Pedro José Guiteras

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Material Information

Title:
Pedro José Guiteras
Series Title:
Biblioteca de clásicos cubanos ;
Running title:
Historia de la isla de Cuba
Physical Description:
2 v. : ;
Language:
Spanish
Creator:
Guiteras, Pedro José, 1814-1890
Alonso Amador, Gladys
Fernández Rubinos, Viviana
Publisher:
Imagen Contemporánea
Place of Publication:
La Habana
Publication Date:

Subjects

Subjects / Keywords:
History -- Cuba -- To 1810   ( lcsh )
History -- Cuba -- 1810-1899   ( lcsh )
Genre:
non-fiction   ( marcgt )

Notes

System Details:
System requirements: Pentium III; 128MB RAM: Windows 95 or higher; 24MB free hard disk space; SVGA monitor (800 x 600 resolution, 16 colors); 128-bit sound card; CD-ROM drive.
General Note:
"Primeros historiadores siglo XIX"
General Note:
Includes indexes
Statement of Responsibility:
responsable de la edición, Gladys Alonso Amador ; realización y emplane, Viviana Fernández Rubinos.

Record Information

Source Institution:
Biblioteca Nacional José Martí
Holding Location:
Biblioteca Nacional José Martí
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
oclc - 772638050
isbn - 9597078805 (obra completa)
ocn772638050
Classification:
lcc - F1776 .G96 2005
System ID:
AA00008988:00002


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Full Text

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BIBLIOTECA DE CLSICOS CUBANOSCASA DE ALTOS ESTUDIOS DON FERNANDO ORTIZUNIVERSIDAD DE LA HABANARECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE LA HABANAJuan Vela Valds DIRECTOREduardo Torres-Cuevas SUBDIRECTORLuis M. de las Traviesas Moreno EDITORA PRINCIPALGladys Alonso Gonzlez DIRECTOR ARTSTICOLuis Alfredo Gutirrez Eir ADMINISTRADORA EDITORIALEsther Lobaina Oliva

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Todos los derechos reservados. Sobre la presente edicin: Ediciones IMAGEN CONTEMPORANEA, 2005; Coleccin Biblioteca de Clsicos Cubanos, No. 42 ISBN 959-7078-80-5 obra completa ISBN 959-7078-82-1 volumen II Ediciones IMAGEN CONTEMPORANEA Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz, L y 27, CP 10400, Vedado, Ciudad de La Habana, CubaDiseo grfico: Luis Alfredo Gutirrez Eir Composicin de textos: Equipo de Ediciones IC Responsable de la edicin: Gladys Alonso Amador Realizacin y emplane: Viviana Fernndez Rubinos

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Puente sobre el ro Yumur

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Cuba no puede ofrecer figuras ms patricias que Pedro J. Guiteras (...) pero ninguno dio a su tierra una ms pura vida de sabio. Fernando Ortiz

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Libro OctavoCAPTULO IFOR FOR FOR FOR FOR TIFIC TIFIC TIFIC TIFIC TIFIC ACI"N DE LA HABANA. GOBIERNO ACI"N DE LA HABANA. GOBIERNO ACI"N DE LA HABANA. GOBIERNO ACI"N DE LA HABANA. GOBIERNO ACI"N DE LA HABANA. GOBIERNO DEL MARQUS DE LA DEL MARQUS DE LA DEL MARQUS DE LA DEL MARQUS DE LA DEL MARQUS DE LA TORRE TORRE TORRE TORRE TORRELa paz de Pars, celebrada a costa de grandes sacrificios territoriales, dejaba subsistentes el Pacto de Familia y las causas polticas que haban influido en su formacin. As que las Cortes de Madrid y Versalles no vieron en este tratado ninguna cosa que asegurase, de una manera estable, la tranquilidad de Europa, y s solamente una suspensin de hostilidades para poder entrar con ms bros en una nueva lucha con su rival victoriosa. Restituidos a la Corona La Habana y sus pueblos inmediatos, renacieron con mayor intensidad en el nimo de Carlos III los deseos de conservar a Cuba. El xito de la ltima tentativa de Inglaterra le haca temer que en la prxima guerra fuese el primer punto atacado y volviese a caer bajo su imperio, ms apta ahora para intentar esta empresa estando en posesin de la Florida y conociendo mejor el pas y sus medios de resistencia. La atencin del monarca se fij, pues, en ponerla a cubierto de todo peligro, y las rdenes dadas a Ricla fueron que fortificase La Habana, cubriendo principalmente los puntos que haban facilitado la conquista. El capitn general, de acuerdo con O’Reilly, form el plan de las fortificaciones, circunscrito entonces a la construccin del Morro en escala mayor y dos castillos ms, uno de vasta extensin en las alturas de la Cabaa, que tom su nombre de este cerro, y otro en la loma de Soto, llamado Atars, las cuales fueron trazadas y dirigidas por el brigadier Abarca. El Arsenal se levant bajo un pie diferente del que antes tena.1 1Valds, pp. 167-170. Segn ste (pp. 319-322), el nmero de buques de guerra construidos en el Arsenal de La Habana, de 1724 a 1796, fue de 115, a saber: 51 navos, 22 fragatas, un chavequn, siete paquebotes, 10 bergantines, 14 goletas, seis ganguiles y cuatro pontones.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 4\ 4\ 4\ 4\ 4\ O’Reilly se ocup en la organizacin del ejrcito con las tropas que haban quedado al mando de Madariaga y las que vinieron despus, y en la formacin de cuerpos de milicias, haciendo un padrn general que es de sentir se hubiera llevado a Espaa entre sus papeles; pues l nos hubiera dado una idea de la poblacin de Cuba en aquella poca. No debi ser mucha sin embargo, cuando en La Habana y Guanabacoa slo pudieron formarse dos batallones, lo cual dio lugar a la creacin de uno de pardos y otro de morenos, logrndose con estas fuerzas y las de lnea reunir una guarnicin respetable. En la construccin de las fortificaciones y otras obras para la defensa de la Isla se emplearon los gobiernos de Ricla y sus sucesores hasta el del marqus de la Torre. Los castillos del Morro y Atars se concluyeron en tiempos del general Bucarely, quien hizo levantar uno provisional en el cerro de Arstegui llamado el Prncipe, y a propuesta suya se aprob el plan de otro que lo sustituyese, el cual se traz al concluirse la Cabaa en el gobierno de la Torre y bajo la direccin de Abarca, a quien el rey promovi a mariscal de campo por los servicios prestados durante su larga residencia en la Isla. De modo que en 1777 se haban reparado los muros de La Habana y los fuertes de la Punta y la Fuerza, construido varios cuarteles y hospitales militares y concluido la serie de fortificaciones que hoy se ven en las alturas del Morro y la Cabaa y la que corona el cerro de Soto; la del Prncipe no se concluy sino despus del gobierno de Las Casas. La primera es de mucha mayor extensin y solidez que la que antes haba, la segunda protege la baha y la ciudad con sus invencibles bateras, Atars cubre la garganta que une La Habana con el resto de la Isla y el Prncipe domina la costa desde San Lzaro hasta la Chorrera. Respecto del gobierno civil poco o nada se hizo. El conde de Ricla public un reglamento de polica urbana y rural, dio nombre a las calles de la capital e hizo numerar sus casas, y en su tiempo emigraron muchas familias de la Florida. stas se establecieron en Matanzas y su jurisdiccin en solares y terrenos pertenecientes a la ilustre casa de los marqueses Jstiz de Santa Ana, que los cedi gratuitamente a favor de los floridanos, los cuales poblaron el partido que en memoria de su origen conserva todava el nombre de San Agustn de la Nueva Florida.22Valds, p. 173. Pezuela, p. 240. La emigracin de la Florida influy mucho en el progreso de la poblacin y riqueza de Matanzas, y sus habitantes dejaron una memoria de este acontecimiento en los nombres de las cuatro primeras calles de la ciudad. La principal se llam de Ricla en honor del capitn general que dispuso la traslacin de los floridanos; la inmediata al ro de San Juan tiene el nombre de O’Reilly, del segundo cabo, y las otras dos hacia la parte del norte llevan los de Gelabert y Contreras, el primero por el juez de tierras que entendi en el reconocimiento, medida y deslinde del corral, y el segundo por don Jernimo Contreras, hermano del marqus de Jstiz, dueo de los terrenos cedidos

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PEDRO JOS GUITERAS /5 /5 /5 /5 /5 El general don Diego Manrique se encarg del mando a fines de junio de 1765 y an no cumplido un mes de estar en la Isla muri. Don Pascual Jimnez de Cisneros desempe el gobierno interino hasta el 19 de marzo de 1766 que lleg a La Habana el bailo don Antonio Mara Bucarely nombrado gobernador propietario. ste ampli el reglamento de Ricla, deslindando mejor las atribuciones de los jueces pedneos y dictando un buen rgimen para el trato y conservacin de los esclavos, y dej una memoria tan limpia de su rectitud y probidad, que el historiador cubano hallar siempre gusto en copiar las palabras con que lo elogia el ministro de Indias al comunicarle su promocin al virreinato de Nueva Espaa; decale por mandato especial del monarca “que pasase a aquel destino satisfecho de que no haba llegado a la Corte la ms leve querella de su gobierno”. Durante l ocurrieron, en julio y agosto de 1766, los violentos terremotos que destruyeron casi una tercera parte de Santiago de Cuba, sepultando en sus ruinas a ms de 100 personas; la gran tormenta de Santa Teresa, el 15 de octubre de 1768, que hizo tanto estrago en la Jurisdiccin de La Habana, y la expulsin de los padres de la Compaa de Jess. El marqus de la Torre le sucedi a mediados o fines de 1771; dotado de un talento e ilustracin superiores a los que le precedieron despus de la restauracin, fue el que ms se ocup de las mejoras interiores y el que dej ms interesada la gratitud de los cubanos por sus servicios en favor del pas. “A sus esfuerzos y excelentes disposiciones (dice el Sr. Valds) debe La Habana el principio de la generalizacin de sus luces”. Sus primeros actos que anunciaban ya un feliz resultado en los planes de reforma que meditaba, fueron la publicacin de un bando de buen gobierno y la formacin de un censo de poblacin. ste es el primero que se conserva en nuestra estadstica, y segn l existan en la Isla en 1775 ocho ciudades, ocho villas y gran nmero de aldeas y lugares, de las cuales las ms pobladas eran La Habana, Santiago de Cuba, Puerto Prncipe, Bayamo, Sancti Spritus, Villa Clara y Guanabacoa, y la poblacin general suba a 171 620 almas distribuidas de la manera siguiente: 96 440 personas blancas, 30 847 libres de color y 44 333 esclavas; guardando estas tres clases entre s las proporciones por ciento de 56 la primera, 18 la segunda y 26 la ltima. Suponiendo la poblacin en 1762 de 140 000 almas, vemos por el censo del marqus que en los 13 aos transcurridos hasta 1775 slo hubo en San Agustn. Las diligencias practicadas con este motivo dieron orgenes a una nueva cesin por parte del marqus y su hermano de 268 solares para extender la ciudad, cuyo valor en aquella poca se estim en cerca de 44 000 pesos. Vase Memorias de la Real Sociedad Econmica de febrero de 1847.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 6\ 6\ 6\ 6\ 6\ un aumento de 31 620, el cual nos parece corto si consideramos que, adems de la propagacin natural, se introdujeron por la compaa inglesa y varias espaolas muchos negros esclavos y que vinieron muchos emigrados blancos cuando la cesin de la Florida. Las reflexiones a que da lugar su estudio tomaran un carcter ms grave an si se admitiese el clculo del barn de Humboldt antes de la toma de La Habana por los ingleses, de que la Isla no tena en 1762 arriba de 200 000 habitantes; “pues esto nos llevara a la conclusin de que lejos de haber progresado, haba disminuido nuestra poblacin, a pesar de la inmigracin blanca y esclava que hemos mencionado”. Por fortuna de la benignidad de nuestro clima y para honra del carcter humano de los hijos de Cuba, es cosa bien sabida que ese censo fue formado “Con la mayor negligencia, sustrayndose en l una gran parte de la poblacin y que sus resultados generales no son el verdadero exponente de sta, la cual debi exceder con mucho al nmero fijado en 1775”.3Una de las mayores necesidades de un pas pobre de comunicaciones, cuando no sea posible emprender la obra de un plan regular de caminos, es facilitar el paso de los ros y acortar las distancias en los terrenos demasiado elevados y en los bajos y pantanosos, por medio de puentes, calzadas de suave inclinacin y terraplenes. Las comunicaciones de la Isla eran entonces tan malas, que al empezar la estacin de las lluvias el hacendado consideraba perdido el resto de su cosecha, en cualquier estado que estuviese el campo, por serle imposible conducir sus frutos al mercado. Concluidas las obras de fortificacin se encontr el marqus con gran nmero de obreros inteligentes y de presidiarios a su disposicin, y tuvo la oportuna idea de dedicarlos a la construccin y mejora de varios puentes y calzadas; habiendo merecido especial mencin de los historiadores la reparacin de los de Arroyohondo, Yamaraguas, Enrquez y Carrillo, y la construccin de unos 34 ojos sobre el ro Chorrera y dos ms, uno en el paso de Santa Fe, sobre el Cojmar, y otro en las Vegas, por el camino de Santa Mara del Rosario. La hermosa capital no poda menos de llamar su atencin; el comercio peda la limpieza de su puerto y composicin de sus calles, la cultura y sociabilidad de los habaneros, lugares de instruccin y esparcimiento. Mand construir seis pontones y otros tantos ganguiles para tener en buen estado el puerto y su canal, una junta de vecinos se ocup en la reparacin de las calles y otras mejoras del ramo de polica, y l quiso encargarse de dirigir por s mismo las obras de ornato pblico. 3Valds, pp. 167-178. Pezuela, pp. 229 y 255. Sagra, p. 3. Saco, t. II, p. 69. Humboldt, Ens. polit., pp. 108 y 132.

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PEDRO JOS GUITERAS /7 /7 /7 /7 /7 Suyas son la alameda de Paula, el primer paseo que tuvo La Habana, situado al oriente de la ciudad, en un terreno elevado sobre la muralla a orillas del mar, baada por las brisas y con vista a la herradura que corre desde las campias de Regla y cerros de Guanabacoa hasta el extremo sur del monte de la Cabaa; y el paseo extramuros que va a concluir a la plaza de la Punta, y consista en una ancha calzada y dos calles laterales, marcadas con lneas de rboles de los trpicos. Vironse all mezclados, admiracin del extranjero, la robusta ceiba, el coco agreste y el altivo cedro, con la palma gentil, el flexible pino y la cambiante yagruma, y su situacin es tan bella, que siempre ha sido ste el paseo favorito de los habaneros. Tambin ide, promovi y concluy la fbrica de un teatro a la entrada de la alameda de Paula, con cuyo motivo anduvieron a porfa en su embellecimiento el buen gusto del marqus y la generosidad de los vecinos. Conociendo aqul cun conveniente sera a una capital tan populosa el que hubiese “diversiones pblicas”, a ejemplo de la prctica introducida en todas las poblaciones bien arregladas y “siendo la de las comedias acomodada al genio de sus habitantes, segn lo manifiesta la experiencia, al paso que est aprobada y admitida por indiferente generalmente en todos los dominios de Espaa”, pens en un lugar donde pudiese el pblico aplaudir y admirar las producciones de Lope de Vega, Caldern y Moreto, que le eran muy familiares, en vez de la casa particular donde provisionalmente se representaban “con mucha incomodidad del numeroso concurso de espectadores”.4Esta idea estaba asociada a otra no menos laudable, la de crear rentas para el sostenimiento de un asilo de mujeres recogidas, que estaba construyendo el celo del Sr. obispo. El plan del marqus era excitar la caridad del pblico, acopiar fondos para hacer el teatro, reembolsar a los prestamistas con los productos de las representaciones dramticas y dejarlo despus a beneficio de la casa. Llam, pues, a los vecinos ms notables y luego que stos se instruyeron del proyecto, se adelantaron a ms de lo que l haba pensado y propona, ofreciendo con mano franca lo que cada uno poda y manifestndole todos “que no queran reintegro de sus anticipaciones, ni las hacan en calidad de prstamo, sino como limosna y donativo”. Tan generosos anduvieron en la proteccin de esta obra de beneficencia, que el teatro qued concluido a mediados de mayo de 1776. Por ltimo, a l se debe el palacio de los gobernadores situado en la Plaza de Armas, uno de los ms bellos edificios que adornan la capital. Emprendi su construccin de acuerdo con el Ayuntamiento a mediados de 1773, con el objeto de que la autoridad superior tuviese habita4Discurso de La Torre en una reunin de vecinos de La Habana.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 8\ 8\ 8\ 8\ 8\ cin correspondiente a su elevado rango, y aquel cuerpo salones para sus juntas y oficinas; una parte del piso inferior deba dedicarse a crcel pblica. Al remitir al ministro de Indias los diseos de este palacio, propuso el marqus que para su construccin, la de un acueducto y otras obras se mandase reintegrar al Ayuntamiento de los productos del antiguo arbitrio sisa de la zanja. Sus planes fueron aprobados, y el palacio de gobierno es, sin disputa, su obra ms notable y la que ms contribuir a perpetuar la memoria de su administracin en la Isla. Despus de una residencia en ella de ms de cinco aos, fue promovido al grado de teniente general y relevado del mando, y en mayo de 1777 regres a Espaa “llorado a su partida por todos los que experimentaron el suave influjo de su gobierno”.5 5Valds, pp. 175-183. Pezuela, cap. 16.

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CAPTULO IIGUERRA CON INGLA GUERRA CON INGLA GUERRA CON INGLA GUERRA CON INGLA GUERRA CON INGLA TERRA. CONQUIST TERRA. CONQUIST TERRA. CONQUIST TERRA. CONQUIST TERRA. CONQUIST A A A A A DE FLORID DE FLORID DE FLORID DE FLORID DE FLORID A Y LAS BAHAMAS. REV A Y LAS BAHAMAS. REV A Y LAS BAHAMAS. REV A Y LAS BAHAMAS. REV A Y LAS BAHAMAS. REV OL OL OL OL OL UCI"N UCI"N UCI"N UCI"N UCI"N ANGLO ANGLO ANGLO ANGLO ANGLO -AMERIC -AMERIC -AMERIC -AMERIC -AMERIC ANA. FUND ANA. FUND ANA. FUND ANA. FUND ANA. FUND ACI"N DEL OBISP ACI"N DEL OBISP ACI"N DEL OBISP ACI"N DEL OBISP ACI"N DEL OBISP ADO ADO ADO ADO ADO DE LA HABANA DE LA HABANA DE LA HABANA DE LA HABANA DE LA HABANAEl general don Diego Jos Navarro sucedi a La Torre a principios de junio de 1777 y a Navarro, don Juan Manuel Cagigal a fines de mayo de 1781; y ambos se ocuparon en atenciones ajenas del gobierno de la Isla, con motivo de haber entrado Espaa en la nueva guerra que sostenan los franceses con Inglaterra.1“Madrid era entonces (dice el continuador de Miano) el centro y teatro de las negociaciones entre las dos potencias beligerantes. Carlos III dud por algn tiempo si tomara parte en la lid, o imitara la constante neutralidad de Fernando VI. Aquejbale el temor fundado de que la rebelin de las colonias americanas de los ingleses se comunicase con un contagio a los espaoles; por otra parte, senta la necesidad y el deseo de resarcir las prdidas que su reino haba sufrido en las guerras anteriores con la Gran Bretaa, y le pareca infalible la victoria si en la lucha actual reuna sus fuerzas con las de Francia. Prevaleci al fin la esperanza ms prxima y el inters ms urgente, y se decidi por la guerra”. sta se declar por Espaa en mayo de 1779.2Atareados los ingleses en contener el incendio de la revolucin que desde Boston haba cundido por todas las provincias de la Nueva Inglaterra, en armas contra la madre patria por usurpadora de sus fueros y privilegios, haban descuidado las fronteras de sus estados meridionales; y el gobernador de la Luisiana, don Bernardo de Glvez, supo aprovechar esta circunstancia para invadir las posesiones de la Florida cedidas por Espaa en 1763. A esta atrevida empresa, coronada con el xito ms brillante, contribuy La Habana por disposicin de Navarro, primero con los regimien1Pezuela, pp. 269 y 286.2Hisioria de Espaa, t. IX, p. 438.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 10\ 10\ 10\ 10\ 10\ tos de Navarra y Mallorca, que salieron el 7 de marzo de 1780 y facilitaron la toma de Mobila, despus con una expedicin de cerca de 4 000 hombres compuesta de los regimientos del Prncipe, Espaa, Navarra, Catalua y el Fijo de La Habana, de dos compaas de artillera con varias piezas y un corto escuadrn de dragones, la cual influy en la rendicin de Panzacola, que capitul el 8 de mayo despus de una brava defensa; volviendo as Cuba a alcanzar nuevos timbres con la reconquista de unas provincias que en los tiempos del clebre Hernando de Soto haba ayudado a conquistar con lo ms florido de su escasa poblacin y una gran parte de su naciente riqueza. El gobernador Cagigal, estimulado por las victorias de Glvez, prefiri blandir la espada a empuar la no torcida vara y busc en el ruido de la guerra una corona, ms fcil de adquirir y ms durable, labrando la ventura del pueblo que le haba confiado la bondad del monarca. Quiso y hall laureles en Nassau, que se entreg el 8 de mayo de 1782, cuya conquista lo hizo dueo de todas las Bahamas; y regres a La Habana donde empez a trabajar en la realizacin de los proyectos de las Cortes aliadas para apoderarse de Jamaica y destruir el imperio ingls en Amrica, proyectos a que haba dado un golpe mortal la victoria del almirante Rodney sobre la escuadra francesa del conde de Grajse en el combate ms sangriento que han visto los mares de este hemisferio, y a que puso trmino el tratado de paz celebrado en Versalles el 20 de enero de 1783. Por l fueron vengados y reparados el honor y daos sufridos en 1762, forzando a Inglaterra a pedir la paz a costa de grandes sacrificios; Espaa qued en posesin de Menorca y la Florida occidental, y adquiri adems la oriental por cesin que le hizo Inglaterra.3El acontecimiento que hace memorable esta guerra en los anales del mundo moderno, fue el de haber asegurado el triunfo de las colonias inglesas guiadas por el genio inmortal de Washington, y dado existencia poltica a la repblica que de ellas se form con el nombre de Estados Unidos de Amrica. ¡A cuntas reflexiones nos convida esta clebre guerra! ¡Ver a un Carlos III olvidar su prudencia para pensar en la venganza, auxiliar la rebelin para honrar la libertad, hacer la independencia de las colonias de su rival para abrir senda fcil a la venganza, la libertad y la independencia de sus propias colonias! Cuando se estudian a travs de los tiempos los grandes sucesos de las naciones, ¡cun distintamente se ve el dedo de la Providencia marcando la senda imperecedera del progreso, a despecho de las pasiones y la limitada capacidad de los hombres! La Guerra de Sucesin de Espaa dio lugar a la conflagracin de las potencias en Europa, que vieron amenazado el equilibrio poltico, aterradas de la influencia que 3Pezuela, caps. 17 y 18.

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PEDRO JOS GUITERAS /11 /11 /11 /11 /11 sobre ellas iba a adquirir el soberano francs con la estrecha alianza de aquella nacin; y cuando se unan a conjurar la tempestad y pensaban humillar el honor de dos grandes pueblos, la muerte del emperador Jos de Austria detiene el curso de sus victorias y desbarata los planes de la ambiciosa Inglaterra. Un tratado poco generoso la consuela de no haber completado la ruina casi segura de su rival y ese mismo tratado hace que Francia y Espaa, unidas por los vnculos de la sangre y de una comn humillacin, estrechen ms sus simpatas y el deseo de venganza, y esta pugna de afectos encontrados complica los intereses y enardece las pasiones de la terrible clera britnica. La Paz de Utrech divide y lanza el uno contra el otro los defensores del monopolio comercial y crea el clebre Pacto de Familia, que inaugura, a su pesar, el trfico de ideas e intereses entre las posesiones espaolas e inglesas, estimula a Inglaterra a cometer actos de agresin que deben arrastrarla a nuevas guerras, y alienta a Espaa a desear primero la abolicin del absurdo sistema colonial, con tal que Inglaterra sufra sus consecuencias en sus propios estados del norte y despus la independencia de estos mismos estados. La sabia Providencia abra al fin a la civilizacin del mundo, las puertas fuertemente cerradas de la oprimida Amrica. Llamado Cagigal a Espaa, lo sustituy interinamente a fines de 1782 el mariscal de campo don Luis de Unzaga, cuyo gobierno fue juicioso y templado, secundando la buena disposicin de la Corte a conceder franquicias en favor de la agricultura y comercio de la Isla y a corregir los abusos envejecidos del foro. Nombrado en propiedad el conquistador de Florida, promovido al estado de teniente general y honrado con el ttulo de conde de Glvez, tom el mando el 4 de febrero de 1785, pero las esperanzas que con razn haban concebido los cubanos de tener un gobierno fecundo en bienes para el pas con la eleccin de un sujeto tan hbil y querido del rey, se desvanecieron pronto con su nombramiento de virrey de Nueva Espaa. Qued en su lugar el brigadier don Bernardo Troncoso a mediados de aquel ao, y an no concluido ste, tuvo Cuba otro gobierno interino con la salida de Troncoso para Veracruz, el de don Jos Ezpeleta, a quien sucedi tambin interinamente el coronel Cabello. A principios de junio recibi Troncoso repetidas comunicaciones del gobernador de Luisiana, manifestndole que un cuerpo de 2 300 americanos se organizaba en el estado de Georgia con la mira de apoderarse de las fortificaciones de Natcher, bajo el pretexto de que estaban en territorio de su demarcacin; lo cual dio lugar a que aquella autoridad le enviase algunos piquetes de infantera y un escuadrn de dragones, con cuyo socorro pudo el gobernador movilizar una columna de 1 200 hombres de tropas regulares y contener aquellos proyectos.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 12\ 12\ 12\ 12\ 12\ El brigadier Ezpeleta se encarg del mando el 28 de diciembre de 1785. Conocedor del pas donde haba permanecido antes por espacio de seis aos, se dedic a hacer cuanto estaba en el crculo de sus facultades: mand publicar los ya olvidados bandos de Ricla y Bucarely, aadindoles un reglamento de polica urbana y repar algunas de sus calles; moviliz partidas de tropas y milicianos para la represin del contrabando y persecucin de malhechores; y a sus informes favorables debi Cuba en parte el xito de sus reiteradas representaciones al Gobierno Supremo en favor de mayores franquicias para la importacin de esclavos africanos. Hace notable esta poca en la literatura cubana, el establecimiento en Santiago de Cuba de la primera Sociedad de Amigos del Pas que tuvo la Isla, concedida por la munificencia soberana el 13 de septiembre de 1787; si bien toda la gloria de esta institucin se debe a los Sres. don Francisco Mozo de la Torre, don Francisco Grin y don Pablo Valiente, que en nombre de los vecinos de aquella ciudad solicitaron la gracia por medio de su gobernador don Nicols de Arredondo. Durante la interinatura de don Domingo Cabello, que principi el 20 de abril de 1789, se modific una real disposicin que prohiba la admisin a examen de profesores de jurisprudencia a los naturales o residentes en la Isla, mandndose por decreto de 29 de marzo de aquel ao, que “slo se admitan en el ejercicio de abogados a los que estudien en universidades mayores de estos reinos y hayan practicado en alguna capital de ellos donde haya tribunal superior, acreditando con certificacin pasada por el Consejo haber ejercido seis aos en los tribunales superiores de Espaa despus del recibimiento”. Tambin tuvo lugar en su tiempo la divisin eclesistica de la Isla con motivo de haberse fundado el Obispado de La Habana en 1788 y dividdose en dos dicesis sufragneas del arzobispado de Santo Domingo, la nica que haba existido desde que se fund el Arzobispado de Santiago de Cuba. La lnea divisoria de ambas mitras, se dirige a la embocadura del riachuelo de Santa Mara, longitud 800 49' en la costa meridional por la parroquia de San Eufemio de la Palma y haciendas de Santa Ana, Dos Hermanos, Copey y Cinaga a la punta de Judas, longitud 80 46' en la costa septentrional, frente a Cayo Romano.4 4Valds, pp 195-197. Pezuela, pp. 308-317 y 330-331. Humboldt, Ens. polit.

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CAPTULO IIIREFORMAS ECON"MIC REFORMAS ECON"MIC REFORMAS ECON"MIC REFORMAS ECON"MIC REFORMAS ECON"MIC AS. PROGRESO AS. PROGRESO AS. PROGRESO AS. PROGRESO AS. PROGRESO DE LA ESCLA DE LA ESCLA DE LA ESCLA DE LA ESCLA DE LA ESCLA VITUD AFRIC VITUD AFRIC VITUD AFRIC VITUD AFRIC VITUD AFRIC ANA ANA ANA ANA ANALas reformas introducidas en el sistema de defensa desde el mando del conde de Ricla, haban producido un aumento en los gastos pblicos, que no podan cubrirse con las rentas de la Isla y las cantidades que con el nombre de situado venan de Mjico para llenar las atenciones ordinarias de la antigua administracin. Esto movi a aquel general a alterar el orden econmico establecido, a crear nuevos arbitrios y buscar recursos que requeran una organizacin de Hacienda ms complicada que la que exista con la institucin de los oficiales reales; y a propuesta suya, dispuso el rey por Cdula de 31 de octubre de 1764, se estableciese en La Habana una intendencia de ejrcito y provincia, casi igual en su forma a las de su clase en Espaa y Amrica, con las instrucciones necesarias para su instalacin y gobierno, as como las relativas a la contadura, tesorera y administracin general. Con respecto a las contribuciones, la Corte se ocupaba entonces en un plan propuesto por Mr. Choiseul, ministro de Estado de Francia, que tena por objeto aumentar considerablemente las rentas reales, deseoso de ver a Espaa con un gran poder martimo para que pudiese auxiliar a su nacin en la guerra que meditaba contra Inglaterra. Este plan, concebido con poco conocimiento de la legislacin colonial y aceptado con alguna precipitacin, era una alteracin del sistema de impuestos vigente en Indias y produjo graves conmociones en la isla de Cuba y otros lugares de Amrica. “Principiaron por lamentarse agriamente contra esta novedad muchos hacendados de Puerto Prncipe y del territorio meridional, que en la Isla se designa con el nombre de la Vuelta de abajo. Mas ni el intendente, ni el brigadier Cisneros podan modificar disposiciones decretadas por el Supremo Gobierno; creci el descontento al verificarse la exaccin del nuevo arbitrio, y llegaron algunos nimos a exasperarse de tal suerte, que varios agricultores prefirieron destruir por s mismos ricas y extensas siembras a contribuir al erario pagando el impues-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 14\ 14\ 14\ 14\ 14\ to. Ayudadas las autoridades con los oficios e influencias de Calvo de la Puerta, Pealver y otros hacendados, lograron reprimir el desorden movilizando algunas milicias. Fueron los sediciosos dispersados en algunos puntos del interior casi sin efusin de sangre, pero no sin muy sensibles perjuicios de la Real Hacienda y de muchos particulares”. Enterado el rey de estos sucesos, acord renunciar a la innovacin y adems decret el 22 de agosto de 1766 varios artculos aclaratorios y adicionales a la cdula de creacin de la Intendencia que produjeron la creacin de una junta semanal y otra de apelaciones y varias reformas administrativas de importancia.1Despus de establecida la Intendencia, el contador general don Juan de Alda form el 6 de julio un presupuesto de los gastos de la Isla para el ao de 1768 que ascendi a 1 681 452 pesos, de los cuales el ejrcito solamente consuma 665 655; y aprobado por el alto gobierno y tomado como base para el clculo de gastos anuales, se consignaron sobre las cajas de Mjico 1 200 000 pesos, suponindose que las rentas pblicas seran capaces de cubrir la diferencia. Para las atenciones extraordinarias se provey con fondos del tesoro real de Amrica, por valores de consideracin.2El recargo establecido en las contribuciones deba inclinar naturalmente a un gobierno tan ilustrado a dar en favor de la riqueza pblica una latitud proporcionada a las nuevas exigencias del Estado. Y como ensease una dolorosa experiencia que el inconveniente principal para el fomento de la agricultura, era el sistema colonial adoptado hasta entonces, se dictaron algunas medidas que, si no un cambio en las ideas econmicas, suponan una disposicin a entrar en el terreno de reformas favorables. El comercio se haca por la Compaa de La Habana, creada para sustituir el antiguo de las flotas y aunque su constitucin estuviese basada en el principio del monopolio y privilegios y contuviese el germen funesto de recargar los gneros extranjeros que venan de Espaa a los puertos de Amrica, las exportaciones que a principios del siglo xvIIIestaban circunscritas a maderas, cueros y un corto nmero de cabezas de ganado, empezaron a extenderse a otros productos como el azcar y miel de purga, el aguardiente de caa y la cera. La Intendencia abri por va de ensayo en 1764 un pequeo trfico con los puertos principales de Espaa; pero los reglamentos que se hi1Historia de Espaa, t. IX, p. 398. Pezuela, p. 235. Sagra, Hist. Econom. Polit., p. 2732Sagra, p. 278. Segn este autor (cap. 4, art. II), las rentas generales de la Isla desde 1764 hasta 1794 ascendieron a 20 286 173 pesos, y el total de cantidades que adems entraron en Tesorera bajo el nombre de situados u otras clasificaciones, desde 1766 hasta 1788, fue de 101 735 350 pesos.

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PEDRO JOS GUITERAS /15 /15 /15 /15 /15 cieron prevenan el cobrar all a los artefactos que se embarcasen, dos derechos de trnsito, uno con el nombre de entrada y otro con el de salida, y luego otro que se llamaba de consumo a su introduccin en Cuba. Este extraordinario recargo destruy el resultado que prometa la extensin dada al comercio y no tuvo ningn resultado satisfactorio. Sin embargo, la medida tenda a debilitar las restricciones de la legislacin colonial, y bajo este punto de vista era una reforma que anunciaba los importantes decretos de abril y octubre de 1767, en cuyo ao facult el soberano a las autoridades superiores “para que en caso de urgente necesidad en Cuba se recurra por vveres al extrangero”, dispuso la supresin de la Compaa de La Habana y concedi franquicias al comercio de la Isla. Estas disposiciones y otras posteriores dictadas hasta 1776 aumentaron la navegacin y comercio con la Pennsula y las provincias hispanoamericanas, y fueron estmulo poderoso para que los ministros reconociesen la conveniencia de aflojar, an ms, las trabas que embarazaban su riqueza e inclinasen la bondad soberana a decretar una medida general de gran trascendencia, la Real Orden de 1778 llamada del libre comercio, aboliendo los monopolios de los puertos mayores y abriendo puerta franca al comercio y navegacin de Amrica con Espaa. Dado este paso, fcil era de prever el vuelo que tomara la opinin a favor de nuevas reformas, luego que se tocasen sus saludables efectos. Cuba corri a pedir gracia para su comercio y alcanz ms favor que ningn otro Estado. Extendironse sus relaciones a una tolerancia mayor respecto de los buques extranjeros y cuando la guerra de la independencia paraliz el comercio de las colonias inglesas con la Isla, confiada en la buena acogida que haba encontrado en el rey acudi por mayores franquicias, y otro decreto de 12 de octubre de 1779 abri la entrada del puerto de La Habana a las banderas de las naciones amigas, aunque con la condicin de que slo introdujesen vveres. El comercio espaol se resinti pronto de los efectos de estas soberanas resoluciones. La marina mercante, disminuida por las continuas guerras, no poda transportar los gneros y efectos que necesitaban las colonias, y adems las importaciones de productos nacionales y extranjeros que el monopolio le permita hacer, eran muy superiores al valor de las exportaciones. El comercio directo de las naciones amigas era mucho ms conveniente a Amrica, tanto por la mejor calidad y mayor baratez de los gneros, cuanto porque stas podan exportar todos los frutos coloniales. En la imposibilidad de sostener la competencia, el comercio espaol deba quedar reducido en Amrica a lmites muy estrechos. Para evitar estos males no le quedaba otro remedio que establecer su marina, perfeccionar su industria fabril y presentar frutos de igual

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 16\ 16\ 16\ 16\ 16\ calidad en el mercado, con lo cual hubiera podido sostener y fomentar sus cambios, favorecida como estaba la bandera nacional en el arreglo de aranceles. Pero desgraciadamente, ste, as en Espaa como en Amrica, se resenta ya de la postracin general que estaba aniquilando las fuentes de la riqueza pblica, agotados los tesoros reales en atenciones ajenas del Estado, ocupados la actividad y el talento de los espaoles en continuas guerras, y consumido el sudor del pueblo en las iglesias y conventos. En lugar de emprender una noble competencia, lo que hubiera sido til a la nacin entera, el comercio volvi los ojos al antiguo sistema, ocurriendo a implorar a los pies del trono una injusta proteccin en favor de los intereses peninsulares, y el gobierno (cuya poltica haba cambiado despus de hecha la paz con Inglaterra), dando odo a sus clamores, prohibi la introduccin en Cuba de harinas extranjeras, con lo cual quedaron estancados muchos de sus frutos por falta de buques, y dispuso en 20 de enero y 15 de abril de 1784 cerrar los puertos de Amrica a las naciones amigas, llevando la prohibicin “hasta el extremo de negar la entrada a las embarcaciones mercantes extranjeras aun cuando se fueran a pique”, severidad impropia del carcter bondadoso del rey y ofensiva a su dignidad y decoro.3La irregularidad y desconcierto observados en el sistema de comercio, tenan una influencia funesta en el progreso gradual que empezaba a notarse en la poblacin y agricultura de la Isla. Respecto de la primera, Espaa, escasa de habitantes en su propio suelo, no poda desarrollar ningn plan de colonizacin nacional que fuese conveniente a sus inmensos Estados de Amrica, aun cuando su legislacin hubiese sido ms liberal en el ramo de comercio, y su constante oposicin a admitir extranjeros en sus posesiones eran un inconveniente para el fomento de la poblacin blanca, tanto ms invencible cuanto que estaba fundado en temores polticos y en motivos religiosos. Su influencia lleg a reducir a tal grado la legislacin colonial, que aun en este reinado, cuando con tanta liberalidad se inauguraba una nueva era, los recelos se descubren claramente en la ley recopilada de Indias, dictada en 1778, donde se previene que “en ningn puerto, ni parte de las Indias Occidentales, islas y tierra firme de los mares del norte y sur, se admita ningn gnero de tratos con extranjeros, aunque sea por va de rescate o cualquiera otro comercio, pena de la vida, y perdimiento de todos sus bienes a los que contravinieren”.4El trfico de negros fue, pues, el medio forzoso que adopt Cuba de suplir la falta de labradores y artesanos blancos. Este comercio estuvo 3Sagra, Hist Econom. p. 134.4Ley VII, tt. XXVII, lib. IX.

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PEDRO JOS GUITERAS /17 /17 /17 /17 /17 sujeto a las mismas restricciones que el martimo, con la diferencia muy importante de que no poda hacerse sin un permiso especial del rey en el cual se fijaba generalmente el nmero de aos y de esclavos concedido al individuo, compaa o corporacin en quien recaa la gracia: estos permisos se llamaron licencias al principio, tomaron ms adelante el nombre de asientos y despus el de contratos y privilegios hasta el ao de 1789 que cesaron enteramente. Los ms notables, en nuestra historia, adems de los concecidos a la Compaa de Mar del Sur y la Mercantil de La Habana, de que hemos hablado en el Libro V, fueron la contrata celebrada con el marqus de Casa Enrile, que dur desde 1773 hasta 1779, y la licencia expedida en 1780, con motivo de la guerra con Inglaterra, para que la mayor parte de los espaoles de Amrica pudiesen acudir por esclavos a las colonias francesas. El nmero de negros introducidos en la Isla desde los primeros tiempos desu colonizacin hasta 1789, segn los datos y noticias que hemos podido adquirir, no debi bajar de 1000 000; aceptando el clculo, en nuestro concepto moderado, de don Francisco de Arango para las importaciones lcitas e ilcitas que pudo haber hasta mediados del siglo pasado, y el de don Jos Antonio Saco para las de la parte oriental desde 1764: Importados en toda la Isla desde 1523 o 24 hasta 1763 ..................................................................... 60 0005Por la Compaa de La Habana, en 1764, 65 y 66......................................................................4 957 Por el marqus de Casa Enrile del 1773 a 1779 ................... 14 1326Por el permiso concedido para proveerse de negros en la colonias francesas durante la guerra que ter min en 1783 .............................6 5937Por la casa de Baker y Dawson, de 1786 a 1789 ........................................................................8 3188Por la parte oriental de la Isla, de 1764 a 1789 ........................................................................6 0009———— TOTAL.............................................................................. l00 000 5Vase lib. V, cap. 5.6Documento sobre el trfico de negros, p. 119.7Clculo aproximado nuestro.8Gua mercantil de la Habana, para 1822 .9Saco t. II, p. 71

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 18\ 18\ 18\ 18\ 18\ Por este tiempo, las ideas filantrpicas, extendidas por el mundo civilizado, empezaban a ejercer una gran influencia en la cuestin de la esclavitud, y las naciones cuya organizacin poltica haca depender de la opinin pblica la marcha del gobierno, haban entrado de lleno en la cuestin de la abolicin del comercio africano, considerndola bajo un punto de vista favorable al imperio de la reforma.10El estado de Virginia en la Unin Americana haba cerrado sus puertos a la trata en 1778; Pennsylvania, Connecticut, Rhode Island y Massachusetts haban seguido su ejemplo en 1780, 87 y 88, y el tercer congreso de la repblica la haba proclamado contraria a la civilizacin de los pueblos cristianos y reprobdola antes de concluirse el siglo XVIII; al mismo tiempo, la Revolucin francesa deba darle en Santo Domingo el golpe de muerte y hacer estremecer los estados meridionales de Amrica. La patria de Howard y de Wilberforce se regocijaba de ver la obra de sus propias manos cobrar cuerpo en las naciones extranjeras, y estimulada por la iniciativa que haba tomado Estados Unidos, abandon el carcter de moderacin que haba adoptado en el examen de esta cuestin y empez a ocuparse de ella desde 1787 con todo el calor de sus convicciones. Cuba entonces, libre en parte de los inmensos intereses que despus la han identificado con esta institucin, pudo haber comprendido el poder de las nuevas ideas y alimentar su futura prosperidad en la organizacin del trabajo por los medios adoptados en Europa; pero en el estado de aislamiento en que viva no le era posible conocer la importancia de una cuestin cuyos progresos y futura influencia se ignoraban en la misma Espaa y no es de extraar que dominada por sus antiguas ideas siguiese un rumbo opuesto al que tendan las opiniones reinantes en los pases extranjeros. Cuando los serios debates que tuvieron lugar en el Parlamento ingls en mayo de 1788, anunciaban que pronto un decreto de abolicin de la trata paralizara el comercio activo que hacan los ingleses en frica, Cuba que se provea por la casa de Baker y Dawson, temi quedarse sin tener quien le trajese los negros que necesitaba para sus campos, y habiendo acudido por medio de su representante en la Corte a solicitar la libertad de aquel comercio, se expidi la Real Cdula de 28 de febrero de 1789, permitindose no slo a los espaoles, sino tambin a los extranjeros en general que pudiesen introducirlos por dos aos, libres de derechos, en Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico y la provincia de Caracas, primer paso dado en la carrera de la libertad de la trata que deba ir seguido de nuevas concesiones hasta terminar en una libertad absoluta.11 10Vase Ilustracin XI.11Saco, t. II, pp. 150, y t. III, p. 302.

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CAPTULO IVDE LA AGRICUL DE LA AGRICUL DE LA AGRICUL DE LA AGRICUL DE LA AGRICUL TURA E INDUSTRIA CUBANA TURA E INDUSTRIA CUBANA TURA E INDUSTRIA CUBANA TURA E INDUSTRIA CUBANA TURA E INDUSTRIA CUBANALa agricultura, subordinada a las leyes de la poblacin y comercio, segua el lnguido impulso que le daban estas dos grandes ruedas de su movimiento. Los ramos ms esenciales de la agricultura e industria rural en Cuba, eran la crianza de ganados y el cultivo y elaboracin del tabaco y el azcar, los cuales constituan los productos ms importantes de su comercio interior y exterior. El primero fue la ocupacin principal de sus campesinos hasta ya entrado el siglo XVIII. La fertilidad de nuestras sabanas, el corto adelanto de la poblacin y el gusto de los castellanos y andaluces por la cra caballar, inspiraron la idea de adoptar una ocupacin de tan poco trabajo y en los primeros tiempos de nuestra colonizacin, tan productiva por las remesas de ganado que se hacan en Costafirme. Este ramo fue adelantando con el progreso del pas; pero nunca lleg al grado de desarrollo que hacan esperar los adaptados que son los terrenos para mantener gran nmero de animales en todas las estaciones del ao, el consumo que se hace de carnes y la necesidad de boyadas para los ingenios de azcar. A haber tenido nuestros ganaderos mayor inteligencia en cultivar prados y en establecer un orden ms regular en el cuidado de las cras y la divisin interior de las haciendas, este ramo hubiera hecho mayores progresos y servido de estmulo en los adelantos de nuestra agricultura, fertilizando nuestros campos, abasteciendo de carnes el mercado para el consumo general y empleando los bueyes para el uso de los ingenios, al cual se dedic por espacio de muchos aos un nmero tan considerable, atendido el relativamente corto de estas fincas, que a fines del presente siglo, parecer fabuloso a nuestros nietos. Los terrenos conocidos por ms excelentes para el cultivo del tabaco, son las vegas arenosas del distrito de la Vueltabajo, baadas por las aguas del San Sebastin, Riohondo o de Consolacin del Sur y el Cuyaguateje o Mantua, y tambin los comprendidos en la faja de palmas criollas que corre entre la Sierramadre y la costa del sur, las cuales

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 20\ 20\ 20\ 20\ 20\ forman un cuadrilongo de 28 leguas de largo y 7 de ancho; otros hay muy estimados, particularmente los del partido de las Virtudes entre San Cristbal y Guanajay, en la misma Vueltabajo, y en el Departamento Oriental, los ms inmediatos a Holgun y Cuba. Cada da se encuentran nuevos, a propsito para este cultivo, y cuando la poblacin de la Isla sea ms numerosa y se exploren sus desiertos bosques, probablemente se descubrirn muchos que disputarn a la Vueltabajo la supremaca que an conserva de esta hoja sin rival. La cosecha en 1720 fue de 600 000 arrobas; pero “un sistema severo de estanco, de odiosas pesquisas y viciosos reglamentos y vejaciones”, as como el valor excesivo de las materias de primera necesidad u objetos de uso frecuente, por la distancia a que se hallan las vegas de la capital, haban disminuido a fines del siglo pasado el cultivo de este fruto, sin disputa el ms importante de la Isla.1La produccin ms valiosa de nuestros campos se hallaba en tal estado de atraso, que la ltima expresin de sus progresos no es ms que un cuadro lamentable de la ignorancia rutinaria y falta de recursos de los hacendados. Uno de los ms antiguos de aquella poca,2 en una serie de memorias presentadas a la Sociedad Econmica de Santiago de Cuba sobre “los mejores conocimientos rurales, contrados principalmente a los de fabricar azcar... deducidos de los ms prolijos experimentos, continuados en la serie de 27 aos”, nos da una idea de cul era el sistema practicado en el cultivo y elaboracin de este precioso fruto. Tratando de las precauciones que deben tenerse para conservar el campo en buena disposicin recomienda “la figura que deben tener las piezas de caa y que presente mejor disposicin para el trnsito de los carros sin perjuicio de la cepa, eleccin de terreno, semillas y mtodo de su plantacin, aporques, limpieza, despaje, cortes y quema, para que estire el canuto de la caa, conserve su flexibilidad y frescura, principal causa para que el azcar sea ms blanco; evitar los vicios que contrae la caa cuando envaina, y los horrorosos efectos que inducen los cidos, a quienes ni el lcali ms rectificado, ni las ms violentas fermentaciones pueden observarlos, y aunque se verifique, el sal es demasiado empaado, mediano y de una textura pelosa, que lo hace declinar en un continuo movimiento, lo que el vulgo llama dormido”. Al hablar de los trapiches no puede menos de expresarse con alguna acrimonia contra el influjo de las preocupaciones reinantes. “Se ha notado, dice, que las mquinas de exprimir la caa de azcar estn sin regla ni proporcin, por la mala colocacin de sus dientes, a causa de que las escopladuras se disminuyen hacia el centro de la mquina por1Sagra Hist. Econo. p. 119.2El capitn Prez Garvey, de Santiago de Cuba,

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PEDRO JOS GUITERAS /21 /21 /21 /21 /21 que los dientes son a manera de cua, figura incapaz de mantener la compresin necesaria para resistir el empuje, de que proviene se salgan con facilidad o declinen a la parte opuesta, que es lo mismo que desviarse de su direccin y forzosamente se han de envestir, no slo con peligro notable de los dientes, sino con ruina de los estribos de las casas en que se sujetan, y, por tanto, el cilindro padecer indispensablemente. Para remediar un sistema tan envejecido, que no tiene otro apoyo que el error y la preocupacin, o la cruel autoridad sostenida nicamente del predominio que infunde al hbito o el pernicioso axioma de que as quisieron los antiguos, menos vulgar que ruinoso en quien regularmente descansa la ignorancia, y evitar tan manifiestos males, es de necesidad que la razn se rinda a las incontestables demostraciones practicadas en el asunto”. Sobre los procedimientos en la elaboracin se empea en demostrar “que el lcali procedente de las cenizas de vegetales, que llaman leja, despus de estar sujeto a peligrosas contingencias, lo est en la variedad que tienen entre s las maderas, como tambin sus corrupciones; el manejo indiscreto para filtrar la leja, la necesarsima compresin de la ceniza, el rgido examen para evitar los carbones que causan la negrura y finalmente la nociva oculta cualidad de la leja, visible nicamente a los linces ojos de una larga y meditada experiencia, que si se administra sin la tangencia debida, ya porque la caa es de un terreno infeliz, cargado o fluido de muchas sales que aunque dan vegetacin le aumentan demasiada viscosidad, o ya porque el lquido est muy impregnado de partes crasas, a que slo la fermentacin auxiliada con el lcali y alguna cantidad de agua pueden hacer ascender a la superficie y lograr se extraiga la grasa fcilmente; y si el ecnomo, sin ms reflexin que el hbito de errar y las ideas que le presenta el mecanismo, pretende administrar la leja en la misma oportunidad como tiene de costumbre, al paso que se empear en depurar el lquido, ms lo ser en confundirlo y precipitarlo, con cuya errada operacin slo alcanzar un azcar meloso y despreciable, culpando la caa cuando slo ha sido efecto de su ignorancia y de un lcali aplicado sin prudencia, ni el preciso instante de su mejor oportunidad”. “No por lo expuesto, aade, se reprueba absolutamente la leja, sino las malas resultas que se experimentan cuando es inadaptable a la condicin de la caa y a los diversos temperamentos que influye la estacin. Para no tocarlos, ni menos sufrir aquellas consecuencias, parece muy conforme se use nicamente de la cal viva, cuyo lcali, ni est sujeto a corrupciones, ni guarda entre s ninguna cualidad nociva. sta se debe administrar con la mayor discrecin, aplicando la dosis necesaria a proporcin del lquido, en el preciso momento de recibirla. Antes que haga su ebullicin se han de extraer las partes crasas a poco fuego has-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 22\ 22\ 22\ 22\ 22\ ta que se hayan disipado del todo, y entonces incrementando ste se limpian los claros, no permitiendo que la fermentacin decline hasta en tanto que se examine que las espumas del lquido estn tan claras como las de la leche; en cuyo estado se hace preciso administrar algunas lavativas de agua y cal, no porque extraigan otras partes crasas, sino para que del todo corte el jugo glutinoso que impide el cogulo, y hasta que se solide el sal y se ponga en aquel estado que pueda resistir la caa segn su consistencia, sazn y madurez”. Este celoso agricultor, no satisfecho con manifestar los vicios del sistema existente y aconsejar algunas reformas, entra tambin en el terreno de los inventos, a que tanto horror tena el vulgo de los hacendados y por donde se resistan con todas sus fuerzas a pasar los operarios del campo, y trata de las ventajas de sustituir por otros los trapiches que entonces se usaban y alterar los trenes de las casas de calderas. Respecto de los primeros propone otros “de unos dientes cuyas espigas son rectas, en lugar de las diagonales de que constan los actuales, con figuras menos peligrosas y que hacen que el cuerpo de la mquina sea ms permanente, no obstante los continuos rodeos, en cuyo estado nunca se experimenta que los dientes se venzan, se avienten, ni rompan; de suerte que aunque se empee la indiscrecin con pruebas y experimentos, alcanzarn primero que se estrellen las aspas y mandarrias que padezcan algn quebranto los dientes; a que se agrega que el confuso cmulo de bancos e instrumentos que al presente se usan, se reduce a unas simples piezas que a ms de sostener mejor la mquina se exponen a muchas menos contingencias”. Sobre los segundos ofrece exhibir “unos planos de reverberos alambicados, sobre el pie de los que usan los extrangeros, disminuyndoles y agregndoles algunas figuras, que en la oficina interior se comprime y detiene algn tiempo ms el combustible, sin que choquen ni se confundan sus partes fumosas hasta ver logrado el ahorro de un tercio de la materia, sin perjuicio de las violentas fermentaciones que hacen tan recomendable su mquina; de manera que dos tachos grandes montados con este mtodo, de la maana a la noche, sin ser necesario ocupar ni una hora de sta, podrn templar con comodidad y sin temor de foguear el azcar, ms de 100 panes grandes”.3Los cueros, la miel de purga y el aguardiente de caa eran productos de nuestra industria agrnoma que, si bien en escala menor que la crianza de ganados, el tabaco y el azcar, figuraban en la masa de la riqueza pblica. La cera empez a beneficiarse en 1764, que se trajeron de la Florida algunos enjambres de abejas y se exportaba para los puer3Papel Peridico de la Habana, del 12 de julio de 1792.

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PEDRO JOS GUITERAS /23 /23 /23 /23 /23 tos del seno mejicano, donde la estimaban y solicitaban mucho por ser de una calidad inmejorable.4El ail y el algodn empezaban a cultivarse en aquella poca, as como la planta del caf que deba en pocos aos rivalizar con la caa y vencer en importancia comercial a todas las dems producciones de la Isla. Respecto de estos frutos se encuentran noticias interesantes en una serie de cartas sobre agricultura, escritas y publicadas en La Habana, de las cuales son los extractos siguientes: “El caf, algodn y ail, mientras que no abunden y se manifiesten beneficiados con regularidad en los pases ultramarinos, no formarn ramo de comercio, ni se les fijar precio; y como la calidad del gnero es la que le da estimacin, todo el esmero del cultivador ha de ser en mejorarla. La tardanza de que lleguen a abundar no es motivo para que desmaye el labrador, antes bien puede servirle de estmulo; pues si en la actualidad que no hay extraccin rinde ventajas el cultivo de estos frutos, con cuanta ms razn debe aplicarse con la esperanza del aumento que aqulla promete”. “Si desde que se conoci que nuestro suelo era muy aparente para el cultivo del caf no se hubiese mirado este fruto precioso con descuido, sera uno de los ramos ms brillantes y tiles; pero en la actualidad aun se ignora el modo de cultivarlo y beneficiarlo. Algunos sujetos que han remitido porcin a Espaa, sin que les haya rendido utilidad, no han examinado el motivo del mal xito y despus lo han despreciado diciendo que all no tiene la estimacin que se le quiere dar, cuando es innegable que su consumo es universal y ha fomentado un ramo de comercio que ha producido inmensos tesoros en todo el Levante e islas de Barlovento... Pues en qu pender que el caf de esta Isla no se ha apreciado en Espaa? Indispensablemente ha de consistir en que su calidad es inferior. Y la calidad inferior resulta por defecto del terreno de esta Isla? Es constante que no, pues algunos curiosos que de cuatro aos a esta parte se han esmerado en cultivarlo y beneficiarlo, han desvanecido este error presentndolo exquisito como el de la Martinica tan decantado: en una palabra, todo el que hasta ahora se ha enviado a Espaa ha llegado muy blanco y disipado, y en lugar de percibrsele su natural olor aromtico, se ha notado que ola a humedad, y con este defecto no es de admirar que se haya rechazado por intil”. “Actualmente no se cultiva en esta Isla el caf suficiente para sus habitantes, y lo prueba las porciones que entran de la de San Juan de Puerto Rico, que se compra con preferencia al de este suelo, porque a la verdad est mejor beneficiado”. Adems del necesario para el consumo de la Isla, puede extraerse (observa el autor) para la madre patria, para la Luisiana, Nueva Espaa y Buenos Aires, y, por lo tanto, no debe ha4Sagra, Hist. Econm. Polt.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 24\ 24\ 24\ 24\ 24\ ber temor alguno de que la abundancia de un grano tan estimado pueda producir malas consecuencias al hacendado; por otra parte, “el permiso para extraer frutos para invertirlos en negros es otro objeto que merece consideracin, y los extranjeros que los introducen lo han solicitado, pero han llevado poco por ser raro y de mala calidad”.5 5El autor de estas cartas “A un aficionado a la Agricultura”, A.C.B., a quien tendremos ocasin de volver a citar en el curso de esta obra, trata de las cuestiones agrcolas dndoles un carcter tan local, que no podemos menos de sentir el no poseer de esta preciosa serie ms que las tres primeras publicadas en los nmeros 93, 100 y 104 del Papel Peridico del ao de 1792.

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Libro NovenoCAPTULO IOPINI"N CUBANA EN F OPINI"N CUBANA EN F OPINI"N CUBANA EN F OPINI"N CUBANA EN F OPINI"N CUBANA EN F A A A A A V V V V V OR DE NUEV OR DE NUEV OR DE NUEV OR DE NUEV OR DE NUEV AS REFORMAS. AS REFORMAS. AS REFORMAS. AS REFORMAS. AS REFORMAS. DIFICUL DIFICUL DIFICUL DIFICUL DIFICUL T T T T T ADES EN EL GOBIERNO SUPREMO ADES EN EL GOBIERNO SUPREMO ADES EN EL GOBIERNO SUPREMO ADES EN EL GOBIERNO SUPREMO ADES EN EL GOBIERNO SUPREMO LLEGAD LLEGAD LLEGAD LLEGAD LLEGAD A DEL GENERAL CASAS A DEL GENERAL CASAS A DEL GENERAL CASAS A DEL GENERAL CASAS A DEL GENERAL CASASEl gobierno del general don Luis de las Casas y Aragorri, al empezar la ltima dcada del siglo XVIII, recuerda una de las pocas ms brillantes de la historia de Cuba, y dispone el nimo del escritor a espaciarse en la relacin de los sucesos memorables que en l tuvieron lugar para bien de la civilizacin de esta importante Isla. El conocimiento de sus intereses, las causas de su atraso, los medios de removerlas, eran cuestiones que a su llegada preocupaban la mente de un corto nmero de patricios, quienes apoyados por las autoridades y por cuanto haba de ms distinguido en la capital en virtud, talento y riquezas, trataban de reconstruir el edificio decadente de esta provincia para fundar sobre bases slidas el desarrollo de los elementos de la prosperidad que encerraba en su seno. Cerca de tres siglos haban transcurrido desde que principi su colonizacin y sus progresos haban sido tan lentos (como hemos visto en el Libro anterior) que una dolorosa experiencia haca conocer cul era la verdadera rmora que detena sus pasos y excitaba el deseo de aquellos varones a revelar sus necesidades al monarca y solicitar de su bondad rompiese de una vez sus trabas e hiciese de Cuba el orgullo de la nacin. Los ms empeados en esta noble empresa eran en la Isla el venerable obispo auxiliar, don Luis Pealver, y el conde de Casa Montalvo, don Juan Manuel O’Farrill y don Nicols Calvo, don Jos Agustn Caballero, el maestro fray Pedro Espnola, el doctor don Toms Romay y el conde de Buenavista, y en Madrid don Francisco Arango y Parreo, representante del Ayuntamiento de La Habana, prceres de mucho influjo en el gobierno local y cuya posicin estaba cimentada en sus sentimientos patriticos y extensas relaciones en el pas.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 26\ 26\ 26\ 26\ 26\ Sobre todos ellos veremos levantarse en pocos aos prominente la figura colosal del Sr. Arango. Dotado de los elementos necesarios para labrar la dicha de Cuba, nacimiento ilustre, talento cultivado y bienes de fortuna, este joven de grandes esperanzas supo ganarse numerosos amigos en la Corte con la afabilidad de su trato y maneras distinguidas, atraer la atencin de los altos funcionarios por la variedad de su instruccin y profundos conocimientos estadsticos, y merecer los elogios y la gratitud de la patria por la perseverancia de sus esfuerzos en favor de sus ms caros intereses, que al fin le hizo alcanzar del Supremo Gobierno las mayores franquicias comerciales que jams haba obtenido desde su descubrimiento. Y a no haber estado tan arraigado en ella por afecciones de sangre y por intereses, quizs hubiera encaminado sus aspiraciones a influir en la poltica de la nacin y no hay duda que su patriotismo lo hubiera elevado a una altura digna de su capacidad y que hoy figurara su nombre al par de los de Aranda y Floriblanca, de Campomanes y Jovellanos. La reida lucha entre los propietarios de la Isla y los partidarios del monopolio, haba dado lugar al examen de todas las cuestiones econmicas y generalizado la opinin a favor de una reforma radical en la legislacin de Indias. Las que ms llamaban la atencin eran la extensin del comercio martimo, el fomento de la poblacin y el desarrollo de la agricultura. El primero estaba circunscrito a los puertos principales de la Pennsula en favor de un corto nmero de individuos, la segunda tropezaba con los inconvenientes de la exclusin total de los extranjeros y las restricciones para la entrada de negros de frica, y la ltima, encerrada en las zonas de algunos puertos y las mrgenes de los ros, tena que sufrir los abusos introducidos en la reparticin de terrenos, el sistema vicioso de mensuras, la falta de comunicaciones interiores y los gravmenes impuestos a los frutos del pas y artculos de importacin. Una solucin favorable presentaba obstculos en aquella poca. Si bien se haban relajado los principios del sistema restrictivo, existan a su sombra gran nmero de intereses creados, y tambin los mismos motivos que haban influido en la exclusin de los extranjeros. Pero aunque era difcil limpiar del cieno con que los abusos envejecidos, el inters individual y las preocupaciones religiosas, haban enturbiado aquella fuente benfica de donde manan los grmenes fecundos de prosperidad y bienestar, Cuba cobr aliento, confiada en la rectitud de intencin de Carlos IV, que acababa de subir al trono, y en las ideas elevadas de su ministro el conde de Floridablanca, y con la deferencia debida a la majestad y a la sabidura de su Consejo, se atrevi a analizar sus propiedades con la reverente parsimonia genial a sus nobles y elevados sentimientos.

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PEDRO JOS GUITERAS /27 /27 /27 /27 /27 La resistencia de Espaa a conceder la libertad de comercio no era solamente efecto de los hbitos de monopolio y privilegios. Altas razones de Estado, sostenidas en largas y costosas guerras con las naciones que intentaron colonizar en Amrica, haban influido en su conducta, accediendo slo en fuerza de circunstancias invencibles a que los ingleses y franceses se estableciesen en una parte de la septentrional y algunas islas de las Antillas; pero insistiendo siempre en mantener cerrados a sus aliados las vastas posesiones que reconocan su autoridad. Estos motivos se complicaban con la existencia de una nueva nacin independiente, cuya organizacin poltica, principios religiosos y carcter nacional, eran diametralmente opuestos a los suyos, y la demostracin impoltica del estado de Georgia mostraba ya el espritu de hostilidad que, apenas consolidada, empez a despertarse contra sus posesiones vecinas. La cuestin de la esclavitud encontraba dificultades polticas de un carcter ms grave an en el rpido progreso que iban tomando las ideas abolicionistas, ms encendidas en las naciones extranjeras que haban inundado de negros sus colonias. La exaltacin de los principios republicanos en Francia, acababa de sumir en una espantosa revolucin a sus hijos de Hait. Una raza de hombres que haba llegado a las costas de Amrica no en naves reales y vestidos de acero a plantar enseas con el signo de la redencin, sino encerrados en la hediondez de una estrecha bodega, desnudo el cuerpo y aherrojado, a regar con su sangre y su sudor la tierra de la esclavitud, se levanta en defensa de las leyes naturales, derroca el pendn a cuya vista temblaban las naciones ms poderosas de Europa y conquista los derechos ultrajados de la humanidad. Parece que este foco de luz que irradiaba por todo el mar Caribe deba retraer a los cubanos y al gobierno de fomentar la colonizacin africana, y, sin embargo, un error funesto hizo que Cuba iniciase la cuestin (si bien con las ms sanas intenciones) y que Espaa llenase la Isla de esclavos. Aquella flor de ilustres patricios necesitaba de un centro de accin poderoso, capaz de ponerse a la altura de sus convicciones, de identificarse con sus deseos y de imprimir con su influencia y autoridad un movimiento favorable a la reforma en los altos crculos del Gobierno Supremo. En estas circunstancias fue seal manifiesta del favor con que la divina Providencia vela por nuestros destinos la eleccin que hizo el monarca para gobernador de la Isla en el general Casas. Nacido en la aldea de Sopuerta, en el seoro de Vizcaya, el 25 de agosto de 1745, abraz por inclinacin la carrera de las armas, y los campos de Villaflor y Almeida en Portugal, fueron las estrenas de su valor, donde se port como buen caballero, llamando la atencin del general del ejrcito, conde de O’Reilly, que en su expedicin a la Luisiana

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 28\ 28\ 28\ 28\ 28\ lo llev consigo y le confiri el empleo de sargento mayor de Nueva Orlens. Seis aos despus volvi a Espaa y animado del deseo de adquirir la perfeccin en el arte de la guerra, obtuvo el permiso de pasar a Rusia a servir bajo las banderas del mariscal Romansaw, y en la batalla de Kiab, el paso del Danubio y el ataque de Silistria mereci que ste recomendase sus talentos militares y la emperatriz lo hiciese a la Corte espaola en los trminos ms satisfactorios. Concluida la guerra, pas a Pars, ansioso de instruirse en la ciencia del gobierno; pero el ruido de las armas volvi a dejarse or en su patria, donde se preparaba una expedicin contra Argel a las rdenes del mismo O’Reilly, que acordndose de su amigo lo convida a compartir con l los riesgos de aquella campaa: al punto abandona sus estudios y vuela a las costas berberiscas, donde le estaba reservada la salvacin del ejrcito, que rodeado por 100 000 contrarios, l slo de 20 000 hombres, se vio obligado a abandonar Argel, cabindole a Casas la honra de cubrir la retirada con su regimiento de Saboya, lo cual le vali el grado de brigadier, por la habilidad con que supo desempearla. Su espada se vio tambin en el sitio de Gibraltar, y en la conquista de Menorca fue la primera que brill sobre los muros del castillo de San Felipe y le conquist la faja de mariscal de campo y la comandancia general de Orn. Su prudencia y talentos merecan desplegarse en situacin ms elevada, y la gloria lo volvi a conducir a Amrica para tejerle la corona inmortal que haba de ponerle en las sienes la gentil y generosa Cuba. Nada poda contentar mejor su ambicin que el gobierno de esta Isla, con lo que le honr Carlos IV y poco despus el alto grado de teniente general. El primer puerto adonde lleg en su viaje de Espaa fue el de Santiago de Cuba el 23 de junio de 1790, y el 8 de julio desembarc en La Habana y se encarg al da siguiente del mando superior. Haba estado de paso en esta capital en 1769 cuando la expedicin de O’Reilly, y como fuese testigo de las demostraciones de alegra con que las clases del pueblo recibieron a este clebre guerrero y del entusiasmo con que se ofrecieron las milicias a servir en ella, Casas la miraba ya con aficin y haba formado una idea ventajosa de sus naturales, lo cual era un incentivo para que procurase cultivar los sentimientos de lealtad de que tan recientes pruebas haban dado y abrazase con calor la reforma del pas, favoreciendo cuanto pudiese impulsar el desarrollo de su civilizacin.1 1Romay, “Elogio de Don Luis de las Casas” en las Memorias de la Sociedad Econmica, de enero de 1849. Humboldt, t. I p. 127 Valds, pp 198 y 199. Pezuela, pp. 320 y 321

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CAPTULO IIEL EL EL EL EL PAPEL PERI"DICO PAPEL PERI"DICO PAPEL PERI"DICO PAPEL PERI"DICO PAPEL PERI"DICO DE LA HABANA DE LA HABANA DE LA HABANA DE LA HABANA DE LA HABANAEl primer paso dado por Casas en la senda florida de su mando, fue pagar un justo tributo de consideracin al talento cubano, anunciando as que un gobierno de paz debe buscar su ms firme apoyo en la opinin pblica, y que el nico modo de obtenerlo es alentar por medio de la prensa a los ingenios del pas para que ofrezcan francamente a la autoridad la expresin de sus necesidades a fin de dispensarles con acierto un remedio conveniente. Exista entonces un peridico (el nico y quiz el primero de la Isla) que se publicaba semanalmente bajo el ttulo de Gaceta de la Habana, y cuyo fin era probablemente insertar las disposiciones gubernativas y dar conocimiento de los acontecimientos ms notables de la poca. Cuando alguna pluma bien cortada emprenda a escribir con extensin sobre materias concernientes a la repblica, o pulsar la lira en honor de algn talento malogrado, u otro suceso que excitase la atencin general, sus lmites eran tan estrechos que por lo comn se acuda al recurso de imprimir estas producciones en cuadernos separados. En tiempos de tanta vida intelectual, la idea de mejorar esta gaceta del gobierno, ofrecindola al pblico extendidos sus lmites y aumentada con mayor caudal de materias, no poda menos que ocurrir a Casas y hallar acogida entre los patricios que ansiaban inaugurar reformas en el pas. El fruto de estas nobles disposiciones fue la aparicin del Papel Peridico que empez a circular el 24 de octubre de 1790 y se imprima una vez a la semana bajo la direccin de don Diego de la Barrera.1El origen y propsito de esta publicacin y el favor que mereci en sus primeros aos a la juventud ilustrada de La Habana, se encuentran en estos dos prrafos de un “Discurso sobre el Peridico”, inserto en el nmero 11 del domingo 5 de febrero de 1792: “Sera superfluo que yo dijese cul debe ser el principal objeto del papel o peridico pblico. 1Saco, t. I, p. 365, y t. III, p. 535. Vase Ilustracin XII.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 30\ 30\ 30\ 30\ 30\ Creo que, fuera de lo que es vulgo, nadie lo ignora; y si hemos visto que en algunos se ha gastado lastimosamente el tiempo en meras puerilidades, esto no nace de ignorarse el fin de su instituto. A mi ver consiste en que hasta ahora no ha habido quien quiera dedicarse a introducir en ellos, a ms de las noticias tiles, alguna materia continuada de las que ilustran el pensamiento o de algunas bellas invenciones honrosas a la patria e interesantes a los deberes de la sociedad. As se practica en el peridico de Madrid y de otros pueblos civilizados. Atacar los usos y costumbres que son perjudiciales en comn y en particular; corregir los vicios pintndolos con sus propios colores, para que mirados con horror se detesten, y retratar en contraposicin el apreciable atractivo de las virtudes, seran en mi concepto unos asuntos muy adecuados al objeto del Peridico”. “El gobierno que, conociendo toda su importancia, lo ha establecido y sostiene con laudable celo, presenta un poderoso estmulo y abre puerta bastante a los literatos para que introduzcan en l algunas tiles producciones y las continen. En este pueblo no faltan hombres de esta clase, cuya fortuna o bienes y su vida privada les proporciona tiempo para dedicarse a esta tarea literaria. Sera pues de desear, que algunos de estos individuos se uniesen a trabajar por semanas alternativamente, o segn quisiesen acordarlo. Con el tiempo tendran sin duda la satisfaccin de ver alguna enmienda en las costumbres o vicios contra que declamasen, o la de entretener con utilidad, instruir o adelantar en otras materias de carcter estimable que quisiesen tomar por asunto. Siempre se sacara alguna ganancia, y cuando menos obtendran justamente el aprecio y gratitud del pblico unos ciudadanos cuyos discursos conspiraban al comn beneficio”. Este peridico tiene el mrito indisputable de ser el nico lugar adonde el cubano deseoso de instruccin local puede acudir para conocer cul era en el ltimo tercio del siglo pasado y a principios del presente, el carcter y extensin de las ideas de nuestros abuelos, cules sus costumbres y preocupaciones, sus necesidades y medios de satisfacerlas, descrito todo con la variedad de formas y estilo en la composicin tan propias de esta clase de impresos, y con la templanza, o calor, la moderacin, o mordacidad propias de la ndole de los individuos, del asunto, o de las circunstancias. El curioso de mera erudicin, el escritor de costumbres y el novelista, vern en el corto espacio que se daba a los anuncios y algunos artculos comunicados, cules eran las diversiones pblicas y privadas en la capital, cul era el gusto de los elegantes y no elegantes en el vestir, de dnde se provean de gnero y adornos, qu libros eran ms de su eleccin y gusto para instruirse o solamente entretener las horas de ocio y todo lo dems consiguiente al movimiento social y necesidades cotidia-

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PEDRO JOS GUITERAS /31 /31 /31 /31 /31 nas de aquella poblacin; en el estilo de la poca descubrirn el origen de ciertas voces y frases que an se conservan en la sociedad culta, de otras que han sido relegadas al uso comn del pueblo, de otras que han desaparecido totalmente, los nombres de calles, plazas y otros lugares pblicos que han sido despus alterados, la publicacin de algunos libros y otros impresos ignorados de muchos. Los amantes de una lectura slida y provechosa conocern cul era el estado de nuestra agricultura, cules nuestros frutos de exportacin y la imperfeccin y atraso de nuestra maquinaria en las fincas; y si se tiene presente que ste era un semanario patrocinado por el gobierno y los vecinos ms influyentes, que muchos de stos y aqul estaban en contacto frecuente en el trato diario que requieren las bien cultivadas relaciones de amistad que existan entre los capitanes generales y los habaneros, admitirn que las ideas de los escritores publicadas en l eran las del gobierno y de la alta sociedad, y esto los llevar a conocer la influencia que en Cuba y Espaa empezaban a tener los principios filosficos en las nociones polticas y econmicas, a hacer aplicaciones a los progresos de nuestra legislacin y fijar la aurora de nuestra regeneracin en las leyes sobre libertad de comercio, poblacin blanca, agricultura y otras de inters pblico, estudio digno del filsofo, del historiador y del publicista cubano. Estas consideraciones nos estimulan a presentar aqu varios fragmentos de los escritos que vieron la luz pblica en algunos nmeros correspondientes al ao de 1792, en que se vern noticias curiosas y asuntos de importancia general, los cuales pueden servir a explicar las reformas gubernativas que tuvieron lugar en aquellos tiempos. Tratando de la ignorancia que reinaba en los campos adonde an no haban llegado los reflejos de la naciente civilizacin que se desarrollaba en la capital, y del estado lamentable de la agricultura, se empea un escritor en atacar la errnea opinin que exista de ser causa de este mal la influencia del clima, opinin que llevaba las gentes a la peligrosa consecuencia de abandonar como imposible toda idea de progreso. Este asunto est tratado con tal extensin en un “Discurso sobre el punto de la inaccin o desidia de nuestras colonias en barlovento”, y en l se manifiestan las preocupaciones vulgares con tanta propiedad, que nos ha parecido conveniente copiar algunos extractos, persuadidos de que el lector experimentar el mismo placer que nosotros cuando por primera vez lo lemos. “Opinan muchos que la desidia en los habitantes de climas calientes es un efecto preciso del clima. Se fundan en que la laxitud de las fibras y tendones que proviene del calor, es causa de que por falta de tirantez pierdan los cuerpos mucha actividad para la accin. Tambin dan por principio la demasiada evaporacin de la materia sustanciosa y que si-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 32\ 32\ 32\ 32\ 32\ guindose en ella una sensible extenuacin, es inevitable la falta de vigor para las operaciones, al mismo tiempo que no puede repararse esta prdida con alimentos pinges y abundantes por la dbil constitucin del estmago”. “Estas razones, fundadas en el mecanismo orgnico de nuestros cuerpos, parecen del todo concluyentes, y en efecto me haran mucha fuerza si no se me ofreciesen otras que exponer en contrario. No tiene duda que el calor intenso, que la mayor parte del ao se experimenta en los pases inmediatos a la equinoccial, promueve demasiado a la evaporacin sustanciosa; pero yo me atrevo a discurrir que el exceso lo van recobrando insensiblemente los cuerpos en las mismas o iguales diminutas partculas que lo transpiraron. Esta proposicin no parece quimrica si se reflexiona que por conducto de la constante respiracin entra y se renueva sin cesar en nuestros lquidos el aire que nos rodea, el cual se halla impregnado de innumerables corpsculos extrados de todo compuesto sustancioso. A manera de una fuente cuyo caudal se desagua para fertilizar la inmediata floresta, al mismo tiempo que restituye a su seno por diferentes vas igual cantidad que tambin le suministra la filtracin incesante de otros acueductos”. Despus de hacer algunas observaciones comparando la actitud fsica e intelectual de los hijos de los trpicos con la de los habitantes de la Groelandia y los progresos de los franceses de Hait en las ciencias, la agricultura y artes, que segn el autor presentan “una diferencia casi diametral” a los de las islas espaolas, contina as: “No procediendo, pues, de exterior causa la inaplicacin o desidia, es menester decir que nace de nosotros mismos. Yo no hallo otro principio. Luego es un acto voluntario, y hablando con ms claridad, un vicio que se propaga como la peste y ocasiona al cuerpo sociable un sinnmero de perjuicios, que sera proceder en infinito el pretender reducirlos a catlogo. Pero como he propuesto combatir este enemigo, pondr a la vista los ms visibles que produce en los que se dejan apoderar de su funesto atractivo”. “Todo cuerpo viviente, sin movimiento, camina a la corrupcin. ste es un principio asentado y en los pases calientes, que por lo regular son hmedos, se ve ms pronto el efecto. Tenemos una triste experiencia en esta ciudad, donde sus moradores adolecen frecuentemente de hidropesas, tumores internos y externos, hipocondras, enfermedades nerviosas y otras muchas cuyo principal origen es la inaccin o falta de movimientos de los slidos y lquidos”. “Si por esta parte, conspira la desidia contra nuestra existencia, no es menor el dao que le ocasiona en los excesos viciosos a que generalmente conduce a los inaplicados de profesin. El juego incesante, el demasiado uso venreo, el no dormir a horas acostumbradas, las comidas y bebidas a horas intempestivas y excedentes, y otras resultas corre-

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PEDRO JOS GUITERAS /33 /33 /33 /33 /33 lativas, son los tristes dispendios con que se arruina la salud, se apresura la vida y el que llega a prolongarla es a costa de un cmulo de ayes y suspiros que le producen sus dolorosos achaques”. “Las prisiones y otros destinos aflictivos son otro ramo de culpable ociosidad. Los que en ellos padecen por robos, deudas y otros delitos anexos maldicen su desgraciada suerte; pero no quieren conocer que la desidia es el principal origen de su afliccin. El estado celibato, culpable y excesivo, la depoblacin, la languidez del comercio, el atraso de las ciencias, artes, agricultura, etc., son tambin efectos precisos de la desidia, los cuales perjudican al comn de la repblica por un eslabonamiento de incidencias que sera difuso referir”. “Cuando veo en esta Isla una ciudad de poblacin tan numerosa cuya mayor parte vive sumergida en una oculta pero verdadera pobreza y que sus fecundos y deliciosos campos se miran poco menos que incultos y yermos, me transforma la imaginacin a hacer sobre ellos dolorosas reflexiones... Si esta ocupacin, la ms antigua y saludable, es una fuente inagotable de riqueza aun en los pases menos agradecidos al cultivo, cunta producira en el que habitamos, si estuviese en su debido auge? Es evidente que las diferencias a su favor seran tan grande como la que hay en la fertilidad de sus campos que en esta parte no admite casi paralelo con ninguno de los dems pases descubiertos”. “Concluyo, pues, este discurso con decir que ni aun los que viven en la opulencia tienen disculpa para abandonarse a la vergonzosa inaccin. Cuando sus riquezas la eximan de las comunes ocupaciones, deben dedicarse al cultivo del espritu. Los hombres a quienes su fortuna les proporciona con que ilustrarse, no es justo malogren el goce de esta inestimable prerrogativa. Obtendrn por ella el universal aprecio; sern tiles a su patria y aun al Estado, si sus luces y conocimientos los emplean en obsequio del pblico; vivirn en s mismos con la satisfaccin de mirar las cosas a un verdadero punto de vista, sin tropezar con aquellos crasos errores en que se hallan envueltos los vulgares, y ltimamente, trasmitirn a la posteridad un nombre custodiado en el inmortal y eminente templo de Minerva”.2 2Se public en los nmeros 11, 13 y 14 del Papel Peridico suscrito por J. A. L.

