de Cayajabos podrn sustituirse a las de San Diego es indispensable haber examinado ambas analticamente, reconociendo los principios de que constan y las proporciones en que existen. Sin estos conocimientos slo se proceder por inducciones empricas que exponen a cometer errores muchas veces irreparables. En 1807, habiendo estado en una hacienda inmediata a la de Cayajabos, me proporcion su dueo, el caballero regidor don Carlos Pedroso, cuatro botellas de agua del manantial llamado azul. El olor ftido que exhalaba me convenci inmediatamente que contena una gran porcin de gas hidrgeno sulfurado, comprobndolo al ver que introduciendo en ella una moneda de plata adquira un color semejante al dorado; y careciendo de mquinas y reactivos no pude llevar adelante ms indagaciones. Memorias de la Real Sociedad Econmica de la Habana t. IV, p. 23; Archivo de la Sociedad Econmica, leg. 29.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /49 /49 /49 /49 /49 Pero refiriendo en estos das al profesor don Jos Estvez la comisin que Vuestra Seora me haba confiado, no slo convino en que esas aguas estaban saturadas de aquel gas, sino tambin que lo contenan en mayor cantidad que las de San Diego, aadiendo haber encontrado en las primeras carbonato de magnesio y sulfato de cal, sin atreverse a determinar las cantidades por no haber observado en su anlisis todas las operaciones necesarias para calcular esos principios y encontrar los dems que pueden contener. Constando solamente hasta ahora que el gas hidrgeno sulfurado es el nico agente en esas aguas que por su cantidad puede influir en la economa animal, el uso de ellas aprovechar para promover la orina, la transpiracin y la mestruacin suprimida o disminuida por debilidad o alguna obstruccin linftica. Convendrn tambin para restablecer el apetito y la digestin, y curar las afecciones crnicas del estmago, cuya causa sea la inercia de esa vscera, o materiales viscosos y cidos. Sern tiles en la parlisis, epilepsia, histerismo y dems afecciones nerviosas; y asimismo en los herpes antiguos, la sarna, la tia y otras enfermedades de la piel. Se recomendarn en las hidropesas, en la gota y reumatismo crnico, en las obstrucciones linfticas de cualquier vscera y en las escrfulas. Los mismos efectos producen las aguas de la paila de Madruga, porque es uno mismo el principio que predomina en ellas, el gas hidrgeno sulfurado. Por tanto, en el uso de las aguas de Cayajabos debe observarse lo que previenen cuantos han escrito sobre la eficacia de las aguas sulfreas, y especialmente don Miguel Mara Ximnez en sus observaciones acerca de la virtud de las aguas de Madruga que escribi por encargo de la Sociedad Econmica a consecuencia del anlisis que hizo de ellas el teniente coronel don Francisco Ramrez. “Aunque estas aguas convengan en los referidos males, no se pueden usar en todos los casos indistintamente. Hay circunstancias que en todo tiempo las repugnan y contraindican, tales son la disposicin inflamatoria en que puedan hallarse los enfermos, o aquel otro estado que se le aproxima mucho, en el cual hay un aumento extraordinario de sensibilidad e irritabilidad en las fibras motrices, que supone o constituye un tono excesivo y se distingue por esta razn de la movilidad propia de los dbiles.” Ni este escritor ni el sabio mdico y qumico Faureroy en el anlisis de las aguas de Enghien, opinan que las sulfreas sean capaces de curar radicalmente el virus venreo; lo ms que con ellas se consigue es paliar sus sntomas. No habiendo reconocido el terreno de Cayajabos ni las proporciones que ofrece para alojar a los enfermos de las tropas de esta guarnicin y proveerse de alimentos y dems auxilios necesarios, no puedo tampoco informar a Vuestra Seora si convendr enviarlos a esta hacienda por estar menos distante que la de San Diego. Habana y enero 8 de 1818. Doctor Toms Romay.

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OBRAS 50\ 50\ 50\ 50\ 50\OFICIO DIRIGIDO A ALEJANDRO RAMREZ, INTENDENTE DE EJRCITO Y SUPERINTENDENTE GENERAL DE LA REAL ARMADA, EN EL QUE ACEPTA Y APLAUDE EL PROYECTO DE ESTABLECER UNA CLASE DE CLNICA Y ACOMPAA UN PLAN PARA EL ESTABLECIMIENTO DE UNA ESCUELA DE MEDICINA CLNICA EN EL REAL HOSPITAL MILITAR DE SAN AMBROSIO* Ctedra de clnica1Con fecha 18 del mes anterior se sirvi Vuestra Seora dirigirme un oficio original del seor protomdico regente doctor don Nicols del Valle, primer mdico del Real Hospital de San Ambrosio de esta ciudad, sobre que en l se establezca una ctedra de Clnica segn se propuso por esta Intendencia en 1816, encargndome Vuestra Seora le presente el plan que debe observarse para la ejecucin de ese proyecto, y cuanto ms juzgue conveniente en beneficio de la Humanidad y del Real servicio. Las ventajas que resultaran de semejante establecimiento son demasiado notorias y trascendentales para que Vuestra Seora necesite que yo las manifieste. Prescindiendo en la enseanza de la Medicina Prctica de los diferentes sistemas que han obstruido sus progresos, impidindola adquirir la perfeccin a que se han elevado otras ciencias fsicas; se dedicar toda la atencin a observar los signos sensibles que nos presenta el enfermo. l ser el nico libro que se ofrezca a nuestra meditacin, y la impresin que causen sus sntomas en nuestros sentidos nos conducirn a clasificar las enfermedades con la misma exactitud y precisin que los dems objetos de historia natural. La Medicina entonces, exenta de opiniones hipotticas y vanas teoras, ser una ciencia de hechos razonados, y la aplicacin de ellos a otros casos semejantes no ofrecer ms dificultad que las modificaciones que exijan las circunstancias individuales de cada sujeto. Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 4, pp. 231-237. 1Paso a usted un oficio original del seor protomdico doctor don Nicols del Valle, primer mdico del Real Hospital de San Ambrosio, sobre que en l se establezca una ctedra de Clnica segn se propuso por esta Intendencia en 1816. Y teniendo de usted la justa opinin que merecen sus distinguidos conocimientos facultativos y literarios, le ruego me informe cuanto se le ofrezca y parezca para que ensendose la Medicina en dicho Real Hospital por el mtodo de Hipcrates y de Esculapio, se logren sus utilidades en esta Isla a beneficio de la Humanidad y del Real servicio, extendindose usted a proponer el plano de ejecucin que ha omitido el seor protomdico, y estimo preciso para dar cuenta de este pensamiento a Su Majestad, a fin de que obtenga su soberana aprobacin. Dios guarde a usted muchos aos. Habana, 18 de agosto de 1818. Alejandro Ramrez. Seor doctor don Toms Romay.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /51 /51 /51 /51 /51 Aunque tan convencido de la importancia del estudio de la Medicina Prctica como de la necesidad de ejecutarlo bajo un plan metdico, su organizacin me ha presentado dificultades que juzgu insuperables. No encontrando un modelo que imitar, ni un solo profesor que haya cursado en Europa esa aula, no poda instruirme en su rgimen econmico para proponer a Vuestra Seora lo que debe aqu observarse, teniendo en consideracin el clima y dems causas locales. Meditando muy detenidamente sobre la medicina clnica de Pinel, he comprendido lo que l ejecutaba en la escuela establecida en el Hospital de Salpetriere, y de aqu he deducido lo que podr adoptarse en la que Vuestra Seora pretende instalar. Adems, al estudio de la Medicina Prctica debe preceder el de Fisiologa, Patologa y Anatoma. Sin conocer el cuerpo humano en su estado natural, las partes de que se compone, la conexin de ellas, sus funciones y sus propiedades fsicas y vitales, no es posible determinar con exactitud los desrdenes que en ellas producen las enfermedades. Lejos de proporcionar estos conocimientos la Fisiologa y Patologa que se ensea en las aulas de esta Universidad, lejos de ilustrar a los que han de ejercer el arte sublime de sanar al hombre con verdades tiles y hechos incontestables, adquiridos por la asidua meditacin, la experiencia y el anlisis, aun se extrava y abruma su razn, no slo con las frvolas cuestiones del peripato, sino tambin con errores muy perjudiciales a la conservacin de la Humanidad. Todava se les ensea que los cuatro elementos son los principios constitutivos de todos los seres; que la sanguificacin y segregacin de los otros tres humores que se dicen primarios, se ejecuta en el hgado; que todas las enfermedades son similares, orgnicas y comunes; que las similares se llaman intemperies, etctera. Pero, cul puede ser la teora de Lzaro Riverio habiendo escrito en el siglo XV, cuando Harves no haba descubierto la circulacin de la sangre, ni Aller haba trazado las primeras lneas de la Fisiologa, ni Ludwig concebido su Patologa, ni Bichat la Anatoma aplicada a la Fisiologa y a la Medicina? Esta obra luminosa y el feliz pensamiento que ha ocurrido a Vuestra Seora de establecer en el mismo hospital otra ctedra de Anatoma, ha disipado en gran parte los obstculos que me arredraban para formar el plan que debe observarse en la Escuela de Clnica. Traspasando el preceptor de Anatoma la esfera en que se haban circunscrito los antiguos profesores de esta facultad, ensear no solamente los nombres de las partes del cuerpo humano, su figura y situacin, sino tambin sus principios, usos, relaciones fsicas y vitales, inicindose los alumnos en algunas verdades ya demostradas en la Fisiologa y Patologa. De este modo se suplirn los defectos de aquella enseanza, segn propongo en el adjunto plan, el que podr Vuestra Seora pasar a examen de otros profesores ilustrados para que, rectificndolo con sus superiores

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OBRAS 52\ 52\ 52\ 52\ 52\ conocimientos, merezca elevarse por Vuestra Seora a obtener la soberana aprobacin. Dios guarde a Vuestra Seora, etctera. Habana y septiembre de 1818. Doctor Toms Romay Seor don Alejandro Ramrez, Intendente de Ejrcito, Superintendente General de Real Armada.Plan para el establecimiento de una escuela de Medicina Clnica en el Real Hospital de San Ambrosio de esta ciudad1o En este hospital se destinar una sala suficientemente ventilada donde se colocar un termmetro y los enfermos destinados a la observacin y enseanza. 2o El nmero de stos ser igual al de los alumnos. 3o Concurrirn a esta clase los que habiendo concluido los cursos que previenen los Estatutos de esta Universidad, hayan recibido el grado de bachiller en Medicina, cuyo ttulo presentarn al catedrtico de Clnica para que pueda recibirlos en su aula. 4o Asistirn a ella dos aos completos, y el Real Tribunal del Protomedicato no los admitir a examen para ejercer la facultad sin que lo acrediten con certificacin del catedrtico de Clnica. 5o A las siete de la maana concurrir con sus alumnos a la sala de los enfermos que hubiere elegido, observar el termmetro y har que todos apunten en un cuaderno la temperatura de la atmsfera y los meteoros que hayan ocurrido el da anterior. 6o Seguidamente examinar los enfermos, y destinando uno a cada alumno para que lleve un diario exacto de la historia de la enfermedad, asentarn en el mismo cuaderno el nombre del enfermo, su edad, temperamento, ejercicio, naturalidad, el tiempo que reside en esta Isla, enfermedades que haya padecido anteriormente, da en que contrajo la actual, si es simple o complicada, causas que la produjeron, sntomas con que se presenta, partes que padecen, funciones que ofende, carcter de ella, remedios y dieta que se prescribe, efectos de ellos, trmino de la enfermedad, fenmenos que preceden a la salud o a la muerte. 7o Concluidas estas apuntaciones, pasar el catedrtico con los discpulos a otra sala destinada a la enseanza, y all les explicar uno de los efectos que han observado, lo clasificar nosolgicamente, expondr sus especies y variedades, las causas que lo producen, las partes y funciones que suele ofender, los sntomas y anomalas que generalmente han notado los pases, la edad y estacin en que ms se experimenta, los autores que mejor lo han descrito, los remedios ms eficaces y la terminacin ms frecuente. 8o A las cuatro de la tarde volvern a reunirse en la sala de los enfermos el maestro con los discpulos, les har observar el termmetro y el

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /53 /53 /53 /53 /53 estado en que se halla cada enfermo, los sntomas que se hubieren agravado o disminuido, o los que hayan sobrevenido, el efecto de los remedios que se han administrado, y cuanto ms sea digno de asentarse en el diario. 9o El practicante de Medicina encargado de esa sala notar por escrito lo que advirtiere en cada enfermo de noche o en el tiempo intermedio a las visitas, y lo presentar al catedrtico para que examinndolo y comparndolo con el estado del enfermo, determine si merece transcribirse en su respectiva historia. 10o Luego que sane o muera algn enfermo, recoger el preceptor la historia que se haya escrito, la examinar detenidamente, advertir con discrecin los defectos que contenga, los corregir, y reducindola a un estilo aforstico semejante al de Pinel en su Medicina Clnica la conservar en su estudio. 11o Al fin de cada mes reunir el catedrtico estas historias, deducir cules han sido las enfermedades que se han experimentado y la que entre ellas ha predominado, y si han influido o no las cualidades sensibles de la atmsfera y las afecciones meteorolgicas. 12o Concluido el ao las resumir con precisin y exactitud, y tomar un cuaderno nosogrfico de todas ellas, reduciendo las variedades a una especie particular, las especies a un gnero, los gneros a un orden y los diferentes rdenes a una clase general; designando al mismo tiempo la temperatura mxima, media e nfima en cada mes y las enfermedades ms frecuentes en ellos. 13o Este resumen y las historias de cada ao se archivarn en la sala de enseanza. 14o En la de enfermos habr siempre alguno, si posible fuere, de aquellos efectos ms frecuentes y funestos en este pas, como las enfermedades del hgado y la fiebre amarilla o vmito negro. 15o En las salas de enfermedades contagiosas como la tisis y los afectos venreos, elegir el catedrtico un enfermo y en ella misma lo har observar a los discpulos. 16o Asistindose en este hospital hombres solamente; y siendo necesario para ejercer la Medicina instruirse tambin en las enfermedades de las mujeres y de los nios, concluida la clase por la maana saldrn los alumnos a visitar los enfermos de este pueblo con el profesor que eligieren, procurando que sea de instruccin y crdito, dedicndose entonces especialmente a observar los afectos del sexo femenino y de la puericia. 17o Como la Fisiologa y Patologa que se ensea en las aulas de esta Universidad por Lzaro Riverio no proporcionan los conocimientos previos y necesarios para aprender la Medicina Prctica, podr de algn modo suplirse ese defecto concurriendo los estudiantes de tercero y cuarto curso en las vacantes de 14 de marzo hasta igual da de septiembre a la

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OBRAS 54\ 54\ 54\ 54\ 54\ clase de Anatoma que se establecer en el mismo Hospital de San Ambrosio. 18o Al mismo tiempo que ese catedrtico impondr a cada parte de nuestro cuerpo su nombre peculiar, y manifestar su figura y el lugar que ocupa, no le ser difcil explicar tambin su composicin, sus conexiones, usos y funciones, y hasta los desrdenes que experimentan en las enfermedades. 19o Y no permitiendo el excesivo calor del clima que en esos meses se disequen los cadveres, continuarn asistiendo a la misma clase de Anatoma los dos aos siguientes, despus de concluida por la tarde la observacin de los enfermos en la Sala de Clnica. 20o Cuando este preceptor juzgue conveniente disecar algn cadver para manifestar a sus discpulos la causa de alguna enfermedad o los estragos que ha producido, lo propondr al Inspector del Hospital, y ste prevendr al director anatmico que ejecute aquella operacin. 21o Todo lo dems concerniente a esta enseanza se arreglar a lo que se observa en el Real Estudio de Medicina Prctica de Madrid. Habana, etctera. Doctor Toms Romay.DICTAMEN SOBRE LAS INDAGACIONES DE BENJAMIN RUSH ACERCA DE LAS FUNCIONES QUE EJERCEN EL BAZO, EL HGADO, EL PNCREAS Y LA GLNDULA TIROIDES*Seor Director: Las indagaciones acerca de las funciones que ejercen el bazo, el hgado, el pncreas y la glndula tiroides, escrita por Benjamin Rush y traducidas al castellano por el doctor don Florencio Prez Comoto, que se sirvi Vuestra Seora confiar a mi examen para que le informase si las juzgaba dignas de imprimirse en las Memorias de nuestra Sociedad, contienen hechos atestados por varios fisiologistas y algunas opiniones originales. Careci siempre de fundamento el error de aqullos que miraron el bazo como una entraa de poca utilidad y de ninguna influencia activa en la economa animal. Ms bien ha prevalecido la opinin contraria, concedindole no slo las cuatro funciones que supone el doctor Rush, sino tambin algunas otras. Hipcrates le atribuy la virtud de atraer del estmago y de las venas toda la linfa superabundante para trasmitirla a los riones. La escuela de Galeno estableci en el bazo la secrecin de un humor cido que Memorias de la Real Sociedad Econmica de la Habana t. IV, p. 241; Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 4, pp. 260-264.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /55 /55 /55 /55 /55 comunicaba al estmago para facilitar la digestin de los alimentos. Ms general ha sido el dictamen de aqullos que le concedieron la propia accin sobre un lquido amargo que extraa de la sangre y llamaban melancola o atrabilis. No ha faltado quien juzgara a ese rgano destinado a disolver la sangre, atenuarla y hacerla ms lquida. Dumas, despus de impugnar esas opiniones, y la segunda y cuarta que refiere el doctor Rush, despreciando otras por demasiado inverosmiles, concibe en esa entraa dos funciones las ms naturales, y ms conformes a su estructura y a las observaciones de los fisilogos y de los mdicos. La primera es alterar, preparar y modificar la sangre que recibe de la arteria esplnica, para que comunicada al hgado por la vena porta ejecute la secrecin de la bilis. El bazo no es otra cosa en esta operacin que un rgano preparador donde adquiere la sangre ciertas cualidades que la disponen a formar el humor que perfecciona el hgado. Siendo tan ntima la conexin entre estas dos vsceras, y estando tan generalmente admitida su recproca influencia, no puede menos de extraar que reconociendo el doctor Rush esa simpata, y numerando entre las enfermedades que resultan por la prdida del bazo el aumento del hgado y de la secrecin de la saliva, de la orina y otras afecciones menos temibles y mucho menos comprobadas por las observaciones, omita la primera de todas ellas y la que se advierte inmediatamente, como es la alteracin en las cualidades de la bilis, resultando despus de la extirpacin del bazo ms espesa, viscosa y plida. Para que el bazo pueda ejercer aquella funcin, Dumas le supone otra, aunque no tan generalmente reconocida, pero s muy fundada en hechos y razones, y aun en la respetable autoridad de Boerhaave. Consiste en recibir del estmago lo superfluo de los jugos gstricos despus de hecha la digestin, resultando de aqu que el bazo es un reservorio de esos lquidos, como lo es la vejiga de la hiel segregada en el hgado. Esta comunicacin entre el bazo y el estmago puede verificarse o por intermedio de los vasos breves, o por la contigidad de sus superficies. Los vasos breves se dirigen del estmago al bazo, y nada se opone a que la sangre que por ellos corre se impregne de las molculas de aquellos lquidos. Al mismo tiempo las membranas del bazo constan de infinitos poros, por los cuales pueden penetrar libremente los jugos gstricos. stos se han encontrado as en los vasos breves, como en el mismo bazo, muy semejantes a los que se contienen en el estmago y se arrojan por vmitos. Mezclndose esos lquidos en el bazo con la sangre que recibe de la arteria esplnica, la preparan y disponen para que el hgado pueda segregar la bilis. La hiptesis que establece como original el doctor Rush no carece de probabilidad en las doctrinas de otros fisilogos. Richerand, al contemplar la inaccin del bazo, su parnquima espongiolos y la lentitud con que circula la sangre por sus pequeos y tortuosos vasos, no dud confesar que su

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OBRAS 56\ 56\ 56\ 56\ 56\ estructura propenda a detener y estancar ese lquido. Otros le han mirado como un rgano musculoso capaz de contraerse y ensancharse, no slo por la comprensin del estmago, sino tambin al tiempo de correr o ejecutar cualquier ejercicio violento. Finalmente, Dumas atesta que la sangre forma una parte esencial y constitutiva del bazo, que penetra con abundancia en su tejido poroso y laxo donde permanece y se fija como uno de sus elementos y como base de su organizacin y de su sustancia, excediendo tanto ese lquido en esta vscera como el albumen en el cerebro, la gelatina en las membranas mucosas, la fibrina en los msculos y el fosfato calcreo en los huesos. Que adems de la secrecin de la bilis ejerza el hgado en la economa animal otra funcin no menos importante, no lo dudan algunos de los fisilogos modernos al encontrar esa vscera en casi todos los animales, al considerar su magnitud, la antelacin con que se forma y desarrolla respecto de otros rganos, y las diferentes partes de que consta. Se ha dicho en estos das que el hgado suple a los pulmones convirtiendo en roja la sangre negra del sistema abdominal, privndola del hidrgeno y del carbono. El clebre Bichat, aunque no concibe como puede ejecutarse esa operacin, conviene no obstante en que el uso desconocido que tiene el hgado despus de la secrecin de la bilis es de los ms importantes, y que la indagacin de este uso es uno de los puntos ms dignos de fijar la atencin de los fisiologistas. Que sea esta funcin la que indica el doctor Rush, yo no me atrevo a decidirlo. Sus pruebas, aunque ingeniosas, necesitan todava rectificarse con ulteriores observaciones. Las opiniones ms generalmente recibidas en la Fisiologa, dice el mismo Bichat, aqullas que se hallan consagradas por el consentimiento de todos los autores, se apoyan muchas veces en bases muy inciertas. Estamos aun muy lejos de aquel tiempo en que esta ciencia sea slo una serie de hechos deducidos los unos de los otros. Y sern tan slidos los fundamentos del doctor Rush acerca del uso de la glndula tiroides? Distante del cerebro y sin adherencia alguna a ese rgano, no concibo como puede preservarle de los efectos morbosos de todas aquellas causas que dirigen hacia l con mucha fuerza una cantidad excesiva de sangre. Es muy cierto que hasta ahora no se ha descubierto que segregue algn lquido, por lo cual juzga Bichat que no merece colocarse entre las glndulas. Convengo igualmente en que es mayor en las mujeres que en los hombres, resultando de aqu que el broncocele sea ms frecuente en aqullas que en stos; y aunque esa enfermedad es tan comn en los pases inmediatos a los Alpes, como en varios otros de Amrica meridional, donde es llamada gueguecho o coto se ha observado que en stos ofende las funciones de la mente con ms facilidad que en aqullos.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /57 /57 /57 /57 /57 Y como el doctor Rush aunque ofreci tratar de las funciones del pncreas slo lo ejecuta por incidencia, concluir el examen de su Memoria resumiendo lo que han observado en l los modernos y ms clebres fisilogos. El pncreas, colocado en la parte interior y posterior del estmago, es una glndula conglomerada o compuesta de muchas otras muy pequeas, cuya estructura tiene la mayor analoga con las glndulas salivales, y segrega un humor muy parecido a la saliva en todos sus caracteres. Este lquido corre por un conducto particular al intestino duodeno, donde se derrama por un orificio comn al coldoco que conduce la bilis. Unindose ste con el jugo pancretico se mezclan con el quimo, y concurriendo simultneamente otras diferentes causas, lo penetran, lo disuelven, y al cabo de varias alteraciones qumicas y mecnicas separan la parte quilosa de la porcin excrementicia, absorbindose aqulla por las venas lcteas y precipitndose en los intestinos gruesos todo la que es intil a la nutricin. Estas reflexiones no son capaces de privar al fisilogo de Filadelfia del concepto que tan justamente ha merecido por sus diferentes escritos, ni de disminuir el mrito de las presentes indagaciones, ni el que ha contrado el doctor Prez Comoto traducindolas a nuestro idioma. Conviniendo aquel autor en muchas verdades fisiolgicas ya demostradas, y manifestando siempre sus vastos conocimientos en la ciencia del hombre, lejos de calificar por errores sus opiniones particulares, las miro como ensayos ejecutados por un genio observador sobre varios fenmenos de la economa animal, que no han sido hasta ahora examinados detenidamente. Excitando con ellos la atencin y curiosidad de otros fsicos se repetirn las observaciones, se rectificarn los resultados, y tal vez se descubrirn nuevas y tiles verdades. Si el ilustre Haller no hubiera tirado las primeras lneas de la Fisiologa, Dumas, Richeran y Bichat habran erigido el grandioso monumento que admiramos en sus obras luminosas? Por tanto, juzgo que esta traduccin merece imprimirse donde Vuestra Seora lo estime conveniente. Habana y junio 16 de 1818. Doctor Toms Romay Seor don Alejandro Ramrez, Intendente de Ejrcito y Director de la Real Sociedad Econmica. NOTA. Cuando en esta Memoria y en el informe sobre ella se trata del bazo debe entenderse una entraa situada en la parte izquierda y superior del vientre, y cuando se dice los vasos se entendern las arterias y venas. Toms Romay.

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OBRAS 58\ 58\ 58\ 58\ 58\DICTAMEN SOBRE LA EXPOSICI"N PRESENTADA POR EL DOCTOR FRANCISCO ALONSO FERNNDEZ SOBRE LA CONSERVACI"N DEL MUSEO DE ANATOMA*Aprobado el anterior acuerdo se ley un informe de los seores contador y tesorero, a quienes se pasaron los extendidos por los doctores don Toms Romay y don Juan ngel Prez Carrillo sobre la exposicin hecha por don Francisco Alonso y Fernndez y la representacin del licenciado don Fernando Gonzlez del Valle relativa la primera a la conservacin del Gabinete de Anatoma colocado en el Convento de San Agustn, y la segunda a la de la ctedra de Ciruga Fisiolgica establecida en el Hospital de San Juan de Dios, para que expusieran si cubiertas las peculiares e indispensables atenciones y cargas de la Sociedad habra alguna cantidad disponible con la cual pudieran darse los auxilios que se piden. Y asegurando su secretario que la suma de ciento veinte pesos mensuales que solicita el referido don Alonso y Fernndez puede muy bien asignrsele sin el menor gravamen de los fondos de la Sociedad; mucho ms si se atiende a que stos dejan de sufrir el desembolso de mil pesos anuales por la supresin de la ctedra de Constitucin, y comprometindose este profesor no slo al cuidado y conservacin del Gabinete sino tambin al desempeo de la ctedra de Anatoma y a explicar anualmente un curso de Operaciones y otro del Arte de Partear, cuyos ramos son los ms arduos e importantes y los mas difciles de adquirir en la ciencia quirrgica, se acord de conformidad a lo que se propone en los citados informes, no accedindose por ahora a la solicitud del licenciado Gonzlez del Valle, porque establecido aquel mtodo en la forma que se propone pueden aprenderse con la asistencia diaria a los hospitales los otros objetos ms simples y fciles de la Ciruga. Habana, diciembre 13 de 1823.EXPOSICI"N A SU MAJESTAD PARA EL ESTABLECIMIENTO EN LA HABANA DE UNA ACADEMIA DE CIENCIAS MDICAS REGIDA POR LOS ESTATUTOS QUE ACOMPAA PARA SU SOBERANA APROBACI"N*Seor: Los profesores que suscriben, vecinos de la siempre fidelsima Ciudad de la Habana, postrados a los Reverendos Pies de Vuestra Majestad con el Actas manuscritas de la Sociedad Econmica Libro VI, f. 222. ** Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 4, pp. 356-357; Anuales de la Academia de Ciencias Mdicas... no. 53, pp. 214-215.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /59 /59 /59 /59 /59 ms profundo respeto dicen que deseando ser tiles a la Humanidad y especialmente a los habitantes de la fiel Isla de Cuba y a los que arriban a ella de otros pases, han concebido el proyecto de establecer una Academia de Ciencias Mdicas donde, reunidos por el celo ms loable, se comuniquen recprocamente sus conocimientos y observaciones, discutan sobre ellas con detenimiento y mediacin, y rectificando sus opiniones aisladas hasta ahora se determine el verdadero carcter de las enfermedades endmicas en este suelo, los auxilios ms eficaces por combatirlas y los medios de precaverlas. De este modo evitarn la muerte ms horrorosa y violenta las tripulaciones de los buques que llegan de la Pennsula y los Cuerpos destinados a guarnecer esta Plaza, o a restituir las provincias del continente al gobierno de Vuestra Majestad, pues muchas veces se han frustrado por la fiebre amarilla especialmente los planes mejor combinados y las ms lisonjeras esperanzas. Aun cuando ste fuera el nico objeto de esa corporacin no seran intiles sus trabajos, y el solo bastara para merecer la benfica proteccin de Vuestra Majestad que tanto se interesa en la conservacin de sus fieles vasallos, principalmente de aqullos que arrostran los mayores peligros por cumplir las rdenes soberanas. Las producciones de los tres reinos tan varias y preciosas en esta Isla se someteran tambin a la investigacin y anlisis de la Academia, y mientras los proslitos de Esculapio se dediquen a preservar la vida del hombre, los fsicos, los qumicos y botnicos describirn la historia topogrfica de este suelo, analizarn sus aguas minerales, ilustrarn la higiene pblica, y formando la flora cubana sustituirn a los vegetales exticos los indgenas, proporcionados sin duda por la naturaleza a nuestras necesidades y dolencias. Tal es el plan de las operaciones de esa Corporacin en los Estatutos que eleva respetuosamente a la ilustrada comprensin de Vuestra Majestad suplicndole se digne impartirles su soberana sancin. Superfluo sera recomendar la utilidad de ese establecimiento cuando se han multiplicado en todas las capitales de Europa y en los pueblos que ms se distinguen por su ilustracin, riqueza y poblacin. Amrica no carece de ellos; hace algunos aos disfruta de sus beneficios la ciudad de Nueva Orleans, y recientemente la isla de Martinica. Motivos ms imperiosos lo reclaman en la ms grande y opulenta de las Antillas. La extensin de la Isla de Cuba, el aumento de su poblacin, industria, agricultura y comercio, los rpidos progresos en las ciencias y en las artes, la numerosa concurrencia de nacionales y extranjeros, las enfermedades a que estn expuestos y las que experimentan los naturales, la influencia del clima en todas ellas, los recursos y auxilios que la naturaleza ha esparcido con mano generosa sobre este suelo privilegiado; todo exige el establecimiento de una sociedad de hombres consagrados a la prosperidad pblica y a la conservacin de su especie. Slo esperan que Vuestra Majestad les permita reunirse

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OBRAS 60\ 60\ 60\ 60\ 60\ para satisfacer su impaciente anhelo, y no siendo sta gracia menos importante que otras muchas que la munificencia de Vuestra Majestad se ha servido conceder a sus fieles vasallos de este pueblo. A Vuestra Majestad humildemente suplican se digne aprobar los adjuntos Estatutos para instalar una Academia de Ciencias Mdicas en esta fidelsima ciudad. Dios guarde la importante vida de Vuestra Majestad los aos que necesite la prosperidad de su reino. Habana y mayo 11 de 1826. Seor. A los Reverendos Pies de Vuestra Majestad. Doctor Toms Romay.ALOCUCI"N DIRIGIDA AL PUEBLO, COMO PRESIDENTE DE LA REAL JUNTA SUPERIOR GUBERNATIVA DE MEDICINA Y CIRUGA, DESMINTIENDO QUE LA EPIDEMIA DE C"LERA MORBO DEBER REPETIRSE TODOS LOS AOS*Habindose dignado Su Majestad la Reina gobernadora confiarme la presidencia de la Real Junta Superior Gubernativa de Medicina y Ciruga de esta Isla, faltara al ms importante de mis deberes si no me interesara eficazmente en la conservacin de la salud pblica y en la tranquilidad de mis compatriotas. Se ha turbado en estos das por la imprudente locuacidad de algunos noveleros que sin examinar los hechos ni comprobarlos con datos suficientes, los divulgan y sostienen como si fueran incontestables. Abundan hombres y mujeres que por no hacer en la sociedad un papel ridculo, observando el silencio que deba imponerles su ignorancia, mortifican a los concurrentes con vaciedad importuna y consternan a las personas tmidas y pusilnimes con noticias desagradables y funestas. Otros muchos, como si no tuvieran en que ejercitarse ni asunto alguno de que tratar, vagan por las calles sorprendiendo a los que encuentran, y aun se introducen en las casas para referir y publicar lo que tal vez no se quisiera or, quedando tan satisfechos y complacidos como si hubieran celebrado el armonioso y expresivo canto de la Pedrotti, o las escenas ms terribles de Fornasari y Monstressor con El pirata sos han sido los que vociferan que en esta ciudad y sus barrios se han presentado desde enero muchos enfermos del clera morbo asitico, y como si una ocurrencia tan infausta no fuera bastante para alarmar a un pueblo sensible que acaba de experimentar los mayores estragos por esa Diario del Gobierno de la Habana 7 de marzo de 1834; Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 4, pp. 376-381.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /61 /61 /61 /61 /61 horrorosa enfermedad, se atreven a pronosticar que repetir todos los aos y se har endmica en esta Isla, como la fiebre amarilla o vmito negro introducido en ella de otros pases. ¡Terroristas sibilinos! Quin os ha inspirado esos orculos de ruinas y desolacin? En qu os fundis para presagiar que en este pas tan favorecido por la naturaleza haya de ser ms desgraciado que todos los otros que ha devastado el clera? En todos ellos, terminada la epidemia, se ha observado uno u otro caso; mas en ninguno ha repetido aquella calamidad. En Pars y Londres, despus de un ao de haberla sufrido, se han visto algunos colricos. En Asia, donde es endmica, se presentan todos los aos, mas nunca hasta cumplidos diez se multiplican lo necesario para llamarse epidemia. De otra suerte estara desierto el delta del Ganges y todas sus riberas. Demasiado infeliz sera la Humanidad si hubieran de cumplirse los presagios de esos agoreros de adversidades. Mejor sera no haber nacido que vivir temiendo cada ao una enfermedad casi inevitable y de un xito incierto. No es tan implacable la clera del cielo ni se renen con tanta frecuencia las causas que producen esas plagas desoladoras. En el estado cronolgico de las pestes hecho por Papon, que comprende dos mil cincuenta y un aos, slo numera diez memorables. La primera fue la de Atenas, descrita por el padre de la historia, Tucdides, 331 aos antes de J.C., y la ltima la de Aix en 1720. Desde entonces hasta el ao 817, que principi el clera morbo en Asia, han mediado noventa y siete aos. Esta epidemia es la ms semejante a la peste llamada negra por el tiempo que ha durado, por los pases que ha recorrido, por la irregularidad de su curso y por los estragos que ha causado en todos ellos. Empez aquella peste en 1346 en el reino de Catay, al norte de China, se difundi por toda Asia, Europa y frica, y despus de haber exterminado las cuatro quintas partes de los habitantes de Europa, segn el clculo de Villani, termin en 1361. Desde entonces no se experiment alguna otra en Europa hasta la de Miln y Lyon, de Francia, en 1628 y 1629. Por qu pues hemos de temer que el clera vuelva a desolarnos, cuando todava est afligiendo dos partes del mundo? No son ms exacto los fundamentos que suponen para inferir y presagiar que el clera se har endmico en esta Isla como la fiebre amarilla o vmito negro. Estas dos enfermedades no tienen ninguna analoga; todo es en ellas diferente. No me detendr en hacer una comparacin nosogrfica; los profesores de la ciencia de curar no la necesitan, y parecera demasiado minuciosa a los que no ejercen esa facultad. Para demostrar la diferencia que hay entre ellas bastar decir que la fiebre amarilla no fue transportada de otros pases, sino que siempre ha sido endmica en las costas de Amrica, que en ellas existe su germen y se desarrolla cuando el calor pasa de 22R; el clera morbo es endmico en Asia, principalmente en las riberas del Ganges;

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OBRAS 62\ 62\ 62\ 62\ 62\ desde donde asolando sus vastas regiones en 1817 se dirigi a las orientales de Europa, penetr Rusia y recorri casi todos los Estados del continente, pas a Gran Bretaa, de all a Irlanda, de ella a Canad, se difundi prontamente por todas las provincias de la Unin hasta la ms inmediata a esta Isla, Nueva Orlens, de donde probablemente recibimos esa plaga en 1833. Jams la fiebre amarilla ha seguido un curso tan constante y dilatado, atravesando pases muy diferentes por su clima y posiciones topogrficas; en Amrica nunca se ha internado ms de una milla de sus costas. El clera, con iguales sntomas y con la misma violencia, se ha presentado en Rusia, cubierta de nieve, y en los terrenos ms ridos de Arabia, en Varsovia y en Sevilla, en Dubln, en Veracruz y en Mxico, en los pueblos litorales y en los ms interiores, en los inmediatos al polo rtico en el invierno, y bajo la zona trrida en el esto. La fiebre amarilla invade con todos los sntomas de una calentura inflamatoria muy aguda; en el clera no se percibe ni en su invasin algn fenmeno de fiebre, el pulso es muy dbil y concentrado hasta hacerse imperceptible, el calor se disminuye rpidamente quedando toda la piel tan fra como el hielo. Cuanto ms progresa el clera tanto ms blancas y lquidas son las evacuaciones y vmitos; en la fiebre amarilla son ms oscuras y aun negras en el ltimo perodo. En el clera se coagula y espesa la sangre sin que el arte pueda extraerla; en la fiebre amarilla se disuelve tanto que se arroja por la boca, la nariz, la uretra, el ano y filtra por los poros de la lengua y de las encas. Los enfermos de esa fiebre y los cadveres se tien de un color amarillo semejante al ocre; los del clera se cubren de manchas azules. Los americanos que habitan en las costas estn exentos de la fiebre amarilla; el clera no los respeta. Hechos y observaciones practicadas con meditacin y criterio prueban que la fiebre amarilla no es contagiosa; la opinin contraria prevalece respecto del clera. Finalmente, la autopsia de los que han fallecido por esas dos enfermedades presenta desrdenes patolgicos muy diferentes. Y por qu se supone entre ellas tanta analoga? Ya lo he dicho y no dudo repetirlo; en todas las grandes poblaciones invadidas por el clera morbo asitico se han observado algunos casos hasta un ao despus de haber terminado la epidemia. Lo mismo ha sucedido en esta ciudad; desde mayo hasta el presente mes en ninguno de ellos ha dejado de ocurrir uno u otro colrico; pero siempre aislado, sin comunicarse a ninguna otra persona de la familia. No obstante, en los dos meses anteriores se han supuesto casos ms repetidos, y exagerndose con la mayor indiscrecin y ligereza se ha consternado el pueblo, temiendo un funesto aniversario. Felizmente se habrn disipado sus temores, y para ms tranquilizarlo atestar que desde principios de enero hasta la fecha he recibido varios partes de enfermos con sntomas sospechosos; pero habindolos reconocido casi todos personalmente y otros por facultativos de mi confianza, slo cinco han tenido el clera asitico en esta ciudad y sus

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /63 /63 /63 /63 /63 barrios, es decir, es una poblacin que contiene ms de cien mil almas y en el espacio de dos meses, y los cinco han cometido grandes excesos o han despreciado los primeros sntomas de la enfermedad. A esta prueba aadir otra que debe inspirar la mayor confianza. El cementerio general es un barmetro que presenta exactamente las alteraciones que experimenta la salud de esta ciudad. Tengo a la vista los estados diarios de los cadveres enterrados en los meses de enero y febrero del ao prximo pasado y del presente, y de febrero de 1832, y comparados resulta lo siguiente: ENERO 1833 1834 Cadveres...............396En todo el mes................316 Mximo...................21En un da..........................19 Mnimo....................5En otro da.......................4 No consta en los asientos de dicho cementerio que desde su establecimiento en 2 de febrero de 1806 se hayan enterrado en ningn otro da cuatro cadveres solamente, como sucedi el 20 de enero ltimo. Para comparar los que fueron sepultados en febrero anterior, no elegir por trmino opuesto el mismo mes del ao prximo pasado, porque habiendo empezado la epidemia del clera el 24, necesariamente debera ser mucho mayor la mortalidad. Por tanto, preferir el mes de febrero de 1832. FEBRERO 1832 1834 Cadveres...............370En todo el mes................283 Mximo...................19En un da..........................20 Mnimo....................5En otro da.......................5 Por esta comparacin se demuestra que en enero ltimo fallecieron ochenta personas menos que en el mismo mes del ao prximo pasado, y que en febrero anterior ochenta y siete menos que en el propio mes de 1832. Ningn argumento ms convincente de la buena salud que se disfruta en esta ciudad. Mas no por eso hemos de despreciar las reglas que prescribe la higiene, ni debemos entregarnos a cometer excesos; la razn y la prudencia recomiendan la sobriedad en todos los placeres. El abuso de ellos altera en cualquier tiempo la salud, ese beneficio que no conocemos ni apreciamos como merece, sino despus de haberlo perdido. Para conservarlo principalmente en la estacin que ya empieza, es necesaria la frugalidad en la

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OBRAS 64\ 64\ 64\ 64\ 64\ comida y bebida, sobre todo en los licores espirituosos, hacer un ejercicio moderado, llevar el vestido que corresponda a la temperatura de la atmsfera, no desabrigarse al aire libre estando el cuerpo acalorado, abstenerse entonces de bebidas fras, evitar el calor ardiente del sol, observar el mayor aseo en la persona y habitacin, tomar baos templados o fros cuando se ordenen por quien corresponda, finalmente reprimir y dominar las pasiones, porque todas pueden ofender la salud y aun privar de la vida si fueren excesivas. A los profesores de la ciencia ms benfica al hombre pertenece dictar reglas particulares segn las circunstancias que concurran en aqullos que les consulten. Animados todos de los nobles sentimientos que exige nuestra profesin, espero con la mayor confianza que continuarn ejercindola con la misma humanidad, inteligencia y constancia que manifestaron en los das lamentables de la epidemia del clera morbo, arrostrando impvidos los mayores peligros; y que me participaran, como puntualmente lo ejecutan, los casos que se les presenten de esa enfermedad o de cualquier otra con sntomas sospechosos, o con anomalas y complicaciones que les hagan vacilar. Consagrado a cumplir fielmente los deberes que me han sido confiados, me encontrarn dispuesto a todas horas para acompaarlos donde quieran conducirme a reconocer los enfermos y comunicarles los conocimientos que haya adquirido en cuarenta aos de prctica; y cuando no me lo permita alguna atencin ms urgente elegir facultativos de mi confianza que, no dudo, se sirvan aceptar esa comisin; y a todos generalmente encargo y recomiendo el ms exacto cumplimiento de cuantas providencias de polica de salubridad ha dictado el Excelentsimo Seor Gobernador y Capitn General, que con tanto celo y eficacia se interesa en la conservacin de la salud pblica. Habana y marzo 2 de 1834. Doctor Toms Romay.ORACI"N INAUGURAL CON MOTIVO DE LA APERTURA DE LA CLASE DE CLNICA EN LA NUEVA SALA DEL MUSEO ANAT"MICO CONSTRUIDO EN EL HOSPITAL MILITAR*En celebridad de los das de la Reina Nuestra Seora Doa Isabel II, se verific el 19 del corriente la apertura de esa clase en la nueva sala del Museo Anatmico construida en el Hospital Militar de esta Plaza, autorizando ese acto los Excelentsimos Seores Gobernador y Capitn General, Superintendente General de Real Hacienda, Consejero de Estado e Ilustrsimo Seor Arzobispo, gobernador de este obispado, y con toda la Diario del Gobierno de la Habana 29 de noviembre de 1834; Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 4, pp. 382-387.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /65 /65 /65 /65 /65 solemnidad que se describe en el nmero 322 de este diario. El seor doctor don Toms Romay, catedrtico de Clnica designado por Su Majestad, pronunci la siguiente oracin inaugural anloga a las circunstancias de tan plausible da. Excelentsimo Seor: No ser Suecia en adelante la nica nacin que se glorie de haber sido gobernada por una Cristina, protectora de las ciencias y bellas artes. Discpula predilecta de aquel genio creador, que arrancando los astros de las esferas en que los haba enclavado Tolomeo los arroj en un espacio inmenso, sutil y etreo, donde equilibrados por las leyes del movimiento describieran un curso inalterable; no poda Cristina elevarse a la contemplacin de esos globos brillantes sin reflejar sobre sus pueblos las luces que haba adquirido con su estudio y meditacin. Establece universidades, colegios y academias, solicita con eficacia y generosidad los literatos y artistas ms distinguidos en todas las naciones; y excitando con su presencia y liberalidades la emulacin de los alumnos, disipa las densas nieblas de la ignorancia y del orgullo feudal. Cristina de Borbn, reina gobernador de las Espaas, sin haber sido iniciada por otro Descartes en los sublimes misterios de la naturaleza, no cede a la Wasa en ilustracin y munificencia. Nacida en una de las Cortes ms opulentas y cultas de Italia, donde se conservan tantos monumentos de la antigua Partnope, donde concurren con frecuencia los discpulos de Torricelli y de Galvani, de Ariosto y de Rossini, de Rafael y de Canova; donde las ruinas de Herculano y de Pompeya son dos minas riqusimas de los modelos ms admirables de Grecia y de Roma; Cristina, dotada de un alma grande, noble y generosa, inflamada con la llama celestial de un genio perspicaz, activo y fecundo, capaz de todas las ideas y de todas las verdades, mirara con indiferencia objetos tan grandiosos que atraan su curiosidad y excitaban su imaginacin? Enriquecida con el tesoro inapreciable de tiles conocimientos, y del buen gusto rectificado por su sexo y educacin, abrasada en los deseos ms ardientes de la ilustracin y prosperidad de los espaoles, vino a ocupar el trono de Fernando. Grata y perpetua ser en los fastos de su historia la primera poca de su reinado. Abriendo con mano fuerte y munfica las puertas del santuario de las ciencias, y derrocando las barreras que hacan inaccesible el suelo patrio, rene en los colegios y universidades aquellos alumnos que sern algn da gloria y ornamento de la nacin, y restituye a sus hogares los varones ilustres que geman confinados en pases extraos y lejanos, como Ovidio en el Ponto y el respetable Jovellanos en un castillo de Mallorca. No ser menos plausible el segundo perodo de su gobierno a nombre de su excelsa hija Isabel II. Superando su generosidad a la de todos los sobera-

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OBRAS 66\ 66\ 66\ 66\ 66\ nos que la haban precedido, ampla ms y ms el memorable decreto de amnista. Erige a las ciencias fsicas un monumento eterno en la Academia consagrada a sus progresos y lucubraciones. La msica, la pintura, la dramtica merecen su poderosa proteccin. Establece un ministerio encargado de fomentar todos los ramos de pblica prosperidad. Oprimido su pecho por la consternacin y amargura, al ver que desolaba las provincias y se eriga a la Corte aquella epidemia, la ms general y funestas a la especie humana, repite los reglamentos de polica y de higiene que haba promulgado, aade otros ms eficaces, organiza juntas de sanidad, prepara hospitales, promueve sociedades de caridad, dando con mano munfica ejemplos nada equvocos de compasin y beneficencia. Restablece aquella augusta asamblea, tan respetable por su antigedad como por su inflexible rectitud, gida impenetrable de las libertades patrias y de los derechos del pueblo, y donde tantas veces se haba estrellado el despotismo. An ms debemos a la ilustracin y liberalidad de Cristina, y para ser ms semejante a la herona de Suecia, al mismo tiempo que con una mano fomenta y protege las ciencias y las artes, y todas las instituciones y todos los establecimientos, con la otra devela, arrolla y persigue a los enemigos de la Constitucin del Estado y de su augusta Soberana. La Isla de Cuba mereci desde el principio de la primera poca de su gobierno un rasgo luminoso de las virtudes que tanto la distinguen. Los estragos que haca en esta ciudad y sus campos aquel monstruo, que abortado por el delta del Ganges en 1817 haba devastado Asia, Europa y Amrica septentrional, los acentos del dolor exhalados por la orfandad y por tantas familias desoladas, llegaron hasta su trono, cuando desgarrado su corazn sensible por la muerte siempre lamentable del Sptimo Fernando estaba ms dispuesto a la terneza y compasin. No vacila un instante, y decidida a enjugar nuestras lgrimas y precaver otra calamidad semejante a la que suframos, previno en la Real Orden de 21 de octubre del ao anterior que se estableciera en esta ciudad una Junta Superior Gubernativa de Medicina y Ciruga y una clase de Clnica en este Hospital Militar, dignndose confiarme su regencia. Se ha instalado aunque privadamente la primera; y hoy, en este da el ms plausible para los fieles espaoles, en este lugar consagrado a perpetuar la memoria de Isabel II, y bajo sus auspicios Soberanos, se proceda a la apertura de la Escuela de Medicina Prctica. El Jefe ilustre de este Real establecimiento,1 tan exacto en la ms puntual observancia de las soberanas disposiciones como en ejecutarlo del modo ms decoroso y digno del objeto a que se dirigen, dispuso se trasladara el Anfiteatro a la pieza inmediata y se construyera esta sala espaciosa con el doble objeto de colocar en ella la clase de Clnica y el Museo Anatmico, enriquecindole con nuevas y perfectsimas figuras. Pensamiento 1El Excelentsimo Seor Conde de Villanueva, Superintendente General de Real Hacienda.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /67 /67 /67 /67 /67 feliz que ha reunido y proporcionado en un punto la instruccin en diferentes ramos de la ciencia de curar. Al mismo tiempo que explicar a mis alumnos la historia de las enfermedades, los sntomas que las caracterizan, el curso que observan, las anomalas con que suelen presentarse, las simpatas que pueden resultar, los remedios con que deben combatirse y su terminacin favorable o adversa; percibirn en esos objetos los rganos ofendidos en cada enfermedad, su adherencia y relaciones con otros tejidos y sistemas, los medios por donde se trasmiten las simpatas y se ejecutan las revulsiones, el mutuo consentimiento y armona de todas las partes, y la tendencia con que todas concurren de consuno a un mismo fin, conservar la vida, a la manera que los rayos de una rueda se dirigen todos, se tocan y renen en un punto cntrico para aumentar la potencia de las mquinas artificiales. Descubrimiento importante del padre de la medicina ratificado por los modernos fisilogos. Si pasamos de esta sala al vecino Anfiteatro, la Anatoma Patolgica ilustrar muchas veces las teoras nosogrficas. En la autopsia de los cadveres descubriremos las lecciones que experimentaron los rganos y tejidos en el tiempo de la enfermedad, las alteraciones que sufrieron los lquidos, las causas que desordenaron las funciones, las partes donde deben dirigirse los remedios y los efectos que pueden producir. En este examen es preciso proceder con el ms riguroso criterio y perspicacia para distinguir con la posible exactitud las lecciones que se desarrollan durante la enfermedad de las que resultan despus de la muerte. El enfermo tendido en el lecho del dolor, y el cadver sobre la losa del Anfiteatro, stos dos libros trazados por la mano infalible de la naturaleza, sern en lo sucesivo el objeto de vuestro estudio y meditacin. En su presencia fundiris como en un crisol las teoras de todas las sectas que han desgarrado la medicina desde Erasstrato hasta Brousseais, desvindose de la senda luminosa que dej marcada su venerable legislador. All separaris las verdades tiles comprobadas por la observacin y la experiencia de las hiptesis arbitrarias, de las sutilezas metafsicas del peripato y de los delirios de una imaginacin acalorada con el fuego de los hornillos y retortas, pretendiendo someter las leyes inescrutables de la naturaleza a los productos inexactos de la alquimia. Como la abeja extrae de las flores el nctar ms puro para convertirla en una miel proficua y dulcsima, as tambin tomaris de cada escuela las doctrinas ms conformes a la recta razn, a los hechos repetidos y analizados, a los principios generalmente admitidos, para formar un sistema colectivo, el ms seguro en la prctica de la difcil ciencia de curar. Empero, no ser bastante para desempear cumplidamente el ministerio consolador a que somos destinados. Los dolores que sufren los enfermos, las privaciones que experimentan, la impotencia y languidez que los postra, las angustias y congojas que atormentan su espritu, todo exige

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OBRAS 68\ 68\ 68\ 68\ 68\ imperiosamente la ms constante y eficaz asistencia, una compasin sin lmites, una afabilidad inalterable y todos los auxilios y todos los consuelos que pueden dispensar la ciencia ms benfica y la sensibilidad ms oficiosa. Si los merecen todos los enfermos, porque todos son hombres y pertenecen a nuestra especie, en los que ahora se confiarn a vuestro cuidado y observacin concurre una circunstancia especial que los hace ms dignos de la observancia de tan sagrados deberes. Todos ellos son comilitones de los valientes que con tanta decisin y constancia, vertiendo su sangre y despreciando la vida, defienden los derechos de Isabel II, descendiente y heredera de la incomparable Isabel de Castilla. ¡Espaoles, habitantes de la antigua Cubanacn, que nombre he proferido! ¡Isabel de Castilla! Yo siento al pronunciarle palpitar mi corazn, inflamarse mi espritu, y ocurrir a la mente las ms gratas y sublimes ideas; ideas de beneficencia, de generosidad y de constancia. Alma grande, alma heroica de Isabel de Castilla, si te es concedido percibir los votos de tus sbditos, acepta los mos e intercede con el dispensador de todas las gracias y de todos los dones para que Isabel II no slo herede tu nombre y tu trono, sino tambin todas tus virtudes; que su reinado sea tan glorioso como el tuyo, y que en ella se cumpla el orculo repetido por aquel genio inmortal, cuyas cenizas reposan en la patria de Cristina. “Despus de la gran revolucin de los siglos, se restablecer el orden; bajar del alto cielo una nueva generacin; aparecer una Virgen, y se renovar el reinado de Saturno. Y si el gran Aquiles volviere a presentarse en los campos de Troya”;2 renacern tambin los Crdoba y Navarro, los Saavedra y Cervantes, los Argensola y Herrera, y todos los guerreros, y los sabios y artistas que hicieron temer y admirar al pueblo espaol no slo en el mundo entonces conocido, sino en otro que descubrieron con su sabidura y sojuzgaron con sus victorias. ¡Plegue al cielo que mis votos sean cumplidos y mis esperanzas satisfechas! Que la tierra en su diaria revolucin presente constantemente al astro del da pases que obedezcan y adoren a Isabel II; y que ella sea para la Isla de Cuba otra madre tan generosa y benfica como lo fue su predecesora Isabel de Castilla la Catlica. Dije. Noviembre 19 de 1834. Doctor Toms Romay. 2Virgilio, gloga 4.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /69 /69 /69 /69 /69DISCURSO INAUGURAL DE LA REAL JUNTA SUPERIOR GUBERNATIVA DE MEDICINA Y CIRUGA DE ESTA ISLA Y DE PUERTO RICO*Seores profesores de Medicina y Ciruga: Dificultades que no hemos podido superar han detenido hasta hoy la instalacin pblica de esta Real Junta Superior Gubernativa de Medicina y Ciruga. Debido era y muy justo tributar este solemne homenaje de consideracin y gratitud a la memoria siempre respetable de Fernando VII. Su mano munfica traz el plano de esa obra, la ilustrada y benfica Cristina la erigi, y la lealtad y constante adhesin a nuestros soberanos la consagra en este plausible da a la excelsa Isabel II. Su augusta imagen colocada sobre nosotros como un astro benfico nos inspirar aquellos puros y nobles sentimientos que adornan su inocente alma. Mis dignos colegas, los recibirn inmediatamente, y abundando en ellos ofrecern a Vuestra Seora ejemplos incontestables de su ilustracin, rectitud y celo el ms eficaz por el decoro y esplendor de la facultad que profesamos. Todos debemos contribuir a recomendarla para merecer la estimacin pblica con la constante aplicacin al estudio, con la asiduidad, desinters y compasin en la asistencia de los enfermos, y con la observancia de todas las virtudes que erige el padre en la medicina en su admirable juramento. Las obras de este fiel intrprete de la naturaleza son el cdigo de nuestras leyes. Medtense da y noche, respetando sus sentencias como orculos dictados por una observacin y experiencia raciocinada de ochenta aos. Nos lisonjeamos con que los alumnos de la Universidad y del Hospital Militar correspondern al celo y eficacia con que se interesan en su instruccin los ilustrados profesores que sirven las ctedras en ambos establecimientos. Hoy se ha instalado la de Clnica, que era tan necesaria para emplear los estudios acadmicos. Sucesor de Francisco Pinel, Juregui y Severo Lpez, me esforzar por sugerirlos aunque de lejos, respetando las huellas que dejaron impresas en aquellas salas donde fueron tan tiles a la medicina, a la humanidad y a la patria. Excelentsimo Seor:** Doctor don Toms Romay, mdico principal del Hospital Militar de esta Plaza y Honorario de la Real Familia, con el respeto debido a Vuestra Excelencia dice: Que previnindose por Real Cdula expedida en enero del ao prximo pasado que se establezca en esta ciudad Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 4, pp. 388-389. ** Archivo Nacional de Cuba, leg. 6, no. 322 (carta manuscrita).

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OBRAS 70\ 70\ 70\ 70\ 70\ una Junta Superior de Medicina y Ciruga, compuesta de un mdico, un mdico cirujano y un cirujano latino, proponiendo el Capitn General en terna para cada una de estas plazas los facultativos que estimara ms aptos, prefiriendo entre ellos a los empleados actualmente en el Tribunal del Protomedicato; propuso Su Excelencia para la plaza de mdico en primer lugar al seor protomdico regente doctor don Lorenzo Hernndez, y en el segundo al protomdico segundo doctor don Juan Prez Delgado para mdico cirujano, al tercer protomdico doctor don Jos Antonio Bernal, en primer lugar, y en segundo al fiscal sustituto del mismo tribunal doctor don Antonio Viera, y para la plaza de cirujano latino al fiscal propietario doctor don Simn Vicente de Hevia, en primer lugar, y en los dos restantes otros profesores de la misma facultad. Mas luego que falleci el doctor don Juan Prez Delgado se sirvi el mismo Excelentsimo Seor proponer al suplicante para ocupar su vacante y sustituir al primero, en consideracin a que era el prodecano de [...] medicina y a sus antiguos servicios [...] constantes de la hoja de ellos que presento. Hace pocos das que muri tambin el protomdico regente doctor don Lorenzo Hernndez, y debiendo reemplazarle otro mdico para la organizacin de dicha Junta, en cumplimiento de lo prevenido en la citada Real Cdula. A Vuestra Excelencia suplica que en virtud de lo expuesto de lo que consta a Vuestra Excelencia sobre la aptitud y servicios del exponente, y con presencia de los antecedentes que existen en su Secretara poltica, sirva proponer a Su Majestad al suplicante en primer lugar para la plaza de mdico de la Junta Superior de Medicina y Ciruga que debe establecerse en otra ciudad. Habana y diciembre 29 de 1832. Excelentsimo Seor. Doctor Toms Romay .INFORME SOBRE EL ESTADO DEL MUSEO ANAT"MICO*Excelentsimo Seor: El Museo Anatmico establecido en el Hospital de San Isidro se conserva con el mismo aseo y orden que he observado desde su fundacin. En el espacio de siete aos que han transcurrido no se ha roto ni un cristal de las urnas y estantes, ni se ha descompuesto ni desmejorado alguna de las figuras de cera, ni tampoco se ha extraviado ni enmohecido ninguno de los instrumentos u otro objeto de los que contiene, sin embargo de la humedad Actas de las Juntas Generales de la Sociedad Econmica de Amigos del Pas. Ao 1831, pp. 91-92.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /71 /71 /71 /71 /71 de la pieza donde residen. Todo es debido a la vigilancia y esmero con que se interesa en conservarlos su Director el doctor don Francisco Alonso y Fernndez, y a la docilidad y consideracin con que le respetan sus alumnos. Desde 1823 en que llegaron las interesantes piezas anatmicas que contiene, aunque en corto nmero, no ha recibido ese gabinete el menor aumento, siendo muy necesarias algunas otras para su complemento y facilitar la instruccin de los jvenes que anhelan por perfeccionarse en esa ciencia. Por un leve pero constante impulso del Cuerpo Patritico adquirira sucesivamente lo que le falta para satisfacer el objeto que se propuso en su instalacin. Desde octubre del ao pasado hasta marzo del presente se dedic el doctor Alonso y Fernndez a las lecciones de Anatoma Prctica, disecando los cadveres que se le proporcionaban no slo en el Hospital de San Ambrosio, sino tambin conduciendo algunos de San Francisco de Paula. Es preciso conocer la pieza donde se ejecutan esas operaciones para conocer lo que sufren el maestro y los discpulos, y lo que se esmera el uno por ensear y los otros por aprender. En 1827 present ese profesor al excelentsimo seor don Francisco de Arango, comisionado por Su Majestad para formar el plan de estudios de esta Isla, un proyecto para establecer un anfiteatro cmodo y decente. Indic como local oportuno un terreno yermo en el Hospicio de San Isidro, acompa el plano de la obra y propuso varias economas y arbitrios para la ms fcil ejecucin. La idea mereci en lo principal la aprobacin de Su Excelencia, y dirigi el expediente con especial recomendacin al excelentsimo seor Conde de Villanueva, Intendente de Ejrcito. He comprendido que este excelentsimo seor lo pas al seor director de Ingenieros para que formara el presupuesto; pero al cabo de tres aos ignoro su resultado. En obsequio de la Humanidad, del fomento, de la ilustracin de este pas y para facilitar los progresos de los alumnos del arte de curar, recomiendo eficazmente a este ilustre Cuerpo se sirva agitar el curso de un proyecto tan til antes que se de otro destino al lugar indicado para establecerlo. En septiembre ltimo abri el doctor Alonso y Fernndez un curso de Obstetricia, o arte de partear, cediendo a las instancias de sus discpulos, y convencido de que son muy limitados los conocimientos que se tienen de esa operacin, confiada regularmente a una prctica sin ninguna terica. En la apertura de esa clase pronunci un discurso contrado al objeto de su enseanza, que mereci imprimirse por esta Real Sociedad. El Museo Anatmico sirve de aula, y los martes, jueves y sbados de cada semana concurren a ella treinta alumnos que manifiestan en su aplicacin y constancia los mayores deseos de instruirse en ese ramo. Habana y diciembre 14 de 1830. Doctor Toms Romay

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OBRAS 72\ 72\ 72\ 72\ 72\INFORME Y REGLAMENTO SOBRE MEDICAMENTOS SECRETOS Y NUEVOS*Excelentsimo Seor: La Seccin de Medicina, Ciruga y Farmacia, al tener que informar a Vuestra Excelencia y Vuestras Seoras sobre las instancias anlogas de cuatro individuos pidiendo el permiso de anunciar y vender otros tantos remedios, nuevos segn el dicho de los pretendientes y dotados de eficaces virtudes para algunas dolencias, se ve en la necesidad de elevar su voz con energa y declarar a la Inspeccin que el ramo vergonzoso de industria que con cierta extensin quiere ya crearse en esta Isla y que crecera de da en da si guardsemos silencio, o usramos de una criminal condescendencia, es uno de los mayores males que pudieran perjudicar a sus habitantes, por no fundarse en otros principios, hablando en general, que en la codicia de algunos hombres y en la credulidad del vulgo ignorante. El secreto es el arma de esta industria sagaz; el secreto y ciertas reglas misteriosas y aun ridculas constituyen la trampa ingeniosa de este trfico para asegurar a sus autores crecidas ganancias sin que el pblico reporte utilidades positivas. En un siglo de ilustracin, cuando los Gobiernos se empean en destruir los errores y preocupaciones populares, en unos momentos en que la Inspeccin de Estudios consagra todos sus cuidados para afianzar la educacin en esta Isla, la ms perfecta enseanza de la Jurisprudencia y de la Medicina, Ciruga y Farmacia, y la pureza y el mayor esmero y decoro en el ejercicio de estas facultades, faltara la Seccin Tercera a su deber y al voto de su conciencia si no presentara, aunque sucintamente, un cuadro verdico de los graves inconvenientes que resultan si se concede a estos, y a los dems individuos que se presenten con igual pretensin, el permiso de anunciar y vender sustancias medicinales cuya composicin sea desconocida a los profesores y al pblico. Los principales perjuicios que origina en la sociedad el uso de los remedios secretos, y los inconvenientes que se presentan para que el Gobierno permita su venta son los siguientes. Primero Excita y promueve la inmoralidad y la codicia en muchos hombres, los que olvidndose de lo que deben a Dios, a sus semejantes y a s mismos llegan a entregarse a un trfico que los deshonra, sin atender a los medios sino slo al logro de un lucro inmoderado. Segundo Autoriza y sostiene una especie de estafa al pblico, que peca generalmente por crdulo y por inclinado a la novedad, al secreto y a lo misterioso. *Archivo Nacional de Cuba, Instruccin Pblica leg. 1032, no. 67793.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /73 /73 /73 /73 /73 Tercero. Ocasiona repetidas veces accidentes graves en la salud, y aun la muerte de algunos individuos que usaron indiscretamente de unas sustancias que no conocan, ignorando al mismo tiempo el estado y las particulares circunstancias en que se encontraba su organizacin. Cuarto. Contribuye al atraso y decadencia de la verdadera medicina, infestando las poblaciones de remedios inertes, de poca energa o muy peligrosos, y haciendo olvidar las frmulas recomendables publicadas en las farmacopeas y en otros libros, ensayadas por profesores distinguidos y dotadas de virtudes que han sancionado la experiencia de muchos aos. Quinto. Induce a la desaplicacin a algunos mdicos, que ignorantes u olvidados de los deberes y responsabilidad que les impone la ciencia, y cayendo en el mismo error y credulidad que el vulgo, o por estar muy atrasados en la materia mdica o en el arte de recetar, se aficionan a estas composiciones secretas y casi no prescriben otras a sus enfermos, sujetndose servilmente a los mtodos impresos que las envuelven, como pudiera hacerlo un rstico o un simple artesano. Acaso no observan esos medicastros que los verdaderos profesores, los que siguen en la observacin de las enfermedades las huellas del divino Hipcrates, apenas recetan dos veces seguidas una misma sustancia bajo la misma frmula, sino que segn la edad, el sexo, la estacin y las particulares circunstancias de cada dolencia, la modifican tanto en la dosis como en la combinacin con otras sustancias? Sexto. La creacin o aparicin de los remedios secretos, aun cuando sean verdaderamente nuevos, apenas contribuye a enriquecer la materia mdica, pues quizs uno entre mil se presenta con virtudes ms activas, ms eficaces y constantes para curar o aliviar una enfermedad o algn sntoma determinado muy molesto, que todas las dems sustancias conocidas y que se aplicaban con el mismo fin, mientras que los otros novecientos noventa y nueve o son composiciones insignificantes, o bien se hallan dotadas de igual virtud, con el mismo grado de energa y para iguales indicaciones que las innumerables publicadas en las farmacopeas y otras obras, y las que diariamente, en cada hora, en cada momento, formulan los profesores de Medicina y Ciruga, las cuales les exceden en mrito sin la menor duda, por la sola razn de que son acomodadas o arregladas para cada individuo y segn las especiales circunstancias de su enfermedad. En efecto si el nuevo remedio fuese un verdadero y experimentado especfico para curar males que hasta el da se han manifestado mortferos o sumamente rebeldes, como la peste, el clera morbo asitico, la fiebre amarilla, el cncer, el ttanos, la elefantiasis y otros muchos, es incuestionable que a su autor debera premiarse con profusin; con la misma extensin si posible fuera que la del beneficio que haba proporcionado al gnero humano. Lo mismo opina la Seccin, aunque con proporcionadas recompensas a favor de los descubridores de ciertos medicamentos, que aunque no tan

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OBRAS 74\ 74\ 74\ 74\ 74\ heroicos como la quina, el opio, el mercurio y algunos otros, se hallasen dotados de cierto grado de eficacia superior a los ya conocidos, pero de ningn modo puede aconsejar se conceda premio ni privilegio alguno a los que presenten remedios que slo puedan contribuir a llenar indicaciones generales como la de excitar, calmar, narcotizar, vomitar, purgar y otras en el mismo grado que lo hacen las composiciones farmacuticas o magistrales ya conocidas. Qu se adelanta pues con un nuevo pectoral, un nuevo purgante, un nuevo elixir? No ser esto aumentar el frrago indigesto de medicamentos de un mismo gnero y que bien pudieran abandonarse al olvido en su mitad, o en los dos tercios, sin que la sana prctica los echara de menos? Sptimo. Finalmente, si los remedios secretos poseen tantas virtudes a la vez segn los anuncios de sus autores; si curan muchas y muy distintas enfermedades, si disipan la jaqueca, fortifican la vista, excitan el apetito, son amigos de los pulmones, promueven las cmaras, arrojan las arenas, arreglan los mestruos; si todo lo allanan y facilitan al modo de panaceas universales sin incomodidad del enfermo, sin que le prive de salir a la calle y entregarse a sus ocupaciones; si en sus mtodos o direcciones impresas con su Cave dolum o Divinum inventum o Nom verbis, sed operibus credite u otros epgrafes ingeniosos, con multitud de certificaciones de profesores y de personas notables dadas por amistad, por compromiso, o porque han credo no causar un dao al pblico por darlas; comprobada la inocencia, o sea, la inutilidad de estas composiciones, con sus sellos, marcas y contramarcas para evitar las falsificaciones, que es lo ms importante de este negocio; si en todo esto no se echa de ver sino una maraa de lazos disimulados en que a montones se enreden los incautos, los bobos y todas las personas de sentido muy limitado; podr acaso el Gobierno mirar con indiferencia la introduccin o la continuacin de un trfico tan impudente como vergonzoso, y que visiblemente perjudica las dos cosas que ms aprecian los hombres, su salud y sus intereses? Apoyada en tales razones, guiada la Seccin Tercera slo por el espritu de la utilidad pblica y del lustre de la ciencia mdica y con el fin de que se establezcan reglas generales de que carecemos sobre esta materia, tanto para decidir sobre las cuatro instancias que han motivado este informe como sobre otras que ocurran de igual naturaleza, ha credo muy conveniente presentar a la consideracin de la Inspeccin de Estudios un proyecto de Reglamento que al paso que destruya y aleje para siempre de esta Isla el mal que la amenaza, asegure el estmulo, la laboriosidad de los mdicos observadores, la de los farmacuticos aplicados, y aun la de individuos particulares, y la remuneracin proporcionada al mrito real de los medicamentos nuevos que puedan descubrir en beneficio de la Humanidad doliente. Es como sigue.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /75 /75 /75 /75 /75Reglamento que ha de observarse en la Isla de Cuba sobre medicamentos secretos y los nuevos que pueden presentarseDe los medicamentos secretos Artculo 1 Se prohbe el anuncio y venta de medicamentos secretos en la Isla de Cuba; exceptundose aqullos que ya estn admitidos y muy experimentados, los cuales se expresan en la relacin adjunta a este Reglamento. Artculo 2 Los infractores del precedente artculo quedarn sujetos a las penas impuestas a los intrusos en el ejercicio de la Facultad de Farmacia. Artculo 3 Los subdelegados de Medicina y Ciruga, los de Farmacia y los profesores de estas Facultades participarn a la Inspeccin las infracciones del Artculo 1 de que tuvieren conocimiento. De los medicamentos nuevos Artculo 4 Se considerarn como nuevos los medicamentos que no se hayan publicado hasta el da, ni empleado en las enfermedades para cuya curacin se recomienden, o que en el caso de haberse usado se propongan preparados o combinados de un modo muy distinto del ya conocido. Artculo 5 Los profesores de Medicina y Ciruga son los nicos que pueden presentar a la Inspeccin de Estudios los medicamentos expresados en el artculo anterior, a fin de que sta proceda a su ensayo y calificacin. Artculo 6 Si alguna persona extraa a la ciencia de curar descubriese una sustancia simple o compuesta til para la curacin de determinadas dolencias, y deseare publicarla con opcin a las ventajas que le correspondan, la entregar a un profesor de la expresada ciencia a fin de que la ensaye con la exactitud conveniente, y comprobada su eficacia la presente a la Inspeccin de Estudios expresando el nombre del descubridor para que calificada por aqulla pueda ste obtener el permiso en el caso de merecerlo. Artculo 7 Los medicamentos referidos se presentarn a la Inspeccin en cantidad suficiente para su ensayo, explicando en un pliego cerrado los nombres de las sustancias que entran en su composicin, el modo de prepararlos y el de administrarlos. Artculo 8 Los medicamentos y los pliegos cerrados de que trata el artculo anterior pasarn a la Seccin de Ciencias Mdicas para que por s sola, o auxiliada de otros profesores de su eleccin, proceda a su ensayo con la detencin y prolijidad conveniente. Artculo 9 Estos medicamentos se calificarn de los tres modos siguientes. Primero de perjudiciales, segundo de equivalentes a los ya conocidos, y tercero de ms eficaces que los ya conocidos.

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OBRAS 76\ 76\ 76\ 76\ 76\ Artculo 10 La Inspeccin prohibir absolutamente los medicamentos calificados de Perjudiciales; permitir el anuncio y venta de los que se declaren Equivalentes a los ya conocidos publicando su composicin; y conceder a los autores de los remedios que merezcan la calificacin de Ms eficaces que los ya conocidos privilegio exclusivo para su venta por un tiempo dado, reservando durante el mismo y al efecto el secreto de su composicin. Si afortunadamente se presentase algn remedio especfico de suma importancia, la Inspeccin propondr a la Superioridad el premio honorfico o pecuniario que a su juicio mereciese su descubridor, cuando ste lo obtuviere publicar la composicin de aquel para bien de la Humanidad. Artculo 11 La Inspeccin determinar el precio de los medicamentos cuya venta permita, y los anunciar en los peridicos para conocimiento del pblico. Habana, 23 de diciembre de 1843. Es copia. Jos Mara Velsquez. Vocal Secretario.

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FIEBRE AMARILLA FIEBRE AMARILLA FIEBRE AMARILLA FIEBRE AMARILLA FIEBRE AMARILLA DISERTACI"N SOBRE LA FIEBRE MALIGNA, LLAMADA VULGARMENTE V"MITO NEGRO*Naturaleza, o para reprimir la codicina del hombre, o para hacerle ms apreciables sus preciosas y tiles producciones, no satisfecha con ocultarlas en los abismos del mar y en las entraas de la tierra, le ha opuesto otros obstculos para dificultarle ms su adquisicin. La Amrica es una de las regiones ms favorecidas de esta madre munfica; en ella ha reunido casi todas las preciosidades que haba esparcido en las otras, y aun le ha concedido algunas de que ellas carecen; pero Amrica est separada del antiguo continente por un mar inmenso, por una barrera celeste que se juzg insuperable, y su clima en muchas partes es contrario al de Europa. Sin embargo, el hombre se arroja a estos peligros, penetra impvido por el borrascoso ocano, pasa el trpico, resiste los ardientes calores de la zona, y cuando se lisonjeaba de compensar tantos trabajos disfrutando de las delicias que ofrece este pas siempre adornado con las gracias y dones de la primavera y del otoo, le invaden diferentes enfermedades que frustran sus lisonjeras esperanzas. Tales son, entre otras, las fiebres ptridas intermitentes y remitentes, biliosas o linfticas que exterminaron a los intrpidos comilitones de Coln y de Ovando, y que an no dejan de experimentarse principalmente en los lugares rodeados de bosques y pantanos. Sobre stas han escrito Chevalier, Poupp Desportes y Desperriers. Otra enfermedad ms terrible, desconocida a los autores nacionales, y *Publicado en forma de folleto con el ttulo Disertacin sobre la fiebre maligna llamada vulgarmente vmito negro, enfermedad epidmica en las Indias Occidentales, leda en Junta de Sociedad Patritica de la Habana, el da 5 de abril de 1797, por el socio D. Toms Romay, Doctor en Medicina, Maestro en Filosofa, Catedrtico que fue del texto de Aristteles, y es actualmente de Vsperas de Medicina en esta Real y Pontificia Universidad Imprenta de la Capitana General, 1797. Tambin fue reproducida en Actas manuscritas de la Sociedad Econmica Libro III, f. 101; Repertorio Econmico de Medicina Farmacutica y Ciencias Naturales 1851, t. 1, nos. 18-19; Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 2, pp. 66-68; Crnicas Mdico-Quirrgicas 1877, no. 3, pp. 62-66, 173-178 y 216-221. Reproducida en mimegrafo por el doctor Garca Hernndez en 1948.

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OBRAS 78\ 78\ 78\ 78\ 78\ acerca de la cual han tratado muy pocos extranjeros, el vmito negro, ser el objeto de esta Disertacin.Artculo I Historia del vmito negroEsta enfermedad llamada por los franceses maladie de Siam1 y por los ingleses the yellow fever o black vomiting,2 se experiment la primera vez en la isla Martinica, con motivo de una numerosa escuadra que lleg a ella procedente de Siam. No he podido averiguar el ao en que esto sucedi; slo me consta por Makittrick que en 1718 afliga a los forasteros que llegaban a Barbada. Por la descripcin que hace Poupp Desportes se conoce que la observ en la colonia francesa de Santo Domingo en 1733, aunque l la llama enfermedad de Siam. La Escuadra inglesa de Vernon lleg infestada de ella a la baha de Guantnamo, situada al sur de nuestra Isla, en 1741. Ignoro que antes de 1762 la hubisemos conocido en La Habana; entonces hizo los mayores estragos en la Armada y Ejrcito ingls que la conquistaron, sufrindolos aun despus que se restituy a la Amrica septentrional, segn escriba Adair. Renovse la misma epidemia en 1780, habiendo en esta Plaza un armamento y guarnicin numerosa a causa de la guerra con Gran Bretaa. Finalmente en junio de 1794, luego que entraron en este puerto los buques que estuvieron en Ocoa y Bayaha, volvi a repetir con gran violencia, difundindose no slo en la marinera y tropa europea, sino tambin en muchos americanos naturales de otras provincias y de este mismo pas. Hubo quien opinase que esta epidemia fue causada por contagio conducido en dos fragatas, la una inglesa y la otra angloamericana, que vinieron de las Colonias del norte, asoladas entonces por esta enfermedad. Pero antes que arribaran a este puerto las referidas embarcaciones, ya haban fallecido en los hospitales muchos enfermos del vmito negro; fuera de esto, sus tripulaciones llegaron sanas y permanecieron as hasta pasado ms de diecisis das. El esto, esa estacin en que los rayos del sol nos hieren casi perpendicularmente y la atmsfera est cargada de vapores hmedos, fueron las causas externas que la produjeron. En este mismo tiempo hemos experimentado las dos anteriores que he referido, y Makittrick y Moultries observaron que en los meses de junio, julio y agosto era cuando reinaba en la Amrica septentrional y en las Antillas, aunque en el 1 Poupp Desportes, Hist. des malad. de S. Doming, t. prem., p. 191; Meultries, Dissert. de febre maligna biliosa Amrica; Makittrick, Dissert. de febre Indi occident. maligna flava 2 Moultrie, ibdem.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /79 /79 /79 /79 /79 invierno se ha solido ver algunos enfermos. Lo cierto es que el terrible huracn que padecimos el 28 de agosto de 1794, purificando la atmsfera y produciendo un nuevo temperamento,3 disip la epidemia y alivi a los enfermos mucho ms que todos los auxilios de la Medicina. No sindome posible visitar aquel da los que estaban a mi cargo en el Hospital de Marina establecido en el Arsenal, ni permitiendo la intemperie proporcionarles el alimento conveniente, cre encontrarlos el 29 en el estado ms deplorable; pero transportado de gozo y admiracin hall a unos enteramente sanos, y a otros muy prximos a disfrutar del mismo beneficio. Lo propio aconteci a Moultries en Carolina del Norte en 1745. Asolada aquella provincia por la fiebre amarilla desde junio, dej de afligirla cuando el 21 de septiembre hubo un fro tan intenso que lleg el mercurio a los 58F, no habiendo enfermado despus en toda la provincia ms qu dos o tres individuos.Artculo II Descripcin del vmito negroLos sujetos a quienes principalmente invade esta dolencia, y los sntomas ms indefectibles con que se presenta, han prestado fundamento para imponerle diversos nombres. Yo, prescindiendo de cuanto se ha dicho hasta ahora para clasificarla, la defino synochus icterico, o con amarillez en la piel, y vmito cruento. Si observamos toda la duracin de este morbo es muy difcil y aun casi imposible confundirle con otro. Siendo siempre uno mismo consta de dos diferentes perodos, synochus y typhus inflamatorio y ptrido comprendidos ambos exactamente en la sola voz synochus ; pero estos perodos varan en su extensin y en algunos sntomas, segn la particular idiosincrasia de los sujetos a quienes acomete. En los pletricos sanguneo-biliosos o melanclicos, que han tenido una vida laboriosa y se han excedido en los licores espirituosos, los perodos son mucho ms cortos que en los pituitosos, sedentarios y sobrios; por esto Sauvages le divide en agudo y agudsimo. Las seales que con ms frecuencia advertimos en el primer estado las referir observando el orden con que aparecen. De repente y sin advertirse la causa se experimentan laxitudes, debilidad e impotencia para ejercer las funciones, as voluntarias como involuntarias. Sguense frecuentes vrtigos, y un dolor agudo y con peso 3A las doce del da estuvo el termmetro en los 81F, lo que equivale a 21,5R; a las dos en 81,5; a las tres y cinco minutos en 82; a las diez de la noche en 81,5; el 25, a las cuatro de la tarde en 87,5; el 26 a las doce del da en 88, que corresponde a 24R; el 27 a las 6 de la maana en 86.

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OBRAS 80\ 80\ 80\ 80\ 80\ en la frente que hace inclinar la cabeza, cerrar los ojos, huir de la luz y anhelar la cama. Despus de medio da aparece regularmente la fiebre precedida de una leve refrigeracin y temblor; pasado un rato se siente calor intenso especialmente en la cavidad vital, la lengua rida y amarga, inapetencia y nuseas, sed insaciable, la piel seca y spera, aunque suele humedecerse en la parte superior; el pulso unas veces lleno, duro y frecuente, otras profundo, tardo y suave; el latido de las arterias temporales y cartidas se percibe con la vista; los ojos, todo el rostro, el cuello y el pecho se ponen rojos; la respiracin es dificultosa; los hipocondrios se elevan unas veces ms, otras menos, y se siente ardor y peso en la boca del estmago; cuando se toca el hgado duele y se encuentra un poco duro; el vientre se pone estptico, aunque algunos suelen tener diarrea; la vigilia y la inquietud es casi continua, y si alguna vez se duerme no refocila el sueo, y es a cada instante interrumpido. A las veinticuatro horas se aumenta la fiebre y con ella todos los sntomas que he referido, apareciendo otros dos aun ms molestos, el hipo y el vmito. El primero aflige al enfermo muchas veces sin intermisin, y le hace arrojar primero el alimento y luego bilis, la que segn los grados de acrimonia que va adquiriendo o sale amarilla, verde, verde ms oscuro y ltimamente mezclada con la sangre. La angustia y congoja en los precordios se incrementa a proporcin que repiten los vmitos. A las treinta y seis o cuarenta y ocho horas se toca el pulso lento, pero abatido y dbil; la nusea, el singulto y el vmito son menos continuos; el calor de la piel se tempera, la sed no es tan intensa; se alivia el dolor de la cabeza, los vahdos y el peso que oprima los prpados de los ojos obligados a cerrarlos; respira el paciente con ms franqueza, siente alguna tranquilidad, y cuando l y los asistentes se lisonjean de haber triunfado la naturaleza, sucede repentinamente una metamorfosis funesta. La vigilia y el delirio se convierten en un letargo ms o menos profundo; el color rojo de los ojos y de la piel en un amarillo que paulatinamente va oscurecindose; el pulso antes duro, frecuente y elevado, ahora es profundo, lnguido y algunas veces ms lento que en el estado natural; los bordes de la lengua estn speros y encarnados, y el centro de ella con una gruesa costra amarilla que en el progreso de la enfermedad llega a ponerse negra. Se aumenta la tensin y elevacin del vientre, el dolor del hgado, las congojas y la dificultad de respirar. Nada apetece, ni puede retener nada en el estmago porque el hipo y las nuseas le hacen arrojar no slo el alimento y medicina, sino tambin la bilis corrompida y mezclada con una sangre negra y disuelta. No es la boca el nico lugar por donde se derrama este humor; llegando al ltimo grado de acrimonia y disolucin sale con abundancia por la nariz, por la orina, por el ano, por los odos, filtrndose siempre por los poros de la lengua, de las encas, de los labios, y aun ha solido expelerse por todos los de la periferia.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /81 /81 /81 /81 /81 As permanece el enfermo treinta y seis horas poco ms o menos, incrementndose por la tarde todos los sntomas y agonizando en la noche, hasta que enteramente apopltico y muy rara vez en su perfecta razn exhala el espritu entre angustias y convulsiones, presentando el aspecto ms lastimoso y horrible. Abierto en el Hospital de San Isidro el cadver de un soldado que tendra como treinta aos de edad, y haba fallecido seis horas antes, a los siete das de enfermedad, se hall la sangre contenida en los vasos del omento y de la vena porta oscura y muy lquida. El hgado poco mayor que en el estado natural, endurecido, amoratado y gangrenada la parte cncava. Del mismo modo estaba el ventrculo, el intestino duodeno, el leo y aquella porcin del mesenterio ms inmediata a este intestino. La vejiga de la hiel y el conducto coldoco se encontr lleno de una bilis espesa y negra como caf fuerte. El pulmn, y tambin el diafragma, estaba inflamado por donde se aproxima al hgado. El pericardio derram un licor seroso amarillo, demasiado espeso y abundante. La piel se puso ms amarilla que antes de morir, y llena de unas manchas moradas que parecan contusiones. Algunos de los facultativos que presenciaron esta diseccin atestaron que en la epidemia de 1780 habiendo abierto varios cadveres encontraron los mismos fenmenos. Moultrie, Makittrick y Poupp Desportes observaron lo propio, aadiendo el primero que la bilis contenida en la vejiga de la hiel de un joven era tan espesa que difcilmente pudo disolverla en agua, y la orina grasa, negra y ftida. El segundo afirma que el pulmn de otro le hall ileso, y en los intestinos muchas lombrices chatas. Tambin las encontr Poupp Desportes, y habiendo examinado el cerebro de los que tuvieron delirios violentos y sueos letrgicos, encontr inflamada la duramadre y piamadre, y la sustancia cortical de un color rojo que sola comunicarse a la medular. Si es imposible dejar de conocer el vmito negro cuando aparecen los sntomas del segundo perodo, no es nada difcil equivocarle con otras enfermedades en el principio del primero; los mdicos ms sabios y perspicaces se han engaado. Makittrick confiesa que sin embargo de haber curado en el Hospital de Marina de Antigua muchos enfermos de todas especies de fiebres ptridas, equivoc la terciana remitente con el vmito negro por la semejanza que tienen cuando empiezan. Lo propio aconteci a Huck, y fue tambin causa de que Pringle afirmase que la fiebre amarilla era de la misma especie que la comn remitente o intermitente; pero ambos autores convienen en que la primera es ms vehemente, ms ptrida y perniciosa; que los sntomas son ms violentos y la calentura mayor cuando deban esperarse las remisiones ms claras.4 4 Observaciones acerca de las enfermedades de los ejrcitos en los campamentos, cap. 5, prrafo 4, p. 3.

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OBRAS 82\ 82\ 82\ 82\ 82\ Distnguese el vmito negro de las fiebres remitentes o intermitentes en que stas acometen tanto a los forasteros como a los naturales de cualquiera edad, sexo y condicin; el vmito negro puede decirse que es una enfermedad propia de los advenedizos, pues rara vez la padecen los criollos, rarsima las mujeres y jams los negros. La fiebre terciana se presenta todos los aos especialmente en el esto y otoo; el vmito negro, si exceptuamos algunos casos muy raros, no lo hemos visto sino en el esto habiendo en este puerto alguna escuadra o ejrcito numeroso. En la fiebre terciana, siendo las nuseas menos frecuentes que en la amarilla, se vomita con ms facilidad, prontitud y abundancia. En el vmito negro no se advierte alguna remisin en los sntomas hasta las treinta y seis o cuarenta horas; en las fiebres remitentes o intermitentes a las veinticuatro. La materia que se vomita en stas es siempre una bilis pura; en el vmito negro, este mismo humor segn los grados de acrimonia que va tomando, sale cada vez ms oscuro. Finalmente el dolor y tensin en los hipocondrios, en el hgado y en la boca del estmago se experimenta en el vmito negro desde que empieza; en la calentura remitente suele sentirse en el aumento. Algunos han dicho que el vmito negro es de la misma especie que la fiebre biliosa castrense; pero se distingue de ella en que sta regularmente remite por la madrugada con todos los sntomas mediante un sudor imperfecto; las hemorragias frecuentes en lo fuerte del acceso son por lo regular causa de que venga una completa remisin; las evacuaciones naturales por vmitos y cmaras son siempre favorables, y la amarillez ni es tanta ni tan comn como en el vmito negro.Artculo III Causas del vmito negroEl clima es la causa externa que lo produce. Algunas regiones son tan clidas como Amrica, otras ms hmedas; en las primeras el exceso del calrico produce enfermedades inflamatorias; en las segundas reina la inercia y la atona, y con ellas la putrefaccin y los edemas. Reunindose en Amrica el calor y la humedad en un grado muy intenso, es preciso que experimentemos sus efectos en un morbo que siendo igualmente producido por ambas cualidades sea inflamatorio y ptrido; tal es el vmito negro. Nuestros pueblos estn casi todos rodeados de bosques y aguas estancadas. De sta se eleva continuamente una densa nube de vapores hmedos; en aqullos detenido el aire, se impregna de los hlitos que exhalan las plantas y maderas corrompidas, hasta que arrojndole los vientos impetuosos se introduce en la atmsfera que respiramos. El ardiente calor del esto poda disipar estas humedades; pero como las lluvias no son menos

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /83 /83 /83 /83 /83 copiosas en esta ocasin que en el otoo, anegada la tierra se levantan sobre ella ms tomos hmedos que los que pueden resolver el calor del sol. De aqu nuevas lluvias de estos otros vapores. Entretanto, el hombre, colocado en medio de este recproco contraste de los astros y elementos, experimenta los efectos de su accin y reaccin. El nimio calor enrarece y aumenta el volumen de los fluidos ms de lo que puede contenerse en el dimetro de los vasos; de donde resulta la pltora conmovida, segn se explica Juncker, la turgencia y la extravasacin. Disipada la parte ms tenue de los humores se espesa el crasamento, y no pudiendo circular fcilmente se producen las ditesis inflamatorias, atribiliarias, la sequedad de los slidos y las obstrucciones. El mismo calor, agitando y atenuando la materia salina y oleosa, la dispone a la acrimonia rancia y alcalina; de aqu provienen las fiebres biliosas, ptridas, ardientes malignas y las enfermedades agudas inflamatorias que de mil modos ofenden la economa animal. No es menos nociva la demasiada humedad. Gorter juzga que el ms slido fundamento que tuvo Hipcrates para afirmar que en el otoo son los morbos regularmente agudsimos y muy perniciosos, fue porque en el esto aunque los humores excrementicios se corrompen y se hacen muy acres, no obstante expelindose fcilmente por la insensible traspiracin, no pueden causar mucho dao; pero impidindose esta evacuacin por la humedad del otoo, aquellos humores ya corrompidos adquieren una acrimonia ms acrrima. Pero quienes especialmente estn ms expuestos a sufrir las impresiones del clima americano son los europeos sanguneos, biliosos, melanclicos, pletricos y generalmente los que tienen el dimetro de los poros ms estrechos por razn de su mayor proximidad al norte. Transferidos a las regiones de la zona trrida, clida y hmeda, se constipan ms sus vasos exhalantes, y no pueden expeler aquellos hlitos que disgrega y colicua el calor de la atmsfera. A estos mismos forasteros los hace ms o menos propensos a contraer el vmito negro la dieta y el gnero de vida que tienen. Los que se alimentan con carnes saladas, pan seco, carecen de verduras, abusan de los licores espiritosos y se ejercitan en trabajos recios y continuos; estn expuestos al sol, a las lluvias y a todas las intemperies; duermen al sereno, y finalmente vienen a Amrica en el esto, y en buques cuya tripulacin es demasiado numerosa, padecern ms bien esta dolencia que los que observaren lo contrario y tuvieren un temperamento pituitoso. El hgado es la entraa donde principalmente hace sus estragos. Estando tan prximo al omento y mesenterio, recibe por los conductos adiposos, o por los mismos vasos sanguneos, ms porcin de sustancia oleosa que alguna otra parte; y como aquella materia es la ms propensa al rancio, los fluidos contenidos en el hgado son los ms expuestos a la acri-

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OBRAS 84\ 84\ 84\ 84\ 84\ monia. Tambin son los menos puros y proficuos. Cuando llegan a l ya han transitado por el ventrculo, por los intestinos, el omento, el bazo, y el pncreas; tambin han pasado con mucha lentitud por las venas mesaraicas y por la porta. Despus de una circulacin tan dilatada en que las partes han atrado para nutrirse la porcin ms tenue y homognea de los lquidos, slo llega al hgado la ms crasa y llena de las muchas heces que contrae en su trnsito por los intestinos gruesos. De la lentitud de movimiento y espesura de los humores proviene la obstruccin; de la acrimonia la inflamacin, el espasmo, el dolor, la supuracin, la gangrena; de la obstruccin o del espasmo en los vasos del hgado el color ictrico que notamos en los enfermos del vmito negro. Makittrick, siguiendo la doctrina de Pringle, juzga que esta amarillez ms bien se produce por la linfa que por la bilis; pero a ms de ser contraria a la experiencia la razn en que se funda, Moultries le impugna con otra solidsima. Burser, Selle y Monro el hijo, ensearon que sin espasmo ni obstruccin en el hgado ni en los vasos biliares poda resultar el color ictrico. No dudo que el meconio acumulado en los intestinos de modo que impida a la bilis bajar al duodeno, sea por s solo suficiente para causar la ictericia de los nios recin nacidos; ms en el vmito negro el dolor en el hgado, la tensin, la dureza y los productos morbosos que en l se hallen en la diseccin suponen algn dao. As lo crey Moultries cuando dijo que el color ictrico en esta enfermedad proceda principalmente del reflujo que haca la bilis encontrando obstruidos 1os conductos secretorios por su misma espesura, o contrados por algn espasmo. En los cadveres se encuentra la bilis contenida en los poros biliares y en la vejiga de la hiel tan espesa, que no puede transitar al conducto coldoco y al intestino duodeno; de aqu es que retrocediendo a la masa de la sangre, y derramndose en toda la piel por los vasos capilares, la tie de aquel color amarillo que le es propio. Mezclndose con la sangre la disuelve, y comunicndole su cualidad acre corroe los vasos derramndose por la nariz, la lengua, las encas, la orina y el ano. Descendiendo esta sangre al estmago ya inflamado por su contigidad con el hgado, excita las nuseas y se arroja por la boca. La misma inflamacin de esas dos entraas extendindose al diafragma no contribuye menos al hipo que las partculas acres de la bilis que punzan aquella membrana. El pulmn participa muchas veces del mismo vicio por su inmediacin a esta parte, y de aqu resulta la difcil respiracin y la angustia en los precordios; como de la inflamacin del hgado y del omento la congoja y dolor en los hipocondrios. Parceme superfluo explicar como al estado inflamatorio sucede el ptrido, siendo ya muy sabido que en el synochus sigue el typhus al snica. As como en las inflamaciones tpicas cuando por la magnitud del morbo no pueden resolverse, ni terminarse por una perfecta supuracin, inmediatamente resulta la gangrena y de sta el esfcelo, que es el ltimo grado de la

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /85 /85 /85 /85 /85 putrefaccin; del propio modo, inflamados los lquidos de tal suerte que la naturaleza no puede restituirlos a su estado natural, empiezan a corromperse, fomentan la gangrena y sobreviene la insensibilidad, la atona, la refrigeracin, los sudores copiosos, el letargo y la apopleja. De aqu tambin proviene que en el segundo perodo del vmito negro no se forme en la sangre aquella costra amarilla que advertimos en otras enfermedades inflamatorias; ni se separe el suero del crasamento, ni se encuentra en ella algn globo rojo; antes es muy oscura y lquida, y exhala un olor cadavrico en el mismo instante que sale del cuerpo por hemorragia o por sangra.Artculo IV Pronstico del vmito negroPara manifestar la malignidad de este morbo, y confundir la procacidad de los que atribuyeron a ignorancia de los mdicos la mortalidad que se experiment en la epidemia de 1794, me ha parecido oportuno referir el pronstico que hace Hipcrates de cada uno de los sntomas que se observan en esta dolencia. “En las fiebres —dice este sabio— es malo el calor vehemente en el estmago, y el dolor en su parte superior. Tambin es malo sobrevenga la ictericia en las fiebres antes del da sptimo, se endurezca el hgado a presencia del morbo regio y acompae el hipo a la inflamacin de esta entraa. Cualquier fiebre contina si al tercer da se hiciere ms vehemente, ser ms peligrosa; si sobreviniere delirio y dificultad de respirar, o si las partes externas estuvieren fras y las interiores ardientes y hubiere sed, ser mortal. Despus de las copiosas evacuaciones de sangre es malo el delirio, la convulsin y el hipo.”5Si cada uno de estos sntomas es por s solo bastante para hacer un pronstico funesto de la enfermedad en que aparecen, qu no deberemos temer en el vmito negro donde todos se renen y afligen con la mayor vehemencia? Pues an hay otras seales menos equvocas de la malignidad de este morbo. “Las evacuaciones negras —contina Hipcrates—, semejantes a una sangre negra si se hicieren espontneamente habiendo o no calentura, son psimas.”6 Si en el principio de cualquier enfermedad se arrojare la atrabilis por la parte superior o inferior, ser mortal.”7 Finalmente, adquiriendo con su sabidura y experiencia otros conocimientos, lleg a vaticinar hasta 5Vase los Aforismos 43, 48, 50, 65 del libro 4; el 3 del libro 5, y el 9 del libro 7. 6Libro 4, Aforismo 21. 7Ibdem, Aforismo 22.

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OBRAS 86\ 86\ 86\ 86\ 86\ el da de la muerte. “Cualquier sujeto —dice en el Aforismo siguiente— que estando extenuado por enfermedad agudas o crnicas, o por heridas, arrojare atrabilis semejante a una sangre negra, fallecer al tercer da.” Y no es esto lo mismo que ha sucedido a los enfermos del vmito negro? De la conformidad de sus principales caracteres con los que refiere Hipcrates en estos lugares, infiere Desportes que los habitantes de Grecia y del archipilago son afligidos de unas enfermedades muy semejantes a las nuestras. As, pues, cuando adverta que sin una remisin sensible se incrementaba la fiebre a las veinticuatro horas, y con ella la debilidad, el dolor en la cabeza y en el hgado, la angustia y congoja en la parte superior del estmago; que la sed era insaciable, la lengua encarnada y spera, el calor inmoderado, el pulso pequeo y veloz, los ojos y el rostro muy rojos, los hipocondrios ms elevados y duros; si el hipo y los vmitos eran ms frecuentes, mayor la vigilia, el delirio y la inquietud; si a las treinta y seis o cuarenta y ocho horas sobrevena la ictericia acompaada de sudores fros, sed vehemente, temblor en la lengua, en los brazos y en otras partes, manchas oscuras en el pecho y cuello, vmitos y cursos de un humor negro muy ftido y lquido; si por las encas y la lengua se filtraba la sangre, y la orina era sanguinolenta, entonces pronosticaba la muerte. Al contrario, observ que la enfermedad terminaba felizmente cuando por la maana se remita la fiebre y la sed; el calor, la vigilia y el delirio no molestaban en los paroxismos vespertinos; cuando cesando el hipo y el vmito retena los alimentos y medicina; cuando acaeca una diarrea biliosa, o alguna hemorragia por la nariz que lejos de postrar fortaleca; finalmente cuando a las treinta y seis o cuarenta y ocho horas dorma el enfermo, sudaba copiosamente, se disipaba el color amarillo y todos los sntomas que he referido.Artculo V Mtodo preservativo del vmito negroNo me detendr mucho en recomendar lo que deba observarse para precaver este morbo. Algunas observaciones especiales ser lo nico que podr aadir a lo mucho que se ha escrito sobre los medios de evitar las enfermedades de los marineros; hasta Raynal prescribe reglas para conservarse sanos los que vienen a Amrica. Pero aunque a estos viajeros no se dirija directamente el tratado de las enfermedades de los navegantes por Desperriers, y su Memoria sobre las ventajas que resultaran de mudarles el alimentos yo recomiendo la lectura de estas obras; ellas por analogismo sern muy tiles a nuestro intento; como tambin el Discurso de Pringle que termina la relacin de los viajes del clebre Cook y la

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /87 /87 /87 /87 /87 Memoria que ste present a la Sociedad de Medicina de Londres. En ella expone las sencillas precauciones con que por espacio de tres aos y dieciocho das viaj por los diferentes climas situados desde los 52N hasta los 71S, sin que se le hubiese muerto de enfermedad ms que un solo hombre de los ciento dieciocho que componan su tripulacin. Abstenerse de carnes saladas, licores espiritosos, aguas corrompidas; comer verduras, frutas subcidas, alimentos sazonados con vinagre, ser lo primero que deba observarse. Sobre todo el uso del vinagre que tan fcilmente se puede proporcionar es capaz de contener los progresos del vmito, cuando no pueden evitarse las causas que lo excitan. Si no fueran tan notorias las virtudes que se le atribuyen, y los benficos efectos que ha producido en todos los tiempos y pases, yo le recomendara con hechos y razones. Un poco de este lquido, o de algn otro cido vegetal con una moderada porcin de aguardiente, har proficua el agua ms desagradable y nociva. El ponche preserv del vmito negro a casi todos los oficiales de la escuadra de Vernon cuando las armas espaolas lo arrojaron de Cartagena de Indias. As lo escribe a Moultries uno de los cirujanos de aquella Armada. Como el esto es la estacin en que con ms frecuencia se experimenta el vmito, especialmente si llegan muchos buques y sus tripulaciones son numerosas; convendra que nuestras escuadras no arribasen a estas regiones en semejante ocasin; pero si la necesidad lo exigiere, se evitarn cuanto posible sea los trabajos recios al sol y a las lluvias, dormir al sereno, desabrigarse cuando corra algn aire hmedo, y beber agua pura estando el cuerpo muy acalorado. Mas si no se observa el mayor aseo y limpieza, todas las dems precauciones sern ineficaces. Cook, con aquella propia mano que diriga el timn por los mares desconocidos, con ella misma aseaba su buque; as conserv su gente tan sana como no hubiera podido estarlo ms en el pueblo mejor situado. El fuego era uno de los principales recursos de que usaba. Haca conducir un brasero por los lugares ms ocultos de los entrepuentes, para que calentndose el aire se hiciere ms leve y saliera por las escotillas a la atmsfera. Algunas veces quemaba un poco de plvora, y en los parajes ms inferiores donde no poda descender el humo, regaba espritu de azufre o de nitro. Parceme muy conveniente extraer con frecuencia las aguas que se recogen en la caja de la bomba para evitar que demorndose en ella se corrompan y exhalen vapores mefticos; lvense los entrepuentes, sahmense con incienso o semilla de enebro, y despus de renovar el aire con la utilsima mquina de Hales, o con un brasero, rocense todas con vinagre. Muchas veces las epidemias del vmito negro se han causado por los hlitos que salen de los cuerpos corrompidos en las bodegas de los bajeles.

