Pedro José Guiteras

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Material Information

Title:
Pedro José Guiteras
Series Title:
Biblioteca de clásicos cubanos ;
Running title:
Historia de la isla de Cuba
Physical Description:
2 v. : ;
Language:
Spanish
Creator:
Guiteras, Pedro José, 1814-1890
Alonso Amador, Gladys
Fernández Rubinos, Viviana
Publisher:
Imagen Contemporánea
Place of Publication:
La Habana
Publication Date:

Subjects

Subjects / Keywords:
History -- Cuba -- To 1810   ( lcsh )
History -- Cuba -- 1810-1899   ( lcsh )
Genre:
non-fiction   ( marcgt )

Notes

System Details:
System requirements: Pentium III; 128MB RAM: Windows 95 or higher; 24MB free hard disk space; SVGA monitor (800 x 600 resolution, 16 colors); 128-bit sound card; CD-ROM drive.
General Note:
"Primeros historiadores siglo XIX"
General Note:
Includes indexes
Statement of Responsibility:
responsable de la edición, Gladys Alonso Amador ; realización y emplane, Viviana Fernández Rubinos.

Record Information

Source Institution:
Biblioteca Nacional José Martí
Holding Location:
Biblioteca Nacional José Martí
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
oclc - 772638050
isbn - 9597078805 (obra completa)
ocn772638050
Classification:
lcc - F1776 .G96 2005
System ID:
AA00008988:00001


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Full Text

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Responsable de la edicin: Gladys Alonso Amador Realizacin y emplane: Viviana Fernndez RubinosTodos los derechos reservados. Sobre la presente edicin: Ediciones IMAGEN CONTEMPORANEA, 2005; Coleccin Biblioteca de Clsicos Cubanos, No. 41 ISBN 959-7078-80-5 obra completa ISBN 959-7078-81-3 volumen I Ediciones IMAGEN CONTEMPORANEA Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz, L y 27, CP 10400, Vedado, Ciudad de La Habana, CubaDiseo grfico: Luis Alfredo Gutirrez Eir Composicin de textos: Equipo de Ediciones IC

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BIBLIOTECA DE CLSICOS CUBANOSCASA DE ALTOS ESTUDIOS DON FERNANDO ORTIZUNIVERSIDAD DE LA HABANARECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE LA HABANAJuan Vela Valds DIRECTOREduardo Torres-Cuevas SUBDIRECTORLuis M. de las Traviesas Moreno EDITORA PRINCIPALGladys Alonso Gonzlez DIRECTOR ARTSTICOLuis Alfredo Gutirrez Eir ADMINISTRADORA EDITORIALEsther Lobaina Oliva

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Valle del Yumur

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...Guiteras fij noble y virilmente en su Historia de Cuba el ideario cubano de su tiempo acerca de la patria y sus factores pretritos, como antevidencia y propulsin de los venideros (...) Su obra, adems, fue y es todava muy valiosa por su propia riqueza histrica, que incorpor a la conciencia cubana conceptos definitivos acerca de su pasado... Fernando Ortiz

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Introduccin biobibliogrficaAl iniciar con la Historia de la Isla de Cuba debida a la pluma del patriota Pedro J. Guiteras, la Coleccin de Libros Cubanos, cuya direccin nos confa la respetable casa editora Cultural de La Habana, nos creemos obligados a redactar unas pginas que precedan su texto, como para justificar, lo que nos parece harto fcil, la eleccin que se ha hecho de dicha historia para encabezar con ella la serie de volmenes escritos por cubanos o sobre Cuba, que habrn de componer la coleccin biblifila que as comienza. Creemos que una biblioteca cubana, que aspira a recoger del olvido las ms valiosas producciones de la mentalidad criolla y los escritos sobre los temas cubanos de ms inters, debe iniciarse con una historia de Cuba, que ofrezca al lector el panorama general de la evolucin de nuestra patria en relacin con el cual habrn de poder valorizarse despus las otras obras que vayan publicndose, as de carcter histrico como literario o cientfico. La Historia de la Isla de Cuba por Pedro Jos Guiteras, que hoy se reproduce, no comprende sino hasta el gobierno del capitn general Tacn, en 1838. Puede decirse que toda la gestacin libertadora queda fuera de su campo, pues al cesar aquel gobernante en su mando an no haba tremolado la bandera tricolor de la estrella solitaria. Pero no existe otra historia de Cuba, que, como la de Guiteras, pueda representar mejor el ideario cubano de su poca, constituyendo un fuerte alegato por la libertad de esta nacin. Escrita y publicada la obra en Estados Unidos (1865-1866), su autor pudo, sin duda, pues los conoca ntimamente, tratar los acontecimientos posteriores a Tacn, y analizar completamente aquellos trascendentalsimos sucesos que ya se haban producido en Cuba, tales como las invasin de Narciso Lpez, que ya enrojecan su historia y sealaban el advenimiento de una joven nacin en el mundo americano; pero Guiteras debi de temer que se extendieran su narracin y comentarios hasta los sucesos de los tiempos ltimos, porque su contemporaneidad, unida a la

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 4\ 4\ 4\ 4\ 4\ acritud y dolor con que inevitablemente habran de ser narrados muchos de ellos, seran motivo de que el extranjero que leyera el libro llegara a juzgarlo acaso como poco veraz y turbado por la pasin poltica, y de que aqul no pudiera circular en Cuba, como su autor deseaba, para influir en el pensamiento de su juventud. No estuvo desacertado Guiteras en sus temores, pues, aun sin comprender su historia la relacin de los aos ms sangrientos y recientes, el gobierno colonial, que permiti la circulacin del primer tomo, publicado separadamente en 1865, prohibi un ao ms tarde la entrada en Cuba del segundo, por razn de los juicios contenidos en l contra las instituciones y actitudes polticas de los gobiernos absolutistas de Cuba en el primer tercio del siglo XIX. Esta circunstancia acrecienta el valor de esta nueva edicin que se presenta de la Historia de la Isla de Cuba de Pedro J. Guiteras, pues tan raros fueron los ejemplares que clandestinamente llegaron al pas y pudieron salvarse de la censura gubernativa, conservados hoy por unos pocos afortunados biblifilos, que el segundo volumen de la primera edicin, que comprende desde la conquista de La Habana por los ingleses (1762) hasta Tacn (1838), puede considerarse an como casi indito. La primera edicin de esta obra fue publicada con el ttulo de Historia de la Isla de Cuba por los editores Jorge R. Lockwood, 411 Broadway, y F. W. Christern, 763 Broadway, ambos de Nueva York; con los tipos de John F. Trow & Co. en 50 Greene St. en la misma ciudad, y gracias a la generosidad del cubano Joaqun M. Delgado, quien, l solo, cubri la suscripcin con que Guiteras se propona reunir los fondos necesarios para sufragar el costo de la edicin. Digamos, adems, que esa primera edicin de la obra, toda ella, fue objeto de enmiendas y adiciones por su propio autor, quien al morir dej preparados los originales para publicar una edicin segunda, que es la que hoy se estampa, alcanzndole la muerte sin que pudiera realizar su deseo. Esta segunda edicin aparece fechada por su autor en el manuscrito as: “Baltimore, 1882 y 1883”. Guiteras, al preparar la segunda edicin, alter el ttulo primitivo de su obra, denominndola Historia de Cuba segn puede verse en los originales que se conservan en la Biblioteca Nacional, de La Habana, a la que hoy pertenecen. Sin duda, avanzado como ya estaba el proceso histrico de la nacionalidad cubana, Guiteras crey mejor prescindir del apelativo isla tan comn entonces y an persistente en Espaa, expresivo slo de un carcter geogrfico de Cuba; si bien no atreviose a emplear el adjetivo general aplicado entonces a las historias de carcter nacional o de pases con personalidad poltica propia.

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PEDRO JOS GUITERAS /5 /5 /5 /5 /5 En cuanto a su valor literario, la historia cubana de Guiteras est escrita con estilo pulcro y elegante para gustar, clara y bien trabada en sus juicios para convencer. Porque la obra en cuestin fue escrita para ensear a los cubanos y extranjeros, como el autor confiesa, las vicisitudes de su patria y la justicia de sus anhelos. Guiteras sac a la luz hechos olvidados, que sus antecesores creyeron infecundos o sobradamente significativos; llev los estudios histricos de Cuba ms all de la simple crnica externa de acontecimientos a menudo intrascendentes, o como ahora podra decirse con Spengler, ahistricos o faltos de historicidad, y por primera vez en la historiografa cubana se enlaz ntimamente el desarrollo de nuestro pueblo con el resto de la vida mundial. Sus propsitos didcticos bien se descubren, adems, por el cuidado con que el autor aduce testimonios para probar la realidad de ciertos hechos o el valor de su interpretacin, por l concebida como justa. Especialmente cuando se trata de los aspectos ms candentes del absolutismo colonial, procura acompaar sus comentarios de los ya formulados a fuer de imparciales por publicistas o estadistas metropolitanos. Guiteras est orientado por el iluminismo del siglo XVIII, que a travs de la primera semicenturia siguiente se tradujo en el racionalismo inspirador de todos los impulsos liberales de la poca, as los de Espaa hasta dar con la revolucin septembrina que quiso plasmar la repblica espaola, como los de Cuba hasta alcanzar la revolucin secesionista de los diez aos, de cuya gestacin la obra histrica de Guiteras fue uno de los nutrimientos intelectuales. El historiador cubano se apoya en las llamadas leyes naturales y en el derecho, que tambin se llam natural, para alzarse sobre los sucesos cubanos y denunciar el desvo de aquellas leyes y la indefectible catstrofe que habra de seguirse si aqullas seguan olvidadas. A la luz de la ciencia contempornea, la historia de Guiteras parecer algo literaria, desprovista como estaba del inmenso instrumental cientfico que tiene hoy a su disposicin el historiador, merced a los adelantos y descubrimientos humanistas, como son los representados por la etnografa, la sociologa, la economa y la psicologa; pero la obra responde a las exigencias ideolgicas de su poca diecinuevesca, por lo que fue acogida con fruicin por el liberalismo cubano de aquel entonces. Otras historias se escribieron sobre Cuba y alcanzaron ms boga, amparadas como estaban por la tolerancia o el apoyo oficial, otras fueron recibidas con mayor entusiasmo por la opinin separatista de Cuba; de “clara y serena, aunque fra ” la tild Manuel Sanguily; pero no creemos que los cubanos podamos presentar otra historia que ms sirviera

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 6\ 6\ 6\ 6\ 6\ a la cultura patria, sin perjuicio de su valimiento ante las musas y de su objetiva pureza de juicio ante la ms desapasionada Clo. Hoy tenemos, sin duda, que rectificar en ella algunas exposiciones y comentarios. En particular, la protohistoria de Cuba y su civilizacin antecolombina necesitan una nueva remodelacin, pues an se aceptan con sentido literal las crnicas de la conquista y sus visiones casi medioevales; la vida econmica cubana hasta Carlos III y su estructuracin, casi toda ella extralegal, sobre el comercio intrlope, est por analizar en sus trascendencias; los sacudimientos del nacionalismo insular, desde su cuna en las Sociedades Econmicas de Amigos del Pas hasta las convulsiones sanguferas de los das de Guiteras, debern pronto ser iluminados, acercndolos ms a las coetneas corrientes del pensamiento humano y a los accidentes de la economa mundial; pero Guiteras fij noble y virilmente en su Historia de Cuba el ideario cubano de su tiempo acerca de la patria y sus factores pretritos, como antevidencia y propulsin de los venideros. Ms no puede serle exigido. Su obra, adems, fue y es todava muy valiosa por su propia riqueza histrica, que incorpor a la conciencia cubana conceptos definitivos acerca de su pasado, y por ser vivo ejemplo de esa ideacin patritica y serenamente tesonera y leal, tan olvidada despus, ora en tiempos de inflamadas exaltaciones por la refriega que encenda los nimos, ora en das de avillanamiento plebeyuno y mentalidades desvirilizadas. El historiador Pedro Jos Patricio Guiteras y Font, naci en Matanzas el 17 de marzo de 1814,1 el mismo ao que en Camagey vea la luz la Avellaneda, y, tambin en Matanzas, el poeta Milans.2Los padres de Guiteras fueron dos catalanes, don Ramn Guiteras y Molins (natural de Canet de Mar, Gerona) y doa Gertrudis Font y Xiqus (hija de Barcelona), de los muchos hijos de Catalua que en aquellos tiempos se adineraron en Cuba y manifestaron sus simpatas por los mejoramientos liberales. Muy pocos meses despus de nacido su hijo Pedro, con ste y sus dos hermanitos, Ramn y Juan, embarc el matrimonio Guiteras para su tierra nativa, pensando desarraigarse de Cuba y retornar al Principado a disfrutar las placideces de una vida acomodada; mas, no pudieron sufrir el ambiente de la reaccin absolutista con la vuelta a Espaa de Fernando VII, y a los dos o tres aos se reinstalaron definitivamente en Matanzas, reincorporndose a la sociedad cubana y asegurando a 1Libro 11 de Bautismos de Espaoles de la iglesia parroquial de San Carlos de Matanzas, foja 42.2Las notas biogrficas de esta introduccin han sido acopiadas principalmente de las escritas por la hija del biografiado, la Sra. doa Blanca Guiteras de Hoskins ( La Habana Literaria 15 de julio, 1892), y por el favor del erudito escritor matancero, Sr. Jos Augusto Escoto, que generosamente nos ha obsequiado con nutridos datos.

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PEDRO JOS GUITERAS /7 /7 /7 /7 /7 sta para siempre el valor y esfuerzo de sus hijos, que tanto haban de hacer por su progreso. Despus de su regreso nacieron, tambin en la bella ciudad de los dos ros, Antonio y Eusebio, y una hembra, hermanos de nuestro biografiado Pedro. Se cuenta que don Ramn fue dignsimo tronco de tan ilustre estirpe, por su vigor moral, enemigo del comercio de bozales, tan productivo a la sazn, y rbitro frecuente y nico de importantes litigios en el comercio matancero. Muri en 1829. Matanzas fue en aquella poca llamada con razn “Atenas de Cuba”. Centro entonces de la industria azucarera y residencia de la aristocracia de terratenientes y esclavistas que aqulla produjo, su riqueza pudo prolongarse en varias generaciones, lo que permiti la alta educacin en el extranjero de sus hijos ricos y el incremento por stos de la cultura verncula, imbuidos como estaban de las ideas que los enciclopedistas, las revoluciones y las acometividades napolenicas expandieron por el mundo blanco y sus colonias.3 Y la familia de los Guiteras ha sido una de las ms floridas ramas de aquel patriciado cubano, de humilde estirpe y nobles esperanzas.4 3Puede estudiarse un vivo cuadro de lo que era Matanzas en la poca en que brillaron los Guiteras en las Memorias de Lola Mara que con el ttulo de “ Aquellos Tiempos” publica la Sra. Mara D. Ximeno, de Escoto, llenas de verdad, colorido e ingenua emocin, en la Revista Bimestre Cubana y de las que ya se ha editado el primer tomo (1927).4Del tronco de los Guiteras podemos citar como los ms notables, casi todos publicistas, a los siguientes: Antonio Guiteras (1819-1901), hermano de Pedro, escritor consagrado al magisterio, acaso la personalidad ms culminante en la pedagoga de Cuba colonial, despus de Don Pepe ; traductor de La Eneida Eusebio Guiteras (1823-1893), hermano de los anteriores, escritor, pedagogo, autor de libros didcticos y literarios, poeta y patriota perseguido. (Vase Ramn Meza: Eusebio Guiteras Habana, 1908.) Su lema fue, segn Raimundo Cabrera: “Cuba no ser feliz hasta, que se hayan sostenido muchas escuelas. ¡Eduquen, eduquen!” Juan Guiteras (1852-1925), hijo de Eusebio, mdico y profesor de las universidades de Charlestn (1884-1888), Filadelfia (1888-1889) y de La Habana (1900-1921). Colaborador del genial Finlay y de la campaa para la supresin de la fiebre amarilla en Cuba; descubridor de la filaria Bancroft en Estados Unidos y autor de numerosas obras de patologa y teraputica tropicales, ex secretario de Sanidad y Beneficencia de la Repblica, autor de poesas patriticas. Laura Guiteras (18...), hija de Eusebio, y su bigrafa. Ramn Guiteras (1860), hijo de Ramn, nacido en Rhode Island, mdico, profesor de la ctedra de vas genitourinarias en la universidad de Nueva York y publicista de renombre en su especialidad teraputica. Jos Ramn Guiteras y Gener (1853-1870), hijo de Antonio. Fusilado por patriota a los 17 aos de edad en Matanzas, su patria, el 11 de junio de 1870. “Los Guiteras se han distinguido tanto porque despus de haber viajado mucho, observando las costumbres y las instituciones de otros pases, y de haber atesorado una instruccin poco comn, buscaron en la enseanza el medio de ser tiles a su patria”, como sintetiza atinadamente Anselmo Surez y Romero.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 8\ 8\ 8\ 8\ 8\ Pedro J. Guiteras comenz a educarse en la escuela matancera del maestro don Ambrosio Gonzlez y ya en 1825 obtena un premio escolar de distincin por su aprovechamiento en aquel centro instructivo, donde fue condiscpulo de los hermanos Jos Jacinto y Federico Milans, Jos Mara y Nicols de Crdenas, Po Campuzano y otros que llegaron a ser escritores de nota. Ambrosio Gonzlez fue maestro modesto, pero nefilo; introdujo en Matanzas la enseanza de la constitucin poltica y la geografa astronmica copernicana; y debi de impresionar, sin duda, la mente infantil de Guiteras, que tan hijo de su tiempo y progresista hubo de mostrarse en su vida. No pudo sustraerse Guiteras a la seduccin castalia y l y sus adolescentes compaeros entraron en intimidades con las letras, dirigidos por Jos Jacinto Milans, que ya produca entonces bocetos dramticos. Dice Calcagno que el primer escrito encomiable de Guiteras fue una crtica a una comedia de Po Campuzano. Esta composicin crtica de la comedia en tres actos y en verso, titulada “El Captulo”,5 fue publicada el 2 de enero de 1849 por la Aurora de Matanzas Guiteras realza en su escrito el atraso de la instruccin en Cuba, especialmente en cuanto a la mujer, y seala con tino los defectos de la obra teatral, encomia el carcter de la mulata costurera que aparece en la comedia, y concluye recomendndola a la juventud como “una de las pocas clsicas que tenemos y quiz la primera buena que se ha publicado en el gnero de costumbres cubanas”. Nuestro historiador tambin compuso entonces una oda plaidera a la muerte de su padre, imitando la titulada “En la Ascensin”, de fray Luis de Len, y otra poesa al fallecimiento de su hermano Juan, el ao 1833, durante los aflictivos rigores de la epidemia colrica. Pero nuestro incipiente poeta abandon el verso y se vot a los prosistas clsicos, con preferencia a Cervantes, Hurtado de Mendoza, P. Mariana y Jovellanos. A stos debi sus cualidades ms valiosas: observacin analtica y verista, elegancia en el verbo, dignidad en el pensamiento, civismo en el propsito, independencia en el criterio, amplitud en la visin... Guiteras estudi humanidades elementales en Matanzas con el literato don Francisco Guerra Bethencourt, ciencias naturales en La Habana con el profesor don Francisco Campos, y matemticas con el clebre catedrtico francs don Pedro Alejandro Auber. A los 21 aos, por motivos de salud y deseoso de completar sus estudios, fue a Sevilla, cuya universidad era en los primeros tercios del sigloXIX la preferida de los cubanos que se expatriaban por ansia de enseanzas que aqu no tenan. En el verano de 1833, el joven estudiante conoci a Jos Antonio Saco, el primer cerebro de Cuba, hospedados ambos en la Posada de las 5No “El capitn” como se dice en el Diccionario de Calcagno.

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PEDRO JOS GUITERAS /9 /9 /9 /9 /9 Diligencias, y desde entonces fue estrecho el trato de Guiteras con el eximio bayams. Viaj con l, con l pas los das tenebrosos en que los progresistas metropolitanos de la restauracin privaron a Cuba de la representacin poltica en Cortes, que le haban respetado los gobiernos despticos y liberales anteriores, y ms tarde, en Pars (1852), fue prolongada la intimidad de ambos grandes patricios cubanos. El progresismo, que cerr la universidad madrilea en 1836, cerr a la vez para el joven Guiteras el camino de su aspiracin a estudiar jurisprudencia y decidi por fortuna de su vida, privndolo de frecuentar los laberintos judiciales y perderse en las forzadas logomaquias forenses, y entregndolo definitivamente a los puros amores de las letras histricas. Cuando en 1837 regres Guiteras a La Habana, templado por el influjo de Saco y el trato de Quintana, Larra, Bretn de los Herreros, Lista y otros ingenios de la Corte, era guiado ya por una mente orientada y firme. Su llegada a La Habana fue su primer choque con la tirana. El general Tacn le prohibi su desembarco por imputarle coautora o complicidad en una supuesta conspiracin de Saco, tramada en la Corte, para independizar a Cuba. A estos acontecimientos, que dejaron honda huella en su nimo, se refiere Guiteras al final de su Historia de la Isla de Cuba stas fueron sus bodas con la patria, de la cual fue fiel enamorado y servidor hasta morir. En su Matanzas, Guiteras trabaj en pro de la ilustracin popular en la Seccin de Educacin de la diputacin matancera de la Sociedad Econmica de Amigos del Pas, en la fundacin del famoso colegio de varones La Empresa, y en las propagandas que determinaron la organizacin del partido liberal cubano. El colegio La Empresa, fundado y dirigido por los Guiteras y del que Pedro Jos fue positivo animador, lleg a ser, al decir del nclito Jos de la Luz y Caballero, “el mejor de Espaa y sus dominios”, segn recuerda F. Calcagno en su Diccionario biogrfico cubano.6El ao 1840 cas nuestro historiador con la joven matancera, tambin de estirpe catalana, doa Rosa Gener, sobrina del ilustre don Toms Gener, presidente que fue de las Cortes de Espaa en 1832, la que falleci cuatro aos despus de su enlace con Guiteras. Recordemos que tres hermanos Guiteras (Pedro, Antonio y Eusebio) casaron con tres hermanas Gener (respectivamente, con Rosa, Teresa y Josefa). En el desempeo de los negocios familiares y en las observaciones de la atormentada vida cubana, sinti Guiteras la necesidad de dar cultura a la mujer para asegurar el progreso nacional, y sobre ese tema 6Pueden verse detalles en Manuel Valds Rodrguez: “ ‘ La Empresa’ y los Guiteras”, en La Instruccin Primaria, Habana, 25 de septiembre de 1902.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 10\ 10\ 10\ 10\ 10\ escribi un discurso para los Juegos Florales de 1847 del Liceo de La Habana, titulado: “Influencia de la mujer en la sociedad cubana, el estado de su educacin y los medios de mejorarla y extenderla”. Este discurso, de estilo correctsimo y terso, es una breve pero muy razonada invectiva contra el sistema de enseanza que en aquella poca imperaba aqu para la mujer, y fue publicado por Aurora de Matanzas A su final, encomia Guiteras a Matanzas “la primera y nica ciudad cubana” donde se ensayaba la creacin y funcionamiento de escuelas femeninas, de carcter exclusivamente privado, sostenidas por sociedades annimas de vecinos, padres de familia. El plantel docente matancero a que Guiteras se refiere fue el que con el ttulo de “Empresa y Colegio de Nias Santa Teresa de Jess”, y para “proporcionar a aqullas una instruccin primaria slida, que habitundolas a pensar y analizar facilite a su entendimiento y a su corazn todos los auxilios que concurren a formar una educacin intelectual y moral”, fundose en Matanzas, el ao 1847, por los Guiteras y otros accionistas de tan arraigados apellidos en la urbe bifluvial, como los de Ventosa, Ximeno, Campuzano, Gener, Angulo, Carbonell, Torriente, Betancourt, Bar, Cap, Jenckes, Lamar, etc. Los reglamentos,7 administrativos y pedaggicos, estn firmados por el popular costumbrista vueltabajero, entonces vecino de Matanzas, Luis Victoriano Betancourt, y por Pedro J. Guiteras, ste como vicesecretario. Este colegio no alcanz, sin embargo, resultados tan satisfactorios como los obtenidos por el otro colegio La Empresa, debido asimismo al celo cvico de los Guiteras De esta poca es tambin su Discurso sobre educacin moral y religiosa en Cuba Este discurso8 desarrolla valientemente estos temas: 1o, el verdadero lugar de la educacin moral y religiosa es la casa paterna; 2o, la madre cubana por falta de instruccin y la presencia domstica de la servidumbre africana, no puede llenar hoy (1848) este deber social; 3o, es preciso trasladar a las escuelas aquella educacin en tanto que las madres no puedan desempearla; 4o, modos de lograrlo. Las reflexiones de P J. Guiteras en 1848 eran tristes, y algunas de sus lamentaciones no carecen de actualidad. Deca as el pedagogo patriota: “Esta falta de armona en el sistema general de la educacin domstica y en la enseanza que se da por lo comn en las escuelas primarias a nuestra juventud, es lo que imprime un carcter irregular a las costumbres pblicas, cuyas consecuencias lamentamos todos cada da. Descuidada la educacin religiosa, base de la primera, y reducida 7Reglamentos de la Empresa y Colegio de Nias Santa Teresa de Jess, Matanzas, 1847.8Matanzas, 1848, 20 pp.

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PEDRO JOS GUITERAS /11 /11 /11 /11 /11 al simple mecanismo de una indiferente asistencia a los ritos y ceremonias de la Iglesia; y desatendido el principal elemento de la segunda, que estriba en el ejercicio de las facultades intelectuales por medio de un sistema de explicacin y mutua enseanza en todos los ramos que la constituyen, la mayor parte de nuestra juventud entra en la vida pblica sin el freno ms poderoso de la conciencia y sin la gua ms eficaz para dirigir sus acciones a su felicidad particular y al bienestar comn. As la vemos, ignorante e indolente, salvar primero los ms bellos y tiles aos de su existencia sin ideas de porvenir, y entregada a inclinaciones viciosas, dominada por torpes e insensatas pasiones, malgastar despus el patrimonio adquirido con tantos afanes y privaciones por los autores olvidados de sus das; y al fin, vagando unos en la ociosidad y la miseria, y otros, gastadas sus fuerzas fsicas y degradada su razn, arrastrados al abismo de la corrupcin, y envueltos en necias y torpes disputas y divididos por pleitos dispendiosos con escndalo de vnculos de la amistad y de la sangre y con mengua y menosprecio de la paz y respeto pblico. La patria ve con dolor huidas las artes de su suelo, lamenta en vano el atraso vergonzoso de la industria y clama intilmente porque la luz de la ilustracin despierte e ilumine la mente de sus hijos en las verdades de las ciencias para que desarrollen las infinitas riquezas naturales con que les brinda a cada paso y por todas partes, ya en la templanza de un clima eternamente primaveral, ya en la fertilidad de la tierra y en la innumerable variedad de sus ricas producciones, ya en la envidiable posicin geogrfica que ocupa, con 100 ros y puertos que al norte y sur de sus costas convidan al comercio y favorecen la civilizacin”. Entre las medidas pedaggicas que preconizaba Guiteras estaba la creacin en La Habana y por la Sociedad Econmica de Amigos del Pas, de una escuela normal para maestros y maestras, dedicados a la enseanza de nias. En este discurso palpita, como en toda obra de Guiteras, la emocin del amor a la enseanza y del celo apostlico. En esos mismos tiempos debi P J. Guiteras de escribir o iniciar un “Diccionario bibliogrfico americano”, que el eruditsimo bibligrafo Carlos M. Trelles cita como de 1848, aunque infortunadamente indito. Con el gobierno del capitn general O’Donnell, los cubanos siguieron viviendo muy aciagos das yMatanzas presenci el martirio de numerosos patriotas con motivo de la llamada conspiracin de la escalera que llev a la tortura y a la muerte al poeta Plcido y a otros hijos de Cuba. De esa persecucin, tan villanamente criminal que el propio general O’Donnell tuvo que formar consejo de guerra al fiscal instructor de la causa, degradarlo y enviarlo a presidio, Pedro J. Guiteras fue una de las vctimas. l haba firmado con los ms distinguidos vecinos de Matanzas una exposicin elevada al capitn general de la Isla, pidiendo

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 12\ 12\ 12\ 12\ 12\ la abolicin de la trata, a tenor de los tratados internacionales, que las autoridades coloniales no cumplan por sus crasos provechos en el encubrimiento del contrabando negrero. El prevaricador fiscal acus a Guiteras con un atestado apcrifo que le imputaba haber dicho que la campaa abolicionista no era sino anticipacin de un plan independizador. Ms de medio ao estuvo preso nuestro historigrafo en el castillo del Morro de La Habana, pero fue declarado inocente. Las meditaciones de la mazmorra encendieron ms y ms su espritu cvico. Su hija Blanca narra concisamente las actividades paternas: “Esta desgracia no entibi su ardor patritico: continu favoreciendo los proyectos de reformas polticas; public en los peridicos varios trabajos literarios; escribi dos discursos recomendando la educacin pblica y las mejoras de que era susceptible, que fueron premiados por el Liceo de La Habana en sus Juegos Florales; fund por acciones entre varios vecinos el colegio de nias ‘Santa Teresa de Jess’; tuvo en su casa la tertulia literaria de que habla en la Vida de Toln y se vio obligado a disolverla por la malevolencia del gobernador, quien dijo ms de una vez que aquellas reuniones eran un foco de revolucin; desempe hasta su salida de Matanzas la vicepresidencia del ferrocarril de Sabanilla y reuni gran nmero de materiales para un diccionario bibliogrfico americano, de que no lleg a escribir ms que la clave, por haber vuelto a sufrir la mano de hierro del gobierno que lo persigui en diciembre de 1849 con una supuesta acusacin de pertenecer al partido que entonces trabajaba por anexar la Isla a los Estados Unidos, y lo tuvo preso con su hermano don Eusebio en los castillos de San Severino de Matanzas y el Morro de La Habana durante ms de siete meses, al cabo de los cuales, no obstante de haber ambos hecho patentes su inocencia, fueron condenados a un ao de vigilancia en Matanzas, y al pago de las costas del sumario, ascendentes a cerca de 2 000 pesos. ”Nunca se ha podido descubrir la verdadera causa de semejante procedimiento. Guiteras perteneca al partido reformador puro, que aceptaba como base de su poltica la integridad nacional; y esto era sabido as de sus compatriotas como de los peninsulares residentes en Matanzas. l ha credo siempre que su desgracia le sobrevino de una predisposicin del general Roncali, entonces jefe superior de la Isla, contra sus opiniones maliciosamente interpretadas”. Parece, pues, no ser cierto, como asegura la famosa y generalmente bien informada Enciclopedia Universal Ilustrada, de Espasa, que Guiteras, en 1849, sufriera algunos meses de prisin por haber tomado parte con su hermano Eusebio en la insurreccin de Narciso Lpez, siendo la razn ms convincente para demostrarlo, la de recordar que el golpe insurgente de este general fue el ao 1850. Ni cuando realmente se dio el ataque a Crdenas, el 19 de mayo de 1850, Guiteras

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PEDRO JOS GUITERAS /13 /13 /13 /13 /13 particip en l, pues deba permanecer en prisin, segn el relato sucinto de su hija; ni puede asegurarse tampoco que colaborara en la conspiracin de la Unin de la Rosa Cubana Guiteras parece haber seguido siempre de cerca el pensamiento de Saco, ajeno a aquellas conmociones. La persecucin severa, tanto que se le prohibi aspirar el aire libre fuera del calabozo hasta en los das de la epidemia colrica, quebrant su salud, y una vez libertado sali de Cuba a respirar mejor. En Europa recorri Inglaterra, Francia, Italia, Suiza, Alemania y Blgica, quedndose en Londres donde mor hasta fines de 1853. All public su obra, sin nombre de autor, titulada Cuba y su gobierno Esta publicacin (Londres, Imp. de Wood, 1853, en 8o M) solamente comprende unas 142 pginas, conteniendo un bosquejo del origen y progreso de la civilizacin cubana, agudos comentarios a los gobiernos despticos de los generales Tacn y Concha, y consideraciones acerca de las ideas separatistas y anexionistas, que en aquel entonces dividan a los cubanos anhelosos de cambiar de rgimen poltico. En 1853 pas Guiteras a Estados Unidos de Amrica, donde haba de vivir continuamente hasta su muerte, salvo unos breves viajes a Cuba y a Pars. Guiteras, a partir de 1853, vivi tres aos en Filadelfia, pero reveses de fortuna le obligaron a reducirse a muy humilde vida, trasladndose sucesivamente a los pueblos de Warren y Bristol, en el estado de Rhode Island, donde viva entonces su hermano Ramn y donde Pedro permaneci durante 14 aos, apenas interrumpidos por dos breves excursiones invernales a Matanzas, en los aos de 1866 y 1868. En Filadelfia, donde a la sazn resida su hermano Eusebio, public Pedro J. Guiteras su Historia de la Conquista de la Habana ( 1762 ) (Parry and Mac Millan, 1856, en 8o M., 188 pp.), libro en el que por primera vez se dio el relieve debido no slo a los acontecimientos blicos y polticos de la dominacin britnica en La Habana durante los aos 1762 y 1763, sino a la trascendencia econmica para Cuba de un rgimen de libertad mercantil, opuesto al secular y errneo monopolio de su comercio por los mercaderes hispanos. En Rhode Island fue donde compuso nuestro historigrafo su Historia de la Isla de Cuba (1865-1866). La penuria que lo afliga entonces realza el esfuerzo que tuvo que realizar el autor para redactarla y lograr darla a la luz. De unas cartas ntimas de Carlota Milans, entonces en Nueva York, con su hermano Federico para hacer una edicin de las obras del clebre Jos Jacinto Milans, fechadas el 28 de septiembre y el 5 de octubre de 1865, tomamos estos prrafos que revelan interesantes trazos del carcter del biografiado, de sus vicisitudes y de la edicin de su Historia de Cuba

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 14\ 14\ 14\ 14\ 14\ “...est Pedro desconocido, pero desconocido en sentido favorable para l. Tiene 20 aos menos, ¡qu grueso, qu colorado y qu bien el beneficio que l ha recibido con su mudada aqu! Si Pedro se hubiera quedado en Cuba, hace aos que hubiera muerto; l mismo nos dijo: ‘Cuando sal de Cuba hace 17 aos era un cadver’. El carcter es el mismo, siempre tan risueo y tan chancero. El domingo volvi y viene todos los das; anoche estuvo y nos dice que vendr todos los das, mientras est en Nueva York, que ser por una semana. En casa de Troy, que es donde imprimen las poesas de Pepe, le han concluido ahora el 1er. tomo de su Historia de la Isla de Cuba ; me dijo que con el producto del tomo 1o imprimir el 2o. La Historia de la Isla de Cuba est dedicada a Joaqun Delgado, cosa muy justa, pues con las 60 onzas que le mand por un ejemplar, paga Pedro la impresin. Ya hubiera muchos que tuvieran tanto entusiasmo por las cosas de su pas, como el que ha demostrado Joaqun en esta ocasin”. “Pedro Guiteras nos ha trado el primer tomo de la obra que ha impreso sobre la Isla de Cuba; est bien impreso y buen tamao el volumen, el segundo lo imprimir con el producto del primero. Miguel Delmonte, el hijo de Domingo, que est aqu, le ha dado por un ejemplar 100 pesos; l, segn nos dijo, est contento con lo que va vendiendo; un dobln de a cuatro es el precio del tomo”. El xito que tuvo su Historia lo movi a preparar otra obra titulada “Vida de poetas cubanos”, que no fue publicada y se conserva indita en la Biblioteca Nacional de La Habana. De esta obra, comenzada en Bristol y terminada en Washington, que bien debiera haber sido ya editada, han sido publicados nueve de sus 13 captulos; o sea, las biografas de Domingo del Monte, Jos J. Milans, Plcido, Palma, Miguel T. Toln y Joaqun L. Luaces, en las revistas Mundo Nuevo y Amrica Ilustrada de Nueva York (1873-1875); y las dedicadas a Manuel de Zequeira y Arango, Jos Mara Heredia, y Gertrudis Gmez de Avellaneda en la Revista de Cuba de La Habana. En esta obra, Guiteras hace gala de erudicin directa y de gusto crtico y depurado, pero puede afirmarse que el autor se propuso principalmente con estas “Vidas” hacer obra cvica de estmulo patritico y esttico, ofreciendo a sus compatriotas ejemplos y enseanzas. Toda la obra de Pedro J. Guiteras fue eminentemente didctica, as la consagrada directamente a la pedagoga en el colegio La Empresa, como todos sus libros, dirigidos a la instruccin de su pueblo. “¡Eduquen, eduquen!”, fue el lema de todos los Guiteras En octubre del ao 1868, encontrbase Pedro Jos Guiteras en Matanzas por corta estada, prestando su esfuerzo a los cubanos que, deseosos de evitar una catstrofe ya irrefragable, clamaban por el programa de reformas polticas tan pedidas por Cuba como denegadas por la metrpoli, de la cual eran esperadas de nuevo entonces, con tanta

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PEDRO JOS GUITERAS /15 /15 /15 /15 /15 ms razn cuando haba sido derrocado el gobierno isabelino y el estallido de Yara llamaba la atencin de toda Espaa hacia el ms bello florn coronario de sus viejos blasones. La Aurora del Yumur cont entonces a Guiteras entre sus colaboradores. El mismo ao 1868 regres a Norteamrica para no ver ms el sol cubano sino en el orto del escudo nacional con que los patriotas ya simbolizaban herldicamente sus esperanzas. En 1870, la familia de Guiteras tuvo que emigrar como consecuencia de la guerra independizadora que arda en Cuba y fue a Filadelfia, donde el historiador yumurino la consol en sus infortunios. De 1871 a 1876 vivi nuestro historiador en Washington, y hasta 1878 en la vecina ciudad de Baltimore. Ese ao fue a Pars, regresando a Baltimore en 1880. Desde Pars, en 1879, terminada ya la Guerra de los Diez Aos, algunos patriotas cubanos pidieron al Gobierno espaol la emancipacin de los esclavos y entre las firmas del escrito deprecativo se cont la de Pedro J. Guiteras. Ya en Pars, tambin en 1879, redact un estudio acerca de la renovacin institucional que Espaa deba verificar en Cuba, que annimamente y junto con otros escritos, asimismo formulados por matanceros emigrados en Francia, constituy el Informe sobre las reformas polticas, sociales y econmicas que deben introducirse en la Isla de Cuba que all fue publicado por el antiguo comerciante de Matanzas don Len Crespo de la Serna, quien lo cubri con su nombre, prestigiado a la sazn con el ttulo de senador del reino. Este informe lleva la data de 18 de octubre de 1879 y redactose para ser presentado a la Junta de Informacin, colaborando en l Laureano Angulo en lo referente a reformas administrativas, Rafael Padr y Oliva en cuanto a las econmicas, y Pedro J. Guiteras tocante a las polticas. Las reformas polticas preconizadas por Guiteras constituyen una de las ms rectas y previsoras proposiciones de carcter autonomista, elevadas por los cubanos al gobierno de Madrid. Sus bases son: 1o Establecimiento en Cuba de un congreso insular bicameral, compuesto de un consejo provincial nombrado por las diputaciones provinciales y una cmara de diputados elegida por sufragio popular, con facultades legislativas para la Isla y el derecho exclusivo de votar los impuestos y presupuestos de gastos generales; 2o continuacin del cargo de gobernador general, nombrado por el Gobierno Supremo, de Madrid, con el derecho de sancionar las leyes del congreso insular o de vetarlas, no pudiendo pasar, sin embargo, sobre la revotacin de una ley ya vetada, obtenida por las dos terceras partes de los miembros de cada cuerpo colegislador; 3o provisin libre por el gobernador general de todos los cargos pblicos de Cuba, por naturales de sta, o residentes con ms de dos aos en la Isla, salvo los de presidente del congreso y los dems superiores, reser-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 16\ 16\ 16\ 16\ 16\ vados a la Corona; 4o conservacin por el gobierno general de sus facultades en cuanto al nombramiento de los miembros del poder judicial y de los eclesisticos. Guiteras se esfuerza en demostrar que esa proyectada forma de gobierno no sera autonmica, ni precursora de la independencia, sin duda para desvirtuar suspicacias, muy vivas siempre en los polticos espaoles interesados en las cuestiones de Ultramar, y ms cuando acababa de extinguirse el fuego de la “guerra grande”, aunque con rescoldo para la llamarada de la “guerra chiquita”. Una reforma institucional autonomista, como la propuesta por Guiteras, habra sido entonces sensata poltica de estadistas iluminados. El ao 1885, Guiteras mud su residencia a Washington donde vivi largamente, estimado por sus convecinos, que en el noble escritor cubano honraban a uno de los ms venerables de sus pensadores patriotas, hasta que en diciembre de 1899 se traslad en busca de clima ms templado a Charleston, de cuya Escuela de Medicina su sobrino Juan fue catedrtico. En aquella ciudad carolina muri de angina de pecho, el 3 de febrero de 1890, a los 75 aos, dejando por sucesoras dos hijas, llamadas Adelaida y Blanca. Antes de morir, Pedro J. Guiteras dispuso que sus restos fuesen trados a Cuba, donde fueron sepultados en el cementerio general de Matanzas (bveda 3a de Eduardo Rubiera), cinco das despus de su fallecimiento,9 previas las exequias del ritual catlico romano. El gran historiador matancero vivi, pues, numerosos aos en el destierro, expatriado por el rgimen absolutista que imperaba en Cuba y haca imposible la vida a quienes ansiaban libertades individuales y ciudadanas. Acaso a esta circunstancia dbanse en buena parte la elocuencia y emocin que Pedro J. Guiteras llev a muchos de sus prrafos y la alta y patritica estima con que sus obras han sido ledas por los cubanos. L’esilio radoppia le voci deca Guerrazzi. Cuba no puede ofrecer figuras ms patricias que Pedro J. Guiteras. Otros prceres habrn sido aun de ms genio (Varela, Saco, por ejemplo), o de historia ms realzada por el martirio (Cspedes, Mart, etc.); pero ninguno dio a su tierra una ms pura vida de sabio. FERNANDO ORTIZ 9Partida de defuncin no. 98. Libro 22 de Entierros de blancos de la I. Parroquial de Matanzas, fol. 354.

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PrlogoEl deseo de ser tiles a nuestra amada patria y mitigar los pesares de una larga ausencia, despert en nosotros la idea de escribir su historia y nos puso la pluma en la mano, sin que fuera parte la razn a contener el arrojo de una empresa tan superior a nuestras fuerzas. El fruto de nuestros estudios abraza el extenso perodo, desde su descubrimiento hasta fines del gobierno de don Miguel Tacn. Y si el xito no correspondiese a la importancia del asunto, disclpese nuestro atrevimiento, en gracia del sujeto que movi la voluntad. Los que nos precedieron en este empeo (exceptuando a Urrutia, cuyo Teatro histrico no hemos visto) se contentan, por lo general, con la relacin descarnada de los hechos, no siempre con el orden y claridad tan necesarios a esta clase de obras; a veces detenindose en describir con difusin los que no influyeron en el progreso o decadencia de nuestra sociedad, tocando a veces ligeramente los ms esenciales, nunca remontndose a las causas que los originaron, siempre evitando ensear con el examen de la razn los efectos de ellos; que es, despus de la obligacin de referir la verdad, en lo que debe poner mayor cuidado el que escribe la historia, si quiere con la instruccin ilustrar la inteligencia del pblico. El seor Arrate trata en la suya principalmente de la ciudad de La Habana, sus progresos e influencia en el bienestar de Cuba; Valds tuvo ms alto intento, queriendo escribir la general de la Isla, y se lamenta de escasez de noticias que alentasen su buen deseo; Pezuela naveg en mares ms anchos, y es el primero que, con el modesto ttulo de Ensayo la escribi con mayor caudal de datos y miras ms elevadas; si bien, al llegar a las pocas ms inmediatas a nosotros, no hace justicia al mrito del patriotismo cubano, ni dice todo lo que conviene al esclarecimiento de algunos hechos importantes. Nosotros hemos seguido un rumbo diferente. En lugar de encerrarnos en los lmites estrechos de la narracin, hemos querido dar a esta obra un aliciente mayor, que haga su lectura instructiva y agradable no slo a nuestros compatriotas, sino tambin a los extranjeros que tomen

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 18\ 18\ 18\ 18\ 18\ inters en nuestras cosas. El estado de la navegacin y la nutica a fines del siglo XV, cuando ocurri el descubrimiento de Amrica; los progresos de su conquista, para dar a conocer el poder de Espaa; el funesto efecto de las leyes econmicas, que tanto influy en el atraso de nuestra colonizacin; las guerras metropolitanas, causa de la invasin inglesa a mediados del siglo pasado, y al fin de l y principios del presente, de la independencia de ambos continentes; las reformas introducidas con motivo de estos ruidosos y trascendentales acontecimientos, nos han hecho salir muchas veces del rea patria y dilatar el pensamiento por las distintas regiones europeas, su poltica, su ambicin, sus errores y desengaos. Este plan y el describir sucesos que han sido omitidos, o pasados desapercibidos por los historiadores citados, nos ha inducido a presentar los autores de quienes hemos tomado las noticias, no sin el temor de parecer algunas veces minuciosos. Otras hemos observado la misma prolijidad por motivos de delicadeza, al referir las causas y efectos de ciertas medidas gubernativas. Y cuando obligados a ofrecer a los ojos del lector cuadros demasiado penosos, hemos preferido al trabajo de nuestra pluma el de los autores espaoles ms respetables, como una prueba de nuestra imparcialidad y del constante deseo que nos ha animado de escribir solamente para el ejemplo e instruccin del pblico. As creemos haber llenado los deberes del historiador, sin dejar dudas sobre nuestra veracidad y sanas intenciones. Hemos procurado guardar con la propiedad posible la serie de los tiempos, como tan necesaria para la claridad de la narracin; y en el enlace de los hechos, escollo donde naufragan la mayor parte de los historiadores, ms que a nuestra capacidad se debe el buen xito a la poca variedad de complicaciones que presenta nuestra historia, en que unos se suceden a otros hasta su conclusin. Tenemos, sin embargo, el escrpulo de que parezca algo larga la descripcin que hacemos de la Isla (particularmente a los cubanos, ms familiarizados con las noticias propias) y la relacin de la vida de Coln; y quiz peque del mismo mal, la que trata de las medidas adoptadas en favor de la emancipacin de los indios y la de la conquista de La Habana, que por haber sido nicos en nuestra historia y este ltimo origen de las reformas dictadas en lo restante del siglo pasado, nos ha parecido que debamos extendernos en ellos y contentar la curiosidad del lector. Los que desean saberlo todo, tal vez critiquen de demasiado compendiada la poca que sigui a la restauracin de La Habana hasta el gobierno del general Casas; pero esto es ms culpa de la aridez del asunto que nuestra, a menos que hubisemos adoptado el plan de ocuparnos en cosas que tuvieron lugar en estas partes durante las guerras metropolitanas, poco enlazadas con nuestra historia. Lo que haya de fundamento en estos temores, si fuese

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PEDRO JOS GUITERAS /19 /19 /19 /19 /19 motivo de estimularlo alguna pluma mejor cortada, o corregir nuestras faltas y emprender una obra ms perfecta, esperamos encuentre indulgencia en el juicio del pblico. No sabemos si hemos incurrido en la falta de parcialidad hacia algunos de los personajes que figuran en esta historia, o en juzgar con dureza hechos que probaron mal en pocas posteriores, vicios en que suele caer de ordinario el que refiere sucesos propios. Confesamos sinceramente haber tenido especial cuidado en huir de ellos, buscando siempre la verdad en la frecuente discordancia de los autores primitivos, y procurando presentarla en estilo claro, sencillo y natural, para ilustrar la razn sin el dao del espritu y las pasiones humanas. En toda historia se encuentran acciones poco halageas al sentimiento noble y delicado del amor a la patria, como que ella no es otra cosa que la relacin de lo que hicieron los hombres con sus virtudes y tambin sus vicios, sujetos a error en todos tiempos, disculpables en los primitivos de la conquista y colonizacin cubana, en que los consejos del trono carecan de ilustracin local, atrasada la ciencia del gobierno en Europa y dejado por fuerza el acierto al arbitrio de los gobernadores y conquistadores, animados de deseos menos cristianos que los que convena a un sistema de gobierno estable y justo. Es deber del historiador decir as las favorables como las adversas a la fama del pas que es objeto de sus escritos, sin ningn espritu de lisonja o vituperio; que en esta imparcialidad se guarda la virtud de ilustrar a las generaciones venideras, para que se incline el nimo a la imitacin de las primeras y lave con esfuerzos honrosos los que pudiesen haberlo deslucido y manchado las segundas. Sin este cuidado, la historia no ensea ni satisface, y lo que es peor, lleva una tendencia a desmoralizar y corromper. Siempre que se nos ha presentado ocasin de aplaudir, la hemos acogido con voluntad; cuando vistos forzados a censurar hemos procurado, sin faltar a la verdad, ser breves y concisos; evitando excitar las pasiones del lector y refiriendo los hechos con ms templanza que la que usaron los autores nacionales de donde han sido tomados. Para esta historia hemos seguido a los de ms autoridad entre los que escribieron la general de Amrica y la particular de nuestra Isla, y otros que han tratado asuntos en conexin con ella. Los seores Oviedo y Herrera, Navarrete, Arrate e Irving, nos han servido para la relacin de los acontecimientos anteriores a la conquista de La Habana por los ingleses; para los ocurridos desde 1762 hemos consultado a los seores Valds y Pezuela, Beatson y Entick y el Ensayo poltico del barn de Humboldt. Los seores Coxe, Bancroft y Saco han sido de gran recurso para guiarnos en su estudio y apreciacin, tanto en la relacin de la poltica europea con nuestra historia, como en la particular de Espaa y su sistema de gobierno colonial.