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CAPTULO IIICONTINA EL MISMO ASUNTO CONTINA EL MISMO ASUNTO CONTINA EL MISMO ASUNTO CONTINA EL MISMO ASUNTO CONTINA EL MISMO ASUNTO CENSO DE 1791 CENSO DE 1791 CENSO DE 1791 CENSO DE 1791 CENSO DE 1791En la serie de cartas sobre la agricultura cubana que ya conoce el lector, se trata de una manera ms prctica que cientfica y general la cuestin del atraso en nuestras producciones agrcolas. “Ante todas cosas (dice el autor) debo hacer a Ud. presente que ningn pas puede progresar si no produce frutos de extraccin en abundancia, porque limitndose solamente a lo que es capaz de consumir por s, jams saldr de la miseria. El hermoso clima, suelo feraz y situacin de esta Isla, franquean toda clase de recursos menos costosos que en otros pases; pero por desgracia estamos ceidos a tres renglones, que aunque por s solos prometen mucha riqueza, su constitucin presenta varios inconvenientes que no permiten les toque gran parte al comn de los labradores: stos como viven reducidos en la miseria, creen que lo que practican es lo mejor y temen entrar en otra cosa por la razn que conocen el resultado de sus operaciones; y, por consiguiente, sera muy del caso desvanecer ciertas preocupaciones, demostrando la utilidad que puede resultarles si se dedican al cultivo de los frutos de extraccin. Todas las ciencias y artes tuvieron principios dbiles y casi insensibles, y con el estudio, industria y eficacia se ha llegado a un grado eminente de perfeccin”. “No hay duda que en esta Isla hay varias causas fsicas y morales que estorban el adelantamiento de la agricultura. Las fsicas son: la distribucin del terreno en grandes porciones, los caminos casi intransitables en tiempo de aguas, la falta de puentes, la desunin de los habitantes del campo, la falta de gente y la de medios para cultivar la tierra. Las morales son: la poca instruccin y educacin de los labradores, la residencia continua en la ciudad de algunos jvenes que poseen tierras y las miran con abandono, pensiones e imposiciones que su modificacin jams perjudicara, el desprecio con que se mira la profesin de la labranza, muchos labradores que no se casan por miseria, la inmensidad de gente ociosa y ltimamente la falta de poblacin”. “Algunos atribuyen ‘el motivo de estar la agricultura tan atrasada en esta Isla’ a ‘los pocos auxilios que tiene para fomentarse el labrador po-

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PEDRO JOS GUITERAS /35 /35 /35 /35 /35 bre’, el cual ‘cuida poco de discurrir sobre la mejora de sus frutos, porque con ellos slo va a remediar sus necesidades urgentes, de modo que la misma miseria le hace mucho ms penoso el trabajo, y se reduce a lo que vio hacer a sus antepasados’, y a muchos de ellos se les oye decir: ‘Que nos apuran por el tributo de la tierra, por el diezmo, etc., y no podemos adelantarnos, porque despus de deducidas aquellas obligaciones, apenas nos queda para una infeliz subsistencia’. Convengamos en que el labrador pobre no puede contribuir mucho al fomento de la agricultura; pero por qu los que tienen posibilidad incurren en los mismos defectos que aqul, vctimas de la indolencia, abandono de sus negocios y ocupaciones, y faltos de aplicacin, especulacin y constancia?” Las medidas adoptadas por el Gobierno Supremo en 1784 haban contenido el progreso que empezaba a notarse en la poblacin y agricultura. En aquella poca escaseaban los situados de Mjico, y las autoridades, encontrndose sin medios de llenar las atenciones cada da mayores del pas, acordaron representar al rey los males que producira la continuacin de aquella real orden, ilustrando el asunto con estados y reflexiones de gran peso. La excitacin que haba producido en los nimos el largo tiempo transcurrido durante la ltima prohibicin, se deja comprender en varios escritos publicados en el Papel Peridico los cuales tienen el mrito no slo de dar a conocer el estado de la opinin pblica, sino de comprobar la proteccin laudable que daban las autoridades a las ideas de progreso; puesto que tales escritos deban merecer hasta cierto punto el asentimiento de Casas, cuando tenan lugar en un peridico publicado bajo su inmediata proteccin. Sobre el estado del comercio, dice un articulista que se firma “El Europeo Imparcial”: “El comercio de La Habana, uno de los manantiales de que pueden componerse fondos para las artes, ciencias, aseo y dems establecimientos tiles y brillantes, cuenta de existencia, a lo ms 25 aos, porque aunque antes de la guerra del ao 62 se estableci la Compaa, sta sola no puede dar denominacin de comercio, como es constante, ni algn otro registro que de ao a ao vena o de nuestra Pennsula o de Canarias poda constituir a nuestra ciudad en la lnea de comerciada o comerciante y es de advertir para prueba y claridad que aun el comercio concedido desde el ao de 67 o 68, pues en estos mismos aos o en el anterior se regres la ltima flota de Veracruz para Cdiz, ha sido casi puramente pasivo, refljese bien el que han hecho los catalanes en este puerto y se evidenciar mi proposicin; pero aun en caso de haber sido ste, el de Cdiz y Santander activo, y pasivo junto con el de Veracruz, Campeche, etc., son muy notorias las variaciones que ha tenido y las limitaciones que al rey, nuestro Seor Dios guarde, han parecido convenientes y nosotros veneramos”.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 36\ 36\ 36\ 36\ 36\ “Supongo lo segundo que aun este trfico y comercio slo ha sido con nuestros europeos a excepcin del cortsimo que tuvimos con los ingleses del norte y el que ahora nuevamente se ha entablado con franceses e ingleses relativo a negros: debindose tambin notar que las muchas ventajas y utilidades que este ltimo nos pudiera producir, se minoran subsistiendo esa compaa levantada para la consignacin y seguro de los negros”. Otro escritor (Po Xbal. Polanco y Libo), ventilando la cuestin, dice: “Qu ha hecho La Habana para su fomento, para su lustre?”, considera la agricultura enlazada con el sistema de comercio colonial. “Es innegable que por el sistema de comercio que se sigui en estas colonias desde su establecimiento hasta el ao de 1765, no se vio en ellas ms que una pura inaccin, en la cual subsistiran si aqul no hubiese variado: que por falta de auxilios se qued atrasada la agricultura, sin que sus tierras adquiriesen ningn valor; y que semejante sistema no slo hizo que permaneciesen estos pases en la miseria, sino que perjudic considerablemente la navegacin de los espaoles, pues que a principios de este siglo apenas haba una embarcacin nacional que traficase en la Amrica, cuando en el decimosexto superaba la marina de Espaa a la de toda Europa; y mientras que los extranjeros hacan su comercio directo o indirecto, se contentaban los espaoles con slo la utilidad de los derechos reales y de alguna tal cual comisin. Los que entonces hacan el trfico de Amrica, ms bien eran unos piratas codiciosos de lo que podan saquear en los pueblos y embarcaciones, que comerciantes pacficos; pues jams llegaron a entablar ninguna relacin mercantil con sus habitantes, hasta que publicando los extranjeros varias noticias que haban ignorado los espaoles, estableci la Compaa del Asiento su trfico clandestino en trminos que fue la destruccin del comercio de los galeones y flotas; y desde entonces vio el gobierno que sus Indias peligraban, porque se les iban acortando las relaciones mercantiles, hasta verse precisados los espaoles a comprar a los extranjeros a precios subidos algunos frutos de que abundaban considerablemente nuestras posesiones, en particular el cacao de la provincia de Venezuela, de donde no recibi la Espaa ningn retorno desde el ao de 1706 hasta el de 1722. Si las cosas hubiesen continuado bajo el mismo pie desde el ao de 1765, podan preguntar los habaneros: qu han hecho nuestros conquistadores para el fomento de La Habana? Deba haberse considerado esto, y que siendo estos pases dependientes de los espaoles no podan los habaneros dar un paso que no fuese dirigido por aqullos: si stos no contribuyeron al fomento de La Habana, cmo era posible que la ilustrasen y engrandeciesen unos colonos que tenan limitadas sus acciones y que el sistema que la gobernaba nada obraba en beneficio comn y particular de los americanos ni aun de los mismos espaoles?”

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PEDRO JOS GUITERAS /37 /37 /37 /37 /37 “Mientras que los caudales de las Indias se consuman en el trabajo de las minas, su territorio feraz peda ser cultivado. Y qu remedio haba para ello sino una libertad ilimitada en el comercio? Con ella haba de cesar la caresta, y con una escasez de los gneros ms precisos que mantena la miseria en las regiones ms ricas del universo, cuyos habitantes son convasallos y hermanos de los espaoles; con ella habra aumentado la poblacin, las producciones, el comercio y el lujo, porque los habitantes se habran esforzado y aplicado, y si U. quisiese absolutamente que sus adelantamientos hayan sido ‘efectos precisos del tiempo, etc.’, de estos mismos debi depender su atraso, sin que se deba atribuir a otra cosa. Lo cierto es, que desde que la majestad del Sr. don Carlos III comenz a derramar su real beneficencia sobre las colonias de su dependencia, por ensayos en el ao de 1764, por ampliaciones en 16 de octubre de 65, y por libertad de las antiguas trabas y derechos gravosos en 23 de marzo de 68 y 5 de julio de 70, junto con las gracias que tan felizmente disfrutamos desde la elevacin al trono de su augusto sucesor (q.D.g.) ha hecho La Habana rapidsimos progresos. Ya no se ve desigualdad de fortunas. La Compaa de La Habana, que era el estanco que enriqueci a cuatro particulares, decay luego que no tuvo el monopolio, y desde entonces se le debe a La Habana el fomento de 300 y ms ingenios de azcar y con la riqueza que este fruto y otros han distribuido entre varios, se ha hecho un coliseo, una casa de recogidas, se costea el vestuario de las milicias por el comercio, que importa anualmente 20 000 pesos, y a costa del mismo, se est edificando un palacio suntuoso destinado para el capitn general, cabildo, crcel pblica, etc., se mantiene el alumbrado de la ciudad y se est ya empedrando; se ven muchos edificios costosos de particulares, actividad en el comercio y empresas grandes. Sin el comercio libre, nada se vera, porque cuatro individuos ricos, poco lustre y fomento pueden dar a un pas: ampliando el trfico mercantil y quitando los gravmenes que detienen su curso, se consigue fomento y lustre: la calidad del suelo, la excelencia de producciones e inters particular, siempre ha sido el mismo en La Habana, y el ltimo reina en todas partes, pero nada ha progresado sino a medida que han mediado los auxilios. Con stos har La Habana alguna cosa para su fomento y su lustre, de su falta dimanan las dems: toda la obra que se hace a retazos y con miseria, siempre sale imperfecta y se acaba tarde; y si el habitante contribuye proporcionalmente a sus facultades con la esperanza de ver realizados los proyectos tiles, se puede desanimar sin una arreglada administracin”.1Estas cuestiones eran de un inters tan vital, que el lector reconocer la conveniencia de habernos detenido a considerar el punto de vista 1Papel Peridico, n 18, 54 y 55 de 1792.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 38\ 38\ 38\ 38\ 38\ con que las presentan los escritores de aquella poca y el valor que les daba la opinin ilustrada del pas. Por fortuna, cuando aquellos ilustres patricios se ocupaban en discutirlas, las autoridades superiores les dispensaron un franco apoyo; y de esta sabia armona naci el que una serie de soberanas disposiciones y medidas locales empezaran a abrir los fecundos raudales de la prosperidad futura de la Isla. Al mismo tiempo que en la creacin del Papel Peridico se ocup Casas en la obra de un censo de poblacin, sin el cual haba de ser incompleto el estudio de las necesidades generales del pas que deba guiarlo en sus planes de gobierno. Este censo, formado en 1791, ofrece un total de 272 301 habitantes, lo cual supone un aumento de poco ms de 100 000 desde el ltimo hecho en el mando del marqus de la Torre.2El progreso de la poblacin hasta 1791, considerado con relacin a las proporciones entre sus diversas clases, no presenta un resultado tan favorable al desarrollo de la blanca como el censo de 1744. En ste aparece que la poblacin blanca exceda en ms del duplo a la esclava y que sta unida a la libre de color, todava no igualaba a aqulla; mientras que en el ltimo vemos que, si bien los blancos conservan su preponderancia sobre cada una de las otras dos clases, stas juntas exceden a aqulla en la proporcin de 51 a 49. Esta diferencia hubiera sido an mayor a haberse puesto ms cuidado en importar los negros guardando una justa proporcin entre los sexos, y tambin en conservar las criaturas que nacan de esta raza en la Isla. Desde 1791 (dice el barn de Humboldt) se introdujo en ella gran nmero de negros bozales y muy pocas negras; la introduccin de stas no empez a ser notable hasta algunos aos despus, tenindose por ms til la de varones por la preferencia que les daban los hacendados para el cultivo del campo y a causa de una preocupacin fundada en escrpulos religiosos, que forzaba los esclavos al celibato con el pretexto de evitar el desorden de las costumbres. El mismo autor opina que el censo de Casas adolece de iguales defectos de omisin y negligencia que el de 1774. Yo discut, dice, en 1804 sobre aqul con personas que tenan gran conocimiento de las localidades y escudriando el valor de las cantidades omitidas con comparaciones parciales, nos pareci que la poblacin de la Isla en 1791 no debi ser menos de 362 700 almas.3 2Sagra, p. 4.3Humboldt, Essai Polit. t. I, pp. 127-130 y 164 y ss.

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CAPTULO IVCREACI"N DE LA SOCIED CREACI"N DE LA SOCIED CREACI"N DE LA SOCIED CREACI"N DE LA SOCIED CREACI"N DE LA SOCIED AD ECON"MIC AD ECON"MIC AD ECON"MIC AD ECON"MIC AD ECON"MIC A A A A A DE LA HABANA, CASA DE DE LA HABANA, CASA DE DE LA HABANA, CASA DE DE LA HABANA, CASA DE DE LA HABANA, CASA DE BENEFICENCIA BENEFICENCIA BENEFICENCIA BENEFICENCIA BENEFICENCIA Y BIBLIOTEC Y BIBLIOTEC Y BIBLIOTEC Y BIBLIOTEC Y BIBLIOTEC A PBLIC A PBLIC A PBLIC A PBLIC A PBLIC A. REFORMAS A. REFORMAS A. REFORMAS A. REFORMAS A. REFORMAS UNIVERSIT UNIVERSIT UNIVERSIT UNIVERSIT UNIVERSIT ARIAS ARIAS ARIAS ARIAS ARIASEstos primeros pasos del general Casas llamaron la atencin y le ganaron las simpatas de los patricios de La Habana, quienes sabiendo que pensaba organizar una sociedad literaria a imitacin de las que en el reinado de Carlos III se haban fundado en Espaa y tanto haban influido en el adelanto de las letras, le propusieron un plan de vasta extensin, el cual tena por objeto el establecimiento de una corporacin numerosa, compuesta de las personas ms notables del pas, que al mismo tiempo que promoviese el estudio de los clsicos y cuidase de difundir la educacin pblica, se ocupase en ventilar las materias de inters general y solicitase del soberano la plantificacin de reformas en favor de la naciente civilizacin de la Isla. Especie de consejo colonial, dedicado a velar con su influencia y saber por los intereses del trono y la provincia cubana, aunque sin la autoridad que dan a estos cuerpos en la opinin y respeto del gobierno las facultades legislativas de que estn revestidos y el carcter de eleccin popular que por lo comn acompaa a sus individuos. El ilustre Casas, formado en la escuela regeneradora de aquella poca, siguiendo sus puros deseos de labrar la felicidad de Cuba, acogi con calor esta bella idea, celebrronse varias juntas para acordar la forma que haba de drsele, hicironse sus estatutos y se resolvi elevar una representacin al rey, sometiendo a su consideracin las ventajas que resultaran de tener un consejo de tan vital importancia y suplicndole se dignase aprobar la constitucin formada con el beneplcito de Casas. Veintisiete individuos de lo ms granado, autorizaron este documento, que lleva la fecha de 27 de abril de 1791 y se nombr una diputacin compuesta de los Sres. don Luis Pealver y Crdenas, el conde de Casa Montalvo, don Juan Manuel O’Farrill y don Francisco Jos Basave, que pasase a ponerlo a los pies del trono. Sus votos halla-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 40\ 40\ 40\ 40\ 40\ ron favor en Carlos, que posedo de la conveniencia de esta institucin, le dispens la autorizacin para fundar en La Habana la Real Sociedad Econmica de Amigos del Pas, por Decreto de 6 de junio de 1792, constante de Real Orden de 19 de julio del mismo ao, y por Cdula de 15 de diciembre se dign aprobar sus estatutos. Uno de los das ms bellos del gobierno de Casas fue el 9 de enero de 1793, da inmortal en la historia de la literatura cubana, en el cual hizo llamar a su palacio los miembros fundadores de esta corporacin para instruirlos de la resolucin soberana y exhortarlos a que perseverasen en la noble tarea de ocuparse en la felicidad de la patria. Sus palabras llenaron de entusiasmo aquella naciente asamblea, que colm de elogios una autoridad en quien vea el ms firme apoyo de sus sentimientos, y en seguida se procedi al nombramiento de director y dems empleados, y se admitieron nuevos socios. Desde un principio se organizaron cuatro secciones, cuyo objeto basta a revelarnos la importancia de esta sociedad: era asunto de la primera, extender el estudio de las ciencias y artes; de la segunda, promover lo ms conveniente a la agricultura y economa rural; de la tercera, alentar a los cubanos en el desarrollo de sus felices facultades para la industria popular, y de la ltima, proteger el comercio, fecundo manantial de la riqueza de los pueblos modernos. Sus primeros directores fueron dos de los hijos ms benemritos de la patria, don Luis Pealver y don Francisco Arango, cuyos servicios premi despus el trono honrando a aqul con la mitra auxiliar de la Luisiana y a ste con la toga del Consejo Supremo de las Indias.1El primer fruto precioso de esta ilustre sociedad, aun antes de haber obtenido la sancin real, fue consagrado a la ms estimada de todas las virtudes cristianas, buscando en la caridad hacia una de las clases ms menesterosas de la proteccin pblica, el cimiento indestructible de su existencia. ¡Bello uso y el ms digno del talento, hacerse grande enjugando las lgrimas amargas de la miseria y orfandad desvalida! Varios de sus miembros acudieron al general con el propsito de establecer una casa de beneficencia; y reunidos por la Sra. condesa de Jaruco y los marqueses de Casa Pealver y Crdenas de Monte Hermoso, fondos para la construccin de un edificio hasta la cantidad de 36 000 pesos, posedo Casas de un entusiasmo digno de sus nobles sentimientos, acogi el proyecto, acord celebrar una junta compuesta de cuantas personas influyentes haba en la capital, y reunidos en palacio el 22 de marzo de 1792, les dirigi el siguiente discurso: “La comparacin de la repblica con el cuerpo humano, heredada de la sabia Antigedad, por ms que haya sido usada por filsofos y 1Pezuela, pp. 331 y 332. Saco, Obras t. III, p. 42.

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PEDRO JOS GUITERAS /41 /41 /41 /41 /41 legisladores no ha perdido su mrito a los ojos de los hombres, ni deja de ocurrir a la mente siempre que se trata de los negocios del Estado. De ella viene llamar cabeza de la nacin al soberano, y siguiendo la misma metfora, considerar a los sujetos prominentes por sus talentos y virtudes, el nervio que le da vida y la defiende y robustece. Cuando todos estos elementos de bienestar pblico obran unidos y concordes, las otras partes del cuerpo poltico se desarrollan a la sombra de la paz y crecen en saber, moralidad y riqueza; as como las del cuerpo humano muestran su vigor y lozana cuando la sana razn es la gua reguladora de los sentimientos y pasiones. Entonces, el soberano trueca su nombre de jefe de Estado, por el verdaderamente glorioso de padre de la patria, porque le da nueva vida velando por la felicidad de los ciudadanos como si fueran hijos propios, sus consejeros son aclamados sabios e ilustres patricios, y la espada fuera de la vaina, no es ya un instrumento de destruccin, sino el smbolo resplandeciente del imperio de la ley y la justicia”. “Vosotros, Seores, estis notando la virtud de estos principios; y yo comprendo con vosotros que si el deber de los que gobiernan es hacer el bien de los pueblos, este grande objeto no puede nunca alcanzarse en lugares tan apartados del centro de la monarqua como lo est esta preciosa isla de Cuba, sin la cooperacin de los fieles habitantes que en ella residen, cuya experiencia de sus necesidades es la gua ms segura, qu digo, ms segura? es la nica que puede dirigir nuestro acierto, imprimir la fuerza moral necesaria a su realizacin y disponer la voluntad pblica a secundar y llevar a cabo las ms arduas empresas”. “Por esto os he invitado a que me ilustris con vuestros consejos en el asunto de esta junta, el cual es discurrir sobre la conveniencia y medios de reunir los fondos necesarios para establecer en esta ciudad un asilo donde proteger, moralizar e ilustrar una de las clases de la sociedad ms desamparada hoy, y con vuestros esfuerzos poner ante los ojos de los padres desnaturalizados y presentar a los de las naciones civilizadas al hurfano abandonado, restablecido al estado de ciudadano til, cuyo talento, laboriosidad y virtudes sirvan a fecundar los raudales de prosperidad general”. “Si yo no hubiese de dejar otra memoria de mi gobierno en esta ilustre provincia espaola que la de haber contribuido al bienestar de esos seres desgraciados que viven en ella y el de los que en las futuras edades han de encontrarse en iguales circunstancias, vera satisfecho el deseo ms vehemente de mi corazn. Todo esto espera alcanzar con vosotros, Seores, quien reconoce con gusto inexplicable los sentimientos cristianos de los habitantes de esta capital y el noble deseo que los anima de presentarla a la vista del mundo como una de las ms civiliza-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 42\ 42\ 42\ 42\ 42\ das que ilustran nuestra monarqua. ¡Quiera el cielo que el edificio que intentamos levantar reciba otro destino en el porvenir, por haber llegado la moralidad pblica a tal grado de perfeccin que ya no haya entre vosotros un solo nio, condenado al triste estado de vivir de la caridad de sus compatriotas!” La Habana correspondi dignamente a esta exhortacin, suscribindose los concurrentes con la enorme suma de 109 500 pesos y contribuyendo el vecindario con donativos a aumentar la suscripcin; se acordaron algunos particulares relativos al gobierno de tan til institucin, entre otros que se pusiese bajo la proteccin de la Sociedad Econmica; y mientras sta reciba la aprobacin soberana, se nombr una junta provisional que sin prdida de tiempo habilitase una casa donde reunir nias educandas hasta concluir la fbrica y plantificacin de la Beneficencia. La eleccin del lugar donde haba de construirse el edificio, si sera dentro o fuera de los muros de la ciudad, ofreci al principio dificultades. Daba calor a la primera idea el obispo Trespalacios, fundado en que las nias estaran ms al alcance de los socorros que poda proporcionarles el vecindario; los ms, y con ellos Casas y el obispo Pealver, pensaban al contrario, prefiriendo un lugar ms ventilado y quieto, distante del trfico y movimiento pblico. El historiador Valds cree que esta divergencia de opiniones fue causa de los disgustos que hubo entre Casas, si bien amable y corts, pundonoroso y fcil a resentirse de cualquiera ofensa hecha a su autoridad, y Trespalacios de genio impetuoso y dominante; llegando las cosas al punto de que el Ayuntamiento trasladase las bancas de la Catedral al convento de Santo Domingo por haber tratado el obispo a la corporacin con una dureza impropia de su profesin y estado, en uno de los actos ms solemnes que celebra la Iglesia. Al fin se resolvi situar la casa en el extremo de la calzada de San Lzaro, donde hoy se levanta el hermoso edificio de esta bienhechora institucin, uno de los que ms honran y embellecen la capital de Cuba, y cuando se hall en estado de recibir las educandas, fueron trasladadas en procesin el 8 de diciembre de 1794.2 Al principio fue sostenida con fondos de la Sociedad y donativos pblicos; aos despus se crearon rentas fijas que asegurasen su perpetuidad, recargando ligeramente los derechos sobre varias importaciones extrajeras.3A esta institucin siguieron varias reformas dedicadas a la ilustracin de la juventud y ya necesarias a una ciudad de tan nobles aspiraciones. Fundose en 1793 la biblioteca pblica que an existe y se “cuid con eficacia de corregir los atrasos de la instruccin pblica, y mayor2Romay, Elogio Segn Pezuela, p. 345, la traslacin se hizo el 4 de diciembre.3Valds, pp 200-202.

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PEDRO JOS GUITERAS /43 /43 /43 /43 /43 mente los viciosos y caducos mtodos de la Universidad que serva de modelo a las dems casas de enseanza. Contaba aquella institucin cerca de 60 aos de existencia y ni el estudio de las matemticas mixtas, ni de la qumica, ni el menor ensayo de anatoma prctica haban mejorado el atraso de sus aulas, an sujetas a aejas preocupaciones ya de mucho tiempo desterradas de las academias de Espaa. Limitado el saber de los frailes profesores a la lengua latina, a la teologa y a algunas escasas nociones de filosofa, carecan los discpulos de otros conocimientos necesarios y preparatorios para los cursos de leyes, que incompletamente, a la ligera y eludindolos con frecuencia por favor o por dinero, aparecan ensearles los doctores catedrticos. De tan lastimoso estado de enseanza, se segua naturalmente que recibidos con facilidad los abogados, sin la menor nocin de geografa, de histora, ni de la literatura de su lengua, ranlo la mayor parte no ms que por el nombre y aptos solamente por su natural travesura a desfigurar las causas y enredar los negocios, empobreciendo a sus clientes para enriquecerse a s mismos”. “La Corte, por reiteradas representaciones de Ezpeleta, haba remediado los malos efectos de aquel mal principio, prohibiendo que no ejerciesen la abogaca sino personas acreditadas que la hubiesen ejercido en Espaa cierto nmero de aos: el de 115 abogados que en 1795 haba en la Isla, con los correspondientes bachilleres y procuradores, aunque inferior al que haba en otras pocas anteriores, era todava bien excesivo para su corta poblacin blanca. No satisfecho el general Las Casas con impedir enrgicamente que viniesen ms letrados, tambin pretendi corregir algo el dao en lo futuro. Reform el plan de estudios todo entero, se introdujeron en la Universidad autores nuevos y ms adelantados en las materias que antes se enseaban, y se abrieron nuevas ctedras de historia, geografa, literatura espaola, qumica, fsica experimental y matemticas puras y mixtas. Un hbil profesor de botnica costeado por la filantrpica sociedad, empez por entonces a revelar a la juventud los desconocidos tesoros de la flora cubana, y el estudio de la medicina, ciruga, tan atrasado y vicioso como el de la legislacin, se mejor tambin con una nueva ctedra de anatoma prctica”. Adems de estas reformas, que aos adelante lo fueron de una importancia trascendental para el pas, la Sociedad Econmica logr mejorar la siembra del tabaco por medio de escritos y estudios prcticos, aunque no se obtuvo todo el provecho que debi esperarse de sus esfuerzos, por el monopolio que de su elaboracin haca el gobierno, acosados los vegueros por visitadores enojosos y el pas con un estanco riguroso; trabaj tambin en mejorar y extender el cultivo del caf, fruto que haba de ser poco despus la riqueza principal de nuestro

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 44\ 44\ 44\ 44\ 44\ mercado; uno de sus ms celosos miembros, don Nicols Calvo, se empe en adelantar el cultivo de la caa y ensayar varios procedimientos qumicos en la elaboracin del azcar, y don Gregorio Balaustre introdujo el apenas conocido cultivo del ail, que si bien correspondi con escasos rendimientos, los prometa cuantiosos para lo futuro.4 4Pezuela, pp. 332 y 333, 347-349.

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CAPTULO VFRANQUICIAS COMERCIALES Y EN LA TRA FRANQUICIAS COMERCIALES Y EN LA TRA FRANQUICIAS COMERCIALES Y EN LA TRA FRANQUICIAS COMERCIALES Y EN LA TRA FRANQUICIAS COMERCIALES Y EN LA TRA T T T T T A A A A A DE FRIC DE FRIC DE FRIC DE FRIC DE FRIC A. CREACI"N DEL TRIBUNAL A. CREACI"N DEL TRIBUNAL A. CREACI"N DEL TRIBUNAL A. CREACI"N DEL TRIBUNAL A. CREACI"N DEL TRIBUNAL DEL CONSULADO DEL CONSULADO DEL CONSULADO DEL CONSULADO DEL CONSULADO VIAJE DE ARANGO Y EL CONDE VIAJE DE ARANGO Y EL CONDE VIAJE DE ARANGO Y EL CONDE VIAJE DE ARANGO Y EL CONDE VIAJE DE ARANGO Y EL CONDE MONT MONT MONT MONT MONT AL AL AL AL AL V V V V V O A JAMAIC O A JAMAIC O A JAMAIC O A JAMAIC O A JAMAIC A A A A ALa relacin de los trabajos emprendidos y proyectos futuros de los habaneros, escrita con el entusiasmo de que estaba poseda aquella flor de reformadores, llegaba a don Francisco Arango y Parreo y enardeca su alma en noble emulacin con el deseo de igualar a sus compatriotas. Este ilustre cubano, cuando an no contaba ms que 23 aos de edad, fue nombrado por el Ayuntamiento de la capital para sustituir en 1789 al conde de Buenavista, en el importante encargo de representarlo en la Corte. Los apoderados de esta corporacin eran como unos delegados de la Isla, a quienes se permita solicitar cuanto fuese conveniente a su prosperidad y cuya opinin sola consultar el Consejo de Indias, cuando se trataban materias graves de administracin y gobierno. Con este carcter se hallaba el Sr. Arango en el centro del poder, en contacto con los hombres clebres en cuyas manos estaban los destinos de la nacin, sujetos que por la honradez de sus intenciones, la elevacin de sus principios, el conocimiento de los negocios pblicos y la posicin poltica que ocupaban, eran capaces de amar el ardor patrio del joven diputado, alentar sus planes, ayudarlo en el acierto e inclinar el nimo del rey a abrir das de gloria a una isla que empezaba a despertar del letargo en que yaca por largos aos, y prometa en los albores de su civilizacin corresponder a los esfuerzos que por su engrandecimiento hiciesen sus hijos y el gobierno. Las representaciones del Ayuntamiento y Sociedad Econmica y los informes de Casas y del juez visitador e intendente despus, don Jos Pablo Valiente, varn de ideas avanzadas en materias de legislacin econmica y amante de las reformas cubanas, que escriba franca y lealmente a la Corte lo que poda llegar a ser si se acogan los proyectos recomendados, eran tambin un firme apoyo a las pretensiones de Arango, cuyo talento y prudencia supieron darles vida y aprovechar las

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 46\ 46\ 46\ 46\ 46\ felices ocasiones que se presentaron para lograr que se inaugurase una nueva poltica en el sistema comercial respecto de Cuba y otros servicios en favor del gobierno interior, polica y ornato de la capital. El asunto ms grave que se agit en Madrid durante su permanencia, fue el de la esclavitud africana. El decreto de la Convencin declarando la abolicin en las colonias francesas fue por su exaltacin intempestiva una tea incendiaria, devastadora de los ricos campos de Hait, que cundi por la parte de Santo Domingo y atizada inadvertidamente por su presidente gobernador, hizo irremediable la prdida de la isla para la civilizacin del mundo. La Corte se hallaba perpleja en las medidas que deban tomarse para que esta calamidad no tuviese ms funestas consecuencias, cuando lleg la noticia de la desastrosa insurreccin del Guarico y despert en Arango la idea atrevida de levantar sobre aquellas ruinas el cimiento de la prosperidad de su patria. Al punto elev una representacin a la Junta de Estado, demostrando que haba llegado el momento oportuno de proteger eficazmente la agricultura cubana, ya que por un acontecimiento inesperado estaba llamada a reemplazar con tantas ventajas suyas como del reino, el dao que iba a producir la prdida de los inmensos caudales empleados en Santo Domingo. Y “el resultado de su justa gestin fue, que estando dispuesto por Real Cdula de 28 de febrero de 1789 que los extranjeros pudiesen llevar negros a Cuba por espacio de dos aos, se expidi a los cuatro das la segunda Real Cdula, su fecha 24 de noviembre del citado ao (de 1791) que concedi este comercio de negros a los extranjeros en nuestros puertos por trmino de seis aos” con limitacin a los mercados extranjeros, extendindolo despus a la costa de frica libre de todo derecho. Aprovechando el activo diputado la buena disposicin del gobierno, propuso a aquella junta y escribi en pocos das de orden suya un discurso sobre el mismo asunto, cuyos efectos hacen inmortal su memoria en los anales de su pas. En l se haca or por primera vez en Espaa todo lo que poda llegar a ser si se rompan las trabas que opriman su riqueza; y despus de ilustrar las cuestiones enlazadas con este principio, propuso la reduccin de derechos para algunos frutos coloniales y completa libertad para otros, el establecimiento de una corporacin autorizada para promover la agricultura y que se nombrase una comisin para visitar las Antillas extranjeras y estudiar los mtodos agrcolas e industriales que en ellas se practicaban, Las primeras medidas adoptadas por el rey fueron disponer que al reexportarse de la Pennsula para el extranjero los frutos cubanos, se devolviesen los derechos que hubiesen pagado a su introduccin, establecindose por este medio el libre trnsito y depsito de nuestros azcares en Espaa y declarar libres de diezmos y derechos por diez aos

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PEDRO JOS GUITERAS /47 /47 /47 /47 /47 el caf, ail, algodn y aguardiente, permitiendo su extraccin de la Isla, as como la del azcar, en derechura a pases extranjeros.1La parte relativa a los otros dos particulares, encontr “fuerte oposicin en el Consejo de Indias, o en algunos de sus ministros; pero visto en una junta particular nombrada por S.M., de que era vocal el Sr. don Francisco Saabedra, se resolvi por el mismo Consejo de Estado, que la junta propuesta por Arango fuese agregada al tribunal de comercio, que separadamente y con mucha anticipacin haba solicitado el comercio de esta plaza, y que este benfico y nuevo establecimiento se extendiese a los principales puertos de Amrica, como efectivamente lo verific la piedad del rey en seguida”. El viaje propuesto fue aprobado tambin, debiendo hacerlo Arango con el conde de Casa Montalvo. La junta de agricultura dio lugar a la creacin de una institucin que ha sido de gran beneficio para la Isla. Las atenciones de la Sociedad Econmica eran tan vastas y complicadas que abrazaban todos los ramos de la prosperidad pblica, y a poco de instalada parece se crey conveniente dividirla en dos, que atendiesen la una a los intereses intelectuales y morales y la otra a los puramente materiales. Dejose, pues, a la Sociedad la primera parte, y para la segunda, se resolvi por Real Cdula de 4 de abril de 1794 el establecimiento de un tribunal con el nombre de Real Consulado de Agricultura y Comercio, compuesto de vecinos propietarios, hacendados y comerciantes; confirindole el importante oficio de promover el mayor fomento de los ramos de su instituto, para lo cual se le seal por fondo de dotacin el derecho de un medio por ciento, con nombre de avera, sobre las mercancas que entran y salen de los puertos de Cuba, y adems el privilegio de representar al rey cuanto juzgase conveniente a la agricultura y el comercio. Aunque separadas en sus atribuciones, ambas corporaciones marcharon despus unidas en el noble deseo de promover la felicidad del pas, y Cuba vio en ellas las columnas ms firmes de su regeneracin, sirviendo con sus luces a ilustrar los consejos del soberano, con su patriotismo a sostener y templar el poder de las autoridades superiores y con sus recursos a desarrollar la civilizacin. El viaje al extranjero se llev a cabo y sus efectos en favor de la agricultura, lo hacen acreedor a un lugar sealado en esta historia. “Los dos viajeros habaneros partieron de la Corte a principios de 1794, y pasando de Lisboa a Londres y de all a Jamaica, concluyeron en un ao su viaje; no sin incomodidades y riesgos, pues primero estuvieron muy cerca de ser prisioneros de la repblica francesa en el canal de la Mancha y despus naufragaron en la costa sur de esta isla, cerca del cayo de valos, en cuyas desiertas playas permanecieron diez das hasta que 1Reales "rdenes de 22 de noviembre de 1792, 24 de enero de 93 y otras.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 48\ 48\ 48\ 48\ 48\ del Bataban fueron a recogerlos. El Sr. conde de Casa Montalvo haba sido atacado desde Lisboa de un accidente apopltico que le retoc en Londres, le priv de la vista en Jamaica y en La Habana de la vida, mereciendo al Consulado, de quien fue prior slo cuatro meses, la memoria de que acordase colocar su retrato junto al del general Casas su presidente”. “Dieron cuenta los viajeros al Consulado y al rey de sus observaciones durante su viaje, mereciendo las honrosas aprobaciones de S.M. que confirmaron el justo concepto que haban granjeado en la Corte. Traan y perdieron en el naufragio una coleccin de plantas tiles que hay en las islas vecinas y que aqu no se cultivan. Entre ellas venan la caa de Otahite que tan til nos ha sido, bien que la que recibimos contemporneamente en aquel ao de 1795 por conducto de los barcos que iban a las islas de barlovento a hacer el trfico de esclavos y utensilios. Trajeron varios agricultores extranjeros prcticos en el cultivo del azcar y caf, que estaban refugiados en Jamaica por la emigracin de Guarico. Trajeron otro ajustado con el conde de Casa Montalvo para establecerle un ingenio en todo conforme a la economa que exige la escasez de maderas y animales en las islas extranjeras. Trajeron otro espaol costeado por el propio conde y por el Sr. Arango por cuenta del Sr. conde de Mopox, para establecer la bomba de vapor aplicada al movimiento del trapiche de moler caa, de que hasta ahora carecemos por no haber surtido los mejores efectos aquel modelo que entonces se experiment en el ingenio de Seibabo. Adquirieron en Portugal y Jamaica muchas noticias sobre el trfico de frica y del Brasil, que despus nos sirvieron muy bien, especialmente las relativas a lo hecho hasta entonces para su abolicin en Inglaterra. En fin, con las ideas que adquirieron, con la vista de las haciendas y del comercio clandestino que hace Jamaica en nuestros dominios, se dio un grande impulso al movimiento de las nuestras, y con ellas en poco tiempo se vieron por primera vez en la Jurisdiccin de La Habana nuevas haciendas de azcar, caf y ail, trapiches movidos por el agua, por el fuego, por el viento, por mular en lugar de bueyes, nuevas estufas, revolvederas y porcin de otras mquinas y prcticas, cuya utilidad no pretendo ni es del caso calificar; pero que antes no se conocan entre nosotros y todas pertenecen a las causas extraordinarias de aquella poca y de las que fue el Sr. Arango fervoroso promovedor, en cumplimiento de su oficio de sndico de la junta consular”. La larga y enojosa lucha de los monopolistas se haca ms violenta a medida que la cuestin avanzaba en favor de las provincias americanas, y ocup la atencin de Arango durante su diputacin y en pocas posteriores. El lector recordar que esta cuestin qued suspensa con los reales decretos de 1784, cerrando los puertos de Cuba al comercio ex-

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PEDRO JOS GUITERAS /49 /49 /49 /49 /49 tranjero. Esta resolucin haba hecho gran impresin en la capital, privado el gobierno de los situados en Mjico y obligado a causa de la guerra a atender mayores gastos para la seguridad de la Isla. Acudieron las autoridades y corporaciones a implorar del soberano la supresin de aquellos decretos, poniendo en su conocimiento cuantas noticias eran necesarias para la ilustracin de un punto tan importante; y despus de obtenerse varios permisos particulares que facilitaron la exportacin de frutos para puertos nacionales y extranjeros, se dign el rey conceder el comercio de vveres en buques neutrales por Decreto de 25 de junio de 1793, cuyos efectos fueron poco favorables por haber influido las pretensiones renovadas de los comerciantes de Cuba, obteniendo por Real Orden de 14 de marzo del siguiente ao, restringirlo, bajo el pretexto de que el permiso concedido fue en atencin a la guerra y mala cosecha de aquel ao y el 21 de enero de 1796 se mand cesar el comercio con Estados Unidos. Esta cuestin vital sigui sujeta a frecuentes concesiones generosas y revocaciones arbitrarias, hasta que ya entrado el siglo XIX logr la perseverancia del Sr. Arango afianzar el triunfo de la libertad del comercio, alcanzando del trono el decreto ms benfico que ha atravesado los mares en favor de Cuba.2 2Breve rasgo de los mritos y servicios del Sr. don Francisco Arango y Parreo impreso por acuerdo del Excelentsimo Ayuntamiento de la Habana, 1814. Pezuela, p. 334. Saco, t. III, p. 390.

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CAPTULO VICOLONIZACI"N BLANC COLONIZACI"N BLANC COLONIZACI"N BLANC COLONIZACI"N BLANC COLONIZACI"N BLANC A. MEJORAS EN LA ISLA. A. MEJORAS EN LA ISLA. A. MEJORAS EN LA ISLA. A. MEJORAS EN LA ISLA. A. MEJORAS EN LA ISLA. HURACN DE 1791. HURACN DE 1791. HURACN DE 1791. HURACN DE 1791. HURACN DE 1791. CUESTIONES DE CASAS CUESTIONES DE CASAS CUESTIONES DE CASAS CUESTIONES DE CASAS CUESTIONES DE CASAS CON EL OBISPO Y EL INTENDENTE CON EL OBISPO Y EL INTENDENTE CON EL OBISPO Y EL INTENDENTE CON EL OBISPO Y EL INTENDENTE CON EL OBISPO Y EL INTENDENTEEl general Casas vea los laureles de Arango con la misma satisfaccin que los habaneros y segua alentando el espritu de reforma que se haba apoderado del pas y de que en justicia a su memoria l era entonces el alma; usando de los medios que ponan a su disposicin la autoridad que le haba confiado el monarca y su influencia en ilustrar el Consejo Supremo y disponerlo a coadyuvar a sus planes en favor de tan rica provincia. Conociendo su prudencia los inconvenientes de favorecer el aumento de poblacin africana, sin guardar un justo equilibrio con la blanca, haba presentado desde 1790 sobre las medidas que deban adoptarse para atraer a la Isla colonos de esta clase, recomendando los labradores de las Canarias como ms aptos para resistir las faenas del campo bajo el sol de los trpicos; y a sus instancias llegaron en los aos subsecuentes gran nmero de ellos con sus familias, que fueron distribuidos en varios partidos y contribuyeron a fomentar las nuevas poblaciones fundadas durante su gobierno. Para impedir el contrabando de maderas y ganados que los ingleses de Jamaica hacan por la ensenada de Manzanillo, fund la villa de este nombre que fueron a poblar muchos labradores de las campias bayamesas, a quienes hizo repartir solares y terrenos, auxilindolos tambin con recursos para sus labranzas; levant los caseros inmediatos a la capital, que haban sido destruidos en los tiempos de la invasin inglesa; al pie de los baluartes de la Cabaa, empez a fundar en 1791 una poblacin de pescadores y careneros, que tom el nombre de Casablanca, de un edificio que serva de depsito a la Real Hacienda; y cuando el incendio de Trinidad del 15 de marzo de 1793 redujo a cenizas 183 de sus fbricas, amenazando destruir su naciente prosperidad, acudi a enjugar las lgrimas de las familias que vieron arruinadas sus fortunas, disponiendo de los fondos pblicos y excitando la caridad cubana con suscripciones voluntarias.

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PEDRO JOS GUITERAS /51 /51 /51 /51 /51 En La Habana concluy dos edificios destinados a casa de gobierno y muelle del puerto; las aguas de que se surta, fueron depuradas de lodo y materias vegetales que las hacan insalubres, construyendo de sillera las paredes de la zanja; las calles fueron empedradas y se mejor el alumbrado, poniendo un farol al frente de cada manzana, a costa de los fondos destinados a obras pblicas; y extendiendo su talento a las de adorno y recreo, hizo reparar y agrandar el teatro de La Torre, dndole una forma ms elegante y cmoda, y ensanch y reform la hermosa alameda de extramuros. En las inmediaciones de la ciudad mejor las calzadas del Horcn y Guadalupe y las varias sendas que conducan a las haciendas y estancias vecinas, y del camino de Gines, escriba l mismo al Supremo Gobierno: “En punto de caminos, emprend mudar el antiguo que viene del partido que llaman de Gines a esta capital, distante 14 leguas, y lo he conseguido disminuyendo ms de cuatro, en que utilizan considerablemente el rey y el pblico, por ser el canal por donde se conducen muchos tabacos, frutos y vveres: es obra que anhelaban y han adoptado con esmero todos los habitantes, con especialidad los que ya lo disfrutan a muy poca costa y sin dilacin”. La vida con que Casas alentaba al pueblo habanero, se comunic a los dems de la Isla, deseosos de contribuir por su parte a la regeneracin de la patria. “El brigadier Vaillant, gobernador de Cuba, ayudado por don Pedro Valiente y de otros individuos de aquella Sociedad Patritica, estableca en la ciudad un colegio de Humanidades, activaba las obras del muelle y construa el camino de la villa del Cobre, ya tranquila y quieta: aquel atrasado pueblo se anim tambin con varios adelantos. Matanzas situada ptimamente para la exportacin de frutos por el norte, y Trinidad, an no reparada de incendios y recientes temporales, prosperaban ambas en riqueza y vecindario; la primera con marcada ventaja sobre la segunda. A propuesta de Valiente, se haba decretado en 1791 la habilitacin del espacioso puerto de San Fernando de Nuevitas; abriose all una utilsima salida para los frutos y comercio de Puerto Prncipe, cuya poblacin coste de sus fondos de propios una mediana carretera en las 20 leguas que entre ambos puntos median”. En su administracin no se vio libre de la ley comn que sujeta a los grandes hombres a sufrir los sinsabores y contratiempos de que a cada paso est sembrado el spero camino que conduce a la alta cumbre de la inmortalidad; si bien esta dura prueba sirve para mostrar ms la elevacin de los espritus fuertes y conquistarles el respeto y admiracin de las almas virtuosas, consuelo que experiment en la justicia con que el rey y la opinin esclarecida del pueblo cubano supieron honrar sus sealados servicios.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 52\ 52\ 52\ 52\ 52\ Uno de esos horrendos huracanes que de tiempo en tiempo suelen azotar las Antillas, tuvo lugar en la parte occidental los das 21 y 22 de junio de 1791. El enorme caudal de aguas llovedizas hizo salir de madre los ros de Gines, Almendares y sus tributarios, inundando los partidos de Jubajay, Santiago de Bejucal, San Antonio, Managua, El Calvario y casi la provincia entera; y las corrientes encontradas y el furor de los vientos, causaron grande estrago por todas partes, destruyendo los bosques y plantos, arruinando casas, puentes y cuanto se opona a su poder invencible: vctimas de su furia insana, fueron tambin 30 personas que no pudieron guarecerse a tiempo y fueron arrebatadas por la inundacin. Uno de los lugares que ms sufri fue el paso llamado de Soto, hasta el tumbadero de Almendares, donde las corrientes del Calabazar arrancaron de raz los bosques que cubran sus orillas dejando el terreno rido, lleno de profundos socabones y descubiertos enormes peascos hasta entonces escondidos en las entraas de la tierra. El valle de San Jernimo y llanura de los Molinos, teatro de lamentables desgracias, se vieron transformados en un montn de ruinas, particularmente los sitios llamados El Cacaoal y Potrero del Rey. Matanzas sufri tambin con las crecientes del San Juan y Yumur, que destruyeron los puentes y anegaron los edificios inmediatos. El piadoso Casas, con la misma solicitud que en el incendio de Trinidad, mostr un empeo paternal en consolar a los desgraciados, a quienes esta calamidad dejaba sin hogares, ni medios de subsistencia, presentndoles su propia fortuna y cuantiosas sumas de la Hacienda Real, y a su ejemplo se despert la caridad de los habaneros, que contribuyeron por todos los medios posibles a socorrerlos. Cuid tambin de reparar los daos causados en los caminos pblicos, y durante su gobierno se construyeron con ms solidez los puentes de Calabazar, Apolo, Gibaro, Mavoa, Yumur y San Juan, y las Puentes Grandes (segn Valds) de una manera muy inferior a la que antes tenan. Al huracn sigui una seca prolongadsima, que destruy las esperanzas de los labradores de mitigar sus miserias con el producto de la cosecha nueva. Deseoso Trespalacios de manifestar su caridad, expidi una bula el 11 de febrero de 1793, concediendo a sus diocesanos el permiso de comer carne en cuatro das de la semana durante la cuaresma, mediante una retribucin del que usase esta gracia. Por santas que fuesen sus miras y por aliviados que resultasen los fieles, la limosna se consider un impuesto con el nombre de limosna, abusivo de sus facultades. Casas se opuso y se suspendi la bula, mediaron contestaciones, elevose el asunto a la Corte, y sta opin con el capitn general, quedando desairada la autoridad de la Iglesia.

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PEDRO JOS GUITERAS /53 /53 /53 /53 /53 Deseoso de vengar esta humillacin, agriada con los disgustos de la Beneficencia, el rencoroso obispo quiso herir al general en una de sus fibras ms delicadas: conociendo que su mayor gloria se cifraba en haber trado a Cuba la antorcha de la civilizacin, empez a poner dificultades a la publicacin de artculos en el Papel Peridico y habindose negado una vez a permitir la de cierto escrito incensurable de la Sociedad Econmica, sin querer prestarse a una explicacin sobre los motivos de su oposicin, lleg a su colmo el sufrimiento de Casas, que estuvo a punto de desterrarlo; pero se content con quejarse a la Corte, y el obispo volvi a ser reconvenido, mandndole que en lo adelante consultase las censuras con la autoridad superior. El intendente Hernani quiso irle a la mano con un celo indiscreto por los intereses reales en los gastos que demandaban las varias obras de utilidad pblica que haba emprendido. Esta pugna dio lugar a quejas y recriminaciones que a veces llegaron a odos del soberano y merecieron siempre su aprobacin en favor de los proyectos de Casas. Tales disgustos se hicieron trascendentales a los vecinos ocupados en el comercio y causaron nuevas complicaciones sobre jurisdiccin, que al fin lo obligaron a adoptar una medida extrema con el intendente. “Los guardas de la Real Hacienda, sin disciplina y casi sin organizacin entonces, disculpaban sus excesos diarios y aun sus atropellamientos a mano armada, haciendo pasar por contrabandistas muchas veces a personas pacficas y honradas. Habiendo llegado la inexcusable tolerancia de Hernani y el desorden de sus dependientes a tal punto, que resultaron inhumanamente asesinados en el espacio de pocos das dos inofensivos trajinantes. Las Casas, atendiendo ms a la justicia y a la vindicta pblica que a las reclamaciones de fuero del intendente, prendi y someti a los culpables al juicio y justo fallo de un consejo de guerra. Hernani irritado hizo al punto dimisin de su destino, y admitida sin tardanza nombr el rey para que lo desempease juntamente en sus dems comisiones al citado don Jos Pablo Valiente, que se encarg del puesto el 17 de febrero de 1792. Hallaron en l, Las Casas, un cooperador perspicaz y activo en sus grandes miras, y la Hacienda pblica una mano maestra y pura en el gran arte de dirigirla”.1 1Pezuela, pp. 215, 323-359. Valds, pp. 207-214.

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CAPTULO VIIGUERRA CON FRANCIA. EXPEDICI"N CONTRA HAIT. GUERRA CON FRANCIA. EXPEDICI"N CONTRA HAIT. GUERRA CON FRANCIA. EXPEDICI"N CONTRA HAIT. GUERRA CON FRANCIA. EXPEDICI"N CONTRA HAIT. GUERRA CON FRANCIA. EXPEDICI"N CONTRA HAIT. PRDID PRDID PRDID PRDID PRDID A DE EST A DE EST A DE EST A DE EST A DE EST A ISLA. SUS EFECTOS P A ISLA. SUS EFECTOS P A ISLA. SUS EFECTOS P A ISLA. SUS EFECTOS P A ISLA. SUS EFECTOS P ARA CUBA. ARA CUBA. ARA CUBA. ARA CUBA. ARA CUBA. REST REST REST REST REST ABLECIMIENTO DE LA P ABLECIMIENTO DE LA P ABLECIMIENTO DE LA P ABLECIMIENTO DE LA P ABLECIMIENTO DE LA P AZ Y TRASLACI"N AZ Y TRASLACI"N AZ Y TRASLACI"N AZ Y TRASLACI"N AZ Y TRASLACI"N DE LAS CENIZAS DE COL"N A LA HABANA. DE LAS CENIZAS DE COL"N A LA HABANA. DE LAS CENIZAS DE COL"N A LA HABANA. DE LAS CENIZAS DE COL"N A LA HABANA. DE LAS CENIZAS DE COL"N A LA HABANA. CONCL CONCL CONCL CONCL CONCL UYE EL GOBIERNO DE CASAS UYE EL GOBIERNO DE CASAS UYE EL GOBIERNO DE CASAS UYE EL GOBIERNO DE CASAS UYE EL GOBIERNO DE CASASOtros cuidados de diversa naturaleza probaron el buen juicio y don de gobierno del general Casas; que puesta Cuba al borde del abismo de su perdicin, supo salvarla contra las imprudencias del presidente de Santo Domingo y conservarla prspera y feliz para Espaa. Las causas que haban desarrollado la revolucin de la parte francesa de la vecina isla, eran de un carcter muy trascendental para que no llamasen su atencin, particularmente despus que la Corte, con la cada del ministro Aranda, abandon la poltica de neutralidad armada y declar la guerra a la Francia, en 25 de marzo de 1793. En el tiempo que duraron las hostilidades, mantuvo un cuerpo de ejrcito numeroso y una escuadra respetable. Adems de las tropas de la guarnicin, le envi el virrey de Nueva Espaa un batalln del regimiento de Mjico y otro del de Puebla; don Juan de Araoz, comandante general de marina, habilit en pocos das dos navos, cuatro fragatas y siete buques menores, y a mediados de agosto lleg una escuadra de nueve navos y 11 buques ms, a las rdenes del teniente general don Gabriel de Aristizbal. Con tales fuerzas, no slo quedaba la Isla segura de enemigos exteriores, sino que poda auxiliar las posesiones vecinas y tomar la ofensiva contra las colonias francesas. Cuid tambin con prudente acuerdo de atender a la seguridad interior. Puso en completo estado de defensa las fortificaciones de La Habana y Santiago de Cuba, hizo construir reductos artillados en Bataban, Casilda, Baracoa, Gibara, Sagua y otros desembarcaderos y orden al brigadier Vaillant no permitiese que desembarcara ni permaneciese en el Departamento Oriental ningn individuo procedente de las colonias extranjeras, cualquiera que fuese su clase y condicin. Fuerte en la lealtad y valor del pueblo cubano, acudi a la Florida y Luisiana

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PEDRO JOS GUITERAS /55 /55 /55 /55 /55 con un batalln de La Habana y otro de Cuba, y sabiendo por el encargado de Negocios de Espaa en Filadelfia que el ministro francs Mr. Genet haba despachado varios agentes al sur de la Unin para armar la poblacin francesa de aquellas provincias y organizar un ataque sobre Nueva Orlens, dio aviso a su gobernador, que tuvo tiempo de adoptar medidas que desbaratasen estos planes. Aristizbal sali en auxilio de Santo Domingo y a hostilizar a los franceses del mar de las Antillas, llevando una expedicin de 5 000 hombres y ms tarde le envi Casas un batalln del Regimiento de La Habana y varios destacamentos de otros cuerpos en nmero de 1 500: apres varios buques mercantes y corsarios, asegur a Santo Domingo, se present delante del Puerto Delfn y lo rindi el 27 de enero de 1794 despus de una corta resistencia, remitiendo a La Habana los prisioneros de guerra y porcin de esclavos que sirvieron para fortificar a Nueva Orlens, San Agustn y Panzacola, y en el mes de junio regres a repararse de los daos sufridos en este glorioso crucero. Los frutos que deban esperarse de l se perdieron miserablemente por la impericia y credulidad del presidente de Santo Domingo, quien deseando imitar a Aristizbal comprometi aquella floreciente posesin espaola. La ocasin de atacar a los franceses, escasos de fuerzas y ocupados en contener la rebelin que destrozaba a Hait, era indudablemente propicia; pero necesitbase de un hombre ms capaz y prudente. El general Garca reuni una columna de 4 000 hombres de tropa reglada y una divisin africana acaudillada por Toussaint Louverture, Juan Francisco y Biasson, y sali a campaa sin tomar precaucin militar alguna, desprovisto de artillera e ignorante del nmero y situacin de los enemigos, embarazado siempre con aquel enjambre de aliados intiles que con achaque de auxiliarlo se le haban reunido; se detuvo sin necesidad ante la mezquina fortificacin de Yaques perdiendo en una inaccin vergonzosa un tiempo precioso, y se retir sin hacer cosa de provecho despus que el hambre y las fiebres endmicas esquilmaron aquella flor de soldados. El efecto moral de esta ridcula empresa empez a debilitar el prestigio de Espaa en aquella isla y fue causa de su perdicin. Toussaint Louverture, despus el ms hbil de los jefes de la rebelin, teniendo en poco a Garca, se pas al gobernador de Hait, invadi y tom varias villas y oblig a los espaoles a desalojar algunos puntos fortificados. El otro caudillo, Juan Francisco, siguiendo un rumbo opuesto, procuraba debilitar tambin las fuerzas europeas, y fingiendo perseverar en su fidelidad, form el plan horrible de asesinar a los franceses indefensos que estaban en Bayaj bajo la proteccin del gobierno: el 7 de julio, puesto al frente de su horda, que Garca haba permitido entrar en la plaza, pas a cuchillo ms de 800 de toda edad y sexo, se enseore del

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 56\ 56\ 56\ 56\ 56\ pueblo por algunos das, y despreciando a los que llamaba sus aliados, se apoder de los equipajes de varios jefes y oficiales y parte del armamento, sin que se hiciese nada por contenerlo y castigarlo. Divididas y en abierta hostilidad las fuerzas espaolas y francesas, los rebeldes triunfaron por todas partes y sacrificaban a su furor cuantos blancos encontraban Pocos das antes de la carnicera de Bavaj haba incendiado el Guarico otra horda de 3 000 negros, destruyendo brutalmente el gran depsito y desembocadero de los frutos del pas. Espaa, conociendo la imposibilidad de sostener aquella colonia, crey conveniente renunciar a su soberana, y en el Tratado de Basilea de 22 de julio de 1795, que puso fin a la guerra con Francia, cedi a su adversaria el dominio que tena en una isla que bien pronto se perdi para una y otra nacin. Estos acontecimientos tan enlazados con nuestra historia y cuya importancia en el fomento de Cuba y sus futuros destinos debe ser el estudio constante de sus hijos, nos han hecho detener ms de lo que permiten quiz los lmites de la narracin. Sus efectos fueron traer a nuestras playas hospitalarias un nmero de emigrados espaoles y franceses estimado en 6 000, que se establecieron entre nosotros, la Real Audiencia, que era tambin el tribunal superior en Cuba, se traslad a la ciudad de Puerto Prncipe, y con su influencia se empezaron a corregir los abusos de la administracin de justicia y dictaron acuerdos favorables a los intereses del pas; La Habana tiene la gloria de poseer los restos inestimables de Coln; y Cuba, heredera de la poblacin de Santo Domingo, su industria y adelantos en la agricultura, llam hacia s la atencin de la madre Espaa, que hizo de ella la predilecta de sus posesiones de Amrica y continu favoreciendo los proyectos de sus hijos en favor de su prosperidad. El ltimo acto del gobierno de Casas, digno de consignarse en la historia, es la recepcin de las cenizas del inmortal descubridor; terminando su carrera pblica con la satisfaccin de presentar a Cuba una reliquia tan preciosa, orgullo de sus naturales, envidia de las naciones de este hemisferio, visitada con admiracin por el viajero que pisa nuestras playas, grande en todo el mundo. Hallbase Aristizbal con la escuadra en la ciudad de Santo Domingo para proteger los intereses de los sbditos espaoles, mientras se verificaba la entrega de la isla conforme al tratado, cuando tuvo la feliz idea de trasladarlas de la Catedral para conducirlas a La Habana; y el 15 de enero de 1796 las vio esta capital entrar por su puerto en el navo de guerra San Lorenzo Casas al frente del Ayuntamiento, acompaado del general Araoz, los obispos Trespalacios y Pealver, las corporaciones y una lucida comitiva, pas al muelle cuatro das despus a encargarse del ms rico tesoro que posee Cuba, y conducidas a la Catedral

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PEDRO JOS GUITERAS /57 /57 /57 /57 /57 en procesin solemne, tendida la carrera por las tropas de la guarnicin y con todos los honores debidos al rango que tuvo en vida, fueron depositadas en el presbiterio, cubiertas por una lpida provisional que despus fue sustituida por la que existe hoy, y es una losa de mrmol que remiti el duque de Veraguas con el retrato de Coln en bajo relieve y en su base un pobrsimo terceto. As, la existencia de las cenizas de Coln entre nosotros, ha quedado asociada para siempre a la memoria del mejor gobernador que ha tenido la Isla.1Abrumado este ilustre varn con los cuidados de su gobierno, sinti quebrantarse su salud y solicitada y aceptada su dimisin, entreg el mando a su sucesor el conde de Santa Clara el 6 de diciembre de 1796, da de luto para la Isla en que perdi al fundador de su civilizacin. Prudente en el consejo, discreto en el gobierno, sabio en labrar la felicidad pblica, fue Casas, en el castigo, severo con templanza; en el premio, de extremada largueza; caritativo con la orfandad desvalida; humano, con los desgraciados. Supo corregir las costumbres, plantificar instituciones en favor de las letras, obtener del monarca franquicias para el comercio, proteger el adelanto de la poblacin y desarrollar los tesoros agrcolas del pas. La gratitud cubana no ha cesado jams de presentarlo como modelo de gobernadores, de encomiar sus virtudes como el ms cumplido en apreciar el mrito de sus hijos y el ms ferviente en defender y salvar sus intereses. Efecto de su administracin venturosa, a principios del siglo XIX se levantaba Cuba de en medio del mar de las Antillas, coronada la frente de castillos inexpugnables, tachonado el manto con los rosados penachos de la verde caa y a sus pies los tres tesoros del mundo, fuerte, rica y floreciente, brindndole sus vrgenes cosechas. Adonde quiera que tenda la vista, all pueblos amigos. Mjico le peda sus cueros estimados y aguardientes; la joven repblica de Estados Unidos, su dulce azcar, trayndole en cambio el primero, el oro escondido en sus entraas y la segunda, sus doradas espigas; y ms lejos, vidas de sus frutos, la madre Espaa llenaba sus bodegas con la uva de Sevilla y la oliva de Jan; Francia le ofreca sus telas y brocados; Inglaterra labraba el duro hierro y lo pona a sus plantas embellecido por el arte. Concluido su gobierno, su lealtad lo llev a besar las manos de Carlos IV, que siempre vio en l una de las columnas de su trono, su amor a Cuba, al consagrarle el resto de su vida y velar por su felicidad, y en esta empresa estuvo firme hasta que con una libre y pura conciencia entreg tranquila su alma al Creador en el puerto de Santa Mara el 19 de julio del ao de 1800, a los 55 de su edad. Da vendr en que la patria, 1Valds, pp. 215-222. Pezuela, pp. 339-355. Memorias de la S. P. de la Habana, de septiembre de 1837 y noviembre de 1838.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 58\ 58\ 58\ 58\ 58\ siguiendo la senda que le han trazado sus mejores escritores, eleve un noble y digno monumento que recuerde a la posteridad los mritos y servicios del general don Luis de las Casas, y que en sus plazas brillen al sol, sus facciones venerables al lado de las de Coln, las de aquel ilustre protector de los indios que lleva su mismo nombre, las de su constante amigo don Francisco Arango y las de otros clebres varones que la han ennoblecido con su talento y virtudes.2 2Valds, p. 224. Humboldt, t. I, p. 128. Romay, Elogio citado.

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Libro DcimoCAPTULO IGUERRA CON INGLA GUERRA CON INGLA GUERRA CON INGLA GUERRA CON INGLA GUERRA CON INGLA TERRA. NUEV TERRA. NUEV TERRA. NUEV TERRA. NUEV TERRA. NUEV AS AS AS AS AS FOR FOR FOR FOR FOR TIFIC TIFIC TIFIC TIFIC TIFIC ACIONES EN LA ISLA. COMERCIO ACIONES EN LA ISLA. COMERCIO ACIONES EN LA ISLA. COMERCIO ACIONES EN LA ISLA. COMERCIO ACIONES EN LA ISLA. COMERCIO Y COLONIZACI"N. MEJORAS EN LA HABANA Y COLONIZACI"N. MEJORAS EN LA HABANA Y COLONIZACI"N. MEJORAS EN LA HABANA Y COLONIZACI"N. MEJORAS EN LA HABANA Y COLONIZACI"N. MEJORAS EN LA HABANAEl teniente general don Juan Bassecourt, conde de Santa Clara, era un sujeto de carcter blando, de maneras afables, entendido en el arte de la guerra, posedo del espritu de su poca a favor del bien pblico y por deber e inclinacin dispuesto a hacer la felicidad de Cuba. Las circunstancias no eran muy propicias a sus deseos. Pocos meses antes de la salida de Casas, haba Carlos celebrado una alianza ofensiva y defensiva con la Repblica francesa, que necesariamente lo oblig a declarar la guerra a Gran Bretaa el 31 de octubre de 1796. Los historiadores nacionales no aciertan a explicar cmo Espaa, debilitada por una sucesin de guerras martimas, dividida en opiniones con la mala administracin de un ministro incapaz de llevar las riendas del gobierno, humillada por las armas francesas en sus esfuerzos por establecer el orden y la monarqua en aquella nacin, se prest a una alianza monstruosa que pona a merced de un poder extranjero y enemigo de sus instituciones, los recursos del reino y dejaba sin auxilios las provincias que posea en la distante Amrica. Los efectos de esta guerra fueron desastrosos. Al ao siguiente de declarada, la escuadra del almirante Jerwis encuentra la espaola junto al cabo de San Vicente, la bate y vuela a bloquear el puerto de Cdiz, y Espaa se ve privada de las comunicaciones con aquellas provincias y arruinado su comercio, sin que Francia, vencedora en el continente de Europa, pudiese darle ayuda, devorada por el cncer de discordias intestinas, sus escuadras y colonias perdidas y en poder de los enemigos. Cuando Jerwis triunfaba en San Vicente, otra escuadra inglesa se presenta delante de San Jos de Orua, capital de la Trinidad, y con un ejrcito de 8 000 hombres y de acuerdo con los colonos extranjeros, se apodera de la isla, al mismo tiempo que en el puerto de Chaguaramas

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 60\ 60\ 60\ 60\ 60\ sorprende una divisin de cuatro navos y una fragata encargada de aquel crucero y su comandante se ve forzado a reducirla a cenizas para que no cayese en manos del enemigo. Ms afortunados en Puerto Rico, su gobernador logr rechazar un ejrcito de 10 000 hombres que desembarc en la capital, protegido por la escuadra del vicealmirante Harvey, debindose al entusiasmo de los vecinos el que no se hubiese perdido la isla y Guatemala atacada por otra expedicin, se cubri tambin de gloria batiendo a los enemigos con fuerzas inferiores. Esta guerra, sin fruto ni honor para Espaa, termin con la Paz de Amiens el 25 de marzo del ao de 1802, y cost a la nacin la perdida de la Trinidad y de una parte de su escuadra, la ruina de su comercio y su influencia en la poltica europea.1En das tan tristes de confusin y peligro, se encarg del mando el conde de Santa Clara. Causaba alguna inquietud un cuerpo de ingleses que se haba apoderado del mole de San Nicols y otros puntos importantes de Santo Domingo, y se crea intentaba sorprender el Departamento Oriental por pliegos que el gobernador de Santiago haba interceptado y otras noticias confidenciales. Las primeras atenciones fueron encaminadas a poner la Isla libre de las consecuencias que pudiera tener un ataque; y aunque La Habana no daba lugar a temor alguno, hizo construir el foso y camino cubierto del recinto de la ciudad, y en la parte baja de la costa entre San Lzaro y la Chorrera una fuerte batera de 30 caones que tom su nombre; Santiago de Cuba tena la defensa que permite su localidad; en Guantnamo se levantaron parapetos y se organiz un cuerpo de milicias que cubriera los puntos de Baracoa, Gibara, Manzanillo y otros fondeaderos indefensos fueron fortificados y confiados al valor de los naturales del pas. Estas precauciones y el mal resultado de la expedicin contra Puerto Rico, salvaron a Cuba de las calamidades de una invasin.2El completo aislamiento en que estaba Espaa, amenazadas sus costas por los cruceros ingleses, aumentaba la zozobra de los cubanos, privados de los medios de exportar sus frutos, y proveerse de los gneros y efectos necesarios al consumo interior. Las autoridades, sintiendo sus justas quejas y convencidas de las razones que a favor de una medida que pusiese trmino a tanto mal les expuso la Junta del Consulado, creyeron conveniente suspender lo dispuesto en la real orden de enero del ao anterior, y acordaron el 25 de febrero de 1797 el permiso por tres meses de introducir vveres en buques neutrales; al cual dispens el rey su aprobacin y ampli por Decreto de 18 de 1Historia de Espaa t. IX, pp. 393, 506 y ss. Pezuela, pp. 357, 367-370.2Valds, p. 229. Pezuela, p. 378.

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PEDRO JOS GUITERAS /61 /61 /61 /61 /61 noviembre del mismo ao para que hiciese expediciones de gneros retornando frutos. En la constante fluctuacin a que estaba sujeto el comercio, cuando estas disposiciones parece que deban alejar el recelo de nuevas prohibiciones, volvi el monarca el 20 de abril de 1799 a revocarlas “por los graves inconvenientes que resultaban”, y quedaron en toda su fuerza y vigor las leyes restrictivas.3Los planes de colonizacin propuestos por Casas, entonces en Madrid, el ms activo defensor de los intereses cubanos, merecieron la debida atencin del gobierno. La comisin nombrada a mediados de 1795 bajo la presidencia del brigadier conde de Mopox y Jaruco, para que se ocupase en el fomento de la poblacin de la Isla, su defensa y apertura de caminos, emprendi sus trabajos de exploracin en los cuales se distingui un joven oficial de ingenieros, natural de La Habana, el seor don Anastasio Arango, cuyos servicios le valieron la confianza del rey y lo elevaron en su carrera al rango de mariscal de campo.4El capitn de fragata don Juan Tirri y Lacy fue comisionado por Mopox para reconocer la vasta Isla de Pinos, que aunque vecina de la costa meridional de la Isla y con ms de 800 leguas cuadradas de superficie, no era conocida ms que de algunos pobres pescadores que la habitaban. Cuando lleg aquel marino acababan de ser sorprendidos sus pocos habitantes por los corsarios de Caimn, islote all inmediato, y saqueados impunemente por unos cuantos malhechores, habindoles rehusado el capitn general pocos das antes 30 fusiles para su defensa. Un razonado y extenso informe de Tirri demostr al gobierno que “aquella isla era susceptible de siembras de tabaco, fertilsima en pastos y maderas, de un clima benigno y saludable, y que podan all promoverse algunos productos provechosos; entre ellos, la cra de ganados, el tabaco, la saca de caobas y la pesca del carey, abundante en todas sus orillas. Pasaron, sin embargo, muchos aos antes que se sacara algn provecho del olvidado territorio, en que lleg a establecerse la colonia corta que hoy conocemos con el nombre de Reina Amalia”.5“Los terrenos del Cuabal de Madruga, de muchos aos conocidos por la bondad de sus aguas minerales, empezaron a repartirse entre algunos labradores. Se fabricaron porcin de casas cmodas en lugar de las improvisadas barracas en donde se abrigaba la enferma con3Sagra, p. 1354Biografa del general Arango, en el Estado mayor del ejrcito espaol .5Vase la descripcin de la Isla de Pinos por Tirri 1797, en las Memorias de la S. P. de la Habana t. V, n 26, 27 y 28; y en las mismas, nmeros de junio y julio de 1836, la que escribi don Alejo H. Lanier. Los Anales de la Real Junta de Fomento publicaron en septiembre y octubre de 1849, otra descripcin por el doctor don Jos Labada, y una de don Andrs Poey, en abril y noviembre de 1850.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 62\ 62\ 62\ 62\ 62\ currencia que anualmente acuda a aliviarse all de sus dolencias, convirtindose brevemente aquel sitio en un pueblo nuevo. El marqus Justiz de Santa Ana fund otra aldea con el nombre de Santana en terrenos que lindaban con sus propiedades a 3 leguas de Matanzas, dando all proteccin y ayuda a la industria de algunos colonos blancos”. “El conde de Mopox, al paso que aumentaba el vecindario y las labranzas en los frtiles terrenos de su mayorazgo y poblacin de Jaruco, muy anticipadamente honrada con el ttulo de ciudad, tambin echaba los cimientos a otro pueblo, repartiendo entre escogidos cultivadores sus haciendas de Bagaes y de los Palos. En las tierras de esta ltima se fund poco despus la poblacin de Nueva Paz”. “Don Jos M. de la Torre y don Antonio Lpez, individuos ambos de la comisin del expresado conde, recibieron de ste el cargo de verificar una minuciosa investigacin geogrfica de la parte occidental de la Isla. Despus de muchos meses de estudioso viaje, formaron los comisionados un exacto informe de todos los pueblos, haciendas y propiedad de los terrenos de la costa septentrional desde La Habana hasta el cabo de San Antonio, y de ste siguiendo por la del sur hasta cerca de Bataban”.6Durante el gobierno de Santa Clara se expidi tambin el real decreto para que la Audiencia de Santo Domingo se trasladase a Puerto Prncipe, y para su cumplimiento fue nombrado el regente de ella, que vino a La Habana con este objeto; pero la guerra fue un inconveniente para su instalacin, por la imposibilidad de trasladar sus inmensos archivos a una ciudad tan distante. Esta institucin tan importante a la recta administracin de justicia, no lleg a plantificarse hasta tres aos despus, y su apertura tuvo lugar el 30 de junio de 1800. En medio de los cuidados producidos por la guerra, cuid de dulcificar la ansiedad pblica con mejoras tiles al pas. Lejos de dejarse dominar por la vana pasin de una envidia mezquina que con frecuencia arrastra a los jefes a deslucir lo que hicieron o pensaron hacer sus predecesores, el conde se mostr sensible a los impulsos generosos de una noble emulacin y sigui en muchas cosas las huellas que le haba trazado Casas. Extendi el paseo de La Habana y lo hermose con dos fuentes, hizo construir otras en la ciudad y en los arrabales de Jess Mara y del Horcn, cuyos vecinos no tenan donde proveerse de agua; con auxilio del intendente Valiente ampli el hospital de San Ambrosio y reform su reglamento interior; atendi a la Casa de Beneficencia con varias donaciones para su conservacin; y su esposa emple la caridad de su alma mejorando la situacin deplorable del hospital de mujeres de Paula 6Pezuela, pp. 371-374.