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OBRAS 88\ 88\ 88\ 88\ 88\ La que se experiment en Filadelfia y se extendi rpidamente por todas las Provincias Unidas en 1794, se atribuy a la fetidez que exhalaba una embarcacin que entr en aquel puerto cargada de cueros ya podridos. Jaime Molan escribe “...que estando en Barbada en 1793 arrib a aquella isla el navo ingls ‘Pilgrim’ conduciendo apresada una embarcacin francesa llamada ‘Indio Oriental’. Las tripulaciones de ambos buques se conservaron perfectamente sanas hasta que se abri la bodega del ‘Indio Oriental’, y arroj un hedor insufrible provenido de algunos sacos de pimienta que pegados a la bomba se haban corrompido. Es digno de advertirse que todos los hombres blancos que sacaron la pimienta de la bodega fueron al punto atacados de la fiebre amarilla, y todos murieron; y lo que es ms notable, tambin sufrieron la misma suerte los negros que les auxiliaron. De aqu se extendi su venenoso influjo por todo Bridgetown con tal malignidad que jams ha tenido semejante. Trat con frecuencia a los oficiales y pasajeros, quienes declararon que el puerto de donde haban salido estaba sano; que ninguno del buque enferm durante el viaje, y que cuando arribaron a Barbada no haba en esta isla contagio alguno. En 1794 asist en Guadalupe por encargo del general Dundan a los prisioneros franceses, que montaban a dos mil. En el almacn del Fuerte Carlos rompi la fiebre amarilla, producida por la putrefaccin de algunos sacos de arroz y pan. Corri prontamente por toda la tropa, y en el espacio de dos o tres semanas murieron algunos centenares, entre ellos el General y varios de sus oficiales. En el departamento que yo curaba recet por agua comn una tisana de tamarindo nitrada, abstinencia de todo licor espirituoso y mucho aseo; el resultado fue que ninguno de los prisioneros que observ este rgimen se contagi, aunque se vean rodeados de otros que lo estaban aparte”.8Me ha parecido muy conveniente intercalar estos hechos que llegaron a mi noticia cuando estaba ya imprimindose el presente artculo, por las grandes utilidades que pueden resultar a la Humanidad. El mdico, conociendo por ellos que este morbo es uno de los ms contagiosos, nada omitir para contener sus progresos. El magistrado celoso de conservar la salud de su pueblo, vigilar sobre los almacenes de vveres para evitar que de su corrupcin se originen semejantes catstrofes; y encargar a los sujetos a quienes confa el reconocimiento de las embarcaciones lo ejecuten con la ms escrupulosa exactitud. Finalmente los maestres y propietarios de barcos ventilarn continuamente las bodegas; y en lugar de las medas puertas de que usan, pondrn si es posible unas escotillas; ste ser un medio no slo para precaver la putrefaccin, sino tambin para disipar algunos vapores nocivos que suelen engendrarse a bordo. Las medicinas que preservan del vmito son las sangras hasta corregir la pltora o el orgasmo, los suaves laxantes cuando hubiere cacoquimia, 8 Gazeta Federal de Baltimore, 25 de agosto de 1797.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /89 /89 /89 /89 /89 los pediluvios, los baos generales, los cidos y el moderado uso de las cosas no naturales. Observando estas reglas del modo que lo exigiere la particular idiosincrasia de cada sujeto, su edad, su gnero de vida, la estacin y el lugar donde se hallare, podr evitarse tan maligna enfermedad; pero si no obstante se incidiere en ella, ser preciso ocurrir a una curacin metdica.Artculo VI Mtodo curativo del vmito negroSi la atmsfera pura y fresca es uno de los mayores preservativos de esta dolencia, ser tambin convenientsima para contener su incremento. La sed, la ansiedad, la difcil respiracin, el calor vehemente de la calentura, todo pide se coloque el enfermo en una pieza espaciosa donde corra el aire libremente, se renove con frecuencia y se refresque rociando con vinagre el suelo y las paredes. Pero como el aire, aun el ms fri, no es suficiente para mitigar el incendio que abrasa las entraas de estos pacientes, es preciso usar al mismo tiempo de otros auxilios ms poderosos. La Naturaleza, ella misma nos los ofrece. Esta madre benfica ms solcita en conservar nuestras vidas que en fomentar nuestro lujo, ocult sus preciosos metales en los senos de la tierra, y prodig sobre su faz lo que necesitar pudisemos para satisfacer nuestras urgencias. Si el clima de Amrica es uno de los ms ardientes, su terreno produce una porcin numerosa de frutos los ms cidos, capaces de enervar los calores de la zona trrida. El limn, las naranjas, el tamarindo, la pia, la guanbana y otros vegetales menos cidos, son otros tantos antdotos que la Naturaleza nos presenta cuando experimentamos el vmito negro, y cuando la accin directa de los rayos del sol nos causan las ms agudas y vehementes enfermedades. As pues debe permitirse a los enfermos del vmito beban cuanta agua apetezcan acidulndosela gratamente con alguno de estos frutos. A todos he preferido el tamarindo, porque a ms de los saludables efectos que produce como cido, es al mismo tiempo laxante. Esta virtud podr aumentrsele agregndole un poco del cremor de trtaro, o del trtaro vitriolado, o de alguna otra sal digestiva. De este modo ser suficiente para mitigar la sed, precaver la putrefaccin, refrenar la bilis y evacuarla causando una diarrea muy proficua. Cuando la lengua tuviere una gruesa crpula, y la sed no molestare, los cidos pueden ser nocivos. Entonces convendr ms bien una tisana de cebada tartarizada. Si esto no moviere el vientre, se excitar con repetidos enemas emolientes, diluentes y nitrados. Estas inyecciones no slo deponen los excrementos contenidos en los intestinos, los laxan y humedecen, promueven su movimiento peristltico, y conteniendo el antiperistltico

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OBRAS 90\ 90\ 90\ 90\ 90\ precaven el vmito; si tambin se introducen en las venas meseraicas, y con su virtud antiflogstica diluyen y temperan la sangre. El mismo efecto producen comunicndose por las venas mensentricas a la porta y por esta al hgado. Esa entraa, que es la que principalmente padece en el vmito negro, recibir con los enemas un auxilio muy pronto y eficaz. Makittrick aconseja se echen cuatro o seis en los tres primeros das, hasta que se consiga alguna diarrea o empiece el perodo ptrido; yo juzgo conveniente continuarlas aun en este tiempo. Si el vmito fuera tan continuo que no permita retener los alimentos, podrn estas ayudas ser tambin nutritivas haciendo hervir en leche hojas de malvas, raz de altea, cebada, avena y arroz, agregndoles una o dos dracmas de sal de nitro y un poco de azcar; si no fuere el vmito muy repetido, al cocimiento de esos vegetales hechos en agua se aadir la pulpa de casia con la de tamarindo o vinagre. Pero como estas lavativas slo extraen los materiales contenidos en los intestinos, es necesario para corregir la cacoquimia y la bilis corrompida que se halla en el canal alimentario, administrar un medicamento capaz de ejecutarlo. Los vmitos biliosos parece indican que este humor debe deponerse por la parte superior, segn esta sentencia de Hipcrates; conviene evacuar por donde se inclina la Naturaleza; pero todos los autores que han escrito sobre la presente enfermedad reprueban el uso de los emticos, habiendo observado que aun la misma ipecacuana y los polvos de James producen psimos efectos. Como el vmito es el sntoma ms peligroso, y el que ms aflige a estos enfermos; y como en la diseccin de sus cadveres se ha visto inflamado y aun gangrenado el estmago, el hgado, el diafragma y otras partes; debemos abstenernos de un medicamento que acelerara estos vicios, exaltara la calentura y, facilitando el derrame de la bilis, causara unas nuseas continuas e irreparables. En esta virtud se proscribe el uso de los antimoniales solos y de todos los emticos activos. Los mdicos de los hospitales de Martinica, Adair y Huck, hacan hervir en ocho onzas de agua media de tamarindos, dos de man y dos granos de trtaro emtico, y dividindola en cuatro partes daban una cada hora hasta que mova el vientre. Huck procuraba conservar esta evacuacin administrando de tiempo en tiempo dos o tres cucharadas ms, hasta que la remisin se manifestaba clara. Hillary, escribe Monro, considerando que la mayor parte de la curacin de esta enfermedad consiste en evacuar con toda la brevedad posible gran cantidad de bilis, haca beber al enfermo mucha agua tibia a la que sola aadir un poco del ojimiel esciltico, con lo que consegua hiciese siete u ocho vmitos; despus le daba un grano o grano y medio de opio para que conciliase el sueo y se restableciera el estmago. En las dos horas siguientes no tomaba nada, y si no haba obrado le echaba una lavativa laxante. Despus de haberle dejado descansar seis horas, le administraba un

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /91 /91 /91 /91 /91 purgante benigno para evacuar la bilis corrompida, repitindole durante el curso de la enfermedad todas las veces que el paciente tena ansiedad y una sensacin de ardor en la boca del estmago, lo cual casi siempre proviene de los humores biliosos corrompidos.9No son necesarias tantas autoridades para manifestar la precisin de evacuar; los sntomas que indican la cacoquimia son los ms slidos argumentos que lo persuaden; y como stos regularmente se presentan en todo el tiempo del morbo, no debemos despreciar su indicacin, siempre que las fuerzas lo toleren, aunque parezca excesiva la porcin de humor que se haya depuesto. Dos onzas de man, una de tamarindo y media de sal de Glauber disueltos en seis onzas de suero, ha sido el laxante de que he usado, dividindolo en cuatro partes y dndolas segn lo exigan las circunstancias. Mas como muchas veces sucede que las nuseas hagan arrojar los medicamentos lquidos que se administran para este objeto, ser preciso ocurrir a pldoras hechas con los polvos cornaquinos, o con otros purgantes los menos drsticos y activos. Antes de administrar el laxante se debe corregir la pltora si la hubiere con aquellas sangras que por el pulso y el carcter de la enfermedad se juzgaren convenientes. El peso y dolor en la cabeza, la pulsacin de las arterias temporales, la plenitud de las venas yugulares, el color rojo de los ojos y de todo el rostro, el calor de la fiebre, la sed, la difcil respiracin, la dureza del pulso, todo indica que ha de cercenarse la cantidad de la sangre para que ms fcilmente puedan corregirse sus cualidades. Algunos creen que contraindican la sangra la suma disolucin que se observa en la sangre, ora salga por hemorragia o por sangra; el perodo ptrido que sigue al inflamatorio; y finalmente los intimida esta autoridad de Celso: “Si se sangrare en el mpetu de la fiebre vehemente, se matar al enfermo.”10¡Vanos temores! Hipcrates, el primero y ms sabio de los mdicos, dijo expresamente que en los morbos agudos conviene extraer la sangre si la enfermedad es vehemente, si el enfermo fuere de edad floreciente y sus fuerzas estuvieren constante.11 “La expresin mpetu de la fiebre ha de entenderse por el temblor o fro que precede a la accesin del calor en la calentura que describe Celso; pues la sangra en este tiempo sera intempestiva y muy perniciosa. Pero como los paroxismos de la calentura de que tratamos son comnmente sin fro despus del primer insulto, no se debe atender a su observacin en este caso, ni aun a otra, como no sea aqulla en que se advierte no sangrar mientras duran los sudores.” De este modo discurre Pringle tratando de las calenturas de otoo remitentes e intermi1 9 Medic. de exercit ., t. 2, pp. 321 y 322 (traduccin francesa). 10 De Medicre medica libro 2, captulo 10. 11 Denatur. vict. in morb. acut

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OBRAS 92\ 92\ 92\ 92\ 92\ tentes de los ejrcitos y de los pases bajos y pantanosos; calenturas tan semejantes a la amarilla que Huck curaba sta siguiendo el mtodo que prescribe aquel autor. Como en el perodo ptrido es cuando aparece la sangre ftida negra y tan disuelta que nunca se separa el suero del crasamento; por tanto, ser peligrossimo sangrar en este tiempo; slo conviene hacerlo en el principio del inflamatorio. As lo practicaban Hillary, Huck, Makittrick, Moultrie y cuantos han tratado sobre esta enfermedad. Pero cuidado no se confunda la pltora con el orgasmo; en este segundo caso ser la sangra tan nociva como til en el primero. Para hacerlo con ms acierto y evitar el desmayo, se sacar la sangre en corta cantidades juzgando por el pulso la que debe extraerse. Si permaneciere constantemente lleno y duro, se repetir la sangra; si se notare lnguido y abatido, se desistir. Makittrick crey seria convenientsimo para precaver el coma vgil tan frecuente en esta enfermedad, hacer al principio una sangra en las arterias temporales; y aunque confiesa que nunca lo ejecut, varias inducciones persuaden la utilidad de esta operacin. Swieten prefiere en las fiebres ardientes la arterotoma a la seccin de las venas; y Bonet observ en los cadveres de los que fallecan de enfermedades agudas que las arterias estaban muy llenas, y las venas casi vacas. Corregida la pltora y la cacoquimia, nada ms proficuo que el bao tibio para diluir los humores, laxar los slidos, precaver las convulsiones, disminuir la inflamacin, mitigar los dolores, promover las secreciones y conciliar un sueo grato. Hipcrates lo prescriba en la fiebre terciana; Galeno en las ptridas; Aecio y Celso en stas y en las synochus; Prosper Alpino en las enfermedades producidas por el calor y sequedad, en las ptridas que se originan de la bilis exaltada, y en todas las inflamaciones. Dalrymple, que naveg en la Escuadra de Vernon, asegura que el bao produjo maravillosos efectos cuando todos los dems auxilios haban sido ineficaces para contener el vmito. Yo los he observado. l ha contenido la inflamacin y el espasmo del hgado, de los intestinos y del vientre; l mitiga la angustia de los precordios, tempera el calor de la fiebre y laxando la piel y los intestinos facilita la expulsin de los humores nocivos por el sudor, la orina o por alguna diarrea. Pero como muchas veces no son bastante todos estos remedios para precaver el vmito, es preciso ocurrir a otros que corrijan inmediatamente este sntoma. Riverio dice que su pocin salina curaba en un momento y casi milagrosamente los vmitos de las calenturas pestilentes. Pringle la usaba con feliz xito en la fiebre del hospital. Makittrick y Moultries la recomiendan en el vmito negro, tomndola en el tiempo de la fermentacin; y yo he conocido su utilidad administrndola del modo que Pringle la prescribe. Al mismo tiempo aplicaba sobre el vientre cataplasmas emolientes, o lienzos empapados en vinagre. Pero nada juzga Makittrick

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /93 /93 /93 /93 /93 tan eficaz para contener el vmito, y an el mismo clera morbo, como la raz de Colombo. No he podido experimentarlo, aunque con la mayor eficacia he solicitado este precioso vegetal. Sin embargo, estoy casi persuadido de que l ser el especfico del vmito negro despus de la Memoria que escribi sobre su naturaleza y propiedades Bertrand de la Gresi, cuyo extracto insert Piero en los Elementos de Medicina de Cullen.12Algunos administran la emulsin de Van Swieten creyendo que los absorbentes sean capaces de embotar la acrimonia ptrida de la bilis; pero siendo constante por las observaciones de Pringle que la creta y todos los testceos son sustancias spticas que promueven la putrefaccin, creo que si alguna vez ha sido favorable esta emulsin en el vmito negro, su virtud no habr consistido en los ojos de cangrejos, sino en el opio que contiene. No estoy enteramente persuadido de que ste sea antisptico, aunque as lo juzgue el mismo autor; tampoco ignoro que la parte resinosa del opio aumenta al principio la irritabilidad y el eretismo, por cuya razn Moultries y Warren lo reprueban en esta enfermedad; no obstante he observado que ningn remedio contena el vmito con tanta prontitud y por tanto tiempo como el extracto Tebaico. Si me pareca oportuno diluirlo en una emulsin nitrada y agregarle algn absorbente, siempre elega la magnesia, la cual constando de una base salina no puede fomentar la putrefaccin, y al mismo tiempo es laxante. Hasta aqu slo he referido lo que deba hacerse en los tres primeros das, que es lo ms que dura el primer perodo, al que he llamado inflamatorio; no porque en l dejen de presentarse algunos sntomas de putrefaccin, sino porque stos en el principio del morbo no son tan frecuentes ni tan agudos como los que indican la inflamacin; lo contrario sucede en el segundo perodo. Antes que stos aparezcan se nota en la calentura una remisin tan sensible, y tanto alivio y tranquilidad, que el enfermo y los asistentes se juzgan libres de todo peligro. Este tiempo de calma y de reposo en que parece haber vencido la Naturaleza la malignidad del morbo, es la ocasin ms oportuna para reparar sus fuerzas, y darle vigor con que pueda resistir los nuevos conatos que contra ella se preparan. Y cul sino la quina tiene la virtud y energa necesarias para satisfacer todas las indicaciones que se nos presentan? Ella da tono a las fibras musculares cuando enervadas con los esfuerzos que hicieron en el estado inflamatorio quedan lnguidas y expuestas a un desmayo. Ella evita otras accesiones; corrobora el estmago, purifica los lquidos; y precaviendo su putrefaccin, impide tambin que stos gangrenen las partes slidas. As, pues, durante esta remisin es preciso darla en polvo, en extracto, o en cocimiento, segn el estmago del paciente pudiere tolerarla, y en la dosis que el facultativo juzgare conveniente, agregndole algunos cardiacas, antispti12Libro 3, captulo 2.

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OBRAS 94\ 94\ 94\ 94\ 94\ cos y diaforticos. Cuantos han escrito sobre esta dolencia prefieren la infusin de la serpentaria de Virginia, el alcanfor, el azafrn anglicano, el espritu de Minderero, el elxir cido de vitriolo, el vino generoso y los cidos vegetales. La idiosincrasia del enfermo, y los sntomas que ms molestaren, indicarn la cantidad en que han de usarse estos simples, y los que deban suprimirse. Si las hemorragias fueren tan copiosas que amaguen alguna lipotimia, podr ocurrirse a los astringentes. El alumbre en piedra y el azcar de Saturno las han contenido. La frialdad exterior, los sudores sincpticos, la deficiencia y laxitud se corregir fomentando todo el cuerpo con espritus aromticos y sal de amoniaco. En cuanto al uso de los vejigatorios discordan los prcticos. Warren los reprueba en todo el curso de la enfermedad. Hillary no los consiente cuando est muy adelantada. Moultries slo los permite desde el da quinto, juzgando que antes aumentaban la inflamacin y promovan la gangrena. Makittrick opina la contrario; cree que la gangrena no es efecto de los custicos, sino de la falta de vigor vital y de la putrefaccin de los humores. Confrmalo con la feliz prctica de Wilson, Whytt y Mead. No slo quiere se apliquen al cerebro cuando hubiere coma o aplopeja, sino tambin sobre el mismo hgado, despus de sajar alguna ventosa para contener la inflamacin y los vmitos. Confieso que tem ejecutarlo, sin embargo de serme muy respetable la autoridad de estos escritores; pero considerando los benficos efectos que produce en el dolor pleurtico, uno de los ms agudos e inflamatorios, y observando igualmente que fue utilsimo en dos inflamaciones del vientre, y aun en el mismo vmito negro, no dudar en lo sucesivo ponerlo en el epigstrico y recomendar su uso desde el primer perodo de esta enfermedad. Los pediluvios, las ventosas sajadas entre los homplatos, los sinapismos y las esponjas empapadas en vinagre y sal de amoniaco puestas en la cabeza despus de rasurada, han sido los remedios de que me he valido cuando notaba pervertidas las funciones animales. Pero valga la verdad, cuantos auxilios prescriba en el perodo ptrido eran ineficaces siempre que en el inflamatorio no se haba ocurrido oportunamente, y la experiencia me hace ratificar esta observacin de Huck: las sangras y los evacuantes en el principio han sido muchas veces suficientes para curar la calentura y todos sus sntomas; mas si acaso por no haberla conocido el facultativo, o porque no fue llamado en tiempo se perdiere esta ocasin, todo ser intil y la muerte inevitable. Aunque opin que esta enfermedad es contagiosa, las posteriores observaciones que no he cesado de hacer por espacio de cinco aos, y las que han ejecutado Deveze, los doctores Moseley, Fitler, Smith y otros clebres mdicos, me han obligado a abjurar aquella opinin.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /95 /95 /95 /95 /95 Tambin advierto que para administrar la quina en sustancia no debe haber obstruccin en el hgado; en este caso han sido muy tiles las pldoras resinosas y mercuriales, siempre que no haya algn sntoma de inflamacin ni estn muy rojos los bordes de la lengua. Seores:* Con una mano ms trmula que la de Tefilo cuando consagr sobre las aras del Capitolio las obras de Marco Tulio, presento hoy a Vuestras Seoras la adjunta disertacin sobre la fiebre maligna, llamada vulgarmente vmito negro. Tefilo deba lisonjearse de que el Senado y el mundo todo encontrara en los escritos del orador romano innumerables bellezas que admirar y preceptos que seguir; yo temo justamente que la sabia perspicacia de Vuestras Seoras slo hallar loable en ese papel el buen deseo de un ciudadano laborioso que ha procurado eficazmente ser til a la humanidad. En efecto, desde que empec a ejercer la Medicina no he omitido diligencia alguna que pudiera instruirme sobre una enfermedad que hace los mayores estragos en este clima, y era generalmente reputada por incurable a vista del funesto trmino de todos los que padecan. Ignorando que los escritores nacionales hubiesen tratado de ella, solicit las obras de los extranjeros, y no temer afirmar que he ledo lo mejor que se ha escrito acerca de este terrible morbo. Ya haba examinado a Huck, Villares, Makittrick, Moultries, Desportes, Saurages y Cullen cuando en la gran epidemia de 1794 fui elegido para asistir a los hospitales de Marina de esta ciudad. La extraordinaria multitud de enfermos que entraron en ellos desde junio hasta fines de agosto me suministraron bastante fundamento para decidir sobre el carcter de esta enfermedad, describir exactamente su historia, y elegir aquel mtodo curativo que encontr ms proficuo despus de muy repetidas observaciones y ensayos. Desconfiando de mis luces, procur tambin ilustrarme asistiendo a las consultas que de orden de los jefes superiores celebraban semanalmente todos los facultativos de los hospitales de Ejrcito y Marina. All propona mis dudas, refera lo que haba observado, se discuta la materia solicitndose ansiosamente el acierto, y escuchaba con docilidad el dictamen de estos profesores. Muchos de ellos que fueron testigos de mis operaciones, y del feliz xito en varios casos desesperados, suscribieron el papel que se present a la Sociedad Econmica de esta ciudad pidiendo la impresin de la presente Memoria. Sin duda extraarn Vuestras Seoras que separndome de la doctrina de Souvages y de Cullen, coloque el vmito negro en el gnero de los synochus, y no de los typhus como hicieron estos respetables nosologistas. *Presentado a la Real Academia de Medicina de Madrid.

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OBRAS 96\ 96\ 96\ 96\ 96\ Pero si se reflexiona sobre su historia, no precisamente lo que yo describo, sino tambin la que refieren los autores ya citados, se conocer que los caracteres con que Cullen principalmente pinta el typhus no le convienen a esta fiebre; y s los que refiere del synochus. Vase, pues, su Nosologa Metdica y quedarn Vuestras Seoras convencidos de que siguiendo la doctrina del catedrtico de Edimburgo coloco esta enfermedad en el lugar que le corresponde. Sin embargo de esto y del anhelo con que he procurado redimir a los forasteros de uno de los ms crueles enemigos que los devoran en estas regiones, yo me lisonjeo de haberlo conseguido. Conozco que aunque mi humanidad y patriotismo me hagan digno de la estimacin de los hombres sensibles, yo no tengo en la Medicina toda la instruccin necesaria para hacerme acreedor a que Vuestras Seoras me incorporen en ese distinguido Cuerpo dispensndome el ttulo de acadmico dispenso o corresponsal. Pero si yo no pudiere a la par de Vuestras Seoras desempear los grandes objetos a que estn constituidos; si no tuviere un mrito bastante para merecer esa honra; si careciese de aquellas luces con que Vuestras Seoras semejantes al mayor de los astros vivifican la humanidad y arrollan las tinieblas con que la ignorancia y el escolasticismo impiden en casi toda Espaa los progresos de la Medicina; yo, a guisa de esos planetas, reflejar los rayos que recibir de Vuestras Seoras, esparcir las tiles verdades que se dignasen comunicarme; y participar a Vuestras Seoras las observaciones que hiciere para que, despus de rectificarlas con la sabia crtica, sean tan benficas a la Isla de Cuba como lo han sido a la de Santo Domingo los escritos de Chevalier, Desportes y Despenni.Extracto de los acuerdos celebrados por la Sociedad Patritica de la Habana en las Juntas de 5 y 27 de abril de 1797El 5 de abril disert el amigo Romay sobre la enfermedad del vmito negro. La complacencia que manifest el Cuerpo Patritico oyendo leer un papel escrito con el mtodo, estilo y claridad propios de su gnero, y del que pareca sacara ventajas la humanidad, fue ciertamente extraordinaria; aumentndola el dictamen de los facultativos que se hallaron presentes, quienes confesaron ser sta la primera Memoria espaola en que se haba tratado con el mejor tino e instruccin una enfermedad sobre la que tanto han trabajado algunos extranjeros; por tanto, pareci muy conveniente para premiar el mrito del autor que tan constantemente da pruebas a la sociedad y al pblico de su patriotismo, y para

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /97 /97 /97 /97 /97 promover el beneficio de los hombres que tanto padecen por esta enfermedad, se imprimiese dicha Memoria lo ms breve posible, con la circunstancia que se remita al Real Tribunal del Protomedicato un cierto nmero de ejemplares. El 27 tambin se ley un papel firmado por los doctores don Gregorio del Rey, don Jos de Jess Mndez, don Agustn Rodrguez, don Juan Bautista Bobadilla, don Jos Prez Bohrquez y don Juan Prez Delgado, y los licenciados don Alonso Romero, don Jos Colleit y don Ambrosio Aragn, los cuales ratificando el dictamen que dieron en la Junta del 5 de abril sobre la Memoria que ley el amigo Romay en aquella sesin, instaban eficazmente a la Sociedad para que cuanto antes la imprimiese por las utilidades que de su publicacin pueden resultar a la Humanidad. Es copia de lo que consta en los libros de mi cargo. Habana, 6 de octubre de 1797. El Conde de O’Reilly. Secretario.LA FIEBRE MALIGNA CONTAGIOSA QUE HA DADO motivo a la proclamacin insertada en el peridico no puede ser otra sino la fiebre amarilla. En qu consiste que desde el ao pasado sea ms frecuente en esta ciudad que en los tiempos anteriores?*La enfermedad que los ingleses llaman the yellow fever los franceses maladie de Siam o fiebre de Matelotte, y los espaoles vmito negro, es la misma que Sauvages y Cullen erradamente definieron typhus icterodes no siendo sino synochus, segn la doctrina de los mismos autores, comprobada por las experiencias que ellos no pudieron ejecutar. El clima, y sobre todo la complexin de los hombres y su gnero de vida, es causa de que aun siendo peculiar a Amrica, en ciertas partes de ella se presente por lo general con alguno de estos sntomas, de donde ha provenido el imponerle esos diversos nombres. En las colonias del Norte ha sido siempre ms frecuente la amarillez que el vmito de sangre, por eso los ingleses la han llamado fiebre amarilla ; en La Habana, Cartagena, Veracruz y dems pueblos espaoles, el vmito se ha observado desde el principio en casi todos los enfermos, y la ictericia algunas veces en los ltimos das; por tanto, la conocemos con el nombre de vmito negro. Tres grandes epidemias se han experimentado en esta ciudad. La primera, en junio de 1762, la segunda en agosto de 1780 y la tercera en junio de 1794. Es digno de advertirse que todas ellas han principiado en el esto. Papel Peridico de la Havana 14 de junio de 1797.

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OBRAS 98\ 98\ 98\ 98\ 98\ Tambin merece considerarse que cuando se han observado ha habido en este puerto algn armamento extraordinario. En la primera, el de los ingleses que lo conquistaron; en la segunda, el de los excelentsimos seores Navia y Solano; y en la tercera los buques que regresaron de Santo Domingo con las tropas que estaban en aquella isla. En el tiempo que ha mediado entre estas tres pocas slo se present un nmero notable de enfermos de vmito por los meses de junio de 1769 y 1771 en los individuos de los Regimientos de Sevilla y de Irlanda recin llegados de Europa. En 1762 se advirti la fiebre amarilla entre las tropas inglesas; pero en 1780 ella fue la que hizo los mayores estragos en las espaolas, atribuyndose este fenmeno a las continuas lluvias que hubo en aquella estacin. stas dos han sido las nicas ocasiones que se ha observado en esta ciudad la fiebre amarilla, cuando el vmito negro ha reinado no slo en las otras tres, sino tambin antes de 1762, segn las ltimas noticias comunicadas por personas fidedignas. En qu, pues, consiste que no habindose aumentado su guarnicin, y siendo el ao sumamente seco, se presente desde el verano esa fiebre maligna acompaada ms bien con el color ictrico que con el vmito? No debe atribuirse al mayor calor del clima. He comparado las observaciones metereolgicas publicadas desde agosto de 1791 hasta la fecha, y no encuentro ningn exceso. Tampoco puede imputarse a los vapores ptridos que infestan la atmsfera. Los buques de donde sale una porcin considerable de ellos cada da se alejan ms de la ciudad; se ha desecado aquella laguna de aguas corrompidas a la que servan de mrgenes sus propios muros, formndose con los derrames de la zanja; los basureros y muladares estn ms distantes que en los aos de 1790 a 1793; el matadero ya no existe dentro de sus muros; las calles no estn ms inmundas que en los aos anteriores. Busquemos otra causa. Nadie duda que hay enfermedades contagiosas. ste es un dogma mdico que no debo detenerme en demostrarlo; pero no es igualmente notorio que el vmito negro, o la fiebre amarilla, sea de esta clase. Algunos mdicos lo dudan; aunque yo estoy decidido en que lo es. Persudemelo la autoridad de Sauvages, Cullen y Poupp Desportes, y las observaciones que refer en las pginas 30 y 31 de la disertacin sobre esta enfermedad; a lo que puedo aadir la opinin del doctor Rush, mdico muy distinguido de Filadelfia, y la ms general entre los habitantes de ese continente. El ao prximo pasado luego que lleg junio se retiraron con precipitacin al campo todos los que podan ejecutarlo; las ciudades quedaban desiertas, y de los que permanecan en ellas murieron muchos centenares de fiebre amarilla aun tomando las mayores precauciones para evitar el contagio; advirtindose con estupor que a ninguno de los naturales de las islas, as espaoles como franceses, le aconteciera el mal. Si indagamos el origen del vmito negro, cuya observacin me es importante para concluir, Warren juzga que se conoci la primera vez en Martinica

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /99 /99 /99 /99 /99 con motivo de haber llegado a esa isla una escuadra procedente de Siam, en cuyo cargamento vino reconcentrado el contagio. Es verdad que Boncio en su Medicina indorum no refiere que en aquellas regiones se experimentase semejante enfermedad, pero trata de una fiebre que en muchos caracteres le asemeja, y es muy posible que el clima sin variar su naturaleza alterase sus sistemas. Despus de todo esto averigemos por ltimo a quines invaden en La Habana con ms frecuencia la fiebre amarilla. Yo me atrevo a sostener, a la faz de toda ella sin temor de que nadie me desmienta, que los angloamericanos son los que ms experimentan sus estragos. De tal suerte que la diferencia entre estos republicanos y los dems extranjeros que vienen de otros pases es al menos como de seis a tres, y respecto de los espaoles recin llegados de Europa como de seis a uno; y no dudo decir que hasta el presente ignoro que en esta epidemia haya tenido fiebre amarilla un solo habanero o alguno de los espaoles que hace algn tiempo residen en esta ciudad. Este clculo se ha fundado en una observacin muy prolija y circunstanciada. El 1 de junio entr en este puerto la fragata hamburguesa “Atlas”, procedente de Hamburgo, con quince hombres y cincuenta y cinco das de navegacin; el 2 del mismo lleg la fragata “Dannemark”, procedente del propio lugar, con cincuenta y nueve das de navegacin y catorce hombres, consignadas ambas a don Enrique Amorrosta; en cada uno de estos buques slo ha enfermado un individuo. En la fragata americana “Sally”, consignada a don Sebastin Laza, con catorce hombres, muri en esta ciudad de fiebre amarilla el cirujano, y en Mariel enfermaron ocho marineros. En la fragata americana “Mercurio”, consignada a don Juan de Santa Mara, con diecisis hombres, enfermaron en el mismo puerto seis. Estoy muy cierto de que no ha sido igual la suerte de todos los buques; que algunos americanos han tenido menos enfermos que los presentes, y otros hamburgueses y dinamarqueses muchos ms; pero siempre resulta que el nmero de los americanos es otro tanto mayor. En vista de esto me parece haber manifestado que la fiebre amarilla se ha introducido en esta ciudad por los angloamericanos. Por no aadir a unos hechos constantes una hiptesis que pudiera hacer dudar de la certeza de aqullos, omito insinuar cules sean los medios. Bastante he dicho; el muy ilustrado Jefe que nos gobierna tomar todas las precauciones que le dictare su prudencia para impedir sus progresos. Toms Romay.

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OBRAS 100\ 100\ 100\ 100\ 100\RESPUESTA AL ARTCULO FIRMADO C, PUBLICADO EN EL PAPEL PERI"DICO DE 14 DE AGOSTO DE 1800*Paucis contentus lectoribus.Seor Redactor: Estoy muy distante de mirar la carta inserta en el peridico del 14 del corriente con una contestacin directa a la que publiqu en los nmeros 48 y 49 del mismo papel. Dije entonces, y repito ahora, que el nico modo de manifestar si el vmito negro, la fiebre amarilla y la enfermedad de Siam son diferentes enfermedades, es presentar el carcter nosolgico de cada una de ellas para que as conozcamos los sntomas que les son peculiares y distintivos. Mientras esto no se haga yo permanecer constante en mi opinin. El hombre que piensa no se convence con autoridades, sino con hechos y razones. Si Hookham, Law y Logman juzgan que son diversas especies, Makitrick y Moultries dicen expresamente lo contrario, y lo prueban con la historia de los sntomas. Sauvages, siguiendo a Lining y Vandermonde, no distingue la fiebre amarilla del Siam descrito por Haller. No habla en toda su nosologa del vmito negro porque no vio alguna relacin hecha por los espaoles, que son los que han impuesto este nombre a esa enfermedad. Ruha, Carey y Deveze cuando tratan de la fiebre amarilla de Amrica septentrional; Poupp Desportes y Chevalier del Siam de Santo Domingo; y Poupp Desportes escribiendo la epidemia de fiebre maligna que observ en Curazao en 1760, refieren los propios sntomas y los mismos estragos que encontramos en los enfermos del vmito y en los cadveres de los que fallecen de ese mal. stos son los signos naturales e infalibles por donde el mdico debe conocer las enfermedades, no por las voces que los hombres les han puesto a su antojo, y que no cesan de alterarlas los nosologistas. Distnganlas enhorabuena Hookham, Law y Longman; caracterizan la fiebre amarilla como pestilencial y contagiosa, qu prueba nos han dado de su opinin o de su inteligencia para que les creamos sobre su palabra? De dnde le consta al Seor C que los facultativos de las colonias extranjeras conocen mejor que nosotros la fiebre amarilla y la curan con ms acierto, para que se lamente de que andemos a oscuras en el modo de manejarla, a pesar de lo que en estos ltimos tiempos han escrito en la materia? sta es una invectiva tanto ms injuriosa cuanto menos fundada. Sus mismos escritos prueban que ellos nada nos aventajan en la teora, que no usan de algn remedio que nos sea desconocido, ni son ms felices en sus curaciones. Mateo Carey en su descripcin de la epidemia de 1793 Papel Peridico de la Havana 21 y 25 de septiembre de 1800.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /101 /101 /101 /101 /101 asegura que en los meses de agosto, septiembre, octubre y noviembre murieron en Filadelfia cuatro mil cuarenta y una personas. En los propios meses de 1798 fallecieron en la misma ciudad tres mil quinientas veintiuna y en Nueva York dos mil ochenta y una, segn dedujeron de los registros necrolgicos Toms Condie y Ricardo Powell, autores de la historia de aquella epidemia. Esta mortalidad no sera muy considerable si todos los habitantes de esas ciudades hubiesen permanecido en ellas el tiempo que dur aquella plaga; pero desde que empez las abandonaron y huyeron al campo todas las familias que pudieron ejecutarlo, intimidadas con la preocupacin del contagio; preocupacin todava sostenida por Law y Logman, habindoles manifestado lo contrario Deveze con hechos, con razones, con toda la fuerza de la verdad, y con la energa de un hombre sensible que miraba perecer a muchos infelices precisamente por ese error. Qu hombres, les pregunta Deveze, se han expuesto ms a contraer esta enfermedad que los ciudadanos Girad y Helm? Todo el da lo pasan en el hospital de Bush Hill consolando a los enfermos, dndoles el alimento y medicina, asendolos con sus propias manos, recibiendo sobre s la sangre corrompida que arrojan de sus cuerpos y los ltimos alientos con que exhalan la vida. De aqu es preciso concluir que este morbo no es contagioso, o que por un efecto de la bondad Divina se han preservado esos hombres virtuosos. Pero el mismo milagro se repetira en los mdicos y cirujanos de ese hospital, y en doscientos soldados franceses que entraron en l despus que ces la epidemia sirvindose de las propias camas, sbanas y dems muebles, sin que uno solo hubiese padecido de fiebre amarilla. Lo mismo he observado en los hospitales de esta ciudad. En todos ellos, excepto el de San Ambrosio, han estado los enfermos de vmito negro mezclados con los de otras enfermedades sin tener la ms leve separacin en ropas y menajes; en un propio vaso beba el que vomitaba atrabilis y el tercianario, y muchas veces vi casi todo el suelo de la sala de San Ambrosio, donde sola haber ms de cien enfermos, cubierto con la sangre negra que arrojaban. Despus de todo esto, dgaseme si alguno de los otros enfermos, entre quienes haba muchos no aclimatados, de todas edades y temperamentos; si alguno de los asistentes, o de los cirujanos que disecaron varios cadveres, ha padecido de vmito negro. Y podrn concurrir circunstancias ms poderosas para propagar el contagio? Adems, en Filadelfia se crea que la epidemia de 1793 se haba introducido por el corsario Sans-Culotte y el bergantn “Mary” procedente de Cabo Francs. Deveze les hace ver que precisamente haba l navegado en este buque, y que ni en el viaje ni despus de estar en el puerto haba tenido un solo enfermo de fiebre amarilla; lo mismo prob acontecerle al corsario. Finalmente discute un punto tan importante con toda la extensin y solidez que merece, y manifiesta las causas que producen en aquella y otras ciudades semejantes epidemias.

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OBRAS 102\ 102\ 102\ 102\ 102\ A pesar de esto Low y Longman persisten tenaces en su opinin, y sin darnos la menor prueba de ella el Seor C los propone como dos astros capaces de ilustrar a los mdicos de La Habana. Pero si este caballero cree con esos escritores que la fiebre amarilla y el vmito negro son distintas enfermedades, de qu nos aprovecha su doctrina en el presente caso aun cuando fuese la ms luminosa? Si ellos caracterizan la fiebre amarilla como pestilencial y contagiosa, al paso que las otras dos (el Siam y el vmito) aseguran no ser de esta calidad, por qu el Seor C los desprecia cuando encarga a los que tuviesen precisin de asistir a los enfermos del vmito tengan particular cuidado de llevar consigo una esponja o pauelo mojado en vinagre, y tomar otras precauciones solamente necesarias en las enfermedades contagiosas y pestilentes? Si el Seor C hubiera considerado lo que es la peste, y las providencias que en tales casos dicta la polica; si hubiese previsto los grandes perjuicios que poda causar a la Humanidad y a esta colonia, a no ser sus habitantes y el ilustrado Jefe que la gobierna tan benficos y hospitalarios, quizs se habra producido con ms inteligencia y reflexin. La opinin unnime de todos los autores que haba visto, varios hechos que de algn modo la probaban, y no tener ningn motivo para dudarlo, me hicieron juzgar en otro tiempo que este mal era contagioso, mas nunca pestilente. Sin embargo, las reflexiones de Deveze, y mis posteriores observaciones, me obligaron a pensar de otra suerte. sta es una prueba nada equvoca de que yo no sostengo mi disertacin por capricho o amor propio; ratifico lo que juzgo cierto, y advierto sus errores. No procede el Seor C con el mismo candor cuando para probar que la fiebre amarilla se distingue del vmito negro dice que en el Hospital de San Ambrosio falleci don Antonio San Llorente, cuyos sntomas en todo el curso de la enfermedad en nada convinieron con los del vmito negro y fue una declarada fiebre amarilla, como podr testificar el protomdico que lo asisti. El seor protomdico me asegura, atestndolo con los dems facultativos del hospital, que ese enfermo tuvo todos los sntomas caractersticos del vmito, y que desde el instante que le vio hasta que expir no ces de vomitar cuanto tomaba; ltimamente arroj la atrabilis en gran cantidad. Si este sntoma no conviene al vmito, dgame el Seor C por cul lo conoceremos. Me abstengo de contestar a las chocarreras hacinadas en el prrafo que sigue, porque las gentes sensatas para quienes nicamente escribo las han ledo con el aprecio que merecen. Si de lo restante de la expresada carta exceptuamos aquellos de evitar el sol y su resplandor desde las nueve de la maana hasta las cinco de la tarde, la esponja mojada en vinagre y las otras precauciones para evitar el contagio del vmito; todo lo dems que contiene son perogrulladas, o llmense pedanteras. Ningn practicante de Medicina ignora las causas y

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /103 /103 /103 /103 /103 los sntomas de las fiebres malignas, ptridas; todos los autores los refieren, y por tanto no haba para qu citar a Kenzie, Rutherford, Stenk y Nicholson, ni menos gastar dos prrafos enteros en repetir cosas tan aejas y triviales. Mejor los hubiera empleado el Seor C refiriendo los sntomas que distinguen la fiebre amarilla del vmito y del Siam. Esto es lo que yo ignoro, lo que deseamos saber muchos mdicos, y lo que interesa a este pblico. Muy pocos de l dejarn de tener bien sabidas las reglas que prescribe para preservarse del vmito; stas son unas precauciones de N; no hay otra cosa particular sino huir de la luz del sol como si furamos bhos, y por un terror pnico estar continuamente mudando de ropa a manera de farsantes. Parceme haber manifestado cuanto permite este papel que el Siam, la fiebre amarilla y el vmito negro es una misma enfermedad; que no es contagiosa ni menos pestilente; y que no son desconocidas en La Habana las ltimas obras publicadas sobre la materia por los facultativos extranjeros. Ofrezco a usted, seor redactor, no volver a tratar de un asunto que ya causar bascas a los lectores. Si el Seor C o cualquier otro sujeto probase con hechos y razones convincentes lo que tengo insinuado, desde ahora protesto detestar mi opinin; pero no me har vacilar la autoridad de todos los doctores extranjeros, pues ni aquel ttulo ni esta cualidad los exime de incurrir en los ms crasos errores. Es de usted afectsimo, Toms Romay.ARTCULO EN EL QUE REFUTA LAS VIRTUDES DEL ACEITE DE OLIVA EN EL TRATAMIENTO DEL V"MITO NEGRO, Y PROPUGNA EL MTODO T"NICO Y ESTIMULANTE*Con carta de 19 de mayo del presente ao ha dirigido el seor don Anastasio Zejudo, Gobernador y Capitn General de Cartagena de Indias, al seor Marqus de Someruelos, Presidente, Gobernador y Capitn General de esta ciudad e Isla, un expediente legalizado en toda forma del cual extracto de orden de Su Seora lo siguiente. Habiendo ledo dicho Seor Gobernador de Cartagena en un papel pblico, que no cita, que las frecuentes frotaciones del aceite comn de olivas produca los mejores efectos en los enfermos de fiebre amarilla o vmito negro, lo particip al licenciado don Juan de Arias, protomdico de aquella ciudad y mdico de su Real Hospital de San Carlos, insi* Papel Peridico de la Havana 14 de junio de 1808 (Suplemento).

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OBRAS 104\ 104\ 104\ 104\ 104\ nundole que si no hallaba inconveniente hiciese algunos ensayos en los casos que juzgase oportunos. As lo practic este profesor, y con fecha 12 de abril de este ao le informa que habiendo llevado a su hospital en el espacio de mes y medio ms de setenta enfermos de la tripulacin del correo de Su Majestad “Infante Don Francisco de Paula”, presentndose en todos los sntomas propios de la fiebre ptrida maligna, los hizo frotar tres veces al da todo el cuerpo con el aceite comn de olivas; pero sin dejar de auxiliarlos con algn otro remedio que juzgaba en el caso conveniente “...como pediluvios, enemas simples o purgantes, una cucharada de emtico a uno u otro con el fin de sacudir ligeramente el estmago, que ayudado del agua tibia haca dos o tres vmitos que les aprovechaba; a los que tenan mucho abatimiento de fuerzas y dolores intensos en todo el cuerpo, los socorra con el cocimiento de quina y el ter vitrilico; tambin le agregaba un opiado si haba alguna evacuacin que los debilitase en extremo, cordializndolos al mismo tiempo con una cucharada de vino en el caldo. Este mtodo que en otras ocasiones sin el aceite ha bastado para todos ha sido ahora tan feliz que no se ha desgraciado ni un enfermo”.1El licenciado Arias atribua este resultado tan favorable no tanto a la eficacia de los remedios que haba aplicado como a la salubridad de la atmsfera en aquellos das, habiendo sucedido una estacin seca a otra escassima de aguas; de suerte que en los dos ltimos meses del ao anterior y en los dos primeros del presente, slo haban fallecido en aquella ciudad treinta y seis personas, pasando su poblacin de veinticinco mil almas. Pero la casualidad de haber bajado en aquel tiempo del interior del Reino de Granada, cuyo clima es muy fro, una remesa de reclutas para el Regimiento fijo de aquella Plaza, le proporcion nuevas observaciones juzgando por ellas ms favorablemente la del aceite. Se compona esta partida de cien hombres, los cuales venan tan enfermos que cinco murieron en el camino, dos al siguiente da de haber entrado en el hospital, y los dems traan los sntomas ms peligrosos de la fiebre amarilla, como el icteroides, las disenteras ptridas, el vmito rebelde, las hemorragias de narices, esputos sanguinolentos de la lengua y encas, delirios oscuros y postracin extrema de fuerzas; 1He copiado tan fielmente este peridico que ni siquiera he corregido los vicios ortogrficos que contiene, considerando que una coma antepuesta o pospuesta a estas dicciones altera notablemente su sentido. Adems, si en otras ocasiones que los remedios han bastado para todos, por qu ahora atribuye su general feliz resultado a la salubridad del aire? Esta reflexin, lo que ms adelante atesta Julin Sudea y la experiencia que tenemos de la ineficacia de aquellos remedios en muchos casos, me hace presumir que por omisin del amanuense se omiti en este peridico una partcula negativa y una coma, debiendo decir: “Este mtodo que en otras ocasiones sin el aceite no ha bastado para todos, ha sido ahora tan feliz que no se ha desgraciado ni un enfermo.”

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /105 /105 /105 /105 /105 sin embargo, ninguno de ellos pereci, lo cual parece debe inclinarnos, si no a declarar el aceite por un especfico en estos casos, al menos a continuar la observacin en lo sucesivo. Aade otra nada menos admirable. “En 29 de marzo entr en este puerto una fragata de Cdiz transportando doscientos reclutas para el Regimiento fijo y auxiliar; y a esta fecha hay cerca de cuarenta de ellos en el hospital, y estoy viendo con asombro que la enfermedad muda prontamente de aspecto con las frotaciones del aceite, y todos estn muy aliviados y sin apariencia de peligro por la presente.” Don Manuel Jos de vila, cirujano mayor del referido hospital, y Julin Sudea, profesor de Ciruga y primer practicante, que haban presenciado las operaciones del licenciado Arias, atestaron bajo juramento ser cierto y constarles cuanto tenan expuesto, aadiendo el segundo que habiendo usado aquel facultativo en otras ocasiones de los mismos remedios que al presente, sin un xito tan generalmente feliz, infera que el aceite obraba con un poder absoluto sobre el vmito negro, manifestndolo el pronto alivio que experimentaban los enfermos con sus frotaciones cuando eran atormentados de agudos dolores en las articulaciones, con postracin de fuerzas y abatimiento de espritu. El uso externo del aceite de olivas en el vmito negro no es un auxilio desconocido a los profesores de esta ciudad. Don Miguel Mara Ximnez lo aplic con feliz xito al Teniente de Fragata don Antonio Gastn en la casa del seor Marqus de Arcos. El no haberse continuado su aplicacin ha consistido en que presumamos ser necesario baar al enfermo en una gran cantidad de aceite, como lo ejecutaba aquel facultativo. Esta operacin es demasiado costosa para repetirla no estando cerciorados de su eficacia por un suficiente nmero de ensayos. Por otra parte, ni el analogismo ni la razn podan inspirarnos que un lquido relajante y debilitativo fuera capaz de producir algn beneficio en una enfermedad que desde los primeros momentos de su invasin abate y enerva el sistema nervioso y el principio vital. Sauvages y Cullen la colocaron entre los typhus, y en el sistema de Brown pertenece a las astenias. Por lo que a m toca, he conseguido ms ventajas con los tnicos y estimulantes que con los antiflogsticos y evacuantes, aun en aquellos casos en que los sntomas aparentaban una gran astenia; deduciendo de aqu cuan equvocos son estos caracteres para clasificar las enfermedades. Convengamos, pues, en que si esta enfermedad se cura con el aceite, y las viruelas se precaven con una gota del pus vacuno, es preciso confesemos que el Autor de la Naturaleza para confundir la sabidura de los hombres ha depositado las ms grandes virtudes en los entes ms pequeos y sencillos. Habana, y junio 9 de 1804. Doctor Toms Romay.

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OBRAS 106\ 106\ 106\ 106\ 106\ARTCULO EN EL QUE SE HACE UN ANLISIS DE LOS ENFERMOS INGRESADOS DE FIEBRE AMARILLA EN EL HOSPITAL MILITAR DE SAN AMBROSIO*Relacin de los individuos militares y otros destinos que han entrado a curarse en todo el mes de la fecha en el Hospital Militar de San Ambrosio, y son los siguientes: Entraron Muertos Quedaron en cama el 1 del presente ...........341 ............0 Real Cuerpo de Artillera ...............................24 ............1 Regimiento de La Habana ..............................49............2 Regimiento de C uba .........................................2 ............0 Regimiento de Cab allera ...............................1 ............0 Regimiento de Granada ...................................2 ............0 Batalln de Mlaga ..........................................0 ............0 Batalln de Catalua ....................................... 54............0 Batalln de Tarragona ....................................55 ............3 Batalln de Espaa ..........................................37 ............0 Batalln de la Unin ......................................... 35............4 Cuerpo de Dragones ........................................4 ............0 Real Armada ..................................................... 198............5 Voluntarios de Mrito ......................................5 ............1 Depsito de militares transentes ................8 ............1 Invlidos .............................................................9............3 Guardacostas .....................................................5............0 Reos .....................................................................2............0 Particulares ....................................................... 1............0 Cabaa, presidiarios .........................................7............0 Casa Blanca, presidiarios ............................... 1............0 84020 Corresponden a los ochocientos cuarenta enfermos que se han curado en dicho hospital, incluidos los veinte muertos, el dos y dos quintos por ciento. Habana, 31 de diciembre de 1825. Bernardo Velarde. Entre los ochocientos cuarenta enfermos que han existido en el Hospital Militar de San Ambrosio el mes de diciembre anterior, no ha padecido de fiebre amarilla o vmito negro ni un solo individuo de los antiguos Cuerpos de esta guarnicin, ni tampoco de los que llegaron de la Pennsula el 18 del propio mes, preservndose tambin de esa enfermedad las tripulacio* Diario del Gobierno de la Habana 30 de enero de 1826.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /107 /107 /107 /107 /107 nes de los buques de guerra que los transportaron. Permanecieron solamente tres de los enfermos que adolecieron de esa fiebre en los meses anteriores. Uno de ellos fue Jos Farias, soldado de la quinta compaa del Batalln de la Unin, de quien trat en el nmero 365 de este peridico. Aunque la partida que le result el da dcimocuarto, y fue dilatada el 28 de noviembre, estaba perfectamente cicatrizada el 16 de diciembre, permaneci no obstante con una fiebre lenta que remita sensiblemente por la maana; pero con la tintura acuosa de la quina y el cido muritico, fue disipndose hasta intermitir por ocho das, y restablecido en parte con la leche y sustancias animales pas al hospital de convalecencia el 28 del citado mes. El otro es Enrique Lodeiro, cabo primero de la compaa de Cazadores del mismo Batalln. En principio de noviembre entr en el hospital con los sntomas propios de la fiebre amarilla en su primer perodo. Sangrado dos ocasiones de los pies, y observndose el plan antiflogstico en medicinas y alimentos, termin el da onceno y qued restablecindose para trasladarse a la convalecencia. Sin haberse podido descubrir la causa, repiti la fiebre en los ltimos das de ese mes con los mismos sntomas inflamatorios y delirio. Se sangr tercera vez del pie derecho, aplicndole sucesivamente cuatro custicos, y con los remedios y alimentos debilitantes y temperantes volvi a terminar la enfermedad. Por excesos en la dieta experiment una fiebre gstrica con vmitos frecuentes en los das 11, 12 y 13 de diciembre. Se contuvo ese sntoma y lo agudo de la fiebre; pero el ltimo da de ese mes permaneca con el carcter de lenta y muy extenuado el paciente. El tercero es Manuel Cern, soldado de la cuarta compaa del propio Cuerpo. No se present con ningn sntoma que exigiera evacuaciones de sangre; pero en el da sptimo, advirtindole hipo y nuseas, se le aplicaron al vientre paos empapados con agua helada, bebindola al mismo tiempo en corta cantidad, alternando con una emulsin gomosa ligeramente opiada. Ces la irritacin gstrica, y el da onceno pareca haber terminado la enfermedad. Mas en el decimotercero, le reconoc hinchado el rostro y los pies, y con la mayor velocidad se puso todo el cuerpo en el mismo estado, presentando una verdadera anasarca. Con los tnicos y diurticos, friegas secas y espirituosas, alimento asado y dos raciones de vino, que son doce onzas, por nica bebida, empez a disminuirse la hinchazn, movindose copiosamente la orina; cuando el 6 de diciembre fue acometido de una hemoptisis, o esputos de sangre. Esta ocurrencia hizo suspender aquellos remedios y alimentos, ocurriendo a otros muy diferentes. Se le escarificaron en el pecho cuatro ventosas, prescribindose las tisanas de cebada gomosas, alimentos vegetales, y continundose los mismos tpicos. Con este nuevo mtodo se increment la anasarca, pero cumplidos diez das sin arrojar ningn esputo de sangre, volvi a obser-

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OBRAS 108\ 108\ 108\ 108\ 108\ var el anterior con la debida moderacin, y va produciendo los efectos que se esperaban. A los vientos del norte y noroeste que han reinado casi todos los das de diciembre, tan extraordinariamente fros y constantes, se ha debido que terminara la epidemia de fiebre amarilla que se experimentaba desde abril ltimo. Ellos han purificado la atmsfera de las causas locales que producen esa enfermedad, haciendo al mismo tiempo menos sensible su temperatura a los europeos que llegaron por primera vez a los pases situados bajo la zona trrida. La mayor parte de los enfermos que han entrado en dicho hospital de las tripulaciones de los buques de guerra procedentes de El Ferrol, slo han llevado una erupcin de sarna. Los individuos de los otros Cuerpos han adolecido de fiebres catarrales y gstricas, de dolores pleurticos y pulmonas, de diarreas antiguas y tisis pulmonar; de estas tres ltimas enfermedades, han fallecido los veinte que aparecen del estado. Sin embargo, es de temerse que en marzo, luego que empiece la estacin caliente y seca, vuelva a reproducirse la fiebre amarilla si oportunamente no se toman las precauciones que pueden evitarlas. La primera y ms eficaz es separar de las costas, al menos media legua, a las personas que no estn aclimatadas; pero si el servicio de la Plaza no permitiere salir de ella, convendr hacerlas baar en el mar por la maana lo ms temprano posible, evitar que hagan ejercicios violentos y activos sufriendo el calor del sol, que vistan de lana, que abusen de los licores espirituosos, principalmente del aguardiente, que duerman al sereno o en parajes hmedos, y que se expongan repentinamente al aire fro o hmedo estando sudando o acalorados. Si en todos los pases es preciso para gozar de salud observar la mayor sobriedad, no slo en la bebida y comida sino tambin en el ejercicio y la quietud, en el sueo y la vigilia, en los placeres, en las pasiones y en todas las causas fsicas y morales que puedan alterar nuestra constitucin; mucho ms es necesaria esta templanza en unas regiones donde el europeo advierte en todo novedad o diferencia. Y aunque es imposible evitar absolutamente aquellas enfermedades que proceden de una alteracin muy sensible en las cualidades de la atmsfera o en la proporcin de los gases respirables; sin embargo, muchas personas se preservarn de ellas con las precauciones indicadas, y en otras se disminuir la gravedad de los sntomas. Habana y enero 23 de 1826. Doctor Toms Romay.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /109 /109 /109 /109 /109DICTAMEN SOBRE LA INSTALACI"N DE UN LAZARETO PARA AISLAR A LOS ENFERMOS DE FIEBRE AMARILLA*En oficio de 16 de agosto ltimo me comunic Vuestra Seora el acuerdo celebrado el 3 del mismo por la Real Sociedad Patritica en que se sirvi consultarme “si sera til y ventajoso el proyecto de formar un lazareto a sotavento de esta ciudad, y al sur de la baha que titulan de Santa Clara, que sirviese para aislar el contagio de la fiebre amarilla”. Si hubiera de manifestar mi opinin a una Academia de Medicinas, no me limitara a ejecutarlo sin fundarlo en las pruebas ms convincentes, pero siendo una corporacin econmica la que me consulta temer molestarla con discusiones ajenas de su Instituto, y que tal vez se imputaran a un pedantismo muy inoportuno En 1794 observ por primera vez la fiebre amarilla en los hospitales de Marina de este Apostadero, donde fui empleado por no ser bastante los profesores de aquel Cuerpo para asistir a los enfermos de las tripulaciones de los buques que arribaron de la Pennsula, de Ocoa y Bayaha. Escrib entonces una Memoria sobre esa enfermedad, y habindola ledo en sesin celebrada por esta ilustre Sociedad el 5 de abril de 1797, se dign imprimirla cediendo a las instancias de varios facultativos de esta ciudad que concurrieron a su lectura y discurrieron sobre ella. Persuadido ms bien por la opinin de los autores que haban descrito esa fiebre que por mis propias observaciones, juzgu en aquella poca que era contagiosa. Presentado un ejemplar de ese impreso a la Real Academia de Medicina de Madrid, se sirvi dispensarle su aprobacin concediendo al autor el ttulo de Individuo Corresponsal, ya fuere por haber sido la primera produccin que apareci en nuestro idioma sobre esa materia, o para estimular a otros profesores que podran desempearla con ms acierto. Sin embargo de aquella doble distincin, como en las ciencias fsicas la autoridad ocupa un lugar muy inferior a los hechos repetidos y analizados con criterio, continu observndola posteriormente con el mayor detenimiento y reflexin, y convencido despus de seis aos de que no era contagiosa, no dud manifestarlo pblicamente. Cada una de las epidemias que aparecan me suministraba nuevas pruebas en favor de mi retractacin, principalmente desde 1813 en que empec a servir en los reales hospitales del ejrcito, asistiendo en ese tiempo a las tropas que han llegado de la Pennsula. No han contribuido poco a rectificar mi juicio los escritos luminosos que han ilustrado esta materia, examinando los hechos con la crtica ms severa. Actas manuscritas de la Sociedad Econmica Libro VII, f. 271; Archivo de la Sociedad Econmica, leg. 14.

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OBRAS 110\ 110\ 110\ 110\ 110\ Aunque no estimo necesario establecer un lazareto para aislar el contagio de fiebre amarilla, pues la considero exenta de ese carcter; ser, no obstante, til y ventajoso para separar de esta ciudad tantas enfermeras que se han establecido aun en sus calles ms principales donde se asisten especia1mente a los extranjeros que adolecen de esa enfermedad. Semejantes establecimientos no slo son contrarios a la polica de salubridad, porque multiplicndose los hogares de corrupcin se altera ms y ms la atmsfera que respiramos; sino tambin porque se ofenden sensiblemente los vecinos con los lamentos y quejidos de los enfermos y moribundos y con la vista de los cadveres que se extraen con frecuencia; y adems, porque los infelices que prefieren esas casas a los hospitales pblicos no son tratados con la humanidad y compasin que exigen sus dolencias; se especula sobre ellas y se hacen objeto del lucro ms criminal. Aunque he dicho en otra ocasin que a distancia de dos millas de la costa del mar no se experimenta en esta Isla, y quizs en toda Amrica, la fiebre amarilla, no debe presumirse que los hlitos exhalados por aquellas aguas sean la nica causa de esa enfermedad. Si as fuera la experimentaran con ms intensidad las tripulaciones de los buques antes de entrar en este puerto. En su recinto y alrededores existen los principios que la producen y que pueden propagarla por infeccin segn opina Deveze, y yo me adhiero a su dictamen. Las aguas estancadas, los muladares, la reunin de muchas personas desaseadas en lugares estrechos y sin ventilacin, todos los cuerpos que por sus mismos elementos o por la humedad y el calor se alteran y corrompen, son en mi concepto otros tantos agentes que impregnando el aire de gases mefticos alteran la constitucin de unos individuos no acostumbrados a inspirarlos, ni a sufrir por ocho meses continuos un calor ardiente que ha solido llegar a los 93F. De aqu es que cuanto mayor son las poblaciones litorales, y cuanto mayor es el concurso de aquellas causas, tanto ms frecuentes son las epidemias de fiebre amarilla, empezando siempre por las gentes y habitaciones menos aseadas o inmediatas a pantanos y muladares. El terreno situado al sur de la Batera de Santa Clara est exento de la influencia de todos aquellos agentes, y separando el lazareto cuanto sea posible del cementerio general y del Hospital de San Lzaro, nunca llegarn a l los hlitos que arrojen aquellos lugares, disipndose antes en un aire libre y agitado en todas direcciones. Espero que Vuestra Seora tendr a bien participar al Cuerpo Patritico cuanto he referido, en prueba de mi deferencia a la honra que me ha dispensado y en contestacin a su citado oficio. Dios guarde a Vuestra Seora muchos aos. Habana, octubre 8 de 1827. Doctor Toms Romay. Seor don Joaqun Santos Surez, Secretario de la Sociedad Econmica.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /111 /111 /111 /111 /111ARTCULO EN EL QUE ANALIZA LOS ENFERMOS DE FIEBRE AMARILLA QUE HAN INGRESADO EN EL HOSPITAL DE SAN AMBROSIO, Y AFIRMA QUE AQULLA NO ES CONTAGIOSA*Aunque la guarnicin de esta Plaza y sus fortalezas conste actualmente de varios Cuerpos, he pedido solamente al contralor del Hospital Militar una nota de los individuos pertenecientes a los Batallones de Galicia y la Unin que en los cinco ltimos meses han entrado y fallecido en ese establecimiento, porque el primero es uno de los dos que llegaron ltimamente de la Pennsula y pas el verano anterior en la villa de San Antonio Abad y en el pueblo de Guanajay, permaneciendo en ellos hasta diciembre; y como en aquellos lugares ni en otro alguno que diste dos millas de la costa no se experimenta la fiebre amarilla o vmito negro, estuvo preservado de esa enfermedad hasta la presente estacin en que se ha expuesto por primera vez al influjo de las causas que la producen, y estn circunscritas a las riberas del mar. El Batalln de la Unin estuvo repartido el ao prximo pasado en la Factora, Cuartel de Dragones, Castillo del Prncipe, en Jaruco y Matanzas, pudiendo decirse que entonces slo haca un servicio pasivo; ahora est alojado en el Cuartel de la Fuerza y cada tercer da da la parada. La temperatura de la atmsfera ha sido en estos cinco meses excesivamente caliente y seca; el calor ha llegado en el termmetro a 31,5C, o 93F. Lejos de moderarse con la humedad de las lluvias, que han debido ser casi diarias desde fines de mayo, slo ha llovido en todo ese tiempo treinta y cinco ocasiones, la ms de ellas una ligera llovizna. De los setecientos cuarenta y siete enfermos pertenecientes a los referidos Cuerpos que han entrado en dicho hospital en los cinco ltimos meses, han fallecido cincuenta y uno, que corresponde a seis tres cuartos por ciento. Es cierto que no todos han adolecido de fiebre amarilla, sino tambin de otras varias enfermedades, la mayor parte de ellas inflamatorias, propias de la estacin, de la vida activa de unos militares en faccin y de los excesos que cometen. Del Batalln de Galicia muy pocos han venido al hospital por leves indisposiciones. Su jefe, deseando excusarle un viaje molesto desde el Castillo del Prncipe, que sin duda agravara cualquier incomodidad, y evitarle al mismo tiempo las estancias que abonaran en el hospital, los haca asistir dos o tres das en aquella fortaleza por el facultativo del Cuerpo, en cuyo tiempo sanaban o se conoca si necesitaban de auxilios que slo se proporcionan en un hospital. Esta medida, aunque benfica en algunos casos, puede perjudicar en otros. Cuando en las enfermedades agudas, especialmente en la fiebre amarilla, no se aplican en los Diario del Gobierno de la Habana 22 de agosto de 1827.

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OBRAS 112\ 112\ 112\ 112\ 112\ tres primeros das los remedios ms eficaces difcilmente podrn contenerse sus progresos. Menos de siete muertos en cada cien enfermos de flegmasas agudas, ya sean fiebre amarilla, anginas, hepatitis, pleuresas, etctera, es un nmero muy inferior al que se experimentaba cuando esas enfermedades, principalmente la fiebre amarilla, no se trataba con un mtodo antiflogstico eficaz y constante, mientras se advertan algunas seales de inflamacin. No negar que en aquellos tiempos se sangraban algunos enfermos en los tres primeros das, administrndoles tambin otros remedios relajantes y temperantes; pero el terror pnico que infunda un perodo ptrido que desde el cuarto se presentaba a varios profesores, les obligaba a ocurrir a los purgantes, a la quina, serpentaria y a todos los estimulantes, sin omitir los custicos en el mismo epigastrio. De aqu la sobreirritacin del sistema hepatogstrico, el aumento de los sntomas inflamatorios, la gangrena y la muerte ms angustiada y horrorosa. Disipado aquel espectro con las luces que ha esparcido la medicina fisiolgica, se perciben los caracteres de una gastroenteritis en todo el curso de esa enfermedad, tratndose por consiguiente con un plan ms o menos antiflogstico. Ni una sola vez he usado en la presente epidemia de los polvos de quina, de su tintura nicamente con algn cido cuando la fiebre se haca intermitente. Despus de otros revulsivos se han aplicado custicos a los brazos y a las piernas, nunca al epigastrio. Las sangras generales y parciales, cuando los sntomas lo exigan, el cocimiento blanco de Sindehan, o de cebada, la goma arbiga, el nitro puro, los subcidos, los emolientes y revulsivos, alguna vez el opio y una dieta ms bien vegetal que animal; han sido todos los recursos que se han empleado para combatir esa terrible enfermedad. A beneficio de ellos, o quizs de alguna otra causa que no percibo, se han precavido aquellos sntomas ominosos tan frecuentes en otras epidemias, sin embargo del extraordinario calor y sequedad de la atmsfera por la escasez de lluvias. No he visto ni una sola partida, ni petequias, ni hemorragias hasta quedar exange el enfermo, ni vmitos tan oscuros como la tintura fuerte del caf. Se extraar sin duda que en un hospital mueran en proporcin menos enfermos de fiebre amarilla que en las casas particulares, donde la asistencia es ms prolija, los alimentos ms delicados y toda una familia se dedica al cuidado del paciente. Son ciertas todas estas ventajas y tambin lo es que en el hospital puede cometerse alguna omisin; pero nunca se innovar el plan prescrito por el facultativo. No se sustituirn a sus remedios los que proponga alguna persona que no ha observado el curso de la enfermedad, o que carezca hasta de las primeras nociones del arte de curar; ni el deseo indiscreto de corregir una debilidad aparente suministrar alimentos que fomenten la enfermedad. No se interrumpe el orden que sigue la naturaleza ni se hace vacilar al mdico con reconvenciones importunas.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /113 /113 /113 /113 /113 He dicho que a distancia de dos millas de la costa del mar no se experimenta la fiebre amarilla. Este hecho incontestable es una de las pruebas ms evidente de que no es contagiosa esa enfermedad. La expuse con otras varias en una Memoria que entregu al doctor Chervin en 1819 cuando estuvo en esta ciudad, y me consult sobre ese punto despus de haber viajado por las Antillas y diferentes puertos de la Amrica meridional. Me he sorprendido al ver en el diario de esta ciudad de 8 del corriente, artculo de Pars, que la Academia de Medicina de esa capital, en sesin de 15 de mayo ltimo, despus de or el informe presentado por la comisin encargada de examinar los documentos reunidos por aquel profesor, resolviera unnimemente de acuerdo con su opinin que se deba proceder a la construccin de lazaretos para aislar la fiebre amarilla; cuando el mismo doctor Chervin me asegur que no slo los facultativos de esta ciudad, sino tambin los dems americanos a quienes haba consultado, convenan, a excepcin de uno u otro, que no era contagiosa. Deseo con impaciencia leer su obra, y al efecto ya la tengo encargada. Habana y agosto 10 de 1827. Doctor Toms Romay.ARTCULO EN EL QUE ROMAY SE ADHIERE A LAS DOCTRINAS DE BROUSSAIS, Y HACE UNA SUCINTA RELACI"N DE SUS TRABAJOS SOBRE ESTA ENFERMEDAD Y RATIFICA SU CRITERIO DE SU CARCTER NO CONTAGIOSO*OBSERVACIONES SOBRE LA FIEBRE AMARILLA No publiqu el ao pasado [1828] las que hice en el Hospital Militar de esta Plaza porque esperaba rectificarlas con los casos que se me presentaran en el siguiente, pero han sido muy raros por circunstancias que expondr ms adelante; y para que se conozcan los progresos que se han hecho en su diagnstico y teraputica, expondr sucintamente lo que he observado desde 1794. En junio de ese ao entr en este puerto la escuadra del excelentsimo seor don Gabriel de Aristizbal, procedente de Ocoa y Bayaha. Pocos das despus empez a propagarse en sus tripulaciones la fiebre amarilla y se aumentaron tanto los enfermos que, no siendo suficiente los facultativos de Marina para asistirlos, fui empleado de mdico auxiliar en sus hospitales. Hasta entonces no haba visto ni observado esa enfermedad; me sorprendieron los sntomas con que invada, siendo an ms terrible los que se Diario del Gobierno de la Habana 28 de febrero de 1826.

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OBRAS 114\ 114\ 114\ 114\ 114\ presentaban despus del da tercero. La mayor parte de las tripulaciones era de jvenes gallegos muy robustos, y la estacin muy seca y caliente. Desde el 12 hasta el 28 de agosto se conserv el mercurio entre los 81F y 88F, las lluvias fueron escasas. Persuadidos los facultativos de aquellos hospitales y todos los de la ciudad que esa fiebre era un verdadero synochus, empleaban en los tres primeros das el plan antiflogstico, aunque con mucha timidez; pero desde el cuarto, advirtiendo unas veces sntomas nerviosos y otras ptridos, no slo administraban suaves laxantes, sino tambin purgantes drsticos, como la resina de jalapa y los calomelanos. Seguidamente se daban en grandes dosis los polvos de quina con algn cido vegetal o mineral, y a proporcin que se aumentaban aquellos sntomas, se aada la serpentaria, el colombo y el alcanfor; se empleaba el opio para contener los vmitos biliosos y el alumbre para reprimir las hemorragias; ltimamente se aplicaban custicos hasta en el epigastrio. Presenci la diseccin de muchos cadveres, y siempre se encontraba el hgado mayor que en el estado natural: amoratada la parte cncava, y algunas veces esfacelada. Del mismo modo estaba el estmago, el duodeno, el leo y aquella parte del mesenterio ms inmediato a este intestino. La vejiga de la hiel y el coldoco contenan una bilis espesa, y regularmente tan negra como una tintura fuerte de caf. La piel mucho ms amarilla que antes de morir, y salpicada de unas manchas moradas semejantes al equimosis. Tales eran y deban ser necesariamente los resultados de una flegmasa aguda exasperada, con remedios incendiarios y estimulantes. Sin embargo, adopt ese mtodo difiriendo a la opinin de unos facultativos a quienes respetaba por sus conocimientos y antigua prctica, y porque era muy conforme a lo que haban escrito sobre esa enfermedad Poupp Desportes, Moultries, Makitrick y algn otro mdico extranjero, pues los nacionales nada haban publicado en aquella poca. Con todo, mi razn y sensibilidad no podan convencerse ni tranquilizarse al ver los estragos que encontraba en los cadveres, las convulsiones, angustias y dolores con que fallecan los enfermos, y el nmero de jvenes que cuanto ms robustos con tanta mayor violencia eran devorados por esa enfermedad, dejndolos exanges las hemorragias; y puedo decir sin exageracin que perecan ms de una tercera parte de ellos. No fue bastante para acallar mis remordimientos el voto respetable de la Real Academia de Medicina de Madrid, ni el diploma de Individuo Corresponsal con que se sirvi distinguirme, despus de examinar una Memoria que escrib sobre esa fiebre y fue impresa por la Sociedad Econmica de esta ciudad, cediendo a la instancia de nueve facultativos de los ms antiguos que concurrieron a su lectura y discutieron sobre ella, en la sesin de 5 de abril de 1797. En las epidemias que ocurrieron los aos siguientes empec a desviarme de aquel mtodo, alentado por las obras que se publicaron en la Penn-

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /115 /115 /115 /115 /115 sula y en otros pases, encontrando algunas de ellas ms conforme a mi razn y a los hechos que haba observado. Las indagaciones patolgicas sobre la fiebre amarilla que se experiment en Liorna en 1804, escritas por Tomasini, me parecieron ms exactas y luminosas, suponiendo que la fiebre es un sntoma de la flegmasa del sistema hepatogstrico. Pero lo que ms me ilustr y rectific mi juicio fue la historia de las flegmasas crnicas y de la gastritis del doctor Broussais. Encontrando en su descripcin de la gastritis casi todos los sntomas y fenmenos que haba advertido en el vmito negro con mayor intensidad, no dud que perteneca a esa especie, constituyendo una variedad muy distinta de las otras, y que deba llamarse gastrohepatitis. El colapso o el abatimiento e impotencia que se advierte desde el momento de la invasin de esa fiebre en el sistema muscular de todos los enfermos, por ms jvenes y robustos que sean, y la apirexia que sensiblemente se percibe por espacio de diez o doce horas entre el segundo y tercer da, volviendo despus a invadir la fiebre siguiendo regularmente el tipo de continua, y alguna vez de intermitente, son dos caracteres propios y peculiares de la calentura amarilla, y por los cuales se distingue de todas las otras y de todas las gastritis. Tan slo cuando el cerebro estaba muy excitado, he visto algn enfermo moverse con agilidad, sentarse en la cama y an ponerse de pie; por lo general no pueden usar de sus msculos. Tampoco he advertido el dolor de estmago agudsimo que suponen muchos escritores ser muy frecuentes; nicamente lo que he advertido cuando la flegmasa de la membrana mucosa era muy intensa y se propagaba a la peritoneal, o se comprima el epigstrio; ms bien se quejan los enfermos de angustia, flaqueza y fatiga en el estmago; y atribuyndose a debilidad lo que es efecto de la irritacin de la mucosa, se han administrado interior y exteriormente remedios corroborantes y espirituosos, y alimentos animales; el resultado ha convencido del error. ste era el juicio que haba formado despus de observar muchos casos y discurrir muy detenidamente, cuando en octubre de 1819 llegaron a este puerto los batallones de Mlaga y Catalua, procedentes de la Pennsula. Sin embargo de no ser la estacin muy caliente ni escasa de lluvias, empez a propagarse entre sus individuos la fiebre amarilla, y se estableci para ellos un hospital extramuros de esta ciudad. Fui encargado de su asistencia con otros dos mdicos, y entonces empec a usar con ms confianza del mtodo antiflogstico segn las circunstancias de cada enfermo. Uno de mis compaeros, ms ontologista que clnico, abus de la licencia que concede Horacio para imponer nuevos nombres a las cosas nuevas, tomndolos si fuere necesario del idioma griego. La fiebre llamada amarilla no era una enfermedad desconocida; demasiado se haba hecho sentir en los puertos del continente de Amrica y de sus islas, principalmente en Martinica y Barbada, donde la observ Makittrick en 1718. Es cierto que los diferentes nombres que hasta ahora se le han dado no son adecuados, pues slo se

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OBRAS 116\ 116\ 116\ 116\ 116\ contraen a una circunstancia, o a uno u otro sntoma, los cuales ni se advierten en todos los enfermos de esa fiebre ni son peculiares a ella. Pero no procedi ese facultativo con ms exactitud en su etimologa ni en su nosologa, denominndola fiebre thermoadinmica y thermoatxica, prescribiendo, como era consecuente, un plan tnico y estimulante desde los primeros das. Sus efectos ratificaron mi opinin, y el doctor don Jos Prez Bohrquez, que era el otro profesor, despus de observar con meditacin una y otra sala, y de comparar el resultado de sus diferentes mtodos curativos, se decidi por el que yo haba adoptado. En el da lo sigue constantemente, as en casas particulares como en el Hospital de San Juan de Dios que est a su cargo. El otro compaero que no careca de instruccin en la teora del arte de curar, y que observaba a sus enfermos detenidamente con juicio y criterio, continu sus investigaciones en los casos que despus le ocurrieron. Public algunos de ellos en 1824 en una Memoria que mereci el premio ofrecido por la Sociedad Econmica de esta ciudad, reformando en ella su anterior opinin. Esta retractacin producida por el convencimiento y por una sinceridad muy loable, me inspir mayor confianza en el sistema que haba preferido. Lo he continuado en el Hospital Militar de esta Plaza, donde fui empleado en 1820 en los individuos que enfermaron de fiebre amarilla pertenecientes a los batallones de Espaa, Galicia, la Unin y segundo de Catalua que sucesivamente llegaron de la Pennsula los aos siguientes. En los diarios de esta ciudad de 18 y 31 de diciembre de 1825, de 30 de enero y 28 de febrero de 1826, y 22 de agosto de 1827, se han impreso sus resultados, y de ellos aparece que el nmero de muertos de dicha enfermedad en el ltimo ao no exceda de seis tres cuartos por ciento. El 12 de agosto de 1828 entr en este puerto la fragata “Restauracin”, de la Marina Real, que sali de Cdiz con otros buques mercantes conduciendo el Regimiento de la Corona, compuesto de dos batallones. El primero se estableci inmediatamente en la villa de Guanabacoa, y el segundo pas a guarnecer la fortaleza de La Cabaa. A fines del citado mes se traslad parte de aquel batalln a la villa de San Antonio, distante ocho leguas de esta ciudad, y el resto al pueblo de Guanajay, an ms lejano. La tropa que permaneci en La Cabaa, los oficiales que se alojaron dentro de esta poblacin, y las tripulaciones de los buques, empezaron a experimentar los efectos de una atmsfera muy ardiente y seca, y de otras causas locales. En aquel mismo mes lleg el termmetro a 31,8C y en septiembre a 30,7C; en todo el ao slo llovi setenta y nueve das, los ms de ellos escasamente; un solo da en octubre y otro en noviembre soplaron vientos del norte. Aunque La Cabaa est situada sobre una eminencia bastante elevada, y sin obstculo alguno que le impida la libre ventilacin, no obstante muchos soldados de aquel batalln deban bajar y subir diariamente su fragosa cuesta, y venir a la Plaza para proveerse de rancho y de otros artculos

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /117 /117 /117 /117 /117 necesarios. Este ejercicio, la insolacin que sufran y los excesos que cometan abusando de frutas y de licores espirituosos, demasiado baratos, los predisponan para adolecer de enfermedades inflamatorias, principalmente de la fiebre amarilla. Mucho se ha escrito sobre su causa inmediata; yo me adhiero a los que opinan que es producido por el clima y varias circunstancias topogrficas que no concurren a distancia de dos millas de la costa, no la he visto jams pasado ese trmino. Esta observacin es muy conforme a una nota aadida por el doctor Broussais, a la pgina 72 del tomo cuarto, sobre las flegmasas crnicas: las playas hmedas (bajo el ecuador), cargadas de emanaciones ptridas, son las que engendran ms bien las gastroenteritis agudas. Desde principio de septiembre entraban diariamente en el Hospital Militar de San Ambrosio muchos enfermos de fiebre amarilla pertenecientes no slo a dicho batalln de la Corona, sino tambin a la fragata “Restauracin”, y en el mes anterior haba ya algunos de la tripulacin del navo “Soberano”, que arrib a este puerto el 3 de marzo ltimo procedente de Cdiz. En todo aquel ao existieron en el referido hospital seis mil seiscientos enfermos, sanaron cinco mil novecientos sesenta y cinco, quedaron en camas el 1 de enero del siguiente ao trescientos ochenta y ocho y fallecieron doscientos setenta. As consta del estado general que por Cuerpos pasaron el inspector y contralor de ese establecimiento al excelentsimo seor Conde de Villanueva, Intendente de Ejrcito, cuyo extracto se public en la Gua de forasteros de esta Isla para 1829, pgina 318. Resulta, pues, que habiendo fallecido doscientos setenta enfermos de los seis mil seiscientos veintitrs que se asistieron, corresponde a cuatro por ciento. Estoy muy distante de arrogarme exclusivamente un resultado tan lisonjero. No he sido el nico facultativo a quien se confiaron todos aquellos enfermos, ni todos ellos sufrieron la fiebre amarilla. Muchos padecieron enfermedades que correspondan a la ciruga, y mucho ms a otras diferentes; pero tambin es cierto que en todos los que fallecieron ese ao fueron vctimas de aquella fiebre. La tisis pulmonar es uno de los efectos que se observan con ms frecuencia en ese hospital, y de que perecen anualmente muchos individuos. Las causas de esa frecuencia es muy obvia. Al soldado y marinero no se le dispensa el servicio por un catarro; con l ejecuta todos sus trabajos y facciones, reciben el sereno y las lluvias, y hasta que no los postra una fiebre no se les manda al hospital. Muchas veces no es ya un simple catarro o adeneomeninge; supone alguna alteracin en el sistema pulmonar, y no es fcil curarlo en personas que no se reducen a todo lo necesario para conseguirlo. El doctor don Nicols del Valle, segundo mdico del referido establecimiento, asista igualmente a los enfermos de la guarnicin, y el doctor don Luis Genebriera, primer profesor de Marina, encargado de la sala de Medicina de sus individuos, donde tuvo muchos das ms de ciento, prescriba

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OBRAS 118\ 118\ 118\ 118\ 118\ ya en la curacin de la fiebre amarilla el plan antiflogstico ms o menos eficaz. Sangraban una y aun dos ocasiones, escarificaban ventosas al epigastrio o aplicaban sanguijuelas a las yugulares, emulsiones gomosas o tisanas subcidas, apsitos emolientes y temperantes al vientre, enemas laxantes o estimulantes, pediluvios, sinapismos epipticos y custicos alguna vez; laxante de man y tamarindo cuando intermita la fiebre y si repeta observando ese tipo la tintura acuosa de la quina o el sulfato de esa corteza. El alimento era vegetal, muy tenue y escaso; ninguno cuando molestaban los vmitos, y slo alguna cucharada de una emulsin gomosa ligeramente opiada era lo que entonces permitan interiormente, aplicando revulsivos en diferentes partes. Correspondindome como mdico principal de dicho establecimiento asistir no slo una sala de la tropa, sino tambin a todos los oficiales de la guarnicin; lo verifiqu aquel ao en veintisiete del repetido batalln de la Corona, de los cuales catorce adolecieron de fiebre amarilla, y fueron los tenientes don Bonifacio Gmez, don Florencio Muoz, don Cayetano Varela, don Toribio Sez y don Dmaso Tirones; los subtenientes don Ramn Baldapis, don Manuel Girona, don Juan Casanova, don Mariano Bevn, don Manuel Cano, don Juan Jos Gobernador, don Luis Hollarzbal y don Marcelo Solada, y el cadete don Jos Sastre. Menos uno de ellos, todos los dems se sangraron una y aun dos ocasiones, se les aplicaron sanguijuelas o escarificaron ventosas y se sigui constantemente el plan antiflogstico ocurriendo alguna vez a los baos generales en una agradable temperatura. No falleci ninguno de ellos, ni tampoco de los trece restantes que sufrieron otras enfermedades. En el ao prximo pasado fueron muy pocos los enfermos de fiebre amarilla que entraron en el referido Hospital Militar, porque no lleg ningn Cuerpo de la Pennsula, sino tan slo algunos reclutas para completar los de esta guarnicin. Contribuy tambin a impedir los progresos de aquella enfermedad la temperatura de la atmsfera. El calor fue tan intenso como en el ao anterior, y las lluvias ms frecuentes y copiosas. En 1828 lleg el mximo de calor a 31,82C y slo llovi setenta y nueve das, los ms de ellos escasamente. En 1829, el mximo calor no pas de 30,9C y las lluvias fueron repetidas en ciento treinta, muchas de ellas muy abundantes; en agosto llovi diecinueve das, en noviembre once y otros tantos en diciembre; el calor en estos dos meses no excedi 26,4C. De aqu provino que las tripulaciones de la corbeta “Diana” y la del bergantn “Jasn”, que arribaron a este puerto el 13 de noviembre, ni los ochocientos hombres que transportaron de la Pennsula para la marinera de los buques de guerra de este Apostadero, no sufrieron los estragos que habra producido la fiebre amarilla en otra estacin. El aumento extraordinario de enfermos que hubo en ese establecimiento el ao anterior procedi de las tropas que regresaron de la expedicin por siempre malhadada a las costas de Mxico. No siendo bastantes los

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /119 /119 /119 /119 /119 Hospitales de San Ambrosio y San Juan de Dios, fue preciso establecerlos provisionales en las fortalezas y cuarteles en la villa de Guanabacoa y en la quinta del doctor Bellot. Ms de dos terceras partes del regimiento de la Corona y de otros cuerpos auxiliares volvieron unos con obstrucciones escirrosas en el bazo, otros con disenteras o diarreas, muchos iniciados de anasarca, casi todos con fiebre lenta, y todos ictricos y en la mayor extenuacin y abatimiento. Las causas que convirtieron en espectros unos hombres que haban salido de aqu cuatro meses antes muy sanos y robustos, fueron sin duda tan inevitables y comunes que no pudieron precaverlas ni los oficiales. Con las mismas enfermedades y en una situacin tan deplorable estuvieron a mi cargo el capitn don Gernimo Arteaga, los tenientes don Jos M. Lopetegui, don Fermn Fernndez, don Francisco Amor Pascual, don Antonio Feu, don Bonifacio Gmez y don Antonio Ferrer; los subtenientes don Luis Pons, don Salvador Abril, don Domingo Ginet, don Jos Mara Solas, don Ramn Dango, don Flix Gironda, don Ramn Suis, don Joaqun Sabaleta, don Leandro Melgares, don Antonio Quintero, don Daniel Prez y don Bernardino Revillo; los cadetes don Jos Javier Verasola, don Joaqun Garca y don Jos Mara Alegre, todos del regimiento de la Corona; don Toms Burn, cadete de los Lanceros del Rey, don Flix Garrido de Tarragona y don Jos Machado, escribiente del comisario ordenador. No falleci ninguno de ellos en el hospital, todos fueron curados, exceptuando tres solamente que quisieron salir antes de estarlo perfectamente. Sin embargo de la extenuacin y gravedad con que entraron todos los enfermos de la citada expedicin, no murieron en proporcin a su estado. De un documento oficial impreso en extracto en la pgina 313 de la Gua de forasteros para el presente ao, consta que en el prximo pasado, existieron en dicho hospital cinco mil ochocientos ocho enfermos, se curaron cinco mil quinientos veinticinco, permanecan el ltimo de diciembre trescientos cuarenta, y fallecieron doscientos treinta y tres, los cuales corresponden a cuatro por ciento; y siendo este resultado exactamente igual al de 1828, en que hubo muchos enfermos de fiebre amarilla, resulta que esta enfermedad no aumenta el nmero de muertos. Habana y julio 8 de 1830. Doctor Toms Romay. Noticia de los individuos militares y de otros destinos que han estado curndose en todo el mes de la fecha en el Hospital Militar de San Ambrosio, y son los siguientes:* Entraron Muertos Quedaron en cama el 1 del presente .........367 ...........0 Entraron ..........................................................421...........13 78813 Diario del Gobierno de la Habana 28 de febrero de 1826.

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OBRAS 120\ 120\ 120\ 120\ 120\ Corresponden a los setecientos ochenta y ocho enfermos que han existido en dicho hospital, incluidos los trece muertos, el uno y tres quintos por ciento. Habana 31 de enero de 1826. Bernardo Velarde. La agradable temperatura que se experiment en enero anterior ha preservado de la fiebre amarilla o vmito negro las tropas que llegaron de la Pennsula en diciembre ltimo, y las tripulaciones de los buques que las trasportaron. Tampoco ha entrado en el Hospital Militar en dicho tiempo con esa enfermedad ni un solo individuo de la guarnicin de los bajeles que existan anteriormente en este puerto. Las enfermedades ms frecuentes han sido fiebres catarrales y gstricas, pleuresas y pulmonas, asomas, diarreas, erupciones de sarna y otros efectos pertenecientes a la ciruga. Entre los trece que han fallecido cinco fueron de tisis pulmonar. El doctor don Pedro Andru asiste en el nmero 13 de la sala de San Pablo a Manuel Rodrguez, soldado de la cuarta compaa del tercer batalln de Catalua, que adoleci de una fiebre atxica, y presentndosele una partida en el lado izquierdo en el da onceno fue dilatada oportunamente por el cirujano mayor doctor don Francisco Alonso y Fernndez. Manuel Seria, cuya enfermedad he referido en el nmero 30 de este peridico, experimenta cada da mayor alivio en la hidropesa anasarca con los tnicos y diurticos, y espero que pasar muy pronto a curarse radicalmente con las aguas minerales de Guanabacoa. Debo confesar en obsequio de este individuo, que ha contribuido notablemente a su curacin la exactitud con que ha observado cuanto se le prescribe. Ninguna persona que tuviera el mayor inters en conservar la vida, habra hecho mejores esfuerzos para conseguirlo, frotndose repetidas veces con un cepillo, caminando grandes distancias cuando la hinchazn de todo el cuerpo no le permita dar un paso sin dificultad, y privndose absolutamente de beber agua; doce onzas de vino en veinticuatro horas es todo el lquido que toma. Enrique Lodeiro, de quien he tratado en el mismo diario, no ha logrado tantas ventajas, porque no ha sido tan arreglado; sin embargo conseguir curarse si no comete nuevos excesos. Habana y febrero 3 de 1826. Doctor Toms Romay.

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HOSPIT HOSPIT HOSPIT HOSPIT HOSPIT ALES ALES ALES ALES ALES DISCURSO HIST"RICO-MORAL SOBRE LA FUNDACI"N Y PROGRESOS DEL HOSPITAL DE SAN FRANCISCO DE PAULA DE LA HABANA*Tiempos en que ya el sexo fuerte y robusto tena en La Habana un hospital donde curar sus dolencias, las infelices de la porcin ms dbil de la humanidad carecan de semejante asilo, siendo sus enfermedades mucho ms numerosas que las del hombre. La religin bajada de los Cielos, la polica de esta ciudad, el carcter benfico de sus habitantes, los gemidos y lamentos exhalados sin intermisin entre las chozas y arruinados edificios, nicos espectadores de las penas y miserias de tantas pobres, pedan eficazmente se reparara esa falta. Oyronse en fin los clamores de la religin, de la Naturaleza y de la poltica, y por un orden admirable de la Providencia, el santuario y el pueblo, el Sacerdote Grande y el Jefe de esta provincia emprenden con el mayor inters la ejecucin de esa importante obra. Don Nicols Estvez Borges, dignsimo Cura Rector de La Habana, Provisor y Vicario General de este Obispado, y Den electo de la Catedral de Cuba, mand en la clusula 49 de una Memoria hecha el 10 de diciembre de 1664 se edificase una capilla dedicada a San Francisco de Paula en el lugar que mejor les pareciese al Ilustrsimo Seor Don Juan de Santo Matas, obispo de esta dicesis, y al seor don Francisco de vila Orejn Gastn, Maestro de Campo, Gobernador y Capitn General de esta ciudad e Isla; en el propio captulo les nombra por albaceas, y les deja el poder necesario para que a su nombre testasen y distribuyeran el resto de sus bienes, despus de hecha la fbrica y dotado el capelln en aquellas obras pas que juzgasen ms proficuas a su alma. *Publicado en forma de folleto con el ttulo Discurso histrico-moral sobre la fundacin y progresos del Hospital de San Francisco de Paula de la Habana, por el Dr. y Maestro D. Toms Romay, Vocal supernumerario de la Junta de Sanidad de esta Ciudad, y Acadmico correspondiente de la Real Academia de Medicina de Madrid Imprenta de la Capitana General, Havana, s. a. Tambin fue reproducido en Memorias de la Real Sociedad Econmica de la Habana t. 30, p. 489; Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 2, p. 115-127.

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OBRAS 122\ 122\ 122\ 122\ 122\ En virtud de este poder los muy ilustres y piadosos albaceas otorgaron el siguiente ao ante Domingo Fernndez Calaza, escribano pblico, un testamento que har perpetuos y respetables sus nombres, y les conciliar las bendiciones de todos los que ejercen y experimentan los efectos de la misericordia. En l disponen que concluida la ermita, y fundada una capellana bastante para la subsistencia del capelln, se emplease el caudal remanente en erigir un hospital donde se curasen mujeres pobres, y si posible fuera se destinase una pieza para recoger las que convenga tener reclusas, nombrndose patronos y perpetuos de dichas obras pas, con plena y absoluta facultad de administrar sus rentas y elegir sucesores. Si nos fuese concedido penetrar las oscuras regiones del sepulcro, sin duda encontraramos al presbtero Borges transportado de un gozo santo al ver el destino que a sus bienes se haba dado. Despus de la ereccin de un templo, en ninguno otro pudieron invertirse que ms sufragase por su alma. En los hospitales no slo se suministra al hombre todo lo preciso para conservar la presente vida, sino tambin para adquirir la futura. En ellos se ejercen las mayores virtudes, se cumplen los preceptos sagrados del cristianismo, se celebran sus augustos sacramentos, y se rene cuanto hay de meritorio en otras obras de misericordia. sta no necesita que la religin la recomiende. La misma naturaleza pide enrgicamente se establezcan esos monumentos de humanidad. Platn lo ordena en una de sus leyes, los incas de Per lo ejecutaron y los musulmanes lo observan. A la verdad, si la vista de un pobre enfermo desvalido abandonado a sus dolores y miserias, y expuesto a la desesperacin, no conmueve nuestras entraas, que objeto ser capaz de enternecernos? Para cundo reservamos nuestra compasin y caridad? Convencidos de estas y otras varias razones el ilustrsimo seor Santo Matas y el seor don Francisco de vila no demoraron la ejecucin de su proyecto. En el mismo 1665 nombraron por administrador de los bienes destinados para esa obra al capitn don Pedro Valdespino. Inmediatamente compr a diferentes propietarios el terreno donde existe ese edificio en un precio de mil novecientos cincuenta pesos efectivos, y procedi a edificar la capilla y habitacin del capelln. El 27 de febrero se 1668 se puso la primera piedra en presencia de los Jefes de esta ciudad, siendo Sumo Pontfice el Seor Clemente IX, Rey de Espaa el seor don Carlos II, y gobernando por su minora la seora doa Mara de Austria, su Augusta madre. Terminada la fbrica y proveda de lo necesario para el culto divino, emprende la de una sala donde se colocaron cuatro camas; y el caudal restante se impuso para asistir con sus rditos otras tantas enfermas, dotar un presbtero administrador de estos intereses, un mdico y una enfermera con su criada. Estos censos se concedan por el juzgado eclesistico, participndoselo antes al seor don Francisco de vila como albacea del difunto den, y copatrono de dicha obra pa.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /123 /123 /123 /123 /123 No omitiendo el ilustrsimo seor Santo Matas diligencia alguna para fomentarla, erigi en cofrada en 1666 y despus traslad a ella la hermandad de San Francisco de Paula, fundada el 13 de febrero de 1605 en la Iglesia Mayor de esta ciudad por todos sus hacendados. Dio motivo a esta devota congregacin la esterilidad de la tierra y la gran mortalidad que se haba experimentado en los ganados en los aos anteriores. Juntronse en la parroquial de San Cristbal los dueos de ingenios, hatos y estancias para elegir un abogado en aquella pblica calamidad, y habiendo cado la suerte en el patriarca de los Mnimos, acordaron se estableciese la referida Hermandad y anualmente se celebrase al santo una solemne fiesta en aquel templo mientras se le edificaba una ermita, comprometindose cada cual a contribuir para estos objetos con una porcin de sus respectivos frutos. El celo del seor Santo Matas se trasmiti a sus sucesores. Por la constitucin primera del ttulo segundo del snodo de este Obispado, presidido por el ilustrsimo seor don Juan Garca Palacios, en 1681 se agreg la dicha cofrada al hospital de mujeres, para que en lo adelante corriese su administracin conjunta a la de aquella casa, y a cargo de su mayordomo y administrador. Su beneficencia no se satisfizo con slo esta demostracin. Cuando en la Constitucin tercera del ttulo quinto se trat de determinar cules haban de ser las mandas forzosas, incluy entre ellas la hospitalidad de San Francisco de Paula, ordenando que todos los que testasen en esta ciudad destinaran al menos dos reales para la asistencia de sus enfermas, obligando tambin a lo mismo a los que falleciesen en cualquier lugar de esta dicesis donde no hubiese algn hospital. Pero como la estabilidad no es concedida ni a las obras ms piadosas de las manos del hombre, un recio temporal que por espacio de treinta das continuos afligi esta ciudad en 1730 desplom toda la ermita, sepultando bajo sus ruinas la Majestad Sacramentada y dejando inhabitables las enfermeras. Don Pedro Lodares Cota, capelln administrador que entonces era, procur con una eficacia y caridad dignas de los mayores elogios reparar prontamente esa catstrofe, mejorando uno y otro edificio. El 8 de enero del ao siguiente bendijo la primera piedra de la nueva iglesia el seor doctor don Pedro Ignacio Torres y Ayala, Magistral de la Catedral de Cuba, Provisor y Vicario General en sede vacante, y la coloc el seor brigadier don Dionisio Martnez, Gobernador y Capitn General de esta ciudad e Isla. Despus que el licenciado Lodares Cota consumi los fondos que habia colectado, y una gran parte de sus bienes, sacando los cimientos de toda la iglesia y concluyendo el presbiterio y sacrista, suplic al Rey en 1735 destinase los espolios del ilustrsimo seor don fray Gernimo Valds para terminar esa obra y reedificar el hospital. Al mismo tiempo solicit de Su Majestad la confirmacin del empleo de capelln administrador que le haba concedido este prelado, ratificndolo su sucesor el ilustrsimo seor don fray Juan Lazo de la Vega.

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OBRAS 124\ 124\ 124\ 124\ 124\ El Rey le neg esta ltima gracia en Real Cdula de 18 de diciembre del propio ao por haberse hecho aquel nombramiento sin intervencin del vicepatrono; y encarga al Reverendo Obispo que en lo sucesivo el expresado empleo de capelln administrador del Hospital de San Francisco de Paula se confiera conforme a lo dispuesto por el Real Despacho de 10 de mayo de 1730, en el cual se previene que las mayordomas de las iglesias parroquiales y dems beneficios se provean segn leyes y reglas del Real Patronato;1 y para determinar en lo primero que suplicaba el licenciado Lodares Cota, pidi Su Majestad en la misma Real Cdula a dicho Ilustrsimo Seor y al Gobernador de esta Plaza le informasen sobre la fundacin de la enunciada hospitalidad y si era de su Real Patronato, el estado de la ruina que haba padecido y lo que poda costar su reparacin. En cumplimiento de esta Orden Soberana Su Seora Ilustrsima dispuso que los albailes y carpinteros ms peritos reconociesen ambos edificios, y con vista de los planos ya formados calculasen lo que importara concluirlos y perfeccionarlos. Estos profesores despus de un prolijo examen convinieron en que eran necesarios veintitrs mil seiscientos cuarenta pesos para lo que restaba a la obra. Incluyendo este certificato inform al Rey el 17 de octubre de 1736 sobre todo lo que Su Majestad le haba prevenido. En vano he solicitado con la mayor eficacia en varios archivos la Real resolucin; slo me consta que no obstante haber quedado sin efecto las splicas de don Pedro Lodares Cota, su caridad y predileccin a este establecimiento no se disminuyeron. Despus que en vida apur todos los recursos para repararle y engrandecerle, dej en su muerte impuestos de su propio peculio diecisis mil setecientos ochenta pesos, destinando sus rditos a la dotacin de camas. Con estos auxilios, con la renta de la Mitra y varias limosnas de los fieles, el ilustrsimo seor Lazo de la Vega concluy toda la iglesia y el altar mayor, renov la enfermera aumentando sus camas hasta doce; y adems de las piezas necesarias al hospital, fabric otras para los capellanes y administradores. Fiel imitador del ejemplo de este meritsimo prelado, digno de inmortal memoria y gratitud, el ilustrsimo seor doctor don Santiago Jos de Hechavarra, auxiliado del excelentsimo seor Marqus de la Torre, Gobernador y Capitn General de esta Isla, extendi las viviendas en 1772 y edific otras tres salas colocando en ellas treinta camas dotadas, y muchas otras que se asistan con mil doscientos pesos que anualmente daba Su Seora Ilustrsima y con varias limosnas eventuales. Al mismo tiempo, de acuerdo con el vicepatrono reuni en un solo individuo los empleos de capelln y administrador, eligiendo en su clero con la mayor reflexion los suje1Ley 25, Ttulo 4, Libro 1 de la Recopilacin

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /125 /125 /125 /125 /125 tos ms aptos para estos ministerios, y velando continuamente sobre el desempeo de sus respectivas obligaciones. El xito correspondi a su celo y vigilancia. Quisiera que el catlogo de estos hombres benficos fuera menos difuso para recomendar el mrito de cada uno; pero la religin lo ejecutar de un modo infinitamente superior a los lnguidos elogios de mi pluma. Entretanto dir al menos que todos se han disputado la preferencia por la terneza y compasin con que trataban las enfermas; por la economa, exactitud y honradez en el manejo de los intereses; por su anhelo en fomentar esa casa; por su permanencia en ella, y por los legados que despus de sus das le han dejado. A pesar de todo esto, y de la caridad ilimitada con que el ilustrsimo seor doctor don Felipe Jos de Trespalacios, desde su ingreso a esta Silla Episcopal franque las puertas de ese santuario a cuantas infelices ocurran a l, faltbale an mucho para llegar a la perfeccin de que es suceptible. Su capacidad y sus rentas no sufragaban para proporcionar a todas las enfermas cuantas comodidades y auxilios eran necesarios. Ellas publicaban las faltas y escaceses del nico recurso que tenan en sus dolores. Nadie ignoraba que el Hospital de Paula exiga socorrerse, todos conocamos la obligacin que tenemos de hacerlo, muchos lo verificaban, y muchos otros slo esperaban una ocasin oportuna en que hacer ms tiles sus limosnas. Esta poca feliz deseada ansiosamente por la piedad y patriotismo de los habaneros, deba proporcionarla la excelentsima seora doa Teresa de Senmanat, esposa muy digna del excelentsimo seor Conde de Santa Clara, Gobernador y Capitn General de esta Isla; dotada de un corazn tierno y sensible no ha necesitado experimentar en s las desolaciones de la indigencia para compadecerse de los miserables. Estas bellas disposiciones de la naturaleza se han rectificado por los preceptos de la religin. Si un sentimiento natural conmueve y enternece sus entraas al ver las calamidades de sus semejantes, la caridad cristiana que le precepta ame al prximo como a s misma, extiende su mano sobre el hambriento, el desnudo y el enfermo. De este modo esa ilustre seora ha confundido y detestado la fiereza cnica del estoico y la impiedad del maniqueo; del estoico que se atrevi a decir que la compasin y sensibilidad lejos de ser virtudes eran flaquezas de nimo; y del maniqueo que prohiba saciar el hambre del necesitado, porque as se conservaba la carne que hipcritamente afectaban abominar, procediendo sta del principio malo que ellos suponan. Dios, la Sabidura Eterna, el Ente Supremo, Uno, "ptimo, Infinito, ha criado igualmente el alma y el cuerpo de todos los hombres, dispensndoles los dones espirituales y materiales que graciosamente ha querido. El sabio y el necio, el perfecto y el deforme, el poderoso y el miserable, todos son obras de sus manos. Y podr creerse que la Providencia ha juntado en unos hombres grandes talentos y tesoros para fomentar su orgullo y ma-

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OBRAS 126\ 126\ 126\ 126\ 126\ licia, abandonando los otros a su estolidez y miseria? Sera ste un fin digno de su bondad y sabidura? Ella, pues, ha concedido a unos lo que a otros ha negado, para que los primeros ejerciten la caridad, y los segundos la paciencia; aqullos se enajenen de lo superfluo y stos reciban lo necesario. Luego estas riquezas que poseo no debo yo sola disfrutarlas, sino dividirlas con los infelices y aliviarle sus penas. As discurra la Condesa de Santa Clara, y por una propensin natural a su sexo, o ms bien por un conocimiento ntimo de las mayores necesidades de las mujeres, las solicitaba con preferencia a los hombres para socorrerlas con sus liberalidades. Pero ya el talento sublime, el patriotismo y generosidad de un ente privilegiado haba recogido cmodamente las nias hurfanas y las pobres mendigas en ese alczar de piedad, en esa Casa de Beneficencia, monumento eterno que en bendiciones de dulzura trasmitir las virtudes de su esclarecido fundador hasta las ltimas generaciones, frustrando los vaticinios de la envidia y procacidad. Sin embargo, la misericordia de nuestra Excelentsima Gobernadora no queda sin ejercicio. La humanidad se le presenta en los instantes ms terribles de su existencia, cuando abrumada con las enfermedades yace en el lecho del dolor aumentadas sus amarguras, y pudiendo apenas con una voz lnguida implorar nuestra compasin. De esta suerte la encuentra en el Hospital de Paula. No espera escuchar sus gemidos para enternecerse, ni las lgrimas que vierten sus ojos impiden que su vista penetrante comprenda todas sus necesidades; mas no le es lcito socorrerlas todas. Su mano munfica se enerva causndole el tormento de no poder ejecutar cuanto le inspira su corazn. Para verificarlo era preciso alterar la economa de esa casa, aumentar las salas, multiplicar las camas, crear muchas plazas, proveerlas suficientemente, y sus facultades eran muy limitadas. Necesitaba la anuencia del Ilustrsimo Seor Diocesano como patrono de esa obra. Solcitala eficazmente manifestndole los auxilios de que careca la referida hospitalidad, su estrechez, y los medios con que se propona ampliarla y abastecerla. Y podra nuestro Ilustrsimo Prelado, el padre de los pobres, podra negarse a una splica tan piadosa, tan santa y tan conforme a sus paternales deseos? El oficio que dirigi a su Excelencia el 30 de junio del pasado 1797, es un testimonio muy sensible de la complacencia que le caus aquella solicitud; en l manifiesta que recibi el mayor gozo que poda desear su espritu. Nmbrala su coadjutora concedindole toda la plenitud de sus facultades para que libremente y con independencia absoluta no slo disponga cuanto le dictare su prudencia, sino tambin asigne las personas que fuesen ms de su agrado y confianza para que administren las rentas destinadas a la fbrica en consorcio del capelln. Autorizada de esta suerte la Excelentsima Seora trat inmediatamente de mejorar el establecimiento. Ante todo, hizo arrojar y quemar los

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /127 /127 /127 /127 /127 muebles y ropas contagiadas cedidas a la enfermera juzgndolas perjudiciales. Sustituy stas con un crecido nmero de sbanas, almohadas, colchones y cuanto ms era necesario para la comodidad y aseo de cuarenta camas. Repar las antiguas salas y le dio ms ventilacin; prepar otra distante de stas para las enfermas de contagio; dot plazas de mdico, cirujano, sangrador, boticario, mayordomo, despensero, cocinero, una madre y tres enfermeras. Form un reglamento de las raciones que deban darse con cuanto ms pareci conveniente al mejor orden y servicio de un hospital. Arreglado todo esto se empez a observar el nuevo plan el 2 de agosto del citado 1797, celebrndose una solemne funcin en la iglesia de la misma hospitalidad con asistencia de los Jefes. Para consuelo de las enfermas, y para que velasen sobre sus asistentes, interes Su Excelencia la notoria piedad de las seoras distinguidas de este pueblo, estableciendo que alternasen por semanas a presenciar los actos de comida y cena en calidad de enfermeras. Las seoras a porfa admitieron este encargo desempendole ejemplarmente, y dejando copiosas limosnas en las arquillas de la casa. Almas ardientes y generosas, respetable porcin del sexo devoto, permitidme os exhorte a perfeccionar lo que habis empezado. Una asociacin de caridad reglada por las leyes que esta virtud y la prudencia os dictare, autorizada por el Ilustrsimo Seor Diocesano y por el muy ilustrado y piadoso Jefe que tanto propende a fomentar vuestros deseos, ser el medio seguro de satisfacerlos perpetuamente en beneficio de la Humanidad. De otra suerte el tiempo, que todo lo transforma, no respetar vuestra beneficencia. Tambin nombr la Condesa de Santa Clara sujetos de acreditada humanidad para que la ayudasen en la direccin de esta obra, asistiendo diariamente por turno a la fbrica y a las enfermeras. Conociendo la necesidad de aumentarlas ampli otra de sus salas, a la que titul de San Rafael, colocando en ellas treinta camas y quince en la de San Francisco de Borja, destinadas para las hticas, surtindolas todas con tanta ropa y muebles como las anteriores; de suerte que no habiendo antes de agosto de 1797 ms que treinta y dos camas de nmero, y algunas otras provisionales, en el propio mes de 1798 existan setenta y ocho perfectamente habilitadas y servidas. En ellas fuera de las pobres de esta ciudad de cualquier estado y color, se curan asimismo las que enferman en la Casa de Beneficencia; y el Seor Intendente Visitador, instruido del buen orden del hospital, solicit se admitiesen en l a las infelices emigradas de la isla de Santo Domingo y las esclavas del Rey destinadas al Palenque, abonando las correspondientes hospitalidades. Esta insinuacin era demasiado til a la Humanidad, al Estado y a la misma casa para que no accediese muy gustosa la excelentsima seora Condesa de Santa Clara. Su caridad no se limitaba a socorrer las mujeres que hoy viven miserablemente; tambin se extiende a las que han fallecido en esa hospitalidad,

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OBRAS 128\ 128\ 128\ 128\ 128\ y a las que pueden en lo sucesivo entrar en ella. La religin y la beneficencia de este pueblo le suministran los fondos con que ejecutarlo. A las primeras auxilia haciendo celebrar en aquella iglesia el 28 de noviembre de 1797 unas piadosas exequias en sufragio de sus almas, y a las segundas preparando un nuevo asilo donde ampararlas. Ya lo dije y no temer repetirlo, la beneficencia de los habaneros era el fondo con que Su Excelencia contaba para emprender esa obra; la experiencia le haca concebir esta confianza. A sus primeras insinuaciones don Jos de la Guardia condesciende en proporcionar segn se le pidiese los doce mil pesos que leg su padre con la expresa condicin de invertirse solamente en la fbrica de salas altas. Las gruesas limosnas y censos con que otras muchas personas caritativas contribuyeron prontamente, han servido para que no se faltase ni en un pice a la voluntad de aquel piadoso testador. Emprndese, pues, la fbrica de dos piezas dobles sacadas desde el cimiento, una baja y otra alta de cuarenta varas de largo y catorce de ancho, capaces de contener ciento nueve camas con el mayor desahogo. Sus progresos han sido tan notorios que no debo detenerme en referirlos; pero faltara a la gratitud y a la justicia si omitiera significar la gran parte con que ha contribuido el excelentsimo seor Conde de Santa Clara. Al propio tiempo que por s solo fortificaba y decoraba nuestra patria con tiles monumentos, quiso tambien asociarse a su ilustre esposa en la ereccin de ste consagrado a la piedad. Adems de haberle cedido una porcin considerable de los gajes de su empleo, destin un gran nmero de presidiarios y encarcelados que han servido de peones, y aun algunos oficiales de albailera y de otros oficios a quienes slo se les daba racin con utilidad del hospital, ventaja del Estado y provecho de los mismos reos. No es menos acreedor al pblico reconocimiento nuestro Ilustrsimo Pastor. Su celo en fomentar esa casa de refugio y de consuelo no poda satisfacerse con franquear a la Condesa de Santa Clara todas sus facultades; para que las ejerciera prontamente derogando y estableciendo cuanto til juzgase, puso en manos de Su Excelencia siete mil pesos que colect del venerable clero y de otros vecinos, permitindole tambin emplear en la fbrica trece mil seiscientos veintisiete de censos cados pertenecientes a la hospitalidad. Con estos fondos, y con todos los recursos de la caridad ms ingeniosa y activa, consigui una dbil mujer en menos de dieciocho meses concluir las cuatro salas y trasladar a ellas las enfermas, presentando a La Habana, a la Humanidad, al mundo todo el espectculo ms grato que ofrecerse puede a los ojos de la religin y de la naturaleza. ¡O vosotros, individuos del sexo ilustrado y vigoroso, que el 12 de junio de 1799 presenciasteis esta escena, confesad para confusin nuestra, para gloria y honor de las mujeres, confesad francamente cules fueron los afectos de vuestros corazones! Parceme que atnitos y enajenados de admiracin no acertabais a

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /129 /129 /129 /129 /129 decidir si os maravillaba ms el orden, el aseo, la alegra y magnificencia que respiraba aquel lugar, o la economa, la vigilancia, la prudencia y caridad de su ilustre fundadora. Decid si no juzgabais que bastaba slo entrar all para que los dolores se mitigasen, las enfermedades desaparecieran, y que la misma muerte no osara aproximarse donde todo inspiraba salud y vida. Pero la Condesa de Santa Clara, yo os lo aseguro, no aspira a merecer nuestros vanos estriles elogios; del Ser Supremo, del Justo Remunerador espera el premio de sus acciones. Ya vosotras, almas sensibles y benficas, dignas compaeras de sus piadosas tareas, a vosotras slo os pide, y eficazmente ruega, no abandonis la obra de vuestras manos; que la reconozcis perpetuamente, que vuestro corazon tenga en el Hospital de Paula todas sus delicias, que sea la escuela adonde conduzcis vuestras hijas a ensearles prcticamente las virtudes cristianas y sociales, y que le llevis al colmo de la perfeccin fomentndole y protegindole con vuestra presencia, constancia y limosnas. Manifestar los objetos en que ha invertido las que le confiasteis, y exhortar a todo el pueblo a continuar sus liberalidades, ha sido el fin de este Discurso. Lo primero se demuestra por el adjunto estado; lo segundo no me lisonjeo de haberlo conseguido con los rasgos de mi pluma. El Cielo no me ha dispensado el don de la palabra, ni poseo el arte de enternecer y persuadir con retorismos y frases patticas; sin embargo, las obras grandes de piedad y beneficencia no necesitan los dbiles esfuerzos de la oratoria para hacerse interesantes; ellas mismas se recomiendan, y de un modo el ms enrgico nos recuerdan las obligaciones de hombre, de ciudadano y de cristiano. Como hombres debemos compadecernos y socorrer a nuestros semejantes; como ciudadanos no podemos dejar de contribuir para aquellos monumentos que decoran la madre patria y favorecen a los dems compatriotas; y como cristianos estamos obligados por un precepto divino a amar y hacer todo el bien posible a los mismos que nos ofenden. Para comprobar lo que se refiere en las pginas 8 y 9 de este Discurso, me ha parecido conveniente trasladar la Real Cdula que all se cita, segn est del principio de un testimonio del informe dirigido a Su Majestad por el ilustrsimo seor don fray Juan Lazo de la Vega el 17 de octubre de 1736. “El Reverendo en Cristo Padre Obispo de la Iglesia Catedral de la ciudad de Santiago de Cuba, de mi Consejo: Por parte de don Pedro Lodares Cota, presbtero, se ha representado que en virtud de nombramiento de vuestro antecesor don fray Gernimo de Valds, hecho en 31 de julio de 1625, y confirmacin vuestra se halla sirviendo la capellana y administracin del Hospital de San Francisco de Paula de la ciudad de La Habana, fundado para reclusin de mujeres enfermas; y con el continuo embate de los temporales, antigedad de su iglesia y descubierto sitio en que se halla, padeci su ltima ruina en 1730, como tambin el hospital que por instan-

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OBRAS 130\ 130\ 130\ 130\ 130\ tes la amenaza en l todo, sin embargo de que a solicitud suya se haba reedificado la iglesia en la mayor parte, cuya perfeccin no alcanzaban sus fuerzas, ni la cortedad de limosnas que ministraban los fieles; suplicndome fuese servido despacharle confirmacin del expresado nombramiento de capelln y administrador del referido hospital, y aplicar para su fbrica los rezagos de la vacante de ese Obispado, que se hallan en mis Reales Cajas, mediante el comn beneficio que resultaba a aquella ciudad. Y habindose visto en mi Consejo de las Indias, con lo expuesto por el fiscal, y tenindose presente que por despacho de 10 de mayo de 1730 tengo dispuesto se provean las mayordomas de las iglesias parroquiales y dems beneficios conforme a leyes y reglas del Real Patronato, cuya circunstancia no milita en el nombramiento del enunciado don Pedro Lodares por haber sido sin intervencin de mi vicepatrono, ha parecido denegarle su confirmacin, encargndonos —como lo hago— que el expresado nombramiento de capelln y administrador del Hospital de San Francisco de Paula se ejecute en conformidad de lo dispuesto por leyes, y el citado despacho de 10 de mayo de 1730, y que la primera ocasin que se ofreciere me informis con justificacin, as sobre la fundacin del enunciado hospital y sus circunstancias, como en orden a si es de mi Real Patronato el estado de la ruina que ha padecido, y el costo que puede tener su reedificacin. En inteligencia de que por despacho de este da ordeno lo mismo al Gobernador de esa Isla y oficiales de mi Real Hacienda de ella, por ser as mi voluntad, fechada en Buen Retiro a 18 de diciembre de 1735. YO EL REY. Por mandato del Rey, Nuestro Seor, don Juan Ventura de Matturana. Y al pie de dicha Real Cdula estn tres seales de rbricas diferentes, y despus Acordado. Corregido con la dicha Real Cdula que original queda en mi poder, para entregar a su Seora Ilustrsima el Obispo Mi Seor. Y en virtud de lo mandado pongo el presente en la Habana, en 22 de septiembre de 1736. En testimonio de verdad. Pablo de Quiones, Notario Mayor.”