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Libro PrimeroCAPTULO IDESCRIPCI"N GEOGRFIC DESCRIPCI"N GEOGRFIC DESCRIPCI"N GEOGRFIC DESCRIPCI"N GEOGRFIC DESCRIPCI"N GEOGRFIC A DE CUBA A DE CUBA A DE CUBA A DE CUBA A DE CUBAIndias Occidentales y Nuevo Mundo llamaron los espaoles de fines del siglo XV las tierras de este hemisferio descubiertas por Cristbal Coln, creyendo fuesen las primeras de la India que se encontraban navegando de los mares de Europa hacia occidente, maravillados de su gran extensin y de las gentes y cosas extraas que haba trado consigo el Almirante al regresar a Espaa.1 Poco despus empezaron los gegrafos y cosmgrafos extranjeros a dar el nombre de Amrica a la parte del continente austral que hoy forma el imperio del Brasil, entendindose de una carta que de su viaje a estas costas escribi Amrico Vespucio que haba l descubierto aquellos vastos pases, cuando un ao antes que Vespucio haba llegado all Vicente Ynez Pinzn, y aun antes que ste haba saludado ya Coln las costas de Paria. Siguironse usando indistintamente estos nombres para significar el mundo occidental, y hoy, aunque conocido con todos ellos, la historia y la geografa han adoptado universalmente el de Amrica. As la fortuna, envidiosa de la gloria mayor que jams alcanz otro mortal alguno, quiso robar a Coln el justo premio de que llevase su nombre este nuevo hemisferio, para darlo, caprichosa, a un oscuro navegante.2Las islas del archipilago tropical se llamaron Antillas, de la Antilla que, segn Aristteles, haba sido descubierta por los cartagineses. En los tiempos de Coln revivi la memoria de esta isla, a causa de un cuento inventado por unos navegantes portugueses que se presentaron al prncipe don Enrique asegurando haber encontrado la no menos fabulosa de las Siete Ciudades, lo cual dio ocasin a que algunos creyesen fuese sta la misma de Aristteles y que en los mapas de aquella poca se marcase con el nombre de Antilla. Ni una ni otra parecieron nunca y de 1Muoz, Historia del Nuevo Mundo p. 157.2Vase, al fin, Ilustracin

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 22\ 22\ 22\ 22\ 22\ aqu, probablemente, el que al descubrir Coln las islas del Nuevo Mundo se fijase en ellas la imaginacin de los hombres, asociando las tradiciones corrientes y empezasen a llamar Antilla a la de Hait, extendindose despus el nombre a todo el grupo baado por el mar Caribe. Las Antillas estn divididas en dos secciones principales: las grandes, que comprenden Cuba, Hait, o Santo Domingo, Jamaica y Puerto Rico, y las pequeas, que abrazan todas las dems del mar Caribe. Algunos gegrafos suelen incluir en esta ltima seccin a Puerto Rico.3De todo este inmenso archipilago, la de Cuba es la ms importante, as por su posicin geogrfica, su extensin territorial y la excelencia de sus puertos, como por el nmero de sus habitantes y sus adelantos en el comercio, civilizacin y cultura. Colocada en medio de los dos continentes que forman este hemisferio, sus playas se levantan sobre las ondas del mar, baadas hacia el norte por el ocano Atlntico; al sur, por el mar de las Antillas o Caribe; al este, por el estrecho canal que la separa de Hait y al oeste, por el golfo de Mjico, en el principio boreal de la zona trrida, entre los 19 48’ 30” y los 23 12’ 45” de latitud y entre los 67 46’ 45” y los 78 39’ l5” de longitud occidental de Cdiz.4 Su figura larga y angosta, a la manera de un arco cuya convexidad se extiende hacia el Polo rtico, la hace a la vez por la parte del norte vecina de la Florida, uno de los estados meridionales de la Unin Americana; por el sur, de Yucatn, la provincia ms oriental de Mjico, y por el este, de las islas de Hait y Jamaica.5La superficie de la Isla propiamente dicha, comprendiendo los puertos, bahas y ensenadas desde sus entradas es de 3 496 leguas cuadradas, y con la de Pinos y los principales cayos adyacentes, de 3 645. Su periferia, siguiendo la lnea menos tortuosa por las costas y cortando 3Vase Ilustracin II.4Los puntos salientes que demarcan la latitud de la Isla son: la punta de Hicacos al norte y la llamada del Ingls al sur, y si se establece por primer meridiano el que pasa por el castillo del Morro de La Habana, que est a los 76 4’ 34” al oeste de Cdiz, se hallar la longitud entre los 9 17’ 49” al oriente y los 20 34’ 41” al occidente de aquel meridiano, siendo sus trminos el cabo Mais por el este y por el oeste el de San Antonio. Vives, Cuadro estadstico .5Para conocer la configuracin general de la Isla, opina el barn de Humboldt, debe fijarse con exactitud la posicin del cabo San Antonio, La Habana, Bataban, el cabo Cruz y el de Mais. Segn un “Estado de las posiciones geogrficas de la isla de Cuba”, despus de considerar este escritor las observaciones de varios astrnomos y navegantes espaoles, las de algunos viajeros extranjeros y las suyas propias,se inclina a las siguientes: El cabo de San Antonio a los 21 49’ 54” latitud bor. y 87 17’ 22” longitud al oeste de Pars; el antiguo faro del Morro de La Habana, a los 23 9’ 24” 3 de latitud y 84 43’ 7”5 de longitud; el Bataban 22 43’ 19” latitud y 84 45’ 56” longitud; el cabo Cruz 19 47’ 16” latitud y 80 3’ 52” longitud; el de Mais, latitud 20 16’ 40” y longitud 76 30’ 25”. Humboldt, Essai polit ., t. I, pp. XX, XXXVII y XXXVIII.

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PEDRO JOS GUITERAS /23 /23 /23 /23 /23 por sus entradas las bahas, puertos y ensenadas profundas, es de 573 leguas, suponiendo bien situados todos los puntos de ella, de las cuales 272 corresponden al litoral del norte y 301 al del sur. Su longitud, de oriente a occidente, est comprendida en 10 52’ 3” en el paralelo 22 septentrional, siendo, pues, su mayor extensin de 190 leguas en la lnea ms recta de su extremo al otro: desde el cabo Mais hasta el de San Antonio, siguiendo la curva ms corta que pasa aproximadamente por el centro de la Isla, hay 260 leguas. Su forma irregular y variada anchura hacen difcil calcular su latitud media: la mayor, de norte a sur, es una lnea de 39 leguas, desde la punta ms saliente del Sabinal, cerca del meridiano 70 oeste de Cdiz, hasta el principio occidental de la ensenada de Mora, al sur, 7 leguas al oriente del cabo Cruz, pasando dicha lnea por 7 leguas de mar; la menor, prescindiendo de los extremos de la Isla, es de 7 leguas desde la entrada de la baha del Mariel hasta la orilla septentrional de la ensenada de Majana sobre el meridiano 76 oeste de Cdiz. En el centro de la Isla, en las inmediaciones del meridiano 72 y la lnea divisoria entre las dos dicesis de ella, hay una como garganta de poco ms de 12 leguas de norte a sur, y en el meridiano de La Habana el ancho es de 9 leguas desde el castillo del Morro hasta las playas de Bataban.6Las costas son, por lo general, bajas y pantanosas y en ms de dos tercios de su largo estn cercadas por una cadena de arrecifes y encalladeros, interrumpida, por fortuna, en muchas partes, para dar a la navegacin libre acceso a los puertos y fondeaderos. Las ms limpias de arrecifes, bancos de arena y escollos son las 28 leguas martimas que corren al noroeste entre Cabaas y Matanzas, el espacio al nordeste comprendido entre el puerto de Nuevitas y punta Mulas, a la entrada del Canal Viejo, y las 72 al sudeste entre el cabo Mais y el de Cruz. Desde el cabo de San Antonio hasta la desembocadura del ro Maniman, a una y media legua al oeste de Baha Honda, se presenta sin interrupcin la cadena de bajos llamada los Colorados y Santa Isabel, que cubre la gran ensenada de Guadiana y otras, y varias caletas con embarcaderos para buques pequeos, a que dan paso algunas quebradas que forman dichos escollos. Desde Cabaas hasta punta Hicacos, poco antes de desembocar al canal de San Nicols, entre la Cruz del Padre y el banco de los Cayos Sal, se hallan costas limpias y abordables con muchos intermedios de playas y algunas caletas: all estn el puerto del Mariel, el de La Habana, dominador del seno mejicano, y la espaciosa baha de Matanzas, cuyo brazo derecho se extiende hasta la confluencia de los dos canales de Bahama y parece querer asirse a su anti6Vives, Cuad. Estad 3 2 3 1 3 1

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 24\ 24\ 24\ 24\ 24\ gua hermana la Florida. En este tramo de costas desembocan al mar varios ros que forman surgideros de ms o menos fondo para buques de cabotaje, y son navegables unos hasta su desembocadura y otros en la longitud de una legua y media: los ms concurridos y de ms fondo son los de Banes y Jaruco.7En punta Hicacos principia la serie no interrumpida de los cayos del Canal Viejo de Bahama y se extiende 94 leguas hasta la punta occidental de la pennsula del Sabinal, que cierra por el norte la hermosa baha de Nuevitas; siendo notable el que esta multitud de cayos viene a terminar casi en el mismo meridiano donde principian los bajos de Buena Esperanza y cayos de las Doce Leguas que se prolongan hasta la Isla de Pinos. La vista de aquel archipilago es tan alegre y pintoresca, que el conquistador Diego Velzquez, encantado de su hermosura, lo llam Jardines del Rey, recordando quiz el nombre de Jardines de la Reina que dio Coln en su segundo viaje al no menos bello que se dilata por las costas del sur de la Isla. El canal es ms estrecho frente a los cayos Cruz y Romano, donde apenas tiene de 5 a 6 leguas de ancho, y all es tambin donde el banco Bahama se descubre ms. Los cayos inmediatos y las partes del banco no cubiertas por el mar (Long Island, Eleuthera), tienen, as como Cuba, una forma ms extensa, y si ste bajase solamente 20 o 30 pies aparecera en la superficie del ocano una isla mayor que la de Hait. La cadena de arrecifes y cayos que circunda por el sur la parte navegable del canal, deja entre ella y la costa de Cuba unos canales pequeos sin escollos que comunican con puertos muy buenos para anclar, tales como San Juan de los Remedios, o Caibarin, Morn y Guanaja. Todas estas costas son, sin embargo, bajas y pantanosas, las cinagas y multitud de lagunas que se internan en muchos parajes hasta 3 y 4 leguas, y hay pocos y cortos espacios de playas donde apenas si pueden atracar pequeas canoas: son las ms inabordables, malsanas y despobladas de la Isla. En ellas desembocan los ros Saguagrande, el mayor de la costa del norte, de 35 leguas de curso, el Saguachica, el Mximo, el caudaloso Saramaguacn y otros.8Desde Nuevitas hasta la punta de Mulas, principio del Canal Viejo, la costa se halla libre de bancos y rompientes y tiene poco terreno bajo y pantanoso: los navegantes encuentran all excelentes fondeaderos en los puertos de Sam y Naranjo, Gibara y el Padre, y en la baha de Manat, al oeste de la punta de Mulas, y al oeste, en la de Banes y Nipe, esta ltima la primera de la Isla por su magnitud, pues tiene 21 leguas cuadradas de superficie, y en los puertos de Tnamo y Moa. Ms 7Vives, Cuad. Estad Humboldt, Essai hist .8Vives Cuad. Estad Herrera, Dcadas Descripcin de las Indias Occidentales t. I, p. 8. Humboldt, Essai hist ., t. I, p. 100. 3 2

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PEDRO JOS GUITERAS /25 /25 /25 /25 /25 adelante, la proximidad de las elevadas montaas primitivas, que dan a aquella parte un carcter particular, hace la costa ms escarpada y rocallosa, aunque en el extremo oriental se ven grandes y espaciosas playas de arena: all est el puerto de Baracoa, bien abrigado y con fondo para toda clase de buques, aunque es de corta extensin. En este vasto litoral desembocan los ros Sagua de Tnamo, bastante caudaloso; Moa, clebre por su ruidosa cascada de 100 varas de altura; el Toar y otros; el Yariqu, que desagua en la baha de Manat, y los de Tacaj, Mayar y Nipe, en la de este nombre. Volviendo el cabo Mais, en direccin a occidente, empieza la costa meridional, y desde aqul hasta el cabo Cruz, es toda acantilada, sin que haya otros lugares bajos ms que las playas formadas por las sinuosidades entrantes de la cordillera Maestra y otras cuchillas que dilatan sus faldas hasta el mar austral de las Antillas, las cuales unidas a los grandes escarpes, puntas elevadas, estribos de la sierra avanzados en forma de pennsulas, y otros espacios menos fragosos, unos poblados de bosques, ridos otros, ofrecen contrastes muy interesantes y le dan un aspecto enteramente distinto que las dems de la Isla, siendo al mismo tiempo la ms limpia y abordable, pues slo se hallan algunos cortos arrecifes y escollos en cuatro o cinco puntos de ella totalmente despoblados. All los puertos de Guantnamo y Santiago de Cuba: aqul, el tercero de la Isla en extensin, tiene 9 leguas cuadradas de superficie con un archipilago de puertos en su interior donde pueden fondear varias escuadras con total separacin unas de otras, su entrada es espaciosa y en ella desemboca el caudaloso ro de su nombre con un buen embarcadero para naves costeras: el puerto de Cuba es de entrada angosta, muy abrigado y capaz para toda clase de buques. Adems del de Guantnamo vierten sus aguas en esta costa, el Yateras, Sabanalmar, Joj y Jauco, con pequeos surgideros, y algunos otros de curso menor, tales como los de Aguadores, Baconao y Guaso, y Ro Hondo y el de Jamaica, que unidos se pierden al fondo de la baha de Joa. Desde el cabo Cruz hasta la desembocadura del Jobabo, la costa es ms o menos cenagosa con algunos trechos cortos de playa y no tienen otro fondeadero que la rada del Manzanillo. Entre los ros que en ella desembocan se encuentra el Cauto, el mayor de la Isla, de 60 leguas de extensin, que nace a las faldas septentrionales de las sierras del Cobre, sigue un curso tortuoso primero al nordeste y despus al oeste, cobrando tributo al Yarayabo, Contramaestre, Guaninic, Cautillo, Bayamo, el Salado y otros menores, y va al mar a 4 leguas en lnea recta al nor-noroeste del pueblo de Manzanillo: los dems son el Jicotea, Buey, Yara, Jibacoa y otros de mucho menos caudal. Del Jobabo al puerto de Casilda, la costa es baja y pantanosa, con algunas playas cortas y un nmero considerable de pequeos esteros.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 26\ 26\ 26\ 26\ 26\ Desde la boca del ro Guaurabo, de Trinidad, hasta el puerto de Jagua, hay 11 leguas de costa de seboruco, limpia y acantilada, con algunos espacios de playa poco abordables por la resaca que suele haber en ella: la mayor parte de este lienzo puede considerarse como el trmino de las sierras de San Juan y Trinidad, que se elevan hacia el interior en forma de anfiteatro. Tambin son limpias, acantiladas y de seboruco las 5 que siguen, hasta la baha de Cochinos; y de sta hasta el principio inferior del derrame de la Cinaga de Zapata, el terreno es bajo y en partes pantanoso, casi todo circundado de cayos y bajos que hacen la costa sucia en extremo. Los puertos de este tramo son el citado de Casilda, el hermoso de Jagua, que da leyes a todo el mar Caribe y slo cede en extensin al de Nipe, la gran baha de Cochinos y algunos fondeaderos de poca importancia; y en l desembocan, adems del Jobabo, el de San Juan o Najasa, el Jatibonico, el orgulloso Sasa, de 35 leguas de corrientes, el claro Banao, el Agabama o Manat, el Guaurabo y Gaviln, el Arimao, cuyo tributario, el Hanabanilla, sorprende con su elevada cascada de 120 varas, y el Damuj y el Caunao, de arenas de oro, que salen a la baha de Jagua.9Desde el fondo de la ensenada de Broa, formada en parte por la Cinaga de Zapata, corre la costa 5 leguas al sudoeste hasta Estero Nuevo, y de ste 16 al oeste hasta la ensenada de Majana; de Majana 2 a punta Salinas y 16 a la de Fisga; de aqu va al arroyo Puercos, desde donde corre hasta la punta de Piedras, formando este espacio la ensenada de Corts; de sta sigue hasta el cabo Corrientes, toda acantilada con algunas caletas, sin desages de ros y abordable para toda clase de buques, y de Corrientes termina en el cabo de San Antonio, formando la ensenada de Corrientes, que penetra como 3 leguas en la costa. Todo este espacio, hasta punta de Piedras, es, sin interrupcin, pantanoso y a veces intransitable 4 leguas al interior; lo dems, hasta el extremo de la Isla, es limpio y abordable: tiene varios esteros, pequeas ensenadas con embarcaderos y la costa es de muy poco fondo. En ella no hay ms fondeaderos que las ensenadas de Corts y Corrientes para buques mayores y algunos desabrigados para costeros, por lo general a la desembocadura de los muchos ros que desaguan por aquellas playas. De stos, los principales son el Hatiguanico, cuyas ondas enturbia la cinaga de Zapata, donde nace, y engrosado su caudal, va a morir en la ensenada de Broa: el clebre de San Diego, cuyo origen est en las cuchillas de los Gavilanes, que aumentado con el tributo de algunos arro9Adems de estos dos, los ros donde se encuentran aluviones de arenas mezcladas de partculas de oro, producidos segn parece por las formaciones granticas, son el Sagua Grande, el Agabama y el Saramaguacn y los de Holgun, Bayamo y Nipe. Vives, Cuad. Estad ., p. 13.

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PEDRO JOS GUITERAS /27 /27 /27 /27 /27 yos pasa por una gruta de 100 varas de longitud, que atraviesa la gran sierra, sigue despus recogiendo las aguas de varios ros y arroyos hasta San Pedro de las Galeras, donde se hallan los famosos baos de su nombre, y acrecentado, poco ms adelante aparece ya invadeable y se divide en porcin de brazos, llamados los Jardines, los cuales se renen de nuevo, formando dos cauces a los tres cuartos de legua de correr dispersos, para ir a perderse al mar; y el Cuyaguateje, que nace en las faldas meridionales de las lomas de los "rganos en la costa del norte. En la extensin de costas que corre entre cabo Cruz y punta de Piedras no hay ms que una sptima parte (la comprendida entre cayo Blanco y el de Piedras) cuyo acceso est enteramente libre; todo lo dems de ellas est rodeado de bajos, que se conocen, los que estn al este de la baha de Cochinos, con los nombres de cayo Bretn, de las Doce Leguas y bancos de Buena Esperanza, y los que corren al oeste, con los de Jardines y Jardinillos, cayos de Rabi-horcado, los Indios y San Felipe. De estos bajos, la Isla de Pinos forma una porcin no cubierta de agua. Esta isla es la de ms consideracin de todas las que rodean a Cuba, dista de ella 9 leguas en su parte ms prxima y le sirve como de antemural, cubrindole sus costas de Punta Gorda a la de Piedras, donde estn las ensenadas de Broa y Majana y el surgidero de Bataban: para su comunicacin tiene cuatro canales, de los cuales el ms profundo corre entre los cayos llamados de Dios y de la Pipa.10 10Vives, Cuad. Estad Humboldt, Essai hist

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CAPTULO IITOPOGRAFA DE LA ISLA TOPOGRAFA DE LA ISLA TOPOGRAFA DE LA ISLA TOPOGRAFA DE LA ISLA TOPOGRAFA DE LA ISLASu territorio descansa sobre un banco de roca caliza, de ojos, sumamente porosa y desigual, conocida con el nombre de mcara y vulgarmente con el de seboruco, que se manifiesta en una gran extensin de su parte septentrional, en muchos lugares de la meridional y en varios de la lnea central, en su prolongacin de oriente a occidente. Hacia las inmediaciones de la costa meridional, se advierten espacios de pizarra que salen desde la ribera, y siguiendo por lo regular en direccin noroeste se extienden hasta el veril austral del Canal Viejo de Bahama y sirven como de asiento a la mole caliza de la Isla. Su suelo en casi toda su longitud y en el tercio o ms central de su latitud, presenta una cresta rida, poco interrumpida de suaves ondulaciones que dividen las vertientes al septentrin y medioda, la cual, ya directamente, ya por medio de ramificaciones, se enlaza a las cordilleras calcreas que se elevan sobre la superficie general del terreno. La parte occidental, desde el meridiano de Trinidad, consiste en capas secundarias de piedras de cal y yeso y de formacin arenosa, roja y arcillosa; la oriental ofrece el mismo carcter, aunque con algunas interrupciones; y la del centro se compone de la piedra caliza blanca, sin que pueda hacerse excepcin sensible en toda su masa, segn aparece visiblemente en la prolongacin de las costas. Del oes-sudoeste al es-nordeste se extiende por la Isla una cadena de colinas, que entre los meridianos de Matanzas y lvarez se acerca a la costa septentrional, y ms al este entre Villa Clara y Puerto Prncipe corre hacia la meridional, cuya regular altura es de 45 a 60 toesas sobre el nivel del mar: esta cadena se halla interrumpida a veces por grupos de montaas de mucha mayor elevacin. En la garganta formada por las ensenadas de Corts y Guadiana principia una cordillera, cuyo tronco principal sigue casi paralelo a la costa del norte y ms prximo a sta que a la del sur, que va a terminar en las Mesas del Mariel: su mayor altura es el Pan de Guaijabn, de 947 varas castellanas, montaa aislada del grupo principal, situada en los lmites septentrionales al sudeste de Baha Honda. Esta cordillera no tiene nombre particular; una parte es llamada los "rganos, otra Lomas

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PEDRO JOS GUITERAS /29 /29 /29 /29 /29 del Aguacate, y bien pudiera drsele el de Sierra Madre, por ser la de mayor consideracin de toda esta parte de la Isla. Otra arranca al sur de Santiago, en la sierra del Bejucal, que corre en direccin de la longitud de la Isla y como en su parte media de latitud, y va a perderse en los montes de Soledad. Enlazada con ella hay una cadena subalterna, que nace en los cerros de Guanabacoa, la cual siguiendo en direccin del este, unas veces a la misma orilla de la costa del norte y otras muy cerca de ella, abraza primero la llanura de Jaruco, tuerce despus hacia el sur para rodear la ciudad de Matanzas, y confundida con el tronco principal en Santana y Limones, vuelve a desviarse en el Hatillo hacia el este, formando las tierras quebradas de Camarioca y Guamacaro, y al fin desaparece en la llanura de Lagunillas. Sus alturas ms notables son las del grupo de la costa del norte llamadas Arcos de Canas, de 230 varas, el Pan de Matanzas, de 460, y los dos hermosos cerros de Camarioca, de 400. Hay en ella algunos grupos ridos, de cuyas grietas y quebradas brotan los clebres manantiales de aguas minerales conocidos con los nombres de Guanabacoa, Madruga, Santana y San Pedro. Las montaas que se ven en el meridiano 72 51’, como a 5 leguas de la costa del norte, aunque de tercer orden, deben considerarse como el tronco de donde parten las varias ramificaciones de poca elevacin que se dilatan por la masa central, particularmente las ms prximas a la costa del norte, que se prolongan de oriente a occidente. El brazo principal es la sierra de Jatibonico, clebre por la caverna de una legua de extensin que la atraviesa y por la cual corre el ro de su nombre. Otro brazo sale del mismo tronco, formado por la sierra de Matahambre, de ms de 600 varas de altura, y las lomas del Caunao. Hay entre Jagua, Villa Clara, Sancti Spritus, Trinidad y la costa que media entre esta ltima villa y el puerto de Jagua, un espacio casi todo montuoso de sobre 130 leguas cuadradas, formado ya de cordilleras continuadas en varias direcciones, ya de grupos aislados de poca o ninguna coherencia entre s. En toda la longitud de la lnea curva que forma su periferia, se encuentran algunas montaas notables por su elevacin, como la Cabeza de San Juan, de 1 000 varas, su rival, el pico del Potrerillo, de 1 090, las lomas del Infierno y las de Banao, que se calcula tengan 2 000 sobre el nivel del terreno, el cerro cnico Pan de Azcar, viga del navegante que surca los mares meridionales, y la sierra de la Gloria, en cuyas altas cumbres nace el primer manantial del Tuinic, cuyas corrientes descienden ruidosas formando cascadas de 60 a 100 varas de elevacin.1 1Se asegura que las montaas de Sanct Spritus, Villa Clara y las de San Juan y Trinidad contienen metales preciosos, mucho hierro y piedra imn. Vives, Cuad. Estad ., p. 14.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 30\ 30\ 30\ 30\ 30\ Otra cordillera principia en la loma de Bez y termina en la montuosa de Zuazo, cuyo cerro ms elevado es el de las Nueces, cuna del Saguachica, donde se divide en dos brazos: el uno, de 7 millas, corre hacia el norte, del que forman parte las elevadas sierras del Escambrai, que guardan en sus entraas los primeros manantiales del Agabama y Saguagrande, y el otro de 13, que se dirige al noroeste. Y a 5 o 6 leguas de la costa meridional, entre los meridianos 70 12’ y 70 39’, hay cuatro grupos calcreos que, aunque aislados uno de otro, quedan, sin embargo, como enlazados por medio de una lnea de terrenos altos y quebrados, que les da la forma de un arco convexo inclinado hacia el norte, de unas 7 leguas de extensin. La cadena de montaas, conocida bajo el nombre genrico de Sierra Maestra, se prolonga a corta distancia de la costa meridional en una extensin de ms de 40 leguas, desde el cabo Cruz hasta ms all del ro Baconao. Esta gran masa primitiva, la ms elevada de la Isla, presenta su escabroso talud al mar desprendiendo cortos eslabones de igual aspereza, que avanzan hasta la ribera formando entre unos y otros profundos precipicios. La variedad de formas que tienen los picos de estas colinas y su constante aridez, los espacios intermedios en que florece la vegetacin y las playas de arena interpoladas en toda su longitud, ofrecen contrastes singulares e imponentes. Las vertientes septentrionales son de una gran extensin, en parte muy suaves, y sus ramificaciones se dirigen casi todas al nordeste. Las cspides ms elevadas de estas cordilleras son el Ojo del Toro, cercano al cabo Cruz, de 1 200 varas; el pico Turquino, de 1 800, desde cuyos puertos o mesetas se descubren en das claros las montaas azules de la vecina Jamaica; en la sierra del Cobre, la Gran Piedra, de 2 600, cuyos cimientos empiezan a sentir el peso de su inmensa mole, la loma del Gato, de 1 179 y la de Guinea, de 1 213. Al nordeste de la baha de Guantnamo aparece otra cordillera de menos elevacin, que sigue el mismo rumbo nordeste, tuerce luego al sur, tomando los nombres de sierras de Vela y Pinal y contina al este con el de Imas hasta unirse a las escabrosas y encrespadas cuchillas de Quibicn y Baracoa: tiene esta cordillera algunas ramificaciones, cuyos brazos principales principian al oeste de la sierra del Pinal. En el distrito de Holgun se hallan varias cordilleras de corta extensin y algunos grupos aislados de pequeas montaas y colinas, que en diversas direcciones cubren una parte de su superficie, aunque con grandes separaciones y poca o ninguna coherencia entre s. En una gran parte de su extensin, el terreno de la Isla es muy bajo, y el del interior suavemente ondeado. Los labradores distinguen all dos clases principales de tierras, que estn mezcladas muchas veces como las casillas de un tablero de ajedrez; la negra, llamada vulgarmente prieta, que es arcillosa y est cargada de humos, muy estimada

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PEDRO JOS GUITERAS /31 /31 /31 /31 /31 para el cultivo de la caa de azcar, y la bermeja, o colorada, ms pedernosa y cargada de xido de hierro, que se prefiere para el cultivo de los cafetos. Desde el cabo de San Antonio hasta la garganta de Guadiana, el terreno es llano, de seboruco en las primeras 11 leguas, y despus pedregoso y ferruginoso, cortado en la misma garganta por varias lagunas, algunas de una legua cuadrada de extensin, y en ella principia a ensanchar la Isla. Los de la parte del norte son generalmente quebrados. Los comprendidos en la estrecha faja que corre de la ensenada de Guadiana al puerto del Mariel, son casi todos de labor y estn fertilizados por gran nmero de vertientes que salen de la Sierra Madre; los que se hallan al este del Mariel hasta La Habana son bastante feraces, cubiertos de poblaciones y fincas rurales de todas clases, y casi en sus lmites meridionales, en la situacin cntrica de esta parte, se encuentra el lago de Ariguanabo, de sobre 2 leguas cuadradas de superficie y en algunas partes de una profundidad de 8 varas. Siguiendo la direccin a oriente, el tramo comprendido entre La Habana y Matanzas, si se exceptan las llanuras de Jaruco, Bainoa, Caraballo y San Antonio de Ro Blanco, es de terrenos quebrados, y todo l de una gran feracidad, salvo los que se hallan en las inmediaciones de Guanabacoa, la cordillera de la costa y los paredones de Jaruco, cubierto de poblaciones y fincas rurales y baado por ros y arroyos que corren al mar, casi todos navegables: el que se extiende al este de Matanzas hasta el Sierra Morena, compuesto de porciones quebradas, como Santana, Guamacaro y Sabanilla, es excelente para toda clase de cultivos, y los de Limones, Tenera y Canmar, pedregosos y estriles, abrazan quiz el mayor nmero de ingenios de fabricar azcar que cuenta la Isla. El espacio de la Jurisdiccin de Villa Clara, comprendido entre los ros Sierra Morena y los dos Saguas y entre las sierras del Escambrai y Agabama, es todo utilsimo para la agricultura (exceptuando algunos pequeos tramos de sabanas ridas y la parte del litoral), cultivado a orillas del caudaloso Sagua y alguno de sus confluentes con ingenios y gran nmero de fincas pequeas, y tambin en los valles y llanuras quebradas que se hallan al centro del Escambrai, cuyo verdor y lozana contrasta con la aridez natural de aquellos agrestes campos. Siguiendo al sur y oeste de esta sierra hasta el fin septentrional de las escabrosas de Trinidad se ven algunos espacios montuosos y quebrados y al fin sabanas, baados por las aguas del Arimao, Caunao y otros ros menores, en cuyas riberas, as como en algunas partes del interior, halla el labrador laborioso recompensados con prdiga mano sus trabajos. El territorio de San Juan de los Remedios, en la extensin comprendida desde el Saguachica hasta el Jatibonico del norte y la sierra de este

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 32\ 32\ 32\ 32\ 32\ nombre, es generalmente estril y muy pedregoso, anegadizo en la estacin de las aguas y seco en la poca de invierno: pero los terrenos inmediatos a las faldas de la sierra, los de las mrgenes interiores de los ros citados y algunos puntos de la costa, presentan espacios de una fertilidad admirable. La Jurisdiccin de Sancti Spritus tiene quiz los mejores de Cuba, en unas partes ondulosos, llanos en otras, interpolados de grandes sabanas ms o menos quebradas y baadas por el Agabama y sus tributarios, ambos Jatibonicos, el Chambas y el Calvario: la seccin ms interesante de este espacio es la campia inmediata a la villa en 3 o 4 leguas en contorno, donde se hallan casi todos los ingenios, cafetales y otras fincas menores, y donde puede decirse que est radicada la riqueza de Sancti Spritus y habita la mayor parte de su poblacin rural. La vasta superficie de la tenencia de gobierno de Puerto Prncipe es, por lo general, llana y baja. La zona comprendida entre las sierras de Jatibonico y Matahambre y la costa del norte es sumamente cenagosa y estril. En la central se extiende en tortuosas direcciones un banco arenoso, ms o menos quebrado y alto, que principia muy angosto en el lmite occidental, y en el central y oriental se ensancha en tanto grado que abraza la mayor parte del rea de este territorio desde las faldas boreales de las sierras de Cubitas hasta unas 3 o 5 leguas de la costa de sur por los eslabones que se desprenden de su tronco. En medio de este gran banco es donde est situada la ciudad de Puerto Prncipe, y a su derredor, en una distancia de 4 o 5 leguas a todos vientos, los grupos cultivados que constituyen su principal riqueza. De la zona meridional trataremos al describir la parte sur de la Isla. Los terrenos que siguen al este hasta los confines septentrionales de Bayamo y Cuba son bajos, pantanosos y anegadizos, y slo a 5 o 6 leguas al interior es que se encuentran las grandes sabanas y algunos bosques, cercados de montaas desde el centro del territorio de Holgun hasta su litoral boreal. Donde ha hecho mayores progresos la agricultura por esta parte, es desde la ciudad de Holgun hasta los puertos de Gibara y Vita, entre los ros Cacoyugun, Yabason, Gibara, las Cabezadas de Holgun, Matamoros y otros, en cuyas orillas, as como en casi todos los dems terrenos de este distrito, crece la preciosa hoja del tabaco, nico ramo agrcola-industrial entre sus habitantes. Los de la Jurisdiccin de Santiago de Cuba, limtrofes con los de Holgun y la costa, que corren al oeste y al este hasta Jiguan y Baracoa, son de bosques impenetrables, los que se hallan al noroeste y parte de los del sur son extensas sabanas ondulosas y estriles, y hacia el este y norte, fuera de los trminos del litoral septentrional, se encuentran sierras fragosas. Una parte de las riberas del Mayar, Sagua y varios de sus confluentes estn dotadas de excelentes vegas que producen

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PEDRO JOS GUITERAS /33 /33 /33 /33 /33 abundante tabaco, entre las cuales se distinguen las celebradas de Mayar. En el extremo oriental, si se exceptan las mrgenes de algunos riachuelos que corren a la costa del norte y las inmediaciones de Baracoa, todo es serranas y cuchillas escarpadas y sabanas ridas y desiertas. Entrando en la parte meridional de la Isla, los terrenos comprendidos entre las bocas del Baconao y el Cobre, circunvalados al norte por la Sierra Maestra (que forma aqu como un arco tortuoso), son quebrados en partes y en partes ondulosos y estn fertilizados por riachuelos que desembocan ya en la baha de Cuba, ya en el mar. Hacia el extremo occidental de este espacio se hallan situados la ciudad de Santiago de Cuba y el pueblo del Caney. En casi todo el arco de la cordillera, particularmente en su mitad oriental y el principio de su declive boreal, se hallan las mejores fincas de este distrito, con deliciosos huertos y jardines, donde se aclimatan con xito feliz las producciones de los pases templados. Las airosas crestas de aquellos montes se ven coronadas de risueos cafetales, y desde el principio de sus suaves vertientes septentrionales se despliega un confuso laberinto de preciosos grupos quebrados, cuya feracidad constituye la mayor parte de su riqueza rural, baados por muchos ros caudalosos que a porfa parecen disputarse la gloria de fecundar los paisajes ms sorprendentes de la Isla: all el Guantnamo y su confluente el Tiguabo, el Guaso con sus tributarios, el Guaninic y su confluente el Panuco, con Ro Grande, Santacruz y otros menores que acrecientan sus aguas, el Aguacate, Sabanilla y Ti, y al fin el rey de los otros ros cubanos, el caudaloso Cauto, que sobrndole espacio donde extender su dilatada corriente, cede una parte de su imperio a su confluente el Yarayabo. La prolongacin de la sierra hasta el cabo Cruz es estril y escabrosa, y slo al aproximarse al surgidero del Rincn es que se ve animarse la vegetacin con algodonales y praderas que llegan hasta las inmediaciones de la costa. Desde el cabo Cruz hasta el ro Jobabo, las costas son anegadizas y pantanosas a causa de las tierras bajas del litoral, la cinaga del Buey y las inmediaciones y derrames de varios ros: en el interior, las montaas y cuchillas que se hallan al oriente forman parte de las vertientes septentrionales de la Sierra Maestra y sus ramificaciones, donde nacen las corrientes que baan todo el distrito hasta la lnea del Cauto: siguen despus las llanuras suavemente ondeadas del Bayamo, sus sabanas y ricos bosques, donde est concentrada la mayor poblacin y riqueza de esta villa; y al noroeste corre un terreno de bosques claros, grandes sabanas quebradas y llanas, en cuyo centro est el pueblo de las Tunas con varias haciendas y una regular poblacin. En la zona meridional de la tenencia de gobierno de Puerto Prncipe, la seccin del este, cuya lnea superior es inmejorable para toda

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 34\ 34\ 34\ 34\ 34\ clase de cultivo, se compone de sabanas pobladas de palmares y algunos espacios limpios interpolados de excelentes bosques, que en algunas partes avanzan hasta cerca de la costa; y la del oeste es, por lo general, de grandes llanuras descubiertas, sin ms bosques que los de las cejas de los ros, arroyos y caadas que baan sus terrenos: la seccin hasta el litoral sudoeste es llana, particularmente en su mitad occidental, con un declive suave al mar, que va siendo menos sensible a proporcin que se acerca a la costa, cuya mitad inferior es sumamente anegadiza y pantanosa. La zona meridional de Sancti Spritus tiene una faja de 1 o 2 leguas de terrenos bajos y sus costas son anegadizas y pantanosas como las anteriores. El tercio oriental del gobierno de Trinidad hasta sus lmites con Sancti Spritus, aunque por varios puntos cortado por colinas de alguna elevacin, los tiene ondulosos de una feracidad prodigiosa y en ellos estn situados casi todos los ingenios, desde la ciudad hasta dichos lmites, fertilizados por los ros Guaurabo, Agabama y sus confluentes, el Cabarnao y el Ay, el Curacucey y el Unimaso, cuyas mrgenes e inmediaciones forman un hermoso laberinto de vegas, potreros y sitios: la parte superior de este espacio, aunque quebrada, es tambin til para la agricultura; pero la sabana arenosa y cascajosa, que de las alturas ms meridionales baja a la costa, es pobre para el cultivo y en parte cenagosa. El tercio central es poco poblado y extremadamente spero y montuoso. El occidental, donde se levanta la ciudad de Trinidad, que promete ser una de las ms ricas de la Isla, pasadas las escabrosas serranas, contiene primero una faja de sabanas que se prolonga por la orilla meridional del Arimao, y despus terrenos ms o menos quebrados inmejorables para toda clase de cultivo: este ltimo tercio se halla baado por las corrientes del Gaviln, Matag, Arimao, Caunao, Salado y Damuj, cuyas fecundas riberas ostentan una vegetacin lozana. En todo el que sigue al oeste hasta la baha de Corts, la superficie es llana y termina en una costa pantanosa. La parte que corre hasta el ro Mayabeque (cuyo nombre indio Onicajinal debera restablecerse en la geografa cubana) tiene excelentes tierras; algunas sabanas se encuentran al oriente y 50 leguas cuadradas de pantanos en sus lmites meridionales que abraza la Cinaga de Zapata; al sur del partido de Alacranes y pueblo de los Palos hay algunos espacios de seboruco con bosques de las maderas ms estimadas de la Isla, baados por varios riachuelos y arroyos; y hacia el extremo occidental brota al pie de una ladera el clebre y copioso raudal del Catalina, que en todo el ao produce la cantidad de agua necesaria para el riego de la frtil vega de Gines. La parte contenida entre el Mayabeque y la ensenada de Majana es de buena labor, en grandes porciones de ella se ve la roca caliza en

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PEDRO JOS GUITERAS /35 /35 /35 /35 /35 que se asienta esta hermosa Antilla y hay algunas entradas que conducen a cavernas subterrneas donde se sumergen los ros Cayajabos, Pedernales, Guanajay, Capellanas, San Antonio y otros.2 En la ltima seccin, desde Majana hasta la baha de Corts, si bien llena de sabanas, corren multitud de ros y arroyos que nacen en las vertientes meridionales de la Sierra Madre, y en sus mrgenes verdea al sol, lozana, la hoja del tabaco ms estimado de la Isla.3 2En estas cavernas se hallan lagunas que, aunque interceptadas por las eminencias que produce la irregularidad de la misma roca, se cree tengan comunicacin entre s: la profundidad de algunas de ellas es tal que a la llamada Jaigun se le encontr fondo de 20 brazas a la distancia de 300 varas de su boca.3Vives, Cuad. Estad Humboldt, Essai histor La Torre, Mapa de la isla de Cuba de 1850 y su Geografa edicin de 1854.

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CAPTULO IIICLIMA Y PRODUCCIONES CLIMA Y PRODUCCIONES CLIMA Y PRODUCCIONES CLIMA Y PRODUCCIONES CLIMA Y PRODUCCIONESEl clima de la Isla, particularmente en su mitad occidental, es el que corresponde al lmite extremo de la zona trrida y casi principio del trpico de Cncer, en que las frecuentes variaciones de temperatura anuncian la inmediacin a los climas de la zona templada. La divisin natural de las estaciones del ao en este pas es la de verano e invierno (vulgarmente llamadas con los nombres de lluvia y seca, o de agua y fro), sin determinacin precisa en su principio y fin. En la primera seran insoportables el calor y la humedad, si las brisas del Atlntico no hicieran sentir su benfica influencia; la segunda, as en las costas como en el interior, es sumamente deliciosa, pues reinando los mismos vientos generales, se experimenta una temperatura muy semejante a la primavera de las regiones templadas. La proximidad al mar hace subir la temperatura media en las costas, que en La Habana es de 25, 7’ termmetro centgrado; pero en el interior, donde penetran con la misma fuerza los vientos del norte y el terreno se eleva solamente a la altura de 40 toesas, no llega ms que a 23. En cuanto a las extremas que marca el termmetro a la sombra, se observa hacia el lmite de la zona trrida lo que caracteriza las regiones ms inmediatas al Ecuador entre 0 y 10 de latitud boreal y austral: el termmetro que en Pars se ha visto a 38, 4, no sube en Cuman sino a 33, en Veracruz no ha llegado ms que una vez en 13 aos a 32, y en La Habana no lo ha visto oscilar Dn. Jos Joaqun Ferrer en tres aos (de 1810 a 1812) sino entre 16 y 30. Dn. Antonio Robredo, en sus notas manuscritas que tuvo a la vista el barn de Humboldt, cita como cosa notable el que subiese en 1801 a 34, 4; al paso que en Pars, segn las curiosas investigaciones del Sr. Arago, los extremos de temperatura entre 36, 7 y 38, han tenido lugar cuatro veces en los diez aos transcurridos de 1793 a 1803. La aproximacin de las dos pocas en que el sol pasa por el zenit de los dos parajes situados hacia la zona trrida hace que los calores sean a veces ms intensos en el litoral de la Isla, as como en los lugares comprendidos entre los paralelos de 20 y 23 ;

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PEDRO JOS GUITERAS /37 /37 /37 /37 /37 menos por lo que toca a meses enteros que por un conjunto de algunos das: en ao comn nunca sube el termmetro en agosto a ms de 28 o 30, y los cubanos sienten un calor excesivo cuando llega a 31. Las grandes bajas de temperatura que se observan en Cuba se deben a la irrupcin y derrame de las rfagas de aire fro que se dirigen de las zonas templadas hacia los trpicos de Cncer y de Capricornio: influye tambin el gran nmero de bajos que la rodean, en los cuales el calor disminuye muchos grados de temperatura centesimal, ya por las molculas de agua localmente enfriadas que van al fondo, ya por las corrientes polares que se dirigen a los abismos del ocano, ya tambin por la mezcla de las aguas del fondo y de la superficie en lo escarpado de los bancos; si bien esta baja se halla en parte compensada por las corrientes atlnticas ( Gulf-stream ) que baan a lo largo las costas del noroeste y cuya rapidez se disminuye por los vientos del norte y nordeste. Pocas veces acontece que baje en invierno a 10 o 12; pero cuando reinan los nortes durante algunas semanas atrayendo el aire fro del Canad, suele verse hielo en el interior y aun en las llanuras cercanas a La Habana. Segn las observaciones de los Sres. Wells y Wilson, puede asegurarse que el centelleo del calrico produce este fenmeno cuando el termmetro se sostiene todava en 5 y aun 9 sobre cero; sin embargo, el Sr. Robredo dice haberlo visto a cero mismo. Esta congelacin de un hielo grueso casi al nivel del mar llama tanto ms la atencin del fsico, cuanto que, no habiendo entre La Habana y Santo Domingo y entre el Bataban y Jamaica ms que una diferencia de 4 o 5 de latitud, el mnimum de temperatura en las llanuras de Santo Domingo y Jamaica es de 18, 5 a 20, 5. El clima de Cuba, a pesar de la frecuencia de los vientos del norte y nordeste, es ms clido que el de Cantn, a causa de estar rodeada de costas y por las aguas calientes del golfo hacia el norte: as es que los inviernos son ms rigurosos en esta ciudad que en La Habana. Las temperaturas medias de diciembre, enero, febrero y marzo en Cantn, en 1801, fueron de 15 a 17, 3, mientras que las de La Habana son generalmente de 21 a 24, 3, sin embargo de que una y otra estn en el mismo paralelo con diferencia de un minuto poco ms o menos. En Cantn, el termmetro llega algunas veces a cero, y por efecto del centelleo se encuentra hielo en las azoteas; aunque este fro excesivo nunca dura ms de un da, los comerciantes ingleses encienden sus chimeneas en los meses de noviembre, diciembre y enero, mientras que en La Habana ni aun hay necesidad de acercarse al brasero: los habaneros se quejan de fro cuando el termmetro baja rpidamente a 21. El granizo cae con frecuencia y es sumamente grueso en Cantn; en La Habana pasan 15 aos sin que granice ni una sola vez, y esto acontece durante

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 38\ 38\ 38\ 38\ 38\ las explosiones elctricas y cuando reinan vientos recios del sur-sudoeste: en ambas ciudades, el termmetro se sostiene a veces durante algunas horas entre 0 y 4, y sin embargo, cosa que parece extraordinaria, nunca se ha visto nevar en ellas; slo se conoce en Cuba el roco copioso prximo al grado de congelacin. Es, pues, de creer que se necesitan otras causas que las del descenso rpido de la temperatura en las altas regiones del aire para que nieve o granice. Sorprende agradablemente el que en estas bajas de temperatura, los pltanos nopales y las palmeras vegetan en las cercanas de La Habana tan lozanos como en las llanuras ms prximas al Ecuador, y el ver cubiertos de verdes caas y las dems producciones de la zona trrida los campos de esta hermosa Isla sin que sufran detrimento alguno, aunque la ciencia explica este fenmeno por la facilidad con que resisten el fro momentneo las plantas dotadas de un gran vigor orgnico. Como la vegetacin en ella presenta los mismos caracteres que la de las regiones inmediatas al Ecuador, es cosa extraordinaria el hallar, aun en las llanuras mismas, la vegetacin de los climas templados idntica a la de las montaas de la parte del ecuador de Mjico, fenmeno notable en la geografa de las plantas, digno de la atencin del botnico, y que probablemente consiste menos en la temperatura que en la naturaleza del terreno.1Las mudanzas de temperatura se efectan muy repentinamente en La Habana. En abril de 1804 fueron a la sombra de 32, 2 a 23, 4, en el espacio de tres horas, por consiguiente de 9 del centgrado, lo que es considerable para la zona trrida: en aquel mismo mes y ao, el agua expuesta a una evaporacin fuerte y que se la tena por muy fra, estaba a 24, 4, mientras que la temperatura media del da suba a 29, 3. Durante los aos que emple en hacer sus observaciones el Sr. Ferrer, nunca baj el termmetro ms que (el 20 de febrero de 1812) a 16, 4, ni subi (el 4 de agosto del mismo ao) a ms de 30; el barn de Humboldt lo vio en abril de 1801 a 31, 2, y suelen transcurrir muchos aos sin que llegue ni una sola vez a 34, cuyo extremo en esta zona excede de 4 centesimales. Sera interesante que se reunieran muchas y buenas observaciones acerca del calor de la tierra en la extremidad de los trpicos. El 1Los pinos ( Pinus occidentalis ) no se encuentran en las pequeas Antillas, y segn el Sr. Roberto Brown, ni aun en Jamaica (entre los 17 y los l8 de latitud), a pesar de la elevacin del terreno en las montaas Azules. Slo ms al norte, empiezan a verse en las de Santo Domingo y en toda la isla de Cuba, donde llegan a 60 o 70 pies de altura; y lo que an es ms admirable, en la de Pinos vegetan en el mismo llano la caoba y el pino. Esta clase de conferos que vemos al nivel del ocano, en la costa meridional de Cuba, a los 20 y 22 de latitud, no descienden en el continente mejicano, entre los paralelos 17 y 19 sino hasta 3 500 pies de altura y nada ms. Humboldt, Essai histor., t. I, pp. 83-85.

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PEDRO JOS GUITERAS /39 /39 /39 /39 /39 Sr. Ferrer lo encontr en un pozo de 100 pies de profundidad a 24, 4, y el barn de Humboldt asegura haberlo hallado en las cavernas de roca caliza inmediatas a San Antonio de Beita y en las fuentes del Almendares, entre 22 y 23.2 Estas observaciones hechas quiz en circunstancias poco favorables, sealaran una temperatura de la tierra ms baja que la media del aire, que en las costas cercanas a La Habana aparece ser de 25, 7 y en el interior a 40 toesas de elevacin, de 23, resultando poco conforme con lo que se nota en todas partes, as bajo la zona glacial como la templada. Acaso las corrientes que tienen grandes profundidades y llevan el agua de los polos hacia las regiones ecuatoriales, disminuyen la temperatura del interior de la tierra en islas de poca anchura? Sin embargo que se asegura haberse visto el termmetro a 27, 7, 28, 6, 27, 2, en los pozos de Kingston y de la tierra baja de la Guadalupe, temperatura igual por lo menos a la media del aire en aquellos lugares. Las grandes bajas de temperatura a que estn expuestos los pases situados a la extremidad de la zona trrida, tienen conexin con ciertas oscilaciones del mercurio en el barmetro que no se advierten en las regiones ms cercanas al Ecuador. En La Habana, la regularidad de las variaciones que a horas determinadas experimenta la presin de la atmsfera, se interrumpe cuando reinan vientos fuertes del norte. El Sr. barn de Humboldt ha observado que, en general, cuando el barmetro se sostena en la Isla durante la brisa a 0,m 765, bajaba con el viento sur a 0,m 756 y an ms. Las alturas medias baromtricas de los meses de diciembre y enero, en que el barmetro est ms alto, varan respecto de los de agosto y septiembre, en que est ms bajo de 7 m a 8 m. En los aos en que el seor Ferrer tom las alturas medias, las variaciones extremas de los das en que el mercurio suba o bajaba ms en el barmetro, no excedieron de 30 m. Los huracanes son menos frecuentes en Cuba que en Santo Domingo, Jamaica y las pequeas Antillas, situadas al este y sudeste del cabo Cruz; pues no hay que confundir los vientos nortes con los huracanes, que las ms de las veces son del sur-sudeste y sur-sudoeste. La estacin propia de estos movimientos repentinos y espantosos en la atmsfera, durante los cuales reina un viento furioso por todos los puntos de la brjula, acompaado frecuentemente de relmpagos y granizo, es en Cuba a fines del mes de agosto, en todo septiembre, y particularmente en octubre: tambin en marzo hay en La Habana unos vientos muy recios del sudeste. En las Antillas, todos convienen en que los huracanes no tienen perodos regulares: es digno de observarse que, en las dos extremidades de la larga cadena antllica (al sudeste y noroeste), 2Humboldt, Recueil d’Obs. astr ., t. I, p. 288 y siguientes.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 40\ 40\ 40\ 40\ 40\ los huracanes son poco frecuentes. Las islas de Tabago y Trinidad tienen la fortuna de no experimentarlos jams y en Cuba suceden rara vez estas rupturas del equilibrio atmosfrico, y cuando por desgracia tienen lugar, es mayor el dao que causan en el mar que en la tierra, y ms en la costa sur y sudeste que en la del norte y noroeste. Los terremotos, aunque no raros en la parte oriental y central de la Isla, son menos funestos que en Santo Domingo y Puerto Rico. Donde se hacen sentir con ms frecuencia, sucedindose unos temblores a otros, es en la punta Mais, Santiago de Cuba, Puerto Prncipe y sus inmediaciones.3Las producciones naturales de la Isla son en gran nmero y variedad. En la espesura de sus bosques crecen gigantes el pino erguido y el poroso cedro, que tantas naves dieran a la armada espaola; la gallarda palma y la ceiba majestuosa, el quiebrahacha, el cana y el yaucaje, el frijolillo, el roble y la sabina, con que fabrica el hombre sus moradas; el caobo luciente, el negro bano, el pintado granadillo, el naranjo silvestre y el duro guayacn, asombro del ebanista; la hoja preciosa del aromtico tabaco cubre abundante las mrgenes arenosas del Consolacin, el Cuyaguateje, San Sebastin y otros ros de Vueltabajo, el distrito de Holgun y una parte de la Jurisdiccin de Santiago de Cuba; la dulce caa puebla las campias del Mariel, las fertilsimas que corren al este de Matanzas hasta Saguachica, y los distritos de Trinidad y Cienfuegos, y Alquzar no ha mucho sorprenda al viajero con el esplendor de sus ricos cafetales, inferiores slo en la excelencia de su fruto al de los que embellecen los altos cerros de Santiago de Cuba: sus huertos adornan la dorada naranja, el dulce ann, y el regalado zapote, el pltano luciente y la verde corona de la pia; el maz ostenta sus matizados penachos y el flexible arroz blandea la copiosa espiga: ajena del temor de ver vencidas las suyas propias, generosa la frtil tierra acoge all las producciones de otros climas; y junto al ndico mamey, el suave aguacate y el tamarindo se vern un da crecer, como en nativo suelo, la uva de Mlaga, el melocotn de Castilla, el higo de Canarias y el manzano de Nueva Inglaterra: el algodn esparce al aire sus blancos copos, la vainilla, el cinamomo y la pimienta sus olores, su ail el jiquilete; la daguilla su corteza sutil, sus tintes la bija, el fustete y el brasilete, clamando por brazos a la culta Europa. En sus valles y montaas, elnaturalista enriquece la botnica con el ocuje, la hoja de la yagruma y el sarmiento leatero, contra quebraduras; el manaj y el guauro contra el pasmo; el cabainic y el giro cimarrn, para humores, obstrucciones y heridas; el guaguas y la higuereta y el tamarindo, purgantes; el pin botija y el castao, 3Vase Ilustracin III.