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PEDRO JOS GUITERAS /63 /63 /63 /63 /63 con sus limosnas, ejemplo que siguieron las tiernas habaneras, haciendo donativos para engrandecer y mejorar tan til establecimiento. Este ilustre general, cansado con el peso de los aos y las impresiones del clima, dese volver a Espaa y buscar en el retiro un dulce consuelo en los ltimos das de su vida; y concedida la gracia por el soberano, dej el mando de la Isla en manos de su sucesor el mariscal de campo don Salvador del Muro, marqus de Someruelos, el 13 de mayo del ao 1799, casi al expirar el memorable siglo XVIII.7 7Pezuela, pp. 374-385. Valds, pp. 229-235.

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CAPTULO IIL L L L L TIMA GUERRA CON INGLA TIMA GUERRA CON INGLA TIMA GUERRA CON INGLA TIMA GUERRA CON INGLA TIMA GUERRA CON INGLA TERRA. AT TERRA. AT TERRA. AT TERRA. AT TERRA. AT AQUES AQUES AQUES AQUES AQUES DE LAS COST DE LAS COST DE LAS COST DE LAS COST DE LAS COST AS CUBANAS. ABDIC AS CUBANAS. ABDIC AS CUBANAS. ABDIC AS CUBANAS. ABDIC AS CUBANAS. ABDIC ACI"N ACI"N ACI"N ACI"N ACI"N DE CARLOS IV DE CARLOS IV DE CARLOS IV DE CARLOS IV DE CARLOS IV FERNANDO VII PRISIONERO FERNANDO VII PRISIONERO FERNANDO VII PRISIONERO FERNANDO VII PRISIONERO FERNANDO VII PRISIONERO EN BA EN BA EN BA EN BA EN BA YONA. LEV YONA. LEV YONA. LEV YONA. LEV YONA. LEV ANT ANT ANT ANT ANT AMIENTO DE ESP AMIENTO DE ESP AMIENTO DE ESP AMIENTO DE ESP AMIENTO DE ESP AA AA AA AA AA Y SUS EFECTOS EN AMRIC Y SUS EFECTOS EN AMRIC Y SUS EFECTOS EN AMRIC Y SUS EFECTOS EN AMRIC Y SUS EFECTOS EN AMRIC A A A A AEl presente empez nublado y borrascoso para Espaa: su alianza con Francia haca insegura la paz que acababa de asentar en Amiens, y las miras ambiciosas de Napolen la precipitaron en una serie de calamidades espantosas. La victoria haba puesto sobre sus sienes la corona del imperio y deseosa de aumentar sus favores le preparaba nuevos triunfos que lo hicieron seor de los triunfos y rbitro de los destinos de Europa. Encendida la guerra con la Gran Bretaa en 1804, el dbil Carlos, arrastrado por los consejos de su favorito, sigui tras el carro del Gran Capitn del siglo; y peor preparado para luchar con la dominadora de los mares, vio invadida sus provincias de Amrica sin poder auxiliarlas con su escuadra, que atacada por Nelson en 1805 fue destruida en el por siempre memorable combate de Trafalgar, donde se consum la ruina del poder martimo de Espaa. Someruelos, temeroso de que los enemigos hicieran algn desembarco en la Isla, atendi a su defensa proveyendo de armas y municiones los puntos ms expuestos; particularmente, los puertos distantes de Trinidad y Santiago de Cuba. Pero las hostilidades fueron de poca trascendencia. Dos corsarios de Jamaica sorprendieron y saquearon a Bataban en 1806 haciendo nueve prisioneros de la corta guarnicin que guardaba el fortn de la ensenada; y el 26 de agosto atacaron dos fragatas de guerra, a la espaola Pomona casi bajo los fuegos del Morro de La Habana, y aunque estrechada al abordaje no se rindi hasta no haber desembarcado casi todo el tesoro que traa de Veracruz. El 27 de julio del siguiente ao apareci en Baracoa una escuadrilla que haba salido de Providencia, compuesta de un navo, una fragata y un jabeque, y a la maana siguiente desembarcaron 100 hombres en la playa de Miel y se encaminaron al pueblo lentamente y en buen orden. Avisa-

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PEDRO JOS GUITERAS /65 /65 /65 /65 /65 do por el gobernador de Cuba, el comandante de aquel punto se puso al frente de un destacamento de 20 hombres del Regimiento de La Habana, 60 milicianos y 80 emigrados franceses, y habiendo logrado averiar el navo con los fuegos de las dos bateras que defienden el puerto y obligarlo a retirarse con los otros buques, atac la compaa en la playa y la rindi matndole 13 hombres y hacindole mayor nmero de heridos. Por este tiempo, unos corsarios desembarcaron en Canas, Baha Honda y otros lugares indefensos de la costa norte, incendiaron porcin de fincas y caseros y se retiraron con buena presa de esclavos, frutos y animales.1Aniquilada la nacin con los desaciertos de sus gobernantes, enajenadas las voluntades del pueblo contra la ceguedad del rey y encendidas las pasiones del prncipe de Asturias, los partidarios de ste anhelaban una ocasin de acabar con Godoy y apoderarse del timn del Estado. Para alcanzar tan ardua empresa tropezaban con graves inconvenientes; el amor de Carlos hacia su valido y el favor decidido de la reina, que parecan no tener lmites ni aun en los afectos de la paternidad y el bien de sus vasallos; derrocar a Godoy equivala a destronar el hijo al padre y descorrer el velo que cubra acciones inicuas. Sucesos inesperados favorecieron la ambicin del prncipe y le dieron ocasin de satisfacer sus deseos y venganza. Napolen, conquistada en Tilsitt la paz del continente, empez a madurar sus planes de usurpacin de la Pennsula, y cubierto con la mscara hipcrita, adormeca la amistad sincera de Carlos, celebrando un tratado de divisin de Portugal bajo el pretexto de destruir la influencia de Inglaterra en aquel reino. Conseguido esto, no perdi tiempo: Junot entr en Burgos al frente de 25 000 hombres y a fines de noviembre de 1807 era ya dueo de Lisboa, y Dupont llega a Irn el 24 de diciembre con otro ejrcito poderoso para penetrar en Espaa, fingiendo servir de auxiliar al de Junot. Los franceses continuaron inundando las provincias y entrando en las plazas a hacer el servicio con las tropas nacionales, y aumentando en osada a vista de la inaccin del gobierno, el general D’Armegnac sorprendi la ciudad de Pamplona y Lechi la de Barcelona y se apoderaron de los castillos de San Sebastin y Figueras y la importante fortaleza de Monjuich. Pero si es fcil cosa engaar a un gobierno imbcil, no as alucinar la lealtad de un pueblo virtuoso. Viendo los espaoles con admiracin la red que les tenda el emperador y que Murat se acercaba a Madrid con un gran ejrcito, empezaron a alborotarse, sabiendo que el rey pensaba abandonarlos y pasar a Mjico; y como entonces circulase la voz de que este plan estaba fraguado por Godoy, se amotinaron, volaron la casa del 1Pezuela, Ens. pp. 408-411.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 66\ 66\ 66\ 66\ 66\ aborrecido privado, y Carlos deseoso de salvarse la vida abdic la Corona el 19 de marzo de 1808 y se retir a Bayona bajo el amparo del verdadero instrumento de su ruina. Aunque es seguro que Carlos no hubiera podido conjurar la tempestad, fuerza es confesar que el remedio adoptado expona a una muerte casi cierta el cuerpo del Estado, atendida la incapacidad que mostraron los consejeros ms allegados al joven rey, que envueltos en las mismas intrigas que Godoy, dieron el escndalo de que se viesen a un tiempo el padre y el hijo aprisionados en Bayona. Quiz fue ste un bien para Espaa, si hemos de juzgar de la poltica que hubiera adoptado Fernando por la que sigui despus. El nico medio de salvarla era despertar el patriotismo del pueblo y sus instintos generosos de amor a sus reyes, y un cambio radical en las instituciones vivific su aliento desmayado. Esta revolucin cambi a Inglaterra, de enemiga a aliada. Levantadas sin plan ni concierto alguno, cada una de las provincias organiz una junta que dirigiese la guerra contra el comn enemigo; y cuando Espaa ense a Europa en los campos de Bailn que las guilas francesas podan ser vencidas por el herosmo de sus hijos, reunidos en Madrid los delegados de las varias juntas provinciales establecieron la Suprema Central, que se disolvi despus haciendo lugar al Consejo de Regencia, ltimo poder nacional que rigi hasta el regreso de Fernando. Las Cortes generales y extraordinarias convocadas por el ltimo decreto que dict la Junta Central el 29 de enero de 1810, se reunieron en la isla de Len el 24 de septiembre y asistieron a ellas como diputados suplentes por Cuba los seores marqus de San Felipe y Santiago y don Joaqun Santa Cruz, mientras llegaron los electos, que lo fueron, por La Habana, don Andrs de Juregui y por Santiago de Cuba, don Juan Bernardo O’ Gavan, los cuales concurrieron con los dems de la nacin a formar la Constitucin de 1812. Las posesiones de Amrica abandonadas a los vaivenes de la fortuna, siguieron el ejemplo de la misma Espaa, y muchas de ellas creyndose con igual derecho a atender su propia seguridad, establecieron juntas que representasen al gobierno legal de sus destronados reyes y levantasen armamentos para repeler cualquiera invasin napolenica. La intervencin del elemento popular en su gobierno interior era una verdadera revolucin; regidas por autoridades cuyas facultades estaban poco determinadas y cuyos actos carecan de una responsabilidad efectiva, sin asambleas coloniales, negada la libertad de expresar sus opiniones por medio de la prensa, su comercio sujeto al inters de un corto nmero de particulares. Tantos estorbos a su felicidad haban de encender en sus naturales el deseo de grandes reformas, a que no estaban dispuestas la Regencia y Cortes de Espaa, en que no era dado ocuparse a las autoridades locales y que introducidas violentamente

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PEDRO JOS GUITERAS /67 /67 /67 /67 /67 haba algunas de ellas de ser perjudiciales de momento a las mismas colonias. De aqu la lucha entre el Gobierno Supremo y las juntas americanas, el no poderse entender en un arreglo que conciliase extremos tan opuestos, la excitacin de las pasiones polticas, las insurrecciones, la guerra civil y al fin la prdida de tan dilatados pases. Estos sucesos han tenido mucha influencia en el carcter de la civilizacin cubana.

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CAPTULO IIIPROCLAMACI"N DE FERNANDO VII. LEAL PROCLAMACI"N DE FERNANDO VII. LEAL PROCLAMACI"N DE FERNANDO VII. LEAL PROCLAMACI"N DE FERNANDO VII. LEAL PROCLAMACI"N DE FERNANDO VII. LEAL T T T T T AD AD AD AD AD CUBANA. LA CUESTI"N DE LA AB CUBANA. LA CUESTI"N DE LA AB CUBANA. LA CUESTI"N DE LA AB CUBANA. LA CUESTI"N DE LA AB CUBANA. LA CUESTI"N DE LA AB OLICI"N OLICI"N OLICI"N OLICI"N OLICI"N EN LAS COR EN LAS COR EN LAS COR EN LAS COR EN LAS COR TES. TRIUNFO DE LAS CORPORACIONES TES. TRIUNFO DE LAS CORPORACIONES TES. TRIUNFO DE LAS CORPORACIONES TES. TRIUNFO DE LAS CORPORACIONES TES. TRIUNFO DE LAS CORPORACIONES DE LA HABANA. CONSPIRACI"N DE APONTE. DE LA HABANA. CONSPIRACI"N DE APONTE. DE LA HABANA. CONSPIRACI"N DE APONTE. DE LA HABANA. CONSPIRACI"N DE APONTE. DE LA HABANA. CONSPIRACI"N DE APONTE. PROYECTO DE CONSTITUCI"N CUBANA. REFORMAS PROYECTO DE CONSTITUCI"N CUBANA. REFORMAS PROYECTO DE CONSTITUCI"N CUBANA. REFORMAS PROYECTO DE CONSTITUCI"N CUBANA. REFORMAS PROYECTO DE CONSTITUCI"N CUBANA. REFORMAS INTERIORES. EMIGRACI"N DE SANTO DOMINGO INTERIORES. EMIGRACI"N DE SANTO DOMINGO INTERIORES. EMIGRACI"N DE SANTO DOMINGO INTERIORES. EMIGRACI"N DE SANTO DOMINGO INTERIORES. EMIGRACI"N DE SANTO DOMINGO Y POBLACI"N DE LA ISLA Y POBLACI"N DE LA ISLA Y POBLACI"N DE LA ISLA Y POBLACI"N DE LA ISLA Y POBLACI"N DE LA ISLAEn tan graves circunstancias, Napolen vencedor en Europa, dominando a Espaa, excepto el rincn de Cdiz, cautivo el rey y organizadas juntas en las provincias de Amrica, era asunto de meditacin el acuerdo que se tomase por las autoridades superiores de la Isla, donde se haban sabido de oficio los sucesos de Madrid, el 17 de julio de 1808 que lleg a La Habana el nuevo intendente don Juan de Aguilar. Daba cuidados la llegada de pliegos del rey Jos, hermano de Napolen, para que lo reconociesen; sabase que agentes de ste estaban levantando armamentos en Estados Unidos, que podan caer sobre nuestras costas y excitar el patriotismo de los colonos refugiados de Santo Domingo; el Ayuntamiento haba recibido una carta y varias proclamas de doa Carlota de Portugal, reclamando sus derechos a la Regencia como hija de Carlos IV y nica representante de su familia en Amrica; la Junta establecida en Sevilla llevaba el nombre de Suprema de Espaa e Indias, cuando las de otras provincias eran tambin independientes, y consideradas las rdenes emanadas de aqulla, no se descubran pruebas que justificasen su supremaca nacional. Las opiniones anduvieron divididas sobre el partido que deba adoptarse para salvarla de los horrores de una revolucin y de la hidra que an devora las entraas de sus antiguas hermanas. Desde luego, se desech la idea de reconocer a Jos, aunque era la parte de donde poda venir ms mal, y sus despachos fueron quemados pblicamente; a la infanta doa Carlota contest el Ayuntamiento, excusndose respetuosamente del reconocimiento que se le peda e informndola de los acuerdos adoptados. Y despus de maduras discusiones sobre si seguira el

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PEDRO JOS GUITERAS /69 /69 /69 /69 /69 ejemplo de la Pennsula de organizar una junta, o se proclamara a Fernando, sin alterar las formas del gobierno establecido, se acord este ltimo extremo a instancias de Someruelos, que haba sabido captarse las voluntades con su prudencia y el acierto desplegado en la ltima guerra. El Ayuntamiento, que sabida la situacin de Espaa por un buque llegado antes que Aguilar, se haba reunido en sesin extraordinaria y jurado unnimemente conservar ilesa la Isla a su legtimo soberano, ratific este juramento y el da 20 de julio lo proclam con aplauso general y las ceremonias de costumbre. Someruelos reconoci la Junta de Sevilla y declar la guerra a Napolen. La Habana estaba tan escasa de guarnicin, que los cuerpos veteranos “ms tenan oficiales que soldados”: otro tanto suceda en el resto de la Isla. El marqus descans en la no desmentida lealtad de sus habitantes; cre en los 16 barrios en que estaba dividida la capital igual nmero de compaas con el nombre de voluntarios de Fernando VII; mantuvo sobre las armas en las otras poblaciones las milicias disciplinadas y urbanas; y puso a punto de guerra las fortalezas. Se abrieron suscripciones para acudir a las necesidades de la guerra en Espaa, y el pueblo auxili con donativos cuantiosos atendida su situacin anterior. “El entusiasmo a favor de la causa nacional se haba manifestado ms til y provechosamente que con clamores ni con frases. Desde el ms opulento hacendado o comerciante, desde el ms alto empleado militar, eclesistico o civil, hasta el ms humilde labrador o jornalero, todos sin distincin rivalizaron a medida de sus medios en prodigar socorros a una patria por cuya defensa les estorbaba la distancia el prodigar tambin las vidas. Sin hablar de sueldos perdonados, de crditos cedidos, de honrosos compromisos que contrajeron muchos hombres generosos para mantener en Espaa gente armada mientras durase la lucha, sin incluir tampoco el valor de las alhajas y cargas de tabaco y otros efectos remitidos, en slo el ao de 1808 lleg a 201 081 pesos el valor del donativo voluntario, no disminuido y ms bien aumentado en los que siguieron en pugna tan gloriosa”. Sensibles a tantas demostraciones de lealtad y obligadas a buscar recursos para los gastos de la guerra, las autoridades superiores aflojaron en las restricciones comerciales y dieron nueva vida a la agricultura. “Se haban en la Isla demolido ms de 50 ingenios de grande rendimiento, se estancaban las cosechas en la plaza, no se reciban importaciones y disminuan lastimosamente los ingresos de aduanas. A ruinossimos resultados hubiese arrastrado de seguro tan fatal conjunto de contrarias causas, si las autoridades de La Habana no hubieran asumido sobre s, desde los principios de esta crisis, la responsabilidad de alterar muchas de las rdenes del Ministerio de Hacienda hasta prin-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 70\ 70\ 70\ 70\ 70\ cipios de 1808. Someruelos y el intendente Aguilar, casi desde la llegada de ste, se haban puesto de acuerdo para disminuir con algunas franquicias provisionales los daos que estaban sufriendo el comercio y la agricultura; pero hasta 9 de mayo de 1809 no decretaron un mero arreglo de derechos que inspirase confianza a los comerciantes, suprimiendo los de introducciones de Espaa y favoreciendo considerablemente las que se hiciesen por buques extranjeros”. Los temores de invasin y connivencia con los colonos franceses inquietaban al gobierno y mantenan recelosa la confianza del pueblo: sus efectos fueron funestos para aquellos desgraciados, que, segn opinin de los historiadores, haban adoptado sinceramente por patria a nuestra Isla y vivan ocupados en restablecer honradamente su fortuna. Alborotado el populacho de La Habana en los das 21 y 22 de marzo de 1809, asaltaron varias casas saquendolas y dando muerte a dos o tres franceses que les opusieron resistencia; en los campos inmediatos hubo tambin asaltos en fincas a algunos de ellos, aunque sin dao de persona. Someruelos acudi personalmente, dio rdenes al brigadier don Juan Montalvo para apaciguar el motn, y envi al campo con tropas al marqus Crdenas de Monte Hermoso, justicia mayor de San Antonio de los Baos, con lo que se logr restablecer la tranquilidad en todas partes. La nube que amagaba desde Estados Unidos vino a deshacerse en menuda lluvia, quedando reducida a algunos corsarios rateros de las costas y a la llegada a La Habana de un emisario con rdenes y despachos del rey Jos y su ministro Azanza, que fue ejecutado el 30 de julio de 1810.1De otra parte deba venirnos el mal, que no de Francia, ni de los franceses. Mientras Cuba aclamaba a Fernando, mientras se sujetaba a la Junta de Sevilla, que no tena ms derecho a gobernarla que el que le diera su propia voluntad, y mientras haca sacrificios sin cuento por mantener la integridad de la monarqua, las Cortes extraordinarias, despus de haber fallado contra la igualdad de representacin y destruido el principio de la unin nacional, revolvan contra ella la tea que haba introducido la discordia en el continente de Amrica y amenazaban de reducir a cenizas sus tranquilos y frtiles campos.2 No es posible describir el desaliento que se apoder de las autoridades y corporaciones, la consternacin en que fluctu la lealtad cubana puesta a una prueba tan peligrosa como el acuerdo tenido en la sesin del 2 de abril de 1811, a consecuencia de las proposiciones de los Sres. Alcocer y Argelles sobre el trfico de esclavos u otros puntos relativos a la servidumbre. 1Valds, pp. 251-260. Pezuela, pp. 413-436.2Vase Ilustracin XIII

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PEDRO JOS GUITERAS /71 /71 /71 /71 /71 Todos volvieron los ojos a don Francisco de Arango, el antiguo defensor y columna de su bienestar; y la inteligencia superior de ese ilustre patricio, esforzada ante el mayor de los riesgos que amagaban a Cuba, produjo el ms bello de sus frutos ahogando por un momento los sentimientos que haba despertado en su alma el trato y amistad con Wilberforce para alzar su voz contra los ciegos defensores de principios mal entendidos y peor meditados. Obra suya fue la representacin que la ciudad de La Habana, por medio de su Ayuntamiento, Consulado y Sociedad Econmica, elev a las Cortes el 20 de julio y que leda en Cabildo el 16 de agosto fue aprobada “penetrado el Ayuntamiento de las sabias y profundas miras de legislacin contenidas en dicho papel con objeto a mejorar esta parte de nuestra poltica y agradecido como debe estarlo a la maestra, fuerza de razones y gran decoro con que ha defendido en l nuestra causa y nuestro derecho”. De este importante documento son los prrafos siguientes: “Repugna, decimos, que siendo uno mismo el sistema que destinaba los negros a nuestro servicio y labores, que el que nos impeda traer blancos y nos quitaba los medios que para su aumento da la libertad poltica en todas sus direcciones, se tratase de prohibir lo uno y no de proveer sobre lo otro. Ya hemos dicho y repetimos (sin que tengamos por ello la pretensin de acertar), que antes, Seor, es pensar en la esclavitud poltica de estas regiones que en la esclavitud civil. Antes en los espaoles que en los africanos y antes fijar los derechos y los goces que aqu deben tener el ciudadano, que determinar el tamao y nmero de las puertas que para estos goces deben abrirse o cerrar a las gentes de color. Antes crear los medios de dar vigor a nuestra inerte polica, a nuestra muerta y corrompida administracin pblica en todos ramos, que ir a aumentar sus riesgos y sus cuidados. Antes deslindar la esencia y atribuciones del gobierno nacional y provincial, que empezar la curacin de males que no sean urgentes y capitales. Antes reformar los viciados rganos y defectuosos antojos del antiguo gobierno, que descubrir las llagas y vicios de las partes remotas de nuestro cuerpo social. Antes restituir el derecho imprescriptible, y para nadie ms til que para el Estado espaol, de dar a la industria de estos nuevos y productivos pases la direccin y salida que ms provechosa sea, que quitar o limitar sus antiguos incentivos. Antes, por fin, permitidnos que para nuestras labores y nuestra amenazada seguridad busquemos, dondequiera que se hallen, cuantos blancos sean posibles, que mover el avispero de la suerte de los negros”. “Todas las naciones sabias nos estn haciendo ver que deben principalmente su casi increble engrandecimiento al empeo con que atraen a su masa nacional e identifican en ella las personas, capitales y saber de otros pases, y nosotros, aun cuando vemos el nuestro en tan mortal

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 72\ 72\ 72\ 72\ 72\ flaqueza, alejamos todava estas adquisiciones con las armas de la ley y de la religin. Vemos crecer, no a palmos, sino a toesas, en el septentrin de este mundo, un coloso que se ha hecho de todas castas y lenguas, que amenaza ya tragarse, si no nuestra Amrica entera, al menos la parte del norte; y en vez de tratar de darle fuerzas morales y fsicas y la voluntad que es precisa para resistir tal combate, en vez de adoptar el nico medio que tenemos de escapar, que es el crecer a la par de ese gigante tomando de su mismo alimento, seguimos en la idolatra de los errados principios que causan nuestra languidez y creemos conjurar la terrible tempestad, quitando los ojos de ella, queriendo que todos los quiten y llegando en esta parte hasta el extremo de or, si no con indignacin, al menos con desabrimiento, a los buenos espaoles que interesados cordialmente en la gloria de su origen y en el bien de la nacin, han solido alguna vez hablar con tmidas frases de nuestra ceguedad imperdonable, de nuestro riesgo inmediato y de su remedio nico”. “Toda nuestra Amrica est y ha estado, principalmente desde el principio de nuestra gloriosa revolucin, en necesidad urgente de esos remedios grandes. Perece con paliativos, mas ninguna de seguro tan dolorosamente como esta preciosa Isla, que vale por s un imperio, que es adems el puerto o arsenal de Nueva Espaa y la llave de buena parte de la Amrica del Sur; pero que por la precaria naturaleza de su industria, poblacin y gobierno interior se halla a la discrecin del que domine los mares y expuesta por otro lado a los terribles riesgos de la vecindad del negro rey Enrique Cristbal y de Estados Unidos, sin que en medio de tantos escollos tenga al cabo de tres aos preparada cosa alguna, ni la pueda preparar, atada con las ligaduras del antiguo rgimen, que por las nuevas circunstancias tampoco puede moverse con la energa conveniente”. “Seor, por el mismo principio que el gobierno de uno solo no poda representarse por muchos, tampoco el gobierno de muchos puede representarse por uno. A nuevo corazn corresponde nueva sangre, nueva circulacin, nuevos rganos. La imagen del Gobierno britnico se ve copiada, y se ha visto siempre sin inconveniente alguno, en sus ms pequeas y remotas posesiones. Y lejos de que los romanos lo experimentasen en esto, sus colonias distantes fueron el apoyo del imperio, y siendo romanos, en ellas hallaban stos todo lo que tenan en Roma: Senado, cnsules pretores, asambleas et jus romanum in integrum”. Las Cortes iluminadas con la exposicin de los principios de legislacin y el caudal de instruccin y noticias locales que hall en este escrito, respet la voz de la justicia ofendida; y cuando Cuba premi el talento y virtudes de este hijo ilustre, envindolo para representarla en las de 1813, agitada de nuevo esta cuestin en la sesin del 23 de noviem-

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PEDRO JOS GUITERAS /73 /73 /73 /73 /73 bre, el Sr. Arango conmovi con su elocuencia los salones del Congreso y asegur el triunfo de su patria. No obstante las prudentes medidas que adopt Someruelos para tener secretas estas noticias, la publicidad usada por las Cortes hizo que circulasen con los peridicos de Cdiz y que apoderado de ellas el pueblo cundiesen alteradas y abultadas por la Isla, asegurndose que se haba resuelto la abolicin en el trmino de diez aos; lo cual produjo conmociones en algunos puntos, que causaron perjuicios a los intereses particulares y la muerte de algunos desgraciados.3“El negro libre Jos Antonio Aponte, amante de novedades y lecturas, extenda sus secretas esperanzas, mucho ms que a la emancipacin de su casta, a transformarla en seora de la blanca en toda la Isla. Adquiriose cmplices decididos y calientes en algunos puntos de ella y en fincas muy dotadas; mas ni el conspirador poda fijar un plan bien combinado, ni los que le ayudaban comprenderle. Sin embargo, por los meses de febrero y marzo de 1812, hubo sediciones y asesinatos de mayorales y dependientes blancos en algunas cortas negradas de los trminos de Puerto Prncipe, Holgun y Bayamo. Se repitieron los incendios en las fbricas de algunos hatos y potreros, atribuyndose despus estos movimientos a combinaciones hechas con Aponte. Imitaron casi instantneamente aquel ejemplo algunos negros de los ingenios de Trinidad y Peas-altas, a pocas leguas de La Habana, pero contuvieron su furia y sus excesos muchos de sus compaeros, y sobre todo la fidelidad de la dotacin del ingenio Santa Ana. De los directores de la trama, casi todos fueron presos y denunciados por los mismos negros. Slo resultaron serlo, el citado Aponte y otros esclavos o libertos, que despus de un breve y recto enjuiciamiento expiaron en la horca su atolondramiento y sus delitos”. El espritu de reforma en todo el sistema colonial que descuella en la representacin de las corporaciones de La Habana, supone un estudio anterior de las necesidades del pas y los progresos de la ciencia poltica en las naciones extranjeras. Mientras Espaa segua aferrada a los antiguos errores, los prceres de Cuba continuaron tratando esta importante cuestin, y por resultado de sus discusiones la Junta Econmica del Consulado dirigi al Consejo de Regencia el 25 de noviembre del mismo ao de 1811 un plan de constitucin basado en los principios que la vigente entonces en la isla inglesa de Jamaica. Este paso avanzado no produjo el efecto que deseaban sus autores, sin duda por la situacin angustiosa y los cambios del gobierno que tuvieron lugar en la Pennsula. 3Documentos etc ., sobre el trfico y esclavitud de los negros, Madrid, 1814.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 74\ 74\ 74\ 74\ 74\ Los sucesos ocurridos en el largo y tormentoso de Someruelos, no impidieron que atendiese a los adelantos de la Isla. Acept a favor de la agricultura y comercio la norma que haban seguido sus antecesores, y llev a efecto la nueva organizacin de la Aduana que dividi en terrestre y martima, dejando a cargo de sta la recaudacin procedente del comercio exterior y expediciones martimas, y sealando a la primera la de las alcabalas de tierra, anatas, derechos de Real Hacienda e impuestos generales interiores. Repar los efectos del terrible incendio de Jess Mara, ocurrido el 25 de abril de 1802, que devor ms de 200 casas donde se albergaban 10 000 personas de la clase proletaria; haciendo levantar barracones y exhortando de puerta en puerta a los vecinos, cuya caridad correspondi a sus esfuerzos. Acogi y patrocin a las familias emigradas de Santo Domingo y distribuy entre ellas de real orden cartas de naturaleza y varios terrenos realengos de las costas que rodean la baha de Nipe y otros situados en Holgun, Sagua y Mayar. Los que trajeron consigo alguna fortuna, se establecieron en la Sierra Maestra, la de Limones y la hacienda Santa Catalina, en la hacienda llamada de Dos Bocas y en las inmediaciones de La Habana. El nmero de estos emigrados, de 1801 a 1805, excedi de 30 000 almas, la mayor parte haitianos, agricultores industriosos e inteligentes, que dieron un impulso hasta entonces desconocido al cultivo de la caa, el algodn y el caf, particularmente al de este ltimo, cuya exportacin no haba llegado nunca a 8 000 arrobas y en 1806, subi a 80 000, habiendo sido en los seis aos siguientes de 300 000. El Ayuntamiento concluy la bella fbrica del Teatro Principal, segn exista cuando fue destruido por el huracn del 10 de octubre de 1846, y dio mayor ensanche y hermosura a la alameda de Paula. La Sociedad Econmica se esforz en extender los beneficios de la instruccin pblica, estableciendo en los tres primeros aos de este siglo ms de 40 escuelas es la Dicesis de La Habana y creando en esta capital dos colegios de Humanidades. El 10 de febrero de 1804 se introdujo en ella el virus vacuno en un nio y dos criadas de doa Mara Bustamante, que vino de la Aguadilla, en la isla de Puerto Rico, y se le adjudic un premio de 300 pesos acordado por la Junta del Consulado. El Dr. Romay inocul a varias personas y con un celo laudable lo propag por los dems pueblos.4El obispo don Juan Daz de Espada, cuya memoria ser siempre venerada por los cubanos, atendi al esplendor de la Iglesia, creando nuevos curatos, reparando los antiguos templos y edificando otros en varios lugares de su Dicesis; su bigrafo enaltece las obras de la Catedral y cementerio de La Habana y nos dice que fue un promotor cons4Pezuela, pp. 386-399, 405, 440 y 441. Valds, p. 346. Mi Coleccin m.s.

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PEDRO JOS GUITERAS /75 /75 /75 /75 /75 tante de cuanto pudo contribuir al brillo de las ciencias y las artes; pero la depravacin de los tiempos hizo poco provechosos sus esfuerzos a favor de la doctrina y reforma del clero, que hall y as lo dej, ignorante, prdigo y corrompido. El Sr. Espada naci en Arroyave, provincia de lava, el 23 de abril de 1757, estudi en Salamanca, fue electo obispo de La Habana el primer da del ao 1800, y muri en esta ciudad el 12 de agosto de 1832.5 La iglesia de Santiago de Cuba fue erigida en arzobispal por Cdula de 10 de junio de 1804, autorizada con bula de Po VII, declarndole sufragneas las Dicesis de La Habana y Puerto Rico.6Introdujo Someruelos de orden superior la libertad de imprenta; aunque cuid de moderar los abusos que pudieran originarse de una institucin tan nueva, creando una junta de censura compuesta de sujetos de instruccin y liberalismo, entre los cuales figuraba el respetable Pbro. don Jos Agustn Caballero. Con las emigraciones mencionadas y las del continente hispanoamericano y con la introduccin de esclavos del frica, haba aumentado considerablemente la poblacin de la Isla. Segn los estados y clculos del Ayuntamiento y Consulado, el ao 1810 contaba aproximadamente 600 000 almas, distribuidas por clases de la manera siguiente: 274 000 blancos, 114 000 libres de color y 212 000 esclavos; que comparada con el censo de 1791, da un resultado en favor de la poblacin general de 327 860 habitantes en la proporcin de 45 19 y 35 %. El Gobierno Supremo supo estimar la conducta poltica del marqus de Someruelos, ascendindolo la Junta Central al empleo de teniente general y concedindole la Regencia a instancias del Ayuntamiento de La Habana, la prorrogacin de su gobierno, que termin el 14 de abril de 1812. Estando en Madrid fue acometido la noche del 14 de diciembre del siguiente ao de un violento accidente que lo priv de la vida, y sus restos mortales descansan en la parroquia de San Luis de aquella Corte.7 5“ Biografa del obispo Espada”, en las Flores del Siglo, de La Habana, t. II, pp. 7-23.6Pezuela, p. 4037Pezuela, pp. 425, 439, 443 y Nota 26. Valds, p. 261. Documento etc., sobre el trfico de negros citado.

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CAPTULO IVEL ARSENAL DE LA HABANA. EL ARSENAL DE LA HABANA. EL ARSENAL DE LA HABANA. EL ARSENAL DE LA HABANA. EL ARSENAL DE LA HABANA. LOS NOR LOS NOR LOS NOR LOS NOR LOS NOR TEAMERIC TEAMERIC TEAMERIC TEAMERIC TEAMERIC ANOS EN FLORID ANOS EN FLORID ANOS EN FLORID ANOS EN FLORID ANOS EN FLORID A. A. A. A. A. CONSTITUCI"N DE 1812. REGRESO DE FERNANDO CONSTITUCI"N DE 1812. REGRESO DE FERNANDO CONSTITUCI"N DE 1812. REGRESO DE FERNANDO CONSTITUCI"N DE 1812. REGRESO DE FERNANDO CONSTITUCI"N DE 1812. REGRESO DE FERNANDO A ESP A ESP A ESP A ESP A ESP AA AA AA AA AADon Juan Ruiz de Apodaca le sucedi, reasumiendo el mando del apostadero como teniente general y armada. Se dedic con empeo a levantar una fuerza naval que defendiese las costas contra los corsarios; y en menos de dos aos puso en estado de servicio, cuatro navos, cinco fragatas y corbetas y 14 buques menores y con ayuda del Consulado, arm adems 20 mercantes de los destinados a correos, y varias lanchas caoneras que se destinaron a los puertos de La Habana, Baracoa, Trinidad y Santiago de Cuba. Auxili tambin la parte espaola de Santo Domingo, defendida solamente por sus naturales, con algunos centenares de voluntarios, municiones de guerra y dinero. Los norteamericanos se haban apoderado de Baton-Rouge con ardides reprobados por el derecho de gentes, y visto el xito de la empresa, formaron una expedicin de 3 000 hombres a las rdenes del general Willkingson, protegida por la escuadrilla del comodoro Shaw, y atacaron el 7 de abril de 1813 la plaza de Mobila, que guarnecida por slo 150 hombres, faltos de provisiones, tuvo que capitular a los cinco das y se retiraron stos a Panzacola, quedando los invasores en posesin de casi toda la Florida occidental. El general Jackson, ms tarde presidente de la repblica, que estaba entendiendo en defender la Luisiana de la invasin con que la amenazaba el almirante Cochrane, envi 4 000 hombres a tomar a Panzacola, y por convenio con el gobernador, dej all una guarnicin igual a la espaola, poniendo esta plaza a cubierto de los ingleses. El embajador don Luis de Onis elev una protesta contra la ocupacin de Willkingson, a que contest el presidente, “que Mobila y los otros territorios ocupados quedaran en poder de la Unin sujetos a lo que se resolviese en las amistosas negociaciones que se preparaban con Espaa”; y Jackson, uniendo el escarnio a la audacia, escriba al

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PEDRO JOS GUITERAS /77 /77 /77 /77 /77 gobernador de Panzacola, sin fuerzas para oponrsele: “Ninguna mira hostil abrigamos nosotros contra Espaa, deseamos slo que los ingleses nuestros enemigos no cuenten aqu con un refugio desde el cual puedan daarnos. He querido slo ayudaros a hacer respetar la neutralidad de la plaza, nterin recibis las tropas necesarias para poderla observar mejor”. Apodaca, atada su indignacin contra estos atentados por rdenes expresas de guardar una completa neutralidad, se content con asegurar a San Agustn y las dems fortificaciones, enviando los refuerzos de gente que pudo, y dinero, alguna artillera, vveres y pertrechos militares; y cuando cavilaba en planes de reconquistar ambas Floridas, la derrota del ejrcito ingls y consiguiente tratado de paz, destruyeron sus halageas esperanzas. Los no llamados auxiliares arrojaron la mscara en 1818 apoderndose de Panzacola a viva fuerza, y Espaa convino en ceder estas provincias por el Tratado de Washington del 22 de febrero de 1819. Con esta adquisicin, la Repblica americana extendi su imperio hasta las bocas del Mississippi. No obstante haberse suspendido la remesa de los situados con la revolucin de Mjico, las cajas de La Habana cubrieron con sus rentas todo este cmulo de atenciones interiores y exteriores, aumentados los ingresos a 1 milln de pesos cada ao, en los dos ltimos de la administracin de Aguilar, que termin en abril de 1815 y en mayor cantidad durante la interinatura de don Juan Fernndez Roldn. Pero lo ms notable en el gobierno de Apodaca fue el reinado de la clebre Constitucin poltica de 1812. El 13 de julio lleg a La Habana la noticia oficial de su promulgacin en la Pennsula, y el capitn general y dems autoridades la juraron el da 21 al frente de los cuerpos de la guarnicin, y el pueblo la salud con jbilo, creyendo asegurados ya su libertad y bienestar futuros. Queremos hacer justicia a los Sres. diputados que tuvieron parte en la formacin de este cdigo, concedindoles los ms sanos deseos de labrar la felicidad de sus compatriotas con leyes que pudieran alcanzar el sello de estabilidad y librarlos de caer de nuevo en los horrores de la tirana. Muchos de ellos desplegaron en las discusiones talentos que no tienen nada que envidiar a los pueblos amaestrados en debates parlamentarios y un conocimiento profundo de la situacin y necesidades de Espaa. Pero la mayora, compuesta de jvenes entusiastas e inexpertos en la ciencia prctica de gobierno, estaba dominada por principios abstractos, demasiado halagada con las teoras de los filsofos franceses de fines del siglo pasado y los demagogos que figuraron en la tribuna de la ltima revolucin, y abrieron mal de su agrado la senda que condujo al trono la misma espada ensangrentada que tantas desgracias haba causado a Europa y era causa de los males de la patria.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 78\ 78\ 78\ 78\ 78\ De aqu los inocentes, aunque no por esto menos graves errores consignados en la Constitucin, en nuestro sentir demasiado democrtica para los tiempos en que se form, contraria al carcter e ideas reinantes y con principios anrquicos, no avezada la nacin a la estructura de gobierno en ella establecida. El despojar al clero y la nobleza, las dos clases ms respetadas y poderosas, de los derechos que su rango les daba de representar sus prerrogativas desde que hubo Cortes en Castilla, era impoltico e intempestivo y haba de tener consecuencias funestas en lo venidero, ya que no de presente; hacindolas enemigas de ese mismo cdigo y unindolas ms estrechamente a los intereses del rey, a quien se despojaba de las preeminencias de la soberana, declaradas las Cortes soberanas tambin por emanar su representacin del pueblo y, por lo tanto, superiores a todos los poderes del Estado. Mientras la nacin estuvo ocupada en la guerra de su independencia, las ruedas inconexas de esta mquina complicada siguieron su movimiento irregular sin que se hiciera alto en ello: establecironse los ayuntamientos y juntas provinciales, verificndose las elecciones de diputados y la libertad de imprenta al mismo tiempo que haca un uso laudable de su poder tratando las cuestiones de inters pblico, desplegaba toda su energa contra los hombres ms ilustres e invada el hogar domstico para deshonrar a los buenos ciudadanos. En Cuba, as como en el resto de la monarqua, toc el pueblo los beneficios de la libertad mezclados con las amarguras de la licencia. Quiz por estar lejos del teatro donde ms exaltadas trabajaban las pasiones, disfrutaron los cubanos de una tranquilidad y armona que les hizo amar los bienes dispensados por los legisladores de Cdiz. La eleccin que hicieron de compatriotas tan eminentes como don Francisco Arango, de don Pedro de Santa Cruz y don Jos Varona, para que los representasen en las Cortes, el respeto que guardaron a las autoridades superiores, la animacin que se not en sus mejores talentos a favor de la ilustracin e introduccin de mejoras tiles, la paz no turbada jams por opiniones polticas en el uso de sus derechos, prueba el seso, madurez y prudencia que predominaban en sus deliberaciones. Las reformas de que recibieron ms beneficios prcticos, fueron la divisin del poder civil del militar, que despojaba a los gobernadores y alcaldes de jurisdiccin en la administracin de justicia en el fuero comn, crendose para este efecto los jueces de letras, llamados as por requerir su nombramiento la cualidad de ser letrados, y el establecimiento de dos intendencias, en Santiago de Cuba y Puerto Prncipe, con lo cual se dividi la Isla econmicamente en tres, bajo la autoridad de un superintendente que resida en La Habana. Mas, en el momento en que vuelto Fernando y restablecida la paz, empez Espaa a reponerse de los cuidados de la guerra y a pensar en

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PEDRO JOS GUITERAS /79 /79 /79 /79 /79 el gobierno, se tocaron los inconvenientes del cdigo de Cdiz; el rey y la Constitucin no podan marchar juntos, privado el primero de la independencia y autoridad que debe tener el ejecutivo en el uso de sus atribuciones, por falta de una propia divisin y equilibrio de poderes, sin facultades en las clases altas que balanceasen los que se haban atribuido las Cortes, estando el pueblo acostumbrado muy de atrs a verlo todo en el prestigio y poder del trono. Fernando entr en Espaa el 22 de marzo de 1814 y fulmin el decreto del 4 de mayo; las Cortes, sin apoyo, se vieron desbandarse, abandonadas y sus miembros acogerse a los pases vecinos, y volvi a entronizarse el despotismo en una nacin que tantos sacrificios haba hecho por su libertad e independencia. A mediados de julio recibi Apodaca las reales rdenes aboliendo el rgimen constitucional y mandando restablecer las cosas al mismo ser y estado que antes tenan, rdenes que fueron cumplidas con sentimiento del pueblo cubano; pero sin ninguna demostracin que desmintiese su lealtad y prudencia. Cumplido el tiempo de su gobierno, entreg Apodaca el mando de la Isla en el teniente general don Jos Cienfuegos el 2 de julio de 1816.1 1Pezuela, pp. 445-470. Valds, pp. 292-303. Blanco El Espaol peridico de Londres.

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CAPTULO VAB AB AB AB AB OLICI"N DE LA TRA OLICI"N DE LA TRA OLICI"N DE LA TRA OLICI"N DE LA TRA OLICI"N DE LA TRA T T T T T A DE FRIC A DE FRIC A DE FRIC A DE FRIC A DE FRIC A. COMERCIO A. COMERCIO A. COMERCIO A. COMERCIO A. COMERCIO Y COLONIZACI"N BLANC Y COLONIZACI"N BLANC Y COLONIZACI"N BLANC Y COLONIZACI"N BLANC Y COLONIZACI"N BLANC A. CENSO DE 1817 A. CENSO DE 1817 A. CENSO DE 1817 A. CENSO DE 1817 A. CENSO DE 1817El gobierno del general Cienfuegos est identificado con el gran acontecimiento de la abolicin del comercio de negros. Si bien era justo respetar la institucin de la esclavitud, para no perjudicar los inmensos intereses que bajo la proteccin de leyes tan antiguas como la conquista estaban enlazados con ella y animaban la existencia misma de las provincias donde se haba arraigado, la razn ilustrada por los sucesos recientes de las naciones vecinas en sus progresos abolicionistas y la seguridad y conveniencia futura de aquellas colonias, exiga la seria meditacin del gobierno a favor de una completa reforma. No obstante, cuando el srdido inters recomiende el clima y la dureza de los trabajos agrcolas de Cuba, es evidente a toda inteligencia imparcial que la colonizacin africana ofrece grandes inconvenientes al desarrollo de las fuentes de riqueza en la Isla. Ella es un obstculo insuperable al adelanto de la poblacin blanca, al fomento de pueblos en el interior; con ella no pueden arraigarse la industria y las artes que influyen en el orden y economa de las fincas, se embaraza y destruye todo plan de comercio terrestre que contribuya al bienestar de los labradores y a crear ramos de industria y cultivo favorables al adelanto de la civilizacin. El negro esclavo, considerado como esencial para dar vida al primero y ms importante elemento de riqueza de los pueblos, ser siempre, por su ignorancia, por su indiferencia en favor de una ocupacin de que no ve resultados que le sean ventajosos, por su condicin que lo separa de la raza blanca, un enemigo constante de la riqueza pblica, y por negro y por esclavo, desgraciadamente, una rmora invencible contra el desarrollo de la ilustracin y buenas costumbres del pas. Movido sin duda por estas consideraciones y otras ms graves an, agitadas y discutidas ya en los congresos europeos, fue que Fernando acogi favorablemente las proposiciones que desde 1814 le haba hecho Inglaterra para la supresin de un comercio que no servira ms que

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PEDRO JOS GUITERAS /81 /81 /81 /81 /81 para aumentar los males futuros de sus vasallos de Amrica, y celebr en Madrid el tratado del 23 de septiembre de 1817 para su completa abolicin. Por l se acord que sta empezara a tener debido cumplimiento el 30 de mayo de 1820, trmino fijado para no perjudicar a los armadores que hubiesen enviado o tuviesen preparadas expediciones al frica y que se estableciesen dos tribunales, uno en las posesiones espaolas y otro en las inglesas, para entender en los casos de infraccin del tratado, los cuales se conocen con el nombre de comisiones mixtas por componerse sus miembros de individuos de ambas naciones. Las importaciones de esclavos de frica por el comercio lcito e ilcito de 1790 a principios de 1821 fueron de 300 721. De modo que el nmero de los venidos a Cuba, desde su conquista hasta poco despus de la cesacin legal de la trata, asciende a 400 721. Es un placer para el historiador poder referir que los hacendados cubanos recibieron sin alarma las nuevas de este tratado y la Real Cdula de 19 de diciembre del mismo ao, fresca an en la memoria los sucesos de 1811; y fuera completo si pudiera dispensar igual elogio a los monopolistas residentes en La Habana, Cdiz y Barcelona que vindose “privados de ganancias que, a ms de ser muy fciles, parecan a veces fabulosas”, no hubieran ido contra una reforma que haba de producir inmensos bienes y consagrado su malfica energa y capitales a fomentar la trata con desprecio de las leyes, de los intereses nacionales y de la humanidad. No habiendo tenido el debido cumplimiento, SS.MM. C. y B. celebraron en 28 de junio de 1835 un nuevo tratado, para hacer efectiva la abolicin del “inhumano trfico de esclavos”, prohibindolo en “todas las partes del mundo”, autorizando “el derecho recproco de registro y detencin” de los buques mercantes de ambos pases bajo ciertas condiciones, creando dos tribunales mixtos de justicia para conocer especialmente de los casos de infraccin, y obligndose S.M.C. “a promulgar en todos sus dominios una ley penal que imponga un castigo severo a todos sus sbditos que bajo cualquier pretexto tomen parte, sea lo que fuere, en el trfico de esclavos”. A pesar de este tratado y de la opinin pblica expresada francamente en varias ocasiones, sentimos consignar en esta historia la triste verdad de haber continuado con muy cortas interrupciones y continuar an (1862) la introduccin clandestina de esclavos de frica en Cuba.1Hallbase en Madrid desempeando su plaza de consejero propietario de Indias con que en 1814 haba recompensado el rey sus servicios, el Sr. don Francisco de Arango, ocupado en comisiones importan1Pezuela, pp. 466 y 467. SACO, t. II, p. 71. Memoria del Secretario de Estado leda en la sesin de las Cortes del 25 de octubre de 1836.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 82\ 82\ 82\ 82\ 82\ tes para reformar la legislacin colonial, cuando se celebr el primer tratado con Inglaterra, y cuidadoso de los efectos inmediatos que poda tener en la Isla, acudi a Fernando manifestndole que la desproporcin en los sexos era extraordinaria a causa de que casi exclusivamente se introducan varones, que no se haban adoptado medidas anticipadas para reponer la falta de negros con una ley que estimulase la colonizacin blanca; esforzando los grandes recursos que podran sacarse de las rentas reales asegurando la libertad de comercio por tanto tiempo fluctuante, y la conducta leal de los cubanos en todos tiempos, los hombres con que haba contribuido para la conservacin de las Antillas y Floridas, el nmero prodigioso de buques construidos en su Arsenal y cun importante era la Isla para los planes que se preparaban los Estados del continente revolucionados. El rey, que miraba con aprecio a Arango y tuvo siempre para Cuba una predileccin que excitar en todos tiempos la gratitud de sus hijos, atendi con paternal solicitud las observaciones de su consejero y dispuso que los armadores de expediciones retornasen por lo menos con una tercera parte de hembras, “para que propagndose la especie se hiciera menos sensible en lo futuro la supresin del trfico”, y que se autorizase al capitn general y superintendente de Hacienda para que pusiesen los medios ms eficaces a efecto de aumentar la poblacin blanca; en cuanto al comercio libre, como no fuese posible tomar entonces una resolucin definitiva, mostr su buena disposicin ofreciendo a Arango que no se hara alteracin alguna en el sistema adoptado, “y este paso inmenso (dice con patritica elocuencia el Sr. Carrillo) que nos acercaba al trmino de nuestros deseos, este primer rayo de fundada esperanza que lucira para nuestra Isla, despus de tres siglos de descubierta y otros tantos de gemir vctima de un brbaro monopolio, fue obra exclusiva de aquella rara sagacidad de nuestro compatriota, siempre en atalaya para acechar el momento de promover y asegurar la prosperidad de su patria”.2 No haban pasado muchos meses de hecha esta promesa, cuando se expidi la Real Orden de 10 de febrero de 1818 abriendo los puertos de Cuba sin restriccin alguna al comercio con las naciones extranjeras. Don Alejandro Ramrez, encargado de la Superintendencia de Hacienda desde la llegada de Cienfuegos, funcionario activo, ntegro e inteligente en el arreglo y manejo de la Hacienda pblica, haba ayudado en sus comunicaciones los esfuerzos de Arango en las reformas obtenidas, y lleno del deber que tiene todo empleado de propender al bien de la provincia que le ha confiado el gobierno, se ocup con incesante empeo en cumplir las rdenes soberanas sobre comercio y colonizacin 2Elogio histrico de don F. de A. y P ., por don Anastasio Carrillo y Arango, Madrid, 1862.

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PEDRO JOS GUITERAS /83 /83 /83 /83 /83 blanca. Ofrecase a los colonos sin distincin el pasaje gratis y una pensin alimenticia durante los seis primeros meses de permanencia en la Isla, adems de una caballera de tierra en propiedad a los que hubiesen cumplido 18 aos; y respecto de los que fuesen extranjeros, se les concedan los derechos y privilegios de naturalizacin, as como a los hijos que hubiesen llevado consigo, despus de cinco aos de residencia, aunque con la demasiada dura condicin de que haban de obligarse a permanecer perpetuamente en Cuba. Bajo estas bases, acogi Ramrez, de acuerdo con Cienfuegos, un proyecto del coronel don Luis de Cluet para establecer una colonia de 40 familias de labradores a orillas de la hermosa baha de Jagua, y a principios de 1819 se fund el pueblo que perpetuar el nombre de Cienfuegos y est destinado por su posicin geogrfica y la extensin y feracidad de los terrenos que lo circundan, a ser un da la populosa capital de la provincia central de Cuba. Los esfuerzos de Ramrez contribuyeron tambin al fomento de las colonias de Nuevitas, Mariel y Guantnamo, que sern gloriosos testigos del bien que reportan los pueblos, cuando se hallan gobernados por autoridades celosas de sus intereses y cuidadosas de su felicidad futura. Como un testimonio de la gratitud cubana, el Sr. Ramrez fue electo director de la Sociedad Econmica, y fund la seccin que dio impulso a la educacin primaria y la Academia de Dibujo que lleva su nombre, estableciendo adems en el Colegio de San Carlos, las ctedras de economa poltica y anatoma prctica, y hubiera hecho mayores beneficios a la Isla de no haberlo sorprendido la muerte en La Habana el 20 de mayo de 1821, a los 44 aos de su edad.3El general Cienfuegos tom un inters laudable y contribuy con su autoridad al xito de todos estos acontecimientos, sin descuidar sus deberes principales de conservar el orden, mejorar las costumbres y atender a la seguridad de la Isla como su primer magistrado: a cuyo efecto dict varias rdenes contra el juego y la vagancia, y atac a los malhechores que en gran nmero turbaban la seguridad individual y pblica, saliendo muchas veces a rondar por las calles de la capital para con su ejemplo avivar el celo de los vecinos; hizo construir reductos de artillera y reparar varios torreones en los pueblos de Jaruco, Baha Honda y otros, creando para su guarnicin las que llam Compaas de Mrito, compuestas principalmente de los pequeos cuerpos de tropas que se acogan a La Habana desde los Estados hispanoamericanos; y despert eficazmente el entusiasmo de las poblaciones martimas contra los corsarios, entre las cuales se distinguieron Matanzas, Baracoa, 3“Biografa de don A. Ramrez”, por Gell y Rente, en Flores del Siglo, t. II, pp 79-106. Saco, t. III, pp. 274 y 390.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 84\ 84\ 84\ 84\ 84\ Cuba y Trinidad, que armaron a su costa varios buques y lanchas caoneras y purgaron en parte las costas de estos enemigos de su comercio. En su tiempo se hizo el tercer censo de poblacin, que dio por resultado para el ao de 1817, 553 033 habitantes, divididos en 239 830 blancos, 114 058 libres de color y 199 145 esclavos. Si se compara ste con los clculos hechos en 1810, se notar que difiere poco del total y sus proporciones respectivas; aunque no es de desatender que aqullos se hicieron siete aos antes y elevan la poblacin general a sobre 600 000 almas. Su salud quebrantada, lo oblig a suplicar ms de una vez al soberano se dignase a relevarlo del mando, y habiendo sido aceptada su dimisin, fue nombrado para sucederle el teniente general don Juan Manuel Cagigal, que lleg a La Habana el 29 de agosto de 1819.4 4Sagra, p. 5. Saco, t. II, p. 71. Pezuela, pp. 472 y 473.

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Libro UndcimoCAPTULO IREST REST REST REST REST ABLECIMIENTO Y AB ABLECIMIENTO Y AB ABLECIMIENTO Y AB ABLECIMIENTO Y AB ABLECIMIENTO Y AB OLICI"N OLICI"N OLICI"N OLICI"N OLICI"N DE LA CONSTITUCI"N. CONDUCT DE LA CONSTITUCI"N. CONDUCT DE LA CONSTITUCI"N. CONDUCT DE LA CONSTITUCI"N. CONDUCT DE LA CONSTITUCI"N. CONDUCT A IMPOLTIC A IMPOLTIC A IMPOLTIC A IMPOLTIC A IMPOLTIC A A A A A DE CAGIGAL. ELECCIONES DE DIP DE CAGIGAL. ELECCIONES DE DIP DE CAGIGAL. ELECCIONES DE DIP DE CAGIGAL. ELECCIONES DE DIP DE CAGIGAL. ELECCIONES DE DIP UT UT UT UT UT ADOS ADOS ADOS ADOS ADOS A COR A COR A COR A COR A COR TES TES TES TES TESEl Sr. Cagigal haba sido elegido para hacer un gran papel como capitn general de la Isla, en los planes madurados por Fernando VII para reconquistar las provincias americanas que se haban declarado independientes de la monarqua y pacificar las que estaban a punto de hacerlo. Con este objeto trajo consigo un cuerpo de 3 000 hombres y el ejrcito principal a las rdenes del conde de Caldern se hallaba en la isla de Len y otros lugares de Andaluca. Gran riesgo corran las nuevas repblicas de volver a perder la paz que disfrutaban; cuando el genio de la libertad, vencedor en Amrica, vol en su ayuda, atraves el ocano, arranc la espada que cea el rey, y ponindola en manos del joven Riego la hizo brillar por toda Espaa al grito heroico de la Constitucin. Don Rafael del Riego, comandante del Segundo Batalln del Regimiento de Asturias, proclam el cdigo de 1812 en las Cabezas de San Juan el 1o de enero de 1820, y a su ejemplo, las tropas acantonadas en la Isla; las que le opuso Fernando mandadas por el general don Jos O’Donnell fueron batidas, y otro cuerpo de ejrcito que acuda de Madrid con el conde de Abisbal, en vez de marchar a destruir a sus hermanos, respondi a los clamores de la patria apenas salido de la Corte. Forzado por las circunstancias, el rey acept el 7 de marzo la Constitucin que aborreca, y decret la instalacin de una junta provisional para consultarle lo conveniente hasta la reunin de las Cortes. Los legisladores prfugos y desterrados regresaron a Espaa, y en lugar de consagrarse a labrar la felicidad del pueblo y asegurar la estabilidad del cdigo que haban formado, sirvindose de sus conocimientos y experiencia adquiridos en los ltimos seis aos, para corregir los

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 86\ 86\ 86\ 86\ 86\ errores que haban influido en su destruccin, satisfechos con el aura popular que los rodeaba y con creerse los seores de Espaa, se dejaron llevar del rencor que los animaba contra el rey y sus partidarios, volvieron a encender y extraviar las pasiones populares para hacer odiosa la tirana, y en su frenes se juzgaron bastante poderosos para despreciar y amenazar los tronos de Europa. El despotismo saudo y vengativo dej las mrgenes del Sena y volvi a entronizar el cetro de hierro en las manos de Fernando, que implacable llen de sangre y lgrimas su infortunada patria; mientras la libertad cantaba sus triunfos recostada a las verdes faldas del Popocatepec. La segunda poca de la Constitucin ofrece caracteres muy diversos de la primera en la isla de Cuba. Su promulgacin no fue ya un acto espontneo de la autoridad legtima, sino efecto de una sublevacin militar. Cagigal haba recibido por un buque llegado de la Corua el 14 de abril, el Diario Constitucional de aquella ciudad donde se insertaba el Real Decreto del 7 de marzo; y no obstante que divulgada la noticia corri el pueblo a reclamarla en muchos sitios, se neg a jurarla y public una alocucin el 15, expresando su resolucin de no hacer mudanza alguna hasta no recibir las rdenes oficiales. Semejante conducta fue tan mal acogida aun por los mismos peninsulares, que la tarde del da siguiente, a la hora en que los cuerpos francos de servicio acostumbraban pasar lista en la Plaza de Armas, estando formados los batallones de Mlaga y Catalua, dos oficiales de este ltimo, don Manuel Elizaicin y don Manuel Wals, la proclamaron respondiendo la tropa con vtores de verdadero entusiasmo. En medio de la efervescencia que reinaba, varios pelotones del paisanaje y soldados mezclados, corrieron a palacio, penetraron en la estancia de Cagigal y lo obligaron a salir a la plaza y responder al deseo que animaba a toda la ciudad. El general jur la Constitucin aquella misma tarde; y como los batallones mencionados prorrumpieron en amenazas contra el de Tarragona, porque no concurra al acto y marchase ya a atacarlo en sus cuarteles, despach rdenes a su coronel para que viniese con su cuerpo a prestar el juramento, con lo cual logr tranquilizar los nimos y que se pasase la noche iluminada la ciudad y mostrando el pueblo su alegra con todo gnero de regocijos. En los das siguientes se ratific la jura por las autoridades, corporaciones y tropas de la guarnicin, restablecindose los tribunales, diputaciones provinciales y ayuntamientos segn existan a mediados de 1814, as como la libertad de imprenta, y poco despus por rdenes del Supremo Gobierno se crearon 24 compaas de milicias urbanas y una de caballera. La Habana haba algunos aos que andaba condolida del espectculo horrible que ofreca el despotismo contra los mejicanos que geman

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PEDRO JOS GUITERAS /87 /87 /87 /87 /87 encerrados en los calabozos lbregos y profundos de la Cabaa. La diputacin provincial quiso que los primeros en gozar del beneficio de la Constitucin fuesen estos mrtires de la libertad, enviados por el virrey como culpables o sospechosos de infidencia; y habiendo pasado a aquella fortaleza y reconocido los lugares donde se hallaban, ms propios para arrancarles lentamente la vida que para la seguridad de sus personas, los hizo salir a todos y que se repartiesen en sitios cmodos y ventilados, puso en libertad a los que no resultaron culpados y mand se tapiasen y destruyesen para siempre aquellos inmundos lugares. “Muchos hubo en tiempo de Cienfuegos y ms en la primera poca de Cagigal, que sin enjuiciamiento ni condena, o se moran all olvidados, o sufran una prisin dura e indefinida, peor an que la muerte”. Las elecciones de diputados a Cortes se celebraron en La Habana el 22 de agosto conforme a la real convocatoria, segn las reglas prescritas en la Constitucin y resultaron nombrados el teniente general don Jos de Zayas, el magistrado del tribunal de guerra y marina don Jos Bentez y el oficial de guardias espaolas don Antonio Modesto del Valle, los dos primeros naturales de aquella ciudad; por Santiago de Cuba fue electo el cannigo de la iglesia de La Habana don Juan Bernardo O’Gavan, miembro de las constituyentes; pero declaradas defectuosas, nicamente los Sres. Zayas y Bentez quedaron autorizados para representar la Isla en la legislatura de 1820. El general Cagigal, lleno de achaques y disgustos antes de su venida a Espaa, abrumado ahora con el peso de atenciones superiores a su situacin y falto de buen consejo y energa para saber regularizar los intereses encontrados que luchaban a la sombra protectora del nuevo cdigo, trabaj cuanto pudo por conservar el orden y el ltimo acto de su gobierno fue una suave alocucin exhortando al pueblo a la moderacin necesaria para la paz y la buena armona, y a que hiciese un uso conveniente de la libertad de imprenta, abandonando el fomentar pasiones y dedicndose a ilustrar con calma las cuestiones tiles al pas. Despus de este paternal consejo aguard la llegada del teniente general don Nicols de Mahy, nombrado para sucederle, a quien entreg el mando el 3 de marzo de 1821.1 1Pezuela, pp. 474-482.

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CAPTULO IISOCIED SOCIED SOCIED SOCIED SOCIED ADES SECRET ADES SECRET ADES SECRET ADES SECRET ADES SECRET AS. DIVISIONES INTESTINAS. AS. DIVISIONES INTESTINAS. AS. DIVISIONES INTESTINAS. AS. DIVISIONES INTESTINAS. AS. DIVISIONES INTESTINAS. POLTIC POLTIC POLTIC POLTIC POLTIC A DE MAHY A DE MAHY A DE MAHY A DE MAHY A DE MAHY TRIUNFO DEL COMERCIO TRIUNFO DEL COMERCIO TRIUNFO DEL COMERCIO TRIUNFO DEL COMERCIO TRIUNFO DEL COMERCIO CUBANO CUBANO CUBANO CUBANO CUBANOOtro de lo fenmenos que presenta esta poca, es la efervescencia de las pasiones populares e insubordinacin en las tropas que haba en la Isla. Su capital estaba llena de los cuerpos sueltos, del ejrcito de Costafirme, los cuales no guardaban respeto alguno a las autoridades, se negaban a obedecerlas y lejos de propender al orden, fomentaban la indisciplina en la corta guarnicin, refiriendo las acciones de guerra en que haban estado, y aplaudiendo el valor de Bolvar y sus generales con declamaciones a favor de la libertad e independencia de los pueblos. Se haban organizado varias logias masnicas y otras sociedades secretas de un carcter poltico con los nombres de la Cadena, los Soles, los Comuneros, los Carbonarios. Los masones del Rito de Espaa y los Comuneros eran europeos conservadores; y por el contrario, los del Rito de York, los de la Cadena y los Soles, cubanos y naturales de las provincias disidentes que representaban las ideas extremas del pueblo; los Carbonarios parece que, aunque exaltados en principios liberales, formaban un partido conciliador, ms inclinado al gobierno y a la integridad de la monarqua. El Sr. Pezuela hace mencin de otra sociedad que se titulaba de los Anilleros, cuyos principios nos son desconocidos.1En los pueblos del interior, donde los crculos sociales son ms estrechos, las gentes mejor relacionadas y las ocurrencias menos numerosas, donde la razn labrando en unas mismas ideas hace que las pasiones sean ms exaltadas, ya fuese que los gobernadores abusasen de sus atribuciones, o que no supiesen armonizar sus deberes con los derechos del ciudadano, se manifest una rivalidad entre ellos y los jueces ordinarios, se acogieron con entusiasmo las sociedades secretas y se vio 1Varela, El Habanero t. I, pp. 28 Y 29. Pezuela, pp. 490, 514 Y 515.

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PEDRO JOS GUITERAS /89 /89 /89 /89 /89 ms distintamente que en la capital una divisin entre cubanos y peninsulares y un odio entraable a las tropas del ejrcito. Esta conducta entre las autoridades civiles y militares, que ms debieran contribuir al orden pblico, despierta la idea de que los hbitos antiguos de dominacin tenan mucho imperio en los gobernadores para aceptar como superiores a las primeras y avenirse pacficamente a las leyes constitucionales; y aun los mismos capitanes generales nos parecen a veces dominados por esta debilidad, pues no mereca coercin en el uso de sus derechos un pueblo como el cubano, leal al trono y adicto a la unin nacional. El general Mahy se present en esta arena ardiente y movediza rodeado del prestigio de su nombre y sus largos servicios al Estado; despertando veneracin su edad avanzada y conquistando la dulzura de sus maneras el amor de los habaneros. Acostumbrado a gobernar pueblos agitados y a calmar las pasiones sirvindose del mismo instrumento que les daba vida, al poner la planta en el suelo cubano se dirigi a la muchedumbre que lo rodeaba saludando tres veces la Constitucin, vesta el uniforme de la milicia nacional y aprovechaba todas las ocasiones de adquirir popularidad. Supo sin despertar sospechas introducir orden en las milicias, formando un reglamento para reemplazar las bajas con gentes acomodadas y vecinos pacficos, hacer las elecciones de jefes y oficiales en personas de prestigio e influencia y sujetar esta fuerza a las ordenanzas del ejrcito en los casos del servicio. En los cuerpos veteranos procur mantener la disciplina que permitan las circunstancias, hacindoles estar en sus cuarteles, tenindolos ocupados en ejercicios militares y dndoles jefes que merecan su confianza. Su nmero se aument a satisfaccin suya con la guarnicin de Florida que lleg a La Habana en octubre de 1821. La prensa haba llegado a adquirir una poderosa influencia, denunciando los abusos de las autoridades y funcionarios pblicos a veces con demasiada acrimonia. El mismo Mahy no pudo librarse de sus tiros habiendo autorizado a las tropas para votar en las elecciones de diputados a Cortes que se tuvieron en la capital en el mismo mes de octubre, acusndolo El Amigo de la Constitucin y otros peridicos, de haber intentado violar los derechos y libertades del pueblo por haber concurrido las compaas a depositar sus votos, formadas con sus oficiales a la cabeza. Con este motivo dio orden a los jueces de imprenta “para que aplicasen toda la severidad de la ley a los delitos de la prensa”, y como fuese denunciado por autor de un libelo infamatorio el Pbro. don Toms Gutirrez de Pieres, el escritor ms exaltado de la capital fue condenado a un ao de reclusin en uno de los conventos de la ciudad. Des-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 90\ 90\ 90\ 90\ 90\ pus aprovech una oportunidad de demostrar su estimacin hacia los escritores pblicos en el caso del capitn don Domingo Armona, que insultado por los editores de El Esquife Arranchador se present en la imprenta a hacerse justicia por su mano apaleando a los provocadores, accin tanto ms criminal cuanto que Armona estaba al frente de una partida de dragones creada para mantener el orden y perseguir a los malhechores. El general lo suspendi y disolvi la partida, formando otra en su lugar. “Esta ocurrencia, escriba al Ministerio de la Guerra el 26 de abril de 1822, ha despertado todas las pasiones que agitan los espritus de los amantes del desorden y de los aspirantes y deseosos de mando, y ha tenido en alguna consternacin a este pueblo con las voces que se difundan de que se iba a pedir mi separacin de este mando y colocacin en l del general don Juan Moscozo, a quien no yo, pero s los que creen ver ms claro, atribuyen esta idea”. Las Cortes estuvieron a punto de destruir los saludables efectos de la poltica de Mahy y pusieron a la Isla en gran peligro de perderse con sus discusiones y acuerdos impertinentes. No pretendan ya el triunfo de principios filantrpicos, desvanecidos de la mente de sus diputados entre las nieblas del Tmesis; sino que trataban de barrenar la ltima concesin real que haba adquirido Cuba sobre comercio libre, para favorecer los intereses de los no dormidos monopolios peninsulares. “Hemos visto que la libertad de comerciar con los extranjeros que tenamos no pasaba de una simple tolerancia, combatida incesantemente por el poderoso consulado de Cdiz y por otros enemigos de nuestra prosperidad; sin que alcanzasen a sofocar sus srdidos clamores y a conjurar los envejecidos sofismas con que sostenan sus pretensiones, las lecciones de la experiencia, el auge que tomara la Isla desde que se abri la puerta a la entrada de buques de las naciones neutrales y la inmensa copia de beneficios que su bienandanza produca a la metrpoli misma, ya poltica, ya econmicamente”. “Es verdad que sus formidables embestidas se estrellaron siempre en las oportunas gestiones de nuestro Consulado y en la firmeza con que Fernando absoluto supo desatender las aspiraciones del egosmo y ser fiel a su real promesa, la nica que en ms de 20 aos de continua lucha haba salido en nuestro favor de los labios del poder; pero los sucesos polticos del ao de 1819, al mismo tiempo que impidieron al monarca (cuya memoria, sean cuales fueren los errores de su vida, nunca podr recordar un habanero sin una emocin de justa gratitud) cumplir su palabra, en medio del jbilo de la nacin comenzaron a nublar y oscurecer nuestra felicidad, por una de aquellas anomalas tan inconcebibles como frecuentes, por desgracia, en el curso de los negocios humanos. En efecto, parece que nuestra suerte nos ha condenado a mirar la aurora de las reformas polticas en la metrpoli

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PEDRO JOS GUITERAS /91 /91 /91 /91 /91 como un meteoro funesto, precursor de zozobras y amarguras para nuestra patria”. “Las Cortes de 1821, cediendo quizs sin conocerlo a las sugestiones de los inflexibles enemigos de nuestro progreso, publican aquellos clebres aranceles que so color de una igualdad falaz nos arrebataban la anhelada libertad de comercio y amenazaban de muerte nuestra prosperidad. El estancamiento de la inmensa masa de frutos que exportbamos era la inmensa consecuencia de aquella funesta ley de aduanas, y en la alteracin de los nimos no era difcil prever, atendidas las circunstancias polticas bajo cuyo influjo se encontraba entonces la Isla, que una pgina horrible podra cerrar la historia de su existencia como posesin espaola”. “La Junta Consular se apresuraba a nombrar una comisin que representase a las Cortes las fatales consecuencias que produciran los aranceles y aunque nuestro amigo por su elevada esfera de consejero propietario de Estado no era miembro de ella, suya fue la representacin, como fue siempre suyo el derecho de protegernos y salvarnos en los grandes apuros”.2 “Las palabras en que concibi su dictamen (as se explica un digno amigo del Sr. Arango) fueron pocas, pero llenas de gran sentido, campeando en ellas aquella sagacidad y penetracin que le llevaban al fin que se propona, y que como siempre recab en aquellas circunstancias espinossimas, consiguiendo que el primer jefe de la Isla, aunque contrayendo una terrible y casi positiva responsabilidad, no pusiese en ejecucin los aranceles. El xito ms cumplido coron aquel poderoso esfuerzo y nuestro inmortal amigo vio asegurado para su patria el precioso bien que con 30 aos de infatigable trabajos le haba procurado”. “Las mismas Cortes que amenazaron de un modo tan funesto nuestra prosperidad, expidieron dciles a las razones de nuestro compatriota, un decreto autorizando exclusivamente a la Isla para comerciar con el extranjero; y el Sr. don Fernando VII, fiel a su real promesa, ratific aquella providencia en el ao de 1824, hacindola extensiva a todas las Amricas.3 As termin aquella obstinada lucha que casi sostuvo un hombre slo armado de su talento y de su perseverancia y alentado por la justa causa que defenda contra cuerpos poderossimos, ricos y llenos de influjo”.4El ltimo servicio que dispens a Cuba el general Mahy fue el de oponerse al decreto de las Cortes y defender los intereses comerciales del pas; dando tiempo al ilustre Arango para destruir los intentos de 2Vase Reclamaciones de los Representantes de Cuba contra la Ley de Aranceles 1821.3Real Orden de 10 de marzo de 1824.4Carrillo, Elogio citado.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 92\ 92\ 92\ 92\ 92\ los enemigos de su prosperidad. Acometido el 19 de julio de 1822 de una fiebre inflamatoria con otros sntomas no menos alarmantes, temi que sus aos no pudieran luchar con tantos males a la vez; y despus de resignar el mando en el segundo cabo brigadier don Sebastin Kindeln, entreg al tercer da su alma al Creador con general sentimiento de los cubanos, que en las suntuosas honras hechas a sus restos mortales dieron pruebas de amarlo y respetarlo tiernamente.5 5Pezuela, pp. 482-494 y 503.

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CAPTULO IIICUBANOS Y PENINSULARES. ABUSOS CUBANOS Y PENINSULARES. ABUSOS CUBANOS Y PENINSULARES. ABUSOS CUBANOS Y PENINSULARES. ABUSOS CUBANOS Y PENINSULARES. ABUSOS DE LAS A DE LAS A DE LAS A DE LAS A DE LAS A UTORID UTORID UTORID UTORID UTORID ADES. MOCI"N DE LOS DIP ADES. MOCI"N DE LOS DIP ADES. MOCI"N DE LOS DIP ADES. MOCI"N DE LOS DIP ADES. MOCI"N DE LOS DIP UT UT UT UT UT ADOS ADOS ADOS ADOS ADOS CUBANOS SOBRE UNA CONSTITUCI"N ESPECIAL CUBANOS SOBRE UNA CONSTITUCI"N ESPECIAL CUBANOS SOBRE UNA CONSTITUCI"N ESPECIAL CUBANOS SOBRE UNA CONSTITUCI"N ESPECIAL CUBANOS SOBRE UNA CONSTITUCI"N ESPECIAL P P P P P ARA LA ISLA ARA LA ISLA ARA LA ISLA ARA LA ISLA ARA LA ISLAMs grave que los anteriores, consideramos el antagonismo que se despert entre los cubanos y peninsulares, el cual a nuestro entender tom el carcter de dos partidos desde el gobierno de Mahy. Del estudio que nos permite hacer el corto nmero de noticias que poseemos sobre aquellos tiempos, sospechamos que este general procur asegurar su autoridad en el apoyo de los peninsulares, receloso del ascendiente que las instituciones liberales permitan tener sobre el pueblo a los cubanos ilustrados, por lo comn ms entendidos, ms influyentes y que casi exclusivamente dominaban la prensa y las tribunas. Sin duda, lo movi tambin el temor de que pudiesen aspirar a ms que a apoderarse de la direccin en el gobierno, combinando planes de independencia con la multitud de jefes y oficiales de Costafirme que se hallaban en La Habana y Santiago de Cuba y concurran a la logia de los Soles, propalando los principios ms avanzados sin miedo a sus consecuencias. Los medios que se adoptaron para mantener esta rivalidad, estn bien marcados en las comunicaciones de Mahy al ministerio y las Cortes. En la de 4 de julio de 1822, deca: “Yo estoy seguro de que si se hubiese aprobado interinamente la reunin del mando poltico y militar sera muy diferente la perspectiva que ofrecera esta Isla. Digan todo lo que quieran los que no conocen los elementos de que se compone la poblacin de ella y han credo que las reglas pronunciadas para la Pennsula son aplicables absolutamente a los dominios ultramarinos”. Posedo de esta opinin hizo cuanto pudo, y tambin Kindeln, por sostener la autoridad militar, y los gobernadores vivan en pugna constante con las justicias ordinarias, participando de ella las tropas del ejrcito y las milicias, que se miraban con celo y desconfianza; bajo el pretexto de evitar los excesos de la prensa, quitaban a los cubanos esta

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 94\ 94\ 94\ 94\ 94\ arma poderosa de la libertad, estableciendo juntas de censura; en las elecciones concejiles y de las diputaciones provinciales hacan pesar su autoridad contra la libre accin del pueblo, retrayndose muchos de hacer uso de sus derechos; en la misma Habana hemos visto que el ejrcito iba a votar organizado militarmente cuando las elecciones de diputados a Cortes, y ya sabemos lo que alcanzaba entonces de derechos polticos el soldado espaol. El gobernador de Cuba dictaba rdenes al Ayuntamiento de tal naturaleza que se vea en la necesidad de desobedecerlas abiertamente; Matanzas despreciaba el peligro con que la amenazaba su cercana a la capital y, segn la expresin de Pezuela, “herva en libelos y declaraciones contra el suyo”. Puerto Prncipe, asiento de la Real Audiencia, era una ciudad de mucha importancia por su situacin central y estar abierta a los ataques que pudieran venir de Costafirme, y sus naturales haban manifestado su entusiasmo por la libertad y eran los ms decididos a favor de la Constitucin. Como los peninsulares fuesen all pocos para contrarrestar su influencia, organizaron una sociedad llamada “Los Treinta y Dos Labradores” con el objeto de atraerse las gentes sencillas de las cercanas en las elecciones municipales. Los principeos formaron otra con el nombre expresivo de “La Cadena Elctrica” y destruyeron sus planes en 1821 y 1822, y slo fueron vencidos en las elecciones del ao siguiente, cuando ya la libertad desfalleca con sntomas de muerte en la misma Espaa. Igual era la condicin de las cosas en Bayamo. La accin constante de estos dos partidos dio lugar a escndalos lamentables y a mantener la autoridad superior en una inquietud continua.1Mahy, refirindose a la agitacin que reinaba en estos dos ltimos pueblos, no hallaba otro medio de calmarla que el que por fortuna no estaba en su arbitrio escoger: “Si tuviera mil hombres que colocar en aquel punto y otros tantos en Bayamo, se podra contar con alguna seguridad con el todo de la Isla. Pero no tengo de qu echar mano; y as es que estn slo con 200 o 300 hombres, fuerza que para unos pueblos tan considerados es a todas luces muy insuficiente”. Lo que no pudo Mahy lo hizo despus Kindeln en Bayamo, “en donde el prestigio de la autoridad militar, atropellado por el Ayuntamiento, andaba por el suelo”. ¡Cmo no haba de caer derrocada el ara con tan falsos sacerdotes! Cuando las autoridades conspiran contra las instituciones, es natural al pueblo el recurso de las sociedades secretas, donde pueda combinar sus planes en defensa de sus derechos, y los cubanos ocurrieron a l y a los dems que les abra la Constitucin, para oponerse a las arbitra1Mss. de don Alonso Betancourt en mi Coleccin. Pezuela, p. 494.