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HIGIENE PBLICA HIGIENE PBLICA HIGIENE PBLICA HIGIENE PBLICA HIGIENE PBLICA CEMENTERIOS PBLICOS*Seor Redactor: Un amigo de la Real Sociedad Patritica de esta ciudad dirige a usted el adjunto papel para que se sirva publicarlo en un peridico, como asunto interesante a la salud pblica, a la que todos debemos contribuir. CEMENTERIOS PBLICOS**Por escribana de Cmara y de Gobierno del Consejo Real se ha comunicado con fecha de 26 de abril de este ao la Circular siguiente. Los funestos efectos que ha producido siempre el abuso de enterrar los cadveres en las iglesias se ha comprobado con mucha especialidad en los aos prximos y en el presente, en que afligidas las ms de las provincias del reino, y muy sealadamente las de las dos Castillas, con enfermedades malignas, han experimentado un lastimoso estrago que apenas han bastado a contener el incesante desvelo y auxilios de Su Majestad y las oportunas providencias del Consejo. El paternal amor que tiene Su Majestad a sus vasallos movi Su Real nimo a encargar a este Supremo Tribunal en 1799 tomase en consideracin nuevamente este importantsimo asunto con respecto a Madrid, sin embargo de lo que estaba determinado generalmente por su Augusto Padre en la Real Cdula de 3 de abril de 1787, y se ocupase seriamente y con la mayor brevedad en proponer los medios sencillos para establecer fuera de sus muros cementerios donde indistintamente se hubiesen de enterrar los cadveres de toda clase de personas. Sucesos posteriores demasiado lamentables han convencido de las benficas ideas de Su Majestad aun a los que por una adhesin poco reflexiva a toda costumbre estuvieron entonces ms distantes de conocer su importancia; pues han sido Papel Peridico de la Havana, 2 de agosto de 1804; Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 3, pp. 21-24. ** Gaceta de Madrid 8 de mayo de 1804.

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OBRAS 132\ 132\ 132\ 132\ 132\ muchos los pueblos que, viendo fomentarse rpidamente las enfermedades en su recinto, y no pudiendo dudar que llegaran a causar su total desolacin si no adoptaban como una de las medidas esenciales la de suspender los enterramientos en las iglesias, la han abrazado espontneamente, disponiendo se hiciesen en parajes ventilados y distantes de poblado; bien que con dos inconvenientes gravsimos, porque ni esta tarda providencia poda remediar los males que haba causado ya el aire infestado de las iglesias, ni podan observarse en su ejecucin el decoro y religiosidad con que corresponde sean tratados los cadveres de los fieles, por no permitirlo la urgencia de las circunstancias y la falta de disposiciones anticipadas. Concurre adems otro motivo eficsimo para el religioso corazn de Su Majestad y es la consideracin del respeto y veneracin debidos a la casa de Dios, que habiendo de ser, aun en lo externo, los lugares ms puros, se miran convertidos por un trastorno lamentable de ideas en unos depsitos de podredumbre y corrupcin, sin que hayan bastado a evitar esta profanacin ni las repetidas sanciones cannicas que la han prohibido, y el dolor con que la ha tolerado la Iglesia, ni el ver que es causa de que, retrayndose muchos de los fieles de frecuentar los templos que son los lugares destinados especialmente para sus ruegos, se debiliten sucesivamente los sentimientos y actos de piedad y religin, o de que a lo menos prefieran la concurrencia a las iglesias donde son menos comunes los enterramientos, dejando casi abandonadas las parroquias con grave ofensa de la disciplina eclesistica y mengua de la instruccin que deben recibir de sus pastores. Una providencia dirigida a los dos objetos, que llaman ms principalmente la atencin de l y que interesan ms al pblico, el respeto a la religin y la conservacin de la salud de sus vasallos, no puede dejar de ocupar incesantemente los desvelos de Su Majestad y de su Consejo, mayormente al considerar que se aumentan progresiva y rpidamente los males que dimanan de la dilacin que se experimenta en su ejecucin, y que puede verificarse sta sin alteracin sustancial en el sistema actual de funerales y sufragios. Para activarla en todo el reino con la eficacia que corresponde a su importancia, se ha servido Su Majestad resolver, a consulta del Consejo, que se nombren por el excelentsimo seor Gobernador Conde de Montarco, los seores Ministros del mismo a cuyo cargo haya de correr respectivamente en los obispados que se les sealen para que, acordando por s las providencias que consideren ms conducentes segn las circunstancias de cada pueblo, y sin necesidad de acudir al Consejo, fuera de los casos en que lo concepten conveniente por su gravedad, se simplifique aquella, y se logre el ms pronto y cumplido efecto, etctera. Hace mucho tiempo que de conformidad con las ilustradas intenciones del Jefe de esta Isla, el Muy Ilustre Ayuntamiento de esta ciudad y la Sociedad Patritica se ocupan del establecimiento del cementerio pblico,

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /133 /133 /133 /133 /133 y dar cumplimiento a las sabias disposiciones de nuestro Soberano en el particular; y aunque se haba elegido el terreno y se conciliaban los medios para proceder a la construccin de fbricas necesarias a la seguridad y decoracin del sitio, algunos obstculos detenan su conclusin cuando el Cuerpo Patritico tuvo la atinada eleccin de confiar la direccin de sus tareas a nuestro Ilustrsimo Prelado, quien desde luego en confirmacin de sus esperanzas se anunci promoviendo la conclusin de expedientes para que quedasen realizados los establecimientos tiles, dando la preferencia debida al cementerio, manifestando los trminos en que hizo la proposicin en un discurso tan elocuente como conciso el celo que lo animaba, pues entreg quinientos pesos por primera contribucin, y dio el piadoso ejemplo de proponer no elegira otro lugar para depositar su sagrado cadver que el que cupiese a un particular en el cementerio, sin otra distincin que una lpida conveniente a su dignidad y carcter pblico; proposicin que fue adoptada por el Seor Presidente y Capitn General, por el suyo, y a la que se suscribi en el momento que lleg a su noticia el excelentsimo seor general de Marina; era preciso que intenciones que tenan por objeto un fin tan bueno tuviesen imitadores. El Cabildo eclesistico, tan unido a su Prelado, declar que sus miembros queran no separrseles ni aun en el sepulcro, eligiendo los lugares para ello en el camposanto universal, y ofreciendo contribuir de su peculio a las obras que se necesitaren, y con su personal asistencia para acelerarla. Aunque la salida a la visita del obispado del seor Diocesano ha demorado la conclusin en esta ciudad el haberse establecido en todos los partidos del campo, ha sido un bien para aquellos vecinos no menos acreedores al beneficio. Aguardaba slo su regreso el Seor Presidente para dar la ltima mano y finalizar la obra, y dichosamente ha llegado este momento tan deseado por las personas instruidas que convencidas de la utilidad y precisin del establecimiento han visto con dolor no ser ste de los primeros pueblos que lo han tenido; pero esta involuntaria demora no quitar la gloria que merecen sus fundadores, y la posteridad reconocida bendecir sus nombres, incluyndolos con el elogio que merecen entre los que contribuyen a la salud pblica. Los cuerpos corruptibles, sin que sea capaz lugar ninguno donde se depositen a conservarlos, quedan reducidos al polvo y a la nada, pero las virtudes jams perecen. Llega el da en que se olvida el lugar donde yacen las cenizas de los hombres que merecieron la estimacin y aprecio de los dems, pero quedan a su vista los establecimientos que formaron para su bien y utilidad, y al ensearlo jams se olvidan recordar al que los observa los nombres de las personas a quienes se debe el beneficio, libres los templos de los aires mnticos y desagradables que exhalan la acumulacin de los cadveres no inspirndose en ellos sino los suaves inciensos; se unirn las oraciones de los fieles para pedir al Todopoderoso por la salud y prosperidades de los que consagran sus trabajos y vigilias a su bien. Doctor Toms Romay.

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OBRAS 134\ 134\ 134\ 134\ 134\DISCURSO SOBRE LAS SEPULTURAS FUERA DE LOS PUEBLOS*Salus populi Suprema lex. CicernLa costumbre de enterrar los muertos lejos de las habitaciones de los vivos tuvo su origen en el primero de los difuntos. Can, horrorizado con el crimen que haba cometido, y con el espectculo que le presentaba la muerte en el cuerpo de Abel, no satisfecho con apartarlo cuanto pudo del domicilio de sus padres, lo ocult en el seno de la tierra. Sus primeros habitantes imitaron este ejemplo, sin eximir ni aun aquellas personas a quienes amaron con la mayor terneza. Abraham compr un campo a los hijos de Het para inhumar en la cueva de Hebrn el cadver de su esposa Sara; y despus fueron all mismo sepultados aquel patriarca, Isaac, Jacob, Rebeca y Lea. La sepultura de Raquel se hizo en el camino de Bathlehen; y Dbora, ama de Rebeca, fue enterrada en la falda del Bethel. Las generaciones siguientes continuaron ejecutando sus enterramientos en los campos desiertos; y si acaso se sojuzgaron a la prctica de los egipcios mientras permanecieron bajo su opresin, luego que salieron al desierto la rehusaron voluntariamente hasta que la ley publicada sobre el Sina autoriz la ceremonia de sus padres. El Sumo sacerdote Aarn, Miriam, hermana de Moiss, este mismo caudillo del pueblo israelita, todos fueron sepultados fuera de sus reales. Conquistaron en fin la tierra de promisin, y lejos de alterarse aquel rito, ni los jueces y reyes, ni los pontfices y profetas merecieron sepultarse en el centro de los pueblos. Edificado el Templo, quin osara profanarlo con la inhumacin de un cadver, cuando su tacto dejaba ilegal al hebreo, las casas quedaban inmundas si en ellas se enterraban y los viajeros huan de transitar por los parajes donde encontraban los sepulcros? El de Jos de Arimatea donde fue colocado el cuerpo sagrado de Jesucristo, el campo que compraron los sacerdotes con el precio de su sangre para enterrar a los peregrinos y otros pasajes del Nuevo Testamento acreditan que en aquella poca observaban los judos escrupulosamente la costumbre de sus patriarcas. *Publicado en forma de folleto con el ttulo Discurso sobre las sepulturas fuera de los pueblos por el Doctor Don Toms Romay, Socio numerario de la Sociedad Econmica de la Habana en la clase de Profesor sobresaliente y Acadmico Corresponsal de la Real Academia de Medicina de Madrid Imprenta de Don Estevan Joseph Boloa, Havana, 1806. Tuvo una segunda edicin en la Imprenta del Gobierno, Habana, 1844. Tambin fue reproducido en Actas manuscritas de la Sociedad Econmica Libro VI, f. 12; Diario del Gobierno de la Habana 15 de julio de 1844; Memorias de la Real Sociedad Econmica de la Habana t. 29, p. 218; Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 4, pp. 209-217.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /135 /135 /135 /135 /135 Los egipcios y lacedemonios, aunque miraron los cadveres con menos horror, procuraron eficazmente evitar las funestas consecuencias de su corrupcin. Los blsamos y aromas, las semillas ms fragantes que producan sus pases y los vecinos, las empleaban con profusin para hacerlos incorruptibles. De este modo los conservaban en las casas y en los templos; los primeros por lujo y vanidad, y los segundos para acostumbrar a la juventud a no intimidarse con la muerte. El resto de Grecia, ni tan austera como Esparta ni tan profusa como Egipto, enterr constantemente sus difuntos distantes de los pueblos. Los generales ms ilustres de Atenas fueron los nicos a quienes se concedi sepultura en el arrabal de Cermico. Mas, los persas, asirios, fenicios, partos y tirios no dispensaron ni a sus reyes aquella distincin; lo mismo ejecutan desde la ms remota antigedad los chinos, los japoneses, los pueblos de Corea, del reino de Siam y del Mogol, los primeros habitantes de Islas Canarias y del imperio de los incas. Los mahometanos, aunque sumergidos en la barbarie y en el fanatismo, separan de sus moradas las cenizas de los muertos. Una de las leyes de las Doce Tablas prohiba absolutamente quemar o enterrar algn cadver dentro de los muros de Roma. Ni las innovaciones del gobierno ni la anarqua de los triunviros, ni el despotismo de los emperadores, derog jams esta sancin; al contrario, notndose algunas infracciones en el Consulado de Druilio, la ratific el Senado sin excepcin alguna, y en los tiempos de Marco Tulio y de Varron se erigan los sepulcros cerca de los caminos pblicos. La salud del pueblo, esta ley suprema origen de la felicidad pblica y privada, ha sido todo el fundamento de esos rescritos y de la costumbre de las naciones que he citado. Y cuando prohiban tan severamente sepultar los muertos en las casas particulares, en las calles y plazas, o donde su corrupcin pudiera ofender a los vivos, permitiran que los templos, esos lugares consagrados a la Divinidad, segn la conceba cada pueblo; donde todo l se congregaba para tributarle culto y adoracin; donde slo quera percibir el olor de los sacrificios y de los aromas ms suaves y fragantes, tolerara acaso que estos lugares tan supersticiosamente respetados se profanasen con la inmundicia y fetidez que exhalan los cadveres? Consentira que ella no slo interrumpiera sus votos y holocausto, sino tambin los infestase y atosigara en un breve momento? Sacrilegio horrendo, incivilidad brbara que no la ha sufrido ni la religin, ni la poltica del supersticioso romano, del idiota musulmn, del chino y del antiguo peruano. Todos ellos alejaban de sus templos, de sus mezquitas y pagodas esos espectculos inmundos y horrorosos, tan contrarios a la pureza y decoro del Santuario de la Divinidad como a la existencia de sus adoradores. La piedad cristiana, posponiendo la vida temporal a la eterna, no ha omitido ni el medio ms remoto de conseguirla. Creyendo los fieles que

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OBRAS 136\ 136\ 136\ 136\ 136\ reposando sus cenizas en los templos participaran las almas con mayor eficacia del mrito infinito de los sacrificios, de la intercesin de los santos que en ellos se veneran, y de las preces y oraciones de sus hermanos, condescendi la Iglesia a sus ruegos importunos e indiscretos. Mas esta tolerancia no la ha tenido ni en todas sus pocas ni en todos los lugares de su extensin, ni ha prescrito con su silencio el derecho de restaurar la antigua disciplina. Los fastos de la religin y las diferentes obras luminosas, as nacionales como extranjeras, que se han escrito sobre este asunto, me suministran los argumentos ms incontestables para probar esas tres proposiciones; pero habindose omitido de propsito por nuestro dignsimo y celoso pastor en el edicto que ha publicado con motivo del cementerio extramuros, me abstendr de tocar con una mano profana esos venerables monumentos. Las disposiciones civiles sern los hechos con que proseguir manifestando que la costumbre de enterrar los muertos fuera de los pueblos ha sido la ms autorizada en todos los siglos de la Iglesia; y si acaso inhiriese algunos rasgos de su historia, ser tan slo o para acreditar la obediencia de los fieles a sus prncipes, o porque los eclesisticos fueron muchos aos los historiadores de las naciones y los nicos depositarios de las ciencias y artes. Los primeros cristianos sometidos fielmente a las leyes que no se oponan a los dogmas, ni a sus costumbres, ejecutaron sus entierros en el lugar que lo practicaban los judos, los griegos y romanos, entre quienes la Iglesia empez a propagarse. El tiempo que tardaron en volver los que llevaron a sepultar el cadver de Ananas, las reliquias de San Esteban, de San Pedro, San Pablo y de otros infinitos mrtires, exhumadas fuera de Jerusaln y de Roma, en las catacumbas y en las heredades, acreditan que los cristianos se enterraban entonces lejos de las poblaciones. Adems de exigirlo as las leyes y los ritos de los gentiles y hebreos, el odio con que stos miraban hasta los cadveres de los fieles les obligaba a sepultarlos ocultamente para evitar que los profanaran, y castigasen a los que ejercan aquel acto de humanidad y religin. Continuaron estas persecuciones ms de tres siglos, autorizadas muchas veces por los emperadores; en cuyo tiempo Elio Adriano dio ms vigor a la ley de las Doce Tablas, multando en cuarenta escudos a los que se enterrasen dentro de la ciudad, y Antonino Po, su inmediato sucesor, revalid aquel rescrito; Diocleciano y Maximiano lo extendieron a los municipios. Pero ni en este edicto ni en otro que publicaron esos dos emperadores para perseguir a los cristianos y arruinar sus iglesias, se fundan en que stos hubiesen sepultado en ellas sus difuntos; si lo hubieran ejecutado, seguramente lo expondran esos tiranos para justificar su impiedad, acriminando las infracciones a las leyes. El ao 313 les concedi la paz el Gran Constantino; mas como no derog los rescritos que prohiban enterrar en los pueblos, al mismo

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /137 /137 /137 /137 /137 tiempo que los fieles erigan templos y consagraban los que haban servido a los dolos, construan tambin cementerios para sepultarse sin excepcin alguna. El Papa Julio I estableci tres en las cercanas de Roma, y sucesivamente se aumentaron hasta el nmero de cuarenta. La Iglesia Latina sigui inmediatamente el ejemplo de su metrpoli, y la Griega no rehus imitarla. Teodoreto afirma que los cristianos de Alejandra se enterraban en los cementerios, y lo mismo se ejecutaba en Constantinopla. Esta costumbre deba ser muy general en el Oriente cuando el mismo Constantino, que edific en aquella capital la Basilca de los Apstoles, slo aspir a sepultarse en el vestbulo; cuya gracia le fue concedida por San Juan Crisstomo, como una distincin sin ejemplar, debida ms bien a sus virtudes que a su augusta dignidad. Por las mismas piadosas circunstancias se permiti el propio sepulcro a Teodosio el Grande, a su hijo Arcadio y a Teodosio II. El primero de estos csares, de acuerdo con Graciano y Valentiniano II, promulg el ao 381 en todo el Imperio Romano una constitucin imponiendo graves penas a los que erigiesen sepulcros en las ciudades, o se enterrasen en ellas de cualquier modo, sin exceptuar los Templos de los Martires. “Es verosmil —dicen Masdu y Villalba— que algn contagio o epidemia acaecida de resultas de enterrar en semejantes lugares, hubiesen precisado al emperador espaol a dictar tan sabia providencia.” El joven Teodosio, tan celoso como el primero de la pureza de los templos y de la salud pblica, mult en la tercera parte de su patrimonio a los que contraviniesen esa ley construyendo en los pueblos sepulcros, urnas, sarcfagos o depsitos privados para las cenizas de los muertos. Justiniano habra dejado muy imperfecto su Cdigo si hubiese omitido esa parte utilsima de la poltica: “Ninguno crea —dijo en la Ley segunda—, ninguno crea que le es concedido enterrarse en la Iglesia de los Apstoles”. Sin embargo de estas prohibiciones, algunos pretores ms piadosos que exactos en la observancia de la legislacin, consintieron que varios prelados, tan respetables por sus virtudes como por su ciencia, sepultasen dentro de los templos. Concedise al principio esta distincin a la eminente santidad de algunas personas; despus a los que deban ser santos por su carcter y profesin, como los obispos, los sacerdotes y monjes; ltimamente los potentados, ms por vanidad que por devocin, consiguieron la misma indulgencia; mas el resto del pueblo, cuyo nmero era muy superior al de los privilegiados, se enterraba en los cementerios extramuros, o en los que al fin se construyeron alrededor de las paredes de los templos. Permitilo as el emperador Len VI, derogando por otra constitucin aquella parte de la Teodosiana que prohiba los entierros en el recinto de las ciudades. Es muy extrao que este prncipe, precindose de filsofo, y tratando familiarmente a los ms distinguidos de aquella poca, autorizase un abuso tan contrario a la poltica y a la higiene pblica.

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OBRAS 138\ 138\ 138\ 138\ 138\ Pero al mismo tiempo que los Gregorio, los Ambrosio, los Paulino y Cesario introducan en sus dicesis esta novedad, San Efrn encargaba con las imprecaciones ms terribles no se profanara el Santuario con su cuerpo, y San Juan Crisstomo conserv ileso el pavimento de los templos de Constantinopla. El Papa Pelagio II orden en una decretal que dentro de las iglesias no se enterrasen ni los cadveres de los prncipes, segn se observaba en algunas baslicas de Espaa. El Gran San Gregorio expidi varios decretos para reprimir los abusos que se propagaban en otros reinos, y en una de sus epstolas advierte al obispo Juan que no consagre la iglesia de Capri si se haba profanado con la inhumacin de algn difunto. El Concilio Eliberitano, congregado a principio del siglo IV, probar siempre que era prctica de Espaa enterrar en los cementerios; y el de Braga, celebrado el ao 561, dijo en uno de sus cnones que si las ciudades tenan el privilegio de no enterrar los muertos dentro de sus muros, ¡cunto ms se debe observar esto por reverencia a las baslicas de los mrtires! El fundamento de este canon da una idea ms exacta de las leyes Primera y Segunda del Libro II, Ttulo 2 del Fuero Juzgo y corrobora la opinin de los eruditos autores del informe dado al Consejo por la Real Academia de la Historia sobre sepulturas. De las citadas leyes infieren los acadmicos que en tiempo de los godos no slo no se hacan los entierros en las ciudades ni en las iglesias, pero ni tampoco en cementerios que tuvieran alguna inmediacin a los pueblos, sino en campos distantes de ellos. Observronse estas leyes inviolablemente hasta el siglo XI; mas notndose despus algunas infracciones con desaire de los cadveres reales, que aun permanecan en los cementerios, el rey don Alfonso el Sabio mand a los monjes de Oa los trasladasen a la Capilla de Nuestra Seora; y en una de las leyes de sus Partidas determin quienes eran las nicas personas que podan tener sepultura en los templos, enterrndose en los cementerios todas las dems que no eran exceptuadas. Consrvanse an en varias iglesias esos antiguos monumentos, y en ellos los sepulcros de los reyes, de los obispos y de otros sujetos, tan distinguidos por sus virtudes como por sus altas dignidades. Los Reyes de Espaa no fueron los nicos que purificaron los templos y las ciudades de esas cloacas religiosas. Carlo Magno orden en sus famosas Capitulares que ninguna persona se enterrase dentro de las iglesias. El Cementerio de los Inocentes, dice Desbois, era comn a todas las parroquias de la antigua y verdadera ciudad de Pars, y la fundacin de ellas toca en los primeros tiempos de la Monarqua. Las ordenanzas de Felipe el Hermoso y Felipe VI acreditan la antigedad de ese til establecimiento. Desatendido por la potestad real en los siglos posteriores este ramo importante de la economa civil, se empearon eficazmente los prelados en conservarlo y restablecer la antigua disciplina. Varios concilios celebrados

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /139 /139 /139 /139 /139 en Espaa, Francia y Alemania desde el siglo XVI hasta el XVIII, las bulas y las epstolas de diferentes Sumos Pontfices atestaron su celo por la salud pblica y por la pureza del santuario. Pero el siglo que expir dejara de ser el ms ilustrado, si la filosofa elevndose hasta el trono no hubiera manifestado a los prncipes que la conservacin de los pueblos era el principio de su grandeza y prosperidad. La misma ciencia, rasgando el velo del fanatismo y de la hipocresa, les hizo ver que el pavimento del templo nada aprovecha al cadver del cristiano que jams se humill en l, y lo reg con sus lgrimas; o que si acaso lo hollaba alguna vez, era tan slo para profanarlo con su indevocin y libertinaje; mientras que las cenizas del justo, aunque se arrojen en los pramos y selvas, como las de Pablo, las de Antonio y de Macario, sern respetadas en los siglos ms remotos, y gozar su espritu de una felicidad interminable. As hablaron los obispos y los sabios de Espaa, de Francia, de Italia y de Alemania al inmortal Carlos III, a Luis XVI, a Vctor Amadeo rey de Cerdea, al gran Duque de Toscana y a la emperatriz Mara Teresa de Austria. Convencidos con la antigua y constante disciplina de la iglesia, con las leyes civiles y con los hechos y razones fsicas que reprueban las sepulturas en los templos, mandaron construir cementerios extramuros de sus capitales y de otros pueblos. Carlos IV, que hered con el trono la religin y la poltica de su Augusto padre, enternecido y consternado con la desolacin que causaban en sus provincias las frecuentes y mortferas epidemias, consult a los fsicos ms ilustrados de su reino, y opinando stos que los vapores de muchos cadveres, reconcentrados en el corto recinto de las iglesias, fomentaban aquellas calamidades, expidi el ao prximo pasado una Real Cdula circular a todos sus dominios de Espaa y de Indias para que se construyan cementerios fuera de los pueblos, por exigirlo as la salud de stos y el mayor decoro y decencia de los templos. A la verdad, es preciso carecer de olfato para no sentir la impresin que hacen en nuestros rganos los hlitos que exhalan los cadveres. Estos hlitos tienen un olor muy ftido y picante, y luego que los percibimos experimentamos nuseas, vrtigos, desmayos y los dems sntomas que produce en los nervios una potencia que los debilita y amortigua. No hay olor tan desagradable y nocivo, ni veneno tan violento que altere y desordene con igual velocidad la economa animal. El vapor que ha salido al abrir un sepulcro, cuyos cadveres no se haban corrompido perfectamente, ha solido matar en aquel acto a cuantos lo inspiraron, y difundindose despus por el pueblo produjo enfermedades contagiosas y pestilentes. La historia de la Medicina me ofrece mil hechos funestos que comprueban esta verdad; pero citar tan slo algunos de los ms recientes. El abate Rossier refiere que abrindose una sepultura en el cementerio de Montmorenci, a los trece meses de haberse inhumado en ella un

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OBRAS 140\ 140\ 140\ 140\ 140\ cadver, y cerca de la cual se haba enterrado otro poco antes, sali un vapor que priv de la vida al sepulturero. La epidemia pestilencial que desol a Momtpeller en 1744 la atribuye el doctor Hamguenort a la apertura de una bveda sepulcral en la Iglesia de Nuestra Seora. La villa de Tarma, en el reino de Per, se llamaba el pas de las tercianas, a causa de las epidemias que continuamente la afligan; se tomaron varios recursos para evitarlas, y siendo todos ineficaces se advirti que la iglesia era demasiado estrecha para contener el gran nmero de cadveres que en ella se enterraban. Establecise inmediatamente un camposanto distante del pueblo, en 1790, y desde entonces cesaron las fiebres, y es uno de los ms saludables de la provincia. Nueve aos antes haba acontecido lo mismo en la villa del Pasajes, provincia de Guipzcoa. Asolada por una epidemia de fiebres contagiosas, se atribuy su origen al hedor que sala de la parroquia por los muchos cadveres sepultados en ella. Privse su entrada, se destej para ventilarla, trasladndose la iglesia a otro lugar, y se form un cementerio lejos de ella, con cuya providencia ces inmediatamente la epidemia. Este infausto acontecimiento dio motivo al piadoso Carlos III para encargar al Consejo discurriese los medios ms eficaces de precaverlos. En cumplimiento de esa Real Orden, consult aquel supremo Tribunal a la Real Academia de la Historia le instruyese sobre tan interesante asunto; y este ilustre Cuerpo, despus de un examen muy detenido y con presencia de las obras clsicas publicadas en esta materia, le inform en 10 de junio de 1783 que las sepulturas en las iglesias, no slo eran perjudiciales a la salud, sino contrarias a la disciplina eclesistica antigua y moderna. En virtud de ese escrito luminoso, se construy por orden de Su Majestad un cementerio en el Real Sitio de San Ildefonso, otro en Yvenes y varios otros en diferentes pueblos del Reino. Antes que la Academia diera su dictamen, el presbtero don Flix del Castillo, profesor de Fsica en Mlaga, le haba presentado un Discurso fsico-histrico-legal sobre el abuso piadoso de enterrar los cuerpos muertos en las iglesias. Tambin se haba remitido a su censura una Disertacin fsico-legal acerca de los sitios y parajes que se deben destinar para las sepulturas, por el presbtero y mdico don Francisco Bruno Fernndez, el que prueba ser perjudicial el uso de enterrar en los templos. Don Benito Bails, director de Matemticas en la Real Academia de San Fernando, el padre fray Miguel de Azero, el licenciado don Ramn Cabrera, don Mauricio Echandi y varios otros sacerdotes y fsicos escribieron casi al mismo tiempo apoyando el dictamen de la Academia. La Facultad de Medicina de Pars, deseando satisfacer la consulta que le hizo el Gran Maestre de Malta por medio de su embajador en 1781, sobre las sepulturas eclesisticas, encarg su decisin a siete profesores de los ms distinguidos de aquel Cuerpo, y unnimes probaron con muchos hechos y razones que los vapo-

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /141 /141 /141 /141 /141 res mefticos exhalados de las sepulturas no son como quiera perjudiciales, sino capaces de producir una peste. Es una verdad inconcusa que las enfermedades contagiosas y pestilentes se hacen ms generales y malignas a proporcin de la mayor cantidad de hlitos ptridos que expelen los enfermos. Y cul de stos arrojar en un da tantos como un cadver corrompido en slo una hora? El aire que los recibe, y es tan necesario para nuestra existencia, es al mismo tiempo tan susceptible de alteraciones nocivas que el ejercicio de aquella operacin por la cual nos conserva la vida, lo hace capaz de arruinarla. Privndose de su elasticidad o consumindose el gas pirgeno por la respiracin, queda intil para servir a la misma funcin. Si a este defecto se aade el calor del clima, la falta de ventilacin y los vapores de muchos cuerpos reunidos aunque estn sanos, resulta un tsigo que puede sufocarnos con la mayor violencia. El virrey de Bengala hizo encerrar en un calabozo demasiado estrecho a ciento cuarenta y seis prisioneros; en poco tiempo se aument el calor excesivamente, perdieron la respiracin los que estaban distantes de las ventanas, se quejaban todos de una sed ardentsima y pedan agua con desesperados gritos. Concediseles una corta porcin, y se arrojaron a ella con tanta ansia que algunos se ahogaron. Instruido el virrey de esta escena terrible mand abrir el calabozo, y salieron de aquella mansin horrorosa veintitrs personas, el resto de las ciento cuarenta y seis que entraron en ella dos horas antes. No es ste el nico hecho con que pueden probarse los estragos que produce el aire inficionado con los hlitos animales. En 1599 se presentaron varios reos en una sala de Oxford para ser juzgados, y de repente ellos, los jueces y todos los circunstantes perdieron la vida; igual infortunio sucedi en Tauton, segn refiere Zimmermann en el tratado La experiencia en Medicina Concluyamos de aqu que si la inspiracin y respiracin consumen aquella parte del aire que lo hace til para esta operacin; si el calor lo enrarece demasiado y lo priva de su elasticidad; si los vapores que exhalan muchos cuerpos reunidos, aunque estn sanos, lo corrompen hasta el grado que hemos visto, qu efectos no producir este aire si a todas esas causas se aaden los vapores mefticos que arrojan los cadveres? Pues todas ellas se renen en los templos de esta ciudad, y concurren de un modo que slo la piedad o la costumbre nos hace entrar en ellos sin estremecernos. Todos son reducidos; carecen de la ventilacin necesaria; estn cerrados la mayor parte del da y la noche entera; el calor del clima es ardiente casi todo el ao; este calor se hace ms intenso con el nmero excesivo de luces que se encienden en muchas festividades; la concurrencia es entonces extraordinaria, pues ambas contribuyen a la mayor solemnidad; la respiracin de los concurrentes, y la combustin de las velas, consumen el gas pirgeno, cul pues ser el aire de nuestras iglesias en tales ocasiones? Un aire sin

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OBRAS 142\ 142\ 142\ 142\ 142\ elasticidad, exhausto del principio vital y muy saturado de gas azoe. Semejante atmsfera, lejos de ser proficua para conservar la vida, puede destruirla en muy pocos instantes. Se har mucho ms nociva si en tales circunstancias se le agrega el gas amoniaco que expelen los cadveres. Percibimos en nuestras parroquias con demasiada frecuencia ese olor ftido nauseabundo, hasta retraernos de asistir a ellas, debiendo ser los templos ms concurridos. Por lo que a m hace, una ocasin sal con las mayores ansias y fatigas de la Auxiliar del Santo Cristo antes de concluirse la misa que oa; y no intent volver a ella hasta el da en que se enterr el cadver de mi amigo el profesor don Jos Colleit; mas yo y cuantos lo acompabamos, nos retiramos con precipitacin desde la puerta, los ministros formaron el coro en el presbiterio, y festinadamente celebraron los oficios; tal era la fetidez que arrojaba el sepulcro que se le haba preparado. Es preciso que as suceda con harto detrimento de la piedad y de la salud. “Para que un cadver se corrompa completamente —dice el ilustre Chaptal despus de Petit—, se necesitan tres aos si la sepultura tiene cuatro pies de profundidad, y cerca de cuatro cuando se profundiza seis pies. Este trmino ofrece algunas variaciones, y con respecto a la naturaleza del terreno y de la constitucin de los sujetos inhumados; mas nosotros lo miramos como un trmino medio.” Examinemos ahora si la extensin de nuestras parroquias y de sus cementerios permite que no se abran los sepulcros hasta cumplidos tres aos. Parceme que es imposible. El ao prximo pasado fallecieron en ellas, y en las de Guadalupe y Jess Mara, dos mil doscientas ochenta personas, en 1803 murieron en las mismas dos mil trescientas treinta y uno, y en 1802 llegaron a dos mil cuatrocientas veintids. Aunque supongamos que slo se han enterrado en ellas dos mil cadveres, y los restantes en las iglesias de los regulares; si de los dichos terrenos cercenamos tres codos delante de cada altar, segn un decreto de la Congregacin de Ritos, y la porcin que ocupan las bvedas y los sepulcros particulares, donde son menos frecuentes los entierros, no pueden quedar tiles tres mil varas planas que se necesitan para sepultar dos mil difuntos. De aqu resulta que siendo preciso abrir todos los aos las sepulturas, y no habindose corrompido completamente los cuerpos que contienen, se infestan las iglesias con el hedor que exhalan, y nos exponemos a experimentar una catstrofe semejante a las que he referido. Ninguna ha resultado hasta el presente sin embargo de esas causas que tanto se exageran, y del propio modo nos conservaremos careciendo de la actividad necesaria para ofendernos. Si hubiese algn sujeto tan obcecado que as discurra, aunque su psima dialctica y su ignorancia en la Fsica me eximan de contestarle con razones, le preguntar al menos qu privilegio nos ha concedido la naturaleza que neg a los pueblos ms cultos y aseados de Europa, y de un pas que tanto ha favorecido como el peruano.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /143 /143 /143 /143 /143 Ellos permanecieron tambin muchos siglos sin experimentar ninguna epidemia que los consternase; pero al fin, cuando se crean ms seguros por la salubridad del clima, por su ventajosa situacin y por la observancia de la ms rgida polica, la apertura de un sepulcro frustr todas sus precauciones y disip en un momento la confianza que inspiraban muchas centurias. No esperamos a preservarnos despus de llorar como ellos una calamidad irreparable. Escarmentemos en su desgracia, y reconozcamos que la situacin topogrfica de esta ciudad, y el desprecio de las rdenes tan repetidas para su limpieza, no necesitan de la corrupcin de los cadveres para inficionar su atmsfera. Los muladares, las aguas estancadas y los pantanos que la circundan por el occidente; los que existen casi todo el ao en sus mismas calles y plazas; los cadveres de animales que se arrojan en ellas, con otras inmundicias indignas de referirse ni aun para abominarse; las fbricas de velas de sebo; los almacenes de carnes y de varios alimentos corrompidos; son otros tantos hogares de infeccin, estimulados por las excreciones de su numerosa poblacin y de excesivas caballeras, por las fraguas y hornos, por el ardiente calor y la humedad del clima. Y como los vapores mefticos que arrojan todos estos cuerpos son mucho ms graves que el aire atmosfrico, segn han demostrado los mejores qumicos, se precipitan hacia abajo, nos rodean continuamente y quedan reconcentrados dentro de sus muros. La estrechez de las calles no permite sean expelidos fuera de ellos, y renovado el aire de las habitaciones por el viento ms general y saludable que reina entre los trpicos, y del cual nos priva considerablemente la elevacin de La Cabaa y de los montes vecinos. El celo y vigilancia de nuestros ilustres Jefes no se limita a mejorar la polica de esta ciudad ratificando las anteriores disposiciones, sino valindose de unos medios que extirpando radicalmente los abusos, precavan sus funestas consecuencias. Un canal por donde corran al mar las aguas estancadas y corrompidas en las concavidades de las canteras, es una de las providencias ms tiles del Seor Presidente Gobernador; al mismo tiempo que el Ilustrsimo Seor Diocesano construye un cementerio con toda la decencia y decoro de que son capaces tales monumentos, y a distancia que no pueden ofender sus vapores a esta poblacin. Es cierto que no tiene toda la extensin que ella necesita; pero se proyecta formar otro de igual capacidad que rodee al actual; y adems, los cadveres se corrompern en l con ms prontitud que en las iglesias. “Los diversos principios de los cuerpos —dice el sabio Ministro de Francia, Chaptal— absorbidos por la tierra o deshechos por las aguas se disipan en un terreno grande, atrados por las races de los vegetales, y desnaturalizados poco o poco. Ved aqu lo que sucede en los cementerios que estn al aire libre; no acontece lo mismo en las sepulturas que se hacen en los templos o en los lugares cubiertos; all no hay ni agua ni vegetacin, y por consiguiente ninguna

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OBRAS 144\ 144\ 144\ 144\ 144\ causa que pueda atraer, disolver y desnaturalizar los jugos de los cadveres; por lo cual aplaudir siempre la sabidura del Gobierno que ha prohibido las inhumaciones en las iglesias; ste es al mismo tiempo un objeto de horror y de infeccin.” Doctor Toms Romay.DESCRIPCI"N DEL CEMENTERIO GENERAL DE LA HABANA*La ereccin de un Cementerio General extramuros de La Habana, como establecimiento religioso y poltico, exiga que las potestades civil y eclesistica convencidas de su importancia se auxiliasen recprocamente, empleando con la mayor actividad todas sus facultades y recursos. La difcil combinacin de estas circunstancias ha frustrado varias veces los deseos de sus jefes; pero al fin lleg la poca en que felizmente reunidas restaure el santuario su primitiva pureza y dignidad, las leyes civiles y cannicas se observen inviolablemente y la polica de esta ciudad adquiere muchas ventajas, alejando de su recinto unas cloacas de horror y de infeccin. Al genio ilustrado, al celo y constancia y a la buena armona que reina entre el seor Marqus de Someruelos, Presidente, Gobernador y Capitn General de esta ciudad e Isla, y al ilustrsimo seor don Juan Jos Daz de Espada, obispo de esta dicesis, debemos en el Cementerio Campal un monumento que har grata y perpetua su memoria. Desde que la Real Sociedad Econmica de esta ciudad, por una eleccin que la recomienda, confi a Su Seora Ilustrsima en 1802 el empleo de Director, la manifest en sus primeras sesiones por un sencillo discurso que la disciplina eclesistica, las leyes civiles, los cnones y la misma razn, abominaban al abuso piadoso de enterrar los cadveres en los templos; y que si en otros pueblos eran convenientsimos los cementerios extramuros, en ste eran mucho ms necesarios por su localidad, por el calor del clima y por varias otras circunstancias; y ofreciendo enseguida quinientos pesos a disposicin de la Sociedad, indic qu parte de ellos poda ser para el arquitecto que hiciese un buen plano del edificio. El seor Presidente, interesado en la observancia de las novsimas reales disposiciones, y en la conservacin de la salud, esforz la mocin del ilustrsimo seor Director, y la Sociedad convencida con unas pruebas tan incontestables acord se estableciera un cementerio en el paraje que se juzgase ms conveniente. Formse el plano de la obra, se calcul el costo que tendra, y pareci que poda ejecutarse en el terreno que media entre las puertas de Memorias de la Real Sociedad Econmica de la Habana t. 31, p. 307; Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 3, pp. 51-56.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /145 /145 /145 /145 /145 Tierra y del Arsenal. Mas advirtise que entonces se colocaba en el centro de esta ciudad y sus arrabales, donde inmediatamente llegaran los vapores mefticos que exhalase, impelidos por los vientos del este y oeste; defecto gravsimo que no poda compensarse con la fcil conduccin de los cadveres, que es la nica ventaja que resultara de situarse el cementerio en aquel lugar. Al mismo tiempo, qu idea se formara de la moral y de la polica de este pueblo si hubiese edificado un monumento lgubre que debe excitarnos las reflexiones ms tristes y humillantes, junto al paseo pblico, el nico lugar de recreo donde salen unos vecinos a solazar el espritu y descansar de graves y complicadas atenciones, y otros a ostentar su lujo y hermosura? Aadise, por ltimo, que las leyes de fortificacin no permitan construir cerca de los muros de esta Plaza ni el dbil cercado ni la capilla que deba tener el cementerio; aunque todo fuese de madera. La dificultad de encontrar en estas inmediaciones un terreno donde no concurriesen los mismos inconvenientes, y aun algunos otros; la escasez de fondos de la Sociedad para costear la obra, y algunos incidentes de los que suelen ocurrir en los Cuerpos econmicos, retardaban la empresa mucho ms de lo que poda sufrir el anhelo con que Su Seora Ilustrsima deseaba su ejecucin. Conociendo, pues, que la Sociedad no poda proporcionarle los auxilios necesarios ocurri al venerable cabildo de la Santa Iglesia Catedral, y franquendole con la mayor generosidad de las rentas de su fbrica el sobrante que tena en arcas, y cuanto Su Seora Ilustrsima juzgase conveniente decretar, de acuerdo con el seor Presidente, se eligi para formar el cementerio una parte de la huerta perteneciente al Hospital de San Lzaro, y situada a su fondo. Diose principio a su fbrica con una actividad extraordinaria; y estando ya sacados todos sus cimientos el seor Presidente y el ilustrsimo seor Obispo recibieron una Real Cdula expedida el 15 de mayo de 1804, en que su Majestad prevena a nuestro Jefe y Prelado, como a todos los dems de Amrica, que a la mayor brevedad construyeran cementerios extramuros, y no permitiesen sepultar ningn cadver en las iglesias; incluyndoles tambin el plan de ese edificio. Era ste tan conforme al que se haba adoptado, que nada hubo de innovar; al contrario, la orden de Su Majestad fue un estmulo poderossimo para continuar la obra y acelerar su conclusin. El ilustrsimo seor Obispo, presencindola muy de continuo, activaba los trabajos tan eficazmente, que no slo consigui estuviese concluido en enero todo el cementerio, sino tambin un puente muy slido y ancho que por su direccin se hizo sobre el arroyo que pasa por San Lzaro, un cao subterrneo para las aguas que derrama la fuente de la Casa de Beneficencia, y allanado todo su camino hasta el cementerio. A la construccin del puente y conducto contribuyeron considerablemente los seores Intendente y comandante de Ingenieros, cediendo para una obra pblica tan importante una porcin necesaria de grandes piedras sillares, las ms propias al intento.

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OBRAS 146\ 146\ 146\ 146\ 146\ Habindose anunciado por el Aviso del peridico que el 2 de febrero deba bendecirse, se depositaron desde aquella maana en la capilla de la Casa de Beneficencia los huesos del seor don Diego Manrique, Gobernador y Capitn General que fue de esta ciudad e Isla, y los del ilustrsimo seor don Jos Gonzlez Candamo, obispo de Milasa, Auxiliar de esta dicesis y cannigo de esta Catedral. Se contenan en dos cajas forradas en terciopelo negro guarnecidas con galones de oro distinguindose por las insignias que tena cada una, peculiares a los empleos de estos seores. A las cuatro y media de la tarde se dio principio en este lugar a la traslacin de esas respetables cenizas al Cementerio General, entonando y cantando la msica de la Catedral los salmos correspondientes. Un piquete de Dragones de Amrica preceda la procesin, detenindose a cada paso por la gente que obstrua toda la carrera. Bajo la cruz de la Catedral se colocaron por su orden todas las comunidades religiosas y el clero secular con sobrepelliz. Segua el venerable Cabildo eclesistico acompaando los huesos del seor Gonzlez Candamo, conducido por cuatro criados con libreas del ilustrsimo seor Obispo diocesano. Dos regidores de este Ilustre Ayuntamiento y dos coroneles llevaban las borlas de la caja del seor Manrique, que iba en hombros de otros cuatro lacayos del seor Presidente, Gobernador y Capitn General. El seor den con capa pluvial negra haca de preste, acompandole dos ministros con dalmticas, presididos por el ilustrsimo seor Obispo con capa magna. Continuaban la procesin los vecinos ms distinguidos de esta ciudad, los Cuerpos militares y polticos, con sus respectivos jefes, el seor Intendente del Ejrcito y de Real Hacienda, el excelentsimo seor Comandante General de este Apostadero y el Muy Ilustre Ayuntamiento autorizado por el seor Presidente, cerrando la procesin una compaa de granaderos del Regimiento fijo de La Habana. Otra de Cuba la esperaba en el cementerio, en cuyo centro se haba formado un tmulo de seis varas por cada frente, compuesto de varias gradas adornadas con blandones de cera y jeroglficos, sobre las cuales se elevaba un obelisco de cuatro varas, jaspeado de blanco y morado, ceida su cspide con una corona. En la primer grada de este tmulo se colocaron las dos cajas, estando ya iluminado el altar de la capilla y todo el recinto del cementerio con muchas hachas que se haban puesto a distancias proporcionadas. El seor don Julin del Barrio, cannigo de esta Catedral, pronunci inmediatamente una oracin, manifestando el objeto de la ceremonia que iba a practicarse. Concluida sta, el ilustrsimo seor Obispo, revestido de medio pontifical, ejecut con la mayor solemnidad la bendicin de aquel santo lugar, ministrndole ambos cleros y el Cabildo eclesistico. Terminado este rito, se inhumaron los huesos del seor Manrique en el sepulcro destinado para los seores Gobernadores de esta ciudad, y los del ilustrsimo seor Candamo en el que se haba construido para las dignida-

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /147 /147 /147 /147 /147 des eclesisticas. La capilla de la Catedral acompa todos los oficios con una msica muy pattica que se acababa de componer para esta funcin. Concluyse despus de las siete de la noche; pero la luna que estaba en su oposicin iluminaba con tanta claridad, que sin desorden alguno se retir el inmenso concurso que presenci aquella ceremonia religiosa con un placer respetuoso. El cementerio est situado una milla al oeste de la ciudad, cerca del mar y de un camino muy frecuentado; pero oculto de los transentes por el Hospital de San Lzaro. Es un cuadrilongo de ciento cincuenta varas norte-sur, y ciento de este a oeste, cercado de pared de mampostera mixta, con caballete de sillera labrada. El interior tiene pintado un festn de cipreses sobre el fondo amarillo jaspeado. La superficie total del terreno pasa de veintids mil varas planas, incluidos los atrios, con capacidad dentro del cementerio para ms de cuatro mil seiscientas sepulturas, incluidas las de los prvulos. En los cuatro ngulos se elevan cuatro obeliscos, imitando el jaspe negro, con la inscripcin Exultabunt ossa humiliata, correspondiente a los osarios construidos en los mismos ngulos en forma de pozos. Dos calles enlozadas con una piedra color de pizarra, bastante slida y tersa, llamada en el pas piedra de San Miguel por el lugar de donde se extrae, lo dividen en cuatro cuadros iguales. Una calle se dirige de la portada a la capilla, y la otra de este a oeste, terminando en dos pirmides del mismo color que los obeliscos. La capilla, colocada en el centro del lado norte, es semejante a los templos antiguos; tiene un prtico de cuatro columnas rsticas aisladas, y el frontispicio abierto de un arco de medio punto adornado con las inscripciones Ecce nunc in pulvere dormian, Job VI. Et ego resucitabo eum in novisimo die. Joann. VII, en letras de bronce doradas, rematado con una cruz de sillera. El prtico y todo el exterior de este edificio se ha pintado de color amarillo bajo jaspeado de negro. El altar, que est aislado, es de una sola piedra de San Miguel, en forma de tmulo, con su grada de la misma piedra, y sobre ella un crucifijo de marfil de tres cuartos de largo en una cruz de bano sentada en una pea. En el centro del frontal tiene grabada y dorada una cruz de aureola, y a los lados dos pilastras estriadas y doradas. En la parte posterior contiene varias gavetas y cajones donde se guardan los ornamentos y vasos sagrados. La tarima y solera de la capilla y prtico son de la misma piedra. La puerta es de balaustres, y sobre ella la inscripcin Beati mortui qui in Domino moriuntur, opera enim illorum sequantur illos. Apoc. Frente al altar, y en medio del prtico, est una lmpara encendida da y noche. En el centro de la capilla, detrs del altar, se ha pintado al fresco un cuadro que representa la resurreccin de los muertos. La parte superior la ocupa un ngel con una trompeta dicindoles Surgite mortui et venit in

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OBRAS 148\ 148\ 148\ 148\ 148\ judicium. A su derecha salen de los sepulcros varios predestinados, y a la izquierda los rprobos horrorizados y queriendo volver a sus tumbas; en el fondo se divisan otros muchos cadveres reanimndose, y saliendo de los sepulcros del mismo cementerio figurado en el cuadro. Encima de la puerta y de las dos ventanas de los costados estn pintadas en bajorrelieve las tres virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad. El resto de la capilla lo ocupan diecisis pilares blancos con adorno de color de oro. Entre estos pilares se han colocado ocho matronas afligidas con los ojos vendados, y un vaso de aromas en las manos, los que consagran a las cenizas de los muertos. Estas figuras son todas blancas sobre un fondo negro contorneado de arabescos blancos. Frente al prtico y contiguos a su cimiento se han construido de ladrillos ocho sepulcros mayores con marcos de piedras de San Miguel y lpidas de la misma materia, excepto los dos principales que las tienen de mrmol. El primero de stos, al lado del Evangelio, se ha destinado para los ilustrsimos seores Obispos, el segundo para las dignidades eclesisticas, el tercero para los benemritos de la Iglesia y el cuarto para los cannigos. Los otros cuatro del lado opuesto son para los seores Gobernadores, el primero para los generales de las Reales Armas, el segundo para los benemritos del Estado, el tercero y el cuarto para los magistrados. A estos sepulcros seguirn los de la primera nobleza, como ttulos, jefes, militares y polticos, regidores, etc., y ocuparn todo el ancho de este cuadro, y cuarenta varas de largo, dividindose del segundo tramo por una lnea de ladrillos. A continuacin de las otras cuatro sepulturas se colocarn las de los curas prrocos y dems clero secular y regular por el orden de precedencias que tienen en la Iglesia; ocupando stas la otra mitad del primer tramo hasta donde sea necesario. El segundo es para todas las personas ms honradas de la ciudad, y el tercero para la clase comn. Todas las que tengan sepulturas propias y distinguidas en las iglesias, parroquias y conventos conservarn anlogamente el mismo derecho en el cementerio, y las que quisieran elegirlas en l se les concedern segn sus clases. En cada cuadro se ha destinado cerca de las pirmides un paraje para sepultar exclusivamente a los prvulos. Alrededor de la cerca, y de las dos calles que cruzan el cementerio, se ha formado con ladrillos un arriate para sembrar flores y yerbas aromticas. La portada, vista por dentro, es toda abierta y forma tres luces, que dividen dos pilastras sencillas con su cornisa y petril, cubierta de azotea, y enlozada con piedra de San Miguel. El frente exterior consta de cuatro pilastras de orden toscano con tico encima; la puerta es un arco de medio punto elevado en el tico, y acompaado de dos arcos rectos balaustrados. La imposta del arco central contiene tres lpidas unidas; en la parte superior de la que ocupa el centro est grabada y dorada la inscripcin A la

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /149 /149 /149 /149 /149 Religin. A la Salud Pblica. MDCCCV. En la parte inferior de la colateral, a la derecha, El Marqus de Someruelos, Gobernador; y en el mismo paraje de la otra, Juan de Espada, Obispo. En la luz del arco superior se ha colocado un grupo bronceado que representa el Tiempo y la Eternidad; sta tiene en la mano una serpiente en forma de crculo, y manifiesta estar llorando, porque el hombre en cuanto a su existencia corporal ha perdido por el pecado la incorruptibilidad. La otra, apagando una antorcha, indica que ha finalizado la vida. En medio de estas figuras est un gran vaso de perfumes significando que el tiempo todo lo destruye y convierte en humo. Al lado derecho de la puerta se ha pintado en bajorrelieve la Religin con sus respectivos atributos; y a la izquierda, la Medicina representando la salud pblica. El tico remata con dos macetas de piedra de San Miguel, puestas en los extremos de su cornisa. La portada tiene diez varas, y a continuacin de ella por uno y otro lado siguen las viviendas del capelln, sacristn y sepulturero, cuyas fbricas completan cincuenta varas. El atrio ocupa todo el ancho del cementerio y cuarenta varas de largo, cercado de un pretil de mampostera a modo de asiento, con su banqueta de sillera, y adornada su entrada y ngulos con seis pequeas columnas. Se ha empezado a plantar en l naranjos, cipreses y otros rboles, como tambin en el terreno exterior inmediato a toda la cerca. En caso necesario se extender el cementerio construyendo otra cerca paralela a la presente, rodendolo por todos los costados menos por el de su portada. En el cuchillo sur-este del atrio se fabricar una casa de cuarenta varas de frente, destinada para vivienda de los conductores de cadveres al cementerio, colocacin de carruajes y caballeras. Ha costado la obra ya hecha, con todos los artculos necesarios para conducir y sepultar los difuntos, treinta y nueve mil pesos, de los cuales la fbrica de la Catedral ha contribuido cerca de veinticinco mil y sobre Prelado diocesano, quien adems sigue costeando de sus rentas la manutencin de los empleados en dicho objeto, con la del sacristn y capelln, supliendo a ste lo que no alcanza el rdito de las capellanas que le ha dado de su dignidad; debiendo ascender el costo anual y permanente de estas atenciones a cerca de tres mil pesos, que por no gravar en nada al pblico con este nuevo orden de sepulturas, se ha pensionado a s mismo este seor ilustrsimo, con nimo de suplicar a Su Majestad que para el mismo fin y para que sea duradero, se cargue perpetuamente a la Mitra con esta pensin. La utilidad de esta gran obra y todas sus circunstancias me han parecido dignas de hacer una descripcin individual de ellas. No son menos recomendables la docilidad de este pueblo a las disposiciones de sus muy esclarecidos Jefes, y a la generosidad con que el dignsimo prelado y su venerable Cabildo han contribuido a erigir y decorar ese monumento, invirtiendo

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OBRAS 150\ 150\ 150\ 150\ 150\ unas sumas cuantiosas sin ninguna esperanza de reasumirlas. De este modo han confundido la procacidad de Kepper y de todos los que han osado decir que la supersticin de los fieles y la codicia de los eclesisticos haban profanado los templos, introduciendo el abuso de sepultar en ellos los cadveres. Doctor Toms Romay .ELOGIO DEL DOCTOR DON EUSEBIO VALLI*Utinam Dii immortales fecissent, ut vivo potius... gratias ageremus, quam mortuo hon ores quoereremus. CicernCuando la muerte separa de la sociedad algn genio que ha concluido sus obras, o que al menos las traz de tal modo que no es difcil darles todas la perfeccin de que son susceptibles, se consuela en su prdida con la memoria de los beneficios que ha recibido, y slo vierte sobre su sepulcro lgrimas de admiracin y gratitud. Pero cuando la parca sorprende al hombre benfico en el mismo momento que anunciaba a la humanidad afligida los grandes auxilios que le preparaba; cuando experimenta las calamidades de que pudo redimirse, y ve sbitamente frustrada cuantas lisonjeras esperanzas haba concebido; entonces la resignacin y conformidad faltan al corazn sensible; busca, en vano, al numen que haba ofrecido consolarlo, y convencido ya de que no existe se arroja despechado sobre sus cenizas, pretendiendo restituirles con suspiros y sollozos aquella vida tan necesaria a la conservacin de muchos hombres. Tales son los sentimientos que nos inspiran la filosofa y la Humanidad por la repentina muerte del doctor don Eusebio Valli, cuando empezaba a practicar sus ensayos sobre la enfermedad ms exterminadora en *Publicado en forma de folleto con el ttulo Elogio del Dr. D. Eusebio Valli, mdico ordinario del Hospital Militar de Dijn, individuo de la Academia Virgiliana de Mantua, de la Sociedad de Medicina de Venecia, del Colegio de Edimburgo, etc. Ledo en junta ordinaria de la Sociedad econmica de esta ciudad el 22 de noviembre de 1816, por el Dr. D. Toms Romay, individuo de mrito del mismo cuerpo patritico, corresponsal de la Academia de Medicina de Madrid, mdico honorario de la Real familia, etc. Oficina de Arazoza y Soler, impresores del Gobierno y de la Real Sociedad Patritica por S. M., Habana, 1816. Tuvo una segunda edicin de la Imprenta del Gobierno, Habana, 1844. Tambin fue reproducido en Actas manuscritas de la Sociedad Econmica Libro VI, f. 12; Diario del Gobierno de la Habana 15 de julio de 1844; Memorias de la Real Sociedad Econmica de la Habana t. 29, p. 218; Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 4, pp. 209-217.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /151 /151 /151 /151 /151 este hemisferio; y sern sin duda muy semejantes a ellos los que experimenten los pueblos de Europa y Asia donde le condujo su impvida filantropa para observar en s mismo los efectos del contagio de la peste. Ponsaco no fue la patria de Valli, como juzgaba el seor Pachioni. Contestndole sobre este particular un vecino de ese pueblo le dice no haber encontrado en sus archivos la partida de bautismo del doctor Eusebio Valli, y que crea nacido en Moufeltro, pequeo lugar en los confines de la Romania, donde residi su padre con toda su familia por 1778, ejerciendo la ciruga. Ninguna noticia he podido adquirir de su educacin literaria, ni de las aulas donde la recibi. Pero nada importa ignorar estos pasos preliminares a su ilustracin; el grado de doctor en Medicina, que le confiri la Universidad de Pisa; los varios idiomas que posea, entre ellos el griego, y la consideracin que mereci a diferentes Cuerpos y a sus ms distinguidos profesores, sern las pruebas menos equvocas de sus progresos en las humanidades y en las ciencias naturales. No es slo el doctor Valli quien lo afirma; el mismo Jadelot en el discurso preliminar a su traduccin francesa de las experiencias del Barn de Humboldt acerca del galvanismo atesta que el fsico de Pisa observ la electricidad animal mucho antes que el naturalista de Berln. Desde 1793 escribi en ingls un tratado sobre ese fenmeno desconocido hasta entonces, y sucesivamente public en su idioma patrio hasta doce cartas acerca del propio asunto, mereciendo que casi todas las reimprimiera el doctor Brugnatelli en los anales de Qumica y de Historia Natural que redactaba en Pavia; y traducidas al francs algunas de ellas se insertaron el ao prximo pasado en el diario de Fsica, de Qumica y de Historia Natural de Pars. En esos escritos prueba el doctor Valli con repetidos experimentos ejecutados en las ranas, que el excitador metlico recomendado por Galvani, Volta y Aldini no es necesariamente el motor de la electricidad animal; puesto que tocando un msculo con su respectivo nervio se excita el movimiento, observndose algunas veces hasta treinta minutos despus de la muerte de aquel animal; resultado que tal vez contribuy al ingenioso sistema de la vida orgnica tan ilustrado por Dumas, Richerand y otros fisiologistas. La carta del doctor Valli a Astier sobre la propiedad antiptrida y antifermentecible del xido rojo de mercurio, y la contestacin de ese profesor, acreditarn siempre que el primero descubri aquella virtud en el azogue, y que antes del otro ningn qumico haba observado en el alcanfor los mismos efectos. Si aquella Memoria y el elogio que por ella mereci el primer farmacutico de Francia no bastasen para acreditar los conocimientos qumicos del doctor Valli, acabar de comprobarlos el cuadro de una obra sobre la vejez, en la cual manifest igualmente su instruccin en la Higiene, en la Fisiologa y en la Anatoma.

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OBRAS 152\ 152\ 152\ 152\ 152\ Ilustrado con estas ciencias auxiliares a la de Esculapio, Valli se inscribe entre sus proslitos, y mereci ser iniciado en los misterios ms sublimes. Semejante a aquel hroe que despreciando los reptiles corri la tierra para purgarla de los grandes monstruos que la desolaban, el intrpido Valli peregrina por Europa, Asia y Amrica solicitando aquellas enfermedades ms horrorosas y funestas a la Humanidad. Si exceptuamos el ensayo sobre diferentes enfermedades crnicas, todas sus investigaciones y tareas las dedic a examinar la teora de la acrimonia de la epidemia en general, a la tisis hereditaria, a la peste del Oriente y a la fiebre amarilla. En la primera parte de su tratado sobre la tisis, establece varias proposiciones que a no fundarlas en una erudicin vastsima, se reputaran paradojas. Hasta 1794 Europa haba sido el teatro de sus benficas incursiones; pero como ningn obstculo, deca el mismo Valli, arredra al corazn devorado por la ambicin de la gloria o por el amor de la Humanidad, parte a Esmirna, espera con impaciencia que la peste se difunda en aquel pueblo malhadado, la observa sin intimidarse, y escribe sobre ella un tratado que mereci la ms honrosa aprobacin del clebre Tissot. Advirtiendo despus de Ingrassias y de Orreos que existiendo alguna epidemia de viruelas no se presentaba la peste, y que sta cesaba luego que aqulla apareca, sospech Valli que el contagio varioloso extingua, o al menos neutralizaba, el pestilente; deduciendo de aqu que la inoculacin del pus de las viruelas preservara de la peste, y aun enervara su malignidad en los que ya estuvieran infestados. Esta hiptesis la concibi en 1785, estando en Scio, donde la peste es muy frecuente; pero no encontrando en ella ni un solo virolento, no pudo fundarla en las observaciones necesarias. Las recomend a un facultativo de aquella isla y a otro de Esmirna, prescribindoles varias reglas para ejecutarlas con acierto. Ocupada Italia por los franceses en 1800, fue empleado el doctor Valli en sus ejrcitos, y con permiso de aquel Gobierno paso a Constantinopla en 1803, desolada entonces por la peste. En junio ejecut en s mismo el primer ensayo, inoculndose el pus varioloso mezclado con el que arrojaba un apestado, y por espacio de seis das experiment varios sntomas de esa enfermedad, cuya historia escrita por el propio paciente es ms interesante a la Humanidad, en sentir de Calogera, que la historia de seis siglos. Juzgndose ya preservado de la peste, fue imprevistamente atacado de ella el 1 del siguiente agosto, con sntomas tan terribles y malignos que l mismo se admiraba de sobrevivir a ellos. As permaneci veintitrs das, quedando por otros muchos tan atormentado de los carbunclos y bubones, que al fin perdi parte del taln del pie izquierdo. Restablecido de esa enfermedad, ejecut otras varias experiencias inoculando unas veces el pus de los apestados con el varioloso, otras con el jugo gstrico de varios animales, otras con aceite, y por ltimo vacun tambin algunas personas,

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /153 /153 /153 /153 /153 lisonjendose ese infatigable observador de haber correspondido el xito a sus esperanzas. Disipada la peste en Constantinopla, se dirigi a Anatolia, donde perecan los ganados por una epizootia pestilente, sospechando que la peste de los bueyes tiene tanta analoga con la del hombre como la vacuna con la viruela natural. Mas esta expedicin no fue tan feliz como deseaba, segn escribi a Mazarowich, porque aquella enfermedad, no siendo contagiosa, no poda preservar su inoculacin de la peste humana. Volvi de Asia a Constantinopla y de aqu a Italia, donde en 1805, siendo catedrtico de Qumica y primer mdico del Hospital Civil de Mantua, public su Diario de la referida peste, y a continuacin dos Memorias sobre varias enfermedades de los ganados, dirigida una al prncipe Ipsilanti, y la otra al prncipe reinante de Moldavia, digno y generoso mecenas del doctor Valli. La primera de esas obras la cita con frecuencia Bonnisset en su Memoria sobre el modo de comunicarse el contagio de la peste a los hombres y a los brutos. Ignoro hasta qu ao permaneci en Mantua ejerciendo aquellos encargos; mas por el borrn sin fecha de una instancia dirigida desde Ragusa al ministro de la Guerra, he comprendido que despus de haber observado en aquella provincia la fiebre amarilla, solicit emplearse en el ejrcito de Dalmacia, en cuyo pas experimentaban los ganados una enfermedad contagiosa. Restbale an a ese atleta combatir bajo la zona trrida con otro monstruo fiero e inexorable como la peste del Oriente. No lo intimida ni la inmensa distancia que lo separa, ni la posicin inaccesible que ocupa hace ms de una centuria. Armado con la meditacin de lo que se ha escrito con ms criterio sobre la fiebre amarilla por los mdicos nacionales y extranjeros, ilustrado con la comparacin de sus teoras a los casos que se le haban presentado en Italia o en Espaa, como lo indican sus manuscritos, resolvi pasar a los Estados Unidos, donde esa enfermedad es epidmica casi todos los veranos, para rectificar con nuevas observaciones sus diferentes hiptesis, y conciliarlas, si posible fuera, en una obra luminosa. Con fecha 15 de diciembre del ao prximo pasado le comunic el Duque de Feltre, ministro de la Guerra de Su Majestad cristiansima, la orden en que se le permita emprender ese viaje, conservando la distincin y todo el sueldo que gozaba como mdico ordinario del Hospital Militar de Dijn. Arriba a Filadelfia, y significndole el doctor Moore el peligro a que se expona, le contest imperturbable en estos precisos trminos: “Convencido del carcter contagioso de la fiebre amarilla, me propongo inocularme con el sudor de los moribundos, o la bilis de los cadveres, modificando el veneno con los mismos reactivos de que me serv en mis ensayos con la peste del Oriente. Si est escrito en el libro del destino que yo perezca,

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OBRAS 154\ 154\ 154\ 154\ 154\ vctima de ese gran experimento, mi muerte no ser sin gloria, y los filntropos de esta regin afortunada corrern en tropa a esparcir sobre mi tumba olorosas flores.” Una felicidad muy rara en Amrica septentrional le preserv de la fiebre amarilla en el prximo verano. Impaciente por satisfacer su anhelo, o ms bien conducido por una providencia inescrutable, pasa a Nueva York y se embarca all para esta ciudad, funesta tambin a los advenedizos por esa maligna enfermedad. Lleg a ella el 8 de septiembre ltimo, recomendado al excelentsimo seor Capitn General y al seor Intendente de esta Isla por el enviado de nuestra Corte en los Estados Unidos como un sabio, son sus palabras, que se haba propuesto ser til a la Humanidad a costa de grandes sacrificios; y que despus de haber viajado con este fin por Espaa, Francia, Inglaterra y Alemania, fue a Constantinopla y se inocul la peste, para experimentar en s mismo sus sntomas y efectos; y deseando observar del mismo modo la fiebre amarilla, haba venido desde Europa a esas provincias, donde no encontrndola se propona buscarla en esta Isla; mereciendo por tanto se le facilitasen los auxilios necesarios para realizar un servicio tan importante a la Humanidad. Presentse inmediatamente al Tribunal del Protomedicato, exponindole el objeto de sus investigaciones y pidindole nombrara dos facultativos que le acompaaran en ellas para atestarlas oportunamente, y le comunicasen al mismo tiempo su opinin acerca de la nosologa de esa enfermedad y de los remedios que hayan experimentado ms eficaces. El doctor don Antonio Machado fue uno de los elegidos, cuyo honor se me dispens igualmente. Con este motivo trat al doctor Valli, a quien conoca desde 1804 por los ensayos que hizo en Constantinopla, sirvindose del antdoto de Jenner para precaver la peste. Y si entonces le tribut el ms pblico homenaje de consideracin y respeto, citando esos ensayos en una Memoria sobre la vacuna, cuyo virus, imitando su ejemplo, inocul a varios europeos para precaverlos de la fiebre amarilla, que tanta analoga tiene con la peste; ahora admir con la ms noble emulacin su ardiente amor a la Humanidad, sus vastos conocimientos, la solidez de su juicio y la actividad de su genio. El 20 del propio mes fue conducido al Hospital de San Juan de Dios por el doctor en farmacia don Antonio Mendoza, solicitando algn enfermo de fiebre amarilla para principiar sus ensayos. Uno solo encontraron y en tan extrema agona, que juzgaron exhalara el ltimo aliento antes que concurrieran los diputados del Protomedicato. Lo mira el doctor Valli y se sorprende; advierte la sangre negra y corrompida que flua por su boca y otros rganos; observa su cuerpo teido ya con la palidez del sepulcro; reconoce la disolucin de todos los sistemas que constituyen la vida orgnica; lo pulsa, y un sudor copioso y fro hiela su mano. Entonces aquel fsico

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /155 /155 /155 /155 /155 impertrrito, que en medio del contagio de la capital de Turqua dijo a Calogera “Io non decampo, ravicionero ancora la peste la morte”; que escribi a Moore lo que ya he referido, y que desde el norte de Francia vino hasta la ms occidental de las Antillas a inocularse el vmito negro, apenas lo encuentra se horroriza, y se retira solicitando vinagre para lavarse y precaverse. Empero, sufocando el amor de la Humanidad al de su propia conservacin, vuelve al hospital el siguiente da, busca al enfermo y le encuentra en el fretro. Plinio el naturalista reconociendo el Vesuvio fue devorado por sus llamas; los brbaros de Abisinia asesinaron en sus pramos al botnico Lippi; el anatmico Bichat contrajo en el anfiteatro de Pars el germen de una muerte prematura. Valli, cuyo entusiasmo no era inferior al de esos mrtires de la naturaleza, se aparta de aquel asilo de piedad llevando en sus entraas el tsigo funesto. Llega a su posada y anuncia que ya estaba iniciado de la fiebre amarilla. Fui solicitado la tarde del siguiente da, y advierto aun ms impresa en su fantasa que en su cuerpo la imagen de la muerte. Plido, yerto, exnime, apenas pronunciaba algunas palabras desordenadas e interrumpidas con suspiros. “Mi destino es irrevocable —me dijo con lengua balbuciente—, yo muero...” En vano se apuraron los recursos del arte y los consuelos de la amistad ms afectuosa; los auxilios de la religin, aunque divinos, no siendo bastantes para reanimar su espritu, lo exhal al tercer da de enfermedad y a los cincuenta y un aos de una vida digna de prolongarse hasta concluir y perfeccionar la gran obra que haba concebido. Pero las que ha publicado, su nombre y su memoria no han perecido, ni se ocultarn bajo la loza que cubre sus cenizas. Este ilustre Cuerpo, justo remunerador de las virtudes sociales y de las luces, habra sin duda inscrito al doctor Valli entre sus benemritos individuos, si por los sentimientos que excit su muerte no hubiera comprendido que existi tan pocos das entre nosotros. Pero deseando reparar esa omisin, aunque inculpable, y manifestar del modo ms autntico el alto aprecio que le han merecido los servicios que hizo a la Humanidad y los que preparaba en beneficio de este pueblo; acord que se coloque su retrato en la biblioteca pblica, cuya honrosa distincin slo ha dispensado a dos de nuestros amigos, y que escogiendo en el campo ameno que cultiv con sus ciencias y virtudes las flores ms fragantes, las esparza sobre su sepulcro la misma mano que recibi sus impresos y manuscritos del jefe ilustre, tan eficazmente interesado en proteger al doctor Valli cuando viva, como en honrarle despus de muerto. ¡Plegue al Cielo que esta libacin que le consagro penetrado de dolor y de respeto sea igualmente aceptable al genio que la ha discernido, y al que preside la Academia Virgiliana de Mantua, la Sociedad de Medicina de

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OBRAS 156\ 156\ 156\ 156\ 156\ Venecia, el Colegio Mdico de Edimburgo y otros Cuerpos literarios que se gloriaban de numerar el doctor Valli entre sus ms dignos profesores; y que todos ellos reconozcan que este filntropo no falleci en la Isla de Cuba como en la de Sandwick el clebre Coock! Doctor Toms Romay Epitafio Aqu yace el doctor Eusebio Valli, vctima de su amor a la Humanidad. La Sociedad Econmica de La Habana recomienda su memoria. Ao de 1816.

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V V V V V ACUNA ACUNA ACUNA ACUNA ACUNA ARTCULO EN EL QUE DEFIENDE LA INOCULACI"N COMO MTODO DE PRESERVACI"N DE LAS VIRUELAS NATURALES*Homine vitam suam et amant simul, et oderunt SnecaSeor editor: Muy seor mo. Aunque venero demasiado el respetable ttulo de sabio para tener la presuncin de arrogrmelo, procurar no obstante contestar a la pregunta que se hace en el peridico nmero 77, siendo bastante para ejecutarlo el deseo de ser til a mis compatriotas. ¡Feliz yo si puedo conseguirlo! Pregntase, pues, si la viruela artificial por medio de la inoculacin puede ocasionar otras tantas enfermedades distintas de la misma viruela. De dos modos puede entenderse esta proposicin. Primera, si el pus introducido por insicin a ms de excitar las viruelas es capaz de producir otras indisposiciones; segunda, si no resultando las viruelas despus de hecha la inoculacin puede aquel humor causar otras enfermedades. El doctor Maty suscit estas mismas cuestiones, y sin embargo de opinar que uno y otro es posible, lo crey no obstante tan difcil que l mismo se hizo inocular. Gerardo van Swieten, con una sinceridad igual a su gran sabidura, confiesa que an no haba hecho los ensayos suficientes para decidir sobre la materia. No estuvo tan indeciso el clebre Haen. Fundado en autoridades muy respetables, y en varias observaciones, dijo expresamente en distintos lugares que la inoculacin poda causar otras enfermedades a ms de producir las viruelas, y aun sin haberlas producido. Lo mismo sienten don Vicente Gorraz en su juicio o dictamen sobre el proceso de la inoculacin, y otros varios autores, cuyos fundamentos estn compilados en las obras de los dos ltimos. Lo contrario defienden Tissot, Condamine, Tronehin, Sutton, Garn, don Francisco Salv y otros muchos, cuyo nmero siendo muy superior al Papel Peridico de la Havana 29 de octubre y 1 de noviembre de 1795; Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 2, pp. 22-26.

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OBRAS 158\ 158\ 158\ 158\ 158\ de sus rivales decidiramos a favor de los inoculadores, si acaso la verdad y el acierto estuviesen anexos a la multitud; pero como la experiencia y la razn merezcan solamente la deferencia del hombre que piensa, examinaremos los fundamentos de ambos. Los que producen Haen, Gorraz y sus sectarios son varios hechos extractados de los autores ms sinceros y juiciosos, por las cuales consta que diferentes personas al mismo tiempo que tuvieron las viruelas inoculadas, y otras sin haberles salido, padecieron de muy graves y distintas enfermedades; infiriendo de aqu que la inoculacin las produjo. Pero como advirti Sauvages, es muy falaz este modo de argir post hoc, ergo procter hoc : “despus de esto, luego por esto”. De que otros efectos se asocien con las viruelas no se infiere que los haya causado la inoculacin. Cada enfermedad tiene sus causas y sus sntomas particulares; y los diferentes contagios, dice Tissot, infestan distintos humores, y aun daan diferentes partes; por consiguiente la viruela tiene en el cuerpo su determinado lugar y sus propios caracteres. Y as como no debemos imputar a la quina y a otros remedios las fatalidades que resultan cuando indebidamente se administran, tampoco es justo atribuir a la inoculacin los efectos de la casualidad, o de la ignorancia de los que la ejecutan. Si ella fuese causa de todas las enfermedades que la suceden, tambin lo sera el contagio virolento comunicado por la inspiracin, pues es constante que con las viruelas naturales puedan complicarse otros varios afectos. Amato Lusitano afirma que en un esto tuvo ms de ciento cincuenta enfermos de viruelas y sarampin, de los cuales murieron siete, los cuatro de unas lceras muy malas; y en la epidemia de viruelas que se experiment en esta ciudad en 1793 asist a cinco nios de diferentes edades que al tiempo de la supuracin se les formaron varios tumores en los codos y tobillos, y sin embargo de ocurrir al auxilio de la ciruga pereci uno. No ignoro que cuando empez a practicarse la inoculacin en Europa por sujetos poco instruidos, se experimentaron algunas adversidades, y aun todava suelen suceder donde no se ejecuta con inteligencia. Pero despus que la observacin y el raciocinio dictaron unas reglas muy sabias y conforme a la naturaleza, los efectos han sido tan generalmente felices que sus ms acrrimos impugnadores no han podido excusarse de confesar su utilidad. As Antonio Haen, despus de emplear repetidas ocasiones su vastsima erudicin y talento para abominarla y proscribirla, confiesa en fin que las viruelas inoculadas deben preferirse a las naturales; preferendas esse variolis spontaneis inoculatas; y que muchos ms perecen por las naturales que por las artificiales; convincimur denuo longe plures a naturalibus variolis, cuam ab insitis mori .1 1 Rat. med ., t. 10, pp. 7-8.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /159 /159 /159 /159 /159 El gran Boerhave sin embargo de que en sus lecciones acadmicas, y en las primeras ediciones de sus inmortales aforismos, no decidi si era o no til la inoculacin, instruido de los favorables efectos que produca en Asia, Grecia e Inglaterra, aadi en la tercera edicin al Aforismo 1403 estas palabras: prophylaxis insitiva videtur satis certa tutaque las mismas que repiti en la quinta edicin hecha el ao antes de su muerte; y aunque es cierto que jams inocul, sin embargo aconseja a los que no hubieren tenido viruelas traten y se aproximen a los que las tengan naturales y de buena calidad, despus de estar suficientemente preparados. Haen, uno de sus ms distinguidos discpulos, afirma que en el aula se retract de esta opinin; pero usar de las mismas palabras con que le reconvino Tissot: “Si este gran mdico hubiera advertido en sus obras algunos consejos que pudieran ser nocivos, su probidad, que igualaba a su talento y a sus conocimientos, no le habra permitido dejarlo sin correccin”. As como en la cuarta edicin alter el Aforismo 755. A ms de esto Swieten, a quien no dudar llamar el primero y ms adicto de sus alumnos, lejos de insinuar que su maestro se hubiese retractado, nos recomienda el mismo mtodo. ste puede adoptarse por ese padre, cuyos chicos temen tanto a la lanceta; pero aunque sea el ms benigno, no me parece el ms eficaz. Los chinos acostumbran tomar dos o tres postillas secas de las que suelta algn nio bien complexionado que ha tenido viruelas naturales de la mejor calidad, las pulverizan y mezclndolas con un grano de almicele forman una mecha o lechino de algodn, y la introducen por la nariz del que han de inocular, conservndola hasta que aparezcan los primeros sntomas. Tambin suelen humedecer los lechinos en un pus reciente, y aplicarlos al mismo lugar. Swieten, fundado en las observaciones de Mead y en su propia experiencia, reprueba este mtodo porque fcilmente se forman lceras muy nocivas y molestas en la nariz con otros graves sntomas, por lo cual prefiere la insicin en los brazos. sta puede ejecutarse de dos modos: o aplicando el pus en unas hilas despus de hecha la insicin, o conduciendo en la misma lanceta e introducindola al tiempo de hacerla. Lo primero se observa en las Indias Orientales y en Constantinopla, donde lo aprendi Timoni, el primero de los europeos que inocul, participndoselos en 1713 a Woodward, mdico del Colegio de Londres. En 1721 milady Wortley, habiendo experimentado en su propia hija la eficacia de este mtodo, lo recomend en Inglaterra cuando volvi de Turqua. Desde entonces se difundi por Europa, y se prefiri a todos los otros hasta que Sutton, despreciando las opiniones de Guyot y Llob, propuso otro ms sencillo y menos arriesgado, el que consiste, como he dicho, en mojar la punta de la lanceta en el pus de las viruelas y hacer con ellas una picadura, levantando horizontalmente la epidermis algo ms

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OBRAS 160\ 160\ 160\ 160\ 160\ de una lnea. As lo han observado sus ms distinguidos sucesores, y yo le juzgo preferible a todos los dems mtodos, siempre que no se penetre hasta la membrana adiposa, pues si llegare a ella la insicin por ignorancia del que la hiciere, sobrevendrn lceras, abscesos, erisipelas, oftalmas y todos los dems accidentes que observ Gandoger. Esto y cualquier otro se evitarn guardando escrupulosamente las reglas prescritas por los corifeos de la inoculacin, para antes y despus de ejecutarla; regla que el mismo Haen no pudo menos de confesar que eran muy sabias y muy buenas, al propio tiempo que impugnaba la inoculacin con tanto ardor y solidez que mereci le hiciese Tissot este magnfico elogio, escribiendo al Conde Roncalli: “Si la inoculacin se proscribe, la gloria que t te arrogas ser toda de Haen.” No me lisonjeo de tener la de haber satisfecho los deseos de ese buen padre que consulta; pero s de haber hecho todo lo posible para conseguirlo. Tratndose de conservar la vida del hombre, objeto el ms sagrado y digno de mi atencin, nada he omitido, ningn trabajo me he dispensado para formar este papel, examinando las obras polmicas ms selectas que se han publicado sobre la materia, cuyas citas he omitido por no ser ms difuso; si fuere impugnado con inteligencia, buena lgica y mejor crianza, las manifestar con la mayor exactitud. Dios guarde a usted los muchos aos que desea su muy afecto servidor. Toms Romay.ARTCULO EN EL QUE CRITICA EL MTODO TERAPUTICO QUE SE SIGUE CON LAS VIRUELAS, EL USO DE CORDIALES Y EL ENCIERRO EN PIEZAS CALUROSAS*En el mes pasado las viruelas que se haban manifestado en los antecedentes han seguido con el mismo tesn, la mayor parte de la especie de confluentes y algunas de las discretas malignas. El estrago que han hecho en esos tres meses ha sido considerable; se debe atribuir en gran parte al mtodo perverso que se ha usado en la curacin, tanto de la parte de algunos facultativos como de la de los asistentes, que siguiendo las antiguas preocupaciones han empleado el regimen clido, el encierro en piezas calurosas y los cordiales. Los que han usado el mtodo opuesto, el uso de las frutas, de los subcidos y la ventilacin de los aposentos de los enfermos, han tenido mejor xito. Se han observado tambin algunos dolores de costado de la especie de inflamatorias, algunos reumatismos y bastantes Papel Peridico de la Havana 5 de febrero de 1797.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /161 /161 /161 /161 /161 fluxiones de muelas. Algunos nios han padecido una fiebre continua simple con sntomas que hacan sospechar las viruelas, y que se terminaba por sudores copiosos en el tiempo que se deba manifestar la erupcin. Se puede comparar con la especie que Sydenham llama febris variolosa aunque no la acompaaban los sntomas graves que este autor refiere de sa, la que reinaba en Londres en el tiempo de una epidemia de viruelas. Doctor Toms Romay .DICTAMEN SOBRE UNA MEMORIA TITULADA SOBRE EL USO Y PROPAGACI"N DE LA VACUNA POR LA INOCULACI"N DE LAS VIRUELAS*Ledo el anterior acuerdo, fue publicada la contestacin que el amigo Toms Romay hace en oficio de este da, explicando su sentir en orden al informe que se le ha pedido sobre si convendr reimprimir la Memoria impresa en Madrid acerca del origen y descubrimiento del vaccino, sus propiedades y usos; y la Junta, penetrada con los fundamentos que inclinan al amigo Romay para decidirse para la reimpresin, y de las utilidades que de ella pueden resultar a nuestros compatriotas, acord que se reimprimiera la Memoria y que con este objeto se haga oficio al Real Consulado suplicndole se sirva contribuir con sus fondos para este desembolso, supuesto que la Sociedad se halla sin arbitrios de proporcionar su costo, dirigindose otro oficio al Real Protomedicato para que aquel [...] la materia como propia de su instituto, la de su dictamen acerca de las ventajas que resultaran de poner en prctica el vaccino, y que se encargue al amigo Romay que por medio del Papel Peridico procure descubrir si en las vacas de nuestra Isla se nota la enfermedad que suministra el virus vaccinoso, y se haga igual recomendacin a don Francisco Prez, profesor de Medicina en la villa de Bayamo, por medio del amigo Francisco Manuel de Quesada, quien cuidar de significarle tambin el gusto y complacencia con que este Cuerpo le admite en la clase de su corresponsal. Doctor Toms Romay. Actas manuscritas de la Sociedad Econmica Libro II, f. 459; Archivo de la Sociedad Econmica, leg. 5.

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OBRAS 162\ 162\ 162\ 162\ 162\ARTCULO EN EL QUE SE OFRECE UN PREMIO A LA PERSONA QUE DESCUBRA Y MANIFIESTE EL FLUIDO VACCINO*La Junta Econmica del Real Consulado de esta ciudad e Isla, no pudiendo desentenderse de la influencia que puede tener sobre la salud pblica de todos los habitantes de esta colonia el descubrimiento de la vacuna, que ya se considera como infalible preservativo contra las viruelas, ofrece cuatrocientos pesos de premio al sujeto que descubra y manifieste el fluido vaccino tomado de las vacas de esta Isla. Para que pueda distinguirse la verdadera viruela de las vacas de otros granos que tambin suelen experimentar, transcribiremos las seales. “En los tiempos lluviosos principalmente, y en la primavera, les salen en las ubres y con ms frecuencia en los pezones unos granos de un aspecto azulado, rodeados en su base de rubicundez inflamatoria ms o menos encendida. Estos granos contienen un fluido particular que se seca despus de algn tiempo, y forma una corteza que se cae espontneamente, sin embargo de que suele suceder algunas veces que dichos granos se abren, supuran y forman una lcera ms o menos pertinaz, segn haya sido la irritacin que la ocasion por algn manejo spero o mal tratamiento.” Antes de secarse el pus contenido en los granos, y antes que se ulceren, se picarn con una lanceta o cuchilla muy aguzada, cuidando de no extraer ninguna sangre, y todo el fluido que pudiese sacarse en la punta de esos instrumentos, de uno o muchos granos bien supurados, se pondr en un pedacito de vidrio cuadrado, en el cual se secar prontamente formando una especie de barniz semejante a la clara del huevo; hecha esta operacin se le pondr encima otro vidrio de igual tamao y figura, y se tapar por todos los lados con cera sin derretirla al fuego. El que encontrare en esta conformidad la vacuna en cualquier parte de esta Isla, deber hacer constar por diligencia ante el juez o cura respectivo, con asistencia de dos testigos, el paraje y circunstancias en que la hall, y remitir el vaccino en la forma referida al doctor don Toms Romay, que vive en La Habana, calle del Obispo, casa nmero 25, el cual en presencia del interesado inocular uno o dos nios, y resultando la erupcin de las viruelas lo participar a la Junta del Consulado para que adjudique el referido premio. Mas entretanto se descubra aqu, no debemos privamos del beneficio que resultara de poseer la vacuna aunque procedente de otros pases, a cuyo efecto han sido intiles hasta ahora las varias diligencias que para ello Papel Peridico de la Havana 3 de febrero de 1803.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /163 /163 /163 /163 /163 se han practicado. Por tanto ofrece la propia Junta doscientos pesos de premio al sujeto que la traiga de otros pases. Deber acompaarse en este caso de certificacin del facultativo del paraje de donde se traiga, acreditando que es de buena calidad y experimentado el fluido que se remita a fin de evitar abusos, advirtiendo que dicho premio se adjudicar despus de hecha la erupcin de las viruelas por direccin del doctor don Toms Romay en la forma antes explicada.CARTA DIRIGIDA A ANTONIO DEL VALLE HERNNDEZ, EL 27 DE ABRIL DE 1803, REFERIDA A LA INOCULACI"N QUE HIZO CON EL PUS VACCINO TOMADO EN FILADELFIA Y CONDUCIDO A LA HABANA POR FELIPE FACIO*Coronel don Carlos Bentez, comandante de Batalln del Real Cuerpo de Ingenieros y secretario de la Real Junta de Fomento, de Agricultura y Comercio de esta Isla de Cuba. Certifico: Que en el expediente nmero 381, relativo a la introduccin de la vaccina en esta Isla, que existe en el archivo de la Secretara de mi cargo, se hallan los documentos del tenor siguiente: “En Junta de Gobierno del Consulado de 19 de enero de 1803, presidida por el seor Marqus de Someruelos, visto el programa que ha extendido el mdico don Toms Romay para publicar el premio antes acordado para el que descubra y produzca el fluido vacuno de las vacas del pas, pareci que no debamos ceirnos nicamente al que se descubriese aqu, sino estimular a que se trajese aun de los pases vecinos. A este efecto se acord que el primero fuese de cuatrocientos pesos, y el segundo de doscientos, tomando para su calificacin las precauciones que indica el mismo programa. El Marqus de Casa Pealver Jos Antonio de Arregui. ” “La noche del 22 de marzo me entreg el seor Presidente, Gobernador y Capitn General tres cristales que contenan el pus vaccinoso tomado en Filadelfia el 7 de febrero y el 22 de enero y conducido a esta ciudad por don Felipe Facio. La maana del siguiente da inocul a dos de mis hijos con el pus ms reciente, hacindole a uno cinco incisiones y al otro tres. En el propio da inocul a otro nio del seor don Ignacio Pedroso con el pus de 22 de enero, y le hice cuatro incisiones, observando exactsimamente en todos ellos las precauciones que se recomiendan para conseguir su efecto. En uno de mis hijos conceb el da siguiente alguna esperanza de lograrlo, *Archivo Nacional de Cuba, Junta de Fomento leg. 77, no. 3024; Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 1, pp. 93-95.

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OBRAS 164\ 164\ 164\ 164\ 164\ porque algunas de las incisiones aparecieron inflamadas y con algn punto de supuracin; mas prontamente vi con el mayor desconsuelo frustrado lo que tanto anhelaba, disipndose aquellos pequeos sntomas y no presentndose despus alguno otro en ninguno de los tres. El 4 de abril, habindome insinuado el mismo seor Presidente que se haba logrado la vacunacin en un hijo de don Pablo Serra, pas inmediatamente a reconocerlo, y en el brazo siniestro le encontr un grano del dimetro de medio real que presentaba muy poco pus, bajo una postilla de sangre. Sus padres me informaron que el 24 de marzo haba sido inoculado, al mismo tiempo que otro hermanito, por los facultativos don Bernardo Czar y don Francisco Martnez con el pus trado por don Felipe Facio, tomado en Filadelfia el 7 de febrero. A los cinco das de vacunados empez a manifestrsele al mayor un grano en una de las incisiones, el cual fue aumentndose progresivamente hasta que el 3 de abril lleg a su perfecta supuracin, pero antes que los referidos facultativos tomasen su pus para vacunar a otros, conforme haban acordado el da anterior, el nio incomodado con el escozor que senta en el grano lo rasc y derram su pus, por cuyo motivo no pudieron verificar su intento; y aunque lo emprendieron al da siguiente inoculando cuatro nios de la propia casa con la poca materia que pudieron extraer, no ha producido en esta fecha el menor efecto, ni debe ya esperarse. El estado en que hall el grano de este nio desde la primera vez que le vi no me permita decidir si era verdadera o falsa vacuna, aumentando mi duda el no haberse propagado la vacunacin en los otros cuatro. En esta perplejidad, deseando satisfacer escrupulosamente el encargo que me ha confiado la Real Junta Econmica de Agricultura y Comercio, sin perjudicar al celoso ciudadano que procur introducir en este pas el muy importante bien de la vacunacin, consult a los profesores Czar y Martnez, y unnimes me informaron haber observado en el grano de este nio todos los caracteres de la verdadera vacuna, cuya propagacin no pudo conseguirse por una fatalidad inevitable. Con la mayor sinceridad he referido a usted el resultado de ese ensayo, para que informando a la Real Junta determine lo que juzgue conveniente; advirtindole que don Felipe Facio me ha ofrecido remitirme la vacuna luego que llegue al Norte para donde saldr dentro de pocos das. Dios guarde a usted muchos aos. Habana y abril 27 de 1803. Doctor Toms Romay Seor don Antonio del Valle Hernndez.” “Por el oficio que usted se sirvi dirigirme en 27 del ltimo pasado mes en orden a las experiencias que se practicaron ltimamente en esta ciudad para propagar el pus vaccinoso que a ella trajo de Filadelfia don Felipe Facio, ha tenido la Junta consular un nuevo testimonio de la recomendable diligencia y celo con que dedic usted su atencin a este interesante asunto a consecuencia; por ms que debemos deplorar el malogrado xito de la operacin, acord dicha Junta diese a usted en su nombre las gracias como tambin al seor Facio, animando a este ltimo a que se sirva cumplir la

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /165 /165 /165 /165 /165 oferta que hace de volvernos a traer el pus vaccinoso en los trminos prevenidos en el Papel Peridico de 3 de febrero ltimo, en cuyo caso celebrara poder discernir al mencionado individuo el premio destinado al efecto. Dios guarde a usted muchos aos que deseo. Habana, 5 de mayo de 1803. Antonio del Valle Hernndez Seor don Toms Romay.” “El peridico del domingo anterior y el adjunto publicado esta tarde es el informe ms autntico que puedo presentar a Vuestras Seoras sobre el modo con que se ha introducido y propagado la vacuna en esta ciudad. A los que ellos contienen debo aadir que con las pstulas de mis cuatro hijos, y con otras seis que han podido conservarse, se vacunaron desde el lunes hasta la fecha ms de ciento cincuenta personas, con las cuales juzgo que la vacuna puede difundirse prontamente por toda la Isla. Esta importante adquisicin se ha debido a Doa Mara Bustamante, a quien considero muy acreedora al premio ofrecido por la Junta el 3 de febrero del ao prximo pasado. Dios guarde a Vuestras Seoras muchos aos. Habana y febrero 22 de 1804. Doctor Toms Romay Seor Presidente y dems seores de la Junta Econmica.”AVISO A LOS PADRES DE FAMILIA*Con respecto a los nios recin nacidos “El hijo que tenis presente —ver la pgina 163 de dicho Tratado... — est expuesto a un inminente riesgo de contagiarse de las viruelas, enfermedad que hace ocho siglos que vino a Europa, y que se ha propagado de tal modo que ya no se la puede desterrar, siendo moralmente imposible preservarla los nios sino por medio de la vacuna. ”Felizmente por un gran beneficio de la Providencia se ha descubierto pocos aos hace un nuevo modo de inocular, comprobado con muchos millares de experimentos, que han demostrado que es tan seguro como eficaz, y que puede sin el menor inconveniente usarse en todas las estaciones del ao y en los nios ms dbiles, tiernos y delicados. ”No es casi nunca acompaado ni ha [...] el nuevo mtodo de ningn accidente y cuando la sobrevenga alguno, lo que es muy raro, no son jams graves los efectos. ”La enfermedad que produce esta saludable inoculacin se llama vacuna; si siempre en extremo benigna, y casi constantemente regular, tiene otra ventaja muy preciosa, y es la de no ser jams contagiosa; de manera *Sacado de la obra impresa Tratado histrico y prctico de la vacuna que se halla depositado en la biblioteca de la Real Sociedad Patritica de La Habana, para la instruccin y publicacin. Archivo de la Sociedad Econmica, ley 5.

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OBRAS 166\ 166\ 166\ 166\ 166\ que inoculando en casa de uno no hay riesgo de comunicarla a los vecinos. Sin embargo, pueden estar los padres seguros de que los nios que la han padecido mediante la inoculacin estn para siempre exentos del riesgo de padecer las viruelas ordinarias. ”Luego si queris conservar a vuestros hijos, os exhortamos a que le hagis vacunar sin prdida de tiempo. Apresuraos pues a liberarlos por este medio de una enfermedad tan terrible que hace diariamente a nuestro derredor los ms crueles deterioros, y que puede adquirirla en el momento que lo esperis menos. No lo deis a criar a ninguna nodriza sin haberle antes librado de un peligro tan inminente [...] y si no, temed el tener que llorar amargamente algn da la muerte de vuestro hijo por haber desahuciado el medio saludable que os proponemos. ste es tan sencillo y fcil que no podris hallar ningn pretexto para rehusarlo ni para diferirlo por falta de recursos.” Y regstrase el anuncio del ltimo peridico. Doctor Toms Romay .RESPUESTA A LOS EDITORES DE LA AURORA, QUE PUBLICARON UNA CARTA DEL DOCTOR WOODWILLE, Y QUE A JUICIO DE ROMAY PUDIERA HACER SOSPECHAR DE LA VACUNACI"N*Neque nos studium exquirendi defatiganti relinquemus. CicernSeores editores de La Aurora : Sospechando que la carta del doctor Woodwille publicada en el nmero 216 del peridico de ustedes puede hacer desconfiar de la vacuna que he propagado en esta ciudad, y que no faltar quien se intimide por los sntomas peligrosos con que, dice ese autor, suele presentarse, he juzgado conveniente manifestar con la mayor prontitud los defectos de esa observacin para evitar los perjuicios que pueden causar semejantes recelos. Y si acaso se hubieren aumentado con la otra carta del doctor Pachn, impresa en el nmero 34 del peridico de esta ciudad, contestando a la primera satisfar en alguna parte a la segunda. Dice, pues, el profesor de Londres: “En mi relato, que comprende ms de quinientos casos, not que la materia de la enfermedad vacuna produce muchas veces menos pstulas y menor incomodidad que la de las viruelas; pero que al mismo tiempo se haba observado que en algn caso extraordi*Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 2, pp. 182-185.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /167 /167 /167 /167 /167 nario lleg a ser la vacuna una enfermedad de bastante cuidado, y que un nio haba muerto de accesiones espasmdicas causadas por la fiebre eruptiva.” Debo advertir que el doctor Woodwille, mdico del hospital de los inoculados en Londres, hizo en aquel propio lugar sus primeros ensayos sobre la vacuna, asistiendo al mismo tiempo un nmero considerable de inoculados. Esta sola circunstancia acredita la poca precaucin con que proceda ese vacuno-inoculador exponiendo al contagio de las viruelas a los que eran capaces de recibirlo, y comunicndoles con una sola operacin ambas enfermedades, si es que la vacuna merece este nombre. De sus mismas palabras se infiere que las erupciones generales que observaba con tanta frecuencia eran variolosas y no de granos vacunos. Hasta ahora ningn vacunador ha dicho, ni yo tampoco lo he observado en ms de mil casos, que las pstulas vacunas son precedidas por alguna fiebre; sta no suele advertirse hasta pasado el quinto da. Al contrario, nadie ha dudado que a la erupcin de las viruelas antecede una calentura llamada eruptiva, algunas veces tan ardiente que excita convulsiones, delirios, vmitos y otros sntomas peligrosos. Sin duda sa fue la que advirti Woodwille en el nio muerto de accesiones espasmdicas causadas por la fiebre eruptiva. Esta sola reflexin es bastante para persuadir que las pstulas esparcidas en todo el cuerpo de los vacunados por ese observador eran viruelas naturales, producidas por la complicacin de esa enfermedad con la vacuna; complicacin demasiado frecuente en esta ciudad con motivo de la presente epidemia variolosa. Mas por si alguno dudase que ese antiguo profesor fuera capaz de equivocarse reputando por vacunas los granos variolosos, transcribir los siguientes prrafos de la excelente obra publicada por Moreau de la Sart.1“No me detendr ms tiempo en reflexionar sobre los diferentes resultados que pueden sacarse del catlogo de Woodwille, por lo que terminar este captulo con la imparcial exposicin de tres circunstancias que han complicado estos experimentos, y que respecto a su exactitud y utilidad no se pueden comparar con las indagaciones de Jenner y Pearson, dirigidas por aquel genio observador que es tan raro, y por lo mismo tan til de encontrar. ”Estas tres circunstancias son, primera, el poco intervalo que dej pasar el doctor Woodwille entre la vacunacin y la inoculacin de las viruelas ordinarias; segunda, la mansin que la mayor parte de los vacunados han tenido en el hospital de inoculados, donde estuvieron constantemente expuestos al contagio; tercera, la ninguna precaucin con que el mismo Woodwille procedi hacindose l mismo un hogar ambulante de miasmas variolosos, de los que todas las partes de su cuerpo y sus vestidos deban 1 Tratado histrico y prctico de la vacuna pp. 88 y 89.

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OBRAS 168\ 168\ 168\ 168\ 168\ hallarse impregnados a causa de sus continuas asistencias en el hospital de los inoculados. ”No debe dudarse que estas circunstancias han influido necesariamente sobre la enfermedad; y como segn las observaciones de Woodwille pueden desarrollarse a un mismo tiempo el virus vacunal y el varioloso, es de creer que en muchos de sus experimentos haya habido una doble afeccin, respecto de haberse manifestado granos en otras partes del cuerpo, distintas de aqullas en que se hizo la vacunacin, lo que es constantemente extrao a la vacuna. En apoyo de esta opinin basta reflexionar que el humor vaccino empleado por Woodwille produjo granos en ms de la mitad de sus vacunados, y no hizo salir ninguno en los veinte sujetos que felizmente vacun Jenner con l; debindose tener presente adems que el humor vaccino enviado de Berkeley a Woodwille ha causado siempre una erupcin de granos en todas las vacunaciones que ha practicado por s mismo, y no se ha visto tal fenmeno en manos de otro vacunador.” No ha sido Moreau de la Sart el nico que ha juzgado muy defectuosas las primeras observaciones de Woodwille; tambin se explica en los mismos trminos Husson. “Hemos visto —dice— que Woodwille, mdico de un hospital de inoculados, viviendo por consiguiente siempre en una atmsfera variolosa y formando l mismo un hogar contagioso, observaba frecuentemente en su hospital erupciones variolosas entre sus vacunados. Por otra parte este mdico convino, luego que lleg a Pars, en que era muy cierto que estos nios haban adquirido las viruelas en su hospital, y que tal vez l mismo haba sido quien les haba comunicado el contagio. Luego se debe admirar que un nio vacunado viviendo en medio de miasmas variolosos sea atacado de stos al siguiente da de la vacunacin, o tal vez cinco o seis das despus, y que la enfermedad sea tan peligrosa y mortal para l como lo es para tantas otras vctimas de las viruelas?” Los redactores de la Biblioteca Britnica2 opinaron que si los experimentos de Jenner y Pearson sobre la virtud preservativa de la vacuna no hubiesen sido ms decisivos que los de Woodwille, dudaramos aun sobre la duracin de este efecto tan saludable, y exigiramos para creerlo nuevas observaciones; pues las de este autor ms bien parecen dirigirse al examen comparativo entre la vacuna y las viruelas que a dar solucin al problema, que tiene por objeto las ventajas de la inoculacin de la vacuna sustituida a la antigua. Podra aadir un catlogo de escritores que afirman ser suficientes las pstulas en las incisiones para constituir la verdadera vacuna y preservar de las viruelas naturales; los citar cuando conteste al doctor Pachn por medio del Papel Peridico Habana y abril 26 de 1803. Doctor Toms Romay. 2“Ciencias y artes”, t. 12, pp. 159 ss.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /169 /169 /169 /169 /169ARTCULO EN EL QUE DA CUENTA DE LA INTRODUCCI"N DE LA VACUNA, Y REFIERE LAS PERSONAS QUE HAN SIDO VACUNADAS*Cuando una epidemia de viruelas haba empezado a arrancar del regazo de los padres a sus tiernos hijos; cuando ms aterrados preveamos que en la prxima estacin seran generales y funestos sus estragos; y cuando en este conflicto mirbamos muy distantes de nuestras costas la expedicin que por orden de Su Majestad debe traernos la vacuna, se presenta en fin en nuestro suelo ese preservativo tan anhelado y tantas veces ensayado ineficazmente por nosotros. El 10 del presente mes lleg a esta ciudad la seora doa Mara Bustamante, procedente de La Aguadilla de Puerto Rico, de donde sali el 2 del corriente. A las doce del da anterior a su partida hizo vacunar a su nico hijo de edad de diez aos y a dos mulaticas, sus criadas, la una de ocho y la otra de seis aos. Entre el cuarto y quinto da de la vacunacin empez a formarse a cada uno de ellos un solo grano vaccino sin haber experimentado la menor incomodidad; y cuando entraron en este puerto estaban todos en su perfecta supuracin. Ignoraba esta seora el bien que nos haba conducido; ignoraba nuestros votos por conseguirla, y le era tambin desconocida nuestra actual consternacin. Una madre, y qu ttulo puedo darle ms precioso? Una madre que ama tiernamente a sus dos nicos pequeos hijos, fue a visitarla como paisana al anochecer del siguiente da, muy distante de encontrar lo que tanto haba deseado. Apenas lo descubre toma el nio vacunado y corre alborozada hacia mi casa; no me encuentra en aquella noche, y deja anunciado el objeto de su solicitud, lo manifiesta y ofrece volver al da siguiente. Yo no puedo expresar los efectos que sent cuando supe que haba tenido dentro de mi propia casa y en la ocasin ms oportuna lo que intilmente haba hecho venir de Europa y de las colonias angloamericanas. Imprecaba el inocente motivo que me haba privado de tan inestimable adquisicin; y mi espritu agitado entre el temor y el jbilo no descans un instante en aquella largusima noche. Me lisonjeaba de conseguir la vacuna dentro de pocas horas, pero tema que estas mismas horas fueran bastantes para enervar su virtud y frustrar mis esperanzas; tema tambin que mis hijos podan ser contagiados en aquella misma noche por la viruela natural teniendo en casa dos criados con ellas. Estas tristes ideas privndome del sueo me obligaron a dejar la cama, y para disiparlas me puse a repasar lo Papel Peridico de la Havana 19 de febrero de 1804; Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 1, pp. 64-66.

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OBRAS 170\ 170\ 170\ 170\ 170\ mejor que haba ledo sobre los caracteres de la vacuna y el modo de introducirla en el cuerpo humano. Previne despus las agujas preferidas para esta operacin por la Junta Mdica de Pars; despert a mis ms pequeos hijos, y con la mayor impaciencia esperaba a quien poda redimirlos de las viruelas. Lleg en fin a las siete de la maana la seora doa Antonia Garca, natural de Santo Domingo, llevando al ms pequeo de sus hijos y a la mayor de las mulaticas vacunadas, cuyo grano tena una figura que jams haba observado en otro alguno, pero corresponda exactsimamente con la descripcin que hacen los vacunadores y con el diseo que presentan. No me qued la menor duda de ser la verdadera vacuna; y estando en tiempo oportuno de tomar su pus, vacun inmediatamente en ambos brazos al nio de dicha seora y a mis tres mayores. Poco despus vino el nio que haba sido vacunado en La Aguadilla; y advirtiendo que su grano tena los carcteres an ms sensibles, y que el pus era ms lquido y transparente, vacun a mis dos hijos ms pequeos y dos negritos del doctor don Rafael Gonzlez. A las once de aquel da ejecut lo mismo con una nia y tres criados de la seora Garca, y con las dos nias ms pequeas del seor don Pedro Montalvo. Por la tarde se vacunaron con el pus de la mulatica menor, cuyo grano no estaba bien figurado por habrselo rascado, una nia del seor don Juan de Zayas, un criado del seor Provisor y tres del seor don Juan Toms de Juregui. El 13, presentndose an los granos del nio y de la mulatica mayor con bastante pus y de buena calidad, vacun a la seora doa Mara Luisa Echavarra y tres de sus hijos, a la seora doa Micaela Snchez, una nia del seor don Juan Manuel O’Farrill, un negrito de la seora doa Mariana O’Farrill, una mulatica de la seora doa Mara Bustamante, dos criados del seor don Juan Toms de Juregui y once del seor don Martn de Arstegui. El 14, los granos del nio y de la mulatica menor estaban enteramente secos, el de la otra mulatica conservaba algn pus, pero tan espeso que juzgu podra producir la falsa vacuna, y algunos sntomas inflamatorios. Por esta razn me abstuve de vacunar con l, y s lo hice en dos de mis criados con unos hilos que moj en el pus del nio el domingo por la maana; los dems hilos los di al doctor don Bernardo Czar, primer profesor de la Armada, para que los aplicase por su mano. De este presente da he visto en ocho de los vacunados iniciado el grano, y algunas otras seales que me hacen concebir las ms lisonjeras esperanzas. Cualquiera que sea el efecto de estos ensayos lo publicar en el siguiente peridico. Resulta, pues, de esta fiel y exacta relacin que han sido cuarenta y dos las personas vacunadas por m con el pus de tres granos. Entre ellas las hay de todas edades, sexos y condiciones; desde el ms pequeo de mis

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /171 /171 /171 /171 /171 hijos, que slo tena veintinueve das de nacido, hasta varios hombres y mujeres que pasaban de cuarenta aos. Habana y febrero 16 de 1804. Doctor Toms Romay .ARTCULO EN EL QUE DA CUENTA DE LA INTRODUCCI"N DE LA VACUNA Y QUIENES LA HAN RECIBIDO, Y AADE UN RESUMEN DE LAS OPINIONES DE DISTINTOS AUTORES EN LOS QUE TODOS CONVIENEN ACERCA DE SUS VENTAJAS Y CONDICIONES DE APLICACI"N*De las personas vacunadas el 12 por la maana con el pus del nio y de la mulatica mayor, han tenido la verdadera vacuna el nio de la seora doa Antonia Garca, la nia mayor del seor don Pedro Montalvo, ms cuatro hijos varones y una negrita del doctor don Rafael Gonzlez. No concibo la causa que impedi la erupcin en mi nia y en los otros, habiendo sido uno mismo el pus y las incisiones en igual nmero. No me tiene tan perplejo el motivo por que no se verific la vacuna en ninguno de los cinco a quienes se le aplic la tarde de aquel da el pus de la mulatica ms pequea. En el peridico anterior dije “que su grano no estaba bien figurado por habrselo rascado”. Sin duda el contacto del aire alter el pus y enerv su virtud. Entre los vacunados el 13 lograron la pstula vaccina el nio ms pequeo de la seora doa Mara Luisa Echavarra, la nia del seor don Juan Manuel O’Farrill, una mulatica de la seora doa Mara Bustamante, otra mulatica y un negrito del seor don Martn de Arstegui y una negra del seor don Juan Toms de Juregui. No debe extraarse que en las seoras doa Luisa Echavarra y doa Micaela Snchez no se verificase lo mismo, cuando habiendo manejado ambas sus nios virolentos y aun habindose inoculado la primera segn el antiguo mtodo, no han sido infestadas del contagio. En cuanto a los otros dos nios de la seora Echavarra, tengo presente que cuando los vacunaba le insinu que el pus estaba ya menos lquido y transparente. Esta sola razn bastaba para que no produjese algn efecto en ninguno de los criados de los seores Juregui y Arstegui, que se vacunaron posteriormente. Adase otra, y es que a excepcin de la mulatica de este seor a quien se hicieron dos incisiones, y tiene otros tantos granos, a los dems no pudo hacerse ms que una por haberse agotado el pus. Lo ejecu* Papel Peridico de la Havana 23 de febrero de 1804; Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 2, pp. 156-161.