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PEDRO JOS GUITERAS /41 /41 /41 /41 /41 vomipurgantes; el tbano y el ame de pasa de negro, la raz del ateje y la zarzaparrilla, diurticos: el macurijes, contra erisipelas; la siguivalla, antivenrea; el fruto del almcigo, contra resfriados; la raz de China, antdoto contra ciertos venenos; el custico ayabacan, la picapica ardiente y el chichicate abrasador; la aguedita, llamada tambin quina de la tierra; el caisimn, el paraiso y el sauce, el balsmico copal y el drago; y descubre las propiedades venenosas del guao, la cabalonga, la semilla y hojas de la pomarosa y de los sarmientos prietolechosos y curamagey: el fsico descubre las sustancias trreas e inflamables y las sales de que abunda la Isla, proclamando la excelencia del aspato de latun, fsil poco conocido que se halla en la serpentina de Regla, la de la calcedonia, el cuarzo y feld-espato, el alumbre y la caparrosa, la pizarra o esquisto y el betn mineral en sus varios estados y transformaciones: el qumico analiza las aguas prodigiosas de San Diego, Guanabacoa y Madruga, San Pedro y Santana, las de Mayajigua y Guadalupe, Camujiro y Damauelos, y en la Isla de Pinos las de Brazofuerte y Junquixto, consuelo de la humanidad; y prdiga an de sus ms codiciados tesoros, abre la tierra sus entraas brindando el oro preciado de sus sierras del Escambrai y Manicaragua; la plata y el cobre en las del Cobre; el hierro en las mismas sierras del Escambrai y los cerros del Agabama; el imn en las montaas de Juragu y los montes inmediatos a los puertos de Tnamo y Naranjo; en la pennsula de Gincho y en la sierra de Cubitas y en Trinidad, San Antonio, San Diego de los Baos, Baha Honda, Guane Baj y la Isla de Pinos, los mrmoles y jaspes que han de adornar los futuros palacios de Cuba. El cielo ha querido que en esta Isla de encantos disfrute el hombre de los ms bellos y ricos dones de la naturaleza para formar de l un carcter sin igual. Los paisajes que despliegan a porfa el mar y la tierra, iluminados por un sol de fuego, encienden su ardiente fantasa y dan a la expresin de sus ideas un colorido original; la regularidad del clima templa los instintos naturalmente duros de la humanidad e imprime a sus sentimientos una dulzura que en la mujer es verdaderamente anglica; las riquezas del suelo lo hacen generoso, esplndido, social y culto. El bruto mismo vive all bendecido por la mano del Criador: sus agrestes y enmaraadas breas jams sirvieron de guarida al fiero len y al tigre carnicero, ni sus extensas sabanas vieron escondida entre la yerba a la traidora sierpe; en sus praderas slo se oye el rugido agudo del toro jarameo mezclado con el relincho alegre del caballo andaluz, y libres de peligro, la inocente oveja retoza al lado del perro fiel; sus ros y costas pueblan peces mil, y densas nubes de innumerables aves cubren la clara luz del da. As que la extensin territorial de Cuba, casi igual al resto de las grandes y pequeas Antillas, y la situacin y circunstancias de algunos

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 42\ 42\ 42\ 42\ 42\ de sus puertos, el de La Habana, frente al golfo de Mjico; Nipe, a la entrada del canal de Bahama; y Jagua, en el mar Caribe, la hacen por la naturaleza seora de las islas y de los mares orientales de este hemisferio; y el nmero, variedad y excelencia de sus producciones sin rival en los mercados del mundo. No es, pues, de extraar que la admiracin de las gentes, excitada por su influencia poltica y comercial, haya agotado el caudal de elogios para encarecer su inestimable valor: unos la llaman, por su extensin, la Grande Antilla; otros, la Perla de los Mares, por su posicin geogrfica, otros por su comercio y riqueza, la joya ms preciosa de la Corona de Castilla; y un clebre estadista, abrazando en uno solo a todos juntos, pudo decir con razn que la isla de Cuba vale tanto como todo un reino.4 4Raynal, Hist. phil ., t. III, p. 257. En este, as como en los captulos anteriores, hemos seguido al barn de Humboldt en su Ensayo Poltico y el Cuad. Estad ., formado en los tiempos del general Vives.

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CAPTULO IVCARCTER Y COSTUMBRES DE LOS CIBUNEYES CARCTER Y COSTUMBRES DE LOS CIBUNEYES CARCTER Y COSTUMBRES DE LOS CIBUNEYES CARCTER Y COSTUMBRES DE LOS CIBUNEYES CARCTER Y COSTUMBRES DE LOS CIBUNEYESLos pueblos que habitaban este paraso de Amrica, antes de su conquista y colonizacin por los espaoles, eran llamados cibuneyes, y pertenecan a una raza comn en todos sus principales caracteres a la de todo este hemisferio y diferente de las otras hasta entonces conocidas a los europeos.1No presentaban en sus formas la robusta musculatura de las tribus del norte, ni en la expresin del rostro asomaban los instintos de sangre que hacan horribles a los isleos caribes, ni tenan en el aire y movimientos el aspecto marcial de los haitianos. Su estatura y conformacin de miembros eran regulares y tambin el rostro y facciones, aunque tenan la frente demasiado ancha, era el color aceitunado, como el de los aborgenes de las Canarias, los cabellos gruesos, negros y tendidos, cortados, por lo comn, sobre las orejas2 y algunos los usaban largos hasta la espalda y atados con un cordn en derredor de la cabeza a manera de trenza.3 Los hombres y las doncellas andaban enteramente desnudos; y slo por distincin usaban los caciques y guerreros coronas y penachos de plumas de vistosos colores; las mujeres casadas se cubran, las de la clase alta con unas mantas de algodn llamadas naguas, que les pendan de la cintura hasta los tobillos4 y las dems con unas faldetas a medio muslo, o con una simple faja, tambin de algodn; y las ms rsticas con hojas de los rboles. Eran tan limpios de su persona, que tenan costumbre de lavarse a cada paso en los ros. Para defenderse de los rayos del sol cuando andaban por el campo, y parecer feroces si iban a la guerra, se pintaban el cuerpo de negro y colorado, untndose con una pasta que hacan del zumo de la jagua (que aunque de su 1Casas, Historia general de las Indias lib. III, p. 23, ms. Vase el nmero 22 de las Memorias de la Sociedad Econmica de la Habana correspondiente al mes de agosto de 1837.2Herrera, Dcada I, lib. III, cap. II.3Muoz, p. 83.4Oviedo, lib. V, cap. 3.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 44\ 44\ 44\ 44\ 44\ natural blanco, se vuelve despus de un negro oscuro) y de unos polvos colorados hechos de la corteza de la bija, que aprietan y endurecen las carnes, mezclado todo con ciertas gomas para que se adhiriese mejor al cuerpo. Usaban tambin de este afeite, as hombres como mujeres, en sus aretos, cantares y siempre que queran parecer bien, y no se les caa hasta pasados muchos das.5Los caciques y gente principal vivan en pueblos de 200 y 300 casas, colocadas a distancias irregulares, sin formacin de calles, pero de manera que el grupo de todas dejase en el centro una gran plaza para recreo y comodidad del pblico. Los labradores vivan en aldeas, por lo comn de 10 a 20 casas, inmediatas las unas aldeas de las otras, y se comunicaban por sendas angostas, pues en Cuba no se vieron caminos abiertos. Los miembros de cada familia, y a veces varios vecinos de diversas, habitaban juntos en una sola casa con sus mujeres e hijos y los criados del servicio domstico, que llamaban nabores; seal de la buena armona que reinaba entre ellos. Sus casas estaban rodeadas de huertos y jardines amenos y eran de dos maneras. La de los caciques y su corte estaban hechas a dos aguas, con portales delante, que servan a la vez de zagun y recibimiento, y stas eran las ms grandes y mejor fabricadas: las de la clase popular tenan una forma parecida a las tiendas de campaa. Ambas estaban construidas, el cuerpo de horcones de corbana u otra madera dura, trabados con soleras y cerradas las paredes con tablas de palma o caas muy unidas, y el caballete, o corona, arrancaba de las soleras y era de varas delgadas sobre las cuales colocaban pencas de palma o cogollos de caas, dejando respiraderos para el humo: para la trabazn de las piezas no usaban otra cosa que bejucos de enredaderas que son sumamente fuertes y flexibles. La voz genrica que empleaban para significar casa o morada, era boho o buho, y distinguan las viviendas comunes de las de los seores, llamndolas caneyes: tenan otras en los lugares pantanosos y en las playas bajas, levantadas sobre gruesos horcones, a las cuales suban por medio de escalas, y a stas llamaban barbacoas.6Los que podan usaban mantas de algodn para adornar sus casas, cubran el suelo con pencas de palma en lugar de alfombras, y se sentaban en taburetes bajos de respaldo, que llamaban duhos, hechos de bano luciente como el azabache; los pobres tenan troncos de rboles por asientos, y era comn entre ellos sentarse en cuclillas en el suelo. La mayor parte dorma en unos catres hechos de un tejido de algodn 5Herrera, Dc. I, lib. I, cap. 13, y lib. III, cap. 9; Dc II, lib. III, cap. 14; Dc VII, lib. IV, cap. 5, y lib. IX, cap. 7; Dc VIII, lib. IV cap. 9. Oviedo, lib. VIII, caps. 5 y 6, y lib. XVI, cap. 5.6Herrera, Dc. I, lib. II, cap. 11, y lib. IX, caps. 4 y 16. Oviedo, lib. VI, cap. 1, y lib. XXIX, cap. 10.

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PEDRO JOS GUITERAS /45 /45 /45 /45 /45 a manera de red y en los cabos muchos hilos tambin de algodn, o de cabuya o de henequn, para colgarlos en alto de un poste a otro del boho, o a los rboles cuando estaban en sus huertos o en el campo. A esta clase de catre llamaban hamaca, y son muy acomodados al clima del pas para mantener fresco el cuerpo y preservarlo contra la humedad de la tierra. Sencillos, pacficos y amorosos, los cibuneyes, si bien no haban alcanzado la cultura y civilizacin de los indios de Mjico y el Per, aventajbanlos en las artes y virtudes de la paz, y gozaban una vida tranquila, protegidos por un sistema de gobierno y polica ms libre e independiente. Eran de entendimiento despejado, hospitalarios y ceremoniosos; vivan en gran unin como si fuese una sola familia; y a juzgar por su natural y costumbres y la pobreza de sus instrumentos de guerra, deban guardarse los Estados entre s una fe y comercio de un carcter amistoso.7 Hacan buen acogimiento a los extranjeros, presentndoles sus frutas y bastimentos; y era tal su liberalidad que los huspedes y extraos entraban en las casas por donde pasaban y tomaban lo que apetecan para alimentarse, como si fuera propio, con mucho placer de los dueos. No obstante esta franqueza, el hogar domstico era tan sagrado, que con cerrar la puerta del boho atravesando una endeble caa, se tenan por seguros de recibir ninguna ofensa. Eran sus armas el arco, la flecha, unas lanzas hechas de caas secas al sol, en cuyo punto ms grueso fijaban un stil de madera aguzado y unas espadas de dursima madera, que llamaban macanas: no tenan armas defensivas. Iban a la guerra desnudos, y sin otro adorno que sus tintas rojinegras y sus penachos de plumas. Por lo comn combatan de da, aunque no desdeaban dar sus asaltos de noche, y para evitar las sorpresas cuidaban de dejar puestos centinelas. En estos asaltos acostumbraba el adalid o el que haca de gua, ponerse en la cabeza un cocuyo para que sirviese de faro y seal a los que le seguan y de este modo ingenioso marchaban juntos, sin que el aire recio ni la lluvia les quitase la lumbre e impidiese ver a donde iban. En sus caceras nocturnas hacan collares de ellos, cuando queran ser vistos a largas distancias, y los usaban tambin para el servicio de las casas y cenar sin necesidad de otra lumbre. No hacan esclavos a los prisioneros de guerra, ni los sacrificaban; pues en las islas nunca se hall que hubiese esclavos, ni tampoco que se hiciesen sacrificios humanos. Era liga perpetua de amistad el trocarse 7“Vivan todos pacficos (dice Casas en el lugar citado de su Historia general... ) no me acuerdo que oysemos ni sintisemos que unos pueblos contra otros, ni seores contra otros tuviesen guerra”.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 46\ 46\ 46\ 46\ 46\ los nombres, con lo cual quedaban guatiaos, que vala tanto como confederados y hermanos en armas.8Para adiestrarse en la guerra hacan sus ejercicios y lucan su destreza y arrojo en ocasiones de gran regocijo, corriendo caas a la manera de los castellanos. Salan a la plaza sbitamente dos escuadrones armados de arcos y flechas, empezaban con escaramuzas como en los juegos de caas, y poco a poco se iban encendiendo; y como si fueran con enemigos peleaban hasta quedar muchos heridos y a veces algunos muertos; todo con mucho contento de los espectadores, sin hacer caso de los vencidos hasta que el cacique mandaba cesar el combate. Adems de ste tenan otros pasatiempos, como el juego de la pelota, que llamaban del batey, para el que haba en la plaza de cada pueblo un ancho campo y otro an mayor en los suburbios, rodeados de asientos de piedra para la plebe, y en lugar separado taburetes de maderas preciosas, labrados primorosamente con labores de relieve y entalladuras, en donde se sentaban el cacique y sus mujeres, y los personajes de la corte. Este juego lo hacan por partidos, en que entraban igual nmero de personas de una y otra parte, a veces 20 contra 20. Marcaban los trminos con estacas y tiraban una lnea por medio para partir el campo: no usaban rechazar la pelota con la palma de la mano, sino con las dems partes del cuerpo segn les pareca, con gran agilidad y destreza; y de este modo la sostenan en el aire cuanto podan, combinando el juego con la variedad en los movimientos y los caprichos de los jugadores. Las condiciones ordinarias de este pasatiempo eran lanzar la pelota ms all de la lnea que divida los dos partidos, no hacerla pasar de los trminos marcados con las estacas y rechazarla de una parte a la otra antes que cesasen los botes: para la solucin de las cuestiones que se suscitaban acudan al cacique, si estaba presente, o al personaje de ms autoridad que hubiese entre ellos. Las pelotas eran de una pasta negra de races de rboles y yerbas, mezcladas con zumos y otras sustancias que ponan a cocer y antes de enfriarse las redondeaban, dndoles el tamao que queran; algunas eran mayores que las de viento usadas en Espaa, y mejores en el nmero y altura de los botes, aunque algo pesadas. Este juego del batey fue muy popular entre los indios, y para darle mayor atractivo y excitar el inters pblico, formaban varias combinaciones en el arreglo de los partidos, jugndolo unas veces los hombres entre s, otras las mujeres, ya los dos sexos mezclados, ya los casados con los solteros o bien stos con las casadas. 8Herrera, Dc. 1, lib. I, cap. 19; lib. II, caps. 11 y 15; lib. III, caps. 5, 6 y 8; lib. V, cap. 4; lib. VII, cap. 4; lib. IX, cap. 3; Dc. II, lib. I, cap. 14; Dc. IV, lib. VIII, cap. 3. Oviedo, lib. V. cap. 2, y lib. XV, cap. 8. Navarrete, t. I, p. 183. Muoz, p. 289.

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PEDRO JOS GUITERAS /47 /47 /47 /47 /47 Acostumbraban no casar con mujer de su linaje dentro del cuarto grado, y podan tener muchas concubinas, las cuales respetaban y obedecan a la mujer propia sin que jams hubiese desconformidad entre ellas. En sus bodas tenan una costumbre especial a esta Isla, y era que cuando un indio escoga esposa, si era cacique, la conocan antes que l los caciques que se hallaban en la fiesta; si hombre principal, todos los de su clase, y si plebeyo, los plebeyos. Y despus de esto sala la novia del aposento sacudiendo el brazo con la mano cerrada y en alto, repitiendo a gritos: “manicato, manicato”, que significa esforzada y de nimo grande, como londose de ser valerosa y capaz de mucho. No usaban el pecado nefando, ni tampoco coman carne humana; y aunque Oviedo es de opinin que eran sodomitas, el padre Casas y otros hombres graves lo niegan y le reprenden de ello. Las cibuneyes eran, con los naturales, continentes; y deshonestas con los castellanos.9En sus enfermedades llamaban a los behques o sacerdotes, que eran sus mdicos, buenos herbolarios por lo general y entendidos en las propiedades medicinales de las plantas; lo cual no impeda que en la asistencia de los enfermos entrase como parte principal el uso de ciertos ritos y ceremonias misteriosas para alucinar al pueblo. El behque estaba obligado a guardar dieta como el paciente y a purgarse con l con una yerba que tomaba por la nariz hasta quedar fuera de s; entonces empezaba a decir mil disparates, dando a entender que hablaba con los dolos, y se untaba la cara, y tambin la del enfermo, con olln; cuando ste haba purgado se sentaba el behque, estando los presentes a oscuras con gran silencio, y tomaba cierta yerba para arrojar lo que haba comido; en seguida se encenda luz, daba dos vueltas al derredor del enfermo, le tiraba de las piernas, base a la puerta, la cerraba, y a grandes voces deca: “Vete a la montaa o donde quisieres”, y soplaba estremeciendo ambas manos juntas, cerraba la boca, volva a soplarse las manos, iba donde el enfermo, le chupaba el pescuezo y por las espaldas, en el estmago y otras partes. Concluidos estos embelecos comenzaba a toser y hacer visajes, y al fin escupa en la mano algo que se haba metido en la boca, diciendo al enfermo que se lo haba sacado del cuerpo y que aquello era el mal que su cem le haba dado por no haberlo obedecido. Por lo comn, lo que se sacaba de la boca eran unas piedras, a que tenan gran devocin, como cosa enviada por sus dioses, y las guardaban como reliquias, creyendo tenan virtud para los buenos partos y otras muchas cosas. 9Herrera, Dc. 1, lib. III, caps. 4 y 5; lib. V, cap. 4; lib. VII. cap. 4; lib. IX, cap. 4. Oviedo, lib. VI, caps. 1 y 2; lib. XVII, cap. 8. Casas, Historia general... t. III, cap. 23, en las Memorias de la S. P de la Habana nmero de 22 de agosto de 1837.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 48\ 48\ 48\ 48\ 48\ Parece que, no obstante la sencillez y credulidad de aquellas gentes, no siempre daban crdito a las supercheras de los behques, y saban valerse de otras tales para castigar sus descuidos o ignorancias. Pues cuando aconteca morir el paciente, si les entraba sospecha de que el mdico no haba hecho bien la dieta, para conocer si la muerte fue por su culpa, sacaban el cadver del lugar donde lo haban depositado, le cortaban las uas y los cabellos de sobre la frente, y hecho todo polvo y mezclado con el zumo de cierta yerba, se lo daban a beber por boca y nariz, preguntndole muchas veces si el mdico guard o no la dieta. Y sola suceder orse una voz, que pareca salir del cadver, diciendo que el mdico no hizo dieta. Entonces, lo volvan luego a la sepultura, y los dolientes se aseguraban del infeliz behque, y a palos le quebraban brazos y piernas, o le sacaban los ojos, usando con l todo gnero de crueldades. Tenan una singular manera de tratar a los moribundos. Si los behques desahuciaban la vida del cacique, sus vasallos lo estrangulaban como una muestra de respeto, antes que permitir que muriese como el vulgo. La muerte por estrangulacin era estimada entre ellos en tanto honor, que solan a veces conducir a los moribundos a presencia del cacique para rogarle que permitiese que los estrangulasen. Los vasallos eran colocados tendidos en sus hamacas, y los abandonaban a morir en la soledad, dejndoles junto a la cabecera agua y casabe. Cuando mora algn cacique hacan la autopsia del cadver, abrindolo y secndolo a fuego lento para que se conservase entero, y lo enterraban en alguna cueva o parte hueca, donde le ponan una gira llena de vino, una torta de casabe y sus armas; y de las mujeres propias la que quera mostrar haberlo amado ms en vida, se encerraba con l y all mora, y a veces se encerraban dos. De la gente del pueblo, despus que calculaban que haban muerto en donde hemos dicho que solan dejarlos, acudan y les cortaban la cabeza, y algunas veces un miembro, y esto era solamente lo que guardaban en memoria de ellos.10 10Herrera, Dc. 1, lib. III, caps. 3 y 4.

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CAPTULO VAGRICUL AGRICUL AGRICUL AGRICUL AGRICUL TURA E INDUSTRIA TURA E INDUSTRIA TURA E INDUSTRIA TURA E INDUSTRIA TURA E INDUSTRIACultivaban las artes de la agricultura y la industria en su estado primitivo, bastando a sus escasas necesidades la abundancia de frutos y plantas con que los regalaba la frtil tierra; el gran nmero de aves que poblaban sus selvas y los peces de sus ros y costas: eran ingeniosos en las caceras, y en sus barquillas o canoas, e instrumentos de pesca mostraban un gusto superior a la simplicidad de sus adelantos. Sus campos eran los ms ricos y mejor atendidos de las Antillas: consistan sus principales cosechas en boniatos y papas; el aj, que les serva de pimienta; el maz y la yuca, de que hacan su pan; y el algodn, que hilaban y tejan para sus mantas, faldellines, redes y hamacas. Acostumbraban almacenarlas en unos grandes bohos que tenan en las aldeas, y haba entre ellos mercaderes que entendan en ir de una provincia en otras a permutar los frutos y las cortas producciones de su industria, y solan extender sus especulaciones a las Lucayas y otras islas. Muchos se dedicaban a la pesca y tenan aldeas en las costas y recorran en ligeras canoas los cayos e islas inmediatos. Para sus siembras escogan los valles y cerros poblados de rboles, que llamaban arcabucos, equivalente a bosques, o bien los caaverales o lugares cubiertos de arbustos, donde hubiese materias combustibles, y nunca las sabanas por creerlas poco feraces. Despus de talado el terreno, al cual junto con las labranzas llamaban conuco, quemaban las ramas para abonarlo, porque tenan experiencia de que la ceniza vegetal era buen abono para la tierra, y con esta simple preparacin aguardaban a que lloviese, y en los primeros das de luna nueva hacan sus siembras, y nunca en menguante, persuadidos de que las plantas crecen a medida que la luna. Eran cuidadosos de tener limpios los sembrados desde que empezaban a brotar hasta que estaban bastante crecidos para no recibir dao de la yerba; y as que asomaba la espiga, ponan muchachos a ojear el campo hacindoles estar sobre los rboles, o bien en barbacoas provisionales de madera y caas, para ahuyentar las aves

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 50\ 50\ 50\ 50\ 50\ que acudan al olor de los granos, y all se estaban voceando continuamente hasta que se recoga la cosecha.1Cuando llegaba el da de la siembra se reuna en cada conuco cinco o ms indios con sus coas, que eran unos palos tostados que les servan de azada, llevando colgados al cuello, de travs, unos talegos llenos de semilla, y puestos en ala a corta distancia uno de otro, caminaban a comps abriendo con las coas a cada paso un hoyo de dos o tres pulgadas, y con la mano izquierda echaban en l cinco o seis granos y lo cerraban apretando la tierra con el pie. De este modo, yendo y viniendo de un extremo a otro del conuco, lo paseaban todo hasta dejarlo sembrado. Con el maz, como de s, es seco y recio, para que naciese ms pronto, ponan el grano a remojar dos das y lo sembraban al tercero. En la de la yuca y de los ajes o boniatos comunes, o de cualquiera otra planta sarmentosa, usaban de otra forma que con los granos; hacan varios montones de tierra limpia, en lneas tiradas a cordel, de sobre 8 pies en circunferencia y 2 de altura, dejndoles una meseta en la parte superior donde fijaban de seis a diez o ms bejucos, de manera que quedasen como una cuarta bajo tierra y otro tanto descubierto, y les ponan unas varas altas formando pabellones para que se enredasen en ellas los vstagos. Otros excusaban los montones y pabellones y sembraban los bejucos unidos de dos en dos. Los indios coman el maz crudo mientras estaba tierno y en este estado, antes de cuajar o recin cuajado, lo llamaban ctor: cuando ya seco, hacan una especie de pan, tostando el grano. De la raz de la yuca hacan, de este modo, las tortas de su pan ordinario, que llamaban casabe o casab: al ao o ms de sembrada la yuca, le raspaban la corteza con unas conchas de veneras de almejas, hasta no quedar nada de ella, y en seguida la rallaban en unas piedras speras y con aquella masa henchan una talega redonda de empleita de sobre diez palmos de largo y bastante gruesa que llamaban sibucn, hechas de cortezas blandas de rboles, tejida algo floja como las esteras de palma; despus colgaban en alto un extremo del sibucn a una palanca con su torno y ataban al otro extremo una piedra gruesa y dando vuelta al torno estiraban el sibucn, estrujndola y exprimindola hasta sacarle el zumo por las junturas del tejido. Libre la yuca de este zumo, tendan la masa hecha polvo en un burn o cazuela plana de barro y lo ponan sobre un hoyo lleno de fuego, de manera que lo fuese calentando lentamente hasta cuajarse la yuca, y con unas tablillas, en lugar de paleta, volvan la torta para cocerla de ambos lados y la ponan a secar al sol uno o dos das; quedando as hecho el pan casabe, que an hoy se usa y es muy estima1Oviedo, lib. IV cap. 8, y lib. VII, cap. 8.

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PEDRO JOS GUITERAS /51 /51 /51 /51 /51 do de los campesinos. Para las gentes principales hacan las tortas sumamente blancas y tan delgadas como obleas, a que llamaban jaujau; para el pueblo eran inferiores, de media pulgada de grueso. Este pan y el de maz, ramo exclusivo de las mujeres, era el principal alimento y el ms necesario que tenan. Del zumo extrado de la yuca hacan poleadas, sirope, vinagre y otras preparaciones, cuyo uso se ha perdido con la introduccin de la harina, el azcar y el vino por los espaoles. “Aquel zumo de la yuca que sale, despus que es rallada e se exprime en el zibucn, es tan psimo veneno, que con un solo pequeo trago matara un elephante o cualquier otro animal o hombre viviente; no obstante lo cual, si a este mismo zumo mortal le dan dos o tres hervores, cmenlo los indios, haziendo sopas en ello, como buen potaje y cordial; pero as como se va enfriando, lo dexan de comer, porque aunque ya no matara porque est cocido, dicen ellos que es de mala digestin cuando se come fro. Si quando este zumo sali, lo cuezen tanto que menge dos partes, e lo ponen al sereno dos o tres das, tornase dulze, e aprovechanse dello, como de licor dulce, mezclndolo con los otros sus manjares; y despus de hervido y serenado, si lo tornan a hervir e serenar, trnase agro aquel zumo, e srveles como vinagre o licor agro, en lo que quieren usar del sin peligro alguno”. Hacan vino de la yuca y tambin del maz, que era su chicha; y aunque tenan la uva, la pia y otras frutas cidas, nunca entendieron de servirse de ellas para este uso.2De la planta del bijao, que creemos fuese el miraguano, y del tallo del maguey tejan jabas y otras cestas, donde guardaban su ropa, la sal y varias cosas; y de la corteza del tallo de ste, as como de la cabuya y el henequn, hacan cuerdas y cordones muy bien torcidos. Los hilos de estas dos ltimas son de tanta consistencia que los indios, cuando los castellanos les ponan grillos, cortaban con ellos el hierro con mucha facilidad. “Como quien asierra, mueven sobre el hierro que quieren cortar un hilo de henequn o cabuya, tirando e afloxando, yendo e viniendo de una mano hazia otra, y echando arena muy menuda sobre el hilo (en el lugar o parte que lo mueven) ludiendo en el hierro, y como el hilo va rozando, assi lo van mejorando e poniendo del hilo que est sano e por rozar, y desta forma siegan un hierro por grueso que sea, e lo cortan como si fuese una cosa tierna e muy fcil de cortar”. Hacan tazas y vasijas preciosas de las jcaras del higuero o gira, para beber y otros usos. En sus caceras usaban de medios simples, como que las aves y cuadrpedos eran animales de pequeo cuerpo y de ndole mansa. Para la 2Herrera, Dc. I, lib., III, cap. 9. Oviedo, lib. VI, cap. 49, y lib. VII, cap. 1 y siguientes hasta el 6.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 52\ 52\ 52\ 52\ 52\ de los papagallos, en la primavera, se suba a un rbol un muchacho cubierta la cabeza de yerba o paja, llevando consigo uno que haca gritar tocndole en la cabeza, para que a los quejidos acudiesen los dems; y cuando haba muchos posados en el rbol, el indiezuelo, con una cuerda de lazo corredizo atada a una vara, empezaba a enlazarlos y torcerles el pescuezo; y de este modo coga cuantos quera, pues los papagallos confundiendo la varilla con la rama se estaban quedos, mientras oan los lamentos del seuelo.3Cuba posea un nmero corto de cuadrpedos, y para cazarlos, ms que por la fuerza, acudan a medios ingeniosos como en la caza de las aves. El que llamaban quem era tan grande como un sabueso; el cori o curiel se asemejaba en el cuerpo al conejo, aunque no tan grande, y tena el hocico de ratn; la huta, de la misma especie y mayor en tamao; el moju, parecido a la huta; el guabiniquinax, especie de zorra, con la cola poblada y larga; y el aire, de la misma familia que ste. Tenan tambin uno, cuyo nombre en el dialecto cibuney nos es desconocido y que los de Mjico llamaban xulo, que era como un perro gozque, slo que no articulaba sonido alguno, el cual domesticaban y cuando salan a sus caceras lo llevaban para correr la caza y matarla. El guabiniquinax habitaba en los manglares y lo cazaban acercndose con sus canoas a orillas de los ros y hacindolo caer en el agua moviendo el mangle: tal era su mansedumbre. Haba ratones comunes, que llamaban mures y un cuadrpedo anfibio, la iuana o iguana, especie de dragn o lagarto grande de feo aspecto y espantoso que “es muy buen manjar e mejor que los conejos de Espaa muy buenos jarameos”. Los indios lo estimaban en mucho, y de los otros, el moju, la huta y los perros xulos. Donde se advierte que ejercitaron ms su ingenio, es en el arte de la pesca, en el cual se distinguieron de sus vecinos de Hait y Jamaica, por su destreza y los artificios que empleaban, como que el pescado era el alimento preferido de ellos y a que mostraban gran aficin. Tenan redes de algodn muy bien hechas; en los arrecifes de las costas y en las isletas del Jardn de la Reina, en aquellas partes ms apropiadas por el flujo y reflujo, hacan corrales y atajos donde criaban gran nmero de tortugas, lisas y otros peces; y cuando se reunan para una gran pesca, usaban de un bejuco que llamaban baigua, desmenuzndolo en el agua, y ya fuese que comiesen de l los peces, o que gustasen del agua mezclada con su jugo, se embriagaban y a poco aparecan en la superficie vueltos de espaldas, como atnitos o dormidos, y entonces los tomaban a mano en grandsima cantidad: en los ros se servan tambin de judras y de cierta clase de garlitos. 3Oviedo, lib. VII, caps. 9, 10 y 11, y lib. VIII, cap. 4. Herrera, Dc. I, lib. IX, cap. 4.

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PEDRO JOS GUITERAS /53 /53 /53 /53 /53 Cuando salan al mar en busca de peces grandes, como sus anzuelos eran endebles y pequeos, hallaron un medio de suplir su falta sirvindose de un pez que, por instinto y conformacin natural, tiene la propiedad de perseguirlos y adherirse a ellos. Es como de un palmo o ms de largo, de mal semblante y gran atrevimiento, el cual tiene por los costados y en especial desde la cabeza a la mitad del cuerpo, medio lomo arriba, unas escamas que van de mayor a menor formando un valo, sembradas de unas espinas duras, muy delgadas y speras, y con stas se aferra a los peces, por lo cual los castellanos lo llamaron pez reverso: entre los indios era conocido con el nombre de guaicn. Con l pescaban las tortugas, los sbalos, manates y cualquier pez de gran tamao. Si queran guardar algunos criaban los pequeos que cogan en las redes, conservndolos en agua de mar, y los domesticaban hasta llegar a tener la fuerza y aptitud necesarias. Entonces los llevaban en sus canoas, atados por la cola a una cuerda delgada de muchas brazas de largo con una boya de corcho para seal; y cuando vean a flor de agua algn pez grande, tomaban uno en la mano halagndole y dicindole fuese manicato y otras palabras exhortatorias y lo lanzaban en direccin de la vctima. El guaicn corra hacia ella como una saeta y se le aferraba donde poda, la cual sintindose asida hua a una parte y otra, y en tanto el pescador alargaba la cuerda hasta que el pez cansado se diriga a la vuelta de tierra y comenzaba a tirar con tiento, guiando el guaicn con la presa hasta que las mismas olas lo echasen a la playa; entonces saltaba de la canoa, y si era tortuga la trastornaba en el mar, y si manat u otro pez, lo harponaba hasta matarlo. Para desprender el guaicn usaba de mucha maa y cautela, porque viene tan unido a su presa, que si quisiesen separarlo con fuerza lo despedazaran antes que lograr su objeto.4En las pesqueras por los ros y costas y el comercio con las islas vecinas, as como en sus guerras y diversiones, se servan de unas canoas, hechas de un solo tronco de rbol; algunas de tanta extensin, que bien podan llevar 40 y 50 y aun ms personas. Para vencer el inconveniente de la falta de instrumentos de hierro, acudieron en su construccin a unas hachas de piedra enhastadas, con las que ahuecaban el tronco, quemando la madera a medida que la iban moliendo y desmenuzando. Estas barquillas eran planas por debajo, pues no les hacan quilla, ni conocieron tampoco el uso de timn y las velas, y para moverlas y dirigirlas usaban de un remo, que llamaban naje hecho como una pala larga, y puestos de pie o sentados y a veces de rodillas, iban remando al costado. Eran sumamente ligeras, y aunque se volcasen o inundasen 4Casas, lib. III, cap. 22. Muoz, lib. V, p. 221.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 54\ 54\ 54\ 54\ 54\ permanecan siempre flotando. Cuando esto aconteca echbanse a nado y con facilidad las enderezaban y vaciaban con sus calabazas, sin que ninguno de ellos peligrase, pues todos eran excelentes nadadores y se sostenan muy bien en el agua.5 5Vase Oviedo, lib. VI, cap. 4; lib. XII, caps. 1 hasta el 8 y los caps. 33 y 34; lib. XIII, caps. 1 y 9.

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CAPTULO VIGOBIERNO Y RELIGI"N GOBIERNO Y RELIGI"N GOBIERNO Y RELIGI"N GOBIERNO Y RELIGI"N GOBIERNO Y RELIGI"NSu forma de gobierno corresponda con su ndole y la inocencia de sus costumbres, y sus tradiciones eran de un carcter puro y racional; en sus creencias se advierte a veces una elevacin de ideas algo impropia de la idolatra y supersticin en que vivan y que, por su identidad con los fundamentos de nuestra religin, parece, ms que de los indios, obra del sentimiento que inspiraba a los conquistadores y misioneros en su espritu de propagar la doctrina cristiana al mismo tiempo que dominaban el pas, si ya no fuese que aqullos, cuando empezaron a conocer el fanatismo de sus opresores, pensaron congratularse su voluntad y hacer su situacin menos desgraciada, mezclando a su modo en sus relaciones las ideas que beban en la fuente pura de los ministros del Evangelio. Para conservar sus tradiciones tenan los behques el encargo de perpetuarlas en coplas y romances que enseaban a los hijos de los nobles, en la infancia, para cantarlos en los das de sus fiestas solemnes. La Isla estaba dividida en muchos Estados soberanos, regidos por caciques: los nombres de estos Estados que ha conservado la historia, son los de Sabaneque, Cayaguayo, Maniabn, Bani, Barajagua, Sagua y Baracoa, en la costa del norte; en la del sur, Hanamana, Jagua, Guamujaya, Magn, Ornafai, Guimaros, Cueiba, Guacanajabo, Macaca, Beyuca, Bayatiquir y Mais; los de Uhim, Guanajanes, Guaniguanico, Marin, Habana y Camagey, que abrazan ambas costas, y en el interior, los de Macurijes, Cubanacn, Bayamo, Maiy y Guaimaya.1Los caciques gobernaban a sus vasallos segn su propio albedro, y su justicia era tan conforme a los principios de la ley natural, que sin necesidad de ordenanzas, ni libros, ni jueces, tratbanse honradamente los unos a los otros, y tenan por malo y perverso al que se complaca en hacer dao a sus semejantes. La confianza de estas gentes en su seor 1Herrera, Dc. I, lib. III, cap. 4. Valds, p. 34. Pezuela, p. 48. La Torre, Mapa de Cuba antigua. Oviedo llama (lib. III, cap. 9) Omohaya, y Diego Mndez (Navarrete, t. I, p. 319) Homo, la provincia que el Sr. La Torre nombra Guamujaya.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 56\ 56\ 56\ 56\ 56\ era tan grande, que en su mano estaba el que creyesen o dejasen de creer lo que l quera. El delito que con ms rigor se castigaba entre ellos, y del que haba muy pocos casos, era el de hurto. “Al ladrn por pequea cosa que hurtase lo empalaban vivo e ass lo dexaban estar en un palo o rbol espetado, como en asador, hasta que all, mora”. La soberana era hereditaria, y observaban una regla simple, pero sagaz, de mantener hasta cierto punto la verdad de la descendencia. Cuando el cacique mora sin dejar sucesin, pasaba la autoridad soberana a los hijos de las hermanas y no a los de los hermanos, por considerar ms probable ser aqullos de su propia sangre; y decan que los hijos reputados por de los hermanos pueden por algn motivo no tener parentesco con el to, mientras que los de las hermanas forzosamente han de ser sus sobrinos. Eran muy ceremoniosos en sus actos pblicos, y cuando los visitaba en sus Estados algn igual en dignidad u otro personaje distinguido. En este caso salan a recibirlo acompaados de los ancianos y nobles y dos de stos llevaban del brazo al cacique. Precedanlo 30 o ms de sus mujeres, sin otro adorno que sus faldillas blancas, labradas de extraas obras y unos ramos verdes en la mano, las cuales para hacer tiempo a que llegase su seor, entretenan al husped con sus bailes y cantares, y concluidos, se le acercaban y le entregaban los ramos, hincada la rodilla en seal de paz y reverencia. Despus se presentaba el cacique; y pasados los cumplimientos de estilo, se llegaban los de la comitiva de mano en mano repitiendo los mismos cantos y bailes. Acabadas estas ceremonias pasaban todos a palacio, donde hallaban aparejada la mesa, cubierta de hutias asadas y cocidas, infinito pescado de mar y de ro, frutas y pan casabe. En la mesa era servido el cacique por los nobles con gran respeto; sola probar solamente los manjares y el vino que le ofrecan, y en seguida mandaba repartirlos entre los de su comitiva: sus rdenes las daba a los consejeros inmediatos a su persona, y stos las trasmitan para su cumplimiento; pues se tena por impropio de la dignidad soberana que hablase a sus vasallos en los actos de ceremonia. Algunos eran tan pulcros, que despus de comer se lavaban y enjugaban las manos con yerbas suaves y odorficas, probablemente con el fin de conservar la blancura y delicadeza del cutis. Concluida la comida era conducido el husped a las arboledas inmediatas al palacio y obsequiado con las danzas y juegos nacionales; y mientras estaba en la corte todo era correr caas, bailar, cantar y darle comidas abundantes.2 2Oviedo, lib. V, cap. 3, y lib. XVII, cap. 8. Herrera, Dc. I, lib. III, cap. 5. Wash. Irving, lib. IV, cap. 9.

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PEDRO JOS GUITERAS /57 /57 /57 /57 /57 Las fiestas donde los nobles representaban al pueblo sus tradiciones y creencias religiosas se llamaban aretos, y consistan en una mezcla de baile y canto, a veces sin ningn instrumento, otras acompaados de unos piticos de madera y sus tamboriles, que eran sus nicos de msica, hechos estos ltimos de un madero hueco y delgado, de dos tercias de largo y una de ancho, y la parte por donde se tocaban era en forma de tenaza de herrador y la otra semejante a una maza, de manera que parecan calabazas de cuello largo; estos tamboriles sonaban tanto que se oan a poco menos de una legua. Reunidos todos formando corro, comenzaban a bailar a la vez al comps de los cantares, asidas las manos de uno en otro, o trabados de los brazos, cantando y gritando los que llevaban la voz y repitiendo a un tiempo los dems, o bien repetan primero los hombres y despus las mujeres. Algunas veces se mudaban los que dirigan, y los que entraban de nuevo solan cambiar la tonada y el comps y aire de la danza. Mientras duraba el canto y baile, andaban otros indios de ambos sexos dando de beber a los danzantes, que apuraban las jcaras de vino sin parar de bailar, y cuando alguno caa embriagado, lo apartaban de la rueda sin detenerse los dems, y el areto continuaba hasta que casi todos quedaban tendidos en el suelo. Porque era su costumbre bailar hasta no poder ms, desde que anocheca hasta que amaneca, y aunque estuviese un gran nmero de ellos juntos, no salan uno del otro con los pies y las manos y con todos los movimientos del cuerpo, un punto del comps. Solan reunirse a veces en sus aretos ordinarios los hombres solos, a veces solas las mujeres, y a veces unos y otras, y entonces no tomaban vino; pero en las fiestas solemnes concurran siempre los dos sexos, cuando celebraban alguna victoria, el casamiento o muerte del cacique, u otra fiesta con algn motivo de inters general. Los espaoles creyeron, al principio, que eran un mero pasatiempo, y de aqu, sin duda, el que los historiadores no prestasen la debida atencin a las tradiciones de los aborgenes, condenados a desaparecer de la faz de la tierra antes que sus costumbres y creencias se estimasen bastante interesantes para ser investigadas: ms tarde se descubri que muchas veces eran ceremonias de un carcter serio y como emblemas vivos, no slo de sus tradiciones sino tambin de sus empresas presentes y futuras, lo que les da un lugar ciertamente importante en las costumbres de aquellos naturales. En ellos estaban simbolizados, por medio de signos comprensibles a los iniciados en sus misterios, los sucesos histricos de la nacin, sus futuros propsitos, sus cazas, su modo de combatir en la guerra. La historia de los tiempos primitivos de casi todas las naciones ha sido generalmente conservada por las liras de los trovadores en rudas canciones y romances, y tal era el objeto de los aretos. Cuando mora un cacique componan elegas sobre su vida

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 58\ 58\ 58\ 58\ 58\ y cciones, para cantarlas y conservar la memoria del bien que haba hecho; otros eran cantos sagrados, y contenan sus nociones de teologa y las fbulas y supersticiones que constituan sus creencias religiosas; otros expresaban sus afecciones y describan los fenmenos de la naturaleza. De manera que estas festividades constituan la historia de la nacin y enseaban el verdadero carcter y costumbres de los indios. Los de Cuba eran superiores a los de Hait, por ser ms suaves sus cnticos, y en la composicin de las coplas usaban repetir una sentencia trasponiendo las palabras, en lo cual daban una prueba de sutil y agudo ingenio.3 3Herrera, Dc. I, lib. III, cap. 4; lib. IX, cap. 3; Dc II, lib. VI, cap. 17; Dc III, lib. IV, cap. II. Oviedo, lib. V, caps. 1 y 3.

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CAPTULO VIICONTINA EL MISMO ASUNTO CONTINA EL MISMO ASUNTO CONTINA EL MISMO ASUNTO CONTINA EL MISMO ASUNTO CONTINA EL MISMO ASUNTOLos cibuneyes tenan conocimiento de que el cielo y cuanto existe en la naturaleza haba sido creado, y decan que por tres personas venidas de diversas partes; si bien ignoraban la esencia y estado de esos seres creadores. En sus oraciones no se dirigan a estas deidades superiores, sino que se valan de otras de un orden inferior, que eran como intercesoras o mensajeras, a las cuales llamaban cemes.1Los de Hait explicaban de una manera confusa y a veces contradictoria, sus nociones acerca de la creacin del mundo, de la tierra, el sol, la luna, las mujeres. Decan de stas que un da muy lluvioso se fueron los hombres a lavar, y estando con deseo de haber mujeres, porque las que tenan se les haban ido a otras islas, vieron caer de los rboles una cierta forma de personas que no eran hombres ni mujeres, y corriendo para tomarlas huyeron como si fueran anguilas, pero que al fin tomaron cuatro por medio de unos leprosos que tenan las manos speras, y habiendo conferenciado como haran para que fuesen mujeres, acordaron atarlas de pies y manos, y valindose del pjaro llamado carpintero 1Herrera, Dc. I, lib. IX, cap. 4. Dice Herrera que los aborgenes de Cuba “no tenan religin, porque no tenan templos, ni dolos, ni usaban sacrificios: slo tenan los sacerdotes, mdicos o hechiceros”, etc. Nosotros seguimos la opinin contraria de Oviedo, quien hablando de los cibuneyes (lib. XVII, cap. 4) dice: “La estatura, la color, los ritos e idolatras, el juego del batey o pelota, todo esto es como de la isla Espaola”; as porque adems de los sacerdotes se encontraron dolos en Cuba, cuanto porque el gobierno y costumbres de sus naturales eran, en lo general, los mismos que tenan los haitianos. Probablemente, aqullos ocultaron sus adoratorios a los castellanos, sabiendo por los de Hait que destruan los dolos y templos y que su religin haba sido causa de haberlos conquistado y esclavizado. El mismo Herrera cuenta ( Dc. I, lib. III, cap. 3) que los haitianos procuraban esconder sus dolos de los castellanos y no los dejaban entrar en sus adoratorios, y que deseando algunos ver el secreto de los cemes entraron de repente a vuelta de los indios en una de las capillas, y al momento grit el cem y habl en su lengua, de donde entendieron que todo era cosa de artificio, y descubrieron que la estatua era hueca como una cerbatana, que sala a un rincn de la iglesia, adornada y encubierta con verdura, en donde se esconda el sacerdote y hablaba por la caa lo que el cacique quera; y conocido el engao, los castellanos destruyeron el orculo.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 60\ 60\ 60\ 60\ 60\ lograron quedasen hechas mujeres. Del sol y la luna contaban que salieron de la cueva Yobobaba, en tierras de un cacique llamado Mausiatibel, la cual tenan en gran reverencia, adornada con dolos pequeos de piedra, con las manos atadas que pareca que sudaban, y les tenan mucha devocin e iban a pedirles agua para los sembrados y les llevaban ofrendas, confiados en que por este medio llovera. Los de Cuba, as como la mayor parte de las naciones salvajes, tenan tambin su tradicin sobre el diluvio universal. Segn ellos se haba perdido el mundo por mucha agua, y un viejo sabiendo lo que iba a acontecer hizo una gran nave y se meti en ella con su familia y muchos animales; y a cierto tiempo envi un cuervo, que no volvi por comer de los cuerpos muertos; mas, despus envi una paloma, la cual volvi cantando con una rama cuyas hojas parecan a las del hobo: entonces, el anciano sali de la nave e hizo vino de las parras monteses y se embriag, y de los dos hijos que tena el uno se ri y propuso al otro echarse sobre l; pero el otro lo ri y cubri la desnudez del padre, quien despus de dormido el vino, sabida la desvergenza del hijo lo maldijo, y al otro lo colm de bendiciones. Y decan los viejos que de aquel malo haban procedido los naturales de estas tierras, y por esto no tenan sayos ni capas; pero que los castellanos procedan del otro, por lo cual andaban vestidos y montaban a caballo. Tambin crean en la inmortalidad del alma, aunque sus nociones sobre el lugar de su existencia despus que abandonaba el cuerpo mortal, eran, por lo comn, confusas e inciertas. Segn unos, los varones virtuosos iban a un valle delicioso, donde encontraban a sus antecesores y disfrutaban perennemente con mayor perfeccin de los placeres que constituyen la felicidad de la vida terrenal: gozar a la sombra de floridas glorietas, vivir con mujeres de una rara belleza, saborearse en banquetes abundantes de frutos. Cada cacique pretenda que estos Elseos estaban en el lugar ms bello de sus Estados, y algunos indios de Hait crean ser el llamado Coaiba en la isla Soraya. Segn otros, las almas de los bienaventurados estaban de da encerradas y por la noche salan a holgarse; otros decan, que de da permanecan escondidas en las crestas inaccesibles de las montaas y bajaban de noche a los valles a regalarse con el sabor delicado del mamey rojo, cuyo fruto tenan por sagrado y se privaban de l por temor de que las almas de sus parientes y amigos pudiesen sufrir la falta de su alimento favorito. Crean en la aparicin de los muertos, por lo cual era grande el miedo con que andaban solos de noche, y cuando se sentan atacados por ellos en los caminos, empezaban a dar fuertes golpes con sus macanas contra los rboles y rocas para ahuyentarlos; porque decan que en hirindoles desaparecan. Contaban que queriendo un indio pelear con un muerto, desapareci y despus se le hall colgado de un rbol. Coln

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PEDRO JOS GUITERAS /61 /61 /61 /61 /61 entendi de un anciano en la costa meridional de Cuba que crea en la inmortalidad del alma y en los premios y castigos eternos, y explicaba que hay dos lugares en la otra vida a donde van las almas, el uno malo y tenebroso, guardado para los que hacen mal, y el otro alegre y bueno, en donde se han de aposentar los que aman la paz de la tierra.2Ignoraban los cibuneyes como vinieron a este hemisferio sus primeros pobladores, y slo saban que sus antepasados haban emigrado de la Florida a Cuba y que de esta Isla se haban extendido por las otras vecinas. Si se exceptan los habitantes que moraban al occidente del Bataban, todos los dems hablaban un dialecto comn, y aunque diverso del de los lucayos y haitianos, se entendan bien con ellos, como que los de las islas procedan de la lengua originaria de los floridanos. Sus noticias del mundo fsico estaban circunscritas a que el pas donde vivan era una isla de gran extensin, y al conocimiento de las situadas al norte y sur del Atlntico y de mucha parte del continente, desde la Florida hasta el golfo de Paria. Esto ltimo sirvi a Coln para saber de la existencia de Hait, Jamaica, Puerto Rico y las Caribes, y de las tierras y costas que producen oro y perlas.3Para el culto divino haba en cada Estado un templo solamente, situado a corta distancia de la corte, donde se vean imgenes labradas de relieve en piedra o madera, y algunas hechas de barro o algodn, o pintadas, por lo comn, de una forma monstruosa y horrible. Este adoratorio serva exclusivamente para el uso de sus cemes, a los cuales invocaban y a veces pretendan consultar con ciertas oraciones y ceremonias. Haba en l una tabla pequea de forma redonda, bien labrada, sobre la cual estaban unos polvos que los behques ponan en la cabeza de los dolos con mucha solemnidad y aparato, y con una caa de dos ramos que se acercaban a la nariz, soplaban los polvos diciendo al mismo tiempo ciertas palabras, y al recibirlos quedaban fuera de s, como embriagados. Adems de estos cemes, cada familia, y aun los individuos en su particular, tena el suyo propio, que consideraba como su genio protector, as como los lares o penates de los antiguos, y lo guardaba en la casa con gran reverencia. A veces solan labrarlo en los muebles de uso domstico, y haba quien lo tena de un tamao pequeo para colgrselo 2Herrera, Dc. I, lib. II, cap. 14; lib. III, cap. 3; lib. IX, cap. 4. Wash. Irving, lib. VI, cap. 10.3Navarrete, t. I, lib. VI, cap. 43. Coln en su segundo viaje, cuando exploraba la costa sur de la Isla, encontr a 9 leguas al oeste de Bataban unas gentes que no entendan la lengua del lucayo Diego, que se haba comunicado sin dificultad con las de las provincias hasta entonces visitadas y con las de Hait y Jamaica. Sera que aquellos habitantes y probablemente los dems de la costa meridional, hacia el occidente, habran venido a establecerse en Cuba desde Yucatn y otras partes del sur de Mjico? Vase El Cura de los Palacios, cap. 128, segn Irving, lib. VII, cap. 4.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 62\ 62\ 62\ 62\ 62\ en la frente cuando iba a la guerra. Entendan que sus dolos eran inmortales, y algunos les ponan los nombres de sus abuelos, en memoria de ellos. Usaban tener ms devocin a una imagen que a otra, y entre los mismos caciques y gentes del pueblo se preciaban de tenerlas mejores; y como creyesen que stas podan cambiarse con todo el poder que se les atribua, no era cosa extraa el robrselas los unos a los otros. Hubo un cacique que tuvo un cem de madera con cuatro pies como de perro, que, segn decan, muchas noches se iba a los bosques y lo traan atado, pero se soltaba y volva a irse; y afirmaban que cuando los castellanos llegaron a la Isla se haba huido a una laguna y que se meti en ella y nunca ms pareci. Crean que los cemes presidan sobre todas las cosas de la naturaleza y que cada uno estaba encargado de un fin especial; que ejercan influencia sobre los elementos y las estaciones, mandaban que los aos fuesen estriles o abundantes, excitaban los remolinos y huracanes, lanzaban el rayo o enviaban las brisas suaves y templadas y la lluvia; que tenan imperio sobre los mares y bosques, los arroyos y las fuentes, como las Nereidas, las Druidas y los Stiros de la Antigedad, protegan el cazador y pescador, dirigan por seguros raudales las aguas de las montaas, ya trayndolas por las llanuras formando mansos arroyos y serenos ros, ya arrojndolas en rpidos torrentes que inundaban y desolaban los valles y collados. Posean asimismo la mayor parte de los caciques tres talismanes, que no eran otra cosa sino tres meras piedras, y las guardaban con gran devocin: la una, aprovechaba para favorecerlos con abundantes cosechas; la otra, para librar de dolores y peligros a las mujeres en la hora del parto, y la tercera, para atraer la lluvia o la seca. Tenan los cibuneyes sus das festivos, en los cuales iban a la capilla y presentaban ofrendas de comida al cem de su devocin. En una de estas fiestas acostumbraban los behques prepararse con tres o cuatro meses de anticipacin con un ayuno severo, que consista en no probar ms que el zumo de ciertas yerbas; cuando se vean flaqusimos y empezaban a sentir xtasis y delirios, acuda el pueblo a consultarlos como orculos y crean sus respuestas emanadas de los dioses; decanles si haba de haber buenos o malos tiempos, si tendran salud, si les naceran hijos y viviran, y otras cosas por este tenor que les preguntaban. La que celebraban en honor de los cemes, era quiz la ms solemne de todas. El da sealado por el cacique acudan de todas partes del reino y hacan una gran procesin, los hombres y mujeres casados decorados con sus mejores adornos y las jvenes enteramente desnudas. El cacique o la persona inmediata en autoridad, marchaba a la cabeza de todos sonando un tamboril hasta llegar al templo, en cuya puerta se sentaba sin cesar de batir el tambor, mientras entraba la

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PEDRO JOS GUITERAS /63 /63 /63 /63 /63 procesin. Las mujeres llevaban canastillos de flores llenos de casabe y se acercaban cantando a presentarlos a los cemes, y los behques los tomaban con grandes alaridos y rompiendo el casabe, lo distribuan entre los padres de familia, quienes lo conservaban con el mayor cuidado durante el ao, atribuyndole la virtud de preservarlos de toda adversa fortuna. Hecho esto, a una seal convenida, empezaba un baile por las mujeres, cantando himnos en honor de los cemes, y conclua la ceremonia con una invocacin para que velasen por la paz del Estado y protegiesen a los ciudadanos en todas ocasiones. De estas festividades sacaban provecho los caciques, haciendo que los sacerdotes esparciesen entre las gentes especies favorables a sus miras, para tenerlas sujetas a su devocin.4Por esta imperfecta relacin, que abraza cuanto hemos encontrado digno de inters en las descripciones de los descubridores e historiadores del Nuevo Mundo sobre el carcter y costumbres de los ciboneyes, su agricultura e industria, gobierno y religin, se viene en conocimiento de que aquellos naturales vivan en el estado de primitiva simplicidad que algunos filsofos entusiastas nos pintan como el ms envidiable de la tierra, libres de los cuidados que las necesidades artificiales causan en los pueblos avanzados, en la carrera de la civilizacin y rodeados de las bendiciones de la prdiga naturaleza. Los indios de Cuba parecieron a los castellanos una gente singular, por su amor a la ociosidad, su imprevisin e indiferencia a la mayor parte de las cosas que excitan a la ansiedad y el trabajo humano; fcil a impacientarse a la menor molestia; enemiga de las superfluidades y apenas cuidadosa de cultivar los frutos que constituan su principal subsistencia. Los castellanos a los indios, unos seres superiores a los dems mortales, as en el esfuerzo y el valor como en las armas y el arte de la guerra, venidos por disposicin de los dioses a sojuzgarles. As que la conquista de la Isla (como veremos en el curso de esta historia) fue tan fcil a los invasores, que toda ella no ofrece accin notable en que ninguno de ellos se distinguiese, y lo que es frecuente en toda lucha desigual, en que el ms fuerte abusa de su poder para oprimir al ms dbil, con desprecio de las leyes de la humanidad; el carcter moral que resalta en aquella guerra es el del cacique Hatuey, que luchando contra elementos incontrastables, pero luchando al fin, prefiere una heroica muerte a sobrevivir a la esclavitud y ruina de la patria. 4Herrera, Dc. I, lib. III, caps. 3 y 4; lib. IX, cap. 4. Oviedo, lib. V, cap. 1. Charlev, Historia de Santo Domingo t. I, p. 59, segn Irving, lib. VI, cap. 10.