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PEDRO JOS GUITERAS /95 /95 /95 /95 /95 riedades del poder. En la situacin en que se hallaba Cuba, semejantes medios encendan cada da ms las ideas que probablemente no hubieran pasado de opiniones y deseos personales, a haberse propendido a la unin y la libertad en el uso de los derechos polticos como medio de consolidar la paz y armona en todas las clases de la sociedad. Para esto no ofreca ningn inconveniente la mayora de los cubanos. Que entre ellos se pensaba en la independencia por lo menos desde el gobierno de Mahy, parece no caber duda alguna; pero cuando ms distintamente tom esta idea cuerpo y carcter de un partido poltico fue en tiempo de Kindeln. Aquel general, al hablar del efecto que haba hecho en la Isla la noticia del reconocimiento de la de Mjico por O’ Donoj, deca al ministerio en septiembre de 1821: “No llenara mis deberes si porque en mi concepto, carecen de todo fundamento las especies de independencia que en estos ltimos das se esparcen en esta capital con motivo de las ocurrencias del reino de Mjico, de donde no dejarn de venir predicadores de aquella doctrina entre las familias que emigran de aquel punto, no diese parte a V.E.” Y en la de julio citada, exclama: “¡Ojal no hubiese sino cubanos! En tal caso bien se podra responder hasta con la vida de la incontrastable adhesin al Gobierno espaol de esta Isla”. Efecto de esta viciosa poltica fueron los escndalos de las elecciones de 1821, en que la provincia occidental nombr para que la representase en las Cortes a los Sres. Pbro. don Flix Varela, don Toms Gener y don Leonardo Santos Surez. “Deban stas hacerse en principios de diciembre, y se celebraron sin novedad notable las juntas electorales de parroquias desde primeros de aquel mes. El 5 slo quedaba por concluirse en el convento de San Agustn, la de la parroquia del Cristo. Un oficial de dragones llamado don Gaspar Rodrguez, zaherido por un dicho de uno de los asistentes, tuvo la imprudencia de abofetearle. A pesar de la ira que en los concurrentes excit aquel porte, sacose a Rodrguez de aquel sitio, sigui la votacin y no se suspendi hasta la hora acostumbrada para continuar al otro da. Disolviose la junta y se retiraron el presidente y la compaa de nacionales que daba all el servicio; pero las pasiones se quedaron trabajando”. “Agriados los jefes pieristas, o exaltados, con la inutilidad de sus esfuerzos en aquellas elecciones, haban sugerido a los muchos peninsulares de buena fe de su partido, que componan la mayor parte de la milicia urbana, la funesta especie de que iban a estallar un plan de independencia y a perecer todo espaol”. “Habiendo permanecido en San Agustn despus que se disolvi la junta los que se haban mostrado ms resentidos del atropello de Rodrguez, desde el cercano convento de San Felipe destacose a dispersarlos un piquete de la guardia de prevencin de la milicia nacional que

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 96\ 96\ 96\ 96\ 96\ all se acuartelaba. Pusironse en defensa los de San Agustn, que eran hijos del pas, y vindose muy dbil aquel piquete retrocedi a su puesto, llam a las armas a los otros y torn en nmero mayor al punto donde la escena haba empezado. Cruzndose dicterios de ‘godos y mulatos’, la efervecencia creca; pero los alcaldes y algunos sujetos de autoridad e influjo lograron aquietarlos y que unos y otros se retirasen sin desgracia”. “El dao, sin embargo, estaba hecho: la ofensa de unos pocos se haba extendido a muchos, y en el segundo batalln de milicias, que era de peninsulares casi todo, generalizose hasta tal punto que intent acudir formado a exigir de Kindeln que le hiciera dar satisfaccin. Contvose, no obstante, a la voz muy respetada de su comandante don Rafael O’Farrill, y bajo la promesa de que l mismo pasara a pedirla aquella misma noche”. “Convocados a junta de Diputacin, el Ayuntamiento y los jefes militares de la guarnicin y de la plaza, como los descontentos no hubiesen presentado quejas contra determinadas personas, se acord slo que se les dirigiese una alocucin conciliadora. Pero fue la voz de Kindeln tan desoda, que reunido el batalln al amanecer del 6 en el citado local de San Felipe, se mantuvo sobre las armas todo el da y la siguiente noche, dando espacio a que sucesivamente se reuniesen los otros batallones nacionales en las plazas del Cristo, de la Constitucin, de la Merced y de San Francisco. Ni las rdenes de Kindeln, ni los ruegos y consejos de autorizadas personas bastaron a hacerlos retirar, consternando a todo el pueblo con su actitud hostil y sin que la sedicin pudiera reprimirse con los cuerpos veteranos de la guarnicin, en cuyas filas tambin haban los pieristas esparcido previamente el mismo calumnioso error que en la milicia”. “Al da siguiente, 7, el segundo batalln se traslad desde San Felipe al convento de San Francisco, y con el otro a quien tocaba el servicio de retn, continuando los dems sobre las armas en los mismos puntos que la vspera. La apariencia amenazadora y las provocaciones de esta fuerza llegaron al fin a conmover al pueblo. Reunironse en las afueras de La Habana numerosas masas de paisanos, que armados muchos de ellos y militarmente colocados diputaron a Kindeln a uno de los alcaldes ponindose a sus rdenes, y anlogos mensajes recibi aquella autoridad de uno de los batallones nacionales de extramuros y de otros corros que se formaron con gente del campo y de los pueblos ms vecinos. Aunque formada con la laudable mira de sostener al gobierno y a las leyes, tan ilegtima era esta reunin de gente como la de la milicia, y tanto ms expuesta cuanto que contena en su seno malficos espritus, agentes forasteros que acechaban la primera oportunidad de hacerla mudar de ndole”.

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PEDRO JOS GUITERAS /97 /97 /97 /97 /97 El coronel don Joaqun Miranda Madariaga propuso a Kindeln que se hallaba casi aislado, el arbitrio ms necesario que legal de convocar a junta, para en ella entenderse unos y otros con ms orden, una comisin de cada uno de los batallones sublevados y otra de cada uno de los dems cuerpos veteranos y milicianos de la plaza. El pensamiento era acertado. Medios coercitivos no podan emplearse, la sublevacin del paisanaje era inminente y en la alternativa de dos males, crey Kindeln que se escoga el menor, dndole desde luego su aquiescencia. Salv a La Habana la instalacin de la propuesta junta, que a no contar con hombres de buena fe, despejo y amantes de la metrpoli y del orden, hubiera sido un congreso tumultuario y el ms fijo principio del desastre mismo que se intentaba precaver. De esta asamblea de comisiones, que se reuni el mismo da 7 en el palacio de gobierno, se lograron felices resultados. Disolviose a su voz en el momento las imponentes masas de paisanos y milicianos de extramuros, y las del interior de la ciudad depusieron tambin las armas aquella misma tarde bajo la influencia y los razonamientos de don Rafael O’Farrill y sus diputados y del coronel don Jos Cadaval. Lo ms importante ocurrido en Espaa durante este tiempo, sobre los asuntos de Cuba, fue un proyecto de gobierno presentado a las Cortes a fines de 1822 por los Sres. Varela y Santos Surez. Los sucesos desagradables que produjo la indiscreta resolucin de la ley de aranceles, despertaron en la Isla el recuerdo de los que tuvieron lugar cuando la intervencin de las Cortes de 1811 respecto de la esclavitud y del remedio que los patricios de aquel tiempo hallaron conveniente para su buen gobierno. Y es digno de consideracin que la mente pblica se poseyese de las convicciones que predominaron en aquella poca aciaga y acogiesen los planes propuestos en la representacin de la Junta Econmica, conocida de nuestros lectores. Fieles intrpretes de la voluntad del pas, los diputados cubanos pidieron un cdigo especial, encareciendo la necesidad de dar a Cuba un congreso legislativo y la facultad de suspender al gobernador general en caso de usurpacin de poder. La mocin que hicieron con este objeto fue apoyada por algunos diputados peninsulares y tomada en consideracin; pero por desgracia, ahora como entonces, las vicisitudes de la poltica hicieron que este notable proyecto no llegase a discutirse, obligado el gobierno a trasladarse de Sevilla a Cdiz y a disolverse a poco las Cortes con motivo de la invasin francesa y restablecimiento de la monarqua absoluta.2Aunque se conceda, como nosotros concedemos, que la intencin de Mahy y Kindeln fueron sinceras, debemos convenir en que los medios adoptados son conocidamente injustos, ilegtimos y expuestos al grave 2Mi Coleccin m.s.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 98\ 98\ 98\ 98\ 98\ inconveniente de excitar los nimos a intentar lo mismo que queran prevenir aquellas autoridades. La ltima termin su mando el 2 de mayo de 1823, que lleg a La Habana el mariscal de campo don Francisco Dionisio Vives.3 3Pezuela, pp. 505-511.

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CAPTULO IVPLANES DE INDEPENDENCIA. POLTIC PLANES DE INDEPENDENCIA. POLTIC PLANES DE INDEPENDENCIA. POLTIC PLANES DE INDEPENDENCIA. POLTIC PLANES DE INDEPENDENCIA. POLTIC A DE VIVES A DE VIVES A DE VIVES A DE VIVES A DE VIVESLa mala semilla sembrada, abonada con los principios disolventes de la Constitucin y fecundada con el calor de las pasiones populares, empez a dar sus amargos frutos en el gobierno de Vives. La logia de los Soles, entre cuyos miembros principales figuraban agentes secretos de Mjico y Colombia, haba organizado una conspiracin para sustraer la Isla al dominio de Espaa, y unida a muchos cadenistas resentidos con las persecuciones sufridas por Mahy y a algunos carbonarios, trabajaba en ganarse las milicias y atraerse partidarios en el ejrcito, donde haba oficiales exaltados por sostener la Constitucin, aun cuando se aboliese en la Pennsula. Para mejor lograr sus planes le haba dado el nombre de “Los Soles de Bolvar”; del de la logia de donde parta y el del Libertador, haciendo entender a los cubanos que contaba con auxilios suyos y excitando a los espaoles con las noticias de que Espaa trataba con Inglaterra la venta de la Isla en pago de sus servicios en la guerra de la independencia y que la causa de la libertad estaba a punto de sucumbir, trayendo su ruina mayores venganzas y persecuciones que en primera poca. La base acordada fue un sol con siete rayos. Saba sacar partido del nmero de corsarios que cruzaban las costas y su aparicin a veces en el mismo puerto de La Habana, y el haberse encontrado despus armas, banderas y paquetes de escarapelas semejantes a las que usaban los soldados de Bolvar en casa del comerciante don Juan Peoli, natural de Caracas, daba crdito a la opinin de que obraba de acuerdo con el gobierno de esta repblica, as como el titularse coronel al servicio de Colombia el habanero don Jos Francisco Lemus, que estaba a la cabeza de la conspiracin, oficial valiente, resuelto, popular y entendido en el arte de la guerra. En Matanzas eran los primeros iniciados el Dr. don Juan Jos Hernndez y don Jos Teurbe-Toln, y en Puerto Prncipe, don Jos Mara de Tejada, don Toms Estrada, el teniente coronel don Jos Varona, don Pedro M. Agero y el abogado don Alonso Betancourt. Se haba

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 100\ 100\ 100\ 100\ 100\ fijado el 17 de agosto para el pronunciamiento en todos los pueblos de la Isla, alzando pendones por la repblica de Cubanacn.1Preocupado Vives con la idea de que estaba prxima a seguir con las mismas huellas que los dems Estados americanos, haba aceptado su gobierno con repugnancia y su honor lo punzaba a hacer los mayores esfuerzos por conservar esta preciosa reliquia de la nacin. Aunque de un natural afable, descuidado en la apariencia, compasivo e inclinado al bien, era de un carcter reservado, de penetracin aguda, activo cuando lo requeran las circunstancias y perseverante en sus propsitos. Segn unos, desde su llegada puso los ojos y el entendimiento en la logia de los Soles y ya a principios de agosto haba penetrado en los secretos de la conspiracin por algunos iniciados, encargando al alcalde don Juan Ferrety diese principio a los procedimientos;2 segn otros, el secretario de Lemus la delat al alcalde la noche del 16 de agosto.3 Cualquiera que fuese el origen de este importante descubrimiento, el hecho es que ste procedi de acuerdo con Vives a la prisin de los principales agentes, logrando apoderarse en La Habana de Lemus, Peoli, el regidor don Francisco Garay y otros; en Matanzas y Puerto Prncipe de gran nmero de soles y de iniciados. Muchos lograron escapar, entre ellos el ilustre poeta Heredia, y huyeron a Estados Unidos, Mjico y Costafirme. De los presos, Peoli pudo evadirse del convento de Beln disfrazado en hbito de fraile; Toln y tres ms se fugaron de la crcel de La Habana y fueron a Mjico. Lemus, confinado a Sevilla, se acogi a Gibraltar en compaa de don Segundo Correa Botino, y don Lucas Ugarte huy de Mlaga y vino a Nueva Orleas.4Los restos dispersos e ignorados volvieron a reunirse con motivo de la abolicin de la libertad en la Isla el 9 de diciembre. Esta vez lograron atraerse las milicias urbanas y el partido espaol exaltado, que Vives haba conservado adicto al gobierno con esfuerzos extraordinarios. El objeto aparente era el restablecimiento de la Constitucin, creacin de una junta de gobierno y deposicin de las autoridades superiores; el fin verdadero, llevar a efecto el plan de la independencia. Reunanse a menudo, enviaban agentes al interior, andaban en tratos con los oficiales iniciados y algunos jefes de la guarnicin. Sus pasos no fueron tan encubiertos que no despertasen sospechas, si ya no fue que alguien dio noticia de lo que se proyectaba. Vives emprendi a la callada desconcertar estos planes, temeroso de perder el nico apoyo legtimo del gobierno, si acuda a los medios de rigor que 1Mss. de don Miguel T. Toln y de Betancourt.2Pezuela, p. 514.3Mss. de Betancourt.4Mss. de Toln y Betancourt. Pezuela, pp. 519 y 521.

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PEDRO JOS GUITERAS /101 /101 /101 /101 /101 en 1823; envi a Espaa dos jefes militares con comisiones supuestas, sac de los cuerpos algunos oficiales, y a uno que pareca el ms arrojado lo hizo salir de La Habana para otro regimiento. En Matanzas fue donde solamente se hizo una demostracin por el oficial don Gaspar Rodrguez, que al frente de ocho lanceros dio el grito de Constitucin la noche del 23 de agosto de 1824 en la Plaza de Armas, y como no se le juntasen sino pocos dej la ciudad y se embarc en un corsario que cruzaba por las costas de Sabanalamar. Seales eran estas evidentes del descontento que reinaba en todas las clases y el general no perdi tiempo en adoptar medidas de precaucin y defensa. El restablecimiento del despotismo le permiti crear el 4 de marzo de 1825 un tribunal con el nombre de “Comisin Militar Ejecutiva Permanente” para juzgar con arreglo a la ordenanza de los casos de infidencia y crmenes ordinarios en despoblado, cuyo conocimiento corresponda a los tribunales civiles, encargados exclusivamente de la administracin de justicia; y por Real Orden de 25 de mayo del mismo ao se le confiri “todo el lleno de las facultades que por las reales ordenanzas se conceden a los gobernadores de plazas sitiadas”, con “la ms amplia e ilimitada autorizacin no tan slo para separar de esa Isla a las personas empleadas o no empleadas, cualquiera que sea su destino, rango, clase o condicin, cuya permanencia en ella crea perjudicial o que le infunda recelos su conducta pblica o privada, reemplazndolas interinamente con servidores fieles a S.M. y que merezcan a V.E. toda su confianza, sino tambin para suspender la ejecucin de cualesquiera rdenes o providencias generales expedidas sobre todos los ramos de la administracin en aquella parte en que V.E. considere conveniente al real servicio”. Procur aumentar la guarnicin; y con los cuerpos del ejrcito de Costafirme y otros venidos de la Pennsula, las fuerzas veteranas constaban a fines de 1826 de 11 526 hombres de infantera, del Regimiento Lanceros del Rey, compuesto de menos de 300 jinetes, y de siete compaas de artillera, una de ellas montada, otra de maestranza y cinco de a pie. Las navales no eran bastantes a cubrir las costas contra enemigos tan cercanos. Componanse de un navo, cuatro bergantines y dos goletas. Considerando que en caso de una invasin sera ocupada la villa de Trinidad y podra fcilmente tomarse posesin de Puerto Prncipe, donde haba un gran partido a favor de la independencia, orden que estos puntos centrales fuesen guarnecidos por dos batallones veteranos y que en Casilda se levantaran reductos y fortificaciones; en la parte oriental hizo reconstruir algunas de las obras del Morro de Cuba, colocando 40 piezas de artillera, aadi 20 a la batera de la Estrella y siete a la del puerto de Gibara, y los castillos de Baracoa, Maturn y la Punta fueron

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 102\ 102\ 102\ 102\ 102\ puestos en buen estado de defensa: en la occidental haba menos peligros, y slo se atendi a levantar en Baha Honda un fuerte pequeo y se le asign de guarnicin una Compaa de Mrito.5 5Pezuela, pp. 522-540. Saco, t. III, pp. 151-154.

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CAPTULO VLA JUNT LA JUNT LA JUNT LA JUNT LA JUNT A PA A PA A PA A PA A PA TRI"TIC TRI"TIC TRI"TIC TRI"TIC TRI"TIC A CUBANA EN MJICO A CUBANA EN MJICO A CUBANA EN MJICO A CUBANA EN MJICO A CUBANA EN MJICO VIAJE VIAJE VIAJE VIAJE VIAJE DE DOS CORONELES COLOMBIANOS A CUBA DE DOS CORONELES COLOMBIANOS A CUBA DE DOS CORONELES COLOMBIANOS A CUBA DE DOS CORONELES COLOMBIANOS A CUBA DE DOS CORONELES COLOMBIANOS A CUBAEn el exterior, los cubanos refugiados en las repblicas de Mjico y Colombia persistieron en sus propsitos y determinaron establecer en la capital de la primera un congreso que titularon Junta Patritica Cubana, donde estaban representadas las ciudades y pueblos principales de la Isla. Reunidos el 4 de julio de 1825, fueron electos presidente don Juan A. Unzueta, natural de La Habana, y secretario don Jos Fernndez de Velasco, de Puerto Prncipe; se nombr una comisin para entenderse con el gobierno mejicano, otro para las relaciones con los desafectos de Cuba y los proscritos en Estados Unidos, y una diputacin que fuese a Colombia cerca de la persona del Libertador.1Parece excusado decir que sus planes fueron recibidos con entusiasmo en Mjico y que el hroe de Colombia se anim con el ansia de conquistar nuevos laureles en la ltima lucha de la libertad contra los poderes europeos en Amrica. Segn los documentos que tenemos a la vista, ambas repblicas se concertaron en levantar un ejrcito como de 5 000 hombres al mando del general Pez, el cual deba trasladarse en un convoy de Colombia protegido por la escuadra del Sr. Juan de Padilla; con l ira la flor de cubanos y portorriqueos de todas graduaciones que se haban distinguido en la guerra de la revolucin, capitaneados por el general portorriqueo Valero, vencedor del Callao, y servira de ncleo a los coaligados que estaban dispuestos a unrseles en la Isla. Entre los que dejaron Estados Unidos para formar parte en esta expedicin se cuentan don Alonso y don Fernando Betancourt, quienes se embarcaron para Cartagena y al pasar por Jamaica les hizo variar de propsito un accidente que dio lugar a una de las aventuras ms peregrinas y arriesgadas en conexin con la historia de estos acontecimientos. Los Betancourt se encontraron en Kingston con don Jos de Salas y don Juan de Betancourt, coroneles colombianos comisionados por su 1Mss. de Toln.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 104\ 104\ 104\ 104\ 104\ gobierno para examinar la costa meridional de Cuba y proponer el punto ms conveniente para el desembarco, y se unieron a ellos en esta peligrosa empresa. Puestos de acuerdo pasaron a Montagobay, donde los aguardaban el Dr. don Francisco Desa, habanero, y don Santiago Zambrano, trinitario, y en una balandra inglesa llamada Margaret se hicieron a la vela el 4 de marzo de 1826, llevando a bordo 100 fusiles, doble nmero de lanzas, diez quintales de plvora y 10 000 cartuchos. Iban adems de los sujetos mencionados, un indio peruano asistente de Salas, el capitn Rafael Dolphy y cinco ingleses. El 8 por la tarde fondearon en el embarcadero Romero, entre Manzanillo y Santa Cruz, y bajaron a tierra los coroneles, los Betancourt camageyanos y el capitn Dolphy, dirigindose a la hacienda San Lorenzo perteneciente a un to de don Alonso, donde quedaron todos menos ste, que pas a la finca de don Francisco Coso, 4 leguas ms adelante, y envi cartas a un amigo suyo de Puerto Prncipe. A los ocho das tuvo respuesta anuncindole que Coso y un to de don Alonso estaban presos en Santiago de Cuba acusados de masones, que los patriotas se hallaban desalentados con la prisin reciente de Francisco de Agero y Bernab Snchez (proscritos en 1823, que sabedores de la invasin proyectada se anticiparon a ir a reclutar gentes, y avisado el gobierno los prendi y conden a muerte, cuya sentencia se ejecut en la plaza de Puerto Prncipe el 17 de marzo) y que se volviesen de nuevo a Jamaica, porque se haba dispuesto la salida de una partida en su persecucin; tan alerta andaban las autoridades en aquellos das. Con tales noticias convinieron en embarcarse y seguir a Trinidad en busca de don Jos Antonio Iznaga y don Pedro Snchez. Dejaron a Romero el 18 y el 23 llegaron a la desembocadura del Manat, donde el coronel Betancourt comision a don Alonso para que fuese con cartas suyas a verse con aquellos patriotas. ste lleg a Trinidad y habiendo sabido que Iznaga estaba en el campo se fue a la casa de Snchez y le envi un propio dicindole fuese a verse con los coroneles en el ro Zaza. Cumplida su misin se volvi a bordo para ir a este punto, donde llegaron al da siguiente, y a las 8 de la maana el coronel Salas, don Alonso, Dolphy y otros dos ingleses, subieron el ro en un bote hasta la primera casa que encontraron y no hallando caballeras que alquilar para ir al ingenio de Ro-abajo, se dirigieron a un potrero situado a la orilla opuesta, y all se provey don Alonso de ellas y de un gua; pero a poco de andar se tropez con el inconveniente de no poderse vadear el ro, y como le aconsejase el gua que fuese a un embarcadero cercano se volvi al potrero y con sus compaeros entr en el bote para salvar la dificultad y seguir viaje a Ro-abajo. “Yo no saba (dice la relacin que escribi el mismo Alonso) que en el tal embarcadero haba poblacin y destacamento de tropa, por lo cual

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PEDRO JOS GUITERAS /105 /105 /105 /105 /105 no dud de dirigirme inmediatamente a l. Al doblar el recodo del ro descubrimos el casero y la batera, y no siendo posible escaparnos por la fuga como propuso Salas, determin dirigirme al comandante del destacamento, a quien persuad de que Salas y yo ramos prisioneros de un corsario insurgente que nos haba echado en el Gran Caimn de donde venamos en una goleta inglesa que nos traa por 50 pesos y que yo iba a Ro-abajo a pedir esa cantidad a don Jos Antonio Iznaga... y continuar mi viaje con Salas a Puerto Prncipe”. “El comandante me crey y yo segu a Ro-abajo, adonde llegu a las 8 de la noche y permanec hasta la 1 de la madrugada que con Iznaga mont en su quitrn y nos dirigimos a Tayabacoa, donde ste tuvo una entrevista con el coronel Betancourt y nos reembarcamos. A Salas y Dolphy y los ingleses les permiti el comandante que fuesen a bordo a buscar la ropa que me perteneca para que al siguiente da nos reunisemos all mismo, segn yo haba quedado de volver, y de all ser remitidos a Sancti Spritus con el parte de costumbre. Reunidos todos nos hicimos a la vela la misma maana, que era sbado de gloria, sin tener a bordo un plato que comer. A las 4 de la tarde fondeamos en Caimn Brack y fuimos a tierra y compramos pescado y cortamos unas palmitas de guano y seguimos rumbo al Gran Caimn adonde llegamos dos das despus”. En esta roca desierta tuvieron que detenerse, postrados de una enfermedad aguda, el coronel Salas y don Alonso, y como importase dar cuenta de esta expedicin los dejaron all el coronel Betancourt, Desa, Zambrano y el indio, y Dolphy con los otros ingleses se volvi a Jamaica. Los primeros das lo pasaron tal cual, pero despus que se les agotaron las provisiones, se mantenan solamente de verdolagas silvestres que recoga don Alonso, pues Salas estaba enteramente aniquilado; y habiendo aportado por all en el mes de julio un buque ingls, compadecido el capitn de la situacin en que se hallaban los llev a Jamaica, donde supieron las nuevas que se dirn en el captulo siguiente.2 2Mss. de Betancourt y otros.

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CAPTULO VIPOLTIC POLTIC POLTIC POLTIC POLTIC A DE EST A DE EST A DE EST A DE EST A DE EST ADOS UNIDOS. CONSPIRACI"N ADOS UNIDOS. CONSPIRACI"N ADOS UNIDOS. CONSPIRACI"N ADOS UNIDOS. CONSPIRACI"N ADOS UNIDOS. CONSPIRACI"N DEL GUILA NEGRA. INV DEL GUILA NEGRA. INV DEL GUILA NEGRA. INV DEL GUILA NEGRA. INV DEL GUILA NEGRA. INV ASI"N ESP ASI"N ESP ASI"N ESP ASI"N ESP ASI"N ESP AOLA AOLA AOLA AOLA AOLA EN MJICO EN MJICO EN MJICO EN MJICO EN MJICOEn las guerras metropolitanas del siglo pasado, sobre el imperio del Atlntico y extensin de conquistas territoriales, hemos visto que Cuba fue siempre el blanco de los tiros de Inglaterra y que Espaa atendi a su conservacin como la llave del golfo mejicano; despus que Estados Unidos entr en la lista de las naciones creci la importancia de esta Isla para Espaa, que hizo de ella el centro de sus defensas militares con respecto a sus posesiones de Luisiana y las Floridas; en estos tiempos en que los Estados del continente han terminado su revolucin, Cuba ofrece un inters que no tiene parangn con ningn territorio de este hemisferio como punto militar y poltico, pues ella es para Espaa, la ltima provincia de su vasto imperio, para las nuevas repblicas, el nico que puede amenazar su independencia; para la Amrica toda, el aliado natural de las monarquas de Europa contra el principio de las soberanas populares. La invasin de Mjico y Colombia, aun cuando tuviera solamente el objeto de favorecer a los cubanos en sus planes de independencia, no poda efectuarse sin graves consecuencias, caso de intervenir las naciones de Europa a favor de Espaa. Esta intervencin, a hacerse por medio de las armas, no se hubiera ceido a la Gran Antilla, las antiguas provincias espaolas hubieran sufrido tambin sus consecuencias, y la terminacin de esta lucha hubiera sido probablemente fatal a la democracia americana. Los poderes europeos haban celebrado el tratado impamente llamado la Santa Alianza para contener y destruir los progresos de la libertad, y la actitud de los Estados disidentes les facilitaba una ocasin de empezar a desarrollar sus planes con la expedicin contra Cuba. Era prudente que stos se confederasen y pusiesen a cubierto de las acechanzas del despotismo; y con tal objeto acordaron celebrar un congreso escogiendo el istmo de Panam, lazo de unin de ambos continentes,

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PEDRO JOS GUITERAS /107 /107 /107 /107 /107 a la manera que los antiguos griegos acostumbraban reunirse en el de Corinto a discutir los asuntos concernientes a las diversas repblicas. Los puntos principales que deban tratarse era el modo de atender a su propia seguridad, la invasin proyectada y la futura existencia poltica de Cuba y Puerto Rico. En asuntos de tanta trascendencia no era posible olvidar a Estados Unidos, cuyo ejemplo e instituciones haban sido su modelo y admiracin, insinuando la idea de ponerlos al frente de la confederacin. El pueblo acogi con entusiasmo la idea; pero el gobierno, que vio en ella el riesgo a que expona la paz de la repblica y temi adems que Mjico le arrancase la posesin de una isla que ha sido en todos tiempos el ensueo dorado del estadista americano, se excus de tocar a la manzana de la discordia, dando por razn que los principios nacionales repugnaban toda alianza poltica, y vendindoles la fineza a las nuevas hermanas de que guardando su posicin neutral podra hacerles mayor bien con las naciones de Europa. En cuanto al punto esencial de Cuba y Puerto Rico, el presidente fue ms explcito, manifestando que la condicin de estas islas era de grave importancia, influyendo muy directamente en los intereses presentes y el porvenir de la Unin, que su conquista era evidentemente uno de los fines de los Estados beligerantes en Panam, y que los peligros a que con motivo de los peculiares elementos de su poblacin podan verse expuestas, as como el probable de que al fin fuesen arrebatadas por alguna potencia europea, no le permita mirar con indiferencia las funestas consecuencias a que poda dar lugar el proyectado congreso. El Senado en su informe deca que Estados Unidos no ver nunca con indiferencia la condicin actual y futuros destinos de estas islas, ni permitir se adopte resolucin alguna con respecto a ellas en que no sean parte, y se negaba por entonces a entrar en acuerdo sobre la invasin, lo que equivala a reprobarla. Cuando llegaron a Caracas estas noticias se present a Bolvar la diputacin cubana, deseosa de conocer su opinin, y el Libertador le manifest que la actitud tomada por Estados Unidos lo obligaba, y a las otras repblicas, a desistir de la empresa, no obstante de que la posesin de Cuba y Puerto Rico para Espaa las forzara a sostener ejrcitos costosos para repeler cualquier tentativa que pudiera hacer desde aquellas islas. La Junta Patritica se disolvi por la propia naturaleza de sus acontecimientos, y muchos de sus individuos honraron a Cuba en el ejrcito de Mjico y Colombia y en los destinos de la magistratura. Tal fue el resultado del clebre congreso de Panam, que no lleg nunca a reunirse ni aun entre las mismas repblicas hispanoamericanas.1 1Mi Coleccin mss. Thirty Years View By a Senator of Thirty Years. (Obra escrita por el coronel Thomas H. Benton), New York, 1854.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 108\ 108\ 108\ 108\ 108\ Como la esperanza jams abandona al patriota que con nimo fuerte lucha contra el infortunio, era bien dura a algunos cubanos la idea de renunciar a la libertad de la patria, idea que cuando se arraiga en el corazn alienta en l hasta el ltimo instante de la vida. Aquellos pocos espritus entusiastas se concertaron para volver a la empresa con los auxilios que ofreca Cuba solamente, y formaron en Mjico la conspiracin conocida con el nombre de El guila Negra, cuya base circunscribieron a un tringulo, y dur desde 1829 a 1830. Pero toda tentativa era entonces desesperada, y Vives pudo seguir los hilos de aquel no intrincado laberinto y llegar sin temor a su centro con la persecucin de los iniciados en la Isla. Entre stos fue descubierto en La Habana don Jos Sols, quien hizo una denuncia circunstanciada de los planes y personas comprendidas en ellos. “A consecuencia de esta revelacin fue sorprendido en el pueblo de Regla, Miguel Vzquez, entre cuyos papeles se hallaron algunas malas composiciones poticas contra Espaa, pruebas de una correspondencia muy comprometida que desde principios de 1829 llevaba Sols con un don Manuel Ronquillo de Nueva Orlens y una copia de las instrucciones de la orden del guila Negra para aumentar sus proslitos en la Isla, e ir preparando su emancipacin. Don Jos Machado, que haca un ao se haba pasado de Mjico a La Habana, apareci como siendo el comisionado principal para promoverla. En sus declaraciones design Sols como coadyutores de primera lnea para realizar el plan de independencia al licenciado don Manuel Rojo, a don Lucas Ugarte, a don Manuel Abreu, a don Gaspar Acosta, a los hermanos Dr. don Gabriel y don Pedro Pelez, a don Pedro Muros, cuado de don Pedro Rojas, huido al extranjero desde el descubrimiento de la conspiracin de Lemus, en que tanto se haba comprometido, y, por ltimo, como agentes ms activos y peligrosos a don Mateo Somelln y don Manuel Palacios que se dedicaban a ir y venir a Nueva Orlens y Matanzas con encargos de los conspiradores”. Entregronse los acusados al brazo militar de la comisin ejecutiva, que hubiera dado buena cuenta de todos a no haberse interpuesto la poltica conciliadora del general, quien sin duda vio esta conspiracin de otra manera que los celosos vocales de aquel tribunal. Pronunciaron stos sentencias condenando a muerte a Rojo y don Francisco Semanat, de La Habana, don Luis Ramrez y don Andrs de la Flor, de Matanzas, y algunos individuos ms, otros a diez aos de presidio con retencin y otros por ms corto tiempo. Vives solicit y obtuvo perdn del rey para los primeros y algunos de los segundos, en las gracias que concedi al nacimiento de la princesa Isabel, actual reina de Espaa, y los dems se acogieron despus al Real Decreto de amnista expedido el 5 de octubre de 1832.

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PEDRO JOS GUITERAS /109 /109 /109 /109 /109 Cuando empezaba a tramarse esta conspiracin ocurri la invasin de Mjico por las fuerzas navales y terrestres que defendan la Isla. Sali de La Habana el 5 de julio de 1829 un ejrcito de 3 556 hombres de todas armas al mando del brigadier don Isidro Barradas, en un convoy protegido por la escuadra del general don ngel Laborde: el 27 desembarc en la costa meridional de Tampico, cuyo fuerte tom el 4 de agosto y el 9 entr en la ciudad, que hall abandonada, y el 18 ocup a Altamira, ltimo punto hasta donde avanz este ejrcito. El general don Antonio Lpez de Santana, comandante en jefe de las fuerzas mejicanas, acudi con algunas a contener sus progresos, entretuvo a Barradas en Tampico hasta que le vinieron refuerzos, y el ejrcito espaol, disminuido por las enfermedades del pas, fue cercado y obligado a rendirse el 11 de septiembre, concedindole regresar a La Habana, donde lleg a fines de diciembre.2 2Mss. de Toln y otros. Pezuela, pp. 554-559 y cap. 32.

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CAPTULO VIINUEV NUEV NUEV NUEV NUEV A DIVISI"N MILIT A DIVISI"N MILIT A DIVISI"N MILIT A DIVISI"N MILIT A DIVISI"N MILIT AR DE LA ISLA. CENSO AR DE LA ISLA. CENSO AR DE LA ISLA. CENSO AR DE LA ISLA. CENSO AR DE LA ISLA. CENSO DE 1827. EL INTENDENTE PINILLOS. PROGRESOS DE 1827. EL INTENDENTE PINILLOS. PROGRESOS DE 1827. EL INTENDENTE PINILLOS. PROGRESOS DE 1827. EL INTENDENTE PINILLOS. PROGRESOS DE 1827. EL INTENDENTE PINILLOS. PROGRESOS DE LA LITERA DE LA LITERA DE LA LITERA DE LA LITERA DE LA LITERA TURA. FIN DEL GOBIERNO DE VIVES TURA. FIN DEL GOBIERNO DE VIVES TURA. FIN DEL GOBIERNO DE VIVES TURA. FIN DEL GOBIERNO DE VIVES TURA. FIN DEL GOBIERNO DE VIVESHemos visto en los captulos anteriores la sagacidad con que supo Vives librar a Cuba de los errores de la anarqua en que la precipitaban la Constitucin y los emigrados de las repblicas hispanoamericanas, su buena fortuna en conservarla bajo el poder de la monarqua y la clemencia que us con los cubanos en los das del triunfo. Vives amaba, sin duda, la libertad por inclinacin y por principios, y la moderacin que se advierte en sus actos como autoridad superior, nos inclina a creer que le hubiera sido amargo ensangrentar la memoria de su gobierno a haberse encendido la guerra civil en el pas. En su administracin, uno de los servicios ms recomendables por los beneficios permanentes que report la Isla, fue la realizacin de un proyecto concebido por Cienfuegos, que consista en asegurar las bases de un plan general de defensa aprobado por el real cuerpo de ingenieros. Para esto hizo reunir cuantos trabajos topogrficos y estadsticos se haban hecho y nombr una comisin de jefes y oficiales, que se distribuy por secciones, recogiendo datos y levantando planos parciales. El resultado de estas tareas fue la divisin territorial de la Isla en tres departamentos el cuadro estadstico correspondiente al ao de 1827 y la gran carta topogrfica, monumentos que hacen honor a Vives y a la nacin que supo levantarlos. La divisin militar fue aprobada en junio de 1827, formndose los departamentos Occidental, Central y Oriental. La comandancia del primero, subdividida en 11 distritos, qued a cargo del capitn general; al del Centro serva de cabeza Trinidad y se divida en cinco secciones; el Oriental, sujeto a Santiago de Cuba, se dividi en cuatro. Los jefes haban de ser de la clase de oficiales generales, y los de los distritos inferiores por lo comn de jefes del ejrcito, presidan los ayuntamientos y tenan bajo su mando a los comandantes de armas y a los jueces pedneos de sus demarcaciones; organizacin viciosa, por la preponderan-

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PEDRO JOS GUITERAS /111 /111 /111 /111 /111 cia que se daba en el gobierno al poder militar sobre las instituciones civiles.1La poblacin de la Isla en 1827 era de 704 487 almas, dividida en 305 051 blancos, 106 494 libres de color y 286 942 esclavos. Desde el censo de 1775, la poblacin general y en sus clases respectivas tuvo el aumento y las alteraciones siguientes: Libres AosBlancosde colorEsclavosTotal 177596 440 30 84744 333171 260 1791133 55954 152 84 590272 301 1817239 830114 058199 145553 033 1827311 051106 494286 942704 487 Por esta tabla se ve que, en 1775, la poblacin blanca exceda en ms del duplo a los esclavos, y que stos reunidos a todos los mulatos y negros libres todava no igualaban a los primeros, pues que los blancos formaban un 56 % y toda la gente de color un 44 solamente; pero ya desde 1791 aparece que los blancos perdieron su preponderancia numrica, porque no llegan sino a 49 %, mientras que la poblacin de color sube a 51 %; y al paso que venimos descendiendo en los ltimos aos se observa dolorosamente que la gente de color ha ido ganando sobre la blanca, y ganando en tales trminos que ya en 1827 los blancos y los esclavos casi se balancearon, llegando aqullos a 44 % y stos a 41. No se me oculta que este censo no contiene todo el nmero de nuestros blancos; pero habr quien se atreva a decir que ha inscrito en sus columnas a todos los esclavos? Las negligencias que se advierten en l son mucho mayores respecto de la poblacin de color que de la blanca, y basta para comprobarlo fijar la vista en la partida de los negros y mulatos libres; pues suponindose equivocadamente que slo forman un 15 %, ofrece un resultado mucho ms bajo que el de todos los aos anteriores. An a pesar de esto, si comparamos el total de blancos con el de la gente de color en 1827, aqul es de 44 % y ste de 56.2Uno de los acontecimientos ms notables de esta poca, fue el haberse encargado de la Superintendencia General de Real Hacienda, a fines de octubre de 1825, don Claudio Martnez de Pinillos, despus conde de Villanueva. Su plan administrativo para asegurarse en este elevado destino, fue aumentar las rentas reales sin respeto a una justa proporcin con el progreso de la riqueza pblica, ganndose la confian1Pezuela, pp. 529 y 538.2Saco, t. II. p. 72.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 112\ 112\ 112\ 112\ 112\ za de la Corte por un medio que se la hubiera hecho perder en una nacin ms celosa y conservadora de los intereses de sus colonias. Este plan result a favor del comercio peninsular y en dao del comercio extranjero, que traa ms ventajas en sus cambios; fue causa del atraso en la crianza de ganados, ramo principal del Departamento Central y muy importante de comercio interior; y destruy muchos ramos de industria en la clase pobre de nuestros labradores. Sus malos efectos se hicieron menos sensibles por causas ajenas a los vicios inherentes a este sistema: las principales fueron la tolerancia en la entrada clandestina de negros de frica; la introduccin del vapor en las mquinas destinadas a la elaboracin del azcar; la construccin de ferrocarriles, y el haber monopolizado la Isla el comercio de azcar con la disminucin extraordinaria que sufri este fruto en Santo Domingo y las Antillas inglesas y francesas. Hizo, sin embargo, algunos bienes de que hablaremos en lugar ms conveniente. Corresponde al gobierno de Vives la fundacin del pueblo de Crdenas que se efectu el 8 de marzo de 1827 y la habilitacin de su puerto para el comercio de cabotaje.3 Tambin se empez a colonizar en 1828 la Isla de Pinos, y dos aos despus se fund su capital la Nueva Gerona, en tierras que cedieron al efecto el regidor de La Habana don Andrs de Acosta y otros hacendados, asignndole un jefe militar, un empleado de Hacienda y una compaa de guarnicin.4Cuando asumi la autoridad absoluta, a pesar de los cuidados que le haba dado la libertad de la prensa, dispens una prudente proteccin a las letras, y a la sombra de su tolerancia se despert el entusiasmo de la Sociedad Econmica, que dej en sus certmenes literarios, en sus Memorias y en la Revista Bimestre monumentos ilustres para la historia de la civilizacin cubana. Las nobles tendencias de los primeros se comprendern con la simple noticia de algunos de los temas presentados en 1829 a la emulacin de nuestros escritores, y que obtuvieron unos los primeros premios y otros una mencin honorfica en su desempeo: “Sobre el estado de la educacin en Cuba y medios de mejorarla”. “Las causas de la vagancia”. “Mejoras aplicables a las crceles”. “Sobre una cartilla rstica”. “Modo de hacer ms provechosos los potreros o dehesas”. “De la conservacin de los montes”. “Conveniencia de importar artculos de consumo y artefactos extranjeros, que sin gravar el comercio no perjudiquen la industria del pas”. “Las causas de la decadencia en el precio del caf, y si en su actual abatimiento ser bien continuar su cultivo o abandonarlo”. “De los usos y aplicaciones del 3Memorias de la S. P de la Habana t. V, n 28.4Pezuela, pp. 542 y 543.

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PEDRO JOS GUITERAS /113 /113 /113 /113 /113 chapapote”. “Modo de construir y conservar los caminos, mantenerlos y mejorarlos con menos dispendio y pblica utilidad”. “Suponiendo que el producto del azcar y el caf supera al consumo de estos ramos y que nuestros rivales en su cultivo pueden con mayor ganancia respectiva darlos a menor precio que nosotros en los mercados de su expendio, indicar cules sern los medios de compensar estas desventajas de nuestra agricultura y hacer lucrativos los trabajos y capitales que en ella se emplean”.5Las segundas en su Seccin de Historia publicaron en 1830 La Habana descripta que escribi a mediados del siglo pasado el regidor don Flix de Arrate con una bella introduccin y notas ilustrativas, nica edicin que conocemos de la historia de la capital de Cuba; un extracto de todo lo tocante a la Isla que se encuentra en la crnica general de Oviedo; y una memoria histrica de Bejucal por don Manuel M. de Acosta.6La comisin de literatura dio vida a la Revista Bimestre Cubana donde las plumas de don Flix Varela, don Francisco Guerra Bethencourt y don Blas Oses, las de don Domingo del Monte, don Jos Antonio Saco y don Jos de la Luz Caballero, han dejado tan bellas muestras del estado de las ciencias y literatura en la Isla, y abrieron la senda que deba inmortalizar los nombres de Palma, Valds, Milans y otros ingenios que florecieron a mediados del presente siglo.7“En La Habana, los paseos, la Casa de Beneficencia, descuidada en algunas pocas y protegida en la suya, los hospitales, aunque no en el rgimen material y el teatro, le debieron mejoras muy importantes. El puente de Marianao que es el mejor de la Isla, se construy tambin bajo su mando lo mismo que este modesto monumento que con el nombre de Templete aparece en la Plaza de Armas de La Habana, consagrado a la memoria de la primera misa que se dijo en ella”.8Es sensible a nuestra alma, al escribir la ltima pgina de este memorable gobierno, tener que notar que en medio de estos progresos en las altas regiones de la inteligencia, la civilizacin cubana estaba minada en sus ms firmes fundamentos. La santidad de la religin y de las leyes, la educacin primaria y las costumbres presentaban el cuadro ms lamentable de supersticin y cbala, ignorancia y corrupcin en todas las clases del pueblo. En vano, la Sociedad Econmica procur cortsmente llamar su atencin sobre estos cnceres que devoraban el 5Acta de las Juntas Generales de la Real Sociedad Econmica de la Habana de 1829.6Memoria de la Seccin de Historia de la R. S. P. de la Habana, 1830 .7La preciosa y rara coleccin de este peridico principi en mayo de 1831 y concluy en enero de 1834, y consta de tres tomos en 4 espaol.8Pezuela, p. 563.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 114\ 114\ 114\ 114\ 114\ cuerpo social, en vano, el grito del patriotismo tronaba en la pluma de Saco; Vives no respondi jams a los clamores de la patria. Y sin embargo, l es el capitn general que con menos deseos de hacer bien ha dejado recuerdos de su administracin que han arrancado elogios sinceros de los mejores escritores cubanos y que merecern la gratitud de las generaciones venideras. Su conducta como gobernador civil no nos permite concederle intencin recta en haber permitido alguna libertad a la prensa y al desarrollo de la ilustracin, y nos hace sospechar que estas medidas fueron adoptadas en conformidad con la poltica que sigui desde el principio para adormecer la opinin pblica y ganarse el partido conservador. Pues furamos injustos en negar las prendas que lo adornaban, la penetracin necesaria para conocer que el vicio del juego y la vagancia estaban aniquilando la moralidad pblica y eran causa del nmero infinito de ladrones y malhechores que por toda la Isla atacaban los intereses y destruan la vida de la sociedad. Y con todo esto, el mismo genio poltico que supo destruir los planes mejor concertados para la independencia, no dict medidas que salvasen a Cuba de estos males deletreos que le haban dado ya un nombre ominoso en las naciones extranjeras. Habiendo elevado varias veces la renuncia de su destino al Supremo Gobierno, fue nombrado para sucederle el teniente general don Mariano Ricafort, que se encarg del mando el 15 de mayo de 1832; y La Habana vio con sentimiento alejarse de sus playas al gobernador ms ilustre que haba tenido despus del inmortal don Luis de las Casas.

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CAPTULO VIIIGOBIERNO DE RIC GOBIERNO DE RIC GOBIERNO DE RIC GOBIERNO DE RIC GOBIERNO DE RIC AFOR AFOR AFOR AFOR AFOR T T T T T EST EST EST EST EST ADO MORAL ADO MORAL ADO MORAL ADO MORAL ADO MORAL DE LA ISLA DE LA ISLA DE LA ISLA DE LA ISLA DE LA ISLAAncho campo deja abierto el abandono de Vives al talento, actividad y patriotismo de su sucesor; del sistema que adoptase en tales circunstancias dependa la paz y futura prosperidad de la Isla. ¡Cun bella oportunidad se le present para estrechar los dbiles lazos que la unan a la metrpoli! ¡Cun noble empresa haber seguido el ejemplo trazado por algunos de sus antecesores, cuyos efectos saludables bendice la generacin presente! ¡Cunto espacio a reformas a favor de la civilizacin de esta virgen Antilla! La agricultura y comercio necesitaban poblacin y comunicaciones interiores; la industria y las artes, instruccin popular; las ciencias y las letras, una proteccin liberal: vigentes estaban las disposiciones soberanas sobre colonizacin blanca y fomento de la riqueza pblica, y algunos restos de los tiempos gloriosos de Las Casas y Someruelos, los Sres. Arango y Vlez, el Pbro. Caballero y Romay, con la falange de la juventud ilustrada, aguardaban en muda expectacin la marcha que seguira para acudir en su ayuda. ¡Intil esperar! Ricafort, desgraciadamente, no supo estimar la estrecha relacin que existe entre las ciencias morales y polticas, y preocupado del error de que no era posible distraer a los cubanos de sus intentos patriticos, en vez de afianzar el edificio de su gobierno en el slido cimiento de la moralidad y la justicia, trat de adormecer el espritu revolucionario halagando las inclinaciones populares y adopt el extremo que haba de relajar an ms la unin entre ambos pases propendiendo a fomentar la ignorancia y disipacin en los naturales de la Isla. Su idea principal, imitacin de la mezquina de Vives, fue corromper las costumbres, alejndolos de la noble ocupacin de influir en el desarrollo de la felicidad pblica. En lugar de atender al fomento de la educacin popular, creando escuelas de enseanza primaria y secundaria, de reformar los estudios universitarios, de estimular a los talentos de la Isla a establecer gabinetes de lectura, bibliotecas y museos pblicos, de extender las comunicaciones interiores y mejorar la administracin econmica y los abusos

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 116\ 116\ 116\ 116\ 116\ del foro, fij la atencin en el vicio que haba de destruir las ms slidas fortunas y en mantener a los cubanos en continua discordia con pleitos interminables. La vida del cubano se consuma en la disipacin; la valla de gallos y casas de lotera eran su refugio durante la maana, los billares y cafs lo esperaban por la tarde y en las ferias, bailes y garitos empleaba las horas de la noche. “No hay ciudad, pueblo, ni rincn de la isla de Cuba (dice Saco hablando del juego) hasta donde no se haya difundido este cncer devorador. La vagancia es quiz el menor de los males que produce, pues hay otros de naturaleza tan grave que slo podrn mirarse con indiferencia cuando se hayan apagado en el corazn los sentimientos de justicia y moralidad. Las casas de juego son la guarida de nuestros hombres ociosos, la escuela de corrupcin para la juventud, el sepulcro de la fortuna de las familias, y el origen funesto de la mayor parte de los delitos que infestan la sociedad en que vivimos”. Los efectos de esta poltica desmoralizadora se encuentran descritos con exactitud en dos memorias de plumas muy autorizadas de las cuales tomaremos los extractos que ms sirvan a ilustrar esta poca de nuestra historia. El clero, la magistratura y la milicia son las tres profesiones consideradas las columnas ms fuertes de la monarqua. El primero tiene la elevada misin de formar la conciencia conforme a los preceptos eternos de Dios; de la segunda salen los talentos que han de dictar las leyes y hacer practicarlas de la manera ms conforme con el bienestar de los ciudadanos; y a la milicia toca conservar el orden y mantener la independencia nacional. As es que en la virtud de los primeros, en la sabidura de los segundos y en el valor de los ltimos, descansa toda nacin que aspira a aquel gnero de grandeza que consolida el bien temporal y bien eterno; y ninguna podr llegar jams a alcanzarla en donde los encargados de ensear la religin, de hacer cumplir las leyes y de mantener la paz interior son tan slo instrumentos de desmoralizacin, de opresin y de anarqua. Veamos cul era el estado de estas tres clases al empezar y concluir el gobierno del general Ricafort. “La tristsima situacin a que el culto y el clero han llegado en esta isla de Cuba es la mejor prueba del abandono en que por largos aos vienen all los intereses morales... No slo es de lamentar el escaso nmero de eclesisticos y de templos... el abandono en que por largos aos ha estado la educacin del mismo clero y la ruina con que muchas de las iglesias, ermitas y oratorios amenazan, hacen an ms lastimoso el cuadro que el culto y clero ofrecen, hasta el punto de poder decirse, no ya de la poblacin esclava que aglomerada en los ingenios carece de instruccin y pasto espiritual, sino de la misma libre, blanca y de color, que una buena parte de ella nace, vive, se enlaza y muere sin tener quien la bautice, case y entierre...”.

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PEDRO JOS GUITERAS /117 /117 /117 /117 /117 La administracin de justicia, en lugar de servir de garanta a la libertad personal y las propiedades de los habitantes, era un elemento de que se vala el gobierno para dividirlos, corromperlos y empobrecerlos. “Su organizacin corresponde no ya a la ilustracin de nuestros tiempos, pero ni aun a lo que los principios ms elementales de la ciencia sealan como necesario para satisfacer las necesidades ms imperiosas de toda sociedad”.1Los cuerpos llamados de milicias, compuestos de naturales del pas, eran tan insignificantes, que Pezuela, al hablar de las fuerzas de la Isla en aquella poca, ni aun se digna decirnos a cuntos hombres ascenda. La confianza del gobierno descansa en el ejrcito peninsular, y sin embargo de su importancia, los abusos introducidos en l haban llegado a exasperar al soldado de tal manera que frecuentemente se alteraba la paz pblica por los mismos encargados de su conservacin. “Muchos cometan un crimen, tomaban iglesia, y en sus declaraciones solan manifestar que su nico estmulo haba consistido en el deseo de que se les condenara a presidio, en cuyo caso se les nombraba de capataces, andaban libremente por la poblacin, se les dispensaban rebajas y eran licenciados con ms facilidad que en las filas”. Pero estaba reservado al general Tacn el dejar estampado el sello de reprobacin a este sistema inicuo. “Mucho se habl en los papeles nacionales y extranjeros del estado de desmoralizacin en que se hallaba la Isla antes del 1o de junio de 1834 y no era a la verdad exagerado el cuadro que ofrecan los papeles. Un nmero crecido de asesinos, ladrones y rateros circulaba por las calles de la capital matando, hiriendo y robando, no slo durante la noche, sino en medio del da y en las calles ms centrales y frecuentadas. Pareca que tanto nmero de criminales parta de un centro comn o de alguna asociacin ramificada y temible, que se haba propuesto sobreponerse a las leyes, atacar inpunemente al ciudadano pacfico y destruir todos los vnculos sociales. Tal era el terror que haba excitado la cohorte de forajidos, que los dependientes de las casas de comercio no podan salir a hacer sus cobros sin ir escoltados de gente armada. Existan igualmente compaas de malvados, vidos y reputados por tales que se hallaban dispuestos a quitar la vida bajo precios convencionales a cualquier persona que se les designase. Muchas veces desde la crcel misma sealaba el criminal la vctima y contaba en la calle con los colaboradores para perpetrar un nuevo atentado”.2 1Concha, Memorias pp, 113-115. Aunque esta opinin y la relativa al clero se refiere a una poca posterior, nosotros las hemos aceptado por creerlas aplicables al estado del clero y del foro en 1832; si alguna diferencia hubiese de una poca a la otra sera a favor de la ltima, en la cual se haban efectuado ya la exclaustracin de los regulares y algunas reformas en los tribunales de justicia.2Tacn, Relac ., pp. 3-4 y 23.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 118\ 118\ 118\ 118\ 118\ Para cmulo de males, Cuba fue invadida a principios de 1833 por el clera morbo asitico. Esta epidemia, la ms destructora que cuentan los anales de la Isla, vino a La Habana de Estados Unidos, y a pesar del terror y confusin que se apoder de los cubanos, no se refiere ningn caso de tumultos populares ni desorden de ninguna clase. En todos los lugares por donde cundi se ceb ms en las gentes de color que en los blancos, atendidas las proporciones de ambas clases y la que ms sufri sus horrores fue la ciudad de Matanzas.3Sirva de consuelo al nimo afligido poder decir que en medio de este campo sembrado de espinosas zarzas y guaos ponzoosos descollaban algunas plantas benficas nutridas con la fecunda savia de las ceibas frondosas que haba desecado o arrastrado a extraas regiones el huracn de las pasiones polticas, cuyos frutos preciosos empezaron a recogerse a fines del gobierno de Vives y pocos aos despus. Dignos sucesores de los patriotas del siglo pasado, los Sres. don Jos Antonio Saco y don Domingo del Monte, don Jos de la Luz y Caballero, don Agustn Govantes y don Francisco de Armas en La Habana, don Gaspar Betancourt Cisneros, en Puerto Prncipe, y en Santiago de Cuba, don Francisco Muoz del Monte y don Porfirio Valiente, consagraban su talento a la reforma de las costumbres y el desarrollo y progreso de la educacin y las ciencias. Ellos y otros cubanos y peninsulares distinguidos se esforzaban en salvar nuestra civilizacin del horrible precipicio en donde una poltica infernal trabajaba por sumirla. Ya como miembros de la Sociedad Econmica, ya como intrpretes de la filosofa, ya como defensores de la ley, ya como escritores pblicos, difundan la educacin, propagaban las ms sanas doctrinas, corregan los desrdenes del foro y hacan conocer el carcter progresivo de las naciones extranjeras. Aquella Sociedad continu publicando anualmente sus programas sobre asuntos de utilidad pblica, que ocupaban a los mejores ingenios; su Seccin de Educacin se afanaba en buscar recursos para extender la enseanza elemental y establecer talleres de artesanos, donde la juventud adquiriese ideas y hbitos de moralidad y trabajo; la de Historia, en reunir y conservar las obras que haban dejado escritas plumas cubanas y las que pudieran servir a ilustrar los anales del pas, y la Comisin de Literatura patrocinaba la Revista Bimestre que era considerada el mejor peridico que entonces vea la luz pblica en lengua castellana. 3Saco, t. II, pp. 160-284. Revista Bimestre Cubana, t. III, p. 321 y ss.

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CAPTULO IXGUERRA DE SUCESI"N. EL EST GUERRA DE SUCESI"N. EL EST GUERRA DE SUCESI"N. EL EST GUERRA DE SUCESI"N. EL EST GUERRA DE SUCESI"N. EL EST A A A A A TUTO REAL TUTO REAL TUTO REAL TUTO REAL TUTO REALA la muerte del rey don Fernando se encontr el pueblo espaol dividido en opiniones polticas sobre la sucesin al trono. Sostenan unos los derechos del infante don Carlos, hermano del difunto monarca, fundados en la ley slica de Felipe V; admitan otros como legtima la revocacin de esta ley por la pragmtica sancin de 1830 y aceptaban los de la princesa primognita doa Isabel. Los partidarios del primero, patrocinados por el clero, formaban el partido apostlico, que representaba los principios del absolutismo. La reina madre llam en apoyo de su hija a la nobleza y al partido liberal, quienes proclamaron a doa Isabel II en Madrid el 24 de octubre de 1833. La primera garanta que dio doa Mara Cristina de su buena disposicin a entrar en reformas fue el nombramiento de un ministerio presidido por Francisco Martnez de la Rosa y la sancin a un nuevo cdigo conocido con el nombre de Estatuto Real. ste autorizaba la creacin de un estamento de prceres y otro de procuradores y contena adems el uso moderado de la libertad de imprenta, la institucin de juntas provinciales y reconstruccin de los ayuntamientos. El pueblo espaol vio en l un cdigo que no emanaba ni proclamaba ningn principio, y engaado con las esperanzas que le haban hecho concebir los antecedentes polticos de su autor, le neg su confianza y le oblig a abandonar el timn de Estado. Despus de una lucha continuada con su sucesor el conde de Toreno, el trono llam en su ayuda al partido progresista, que se aventur a ofrecer lo que no le era posible llevar a cabo, y contrariado por la misma Cristina y los estatuistas, tuvo que ceder el puesto a don Francisco Javier Izturiz, contra quien indignado el pueblo se sublev a mediados de 1836 y forz a la reina madre a confiar de nuevo su salvacin al partido progresista. La revolucin de la Granja trajo consigo el cdigo de Cdiz, su revisin por las Cortes que formaron la constitucin de 1837 y dos aos despus la terminacin de la guerra civil con el triunfo de los partidarios de la libertad identificados con el trono de Isabel.1 1Didier, Espaa desde Fernando VII

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 120\ 120\ 120\ 120\ 120\ Los progresos de la revolucin no hubieran alterado la tranquilidad que reinaba en Cuba, ni afectado sus intereses, a haberse hecho extensivos a esta provincia sin restricciones injustas. La distancia a que se encuentra de su metrpoli, el carcter naturalmente pacfico de sus hijos y las circunstancias peculiares de su poblacin agrcola, alejaban toda duda sobre su disposicin a permanecer neutrales en la lucha de principios, obedecer al Gobierno Supremo y seguir su suerte cualquiera que fuese el desenlace de la guerra. Ella hubiera conservado la unin poltica sabiamente reconocida por los monarcas espaoles, estrechando las simpatas que nacen de la identidad de origen, idioma, religin y costumbres, y desarrollado tranquilamente los grmenes de su riqueza y civilizacin a la sombra bienhechora de la libertad y del trono. De esto dio una prueba evidente en la proclamacin de Isabel que se celebr con regocijos y fiestas jams vistos en la Isla. Don Francisco de Arango desempe en este acto el ltimo de su vida pblica, levantndose del lecho de muerte para aclamar a la hija, como lo haba hecho con su augusto padre. Cargado de aos y honores baj al sepulcro este ilustre habanero a mediados de abril de 1837. Sus servicios a favor del comercio libre y colonizacin blanca, despertaron siempre la ms profunda gratitud en el corazn de los cubanos, que hallaron un placer en presentarlo como dechado de perfeccin a sus compatriotas.2Pero los hombres en cuyas manos deposit las riendas del gobierno doa Mara Cristina en toda esta poca azarosa, preocupados de la falsa idea de que la prdida de los Estados hispanoamericanos fue debida a las instituciones democrticas aceptadas en 1812 y prevenidos por los sucesos que tuvieron lugar en la Isla cuando la Constitucin expirante en 1823 anunciaba la reaccin desptica armada con el hacha que haba de tronchar las nobles cabezas de Riego y de Torrijos, creyeron conveniente adoptar una poltica diversa con respecto a las posesiones ultramarinas; y las halageas esperanzas concebidas en Cuba empezaron a desvanecerse en el ministerio de Martnez de la Rosa y quedaron muertas dolorosamente en el de Calatrava. El gobierno mand proclamar el Estatuto Real, haciendo alteraciones importantes respecto del nombramiento de prceres y procuradores, en la ley de imprenta y en otros particulares de gran inters, negando el establecimiento de la milicia urbana y de otras instituciones creadas en la Pennsula, ordenando quedase en toda su fuerza y vigor el decreto sobre facultades omnmodas y que continuase bajo el mismo pie el tribunal de la comisin militar. La mente del ministerio al dictar medidas tan contrarias al espritu y tenor del nuevo cdigo, se descubre claramente en estas palabras de 2Palma, Noticias necrolgicas

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PEDRO JOS GUITERAS /121 /121 /121 /121 /121 un escritor competente para juzgar los actos del gobierno en Cuba: “Llegado el ao 33 en que se cre en la Pennsula el Ministerio de Fomento, no pudo ocultarse a la penetracin del ilustrado ministro que lo organiz, como no se ocult a los inmediatos sucesores, que los principios fundamentales que se establecan para la administracin de la Pennsula eran aplicables a sus provincias de Ultramar, sin que fuese seguramente su intento introducir en ella las reformas polticas que ya entonces se anunciaban y se plantearon aqu en 1834. Y as es que despus de haberse resuelto que continuase unido el gobierno civil al mando militar, en Real Orden de 21 de noviembre de 1835 prevenase al gobernador capitn general de la isla de Cuba por el Ministerio del Interior, formase una comisin para que propusiese el modo de plantear los reales decretos del 23 de julio y 21 de septiembre sobre ayuntamientos y diputaciones provinciales; y como todo lo relativo a propios y arbitrios de los pueblos, haba pasado a dicho ministerio, se dijo luego en 20 de enero de 1836 al gobernador capitn general que hasta el restablecimiento de las diputaciones provinciales en la Isla, la diputacin de propios de la misma corriera a cargo del superintendente general y Junta Superior de Real Hacienda”.3La poblacin de la Isla no pudo menos de recibir con disgusto un cdigo as mutilado, con mengua del honor del pas, y en el cual se autorizaba la divisin de derechos polticos entre Espaa y Cuba, sin manifestarse ningn motivo de conveniencia pblica. Hzose, sin embargo, la eleccin de procuradores por los antiguos ayuntamientos perpetuos y ocuparon sus sillas en el estamento los Sres. don Andrs Arango, don Juan Montalvo y Castillo, don Prudencio de Hecheverra, don Serapio Mojarreta y don Juan Kindeln. La reina gobernadora honr con el nombramiento de prceres al general don Miguel Tacn, a los condes de Villanueva, Fernandina y O’Reilly y al marqus de la Candelaria de Yarayabo. Receloso quiz el ministerio de que esta injusticia produjese trastornos en el pas, pens en la eleccin de un nuevo capitn general, experimentado en los negocios de Amrica, de simpatas poco favorables a la extensin de instituciones liberales en estos pases, de carcter enrgico para mantener el orden en tan crticas circunstancias; y recay en el general Tacn, que se haba encontrado en la revolucin de las provincias suramericanas y prestado en ella servicios muy sealados. Con 3Concha, Memorias pp. 84 y 191. La nueva ley autorizaba la organizacin de los ayuntamientos sobre la base electoral de mayores contribuyentes, y no se le dio cumplimiento bajo el especioso motivo de la dificultad de asignar el derecho electoral por cuotas fijas en un pas donde no existen contribuciones directas; motivo que exista tambin en Puerto Rico, donde no fue un inconveniente para que el capitn general la llevase a efecto en marzo de 1836, acomodndose a la organizacin econmica vigente.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 122\ 122\ 122\ 122\ 122\ tales antecedentes se present en la Isla a llenar una misin ciertamente poco satisfactoria a los ojos de sus habitantes, y Ricafort le entreg el mando superior el da 1o de junio de 1834.4 4Pezuela, pp. 573, 582 y ss.

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Libro DuodcimoCAPTULO IPERSONA Y C PERSONA Y C PERSONA Y C PERSONA Y C PERSONA Y C ARCTER DEL GENERAL TAC"N, ARCTER DEL GENERAL TAC"N, ARCTER DEL GENERAL TAC"N, ARCTER DEL GENERAL TAC"N, ARCTER DEL GENERAL TAC"N, SUS PRINCIPIOS Y POLTIC SUS PRINCIPIOS Y POLTIC SUS PRINCIPIOS Y POLTIC SUS PRINCIPIOS Y POLTIC SUS PRINCIPIOS Y POLTIC A A A A ADon Miguel Tacn naci en Cartagena el 10 de enero de 1775, se dedic en su juventud a la carrera de la marina, llegando al grado de teniente de fragata, y cuando la armada espaola abdic el dominio de los mares, se le concedi el empleo de capitn de infantera y grado de teniente coronel, confirindosele en 1810 el cargo de gobernador militar y poltico de Popayn en el Nuevo Reino de Granada. Su llegada fue cuando empezaba a agitarse la cuestin de la independencia, en la cual estuvo siempre a favor del trono; all pele con varia fortuna hasta fines de 1811, que batido por los granadinos se refugi a Lima. En el Per sigui batindose hasta 1819, alcanzando por sus servicios varias condecoraciones y ascensos, hasta el empleo de mariscal de campo y en este ao pas a Espaa comisionado por el virrey para informar al gobierno del estado de la revolucin. Fernando lo nombr gobernador de Mlaga y comandante militar de la provincia, que desempe hasta 1823 y estando de cuartel en Sevilla en 1834, fue ascendido a teniente general y nombrado para el gobierno de la Isla.1Los cubanos poseen en alto grado una cualidad especial a los pueblos meridionales: con una imaginacin viva, un espritu apasionado y expansivo, una ndole tierna y dotados de nobles sentimientos, se penetran a una simple mirada del mrito de las personas, y el efecto de esta impresin decide de sus juicios y simpatas. As que, como a la reputacin que precedi a la llegada de Tacn, se reuniese el ser hombre de porte y apariencias antipticas, el carcter independiente de los cubanos se predispuso contra l y sus actos lo hicieron aborrecible desde su ingreso en el mando. El general Tacn era de buena estatura, seco de carnes, de rostro moreno y grave, ceudo en el mirar y profundamente disimulado en 1Biografa de Don M. Tacn en el Estado mayor del ejrcito espaol

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 124\ 124\ 124\ 124\ 124\ la expresin de su fisonoma; cuidaba mucho de la compostura en el exterior y tena la virtud de ser metdico y laborioso en las atenciones del gobierno; la idea exagerada que se haba formado de su autoridad haca resaltar su altivez y reserva y daba a sus maneras aquella falta de soltura y gracia que no siempre adquieren los que han vivido en la estrechez y dependencia de la milicia; su temperamento impresionable lo haca con frecuencia esclavo de la ira, era severo en extremo cuando se trataba de hacer cumplir sus rdenes, y su inflexibilidad, favorecida por las facultades extraordinarias de que estaba revestido, lo arrastraba hasta hollar las leyes, si hallaba en ellas un freno a su voluntad. La impresin que hizo en su nimo el levantamiento hispanoamericano, vici sus opiniones respecto de las posesiones de Ultramar. No pudiendo comprender las causas de aquellos sucesos, su educacin y hbitos militares contribuan a mantenerlo en el error de que la tolerancia liberal haba producido la prdida de aquellos dominios; y cuando fue nombrado capitn general de Cuba, vea por todas partes la accin de “un partido inquieto que maquinaba contra la dominacin de Espaa en la Isla, pero que an no haba turbado su reposo, aguardando la ocasin de hacerlo cuando habindose hecho insoportable el yugo de la metrpoli fuese fcil levantar a los que sin embargo de ser enemigos de todo trastorno, prefiriesen a los desrdenes de un sistema colonial, los peligros y desventajas de un gobierno independiente”.2Tan funesta preocupacin influy en todos los actos de su poltica. Crea que rodeada Cuba de repblicas cuyo ejemplo podra causar trastornos, el medio mejor de impedirlos era establecer un gobierno de gran firmeza, gran vigilancia, gran severidad; y de aqu el que siempre se hubiese mantenido separado de la sociedad del pas, que hubiera tenido que tratar cortsmente, admitiendo slo en palacio a las personas que por su dependencia le tributaban los honores debidos a su empleo, y el que, considerndolas muy perniciosas, recomendase que no se extendiesen a l, las reformas que fueron introducindose en la metrpoli durante su gobierno.3Con el fin de dar una garanta de que ste sera benfico y distraer el espritu pblico del justo descontento que lo agitaba, abraz con el mayor celo el restablecimiento de la seguridad individual y del respeto a las autoridades, medidas que ya hacan necesarias el estado de inquietud en que vivan sus habitantes bajo la anarqua de los malvados y los desrdenes insoportables arraigados en el foro. Para esto acudi al remedio de crear una polica urbana y otra rural, que secundadas por 2Galera de espaoles clebres contemporneos, Madrid, 1842.3Pezuela, pp. 582-584.

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PEDRO JOS GUITERAS /125 /125 /125 /125 /125 su “infatigable actividad y energa de carcter”, lograron en breve tiempo restablecer el orden y el prestigio de los tribunales.4Al mismo tiempo trabajaba por embellecer la capital con edificios de utilidad y ornato, con paseos y calzadas y la reparacin de las calles y avenidas. Las obras que ms encomian sus admiradores son la organizacin del ejrcito, la construccin de un nuevo campo de instruccin militar, de tres mercados, la crcel pblica y un paseo que es una prolongacin de la hermosa alameda de extramuros. Respecto del ejrcito, pidi a los comandantes una relacin de los individuos viciosos incorregibles y perjudiciales a la disciplina, y de ella result en la guarnicin de La Habana solamente, el considerable nmero de 568, parte de los cuales fueron separados de las filas. Tambin dispuso que se expidiesen cuatro licencias mensuales a los cumplidos ms antiguos de cada cuerpo, y que los oficiales habitasen, siempre que fuese posible, en los mismos cuarteles. El campo de instruccin militar est en el antiguo de Marte, y adems de un piso slido y seco se halla cercado con unas verjas de hierro y tiene una ancha puerta en cada uno de sus frentes. No solamente llena este espacioso lugar el objeto para que ha sido construido, sino que facilita las comunicaciones de la ciudad con la numerosa poblacin de extramuros por medio de sombras alamedas. De los mercados el de Fernando VII tiene cuatro frentes de dos pisos con una plaza en el centro y un depsito de agua para conservar aseadas todas las piezas; el del Cristo consiste en una lnea de casillas con arquera por ambos lados y su distribucin interna es en todo semejante a la del anterior y la pescadera es de dos pisos con un mostrador corrido, cubierto de losas de mrmol. La necesidad de una crcel pblica y de cuarteles de presidio, era tan urgente, que no poda menos que interesarlo en su construccin. Pronto se levant en el campo de la Punta un edificio de dos pisos con un espacioso vestbulo; en el interior, los patios estn adornados con fuentes y estanques y rodeados de galeras. El piso bajo est destinado a los presos y presidiarios y tiene capacidad para 2 000 personas; el alto sirve de cuartel y puede alojar 1 200, con pabellones para los oficiales. El paseo para unir el castillo del Prncipe con la ciudad, atraviesa una campia deliciosa, en una extensin de 6 000 pies, con una calzada en el centro y cuatro calles laterales, y corre por toda la parte despoblada formando alamedas adornadas con rboles del pas. Este paseo tiene en sus extremos y en tres puntos intermedios, anchas plazoletas con saltadores, fuentes y otros monumentos.5 4Vzquez Queipo, Informe fiscal p. 78.5Breve noticia, etc ., Nueva York, 1835. Relacin del gobierno del general Tacn.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 126\ 126\ 126\ 126\ 126\ Adems de las mejoras expresadas, se ocup en la reparacin de las calles, “aunque no del modo usado en las grandes poblaciones de Europa y Estados Unidos”; hizo abrir una puerta prxima a la de Monserrate en direccin a la calle de O’Reilly; patrocin la construccin del teatro que lleva su nombre, el ms bello que posee la Amrica, y dej concluido el muelle de la capitana del puerto. “Pero desgraciadamente los ornatos, las reformas y las construcciones, casi se concretaban a La Habana; fuera de la prxima y floreciente ciudad de Matanzas, en donde de orden de aquel capitn general y por el celo del gobernador Garca Oa, se abri el importantsimo camino del arrabal de Versalles a Yumur, se hizo un buen paseo y se comenz una nueva crcel; Santiago de Cuba, Trinidad y las poblaciones interiores adelantaban poco y lentamente en sus mejoras materiales”.6 6Pezuela, pp. 600 y 603.