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OBRAS 172\ 172\ 172\ 172\ 172\ t con bastante desconfianza; pero sus amos as lo exigieron, pudiendo advertir que cuando a mis pequeos hijos les hice dos, tres y hasta cuatro incisiones no sera por mortificarlos, sino porque lo juzgaba necesario. El mayor de mis hijos, que tiene seis aos, a quien le hice tres incisiones en el brazo siniestro, ha sentido desde el sbado en la tarde y todo el domingo dolor en la parte interior de dicho brazo hacia el hombro, experimentando tambin cierto movimiento febril y displicencia que le obligaban a ponerse en cama muchos ratos, abandonando sus juegos y entretenimientos. En los dems han sido menos perceptibles estas novedades como que slo tienen un grano en cada brazo. Aadiendo a esto el da en que aparecieron las pstulas, su figura y el orden con que han progresado, uniforme en todos ellos y en los dems vacunados, no deba dudarse que todos tenan la verdadera vacuna. Sin embargo, para ms cerciorarme hice que la tarde del da de ayer los reconociesen el doctor don Bernardo Czar, ayudante director de ciruga y Medicina de la escuadra y hospitales de Marina de este puerto; don Juan Prez Carrillo y don Francisco Gutirrez, segundos profesores mdicos cirujanos de la Armada, los cuales habiendo visto la vacuna en Espaa y en Puerto Rico, atestaron unnimemente que todos mis hijos y por consiguiente todos los dems vacunados tenan la verdadera vaccina. Slo me es lcito recomendar su benignidad por propia experiencia; las dems ventajas que se le atribuyen necesito rectificarlas con ulteriores observaciones; pero siendo muy dignos del mayor crdito los clebres filntropos que la han practicado muchos aos, extractar lo que me permita este peridico de los escritos del inmortal Jenner, Woodwille, Pearson, Aikin, Coln y otros, advirtiendo que cuando cito algn autor ser observacin particular; en los dems todos convienen unnimemente. 1 La verdadera vacuna preserva para siempre de las viruelas naturales.12 La vacuna no es contagiosa, solamente se propaga por insercin. 3 En la vacuna los granos se limitan a las incisiones; las dems partes del cuerpo quedan ilesas. 4 La calentura que suele experimentarse en la vacuna es de poca duracin y de ningn peligro. 5 En cualquier edad puede vacunarse; Jenner lo ejecut felizmente con un nio pocas horas despus de haber nacido. 1Esta proposicin la prueba Jenner con muchos hechos; referir los ms incontestables. Inocul con el pus de la viruela natural tres personas que veinticinco, treinta y uno y sesenta y dos aos antes haban tenido la verdadera vacuna comunicada casualmente por las vacas; ninguna de ellas experiment otra cosa que algunas leves pstulas en el lugar de las incisiones. En el tiempo intermedio y aun despus vivieron sin la menor reserva con varios virolentos sin que nada sintiesen.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /173 /173 /173 /173 /173 6 Si se teme el contagio varioloso es ms seguro vacunar en el tiempo de la denticin que exponerse a las viruelas naturales. El doctor Coln asegura que a muchos nios de los que haba vacunado les salieron los dientes en aquellos das, y no por eso lo pasaron peor. Nowell vacun otros endebles, enfermizos y atacados de tos convulsiva; y lejos de empeorarse gozaron despus de la mejor salud. 7 En cualquier estacin puede vacunarse. 8 Algunas personas no estn en aptitud de recibir la vacuna, as como resisten tambin el contagio varioloso y a la misma inoculacin. 9 Si la pstula se cicatriza antes de los diez das, el vacunado no queda preservado de las viruelas naturales, es preciso repetir la operacin. Aikin aade que la vacunacin no libra de ellas en los cinco primeros das, aun cuando resulte la verdadera vacuna. 10 Si se vacuna algn sujeto estando ya infestado del contagio varioloso, tendr ambas enfermedades. Algunos escritores franceses, dice Hernndez, convienen en que no han visto en este caso viruelas confluentes y malignas. Los mdicos de Ginebra, entre ellos el ilustre Odier que tan felizmente ha vacunado muchos centenares, compusieron una exhortacin, la misma que recitan los prrocos a los padrinos al tiempo de administrar el bautismo, exhortndolos a que inmediatamente hagan vacunar a sus ahijados. Finalmente, la Junta General de la Vacuna establecida en Pars, y compuesta de los ms distinguidos profesores de la Repblica, al cabo de tres aos de reiteradas indagaciones y experiencias ha pronunciado su dictamen; y el ciudadano Guillotin, diputado por ella para presentar al primer cnsul ese precioso volumen el 5 de noviembre prximo pasado, le dice en aquel acto: “Ya no dudamos, ciudadano primer cnsul, que desaparezcan las viruelas, y con ellas esas deformidades horrorosas, enfermedades crueles y horrible contagio a que sucede tan frecuentemente un fin funesto. Las generaciones futuras se mejorarn y sern ms hermosas.” Habana y febrero 20 de 1804. Doctor Toms Romay.

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OBRAS 174\ 174\ 174\ 174\ 174\ARTCULO EN EL QUE DA CUENTA QUE PASAN DE DOSCIENTOS LOS VACUNADOS, SEALA QUE HA OFRECIDO A SUS HIJOS PARA QUE LOS FACULTATIVOS REALICEN LAS INOCULACIONES Y LLAMA A LOS QUE YA HAN SIDO VACUNADOS PARA QUE SE PRESENTEN EN SU CASA PARA CONTINUAR HACIENDO LAS INOCULACIONES, VER SUS EFECTOS Y COMPROBAR SI LA VACUNA ES VERDADERA O FALSA*Segn los informes ms exactos que he podido tomar, pasan de doscientas las personas vacunadas por diferentes profesores con las pstulas de los nueve primeros nios que se vacunaron en los das 12 y 13 del presente mes. Pero desconfo mucho se verifique la erupcin en todos los vacunados en mi casa la tarde del martes 21. El extraordinario concurso que hubo en ella, y el empeo con que muchos pretendan ser despachados a un mismo tiempo, privaba a los facultativos que operaban de la luz, de la accin en las manos y de aquella tranquilidad necesaria para ejercer una operacin delicada aunque muy sencilla. No pude hacer ms en obsequio del pblico que presentar generosamente a los tres de mis hijos que podan serle tiles, para que cuatro profesores a la vez tomsemos de sus delicados miembros el pus benfico que preserva de la muerte ms horrorosa. Esta consideracin superaba al justo temor que tena de que pudieran ser lastimados en medio de aquel desorden y confusin. No incluyo entre esos doscientos vacunados los que han sido intil y aun perjudicialmente mortificados. Con el mayor sentimiento he sabido que unos pretendieron vacunar con el pus de ciertos granos que tena en las manos la ms pequea de las mulaticas que vinieron de Puerto Rico; y otros con el pus de sus pstulas vacunas pasados ya catorce das de la erupcin, y despus de haber sido agotadas por m. Las resultas de semejantes operaciones pueden desconceptuar la vacuna entre aquellas personas que ignoran el modo y tiempo de practicarla con utilidad. A stas advierto que slo debe tomarse el pus de la pstula que sale en la misma incisin, y esto cuando est perfectamente caracterizada por verdadera vacuna. El pus de cualquier otro grano que hubiese en el cuerpo por otro motivo y aun el de aquellos muy pequeitos que suelen salir alrededor de la incisin, y se disipan prontamente, no slo es intil, sino tambin perjudicial. Pasados trece das es muy difcil que el verdadero grano vacuno sea capaz de producir otro semejante, mucho menos si le han arrancado la Papel Peridico de la Havana 26 de febrero de 1804 (Suplemento); Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 2, pp. 161-163.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /175 /175 /175 /175 /175 postilla y queda el pus expuesto al contacto del aire. Tampoco deber tomarse del mismo lugar del grano donde ya se ha extrado, aunque al da siguiente se advierta otra vez lleno. El aire enerva tanto la virtud de ese pus que despus de hecha la insercin, si no se conserva cubierto por dos das con el tafetn de Inglaterra o con un cabezal, deja de verificarse muchas veces la erupcin. La constante experiencia ensea, dice Aikin, que el mtodo de hacer la incisin no es una materia indiferente, bien se inocule con vaccino, bien con el pus varioloso. Jenner vacun primero haciendo dos pequeas incisiones en el brazo; mas Woodwille prefiri las picaduras introduciendo horizontalmente dos o tres lneas la punta de la lanceta humedecida con el pus. Ignoro que esta prctica se haya alterado en Europa; al contrario, la he visto recomendada en todos los vacunadores que he ledo, y para ese objeto se inventaron en Francia las agujas y en Madrid el instrumento que refiere el doctor Hernndez en la Memoria que tradujo. Siendo este mtodo tan general, extrao que un profesor de esta ciudad lo haya despreciado y ejecute la vacunacin haciendo tres sajaduras en el brazo, y aplicando encima el pus con el plano de la lanceta; deseo ver el resultado de esta novedad. Las personas a quienes hubiere vacunado, y no conozco o no tengo presentes, pueden llamarme del da sptimo al duodcimo; ofrezco visitarlas con el mismo desinters que practico aquella operacin. Slo aspiro a ver sus efectos, y advertirlas si es verdadera o falsa vacuna para comunicar a otras su pus si resulta lo primero, o volverlas a vacunar si se verifica lo segundo, pues en este caso no quedan preservadas de las viruelas naturales. Habana y febrero 23 de 1804. Doctor Toms Romay .REFUTACI"N A CIERTAS OPINIONES QUE TRATAN DE DESACREDITAR LA VACUNA IMPUTNDOLE BENEFICIOS O COMPLICACIONES EXAGERADOS*Nada es tan difcil como intentar convencer a ciertos hombres que slo saben formar inducciones, y que suponiendo en ellas principios errneos se atreven a deducir consecuencias que juzgan incontestables. A los que as discurren es preciso impugnarlos de dos modos; el primero manifestndoles la falsedad de los fundamentos en que apoyan sus raciocinios; el segundo oponindoles un mayor nmero de casos contrarios a los que ellos alegan. De semejantes argumentos es necesario valerme Papel Peridico de la Havana 15 de marzo de 1804 (Suplemento); Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 2, pp. 166-167.

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OBRAS 176\ 176\ 176\ 176\ 176\ para vindicar la vacuna, cuya principal prerrogativa se impugna en esta ciudad sin examinar los hechos, ni siquiera iniciarse en los elementos de la materia. Se ha credo que basta hacer dos o cuatro picaduras en los brazos para que desde aquel momento el vacunado no slo quede seguro de contraer las viruelas naturales, sino tambin que estas pequeas incisiones sean capaces de extirpar y destruir ese mismo contagio si se ha contrado anteriormente. Error crassimo, origen de todos los casos en que vemos aparecer las viruelas naturales despus de la vacuna. Esa vana confianza, y el terror que infunden los estragos producidos por la actual epidemia, ha impelido a muchos a vacunar sus hijos y domsticos sacndolos de unas casas contagiadas, y quizs de las mismas camas de los virolentos; y a otros a no preservarlos despus de la vacunacin de las causas capaces de infestarlos. En mi papel publicado en el peridico nmero 16 dije, con Aikin, que la vacuna no preserva de las viruelas naturales en los cinco primeros das. No estoy obligado a sostener una opinin particular, pero tampoco tengo motivos para abjurarla. Cuantos casos se alegan por los antivacunistas de esta ciudad, ninguno de ellos prueba que el contagio se ha contrado pasado ese trmino. Del da primero de la vacunacin al noveno inclusive es el perodo en que se ha notado la fiebre variolosa en todos los vacunados que la han tenido hasta la fecha. Este hecho, cuya verdad he investigado tomando los informes ms exactos y fidedignos para desmentir con la mayor confianza todas las imposturas que se han suplantado; este hecho incontestable no destruye la opinin de Aikin. Cuando se advierte esa fiebre hace ya muchos das que el contagio est contrado y obra en nuestro cuerpo de un modo imperceptible. No se ha decidido an ni es posible determinar qu nmero de das existe dentro de nosotros sin manifestarse por el ms ligero sntoma; pero es inconcuso que comunicado por el medio activsimo y eficaz de la antigua inoculacin pasaban lo menos siete das sin que el inoculado experimentase la menor incomodidad en su constitucin. “Que las viruelas no se hayan manifestado hasta el da noveno en el nio Peirigne no debe sorprendernos, as discurren unos profesores muy distinguidos tratando de cierto vacuno-virolento; y sera muy posible que en otro caso semejante se declarasen todava ms tarde. Porque, acaso sabemos cuntos das antes de su primera aparicin pudieron estar contradas? Circunstancias particulares, conocidas o desconocidas, y opuestas a sus progresos, pueden en tal o cual caso retardarlos y enervar su secreto movimiento para la erupcin. La mayor o menor energa del miasma varioloso, el grado de vitalidad del sujeto infestado, su idiosincrasia, el rgimen, la temperatura atmosfrica, pueden acelerar o retardar el insensible efecto del germen morbfico y la manifestacin de sus primeros sntomas. Por otra parte, las mismas razones que algunas veces retardan el

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /177 /177 /177 /177 /177 descubrimiento de la viruela pueden tambin influir en que el efecto del virus vacuno se verifique con ms lentitud en ciertas personas, y efectivamente le hemos visto no manifestarse hasta el da diez, quince y veintiuno de la insercin; siendo indubitable que hasta el momento en que empieza su accin puede contraer las viruelas el sujeto vacunado.”1La extensin de este papel no me permite discurrir por todos los casos que tanto se vociferan; me contraer a los ms notables. stos son los que han sucedido en la casa del coronel don Martn de Arstegui. Cuando empec a vacunar en ella el 13 del mes anterior, estaban actualmente con las viruelas naturales una nieta de dicho seor y nueve de sus criados. A stos han sucedido otros cinco, de suerte que son quince los que hasta la fecha las han padecido, entre ellos cuatro con viruelas confluentes y malignas, de los cuales pereci una negra. Cmo, pues, podan preservarse los que se vacunaron en medio de un contagio anticipado y sostenido con tanto vigor y constancia? Lejos de sorprenderme el que seis de ellos hayan tenido al mismo tiempo las viruelas naturales, admiro como pudieron escaparse los cinco restantes; y aun admiro mucho ms la virtud preservativa de la vacuna cuando contemplo que habindosele notado a uno de esos vacunados la fiebre que suele presentarse, juzgando la madre que era la variolosa, lo puso en la misma cama donde tena otro hijo con muchas viruelas naturales, de la cual sali ileso y permanece sin novedad alguna. Lo propio ha sucedido en la casa del seor don Francisco Basabe. Se advirti febril y con una lleve erupcin2 a una mulatica vacunada de quince meses de edad. Creyendo fuesen viruelas naturales se puso en un cuarto donde haba otras tres criadas con ellas, entregndosela a una para que la cargase, durmiera y cuidara. Al siguiente da desapareci la erupcin, y despus de haber permanecido otros cinco en aquel lugar tan infestado sali de l sin ms pstulas que las vacunas. En los vacuno virolentos de la casa del seor Arstegui, y en todos los dems que he reconocido en otras varias, he observado que segn el incremento que tena el grano vacuno cuando invadi la fiebre variolosa, ha sido la erupcin tanto ms discreta y benigna; en ninguno he observado una sola viruela maligna; de aqu infiero que aun cuando la vacuna no produjera otro beneficio debera adoptarse. Y si es capaz el virus vacuno de enervar al varioloso cuando se ha desarrollado y obra con toda su energa, no podr ms fcilmente destruir la predisposicin a su contagio? 1Primer Informe de la Comisin de la Vacuna establecida en Pars, dado en 6 de junio de 1801. 2En otros seis nios vacunados he visto durar la misma erupcin hasta cinco das. Odier la observ tambin en Ginebra; en Cdiz han sido muy frecuentes, y los ciudadanos An y Cullerier advirtieron otra en Pars aun ms comn y permanente; algunos juzgaron ser variolosas, pero la Comisin demostr lo contrario.

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OBRAS 178\ 178\ 178\ 178\ 178\ Contra la anterior observacin se objetar la desgraciada muerte del hijo del capitn de fragata don Jos Elizalde, y de un nieto del licenciado don Silvestre Garca. Es muy notorio que cuando se vacun el primero la tarde del 22 del pasado por el maestro don Juan Odillay ya tena la fiebre variolosa, y que la pstula vacuna nunca lleg a presentarse; slo aparecieron en las incisiones otras sanguinolentas, semejantes a las que tena en todo su cuerpo. El segundo de estos nios se vacun el mircoles 29 del pasado, el domingo 4 del corriente se sinti la fiebre variolosa, el martes tuvo una erupcin tan discreta y benigna que segn la expresin de sus padres podan contarse las viruelas; el jueves a las oraciones, estando muy despejado y alegre, y teniendo las viruelas como unas perlas, as se me explicaron, a la media noche le asalt un afecto al pulmn que en pocos momentos lo priv de respirar y de vivir. No es posible que unas viruelas tan benignas pudieran quitarle la vida, y mucho menos en tan pocos das. Sus mismos padres atribuyen esa muerte prematura a los abusos que se cometieron en su curacin aquella misma noche, cuando no necesitaba de ningn auxilio. Quiero suponer que en esta ciudad hay treinta vacuno-virolentos; supongo tambin que ninguno de ellos es de los muchos que han tenido la falsa vacuna, ni de los que fueron inoculados con el pus de las pstulas que tena en las manos una de las mulaticas que vinieron de Puerto Rico; concedo por ltimo que las viruelas sean naturales y no una erupcin semejante a la observada en Ginebra, Pars y aun en esta propia ciudad. Y preponderar ese nmero en descrdito de la vacuna habindose salvado por ella cerca de tres mil personas en el mismo tiempo de la epidemia? Por el diario que llevo consta que yo solo he vacunado a ochocientos treinta y uno fuera de otras muchas que no he podido numerar; y si la induccin es tanto ms convincente cuanto mayor es el nmero de los hechos que se alegan, debe decidirse la ventaja en favor de la vacuna. Ctese al menos un solo ejemplar de haber invadido la fiebre variolosa pasado el da dcimo de la vacunacin; pero ctese no con la notoria y absoluta falsedad que se ejecuta en la nia de la seora doa Mara de Jess Basabe, en un nio del seor don Juan de Orozco, en otra nia del seor don Juan Manuel O’Farril, en la del seor Conde de Casa Montalvo y en otros muchos vacunados. Finalmente no debe extraarse que en esta ciudad se haya complicado la vacuna con la viruela natural, pudindose considerar toda su atmsfera infestada con los hlitos que exhalan tantos virolentos como en ella existen. En todas partes ha sucedido lo mismo en los tiempos de epidemias, y no por eso se ha proscrito la vacunacin. Ya cit un caso observado en Pars, y en el mismo Informe pueden verse otros muchos. Odier lo observ en Ginebra diferentes ocasiones; y Woodwille refiere que cuando se vacunaba en Londres en el mismo hospital de los virolentos, trescientos seis de los vacunados tuvieron igualmente las viruelas naturales.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /179 /179 /179 /179 /179 Rebajemos del nmero de nuestros vacuno-virolentos los que han tenido la falsa vacuna, y an tendremos menos derecho para imputar a la verdadera todas las fatalidades que se exageran, si consideramos que muchos se han vacunado en el tiempo de la denticin con diarreas, con tos convulsiva, con erupciones herpticas y sarnosas, y con otros achaques que se habran respetado si el temor de las viruelas no hubiese impelido a preservarlos de aquel mayor peligro. Si la vacuna se hubiera introducido en esta ciudad en tiempo ms benigno, slo se contaran prosperidades; sin embargo, cuando se disipen esos rumores esparcidos por la ignorancia y el goticismo, se conocer generalmente el bien que ha producido salvando muchas vidas, y redimiendo nuestra generacin de tantas deformidades. Habana, 12 de marzo de 1804. Doctor Toms Romay .ARTCULO EN EL QUE PLANTEA LA TESIS DE SI NO PUEDE PRESUMIRSE QUE LA VACUNA PRESERVA IGUALMENTE DEL V"MITO NEGRO*Preservar de las viruelas naturales no es la nica ventaja que se atribuye a la vacunacin. Desde el 6 de agosto del ao prximo pasado se anunci en la Gaceta Republicana uno de los papeles pblicos de Boston, que la vacuna era en Turqua un antdoto contra la peste. Tan feliz descubrimiento lo he visto posteriormente ratificado en El Publicista del 27 fructidor ao 11 (14 de septiembre de 1803) y se ha debido a Auban, mdico de Constantinopla, y a Lafont, de Salnica en Macedonia, quienes sin haberse conocido ni tratado han convenido, despus de muchas experiencias y hechos muy autnticos, en que la vacuna tambin preserva de la peste. ltimamente se ha traducido esta noticia muy circunstanciada en la Gaceta de Madrid, nmero 94 del ao prximo pasado. Y no podr presumirse que la vacuna preserva igualmente del vmito negro, cuando redime de dos enfermedades las ms contagiosas y mortales? No slo por analogismo, algunos hechos me hacen tambin concebir algunas sospechas. Mas para decidir una cuestin tan importante se necesita algn tiempo y muchas observaciones. Ofrezco ejecutar cuantas me sean posibles; pero siendo esta empresa muy superior a mis conocimientos, y a los casos que pueden presentarse a un solo profesor, a nombre de la Humanidad exhorto y ruego a todos mis compaeros se dediquen a practicar la vacunacin, con el doble objeto de preservar de Papel Peridico de la Havana 1 de marzo de 1804 (Suplemento).

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OBRAS 180\ 180\ 180\ 180\ 180\ las viruelas y de observar si vacunndose los europeos no aclimatados se preservan del vmito negro. Y siendo esta enfermedad tan frecuente en las colonias angloamericanas, consultar a la Academia Filosfica de Filadelfia para que tambin observe y me instruya de su resultado. El bien que redunde a nuestros semejantes ser la remuneracin ms grata a un corazn sensible y generoso; adems la Humanidad reconocida bendecir nuestros nombres, como lo ejecuta con los de Jenner, Aubant y Lafont. El muy celoso Jefe de esta Isla, que tanto se ha interesado por introducir en ella la vacuna, y a quien he comunicado el proyecto que acabo de referir, ofrece tomar las ms eficaces providencias en las tropas que estn bajo su mando, interesando al mismo tiempo al excelentsimo seor Capitn General de este puerto para que en sus buques y hospitales mande hacer las mismas observaciones. Y queriendo Su Seora tener la complacencia de instruirse en los progresos de la vacuna, y de auxiliarme en mi proyecto, encarga eficazmente a todos los profesores remitan mensualmente a la Secretara de Gobierno una lista de las personas que fuesen vacunando, advirtiendo el fin con que se ejecuta en cada una, si es para preservar de las viruelas o del vmito negro. El facultativo que vacunase deber conservar otra lista expresando en aqullos que intenta precaver del vmito, el da en que han sido vacunados, su nombre, patria, edad, etc., y en enero remitir copia a la misma Secretara, insinuando si ha sido o no llamado para curar el vmito a alguno de ellos. Para que esto pueda verificarse es preciso que los vacunados, si fueran acometidos de esa enfermedad, llamen, aunque slo sea para reconocerlos, al profesor que los hubiese vacunado; y si en todo este ao no enfermase de dicho mal, se le presentar a fines de diciembre para anotarlo; lo mismo debe ejecutar si antes de ese mes intenta salir de este puerto, advirtiendo el buque en que lo ejecuta y el lugar a donde se dirige. Con tan poco trabajo puede hacerse un descubrimiento muy benfico a la Humanidad. Ofreciendo la presente epidemia de viruelas una ocasin la ms oportuna para observar si la verdadera vacuna preserva de su contagio, parece muy conveniente que los padres o los amos a quienes se hubiere hecho esa operacin remitan al facultativo que la ejecut un apunte con el nombre del vacunado, el da y la casa donde se hizo y la persona de quien se tom el pus. Y si alguno de estos vacunados experimentase las viruelas naturales, se llamar al mismo facultativo para reconocerlo, y a m tambin como encargado por el Gobierno para hacer las ms exactas observaciones sobre la materia. De este modo se evitar igualmente redunde en descrdito de la verdadera vacuna lo que puede resultarles a los vacunados con el pus de los granos vaccinos de las mulaticas que vinieron de Puerto Rico pasados trece das, y a los inoculados con el pus de las pstulas que tena en las

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /181 /181 /181 /181 /181 manos la ms pequea de las dos; a todos los cuales no considero preservados de las viruelas naturales, porque los primeros han tenido la falsa vacuna y los segundos una erupcin muy diferente. Habana, 27 de febrero de 1804. Doctor Toms Romay .COMUNICACI"N DIRIGIDA AL PRESIDENTE, GOBERNADOR Y CAPITN GENERAL DE LA ISLA EN QUE DA CUENTA DE LA INTRODUCCI"N DE LA VACUNA, LOS XITOS EN PROPAGARLA Y LAS MEDIDAS QUE SUGIERE PARA CONSERVAR EL FLUIDO VACCINO, Y SOLICITA QUE SE LE DESTINE UNA SALA EN EL REAL HOSPITAL DE SAN AMBROSIO PARA REALIZAR TRABAJOS DE EXPERIMENTACI"N CLNICA, ENTRE ELLOS COMPROBAR SI LA VACUNA PRESERVA TAMBIN DEL V"MITO NEGRO A LOS EUROPEOS NO ACLIMATADOS*Seor Presidente, Gobernador y Capitn General: Desde fines de diciembre del ao prximo pasado se advirti en esta ciudad una epidemia de viruelas naturales que empez a consternar a sus habitantes. Sin embargo del fro moderado que se experiment en enero y principio de febrero, viendo que progresaba esa enfermedad haciendo muchos estragos, presagiamos que an seran mucho mayores entrando la estacin calurosa del verano. En este conflicto, sabiendo que estaba muy distante de nuestras costas la expedicin en que la beneficencia del Soberano nos enva en la vacuna el ms eficaz preservativo de dicho mal, nos juzgbamos casi sin recursos para salvar las vidas de nuestros hijos y domsticos. Tal era nuestra situacin el 10 de febrero, cuando una feliz casualidad introdujo en este puerto a doa Mara Bustamante, quien antes de salir de La Aguadilla de Puerto Rico el 2 del propio mes, hizo vacunar el da anterior a su nico hijo y a dos mulaticas, sus criadas. Por los adjuntos peridicos conocer Vuestra Seora que sin perder un momento, y sin que ninguna consideracin pudiera retraerme, vacun primero a todos mis cinco hijos, y sucesivamente en los das 12 y 13 a otras treinta y seis personas. De todas stas slo en nueve se verific la erupcin, y an admiro como pudo conseguirse teniendo tantos das el grano de donde se extrajo el pus. Como encargado por la Junta Econmica del Real Consulado para solicitar la vacuna dentro y fuera de esta Isla, le inform del modo como la *Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 2, pp. 168-171.

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OBRAS 182\ 182\ 182\ 182\ 182\ haba conseguido; y acordado adjudicar por mi mano a doa Mara Bustamante el premio de trescientos pesos que tena ofrecido a quien primero la introdujese con utilidad y permanencia. Tuve la dicha de haber logrado en mis pequeos hijos, a costa del mayor cuidado y vigilancia, nueve hermosos granos vacunos; y juzgando que no poda hacer a esta ciudad afligida un obsequio ms grato, se los present todos con el ms generoso desinters los das 21, 22 y 23 del pasado sin exceptuar clases ni condiciones. Yo solo no siendo capaz de satisfacer el anhelo con que sus vecinos me presentaban sus nios y criados para que los vacunase, fue preciso valerme de otros tres profesores, quienes con el mismo desinters que yo difundimos a un mismo tiempo en un concurso innumerable el pus benfico que preserva de la muerte ms horrorosa. El xito correspondi a mis deseos. En la siguiente semana ya haba en esta ciudad ms de doscientos vacunados, cuyo pus se ha esparcido con tanta rapidez que pueden llegar a cuatro mil los que han logrado el mismo beneficio dentro de sus muros. No he circunscrito a ellos ese bien inapreciable; personalmente he vacunado en los arrabales de San Lzaro, el Seor de la Salud y Jess del Monte, en la ciudad de Santa Mara del Rosario y en una hacienda seis leguas distante de esta Plaza donde resida la familia del seor Conde de Casa Bayona. Al mismo tiempo he remitido el pus vacuno entre cristales al Ilustrsimo Seor Obispo que se halla en la villa de Santa Clara, a las de Puerto Prncipe, San Juan de los Remedios y Sancti Spritus; y dos de mis hermanos han llevado el grano vacuno en sus propios hijos al partido de Gines y a la villa de Guanabacoa, por cuyo medio se ha propagado en esos pueblos, en las haciendas vecinas y tambin en la ciudad de Matanzas a donde han conducido a seis personas vacunadas por mi mano. Pero no basta, seor Presidente, para la prosperidad de esta Isla haber adquirido la vacuna difundindola por toda ella con tanta rapidez. Pudindose vacunar dentro de pocos das todos los sujetos que actualmente la necesitan, carecern las generaciones futuras del bien que nosotros disfrutamos si eficazmente no procuramos trasmitrselo. Semejante al fuego sagrado de las vestales, necesita la vacuna de un pbulo continuo y de una constante vigilancia. Si llega a extinguirse no debemos esperar que Su Majestad vuelva a costear otra expedicin para remitirla; ni es posible reunir muchas veces las felices circunstancias que ahora nos la han introducido, no podemos confiar en que se nos enve el pus vacuno entre cristales de los pases ultramarinos; yo lo he recibido cuatro ocasiones de ese modo, una de ellas en veintitrs das, y siempre ha llegado a mis manos su enervada virtud. Perdamos pues la esperanza de conseguirlo por unos medios tan remotos y busquemos los que sean capaces de conservarlo. Propongo los siguientes.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /183 /183 /183 /183 /183 1 Elegir el Gobierno dos facultativos, por los cuales se harn vacunar todos los cargamentos de negros bozales que lleguen a este puerto, antes de abrir su venta, no haciendo constar haberlo ejecutado anticipadamente. 2 A cualquiera de estos dos profesores se avisar inmediatamente que se exponga algn nio en la Casa Cuna para que lo vacune antes de salir de ella. 3 Se ejecutar lo mismo con los que nacieren en el palenque de los negros del Rey. 4 A los doce das de haber nacido cualquier nio en esta ciudad, en sus arrabales o en otro lugar de la Isla, se vacunar por uno de los facultativos comisionados por el Gobierno. 5 stos cuidarn de poner el pus vacuno entre cristales con todas las debidas precauciones, cuando el orario est para secarse y no se presentare entonces a quien comunicarlo. 6 Llevarn un diario de todas las personas que fueren vacunando con expresin de sus padres y de la casa, para dirigirse con toda seguridad, debindolo presentar mensualmente al Gobierno. 7 Se recomendar a los hacendados de esta Isla, y aun se estimularn ofreciendo algn premio a adquirir, si nuestras vacas suelen tener el grano vacuno; y encontrndose alguna que lo indique se presentar a un profesor capaz de discernirlo. 8 En los tiempos que estos animales suelen tener algunas erupciones en las ubres se inherir en ellas el pus vacuno tomado del hombre, del mismo modo que se ejecuta en ste, observndose si resulta el verdadero grano vacuno. 9 Se me destinar una sala en el Real Hospital de San Ambrosio, con diecisis o veinte camas para ir vacunando sucesivamente a los reclutas que llegaron a los regimientos de esta Plaza el ao anterior, y los que fueron viniendo de Europa con tres objetos. El primero, preservar de las viruelas a los que no las hubieren tenido, conservando en ellos la vacuna inalterable. El segundo, inquirir si el grano vacuno que resulta a los que han tenido ya las viruelas naturales es capaz de preservar a otros de ellas. He observado, contra lo que afirma cierto escritor, que en cuatro personas vacunadas muchos aos despus de haber sufrido las viruelas naturales, el grano vacuno se presentaba con todos los caracteres de verdadero; pero hasta ahora nadie ha consentido vacunarse con su pus, habiendo vacunadores que afirman ser ineficaz para preservarse de las viruelas. Si este ensayo resulta favorable, tendremos otro medio ms fcil para conservar la vacuna. El tercero y ltimo objeto con que pretendo dicha sala es observar si vacunndose los europeos no aclimatados, se preservan tambin del vmito negro. A los fundamentos que expone en el adjunto suplemento al peridico nmero 18, puedo aadir que conozco cuatro jvenes espaoles, quie-

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OBRAS 184\ 184\ 184\ 184\ 184\ nes permanecieron ilesos en la epidemia del ao anterior, sin tener otro motivo que atribuirlo sino al haberse vacunado para precaverse de las viruelas antes de salir de la Pennsula; uno de ellos es don Jos Veles, paje del ilustrsimo seor Obispo, cuya edad, temperamento y robustez lo predisponen para contraer dicha enfermedad. ste ha sido, seor Presidente Gobernador, el modo con que la vacuna se ha introducido y propagado en nuestra Isla; los peridicos que acompao comprueban esta sencilla relacin. Por ello conocer tambin Vuestra Seora que no slo he procurado contribuir a sus progresos con mi ejemplo y con mis operaciones corporales, sino tambin recomendando en mis escritos sus ventajas y utilidades, declamando contra los abusos que se iban introduciendo por algunos profesores, vindicndola al mismo tiempo de los que han pretendido impugnarla. Propongo finalmente los recursos que el patriotismo y la humanidad me han inspirado para no llegar a carecer de una adquisicin tan importante. El carcter benfico de Vuestra Seora, su ilustrado y superior talento, y el eficaz inters con que no ha cesado de solicitarnos ese importante beneficio, le dictarn otros medios ms slidos y eficaces para conservarlo. Habana y marzo 20 de 1804. Doctor Toms Romay.REFUTACI"N A LOS ANTIVACUNADORESCujuvis hominis est errare: mullius misi insipientis in errare perseverare. CicernCuando el 23 de marzo present a dos de mis hijos, y a otros dos nios vacunados para que se inoculasen con las viruelas naturales, me tuvieron algunos por un padre desnaturalizado que no tema exponerlos al contagio de una enfermedad que hace tantos estragos; y otros atribuyendo mi resolucin a una fe pitagrica, me creyeron servilmente sometido a la autoridad de escritores muy lejanos. Los que as discurran no conocen ni la terneza de mi corazn ni las reflexiones que me hicieron sofocar sus afectos. Si para los progresos de la vacuna en esta ciudad se exiga una prueba convincente de su virtud preservativa, cul otra pudo escogitarse ms pblica e incontestable? Y si yo hubiera rehusado exponer ella a mis propios hijos, qu padre me habra entregado los suyos? La opinin unnime de los primeros mdicos de Europa, y de los hombres ms respetables por su carcter y literatura; la autenticidad y el nmero de los hechos en que *Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 2, pp. 172-179.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /185 /185 /185 /185 /185 se apoyan; la comprobacin de ellos en los Estados Unidos, en Puerto Rico y en las vecinas colonias extranjeras, finalmente la determinacin de un Monarca benfico que despus de consultar a sus ms ilustrados ministros y profesores, costea una expedicin para remitirnos la vacuna; ved aqu los fundamentos que tuve para vacunar a todos mis hijos, estimulando al mismo tiempo a mis compatriotas por ese medio ms eficaz que todas las razones a que adoptasen aquella operacin. Y si entonces estaba persuadido de que por ella se preservaban de las viruelas naturales, cmo poda dudarlo despus que por espacio de cuarenta das observ varios hechos capaces ellos solos de convencerme plenamente? De aqu conclua que inoculando a mis hijos slo los expona a sufrir el dolor de unas leves incisiones. Y por esa pena momentnea, debera preponderar el amor paterno al amor sagrado de la Humanidad y de la patria? El xito ha correspondido a mis esperanzas. En el suplemento al peridico nmero 34 se public el resultado de aquella operacin, ejecutada en presencia del Real Tribunal del Protomedicato de esta ciudad, de otros profesores distinguidos por su inteligencia y por las plazas que ocupan, y de varios sujetos caracterizados a quienes aquel acto no era indiferente, tanto por el inters de sus propias familias como por lo que deba influir en el bien pblico. Adems de haber visitado casi diariamente a los vacunoinoculados aquellos facultativos, el doctor don Jos Caro ha visto con mucha frecuencia al hijo de don Joaqun de Crdoba, y el licenciado don Alonso Romero a los mos. Todos estos profesores atestan unnimemente que en ninguno de los cuatro vacuno-inoculados han descubierto el ms pequeo grano que se parezca al varioloso, ni sntoma alguno de esa enfermedad. La pstula que se form en una de las incisiones al ms pequeo de mis hijos, muy semejante a las que se han observado en Europa en tales circunstancias, desmiente la negra calumnia con que se ofendi mi probidad, suponiendo que yo extraje inmediatamente el pus de las incisiones hechas a mis hijos y las lav ejecutando otras maniobras indignas de un hombre de bien, que slo se ha interesado en los progresos de la vacuna por la prosperidad de su pas. Los antivacunadores, no satisfechos con desacreditarla, suponiendo hechos y exagerando fatalidades, dirigen ya contra m las imposturas que les dicta su procacidad; recursos muy precarios y justamente proscritos no slo en la repblica literaria, sino tambin entre hombres de una mediana educacin. Si no estn convencidos todava, si exigen otras pruebas para adjurar su error, yo las presentar nada menos irrefragables. Por ser demasiado numerosas y conocidas no citar las casas en que de propsito se han puesto los vacunados en la misma cama de los virolentos, han comido y dormido con ellos, sin que de nada se hayan reservado en todos los perodos de esa enfermedad. No es tan pblico, y por eso lo refiero, que el doctor

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OBRAS 186\ 186\ 186\ 186\ 186\ don Jos Bohrquez arranc a uno de sus criados la postilla del grano vacuno hmedo an, y puso en ella una plancha de hilas empapada con el pus varioloso, conservndola cinco das sin efecto alguno. Un hijo de don Manuel Mara Castellanos, ayudante mayor del Regimiento de Cuba, a los ocho das de vacunado mam mucho ms de los pechos de una criada, con los cuales se alimentaba tambin el hijo de sta cubierto de viruelas naturales. ¡Don Vicente Uriarte, cirujano del primer batalln de Milicias de esta Plaza, en la lista que present al Seor Gobernador y Capitn General de las personas que haba vacunado hasta el 4 de abril, pone la siguiente nota: “Doa Mara Alfonso y otras tres hijas que vacun el 16 de marzo han tenido la vacuna legtima. Esta seora dej otras dos nias ms pequeas para vacunarlas despus que viese en s misma los efectos de la vacuna; en este tiempo a la nia de pecho que criaba dicha seora le dieron viruelas confluentes de las que ha muerto, y la otra nia las est padeciendo tambin confluentes con gran riesgo. Esta madre aliment con su leche y tuvo en sus brazos a la hija hasta que muri, y lo misma a la otra que las est padeciendo; y ni ella ni las otras tres vacunadas han tenido novedad.” El licenciado don Jos Gregorio de Lezama, mdico del pueblo de Regla, en fecha 25 de abril me escribe en estos mismos trminos: “Mara de los Dolores, de cuatro meses de nacida, hija de Faustina, esclava de doa Rosala Mantilla, a los trece das de haberse vacunado le acometieron a su madre las viruelas naturales, y no teniendo proporcin de otra criandera estuvo mamando la leche de su madre variolosa hasta el da dcimo de la enfermedad, en cuya poca las viruelas que infestaban los pechos de Faustina, y que estaban supurando, se lastimaron en ocasin que la hija actualmente mamaba, de donde result que se le llenase la boca de pus sanguinolento, desde luego de mal sabor, pues desde aquel acto aborreci el pecho y no quiso tomarlo hasta de all a cuatro das, en que estando secas la mayor parte de las pstulas no tena postillas el pecho izquierdo, del que volvi a tomar su alimento, y pocos das despus del otro, sin que hasta la fecha, en que han corrido veintisis das, se le haya advertido a la hija la ms leve alternacin en su salud. En esta ciudad ha sucedido otro caso muy semejante en la casa del seor don Luis Toledo, capitn de navo de la Real Armada. Persuadido de que la nodriza del ms pequeo de sus hijos vacunados haba tenido las viruelas naturales, no le priv de su pecho en los tres primeros das de la fiebre eruptiva; se present al fin la viruela y dudndolo aun, mam el nio otros dos das, sin experimentar otra cosa que una fiebre la noche del quinto da, pero sin la ms pequea erupcin.” Yo juzgo estos dos casos todava ms decisivos que la misma inoculacin con el pus varioloso. Si a pesar de su fuerza irresistible los antivacunadores no estn confundidos, inventen otras pruebas, ejectenlas y publiquen sus resultados, pero publquenlos con toda la sinceridad que merece un asunto del cual

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /187 /187 /187 /187 /187 depende la vida de muchos hombres. No alteren las circunstancias esenciales, ni autoricen sus imposturas con el voto de aquellos facultativos que estn muy distantes de apoyarlas, como lo han ejecutado en el caso de las nietas del farmacutico don Antonio Pineda. Es cierto que estas nias tuvieron las viruelas naturales despus de veinticinco das de vacunadas, y que muri una de ellas; pero es falso que su vacuna fue verdadera, y que por tal la caracterizaron el doctor Andrs Terriles y el licenciado don Ambrosio Aragn. El primero de estos profesores, que fue el que vacun esas nias, me asegura que no volvi a verlas hasta los catorce das de aquella erupcin, en cuya poca ya estaban los granos con postilla; y tanto por esta razn como por haber observado que haban tenido la falsa vacuna todas las dems personas que se vacunaron con el grano de donde se tom el pus para aquellas nias, advirti a sus padres que la vacuna era falsa, en lo cual se ratific habindole dicho una seora de la propia casa que al tercer da ya estaban los granos muy hermosos y supurados. El licenciado Aragn no vio esas nias hasta los veinticinco das de vacunadas, y entonces ni el mismo Jenner era capaz de decidir si su vacuna era falsa o verdadera, por lo cual no dijo una sola palabra sobre su carcter; as me lo ha referido, y est pronto a ratificarlo. Tambin se vocifera la erupcin variolosa, aunque discreta, que apareci a una nia de don Juan de Fromesta, a los veintids das de vacunada; pero don Luis Mesas, que la reconoci desde los primeros momentos de aquella operacin, advirti a sus padres que la vacuna era y deba ser falsa, por haberse tomado el pus de los granos que tena en las manos una de las mulaticas vacunadas que vinieron de Puerto Rico. La muerte de la hija del doctor don Juan Ignacio Rendn es otro de los argumentos que oponen los antivacunadores. En 29 de febrero le vacun una nia como de cuatro meses, quien a principios de abril ha tenido una leve erupcin de viruelas volantes, llamadas vulgarmente chinas, y al sexto da ya estaban todas enteramente secas. Esta nia vive an, y est muy sana. Casi al mismo tiempo que me llevaron esa nia, la seora suegra del doctor Rendn me present otra poco mayor, y rehus vacunarla por tener todo su cuerpo lleno de ciertos granos conocidos con el nombre de malditas. Pocos das despus volvi a presentrmela, y yo la rechaz segunda vez. Por ltimo el 18 de marzo me oblig a vacunarla, hacindome ver que si le daban las viruelas en aquella situacin perecera irremediablemente. He sabido ahora por el mismo doctor Rendn que esa nia se la remitieron del Calvario para vacunarla, a donde regres luego que le hice aquella operacin; y que al octavo da fue invadida de unas viruelas malignas por las cuales pereci. Se citan otros casos de haber aparecido la fiebre variolosa pasado el dcimo; pero bien examinados resulta o algn error en el clculo o una erupcin de chinas, cuya epidemia es en el da tan frecuente como la de

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OBRAS 188\ 188\ 188\ 188\ 188\ fiebres escarlatinas, o colorado, invadiendo ambas indistintamente a los vacunados y a los que han tenido viruelas naturales. Pero como el pueblo est tan intimidado con los estragos que causan las viruelas, apenas se descubre algn grano en los vacunados se sobresalta, llama al facultativo; y si por desgracia ocurre a los impugnadores de la vacuna, sea por falta de discernimiento o por sobrada malicia, lejos de tranquilizarlo advirtiendo que son chinas, fomentan sus recelos y suponen peligros con dos objetos; el primero desacreditar la vacuna, y el segundo engrosar su peculio repitiendo intilmente las visitas. Miserables, pues, ocurren a unos medios tan srdidos para sostener su capricho. Parecer exageracin? Pues he visto, me estremezco al proferirlo, yo lo vi, y tambin lo presenci el doctor don Jos Bohrquez, y al doctor don Francisco de Crdoba se lo refirieron en la propia casa, dejar perecer a un vacunado a quien al sptimo da sobrevino una erupcin variolosa muy discreta y benigna, por tener la brbara complacencia de vociferar que los vacunados mueren de viruelas. Mal he dicho, no se dej perecer, porque las tales viruelas no podan privarlo de la vida; se la quit directamente el facultativo no prescribindole otro alimento y medicina que leche, naranjas de china y cocimiento de lentejas. Ese abuso criminal le caus una diarrea que lo aniquil y lo puso convulso. En este infeliz estado lo vimos el doctor Bohrquez y yo, y ni aun entonces haba alterado aquel profesor su abominable mtodo. ¡Quin me concediera toda la energa de Odier para repetir a los antivacunadores lo que escribi a Baum, cuando por sus instigaciones pereci de viruelas un ciudadano de Ginebra que haba pensado vacunarse! “Si el apreciable ginebrino —le dice— que habis privado del beneficio de la vacuna fuese mi pariente o amigo, os citara en los tribunales; y a falta de un castigo que la ley no podra tal vez imponeros, os cubrira con el desprecio e indignacin de todos los hombres virtuosos, sencillos y amantes de la Humanidad.” Moureau, transportado de un celo ardiente y filantrpico, no dud proferir “que los antagonistas de la vacuna debieran ms bien ser castigados con la vara de la justicia que por el ltigo de la stira”. A la verdad, qu perjuicio produce la vacuna para que tanto se abomine? Acaso es dolorosa la operacin? Se exige algo por ejecutarla? Obliga la vacuna a permanecer en casa y observar una dieta rigurosa? Necesita de la asistencia de un facultativo o de tomar alguna medicina desagradable? Por fin, es de alguna manera molesta o costosa? Pues en qu perjudica cuando no aproveche? No imagino haya algn hombre tan infatuado que se atreva a decir que la vacunacin acelera la erupcin de las viruelas y las hace de peor carcter, porque han visto en algunas personas aparecer stas despus de la vacuna y morirse con ella: post hoc, ergo propter hoc. Lgica brbara, axioma absurdo, que nos permitira discurrir de este modo: la noche sucede al da; luego el sol es causa de las tinieblas. La muerte

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /189 /189 /189 /189 /189 sucede a la vida; luego el principio de nuestra existencia es la causa de nuestra corrupcin. Los sectarios de semejante dialctica son incapaces de convencerse con razones, valgmonos de hechos. Se habrn vacunado en esta ciudad ms de cinco mil personas; quiero conceder que la mitad de ellas, o dos tercios, o lo que parezca a los antivacunadores, han tenido las viruelas entre los diez primeros das de la vacunacin. Y por qu causa se ha preservado la otra mitad o el otro tercio? Cmo se han liberado aqullos que despus de cierto nmero de das se han rozado con los virolentos, han comido y dormido con ellos, se inocularon con su pus, mamaron la leche de nodrizas virolentas, y de todos modos se han expuesto a su contagio? Qu privilegio han tenido para permanecer ilesos, cuando la presente epidemia no ha respetado ni a los que anteriormente haban tenido las viruelas naturales ni a los inoculados? Luego si stos se preservaron por la vacuna, es imposible que hayan inficionado a los otros. Supongo por ltimo que en algn vacunado se hubieran advertido las viruelas pasados diez o doce das. “Esto que probara?”, pregunta Moreau. Acaso la naturaleza no tiene ms que un tipo? No sigue todas las sendas, y produce monstruos y anomalas? En fin, estn demarcados los lmites de lo posible? No existen ejemplos de algunas personas que han padecido varias veces las viruelas, sin que por esto nadie haya dudado del efecto preservativo de la inoculacin? Efectivamente se han observado algunos de estos casos en la actual epidemia; referir solo cuatro por haber ocurrido en personas muy conocidas. El primero es una nia del seor brigadier don Francisco Gelabert, la cual habiendo dos aos que tuvo viruelas, asistidas por el doctor Crdoba, las ha vuelto a padecer ahora con una erupcin muy numerosa; an ha sido mayor la de don Antonio, hijo del difunto brigadier don Matas de Armona, sin embargo de haber sido inoculado hace cinco aos por don Vicente Uriarte. A otro hijo de don Jos Miguel Soler, que conservaba en el rostro y en la espalda algunas cicatrices de las antiguas viruelas, le han repetido en marzo. Por ltimo ha vuelto a tenerlas un hijo del teniente del Regimiento de Cuba don Francisco Cabello, a quien se las haba curado hace dos aos el muy distinguido profesor don Jos Collet; y para mayor prueba de ser verdaderas se inocularon entonces con su pus algunas personas verificndose erupcin. No obstante, si los antivacunadores se atrevieren a decir que algunas de estas erupciones no han sido variolosas sino de chinas, con mayor derecho podr afirmar lo mismo de las que han tenido los vacunados. Yo respeto la prudencia de algunos de nuestros mdicos, los cuales por cierta circunspeccin que nadie puede vituperar observan un silencio inviolable sobre la vacuna, suspendiendo por ahora su dictamen. Ellos lo estiman no como una opinin fisiolgica que puede admitirse o despreciarse sin ofender la salud pblica, sino como una sentencia decisiva de la vida o de la

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OBRAS 190\ 190\ 190\ 190\ 190\ muerte de muchos hombres. ¡Qu diferente es la conducta de otros profesores! Sin calcular los perjuicios que puede inferir su voto prematuro, sin considerar la autenticidad y el nmero casi indefinido de las pruebas en que se apoya la virtud preservativa de la vacuna, sin respetar el dictamen de tantos sabios que la veneran como un dogma fsico, y sin que la misma autoridad del Soberano sea capaz de reprimir su goticismo o sus intereses personales, la desprecian, la abominan y retraen a muchos incautos con hechos desfigurados o supuestos. ¡Infelices! Ellos han privado a la patria de muchos tiles ciudadanos; ellos han cubierto de luto y desolacin muchas familias. Da vendr en que disipadas las tinieblas que obcecan sus ojos, huirn de la presencia de aquellos padres a quienes hicieron verter amargas lgrimas. Atormentados por los remordimientos de su propia conciencia, hechos el objeto de la pblica execracin y del ludibrio popular, adjurarn en vano su obstinacin y pertinacia. Los anatemas de la Humanidad los seguirn hasta el sepulcro, la patria detestar su memoria, y los ciudadanos virtuosos colocarn sus nombres entre los de Atila y Robespierre. Doctor Toms Romay.RESPUESTA AL ARTCULO PUBLICADO EL 26 DE ABRIL DE 1804 POR EL DOCTOR PACH"N CON EL TTULO “SI IN UTROQUE PECANDUM MALIM VIDERI NIMIS TIMIDES QUAN PANUM PRUDENS”*Seor doctor Pachn: Muy seor mo: No debiendo mirar con indiferencia cualquier obstculo que se oponga a los progresos de la vacuna en esta ciudad, no extraar usted conteste a su carta publicada en el nmero 34 de este peridico. Dice usted “que desconfa de la virtud preservativa de la vacunacin que se est practicando en La Habana por dos motivos; el primero es que a los ms de los vacunados no les ha resultado ninguna especie de viruelas vacunas, como se ha verificado en Europa, pues aqu slo se ven las dos pstulas o una sola donde se ejecuta la operacin, la cual debe mirarse como una variacin o defecto muy considerable”. Si los primeros ensayos que hizo el doctor Woodwille con la vacuna fueron los fundamentos de la desconfianza que usted manifiesta, en La Aurora nmero 221 podr usted ver el juicio que han formado de esas observaciones los mdicos crticos que nom jurant in verba magistri. Adems, para que profiriese usted una proposicin tan absoluta era preci* Papel Peridico de la Havana 10 de mayo de 1804.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /191 /191 /191 /191 /191 so que Woodwille refiriese lo que se ha observado en toda Europa, o que usted hubiera visto lo que dicen todos los vacunadores de esta parte del globo; pero se conoce que usted ni siquiera tiene noticia de lo que han escrito los mismos compatriotas y coetneos de Woodwille. Eduardo Jenner, el primero a quien deba usted consultar para escribir sobre la vacuna, este hombre inmortal, paisano y amigo de ese escritor, en la pgina 5 de sus Investigaciones sobre las viruelas de las vacas se explica en estos trminos: “Algunas veces se observan granos en los labios, en la nariz, en los prpados y en otras partes del cuerpo; mas esto no sucede sino cuando el enfermo se rasca o araa en esos lugares con los dedos infestados con el pus. Excepto un solo caso, jams he observado que en la declinacin de los sntomas febriles se hubiese manifestado alguna erupcin en la piel, y aun entonces fue muy poco considerable en los brazos; las pstulas eran muy pequeas, de un rojo vivo, y desaparecieron prontamente antes de llegar a supurarse; de suerte que yo no puedo determinar exactamente si esta erupcin tena alguna conexin con los sntomas precedentes.” Recomiendo a usted que Jenner trata en este lugar de la enfermedad comunicada inmediatamente por las vacas, en cuyo caso la alteracin general se manifiesta de un modo ms sensible que cuando se produce por insercin del pus tomado de otro hombre. En el resto de la obra no da a entender otra cosa sino que los granos se limitan a las incisiones cuando artificialmente se ejecutan, o a los dedos tocando las pstulas de las vacas. Por ltimo en la pgina 51, comparando las ventajas de la vacuna sobre la antigua inoculacin, concluye as: “El nmero excesivo de granos es lo que tenemos principalmente en las viruelas naturales; mas esto nunca acontece en las viruelas de las vacas.” Aikin, que escribi en Londres su examen sobre la inoculacin de la vacuna, considera las pstulas generales como una rara ocurrencia en la verdadera vacuna, y cuando aparecen los atribuye a dos causas: primera, a la incisin muy profunda hasta penetrar la membrana celular; segunda, al contagio de la viruela comunicado en el primer perodo de la vacuna. Esta ltima es la que en su juicio produjo las frecuentes erupciones pustulares que se advirtieron en los primeros ensayos ejecutados en aquella capital, y a ella tambin imputa la muerte del nio que refiere Woodwille en su carta al editor del Monthly Magazine No se alter la vacuna en el continente europeo. De Carro, el primero que en l la introdujo y propag en Viena, refiriendo en una carta a los editores de la Biblioteca Britnica el xito de sus tres primeras vacunaciones, les dice que en el cuerpo del segundo no se present erupcin alguna. ste fue el nico de sus tres hijos en quien se logr la vacuna, a los otros dos nada result. En mayor nmero de vacunados experiment lo mismo Husson en la ciudad de Reims. “Ninguno —dice— tuvo ms

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OBRAS 192\ 192\ 192\ 192\ 192\ granos que uno en cada picadura; en una palabra, la enfermedad ha sido tan benigna en Reims como en todas partes.” La Junta Mdica establecida en Pars para observar los progresos de la vacuna, en su primer informe dirigido a la Escuela de Medicina el 10 de noviembre de 1800, teniendo presente no slo cuanto haban advertido sus respetables miembros, sino tambin los primeros experimentos ejecutados en Boloa y las observaciones remitidas de Ginebra por Odier, afirma en uno de sus corolarios que “esta enfermedad no produce ninguna erupcin general, ni han aparecido jams granos en los ensayos hechos, sino solamente en las incisiones o picaduras de la inoculacin, y esto uno en cada cisura”. Nada se innov sobre este particular en el informe presentado a la Sociedad de Medicina por otra Comisin encargada del mismo objeto en julio de 1801. No ha sido la vacuna menos benigna en nuestra Espaa. El doctor Piguilln, de Barcelona, traductor de la Memoria del doctor Coln, nada ha tenido que notar a esta expresin del original en la pgina 16: “En la vacuna no hay jams erupcin general, sta se limita a cada incisin; de modo que si se hacen dos, salen dos granos y no ms.” El mismo silencio observa en Madrid el doctor Hernndez; por ltimo, el doctor Balmis en su prlogo a la traduccin que hizo de la obra de Moreau, se explica de este modo en la pgina 18: “No se presenta erupcin cutnea alguna, ni ms grano vacuno que uno en cada cisura; de manera que se pueda asegurar el nmero de granos que saldrn por el de las picaduras que se han hecho.” Lo expuesto me parece suficiente para probar que las erupciones generales no han sido tan frecuentes en Europa como usted ha querido suponer para desconfiar y hacer que otros duden de la legitimidad de la vacuna que he propagado en esta ciudad. Pero qu mayor prueba de ser verdadera que el xito de la inoculacin ejecutada sin efecto alguno en cuatro nios vacunados, y algunos otros hechos todava ms decisivos, compilados en un discurso que public este mismo da? Los estrechos lmites del presente peridico no me permiten satisfacer al segundo motivo en que funda usted su desconfianza y lo insina en la citada carta; lo ejecutar con la mayor prontitud. Habana y mayo 4 de 1804. Doctor Toms Romay

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /193 /193 /193 /193 /193CONTINA LA REFUTACI"N AL ARTCULO DEL DOCTOR PACH"N*Seor doctor Pachn. Muy seor mo: El segundo motivo que tiene usted para desconfiar de la vacuna de esta ciudad “es porque el humor introducido en el brazo debe padecer alteracin, y sufriendo un grado siquiera de ella en cada cuerpo ha de llegar a variar de cualidad, por consiguiente perder la que extrajo de la vaca, la cual creo por muchas razones que es la que posee la virtud preservativa de las viruelas”. Si usted hubiera apoyado esta desconfianza con las observaciones de Pearson, quizs le habra dado alguna verosimilitud; pero entonces yo contestara con las reflexiones que hace sobre ellas Moreau de la Sart. Usted ha querido le creysemos sobre su palabra en asunto de tanta importancia, manifestando ignorar absolutamente la historia de la vacuna, y sin prevenir ni esta reflexin demasiado obvia. Algunos ingleses han sido los nicos que se vacunaron con el pus tomado inmediatamente de las vacas, luego ellos solos estarn preservados de las viruelas naturales? Mil hechos los ms autnticos, ejecutados en toda Europa y en diversas partes de Amrica manifestarn la falsedad de esta ilusin. El virus vacuno se llev de Inglaterra a Francia hace ms de cinco aos, y en este tiempo dos Juntas de Pars y muchos otros distinguidos profesores no han cesado de ejecutar felizmente los ensayos ms decisivos y solemnes, sin advertir la ms leve alteracin en su benfica virtud. Las vacas de Espaa tampoco padecen el cow-pox ; fue preciso traer ese lquido de las personas vacunadas en la repblica francesa. ste ha circulado por toda la Pennsula, y en todos sus pueblos ha producido el mismo efecto que en el condado de Gloucestershire. Adems, bastaba haber mirado atentamente uno de los verdaderos granos vacunos de esta ciudad, confrontndolo con los caracteres que describe el mismo Jenner y todos los vacunadores europeos, para inferir que no habiendo degenerado en ninguno de ellos tampoco se habr enervado su virtud. El 12 de febrero hice las primeras vacunaciones, y hasta la fecha han corrido noventa das. Suponiendo que cada diez se ha tomado el pus de los granos,1 resulta haber existido ya en solo esta ciudad en nueve perso* Papel Peridico de la Havana 27 y 31 de mayo de 1804; Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 2, pp. 188-192. 1Mientras el termmetro se mantuvo entre los 13R y 18R se conservaba el pus muy lquido hasta el da dcimo, y alguna vez lo apliqu felizmente al duodcimo; mas despus que desde fines de abril se ha elevado alternativamente hasta los 25, me ha sido preciso extraerlo al da sptimo, porque el octavo ya estaba casi seco.

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OBRAS 194\ 194\ 194\ 194\ 194\ nas de diferentes edades, sexos, temperamentos y condiciones. Aqu se trajo de La Aguadilla de Puerto Rico trasmitindose de brazo a brazo desde la capital donde lleg de Saint Tom el 28 de noviembre prximo pasado. De este da al 12 de febrero se cuentan setenta y seis, y por consiguiente pas un mismo pus vacuno por siete sujetos. Y en cuntos no existira antes de llevarse a Puerto Rico? No puedo calcularlo porque ignoro cundo lleg a esa colonia; lo cierto es que a ella se condujo de los Estados Unidos o de Dinamarca. Me consta, por Redman Cose,2 que no habindose encontrado en las vacas de las provincias angloamericanas el grano vacuno, fue preciso ocurrir por ese pus a su antigua metrpoli. Si de Dinamarca vino a Saint Tom no fue menos dilatada su carrera, a menos que se hubiese tomado del condado de Holstein donde asegura Moreau se haba descubierto en sus vacadas en 1801.3 Pero siempre resulta que el virus vacuno que tenemos hace tal vez un ao que circula por muy diferentes climas, y por treinta y seis personas. Sin embargo, permanece tan inalterable como lo acreditan sus caracteres y las pruebas que hemos observado en esta ciudad de su virtud preservativa.4A stas puedo aadir que el Licenciado don Jos Gregorio de Lezama vacun en el pueblo de Regla los pezones de una vaca con el pus tomado de un nio. Tuvo una erupcin en las incisiones que reconoc muy semejante a la que describe la Junta Mdica de Reims en otro igual ensayo. Con su pus se vacunaron varias personas a quienes result la verdadera vacuna. De stos tom el virus el 4 de abril, y lo comuniqu en el mismo pueblo a otras veinte, algunas de ellas fueron de esta ciudad; en todas se verific una perfecta erupcin, y en el da produce aquel pus el mismo efecto despus de diferentes trasmisiones. Don Esteban Gonezara, cirujano del ingenio San Jos, propiedad de la seora doa Brbara O’Farrill, me escribe con fecha 27 del propio mes haber vacunado otras tres vacas en las cuales se perfeccion el grano vacuno con todos sus caracteres, verificndose lo mismo en varios sujetos a quienes comunic su pus inmediatamente, y de stos a muchos otros. De semejantes observaciones puedo concluir con la citada Junta de Reims, en su informe dirigido a la Junta Mdica de Pars, “que el virus vacuno lejos de alterarse y perder su actividad sobre la especie humana, la conserva aun bastante despus de muchas trasmisiones sucesivas para comunicar a las vacas una enfermedad absolutamente semejante a la que el doctor Jenner observ en estos animales de los cuales sac el virus para inocular a la especie humana”. 2 Observaciones prcticas sobre la vacuna Filadelfia, 1802. 3Se ha descubierto tambin el grano vacuno en las vacadas del departamento de Landes, Lombarda y en el centro de la Repblica Cisalpina. 4Estn recopiladas en un Discurso que se halla en esta imprenta.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /195 /195 /195 /195 /195 Otros propios experimentos confirman tambin que el pus vacuno es inalterable, y produce solamente la verdadera vacuna aun cuando se tome de algn sujeto que padezca otra cualquier enfermedad. El 28 de marzo inocul en la Casa de Beneficencia con el pus vacuno de una nia que tena una antigua erupcin sarnosa a quince personas de la misma casa; a todas result la verdadera vacuna, y a ninguna la sarna. El 26 de abril reconoc el grano vacuno de un nio de don Antonio Mara de Crdenas, que contaba dieciocho das de nacido, y lo encontr con todos los caracteres de verdadero, excepto tener muy amarilla la parte superior. Juzgu que este color no se comunicara al pus, limitndose solamente a la epidermis tinturada, como toda las dems de su cuerpo, de aquella ictericia que produce en esa edad la detencin del meconio en el duodeno. Piqu la burbuja y sali un pus no muy lquido y tan amarillo como una fuerte tintura de azafrn. Me detuve un momento considerando qu poda producir la falsa vacuna; pero ocurrindome el modo de evitar sus perjuicios si acaso resultaba, me resolv a observar hasta dnde llegaba la inalterabilidad del virus vacuno. Lo comuniqu al teniente de Navo don Francisco Javier Pineda y a don Pedro Ruiz, dependiente de la casa del seor contador don Francisco de Arze. Qued tan desconfiado del xito de esta operacin que resolv revacunarlos al tercer da. Entonces ya no tem resultase la falsa vacuna, pues las incisiones estaban ilesas; pero juzgando ineficaz aquel pus los volv a vacunar con otro en diversos puntos. Fue intil esta segunda operacin; al da siguiente se presentaron en don Francisco Pineda cuatro granos en las primeras punturas que le hice, y al sptimo manifestaban todos los caracteres de verdaderos. No volv a observarlo porque al siguiente da sali al campo con objeto de que vacunasen con ellos. Don Pedro Ruiz tuvo otros tres granos perfectos en las primeras incisiones, y por habrselos rascado el da sptimo no pude comunicar su pus a otras personas. Esta observacin acredita que el virus vacuno no degenera aun mezclndose con otro humor, y que jams produce una enfermedad mixta; vase una prueba de su inalterabilidad. Don Manuel Hernndez, cirujano del escuadrn de Dragones de esta Plaza, vacun a un negro del teniente coronal retirado don Jos de Cotilla. Verificse la erupcin vacuna, mas al quinto da le invadi la fiebre eruptiva variolosa, y al noveno ya estaba cubierto de sus pstulas. No obstante el grano vacuno sigui su curso, como en otros muchos casos idnticos que hemos observado. Pero don Manuel Hernndez tuvo la animosidad de comunicar aquel mismo da el pus vacuno de ese varioloso a otros dos negros de la propia casa; result a entrambos la verdadera vacuna, sin una sola viruela natural. Estos ensayos comprueban los que hizo Voisin, los cuales habiendo sido examinados por la Comisin de la Vacuna establecida en el Louvre inform en estos trminos a la Sociedad de Medicina de Pars en junio de 1801: “Anglica Hulin, que tuvo al mismo tiempo las viruelas y la vacuna, sumi-

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OBRAS 196\ 196\ 196\ 196\ 196\ nistr virus vacuno para dos nios, en quienes result una felicsima vacuna sin complicacin. En apoyo de este hecho se halla en la misma obra otro no menos admirable. Fue vacunado un nio cubierto de una fortsima sarna, y suministr vacuna para otros dos nios, quienes tuvieron igualmente hermosas pstulas sin complicacin alguna. Estos ejemplos, a los que se podran aadir otros muchos, se dirigen a probar que el vacuno es un virus per se que conserva, como dice el ciudadano Voisin, su particular carcter en medio de las enfermedades que pueden coexistir durante el curso de su desarrollo; y que la materia vacuna no se combina con ninguna otra especie de virus, como ya lo haban reconocido, respecto al varioloso, los buenos inoculadores.”5sta es en fin, seor director, la opinion unnime de los ms clebres vacunadores, fundada en una experiencia universal y constante. Si contra ella le ocurriese a usted algunas razones muy atendibles, no se desdee de comunicarlas siendo un asunto tan importante que ha merecido toda la consideracin de los primeros sabios de Europa. En su dictamen ha confiado nuestro benfico Soberano para remitirnos la vacuna no en vacas inglesas, sino en los mismos brazos de sus vasallos, trasmitindose de unos a otros desde septiembre ltimo que sali de Madrid esa costosa expedicin. Seamos, pues, menos presuntuosos y ms reconocidos a tanta beneficencia, aun cuando la vacuna no fuera por s misma un bien inapreciable. Habana y mayo 11 de 1804. Doctor Toms Romay .ARTCULO EN EL QUE ANUNCIA LA LLEGADA DE LA REAL EXPEDICI"N E INVITA A LOS FACULTATIVOS A LA CASA DE BALMIS PARA INSTRUIRLOS EN LOS AVANCES QUE HAN TENIDO LUGAR EN LA VACUNACI"N*De orden del Seor Presidente, Gobernador y Capitn General se anuncia al pblico que el 26 del presente mes lleg felizmente a este puerto la expedicin en que la beneficencia de nuestro Soberano nos enva en la vacuna el ms eficaz preservativo de las viruelas naturales. Ningn Monarca ha dado hasta ahora una prueba tan sensible del amor paternal con que mira a los pueblos; ni el oro de nuestras minas se ha empleado jams en un objeto tan proficuo a sus colonos. Conservar a las futuras generaciones su perfeccin y hermosura; redimir a nuestros hijos y domsticos de una enfermedad que anticipa los horrores y fetidez del sepulcro; preservarlos 5Pgina 33. Papel Peridico de la Havana 3 de junio de 1804 (Suplemento).

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /197 /197 /197 /197 /197 de una muerte la ms cruel y dolorosa; ved aqu los nicos fines que se ha propuesto el Pisimo Carlos. Para conseguirlos nada omite que pueda contribuir a satisfacer los deseos de su tierno corazn. Consulta a sus ms ilustrados ministros y profesores; franquea con munificencia su Real erario; enva para comunicarnos la vacuna uno de los ms distinguidos mdicos honorarios de su Real Cmara; se encarga de la educacin y destino de los nios que nos conducen ese bien inapreciable; recomienda se nos distribuya graciosamente; se constituye garante de la benignidad de la operacin y de su xito feliz. Qu nos dejas que desear, Monarca Clementsimo? Que los cielos dilaten vuestra amable preciosa vida hasta que los hijos de nuestros hijos, transportados de jbilo y gratitud, puedan repetir a sus descendientes las mismas palabras de la Real Orden fechada en San Ildefonso a 1 de septiembre del ao prximo pasado, comunicada por el Ministerio de Gracia y Justicia. “Deseando el Rey ocurrir a los estragos que causan en sus dominios de Indias las epidemias frecuentes de viruelas, y proporcionar a aqullos sus amados vasallos los auxilios que dicta la Humanidad, el bien del Estado y el inters mismo de los particulares, as de las clases ms numerosas que por menos pudientes sufren mayores daos, como de las otras, acreedoras todas a su Real beneficencia, se ha servido resolver, odo el dictamen del Consejo y de algunos sabios, que se propugne a ambas Amricas, y si fuere dable a las islas Filipinas, a costa del Real erario la inoculacin de la vacuna acreditada en Espaa y casi en toda Europa como un preservativo de las viruelas naturales.” Y despus de unos testimonios tan solemnes de su amor, de su sabidura y munificencia, habr quien rehse vacunarse? Puede valerse de otros medios ms eficaces para inspirarnos la mayor confianza? Yo estoy firmemente persuadido de que as como en tiempos menos felices hizo inocular a su muy amado hijo nuestro Serensimo Prncipe de Asturias, para recomendar a sus vasallos aquella antigua operacin, menos segura y benigna que la presente, ahora vacunara tambin su cara prole si necesitara de ese auxilio, como lo han ejecutado varios prncipes de Europa. Reconozcamos, pues, el beneficio que nos dispensa, y bendigamos perpetuamente su piedad. El seor director de la expedicin vive en la casa nmero 162 contigua a la de esta imprenta, calle de la Obrapa. Por este mismo peridico se anunciarn los das en que ejecute la vacunacin. Habana y mayo 30 de 1804. Habindose vacunado el 28 del mes anterior sesenta personas de ambos sexos y diferentes edades por el seor don Francisco Javier de Balmis, director de la Real expedicin, y debiendo estos granos estar en su perfecta sazn el 6 del corriente, se avisa al pblico de orden del Seor Presidente, Gobernador y Capitn General, que desde las ocho de la maana de ese da podrn concurrir a la casa donde habita dicho seor director todos los

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OBRAS 198\ 198\ 198\ 198\ 198\ sujetos que quieran ser vacunados, como asimismo los profesores de Medicina y Ciruga de esta ciudad y fuera de ella, no slo para que se instruyan en los adelantos que se han hecho simplificando esa operacin, sino tambin para que conferenciando con el referido director, que se prestar gustoso a comunicar todas las luces que ha adquirido por sus repetidas experiencias, se ilustren y perfeccionen en orden al discernimiento de la verdadera y falsa vacuna, de las variedades de ella, de las precauciones que conviene observar para asegurar sus efectos, y de todas las dems particularidades conducentes a su mejor uso. Se anuncia igualmente que se necesitan cuatro jvenes sanos y robustos, de edad de ocho a quince aos que no hayan sido vacunados, ni tampoco padecido las viruelas naturales, para transportar en ellos la vacuna de esta ciudad a la de Campeche, quienes se alimentarn y vestirn y con la mayor prontitud retornarn a este puerto si quisieren, a costa de la Real Hacienda, gratificndolos adems con cincuenta pesos. Los que quieran hacer este importante beneficio a la Humanidad y al Estado, se presentarn cuanto antes al mismo seor director. Habana y junio 2 de 1804. Doctor Toms Romay.ARTCULO EN EL QUE NOTIFICA LA PARTIDA DE LA REAL EXPEDICI"N PARA CAMPECHE, REFIERE LOS TRABAJOS DE BALMIS PARA PROPAGAR LA VACUNA EN LA HABANA Y RECLAMA EL MAYOR EMPEO Y PATRIOTISMO PARA PERPETUARLA EN LA ISLA*El domingo 17 del corriente se embarc para Campeche la Real expedicin de la vacuna. Su permanencia en esta ciudad por espacio de veinte das ha sido de la mayor importancia, aunque ya tenamos ese eficaz preservativo de las viruelas desde el 12 de febrero del presente ao. Los vastos conocimientos y dilatada experiencia de su dignsimo director, el celo y eficacia con que ha contribuido a difundir el virus vacuno, la sencillez y felicidad de sus operaciones, el inalterable agrado y constancia con que las ha ejercido, decidi la opinin vacilante de algunos profesores; ilustr y rectific las ideas de otros, confundi las imposturas y maquinaciones de los antivacunistas, disip la desconfianza y triunf de la obstinacin con que muchas personas haban rehusado tenazmente vacunarse. Quinientas sesenta y ocho recibieron de su mano el pus benfico que preserva de la muerte ms horrorosa. Papel Peridico de la Havana 21 de junio de 1804 (Suplemento).

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /199 /199 /199 /199 /199 Como el objeto de su comisin no era slo introducir la vacuna, sino tambin proponer los medios de perpetuarla, present al seor Presidente, Gobernador y Capitn General un plan cientfico y econmico para establecer en esta ciudad una Junta Central de la Vacuna. Mientras se organiza y puede ejercer sus funciones, es necesario elegir un facultativo que conserve con la mayor fidelidad y vigilancia el precioso tesoro que nos ha dejado en cincuenta personas que vacun el 12 del corriente, y ciento ochenta y cuatro la maana del 15. La eficacia y desinters con que el doctor don Toms Romay introdujo la vacuna en este pueblo y la ha difundido por toda la Isla, la constancia con que ha resistido a sus impugnadores por medio de diferentes escritos, el aprecio con que el seor director de la Real expedicin ha mirado sus operaciones, calificando por verdadera y legtima la vacuna que ha propagado, y la honorfica recomendacin que hizo a este Superior Gobierno de su ilustracin y celo por el bien de la Humanidad, le hacen acreedor a que se le confe como un depsito el ms precioso e importante la conservacin del virus vacuno en esta ciudad. El seor Presidente, Gobernador y Capitn General, que tanto le auxili con sus eficaces y acertadas providencias para difundirla por toda esta colonia, con nuevo inters y confianza le continuar ahora su benfica proteccin. Sin embargo, sus ms sabias y activas rdenes sern ineficaces, y los ardientes y constantes deseos del doctor Romay dejarn de realizarse, si este pueblo y todos los habitantes de la Isla no contribuyen con el mayor empeo y patriotismo a perpetuar en ella la vacuna. Si llega a faltarnos, como se ha verificado en la ciudad de Cuba, donde fue introducida y conservada por el doctor don Miguel Rolland, ser muy difcil encontrar los medios de recuperarla. Ya no debemos esperar que la beneficencia del Soberano vuelva a costear otra expedicin para conducirla; al contrario, nos haramos indignos de su Soberana Clemencia si comprendiese que por nuestra omisin o ingratitud se haba frustrado el ms precioso don de su munificencia y amor paternal. Ni debemos presumir se renan otra vez las felices circunstancias que concurrieron el 12 de febrero; ni tampoco confiemos en que se nos remita el pus vacuno entre cristales de los pases ultramarinos. Varias ocasiones se ha recibido de ese modo por diferentes profesores y siempre lleg enervada su virtud, aun aplicndose a los veintitrs das de haberse extrado de la pstula. Perdamos, pues, toda esperanza de conseguirlo por unos medios tan difciles, y procuremos eficazmente perpetuarlo. Los padres de familia por su propio inters, por el bien de la patria y de la Humanidad deben ser los depositarios ms celosos de ese antdoto que preserva a sus hijos y criados de los dolores ms acerbos y mortales. No basta que ocurran con la mayor confianza a recibir el fluido vacuno; es preciso tambin lo conserven inalterable, y en tiempo oportuno vuelvan a

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OBRAS 200\ 200\ 200\ 200\ 200\ presentarlo para comunicar a otros hijos y domsticos el mismo beneficio que ellos han disfrutado. No puede imaginarse haya en esta ciudad un solo vecino tan indolente, tan inhumano y egosta que rehse salvar las vidas de muchos hombres por cualquier motivo que nunca dejar de ser abominable. Si hubiese algn misntropo tan insensible y desnaturalizado, merecera las ms terribles imprecaciones de la Humanidad, y el ms severo castigo que imponen las leyes a los enemigos de la pblica felicidad. Confiando en la humanidad y patriotismo de los que fueron vacunados los das 12 y 15 del presente, se avisa al pblico de orden del seor Presidente, Gobernador y Capitn General que el jueves 21 y sbado 23 a las tres y media de la tarde concurran a las casas capitulares todas las personas que quieran vacunarse. Habana y julio 17 de 1804. Doctor Toms Romay.ANUNCIO EN EL QUE SE ADVIERTE QUE POR ORDEN DEL GOBERNADOR SE HAR CONCURRIR A LOS YA VACUNADOS SI NO PROCEDEN A HACERLO POR SU PROPIA VOLUNTAD, PARA QUE PUEDAN VACUNARSE POR SUS GRANOS TODOS LOS QUE LO NECESITEN*El jueves 21 del corriente se vacunaron en las casas capitulares por el doctor Toms Romay sesenta y seis personas, y muchas otras dejaron de recibir el mismo beneficio por no haber concurrido las dems que fueron vacunadas el 12 y tenan los granos en estado de ser tiles. Una conducta tan contraria a los sentimientos de la Humanidad y del patriotismo llegar a extinguir la vacuna en esta ciudad frustrando las benficas intenciones de Su Majestad, y perjudicando al fin a los mismos que ahora rehsan comunicar a otros el bien que gratuitamente han recibido. Para evitar una falta que tantos perjuicios puede causarnos, se anuncia al pblico de orden del seor Presidente, Gobernador y Capitn General que le ser muy sensible valerse de sus facultades para hacer concurrir a los que voluntariamente no lo ejecutan, ni por su propio inters ni por el bien de la patria y de sus semejantes. No desconfiando an de que estos estmulos produzcan los ms favorables efectos en un pueblo ilustrado y benfico, espera que las personas vacunadas en el da de ayer concurran a las mismas casas capitulares el viernes 29 del corriente a las tres de la tarde para que puedan vacunarse con sus granos todas las dems que lo necesiten. Habana y junio 22 de 1804. Doctor Toms Romay. Papel Peridico de la Havana 28 de junio de 1804.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /201 /201 /201 /201 /201 El sbado 23 se vacunaron cincuenta y cinco personas, con cuyos granos se podr volver a vacunar el domingo 1 de julio en la misma casa y hora.ARTCULO EN EL QUE DEFIENDE LA VACUNACI"N EN LOS NIOS RECIN NACIDOS*Habiendo probado la experiencia que los sntomas de la vacuna son constantemente ms simples y benignos en los nios de ms tierna edad lejos de presentarse algn obstculo para diferir la vacunacin, se consiguen mayores ventajas cuando se ejecutan desde los primeros das de la vida. La primera es preservarlos de las viruelas que no exceptan ni ese delicadsimo perodo, y que por lo general son ms graves en los adultos que en los prvulos. La causa de esta diferencia es la pureza e inalterabilidad de la constitucin de los nios, la cual no ha sido todava contaminada y pervertida con los excesos corporales, las pasiones y los vicios. Esta misma favorable predisposicin contribuye igualmente a que sea en ellos ms benigna la vacuna. Inoculndosela con la mayor anticipacin se precaven tambin aquellas indisposiciones que con tanta frecuencia se les comunican con la leche de las crianderas enfermizas y mal complexionadas; defectos que ellas ocultan por ignorancia o por sus intereses personales. No es menos importante evitar que la vacuna se complique con la denticin, la cual no teniendo un perodo fijo y constante se anticipa o retarda algunos meses, y suele presentarse con sntomas demasiado peligrosos. Los ms distinguidos vacunadores aconsejan no se aada este nuevo estmulo a los conatos que entonces hace la naturaleza agitada, y slo en las epidemias de viruelas permiten vacunar en ese estado para evitar un riesgo mucho ms grande. Finalmente en los nios recin nacidos, como son incapaces de rascarse y de moverse, se conserva el grano vacuno ms fcilmente que cuando adquieren alguna agilidad y fortaleza. Esta circunstancia es muy recomendable tanto por el bien que podemos hacer a nuestros semejantes sin que nada nos cueste ni expongamos, como porque nosotros mismos estamos expuestos a necesitarlo para nuestros futuros hijos y domsticos, y si no cuidamos de comunicarlo a las generaciones intermedias necesariamente se extinguir la vacuna, y volveremos a quedar expuestos a los estragos de las viruelas. *Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 2, pp. 193-195.

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OBRAS 202\ 202\ 202\ 202\ 202\ El inmortal Jenner vacun un nio a las veintids horas de haber nacido, y corri todo su curso sin ninguna incomodidad. Veintinueve das contaba el ms pequeo de mis hijos cuando adquir la vacuna el 12 de febrero, y confiando en el ejemplo de ese ilustre filntropo no dud un momento comunicarle su benfico pus. Despus he vacunado varios nios a los ocho das de su nacimiento; y si antes me los presentaren ejecutar la misma operacin con la mayor confianza de un xito el ms feliz. Yo no puedo explicar la complacencia que experiment la otra tarde vacunando un parvulito que conducan inmediatamente del mismo templo donde acababa de recibir el sacramento del bautismo. Todava se perciba en su cabeza el precioso olor del crisma sagrado, y casi a un mismo tiempo su alma qued purificada y fortalecida por las aguas estrales, y su cuerpo preservado con el pus vacuno de las viruelas, y quizs de otras consecuencias del pecado no menos funestas que aqullas. ¡Ejemplo digno de imitarse por todos los padres virtuosos y sensibles! Y supuesto que en cada semana se vacuna dos ocasiones, est en su arbitrio elegir el da que les sea ms cmodo para proporcionar de una vez a sus caros hijos la vida espiritual y corporal. Con este objeto los mdicos de Ginebra compusieron una exhortacin para que los prrocos la reciten a los padrinos al tiempo de administrar el bautismo. La transcribir con aquel respeto religioso que merecen los sentimientos filantrpicos y virtuosos. “Entre los varios peligros a que est expuesto el nio que acaba de bautizarse debe contarse el de las viruelas, enfermedad que desde el sigloVIII se ha propagado por Europa hasta el extremo de ser moralmente imposible preservarse de ellas sino por la inoculacin. ”Afortunadamente y por especial favor de la Providencia se ha descubierto en estos ltimos tiempos un remedio, apoyado en la experiencia, sencillo, seguro y aplicable en todas estaciones a los recin nacidos dbiles y tiernos; un remedio que nunca es acompaado de malos sntomas; al contrario es de la ms benigna naturaleza, a saber la vacunacin; sta es una enfermedad ligera y suave; tiene la ventaja imponderable de no ser contagiosa, en trminos que uno puede inocularse en su casa sin perjuicio del vecino, y queda libre para siempre de la desgracia de las viruelas. ”¡Si vosotros, padres, queris liberar a este hijo de semejante peligro, os conjuro a que inmediatamente le inoculis con la vacuna. Daos prisa a preservarle de una enfermedad peligrosa que lastima vuestros corazones, y a cada momento expone vuestros hijos al contagio. No los entreguis a las crianderas hasta no haberlos asegurado de este riesgo. Sirvaos de estmulo el ejemplo de los mdicos y cirujanos que vacunaron los suyos a pesar de la terneza de padres. A nombre de la Humanidad, y por todo lo que ms amis, requiero de vosotros la imitacin; si no quisiereis, nosotros quedaremos justificados cuando lloris la muerte de vuestros hijos, y os diremos que no quisisteis aprovecharos del remedio que se os presentaba

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /203 /203 /203 /203 /203 siempre y fcil; que dudasteis contra la razn y experiencia aplicarlo oportunamente aun a vista de las graciosas vacunaciones que hacan los profesores abajo firmados, los cuales ninguna tribucin han exigido de las personas incapaces de pagar. Firmado: Rieusseux, Odier, Rignier, Monget, Rieillard, Coindet de la Riv, Peschier doctores en Medicina; Tarin, Tin, Maunoir cirujanos.” Habana y julio 10 de 1804. Doctor Toms Romay.INSTRUCCI"N DE LA JUNTA CENTRAL DE LA VACUNA DIRIGIDA A LAS MADRES PARA FAMILIARIZARLAS CON LA INOCULACI"N, DE MODO QUE ELLAS MISMAS PUEDAN VACUNAR A SUS HIJOS*Deseando la Junta Central de la Vacuna, establecida en esta ciudad, hacer tan familiar esa nueva inoculacin que hasta las madres puedan vacunar a sus hijos, me encarg formase una instruccin sucinta y sencilla expresando el modo de ejecutarlo, los caracteres del grano vacuno y el tiempo oportuno de tomar su benfico pus.1 En este pequeo escrito he procurado satisfacer esta importante comisin, ofreciendo el resultado de mis propias observaciones y de las que han publicado los ms ilustres vacunadores. Si el xito corresponde al fin que se ha propuesto la Junta, la Isla de Cuba se har inaccesible al contagio varioloso. CARACTERES DEL GRANO VACUNO En la verdadera vacuna no se percibe alguna alteracin en las picaduras hasta despus de las cuarenta y ocho horas de haberlas hecho.2Del tercero al cuarto da presentan un punto encarnado semejante a la seal que deja la picadura de un mosquito. Se aumenta del quinto al sexto, y en la parte superior presenta una burbujita blanca. Al sptimo es mucho mayor el grano, lo rodea un crculo encarnado, el centro se deprime, y en su circunferencia se forma un rodete lleno de un lquido claro y transparente.3 Diario del Gobierno de la Habana, 18 de mayo de 1824; Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 2, pp. 195-199. 1 Ce n’est pas du pus c’est une srvit de nature contagieuse 2 Au plutot 3 Cela n’est pas ainsi prompt en France

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OBRAS 204\ 204\ 204\ 204\ 204\ La inflamacin que circunscribe el grano se extiende el da octavo, y suele experimentarse algn movimiento febril, bostezos, dolor bajo los brazos, picazn en los granos, calor y displicencia en todo el cuerpo. Desde el da noveno al onceno se disipa gradualmente la inflamacin, y se empieza a formar la postilla en el centro del grano, la cual al principio es amarilla y despus se ennegrece; del da veinticinco al treinta se cae y deja un hoyo pequeo. Picado el grano no se derrama de una vez todo el pus contenido en el rodete, sino saldr de cada picadura una pequea gota tan cristalina como la clara del huevo. TIEMPO Y MODO DE APLICAR EL FLUIDO Habiendo conocido por propia experiencia que el calor acelera los progresos del grano vacuno y que el fro los retarda, en los meses de mayo hasta septiembre puede tomarse su pus en esta Isla el da sptimo de la vacunacin; esto es, contando siete veces veinticuatro horas desde el momento en que se hicieron las picaduras; de octubre hasta abril podr diferirse al noveno y dcimo. Cuando se revienta algn grano casualmente o de propsito, aunque vuelva a llenarse este nuevo pus producir la falsa vacuna.4Se conocer que el grano se ha reventado en su figura irregular, y en que conserva exteriormente algunas partculas del pus secas y brillantes. Si no se perciben estas seales, se picar muy ligeramente en el rodete del grano, evitando sacar la ms pequea gota de sangre; no obstante esa precaucin si llega a presentarse, no se usar de aque1 pus ensangrentado.5Tomando el fluido cristalino en la punta de la aguja, se introducir horizontalmente bajo la epidermis, extendiendo con la otra mano la piel del brazo. Se procurar que las picaduras que se hagan para ingerir el pus sean tan superficiales que no lleguen a penetrar toda la piel; cuando ms se permite que la araen y tinturen de sangre pero sin que fluya una sola gota. En los negros deben hacerse las picaduras un poco ms profundas que en los blancos, y en la parte interior del brazo. No es necesario cubrir las picaduras con algn cabezal, ni con tafetn de Inglaterra. 4 Est ce bien vrai? J’ai l’xperience du contraire 5 La precaution de ne pes se servir du fluide vaccir, meleng au sang est inutile, on reussil de mme

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /205 /205 /205 /205 /205 Pasadas ocho horas de haberse picado un grano para tomar su pus, difcilmente producir la verdadera vacuna aunque vuelva a llenarse.6La costra del grano vacuno que no se ha reventado, pulverizada en un mortero de mrmol o de vidrio y humedecida con agua fra, produce la vacuna con tanta facilidad como el fluido ms cristalino.7El mismo humor seco, disolviendo con una gota de agua que se tomar en la punta de la aguja, producir igualmente el grano vacuno. Si se vacuna algn sujeto que ha tenido las viruelas naturales, aunque el grano que resulte presente todos los caracteres de verdadero, su pus producir siempre la falsa vacuna.8Pueden vacunarse los nios a las cuarenta y ocho horas de haber nacido. Si un solo grano es suficiente para preservar de las viruelas, no se mortificarn inutilmente los parvulitos hacindoles muchas picaduras, y exponindolos a la inflamacin que experimentaran si resultasen todos los granos; bastar una sola picadura en cada brazo.9Se duplicarn en los adultos, y en los de mayor edad podrn aumentarse hasta tres o cuatro en cada brazo; la excitabilidad se disminuye segn se aumenta la edad. Si despus de vacunado algn sujeto no se verifica la erupcin de los granos vacunos, se repetir la misma operacin hasta que se consiga, aumentando el nmero de las picaduras; hay ejemplos de no haber resultado hasta la novena vacunacin. Para facilitar la erupcin es muy conveniente aplicar tres horas antes de hacer las picaduras un emplasto vejigatorio en el mismo lugar. Slo cuando se tema el contagio varioloso podr vacunarse en el tiempo de la denticin o de cualquier otra incomodidad; el perfecto estado de salud es el ms oportuno para la vacunacin. Cuando el crculo inflamatorio que rodea el grano se aumentare ms de lo ordinario, se baar frecuentemente con el cocimiento de malvas tibio y un poco de vinagre.10Si en el grano se formase alguna lcera por haberlo rascado, se baar con agua y unas gotas de extracto de Saturno. 6 Cela n’est pa vrai 7 L ’inoculation de la matire delays de la cronte produit la vrai vaccine; mais il n’est pas rare que sur 30 ou 40 piqure il n’y en au q’une qui prenne 8 Les medecins de Milan ont prouve le contraire 9 Comme on nest jamais certain du nombre de boutons qui se developeront il faut faire plusieurs piqures 10 N’employes jamais de vinaigre

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OBRAS 206\ 206\ 206\ 206\ 206\ FALSA VACUNA A las veinticuatro horas de hechas las picaduras, y aun antes, se siente en ellas dolor y picazn. Desde entonces se percibe un pequeo grano que se aumenta con mucha rapidez. Al da sexto llega el trmino de su incremento, tiene una figura irregular, y lejos de estar hundido por el centro se eleva en punta. Si se pica derrama de una vez todo el pus que contiene con cierta amarillez que le es peculiar. Este grano se seca y desaparece con la misma celeridad que se presenta, crece y supura. Habana y julio 30 de 1804. Doctor Toms Romay.ADVERTENCIA CONTRA LA INDIFERENCIA CON QUE SE EST VIENDO LA VACUNACI"N*Elegidos por un Cuerpo ilustre y benfico para conservar la vacuna en esta ciudad, faltaramos a su confianza, a los deberes de la Humanidad y a los sentimientos naturales de nuestro corazn, si por la negligencia, la timidez y las preocupaciones de ciertas almas vulgares y pusilnimes omitisemos un solo medio capaz de contribuir a ese importante objeto. La Comisin de la Vacuna no ha cesado de recomendar la incontestable virtud de ese eficaz preservativo de las viruelas; con el mayor empeo ha incitado a este pueblo a aprovecharse de las ventajas que proporciona, y dos veces en cada semana lo ha comunicado generosamente a todos los que han querido recibirlo. Mas ahora esforzndose sus insinuaciones, anuncia que las viruelas naturales, ese terrible azote de la especie humana, se ha presentado en diferentes casas de este pueblo. No creemos haya alguno tan insensible y desnaturalizado que no se estremezca al or esta noticia, si recuerda los estragos que produjo la anterior epidemia en los primeros meses del presente ao; estragos que hubieran sido an mayores si la vacuna no hubiese preservado de su contagio a muchos centenares de individuos. Entonces mirando el peligro muy inminente, y no dudando de unos hechos tan autnticos, se depusieron las desconfianzas y temores solicitndose la vacuna con el mayor anhelo; pero segn iba disipndose el contagio y eran menos frecuentes las vctimas que devoraba, se depuso el horror que nos infunda, y como si las viruelas jams hubieran de volver a presentarse en este suelo, por una criminal negligencia se ha llegado a juzgar la vacuna innecesaria para aquellas personas ms dignas de nuestro amor y compasin. *Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 2, pp. 199-200.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /207 /207 /207 /207 /207 La Junta Central qued sorprendida cuando le inform la comisin que en octubre slo se haban vacunado catorce personas blancas, y que las de color llegaron a doscientas cuarenta y ocho, siendo incontestable que en el espacio de un mes nacen en esta ciudad y sus arrabales mucho ms de catorce nios blancos. Y cuando se rehsa vacunar a stos presentando los esclavos con tanta confianza, no podr presumirse que se aprecia ms el valor de ellos que la vida de un hijo? As podr juzgarlo quien ignore la sensibilidad y terneza de nuestros padres; pero nosotros creemos que estos mismos afectos los retraen para exponer sus amados hijos, o sufrir el dolor de unas leves picaduras, aun estando cerciorados de que por ellas los preservan de la muerte ms horrorosa. La Humanidad abomina tan indiscreta compasin, y en esta fecha la han llorado amargamente diferentes padres que esperaban vacunar a sus hijos cuando se presentasen las viruelas, como si ellas se anunciasen con anticipacin para que nos previnisemos a recibirlas. Es un enemigo demasiado alevoso que nos sorprende en todas estaciones y edades, frustrando siempre las ms activas precauciones. En las cabaas de los pastores, y en los palacios de los reyes se ha presentado impvido cuando le juzgaban ms distante, y sin respetar ni la dignidad, ni el sexo, ni los aos, a todos ha cubierto de horror y de luto. No apartemos jams de la fantasa los funestos expectculos que tantas veces han excitado nuestro terror y compasin; depongamos esa nimia sensibilidad que puede causarnos el dolor ms apurado; cuidemos de nuestra propia existencia conservando la de nuestros hijos, y no despreciemos el precioso don que nos ha concedido la Providencia. Habana y noviembre 20 de 1804. Doctor Toms Romay .MEMORIA SOBRE LA INTRODUCCI"N Y PROGRESOS DE LA VACUNA EN LA ISLA DE CUBA*Los benficos efectos que produca la vacuna en toda Europa y en las vecinas colonias extranjeras llegaron a nuestra noticia por medio de sus *Publicada en forma de folleto con el ttulo Memoria sobre la introduccin de la vacuna en la isla de Cuba, leda en Juntas Generales celebradas por la Sociedad Econmica de la Habana el 12 de diciembre de 1804. Por el Dr. y Maestro D. Toms Romay, Socio numerario en la clase de profesor sobresaliente, Secretario de la Junta Central de la Vacuna, vocal de la Junta de Sanidad, ex Catedrtico del texto de Aristteles y de vsperas de Medicina en esta Universidad, y acadmico corresponsal de la Real Academia de Medicina de Madrid Imprenta de la Capitana General, Havana, 1805. Tambin fue reproducida en Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 3, pp. 4-19.

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OBRAS 208\ 208\ 208\ 208\ 208\ papeles pblicos. Al verla tan generalmente adoptada y aplaudida no slo por los profesores ms distinguidos, sino tambin por otros sujetos tan respetables por su literatura como por sus altas dignidades, los Cuerpos econmicos de esta ciudad y varios vecinos ilustrados no dudaron de su virtud preservativa, y procuraron eficazmente adquirir el pus vacuno, haciendo conocer sus ventajas en toda la Isla. Para conseguirlo, esta Real Sociedad y la Junta Econmica del Real Consulado acordaron reimprimir a sus expensas quinientos ejemplares de la Memoria que tradujo el doctor don Pedro Hernndez; ofreciendo por medio del Papel Peridico publicado el 3 de febrero del ao prximo pasado un premio de trescientos pesos a quien condujese el virus vacuno de otros pases, y de cuatrocientos a quien lo encontrase en nuestras vacas. Ambos Cuerpos me comisionaron para que lo recibiera y ejecutase los primeros ensayos. Por ms que los hacendados de esta Isla afirmaban ser muy frecuente en sus vacadas dicha enfermedad, se pas ms de un ao sin que ni el inters del premio ni el bien de la Humanidad hubiera conseguido me presentasen uno solo de estos animales con los granos que tanto se anhelaban.1* En este tiempo, el seor Presidente, Gobernador y Capitn General me proporcion tres veces el pus vacuno entre cristales hermticamente cerrados, y aunque lo apliqu inmediatamente con todas las debidas circunstancias no se por qu fatalidad jams produjo el menor efecto; aun habiendo llegado una ocasin a los veintitrs das de haberse tomado en Filadelfia.2 Con el propio tiempo lo recibi igualmente el doctor don Bernardo Czar, y sin embargo de concebir en los primeros das de su insercin algunas esperanzas de que prendiese en un nio, se frustraron estas como otros ensayos que anteriormente haba ejecutado con diferentes cristales que remitieron de Inglaterra y de Espaa. Entretanto, una epidemia de viruelas empieza a propagarse en esta ciudad desde el mes de diciembre anterior, y viendo que en los de enero y febrero sucesivos haca algunos estragos, no obstante la benigna temperatura de la atmsfera, presagiamos que an seran mayores entrando la estacin calurosa del verano. En este conflicto, sabiendo que estaba muy distante de estas costas la expedicin en que la beneficencia de nuestro Soberano nos enviaba en la vacuna el ms eficaz preservativo de las viruelas; nos juzgbamos casi sin recursos para salvar las vidas de nuestros hijos y domsticos. Tal era la consternacin de este pueblo cuando muchas casualidades felizmente reunidas introdujeron en l a doa Mara Bustamente, el 10 de febrero del presente ao, la que haba hecho vacunar a su nico hijo y a dos mulaticas, sus criadas, en La Aguadilla de Puerto Rico, el 1 del propio mes dando la vela el siguiente.3 Reconocidos estos granos el 12 y encon*Las notas correspondientes a esta Memoria aparecen al final de la misma. ( N. del E. )

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /209 /209 /209 /209 /209 trndolos legtimos y en perfecta sazn, vacun inmediatamente a mis cinco hijos y a otras treinta y una personas de diferentes edades, sexos y condiciones. Slo en nueve de ellas se verific la erupcin; pero fueron suficientes para que la Junta Econmica del Real Consulado informada por m de una adquisicin tan importante adjudicase a dicha seora el premio de trescientos pesos que haba ofrecido. Sin perder tiempo anunci por el peridico esa plausible noticia, prometiendo comunicar generosamente el pus vacuno a todos los que quisieran recibirlo. El da de la erupcin de esas pstulas, sus progresos y su figura muy diferente de cuantas haba visto hasta entonces, y en todo conformes a los caracteres que describen los ms ilustres vacunadores, no me dejaban dudar fuesen verdaderos granos vacunos.4 Sin embargo, para ms cerciorarme y convencer de su legitimidad a los vecinos de este pueblo, determin reconociesen a mis vacunados tres facultativos que haban visto esos granos en Espaa y en Puerto Rico. La tarde del da sptimo de la vacunacin se ejecut este examen por el doctor don Bernardo Czar, en consorcio de don Jos Prez Carrillo y don Francisco Gutirrez, mdicos cirujanos de la Armada, quienes atestaron unnimemente que todos tenan la verdadera vacuna, debiendo tomar su pus al da siguiente. Designada la hora de ejecutarlo, dichos profesores y el doctor don Andrs Terriles me auxiliaron con el mayor celo y desinters, no siendo yo solo bastante para satisfacer el anhelo con que se solicitaba ese eficaz preservativo. Fue tan numeroso el concurso en los das 21, 22 y 23, que no fue posible numerar las personas que se vacunaron; pero no temo asegurar que pasaron de doscientas. Con ellas qued radicada la vacuna en esta ciudad, y varios facultativos se dedicaron a propagarla con una inteligencia y generosidad digna del mayor elogio. Entre ellos se han distinguido los doctores don Bernardo Czar, don Juan Prez Delgado, don Jos Bohrquez, don Andrs Terriles y don Francisco Martnez; y los cirujanos don Marcos Snchez Rubio y don Manuel Hernndez. Pero al mismo tiempo que estos profesores difundan la verdadera vacuna, otros menos inteligentes propagaban la falsa, vacunando con los granos de los tres nios que vinieron de Puerto Rico un da despus de haber yo extrado su legtimo pus. Prev desde entonces el resultado de una maniobra tan contraria a los principios de la vacunacin, y para que no se la imputasen sus funestas consecuencias las anunci por el peridico abominando un abuso que poda inferir tantos perjuicios. No fueron vanos mis temores. Muchos de estos inoculados a quienes result la falsa vacuna, fueron invadidos de las viruelas naturales al cabo de algunos das, dudndose por estos ejemplos que la vacuna preservase de ellas. Para disipar un error que tanto se opone a los progresos de la nueva inoculacin; no satisfecho con publicar varios papeles manifestando la causa de esa novedad, ocurr por ltimo a una prueba, la ms incontesta-

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OBRAS 210\ 210\ 210\ 210\ 210\ ble. Propuse al seor Presidente, Gobernador y Capitn General que deseaba inocular con las viruelas naturales algunas personas vacunadas, y para dar a este acto toda la autenticidad posible, supliqu a Su Seora se dignase disponer lo presenciase el Real Tribunal del Protomedicato y algunos otros facultativos. Su Seora accedi gustoso a mi solicitud, y el 23 de marzo se ejecut dicha contraprueba en dos de mis hijos y en otros dos nios vacunados en presencia de aquel Tribunal, de otros varios profesores y sujetos caracterizados. Con fecha 16 de abril inform el seor protomdico regente al seor Capitn General el feliz resultado de dicha operacin, cuyo extracto se public por orden de Su Seora en el suplemento al peridico nmero 34. Al mismo tiempo present al seor Presidente Gobernador un plan que contena en nueve captulos los medios de conservar la vacuna mientras llegaba la Real expedicin, sospechando por la timidez y desconfianza con que lleg a mirarse que poda extinguirse en esta ciudad en la crtica ocasin de hacer los mayores estragos el contagio varioloso. Tambin le suplicaba me destinase una sala con doce camas en el Real Hospital de San Ambrosio, para ir vacunando sucesivamente los reclutas que vienen de Europa a los regimientos de esta Plaza, presumiendo que as como la vacuna preserva a los asiticos de la peste, tambin redimir a los europeos del vmito negro. Condescendi Su Seora a mis instancias, y desde el 27 de marzo empec mis operaciones, siendo tan favorables hasta la fecha que ninguno de los que han tenido el grano vacuno con los caracteres de verdadero ha experimentado el vmito negro, cuando sus compaeros no vacunados han perecido con esa enfermedad. El mismo feliz xito he observado en varios otros europeos no aclimatados, en quienes ejecut dicha operacin.5Mientras que en la ciudad se suscitaban dudas y recelos con motivo de atacar las viruelas a los que haban tenido la falsa vacuna, y de complicarse aqullas con la verdadera en los que se vacunaban despus de estar infestados del contagio varioloso, el nuevo descubrimiento se iba difundiendo por sus arrabales y otros pueblos del campo. En marzo vacun en San Lzaro, en el Seor de la Salud, en Jess del Monte y en una hacienda del seor Conde de Casa Bayona, seis leguas distante de esta ciudad. A instancia de este seor concurrieron all el bachiller don Ramn de Castaeda, mdico de la ciudad de Santa Mara del Rosario; don Esteban Gonezara, cirujano del ingenio San Jos; y otro facultativo del pueblo de San Jos de las Lajas. En su presencia ejecut dicha operacin en diecisis personas de la hacienda y de otras vecinas, y el pus que restaba lo comuniqu la primera vez a una vaca, en la cual se verific tambin la erupcin de verdaderos granos vacunos. Entre estos facultativos se distingui desde entonces don Esteban Gonezara, y por la aplicacin con que observaba mis operaciones, por el

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /211 /211 /211 /211 /211 grado con que me escuchaba y las preguntas que me haca, conoc sus deseos de instruirse en la materia, previendo que el descubrimiento de Jenner tendra en l un celoso corifeo. No fue vana mi previsin; pasan de tres mil las personas que ha vacunado en esa comarca, de ellas extrajo el pus para tres vacas, y habindoles resultado la verdadera vacuna volvi a inherirlo en los hombres. Las reflexiones que hace en las listas que no ha cesado de remitirme acreditan que su celo es igual a su instruccin. Las mismas circunstancias debo recomendar en el doctor don Jos Gregorio de Lezama. Despus de haber introducido y propagado la vacuna en el pueblo de Regla, inocul una vaca con su pus tomado de los granos de un hombre. La reconoc el 26 de marzo;6 y el 4 de abril, descubriendo todas las seales de la legtima vacuna en varios nios que inocul con el virus de aquel animal, lo comuniqu a veinte personas, varias entre ellas de esta ciudad. No he cesado de trasmitir el pus de ellas a muchas otras sucesivamente presentndose siempre inalterable. El bachiller don Jos Bernal, mdico de la ciudad de Jaruco, remiti un joven para que llevase la vacuna a sus compatriotas. Con ste pretendi difundirla en los pueblos comarcanos; pero la ignorancia y el fanatismo se opusieron tanto a sus progresos, que a fines de abril slo haba vacunado doscientos nueve sujetos. No ha cesado de pugnar contra esos obstculos con una constancia imperturbable, y a ella ha debido no perder absolutamente su importante adquisicin. Ms feliz ha sido en la villa de Santiago el profesor don Pedro Simancas. Recibiendo sus vecinos la nueva inoculacin con la mayor docilidad y confianza, hicieron aquel pueblo impenetrable al contagio varioloso. De aqu trasmitieron el fluido vacuno, con mucha inteligencia y acierto, a la villa de San Antonio y a los frondosos cafetales de Alquzar y Pendencias, el doctor don Diego Silveira y el cirujano don Francisco Durand. La villa de Guanabacoa y el pueblo de Gines recibieron la vacuna desde la segunda ocasin que la inocul en esta ciudad. Dos de mis hermanos la condujeron a ellos en sus propios hijos, y los profesores don Rafael Valds y don Domingo Marias se encargaron de su propagacin. Don Jos de Castro la llev tambin en otra nia a la ciudad de Matanzas, y habiendo vacunado por s mismo los esclavos de su ingenio, estimul con este ejemplo a muchos otros hacendados. Desde la villa de Puerto Prncipe solicita el virus vacuno el seor Oidor don Andrs lvarez Caldern; se lo remito en cristales, y el 9 de marzo se vacunaron con l cuatro nios por el cirujano Raineau. Verificada en todos la erupcin, se dedicaron otros profesores a difundir ese preservativo. El 19 de mayo haba trescientos veintinueve vacunados por don Nicols Coupetel; y para cerciorarse de su legitimidad, inocul sin resultado alguno a dos de ellos con las viruelas naturales. El Ilustrsimo Seor Obispo, que el propio mes se hallaba en la villa de Santa Clara visitando su dicesis, apenas supo que yo haba adquirido la vacuna, me escribe solicitndola con

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OBRAS 212\ 212\ 212\ 212\ 212\ todo el celo de un verdadero pastor y con toda la confianza de un hombre ilustrado. “Como en mis mansiones —son sus palabras— se verifica la concurrencia general y reunin de todos los nios de la circunferencia, se podr extender prodigiosamente este saludable remedio; siendo muy agradable la combinacin de que viniendo a recibir el Espritu Santo por la confirmacin, vuelvan con aqul preservados de una enfermedad destructora en lo temporal, y con ste fortalecidos para la carrera espiritual.” No limitndose la solicitud de Su Seora Ilustrsima a que le remitiese el virus vacuno, sino encargndome tambin le enviase a sus expensas un facultativo con dos nios vacunados, mientras proporcionaba stos le dirig aqul con los instrumentos y las instrucciones necesarias para aplicarlos con acierto. Lo recibi en el propio lugar, y en su presencia se vacunaron nueve nios. Antes de verificarse la erupcin le fue preciso trasladarse a la villa de San Juan de los Remedios, donde le encontr el cirujano don Juan Castellanos, que sali de aqu con un negrito vacunado, ofrecindome con un celo y humanidad muy recomendables acompaar a Su Seora Ilustrsima en toda la visita para ir difundiendo la vacuna por los lugares internos de la Isla. El 25 de marzo celebr Castellanos en aquella villa su primera vacunacin, precedida de una exhortacin que hizo el prroco al pueblo por insinuacin de su Dignsimo Prelado. El 29 pas Castellanos a la villa de Santa Clara, y encontrando actuada la vacuna en cuatro de los nueve nios que haban sido inoculados con su virus, lo comunic a treinta y seis personas. Concluida esta operacin, presenciada por los facultativos de aquel pueblo, volvi al de los Remedios, donde vacun a ms de cuatro mil sujetos, asocindosele el bachiller don Eugenio de la Plaza. Este distinguido profesor, no satisfecho con la instruccin que proporciona sobre la vacuna el escrito traducido por el doctor Hernndez, me encarg con otro ms luminoso; y habindole remitido la Memoria que public en ingls el doctor Aikin, la verti a nuestro idioma ilustrndola con unas notas muy curiosas. De aqu pas Castellanos a Sancti Spritus donde vacun a mil ciento veinte personas, en Trinidad a ciento noventa; y continuando en compaa del Ilustrsimo Seor Diocesano el resto de su visita, fue difundiendo por todas partes ese admirable preservativo de las viruelas. La ciudad de Cuba disfrutaba de l un mes antes que La Habana. Vignard, cirujano francs procedente de Saint Tom, vacun el 12 de enero a una nia con el pus que trajo entre cristales desde aquella isla. Logrndose en ella la erupcin de unos granos verdaderos, se encarg de propagarla el doctor don Miguel Rolland, y el 26 de febrero la haba comunicado a ciento quince personas, lamentndose de que la desconfianza y algunas preocupaciones vulgares obstruan sus progresos en un pueblo numeroso que tanto necesitaba de aquel auxilio. Por los mismos obstculos no se difunda la vacuna en la parte occidental de la Isla. A principios de abril sali de esta ciudad don Jos Matas

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /213 /213 /213 /213 /213 Martnez con un nio vacunado por m, calificada su legitimidad con un certificado y autorizado por este Superior Gobierno para propagarla en esos lugares. Sin embargo, me escribe desde Los Palacios el 7 de mayo que slo haba vacunado a cincuenta y dos personas. Tales eran los progresos de la vacuna en toda la Isla de Cuba, cuando el 26 de mayo arrib a este puerto la Real expedicin. Al da siguiente fue recibida con todo el aplauso y decoro que mereca una prueba tan incontestable del amor paternal con que mira a estos pueblos el ms benfico Soberano. Su permanencia en esta ciudad por espacio de veinte das fue sumamente importante. Los vastos conocimientos y dilatada prctica de su director el seor doctor don Francisco Javier de Balmis, mdico honorario de la Real Cmara; el celo y eficacia con que contribuy a difundir y consolidar la nueva inoculacin, la sencillez y felicidad de sus operaciones, el inalterable agrado y constancia con que las ejecutaba, decidi la opinin vacilante de algunos profesores, ilustr y rectific las ideas de otros, confundi las imposturas y maquinaciones de los antivacunistas, disip la desconfianza y triunf por ltimo de la obstinacin con que varias personas haban rehusado tenazmente vacunarse. Quinientas setenta y ocho recibieron de su mano en seis actos el pus benfico que preserva de la muerte ms horrorosa. Y como el objeto de su comisin no se limitaba a introducir la vacuna, sino tambin a establecer todos los medios de perpetuarla, determin inocular algunas vacas con aquel virus, presumiendo que comunicndolo a otras se hara esta enfermedad epidmica entre ellas. Instruido de que yo haba ejecutado anteriormente dicha operacin, me hizo la honra de suplicar al seor Presidente, Gobernador y Capitn General me asociase a l para repetirla. Obedec con la mayor complacencia, y el 15 de junio vacunamos en la Casa de Beneficencia seis de esos animales, tres paridas y otras tantas preadas. Verificndose en todas una perfecta y abundante erupcin, comuniqu oportunamente su pus a siete personas que se me presentaron. No confiando nicamente en este recurso, present el director al seor Presidente, Gobernador y Capitn General un plan cientfico y econmico para establecer en esta ciudad una Junta Central de la Vacuna, cuyo patriotismo y humanidad conservase inalterable ese depsito sagrado. Examinado este papel por esta Real Sociedad, y reconociendo su distinguido mrito, acord significarle su gratitud de un modo muy honorfico y nada comn, lo eligi Socio Numerario en la clase de profesor Sobresaliente. Mientras se organizaba y poda ejercer sus funciones la Junta Central de la Vacuna, me confi su conservacin este Superior Gobierno, en virtud del juicio que form el director de mis operaciones, calificando por verdadera y legtima la vacuna que haba preparado antes que arribase a este puerto. El 18 de junio dio la vela para el de Campeche, dejando dentro de sus muros ms de seis mil proslitos de Jenner.