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Libro SegundoCAPTULO ICOMERCIO DE LOS EUROPEOS EN LA INDIA. COMERCIO DE LOS EUROPEOS EN LA INDIA. COMERCIO DE LOS EUROPEOS EN LA INDIA. COMERCIO DE LOS EUROPEOS EN LA INDIA. COMERCIO DE LOS EUROPEOS EN LA INDIA. DESCUBRIMIENTO DE LOS POR DESCUBRIMIENTO DE LOS POR DESCUBRIMIENTO DE LOS POR DESCUBRIMIENTO DE LOS POR DESCUBRIMIENTO DE LOS POR TUGUESES TUGUESES TUGUESES TUGUESES TUGUESES EN EL FRIC EN EL FRIC EN EL FRIC EN EL FRIC EN EL FRIC A. PLANES DE COL"N SOBRE NA A. PLANES DE COL"N SOBRE NA A. PLANES DE COL"N SOBRE NA A. PLANES DE COL"N SOBRE NA A. PLANES DE COL"N SOBRE NA VEGAR VEGAR VEGAR VEGAR VEGAR A LA INDIA POR OCCIDENTE. LA REINA ISABEL A LA INDIA POR OCCIDENTE. LA REINA ISABEL A LA INDIA POR OCCIDENTE. LA REINA ISABEL A LA INDIA POR OCCIDENTE. LA REINA ISABEL A LA INDIA POR OCCIDENTE. LA REINA ISABEL DE CASTILLA ACOGE LAS IDEAS DE COL"N DE CASTILLA ACOGE LAS IDEAS DE COL"N DE CASTILLA ACOGE LAS IDEAS DE COL"N DE CASTILLA ACOGE LAS IDEAS DE COL"N DE CASTILLA ACOGE LAS IDEAS DE COL"NEl dichoso mortal escogido por la divina Providencia para descubrir la vasta extensin de los mares y tierras occidentales, fue don Cristbal Coln, quien con naves y gentes espaolas surc las temidas ondas del Atlntico y plant el primero el signo de la redencin y las enseas de Castilla en aquellas tierras desconocidas y hasta entonces ignoradas del antiguo mundo. El objeto de esta empresa martima, la ms extraordinaria que vieron las edades, fue abrir una senda por el ocano para facilitar el comercio que hacan los europeos con la India.1El gusto por las ricas producciones del Oriente empez a despertarse en Europa cuando las guilas romanas hicieron presa de la Macedonia, Grecia, Siria y Egipto. Los pilotos griegos y egipcios llenaban los mercados de la gran ciudad con las sedas y perfumes, las perlas y piedras preciosas, las especeras y manufacturas ms exquisitas de aquellos remotos pases. Hacase este comercio por dos rutas: la una, por Alejandra, embarcando los cargamentos en el Nilo y conducindolos a Berenice, desde donde atravesaban el golfo Arbigo hasta Ocelis o Canna, en la costa de la Arabia Feliz, y los transportaban para Musiris, depsito principal de la India; la otra, por el puerto de Siria, adonde bajaban atravesando los arenales desde Palmira, cuya opulencia hered Alepo cuando la destruccin de aquel magnfico emporio. 1“Ans que (dice Coln) me abri Nuestro Seor el entendimiento con mano palpable a que era hacedero navegar de aqu a las Indias, y me abri la voluntad para la ejecucin dello”. Las “Profecas”, en la Coleccin de Navarrete, t. II, p. 262.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 66\ 66\ 66\ 66\ 66\ En medio de las densas tinieblas en que se vio envuelta Europa desde la cada del Imperio romano, perdida la huella de los antiguos en el progreso de la inteligencia humana, la geografa huy al corazn del frica y hall grata acogida entre los sabios de la Arabia. Mientras los literatos europeos perdan el tiempo en ftiles disputas sobre invenciones caprichosas y extravagantes, los rabes tomaban en Sanaar la medida de un grado de latitud y calculaban la circunferencia de la tierra en las llanuras de la Mesopotamia. Conservado as, por dicha, el verdadero saber empez a propagarse de nuevo en Europa: las obras de Plinio, Pomponio Mela y Estrabn, esparcieron un caudal de conocimientos geogrficos por largo tiempo ignorado, y excitaron la curiosidad de los sabios a entrar en una senda hasta entonces cerrada al espritu investigador. Apareci, a principios del siglo XV, una traduccin latina de las obras de Tolomeo por el griego Crisolora, a la cual sigui la de Escarpiaria que cundi por Italia; y buscronse despus con ansiedad los escritos de Averroes, Alfragane y otros rabes que haban conservado vivo y fulgente el fuego sagrado de la ciencia durante la poca tenebrosa de la ignorancia. Y aunque la ilusin entraba limitada e imperfecta en su antiguo imperio, vena, sin embargo, a la manera que los primeros albores de la aurora, rica de inters y hermosura, y tal pareca dar vida a un nuevo mundo y brindar generosa al genio creador con todos los atractivos de lo grande, maravilloso y admirable. Los portugueses fueron los primeros en distinguirse en el campo de los descubrimientos martimos que en breve haba de explorar el genio de Coln, para gloria de la humanidad. Destruido el Imperio romano, los soldanes de Egipto restablecieron el comercio de la India por el golfo Arbigo y mar Rojo, y los mercaderes italianos acudan a Alejandra, centro del mundo comercial, y partan de all para Venecia, Pisa y Gnova, con sus naves cargadas de los tesoros de Oriente, que extendan por los pueblos de la Europa occidental, donde se haba generalizado el gusto y esplendor de los orientales, desde la poca de las Cruzadas. Las riquezas y podero que este comercio daba a las repblicas italianas, despertaron en los portugueses el deseo de hacer directamente la navegacin a la India por el medioda de frica; y de aqu el origen de las vastas concepciones con que el infante don Enrique, abriendo la carrera de nuevos descubrimientos, perfeccion la nutica, y dio al comercio martimo una extensin prodigiosa. Las empresas de este prncipe dieron a Portugal el dominio de la costa occidental de frica, hasta Sierra Leona y las islas de Madera, Cabo Verde y Terceras, y le alcanzaron del papa Martino V la concesin de todo lo descubierto y que se descubriese desde el cabo Bojador hacia el Medioda, hasta las Indias orientales, la cual confirmaron otros sumos pontfices. Despus de su muerte, conti-

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PEDRO JOS GUITERAS /67 /67 /67 /67 /67 nuaron sus proyectos los reyes de Portugal; con su eficaz proteccin, los hbiles cosmgrafos del reino inventaron la aplicacin del astrolabio a la prctica de la navegacin para observar la altura meridiana del sol sobre el horizonte y calcular la declinacin de este astro en los meses del ao, con lo cual se aventuraron los navegantes a desafiar las tempestades del cabo de Buena Esperanza; y al progreso de sus descubrimientos debi aquel pequeo Estado su elevacin, en poco tiempo, al rango de una de las naciones ms poderosas de Europa.2Cuando con ms calor se hallaban empeados los portugueses en sus expediciones a las costas del frica, lleg Coln a Lisboa, llena, a la sazn, de extranjeros, los ms de ellos italianos, hbiles en la nutica y la astronoma, y all recibi su espritu la luz de la verdad, se nutri en las opiniones de los filsofos antiguos y las descripciones de los viajeros que en diversas pocas haban recorrido la India, particularmente las de Marco Polo y Juan de Mandeville; y empez a prepararse para la empresa que deba sublimarlo al alto honor y estado a que lo encaminaban sus generosas aspiraciones. Coln naci en la ciudad de Gnova, probablemente en 1436, emple sus tiernos aos en el estudio de las letras en la universidad de Pavia, y tard poco en aprender la lengua latina y los principios matemticos que bastaban a la comprensin de los autores de cosmografa, a cuyo estudio se mostr muy inclinado. Siendo de edad de 14 aos, regres a su patria y se dedic a la profesin nutica, en la cual estuvo ocupado durante 23 aos, recorriendo en sus diversos viajes los mares hasta entonces conocidos. Atrado por la fama de los descubrimientos, se estableci en Lisboa en 1470, donde cas con doa Felipa Muiz de Perestrello, hija de don Bartolom, uno de los ms distinguidos navegantes en tiempo del infante don Enrique, y el primer gobernador y colonizador de la isla de Puerto Santo. El trato con los marinos ms clebres de la poca, la lectura de los papeles, mapas y diarios de su suegro, y los viajes que hizo a las islas y continente de frica, encendieron su espritu en el deseo que a todos animaba; y dando a sus pensamientos un rumbo contrario al que llevaban sus contemporneos, empez a meditar sobre la posibilidad de hallar un paso a la India por los mares de Occidente, y lleg a adquirir una plena conviccin en favor de esta idea. Pablo Toscanelli, de Florencia, estimado por uno de los ms doctos cosmgrafos de su tiempo, a quien consult sobre esto a mediados de 1474, la aplaudi mucho; y para demostrarle ms claramente la facilidad de su ejecucin, le envi un mapamundi ideado por l, parte, segn Tolomeo, parte, conforme a las descripciones de Marco Polo. En este 2Navarrete, t. I, pp. 2-29. Muoz, lib. II, p. 37. Irving, t. I, pp. 25 y 26.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 68\ 68\ 68\ 68\ 68\ clebre mapa, que Coln llev consigo en su primer viaje de descubrimiento y que parece fue su nica gua en aquella incierta navegacin, la costa oriental del Asia estaba trazada frente a las occidentales de frica y Europa, dejando un espacio moderado de ocano donde haba situado, a distancias convenientes, las islas de Cipango, Antilla y otras.3Con esta conformidad de opiniones aguard Coln una ocasin propicia de obtener el favor de algn poderoso, y se resolvi a solicitar la proteccin de don Juan II de Portugal, que acababa de subir al trono y pareca animado del mismo espritu de progreso que el infante don Enrique, para que lo auxiliase con los medios de realizar sus planes. Pero aunque obtuvo buena acogida de aquel soberano, hubo de probar de sus consejeros los sinsabores con que la ignorancia regala por lo comn a los hombres de una capacidad y concepciones superiores. El mismo Coln, refirindose a sus reuniones con los cosmgrafos de aquel reino, nos dice con amargura que jams le fue posible hacerse entender de ninguno de ellos.4En Espaa deba encontrar, en la fe de un monje entusiasta por la religin y en la sabidura de otro amante de la gloria y prosperidad de su patria, consuelos, proteccin y los ms fuertes apoyos para que los Reyes Catlicos oyesen sus proyectos y lo ayudasen a dar cima a tan grande obra. Con el fin de presentarse a estos monarcas, lleg a Andaluca a fines de 1484, donde permaneci hasta casi espirar el de 1485, siendo husped del duque de Medinaceli en el puerto de Santa Mara; de all pas al de Palos, donde hizo conocimiento con fray Juan Prez de Marchena, guardin del convento de la Rbida, quien le dio cartas para fray Hernando de Talavera, prior del Prado y confesor de la reina; y provisto de recursos por Martn Alonso Pinzn, navegante rico de aquella villa, sali para la Corte en los primeros das de 1486.5Hall a los invictos reyes en Crdoba, ocupados en la guerra de Granada, y no fue poco alcanzar en aquellas circunstancias, el que atendiesen su solicitud y mandasen formar en Salamanca una junta compuesta de los sujetos ms hbiles del reino en cosmografa, para que examinasen la empresa. “Es lstima que no hayan quedado documentos de las disputas que se tuvieron en el convento de los dominicanos de San Esteban, para formar juicio del estado de las matemticas y astronoma en aquella universidad, famossima en el siglo XV. Consta que Coln sentaba sus proposiciones, expona sus fundamentos y satisfaca a las dificultades. Y se ha conservado la memoria de varias objeciones ridculas, dignas de idiotas destituidos de los elementos de la esfera. A la breve3Dos cartas de Toscanelli a Coln, en Navarrete, t. II, no. l.4Irving, t. I, pp. 40 y siguientes, 49 y 50. Muoz, lib. II, p. 42. Navarrete, t. I, pp. 28 y 91.5Vase Ilustracin IV.

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PEDRO JOS GUITERAS /69 /69 /69 /69 /69 dad y facilidad de la navegacin a la India, se opuso que por ventura se hallara el mar elevado, y sera como subir cuesta arriba; que era enorme la grandeza del ocano, y no bastaran tres aos para llegar al fin del Oriente. Mayor desatino se juzgaba el descubrimiento de las tierras occidentales, ignoradas de tantos sabios como haba producido el mundo, no siendo verosmil que supiese ms un nuevo navegante; y cuando las hubiese, seran inhabitables o desiertas, porque la especie humana estaba reducida a la parte del globo descrita por Tolomeo, y San Agustn negaba la existencia de los antpodas”.6De las varias sesiones que tuvo con esos pretendidos sabios, no pudo obtener otro resultado que hacerse de algunos partidarios, entre los que, sin presumir de maestros en las ciencias de que se trataba, lograban superior concepto de erudicin y doctrina. Entre ellos, supo captarse la amistad de fray Diego Deza, preceptor del prncipe don Juan, cuya autoridad en la Corte creca de da en da con el nombramiento de confesor de los reyes y otros empleos, y contribuy despus mucho a la aceptacin y xito de la empresa. Si bien no logr entonces lo que tanto ansiaba, vio en los monarcas una disposicin a mantenerlo en la Corte, auxilindolo con recursos para su subsistencia y dndole algunas comisiones importantes; su crdito se extendi entre los personajes inmediatos al trono; cultiv la amistad del modesto Deza, del contador mayor Alonso de Quintanilla y de Luis de San Angelo, escribano de raciones de la Corona de Aragn, quienes procuraban contener su natural impaciencia, y le alcanzaban el favor 6Muoz, lib. II, pp. 54-58. Los planes y argumentos de Coln no deban ser los ms a propsito para imprimir conviccin en una poca en que se tenan ideas tan errneas sobre extensin y configuracin de la tierra y la teora de los climas. Segn las nociones de aquellos tiempos, las zonas eran unos crculos imaginarios trazados en el cielo, por medio de los cuales se marcaban los diversos climas de la tierra. Esta divisin estaba formada por los crculos polares y los trpicos. La regin central corra en la misma direccin que el curso del sol, y era llamada la zona trrida; las dos situadas entre los trpicos y los crculos polares eran las zonas templadas; y las otras dos entre los crculos polares y los polos, las zonas fras. Estas ltimas se crean inhabitables e innavegables, a causa de las nieves; y la trrida o ms bien su parte central junto al Ecuador, estaba admitido como axioma que el intenso calor la haca inhabitable, estril e imposible de atravesar. El globo estaba dividido en dos hemisferios por el Ecuador, una lnea imaginaria que divida la tierra en dos partes iguales desde el centro hasta los polos. De cuya divisin, los antiguos conocieron tan slo la parte contenida en la zona templada del hemisferio norte, y se supona que si existan habitantes en la del sur, sera imposible ningn gnero de comunicacin con ellos a causa de la zona ardiente que los separaba. Cuando las juntas de Salamanca, esta teora de la zona trrida no se haba destruido por ningn descubrimiento. Los portugueses haban ya penetrado en los trpicos; pero aunque todo el espacio entre el trpico de Cncer y el de Capricornio abrazaba la zona trrida, la faja impenetrable de los antiguos se extenda solamente a un nmero limitado de grados a una y otra parte del Ecuador, que se estimaba ser una tercera o a lo sumo la mitad de toda la zona propiamente dicha. Irving, t. III, pp. 400 y 401.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 70\ 70\ 70\ 70\ 70\ del cardenal don Pedro Gonzlez de Mendoza, que se prest a orlo, y form buen concepto de su persona. Concluida la conquista de Granada, se ocuparon ms seriamente aquellos monarcas en la pretensin de Coln, y se decidieron a tomarla a su cargo; pero las condiciones que pona parecieron exorbitantes a los que la crean irrealizable; y ya estaba a punto de perderse para Espaa la gloria e inmensos bienes que le reservaba el cielo, cuando la elocuencia de San Angelo, sostenida por Quintanilla, inflam el celo de la reina Isabel por la propagacin de la fe y la grandeza de la nacin, y la decidi a aceptar la empresa por la Corona de Castilla. Diose orden para asentar la contrata conforme en todo a lo que peda, y se provey con presteza lo conducente a la expedicin. La contrata fue otorgada en la villa de Santaf de la Vega de Granada, el 17 de abril de 1492, bajo los siguientes captulos: I. Que si Coln hallaba islas y tierras firmes en el ocano, tendra para s y sus sucesores, perpetuamente, el almirantazgo de ellas, con los mismos honores y preeminencias que gozaba en su distrito el almirante mayor de Castilla. II. Sera tambin virrey y gobernador general de lo que por su industria se descubriere, con facultad de proponer para tenientes suyos en los oficios del gobierno de cada isla o provincia, tres personas, de que los reyes elegiran las que les pareciese. III. Que l o sus tenientes conoceran en los pleitos originados de las nuevas contrataciones, ni ms ni menos que haban conocido en sus distritos los almirantes mayores de Castilla. IV. Que se le dara el diezmo de las ganancias en los efectos y frutos que por cualesquiera medios se adquiriesen dentro de los lmites de su almirantazgo. V. Que cuantas naves se armasen para el trato y negociacin de las tierras nuevas, pudiese contribuir a los gastos con la octava parte, y llevar igual parte del provecho que resultase. Obtenido el privilegio correspondiente de la capitulacin anterior, se despidi de la Corte el 12 de mayo, y se dirigi a la villa de Palos, donde deban armarse los buques destinados para el viaje; y con su actividad y perseverancia, el favor de su constante amigo Marchena, y el de los Pinzones, que se animaron a acompaarlo y compartir con l los riesgos de esta asombrosa empresa, logr tenerlo todo concluido a fines del mes de julio.7 7Navarrete, t. I, pp. 90-93; t. II, n 5 y 6. Muoz, lib. II, p. 59 y siguientes.

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CAPTULO IIDESCUBRIMIENTO DEL NUEV DESCUBRIMIENTO DEL NUEV DESCUBRIMIENTO DEL NUEV DESCUBRIMIENTO DEL NUEV DESCUBRIMIENTO DEL NUEV O MUNDO O MUNDO O MUNDO O MUNDO O MUNDOColn sali del puerto de Palos, el da 3 de agosto de 1492, llevando consigo tres velas, la mayor, que haca de capitana, se llamaba la Santa Mara y las otras dos, la Pinta y la Nia e iban mandadas por Martn Alonso Pinzn la primera, y la segunda por su hermano Vicente Yez: el total de individuos embarcados en esta expedicin era solamente de 120. Despus de haberse detenido en las Canarias para reparar y componer la Pinta y la Nia se aventur el 6 de septiembre a penetrar en un pilago, sin lmites conocidos, cerrado hasta entonces a la intrepidez de los ms esforzados argonautas. Quebrantado el nimo y atormentado de peligros imaginarios, vieron los ms de sus compaeros, los ojos llenos de lgrimas, perderse a lo lejos la isla de Hierro, ltima tierra amiga del antiguo mundo. Durante la navegacin continuaron todos fluctuando entre el temor y la esperanza, consolndose ya con la vista de alguna ave benfica que vena a posarse en los mstiles, ya con algunas balsas de yerbas que cruzaban la vuelta de oriente; o bien alimentando sus dudas por una rfaga de fuego que cual lluvia bajaba del cielo, y por los riesgos de que las sirtes del ocano abriesen de un momento a otro las naves y castigasen su arrojo con una ignorada sepultura. Ms que todo llenbalos de espanto y confundalos, la constancia de los vientos que soplaban del este, creyendo los forzara a seguir un rumbo sin fin hacia occidente y nunca podran volver a Espaa; y la declinacin de la aguja para el noroeste a prima noche y su retroceso al anochecer al punto de la meridiana. Probaba Coln a calmarles, ora explicndoles de un modo especioso la causa, para l mismo un misterio, del movimiento de la aguja, y buscando una solucin ms racional para los dems fenmenos que ofreca la naturaleza en aquellos mares; ora presentndoles alterada la distancia que los separaba de su patria, que desde un principio haba cuidado de disminuir para que no desmayasen; ora alentndolos con la perspectiva halagea de los pases y tesoros que iban a encontrar.1 1Muoz, lib. II, pp. 69 y 70, y lib. III, p. 71 y siguientes.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 72\ 72\ 72\ 72\ 72\ Haba ledo las obras que de sus viajes por los pases del Oriente escribieron el veneciano Marco Polo y el ingls Juan Mandeville, aqul en el siglo XIII y ste en el XIV, en las cuales se encarece la riqueza de los reinos de Catay y Mangon, las dos provincias de la China situadas al norte y sur de aquel vasto imperio, y se trata del poder y grandeza del Gran Can (que en lengua trtara equivale a “rey de reyes”); del esplendor y extensin de sus capitales, y tambin de las maravillas de la isla Cipango, segn se cree, el moderno Japn, gobernada por un soberano poseedor de incalculables riquezas. Obras que despertaron en su tiempo, particularmente la primera, gran inters y curiosidad en el mundo cristiano; estimadas despus por los sabios y eruditos; tenidas por las de ms autoridad en vida de Coln respecto de las remotas partes de la India, y que ejercieron una influencia notable en los descubrimientos emprendidos y llevados a cabo en el siglo XV por los portugueses y espaoles. Para animar el espritu abatido de sus compaeros, procuraba alentar sus esperanzas pintndoles los tesoros con que risuea los brindaba la fortuna, y hablbales con frecuencia de lo que escribieron aquellos autores sobre las tierras que algunos das de perseverancia les permitiran ver por sus propios ojos. Y como para la comprensin de muchos lugares que se encontrarn ms adelante, as en este como en los otros viajes de Coln, se hace necesario el conocimiento de alguna parte de estas obras, se nos permitir referir lo que pueda ilustrar las ideas dominantes en la mente de este gran hombre, cuando navegaba por aquellos mares desconocidos. Segn Marco Polo, su padre Nicols y su to Mafeo haban estado antes que l en la Corte del Gran Can Cublai, situada en lo ms distante del Oriente, de quien fueron recibidos con distincin; y enterado el emperador de las costumbres, religin y gobierno de las naciones occidentales aparent tener gran curiosidad respecto de la religin cristiana y envi a los Polos, en embajada al Papa, pidindole 100 sabios de la Iglesia para que instruyesen a los de su imperio. Cumplieron con su comisin, y al volver a la Tartaria, por los aos de 1271, llev consig Nicols a su hijo Marco. ste lleg en breve a hacerse popular en la Corte y supo captarse la estimacin del Gran Can, quien le dio comisiones importantes para varias partes de sus dominios, y lo trat con tal consideracin que lleg a despertar celos entre los nobles y cortesanos. Los viajes que hizo por este motivo por el interior del pas, y el conocimiento que tena de sus cuatro lenguas principales, le permitieron estudiar sus capitales y la riqueza y costumbres de sus habitantes; y de vuelta a Venecia, con su padre y to, en 1295, escribi su citada obra. En ella nos dice que la residencia de invierno del Gran Can era la ciudad de Cambal, hoy Pekn, en la provincia de Catay, capital de 8 le-

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PEDRO JOS GUITERAS /73 /73 /73 /73 /73 guas cuadradas, admirablemente fabricada. Segn el autor, fuera vano empeo tratar de descubrir el nmero y clase de mercancas y manufacturas que entraban en ella; tales y tantas que bastaran a abastecer el universo. “Vense all, en maravillosa abundancia, las piedras preciosas, las perlas y los varios perfumes de Oriente, y raro es el da que no llegan 1 000 carros cargados de seda, con la cual hacen los naturales tejidos incomparables”. El palacio real es de ms de una legua de circunferencia y est construido y decorado con gran magnificencia; ms que uno solo, puede decirse que es un agregado de muchos; en el interior no resplandece otra cosa que el oro y la plata, y all admira guardados, el viajero, los vasos preciados y las joyas del soberano, los utensilios de caza para su recreo, los ornamento que usa en las festividades, y su tren de guerra. Pero si bien se le ve posedo de sorpresa al descubrir esta provincia, parece arrebatado de mgico entusiasmo al pintarnos los portentos de la de Mangon, tan rica en oro, plata, sedera, azcar, especias y perfumes. En ella se levantan 1 200 ciudades, y su capital Quinsay, o la ciudad celeste, que se cree sea Hang-chen, estaba situada a orillas de un ro que desemboca al mar a ms de 4 leguas de distancia, y tena gran comercio con la India. Polo examin detenidamente esta ciudad, la mayor del mundo segn l, y no debe caber duda, si hemos de creer y tomar en su sentido literal la extraordinaria medida que le da de 100 millas de circunferencia.2 Estaba construida sobre un grupo de pequeas islas, a la manera que Venecia; adornbanla 1 200 puentes de piedra, cuyos arcos eran de tanta elevacin que podan pasar por debajo los mayores navos, navegando a toda vela; guardaba en sus muros una poblacin de 600 000 familias, incluyendo los criados; su casero era magnfico, lleno de esplndidos palacios y de 3 000 baos, y haba un lago de 10 leguas en contorno, cuyas orillas ostentaban las suntuosas fbricas habitadas por la nobleza. La isla de Zipangu, que algunos escriben Zipangri y Coln, Cipango, se hallaba a 500 leguas de las costas de Mango, segn clculo chino, pues segn el Sr. Marsden slo hay la distancia de 100 leguas. El escritor veneciano describe esta isla, abundante en minas de oro, rica en perlas, las mayores y ms estimadas de aquellos mares, y en variedad de piedras preciosas. El rey habita un palacio cubierto de lminas de oro, en lugar de planchas de plomo o de cobre usadas en otros pases: 2Esta exageracin ha sido explicada, suponindose que el autor hace uso de millas chinas, que estn, respecto de las italianas, en la proporcin de 3 a 8, y el Sr. Marsden observa que los muros de la ciudad moderna, de una extensin mucho menor que los antiguos, no son ms, segn relacin de viajeros, que de 60 de las primeras. Indudablemente, la ciudad en los tiempos de Polo fue de inmensa extensin, y como no es de creerse la midiese por s mismo, es probable tomase de sus habitantes aquella errada noticia.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 74\ 74\ 74\ 74\ 74\ los salones y cmaras estn tambin revestidos de oro, y las ventanas en algunas partes, con planchas de dos dedos de grueso. Este exceso de riquezas la hace muy codiciada, aun del mismo Gran Can que haba intentado varias veces apoderarse de ella, pero siempre con mal xito; lo cual no es de extraar, si damos fe al dicho de Polo de que aquellos isleos tenan en la mano derecha, entre cuero y carne, ciertas piedras de un poder mgico, las cuales por arte de encantamiento los haca invulnerables. Entre Cipango y la costa de Mango vease el mar sembrado de pequeas islas, en nmero de 7 440, las ms de ellas desiertas, llenas todas de rboles odorferos y perfumes en gran abundancia. Despus de los de Marco Polo, los viajes de Mandeville y su relacin de los dominios del Gran Can fueron los que tuvieron un lugar preferente en el nimo de Coln. Deseoso de visitar las tierras ms distantes del mundo conocido, sali este clebre viajero a recorrer los pases del Asia y frica en 1332, y despus de una ausencia de 34 aos regres a Inglaterra y escribi el resultado de sus viajes. Sus descripciones del emperador, la provincia de Catay y la ciudad de Cambal no son menos esplndidas que las de Polo. El palacio tena, segn l, ms de 2 leguas de circunferencia; el gran saln estaba adornado con 24 columnas de bronce y oro, y habitaban edificio de tan vasta extensin y sus cercanas, ms de 300 000 hombres, nmero que se haca dos veces mayor en los das festivos; y de l, ms de una tercera parte se empleaba en el cuidado de 10 000 elefantes y gran variedad de animales, aves de rapia, halcones, papagayos y periquitos, pertenecientes al soberano.3Con estas seductoras descripciones de pases rebozando en riquezas, poblados de ciudades cuyas torres y palacios brillaban con el oro, lograba a veces entretener a su alarmada tripulacin y comunicarle una parte de las esperanzas que alimentaba su ferviente imaginacin. Contaba de seguro que la primera tierra que haban de encontrar sera la isla de Cipango, y de all se prometa pasar a la provincia de Mango y seguir despus a la de Catay a presentar las cartas que traa de los reyes, al mismo Gran Can, en su capital de Cambal. Pero el efecto de estos esfuerzos de su inteligencia se estrell, al fin, contra la continuacin de aquellas causas del terror; las murmuraciones de su gente crecan a medida que penetraban ms en Occidente sin encontrar la tierra deseada, hasta que perdido el prestigio que les haba inspirado el talento de Coln, no vieron en l ms que un loco ambicioso que se propona jugar con sus vidas, y estallaron en abierta rebelin. A duras penas pudo calmarlos aquel espritu incontrastable, parte recordndoles con blandura lo que deban a la patria, parte afandoles su poquedad y cobarda, parte amenazndoles con severos castigos si 3 Irving, t. III, pp. 393-399.

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PEDRO JOS GUITERAS /75 /75 /75 /75 /75 no reconocan su autoridad y obedecan sus mandatos. Y quiz esta empresa inmortal hubiese terminado en un fin sangriento, si a poco de estos sucesos, seales materiales, ms elocuentes que todos los discursos del genio, no hubieran venido a reanimar a aquellas gentes con una viva y consoladora esperanza. Vironse, de mediados de septiembre en adelante, bandadas de pajarillos, en gran abundancia y variedad, que volaban la vuelta del sudeste; encontrose fondo con la sonda; y el aspecto de los celajes, la variacin de los vientos, eran pruebas inequvocas de prxima tierra.4Aumentronse stas an ms, el 11 de octubre, que con alegra de todos, se vieron un junco verde, un pez de los que slo se cran entre rocas, una tablilla, una caa, un bastn de labores prolijas, yerba arrancada de la ribera, y una rama de espino con sus majuelas coloradas. Seran las 10 de la noche, cuando hallndose Coln en el castillo de popa crey distinguir una luz como de antorcha que se mova en varias direcciones; y dando apenas crdito a lo que bien claro le dictaba su razn, llam para que observasen primero, a Pedro Gutirrez, criado de la casa real, y despus al veedor Rodrigo Snchez, quienes le confirmaron en su idea de ser aquella una luz, aadiendo que deba haber all gentes que la llevaban de una parte a otra. Horas fueron de ansiedad general las pocas que pasaron, hasta que la Pinta que iba delantera, hizo resonar el estruendo de su artillera, y junta la pequea armada, los primeros albores del da 12 pusieron delante de los ojos atnitos la suspirada tierra. Pasando aquellos marinos de la desconfianza y odio que les haba inspirado Coln, a mayores extremos de admiracin y arrepentimiento, se postraban delante de l, besndole los pies y manos y pedan les perdonase sus demasas. Oalos Coln y perdonbalos, y baadas en llanto las mejillas, daba gracias al supremo Dispensador de todos los bienes, por los que aquel da regalaba con prdiga mano al universo. Al asomar el sol baj a tierra acompaado de los capitanes y gente armada, llevando como almirante el estandarte real y Martn Alonso Pinzn y Vicente Yez las banderas de la empresa, en que estaban pintadas una cruz verde indicando la cristiandad, y a cada lado la letra inicial de Fernando e Isabel, soberanos de la armada, y tom posesin de la tierra en su nombre, ponindole el de San Salvador en honra y gloria de Jesucristo. Mand hacer una cruz y que la plantasen en aquel lugar, costumbre que practic despus en todas las partes donde entraba. Esta tierra, donde por vez primera puso la planta el hombre civilizado, fue la isla que llamaban los indios Guanahan, una de las Lucayas, 4El 19 de septiembre estaban como a 10 leguas de unas rompientes que se descubrieron en 1802. Navarrete, t. I, p. 11.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 76\ 76\ 76\ 76\ 76\ conocida hoy con el nombre del Gran Turco.5 En ella tom Coln algunos de los naturales para probar de hacerse entender y que le sirviesen de intrpretes, y sigui descubriendo las varias islas inmediatas en direccin del oeste, conocidas por los Caicos, Inagua Grande e Inagua Chica, y lleg hasta unas que llam de Arena por el poco fondo que tenan, las cuales deben ser los cayos orientales y meridionales del gran banco de Bahama. Pero como no encontrase en las tierras descubiertas ninguna seal de la cultura de los pueblos de la India, cuyas costas crea tener a la vista, y entendiese por lo que le decan a una los indios que al sur se extenda la isla de Cuba, muy grande y de gran contratacin, y que haba oro y especeras, naves grandes y mercaderes y abundancia de perlas, hizo rumbo hacia ella, inflamada su imaginacin con la idea halagea de que iba al fin a encontrar la celebrada Cipango.6 5Muoz, lib. III, pp. 72-82. Navarrete, t. I, p. 59. Vase Ilustracin V.6Navarrete, t. I, pp. 38 y 41.

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CAPTULO IIICOL"N VISIT COL"N VISIT COL"N VISIT COL"N VISIT COL"N VISIT A LAS COST A LAS COST A LAS COST A LAS COST A LAS COST AS DE CUBA, AS DE CUBA, AS DE CUBA, AS DE CUBA, AS DE CUBA, DESDE LA P DESDE LA P DESDE LA P DESDE LA P DESDE LA P UNT UNT UNT UNT UNT A DE MA A DE MA A DE MA A DE MA A DE MA TERNILLOS TERNILLOS TERNILLOS TERNILLOS TERNILLOS HAST HAST HAST HAST HAST A EL C A EL C A EL C A EL C A EL C AB AB AB AB AB O DE MAIS O DE MAIS O DE MAIS O DE MAIS O DE MAISAvist Coln a Cuba, al anochecer del 27 de octubre, y la aurora del 28 despleg ante sus ojos el magnfico panorama de la isla ms grande de aquellos mares, la tierra ms bella del universo. Admirabnse l y los castellanos de la extensin de sus costas de naciente a poniente, de la serenidad del cielo, los aromas del aire y su templanza, y a medida que penetraban en el puerto, la transparencia y quietud de las aguas, cuyo fondo de arena matizaban conchas y caracoles de mil formas y colores,1la majestuosa elevacin de las selvas cubiertas de yerbas y flores odorferas, la variedad de sus rboles y frutos, y cuanto vean y sentan, les pareca como un sueo delicioso que en alas de la imaginacin los transportaba a las regiones encantadas del paraso. La vista de los peces les causaba la misma novedad que la mayor parte de los objetos que tenan delante: la escama de los unos, reflejaba a la luz cual si fuese formada de piedras preciosas; otros semejaban cuerpos de ncar y coral vivientes; otros, al nadar hacia las naves, dejaban tras s, entre las claras ondas, rfagas lucientes de oro y plata; y sobre todo, deleitbalos el bello tornasol de los delfines, que al sol realizan con sus rpidos cambios cuanto del camalen encarece la creadora fantasa de poetas y novelistas. Los bosques aadan a su natural belleza, el movimiento de las aves engalanadas con rico plumaje de brillantes colores. Ya se vean posadas en las ramas de los frondosos guayabos multitud de pintadas cotorras, ya, asido al tronco de un cedro secular, el carpintero horadando la robusta corteza con su pico de diamante; ya en lo ms alto de la esbelta palma, revoloteando el audaz pitirre, ya el inquieto zunzn libando la tierna flor de la temprana grana o bien tendidos en batalla pasear la llanura con aire marcial, numerosas compaas de rosados flamencos. 1Observa Charlevoix (lib. I, p. 20, segn Irving) que las conchas marinas de las Antillas exceden con mucho en brillo y hermosura a las de los mares de Europa.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 78\ 78\ 78\ 78\ 78\ Y cuando al trasponer el sol, crean que las sombras de la noche iban a robar todo su color y hermosura a aquella tierra de encantos y sumirla en soledad y profundo silencio, una nueva escena apareci a los ojos admirados, que les hizo olvidar las recientes emociones, y no parecan sino que los haban transportado de aquel paraso de delicias a las ms bellas mansiones de los cielos. De repente, rboles y plantas aparecen iluminados por innumerables cucuyos, que a manera de exhalaciones cruzaban la llanura y sembraban el suelo con toda la belleza del firmamento; el canto del sij, del negrito y del cucub se mezclaba con la armona del rey de las selvas cubanas, el canoro ruiseor, cuya dulzura y valenta en los trinos se empeaba en vano a disputarle el extranjero sinsonte. Se hallaban en la baha de Nipe, una de las ms pintorescas de Cuba. Quines eran, dnde estaban los felices moradores de aquella tierra? Animado Coln del deseo de verlos y adquirir noticias de las riquezas sin cuento, que, segn su fantasa le representaba, deba encerrar pas de tales maravillas, empez al da siguiente a recorrer la costa hacia occidente, donde entendi de los lucayos que encontrara lo que tanto anhelaba, y lleg a medioda al puerto de Nuevitas, que llam de Mares, cerca del cual vio buenas poblaciones. All envi dos barcas a visitarlas, encargando no tocasen a cosa alguna y slo cuidasen de observar el carcter y costumbres de aquellas gentes, y ver cul era el aspecto de las casas, sus muebles y utensilios; pero los indios, medrosos de unos extranjeros de aspecto tan extrao, huyeron as que se acercaron los castellanos, desamparando los bohos y cuanto en ellos tenan. “Las casas diz que eran ya ms hermosas, que las que haban visto, y crea que cuanto ms se allegase a la tierra firme seran mejores. Eran hechas a medida de alfaneques, muy grandes, y parecan tiendas en real sin concierto de calles, sino una ac y otra acull, y de dentro muy barridas y limpias y sus aderezos muy compuestos. Todas son de ramas de palmas, muy hermosas. Hallaron muchas estatuas con figuras de mujeres y muchas cabezas en manera de caratona muy bien labradas. No s si esto tienen por hermosura o adoran en ellas. Haba perros que jams ladraron; haba avecitas salvajes y mansas por sus casas; maravillosos aderezos de redes y anzuelos y artificios de pescar; no le tocaron a cosa de ello. Crey que todos los de la costa deban ser pescadores que llevaban el pescado la tierra dentro, porque aquella isla es muy grande y tan hermosa que no se hartaba de decir bien della”. De aqu sali el da 30, reconoci el cabo de Palmas, llamado hoy Cabo Alto de Juan Daue, y pas la boca de las Carabelas Grandes y punta de Maternillos, ltimo lugar de la costa del norte hacia poniente que descubri, donde no pudo entrar por haber arreciado el viento de la

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PEDRO JOS GUITERAS /79 /79 /79 /79 /79 parte del norte, y se volvi al da siguiente a Nuevitas. Durante esta corta excursin, los indios de la Pinta hablaron a Pinzn del ro Mximo, que est doblado el cabo de Palmas, y dijronle que slo haba cuatro jornadas de all a Cubanacn, que en lengua cibuney significaba centro de Cuba. Mas, como oyese Pinzn la palabra Cubanacn y entendiese que trataban de una ciudad llamada Cuba y que aquella era tierra firme muy extendida hacia el norte, cuyo soberano tena guerra con el Gran Can, comunicolo a Coln, y ambos concluyeron en que estaban, no ya en Cipango, sino en el mismo reino de Quinsay, cerca del imperio del Gran Can. Al punto se resolvi Coln a enviar un presente al rey, con las cartas de los soberanos, para hacer alianza con l y ofrecerle su amistad y servicios.2Esta vez lograron ponerse en comunicacin con los naturales, hallando en ellos la sencillez e inocencia de los pueblos primitivos: recibironles con grandes muestras de contento y les ofrecan y daban cuanto tenan. Llamaron la atencin de Coln las indias, de quien dice ser “de muy buen acatamiento, ni muy negras, salvo menos que canarias”. Y como los cibuneyes confirmasen lo que haban dicho los lucayos sobre el rey de aquella tierra, y aadiesen que antes de tres das vendran muchos mercaderes del interior a negociar con los castellanos, nombr Coln a Rodrigo de Jerez y Luis de Torres para que fuesen a visitarlo, dndoles un isleo de Cuba y otro del Gran Turco para que los acompaasen y sirviesen de guas e intrpretes, y les prescribi lo que deban hacer y decir, especialmente la arenga para el rey en nombre de Fernando e Isabel, y que inquiriesen si haba oro y especera. Partieron los enviados el 2 de noviembre, y en su trnsito a la capital observaron que la tierra era muy frtil y estaba sembrada por todas partes de aldeas de cuatro a cinco casas, con muchas estancias de labor donde cultivaban sus viandas y legumbres. Las haciendas mayores eran las de yuca y algodn; de ste, que era muy fino y tena el capullo grande, hacan tales cosechas que los castellanos vieron una casa donde estimaron que habra 500 arrobas, y segn sus clculos podan coger al ao en los terrenos que atravesaron hasta 40 000 quintales. Infinitas fueron las aves desconocidas que vieron, y de las de Espaa, perdices, ruiseores y nsares en gran nmero; cuadrpedos slo vieron de los perros que no ladraban. Siempre que encontraban algn cibuney, lo cual era muy frecuente, por haber entre ellos gran comunicacin, reciban demostraciones de respeto y cario, ofrecindoles una hospitalidad generosa; y cuando cruzaban de una aldea a otra, iban hombres y mujeres fumando un tabaco largo, que hacan con hojas de la planta de este nombre a manera 2Irving, t. I, p. 170. Navarrete, t. I, pp. 42-44.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 80\ 80\ 80\ 80\ 80\ de un cautillo envuelto en una hoja grande, o bien de varias hojas enrolladas, y lo encendan por un extremo y chupaban por el opuesto sorbiendo el humo, con lo cual decan que lograban adormecerse y no sentir el cansancio. Esta rara costumbre, que despus se ha extendido tanto, as en Amrica como en Europa, llam mucho la atencin de los enviados, por ser cosa nueva para ellos y no haberla observado en ninguna de las islas descubiertas. Andadas 12 leguas llegaron Jerez y Torres a la capital, que debi ser no muy distante del antiguo Camagey, de donde toma hoy nombre la provincia toda, una poblacin de hasta 1 000 vecinos y sobre 50 casas de gran capacidad construidas por el mismo estilo que las de Nuevitas, con fuegos y ranchos. Salieron a recibirles con la solemnidad y aparato de sus fiestas cvicas y religiosas, como que los crean seres venidos del cielo. A la entrada del pueblo estaban aguardndoles los magnates, precedidos de un personaje que debi ser el cacique, cogironlos del brazo con mucho respeto y los condujeron a palacio, donde les ofrecieron dos asientos, cada cual hecho de una pieza, figurando en la forma y labores un cuerpo de animal cuadrpedo de garras cortas y con la cola levantada hacia el respaldo. En seguida vinieron los hombres a festejarlos y hacerles reverencia, presentndoles las frutas de la estacin y ponindose en cuclillas, a su derredor. Los enviados se recrearon gustando por primera vez el delicado mamoncillo, la dulce yayama o pia, el sapotillo, el encarnado mamey, sagrado a aquellas gentes, y el agua que cual rico tesoro encierra el coco en su robusta corteza; mientras que el lucayo hizo un razonamiento sobre el origen divino de los castellanos, sus hechos maravillosos en aquellas costas, las armas y cosas extraas que traan. Concluido ste, cuando Jerez y Torres se sintieron satisfechos de frutas, empezaron a acercrseles los indios con timidez, tocbanles el cuerpo como dudando si sera de carne y hueso como los suyos propios, y les besaban los pies y las manos. Retirados los hombres entraron las mujeres trayendo cestos de casabe adornados con las ms bellas flores de los trpicos y repitieron las mismas ceremonias. En el tiempo que permanecieron en este pueblo fueron bien atendidos y hospedados, y dbanles lo mejor que tenan. Pero como les mostrasen a los indios las especies que Coln les haba dado, preguntndoles si las haba en el pas, y perlas, oro y otros metales, y les fuese respondido por seas que todo aquello lo encontraran hacia oriente, resolvieron volverse a las naves, de lo cual hicieron gran sentimiento los naturales y queran acompaarlos pensando que iran al cielo. Con ellos fue hacindoles cumplimiento uno de los principales seores, acompaado de un hijo suyo, y de otro individuo de su casa. Coln habl con ellos, y qued tan contento del primero que tuvo la tentacin de querer llevrselo para presentarles a los Reyes Catlicos; pero el indio hubo

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PEDRO JOS GUITERAS /81 /81 /81 /81 /81 de sospechar algo y se despidi ofreciendo volver a la maana siguiente, y no pareci ms.3La mala idea de apoderarse de algunos indios sigui ocupando el pensamiento de Coln, a quien pareca “que fuera bien tomar algunas personas de las de aquel ro para llevar a los reyes, porque aprendiesen nuestra lengua para saber lo que hay en la tierra, y porque volviendo sean lenguas de los cristianos y tomen nuestras costumbres y las cosas de la F”; y como el da antes de partir viniesen a bordo de la capitana y entrasen a verle cinco mancebos, confiados en la hospitalidad que haban tenido sus compatriotas, les mand detener y llev consigo; para consolarlos del dolor que demostraban tener, envi “a una casa que es de la parte del ro del poniente y trajeron siete cabezas de mujeres, entre chicas y grandes, y tres nios. Esto hice porque mejor se comportan los hombres en Espaa, habiendo mujeres de su tierra que sin ellas... teniendo sus mujeres, ternan ganas de negociar lo que se les encargare, y tambin estas mujeres mucho ensearn a los nuestros su lengua... Esta noche vino a bordo, en una almada, el marido de una destas mujeres y padre de tres fijos, un macho y dos fembras, y dijo que yo le dejase venir con ellos, y a m me apleg mucho, y quedan agora todos consolados con el que deben todos ser parientes, y l es ya hombre de 45 aos”.4Visto por Coln el mal xito de la embajada, trat de combinar lo que dijeron los enviados con la opinin de Toscanelli, y empapada su fantasa con las descripciones de Polo, resolvi seguir recorriendo las costas en direccin de oriente hasta hallar a Cipango. En dos o tres das ms de navegacin hacia occidente, hubiera llegado a la punta de Hicacos, el extremo ms septentrional de Cuba, y adquirido probablemente noticias del vecino continente que le hubieran llevado a la Florida, o bien siguiendo la costa de la Isla hacia el sudoeste haber visitado la pennsula de Yucatn y realizado sus ms ardientes esperanzas con el descubrimiento de Mjico.5La maana del 12 dej a Nuevitas, y lleg al caer de la tarde a un ro que llam del Sol, donde estaba el mejor puerto que hasta entonces dice haba visto, quiz el que hoy se conoce por el del Padre, y al anochecer se hallaba en la punta de Mulas, al que puso el nombre de cabo de Cuba; al siguiente reconoci la hermosa abra que divide las sierras del Cristal de las de Moa; el 14 entr en el puerto de Tnamo, donde se detuvo cinco das, maravillado “en gran manera de ver tantas islas y tan altas, 3Oviedo, lib. VII, cap. 14, y otros del mismo libro I. Navarrete, t. 1, pp. 50-53. Muoz, lib. III. Casas, Historia general... cap. 46, segn Navarrete.4Navarrete, t. I, pp. 53-55.5Irving, t. 1, p. 188.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 82\ 82\ 82\ 82\ 82\ y certifica a los reyes que las montaas que desde antier ha visto por estas costas y las destas islas, que le parece que no las hay ms altas en el mundo, ni tan hermosas y claras, sin niebla ni nieve, y al pie dellas grandsimo fondo”, pobladas de aves, sembradas muchas de yuca y ricas todas en palmares, donde estaban las palmas de mayor altura que jams haba visto, y almciga y linloe. Durante su detencin en este archipilago observ que las mareas eran mayores que en los otros puertos, a causa de las muchas islas; que el fondo era todo basa con agua bastante para las naves de mayor porte; que haba varias aberturas con canalizos y recodos donde stas podan estar con seguridad sin necesidad de anclas, y que algunas islas se hallaban divididas por arroyos de agua dulce, cuyo origen estaba en lo alto de las sierras: encontr caracoles y cangrejos muy grandes y ncaras en mucho nmero. Continu su exploracin el 19, pero sindole unas veces contrarios el mar y el viento, y escasendole otras este ltimo, no pudo avanzar mucho, y tard cinco das en llegar a cayo Moa, cuyo puerto describe con gran exactitud. En esta travesa se le desert la noche del 22, Martn Alonso Pinzn, llevndose la Pinta alucinado (segn despus se supo) con las noticias exageradas que tuvo por los indios de su carabela del mucho oro de Boho, nombre que daban a la isla de Santo Domingo, y temeroso de que siguiendo a Coln tomase ste todas las riquezas para s y los Reyes Catlicos. El 25 reconoci el ro de Moa, donde “vio unas piedras relucir con unas manchas en ellas de color de oro, y acordndose que en el ro Tajo, que al pie del junto a la mar se hall oro, y pareciole que cierto deba tener oro, y mand coger ciertas de aquellas piedras para llevar a los reyes”. Observ las vertientes que se desploman de aquellas sierras; la punta del Mangle o del Guarico; los pinares que all crecen “tan grandes y maravillosos que no poda encarecer su altura y derechura como husos gordos y delgados”; el puerto de Jaragua, “en que cabran 100 naves sin alguna amarra ni anclas, y el puerto que los ojos otro tal nunca vieron”.6Zarp de Jaragua el da 26, siguiendo la misma direccin, y reconoci en este y el siguiente la punta Vez, los montes del Junque, la ensenada de Yamanique y puertos, entre los cuales le llamaron la atencin los de Cayaganueque, Nave, Marab y el de Baracoa, “un singularsimo puerto el cual era tal que si a los otros puertos haba alabado, ste dice que alababa ms”; como el tiempo le permitiese ir, en toda esta excursin, cerca de la costa, vio los grandes y hermosos ros que hay por aquella parte de la Isla. 6Navarrete, t. I, pp. 55-56.