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CAPTULO IICONTINA EL MISMO ASUNTO CONTINA EL MISMO ASUNTO CONTINA EL MISMO ASUNTO CONTINA EL MISMO ASUNTO CONTINA EL MISMO ASUNTO CONSTRUCCI"N CONSTRUCCI"N CONSTRUCCI"N CONSTRUCCI"N CONSTRUCCI"N DEL ACUEDUCTO DE LA HABANA DEL ACUEDUCTO DE LA HABANA DEL ACUEDUCTO DE LA HABANA DEL ACUEDUCTO DE LA HABANA DEL ACUEDUCTO DE LA HABANA Y DEL FERROC Y DEL FERROC Y DEL FERROC Y DEL FERROC Y DEL FERROC ARRIL DE GINES ARRIL DE GINES ARRIL DE GINES ARRIL DE GINES ARRIL DE GINESLa prensa peridica de aquellos tiempos, algunos funcionarios pblicos y los extranjeros que visitaban La Habana, colmaban de elogios a una autoridad que haba podido destruir en pocos meses vicios tan hondamente arraigados y convertir en un jardn las inmediaciones de la ciudad, adonde se pudiera concurrir en las horas de recreo a gozar las delicias de la naturaleza de los trpicos. Despus de su salida de la Isla, calmadas las pasiones que excit con su conducta y ms ilustrada la opinin, se form un juicio muy distinto de su talento gubernativo, aun por algunos individuos de su propio bando. La reforma de la polica no era otra cosa que la sustitucin de un reglamento civil por el de una organizacin militar, y en el cambio del personal de particulares por el de individuos retirados del ejrcito: sistema conveniente respecto de un pas “donde por principio general se trata de robustecer el poder con la mayor fuerza posible, lo cual tiene en Cuba precisa aplicacin por el carcter que se quiere dar a su gobierno”. Esta polica no estaba subordinada a ningn reglamento, no tena sueldo y slo perciba en clase de obvenciones algunos derechos, con los cuales “casi ninguno de los empleados poda contar ni con lo absolutamente necesario para una mezquina subsistencia; era pues preciso que se creasen por s mismos medios de subvenir a ella, y una vez en este camino ya podr calcularse la posibilidad de que se contuvieran aquellos a quienes no se ofreca ningn honroso estmulo capaz de balancear la urgencia de las necesidades propias, y hasta el afn de hacer fortuna, que es all aguijn tan poderoso. Y lo que de ah lgicamente se infiere se encuentra por desgracia bien demostrado en los hechos, porque de ah surgieron los arbitrios establecidos por los mismos empleados con perjuicio de la moral, con dao de la seguridad y de la salubridad pblica y en menosprecio de las leyes y bandos, de que deban ser constantes guardadores”.1 1Concha, Memorias pp. 95-98.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 128\ 128\ 128\ 128\ 128\ Para destruir los vicios del juego y la vagancia deca Saco: “Dese al pueblo instruccin, alintese la industria, persgase la indolencia, rmese la ley para herir a todo delincuente y en breve quedar purgado nuestro suelo de la plaga que hoy lo infesta”. Y en otro lugar, como medio de corregir los abusos del foro: “Mientras las leyes no se reformen, y los modos de enjuiciar se simplifiquen; mientras no se mejoren nuestros estudios y los grados acadmicos, y las licencias para abogar no se den con tanta facilidad; mientras no se sepa que desde el magistrado supremo hasta el ltimo curial, todos sern pronta e irremisiblemente castigados por sus faltas o delitos; mientras la noticia de estas penas no se publique, para que cobrando fuerza la opinin sirva de consuelo a unos y de confusin a otros; mientras, en fin, no se presenten nuevas carreras a la juventud removiendo los obstculos que hoy las tienen cerradas, intil ser esperar las reformas de nuestro sistema forense”.2Pero a Tacn, si no ms acertado, le era mucho ms fcil llamar a los agentes de su nueva polica, comunicarles sus rdenes y dejarles el cuidado de llenar las crceles y los presidios. Puesta en tales manos la autoridad pblica, el nmero de personas blancas y de color que se vieron privadas de libertad sin orseles, ni ser juzgadas por los tribunales, fue tal, que el mismo Tacn dispuso que con ellas y con parte de los carlistas confinados y de soldados incorregibles, se creasen numerosas brigadas de albailes, canteros, carpinteros, herreros y rosadores de piedra, asignando a cada una los puntos que deba baar con su sangre y sudor, y en esas calles que se reparaban y en los edificios y paseos que excitaban admiracin, no hay una piedra que no haya sido regada con las lgrimas de aquellos desgraciados. Por este y otros “medios tan sencillos logr llevar a cabo un nmero de obras considerables”, cuyo importe fue “segn el moderado avalo que se practic, de 2 087 520 pesos”. La disciplina y el rigor de las leyes militares facilitaban la reforma intentada en el ejrcito. No cabe duda de que el medio adoptado para llenar las bajas traa muchos peninsulares, que lejos de servir de garanta de orden contribuan a corromper la sociedad y aumentar el nmero de crmenes: “a slo el regimiento de La Habana haban sido remitidos de la bandera de Cdiz, en menos de tres aos, 757 sentenciados”. Adems, el mal trato que se daba al soldado, la injusticia de forzarlo a continuar el servicio despus de cumplido, eran tambin motivos que a veces arrastraban a los de mejor nota a desertar y cometer excesos y crmenes. De todos los actos de Tacn, el que produjo efectos ms saludables fue el de la reorganizacin del ejrcito.3 2Saco, t. I, pp. 180 y 194.3Tacn, Relacin pp. 22 y 23, y Apndice no 4.

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PEDRO JOS GUITERAS /129 /129 /129 /129 /129 Respecto de los mercados, oigamos la opinin de la Junta de Fomento: “El alto precio a que han elevado los renglones de primera necesidad los monopolios que con grave dao del vecindario se dispensaron no hace mucho, entre los que son ms notables el de haberse convertido en propiedad particular los mercados pblicos, donde la carne adquiere el extraordinario aumento de 100 % sobre el valor de 2 pesos la arroba a que se expende en el matadero y el pescado que debiera ser el alimento de la gente pobre se vende a 6 pesos 2 reales y a 9 pesos 3 reales la arroba segn calidades”.4 Hablando de los bienes de propios de ayuntamientos, dice el general Concha: “En los presupuestos de ingresos no aparecen como pertenecientes a propios, sino que alguno que otro insignificante, la renta de algn otro rastro o mercado, y estos que en La Habana por ejemplo, hubieran podido ser de consideracin si se hubiesen construidos con los fondos municipales, hechos por contratistas, han dejado a stos por largo nmero de aos ingresos muy cuantiosos, que beneficiaran ntegramente hasta el ltimo da de concluirse el plazo estipulado, en razn de haber logrado hasta rehuir el compromiso de entregar en buen estado los edificios del Ayuntamiento, quien por cierto tendr que proceder a la reconstruccin de algunos de ellos el da en que el plazo termine”.5De la crcel pblica, dice el Sr. Queipo: “Las de la Isla, sin exceptuar la nueva de La Habana, renen todas las condiciones para convertirlas en una verdadera sentina de vicios. Confusin de criminales, confusin de edades, confusin de clases, tal vez de castas y aun de sexos en algunas, cuya estrechez no permite otra cosa, ya se deja conocer lo que sern y lo que puede esperarse de los que las pueblan. Es por lo mismo doblemente sensible que la autoridad que tan bien supo desterrar de la Isla la vagancia y el crimen durante su mando, hubiese olvidado, al construir el magnfico edificio de la crcel nueva, todas las reglas y condiciones tan conocidas en el prximo continente angloamericano, y perdido la ocasin de dotar a La Habana de una de las instituciones que ms hubiera contribuido a la correccin de los criminales y a la que dan hoy la mayor atencin las naciones civilizadas”.6El paseo militar, en fin, fue causa de graves desaciertos. Principia al fin de la calzada de San Luis Gonzaga, “una calle muy ancha y alegre, si bien de piso desigual, ya por formarse en parte de dos planos inclinados, ya por no haberse dirigido su empedrado con inteligencia y esmero”, la cual “estaba destinada a ser una de las calles ms concurridas y deba procurarse que fuera una de las ms bellas y cmodas de la ciu4Informe de la Comisin de Poblacin Blanca en Vzquez Queipo, Apndice no 1.5Concha, Memorias p. 260.6Vzquez Queipo, Informe fiscal, p. 81.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 130\ 130\ 130\ 130\ 130\ dad”. Para corregir las imperfecciones de esta calzada, hubiera sido fcil regularizar la superficie con una inclinacin suave; pero Tacn tuvo la idea peregrina de “levantar en medio de la calle un malecn tan extraordinario que tiene 360 varas de longitud, 12 de latitud y cinco de altura, que van disminuyendo progresivamente hacia los extremos. Esta obra, perjudicial e innecesaria, obstrua una hermosa calle, reduca la calzada formndole dos calles angostas a los costados del malecn, sombras, hmedas y malsanas, cerraba el uso de carruajes dos de las transversales y quitaba la luz y ventilacin a las casas inmediatas. Sin embargo de estos inconvenientes, se llev a cabo sin ‘dar conocimiento del proyecto al Ayuntamiento, que seguramente lo hubiera evitado’, ni haberse formado ‘el expediente que deba acreditar su utilidad’ ”.7Mientras el general Tacn, “salvando las barreras que pudiera encontrar en la limitacin de las atribuciones ordinarias de su autoridad”, se ocupaba en organizar de una manera imperfecta el ramo de la polica y en llevar a efecto algunas obras de utilidad y ornato, muchas de ellas “por medio de contratas y privilegios que vinieron a resultar demasiado onerosas”; el intendente Pinillos, obtenida la aprobacin real, con estricta observancia de las leyes y sin perjuicio de los intereses de ningn particular ni corporacin, llevaba a cabo dos obras que por su costo y magnitud, por su conveniencia pblica y los beneficios que produjeron, una a la capital y otra a la agricultura de la Isla, se estiman con razn, muy superiores a la emprendidas por aqul y ms dignas de la gratitud cubana. Provea de aguas a La Habana la escasa e insalubre zanja real, y el conde pens en la construccin del acueducto de Fernando VII. En menos de tres aos concluy una obra tan importante, haciendo venir el agua del ro Almendares, a 6 millas de distancia, en una gran caera de hierro cubierta, de mejor calidad y mucho ms importante que la de la zanja. Conciliando la hermosura y ornato con la conveniencia de la poblacin, hizo reparar las fuentes que ya existan y dispuso se colocasen otras en algunos parajes pblicos donde no las haba, haciendo venir de Italia dos nuevas de mrmol, modelos de sencillez y buen gusto. De una conveniencia ms general, fue el ferrocarril de La Habana a Gines. Aos haca ya que excitado por las representaciones de la Junta de Fomento y los informes del mismo conde, haba autorizado el Supremo Gobierno la construccin de una lnea que partiendo de la capital atravesase las frtiles llanuras del Bejucal, Santiago y los Gines y abriese una comunicacin entre las costas del norte y sur, yendo a terminar en el fondeadero de Bataban. Villanueva emprendi solamente 7Expresin de agravios etc., del Ayuntamiento de la Habana & en la residencia & de Don Miguel Tacn, New York, 1839.

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PEDRO JOS GUITERAS /131 /131 /131 /131 /131 la construccin hasta Gines, haciendo dos emprstitos en Londres por valor de 2 millones de pesos, pagaderos con los productos del ferrocarril. En noviembre de 1837 se abri el tramo hasta el Bejucal, y un ao despus, esto es, a los tres de haberse principiado, qued concluido hasta aquella villa. Este feliz ensayo de un sistema de comunicaciones, generalizado ya en casi todas las naciones civilizadas, produjo resultados tan favorables, que pronto el espritu emprendedor de los cubanos se empe en la construccin de otras lneas que partiendo de los puertos comerciales abrazasen los centros de produccin agrcola; y en pocos aos, la mayor parte de los frutos de la Isla, fueron conducidos al mercado por medio de ferrocarriles, se aumentaron las cosechas y numerosas fincas empezaron a fomentarse en terrenos de admirable fertilidad, cuya distancia a las costas los haba hecho hasta entonces improductivos.8 8Pezuela, Ensayo El general Tacn y el conde de Villanueva, por don Miguel Ferrer YMartnez, Madrid, 1838. Apuntaciones de un empleado de Real Hacienda Key West, 1838.

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CAPTULO IIIARBITRARIED ARBITRARIED ARBITRARIED ARBITRARIED ARBITRARIED ADES DE TAC"N. DON JOS ANTONIO ADES DE TAC"N. DON JOS ANTONIO ADES DE TAC"N. DON JOS ANTONIO ADES DE TAC"N. DON JOS ANTONIO ADES DE TAC"N. DON JOS ANTONIO SACO SACO SACO SACO SACO INSURRECCIONES DE ESCLA INSURRECCIONES DE ESCLA INSURRECCIONES DE ESCLA INSURRECCIONES DE ESCLA INSURRECCIONES DE ESCLA V V V V V OS OS OS OS OSEra natural que el Sr. Tacn encontrase la popularidad que buscaba, entre aquella clase influyente, que slo se detena a disfrutar las conveniencias de medidas transitorias de seguridad individual, a contemplar las fachadas de los nuevos edificios y a recrearse con las delicias del paseo de extramuros. Los peninsulares domiciliados en esta Isla, vienen con el objeto de hacer fortuna y volverse a gozar en su provincia del fruto honroso de su trabajo. Aunque algunos suelen adoptar la determinacin de permanecer y arraigarse en ella, jams abandonan la idea de dejar a su patria para siempre; este noble sentimiento hace que no se identifiquen con su porvenir, ni estudien sus necesidades, ni se interesen por la felicidad de sus habitantes y que el espritu de reforma que los anima en sus deseos de cimentar en bases slidas las instituciones coloniales, se interprete por ellos malamente y permanezcan adictos a la poltica del gobierno. El general Concha se lamenta de las dificultades que su indiferencia ofrece a las autoridades superiores para poder “formar un juicio aproximadamente exacto” de la situacin de la Isla. “Los altos funcionarios, los que realmente conocen el estado del pas, su administracin y los vicios de sta, rehyen la responsabilidad de indicar el remedio, prefiriendo a resultados que juzgan dudosos, confiar en los elementos de orden que encierra la poblacin y la prosperidad material del pas. Otra parte de los empleados encuentran inmejorable un sistema que les permite acumular obvenciones y aun adquirir fortunas ms o menos rpidas, segn la elasticidad de sus conciencias y las condiciones del destino. Los espaoles nacidos en la Pennsula, que llevan all largo tiempo de residencia y que a costa de su laboriosidad y honrosa economa adquirieron grandes capitales no pueden en general comparar con otro alguno el sistema de gobierno y administracin que en Cuba rige y calculan las dificultades y los medios de conservacin de aquel pas por las fuerzas terrestres y martimas, sin entrar en consideraciones de otro

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PEDRO JOS GUITERAS /133 /133 /133 /133 /133 gnero que no es dado olvidar a un gobierno medianamente entendido y previsor”. Otro efecto muy distinto haca al nimo de los cubanos el despliegue de actividad con que Tacn pretenda adormecer la opinin pblica. No poda ocultrseles que una autoridad que en sus disposiciones tenda principalmente a robustecer el poder militar, que se cuidaba poco de mantener el prestigio de los tribunales civiles y que miraba con desdn las prerrogativas concedidas en pocas anteriores a los ayuntamientos y dems corporaciones, no era la ms a propsito para recomendar las reformas liberales de que tanto necesitaba el pas, ni regirlo de una manera conveniente a sus intereses. Claro se presentaba a sus ojos que quien haca depender de su voluntad absoluta la marcha general de los negocios pblicos, haba de introducir en el gobierno y administracin abusos de grave trascendencia, y que el ministerio de la reaccin liberal en lugar de un jefe sabio y moderado les haca el presente de un dspota que llegaba para inaugurar un sistema poltico precursor de grandes males. La prensa peridica, ese regulador de la libertad o de la opinin de los pueblos, fue una de las instituciones que sufri los ms rudos ataques. De la Revista Bimestre nos dice un ilustre patricio: “A su llegada a la Isla ya estaban impresos con todos los requisitos de la censura la mayor parte de los artculos del nmero que se deba publicar; pero como S.E. empez muy pronto a poner en prctica las facultades ultralegales de que vena revestido, los autores de dichos artculos tomaron el prudente partido de recogerlos, pagando de su peculio los gastos de la impresin. No podemos omitir aqu una circunstancia muy digna de notarse y que por s sola revela la espantosa tirana que nos oprime. Entre esos artculos, haba uno destinado a servir de base a la representacin que se haba de elevar al Gobierno Supremo impetrando gracia a favor de Cuba por los quebrantos que acababa de sufrir con la epidemia del clera; pues a pesar de la importancia del artculo, a pesar de que ste corri todos los trmites de la censura bajo el gobierno del Sr. Ricafort, a pesar de que fue ledo en el Ayuntamiento de La Habana y aprobado despus por unanimidad de votos, a pesar, en fin, de ser su autor uno de los regidores ms distinguidos y al mismo tiempo uno de los alcaldes de esta ciudad, fue tal el terror que inspiraron las violentas medidas del general Tacn, que el artculo corri la misma suerte que el peridico”. No satisfecho con destruir la institucin, quiso herir de muerte la inteligencia del pas y sacrific a su hijo predilecto, el que ms ha honrado las letras y la virtud, el elocuente don Jos Antonio Saco. Este ilustre bayams, siendo estudiante en el Colegio de San Carlos, fue el discpulo ms querido del Pbro. Varela y lo sustituy en la Ctedra de

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 134\ 134\ 134\ 134\ 134\ Filosofa en 1822, llamando la atencin por la elegancia de sus discursos y lo avanzado de sus ideas liberales. Cuando la reaccin ech por tierra el edificio de la Constitucin y Varela se acogi a Estados Unidos, Saco parti a acompaar y consolar a su maestro y asociado “al hombre justo, al varn esclarecido”, redact un peridico titulado El Mensajero Semanal y escribi algunas memorias que aumentaron su reputacin, y estando de vuelta en la Isla en abril de 1832 la Comisin de Literatura lo encarg de la redaccin de la Revista Bimestre Igual a los cubanos ms distinguidos de aquella poca, en la pureza de sus sentimientos y el caudal de sanas doctrinas, siempre en avanzada para descubrir y revelar los males de su pas, los aventajaba a todos en la independencia de sus ideas y en el arrojo y valenta con que abrazaba las cuestiones de un inters trascendental. En aquella clebre publicacin se vieron varios escritos suyos entre los cuales el ms notable por las ideas, la riqueza de datos estadsticos, la importancia del asunto y las dolorosas consecuencias que tuvo en su vida, fue el juicio crtico de las “Noticias del Brasil en 1828 y 1829 por el Pbro. R. Walsh”, que no es otra cosa que una exhortacin altamente patritica contra el comercio clandestino de esclavos de frica que se haca en Cuba. “Pocos fueron, dice, los que entonces supieron leerlo con imparcialidad. La opinin del pas dolorosamente extraviada, alz el grito contra su autor; viose ste calumniado y perseguido, maquinose la venganza, buscronse pretextos con que cohonestarla, y en castigo de sus sanas intenciones, recibi al fin los honores de la expatriacin”. El Sr. Saco sali de La Habana el 13 de septiembre de 1834, y sus compatriotas dieron una prueba bien marcada de desaprobacin, y de la confianza que les mereca el ilustre proscrito, nombrndolo tres veces consecutivas para representarlos en Cortes.1En vano, algunos residentes en la Isla, viendo que se les negaban los medios de ilustrar al Supremo Gobierno, acudieron a defender sus derechos por medio de la prensa de Madrid, y unidos a los procuradores Hechevarra, Kindeln y Montalvo, sostenan la necesidad de que se estableciesen en Cuba reformas polticas anlogas a las que el pueblo conquistaba en la Pennsula. “Acceder a las pretensiones de los procuradores, hubiera sido en el gobierno una contradiccin de la idea que le haba guiado al nombrar a Tacn para mandar en Cuba, cuando apareca en Espaa el Estatuto Real y sus formas polticas cambiaban”.2Y si alguna vez, consecuente el ministerio en sus principios, aceptaba las repetidas exhortaciones de aquellos patriotas, el tenaz general, “no viendo por todas partes sino el espectro de la independencia, cuya 1Concha, Memorias p. 135. Saco, t. II, p. 28; t. III, p. 90 y otros lugares de sus obras.2Pezuela, p. 587.

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PEDRO JOS GUITERAS /135 /135 /135 /135 /135 mgica cabeza, presentada por diestras manos, lo espantaba a todas horas”, suspenda el cumplimiento a las disposiciones soberanas, representando peligros imaginarios y pintando como revolucionarios los puros sentimientos de los liberales conservadores de la Isla.3As que, adems de su rigurosa oposicin a que se extendiesen a ella las franquicias concedidas a la prensa en Espaa y a que se llevase a efecto la venta del Arsenal, propuesta por los ministros de Marina y Hacienda, manifest an ms empeo contra la organizacin de las milicias locales, aunque algunas corporaciones lo haban solicitado y muchos lo deseaban, y en eludir la reforma de ayuntamientos y creacin de diputaciones provinciales, recomendada por Real Orden de 21 de noviembre de 1835.4La Audiencia de Puerto Prncipe haba representado sobre la necesidad de que fuese suprimida la comisin militar establecida en tiempos de Vives, fundndose en que era “un tribunal lego e iletrado que entenda en toda especie de delitos, con usurpacin y con desdoro de sus atribuciones superiores”. Accedi el gobierno a esta solicitud, no obstante el informe contrario de Tacn, y se expidi la orden correspondiente. Pero ste, estimando por mejor su opinin, suspendi su cumplimiento e insisti en los soados males que acarreara la desaparicin de ese instrumento ciego de los capitanes generales y amenaza constantemente a todo el que piensa en reformas constitucionales. En el mismo 1835 se vio alterada la tranquilidad pblica por tres insurrecciones de esclavos en el Departamento Occidental. La primera tuvo lugar el 17 de junio en los cafetales del Aguacate; la segunda, el 29 del mismo mes en el ingenio Magdalena, Jurisdiccin de Matanzas; y la tercera, en el barrio del Horcn, a las mismas puertas de la capital el 12 de julio. Estos movimientos sofocados prontamente, “no presentaron sntomas de ramificaciones, aunque se manifest que haba una propagacin de principios peligrosos en la gente de color”. La coincidencia de haberse acercado por aquellos das al Caimn, inmediato a la Isla de Pinos, algunos individuos de color vecinos de Santo Domingo y Jamaica, ms bien que las noticias adquiridas en el juicio sumario, contribuy a inquietar al general Tacn, cuyas reclamaciones, acompaadas de la presencia de algunos buques de guerra, hicieron que aquellos agitadores lo evacuasen y se volviesen a esperar ocasin ms favorable a sus intentos.5 3Saco, t. III, p. 89.4Pezuela, p. 586. Concha, p. 84.5Pezuela, pp. 582, 587 y 588.

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CAPTULO IVEL GENERAL LORENZO Y LA CONSTITUCI"N EL GENERAL LORENZO Y LA CONSTITUCI"N EL GENERAL LORENZO Y LA CONSTITUCI"N EL GENERAL LORENZO Y LA CONSTITUCI"N EL GENERAL LORENZO Y LA CONSTITUCI"NCuando esta nube oscura y tempestuosa empaaba el azul del cielo de Cuba, el astro de la libertad lanzaba un rayo de su luz brillante sobre las altas cumbres del Turquino y anunciaba desterrar las tinieblas en que haban sumido a la Isla los autores del Estatuto Real. Mendizbal, elevado al ministerio, era la personificacin del cdigo de 1812, la reconciliacin de todas las partes del imperio bajo un mismo pacto, el triunfo completo de la lucha sangrienta que desgarraba en el norte a los hijos de una madre comn; y los cubanos vean en este cambio poltico, como el precursor de la rehabilitacin de la Constitucin y de la destitucin del capitn general. El primer presente que les hizo, cuando an no era ms que el colega del conde Toreno, fue el del general don Manuel Lorenzo conocido por sus opiniones progresistas; su valor y los servicios que acababa de prestar a la causa de la libertad. Apenas lleg a Santiago de Cuba, el 19 de julio de 1835, inaugur su gobierno aflojando las trabas que opriman la prensa y atrayendo hacia s y distinguiendo con su amistad a los vecinos de opiniones ms conformes con las suyas y que merecan la confianza del pas. Tacn miraba con ansiedad el contraste que presentaba aquel departamento y el occidental, y temeroso de la popularidad del nuevo gobernador y de que la propagacin moderada de las ideas que se emita pudiese excitar a los habitantes del cercano Puerto Prncipe, intent debilitar las fuerzas militares con que contaba, pensando as contener a los camageyanos y poder obrar ms fcilmente caso de ocurrir novedades en Santiago de Cuba; pero Lorenzo hubo de advertir el lazo en que quera envolverlo y supo eludirlo con aparente disimulo, haciendo que permaneciesen en su departamento. Al mismo tiempo, olvidando la falsa posicin en que estaba en la Corte, reclamaba enrgicamente que se contuvieran sus pasos avanzados o ms bien que se hiciera el sacrificio de llamarlo a Espaa. Y aunque al llegar esta comunicacin, ya Mendizbal no era miembro del ga-

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PEDRO JOS GUITERAS /137 /137 /137 /137 /137 binete, el ministro Isturiz, mal seguro en el poder y ocupado en conjurar la conspiracin que empezaba a formarse en el medioda, se content con responderle recomendando la mejor armona y que Lorenzo quedase en lo adelante sujeto a las rdenes del capitn general. Pero un nuevo acontecimiento vino a aumentar sus cuidados, al ver que no se haban atendido sus reclamaciones. La luz purificadora de la revolucin que se haba contentado con penetrar el verano anterior en la mansin de los obcecados prohombres del partido moderado, sintindose extinguir en la densa oscuridad de sus maquinaciones, haba iluminado las regiones de la inteligencia popular, enardecido el patriotismo con sus ardientes resplandores y subido al alczar de los reyes: Cristina cede al justo deseo de los espaoles, jura el 13 de agosto la Constitucin en la Granja y confa al cdigo que haba salvado la independencia nacional, la conservacin de la corona en las sienes de Isabel. La primera ciudad de la Isla que tuvo noticia de este triunfo fue Santiago de Cuba, adonde lleg el 29 de septiembre el bergantn Guadalupe procedente de Cdiz, trayendo peridicos de Madrid y las provincias con la descripcin de los sucesos ocurridos y la gacetilla extraordinaria en que estaba el real decreto mandando jurar la Constitucin en toda la monarqua; el primero que tuvo conocimiento de ellas fue el comandante de marina, quien sali por las calles vitoreando el cdigo de Cdiz y acompaado de porcin de particulares se dirigi a la casa de gobierno, donde instruido de todo el general, hizo venir a las autoridades y proclam la Constitucin, excitando el entusiasmo de todos. Las corporaciones, el clero, el ejrcito y empleados, respondieron a este acto con las demostraciones de lealtad ms laudables. Se restableci el Ayuntamiento segn exista en 1823, la diputacin provincial fue instalada conforme al cdigo, crendose dos batallones de milicia nacional y la prensa empez a difundir la ilustracin por todo el departamento. Tambin se ofici a las autoridades subalternas, las cuales se apresuraron a obedecer la voluntad del trono. No hubo una sola persona que hiciese la ms leve objecin, convencidos todos de la necesidad y la conveniencia de que rigiesen en Cuba los mismos principios polticos que en Espaa, como medio de conservar la unidad nacional. Estos acontecimientos colocaron al capitn general en una posicin sumamente embarazosa. La Isla haba disfrutado dos veces de los beneficios del cdigo constitucional, sin que por esto se hubiese quebrado el lazo de su dependencia de la madre patria, el gobierno acababa de alcanzar un triunfo sealado y destruido el Estatuto Real, el decreto de la reina mandando jurar la Constitucin en todos los dominios espaoles sin excepcin alguna, no admita interpretaciones; tal vez, el Departamento Central haba seguido el ejemplo de Lorenzo y poner estorbos

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 138\ 138\ 138\ 138\ 138\ al cumplimiento de la voluntad soberana era un acto de desobediencia sin precedente y que poda tener graves consecuencias. Pero el alma de Tacn no era del temple de avenirse a la idea de seguir al frente del gobierno sujeto a las restricciones que oponan a su omnmoda autoridad las leyes constitucionales; su conducta haba creado resentimientos en todas las clases del pas que lo inducan a continuar el plan que se haba trazado y que era el nico conforme con su carcter y costumbres. Por estos motivos y presintiendo quiz que el ministerio progresista seguira las mismas huellas que el moderado respecto de Cuba, abraz la determinacin de no innovar cosa alguna y buscar el medio de conservar el sistema existente. Aparentando ignorar lo que pasaba en Santiago de Cuba, ofici a Lorenzo el 8 de octubre, manifestndole que “en aquella provincia no se hiciera la ms ligera novedad en el orden de cosas sin que precediese su mandato expreso y terminante”; mas, cuando tuvo noticias ciertas de que Puerto Prncipe estaba dispuesto a obedecerlo, adopt medidas decisivas mandando que el comandante general del apostadero “hiciera salir todos los buques disponibles a bloquear los puertos del Departamento Oriental”; y al recibir comunicaciones previnindole se hiciesen las elecciones de diputados segn el Estatuto y que no se jurase la Constitucin hasta la reunin de las Cortes, ya no titube en llevar a efecto su idea favorita, y orden a Lorenzo “que inmediatamente entregase el mando del departamento al brigadier don Juan de Moya”, y empez a organizar una expedicin. Las inconsecuencias del ministro Calatrava, en su poltica respecto de la Isla, demandan toda atencin. “Suelo clsico Espaa de lo imprevisto y anmalo, al nuevo ministro y los demagogos de la Granja” les estaba reservado dar “la prueba ms patente de la contradiccin de sus principios y del escandaloso perjurio que cometan contra el mismo cdigo que acababan de proclamar”. La Real Orden de 13 de agosto no admite ningn gnero de dudas. En la exposicin que precede al decreto de convocatoria de las Cortes deca el gabinete: “La Constitucin del Estado, que por ningn pretexto puede votarse sin misin legtima y bastante nmero para que no sea reparable la falta momentnea del corto nmero de diputados que a las islas corresponde nombrar”: el ministro de la Gobernacin al comunicar este decreto al capitn general, le deca con fecha 19 de agosto: “Los deseos de S.M. son que el cuerpo representativo de todas las partes integrantes de esta vasta monarqua fije la Constitucin que ha de regirla”: no ms tarde que al da siguiente se expidi una real orden previniendo a Tacn que “por entonces y mientras las prximas Cortes constituyentes no decidiesen lo contrario, no se consideraran restablecidas en la isla de Cuba ni dems provincias de Ultramar las disposicio-

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PEDRO JOS GUITERAS /139 /139 /139 /139 /139 nes emanadas de las dos pocas constitucionales”: el ministro de la Gobernacin insista el 21, “que no se pierda momento en que se verifiquen en esas islas la eleccin de diputados y que stos vengan con la brevedad posible a desempear las importantes funciones de tan distinguido encargo”: el 25 deca el ministro de Gracia y Justicia: “Salvo en cuanto a los artculos 20 y 21 del decreto de convocatoria a Cortes, que sern obedecidos y cumplidos en la forma y modo que en ellos se indica”: y ya instaladas las Cortes, al leer en ellas su memoria el ministro de Marina, se expresa en estos trminos el 24 de octubre: “Que hacindose inmediatamente las elecciones de diputados, se les facilite su ms pronta venida a tomar parte en las deliberaciones importantes del congreso, y por este medio la nueva ley constitucional ser comn y general su observancia en todos los ngulos de la monarqua”. Lorenzo respondi a las rdenes de Tacn mandando prender a Moya, que acabaran de armarse las milicias y que todo el departamento se pusiese en estado de defensa. Reunidas las corporaciones, les manifest su intencin de invadir a Puerto Prncipe y hacer que all se jurase la Constitucin. Confiaba en el estado favorable de la opinin pblica y en las simpatas del ejrcito; saba que Puerto Prncipe no poda oponrsele y que el modo ms eficaz de obtener un resultado completo, era aumentar sus fuerzas con las de aquel departamento; quiz nuevos sucesos podran animarlo a seguir a Matanzas, ciudad populosa y entusiasta por la libertad, y hacer temblar a Tacn en su palacio. El triunfo hubiera hecho cambiar la poltica del ministerio, le hubiera valido el puesto que ocupaba su adversario y Cuba disfrutara hoy los mismos derechos polticos que la Pennsula.11Pezuela, pp. 589-595. Saco, t. III, pp. 99 y 153.

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CAPTULO VAB AB AB AB AB OLICI"N DE LA CONSTITUCI"N OLICI"N DE LA CONSTITUCI"N OLICI"N DE LA CONSTITUCI"N OLICI"N DE LA CONSTITUCI"N OLICI"N DE LA CONSTITUCI"NPero los que influan en el consejo del general Lorenzo y podan tener por su amor al pas y a las instituciones liberales un gran inters en que triunfase el partido constitucional, aunque dotados de talento, animados de los ms puros deseos, dispuestos a hacer toda clase de sacrificios y dueos de recursos para afianzar el cdigo legalmente proclamado, no estaban habituados a estas situaciones polticas; y temerosos de los aprestos militares que se hacan en La Habana, viendo que ningn pueblo de los otros departamentos se pronunciaba, recelosos de comprometer los intereses del pas en una guerra civil o de que los espaoles lograsen pervertir ms adelante las sanas intenciones de Lorenzo, perdan la ocasin de triunfar de Tacn, halagados con la esperanza de que las Cortes desaprobaran su conducta y acudiran en ayuda de su justa causa. Habiendo logrado calmar la exaltacin del gobernador, prevalecieron las ideas pacficas en el Ayuntamiento y dems corporaciones y se acord representar a S.M. contra la conducta de sus ministros y del capitn general, reclamar los derechos que la Constitucin reconoce en todos los ciudadanos, y nombrar un comisionado que fuese a poner a los pies del trono la verdica relacin de lo ocurrido, cuya eleccin recay en don Porfirio Valiente, persona calificada por su rango, su talento, popularidad y patriotismo. Los documentos de aquella poca demuestran la verdadera disposicin de los nimos a favor de la unidad nacional, respeto al trono y amor a las instituciones liberales. La diputacin provincial deca entre otras cosas: “La Constitucin se haba jurado en esta capital y su provincia. Una vez jurada, ya es ley fundamental, es la regla nica, es el pacto sagrado entre la nacin y el trono. El juramento se hizo por todas las corporaciones, autoridades y clases: las instituciones constitucionales fueron restablecidas, los cuerpos revividos, los empleados repuestos: toda la provincia march unsona con el rgimen constitucional y la mquina administrativa se mont toda bajo este principio. La Constitu-

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PEDRO JOS GUITERAS /141 /141 /141 /141 /141 cin prohbe cumplir y ejecutar rdenes tendentes a violarla: la Constitucin no hace diferencia entre la Espaa peninsular y ultramarina: la Constitucin hace responsables a los secretarios del despacho que alteren sus disposiciones: la Constitucin supone que la majestad real no puede querer ni mandar ninguna cosa contraria al pacto fundamental de quien deriva sus derechos y que la constituye inviolable y sagrada: la Constitucin enumera a la isla de Cuba entre las partes integrantes de la monarqua espaola: la Constitucin no reconoce otro poder superior al pacto originario de que emanan los dems poderes del Estado: la Constitucin, por consiguiente, Seora, ya jurada por nosotros, nos prohbe derrocarla por nuestras propias manos, y la observancia de su juramento era incompatible, absolutamente incompatible con las rdenes ministeriales que la derogaban en esta Isla contra el texto del cdigo fundamental y contra el decreto autgrafo de V.M. que se dign mandar publicarla en toda la monarqua sin distincin de pases”. “La diputacin provincial prescinde, Seora, de la manera con que se ha obtenido de vuestro gabinete una determinacin tan opuesta como derogatoria del rgimen proclamado por todo el pueblo espaol: la diputacin provincial prescinde de los informes interesados, de las amaadas representaciones, de los abultados y fantsticos temores con que algunos empleados y cuerpos del abolido sistema han podido preocupar vuestro real nimo y los consejos del trono hasta el punto de persuadirle que una tan notable desigualdad del rgimen gubernativo de ambos pases, es el ms benfico para esta Isla y el ms adecuado para garantizar su conservacin, su sosiego y prosperidad: la diputacin provincial prescinde tambin de los hechos desfigurados, de las malignas interpretaciones y de las azarosas y calumniatrices medidas con que se ha procurado pintar a este pas clsico de la paz y de la lealtad, como un teatro de maquinaciones desorganizadoras, como un fomes de sordas inquietudes, como un volcn que encubre inflamados gases bajo la deslumbradora apariencia de una creciente y peligrosa prosperidad. ¡Ah, Seora! Los que as pervierten vuestra natural benevolencia, los que as calumnian nuestra inocente patria, no saben, no conocen en su aciago ofuscamiento hasta qu punto ofenden la ingnita lealtad de sus habitantes”.1Sobre la comisin del Sr. Valiente oigamos lo que l mismo dice: “Soy el primero que llega a Madrid. El gobierno, cercado de temores graves de perder la Isla, admite la misin que llevaba y aplaza mi presentacin a la reina para inmediatamente despus de tomar su venia. Recibe en1Esta exposicin y la del Ayuntamiento son de 7 de noviembre de 1836, y se hallan en el apndice de “Documentos justificativos” del Manifiesto del general don Manuel Lorenzo a la Nacin Espaola Cdiz, 1837. Impr. por Campe, a los no 16 y 17.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 142\ 142\ 142\ 142\ 142\ tretanto comunicaciones del general Tacn que le tranquilizan, y desconoce mi carcter y me hace salir de Madrid”.2Mientras los buenos de Santiago de Cuba esperaban la resolucin de la Corte, no estaban ociosos en el departamento los parciales de Tacn. La noticia de la Real Orden de 20 de agosto haba resfriado el entusiasmo de los ms exaltados, algunas almas tmidas y pusilnimes que presentan las venganzas de la reaccin, buscaban el modo de neutralizar con servicios al capitn general; los que haban prestado a Lorenzo y los que especulan con las situaciones de los pueblos, entraban en secretas maquinaciones para desmoralizar la Constitucin. Tacn, por su parte, enterado por corresponsales fidedignos de lo que ocurra en aquella ciudad, haba logrado que pasase all con su buque el Sr. Guillermo Jones, comandante de la corbeta de guerra inglesa la Vestal ; haba remitido una orden al coronel don Santiago Fortn para que cuando se presentase ocasin se encargase del gobierno, se ganaba con avisos secretos a algunos jefes, en lo que trabaj mucho el arzobispo fray Cirilo Alameda; haca que los cuerpos de caballera pertenecientes a la expedicin, que constaban de menos de 400 jinetes, avanzasen hasta Puerto Prncipe, y daba sus disposiciones para que el resto de las fuerzas, de cerca de 3 000 hombres, continuase acantonado en Gines listo para embarcarse en el Bataban. A mediados de diciembre llegaron a Santiago de Cuba las comunicaciones del gobierno, desaprobando la conducta de Lorenzo y deponindolo del mando, las cuales dieron aliento a los reaccionarios y precipitaron su salida de la Isla. La mayor parte de los jefes y oficiales de la guarnicin, le dirigieron el 18 una exposicin, manifestando que estaban dispuestos a no hacer armas contra las tropas que viniesen de La Habana, al da siguiente se pronunciaba en Bayamo don Martn Viscay al frente de las dos compaas de su mando destacadas all y restableca la autoridad de Tacn y el despotismo, y la fuerza que guarneca al pueblo de Guisa secundaba este movimiento, sin hacer ninguna demostracin hostil contra los vecinos de ese lugar. Esta rpida sucesin de acontecimientos revelaba un plan en las tropas y el general Lorenzo, recelndose ya menos de los ataques de fuera que del espritu de los que haban de sostenerlo dentro, convoc una junta de jefes el 21 y con su franco lenguaje dio cuenta de lo amenazada que estaba la causa de la Constitucin en la provincia. El coronel Fortn que se hallaba presente manifest entonces la orden que tena y Lorenzo para quien ya el gobierno era una carga pesada, resign inmediatamente el mando. 2Comunicacin del Sr. Valiente al Redactor de “La Verdad”, publicada en el nmero del 25 de agosto de 1856.

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PEDRO JOS GUITERAS /143 /143 /143 /143 /143 Fortn procedi al desarme de la milicia nacional, constituy el antiguo Ayuntamiento y todo volvi al ser y estado que tena el 29 de septiembre. El orden pblico, turbado algunas horas en la noche del 22 a intentos del coronel don Manuel Crespo y otros exaltados, logr restablecerse con el buen espritu del pueblo y la presencia de los batallones de Len y Artillera. Lorenzo se embarc aquella misma noche en la Vestal acompandolo con pasaportes de Fortn, los Sres. Muoz del Monte, Kindeln, Arcaya y varios oficiales y sargentos, dos das despus se trasbord al bergantn goleta espaol mercante Ana Mara y sali la maana del 25 con direccin a Cdiz, donde lleg el 11 de febrero de 1837.3No obstante la tranquilidad que reinaba en el departamento, el general Tacn “llev a efecto, sin ser ya necesaria, la muy costosa expedicin” acantonada en Gines, “y abri ancha mano a persecuciones y sumarias”. Estos servicios fueron premiados hacindolo marqus de la Unin de Cuba y vizconde del Bayamo, ttulos ya olvidados. La nica esperanza descansaba en el frgil cimiento de las Cortes, cuya indiferencia por los sucesos que acababan de pasar era un mal augurio para esta oprimida Isla.4 3Manifiesto de Lorenzo citado. Vase Ilustracin XIV.4Pezuela, p. 599.

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CAPTULO VILAS COR LAS COR LAS COR LAS COR LAS COR TES EN LA CUESTI"N DE CUBA TES EN LA CUESTI"N DE CUBA TES EN LA CUESTI"N DE CUBA TES EN LA CUESTI"N DE CUBA TES EN LA CUESTI"N DE CUBAEl restablecimiento de la Constitucin de 1812 hizo revivir la idea de gobernar las provincias de Ultramar por leyes especiales. Cuando la revolucin de 1808 puso las riendas del Estado en manos del pueblo, la Junta de Sevilla y la Central del reino, tuvieron este pensamiento, que no les permiti llevar a cabo el temor de fomentar con tal medida los deseos de independencia; y los diputados americanos, instruidos de la mala disposicin del gobierno, apenas abiertas las Cortes, instaron por la igualdad de derechos y obtuvieron parcialmente en aquel cdigo los que haban disfrutado desde el descubrimiento del Nuevo Mundo. Si bien ahora existan los mismos motivos de equidad y justicia, las circunstancias hacan ms fcil el cumplimiento de aquella idea. No quedaba ya de los dominios que un da hicieron la grandeza de Espaa sino las islas de Cuba y Puerto Rico, y de stas la ms importante tena dificultades para oponerse a la voluntad del nuevo ministerio; las medidas adoptadas por los estatuistas y el carcter que el general Tacn haba impreso a su gobierno le inspiraba confianza de que tal innovacin poda hacerse impunemente. No haba, pues, otros obstculos que los que deban nacer de los derechos legtimos de estas provincias y el recelo de que las pasiones populares pudieran encenderse a pesar de intereses de alta trascendencia. Los ministros, de acuerdo con algunos diputados de las Cortes de Cdiz, empezaron desde su entrada en el mando a ocuparse en el modo de efectuar este proyecto. Pero no atrevindose a asumir la responsabilidad de hacerlo con un decreto dictatorial, se contentaron con que no se publicase all la Constitucin, hasta que las Cortes determinasen y que no se eligiesen diputados sino en el menor nmero posible. Las constituyentes, cuando los sucesos en el Departamento Oriental, pusieron a la Isla bajo la garra de hierro de Tacn, acabaron esta obra de iniquidad imprimindole el sello de la ley. Las reales rdenes del mes de agosto llegaron a La Habana, segn queda dicho, despus de haberse jurado la Constitucin en Santiago de Cuba, y luego que la convocatoria se recibi, se hicieron las elecciones

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PEDRO JOS GUITERAS /145 /145 /145 /145 /145 de diputados en aquella provincia, as como en la central, por los ayuntamientos hereditarios y cierto nmero de mayores contribuyentes, mientras que en la oriental, procurando acercarse cuanto fuese posible a la voluntad soberana, se procedi al nombramiento de los vecinos ms pudientes y unidos al Ayuntamiento verificaron la eleccin. De suerte que no hubo otra diferencia que la sustitucin en esta ltima del Ayuntamiento constitucional por el hereditario que de muy antiguo exista. Instaladas las Cortes el 24 de octubre, los diputados electos por la isla, el Sr. Montalvo y Castillo por La Habana, don Francisco de Armas por Puerto Prncipe y don Jos Antonio Saco por Santiago de Cuba, se hallaban en Madrid y presentan sus poderes. No habiendo ninguno de ellos tenido noticia de que la comisin hubiese evacuado su informe, el 16 de enero, el ltimo crey que deba oficiar al presidente de ste instando por el despacho y como este paso no influyese en el silencio que la comisin se haba propuesto guardar, represent el 20 a las mismas Cortes quejndose de conducta tan extraa y pidiendo se adoptase una resolucin sobre el particular. Esta exposicin fue entregada el mismo da, y el 26 an no se le haba dado lectura. As se dejaron transcurrir casi tres meses sin que, a pesar de las reclamaciones de los diputados cubanos, se hubiese dicho ni una sola palabra contra su admisin, ni menos desaprobado, ni mandado suspender la convocatoria expedida; antes bien, habindose aprobado unnimemente por la comisin de poderes los presentados por los diputados de Puerto Rico, electos segn la Constitucin, sin ponerse ningn inconveniente a que fuesen admitidos, entraron a ocupar sus asientos. El misterio empez a revelarse a mediados de enero: sabido en Madrid que las tropas de Lorenzo no iran contra la voluntad del Supremo Gobierno, las Cortes en sesin secreta del da 16, acordaron se nombrase una comisin especial para que informase acerca de una proposicin que respecto de las provincias de Ultramar hizo don Vicente Sancho. Esta comisin, cuando ya se tuvieron noticias positivas de la partida de aquel general, “crey que para poder ilustrar al congreso con la detencin conveniente y al tenor no slo de la misma proposicin sino de algunas indicaciones hechas en la misma sesin acerca de si convena o no que las provincias de Ultramar fuesen representadas en las presentes y futuras Cortes, deba conferenciar y entenderse con la comisin encargada de preparar y presentar el proyecto de constitucin”. Y habindose instruido de que sta “pensaba proponer que las provincias de Ultramar fuesen gobernadas por leyes especiales”, ambas comisiones, despus de haber examinado la correspondencia oficial entre el capitn general de Cuba y el gobierno, conferenciando con ste largamente, acordaron abrazar en un solo informe la proposicin del Sr. Sancho, las indicaciones hechas en la sesin del 16 de enero y la idea de la comisin

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 146\ 146\ 146\ 146\ 146\ encargada del proyecto de constitucin; y constituyndose, por acuerdo de las Cortes, en comisin extraordinaria, presentaron su informe de 10 de febrero, que se ley en la sesin del 7 de marzo, proponiendo se declarase que “no siendo posible aplicar la constitucin que se adopte en la Pennsula e islas adyacentes a las provincias ultramarinas de Amrica y Asia, sern stas regidas y administradas por leyes especiales y anlogas a su respectiva situacin y circunstancias propias para hacer su felicidad, y que en su consecuencia no tomarn asiento en las Cortes actuales, diputados por las expresadas provincias”. Los de Cuba elevaron una protesta, exponiendo las principales razones que tenan las provincias de Ultramar para reclamar contra la injusticia del informe. En ella se deca que, desde la formacin de las leyes de Indias, las posesiones americanas fueron declaradas parte integrante de la monarqua y han sido representadas en los congresos nacionales, que en virtud de ese derecho fueron llamadas a tomar parte en la formacin del cdigo de 1837, y que hallndose reunidos los miembros que componen el congreso por la misma convocatoria, sera muy extrao que se pretendiese invalidar respecto de aqullas, el mismo ttulo bajo el cual se han juntado stos en el territorio peninsular. Diose cuenta de ella a los cinco o seis das de presentada, y habiendo pasado a la comisin, dijo en pocos renglones que no encontraba motivo para cambiar de opinin. La comisin extraordinaria emprendi la defensa del dictamen renovando injustas acusaciones contra los diputados que haban representado antes la Amrica, con el fin de inspirar temores de peligros futuros si se admitan otros en el congreso; asegurando que los principios de la nueva constitucin eran incompatibles con la institucin de la esclavitud y calumniando el carcter de la sociedad cubana con la suposicin de que los sucesos de Santiago de Cuba eran un aviso que deba aprovecharse para contener sus tendencias separatistas. Contra tales inconvenientes opinaba que el nico medio, era negarle las instituciones liberales, y establecer un sistema que subordinase la direccin de los negocios pblicos a un gobierno local, fuerte y vigoroso. “Yo me atrevo a asegurar a las Cortes, deca el Sr. Argelles, que al ver lo mucho que todava nos resta que hacer y lo difcil que es concluirlo con la expedicin que todos deseamos, no podrn, aunque quisieran, ocuparse de las leyes especiales que han de regir en las provincias americanas. No est ah ese cdigo de leyes de Indias? Con l se han regido estas posesiones: con l han llegado a esa superioridad extraordinaria: cuidado que muy buenas deben ser cuando a despecho del frreo yugo que nos ha oprimido en la Pennsula, todava han hecho prosperar a aquellas posesiones hasta el punto que es notorio”.

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PEDRO JOS GUITERAS /147 /147 /147 /147 /147 La idea del Sr. Argelles aparece ms clara en el discurso del ministro de Hacienda, contestando a interpelaciones hechas al gobierno: “Es menester no perder de vista que hace unos 15 o 20 aos era materialmente una carga para la madre patria la isla de Cuba, la de Puerto Rico y las Filipinas. Doce millones se enviaban de Nueva Espaa para La Habana, o isla de Cuba, cuatro para Filipinas y seis para Puerto Rico: y en el ao anterior, esas mismas posesiones han contribuido a sostener la lucha en que estamos empeados con 50 millones y en el ao presente es de esperar que contribuyan con igual cantidad. Yo recordara esto con amargura, y el Sr. Gonzlez Alonso me acompaara en el sentimiento, si prevaleciendo sus opiniones fuese la consecuencia de ellas el que dentro de dos o tres aos no pudiese contar la madre patria con estos recursos considerables, con que hoy contribuyen aquellos pases al alivio de sus necesidades”. Y no deja duda alguna en el del Sr. Sancho, quien despus de negarse al establecimiento de las diputaciones provinciales y de consejos legislativos, deca con una franqueza y estilo rudos: “No puede aplicarse a Amrica la constitucin que estamos discutiendo. Pero qu constitucin se aplicar a las provincias de Ultramar? Yo lo dir clara y terminantemente: Ninguna”. Esto, en pleno congreso. De tan extraos discursos se deduce que no debe haber ni en las provincias de Ultramar ni en Espaa, ningn rgano que reclame contra los abusos de autoridad de los jefes superiores, ni contra las medidas econmicas que se adopten para aumentar los ingresos del erario, y que ilustre al pueblo y al gobierno sobre las necesidades de estas provincias: como si del silencio guardado para sostener el prestigio de los altos funcionarios, ocultar al pas los vicios introducidos en el sistema y administracin de Hacienda y mantenerlo en la ignorancia de lo que ms conviene a sus intereses, pudiera nacer ninguna constitucin capaz de hacer la felicidad de estos vastos dominios.1 1Saco, t. III, pp. 95-105 y ss. Sesiones de Cortes del 10 y 25 de marzo y 5 de abril de 1837.

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CAPTULO VIICONTINA EL MISMO ASUNTO CONTINA EL MISMO ASUNTO CONTINA EL MISMO ASUNTO CONTINA EL MISMO ASUNTO CONTINA EL MISMO ASUNTOAlgunos diputados se encargaron de impugnar el dictamen de la comisin y las doctrinas de sus defensores, justificando la lealtad que siempre haban manifestado los cubanos al trono y demostrando que el congreso no tena facultades para decidir en la importante cuestin de abolir los derechos polticos que disfrutaban las provincias de Ultramar, ni menos para negar la entrada en l a sus diputados electos en virtud de la real convocatoria. Entre ellos, los que ms se distinguieron fueron los Sres. Vila, Gonzlez Alonso y Caballero. El Sr. Saco, ya que se le negaba hacer or su voz en el recinto de las Cortes, abog por los derechos de sus comitentes en ms anchurosa arena. En lugar de dirigirse a los representantes de la nacin, acudi a la nacin misma; y con aquella abnegacin que admiraron los cubanos cuando clamaba a favor de la civilizacin futura de su pas, escribi tres opsculos sobre lo especioso de los fundamentos en que descansaba el dictamen, sobre el estado civil y poltico de la Isla y la necesidad imperiosa que tena de reformas, y sobre el sistema de administracin colonial de Inglaterra y Francia; desplegando todo el caudal de su instruccin en cuanto pudiera servir a ilustrar al gobierno y al pueblo espaol para hacer cambiar la corriente tortuosa en que se intentaba sumir las lejanas provincias de la monarqua. Los principales argumentos de la comisin eran la distancia a que se encuentran stas de la metrpoli, la naturaleza de su poblacin y la diversidad de sus intereses materiales. La primera era un inconveniente para que “tanto la renovacin peridica como la accidental de los representantes, o sea diputados de aquellas provincias, se haga en los mismos perodos y con la misma oportunidad que en el de las provincias de la Pennsula e islas adyacentes”, y contra lo segundo y tercero, hallaba que “fundada nuestra representacin nacional en la base o principio de poblacin, ya no puede haber uniformidad por decirlo as de representantes, en donde los representados y sus intereses son tan varios”. “Que disueltas las Cortes por el gobierno, observa el Sr. Saco y hecha una nueva convocatoria, los representantes de Ultramar, particu-

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PEDRO JOS GUITERAS /149 /149 /149 /149 /149 larmente los de Filipinas, no pueden venir a tiempo al nuevo congreso reunido, dificultad es, que no tratar de combatir. Pero no dir lo mismo respecto de la renovacin peridica, y mucho menos cuando se contrae a Cuba y Puerto Rico. Impidi la distancia que en las anteriores pocas constitucionales los diputados de esas islas se presentasen oportunamente en las Cortes? Y no se responda que entonces stas deban congregarse en determinado da y que en lo sucesivo no ser as, porque el tiempo de su reunin se deja ahora por la nueva ley fundamental al arbitrio del gobierno. Aunque es cierto que se le concede esta facultad, no es de esperar que use de ella caprichosamente. Procurar siempre arreglarse a las necesidades de la nacin, combinadas con la comodidad de los diputados y esta combinacin producir tal equilibrio que las Cortes, con la diferencia de pocos das, o a lo ms de un mes o dos, se juntarn anualmente en una poca sealada. As acontece en Francia y en Inglaterra, donde el poder ejecutivo es el que nicamente designa el da en que las cmaras y el parlamento han de reunirse”. Las razones presentadas a causa de la institucin de la esclavitud, estn desmentidas por la historia contempornea de los pases coloniales gobernados con idnticas leyes que las que convendra establecer en Cuba y Puerto Rico, y tambin por las de Brasil, en donde, con una constitucin quiz ms democrtica que la de todas las monarquas europeas y de los estados meridionales de la repblica de Estados Unidos, se goza de una libertad poltica muy superior a las que poseen las naciones libres de Europa, sin que los esclavos hayan alterado jams la tranquilidad pblica en ninguna de sus prcticas constitucionales. Hay una razn muy importante a favor de las Antillas espaolas sobre las colonias inglesas para creer que las instituciones liberales pueden establecerse en aquellas islas con menos riesgos que en stas y es que la poblacin de color comparada con la blanca, es mucho ms numerosa que la de Cuba y Puerto Rico. Adems, “habindose abolido en ellas el comercio africano desde 1807, todos los esclavos existentes hoy o que por lo menos han existido hasta 1834, son o criollos o de tan larga residencia en las islas que bien pueden reputarse como tales”, y por esta circunstancia se hallan en mejor estado “y tienen muchos ms recursos para cualquier proyecto revolucionario que los africanos de Cuba y Puerto Rico”. Evidentemente, la idea de la comisin y del gobierno fue, no tanto remover el ejemplo que pudiera darse a los esclavos concediendo derechos polticos a los blancos, cuanto sofocar el espritu de libertad que reina en estas provincias. “Si la comisin se limitara a proponer una ley especial para las elecciones de Ultramar... a buen seguro que yo pasase ms adelante; pero cuando se anuncia peligros y trastornos en el acto solemne de las elecciones, ya columbro el triste porvenir a que a mi

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 150\ 150\ 150\ 150\ 150\ patria se prepara. Ahora se preparan temores para despejarla de representacin en las Cortes generales y maana los abultarn, para privarla tambin de la asamblea particular que en ella debe reunirse. Si los elementos heterogneos de su poblacin son un obstculo para el nombramiento de los cuatro o seis diputados que a la Pennsula pudieran venir, con cunta ms razn no lo sern para impedir las elecciones del considerable nmero de representantes que haban de componer el congreso provincial cubano? sta es la terrible consecuencia que se deduce de los funestos principios de la comisin”, y que se hacen servir de apoyo para el “sistema de tirana que se pretende perpetuar en las regiones ultramarinas”.1Ms alto an que todos los argumentos, hubieran hablado a un congreso justificado, los sucesos recientes de la provincia oriental de la Isla. Estos, que sin duda tuvieron tanta influencia en estos debates como las constantes exhortaciones del general Tacn, fueron “un suceso que sorprendi al pas, para el cual no haba existido conspiracin previa, ni plan, ni concierto... no contaba con apoyo alguno organizado en el interior, ni en la exterior”.2 La mente del general Lorenzo, as como la de todos los que proclamaron la Constitucin, fue obedecer, como leales espaoles, la voluntad del trono y de la nacin, impulsados por el convencimiento “de que no habra nunca en las colonias gobierno diferente del de la metrpoli, y por el recuerdo vivo de que dos veces haba recogido la Constitucin en sta y una en aqullas”. Tan lejos estuvo de ellos todo pensamiento de independencia, que antes de este memorable acontecimiento la poblacin de Cuba y de los dems pueblos del departamento no sali “de su juicioso y natural quietismo”, no obstante la “manifiesta exaltacin de ideas que reinaba en la mayor parte de los consejeros de Lorenzo, ni con la propensin que descubrieron a ellas muchos jefes y oficiales”; y durante la poca desgraciadamente corta de la Constitucin, el pueblo se mantuvo “en general tranquilo e indiferente espectador de la agitacin” que reinaba “entre los que lo mandaban todo en nombre de Lorenzo”. “A haber sido unsona en el pas la decisin del paisanaje y de la tropa por la causa proclamada en Cuba, fueran en efecto insuficientes las fuerzas de Tacn para someterlo”.3¡Y es ste el pas donde no se quieren introducir reformas en armona con el cdigo constitucional que rija en la Pennsula, por temor de que las elecciones puedan causar desrdenes, la milicia nacional combinar revoluciones y el pueblo aspirar a la independencia! ¡Y que se haga uso de tales argumentos como los que se encuentran en el informe, en 1Saco, t. III.2Concha, p. 15.3Pezuela, pp. 589, 592-595.

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PEDRO JOS GUITERAS /151 /151 /151 /151 /151 el instante mismo en que el Departamento Oriental, legalmente constituido segn el cdigo de 1812, organizaba los ayuntamientos constitucionales, las diputaciones provinciales, la milicia admitiendo en ella la clase de color, haca las elecciones de diputados y disfrutaba de la ms amplia libertad de imprenta sin escisiones, sin desrdenes, guardando la ms perfecta sumisin a las leyes civiles y polticas del reino! ¡Cuando estando en posesin de todos los medios poderosos de resistencia con que cuenta un gobierno unido y organizado, al recibir las rdenes constitucionales del ministerio de la Granja no se detiene a contestar su validez, sino que depone las armas, dobla el cuello a la cadena con que le oprime el vengativo Tacn y sufre el peso injusto de la ley marcial, viendo resignado a los patricios ms distinguidos, huir del suelo patrio o devorar en los calabozos las amarguras de un poder libre en Espaa y tirnico en Cuba! Todos los esfuerzos del patriotismo, todo el poder de la razn y la justicia, todo el valor de los hechos y la conveniencia del inters comn, se estrellaron contra la quimrica idea en que estaban imbuidos el gobierno y muchos liberales, de que las leyes constitucionales eran incompatibles con los principios de dominacin y contra los clculos del ministro Mendizbal que hallaba en el sistema de Hacienda establecido por el conde de Villanueva un medio de librar eficazmente las pesadas atenciones del Estado. Las Cortes no oyeron a los diputados que tomaron la defensa de los derechos de la Isla, cerraron las puertas del congreso a los procuradores cubanos y aceptaron el parecer de la comisin sin modificacin alguna. En el artculo segundo de los adicionales a la Constitucin, se ofrecieron leyes especiales a las provincias de Ultramar; mas, ¡ah! esta solemne promesa no enga a ninguno de los cubanos que haban seguido con generosa ansiedad la falaz discusin del informe en el seno de las Cortes y odo las arengas ofensivas de Argelles, Sancho y otros diputados. Desde aquella poca infausta, la Isla ha sido gobernada por la voluntad arbitraria de los capitanes generales; negsele el derecho de representar a favor de sus intereses y de intervenir en la marcha que daban al gobierno aquellas autoridades; las Cortes dieron al olvido la promesa de constituirla de una manera capaz de hacer su felicidad; y los ministros de la Corona, confiando sus destinos al brazo militar, depositaron en manos, las ms veces inhbiles, el inmenso poder que sobre ella les haba dado la Constitucin.4 4Vase Ilustracin XV.

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CAPTULO VIIIPOLTIC POLTIC POLTIC POLTIC POLTIC A DE LOS CUBANOS. FIN DEL GOBIERNO A DE LOS CUBANOS. FIN DEL GOBIERNO A DE LOS CUBANOS. FIN DEL GOBIERNO A DE LOS CUBANOS. FIN DEL GOBIERNO A DE LOS CUBANOS. FIN DEL GOBIERNO DE TAC"N DE TAC"N DE TAC"N DE TAC"N DE TAC"NDa de consternacin y luto fue aquel da memorable en que se recibi la Real Orden de 19 de abril de 1837, declarando separada de la comunidad poltica una provincia que desde el principio de su incorporacin a la Corona de Castilla, haba existido identificada con las leyes fundamentales del reino, y condenando a sus habitantes, miembros de un mismo origen, a que fuesen regidos en lo adelante por las reglas que dictasen los ministros del soberano y sujetos a la voluntad omnmoda de los capitanes generales. Los cubanos entrevieron con horror las funestas consecuencias que haba de tener tan impoltico desenlace de la cuestin constitucional y recelosos de su seguridad se prepararon unos a la emigracin y otros se resignaron al sufrimiento; los espaoles, desconfiados de la paz de la Isla, se reunieron en torno al dictador y le tributaron honores hasta entonces desusados, y todos comprendieron que una era de revolucin se inauguraba en el pas. Bien a pesar suyo, observaba estos sntomas de ansiedad y descontento el partido liberal y vea cun penosa era la posicin a que lo arrastraba el estado de cosas, forzado a sacrificar sus ms vivos sentimientos para impedir el cmulo de calamidades que poda producir la agitacin presente, si no se acuda al remedio de calmar los nimos y contener los sntomas de discordia que haba logrado adormecer el general Vives y que empezaba a renacer con la poltica de Tacn. Este partido se compona de las personas ms ilustradas, de muchos hacendados y propietarios virtuosos y timoratos y de la juventud que haba recibido su educacin en el extranjero; las masas del pueblo no estaban animadas de un espritu decidido de oposicin, por no conocer sus verdaderos intereses, ni estar en contacto inmediato con los hombres que lo dirigan. Dispuesto a hacer cuantos esfuerzos fueran compatibles con la situacin, abraz la difcil empresa de resistir las demasas de los capitanes generales y de sus secuaces en el mando, por los medios que estu-

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PEDRO JOS GUITERAS /153 /153 /153 /153 /153 viesen a su alcance; ilustrar al Gobierno Supremo en las cuestiones polticas y econmicas locales, promover el fomento de los intereses generales y la educacin, y encaminar la opinin pblica hacia un bien comn. Su noble resolucin se hubiera extendido a mayores intentos, pues no faltaban inteligencias superiores, capaces de combinar planes de importancia ms elevada y trascendental; pero conoca el verdadero estado de Cuba y el carcter de sus gobernantes y queriendo salvar la sociedad ms bien que lanzarla a una revolucin, desisti de toda idea trastornadora y acept el heroico sacrificio, de sufrir sin gloria y trabajar incesantemente por el bien de la Isla, aunque sin la esperanza halagea de que pudiese recoger tempranos frutos de sus afanes. Consecuentes con este plan, muchos individuos de influencia y prestigio le negaron su cooperacin al gobierno, encerrndose en los lmites de la vida privada y dedicando su talento y fortunas al desarrollo del bien pblico: unos promovan el establecimiento de colegios de educacin secundaria en las ciudades principales, cuya idea encontraba acogida en las autoridades, interesadas en contener las tendencias de la juventud a completar sus estudios en los vecinos estados norteamericanos; otros trabajaban en facilitar las comunicaciones interiores y llevar a los campos la civilizacin por medio de ferrocarriles, la introduccin de mquinas de vapor y otros inventos modernos; otros empleaban su pluma en mejorar la prensa peridica escribiendo sobre todos los ramos de amena literatura, bellas artes y ciencias naturales, y ventilando cuestiones de inters pblico en los estrechos recintos a donde lo haba llevado el suspicaz despotismo. En Madrid, centro de esperanza y de consuelo, el infatigable Saco, asociado con Muoz del Monte y otros emigrados, continu defendiendo las libertades patrias, en la nica barrera legal que le abra el gobierno, esto es, el cdigo de leyes especiales, y tambin revelando al pueblo espaol los actos del capitn general. Estos principios conservadores no salvaron a Cuba de las calamidades consiguientes a un mal sistema poltico. Sus primeros efectos fueron la prisin y destierro de algunos individuos y una amenaza constante a los cubanos liberales. El mismo ao de 1837, apareci una delacin enviada de Cdiz por un espa de Tacn contra los que en aquella poca se hallaban en Espaa, calumnindolos de estar tramando una vasta conspiracin de acuerdo con sus compatriotas residentes en la Isla, para hacer la independencia; decase en ella que el Sr. Saco y el general don Narciso Lpez estaban al frente de ella y que varios cubanos recin llegados a Cdiz, unos para ir a la Corte y otros para regresar a La Habana, haban tenido un almuerzo patritico y varias reuniones con el objeto de acordar los medios ms eficaces al xito de la revolucin.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 154\ 154\ 154\ 154\ 154\ Tacn, en cuyos odos el nombre de Saco sonaba siempre como sinnimo de independencia y que saba la franqueza con que Lpez se haba expresado en Madrid contra el gobierno respecto de Cuba, dio entrada a esta delacin, que los de su bando tuvieron buen cuidado de abultar para enaltecer su celo y fomentar la discordia entre criollos y peninsulares. El tribunal de la comisin militar empez sus averiguaciones, dando por sentado que la seguridad de la Isla estaba amenazada; librose mandamiento de prisin contra el abogado don Manuel Rojo, el capitn don Manuel Molina y dos jvenes que acababan de llegar de Cdiz en el correo martimo, mandronse preparar calabozos para otros individuos que se esperaban de aquella ciudad y los patriotas de La Habana y Matanzas estuvieron en peligro de sufrir persecuciones injustas. Despus que el general Tacn dej el mando, habiendo dispuesto su sucesor que se prosiguiese el sumario, se declar no haber pruebas de los supuestos proyectos, ni mrito alguno para la prisin de aquellos desgraciados, y fueron puestos en libertad reservndoles sus derechos contra el calumniante.1Otra causa excit entonces la atencin en ms alto grado, por la parte que tuvo en ella el conde de Villanueva. Desde una cuestin temeraria entre el capitn general y la Junta de Fomento sobre el ferrocarril de Gines, se haba quebrado la buena armona que reinaba entre aquella autoridad y el conde, y cuando la expedicin a Santiago de Cuba se agriaron ms sus nimos, por haberla resuelto Tacn sin tratar el asunto con l, ni citarlo a las juntas de autoridades superiores como previenen las leyes. En ese estado de resentimientos, el contralor del hospital de San Ambrosio de La Habana, contra quien el tribunal de la Intendencia segua un expediente por suponerlo autor principal de varios desrdenes ocurridos en aquel establecimiento, se dirigi al capitn general denunciando al inspector como causa principal de ellos; y habiendo Tacn acogido la denuncia y dispuesto que aqul quedase separado de su empleo, invadiendo la jurisdiccin del intendente, ste mand reponer al inspector. El contralor acudi entonces en queja a Madrid por conducto de Tacn, cuyo recurso elev al ministro de la Guerra, sin embargo de estar prohibido a los capitanes generales mezclarse en lo econmico y administrativo de los hospitales, sin entenderse con los intendentes; el ministro, previa consulta del tribunal especial, dio cuenta a S.M. y se 1Con motivo de estos sucesos, el Sr. Saco crey prudente dejar a Espaa y se pas a vivir a Pars, donde dio a luz su coleccin de obras sueltas; en 1866 represent a su provincia en la Junta de Informacin; de vuelta a Francia public los dos primeros tomos de su Historia de la esclavitud ; habindose trasladado a Barcelona, continu esta clebre publicacin hasta el cuarto, y estando electo diputado a Cortes, falleci en esta ciudad de los achaques propios de una edad avanzada, el 26 de septiembre de 1879.

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PEDRO JOS GUITERAS /155 /155 /155 /155 /155 expidi una Real Orden el 21 de junio de 1837 (sin anuencia ni conocimiento del de Hacienda) devolviendo el expediente y recomendando a Tacn proveyese de remedio con arreglo a las leyes y hasta donde llegasen sus facultades. ste, que se crea ms firme que nunca en la confianza del Supremo Gobierno, se alucin hasta confundir la real orden con una comisin regia, y viendo la ocasin oportuna de humillar al intendente, abri una carrera de tropelas y desafueros de que ofrece pocos ejemplos la historia de Cuba. Entre otros, dispuso que el escribano de guerra pasase con reloj en mano a intimarle la entrega del expediente que segua el contralor, amenazndole de emplear la fuerza armada si se negaba a hacerlo, y confin al inspector a la ciudad de Santiago, a 5 leguas de la capital, mandndolo despus trasladar al castillo de la Punta. Jams pudo probrsele cosa alguna, no siendo a los ojos de Tacn otro su crimen que la antigua amistad que le profesaba el intendente, a quien quiso poner en una posicin que le hiciese dar algn paso en falso y poder justificar por este medio una ruidosa tropela contra su persona. Pero el conde de Villanueva, el primero en recomendar que la autoridad de los capitanes generales se revista de todo el prestigio y poder posibles para evitar escndalos mayores y que prevalido de la fuerza atropellase Tacn las consideraciones debidas a su elevado carcter, dispuso la entrega del expediente y dio cuenta al ministerio, poniendo a los pies del trono la renuncia de sus cargos pblicos. Estos excesos en el uso de la autoridad absoluta y el efecto que produjeron en las Cortes, los discursos pronunciados en la sesin del 9 de diciembre por los diputados Olivan y Benavides revelando el verdadero estado social y poltico de la Isla, inspiraron temores al ministerio y acabaron por persuadirlo de que era incompatible con la dignidad nacional y la conveniencia pblica el mantener por ms tiempo un capitn general que poda comprometer la paz de tan importante colonia. Y como a estas consideraciones se agregasen la facilidad de disponer de generales ms discretos y entendidos, prontos a aceptar la misin encargada a Tacn, y la dificultad de encontrar un jefe de Hacienda capaz de reemplazar al conde de Villanueva, decidi retirar del mando al primero y no admitir la renuncia del segundo, a quien se recomend de real orden continuase al frente de la Superintendencia. Tacn sali de La Habana para Espaa por la va de Burdeos el 22 de abril de 1838.2Los gobiernos de Vives y Tacn fueron los ms calamitosos para la isla de Cuba desde principios del presente siglo; sin embargo, ¡cun 2Ferrer y Martnez, El general Tacn, etc. Apuntaciones de un empleado, etc. Pezuela, cap. 35 y ltimo. Mi coleccin m.s.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 156\ 156\ 156\ 156\ 156\ notable es la diferencia en el carcter, principios y procederes de ambos jefes! El primero, afable, instruido, sencillo, respetaba las corporaciones y hasta les permita una discusin libre en sus sesiones, buscaba la sociedad de los hombres de letras y toleraba la ilustracin de la prensa en asuntos de inters pblico, daba acceso a su persona a cuantos solicitaban hablarle y vesta a la usanza del pas; el segundo trat con excesivo rigor al Ayuntamiento de La Habana y a la Junta de Fomento, destruy la moderada libertad de imprenta que toleraba el Estatuto, desterr al Sr. Saco y otros individuos, desde la sociedad de cubanos y slo admita en su trato a los que se prestaban a tributarle todo gnero de adulaciones. Vives encontr la Isla regida por la Constitucin y divididos en bandos sus habitantes, y lejos de barrenar las leyes para gobernar despticamente o castigar los excesos de los exaltados, se serva de las logias y de la prensa para corregir y contener las pasiones y conservar la Isla bajo la dependencia espaola; Tacn tuvo en nada las garantas con que el Estatuto protega los derechos del pas, dictando rdenes de prisin y destierro sin formacin de causa, aviv el fuego de la discordia, excitando el odio entre criollos y peninsulares y logr destruir las leyes polticas que lo identificaban con Espaa. Durante el gobierno del uno, se fallaron dos causas ruidosas de conspiracin, en que apareca probado el delito de varios individuos, y en lugar de proceder al cumplimiento de la sentencia, conmuta de la pena capital impuesta a algunos de ellos y obtiene el perdn para muchos otros; durante el del otro, la comisin militar se ceba en los que obedecieron las rdenes de una autoridad legtima, sin perdonar a ninguno, y ms tarde admite una delacin ridcula, y despus de haber mritos en la causa para suponer inocentes a los reos y mandarlos poner en libertad, los retiene ms de diez meses en rigurosa incomunicacin en los hmedos calabozos de la crcel nueva, y no obtienen el fallo favorable de la ley hasta despus de concluido su gobierno. Vives dej a Cuba tranquila, gozando de una libertad que envidiaban los peninsulares cuando reinaba en Espaa el despotismo; Tacn, cuando all disfrutaban de la mayor libertad, dej esta hermosa Antilla en un estado grave de agitacin en los nimos y desorden en el gobierno, excitadas las pasiones polticas, oprimido el pas bajo el peso tirnico de la comisin militar, desterrados o aprisionados los patriotas ms distinguidos, coartado a los ayuntamientos el derecho de peticin y negado a la prensa el hacer conocer el estado de la opinin pblica, privado de representacin en las Cortes de parte integrante de la monarqua a la condicin de colonia, sin ms cdigo poltico que la real orden concediendo facultades omnmodas a los capitanes generales.

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PEDRO JOS GUITERAS /157 /157 /157 /157 /157 Sin embargo de tan grande diferencia, ambos causaron males de inmensa trascendencia. Vives corrompi la moral y las costumbres; Tacn sembr la divisin y destruy el lazo poltico que una a Cuba con Espaa. ¡Plegue al cielo dar a la una y a la otra varones de ms virtud y de mejores principios que rijan sus futuros destinos!