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OBRAS 214\ 214\ 214\ 214\ 214\ El 21 del propio mes di principio a mis operaciones en las casas capitulares anuncindolas siempre por el Papel Peridico Desde entonces me acompa en todas ellas el licenciado don Marcos Snchez Rubio. La constancia y actividad de este facultativo es muy superior a todos mis elogios. No satisfecho con auxiliarme en aquellos actos, recorra las casas de los vacunados reconociendo el estado de sus granos, instndoles a que volviesen cuando pudieran suministrar el virus para otros, y voluntariamente se encarg de vacunar en los barracones a los negros bozales.7 En su consorcio ejecut dicha operacin hasta el 31 de julio en mil seis personas, noventa blancas y las restantes de color. En Junta ordinaria celebrada por esta Real Sociedad el 13 del propio mes qued establecida, organizada y refundida en ella misma la Junta Central de la Vacuna, teniendo a la vista el plan dirigido al seor Presidente por el director de la Real expedicin, y otro que anteriormente haba yo presentado a Su Seora. Encargse al Secretario de la Sociedad extendiera en libro particular las ocurrencias econmicas de estas Juntas, que deberan celebrarse el primer viernes de cada mes. Y para lo perteneciente a la parte cientfica se nombr un secretario facultativo, y otros tres profesores de Medicina y Ciruga, los que ms se haban distinguido por su inteligencia y celo en los progresos de la vacuna. Los doctores don Bernardo Czar, Juan Prez Delgado y el licenciado don Marcos Snchez Rubio, merecieron todos los sufragios, dispensndome el honor de asociarme a ellos con el encargo de secretario, y de continuar vacunando dos veces a la semana en las casas capitulares y en los barracones, en consorcio de los profesores Czar y Snchez. Para compensar esta ocupacin se asign por insinuacin del Muy Ilustre Ayuntamiento y del Real Consulado, el fondo que resulta de la exaccin de dos reales por cada negro bozal de los cargamentos que entran en este puerto, en consideracin a que siendo ellos los que regularmente introducen las epidemias de viruelas necesitan con mayor urgencia preservarse de ellas con la vacuna y contribuir a su conservacin. El 27 de julio dio principio a sus sesiones la Junta Central, y hasta la fecha ha celebrado seis. Sus resultados han sido la impresin de mil ejemplares de una Memoria sucinta y sencilla explicando los caracteres del grano vacuno, el tiempo y modo de tomar e inherir su pus, con el objeto de hacer esta operacin tan familiar que hasta las madres puedan ejecutarla en sus hijos. El seor Presidente se dign encargarse de hacerla circular por toda la Isla, y el ilustrsimo seor Director, que coste otros mil ejemplares, los ha difundido en los pueblos de su dicesis por el conducto de sus respectivos prrocos. Instruida la Junta, por una carta del doctor Carro, que la postilla del grano vacuno pulverizada y humedecida era tan eficaz como el pus ms reciente, encarg a la Comisin ejecutase algunos ensayos; los verific, y muchos de ellos han resultado favorables.8

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /215 /215 /215 /215 /215 El mismo efecto produjo el virus que el seor Presidente dirigi al gobernador de Cuba el 15 de junio, con motivo de haberse extinguido en esa ciudad la vacuna desde mayo. Confiado aquel nuevo pus al doctor don Miguel Rolland, vacun del 1 al 26 de julio a cincuenta y nueve personas, las cuales no slo juzgaba suficientes para conservarlo en dicho pueblo, sino tambin para propagarlo en la villa de Bayamo, a donde remiti dos vidrios cargados con ese fluido. En la villa de Puerto Prncipe tambin lleg a faltar la vacuna en julio; y solicitndola el profesor Coupetel, se le remitieron dos cristales el 31 de agosto con pus tomado en la vacunacin que se ejecut aquella propia tarde. Don Jos Matas Martnez inform que haba vacunado en los partidos de Los Palacios, Consolacin, San Juan y Martnez, Pinar del Ro y Gines a trescientas sesenta y siete personas. En octubre volvi a salir de esta ciudad con destino a los mismos lugares, llevando un negrito vacunado y algunas postillas de esos granos; el pus de los que tena el muchacho no produjeron efecto alguno; pero s lo consigi muy eficaz con las postillas pulverizadas y humedecidas con agua fra. Comprendiendo la Junta que desde noviembre se haban observado las viruelas naturales en diferentes casas de esta ciudad, determin divulgar por medio del peridico esa infausta novedad, con el fin de estimular a muchos padres, cuya negligencia ha llegado hasta el extremo de no haber presentado en las ocho vacunaciones celebradas en un mes ms que catorce nios blancos. El bachiller don Jos Govn, residente en el pueblo de Managua, present un memorial atestado exponiendo que desde marzo haba introducido y propagado la vacuna sin inters alguno en dicho partido y en los de Giaraco* y El Calvario, ofreciendo conservarla en ellos constantemente con la misma generosidad, siempre que sus respectivos prrocos anunciasen en las misas y das festivos, las casas y das que designare para celebrar las vacunaciones. Penetrada la Junta de la humanidad y desinters de este profesor, dirigi su instancia al Ilustrsimo Seor Diocesano suplicndole se dignase auxiliarlo del modo que juzgase ms oportuno. Su Seora Ilustrsima expidi inmediatamente sus rdenes a los expresados ministros para que acordndose con el bachiller Govn contribuyesen eficazmente a un fin tan loable. No satisfecha la Junta con significar privadamente a ese profesor su gratitud y complacencia, quiso darle un testimonio pblico anunciando por el peridico su generosa oferta, con el doble objeto de aplaudir la conducta de este facultativo y de estimular a sus compaeros a que imitasen su ejemplo. Se llamaba Giaraco, Jiaraco o Xiriaco a lo que hoy es Santa Mara del Rosario.

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OBRAS 216\ 216\ 216\ 216\ 216\ Desde el 2 de agosto hasta la fecha ha celebrado la Comisin en las casas capitulares treinta y cinco vacunaciones, recibiendo en ellas ese eficaz preservativo ciento treinta y dos personas blancas y ochocientas setenta y cuatro de color. En los barracones se ha ejecutado la misma operacin en cuatrocientos sesenta y nueve negros bozales, cuyas tres partidas suman mil cuatrocientas setenta y cinco personas. Este informe, ilustres patriotas, es la historia ms fiel y sencilla de la introduccin y progresos de la vacuna en esta ciudad y en toda la Isla de Cuba. La justicia y la verdad me han dictado las expresiones con que recomiendo a los profesores que han contribuido a difundirla; la Junta calificando su merecimiento les conceder, al menos, las consideraciones que merecen unos ciudadanos tiles a la Humanidad y a la patria. Una y otra exigen trasmitamos a las generaciones futuras el bien que disfrutan nuestros hijos. Para conseguirlo no bastan las activas eficaces providencias de nuestro Dignsimo Presidente, ni el celo filantrpico de la Junta, ni la inteligencia y actividad de la Comisin; es preciso que el pueblo la solicite con anhelo y confianza. Semejante al fuego sagrado de las vestales, necesita la vacuna de un pbulo continuo y de una perenne vigilancia. Si llega a extinguirse no debemos esperar que Su Majestad expense otra expedicin para remitrnosla, ni tampoco que se renan las felices circunstancias que ocurrieron el 10 de febrero. Desesperemos, pues, de todos los recursos ultramarinos, cuando podemos fcilmente perpetuar en nuestros hijos y domsticos ese monumento glorioso, consagrado a la conservacin de la Humanidad y a la beneficencia de nuestro Augusto Soberano. NOTAS 1 En la primavera y en otoo experimentan las vacas de esta Isla una erupcin de granos en las ubres y en los pezones tan numerosa en algunas de ellas que no pueden ordearse sin gran dificultad. Los hacendados llaman a esta pstula viruelillas y creyeron fuese el verdadero cow-pox ; reconoc muchos de estos animales y en ninguno de sus granos encontr los caracteres que describe Jenner. Al contrario, son casi verrugosos, y cuando llegan a supurar arrojan una pequea cantidad de humor sanioso y prontamente se desecan. No creo por esto sea imposible encontrar alguna vez el cow-pox en las vacas que pastan en los prados ms feraces de nuestra Isla; la reunin de varias circunstancias atmosfricas y locales pueden contribuir a producirla. Los descubrimientos que se han hecho posteriormente en diferentes climas acreditan que esta enfermedad es constitucional, como dice Moreau, y no endmica en las vacadas del condado de Glocestershire. Se ha encontrado en muchos otros de Inglaterra; y aun en el mismo continente europeo la

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /217 /217 /217 /217 /217 descubri el doctor Nissen en el ducado de Holstein y Sacchi en Lombarda; no siendo tampoco desconocida en el departamento de Landes, ni en la repblica Cisalpina. La Gazeta de Madrid nmero 79 de este presente ao 1804, refiere que con motivo de haber llevado los ingleses la vacuna a Bombay, un prncipe indio prob, haba mucho tiempo, que los brahmanes tenan alguna idea de ella, practicndola aunque misteriosamente en los nios de los que adoran a la diosa Bhavani, abogada de los virolentos. En la Gazeta de Mxico del 6 de octubre del mismo ao se anuncia que el cirujano don Jaime Gursa, que haba introducido y propagado la vacuna en las provincias internas, tena esperanzas de hallarla en aquellos ganados mediante la observacin hecha en unas vacas que al efecto le hicieron conducir, en cuyas ubres descubri algunas pstulas secas por la distancia de donde las trajeron. Finalmente el doctor don Francisco Javier de Balmis, director de la Real expedicin, en carta del 31 del propio mes y ao me escribe desde Mxico: “Participo a usted con suma complacencia cmo logr encontrar el verdadero cow-pox en una vaca del valle que se dice de Atrisco (treinta leguas al sudeste de Mxico). Reiter mis observaciones con el ms feliz xito, y queda repitindolas el profesor don Mariano Anzures, con igual suceso, de forma que hasta ahora llevamos cuatro vacunaciones con el cow-pox y en casi todos los nios ha resultado constantemente la verdadera vacuna.” No me dice si los primeros sujetos inoculados con el pus tomado inmediatamente de la vaca experimentaron los dolores, los tumores en las axilas, fiebre aguda y dems sntomas que observ Jenner en iguales circunstancias; si carecieron de esas incomodidades, es an ms importante su descubrimiento supuesta la legitimidad de esa vacuna. Tampoco me insina si el cow-pox de esa vaca fue espontneo, o producido por insercin casual o artificial del pus que manaba el gabarro de algn caballo. Su silencio, y la opinin que segua cuando tratamos sobre este asunto, me hace presumir lo primero; y en este caso no habiendo una diferencia muy notable entre el clima de esta Isla y el de aquel valle, hay menos dificultad para que nuestras vacas puedan adolecer de esa enfermedad. Del otro modo sera ms difcil, pues me han asegurado diferentes albeitares que rarsima vez han visto en sus caballos el gabarro, aunque tanto se parece a la lcera que llamamos mazamorra. Adems, los ensayos ejecutados por Woodwille, Simmons y Pearson en Inglaterra y por Tourette, Tessier y Husard en Francia, inhiriendo el pus del gabarro en las ubres de las vacas sin resultado alguno, prueban que se equivoc Jenner cuando juzg que el cow-pox siempre tena ese origen. Esta opinin, aunque sostenida con empeo por Ring, Redman Coxe y Rankin, queda impugnada incontestablemente con los hechos que refiere Moreau; y aun antes que publicase su Tratado histrico prctico Aikin lleg a dudar que el cow-pox procediese siempre de la

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OBRAS 218\ 218\ 218\ 218\ 218\ causa que supone el doctor Jenner. ltimamente los profesores don Alejandro Arboleya y don Antonio Serrano, residentes en Mxico, han inoculado infructuosamente algunas vacas con el pus del gabarro. 2El ilustre Jenner se sirvi del pus vacuno con feliz xito a los tres meses de haberlo extrado de la pstula; lo mismo experiment el doctor Marshall, citado por Redman Coxe. Este vacunador, no habiendo encontrado en las vacas de las colonias angloamericanas el cow-pox encarg su virus a Inglaterra, y habiendo recibido cuatro porciones que ningn efecto le produjeron, lo consigui con otra que tena cerca de tres meses; y refirindose al caso 47 de sus tablas, sospecha que logr excitar la infeccin vacuna con semilla de cuatro meses, aun no habiendo cuidado de preservarla del aire. Estos hechos son tan raros que l mismo confiesa haberse encontrado ineficaz el virus vacuno a los dos o tres das de tomado. Lo propio observ Odier, por lo cual concluye que sin embargo de las mayores precauciones, la inoculacin hecha con el pus vacuno seco es menos segura que cuando se ejecuta del mismo modo con el virus varioloso. En Cuba, Puerto Prncipe y en otros lugares de esta Isla se ha vacunado eficazmente con el virus que he remitido entre cristales desde esta ciudad, y tena cuando se aplic diecisis y dieciocho das. No me consta que pasado este tiempo haya producido algn efecto. Si el ms leve calor es capaz de enervarlo, como dice Jenner, sin duda el que experimentamos en el verano y esto, que ha llegado hasta los 28R, puede ser la causa de su pronta ineficacia. 3 El doctor don Francisco Oller, residente en la ciudad de San Juan, capital de la isla de Puerto Rico, viendo aparecer la viruela natural en noviembre de 1803, solicit con la mayor eficacia el fluido vacuno del doctor Mondeher, vecino de la isla holandesa de Saint Tom. Se lo remiti en hilas; pero tan enervado que fueron intiles los primeros ensayos. Repiti el encargo, y habindolo recibido entre cristales el 28 del propio mes lo inhiri inmediatamente en sus dos hijos. Verificada en uno de ellos la erupcin con todos los caracteres de verdadera vacuna, empez a propagarla en aquella ciudad. Al mismo tiempo su Gobernador y Comandante General consigui que el Gobernador de Saint Tom le enviase otros cuatro cristales cargados con dicho virus y una nia vacunada. Con ella, y con las personas a quienes ya la haba comunicado el doctor Oller, empez sus vacunaciones pblicas el 17 de diciembre, y el 29 que celebr hasta el 9 de febrero del siguiente ao inocul a mil quinientos cincuenta y siete sujetos. Varios otros facultativos difundieron con ellos la vacuna por toda la isla, y habiendo llegado a La Aguadilla la recibi el nio de doa Mara Bustamante y sus dos criadas el 1 del propio mes. Salieron para este puerto al siguiente, y tanto el fro de la estacin como las

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /219 /219 /219 /219 /219 alteraciones que causa la navegacin, especialmente en unas naturalezas tiernas y delicadas, contribuyeron a retardar el desarrollo y progresos del virus vacuno; de suerte que el 12 estando sus granos en perfecta sazn, tom el pus de uno de ellos y con los restantes continu vacunando el siguiente. Si observando el precepto del inmortal Jenner hubiera respetado la aureola como un trmino sagrado que no debe traspasar la lanceta, habra sin duda privado a mi patria de las ventajas de su importante descubrimiento en ocasin que la desolaba el contagio varioloso. Pero tuve presente que Aubert sola vacunar con el humor extrado a los doce o trece das; que Waschel lo ejecut felizmente tomndolo a los catorce de un grano que no haba retardado su curso, y Redman Coxe lo extrajo con el mismo xito una vez al decimoquinto de la vacunacin y otra al decimoctavo; bien que en este caso los progresos de la vacuna fueron interrumpidos por la presencia del sarampin. Tampoco ignoraba que la erupcin de este grano no se verifica necesariamente entre el tercero y cuarto da de la insercin, y por consiguiente no puede entonces presentarse la aureola del octavo al onceno. El doctor Cappel advirti varias ocasiones no haberse divisado la burbuja hasta el da noveno. Taynton descubri en un nio las primeras seales de la infeccin al duodcimo; Ring cita dos ejemplos en que no aparecieron hasta el decimoquinto, y uno al decimosexto; y la Junta Mdica de Reims refiere haberse demorado nada menos que a los veintids das. No slo he observado las mismas anomalas, sino tambin otras ms extraordinarias. He visto tres ocasiones presentarse en un brazo la erupcin del tercero al cuarto da, seguir todos sus trmites, y no advertirse alteracin alguna en las incisiones del otro brazo hasta los das nueve, once y veintiuno. Estos hechos, y el feliz resultado de mis primeros ensayos, demuestran que tiene algunas excepciones la regla que prescribe el tiempo en que debe extraerse el pus vacuno. La temperatura de la atmsfera, la particular constitucin del sujeto, su gnero de vida y sus pasiones pueden contribuir a retardar o acelerar el desarrollo de este grano, su incremento y supuracin. Estando, pues, sujeto a estas alteraciones, juzgo que la eficacia del virus vacuno no debe calcularse tanto por los das de la insercin como por su blancura, transparencia y viscosidad. Estos caracteres, siendo inalterables en todos los sujetos, en todos los climas y estaciones, sern por consiguiente ms seguros y ms fciles de comprenderse. Infirindose de aqu que cuando los vacunadores presagian el da de la erupcin del grano vacuno, su aumento progresivo, la aparicin de la aureola y su total extincin, proceden segn lo que han notado con ms generalidad y frecuencia, reservando a la observacin prctica las excepciones de estas reglas universales.

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OBRAS 220\ 220\ 220\ 220\ 220\ 4La falsa vacuna, la tarda erupcin de la verdadera, la inflamacin erisipelosa que suele presentarse, y otras anomalas de esta saludable enfermedad, ocuparn en su tabla nosolgica el mismo lugar que los monstruos en el cuadro de la Naturaleza. Colocados como sombras al lado de los seres perfectos, realizarn su hermosa organizacin y la misma rareza de aquellos fenmenos, ser una prueba nada equvoca del orden constante que produce los otros. La contemplacin de estas leyes inmutables excita en el alma del filsofo un placer puro e incomparablemente superior al que imprimen las ms gratas sensaciones. Same lcito decir que experiment esa dulce complacencia, y fomentada por varias otras circunstancias, cuando vi en nueve de mis vacunados que entre el tercero y cuarto da se enrojecan las incisiones, brotaba la pstula, creca, supuraba, se deprima en su centro y la circunscriba la aureola, reuniendo todos los caracteres y observando exactsimamente los mismos trmites que advirtieron Jenner, Woodwille Aikin y otros en Inglaterra, Carro en Viena, Husson en Reims, Odier en Ginebra, las Comisiones de la Sociedad de la Escuela de Medicina y del Instituto en Pars, Balmis y Hernndez en Madrid y Redman Coxe en Filadelfia. No siendo posible convencer por medio de esta induccin a todo el pueblo, me val de un argumento nada menos inconfesable, aunque ms sencillo y proporcionado a su comprensin. Hice circular pblicamente con el virus varioloso cuatro de los primeros nios vacunados, y el feliz resultado de esta operacin se atest por el tribunal facultativo. Se esforz esta prueba con otras an ms decisivas. Los doctores don Jos Caro y don Nicols Rodrguez, el bachiller don Jos Gregorio de Lezama y don Vicente Uriarte depusieron haber visto cuatro nios vacunados alimentarse hasta doce das con la leche de sus nodrizas cubiertas de viruelas, sin experimentar la ms leve infeccin. Estos hechos son ms decisivos que la misma inoculacin; porque en ella slo se introducen algunas gotas del pus varioloso; pero estos nios mamaron en la leche una gran cantidad de ese virus, compriman todo su cuerpo con las pstulas supuradas y existieron mucho tiempo dentro de una atmsfera contagiada; de suerte que interior y exteriormente fueron atacados sin efecto por todos los medios ms eficaces para comunicar el contagio. Entretanto, la epidemia variolosa se haca tan general y maligna que slo en el cementerio de los reverendos padres capuchinos se inhumaron ese ao ochocientos cadveres de nios virolentos. Estos mismos demostraban hasta la evidencia la virtud preservativa de la vacuna; pues se vea diariamente residir con ellos en una misma pieza, y aun en una propia cama sin que se les comunicasen las viruelas, a los vacunados en quienes este virus haba ya destruido la predisposicin al contagio varioloso.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /221 /221 /221 /221 /221 La vacuna en los mulatos slo me ha presentado la novedad de no permitir que su color nativo adquiera la aureola aquel hermoso rosado que advertimos en los blancos. Mis observaciones sobre los negros no convienen con las de Dupuytren. Aunque la epidermis sea en ellos ms fina que en los blancos, especialmente en la parte interna de los brazos, sin embargo los dems tegumentos son ms gruesos y apretados. Sea por esta causa o por su poca excitabilidad me ha sido preciso, para conseguir en ellos la infeccin, introducir la aguja una o dos lneas ms que en los blancos. No obstante, deja de verificarse con mucha frecuencia, y cuando se logra siempre se demora en ellos un da ms que en los blancos, retardndose igualmente la supuracin. En los adultos nunca se percibe la aureola, y en los parvulitos tiene un rojo oscuro, semejante al color de la caoba. 5 Habiendo observado el doctor Hunter que los efectos de la inoculacin de las viruelas se interrumpieron en un nio por haberse presentado inopinadamente el sarampin, y que terminada esta enfermedad se desarroll el virus varioloso corriendo todos sus trmites, concluy que el cuerpo humano no poda ser afectado a un mismo tiempo por dos virus, ni sufrir una misma parte dos afecciones morbficas. Creyndolo as, rehus vacunar una negra que me presentaron cubierta de bubas o frambuesas, no slo por juzgarla incapaz de actuarse en ella la vacuna, sino tambin porque tema se le imputase cualquier adversa novedad que por otra causa le ocurriera. Sus amos se la presentaron segunda vez al doctor don Jos Bohrquez, quien se neg igualmente a vacunarla; pero reconvinindole con que estaba muy expuesta al contagio varioloso, y que en este caso seran ms funestas las resultas, condecendi al fin a su solicitud. La vacun, y verificndose una perfecta erupcin, fue sta ms eficaz que muchos antivenreos. Antes de un mes, a instancia del mismo profesor, la reconoc enteramente libre de las pstulas sifilticas, y muy mejorada su constitucin; posteriormente me han informado sujetos fidedignos de otros dos casos idnticos. Con estos ejemplos no tem vacunar a los sarnosos, y observ que adems de actuarse en ellos la vacuna, se disminua la erupcin psrica, y que inoculando con su pus vacun a trece nias en la Casa de Beneficencia, result a todas este grano perfecto y a ninguna ni uno solo de la sarna. Alentado con esta observacin el facultativo don Toms Breac tom el pus vacuno de un muchacho que estando ya infestado del contagio varioloso cuando se vacun, le resultaron ambas enfermedades y siguieron su respectivo curso; vacun tres personas con aquel virus, y en ellos se experiment lo que tantas veces haba observado el doctor Woowville, apareci en todas ellas la vacuna sin ninguna pstula variolosa; infiriendo de aqu ese ilustre vacunador que el virus vacuno no se mezcla

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OBRAS 222\ 222\ 222\ 222\ 222\ en el cuerpo humano con otro alguno, y que conserva indeleblemente su virtud especifica. Prescindo ahora de la infinidad que puede tener el virus vacuno con el psrico, sifiltico y varioloso, puesto que no se ofenden recprocamente en un propio sujeto, y ni aun en una misma parte. Si se hubiera hecho el anlisis de esos tres, como lo ejecutaron Hussen y Dupuytren con el vacuno, podra explicarse con menos dificultad ese fenmeno de la economa animal. Me contraigo solamente a los efectos que ste produce curando las dos primeras enfermedades, y destruyendo hasta la predisposicin a recibir el contagio varioloso. Desde el ao pasado de 1803 no cesan los papeles pblicos de Europa y de las colonias angloamericanas de referir las ventajas que consiguen en Asia los profesores Auban, Lafont y Valli preservando de la peste con la inoculacin de la vacuna. El doctor Carro, cuyo juicio es muy respetable, ha sido el conducto por donde nos han comunicado sus observaciones, merecindola publicarse posteriormente en su Historia de la vacunacin en Turqua La peste y la fiebre amarilla o vmito negro tienen tanta analoga, que cuando ste se presenta en su ltimo grado de malignidad en ningn sntoma se distinguen. Varias veces lo he visto terminarse en tres das con petequias, bubones y carbuncos, adems de los caracteres que le son patonomnicos. Brown, reformando las nosologas de Sourages y Cullen, coloc la peste en el nfimo grado de las astenias, y yo creo que ninguna otra enfermedad puede estar tan inmediata a ella como la fiebre amarilla. La comparacin de sus caracteres me hace concebir entre ellos la ms gran afinidad. Y no podr presumirse que la vacuna preserva tambin del vmito negro? Y qu perjuicios resultaran de ejecutar algunos ensayos? A ms del analogismo, una feliz observacin acab de decidirme a ejecutarlos. Cuatro jvenes espaoles que se vacunaron antes de salir de su pas para preservarse de las viruelas, permanecieron ilesos en las epidemias del vmito negro que experimentamos este ao y el anterior. Estando exentos de esa enfermedad los naturales de esta Isla, es muy difcil encontrar europeos que no hayan tenido las viruelas naturales. Y podr verificarse en stos la erupcin de la verdadera vacuna? He aqu un programa en cuya resolucin discrepan los ms ilustres vacunadores. Su inmortal corifeo, despus de referir varios hechos, deduce los siguientes corolarios: puede experimentarse muchas veces la vacuna; la viruela no preserva de la vacuna. Aubert los juzga poco importantes y menos autnticos en la pgina 6 de una Memoria que public en 1800; y en la pgina 12 dice expresamente que la experiencia nos ha enseado que es raro padecer dos ocasiones la vacuna, y que sta no se desarrolla sino imperfectamente o de ningn modo en las personas que han tenido

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /223 /223 /223 /223 /223 las viruelas naturales. Moreau, refiriendo en diferentes partes de su obra las observaciones con que Jenner, Pearson y Pinel intentaban persuadir que el virus vacuno poda afectar despus de haber pasado las viruelas, duda siempre que en esos casos se observase la verdadera vacuna, sino solamente la falsa. Mas Woodwille tratando de Sara Rise, que haba tenido anteriormente las viruelas, no slo afirma que sinti exactamente todos los sntomas de la vacuna, sino tambin que Simmons, Pearson y William observaron en esa joven el grano que constituye el principal fenmeno de esta enfermedad. Aikin, proponiendo los medios de conducir la vacuna a pases lejanos, no excluye a los sujetos que han padecido las viruelas; pues en ellos, dice, puede formarse una pstula perfecta. Del mismo dictamen es Redman Coxe en sus Observaciones prcticas sobre la vacuna Las mas me han manifestado que algunas veces se presenta con casi todos los caracteres de verdadera en personas afectadas anteriormente del contagio varioloso. Reconoc a cinco seores vacunadas por el doctor don Bernardo Czar despus de haber tenido muchos aos antes aquella erupcin, y sus granos vacunos en nada se distinguan del ms legtimo; algunas de ellas sintieron dolores y tumores en las glndulas axilares. Vi otra, y tambin la vio el doctor don Jos Carro, que se vacun ella misma en el antebrazo siniestro con una aguja de coser, y sin embargo de la delicadeza con que lo ejecutara se present la pstula del tercero al cuarto da, y sigui sucesivamente todo su curso deprimindose en el centro, formando el rodete lleno de un lquido cristalino, apareciendo y disipndose la aureola en su debido perodo, desecndose sin formar lcera y dejando un estigma bien visible. Un profesor de esta ciudad, que como esta seora haba ya tenido las viruelas, se vacun en la mano siniestra, y le result un grano tan perfecto que inocul con su pus a varias personas, mas en todas se present la falsa vacuna. Este resultado comprueba lo que refiere Odier. Habiendo pedido al doctor Carro el virus vacuno le remiti el que haba tomado del grano de un hombre de cincuenta y un aos, el que aunque tuvo en su infancia las viruelas, quiso vacunarse para decidir la cuestin que se haba suscitado en Londres sobre la posibilidad de experimentar ambas enfermedades. La incisin se inflam prontamente en este hombre y dio abundante supuracin. Le sobrevino una fiebre que dur tres das, sinti dolores en las axilas y todos los sntomas que anunciaron la verdadera vacuna, aunque muy precoces. Este virus comunicado por el profesor de Ginebra a veinte nios se desarroll en todos con tanta rapidez que a las siete horas se inflamaron las incisiones y todo el brazo, experimentaron fiebre y algunos vmitos; pero todo calm en cuarenta y ocho horas.

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OBRAS 224\ 224\ 224\ 224\ 224\ Resulta de estos antecedentes que el virus vacuno no slo puede producir un grano con muchas seales de perfecto en algunos sujetos que han tenido anteriormente las viruelas, sino tambin que causa una afeccin general. La nica diferencia que he notado entre el grano vacuno de las personas que no han sufrido las viruelas y el que suele resultar a las que ya las han experimentado, consiste en el efecto que produce el pus, y en los caracteres del mismo pus. El de las primeras es blanco transparente y viscoso, y produce la verdadera vacuna siempre que se observen las debidas reglas; el de las segundas siempre produce la falsa, y aunque este pus sea blanco y transparente, carece de viscosidad, es lquido como el agua. La comparacin del pus vacuno legtimo con la clara del huevo fresco es exactsima en todas sus circunstancias. Todos estos hechos y reflexiones precedieron a los primeros ensayos que ejecut para observar si la vacuna preserva del vmito negro. Los verifiqu en el Real Hospital de San Ambrosio en consorcio del doctor don Francisco de Crdoba, su primer cirujano, presencindolos el seor protomdico regente, el doctor don Jos de Ayala y los dems facultativos de dicho hospital. De veinticuatro reclutas que se inocularon a los pocos das de haber llegado de Europa, diez tuvieron el grano vacuno con muchos caracteres de verdadero; nueve lo tuvieron falso, y a los cinco restantes nada resalt aunque se revacunaron dos ocasiones. De todos ellos uno solo no haba padecido las viruelas, y ste experiment la verdadera vacuna. Ninguno de los diez que igualmente la representaron ha sentido el ms leve ataque del vmito negro; y de los nueve a quienes result falsa, uno solo fue invadido de ella, pero con mucha benignidad. Consta todo esto del diario que llev el doctor Crdoba con la mayor exactitud, y se conserva en el archivo del referido hospital. Fuera de l vacun otros cinco europeos advenedizos; en dos de ellos observ la verdadera vacuna, y en los restantes no produjo efecto alguno; los dos primeros han permanecido ilesos del vmito, e ignoro la suerte de los otros. Este nmero de observaciones y el tiempo que ha ocurrido es demasiado precario para decidir una cuestin tan importante; es preciso repetir los experimentos y esperar el resultado despus de algunos aos; pues suele suceder que no invade el vmito a los extranjeros en el primero ni segundo verano que pasan en este clima. He consultado al doctor don Jos Mara Prez, residente en Veracruz, y a la Sociedad Filosfica de Filadelfia, en cuyos pases atacando la fiebre amarilla indistintamente a los forasteros y naturales es ms fcil observar los efectos de la vacuna, inoculada especialmente sin que precedan las viruelas. 6Estos granos eran en todo conformes a los que observ en igual ensayo la Junta de Reims, cuya historia refiere Moreau en la pgina 154 de su Tratado histrico prctico de la vacuna Aikin, tratando de la recproca

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /225 /225 /225 /225 /225 infeccin de la vaca al hombre, y de ste a ella, se explica en estos trminos: “Lo que s es muy notable en la historia de esta enfermedad es que el virus vacuno, despus de haber pasado por varias personas, puede volverse a comunicar a la vaca por una directa inoculacin en los pezones, y resultar de ella la vacuna casual en los ordeadores que manosean la ubre del animal vacunado. Semejante experiencia prueba que la naturaleza de la infeccin contina la misma en medio de esas variedades.” 7Este profesor entreg el fluido vacuno a don Jos ngel Zumarn, piloto de la fragata de Su Majestad, “La O”, que sali el 3 de abril de este puerto para el de Veracruz. Zumarn, de acuerdo con don Jos Prez Carrillo, cirujano del propio buque, inocularon el 7 con aquel virus dos marineros, y habindoles resultado la verdadera vacuna, llegaron felizmente a Veracruz el 11 del mismo. La presentaron inmediatamente al Gobierno, y el propio da el profesor Carrillo y don Florencio Comoto, cirujano de aquella ciudad, comisionado por su Ayuntamiento, empezaron a vacunar pblicamente. El 25 recibi el excelentsimo seor virrey varios vidrios cargados con el pus vacuno, remitidos por Comoto. Al mismo tiempo el Cabildo de Veracruz le dirigi a su costa al doctor don Jos Mara Prez con varios nios vacunados. Lleg a Mxico el 30 de abril, y con ellos contribuy a difundir la nueva inoculacin en aquella capital y en todo el reino. 8A Erice y Uberlacher debemos este descubrimiento, publicado por Carro en varios papeles de Europa. Para que sea ms seguro el resultado observ lo siguiente: “Elijo la postilla de un grano que no se haya reventado natural o artificialmente; la postilla se forma del pus condensado y endurecido, y teniendo solamente el primer pus del grano vacuno la virtud de producir otro verdadero, la participar nicamente la postilla que de l se forme; la pulverizo en un mortero de vidrio o de mrmol, porque el hierro se oxida y neutraliza el pus; humedezco los polvos con agua fra; el ms leve grado de calor altera su virtud.”

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OBRAS 226\ 226\ 226\ 226\ 226\REPRIMENDA A QUIENES NO CREEN EN LA VIRTUD DE LA VACUNACI"N, Y SEALAMIENTO DE COMO CONTRAEN LA ENFERMEDAD LOS QUE NO SE SOMETEN A ESTA PRCTICA*En El Correo de Boston del 18 de julio prximo pasado se extract de un papel pblico de Londres la siguiente observacin: “Por una carta del doctor Carro escrita en Viena al doctor Jenner consta que las partidas de muertos en aquella capital en 1804 slo presentan dos de viruelas naturales, y stos contrajeron la enfermedad a una gran distancia de la ciudad, y despus fueron llevados a ella. Viena era uno de los pueblos que ms sufran los estragos de las viruelas, los que se han suspendido con la inoculacin de la vacuna. Se espera que sus enemigos encontrarn en este ejemplo una prueba irrefragable de la eficacia de ese preservativo.” El pueblo de La Habana no necesita de este argumento para estar ntimamente convencido de la virtud preservativa de la vacuna, exceptuando una u otra persona tenazmente obstinada, ni la nfima plebe duda que por ella se precave el contagio varioloso. En este mismo ao se experiment un hecho muy semejante al que ha sucedido en Viena; y aunque se ha publicado anteriormente, las circunstancias exigen repetirlo. Habindose presentado las viruelas confluentes y malignas en dieciocho marineros de la fragata “Pomona”, fueron trasladados al hospital del Arsenal; y sin embargo de la facilidad con que poda difundirse el contagio a esta ciudad y sus arrabales por medio de los facultativos y sirvientes, slo experimentaron aquella enfermedad algunas personas que rehusaron vacunarse. Y cuando en el ao anterior se enterraron slo en el cementerio de los reverendos padres capuchinos cerca de ochocientos cadveres de nios virolentos, a qu otra causa sino a la vacuna puede atribuirse el corto nmero de los que han enfermado y muerto de viruelas naturales en este presente ao? A pesar de la opinin que resulta de un convencimiento tan incontestable, no se solicita la vacuna con aquella eficacia que merece un preservativo tan ventajoso y sencillo, y que puede conseguirse con tanta facilidad. Los profesores encargados de inocularla en las casas capitulares, observando que las frecuentes lluvias impedan la concurrencia por la tarde, se presentan en aquel lugar desde las once del da con perjuicio de otras atenciones y de sus intereses, lo anuncian por medio de este Aviso, esperan con impaciencia los que necesitan el fluido vacuno y deben anhelar por conseguirlo, y despus que nada omiten para comunicarlo generosamente slo llegaron a recibirlo cincuenta y seis personas en las ocho vacunaciones que Papel Peridico de la Havana 10 de octubre de 1805.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /227 /227 /227 /227 /227 celebraron el mes anterior. A dos de ellas ocurrieron tres sujetos en cada una, y de stos los nicos fueron de color. En otra vacunacin un negro bozal fue el nico en quien se deposit entonces el fluido vacuno; ese don precioso e inapreciable que tantos votos y ansias nos cost conseguirlo, que la humanidad y munificencia de nuestro Soberano nos lo remiti a tanta costa, y que este Superior Gobierno hace los ltimos esfuerzos para perpetuarlo en esta Capital y difundirlo por toda la Isla. Este negro brbaro, incapaz de conocer el mrito de lo que reciba para que pudiese apreciarlo y conservarlo, se rasc los granos, como lo ejecutan casi todos ellos, e inutiliz su pus; y seguramente se habra extinguido la vacuna si los facultativos a quienes se ha confiado su conservacin no la hubieran salvado, inoculndola a dos nios que solicitaron en sus propias casas, no siendo sta la nica ocasin que han ocurrido a semejante recurso. Tal es el desprecio con que miran muchos padres el nico, el eficaz, el facilsimo medio con que pueden preservar a sus hijos de una enfermedad inmunda y dolorosa, que tantas veces los desfigura por toda la vida y otras los priva de ella. Y es sta la terneza con que nuestras madres asisten a sus hijos? Si no los vacunaran porque dudasen de la eficacia de esta operacin, seran menos culpables; pero omitirla creyendo que por ella los precaven de una enfermedad exterminadora, es un crimen que al menos las hace dignas de la execracin de la Humanidad; y quizs llegar el da en que las leyes las hagan responsables de unas vidas que pueden salvar tan fcilmente y que la religin vibre sus anatemas contra esos filicidos por omisin. El ao pasado de 1804 se bautizaron en las parroquias de esta ciudad, en las de Guadalupe y Jess Mara, y en la Casa de Expsitos, cuatro mil doscientos setenta y un nios; el ao anterior de 1803 se bautizaron en las mismas pilas cuatro mil doscientos tres de donde resulta que en esta ciudad y sus arrabales nacen poco ms o menos trescientas diecisiete criaturas en cada mes, con las cuales superabundantemente se puede perpetuar la vacuna, aunque no concurriera a recibirla ms que el tercio de ellas. Habana y octubre 4 de 1805. Doctor Toms Romay .INFORME PRESENTADO EN JUNTA GENERAL DE LA SOCIEDAD ECON"MICA EL 12 DE DICIEMBRE DE 1805*La Junta Central de la Vacuna, considerada como una de las diputaciones de este Cuerpo patritico por habrsela unido desde su instalacin, debe informarle en las presentes Juntas Generales de todas sus operacio* Actas manuscritas de la Sociedad Econmica Libro III, f. 194; Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 3, pp. 29-35.

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OBRAS 228\ 228\ 228\ 228\ 228\ nes para que insertndolas en sus Memorias se perpeten de un modo autntico, y reconozca la posteridad el celo y la inteligencia de los ilustres Jefes que la autorizan y de los vocales que la constituyen. Conservar el fluido vacuno en esta ciudad y difundirlo por toda la Isla, ha sido el principal asunto de su discusin en las doce sesiones que ha celebrado en el ao que hoy concluye. Para conseguir ese objeto tan recomendado por nuestro benfico Soberano, la fidelidad y el patriotismo le han inspirado los medios ms eficaces y oportunos. Advirtindose que cada da era menor el nmero de personas que ocurran a vacunarse a las casas capitulares, se procur atraerlas publicando en el Aviso del peridico varios hechos muy recientes que confirman la eficacia de ese preservativo; se recomend el peligro a que se exponan las que tenazmente lo despreciaban, habindose presentado con viruelas confluentes y malignas dieciocho marineros que arribaron a este puerto, y se trasladaron a uno de sus hospitales; y para facilitar ms la concurrencia a esas pblicas vacunaciones, se anticip la hora de celebrarlas a las once de la maana. No produciendo estos recursos todo el efecto que se deseaba, suplic la Junta al Ilustrsimo Seor Obispo, nuestro director, se dignase prevenir a los curas prrocos, as urbanos como rurales, exhortasen a sus feligreses en el acto de administrarles el sacramento del bautismo, a que vacunasen prontamente aquellos prvulos, recomendndoles la sencillez y seguridad de esta operacin. Accediendo Su Seora Ilustrsima a la instancia de la Junta, expidi inmediatamente sus rdenes a los ministros de las parroquias del campo para que as lo ejecutaran; reservando comunicarlas a los de esta ciudad por medio de un edicto que ya est en la prensa. Entretanto, previno a estos prrocos exigiesen de los padrinos que en las papeletas que presentan expresando el nombre de los padres, o amos del ahijado, designen tambin la calle y el nmero de la casa donde habitan y que conserven estos apuntes hasta que ocurra a recogerlos todas las semanas algunos de los profesores encargados de vacunar en las casas capitulares. Por estas noticias se han dirigido a solicitar esos nios para inocularlos, y conservar en ellos la vacuna, cuando la falta de concurrencia en los das que se anuncian por el Aviso del peridico les ha hecho temer que pudiera extinguirse. Para asegurar ms su permanencia, y remitir prontamente el fluido vacuno donde se solicite, en todas las vacunaciones se toma una porcin suficiente y se reserva en cristales o en sedas. El amigo don Marcos Snchez Rubio ha observado que del primer modo conserva su eficacia a los veinte das de haberse extrado de la pstula; del segundo se ha dilatado hasta los treinta y cinco, y la postilla la retiene algunos ms. Radicada por esos medios la existencia de la vacuna en esta ciudad, se han tomado otros para difundirla y conservarla en los lugares interiores

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /229 /229 /229 /229 /229 de la Isla. El cirujano don Esteban Gonezara, continuando sus operaciones con la misma eficacia que el ao anterior, ha vacunado en el partido de San Jos de las Lajas a doscientas sesenta y dos personas, y a muchas otras han privado de igual beneficio ciertas preocupaciones vulgares que a pesar de sus esfuerzos no ha podido disiparlas. El bachiller don Jos Govn, que desde marzo del ao prximo pasado introdujo la vacuna en los partidos de El Calvario, Xiaraco y Managua, propuso a la Junta Central se facilitara en ellos su conservacin, establecindose una Junta subalterna en la ciudad de Santa Mara del Rosario, donde sin mucha dificultad podan concurrir a vacunarse todas las semanas los vecinos de aquellos pueblos y de otros inmediatos, incluyendo el plan que deba observarse para su organizacin y subsistencia. Reconocida la Junta a este nuevo testimonio del celo y desinters de ese facultativo, suplic al seor nuestro presidente tomase en consideracin un proyecto tan conforme a las intenciones de Su Majestad y tan benfico a los vecinos de estos lugares. Convencido Su Seora de las ventajas que ofrece, permiti la ereccin de la citada Junta, designando los vocales que deban componerla, y previniendo se arreglase en cuanto fuera posible al plan que present a este Superior Gobierno el doctor don Francisco Javier de Balmis, director de la Real expedicin de la vacuna. El 31 de julio dio principio a sus sesiones y las ha repetido todos los meses siguientes, instruyendo a esta Junta Central de sus acuerdos y del nmero de personas que se vacunan por medio del bachiller Govn, a quien esta Junta nombr secretario de aqulla en remuneracin a sus distinguidos mritos. Acreditando la experiencia que esas diputaciones eran el medio ms seguro de conservar el fluido vacuno, propuso el seor Presidente Gobernador se estableciesen otras en la ciudad de Cuba y en la villa de Sancti Spritus. Esta mocin fue recibida con todo el aplauso que merece, y unnimemente se acord que la Diputacin de la Sociedad que reside en Sancti Spritus se encargue de establecerla y refundirla en ella misma con arreglo al plan que oportunamente se le comunicara. Para organizar en Cuba la otra Junta, ofreci el seor presidente pedir al gobernador de aquella Plaza los informes necesarios, y yo qued encargado de instruirme por el doctor don Miguel Rolland si la contribucin de dos reales por cada negro bozal de los cargamentos que entran en aquel puerto sera suficiente para gratificar al profesor que se encargue de conservar el fluido vacuno. No he recibido contestacin de aquel facultativo, a quien particip en el mismo oficio haber presentado a la Junta Central la Memoria que me dirigi el 31 de mayo del presente ao, refiriendo el modo con que introdujo la vacuna en dicha ciudad el 12 de enero del ao anterior, y cuanto le ha ocurrido en su propagacin hasta aquella fecha. Su relacin ninguna otra cosa aade a lo que contiene sobre este particular la Memoria presentada

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OBRAS 230\ 230\ 230\ 230\ 230\ por m en las anteriores Juntas Generales, sino la extensin del nuevo preservativo hasta cerca de Puerto Prncipe y las indagaciones practicadas para descubrir el cow-pox Lo primero se debe a don Tadeo Maldonado, quien instruido por el doctor Rolland en el modo de vacunar y provisto de algunos cristales con virus, inocul el primero en Holgun a un nmero considerable de personas de todas edades y condiciones. De aqu pas a Bayamo llevando el pus en seis nios, y con ellos lo difundi en aquella villa con el ms feliz xito; se traslad sucesivamente a Jiguan y despus a Las Tunas, que no dista mucho de Puerto Prncipe, a donde fcilmente poda trasmitirse la vacuna si acaso se haba extinguido la que introdujo en esa villa don Nicols Coupetel, y la conserv hasta que sali de ella para esta ciudad. Las diligencias practicadas para encontrar el grano vacuno en las reses de las haciendas de barlovento fueron hechas por el mismo doctor Rolland. Asegura haberlo hallado con todos sus caracteres en una vaca que llevaron a Cuba de Bayamo, cuyo pus hubiera producido el mejor efecto si veinticuatro horas antes se la hubieran presentado; pero ya haba perdido con la mayor desecacin su virtud prolfica. Confirma la posibilidad de encontrar ese grano otro hecho muy semejante observado tambin en vacas de Bayamo por un cirujano francs avecindado cerca de Cuba. Estas observaciones comprueban los fundamentos con que he dicho en otras ocasiones no ser imposible descubrir en ciertas circunstancias el grano vacuno en las vacadas de esta Isla. Con este objeto hice un viaje a la parte occidental de ella en mayo, en cuya estacin fertilizando las lluvias sus feraces prados atraan los ganados de los bosques y se facilitaba reconocerlos; pero estas lluvias fueron entonces tan excesivas que haciendo intransitables los caminos y los ros difcilmente pude llegar al corral San Cristbal, a ventisis leguas de esta ciudad. En San Juan de Contreras alentaron mis esperanzas informndome que poco antes de mi arribo se haba presentado una vaca con tantos granos en las ubres que no slo resista la ordeasen, sino que los comunic a los labios de su ternero. Esta circunstancia es muy singular, pues aunque la viruelilla de que adolecen con mucha frecuencia suele impedir aquella operacin, no se ha verificado que las pstulas se propaguen al becerro por ms numerosa que haya sido la erupcin de la madre. Sin embargo de no haber encontrado lo que tanto importa para hacer indefactible la vacuna en esta Isla, no fue absolutamente intil aquella expedicin. Provedo de un nmero suficiente de cristales cargados con su virus, empec a inocularlos desde El Cerro y continu ejecutando la misma operacin por todos los lugares que transitaba, en presencia de sus facultativos o de alguna persona a quien poda encargar la repitiese oportunamente. Conoc entonces que aunque varios profesores se haban dedicado el ao anterior a difundir la vacuna en aquellos pueblos, todos la haban

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /231 /231 /231 /231 /231 abandonado, privando de este importante beneficio a una parte muy considerable de sus vecinos. Es cierto que algunos rehusaban recibirla, pero otros muchos ocurran con la mayor confianza. En Arroyo Arenas especialmente me presentaron en menos de media hora ms de treinta nios, de los cuales vacun a quince, y recomend al facultativo del lugar continuase inoculando a los dems con el virus que dejaba inherido. Don Jos Matas Martnez ha sido el nico que ha proseguido vacunando en la parte de sotavento, y en unos parajes donde por la mayor distancia de esta ciudad le ha sido muy difcil recuperarla, cuando la ha perdido por no encontrar a quien comunicarla. Su constancia ha superado todas las dificultades, y desde Los Palacios, donde reside, la ha difundido por toda la jurisdiccin de Filipinas, en cuyos pueblos haba vacunado hasta el 3 del corriente a doscientas cuarenta y cuatro personas, empleando en algunas con fliz xito la postilla pulverizada y humedecida. No debe imputarse a la Junta Central la omisin o la insensibilidad de aquellos facultativos. Ella conserva una porcin suficiente de virus vacuno, siempre pronta y eficaz para remitirla donde quiera que se solicite; ella ha dado pruebas nada equvocas de su gratitud a los que se han distinguido en la propagacin de la vacuna. Y cuando en las anteriores Juntas Generales acord este Ilustre Cuerpo se imprimiesen ejemplares de la Memoria que le en ellas sobre su introduccin y progresos en esta Isla, ningn otro objeto se propuso sino dar un testimonio pblico de su predileccin a los profesores que recomendaba en aquel escrito por la inteligencia, celo y desinters que manifestaron en esta importante operacin; y para expresarles sus sentimientos de un modo ms sensible, me encarg se los significase por un oficio incluyndoles dos ejemplares de la citada Memoria. Pero la Comisin de la Vacuna ha cumplido exactamente sus deberes, conservando con ventajas ese depsito sagrado. Ninguna semana ha dejado de presentarse dos das en las casas capitulares para dispensarlo con la mayor complacencia a cuantas personas han querido contribuir a su incremento. Tambin ha ocurrido a los barracones a ofrecer el mismo beneficio, no obstante la repulsa que ha sufrido varias ocasiones. Su inteligencia y celo presenta en este santuario de la humanidad y del patriotismo a cuatro mil novecientos noventa individuos preservados en este ao por la vacuna de una enfermedad exterminadora. Aunque este nmero es muy inferior al de los nacidos en esta ciudad en ese tiempo, y al de negros bozales introducidos en ella, sin embargo la Comisin se lisonjea de que en muchos pueblos de Amrica, aun ms populosos que La Habana, no ha tenido tantos proslitos el descubrimiento del inmortal Jenner. A los amigos Czar y Snchez Rubio les debe especialmente nuestra patria la preservacin de estos ciudadanos. Ellos salvaron el fluido vacuno en los das borrascosos que estando yo ausente no se present ni una sola per-

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OBRAS 232\ 232\ 232\ 232\ 232\ sona a recibirlo en las casas capitulares. Superiores a cuantos obstculos les oponan la omisin y la intemperie, emplearon eficazmente todos los recursos que inspira la beneficencia a las almas generosas y sensibles. Doctor Toms Romay.INFORME PRESENTADO EN JUNTA GENERAL DE LA SOCIEDAD ECON"MICA EL 13 DE DICIEMBRE DE 1806*El informe que la Junta Central de la Vacuna presenta al Cuerpo Patritico en las Juntas Generales que hoy celebra, ocupar un lugar muy distinguido en la historia de la nueva inoculacin. No consistir su mrito ni en la brillantez y energa de las frases ni en la novedad y elevacin de sus pensamientos. Providencias activas y eficaces, acciones generosas y benficas, establecimientos consagrados a la conservacin de la Humanidad, millares de vidas preservadas de una epidemia desoladora, qu ttulos ms poderosos para que este rasgo merezca insertarse en los fastos del ms til descubrimiento? La sencilla relacin de estos hechos ser el resumen de los acuerdos celebrados en este ao por la Junta Central de la Vacuna. En todos ellos estimulada y dirigida por el celo y patriotismo de los ilustres jefes que la presiden, ha empleado eficazmente los medios ms oportunos para conservar en esta ciudad el virus vacuno y difundirlo por toda la Isla. La comisin encargada de aquel primer objeto de su instituto se ha presentado constantemente en las casas capitulares todos los mircoles y sbados desde las once de la maana. Fijado el lugar, el da y la hora de vacunar pblicamente, y anuncindose siempre por el Aviso del peridico, no slo ocurren a recibir ese beneficio los habitantes de esta ciudad, sino tambin los del campo y de los lugares inmediatos. Mensualmente informa la Comisin a la Junta Central del nmero de personas que se han vacunado por ella en este lugar y en los barracones por el licenciado don Marcos Snchez Rubio. De sus registros consta que el presente ao han sido cuatro mil ochocientas setenta y nueve entre prvulos y negros bozales. No satisfecho este profesor con desempear los deberes a que se ha constituido, ofreci practicar graciosamente la misma operacin en los barrios extramuros de Guadalupe, Jess Mara, Jess del Monte, El Cerro, Regla y en la villa de Guanabacoa. Autorizado por este Superior Papel Peridico de la Havana 29 de enero y 1 de febrero de 1807; Actas manuscritas de la Sociedad Econmica Libro V, f. 348; Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 3, pp. 61-68.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /233 /233 /233 /233 /233 Gobierno, y permitiendo el Ilustrsimo Seor Obispo Diocesano inoculase en las sacristas de las iglesias, anunci anticipadamente por el Aviso del peridico los das y las horas en que haban de ejecutarlo en cada uno de esos lugares. Presentse en ellos conduciendo suficiente nmero de nios con el grano vacuno, cuyo pus comunic a cuatrocientas cuarenta y seis personas. No ha sido sta la nica ocasin en que el ilustrsimo seor Director encarg a sus ministros, as urbanos como rurales, exhortasen sus feligreses a recibir el nuevo preservativo de las viruelas. Para que lo ejecutasen con ms inteligencia y acierto, les remiti varios ejemplares de los informes que el bachiller don Jos Govn y yo presentamos en las anteriores Juntas Generales, y cuya impresin fue costeada por Su Seora Ilustrsima. Incluyles tambin una exhortacin que se haba dignado escribir, manifestando las ventajas de la nueva inoculacin sobre las que antiguamente se practicaba en todas las naciones cultas; recomendando la facilidad y sencillez con que aqulla se ejecuta; alentando la pusilanimidad de algunas almas indiscretamente sensibles, reprochndoles al fin de un modo el ms pattico con los crueles dolores que sufre un virolento de los ltimos instantes de la vida, y de los cuales pudo preservarse por una operacin incruenta e insensible. La religin, la filosofa, la misma naturaleza inspiraron a este dignsimo prelado unos argumentos que no han concebido los ms ilustres corifeos de la vacuna. Esta exhortacin repetida tres das festivos en todas las iglesias de su dicesis, ha sido el homenaje ms glorioso que ha consagrado la filantropa al inmortal autor de ese utilsimo descubrimiento. La fuerza de las razones que expone, la autoridad que les infunde el alto carcter del sujeto que las ha dictado, la voz de los prrocos, el mismo lugar donde excitaban los pueblos a recibir la nueva inoculacin, todo contribua a disipar los errores de la ignorancia y del fanatismo, y a que deseasen con impaciencia un antdoto cuya virtud y eficacia se les anunciaba con tanta dignidad. Cuando as estuvieron preparados en favor de la vacuna, cumpli su munificencia la oferta que les hizo su celo y humanidad. Tres facultativos expensados por Su Seora Ilustrsima, y recomendados a los ministros de las iglesias del campo, recorrieron todos los pueblos y hasta las haciendas ms distantes. El bachiller don Jos Gregorio de Lezama, destinado a la parte oriental del obispado, lleg a la villa de Santa Clara por el norte de la Isla, y volviendo a Managua por el sur vacun a cuatrocientas veintisiete personas blancas y a ciento noventa y nueve de color. La parte de sotavento se confi al bachiller don Ignacio Garca y al cirujano don Juan Castellanos; el primero, encargado de comunicar el virus vacuno en los pueblos y haciendas situadas al sur, lo ejecut en ochocientos cincuenta y seis de sus vecinos; y el segundo, dirigindose por el norte hasta Mantua, inocul a mil

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OBRAS 234\ 234\ 234\ 234\ 234\ ochocientas una personas. Estas operaciones presenciadas y atestadas por los curas o sus tenientes, acreditan la exactitud con que estos profesores desempearon tan importante comisin. Al mismo tiempo que el ilustrsimo seor Director difunda la vacuna por toda su dilatada dicesis, el seor Presidente, Gobernador y Capitn General dictaba las providencias ms activas para perpetuarla en los principales pueblos de la Isla, y para precaver a esta ciudad del contagio varioloso, que regularmente se ha introducido en ella por los cargamentos de negros bozales. En el presente ao han entrado en este puerto tres buques conduciendo algunos de estos negros infestados de las viruelas naturales. En el momento que la visita de Sanidad lo inform a Su Seora no slo prohibi que se desembarcasen ni aun los sanos, sino tambin dispuso que las embarcaciones anclasen en un paraje de la baha, el ms distante de esta poblacin y de los caseros que estn en su ribera. Poco satisfecho con estas precauciones, orden que la Comisin de la Vacuna inoculase a todos los negros, y que permanecieran a bordo hasta que ella le informase estar preservados del contagio varioloso. Sin embargo de tanta vigilancia logr introducirse en el Hospital de San Juan de Dios un joven angloamericano con viruelas confluentes y malignas, de las cuales falleci prontamente; mas fue bastante para que difundindose el contagio por las casas inmediatas se comunicasen a varias personas y murieran tres de ellas. La Junta Central luego que comprendi esta novedad, la hizo anunciar por el Aviso del peridico, exhortando a que se precaviesen con la vacuna los que podan ser infestados de las viruelas. En efecto, la concurrencia a las vacunaciones pblicas fue extraordinaria en aquellos das y por este medio se contuvo el contagio, quedando reducido a una pequea parte de aquel barrio. Este hecho, aunque funesto para aquellas desgraciadas vctimas de una criminal negligencia, o de la ignorancia ms supina, ha sido convenientsimo al bien pblico y a la opinin de la vacuna. Invadiendo las viruelas solamente a los que rehsan la nueva inoculacin, se escarmienta y confunde su contumacia, ratificndose ms y ms la confianza de los proslitos de la vacuna. Si desapareciera enteramente la viruela, faltara el argumento ms incontestable de la eficacia de su preservativo, y perdindose el horror y hasta la idea de aquella enfermedad no se procurara precaverla. Es, pues, necesario a la conservacin del virus vacuno que haya algunas personas tan idiotas o negligentes que desprecien su virtud para que cebndose en ellas el contagio varioloso, dejando ilesos a los vacunados, se perpete aquel fluido benfico, recomendndose con repetidas contrapruebas. Convencido el seor nuestro Presidente de que la ereccin de Juntas subalternas era el medio ms poderoso de radicar en los pueblos la vacuna, propuso a la Junta Central se establecieran no slo en la ciudad

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /235 /235 /235 /235 /235 de Cuba y en la villa de Sancti Spritus, sino tambin en la ciudad de Trinidad y en las villas de Puerto Prncipe y Santa Clara. Para facilitar este proyecto el mismo seor Presidente se encarg de insinuarlo a los tenientes gobernadores de esos lugares, recomendndoles lo propusiera a sus vecinos y los estimulasen a realizarlo. El xito correspondi a sus deseos. Los Ayuntamientos de esos pueblos, conociendo las ventajas que les resultaran, acordaron cuanto fue necesario para organizar sus respectivas Juntas, y ocurrieron a la Central suplicndole les dictase el plan que deban observar despus de autorizado por este Superior Gobierno. El licenciado don Domingo Varela y Morales, los cirujanos don Miguel Meneses y don Joaqun de Zepeda, propuestos por el Cabildo de Sancti Spritus para vocales de su Junta subalterna, unindose a los ministros y socios de la Diputacin del Cuerpo Patritico que reside en dicha villa, dieron principio a sus sesiones desde el 11 de abril, y entre otros puntos acordaron que todos los jueves y domingos se vacunase pblicamente. Confi este encargo al licenciado Morales, eligindole al mismo secretario de la Junta en consideracin al mrito que haba contrado conservando la vacuna en este pueblo desde marzo, en cuyo tiempo consigui comunicarla a trescientas diecisis personas. El bachiller don Jos Mara Castaeda, que por ausencia del licenciado Morales le sucedi en el empleo de secretario, continu estas vacunaciones auxiliado por don Miguel Meneses, y en oficio que dirigi a la Junta Central el 20 de octubre le participa que a fines de septiembre llegaba el nmero de vacunados por ellos a seiscientas diecisis, interrumpindose desde entonces esa operacin por haberse perdido el fluido vacuno; la Junta acord se le remitiese por la Comisin, y sta lo ejecut en el prximo correo. El Ayuntamiento de Cuba no encontrando arbitrios con que gratificar a los profesores a quienes deba confiar la propagacin de la vacuna, ha demorado la instalacin de su Junta. No obstante, empezaron a inocularla en las casas capitulares, desde el 7 de septiembre, el doctor Miguel Rolland, el bachiller don Joaqun Navarro, don Jos Caridad, don Baltasar Segura, don Nicols Salazar y don Juan Castellanos, quienes ofrecieron ejecutarlo constantemente alternando por semanas, sin exigir ninguna remuneracin. Antes de esa poca no haba carecido aquella ciudad de ese beneficio, desde que lo introdujo en ella el doctor Rolland, el 11 de enero de 1804. Este profesor, cuyo celo y patriotismo merece la gratitud de sus conciudadanos, haba vacunado generosamente a dos mil seiscientos veinticinco de ellos. Otros facultativos ejecutaron en ms de mil la propia operacin. Debiendo ser uno de los vocales de la Junta subalterna de Puerto Prncipe el cura vicario de aquella iglesia, el seor Presidente se dign escribir al ilustrsimo seor Arzobispo de Cuba, a cuya jurisdiccin pertenece,

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OBRAS 236\ 236\ 236\ 236\ 236\ exhortndolo a que le prestara su anuencia para concurrir a una obra tan benfica y tan conforme a las piadosas intenciones de Su Majestad. Este ilustrsimo Prelado, habiendo recomendado anteriormente la inoculacin de la vacuna en una pastoral dirigida a todos sus fieles, accedi prontamente a solicitud del seor Capitn General. Don Andrs Jos de la Parra, secretario de la Junta subalterna de la villa de Santa Clara y encargado de propagar en ella el virus vacuno, lo haba comunicado en los meses de septiembre y octubre a ciento cuatro personas. La misma comisin ha desempeado en Trinidad don Jos Silvestre Recio, inoculando desde el 5 de marzo hasta el 18 de octubre a trescientos ocho. El licenciado don Jos Len Valds, residente en la villa de San Juan de los Remedios, y el bachiller don Rafael Antonio de la Maza, mdico de la ciudad de Bejucal, deseando radicar la vacuna en estos pueblos de un modo que la autorice y recomiende, representaron a la Junta Central que el modo ms seguro de conseguirlo sera el establecimiento de unas Juntas subalternas. Oyse esta mocin con todo el aprecio que merece, y despus de significrselo a esos profesores, se les previno propusieran el proyecto a sus respectivos Ayuntamientos para que stos se dirijan a la Junta Central, como lo han ejecutado los de otros pueblos. La Junta de Santa Mara del Rosario excit la emulacin de todos ellos, y les manifest las ventajas que proporcionan semejantes establecimientos, siempre que sean dirigidos por unos presidentes tan interesados en la salud pblica como lo han sido los de aquella Junta, y por unos facultativos que imiten la constancia y humanidad de su secretario el bachiller don Jos Govn. Aun no residiendo en esa ciudad ha concurrido a todas las sesiones celebradas en el presente ao, y superando muchas y grandes dificultades ninguna semana ha dejado de vacunar en ella, o en los partidos de El Calvario, Xiaraco y Managua, participando inmediatamente sus acuerdos y operaciones a esta Junta Central. De ese modo ha conservado constantemente el fluido vacuno, comunicndolo sin inters alguno en Santa Mara del Rosario y su jurisdiccin a trescientos cuarenta y ocho vecinos, en El Calvario a trescientos ochenta y siete y en Managua a cuatrocientos ochenta y cinco. No son stos los nicos facultativos ilustrados y benficos que han contribuido a los progresos de la nueva inoculacin. El bachiller don Esteban Gonezara, continuando sus operaciones en el pueblo de San Jos de las Lajas con el mismo acierto que en los aos antecedentes, present a sus moradores un nio con los granos vacunos, y los exhort a recibir su pus con un discurso tan enrgico que le entregaron en el mismo acto a treinta y ocho prvulos para que les comunicase aquel preservativo, y sucesivamente otros trescientos cuarenta y tres. La Junta Central, no satisfecha con hacer imprimir en el Aviso del peridico este rasgo de su victoriosa

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /237 /237 /237 /237 /237 elocuencia, le concedi el ttulo de Diputado por ella para propagar la vacuna en aquellos pueblos. Son tambin muy loables los esfuerzos que ha hecho don Jos Matas Martnez para radicarlas en Los Palacios y en toda la jurisdiccin de Filipinas. Hasta el 30 de noviembre haba vacunado a cuatrocientas diecisiete personas, y cuando lleg a Los Palacios don Juan Castellanos, lo provey del virus necesario para continuar su comisin. La villa de Guanabacoa no ha carecido de un facultativo dedicado a comunicar generosamente ese fluido benfico. ste ha sido el bachiller don Rafael Valds, quien inocul en los meses de abril y mayo a doscientos nueve vecinos. Resulta, pues, que en el presente ao se han vacunado en toda la Isla a quince mil ochocientos veinticuatro habitantes. stos, y todos los dems que han recibido el mismo beneficio, y cuya suma no se puede calcular con exactitud porque muchos profesores no han cuidado de numerarlos, todos ellos preservados de una enfermedad que cercenaba al menos una dcima parte del gnero humano, aumentarn considerablemente la poblacin de esta colonia, y fomentarn su agricultura, sus artes y comercio. Convencidos por propia experiencia de la eficacia de la vacuna, la trasmitirn a sus hijos con la mayor confianza y complacencia. Y cuando stos admiren la hermosura y perfeccin de su numerosa prole cuando la viruela, ese monstruo devorador de la juventud, exista solamente en los fastos nosolgicos, entonces los padres sensibles mostrando a sus hijos el cuadro horroroso que representa los caracteres y estragos de esa enfermedad, los harn pronunciar y bendecir el nombre gratsimo de aquel genio, cuyas indagaciones han sido ms benficas a la Humanidad y ms gloriosas a su nacin que los proyectos cientficos de Verulamio y los clculos de Newton. El nombre de Jenner ser la primera palabra que articulen esas lenguas balbucientes. Repetirn despus el de aquel monarca po, generoso e ilustrado que nos remiti ese don, incomparablemente ms precioso que las perlas y el oro que le tributa nuestro amor y fidelidad. Tampoco ignorarn los nombres ilustres de aquellos jefes a quienes las Juntas Central y subalternas han debido su existencia y conservacin. Y vosotros, carsimos amigos y compaeros Czar y Snchez Rubio, dignos vocales de la Junta Central y de la Comisin de la Vacuna, vosotros cuya inteligencia e infatigable constancia ha preservado las vidas de tantos ciudadanos, tambin merecis la gratitud de las generaciones futuras. Doctor Toms Romay

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OBRAS 238\ 238\ 238\ 238\ 238\VACUNA*El mircoles y sbado se vacuna en las casas capitulares desde las once de la maana, y los jueves de cada semana en las sacristas de Guadalupe y de Jess Mara. Resumen de las personas vacunadas en el mes de agosto: En las Casas Capitulares ....78 En Jess Mara......................21 En Guadalupe.........................10 En Bejucal .............................38 En Cuba ..................................69 Suman .....................................216 En el mes de septiembre: En las Casas Capitulares ....79 En Jess Mara .....................13 En Guadalupe ........................15 En Bejucal .............................18 En Cuba ..................................26 Suman .....................................151 VIRUELAS NATURALES Ha entrado en este puerto una embarcacin con sesenta negros bozales, y dos de ellos se han presentado con viruelas naturales. El seor Presidente, Gobernador y Capitn General, para impedir que se propague ese contagio a esta ciudad, no satisfecho con impedir se desembarque ni uno solo de dichos negros, ha dispuesto que la Comisin de la Vacuna inoculara inmediatamente a todos los sanos y que el buque anclase en lo ms distante de la baha. Sin embargo de unas providencias tan eficaces, como el virus varioloso comunicndose a las ropas y muebles de los marineros que necesariamente vienen a tierra puede difundirse por este medio entre las personas que no han tenido las viruelas naturales, o que no han sido vacunadas, la Comisin ha juzgado conveniente advertirles el peligro a que estn expuestas para que ocurran a preservarse con ese eficaz antdoto. El antecedente resumen de las personas que han sido vacunadas en los dos ltimos meses acredita la indiferencia, o ms bien el desprecio con que Papel Peridico de la Havana 22 de octubre de 1807.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /239 /239 /239 /239 /239 ya se mira la nueva inoculacin; pues sensiblemente se va disminuyendo el nmero de las que ocurren a recibirla en las casas capitulares. Semejante conducta mereca que esos hombres indolentes y desnaturalizados se abandonasen a sufrir todos los rigores de la enfermedad que puede acometer a sus hijos y domsticos cuando menos la esperan. Convencidos de la poderosa virtud preservativa de la vacuna, porque no creo haya alguno tan idiota que la ignore, demostrando la experiencia que desde su introduccin en esta ciudad en 1804, han sido rarsimos los enfermos de viruelas; conociendo que la operacin no puede ser ms sencilla ni menos dolorosa, que nada se exige por ejecutarla, y que dos das en cada semana se practica en hora muy cmoda. Merecen acaso los que desprecian todo esto se les anuncie el riesgo que amenaza a sus familias? Habana y octubre 14 de 1807. Doctor Toms Romay .INFORME LEDO EN JUNTA GENERAL DE LA SOCIEDAD ECON"MICA EL 15 DE ENERO DE 1808*Se realizaron en 1807 los proyectos que en el anterior haba concebido la Junta Central de la Vacuna para radicarla en los principales pueblos de esta Isla. Organizar sus Juntas subalternas, proveerlas del virus vacuno, inspirarles los medios de conservarlo, remitirlo a pases ultramarinos, propagarlo constantemente en esta ciudad y en sus barrios extramuros; he aqu el resultado de las doce sesiones celebradas mensualmente el ao prximo pasado por esa Junta filantrpica. En las ciento cuatro vacunaciones ejecutadas en las casas capitulares, anuncindose siempre por el Aviso del peridico el da y la hora, han recibido el nuevo preservativo de las viruelas mil doscientas ochenta y seis personas. El doctor don Marcos Snchez Rubio, adems de asistir a estos actos con la mayor exactitud, ha inoculado en los barracones a mil cuatrocientos veintiocho negros bozales. Al tiempo de hacer aquellas vacunaciones pblicas se han cargado con ese eficaz virus ochenta y cuatro cristales para remitir ocho a Matanzas, dos a Filipinas, cuatro a Bejucal, dos al hospital del Consulado, dos a Corralillo, seis a Puerto Prncipe, dos a Baracoa, dos a Guayabal, dos a San Diego, diez a Alquzar, doce a Nueva Orleans, dos a San Juan de los Remedios, cuatro a San Antonio, dos a San Gernimo, dos a Santiago, dos a Guanajay, dos a Gira, dos a Ceiba Mocha, dos al Quivicn, dos a Ro Blanco, Actas manuscritas de la Sociedad Econmica Libro IV, f. s/n; Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 3, pp. 83-89.

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OBRAS 240\ 240\ 240\ 240\ 240\ dos a Jaruco, dos a Managua, seis a Cuman, dos a Guara, cuatro a la villa de Santa Clara y seis a San Luis. No slo en las casas capitulares y en los barracones han inoculado pblicamente la vacuna los facultativos de su Comisin. El ilustrsimo seor Obispo Diocesano, que no omite ocasin alguna de recomendarla y proporcionar a su grey todo el bien posible, as en el orden moral como en el fsico, comprendi que sera muy oportuno vacunar a los prvulos y adultos que se presentaban a recibir el sacramento de la confirmacin. Lo propuso con aquella uncin y energa que caracteriza sus discursos; y el pueblo dcil a la voz de su dignsimo prelado, y convencido por la fuerza de las razones que les expona, accedi con la mayor prontitud y complacencia. El doctor Snchez Rubio, que acompaaba a Su Seora Ilustrsima en estos actos, inocul en las sacristas de las iglesias auxiliares de esta ciudad y de sus barrios extramuros a ochocientas cuarenta y seis personas. Como la indigencia y la distancia, ms bien que la falta de confianza en la vacuna, impeda a los vecinos de esos barrios ocurrir a las casas capitulares a inocular sus hijos y domsticos, los facultativos don Francisco Sandoval y don Juan Bautista Soriano ofrecieron a la Junta Central vacunarlos gratuitamente en las sacristas de sus respectivas iglesias, siempre que lo permitiera el ilustrsimo seor Obispo Director, y previniese a los prrocos anunciaran a sus feligreses el da y la hora de las vacunaciones, exhortndolos a concurrir a ellas. Su Seora Ilustrsima, anuente a sus instancias, orden cuanto solicitaban, y con estos auxilios el bachiller Sandoval inocul en Guadalupe a ciento veintids vecinos y el bachiller Soriano, en Jess Mara, a sesenta y tres. Presidir todas las sesiones de la Junta Central, autorizar los planes que ha dirigido para la ereccin y gobierno de las subalternas, recomendar su observancia a las autoridades de los pueblos interiores, proporcionar arbitrios con que gratificar a los facultativos encargados de conservar y difundir en ellos el virus vacuno, no han sido las nicas pruebas que le ha dado de su proteccin el seor Presidente, Gobernador y Capitn General. Sus benficas providencias, lejos de limitarse a propagar el nuevo preservativo de las viruelas, se han extendido con la misma eficacia a impedir se introduzca en esta ciudad ese mortfero contagio. Apenas inform a Su Seora en octubre la visita de Sanidad que haba entrado en este puerto una embarcacin con negros bozales, y que dos de ellos tenan viruelas naturales, prohibi que ninguno se desembarcase, y que el buque anclara en el paraje de la baha ms distante de esta poblacin y de los caseros situados en su ribera. Dispuso inmediatamente que la Comisin de la Vacuna inoculase a todos los sanos, y que los dos enfermos fuesen trasladados a otra embarcacin. A los primeros no se les permiti desembarcar hasta que la misma Comisin particip a Su Seora hallarse absolutamente libres del contagio varioloso; y para ms preservar a este pueblo, se les

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /241 /241 /241 /241 /241 hizo lavar sus cuerpos y ropas, purificndose todo despus y hasta el mismo buque y su cargamento con las fumigaciones cido minerales de Morveau. Los otros dos negros virolentos se detuvieron a bordo cuarenta das, y fueron tambin purificados con el propio aparato. Estas precauciones evitaron entonces introducirse en La Habana esa epidemia desoladora; y aunque anteriormente apareci en ella fue su duracin tan efmera que en el cementerio pblico solamente se han sepultado en todo el ao anterior dos cadveres de prvulos virolentos. ¡Qu diferencia tan enorme comparada con la mortalidad de 1804, cuando se inhumaron en una sola iglesia cerca de ochocientas vctimas de esa enfermedad! No han sido menos felices los dems pueblos de la Isla, sin duda por los progresos que hace en ellos la vacuna. La Junta subalterna de Santa Mara del Rosario ha continuado sus sesiones con el mismo celo y patriotismo que la ha distinguido desde su ereccin. Nada ha podido interrumpir sus tareas, ni privar a su secretario, el bachiller don Jos Govn, concurrir a todas ellas. Este infatigable profesor ha vacunado constantemente un da de cada semana en ese pueblo, o en los de El Calvario, Xiaraco y Managua a seiscientas cincuenta y siete personas. Esta Junta ha excitado hasta ahora la emulacin de las subalternas, y merece se les proponga por modelo en todas sus operaciones. La de Sancti Spritus, que haba interrumpido sus sesiones desde el 11 de abril de 1805, volvi a reunirse el 30 de diciembre del siguiente ao; y desde aquella fecha hasta el mes de abril anterior haba vacunado su secretario, el bachiller don Jos Mara Castaeda, a ciento ochenta y ocho personas. En 2 de enero de 1806 qued establecida y organizada la Junta subalterna de la ciudad de Trinidad; pero su secretario, el licenciado don Jos Silvestre Recio, no me ha instruido como deba, ni de los acuerdos que ha celebrado ni de las personas que han sido vacunadas en el ao prximo anterior. Con ms exactitud ha procedido don Andrs Jos de la Parra, secretario de la Junta de la villa de Santa Clara, erigida el 3 de marzo. En las diferentes sesiones que ha celebrado, presididas muchas de ellas por el teniente gobernador don Ignacio Caro, le propuso un recurso muy poderoso para que ni en ella ni en los lugares inmediatos faltase nunca el virus vacuno. Previno por una circular a los secretarios de las Juntas de Trinidad, de Santa Clara y San Juan de los Remedios que en el correo ordinario que sale a principios de enero, marzo, mayo, julio, septiembre y noviembre lo remitieran entre cristales hermticamente cerrados al secretario de la Junta de Sancti Spritus; y que ste ejecutase lo mismo con aquellos tres en los primeros correos de febrero, abril, junio, agosto, octubre y diciembre; designando sobre el papel en que se envuelven los cristales el da en que se extrajo el pus del grano vacuno. Con esta recproca corresponden-

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OBRAS 242\ 242\ 242\ 242\ 242\ cia se ha conseguido radicarlo en esos cuatros lugares, sin interrumpir su benfica propagacin, especialmente en la villa de Santa Clara, donde se han inoculado seiscientas sesenta y tres personas. Cuando se dict esa saludable providencia, se supona establecida ya la Junta de la villa de San Juan de los Remedios. Ese pueblo, que ha sufrido, no s por qu fatalidad, los estragos de las viruelas ms que alguno otro de la Isla, y que a pesar de todas sus precauciones se ha visto muchas veces asolado, deseaba eficazmente preservarse de semejante catstrofe. Su Ayuntamiento, instigado por el licenciado don Jos Len Valds, ocurri a la Junta Central, proponindole y facilitando cuanto fuese necesario para establecer una subalterna que vigilase sobre la conservacin del nico preservativo de esa horrorosa enfermedad. Formado el plan que deba observarse, autorizado y dirigido por el seor Presidente, Gobernador y Capitn General, dio principio a sus sesiones el 11 de agosto, y su secretario, el bachiller Valds, me participa con fecha de 14 de octubre que haba vacunado a ochenta y cuatro personas. El 7 de marzo de 1807 fue instalada la Junta subalterna de la ciudad de Cuba, y ha continuado sus sesiones el da 10 de cada mes, estableciendo en ellas varios reglamentos para conservar el fluido vacuno, comunicarlo a los pueblos inmediatos y preservarse del contagio varioloso. Sus cuatro vocales facultativos se comprometieron a inocular todas las semanas en las casas capitulares, alternando cada quince das; y desde aquella poca hasta el 11 de diciembre haban ejecutado esa operacin en quinientas noventa y nueve personas, incluyendo los indios que ha inoculado en los pueblos de Jiguan y El Caney el licenciado don Jos Joaqun Navarro, secretario de esa Junta. En sesin celebrada el 10 de septiembre, present este facultativo una Memoria sobre dos anomalas que ha observado en la propagacin de la vacuna. Primera, que ese virus puede afectar toda la constitucin y preservar del contagio varioloso, sin presentarse la pstula caracterstica. Segunda que en muchos vacunados se retarda la erupcin del grano por defecto de incitabilidad. La Junta de Cuba remiti a esta Central una copia de ese escrito para que lo examinara y calificase su mrito; y habiendo confiado esta censura a sus cuatro vocales facultativos, la informaron que el licenciado Navarro probaba suficientemente las dos cuestiones que propona con un nmero suficiente de observaciones ejecutadas con mucha crtica, con una exacta combinacin de circunstancias necesarias para formar una legtima y verdadera induccin; aadiendo ltimamente varias razones de congruencia. La Junta Central, conformndose con el dictamen de la Diputacin, acord que el secretario remitiese al licenciado Navarro testimonio de ese informe, participndole tambin que haba dispuesto se sacase una copia de su Memoria para dirigirla por el seor Presidente, Gobernador y Capitn General al excelentsimo seor ministro de Gracia y Justicia con el

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /243 /243 /243 /243 /243 objeto de manifestar a Su Excelencia los progresos que hace la vacuna en esta Isla, y la inteligencia y patriotismo de los profesores que la conservan. Ambas cualidades rene el bachiller don Rafael Antonio de la Maza. Desde 1806 propuso a la Junta Central estableciera una subalterna en la ciudad de Bejucal, donde reside; y advirtindosele que a su Ayuntamiento corresponda solicitarla, nada omiti para realizar su proyecto. Obtenido el plan que deba observar, autorizado por este Superior Gobierno, celebr su primera sesin el 21 de julio del ao prximo pasado, y las ha continuado todos los meses con utilidad de aquellos vecinos y comarcanos; pues su secretario, el bachiller Maza, y los profesores don Nicols Jacquet y don Remigio Conde, han vacunado a doscientos sesenta de ellos, ciento sesenta y seis blancos y los restantes de color. En septiembre ltimo fue erigida la Junta subalterna de Puerto Prncipe, acordando repetira mensualmente sus sesiones el primer da que se congregase el Ayuntamiento. Los facultativos vocales ofrecieron vacunar un da en cada semana, y ejecutndolo constantemente han comunicado el virus vacuno a quinientas quince personas, segn informa su secretario, el bachiller don Felipe Santiago de Moya. El celo y humanidad de otros profesores han contribuido tambin a la propagacin de la vacuna en el ao anterior. Distnguese entre ellos el bachiller don Esteban Gonezara, diputado por la Junta Central para difundirla en el partido de San Jos de las Lajas, donde ha inoculado a trescientas once personas. Los vecinos de la villa de Guanabacoa han participado tambin de ese importante beneficio, dispensndolo a trescientos cincuenta y siete de ellos el bachiller don Rafael Valds. Finalmente, don Jos Matas Martnez ha vacunado a cincuenta y nueve personas en Los Palacios y en toda la jurisdiccin de Filipinas. De aqu resulta que en el ao prximo pasado han sido vacunadas en toda la Isla seis mil seiscientas setenta y cinco personas; nmero tan fausto a la Humanidad que lo inscribir algn da entre los trofeos gloriosos que adornarn la estatua del inmortal Jenner; aquella magnfica estatua de bronce que Francia, sin embargo de la rivalidad con que mira a Inglaterra, intenta erigirle en la misma capital de su imperio. En vano la poltica inflama en los pueblos el furor y la saa; en vano ros de sangre pretenden separarlos. La filosofa, inaccesible a las pasiones exterminadoras, rene a los sabios de todos los pases, y semejantes al gemetra de Siracusa no perciben ni las alarmas de la discordia ni el estampido del can. Absortos en la inquisicin de la verdad, enajenados con el placer de haberla adquirido, slo tratan de comunicrsela recprocamente y tributarse aquellos homenajes que merece la sabidura y beneficencia. ¡Grata y perpetua sea la memoria del genio ms ilustrado y filantrpico! Salo tambin entre nosotros la del Monarca clementsimo que nos comunic el precioso fruto de sus ensayos y meditaciones. Jams olvide nuestra posteridad a los ilus-

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OBRAS 244\ 244\ 244\ 244\ 244\ tres jefes que tanto han contribuido a su conservacin, confindola al celo, inteligencia y patriotismo de los vocales de la Junta Central de la Vacuna. Doctor Toms Romay .VACUNA*En el cementerio general de La Habana, donde se entierran todos los que fallecen en esta ciudad y en sus barrios extramuros, slo se han sepultado el ao anterior de 1807 dos cadveres de virolentos. ¡Qu diferencia tan enorme, comparada con la mortalidad de 1804, en donde se inhumaron en una sola iglesia ochocientas vctimas de esa enfermedad! En aquel mismo ao se introdujo la vacuna en esta ciudad y en toda la Isla, y desde entonces casi han desaparecido las viruelas en todos sus pueblos. Este beneficio se debe sin duda a los progresos que hace en ellos la nueva inoculacin. En el ao prximo anterior se han vacunado en esta ciudad y en sus barrios tres mil setecientas cuarenta y cinco personas, y en toda la Isla siete mil trescientos cincuenta y ocho. Este nmero es muy inferior al de los nacidos en ella y de negros bozales introducidos en este puerto; por tanto no debe extraarse que alguna vez sean acometidos de las viruelas los que han despreciado su eficaz preservativo. En la actualidad la tienen tres negros en el barracn nmero 3, en el Hospital de San Juan de Dios un joven angloamericano, un negrito en la casa del capitn don Pedro Armenteros y una negra en la de don Pedro Recoy, frente a la casa del seor teniente de Rey; tambin se han difundido en las haciendas de Alquzar, San Marcos y San Andrs. El seor Presidente, Gobernador y Capitn General, informado de esta novedad por la Comisin de la Vacuna, ha dado las ms eficaces providencias para contener los progresos del contagio, disponiendo se vacunasen inmediatamente todos los negros bozales que hubiese en los barracones; separando lo ms distante posible a los tres virolentos, donde slo comuniquen con las personas que necesariamente deben asistirlos; y haciendo purificar el barracon nmero 3, y todas las ropas, muebles y negros que en l haba con las fumigaciones cido-minerales de Morveau. En el Hospital de San Juan de Dios se traslad a otra pieza sin comunicacin al joven virolento y a los amos de los otros dos enfermos se les ha prevenido observen las mayores precauciones. Como sin embargo de todas ellas este contagio se comunica por el aire a mucha distancia, no estn libres de ser atacados de su malignidad los que no se han precavido con la vacuna. Los padres de familia que la han despreciado Papel Peridico de la Havana 7 de febrero de 1808.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /245 /245 /245 /245 /245 sern responsables, al menos a la Humanidad y a la patria, de las vidas de sus hijos y domsticos. En las ciento y cuatro ocasiones que la Comisin de la Vacuna la ha inoculado pblicamente en las casas capitulares el ao prximo pasado, ha remitido ochenta y cuatro cristales con el virus vacuno a diferentes lugares: ocho a Matanzas, dos a Filipinas, cuatro a Bejucal, dos al hospital del Consulado, dos a Corralillo, seis a Puerto Prncipe, dos a Baracoa, dos a Guayabal, dos a San Diego, diez a Alquzar, dos a Nueva Orleans, dos a San Juan de los Remedios, cuatro a San Antonio, dos a San Gernimo, dos a Santiago, dos a Guanajay, dos a Gira, dos a Ceiba Mocha, dos a Quivicn, dos a Ro Blanco, dos a Jaruco, dos a Managua, seis a Cuman, dos a Guara, cuatro a la villa de Santa Clara y seis a San Luis. Habana y febrero 3 de 1808. Doctor Toms Romay .EXTRACTO DEL INFORME LEDO EN JUNTA GENERAL DE LA SOCIEDAD ECON"MICA EL 13 DE DICIEMBRE DE 1808*“Cuando el genio desolador de la Humanidad inunda con su sangre desde Finlandia hasta las columnas de Hrcules; cuando pretende superar esas barreras y perseguirla en estas regiones felices y lejanas, la filantropa erige en la Isla de Cuba un asilo inaccesible a su espada exterminadora. Sobre los trofeos de los mayores enemigos del hombre eleva un templo consagrado a su conservacin por unos patriotas no menos ilustrados que benficos, y al mismo tiempo que los sanguinarios ministros de Saint Cloud, transportados de furor y de saa, maquinan la extincin de la especie humana, los vocales de la Junta Central de la Vacuna de esta ciudad nada omiten para reparar sus ruinas, perpetuarla y reponer en la nacin espaola los hroes, que perecen por su Rey y la patria.” Penetrados de estos sentimientos los ilustres jefes que tan dignamente la presiden han inflamado su celo y patriotismo en las sesiones celebradas en el ao que hoy expira. En todas ellas se han discutido los medios ms eficaces de redimir al hombre de una epidemia desoladora, propagando su infalible preservativo en esta ciudad y en todos los pueblos de la Isla; removiendo los obstculos con que la negligencia, o ms bien una vana confianza, ha solido obstruir sus progresos. No obstante, la Comisin ha vacunado en las casas capitulares a dos mil ciento ciencuenta personas; y el doctor Marcos Snchez Rubio a doscientas noventa y cinco en las parroquias de esta ciudad y sus arrabales, al mismo tiempo que Actas manuscritas de la Sociedad Econmica Libro IV, f. s/n; Papel Peridico de la Havana 20 de abril de 1809.

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OBRAS 246\ 246\ 246\ 246\ 246\ el ilustrsimo seor Obispo Director administraba el sacramento de la confirmacin. No ha sido ste el nico medio de que se ha valido su celo pastoral para difundir ese importante beneficio; tambin lo ha remitido por tres facultativos a todos los pueblos de su dilatada dicesis. El licenciado don Jos Gregorio de Lezama, destinado a la parte oriental, lleg a Trinidad, y en las haciendas y pueblos intermedios vacun a quinientas una personas. El licenciado don Jos Govn, encargado de ejecutar la misma operacin hasta Gira, Alquzar, Quivicn y Bataban, inocul a setecientas noventa y seis. Desde estos pueblos hasta Guane comunic ese virus don Jos Matas Martnez a mil dieciocho vecinos, comprobando sus operaciones con atestados de los curas prrocos. Al mismo tiempo que se inoculaba pblicamente en las casas capitulares, se cargaron con el pus vacuno doscientos cuatro cristales, para remitirlos a los pueblos de esta Isla y a varios otros de ultramar. Sin embargo de tantos recursos empleados para extirpar el contagio varioloso, se introdujo en este puerto por un buque que condujo negros bozales desde Charleston, donde se experimentaba esa epidemia. La propagaron en esta ciudad y perecieron diecisis personas por el abuso de vender esos negros antes de ser vacunados. Para evitar unas infracciones que tanto perjudican la salud pblica, dispuso el seor Presidente, Gobernador y Capitn General que todos los negros bozales se inoculen en las embarcaciones que los conducen, y permanezcan en ellas hasta que la Comisin de la Vacuna informe a Su Seora estar libres de contacto varioloso. En estos buques ha vacunado el doctor don Marcos Snchez Rubio a mil quinientas ocho de ambos sexos. El Caballero Sndico Procurador propuso al Muy Ilustre Ayuntamiento, la observancia de la Real orden de 15 de abril de 1785, en que se previene a todos los jefes de Amrica hagan conducir a los virolentos a una casa distante de las poblaciones, a fin de precaver la comunicacin del contagio. El Cabildo, accediendo a esta solicitud, eligi para el efecto la casa llamada de Carmona, situada fuera del barrio de Guadalupe, y lo propuso al seor Presidente, Gobernador y Capitn General. Antes de resolver Su Seora consult a los vocales facultativos de la Junta Central, y conformndose con su dictamen autoriz lo propuesto por el Muy Ilustre Ayuntamiento, y expidi las rdenes ms eficaces para su inviolable cumplimiento. En el barrio de Guadalupe ha inoculado el bachiller don Francisco Sandoval a cuatrocientas veinticuatro personas, y el bachiller don Jos de Lima a ciento cuarenta y tres en el de Jess Mara. El licenciado don Jos Joaqun Navarro, secretario de la Junta subalterna de Cuba, ha comprobado con repetidos hechos en una Memoria que la postilla del grano vacuno pulverizada y humedecida con agua fra produce la verdadera pstula a los setenta y ocho, setenta y nueve y ochenta das

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /247 /247 /247 /247 /247 despus de haberse desprendido del grano. Tambin refiere en ellas varias anomalas que ha observado en seiscientas treinta y siete personas inoculadas por l y sus socios en el presente ao. A trescientas treinta ha dispensado el mismo beneficio en El Calvario, Xiarico, Managua y Santa Mara del Rosario, el licenciado don Jos Govn, secretario de la Junta de esa ciudad. En Puerto Prncipe vacun el licenciado don Felipe Santiago de Moya a ciento cuarenta y seis personas; en Santi Spritus a quinientas cuarenta y cinco; el licenciado don Jos Mara Castaeda a cuatrocientas treinta y siete; en la villa de Santa Clara el licenciado don Andrs Jos de la Parra; y a doscientas cincuenta y ocho en Bejucal el doctor don Rafael Antonio de la Maza, secretario de sus respectivas Juntas. La villa de San Juan de los Remedios, que ha sido muchas veces asolada por las viruelas, se gloria de verse preservada de ellas desde la ereccin de su Junta de la Vacuna. El licenciado don Jos Len Valds, su secretario, ha inoculado en este ao a setecientas cuarenta y dos personas. La misma operacin ha practicado en cuatrocientos veintisis vecinos del partido de San Jos de las Lajas el bachiller don Esteban Gonezara, y en trescientas nueve en Guanabacoa el bachiller don Rafael Valds. En sesin celebrada el 1o de abril por la Junta Central present el seor nuestro Presidente la Real Orden de 31 de julio del ao anterior en que Su Majestad se dignaba aprobar las providencias dictadas por Su Seora para la ereccin de esa sociedad filantrpica, le recomienda encarecidamente su conservacin y concede al secretario de ella los honores de mdico de su Real Familia. La Junta Central, reconocida a tanta beneficencia, reserv para ocasin ms oportuna manifestar a Su Majestad su reconocimiento y adhesin. “Ahora lo ejecuta presentando ante el trono del ms inocente y desgraciado de los Reyes a nueve mil seiscientos cuarenta y ocho vasallos preservados en este ao de las viruelas en toda la Isla de Cuba; y si resumimos los que han sido inoculados en esta sola ciudad desde febrero de 1804, cuando fue introducida la vacuna, ascienden a veintids mil doscientas veintisis. Y qu retribucin puede ser tan grata a un Soberano destronado y perseguido como recibir entre las mismas cadenas, que tan injustamente le oprimen, los testimonios ms sensibles de la fidelidad, del amor y veneracin de sus pueblos? Ni qu homenaje ms glorioso para nosotros que reconocer su sagrada autoridad, consagrarle nuestros hijos y multiplicar sus vasallos, cuando una mano prfida pretende separarle de todos ellos, privarle de su obediencia, y a nosotros de un gobierno benfico y paternal? La preservacin de tantos ciudadanos comprueba el celo, el reconocimiento y patriotismo de esa Junta, mucho ms que las pginas de sus acuerdos, los planes que ha formado para organizar las subalternas y las instrucciones remitidas a los facultativos sensibles a los sentimientos de la Humanidad. Ella bendecir su memoria, y con una mano imparcial grabar sus

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OBRAS 248\ 248\ 248\ 248\ 248\ nombres en los fastos que perpeten el descubrimiento de Jenner. ¡Gloria interminable le sea concedida despus de nuestra gratitud, admiracin y respeto! Cnticos, himnos de alabanza entonen todas las naciones a la muy sabia y generosa que supo conocer y remunerar el precioso fruto de sus ensayos y meditaciones. ”Y cuando otros pueblos slo aplauden y premian aquellos crmenes atroces que degradan y envilecen al hombre, hasta confundirle con las bestias ms feroces; Inglaterra la asalta y ennoblece por sus virtudes, le conserva y protege con su sabidura y munificencia. Ella introdujo en Europa la antigua inoculacin, practicada haba muchos aos en Asia y en Constantinopla. Ella, en guerra con Francia, le devolvi las cartas, las colecciones y manuscritos de sus gegrafos y botnicos apresados por los buques ingleses. Ella, en el ao octavo de esa repblica efmera, cuando los intereses polticos tenan ms divididas y encarnizadas a estas dos naciones, mand a Boloa al doctor Woodwille para que instruyese a los mdicos franceses en la prctica y ventajas de la inoculacin de la vacuna. Ella... sera muy difuso si pretendiera referir los actos de su magninimidad. Por ello ha merecido justamente el glorioso ttulo de protectora y escudo de la Humanidad.” Doctor Toms Romay .INFORME SOBRE LA INALTERABILIDAD DEL VIRUS VACUNO*La Diputacin elegida por la Junta Central para examinar la Memoria que le dirigi el licenciado don Joaqun Navarro, secretario de la Junta de Cuba, sobre la necesidad de inocular las vacas de cuando en cuando para que el virus vacuno sostenga con toda pureza su actividad primitiva; habindola ledo muy detenidamente, discutiendo despus tan importante asunto, presenta su dictamen. El licenciado Navarro prueba la referida opinin con varias inducciones, deducidas unas de las alteraciones que por las leyes de la afinidad y atraccin han experimentado en el discurso de los siglos los seres orgnicos, y aun en el mismo globo; otras de los diversos caracteres con que suelen presentarse algunas enfermedades hasta llegar a desaparecer muchas de las que solan afligir a la Humanidad, apareciendo otras desconocidas a los padres de la Medicina, aadiendo finalmente los distintos sntoms que se observan en el cow-pox de las vacas, en el hombre a quien primero se le comunica ese pus, y en los dems que la reciben sucesivamente. Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 3, pp. 153-155.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /249 /249 /249 /249 /249 En cuanto a lo primero, para inferir el licenciado Navarro la posibilidad de alterarse y degenerar las obras de la naturaleza que la misma forma exterior de la tierra, supone la hiptesis de Bowles y Boulanger sobre la formacin del globo terrqueo. Semejantes teoras no slo se oponen a la historia sagrada de la creacin, sino tambin a infinitos hechos que comprueban la invariable uniformidad y constancia en las regeneraciones progresivas de los entes sin la menor alteracin en sus caracteres especficos. Y aunque es cierto que algunos animales, y con ms frecuencia las plantas, trasladados a un pas extrao se esterilizan y al fin perecen, tambin es incontestable que otras muchas se conservan y reproducen fuera del suelo nativo. El buey, el caballo, la cabra, el cerdo y muchos otros animales fueron conducidos de Europa a esta Isla, y sin embargo en el espacio de tres siglos no se advierte en ellos detrimento alguno. Son tambin exticos el cafeto, la caa, el algodn y otras plantas cuyas producciones nada han desmerecido. No sufren menos coartaciones las pruebas fundadas en la nosologa thesapctica de las enfermedades. Basta leer las descripciones que hicieron de ellas Hipcrates y sus coetneos para conocer cualquiera que se nos presente; con la sola alteracin que causa el temperamento del enfermo, su edad, sexo, clima y estacin, cuyas circunstancias las previnieron aquellos escritores, y no varan los sntomas caractersticos. Si la pica polaca y la raquitis son tan raras en nuestros das; si el escorbuto y la lepra no hacen los estragos que en los siglos remotos, es sin duda porque se han precavido las causas que las producan, encontrndose tambin remedios para curarlas. Esto mismo ha sucedido con el glico y las viruelas. Desconocidas estas plagas de la Humanidad hasta los siglos XV y XVI, se ignoraban sus respectivos especficos; pero descubierta la eficacia del mercurio para la primera, y otros auxilios proficuos contra la segunda, han sido sus estragos menos generales y funestos. El ltimo argumento con que persuade el licenciado Navarro la posibilidad de alterarse el virus vacuno, parece ms cierto que los anteriores. Los caracteres que presenta en la vaca el cow-pox original son distintos de los que se observan en otra vaca inoculada con el mismo pus tomado del hombre. Tambin hay una diferencia muy notable entre los sntomas que experimenta el primer hombre inoculado con la materia del cow-pox, o viruela natural de la vaca, y los que aparecen en los dems hombres a quienes progresivamente se les comunica; en aqul hay una gran inflamacin, dolor, fiebre aguda y aun delirio; en los dems la inflamacin es muy ligera, y regularmente no se percibe fiebre ni incomodidad sensible. Mas a estos hechos se oponen otros que acreditan la inalterabilidad del virus vacuno. El doctor Woodwille, habiendo inoculado varias personas con diferencia de dos o tres das, en un brazo con el pus varioloso y en el otro con el vacuno, se presentaron ambas enfermedades sin confundirse en sus

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OBRAS 250\ 250\ 250\ 250\ 250\ respectivos perodos, conservaron sus propios caracteres y continuaron su curso natural. Mezcl despus igual cantidad de esos dos virus, y con este humor mixto inocul en un mismo da a veintiocho personas. El resultado de este experimento, dice Moreau, que en ms de la mitad de estos inoculados se present la vacuna con todos sus caracteres distintivos y en los restantes los de las viruelas ordinarias, pareciendo excluirse mutuamente para quedar triunfante una de las dos sin resultar jams una enfermedad mixta. De estos ensayos y de otros semejantes a los que propone el licenciado Navarro, ejecutados por los facultativos de la Junta de Vacuna establecida en Reims, infirieron que el virus vacuno, lejos de alterarse y de perder su actividad sobre la especie humana, la conserva an bastante despus de muchsimas trasmisiones sucesivas para comunicar a las vacas una enfermedad absolutamente semejante a la que el doctor Jenner ha observado en las vacas, de las cuales sac el virus para inocular a la especie humana. A estos hechos, y a la autoridad de los primeros vacunadores, pueden aadirse varias observaciones hechas por los profesores que suscriben. La epidemia de viruelas que asolaba esta ciudad en 1804, cuando felizmente se introdujo en ella la vacuna, oblig a inocularla indistintamente a todas las personas que la solicitaban. Entre ellas se presentaron varias sarnosas, escrofulosas, herpticas, escorbticas y algunas con las seales ms sensibles del vicio venreo. Sin embargo, en todas ellas no slo apareci el grano vacuno sin la menor alteracin, sino que tomado su pus e ingerido en otros sujetos, result en todos ellos la verdadera vacuna, sin notarse algn sntoma de haber contenido los vicios de que estaban infestados los trasmitentes. Sucedi tambin que vacunados otros individuos estando ya atacados del contagio varioloso, resultaron ambas enfermedades con los peculiares caracteres de cada pstula; y habindose inoculado otro con el pus de aquellos granos vacunos, slo aparecieron stos y ninguno de los variolosos. Finalmente, desde julio de 1804 hasta la fecha se han celebrado en las casas capitulares quinientas noventa y dos vacunaciones; es decir, un mismo pus vacuno ha pasado otras tantas veces por diferentes personas. Ese propio virus se haba conservado en esta ciudad por repetidas trasmisiones desde el 12 de febrero de aquel ao, recibindolo de Puerto Rico en donde exista muchos meses antes. A esa isla se llev de Saint Tom, consiguindolo de Dinamarca o de Inglaterra. De aqu se infiere que hace lo menos ocho aos que est pasando continuamente por diversos cuerpos el virus vacuno que en la actualidad propagamos; no obstante, ni en el da de la erupcin del grano, ni en su figura, ni en alguno de sus caracteres y perodos hemos observado la ms leve innovacin. Aunque convencida por estos datos de la inalterabilidad del virus vacuno, la Diputacin ha ledo con mucho placer la citada Memoria del licenciado Navarro. En ella ha visto un profesor celoso del bien pblico y de la

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /251 /251 /251 /251 /251 conservacin de la Humanidad; acredita una instruccin nada vulgar, un genio laborioso y observador. Por lo cual juzga que tomando de su escrito lo ms til se publique un extracto, que se inoculen algunas vacas con el objeto de hacer ms durable aquel virus y que a nombre de la Junta Central se den gracias a este facultativo por su constante inters en los progresos de la nueva inoculacin, excitndole a continuar sus loables tareas. Habana y febrero 3 de 1810. Doctor Bernardo de Zoza. Doctor Juan Prez Delgado. Doctor Marcos Snchez Rubio. Doctor Toms Romay .EXTRACTO DEL INFORME LEDO EN JUNTA GENERAL DE LA SOCIEDAD ECON"MICA EL 13 DE DICIEMBRE DE 1809*“Hace cincuenta y nueve aos que un orador muy distinguido por su elocuencia y abominado por sus errores sostuvo en la Academia de Dijn que las ciencias haban contribuido a corromper las costumbres, y que los pueblos, cuanto ms ilustrados eran ms criminales, conservndose la inocencia y la virtud en las tribus incultas y salvajes. Si hubiera existido en nuestros das, con cuntos argumentos capciosos no habra comprobado esa paradoja tan injuriosa a la sabidura como a su justsimo autor? Al ver que la nacin ms culta de Europa, la que se jactaba de poseer todas las ciencias en el pice de la perfeccin, profanando las leyes sociales, los principios de la moral, los pactos ms solemnes y sagrados, haba cometido horrores y atrocidades que no pueden referirse sin ofender a la misma insensibilidad y a la impudicia. Qu pruebas no encontrara sin recorrer los fastos de la historia? ”Y si de Europa envilecida y degradada volva los ojos a estas regiones injustamente llamadas inhspitas y brbaras, exornara su anttesis con nuevos y seductores sofismas. Encontrara en ellas protegidos los derechos del ciudadano, respetadas sus propiedades, socorrida la indigencia, sostenido el orden pblico, la concordia, la unin y fraternidad, y en mil monumentos erigidos por el patriotismo y la Humanidad vera tambin conservada su existencia.” Gratitud eterna, adhesin y loa sea tributada al jefe ilustre que nos preserva de aquellas calamidades, nos dispensa prosperidad y justicia, y con un celo infatigable ha ilustrado y presidido las dos sesiones celebradas por la Junta Central de la Vacuna en el ao que hoy termina. En todas ellas se han promovido y empleado los medios ms eficaces para perpetuar en esta ciudad ese admirable preservativo, difundirlo por toda la Isla, y redi* Diario del Gobierno de la Habana 13 de octubre de 1809.

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OBRAS 252\ 252\ 252\ 252\ 252\ mirla del contagio varioloso. El xito ha correspondido a sus deseos. Mil ochocientas treinta y siete personas se han inoculado en las casas capitulares y en los barracones; doscientos diez cristales se han remitido con ese virus a los pueblos de esta Isla y a muchos otros de ultramar; y en el cementerio general de esta ciudad y de sus barrios no se ha sepultado en el pasado ao un solo cadver de virolento. No han sido menos felices los pueblos de El Calvario, Managua y Santa Mara del Rosario. El licenciado don Jos Govn, secretario de la Junta subalterna de esa ciudad, ha inoculado en dichos partidos a trescientos setenta y cuatro vecinos. Tan benficas y dignas del aprecio de la Junta Central han sido las operaciones de la Junta de Cuba. Su infatigable secretario, el licenciado don Jos Joaqun Navarro, vacun en esa ciudad, en El Cobre y El Caney a setecientas noventa personas. Al mismo tiempo present una Memoria en que persuade que para rectificar el pus vacuno y conservarle inalterable ser conveniente comunicarlo alguna vez del hombre a las vacas y de stas a los racionales. La villa de San Juan de los Remedios, asolada muchas veces por las viruelas, se constern sabiendo en enero que se difunda en sus inmediaciones esa mortfera epidemia. Congregada su Junta de la Vacuna, confi la preservasen al secretario licenciado don Jos Len Valds y al licenciado don Jos Martn de Rojas. Estos profesores inocularon a novecientos cuarenta y cuatro individuos, y el pueblo se conserv ileso. Si es muy inferior el nmero de vacunados en la gran poblacin de Puerto Prncipe, pues slo asciende a ciento siete personas, no debe imputarse este defecto ni a la falta de celo en los vocales de la Junta de la Vacuna, ni a omisin de su secretario, el licenciado don Felipe Santiago de Moya. Nada excus para cumplir sus deberes; pero los vecinos no han contribuido a realizarlos. Ms dciles los de la villa de Santa Clara, consigui inocular a seiscientos veintitrs de ellos el secretario de su Junta, don Andrs Jos de la Parra. En sesin celebrada por la Junta Central el 3 de noviembre se confi al licenciado don Juan Nepomuceno Rodrguez el encargo de secretario de la villa de Sancti Spritus, vacante por fallecimiento de don Jos Mara Castaeda, cuya prdida nos ha privado del extracto de sus vacunados y vacunaciones en el presente ao. En este tiempo han inoculado en la villa de Guanabacoa a doscientas diecinueve personas el bachiller don Rafael Valds; en el partido de San Jos de las Lajas a doscientas veintisis el bachiller don Esteban Gonezara; y a noventa y tres en Los Palacios don Jos Matas Martnez. El profesor don Juan Bautista Alech, que llev de esta ciudad a Pensacola el virus vacuno, lo ha comunicado a cincuenta y cinco individuos, dirigindolo tambin a Mobile. Sin incluir este nmero, se han inoculado en la Isla de Cuba en el presente ao a cinco mil doscientas trece personas. El hombre sensible se

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /253 /253 /253 /253 /253 consuela y complace al ver que la Humanidad desapiadadamente perseguida en otros pases encuentra en este un asilo donde salvarse y reparar sus prdidas enormes. Este espectculo penetra su corazn, y arrasado los ojos con lgrimas de gratitud y jbilo bendice la mano benfica que conservando al hombre y protegiendo sus derechos se erige un monumento ms glorioso y perpetuo que cuantos ha consagrado la abyeccin y lisonja a los conquistadores. El nombre de estos monstruos no puede pronunciarse sin que las naciones palpiten de pavor; su busto teido con la sangre de sus semejantes y apoyado sobre las ruinas de la Humanidad, se mira con horror y execracin; mientras que la imagen del hombre benfico es presentada por los padres a los hijos, y por los jefes a los sbditos como un modelo el ms digno de su emulacin, de su reconocimiento y de su amor. Tales son los homenajes que tributamos y repetirn las generaciones ms distantes al inmortal Jenner, y a todas las almas privilegiadas que protegen y le trasmiten su importante descubrimiento. Doctor Toms Romay.INFORME LEDO EN JUNTA GENERAL DE LA SOCIEDAD ECON"MICA EL 12 DE DICIEMBRE DE 1810*Excelentsimo seor Presidente: La Junta Central de la Vacuna instalada y protegida por Vuestra Excelencia es un monumento que trasmitir a las generaciones futuras el nombre de su ilustre fundador, su celo y humanidad. Intrprete de los sentimientos de ese Cuerpo, no he debido hasta ahora ofrecer sus operaciones en este santuario del patriotismo sin tributar a Vuestra Excelencia, como su numen tutelar, los ms sinceros testimonios de gratitud y admiracin. Ni la crisis terrible que sufre la Pennsula, ni las convulsiones polticas que agitan las Amricas, ni las activas providencias con que ha pretendido Vuestra Excelencia tranquilizarlas, socorrer a la Metrpoli y conservar esta Isla, tan impenetrable a la seduccin y anarqua como a las olas que por todas partes la circundan; tan grandes, tan complicadas y urgentes atenciones, bastante cada una a ocupar la atencin de un jefe fiel y vigilante, todas ellas y muchas otras no han impedido a Vuestra Excelencia presidir las doce sesiones celebradas en este ao por esta junta filantrpica.1 Diario del Gobierno de la Habana 19 de junio de 1811; Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 3, pp. 111-114.1Es muy respetable que el excelentsimo seor Presidente no haya faltado a ninguna de las Juntas de vacuna, siendo sus atenciones tan grandes y ejecutivas, y que algunos de los presidentes de las Juntas subalternas no concurrieran ni a una sola sesin, procediendo de aqu la decadencia de la vacuna en esos lugares, con notable perjuicio de su poblacin.