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PEDRO JOS GUITERAS /83 /83 /83 /83 /83 Detvose en Baracoa, entusiasmado con la hermosura del paisaje, y entrndose en el bote, el 27 al medioda, empez a reconocer las mrgenes del que los cibuneyes llamaban Macaguanigua.7 Lejos de debilitarse el poder de su imaginacin con la rpida y constante sucesin de tantas y tan raras impresiones, pareca cobrar mayores fuerzas a medida que nuevos objetos venan a regalar sus sentidos con la magia de lo extrao y de lo maravilloso; y como las escenas martimas y campestres de este ro le pareciesen superiores a todo lo que antes haba visto y encontrase agotado su caudal de elogios en favor de la naturaleza de la Isla, nos dice con tierna sencillez: “Iba diciendo a los hombres que llevaba en su compaa, que para hacer relacin a los reyes de las cosas que vea no bastaban 1 000 lenguas a referillo, ni su mano para lo escribir, que le pareca que estaba encantado”. sta fue la poblacin mayor que hall, y su comarca la ms rica y mejor cultivada. Sus habitantes parecan ms civilizados que los otros de la Isla, juzgando as por el porte exterior como por sus costumbres y algunos objetos que vieron. Not, por primera vez, que algunos de ellos usaban penachos y otros plumas; que se pintaban el rostro y cuerpo de colorado; llevaban en las manos haces de dardos, hechos unos de una sola vara con una punta dura, y otros de caas con un palillo tostado y agudo, engastado en un extremo, y desplegaban cierto arreo marcial como si fueran alguna compaa de guerreros, haciendo demostraciones hostiles; bien que no causaren ningn dao, y luego que entendieron que la venida de los castellanos era de paz, se pusieron en comunicacin con todos, empezaron a ir a los navos a visitarles y les daban cuanto tenan en cambio por cualquier bagatela. En la ciudad visit “una casa hermosa, no muy grande y de dos puertas, porque as son todas, y entr en ella y vide una obra maravillosa, como cmaras hechas por una cierta manera que no lo sabra decir, y colgado al cielo della caracoles y otras cosas. Yo pens que era templo, y los llam y dije por seas si hacan en ella oraciones, dijeron que no, y subi uno dellos arriba y me daba todo cuanto all haba, y dello tom algo”. Los marineros dicen que hallaron “en una casa una cabeza de hombre dentro de un cestillo y colgado en un poste de la casa, y de la misma manera hallaron otra en otra poblacin”. Tambin encontraron un pan de cera que llev Coln a los reyes y dice que donde hay cera tambin debe haber otras mil cosas buenas; aunque Las Casas opina, con razn, que este pan fue de Yucatn a Cuba. En el ro Macaguanigua y en el Boma, distantes 2 leguas, haba muchas canoas baradas en tierra, cada una “debajo de una atarazana o ramada, hecha de madera y cubierta de grandes hojas de palma, por manera que ni el sol ni el agua le 7Torquemada, Monarqua Indiana lib. IV, cap. 2.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 84\ 84\ 84\ 84\ 84\ podan hacer dao”: eran estas canoas por lo general de cedro o de caoba, “como fustas muy hermosas y labradas que diz era placer vellas”, unas de bastante cabida para 12 bancos, otras para 17, y la mayor que vieron era “de 95 palmos de longura de un solo madero, muy hermosa, y que en ella cabran y navegaran 150 personas”. El 4 de diciembre sali de su querida Baracoa, cuyo puerto llam Santo, en memoria de las dulces impresiones que haba experimentado, y dejando atrs la punta del Fraile, vio una gran baha y a legua y media “un gran ro algo angosto”, y otro mayor a tres cuartos de legua, cuyas aguas eran dulces “hasta dentro en el mar y es de los caudalosos que haba hallado”. El da siguiente, al salir el sol, reconoci la punta de los Azules, y al doblarla not “que la costa volva al sur y tornaba del sudoeste, y vide luego un cabo muy hermoso y alto a la dicha derrota, y distaba desotro 7 leguas”: estaba delante de la extensa playa que forma la punta Bayaquitir,8 y el cabo que se presentaba a sus ojos eran ya las cumbres del San Nicols, primera tierra que desde aquella parte se distingue de la vecina Hait. Coln se penetr de ello a poco de andar, y saludando las ltimas playas cubanas, se despidi de la grande Antilla, dndole el nombre de Juana por respeto al prncipe don Juan y a la punta de Bayaquitir los de Alfa y Omega “para significar el paraje donde empezaba el continente yendo por la va del oeste y donde finalizaba por el opuesto rumbo”.9 Aos despus mand el Rey Catlico se llamase a la isla Fernandina, pero el de Cuba que le daban los indios ha prevalecido y se conserva en la historia y geografa de este hermoso pas, y el cabo que la separa de Hait se conoce con el nombre de cabo Mais.10 8Irving, t. I, p. 395. La Torre, Geografa p. 79.9Muoz, lib. III, pp. 91 y 103.10Navarrete, t. 1, pp. 66-78.

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CAPTULO IVCOL"N FUND COL"N FUND COL"N FUND COL"N FUND COL"N FUND A EN HAIT LA PRIMERA A EN HAIT LA PRIMERA A EN HAIT LA PRIMERA A EN HAIT LA PRIMERA A EN HAIT LA PRIMERA COLONIA CRISTIANA DE AMRIC COLONIA CRISTIANA DE AMRIC COLONIA CRISTIANA DE AMRIC COLONIA CRISTIANA DE AMRIC COLONIA CRISTIANA DE AMRIC A. A. A. A. A. SU VUEL SU VUEL SU VUEL SU VUEL SU VUEL T T T T T A A ESP A A ESP A A ESP A A ESP A A ESP AA AA AA AA AAA prima noche lleg Coln al puerto del Mole de San Nicols, donde entr el da 6; el 13 se puso en comunicacin con los indios de un pueblo conocido hoy con el nombre de Gros Morne; el 16, con los de otro en el puerto de Paz, los cuales llevaban por adorno colgados de la nariz y orejas granos de oro y algunas planchas de este metal, con lminas labradas, que cambiaban por cualquier fruslera, y sigui recorriendo la costa. Adonde quiera que llegaba le daban granos y planchas de oro, y le decan que en la isla haba mucho, del cual se hacan, sacndolo de entre las arenas de los ros y arroyos que bajaban de una serrana, y que los habitantes de otras provincias solan ir a buscarlo all; sealadamente entendi que haba minas riqusimas hacia la parte del este, que era la ruta que llevaba, y en sus dulces ensueos se imagin que deba estar en la, por tanto tiempo de l suspirada, Cipango. Embebido en estas ilusiones estaba contemplando las costas, cuando lleg al puerto que llam el Mar de Santo Toms; y hallndose sobre cubierta, el 22, vio que vena una gran canoa con un sujeto de buen porte y mucho acompaamiento, el cual se entr en la nave y le trajo una embajada de parte del cacique Guacanagari, cumplimentndole por su llegada y ofrecindole la hospitalidad en la capital de sus Estados del Marin; entregole adems un presente que le enviaba su seor, y consista en un cinto de cuatro pulgadas de ancho, bordado de pedrera, de hueso blanco y menudo como aljfar, mezclado con algunas cuentecillas coloradas, y en lugar de bolsa penda de l una cartula con orejas, lengua y nariz de oro. Coln agradeci el cumplido y luego hizo intencin de ir a visitarlo; pero como el tiempo fuese calma y no le permitiese cumplir su deseo, le envi al siguiente da un recado con el escribano de la armada y otros castellanos, excusndose y prometindole hacerlo ms adelante. Con este propsito sali del puerto, el 24, en direccin de la Punta Santa y sera cerca de medianoche, cuando Coln, que el da antes ha-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 86\ 86\ 86\ 86\ 86\ ba hecho reconocer la costa por los que fueron con el escribano, y estaba seguro de que los marineros podran pasar las naves sin riesgo de los bajos que por all haba, como viese que el viento era escaso y el mar continuaba en calma, resolvi irse a dormir, porque haba dos das y una noche que no haba dormido. En mal hora fue. El piloto y la dems gente acostronse tambin, y el timonel confiado en la serenidad del tiempo cometi la imprudencia de abandonar la nave a las manos inexpertas de uno de los muchachos de a bordo, contra la orden expresa del Almirante; resultando de aqu, que arrastrada por las rpidas corrientes de aquella costa, encall en un banco de arena. A los gritos del muchacho despiertan todos, y antes que todos ya Coln estaba sobre cubierta: empieza a dar disposiciones de sacarla, pues an era tiempo de reparar el mal; pero parte por cobarda, parte por confusin, ninguno supo hacer cosa a derechas, y una barca que haba mandado a situar un ncora por la popa y que tirase de la nave, lejos de obedecer huy indignamente a bordo de la Nia Como a la sazn menguase la marea “tom lado hacia la mar traviesa, puesto que la mar era poco o nada, y entonces se abrieron los conventos y no la nao”, y no siendo ya posible salvarla, se trasbord Coln a la Nia Guacanagari, que sin conocerlo an haba formado una idea extraordinaria de su carcter y participaba de la comn opinin de que l y sus compaeros eran de la familia de los dioses, tuvo gran sentimiento al saber la desgracia que le haba ocurrido a la entrada en su reino, y envi inmediatamente a sus vasallos con canoas para ayudarle en la descarga de cuanto haba a bordo, y l mismo con sus hermanos y parientes corri a la costa, hizo poner guardias que cuidasen de todo y mand habilitar dos casas grandes donde depositar lo que perteneca a los castellanos, a quienes recibi y hosped en las mejores de su pueblo, el cual estaba situado al fondo de la baha que llam el Almirante, del Caracol, y hoy se conoce por el Guarico o Cabo Francs. La hospitalidad franca y generosa que le dio el cacique, los presentes de alhajas y oro que le hizo, la cantidad de este metal que vio y adquiri en cambio de baratijas, y las nuevas que tuvo de provincias cercanas, abundantes en minas, hizo que Coln se confirmase en que haba llegado a la verdadera Cipango e interpretase la prdida de la Santa Mara en aquel lugar, como un sealado favor del cielo. Posedo de sus sentimientos religiosos, dio, pues, un curso nuevo a sus ideas y resolvi hacer lo que nunca haba pensado; siendo este cmulo de circunstancias causa de que cesase la serie de felices descubrimientos empezada en este viaje, y fundase en aquella isla la primera colonia cristiana del Nuevo Mundo. Pens que “como hubiese quedado con un solo navo no le pareca razonable cosa ponerse a los peligros que le pudieran ocurrir descu-

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PEDRO JOS GUITERAS /87 /87 /87 /87 /87 briendo”, as como la suma dificultad que para volverse con toda su gente presentaba una carabela tan pequea como la Nia y con los restos de la capitana dispuso “hacer una torre y fortaleza, todo muy bien y una grande cava”. Conocido su intento, se holg mucho Guacanagari, entendiendo que por este medio Coln lo protegera contra las incursiones de los caribes, que por lo comn hay algo de inters propio en los deseos humanos, y muchos de los espaoles se le ofrecieron gustosos, para quedarse en la isla. Al punto se puso por obra la construccin del fuerte, que en pocos das qued concluido, ayudando los indios con la mejor voluntad. Coln eligi para formar aquella colonia, que llam la Navidad, 39 hombres, entre quienes haba “un carpintero de naos y calafate, y un buen lombardero que sabe bien de ingenios, y un tonelero, y un fsico y un sastre”, nombr capitn y gobernador a Diego de Arana y por tenientes suyos a Pedro Gutirrez y Rodrigo de Escovedo, con los poderes que tena de los reyes, y tambin un escribano y un alguacil; proveyoles de vveres y vino para un ao, simientes para sembrar y “todas las mercaderas que los reyes mandaran comprar para los rescates que eran muchas, para que las trocasen y resgatasen por oro, con todo lo que traa la nao”, dejoles mucha artillera y otras armas y municiones de guerra “y la barca de la nao para que ellos, como marineros que eran los ms, fuesen cuando viesen que convena a descubrir las minas de oro”. Concluidos los preparativos de marcha y dejadas instrucciones a Arana y sus tenientes de lo que deban hacer durante su ausencia, pas a despedirse de Guacanagari, quien le mostr mucho amor y verdadero sentimiento de su partida, mayormente cuando lo vio ir a embarcarse. El 4 de enero de 1493, zarp Coln de la villa de la Navidad; dos das despus tuvo la fortuna de encontrar a Martn Alonso Pinzn, con quien sigui visitando los puertos y ros de la costa que estn 64 millas al este de la baha de Saman; y como refrescase el viento favorable para ir a Espaa y notase que la gente empezaba a entristecerse por desviarse del camino derecho, por la mucha agua que hacan las carabelas, se determin a abandonar el teatro de sus glorias, y ambas naves hicieron rumbo a oriente, el da 16, y siguieron juntas hasta el 14 de febrero que una violenta tempestad las forz a separarse. Coln pudo, con trabajo, acogerse a un puerto de la isla de Santa Mara, una de las Azores, el da 18, de donde sigui a Espaa; pero azotado por tormentas espantosas que se sucedan rpidamente y parecan querer sumergir la dbil Nia se vio obligado a arribar a Lisboa el 4 de marzo y hasta el 15 no pudo entrar en el humilde pueblo de Palos, desde donde las nuevas de su descubrimiento se extendieron por el reino y llevaron la fama de su nombre a las naciones del mundo civi-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 88\ 88\ 88\ 88\ 88\ lizado. La tarde de aquel mismo da lleg tambin Pinzn con la Pinta quien despus de la tormenta que lo separ del Almirante, haba podido salvarse en el puerto de Bayona.1 1Navarrete, t. 1, pp. 79, 87, 91, 139 y 150-165. Muoz, lib. III, p. 128.

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CAPTULO VRECEPCI"N DE COL"N EN LA COR RECEPCI"N DE COL"N EN LA COR RECEPCI"N DE COL"N EN LA COR RECEPCI"N DE COL"N EN LA COR RECEPCI"N DE COL"N EN LA COR TE. FA TE. FA TE. FA TE. FA TE. FA V V V V V OR OR OR OR OR DE LOS REYES CA DE LOS REYES CA DE LOS REYES CA DE LOS REYES CA DE LOS REYES CA T"LICOS. CUESTIONES T"LICOS. CUESTIONES T"LICOS. CUESTIONES T"LICOS. CUESTIONES T"LICOS. CUESTIONES CON POR CON POR CON POR CON POR CON POR TUGAL TUGAL TUGAL TUGAL TUGALDe Palos pas Coln a Sevilla, donde le esperaba ansioso un pueblo grande y entusiasta, cuyas demostraciones de jbilo le hicieron probar los primeros dulcsimos frutos de su heroica empresa. Estando all recibi carta de los Reyes Catlicos, entonces en Barcelona, congratulndolo por el feliz xito de su viaje, ofrecindole honrarle conforme a sus servicios y trabajos, encargndole acelerase su ida a aquella capital y que antes procurase dejar dispuesto lo necesario para una nueva expedicin a las tierras descubiertas.1Su viaje a Barcelona fue un triunfo continuado. Las autoridades y corporaciones de las ciudades por donde pasaba salan a darle la bienvenida y los caminos se hallaban cubiertos de innumerable pueblo, deseoso de verlo y de admirar los indios y cosas extraas que traa del Nuevo Mundo. Pero el aplauso y entusiasmo llegaron a su colmo y su grandeza recibi el premio debido a la excelencia de su espritu, al llegar como a mediados del abril2 a la capital del principado, cuna de ilustres marinos y navegantes y el emporio de los reinos de Castilla y Aragn. Las calles de la alegre Barcelona estaban cuajadas de gente; msicas numerosas sonaban en las plazas, y los balcones lucan vistosas colgaduras como en las fiestas ms solemnes; un gran nmero de cortesanos y caballeros aguardaba al hroe a las puertas de la ciudad, de orden de Fernando e Isabel, para recibirlo y conducirlo a palacio, en el cual se haba dispuesto y preparado el saln ms espacioso, colocando en el centro un alto andamio donde se alzaba el trono. La animacin de aquella escena contribua a realzar la natural dignidad del Almirante y daba a sus facciones un aspecto indefinible de 1Navarrete, t. II, no. 15.2Herrera, Dc. I, lib. II, Irving, t. I, p. 266. Pedro Mrtir, en su carta de 14 de mayo de 1492 al conde Borromco, dice que fue a fines de abril. Vase Humboldt, Exan. crt. t. II, p. 239. Esto es quiz lo ms probable, si se atiende a lo que refiere Muoz (p. 152) de la correspondencia entre los Reyes Catlicos y Coln despus de la llegada de ste a Sevilla.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 90\ 90\ 90\ 90\ 90\ majestad y grandeza. Coln era alto de cuerpo, bien formado, y de robusta musculatura; el rostro largo y no lleno ni enjuto, de claro color y fcil a encenderse, la frente ancha y elevada adornaron en un tiempo rubios cabellos, que argent en temprana edad una vida sembrada de cuidados y pesares, sus ojos claros y azules brillaban con toda la expresin del genio, la mejilla era alta y huesosa, la nariz aguilea y su exterior desplegaba un aire notable de austeridad y poder. Su carcter y costumbres correspondan con la magnanimidad de sus hechos; era sobrio y sencillo en el comer y vestir, elocuente en la conversacin, atractivo y afable con los extranjeros y de una amabilidad y dulzura en el trato domstico que le captaba la ms viva estimacin de su familia; su temperamento era naturalmente irritable, pero saba dominarse sin trabajo y conservar una gravedad suave y atenta, sin usar jams de palabras destempladas; toda su vida se le not la ms rgida atencin a los oficios divinos y deberes religiosos, asistiendo a las ceremonias de la Iglesia y observando rigurosamente el ayuno; su piedad no consista en el cumplimiento de meras frmulas, sino que participaba de aquel grado de solemnidad y grandeza que tanto resplandece en todas las acciones de su vida.3Al entrar en la Corte, iba precedido de los indios, pintados segn la costumbre de su pas, llevando unos en la cabeza coronas de oro, otros de plumas, y todos con sus armas y adornos en la nariz y orejas, y segua la comitiva con las piezas de oro y cartulas que traa de las islas, los perrillos mudos, aves, peces, plantas, semillas y dems producciones naturales, extraas y nunca vistas en Espaa; l, montado en un hermoso corcel, rodeado de los nobles, y en seguida gran nmero de caballeros y un inmenso concurso; y en su trnsito, las bellas barcelonesas saludbanlo desde los balcones ondeando sus blancos pauelos y lo festejaban llenando el aire de olorosos perfumes orientales y la carrera con ramilletes de variadas flores. No bien se present en el saln regio, cuando los ilustres soberanos se levantaron a recibirlo, excusndole de la reverencia debida a la majestad, danle a besar las manos de pie, hcenlo sentar a su presencia, dispnsanle los honores que a los prceres del reino, y pdenle refiera las maravillas de su descubrimiento. Coln describe los peligros de aquella navegacin, la extensin y fertilidad de las tierras, sus producciones y el carcter y costumbres de sus habitantes, mostrando y explicando a los soberanos y a la Corte, que lo escuchaban absortos, los indios y sus adornos, los metales preciosos y todo lo que haba adquirido en aquellas ignotas regiones. Concluida la relacin del gran descubridor se cant 3Las Casas, Historia General... lib. I, cap. 2. F. Coln, cap. 3. Illescas, Hist. Pontif., lib. VI, segn Irving, lib. I, cap. 4.

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PEDRO JOS GUITERAS /91 /91 /91 /91 /91 un solemne Te Deum por los msicos de la real capilla, y por muchos das fue Coln el objeto de las atenciones de los reyes, la curiosidad de los cortesanos y la admiracin del pueblo barcelons. Durante su permanencia en aquella ciudad era recibido, a todas horas y sin ceremonia alguna, por Fernando e Isabel, con quienes hablaba de lo que haba observado en los nuevos pases y trataba sobre el arreglo de un segundo viaje para extender los descubrimientos y hallar un paso que condujese a la Corte del Gran Can; y para ms honrarlo, sala el rey a cabalgar por las calles llevndole a su lado y tratndolo familiarmente a vista del pueblo. El cardenal de Mendoza, privado de suma autoridad, lo convid a su mesa, cumplimentndolo con los honores debidos a un gran personaje, y los dems grandes del reino imitaron luego tan laudable conducta. Los sabios codiciaban el placer de su amistad y trato. En sus conferencias sobre la sospecha de si era Cuba el extremo del continente asitico, buscbase la opinin de los antiguos y crease encontrarla en la corta distancia que ponan desde las costas de Espaa a la de la India por occidente, y dbase por conclusivo el descubrimiento de estas regiones por la descripcin que hace Plinio de los papagayos de variados colores que hay en ellas, iguales en todo a los trados por Coln. “Conforme a estas ideas se dieron a las tierras nuevamente halladas y dems que se suponan unidas a ellas, los nombres de Indias Occidentales o Nuevo Mundo”.4Como la doctrina de aquellos tiempos entre los prncipes cristianos consagraba el falso derecho de hacer la guerra y desposeer de sus Estados a los pueblos y soberanos infieles, con el fin de quitar obstculos al progreso de la religin, doctrina evidentemente contraria a las sagradas mximas del Evangelio, y eran tenidos por ms grandes y piadosos los que empleaban mayores fuerzas en tales empresas y mayores conquistas alcanzaban, los Reyes Catlicos hallaron justa y legtima la posesin que de las tierras descubiertas haba tomado el Almirante, y para darle ms autoridad acudieron al sumo pontfice, a quien se atribua el poder temporal para disponer a su arbitrio de las tierras de infieles, solicitando gracia no slo de las nuevamente descubiertas, sino de las que an estaban por descubrir en el ocano occidental. Las cartas se recibieron en Roma con aplauso, y Alejandro VI, de acuerdo con el parecer del sacro colegio, expidi la bula de 4 de mayo de 1493 haciendo donacin perpetua a la Corona de Castilla de los mares y tierras comprendidos desde una lnea imaginaria tirada de polo a polo por un punto situado a distancia de 100 leguas de las posesiones portuguesas ms al occidente en las islas Azores o las de Cabo Verde; la cual fue seguida de otra, del mismo da, extendiendo a los soberanos y sb4Muoz, lib. IV, p. 157.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 92\ 92\ 92\ 92\ 92\ ditos de aquella nacin los privilegios y gracias concedidos por sus antecesores a los de Portugal para sus expediciones de frica. Estas mercedes fueron acompaadas de grandes alabanzas a los reyes por su celo en la propagacin de la religin, y de recomendaciones y elogios al Almirante, cuyo nombre y fama crecan por toda la cristiandad.5Mientras se adelantaba la expedicin que deba llevar, reciba estos nuevos testimonios de amor y estimacin de los reyes. El 20 de mayo se le concedi para l y sus herederos perpetuamente la gracia de usar en su escudo de armas las de Castilla y Len en los dos cuarteles superiores, y en los inferiores unas islas doradas en ondas de mar en el de la derecha, y en el de la izquierda, las armas propias de su linaje; la renta de 30 escudos prometida al primero que viese tierra, se le situ en Crdoba, habindose decretado a su favor el 23 del mismo mes a causa de la luz que divis en Guanahan; al da siguiente se le libraron por una vez 1 000 doblas de oro, y cuatro despus se le expidi privilegio absoluto en confirmacin del condicional de Granada, demarcando los lmites de su almirantazgo y gobierno conforme a la donacin pontificia, y fue nombrado capitn general de la armada que iba a las Indias, autorizndolo para usar del sello real y despachar por s o por teniente en su ausencia, provisiones selladas bajo el nombre de los reyes.6Slo el de Portugal no participaba del jbilo universal, devorando en su palacio de Torres-vedras la amargura de creer perdido el fruto de los descubrimientos hechos en frica, con inmensos gastos de la nacin, y buscaba parecer entre los consejeros sobre disputar a Espaa el derecho que pretenda tener al dominio del Nuevo Mundo. Fcil es a los monarcas en sus tribulaciones ambiciosas, encontrar vasallos ms atentos a halagar sus debilidades que a mirar por la honra de la patria, y como se entendiese ser las tierras descubiertas la parte ms oriental del Asia, supieron persuadirle, sin dificultad, de que aquellas posesiones se hallaban incluidas en las bulas de Martino V y otros papas; y resolvi hacer valer estos derechos, as en la Corte de Roma como en la de Castilla, bien reviviendo las concesiones obtenidas de la Santa Sede y en tratados celebrados con los Reyes Catlicos sobre los descubrimientos en frica, o bien acudiendo al incierto y peligroso medio de las armas.7Con tal pensamiento mand el rey don Juan preparar una armada que fuese prontamente a ocupar las Indias Occidentales, mientras se organizaba otra mayor, aun que debera seguirla en breve tiempo y proteger sus movimientos. Y para ocultarlos y alejar cualquier sospecha 5Navarrete, t. II, n 17 y 18. Solorzano, Polit. ind ., lib. I, cap. 10.6Navarrete, t. I, p. 95, y t. II, n 20, 32, 38, 39, 41-44. Muoz, lib. IV, p. 165.7Muoz, lib. IV, pp. 148, 149 y 159.

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PEDRO JOS GUITERAS /93 /93 /93 /93 /93 que pudiera despertar en el nimo del suspicaz Fernando, trat de disfrazar el intento fingiendo una expedicin al frica, y envi embajada con Rui de Sande a los reyes pidindoles permiso de sacar de su reino algunas cosas prohibidas que necesitaba para el pasaje y renovando sus reclamaciones sobre la pesca al sur del cabo Bojador: tambin escribi al Papa rogndole anulase o reformase la bula del 4 de mayo. De estos secretos manejos tenan pronta noticia los reyes. Seguros de la disposicin favorable de Alejandro, se adelantaron a la venida del embajador portugus, y antes que llegase Sande enviaron a Portugal a Lope de Herrera con instrucciones de procurar se suspendiesen los aprestos para ir a occidente, y que don Juan desistiese de la idea de enviar navos a descubrir por aquellas partes y lo prohibiese adems severamente a sus sbditos y naturales. Cuando se les present Sande accedieron gustosos a los puntos que abrazaba su embajada, al mismo tiempo que Herrera obtena en Lisboa la promesa del rey de no despachar navo alguno hasta 60 das despus que hubiesen llegado a Barcelona los nuevos embajadores que pensaba enviar para el arreglo del asunto. Vinieron stos y pidieron que el paralelo de las Canarias fuese el trmino de la navegacin de los castellanos, fundndose en que los mares y tierras ms meridionales pertenecan a Portugal, y exigieron se suspendiese el despacho de la armada que se estaba preparando en Andaluca, en tanto no se aclarase a qu partes poda navegar. Como el objeto de Fernando era ganar tiempo para concluir los preparativos de la expedicin, lejos de responder a estas demandas ofreci que enviara otra embajada a tratar del asunto, y fueron nombrados el protonotario don Pedro de Ayala y Garcilpez de Carvajal, con poderes para negar la pretensin de los portugueses y hacer valer el derecho de Castilla a los pases descubiertos y por descubrir, en virtud de la ltima concesin apostlica que demarcaba el lmite divisorio de la navegacin y conquistas propias de cada potencia. Esta cuestin hubiera terminado en una sangrienta ruptura a no haber sido tan desiguales las fuerzas de Portugal y las de Espaa, engrosadas stas recientemente con la restitucin de los condados de Roselln y la Cerdania, adems la expedicin que se preparaba en Sevilla y Cdiz haba salido, sin que los reyes hiciesen caso alguno de las reclamaciones entabladas; y el Papa se apresuraba a apoyar los derechos de Castilla con una nueva bula del 25 de septiembre, en la cual, para alejar toda duda sobre las regiones que reclamaba Portugal, se declaraba “que cualesquiera partes de la India oriental no dominadas de cristianos adonde aportasen los espaoles se entendiesen comprendidas en la donacin”.8 8Muoz, lib. IV, pp. 160, 170 y siguientes. Navarrete, t. II, no. 11 del Apndice.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 94\ 94\ 94\ 94\ 94\ Vnose a las buenas don Juan y adopt un lenguaje ms sincero, contentndose con proponer que la divisin por la meridiana se extendiese a mayor nmero de leguas para dejar ms expedita la navegacin de sus sbditos en el ocano; a lo que accedieron los reyes; y por el Tratado de Tordesillas, de 7 de junio de 1494, se abrogaron ambas Coronas la posesin exclusiva del vasto ocano y tierras occidentales y fijaron la lnea de demarcacin que deba deslindar sus particulares derechos, a las 370 “a la parte de poniente por lnea derecha del Polo rtico al Polo Antrtico”, con algunas reservas por parte de Castilla, acordando nombrar comisionados idneos por ambas partes para practicar las operaciones necesarias y llevar a cabo el convenio.9 9Navarrete, t. II, n 75 y 91.

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Libro TerceroCAPTULO ISEGUNDO VIAJE DE COL"N A AMRIC SEGUNDO VIAJE DE COL"N A AMRIC SEGUNDO VIAJE DE COL"N A AMRIC SEGUNDO VIAJE DE COL"N A AMRIC SEGUNDO VIAJE DE COL"N A AMRIC A. RUINA A. RUINA A. RUINA A. RUINA A. RUINA DE LA COLONIA NA DE LA COLONIA NA DE LA COLONIA NA DE LA COLONIA NA DE LA COLONIA NA VID VID VID VID VID AD. FUND AD. FUND AD. FUND AD. FUND AD. FUND ACI"N ACI"N ACI"N ACI"N ACI"N DE LA ISABEL DE LA ISABEL DE LA ISABEL DE LA ISABEL DE LA ISABELPara su segundo viaje haba reunido Coln, en el puerto de Cdiz, una armada respetable, provista de lo necesario para aclimatar en el Nuevo Mundo las producciones de Europa e introducir la manera de vivir de los espaoles, sus creencias, sus leyes y costumbres. Llevaba en las naves trigo, arroz, sarmientos, caas de azcar, posturas y semillas de varias plantas, y tambin toda especie de ganado y animales domsticos, y los utensilios y herramientas necesarios para la construccin de casas y fortalezas. Iban con l un nmero competente de labradores, carpinteros, albailes y otros menestrales de diversas artes y oficios. Como el carcter de aquella empresa era espiritual a la vez que temporal, creyendo los Reyes Catlicos que tenan el derecho de extender con la cruz y la espada una religin de paz, igualdad y reconciliacin, un gran nmero de hombres de armas, criados algunos de la casa real, caballeros otros e hidalgos de la Corte, y muchos nobles de las Andalucas que acudieron voluntariamente a prestar sus servicios, esperando hallar nuevos campos de gloria en tan remotos pases, se vean al lado de una comunidad de 13 eclesisticos de ambos cleros, presidida por el padre fray Bernardo Boil, nombrado por Su Santidad, vicario apostlico con varias facultades episcopales. As las armas que se haban probado sobre los duros petos del moro audaz y la destreza y arte militar adquiridos en la empeada conquista de Granada, deban emplearse ahora contra los pechos desnudos de los pacficos e indefensos moradores del Nuevo Mundo, con la santa misin de sembrar entre ellos la semilla redentora de la verdad evanglica, y mezclados iban los castellanos, cubiertos de acero, y los humildes discpulos de Jesucristo, con el sayal y la cruz.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 96\ 96\ 96\ 96\ 96\ Coln haba sido autorizado con plensimos poderes de general de mar y tierra: “donde juzgase convenientemente poblar se le permiti por el tiempo de la real voluntad hacer por s solo y sin consulta los nombramientos de alcaldes, alguaciles, regidores y dems oficios de gobierno, y en todo lo relativo a la armada y a los descubrimientos y conquistas que se hiciesen se provey de modo que entendiese el sumo aprecio y confianza que se haca de su persona, y se empease ms y ms por verificar sus promesas y designios grandiosos”.1Juntas las naves y la gente, y jurada sin excepcin de persona fidelidad en el servicio del rey y obediencia al Almirante, zarp ste de la baha de Cdiz el 5 de septiembre de 1493, llevando consigo tres naves de gavia (segn llamaban a ciertos buques de mucho porte) y 14 carabelas, con cerca de 1 500 hombres. A los ocho das de viaje lleg a la Gran Canaria, de donde se hizo a la vela el 14, y el 3 de noviembre descubri la isla de Ceyre o Cayre, una de las Caribes, que llam Dominica por ser aquel da domingo; de all continu recorriendo y visitando muchas otras de aquel archipilago y siguiendo la direccin de Hait, descubri el 17 la de Burunquen o Buriquen, a la que puso el nombre de Puerto Rico, y el 27 lleg a la Navidad. Tristes nuevas le aguardaban all: Arana y sus compaeros haban desaparecido, y el pueblo de Guacanagari y la fortaleza, donde crea encontrar amigos y hermanos alborozados con su venida, era todo soledad y ruina. A lo que pudo comprenderse entonces, por relacin del cacique y los suyos, los castellanos se haban entregado a los vicios ms depravados, apoderndose de las cosechas, y el poco oro que podan recoger los indios, y seduciendo y violentando sus mujeres. Esto induce a creer que debi relajarse la disciplina de la colonia y destrudose todo gnero de obediencia y concierto. Esparcidos por aquellas selvas desconocidas, algunos murieron vctimas de la disipacin y las enfermedades del pas, y de los dems, fcil fue al odio de los ofendidos habitantes combinar un medio de venganza para acabar con todos. Los caciques Caonabo y Maireni se haban coligado en este propsito: en un da sealado matan a los que andaban descarriados, invaden y queman la villa y fortaleza, arrollan al fiel Guacanagari que haba acudido en defensa de sus huspedes, y los que all quedaban, los ms de ellos enfermos, perecen al rigor de las llamas o de las flechas certeras del indio. El mismo Canoabo confirm algn tiempo despus esta relacin, que al principio se tuvo por una invencin de Guacanagari, sospechndose hubiese sido cmplice en la catstrofe; aunque Coln se inclin siempre a creerla verdica, y se opuso al parecer de los que aconsejaban lo prendiese y le hiciese expiar aquel crimen. 1Muoz, pp. 165-168. Navarrete, t. II, n 43.

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PEDRO JOS GUITERAS /97 /97 /97 /97 /97 Esto hizo gran impresin en el nimo de los recin venidos; y como manifestasen muchos estar descontentos del pas a causa de las enfermedades de que empezaron a adolecer con las humedades de la Navidad, Coln se resolvi a buscar un punto ms a propsito donde fundar la nueva colonia. Sali, pues, con la flota, a principios de diciembre, a reconocer las costas inmediatas, y pasados algunos das lleg a un puerto seguro y abundante de pesca, situado a 10 leguas al este de Monte Cristi; donde se extenda una gran llanura en terrenos altos y secos, baadas de aguas cristalinas y con lugar para construir un fuerte que defendiese la poblacin y el puerto, circunstancias que lo movieron a fundar all la ciudad que llam Isabel, en honor de la reina; el 6 de enero de 1494, da de la Epifana, estaba ya concluida la primera capilla cristiana del Nuevo Mundo, y en ella celebr misa solemne el padre vicario fray Boil, asistido por los eclesisticos que haban ido con l, con gran devocin y alegra de los castellanos. En la fundacin y fortificacin de la ciudad, organizacin del gobierno, reconocimiento de algunas provincias del interior y las costas, en fortificar la Vega Real y el ro Janique, con el objeto de dominar aquellos Estados, particularmente el de Cibao, que segn averigu era el ms abundante de oro, y en sofocar algunos sntomas de hostilidad que se notaban en los indios, indignados de ver que unos aventureros se apoderaban de su pas sin consultar su voluntad, emple el Almirante cuatro meses, y hasta fines de abril no pudo salir de la Isabel a “descubrir y ocupar la tierra firme”, en cumplimiento del encarg y recomendacin que le haban hecho los reyes.2 2Navarrete, t. I, pp. 213-216 y 219. Muoz, pp. 187, 193, 209, 210, 217 y 235.

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CAPTULO IIEXPLORACI"N DE LA COST EXPLORACI"N DE LA COST EXPLORACI"N DE LA COST EXPLORACI"N DE LA COST EXPLORACI"N DE LA COST A MERIDIONAL DE CUBA. A MERIDIONAL DE CUBA. A MERIDIONAL DE CUBA. A MERIDIONAL DE CUBA. A MERIDIONAL DE CUBA. DESCUBRIMIENTO DE JAMAIC DESCUBRIMIENTO DE JAMAIC DESCUBRIMIENTO DE JAMAIC DESCUBRIMIENTO DE JAMAIC DESCUBRIMIENTO DE JAMAIC A A A A AAntes de pasar a referir esta navegacin por las costas meridionales de Cuba, parece oportuno advertir a los que puedan estimarla como una cosa secundaria (no habiendo producido ningn descubrimiento, sino el de una extensin de costas e islas adyacentes bien conocido), que para apreciar en su justo valor las expediciones de aquel tiempo, deben, hasta cierto punto, distraer la atencin de las noticias que hoy se tienen sobre estos pases, transportarse a la poca en que tuvieron lugar, e identificarse, por decirlo as, con el ilustre navegante, cuando ajeno de temor se lanzaba en unos mares jams surcados por naves europeas; seguirlo paso a paso en su progreso lento, pero atrevido y constante, ignorante de los peligros que en l pudieran esconderse, y sorprender su ansiedad en medio del laberinto de islas y cayos interminable, que cubra una regin envuelta con el velo impenetrable del misterio; poseerse de sus impresiones cada vez que llegaba a una costa nueva o un elevado promontorio de los que vemos all avanzar majestuosamente rompiendo las ondas y dilatarse por el lejano horizonte; apoderarse de la expresin de inquieta duda que asomaba en su rostro cada vez que una ligera canoa se aproximaba, ansioso de descubrir por la apariencia, el traje, los adornos y las imperfectas noticias del indio vagabundo, qu tierras y qu gentes tena delante de los ojos, si eran incultas y salvajes, si islas del ocano adonde no haba llegado la huella de la civilizacin, o si formaban parte del continente del Asia y eran desiertas fronteras de populosos imperios; ir siempre posedo de sus mismas ilusiones, de las noticias que influan en sus juicios, de las indicaciones que solan aumentar sus conjeturas; y, en fin, contemplar el pas que vamos a describir como si lo fuesen recorriendo en compaa del mismo Almirante, revestido con el manto esplndido de luz y hermosura que desplegaba ante su acalorada imaginacin. As, lejos de sentir la impaciencia que produce el desarrollo de opiniones tiempo ha reconocidas como falsas, y el detalle minucioso de viajes de exploracin, emprendidos en error y

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PEDRO JOS GUITERAS /99 /99 /99 /99 /99 que ya de antemano se sabe han de terminar en un desengao, podrn espaciar su fantasa, sentir el placer de penetrar por tierras desconocidas y magnficas, donde a cada paso se presentan nuevos asombros, y llegar a formar un juicio propio y exacto de este hombre extraordinario y de la naturaleza de sus empresas. El plan de Coln era reconocer el ltimo punto de la Isla que haba visitado en su primer viaje, y partir de all a explorar sus costas por la parte del sur. En la creencia en que estaba de ser el extremo del continente de Asia, supona que navegando la vuelta de occidente deba llegar al Catay y a las ricas y comerciales, si bien semibrbaras naciones, descritas por Polo y Mandeville.1Hzose a la vela del puerto de la Isabel, el 24 de abril de 1494 llevando tres carabelas: la Santa Clara y las San Juan y Cardera ; y despus de haberse detenido algunos das en las costas de Hait, descubri el 29 el cabo Mais, atraves el estrecho canal que separa una isla de otra, y haciendo rumbo a lo largo de la costa, fonde a las 20 leguas de andar, en Guantnamo, que llam Puerto Grande, a causa de su extensin. Su entrada es angosta, tortuosa y de mucho fondo, y el puerto se internaba, dilatndose a la manera que un lago en medio de un pas inculto y montaoso, poblado de rboles floridos cuajados de frutos. No lejos de la costa vieron dos bohos hechos de caas, y algunas fogatas en varias partes. Estos indicios de haber all habitantes, movieron a Coln a desembarcar y llev consigo unos cuantos hombres bien armados y al lucayo que le serva de intrprete y fue bautizado en Espaa con el nombre de Diego Coln. Hallaron los bohos desiertos y las hogueras abandonadas: los indios se haban escondido en los bosques y no se vea un ser humano por ninguna parte. La llegada de las naves haba producido un temor pnico e interrumpido tal vez los preparativos que se estaban hacienda para algn banquete, pues se encontr que estaban asando gran cantidad de pescado y adems iguanas y hutas, suspendidas algunas en las ramas de los rboles y tostndose otras en asadores de madera puestos cerca del fuego. Los castellanos, sujetos de atrs a una racin corta, se aprovecharon sin ceremonia de la abundancia de un festn que pareca haberse improvisado para ellos en aquel desierto. Pero, sin embargo de su apetito, privronse de las iguanas, que miraban con hasto imaginndoselas serpientes, lo que tomaran los cibuneyes a cortesana, por ser el plato ms delicado que se pona en las comidas de sus seores.2 1Cura de los Palacios, cap. 123, M.S., segn Irving.2Segn Pedro Mrtir ( Dc. I, lib. III), no le era permitido a la clase pobre de entre los indios comer iguanas, ms que al pueblo bajo de Espaa los pavos y faisanes.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 100\ 100\ 100\ 100\ 100\ Ya satisfechos, se esparcieron por las cercanas y cuando ms distrados andaban, distinguieron como 70 indios reunidos en la cumbre de una roca elevada observando sus movimientos con admiracin y espanto, y al ir hacia ellos echaron a huir; pero uno, ms osado o quiz ms curioso que los dems, animado con los signos amistosos que se les hacan, se detuvo sobre la cresta del precipicio mirando a los castellanos, si bien pronto a seguir las huellas de sus compaeros en la fuga. De orden de Coln, se adelant a hablarle el joven Diego, y las palabras que le dirigi en su lengua nativa desvanecieron sus recelos y lo indujeron a bajar a donde estaba el intrprete, por quien supo las sanas intenciones de los hombres blancos y corri presuroso a comunicarlas a los suyos. A poco se vieron aquellas pacficas gentes bajar de las rocas y salir de los bosques, acercndose con amabilidad y veneracin. Dijeron que el cacique los haba enviado a pescar para un gran banquete con que trataba de obsequiar a un jefe vecino suyo, y que ellos, cuando aparecieron las naves, estaban asando el pescado para prevenir se les echase a perder al conducirlo a su pueblo. Parecan tener el mismo carcter que los habitantes de la costa del norte. Cuando se les habl del dao que sus hambrientos huspedes les haban hecho, lejos de mostrar pesar alguno, respondieron alegremente que una noche de pesca les reemplazara todo lo perdido. Tocado Coln de esta ndole generosa y siguiendo sus naturales sentimientos, dispuso fuesen festejados y recompensados, y conquistada una mutua y fraternal amistad, despidironse igualmente satisfechos los unos de los otros. Dej este hermoso lugar el 1o de mayo y continu su viaje a la vista de unas costas montaosas, adornadas con ros pintorescos, y abiertas y cortadas a trechos por los puertos espaciosos y seguros que tanto sorprenden a los navegantes al visitar esta celebrada Antilla. A medida que avanzaban las naves, se desplegaba un pas cada vez ms frtil y poblado: los naturales cubran las playas mirando asombrados cmo aquellas fbricas se deslizaban suavemente, “no pudiendo entender cmo era posible manejar y conducir a diversas partes tan pesada mole, con un slo viento, sin remos, sin esfuerzos particulares”.3Creyendo a los castellanos unos seres venidos del cielo, les mostraban sus frutos y comestibles invitndoles a bajar a tierra, y los que podan llegarse con sus canoas, traanlas y dbanles generosamente su pan de casabe, calabazas llenas de agua y otros regalos, que Coln aceptaba y recompensaba, hacindoles distribuir presentes que reciban con los transportes de gozo acostumbrados, persuadidos de que tales ddivas eran seguros talismanes contra todo gnero de desgracias. 3Mrtir, Dc. I, libro citado. Muoz, lib. VI, p. 268.

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PEDRO JOS GUITERAS /101 /101 /101 /101 /101 Despus de navegar alguna distancia, lleg a otro golfo o baha profunda, de angosta entrada y ancho y espacioso fondeadero, rodeado de unas tierras frtiles y prdigas de vegetacin. Haba en aquel paraje montaas elevadas que arrancaban desde la misma orilla del mar, costas bajas cubiertas de numerosas aldeas, y sembrados cultivados con tal gusto que parecan jardines y huertos. En este puerto, probablemente el de Santiago de Cuba, ech anclas y pas la noche colmado de gozo con la amable hospitalidad de los naturales. Como les preguntase si all haba oro, todos respondieron a una sealando hacia el sur, y a lo que pudo entenderse dijeron que en aquella direccin haba una gran isla donde abundaba este metal. Ya en su primer viaje haba odo Coln algo de esta isla, que sus compaeros sospechaban pudiese ser la de Babeque, causa de tanta ansiedad y quimricas esperanzas; y tentado por lo que de ella le decan los indios, se resolvi a suspender la exploracin comenzada e ir en busca de la soada Babeque. Con este intento, el da 3, al llegar a un cabo elevado que se encuentra al oeste, se desvi hacia el sur y se engolf en el ancho mar de las Antillas. El 5 llega a Jamaica y fondea en un puerto que llam Santa Gloria; al da siguiente recorre la costa en direccin del oeste, buscando uno abrigado donde pudiese carenar y calafatear la nave capitana que haca mucha agua, y a pocas leguas de andar, entra en uno que, por ser a propsito para su objeto, lo llam Puerto Bueno. Concluida la reparacin a los tres das y hecha provisin de agua, sigue el mismo rumbo, y despus de andar sobre 24 leguas llega a un golfo situado al extremo occidental de la isla, donde la costa empieza a correr hacia el sur. No siendo el viento favorable para proseguir en aquella direccin y engaado en sus esperanzas de encontrar oro, vuelven con ms calor a encenderse sus deseos de continuar la exploracin suspendida, y como le favoreciese el viento, llam aquel golfo del Buen Tiempo, y se dirigi a Cuba, con gran contento de su gente, resuelto a no abandonar su determinacin hasta no haber recorrido tal distancia que le permitiera resolver satisfactoriamente la cuestin de si era tierra firme o una isla. Los belicosos jamaicanos quisieron oponerle resistencia a la entrada de los puertos donde estuvo fondeado; pero qu es el valor y resolucin en pechos desnudos y brazos armados con endebles flechas, contra el peto acerado, la traidora bala y el filo agudo de las espadas? “Yo he determinado (le deca un cacique, en cierta ocasin) abandonar mi patria y acompaarte. Despus de haber odo lo que nos cuentan del poder de tus reyes y de los pases que has sojuzgado en su nombre, reconozco que cualquiera que rehse obedecerte corre a una muerte segura y perdicin. T has destruido las canoas y chozas del caribe, muerto sus guerreros, cautivado sus mujeres e hijos: todas las islas te temen. Ni

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 102\ 102\ 102\ 102\ 102\ quin podr intentar resistirte, ahora que conoces los secretos de esta tierra, la debilidad de nosotros? Antes, pues, que tomes por ti mismo estos dominios, prefiero abandonarlos y embarcarme en tus naves con mi familia para ir a rendir homenaje a tu seor y ver por mis ojos la grandeza de un pas tan lleno de maravillas”. Resolucin que prueba el buen discurso y temple de alma de aquellas gentes, y de que enternecido el Almirante, logr disuadirle, admitiendo el vasallaje a nombre de los reyes y ofrecindole su proteccin.4 4F. Coln, Hist. del Alm ., cap. IV. Irving, lib. VII, caps. I, II y VI.