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IL IL IL IL IL USTRACIONES A LA HISTORIA DE CUBA USTRACIONES A LA HISTORIA DE CUBA USTRACIONES A LA HISTORIA DE CUBA USTRACIONES A LA HISTORIA DE CUBA USTRACIONES A LA HISTORIA DE CUBA Y GENERAL DE AMRIC Y GENERAL DE AMRIC Y GENERAL DE AMRIC Y GENERAL DE AMRIC Y GENERAL DE AMRIC A A A A A ADVERTENCIAEstas ilustraciones tienen por objeto fijar el fundamento de nuestra opinin en pocas y hechos que han sido motivo de controversia entre los historiadores, aclarar algunos puntos oscuros an no decididos satisfactoriamente, explicar las circunstancias que ms han influido en la decadencia o el progreso social y poltico de Cuba y ampliar algunas noticias importantes de su historia. Corresponden a la primera clase el origen del nombre Amrica, algunos pasajes de la vida de Coln, el ao de la muerte de Velzquez; a la segunda, cul fue la primera tierra que visit el descubridor de este hemisferio, el bojeo de Ocampo, la capital de la provincia ndica de La Habana, las fuerzas que concurrieron a la defensa de esta ciudad en 1762; y a la tercera, las observaciones sobre la poblacin aborgena y su destruccin, la cuestin de la esclavitud, el origen de la imprenta en Cuba, los desaciertos de la Junta Central y la Regencia en Amrica y los de las Cortes de 1836 contra nuestra Isla; y a la ltima, el origen del nombre Antillas la noticia de los temporales y terremotos ocurridos en Cuba y la impugnacin al despotismo colonial. Ellas servirn quiz para abrir tambin las fuentes de la verdad histrica a los cubanos que ms adelante se empeen en tan tiles trabajos, mostrndoles los autores de ms autoridad que han tratado nuestros asuntos, para que acudan a ellos en el examen de origen de la existencia de Cuba como pueblo americano, y los esfuerzos que cost a nuestros antepasados traernos al imperfecto estado de civilizacin que hoy disfruta la Isla. Y si con este auxilio llegasen a descubrir las partes de la historia oscuras todava y las causas de ciertos hechos que no han llegado a nuestra noticia, tendremos el gusto de que no hayan sido infructuosas estas investigaciones que ofrecemos a su consideracin. Hemos preferido separarlas del cuerpo de la obra por creer as ms cmoda su lectura y para no entorpecer la claridad de la narracin,

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 160\ 160\ 160\ 160\ 160\ cansando la atencin con largos y minuciosos detalles indispensables en este gnero de estudios.ILUSTRACI"N I Estudio sobre el origen del nombre AmricaEl haberse dado al Nuevo Mundo el nombre de Amrica, del de Amrico Vespucio, ha sido causa de que este navegante tenga en la historia una celebridad que de otro modo nunca hubiera adquirido entre los descubridores de fines del siglo XV y principios del XVI. Esta circunstancia nos mueve a dar una breve noticia sobre su vida, y a ventilar la cuestin de cmo fue privado Coln de una gloria que sin disputa mereca como el verdadero descubridor de las islas y continente de este hemisferio. Vespucio naci en Florencia el 9 de marzo de 1451, de padres nobles, si bien escasos de fortuna, y recibi una esmerada educacin al lado de un to suyo, maestro de varios personajes de su tiempo. Los otros particulares de su vida hasta el descubrimiento del Nuevo Mundo, son desconocidos, y slo se deduce de una carta de su hermano Jernimo que residi en aquella ciudad hasta 1489 o 1490. Y de algunos pasajes de las suyas, que cuando volvi Coln de su primer viaje ya se hallaba en Sevilla. En los archivos de la Casa de Contratacin, aparece que resida en esta ciudad un comerciante florentino, amigo y apoderado de Coln llamado Juan Berardi, asentista para los negocios de Indias, de cuya casa era agente Vespucio, y que muerto Berardi en diciembre de 1495, estaba entendiendo Vespucio un mes despus en la habilitacin de unos buques para tres armadas que el gobierno haba contratado para las expediciones del Nuevo Mundo. Con este motivo tuvo ocasin de tratar a Coln, y entusiasmado con los elogios que le oa de aquellas regiones, resolvi abandonar el ejercicio mercantil y se entreg con ardor al estudio de la cosmografa y la nutica, deseoso de abrirse una carrera ms gloriosa. Su primer viaje al Nuevo Mundo fue en la expedicin de Ojeda y La Cosa en 1499; despus, estuvo dos veces en Brasil, ambas al servicio de Portugal, la primera en 1501 y la segunda en 1503. Parece que no fueron debidamente recompensados sus servicios, por lo cual se volvi a Espaa y a principios de 1505 pas a la Corte, donde obtuvo de Fernando carta de naturaleza y fue nombrado con Vicente Yez Pinzn para el arreglo y mando de una expedicin que deba salir a descubrir el nacimiento de la especera; pero despus de haber estado en Sevilla atendiendo a esta comisin hasta 1507, mand el rey suspenderla a causa de reclamaciones de Portugal, y probablemente para premiar estos y otros buenos servicios se le nombr en marzo de 1508 piloto mayor con sueldo de 75 000 maravedes al ao. Encargsele de la instruccin y examen de pilotos, la correccin y arreglo de mapas y cartas, y la direc-

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PEDRO JOS GUITERAS /161 /161 /161 /161 /161 cin del armamento y derrota de los navos en su navegacin a occidente, y ocupado en el cumplimiento de estos deberes, permaneci en Sevilla hasta su muerte, acaecida el 22 de febrero de 1512. Tal es en resumen la vida de Vespucio. Vamos cules fueron sus escritos y la ocasin de que se diese su nombre a este hemisferio. Vespucio aparece haber escrito una carta de su primer viaje y dos del segundo, a Lorenzo de Pier Francisco de Mdicis, de Florencia, y a poco de llegar del tercero, una al duque Renato de Lorena, que contiene una breve relacin de todos sus viajes; esta ltima se cree haber sido escrita en latn, y de ella envi copia en italiano a Pedro Soderini, que ms tarde lleg a ser gonfalonier de Florencia. La primera de estas cartas tiene la fecha de 18 de julio de 1500 y se public por primera vez en 1745 por Bandini, y la segunda no apareci hasta 1789 que la public Bartolozzi en Florencia en su Recherche Histrico La tercera, fecha en Lisboa, a 4 de septiembre de 1504, fue la primera que vio la luz pblica impresa en latn por Juan Lambert, dos siglos y medio antes que las dos primeras. Aunque sin lugar ni ao de impresin, no debe caber duda de que fue impresa en 1504 y en Pars donde resida Lambert. En la Biblioteca Nacional de Francia existe una relacin en latn del viaje hecho en 1501, que es esta carta, la cual, en concepto de Meusel, debi haber sido impresa en el mismo ao de 1501, y Navarrete, siguiendo la opinin de Camus, cree de fecha posterior, por ser ste el ao “en que se supone ejecutado el viaje cuya narracin contiene”. Razn ms concluyente hallamos nosotros contra el dicho de Meusel en la fecha de la carta (que quiz se suprimi al publicarla) y en la dirigida al duque Renato, donde dice que sali de Lisboa “el da 10 de mayo del ao 1501” y regres al mismo puerto “en 1502”, despus de haber gastado en la navegacin “unos 16 meses”. Despus de la de Lambert, apareci otra edicin hecha en Augsburgo en el mismo ao de 1504 por Juan Otmar con el ttulo de Mundus Novus y en 1505 la tercera en Estraburgo bajo el de Americus Vesputius de Orbe Antarctica per Regem Portugalioe pridem inventa Navarrete ha tenido a la vista la traduccin alemana de una carta de Vespucio a Lorenzo de Mdicis, refirindole el viaje en que se supone haber salido de Lisboa “el da 14 de la luna de mayo del ao 1501” (su primer viaje al Brasil), impresa en Leipzig por el bachiller Martin Landesbergk en 1506, en la cual dice al fin el traductor: “Esta epstola ha sido traducida del italiano al latn, y ahora al alemn por un buen maestro que entiende bien el latn y el alemn” y si ella fuese una traduccin de la verdadera carta, vendramos en conocimiento de que fue escrita originariamente en italiano.1 1Humboldt, Examen Crtico, t. IV, pp. 74-76. Camus, Memorias sobre la coleccin de viajes de Bry y de Thevenot. Navarrete, Coleccin, t. III, pp. 186, 264-280.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 162\ 162\ 162\ 162\ 162\ Con el ttulo Mondo Novo, e paesi nuovamente retrovati da Alberico Vespucio Florentino public Fracanzo o Fracanzano, de Montaboldo, en Vicenza el ao de 1507 una coleccin de viajes que, segn Camus, es la ms antigua que se conoce. El Sr. Irving asegura que la carta de Vespucio en ella es la misma impresa en Estrasburgo, y llama al editor Francacio di Monte Alboddo; y el barn de Humboldt, bajo la autoridad del conde Baldelli, dice que el verdadero nombre del redactor es Alejandro Zorzi, hbil cosmgrafo y delineador de cartas martimas en Venecia. Esta clebre coleccin fue impresa en Miln en 1508 y 1519, y publicada en la misma ciudad y ao de 1508 traducida al latn bajo el ttulo Itinerarium Portugalentium por Archangelo Madrignani, milans segn Tiraboschi, en su Historia de la literatura italiana : Ruchamer la tradujo del italiano al alemn y la public en 1508; y Du Redouer, al francs, y se imprimi su obra sin fecha, “aunque hay ejemplares que expresan haberse impreso en Pars en 1516”. Irving ha visto otra traduccin latina de la coleccin italiana de 1508, hecha por Simn Grineo, e inserta en su Novus Orbis publicado por Hervagio en Basilea el ao de 1532.2 El ttulo de la coleccin de Monte Alboddo, o ms bien Zorzi, hecha en 1519, es el siguiente: Paesi novamente ritrovati et Novo Mondo da Alberico Vesputio Florentino El Libro V contiene la relacin del viaje de Vespucio en 1501 y empieza: “El Novo Mondo da lingua Sapgnola, interpretato in idioma Ro.—Libro Quinto— Alberico Vesputio a Lorenzo patre de Medici: salutem”; y al final “De Spagnola in lengua Ro. el Jocondo intrprete que esta epstola ha traducta”. Si pudiramos descansar en esta asercin, creeramos que la carta de Vespucio sobre el viaje de 1501 fue escrita originalmente en espaol y no en italiano, como dice el traductor alemn de la edicin de Leipzig; aunque en apoyo de ste tenemos la autoridad de otra epstola escrita en latn, traduccin del mismo Jocondo, que copi Juan Bautista Muoz de un impreso al parecer de principios del siglo XVI y le pareci de Roma o Venecia, cuyo ttulo es: Mundus Novus Albericus Vesputius Laurentio Petri de Medicis salutem pluriman dicit ; y al fin: Ex italica in latinam linguam Jocundus interpres hane epistolan verlit La primera edicin conocida de la carta al duque Renato, que es la cuarta y ltima, fue impresa en latn en Saint Die de Lorena, el ao de 1507, dos despus la reimprimi Juan Gruniger en Estrasburgo, y Grineo la incluy en su Novus Orbis, edicin citada de 1532. La copia dirigida a Soderini se public en Italia, no antes de 1510, con el ttulo Lettera de Amerigo Vespucci delle Isole nuovamente trovate in quatro suoi viaggi y anda inserta en la Vida y viajes de Amrico Vespucio del padre Estanislao Canovai. 2Humboldt, Examen Crtico, t. IV, pp. 79, 80 y 87. Navarrete, Coleccin, t. III, pp. 187, nota IV.

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PEDRO JOS GUITERAS /163 /163 /163 /163 /163 En ella aparece que hizo cuatro viajes al Nuevo Mundo, y se fija la fecha y lugar del primero en 1497 a las costas de Paria. Este aserto est en contradiccin con el testimonio de los principales descubridores y navegantes coetneos al servicio del rey, en el pleito seguido por el almirante don Diego Coln con la Corona, sobre sus derechos al gobierno y una parte de las rentas de aquella provincia y las Islas de las Perlas, en el cual, dice el obispo Casas, se prob con las declaraciones de 25 testigos de vista y 60 de odas, que Coln fue el primer descubridor de Paria en 1498. Entre ellas est la de Alonso de Ojeda (que no vivi en trminos de buena amistad con Coln y era adems protegido del obispo Fonseca, enemigo inveterado de los Colones), quien dice que en su viaje a Paria en 1499 “trujo consigo a Juan de la Cosa, piloto e Morego Vespuche, e otros pilotos”, y refirindose a que le constaba que Coln haba sido el descubridor de Paria, asegura “que lo sabe porque vio este testigo la figura que el dicho Almirante al dicho tiempo embio a Castilla al Rey e Reyna, nuestros seores, de lo que haba descubierto y porque este testigo luego vino a descubrir y hall que era verdad lo que dicho tiene que el dicho Almirante descubri”. Bernaldo de Haro, que fue con Coln en este viaje, dice que “escrivi una carta que el almirante escriviera al Rey e Reyna N.N.S.S. hacindoles saber las perlas e cosas que haba hallado, y le embio sealado en la dicha carta, en una carta de marear, los rumbos y vientos por donde haba llegado a la Paria, e que este testigo oy decir como por aquella carta se haban hecho otras e por ellas haban venido Pedro Alonso Merino (Nio) e Ojeda e otros que despus han ido a aquellas partes”. En el interesante examen que hace de esta cuestin el Sr. Irving en el Apndice X a su vida de Coln, observa con su natural sagacidad, que si slo haban transcurrido seis meses desde la vuelta de Vespucio de Paria hasta que emprendi viaje con Ojeda, cmo es que La Cosa y los otros pilotos de la expedicin, se guiaron por la carta martima de Coln, cuando llevaban consigo a uno tan eminente en la nutica y que por sus recientes observaciones deba conocer muy bien aquellas costas? Y adems, siendo el punto en cuestin si fue o no Coln el descubridor de Paria, cmo el rey, con cuya autoridad se supone hecho el viaje de 1497, no llam a declarar en el pleito al mismo Vespucio, que viva en Sevilla al empezarse y cuatro aos despus? En l no aparece declaracin suya, ni de ninguno que fuera con l, cuyo testimonio hubiera sido prueba plena a favor de la Corona. El no hacer Vespucio mencin alguna de este viaje en su primera carta y empezarla disculpndose de no haber escrito antes por falta de asunto digno, junto con las pruebas y razones alegadas, nos induce a sospechar con Irving, que la idea de tal viaje, no es obra de aquel navegante, sino ms bien invencin de algn escritor o compaginador que la vaci en la verdadera carta a Renato, ya por hala-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 164\ 164\ 164\ 164\ 164\ gar el gusto de la poca por la lectura de viajes a estas regiones, ya por alguna otra causa que no ha sido posible descubrir hasta estos tiempos. Veamos cul fue la ocasin que dio a Vespucio la no merecida gloria de que llevase su nombre el Nuevo Mundo. ste describe en sus cartas citadas los pases que visit, los tratos y encuentros con los naturales y todos los sucesos de sus viajes sin hacer mencin de sus compaeros, y habla como si hubiera sido uno de los principales personajes, y en algunos casos el ms importante. Su nombre, pues, empez a circular estrechamente unido a todo lo que haca relacin a las Indias, desde que apareci en 1505 la tercera carta y se propag por Europa, como hemos visto anteriormente, impresa en latn y en varias lenguas extranjeras, y no es de dudar que como un tributo al mrito que se le atribua, ocurriese entonces el darlo a la tierra firme de que hablaba en ella, como si fuese su descubridor, y que ms tarde se extendiese de los lmites a que estaba circunscrito, para abrazar los descubrimientos subsecuentes, tomando al fin todo el Nuevo Mundo el nombre de Amrica. Ni qu extrao que los extranjeros lo creyeran de buena fe el descubridor del continente occidental, cuando el mismo rey, Fonseca y otros magnates castellanos pretendan negar esta gloria a Coln? El primer escrito en que aparece el propsito de dar a este hemisferio el nombre de Amrico Vespucio, es la obra latina publicada el ao 1507 en Saint Di de Lorena, insertando la carta al duque Renato. Su ttulo es: Cosmographiae introductio cum quibusdam geometriae et astronomiae principis ad cam rem necesariis, insuper quatuor Americi Vespucii navigationes, universalis cosmographiae descriptio tam in solido quam plano, eis etiam insertis quae Ptolomeo ignota a nuperis reperta sunt3 y su autor Martn Waldseemller, de Friburgo, cosmgrafo eminente, protegido de Renato, bajo el seudnimo griego de Hylacomylas, cuyas obras geogrficas publicadas con este nombre tuvieron gran circulacin en aquellos tiempos.4 El Sr. Navarrete parece que no tuvo conocimiento de esta edicin, cuando crey la de Estrasburgo la prncipe, confundido quiz con la dedicatoria que hay en ella al emperador Maximiliano escrita en 1507. Este laborioso escritor, que tanto ha contribuido a ilustrar la historia del Nuevo Mundo, en su “Advertencia preliminar” a la cuarta carta de Vespucio, inserta en latn con la traduccin castellana al pie, en su inestimable coleccin, trata de la parte relativa a Coln y Vespucio en la cosmografa; y despus de citar varios pasajes en donde el autor “atribuye el descubrimiento del Nuevo Mundo nicamente a Vespucio”, y 3Fernaux, Biblioteca Americana.4Humboldt, Examen, t. IV, p. 33.

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PEDRO JOS GUITERAS /165 /165 /165 /165 /165 donde al hablar de las tres partes que conoci Tolomeo, recomienda que la cuarta sea llamada Amrigo o Amrica, contina: “Esta repeticin en un tratado de Cosmografa que no pasa de 15 folios en 4 menor, indica el empeo e inters con que se escriba; as como el tono en que se habla de ello, sin citar autor, ni otra razn alguna, manifiesta tambin que era la primera vez que se insinuaba semejante especie, y que ste es acaso el primer origen del nombre de Amrica dado a aquella parte del mundo, propagndose en los tratados de Cosmografa y de Geografa escritos e impresos fuera de Espaa”.5 Los descubrimientos de Vespucio haban llegado a adquirir tanta celebridad, que el mismo ao que apareci la cosmografa de Hylacomylas se vean ya marcados en los globos y cartas impresos en Estrasburgo. En 1509 se public en esta ciudad un tratadito de geografa con el ttulo Globus Mundis declaratio sive descriptio mundi et totius orbis terrarum que es donde Humboldt ha visto usado por primera vez el nombre Amrica para designar el Nuevo Mundo, segn propone el gegrafo de Saint Di: De quarta orbis terrarum parte nuper ab Americo reperta y es digno de notarse que este tratado se public en la misma imprenta de Juan Gruniger (Adelpho Mulicho Castigatore) de donde sali aquel ao la segunda edicin de la Cosmografa de Hylacomylas. Por la carta de Vadiano (Joaqun de Watt) a Rodolfo Agrcola, sabemos que desde el ao 1512 se haba extendido mucho la costumbre de llamar el nuevo continente con el nombre de Amrica. Las cartas martimas de la edicin de Tolomeo de 1522, publicadas por Lorenzo Frisio en Estrasburgo y salidas de las mismas prensas de Gruniger, fueron delineadas por la mano de Hylacomylas, y este constante admirador de Vespucio, fue el primero que lo escribi en un mapamundi que hace parte de ellas: Orbis typus universalis iuxta hidrographorum traditionem, el cual se encuentra bajo este mismo ttulo en la edicin de 1513. En el comentario que aadi Vadiano a su edicin de Pomponio Mela del ao 1522, se halla una carta martima de Apiano en la que aparece el nombre de continente de Amrica, y al lado de America provincia se lee Anno 1497 haec terra cum adjacentibus insulis inventa est per Columbum Januensem ex mandato regis Castellae ; donde a la vez que se toca la contradiccin de dar el nombre de Vespucio a un pas que se confiesa haber sido descubierto por Coln, se atribuye falsamente al tercer viaje de ste la fecha del pretendido de Vespucio a las costas de Paria. Por ltimo, Navarrete trae un pasaje del poeta suizo Enrique Glareano, en el cual se ve que ya en 1529 se haba generalizado en Europa el nombre de Amrica; en el libro de Geografa que escribi Glareano en latn y dedic a Juan a Lasko en Basilea aquel ao, tratan5Navarrete, t. III, pp. 183-190.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 166\ 166\ 166\ 166\ 166\ do de las regiones desconocidas de Tolomeo, se dice: Porro ad occidentem terra est, quam Americam vocant .6 As, la Cosmografa de Martn Waldseemller es la primera obra donde se propone el nombre de Americo Vespucio para el Nuevo Mundo, en sentir de los Sres. Navarrete, Irving, Humboldt y otros autores. Este ltimo dedica el tomo IV de su Examen Critique a analizar los viajes y escritos del navegante florentino, probando de una manera satisfactoria que sus cartas tienen un carcter confidencial, que no fueron escritas con la idea de que viesen la luz pblica, ni tuvo parte alguna en su publicacin, y que antes bien, es probable ignorase en Espaa la circulacin que tenan en el extranjero, concluyendo con adherirse al fallo de Irving que lo absuelve del cargo que le hacen algunos de los apasionados de Coln de haber sugerido y trabajado en que se diese su nombre al mundo descubierto por el inmortal genovs. Las repetidas ediciones y gran circulacin de las obras de Waldseemller fueron las que propagaron por Europa la costumbre de llamar al Nuevo Mundo con el nombre de Amrica, usado generalmente en nuestros das.7ILUSTRACI"N II Origen del nombre AntillaEl descubrimiento de Amrica revivi las alusiones que se hallan esparcidas en los clsicos antiguos respecto de un mundo desconocido, as como las tradiciones que existan entre los europeos sobre las islas lejanas en medio del ocano, y dio lugar a largas controversias entre los escritores modernos sobre la interpretacin de aquellos pasajes, menos con el fin de amenguar la gloria de Coln, que con el deseo de lucir su erudicin y hacer gala de sutil ingenio. La Atlntica de Platn en su Dilogo de Timeo la Antilla de Aristteles, el clebre pasaje de Sneca en su Medea salieron a colacin y tambin la isla de las Siete Ciudades y otras que aparecan y desaparecan de la vista de los navegantes al oeste de Canarias, los espaoles y portugueses eran los que ms imbuidos estaban en estas imaginaciones con motivo de las empresas de stos por la costa occidental de frica y cuando el primer viaje de Coln empezaron a llamar Antillas las islas descubiertas, particularmente los ltimos a la de Hait. El escrito ms antiguo y probablemente el primero donde se halla el nombre Antillae insulae aplicado a estas islas, es en un rasgo de erudicin de Pedro Martyr, donde, escribiendo al cardenal Ascanio Sforcia en noviembre de 1493, dice: “ In Hispaniola Ophiran Imsulam sese 6Navarrete, Introduccin, t. I, p. CXXVI.7Humboldt, t. IV, pp. 90-75.

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PEDRO JOS GUITERAS /167 /167 /167 /167 /167 reperisse refert (Colonus), sed cosmographicorum tractu diligenter considerato, Antilliae insulae illae et adjacentes aliae...” .8 Pocos aos despus, Amrico Vespucio llama Antiglia a la de Hait, en su carta a Lorenzo de Mdicis sobre su primer viaje a Paria: “ Per la necessita del mantenimiento fummo all’Ysola d’Antiglia che a questa che descoperse Cristobal Colombo piu anni fa”. Y vuelve a hacer mencin de ella con el mismo nombre en la que dirigi al duque Renato, donde dice: “ Venimusque at Antigliae imsulam, quam paucis nuper ab annis Christophorus Columbus discooperuit...”. Segn Casas, Vespucio llama Antilla a Hait por ser el nombre que le daban los portugueses y haber escrito sus cartas en Lisboa.9 Las Caribes se llamaron Antigliae insulae desde el siglo XVI en las tablas de posiciones geogrficas que se aadan a los tratados de geografa. Sobre las varias alusiones antiguas respecto de un mundo no conocido, se ha publicado un trabajo muy erudito en las “Memorias da Acad. Real das Sciencias” de aquella ciudad;10 y el barn de Humboldt ha tratado el asunto con mayor extensin en la primera parte de su Examen crtico citado, impreso en Pars en 1836, obra en que el autor ha sabido desplegar con su natural talento los tesoros de su erudicin en la historia y geografa del Nuevo Mundo y en ilustrar muchos particulares de inters relativos a su descubrimiento y a la vida de Coln.ILUSTRACI"N III Noticia de los huracanes y terremotos ocurridos en Cuba En octubre de 1527 sufri la poblacin de Trinidad un huracn que destruy parte del casero y uno de los buques de la expedicin de Pnfilo de Narvez destinada a la conquista de la Florida.11 El 15 de octubre de 1768, hubo otro que hizo mucho dao a La Habana y sus inmediaciones.12 La parte occidental se vio asolada por otro, en los das 21 y 22 de junio de 1791.13 El barn de Humboldt copia de unas notas m.ss. del capitn de navo don Toms de Ugarte, las variaciones baromtricas ocurridas durante uno que sufri la Isla en los das 27 y 28 de agosto de 1794 y ocasion la prdida de muchas embarcaciones en el puerto de La Habana.14 Otro hizo grandes estragos en esta ciudad y campos inme8Martyr, Dcada I lib. I, p. 1.9Casas, lib. I, cap. 164.10Tomo V.11Herrera, Dcada IV p. 2712Pezuela, p. 23813Valds, p. 206.14Humboldt, Essai t. I, p. 98.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 168\ 168\ 168\ 168\ 168\ diatos el 25 y 26 de octubre de 1810 y Trinidad volvi a ser vctima de otro en octubre de 1812.15 En 1844 sufrieron las costas del norte, hasta las inmediaciones de Matanzas, uno muy fuerte, y otro, en 1846, caus graves daos en los puertos de La Habana y Matanzas.16 En una memoria sobre el Bayamo, escrita en 1830 por don Manuel J. de Estrada, se hace mencin de tres terremotos ocurridos en aquella ciudad, el primero en 1551 (el ms antiguo de que tenemos noticia) que arruin la iglesia parroquial, y los dos ltimos en 1624 y 1766, que no slo destruyeron la iglesia, sino muchas de las casas bajas y el de 1624 todas las que haba de alto.17 Dos ocurrieron en Santiago de Cuba en 1675 y 1679: este ltimo arruin la capilla mayor de la Catedral y dej en tan mal estado el resto del edificio, que se resolvi su demolicin.18De ste habla La Torre como ocurrido en 1682. En julio y agosto de 1766 volvi a sufrirlos violentsimos y destruyeron cerca de la tercera parte de sus edificios, causando la muerte de ms de 100 personas.19 En 1770 ocurri uno que desquici y sepult montaas enteras en la gran grieta que se cree atraviesa la lengua de tierra grantica que se extiende desde la ciudad de Puerto Prncipe en Cuba hasta el cabo Tiburn de Hait.20 En nuestros das, Santiago de Cuba se ha visto asediado de fuertes y frecuentes terremotos que han hecho dao inmenso en la poblacin; el de julio de 1826, el de mayo de 1842 y, particularmente, los del 20 de agosto y 26 de noviembre de 1852, que causaron tal pavor y espanto en los habitantes, que algunos resolvieron abandonar la ciudad, y se pasaron a vivir a La Habana y otros puntos de la Isla.21ILUSTRACI"N IV Examen de algunos pasajes en la vida de ColnLa mayor parte de los sucesos relativos a la vida de Coln hasta su llegada a Espaa, se halla envuelta en tal oscuridad, que los historiadores no han podido fijar hasta hoy la poca en que tuvieron lugar muchos de ellos. Su patria ha sido por largo tiempo motivo de controversia, sin que se hubiese adelantado nada hasta que una feliz casualidad ha permitido resolverla satisfactoriamente; menos afortunada, la crtica in15Valds, p. 264.16Torre, Geografa, p. 28.17Memorias S. P. septiembre de 1840.18Valds, pp. 88 y 334.19Pezuela, p. 238.20Humboldt, Essai t. I, p. 66.21Torre, p. 32.

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PEDRO JOS GUITERAS /169 /169 /169 /169 /169 vestigadora no ha llegado an a alcanzar ningn resultado concluyente sobre el ao de su nacimiento. Los historiadores primitivos convienen en que naci en la repblica de Gnova, pero difieren entre s sobre el verdadero lugar; siendo esta falta de acuerdo tanto ms notable, cuanto que muchos lo trataron con intimidad y escribieron parte de los sucesos del descubrimiento del Nuevo Mundo con autgrafos que l mismo les haba dado y gran nmero de documentos que le pertenecan, otros con una parte de estos mismos papeles y los archivos de la nacin. Fundados tal vez (sospecha el Sr. Navarrete) en dos papeles simples que se encuentran en el Archivo de Indias, escritos al parecer a principios del siglo XVI, opinan algunos que fue natural de Cugureo y otros de Nervi, lugares inmediatos a Gnova, entre ellos Oviedo, Gomara y Veitia;22 Juan de Barros y Casas se inclinan a que era de un lugar de esta provincia, sin decir cul sea;23 Pedro Martyr lo llama ligur, en cuya denominacin se comprenda a todos los nativos de la repblica;24 el Cura de los Palacios dice que fue de Gnova y con ms claridad lo afirma Herrera;25 y, por ltimo, don Fernando Coln, que hizo un viaje ex profeso a esta ciudad para averiguar el origen de su familia, lejos de esclarecer este punto “lo dej ms tenebroso”.26Esta divergencia en autores de tanta autoridad y la falta de otros documentos, que los papeles citados, mantuvo incierta y dudosa la opinin de escritores ms modernos, hasta que apareci una copia del testamento otorgado por Coln el 22 de febrero de 1498, donde dice en dos lugares haber sido la ciudad de Gnova su patria: el primero, “siendo yo nacido en Gnova les vine a servir aqu en Castilla”, y el segundo, “pues que della sali y en ella naci”.27 No sabemos si fundados en este documento es que han afirmado el Sr. Muoz28 y otros historiadores, que naci en Gnova; las ilustraciones al primer tomo de la historia que se public de aquel escritor, debieron haber visto la luz pblica en el segundo que estaba escribiendo y que desgraciadamente ha quedado suspenso a causa de su muerte. Navarrete, descansando en la opinin del autor de un elogio del Almirante impreso en Parma en 1781, la del director del Cdice Colombo-Americano de Gnova de 1823, la del seor 22Oviedo, lib. II, cap. 2. Gomara, cap. 14. Veitia, lib. I, cap. 1.23Barros, Dcada I lib. III, cap. 2. Casas, lib. I, cap. 2.24Martyr, Dcada I, lib. I y el VI de sus epstolas.25Palacios, cap. 118; Herrera, Dcada I, lib. I, cap. 7.26Coln, Hist. del Almirante, cap. I.27Navarrete, t. II, pp. 228 y 232.28Muoz, I, p. 42.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 170\ 170\ 170\ 170\ 170\ Rossi en la ilustracin primera a su vida de Coln, y ms principalmente en la copia citada, crey decidida la cuestin a favor de la ciudad de Gnova, sin advertir que estas opiniones vienen de los autores ya mencionados y que la copia del testamento adoleca de la misma informalidad que los papeles que impugnaba; esto es, de no estar debidamente autorizada. En nuestro humilde sentir, an existira hoy la misma duda sobre un punto tan interesante, si la infatigable laboriosidad de Navarrete no hubiese descubierto ms tarde en el libro de registros del sello de Corte en Simancas la “Confirmacin Real del mayorazgo de Coln”, en la cual se incluye copia del mencionado testamento. Este precioso hallazgo pone un trmino final a la cuestin, sin dejar lugar a duda alguna sobre ser la ciudad de Gnova la patria del ilustre descubridor. Respecto del ao de su nacimiento, Navarrete, analizando el dicho de Pedro Martyr y el de Ramusio de que Coln tena 40 aos cuando propuso por primera vez a la Seora de Gnova el proyecto de navegar a occidente,29 hace mencin del aserto de Casas de que Coln permaneci en Portugal 14 aos, y el de don Fernando Coln de que su padre fue a Espaa a fines de 1484,30 y encuentra que debi ir a Lisboa en 1470 y que si entonces tena 40 aos, el de su nacimiento fue el de 1430; conclusin que rechaza fundndose en que este dato lo hara de 76 aos cuando muri, contra la opinin de sus mismos escritos. Coln, en una carta citada por su hijo don Fernando, afirma que empez a navegar a los 14 aos de edad, y en el libro de las Profecas dirigido a los Reyes Catlicos en 1501 o 1502, dice que haca ms de 40 aos que se ejercitaba en la mar; aadiendo a estos 54 aos, observa Navarrete, “los ocho que estuvo en Espaa sin embarcarse, desde 1484 a 1492 y los que mediaron desde 1502 hasta su fallecimiento en 1506, se deducira que por lo menos vivi 76 aos”. Yendo en busca de mayor luz para esclarecer este particular (no satisfecho an con lo que arrojan los papeles de Coln), acude al Cura de los Palacios, quien asegura que “muri en Valladolid el ao de 1506, en el mes de mayo, in senectute bona, de edad de 70 aos poco ms o menos”,31 y como este autor fuese amigo de Coln y le hubiese tratado familiarmente, y adems su opinin le pareciese la ms probable, por acercarse al dicho de Oviedo de que Coln cuando muri “era ya un viejo”,32 y al permiso que le concedi el rey en 1505 de andar en mula, entre otras causas por su “ancianidad”, Navarrete se decide por la con29Codice Colombo Amer., Introduccin, p. 21; Coleccin de viajes t. III, p. 1.30Casas, lib. I, cap. 28, y lib. II, cap. 37. Coln, Historia, cap. 5.31Palacios, cap. 131.32Oviedo, lib. III, cap. 9.

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PEDRO JOS GUITERAS /171 /171 /171 /171 /171 clusin que ofrece el dato del Cura de los Palacios y dice que “debi haber nacido en 1436”. Animados nosotros del mismo deseo que Navarrete, hemos empleado nuestros pobres recursos en la investigacin de este punto, y despus de comparar los datos de Martyr y Ramusio con el del Cura de los Palacios, as como los de los autores citados, tanto a favor de la impugnacin a los dos primeros, como en apoyo de la opinin del ltimo, hemos llegado a una conclusin diferente: nuestras deducciones, lejos de presentarnos la contradiccin que encuentra Navarrete, nos dan por resultado la certidumbre de que existe una perfecta conformidad de opinin entre ellos. La de este escritor creemos que descansa en un error de interpretacin de los pasajes de Martyr y de Ramusio, esto es, en entender que la propuesta de Coln a la Seora tuvo lugar antes de su ida a Portugal en 1470; y no sabemos cmo su espritu investigador pudo extraviarse hasta olvidar que no es posible admitir ninguna opinin fundada en que tal oferta pudo haber tenido lugar antes de la llegada de Coln a Lisboa, y ni aun antes de 1474. l mismo, nos cita lo que refiere don Fernando, que estando su padre en “Portugal empez a conjeturar que del mismo modo que los portugueses navegaron tan lejos al medioda, podra navegarse la vuelta de occidente y hallar tierra en aquel viaje”. Nosotros entendemos que Martyr y Ramusio quieren significar por lo de ser Coln de 40 aos en la poca en cuestin, que estando ya en Portugal y antes de hacer sus ofertas al rey don Juan, se dirigi al gobierno de su patria, sin que para esto le fuese necesario ir a Gnova, pues pudo haberlo hecho por escrito desde Lisboa, como supone con buen criterio el Sr. Muoz, tratando de la oscuridad que hay en los autores respecto de esta oferta a los genoveses.33 Y si se admite esta racional consideracin y la no menor de que la oferta escrita pudo tener lugar en 1475 o 1476, despus de recibir Coln las cartas de Toscanelli y meditar ms sobre el asunto, hallaremos que el dato de Martyr y Ramusio servira para fijar el ao de nacimiento de Coln en el mismo de 1436 que acepta Navarrete, y que lejos de contradiccin existe una gran conformidad entre l y el del Cura de los Palacios que hace a Coln de sobre 70 aos al tiempo de su muerte.34 Otra dificultad es fijar el tiempo de su permanencia en casa del duque de Medinaceli. Segn el Sr. Prescott, dice Herrera, que despus de seis aos de residencia en la Corte, hizo Coln su propuesta al duque; y como segn l, su llegada a Crdoba fue en 1484, deduce Prescott 33Muoz, lib. II. p. 54.34Navarrete, t. I, pp. LXXVII y CX; lib. VIII, t. II, no 1 y 126.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 172\ 172\ 172\ 172\ 172\ que la detencin de Coln en casa del duque, fue de 1489 a 1491.35 El Sr. Muoz es de parecer que Coln despus de salir de Portugal en 1484, no pas a Espaa, y tiene “por ms probable que fue antes a Gnova donde se hallaba en 1485”, y sin mejor xito que la primera vez, “ofreci personalmente a la Seora sus servicios y ricos descubrimientos”. De aqu nace el que este historiador proponga las ofertas de Coln al duque hasta despus de las conferencias de Salamanca y de la resolucin de los reyes de no ocuparse en sus proyectos mientras durase el cerco a Granada. Conforme a su imaginacin interpret la respuesta por una exclusin absoluta; y desconfiado de venir jams a conclusin con la Corte, estableci sus pretensiones con el duque de Medinasidonia, y segn dicen tambin con el de Medinaceli, seores acaudalados que tenan comodidad de navos y marineros en Estados propios, ste en el puerto de Santa Mara y aqul en el de Sanfanejos, o San Lcar de Barrameda.36 Contra la autoridad de estas opiniones, tenemos la no menos respetable de los mismos Coln y el duque de Medinaceli. Segn carta de ste al cardenal de Mendoza, fecha 19 de marzo de 1493, Coln estuvo hospedado en su casa dos aos desde su llegada de Portugal, en cuyo tiempo le explay sus pensamientos, y el duque pens probar la empresa “y enviar desde el Puerto que tena buen aparejo con tres o cuatro carabelas, que no me demandaba ms; pero como vi que era esta empresa para la Reyna nuestra Seora, escribilo a su Alteza desde Rota, y respondiome que gelo enviase: yo gelo envi entonces, y suplique a su Alteza, pues yo no lo quise tentar y lo enderezaba para su servicio, que me mandase hacer merced y parte en ello, y que el cargo y descargo de este negocio fuese en el Puerto. Su Alteza lo recibi y lo dio en cargo a Alonso de Quintanilla, el cual me escribi de su parte que no tena este negocio por muy cierto”. Si hemos de dar crdito a una carta tan circunstanciada escrita cuando Coln acababa de llegar de su primer viaje y cuyo original existe en el Real Archivo de Simancas, la permanencia de aqul en casa del duque debi ser en 1484 y 1485, y probablemente a fines de este ltimo ao fue cuando se encamin al puerto de Palos. As slo, aparece claro un pasaje del mismo Coln en la relacin de su primer viaje: “Han sido causa (los opuestos a la empresa) que la Corona real de Vuestras Altezas no tenga 100 cuentos de renta ms de la que tiene despus que yo vine a les servir, que son siete aos agora a 20 das de enero este mismo mes”. Segn estos datos, entendemos con Navarrete que Coln lleg de Portugal a Andaluca en 1484, estuvo con el duque de Medinaceli hasta mediados o fines 1485, pas en la villa de Palos el 35Reyes Catlicos, t. II, nota XIX, p. 123. Herrera, Dcada I lib. I, cap. 8.36Muoz, lib. II. pp. 54 y 61.

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PEDRO JOS GUITERAS /173 /173 /173 /173 /173 resto del ao y quiz los primeros das del siguiente, y el 20 de enero de 1486 se present a los reyes en Crdoba.37 Como todo lo que tienda a ilustrar la vida de este grande hombre es de sumo inters para los pueblos americanos, especialmente en aquellos particulares que despus de largo tiempo controvertidos han quedado en su primera oscuridad, creemos que los siguientes datos servirn para robustecer la opinin que hemos adoptado de que el tiempo que estuvo Coln en casa de Medinaceli no pudo ser en otra ocasin que antes de su ida a la Corte en 1486; a la vez que darn mayor luz a la improbabilidad de haberla abandonado en todo el transcurso de 1486 a 1491, a menos de haber sido por corto tiempo, y esto en servicio de los reyes. En una “Relacin de varias cantidades de maraveds dadas de orden de los Sres. Reyes a Cristbal Coln, antes y al tiempo de su primer viaje a Indias” aparece que recibi en Sevilla en 5 de mayo, 3 de julio, 27 de agosto y 15 de octubre de 1487, hasta 14 000 maravedes, y 3 000 ms en 16 de junio de 1488, en cuyo tiempo se hallaba desempeando comisiones del gobierno; que en 12 de mayo de 1489 se expidi una real cdula mandndose que cuando transitase por cualesquiera ciudades, villas y lugares se le aposentase bien y gratis, pagando slo los mantenimientos a los precios corrientes, pues que el objeto de sus viajes era “entender en algunas cosas cumplideras a nuestros servicios”, lo que segn el decir de aquellos tiempos, significa “que entenda o cuidaba de algn negocio reservado, o que no se haba hecho, ni convena todava hacerse pblico”; y adems, “los reyes le honraron querindole tener a su lado, como lo hicieron en los sitios de Mlaga y Granada”, que terminaron, el primero el 18 de agosto de 1487, y el segundo, en 25 de noviembre de 1491.38 Creemos oportuno decir algo sobre su prisin para desvanecer cualquier duda respecto de su lealtad y buen gobierno en Santo Domingo. Los historiadores espaoles, al referir la conducta observada por Bobadilla, han pretendido justificar a los Reyes Catlicos, realzando las prendas personales de aqul. El cronista Oviedo dice que gozaba concepto de buen caballero y de “hombre muy honesto y religioso”, y esto lo confirma el obispo Casas, aadiendo que “nunca oy entonces, cuando tanto se hablaba de l, cosa deshonesta ni que supiese a codicia, ni aun despus de su deposicin y muerte”.39 Aunque nosotros respetamos la autoridad de estos escritores, fuerza es confesar que lejos de haber probado que fuese digno de tal reputacin, su proceder lo acredita de hombre poco reflexivo, fcil a apasionarse, codicioso de mando y arbitrario y cruel. 37Navarrete, t. I, pp. 137, y t. II, no 14.38Navarrete, t. I, pp. XCII, y t. II, no 2 y 4.39Oviedo, part. I, lib. III, cap. 6. Casas, lib. II, cap. 6.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 174\ 174\ 174\ 174\ 174\ El hecho de la prisin de Coln es tan altamente criminal, y el de haber mandado que lo mantuviesen con los grillos hasta su llegada a Espaa y lo entregasen al obispo Fonseca, enemigo mortal suyo, manifiesta un grado de perversidad tal, que la historia no puede menos de fallar contra su aptitud para el cargo delicado y grave que se le confi. l saba bien la admiracin con que toda Europa haba odo el gran descubrimiento, las honras con que le haban pagado Fernando e Isabel, el respeto que merecan su genio superior y sus servicios entre los hombres ms eminentes de Espaa y esto debi contenerlo en no adoptar una resolucin que los mismos soberanos se apresuraron a reparar de la manera ms satisfactoria. La inicua acusacin de querer levantarse con la soberana de las Indias parece haber tenido entrada en las pesquisas enviadas y servido de fundamento para su prisin. Esta calumnia le lleg tan al alma, que en carta a los reyes desde Jamaica en julio de 1503 les deca: “las tierras que ac obedecen a V.A. son ms que todas las otras de cristianos y ricas. Despus que yo, por voluntad divina, las hube puesto debajo de su real y alto seoro y en filo para haber grandsima renta, de improviso, esperando navos para venir a su alto conspecto con victorias y grandes nuevas del oro, muy seguro y alegre, fui preso y echado con dos hermanos en un navo, cargado de fierros, desnudo en cuerpo, con muy mal tratamiento, sin ser llamado ni vencido por justicia: quin creer que un pobre extranjero se hubiese de alzar en tal lugar contra V.A. sin causa, ni sin brazo de otro prncipe y estando solo entre sus vasallos y naturales, y teniendo todos mis fijos en su real corte?”40 Finalmente, en la correspondencia que el general Aristizbal sigui con el presidente de Santo Domingo y dems autoridades superiores, para la exhumacin de los restos de Coln y su traslacin a La Habana, aparece que el Sr. duque de Veraguas, sucesor de la casa y estado del Almirante, haba nombrado comisionados que de acuerdo con el regente de la Real Audiencia practicasen las oportunas diligencias “para que tan glorioso monumento no quedase fuera del dominio espaol, insinuando que se solicitase tambin la exhumacin y traslacin de las cenizas del adelantado don Bartolom Coln, y que haban recibido de su principal, las inscripciones que se haban de poner en los sepulcros de uno y otro”. Segn esta ltima noticia, el duque viva en la inteligencia de que los restos de don Bartolom descansaban con los de su ilustre hermano en la Catedral de Santo Domingo. Esto, sin embargo, es un error; y Navarrete trata este asunto, no dejando duda alguna sobre que los restos del adelantado quedaron depositados en el monasterio de las Cue40Navarrete, t. I, pp. XCVIII y 311.

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PEDRO JOS GUITERAS /175 /175 /175 /175 /175 vas de Sevilla y que los trasladados a Santo Domingo con los de Cristbal Coln, fueron los de su hijo don Diego, segundo almirante. Aristizbal encontr el ms cumplido apoyo en las autoridades para la traslacin de los restos a La Habana, y debemos al Sr. Navarrete la noticia circunstanciada de las ceremonias practicadas con este objeto, as en Santo Domingo como en Cuba.41ILUSTRACI"N V Disertacin sobre la isla de Guanahan Para la derrota del primer viaje de Coln al Nuevo Mundo, hemos adoptado en nuestra historia de Cuba, la opinin del Sr. Navarrete, quien nos dice tener a la vista, no slo los diarios y relaciones del Almirante, “sino tambin las que escribieron Casas, don Fernando de Coln y Herrera, supliendo por este medio a donde aqullas no alcanzaban”, y que las dos cartas que se hallan en su coleccin, fueron trazadas a su vista por el primer piloto, teniente de fragata graduado y delineador del depsito hidrogrfico, don Miguel Morales, que habiendo estado en la expedicin cientfica que desempe don Cosme Churruca en las Antillas, pudo examinar por s muchos de los puntos que se comprenden en ambas cartas”. El Sr. Washington Irving, en su excelente obra The life and voyages of Christopher Columbus acepta la del seor Alejandro Slidell Mackenzie, oficial de la armada americana, de ser la actual isla de San Salvador, la Guanahan de los indios. Este hbil marino dice haber examinado cuidadosa e imparcialmente la de Navarrete y comparndola con el diario de Coln publicado en su Coleccin y con sus propias observaciones, hechas durante su permanencia en los mares de las Lucayas, como esta cuestin est ntimamente enlazada con el descubrimiento de la isla de Cuba y la primera exploracin de una parte de sus costas, se nos permitir examinar ambas opiniones, con la detencin correspondiente a su importancia. Los Sres. Navarrete e Irving estn de acuerdo sobre el derrotero de Coln desde su salida de Palos hasta el 7 de octubre, segn las cartas martimas que se hallan en sus obras. Desde el 7 hasta el 11, el primero marca la direccin S.O. hasta la isla del Gran Turco y el segundo sigue invariablemente el rumbo al O. hasta la que hoy se conoce con el nombre de San Salvador. En esta discordancia creemos que Navarrete va ms conforme con la descripcin del Almirante, quien dice que la tarde del 7 “acord dejar el camino del O., y poner la proa hacia el O.S.O. con determinacin de andar dos das por aquella va”, la cual llev a cabo, 41Navarrete, t. I, Ilustracin XI, y t. II, no CLXXVII.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 176\ 176\ 176\ 176\ 176\ no alterando el rumbo hasta el 9, que naveg al S.O. 5 leguas, y despus (por haberse mudado el viento) corri al O. N.O. hasta el 10, que volvi a tomar el del O.S.O., cuya direccin sigui el 11 hasta puesto el sol, que tom el del O. y en aquella noche fue cuando vio la luz de tierra, precursora del descubrimiento de Guanahan. La descripcin que hace Coln de esta isla, es la siguiente: “Es bien grande y muy llana y de rboles muy verdes, y muchas aguas, y una laguna en medio muy grande sin ninguna montaa y toda ella verde, que es placer de mirarla”, y aade ms adelante, que “una grande restinga de piedras cerca toda aquella isla alrededor”. Segn Navarrete, “todas estas circunstancias y seales a excepcin de ser bien grande, coinciden con la isla del Gran Turco, que suponemos ser la primera que descubri. Entre ellas es muy notable la de tener en medio una laguna que no se encuentra en las dems; y esta circunstancia que expresa el Almirante, no la omiten ni su hijo don Fernando, ni Casas, ni Herrera, y lo que es ms ni Mr. Bellin en la descripcin geogrfica de los desemboques que estn al norte de la isla de Santo Domingo, que public con varias cartas y planos en ao 1768”. La contradiccin que resulta de llamar Coln a Guanahan una isla “bien grande” y ser la del Gran Turco de una legua y un tercio de extensin, puede considerarse ms aparente que real, cuando hallamos en la misma descripcin de su viaje, que refirindose a ella la llama “una isleta de las Lucayas”, “la isleta de San Salvador”; lo cual no se escap a la investigacin de Navarrete. Veamos ahora cmo describe Irving al Gran Turco: “Esta isla es un cayo bajo que corre de N. a S., de menos de 2 leguas de extensin, formado de arena y rocas y desnudo enteramente de bosques y sin ningn rbol; en l no hay aguas dulces, teniendo sus habitantes que recoger en cisternas y vasijas las llovedizas, como las nicas que hay para el uso de la vida; ni se encuentra lago alguno y s slo algunas salinas que constituyen su nica produccin: esta isla no ofrece ningn punto de entrada al E. ni al N.E. a causa de los arrecifes que la cercan por esta parte, y slo al O. hay una rada adonde pueden llegar naves, aunque forzadas a zarpar cuando el viento sopla de cualquiera otra parte que no sea del N.E., que es la brisa ordinaria del mar (hay otra rada al sur llamada Hawk’s Nest que no est en uso por ser an ms peligrosa que la del O.): no tiene ningn puerto, la costa es tan abierta que no hay fondeadero sino muy cerca de ella, y cuando calma el viento de tierra, las naves al ancla tienen que hacerse a la mar, huyendo de que la fuerte resaca que se levanta no las bare en la playa o las estrelle contra las rocas”. Pocas veces ofrecer la historia de la geografa un caso tan notable como el presente, en que un lugar de tan corta extensin como el Gran Turco, situado en una posicin y mares tan frecuentados y donde

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PEDRO JOS GUITERAS /177 /177 /177 /177 /177 han ocurrido innumerables naufragios, haya sido explorado por dos marinos inteligentes, los Sres. Moreno y Mackenzie, cuyas descripciones difieran tanto entre s. Como la opinin de Navarrete no se apoya solamente en el derrotero de Coln hasta el 12 de octubre y el aspecto fsico de la isla del Gran Turco, sino tambin en su navegacin subsecuente, e Irving cree hallar en sta un argumento favorable a la suya, seguiremos analizando la descripcin de este viaje y nos haremos cargo de la interpretacin que ambos escritores dan a la letra del Almirante. ste entendi de los indios de Guanahan el 13 de octubre “que haba tierra al S. y al S.O. y al N.O.”, con cuyo motivo determin “de aguardar hasta maana en la tarde, y despus partir para el S.O.” El 14, despus de haber reconocido en las barcas las costas de la isla, volvi a la capitana, “y di la vela y vide tantas islas que yo no saba determinarme a cul ira primero”, circunstancia que le movi sin duda a alterar su resolucin del da anterior y a dirigirse a la que le pareci ms grande. “Haba temporejado esta noche (la del 14 al 15) con temor de no llegar a tierra a sorgir antes de la maana, por no saber si la costa era limpia de bajos, y en amaneciendo cargar velas. Y como la isla fuese ms lejos de 5 leguas, antes ser 7, y la marea me detuvo, sera medio da cuando llegue a la dicha isla”. Como de sta viese “otra mayor al O. cargu las velas para andar todo aquel da hasta la noche, porque aun no pudiera haber andado al cabo del O., a la cual puse por nombre la isla de Santa Mara de la Concepcin”, en cuya denominacin comprendi todo el grupo de las ms cercanas. El 17 descubri una, “desviada de la de Santa Mara 8 leguas cuasi E.O.” a que dio el nombre de Fernandina, y el 19 lleg a la de Saometo, que llam Isabela, por la parte del N., donde hace un isleo que quedaba “en derrota de la isla Fernandina de donde yo haba partido E.O. y se corra despus la costa desde el isleo al O.” De aqu zarp el 23 a media noche y al anochecer del 24 se hallaba a 7 leguas al N.O. “del cabo verde la isla Fernandina el cual es de la parte del S. a la parte del O.”: el 25 naveg despus del sol salido al O.S.O. hasta las 9 horas, andaran 5 leguas: despus mud el camino al oeste, andaban 8 millas por hora hasta la 1 despus del medioda, y de all hasta las 3, andaran 44 millas. Entonces vieron tierra y eran siete a ocho islas, en luengo todas de N. a S.” De stas, que llam de Arena, parti el 27 por la maana, navegando todo el da en la direccin S.S.O., y el 28, siguiendo el mismo rumbo, descubri la isla de Cuba. “Examinando los diarios de Coln, dice Navarrete, y reflexionando sobre su derrota siempre al O. de isla en isla, desde la primera que descubri hasta su recalada en la de Cuba (cuyos puertos de Nipe, de las Nuevitas del Prncipe, de Tnamo, de Cayo-Moa y de Baracoa, des-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 178\ 178\ 178\ 178\ 178\ cribe con admirable exactitud, especialmente los dos ltimos) llegamos a sospechar que la tierra de su primer descubrimiento nunca pudo ser la que se ha credo y conocido hasta ahora con el nombre de San Salvador Grande, porque desde donde est situada, no pudiera el Almirante haber hecho su navegacin siempre al occidente, como la hizo, a causa de los inconvenientes que ofrece el gran banco de Bahama, entre ellos la cordillera de cayos llamada de la Cadena o de Montesumos, difciles de penetrar; siendo an menos creble que siguiendo la direccin del O.S.O y S.O. recalase en el puerto de Nipe, que se halla a barlovento de su navegacin ms de 60 leguas: lo cual no puede conseguirse fcilmente en aquellos mares”. Estas consideraciones, que despert en su nimo el examen del mapa de las Antillas y Lucayas, lo estimularon a hacer un estudio comparativo de ste y la relacin de Coln, y despus de maduras reflexiones, lleg a la conclusin de que “la primera tierra que descubri y pis en el Nuevo Mundo, es en su concepto la isla del Gran Turco situada por los 21 30' de latitud”, la segunda isla (a que no dio Coln nombre particular y de que no hace mencin Irving) es la del Gran Caico distante 6 leguas de la del Turco; la de Santa Mara de la Concepcin, el Caico del Norte, aunque segn hemos observado ya, en la denominacin de islas de Santa Mara de la Concepcin cree Navarrete que comprendi Coln as el Gran Caico y el Caico del Norte, como las otras inmediatas que forman el grupo conocido con el nombre de los Caicos; la isla Fernandina corresponde con la Inagua Chica; la “que vio y boj llamndola Isabela, debe ser la que conocemos ahora con el nombre de Inagua Grande”; y las de Arena, “los cayos orientales y meridionales del Gran Banco de Bahama que despiden placer de sonda al sur”. El Sr. Irving, siguiendo la opinin ms generalmente admitida, se empea en demostrar que Guanahan es la actual San Salvador, conocida tambin por la isla del Gato, y que las dems que visit Coln en los das posteriores, deben ser: la llamada hoy Concepcin, la Santa Mara de la Concepcin; la de Exuma, la Fernandina; la de Long Island, la Isabela o Saometo; y las de Arena, las Mscaras, de donde cree parti al descubrimiento de Cuba. Al descubrir tierra Coln, dice, el 12 de octubre se puso al pairo aguardando fuese de da, y aquella misma maana ancl a la vista de una isla de gran belleza cubierta de bosques y muy poblada, la cual llamaban los naturales Guanahan y a que l dio el nombre de San Salvador. Explorando sus costas por la parte del N.N.E. hall un puerto capaz de dar abrigo a cualquier nmero de buques. Esta descripcin corresponde en un todo con la parte S.E. de la isla conocida con el nombre de San Salvador, o del Gato, que corre de E. a O., inclinndose por el extremo del E. hacia el N.N.E. y que tiene la misma apariencia de

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PEDRO JOS GUITERAS /179 /179 /179 /179 /179 fertilidad y lozana. Las naves de Coln debieron recalar probablemente a esta baha por la parte S.E. de San Salvador cuando aguardaban el da; y l ni durante su permanencia en la isla, ni al dejarla, la explor lo bastante para descubrir que lo que haba credo ser todo su largo, no era ms que una curva en un extremo de ella, extendindose del otro lado la parte principal en direccin del N.O. Desde Guanahan vio tantas islas, que no saba a cul ira primero: los indios le dijeron que el nmero de ellas era infinito y le nombraron ms de 100. Determinose a ir a la que pareca la mayor, que crey estar como a 5 leguas, aunque algunas haba ms cerca y otras ms lejos. La isla a que se dirigi se cree ser la actual Concepcin y las otras, la faja singular de pequeas islas conocidas con el nombre de la Cadena, que se extiende pasada la de San Salvador en direccin S.E.-N.O., de las cuales la primera est ms cerca de sta que de la Concepcin, mientras que las otras estn ms distantes. Dej a San Salvador la tarde del 14 para ir en busca de la isla mencionada y como le viniesen contrarias las corrientes, anduvo barloventeando toda la noche y no lleg a ella hasta ya tarde del da siguiente. Diole el nombre de Santa Mara de la Concepcin y no marc en su diario su posicin respecto de San Salvador, ni el rumbo que llev en su travesa. Es sabido que por aquellas partes las corrientes van constantemente y con violencia hacia el O.N.O. y tenindolas contrarias, debi haber navegado en rumbo opuesto; esto es, al E.S.E. Adems, cuando inmediato a la Concepcin vio una isla al poniente, la ms larga que haba visto; pero al mismo tiempo dice que ancl a vista de la Concepcin y no fue a aqulla porque no poda navegar al O. Esto demuestra claramente que Coln no fue de San Salvador a la Concepcin por el rumbo del O., porque el viento contrario (nica causa que poda impedirlo) no le permiti navegar en aquella direccin. Si acudimos a la carta, hallaremos la actual Concepcin al E.S.E. de San Salvador y a una correspondiente distancia de 5 leguas. Cuando sali de la Concepcin, se dirigi a una isla muy larga que se vea al O., a distancia de 9 leguas y se extenda 28 en direccin S.E.N.O., la cual llam Fernandina. Hzole calma todo el da y no pudo llegar a ella hasta la maana del 17: al medioda dio la vela otra vez, con nimo de rodearla e ir a otra llamada Saometo; pero como el viento fuese S.E.S., que era la direccin que quera tomar, los indios le dijeron que le sera ms fcil navegar la vuelta de esta isla corrindose al N.O. con buen viento. Tom pues este rumbo y andadas 2 leguas hall un puerto maravilloso con una entrada angosta (o ms bien con dos entradas por interponrsele una isla que cerraba el paso), formando dentro una hermosa baha; y saliendo con las naves por la entrada opuesta del N.O. descubri la parte de la isla que se corre E.O. Los naturales

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 180\ 180\ 180\ 180\ 180\ le dijeron que sta era ms pequea que Saometo y que sera mejor volver a esta ltima. El viento se calm entonces y poco despus se levant la brisa del O.N.O. que le vena de proa; as que cambiaron y siguieron al E.S.E. para tomar la vuelta de afuera, pues el tiempo amenazaba una tempestad que se desvaneci en lluvia. Al da siguiente fonde a la parte opuesta de la extremidad de la Fernandina. Esta descripcin corresponde exactamente con la isla Exuma, que corre al S. de San Salvador y al S.O. al S. de la concepcin. La nica diferencia que notamos, es que Coln dice estar la Fernandina casi al O. de la Concepcin y que se extenda 28 leguas. Este error debi nacer, de haber tomado los cayos de la Cadena por una parte de la misma Exuma, cuya apariencia de continuidad se manifiesta cuando se ven desde la Concepcin por correr en la misma direccin S.E. y N.O. Su posicin respectiva desde aquel punto, es tambin al O., as como al S.O. En prueba de ello debe observarse que, despus de haberse acercado a estas islas, en lugar de aumentarse a sus ojos la extensin de la Fernandina dice que era de 20 leguas cuando antes le haba parecido de 28; entonces descubre que en lugar de una, eran muchas, y altera su curso al S. para llegar a la que crey ms cercana. La identidad de la isla descrita con la Exuma no puede menos de fijarse en la mente: la distancia de la Concepcin, el puerto hermoso con una isla enfrente y el volver la costa hacia el O., es tan exacto, que no parece sino que el mapa ha sido trazado por la relacin del Almirante. El 19 dej la Fernandina yendo al S.E. con viento N.: despus de andar tres horas, descubri a Saometo al E. y lleg a la punta N. de la isla antes de medioda: aqu hall una, pequea, rodeada de rocas, con otro arrecife que corra entre esta isla y Saometo: llam a Saometo, la Isabela, a la punta opuesta a la isla pequea Cabo del Isleo, y el cabo al extremo S.O. de Saometo, Cabo de la Laguna, y fonde a la vista de ste. La isla pequea corre de la Fernandina a la Isabela en direccin E.O.; la costa desde aquella isla pequea, se extiende 12 leguas, hasta un cabo que llam Hermoso y que crey ser una isla separada de Saometo con otra interpuesta entre aquellas dos. Dejando el Cabo de la Laguna, hizo rumbo al N.E. hacia el del Isleo; pero tropez con bajos por la parte interior de la isla pequea y no fonde hasta el da siguiente. Junto al extremo de la Isabela, descubri un lago donde hizo aguada. Esta Isabela, o Saometo conviene tan exactamente con la isla larga que corre al E. de Exuma, que basta leer su descripcin con la carta extendida para convencerse de su identidad. Hasta aqu el Sr. Irving. Este examen que hace de la relacin que de los primeros descubrimientos escribi el Almirante, adolece de inexactitudes voluntarias en la versin e interpretacin de muchas partes esenciales al verdadero conocimiento de la presente cuestin, y

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PEDRO JOS GUITERAS /181 /181 /181 /181 /181 nosotros creemos no deber prescindir de detenernos a comparar las citas en que Irving parece apoyar sus mejores argumentos. Bien conocemos que esta clase de investigaciones, cuya comprensin requiere un estudio anterior de la materia, as como la repeticin a veces de unos mismos pasajes, es por lo comn enojosa a la generalidad de los lectores; pero los errores enunciados son tales, que su anlisis servir, en nuestra humilde opinin, a ilustrar el asunto, y no podr menos de despertar en el nimo una disposicin a creer ms natural y conforme con la letra de Coln el derrotero de Navarrete que el trazado por Mackenzie y aceptado por Irving. Coln dice que hall en Guanahan un puerto capaz de abrigar cualquier nmero de buques; invitado por los naturales a que bajase a tierra, no se atrevi porque “tema de ver una grande restinga de piedras que cerca toda aquella isla alrededor, y entre medias queda hondo y puerto para cuantas naves hay en toda la cristiandad y la entrada de ello muy angosta. Es verdad que dentro de esta cinta hay algunas bajas, mas la mar no se mueve ms que dentro de un pozo”. Nosotros entendemos que la voz puerto no est usada aqu en el sentido geogrfico en que la ha tomado Irving, sino simplemente en el genrico de un lugar capaz por su extensin para dar cabida a los buques que en l vengan a fondear. Adems, Coln no se refiere a un lugar determinado de la isla, ni menos interior de la costa, sino a todo el mar comprendido entre sta y la faja de arrecifes que rodea a la isla, o si se quiere, la parte que corre al N.N.E. Lo de la entrada angosta se ve claramente que indica una abertura en la cinta de arrecifes y no en la playa: lo de que el mar no se mova “ms que dentro en un pozo”, expresa un estado accidental no permanente; Coln no describe una propiedad de aquel lugar sino una situacin de momento, pues aqulla era la primera vez que vean sus ojos las costas de Guanahan. Segn Irving, Coln dice que desde esta isla vio muchas, y esto despus de haber observado aqul que desde el Gran Turco no hay otra tierra a la vista que dos cayos de sal al S.; cuando sus palabras son: “di la vela y vide tantas islas que no saba determinarme a cul ira primero”. Y a rengln seguido encontramos que determin ir a la que le pareca la ms larga, que calculaba estar sobre 5 leguas distante. Cierto es que marc esta distancia en su diario del 14, cuando an no haba hecho la travesa; pero en el del 15, ya en la segunda isla escribe: “Como la isla fuese ms lejos de 5 leguas, antes ser 7”, cuya rectificacin no tuvo Irving presente. Esta circunstancia es tanto ms digna de consideracin, cuanto que para apoyar su opinin de que la segunda isla descubierta es la actual Concepcin, dice: “Examinando la carta martima vemos la isla conocida hoy con el nombre de la Concepcin situada a E.S.E. de San Salvador a la distancia de 5 leguas”. Permtasenos recor-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 182\ 182\ 182\ 182\ 182\ dar lo que hemos dicho anteriormente, que entre las islas que Coln llam con estos nombres, se encuentra una a que no dio ninguno (el Gran Caico de Navarrete) y de la cual no hace mencin Irving en su examen de la relacin de Coln y el plan trazado por Navarrete. En cuanto a las objeciones sobre el rumbo que sigui, yendo de una isla a la otra, nos referiremos al prrafo, ya copiado de Coln, que principia: “Haba temporejado esta noche”. Observaremos solamente que extraamos la interpretacin dada a las palabras del Almirante cuando dice, que al descubrir la isla en cuestin “carg las velas por andar todo aquel da hasta la noche”, maniobra que no hubiera ordenado si queriendo dirigirse al O. hubiera tenido contrarios el viento y las corrientes. Irving dice, que de la Concepcin a la Fernandina hay, segn Coln, 9 leguas y que habiendo estimado ste la extensin de la ltima en 28 en la direccin S.E.-N.O. corrigi al aproximarse este clculo hacindola de 20 solamente. Y queriendo explicar el motivo de esta supuesta alteracin, nos dice, que el error primero debi nacer de haber credo el Almirante que la larga faja de cayos de la Cadena, haca parte de la misma Fernandina (la Exuma de Irving), cuya continuidad en la misma direccin S.E.-N.O. de aqulla, la hace parecer una parte de la Cadena vista desde la concepcin de Irving. La situacin de los cayos de la Cadena y la de la isla de Exuma, cuando vista desde aquel punto, es la misma tanto en la direccin O. como en la del S.O. Como una prueba de ello, obsrvese (contina) que Coln, despus de haberse acercado a estas islas, en lugar de presentrsele la Fernandina, de mayor extensin, le pareci ms pequea y que en vez de las 28 leguas que haba calculado antes, la hizo despus de 20. Esto es porque al acercarse a la Fernandina, en lugar de una isla, descubre que son muchas y altera su rumbo al S. para llegar a la que apareca ms a la vista. La relacin de Coln del da 15 respecto de la distancia de una isla a otra, est corregida en la del 16, donde dice: “Esta isla (Fernandina) est desviada de la de Santa Mara 8 leguas cuasi E.-O.” Sobre su extensin dice el 15 “y se corre toda esta parte de la isla N.O.-S.O. y se parece que bien habra en esta costa ms de 28 leguas en esta faz”; pero no encontramos la alteracin de este clculo en los trminos en que la establece Irving, antes bien, Coln dice: “Este cabo a donde yo vine y toda esta costa se corre al N.N.O. y S.S.E. y vide bien 20 leguas de ella ms ah no acaba”; lo cual tiene un sentido diverso del que le da Irving. Adems, confesamos que en la relacin de Coln, desde que dej la Concepcin hasta su salida de la Fernandina, no hemos hallado ningn pasaje en que se diga que vio otra isla ms que esta ltima y as cuando la travesa de la una a la otra como durante la exploracin que hizo por las costas de Fernandina. La idea que vio muchas islas al acercarse a sta, no se encuentra absolutamente en la relacin de su viaje.

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PEDRO JOS GUITERAS /183 /183 /183 /183 /183 Irving entiende del diario de Coln del 19, que entre la Fernandina y la Isabela vio y visit una pequea, situada en la direccin E.O. de aquellas dos. La lectura del diario, en nuestro sentir, no dice nada sobre la existencia de tal isla. Creemos que Irving ha tomado la punta saliente al N. de la Isabela, que llam Coln el Cabo del Isleo, por una isla. El pasaje es algo oscuro donde dice: “Sobre la cual (isla de Saometo) descargamos, y llegamos a ella todos tres navos antes de medioda a la punta del N. adonde hace un isleo y una restinga de piedra fuera de l al N. y otro entre l y la isla grande, la cual nombraron estos hombres de San Salvador que yo traigo la isla Saomete, a la cual puse nombre la Isabela”. La oscuridad est, en nuestro entender, donde dice: “y otro entre l y la isla grande”, que hace suponer, con razn, el isleo separado de la isla grande (Saometo), y an pudiera interpretarse que habla de dos isleos. Nosotros hubiramos cado en el mismo error, a haber atendido aisladamente al sentido literal de este pasaje para su interpretacin; pero examinando la relacin de los das 21, 22 y 24 hallamos que el isleo descrito no es otra cosa ms que una punta, o cabo de la misma Saometo. Coln la llama el da 21 cabo del isleo y dice que despus de haber comido baj a tierra y describe la isla en trminos que no dejan duda de que se refiere a Saometo; el 22 dice que despus de haber estado aguardando toda la noche anterior y aquel da por si vena el rey, hizo aguada para los navos “en una laguna que aqu est cerca del cabo del isleo, que as la nombr” y el 24, al dejar Saometo, dice estas terminantes palabras: “Esta noche, a media noche, levant las anclas de la isla Isabela del cabo del isleo, que es de la parte del N. adonde yo estaba posado, para ir a la isla de Cuba”. La discrepancia que se advierte ms adelante, entre los Sres. Navarrete e Irving sobre el lugar adonde primero lleg Coln en Cuba y su exploracin por la costa septentrional, es una consecuencia necesaria de la diversa situacin a que uno y otro suponen las islas de Arena. Conviene observar, sin embargo, que el encontrar ambos la relacin del Almirante conforme con su propio plan (no obstante la notable diferencia que guardan entre s) es una ilusin a que se prestan admirablemente las costas cubanas por su especial configuracin y el gran nmero de cayos que las cercan. Concluiremos, ocupndonos en la opinin de un escritor, cuya autoridad ha dado gran peso al plan del Sr. Mackenzie. El barn de Humboldt, despus de tratar esta cuestin con detenimiento e ilustrarla con gran nmero de datos y observaciones, dice: “Yo me hallo en estado de destruir la incertidumbre que existe en esta cuestin por medio de un documento geogrfico tan antiguo como desconocido, el cual confirma irrevocablemente el resultado de los argumentos que el Sr. Washington

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 184\ 184\ 184\ 184\ 184\ Irving ha consignado en su obra contra la hiptesis de las islas Turcas”. Cualquiera que sea la conviccin a que el examen de esta materia haya llevado al espritu ilustrado del Sr. Humboldt, creemos demasiado aventurado su fallo en un punto histrico que, en nuestra humilde opinin, permanecer envuelto en la misma oscuridad que hasta ahora, mientras no se descubra algn documento que d ms luz de la que arrojan las noticias reunidas para su ilustracin. Al que alude Humboldt, es el mapamundi de Juan de la Cosa del ao 1500; Humboldt toma la posicin que da La Cosa a la isla de Guanahan como un dato conclusivo. Admitido ste, debe admitirse tambin la posicin en que coloca las otras islas descubiertas con posterioridad. Ahora bien, si comparamos las posiciones de La Cosa con la descripcin del mismo Coln, veremos que aqullas no corresponden con sta, y no es posible aceptar como autoridad testimonios contrarios al tenor literal de lo que nos dej escrito el Almirante. An ms: Humboldt, en traer el citado mapamundi a la cuestin, se propone demostrar a no dejar duda, que la posicin de Guanahan por La Cosa es conforma con la opinin de Irving, y si se compara la posicin respectiva de esta isla y las otras descubiertas en los das subsecuentes marcadas con los mapas de La Cosa e Irving, se ver un completo desacuerdo entre ellos. El valor que tengan en este caso, no slo el mapa de La Cosa, sino los dems trazados hasta 1526, puede estimarse por una real orden de este ao en la cual, siendo el rey informado de que por la variedad que haba en las cartas de navegar, as en lo que tocaba al sitio de las islas como a la grandeza y derrota de ellas, se haba seguido muchos daos y peligros, mand a don Fernando Coln que juntando todos los cosmgrafos y pilotos que le pareciese, las ajustase e hiciese una y un mapa, en el cual situase las islas y tierra firme descubiertas y que en adelante se descubriesen; y habiendo usado aqul de mucha diligencia se corrigieron algunos yerros que fueron de mucho provecho. Nosotros confesamos que despus de haber estudiado el asunto con el detenimiento que requiere su importancia, no hemos podido llegar a una conclusin satisfactoria. Aparte toda afectacin de modestia, estamos muy distantes de creernos con aptitud para resolver una cuestin que ha sido controvertida con loable empeo por escritores tan competentes. Pero aunque no pretendamos emitir nuestro juicio, estimamos un deber el presentar al lector las diversas opiniones existentes y ofrecer a su consideracin los motivos que nos han inducido a preferir (en la necesidad de adoptar una) la opinin del Sr. Navarrete a la de los Sres. Irving y Humboldt.42 42Navarrete, Coleccin t. I. Irving, Vida y viajes de Coln t. III, Apndice XVII. Humboldt, Examen Crtico t. III, pp. 158-224. Herrera, t. I, pp. 38 y 41.

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PEDRO JOS GUITERAS /185 /185 /185 /185 /185ILUSTRACI"N VI Bojeo de Cuba por OcampoLas noticias que de este viaje han dejado los historiadores del siglo XVI, que hemos podido consultar, son tan vagas e incompletas, que dejan mucho que desear para describirlo con la exactitud y propiedad correspondientes. Herrera y Oviedo estn contestes en que la salida de Ocampo fue de la ciudad de Santo Domingo, en dos carabelas, durante el gobierno del comendador Ovando: pero ni uno ni otro expresan las particularidades del viaje, los lugares que visit, ni fecha alguna; excepto lo poco que aparece de nuestra descripcin tomada de la de Herrera, que es la ms extensa que conocemos. Respecto del tiempo en que se hizo el bojeo, notamos que ambos autores estn en contradiccin. Segn Herrera empez y concluy en el gobierno de Ovando: “De all (de Jagua) se fue (Ocampo) costeando la Isla (de Cuba) y llev al comendador mayor nueva cierta que es isla, en lo cual gast ocho meses”. Oviedo dice: “Poco tiempo antes que... Ovando fuese removido de la gobernacin de aquestas parte envi... a un hidalgo llamado Sebastin de Ocampo, el cual fue a aquella isla... e no desde a mucho que all estaba vino a gobernar estas partes el almirante segundo de estas Indias”. No es posible, a falta de otros datos, conciliar dos opiniones bastante explcitas para que no se reconozca en ellas una contradiccin notable. Si hemos de aceptar el dicho del primero, Ocampo pudo concluir su viaje en 1508, o a mediados de 1509; pues el almirante don Diego Coln lleg a Santo Domingo el 10 de julio de este ao; si por el contrario Oviedo anduviese ms acertado, este viaje (admitindose que Ocampo emple en l ocho meses) debi entonces haber empezado a principios de 509 y concluido a fines del mismo ao. El Sr. Navarrete no trae nada sobre este particular en los documentos que forman su rica coleccin, y los autores que nos han precedido en escribir la historia de Cuba, dejan por desgracia el caso en la misma oscuridad. Es de desear que algn da se encuentre en el Archivo de Indias de Sevilla, u otro del reino, algn documento autntico que desvanezca las dudas que sugieren Herrera y Oviedo y explique las dems ocurrencias que tuvieron lugar en esta exploracin, y en este caso convendra que el seor bibliotecario a quien cupiese esta dicha, se sirviese comunicarlo a la Real Sociedad Econmica de La Habana, para que esta ilustrada corporacin le diese en Amrica la publicidad conveniente, y quedase as aclarado y mejor conocido un suceso muy importante en nuestra historia.43 43Herrera, Dcada I lib. VII, cap. 1, y lib. IX, cap. 7. Oviedo, t. I, lib. VI, cap. 3, y lib. XVII, cap. 3.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 186\ 186\ 186\ 186\ 186\ILUSTRACI"N VII Sobre la capital de la provincia ndica de La HabanaLa lectura de Herrera y Oviedo nos ha despertado la idea de que “el pueblo de la matanza”, llamado por algunos escritores modernos Yucayo, debi ser la capital de la provincia ndica de La Habana, y sometemos al estudio de los amantes de nuestras antigedades algunas consideraciones en apoyo de esta opinin. Herrera, en su relacin al bojeo de la Isla, al hablar de la estada de Ocampo en el puerto de Carenas, no hace mencin de ningn pueblo que hubiese en sus inmediaciones: al referir la excursin de Narvez por la provincia de La Habana, dice que adems de Matanzas haba visitado otros varios, yendo de la costa del norte a la del sur y no habla de ninguno en particular que fuese residencia del cacique, sino aqul: al tratar de la fundacin de La Habana del sur y de su traslacin adonde ahora se halla, tampoco dice nada sobre que en ninguna de las dos partes hubiese poblacin. Este silencio es tanto ms notable, cuanto que en tiempo de Herrera ya La Habana actual era una de las ciudades ms importantes de Amrica. Adems, sabemos que los conquistadores, al fundar villas, escogan los lugares ms poblados para hacer los repartimientos de indios, y cuando Velzquez empez a colonizar, no pensando entonces extender las poblaciones a la provincia de La Habana, slo se ocup en dar algunas encomiendas en ella y se reserv para s unas haciendas en Matanzas y dio otras a algunos castellanos, lo que sugiere la idea de que ste era el lugar ms poblado: la fundacin de La Habana poco despus en la ensenada de Bataban fue a consecuencia de sus nuevos proyectos de descubrimientos al occidente de Cuba. Despus que Mjico fue descubierto, cuando ya se conoca mejor el puerto de Carenas y era ms apropsito por su inmediacin para reunir all las expediciones, Velzquez envi la armada de Grijalva a la baha de Matanzas para completar el armamento y proveerse de vveres, y a la vuelta de su viaje, lleg al mismo lugar y recibi carta del gobernador mandndole fuese a Santiago “y que dijese a la gente que se aderazaba otra armada para volver a poblar y que a los que quisiesen volver en ella mandaba que se entretuviesen en unas estancias que por all tena”. En toda la relacin de la conquista no describe Herrera ninguna recepcin hecha por los caciques a Narvez en que se presentasen con el aparato que el de Matanzas, y esta particularidad descubre que debi ser uno de los pueblos mayores de la Isla. Probablemente en la falta de poblacin del litoral desde Matanzas hasta el Mariel, trmino de la provincia ndica de La Habana, influy en no haber en todo l islas y cayos y ser pobre de pesca y mariscos a que eran muy dados los aborgenes. Fundados en estas consideraciones,

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PEDRO JOS GUITERAS /187 /187 /187 /187 /187 nos hemos aventurado a suponer que “el pueblo de la matanza” debi ser la capital de la provincia de La Habana.44ILUSTRACI"N VIII Del ao en que ocurri la muerte de Velzquez La losa sepulcral de Velzquez, rota en pedazos, fue encontrada el 26 de noviembre de 1810, al abrirse los cimientos de la nueva Catedral de Santiago de Cuba a la profundidad de 7 pies del suelo. La parte ininteligible de la inscripcin ha sido descifrada y publicada por uno de los miembros de la Seccin de Historia de la R. S. P de La Habana en la Historia de Arrate y dice as: “ Etiam sumptivus hanc insulam debelavit ac pacificavit. Hic yacet Nobilissimus ac Magnifecentissimus Dominus Didacus Velzquez insularum Yucatani Preses, qui cas summo opere revelavit ac suis propiis sumtivus debelavit in honorem et gloriam Dei omni potentis ac sui regis: migravit in anno a Domino MDXXII”. El contexto general difiere de la copia inserta en la Historia de Valds, pero no teniendo nosotros datos para formar opinin en cuanto a las variantes que se advierten en esas dos copias, dejamos a otros el cuidado de resolver cul de ellas sea la ms correcta. Nuestro intento es demostrar el error que se comete en ambas inscripciones respecto del ao en que ocurri la muerte del conquistador de Cuba.45 En la nota IX de las que ilustran la obra de Arrate, tratndose de este particular, se dice: “Herrera asegura que fue el (ao) de 1524: Fernando Pizarro de Orellana en sus Varones ilustres del Nuevo Mundo el de 1523, y lo mismo el capitn Gonzalo Fernndez de Oviedo”. Nosotros no hemos encontrado en Herrera ningn pasaje en que se diga el ao en que muri Velzquez, en sus Dcadas slo se hace mencin de su muerte con referencia al tiempo en que tuvo el rey noticia de ella, que dice fue en enero de 1525: a Pizarro de Orellana no hemos podido consultarlo; y el historiador Oviedo dice terminantemente que su muerte ocurri en 1524: “Despus el ao siguiente de mil equinientos e veynte y quatro, estando determinado de yr en persona a se quexar de Cortes ante el Emperador, nuestro seor, e decir sus servicios y gastos de esta empresa, atravesosse aquella definicin universal de las barajas, que es la muerte y acabronse sus das”.46 44Herrera, Descripcin cap. VI, Dcada I lib. VII, cap. 1, y lib. X, cap. 8, y Dcada II lib. III, cap. 1 y 10. Oviedo, lib. XVII, cap. 8 y 18.45Arrate, p. 453. Valds, p. 336.46Herrera, Dcada III lib. V, cap. 5, y lib. VIII, cap. 1. Oviedo, lib. XVII, cap. 19.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 188\ 188\ 188\ 188\ 188\ En la misma nota se lee: “Nosotros poseemos un documento autntico... En vista de este documento no queda duda alguna en que sucedi la muerte de Velzquez el ao de 1522; tal es, la lpida de su sepulcro hallada”. Adems de que esta opinin es contraria a lo que asegura Oviedo en el pasaje citado, y a la de Herrera que lo hace vivo en 1523 cuando trata de la expedicin de Francisco Garay al Pnuco; nosotros creemos que la fecha de inscripcin original no es de 1522 como entiende el autor de la nota, sino de 1524, y que el ltimo nmero en lugar de la I seguida de V como se escribe ordinariamente, fue formado con cuatro es, manera irregular que vemos usada a veces en inscripciones de aquellos tiempos en Espaa (la del cardenal Jmenez, por ejemplo) y que an se practicaba en Cuba a fines del siglo pasado, segn puede verse en las que copia Valds de obras pblicas efectuadas en el reinado del ltimo Carlos. Si el grabado que se halla en esta lpida en Arrate es perfecto, se notar que en el grueso de la grieta donde aparece borrada la fecha de una parte de la inscripcin, se marca un espacio suficiente para las dos es finales que indudablemente destruy la mano del tiempo. Nuestro sentir se conforma con el de Oviedo y Arrate que hacen la muerte de Velzquez ocurrida en 1524.ILUSTRACI"N IX Observaciones sobre la poblacin cibuney y su destruccin Sera hoy vano empeo el querer hallar cul fue la poblacin de Cuba a principios del siglo XVI. Los escritores coetneos no dicen nada que pueda satisfacernos sobre este particular: sus noticias son vagas e inciertas. Nuestros lectores recordarn que en su primero y segundo viaje, nos pinta Coln las costas y el interior como muy poblados; Casas, que anduvo la mayor parte de ella, dice que encontr gran nmero de provincias de gentes; segn Gomara, “era Cuba muy poblada de indios” y Herrera observa que estaba llena de gente buena y abundante comida. De los modernos, slo hallamos en Valds, que Casas y Narvez cuando su excursin por la Isla haban calculado que “tendra como 200 000 habitantes”. Es de sentirse que este historiador no nos diga la fuente de donde sac un dato tan importante, que no hemos encontrado en ninguno de los autores consultados para esta obra, y tanto ms, cuanto que stos no traen ningn clculo con relacin a aquellos tiempos.47 A falta de noticias propias, debemos buscar en otras partes las que puedan darnos alguna luz en este asunto. Oviedo, con referencia a Hait, dice: “Es opinin de muchos que lo vieron e hablaban de ello, como testigos de vista, que fall el Almirante, cuando estas islas descubri, 47Gomara, cap. 1. Valds, p. 33.