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OBRAS 254\ 254\ 254\ 254\ 254\ La presencia de Vuestra Excelencia sorprendiendo gratamente a sus vocales, ha sido el estmulo ms poderoso para inflamar su celo. Aspirando todos a un mismo fin, y empleando los medios ms oportunos para conseguirlo, se han satisfecho cumplidamente sus deseos. Para acreditarlo no har un anlisis prolijo de sus acuerdos, ni recomendar la importancia de sus tareas, ni la docilidad y confianza con que el pueblo ha recibido sus insinuaciones. Hechos notorios e incontestables sern la mejor prueba de la eficacia y utilidad de sus discusiones. Y cul puede ser ms proficua a la Humanidad, ni ms gloriosa a la Junta de la Vacuna que el haberse inoculado en esta ciudad y en sus barrios, en el trmino de un ao, a nueve mil trescientas quince personas, remitindose al mismo tiempo el virus vacuno a diversos pueblos de la Isla y de ultramar en ciento sesenta y ocho cristales? Preservados de las viruelas esos individuos y ms de veinticuatro mil inoculados en este pueblo en los aos anteriores, no es extrao que en los dos ltimos no se haya sepultado en el cementerio general un solo cadver de virolento, pudiendo lisonjearnos de que esa horrorosa enfermedad desaparecer por siempre de este recinto. Mas no es ste el nico objeto a que aspira la Junta Central. Quiere tambin, y eficazmente procura, preservar de las viruelas a todos los habitantes de esta Isla. No siendo suficientes para conseguirlo las Juntas subalternas establecidas en sus pueblos principales, suplic al excelentsimo seor Presidente encargase a las justicias de los menores eligieran el facultativo que juzgasen ms apto para propagar la vacuna entre sus vecinos. Anuentes a dispensar un beneficio tan importante, se ofrecieron ultrneos en Guadalupe el licenciado don Jos Mara Sotomayor, en Jess Mara don Domingo Galeano, en Jess del Monte el bachiller don Mariano Rodrguez, en El Cerro don Francisco Tagle, en Guanabacoa el bachiller don Rafael Valds, en San Jos de las Lajas el bachiller don Esteban G onezara, en Matanzas el bachiller don Antonio Caizares, en Baja don Basilio Garca y en Los Palacios don Jos Matas Martnez. En Junta ordinaria, celebrada por esta Real Sociedad el 16 de agosto, se present una instancia dirigida al excelentsimo seor presidente por el doctor don Marcos Snchez Rubio, ayudante de la Diputacin de la Vacuna, suplicando se le eximiera de ese encargo. Comunicada su solicitud a la Junta Central, le fue admitida en sesin del 7 de septiembre, nombrndose para sucederle al doctor don Juan Prez Carrillo, en consideracin a ser uno de los profesores que contribuyeron a propagar la vacuna en esta ciudad desde que fue introducida en 1804. En la sesin del 2 de noviembre suplic tambin el licenciado don Juan Nepomuceno Rodrguez, secretario de la Junta subalterna de Sancti Spritus, que de los propios de esa villa se le asignase alguna gratificacin que compense la eficacia con que conserva y propaga en ella el virus vacu-

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /255 /255 /255 /255 /255 no; comprobndolo con un atestado del mismo Ayuntamiento en que acredita no haberlo ejecutado por carecer de facultades para disponer de ese fondo. La Junta Central, convencida de la justa pretensin de este facultativo, acord se elevase al excelentsimo seor Presidente recomendndole su distinguido mrito, e igualmente a los secretarios de las juntas de Cuba, Santa Mara del Rosario y otros pueblos, los cuales son muy acreedores al reconocimiento y remuneracin de sus vecinos. Quizs no habr uno solo de la ciudad de Cuba que no haya sido beneficiado por el licenciado don Joaqun Jos Navarro. Desde la ereccin de esa Junta no ha cesado de contribuir a sus progresos, empleando los recursos que inspira un genio activo y benfico. En este ao han recibido de su mano el virus vacuno mil doscientas cuarenta y siete personas residentes en dicha ciudad, El Cobre y El Caney. Si estas operaciones acreditan su constancia y humanidad, otras comprueban su inteligencia y meditacin. Presumiendo que el virus vacuno puede alterarse y perder su virtud, pasando sucesivamente por diversos cuerpos y constituciones, escribi una Memoria recomendando la necesidad de inocular las vacas tomando el pus de los granos vacunos del hombre, y volverlo rectificado de aquellas a los racionales. ¡Precaucin ingeniosa, pero innecesaria! No es menos recomendable el extracto que ha remitido de los doce acuerdos celebrados por aquella Junta en el presente ao. En l refiere varias anomalas que ha observado en la aparicin y progresos del grano vacuno, discurriendo sobre ellas con discernimiento y propiedad. Si el licenciado don Jos Govn, secretario de la Junta de Santa Mara del Rosario, no ha presentado el resumen de sus operaciones, ni un nmero de vacunados igual al de los aos anteriores, no debe imputarse ni a omisin de ese laborioso facultativo ni a falta de celo en los vocales de aquella corporacin. En unos meses las excesivas lluvias, poniendo intransitables los caminos, impedan a los habitantes de las haciendas concurrir a los pueblos a recibir la vacuna; y en los de julio, agosto y septiembre una epidemia de fiebres ptridas, que asol los campos, cubri de consternacin y luto las familias, ocupando todo el tiempo y atencin del licenciado Govn. Sin embargo, en esa ciudad, en El Calvario y Managua ha inoculado a doscientas seis personas. No habiendo ocurrido tales obstculos en la villa de Sancti Spritus, ha celebrado su Junta de vacuna varias sesiones en consorcio de los ministros de la diputacin de esa sociedad, discurriendo siempre sobre los medios ms oportunos para disipar las preocupaciones contra la nueva inoculacin. El secretario de ella, licenciado don Juan Nepomuceno Rodrguez, escribi una Memoria manifestando su benignidad y eficacia, y otra demostrando que no haba sido erupcin variolosa la que se observ en algunos vacunados, con las cuales consigui atraer a recibir el virus vacuno a mil cuatrocientos sesenta y dos vecinos; siendo la prueba ms incontestable

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OBRAS 256\ 256\ 256\ 256\ 256\ de su virtud preservativa no haber fallecido un solo virolento, lo que comprueba con atestado del cura vicario. Igual felicidad ha disfrutado la villa de Santa Clara, debindola sin duda a la inteligencia y constancia con que el secretario de su Junta, don Andrs de la Parra, ha vacunado en ella a cuatrocientas cuarenta personas. En Puerto Prncipe, habiendo faltado seis meses ese benfico pus, slo pudo inocular a noventa y uno de sus vecinos el licenciado don Felipe Santiago de Moya. Aun siendo la poblacin de Bejucal muy inferior a la de aquella villa, se han vacunado doscientas nueve personas, reunindose su Junta todos los meses, y celebrando acuerdos muy tiles a la conservacin de la vacuna. Tan eficaz y constante ha sido en congregarla y presidirla el alcalde ordinario don Ramn de Ribas, digno de la gratitud de sus compatriotas y de la emulacin de los presidentes que le sucediesen. Pero sus esfuerzos habran sido ineficaces a no encontrar las mejores disposiciones en el bachiller don Rafael de la Maza, secretario de esa Junta, y en los vocales facultativos don Nicols Sacguet y don Remigio Conde. Es tambin muy loable la conducta de los alcaldes de la villa de San Juan de los Remedios, don Justo Asencio Carrillo y don Francisco Rodrguez, de los vocales de su Junta de vacuna y del secretario licenciado don Jos Len Valds. Los primeros, por el inters con que la han congregado casi todos los meses, los segundos por su pronta y constante asistencia, y el ltimo por haber vacunado a trescientas noventa y tres personas. Sin ms auxilio ni remuneracin que su patriotismo y humanidad, el bachiller don Rafael Valds ha inoculado en Guanabacoa a trescientos treinta vecinos; el doctor don Esteban Gonezara a ciento cuarenta y dos en San Jos de las Lajas y don Jos Matas Martnez a ochenta y dos en Los Palacios; ascendiendo el nmero de vacunados en toda la Isla en este presente ao a trece mil cuatrocientas setenta y siete personas. Loado sea por todas ellas, y por las generaciones que han de sucedernos, el ente privilegiado a quien debe la especie humana su conservacin y hermosura. Cnticos, monumentos de gratitud y alabanzas tributnle las naciones que habitan ambos hemisferios, y descollando entre ellas la que produjo ese hombre inmortal, y ha sabido protegerle y distinguirle, exija los homenajes que merece el ms importante descubrimiento y el que indistintamente les ha dispensado con mano munfica y piadosa. Presntales ufana a Eduardo Jenner, y los sabios de todos los siglos le cedern las guirnaldas que cean sus sienes; presntelo, aun ms confiada, a los guerreros y conquistadores, y la Humanidad reconocida humillar a los pies del genio ms benfico aquellos trofeos execrables. No sea inferior nuestro reconocimiento al jefe ms esclarecido a quien debe la Isla de Cuba ese inapreciable beneficio, y l solo sea bastante para hacernos grata y perpetua su memoria. Doctor Toms Romay.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /257 /257 /257 /257 /257VIRUELAS NATURALES* El 14 del corriente entr en este puerto procedente de la costa de frica un buque con ciento veintinueve negros bozales, de los cuales uno tena pstulas muy recientes de viruelas naturales. La Junta de Sanidad inform inmediatamente de esta novedad al excelentsimo seor Capitn General, y dispuso Su Excelencia que el propio da se vacunasen todos los negros sanos y trasladasen a una casa situada en la ribera de esa baha, separada de otras y muy distante de toda poblacin, prohibiendo se comunique con los negros y asistentes. El virolento qued en el propio buque que lo condujo, preceptuando se conserve separado y con las mayores precauciones para evitar propague aquel contagio en este pueblo. Pero como su actividad ha solido frustrar varias veces las medidas ms eficaces, se anuncia el riesgo a que estn expuestas las personas que pueden ser infestadas, para que ocurran a preservarse con la inoculacin de la vacuna los mircoles y sbados, a las once de da, en las casas capitulares.DICTAMEN SOBRE UN PAPEL TITULADO OBSERVACIONES SOBRE LAS ENFERMEDADES DEL GANADO VACUNO Y SUS CURAS, DEL PROFESOR IVN ESTEBAN GONEZARA, EN COLABORACI"N CON IGNACIO O’FARRILL**Oficio a don Pedro Regalado Pedroso y doctor don Toms Romay para que examinen un informe sobre la enfermedad que adolece el ganado vacuno. En Junta Ordinaria del Cuerpo Patritico celebrada el 12 del corriente present el amigo bachiller don Esteban Gonezara, profesor de Medicina y fiscal del partido de San Jos de las Lajas, un informe acerca de la enfermedad que adolece el ganado vacuno de esta Isla en la primavera y esto; y habindose acordado su examen por una Diputacin de dos amigos, qued usted electo en consorcio del doctor don Toms Romay a quien con esta fecha he pasado dicho informe. Lo que comunico a usted para su inteligencia. Dios guarde, etctera. Habana, 16 de febrero de 1808. T. T. Seor don Pedro Regalado Pedroso. Original al doctor don Toms Romay. Ledo en Junta de 19 de febrero de 1811. Seidel Archivo de la Sociedad Econmica, leg. 35, no. 3. ** Diario del Gobierno de la Habana 22 de diciembre de 1810.

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OBRAS 258\ 258\ 258\ 258\ 258\ Encargados por la Real Sociedad para examinar un papel de Observaciones sobre las enfermedades del ganado vacuno y sus curas, cremos encontrar algunos recursos o precauciones contra la pstula maligna que causa tanto dao no slo a las reses, sino tambin a los hombres que comen sus carnes o tocan solamente su sangre. Aunque en esta parte se frustraron nuestras esperanzas, hallamos no obstante algunas ideas tiles para precaver y curar otras epizootias. La diferencia del clima y la dificultad de encontrar muchos de los simples que se recomiendan, har que ni todas ellas puedan emplearse ni que sean necesarias tantas precauciones como se requieren en los pases fros. Pero siempre ser conveniente publicar por el diario unas noticias poco vulgares y que pueden contribuir a evitar varios abusos que inadvertidamente se cometen en perjuicio del animal ms til a la agricultura; corrigiendo antes en el citado papel los defectos de propiedad en el idioma que hemos subrayado. Dios guarde a usted muchos aos. Habana y junio 29 de 1811. Ignacio O’Farrill. Doctor Toms Romay. Seor don Fernando Seidel. Secretario de la Real Sociedad Patritica.EXPOSICI"N DIRIGIDA A LA REAL JUNTA DEL CONSULADO EN LA QUE RECLAMA SE IMPONGAN MEDIDAS DE ASEO EN LOS BUQUES NEGREROS POR RAZ"N DE HUMANIDAD, YA QUE HA PODIDO COMPROBARSE LA HORROROSA CIFRA DE MUERTES QUE ENTRE LOS ESCLAVOS SE PADECE CON MOTIVO DE LAS ENFERMEDADES QUE SE ORIGINAN POR LAS CONDICIONES DE FALTA DE SALUBRIDAD*Excelentsimo seor Presidente: Asociado a la visita de Sanidad para vacunar los negros bozales que llegan a este puerto, he visto con horror lo que no puedo menos de informar a Vuestra Excelencia y Vuestras Seoras, conjurndolos, a nombre de la Humanidad, de la religin y de cuanto puede penetrar un corazn sensible, para que reformen abusos que degradan y envilecen a una nacin que se precia de piadosa y cristiana. El 19 de mayo de este ao arrib la fragata espaola “Brillante Rosa”, su capitn don Miguel Nez, procedente de Angola, con cuatrocientos sesenta y cuatro negros, de los cuales perdi ciento treinta en cincuenta y dos das de navegacin. El 9 del corriente visit el bergantn espaol “Con*Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 3, pp. 156-160.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /259 /259 /259 /259 /259 sejero”, su capitn don Juan Martn Lanz, con cincuenta y ocho das de viaje desde Loango, de donde sac doscientos siete negros, pero en el mar haban muerto cincuenta y cuatro, otro el da anterior a la visita, dos al tiempo que sta se ejecutaba, y los pocos restantes gozaban de perfecta salud. En la costa de frica perecieron tambin el capitn que sali de este puerto, el sobrecargo y tres marineros. Inquiriendo las causas de semejante catstrofe, vi ese buque muy desaseado, supe que solo tena ciento veintids toneladas, y que no haba llevado facultativo alguno para una expedicin en que es tan necesario. “Brillante Rosa” es de doscientas treinta toneladas, y puedo decir que tampoco tuvo cirujano ni caja de medicinas, pues el que llev con aquella plaza no estaba recibido por el Protomedicato ni fue propuesto al ayudante director de la Armada, quien deba tambin reconocer las medicinas. Sin embargo, no es el nico origen de tan extraordinaria monstruosidad. Tampoco tena cirujano ni provisin de remedios el bergantn portugus “Puchiligo”, de ciento treinta toneladas, que con trescientos diecinueve negros sali de la baha de Los Santos y arrib a Pernambuco, desde donde en treinta y cuatro das lleg a este puerto el 1 del corriente no habiendo perdido en toda la navegacin ms que un solo negro. Los dems no podan estar ms sanos ni robustos, siendo muchos de ellos de una estatura gigantesca, que ocupaba cada uno el lugar de dos comunes. Admirado de que as pudieran conservarse en un buque tan reducido, supe por el capitn don Jos Pereira Liza que todo lo deba al aseo que haca observar a los negros en el interior de la embarcacin y en la cubierta, a la franqueza con que les permita salir a ella a respirar un aire puro, a no haberlos aprisionados infundindoles terror, a la cantidad y especie de alimentos y a la abundancia de agua potable. Resulta, pues, que por la inobservancia de estas reglas, o por la economa miserable y mezquina de dos individuos, han perecido ciento noventa y dos hombres. Y en qu ocasin, seor excelentsimo, se presentan estos rasgos de la ignorancia y codicia ms criminal? Con cunta vehemencia y justicia no declamaran contra ese brbaro comercio los seores Argelles y Alcocer si comprendieran unos hechos tan execrables? La conservacin de la agricultura de esta Isla, la prosperidad de algunos particulares, preguntaran, es acaso preferible a la vida de un solo hombre? Cules son las decantadas ventajas que adquieren esos infelices con la esclavitud, si apenas se les arranca de sus hogares cuando son sepultados en los abismos del mar? No es menos malo vivir, aunque errante entre las selvas, sin domicilio, sin propiedad, sin leyes ni religin, que morir al impune arbitrio de unos hombres que no reconocen otro derecho que el de su propio y srdido inters? Yo estoy persuadido de que no es necesario pisen este suelo los negros bozales para merecer la proteccin de nuestras leyes y los sentimientos que exige la benfica religin que profesamos. Desde que pertenecen a

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OBRAS 260\ 260\ 260\ 260\ 260\ propiedad espaola son muy dignos del amparo y proteccin de su Gobierno, y como esos traficantes no lo respetan, ni temen los remordimientos de la conciencia, ni se compadecen de la Humanidad afligida, ni especulan rectamente sobre su propia utilidad y provecho, es preciso que Vuestra Excelencia y Vuestras Seoras, o quien tenga autoridad bastante, les haga observar los deberes de hombre y de ciudadano espaol. El Parlamento britnico, an ms celoso en proteger la Humanidad que a su privilegiado comercio, precavi semejantes abusos con un reglamento en que prescriba el nmero de negros que poda transportar cada buque con proporcin a sus toneladas; arregl su distribucin y economa, los facultativos que deba llevar y la medicina necesaria; asign tambin premios por la salud y vida de los negros, y nada importante dej a la arbitrariedad del especulador. Nuestro Reglamento General, nmero 787, nada previene sobre el comercio de negros; pero contiene algunas reglas que deben observarse en tales expediciones. Del Artculo 26, Tratado 5 de las Reales Ordenanzas del Colegio de Cdiz, publicadas en 1791, infiero que en aquel cdigo martimo se designan los facultativos con que deben dotarse los buques de todas clases segn el nmero de su tripulacin. Aunque muchos de los que salen de nuestros puertos para los de frica no tengan a la ida el equipaje necesario para obligarles a llevar cirujano o sangrador; pero a la vuelta transportan treinta, ciento y aun muchas ms personas, se constituyen en la indispensable obligacin de proveer plazas. No son fardos ni bultos los que han de retornar; saben muy bien que han de ser hombres, y aunque negros y esclavos deben proporcionarles todos los auxilios que exige la humanidad y ordenan nuestras leyes. Previendo stas que algunos comadrones podran eludir el espritu de la que acabo de insinuar, eligiendo por s los facultativos menos idneos, y proveyndoles de medicinas, tal vez ineficaces, reprimi su arbitrariedad, disponiendo en los Artculos 5 y 40, Ttulo V de la citada ordenanza que el director del Colegio de Cdiz, o los ayudantes directores de los departamentos, inspeccionen y arreglen las cajas de medicina, no slo de los buques de Su Majestad sino tambin en los mercantes. Suponiendo a estos profesores instruidos en las enfermedades ms frecuentes en cada pas, a ellos ms bien que a un idiota en la facultad compete proporcionar los remedios ms eficaces para curarlas. Por las mismas circunstancias estn autorizados para examinar los facultativos particulares y sangradores de los barcos de comercio “prohibiendo absolutamente a los dueos y capitanes de ellas que admitan o puedan llevar otros cirujanos ni sangradores que los propuestos y aprobados en dichos trminos”. La inobservancia de estas Reales disposiciones ha contribuido notablemente a la mortalidad experimentada en los citados buques. En vano intent precaver tan funestas consecuencias reclamando su cumplimiento el ayudante director de este Apostadero, doctor don Bernardo Czar; sus

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /261 /261 /261 /261 /261 instancias no han tenido efecto, y posteriormente han salido de este puerto para los de frica varias embarcaciones sin sangrador ni cirujano, ni caja de medicinas. El temor de que se contine este abuso, repitindose los mismos resultados, me oblig a prevenir a Vuestra Excelencia y a Vuestras Seoras para que tome las providencias que tan imperiosamente reclaman nuestras leyes conculcadas y la Humanidad atrozmente ofendida. No dudo que este rasgo de mi sensibilidad me conciliar el odio de aquellas almas degradadas que sofocan por el lucro ms torpe cuantos afectos inspira la naturaleza y la religin; no importa. Ellos conocern al cabo que lejos de perjudicarlos en sus intereses, procuro aumentrselos con menor riesgo y responsabilidad. El costo de mil pesos, que ser pronto cuanto puedan importar las soldadas de un cirujano en el viaje redondo y la caja de medicinas, se compensarn con xito curando y conservando sanos tres negros solamente. Y se convencern tambin de la rectitud de mis intenciones cuando consideren que, teniendo yo un motivo particular para contribuir a que se aumente ms y ms la introduccin de negros bozales en este puerto, si propendo disminuirla con la presente mocin, ser sin duda porque prefiero el bien comn a mi propia utilidad y conveniencia. Si mis atenciones me lo permiten, extractar sencillamente lo mejor que se ha escrito sobre el mtodo que deben observar para conservarse sanas en las costas de frica las tripulaciones de los buques que arriban a ellas y retornan con negros a estos pases; y seguidamente tratar de las enfermedades ms frecuentes as en el viaje como en aquellas regiones, para que teniendo a la vista este compendio los facultativos que se dedican a esas peligrosas expediciones puedan proceder sin sorpresa y dificultad. Habana y julio 12 de 1811.1 Doctor Toms Romay. 1“Enterada la Junta del Consulado del papel que usted se sirvi dirigirle con fecha 12 del corriente acerca de la conservacin de blancos y negros en las expediciones a frica y su travesa desde ella a este pas, cree que no podremos desentendernos de cuantas reglas coactivas sean conformes con las de humanidad y polica que adoptaron los ingleses para que la codicia no abusase de sus fines mal entendidos, para lo cual se ocupa de buscar un ejemplar de la letra de la Ley del Parlamento britnico que lo arregl; pero cree al mismo tiempo que los defectos y desgracias que nota usted con tanta razn, nacen principalmente de la inexperiencia de los que entre nosotros corren con estas expediciones. Por tanto piensa que es de la mayor importancia la breve instruccin que usted ofrece extender sobre las prcticas de aseo, polica interna y precauciones que conviene introducir tanto durante la residencia de los buques en las costas de frica como en sus travesas. ”As es que despus de estampar en sus actas las expresiones de la gratitud que a usted merece, ha acordado rogarle encarecidamente realice a la mayor brevedad el referido pensamiento y que sirva mencionar cuantos auxilios pueda necesitar para llevarlo a cabo, pues tantos debe el consumidor proporcionar para el logro de tan importante objeto. ”Lo participamos a usted por disposicin de dicha Junta para su inteligencia y satisfaccin. Dios guarde a usted muchos aos. Habana, 20 de julio de 1811. El Conde de Santa Mara de Loreto. Francisco de Layseca. Seor don Toms Romay.”

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OBRAS 262\ 262\ 262\ 262\ 262\INFORME LEDO EN JUNTA GENERAL DE LA SOCIEDAD ECON"MICA EL 11 DE DICIEMBRE DE 1811*Las operaciones de la Junta Central de la Vacuna en el ao que hoy termina no han sido menos constantes que en los anteriores, ni menos tiles a los habitantes de esta ciudad y de toda la Isla. Los objetos de su instituto se han satisfecho cumplidamente en las doce sesiones que ha celebrado, presididas todas por el excelentsimo seor Marqus de Someruelos. Prubalo de un modo incontestable el nmero de personas inoculadas por la diputacin y el no haberse observado ni un solo virolento en el recinto de esta gran poblacin ni en sus barrios extramuros. Ascienden a siete mil quinientos veintiuno los que han recibido en estos lugares el virus vacuno, remitindose al mismo tiempo en doscientos setenta y ocho cristales a diferentes pueblos interiores y de ultramar. En sesin celebrada el 18 de octubre por esta Real Sociedad expuso el doctor don Marcos Snchez Rubio que habiendo cesado las atenciones que le obligaron a separarse de la Diputacin de la vacuna el ao anterior, deseaba volver a incorporarse en ella para continuar los servicios que haba hecho a esta ciudad desde que se introdujo la nueva inoculacin. La Sociedad remiti su instancia a la Junta Central, y considerando sta la eficacia con que haba contribuido ese facultativo a los progresos de la vacuna, fue unnimemente admitido en la sesin del 8 de noviembre. El ilustrsimo seor Obispo Diocesano, propenso siempre a beneficiar su grey, comision en el mes de septiembre a don Jos Matas Martnez para que difundiese la vacuna en todos los pueblos de su dicesis, recomendndolo a sus respectivos prrocos, cuyo encargo an no se ha concluido. Los dignos vocales de la Junta subalterna de Santa Mara del Rosario, continuando con el mismo celo y humanidad que acreditaron desde su instalacin, se han reunido diferentes ocasiones, inoculando su secretario el licenciado don Jos Govn a cuatrocientas sesenta y siete personas en dicha ciudad y en los partidos inmediatos. No son menos acreedores a la gratitud de los vecinos de Cuba los miembros de su Junta de Vacuna, especialmente el licenciado don Joaqun Jos Navarro, secretario de ella. No satisfecho con haber vacunado en ese pueblo y en otros inmediatos a mil quinientas treinta personas, recorri en los meses de junio y julio cincuenta y seis haciendas de ganado vacuno solicitando en ellas el cow-pox Esta esperanza la alentaba y lo haca soportar los obstculos que le oponan los caminos y los ros intransitables por las continuas lluvias. No consigui el objeto que tanto anhelaba y que tan til puede sernos si lo encontramos en nuestro suelo; pero hallando algunas Diario del Gobierno de la Habana 27 de diciembre de 1811; Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 3, pp. 161-167.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /263 /263 /263 /263 /263 seales de no ser imposible adquirirlo, se propone continuar sus indagaciones en la siguiente primavera. La Junta de Puerto Prncipe ha celebrado constantemente sus sesiones, promoviendo en todas ellas los medios ms oportunos de conservar y difundir entre sus vecinos el eficaz preservativo de las viruelas. No slo ha prevenido se ejecute todos los jueves a las once de la maana en las casas capitulares, sino tambin encarg a su secretario, el licenciado don Felipe Santiago de Moya, comunicase el mismo beneficio a los vecinos de los barrios, los cuales por la distancia o por carecer de la decencia necesaria no podan concurrir al lugar sealado. Este facultativo, condescendiendo a esta insinuacin, ha inoculado a cuatrocientas cuarenta y nueve personas. Cinco ocasiones se ha congregado la Junta de Sancti Spritus, y habindose indicado en una de ellas que en las haciendas del presbtero don Andrs Peiret se haban observado algunas vacas con erupciones en las ubres, ofreci gratificar a quien encontrase en ellas el verdadero grano vacuno. En otra sesin, de acuerdo con el Ayuntamiento de esa villa, propusieron a este Superior Gobierno remunerar con alguna parte de sus propios el desinters con que el licenciado don Juan Nepomuceno Rodrguez, secretario de esta Junta, conserva y propaga entre sus vecinos el antdoto de las viruelas, y aunque todava no se ha resuelto esa justa instancia, han inoculado en este ao a seiscientas dieciocho de ellos, remitiendo el virus vacuno en veinte cristales a diferentes pueblos. Si el nmero de vacunados en la villa de Santa Clara slo llega a doscientas cuarenta y seis personas, no debe imputarse a omisin del secretario de su Junta el licenciado don Andrs Jos de la Parra. Desde agosto se perdi en ese lugar el pus vacuno por no concurrir los que deban suministrarlo y recibirlo. Por igual efecto no pasan de sesenta y siete los vecinos de Bejucal que ha conseguido inocular el bachiller don Rafael Antonio de la Maza. Ms dciles los de Matanzas, se han presentado seiscientos doce de ellos al bachiller don Manuel Calves a recibir la nueva inoculacin. La ciudad de Jaruco no ha carecido de ese beneficio. El bachiller don Manuel Michelena se ofreci a dispensarlo gratuitamente y lo ha verificado en ciento veinticuatro vecinos. Resulta, pues, haberse vacunado en la Isla de Cuba en el presente ao once mil seiscientas treinta y cuatro personas. Y en cuntos reinos, mucho ms populosos que esta provincia, no ser igual el nmero de los proslitos de Jenner? Asoladas por la guerra las instituciones ms benficas, arrastrada la juventud desapiadadamente para ser inmolada en pases muy lejanos a la ambicin ms desptica; es menos sensible a los padres ver a sus hijos padecer en la cuna por las enfermedades, que por el hierro y el plomo en un campo de batalla, o asaltando los muros de una Plaza. ¡Gracias al cielo, la Isla de Cuba no ofrece a sus moradores un destino tan funesto! Ella es la mansin de la paz y tranquilidad, mientras

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OBRAS 264\ 264\ 264\ 264\ 264\ el resto del globo se cubre de sangre y de cenizas. La existencia de nuestra prole nos es todava grata y deliciosa, y el genio protector de la Humanidad acosado en ambos hemisferios busca entre nosotros un asilo seguro y permanente. Concedmoselo en buena hora por nuestro propio inters y prosperidad. Sacrifiquemos nuestros personales resentimientos sobre las aras de la obediencia y concordia; comparemos nuestra situacin con las de otras provincias circunvecinas, y sabremos entonces cuanto importa conservar el orden y armona social. Execrados sean por todo el pueblo, proscriptos y exterminados por las autoridades los que osaren ofender su opinin y dignidad, introduciendo en los sbditos la desconfianza y discordia. Esos hipcritas polticos invocando respetuosamente esos nombres sagrados, patriotismo, fraternidad, Fernando, ocultan en su corazn el ms prfido egosmo, y socavan insidiosamente las bases fundamentales del trono de Fernando y de toda sociedad. Monstruos hambrientos de oro y de sangre, nuestra tranquilidad devora sus entraas y slo aspiran a saciar su rapacidad con nuestros bienes, nuestra vida y la de sus hijos, que con tanto amor y eficacia preservamos con la vacuna de una muerte menos horrorosa. ¡Compatriotas, conocedlos, detestadlos! Doctor Toms Romay.VIRUELAS NATURALES*A pesar de las eficaces providencias dictadas por el excelentmo seor Presidente, Gobernador y Capitn General para evitar propagase el contagio varioloso el negro que lleg a este puerto en un buque procedente de la costa de frica, segn se anunci en el diario de 25 del pasado, acabo de saber que en una casa de la calzada de Guadalupe se halla una nia con viruelas confluentes y malignas. No me ha sido posible averiguar de que modo fue infestada de ese contagio; lo que prueba, como advert entonces, que la actividad frustra las precauciones ms oportunas. Y cuando ha podido producir sus nocivos efectos a tanta distancia, cmo no estarn expuestos los nios de esta ciudad y de los barrios ms inmediatos? La madre confiesa que no la preserv con la vacuna, confiada en que habiendo nacido un ao bisiesto la crea segura de las viruelas. Tan crasos errores y la negligencia de muchos padres pueden ser causa de que cebndose el contagio en todas las personas que no estn vacunadas resulte una epidemia general y mortfera, sin que la vacuna pueda entonces contener sus estragos. Para evitar una calamidad que no sentimos hace ocho aos a Diario del Gobierno de la Habana 26 de febrero de 1812.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /265 /265 /265 /265 /265 beneficio de la vacuna, anuncio nuevamente el peligro que nos amenaza para que ocurran a precaverlo los mircoles y sbados, a las once de la maana, en las casas capitulares; y ruego a los comisarios de polica y a todas las personas que leyeren este artculo lo comuniquen a las que por su condicin no puedan conseguir los papeles pblicos ni adquirir por ellos una noticia tan interesante a todos los padres de familia que no sean desnaturalizados. Doctor Toms Romay .VIRUELAS NATURALES*Aunque el virus vacuno no ha faltado en esta ciudad desde que se introdujo en ella en 1804, y aunque todos los vecinos deban estar muy convencidos de su eficacia por sus benficos efectos que hizo entonces conteniendo la epidemia de viruelas, que tanto nos consternaba, preservndonos despus de esa mortfera enfermedad; no obstante a proporcin que son menos presentes sus estragos, se ha olvidado y disminuido el horror que saba inspirarnos, y por consiguiente se solicita con menos anhelo su nico y poderoso preservativo, hasta juzgarlo ya innecesario. Por esta vana y criminal confianza se ha extinguido la vacuna muchas veces en varios pueblos de la Isla, y en esta misma ciudad careceramos de ella si los facultativos encargados de propagarla no hubieran solicitado varias ocasiones en las casas particulares algunos nios en quienes conservarla, por no concurrir ninguna a las capitulares en los das sealados para inocularla. De esta indolencia resulta que comparado el estado de los nacidos con el de los vacunados en tres aos, estn expuestas a las viruelas ms de cuatro mil personas. Y se aguardar a preservarlas cuando llegue y se difunda en esa ciudad ese funesto y activo contagio? En todo este ao ha desolado la villa de Puerto Prncipe, se comunic a Bayamo, se ha propagado a otros pueblos hacia el occidente, y acabo de saber que se aproxima a esta capital, habindose observado en Alquzar varios virolentos. En la ropa y muebles de los que vienen de esos lugares, en una carta puede transportarse el contagio; y siendo muy difcil cortar una comunicacin tan ntima y necesaria, es inminente el peligro a que est expuesta una parte muy considerable de esta poblacin. Lo anuncio, repitiendo a los padres de familia las mismas recomendaciones que haca a los de Cdiz un ilustrado profesor en circunstancias muy semejante a las nuestras. Doctor Toms Romay. Diario del Gobierno de la Habana 26 de febrero de 1812.

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OBRAS 266\ 266\ 266\ 266\ 266\INFORME LEDO EN JUNTA GENERAL DE LA SOCIEDAD ECON"MICA EL 13 DE DICIEMBRE DE 1812*Entre las piadosas instituciones que debi Roma al virtuoso Numa fue una de las ms loables tributar gracias a Jpiter stator no slo cuando la conceda alguna beneficio, sino tambin cuando la preservaba de alguna calamidad inminente. El pueblo entonces y los patricios y los guerreros, congregados en el Capitolio entonaban himnos de alabanza y gratitud, y mientras los sacerdotes tean el pavimento con la sangre de las vctimas, los adivinos buscaban en sus entraas palpitantes los destinos de la patria. Faustos y muy propicios los inaugura el pueblo de La Habana, cuando consternada todo este ao la villa de Puerto Prncipe por una epidemia de viruelas que la ha cubierto de cadveres y luto; cuando difundindose hacia Bayamo y comunicndose tambin a otros pueblos ms prximos a esta capital, ella constantemente expuesta por una comunicacin no interrumpida, se han conservado tan ilesa e impenetrable a ese mortfero contagio, como a las convulsiones polticas, que agitando ambos hemisferios la invaden y circundan por todas partes. Gloria interminable sea concedida, gratitud y loa tribtese en ese santuario del patriotismo al genio ilustrado y benfico que ha contribuido ms que otro alguno a la propagacin y hermosura de la especie humana. Cnticos, fervientes votos resuenen en su recinto por la existencia y prosperidad del jefe ilustre que zanj los fundamentos de la Junta Central de la Vacuna con un celo y filantropa nada inferior a la probidad, a la prudencia y a la poltica que admiraron los buenos ciudadanos en su dilatado y difcil gobierno, que la protegi con su presencia y facultades, difundiendo sus benficos efectos hasta los ltimos confines de esta gran provincia. Si en toda ella no ha correspondido el xito a sus deseos, si la viruela an devora aquella porcin de la Humanidad ms digna de nuestra vigilancia y compasin; execrada sea la indolencia o la ignorancia de ciertos entes despiadados y estpidos que desprecian su sencillo y eficaz preservativo. Desciendan sobre ellos las imprecaciones de las almas sensibles, y sufran la coaccin y la severidad de un gobierno generoso y paternal que pretendi reparar en este hemisferio las calamidades que le introdujo Narvez, remitiendo dos veces allende de sus lmites al benfico infatigable Balmis. Tuya fue la idea, ¡oh Jenner de las Espaas! T concebiste el proyecto de instalar en esta ciudad una Junta de vacuna; recibe, pues, en remuneracin de tan importante beneficio, la gratitud de un pueblo que se ha preservado ocho aos del contagio varioloso; recibe el placer gratsimo de ver las Actas manuscritas de la Sociedad Econmica Libro V, f. 74; Diario del Gobierno de la Habana 16 de diciembre de 1812; Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 3, pp. 168-172.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /267 /267 /267 /267 /267 tareas de este Cuerpo obra de la ingeniosa terneza de tu alma, y sea la primera, la ms aceptable ofrenda, que consagre sobre esta ara de la patria, las nueve mil doscientas setenta personas marcadas en este ao con las cicatrices saludables de la vacuna. Empero no se ha limitado el celo y constancia de los profesores vocales de su comisin a propagarla en el recinto de esta ciudad y de sus barrios extramuros. La Isla toda, las provincias vecinas nacionales y extranjeras han recibido de su mano ese virus precioso en doscientos noventa y ocho cristales. No ha necesitado de este auxilio la ciudad de Cuba. El licenciado don Joaqun Navarro, secretario de dicha Junta, adems de haber vacunado en ella y en varios pueblos inmediatos a ochocientas cuarenta y seis personas, ha remitido el pus vacuno a los pueblos ms orientales de esta Isla, a Jamaica, a Santa Marta y Maracaibo, de donde fue solicitada con el mayor anhelo, y a la villa de Bayamo, que le remiti tres jvenes para que recibindolos en sus brazos lo condujeran con todos sus caracteres y eficacia. La Memoria que ha dirigido este profesor extractando los acuerdos celebrados por aquella Junta, las observaciones que contiene y las reflexiones que hace sobre ellas, ser siempre un testimonio incontestable de su inteligencia y constancia. mulo de una conducta tan apreciable el doctor don Jos Govn, secretario de la Junta de Santa Mara del Rosario, ha vacunado en esa ciudad, y en los partidos de Jiaraco, El Calvario y Managua a doscientos treinta individuos. No es menos digno de la gratitud de los vecinos de Bayamo el bachiller don Manuel Anacleto Bustillos. Llevando de esta ciudad el virus vacuno lo comunic a ciento trece personas, desde el 24 de diciembre anterior hasta el 30 de enero ltimo. Recibi entonces el que condujeron los tres jvenes inoculados en Cuba; mas ignoro el resultado de sus posteriores operaciones en ocasin de experimentar esa villa los estragos de las viruelas. No obstante los vecinos menos preocupados contra la vacuna, han encontrado en ella un seguro preservativo; recibindolo del licenciado don Francisco Montero, que autorizado por esta Junta, inocul desde agosto hasta el 4 de noviembre a ciento noventa y dos personas. An ms afligido por el contagio varioloso, los habitantes de Puerto Prncipe no han sido menos obstinados en precaverlo ofrecindoselo constantemente el licenciado don Felipe Santiago de Moya, secretario de su Junta de vacuna, que no omitiendo diligencia alguna para recomendarla y exterminar las viruelas slo ha podido inocular en una poblacin tan numerosa a seiscientos noventa y cinco vecinos. Ms dciles los de Sanci Spritus a las eficaces insinuaciones del licenciado don Juan Nepomuceno Rodrguez, ha vacunado en este ao por s solo y sin auxilio de aquella Junta, que ninguna sesin ha celebrado, a

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OBRAS 268\ 268\ 268\ 268\ 268\ setecientos treinta y cuatro individuos, y a cuatrocientos veintisiete el licenciado don Andrs de la Parra, secretario de la Junta de la villa de Santa Clara. Los secretarios de otras Juntas subalternas, faltando al Artculo 8 de su Reglamento, no me han remitido ni el extracto de los acuerdos que han celebrado ni de las personas vacunadas en el presente ao. Pero la Junta Central, vigilando siempre sobre la conservacin de nuestros pueblos, ha reparado esa omisin autorizando al doctor don Manuel Rodrguez Otis para que, propagando la vacuna en San Juan de los Remedios, precave las epidemias de viruelas que tantas veces ha desolado esa villa malhadada. Comision tambin para el propio objeto en Matanzas al bachiller don Jos Glvez, en San Jos de las Lajas al bachiller don Manuel Caizares, en Alquzar al licenciado don Jos Mara Ayala, que ha vacunado a ciento doce personas, y otras ciento treinta en el mismo partido el bachiller Francisco Soriano, y en Guanabacoa a doscientas veintinueve el licenciado don Rafael Valds. Ignoro las que han recibido el propio beneficio del presbtero don Nicols de la Madrid, capelln del hospital de Gines. Su modestia, igual a su celo y humanidad, ocult mucho tiempo a la Junta Central el bien que dispensaba a sus vecinos; pero instruido por el cura prroco y por el capitn de aquel partido de la loable ocupacin de este ministro de la religin ms pa y munfica, aplaudi sus virtudes sociales y le concedi todas sus facultades para que continuase ejercindolas. Igual testimonio de aprecio y alabanza mereci a su dignsimo prelado, cuando visitando aquella iglesia le presentaron varios nios inoculados por ese imitador de su predileccin a la vacuna. La ha manifestado Su Seora Ilustrsima con varios hechos desde el momento que fue introducida en esta ciudad en 1804, y en el presente comision a don Jos Matas Martnez para que la llevase a todos los pueblos de su dilatada dicesis. No ha recorrido hasta ahora ms que quince partidos, y en ellos ha vacunado a mil trescientas ochenta y siete personas. Resulta, pues, que en el presente ao han recibido el virus vacuno en toda la isla catorce mil trescientos treinta y cuatro individuos. Ellos sern algn da tiles a la patria; a esta patria que tanto necesita de brazos robustos y activos para elevarse a la opulencia y prosperidad. Su rea, este suelo que hollamos sin apreciarlo, porque todava no le conocemos, oculta producciones an ms preciosas que el oro y la plata. Su feracidad no se limita a producir tabaco, caas y cafetos; Amaltea ha derramado en nuestra Isla todos los bienes que su cornucopia contena. La Sociedad Econmica, ilustrada y dirigida por su excelentsimo Presidente, nos ha manifestado alguno de los tesoros que oculta en su seno. Seamos dciles a sus benficas insinuaciones; fomentemos el cultivo de otras plantas proficuas

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /269 /269 /269 /269 /269 a nuestra agricultura e industria; perfeccionemos los ensayos que acaban de ejecutarse; emprendamos otros, y da vendr en que digamos a las colonias vecinas que ya no necesitamos de vosotras para existir y prosperar. Doctor Toms Romay.INSTALACI"N DE LA JUNTA PROVINCIAL DE LA HABANA*ACTA. En la ciudad de La Habana, en catorce de mayo de mil ochocientos trece, el excelentsimo seor don Juan Ruiz de Apodaca, Capitn General de la Isla de Cuba y jefe poltico de esta provincia, en obedecimiento de lo prevenido en el Artculo 325 del Captulo 2, Ttulo 4 de la Constitucin poltica de la Monarqua, preventivo de que en cada provincia haya una diputacin nombrada provincial, y el 337 del mismo Ttulo dispone que todos los individuos de las diputaciones de provincias al entrar en el ejercicio de sus funciones presten el juramento en manos del jefe superior de la provincia; habindose cumplido con lo primero para cumplir con lo segundo, convoc Su Excelencia previamente al seor superintendente de la Hacienda Pblica don Juan de Aguilar y Amat, al doctor don Jos Gonzlez Ferragut, don Ignacio Agramonte, don Jacinto Estrada, don Melchor de Meza y Pedroso, don Fernando de la Mata Arredondo, don Juan Bautista Galaynena y don Ignacio de Quesada; juntos y congregados todos en una sala de la casa de Gobierno a excepcin del expresado don Ignacio de Quesada, diputado por la villa de Bayamo, que hasta la fecha no ha comparecido, y nombrndose en su lugar para que le representase a don Manuel de Beretervide, primero de los suplentes nombrados, prestaron todos en manos de Su Excelencia juramento en los trminos que se dispone en el precitado artculo, y qued instalada la expresada Junta de provincia, con lo que se concluy el acto de posesin, continuando en sesin para lo dems de su encargo y firm Su Excelencia con los dems seores que la componen de que doy fe. Juan Ruiz de Apodaca Presidente. Juan Aguilar Doctor Jos Gonzlez Ferragut. Ignacio Francisco Agramonte y Recio. Licenciado Jacinto de Estrada. Manuel de Beretervide. Melchor de Meza y Pedroso. Fernando de la Mata Arredondo. Juan Bautista de Galaynena. Miguel Mndez E inmediatamente habindose procedido al nombramiento de secretario, result electo por la pluralidad el doctor don Toms Romay. Diario del Gobierno de la Habana 12 de mayo de 1813.

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OBRAS 270\ 270\ 270\ 270\ 270\ HISTORIA DEL ESTABLECIMIENTO DE LA JUNTA CENTRAL DE LA VACUNA Y DE LOS PROGRESOS Y ESTADO ACTUAL DE LA VACUNACI"N EN ESTA ISLA*Consternada esta ciudad y toda la Isla de Cuba desde 1803 por una epidemia de viruelas, la ms general y maligna que ha sufrido, la Sociedad Patritica y la Junta Econmica del Consulado, instruida de los benficos efectos que ya produca el virus vacuno en otros pases, ofrecieron un premio de trescientos pesos a quien lo condujere de ultramar y de cuatrocientos al que lo encontrara en las vacas de esta Isla, haciendo imprimir a sus expensas quinientos ejemplares de una Memoria sobre la nueva inoculacin para hacerla ms conocida y anhelada. El 10 de febrero del siguiente ao llegaron a este puerto, procedentes de Puerto Rico, tres nios vacunados en La Aguadilla y con los granos no secos todava. El profesor que suscribe este informe y los doctores don Bernardo Czar, don Juan Prez Delgado, don Marcos Snchez Rubio, don Juan Prez Carrillo, don Jos Bohrquez, don Antonio Aragn y algunos otros, inocularon inmediatamente varios nios y con ellos sucesivamente muchos centenares. El 16 de mayo del propio ao arrib a este puerto la Real expedicin de la vacuna, y aunque ya se disfrutaba de su beneficio, recibise no obstante por las autoridades y por todos los vecinos de este pueblo como el don ms precioso de la munificencia de nuestro augusto Soberano. Pero como la misin del doctor don Francisco Javier de Balmis, director de esa expedicin, no se limitaba a introducir en estos pases la nueva inoculacin, sino tambin a establecerla de un modo permanente, present al excelentsimo seor Capitn General de esta Isla un plan cientfico y econmico, sealado con el nmero primero, para establecer en esta capital una Junta que cuidare de conservar el virus vacuno, y lo comunicase oportunamente a todos los dems pueblos de la provincia. En uno de los artculos de este proyecto recomendaba para vocales de la expresada junta al ilustrsimo seor Obispo Diocesano, al regidor decano, al sndico procurador general, a cuatro vecinos de los ms interesados en los progresos de la vacuna y a otros tantos profesores de Medicina y Ciruga que reuniesen a la misma circunstancia; eligindose entre stos uno que desempeara el encargo de secretario en la parte cientfica, y otro entre los vecinos para que cuidase de lo econmico; presidindose esta junta por el Jefe Superior de la Isla. Considerando Su Excelencia que el ilustrsimo seor Obispo Diocesano era entonces director de la Sociedad Econmica, y que tambin eran individuos de ella el regidor decano, el Actas manuscritas de la Sociedad Econmica Libro V, f. 174; Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 3, pp. 180-184.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /271 /271 /271 /271 /271 sndico procurador, varios otros capitulares y vecinos muy distinguidos por su beneficencia, patriotismo y adhesin a la vacuna, y que los cuatro profesores de Medicina y Ciruga que ms haban contribuido a propagarla en esta ciudad eran igualmente socios numerarios, acord en sesin celebrada por el Cuerpo Patritico en 13 de junio del propio ao, previa la lectura del plan propuesto por el doctor Balmis para la instalacin y gobierno de la Junta Central de la Vacuna, que sta se reuniese a la Sociedad, celebrando sus sesiones el viernes primero de cada mes, siendo director y secretario econmico los mismos sujetos que lo fueren de la Sociedad, y se eligi para secretario facultativo al profesor que hace este informe. Desde entonces se ha congregado la Junta constantemente el da sealado para sus sesiones, y en la primera encarg especialmente a tres de sus vocales facultativos la observacin del virus vacuno, comunicndolo gratuitamente los mircoles y sbados de cada semana en las casas capitulares a todas las personas que lo soliciten, recordndose siempre el da y la hora por el Diario del Gobierno Recomend tambin a los mismos profesores que remitieran el pus vacuno entre cristales a todos los pueblos de la Isla y de ultramar que lo pidan, y que vacunasen a los negros bozales que se conducen a este puerto de la costa de frica antes de permitirse su venta por el Gobierno, al que deben informar del estado de salud en que llegan. Si alguno ha tenido en el viaje viruelas naturales, se hace observar a toda la tripulacin y negros la ms rigurosa cuarentena, situando el buque en lo ms distante de la baha hasta que se considere incapaz de propagar el contagio varioloso. Para mantener el celo y constancia con que esos profesores han desempeado estos encargos, preservando a esta ciudad desde aquella poca hasta la fecha de las viruelas naturales, el excelentsimo seor Capitn General, de acuerdo con el Excelentsimo Ayuntamiento, asignaron una contribucin de dos reales por cada negro bozal que se introduce en este puerto, en consideracin al cuidado que se tiene en preservarlos de las viruelas, y porque ellos han sido los que regularmente han introducido esas epidemias en esta ciudad y en toda la Isla. Por Real Orden de 31 de julio de 1801, se dign Su Majestad aprobar todas las providencias adoptadas por el excelentsimo seor Capitn General de esta Isla para perpetuar y difundir en ella la vacuna. Uno de los medios ms eficaces a que ocurri la Junta Central desde su ereccin para conservar el virus vacuno en los dems pueblos de esta provincia, fue establecer en las ciudades y villas principales otras Juntas subalternas bajo el plan copiado con el nmero segundo. Tales son las de Cuba, Trinidad, San Felipe y Santiago, Santa Mara del Rosario, Sancti Spritus, Santa Clara, Puerto Prncipe y San Juan de los Remedios; y el Ayuntamiento de la villa de Santiago solicita actualmente erija otra en ese pueblo. Adems de estos establecimiento, hay tambin en muchos pueblos

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OBRAS 272\ 272\ 272\ 272\ 272\ menores facultativos que voluntariamente se han dedicado a propagar la vacuna entre sus vecinos. No ha contribuido menos a sus progresos la beneficencia y generosidad del ilustrsimo seor Obispo Diocesano. Estando en la visita de su dicesis en febrero de 1804, cuando se adquiri la vacuna en esta ciudad, solicit inmediatamente se le remitieran a sus expensas dos nios vacunados y un facultativo instruido en la nueva inoculacin, para irla difundiendo por todos los pueblos de su trnsito. Con su presencia y con una enrgica exhortacin que dirigi a todos los pueblos de su obispado, consigui se vacunasen entonces cinco mil trescientas cuarenta y tres personas que quizs no tenan noticia alguna de la virtud y eficacia del virus vacuno. En los aos posteriores ha remitido tambin por tres ocasiones a un activo profesor para que lo difunda hasta en las haciendas ms lejanas de su dilatada dicesis. Los profesores de las Juntas y los encargados de propagar en los pueblos la vacuna, no satisfechos con haber conservado fielmente ese depsito sagrado, no han omitido alguno para perpetuarlo de un modo indefectible. Con ese objeto han hecho varias expediciones a las haciendas de criar ganado, solicitando entre sus vacadas el cow-pox No habindolo conseguido, porque la naturaleza no ha dispensado ese importante beneficio sino a muy raros pases, han inoculado las tetas de las vacas con el pus vacuno tomado de los granos del hombre, y habindose verificado en esos animales la ms perfecta erupcin, han vuelto a comunicar ese virus rectificado al cuerpo humano. Sobre esta operacin escribi una Memoria muy ingeniosa el licenciado don Jos Joaqun Navarro, secretario de la Junta subalterna de Cuba, el que tambin public otra refiriendo los fenmenos y anomalas que ha observado en la propagacin de la vacuna. Acerca del mismo asunto han escrito con reflexion y propiedad los doctores don Marcos Snchez Rubio, don Jos Govn, don Miguel Rolland, el licenciado don Juan Nepomuceno Rodrguez y el bachiller don Esteban Gonezara. Las observaciones que se han hecho en los negros no convienen con las del ciudadano Dupuytren. Aunque la epidermis sea en ellos ms fina que en los blancos, especialmente en la panoc interior de los brazos, sin embargo los dems tegumentos son ms gruesos y apretados. Sea por esta causa o por su poca excitabilidad, ha sido preciso para conseguir en ellos la erupcin introducir la aguja o lanceta una o dos lneas ms que en los blancos. No obstante deja de verificarse con mucha frecuencia; y cuando se logra siempre se demora en ellos un da ms que en los blancos, retardndose igualmente la supuracin en los adultos nunca se percibe la aureola, y en los parvulitos tiene un rojo oscuro, semejante al color de la amapola; la vacuna en los mulatos slo ha presentado la novedad de no permitir, ni en los nativos, adquiera la aureola aquel hermoso rosado que advertimos en los blancos. Tambin se ha observado que la postilla del grano vacuno conserva su virtud mucho ms tiempo que el mismo pus vacuno conserva-

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /273 /273 /273 /273 /273 do entre cristales hermticamente cerrados, pues ste no pasa de dieciocho o veinte das, y en aquel llega hasta los treinta. En cumplimiento del Artculo 8 del Reglamento que deben observar las Juntas subalternas de esta Isla, los secretarios de todas ellas remiten al de esta Central, a final de octubre de cada ao, un extracto de todos los acuerdos que han celebrado, la suma de las personas que han sido vacunadas, las observaciones que hubieran hecho sobre los fenmenos y anomalas de la vacuna. El secretario de la Central, resumiendo todas estas noticias, y reunindolas en los extractos de vacunados celebrados por ella al nmero de personas vacunadas en esta ciudad y a las observaciones que hubiere hecho por s o por otros facultativos, informa de todo lo ocurrido en este asunto a la Sociedad Patritica en las Juntas Generales que celebrar en el mes de diciembre de cada ao. Estas Memorias se han impreso constantemente por acuerdo del mismo Cuerpo Patritico, y forman la historia de la introduccin y progresos de la vacuna en esta ciudad y en toda la Isla. Habana y agosto 2 de 1813. Doctor Toms Romay .INFORME LEDO EN JUNTA GENERAL DE LA SOCIEDAD ECON"MICA EL 11 DE DICIEMBRE DE 1813*Conservar en esta ciudad el virus vacuno, y comunicarlo a todos los pueblos interiores y a muchos de ultramar, ha sido el principal objeto de la Junta Central de la Vacuna en las doce sesiones celebradas en el ao que hoy termina. En todas ellas no ha omitido medio alguno capaz de auxiliar el celo y constancia de la comisin a la que ha confiado ese depsito inapreciable; sus tareas y estmulos no han sido ineficaces. La comisin, concurriendo siempre a las casas capitulares los das y horas que se anuncian por el Diario del Gobierno y a los parajes sealados para vacunar los negros bozales, ha ejecutado esa operacin en el presente ao a seis mil doscientas setenta y cinco personas de ambos sexos, de todas edades y condiciones. Con este preservativo el ms sencillo y eficaz, con la vigilancia y exactitud en informar al excelentsimo seor Jefe superior poltico de los virolentos que han solido llegar a este puerto, y con las providencias que oportunamente ha dictado Su Excelencia para confinarlos; se ha conseguido preservar a esta ciudad y a los pueblos inmediatos del contagio varioloso. No satisfecha la Comisin con dispensar a sus vecinos este beneficio, lo ha difundido por toda la Isla y aun fuera de ella, remitiendo el pus vacuno en doscientos treinta y ocho cristales. Actas manuscritas de la Sociedad Econmica Libro V, f. 232; Diario del Gobierno de la Habana 14 de mayo de 1814.

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OBRAS 274\ 274\ 274\ 274\ 274\ Tambin ha contribuido a extinguir la predisposicin a ese contagio el doctor don Marcos Snchez Rubio. Adems de concurrir a las casas capitulares los das destinados a vacunar, ha ejecutado esa operacin hasta fines de noviembre en setecientas treinta y nueve personas, al mismo tiempo que el ilustrsimo seor Obispo Diocesano administraba el sacramento de la confirmacin en las parroquias de esta ciudad y de sus barrios, remitiendo a otros parajes el virus vacuno en cincuenta y seis cristales. Convencida la Junta Central de que transportado de este modo o en sedas se enerva o pierde su virtud, ha recomendado a los subalternos la constante comunicacin de brazo a brazo en sus respectivos territorios. Y no siendo bastantes para verificarlo en toda la extensin de esta Isla, las ocho Juntas establecidas en sus principales pueblos erigi otra en octubre ltimo en la villa de Santiago a solicitud de su Ayuntamiento, estimulado por el licenciado don Francisco Gutirrez, a quien se nombr secretario, bajo el plan aprobado por este Gobierno. Autoriz igualmente a propuesta del Cuerpo Patritico la reunin de la Junta subalterna de vacuna de la ciudad de Trinidad a la diputacin de la misma Sociedad, que se ha instalado en ella, para que celebre sus sesiones en los propios trminos que lo verifican la Junta Central y la Sociedad madre. La Junta de Puerto Prncipe as unida a la diputacin de la Sociedad establecida en esa villa, ha celebrado varias sesiones promoviendo la propagacin del fluido vacuno. Su secretario, el licenciado don Felipe Santiago Moya, lo ha comunicado a setecientas cincuenta y siete personas en las casas capitulares y en los barrios distantes. Su constancia y las precauciones tomadas por las autoridades han contenido la epidemia de viruelas que afligi ese pueblo en los dos aos anteriores. Consternada tambin la villa de Bayamo por ese mortfero contagio, ha logrado extinguirlo el licenciado don Francisco Livorio Montero inoculando en ese pueblo a seiscientas cuarenta y tres personas, y en el de Manzanillo a doscientas sesenta y nueve. Interesado eficazmente este profesor en radicar en aquella villa la nueva inoculacin, ha propuesto se establezca en ella una Junta subalterna, cuya ereccin depende de la solicitud de su Ayuntamiento. Responsable ser a la Humanidad y a la patria el de Santi Spritus, si se extingue en ese lugar el virus vacuno despus de haberse disuelto la diputacin de la Sociedad que tan til le fue en sus primeros das. A pesar de los constantes esfuerzos del licenciado don Juan Nepomuceno Rodrguez, secretario de su Junta de vacuna, no ha logrado reunirla en el presente ao ni una sola vez; sin embargo ha vacunado a cuatrocientas diecisiete personas, superando su patriotismo y desinters los efugios con que rehsa aquel Ayuntamiento constitucional remunerar sus servicios con la pensin que propuso el antiguo desde 1810.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /275 /275 /275 /275 /275 La Junta de Cuba, ms exacta en el cumplimiento de sus deberes, se ha reunido constantemente todos los meses, promoviendo en sus sesiones los medios ms oportunos para preservar aquella ciudad del contagio varioloso, que se haba propagado desde Bayamo hasta el pueblo de El Cobre. En sesin de 21 de abril propuso el seor su Presidente se remitiera a la mayor brevedad a aquella villa el virus vacuno entre cristales; y deseando la Junta asegurar su xito, propuso a Su Seora los dirigiese l mismo a su Ayuntamiento, recomendandole cooperase a su propagacin, excitando a los vecinos a recibirlo y auxiliando al licenciado don Francisco Livorio Montero. La misma diligencia se practic tambin en diversos pueblos de aquella provincia; y el muy distinguido vacunador don Joaqun Jos Navarro, secretario de la Junta de esa ciudad, despus de inocular en ella a mil ochocientas ochenta y cinco personas, se presento en El Cobre, donde ya haban fallecido cuatro virolentos, y logr extirpar enteramente su contagio. Este facultativo, que siempre ha vacunado observando detenidamente los progresos y anomalas de ese grano, ha notado en el presente ao que todos los sujetos en quienes ha ejecutado aquella operacin han padecido de una fiebre eruptiva, que en otras pocas ha sido muy rara. Atribuye esta novedad no tanto a la temperatura de la atmosfera como a una epidemia de sarampin y escarlatina que se experimentaba desde enero en aquella ciudad. En la de Santa Mara del Rosario se ha notado una interrupcin muy sensible en las sesiones de su Junta, despus de haber sido el modelo por donde se instalaron las dems subalternas. Justamente impedido el doctor don Jos Govn de concurrir a ella con la constancia que los aos anteriores, slo ha vacunado en su jurisdiccin y en el partido de Managua a doscientas cinco personas; eximindose ya de continuar con el encargo de secretario de esa Junta, y proponiendo establecer otra en el pueblo de Managua. A la Central compete proveer lo conveniente en la primera sesin ordinaria. El secretario de la Junta de la villa de Santa Clara, don Andrs Jos de la Parra, asociado con el licenciado don Manuel Mendoza, han vacunado en las casas capitulares de ese pueblo y en el de Acevedo a setecientas cuarenta y cinco personas. En la ciudad de Bejucal ejecut la misma operacin en ciento diecisiete el secretario de su Junta, don Rafael de la Maza. La villa de San Juan de los Remedios, tantas veces desolada por el contagio varioloso, no ha carecido de su eficaz preservativo. El doctor don Manuel Rodrguez Otis, comisionado por la Junta Central, lo ha comunicado a cuatrocientas ochenta y tres personas. Resulta de lo expuesto haberse vacunado en toda la Isla en el presente ao once mil setecientos sesenta y seis individuos, cuyo nmero reunido al de los inoculados en ella desde 1804 en que adquirimos el virus vacuno, asciende a ciento once mil novecientos sesenta y tres.

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OBRAS 276\ 276\ 276\ 276\ 276\ Son muy obvias las reflexiones que ofrece este clculo en favor de la poblacin y progresos de estas provincias. Su extensin y feracidad, los privilegios y franquicias recientemente concedidos a la agricultura, a las artes y a la industria; todo anuncia que a estos das calamitosos sucedern otros de abundancia y prosperidad si empleamos en nuestro provecho los dones y gracias que nos prodiga la munificencia de la naturaleza y del Gobierno. Doctor Toms Romay. Resumen de las personas vacunadas desde el ao: En esta ciudad En toda la isla 1804 .................7 469 ...........................16 779 1805 .................4 990 ...........................6 613 1806 .................4 879 ...........................15 824 1807 .................2 714 ...........................6 675 1808 .................2 150 ...........................9 618 1809 .................1 837 ...........................5 213 1810 .................9 315 ...........................13 477 1811 .................7 521 ...........................11 634 1812 .................9 270 ..........................14 334 1813 ............ ....7 014...........................11 766 Total ...............57 159Suma ............... 111 963ARTCULO EN EL QUE SEALA QUE HA RECONOCIDO A UN NIO CON VIRUELAS NATURALES QUE NO HA SIDO VACUNADO, Y ANUNCIA EL PELIGRO A QUE ESTN EXPUESTOS TODOS LOS QUE SON SUSCEPTIBLES DE CONTAGIO VARIOLOSO*En la tarde de ayer reconoc un nio con viruelas naturales, en la calle de Aguacate de Beln, casa nmero 53, donde hay un tren de cordonera. Estaba entonces en el quinto da de la erupcin; y habiendo sido precedida de fiebre ardiente, segn me ha informado el doctor don Jos Antonio Bernal, que le asiste, teniendo actualmente la supuratoria y llenos todos los granos de un pus espeso y con los dems sntomas que caracterizan esta enfermedad, no es posible equivocarla con la viruela volante o chinas, cuyas pstulas tienen un pus transparente y se secan antes del cuarto da. Este nio no ha sido vacunado, ni tampoco otros tres que hay en la propia Diario del Gobierno de la Habana 12 de julio de 1814.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /277 /277 /277 /277 /277 casa; y aunque inst con la mayor eficacia los llevasen hoy a las casas capitulares para ejecutar en ellos aquella operacin, es muy posible estn ya infestados del contagio varioloso, pues los vi en el mismo cuarto del enfermo y presumo no se haba tomado con ellos ninguna precaucin. Si por desgracia se han infestado, ser ineficaz la vacunacin; porque sta precave, pero no extingue el contagio varioloso cuando ya se ha introducido, aunque no se haya manifestado. Un solo virolento es bastante para comunicar el contagio a todo un pueblo, mucho ms cuando coadyuva una estacin tan calurosa como la presente; y habindose notado hace tres meses la mayor omisin en llevar a vacunar los nios que nacen en esta ciudad, no ser extrao se difunda esta nueva calamidad despus de los estragos que han causado las epidemias del sarampin, escarlatina y anginas. Me apresuro a anunciar el peligro a que estn expuestos todos los que son susceptibles del contagio varioloso, en cumplimiento de los deberes que me impone la Humanidad y el particular encargo que se me ha hecho de celar esta parte de la salud pblica. Habana y julio 9 de 1814. Doctor Toms Romay.ARTCULO EN EL QUE REFIERE QUE EL PROTOMEDICATO REGENTE Y LOS FACULTATIVOS DE LA JUNTA DE LA VACUNA RECONOCIERON A TRES ESCLAVOS QUE PADECEN VIRUELAS,Y QUE GRACIAS A LAS MEDIDAS ADOPTADAS DE AISLAR A LOS VIROLENTOS COMENZARON A VACUNARSE CONTENINDOSE LA PROPAGACI"N DE LA EPIDEMIA*El seor protomdico regente y los facultativos de la Junta de la Vacuna reconocieron el 1 del corriente, de orden del excelentsimo seor Gobernador y Capitn General, a tres negros virolentos en el depsito de los esclavos y cimarrones del Real Consulado. Los encontraron con los granos ya secos; pero por los caracteres que presentaban y por los informes que tomaron quedaron convencidos de que haban sido viruelas naturales. Supieron tambin que en el espacio de veinticinco das haban tenido otros cuatro negros la misma enfermedad, de los cuales falleci unos dos das antes. En su consecuencia le recomendaron al administrador de la casa todas las precauciones que parecieron oportunas para evitar los progresos de ese contagio; de todo lo cual informado Su Excelencia se sirvi aprobar lo dispuesto por la Comisin. Diario del Gobierno de la Habana 2 de diciembre de 1814.

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OBRAS 278\ 278\ 278\ 278\ 278\ Sin embargo de las providencias que dictaron para sofocar ese contagio desde que se descubri en un nio de esta ciudad, segn se anunci por este mismo diario, la enfermedad progresa, observndose tambin en los barrios de El Cerro, El Pilar, Jess Mara y en una choza inmediata a los barracones donde enferm el primero de dichos negros. Mi objeto en publicar estos hechos no es otro sino manifestar el peligro a que estn expuestas las personas capaces de ser contagiadas, para que ocurran a preservarse con la inoculacin de la vacuna. La sencillez de esta operacin, la facilidad y desinters con que se ejecuta, la seguridad de su resultado, y sobre todo la conservacin de la salud pblica, pueden autorizar al excelentsimo seor Gobernador y Capitn General para vencer con la coaccin la indolencia o la ignorancia de ciertos padres desnaturalizados a quienes no ha podido convencer la constante experiencia de los individuos de la Comisin; y Su Seora Ilustrsima, que tantas pruebas ha dado de su celo por la propagacin de la vacuna en toda su dicesis, no slo accedi a esa solicitud, sino que ofreci tambin prevenir nuevamente a los prrocos de las iglesias extramuros que en la misa mayor y en el acto de administrar el sacramento del bautismo volviesen a exhortar a sus feligreses a la inoculacin de la vacuna; insinuando al mismo tiempo Su Seora Ilustrsima le sera muy grato que cuando pase a confirmar en la iglesia extramuros asista a ese acto algn facultativo para que inocule a los nios que se presenten a recibir aquel sacramento. El bachiller don Jos Prez Delgado y don Antonio Gonzlez cumpliendo sus ofertas, vacun el primero el 24 en el barrio de Guadalupe veintisis nios, y el segundo en el de San Nicols el propio da otros veintisiete; y repitiendo la Comisin esa operacin el da de ayer en El Horcn y en varias estancias inmediatas, comunic el virus vacuno a cuarenta y tres personas. Habana y noviembre 27 de 1814. Doctor Toms Romay.ARTCULO EN EL QUE REFIERE LA VACUNACI"N QUE SE VA A HACER EN VISTA DE QUE EN LOS BARRIOS EXTRAMUROS HAY CASOS DE VIRUELAS*El excelentsimo seor Presidente, Gobernador y Capitn General, eficazmente interesado en extinguir el contagio varioloso con la propagacin de la vacuna, advirti a la Comisin encargada de conservarla que en el barrio extramuros de San Nicols haba varios nios con viruelas naturales. En el mismo da fueron reconocidos; y a reserva de proponer a Su Diario del Gobierno de la Habana 17 de septiembre de 1814.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /279 /279 /279 /279 /279 Excelencia de acuerdo con el Real Tribunal del Protomedicato otras providencias para contener los progresos de su contagio, le ofreci pasar el siguiente da a ese barrio a inocular a todos los que quisieran preservarse con el virus vacuno; lo que sera muy conveniente hiciese anunciar Su Excelencia a esos vecinos por medio de su capitn juez pedneo. Verificado as, se vacunaron la tarde del 16 del corriente cuarenta y ocho nios en presencia de los facultativos bachiller don Jos Prez Delgado, bachiller don Jos Germn Machado y don Antonio Gonzlez, quienes, convencidos de la imposibilidad de concurrir los habitantes de esos barrios a las casas capitulares, se ofrecieron generosamente a vacunarlos cada ocho das, el primero en el de Nuestra Seora de Guadalupe, y los dos segundos en la de San Nicols y El Horcn. En ste inocul la Comisin el 19 a otros catorce nios, y en la tarde del 23 ejecut la propia operacin en veintisiete del barrio de Jess Mara, congregados previamente por su capitn de orden de Su Excelencia y concurriendo a este acto los profesores don Domingo Galeano y don Agustn Forsate, quienes penetrados de los mejores sentimientos de humanidad y desinters se comprometieron a repetir esa operacin cada ocho das en la sacrista de aquella iglesia, segn se haba ejecutado anteriormente. Siendo necesario para esto la anuencia del ilustrsimo seor Obispo Diocesano, la solicit uno de diez aos. Tambin puede Su Excelencia hacer cumplir la Real Orden de 15 de abril de 1785 en que se previene a todos los jefes de Amrica que, luego que se manifieste la invasin de las viruelas en algn pueblo de su jurisdiccin, se transporte el primer virolento y todos los que le sucedieren en esa enfermedad a una casa de campo situada a sotavento de la poblacin y a distancia competente para precaverla de su contagio. Por este medio indirecto, pero muy eficaz, procur Su Majestad obligar a los padres de familia a adoptar la antigua inoculacin; y si para conservar la salud pblica se pudo entonces arrancar a los hijos del seno de sus padres, separar los consortes y dividir los hermanos, estrechndolos de ese modo a someterse a una operacin sensible en su principio, dolorosa, dilatada y costosa en su progreso, incierta en su xito, y que lejos de extinguir el contagio varioloso lo conservaba y difunda, con cunta ms razn no estar autorizado Su Excelencia para hacer observar esa soberana resolucin siendo tan grandes las ventajas de la vacuna sobre la antigua inoculacin? Convencido por estas reflexiones el excelentsimo seor Marqus de Someruelos dispuso de acuerdo con el excelentsimo Ayuntamiento en 3 de junio de 1808, por un motivo muy semejante al presente, que todos los virolentos, sin distincin de clase ni condiciones, se trasladasen a la casa extramuros llamada de Carmona, que estaba entonces casi separada de la poblacin, previniendo a los facultativos que inmediatamente informasen a Su Excelencia de los enfermos que se les presentasen para hacer cumplir

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OBRAS 280\ 280\ 280\ 280\ 280\ esa benfica disposicin. Bast anunciarla para que ocurriendo prontamente a vacunarse todos los que podan contraer el contagio varioloso, se contuvieran sus progresos y del todo se extinguiese. Habana y septiembre 13 de 1814. Doctor Toms Romay .INFORME PRESENTADO EN JUNTA GENERAL DE LA SOCIEDAD ECON"MICA EL 13 DE DICIEMBRE DE 1814*Once aos hace hoy que inform la vez primera a este ilustre Cuerpo de las operaciones de la Junta Central de la Vacuna. En este tiempo, lejos de haberse disminuido su celo y constancia, se ha conservado tan inalterable como el virus benfico, que despus de haberse trasmitido sucesivamente en esta Isla a ms de ciento sesenta mil personas, conserva todava su primitiva virtud y eficacia. Los caracteres que an advertimos en esa pstula extraordinaria, las calidades de su pus y la confianza con que se presentan todos aqullos que lo han recibido en medio del contagio varioloso, son las pruebas ms incontestables de que no ha sufrido la menor alteracin. El celo y constancia de la Junta se acredita con los acuerdos de las doce sesiones que ha celebrado en este ao, autorizadas todas por el excelentsimo Jefe que tan dignamente nos preside, y por el nmero de personas que se han inoculado no slo en los lugares y das sealados, sino tambin en otros varios. Ascienden a cinco mil ciento treinta y seis personas las que han recibido el virus vacuno en las casas capitulares de esta ciudad y en los barracones; remitindolo al mismo tiempo en trescientos cincuenta cristales a los lugares interiores de esta Isla y a muchos de ultramar. A pesar de la vigilancia de la Junta y de las providencias que ha tomado el Gobierno para preservar este pueblo del contagio varioloso, confinando los negros bozales que han llegado a su puerto con esa enfermedad, prohibiendo su feria hasta cumplir la ms rigurosa cuarentena, y purificando el buque y todo el cargamento; no obstante al depsito de los negros cimarrones y del Real Consulado, se llev uno con viruelas naturales, el que contagi a otros varios. Apenas lo comprendi Su Excelencia recomend al Real Tribunal del Protomedicato y a la Junta de la Vacuna le propusieran cuanto estimasen conveniente para contener la propagacin de este mal. Nada se omiti para conseguirlo, hasta inocular a todos aquellos negros que no mostrasen seales muy sensibles de haber tenido viruelas naturales. Diario del Gobierno de la Habana 5 de febrero de 1815.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /281 /281 /281 /281 /281 Sin embargo, se trasmiti el contagio al barrio de San Nicols, y se presentaron cuatro nios con esa horrorosa enfermedad. Instruido Su Excelencia de esta calamidad por un facultativo interesado en la salud pblica, lo particip a los de la Junta de la Vacuna. Reconocen en el mismo da a los enfermos, y al siguiente congregados con antelacin los vecinos por el capitn de aquel suburbio, previa orden de Su Excelencia, se vacunaron cuarenta y ocho personas en presencia de los profesores bachiller don Jos Prez Delgado, bachiller don Jos Germn Machado y don Antonio Gonzlez, ofreciendo el primero repetir esa operacin cada ocho das en el barrio de Nuestra Seora de Guadalupe, y los dos segundos en los de San Nicols y El Horcn. En ste inocul la Comisin de la Vacuna en dos diferentes das a cincuenta y seis personas; en el barrio de San Lzaro veintiuna; en la Casa de beneficencia a diez nias y una criada, y en Jess Mara a veintisiete personas, concurriendo a este acto los facultativos don Domingo Galeano y don Jos Forsate; quienes convencidos de la imposibilidad de concurrir aquellos vecinos a vacunarse en las casas capitulares, se comprometieron con la mayor generosidad a ejecutar todas las semanas esa operacin en la sacrista de aquella iglesia. Impetrse la anuencia del ilustrsimo seor Obispo Diocesano, y Su Seora Ilustrsima, que tantas pruebas ha dado de su inters por la propagacin de la vacuna en toda su dicesis, no solo accedi a esa solicitud, sino ofreci tambin prevenir nuevamente a los prrocos de las iglesias extramuros que en la misa mayor y en el acto de administrar el bautismo recomendasen a sus feligreses la nueva inoculacin. Y habiendo insinuado el mismo ilustrsimo seor que le sera muy grato asistiese algn facultativo a las confirmaciones que deba celebrar en aquellas iglesias para que inoculasen los nios que reciban ese sacramento, lo ejecutaron puntualmente el bachiller don Jos Prez Delgado y don Antonio Gonzlez en la parroquia de Guadalupe inoculando a ciento diez de ellos; don Domingo Galeano concurri a la auxiliar de Jess Mara y comunic el virus vacuno a ciento cuarenta y cuatro. Cumpliendo su oferta, el bachiller Prez Delgado ha proseguido vacunando cada ocho das en el barrio de Guadalupe, recibiendo de su mano la nueva inoculacin cuarenta y cinco personas. Con la misma exactitud se ha comportado don Antonio Gonzlez en el barrio de San Nicols, consiguiendo vacunar a setenta y dos. Reconocida la Junta Central al celo y desinters de estos facultativos, les concedi el ttulo de diputados de ella para propagar la vacuna en sus respectivos barrios. El licenciado don Jos Joaqun Navarro, secretario de la Junta subalterna de Cuba, continuando sus tareas con la misma inteligencia y constancia que ha merecido siempre la consideracin de la Junta Central, ha vacunado en el presente ao en aquella ciudad a mil noventa y tres personas, remitiendo al mismo tiempo el virus vacuno entre cristales a dife-

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OBRAS 282\ 282\ 282\ 282\ 282\ rentes pueblos inmediatos. Este profesor, que inocula observando atentamente los progresos y anomalas del grano vacuno, refiere en una Memoria que me ha dirigido un caso digno de insertarse en la historia de la vacunacin. El 21 de julio se vacun una joven de constitucin dbil, clortica y mal alimentada. A las seis horas de esta operacin se le not calentura, y le sigui con el carcter de doble terciana intermitente. Secronse las cisuras, y qued sobre ellas la postilla regular que cay al sptimo dia, dejando una impresin blanca sin ninguna seal de inflamacin. Haban corrido ya dieciocho das de la vacunacin, y cuatro de la terminacin de la fiebre, cuando empezaron a sentirse al tacto pequeas elevaciones en los puntos picados con la aguja; prosiguieron aumentndose con el orden que guarda la vacuna, y los granos recorrieron sucesivamente los trmites de esa erupcin, con calentura inflamatoria, sed grande y dolor bajo los brazos, cuyos tres sntomas aparecieron al cuarto da de la erupcin; y segn el orden con que se han referido fueron cediendo hasta el noveno, que ces la tumefaccin de las glndulas axilares, se estableci la supuracin de la materia vacuna en sus cpsulas, y qued la enferma como en su anterior estado de salud. La historia de este fenmeno presenta uno de aquellos casos que acreditan que la naturaleza no confunde sus operaciones ni los recursos de que se vale; y aunque no penetremos el mecanismo con que procede, admiramos no obstante el orden y uniformidad de sus efectos. A pesar de los constantes esfuerzos del licenciado don Juan Nepomuceno Rodrguez, secretario de la Junta de Santi Spritus, no ha conseguido que celebren en el presente ao ni una sola sesin; sin embargo, ha comunicado el virus vacuno a ciento ochenta y cinco personas de ese vecindario. Ms eficaces han sido los conatos del licenciado don Felipe Santiago de Moya, secretario de la Junta de Puerto Prncipe, protegida por la diputacin del Cuerpo Patritico a la que est unida aquella corporacin, y auxiliado por los dems vocales facultativos han vacunado en este ao a cuatrocientos sesenta y nueve nios. En la villa de Santa Clara ejecut la misma operacin en doscientos sesenta y siete el secretario de su Junta, licenciado don Andrs Jos de la Parra. Por renuncia que hizo el doctor don Jos Govn de la secretara de la Junta de Santa Mara del Rosario se nombr al doctor don Benito Morales; y para facilitar la propagacin de la vacuna en el pueblo y jurisdiccin de El Calvario, se instal en l una Junta subalterna a propuesta del referido doctor Govn, eligindose para secretario de ella al licenciado don Vicente Meza. Estos dos profesores han vacunado en el corto tiempo corrido desde su ereccin a ciento sesenta y tres personas. Los dems secretarios de las Juntas, establecidas en otros pueblos de la Isla con el importante objeto de preservarlos de las viruelas, no me han

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /283 /283 /283 /283 /283 remitido ni el extracto de los acuerdos que han celebrado en este ao ni el resumen de las personas que han vacunado. Sin embargo de lo expuesto consta que en esta ciudad y en varios otros lugares han recibido la nueva inoculacin siete mil ochocientas cuarenta y siete personas; consta igualmente que la Junta Central y su excelentsimo presidente no han omitido medio alguno para extinguir el contagio varioloso y preservar a esta Isla de esa calamidad. Si el xito no ha correspondido a sus deseos, si esa horrorosa enfermedad devora todava en nuestros suelos algunas vctimas inocentes, la Humanidad y la patria reprocharn a sus desnaturalizados padres tan criminal indolencia o idiotismo. Doctor Toms Romay.NOTA INFORMATIVA DE QUE TAMBIN SE VACUNAR EN LOS BARRIOS EXTRAMUROS DE GUADALUPE, JESS MARA, SAN NICOLS, EL HORC"N, EL CERRO, JESS DEL MONTE Y REGLA*La Junta Central de la Vacuna, deseando eficazmente propagarla no slo entre los vecinos de esta ciudad sino tambin de sus barrios extramuros, ha comisionado varios facultativos residentes en los de Guadalupe, Jess Mara, San Nicols, El Horcn, El Cerro, Jess del Monte y Regla para que todas las semanas ejecuten esas operaciones sin inters alguno. A esta benfica providencia se ha debido que en febrero anterior se hayan vacunado en este pueblo y aquellos suburbios a mil setenta y nueve personas de las cuales muchas carecan de ese bien por falta de proporciones para concurrir a las casas capitulares los das sealados. Mas, no obstante la facilidad con que en cualquiera de esos lugares puede conseguirse la inoculacin de la vacuna, y a pesar del celo y desinters de los facultativos encargados de ejecutarla, existen en la actualidad algunos virolentos principalmente en aquellos barrios. Slo una ignorancia invencible o una indolencia criminal expondrn ya a esas inocentes vctimas a la muerte ms dolorosa, o al menos a las incomodidades y privaciones necesariamente anexas a las viruelas ms benignas. La Humanidad, la salud pblica, el fomento de la poblacin de esta Isla y cuanto puede estimular un corazn sensible y amante del bien procomunal, exigen imperiosamente que se ocurra a la coaccin como ltimo recurso para vencer la obstinacin de ciertos hombres desnaturalizados a quienes no convencen las pruebas ms evidentes ni las ms constantes experiencias. Habana y marzo 15 de 1815. Doctor Toms Romay Diario del Gobierno de la Habana 22 de marzo de 1815.

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OBRAS 284\ 284\ 284\ 284\ 284\ARTCULO EN EL QUE SEALA HABER HECHO INOCULAR A UNOS NIOS PARA PROBAR QUE EL VIRUS NO HA PERDIDO SUS PROPIEDADES, Y HACER DESAPARECER UN ERROR QUE TANTO OFENDE A LA SALUD PBLICA*Excelentsimo seor: Para acallar el rumor que se ha esparcido acerca de haberse alterado la vacuna y perdido su virtud preservativa de las viruelas, ha parecido conveniente presentar la prueba ms incontestable de que conserva todava su primitiva pureza y eficacia. Consista esta prueba en hacer inocular con el pus varioloso a cuatro o seis nios de los que se hayan vacunado por los facultativos de la comisin de ese ramo en el presente ao. Y para dar a ese acto la mayor autenticidad posible, se servir Vuestra Excelencia participarlo al seor protomdico regente para que lo autorice con todo su Tribunal y los dems facultativos que quieran presenciarlo, eligiendo Su Excelencia el que haya de ejecutar la operacin el mircoles 5 del corriente a las cinco de la tarde en el barrio de San Nicols, calle de Peablanca, frente a la panadera del padre don Jos Agustn Garca, donde existen los cuatro virolentos que me particip Vuestra Excelencia con fecha 30 del pasado, transcribiendo el parte del facultativo don Jos Manuel Choisy. Los seores del Tribunal del Protomedicato continuarn visitando diariamente a los inoculados todo el tiempo que juzguen necesario, para que informen a Vuestra Excelencia del resultado de esta operacin, publicndose despus en el Diario del Gobierno si Vuestra Excelencia lo estima conveniente, a fin de disipar un error que tanto ofende a la salud pblica, creyendo algunas personas vulgares que ya es ineficaz la vacuna para preservarla de las viruelas. Dios, etc. Julio 3 de 1815. Doctor Toms Romay.INFORME LEDO EN JUNTA GENERAL DE LA SOCIEDAD ECON"MICA EL 13 DE DICIEMBRE DE 1815**Excelentsimo seor: Quin creyera que en la Isla de Cuba haba de dudarse de la eficacia del virus vacuno despus de haberse experimentado en toda ella por espacio de doce aos sus benficos efectos, preservndose de las epidemias de Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 3, p. 197. ** Diario del Gobierno de la Habana 26 de enero de 1816; Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 3, pp. 198-202.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /285 /285 /285 /285 /285 viruelas que con tanta frecuencia desolaban sus pueblos, aumentndose extraordinariamente sus vecinos, y apareciendo ms hermosas y perfectas las generaciones que han sucedido a esa nueva inoculacin? Juzgndose equivocadamente por su misma facilidad y sensillez que no es necesaria ninguna teora para ejecutarla con acierto, confundiendo el verdadero grano vacuno con el falso, concediendo a ste igual virtud preservativa y cometindose en su prctica otros varios errores y abusos, se ha mancillado el mrito incontestable del ms til descubrimiento, con mengua de la poblacin y prosperidad de esta provincia. Pero su Junta Central de la Vacuna, invariable en el concepto que form de ella, ms y ms convencida por una constante experiencia, satisfecha de que se conserva por su Comisin pura e inalterable, y de que la propaga con la mayor inteligencia y constancia, no ha omitido medio alguno para disipar aquellos errores y remover cuantos obstculos impedan sus progresos. Tales han sido los objetos de su discusin en las doce sesiones que ha celebrado en el ao que hoy termina. Instruida por el excelentsimo Jefe que la preside de que en los barrios extramuros se difunda la viruela natural, exigindole Su Excelencia le propusiera las providencias ms eficaces para contener su contagio, la Junta no encontr otras por entonces sino anunciar por el Diario del Gobierno el inminente peligro a que estaban expuestos los que eran susceptibles de esa infeccin, y recomendar a sus facultativos que los inoculasen a la mayor brevedad. Ejecutronlo as, y sin faltar a las casas capitulares los das y horas de costumbre, comunicando en este ao el virus vacuno a diez mil trescientas cincuenta y nueve personas, se presentaron tambin en aquellos barrios a dispensar el mismo beneficio. Auxiliados en el de Guadalupe por el bachiller don Jos Prez Delgado, en Jess Mara por don Domingo Galeano, en San Nicols y El Horcn por don Antonio Gonzlez, en Jess del Monte por don Jos Ayala, en El Cano por don Jos Trujillo, en Regla por el doctor don Lorenzo Hernndez y en la villa de Guanabacoa por el bachiller don Rafael Valds, inocularon a cuatrocientas sesenta y dos personas. Y aunque estos facultativos se comprometieron a repetir todas las semanas esa operacin en sus respectivos barrios, sin embargo permaneciendo muchos nios sin recibirla, los profesores de la Junta Central, concurriendo a las parroquias extramuros de Guadalupe y Jess Mara cuando el ilustrsimo seor Obispo Diocesano administraba el sacramento de la confirmacin, inocularon en la primera a ciento quince prvulos y a ciento treinta y tres en la segunda. El mismo seor, deseando instruirse del nmero de virolentos que exista en esta ciudad y sus barrios para precaver la propagacin de su contagio, y cerciorarse al mismo tiempo si afectaba a los que haban tenido el verdadero grano vacuno, previno a todos sus facultativos que inmediatamente le informasen de los enfermos que asistieran con ese mal. Estos partes los

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OBRAS 286\ 286\ 286\ 286\ 286\ remita Su Excelencia al secretario de la Junta Central, quien reconoca al virolento, indagando el origen de su infeccin, si haba sido o no vacunado, y todas las dems circunstancias concernientes a calificar si el virus vacuno haba degenerado ya en esta ciudad o conservaba an su primitiva virtud y eficacia. Comunicaba a la Junta en la sesin inmediata el resultado de sus indagaciones, y sta consultaba a Su Excelencia cuanto convena a los benficos efectos que se haba propuesto. De aquellas observaciones consta que el nmero de virolentos de que se ha dado parte a Su Excelencia slo asciende a treinta y dos en esta ciudad y sus barrios, y a catorce en un cafetal de Alquzar; que ninguno de ellos ha tenido el verdadero grano vacuno; que stos se han conservado ilesos en las casas y en los mismos cuartos de los virolentos; que han experimentado nuevamente esta enfermedad varias personas que la haban padecido en otros tiempos; que en algunos que se juzgaban exentos de ella por haber sido inoculados con el virus vacuno, no se haba verificado la erupcin del grano, o no existi todo el tiempo necesario y con los caracteres precisos para extinguir la predisposicin al contagio varioloso; y por ltimo, que muchos de los que en la actualidad lo han sufrido no han sido de ningn modo vacunados. Para evitar las funestas consecuencias de esta omisin y de aquellos errores, el secretario de la Junta Central no ha cesado de estimular por el Diario del Gobierno a que concurran prontamente a preservarse de las viruelas con la vacuna, previniendo a todos los que la reciben en las casas capitulares que a los ocho das vuelvan a presentarse en el mismo lugar para reconocer si el grano es legtimo o falso, o para revacunarlos en caso de no haberse verificado la erupcin. Y resultando tambin de los informes que tomaba el secretario que la mayor parte de los treinta y dos virolentos eran negros bozales, los que no deben feriarse hasta que el Gobierno lo permita previo el reconocimiento de los facultativos encargados de vacunarlos, se indag eficazmente el origen de una novedad que perjudicaba a la salud pblica, a la opinin que merece la vacuna y a los intereses de los que compran esos negros en el concepto de estar preservados del contagio varioloso. Descubrise al fin, y se comprob con hechos incontestables, el abuso que cometen algunos de los que se emplean en ese trfico, vendiendo negros sin permiso del Gobierno y sin declararlos expeditos aquellos profesores. Instruida Su Excelencia por la Junta Central de un procedimiento que eluda sus anteriores rdenes, las repiti ms eficaces y severas, previniendo que la visita de Sanidad no slo informe del nmero de negros pertenecientes a cada cargamento, sino tambin de los que conducen los oficiales y pasajeros del buque; que todos juntos se desembarquen y sean conducidos a los barracones donde se inoculen por los facultativos de la Juntas de la Vacuna, quienes los reconocern a los ocho das de esa operacin, y participarn

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /287 /287 /287 /287 /287 a Su Excelencia los que puedan venderse, reservando los otros para revacunarlos y volverlos a reconocer hasta que por repetidos actos se verifique la erupcin del grano, o se cercioren de haber tenido antes viruelas naturales. Para ms precaver aquel abuso, estimular al pueblo a que se vacune, convencerle de la eficacia de ese virus y de que se conserva puro e inalterable, la Junta Central propuso al excelentsimo seor su Presidente que la venta de los negros bozales no se verificase hasta el da dcimo de la vacunacin, porque retardndose en los adultos negros la erupcin del grano un da ms que en los blancos, no llegaba hasta entonces en aqullos a su perfecto incremento y supuracin. Que hiciera observar Su Excelencia la Real Orden de 15 de abril de 1785, en que previene Su Majestad a los jefes de Amrica que luego que se presente algn virolento en los pueblos de su jurisdiccin lo hagan trasportar a una casa tan distante de ellos que no pueda infestarlos su contagio, cuya soberana disposicin fue cumplida en esta ciudad en 1808 con motivo de una epidemia de viruelas muy semejante a la presente; y ahora dispuso Su Excelencia, de acuerdo con el exclentsimo Ayuntamiento, se preparase un lazareto para confinar aquellos enfermos. Por ltimo, se expuso al mismo excelentsimo seor que en presencia del Tribunal del Protomedicato y dems facultativos que quisieran concurrir se inoculasen con el pus de las viruelas algunos nios de los vacunados en todos los meses corridos de este ao, observando aquellos ministros el resultado de esa operacin todo el tiempo que estimasen conveniente para publicarlo por el Diario del Gobierno .1Pero a qu ocurrir a otras pruebas del estado en que se conserva la vacuna en esta ciudad y de la opinin que generalmente merece, cuando el mismo nmero de los individuos que han tenido viruelas es el argumento ms convincente de que permanece pura e inalterable, y de que este pueblo la solicita con el mayor anhelo y confianza? Qu suponen treinta y dos, ni aun dos centenares de virolentos, en una poblacin que excede de noventa mil almas, cuando en una sola parroquia de Braga han muerto en pocos meses ms de cuatrocientas personas, sesenta en otra de Liverpool, y en una escuela de Londres, donde al inmortal Jenner se han tributado tantos homenajes de admiracin y gratitud, y donde su descubrimiento es tan protegido por el Gobierno y por los sabios, se infestaron once alumnos, de los cuales fallecieron ocho, transitando por la calle una madre con un nio virolento?2 Y si en aquellos tiempos calamitosos en que esa plaga desolaba 1 Esta prueba se ejecut con las mismas circunstancias y con el xito ms feliz en 1804 en los hijos mos y otros dos nios vacunados treinta das antes de inocularse con el pus de las viruelas naturales. Papel Peridico de la Havana 1804, No. 34 (Suplemento). 2 Gaceta de Madrid, 7 de marzo de 1815; Diario del Gobierno de la Habana, 17 de mayo, 3 de agosto y 5 de septiembre de 1815.

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OBRAS 288\ 288\ 288\ 288\ 288\ la Humanidad se haba calculado que de diez enfermos falleca uno, debemos inferir que siendo sesenta los que murieron en la feligresa rural de Liverpool, debieron existir seiscientos virolentos. Y por ms que la ignorancia o la procacidad de un corto nmero de individuos haya querido exagerar los estragos de la presente epidemia, osar alguno sostener que en toda la Isla podrn numerarse otros tantos enfermos de ese horroroso mal? Para preservarla de semejante calamidad, la Junta Central, extendiendo su beneficencia an ms all de sus lmites, ha esparcido el pus vacuno en trescientos cincuenta cristales, recomendando su inoculacin a los facultativos ms distinguidos por su inteligencia y humanidad, y erigiendo otra Junta subalterna en la villa de Gines. El licenciado don Jos Joaqun Navarro, secretario de la establecida en Cuba, y que siempre ha sido el modelo de todas las otras por sus constantes tareas en beneficio de toda esa provincia, este recomendable profesor, despus de haber inoculado en esa ciudad a mil quinientas siete personas, ha remitido el virus vacuno en setenta y seis cristales y en varias postillas a Bayamo, Baracoa, Holgun, Tiguabos y a la jurisdiccin de Limones; como tambin a Jamaica, Maracaibo y Santa Marta, en ocasin de estar muy consternada por una epidemia de viruelas. Y como este facultativo opera siempre observando los resultados, ha comprobado que a los cinco das de la erupcin del grano produce la inoculacin de su pus el mismo efecto que extrado el da dcimo. El secretario de la Junta de Santi Spritus, licenciado don Juan Nepomuceno Rodrguez, sin embargo de las graves enfermedades que ha sufrido en este ao, vacun no obstante a cuatrocientas setenta y cinco personas. Con igual celo ha inoculado en la villa de Puerto Prncipe el secretario de su Junta, don Felipe Santiago de Moya, a cuatrocientas cuarenta y ocho; y habindose ausentado en septiembre, sustituy en ese encargo al licenciado don Pedro Nolasco Almanza, quien public en su peridico de esta villa un elocuente discurso recomendando las ventajas y eficacia de la nueva inoculacin, cuyo papel, mereciendo la consideracin de aquel Ayuntamiento, acord formar un reglamento para cuidar inmediatamente de la propagacin del pus vacuno en su jurisdiccin. Del informe que me ha dirigido el secretario de la Junta de Bejucal, bachiller don Rafael Antonio de la Maza, consta que en el ao prximo pasado se vacunaron en aquella ciudad noventa y cuatro individuos; que en Junta de 14 de abril del presente tuvo la satisfaccin de ver realizado el proyecto de introducir y propagar la vacuna en Isla de Pinos, cuyo encargo desempe con el mayor celo y eficacia el teniente a Guerra de ese partido don Andrs de Acosta, comunicando aquel virus la vez primera a sesenta y dos personas. Consta, finalmente, que en este ao ha celebrado esa Junta varias sesiones, dictando providencias muy activas para evitar en su distri-

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /289 /289 /289 /289 /289 to la introduccin de las viruelas, y que el bachiller Maza, en consorcio del profesor don Nicols Jacquet, inocularon a ciento veintitrs personas. Con el pus remitido de esta ciudad a la de Santa Mara del Rosario, ha vacunado el doctor don Benito Morales a ciento noventa nios; y dirigindose tambin la misma Junta Central al licenciado don Jos Miguel Valds, lo comunic en Ro Blanco del Norte a cuarenta y nueve personas; en Caraballo a treinta y a doce en Jibacoa. Los secretarios de las Juntas establecidas en la ciudad de Trinidad y en las villas de Santa Clara, San Juan de los Remedios, Santiago y Gines, no me han remitido el extracto de las sesiones que han celebrado en el presente ao, ni de las personas que han vacunado. Sin embargo de lo expuesto consta que en varios pueblos de esta Isla han recibido el virus vacuno catorce mil cuarenta y nueve individuos. Y dnde y en igual tiempo se contarn tantos proslitos del genio ms benfico de la Humanidad? Dnde se encontrar una sociedad de amigos tan generosamente consagrados a la conservacin y prosperidad de su especie? Y dnde un jefe que reunindolos y estimulndolos con su presencia, sus luces y su celo, proteja y promueva los progresos de la vacuna con la sensibilidad y terneza de un padre, y con el patriotismo de un ciudadano eficazmente interesado en la felicidad del pas donde reside? Doctor Toms Romay.ULTERIORES PRUEBAS DE LA EFICACIA DE LA VACUNA*El excelentsimo seor Presidente, Gobernador y Capitn General, con fecha del 3 de febrero ltimo, remiti al secretario de la Junta Central de la Vacuna, para que ella lo consulte, un parte que haba recibido Su Excelencia del doctor don Marcos Snchez Rubio informando haber visto cubierta de viruelas naturales a una hija del doctor don Juan Prez Delgado, la que once aos antes fue vacunada por el doctor don Bernardo Czar, quien despus de reconocer sus granos en tiempo oportuno los juzg tan verdaderos y legtimos que inocul con su pus a diferentes personas. En su consecuencia, expuso el infrascrito secretario en sesin celebrada por dicha Junta el 17 de mayo anterior que habiendo reconocido a esta nia el da 2 del citado febrero por noticias que tuvo del estado en que se hallaba, le inform su madre ser cierto que en febrero de 1805 la haba vacunado el doctor Czar, y que no slo este facultativo sino tambin el licenciado don Francisco Luvin y su mismo padre el doctor Delgado, estimaron por verdaderos los granos que le resultaron, estando todos tan Diario del Gobierno de la Habana 10 de julio de 1816.