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CAPTULO IIIPROSIGUE LA EXPLORACI"N DE LAS COST PROSIGUE LA EXPLORACI"N DE LAS COST PROSIGUE LA EXPLORACI"N DE LAS COST PROSIGUE LA EXPLORACI"N DE LAS COST PROSIGUE LA EXPLORACI"N DE LAS COST AS AS AS AS AS CUBANAS CUBANAS CUBANAS CUBANAS CUBANASLa pequea escuadrilla hizo rumbo a las costas de Cuba, y el 18 de mayo lleg al cabo que llam Coln de Cruz, en la provincia de Macaca, cuyo nombre an conserva. Desembarc en una gran poblacin, donde fue bien recibido y obsequiado por el cacique y sus vasallos, quienes haba tiempo saban de l y de sus naves. Por lo que aqul le dijo, supo que los indios que le haban visitado en la Santa Mara haban extendido la noticia de la impresin que les hicieron los castellanos; causando asombro lo que les oyeron de su apariencia, trajes y costumbres, del poder de sus armas, la grandeza, construccin y estilo de sus navos, lo extrao y primoroso de sus adornos y regalos. Trat de cerciorarse de si Cuba era realmente isla, o parte de un continente, y tanto el cacique como los suyos le aseguraron que era isla y de tan grande extensin, que no haba persona humana que hubiese llegado a su trmino; respuesta que dejaba la cuestin en el mismo estado de oscuridad y duda, y que la preocupada imaginacin del Almirante atribuy a la ignorancia en que estaran aquellas gentes de lo que era un continente. Siguiendo su viaje, lleg el 19 a una parte de la costa, que por muchas leguas se extiende al nordeste y tuerce despus al oeste, dejando en el espacio que forma la curva una inmensa baha, o ms bien golfo, donde le asalt una de aquellas tempestades tan propias de estas latitudes; en que de repente se cubre el cielo de densas nubes que oscurecen la luz brillante de los trpicos, el polvo arrebatado del viento, en remolinos, abrasa el aire, y abiertas las cataratas del cielo, se desprende la lluvia a torrentes, acompaada de gran nmero de relmpagos y rayos, que no parece sino que va a sumirse la tierra y a desaparecer envuelta en un espantoso diluvio. Felizmente duran poco: las nubes impelidas del viento se desvanecen, el cielo recobra su hermoso azul, el sol destaca sus rayos encendidos y el aterrorizado navegante vuelve a la calma, admirando los vivos colores del arco mensajero de la serenidad y bonanza.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 104\ 104\ 104\ 104\ 104\ A ser ms duraderas, hubiera sido entonces bien crtica y en extremo peligrosa la situacin de Coln, encerradas como estaban las naves entre islas, cayos y bajos que se aumentaban a medida que avanzaban, en tan gran nmero que la vista del marinero desde el tope de la capitana no hallaba trmino a su extensin. El tamao de estas islas, la mayor parte desiertas, difera de 1 a 4 leguas, bajas las unas, arenosas y estriles, alfombradas otras de verde yerba, y otras, tachonadas con airosos y altos bosques. La vista de este mar esmaltado de tanta variedad de islas, encendi la imaginacin del Almirante, dispuesta siempre a recibir favorablemente las impresiones de la naturaleza cubana, y en la imposibilidad de dar nombre a cada una de ellas llamolas a todas con el potico de Jardines de la Reina. La dificultad de navegar por este laberinto le despert al principio la idea de hacerse al mar y recorrer la costa, dejndolo a la mano derecha; pero pronto cambi de parecer, recordando lo que decan Polo y Mandeville que la costa del Asia estaba poblada de millares de islas: y como se creyera navegando en aquel archipilago, resolvi seguir a vista de las de Cuba, confiado en que al fin habran de llevarlo a los dominios del Gran Can y dejar acabada esta empresa con gloria suya y provecho de la Corona de Castilla. No saba l, por cierto, los trabajos y peligros que le aguardaban en aquel mar tan seductor a la vista y engaoso; pero el temple de su alma no era de arredrarse por ningn gnero de obstculos, su genio superior y la perseverancia en sus propsitos, vinieron a estimularle y lo sacaron de sta, as como de su primera grande empresa, digno del renombre inmortal con que lo exalta y encarece la fama. Apenas haba empezado a navegar por aquel grupo de islas, cuando se encontr enredado y perdido en una intricada navegacin, expuesto a continuos peligros entre bancos de arena, corrientes encontradas, escondidas sirtes, obligado a adivinar, por decirlo as, el camino por donde deba llevar las naves, con la sonda siempre en la mano y hbiles marineros en el tope, dando vuelta las proas, a veces en una hora, a todos los puntos del comps, vindose frecuentemente encajonadas en canalizos de poco fondo cuyo paso tenan que salvar a palo seco y remolcadas por los botes para no encallar; y no obstante todas estas precauciones y fatigas, tocaban muchas veces en los bancos y costaba gran trabajo aligerarlas y ponerlas a flote. Lo variable del tiempo era otro inconveniente que vino a complicar los riesgos de la navegacin, si bien a los pocos das empez a tomar un carcter de regularidad en sus mismos caprichos: observose que al asomar la aurora, el viento vena del este y se mantena de aquella parte durante el da, y al ponerse el sol empezaba a soplar del oeste; al anochecer se levantaban sobre el horizonte densas nubes acompaadas de

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PEDRO JOS GUITERAS /105 /105 /105 /105 /105 relmpagos y truenos, anunciando una terrible tempestad, y cuando la luna apareca por entre aquellas masas tenebrosas, seguida de las brisas meridionales, volva al cielo su azul y a la tierra serenidad y calma. El aspecto de majestad que desplegaba la naturaleza era antdoto suave contra tanto cmulo de dificultades y entretena las esperanzas de Coln. El esplendor de la luz, la riqueza de tintes con que se engalana la aurora, la fertilidad y variedad en la vegetacin, el olor balsmico de las flores y el aroma de las plantas que impregnaban el aire en las horas tranquilas de la noche, el canto de las aves, la belleza de sus extraos colores y la dulzura de sus trinos, ya posadas sobre las altas palmas, ya revoloteando entre las ramas de los rboles, el sedoso plumaje que viste las formas del reposado flamenco, todo era nuevo a sus ojos, todo superior a las escenas celebradas de Italia y Espaa, y tan conforme con las descripciones de los climas orientales, que viva constantemente embebido en la idea de hallarse en el mismo archipilago asitico y esperaba descubrir en breve las altas cpulas de la gran Catay. Embriagado con estos dulcsimos ensueos, lleg el 22 a una de las islas de ms extensin que rodean a Cuba, la cual llam Santa Marta, donde haba un pueblo grande de pescadores. Vio la costa cubierta de lustrosos careyes y conchas de tortugas, las casas desiertas y en ellas algn pescado, varios flamencos y cotorras domesticados y muchos perros mudos, que segn se supo despus acostumbraban los cibuneyes cebar para sus convites, como uno de sus platos ms delicados. Llamole sobremanera la atencin el arte singular que usaban en la pesca de peces de gran tamao, sirvindose como de anzuelo del guaicn, y admirole la franqueza con que suban a bordo de las naves, sin desconfianza ni temor alguno, y con la generosidad caracterstica de estos indios, le regalaron abundancia de pescado y cuanto tenan en las canoas. A las preguntas de Coln sobre la geografa de aquellos lugares, respondieron que el mar estaba cubierto de islas hacia el sur y oeste y que Cuba segua en esta ltima direccin hasta una distancia infinita. Vencida la peligrosa navegacin por entre aquel archipilago, dirigi la proa hacia una parte montaosa, y despus de navegar como 14 leguas desembarc el 3 de junio en un pueblo grande, donde fue recibido con las muestras de bondadosa amistad que encontr siempre entre los cibuneyes, a quienes ensalzaba sobre los dems indios de las islas vecinas, por su carcter amable y pacfico, llegando a tal grado su entusiasmo por Cuba que hasta los mismos animales deca ser ms mansos, de mayor tamao y mejores en todo. Entre los varios comestibles que se le presentaron con jovial alegra, haba palomas torcaces de un tamao y sabor nada comunes, y como notase algo peculiar en el gusto mand abrir algunas recin muertas y se les hall en el buche cantidad

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 106\ 106\ 106\ 106\ 106\ de especias olorosas y de grato sabor que le hicieron persistir en su opinin sobre las producciones del pas. Mientras que las gentes, en los botes, se procuraban agua y provisiones, trat de informarse sobre su tema favorito con el cacique y otros indios ancianos. Todos ellos le dijeron que el pueblo donde estaba era una parte de la provincia de Ornafai, y que ms al oeste el mar continuaba esmaltado de innumerables islas y que encontrara poco fondo; que respecto de los lmites de Cuba no haban odo jams tuviese trmino al oeste; “40 lunas no bastaran a llegar a l” y que navegando en la direccin que llevaba podra alcanzar mejores noticias de los habitantes de una provincia llamada Nangon. Este nombre son al odo del avisado Almirante como una feliz revelacin que vena a confirmarlo en sus ideas respecto de aquel pas y avivar sus esperanzas: la provincia de que le hablaban deba ser Mangon, la ms rica del Gran Can, baada por las costas del ocano. A sus repetidas preguntas, su preocupada imaginacin le haca or voces anlogas a las que haba ledo en Mandeville y entender que Mangon estaba habitada por gentes que tenan colas semejantes a las de los animales y para ocultarlas usaban de ciertos adornos; lo que le record la relacin de este viajero, en que dice tenerse por cosa corriente entre algunas tribus del Asia, y que le contaban para ridiculizarlos, que los habitantes de las naciones a ellas vecinos llevaban una clase de adornos que no poda tener otro objeto que ocultar algn vicio natural de sus cuerpos. Tal descubrimiento le hizo esperar con mayor confianza que nunca que siguiendo las costas cubanas en la misma direccin, llegara a los imperios civilizados del Asia, y halagado con la idea de encontrar en Nangon la verdadera Mangon y en el pueblo de colas y adornos, a los habitantes del imperio trtaro con sus largos mantos, se prepar a dejar las tranquilas y hospitalarias costas de Ornafai.1 1Muoz, lib. V pp. 215 y 221. Cura de los Palacios, cap. 127. Irving, lib. VII, cap. 3.

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CAPTULO IVCONTINA EL MISMO ASUNTO CONTINA EL MISMO ASUNTO CONTINA EL MISMO ASUNTO CONTINA EL MISMO ASUNTO CONTINA EL MISMO ASUNTOAnimado con estas ilusiones seductoras, continu su viaje, favorecido por una prspera brisa, costeando el supuesto continente. Se hallaba frente a las playas donde, por espacio de cerca de 35 leguas, la navegacin est interrumpida a cada paso por bancos de arena y pequeas islas. Quedbale a la izquierda el ancho mar, cuyas ondas de oscuro azul, le aseguraban su profundidad y le brindaban con una senda libre de riesgos. A la derecha, se dilataban las verdes costas de Ornafai, baadas por las corrientes cristalinas de muchos arroyos y pobladas de aldeas vestidas con el rico follaje de sus elevados bosques, que internndose en ascenso gradual, iban a perderse en la cordillera de montaas que atraviesa el centro de la Isla. La presencia de las naves despertaba admiracin y alegra por todas partes. Los naturales las saludaban con aclamaciones de gozo y reciban entusiasmados a los seres cuya fama se haba extendido con el encanto de mensajeros de las bendiciones del cielo; impacientes de verlos y festejarlos no aguardaban que bajasen a la costa y se adelantaban, unos nadando a larga distancia y otros en sus canoas, ofrecindoles las producciones del pas y contemplndolos casi con adoracin. Y despus de la lluvia ordinaria de la tarde, cuando empezaban a entablarse las brisas de la tierra trayendo consigo las suaves aromas de aquellos bosques deliciosos, venan mezclados con ellos los sonidos lejanos de sus cnticos y rudos instrumentos con que probablemente celebraban su llegada. Los dos das siguientes se emplearon en cruzar la costa abierta que forma el ancho golfo de Jagua. Al fin de l llegaron a un lugar donde las aguas adquieren repentinamente una blancura semejante a la leche y aparecen enturbiadas como si estuviesen mezcladas con harina; fenmeno producido por una arena sumamente menuda o partculas calcreas que se desprenden del fondo hasta cierta altura con la rapidez de la corriente y agitacin de las ondas. Llamole Coln el Mar Blanco.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 108\ 108\ 108\ 108\ 108\ Esto esparci la alarma en la escuadrilla, y hubo de crecer an ms vindose al mismo tiempo navegando en poca mar y cercados de bancos y cayos. Mientras ms adelantaban, ms crtica se haca su situacin, encerrados en un canalizo angosto, donde no podan maniobrar ni volver atrs, imposibilitados de hacer uso de las anclas, sacudidos con violencia por el viento y en peligro inminente de encallar. Con mucho trabajo salieron de all y llegaron a una isleta, donde hallaron regular fondeadero y pasaron la noche posedos de gran ansiedad. Muchos, cansados de tan penosa navegacin y sobrecogidos con las impresiones del da anterior, empezaron a murmurar y estaban porque no se siguiese aquella empresa y abandonarla de una vez; tenindose por afortunados si lograban volver sin riesgo por donde mismo haban venido. Pero Coln no poda admitir semejante propsito, precisamente cuando se crea prximo a hacer un brillante descubrimiento. A la siguiente maana despach la carabela ms pequea a explorar este laberinto de islas y penetrar en la costa; la cual volvi con la noticia de que los canales y cayos eran tan numerosos e intrincados como los que haban dejado en los Jardines de la Reina, la costa toda un fangal, y los terrenos inmediatos una cinaga profunda donde el mangle sala de las aguas, tan abundante y compacto, que formaba una muralla impenetrable, y que el interior pareca frtil, montaoso y muy poblado, a juzgar por el nmero de columnas de humo que haban visto en varias direcciones. Siguiendo las huellas de la carabela, se aventur a arrostrar los peligros con que este nuevo archipilago pareca amenazar su temerario arrojo, y empez a navegar con precaucin y trabajo, sin poder, no obstante su prudencia, evitar el encallar frecuentemente entre los pequeos canales que separaban las islas y bancos de arena. Al fin lleg a una punta baja que llam del Serafn, donde la costa tuerce hacia el este, formando una baha tan profunda que no era posible hallarle fondo; se vean montaas a alguna distancia, en direccin del norte; el espacio intermedio era claro y abierto, y las islas cercanas corran hacia el sur y oeste: esta descripcin corresponde exactamente con la baha de Bataban. Coln hizo rumbo hacia las montaas con viento fresco y en tres brazas de agua, y el da 7 ancl en la costa, cerca de un hermoso bosque de palmas, donde ocurri una de las ms extraas aventuras que se cuentan en sus peregrinaciones. Y fue, que una partida enviada a proveerse de agua y lea, cuando ocupada en formar haces y llenar los barriles junto a dos manantiales que por en medio del bosque serpenteaban, vio venir un hombre posedo de pnico terror que les gritaba en claro castellano corriesen en su auxilio. Apenas empezaron a moverse, se les reuni el que daba las voces, cansado y sin aliento, y reconocieron

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PEDRO JOS GUITERAS /109 /109 /109 /109 /109 a un ballestero de la partida que se haba entrado poco antes en la espesura en persecucin de alguna caza. Recobrado un tanto, djoles que no bien se haba internado en el bosque cuando se le present en la abertura de la caada un hombre del mismo color y forma que los castellanos, vestido con un ropaje blanco a la manera del hbito de un fraile de la Merced, que de pronto crey fuese el capelln del Almirante, pero conoci despus su error por haber venido otros dos a reunirse con el primero, vestidos de la misma manera, y tras ellos muchos ms, como en nmero de 30, armados de lanzas y varas, y que, aunque ninguno hizo demostraciones hostiles y el primero se adelant a hablarle, la vista de tanta gente lo haba alarmado y hecho tomar la resolucin de huir ms que de prisa. Asombrados quedaron todos con tal suceso, y lejos de pensar en salir al encuentro de los aparecidos, furonse posedos de miedo a contarlo a sus compaeros de las naves. Grande fue el contento de Coln al or la historia del ballestero, pues con ella se certific en que aquellos naturales deban ser los habitantes vestidos de Mangon y que iba a entrar en el pas de un pueblo civilizado, si ya no era que estaba cercano a la rica provincia de Mangon. El 8 sali una partida armada en su busca, con orden de penetrar 40 millas en el interior hasta dar con ellos; pues calculaba que la parte poblada de la tierra deba estar a alguna distancia de las costas y las ciudades a mayor an y a la otra banda de las montaas inmediatas. Entrronse por una faja de bosques, y de all en una llanura cubierta de lozana yerba y otras plantas tan altas como la caa del maz al espigar; no encontraron camino ni vereda, y despus de andar una milla con muchas dificultades, vindose tan enredados como las mismas breas que los cercaban, resolvieron abandonar la empresa y se volvieron cansados y desfallecidos. No satisfecho, envi al da siguiente otra partida mandndole tomar diverso camino. Apenas se haba desviado poco trecho de la costa cuando descubri huellas como de garras de un gran animal, que unos creyeron fuesen de len, otros de grifo, y que sin duda seran de algn caimn de los muchos que abundan en aquellas inmediaciones. A la vista de estas huellas les entr desmayo a todos y apresuraron su vuelta a la costa. En esta excursin, al atravesar un bosque abierto en varias partes por vegas y prados, hallaron bandadas de grullas de doble tamao que las de Europa; muchos de los rboles despedan los perfumes que continuamente engaaban a Coln, tomndolos por las especias de Oriente; vieron en abundancia las parras de uvas monteses, que llevaban sus vstagos hasta la copa de los rboles ms corpulentos, enlazndose a las robustas ramas, cubrindolas con sus hojas y abatindolas con el

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 110\ 110\ 110\ 110\ 110\ peso de los racimos, algunos de los cuales guard Coln para presentar a los reyes juntamente con una muestra del agua del Mar Blanco.1Como nunca hubiese habido en Cuba ninguna tribu que usase cubrir su desnudez, el cuento de los hombres del manto blanco fue indudablemente una equivocacin del ballestero, quien preocupado de antemano con la idea de los misteriosos habitantes de Mangon, lleg a sorprenderse a la vista de alguna bandada de grullas de las que abundan por aquellas partes, y que a la manera de los flamencos viven en comunidad y tienen siempre una de ellas como de centinela avanzada: su tamao y forma erguida cuando tendidas en lnea a lo largo de las llanuras o a orillas de un lago, si se las mira por entre el claro de los bosques, les da a primera vista la apariencia de cuerpos humanos. Sin embargo, este engao de los sentidos hizo gran impresin en el Almirante, predispuesto como estaba a creer en cualquiera cosa que halagase su opinin de estar en los confines del Asia. Despus de explorar la profunda baha situada al este y asegurarse de que no era un brazo de mar, continu su ruta al oeste; y habra navegado 9 leguas cuando lleg a una costa donde pudo entrar en comunicacin con algunos de los aborgenes. Andaban desnudos como los dems de la Isla, lo cual no le llam la atencin, atribuyndolo a que eran meros pescadores de una costa desierta, persuadido como estaba de que la parte civilizada del pas deba encontrarse en el interior. Aqu tropez con un grave inconveniente que no haba ocurrido antes en las costas descubiertas, as en el norte y sur de Cuba como en ninguna de las otras islas: el intrprete lucayo no entendi el dialecto de aquellos indios. Forzado a comunicarse por signos y gesticulaciones, fcil es de comprender que adems de los errores a que puede conducir este medio en s, haba Coln de trastornar muchas cosas interpretndolas al son de sus propias ilusiones. Engaado por ellas, crey entender que entre unas montaas que se divisaban al oeste, haba un monarca poderoso que reinaba con gran pompa y majestad sobre muchas y populosas provincias, el cual vesta una tnica blanca que le arrastraba por el suelo y tena el dictado de Santo;2 que no acostumbraba a hablar jams y daba por signos sus rdenes, que eran cumplidas inmediatamente.3 En todo esto se trasluce su ofuscacin; pues segn el obispo Casas nunca se supo de ningn cacique que viviese de la manera que entendi Coln. El rey, con el ttulo de 1“El gordor de muchas parras de ella las vimos de mucho mayor que un hombre, y no es encarecimiento decir esto”. Casas, Historia general... lib. III, cap. 22; en las Memorias de la S. P de la Habana nmero 22, de agosto de 1837.2Cura de los Palacios, cap. 128.3Herrera, Dc. I, lib. II, cap. 14.

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PEDRO JOS GUITERAS /111 /111 /111 /111 /111 Santo no es probablemente otra cosa que un trasunto del misterioso personaje que ocupaba con frecuencia sus pensamientos y haba tiempo figuraba en las descripciones de los viajeros, el Preste Juan, unas veces como monarca, otras como sacerdote, cuyo imperio ha sido asunto de dudas y controversias entre los historiadores. Las noticias que dieron de la costa fueron todas vagas: segn ellos se extenda a occidente hasta 20 jornadas por lo menos, y no podan asegurar si terminaba o no andaba distancia tan grande. Pareca que saban poco o nada de la Isla, fuera de los trminos de su provincia. Tomando un gua de entre ellos, hizo rumbo hacia las montaas en solicitud del supuesto emperador. Pero apenas se haba separado de la costa cuando volvi a encontrarse envuelto en las dificultades ordinarias de los bajos, cayos y bancos. A cada paso las quillas hendan por un fondo de arena y lodo, enturbiando las aguas, o se vean encerradas en canalizos tan angostos que no dejaban espacio para torcer en direccin alguna, teniendo que acudir al remedio peligroso de arrastrarlas por la proa con ayuda del cabrestante. Distraan los trabajos de una situacin tan penosa los accidentes que ofrecan las extraas escenas de estas regiones. Ya llegaban a un punto donde en vez de sirtes vena a disputarles el paso un ejrcito de tortugas; ya pretendan robarles la luz del da nubes de cuervos y palomas; ya se cubra el aire de alegres y pintadas mariposas, que salan de los bosques a saludar la lluvia bienhechora de la tarde. Al acercarse a la regin montaosa hallaron la costa cubierta de un cenagal y cerrada por un bosque tan espeso que fue en vano intentar romper por sus malezas. Haba das que andaban viendo modo de descubrir algn arroyuelo para proveerse de agua, de que tenan gran necesidad, y dieron al fin con un manantial cristalino que sala de un grupo de palmas, en donde encontraron conchas de perlas, lo que despert en Coln la idea de que en esta costa poda haber abundantes criaderos y ser lugar de rica pesquera. Mientras, imposibilitados de penetrar en el interior, observaron que el pas pareca estar bien poblado: vean columnas de humo levantarse de varias partes, cuyo nmero se aumentaba a medida que avanzaban las naves, hasta que llegaron a un lugar donde salan de cada roca, cerro y bosque. La duda de que si eran de ciudades, o seales convencionales para indicar la direccin que llevaban y su proximidad, con el fin de dar la alarma, los tena suspensos y confusos; sobre todo, el no ver gente alguna, cuando pocos das antes volvieron tan festejados. Coln sigui recorriendo aquella costa misteriosa, cuyo laberinto de canales an hoy no osa visitar sino alguna que otra vez la vela encubierta del suspicaz contrabandista o del pirata negrero; y despus de navegar algunos das, ansioso de descubrir la suspirada provincia de Mangon,

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 112\ 112\ 112\ 112\ 112\ not que la costa torca hacia el oeste y segua en la misma direccin sin que la vista alcanzase su trmino. Como esto correspondiese con la descripcin de Marco Polo, ya no le qued duda de que estaba en el continente que buscaba y crey que siguiendo su curso haba de llegar al punto donde aquella faja terminaba en la pennsula de Malaca. Su imaginacin lo arrastraba continuamente al campo engaoso de las ilusiones y le abra sendas risueas por donde pudiera espaciarse con la esperanza de gloriosas empresas. Combinando ahora los pensamientos que le despertaba este descubrimiento con las imperfectas nociones de geografa de su poca, concibi la idea de abrir una nueva ruta por aquellas partes para volverse a Espaa: doblar el Aurea Chersonesus engolfarse en los mares que baan las naciones de Oriente, atravesar el Ganjes, pasar por Trapobana, seguir por los estrechos de Babemandel y llegar al mar Rojo, ir de all por tierra hasta Jerusaln, embarcarse en Jafa y navegar por el Mediterrneo hasta Cdiz; o bien, si el paso de la Etiopa se hallaba interceptado por las tribus salvajes y guerreras que pueblan aquellos lugares, hacer rumbo desde el mar Rojo por las costas de frica, pasar a la vista de los portugueses que an se hallaban detenidos en Guinea en sus atrevidas exploraciones, y despus de dar la vuelta al mundo, aferrar las velas de sus animosas naves junto a las columnas de Hrcules, el n on plus ultra de los antiguos. Tales eran las sublimes aspiraciones de aquel genio inmortal, segn nos lo ha dejado escrito uno de los amigos suyos con quien tuvo ms intimidad,4 sin que haya nada de sorprendente en su ignorancia de la verdadera extensin de nuestro globo, pues la medida mecnica de una parte suya conocida, que hoy hace una cosa familiar el conocimiento de su circunferencia, era en tiempo de Coln un problema, aun para los filsofos ms profundos.5 4Cura de los Palacios, cap. 123.5Irving, lib. VII, cap. 4.

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CAPTULO VLLEGA COL"N A LA ENSENAD LLEGA COL"N A LA ENSENAD LLEGA COL"N A LA ENSENAD LLEGA COL"N A LA ENSENAD LLEGA COL"N A LA ENSENAD A DE COR A DE COR A DE COR A DE COR A DE COR TS. TS. TS. TS. TS. DESCUBRE LA ISLA DE PINOS. DESCUBRE LA ISLA DE PINOS. DESCUBRE LA ISLA DE PINOS. DESCUBRE LA ISLA DE PINOS. DESCUBRE LA ISLA DE PINOS. EMPRENDE LA VUEL EMPRENDE LA VUEL EMPRENDE LA VUEL EMPRENDE LA VUEL EMPRENDE LA VUEL T T T T T A A HAIT A A HAIT A A HAIT A A HAIT A A HAITSus compaeros participaban de la opinin de hallarse frente al continente asitico; pero no esperando alcanzar gloria alguna del xito de esta empresa, estaban lejos de sentir el mismo entusiasmo, y ms an de querer arrostrar las dificultades que presentaba. Considerando el estado de los buques y la disposicin de la gente; fatigada sta con un trabajo incesante y desalentada a la vista de un mar que por espacio de gran nmero de leguas, no ofreca otra cosa que islas desiertas; removidas aqullas y quebrantadas a causa del dao que haban recibido las costuras en las frecuentes baradas, y deshechos los cables y aparejos; fuerza es confesar que pareca empeo temerario proseguir una navegacin por nuevos mares desconocidos como la en que pensaba el Almirante, que requera largo tiempo y encerraba quiz inconvenientes y peligros difciles de prever; adems, las provisiones iban escaseando cada da y casi toda la galleta estaba perdida, con el agua del mar, que la haba hecho una sopa. Es, pues, disculpable que estos esforzados navegantes murmurasen y se quejasen contra la idea de seguir adelante. Segn ellos, haban andado una distancia bastante para poder adquirir la conviccin de que aqulla era realmente tierra firme, y aunque no dudaban encontrar ms adelante regiones civilizadas, se exponan a quedarse sin provisiones y ver inutilizadas las naves antes de llegar a ellas. Coln, calmado un tanto el fervor de la imaginacin, conoci cun justas eran estas razones; pero apreciando, al mismo tiempo, lo que importaba a su fama y a la popularidad de sus descubrimientos obtener pruebas satisfactorias de que aqul era un continente, se resolvi a seguir navegando algunos das ms. As que, como la costa torca en direccin del sudoeste, anduvo explorndola, hasta que al cuarto da todos los de la escuadrilla repitieron no quedarles duda sobre el particular; y entonces, para que hecho tan importante no descansase meramente

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 114\ 114\ 114\ 114\ 114\ en su propia asercin, dio orden al notario pblico Juan Prez de Luna el 12 de junio y que fuese por las tres naves acompaado de testigos y demandase formalmente a cuantos en ella haba si estaban ciertos de que la tierra a la vista era un continente, al principio y fin de las Indias, cercano a pases civilizados y desde el cual poda volverse por tierra a Espaa, y que si alguno tuviese algn escrpulo sobre esto se le presentase para desvanecerle. Haba a bordo hbiles y experimentados navegantes y otros hombres versados en el conocimiento de la geografa; y todos, despus de examinar sus mapas y cartas, la estima y el diario de viaje, y deliberar maduramente sobre el caso, declararon bajo juramento que no les quedaba ninguna duda, fundando esta opinin en que haban recorrido 335 leguas de costa, cuya extensin nunca se haba odo pudiese tener isla alguna, y en que la tierra continuaba a una distancia interminable y torca hacia el sur, conforme a las descripciones de las costas de la India.1 En seguida se extendi un acta formal por el notario, insertando las declaraciones de los pilotos, maestros y un individuo de las carabelas, y colectivamente la de los marineros, grumetes y dems de las tripulaciones, cuya acta se conserva todava.2Esta singular ocurrencia tuvo efecto cerca de la baha de Corts, y observa un historiador que a haber subido en aquel instante un grumete a lo alto del mastelero de la capitana hubiera podido divisar la punta de Piedras y el mar ancho besando las costas ms occidentales de Cuba.3Dos o tres das ms de viaje, y el trmino de la soada tierra firme se hubiera presentado ante los ojos de Coln, desvanecido las ilusiones que alimentaba, y dado quiz un curso diverso a sus posteriores descubrimientos. Pero la divina Providencia, en sus inexcrutables misterios, quiso que este grande hombre continuase en su errada creencia y muriese en la conviccin de que Cuba era el extremo del continente de Asia. Abandonada la resolucin de seguir explorando la costa y circunnavegar el mundo, Coln hizo rumbo al sudeste, el da 13, y lleg a poco a la vista de una isla que llam Evangelista, cuyas montaas se alzaban majestuosamente por entre un grupo de cayos; lugar celebrado despus por el gran nmero de pinos que all se encuentran, a que debe el nombre de Isla de Pinos que hoy tiene, y tambin por la 1En el cmputo de leguas debi, sin duda, contarse, observa el Sr. Irving, lo que anduvieron las naves, sin exceptuar sus varios bordes a lo largo de la costa; pues no es posible creer se cometiese el error de dar tan gran extensin a la costa meridional de Cuba, aun incluyendo sus numerosas tortuosidades.2Vase Navarrete, t. II, n 76.3 Muoz, lib. V, p. 217.

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PEDRO JOS GUITERAS /115 /115 /115 /115 /115 salubridad de los aires, sus excelentes caobas y sus ricas minas de mrmoles. Ancl en ella y habindose provisto de agua y lea, sigui hacia el sur; esperaba que al llegar al extremo meridional hallara fcil salida al este en direccin de Hait, y podra volver de paso a Jamaica a concluir la exploracin suspendida; pero apenas empezada la navegacin, lleg a un lugar que le pareci un canal con salida a la banda del sudeste entre una isla opuesta y la de Jamaica, y despus de entrar en l y andar alguna distancia se hall detenido en la ensenada de Siguanca, a cuyo fondo se dilata una gran cinaga que penetra muy adentro de la isla. Notando el desaliento pintado en los semblantes de sus compaeros al verse as encerrados y casi sin provisiones, trat de infundirles valor y crey prudente alterar su plan y regresar por donde mismo haba venido sin perder de vista las costas cubanas. Dejando, pues, aquella ensenada, se volvi al ltimo punto en donde estuvo anclado, y el 26 de junio hizo rumbo por entre los grupos de islas que estn entre las de Pinos y Cuba, y cruz el paso del Mar Blanco, que tanto haba consternado a su gente. Aqu sinti de nuevo la misma ansiedad, trabajos y peligros que la vez primera; la tripulacin estaba alarmada con el cambio frecuente de color en las aguas, ya verde, ya casi negro, ya de una blancura sin igual, unas veces se vean rodeados de rocas, otras desapareca el mar y se transformaba en un inmenso banco de arena. El 30, se bar la capitana, con tal violencia, que sufri mucho dao; todos los esfuerzos de echar anclas por la popa probaron ineficaces, y fue necesario arrastrarla por sobre el banco y con gran trabajo sacarla por la proa. Despus de salir de los intrincados laberintos de Jardines y Jardinillos, llegaron al mar abierto por la parte que baa la hermosa y frtil provincia de Ornafai, y empezaron a navegar libremente y a reanimarse con la fragancia y dulzura del aire que vena a las naves, regalo del viajero muchas millas antes de saludar aquellas partes de tan preciosa tierra. Entre la variedad de olores que perciba Coln, crey distinguir el estoraque, mezclado con el humo de las fogatas que ardan en la playa. Aqu buscaba un punto conveniente donde detenerse y dejar a las tripulaciones que disfrutasen algunos das de holgura y se recreasen con las distracciones que ofreciese el pas, pues todos estaban dbiles y enflaquecidos con los trabajos y privaciones del viaje; y con gusto inexplicable, fonde el 7 de julio a la desembocadura de un hermoso ro, probablemente el llamado hoy Jobabo, en la provincia de Cueiba. El cacique, uno de los de ms autoridad por aquellas regiones, lo recibi en su pueblo con sinceras demostraciones de gozo, mezcladas de profundo respeto, y sus vasallos acudieron cargados de cuanto produca la

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 116\ 116\ 116\ 116\ 116\ Isla, pescado, hutas, aves de varias clases, particularmente palomas grandes, pan de casabe y frutas de un sabor dulce y aromtico.4Tena Coln la costumbre (segn hemos dicho ya), siempre que llegaba a algn lugar notable, de erigir una cruz en la parte ms visible, para demostrar con esto haberlo descubierto y pertenecer a una repblica cristiana. Con este motivo dio orden que se hiciese una grande para colocarla a orilla del ro y dispuso que se celebrase el acto con solemnidad, un domingo por la maana. Al bajar a tierra, salieron a la costa a recibirlo, el cacique y su principal favorito, un indio octogenario, de aspecto venerable y de porte grave y majestuoso. Traa ste ensartadas en un cordn cierta clase de cuentas a que los cibuneyes atribuan un poder misterioso, hechas probablemente de la piedra llamada ciba y que tenan en gran precio, y una gira rayada y pulimentada de labores delicadas, que present al Almirante como muestras de amistad. En seguida, l y el cacique lo tomaron de la mano y con el resto de la corte lo acompaaron donde se haban hecho los preparativos para la ereccin. Mientras se celebraba la misa en aquel templo, embellecido por la naturaleza, los indios lo observaban, todos posedos de cierto temor y reverencia, comprendiendo por el traje y movimientos del sacerdote, el semblante de los individuos y tono de las voces, los cirios encendidos y el humo del incienso, que deba ser aquella ceremonia de un carcter religioso. Cuando concluy el servicio divino, el indio anciano se acerc a Coln y en su estilo ndico, le dijo: “Lo que ahora acabas de hacer es una cosa aceptable a los ojos de los cemes, pues segn entiendo tal es tu manera de darles gracias por sus beneficios. A nosotros ha llegado la fama de tu venida a estas tierras con una grande armada, y de que has subyugado muchos pases y esparcido el terror entre los pueblos; pero no por esto te dejes arrastrar de una vana gloria. Sabe que, segn nuestra creencia, las almas de los hombres tienen abiertos dos caminos despus que han dejado el cuerpo mortal: uno que va a un lugar espantoso y ftido, cubierto de eterna noche, destinado a los que han sido injustos y crueles con sus hermanos; el otro, agradable y lleno de deleites, todo luz y felicidad para los que procuraron la paz de la tierra. Si t fueses mortal; si esperas morir algn da y crees que cada uno ser premiado segn sus obras, cuida de no hacer mal a nadie, ni de ofender a aquellos que no te hubiesen ofendido”.5Este discurso le fue explicado por Diego, y la simple elocuencia del indio ignorante, excit en gran manera su piedad y tiernos sentimien4Vase la carta martima n 2, en Navarrete, al fin del tomo I.5Irving, t. I, p. 331. Pedro Mrtir, Dc. I, lib. III. Cura de los Palacios, cap. 130. F. Coln, Hist. del Almir ., cap. 57. Herrera, Dc. I, lib. XI, cap. 14.

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PEDRO JOS GUITERAS /117 /117 /117 /117 /117 tos. Hzole decir en respuesta, que se alegraba de haber odo su doctrina respecto del futuro estado del alma, pues haba supuesto que no exista entre los cibuneyes una creencia semejante; que l haba sido enviado por sus reyes a ensearles la verdadera religin, a protegerlos contra todo mal, particularmente a subyugar y castigar a sus enemigos y perseguidores, los caribes; y que as todo hombre inocente y pacfico deba mirar en l, con confianza, un amigo y protector seguro. El anciano se dej arrebatar de gozo al or tales palabras, y su sorpresa fue igual a su gozo al entender que el Almirante, a quien tena por un ser tan poderoso, no era ms que un vasallo; su admiracin creci an ms cuando Diego le habl del esplendor, poder y riqueza de los Reyes Catlicos y de las cosas prodigiosas que haba en Espaa. Vindose el locuaz lucayo atendido, y que aquellas gentes estaban pendientes de sus labios, sigui describiendo lo que ms le haba llamado la atencin; la vasta extensin de las ciudades, el lujo de las iglesias, los regimientos de caballera, el tamao de algunos animales, la pompa de las fiestas y torneos, el brillo de las armas, y, sobre todo, les ponder las corridas de toros. Los indios le oan extticos; pero ms que todos se sinti conmovido el octogenario, quien animado de un espritu investigador, haba sido aficionado a viajar en sus mejores aos y visitado las provincias ms remotas de Cuba y las vecinas islas de Hait y Jamaica.6Con esta natural disposicin, an no haba acabado de hablar el lucayo, cuando le asalt un deseo vehemente de ver tales maravillas; y olvidado de su edad avanzada se ofreci a acompaar al Almirante. Sobrecogidos de dolor con esta determinacin, acudieron a rodearle su esposa e hijos y emplearon tantas quejas y lamentos para disuadirlo, que al fin hubo de abandonarla, aunque mostrando gran sentimiento de ello; y en los das siguientes preguntaba frecuentemente si aquel pas no estaba en el cielo, pues le pareca imposible que la tierra produjese hombres tan extraordinarios.7 6F. Coln, cap. 57.7Mrtir, Dc. I, lib. III. Irving, lib. VII, cap. 5.

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CAPTULO VIBOJEA COL"N A JAMAIC BOJEA COL"N A JAMAIC BOJEA COL"N A JAMAIC BOJEA COL"N A JAMAIC BOJEA COL"N A JAMAIC A. LLEGA A LA CIUD A. LLEGA A LA CIUD A. LLEGA A LA CIUD A. LLEGA A LA CIUD A. LLEGA A LA CIUD AD AD AD AD AD DE LA ISABEL. DE LA ISABEL. DE LA ISABEL. DE LA ISABEL. DE LA ISABEL. REGRESA A ESP REGRESA A ESP REGRESA A ESP REGRESA A ESP REGRESA A ESP AA AA AA AA AAPor espacio de algunos das permaneci Coln anclado en el ro de la Misa, segn lo llam, en honor de la ceremonia que tuvo lugar en sus mrgenes deliciosas; y llevando consigo a un joven de la provincia, para enviarlo a los reyes, se despidi, el 16 de julio, de sus amigos el cacique y su venerable consejero, quienes lo vieron partir dando seales de profunda tristeza.1Dejando a la izquierda el Jardn de la Reina, se dirigi al sur, por las ondas del oscuro azul, hasta salir donde pudiera navegar libremente hacia Hait. Pero apenas se haba desenredado de aquellas islas, empezaron a azotarlo fugadas de viento y recios aguaceros, aumentando la fuerza del viento a medida que se acercaban al cabo Cruz, donde una rfaga violenta dio contra las naves, con tal mpetu, que estuvieron a punto de dar al travs. Por fortuna tuvieron tiempo de aferrar precipitadamente las velas, y soltando las anclas ms pesadas se dejaron llevar a merced de la rfaga pasajera. La capitana qued tan abierta con el dao recibido en este penoso viaje, que le entraba el agua por las costuras, y los mayores esfuerzos por achicarla no impedan creciese cada hora el peligro de perderla; pero lograron, con gran trabajo, arribar el 18 al cabo Cruz y repararla 1En la parte relativa a este viaje por la costa meridional de Cuba, hemos seguido principalmente al Sr. Irving, quien lo escribi teniendo a la vista la historia M.S. Cura de los Palacios, su relacin, dice el ilustre bigrafo, es la ms clara y satisfactoria que existe en nombres, fechas y derroteros, y contiene muchos particulares que no se hallan en ningn otro historiador, sus noticias son de una fuente abundante y pura, como que Coln a su vuelta a Espaa en 1496, fue su husped y le dej algunos de sus diarios y memorias m.ss. de que sac extractos y los compar con las cartas del Dr. Chanca y otras personas notables que acompaaron al Almirante. Nosotros hemos examinado, aade el seor Irving, dos copias del M.S. del Cura de los Palacios que se hallan en poder del Sr. O. Rich: la una, escrita en caracteres de principios del siglo XVI, vara solamente de la otra en uno o dos particulares de muy poca consideracin. Vase el nmero 14 de Memorias de la S. P. de la Habana de diciembre de 1836.

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PEDRO JOS GUITERAS /119 /119 /119 /119 /119 algn tanto. En los tres das que permanecieron all, tuvieron el consuelo de encontrar en los naturales, la misma cordial hospitalidad que haban recibido en su primera visita. Como el tiempo siguiese contrario, resolvi volver a Jamaica a concluir el bojeo de la isla. Zarp con este objeto del cabo, el 22 de julio, y por espacio de cerca de un mes, se vio perseguido por la misma inconstancia del viento y los aguaceros; pero al fin lleg a reconocer el cabo de Buen Tiempo, desde donde continu la exploracin hasta completar el bojeo, y el 19 de agosto perdi de vista el extremo oriental, a que dio el nombre de cabo Farol (hoy conocido con el de punta Morante) e hizo rumbo a Hait. El da 24, se hallaba frente al cabo que llam de San Rafael, hoy Engao, desde donde corri al sudeste tocando en la isla de la Mona, o Amona segn los indios. No obstante el estado lastimoso de los buques haba resuelto seguir navegando en direccin del este y completar el descubrimiento de las Caribes; pero sus fuerzas extenuadas no podan corresponder a los deseos de su elevado espritu. Los trabajos extraordinarios sufridos durante un viaje de cuatro meses, haban quebrantado su constitucin, sobre participar de los contratiempos y privaciones que el ms comn de los marinos, tuvo que pasar por pruebas reservadas tan slo a su magnanimidad. De su vigilancia, dependa la suerte de los suyos, y adems de este grave cuidado, labraba en l la conviccin de que una nacin celosa, el mundo todo, estaba en expectativa, aguardando el resultado de sus descubrimientos. Mientras los halagos de una dulce esperanza o la lucha contra la adversidad; ya ilusionado con la idea de llegar a los pueblos conocidos de la India, saludar las regiones del Oriente y volver triunfante a las costas de Espaa; ya venciendo las penalidades de una navegacin en que el mar y el cielo parecan conjurados para sepultarlo en el mismo teatro de sus glorias, estuvieron agotando los medios de poner a prueba el poder y recursos de su genio, su espritu no se sinti desmayar; pero al verse libre de toda inquietud, navegando por un mar tranquilo y costas conocidas, ces de repente la excitacin animadora, y el cuerpo y el alma cayeron aniquilados bajo el peso de esfuerzos casi sobrehumanos. El mismo da que zarp de la Mona, fue acometido de una enfermedad que lo priv de la memoria, de la vista, del uso de todas sus facultades, y lo dej sumido en un profundo letargo, semejante al sueo de la muerte. Sus compaeros, alarmados de aquel intenso estupor, creyeron que le era llegada la ltima hora, y abandonando el proyecto de viaje a las Caribes, favorecidos por el viento del este, constante en aquellos mares, se apresuraron a volver a la Isabel, adonde lleg Coln en un estado de insensibilidad completa.2 2Irving, lib. VI, caps. 6 y 7.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 120\ 120\ 120\ 120\ 120\ El descanso y comodidades de su casa y la asistencia de sus hermanos don Bartolom y don Diego, le volvieron pronto al uso de la razn, as como el gusto de ver al primero, a quien amaba entraablemente y de quien haba aos no saba nada; y contribuy mucho a su convalecencia el encontrar carta de los reyes, dndole nuevos testimonios de estimacin y confianza; aunque era tal la postracin de sus fuerzas, que tard ms de cuatro meses en restablecerse enteramente. Durante su ausencia, los negocios de la colonia se haban embrollado con el desenfreno de las pasiones de los castellanos, divididos en facciones, desorganizado el ejrcito, desatendida la autoridad del gobierno y perdidos el amor y prestigio que haban inspirado a los naturales. Haca ms crtica la situacin, la actitud imponente que stos haban tomado, unindose la mayor parte de los caciques en estrecha alianza para acabar con los usurpadores de sus cosechas y propiedades y violadores de sus mujeres; y a no ser por el nmero crecido de espaoles que haba y la llegada oportuna de Coln, es muy probable que, en poco tiempo, la ciudad de la Isabel hubiera sido teatro de las mismas sangrientas escenas y fin deplorable que tuvo la villa de la Navidad. Guacanagari, el nico que siempre guard lealtad a Coln, pas a verlo y le revel el plan de los coaligados. El Almirante conoci el peligro y acudi prontamente a conjurar la tempestad, procurando reducir a los espaoles alzados y reunir sus fuerzas para destruir la temible conspiracin. Sus medidas fueron tan acertadas que logr reconciliar los nimos divididos, reorganizar sus tropas y batir un ejrcito poderoso reunido en la Vega Real, apoderndose de Caonabo, jefe de los coaligados, y de un hermano suyo, con lo cual dej humillados a los naturales y pacific la isla toda. Puesto orden en el gobierno, nombr a su hermano don Bartolom por teniente general de gobernador con ttulo de adelantado, y se embarc para Espaa el 10 de marzo de 1496. No se conoca entonces la conveniencia de navegar por los mares del norte para encontrar los vientos del oeste y que favorecen la vuelta a Europa, y como tomase la va recta de oriente, anduvo con indecible fatiga, luchando continuamente con vientos contrarios, y no aport a Cdiz hasta el da 11 de junio. Los reyes le escribieron desde Almazn, felicitndole por su regreso y encargndole benignamente no pasase a la Corte sino cuando pudiera hacerlo sin trabajo; recibironlo cordialmente con las distinciones debidas a su rango, y premiaron sus recientes servicios con nuevas y sealadas mercedes. Obtuvo confirmacin de sus privilegios, declaracin de los fueros y derechos del almirantazgo de Indias, igualndolo en todo al de Castilla, facultad de instituir mayorazgo, la muy notable de revocar una licencia general concedida en abril de 1495 para descu-

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PEDRO JOS GUITERAS /121 /121 /121 /121 /121 brir y rescatar, en cuanto fuese sobre sus privilegios, y otras de no menor consideracin para s y su familia.3 Quisieron extender sus favores, hasta concederle la propiedad perpetua de 75 leguas de terreno en Hait, con ttulo de marqus o duque; pero l se content con agradecer tan generosa oferta, recelndose pudiera ser incentivo de los mulos poderosos que tena en la Corte para aumentar sus odios e indisponerle con aquellos magnnimos monarcas.4 3Navarrete, t. I, n 1 del Apndice, y t. II, no 101, 109, 112, 113, 116, 121, 122, 126 y 136.4Muoz, lib. VI, pp. 278 y 279.

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CAPTULO VIITERCERO Y CU TERCERO Y CU TERCERO Y CU TERCERO Y CU TERCERO Y CU AR AR AR AR AR TO VIAJE DE COL"N. DESCUBRE TO VIAJE DE COL"N. DESCUBRE TO VIAJE DE COL"N. DESCUBRE TO VIAJE DE COL"N. DESCUBRE TO VIAJE DE COL"N. DESCUBRE LAS COST LAS COST LAS COST LAS COST LAS COST AS DE PARIA. PRINCIPIO AS DE PARIA. PRINCIPIO AS DE PARIA. PRINCIPIO AS DE PARIA. PRINCIPIO AS DE PARIA. PRINCIPIO DE SUS DESGRACIAS DE SUS DESGRACIAS DE SUS DESGRACIAS DE SUS DESGRACIAS DE SUS DESGRACIASLos sucesos relativos a la vida de Coln, despus del segundo viaje, no tienen conexin con la historia de Cuba, cortado el hilo de sus posteriores exploraciones hasta despus de su muerte. Pero cmo resistir a la tentacin de referir aquellos ms principales y que ms contribuyeron a acrecentar su gloria, as como a labrar la serie de infortunios que nublaron sus ltimos das? El descubridor de este hemisferio, padre de su historia moderna y fundador de las sociedades cristianas que con la antorcha de la fe trajeron a este suelo la civilizacin de las razas europeas, es un personaje demasiado prominente para que el lector no se sienta excitado por un deseo vehemente de conocer el progreso de sus viajes, cmo estimaron los hombres su genio y sus virtudes, cul fue el galardn que recibi en pago de sus grandes acciones, cul su fin en la tierra. Y nosotros creemos un deber nuestro, al escribir la historia de un pas cuyas primeras pginas estn llenas de su nombre, el detenernos a referir sus descubrimientos por el continente suramericano, los trabajos con que aument el lustre de su gloria, la copa de amargos infortunios que la codicia del rey Fernando y la envidia de algunos cortesanos le hicieron apurar hasta las heces, y su muerte dolorosa. Coln encontr a Espaa envuelta en guerra con la Francia y ocupada en sostener poderosos armamentos para reducir a la Corona de Aragn el reino de Npoles y defender el Roselln y otras partes de la frontera, de las continuas invasiones enemigas. Iban a efectuarse entonces las bodas de la infanta doa Juana y el prncipe, con el archiduque de Austria y su hermana Margarita; y adems de los preparativos que demandaba la guerra, tuvieron los reyes que disponer se equipase una escuadra numerosa para llevar a Flandes a la infanta y traer la princesa a Espaa sin peligro. Estas circunstancias y el descrdito en que haba cado la colonia, as por no corresponder el oro encontrado con la idea que se tuvo de su

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PEDRO JOS GUITERAS /123 /123 /123 /123 /123 abundancia, como por las malas noticias que de la salubridad del suelo y del gobierno de los Colones esparcan los enemigos del Almirante que volvan de la Isabel, “cuyos semblantes plidos y opacos semejaban al oro en la amarillez, no en el brillo y esplendor, propia imagen de la codicia desventurada”, retardaron cerca de dos aos la habilitacin de una armada en que fuese ste en auxilio de la Isabel y a continuar los descubrimientos.1Listas al fin seis naves con la gente, provisiones y cosas que pidi, sali de San Lcar el 30 de mayo de 1498. El objeto de este viaje era hallar un gran continente que, segn el Almirante, deba encontrarse hacia el sur, siguiendo el extremo occidental de Cuba, donde se supona que abundaban los metales y piedras preciosas de ms valor y en mayor cantidad que en ninguna otra parte del mundo.2Cerca de la isla del Hierro, despach tres de las naves a socorrer la colonia y con las restantes hizo rumbo a las de Cabo Verde. La direccin y violencia de las corrientes retardaron su derrota, obligndolo a correr por el sudeste hasta la equinoccial y volver luego las proas a occidente en busca de la tierra firme; pero viendo que no aparecan seales de ella, el ltimo de julio, abandona la empresa y gobierna para el norte, esperando llegar pronto a las Caribes. Sera el medioda, cuando un marinero, subido casualmente en la gavia de la capitana, divisa por el oeste tres mogotes y la dulce voz de tierra llena de alegra los corazones. Ms que todos se sinti conmovido Coln, quien atribuy el tiempo y modo de este descubrimiento a un sealado beneficio de la Providencia, y sus sentimientos religiosos, excitados de profunda gratitud, le despertaron la feliz idea de llamarla Trinidad. Era la isla de este nombre, el ltimo eslabn de la prodigiosa cadena del archipilago de las Antillas, que se extiende en arco desde la entrada del golfo de Mjico hasta las bocas del Orinoco y cuyo extremo opuesto principia en el cabo de San Antonio, en Cuba. Coln, siguiendo la costa meridional hacia el poniente, avist, el 1ode agosto, la primera tierra del continente, descubri en seguida el golfo y parte de las costas de Paria, que llam de las Perlas por haber visto algunas finas, de varios tamaos, mezcladas con cuentas en los sartales que usaban los indios; lleg a la desembocadura del Chuparipari y del Guarapiche en busca de un paso que saliese al norte, y como la costa segua sin interrupcin al sudeste y se sintiese inquieto por llegar a Hait, dio la vuelta, el 11, en direccin del Drago o Dragn. Sigui hacia el oeste, a alguna distancia de tierra; el 15 lleg a la isla Margarita y saliendo al mar ancho entr, el da 30, en la recin fundada villa de 1Muoz, lib. VI, pp. 253-255.2Irving, t. II, pp. 101-103.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 124\ 124\ 124\ 124\ 124\ Santo Domingo, que dio nombre a la isla toda, donde la vista de sus hermanos y amigos le hicieron olvidar los trabajos de aquella larga y penosa travesa. Un ao despus, Vasco de Gama, vencidos el cabo de Buena Esperanza y los mares de la India, entraba en Portugal cargado con las ricas producciones de Melinde y Calicur y fijaba en Lisboa la riqueza y comercio que hasta entonces haba hecho la prosperidad de algunos Estados de Italia, especialmente de Venecia.3Pero su espritu no deba gozar largo tiempo las delicias de la paz ni el fruto de los servicios que acababa de hacer a Espaa con el descubrimiento del verdadero continente. Los grmenes de la pasada rebelin, que crey haber dejado extinguidos, haban brotado con mayor fuerza y puesto en peligro la seguridad de la colonia. Un ingrato, a quien haba elevado de criado suyo al empleo de alcalde mayor, olvidando lo que le deba y las obligaciones de este cargo delicado, se puso al frente de los descontentos, empez a alentar a los caciques a levantarse contra la autoridad del adelantado don Bartolom y aspiraba a alzarse con el poder y mando de la isla. La llegada de Coln fue, esta segunda vez, para volver a salvarla de los horrores de una guerra civil que presentaba caracteres an ms alarmantes que la primera. El levantamiento de los indios pudo contenerse, no sin el dolor de sacrificar vctimas inocentes, y con prudente paciencia se logr atraer a los castellanos sediciosos a una reconciliacin y restablecer parcialmente la tranquilidad.4Menos afortunado en la Corte, los Reyes Catlicos, instruidos de los desrdenes de la Isabel y engaados en las halageas esperanzas que sobre las riquezas de la isla haban concebido, acogan los clamores de gran nmero de miserables (ms dignos de severo castigo que de la regia consideracin) que haban ido a quejarse de lo que llamaban la dureza y despotismo de los extranjeros Colones, y llevaban la osada hasta calumniar al Almirante de pensar en la independencia y soberana del Nuevo Mundo. Por desgracia, los cortesanos mulos de Coln, entre quienes haba algunos que disfrutaban de gran favor, daban calor al grito de aquellos malsines y fomentaban con alusiones ofensivas la natural suspicacia del rey Fernando. Estas y otras causas motivaron la resolucin de enviar un juez superior a Santo Domingo, con plenas facultades para conocer de todo lo pasado y castigar a los que resultasen delincuentes; y recay la eleccin en el comendador Francisco de Bobadilla, quien se present en la isla el “23 de agosto de 1500, cuando ya estaba casi extinguida la rebelin y el remedio era, por consiguiente, intempestivo y aun perjudicial. Los malcontentos se aprovecharon de esta coyuntura, y Bobadilla creyndose de ligero 3Navarrete, t. I, lib. II, p. 10, y t. IV, p. 3.4Muoz, lib. VI, pp. 283-342.