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PEDRO JOS GUITERAS /189 /189 /189 /189 /189 un milln de indios e indias, o ms, de todas edades”. Gomara se extiende an ms, y trae este dato de una manera tan enftica que llama la atencin, pues dice que haba en aquella sola isla “15 veces 100 000, y ms personas”.48 Estas dos opiniones imprimen fuertemente en el nimo, la conviccin de que Cuba debi tener una poblacin superior a la que parece atribuirle el Sr. Valds, y probablemente han dado lugar a la que anda muy corriente entre los escritores cubanos de que la Isla contaba al tiempo de la conquista 1 milln de habitantes. Adems, todos los historiadores convienen en describir a los cibuneyes como de una ndole mansa, sociables en su trato, confiados con los extranjeros; Cuba nos dicen que no estaba dividida en grandes provincias como Hait, ni tena la organizacin militar que en esta y las otras Antillas; que sus caciques, la mayor parte seores de pequeos Estados, gobernaban como los antiguos patriarcas, y que era la ms abundante de frutos que se encontr y donde haba mayor nmero de aves silvestres. stos son ciertamente elementos favorables al fomento de la poblacin; y si el dato de Herrera de que los indios de sola la pequea provincia de Bayamo que se reunieron para hacer frente a Narvez, fue de 7 000, lo que supone una poblacin de 28 a 30 000 habitantes, pudiese servir para calcular la de la Isla, creemos que debi ser considerable. En cuanto al tiempo y ocasin en que fue destruida, los historiadores han sido ms positivos, y todos convienen en que tuvo lugar a mediados del siglo XVI. El padre Casas en su Historia de la Destruccin de las Indias tratando de cmo acabaron los indios en Cuba, dice: “Despus de que todos los indios de la tierra desta isla fueron puestos en la servidumbre et calamidad de los de la Espaola, vindose morir y perecer sin remedio todos, comenzaron a huir a los montes, otros ahorcarse de desesperados, y ahorcbanse maridos et mujeres, et consigo ahorcaban a los hijos”; y ms adelante: “Acordaron de ir a montear los indios que estaban por los montes, donde hicieron estragos admirables. Et assi assolaron et despoblaron toda aquella Isla; la cual vimos agora poco ha, y es una gran lstima et compasin verla yermada, y hecha toda una soledad”. Casas escribi esta clebre historia por los aos 1542, y la poca de su visita a Cuba, a que alude en este mismo prrafo, debi ser a fines de 1538, o principios de 39, cuando pas de Mjico a Espaa, a donde lleg “ya entrado el ao de 1539”.49 Oviedo que escriba tambin como testigo ocular y que no es nada parcial por los indios, conviene con Casas, en que en 1538 quedaban ya 48Oviedo, t. I, p. 71. Gomara, cap. XXXIII.59Quintn, Vida de Las Casas.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 190\ 190\ 190\ 190\ 190\ en Cuba muy pocos. El Inca Garcilaso, con referencia a este mismo ao, dice: “Entonces estaba esta tierra prspera y rica y muy poblada de indios, los cuales poco despus dieron en ahorcarse casi todos”. Donde se ve confirmado el dicho de Casas en el tiempo que empez la destruccin de los indios, aunque atribuye la casi extincin de ellos a pocos aos despus. La ltima noticia que de esta infeliz raza hace la historia, se encuentra en Arrate para decirnos que el ao de 1554 se fundaron los pueblos de Guanabacoa y Tarraco para que viviesen all los indios “que andaban vagabundos por los campos”, los cuales “se haban reducido a un cortsimo nmero”. De los de Guanabacoa quedaban an algunos descendientes en 1571, segn las actas del Ayuntamiento de La Habana de aquellos tiempos, donde consta que sola dedicrseles a hacer la vela del Morro; pero no hay motivo para creer que fuesen de la raza pura, antes bien, es natural suponer fuesen mestizos, a que el pueblo llamaba indios. En este mismo caso se hallaban los que existan a mediados del siglo pasado en Caneyes arriba y abajo (dos aldeas de la Jurisdiccin de Bayamo), oriundos de la antigua llamada Las Ovejas.50 El Sr. barn de Humboldt, impugnando la opinin en favor de que la poblacin aborgena de Cuba fuese de 1 milln de habitantes, cree que por muy poderosas que se consideren las causas de la destruccin, sera difcil concebir que en 30 o 40 aos hubieran podido desaparecer no ya 1 milln, pero ni 300 o 400 000.51 Por desgracia, autores tan respetables, que su autoridad no puede ser recusada en los negocios de Amrica, vienen a desvirtuar la fuerza de esta observacin, refiriendo haberse efectuado la ruina de la poblacin de Hait en el espacio de medio siglo. Oviedo dice que de los indios que vivan al tiempo de la conquista de aquella isla “e de los que despus nacieron, no se cree que hay al presente en este ao de 1548, 500 personas entre chicos e grandes que sean naturales e de la progenie o estirpe de aquellos primeros”; y Gomara en el pasaje citado confirma esta opinin. Para ms ilustracin vase a Casas, al mismo Oviedo sobre el gobierno de Pedrarias en el Darin, y a Herrera al hablar de la destruccin de indios que tuvo lugar en Nueva Espaa en los primeros aos de su conquista. El de que la raza india desapareci en Cuba a mediados del siglo XVIest fuera de toda duda; si nos es permitido emitir nuestra opinin sobre el nmero probable de almas que habitaban esta Isla cuando lleg a ella Velzquez, no obstante la oscuridad en que est envuelta su solucin, creemos que debi ser de 1 milln por lo menos como se cree hoy generalmente entre los cubanos ilustrados. 50Oviedo, lib. III, cap. 6. Garcilaso, lib. I, cap. 12. Arrate, p. 39. Memorias de la S. P. de la Habana de septiembre de 1840 y noviembre de 1843.51Humboldt, Essai hist ., t. I, pp. 152-154.

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PEDRO JOS GUITERAS /191 /191 /191 /191 /191ILUSTRACI"N XDe las fuerzas que tomaron parte en la defensa de La Habana en 1762 No recordamos haber visto ningn estado oficial de las fuerzas de mar y tierra que concurrieron a la defensa de La Habana durante el sitio, y los autores consultados difieren por desgracia todos sobre un particular tan importante. El Sr. Beatson dice que pocos das despus del desembarco de los ingleses, el general Prado haba reunido “un ejrcito casi tan numeroso como el de los invasores”. “La guarnicin de La Habana se compona entonces de: 9 escuadrones de caballera, a saber: el de Dragones de La Habana, 4 del Regimiento Dragones de Aragn y 4 del Edimburgo, con 20 (probablemente 90) hombres cada escuadrn ....................810 Regimiento de Infant era de La Habana .......................700 —— Regimiento de Infantera de Espaa, 2 batallones ......................................................................1 400 Regimiento de infantera de Aragn, 2 batallones ......................................................................1 400 3 compaas de a rtillera ..................................................3003 800 ———— Total de tropas regulares ..............................................4 610 Marineros y soldados de marina pertenecientes a la escuadra .........................................9 000 ———— Total de fuerzas espaolas en La Habana ................13 610 Milicia y pueblo de color ..............................................14 000 ———— Total general .................................................................27 610 El Sr. Coxe se ocupa principalmente en las transacciones diplomticas que tuvieron lugar antes y despus de la guerra, dando una importancia secundaria en su obra a las operaciones del sitio de La Habana; sin embargo, sus datos sobre las tropas regulares y la milicia, se aproximan a los anteriores, aunque con referencia a toda la Isla; pues dice que aqullas consistan en 4 600 hombres y la milicia en 13 000. Los del Sr. Valds son los siguientes: la tropa reglada se compona de cerca de 3 000 hombres, sin incluir la marina; la maestranza era mucha y trabaj incesantemente en las obras de fortificacin; las milicias de blan-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 192\ 192\ 192\ 192\ 192\ cos, pardos y morenos, agregando el paisanaje que acudi de varias partes de la Isla, pasaran de 10 000 hombres; negros esclavos se trajeron muchos del campo. Segn el Sr. Pezuela, las tropas para la defensa de La Habana fueron 2 146 hombres entre tropa regular y de marina y al fin de su obra dice que stas con sus jefes y oficiales, sin excluir los enfermos, ascendan a 2 681, no formando parte de este total el Regimiento de Dragones de Edimburgo “que apenas contaba 300 plazas”; que en los 12 o ms buques de la escuadra anclada en el puerto haba 1 200 hombres que no pudieron aplicarse a la defensa inmediata del recinto; que en el nmero de esclavos cedidos por los hacendados para las obras del sitio, casi todos desarmados, fue de 1 400 o 1 500, al cual deben agregarse 300 que pertenecan al rey; y respecto de los milicianos, impugnando los datos de Mr. Turnbull que se hallan en un resumen histrico anexo a su obra Travels in the West: Cuba. London, 1840 los cuales sin duda fueron copiados de Beatson, observa que llegando apenas a 70 000 almas la poblacin de La Habana y su distrito en aquella poca, no era factible que subiesen a 14 000 hombres los que se hallaban en estado de empuar las armas, y mucho menos no habiendo podido repartirse, sino “unos 2 000 fusiles tiles, los nicos que se hallaron en el repuesto de la plaza” y algunas armas blancas: asegura adems haberse acreditado en la causa de Prado que la gente de campo y de color (milicianos y voluntarios) en las inmediaciones de la plaza, nunca lleg a 3 000 hombres. Ni Pezuela ni Valds nos dicen el nmero de hombres que haba en el Arsenal, ni el de las tripulaciones de los 25 buques mercantes surtos en el puerto, los cuales indudablemente contribuyeron a las operaciones del sitio y quiz incluye Beatson en los 9 000 marineros y soldados de la escuadra. El Sr. Entick trae solamente las fuerzas que tomaron parte en algunas acciones parciales, y de sus datos no creemos posible sacar ningn clculo del total de las que concurrieron a la defensa de la plaza. Como nosotros hallamos conveniente asignar aqu todo lo que tienda a esclarecer un hecho tan principal, aunque hemos admitido en nuestra historia los datos del Sr. Pezuela bajo la fe de haberse “acreditado con toda evidencia y con documentos oficiales” en la causa de Prado, las fuerzas que guarnecan la plaza de La Habana “al ser atacada por la expedicin inglesa”, y haber pasado por su vista “los documentos fehacientes de aquella poca” respecto de la marinera de la escuadra y los negros cedidos por sus dueos; esperamos se nos disculpar haber trado los datos de otros autores y aventurar algunas observaciones sobre asunto tan importante. La duda del Sr. Pezuela sobre los 14 000 hombres de milicia de que habla Beatson, no nos parece fundada en razones bastante satisfacto-

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PEDRO JOS GUITERAS /193 /193 /193 /193 /193 rias, descansando en los datos parciales de la poblacin de La Habana y su distrito y del nmero de armas repartidas y de voluntarios que se hubiesen reunido a la vez en las cercanas de la ciudad; si consideramos que la fuerza de milicias organizada antes de la invasin, tendra completo su armamento, que a la defensa de la plaza asistieron voluntarios de otros pueblos de la Isla, que muchos de ellos usaban solamente armas blancas, que hubo algunas partidas sueltas que sin duda no han figurado en los documentos oficiales y que la defensa se llev a tal extremo, segn su propio dicho, que “hasta el infeliz esclavo tomaba su puesto en las compaas de morenos”. Lo de no haberse reunido nunca 3 000 voluntarios en las inmediaciones de La Habana, est en contradiccin con su misma historia; pues en la distribucin de milicianos que se hizo el 7 y el 8 de junio para cubrir solamente las playas de Cojmar y la Cabaa se destinaron 2 000 al primer punto y 1 000 al segundo. Valds dice, que despus de haberse repartido al vecindario, el 6 de junio, los 3 500 fusiles, muchsimos descompuestos, algunas carabinas, sables y bayonetas, vinieron a quedar por ltimo “innumerables desarmados”. Los datos que sobre las milicias de La Habana en 1737 se hallan en Arrate, autor coetneo a la invasin, pueden servir de ilustracin para calcular las que pudiera tener en 1762: ellos son los siguientes: Milicias de blancos en slo La Habana, sin incluir una compaa que haba, llamada de Forasteros .........................................................3 200 6 escuadrones rurales de a caballo, sin las milicias de Guanabacoa ...........................................1 564 1 batalln de 5 compaas de los tres barrios extramuros .................................................................400 1 batalln de pardos en La Habana ........................................884 1 batalln de morenos en La Habana que se consideraba muy acrecentado en 1761 .....................412 ———— Total ..........................................................................................6 460 Si no hay error en el nmero de los 3 000 voluntarios destinados a Cojmar y la Cabaa y en el de las fuerzas del ejrcito que en los mismos das 7 y 8 pasaron a aquellos dos puntos y a las playas de San Lzaro y castillos del Morro y la Punta, admitindose la suposicin natural de que La Habana, Guanabacoa y el castillo de la Fuerza no quedaran sin guarnicin el 8, permtasenos concluir manifestando que, por la idea que entre tanta variedad de datos hemos podido formar en el asunto, las fuerzas que concurrieron a la defensa de La Habana durante el sitio

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 194\ 194\ 194\ 194\ 194\ debieron ser en nuestra humilde opinin, ms bien las que calcula Valds, o los escritores extranjeros citados, que las consignadas por Pezuela en su ensayo histrico.52ILUSTRACI"N XI Reflexiones sobre la abolicin de la esclavitud El derecho que tienen los amos sobre sus esclavos, fundado en las leyes humanas, ha sido generalmente reconocido por los partidarios de la abolicin de la esclavitud, quienes convienen en que aqullos deben ser indemnizados del valor de stos por los gobiernos metropolitanos. Menos condescendientes en la cuestin poltica que envuelve esta reforma, pretenden que el esclavo debe entrar con la emancipacin a disfrutar de los derechos civiles y polticos de los antiguos amos, sin que de ello resulte trastorno en el orden y progreso de la sociedad. Estas graves cuestiones han sido discutidas por los amantes de la abolicin y los poseedores de esclavos con todos los argumentos que pueden suministrar a la inteligencia la fuerza de convicciones abstractas y el poder de los intereses materiales, sin que en sus efectos haya podido llegarse a una solucin favorable a los deseos de la humanidad. Los que fundan la abolicin en el principio de la igualdad del gnero humanos tropiezan con una cuestin social de inmensa importancia para los pases donde, por desgracia, existe la esclavitud. Cul debe ser la condicin de la raza negra declarada legalmente libre en virtud de aquel principio? Si ha de guardarse consecuencia con una ley cuya justicia se invoca en nombre de la religin, debe aceptarse con la igualdad de derechos morales y polticos y la fusin de clases: la igualdad a los ojos de los hombres, ha de ser la igualdad a los ojos de Dios. Aun cuando los amos no se prestasen a conceder a sus esclavos la igualdad social, stos, imbuidos con la idea de que su libertad es de derecho divino, la disputaran con las armas en la mano. La cuestin vara completamente de aspecto, cuando se le da la forma de una convencin, aun cuando se invoque un principio abstracto con tal que se funde en la voluntad humana. El esclavo adquiere entonces del amo la libertad: el hombre blanco se despoja de un derecho propio en favor del hombre negro. Todas las consecuencias de la abolicin son, por este hecho, diversas; pues los que entran a participar de sus beneficios deben aceptar las condiciones que se les impongan, ya sea que se estimen fundadas en preocupaciones sociales, ya en el respeto a 52Beatson, t. II, p. 543. Coxe, cap. 61. Valds, pp. 112 y 147. Pezuela, pp. 177, 180, 199, 625 y 626. Arrate, pp. 76 y 77.

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PEDRO JOS GUITERAS /195 /195 /195 /195 /195 los hbitos y costumbres establecidos, ya en la diferencia fsica e intelectual de la raza emancipada. El negro a quien la benevolencia del amo declarase libre, no entrara a identificarse y confundirse con la masa de la sociedad. Su color, quedando perenne, lo hara continuar como un elemento hasta cierto punto separado de la raza blanca. Porque la marca indeleble de la raza permanece constante e invariable a despecho de todas las opiniones y sentimientos filantrpicos; y segn el estado de la opinin, as donde existe la esclavitud como donde se ha extinguido, en Brasil y las colonias espaolas, en Estados Unidos y las colonias inglesas y francesas, es imposible para el negro elevar por sus propios esfuerzos su condicin a la altura del hombre blanco, cualquiera que sea su mrito personal; pues, como observa el historiador Bancroft, la senda que conduce a la igualdad social no est abierta para l, que no puede elevarse sobre su estado humilde, sin elevar consigo la raza toda. En verdad que si fuese permitido estimar la cuestin de la abolicin por sus efectos en los pases que han dado ya este ejemplo, bien pudiera llegarse a la triste conclusin de que el negro emancipado no ha sabido corresponder a las esperanzas de los amantes de la humanidad. Sin detenernos en la enojosa tarea de describir el estado moral de la sociedad en Santo Domingo, Jamaica y las otras colonias inglesas y francesas del mar de las Antillas, volvamos los ojos a los estados del norte de la Unin Americana, donde el hombre de color libre ha estado subordinado a la fuerza reguladora de una poblacin blanca numerosa, bajo el influjo benfico de la libertad civil y poltica ms extensa que jams ha conocido el mundo y a su alcance los adelantos asombrosos de una civilizacin rica en instruccin, agricultura, comercio y artes, y lo veremos que no ha hecho uso de las condiciones del cielo y de los hombres para elevar su condicin intelectual y moral. Deber por esto restringirse, abandonarse la idea de emancipacin? Nacidos en un pas que cuenta entre sus glorias mejores, el haber dado la libertad a una cuarta parte de su poblacin de raza africana y tener abiertas las puertas a la honradez, industria y economa de los esclavos todos para alcanzarla, o a la bondad de los amos para premiar los buenos servicios que de ellos recibiesen, no seremos nosotros los que llegaremos a tan triste conclusin; que bien sabemos que los efectos de las causas morales, aunque tardos, son siempre seguros. La esclavitud desaparecer de los pueblos civilizados. Pero s se nos permitir observar que la prctica establecida, tanto en las naciones donde existe, como en las que la han abolido, ofrece a la reflexin severa el hecho general de cun lejos estn las sociedades cristianas de querer aceptar el principio de la abolicin con todas sus consecuencias; si ya no

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 196\ 196\ 196\ 196\ 196\ es que haya algo de errneo en la causa sagrada que invocan muchos para apoyarlo.53ILUSTRACI"N XIIEnsayo sobre el origen de la imprenta y el periodismo en Cuba La primera imprenta que tuvo la Isla, que nosotros sepamos, fue la establecida en La Habana en 1747, donde se publicaban, en hojas sueltas, las disposiciones del gobierno y otras materias de inters general.54Hay quien, en un artculo sobre tipografa, reclame para Santiago de Cuba el honor de la primaca sobre La Habana, pretendiendo que antes de 1700 se haba introducido una en aquella ciudad. Pero el escritor de quien tenemos esta noticia y que vio aquel artculo, nos dice que por ms indagaciones que ha hecho para hallar el fundamento de tal opinin no ha podido descubrir cosa alguna.55 No hemos sido nosotros ms afortunados, sin embargo de haber acudido a fuentes donde cremos encontrar algunas noticias; pues ninguno de los historiadores de Cuba se ha dignado consignar en sus obras un recuerdo, ya que no elogio, al introductor de este grande agente de la civilizacin en nuestro pas. Algn cubano erudito sea ms feliz en sus investigaciones; y creemos que La Habana se desprender con gusto de esta honra, si llegase a resolverse la cuestin a favor de Santiago de Cuba, por lo que redundara a toda la Isla con que ya en el siglo XVIIIhubiese existido en ella la imprenta. La Real Cdula de 1776 prohibiendo hubiese en La Habana otra que la establecida en 1747 y que el Sr. Hernndez llama “de gobierno”, induce a ste a suponer que debi producir buenos resultados la primera tentativa para introducir en la Isla “el ms poderoso e influyente medio de progreso”, y nosotros, aceptando esta natural consideracin, nos atrevemos a aventurar la idea de que tal vez la disposicin soberana pudo dimanar de que ya algn especulador hubiese establecido, o tratase de establecer, otra imprenta adems de la del gobierno. El Sr. Saco en la preciosa Coleccin de sus obras, nos dice que en 1766 haba en La Habana una con el nombre de “Cmputo Eclesistico”, y otra en 1773 53En este espritu creemos haber sido votada en Cortes la ley de 1879 aboliendo la esclavitud en Cuba y fijando una transicin gradual de ocho aos del antiguo trabajo forzado al enteramente libre, cumpliendo a la vez con los deberes de la humanidad y la poltica, la cual ha sido aceptada por los libertos sin que sepamos de ningn caso en que se haya turbado la paz en la Isla.54La Torre, Elementos de Cronologa .55Hernndez, Ensayo literario Santiago de Cuba, 1846.

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PEDRO JOS GUITERAS /197 /197 /197 /197 /197 de don Blas de los Olivos; pero no tenemos noticia de su duracin y s existan en 1776.56Esa real cdula, que nosotros no hemos visto, pero que probablemente no tuvo por objeto proteger un privilegio, pues fue expedida 29 aos despus de existir la que llamaremos primera imprenta, puede dar quiz alguna luz sobre esto, o la portada de algunos de los impresos de aquella poca, donde suele decirse el nombre del impresor, o de la imprenta. Los que tengan ocasin de aclarar estas dudas, harn un servicio a la historia de las letras y bibliografa cubana. La existencia de la imprenta no poda menos de producir la fundacin de un peridico, y dos aos despus apareci la Gaceta de la Habana. Nosotros no hemos visto ningn nmero de esta publicacin, ni tenemos noticia de su objeto; slo sabemos que exista ya en 1782, por una referencia que encontramos en la Adicin al Libro IV de Valds. Es probable que el fin principal fuese publicar rdenes del gobierno, las noticias polticas de la Pennsula y los sucesos ms importantes ocurridos en nuestra Isla. En esa misma edicin, trae Valds la relacin de las fiestas con que fue obsequiado el duque de Lancaster, publicadas en la Gaceta del 16 de mayo de 1783, y por el tenor del principio de este artculo, sospechamos que la Gaceta se publicaba semanalmente. “Como en la Gaceta anterior apenas se pudo indicar el arribo a esta plaza del infante Guillermo, duque de Lancaster, hijo del rey Jorge de Inglaterra, suprimiendo por una semana la circulacin de otras noticias, servir sta para estampar las cualidades de su ingreso”. Adems de las mencionadas, no sabemos de otra imprenta en La Habana que la de Boloa, abierta ya en 1792, segn un anuncio en la seccin de ventas del Papel Peridico nmero 69, del domingo 26 de agosto de aquel ao, que dice as: “Otra (negra) como de 20 a 21 aos, buena lavandera y cocinera, sana y sin tachas, en 300 pesos. El que la quisiere, acuda a la imprenta de don Esteban Joseph Boloa, que est en San Agustn para Santa Clara, donde se encontrar su amo”. Que sta de Boloa era otra que la de gobierno, donde se publicaba el Papel Peridico no cabe duda; pues en el mismo nmero 69 y en los anteriores y posteriores que hemos visto de aquel ao, se encuentran muchos anuncios con referencia a la imprenta del peridico y en ellos se dice invariablemente: “En esta imprenta darn razn”. Adems, el impresor de ste, en una nota a un artculo inserto en el nmero 58 del jueves 19 de julio de 92, dice haber publicado la noticia de la Compaa de Consignaciones de Negros, y habiendo nosotros consultado este interesante papel, encontramos haber sido impreso en la imprenta del gobierno, que ya entonces haba tomado el nombre de 56Saco, t. II, pp. 398 y 401.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 198\ 198\ 198\ 198\ 198\ Imprenta de la Capitana General. Ahora bien, cundo se estableci la de Boloa? Exista acaso cuando la Real Cdula de 1776? Nosotros no tenemos de aquel peridico ningn nmero anterior a 1792, ni ningn otro impreso que nos d luz en el asunto, salvo el dato que nos ofrece el Sr. Saco, de haber empezado a publicar y desgraciadamente no concluido, la rara historia de Urrutia en 1789. Nuevo motivo de avivar el celo de nuestros literatos. Tenemos a la vista un precioso y raro cuaderno de 28 pginas, en 4 espaol, cuya portada dice: “Expresin fnebre a la inmortal memoria de don Juan Bautista Bara. Cura ms antiguo por S.M. de las parroquiales, y auxiliares de esta ciudad de la Havana. En que se incluyen los Jeroglficos que se pusieron en el convento de los M.R.R.P .P Agustinos, en las honras funerales, que como a su hermano, y en sufragio de su alma le hicieron el dia 20 de Febrero del ao de 1789. Por don Miguel Gonzlez. Con licencia: En la Habana, en la imprenta de la Capitana General”. ste es el impreso ms antiguo que recordamos haber visto salido de las prensas de la primera imprenta de nuestra Isla, y de l nos permitimos someter algunos extractos al criterio de los cubanos amantes del estudio de los orgenes de nuestra literatura. La expresin fnebre es un romance heroico, segn lo llama el autor, composicin sencilla en la forma y no muy potica en el estilo, que digamos; pero notable por la facilidad y armona de la versificacin. De l es el siguiente fragmento: La singular destreza y gallarda Con que el arte Oratoria manejaba, La continua tarea en este ramo, Qu no te prometan, noble Havana? Aquel que vivo fu con su doctrina Firme columna de la invicta Casa De aquel Seor que premia a manos llenas Los operarios que en su honor trabajan! Aquel que como el fuego resplandece Exhalando suavsimas fragancias De virtudes, as como el incienso Sus olores esparce sobre el ascua. Aquel que vaso de oro fu macizo, Engastado en diamantes y esmeraldas, Depsito de prendas infinitas Todas preciosas, de valor sin tasa. Aquel... ¡Ms dnde voy! si ya la pluma Tropieza en el papel y se desmaya, Contemplando cadver al que ha sido

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PEDRO JOS GUITERAS /199 /199 /199 /199 /199 Lustre del clero, gloria de la Patria. Apenas esta goza sus doctrinas, Apenas posey prenda tan rara, Cuando la muerte cruel, inexorable, De nuestros corazones lo separa. Hiriendo astuta en solo aquella vida Tambin da muerte a multitud de almas, Que publican su pena y sentimiento En tan triste ocasin y tan infausta. Mas qu importa que muera el gran Bara. Si a pesar de la envidia y de la parca Aun vive y vivir perpetuamente En tantos corazones que le aman? Este llanto que vierte el pueblo todo Sobre el sepulcro que el cadver guarda Acredita su vida, aunque fu corta, Como las de otros sabios, de muy larga. Siguen al romance dos octavas que se pusieron en el tmulo, una de ellas deca:MORTE LIQUENDA OMNIA. Horat. Mira en que paran honras, dignidades, Grandezas, fama, pompa y distinciones: Suspende el paso, escucha estas verdades, Que te ofrecen muy tiles lecciones: Echa lejos de ti las vanidades, Si ves como la muerte en sus pendones Tremola por trofeo, haciendo agravios, A grandes, chicos, incipientes, sabios. Los jeroglficos descifrados en versos de varios metros fueron 11, con dos sonetos, siete dcimas, unas quintillas y una oda anacrentica. Uno de ellos representaba “La Iglesia en figura de mujer llorando”, y la letra: Raquel plorantis filios suos et nolentis consolari super cos Jerem. 31; con este soneto: Lloro a un hijo que fu desde su cuna A mi honor y a mi nombre consagrado, Lloro a Barea fiel, len esforzado, Que contra el vicio y el pecado puna. Al que con discrecin como ninguna

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 200\ 200\ 200\ 200\ 200\ A Agustn se promete por dechado Para dejar mi nombre entronizado Sobre el ms alto monte de la luna. As paga mi amor al que ha sabido Fomentar mi explendor y mi belleza, Lleno de un celo santo a mi debido. Haciendo que colmado de riqueza Pase a gozar del reino prometido, Armado de esperanza y fortaleza. El epitafio inscrito en la losa sepulcral, es el siguiente soneto: Yace aqu sepultado ¡Oh Peregrino! Aquel que en la oratoria fue portento Ocupando su grande entendimiento En alabanzas solo del dios Trino. Honra su fama, mustratele fino, Manifestando pena y sentimiento Por la muerte de Juan, luz y ornamento De la patria que cuna le previno. Pas ya de esta vida a otra morada De ms feliz y venturosa suerte, Adonde no contrista nada, nada. All vive despus que sabio y fuerte, Dej ac su memoria eternizada A pesar de la envidia y la muerte. El P. Barea fue natural de La Habana, donde muri el 2 de febrero de 1789, a los 45 aos de edad, y su vida estuvo toda consagrada a la profesin religiosa y cultivo de las letras, en las cuales lleg a ser el prncipe de los oradores de su tiempo. Su laboriosidad era extremada, segn una larga “Lista de las traducciones y sermones que se han hallado en los manuscritos que dej D. J. B. Bara”, con que concluye este cuaderno, en la cual aparece que adems de muchas versiones de los doctores de la Iglesia, hizo la de las oraciones de Cicern y las historias griega y romana del abate Millet y que sus sermones pasaron de 1 000, en los 20 aos que se dedic a la predicacin. En una poca tan notable por los adelantos en la carrera de la ilustracin, como fue la del gobierno de don Luis de las Casas, no poda menos de emprenderse la reforma de la gaceta oficial; y en su lugar vio la luz en La Habana el Papel Peridico que empez a publicarse en octubre de 1790, segn una nota de la redaccin que se halla en el nmero 73 del domingo 9 de septiembre de 1792 que dice: “Damos a bene-

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PEDRO JOS GUITERAS /201 /201 /201 /201 /201 ficio de los Sres. Subscriptores, en papel separado, el ndice de lo que contiene el Papel Peridico de la Habana comenzado en 24 de octubre de 1790, hasta el fin de 1791”. Al principio fue semanario, pero ya en enero de 1792 se publicaba los jueves y domingos de cada semana, y constaba de cuatro pginas en 4 espaol. Juzgando por los pocos nmeros que poseemos de la coleccin de este peridico, correspondientes a 1792, sigui publicndose hasta fines de aquel ao al cuidado del impresor y editor que tena, segn la direccin que hacan indistintamente al uno o al otro los comunicantes de artculos. Pero en el mes de diciembre, ya tena un redactor, que no sabemos quin fuese, pues en unos versos “Congratulacin a la Amrica espaola por sus cientficos progresos, manifestados en los papeles pblicos de Mjico, Lima, Santaf y la Habana”, publicados en el nmero 101 del domingo 16 de diciembre de 92, notamos que el autor, bajo el nombre de “El Luisiano”, se dirige a los seores redactor y editor del Peridico de la Habana El lector nos conceder copiar dos trozos de esta composicin en gracia de ser una de las primeras, si ya no la primera, de la musa americana, consagradas a saludar los albores de nuestra civilizacin. ¡Con que jbilo veo en tu horizonte (No crepsculos ya brillos radiando) Los rutilantes, flgidos destellos De un luminoso da despertarlos! Demuestran sus cientficos escritos La opacidad nocturna disipando Que amaneci la rozagante aurora De un sol que ha de alumbrarte sin ocaso. Pues en su oriente tan cuantiosa copia Arroja de esplendentes, puros rayos, Cul su inmenso complexo de fulgores Ser cuando al cenit haya llegado? Q’ascender muy presto a este alto punto Bien lo denotan los gigantes pasos Con que se eleva en todo tu hemisferio Luz difundiendo, frutos pululando. Mjico, Lima, Santa fe, la Habana, Liceos, academias y gimnasios Sern q’a Esparta, Atenas, Menfis, Roma Compitan en lo culto, cuerdo y sabio. No solo aumento dan a ciencias, arte, Comercio, agricultura, industria y ramos tiles y agradables; mas promueven Las virtudes, costumbres mejorando.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 202\ 202\ 202\ 202\ 202\ El antrtico pueblo, hoy con loable Emulacin del rtico imitando Los desvelos y afanes laboriosos, Llegar a aventajarle en lo ilustrado. No se cie la real beneficencia Al solo objeto de proporcionaros Una instruccin completa, se adelanta A abriros del honor el templo sacro. Por Minerva y Belona a l conducidos, Seris los estudiosos y esforzados A ocupar de las letras y las armas Los puestos distinguidos y elevados. Con especial, con nuevo privilegio, Lo marcial y cientfico enlazando, La doble alta ventaja os facilita De formaros a un tiempo hroes y sabios. Cuando estmulos tales no bastasen En espritus dciles y gratos Cuales los vuestros a excitar la noble Ambicin de adquirir premios y lauros. El celo patritico, que siempre A todo lo sublime impulso ha dado, Para llenar las miras del monarca Alentaros har, sabr inflamaros. La gloria nacional, en que se mira Todo honrado individuo interesado, Incentivo igualmente es poderoso A elevar vuestros nimos gallardos. Pues rey, patria, nacin, honra, provecho, Al talento y valor ¡Oh Americanos! Brindan guirnaldas de laurel y oliva, A obtenerlas corred, y coronos. Nos proponemos insertar a continuacin algunos extractos de lo que contiene el Papel Peridico sacados de los pocos nmeros en nuestro poder de la serie de 1792, con objeto de dar una idea del estado de nuestra literatura y de las costumbres y preocupaciones sociales en los tiempos de Casas; sintiendo no tener a la vista una coleccin completa de esta interesante publicacin, que nos empeara en la agradable tarea de escribir con mejor orden y mtodo sobre un asunto no tocado an, que sepamos, por los literatos cubanos. El carcter y costumbres de los habaneros estn descritos en el nmero del domingo 22 de julio, artculo suscrito el “Europeo Impar-

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PEDRO JOS GUITERAS /203 /203 /203 /203 /203 cial”, en los trminos siguientes: “Su religin, su piedad, su celo por el culto divino y de los santos, que no es el comn, como muchos opinan, supersticioso y fantico, el trato poltico y afable, el cultivo de sus republicanos, el asco que inspira a su genio, hasta en los que no lo han usado, la magnificencia de sus trenes, saraos, convites, concurrencias, funciones, as sagradas como profanas, su paseo por lo que mira a la multitud de carruajes en el todo brillantes, manifiestan altamente que La Habana ha hecho, no algo, sino mucho, como es notorio, por su fomento y lustre”. Una de sus diversiones favoritas era el teatro. El que exista a la llegada del marqus de la Torre, no corresponda a la cultura de los habaneros, y ste logr construir otro que entonces se estim como un gran adelanto; pero como siguiesen patrocinando esta honesta, instructiva y agradable diversin, Casas se ocup de darle mayor extensin y comodidades. La compaa que haba en los tiempos de este general era la de Lucas Sez, que entretena al pblico dos veces a la semana, los jueves y domingos; y consistan las funciones en una composicin dramtica, generalmente cmica, una pieza corta en el primer intermedio, y en el segundo una tonadilla, o unas seguidillas. Solan suprimirse a veces estas piezas, y concluir con una tonadilla y un sainete. En la del 29 de enero de 92 dice el aviso: “Se dar fin a esta funcin con una pieza nueva, crtica, intitulada ‘Elegir con discrecin, y amante privilegiado’, hecha por un ingenio de esta ciudad, don Miguel Gonzlez”, el autor de la ‘Expresin fnebre’ de que ya tiene noticia el lector”. No se conoca el teatro lrico a pesar de la mucha aficin a la msica, y en sus reuniones, las personas de la alta sociedad acostumbraban amenizar la conversacin y el baile con algunas armonas ejecutadas al piano, en la guitarra o el arpa. Exista, s, una Academia, segn nos informa un artculo dirigido al editor del Peridico acompaado de unas dcimas en alabanza de la Sra. Da. Mara Josefa Castellanos “por su rara habilidad y destreza en la msica del clave, de que ha dado pblico testimonio en la Academia, con los ms dulces y particulares conciertos de los mejores compositores”. Adems de esta y otras aficionadas, se distingua en la repblica filarmnica, la Srta. Da. Mara Luisa O’Farrill, a quien otro vate de ms feliz inspiracin, bajo el seudnimo de Filesimolpos, dedic la siguiente oda sfica: Dame Polimnia tu dorada lira, Prstame tonos armoniosos, cuando Canto de Luisa metros inocentes Dctame Musa. Linda vecina del Parnaso monte... ¡Quedo! ¡Silencio! La divina Luisa

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 204\ 204\ 204\ 204\ 204\ Ya se presenta, sus torneadas manos Tocan el clave. ¡Como suspenso queda el auditorio A la muy grande msica destreza Con que la joven imitarte sabe Grata Natura! Ya me parece que a la margen fresca De un arroyuelo que entre guijas corre Oigo el susurro de su clara linfa Forma cayendo; Y que en la copa de robusto cedro Mil pajarillos revolando alegres, Limpios amores con ligeros trinos Cantan acordes: Ya me parece por la madrugada Enmudecidas las pasiones nuestras, Oigo admirado el concierto suave De las esferas; Y que en su giro la estrellada cumbre Va pregonando con sonoras voces, Vengan los hombres, de mi Dios adoren Las maravillas. El que de penas fatigado corra, Ansias sufriendo por vencer procura, Tenga consuelo, peregrina Luisa, Oiga tu clave. El que quisiere las virtudes mismas Ver dibujadas con celeste rasgo, Luisa modesta, con respeto fcil Mire tu cara. Juntas las Gracias, la corona tejan Que te se deben, y a tu frente cian Rosas y mirtos y laureles verdes Luisa de O’Farrill.57La rigidez de principios, reprobaba una diversin que empezaba a introducirse entonces y que despus se ha generalizado en toda la Isla: el baile pblico era cosa tan rara a fines del siglo pasado, que vemos anunciados los de la vspera de Navidades de 92 con estas simples palabras: “Se avisa a los Sres. que hoy hay baile”, lo cual parece indicar que solamente los haba en un lugar conocido de los aficionados, que como 57Nmeros 4 y 7 del 12 y 22 de enero de 1792.

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PEDRO JOS GUITERAS /205 /205 /205 /205 /205 vern nuestros lectores, era la casa de un peligroso reformador de las costumbres habaneras. El Papel Peridico nos ha trasmitido las preocupaciones reinantes sobre este honesto pasatiempo, con motivo de un proyecto para aquellas Navidades, anunciado en un reglamento de 19 captulos por un “D. Jos Fallotico, bien conocido en esta ciudad por las diversiones de msica y otros agradables espectculos con que en varias ocasiones ha tenido la satisfaccin de complacer al pblico”. Estos ttulos a la consideracin de los habaneros, estn patentes en un aviso que dice: “Para el sbado 8 del corriente mes (septiembre) dar don Jos Fallotico dos piezas matemticas en la calle de Cuba, casa que hace esquina a la de San Ignacio, frente a la Sra. Condesa de Casa Bayona. 1 Una Pastorcilla de dos tercias, sentada en un pirmide puesto sobre una mesa en medio de la sala, cantar un aria de mucho gusto con toda orquesta. Se tocar un solo en el instrumento armnico de vasos. 2 Volver a cantar dicha Pastorcilla una tirana de mucho gusto; y concluido que sea dicho canto, podrn acercarse los concurrentes cada uno de por s para hablar con ella, la que contestar sobre el asunto que se le trate. Se concluir la funcin con la insigne Mquina Prica que representar los triunfos de la Europa”. Parece que el Sr. Fallotico conoca la oposicin con que deba luchar, y emprendi la tctica sagaz de rodear la cuestin anunciando “una diversin de baile que variar con intervalos de msica vocal e instrumental del mayor gusto”; ofreciendo esmerarse para “que el todo forme un honesto y decente pasatiempo para las personas que gustasen suscribir de las comprendidas en la lista que acompaa, que son las mismas que concurrieron a principios del presente ao a los justamente celebrados bailes que se dieron en la casa de Galiano”. Adems de estas salvedades y otras medidas adoptadas para revestir de carcter sus escogidas reuniones, deca en su reglamento: “Cap. 4 No entrarn en la casa del baile otras personas que las abonadas, y para ese efecto se darn voletines en la forma siguiente: Cap. 5 A las que fuesen cabeza de familia, se dar el nmero preciso para los individuos que la componen, debiendo poner en cada voletn, arriba el apellido de la cabeza y debajo el nombre de la persona que lo usa, para que de esta suerte puedan reconocerse. A todos los dems abonados se les dar su voletn en que igualmente pondrn sus nombres y apellido. Ni los unos ni los otros podrn servir ms que para los abonados”. No satisfecho an con esto, el astuto Fallotico, hubo de captarse la proteccin de algn escritor sabio y benvolo, y el Peridico apareci con un largo artculo de un embozado con el nombre de Jos de la Habana, que tiene por ttulo “Idea de un buen baile”; donde despus de recomendarse la estacin de invierno como la ms a propsito para esta

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 206\ 206\ 206\ 206\ 206\ diversin y las ventajas que ofrece el trato de ambos sexos para facilitar el matrimonio, el autor esfuerza sus argumentos con las razones siguientes: “Pero que se me diga donde tendrn los jvenes ocasin de verse con ms decencia y circunspeccin, sino en una asamblea donde incesantemente abiertos sobre ellos los ojos del pblico, los fuerzan a la reserva, a la modestia y a observarse con el mayor cuidado?” “Qu puede resultar de un ejercicio agradable, saludable, propio a la viveza de los jvenes, que consiste en presentarse uno a otro con gracia y compostura y a los que impone el espectador una gravedad de que no se atreveran a salir en un instante? Pudese imaginar un medio ms honesto de no engaar a otro, a lo menos en cuanto a la figura que mostrarse con las perfecciones y defectos que se pueden tener, a las gentes que se interesan en conocernos bien, antes de obligarse a amarnos? El deber de querer recprocamente, no es superior al de complacerse, y no es un cuidado digno de personas virtuosas y cristianas que procuran unirse, al preparar as sus corazones al amor mutuo que les impone Dios?” “Qu sucede en estos lugares donde reina una sujecin eterna, donde se castiga como delito la ms inocente alegra, donde los jvenes de ambos sexos jams logran juntarse en pblico y donde la indiscreta severidad de algunos, no sabe aconsejar ms que opresin servil, tristeza y enfado? Burlar una tirana insoportable que desdicen la naturaleza y la razn; a los placeres lcitos que evitan, la juventud festiva y lozana, los sustituye peligrosos; las conversaciones a solas, maosamente concertadas, suplen las asambleas pblicas; y de estas diligencias para ocultarse como si fueran culpables, resultan las tentaciones de serlo. El candor alegre gusta tanto de la claridad como el vicio de las tinieblas, y nunca habitaron la inocencia y el misterio bajo un mismo techo”. Y tras de estas consideraciones, que para cualquier nio de escuela seran hoy persuasivas y concluyentes, entra en la parte peliaguda de explicar lo que entiende por un buen baile: “Por lo que a m me toca, lejos de reprobar tan simples entretenimientos, deseo al contrario que fuesen pblicamente autorizados, que se precaviese todo desorden particular, convirtindolos en bailes solemnes y peridicos, abiertos indistintamente a toda la juventud; yo querra que un magistrado elegido por la concurrencia no desdeara presidir estos bailes; yo querra que asistiesen los padres y las madres para velar sobre sus hijos...; yo querra que toda seora casada fuese admitida en el nmero de los espectadores y jueces, sin que les fuera lcito profanar la dignidad conyugal danzando, porque a qu fin honesto se daran en muestra al pblico? Yo querra que se formase en la sala un recinto cmodo y honroso destinado a los ancianos de uno y otro sexo, que habiendo dado ya ciudadanos a la patria, veran a sus nietos; yo querra que nadie entrase ni saliese

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PEDRO JOS GUITERAS /207 /207 /207 /207 /207 sin saludar aquel consistorio, y que todas las parejas de jvenes viniesen aqu antes de comenzar su baile y despus de acabar a hacer una profunda reverencia, para acostumbrarse desde temprano a respetar la senectud...; yo querra en fin que todos los aos, en el ltimo baile, la seorita que se hubiese portado con ms modestia y gracia y que hubiere agradado ms a todos, segn el juicio del Parque, fuese honrada con una corona, de mano del magistrado y distinguida con el ttulo de Reina del baile, que llevara todo el ao”. Nosotros no sabremos decir si la mente del Jos de la Habana fue tan slo recomendar la academia que quera establecer Fallotico, o si tomando ocasin de esta circunstancia, pens escribir a favor de las ideas de progreso; aunque juzgando del artculo por lo que da de s, parece haberse propuesto abarcar ambos objetos. Quiz hubiera sido mejor para los planes del alumno de Terpscore el que hubiera circulado su reglamento de los 19 captulos, sin despertarse la atencin de los censores de la poca con un escrito de ideas innovadoras; logrando con una conducta ms circunspecta atraer mayor concurrencia a sus reuniones “en la casa de la difunta doa Felipa Rodrguez”, inauguradas el domingo 9 de diciembre “en celebracin de nuestra Catlica Reina”. El caso fue que alarmados “aquellos espritus que gobernados por la doctrina del Sagrado Evangelio, viven una vida inocente y retirada por la modestia y el pudor” con la emisin de doctrinas tan corruptoras de las buenas costumbres por medio del rgano civilizador de La Habana, creyeron que deban en conciencia atacar de frente el mal; y salieron a la arena dos venerables con otros tantos discursos que despiden un olor a celda que trasciende, impugnando “el papel de Jos de la Habana por principios de filosofa moral y cristiana”, escritos en un estilo escolstico y pedantesco, llenos de alusiones acres y malignas, en que salen a colacin el caso de Herodes Antipas, la danzarina Salom y Ana Bolena, y de citas impertinentes de Terencio, Cicern y otros clsicos latinos. Para no ocupar demasiado la atencin del lector, copiaremos solamente dos prrafos del primer discurso, cuyo autor se firma “Miguel de Cdiz”. “Permita V. que le diga mis reflexiones sobre baile; y ante todas cosas convengo con V. sobre que no es delito alegrarse en comn observando las leyes del decoro. Pero Sr. don Jos de mi alma, en qu baile pblico ni privado se observa este decoro? Suele no haberlo en el lugar santo, y quiere V. que lo haya en el destinado al baile? Supongamos como indispensables en ciertos tiempos los bailes honestos a la juventud; pero querernos persuadir que el vnculo del matrimonio se haya de enlazar en saraos pblicos, me parece contrario a todo buen discurso, y que los padres acostumbren a llevar a sus hijas y los maridos a su consorte a los saraos pblicos, me huele a libertinaje, me sabe a... La con-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 208\ 208\ 208\ 208\ 208\ currencia de los ancianos a tales destinos, ms parece provocarlos a que fuercen a Susana, que a que conserven de los menores el respeto debido a sus canas. Es verdad que el hombre se apasiona, se altera, y solicita a la joven que vio danzar; pero no lo es que esta solicitud que establece es pura, al contrario, torpe, como adquirida en accin torpe o a lo menos provocativa. V., Sr. mo, se casar con la doncella que a todos da la mano, o con la que a V. slo la d? Se casar con la que asiste al baile o con la recogida, circunspecta en su casa?” “Si por asistencia y adorno, si por el aire del espectculo, quiere V. que los jvenes se amen, tal habr que parezca un serafn y por la maana ser un monstruo. Es mucho el esmero que tienen las jvenes en adornarse, bruirse, pintarse, aadirse dientes y ocultarse otros defectos. No ha de negarse el bellsimo sexo de esta Isla, empero, si los hombres se han de acomodar en las juntas nocturnas con el brillo y la magnificencia de galas e iluminacin de lugar, mucho engao habr en cuanto al exterior, pero muchas ms en cuanto a la parte ms noble de sus personas. Tal tendr una dulzura anglica que encerrar una ndole perversa, bien que esta parte suceder peor respecto del hombre. En estas juntas se aplica la gente a ocultar sus vicios. Como todo es alegra, no se oyen otras expresiones que las finsimas de amor, generosidad y gratitud; mas, no se manifiestan all las perfidias, las iras, las turbulencias de un corazn depravado, los celos, los empeos, la ambicin, &.! Infelices vctimas que all se prometen! Se pagarn los jvenes de ambos sexos, es verdad, pero no reflexionarn las desproporciones de nobleza y otras conveniencias que han de meditar los padres, y de aqu resultarn los discensos que destruyen la paz del pueblo y los caudales”.58 A la luz de una filosofa ms ilustrada y tolerante, se encuentran tratados en este peridico algunos asuntos de inters domstico y pblico, que despus de haber sido materia de largas discusiones entre nuestros contemporneos, an afectan en ms o menos grados la sociedad cubana. En dos cartas, la una sobre “Amas de leche” y la otra sobre el “Abuso de que los hijos tuteen a sus padres”, el autor, bajo el seudnimo de Eustachio Phylomates, trata de demostrar los inconvenientes que tienen las nodrizas africanas para la buena educacin y cultura de los nios, y la influencia de la que llama “baja prctica de hacerse tutear” para mantener el orden en las familias. Para esto tiene el buen gusto de presentar el contraste de un caballero de sanos principios y su esposa “joven hermosa y buena, pero poseda de los perjuicios de sus semejantes”; y adems de animar la narracin con una forma dramtica, hace resaltar los estorbos que las preocupaciones y hbitos enveje58Nmeros de septiembre, noviembre y diciembre de 1792.

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PEDRO JOS GUITERAS /209 /209 /209 /209 /209 cidos oponen a los planes mejor concertados de educacin, para salvar a la juventud de las calamidades consiguientes a un sistema vicioso y rutinario de relaciones domsticas. “Cuando fui al Cuzco, dice, mi hija Clarisa estaba todava mamando. Su ama es una negra criolla llamada Mara, que se compr para este fin, pareca el retrato de la humildad cuando entr en casa, cuidaba de la chiquita con un amor casi materno, no sala de su recmara y no tena ms voluntad que la de su seora. Con estos felices principios sal a mis negocios, y me pareca que al regreso haba de hallar el mismo teatro; pero ¡qu erradas iban mis expectativas! ”Una de las cosas que empezaron a chocarme en Mara, fue el or que no slo tuteaba a Clarisa y sta la llamaba ‘mi mam’, sino que tambin dorma con ella, coma y jugaba, con preferencia a sus hermanitas y aun a su misma madre. Yo bien s que lo mismo sucede con casi todas las amas de leche; pero no por eso dejar de ser verdad, que esto influye mucha bajeza en el modo de pensar de las criaturas y engre an mucho ms a las nodrizas”. “Ahora que la nia es ya grandecita y debiera estar fuera de la tutela de la negra, sucede todo lo contrario: ahora es cuando son mayores los trabajos en esta lnea. Mara viste a la muchachita, la lleva a la cocina, al lavadero, a la calle, a la pulpera y donde quiere. ¡Pobre de m si la impaciencia me infunde tentaciones de reirla sobre esto! Algunas veces me pongo muy de veras a querer persuadir a Teopiste de que esta libertad de las amas suele ser fatal a la inocencia de los nios, que stos rozndose slo con la gente de esta ralea, se familiarizan con sus modales groseros y aprenden y adoptan todas las llanezas que entre s practican los esclavos, que una madre honrada no debiera celebrar y s impedir muy severamente los bailes tal vez indecentes que ensean a las muchachitas, ya sea con sus consejos, ya sea con el ejemplo prctico. Teopiste oye muy serena toda mi pltica y la concluye con decir ‘As se estila’ ”. Sobre la costumbre del tuteo, se expresa en estos trminos: “Los das en que mi suegra o mis cuadas vienen a ver las nias, son para m das de infierno. Ayer tuve que sufrir un lance de esta naturaleza. Entr en casa una prima ma, en ocasin que estaba all de visita Democracia y sus adherentes: mi hija menor Clarisa corri a abrazarla gritndola: ‘Ta, dame un caramelito, dame una cosita, dame...’. Ya no pude disimular ms: llam a la muchachita y le dije en tono algo severo si se haba olvidado del modo de pedir que yo la haba enseado? Pero apenas acababa de proferir esta ltima palabra, cuando Democracia hecha un fiero basilisco me arrebat de las manos a la niita, dicindome en tono de maldicin: ‘Bien se conoce que Vd. no quiere a sus hijos y que ms bien es tirano de ellos que padre. Vd. que quiere ensear a otros la buena

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 210\ 210\ 210\ 210\ 210\ crianza, debe saber primero que es mucho atrevimiento el querer corregir una costumbre general’ ”. “Vengo ahora a desahogar con Vms. mi pena. Srvanse Vms. de preguntar en mi nombre a todas las madamas que piensan en esto como Democracia: Qu idea tienen del respeto filial y de la superioridad paterna? Si nuestro idioma tiene los tratamientos confidenciales con separacin de los de reverencia, por qu los hemos de confundir?... por qu miran como efecto de amor en los padres, una condescendencia que es contraria a la subordinacin y aun a la buena poltica de las gentes?” De otra pluma son los siguientes “Pensamientos sobre los medios violentos de que se valen los maestros de escuela para educar a los nios. El maltratar a los nios realmente es un delito. —A ms de ser inhumanidad golpear seres delicados, es necesario hacer comprender a los maestros de escuela que la frula es un castigo peligroso que produce debilidades y temblores de manos que lastiman el pecho. —Los bofetones hacen contraer un vicio de pronunciacin que algunas veces dura toda la vida y acarrean la apopleja y el frenes. Los tirones de oreja reiterados, les inducen sordera y les causan un zumbido perpetuo. —La costumbre del azote, establecida en todas las escuelas, a ms de lastimar el pudor y la decencia, tiene un inconveniente que los institutores puede ser que no lo conocen, y en esto deben consultar a los fisilogos. stos aseveran todos a una voz, que el castigo es muy propio para manifestar en los rganos una disposicin peligrosa a las costumbres y que el ejercer en los jvenes la vergonzosa flagelacin, es disponerlos al libertinaje. —A la verdad no se puede ver sin indignacin que reine todava el azote en el santuario de la educacin. —Es cierto que es ms fcil y ms pronto para el grosero educador castigar a un nio que cogerle por el honor de que es susceptible aun en la tierna edad o hablarle a la razn; pero la gloria de educar por este ltimo medio es la ms brillante. —Es de observacin que los castigos vergonzosos que se emplean en las escuelas hacen destestar las artes a un jovencito que tiene una centella de genio, o alguna elevacin de alma. —Los sabios no ignoran que hay un cierto modo en las cosas. ¡Qu lstima que no sean sabios los maestros de escuela!” Otro escritor con el dulce nombre de Teamo, dirigindose “A las Seoritas de la Havana” para persuadirlas a que abandonen la lectura de “libros de novelas”, dice con mucha gracia y sentimiento: “Me compadezco tanto de las seoritas cuando leen novelas, como si las viese beber licor ponzooso en una copa de oro. Si la virtud tuviese su morada en la tierra, si el despotismo de los errores y vicios no hiciese tantos estragos, no hay duda que las buenas novelas seran tiles y dignas de aprecio, nos regocijaramos viendo que por su lectura se aumentaba la

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PEDRO JOS GUITERAS /211 /211 /211 /211 /211 sensibilidad de las nias, y que en una edad ms avanzada les servira de instruccin; pero en las actuales circunstancias me esforzar en disuadirlas a que se entretengan con semejantes libros... No fuera menos digno de lstima el cautivo condenado a vivir en la oscuridad de una mazmorra, si jams hubiera visto brillar el astro que nos ilumina?” Y otro declama “contra aquel mal epidmico o lo que es lo mismo, aquella costumbre inmemorial de los que llaman comadrajos, cuya diversin bajo el aspecto de lcita, deslumbra y no deja conocer que es tan incivil como opuesta a lo justo y honesto”. Un aspirante al favor de las musas, bajo el nada catlico nombre de Ismael Raquelnue, sale a romper lanzas, nada menos que con la invencible moda, y emprende en unas quintillas un “Retrato de Cipariso” pobre de sal epigramtica y duro en la versificacin; pero que tiene el mrito de describirnos el traje que usaban los elegantes de aquel tiempo. Lo de escoger para el ridculo a Cipariso que, como sabe el lector, fue, segn la fbula, un joven de singular hermosura, a quien la pena de ver muerto un ciervo que haba criado le quit la vida, con preferencia a Narciso, cuya presuncin lo arrastr hasta enamorarse de s mismo, le vali una justa crtica. Ms tarde vemos que Ismael, trocados el bordado gabn y pantaln morisco por el traje no muy pintoresco de nuestros campesinos, se nos va por las orillas serenas del Almendares a cantar al son del tiple agudo sus melanclicos amores. Su gloga, aunque escrita en el estilo prosaico de aquellos tiempos, descubre adelantos, as en el plan y forma de la composicin, como en la elegancia de las ideas, la propiedad de algunas imgenes y la facilidad de la versificacin. Lstima que el poeta no haya podido sustraerse al influjo de la imitacin de nuestros maestros en el arte, localizando mejor la accin y empleando imgenes ms tropicales: la idea de presentar a su amada manzanas cogidas en un huerto cubano, el viaje de dos guajiros del siglo pasado a la Corte y su disertacin sobre el influjo de la riqueza en los matrimonios nobles, son impropios y ajenos del carcter de la gloga en Cuba. Tal como es, sin embargo, la estimamos como una composicin digna de figurar con honor entre las primeras producciones de nuestro Parnaso, y no podemos resistir al deseo de darla a conocer al lector, confiados en que la recibir gustoso como una muestra de nuestros primeros pasos en la ms bella de las artes de imitacin. Albano y Galatea Alb. Toma, Pastora ma, De mi espesa arboleda las manzanas Que cog al ser de da

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 212\ 212\ 212\ 212\ 212\ Por darte de mi amor pruebas tempranas, Y tambin esas rosas Con que cias tus sienes amorosas. Ayer en mi arboleda Con lazos te cog seis pajarillos Y en una encina queda Un nido con dos lindos jilguerillos, Y entre bellas aromas Cinco pares te tengo de palomas. Y porque ms te cuadre De mi amor el afecto sin tamao, Vengo cuando tu padre Ha salido detrs de su rebao; Porque yo s de fijo Que no gusta de verme en tu cortijo. Gal .De tu mucha fineza Mi pecho siempre est reconocido, Y jams mi firmeza Podr dar tus favores al olvido Y as de mi ganado Mi presente tambin te he preparado. Pero, por qu motivo No llegaste ayer tarde a mi cabaa, Cuando el coro festivo De pastoras, subiendo esa montaa, Con panderos marciales Danzaron en la cumbre con zagales? Alb .Yo fui con Melibeo A castrar ayer tarde mis colmenas, Y con este recreo Tan sencillos templamos nuestras penas, Hasta que el bello prado Qued del claro Febo abandonado. Gal .Al son de los panderos Largo tiempo danzamos en la cumbre, Y los tiernos corderos Mostrando agradable mansedumbre, Con saltos repetidos Se alegraban tambin dando validos. Y mi padre querido de claveles me puso una guirnalda, Y estuvo divertido Observando los coros en la falda;

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PEDRO JOS GUITERAS /213 /213 /213 /213 /213 Porque como es anciano Tres veces subir quiso, mas fue en vano. Todo daba alegra; Mas confieso que slo me faltaba Tu dulce compaa, Y como esta memoria me inquietaba, Con grande desatino Muchas veces miraba hacia el camino. Alb .A tu prudencia dejo, Galatea, lo mucho que he sentido No hallarme en el festejo, Por estar a tu lado divertido; Mas sin estos antojos Evito de tu padre los enojos. Gal .Mi padre slo siente De ti la tierna edad, querido Albano, Y as no nos consiente Ninguna libertad por ser temprano; Pero entre los pastores Tus virtudes merecen sus favores. Alb .¡Ay de m, Galatea! ¡Ojal quiera el cielo que tus labios Desmintiesen la idea Que en tu padre conciben mis agravios! Porque l a tu belleza Prepara otro zagal de ms riqueza. Gal .Nunca mi padre amado Podr hacer de mi amor tal sacrificio; Pues siempre se ha irritado De saber que en la Corte se usa el vicio De buscar el esposo Sin ms prendas que ser muy poderoso. Y con ansias prolijas Contaba que los padres avarientos Sacrifican sus hijas Con jvenes de pocos sentimientos, Que en teniendo doblones No importa que carezcan de otros dones. Vctimas del amor Dice que son las nias ciudadanas; Pues sufren con rigor Un yugo de ambiciones muy tiranas, Cuyo consorcio aciago

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 214\ 214\ 214\ 214\ 214\ Sin gusto empieza, acaba con estrago. Alb .Mi hermano Melibeo De la Corte (do fue con pesadumbre Por no ser su deseo) Me dijo, reprobando sus costumbres, Que muy poco prolijos No educaban los padres a los hijos. Y tambin me deca Una noche en mi choza Nemoroso Cuando de all vena, Que el hombre que es ms rico y poderoso Es el que all conviene, Porque en la Corte vale, aquel que tiene. Dice que la avaricia Corre all por las calles con fiereza, Que tienen por caricia La baja adulacin, y la pobreza Huye por los rincones Sufriendo mil desprecios y baldones. Gal .Nunca permita el cielo Que viole del altar las santas aras, Porque es gran desconsuelo El ver que obedeciendo las avaras Intenciones del padre Admitan al esposo, aunque no cuadre. Esto supuesto, Albano, No tienes que afrentarte en tu pobreza, Antes por ser temprano Slo impide mi padre nuestra empresa; Porque de estos consorcios Ha visto que resultan los divorcios. Alb .Tu virtud, Galatea, Tu prudencia y tus nobles sentimientos Duplican en mi idea Las ternuras, los gustos y contentos, Y de todo esto arguyo Que no hay mayor delicia que ser tuyo. Gal .No temas, zagal mo, Ninguna alteracin en mi constancia, Que entretanto confo Que ms blando mi padre a nuestra instancia No negar su agrado Cuando sepas andar con el arado.

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PEDRO JOS GUITERAS /215 /215 /215 /215 /215 Alb .No tengas desconfianza Ni vaciles, pastora, que te ofrezco Instruirme en la labranza; Porque sepas que te amo y que te apetezco Con modos muy sutiles Saber bien los oficios pastoriles. Dos becerras manchadas Y de dulce arboleda frutas todas Tengo ya preparadas, Para darlas el da de las bodas A todos los pastores Que han de ver coronar nuestros amores. Gal .Yo te tendr un sombrero De labor exquisita, que mis manos Tejern con esmero Con plumajes de pjaros galanos Y tambin un vestido De mil pieles pintadas guarnecido. Alb .De mis muchas colmenas Gozaremos felices todo el ao Anchas tinajas llenas De miel, y tambin puede mi rebao Sernos tan suficiente Que pasemos la vida felizmente. Gal .Con cien vacas bermejas Y doscientos novillos bien pastados Y otras tantas ovejas, Tambin debes contar, que estos ganados Con dulce testimonio Me ha ofrecido mi padre en patrimonio. Pero si no me engao All viene mi padre por la senda Detrs de su rebao, Y si acaso no gustas que l comprenda Que has hablado conmigo Vete luego a esconderte dentro del trigo. Alb .Ay, Pastora querida! ¡Slo el cielo penetra la dolencia Con que siente mi vida Los tiranos instantes de tu ausencia Pero, si es fuerza, sea, Adios, hasta maana, Galatea.59 59Nmeros de enero, febrero y noviembre de 92.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 216\ 216\ 216\ 216\ 216\ Esta interesante publicacin estuvo al cuidado del Sr. Becerra hasta abril de 1793, que se encarg de su redaccin la Sociedad Econmica, para lo cual nombr varias comisiones en diversas pocas, en que figuran los nombres de don Antonio Robredo, don Nicols Calvo, don Francisco Arango, y los doctores don Jos A. Caballero y don Toms Romay. El ltimo nmero que hemos visto, es el del 29 de diciembre de 1803, en cuyo tiempo era uno de los colaboradores de la parte potica, el distinguido vate habanero don Manuel de Zequeira y enriqueci el 28 y 55 con un soneto y una letrilla que faltan en las ediciones de sus poesas publicadas en Nueva York y La Habana. Su existencia con el nombre de Papel Peridico ces en 1805 que tom el de Aviso y apareci tres veces a la semana. Desde primero de septiembre de 1810, se public con el de Diario de la Habana hasta que (no sabemos cundo) tom el de Gazeta de Gobierno .60 En Santiago de Cuba apareci la imprenta en 1792 y su primer peridico empez a circular en 1805 con el nombre de El Amigo de los Cubanos Puerto Prncipe tuvo su primera imprenta en 1812 y dos o tres aos despus, su peridico titulado El Espejo ; Matanzas no sabemos si debe ocupar el tercer lugar en la lista de los pueblos de Cuba que disfrutaron de los beneficios de la prensa, o seguir al par o despus de Puerto Prncipe; pero si el dato de que esta ciudad no tuvo peridico hasta 1814 o 15 fuese exacto, podemos asegurar que se le anticip en la carrera del periodismo, pues tenemos delante El Patriota que vio la luz pblica el 22 de septiembre de 1813 en seis pginas de impresin 4 espaol, y circul dos veces a la semana, hasta el 14 de diciembre del mismo ao que se comenz a repartir los martes, jueves y sbados, y continuaba este orden el 17 de septiembre de 1814, que es la fecha del ltimo nmero que poseemos; los dems pueblos de la Isla no conocieron el periodismo sino aos despus. En el primer tercio de este siglo han aparecido gran nmero de publicaciones peridicas de ms o menos mritos, en las cuatro ciudades mencionadas; pero casi todas tuvieron corta vida y no pueden figurar en la historia del periodismo cubano como ejemplos de estabilidad y progreso. La verdadera reforma empez en 1828 con La Aurora de Matanzas, diario poltico y literario digno de elogios por la elegancia de su impresin, su extensin, la variedad de materias que abraza y el orden y buen gusto de su redaccin, y puede estimarse sin disputa el prncipe de nuestros peridicos; despus de l apareci en la misma ciudad El Lucero a alegrar la primavera de 1830 y a poco fue a derramar sus vivos resplandores en la capital donde produjo una completa revolucin. De los consagrados a ciencias y bella literatura, las ms notables 60Saco, t. I, pp. 365 y 366; t. III, p. 535.

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PEDRO JOS GUITERAS /217 /217 /217 /217 /217 fueron las Memorias de la Real Sociedad Econmica de la Habana que empezaron a circular en 1793 a cargo de la Seccin de Educacin, y siguieron con algunas interrupciones, hasta 1849 que adoptaron el ttulo de Anales de las Reales Juntas de Fomento y Sociedad Econmica de la Habana y la Revista Bimestre Cubana el mejor peridico de este gnero que ha tenido nuestra Isla, as por el inters de las materias, como por la pureza y elegancia con que estaban escritos muchos de sus artculos crticos. Esta publicacin principi en mayo de 1831 y concluy a mediados de 1833, cuando redactada y dirigida por don Jos Antonio Saco, era, en sentir de los ingenios espaoles, la mejor revista que exista en lengua castellana en todos los dominios de la monarqua.ILUSTRACI"N XIIIConducta de la Junta Central y el Consejo de Regencia en AmricaEl origen de las Cortes de Castilla y su Constitucin se ignora por el silencio constante que han guardado los historiadores y cronistas. Sabemos que en los tiempos primitivos, se componan del alto clero y la nobleza, y que ms tarde tomaron parte en ellas diputados de las ciudades que llamaban de voto en Cortes. La ignorancia general hizo que no estuviesen bien deslindadas las facultades propias del soberano y las de estos congresos, de manera que existiese entre ambos una armona conveniente al bien de la nacin. Deliberaban con el rey sobre la paz y la guerra, reservndose el dar o negar los auxilios pecuniarios y disponer de la fuerza armada peculiar de las municipalidades; nombraban los individuos que haban de componer la Regencia, que por lo comn eran uno, dos y a lo ms tres, en los casos de menor de edad del prncipe, y determinaban su poder y facultades; algunas veces alteraban el orden de sucesin a la Corona; y resolvan, en fin, en los negocios graves e importantes; eran celossimas en hacer que se guardasen las leyes fundamentales y cuidaban de presentar al rey cuanto poda contribuir al bien general. Sus resoluciones eran de tanta autoridad cuando obtenan la sancin real, que tenan fuerza de ley; y si despus se adoptaba alguna disposicin en contrario, los pueblos estaban en la obligacin de acatarla, mas no de darle cumplimiento.61Cuando los reyes crecieron en podero, las sujetaron a su voluntad, alterando la forma y tiempo de su convocacin, y les quitaron de hecho el carcter que tenan o pretendan tener de congresos nacionales, representantes de la voluntad popular; y desde la elevacin de la rama de 61Mariana, Historia lib. XIV, cap. 2; lib. XVII, cap. 8; lib. XVIII, cap. 15.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 218\ 218\ 218\ 218\ 218\ Austria, fue tal el cuidado de debilitar este sagrado derecho, que a principios del presente siglo la masa del pueblo viva casi ignorante de que tales Cortes hubiesen existido en Espaa. El derecho de representacin vino a ser una prerrogativa real y se conceda a las ciudades que por sus servicios se haban hecho dignas de gracia tan sealada; disfrutaban de l colectivamente algunos reinos y provincias, e individualmente los grandes y prelados; y al usar de esta prerrogativa no lo haca el rey dando a todos igualdad de derechos, antes bien lo sujetaba a lmites diversos de que no le era lcito pasar, marcados por leyes a su arbitrio; pues cada congreso se compona de los vocales que llamaba, segn sus deseos de honrar a este o aquel prcer, y hubo casos en que no fueron convocados ni la nobleza ni el clero. An as, la potestad soberana era tan absoluta, que nombraba a veces los individuos que hubiesen de concurrir, reunidos stos y discutidas la materias propias de las circunstancias, se elevaba una representacin, y el rey tena la facultad de aprobar o reprobar lo que en ellas se haba acordado. Cuando la Junta Central y la Regencia convocaron a Cortes la nacin, adoptaron una medida poltica que tuvo por objeto salvar la independencia nacional amenazada seriamente con el triunfo de las armas francesas. Aunque hicieron uso de una institucin histrica, no pensaron seguir las reglas autorizadas por antiguas leyes, antes bien huyeron de ellas, por conocer que los progresos de la ciencia haran repugnante a los espaoles un congreso de igual naturaleza. Decidieron que las Cortes fuesen compuestas de individuos diputados por eleccin de los naturales del reino que no tenan ni nunca tuvieron, que sepamos, semejante derecho. Esto no poda concederlo la Junta, ni la Regencia, como representantes del soberano ausente, porque con este carcter sus facultades estaban limitadas a las leyes vigentes al tiempo en que aquellos cuerpos fueron creados o estuvieron en uso. Dironlo a los espaoles por la fuerza de las circunstancias, fundndolo en los eternos principios de la ley natural que hace libres e iguales en derechos a todos los hombres. Y si hemos de considerar legales y legtimas las Cortes extraordinarias en virtud de estos principios, y quin duda de esto?, era justo que los naturales de Amrica tuviesen en ella igual representacin que los de la Pennsula como sbditos de la Corona de Castilla. Cualquiera limitacin en el uso de este derecho, es evidentemente una usurpacin de parte del gobierno y de las Cortes que la aprobaron, y en rigor hace nulos sus actos posteriores con respecto a los reinos y provincias de Ultramar, por no haber sido legtimamente representados en el congreso nacional. La importancia de esta materia requiere que nos detengamos a analizarla con algn empeo, por los graves efectos que produjo en este hemisferio.