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OBRAS 290\ 290\ 290\ 290\ 290\ convencidos de su legitimidad que los dos primeros profesores inocularon con ellos en su propia casa otros varios nios. Tambin le instruy la referida seora que el domingo 28 de enero cuando su hija volvi de misa se sinti indispuesta, le entr fiebre, y continundole hasta la noche del martes le advirti una erupcin general de puntillos rojos, los que crecieron con tanta rapidez que el repetido 2 de febrero, que era el tercero no completo de la erupcin, ya estaban todos los granos elevados y llenos de pus. Considerando entonces no ser posible que se equivocaran en caracterizar los granos vacunos de aquella nia tres facultativos, entre los cuales hay dos vocales de esa misma Junta que constantemente los haban observado por espacio de un ao, y estando firmemente persuadido de que slo en las viruelas volantes o chinas pueden estar supuradas las pstulas al tercer da de su erupcin, pues en las viruelas naturales, aun en las ms benignas, no se percibe hasta el quinto un pequeo punto de supuracin en su parte superior, concluy de estos antecedentes que eran chinas y no viruelas los granos que tena aquella enferma. Para ms rectificar este juicio, pregunt a la esposa del doctor Delgado qu personas se haban vacunado con el pus de su nia, y habindole dicho que solamente se acordaba de una hija de don Manuel Melndez San Pedro, la reconoci inmediatamente el mismo secretario, ratificndole sus padres ser cierto haberse vacunado once aos antes por el doctor Czar en la casa del doctor Delgado con el pus de su hija, y aunque conservaba la nia Melndez cuatro cicatrices, de las cuales dos al menos no dejaban la menor duda de haber tenido verdaderos granos vacunos, informndole sus padres al mismo tiempo que no se haba preservado de entrar con frecuencia en el cuarto de un nio que estaba actualmente en su casa con viruelas naturales, volvi no obstante a vacunarla con pus vacuno que llevaba entre cristales. No resultndole efecto alguno, repiti la misma operacin el 2 de marzo con pus lquido tomado en aquel acto de los granos vacunos de un nio. Siendo tambin ineficaz esta segunda inoculacin, fue conducida la nia a las casas capitulares el 6 del propio mes, donde la repiti el doctor don Juan Prez Carrillo, hacindole cuatro incisiones. No observando el da octavo resultado alguno de ellas, propuso el secretario a Su Excelencia se sirviera prevenir al Real Tribunal del Protomedicato que concurriera con el doctor Snchez Rubio el 14 del mismo a la casa de Melndez San Pedro para que este profesor repitiera en su hija aquella operacin. As se verific, ejecutndola tambin en otro nio su hermano que no haba tenido viruelas naturales. En ninguno de los dos se logr la erupcin del grano vacuno, lo que observado por el mismo doctor Snchez Rubio volvi a practicarla en ambos a los seis das, con pus de los granos de un nio que eligi este profesor. Resultando al fin el desarrollo de esas pstulas al hijo de Melndez San Pedro, pero no a la hija cinco veces vacunada en estos das,

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /291 /291 /291 /291 /291 expuso ltimamente el secretario a Su Excelencia que para no omitir prueba alguna que demostrase hasta la evidencia haber sido verdaderos y legtimos los granos vacunos que tuvo esa nia, sera conveniente que el referido doctor Snchez Rubio, en presencia de aquel Tribunal la inoculase con el pus de las viruelas naturales de otra nia que exista con ellas en la calle de O’Reilly, casa nmero 121, frente a la portera del convento de Santo Domingo. Accediendo Su Excelencia a esta solicitud, y no rehusando Melndez San Pedro exponer su hija a esa operacin, se ejecut la tarde del 22 del citado marzo por el doctor Carrillo, a quien eligieron los seores protomdicos por no haber concurrido el doctor Snchez Rubio, y despus de haber reconocido Su Seora los granos de la virolenta, se inhiri a su satisfaccin el pus de ellos en ambos brazos de la nia Melndez. El secretario continu visitando con frecuencia a la inoculada, y atest que hasta el da de la citada sesin de la Junta de la Vacuna no haba observado en ella sntoma alguno que anunciara viruelas naturales, resultndole solamente una erupcin de manchas rojas en la cara y en el cuello, la que ya se iba disipando. Con fecha 11 del corriente inform el seor protomdico regente al excelentsimo seor Gobernador y Capitn General que sin embargo de la anomala que observaron Su Seora y otros facultativos en la hija del doctor Delgado, tuvo sta la verdadera vacuna, cuyo pus no degener en la de Melndez San Pedro, habindose conservado ilesa del contagio varioloso en la inoculacin practicada en presencia de aquel Tribunal, y que aunque se le comunic ese virus habiendo cesado desde el mes anterior la epidemia de viruelas que se experimentaba en esta ciudad, sin que esta nia fuera infestada, no es de esperar que extinguida aqulla pueda padecer esa enfermedad, siendo de otra especie la erupcin que Su Seora y otros profesores advirtieron en ella despus de la inoculacin. De estos hechos suficientemente calificados resulta que fueron verdaderos y legtimos los granos vacunos que tuvo hace once aos la hija de don Manuel Melndez San Pedro; lo primero porque habindose vacunado cinco ocasiones desde el 28 de enero hasta el 20 de marzo ltimo, no le result ningn grano vacuno ni aun falso; lo segundo, porque estando expuesta al contagio de las viruelas que tena otro nio en su propia casa, y habindola inoculado con el pus de ella, no le result esa enfermedad ni sntoma alguno que la anunciara, infirindose de aqu que necesariamente fueron tambin legtimos y verdaderos los granos vacunos de la hija del doctor don Juan Prez Delgado, con cuyo pus se inocul la de Melndez, y por consiguiente que no fue variolosa la erupcin que experiment aqulla en febrero, lo uno porque no se present con los caracteres que son peculiares a esa enfermedad, y por los cuales la distinguen todos los autores de los dems exantemas; y lo otro, porque si la Melndez permaneci ilesa de ese contagio, aun habindosele comunicado del modo ms activo y eficaz, menos debi contagiar a la de Prez Delgado, no habindose expuesto a recibirlo

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OBRAS 292\ 292\ 292\ 292\ 292\ con toda su fuerza y actividad; deduciendo por ltimo que el verdadero grano vacuno preserva indubitablemente de las viruelas naturales. Habana y junio 22 de 1816. Doctor Toms Romay .VIRUELAS NATURALES*Ha entrado en este puerto un buque procedente de la costa de frica con ms de trescientos negros con viruelas naturales. El excelentsimo seor Gobernador y Capitn General, de conformidad a lo propuesto por las Juntas de Sanidad y de Vacuna, dispuso que inmediatamente fondeara a la mayor distancia de esta ciudad y de los caseros situados en la ribera de la baha, recomendando las mayores precauciones para evitar se propague esa enfermedad. Pero como es indispensable que vengan al mercado algunos individuos de esa embarcacin a llevar el alimento necesario, y que tambin asista esos enfermos algn facultativo que curar igualmente otros de este pueblo, es muy posible que as ste como aqullos conduzcan con sus ropas aquel contagio, y lo comunican a los que sean capaces de recibirlo. De orden de Su Excelencia anuncio ese inminente peligro a que estn expuesto, a fin de que procuren precaverlo con la inoculacin de la vacuna, ocurriendo a las casas capitulares los das y horas sealados; en el concepto de que si se descubriere algn virolento, ser conducido sin excepcin de sexo ni clase a un lazareto extramuros, como se ha dispuesto en iguales circunstancias, en cumplimiento de la Real Orden de 15 de abril de 1785. Habana y diciembre 22 de 1816. Doctor Toms Romay .ARTCULO EN EL QUE PROPONE NO SE ADMITA EN LAS ESCUELAS A NINGN ALUMNO QUE NO HAYA SIDO VACUNADO**Para disipar las preocupaciones contra la inoculacin de la vacuna y vencer la apata de ciertas almas insensibles y desnaturalizadas, no ha bastado ni que la munificencia de nuestro augusto soberano enviase a estos pases aquel preservativo a costa de su Real erario, ni que las autoridades y corporaciones de esta Isla lo recibieran y recomendaran como el don ms precioso que poda dispensar a sus vasallos, ni que el ilustrsimo seor Diario del Gobierno de la Habana 25 de diciembre de 1816. ** Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 4, pp. 226-228.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /293 /293 /293 /293 /293 Obispo de esta dicesis la hubiera propagado por toda ella en la Santa Visita que ejecut en 1804, demostrando despus la sencillez y eficacia de esa operacin en una pastoral en que igualmente se admira su celo y su ciencia, previniendo al mismo tiempo a todos los prrocos urbanos y rurales que exhortasen a sus feligreses a recibir la vacuna en las misas solemnes y en el acto de administrarles el sacramento del bautismo. Tampoco ha sido suficiente para triunfar de la ignorancia de algunos y de la criminal indolencia de muchos otros, el feliz resultado de la inoculacin del pus varioloso que pblicamente se ha ejecutado repetidas ocasiones en esta ciudad a varios nios vacunados; ni, por ltimo, la constante experiencia que por espacio de trece aos ha manifestado en todas las casas y a todos sus individuos que las personas legtimamente vacunadas habitan en una misma pieza y tratan sin reserva alguna con los virolentos sin contraer ese contagio. Publicados y repetidos estos hechos por el Diario del Gobierno apurados ineficazmente todos los medios de persuadir y convencer, la salud pblica, esa ley suprema de la polica y de la higiene, exige imperiosamente ocurrir a la coaccin para conservar la perfeccin y aun la vida de muchos ciudadanos, sobre los cuales tiene el Gobierno un derecho incontestable. Su Majestad, es muy cierto, no oblig a ninguno de sus vasallos a que se inoculara el virus vacuno cuando se dign remitirlo a estas regiones. Su predileccin y generosidad, el ejemplo de las naciones ms cultas de Europa, el voto unnime de sus sabios y literatos, el feliz y constante resultado de las observaciones ejecutadas por algunos aos en diferentes pases, fueron nicamente los medios que emple para introducir y propagar una operacin que, aun cuando fuera ineficaz, no es sensible ni gravosa. Pero el inmortal Carlos III, queriendo recomendar la antigua inoculacin, cuyas ventajas eran muy inferiores a la de Jenner, previno a todos los Jefes de Amrica, por Real Orden de 15 de abril de 1785, que luego que se presente algn virolento en cualquier pueblo de su jurisdiccin lo hagan transportar, sin distincin de sexo ni calidad, a un lugar distante y privado de comunicacin. En observancia de esa ley, la primera autoridad de esta Isla, de acuerdo con el excelentsimo Ayuntamiento de esta ciudad, ha establecido dos ocasiones esos lazaretos para confinar en ellos a los virolentos, en otras tantas epidemias que se han experimentado desde 1804. Reservando ese medio riguroso para castigar la obstinacin de algunos padres de familia, pueden adoptarse otros que indirectamente produzcan el mismo efecto, sin causar los perjuicios inevitables en aqul. Tales son, proponer al excelentsimo Seor Capitn General prevenga a los maestros y maestras de primeras letras no admitan en sus escuelas ningn alumno sin que acredite estar vacunado, para lo cual presentar un atestado de cualquiera de los tres profesores de la Junta de la Vacuna, los

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OBRAS 294\ 294\ 294\ 294\ 294\ cuales sin inters alguno expondrn sencillamente si fulano de tal est o no legtimamente vacunado. Que se haga igual prevencin a todos los maestros de oficios mecnicos. Que lo mismo se recomiende, por quien corresponda, a los prelados de las rdenes religiosas donde se ensea latinidad, y al de la escuela de Beln. Que se suplique al ilustrsimo seor Obispo Diocesano que as como en la Casa de Beneficencia no se recibe ninguna persona sin calificar previamente estar preservada de las viruelas por haber tenido esa enfermedad, o haber sido vacunada, se ejecute lo propio en el Colegio Seminario de San Carlos, en el de las Ursulinas y en el de San Francisco de Sales. Habana y mayo 20 de 1817. Doctor Toms Romay .ARTCULO ESCRITO POR ENCARGO DE LA JUNTA CENTRAL DE LA VACUNA SOBRE LOS VERDADEROS CARACTERES DEL GRANO VACUNO, EL TIEMPO DE EXTRAER EL PUS Y EL MODO DE INOCULARLO. REPRODUCE LA MEMORIA, ESCRITA EN 1804, A LA QUE AADE UNA NUEVA OBSERVACI"N, COINCIDENTE CON LO QUE SE HA PUBLICADO EN PARS EN ESTA FECHA*PARS. COMISI"N CENTRAL DE VACUNA. INSTRUCCI"N SOBRE LA VACUNAHay una vacuna verdadera y otra falsa. Primera La vacuna verdadera preserva de las viruelas, y se conoce en los caracteres siguientes. Por lo general, no se advierte alguna alteracin en las incisiones, sino del tercero al quinto da. Entonces se percibe un punto encarnado con elevacin, y contina aumentndose hasta el da sexto. En el sptimo es ms perceptible su incremento, presentndose ya un grano supurado con depresin en el centro, llena su circunferencia de un lquido claro y rodeado de un pequeo crculo rojo. El da octavo es mayor la base del grano, contiene ms humor, se aumenta tambin el crculo encarnado, suele hincharse, y algunas veces se observa fiebre. Estos sntomas se aumentan en los das noveno y dcimo; en el undcimo se disminuye la aureola, la depresin empieza a oscurecerse, y la circunferencia se pone de un color pardo, conteniendo entonces una materia Diario del Gobierno de la Habana 27 de febrero de 1819.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /295 /295 /295 /295 /295 semejante al pus; al cumplirse el da decimotercero, se seca el grano transformndose en una costra dura, opaca y ltimamente negra, la cual se desprende del da veinte al veinticinco. Tal es el curso de la vacuna verdadera, la nica que preserva de la viruela natural. Segunda La vacuna falsa no precave de las viruelas; se distingue de la verdadera en las seales siguientes. Al da siguiente, y algunas veces en el mismo de la inoculacin, se observan alteradas las incisiones, experimentndose escozor en ellas y formndose al mismo tiempo un tumorcillo duro que se aplana cuando se extiende, presentndose entonces con un color rojo plido. Cumplido el segundo da y siempre antes del sexto, se desarrolla un grano de figura irregular, que se eleva en punta y parece contener un humor amarillo, el cual cuando se seca se asemeja a la goma. Sus causas. Cuando se vacune alguna persona que tuvo, o se sospecha que ha tenido la viruela natural, no debe inocularse otra con el humor de sus granos porque producira la falsa vacuna. Tambin resulta, primero, por cualquier irritacin extraa que se excite en las incisiones, aunque se haya introducido en ellas el verdadero pus vacuno. Segundo, por servirse para inocular de un humor vacuno semejante al pus, cuya apariencia adquiere cuando el grano llega al da dcimo conservndola hasta el duodcimo.1Modo de inocular Se practica esta operacin haciendo dos o tres incisiones en cada brazo con una lanzeta o una aguja, llevando en su punta un poco del humor contenido en los granos ocho das despus de haberse inoculado el sujeto que los tenga.2Para extraer esta materia bastar picar suavemente el grano, y luego se presentarn en su superficie algunas gotas de un lquido claro como el agua; ste es el humor vacuno. Observaciones. Si est sana la persona que ha de vacunarse, no necesita de preparacin alguna; y si no lo estuviere, debe esperarse que se restablezca su salud. Puede vacunarse en cualquier edad, hasta en el tiempo de la denticin, siempre que no se experimente alguna incomodidad; sobre todo si se teme que el sujeto pueda ser infestado del contagio varioloso. Si despus de vacunada alguna persona no le resulta el grano, debe repetirse la operacin; rara vez falla cuando se vacuna de brazo a brazo y se toma el virus del da sptimo al noveno. Suele suceder que el grano vacuno no brote hasta el da sexto, sptimo, octavo y aun ms tarde; esta anomala acontece principalmente en la estacin fra. 1 Puede aadirse [...] la vacuna falsa, cuando se inocule con humor de un grano reventado o punzada su circunferencia seis horas antes, aunque vuelva a llenarse. 2 De un sujet vaccire despuis huit jour

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OBRAS 296\ 296\ 296\ 296\ 296\ Se ha observado tambin que en algunas incisiones empieza a manifestarse el grano cuando en otras hechas al mismo tiempo comienza a secarse; esto es muy raro. El grano vacuno no preserva de otras enfermedades durante su curso. Puede suceder que alguna persona contraiga las viruelas algn tiempo antes, y aun algunos das despus de la inoculacin. Entonces la vacuna, no teniendo el tiempo necesario para precaver de aquella enfermedad, una y otra corren simultneamente sus perodos sin confundirse. Si sobreviene alguna otra enfermedad mientras existe el grano vacuno, se tratar del modo conveniente; pero si no se observare algn accidente extrao a la vacuna, no es necesario administrar algn remedio ni prescribir un rgimen particular. Hecha en la sesin de 20 de junio de 1818. Firmada. Chaussier presidente, Corvisart Delastegrie, Doussin-Dubrevil, Hall, Huzard, J. J. Larroux, Duehanoy, Jadelot, Pinel, Parfait, Saanade Auvivy, Bourdois, Guerbois, Husson, secretario.HABANALa Junta Central de la Vacuna de esta ciudad, luego que fue instalada en 1804, me encarg escribiera una Memoria muy sucinta exponiendo los caracteres del verdadero grano vacuno, el tiempo de extraer su pus y el modo de inocularlo. Presentada inmediatamente a esa corporacin, acord se imprimieran mil ejemplares para que el ilustrsimo Seor Capitn General se sirviera hacerlos circular por toda la Isla, y el ilustrsimo Seor Obispo Diocesano, director entonces de la Sociedad Econmica, coste la impresin de igual nmero, los que difundi por medio de los prrocos de toda su dicesis. Pero siendo ya muy raros los ejemplares que existen de esa instruccin, me pareci conveniente traducir y publicar la que procede, manifestando con la mayor complacencia que slo difiere de aqulla en una observacin que aade, y yo tambin la hice al mismo tiempo que se imprima en Pars ese papel. Esta conformidad acredita que el grano vacuno es uno mismo en aquella ciudad y en sta, que su inoculacin se ejecuta de un propio modo, y que ni la distancia que separa estos dos pueblos, ni su diferente clima, ni el tiempo que ha mediado de catorce aos, ha producido la ms leve alteracin en ese admirable fenmeno de la economa animal. Repitiendo ahora las mismas reglas que propuse entonces, recomiendo la ms exacta observancia de todas ellas, juzgndolas absolutamente necesarias para que el virus vacuno produzca sus benficos efectos; y llamo especialmente la atencin de los profesores encargados de propagarlo a la indicada advertencia que agregan a mi instruccin los respetables autores de la antecedente, a saber, que el virus vacuno no debe tomarse hasta

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /297 /297 /297 /297 /297 despus de ocho das de haberse inoculado el sujeto que tiene el grano; siempre que la erupcin se verifique en el trmino ordinario y comn, que es al tercer da de la inoculacin. Esta precaucin se debe observar no tanto en favor de la persona que ha de vacunarse como de aqulla que suministra el virus. Es constante, y lo atestan tambin los individuos de la Comisin de Pars, que el grano vacuno verdadero contiene desde el da sptimo, y aun antes, un lquido capaz de producir otro igual. Mas esto no prueba otra cosa sino que en el grano donde se toma el pus al sexto o sptimo da est reconcentrado el contagio, constituyendo una enfermedad particular, limitada al punto donde existe. Si el virus vacuno se difundiera por todo el cuerpo desde que el grano empieza a desarrollarse, preservara desde entonces del contagio varioloso. Repetidos hechos citados por los ms clebres vacunadores, indicados en la Memoria que precede, observados por m y otros facultativos de esta ciudad, prueban lo contrario, y la razn lo ratifica. Hasta el da octavo de la inoculacin no se advierte en ninguna otra parte del sujeto vacunado sntoma alguno que manifieste haber sido alterada su constitucin por ese contagio. Cumplido este trmino, llega a su estado aquella enfermedad siempre benigna, presentndose el grano con toda su perfeccin; y la mayor extensin de la aureola que lo circunscribe, la hinchazn y dolor en las glndulas axilares, las nuseas, los bostezos, la desazn, la celeridad del pulso y otros sntomas febriles, ms o menos notables, indican que el contagio se ha difundido por todo el cuerpo; o absorbindose el virus, segn se explica el ilustre Jenner, o por la simpata de todos los sntomas con la parte donde est el grano. Entonces es cuando esa enfermedad se hace general, destruye en todas las partes de nuestro cuerpo la aptitud a recibir el contagio varioloso, y las deja impenetrables a su nociva influencia. “Estoy persuadido —escriba Redman Coxe despus de referir los sntomas que se observan cumplido el da octavo—, estoy persuadido que debe ocurrir alguna alteracin en toda la mquina, aunque sea muy leve, para que resulte el asombroso trastorno que vemos efectuado en la economa animal. Parece del todo imposible que una indisposicin precisamente local, sea bastante para producir un efecto tan general.” De aqu y de la conformidad de otros escritores no menos respetables infiero que no deben punzarse los granos vacunos, ni extraerse el pus de todos los que tenga alguna persona, hasta que se verifique el movimiento que excita en toda la constitucin, que es el nico que tiene la facultad de preservar de las viruelas. Y si acaso fuere preciso inocular a otro sujeto antes que cumplan los granos el da octavo, entonces no se punzarn todos, sino se dejar uno intacto, para que corra sin alteracin alguna todos sus perodos. Esto es muy conforme a lo que recomiendan los facultativos del

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OBRAS 298\ 298\ 298\ 298\ 298\ establecimiento nacional de vacuna en Inglaterra. Habindoseles presentado con viruelas naturales algunas personas que haban tenido el verdadero grano vacuno, convinieron en su informe de 25 de mayo de 1815 en que cuando al vacunado resulte un solo grano, no se extraiga el pus que contiene, conservndolo ileso hasta concluir su curso natural. A la inobservancia de esta precaucin, y no a ineficacia del virus vacuno, atribuyo la erupcin variolosa que en consorcio del doctor don Andrs Terriles observ el ao prximo pasado en algunos sujetos que tuvieron la vacuna verdadera. Pero exceptuando uno en quien la enfermedad dur hasta el da diecisiete, y en otro hasta el veintiuno, en los dems fue muy benigna y discreta la erupcin, terminando en todos felizmente. Lo mismo informaron otros varios facultativos de esta ciudad, quienes fueron consultados sobre este asunto por acuerdo de la Junta Central. Resulta, pues, que sin embargo de aquel abuso por el cual se priva o se disminuye la eficacia del virus vacuno, no consta que haya perecido de viruelas ninguna persona despus de haber tenido el grano verdadero; y que si ste no destruye enteramente la disposicin a recibir aquel contagio, la modifica al menos, y enerva la malignidad de ese virus. Aunque la eficacia del vacuno est demostrada en esta ciudad por una experiencia de quince aos y otras pruebas incontestables; y aunque su inoculacin sea muy benigna, se consiga fcilmente, sin exigir por ella alguna remuneracin y sin ser necesario observar con el vacunado un rgimen particular ni el alimento; no obstante el nmero de ellos no corresponde al de los que nacen anualmente en esta gran poblacin. El ao prximo pasado se bautizaron en las parroquias interiores y en tres extramuros cuatro mil ochenta prvulos; y habindose vacunado en dicho tiempo solamente mil novecientos catorce,3 han quedado expuestos al contagio de las viruelas dos mil ciento diecisis. Sucediendo lo mismo todos los aos con muy corta diferencia, no debe extraarse que se propague constantemente aquella enfermedad haciendo los mayores estragos. No deben imputarse a falta de celo y vigilancia en el Gobierno para conservar la salud pblica, ni a omisin de la Junta Central encargada de propagar la vacuna. Sus vocales facultativos concurren indefectiblemente los mircoles y sbados a las casas capitulares para inocularla o suministrar su virus en cristales a cuantos los solicitan. Otro profesor dispensa con la misma generosidad ese beneficio todos los jueves en la parroquia de Nuestra Seora de Guadalupe. En los barrios de Jess Mara, Jess del Monte y en diferentes pueblos, residen tambin facultativos de acreditada instruccin y humanidad, elegidos por aquella Junta para el propio objeto, 3 Aunque se diga en otro papel que el nmero de vacunados en el recinto de esta ciudad el ao prximo pasado ascendi a veinte mil ciento setenta y siete, se incluyen en esta suma los advenedizos de todas condiciones.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /299 /299 /299 /299 /299 y autorizados por el primer Jefe de esta Isla, presidente de esa corporacin. Habana y febrero 12 de 1819. Doctor Toms Romay.EXTRACTO DE LOS ACUERDOS APROBADOS EN 1818 POR LA JUNTA CENTRAL DE LA VACUNA, Y DE UNA MEMORIA PRESENTADA EN ELLA SOBRE LAS FUNESTAS CONSECUENCIAS PREVENIDAS DE ALGUNOS ERRORES QUE SE HAN COMETIDO EN SU INOCULACI"N, LEDOS EN JUNTA GENERAL DE LA SOCIEDAD ECON"MICA EL 12 DE DICIEMBRE DE 1818*Ces al fin la epidemia de viruelas que, difundida en los barrios extramuros desde 1816, se comunic a esta ciudad en los ltimos meses del ao prximo pasado. Ya no se conmueve el corazn sensible al ver sufrir dolores muy acerbos y la misma muerte a la porcin ms dbil de la Humanidad; la que no pudiendo cuidar por s de su conservacin y existencia, merece por tanto el amor ms solcito y compasivo. Sea cual fuere la causa de sus penas, la Junta Central de la Vacuna, interesada eficazmente en evitarlas, y preservar esta Isla de aquella horrorosa enfermedad, nada ha omitido para propagar por toda ella el antdoto ms poderoso, excitando la indolencia de unos, disipando las preocupaciones de otros contra esa operacin nunca funesta, ilustrando a los profesores encargados de ejecutarla, manifestndoles las observaciones ms recientes, a fin de que rectificando su prctica produzca siempre ese virus benfico los efectos ms saludables. Tales son los objetos que ha discutido esa Sociedad filantrpica en las sesiones celebradas en el presente ao, presididas todas por el excelentsimo seor Capitn General. Apurados ya los medios de persuadir y convencer, demostrada hasta la sencillez y eficacia la inoculacin de la vacuna, propuso a su excelentsimo Presidente los recursos indirectos que juzg oportunos para excitar a una operacin que tanto interesa a la salud pblica, y que aun suponindola ineficaz, nunca es sensible ni gravosa. Tampoco protestar la omisin de algunos padres indolentes que es difcil obtener ese beneficio. Una comisin de la misma Junta concurre a las casas capitulares todos los mircoles y sbados para dispensarlo generosamente a cuantos quieran recibirlo. En este ao han inoculado a veinte Memorias de la Real Sociedad Econmica de la Habana t. 26, pp. 85-96; Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 4, pp. 228-247.

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OBRAS 300\ 300\ 300\ 300\ 300\ mil ciento setenta y siete personas, remitiendo al mismo tiempo el virus vacuno en mil ciento treinta y cuatro cristales a los pueblos interiores y a muchos de ultramar. Tambin ha provedo al barrio de Nuestra Seora de Guadalupe de un facultativo de inteligencia y celo que ejecute en sus vecinos esa operacin. El doctor don Francisco Sandoval ha empleado diferentes medios para hacerles conocer sus ventajas; y aunque por el Diario del Gobierno anuncia el da en que la ejecuta, slo la ha verificado en trescientos ochenta y tres nios. Este facultativo, deseando que los habitantes del pueblo de Nuestra Seora de Regla participen de un bien tan importante, ofreci en el mes anterior vacunarlos un da cada semana, y hasta la fecha ha comunicado ese virus a veinte de ellos. La Junta Central, en remuneracin a la eficacia y desinters con que este profesor contribuye desde 1807 a los progresos de la nueva inoculacin, primero en el partido de Alquzar y despus en los barrios extramuros, le ha dado un testimonio honorfico del aprecio y consideracin que le merece, asignndole al propio tiempo una pensin de sus fondos. El barrio de Jess del Monte no carece de otro facultativo diputado por esta Junta para el mismo objeto. El licenciado don Francisco de Ayala, despus de inocular a doscientas once personas de su jurisdiccin, traspas loablemente los lmites de ella, ejecutando lo mismo en sesenta y ocho vecinos de Luyan y ciento cuarenta y cinco del partido de El Calvario. En varios otros lugares residen tambin profesores comisionados al efecto, los cuales an no me han instruido de sus operaciones en el presente ao; y exceptuando tres, tampoco lo han verificado los dems secretarios de las doce Juntas subalternas establecidas en los pueblos mayores. Uno de aquellos, el doctor don Benito Morales, que ejerce dicho encargo en la ciudad de Santa Mara del Rosario, sin embargo de su eficacia ha inoculado solamente a sesenta personas. El licenciado don Andrs Jos de la Parra, secretario de la Junta de la villa de Santa Clara, operando en un pueblo ms dcil, o intimidado con los estragos que hacan las viruelas en los circunvecinos, o auxiliado eficazmente por las autoridades, ha conseguido mayores ventajas. Reuniendo la Junta de aquella villa su alcalde presidente, luego que comprendi haber llegado a ella un virolento, lo hizo confinar a una legua de distancia privndolo de comunicacin; ejecut lo mismo con otros tres sin exceptuar sexo ni condicin, fij cedulones anunciando el peligro y el medio ms seguro de precaverlo, y conminando a los que despus de haber sido vacunados no volvan a suministrar el virus para otros. Entretanto, el profesor Parra, auxiliado por el licenciado don Jos Manuel de Beitia, inocul en el recinto de esa poblacin a mil doscientas ochenta y tres personas, y proporcionando aquel eficaz antdoto a los facultativos don Manuel Mendoza y don Miguel Bolanger, el primero lo comunic a

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /301 /301 /301 /301 /301 mil veintitrs vecinos y el segundo a ciento noventa de diferentes lugares y haciendas, sin incluir en ellas la de San Miguel donde recibieron ese beneficio doscientos catorce. A unas providencias tan acertadas y activas ha debido la villa de Santa Clara conservarse impenetrable al contagio de las viruelas, rodeada por todas partes de otros pueblos que ha cubierto de lgrimas y luto. La ciudad de Puerto Prncipe, aunque no pudo preservarse enteramente de esa calamidad, logr al menos redimir de ella a dos mil ciento setenta y ocho personas, que vacun con el mayor desinters y constancia el licenciado don Pedro Nolasco Almanza, secretarlo de su Junta subalterna. Consta de lo expuesto que en el presente ao se han vacunado en esta Isla al menos veinticinco mil novecientos cincuenta y dos personas; y si de cada siete virolentos pereca uno, segn el clculo del doctor Jurine ratificado por Sauvages, resulta que nuestra poblacin debe a la vacuna un aumento de tres mil trescientos siete individuos. No ha sido la Junta de la Vacuna menos solcita en ilustrar a los profesores encargados de propagarla, comunicndoles las observaciones y anomalas que han ocurrido en la prctica de esa operacin. Ellas acreditan que sin embargo de su sencillez, exige para ejecutarse con acierto ms teoras, ms reglas y precauciones que aqullas que generalmente se han juzgado bastantes. A la falta de esos conocimientos, deben atribuirse algunos hechos que se han imputado a ineficacia del virus vacuno para precaver de las viruelas. Cuando ese contagio se propagaba por esta ciudad al principio del presente ao, se citaban varias personas que haban sido infestadas despus de haber tenido el verdadero grano vacuno. El secretario de la Junta Central, juzgndose obligado a examinar esos casos en cumplimiento de sus deberes, y por su ntima conviccin en favor de la vacuna, se asoci con el doctor don Andrs Terriles para proceder con ms exactitud, reconociendo simultneamente los enfermos que se les presentaban, comunicndose sus observaciones y discutiendo sobre ellas. En una sesin celebrada por esa Junta en agosto ltimo ley una Memoria exponiendo que, en consorcio de aquel facultativo, haban observado en el espacio de cuatro meses las viruelas naturales en catorce personas que conservaban cicatrices de verdaderos granos vacunos; caracterizada suficientemente aquella enfermedad por una fiebre aguda que en ninguno de ellos dur menos de tres das con inquietud, sed insaciable, dolor gravativo de cabeza, rostro encendido, vigilia y algunos con delirio en la accesin de la calentura, remitiendo muy poco sin sudor alguno; hasta que en la declinacin del tercero o cuarto paroxismo empezaba la erupcin, siguiendo en el aumento y figura de las pstulas y en el carcter del humor que contenan el mismo orden que la viruela natural; sin otra diferencia que ser los perodos de supuracin y desecacin ms cortos que los obser-

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OBRAS 302\ 302\ 302\ 302\ 302\ vados en las viruelas confluentes o en las discretas muy numerosas; pues en estos casos dura la enfermedad hasta el da veintiuno, y en aquellos casos del dcimo al duodcimo. Concurriendo otros sntomas, no es bastante esa diferencia para alterar la clasificacin de este exantema. Sauvages1 y Duplanil2 observaron una variedad de viruelas naturales discretas que en el sptimo da no presentaban supuracin alguna, y terminaban felizmente por resolucin muchas veces sin fiebre sensible; muy diferentes de aquellas pstulas que desaparecen por retroceso del pus, y son siempre funestas; distinguiendo tambin estas viruelas de las llamadas volantes, varicela o viroleta. Sydenham y Swieten advirtieron la fiebre eruptiva variolosa sin verificarse la erupcin, quedando no obstante esas personas preservadas de aquel contagio.3 El mismo comentador de Boerhaave conviene con otros autores igualmente clsicos en que los perodos de esa enfermedad pueden ser cortos o dilatados, y todos los sntomas malignos o benignos, segn el temperamento del enfermo, hbito de su cuerpo, edad, estado de sus humores, dieta, gnero de vida, poca del ao, constitucin epidrmica y rgimen que se observa en su curacin.4Sin embargo, los observadores quizs no se habran decidido a caracterizar por variolosas esas erupciones, a no haberse presentado otro caso que reuni todos los sntomas de una viruela casi confluente. El secretario haba vacunado en 1804 a una nia, su sobrina, a los quince das de nacida, para precaverla de una epidemia de viruelas que desolaba esta ciudad; dos circunstancias que le obligaron a proceder con el mayor cuidado. Resultle un solo grano, pero tan perfecto, que a los siete das comunic su pus a otros nios. Confiada ella y toda su familia en que estaba exenta de viruelas no temi exponerse a su contagio en diferentes epidemias. Mas, el 9 de mayo ltimo fue acometida de una fiebre inflamatoria con todos los caracteres de eruptiva, sin exceptuar el delirio. El licenciado don Manuel Hernndez que la asista, no advirtindola remisin alguna al cabo de tres das, concibi peligro y solicit al secretario. Reconocieron la cicatriz del grano vacuno, y encontraron en ella todas las seales que imprime el verdadero. No obstante, en la declinacin del cuarto paroxismo se advirti todo su cuerpo, principalmente el rostro, lleno de punticos encarnados, los que progresivamente crecieron y supuraron observando todos los perodos y caracteres de la viruela natural. La fiebre no intermiti hasta el da once, del trece al catorce 1 Nosologia methodica, class. 3, ord. I, genr. 2, espec. I. 2 Buchan, Domestic Medicine, t. 2, 2a. parte, captulo 12, artculo 4 (traducido por Duplanil). 3 Commentaris …, Aforismo 1387. 4 Commentaris …, Aforismo 1396. Cullen, Elementos de Medicina prctica t. 2, cap. 1, p. 65.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /303 /303 /303 /303 /303 sucedi la desecacin, y en el veintiuno conservaba muchas postillas, dejando al desprenderse encarnada la epidermis y algunas cicatrices.5Lejos de imputar este profesor un fenmeno tan extraordinario a ineficacia del virus vacuno, indic cul deba ser su verdadera causa. Esta joven slo tuvo un grano vacuno, cuyo pus se extrajo al da sptimo para inocular otras personas; y los facultativos del establecimiento nacional de la vacuna en Inglaterra haban observado repetidas veces, y hasta en un caso muy semejante al presente, que cuando esto se ejecutaba el vacunado no quedaba exento del contagio varioloso; por lo cual convinieron en su informe de 25 de mayo de 1815 en que cuando resulte un grano nicamente, no debe punzarse ni alterar su curso de manera alguna, conservndolo ileso hasta concluir todos sus perodos.6La razn, la experiencia y el consentimiento de los ms clebres vacunadores autorizan ese canon, aadiendo que el virus vacuno, aun cuando resulten al inoculado muchas pstulas, no debe extraerse de todas ellas hasta cumplido el da octavo de la inoculacin. Es incontestable que slo el primer humor de esos granos es capaz de producir otro verdadero; de suerte que extrado ese primer lquido, aunque prontamente vuelva a llenarse la vejiguilla, y se inocula alguna persona con el segundo pus, resulta siempre la falsa vacuna, y por consiguiente queda expuesta a contraer las viruelas. Es tambin indudable que la disposicin o aptitud a recibir ese contacto no la destruye el virus vacuno hasta que absorbindolo, segn se explica el ilustre Jenner, o por la simpata de todos los sistemas con la parte donde existe el grano, se afecta toda la constitucin del individuo, lo que siempre sucede entre el da octavo y noveno; extrado, pues, el pus vacuno antes que se verifique esa alteracin universal, el vacunado no queda exento del contagio varioloso. Hasta el da sptimo de la inoculacin, el contagio de ese virus est reconcentrado en el grano, constituyendo una enfermedad particular, circunscrita al punto que ocupa. En ninguna otra parte del cuerpo se advierte sntoma alguno que indique estar afectada por ese virus. Si se difundiera por toda la constitucin del vacunado luego que el grano empieza a desarrollarse, lo preservara desde entonces de las viruelas. Repetidos hechos atestados por los vacunadores ms clebres, y observados por varios facultativos de esta ciudad, prueban lo contrario.7 5 El doctor don Jos Bohrquez reconoci a esta joven a principio del presente mes, y an conservaba algunas cicatrices y manchas rojas. 6 Diario del Gobierno de la Habana, 3 de abril de 1816. 7 He visto posteriormente la Instruccin sobre la vacuna hecha por la Comisin Central de Pars en sesin de 20 de junio de 1818, y contiene lo siguiente. El grano vacuno no preserva de otras enfermedades durante su curso. Puede suceder que alguna persona contraiga las viruelas algn tiempo antes, y an algunos das despus de la inoculacin, etctera.

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OBRAS 304\ 304\ 304\ 304\ 304\ “Del da octavo al noveno —escribe Redman Coxe—, habiendo llegado el grano a toda su perfeccin, empiezan a manifestarse los sntomas constitucionales; la indisposicin es general y precedida de hinchazn y dolor en la pstula con latidos hacia la axila, y a veces hasta la espalda; las glndulas se hinchan y duelen, principalmente al mover el brazo; el sistema corresponde con desfallecimiento, sopores, amarillez, escalofros, dolor de cabeza, en los riones y en la espalda, dolor gravativo en los ojos, desgana, nuseas y a veces vmitos, pulso frecuente, sed y lengua crapulosa. No por esto ha de suponerse que en cada paciente se renen todos estos sntomas; al contrario, es difcil en muchos casos descubrir algunos de ellos; mas por lo regular ocurre uno u otro, y continan con ms o menos violencia, en ocasiones hasta ser preciso recogerse una, dos y tres horas y aun algunos das; hasta que espontneamente se desvanecen sin alguna mala consecuencia. Mas, aunque estoy tan persuadido de la benignidad de esta enfermedad, no soy del dictamen de aqullos que tienen por indiferente la indisposicin constitucional para la eficacia permanente de la vacuna. Tengo por absoluta verdad que debe ocurrir alguna alteracin en toda la mquina, aunque sea muy leve, para que resulte el asombroso trastorno que vemos efectuado en la economa animal. Parece del todo imposible que una indisposicin precisamente local sea bastante para producir efecto tan general.”8“La inoculacin de la vacuna —dice Aikin— no es capaz en sus primeros grados de preservar al enfermo del contagio de las viruelas. Cuando una persona inoculada con el virus vacuno recibe el contagio varioloso en el primero, cuarto o quinto da de la inoculacin, cada enfermedad progresa separadamente.”9 Por ltimo, Moreau de la Sart, que compil las observaciones y teoras de los ms distinguidos vacunadores, se explica en estos precisos trminos: “Los diferentes movimientos febriles que provienen de un mayor grado de intensidad de la afeccin local, son distintos al movimiento que hace en el sistema general, que es el que tiene la facultad de liberar del contagio varioloso; y los ligeros accesos de calentura, simple efecto de la irritacin local, se diferencian tambin de la calentura constitucional, por lo que se pueden con razn colocar en la clase de los sntomas accidentales.”10De aqu infera el autor de la Memoria que extracto que cuando se toma el pus vacuno, o involuntariamente se derrama o se altera de cualquier modo el curso de ese grano antes del da octavo, cuando todava no se ha manifestado sensiblemente la alteracin de todos los sistemas, el sujeto vacunado no queda exento del contagio varioloso. 1 8 Pract. observat. on vaccinat pp. 20 y 33. 1 9 Jenner, A Disease discovered in some of the Western Countries of England..., captulos 20 y 23. 10 Tratado histrico y prctico de la vacuna p. 211.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /305 /305 /305 /305 /305 La Junta Central, enterada de lo expuesto y deseando rectificar aquellas observaciones precaviendo cuanto pueda influir contra la opinin que generalmente ha merecido la vacuna; acord en sesin celebrada el primero de agosto que por el Diario del Gobierno se advierta a los profesores encargados de propagarla que a los adultos hagan al menos cuatro incisiones a suficiente distancia una de otra, para que no se encuentren los granos ni tampoco las aureolas, aumentando las picaduras cuanto posible sea en los negros, a fin de que, permaneciendo ileso aunque sea un solo grano, se preserven de las viruelas que experimentan con ms frecuencia que los otros vacunados, procediendo la repeticin de esos casos de la incapacidad de ellos para cuidar de la conservacin del grano vacuno; que a los nios hasta cumplido un ao bastarn tres incisiones, una en cada pierna y otra en un brazo, procurando que en las hembras se ejecute en la parte superior, precaviendo as queden visibles las cicatrices; y que en todos los inoculados, as adultos como prvulos, se conserve alguna de las pstulas sin punzarla ni turbar en manera alguna el curso de sus perodos, para que, afectando toda la constitucin del individuo, destruya la disposicin a recibir el contagio varioloso. Y a fin de comprobar la exposicin que motiv esta acta, recomend a los mismos facultativos que por medio de su secretario le comuniquen los casos en que hubieren observado las viruelas naturales en personas que hayan tenido el verdadero grano vacuno. En su consecuencia, varios facultativos le dirigieron sus observaciones, ratificando casi todas las del doctor Terriles y el secretario de esta Junta; pero ninguna pareci tan circunstanciada como la del doctor don Antonio Machado. Despus de referir prolijamente la historia de una enfermedad exantemtica, que por espacio de diecisis das asisti a una joven que conservaba cicatrices de verdaderos granos vacunos y con cuyo pus inocul otras personas el licenciado don Luis Mesas, cita once profesores de acreditada inteligencia y prctica,11 habiendo reconocido repetidas veces a esa enferma en diferentes perodos, convinieron unnimes en que era variolosa aquella erupcin; y el secretario, que tambin la haba observado muy detenidamente, se adhiri a ellos. Sin embargo, otros tres facultativos fueron de contrario dictamen.12 11El seor protomdico regente, el segundo protomdico doctor don Lorenzo Hernndez, el doctor fiscal don Jos Antonio Bernal, los doctores don Pascual Morales, don Jos Bohrquez, don Andrs Terriles, don Pedro Andru, don Antonio Viera, don Simn de Hevia, don Antonio Eduardo Castro y don Pablo Marn. 12Los doctores don Juan Prez Carrillo y don Marcos Snchez Rubio y el licenciado don Jos Gregorio Lezama; fundndose uno de ellos en que los granos no haban dejado alguna cicatriz; y sosteniendo el otro que todas las postillas se haban desprendido antes del da trece, siendo tan delgadas y tiernas que fcilmente las parti con unas tijeras. En cuanto a lo primero, la cicatriz no es un carcter esencial de las viruelas, sino

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OBRAS 306\ 306\ 306\ 306\ 306\ La Junta Central, consecuente a su anterior acuerdo, nada resolvi hasta recibir los informes de otros profesores. Entretanto no se imputen a ineficacia del virus vacuno los efectos de los errores en que hemos incurrido, siguiendo la doctrina y prctica de otros vacunadores. Ese grano es un fenmeno, y muy portentoso, de la economa animal; es una enfermedad, aunque benfica. Y cuando la Medicina Clnica cultivada desde Hipcrates hasta Pinel no ha recibido toda la exactitud y precisin que otras ciencias fisiolgicas, podremos lisonjearnos de que en veintids aos13 se hayan reconocido y analizado todas las anomalas y modificaciones que pueden producir en la vacuna las propiedades fsicas y vitales de cada individuo, y los abusos cometidos en su inoculacin? Convengamos en que no es tan fcil como se ha credo ejecutar esa operacin con acierto, respetemos las recientes observaciones; y si adoptamos las precauciones que exigen, y examinamos analticamente los casos extraordinarios que ocurren, la gloria de Jenner ser inmarcesible. Habana y noviembre 30 de 1818. Doctor Toms Romay .RESUMEN DE LAS OPERACIONES DE LA JUNTA CENTRAL DE LA VACUNA EN 1819*Los votos de las almas sensibles y las precauciones propuestas por la Junta Central de la Vacuna a su excelentsimo seor Presidente para extinguir en esta ciudad el contagio varioloso, se han satisfecho cumplidamente en el ao que hoy termina. Ni en el recinto de este pueblo ni en sus barrios extramuros se ha visto un solo virolento, al mismo tiempo que otra enfermedad tan desoladora como aqulla ha hecho los mayores estragos en los europeos no aclimatados. ms bien un efecto de ellas cuando son confluentes. Si la cicatriz fuera un sntoma necesario de las viruelas, todos aqullos que las han padecido naturalmente o por la antigua inoculacin conservaran tantas cicatrices cuantos fueron los granos que tuvieron. Lo contrario observamos, y en las mujeres especialmente con dificultad se hallar una sola cicatriz de viruelas en la mayor parte de ellas. En cuanto a lo segundo, el doctor don Pascual Morales extra haber encontrado a la enferma con muchas postillas el da catorce; yo la vi al siguiente, y no eran pocas las que todava conservaba; y el doctor Machado, que concluye su historia el diecisis, asegura que an tena algunas. Para que esas postillas no pudieran dividirse con unas tijeras pequeas era necesario que fueran tan gruesas y duras como los cuartos de Murcia. 13 El 14 de mayo de 1796 hizo Eduardo Jenner el primer experimento pblico. ¡Da por siempre memorable en los fastos de la Humanidad! 1 Memorias de la Real Sociedad Econmica de la Habana t. 7, p. 91; Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 4, pp. 279-281.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /307 /307 /307 /307 /307 El infatigable y desgraciado Valli habiendo observado en Constantinopla, en Esmirna y en la isla de Scio que existiendo alguna epidemia de viruelas no se presentaba la peste y que sta cesaba luego que aqulla apareca, presumi despus de Ingrassias y Orreos que estos dos contagios eran incompatibles, que el uno extingua el otro, o al menos lo neutralizaba. Para comprobar esa hiptesis inocul unas veces el pus de los apestados mezclados con el varioloso, y otras el humor vacuno puro e inalterable, lisonjandose ese ilustre filntropo de haber correspondido el xito a sus esperanzas. Su respetable autoridad y sus observaciones hacindome concebir en otro tiempo que la vacuna preservara de la fiebre amarilla, ejecut algunos ensayos. Pero esta enfermedad y la peste de Levante pertenecen a distintos rdenes; el carcter contagioso de la fiebre amarilla an no est decidido; hechos incontestables me persuaden que no se propaga ni por contacto ni por la atmsfera. En otros aos hemos visto con pavor difundirse simultneamente las viruelas y la fiebre amarilla, invadiendo sta con toda su malignidad a los naturales de nuestros campos que por primera vez han permanecido en esta ciudad despus que tuvieron el verdadero grano vacuno; no le est, por consiguiente, concedido preservar tambin de aquella enfermedad. Sin embargo, el descubrimiento de Jenner ser siempre el ms benfico a la Humanidad, y las generaciones presentes y las futuras, los padres que ahora precaven sus hijos de una enfermedad horrorosa, y los que conservan por la vacuna su existencia y perfeccin, todos bendecirn la mano munfica a quien deben tan importantes beneficios. Dispnsalos generosamente y con un celo infatigable la Comisin de la Junta Central, inoculando el virus vacuno dos das a la semana en las casas capitulares. En ellas y en los barracones lo han recibido en este ao quince mil quinientas cincuenta y cuatro personas. Y como esa Sociedad filantrpica no se ha propuesto preservar solamente de las viruelas a esta ciudad, sino tambin toda la Isla y todos los pueblos que soliciten ese bien; al mismo tiempo que los facultativos de la Comisin inoculaban aquellos individuos remitan el virus vacuno a las haciendas y lugares de esta Isla y a muchos de ultramar en mil ciento sesenta y cinco cristales. Los efectos que ha producido en toda esta provincia y en la de Cuba an lo ignoro. Los secretarios de las Juntas subalternas no me han remitido el resumen de sus operaciones en el presente ao, y slo lo han verificado algunos de los profesores encargados de inocular en otros pueblos. El primero de ellos y que desempea esa comisin en los barrios de Guadalupe y de Regla, el doctor don Francisco Sandoval, ha vacunado en el primero a trescientas sesenta y dos personas, y catorce en el segundo. No ha sido menos eficaz el licenciado don Jos Francisco de Ayala. Despus de inocular en el partido de Jess del Monte, que tiene asignado doscientos

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OBRAS 308\ 308\ 308\ 308\ 308\ treinta y siete vecinos, dispens el mismo beneficio a ciento cincuenta de Luyan y a ochenta y seis de El Horcn. El doctor don Juan de Corres, diputado para ejercer esa operacin en San Marcos y Alquzar, la ha verificado en sesenta y nueve individuos. Los partidos de Caraballo, Aguacate y Ro Blanco se han preservado en este ao de las viruelas naturales. No dudo lo hayan debido al celo con que el licenciado don Jos Miguel Valds ha vacunado en ellos a cerca de trescientas personas. Sin comisin alguna de esa Junta, y sin otro estmulo que la compasin y caridad que debe ejercer con sus semejantes un ministro del Evangelio, don Jos Pieiro, cura de El Guatao, sabiendo que en una casa de ese pueblo haba en abril ocho hermanos con viruelas, contagiados por otro que haba llegado con esa enfermedad, se dedic a preservar a los dems vecinos con la vacuna al ver la indiferencia con que miraban los facultativos la propagacin de ese contagio. Logr contenerlo inoculando con inteligencia a ciento veinticuatro personas blancas y a ochenta y nueve de color, empleando cuantos recursos le dictaba el celo ms activo y generoso. Advirtiendo la Junta Central que el nmero de vacunados es muy inferior al de los prvulos que nacen anualmente en esta gran poblacin, despus de haber recomendado en diferentes escritos la eficacia del virus vacuno, la sencillez con que se inocula y la facilidad con que puede adquirirse ese preservativo, propuso al excelentsimo seor su Presidente varios recursos para obligar indirectamente a solicitarlo y recibirlo. Elevado este proyecto por Su Excelencia a la sancin de Su Majestad, se sirvi resolver en Real Orden de 7 de octubre del ao prximo pasado que no siendo adaptables todos los medios indicados para aquel objeto, los dejaba a su discrecin y a la de los Jefes de esta Isla, encargando especialmente a Su Excelencia que, empleando todos los arbitrios que le dicte su prudencia, procure exhortar a la propagacin de la vacuna en todo el distrito de su mando. En cumplimiento de esta soberana disposicin, ofici Su Excelencia al excelentsimo e ilustrsimo seor Obispo de esta dicesis, que tanto ha contribuido a difundir por toda ella la nueva inoculacin, al ilustrsimo seor Arzobispo de Cuba y a los jefes subalternos de esta Isla, recomendndoles que por cuantos medios les inspire su celo y humanidad contribuyan a satisfacer las benficas intenciones de Su Majestad. Si lo verifican, como debe esperarse, la Isla de Cuba ser inaccesible al contagio varioloso. Habana y noviembre 30 de 1819. Doctor Toms Romay

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /309 /309 /309 /309 /309INFORME LEDO EN JUNTA ORDINARIA DE LA SOCIEDAD ECON"MICA EL 13 DE FEBRERO DE 1823*Visto un Informe ledo por el secretario de la Junta Central de la Vacuna en que hace una relacin de sus tareas en el ao anterior manifestando que habiendo cesado el trfico de negros bozales desde 1821, por consiguiente el fondo que aquel produca a beneficio de los facultativos encargados de la propagacin de su fluido era de necesidad escogitar arbitrios con que remuneran a stos las constantes y penosas fatigas que aun cargan sobre s, asistiendo con la misma puntualidad a las vacunaciones semanales de las casas capitulares; y convencida la Junta de las fundadas razones del amigo secretario de la Central de la Vacuna, acord nombrar una comisin compuesta de los seores don Nicols Muoz, don Prspero Amador Garca y el doctor don Toms Romay para que propongan los arbitrios que juzguen convenientes para que contine la asignacin que estaba concedida a los referidos facultativos. Doctor Toms Romay.INFORME LEDO EN JUNTA GENERAL DE LA SOCIEDAD ECON"MICA EL 20 DE DICIEMBRE DE 1823**Qued enterada la Sociedad y dispuso se insertara en sus Memorias el extracto de las tareas de la Junta de la Vacuna ledo por su secretario, y advirtindose por algunos seores que la renuncia de la asignacin que tena el mismo secretario haba descansado en motivos que ya haban cesado del todo, y que los trabajos, servicios y mritos contrados por el citado amigo Romay desde la introduccin de la vacuna en esta Isla deban ser en alguna manera recompensados, se acord se le asignara una cantidad mensual de los fondos de la Sociedad que se fijar en la primera Junta ordinaria. Actas manuscritas de la Sociedad Econmica Libro VI, f. 191. ** Actas manuscritas de la Sociedad Econmica Libro VI, f. 226.

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OBRAS 310\ 310\ 310\ 310\ 310\ARTCULO EN UN DIARIO DE PARS DE 8 DE NOVIEMBRE DE 1825 QUE CONSIDERA QUE LA VACUNA NO ES MS QUE LA VIRUELA PURIFICADA CON LECHE BENFICA DE VACA, POR LO CUAL ROMAY RECOMIENDA QUE SE INOCULEN LAS VACAS CON VIRUELAS PARA TENER EL FLUIDO VACCINO*“Cuando resid en Italia, se deca que el doctor Marchelli, de Gnova, conocido en el mundo sabio por sus numerosos experimentos sobre las inoculaciones, haba introducido en aquel tiempo el pus de la viruela del hombre entre los cuatro pezones de una vaca con leche, y que despus de la erupcin de los granos inocul con su virus a un nio, al cual result una erupcin en todo semejante a la vacuna del inmortal Jenner. Si esto es cierto, est ya resuelta la gran cuestin que se discute actualmente en la Real Academia de Medicina, y la vacuna no ser otra cosa que una viruela purificada con la leche benfica de la vaca y convertida en benigna pasando por la organizacin de ese inocente animal. ”Me parece que esta experiencia es digna de rectificarse en Francia, pues si corresponde se tendr por ese medio la facilidad de renovar la vacuna siempre que se presenten las viruelas; lo que desgraciadamente acontece con demasiada frecuencia.” El caballero Astier Pars, 3 de noviembre de 1825. No slo juzgo conveniente, sino necesario, repetir esa observacin en esta Isla. Si el virus vacuno llega a faltar en algn pueblo de Francia ser muy fcil conseguirlo de otro, pues al menos en todas las capitales se conserva y propaga con la mayor inteligencia y constancia por diferentes corporaciones dedicadas a ese objeto. Pero si se pierde en esta ciudad, donde slo ha permanecido comunicndose constantemente a los dems lugares de la Isla, de dnde lo conseguiremos? No es de esperarse otra casualidad semejante a la que lo condujo en 1804 de La Aguadilla de Puerto Rico a este puerto, ni que Su Majestad vuelva a costear otra expedicin para que lo transporte de brazo a brazo desde La Corua. Antes que arribara se haba recibido el virus vacuno entre cristales dirigidos de la Pennsula, Inglaterra, los Estados Unidos y Jamaica, y nunca produjo efecto alguno. As, pues, debemos conservarlo con el mayor celo y vigilancia, y no omitir ningn medio de reponerlo en caso de faltar. En los pueblos del campo pueden inocularse fcilmente las vacas en medio de los cuatro pezones con el pus de las viruelas, sin temor de que los granos impidan ordearlas ni tampoco que mamen sus terneros. Si se verifica la erupcin, se comunicar su virus a algunas personas observndose los caracteres del Diario del Gobierno de la Habana 22 de febrero de 1826.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /311 /311 /311 /311 /311 grano que resulte y su curso, comparndolo con el vacuno. Espero del patriotismo y humanidad de los facultativos que generosamente se han encargado de ejecutar en esos lugares la nueva inoculacin, que repetirn estas observaciones con su acreditada inteligencia, y que se servirn participarme el resultado de ellas para comunicarlo a la Junta Central y publicarlo en los diarios de esta capital. Habana y febrero 20 de 1826. Doctor Toms Romay .PLAN PARA EL ESTABLECIMIENTO DE LA JUNTA SUBALTERNA DE LA VACUNA EN LA CIUDAD DE TRINIDAD*Excelentsimo seor: En contestacin al oficio de Vuestra Excelencia de 7 del corriente acompao una copia del plan que fue presentado por la Junta Central de la Vacuna al excelentsimo seor Marqus de Someruelos para establecer y conservar otra subalterna de ese ramo en la ciudad de Trinidad, el cual aprobado por Su Excelencia lo comunic en 12 de junio de 1806 al seor su teniente gobernador para que lo realizara y cuidase de su observancia a reserva de elevarlo a Su Majestad a fin de obtener su sancin soberana. En Real Cdula de 30 de mayo de 1815 se dign el Rey Nuestro Seor aprobar “los trece artculos primeros, previniendo que en lugar de la exaccin de seis reales sobre cada negro bozal que se propona en el decimocuarto para remunerar al secretario de esa corporacin y al facultativo que deba acompaarle en la propagacin del virus vacuno, la Real Audiencia de esta Isla, oyendo al Ayuntamiento de ese pueblo y de los otros donde se establecieran iguales Juntas, y teniendo presente el estado de sus fondos de propios, cargas y existencias, acuerde lo que estima oportuno para que de sus sobrantes hasta donde alcancen se satisfagan los gastos que se ocasionaren con el expresado motivo, y en su defecto adopte a propuesta de los mismos Ayuntamientos los arbitrios ms suaves que juzgue convenientes”. Lejos de constarme que en Trinidad y dems pueblos donde se han exigido esas Juntas se haya cumplido esa soberana disposicin, estoy instruido por las reclamaciones de varios secretarios de dichas corporaciones que no haban percibido ninguna remuneracin; por lo cual desalentados de conseguirla despus de haber desempeado por algunos aos una ocupacin tan gravosa a ellos como til al pblico, no slo han dejado de servir la plaza de secretarios sino tambin de vacunar a los pueblos. *Archivo Nacional de Cuba, Gobierno Superior Civil leg. 1522, no. 70527.

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OBRAS 312\ 312\ 312\ 312\ 312\ Siendo tan notorio el eficaz inters con que promueve Vuestra Excelencia cuanto puede contribuir a la prosperidad de esta Isla, es de esperarse que en beneficio de su poblacin y de la misma Humanidad se servir tomar en consideracin tan importante asunto, pidiendo al efecto los informes que tenga convenientes a las autoridades de los pueblos contenidos en la adjunta nota, donde se instalaron Juntas de la Vacuna bajo el mismo plan que la de Trinidad, y dictando las providencias que estime ms oportunas para que se restablezcan esas corporaciones y vuelva a continuar la propagacin del virus vacuno. Para que se ejecute con la debida inteligencia, incluyo a Vuestra Excelencia dos ejemplares de la Instruccin que escrib con ese objeto por encargo de la Junta Central; teniendo a bien Vuestra Excelencia remitirlos al seor teniente gobernador de Trinidad advirtindole que si acaso no asistieren en esa ciudad los profesores Recio y Altuna, elija otros dos entre los que juzgue de mayor instruccin y espritu pblico, y que reunidos con los dems individuos expresados en el artculo segundo, nombren por Secretario al que estimen ms apto para desempear ese encargo participndolo todo a Vuestra Excelencia a fin de impartirle su aprobacin, sirvindose comunicarlo a la Junta Central para su inteligencia y efectos consiguientes. Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos aos. Habana y mayo 15 de 1827. Excelentsimo seor. Doctor Toms Romay Seor Gobernador y Capitn General.INFORME PRESENTADO POR EL SECRETARIO DE LA JUNTA CENTRAL DE LA VACUNA EN SESI"N CELEBRADA EL 15 DE MARZO DE 1828*La Junta Central de la Vacuna celebr una sola sesin en todo el ao prximo pasado por no haber ocurrido posteriormente ningn asunto que mereciera formar acuerdo. Sin embargo, la primera y ms importante de sus atenciones, la propagacin del virus vacuno en esta ciudad y sus barrios, ha sido observada puntualmente por la inteligencia y eficacia de los facultativos encargados de ejecutarla. No satisfechos con asistir constantemente a las casas capitulares y a las iglesias de Guadalupe y Jess Mara los das sealados para esa operacin; al ver que en muchos de ellos no la solicitaba ni una sola persona, y que si inmediatamente no se inoculaba aquel virus se perdera de un modo irreparable; han salido a buscar a Diario del Gobierno de la Habana 29 de marzo de 1828.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /313 /313 /313 /313 /313 quien ofrecer el precioso depsito que se ha confiado a su celo y vigilancia. No dudndose en el da que la inoculacin de la vacuna es tan sencilla como benfica, ninguno la rehsa cuando se le proporciona en su propia casa; pero son muy pocos los que ocurren a recibirla en los parajes destinados para esa operacin, y menos los que despus de haber adquirido gratuitamente ese beneficio vuelven a ellos para comunicarlo a sus compatriotas, y conservar por una continuada trasmisin lo que tal vez pueden necesitar antes de un ao. Para comprobar una omisin que tanto perjudica a la salud pblica, bastar referir un solo hecho. El ao anterior se bautizaron en las parroquias y auxiliares de esta ciudad, y en Guadalupe, Jess Mara y El Pilar, tres mil cuatrocientos sesenta y ocho prvulos, y en los mismos lugares slo se vacunaron mil seiscientas once personas, incluidos en ellas ms de cuatrocientos adultos. La conservacin de la vacuna no es un negocio de inters privado, sino de utilidad y conveniencia pblicas. La beneficencia de Carlos IV la comunic a estos pases en una expedicin muy costosa destinada a este solo objeto, recomendando en varias Reales "rdenes a las autoridades polticas y eclesisticas que nada omitiesen para perpetuarla. Al efecto se instal esta Junta Central y otras subalternas, se comisionan facultativos que se encarguen de propagarla en los pueblos menores y en las haciendas, proporcionndoles el virus con que puedan ejecutarlo; se ha prevenido que en los colegios seminarios y de San Francisco de Sales, en la Casa de Beneficencia y en las escuelas de primeras letras no se admita ningn alumno que no acredite haber sido vacunado; y por ltimo en algunas epidemias de viruelas que se han experimentado en esta ciudad despus de la introduccin de la vacuna, por no haber recibido todos los que eran susceptibles de aquel contagio; se han establecido lazaretos extramuros distantes de la poblacin para conducir a ellos los virolentos, sin distincin de sexos ni condiciones, en cumplimiento de una Real Orden expedida en 15 de abril de 1785, que as lo dispona, para estimular por ese medio que se adoptase la antigua inoculacin, sin embargo de ser dolorosa la operacin, duradera y molesta la enfermedad que produca y no exenta de peligro. Convencido el excelentsimo ilustrsimo seor Obispo de que la inoculacin de la vacuna proporcionaba mayores ventajas sin ninguno de esos inconvenientes, llev consigo un facultativo cuando visitaba su dicesis en 1804 para que en su presencia la ejecutara en todos los pueblos y haciendas donde administraba el sacramento de la confirmacin. Posteriormente public una exhortacin manifestando del modo ms claro y conveniente la eficacia y sencillez de esa operacin, y repetidas veces ha encargado a los prrocos que igualmente la recomienden al tiempo de bautizar a los prvulos. Y despus de haber sido insuficientes tantos medios indirectos para estimular a la inoculacin de la vacuna, no podr la autoridad ocurrir a la coaccin para conservar un bien que si llega a perderse difcilmente podr

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OBRAS 314\ 314\ 314\ 314\ 314\ recuperarse? La polica de salubridad no carece de recursos para ser respetada y obedecida, y la patria tiene un derecho indisputable sobre la existencia de los ciudadanos. Ellos le pertenecen, y el Gobierno ha provedo de lo necesario para conservarlos. Los padres de familia no son rbitros de la salud de sus hijos y domsticos; negarles la vacuna es exponerlos a ser vctimas de la malignidad de las viruelas, o al menos gravoso a la sociedad quedando imperfectos o mutilados. Suponiendo pues esta probabilidad, y al mismo tiempo la demostrada eficacia de la vacuna, no temer proferir que su privacin influye directamente en la despoblacin y en la infelicidad de los pobladores. La coaccin debe ya evitarlo. Si la inoculacin de la vacuna fuera una operacin cruenta y costosa, si fuera difcil conseguirla, si de ella resultara el menor peligro o aadiera algunos cuidados y atenciones; yo me abstendra de proponerlo, sin embargo de haberse empleado por algunos Gobiernos de Europa muy interesados en la prosperidad de sus pueblos. Pero habindoseme encargado como igualmente a los dems facultativos de la Comisin conservar el virus vacuno en esta capital y propagarlo por toda la Isla; faltaramos a la confianza con que nos ha distinguido este ilustre Cuerpo si no manifestsemos que ser muy difcil cumplir ese encargo, si no se ocurre a medios ms eficaces que la persuasin y la experiencia. Y cuando en esta ciudad, la ms ilustrada y populosa de toda la Isla, son tan precarios los progresos de la vacuna, qu obstculos no encontrar en los pueblos interiores? En el ao anterior se han remitido a ellos y a diferentes haciendas [...] cristales con aquel virus; no obstante los licenciados don Andrs Jos de la Parra, secretario de la Junta Central de la Vacuna de la villa de Santa Clara, y don Juan Nepomuceno Casanova, vecino de la ciudad de Matanzas, han sido las nicas que han dado cuenta de sus operaciones. Habiendo comprendido el primero que en Trinidad y Santi Spritus se propagaba una epidemia de viruelas, y que de esa villa haba llegado a la de Santa Clara un individuo contagiado, le reconoci inmediatamente en consorcio de otros facultativos. Convencidos del carcter maligno de la enfermedad lo participaron a los seores alcaldes. En el acto hicieron congregar la Junta de la Vacuna, y penetrados todos sus individuos de la necesidad urgentsima de tomar las providencias ms enrgicas para preservar el pueblo de aquel contagio, acordaron que el virolento se transportara sin diferirlo ningn motivo a distancia de media legua a sotavento de la villa, con prevencin de que si falleca se inhumara en aquel sitio, prohibiendo toda comunicacin con los que all existan, y que se ejecutara lo mismo con cualquier otra persona en que se advirtiesen las viruelas; que por medio de cedulones se citaran los vecinos para que presentaran sus hijos y domsticos a vacunarse, bajo la pena de diez ducados de multa en caso de rehusar tan saludable providencia; que se oficiara a los jueces pedneos para que lo intimasen a los que pudieran pasar a la villa con el mismo

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /315 /315 /315 /315 /315 objeto; y que igualmente se oficiara a los seores teniente gobernador de la provincia y alcaldes de la villa de Santi Spritus para que se sirviesen participar al presidente de dicha corporacin el estado de la epidemia en aquellos pueblos. A tan benficas providencias correspondieron los vecinos conduciendo espontneamente sus hijos y domsticos a recibir el preservativo de las viruelas los ministros del [...] los estimulaban con el mayor celo y eficacia; y los profesores don Jos Felipe Fernndez, don Jos Manuel de Beitia, don Miguel Bolanger y don Jos Martos Valds cooperaron generosamente con el licenciado Parra a las disposiciones dictadas por la Junta, vacunando a mil cuatrocientas treinta y cuatro personas. No fueron menos dciles los vecinos del pueblo y partido de La Esperanza. Setecientos treinta y nueve de ellos recibieron aquel virus del licenciado don Jos Aday, y con la misma actividad lo inocul el profesor don Ramn Castro en la hacienda Viana y en otras colindantes a cuatrocientos cincuenta y seis individuos. De este modo se contuvieron los progresos de las viruelas en la villa de Santa Clara y en toda su jurisdiccin; no habindolas experimentado ms que tres personas, las cuales fueron conducidas al lazareto [...] los cadveres de dos que fallecieron. El licenciado Casanova, advirtiendo que careca de la inoculacin de la vacuna la ciudad de Matanzas, cuya poblacin y riqueza se aumenta con la mayor prosperidad, se dedic a ejecutarla con celo muy laudable, y en enero y febrero vacun a cuatrocientas sesenta y cinco personas. En vista de la omisin de los secretarios de las otras Juntas subalternas, omisin que tanto perjudica a la salud pblica, concluy proponiendo que esta Corporacin suplique eficazmente al excelentsimo seor Gobernador y Capitn General se sirva excitar el celo y humanidad de los presidentes de aqullas para que las renan a la mayor brevedad posible y les recomiende el cumplimiento de sus deberes, observando puntualmente el plan que les fue comunicado por la primera autoridad de esta Isla. Habana y febrero 3 de 1828. Certifico que habindose ledo el anterior informe en sesin celebrada el da de la fecha por la Junta Central de la Vacuna, acord de conformidad a cuanto en l se propone, pasndose al efecto copia certificada y de la presente acta al excelentsimo seor Gobernador y Capitn General para que tenga a bien recomendar a los seores presidentes de las Juntas subalternas establecidas en las ciudades de Cuba, Puerto Prncipe, Trinidad, Matanzas, Santa Mara del Rosario, Santiago de las Vegas y Bejucal, y en las villas de Santi Spritus, Santa Clara, San Juan de los Remedios, Gines, San Antonio Abad y pueblo de El Cano, que renan a sus individuos a la mayor brevedad posible y les exciten a cumplir puntualmente el plan que les fue comunicado para la constante propagacin del virus vacuno, y que con el mismo objeto se sirva Su Excelencia dictar las providencias que

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OBRAS 316\ 316\ 316\ 316\ 316\ estime ms eficaces, habiendo acreditado la experiencia que han sido ineficaces los medios indirectos empleados hasta ahora para estimular a que se adopte generalmente la nueva inoculacin; insertndose al mismo tiempo los referidos documentos en el diario de esta ciudad a fin de que penetrndose los padres de familia de las razones que se exponen y del peligro a que estn expuestas las personas susceptibles del contagio varioloso, procuren preservarlas con la inoculacin de la vacuna antes que se propague aquella enfermedad, conducida actualmente a este puerto en algunos individuos de dos buques que han arribado procedentes uno de Islas Canarias, y otro de los Estados Unidos; y aunque se han prevenido por el Gobierno las medidas ms oportunas para impedir la comunicacin de aquel contagio, muchas veces se ha frustrado el celo y vigilancia de las autoridades. Habana y marzo 15 de 1828. Doctor Toms Romay Es copia. Doctor Toms Romay, secretario.PLAN PARA EL ESTABLECIMIENTO DE JUNTAS SUBALTERNAS DE LA VACUNA*Excelentsimo seor: Incluyo a Vuestra Excelencia copia del plan aprobado por la Junta Central de la Vacuna para establecer las subalternas en varios pueblos de esta Isla, a fin de que se sirva Vuestra Excelencia remitirlo al seor Gobernador de la Plaza de Cuba, y proceda a restablecer la que anteriormente exista en dicha ciudad, segn me previene Vuestra Excelencia en oficio de 20 del corriente. Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos aos. Habana y junio 27 de 1828. Excelentsimo seor. Doctor Toms Romay .PLAN QUE DEBER OBSERVARSE PARA RESTABLECER EN LA CIUDAD DE CUBA SU JUNTA SUBALTERNA DE VACUNA1 Se compondr esta Junta del sndico procurador del Ayuntamiento, el cura prroco ms contiguo o su vicario, dos vecinos respetables y dos o tres facultativos los ms instruidos e interesados en los progresos de la nueva inoculacin. 2 El seor gobernador de esa Plaza presidir sus sesiones, y elegir los vecinos y facultativos que juzgue ms aptos para el objeto de su instituto. 3 Tendr un secretario facultativo y se elegir por la Junta el ms idneo. *Archivo Nacional de Cuba, Gobierno Superior Civil leg. 1522, no. 70531.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /317 /317 /317 /317 /317 4 Celebrar al menos una sesin en cada mes. 5 El secretario asentar en un libro los acuerdos celebrados en las Juntas, el nmero de personas vacunadas en cada mes, con distincin de blancos y de color, y dems asuntos interesantes que ocurran en las sesiones. 6 En otro libro anotar lo que aconteciere extraordinario en la prctica de la nueva inoculacin, sus efectos, anomalas y observaciones propias o ajenas, de lo cual informar a la Junta en la primera sesin que celebre para que discuta y acuerde lo que mejor convenga. 7 En el ltimo correo de octubre remitir al secretario de la Junta Central un extracto de los acuerdos celebrados en las sesiones de aquel ao, y un resumen de los vacunados con distincin de blancos y de color. 8 Si por alguna fatalidad faltare en esa ciudad el virus vacuno, se le pedir inmediatamente o lo solicitar en el pueblo ms cercano. 9 La Junta destinar un lugar donde se vacune pblicamente al menos un da en cada semana a todos los que soliciten ese eficaz preservativo, sin exigirles estipendio alguno. 10 Confiar ese encargo al secretario principalmente y a los dems facultativos vocales, recomendndoles la conservacin del virus vacuno. 11 Para conseguirlo no confiarn en los vacunados; si acaso su nmero no fuere considerable, se reservar en cada vacunacin una porcin de ese virus en cristales. 12 La Junta elegir el medio ms conveniente para anunciar al pueblo los das y horas destinados a la vacunacin. 13 Propondr al excelentsimo seor Presidente Gobernador de esta ciudad y Capitn General de la Isla algn arbitrio con que remunerar al secretario de esa Junta, y remitir a Su Excelencia copia certificada del acta de su instalacin. Habana y junio 27 de 1828. Doctor Toms Romay secretario.VACUNA*En julio anterior se han vacunado en las casas capitulares y en los barrios de Guadalupe y Jess Mara a doscientas veintinueve personas, remitindose en el propio tiempo veinticuatro cristales con virus vacuno a diferentes pueblos de la Isla y de ultramar. Segn ha ido cesando la epidemia de viruelas, que tanto constern a esta ciudad en los meses anteriores, se ha disipado tambin el temor que Diario del Gobierno de la Habana 27 de agosto de 1829.

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OBRAS 318\ 318\ 318\ 318\ 318\ inspiraba esa enfermedad, y por consiguiente el empeo y eficacia con que se procuraba preservarse de ella con la inoculacin de la vacuna. En junio y julio no ha concurrido ni una sola persona a solicitarla en los barrios de San Nicols, San Lzaro y El Horcn; en los de Guadalupe y Jess Mara, treinta y cuatro nicamente en todo el mes anterior; y en las casas capitulares a ciento noventa y cinco, de los cuales ciento setenta han sido de color, la mayor parte adultos; y en los das 4 y 25 no se present a inocularse ni un nio blanco. Los que no conocen la ilustracin y sensibilidad de este pueblo, y la proporcin con que estn las clases que componen su poblacin, presumirn tal vez que se tiene ms inters en conservar los criados que a los propios hijos. De esa omisin de vacunarlos antes de cumplir los cuatro primeros meses resultan varios perjuicios de la mayor trascendencia. El primero es que pasado ese perodo empieza regularmente la denticin, en cuyo tiempo no conviene vacunarlos, sino tan slo cuando se consideran en inminente peligro de ser contagiados por las viruelas. Y como la erupcin de todos los dientes y muelas suele ser muy tarda, se olvida el peligro de aquella enfermedad y la necesidad de precaverlos, hasta que vuelve otra epidemia de viruelas que los sorprenden y perecen muchos de ellos por la indolencia de sus padres. De ello tambin resulta la dificultad de conservarse el virus vacuno. En los nios pequeos se consigue con ms facilidad y confianza que en los adultos. Aqullos por su tierna edad no pueden rascarse los granos como sucede con stos, inutilizndolos para que puedan inocularse otros con sus virus; inspirando adems los adultos de color la desconfianza de haber tenido anteriormente viruelas, en cuyo caso el grano vacuno que les resulta ser falso y producir otro semejante a cualquiera que se inocule con ellos, por consiguiente expuesto al contagio varioloso. Por haberse escaseado en el mes anterior la concurrencia de nios a los lugares destinados para vacunar y por haber rehusado algunos de ellos volver con los granos que tenan; se han visto varios das los facultativos encargados de aquella operacin en la necesidad de ejecutarla con el virus que haban conservado en cristales. Este recurso es muy precario, no siempre produce el efecto que se intenta; y si llega a frustrarse faltar absolutamente la vacuna de un modo irreparable. No basta el celo ms eficaz de los profesores a quienes se ha confiado su conservacin, ni tampoco su inters personal como padres de familia. Es necesario que todos contribuyan al mismo objeto, y que cada vecino concurra sucesivamente con sus hijos y domsticos. Semejante al fuego sagrado de las vestales es preciso para conservar la vacuna cebarla constantemente, y el modo de cebarse para que no llegue a extinguirse es trasmitirla de unos a otros sin interrupcin. Habana y agosto 22 de 1829. Doctor Toms Romay

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /319 /319 /319 /319 /319INFORME LEDO EN JUNTA GENERAL DE LA SOCIEDAD ECON"MICA EL 13 DE DICIEMBRE DE 1828*Excelentsimo seor: Cumplidos son veinticuatro aos que inform por primera vez a este ilustre Cuerpo sobre los progresos de la vacuna en esta ciudad y en toda la Isla. En ese tiempo no se ha solicitado siempre con el mismo anhelo, pero jams ha dejado de mirarse como el ms eficaz preservativo de las viruelas. Cuando ha desaparecido de nuestro suelo esa horrorosa enfermedad, y se lisonjeaba el pueblo de que no volvera a experimentar sus estragos, se descuidaba en precaverla; mas luego que por una fatalidad inevitable la ha visto aparecer y propagarse, se ha renovado su confianza, aquella confianza adquirida por hechos incontestables y por una dilatada experiencia. Tan dcil a la voz de las autoridades como a su ntima conviccin, apenas le anuncian el peligro o le percibe corre a preservarse con la nueva inoculacin, juzgndose ms invulnerable por ello que el hijo de Pedro por las aguas de la Estigia. El ao anterior fue uno de aqullos en que advert haberse descuidado tan benfica operacin, y lo comprob comparando el nmero de vacunados en esta ciudad y sus barrios con los que haban nacido en el propio tiempo. Lo manifest en este mismo lugar y en ocasin muy semejante a la presente deplorando las tristes consecuencias de aquella omisin. El excelentsimo seor Gobernador y Capitn General, que tanto se interesa en la salud pblica, se sirvi oficiar a los presidentes de las Juntas subalternas de vacuna establecidas en diferentes pueblos de esta Isla, excitndoles a que las reunieran inmediatamente y recomendaran a sus vocales el puntual cumplimiento de las obligaciones que les fueron prescritas. Expidi tambin una circular a los alcaldes de los pueblos de Ayuntamiento y a los jueces pedneos de los otros partidos para que estimulasen a sus respectivos facultativos a que inocularan a sus vecinos, y a stos a que se prestaran a esa operacin con docilidad y confianza. El xito correspondi a sus deseos; se restablecieron prontamente varias Juntas que de hecho se haban disuelto por mengua de celo y humanidad; y los profesores doctor don Flix de Herrera, don Jos Mara Gonzlez Morilla, don Manuel Antonio Ibarrala, don Domingo Galeano, don Juan Norberto Casanova, don Enrique Garca, el Barn de Colins, don Jos Mara Daz y don Ildefonso Snchez, solicitaron se les autorizara para inocular la vacuna en los partidos de Quivicn, Madruga, El Cerro, Matanzas, Guanabacoa, Regla, Guamutas, Mariel y Santa Mara del Rosario. Actas manuscritas de la Sociedad Econmica Libro VII, f. 357; Memorias de la Real Sociedad Econmica de la Habana t. 10, pp. 68-70.

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OBRAS 320\ 320\ 320\ 320\ 320\ Al mismo tiempo, el excelentsimo ilustrsimo seor Obispo Diocesano, que desde la introduccin del virus vacuno en esta Isla se ha interesado en propagarlo por cuantos medios le inspira su ilustrado y generoso patriotismo, previno nuevamente a todos los prrocos de su dicesis que al tiempo de administrar el sacramento del bautismo recomendaran a sus feligreses la nueva inoculacin, manifestndoles su benignidad y eficacia. Estmulos tan poderosos y el horror que ha inspirado una epidemia de viruelas, que empieza a difundirse entre las personas que no han sido vacunadas, ha excitado la confianza que siempre ha merecido aquella operacin; y solicitndose con el mayor anhelo principalmente en estos ltimos meses, se han inoculado en esta ciudad y sus barrios desde el 1 de enero hasta 30 de noviembre anterior a tres mil cuatrocientas setenta y una personas, y en los das que han corrido del presente mes a trescientas siete en las casas capitulares solamente, remitindose en todo ese tiempo ochocientos seis cristales con virus vacuno a diferentes pueblos de la Isla y de ultramar. Continuando los profesores encargados de inocular la vacuna con la misma inteligencia y constancia que tanto los recomienda y asonndose el pueblo con esa gida impenetrable, se reprimirn los progresos de aquel contagio, limitndose nicamente a los advenedizos que no fueren inscritos entre los proslitos de Jenner. Habana y diciembre 13 de 1828. Doctor Toms Romay.INFORME LEDO EN JUNTA GENERAL DE LA SOCIEDAD ECON"MICA EL 16 DE DICIEMBRE DE 1829*Excelentsimo seor: La epidemia de viruelas continu en los primeros meses del presente ao con la misma malignidad que en los ltimos del anterior. No slo esta ciudad, sus barrios extramuros y los pueblos inmediatos sufrieron sus estragos, sino tambin los ms distantes, aunque con ellos era menos frecuente la comunicacin. En esta general calamidad, cuando la consternacin se extenda del uno al otro cabo de la Isla, entonces fue cuando esos mismos pueblos que haban experimentado tantas veces los benficos efectos de la vacuna, ocurrieron a ella como el nico asilo capaz de salvarlos de aquel conflicto. La Junta Central y el excelentsimo seor Presidente les proporcionaron los medios de conseguirlo, despus de haberles recomendado la senci* Actas manuscritas de la Sociedad Econmica Libro VII, f. 335; Memorias de la Real Sociedad Econmica de la Habana t. 9, pp. 55-57; Diario del Gobierno de la Habana 14 de enero de 1830.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /321 /321 /321 /321 /321 llez de la nueva inoculacin, y la eficacia de sus efectos. No satisfecho Su Excelencia con los cristales cargados de virus vacuno que se dan gratuitamente en las casas capitulares dos das en cada semana a cualquier persona que los solicita, encarg a dos facultativos que recogieran tambin en sus propias casas el virus de aquellos vacunados que no volvan al lugar donde haban sido inoculados. Estos profesores y los de la comisin de la Junta Central han entregado en la secretara de este Gobierno Poltico cerca de veinte cristales con aquel preservativo; y habindose anunciado por el diario de esta ciudad que ocurrieran a ella los que necesitaran emplearlo, se han repartido todos en los campos y lugares interiores remitindose muchos de ellos a los jueces pedneos de los partidos, encargndoles que excitasen a los facultativos de su distrito a que inoculasen con ellos a sus vecinos. Al mismo tiempo dirigi Su Excelencia una circular a los presidentes de las Juntas subalternas establecidas en las ciudades y villas principales de la Isla, recomendndoles la urgente necesidad de recurrir a sus vocales y contribuir por todos los medios que les inspirase su humanidad y patriotismo a la propagacin de la vacuna. Tan pblica consternacin no poda menos de excitar la compasin y sensibilidad de los proslitos de la ciencia consoladora de la humanidad afligida. Diecinueve facultativos se presentaron a la Junta Central solicitando los autorizaran para inocular la vacuna en aquellos lugares y partidos que carecan de ese beneficio, sin aspirar a otra retribucin que al placer de dispensarlo. La Junta no slo accedi con agrado a sus instancias, sino tambin les manifest su gratitud, aplaudi su desinters y humanidad, y los provey de virus y de la instruccin necesaria para ejecutar con acierto aquella operacin. Desempeando todas ellas el encargo que les fue confiado con la misma inteligencia y eficacia que los profesores de la Junta Central que concurren a las casas capitulares todos los mircoles y sbados, han vacunado hasta el 30 de noviembre anterior a dos mil cuatrocientas veintiuna personas de ambos sexos y de todas edades y condiciones. Preservados con esa operacin del contagio varioloso empez a disminuirse la epidemia desde junio, y en agosto no se vea ni un solo virolento. Aparecieron algunos en principios de noviembre, pero stos han contribuido a multiplicar las pruebas de la eficacia de la vacuna. En aquellos mismos das se advirti febricitante una negra recin parida, esclava de don Joaqun de Sala, que habita en la calle de Aguiar casa nmero 80. El facultativo que fue llamado para asistirla conoci que la fiebre era eruptiva, y encarg que inmediatamente se vacunara el nacido. As se hizo el 7 del citado mes, y al mismo tiempo que empezaron a desarrollarse en ste los granos vacunos se cubri la madre de pstulas, que resultaron viruelas casi confluentes. No por eso dej de tener al hijo en su propia cama, y alimentarlo con su leche; sin embargo de unos medios los

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OBRAS 322\ 322\ 322\ 322\ 322\ ms poderosos para comunicarse el contagio, el vacunado se ha conservado y permanece ileso en esta fecha. Este solo hecho es muy suficiente para demostrar hasta la evidencia que el virus vacuno no ha sufrido la ms leve alteracin, y que an conserva su primitiva virtud preservativa en las viruelas. Habana y diciembre 16 de 1829. Doctor Toms Romay .INFORME DEL SECRETARIO DE LA JUNTA CENTRAL DE LA VACUNA SOBRE SUS TAREAS EN 1830*Excelentsimo seor: Los benficos efectos de la vacuna se han experimentado en el presente ao de un modo incontestable. Un solo cadver con viruelas se ha inhumado en el cementerio general, yo no he visto ningn enfermo con esa erupcin y no me consta que alguno de los facultativos en esta ciudad y de sus barrios haya asistido otro virolento adems de aquel que falleci. Subsistiendo las causas que tantas veces han introducido y propagado aquel contagio, slo ha podido evitar sus efectos la confianza con que los padres de familia solicitan vacunar a sus hijos y domsticos, y el celo y constancia con que los profesores encargados de esa operacin desempean sus deberes. Desde 1 de diciembre del ao anterior hasta el 30 de noviembre ltimo se han vacunado en esta ciudad y sus barrios tres mil ciento veintitrs personas, proporcionndose en ese tiempo por la Comisin quinientos doce cristales con virus vacuno para los pueblos y haciendas de esta Isla, y cuatrocientos ochenta y nueve por la secretara de este Gobierno Poltico. Inoculando con ese virus oportunamente y con inteligencia los secretarios de las Juntas subalternas y los diputados de la Central, han conseguido preservar la Isla de aquellas epidemias de viruelas que han sido en otras pocas tan frecuentes y exterminadoras; slo he comprendido haberlas experimentado en algunas haciendas uno u otro negro en quien no se desarroll el grano vacuno. En las sesiones que ha celebrado la Junta Central ha procurado constantemente facilitar a los pueblos la nueva inoculacin. Con ese objeto autoriz a los doctores don Vicente Prez Infante y don Manuel Chaple para que vacunaran en Diorama a los vecinos de aquel barrio; al licenciado don Jos Mara Rodrguez, en la ciudad de Puerto Prncipe; a don Francisco de Paula Yorca y al bachiller don Ramn Gaviln para que auxiliaran en Guadalupe y Jess Mara al doctor don Domingo Rosans y al licenciado don Diego Govantes. Actas de las Juntas Generales de la Sociedad Econmica de Amigos del Pas. Ao 1831 p. 89-91.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /323 /323 /323 /323 /323 De todas las secretaras de las Juntas subalternas establecidas en los pueblos de esta Isla el de la villa de Santa Clara, licenciado don Andrs Jos de la Parra, ha sido el nico que me ha informado de sus operaciones en el presente ao. Hasta el 20 de noviembre anterior haba vacunado a doscientas cuarenta y cuatro personas de ambos sexos. En la sesin celebrada por la Junta Central el 31 de marzo ltimo, present una Memoria impresa que me haba dirigido manifestando que en el espacio de veinticinco aos se han vacunado en aquel pueblo catorce mil setecientos veintinueve individuos; que los vocales de su Junta han contribuido siempre y especialmente en las epidemias de viruelas a recomendar y propagar la vacuna con el mayor celo y humanidad, y que los vecinos dciles a sus insinuaciones ocurran a recibirla con toda la confianza que merece. El licenciado Parra, observando una modestia muy loable, nada dice en ese papel para significar el mrito que ha contrado en veintitrs aos que desempea la secretara de esa Junta; pero yo no debo guardar el mismo silencio. Faltara a mis deberes si no repitiera lo mismo que otras veces he informado a este ilustre Cuerpo. La inteligencia, constancia y patriotismo de ese profesor le hacen digno de la gratitud de la Junta Central y de proponerle por modelo a sus compaeros. Habana y noviembre 30 de 1830. Doctor Toms Romay .INFORME DE LAS TAREAS DE LA JUNTA CENTRAL DE LA VACUNA LEDO EN JUNTA GENERAL DE LA SOCIEDAD ECON"MICA EL 17 DE DICIEMBRE DE 1830*Excelentsimo seor: Aunque no han sido muy frecuentes las sesiones que ha celebrado en el presente ao la Junta Central de la Vacuna, no por eso han dejado de ser suficientes para satisfacer los objetos de su instituto. Conservar el virus vacuno en esta ciudad, comunicarlo a los pueblos y partidos de toda la Isla, proporcionar facultativos que lo inoculen, excitar a los vecinos a recibir ese eficaz preservativo de las viruelas, anunciar el peligro a los que estn expuestos a su contagio, tales son las atenciones que han ocupado el celo y patriotismo de esa Corporacin. En las casas capitulares y en los barrios de Guadalupe, Jess Mara, El Pilar y San Nicols se han vacunado en este ao tres mil seiscientas once personas, de ellas mil sesenta y una blancas y las restantes de color; y en Actas manuscritas de la Sociedad Econmica Libro VIII, f. 8; Actas de las Juntas Generales de la Sociedad Econmica de Amigos del Pas. Ao 1831.

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OBRAS 324\ 324\ 324\ 324\ 324\ el mismo tiempo se han remitido a los pueblos rurales seiscientos nueve cristales con virus vacuno. El deseo de inocular con uno solo a varias personas induca a disolverlo con ms cantidad de agua necesaria, quedando por consiguiente enervado y sin la eficacia para la erupcin del grano. A fin de evitar ese error, escribi el doctor don Francisco Sandoval una Instruccin, aunque sucinta muy clara, explicando lo conveniente para el feliz resultado de esa operacin. Hizo imprimir doscientos ejemplares de ella, y el excelentsimo seor Gobernador y Capitn General se sirvi circular la mitad de ellos con mayor nmero de cristales a la justicia de los pueblos y a los jueces pedneos para que la comunicaran a los facultativos encargados de ejecutar la nueva inoculacin. El xito ha correspondido a la previsin del doctor Sandoval, pues desde entonces ha producido ese virus los efectos que eran de esperarse. Muchos ms cristales se habran repartido si las personas vacunadas hubieran vuelto a los ocho das al lugar donde se les hizo esa operacin; en vano se les recomendaba la necesidad de verificarlo para reconocer si la pstula era falsa o verdadera, siendo preciso revacunarlos en el primero, o suministrar en el segundo el humor que contena para comunicarlo a otros y recoger el restante entre cristales. Desentendindose de estas razones lleg el caso de no vacunarse un da de los sealados en las casas capitulares a los que haban concurrido con ese objeto, porque no hubo ni un solo grano con que hacerlo. Temiendo los profesores encargados de esta operacin que se les imputaran las consecuencias que decan inevitables si se repeta esa falta, le hicieron presente al excelentsimo seor Gobernador y Capitn General, y Su Excelencia tuvo a bien excitar por el diario de esta ciudad a sus habitantes a que contribuyeran a la conservacin de ese admirable preservativo de las viruelas, retribuyendo para otros el beneficio que haban recibido, y que no siendo suficiente la persuasin, lo que no esperaba, atendiendo al bien general tomara la providencia correspondiente a un objeto tan importante. No han sido necesarias. Este pueblo, tan dcil a las insinuaciones de sus jefes, como ilustrado y convencido de la eficacia de la vacuna, volvi a interesarse en hacerla permanente, proporcionando con una numerosa concurrencia los medios de conseguirla. Ha sido ms notable desde que se anunci por el mismo peridico que se haban observado dentro y fuera de sus muros algunos virolentos. Desgraciadamente se han multiplicado sin embargo de las activas providencias del Gobierno y del celo y eficacia de la Junta Central. No satisfecha con el nmero de profesores destinados a inocular la vacuna en los campos, autoriz a varios otros con el fin de facilitar a los pueblos la adquisicin de ese beneficio. Defiriendo a las instancias de los seores don Francisco Muoz, don Diego Jimnez, don Blas de Ariza y don Francisco Romero, les permiti ejecutar esa operacin en Guane,

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /325 /325 /325 /325 /325 Casa Blanca y Bataban; y en la villa de Guanabacoa tambin accedi a que los facultativos don Jos Mara Gonzlez Morrilla y don Francisco de los Reyes concurrieran como auxiliares a las casas capitulares y a Diorama. Para que celaran si los vacunadores de Guadalupe y Jess Mara cumplan con puntualidad ese encargo, nombr inspector del primer barrio al doctor don Juan Prez Carrillo y del segundo al doctor don Francisco Sandoval. Haba dos aos que el licenciado don Enrique Garca inoculaba generosamente el virus vacuno en Nueva Filipinas; pero considerando que l solo no poda propagarlo en una extensin tan dilatada, ni satisfacer los deseos de todos sus vecinos, propuso a la Junta Central se estableciera una subalterna en el pueblo de Pinar del Ro, capital de aquel partido. Y teniendo en consideracin la distancia que lo separa de esta ciudad, su gran extensin y aumento de poblacin, acord de conformidad a otra solicitud observndose en su instalacin y gobierno el reglamento prescrito a las otras que se han erigido en varios pueblos de esta Isla y ha merecido la sancin de Su Majestad hacindose las modificaciones que exigen las particulares circunstancias de la referida poblacin, y nombrando secretario de ella al licenciado Garca en remuneracin de sus anteriores servicios; y de la eficacia con que haba solicitado la eleccin de esa Junta obtenida la aprobacin del excelentsimo seor Gobernador y Capitn General, se verific su instalacin el 1 de octubre ltimo presidida por el seor teniente gobernador de Nueva Filipinas. En sesin de 30 de abril ltimo se enter la Junta Central de un oficio al licenciado don Pedro Nolasco Almanza, secretario de la subalterna de Puerto Prncipe, informando haber vacunado en el ao prximo pasado a mil ciento sesenta y cuatro personas, y que desde 1823 hasta diciembre anterior practic la misma operacin en ocho mil ciento cuarenta y dos. Extrandose que el secretario de la Junta de Cuba, doctor don Enrique Daz Pez, no hubiera remitido al de esta Central en los ltimos aos el extracto de los acuerdos de aquella corporacin ni el resumen de los vacunados, se suplic al excelentsimo seor Presidente se sirviera oficiar al seor gobernador de dicha Plaza para que le advirtiera esa omisin. Inmediatamente dirigi copia certificada de las actas celebradas desde junio de 1829 hasta diciembre de 1830 y del nmero de personas vacunadas en este tiempo, las cuales fueron mil ciento treinta y cinco, de ellas trescientas veintids blancas y las restantes de color; y con fecha 5 de noviembre anterior, inform que desde el mismo mes del ao prximo pasado hasta aquel da comunic el virus vacuno a mil doscientos noventa individuos. El licenciado don Andrs Jos de la Parra, secretario de la Junta de la villa de Santa Clara, cumpliendo sus deberes con la misma exactitud que siempre lo ha ejecutado, particip en el presente ao hasta el 8 del que

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OBRAS 326\ 326\ 326\ 326\ 326\ cursa haba vacunado ciento doce personas blancas y a noventa y siete de color, conservndose aquel pueblo preservado de viruelas. Los secretarios de las otras Juntas subalternas y los profesores encargados de inocular el virus vacuno en los partidos de otros lugares, no han dado cuenta de sus operaciones segn se les tiene prevenido. Habana y diciembre 16 de 1831. Doctor Toms Romay .*INFORME LEDO EN JUNTA GENERAL DE LA SOCIEDAD ECON"MICA EL 18 DE DICIEMBRE DE 1832**Excelentsimo seor: Cumplidos son veintiocho aos que inform por primera vez a este ilustre Cuerpo de las tareas que haba desempeado la Junta Central de la Vacuna. En todo este tiempo ha permanecido inalterable ese virus benfico, debindose sin duda a la inteligencia y constancia de los facultativos encargados de conservarlo, y a la ilustracin y docilidad de este pueblo. Concurriendo a las casas capitulares dos das en cada semana han recibido ese eficaz preservativo de las viruelas en el presente ao mil ciento sesenta y una personas de todas edades, condiciones y sexos; y en el propio tiempo se han remitido setecientos noventa y dos cristales con el virus vacuno a diferentes pueblos y haciendas de esta Isla. El doctor don Domingo Rosans, encargado de vacunar en el barrio de Nuestra Seora de Guadalupe, ha ejecutado esa operacin en doscientos cincuenta y siete vecinos; y el doctor don Diego Govantes, que desempea la misma comisin en el barrio de Jess Mara, la ha practicado en cuatrocientos cuarenta y cuatro. En el pueblo de Regla slo ha inoculado a treinta y una personas el licenciado don Joaqun de Ayala, por ocurrencias que no ha podido precaver. En principio de noviembre anterior sali de esta ciudad para la villa de Cienfuegos el bachiller don Jos Mara Carbonell llevando algunos cristales con virus vacuno; y con fecha 5 del corriente me participa haber inoculado en esa poblacin, pueblo y varias haciendas setenta y cinco personas; proponindose repetir la operacin mientras permaneciera en aquella comarca. Entre todos los secretarios de las Juntas subalternas establecidas en diferentes pueblos de la Isla para propagar en ellos la vacuna, el de la villa de Santa Clara, licenciado don Andrs Jos de la Parra, ha sido el nico que Informe ledo por Joaqun Santos Surez, secretario de la Junta, por indisposicin del doctor Toms Romay. **Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 4, pp. 373-375.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /327 /327 /327 /327 /327 me ha instruido de sus operaciones, segn se les previene en su reglamento. Desde el 1 de enero de este ao hasta el 29 de noviembre anterior, haba inoculado a trescientos veintisiete individuos. Con ese preservativo y las providencias dictadas por sus alcaldes se ha conservado ilesa del contagio varioloso que en el pueblo de La Esperanza, distante poco ms de tres leguas, haba infestado a veintin individuos, de los cuales fallecieron dos. Al mismo tiempo ha comunicado ese distinguido profesor el virus vacuno entre cristales a las ciudades de Puerto Prncipe y Trinidad, y a la villa de San Juan de los Remedios. Mayor habra sido el nmero de vacunados en esta ciudad y sus barrios si todos aqullos en quienes se verifica la erupcin del verdadero grano volvieran a los ocho das al lugar donde fueron inoculados, para retribuir a otros el beneficio que haban recibido. En vano se les recomienda en aquel mismo acto con la mayor eficacia, en vano se solicitan en sus propias casas el da sptimo para reconocer las pstulas y recordarles aquel encargo. Ineficaces tambin han sido las exhortaciones repetidas en los papeles pblicos por el dignsimo antecesor de Vuestra Excelencia manifestando la necesidad de contribuir todos los vecinos a la conservacin de ese eficaz preservativo, por su propia utilidad y porque as lo exige la salud pblica. Sin embargo, siempre ha sido considerable el nmero de los que solicitan vacunarse; mas en el presente ao no fueron suficientes los granos que se necesitaban para satisfacer sus deseos, aunque no ha dejado de verificarse la erupcin. Apurados intilmente los medios que inspira la persuacin, el inters pblico y el privado, corresponde ya a la autoridad emplear los recursos ms enrgicos para que no vuelva a experimentar esta ciudad y toda la Isla los horrores que han producido en ella las viruelas. El virus vacuno, como el fuego sagrado de las vestales, necesita cebarse constantemente trasmitindose de unos a otros para que no llegue a extinguirse. Si desgraciadamente sucediera, perderamos para siempre el consuelo ms grande que la naturaleza y el arte han dispensado de consuno a la Humanidad desolada. No es de repetirse otra expedicin semejante a la que Carlos IV, el ms benfico de los soberanos de Europa, dirigi desde la Pennsula para reparar los estragos que haban hecho las viruelas conducidas por un criado de Pnfilo Narvez a la “virgen del mundo, la Amrica inocente”. Pero si aquel contagio corri con la mayor velocidad devastando los pueblos desde la costa norte hasta el imperio de los incas, y del cabo de Hornos a las Californias; la munificencia del clementsimo Carlos IV recorre las Antillas, se difunde con la misma celeridad del uno al otro extremo del continente espaol, atraviesa el Mar Pacfico, llega a Filipinas, pasa a Cantn, y participa de ella hasta las islas amigas y rivales. Loor eterno al Monarca Po que salv sus pueblos y los extraos de una calamidad horrorosa. Gratitud y gloria sea concedida al Jenner de la Iberia, tan

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OBRAS 328\ 328\ 328\ 328\ 328\ infatigable y filntropo como aqul que produjo Albin, y ser justamente admirado y aplaudido por todas las naciones. Habana y diciembre 18 de 1832. Doctor Toms Romay.INFORME LEDO, Y ENVIADO A PUBLICAR, EN JUNTA GENERAL DE LA SOCIEDAD ECON"MICA EL 19 DE DICIEMBRE DE 1833*Excelentsimo seor: La comisin de la Junta Central de la Vacuna encargada de conservarla inoculando su virus dos das a la semana en las casas capitulares, ha ejecutado esa operacin en el presente ao en doscientas setenta y nueve personas blancas y quinientas cincuenta y ocho de color, remitindolo al mismo tiempo en setecientos cristales a diferentes pueblos y haciendas de la Isla. No satisfecho el doctor don Francisco Sandoval con haber desempeado las obligaciones a que estaba constituido, vacun a veintiocho prvulos en los sitios de San Jos, cuyos padres no podan por su indigencia conducirlos a los lugares pblicos destinados para esa inoculacin; y habiendo recogido el virus de aquellos granos en quinientos dos cristales, remiti cincuenta y dos al seor gobernador de la ciudad de Matanzas y los restantes los entreg en la secretara de este Gobierno Poltico, con varios ejemplares de una Instruccin que haba impreso para inocular con acierto aquel eficaz preservativo de las viruelas, comunicndose todo por conducto de los jueces pedneos a las haciendas y lugares interiores. No fueron stos los nicos servicios que hicieron a la Humanidad y a la patria ese facultativo y el doctor don Juan Prez Carrillo, individuos de aquella comisin; ejecutaron otro tanto ms apreciable y digno de gratitud cuanto ms espontneo y gravoso. En aquellos das por siempre lamentables, cuando la muerte enseorendose sobre esta ciudad y sus barrios hollaba igualmente el ms suntuoso edificio y la choza ms humilde; cuando el clera asitico se presentaba en todas partes inspirando consternacin y pavura en el pecho ms constante, y cuando las familias cubiertas de lgrimas y luto se aislaban en las casas para deplorar sus prdidas o evitar otras mayores, quin entonces haba de ocuparse en precaver una enfermedad remota y menos aguda y funesta que el clera? Quin despreciara un peligro tan inminente por acudir a otro muy distante? Quin ocurra a las casas capitulares a recibir el virus vacuno, temiendo infestarse antes Memorias de la Real Sociedad Econmica de la Habana t. 11B, pp. 95-97; Diario del Gobierno de la Habana 31 de diciembre de 1833; Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 4, pp. 370-372.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /329 /329 /329 /329 /329 de llegar a ellas por los cadveres de colricos que a cada paso se encontraban? Entonces fue cuando esos profesores, sin abandonar los hospitales que se confiaron a su pericia y humanidad, ni los muchos enfermos que haban implorado su asistencia, privndoles de las horas ms necesarias al descanso, se decidieron a conservar el virus vacuno solicitando en las habitaciones desoladas a los que pudiera recibirlos, y convenciendo al mismo tiempo con razones a los que estaban alarmados contra esa operacin, persuadidos de que predispona a recibir el contagio del clera. Habra faltado a mis deberes si no hubiera recomendado a la Sociedad Econmica un servicio tan importante. Lo verifiqu en la sesin del 24 de noviembre anterior con todo el inters que me inspiraba el beneficio que haban dispensado; y este ilustre Cuerpo, remunerador del patriotismo y dems virtudes sociales, se ha servido inscribir sus nombres en el catlogo de los socios de mrito; lo han contrado, y de un modo incontrastable. Animado de los mismos sentimientos que tanto han distinguido a esos facultativos, los doctores don Domingo Rosans y don Diego Govantes han vacunado aun en los das de la epidemia, el primero a ciento ocho personas blancas y ciento treinta y dos de color en el barrio de Guadalupe, y el segundo a ciento cuarenta y tres blancos y doscientos cuarenta y uno de color en el de Jess Mara. Es igualmente recomendable el celo que han manifestado los doctores don Vicente Prez Infante y don Manuel Chaple, encargados de vacunar en Diorama. Faltando absolutamente la concurrencia de los vecinos de aquel barrio al lugar sealado para esa operacin, los solicitaron en sus propias casas; y venciendo con su persuasin y constancia cuantos obstculos les presentaban, lograron inocular a ciento dieciocho individuos de todas clases y edades. En los primeros meses de este ao comunic el virus vacuno en la villa de Cienfuegos el bachiller don Jos Mara Carbonell a ciento cincuenta y siete personas blancas y a ciento once de color, recomendando su conservacin al facultativo que resida en aquel pueblo. El secretario de la Junta subalterna de la ciudad de Cuba, doctor don Enrique Daz Pez, cumpliendo con la mayor exactitud lo prevenido en el artculo sptimo de su reglamento, me ha remitido un estado de las personas inoculadas desde el 1 de noviembre del ao prximo pasado hasta el mismo da de octubre del presente, y copia de las actas, de las doce sesiones que ha celebrado en este tiempo, presididas todas por el excelentsimo seor gobernador de aquella Plaza, y muy concurridas de sus vocales. Consta del primero que en los referidos meses se inocularon ciento treinta blancos y quinientos cincuenta de color. Por las actas se acredita el patriotismo y eficacia con que sus dignos vocales han procurado facilitar la propagacin de la vacuna en todos los pueblos y haciendas de aquella provincia, consiguiendo con medidas tan eficaces conservarla ilesa del contagio

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OBRAS 330\ 330\ 330\ 330\ 330\ varioloso. De este modo la Junta de Cuba, que por espacio de algunos aos haba permanecido disuelta con notable perjuicio de sus vecinos, se ha restablecido con tanto fervor y constancia que merece se proponga por modelo a las dems subalternas. La Central de esta capital solcita siempre en preservar de las viruelas a esta Isla, no cesa de multiplicar los medios de conseguirlo. Al efecto, autoriz a los profesores don Manuel de la Paz Silveira para inocular la vacuna en la villa de Cienfuegos y toda su jurisdiccin, al doctor don Jos Pambrun en la ciudad de Matanzas, a don Pablo Caro, en Jess del Monte, y a don Joaqun Ayala en el pueblo de Regla. Si algunos otros facultativos pretendieren dispensar gratuitamente el mismo beneficio, esa Corporacin acceder a su solicitud con la mayor complacencia. Habana y diciembre 19 de 1833. Doctor Toms Romay Es copia. Antonio Zambrana.VIRUELAS*Se han observado algunos enfermos con esa erupcin no slo en los barrios extramuros, sino tambin dentro de esta ciudad. La estacin que empieza favorece la propagacin de su contagio, y contribuye a que sea ms difcil y de peor carcter la erupcin. La epidemia que empez en octubre de 1803 y termin en marzo del siguiente ao, contenindose sus progresos con la introduccin de la vacuna, fue la ms general y funesta que se ha experimentado en esta ciudad. En la iglesia solamente de los reverendos padres capuchinos se enterraron en ese tiempo ms de ochocientos cadveres de prvulos por no estar entonces concluido el cementerio general. El nmero de vacunados en esta ciudad y sus barrios en el presente ao y en el anterior no corresponde al de los que han nacido en ese tiempo; por consiguiente, estn muchos expuestos al contagio de las viruelas. La concurrencia a solicitar la inoculacin de la vacuna en las casas capitulares y en las sacristas de las iglesias de Guadalupe y Jess Mara se disminuye notablemente; y si los padres de familia no contribuyen a conservar aquel virus comunicndose constantemente de unos a otros, no le encontrarn cuando lo necesiten, y sus hijos y domsticos sern vctimas de su indolencia y experimentarn los ms crueles remordimientos, si no son insensibles a las desgracias que tan fcilmente pudieran precaver. Habana y noviembre 23 de 1835. Doctor Toms Romay Diario del Gobierno de la Habana 26 de noviembre de 1835.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /331 /331 /331 /331 /331INFORME LEDO EN SESI"N DE LA JUNTA CENTRAL DE LA VACUNA, Y PUBLICADO POR ACUERDO DE LA MISMA*Excelentsimo seor: La comisin de la Junta Central de la Vacuna encargada de inocularla en las casas capitulares dos das en cada semana, ha practicado esa operacin el ao prximo pasado en dos mil doscientas veintiuna personas de ambos sexos, diversas edades y condiciones; remitiendo al mismo tiempo el virus vacuno en setecientos sesenta y cuatro cristales a varios pueblos y partidos de la Isla. El doctor don Diego Govantes, elegido cuarto vocal de esta Junta, en sesin de 12 de mayo ltimo y comisionado para propagar la vacuna en el barrio de Jess Mara, la comunic a cuatrocientos noventa y uno de sus vecinos; el doctor don Domingo Rosans a trescientos siete de Guadalupe en todo aquel ao; y el licenciado don Joaqun de Ayala en los meses de noviembre y diciembre en cuarenta y ocho del pueblo de Regla. El secretario de la Junta subalterna de la villa de Santa Clara, licenciado don Andrs de la Parra, desempeando sus deberes con el mismo celo y constancia que ha manifestado desde que fue instalada esa corporacin, ha vacunado en dicho ao a trescientas diecisis personas solamente porque ha carecido algunos meses del virus vacuno. Mereciendo justamente el mismo encargo en la ciudad de Trinidad el licenciado don Joaqun de Estrada, inocul a setecientos sesenta y tres individuos, remitiendo diecisis pares de cristales con virus vacuno a los pueblos y haciendas inmediatas. No satisfecho el doctor don Enrique Daz Pez, secretario de la Junta de la ciudad de Cuba, con remitirme un estado de las personas que haba vacunado, las que ascienden a quinientas setenta y dos, incluy tambin copia de todos los acuerdos celebrados por aquella Corporacin hasta el 13 de octubre ltimo. En ellos se manifiesta el celo y constancia con que los seores presidente y vocales se han interesado en conservar y propagar el virus vacuno en aquella ciudad y toda la provincia, los medios que ha empleado para conseguirlo cuando por falta de concurrencia se haban perdido los recursos que han empleado para atraer al pueblo a recibirlo y demostrar las ventajas que ofrece esta nueva inoculacin. El licenciado don Jos Aday, que tantas pruebas ha dado de su patriotismo y constancia en practicarla gratuitamente en el partido de La Esperanza, ha vacunado en todo ese ao a cuatrocientas cuarenta y tres personas. Resulta, pues, que en este tiempo se ha ejecutado aquella operacin en esta ciudad y sus barrios en tres mil diecinueve habitantes y en toda la Isla en cinco mil sesenta y uno. *Diario del Gobierno de la Habana 23 de julio de 1835.

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OBRAS 332\ 332\ 332\ 332\ 332\ Mucho mayor sera ese nmero si los secretarios de las otras Juntas subalternas establecidas en diferentes pueblos y los diputados encargados por esta Central de inocular en los partidos el virus vacuno, hubieran desempeado esa utilsima comision. No lo atribuyo a falta de celo ni de humanidad, ni de patriotismo. Dos causas han podido contribuir a la inaccin en que han permanecido. La primera es la indiferencia con que se mira este preservativo cuando no se presentan las viruelas. Se juzga entonces muy distante el peligro y la necesidad de precaverlo, y si algunas personas ms precavidas y solcitas pretenden que se vacunen sus hijos y domsticos, no permiten que se trasmita a otros el beneficio que gratuitamente han recibido. Si esto se ha experimentado varias veces en esta ciudad cuya poblacin es la ms ilustrada y numerosa de toda la Isla, hasta ocurrir a la autoridad de su primer jefe para obligar a que vuelvan con los granos al lugar donde fueron vacunados, qu obstculos y preocupaciones no se presentarn al ms activo y eficaz vacunador en los pueblos y partidos interiores? Todos se superaran si se recibiera alguna remuneracin por aquel servicio, pero cuando no se disfruta ni se espera, y es la segunda causa, cuando lejos de agradecerse el beneficio que se hace se mira como un deber en quien lo ejecuta, y un favor en quien lo admite; aprase entonces la constancia, se extingue el celo ms ardiente y todos los sentimientos que inspira la beneficencia. Esto ha sido puntualmente lo que ha retrado a los profesores que con tanta decisin se dedicaron a propagar en sus pueblos la vacuna. Se han desdeado de recibirla cuando no miraban muy inmediato los horrores de las viruelas; y previendo el Gobierno de Su Majestad esa fra y peligrosa indiferencia, ha expedido diferentes Reales "rdenes previniendo a los Ayuntamientos se encarguen de la conservacin y propagacin del virus vacuno como de un ramo muy importante de la polica de salubridad, no slo recomendando su eficacia a los vecinos y persuadindoles a inocularse, sino tambin remunerando a los facultativos encargados de esa operacin. Esta Real Sociedad a la que est unida desde su instalacin la Junta Central de la Vacuna, tomando en consideracin la necesidad de conservar y difundir ese virus en un pas tan expuesto a sufrir los estragos que causan las viruelas, y teniendo a la vista las citadas Soberanas disposiciones principalmente la Real Cdula de 31 de mayo de 1815, acord en una de sus sesiones del ao prximo pasado excitar el celo al excelentsimo Ayuntamiento para que remunerara a los facultativos que con tanta exactitud y constancia inoculan el virus vacuno dos das a la semana en las casas capitulares, as como ella siendo ms escasos sus ingresos y no perteneciendo a sus atribuciones gratifica a otros dos encargados de la misma operacin en los barrios de Guadalupe y Jess Mara. Y no siendo menos dignos de premio y estmulo los secretarios de las Juntas subalternas que desempean ese encargo supliendo los gastos de

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /333 /333 /333 /333 /333 escritorio y al mismo tiempo inoculan gratuitamente a sus vecinos el virus vacuno, propongo a este ilustre Cuerpo recomiende al excelentsimo seor su Presidente, Gobernador y Capitn General que por una circular dirigida a todos los Ayuntamientos de la Isla, sin exceptuar al de esta capital, se sirva manifestarle que la conservacin y propagacin de la vacuna es una de sus peculiares obligaciones, como anexa a la polica de salubridad; encargada a su celo y cuidado en repetidas Reales "rdenes, y expresa directamente en la citada Real Cdula, comunicada al excelentsimo seor su antecesor don Juan Ruiz de Apodaca, para que con el fondo de sus propios o de arbitrios suficientes que propongan Su Excelencia remunere a los vacunadores en cuyo caso podr exigrseles que cumplan sus deberes, y removerlos si fuere necesario. Habana y febrero 20 de 1835. Doctor Toms Romay .RESUMEN DE LAS TAREAS DE LA JUNTA CENTRAL DE LA VACUNA LEDO EN JUNTA GENERAL DE LA SOCIEDAD ECON"MICA EL 18 DE DICIEMBRE DE 1835*El presente socio ley la Memoria dirigida por el secretario que lo es de la Junta Central de la Vacuna concretando la historia del ramo desde la introduccin del virus hasta la fecha, exornada con la erudicin propia de Su Seora y concluyendo con indicar que sera tal vez la ltima exposicin que escribiere, porque sus achaques y graves ocupaciones no le permitan continuar en el servicio de la secretara desempeada por el espacio de treinta y un aos. La Junta oy esta Memoria con el ms vivo inters, acordando que al manifestarlo a dicho secretario se le hiciere presente que la Real Sociedad esperaba de su celo y de su patriotismo que continuara sirviendo el destino tan dignamente desempeado hasta ahora con el auxilio que le est acordando en orden a la lectura y con lo que ms que estimara conveniente y que les seran concedidos. Actas manuscritas de la Sociedad Econmica Libro VIII, f. 318; Memorias de la Real Sociedad Econmica de la Habana. Ao 1836 t. 12, pp. 308-312.