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PEDRO JOS GUITERAS /125 /125 /125 /125 /125 o provocado de ambicin, procedi con menos cordura y prudencia, y menos consideracin que la que deba a los respetos del Almirante y sus hermanos, de cuya casa y de cuanto tenan se apoder y se sirvi como de cosa propia. En la desgracia, casi todos abandonaron a Coln y sus pocos amigos estaban acobardados o atnitos por la pasin del juez y suma desenvoltura de los malcontentos, y as fue fcil hallar en las pesquisas, testigos que acriminasen las faltas o defectos de los Colones. Prendi a los tres hermanos y aherrojados con grillos, los puso en las carabelas, con orden de traerlos a Espaa y entregarlos al obispo don Juan de Fonseca. Partieron del puerto de Santo Domingo, a principio de octubre, y llegaron a Cdiz el 20 o 25 de noviembre,5 habiendo sido bien tratados de Alonso de Vallejo y Andrs Martn, que mandaban las carabelas; y quisieron quitarles los grillos, aunque no lo consinti el Almirante hasta que los reyes lo mandasen; pero le facilitaron, apenas llegaron a Espaa, que un criado de su confianza saliese secretamente con sus cartas para los reyes y otras personas, a fin de que llegasen antes que las del comendador y los procesos que acompaaba”.6Luego que los reyes recibieron las cartas, tuvieron gran sentimiento por los excesos cometidos en su persona y familia y mandaron los soltasen inmediatamente y proveyesen de dinero al Almirante para que pasase a Granada donde estaba la Corte, acogironle benignamente y a sus hermanos, certificndoles haber sido contra su voluntad el prenderlos y prometieron a Coln deshacer y remediar sus agravios y guardarle en todos sus privilegios y mercedes. De las pesquisas y cartas enviadas por Bobadilla no se hizo mrito alguno, reprobndose su conducta y se acord su deposicin y confiar interinamente el gobierno a don Nicols de Ovando, comendador de Lares.7En su ltimo viaje, sali Coln de Cdiz, el 11 de mayo de 1502, llevando el intento de buscar un paso que, segn la idea en que estaba de ser el Nuevo Mundo la India, deba de hallarse entre Cuba y la costa de Paria8 y facilitar la completa navegacin alrededor del globo. Su impaciencia por descubrirlo y completar el gran pensamiento de sus empresas haba crecido desde el xito feliz del de Gama, por el cabo de Buena Esperanza. El 30 de julio, lleg a la isla que an conserva el nombre ndico de Guanaja, donde supo de la existencia del imperio de Mjico; pero dominado por su primitiva idea no quiso detenerse y sigui la direccin del 5Coln lleg a Cdiz el 25 de noviembre, segn Herrera, Dcada I, libro IV, captulo 10.6Navarrete, “Carta de Coln al ama del Prncipe ” t. I, p. 265; Colecc. Diplom ., t. II, n 137.7Navarrete, t. I, Introduccin, pp. 100-101.8Prescott, Reyes Catlicos t. II, p. 482.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 126\ 126\ 126\ 126\ 126\ sur. El 14 de agosto, estaba en el cabo de Honduras y el 12 de septiembre en el estrecho de Gracias a Dios; el 25, vio la tierra de Cariai, hoy Nicaragua, y tuvo noticias de unas minas en la provincia de Ciamba; guiado por los indios, se intern hasta Caramburu, cuyos naturales le nombraron muchas partes donde decan haber oro y minas, la postrera Veragua, distante como 25 leguas; arrastrado por una tormenta, se detuvo en el puerto de Bastimentos, y an no sereno el tiempo, sali cansado de tanta inaccin y se acogi al Retrete con peligro de perderse; y despus de 15 das de estar fondeado, se hizo a la mar para sufrir otra horrible tempestad. Con inmenso trabajo lleg a Puerto Gordo, donde se repar lo mejor que pudo, y emprendi la vuelta a Veragua con viento y corrientes contrarias, llegando a la deseada costa el da de la Epifana de 1503, ya sin aliento. Descubre las minas y se detiene all hasta la noche de Pascua, que, resuelto a terminar aquel viaje, se hace a la vela con el nimo de irse a Santo Domingo. En Beln abandona uno de sus buques y otro en Portobelo, por inservibles;9 yendo en busca de Santo Domingo, llega el 5 de mayo “a la isla de Cuba a lo ms bajo della, a la provincia de Homo, all donde agora est el pueblo de la Trinidad”10 y el 23 de junio, forzado por las circunstancias, se acoge a Puerto Bueno, en Jamaica, con los dos navos que le quedaban “perdido del todo de aparejos y con los navos horadados de guanos ms que un panal de abejas, y la gente tan acobardada y perdida”.11Imposibilitado de navegar en ellos, mand encallarlos en tierra, y hacindoles formar techos pajizos sobre cubierta, estuvo aposentado usndolos por casas, donde permanecieron poco ms de un ao, hasta que una nave que le envi de Santo Domingo el comendador Ovando, se embarc con su gente y lleg a la capital de aquella isla, el da 13 de agosto de 1504; sali de all para Espaa, el 12 de septiembre y surgi en San Lcar, el 7 de noviembre.12 9Irving, t. II, p. 314. “Carta a los Reyes ” en Navarrete, t. I, pp. 296-312.10“Relacin de Diego Mndez ” en Navarrete, t. I, p. 319.11“ Carta a los Reyes ” citada.12Navarrete, t. I, pp. 287, 319 y 325; t. II, Apndice a la Colec. Diplom ., n 20 y 21.

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CAPTULO VIIICOL"N NO HALLA F COL"N NO HALLA F COL"N NO HALLA F COL"N NO HALLA F COL"N NO HALLA F A A A A A V V V V V OR EN LA COR OR EN LA COR OR EN LA COR OR EN LA COR OR EN LA COR TE. TE. TE. TE. TE. SU ENFERMED SU ENFERMED SU ENFERMED SU ENFERMED SU ENFERMED AD Y SU MUER AD Y SU MUER AD Y SU MUER AD Y SU MUER AD Y SU MUER TE TE TE TE TEA su llegada a Espaa, tuvo el sentimiento de encontrar que los Reyes Catlicos, lejos de haber resuelto cosa alguna sobre su reposicin en el gobierno de las Indias, haban restablecido parcialmente la medida general adoptada en abril de 1495 y expedido licencias a algunos aventureros para ir a descubrir por los mares de su almirantazgo. Desde Sevilla, en donde lo tena postrado la enfermedad de la gota, enconada con los trabajos sufridos en el viaje y segn confiesa en la correspondencia con su hijo don Diego, exacerbada a causa del dolor que le haca sentir el pernicioso influjo de sus enemigos en el nimo del rey Fernando (fcil siempre a dejarse persuadir en todo lo que ms le convena), instaba en vano para que hiciesen justicia a sus agravios y lo indemnizasen de los perjuicios que haban sufrido sus intereses, desde el criminal proceder de Bobadilla. Para cmulo de males, la reina Isabel, su constante protectora y nica ncora de esperanza contra la deshecha tormenta en que se vea prximo a zozobrar, acababa de morir, y sus enemigos cobraban cada da mayor ascendiente con el monarca, siempre receloso y desconfiado de Coln y mal dispuesto a dar entrada a sus inspiraciones y proyectos. Despus de haber pasado el invierno en Sevilla, se resolvi a ir a la costa en la templada estacin de la primavera, haciendo uso de una dispensa obtenida en favor suyo de la real cdula que prohiba cabalgar en mulas, para hacer el ltimo esfuerzo en defensa de su honra y su fortuna; y aquel que pocos aos antes, haba paseado en triunfo las calles de Barcelona, cercado de la flor de la nobleza y aplaudido con frenes, entraba por las puertas de Segovia, en mayo de 1505, solo, triste, olvidado de todos, y ms doliente de la ingratitud de los hombres que de las injurias del tiempo y de sus males. Fernando lo recibi bien y trat con atencin y estudiado cario; pero no se prest a sus justas reclamaciones. Esta frialdad hel el alma de Coln. La constante suspensin de sus honores y el desvo, la resis-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 128\ 128\ 128\ 128\ 128\ tencia y difamacin que lo rodeaban por todas partes, le hicieron imaginar que iba a quedar empaado y deslucido el brillo de aquella gloria que haba sido el mvil principal de su ambicin. ¡Tan difcil es, aun al hombre ms ilustre, divisar al travs de la nube pasajera que oscurece su fama, la aureola inmortal con que ha de pasar a vivir en la admiracin de la posteridad! Algunos escritores han pretendido justificar esta conducta sacrificando la fama del Almirante a los respetos de la majestad. Atribuyen su desgracia, ya al estado de anarqua que reinaba en la colonia de Hait y a las quejas que traan contra su administracin los castellanos que regresaban de la isla, ya a las disposiciones que adopt para esclavizar a los indios contra la voluntad soberana. Como si la historia no nos dijese que a su influjo y prudencia se debi el restablecimiento de la paz alterada, en su segundo y tercer viaje, y como si respecto de la esclavitud de los pueblos infieles no fuese tan general en su tiempo el sentido errneo de los derechos naturales, que haba obtenido la sancin de la ms alta autoridad y respetable en el mundo cristiano. Nosotros nos creemos dispensados de la falsa obligacin que se impusieron aquellos autores, y hallamos motivos de mayor consideracin para el cambio notable, ya que desde la tercera salida del Almirante se advierte en las ideas y conducta de los reyes respecto de la poltica del Nuevo Mundo, motivos que, si bien resultaron en dao de los intereses de Coln, no tuvo parte en ellos ni su conducta en el gobierno de la colonia, ni el deseo de aqullos de negarle el favor y estimacin que tan justamente tena merecidos. Los primeros descubrimientos y los posteriores a las costas de Paria, que segn el mismo Coln comprendan adems de gran nmero de islas, dos inmensos continentes, y los que se hicieron despus en aquellos mares, eran de tal magnitud que una sana poltica aconsejaba hacer depender su gobernacin directamente del trono y separarla de la influencia y autoridad de un solo vasallo. Las licencias para descubrir fueron dictadas por motivos an ms apremiantes. Despus que pudo formarse una idea de la extensin del Nuevo Mundo, el espritu emprendedor y aventurero de los espaoles empez a hervir en deseos de participar del lucro y gloria con que brindaban aquellas expediciones; adems, Portugal adelantaba cada da sus descubrimientos en frica y se aprestaba a disputar a Espaa el dominio del ocano, con su prometida navegacin a la India; el xito feliz de los ingleses en el continente del norte y los temores de que Francia y otras naciones imitasen su ejemplo y aspirasen a la posesin de una parte de las tierras que estimaba y tena por suyas (creyndose con derecho a la soberana de todas las situadas al occidente de Europa), justifican las medidas adoptadas para extender el crculo de los descubrimientos y conquistas.

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PEDRO JOS GUITERAS /129 /129 /129 /129 /129 As que la oposicin de los Reyes Catlicos a reponer al Almirante en el virreinato de las Indias y la renovacin de licencias a favor de algunos navegantes y aventureros para ir a descubrir, contra el tenor de las capitulaciones y a pesar de sus reclamaciones, si se miran a la luz del derecho comn, son notoriamente injustas y con razn debieron afectar el nimo del gran descubridor hasta los ltimos instantes de su vida; pero la historia, ilustrada con los documentos de la poca, absolver siempre la conducta de aquellos soberanos, a quienes motivos de alta poltica forzaron entonces y en los aos subsecuentes a sacrificar sus sentimientos personales y aun la reputacin de justicieros, a consideraciones de inters pblico de un carcter ms elevado.1Lo que s es un borrn en su memoria, y particularmente en la de don Fernando, es el haberle suspendido las rentas que le pertenecan de las generales de la colonia, conforme al contrato original. Segn la propia asercin de Coln, tan lejos estuvo l de percibir su parte en lo que remiti Ovando del Hait, que se vio obligado a contraer deudas para atender a sus necesidades.2 Fuerza es confesar que como hubiesen empezado a desarrollarse con abundancia los recursos de aquel pas y segn el testamento de Isabel, deba Fernando disfrutar la mitad de las rentas que produjesen las Indias, el favorecido monarca sinti mayor repugnancia en conformarse con el tenor de las capitulaciones y crey demasiado grande y desproporcionada a los servicios de un vasallo la compensacin a que stas le daban un derecho incuestionable; esto llev su ingratitud hasta proponerle que, si renunciaba a sus reclamaciones, sera recompensado con otros bienes y dignidades en Castilla.3La codicia hizo esta vez perder a don Fernando aquel conocimiento del carcter de los hombres que tantas mostr poseer durante su reinado; halagndolo con la idea de que l mismo, que a los principios de una empresa dudosa haba roto toda negociacin antes que ceder en ninguna de las condiciones que propona, pudiese consentir en renunciar a derechos ya adquiridos, cuando esa empresa haba coronado gloriosamente todas sus esperanzas.4Coln continu residiendo en Segovia y sigui despus con la Corte a Valladolid, donde aniquiladas al fin las fuerzas del cuerpo y perdida toda confianza de hallar justicia en la tierra, sinti que se le acababa la vida. Cercano a la ltima hora, su espritu busc resignado los consuelos de la religin, y habiendo cumplido con los deberes de un cristiano 1Navarrete, t. I, pp. 278, 333, 352, y t. II, Colec. diplomat ., n 142, 144, 150-156. Irving, t. II, pp. 460-476.2Navarrete, t. I, p. 338.3F. Coln, cap. 108, segn Prescott. Herrera, Dc. I, lib. VI, cap. 16.4Prescott, t. III, part. II, cap. 18, pp. 239 y 240.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 130\ 130\ 130\ 130\ 130\ perfecto, expir, con apariencias de poco sufrimiento, el 20 de mayo de 1506, a la edad de 70 aos, poco ms o menos.5Su cuerpo fue depositado en el convento de San Francisco de aquella ciudad y en la iglesia parroquial de Santa Mara de la Antigua, se le hicieron exequias correspondientes a su rango, y en 1513 fueron conducidos sus restos a la capilla de Santa Ana o del Santo Cristo, en el monasterio de padres cartujos de las Cuevas de Sevilla, donde se le erigi un suntuoso monumento por mandato del rey, con esta inscripcin, igual a la que ilustra la orla del escudo del hroe. “ A Castilla y a Len, Nuevo Mundo di Coln ” de cual deca, con tanta sencillez como verdad, su hijo don Fernando, que nunca otra semejante obtuvo mortal alguno, as de los antiguos como de los modernos tiempos. De Sevilla fueron trasladados, en 1536, a la ciudad de Santo Domingo y depositados en la capilla mayor de su iglesia Catedral, y hoy se hallan en la de La Habana, aguardando del noble entusiasmo de los cubanos, por todo lo grande y bueno, un monumento digno de su alta gloria.6 5Irviing, t. II, p. 477 y siguientes. Prescott, t. III, p. 238.6“En esta ciudad (Valladolid, dice Navarrete, t. I, Ilustracin II, p. 148) muri Coln, y habindose depositado su cadver en el convento de San Francisco, se celebraron sus solemnes exequias en la parroquia de Santa Mara de la Antigua. En el ao 1513, fue trasladado al monasterio de los cartujos de las Cuevas, en Sevilla, y colocado en depsito en la capilla de Santa Ana o del Santo Cristo, que hizo labrar el padre don Diego Lujn en el siguiente, y no en el entierro de los seores de Alcal, como dice Ziga. En la misma capilla fue igualmente depositado su hijo don Diego, que segn Oviedo muri en la Puebla de Montalbn, el viernes 23 de febrero de 1526”. Y ms adelante: “En el ao 1536, se entregaron los cadveres de Dn. Cristbal y Dn. Diego, su hijo, para llevarlos a la isla de Santo Domingo, quedando en el monasterio de las Cuevas el de Dn. Bartolom”. Sobre la traslacin de los restos de Coln a La Habana, en 1795, vase el final de Ilustracin IV.

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CAPTULO IXPROGRESO DE LOS DESCUBRIMIENTOS PROGRESO DE LOS DESCUBRIMIENTOS PROGRESO DE LOS DESCUBRIMIENTOS PROGRESO DE LOS DESCUBRIMIENTOS PROGRESO DE LOS DESCUBRIMIENTOS EN AMRIC EN AMRIC EN AMRIC EN AMRIC EN AMRIC A. SEBASTIN DE OC A. SEBASTIN DE OC A. SEBASTIN DE OC A. SEBASTIN DE OC A. SEBASTIN DE OC AMPO B AMPO B AMPO B AMPO B AMPO B OJEA OJEA OJEA OJEA OJEA LA ISLA DE CUBA LA ISLA DE CUBA LA ISLA DE CUBA LA ISLA DE CUBA LA ISLA DE CUBAAbiertas con llave maestra las puertas del ocano por el genio de Coln y vencido el cabo de Buena Esperanza por Vasco de Gama, el espritu de los espaoles y portugueses no encontr lmites a su ambicin y se lanz a las ms arduas empresas. Codiciosos de poseer las tierras hasta entonces desconocidas, hemos visto que con dificultad pudieron entenderse en una divisin: el clebre Tratado de Tordesillas no es simplemente un convenio para repartirse una provincia conquistada, o sobre las mrgenes de algn ro, o de un territorio vecino, sino que en l se decide la posesin y el comercio exclusivo de los dos grandes ocanos. Pretendase nada menos, que a lo largo de estos mares no hinchasen los vientos otras velas que las suyas, y que las islas y continentes del Asia, frica y Amrica, fuesen estriles slo para enriquecer a sus mercaderes. Pero a despecho de este tratado, apenas se conoci el paso por el ocano a las regiones de Occidente, cuando las otras naciones martimas entraron tambin en la carrera de los descubrimientos, aspirando al dominio de una parte de tan dilatados pases. Y a esta emulacin se debi el que ya en el primer tercio del siglo XVI, no slo fuesen conocidas las costas orientales del Nuevo Mundo y los mares del ocano Pacfico, sino que hallado el estrecho que con ansia tanto se buscaba, las proas espaolas y portuguesas, surcando por opuestos rumbos, se saludaran en el extremo de la India.1El primero, despus de Coln, en desafiar las ondas temidas, fue el veneciano Juan Caboto. Con autoridad de Enrique VII de Inglaterra, este intrpido marino, acompaado de su hijo Sebastin, descubre en junio de 1497, el continente del norte; y el ltimo, en dos viajes sucesivos, recorre las costas de los pases que hoy constituyen la repblica de Estados Unidos hasta el confn meridional de Merilandia o quiz hasta 1Bancroft, t. I, pp. 212 y 213. Navarrete, t. IV.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 132\ 132\ 132\ 132\ 132\ la latitud del estrecho de Albemarle, entra en la baha que cerca de un siglo despus tom el nombre del navegante Hudson, y animado con la idea que ocupaba a los descubridores, llega hasta la altura de los 77 empresa que, aun en pocas ms modernas, se hubiera estimado por una de las ms atrevidas de los mares.2Dos aos despus del viaje de Juan Caboto, Alonso de Ojeda y Juan de la Cosa (guiados por la relacin y carta martima que de su tercer viaje envi Coln a los reyes) descubrieron 200 leguas de costas en el hemisferio meridional, desde las de Surinan hasta el golfo de Paria, reconocieron los lugares que haba visitado el Almirante, y siguiendo la vuelta del norte se remontaron hasta la laguna de Maracaibo y el cabo de la Vela.3A principios de 1500, Vicente Yaez Pinzn (sirvindose de los mismos datos de Coln) atraviesa el primero la equinoccial por los mares de Occidente y descubre el imperio del Brasil y el gran ro Maran o de las Amazonas.4 El mismo ao, arma Portugal una expedicin al mando de Gaspar Cortereal, quien descubre las costas del norte de Amrica, y hbindose remontado a ms de 200 leguas (probablemente hasta los 50o), regresa a Portugal. Las noticias favorables que dio de aquellas regiones, facilitaron el equipo de otro armamento, con el cual volvi a Amrica, donde se cree pereci en algn combate con los indios, o que naufrag entre los hielos y rocas de aquellas costas; pero nunca se ha sabido de l, ni de sus compaeros.5A fines de 1501, Rodrigo de Bstidas, asociado con La Cosa, descubre las costas de Santa Marta, el caudaloso Magdalena, el puerto de Cartagena, el golfo de Urab y llega al puerto del Retrete. Y desde 1504, los bretones y normandos empezaron a explotar, con buen xito, la pesca del bacalao en los bancos de Terranova, lo cual dio lugar a las atrevidas expediciones de Verrazzani y Cartier y fue el origen de las colonias francesas en el norte de Amrica.6 2Baner, pp. 7-12.3Navarrete, t. III, pp. 4-9. Juan de la Cosa fue compaero de Coln en la expedicin de Cuba y Jamaica, y en sta de Ojeda iba en clase de piloto principal asistido de algunos que se haban hallado en el viaje de Paria. Ojeda debi el permiso para armar esta expedicin, al favor que tena con el obispo Fonseca, y para el viaje se sirvi de una copia que ste le haba facilitado de la carta martima que haba trazado Coln y enviado a los Reyes Catlicos. Esta accin dio lugar a que el Almirante adoptase en su cuarto viaje las precauciones necesarias para ocultar el detalle de la navegacin, segn se ve en la carta que escribi a los reyes desde Jamaica, (Navarrete, t. I, p. 306), desconfiado de la buena fe del obispo.4Navarrete, t. III, pp. 18-22.5Bancroft, t. I, p. 14. Navarrete dice (t. III, p. 43) que Cortereal se remont en su primer viaje hasta los 60.6Navarrete, t. III, pp. 25 y 26. Bancroft, t. I, pp. 19 y 21.

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PEDRO JOS GUITERAS /133 /133 /133 /133 /133 Buscando el paso anunciado por Coln, Yez Pinzn y Juan Daz de Sols hicieron grandes esfuerzos para proseguir los descubrimientos. En 1506, reconocieron los golfos de Honduras y Dulce y descubrieron una parte de la pennsula de Yucatn y dos aos despus volvieron a continuar sus exploraciones, recorriendo las costas del sur hasta casi los 40o. Esta ltima expedicin facilit a Sols, en 1515 o 1516, el descubrimiento del ro de la Plata, donde pereci a manos de los indios. Juan Ponce de Len sali de Puerto Rico el 3 de marzo de 1512, el 27 avist las costas que llam la Florida por ser domingo de Pascua, y ocupado en reconocerlas, dobl, el 8 de mayo, el cabo Caaveral, pas la punta opuesta a Cuba y corri la costa meridional, probablemente hasta el cabo de San Blas. Pero como le diesen cuidado los naturales del pas, con quienes tuvo que batirse ms de una vez, determin emprender la vuelta y lleg a Puerto Rico el 21 de septiembre, descubriendo al paso las Bahamas, Guanim y otras islas. De este viaje, report Cuba el principal beneficio con el descubrimiento del Canal Nuevo de Bahama, cuando mejor conocidos su paso y ventajas sobre el Viejo, empezaron a navegar por l las naves espaolas, en su regreso a Espaa.7Un ao despus, Vasco Nez de Balboa, subido a las altas cumbres de la sierra que atraviesa el istmo del Darin, descubre sorprendido el mar austral y deja perpetuado su nombre, como uno de los ms clebres en la historia del Nuevo Mundo.8 En 1517, Francisco Hernndez de Crdova visita la isla de Cozumel, la que llam de Mujeres, y las costas de Yucatn, desde cabo Catoche hasta Campeche; el puerto de Pontonchan, que despus (corrompido el nombre) ha tornado el de Champotom y el estero de Lagartos. Juan de Grijalva continu estas exploraciones, al ao siguiente, hasta ms al norte de Veracruz; y Francisco Garay recorri, en 1519, las costas visitadas por Ponce de Len y sigui navegando hacia poniente hasta Veracruz, con lo cual adquiri la celebridad de haber completado el reconocimiento del seno mejicano.9Faltaba, sin embargo, descubrir el estrecho que con tanta ansia se buscaba “para facilitar el comercio de las especeras sin tocar en los trminos del rey de Portugal, objeto primordial de las empresas anteriores y de las que por entonces se sucedieron”, gloria reservada a Fernando de Magallanes, quien logr inmortalizarse en los anales de la historia y de la geografa, con el descubrimiento del que lleva su nombre. Magallanes sali de San Lcar el 20 de septiembre de 1519, al mando de una flota de cinco navos, invern en el puerto de San Julin, y hallando la estacin favorable se hizo a la vela a fines de agosto del si7Navarrete, t. III, pp. 47 y 52. 8Quintana, “Vida de V. N. de Balboa ” en las de Espaoles clebres t. II, p. 41. 9Navarrete, t. III, p. 147.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 134\ 134\ 134\ 134\ 134\ guiente ao, y el 21 de octubre, estando “a cinco leguas de tierra y en 52o de latitud austral, avist el cabo que llam de las Vrgenes y una abra o baha que apareca, como de 5 leguas de anchura en su entrada”. Verificada la exploracin hasta 50 leguas al interior y viendo que an segua internndose, sin que se hallara su trmino, resolvi embocar por aquella angostura, y habiendo navegado durante 20 o 22 das, desembarc el 27 de noviembre y empez a navegar por el vasto ocano, que llam Pacfico, a causa de no haber sufrido en l tempestad alguna. Magallanes descubri tambin varias islas distantes y combatiendo en la de Mactan carg sobre l la muchedumbre “que logrando quitarle la celada de una pedrada, herirle luego en una pierna y derribarle en tierra, le atravesaron con una lanza, falleciendo de este modo, el da 27 de abril de 1521”. La muerte de este insigne argonauta de los tiempos modernos, fue el principio de las desgracias que cayeron sobre esta expedicin; pero los grandes fines que se propuso pudieron llevarse a cabo contra el rigor de los hombres y los elementos; hallose el buscado estrecho, cruzose el ocano Pacfico, descubrironse las islas Marianas, las Filipinas y otras muchas, visitronse las Molucas, y doblado el cabo de Buena Esperanza, vio el pueblo de San Lcar, entrar muda y sola, el 6 de septiembre de 1522, la nave Victoria al mando de Juan Sebastin de Elcano, la nica que lleg a regresar de aquella hermosa armada que tres aos antes haba salido de su mismo puerto, con algazara y jbilo, llena de las ms halageas esperanzas. El descubrimiento del estrecho no satisfizo enteramente las ideas de las Cortes de Europa, por hallarse “avanzado en el hemisferio meridional, situado en alta latitud y en clima muy destemplado y borrascoso”. De aqu el cuidado con que encargaban a los navegantes viesen de hallar uno ms prximo a la parte del hemisferio septentrional, y la vigilancia y esmero con que stos hacan sus reconocimientos en las costas por ambos mares, empeo vano que ocup la intrepidez de los pueblos martimos en todo el resto del siglo XVI, y fue lo que ms contribuy a la exploracin de la Amrica.10En medio de las graves y complicadas atenciones de los Reyes Catlicos, no qued olvidada la tierra de Cuba, antes bien, cuando pas el comendador don Nicols de Ovando al virreinato de las Indias, uno de los ms particulares encargos que recibi fue el que procurase averiguar si era una isla o si realmente formaba parte del an no explorado continente. Pero este gobernador encontr en tal desorden los negocios de la colonia de Hait, dividida en parcialidades a favor y en contra de Coln, distrada y agitada con el atentado de Bobadilla y sus medidas impolti10Navarrete, t. IV, pp. VII, L. y L. XII.

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PEDRO JOS GUITERAS /135 /135 /135 /135 /135 cas a favor de la faccin de los descontentos, los caciques resentidos del maltrato y vejaciones escandalosas que se daba a los indios, que se vio obligado a acudir ante todo a conciliar las voluntades de los espaoles y calmar la justa indignacin de los naturales. La primera empresa le fue fcil de llevar a cabo, empleando aquellos medios pacficos y persuasivos que tan propios son de toda autoridad prudente y que siempre corresponden bien en el nimo de los gobernados; menos feliz en la segunda, adoptada una poltica diametralmente opuesta, no hizo ms que agravar la mala disposicin de los pueblos indios, y slo se obtuvo la paz con la destruccin de una raza, cuya conservacin y tranquilidad haban sido objeto de especiales y repetidas recomendaciones por parte de la benfica Isabel.11Ya libre de los cuidados internos, volvi la atencin a la vecina Cuba, y en cumplimiento de la voluntad soberana, hizo equipar dos carabelas para el bojeo de sus costas, y dio el mando de la expedicin al capitn Sebastin de Ocampo, encargndole averiguase si era o no isla y observase si por va de paz se poda poblar de cristianos, para resolver lo que convendra hacerse caso de que los indios dieran seales de querer hacer resistencia. Ocampo sali con su flotilla, dejando el puerto de Santo Domingo, a mediados o fines de 1508, y empez el bojeo por la costa del norte, reconociendo los lugares visitados por Coln en su primer viaje. Al llegar a la punta Maternillos, sigui su rumbo a occidente sin abandonar la costa, navegando con gran riesgo y trabajo por entre los innumerables cayos llamados despus Jardines del Rey hasta la ensenada de Camarioca y punta Hicacos. En la desembocadura del canal y frente a la baha de Matanzas, empez a reanimarse el nimo abatido de las gentes, con las costas limpias y alegres que se hallan por aquellos mares; pero las carabelas estaban en tan mala disposicin, deshechas las quillas y horadados y plagados de broma los maderos, que a poco de andar resolvi Ocampo entrar en el primer puerto que encontrase, para repararlas y que descansasen los suyos de las fatigas de aquella navegacin. Ocupado en esta idea, descubri a pocas leguas una entrada angosta, como de un canalizo, muy semejante a la desembocadura de un ro, y dirigiendo las proas hacia aquella parte, se hall con un puerto abrigado, seguro y espacioso, con playas de arena de fcil acceso, y una de las ms bellas vistas que presenta la Isla, quedando tan encantado de aquel lugar, que dispuso hacer alto y pasar en l algunos das. Cuando empeado en los preparativos para la reparacin de las naves y pesaroso de no traer consigo brea ni alquitrn para la carena de que tanto necesita11Irving, t. II, lib. XVII.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 136\ 136\ 136\ 136\ 136\ ban, quiso su buena fortuna depararle cosa de ms provecho, descubriendo en una de sus excursiones por las orillas del puerto un abundante manantial de asfalto que le fue en extremo til para salvar las carabelas de una destruccin casi cierta.12 Por esta circunstancia, llam a este puerto de Carenas, y hoy se conoce con el nombre de Habana, del de la hermosa ciudad que borda sus orillas. De aqu prosigui su viaje hasta descubrir el cabo de Guaniguanico o San Antonio, extremo occidental de la Isla, desde donde empez a navegar hacia el oriente, siguiendo la costa del sur. A poco de doblado este cabo lleg a la ensenada de Corts, trmino de las exploraciones de Coln, y pudo reconocer con inexplicable alegra los lugares ya visitados y descritos por el ilustre descubridor; quedando persuadido de que Cuba no era una parte del continente, como l haba consignado en el acta de 1494, y que tuvieron razn los indios cibuneyes cuando afirmaron que su tierra era una isla de gran extensin. Pero el contento de Ocampo se sinti turbado al considerar los peligros que le aguardaban en aquellas costas erizadas de sirtes, pues su intento era seguir las huellas del Almirante. Con iguales trabajos que ste, sigui navegando hasta llegar a la baha de Jagua, y all encontr la misma acogida generosa, afable y hospitalaria que haba experimentado Coln en Cueiba. “Aqu estuvo Ocampo (dice Herrera) muy a su placer, bien servido de los indios de infinitas perdices como las de Castilla, salvo que son algo menores. Tuvo tambin abundancia de lizas, porque no se poda encarecer la multitud que hay de ellas en aquel puerto. Tenanlas en corrales, por ser el puerto tan quieto, adonde haba millones de ellas, no menos seguras que si las tuvieran dentro de sus casas en un estanque. Eran los corrales de caas juntas unas con otras, hincadas en el cieno”. Festejado y reconocido a la bondad de sus sencillos habitantes, dej la hermosa baha de Jagua y prosigui su navegacin, mezclados el temor de perecer a cada paso en los escollos de aquellos mares y la admiracin que le causaban las variadas escenas que ofrecen las costas desde all hasta el cabo Cruz. Vencido ste, lleg a un puerto de la provincia de Macaca, probablemente el de Tarquino, donde ocurri uno de los sucesos ms importantes de este viaje. El cacique acogi a Ocampo con grandes muestras de alegra, y como entendiese que era bien ser cristiano, pidi el bautismo. Tratndose del nombre que deba drsele, parece que persuadido de su propia elevacin, pregunt quin era el hombre grande que gobernaba en Hait, y 12De las siete variedades con que la mineraloga distingue a esta sustancia betuminosa, slo se han descubierto hasta ahora en Cuba las tres llamadas resinita, petrleo y nafta; segn una Memoria de Dn. Alejandro Olivan, publicada en las Actas de la Real Sociedad Econmica de la Habana de 1829.

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PEDRO JOS GUITERAS /137 /137 /137 /137 /137 como le dijeron que el comendador, creyendo fuese el nombre del principal personaje entre los cristianos, quiso le llamasen Comendador. Uno de los marineros, rezagado por enfermo, luego que aprendi la lengua cibuney, “ense al cacique y a los suyos algunas cosas de Dios; y en especial los impuso en la devocin de la Virgen Madre de Dios, diciendo que era reina del cielo y piadossima y santsima, mostrndoles una imagen suya que en papel llevaba, y recitbales muchas veces el Ave Mara, inducindoles a que hiciesen iglesia y casa de Nuestra Seora, y un altar en ella”. “Hecha la iglesia (prosigue el citado cronista), la adornaron lo mejor que pudieron, poniendo muchas vasijas de comida y agua, creyendo que de noche o de da si tuviese hambre, comera. Enseoles que a las maanas y a las tardes haban de ir a saludar a la Madre de Dios, diciendo la oracin anglica. El Comendador y todos entraban en la iglesia y se hincaban de rodillas, las cabezas bajas, juntas las manos, muy humildes, diciendo: Ave Mara, Ave Mara; porque ms adelante, sino eran muy pocas palabras, no podan aprender. Quedoles esta buena costumbre, despus que san el marinero y se pas a La Espaola, que no pasaba da que no proseguan en su devocin y oraciones”. Este cacique persever en la verdadera fe, recibiendo siempre como hermanos a los espaoles que llegaban a su reino, a los cuales llevaba delante de la santa imagen, sealndola con el dedo, y les deca “que aqulla era gran cosa y que la queran mucho porque era la madre de Dios, Santa Mara. Fue inestimable la devocin que el cacique y toda su gente tuvieron a Nuestra Seora, en cuyo honor compusieron cantares y bailes, repitiendo en ellos muchas veces Santa Mara; y segn refiri Enciso.13 Vieron patentes milagros que Nuestra Seora con ellos hizo, de donde procedi devocin a otros pueblos con quienes tuvieron pendencias”. Del puerto de Tarquino sali Ocampo a pocos das en busca de la punta Mais, y de sta hizo rumbo para la ciudad de Santo Domingo, donde lleg despus de haber empleado ocho meses en el bojeo y exploracin de la Isla; confirmando ser Cuba una isla, encomiando sus puertos y la fertilidad de la tierra, la ndole pacfica y generosa de sus habitantes y su buena disposicin a entrar en el gremio de la Iglesia.14El capitn Sebastin de Ocampo era un hidalgo,15 natural de Galicia, que haba sido criado de la reina Isabel y acompa al Almirante en su 13ste fue el Sr. Martn Fernndez de Enciso, que navegando del Darin a Santo Domingo aport a las costas de Cuba en enero de 1513. Su relacin del indio Comendador, tomada de la Suma de Geografa est publicada con otras noticias interesantes en la M. S. P. de la Habana marzo de 1837.14Vase Ilustracin VI.15Oviedo, t. I, lib. XVII, cap. 3.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 138\ 138\ 138\ 138\ 138\ segundo viaje a Hait, en el cual parece que no hizo cosa digna de nota, pues ste no habla de l en un memorial que escribi a los Reyes Catlicos, en enero de 1494, recomendando a la soberana atencin a varios de los que fueron en aquel viaje. Despus volvi a Espaa, no sabemos en qu ao, y all tuvo una reida cuestin con un Juan Velzquez, vecino de Jerez, que debi terminar en la muerte de su adversario; porque habiendo entendido en el asunto los alcaldes de casa y Corte pronunciaron sentencia contra Ocampo, condenndolo a ltimo suplicio. Pero, por fortuna suya, haba logrado escapar a las pesquisas de la justicia y andaba escondido cuando hall gracia en el nimo de los reyes, y “por algunas justas causas” le conmutaron la pena en destierro perpetuo a Hait, por decreto fecha en Granada el 2 de octubre de 1501, mandndole salir de sus reinos y seoros y que no fuese de aquella isla “a otras partes algunas”.16 Es de suponer que esta ltima parte de la real voluntad recibi ms adelante alteracin, pues vemos que el comendador Ovando le confi el mando de la escuadrilla que fue al bojeo de Cuba; si ya no es que se quiso, por este medio, abrir camino al desgraciado Ocampo para volver al favor de los reyes con un servicio tan notable y en que parecan estar muy empeados. Despus de este viaje slo hemos hallado en los historiadores de Amrica consultados, que volviendo Ocampo a Hait desde el Darin, adonde haba ido con provisiones, lleg en 1512, con su navo muy maltratado, al mismo puerto de Jagua, de tan gratos recuerdos para l, y que sabido por Diego Velzquez que haba arribado all un buque con castellanos les escribi llamndoles, de lo que se alegr tanto Ocampo que, dejando el navo con cuatro hombres, se march con el resto de la tripulacin a Bayamo, donde aqul lo recibi muy bien; y en nuestra opinin, este marino sigui al servicio de Velzquez y tom parte en la conquista del interior de Cuba, al mando de Pnfilo de Narvez.17Sentimos no saber ms particulares de la vida de Ocampo, cundo naci, cmo y en qu lugar ocurri su muerte. Pero los historiadores coetneos, ocupados en escribir sucesos que llamaban ms su atencin, olvidaron la importancia que daba a este navegante, en la historia de Cuba, su clebre exploracin, la primera que resolvi la cuestin de que era una isla y dio lugar a que desde luego se pensase en su conquista. En el siguiente Libro, trataremos de cmo fue conquistada y del principio de su colonizacin por los espaoles. 16Herrera, Dc. I, lib. VII, cap. I. Navarrete, t. I, pp. 225-241, y III, n 49.17Herrera, Dc. I, lib. IX, cap. 9. Vase el libro IV, captulo IV.

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Libro CuartoCAPTULO IPROGRESO DE LAS CONQUIST PROGRESO DE LAS CONQUIST PROGRESO DE LAS CONQUIST PROGRESO DE LAS CONQUIST PROGRESO DE LAS CONQUIST AS EUROPEAS AS EUROPEAS AS EUROPEAS AS EUROPEAS AS EUROPEAS EN AMRIC EN AMRIC EN AMRIC EN AMRIC EN AMRIC A. EXPEDICI"N CONTRA CUBA A. EXPEDICI"N CONTRA CUBA A. EXPEDICI"N CONTRA CUBA A. EXPEDICI"N CONTRA CUBA A. EXPEDICI"N CONTRA CUBALos principios ms obvios de la moral se ven, con frecuencia, pervertidos en las reglas arbitrarias que constituyen el derecho pblico, y las naciones poderosas hallan siempre pretextos para cohonestar su ambicin y acallar el grito de la conciencia sobre sus actos despticos contra los pueblos dbiles. Respecto de Amrica, la catlica Espaa, acomodndose a las ideas corrientes de la poca, hizo fundar su derecho a este Nuevo Mundo en la concesin apostlica de que ya hemos hablado, y proclam su conquista, en el deber de extender la religin de Jesucristo y salvar las almas de sus habitantes contra el poder de la idolatra y las artes del demonio. Cul fuese el valor de un derecho fundado en tan dbiles cimientos, se ve en el poco caso que de l hicieron las otras naciones cristianas, que al punto que conocieron la importancia de las recin descubiertas regiones, entraron a disputar su posesin a Espaa y a compartir con ella los despojos de su dominacin. Admitida la falsa doctrina del derecho de conquista, que en rigor no es otra cosa que un atentado contra la independencia de los pueblos por medio de la fuerza contra el justo y legtimo que tienen los naturales a su posesin y gobierno, Espaa y los otros poderes martimos de Europa no titubearon en descubrir, conquistar y poblar unas tierras que no podan defender los indios; las ventajas que llevaban sobre stos en el arte de la guerra y en la calidad de las armas, hicieron bueno este medio injusto de adquisicin; y las disensiones de las tribus entre s, fomentadas por los conquistadores, acabaron de asegurar un dominio adquirido contra todo derecho natural y divino. La conquista y sujecin de la raza ndica deba ser necesariamente la consecuencia del descubrimiento de Amrica. Las cuatro grandes Antillas fueron conquistadas y colonizadas, la de Hait por Cristbal Coln, la de Boriquen por Juan Ponce de Len, la de

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 140\ 140\ 140\ 140\ 140\ Jamaica por Juan de Esquivel y la de Cuba por Diego Velzquez. Coln y Alonso de Ojeda intentaron, con mal xito, colonizar en el continente. Esta gloria fue reservada a Martn Fernndez de Enciso, que fund, en 1510, la primera colonia estable en la villa de Santa Mara de la Antigua, en el golfo de Darin, y Vasco Nez de Balboa, siendo gobernador de ella, atraviesa a Castilla del Oro y va a la Mar del Sur, abriendo con su espada la senda que ms tarde deba seguir el rencoroso Pedrarias Dvila, con muerte de tan clebre capitn y descubridor. Hernn Corts, el guerrero ms notable del Nuevo Mundo, se apodera del reino de Mjico y Francisco Pizarro del vasto imperio del Per; Valdivia, ms afortunado por haber inspirado la musa de Ercilla, doma los belicosos hijos de Chile, y Diego de Ordaz llega hasta el Dorado; Gonzalo Jimnez de Quesada penetra por el Nuevo Reino de Granada, Francisco de Orellana extiende las conquistas hasta el ro de las Amazonas, y Hernando de Soto emprende la de la Florida y descubre el Missisipi. Los franceses fueron, despus de los espaoles, los primeros que colonizaron en Amrica. Dos tentativas infructuosas hechas a mediados y fines del siglo XVI, lejos de arredrar a aquella nacin, sirvieron para animarla con una empresa que tan bien haba probado a sus vecinos del otro lado de los Pirineos. En 1603, una sociedad mercantil de Run organiz una expedicin al mando de Samuel Champlain, quien logr establecer una colonia en Canad, escogiendo a Quebec como el lugar ms a propsito para levantar una fortaleza; y al ao siguiente el patriota calvinista De Monts sale de Francia y funda, en 1605, la colonia de Port Royal; el mismo Champlain empieza, en el verano de 1620, la construccin del fuerte de San Luis en Leyden, y siete aos ms tarde consigue afirmar su autoridad en las orillas del San Lorenzo y asegurar la colonizacin de la Nueva Francia. Despus de vanos esfuerzos por el infortunado sir Walter Raleigh, los ingleses fundan, en mayo de 1607, la primera colonia en la pennsula de Jamestown en Virginia, cuya existencia se debi al intrpido capitn Juan Smith; en diciembre de 1620, la roca de Plymouth recibe una pequea colonia de peregrinos, cuna prolfica de los varios estados que sucesivamente se fundaron por aquellas partes dando nombre a la Nueva Inglaterra; y Leonardo Calvert, nombrado por lord Baltimore su lugarteniente en Merilandia, funda, en marzo de 1634, una poblacin a orillas del ro Mara. Los holandeses empiezan a colonizar cerca del actual pueblo de Camden, en la Nueva Jersey, en 1623, y al ao siguiente abren los dbiles cimientos de Manhattan (que despus cambi su nombre por el de Nueva York y hoy es la metrpoli comercial de Estados Unidos) y extienden su imperio desde la orilla meridional de la baha del Delaware hasta el cabo Bacalao.

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PEDRO JOS GUITERAS /141 /141 /141 /141 /141 La primera expedicin sueca llega al Delaware a principios de 1638 y adquiere de los naturales el dominio de las tierras situadas entre el cabo Mayo y las cadas de Trenton, formando en ellas la colonia de la Nueva Suecia. Los holandeses vieron en esto una usurpacin de parte de sus estados, pero no se atrevieron a disputarla por el terror que infundan los ejrcitos de Gustavo Adolfo; mas, cuando debilitado el podero sueco por el mal gobierno de su sucesora la reina Cristina, aprovecharon la ocasin de lanzar de all aquellos vecinos enojosos, dilatando sus posesiones desde la Nueva Inglaterra hasta Merilandia y desde el mar hasta el San Lorenzo y los remotos desiertos del noroeste. A su vez, la Nueva Holanda se refunde, en 1664, en las provincias inglesas; y en el ltimo tercio del siglo XVII, el gran continente del norte se vea dominado, por Espaa, hasta el que hoy es el estado de Georgia en la confederacin americana y adems todas las Antillas; por Inglaterra, desde la Carolina del Sur hasta las riberas del San Lorenzo; y desde stas, hacia el norte, por la Francia, cuyos estados comprendan la Nueva Francia, la Acadia, la baha de Hudson y Terranova, con pretensiones a una parte del Maine, Vermont y Nueva York, al valle del Mississipi, y aun al estado de Tejas hasta el ro Bravo del norte. En el continente del sur, excepto el territorio del Brasil que perteneca a Portugal, todo lo dems era propiedad de Espaa.1La conquista de Cuba, asunto del presente Libro, fue dispuesta por el almirante don Diego Coln, cuando el rey Fernando, accediendo menos al derecho que tena como heredero de su ilustre padre que a la influencia que le dio su enlace con doa Mara de Toledo, emparentada con la familia real, le concedi mal de su grado el virreinato de las Indias. En la instruccin que le fue comunicada, fecha en Valladolid a 3 de mayo de 1509, se le encarg, entre otras cosas, enviase a explorar a Cuba “porque tenemos alguna sospecha que en la isla de Cuba hay oro, debis procurar, lo ms presto que pudiredes, de saber lo cierto, y en sabiendo alguna particularidad cerca de ello hacdnoslo saber”. Parece que don Diego no hubo de atender a este asunto con la brevedad que requera la impaciencia de Fernando; pues en carta que le escribi en 1511 con el adelantado don Bartolom Coln le dice que “tena determinado de enviar al Adelantado su to para que fuese a saber el secreto de las minas de Cuba”.2En cumplimiento de la real voluntad, acord enviar a poblar en ella, “porque hasta entonces no se saba ms de que era isla y buena tierra, llena de gente buena y abundante de comida”. De los antiguos jefes que haba en Hait, el ms prctico en la guerra de los indios y el gobierno 1Herrera, Dcadas. Bancroft, t. I, lib. II y III.2Navarrete, Colec. Diplom ., t. II, n 169. Herrera, Dc. I, lib. IX, cap. 5.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 142\ 142\ 142\ 142\ 142\ de los espaoles era Diego Velzquez, hidalgo natural de Cullar, que haba venido con el primer Almirante en su segundo viaje y servido con don Bartolom, reconocido como el capitn ms rico y estimado entre los conquistadores, y cuyas haciendas estaban en Jaragua y por aquellas comarcas, junto a los puertos ms inmediatos a Cuba. En l puso los ojos don Diego, y el resultado correspondi a las esperanzas que prometa la reputacin de tan excelente soldado. Velzquez era gentilhombre de cuerpo y de rostro, blanco y rubio, de condicin humana y alegre, celoso de su autoridad, entendido y prudente; si bien severo con los que le servan y ayudaban y pronto a indignarse contra aquellos de quienes le informaban mal, por ser a veces ms crdulo de lo que debiera; aunque como en todo llevaba buena intencin, su nimo noble repugnaba las ideas de venganza y fcilmente usaba clemencia con los que le servan. Cuando la rebelin de Jaragua, producida por la alevosa y cruel matanza que hizo all Ovando y termin con la trgica muerte de la ilustre Anacaona, entre las medidas que adopt para sojuzgarlos el comendador, la principal fue enviar a Velzquez a la provincia de Haniguayag, el cual logr concluir la guerra con la prisin del cacique. Por orden del mismo Ovando fund las villas de Salvatierra de la Sabana, la Verapaz y otras tres que llam Yaquimo, San Juan de la Maguana y Compostela de Aza, de las cuales le hizo su teniente; y su gobierno en todas ellas fue tan suave que se atrajo el amor de los castellanos. As que, publicado el nombramiento de Velzquez para ir a Cuba y alzado el pendn del caudillo al frente de su casa, segn era costumbre, acudi mucha gente a alistarse bajo sus banderas. Reunidos todos en Salvatierra para embarcarse en los cuatro navos que deban conducir la expedicin, se contaron como 300 hombres, nmero considerable para aquellos tiempos. Velzquez parti de Salvatierra, en noviembre de 1511, atraves con su armada el estrecho canal que separa a Hait de Cuba y en pocas horas desembarc en el puerto de las Palmas, en la provincia de Mais, la ms oriental de la Isla.3Nunca sali reunida a la conquista de ninguno de los reinos y provincias de este hemisferio, una flor de caballeros que ms lustre hubiese de dar a Espaa y engrandecerla con dilatadas regiones. A haber sido posible descorrer entonces el velo impenetrable en que estaba envuelto el porvenir de aquel corto nmero de varones, los ojos hubieran visto con sorpresa en Francisco Hernndez de Crdova y el joven Juan de Grijalva, imberbe an, a los bizarros descubridores de Yucatn y Mjico; en Hernn Corts, al vencedor de Moctezuma y Guatimozin; y 3Herrera, Descripcin cap. 6; Dc. I, lib. VI, cap. 4; lib. IX, caps. 3, 4 y 9; Dc. II, lib. III, cap. 10; Dc. III, lib. V, cap. 5. Oviedo, lib. XVII, cap. 19.