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PEDRO JOS GUITERAS /219 /219 /219 /219 /219 Nuestra legislacin civil y poltica est fundada en los principios de la de Castilla. No hay que confundir el uso que hayan hecho de ella las autoridades, con los principios de la ciencia: siempre que los Estados americanos han tenido buenos gobernantes, se han respetado las leyes, cuando malos, han abusado de la autoridad. Por esto, cuando los naturales de estos dominios han elevado su voz al trono a favor de reformas, han prescindido de los hechos y abusos, y las han derivado de los fundamentos de nuestra legislacin en su identidad con la espaola. stos son esencialmente, que los Estados de Amrica forman parte integrante de la nacin, que sus naturales son vasallos de la Corona con iguales derechos a los nacidos en Espaa. La Amrica ha sufrido tanto como sta los errores y abusos del gobierno, en los tiempos de una ignorancia relativa y en los de la usurpacin del poder por los reyes, y quiz con ms dureza en sus intereses por la distancia que los separaba del solio y la desmoralizacin de los empleados. Pero estas situaciones arbitrarias no pudieron prescribir sus derechos a la igualdad, en ningn tiempo ni circunstancias. A los que alegan una excepcin por la distancia a que se hallan de la metrpoli y otras causas locales, permtase recordarles que los reinos y provincias de esta misma, nunca han sido gobernados por unas mismas leyes en lo civil y econmico, pero s siempre por iguales principios de equidad y justicia, y transcribirle los sabios consejos de los diputados a las Cortes de Valladolid en 1506 dirigidos a los reyes don Felipe y doa Juana en la peticin sexta de su representacin: “Los sabios autores y las Escripturas dicen que cada provincia abunda en su seso; y por esto las leyes y ordenanzas quieren ser conforme a las provincias, y no pueden ser iguales ni disponer de una forma para todas las tierras, y por esto los reyes establecieron que quando hubieren de hacer leyes, para que fuesen provechosas a sus regnos y cada provincia fuesen provehidas, se llamasen Cortes y procuradores que entendiesen en ellas, y por esto se estableci ley, que no se hiciesen ni revocasen leyes sino en Cortes: suplican a Vuestras Altezas que agora e de aqu adelante se guarde y faga asi; y quando leyes se hubieren de hacer, manden llamar sus regnos y procuradores de ellos, porque para las tales leyes sern dellos muy ms enteramente informados, y vuestros regnos justa y derechamente provehidos; y por que fuera de este orden se han hecho muchas prematicas de que estos vuestros regnos se tienen por agraviados, manden que aquellas se revean, y provehan y remedien los agravios que las tales prematicas tienen”. Esto mismo se repiti a Felipe III por las Cortes celebradas en Madrid en 1607, dicindole en la peticin primera: “Por experiencia se ha visto que aunque las leyes y prematicas que V.M. manda publicar, se

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 220\ 220\ 220\ 220\ 220\ hacen con mucho acuerdo y conforme a su cristiansimo zelo, se ofrece ocasin de suplicar a V.M. las derogue o altere en algo, por que como estos reino constan de tan diversas provincias, parece necesario se hagan con advertencia particular de las ciudades de voto en Cortes, con lo cual saldran ms ajustadas al beneficio pblico, y asi ha suplicado el reino a V.M. no se promulguen nuevas leyes, ni en todo ni en parte las antiguas se alteren sin que sea por Cortes, avisando al reino estando junto, y en su ausencia a su diputacin, para que advierta lo ms conveniente al servicio de V.M. y bien publico; y hasta ahora no se ha provehido, y por ser de tanta importancia vuelve el reino a suplicarle humildemente a V.M.” Y esto han dicho y dirn siempre las provincias americanas, hasta que sean restablecidas en sus antiguos derechos y gobernadas conforme a los principios de la Constitucin espaola.62 Si la revolucin de 1808 permiti al pueblo espaol recobrar sus derechos, la declaratoria de igualdad que han restablecido las Cortes, habilita a los americanos a gozar los beneficios que el progreso del siglo ha introducido en la legislacin nacional. ¡Qu contraste tan lamentable que los mismos legisladores defensores de la soberana del pueblo, la abolicin de los seoros y el establecimiento de la libertad de imprenta, dicten reglas para privar a sus compatriotas de Amrica, descendientes en comn de la antigua raza de hroes que descubri y conquist este hemisferio, de la comunin franca de ideas que slo puede dar la igualdad de derechos polticos, y arranquen con una desigualdad forzada derechos que respetaron los Felipes y Carlos, destruyendo el noble sentimiento de nacionalidad que por espacio de ms de tres centurias fue el orgullo de los hijos de Espaa y Amrica! El haberse separado el gobierno de estos principios, dio lugar a las reclamaciones de los pueblos americanos. Los puntos principales en cuestin eran la abolicin de los virreinatos y capitanas generales como incompatibles con el nuevo sistema, la libertad absoluta de comercio, la igualdad en la representacin popular y los dems derechos polticos que disfrutaban los espaoles. La orden de la Central del 22 de enero de 1809 llamando a su seno individuos de Amrica, el decreto de la Regencia sobre comercio libre, expedido el 17 de mayo de 1810 a instancia de don Claudio Martnez de Pinillos, como apoderado del Ayuntamiento de La Habana, y la declaratoria de las Cortes de 15 de octubre de este mismo ao, de ser los americanos iguales a los peninsulares en derechos, hace creer una buena disposicin a arreglar estas diferencias. 62“Carta sobre la antigua costumbre de convocar las Cortes en Castilla”, de autor annimo.

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PEDRO JOS GUITERAS /221 /221 /221 /221 /221 Pero la interposicin de la Junta de Cdiz, compuesta de personas interesadas en la continuacin de los antiguos abusos, tuvo influencia bastante para hacer que el nmero de miembros llamados a la Central no fuese conforme a los principios de igualdad proclamados; que la Regencia declarase en 27 de junio apcrifo el decreto mencionado sobre comercio, mandando arrestar a su ministro de Indias y al primer oficial de la secretara; y enviase virreyes y comisionados regios con facultades de subrogar las juntas que se haban establecido en algunos Estados, “reasumir el todo o parte de todas las autoridades, suspender o separar empleados de cualquier clase o graduacin, usar de cualesquiera caudales pertenecientes a mi Real Hacienda, perdonar o castigar segn por bien tuviereis, y dar las rdenes que consideris justas, las que deberan ser cumplidas como si fuesen de mi real Persona, sin que en ningn caso se pueda dudar de vuestras facultades por falta de expresin bastante”; y por ltimo, que las Cortes aprobasen medidas que tendan a mantener la Amrica en una completa subordinacin a los intereses y opiniones peninsulares, excluyendo el derecho de ciudadana a los oriundos de frica para reducir a una minora en el Congreso a los diputados americanos. La disposicin del Supremo Gobierno respecto de Amrica se explica en los despachos de sir A. Wellesley (despus duque de Wellington) al ministro Canning, fecha en Sevilla a 15 de septiembre de 1809: “La admisin de las colonias, dice, a la participacin del gobierno y de la representacin de la madre patria, parece haber sido sugerida como un expediente para asegurar a la Junta Central en la continuacin de su autoridad actual y que no tiene conexin con ninguna mira extensa o liberal de poltica o gobierno”.63 No es ciertamente el modo ms acertado de inclinar los nimos a un concierto pacfico el negar los puntos esenciales a la cuestin, y menos an cuando el que los defiende tiene la justicia de su parte y el que va contra ellos carece de medios de hacer valer sus pretensiones. Espaa, invadida y ocupada por los ejrcitos franceses, la Regencia sin autoridad en la Pennsula, sujeta al influjo mayor de la Junta de Cdiz, sin tropas ni armada que enviar a Amrica; empez sta por desobedecer las extraas rdenes que se le enviaron, encendida la guerra civil en varias provincias, la de Venezuela declar su independencia absoluta el 5 de julio de 1811, siguieron otras su ejemplo, y la Amrica se perdi para Espaa, que despus de una larga lucha vio reducido su imperio a las islas de Cuba y Puerto Rico. 63Despachos del Consejo de Indias, Don Antonio J. de Cortavarria, de 1 de agosto de 1810. Real Orden al Capitn General de Puerto Rico de 4 de septiembre de 1810. Sesin de Cortes de 10 de septiembre de 1811. El Espaol peridico de Londres, t. II, p. 342, y t. III, p. 505.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 222\ 222\ 222\ 222\ 222\ILUSTRACI"N XIV Abolicin de la libertad en CubaLa promesa de dar a Cuba leyes especiales, hecha por las Cortes constituyentes de 1836, si hubiese tenido tan laudable fin, merecera desde luego nuestra ms completa aprobacin, pues creemos firmemente que esta Isla para estar bien gobernada necesita de una constitucin propia, segn la han pedido sus hijos en pocas diversas desde el principio del presente siglo. Pero esa promesa, sentimos decirlo, fue votada con nimo deliberado de no cumplirla, y tanta falta de buena fe, no tuvieron reparo en publicarla, en el seno de aquel congreso, los honrados Argelles y Sancho, principales defensores de la proposicin, el primero en la sesin de 10 de marzo y el segundo en la de 5 de abril de 1837. Desde antes de la convocatoria a Cortes se empez a conspirar en Madrid contra los derechos polticos de Cuba por los jefes del partido progresista, el ms avanzado de Espaa en aquella poca. “Al otro da o dos das despus (dice el Sr. Sancho en su discurso citado) de publicada la Constitucin y de nombrados los actuales secretarios del despacho, encontr al Sr. Gil de la Cuadra en el Prado y... hablamos de la necesidad que haba de convocar las Cortes... e indiqu que se podra tener presente la convocatoria de (1820) entonces. Al da siguiente vino S.S. a mi casa con todos los antecedentes y me dijo: ‘Puesto que usted extendi esta convocatoria... puesto que Ud. debe tener ms presentes todas las circunstancias que no es posible ni fcil que otro recuerde mejor, yo le ruego que extienda el acta de convocatoria para las prximas Cortes’... Pasando en seguida a la cuestin de Amrica qu es lo que se resolvi por el gobierno? Primero, que no rigiese all la Constitucin hasta que las Cortes determinasen; segundo, que no viniesen diputados de aquellos pases sino en el menor nmero posible; y as slo se llam un nmero igual al que vino a las Cortes del 20 al 21, es decir, ocho en vez de 17”. Dado el primer paso ya pareci poco suspender la Constitucin y alterar la ley electoral, era menester abolir la primera y cerrar las puertas del congreso a los pocos diputados llamados por la convocatoria. Para completar esta injusticia oigamos al locuaz Sancho, que en otro discurso pronunciado en la sesin del 25 de marzo, cuenta parte de estas intrigas con una naturalidad igual a la laxitud de sus principios polticos. “La comisin de poderes al examinar los de los diputados de Puerto Prncipe, me parece encontr dificultad, y crey que no poda resolver sobre ellos, pues esta comisin no tiene ms que hacer que informar a las Cortes si en las elecciones se han seguido los trmites determinados en la Constitucin y en la convocatoria, y si los poderes estn arreglados a lo que las mismas previenen; por consiguiente, no tiene que dar su

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PEDRO JOS GUITERAS /223 /223 /223 /223 /223 dictamen ms que sobre la parte formularia. La comisin de poderes crey que no se hallaba en el caso de dar su dictamen sobre los antecedentes que se le pasaron y en sesin secreta se dio cuenta de su dictamen reducido a manifestar que no saba qu proponer. Yo entonces ped la palabra, y dije que era de parecer que se nombrara una comisin especial que determinase sobre el asunto, y present una proposicin que de ningn modo poda influir directa o indirectamente en el dictamen de la comisin. Es verdad que entonces indiqu como hombre honrado mi opinin de que las leyes de la Pennsula no podan servir ni regir a aquellas provincias. Dije ms, que la comisin de constitucin en lo que se haba hablado de este negocio era de la misma opinin. Entonces, las Cortes nombraron una comisin especial, y mandaron en seguida que la comisin de constitucin se agregase a esta nuevamente nombrada, y que las dos dieran su dictamen porque las Cortes vieron y conocieron que la discusin sobre esta materia se haba de rozar con algunas cuestiones constitucionales”. Y la comisin especial, fiel a la consigna, nos dej a buenas noches. Con el fin de obtener este resultado se cometi todo gnero de inconsecuencias, comprometiendo la dignidad del trono y el decoro debido a sus ministros. Los reales decretos de 19, 23 y 25 de agosto de 1836 dirigidos al capitn general de la Isla, modifican el del 13 del mismo mes, en que S.M. se sirvi disponer “que se publique la Constitucin poltica del ao de 1812, en el nterin que reunida la nacin en Cortes manifieste expresamente su voluntad, o de otra constitucin conforme a las necesidades de la misma”. Esta modificacin consiste en mandar “que el expresado real decreto se observe solamente en la Pennsula e islas adyacentes” en cuanto a la publicacin de la Constitucin, lo que en rigor equivale a anularlo en su primera parte respecto de las provincias espaolas de Amrica y Asia. Los motivos de esta noble disposicin, segn las mismas reales rdenes, son el “muy corto perodo que debe mediar en esos pases, atendida su distancia, hasta que reciban la positiva y fundamental ley que ha de regir en toda la monarqua espaola”, y la persuacin “de que en el nterin puede ofrecer inconvenientes hacer una notable novedad en su actual rgimen y sistema”. En lo que nicamente guardan consecuencia los decretos con el del da 13 respecto de las provincias peninsulares y las adyacentes, as como las de Amrica y Asia, es que en todas debern enviar sus representantes a las Cortes; “porque los deseos de S.M. son que el cuerpo representativo de todas las partes integrantes de esta vasta monarqua, fije la Constitucin que ha de regirla”. La convocatoria fue expedida el 21 de agosto fijando el 24 de octubre para la apertura de las Cortes, y comunicada al capitn general de la Isla en las reales rdenes citadas de 23 y 25 del mismo mes, recomendndole en la primera “que no se pierda

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 224\ 224\ 224\ 224\ 224\ momento en que se verifiquen en esas islas la eleccin de diputados, y que stos vengan con la brevedad posible a desempear las importantes funciones de tan distinguido encargo”. La alteracin adoptada por el Supremo Gobierno es indudablemente una violacin del cdigo que acababa de jurarse, para la cual careca de facultades, y los motivos en que est apoyada, al mismo tiempo que no pueden justificarla en ningn caso, envuelven una falta que pudo ser de graves consecuencias en circunstancias tan crticas como en las que se halla la nacin; pues en ellos, al mandar que no se jure la Constitucin en las provincias ultramarinas, se prejuzga la cuestin que iba a someterse al congreso, de si continuara siendo la ley fundamental o si deba formarse “otra constitucin conforme a las necesidades de la misma”, y a la vez que se declara que la Constitucin es una novedad tan notable que su publicacin en la Isla puede ofrecer inconvenientes en su actual rgimen, llama a sus representantes para que juntamente con los dems resuelvan si ha de ser ella la ley del Estado. Adems, revocada o suspendida la Constitucin en las provincias de Ultramar y no indicndose ningn plan electoral, era del todo imposible verificar la eleccin de diputados segn prescribe el cdigo, y se tocaba la dificultad de acudir al sistema del Estatuto Real derogado ya, lo cual haca nula la ley vigente, o al medio arbitrario de establecer nuevas reglas por una autoridad incompetente como la del capitn general. Queremos creer que la mente del ministerio fue evitar los inconvenientes de establecer la Constitucin, persuadido de que la opinin en la Pennsula estaba a favor de la reforma de este cdigo y de que las Cortes votaran una nueva, y quiso aguardar a extender a toda la monarqua la ley uniforme que deba acordarse. Los reales decretos fueron expedidos en el supuesto de que al recibirse en las provincias de Ultramar no se habra an jurado en ellas la Constitucin; no se prev el caso contrario de que en todas o en algunas hubiera tenido lugar el juramento, y, por consiguiente, no se prescribe la conducta que deberan observar entonces las autoridades superiores: omisin notable en disposiciones de tal naturaleza, nos hace recordar el complot de los Sres. Sancho y Gil de la Cuadra y nos mueve a sospechar que no pudo menos de ser intencional, que los ministros entreviendo la gravedad del caso, quisieron dejar a las dichas autoridades en libertad de acomodarse al estado de las cosas y descargar en ellas una parte de la responsabilidad ante las prximas Cortes. En la difcil posicin en que esos decretos ponan al capitn general, el del 19 tiende a indicarle la marcha que sera ms aceptable al gobierno, encargndole procure que sus disposiciones vayan “todas dirigidas a la paz de esos habitantes y unin a la Pennsula”. Tacn los recibi el 21 de octubre, en vsperas de abrirse las Cortes, y su comunicacin al

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PEDRO JOS GUITERAS /225 /225 /225 /225 /225 comandante general del Departamento Oriental, no lleg a Santiago de Cuba hasta el 3 de noviembre, cuando poda estarse resolviendo la gran cuestin que iba a decidir cul sera la ley fundamental. Parece que la paz y unin recomendadas dictaban como las medidas ms acertadas el dejar las cosas en el estado en que se hallaban, moderar el sistema de tirantez que haba adoptado, apresurar la eleccin de diputados por un plan que se aproximase al peninsular y aguardar la decisin del soberano congreso. El adoptar la abolicin a viva fuerza de la Constitucin en Santiago de Cuba en los momentos en que ste empezaba sus sesiones y continuar rigiendo la Isla sin ninguna de las garantas que constituyen la base de un gobierno liberal, era demasiado violento. El general Tacn resolvi, sin embargo, que en Santiago de Cuba se restituyesen las cosas al ser que tenan antes de jurarse all la Constitucin, desatendiendo el carcter de la revolucin que acababa de triunfar en Espaa, las circunstancias del momento y las graves consecuencias que podran resultar de una medida tan opuesta a los derechos polticos y conveniencia del pas confiado a su mando. La opinin sobre la legitimidad del pronunciamiento a favor de la Constitucin era unnime en aquella provincia, tambin participaba de ella todo el resto de la Isla y el dolor de esta conviccin no poda menos que labrar en el nimo del capitn general. Su oposicin a reconocerlo y uniformar la marcha del gobierno, pudo nacer de la idea de que la noticia oficial del cambio verificado en la Pennsula vendra acompaada de su relevo, y la demora en cumplir el Real Decreto de 13 de agosto lo salvaba de gobernar bajo un sistema poltico que repugnaba a sus principios y que podra comprometer su autoridad con un pueblo resentido que hasta entonces haba sido vctima de su tirana. Si el general Lorenzo, aprovechando tan felices circunstancias, hubiera organizado una columna expedicionaria y entrado en el territorio de la provincia central, a la cual le daba un derecho bajo el sistema constitucional el que una parte de ella perteneca a la Jurisdiccin de Santiago de Cuba, es muy probable que las autoridades de Puerto Prncipe hubieran cedido sin resistencia a los principios nacionales que representaba su bandera; y ya jurada all la Constitucin el movimiento se hubiera quiz extendido a los dems pueblos de la Isla. Observada esta conducta, Tacn no hubiera pensado en resistir con la fuerza armada la hueste constitucional, pues bajo el imperio de la opinin pblica de que el pronunciamiento era legtimo, el ejrcito, lejos de combatir con sus hermanos que seguan la voz del trono, los hubiera recibido con los brazos abiertos; y jurada la Constitucin en La Habana hubiera merecido los elogios del ministerio apstata que presida indignamente los destinos de Espaa. Lorenzo parece que adivin todo esto cuando, refirindose a la expedicin que ms tarde levant el

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 226\ 226\ 226\ 226\ 226\ capitn general para derrocar la Constitucin, dice que contaba con “elementos ms que suficientes para derrotarla ‘sin grandes esfuerzos’ ”, y aada en seguida, “o lo que es ms seguro, verla pasar a nuestra filas al grito de Constitucin y Libertad, siempre mgico para el soldado espaol”. La llegada de los reales decretos de agosto, si no alteraba la esencia de las cosas, dio al general Tacn una oportunidad de seguir su sistema y hacer cambiar el estado de la opinin en el ejrcito y las autoridades que le estaban subordinadas, que vieron en ellos una aprobacin futura de los actos del capitn general. Este, que hasta entonces se haba ceido a incomunicar la provincia de Cuba, empez al punto a acalorar la organizacin de una columna, y cubierto con el escudo de acero que le haban forjado los consejeros de Isabel II Constitucional, destruy la Constitucin en la nica provincia de la Isla donde legal y legtimamente se le renda un culto puro y ferviente.ILUSTRACI"N XV Impugnacin al despotismo colonial El paso inmediato a la abolicin de nuestras libertades, fue llevar a cabo el pensamiento del general Tacn de centralizar el poder en manos de la autoridad militar, como base esencial del gobierno de Cuba. Cuando el carcter de la poltica moderna tiende visiblemente a reducir la accin de los gobiernos a estrechos lmites y dar a la libertad individual la mayor extensin posible; y cuando se reconoce que la influencia de las instituciones de Estados Unidos sobre nuestra poblacin es una de las causas principales del espritu de oposicin que aqu se advierte contra el despotismo colonial, la dictadura militar no poda menos de producir, y produjo desgraciadamente, males de inmensa trascendencia. Si hubisemos de buscar autoridades en contra de este sistema, no tendramos necesidad de acudir ni a las obras de los cubanos ilustres, que desde fines del siglo pasado se han afanado en dirigir por buenas sendas la marcha de la civilizacin de su patria, ni a la de los hombres de Estado que en los pases extranjeros han hecho tan grandes sacrificios a favor de la libertad; sino que fcilmente las hallaramos en los autores de la misma Espaa que han tratado, con alguna extensin, los asuntos polticos y administrativos de los pueblos de la Amrica espaola. Pero como el principio que resiste a esa opinin est universalmente reconocido, nos circunscribiremos a llamar la atencin sobre un escritor que ha empleado su pluma en describir las llagas que infectan al pueblo cubano y obtenido aplausos de los ms decididos defensores de

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PEDRO JOS GUITERAS /227 /227 /227 /227 /227 la poltica inaugurada por Tacn. El general Concha, en cuyas Memorias admiramos as la aguda penetracin con que ha sabido encontrar las causas de la actual situacin de Cuba, como la noble franqueza con que se aventura a describirlas, y que por una rara y lamentable anomala, al admitir los abusos de las autoridades superiores en las provincias hispanoamericanas opina por el mismo sistema de centralizacin para esta Isla que Tacn, nos dice, tratando de la influencia que tuvieron aquellos jefes en los vicios introducidos en el gobierno de Amrica y que al fin produjeron su emancipacin. “Nuestros monarcas no trataron nunca a los pases espaoles de Ultramar sino como provincias iguales a las dems de la monarqua, segn lo demuestra la casi absoluta identidad de la legislacin y de la organizacin eclesistica, militar, civil y econmica. Ni es menos evidente el pensamiento que en esa legislacin se manifiesta de considerar y tratar a los espaoles que en esos pases iban formando ciudades, villas y lugares como a verdaderos hijos y vecinos de la misma metrpoli, cuya religin, idioma y costumbres extendan por tan dilatados continentes”. Pero este pensamiento “tuvo desde muy temprano en contra suya el no ser bien secundado por otros medios, los de conducta y ejecucin”, a causa de “las dificultades nacidas de la distancia, tanto mayores cuanto eran ms difciles y escasas las comunicaciones entre las provincias de Ultramar y su metrpoli”. Estas dificultades influyeron en la relajacin de los vnculos que el comn origen de familia deba mantener estrechos entre los criollos y peninsulares, la cual se aumentaba cada da por los “abusos y vejaminosas prcticas” que se introdujeron en el gobierno y administracin, como respecto del Per revelan las memorias reservadas de don Jorge Juan y don Antonio Ulloa, conocidas ya en toda Europa desde su publicacin en Londres en 1826, y a cuya autoridad apelo. Estas y otras causas de descontento “necesitaban de un agente que de ellas se sirviese como instrumento, y este agente vino a aparecer en las ideas extendidas por la propaganda francesa, cuyos libros salan de nuestros puertos para Amrica en grandes remesas; en la independencia que con la ayuda de Espaa misma obtuvieron las provincias britnicas del Norte Amrica, independencia que dando vigor a aquellas ideas, las concentr, digmoslo as, en un plan, o les dio direccin inclinndolas a la realizacin de un pensamiento determinado; y por ltimo, en la revolucin francesa, que convirti en hecho las ideas de los propagandistas, y cuya universal influencia no puede ponerse en duda”. “El tardo desarrollo de la poblacin espaola en Cuba, cuyo grande aumento data de poca no muy lejana, debiera ser un motivo para que en esa Isla existiera el sentimiento de nacionalidad tan vivo como le llevan cuantos de la Pennsula van a aquellos pases, sobre todo, siendo

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 228\ 228\ 228\ 228\ 228\ tan considerable y constante la emigracin peninsular; mas, por desgracia, ha estado lejos de suceder as; porque si bien se examina, en Cuba encontraremos los mismos elementos que tanto contribuyeron a la revolucin moral de las antiguas provincias hispanoamericanas, acaso porque cuando el gobierno empez a pensar ms seriamente sobre esa Isla, principiaba tambin a aparecer ms determinada la poltica de desconfianza cuyos lastimosos efectos se observan en el continente”.64 En este pensamiento de centralizacin se echa en olvido que la accin de todo gobierno, para que sea benfica, debe estar en armona con las necesidades del pas; sin esto, la accin social se paraliza y el gobierno se ve forzado a marchar aislado. De este olvido nace el error de quererse dar al gobierno colonial la intervencin directa en la administracin y reducir a un estado pasivo la accin del pueblo cubano. Este plan es muy consecuente con el principio general de la poltica establecida en Cuba; as como la autoridad ha de asumir todos los poderes, as debe centralizar toda accin en los ramos de administracin pblica. ste es un sistema juzgado definitivamente por el pueblo espaol, que no debe apoyar ningn hombre de principios liberales, para un pas que en nombre de antiguas leyes reclama los derechos sagrados de un origen comn, idioma, religin y costumbres, y que impide en conciencia a los cubanos el unirse cordialmente al gobierno para cooperar con l a la opresin de su patria. En nuestro sentir, la falta capital de este sistema est en no quererse reconocer, a pesar de la experiencia tan costosa como la que hemos tenido en los ltimos 40 aos, la imposibilidad de que se arraigue en un pueblo cuya civilizacin rechaza la idea de reducir a una condicin pasiva el principio vivificador de la accin e intervencin popular en la marcha del gobierno, que a despecho de la institucin de la esclavitud, se admite y estima en Cuba como esencial a la felicidad pblica. Ese sistema, errneo en todos tiempos y en todos los pases, puede establecerse en las sociedades atrasadas donde los ciudadanos no ponen estorbos a la marcha del gobierno, buena o mala; pero en Cuba donde ste no puede aspirar a producir el aislamiento de gobernantes y gobernados, ese sistema establece una pugna constante entre unos y otros que entorpecer siempre la accin que necesariamente han de querer emplear ambos, sosteniendo el gobierno el espritu de represin y avivando los deseos del pas de destruirlo y crear en su lugar una administracin identificada con sus intereses morales y materiales. El gobierno parece no comprender todo el valor de esta verdad, de aqu el insistir en esa centralizacin de poder, en fomentar la desunin de cubanos y peninsulares, violentando sentimientos que tienden fuer64Concha, Memorias pp. 312, 313, 335, 336 y 339.

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PEDRO JOS GUITERAS /229 /229 /229 /229 /229 temente a unirlos, oponerse al progreso de la poblacin blanca, aun por medio de colonos espaoles y tolerar la institucin criminal, desmoralizadora y trastornadora, de la esclavitud. Confiado en la fuerza que le dan las pasiones polticas mal dirigidas de los peninsulares y el nmero imponente de los esclavos, en lugar de adoptar para Cuba una constitucin basada en los principios de libertad admitidos por Espaa, cree perpetuar su dominacin continuando en la senda trazada por el general Tacn. Pero todo es en vano: Cuba no se someter jams a ser gobernada despticamente, y es tiempo ya que Espaa, avisada por la actitud blica que han tomado sus hijos, advierta que con ese sistema compromete los destinos de la mejor de sus provincias de Ultramar, cuando con una poltica previsora y generosa puede salvar sus intereses y civilizacin y hacer de esta bella Isla uno de los pueblos ms prsperos y felices de la tierra. ¡Ojal venga un da en que el Gobierno Supremo busque la sana opinin de los hijos de Cuba, que los tiene muy dignos de ser consultados y odos, y que ilustrado por su saber, abandone una poltica insegura y peligrosa, y haga que vuelvan a ser espaoles los que siempre acostumbraron ver en sus reyes los ms constantes protectores de la unidad nacional y la igualdad de derechos polticos en los vasallos de toda la monarqua!

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NDICE ONOMSTICO NDICE ONOMSTICO NDICE ONOMSTICO NDICE ONOMSTICO NDICE ONOMSTICO —A— Abarca, Silvestre: 3, 4. Abarca y Bolea, Pedro Pablo: 26, 54. Abisbal, conde de: 85. Abreu, Manuel: 108. Acosta, Andrs de: 112. Acosta, Gaspar: 108. Acosta, Manuel M. de: 113. Agrcola, Rodolfo: 165. Agero, Francisco de: 104. Agero, Pedro M.: 99. Aguilar, Juan de: 68, 69, 70, 77. Agustn, san: 200. Alameda, Cirilo: 142. Albano: 211, 213, 124.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 232\ 232\ 232\ 232\ 232\Alcocer. Ver Guridi y Alcocer, Jos Miguel. Alda, Juan de: 14. Almirante. Ver Coln, Cristbal. Alonso Merio, Pedro: 163. lvarez Mendizbal, Juan: 136, 151. Ana Bolena: 207. Apodaca. Ver Ruiz de Apodaca, Juan. Apiano: 165. Aponte, Jos Antonio: 73. Aranda, conde de. Ver Abarca y Bolea, Pedro Pablo. Arango, Anastasio. Ver Carrillo y Arango, Anastasio. Arango, Andrs: 121. Arango y Parreo, Francisco: 17, 25, 26, 40, 46, 47, 48, 49, 50, 58, 71, 73, 78, 81, 82, 91, 115, 120, 216. Arcaya: 143. Araoz, Juan de: 54, 56. Argelles, Agustn: 70, 147, 151, 222. Arias Dvila, Pedro: 190. Aristizbal, Gabriel de: 54, 55, 56, 174, 175. Aristteles: 166. Armas, Francisco de: 118, 145. Armona, Domingo: 90. Arrate, Flix. Ver Arrate, Jos Martn Flix de. Arrate, Jos Martn Flix de: 113, 187, 188, 190, 193. Arredondo, Nicols de: 12. Azanza: 70. —B— Baker, negrero: 17, 18. Balaustre, Gregorio: 44. Baldelli, conde: 162.

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PEDRO JOS GUITERAS /233 /233 /233 /233 /233Bancroft, Jorge: 195. Barea, Juan Bautista: 198, 199, 200. Barradas, Isidro: 109. Barrera, Diego de la: 29. Barros, Juan de: 169. Bartolozzi: 161. Basave, Francisco Jos: 39. Bassecourt, Juan Procopio: 54, 57, 59, 60, 62. Bayamo, vizconde de. Ver Tacn y Rosique, Miguel de. Beatson: 191, 192. Becerra: 216. Belona: 202. Bellin, Mr.: 176. Benavides y Navarrete, Antonio: 155. Bentez, Jos: 87. Berardi, Juan: 160. Betancourt, Alonso: 99, 103, 104. Betancourt Cisneros, Gaspar: 118. Betancourt, Fernando: 103, 104. Betancourt, Juan de: 103, 104, 105. Biasson: 55. Bobadilla, Francisco de: 173. Bolvar, Simn: 88, 99, 103, 107. Boloa, Esteban Joseph: 197, 198. Bonaparte, Jos: 68, 70. Bonaparte, Napolen: 64, 65, 68, 69. Bucarely, Antonio Mara: 4, 5, 12. Buenavista, conde de: 25, 45. Bustamante, Mara: 74.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 234\ 234\ 234\ 234\ 234\—C— Caballero, Jos Agustn: 25, 75, 115, 148, 216. Cabello, Domingo: 11, 12. Cadaval, Jos: 97. Cdiz, Miguel de: 207. Cagigal, Juan Manuel: 9, 10, 11, 84, 85, 86, 87. Calatrava, Jos Mara: 120, 138. Caldern, conde de: 85. Caldern de la Barca, Pedro: 7. Calvo de la Puerta, Pedro: 14. Calvo, Nicols: 25, 44, 216. Campomanes, conde de. Ver Rodrguez, Pedro. Camus: 161, 162. Candelaria de Yarayabo, marqus de la: 121. Canning, Jorge: 221. Canovai, Estanislao: 162. Crdenas de Monte-Hermoso: 40, 70. Carlos III de Espaa: 3, 9, 10, 37, 39, 40. Carlos IV de Espaa: 26, 28, 57, 59, 64, 65, 66, 68, 188. Carlota Joaquina de Borbn: 68. Carrillo y Arango, Anastasio: 61, 82. Casa Bayona, condesa de: 205. Casa Enrile, marqus de: 17. Casa Montalvo, conde de. Ver Montalvo y Castillo, Juan. Casa Pealver, marqus de: 40. Casas Aragorri, Luis de las: 4, 25, 27, 28, 29, 35, 38, 39, 40, 42, 43, 45, 50, 51, 52, 53, 54, 55, 56, 57, 58, 59, 61, 62, 114, 115, 200, 202, 203. Casas, Bartolom de las: 163, 167, 169, 170, 173, 175, 176, 188, 189, 190. Castellanos, Mara Josefa: 203. Castigatore, Adelpho Muliche. Ver Gruniger, Juan.

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PEDRO JOS GUITERAS /235 /235 /235 /235 /235Cerda, Luis de la: 171, 172, 173. Cicern, Marco Tulio: 200, 207. Cienfuegos, Jos: 79, 80, 82, 83, 87, 110. Cipariso: 211. Cisneros. Ver Jimnez de Cisneros, Pascual. Clarisa, 209. Cluet, Luis de: 83. Cochrane, Toms A.: 76. Coln, Bartolom: 174. Coln, Cristbal: 56, 57, 58, 159, 160, 163, 164, 165, 166, 167, 168, 169, 170, 171, 172, 173, 174, 175, 176, 177, 178, 179, 180, 181, 182, 183, 184, 188. Coln, Diego: 163, 175, 185. Coln, Fernando: 169, 170, 171, 174, 175, 176, 184. Concha. Ver Gutirrez de la Concha, Jos. Contreras, Jernimo: 4. Correa Botino, Segundo: 100. Cosa, Juan de la: 160, 163, 184. Coso, Francisco: 104. Coxe: 191. Creador. Ver Dios. Crespo, Manuel: 143. Cristina. Ver Mara Cristina de Borbn. Cristo. Ver Jesucristo. Cuadra, Gil de la: 222, 224. Cura de los Palacios: 169, 170, 171. —CH— Choiseul, Esteban Francisco (duque de): 13. Churruca, Cosme: 175.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 236\ 236\ 236\ 236\ 236\—D— D’Armegnac, general: 65. Dawson, negrero: 17, 18. Democracia: 209, 210. Desa, Francisco: 104, 105. Daz de Espada, Juan. Ver Daz de Espada y Fernndez de Landa, Juan Jos. Daz de Espada y Fernndez de Landa, Juan Jos: 74, 75. Dios: 10, 11, 27, 35, 57, 92, 116, 194, 198, 204, 206. Dolphy, Rafael: 104, 105. Dupont de L’tang, Pedro Antonio: 65. Du Redouer: 162. —E— Elizaicin, Miguel: 86. Enrique Cristbal: 72. Entick: 192. Espada. Ver Daz de Espada y Fernndez de Landa, Juan Jos. Espnola, Pedro: 25. Estrada, Manuel J. de: 168. Estrada, Toms: 99. Europeo Imparcial (El): 35, 202. Ezpeleta de Veire y Ondeano, Jos: 11, 12, 43. —F— Fallotico, Jos: 205, 207. Febo: 212. Felipe I, el Hermoso: 219. Felipe III de Espaa: 219. Felipe V de Espaa: 119. Fernndez de Navarrete, Martn: 161, 164, 165, 166, 169, 170, 171, 172, 174, 175, 176, 177, 178, 181, 182, 183, 184, 185. Fernndez de Oviedo y Valds, Gonzalo: 113, 169, 170, 173, 185, 187, 188, 189, 190.

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PEDRO JOS GUITERAS /237 /237 /237 /237 /237Fernndez de Velasco, Jos: 103. Fernndez Roldn, Juan: 77. Fernandina, conde de: 121. Fernando II, el Catlico: 160, 170. Fernando VII de Espaa: 64, 66, 68, 69, 70, 78, 79, 80, 82, 85, 86, 90, 91, 119, 121, 173, 174. Fernando VI de Inglaterra: 9. Ferraty, Juan Agustn: 100. Filesimolpos: 203. Flor, Andrs de la: 108. Floriblanca, conde de. Ver Moino, Francisco Antonio. Fondesviela y Ondeano, Felipe: 4, 5, 7, 9, 38, 51, 203. Fonseca, Juan de: 164, 174. Fortn, Santiago: 142, 143. Frisio, Lorenzo: 165. Funes Villalpando, Ambrosio: 3, 4, 5, 12, 13. —G— Galatea: 211, 213, 214, 215. Glvez, Bernardo de: 9, 10. Glvez, conde de. Ver Unzaga, Luis de. Garca, general: 55. Garca Oa: 126. Garay, Francisco: 100, 188. Garcilaso de la Vega, Inca: 190. Gelabert: 4. Gener, Toms: 95. Genet, Mr.: 55. Glareano, Enrique: 165. Godoy y lvarez de Faria, Manuel: 65, 66. Gomara. Ver Lpez de Gomara, Francisco.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 238\ 238\ 238\ 238\ 238\Govantes, Agustn: 118. Gonzlez Alonso: 147, 148. Gonzlez, Miguel: 198, 203. Gran Capitn. Ver Bonaparte, Napolen. Grajse, conde de: 10. Grijalva, Juan: 186. Grin, Francisco: 12. Grineo, Simn: 162. Gruniger, Juan: 162, 165. Guerra Bethencourt, Francisco: 113. Guillermo, duque de Lancaster: 197. Gutirrez de la Concha, Jos: 129, 132, 227. Guridi y Alcocer, Jos Miguel: 70. Gutirrez de Pieres, Toms: 89. —H— Habana, Jos de la: 205, 207. Haro, Bernaldo de: 163. Harvey, vicealmirante: 60. Hecheverra, Prudencio de: 121, 134. Heredia, Jos Mara: 100. Hernndez, Juan Jos: 99, 196. Hernani, Domingo: 53. Herodes Antipas: 207. Herrera y Tordesillas, Antonio de: 169, 171, 175, 176, 185, 186, 187, 188, 189, 190. Hervagio: 162. Horacio: 199. Humbolt, Alejandro de (barn): 6, 38, 162, 165, 166, 167, 183, 184, 190. Howard: 18. Hylacomylas. Ver Waldseemller, Martn.

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PEDRO JOS GUITERAS /239 /239 /239 /239 /239—I— Irving, Washington: 161, 162, 163, 166, 175, 176, 177, 178, 180, 181, 182, 183, 184. Isabel I, la Catlica: 170, 173, 174. Isabel II de Espaa: 108, 119, 120, 137, 226. Iznaga, Jos Antonio: 104, 105. Izturiz, Francisco Javier: 119, 137. —J— Jackson, Andrew: 76. Jaruco, condesa de: 40. Juregui, Andrs de: 66. Jeremas: 199. Jervis, almirante: 59. Jimnez de Cisneros, Francisco: 188. Jimnez de Cisneros, Pascual: 5, 12, 13. Jocondo: 162. Jones, Guillermo: 142. Jorge III de Inglaterra: 197. Jos de Austria: 11. Jovellanos, Gaspar Melchor de: 26. Juana, la Loca: 219. Juan Francisco: 55. Juan, Jorge: 227. Juan II de Portugal: 171. Junot, Andoche: 65. Jstiz de Santa Ana, marqueses de: 4. Jstiz de Santa Ana, marqus de: 4, 62. —K— Kindeln, Juan: 121, 134, 143. Kindeln, Sebastin: 92, 93, 94, 95, 96, 97.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 240\ 240\ 240\ 240\ 240\—L— Labada, Jos: 61. Laborde, ngel: 109. Lambert, Juan: 161. Landesbergk, Martn: 161. Lanier, Alejo H.: 61. Lasko, Juan a: 165. Lechi: 65. Lemus, Jos Francisco: 99, 100, 108. Libertador. Ver Bolvar, Simn. Lpez, Antonio: 62. Lpez de Gomara, Francisco: 169, 188, 189, 190. Lpez de Santana, Antonio: 109. Lpez, Narciso: 153, 154. Lorenzo, Manuel: 136, 137, 138, 139, 140, 142, 143, 145, 150, 225. Luisiano (El): 201. Luz Caballero, Jos de la: 113, 118. —M— Machado, Jos: 108. Mackenzie, Alejandro Slidell: 175, 177, 181, 183. Mara: 209. Madariaga, Juan de Ignacio: 4. Mahy, Nicols de: 87, 88, 89, 90, 91, 93, 94, 95, 97, 99. Madrignani, Archangelo: 162. Manrique, Diego: 5. Mara Cristina de Borbn: 119, 120, 137. Martnez de la Rosa, Francisco: 119, 120. Martnez de Pinillos, Claudio: 110, 111, 121, 130, 151, 154, 155, 220. Martyr de Anglera, Pedro: 166, 169, 170, 171. Maximiliano I: 164.

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PEDRO JOS GUITERAS /241 /241 /241 /241 /241Mdecis, Lorenzo de Pier Francisco de: 161, 167. Medina-celi, duque de. Ver Cerda, Luis de la. Medinasidonia, duque de. Ver Prez de Guzmn, Alonso. Melibeo: 212, 214. Mendizbal. Ver lvarez Mendizbal, Juan. Meusel: 161. Milans, Jacinto: 113. Millet, abate: 200. Minerva: 33, 202. Miano, Sebastin: 9. Miranda Madariaga, Joaqun: 97. Mojarreta, Serapio: 121. Molina, Manuel: 154. Montaboldo, Fracanzano o Fracanzo de. Ver Monte Alboddo, Francacio di. Montalvo y Castillo, Juan: 25, 39, 45, 47, 48, 70, 121, 134, 145. Monte Alboddo, Francacio di: 162. Monte, Domingo del: 113, 118. Moino, Francisco Antonio: 26. Mopox y Jaruco, conde de. Ver Santa Cruz y Malln, Francisco Javier. Morales, Miguel: 175. Moreno: 177. Moreto y Cabaa, Agustn: 7. Moscozo, Juan: 90. Moya, Juan de: 138, 139. Mozo de la Torre, Francisco: 12. Muoz del Monte, Francisco: 118, 143, 153. Muoz, Juan Bautista: 162, 169, 171, 172. Murat, Joaqun: 65. Muros, Pedro: 108. Muro y Salazar, Salvador del: 63, 64, 69, 70, 73, 74, 75, 115.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 242\ 242\ 242\ 242\ 242\—N— Napolen. Ver Bonaparte, Napolen. Narciso: 211. Narvez, Pnfilo de: 167, 186, 188, 189. Navarrete. Ver Fernndez de Navarrete, Martn. Navarro, Diego Jos: 9. Nelson, Horacio: 64. Nemoroso: 214. —O— Ocampo, Sebastin de: 159, 185, 186. O’Donnell, Jos: 85. O’Donuj, Juan: 95. O’Gavan, Juan Bernardo de: 66, 87. Ojeda, Alonso de: 160, 163. O’Farrill, Juan Manuel: 25, 39. O’Farrill, Mara Luisa: 203, 204. O’Farrill, Rafael: 96, 97. Olivan, Alejandro: 155. Olivos, Blas de los: 197. Onis, Luis de: 76. O’Reilly, Alejandro: 3, 4, 27, 28, 121. O’Reilly, conde de. Ver O’Reilly, Alejandro. Ones, Blas: 113. Otmar, Juan: 161. Ovando y Ovando, Nicols de: 185. Oviedo. Ver Fernndez de Oviedo y Valds, Gonzalo. —P— Padilla, Juan de: 103. Pez, Jos Antonio: 103. Palacios, Manuel: 108.

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PEDRO JOS GUITERAS /243 /243 /243 /243 /243Palma, Jos Joaqun: 113. Pedrarias. Ver Arias Dvila, Pedro. Pelez, Gabriel: 108. Pelez, Pedro: 108. Pealver y Crdenas, Luis: 25, 39, 40, 42, 56. Peoli, Juan: 99, 100. Prez de Guzmn, Alonso: 172. Prez Garvey, capitn: 20. Pezuela y Lobo, Jacobo de la: 88, 94, 117, 192, 194. Pinillos. Ver Martnez de Pinillos, Claudio. Po VII, papa: 75. Pizarro de Orellana, Fernando: 187. Phylomates, Eusachio: 208. Platn: 166. Poey, Andrs: 61. Polanco y Libo, Po Xbal.: 36. Polimnia: 203. Pomponio Mela: 165. Prado Portocarrero, Juan Antonio: 191, 192. Prescott, Guillermo H.: 171. Prncipe de Asturias: 65. Providencia. Ver Dios. —Q— Queipo del Llano, Jos Mara: 119, 136. Queipo. Ver Vzquez Queipo, Vicente. Quintanilla, Alonso de: 172. —R— Ramrez, Alejandro: 82, 83. Ramrez, Luis: 108. Ramusio: 170, 171.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 244\ 244\ 244\ 244\ 244\Raquel: 199. Raquelnue, Ismael: 211. Renato de Lorena: 161, 162, 163, 164, 167. Reyes Catlicos. Ver Fernando II, el Catlico, e Isabel I, la Catlica. Ricafort, Mariano: 114, 115, 116, 122, 133. Ricla, conde de. Ver Funes Villalpando, Ambrosio. Riego, Rafael del: 85, 120. Robredo, Antonio: 216. Rodney, George: 10. Rodrguez, Felipa: 207. Rodrguez, Gaspar: 95, 101. Rodrguez, Pedro: 26. Rojas, Pedro: 108. Rojo, Manuel: 108, 154. Romansaw, mariscal: 28. Romay y Chacn, Toms: 25, 74, 115, 216. Ronquillo, Manuel: 108. Rossi: 170. Ruchamer: 162. Ruiz de Apodaca, Juan: 76, 77, 79. —S— Saabedra, Francisco: 47. Saco, Jos Antonio: 17, 113, 114, 116, 118, 128, 133, 134, 145, 148, 153, 154, 156, 198, 217. Sez, Lucas: 203. Salas, Jos de: 103, 104, 105. Salom: 207. Snchez, Bernab: 104. Snchez, Pedro: 104. Sancho, Vicente: 145, 147, 151, 222, 224.

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PEDRO JOS GUITERAS /245 /245 /245 /245 /245San Felipe y Santiago, marqus de: 66. Santa Clara, conde de. Ver Bassecourt, Juan Procopio. Santa Cruz, Joaqun: 66. Santa Cruz, Pedro: 78. Santa Cruz y Malln, Francisco Javier: 48, 61, 62. Santos Surez, Leonardo: 95, 97. Semanat y Zayas, Francisco: 108. Sneca: 166. Seor. Ver Dios. Sforcia, Ascanio: 166. Shaw, comodoro: 76. Sodorini, Pedro: 161, 162. Sols, Jos: 108. Somelln, Mateo: 108. Someruelos, marqus de. Ver Muro y Salazar, Salvador del. Soto, Hernando de: 10. Susana: 208. —T— Tacn y Rosique, Miguel de: 117, 121, 123, 128, 130, 133, 134, 135, 136, 138, 139, 140, 142, 143, 144, 150, 151, 152, 153, 154, 155, 156, 157, 224, 225, 226, 227, 229. Teamo: 210. Tejeda, Jos Marn: 99. Teurbe-Toln, Jos: 99, 100. Teopiste: 209. Terencio: 207. Terpsicore: 207. Timeo: 166. Tiraboschi: 162. Tirri y Lacy, Juan: 61.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 246\ 246\ 246\ 246\ 246\Tolomeo: 165, 166. Toln. Ver Teurbe-Toln, Jos. Toreno, conde de. Ver Queipo del Llano, Jos Mara. Torre, marqus de la. Ver Fondesviela y Ondeano Felipe. Torrijos: 120. Toscanelli, Pablo del Pozzo: 171. Toussaint Louverture: 55. Trespalacios y Verdeja, Felipe Jos de: 42, 52, 56. Trino: 200. Troncoso, Bernardo: 11. Turnbull, David: 192. —U— Ugarte, Lucas: 100, 108. Ugarte, Toms de: 167. Ulloa, Antonio: 227. Unin de Cuba, marqus de la. Ver Tacn y Rosique, Miguel de. Unzaga, Luis de: 11. Unzueta, Juan A.: 103. Urrutia y Montoya, Ignacio Jos de: 198. —V— Vadiano: 165. Vaillant, Juan Bautista: 51, 54. Valds, Antonio Jos: 5, 42, 52, 187, 188, 189, 191, 192, 193, 194, 197. Valds, Gabriel de la Concepcin: 113. Valero, general: 103. Valiente, Jos Pablo: 12, 45, 53, 62. Valiente, Pedro: 51. Valiente, Porfirio: 118, 140, 141. Valle, Antonio Modesto del: 87.

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PEDRO JOS GUITERAS /247 /247 /247 /247 /247Varela y Morales, Flix: 95, 97, 113, 133, 134. Varona, Jos: 78, 99. Vzquez, Miguel: 108. Vzquez Queipo, Vicente: 129. Vega, Lope de: 7. Veitia y Linage, Jos de: 169. Velzquez de Cullar, Diego: 159, 186, 187, 188, 190. Vlez: 115. Veraguas, duque de: 174. Vespucio, Amrico: 160, 161, 162, 163, 164, 165, 166, 167. Vespucio, Jernimo: 160. Vespuche, Morego: 163. Vila: 148. Villanueva, conde de. Ver Martnez de Pinillos, Claudio. Viscay, Martn: 142. Vives, Francisco Dionisio: 98, 99, 100, 108, 110, 112, 114, 115, 135, 152, 155, 156, 157. —W— Waldseemller, Martn: 164, 165, 166. Washington, George: 10. Walsh, R.: 134. Wals, Manuel: 86. Watt, Joaqun de. Ver Vadiano. Wellesley, Arturo: 221. Wellington, duque de. Ver Wellesley, Arturo. Wilberfoce, William: 18, 71. Willkingson, general: 76. —Y— Ynez Pinzn, Vicente: 160.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 248\ 248\ 248\ 248\ 248\— Z — Zambrano, Santiago: 104, 105. Zayas, Jos de: 87. Zequeira, Manuel de: 216. Zorzi, Alejandro: 162.

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NDICE NDICE NDICE NDICE NDICE L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO O O O O OCT CT CT CT CT A A A A A V V V V V O O O O OCAPTULO I. FORTIFICACI"N DE LA HABANA. GOBIERNO DEL MARQUS DE LATORRE.............................................................................................. CAPTULO II. GUERRA CON INGLATERRA. CONQUISTA DE FLORIDA Y LASBAHAMAS. REVOLUCI"N ANGLO-AMERICANA. FUNDACI"N DEL OBISPA-DO DE LA HABANA........................................................................... CAPTULO III. REFORMAS ECON"MICAS. PROGRESO DE LA ESCLAVITUD AFRICANA..... CAPTULO IV. DE LA AGRICULTURA E INDUSTRIA CUBANA...................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO N N N N NOVENO OVENO OVENO OVENO OVENOCAPTULO I. OPINI"N CUBANA A FAVOR DE NUEVAS REFORMAS. DIFICULTADES EN ELGOBIERNO SUPREMO. LLEGADA DEL GENERAL CASAS........................... CAPTULO II. EL PAPEL PERI"DICO DE LA HABANA........................................ CAPTULO III. CONTINA EL MISMO ASUNTO. CENSO DE 1791 .......................... CAPTULO IV. CREACI"N DE LA SOCIEDAD ECON"MICA DE LA HABANA, CASA DEBENEFICENCIA Y BIBLIOTECA PBLICA. REFORMAS UNIVERSITARIAS........ CAPTULO V. FRANQUICIAS COMERCIALES Y EN LA TRATA DE FRICA. CREACI"N DEL TRIBUNAL DEL CONSULADO. VIAJE DE ARANGO Y EL CONDEMONTALVO A JAMAICA........................................................................ 3 9 13 19 25 29 34 39 45

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CAPTULO VI. COLONIZACI"N BLANCA. MEJORAS EN LA ISLA. HURACN DE 1791. CUESTIONES DE CASAS CON EL OBISPO Y EL INTENDENTE...................... CAPTULO VII. GUERRA CON FRANCIA. EXPEDICI"N CONTRA HAIT. PRDIDA DE ESTA ISLA. SUS EFECTOS PARA CUBA. RESTABLECIMIENTO DE LA PAZ Y TRASLACI"N DE LAS CENIZAS DE COL"N A LA HABANA. CONCLUYE EL GOBIERNO DE CASAS..........................................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO D D D D DCIMO CIMO CIMO CIMO CIMOCAPTULO I. GUERRA CON INGLATERRA. NUEVAS FORTIFICACIONES EN LA ISLA. COMERCIO Y COLONIZACI"N. MEJORAS EN LA HABANA......................... CAPTULO II. LTIMA GUERRA CON INGLATERRA. ATAQUES DE LAS COSTAS CUBANAS. ABDICACI"N DE CARLOS IV. FERNANDO VII, PRISIONERO DEBAYONA. LEVANTAMIENTO DE ESPAA Y SUS EFECTOS EN AMRICA....... CAPTULO III. PROCLAMACI"N DE FERNANDO VII. LEALTAD CUBANA. LA CUESTI"N DE LA ABOLICI"N EN LAS CORTES. TRIUNFO DE LAS CORPORACIO-NES DE LA HABANA. CONSPIRACI"N DE APONTE. PROYECTO DE CONSTI-TUCI"N CUBANA. REFORMAS INTERIORES. EMIGRACI"N DE SANTO DOMIN-GO Y POBLACI"N DE LA ISLA................................................................. CAPTULO IV. EL ARSENAL DE LA HABANA. LOS NORTEAMERICANOS EN FLORIDA. CONSTITUCI"N DE 1812. REGRESO DE FERNANDO A ESPAA............... CAPTULO V. ABOLICI"N DE LA TRATA DE FRICA. COMERCIO Y COLONIZACI"N BLANCA. CENSO DE 1817 ..................................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO U U U U UNDCIMO NDCIMO NDCIMO NDCIMO NDCIMOCAPTULO I. RESTABLECIMIENTO Y ABOLICI"N DE LA CONSTITUCI"N. CONDUCTA IMPOLTICA DE CAGIGAL. ELECCIONES DE DIPUTADOS A CORTES........... CAPTULO II. SOCIEDADES SECRETAS. DIVISIONES INTESTINAS. POLTICA DE MAHY. TRIUNFO DEL COMERCIO CUBANO........................................................ CAPTULO III. CUBANOS Y PENINSULARES. ABUSOS DE LAS AUTORIDADES. MOCI"N DE LOS DIPUTADOS CUBANOS SOBRE UNA CONSTITUCI"N ESPECIAL PARA LA ISLA...................................................................................... CAPTULO IV. PLANES DE INDEPENDENCIA. POLTICA DE VIVES........................ CAPTULO V. LA JUNTA PATRI"TICA CUBANA EN MJICO. VIAJE DE DOS CORONELES COLOMBIANOS A CUBA........................................................................ CAPTULO VI. POLTICA DE ESTADOS UNIDOS. CONSPIRACI"N DEL GUILANEGRA. INVASI"N ESPAOLA EN MJICO............................................... 50 54 59 64 68 76 80 85 88 93 99 103 106

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CAPTULO VII. NUEVA DIVISI"N MILITAR DE LA ISLA. CENSO DE 1827. EL INTENDENTE PINILLOS. PROGRESOS DE LA LITERATURA. FIN DEL GOBIERNO DE VIVES.......................................................................................... CAPTULO VIII. GOBIERNO DE RICAFORT. ESTADO MORAL DE LA ISLA............... CAPTULO IX. GUERRA DE SUCESI"N. EL ESTATUTO REAL...............................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO D D D D DUODCIMO UODCIMO UODCIMO UODCIMO UODCIMOCAPTULO I. PERSONA Y CARCTER DEL GENERAL TAC"N. SUS PRINCIPIOS Y POLTICA........................................................................................... CAPTULO II. CONTINA EL MISMO ASUNTO. CONSTRUCCI"N DEL ACUEDUCTO DE LAHABANA Y DEL FERROCARRIL DE GINES............................................. CAPTULO III. ARBITRARIEDADES DE TAC"N. DON JOS ANTONIO SACO. INSURRECCIONES DE ESCLAVOS............................................................ CAPTULO IV. EL GENERAL LORENZO Y LA CONSTITUCI"N................................. CAPTULO V. ABOLICI"N DE LA CONSTITUCI"N................................................. CAPTULO VI. LAS CORTES EN LA CUESTI"N DE CUBA..................................... CAPTULO VII. CONTINA EL MISMO ASUNTO................................................... CAPTULO VIII. POLTICA DE LOS CUBANOS. FIN DEL GOBIERNO DE TAC"N........I I I I ILUSTRACIONES LUSTRACIONES LUSTRACIONES LUSTRACIONES LUSTRACIONES A A A A A LA LA LA LA LA HISTORIA HISTORIA HISTORIA HISTORIA HISTORIA DE DE DE DE DE C C C C CUBA UBA UBA UBA UBA Y Y Y Y Y GENERAL GENERAL GENERAL GENERAL GENERAL DE DE DE DE DE A A A A AMRICA MRICA MRICA MRICA MRICAADVERTENCIA............................................................................................... ILUSTRACI"N I. ESTUDIO SOBRE EL ORIGEN DEL NOMBRE AMRICA.................... ILUSTRACI"N II. ORIGEN DEL NOMBRE ANTILLA............................................... ILUSTRACI"N III. NOTICIA DE LOS HURACANES Y TERREMOTOS OCURRIDOS EN CUBA...... ILUSTRACI"N IV. EXAMEN DE ALGUNOS PASAJES EN LA VIDA DE COL"N.............. ILUSTRACI"N V. DISERTACI"N SOBRE LA ISLA DE GUANAHAN............................ ILUSTRACI"N VI. BOJEO DE CUBA POR OCAMPO.............................................. ILUSTRACI"N VII. SOBRE LA CAPITAL DE LA PROVINCIA NDICA DE LA HABANA........ ILUSTRACI"N VIII. DEL AO EN QUE OCURRI" LA MUERTE DE VELZQUEZ.......... ILUSTRACI"N IX. OBSERVACIONES SOBRE LA POBLACI"N CIBUNEY Y SU DESTRUCCI"N.................................................................................... 110 115 119 123 127 132 136 140 144 148 152 159 160 166 167 168 175 185 186 187 188

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ILUSTRACI"N X. DE LAS FUERZAS QUE TOMARON PARTE EN LA DEFENSA DE LAHABANA EN 1762 ............................................................................. ILUSTRACI"N XI. REFLEXIONES SOBRE LA ABOLICI"N DE LA ESCLAVITUD............ ILUSTRACI"N XII. ENSAYO SOBRE EL ORIGEN DE LA IMPRENTA Y EL PERIODISMO EN CUBA........................................................................................... ILUSTRACI"N XIII. CONDUCTA DE LA JUNTA CENTRAL Y EL CONSEJO DE REGENCIA EN AMRICA...................................................................................... ILUSTRACI"N XIV. ABOLICI"N DE LA LIBERTAD EN CUBA.................................. ILUSTRACI"N XV. IMPUGNACI"N AL DESPOTISMO COLONIAL................................ 191 194 196 217 222 226

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SUMARIO SUMARIO SUMARIO SUMARIO SUMARIO3 17 21 28 36 43 49 55 59 65 INTRODUCCI"N POR FERNANDO ORTIZ............................................................. PR"LOGO DEL AUTOR.....................................................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO P P P P PRIMERO RIMERO RIMERO RIMERO RIMEROCAPTULO I. DESCRIPCI"N GEOGRFICA DE CUBA............................................. CAPTULO II. TOPOGRAFA DE LA ISLA............................................................. CAPTULO III. CLIMA Y PRODUCCIONES............................................................ CAPTULO IV. CARCTER Y COSTUMBRES DE LOS CIBUNEYES............................. CAPTULO V. AGRICULTURA E INDUSTRIA......................................................... CAPTULO VI. GOBIERNO Y RELIGI"N............................................................... CAPTULO VII. CONTINA EL MISMO ASUNTO...................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO S S S S SEGUNDO EGUNDO EGUNDO EGUNDO EGUNDOCAPTULO I. COMERCIO DE LOS EUROPEOS EN LA INDIA. DESCUBRIMIENTO DE LOS PORTUGUESES EN EL FRICA. PLANES DE COL"N SOBRE NAVEGAR A LAINDIA POR OCCIDENTE. LA REINA ISABEL DE CASTILLA, ACOGE LAS IDEAS DE COL"N.........................................................................................

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CAPTULO II. DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO........................................ CAPTULO III. COL"N VISITA LAS COSTAS DE CUBA, DESDE LA PUNTA DE MATERNILLOS HASTA EL CABO MAIS........................................................................ CAPTULO IV. COL"N FUNDA EN HAIT LA PRIMERA COLONIA CRISTIANA DEAMRICA. SU VUELTA A ESPAA........................................................ CAPTULO V. RECEPCI"N DE COL"N EN LA CORTE. FAVOR DE LOS REYESCAT"LICOS. CUESTIONES CON PORTUGAL.............................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO T T T T TERCERO ERCERO ERCERO ERCERO ERCEROCAPTULO I. SEGUNDO VIAJE DE COL"N A AMRICA. RUINA DE LA COLONIANAVIDAD. FUNDACI"N DE LA ISABELA................................................. CAPTULO II. EXPLORACI"N DE LA COSTA MERIDIONAL DE CUBA. DESCUBRIMIENTO DE JAMAICA....................................................................................... CAPTULO III. PROSIGUE LA EXPLORACI"N DE LAS COSTAS CUBANAS................... CAPTULO IV. CONTINA EL MISMO ASUNTO..................................................... CAPTULO V. LLEGA COL"N A LA ENSENADA DE CORTS. DESCUBRE LA ISLA DEPINOS. EMPRENDE LA VUELTA A HAIT................................................ CAPTULO VI. BOJEA COL"N A JAMAICA. LLEGA A LA CIUDAD DE LA ISABELA. REGRESA A ESPAA........................................................................... CAPTULO VII. TERCERO Y CUARTO VIAJE DE COL"N. DESCUBRE LAS COSTAS DEPARIA. PRINCIPIO DE SUS DESGRACIAS................................................. CAPTULO VIII. COL"N NO HALLA FAVOR EN LA CORTE. SU ENFERMEDAD Y SU MUERTE............................................................................................ CAPTULO IX. PROGRESO DE LOS DESCUBRIMIENTOS EN AMRICA. SEBASTIN DEOCAMPO BOJEA LA ISLA DE CUBA........................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO C C C C CUARTO UARTO UARTO UARTO UARTOCAPTULO I. PROGRESO DE LAS CONQUISTAS EUROPEAS EN AMRICA. EXPEDICI"N CONTRA CUBA................................................................................... CAPTULO II. ESTADO DE LA ISLA. EMIGRACIONES DE HAIT. EL CACIQUEHATUEY............................................................................................ CAPTULO III. CONQUISTA DE LA PROVINCIA DE MAIS. MUERTE DE HATUEY. FUNDACI"N DE BARACOA, PRIMERA CAPITAL DE CUBA.......................... CAPTULO IV. VELZQUEZ ENVA AL CAPITN PNFILO DE NARVEZ A LA PROVINCIA DE BAYAMO. CONCLUYE LA CONQUISTA DE LA ISLA................................ 71 77 85 89 95 98 103 107 113 118 122 127 131 139 144 148 152

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CAPTULO V. VELZQUEZ FUNDA LAS VILLAS DE TRINIDAD, SANCTI SPRITUS, BAYAMO, SANTIAGO Y PUERTO PRNCIPE. PROGRESO DE LA COLONIZA-CI"N................................................................................................. CAPTULO VI. PLANES DE VELZQUEZ PARA DESCUBRIR AL OCCIDENTE. HACE ASANTIAGO CAPITAL DE LA ISLA. FUNDA LA VILLA DE LA HABANA. SU TRAS-LACI"N AL PUERTO DE CARENAS. DESCUBRIMIENTO DE MJICO. EXPEDICIONES DE CORTS Y NARVEZ. MUERTE DE VELZQUEZ.........L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO Q Q Q Q QUINTO UINTO UINTO UINTO UINTOCAPTULO I. LEGISLACI"N CIVIL Y POLTICA...................................................... CAPTULO II. LEYES ECON"MICAS. ORGANIZACI"N DEL CLERO........................... CAPTULO III. DE LOS REPARTIMIENTOS Y ENCOMIENDAS. FRAY BARTOLOM DE LAS CASAS........................................................................................ CAPTULO IV. EMANCIPACI"N DE LOS INDIOS. DESTRUCCI"N DE LA RAZA CIBUNEY....... CAPTULO V. ESCLAVITUD AFRICANA................................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO S S S S SEXTO EXTO EXTO EXTO EXTOCAPTULO I. DECADENCIA DE LA COLONIA CUBANA. ALZAMIENTO DE INDIOS. SU APTITUD PARA LA VIDA CIVIL. MEDIDAS DE GOBIERNO. CORSARIOS E INCEN-DIO DE LA HABANA........................................................................... CAPTULO II. LLEGADA DEL GOBERNADOR SOTO Y DEL OBISPO MESA. FIESTAS ENSANTIAGO DE CUBA. CONSTRUCCI"N DE LA FUERZA EN LA HABANA. DE-FENSA DE LOS HABANEROS CONTRA EL PIRATA BAAL.............................. CAPTULO III. ORIGEN Y PROGRESOS DE LOS CORSARIOS Y PIRATAS EN AMRICA. ESTADO DE LAS COLONIAS.................................................................. CAPTULO IV. IMPORTANCIA Y PROGRESOS DE LA HABANA. SUS FORTIFICACIONES. INVASI"N DE SANTIAGO DE CUBA. DIVISI"N TERRITORIAL. NUEVAS IRRUP-CIONES PIRTICAS............................................................................... CAPTULO V. GUERRAS METROPOLITANAS. DESPOJO DE LAS COLONIAS ESPAOLAS. FORTIFICACIONES EN LA ISLA. FUNDACI"N DE MATANZAS. PROGRESO DELA HABANA...................................................................................... CAPTULO VI. TRATADO DE UTRECH. INVASI"N DE INGLATERRA CONTRA EL MONO-POLIO COMERCIAL. LAS MILICIAS DE LA HABANA................................... CAPTULO VII. FORTIFICACIONES DE LA HABANA. SU ARSENAL Y UNIVERSI-DAD. CONTRABANDO INGLS. GUERRA CON INGLATERRA. ARMAMENTO CONTRA LAS COLONIAS ESPAOLAS. INVASI"N DE SANTIAGO DE CUBA. 161 165 173 179 184 188 193 201 207 211 216 224 229

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PAZ DE AQUISGRN. TRASLACI"N DE LA ARMADA DE BARLOVENTO A LA HABANA...................................................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO S S S S SPTIMO PTIMO PTIMO PTIMO PTIMOCAPTULO I. PACTO DE FAMILIA. GUERRA CONTRA INGLATERRA. EXPEDICI"N DEL CONDE DE ALBEMARLE....................................................................... CAPTULO II. IMPORTANCIA DEL PUERTO DE LA HABANA. ESTADO DE LA CIUDAD. SUS FORTIFICACIONES......................................................................... CAPTULO III. MEDIDAS ADOPTADAS PARA RECHAZAR A LOS INGLESES. FUERZAS DE MAR Y TIERRA EN LA HABANA............................................................ CAPTULO IV. DESEMBARCO DE LOS INGLESES. OCUPACI"N DE GUANABACOA Y LACABAA............................................................................................ CAPTULO V. SITIO DEL MORRO...................................................................... CAPTULO VI. ASALTO Y TOMA DEL MORRO. MUERTE DE VELASCO.................. CAPTULO VII. LOS REGIDORES DE LA HABANA. PROGRESOS DEL EJRCITO INGLS.............................................................................................. CAPTULO VIII. CONQUISTA DE LA HABANA. CAPITULACI"N DE LA HABANA.... CAPTULO IX. SITUACI"N DEL EJRCITO INGLS. ESTADO POLTICO DE EUROPA. PAZ DE PARS. RESTAURACI"N DE LA HABANA................................... 234 241 245 250 253 257 263 268 272 276L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO O O O O OCT CT CT CT CT A A A A A V V V V V O O O O OCAPTULO I. FORTIFICACI"N DE LA HABANA. GOBIERNO DEL MARQUS DE LATORRE.............................................................................................. CAPTULO II. GUERRA CON INGLATERRA. CONQUISTA DE FLORIDA Y LASBAHAMAS. REVOLUCI"N ANGLO-AMERICANA. FUNDACI"N DEL OBISPA-DO DE LA HABANA........................................................................... CAPTULO III. REFORMAS ECON"MICAS. PROGRESO DE LA ESCLAVITUD AFRICANA..... CAPTULO IV. DE LA AGRICULTURA E INDUSTRIA CUBANA...................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO N N N N NOVENO OVENO OVENO OVENO OVENOCAPTULO I. OPINI"N CUBANA A FAVOR DE NUEVAS REFORMAS. DIFICULTADES EN ELGOBIERNO SUPREMO. LLEGADA DEL GENERAL CASAS........................... CAPTULO II. EL PAPEL PERI"DICO DE LA HABANA........................................ CAPTULO III. CONTINA EL MISMO ASUNTO. CENSO DE 1791 .......................... 3 9 13 19 25 29 34

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CAPTULO IV. CREACI"N DE LA SOCIEDAD ECON"MICA DE LA HABANA, CASA DEBENEFICENCIA Y BIBLIOTECA PBLICA. REFORMAS UNIVERSITARIAS........ CAPTULO V. FRANQUICIAS COMERCIALES Y EN LA TRATA DE FRICA. CREACI"N DEL TRIBUNAL DEL CONSULADO. VIAJE DE ARANGO Y EL CONDEMONTALVO A JAMAICA........................................................................ 39 45 CAPTULO VI. COLONIZACI"N BLANCA. MEJORAS EN LA ISLA. HURACN DE 1791. CUESTIONES DE CASAS CON EL OBISPO Y EL INTENDENTE...................... CAPTULO VII. GUERRA CON FRANCIA. EXPEDICI"N CONTRA HAIT. PRDIDA DE ESTA ISLA. SUS EFECTOS PARA CUBA. RESTABLECIMIENTO DE LA PAZ Y TRASLACI"N DE LAS CENIZAS DE COL"N A LA HABANA. CONCLUYE EL GOBIERNO DE CASAS..........................................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO D D D D DCIMO CIMO CIMO CIMO CIMOCAPTULO I. GUERRA CON INGLATERRA. NUEVAS FORTIFICACIONES EN LA ISLA. COMERCIO Y COLONIZACI"N. MEJORAS EN LA HABANA......................... CAPTULO II. LTIMA GUERRA CON INGLATERRA. ATAQUES DE LAS COSTAS CUBANAS. ABDICACI"N DE CARLOS IV. FERNANDO VII, PRISIONERO DEBAYONA. LEVANTAMIENTO DE ESPAA Y SUS EFECTOS EN AMRICA....... CAPTULO III. PROCLAMACI"N DE FERNANDO VII. LEALTAD CUBANA. LA CUESTI"N DE LA ABOLICI"N EN LAS CORTES. TRIUNFO DE LAS CORPORACIO-NES DE LA HABANA. CONSPIRACI"N DE APONTE. PROYECTO DE CONSTI-TUCI"N CUBANA. REFORMAS INTERIORES. EMIGRACI"N DE SANTO DOMIN-GO Y POBLACI"N DE LA ISLA................................................................. CAPTULO IV. EL ARSENAL DE LA HABANA. LOS NORTEAMERICANOS EN FLORIDA. CONSTITUCI"N DE 1812. REGRESO DE FERNANDO A ESPAA............... CAPTULO V. ABOLICI"N DE LA TRATA DE FRICA. COMERCIO Y COLONIZACI"N BLANCA. CENSO DE 1817 ..................................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO U U U U UNDCIMO NDCIMO NDCIMO NDCIMO NDCIMOCAPTULO I. RESTABLECIMIENTO Y ABOLICI"N DE LA CONSTITUCI"N. CONDUCTA IMPOLTICA DE CAGIGAL. ELECCIONES DE DIPUTADOS A CORTES........... CAPTULO II. SOCIEDADES SECRETAS. DIVISIONES INTESTINAS. POLTICA DE MAHY. TRIUNFO DEL COMERCIO CUBANO........................................................ CAPTULO III. CUBANOS Y PENINSULARES. ABUSOS DE LAS AUTORIDADES. MOCI"N DE LOS DIPUTADOS CUBANOS SOBRE UNA CONSTITUCI"N ESPECIAL PARA LA ISLA...................................................................................... 50 54 59 64 68 76 80 85 88 93

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CAPTULO IV. PLANES DE INDEPENDENCIA. POLTICA DE VIVES........................ CAPTULO V. LA JUNTA PATRI"TICA CUBANA EN MJICO. VIAJE DE DOS CORONELES COLOMBIANOS A CUBA........................................................................ CAPTULO VI. POLTICA DE ESTADOS UNIDOS. CONSPIRACI"N DEL GUILANEGRA. INVASI"N ESPAOLA EN MJICO............................................... 99 103 106 CAPTULO VII. NUEVA DIVISI"N MILITAR DE LA ISLA. CENSO DE 1827. EL INTENDENTE PINILLOS. PROGRESOS DE LA LITERATURA. FIN DEL GOBIERNO DE VIVES.......................................................................................... CAPTULO VIII. GOBIERNO DE RICAFORT. ESTADO MORAL DE LA ISLA............... CAPTULO IX. GUERRA DE SUCESI"N. EL ESTATUTO REAL...............................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO D D D D DUODCIMO UODCIMO UODCIMO UODCIMO UODCIMOCAPTULO I. PERSONA Y CARCTER DEL GENERAL TAC"N. SUS PRINCIPIOS Y POLTICA........................................................................................... CAPTULO II. CONTINA EL MISMO ASUNTO. CONSTRUCCI"N DEL ACUEDUCTO DE LAHABANA Y DEL FERROCARRIL DE GINES............................................. CAPTULO III. ARBITRARIEDADES DE TAC"N. DON JOS ANTONIO SACO. INSURRECCIONES DE ESCLAVOS............................................................ CAPTULO IV. EL GENERAL LORENZO Y LA CONSTITUCI"N................................. CAPTULO V. ABOLICI"N DE LA CONSTITUCI"N................................................. CAPTULO VI. LAS CORTES EN LA CUESTI"N DE CUBA..................................... CAPTULO VII. CONTINA EL MISMO ASUNTO................................................... CAPTULO VIII. POLTICA DE LOS CUBANOS. FIN DEL GOBIERNO DE TAC"N........I I I I ILUSTRACIONES LUSTRACIONES LUSTRACIONES LUSTRACIONES LUSTRACIONES A A A A A LA LA LA LA LA HISTORIA HISTORIA HISTORIA HISTORIA HISTORIA DE DE DE DE DE C C C C CUBA UBA UBA UBA UBA Y Y Y Y Y GENERAL GENERAL GENERAL GENERAL GENERAL DE DE DE DE DE A A A A AMRICA MRICA MRICA MRICA MRICAADVERTENCIA............................................................................................... ILUSTRACI"N I. ESTUDIO SOBRE EL ORIGEN DEL NOMBRE AMRICA.................... ILUSTRACI"N II. ORIGEN DEL NOMBRE ANTILLA............................................... ILUSTRACI"N III. NOTICIA DE LOS HURACANES Y TERREMOTOS OCURRIDOS EN CUBA...... ILUSTRACI"N IV. EXAMEN DE ALGUNOS PASAJES EN LA VIDA DE COL"N.............. ILUSTRACI"N V. DISERTACI"N SOBRE LA ISLA DE GUANAHAN............................ 110 115 119 123 127 132 136 140 144 148 152 159 160 166 167 168 175

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ILUSTRACI"N VI. BOJEO DE CUBA POR OCAMPO.............................................. ILUSTRACI"N VII. SOBRE LA CAPITAL DE LA PROVINCIA NDICA DE LA HABANA........ ILUSTRACI"N VIII. DEL AO EN QUE OCURRI" LA MUERTE DE VELZQUEZ.......... ILUSTRACI"N IX. OBSERVACIONES SOBRE LA POBLACI"N CIBUNEY Y SU DESTRUCCI"N.................................................................................... 185 186 187 188 191 194 196 217 222 226 ILUSTRACI"N X. DE LAS FUERZAS QUE TOMARON PARTE EN LA DEFENSA DE LAHABANA EN 1762 ............................................................................. ILUSTRACI"N XI. REFLEXIONES SOBRE LA ABOLICI"N DE LA ESCLAVITUD............ ILUSTRACI"N XII. ENSAYO SOBRE EL ORIGEN DE LA IMPRENTA Y EL PERIODISMO EN CUBA........................................................................................... ILUSTRACI"N XIII. CONDUCTA DE LA JUNTA CENTRAL Y EL CONSEJO DE REGENCIA EN AMRICA...................................................................................... ILUSTRACI"N XIV. ABOLICI"N DE LA LIBERTAD EN CUBA.................................. ILUSTRACI"N XV. IMPUGNACI"N AL DESPOTISMO COLONIAL................................

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OBRAS PUBLICADAS OBRAS PUBLICADAS OBRAS PUBLICADAS OBRAS PUBLICADAS OBRAS PUBLICADAS 1997 FLIX VARELA. OBRAS(3 VOLMENES) Seleccin de Eduardo Torres-Cuevas Jorge Ibarra Cuesta Mercedes Garca Rodrguez1999 OBISPO DE ESPADA. PAPELES(VOLUMEN NICO) Ensayo introductorio, seleccin y notas Eduardo Torres-Cuevas

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JOS AGUSTN CABALLERO. OBRAS(VOLUMEN NICO) Ensayo introductorio, compilacin y notas Edelberto Leiva LajaraFELIPE POEY Y ALOY. OBRAS(VOLUMEN NICO) Ensayo introductorio, compilacin y notas Rosa Mara Gonzlez Lpez2000 FELIPE POEY Y ALOY. ICTIOLOGA CUBANA(3 VOLMENES) Traduccin, conjuncin y edicin cientfica Daro Guitart MandayLA POLMICA FILOS"FICA CUBANA. 1838-1840(2 VOLMENES) Ensayo introductorio, compilacin y notas Alicia Conde Rodrguez2001 JOS ANTONIO SACO. OBRAS(5 VOLMENES) Ensayo introductorio, compilacin y notas Eduardo Torres-CuevasJOS DE LA LUZ Y CABALLERO. OBRAS(5 VOLMENES) Ensayo introductorio, compilacin y notas Alicia Conde Rodrguez2002

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DOMINGO DEL MONTE. CENT"N EPISTOLARIO(4 VOLMENES) Ensayo introductorio, compilacin y notas Sophie AndiocJOS ANTONIO SACO. HISTORIA DE LA ESCLAVITUD(6 VOLMENES) Ensayo introductorio, compilacin y notas Eduardo Torres-CuevasFRANCISCO DE ARANGO Y PARREO. OBRAS(2 VOLMENES) Ensayo introductorio, compilacin y notas Gloria Garca RodrguezTOMS ROMAY. OBRAS(2 VOLMENES) Ensayo introductorio, compilacin y notas Jos Lpez Snchez2005 PRIMEROS HISTORIADORES. SIGLO XVIIIPEDRO AGUSTN MORELL DE SANTA CRUZ JOS MARTN FLIX DE ARRATE JOS IGNACIO DE URRUTIA Y MONTOYA(4 VOLMENES)