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OBRAS 334\ 334\ 334\ 334\ 334\RESUMEN DE LAS TAREAS DE LA JUNTA CENTRAL DE LA VACUNA LEDO EN JUNTA GENERAL DE LA SOCIEDAD ECON"MICA*Costumbre fue del antiguo pueblo romano presentarse los veteranos cubiertos de cicatrices y de canas en el templo del dios de la guerra, y ofrecer en su ara enrojecida las armas con que haban triunfado de los enemigos de la patria. Reconocida sta a sus servicios, coloca aquellos votos de lealtad y valor en los muros del augusto templo, inscribe sus nombres en los fastos marciales, y el tesoro pblico les suministra lo que ya no pueden adquirir sus miembros mutilados. No vengo, seores, a consagrar sobre esta ara del patriotismo vctimas inoculadas por el furor y la saa, ni el acero teido con sangre de mis semejantes. Dedicado a su conservacin por sentimientos y reflexiones, presento en ella trescientos once mil trescientos cuarenta y dos habitantes que en el espacio de treinta y un aos se han preservado en esta Isla de la enfermedad ms general y funesta por el descubrimiento ms til a la Humanidad, el adjunto estado lo comprueba. Aumentada su poblacin, se ha fomentado la agricultura, progresa el comercio, la industria y las artes, y este suelo privilegiado por la naturaleza se eleva al grado de prosperidad y opulencia a que le llama su destino. La propagacin de la vacuna ha contribuido a proporcionarle ventajas tan importantes. Introducida en esta ciudad el 10 de febrero de 1804 en ocasin que la desolaba una epidemia de viruelas, todos sus vecinos la solicitaron con el mayor anhelo, instruidos anticipadamente por los papeles pblicos de su eficacia para precaver aquel contagio. Difundida rpidamente hasta en sus barrios extramuros, se comunic con la misma celeridad a los pueblos y haciendas inmediatas por todas direcciones. Hallbase entonces en la villa de Santa Clara, visitando su dicesis, el excelentsimo e ilustrsimo seor don Juan Daz de Espada, cuya memoria nos ser siempre grata y respetable por su ilustracin y beneficencia, y desde all solicita con todo el celo de un verdadero pastor, y con toda la confianza de un hombre ilustrado, que se le remita a sus expensas un facultativo instruido en la nueva inoculacin con dos nios, el uno ya vacunado y el otro para que le hiciera la misma operacin si se demoraba en el camino. “Como en mis mansiones —son sus palabras— se verifica la reunin de todos los nios de la circunferencia, se podr extender prodigiosamente ese saludable remedio; siendo muy agradable la combinacin que viniendo a recibir el Espritu Santo por la confirmacin, vuelvan con aquel preservador de una enfermedad destructora en lo temporal, y con ste fortalecido para la carrera espiritual.” Consigui lo uno y lo otro *Memorias de la Real Sociedad Econmica de la Habana. Ao 1836 t. 5.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /335 /335 /335 /335 /335 dispensando ambos beneficios a todos los pueblos de su grey, hasta que regres a esta ciudad, donde public una pastoral exhortando a la saludable inoculacin de la vacuna. Habiendo llegado ese virus hasta el centro de la Isla, fcilmente se transport a la ciudad de Puerto Prncipe y de su jurisdiccin a la de Bayamo; en Cuba se haba propagado desde enero, conducido en cristales de Saint Tom. Tales eran sus progresos en toda la Isla cuando el 26 de mayo del propio ao arrib a este puerto la Real expedicin en que la munificencia de Carlos IV remiti la vacuna a todos sus dominios de Amrica, interesado eficazmente en reparar con ese antdoto los estragos que haban causado en ella las viruelas conducidas por un criado de Pnfilo Narvez. Pero encontrndola difundida del uno al otro cabo, ninguna otra cosa hizo su director sino presentar al excelentsimo seor Gobernador y Capitn General, Marqus de Someruelos, un plan cientfico y econmico para establecer en esta ciudad una Junta Central encargada de conservarla y trasmitirla a todo el distrito de su mando. Anticipadamente haba concebido el mismo proyecto y comunic a Su Excelencia otro plan el facultativo que inocul primero la vacuna en esta ciudad, ensayndola en sus propios hijos, a los que condujo cumplidos treinta das a la cama de un virolento, con cuyos granos fueron pblicamente inoculados por otro profesor sin resultado alguno; demostrando con esa prueba la ms peligrosa, pero tambin la ms incontestable, la confianza que tena en el descubrimiento de Jenner, inspirando la misma confianza en todos los habitantes de esta capital. De ambos planos se escogi lo ms conveniente, y en sesin ordinaria de esta Real Sociedad, celebrada el 13 de julio del repetido ao, qued establecida, organizada y unida a ella la Junta Central de la Vacuna, eligindose cuatro vocales facultativos, los que haban manifestado ms inteligencia y celo por su propagacin, y entre ellos para secretario el que suscribe. Considerando esta Corporacin que por s sola no poda conservar y difundir el virus vacuno en todos los puntos de esta Isla, convino desde el principio de su ereccin en que era indispensable instalar Juntas subalternas en sus principales poblaciones. As se ha verificado sucesivamente contndose hasta diez, siendo la ltima la que en agosto de este ao se estableci en la villa de San Antonio Abad. Al mismo tiempo ha nombrado en los pueblos menores y en los partidos rurales, facultativos de acreditada pericia y adhesin a la vacuna para que la comuniquen a sus vecinos. Si stos y aqullos no han colmado las esperanzas que se haban concebido; si el nmero de vacunados no corresponde al de los aos que han transcurrido, disminuyndose progresivamente cuando deba aumentarse; no ha consistido en defecto de celo y constancia de los vacunadores. Otros obstculos han obstruido los progresos de una operacin tan sencilla como benfica; pero la Junta Superior de Sanidad convencida de ellos, y

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OBRAS 336\ 336\ 336\ 336\ 336\ eficazmente solcita en precaver esta Isla de todas las enfermedades epidmicas y contagiosas, ha escogido medios poderosos para conseguir lo que tanto interesa a nuestra existencia y tranquilidad. Sin embargo, nada ha sido bastante para arredrar a mis dignos compaeros en la comisin encargada de inocular el virus vacuno dos das a la semana en las casas capitulares. Superando los doctores don Juan Prez Carrillo y don Francisco Sandoval todos los inconvenientes y dificultades que se les han opuesto, el primero desde 1810 en que fue elegido y el segundo en 1816, han conservado puro e inalterable el benfico depsito que se haba confiado a su vigilancia y patriotismo, trasmitindolo constantemente de unos a otros hasta en aquellos das por siempre lamentables de la epidemia del clera morbo, cuando todos los vecinos permanecan aislados en sus casas, los unos por no exponerse al contagio, los otros dedicados a la asistencia de sus enfermos, y muchos ms rehusando aquella operacin prevenidos de que dispona para ser invadidos de la enfermedad que nos desolaba. Tambin han dado pruebas muy sensibles de inteligencia y constancia los doctores don Domingo Rosans y don Diego Manuel Govantes, nombrados en 1822 para inocular la vacuna en los barrios extramuros de Guadalupe y Jess Mara. Entre los secretarios de las Juntas subalternas se han distinguido por el exacto cumplimiento de sus deberes el de Cuba, doctor don Enrique Daz Pez; de Trinidad, licenciado don Joaqun de Estrada; y el de la villa de Santa Clara, licenciado don Andrs Jos de la Parra, quien jams, en el espacio de veintisis aos, ha dejado de comunicarme al final de cada uno, el resumen de las personas que haba vacunado y de las sesiones de aquella Junta cuando se reuna. ste es un compendio de la historia de la vacuna desde su introduccin en esta ciudad hasta el 30 de noviembre anterior. Me ha parecido oportuno consignarlo en este informe porque espero sea el ltimo que presente a este ilustre Cuerpo. Mi edad, los achaques que le son anexos y varias atenciones de que no puedo prescindir, merecen que cumplidos ya treinta y uno de secretario y cuarenta y cuatro de socio, sea eximido de aquel encargo. La Junta Central abunda en facultativos que por su antigedad, conocimientos y prctica desempearn la secretara con el mayor acierto. No por eso dejar de concurrir a las sesiones de un Cuerpo que tanto me ha distinguido y he mirado con predileccin. Ni faltar tampoco en las casas capitulares los das destinados para vacunar al pueblo. sta es una obligacin que contraje con el excelentsimo Ayuntamiento antes que existiera la Junta Central, y ser siempre un testimonio de gratitud por la generosidad con que ha remunerado mis servicios. Habana y diciembre 15 de 1835. Doctor Toms Romay

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /337 /337 /337 /337 /337 Resumen de treinta y dos aos* Resumen de las personas que se han vacunado en esta ciudad de La Habana y en toda la Isla de Cuba desde el 12 de febrero de 1804 hasta el 30 de noviembre de 1835. AosLa HabanaIsl a de Cuba 1804 ......................7 469.........16 770 1805 ......................4 990.........6 613 1806 ......................4 879.........15 824 1807 ......................2 714......... 6,675 1808 ......................2 150......... 9,648 1809 ......................1 837......... 5,213 1810 ......................9 975......... 14,137 1811 ......................7 751......... 11,864 1812 ......................9 270......... 14,334 1813 ......................6 275.........11 283 1814 ......................5 136.........7 847 1815 ......................10 359.........14 049 1816 ......................16 497.........23 955 1817 ......................17 628.........22 864 1818 ......................20 177.........25 932 1819 ......................15 554.........20 144 1820 ......................16 248.........18 324 1821 ......................14 621.........15 532 1822 ......................3 840.........4 628 1823 ......................3 165.........3 972 1824 ......................2 956.........3 183 1825 ......................3 226.........3 946 1826 ......................2 819.........3 214 1827 ......................2 359.........2 892 1828 ......................1 611.........4 705 1829 ......................2 421.........3 542 1830 ......................3 123.........3 367 1831 ......................3 611.........4 142 1832 ......................1 161.........1 520 1833 ......................1 524.........2 204 1834 ......................3 019.........5 119 1835 ......................2 214.........3 891 Totales ................. 210 579 ......... 311 342 *Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 4, pp. 390-395.

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OBRAS 338\ 338\ 338\ 338\ 338\ Consecuente a la ltima parte de este informe y en atencin a los relevantes mritos contrados en este y otros muchos ramos por el seor doctor don Toms Romay, acord la Junta de la Real Sociedad que como una muestra de gratitud se contestase a Su Seora cun satisfecha se hallaba la Corporacin de sus eminentes servicios en favor de la Humanidad; y que deseando se conserve en un encargo, desempeado por espacio de treinta y un aos tan completa y satisfactoriamente, se le indicase que propusiera los medios suficientes a aliviarle en lo posible, hasta facultarle para nombrar un sustituto; pues a la vez que se consideraba justo no recargarle por ms tiempo con un trabajo de suyo penoso, deba conservar en el honorfico destino de secretario fundador al ilustrado compatriota que ha contribuido el primero a la introduccin y conservacin de tan seguro y acreditado preservativo.COMUNICACI"N A LA REAL SOCIEDAD PATRI"TICA EN LA QUE HACE UNA SUCINTA HISTORIA DE LA CREACI"N DE LA JUNTA CENTRAL DE LA VACUNA PARA DEMOSTRAR QUE ES IMPRACTICABLE AHORA APLICAR EL PLAN DE BALMIS E INCORPORAR ESTE ORGANISMO AL AYUNTAMIENTO*Excelentsimo seor y seores: El seor censor de esta Real Sociedad, para manifestar en su informe que no corresponde al instituto de esa Corporacin conservar el virus vacuno, sino que es una atribucin peculiar al Excelentsimo Ayuntamiento, no slo expone varias razones muy slidas sino tambin las leyes generales que imponan a los Cuerpos Capitulares como una de sus primeras obligaciones, la polica de salubridad en la cual est comprendido el preservativo de la enfermedad ms general y contagiosa, las particulares soberanas disposiciones y reglamentos que se expidieron por el Supremo Gobierno luego que se introdujo en la Pennsula la nueva inoculacin, y ltimamente las especiales Reales "rdenes y Cdulas dirigidas a los excelentsimos Seores Gobernadores y Capitanes Generales de la Isla. Es cierto que el doctor don Francisco Javier de Balmis, director de la Real expedicin de la vacuna, en el Reglamento que present al excelentsimo seor Marqus de Someruelos para establecer en esta ciudad una Junta Central propuso entre otros particulares que fueran pro*Archivo de la Sociedad Econmica, leg. 5; Archivo Nacional de Cuba, Gobierno Superior Civil leg. 1527, no. 7081.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /339 /339 /339 /339 /339 tectores de ella los Seores Gobernador y Capitn General de esta Isla, y el ilustrsimo Obispo Diocesano, vocales natos el seor regidor decano y el caballero sndico procurador general del Excelentsimo Ayuntamiento como individuo de un Cuerpo que promueve y representa los derechos y beneficios de estos pueblos, y que sean tambin vocales de ella cuatro o seis personas condecoradas y otros tantos profesores de Medicina o Ciruga que hayan dado pruebas de amor al bien pblico y de inters y eficacia por la propagacin de la vacuna, eligiendo uno de ellos para secretario. Pero Su Excelencia, por no recargar ms a los jefes que le sucedieron con la presidencia de nuevas Juntas, ya demasiado numerosa en aquella poca y considerando al mismo tiempo que el excelentsimo e Ilustrsimo seor Obispo era actualmente director de la Sociedad y que el excelentsimo seor Conde de Casa Bayona individuo de ella, era entonces y es todava regidor decano; que estaban inscritos entre sus socios algunos otros caballeros regidores y tambin el sndico procurador general; que an existan mucho ms de seis vecinos fundadores de esta Corporacin cuyo patriotismo acreditaron notoriamente protegiendo y recomendando la vacuna; y por ltimo que los facultativos que con mayor inteligencia y eficacia introdujeron el virus vacuno en esta ciudad y sus barrios y lo remitieron a toda la Isla mucho antes que arribara la Real expedicin pertenecan igualmente al mismo Cuerpo Patritico; con todas estas reflexiones expuestas por Su Excelencia en la sesin de 15 de junio de 1804, pretendi persuadir que la Junta Central deba reunirse y formar con l una misma corporacin, eligindose solamente los profesores que se estimaren necesarios. Para facilitar ms ese proyecto present Su Excelencia el referido plan del doctor Balmis, y tambin otro que anticipadamente haba recibido del facultativo que desde el 12 de febrero del propio ao practic l mismo la nueva inoculacin, proponiendo varias medidas para continuarlas hasta que llegase la Real expedicin, a fin de que examinado uno y otro por una comisin expusiera lo que juzgase conveniente. En Junta ordinaria de 13 de julio siguiente, enterada la Sociedad de ambos planes y del informe de la comisin, acord establecer la referida Junta Central del mismo modo que existe organizada, declarndose individuos de ella todos los socios y vocales natos, los cuatro profesores de Medicina y Ciruga que se eligieron, encargando a uno de ellos la secretara y distribuyendo a invitacin del excelentsimo seor Presidente entre los tres a quienes se confi expresamente conservar y propagar el virus vacuno el fondo arbitrado por el Excelentsimo Ayuntamiento y el Real Consulado. De todo esto y de cuanto ms haba ocurrido desde que se le anunci la Real expedicin, dio cuenta a Su Majestad el excelentsimo seor Marqus de Someruelos en oficio de 26 de marzo, 26 de mayo, 16 de junio y 3 de octubre de 1804, y por Reales "rdenes de 18 de octubre del mismo ao, 17

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OBRAS 340\ 340\ 340\ 340\ 340\ de octubre de 1805 y 31 de julio de 1807, se dign aprobar el Soberano todas las providencias dictadas por Su Excelencia para recibir y perpetuar en esta ciudad el virus vacuno. Habiendo comunicado el excelentsimo seor Gobernador y Capitn General al Excelentsimo Ayuntamiento el informe del seor censor de la Sociedad, lo pas al Caballero regidor comisario don Manuel Ramrez Gallo para que en su vista manifestara lo que se le ofreciera; lo verific en 2 de octubre de 1835 y concluy proponiendo que, como toca al Excelentsimo Ayuntamiento cuidar y sostener por medio de sus arbitrios y recursos la propagacin de la vacuna, ya por la reiterada soberana disposicin de tan especial encargo, ya porque las leyes generales del Reino le atribuyen el cuidado de la salud del pueblo, segn le arguye la Sociedad Patritica, vuelvan las cosas a su primer estado cesando la incorporacin de la Junta Central en los trminos generales de plan, reglamento y modo de propagar el fluido que no puede cumplimentar la Real Sociedad a pesar de sus esfuerzos por la situacin en que se encuentra; que se constituya con los vocales designados por el seor Balmis; que se celebren las sesiones semanales en las salas capitulares, cumplindose cuanto contiene en sus consejos y preceptos el plan y reglamento del precitado seor Balmis; y que instruido el Excelentsimo Ayuntamiento de todo lo que acuerde la precitada Junta en cuanto a medidas y necesidades que afiancen ms y ms la perpetuidad de la vacuna, redimiendo los pueblos del contagio varioloso, de no poca influencia en la disminucin de la poblacin, pueda acordar cuantos arbitrios y recursos sean importantes, fijndose desde luego y a la mayor brevedad la parte proporcional con que debe contribuir mensualmente cada Ayuntamiento para sostener los gastos de esta Junta Central y los profesores que en esta capital velan y se esmeran en la conservacin del fluido, socorrindose por medio de su vigilancia y la prevencin de depsito de cristales a las poblaciones interiores que a cada rato lo pierden. Omito varias reflexiones con que pudiera manifestar que es impracticable ese proyecto y me limitar a dos solamente. Aprobadas por Su Majestad en sus repetidas Reales "rdenes la organizacin de la Junta Central y su unin a la Sociedad Econmica, no est en nuestro arbitrio alterarla y constituirla segn el plan del doctor Balmis, mucho menos cuando no son esenciales las modificaciones que se le hicieron, atendidas nuestras particulares circunstancias. Tampoco puede exigirse que los Ayuntamientos de los otros pueblos contribuyan para satisfacer los gastos de la Junta Central y las pensiones asignadas a sus facultativos, cuando muchos de esos Cuerpos por carecer de fondos no han podido conceder la ms pequea remuneracin al vacunador de que reciben inmediatamente aquel beneficio. Los Ayuntamientos de Cuba, Trinidad, Puerto Prncipe, Matanzas y de la villa de Santa Clara son los nicos que han sealado alguna gratificacin a los que inoculan la vacuna, siendo una de ellas de diez pesos solamen-

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /341 /341 /341 /341 /341 te, y la mayor de veinticinco; sin embargo de lo prevenido a todos los del Reino por el Artculo 79 del Reglamento de 1804, y directamente a los de esta Isla por Real Cdula de 30 de mayo de 1815, cuyas palabras copia literalmente el seor censor de la sociedad. Ni el mismo doctor Balmis en ese plan que tanto recomienda su observacin el seor Ramrez Gallo, ha pretendido gravar aquellos Cuerpos con una doble pensin. Propone nicamente en el Artculo 10 que cuando la Junta comprenda que se experimentan las viruelas en algn pueblo de la provincia, comisionen un vacunador inteligente que lleve el virus vacuno y corte con su propagacin el contagio varioloso “gratificndoles de los fondos pblicos del pueblo al que se le haga el beneficio”; estimando muy conforme a las leyes generales y particulares, y a la propia conveniencia y utilidad, que cada Ayuntamiento proporcione los medios de conservar y propagar el virus vacuno en su respectiva municipalidad. Habana y noviembre 12 de 1836. Doctor Toms Romay.ARTCULO EN EL QUE SE DICE HABER COMPROBADO SIMILITUD ENTRE EL VIRUS DE LAS VACAS DE PASSY, HALLAZGO DE LOS MDICOS FRANCESES REMITIDO POR RAM"N DE LA SAGRA, Y LOS QUE HABITUALMENTE SE USAN AQU*Desde que el ilustre Jenner descubri el cow-pox en las vacas de Glocestershire y empez a inocularlo, los mdicos franceses no han cesado de solicitarlo en todos los departamentos de aquel reino. Intiles haban sido sus investigaciones en los primeros aos y aun en los posteriores, sin embargo de haberlas esforzado con mayor empeo, ya fuese porque teman que se enervara el virus vacuno que recibieron de Inglaterra, repitindose constantemente su inoculacin, o por aquella rivalidad tan comn entre los individuos de ambas naciones, que no les permite cederse ventaja alguna en la industria, en las artes y en las ciencias. Al fin, su laboriosidad y constancia fue profusamente compensada. El ao prximo pasado de 1836 se encontr el cow-pox en las vacas de Chaillot, de Passy, en los Campos Eliseos, cerca de la capilla de San Dionisio, y en otros diferentes lugares de Francia. “Si el cow-pox inoculable ha sido en ella tan raro despus de tantos aos, es muy posible que haya consistido, segn se ha dicho, en que el virus se extraa de los granos que resultaban *Diario del Gobierno de la Habana 22 de julio de 1837; Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 4, pp. 396-401.

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OBRAS 342\ 342\ 342\ 342\ 342\ despus de aparecer en las vacas aquella erupcin en lugar de tomarlo de los granos primitivos, que son los nicos que gozan de la virtud de producir otros semejantes.”1El seor don Ramn de la Sagra, residente en Pars, remiti el 7 de diciembre ltimo al excelentsimo seor Intendente Conde de Villanueva, cuatro tubos hermticamente cerrados con el virus de la vaca de Passy, y otros cuatro con el que se inoculaba anteriormente en aquella capital, los cuales recibi el 8 de mayo anterior. Interesado eficazmente Su Excelencia en cuanto puede contribuir al fomento y prosperidad de esta Isla, se sirvi confiarme todos esos tubos para que los ensayara, considerando que el virus de Passy estara ms puro y prolfico que aquel que usamos hace muchos aos. Deseando emplearlo inmediatamente aprovech el mircoles 10 del mismo en que deba vacunarse en las casas capitulares, y en unin de mis laboriosos compaeros, los doctores don Juan Prez Carrillo y don Francisco Sandoval, se hicieron a ocho nios dos incisiones en el brazo y otras dos en la pierna del lado derecho con el virus de Passy. Temiendo que pudiera fallar despus de cinco meses de extrado del grano y tambin porque estaba un poco encarnado, lo que indicaba haberse picado algn vaso sanguneo, se le hicieron otras tantas picaduras en el brazo y pierna izquierda con el virus que tenamos. De estas operaciones result lo siguiente. Uno de estos nios que slo tena dos meses, era del caballero regidor don Francisco Cspedes. Al tercer da de la inoculacin se percibi en las cuatro incisiones del lado derecho un puntico rojo, semejante a la picada de mosquito, y sucesivamente fueron desarrollndose hasta presentarse en el sexto todos los caracteres de verdaderos granos vacunos. El sptimo eran mayores, las aureolas ms encarnadas y extendindose hasta tocarse unas con otras, aunque los granos distaban ms de dos pulgadas, advirtindose al mismo tiempo muy aumentado el calor en todo el cuerpo del nio, inquietud y otros sntomas de fiebre. El noveno empezaron a disiparse las aureolas, formndose en el centro de los granos una postilla oscura. El 23 del propio mes y dcimoquinto de la inoculacin se desprendi una de la pierna y otra el 25, las del brazo se cayeron del 29 al 30, y corresponda a los diecinueve o veinte das de la operacin. Seguidamente se formaron otras nuevas postillas en aquellos granos, las que se desprendieron en diferentes das. Desde el dcimoquinto de la inoculacin se advirtieron en el brazo y pierna derecha algunos granillos semejantes a los de la varicela, los cuales permanecieron hasta el vigsimooctavo. Las cuatro picaduras hechas en el lado izquierdo con nuestro antiguo virus no produjeron efecto alguno. 1Rvue Medicale franc. et trang ., t. 2, p. 147. En este volumen y en el siguiente se encuentran varios artculos sobre el mismo asunto.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /343 /343 /343 /343 /343 En otro de los nios de tres meses y medio, hijo de don Francisco Gonzlez Santos, se verific tambin la erupcin de las cuatro incisiones hechas con el virus de Passy, y en la tarde del da sptimo los granos eran mayores que los comunes, una mancha erisipelatosa se extenda desde el hombro hasta la mano, y desde la rodilla hasta el pie, estando mucho ms roja la palma de la mano y la planta del pie, y esas mismas partes de la mano y pie izquierdo, donde no result ningn grano, se presentaron tambin muy encarnadas. Al mismo tiempo se advirti en todo su cuerpo una erupcin semejante al sarampin, aunque las pstulas fueron ms pequeas, y fiebre con algunos caracteres de exantemtica, la que termin al siguiente dia. Al undcimo empez a disminuirse la erupcin y al dcimocuarto se haba disipado enteramente, sin advertirse aquella descamacin semejante al salvado que se observa en el sarampin. Otro de los nios vacunados fue un hijo de don Felipe Santini, como de tres meses, al que le resultaron solamente los cuatro granos de las picaduras que se le hicieron con el virus de Passy, los que corrieron su curso natural sin presentar ningn fenmeno extraordinario. Tambin se inocularon, observando el mismo orden que en los anteriores, una nia y una negrita de cinco a seis aos conducida por Bayle. En la primera se desarrollaron nicamente los granos de las dos incisiones que se le hicieron en la pierna izquierda con el virus que tenamos y llegaron a su mayor perfeccin, y en la negrita fall ste y el de Passy. En un negrito como de cinco meses, del seor coronel don Lorenzo Somera, se verific la erupcin de las cuatro picaduras hechas con el virus de Passy, y tres de las cuatro ejecutadas en el lado izquierdo con el virus comn. Todos, siete granos, siguieron su curso ordinario sin notarse entre ellos la menor diferencia ni en el tamao ni en la figura, ni en los caracteres del virus. Hasta la aureola era de todos de un color rojo oscuro, semejante al de la caoba antigua, como se ha observado siempre en todos los negros, y un poco menos oscuro en los mulatos. El da sptimo de la operacin, cuando estaban los granos en su mayor incremento, apareci en la espalda una pequea erupcin como salpullido, la que se fue aumentando y se hizo general y de carcter varioloso el da catorce. Desde entonces empez la desecacin e igualmente de los granos vacunos. Fue tambin vacunada con el virus de Passy en el lado derecho, y en el izquierdo con el antiguo, una nia de tres meses del seor Nin y Pons, a la que result nicamente la erupcin de dos granos en las incisiones que se practicaron con el primer virus en la pierna derecha. Slo se le advirti una ligera alteracin febril en los das sptimo y octavo, y las postillas se desprendieron al dcimosexto de la operacin. El ltimo de los ocho en quienes se ejecut con ambos virus fue un nio de don Antonio Gonzlez, y habindose ausentado inmediatamente al pueblo de Regla no ha sido posible observar sus efectos.

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OBRAS 344\ 344\ 344\ 344\ 344\ Resulta, pues, de los siete que fueron reconocidos, que en cuatro se verific solamente la erupcin de las incisiones que se hicieron con el virus del cow-pox de Passy; en uno de los granos correspondientes a ese virus y al que conservamos en esta ciudad; en otro se desarrollaron perfectamente las picaduras hechas con ste, y en otro fallaron ambos. Las fiebres, las erupciones, la extensin extraordinaria de las aureolas, las manchas irisipelatosas que se observaron en los que tuvieron mayor nmero de granos producidos por el virus reciente, es un efecto muy propio de su mayor actividad y energa. El mismo Jenner advirti esos fenmenos y algunos otros en los primeros que se inoculaban con el humor extrado inmediatamente del cow-pox siendo ms o menos notables segn la particular constitucin de cada individuo. En los que sucesivamente se han vacunado cada siete das con aquellos granos, no hemos notado ninguno de esos sntomas. El sbado 13 del mismo mayo se inocularon otros ocho nios en el brazo y pierna derechas con el virus que se usaba en Pars, contenido en otros tubos hermticamente cerrados, y en el lado izquierdo con nuestro antiguo virus. Y aunque estaba aqul muy claro y trasparente, semejante a la clara o albmina del huevo, en seis que se reconocieron no se logr la erupcin de un solo grano, y en todo ello algunos en las incisiones que se hicieron con el virus que tenamos. Esto acredita que ese humor extrado inmediatamente de la vaca aunque est mezclado con alguna sangre, como lo estaba el que recibimos de la de Passy, conserva su virtud prolfica mucho ms tiempo que aquel que se toma de los granos del hombre, sin embargo de parecer pursimo y preservado de toda alteracin. De aqu no se infiera que el virus del verdadero grano vacuno comunicado sucesivamente de brazo a brazo a muchas personas de diferentes temperamentos, idiosincrasia y constitucin, y aunque adolezcan de alguna enfermedad, llegue a mezclarse con otro virus, alterarse y perder al fin su virtud preservativa de las viruelas. Desde su feliz descubrimiento se ha dudado de su inalterabilidad y constante eficacia. Recientemente, el ao anterior, se public un artculo en el Monitor de Pars pretendiendo persuadir que eran absolutamente necesarias las frecuentes trasmisiones del hombre a las vacas, y de stas a ellos, para que ese virus no se enervara y degenerase, segn opinaba Fiard. Pero all mismo los profesores Husson y Emery imputaron victoriosamente una doctrina que estimaron errnea, cuyo efecto sera inspirar duda en los mdicos y en el pblico sobre uno de los principios ms incontestables en la historia de la vacuna, la inalterabilidad de ese virus por la inoculacin no interrumpida de hombre a hombre; y el primero excit a la Academia de Medicina para que dirigiera una reclamacin a los editores de aquel diario declarando que lejos de haber reconocido alguna alteracin en la figura de los granos vacunos, lejos de haber observado la ms ligera irregularidad en el curso de la

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /345 /345 /345 /345 /345 erupcin, o la ms dbil disminucin en su efecto preservativo de las viruelas; todos los hechos observados prueban cada da que la vacuna no haba variado en su curso ni en sus efectos despus de la poca de su introduccin en Francia por Rochefoucauld en mayo de 1800. Emery apoy vigorosamente esta proposicin con pruebas incontestables. Hechos repetidos con frecuencia y observados muy detenidamente por espacio de treinta y tres aos, me adhieren a esa opinin. El 12 de febrero de 1804 inocul por primera vez ese virus, tomndolo de los granos de los nios que se vacunaron en La Aguadilla de Puerto Rico el da antes de salir de ese puerto. A esa isla fue llevado de la inmediata de Saint Tom; a ella se conducira probablemente de Dinamarca, y a este reino de Inglaterra o del condado de Holstein, donde entonces se encontraron algunas vacas con el cow-pox Despus de haber transcurrido por climas tan diferentes, despus que no inoculndose en esta ciudad cada siete das resulta que en treinta y tres aos ha pasado por ms de mil setecientas diecisis personas, suponiendo que cada da se vacunara una sola, despus que en ese tiempo he inoculado con el mismo virus a sarnosos, herpticos, escrofulosos, a muchos que estaban infestados del contagio varioloso, y a muchos ms del venreo, y por ltimo que el licenciado don Manuel Hernndez Otero, facultativo del Hospital de San Lzaro de esta ciudad, vacun un nio de seis aos, hijo de padres elefanciacos, teniendo ya sntomas muy marcados de esa enfermedad; despus de tantas trasmisiones y por sujetos que adolecan de enfermedades contagiosas de cuyos granos vacunos se tom el virus para comunicarlo a otros, yo no advierto la menor diferencia en el da de la erupcin, en su curso y progreso en la figura, dimensin y dems caracteres del grano, en las calidades del virus, y sobre todo en la eficacia casi infalible con que preserva de las viruelas. Hoy se presenta ese grano benfico en todo extraordinario, exactamente idntico a los primeros que observ en febrero de 1804; y habiendo continuado vacunando desde el 10 de mayo ltimo en las casas capitulares los mircoles con los granos que resultaron del virus de Passy, y los sbados con el que tenamos desde la citada poca, comparados unos con otros aparecen perfectamente semejantes a cuantos los reconocen y examinan. Si estos hechos no son suficientes para manifestar la inalterabilidad del virus vacuno, expongnse otros que persuadan lo contrario. Habana y junio 30 de 1837. Doctor Toms Romay

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FIEBRE EXANTEMTICA FIEBRE EXANTEMTICA FIEBRE EXANTEMTICA FIEBRE EXANTEMTICA FIEBRE EXANTEMTICA MEMORIA SOBRE LA EPIDEMIA DE FIEBRE EXANTEMTICA QUE SE EXPERIMENTA EN LA HABANA DESDE 1824, LEDA EN SESI"N ORDINARIA DE LA JUNTA CENTRAL DE LA VACUNA EL 15 DE ABRIL DE 1825*Conformndose el excelentsimo seor Gobernador y Capitn General con el dictamen de la Junta de Sanidad en sesin de 25 de marzo del ao anterior, manifest en el diario de esta capital de 28 del mismo que habindole participado el seor encargado de Su Majestad en los Estados Unidos de Amrica que en Filadelfia y otras ciudades se propagaba una epidemia de granos contagiosos llamados variolic que atacaba indistintamente a los que no haban tenido viruelas naturales, a los que haban sufrido esa enfermedad y tambin a los vacunados, haciendo los mayores estragos en la gente de color; convencido sin embargo de la eficacia de la vacuna para preservar de ese contagio, recomendaba eficazmente a los padres de familia que penetrados de los sentimientos que inspira la Humanidad, el celo por la salud pblica y su propio inters ocurrieran inmediatamente a vacunar a sus hijos y domsticos para redimirlos de una epidemia que poda introducirse en este puerto o en algn otro de la Isla, frustrando todas las providencias que haba dictado para precaverla y contener sus progresos. Desgraciadamente se ha cumplido lo que previ Su Excelencia y procur evitar con celo muy loable. Posible es sin duda que la epidemia de dos diferentes exantemas que se ha difundido en esta ciudad, y en algunos pueblos inmediatos, se haya introducido en las tripulaciones o efectos transportados de los puertos de la Amrica septentrional; pero la experiencia de muchos aos ofrece otra causa mucho ms activa, la que eludir la vigilancia de las autoridades y la severidad de las leyes, siempre que el srdido inters prevalezca contra los derechos de la Humanidad, de nuestra propia conservacin y de la pblica tranquilidad. Dos han sido las especies de granos epidmicos que se han observado desde abril del ao prximo pasado, precedidas ambas erupciones de una Memorias de la Real Sociedad Econmica de la Habana 19 de abril de 1825.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /347 /347 /347 /347 /347 fiebre aguda que ha durado tres y hasta cuatro das sin notable remisin, hacindola an ms temible el delirio, las convulsiones, los vmitos y otros sntomas que se advertan en algunos enfermos. Cumplido aquel perodo, se presentaba en la mayor parte de ellos una erupcin de pstulas poco numerosas, las que al cuarto da llegaban a su mayor incremento llenas de un humor cristalino y transparente que nunca se esperaba, como el pus de las viruelas; al quinto da empezaba a secarse, y al sptimo o noveno, lo ms tarde, se desprendan las postillas, que eran muy delgadas y no dejaban cicatriz alguna, sin experimentarse otra fiebre despus de la eruptiva. Los granos en la otra erupcin eran regularmente ms numerosos y algunas veces confluentes. Terminando la fiebre al tercero o cuarto da, o remitiendo solamente, se observaban primero en el rostro y despus en todo el cuerpo unos puntillos rojos apenas eminentes, los que se elevaban con lentitud, y hasta el quinto o sexto da no presentaban en su parte superior una vejiguilla clara y transparente, la que se extenda en los dos das sucesivos, y al octavo se levantaba en figura esfrica, llena de humor ms espeso, opaco y aun amarillo, rodeados los granos de un crculo encarnado que ocupaba toda la piel cuando eran muy abundantes. En este caso apareca otra fiebre el da onceno, y entonces se notaba una mancha oscura en la parte superior de las pstulas de la cara, derramaban stas y sucesivamente las de todo el cuerpo un pus espeso, amarillo y ftido, se arrugaban despus y el resto de la materia se converta en una costra gruesa y dura, que no se desprenda enteramente hasta cumplido el da veintiuno, dejando seales muy encarnadas y algunas escoriaciones. Adems de estos caracteres se presentaban tambin todos los que son peculiares a las viruelas discretas o a las malignas. En vista de unos sntomas tan diferentes no es posible que ambas erupciones deban llamarse viruelas naturales. Aunque la fiebre que las ha precedido haya durado el mismo tiempo en una y otra, observndose en ambas algunos sntomas de gravedad; con todo, el curso que han seguido los granos, el color y consistencia del humor contenido en ellos, el tiempo en que se ha verificado la desecacin y el desprendimiento de las postillas, han sido en todas pocas y en todos los pases los caracteres por donde los nosologistas y los prcticos han distinguido la viruela natural de la volante o varicela, llamada vulgarmente china en este pas. Es cierto que la particular constitucin del enfermo y otras circunstancias individuales y atmosfricas pueden acelerar o retardar los perodos de las viruelas; pero no alterar absolutamente sus peculiares caracteres. La primera de estas erupciones ha sido ms general, observndose indistintamente en los vacunados, en los que haban tenido viruelas naturales y en los que no haban sufrido esta enfermedad ni aquella inoculacin. La segunda la experimentaron muchos que no haban sido afectados del contagio varioloso, algunos que conservaban seales muy sensibles de

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OBRAS 348\ 348\ 348\ 348\ 348\ haberlo padecido, muchos que se juzgaban vacunados y algunos que tuvieron el verdadero grano vacuno. stos han sido muy raros, o al menos en muy pocos se ha comprobado de un modo incontestable. Tres solamente he observado despus de asistir y reconocer algunos centenares de virolentos; pero se citan algunos otros por varios facultativos que me han comunicado sus observaciones en cumplimiento de lo acordado por esta Junta en sesin de 5 de octubre ltimo, y se sirvi prevenirles el excelentsimo seor Gobernador y Capitn General por el diario de esta capital el 17 del propio mes, para deducir de ellas si el contagio varioloso ha infestado a los que haban tenido la verdadera vacuna. Cual haya sido la causa de repetirse con frecuencia lo que desde 1804, en que se introdujo la vacuna en esta ciudad, slo se advirti dos ocasiones en 1818;1 yo no me atrevo a determinarlo, porque no aventuro conjeturas en asunto tan importante y desconocido a los ms clebres vacunadores. Algunas personas, fundndose en papeles pblicos de Europa que dicen haber visto, han opinado que el virus vacuno preserva de las viruelas por tiempo determinado, como diez o doce aos, y que cumplido ese perodo es preciso repetir la inoculacin para precaverse otros tantos aos. Otras han credo que el virus vacuno que se propaga en esta ciudad habindose trasmitido sucesivamente por espacio de veintin aos de uno en otro individuo, ha debido alterarse por sus particulares humores, perdiendo por consiguiente la virtud preservativa. En cuanto a lo primero, no se me han proporcionado los papeles que se citan, aunque los he solicitado con la mayor eficacia; ni tampoco concibo cmo pueda suceder que destruida por la vacuna la predisposicin al contagio varioloso vuelva a reproducirse. O la nueva inoculacin extingue absolutamente la aptitud a recibir aquel contagio, o slo la enerva y disminuye. Si lo primero, las personas que han tenido el verdadero grano vacuno deben quedar para siempre excentas de aquel contagio, como sucede a las que han sufrido las mismas viruelas naturales, las volantes, el sarampin y otras enfermedades contagiosas que por lo regular slo una vez se experimentan en la vida ms dilatada. Pero si el grano vacuno no hace ms que disminuir o enervar la predisposicin a las viruelas; en cualquier tiempo que se expongan los vacunados a recibir ese contagio de un modo activo y eficaz, experimentaran sus efectos. Ni el virus vacuno es un agente que se conserva en el cuerpo humano resistiendo la impresin de aquel contagio, ni el humor de que se llenan los granos de las viruelas que exista en el individuo antes de excitarse su erupcin, como supone los que ignorando hasta los primeros elementos de la ciencia ms vasta y complicada se atreven a discutir acerca de algunos fenmenos de la economa animal, que 1 Memorias de la Real Sociedad Econmica de la Habana. Ao 1819

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /349 /349 /349 /349 /349 no se puede comprender ni explicar sin conocer sus leyes y el modo con que obran los contagios. Los cuatro hijos que tena en febrero de 1804 fueron los primeros que se vacunaron en esta ciudad, y con ellos algunos otros nios en quienes ejecut la misma operacin; se propag aquel virus en todos los que quisieran recibirle. Cumplido treinta das de la inoculacin, y convencido hasta la evidencia de que estaban exentos del contagio varioloso, no dud someterlos a la prueba ms incontestable, con objeto de inspirar la misma confianza no slo con razones y autoridades como ya lo haba practicado, sino con hechos que suelen ser mucho ms eficaces. Propuse al excelentsimo seor Gobernador y Capitn General, Marqus de Someruelos, que deseaba inocular algunos de los primeros vacunados con el pus de las viruelas naturales, y que para autorizar ese acto dndole toda la autenticidad posible convendra lo presenciase el Real Tribunal del Protomedicato. Persuadido igualmente Su Excelencia del feliz resultado, y de que contribuira necesariamente a los progresos de la nueva inoculacin, accedi a mi instancia y la comunic al referido Tribunal. El 23 de marzo de dicho ao concurri con otros facultativos citados al efecto a la casa de don Francisco Laboy, frente a la del caballero don Nicols Pealver. Conduje a mis dos hijos mayores al doctor don Francisco de Crdoba, que tena entonces seis aos, y fue vacunado en 23 del referido febrero, y a una mulatica de dos aos, esclava de don Francisco Basab y Crdenas, vacunada el 27 del propio mes. Despus que los cuatro vacunados estuvieron sentados algn tiempo en la cama de un nio de Laboy, cubierto de viruelas naturales, segn reconocieron todos los facultativos, tom uno de ellos, doctor don Bernardo Czar, en una aguja de pus varioloso que estim bastante para comunicar el contagio a cualquier persona que fuese capaz de recibirlo, y lo introdujo en las incisiones que hizo en ambos brazos de los cuatro vacunados, renovando el pus para cada una de ellas, exigiendo el seor protomdico regente que entonces era, y nunca fue proslito de Jenner, que la operacin se hiciese con todo el rigor del arte. Sin embargo, con fecha de 16 de abril siguiente inform a Su Excelencia lo que he referido, aadiendo que en los diecisis das siguientes a la operacin no haba dejado de visitarlos, ni tampoco los dems individuos del Protomedicato, conviniendo unnimes en que no haba advertido en ninguno de los cuatro vacuno-inoculados sntoma alguno que indicase haber sido infestados del contagio varioloso, y que el resultado de la vacuna en este pas era idntico al que se haba reconocido en Europa.2Ni en la presente epidemia, ni en las que han precedido desde que se vacun el doctor Crdoba, ha sentido ni levemente los efectos de aquel contagio. Ignoro dnde exista la criada del seor Basab; pero mis dos 2 Papel Peridico de la Havana 1804 (Suplemento).

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OBRAS 350\ 350\ 350\ 350\ 350\ hijos inoculados en aquel mismo acto, otros dos que se vacunaron cuando ellos, cuatro ms que tuve posteriormente, y cuatro hijos de los primeros, vacunados por consiguiente en diversas pocas, todos se conservan ilesos en mi casa, pudiendo yo mismo infestarlos diariamente. Desde abril del ao prximo pasado asisto constantemente en el Real Hospital de San Ambrosio ocho o diez virolentos, entre ellos algunos naturales de Costa Firme que han tenido la erupcin ms horrorosa y maligna; en casas particulares de esta ciudad visito casi igual nmero de estos enfermos; y aunque mi ropa debe estar impregnada del contagio, permanezco con ella sin reservarme de tratar a mis hijos y nietos, y slo tomo aquellas precauciones que exige el aseo y limpieza. En los das 12 y 13 de febrero de 1804 se vacunaron tambin dos nias del seor Coronel don Pedro Montalvo, doa Mara de los Dolores y doa Mara del Carmen; otra del seor coronel don Juan Manuel O’Farrill, doa Mara Luisa; tres hijos de don Ignacio Pedroso, don Martn, don Joaqun y don Francisco; una nia de don Juan de Zayas, doa Mara Catalina; y otra de don Jeremas Guereca, doa Mara Ignacia. Ninguna de estas personas ha experimentado las viruelas, sin embargo de haber estado muy expuestas, existiendo en sus casas algunos criados con esa enfermedad. Dos hijos de la ltima la padecieron en el mes de diciembre inmediato, y ella los asisti con toda la eficacia y terneza de una madre; lo mismo ejecut con una hermanita y no se reserv de contribuir personalmente a cuanto necesitaba una criada, que falleci por una erupcin maligna. Si han corrido veintin aos desde la vacunacin de estos individuos hasta la fecha; no es tan cierto como se supone que la virtud preservativa de la nueva inoculacin slo dura diez o doce aos. Para ms convencerme de su constante eficacia, volv a vacunar el 14 de enero anterior a seis de mis hijos, y a todos les result la falsa vacuna; lo que prueba en mi concepto que la primera fue verdadera y extingui absolutamente la predisposicin a las viruelas. No son menos evidentes los hechos con que espero manifestar que el virus vacuno que se propaga actualmente en esta ciudad conserva su primitiva virtud y eficacia, sin haberse alterado ni disminuido por la constante comunicacin de unos individuos a otros en el espacio de veintin aos. Si se hubiera alterado, se conocera necesariamente alguna diferencia en sus caracteres y en sus efectos. Ahora como la vez primera que se inocul ese virus, no se percibe ninguna alteracin en las incisiones hasta despus de las cuarenta y ocho horas de haberlas hecho. Del tercero al cuarto da presentan un punto rojo semejante a la seal que deja la picadura de un mosquito. Se aumenta del quinto al sexto y en la parte superior se percibe una vejiguita blanca. Al sptimo es mucho mayor el grano; se deprime en su centro que aparece oscuro, y en su circunferencia se forma un rodete lleno de un lquido claro y transparente. Desde ese da empieza a circuns-

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /351 /351 /351 /351 /351 cribirse el grano por un crculo encarnado, que se extiende mucho ms al octavo y suele experimentarse algn movimiento febril, bostezos, dolor bajo los brazos, picazn en los granos, calor y displicencia en todo el cuerpo. Desde el da noveno al onceno, se disipa progresivamente la inflamacin y se empieza a formar la postilla en el centro del grano, la que al principio es amarilla y despus se oscurece; del da veinticinco al treinta se desprende y deja un hoyo pequeo. Picado el grano no se derrama de una vez todo el lquido contenido en el rodete; de cada picadura sale una pequea gota tan cristalina y de la misma consistencia que la clara del huevo. Cualquiera que compare esta descripcin con la que han publicado los vacunadores de Europa, y ambas con alguno de los verdaderos granos vacunos que actualmente se presentan, observando diariamente sus progresos, se convencer de la exactitud de aqulla y de la inalterabilidad y pureza del virus que se propaga en esta ciudad y en sus barrios. Sus efectos suministran constantemente pruebas irrefragrables de que no ha sufrido la ms leve alteracin. Si todos los que se han vacunado en estos das, en el ao prximo pasado y en los anteriores no se han preservado de las viruelas, ser sin duda por las causas que expondr adelante; pero no temer afirmar que la mayor parte de ellos han experimentado ese beneficio, habiendo dentro de sus propias casas hermanos y criados con aquella enfermedad. Difcil sera redimirlos de ella aun cuando se hubiesen tomado las ms eficaces precauciones; puesto que el contagio de las viruelas no se comunica precisamente por contacto, como el de la peste de Levante y algunos otros, sino que se difunde a muy larga distancia. Exceden seguramente de cuarenta mil personas las que existen en esta ciudad y sus barrios vacunadas desde 1804 hasta la fecha. Si todas ellas estuvieran expuestas a sufrir las viruelas, qu casa no contara muchos enfermos y se lamentara de sus estragos? En el colegio de San Francisco de Sales habitan veinticinco nias y concurren diariamente a educarse sesenta y ocho, reunindose noventa y tres todas vacunadas, entre ellas la mayor cuenta trece aos y algunas menos de cinco; con todo, una sola de las colegialas y otra de las externas han experimentado las viruelas y de un modo muy benigno. La Casa de Beneficencia est continuamente expuesta a ese contagio; por su costado se conducen al cementerio general muchos cadveres y todos pasan precisamente por su frente, introducindose por las ventanas los hlitos que exhalan los de aqullos que han fallecido de viruelas. El departamento de educandas cuenta sesenta y tres nias de cuatro aos a veintisis, todas vacunadas, aunque no reconocidos los granos de todas ellas; el de indigentes contiene noventa y nueve, la mayor parte vacunadas; a cinco nicamente entre ciento sesenta y dos he asistido con viruelas, sin que ninguna de ellas ofreciera el menor peligro; la erupcin que observ en otras al mismo tiempo fue muy diferente, pues el da sptimo o noveno se haban cado las

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OBRAS 352\ 352\ 352\ 352\ 352\ postillas. Aun aquellas mismas familias que ms han sufrido en estos das perdiendo a sus hijos y domsticos despedazados por esa cruel enfermedad, no pueden dejar de reconocer que son muchos ms los que ha preservado la vacuna en medio de la malignidad de aquel contagio. No es sta la vez primera que se ha dicho que el virus vacuno debe enervarse por las continuas trasmisiones hasta perder absolutamente su eficacia. As se discurra en Inglaterra y Francia casi al mismo tiempo que Eduardo Jenner ejecutaba sus primeros ensayos; y cuando yo los repeta en esta ciudad en 1804 se reprodujo la misma objecin en el nmero 34 de un papel que se titulaba peridico. En mi contestacin publicada en los nmeros 38, 43 y 44, despus de exponer varias reflexiones y la que haban decidido sobre este particular las Juntas mdicas de Pars, Reims y Ginebra en consecuencia de las investigaciones que practicaron, aad que el 23 de marzo del mismo ao inocul en la Casa de Beneficencia con el virus vacuno de una nia que tena una antigua erupcin de sarna, a quince personas de la propia casa, resultando a todas ellas la verdadera vacuna y a ninguna la sarna. El 26 del siguiente abril reconoc el grano vacuno de un nio del excelentsimo seor Marqus de Crdenas de Monte Hermoso, que contaba dieciocho das de nacido, el cual presentaba todos los caracteres de verdadero, excepto tener muy amarillo el rodete. Juzgu que este color no se comunicara al lquido que contena, limitndose solamente a la epidermis, tinturada con todas las dems de su cuerpo de aquella ictericia tan frecuente en esa edad por la detencin del meconio en el duodeno. Piqu el rodete y sali un humor no muy lquido y tan amarillo como una tintura de azafrn. Me detuve un momento considerando que poda estar alterado y producir la falsa vacuna; pero ocurrindome que sera fcil reparar prontamente ese resultado, me resolv a observar hasta donde llegaba la eficacia del virus vacuno. Lo comuniqu al teniente de navo don Francisco Javier Pineda y a don Pedro Ruiz, dependiente de la casa del seor Intendente don Francisco de Arce. Al da tercero advirtiendo que las incisiones de uno y otro no presentaban ninguna seal de erupcin, presum que el virus estaba tan alterado que no poda producir ni la falsa vacuna, y los volv a vacunar con otro en diferentes parajes. Fue intil esta segunda operacin; al da siguiente observ un punto encarnado en cada una de las cuatro primeras incisiones que hice al seor Pineda, y al sexto manifestaron todos los caracteres de granos verdaderos, sin amarillez alguna en el rodete; lo mismo aconteci a don Pedro Ruiz. Me propuse inocular otras personas con el virus de esos granos para reconocer sus efectos; pero el seor Pineda me signific que deseaba conservar intactos los suyos con el objeto de vacunar con ellos los criados de una hacienda, donde efectivamente pas el da siguiente, los de Ruiz se inutilizaron por habrsele reventado casualmente. Comprob por ltimo estos casos con otro que me comunic el licenciado don Manuel Hernndez Otero. Vacun un criado del

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /353 /353 /353 /353 /353 teniente coronel don Jos de Cotilla sin advertir que estaba ya infestado del contagio varioloso. Verificse la erupcin de los granos vacunos, y al quinto da de su inoculacin le invadi la fiebre eruptiva variolosa, cubrindose sucesivamente de sus pstulas. stas y las vacunas siguieron su curso natural, sin alterarse en manera alguna; y el licenciado Hernndez no temi inocular con el virus de los granos vacunos a otros dos negros de la propia casa, a quienes result la verdadera vacuna sin una sola viruela natural. Estos resultados son muy conformes a los que experiment el doctor Woodwille en el hospital de inoculados de Londres. Practic esa operacin en un nmero muy considerable de individuos, introducindoles en un brazo el pus de las viruelas naturales y en el otro el virus vacuno. En todos se verific el desarrollo de la vacuna y de las viruelas sin confundirse ni alterarse sus peculiares caracteres ni su respectivo curso. Apur todava ms sus experimentos para convencerse de la inalterabilidad del virus vacuno. Mezcl perfectamente una porcin de ese lquido con otra del pus varioloso, y con ese humor mixto inocul en un mismo da a veintiocho personas. En ninguna se manifest una tercera enfermedad que participase de los sntomas de aqullas; al contrario, en ms de la mitad se present la vacuna nicamente con todos sus caracteres distintivos, y en los restantes de los de las viruelas naturales. Sin embargo, deseando remover cuantos obstculos puedan oponerse a los progresos de la nueva inoculacin, usando de un virus extrado inmediatamente de las vacas, me resolv a ejecutar una operacin indicada por Jenner, aunque intilmente practicada por otros vacunadores y repugnada por algunos que han encontrado la viruela espontnea en las vacadas de varias provincias de Europa. Pero habiendo dicho el primero que ese grano siempre es producido por comunicacin del pus del gabarro de los caballos, lo inocul en enero anterior en consorcio del doctor don Juan Prez Carrillo en los pezones de una vaca que proporcion don Pedro Diago, quien solicit tambin con la mayor eficacia el caballo que tena aquella enfermedad, muy rara en este pas. No produciendo efecto alguno, repetimos algunos das despus lo mismo que en otras ocasiones haba ejecutado con el ms feliz xito. Introdujimos en el propio lugar a la misma vaca el virus vacuno extrado de los granos de un nio, y al quinto da se presentaba otro grano con todos los caracteres de verdadero. Al sptimo juzgndole en perfecta sazn, conduje dos nios para inocularlos con aquel humor, acompandome el doctor Francisco Sandoval. Pero desgraciadamente aquel mismo da reconoci el seor Diago que estaba reventado, frustrndose el esmero con que haba procurado conservarle y mis deseos de propagar su virus. Convencido de la facilidad de conseguir nuevos granos mediante esa operacin, me propongo reiterarla en otra vaca que prepara al efecto el mismo seor Diago.

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OBRAS 354\ 354\ 354\ 354\ 354\ No se presuma por este empeo en rectificar el virus vacuno, que yo considere alterado el que se inocula actualmente, y que proceda de su ineficacia que no se preserven de las viruelas los que se juzgaban exentos de su contagio. Son otras en mi concepto las causas que han contribuido a ofender la opinin que tan justamente mereca la vacuna. Despus que el 12 y 13 de febrero de 1804 inocul varias personas con los primeros granos vacunos que se vieron en esta ciudad, algunos facultativos ejecutaron esa operacin al da siguiente con el humor que encontraron en los mismos granos, ignorando o no creyendo que a las ocho horas de haberse picado una pstula vacuna y extrado su virus, aunque vuelva a llenarse resultar siempre la falsa vacuna a los que se inoculasen con ese segundo humor. Siendo esto incontestable, no es de extraarse que hayan sufrido las viruelas naturales los que entonces fueron vacunados, incurrindose en aquel error. El nmero de stos es incomparablemente inferior al de aqullos que han experimentado las consecuencias de ese contagio por la omisin de los padres de familia. A todos los que llevan a vacunar alguna persona a las casas capitulares y dems lugares destinados a ese objeto, se les encarga que la presenten a los ocho das para repetir la operacin si no ha producido efecto, o reconocer si result la falsa vacuna; y si en el caso de haber sido verdadera, se haban alterado los granos antes de llegar al trmino de su incremento y perfeccin. Rarsimo es el que vuelve a someterse a un reconocimiento sin el cual no presta ninguna confianza la inoculacin; es preciso conducir con violencia a uno u otro de los vacunados para conservar el virus en los que ocurren a solicitarle, y absolutamente es indispensable repetir la operacin en los que no produjo la primera efecto alguno, en aquellos a quienes result la falsa vacuna, y tambin a los que aun habindose presentado granos verdaderos se reventaron, o de cualquier otro modo se interrumpi su curso antes del da octavo; en ese o en el siguiente es cuando se afectan todos los sistemas, produciendo solamente hasta entonces el virus vacuno una alteracin local circunscrita al punto que ocupa la pstula y su aureola. Tampoco estn exentos del contagio varioloso todos aquellos que tuvieron un solo grano verdadero, pero se extrajo su virus, ya sea casualmente o picndole de propsito para inocular a otros, debiendo conservarse ileso hasta concluir todos sus perodos. As se resolvi por los facultativos del establecimiento nacional de la vacuna en Inglaterra, en sesin de 25 de mayo de 1815.3 En Juntas Generales celebradas por esta Sociedad Econmica el 12 de diciembre de 1818, le una Memoria apoyando esa opinin con las autoridades terminantes de Aikin, Moreau de la Sart y Redman Coxe. 3 Diario del Gobierno de la Habana, 3 de abril de 1816.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /355 /355 /355 /355 /355 Este ilustre Cuerpo se sirvi acordar que se insertara en el nmero 28 su Memorias; y habindose presentado un ejemplar a la Comisin Central de Vacuna de Pars en septiembre de 1819, se dign apreciarle y distinguir a su autor. stas han sido las verdaderas causas que han expuesto al contagio de las viruelas a muchas personas que se juzgaban preservadas por la vacuna, aunque en lo general ha sido muy benigna aquella erupcin. Sin embargo de tantos hechos que podran inspirar alguna desconfianza, el pueblo de La Habana tan ilustrado como dcil no duda de su eficacia ni ha rehusado inocularse. En los meses de enero y febrero del ao prximo pasado, juzgndose muy distante el peligro, slo se ejecut esa operacin en las casas capitulares en ciento cincuenta y seis personas, luego que anunci el excelentsimo seor Gobernador y Capitn General que era inminente; siendo muy fcil conducirse el contagio varioloso en los buques que entran en este puerto procedentes de los Estados Unidos, donde esa enfermedad haca los mayores estragos, se apresuraron a vacunarse los que podan ser infestados; y en todo el ao concurrieron a ese mismo lugar tres mil novecientos cinco; en el barrio de Guadalupe inocul el doctor don Domingo Rosans a mil ochenta y cuatro; en Jess Mara el licenciado don Diego Govantes a setecientas setenta y cinco; en El Pilar el licenciado don Antonio Miyaya a quinientas cincuenta y dos; en el pueblo de Regla el licenciado don Pablo Humanes a setecientas cuarenta; en Jess del Monte, Luyan y Mordazo el licenciado Jos Ayala a setecientos cincuenta; en la villa de Santa Clara el licenciado don Andrs Jos de la Parra a doscientas ochenta y cuatro; en Corralillo el licenciado don Juan Nepomuceno de Prados a ciento seis; remitindose al mismo tiempo el virus vacuno por la comisin de esta Junta en trescientos doce cristales a diferentes pueblos de la Isla y de ultramar. Habana y febrero 26 de 1825. Doctor Toms Romay NOTA. Despus de concluida esta Memoria pude conseguir los papeles que haba citado en el segundo prrafo de la pgina 4, y son los extractos de dos obras publicadas por el doctor Thomson insertos en el nmero 74 de la Revista de Edimburgo titulada la una “Noticia de la epidemia varioloide de Edimburgo y otras partes de Escocia” y la otra “Bosquejo histrico de las opiniones de los facultativos con respecto a las variedades y segunda ocurrencia de las viruelas”. En la primera manifiesta el doctor Thomson que de 1818 a 1819 apareci una epidemia de viruelas en Edimburgo y sus inmediaciones, y que habiendo visto a ochocientos treinta y seis enfermos, de los cuales doscientos ochenta y uno no haban sido vacunados ni padecido las viruelas anteriormente. La mortalidad en stos fue en razn de ms de uno por cuatro. En setenta y un casos los pacientes haban experimentado anteriormente

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OBRAS 356\ 356\ 356\ 356\ 356\ las viruelas verdaderas, y de stos murieron tres, es decir, uno por veinticuatro. Los restantes cuatrocientos ochenta y cuatro haban sido vacunados, y de este nmero slo falleci un individuo. “Resultado —dice el doctor Thomson— que me parece verdaderamente asombroso, cuando traigo a la memoria los sntomas generalmente graves de la calentura eruptiva, la gran variedad de salud y constitucin de los individuos que adolecieron de ella, y las desfavorables circunstancias en que se hallaban muchos de estos individuos. Al ver la general benignidad de la epidemia variolosa en los que haban sido vacunados, y lo grave, maligno y funesto del mismo mal en los otros, era imposible no convencerse de la gran y benfica virtud de la vacuna para modificar y enervar el virus de las viruelas. No pueden imaginarse pruebas ms irresistibles de la eficacia de la vacunacin, y del incalculable beneficio que su descubridor hizo a la Humanidad que las que yo he tenido el placer de observar. ”Tambin me fue de mucha complacencia ver disiparse gradualmente el terror que excit al principio la aparicin de la epidemia varioloide en las familias de los vacunados; y que al comparar las diversas formas bajo las cuales se presentaba en stos la epidemia, y en los que no lo haban sido, aun los ms ignorantes y preocupados abrieron los ojos, y forzados a reconocer las ventajas de la vacuna, se determinaron al fin a ponerse a s mismos y a sus familias bajo la proteccin de una prctica que antes haban mirado con indiferencia o desprecio. ”Ocurri un caso de una persona vacunada que adoleci de viruelas por tercera vez. En ms de cuarenta de los vacunados se observ esa enfermedad dos ocasiones, en intervalo que variaron desde unos pocos das hasta cierto nmero de aos. En algunos de estos casos el primer ataque pareci de viruelas locas, y el segundo de verdaderas viruelas; en otros, al contrario, y de ellas hubo en quienes ambas erupciones parecieron de un mismo gnero. Ya dijimos que de cuatrocientos ochenta y cuatro vacunados uno solo muri. En esta epidemia nada se observ que favoreciese la suposicin de que la virtud preservativa o modificativa de la vacuna se disminuye con el tiempo, de manera que los vacunados se encuentran cada ao ms susceptibles de recibir el contagio varioloso; lejos de ser as, se observ que la epidemia afectaba principalmente a los nios, demostrndose que el transcurso del tiempo pareca ms bien disminuir que aumentar la susceptibilidad del contagio. ”Es difcil concebir que la eficacia de la vacuna contra los ataques y peligros de las viruelas se ponga jams a una prueba tan rigorosa como la que experiment en la maligna, y casi universal epidemia de que he sido testigo. Segn los mejores informes, la mortalidad causada en ella por la viruela natural vari en general desde uno por tres, hasta uno por cinco en las personas que no haban sido vacunadas; grado de fatalidad que rara vez se ha observado en las viruelas de que, en cuanto me ha sido posible averi-

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /357 /357 /357 /357 /357 guar, no se ha visto ejemplar desde el descubrimiento de la vacuna. El sentimiento que caus a m y a otros el vernos precisados a creer que la vacuna, de cualquier modo que se administre, no era de todas circunstancias un preservativo absoluto de las viruelas, en alguna manera se mitig por tan multiplicadas pruebas de sus maravillosos efectos, en moderar los sntomas de la enfermedad y disminuir el peligro. Este agradable resultado no puede menos, segn yo concibo, de arrastrar el ascenso de todo aquel que haya tenido ocasin de comparar los diferentes fenmenos y fatalidad de las viruelas, en razn de atacar individuos vacunados o no vacunados.” La extraordinaria mortalidad que se experiment entonces, la repeticin de las viruelas a muchas personas que antes las haban sufrido, y la erupcin de ellas observada en un gran nmero de vacunados, todo lo atribuye el doctor Thomson al carcter naturalmente grave y maligno de la epidemia, y no a que se hayan deteriorado las virtudes del virus vacuno ni a que se le hubiese administrado de un modo defectuoso; aadiendo que si el doctor Jenner, cuando sac a luz su descubrimiento, hubiera encontrado en la atmsfera una constitucin variolosa semejante a la que se experimentaba en Edimburgo, era dudoso que la vacuna se hubiera estimado como un preservativo infalible de las viruelas; pero s con bastante eficacia para disminuir y enervar la malignidad de su contagio. Mientras observaba el doctor Thomson la epidemia descrita en la anterior Memoria, le ocurri la duda de si las viruelas espreas y las verdaderas eran o no enfermedades distintas; y sus reflexiones sobre esta materia le persuadieron que ambas proceden de un mismo contagio, y que las varicelas son una modificacin de las viruelas. Sostiene esta opinin en la segunda Memoria, y aunque se le adhirieron algunos facultativos, han sido impugnados por otros muy respetables de Inglaterra y Francia. Yo me lisonjeo de haber convenido exactamente con ellos, y sobre todo con el dictamen de la Academia de Medicina de Pars mucho antes de haberlo visto. Encargada por el Gobierno el ao prximo pasado de examinar si el virus vacuno conservaba su primitiva eficacia, o se haba alterado despus de comunicarse de uno u otro individuo por espacio de muchos aos, quedando por consiguiente expuestos los vacunados al contagio varioloso; resolvi en sesin de 5 de octubre ltimo, con presencia de todos los documentos que se haban presentado impugnando la nueva inoculacin, “ primero que cuando la viruela natural parece atacar a los vacunados, puede afirmarse sin temor de errar que la vacuna no fue verdadera o que no lo es la viruela, sino una enfermedad que presenta algunos caracteres semejantes a los de ella, como la viruela volante o algunas otras erupciones anmalas; las cuales nunca ofrecen al observador atento los sntomas verdaderamente distintivos de la viruela natural, como son su curso y figura regular, la gravedad de los fenmenos, la poca de su desecacin, la fiebre

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OBRAS 358\ 358\ 358\ 358\ 358\ supuratoria, y sobre todo su olor peculiar y su propiedad contagiosa; y que por no haber examinado con bastante reflexin estos caracteres, principalmente por haber omitido en casos dudosos someter a la prueba de la inoculacin el pus de esas erupciones, algunos profesores de gran mrito han incurrido en un error muy perjudicial a la propagacin de la vacuna; segundo, que si contra toda probabilidad se observa la viruela natural en alguna persona que ha tenido la verdadera vacuna; este caso tan raro y extraordinario nada probar contra la utilidad de la nueva inoculacin, ni impedir que el Gobierno se interese en proteger tan benfica operacin empleando todos los medios que estime ms eficaces”. Journal de Paris, noviembre 5 de 1824. Doctor Toms Romay

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C"LERA MORBO C"LERA MORBO C"LERA MORBO C"LERA MORBO C"LERA MORBO ALOCUCI"N TRANQUILIZANDO AL PBLICO POR LA EPIDEMIA DE C"LERA MORBO QUE AZOTA EUROPA*Es conocido e indudable el poderoso influjo de las pasiones en las enfermedades, y de aqu nace la obligacin en que est el mdico de contribuir a moderar las primeras para vencer las segundas, y de que muchas veces los medicamentos ms anlogos no produzcan el efecto que se propone. Es tal el imperio de la imaginacin que en algunas personas exaltadas o demasiado dbiles ha slido ser causa del trastorno de la salud y en otras del acrecentamiento de su dolencia; y es evidente la ntima relacin de las facultades intelectuales con las funciones orgnicas, cuyo equilibrio sostiene la existencia. Cuntos la haban perdido en la primavera de sus das por dejarse arrastrar por los impulsos de una constante aprehensin? Cuntos por el contrario se habrn conservado largos aos en medio de padecimientos continuos o sufridos con resignacin y valor? Cuntos por escapar acobardados de las manos del enemigo se le han aproximado y presentado el pecho en que han recibido el pual? Cuntos a la inversa por conservarse armados de nimo al frente de los mayores peligros han salido victoriosos? Ejemplos de estas verdades nos ha mostrado muy a menudo la experiencia, como para templar nuestro espritu y calmar nuestras pasiones. Deber temerse con probabilidad la introduccin en esta Isla de la enfermedad denominada clera morbo que aflige al norte de Europa? Alguno la habr padecido al presente? He aqu los dos puntos que vamos a considerar ligeramente despus de sentado el principio de los funestos efectos que origina una necia aprehensin, sin que se juzgue ser nuestro intento abogar por que se desatiendan todas aquellas precauciones que aconseja la prudencia en iguales circunstancias para escudar la salud del pueblo de que depende su tranquilidad, prosperidad y existencia. Las autoridades, sobremanera interesadas en la felicidad de la Isla, se ocupan en las medidas eficaces para preservarla de una enfermedad que ha sido funesta en los parajes donde se ha desenvuelto, concilindo*Diario del Gobierno de la Habana 31 de enero de 1832.

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OBRAS 360\ 360\ 360\ 360\ 360\ las con el inters de su comercio, sin el cual se estancaran nuestros frutos estimables, se paralizaran los dems ramos de industrias, y seramos acometidos sin duda de la desoladora peste de la necesidad, por huir de un mal ms remoto. No nos ocupara ahora la cuestin de si existen o no enfermedades contagiosas, sobre lo que s mucho se ha meditado, ms se ha dicho y nada se ha resuelto, porque en vano se esfuerza la comprensin humana aspirando a penetrar lo que est fuera de su crculo. Slo toca los efectos que forman la experiencia, y que cada uno a su modo atribuye a distintas causas. Pero an inclinados a creer la existencia del contagio, examinaremos si las medidas adoptadas para precaverlo deben estimarse suficientes. Preciso es se considere ante todo la benignidad de nuestro clima, proporcionado a la situacin de la Isla, dulcificado por la fertilidad de su suelo y por la abundancia y cercana de sus montes; causas particulares por que afortunadamente se ha visto libre en todos tiempos de las enfermedades epidmicas que se padecen en otras partes. Debe fijarse no menos la vista en las circunstancias polticas que han podido contribuir al desarrollo y propagacin del clera morbo en los puntos donde se ha padecido, y si son tan diferentes las nuestras, en medio de la inmensa distancia que nos separa, tendremos fundamentos para amedrentarnos sin desconfiar de la proteccin que jams nos ha negado la mano del Altsimo? No por cierto y sin que se entienda que vaticinamos tampoco una aventura eterna, descansando en las razones indicadas, debe alejarse todo temor que la imaginacin adelanta, mayormente cuando sus efectos quizs contribuirn a comprometer la salud de algunas personas, segn el principio que llevamos establecido. Las cuarentenas martimas que se observan con el mayor escrpulo, acordadas por la Junta Superior de Sanidad respecto a toda embarcacin que proceda de puertos sospechosos, con patente sucia, o que indique algn leve motivo de temor, la ventilacin y expurgo que ha de verificarse de sus cargamentos en proporcin a sus clases, la puntual vigilancia a que todas las autoridades procuran de concierto para impedir la ms mnima comunicacin durante el trmino de la cuarentena, la prolija visita de Sanidad que debe preceder al sealamiento del trmino encargada a los seores protomdicos en unin del seor capitn del puerto y de los seores regidores; todas estas precauciones y otras muchas, sobre las que se ha meditado, acabarn de asegurar la confianza del pueblo, desoyendo los reparos o las murmuraciones de algunos pocos mal instruidos o ligeros para criticar siempre mordazmente a los que mandan, como si estuvieran exentos del azote en el inesperado caso de sufrirse, o estimaran en menos sus vidas. Por otra parte las dilatadas navegaciones que siempre traen los buques procedentes de dichos puertos en buen estado de salud que hasta ahora se

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /361 /361 /361 /361 /361 ha observado en sus tripulaciones y pasajeros, son dobles motivos que nos ofrecen la confianza; pues el germen del mal parece que se debilita en gran manera o destruye en el ocano para salvarnos de sus estragos. Todos los que hasta ahora han llegado de Bremen, Hamburgo, Holanda y otros puertos del norte de Europa, han trado sus patentes limpias, adems de las anteriores circunstancias, y sin embargo se les ha hecho guardar la cuarentena de observacin con el expurgo necesario en la ensenada de Marimelena, que es el lugar designado y el ms adecuado, atendiendo a las dificultades que ocurren en los dems de la Isla para hacer observar una rigurosa incomunicacin. Algunas personas pusilnimes, tal vez intimidadas por otras mal intencionadas, se han credo acometidas del clera morbo, o han atribuido algunas muertes repentinas que se han experimentado a esta enfermedad destructora, siendo muy diversa la que se ha padecido aqu en todas pocas, que jams ha sido pestilente. Segn los partes dados por los facultativos de mejor concepto al Real Tribunal del Protomedicato, en cumplimiento de sus obligaciones y de los preceptos de dicho Tribunal, no se han notado en ningn enfermo, ni de los que han muerto, ni de los que se han restablecido, sintomas algunos que indiquen semejante dolencia. El pblico pues descansar tranquilo no slo en las medidas adoptadas por las autoridades, que tienen mil motivos para interesarse en su salud, sino en el benigno clima que felizmente disfruta y que parece embota la fuerza de todos los males, sin dar crdito a las voces vagas de la malignidad o la ignorancia. Andrs de Juregui, doctor Toms Romay, doctor Simn Vicente de Hevia.OFICIO DE LA REAL JUNTA SUPERIOR GUBERNATIVA DE MEDICINA Y CIRUGA EN EL QUE RECOMIENDA SE OBSERVEN LAS REGLAS DE HIGIENE PORQUE LOS CASOS OBSERVADOS DE C"LERA MORBO PROCEDEN DE EXCESOS DE ALIMENTOS Y BEBIDAS*De los partes que han dirigido a dicha Corporacin los facultativos de esta ciudad y sus barrios extramuros, resulta que todos los casos que han observado del clera morbo espordico o asitico han procedido del exceso de los alimentos y bebidas, o por haber despreciado alguna diarrea. Siempre se ha experimentado en los meses de abril y mayo, y an se han juzgado saludables; pero desde el ao prximo pasado existe desgraciadamente *Diario del Gobierno de la Habana 12 de junio de 1834.

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OBRAS 362\ 362\ 362\ 362\ 362\ entre nosotros una causa tan general e incomprensible que hacen degenerar en colricas las evacuaciones ms moderadas y benignas. Anteriormente se atribuan al uso de las aguas de lluvias recientes sin purificarlas de las sustancias heterogneas que contienen, y del abuso de frutas no sazonadas, principalmente los mangos, los cuales no slo producen diarreas, sino tambin disenteras, por la mucha resina que contienen cuando no estn muy maduros. Experimentando algunos hacendados ese perjuicio en los esclavos de sus fincas, han arrasado aquellos rboles sin embargo de hacerlas deliciosas con su frondosidad y pronta vegetacin. Mas esas evacuaciones cuando no se curaban inmediatamente con auxilios muy sencillos conservaban hasta su terminacin el mismo carcter con que haba empezado. No sucede as desde marzo del ao anterior. Si se desprecian, si no se observa la dieta ms rigurosa, y se arreglan todas nuestras operaciones, aparecen prontamente muy lquidas y blancas, invaden los dems sntomas del clera, y entonces es muy difcil contener sus progresos, ya sea por la violencia con que corre sus perodos o por el tiempo que se pierde en proporcionar los auxilios convenientes, o por el terror y desaliento que conciben el enfermo y todos los asistentes. En esos momentos de consternacin y espanto, todo se ejecuta con aturdimiento y confusin. Se precipitan los remedios, se aplican sin discernimiento cuantos se proponen, se prefiere un emprico al facultativo ms juicioso y perito, y se procura en vano reparar con importuna eficacia el tiempo que se perdi por negligencia o por una indiscreta confianza. Esos momentos de angustia y desolacin, y tal vez de prdidas irreparables y sensibles, se precavern no despreciando las primeras evacuaciones sea cual fuere la causa que las produzca, procurando al contrario contenerlas con la abstinencia absoluta de alimentos slidos y de cuanto pueda aumentarlas. Si esto no fuere suficiente, si continuare an siendo muy moderado el uso de sustancias lquidas, entonces ser necesario ocurrir al consejo de algn facultativo. Se evitar seguramente, y no se alterar la salud y la tranquilidad del espritu, observndose las reglas de higiene que recomend por este mismo diario del 7 de marzo ltimo, y ahora repito considerndolas de la mayor importancia. La razn y la experiencia exigen la sobriedad en todos los placeres, el abuso de ellos ofende en cualquier tiempo la salud, principalmente en la presente estacin ardiente y seca. Es necesaria la frugalidad en la comida y licores espirituosos, sobre todo abstenerse de frutas que no estuvieren en su perfecta sazn, hacer un moderado ejercicio, llevar el vestido que corresponda a la temperatura de la atmsfera, no desabrigarse al aire libre estando el cuerpo acalorado, privarse entonces de bebidas fras, evitar el calor ardiente del sol, observar el mayor aseo en la persona y habitacin, tomar baos templados o fros cuando se ordenen por quien

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /363 /363 /363 /363 /363 corresponda, y finalmente reprimir y dominar las pasiones, porque todas pueden alterar la salud y aun privar de la vida si fueren excesivas. Habana, y julio 11 de 1834. Doctor Toms Romay .TERAPUTICA DEL C"LERA MORBO*Multajam fiunt, fierique posse negabam, et nihil est de quo non sit habenda lides. OvidioDE LA ACCI"N DEL CIDO CARB"NICO PARA DETENER Y CURAR EL C"LERA MORBO, POR J. PASENAL, PROFESOR DE MEDICINA DE MATAR"La aparicin continua de remedios especiales para combatir los efectos de esta enfermedad desoladora, y la ineficacia, inutilidad y perjuicios que en sus decantadas virtudes ha encontrado el mdico prctico en el momento de fiarse de los desmesurados elogios con que se han encarecido, harn quizs mirar este nuevo agente teraputico como otro de los infinitos anuncios con que se han decorado las esquinas, se han llenado las columnas de los peridicos polticos, y en fin se ha traficado brbaramente con la credulidad e ignorancia del vulgo, siempre fcil y nunca escarmentado. Penetrado por convencimiento de la necesidad y obligacin que tiene el clnico observador e historiador de usar el lenguaje de la sinceridad y de la franqueza, impulsado slo del deseo de ser til a la Humanidad y a la ciencia; voy a presentar el resultado de la administracin del gas cido carbnico contra el clera que ha reinado en esta ciudad de Matar desde el 8 de octubre de 1834 hasta el 12 de diciembre del mismo. En los primeros das de la aparicin de la enfermedad se trataron todos los invadidos con el mtodo totalmente antiflogstico. El haber perecido tres o cuatro personas de notabilidad que se sujetaron a la influencia de este tratamiento le desacredit e hizo mirar a la sangra como el pasaporte para el otro mundo. A pesar de todo, sea dicho en honor de la verdad, aun en aquellos das sacamos poderosos partidos de este mtodo; de suerte que podra citar dos casos apuradsimos en quienes cada evacuacin de sangre pareca darles nueva vida. A pesar de todo, siendo as que los mdicos de esta ciudad profesan la doctrina razonada del sistema del reformador de Valdegrace, nos lamentbamos mutuamente de la ineficacia del metodo antiflogstico para detener la diarrea y ansiedad colrica en varios casos, cuando le habamos *Diario del Gobierno de la Habana 3 de junio de 1853.

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OBRAS 364\ 364\ 364\ 364\ 364\ visto dos meses atrs en los varios clicos que dominaron producir tan prontos y seguros resultados, lo que fue causa de parecernos entrever algo ms que la irritacin comn en medio de los sntomas protoformes de semejante dolencia. Esta sospecha filosfica y la coetnea operacin de un profesor ingls que contaba ventajas asombrosas de la administracin del gas cido carbnico en Barcelona, nos hizo poner en relacin con este sabio, y habindonos regalado un opsculo donde presentaba su nuevo mtodo, empezamos a ponerle en prctica con aquella reserva que la crtica y la prudencia exigen en semejantes casos. Esto se verific en el perodo de incremento, pero, cul fue la feliz sorpresa nuestra cuando vimos absolutamente a todos los enfermos que nos llamaban antes de haberse pronunciado el colapso o estado de algidez cambiar como por encanto su estado patolgico bajo la inmediata influencia del gas? Estn ustedes ciertos que no abulto los hechos; pero es necesario haberlo visto para creerlo. Todos los profesores nos contbamos mutuamente la novedad halagea que con satisfaccin observamos en los enfermos; de manera que llegamos a pronosticar con todo el grado de probabilidad de que es susceptible la medicina racional que el enfermo que tomaba el cido carbnico antes del perodo de asfixia generalmente convaleca pronto y felizmente. Una prevencin fantica y popular hizo retraer en los primeros das a varios colricos de tomar dicho remedio, mirando en la efervescencia de la combinacin qumica un medicamento que quemaba las entraas, y este fatal prejuicio nos oblig a asegurar muchas veces categricamente la eficacia del remedio; y los asistentes, poco antes aterrados del aspecto del enfermo y del horror del desprendimiento del gas, quedaban sorprendidos viendo en pocas horas cambiarse la escena y aparecer la esperanza consoladora de la vida. Los efectos ms inmediatos que con constancia he visto a consecuencia de la introduccin de este gas, han sido los siguientes. Si el enfermo se hallaba con diarreas sospechosas, fuerte ruido de tripas, pulso pequeo, ligera descomposicin en la fisonoma y voz un poco alterada, regularmente la tercera toma suspenda del todo la diarrea y desaparecan sucesivamente los otros sntomas, quedando de consiguiente cortada la carrera del mal; si el enfermo estaba con aquella ansiedad precordial, ardor epigstrico, vmito y diarrea blanca, notable descomposicin de la fisonoma, sin haber todava perdido el calor de los extremos y continuando an la circulacin, en estos s que el cido carbnico poda decirse que obraba prodigiosamente. A la tercera o cuarta toma el enfermo experimentaba una calma y un bienestar indecible que haca exclamar con toda la vehemencia imaginable “Dme usted ms de esta bebida, porque me da la vida”. Efectivamente era sorprendente ver la mejora rpida de un doliente poco ha tan anunciado. La diarrea o cesaba o se converta de blanca en excrementicia; la voz, el pulso y la fisonoma se animaban notabilsimamente, y el mdico se regoci-

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /365 /365 /365 /365 /365 jaba interiormente de la prontitud, seguridad y suavidad con que acababa de arrancar de las garras de la muerte a un padre idolatrado, o a un hijo predilecto y a una madre rodeada de presuntos huerfanitos. No crean ustedes, seores redactores, que encarezco nada de esta historia mdica. Catorce profesores estoy cierto que prestaran su firma a cualquier testimonio que se quisiera exigir de su delicadeza; personas de la primera clase de esta ciudad publican a boca llena la eficacia que experimentaron de este remedio, y yo mismo me juzgara indigno de la noble profesin que ejerzo si hubiera sido capaz, ni por un momento, de desnaturalizar en lo ms mnimo una relacin cuyo objeto no es ms que el bien de la Humanidad y el decoro de nuestra ciencia mdica. Todas las objeciones que pudieran hacerse contra la especial eficacia del gas cido carbnico en el clera de esta ciudad, se estrellaran a los pies de la multitud preciosa de hechos prcticos que yo, los dems profesores y en particular el doctor don Pedro Rabasa, mdico del hospital, hemos recogido, a no ser que se nos probara que no hemos visto lo que hemos visto. Dosis y modo de administrar el cido carbnico Se toman veinte gramos de bicarbonato de potasa o sosa, y se disuelven en una onza de agua destilada en un vaso; se deslen por separado en otro vaso y otra onza de agua quince gramos del cido ctrico o tartrico. El enfermo toma con la mano derecha uno de los dos vasos, y al acercrselo a la boca se le mezcla el lquido del otro. Se produce de repente una fuerte efervescencia; sin perder momento debe sacar el lquido. Se puede edulcorar cualquiera de los dos vasos, antes de mezclarse, con media onza de jarabe simple. El gusto que se experimenta al entrar en la boca el lquido en efervescencia es muy parecido al de la cerveza reciente. Cada hora regularmente se da una toma; pero si el mal es un poco ms pronunciado, se administra cada media hora, alargando el espacio de las tomas a medida que se rebajan los sntomas, continuando hasta haber desaparecido todo recelo de su reproduccin. En la convalescencia o despus de haber parecido cesar todos los sntomas, si vuelve a presentarse nuevamente alguno que haga presumir que el mal no se haya todava amortiguado o que hay una nueva invasin, se ha de acudir otra vez al gas. Este medicamento es del todo inocente en medio de su energa para combatir un principio morbfico tan destructor del organismo. Hemos llegado —ms de una vez— a dar ochocientos gramos de bicarbonato bien elaborado, y seiscientos de cido ctrico, en el espacio de sesenta horas y a estmagos dbiles anteriormente, sin haber sentido la ms leve sobreirritacin gstrica. Yo tom cien gramos del primero y cinco cucharadas del zumo del limon en cuatro veces, y no sent la ms ligera irritacin gstrica. Una cucharada regular del zumo del limn equivale a los

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OBRAS 366\ 366\ 366\ 366\ 366\ quince gramos del cido, y se suple con ventaja, en cuyo caso no se le mezcla la onza del agua dicha. En una Memoria publicada este ao en Barcelona en la librera de Bergnes por el profesor ingls antes dicho, Juan Parkin, sobre el tratamiento del clera epidmico, se hallar profundamente desarrollada la teora y circunstancia de este mtodo teraputico apoyado en razones fisiolgicas. Doctor Toms Romay

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BOTNICA Y QUMICA BOTNICA Y QUMICA BOTNICA Y QUMICA BOTNICA Y QUMICA BOTNICA Y QUMICA DISCURSO SOBRE LOS OBSTCULOS QUE HAN IMPEDIDO PROGRESEN LAS COLMENAS EN LA ISLA DE CUBA Y MEDIOS DE FOMENTARLAS*Tam regnat Apollo. VirgilioCuando la opulenta colonia del Guarico convertida en ruinas y pavesas ofrece la imagen ms propia de la insurreccin y anarqua, los habitantes de la Isla de Cuba, empleando eficazmente las munficas gracias concedidas por uno de sus ms benficos Soberanos, trasladan al suelo patrio las prosperidades que despreciaron sus vecinos. Carlos IV, cuyo nombre augusto se imprimir con los ms brillantes caracteres en los fastos de nuestra historia; Carlos, verdadero padre de sus pueblos, nada omite para hacerles sentir la dulzura de su imperio, franquicias, estmulos, proteccin al comerciante, labrador y artesano; Cuerpos que los exciten y fomenten; medios con qu ejecutarlos; todo mana profusamente de sus manos clementsimas. Pero entre todos estos vasallos los colonos de la antigua Cubanacn reciben sin intermisin las pruebas menos equvocas de su amor y beneficencia. Como si una sociedad de hombres ilustrados, y reunidos por el ms ardiente y generoso patriotismo no fuera bastante para realizar sus intenciones, el Po, el Mximo Carlos, al mismo tiempo que se dispersan los franceses de Santo Domingo, se desolan sus feraces campos y quedan desiertas sus bahas, forma en esta ciudad una Junta de comerciantes y agricultores para que congregados los dos ms robustos brazos de la p*Publicado en 1797 en la Imprenta de la Capitana General con el ttulo Discurso sobre los obstculos que han impedido que progresen las colmenas en la Isla de Cuba, y los medios de fomentarlas, imprmese a expensas de la Real Sociedad Patritica de la Havana, por haber merecido el accsit en Junta gral. celebrada el da 10 de Diciembre de 1796; reimpreso en Memorias de la Real Sociedad Econmica de la Habana. Ao 1839 t. 8; Obras Escogidas del Dr. D. Toms Romay t. 2, pp. 36-59. Aparece este Discurso en Actas manuscritas de la Sociedad Econmica Libro II, f. 64.

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OBRAS 368\ 368\ 368\ 368\ 368\ blica prosperidad se auxilien recprocamente, y cooperen al mayor auge y felicidad de esta Isla. El xito corresponde a sus deseos. ¡Monarca benignsimo! La Sociedad Patritica, y la Junta Econmica del Consulado, valindose oportunamente de los estmulos que ms excitan al honrado y laborioso ciudadano, proponen varios problemas dirigidos todos al fomento de la agricultura, y comprometindose la una a la decisin de la otra ofrecen premiar el escrito “que mejor manifieste los defectos y errores introducidos en el cultivo de la cera, como se practica en el pas en la actualidad, e indique ms claramente el mtodo que se deba seguir con preferencia, tanto en la cra de colmenas como en el modo de castrarlas y beneficiar su producto, indicando adems las enfermedades de las abejas y su curacin, los insectos y dems animales que las ofenden y persiguen, como el modo de precaver uno y otro dao”.1Virgilio no se desde de cantar con el ms dulce entusiasmo las sangrientas batallas, la previsin, el orden, las costumbres, los ejercicios y admirable economa de las abejas, cuando Augusto Csar coronado con los laureles que cortaba a los mrgenes del ufrate suba al Olimpo hollando los trofeos de las naciones asiticas.2 Yo, aunque tan inferior a Publio, como el mimbro al ciprs, osar escribir sobre el referido teorema confiado en la indulgencia del ilustre Cuerpo encargado de calificar los escritos que aspiren a obtener el premio ofrecido. La misma naturaleza nos provoca a cultivar las colmenas. Un clima donde jams se experimenta el fro que hiela; valles perpetuamente adornados con fragantes y copiosas flores; bosques siempre verdes y frondosos, fuentes y arroyos cristalinos y perennes; maderas no menos gratas a las abejas que propias para formar las cajas. Han merecido acaso otro tanto los montes Hibla e Himeto, y las celebradas costas de Narbona? As, pues, apenas en 1764 condujeron a esta Isla algunos pequeos enjambres los prfugos habitantes de la Florida y los colocaron en la villa de Guanabacoa, cuando de tal suerte se multiplicaron que difundindose en los campos vecinos llegaron a ser perjudiciales a los ingenios de azcar, con cuya sustancia se mantenan; su fecundidad era tanta, que sin tenerlas con los resguardos que se acostumbra en Europa daba cada colmena un enjambre al mes, y a veces dos, el uno regular y el otro pequeo, castrndose mensualmente; y la cera y miel que se sacaban no eran menos abundantes que en Espaa, donde slo se hace esa operacin una, o cuando ms dos veces al ao.3Aunque esta noticia es exagerada no puede dudarse que su multiplicacin fue tan rpida que en 1770 despus de proveernos de la cera precisa 1 Papel Peridico de la Havana, 1796, No. 29. 2 Gergicas, IV. 3 Ulloa, Noticias americanas entretenimiento 7.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /369 /369 /369 /369 /369 para el consumo de esta ciudad se extrajeron cinco arrobas para la de Veracruz. El siguiente ocho y diez libras; en 1772, cuatro mil ciento noventa y nueve; y aumentndose proporcionalmente en los aos sucesivos, llegaron a salir en 1776 de este puerto para varios de Europa y de Amrica veintin mil ciento ochenta y siete arrobas. Desde esta poca si no se ha disminuido la exportacin de la cera, no ha tenido al menos aquel aumento que juiciosamente deba esperarse a vista de los anteriores progresos. El ao pasado, 1795, slo se registraron en esta Aduana veintisis mil ciento cuatro arrobas quince y media libras, y aunque a dicha suma agreguemos otras pequeas que de Trinidad y Cuba se llevaron al continente y algunas que apresaron los enemigos cuando de aquellos y otros puertos de la Isla se conducan a ste, nunca podr ascender a la cantidad que corresponda tuviese en veinte aos, calculado por el aumento progresivo que se observ en los siete primeros.4 Las causas que impiden se adelante esta cosecha, si son defectos y errores que se hayan introducido en su cultura o trabas impuestas al cosechero, privndole de algunos auxilios, ser lo primero que examinaremos. El unnime consentimiento de muchos hombres separados en diferentes lugares no puede ser efecto del capricho o de la intriga; es necesario atribuirlo a una reflexin muy obvia y convincente, o a una experiencia universal y constante. Creo que uno y otro han contribuido a persuadir a todos los abejeros de esta Isla que la prohibicin de la madera de cedro para construir las cajas es el primer obstculo que se opone a su adelantamiento. Si la fragancia de este leo no fuera gratsimo a un insecto que abandona su trabajo, su alimento y habitacin cuando percibe inmediato a ella algn olor desagradable; si no le visemos preferir el cedro a los dems rboles de que abundan nuestros bosques para formar en ellos sus panales cuando proceden con libertad guiados por su instinto; si los naturalistas no hubiesen encontrado alguna afinidad entre la resina de esta madera y el propleo5 de las abejas; si Valmont de Bomare y Prefontaine no afirmasen que es superior a todas las de construccin por ser casi incorruptible, como suele tambin llamarse en los libros santos, y porque ni los gusanos ni otros insectos atacan las obras que se hacen con ella; si nuestros campos no estuvieran tan poblados de cedros que bastan ellos para proveer todos los arsenales de la nacin; si no fueran ms feraces en producir estos rboles que los de otras especies; si no prefirisemos sus maderas a todas las otras para nuestros edificios y menajes por su duracin, tamao y abundancia, por ser la ms fcil de encontrarse, conducirse y aserrarse; desde luego yo atribuira a preocupacin o a una tenacidad 4 Vase los estados anuales de esta Aduana. 5 Propleos, cierta especie de cera glutinosa o betn que sirve de fundamento a los panales y defiende los corchos de las intemperies y de los insectos; aqu le llaman lacre

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OBRAS 370\ 370\ 370\ 370\ 370\ reprensible la primera causa a que imputan los cosecheros de cera la decadencia de este ramo. Pero si a ms de todo esto visemos que ni la severidad de la ley, ni la vigilancia de los celadores de montes pueden impedir que formen con esta madera algunos de sus corchos, es preciso convengamos en que la razn, la experiencia, la necesidad, la misma naturaleza les obliga a ejecutarlo. La misma naturaleza, s; prescindiendo de la predileccin que manifiestan las abejas al cedro, ya lo dije y no debo repetirlo. Otra reflexin no menos oportuna se me ofrece. Entre las innumerables y exquisitas maderas que nos ha concedido la Providencia, slo la del cedro es til para formar las cajas. Fuera de que por lo general ninguna otra tiene el dimetro que se requiere, que son ms costosas y muy raras; las tablas de las unas se rajan inmediatamente como las de jocuma, cuajan, sabic y todas las llamadas duras; otras son muy corruptibles y propensas a criar gusanos que las corroen como la macagua, ateje, aya, ceiba, jobo; y otros finalmente ahuyentan con su mal olor las abejas, tal es la majagua y el moruro. De aqu es que el pobre labrador reducido a valerse de aqullas que encuentre a menos precio y dificultad, se ve en la precisin de renovarlas cada ao, pues las intemperies y sus mismos principios las destruyen en este perodo. Sus escasos fondos, permitindole apenas preparar nuevos corchos en que conservar las antiguas colmenas, mira penetrado de dolor salir los recientes enjambres y dispersarse por los campos despus que permanecieron alrededor de l, provocndole a que los recogiera, lo que no pudo l ejecutar porque indirectamente se le prohbe por Real Orden de 11 de diciembre de 1789. ¡Afectos terribles que oprims el corazn de estos infelices en esos instantes, venid a mi pecho para que derramando por la pluma la amargura que le inunde, conmueva y enternezca las sensibles entraas de los patriotas benficos que tanto se interesan en consolarlos! Pero no es sta la nica traba que coarta los progresos de la cera. Varios reglamentos econmicos de la Real Hacienda tambin han contribuido a conservar estacionaria su extraccin en los ltimos veinte aos. Por Real Decreto de 28 de febrero de 1789, la cera procedente de Cuba, Trinidad y Nuevitas paga slo la alcabala de primera venta que se verifica entre el comerciante y cosechero, liberndose tambin de los seis reales por arroba, siempre que conste la circunstancia de trasbordo para ultramar. La que se conduce de los otros puertos de la Isla, aunque se exprese esta calidad, se exime nicamente de la alcabala de segunda venta, pero no de los seis reales por cada arroba. A estos Reales derechos se agrega el municipal de Armadilla, que es un real que indistintamente paga en cada arroba toda la cera de esta Isla. Tantos gravmenes cercenan una gran parte del lucro que pudiera excitar al colmenero, y aun las mismas excep-

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /371 /371 /371 /371 /371 ciones sobre un ramo de un propio suelo desalienta mucho al que no las disfruta. La gracia concedida a los puertos de Cuba, Trinidad y Nuevitas es tanto ms perjudicial al fomento de las colmenas, cuanto la cera procedente de ellos es por la general silvestre y de nfima calidad. No as la que se conduce de San Juan de los Remedios, Villa Clara, Sancti Spritus, Matanzas y de los partidos de Jibacoa, Guamutas, lvarez, Macuriges y otros situados a barlovento de esta ciudad; como tambin la de Filipinas, Pinar del Ro y Consolacin, por la parte de sotavento. sta es casi toda beneficiada en cajas ms fcil de blanquearse y excede en cantidad a la de los puertos privilegiados. De aqu resulta que estando ms gravada la cera de un paraje que la de otro, deja la misma utilidad una porcin en que la mayor parte es mala que otra igual porcin donde casi toda es excelente. Esta igualdad en el lucro, siendo tan diferente la calidad del gnero, hace que los cosecheros de los lugares no privilegiados se desalienten y abandonen su cultura. El mayor precio a que vende la mejor no es bastante para compensar los dobles derechos que pagan, cuando no se expresa la embarazosa circunstancia de trasbordo, el trabajo personal y los costos de cajas y conduccin para presentarla a sus respectivos administradores. Hasta en esto son ms favorecidos los cosecheros de Cuba, Trinidad y Nuevitas. Ellos fcilmente la conducen a las administraciones de aquellos puertos; los que habitan en la parte no comprendida en el Real Decreto de 28 de febrero de 1789 carecen de igual proporcin; pues aunque hay administradores en los pueblos principales, los vecinos de las haciendas y partidos se ven en la necesidad de abandonar por muchos das su casa y trabajo para transportarla por caminos speros y dilatados al lugar donde reside el administrador; y como muchos de ellos no tienen un sueldo fijo, sino una cuota extrada de las mismas exacciones como un cinco por ciento, suelen aumentar el precio de los gneros que tasan para acrecer su peculio; de aqu es que la cera de igual mrito y valor resulta ms o menos cargada segn los aforos que le hacen. Si al labrador se le permitiese formar las cajas de una madera durable y barata; si los gravmenes no fueran tantos y tan desiguales, su propio inters le habra estimulado a perfeccionar la cultura de este ramo. Lejos de abandonarla introduciendo abusos y errores, nada omitira que pudiera contribuir a su fomento. Para conseguirlo precedera al tiempo de castrarlas con menos codicia y ms inteligencia. No tumbara y quemara los rboles; y con ellos las abejas para aprovechar la miel y cera de los enjambres que posan en ellos, ni con el mismo objeto matara en la caja los huevos y ninfas, ni dejara como intiles los panales secos y viejos propensos a criar gusanos; ni sofocara ni ahuyentara las abejas con humo de azufre o de pajas encendidas, ni extraera toda la miel sin dejarlas con que

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OBRAS 372\ 372\ 372\ 372\ 372\ sustentarse en los meses de junio hasta septiembre, que son los menos floridos, o precisndolas a que buscando con que alimentarse en otros panales se embistan furiosamente y mueran la mayor parte. Otro defecto originado tambin de los mismos principios es el lugar donde sitan las colmenas. Los que han tenido facultades para colocarlas bajo un techo slido capaz de preservarlas de las intemperies, han experimentado menos quebrantos que aqullos que slo pueden resguardarlas a la sombra de los rboles. Si el abejero percibiese todo lo que produce su cosecha, desde las primeras habra tenido lo necesario para fabricar una casa donde preservar sus corchos de las lluvias excesivas y de las inundaciones que con tanta frecuencia experimentamos principalmente en junio de 1791, en octubre de 1792, en agosto de 1794 y en octubre de este presente ao. Las lluvias impiden que las abejas salgan a recoger la cera y la miel, las obligan a sustentarse con la que tienen en los panales, las aguas penetrando y humedeciendo las cajas las enferman, y las que han estado prximas a los ros que salieron de madre fueron sumergidas en sus corrientes. A ms de estas causas concibo que tambin han contribuido a interrumpir y atrasar el fomento de la cera varios apresamientos hechos en las costas de esta Isla durante las guerras seguidas con los ingleses desde 1779 hasta 1783, y con la Repblica francesa desde mediados de 1793 hasta fines del ao prximo pasado. ¡Pero gracias al cielo das ms felices han sucedido a esos das funestos! Un nuevo Octavio tan digno de reinar en todo el mundo por sus virtudes como por su ilustre sangre sobre el trono de las Espaas, Carlos IV, cerrando el aciago templo de Jano restituye a sus amados pueblos la dulce paz, la abundancia, la tranquila posesin y uso de sus bienes. Un espritu vivificador esparcido por toda la atmsfera de su vasto imperio vara su faz, y le va dando aquel auge que puede recibir. El navegante surca los mares con mayor frecuencia, el artesano protegido y estimulado esfuerza su industria, y el labrador no temiendo ya que el cruel soldado arruine sus mieses, ni posea el extranjero sus campos, los fertiliza con el sudor de su rostro, y sentado [...] La idea de la felicidad de mi patria me enajena hasta hacerme repetir esta frase de un poeta: “El anciano y dichoso labrador sentado a las mrgenes de las sagradas fuentes y de los ros conocidos recibe el suave cfiro, y se queda muchas dormido con el dulce susurro que hacen las abejas sicilianas chupando la miel de las flores vecinas.”6Tales son las imgenes que me presenta mi fantasa cuando medito sobre la Real Orden de 5 de octubre de 1765. Nuestro providentsimo Soberano, advirtiendo la decadencia en que se halla en esta Isla el comercio de la cera, que con tanta rapidez se foment en los siete primeros aos, siendo igualmente proficuo al Estado y a los particulares, previene al 6Virgilio, glogas I, 4.

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /373 /373 /373 /373 /373 excelentsimo seor Gobernador y Capitn General se dedique en consorcio del seor Intendente a inquirir las causas que originan su atraso, y a promover su restauracin por todos los medios posibles, ofrecindoles conceder los auxilios que juzguen necesarios para conseguirlo. Cuando nuestro clementsimo Rey nos convida a que le pidamos; cuando nos franquea el munfico tesoro de sus gracias, temeremos nos rehse lo que necesitamos para nuestra prosperidad? Y cuando el conducto por donde han de dirigirse nuestras splicas son dos jefes ms distinguidos por su ilustracin y beneficencia que por su excelso carcter, podr yo escoger alguna cosa que no est ya prevista por su alta y perspicaz comprensin? Pero si no tuviera la complacencia de proponer nuevas ideas, la tendr al menos de manifestar lo que deseo para el bien de mis compatriotas. Juzgo, pues, necesario al fomento de la cera, que se permita para construir las cajas toda la madera de cedro que solicite con este objeto sin excepcin de personas, lugar ni tiempo, excusando cuanto posible sea los trmites que retardan y dificultan las licencias. Cualquier demora es muy perjudicial al labrador que abandona su familia y sus principales atenciones; y cuando se trata de halagarlos y estimularlos, deben removerse todos los obstculos capaces de embarazarle. Yo no puedo persuadirme que Su Majestad intentase por la Real Orden de 11 de diciembre de 1789 privarnos de un don que tan profusamente nos ha concedido la Providencia. Cuando tanto se interesa en fomentar la agricultura y poblacin de esta Isla, cuando permite el uso de la madera de cedro para las grandes fbricas de ingenios y de todas nuestras habitaciones, cuando el 21 de abril de 1793 concedi a los vecinos de Cuba envasar sus azcares en cajas de esta madera; cuando en cinco Reales "rdenes nos estimula a cultivar la cera dispensando varios favores a los cosecheros y comerciantes,7 le negara lo que ms necesitan, lo que es ms indispensable para este objeto? Qu falta pueden hacer en nuestros astilleros las despreciables, las mezquinas tablas con que se forman las colmenas? En qu puede compararse el consumo de stas con el de los ingenios de Cuba? Las cajas de azcar son mayores que las de la cera, aqullas salen fuera de la Isla, y stas permanecen en ella; las primeras es preciso renovarlas todos los aos, y las segundas durarn mucho construyndolas de cedro. Cul ser, pues, el detrimento que resulte a los montes? Mayores perjuicios y menos utilidades experimentamos con el abuso de cortar los rboles y quemarlos para coger los enjambres; abusos que no ha podido contener la vigilancia de los celadores, como lo acredita la multitud de cera silvestre que se trae de Cuba, de Puerto Prncipe, Nuevitas, Baracoa, 7Reales "rdenes de 12 de junio de 1774, 2 de junio y 28 de diciembre de 1776, 25 de agosto de 1789 y 5 de octubre de 1795.

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OBRAS 374\ 374\ 374\ 374\ 374\ Bayamo, Trinidad y de otros lugares interiores de la Isla. Y subsistir una prohibicin ilusoria, abominada por la razn y experiencia, y a cada instante conculcada? No. ¡Das de la prosperidad de mi patria ya veo brillar en su horizonte vuestra aurora luminosa! Dos Cuerpos patriticos y sus jefes esclarecidos aceleran esta poca deseada. La reverente splica que hicieren para conseguir a los cosecheros de cera el libre uso de la madera de cedro, redundar en utilidad de toda esta Isla. Ellos, conciliando con su notoria prudencia y discernimiento los intereses del vasallo y del Monarca, favorecern a los primeros sin ofender al segundo en el beneficio de los montes y uso de sus maderas. No es la derogacin de la Real Orden de 11 de diciembre de 1789 la nica gracia que debemos solicitar de Su Majestad para el intento. Parceme tambin muy conducente eximirla de todo derecho Real, municipal o personal. Sale lcito a cualquier vecino de esta Isla conducirla a este puerto y remitirla a los de Amrica y a los habilitados de Espaa, no pagando a su extraccin ms que seis reales por arroba y quede libre de toda contribucin al tiempo de introducirla en ellos. Redmase de pagar el diezmo a la cera de esta Isla por espacio de diez aos, as como se concedi igual gracia al caf, ail y algodn de ella por Real Decreto de 22 de noviembre de 1792. Si Su Majestad ha dispensado de todo derecho el dinero que de Veracruz se retorna a esta ciudad producido por la venta de la cera; si el Consulado suplic al Rey concediese la misma excepcin a todos los caudales que se conduzcan de aquel puerto a ste; parece muy debido manifieste su desinters y patriotismo renunciando al medio por ciento que le pertenece de avera. Para estimular y distinguir ms a los cosecheros de cera, declare Su Majestad equivalentes a diez cajas pesos de bienes races el beneficio actual de mil colmenas en uno o ms parajes de la propiedad del dueo; y que concurriendo en l las dems circunstancias que se exigen por la constitucin del Consulado, puede tener voz activa y pasiva para obtener los empleos de este Cuerpo en la clase de hacendado. Finalmente, que la propiedad de quinientas colmenas en los referidos trminos se repute por cuatro mil de fondo; y que acreditando su cosechero poseer otro terreno cultivado que valga seis mil, goce de dicha voz activa y pasiva. Tales son los defectos y obstculos que han obstruido el cultivo de la cera; tales los auxilios con que juzgo debe excitarse y fomentarse; vase ahora el mtodo que debe seguirse para reformar aqullos y aprovecharse de stos. Entre todos los insectos criados por el Omnipotente, la abeja ha parecido el ms admirable a los naturalistas. Su estructura, el orden que reina en sus diferentes funciones econmicas, su gobierno, su industria, la utili-

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /375 /375 /375 /375 /375 dad que nos redunda de sus trabajos, todo ha merecido la atencin de los filsofos antiguos y modernos, y sobre todo han escrito profusamente despus que pasaron la mayor parte de la vida observndolas. Aristmaco se dedic por espacio de cincuenta y ocho aos a este solo estudio. Hilisco permaneci tanto tiempo en los desiertos que le llamaron agreste. Aristteles reuni a sus especulaciones las de todos los que le antecedieron.8 Virgilio con la misma pluma, con el propio entusiasmo escribi la Gergica IV y la inimitable Eneida Plinio, demasiado sucinto en la historia de otros animales, emple diecisis captulos en la de este insecto.9Mousset, Swammerdam, Maraldi, Raumur,10 a quien extractaron Valmont de Bomare11 y los sabios autores de la gran obra publicada por Diderot y D’Alembert,12 rectificaron los escritos de los antiguos despreciando muchas supuestas maravillas, y enriquecindolos con varias observaciones muy tiles, ciertas y curiosas. De aqu tomar lo que me parezca debe observarse en este pas para multiplicar y conservar las colmenas cindome a los lmites de una Memoria y a los puntos que contiene el problema. El lugar donde deben situarse ha de ser, dice Virgilio, lo primero que se elija. La tierra desmontada es preferible a las sabanas. stos son menos feraces que aquellas, donde abunda el romerillo que nace en todos tiempos, el bejuco llamado leatero y otras plantas florferas. Proporcinese el nmero de colmenas a la fertilidad del terreno, examnese prolijamente, para que calculando las que pueda alimentar no se pongan cien donde slo cincuenta encontrarn con que subsistir. Ni ser tan elevado que los vientos impelen las abejas y las dispersen sin permitirles llegar fcilmente a las cajas, ni tan abajo que pueda ser inundado por las copiosas lluvias que casi anualmente experimentamos. Las que han perecido por esta causa desde 1791 y por las extraordinarias crecientes de los ros, persuaden que ser convenientsimo separarlas de stos cuanto posible fuera y preservarlas de aqullas. Para esto no basta colocarlas en paraje alto; es esencia, escribe Valmont de Bomare, que las cajas estn resguardadas de cualquier modo de las lluvias y de los grandes ardores del sol. Aunque la madera de que se forman los corchos fuese la menos porosa, y aunque el propleo sea indisoluble en el agua, como experiment Raumur, con todo, las repetidas lluvias conservando hmeda la caja e impidiendo la salida a las abejas las enferma, y aun la misma inaccin es muy nociva al ms 1 8 Historia de los animales Libro 8, captulo 27; Libro 9, captulo 40. 1 9 Historia natural libro 11, captulo 5 y 20. 10 Memoir, pour servir 1”hist. des insect, vol. 5. 11 Dictionnaire raisonn... 12 Ibdem.

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OBRAS 376\ 376\ 376\ 376\ 376\ laborioso de los vivientes. Para evitar estos daos no se coloquen a la sombra de los rboles como suele practicarse, sino bajo de un techo slido y espacioso, donde puedan volar y respirar un aire menos hmedo. Alguno de los que han construido en nuestra Isla esas casas exentas, afirman haber observado ahuyentarse las abejas, rehusando habitar en consorcio de otras. Pero no sucediendo semejante dispersin en otros pases donde se conservan bajo techado, es preciso atribuirlo a que colocan las cajas demasiado inmediatas, o a que forman los techos de guano u otras pajas donde se anidan y procrean los ratones, y varios insectos que persiguen a las abejas. Hgase, pues, una casa no muy elevada; cbrase con tablas la parte superior y los costados, dejando descubiertas las fachadas para que entre el sol al salir y ponerse. Sitese de norte a sur inmediata a algn palmar, cuyas flores conservndose todo el ao suministran a las abejas un pasto perenne muy grato y proficuo. Crquese el colmenar con estacas firmes para impedir que entren las reses, cabras, cerdos y cualquier animal capaz de derribar los corchos. Palteau recomienda unos, compuestos de muchas piezas, creyendo que renen las mayores ventajas para conservar, multiplicar y castrar las colmenas; pero a ms de ser ms costosos que los comunes, no son tan sencillos que puedan fcilmente manejarse por todos los cosecheros. stos forman los mejores con cuatro tablas de cedro de vara y cuarto de largo, media de ancho y un tercio de alto, haciendo en una cabeza varios barrenos para que entren y salgan las abejas, y cerrando la otra con tres clavos sin remacharlos a fin de quitarla cuando convenga reconocerla. Se colocarn horizontalmente en un tendal elevado una vara sobre la tierra, separada una caja de otra media vara. Conviene que el colmenar diste al menos una legua de los ingenios de azcar y de los pueblos. Las abejas cebndose en el azcar recogen muy poca cera, perecen muchas en la miel y en otras sustancias glutinosas. Aprtese de los ros caudalosos y de los pantanos y lagunas, porque el ruido de las aguas en las peas y la hediondez del cieno las ofende, y los sapos las persiguen. Plinio y Virgilio aconsejan no se quemen los cangrejos donde puedan percibir su humo o cualquier olor ftido y desagradable; cualquier inmundicia es muy perjudicial al ms pulcro de todos los insectos, como las llama Aristteles. Haya fuentes y arroyos cristalinos inmediatos a ellas, o hganse estanques muy aseados, cuando no para que con menos dificultad puedan conducir el agua a las ninfas, como equivocadamente crey este filsofo, al menos para impedir se distraigan las abejas solicitando la que ellas necesitan y se alejen de su morada. Pnganse piedras que sobresalgan, y algunos ramos donde descansen cuando beban y quieran baarse. Frmese alrededor del colmenar un bosque de rboles coposos y floridos, como cafetos, parasos, granados, jazmines, naranjos y limones; tambin les agradan mucho las flores del dagame, guam, vbona y gusima. Pero no se coloquen ni tan

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TOMS ROMAY Y CHAC"N /377 /377 /377 /377 /377 prximos a la casa que impidan lleguen los rayos del sol a las colmenas en el invierno, ni tan distantes que no las preserven de los vientos impetuosos. Servirn tambin estos rboles, dice Virgilio, para que posen en ellos los nuevos enjambres mientras se prepara la caja en que han de recibirse. El tiempo en que regularmente salen es desde principios de marzo hasta fines de junio; en septiembre y octubre aparecen algunos, pero constan de muy pocas abejas, y es preciso reunir dos o ms para formar una buena colmena. stas llegan a tener hasta dieciocho cajas abejas, y las pequeas no pasan de ocho cajas. Todas