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PEDRO JOS GUITERAS /143 /143 /143 /143 /143 en Pedro de Alvarado, Cristbal de Olid, Diego de Ordaz y otros, a los domadores invencibles de las naciones que poblaban una parte del continente del sur. La bella Cuba no deba ser el teatro en donde haban de emplearse el valor e intrepidez de aquel plantel de futuros conquistadores, destinados a llenar en pocos aos las trompas de la fama, no; sus pacficos moradores slo podan animar la energa de las almas tiernas y generosas y despertar sentimientos de amor y benevolencia. Y de hecho los despertaron, haciendo prendiese la chispa gloriosa que haba de salvar la raza indiana de una cierta destruccin en el noble espritu del padre Bartolom de las Casas, uno de los sacerdotes del ejrcito, ms grande por su caridad que todos aquellos guerreros por sus conquistas, y cuyo nombre sube al par del de Coln mismo en la historia del Nuevo Mundo.

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CAPTULO IIEST EST EST EST EST ADO DE LA ISLA. EMIGRACIONES DE HAIT. ADO DE LA ISLA. EMIGRACIONES DE HAIT. ADO DE LA ISLA. EMIGRACIONES DE HAIT. ADO DE LA ISLA. EMIGRACIONES DE HAIT. ADO DE LA ISLA. EMIGRACIONES DE HAIT. EL C EL C EL C EL C EL C ACIQUE HA ACIQUE HA ACIQUE HA ACIQUE HA ACIQUE HA TUEY TUEY TUEY TUEY TUEYLa disposicin de los cibuneyes hacia los castellanos no era ya la misma que haban mostrado en los tiempos de Coln. Los haitianos que emigraban a la Isla haban esparcido noticias de sus flaquezas y crueldades, las cuales vean confirmadas con las depredaciones que haba en las Lucayas y en la misma Cuba, con motivo de los indios que de esta Isla llevaban a Hait para llenar el vaco de los innumerables sacrificados en las minas y el cultivo de los campos; y en lugar de la veneracin con que fue recibido el gran descubridor y la hospitalidad generosa que le dispensaron, aquellos advenedizos eran mirados ahora con horror e indignacin. Refieren los historiadores contemporneos, que por los aos de 1507 a 1508, lleg a una baha en la costa del norte, en la provincia de La Habana, un navo despedazado en que iban 30 castellanos y dos mujeres, los cuales bajaron a tierra y se dirigieron a una poblacin inmediata. Sus vecinos, desconfiados de estos hombres, estaban pensando el modo de deshacerse de ellos, cuando les proporcionaron una ocasin favorable mostrndose deseosos de atravesar a la parte opuesta de la baha, sin duda con el fin de seguir por la costa al este y acercarse a Hait. Ofrecironse prontamente a llevarlos, y a poco de andar trastornaron las canoas y con los remos empezaron a atacarlos, mientras que los castellanos, embarazados con los vestidos y confusos, no podan nadar con la facilidad que sus contrarios, ni valerse de las armas. Lograron, sin embargo, salvarse diez de estos infelices y las mujeres, que nadando llegaron hasta la playa. El cacique los hizo venir a su presencia y fingiendo sentimiento de aquel caso les pidi las espadas, que en mal hora le entregaron los incautos, creyendo de este modo alejar toda sospecha que se hubiese concebido de ellos; pues al punto que los vio desarmados, los hizo prender, colgar de las ramas de una ceiba y rodearlos de guerreros, que a flechazos mataron siete, quedando solamente con vida tres de los diez y las dos mujeres, que el cacique se reserv para el servicio de su casa.

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PEDRO JOS GUITERAS /145 /145 /145 /145 /145 El naufragio de Alonso de Ojeda en las costas meridionales es bien conocido, por los trabajos que sufri. Perdida la nave en que iba del Darin a Santo Domingo, cruzando la provincia de Jagua, por los aos de 1510, sali a tierra con sus compaeros en nmero de 70, y todos se encaminaron en busca de un puerto cercano a la punta de Mais. “Como haba en Cuba muchos indios huidos de La Espaola, viendo a tantos castellanos juntos, temiendo que los iban a sojuzgar, salan a resistirlos a los caminos para que no entrasen en los pueblos de los cuales se apartaban los castellanos cuanto podan, vindose flacos y cansados, caminando siempre por la costa del mar”. Habiendo adelantado ms de 100 leguas, llegaron a la cinaga formada por los derrames del Cauto, y creyendo salvarla presto se entraron por ella y anduvieron unos cuantos das con increble trabajo; pero su esperanza de llegar a tierra enjuta se iba desvaneciendo a medida que penetraban por aquellos pantanos, pues la cinaga creca ms y ms en hondura y extensin, y por no volver atrs siguieron con el lodo y agua hasta la cintura. Para poder dormir tenan que subirse sobre las races de los mangles; era su comida ajes, boniatos y algn bocado de queso que no todos alcanzaban, por agua beban la salobre y malsana de la cinaga; los que no saban nadar se ahogaron y de los otros murieron muchos de hambre y fatiga. Al llegar al extremo de aquella que pareca interminable cinaga, hallaron Ojeda y los que pudieron seguirlo una senda, y sin saber a dnde los conducira empezaron a internarse en el bosque, y habran andado como una legua cuando descubrieron el pueblo de Cueiba, donde llegaron desfallecidos de flaqueza y cansancio, con asombro de los indios, que acudieron presurosos a socorrerlos, hacindoles todo gnero de servicios. El bondadoso cacique, luego que supo sus desgracias, envi por los que se quedaron desamparados en la cinaga, encargando a los indios los ayudasen y trajesen a cuestas; y con este auxilio pudieron reunirse con la mitad de ellos y permanecieron en Cueiba recrendose y recobrando las perdidas fuerzas. Llevaba Ojeda en la mochila una imagen de la Virgen Mara, presente del obispo Fonseca, a la cual tena gran devocin, y mientras anduvo por la cinaga, siempre que hallaba races de mangle en que descansar, parbase a esperar a los rezagados para ir todos juntos; y entonces la sacaba y colocndola sobre alguna rama la adoraba, exhortando a los dems hiciesen lo mismo, y suplicbanle los sacase de aquella calamidad en que estaban envueltos. Y porque haba hecho voto que en el primer pueblo que entrasen la dejara, diola al cacique, dicindole lo que significaba e instruyndolo en las cosas relativas a la religin cristiana. Contento con el regalo, hizo ste una ermita para colocarla, adornada con paos de algodn, y tenala siempre muy barrida y rega-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 146\ 146\ 146\ 146\ 146\ da. La devocin y reverencia que de all adelante tuvieron aquellos indios a la Virgen fue admirable, y le hicieron coplas para cantarlas en sus aretos. Despus de muchos das pasados alegremente, Ojeda y los suyos determinaron acercarse a la costa, y acompaados de los indios que les dio el cacique para que los guiasen y llevasen comida abundante, llegaron a la provincia de Macaca, donde gozaron los mismos consuelos en la hospitalidad de sus habitantes. Y habindose ofrecido Pedro de Orgaz a pasar a Jamaica para que de all fuesen a sacarlos, sali en una canoa bien provista y equipada de indios, y llegando a salvamento, el capitn Esquivel envi por ellos en una carabela que tena a cargo de Pnfilo de Narvez. Por relacin de estos y otros nufragos que se haban salvado en las costas de Cuba, debi tener noticia don Diego Coln del cambio de sentimientos que se haba efectuado en los naturales de la Isla. El peligro mayor contra los invasores era la provincia donde haba desembarcado Velzquez. Mais estaba gobernada por un indio llamado Hatuey, hombre cuerdo y valiente, antiguo cacique de Guahab, en Hait, el cual previendo la ruina de su patria se embarc con su familia, seguido de los principales de su reino y otros fieles vasallos que quisieron acompaarlos y aport a esta tierra de Cuba, donde engrosadas sus fuerzas con muchos indios que abandonaban aquella isla huyendo de la esclavitud, estableci su nuevo imperio atrayndose con dulzura la voluntad de los cibuneyes. Este cacique, recelndose que algn da pasaran a Cuba los castellanos, tena a sus vasallos ocupados en los ejercicios militares, en acopiar armas, henchir de granos y comestibles las cavernas del interior y tener noticia de lo que pasaba en Santo Domingo, por medio de sus espas. As que, no bien se public la empresa de Velzquez y empezaron los preparativos de la expedicin, cuando fue informado de la gente que vena, sus jefes y capitanes y el armamento de Salvatierra; y al avistarse las velas espaolas, preadas de sangre y destruccin, el animoso cacique, llamando a los suyos y mostrndoselas, les habl de esta manera: “Helos all, los que cremos venidos del cielo a librarnos de la ponzoa del caribe y de la muerte, ms perversos y crueles que el caribe mismo. Abusando de nuestra simplicidad y prevalidos de la fuerza, pretenden tener derecho a nuestra libertad, porque un hombre a quien ellos llaman Papa ha dado la posesin de nuestra tierra a otro hombre muy poderoso que llaman su rey y seor. Dcennos estos tiranos que adoran a un Dios de paz y de igualdad, y nos usurpan nuestras haciendas y nos hacen sus esclavos; hablannos del alma inmortal y de premios y castigos eternos, y seducen nuestras mujeres y violan nuestras hijas. Incapaces de probar sus fuerzas con nuestro valor, se cubren, cobar-

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PEDRO JOS GUITERAS /147 /147 /147 /147 /147 des, con esas armaduras de hierro que no pueden romper nuestras macanas; dudosos an de su ventaja usan el rayo que nos hiere desde adonde no pueden alcanzar la punta de nuestras flechas, y montados en esas fieras las manejan cual si fuesen guaminiquinajes, ms para huir de nuestra saa que para correr a probar la pujanza de nuestro brazo. Pero ellos son pocos y nosotros muchos; ellos combaten en tierra extraa y nosotros en la nuestra; ellos invocan un Dios de sangre y oro y nosotros tenemos de nuestra parte un Dios justo y sabio. Los caciques vecinos vendrn, en nuestro auxilio, las breas cortarn el vuelo a sus caballos, el tronco de la ceiba ser escudo contra el rayo escondido y nuestros cemes harn trizas sus corazas”. Y sacando una cestilla de palmas que contena algunas joyas y granos de oro: “El Dios que adoran ese Papa y ese rey y todos ellos (prosigui), no es otro que el oro vil que se esconde en el seno de nuestra tierra: ste es su seor, a ste sirven, tras ste solamente andan. Vedle aqu. Para aplacar su ira y que les mande no nos cause mal alguno, venid y hagmosle aretos”. Despus que hubieron bailado y cantado sus coplas hasta quedar rendidos de cansancio, levantose de nuevo Hatuey y les dijo: “Ahora conviene que arrojemos a lo hondo del ro este Dios por quien tanto dao nos hacen los cristianos; porque en ninguna parte que lo guardemos, aunque fuese en nuestras entraas, no estaramos seguros de que esos caribes no nos lo sacasen con la vida; as no sabrn dnde est y dejarn tranquila nuestra tierra”. Y en seguida arroj al ro el oro y la cestilla, y haciendo llevar al interior las mujeres y los nios, se entr con sus guerreros por la espesura del bosque, decidido a una heroica resistencia.1 1Herrera, Dc. I, lib. VIII, cap. 4; lib. IX, caps. 3, 4 y 16, y Dc. II, lib. III, cap. 2.

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CAPTULO IIICONQUIST CONQUIST CONQUIST CONQUIST CONQUIST A DE LA PRO A DE LA PRO A DE LA PRO A DE LA PRO A DE LA PRO VINCIA DE MAIS. MUER VINCIA DE MAIS. MUER VINCIA DE MAIS. MUER VINCIA DE MAIS. MUER VINCIA DE MAIS. MUER TE TE TE TE TE DE HA DE HA DE HA DE HA DE HA TUEY TUEY TUEY TUEY TUEY FUND FUND FUND FUND FUND ACI"N DE BARACOA, ACI"N DE BARACOA, ACI"N DE BARACOA, ACI"N DE BARACOA, ACI"N DE BARACOA, PRIMERA C PRIMERA C PRIMERA C PRIMERA C PRIMERA C APIT APIT APIT APIT APIT AL DE CUBA AL DE CUBA AL DE CUBA AL DE CUBA AL DE CUBAVelzquez hall desiertas las playas de Palmas, y habiendo enviado dos partidas a reconocer las cercanas, movi el resto de su gente en orden de guerra y situ el campo en la ladera de un monte inmediato al puerto. Las partidas volvieron sin haber hallado indio alguno y con la nueva de que el pas era escabroso, lleno de bosques y malezas. Sali al da siguiente el capitn Francisco de Morales, segundo jefe en autoridad, si no en el mando, llevando consigo alguna gente con instrucciones de internarse y caso de encontrar guerreros procurar entretenerlos y atraerlos a terreno llano; y Velzquez sigui tras l con el grueso del ejrcito. No bien haba andado una legua, cuando una rociada de flechas le anunci la proximidad del enemigo; sigui la direccin de los indios, pero al llegar al bosque haban stos desamparado el lugar y estaban a corta distancia aguardndolo a pie firme. Corri a ellos, y cuando crea tenerlos seguros, descargaron de nuevo sus arcos y volvieron a internarse. Burlado en sus esperanzas, fingi una retirada para dar lugar a que llegase Velzquez, y entonces aparecieron los indios en mayor nmero y le siguieron azaeteando la gente; pero avisados por las atalayas, conocieron el intento y se retiraron antes que ste pudiese hacerles dao. Morales se reuni al ejrcito con algunos soldados levemente heridos. Otras varias incursiones se hicieron sin mejor fruto, porque los cibuneyes evitaban empear ninguna accin seria con los castellanos. Era evidentemente el plan de Hatuey: tenerlos en continuo movimiento, fatigarlos con escaramuzas y ver si el clima y el hambre los acababan, sin exponer a su gente a una perdicin cierta, incapaz de resistir las armas y esfuerzo de los contrarios, ni vencer el temor que le infundan los caballos. Para ello, mantena sus indios divididos en partidas, encastillados en las montaas, protegidos por los bosques, y cuidaba de que nunca se acercasen al cuartel de los enemigos, sino que los ofendiesen en las caadas y espesuras, emboscados siempre. Haba en-

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PEDRO JOS GUITERAS /149 /149 /149 /149 /149 viado tambin recado a los caciques de las provincias vecinas, exhortndolos a unrsele en una causa comn a todos, y esperaba levantarlos y que le acudiran con armas y guerreros. Algunas veces se separ de su plan, y juntando sus fuerzas atacaba a los contrarios con ventaja y buen resultado. El historiador Oviedo nos dice de un caso notable en que yendo Diego de Ordaz con un hermano suyo y otros espaoles en persecucin de los indios, fueron acometidos y dispersados y se vieron obligados a huir por una cinaga, donde mataron algunos de ellos, y Ordaz debi su salvacin a un espeso boscaje de mangles en que pudo esconderse, y a merced de las sombras de la noche atraves con harto trabajo la cinaga y se reuni al ejrcito. Velzquez haba hecho muchos prisioneros en encuentros parciales, los cuales reparta entre sus oficiales, “no por esclavos (dice cndidamente Herrera), sino para que se sirviesen de ellos”. Queriendo saber, sin embargo, el nombre del cacique con quien combata y dnde estaba su campo, con la mira de sorprenderlo, hizo atormentar algunos de los principales; pero estos fieles vasallos, sin temor a la muerte, resistieron de informarle de cosa que pudiese daar a su seor, y slo pudo saber de ellos que obedecan a Hatuey y que una parte de sus guerreros eran hijos de la vecina Hait. As se pasaron dos meses escaramuzando, con asombro de Velzquez, que estaba muy ajeno de encontrar tal resistencia. Indignado de hallar hroes en una raza que acostumbraba despreciar por de esclavos, resolvi, confiando en las ventajas que tena sobre los indios, dividir el ejrcito, ganarles las montaas y acorralarlos por un plan de operaciones combinado. Avisado del movimiento por el humo de los atalayas, el animoso Hatuey comprendi con su mirada de guila este plan, y como prctico en la manera de pelear de los castellanos, lejos de arrojarse a probar sus fuerzas, como otro capitn menos hbil hubiera hecho quiz, viendo divididas las del contrario, se escondi an ms en las enmaraadas sierras del interior y pas la voz a los otros jefes. Pero esta maniobra que hubiera sido su salvacin en mejores circunstancias, slo sirvi para dilatar el fin de la guerra. Una parte de su gente y los guerreros ms esforzados haban sido muertos o hecho prisioneros, otros se hallaban heridos o desalentados, y el mismo Hatuey, si bien entero, vea con sentimiento que los caciques vecinos tardaban en enviarle el auxilio concertado y que su ruina era cierta si dejaban cargar sobre sus hombres solamente el peso de una lucha tan desigual como desesperada. Los castellanos acosndolo en sus atrincheramientos, tomndole mucha gente en las arremetidas y cortndole los vveres, hacan su situacin ms crtica an; y “al cabo de muchos das (dice Herrera) y muchos trabajos que se padecieron en buscarle, toparon con l y le llevaron a Diego Velzquez, quien le mand quemar”.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 150\ 150\ 150\ 150\ 150\ De los escritores coetneos, el que describe ms circunstanciadamente el suplicio de Hatuey es el padre Casas, y su relacin tiene tanto ms precio a los ojos del historiador cubano, cuanto que debi hallarse en Baracoa o sus inmediaciones, al tiempo de la ejecucin. “Atado al palo, decale un religioso de San Francisco, santo varn que all estaba, algunas cosas de Dios y de nuestra fe, el cual nunca las haba odo jams, lo que poda bastar aquel poquito tiempo que los verdugos le daban; y que si quera creer aquello que le deca que ira al cielo, donde haba gloria y eterno descanso, y si no, que haba de ir al infierno a padecer perpetuos tormentos y penas. l, pensando un poco, pregunt al religioso si iban cristianos al cielo. El religioso le respondi que s; pero que iban los que eran buenos. Dijo luego el cacique sin ms pensar, que no quera ir all, sino al infierno, por no estar donde estuviesen y por no ver tan cruel gente”. El objeto de este celoso discpulo de Jesucristo, cuando refiere en sus obras los hechos de los castellanos en el Nuevo Mundo, ms que acriminarlos (segn han credo aun algunos que no son sus enemigos), es principalmente defender las sabias mximas de su divino Maestro. As, al concluir la relacin de este suplicio, exclama con profundo dolor: “sta es la fama y honra que Dios y nuestra fe ha ganado con los cristianos que han ido a las Indias”.1La hoguera que consumi las formas hercleas de Hatuey, fue el ara sangrienta donde pereci sacrificada la libertad y la existencia de la raza ndica de Cuba. Muerto el hroe, en cuyo esfuerzo y prudencia todos confiaban, se allan la provincia de Mais y las otras confinantes, “sin que hubiese nadie que osase hacer rostro, antes muchos voluntariamente iban a obedecer”. Era anexo al cargo de gobernador el de repartidor de los indios, y para hacer los repartimientos se fundaban por lo general poblaciones y encomendaban a los vecinos cierto nmero de los de la comarca para que les sirviesen en las minas y en sus granjeras, con la obligacin de doctrinarlos en la religin cristiana. As que, luego que Velzquez pacific a Mais, fund, a principios de 1512, en un puerto de la mar del norte, cuyo asiento llamaban los indios Baracoa, la villa de Nuestra Seora de la Asuncin, primera poblacin espaola de Cuba, declarola capital poltica y fij all su residencia, nombr alcaldes que ejerciesen la justicia civil ordinaria, y alguacil mayor; estableci la institucin de ayuntamientos para el cuidado y fomento del pueblo, y dio encomiendas a Manuel de Rojas, pariente suyo, y a otros de sus deudos y amigos. Para ms honrar a Baracoa, le dio el rey ttulo de ciudad y la hizo cabeza del gobierno eclesistico, erigiendo en ella el primer obispado que tuvo la Isla. 1Oviedo, lib. XXIV, cap. 2. Casas, Brevis Relac ., cap. “ De la isla de Cuba ”.

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PEDRO JOS GUITERAS /151 /151 /151 /151 /151 Las gracias concedidas por Velzquez, particularmente en las encomiendas, causaron descontento en algunos que no fueron bien atendidos y se crean con mayor mrito que los favorecidos. Con este motivo se form un partido contra el gobernador, del cual haca cabeza el capitn Morales, a quien el Almirante haba enviado sujeto a Velzquez, aunque sin facultad de removerlo. Instruido ste de lo que pasaba y conociendo el peligro que corran su autoridad y la tranquilidad de la naciente colonia, si no atenda con presteza a sofocar aquellos sntomas, hizo proceso contra Morales y lo remiti preso a Santo Domingo. Otra tentativa hicieron los quejosos, que estuvo a punto de costar la vida a Hernn Corts, animados con la llegada a aquella capital de los jueces de apelacin, especie de tribunal superior enviado para or las quejas de los colonos y arreglar los negocios del gobierno general, que en lugar de mitigar pasiones slo sirvi para acrecentar el fuego que brotaba por todas partes. Acordaron, pues, hacer sus informaciones secretas, juntar memoriales y recoger firmas para acudir a los nuevos jueces, y encargaron la ejecucin del negocio al joven Corts, que se ofreci a correr el riesgo de salir de Baracoa y llevar los documentos a Santo Domingo. Estando para embarcarse en una canoa, Velzquez lo hizo prender y quiso ahorcarlo; pero intercedieron personas de autoridad y se content con enviarlo a un navo para que lo llevase preso al Almirante. Corts aquella noche logr quitarse las pasiones, ir nadando con gran trabajo a tierra y refugiarse en la iglesia, de la cual como saliese algunas veces a visitar la seora que despus fue su esposa, un alguacil que lo vio fuera de la puerta logr prenderlo abrazndosele por detrs. Los alcaldes procedieron y lo sentenciaron rigurosamente; y vindose perdido tuvo la feliz idea de apelar a la clemencia de Velzquez, quien tocado en lo ms vivo de la confianza que pona en l, lo perdon, y ms tarde lo volvi a su gracia e hizo mercedes dndole en repartimiento los indios de Manicarao. As los frutos producidos por la primera semilla de la esclavitud indiana, sembrada en el suelo cubano, fueron la cizaa que dividi las voluntades de los conquistadores, priv a Morales de su libertad, puso en peligro la vida de Corts y, como veremos ms adelante, cost al mismo Velzquez la gracia de su favorecedor el Almirante y probablemente, por algn tiempo, la gobernacin de la Isla.2 2Herrera, Dc. I, lib. IX, caps. 4, 8 y 9, y lib. X, caps. 8 y 10. Gomara, Crn ., cap. 4. Valds, pp. 33, 42 y 44.

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CAPTULO IVVELZQUEZ ENVA AL C VELZQUEZ ENVA AL C VELZQUEZ ENVA AL C VELZQUEZ ENVA AL C VELZQUEZ ENVA AL C APITN PNFILO APITN PNFILO APITN PNFILO APITN PNFILO APITN PNFILO DE NAR DE NAR DE NAR DE NAR DE NAR VEZ A LA PRO VEZ A LA PRO VEZ A LA PRO VEZ A LA PRO VEZ A LA PRO VINCIA DE BA VINCIA DE BA VINCIA DE BA VINCIA DE BA VINCIA DE BA Y Y Y Y Y AMO AMO AMO AMO AMO CONCL CONCL CONCL CONCL CONCL UYE LA CONQUIST UYE LA CONQUIST UYE LA CONQUIST UYE LA CONQUIST UYE LA CONQUIST A DE LA ISLA A DE LA ISLA A DE LA ISLA A DE LA ISLA A DE LA ISLACuando Velzquez se hallaba ocupado en la fundacin de Baracoa y en sofocar los sucesos que tanta excitacin causaron en la colonia, sabidos en Jamaica los progresos que haca en Cuba, muchos de los castellanos que estaban con Esquivel le pidieron licencia para ir a seguir sus banderas, y entre otros vino el capitn Pnfilo de Narvez por cabo de 30 flecheros armados con arcos a estilo de los indios, en cuyo ejercicio estaban amaestrados. Recibiolo con muestras de mucho aprecio el gobernador, honrndole de manera que despus de l tena en todo el primer lugar; y con esta confianza le dio el encargo de que fuese con 30 hombres a sojuzgar el Bayamo, provincia cercana a la costa del sur, de tierra descubierta de montes y graciosa. Narvez era natural de Navalmazano en Cullar, persona autorizada, alto de cuerpo, de un rubio que tiraba a rojo, honrado y de buena conversacin y costumbres; estaba dotado de fuerzas y valor, pero faltbale la actividad y prudencia esenciales a todo buen capitn, llegando su descuido a rayar en pereza; el desprecio con que miraba a los indios lo llevaba a extremos de crueldad indisculpables, y tena tal idea de s propio que exceda de los lmites de la presuncin y al fin fue causa de su ruina. Los naturales, en lugar de recibirlo con la punta de las flechas, salan humildes a ofrecerle comida y otras cosas, porque aqul no era pas de minas y carecan de oro; y se espantaban mucho de una yegua en que iba montado Narvez, que sola revolverse de una parte a otra, extendiendo las piernas de modo que pareca tirar grandes coces, y mostraban gran sorpresa al ver por primera vez un animal tan corpulento y que siendo tan bravo lo dominase a su antojo un solo hombre. Iban los castellanos sin orden y al entrar en los pueblos se aposentaban en las casas pocos y divididos, entregndose al sueo sin precaucin alguna, como si estuvieran en tierra amiga. Prevalidos los bayame-

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PEDRO JOS GUITERAS /153 /153 /153 /153 /153 ses de tal descuido y tentados al ver tan poca gente, acordaron sorprenderlos a media noche formados en dos cuerpos de ejrcito y acabar con todos. Juntronse de la provincia cerca de 7 000 con sus arcos y flechas, y llegado el tiempo convenido, una de las divisiones, sin aguardar a la otra, dio sobre ellos con gran grita, segn su costumbre, hallando los centinelas durmiendo; y los castellanos, ajenos de tal hostilidad, al ver el pueblo inundado de enemigos y acosados por todas partes, se creyeron perdidos. El jefe, que dorma a pierna suelta, medio despierto y atnito de las voces y confusin, se empezaba a levantar cuando los indios de Jamaica que lo acompaaban encendan unos tizones en el boho; y los bayameses que lo reconocieron a la luz, lo acometieron con piedras. Una de ellas le alcanz con tal fuerza cerca de la boca del estmago “que dio con l en el suelo y despert del todo, y dijo a un padre de San Francisco que con l estaba que le haban muerto, y esforzndole el religioso y volviendo en s, con harta dificultad ensillaron la yegua” que por dicha tena consigo, y cabalgando “en ella descalzo, slo con una camisa y echado un pretal de cascabeles en el arzn, no hizo ms de arremeter una carrera por la plaza sin tocar en ningn indio; porque en sintiendo que sala todos se recogieron al bosque, y fue tanto el temor a la yegua y sonido de los cascabeles, pensando que cada uno era mil hombres, que no pararon hombre, ni mujer ni hijos”, huyendo hasta la provincia del Camagey y dejando despoblada la tierra. As acab esta sorpresa, donde mostr Narvez pusilanimidad igual a su abandono, y en la cual, sin duda, hubieran perecido l y los suyos a haber sido los contrarios ms entendidos y puesto su atencin en destruir antes que en despojar de sus armas a los castellanos. Recogida su gente y asegurado de que todo estaba sin lesin digna de notarse, resolvi seguir el alcance de los fugitivos, y envi aviso de lo que pasaba a Velzquez. Y ya fuese que este despacho contuviese algn particular alarmante bajo la impresin de las circunstancias en que fue escrito, o ya que el prudente gobernador temiese que los bayameses pudieran excitar los nimos de las provincias del interior y encenderlas en una nueva guerra, lo cierto es que Velzquez crey conveniente ir en persona a auxiliarlo y parti de Bayamo con 60 hombres poco ms o menos, llevando consigo al licenciado Casas, conocido ya entre los indios por su benevolencia y estimado de todos como a su protector y padre. Yendo hacia Bayamo se entendi que haba llegado al puerto de Jagua un navo con castellanos, y Velzquez envi al punto una canoa bien equipada y una carta dicindoles que quienes quiera que fuesen se llegasen a donde l estaba. Result ser aquel Sebastin de Ocampo que boje a Cuba, capitn ahora de un buque que volva del Darin a Hat y

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 154\ 154\ 154\ 154\ 154\ se hallaba en tan mal estado que se vio forzado a arribar a Jagua. Contento de la carta, se fue con 15 marineros en la misma canoa donde el gobernador, que lo recibi con demostraciones de alegra. Velzquez, precisado a ir a Baracoa, dej 50 hombres en el pueblo, al mando del joven Grijalva hasta que Narvez volviese, encargndole no hiciera nada sin el parecer de Casas que qued all. El resultado de estos movimientos fue que Velzquez en lo que anduvo encontr la tierra desierta y no vio ms que algunos indios viejos y enfermos, y Narvez, que a la cuenta no se dio prisa en alcanzar a los bayameses porque llevaba poca gente, volvi para reunirse con Grijalva. Mayor efecto que el terror de las armas deba hacer la presencia de Casas en aquel pequeo ejrcito; pues los indios, confiados en su piedad, lo escogieron por intercesor dicindole que haban sido locos y mal aconsejados, que les pesaba mucho de ello y que queran servir a los cristianos, y le llevaron un presente de sartales de cuentas como muelas viejas que los cibuneyes estimaban por gran riqueza. Y mediante los respetos del padre fueron perdonados, y cada cual se march a su pueblo. Privilegio sublime, concedido tan slo a la virtud, el de poder atraerse sin esfuerzo ni violencia el amor del hombre salvaje y conquistar el respeto del guerrero indmito y cruel, del cual goz Casas ms de una vez en el curso de la conquista, salvando miles de indios de la dureza y perversidad de Narvez. Estando ste en Bayamo recibi cartas de Velzquez, a principios de 1513, el cual instruido de esta ocurrencia, le mandaba que con la gente que tena, que seran hasta 100 hombres,1 volviese a la provincia y siguiese por la Isla adelante, dndole por consultor al licenciado Casas; y le encargaba que, conforme a la voluntad soberana, no hiciese guerra a los indios sin que primero lo acometiesen con sus flechas o varas, lo cual le repiti en las dems comunicaciones que le dirigi. Psose en marcha y lleg al pueblo de Cueiba, donde fueron recibidos y tratados por el cacique con la misma amistad y regalo que pocos aos antes Ojeda y sus compaeros; y con gran placer de Casas se encontr muy conservada la capilla donde aquellos sencillos habitantes adoraban la imagen de la Virgen Mara que aqul les haba dejado. Entre los que iban en el ejrcito haba algunos de los nufragos que tanto deban a la bondad del cacique, y hablaban al padre de los trabajos sufridos en la cinaga y los consuelos que recibieron de la piadosa 1Probablemente, Sebastin de Ocampo y los suyos acompaaron a Narvez en esta expedicin. Si ste hubiera ido con sus 30 hombres y los 50 que tena Grijalva, el nmero de los expedicionarias hubiera sido de 80, agregando a stos los 15 marineros de Ocampo y los jefes, aparece claro que la expedicin se compona de sobre 100 hombres, segn dice Herrera, Dcada I, libro IX, captulo 15.

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PEDRO JOS GUITERAS /155 /155 /155 /155 /155 Virgen, con lo cual se despert en l un vivo deseo de poseer la imagen; y despus que hubo recibido y bautizado a los indiezuelos (que era lo primero a que atenda siempre que entraba en una poblacin), le propuso si quera cambirsela por otra que l llevaba. Pero el idlatra, que no entenda fuese tan buena la una como la otra, incapaz de distinguir entre una estampa y la esencia del ser que representa, se entristeci mucho, como si se tratase de dar uno de sus mejores cemes por otro que en su concepto no valiera nada. Grande fue su dolor, al da siguiente, cuando queriendo decir misa en la capilla, que luca adornada con paramentos de algodn y un altar elevado lo hizo llamar y supo que se haba ido al monte y llevado la imagen por miedo de que se la tomase; y para que no fueran a alborotarse sus vasallos, le envi mensajeros pidindole volviese, asegurndole que no se la cambiara, antes bien se la dejara tener en la capilla y le dara graciosamente la suya; mas, l no pareci, y Narvez resolvi proseguir su ruta, dejando a los de Cueiba tan pacficos y contentos como los haba encontrado. Entraron en Camagey, provincia risuea, de hermoso cielo, grande y abundante de gentes y comida. En los pueblos eran recibidos por los indios brindndoles generosamente de su pan casabe, sus guaminiquinajes y el pescado que podan haber; traan los nios, que eran infinitos y los presentaban con mucho respeto al padre, quien los bautizaba y ayudndose de algunos de los de Hait que saban el castellano, les predicaba explicndoles el valor inestimable de aquel sacramento y los misterios consoladores de la religin de Jesucristo. Casas, amante cada da ms de estas mseras gentes, procuraba por todos los medios imaginables librarlas de las exigencias y vejaciones que les hacan sufrir los castellanos, que las miraban y trataban cual si fuesen rebaos de ovejas; y como no siempre se contentaban con lo que voluntariamente les daban y queran apoderarse de todo y usar a su antojo de las mujeres, traan inquietos y disgustados a los indios. Con esta experiencia, acord con Narvez que cuando llegasen a un pueblo desocupasen los habitantes la mitad de l para el ejrcito, y quedasen ellos viviendo en la otra mitad, mandndose bajo graves penas que nadie osase entrar en el cuartel de los indios. Este inters no se ocultaba a los cibuneyes, que reconocan en l a su nico protector y amparo, y lo estimaban y respetaban parecindoles el ms grande de todos aquellos hombres. Lleg a tanto su crdito entre ellos, que bastaba enviar un mensajero con un papel viejo atado a una vara dicindoles que aquella carta contena tal o cual cosa para que todos se apresurasen a complacerlo. Por este simple medio se logr que los de toda la parte de la Isla por donde anduvieron se mantuviesen tranquilos, permaneciendo en sus casas a esperar a los espao-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 156\ 156\ 156\ 156\ 156\ les, tenindoles desocupada la mitad del pueblo, bien provista de comida la plaza y de cuanto necesitaban y listos los nios para recibir el bautismo. La mayor amenaza que se les poda hacer era decirles que si no cumplan con lo que se les mandaba el padre se enojara; tan grande era el respeto que infundan sus cartas, parecindoles cosa sobrenatural y ms propia de los cemes el que por ellas se pudiesen saber lo que hacan los ausentes. Admirbanlos tambin la yegua de Narvez y otras tres que pertenecan a los Grijalva, de que todo el pas estaba espantado. No siempre el cuidado paternal de Casas y la humilde sumisin de los cibuneyes, impidieron escenas escandalosas y sanguinarias, que amargaron el corazn de aquel santo sacerdote. Refieren los historiadores que 3 leguas antes de llegar los castellanos a Caonao pueblo grande, situado a la margen del ro de este nombre, cerca de la baha de Jagua, se detuvieron a almorzar junto a un arroyo que estaba lleno de piedras amoladeras, y concluido el almuerzo se les antoj afilar en ellas las espadas, despus de lo cual siguieron su marcha por una llanura hasta el pueblo. Llegado a hora de vsperas, hallaron gran nmero de indios que haban acudido de las cercanas trayndoles abundancia de pescado y casabe. Tenan por costumbre los castellanos hacer que se entregase la comida recogida a un indio que nombraba Narvez para repartirla a los soldados. Los de Caonao se haban reunido en la plaza, y estando sentados en cuclillas contemplando pasmados las yeguas, y el licenciado Casas atendiendo como se haca la reparticin, un desalmado saca la espada, y luego los dems y con furia insana acometen a los indios indefensos. Casas, sorprendido, se apresur a salvarlos, arrancando a muchos de la muerte aun a riesgo de su vida, exhortando a los soldados y llamando a gritos a Narvez, que, mudo espectador, no se movi a interponer su autoridad, y aquellos malvados se cebaron en la sangre de multitud de vctimas inocentes.2Nunca pudo saberse quin fue el temerario que sac primero la espada, ni qu lo movi a tan loco frenes, “y si se entendi, se disimul”. En el inters comn, se atribuy la causa de esta felona a que los soldados sospecharon de los indios por haber notado que miraban mucho las yeguas, por ciertas guirnaldas que llevaban en la cabeza, sembradas de espinas del pez llamado aguja y por unas cuerdas que tenan ceidas al 2El cronista Herrera, a quien seguimos en esta relacin, dice que los indios reunidos en Caonao eran en nmero de poco ms de 2 500; Casas hace subir el nmero solamente de los muertos a “ms de 3 000 nimas que estaban sentados delante de nosotros, hombres y mujeres y nios”, lo cual induce a creer que haba en el pueblo por lo menos, de 5 a 6 000 indios. “All vide, aade Casas, tan grandes crueldades que nunca los vivos tal vieron, ni pensaron ver”.

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PEDRO JOS GUITERAS /157 /157 /157 /157 /157 cuerpo, creyendo intentasen herirlos y aprisionarlos. El resultado fue que difundido el espanto por la Isla, los indios corrieron a refugiarse en las isletas del Jardn de la Reina, dejando sumida la tierra en un completo desierto. Casas sirvi esta vez, como en Bayamo, de intercesor para la reconciliacin. Haban salido los castellanos del pueblo afligidos por el hambre y estaban en una roza de yuca alimentndose del casabe que les hacan los jamaicanos, cuando al cabo de das lleg un indio como de 25 aos y yndose en derechura al boho del padre entabl conversacin con otro viejo de Hait que le serva de mayordomo. Djole que vena enviado de las gentes fugitivas, y que as l como un hermano suyo de 15 aos deseaban quedarse a vivir con su seor. El haitiano le aplaudi su venida y el intento, y con tan buenas nuevas lo llev donde Casas, quien mostr mucho gozo de verle, ofreci de recibirlo en su servicio y tambin al hermano, y sabiendo que los de aquel lugar estaban dispuestos a volver le asegur que no se les hara mal y agasajolo con una camisa y otras frusleras. Fuese contento ofreciendo que dentro de pocos das volvera con los del pueblo, y despus de muchos que pasaron se present con el hermano pequeo y 180 hombres y mujeres de la roza con sus hatos y muchos sartales de mojarras para obsequiar a los castellanos. Recibironlos con muestras de paz y amistad envindolos a sus bohos; y luego que se extendi la nueva de que haban sido bien tratados y de que los castellanos no hacan mal a nadie, antes bien se alegraban de que todos volviesen, as lo hicieron, yndose cada cual a su pueblo. Entrado el ao de 1514 estaban an en la roza, cuando Narvez tuvo noticias de los castellanos cautivos de que ya hemos hablado, de los cuales slo quedaban las dos mujeres y un hombre, y temeroso de que el cacique, con lo sucedido en Caonao, no quisiese tomar venganza, acord con Casas enviar al punto por ellos; y salieron los mensajeros llevando los papeles atados a una vara con la comisin de decir al cacique los enviase sin tardanza, porque donde no, se enojara el padre. La circunstancia de hallarse aquel pueblo en la costa del norte influy quiz en la resolucin que adopt Narvez de alterar su marcha, seguida hasta entonces por la parte del sur, que era la ms conocida; pues de la roza sali con su gente en la misma direccin que los mensajeros, y atravesando algunos pueblos que se encontraban al paso, se detuvo en uno situado a la desembocadura del Saguagrande, que tena las casas sobre horcones dentro del agua y los cibuneyes llamaban Carahate. Aqu estuvieron 15 das regalados a su placer, maravillados de la abundancia de viandas y frutas que haba, del casabe, pescado y aves con que los obsequiaban, sobre todo, del nmero de papagayos que comieron, que pasaron de 10 000, muy hermosos a la vista.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 158\ 158\ 158\ 158\ 158\ En uno de esos das se vio venir una canoa bien equipada de indios remeros y llegose a desembarcar junto a la barbacoa del padre Casas, que estaba bien dentro del agua, trayendo las dos castellanas, que andaban desnudas y haban tomado las maneras y costumbres de los naturales. Este acontecimiento llen de jbilo al ejrcito, y todos se agolparon a verlas y ofrecerles comida y algunos capuces, de que se les hicieron vestidos y mantos. Y contando ellas cmo haban llegado a las costas donde naufragaron, el triste fin de sus compaeros y su vida de cautivas, empez a conocerse aquel lugar por “el puerto de la matanza”, de donde vino llamrsele Matanzas y darse despus este nombre a la bella ciudad que hoy adorna sus playas. Como no hubiese venido el castellano, Casas volvi a enviar sus papeles al cacique, encargndole lo guardase bien hasta su llegada. Contentos de haber recobrado las mujeres y de la hospitalidad generosa de los de Carahate, siguieron su marcha yendo unas veces en las canoas de los indios, en nmero de 50 o ms, que lucan como si fuesen una armada de galeras, y otras por tierra, y llegaron a la provincia de La Habana, una de las ms grandes de la Isla, con muchos pueblos y aldeas, y haba en ellas varios caciques y seores que reconocieron vasallaje al soberano y seor de todos. Los habanenses, sabedores del estrago hecho en Caonao, as que se acercaban los castellanos abandonaban los pueblos y huan a esconderse entre los bosques; pero merced al crdito de Casas, luego que los caciques reciban sus papeles asegurndoles llegasen sin temor, que no se les hara ningn dao, salan de sus guaridas y volvan a sus Estados. Confiados en el seguro del padre, llegaron una vez, segn l, 21 seores de vasallos (segn el autor que seguimos 19), trayendo presentes de comida; y el insensato Narvez “los mand prender y otro da trataba de justiciarlos; pero el licenciado Casas, parte por ruego y parte por amenazas, diciendo que pues aquello era contra la orden que tena de Diego Velzquez y contra la voluntad del rey, al momento se partira a la Corte a dar quejas de tan gran crueldad, pasando aquel da poco a poco se resfri, y la justicia se excus, y solt a todos, salvo al mayor seor, a quien despus mand Diego Velzquez dar livertad”. Pasando adelante visitaron varios pueblos antes de llegar al de la matanza, donde iban en demanda del castellano cautivo. Luego que el cacique supo que estaban cerca, sali al camino a recibirlos, precedido de 300 vasallos cargados de cuartos de tortugas recin pescadas. Encontr el ejrcito en un monte, y en llegando donde l hicieron alto los indios, abrindose en dos alas, pusieron los presentes en el suelo cantando a la bienvenida suya y se sentaron a su usanza. El cacique, anciano de ms de 60 aos, alto y bien apuesto, de rostro agradable y condicin alegre, que mostraba tener sanas entraas, se adelant a saludar a

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PEDRO JOS GUITERAS /159 /159 /159 /159 /159 Narvez y Casas hacindoles reverencias, les present el castellano diciendo que lo haba tenido en su casa como a un hijo y guardado y defendido mucho de los otros caciques, y en seguida les ofreci la hospitalidad y las cosas que haba hecho traer para regalo del ejrcito. Todos recibieron con alegra al cautivo y los ofrecimientos del cacique, y en prueba de gratitud y amistad, Narvez y Casas abrazaron al anciano generoso e hicieron con l todo el cumplimiento posible. Despus de esto marcharon juntos a la ciudad, donde pasaron muchos das festejados y tratados con todo gnero de atenciones. Matanzas era un pueblo situado sobre las ondulaciones del terreno que desde el fondo de la baha arrancan en anfiteatro y van a terminar en las pintorescas colinas conocidas hoy con el nombre de Yumur, y sus campias, iguales en belleza a las ms celebradas de Cuba, estaban cubiertas de huertos y conucos baados por las aguas de dos ros abundantes de peces. Probablemente era sta la capital de la provincia; pues en las relaciones de los historiadores no hemos hallado mencin de ningn otro que hubiese en ella igual en poblacin y grandeza.3Los castellanos discurran por todas partes contemplando embelesados la naturaleza de aquel delicioso lugar. Ora admiraban las ondas serenas del San Juan y sus floridas riberas, ora el abra agreste y portentosa que da paso a las corrientes del Yumur, pobladas de innumerables peces; o ya trepando a la cima de la Cumbre se paraban extticos entre el esplndido paisaje del valle sin rival, y el Elseo de los habanenses, donde yacan en silencio las cenizas de sus caciques, y mecidas por el aura se vea la hamaca del indio moribundo colgada a la sombra de los robustos mameyes. ¡Cuntas veces el virtuoso Casas, paseando este retiro sumido en profunda meditacin, elevara sus preces al cielo por la felicidad de los sencillos moradores de esta Antilla! Narvez sent sus reales en Matanzas con gran placer de Casas y el ejrcito, que no se saciaban de gozar en el trato amable del cacique y los seores de la provincia; llevbanlos por todas partes y procuraban complacerlos por cuantos medios estaban a su alcance. As recorrieron los pueblos y aldeas hasta la ensenada de Bataban, visitaron las isletas de aquel litoral y con frecuencia atravesaban de la costa del norte a la del sur, conservando una perfecta armona con los indios. Una de las cosas que ms les llam la atencin en estas excursiones, porque nunca lo haban visto, fue la gran cantidad de petrleo de que estaban cubiertas las playas de Bataban, no acertando a explicarse cmo es que la mar lo cra, ni de dnde all viniese. Permaneci Narvez muchos das en Matanzas esperando cartas de Velzquez, y ya empezaba a disponerse para continuar su exploracin y 3Oviedo, lib. XVII, cap. 8. Vase llustracin VII.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 160\ 160\ 160\ 160\ 160\ la conquista de la Isla, cuando recibi sus rdenes mandndole detuviese su marcha y que desde La Habana se fuese acercando al puerto de Jagua, donde haba resuelto reunirse con l y el licenciado Casas. Posteriormente, en el mismo ao de 1514, lo envi a sojuzgar la provincia de Uhim en el extremo occidental, cuya comisin es de suponer llevara fcilmente a cabo, pues los historiadores no vuelven a tratar de esta expedicin, con lo cual qued concluida la conquista de Cuba.4 4Herrera, Dc. I, lib. IX, caps. 8, 9, 15 y 16, y lib. X, cap. 8.

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CAPTULO VVELZQUEZ FUND VELZQUEZ FUND VELZQUEZ FUND VELZQUEZ FUND VELZQUEZ FUND A LAS VILLAS DE TRINID A LAS VILLAS DE TRINID A LAS VILLAS DE TRINID A LAS VILLAS DE TRINID A LAS VILLAS DE TRINID AD, AD, AD, AD, AD, SANCTI SPRITU, BA SANCTI SPRITU, BA SANCTI SPRITU, BA SANCTI SPRITU, BA SANCTI SPRITU, BA Y Y Y Y Y AMO AMO AMO AMO AMO SANTIAGO Y PUER SANTIAGO Y PUER SANTIAGO Y PUER SANTIAGO Y PUER SANTIAGO Y PUER TO TO TO TO TO PRNCIPE. PROGRESO DE LA COLONIZACI"N PRNCIPE. PROGRESO DE LA COLONIZACI"N PRNCIPE. PROGRESO DE LA COLONIZACI"N PRNCIPE. PROGRESO DE LA COLONIZACI"N PRNCIPE. PROGRESO DE LA COLONIZACI"NEn el tiempo transcurrido durante la excursin de Narvez hasta la provincia de La Habana, Diego Velzquez recorri parte de la costa del norte al occidente de Baracoa y por la del medioda la provincia de Bayatiquir y dems que se hallan hasta la de Macaca sin encontrar resistencia alguna; reparti los indios de Bayatiquir entre sus deudos y amigos, dando una encomienda a su suegro Cristbal de Cullar, que pocos das antes haba llegado a Baracoa nombrado tesorero de la colonia; e hizo venir de Hait simientes y animales domsticos de los que haban sido trados de Castilla, que se aclimataron con facilidad y empezaron a desarrollar la industria de los castellanos creando nuevas fuentes de riqueza.1Viendo Velzquez la capital tranquila, aumentada su poblacin con los vecinos que venan de Hait y que Narvez haba llevado a cabo la sujecin de casi toda la Isla sin perder un solo hombre, resolvi fundar algunas villas en puntos convenientes, as para compensar a los que se haban distinguido por sus servicios, como para poder ms fcilmente mantener pacficos a los indios. Con este fin sali de Baracoa llevando algunos castellanos, y envi otros con canoas a reconocer la costa con orden de hacer alto en Jagua. A su llegada a este puerto se aposent en una de las tres isletas que hay en l, donde haba una poblacin; y mientras vena Narvez hizo explorar las cercanas, y con gran contento de todos se descubrieron en las aguas del Arimao ricas minas de oro, el cual fue declarado por de calidad superior al de Cibao en Hait a causa de su mayor ductilidad para las obras de platera. Despus de habrsele reunido Narvez y Casas y conferenciando con ellos, acord fundar una villa a 9 o 10 leguas de donde estaban, hacia oriente, por ser lugar de muchos pueblos, cerca del puerto de 1Herrera, lugar citado. Oviedo, lib. XII, cap. 8.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 162\ 162\ 162\ 162\ 162\ Casilda, sepultura de muchas naves en los primeros tiempos de la navegacin de las Antillas. Psole por nombre La Trinidad y reparti indios entre algunos de sus capitanes y amigos: de ellos fueron los ms favorecidos su cuado Francisco Verdugo, Juan de Grijalva, Pedro de Alvarado y sus hermanos Jorge Gonzalo, Gmez y Juan, el padre Casas, a quien dio un buen repartimiento en Canarco, junto a Jagua, y Pedro de Rentera, que haba sido teniente de Velzquez, a quien por amor de Casas dio otro junto al suyo, e hicieron compaa y empezaron a ocuparse en granjeras; aunque el padre era el que todo lo mandaba, porque el bueno de Rentera ms se ocupaba en rezar que en el aumento de sus bienes. En esta misma costa fund la de Santiago, que para distinguirla de la isla de Jamaica, que tena este nombre, se llam despus Santiago de Cuba: entre sus primeros vecinos se cuenta el clebre Hernn Corts, a quien hizo alcalde ordinario y dio encomienda. En el interior fund a Sancti Spritu, casi en medio de los mares del norte y sur, entre cuyos pobladores figuran como encomenderos Francisco Hernndez de Crdova, Juan Velzquez de Len, Alonso Hernndez Portocarrero, Gonzalo de Sandoval, Rodrigo Ranjel, Juan Sedeo, Gonzalo y Jos Lpez de Jimena y otros hombres de cuenta; y a San Salvador del Bayamo, en el pueblo indio de este ltimo nombre. En la costa del norte, entre la ensenada de Mayanabo y la baha de Nuevitas, asent una que llam Puerto Prncipe, la cual traslad despus al pueblo de Camagey, corte del cacique de la provincia, situada a orillas del Caonao, y a poco la pas a la llanura donde hoy existe la ciudad que lleva su nombre. De manera que las seis primeras villas fundadas por el conquistador de esta Isla, incluyendo la capital Baracoa, fueron asentadas dos en la costa del norte, dos en la del sur y las otras dos en el interior. Ademas de las encomiendas de estas villas reparti entonces, o poco despus, los indios de otras partes, fomentando en ellas estancias: en el puerto de Carenas reserv para el rey una hacienda de cerdos y casabes; para s tom una estancia en Jaruco y ms de una en Matanzas; y en este ltimo pueblo las dio a algunos castellanos que fijaron all su residencia, formando una pequea colonia, origen de la ciudad que ms tarde se fund con el mismo nombre. Despus que hubo nombrado alcaldes en las villas y organizado sus ayuntamientos dio orden a Narvez para que fuese a conquistar la distante provincia de Uhim (de que ya hemos hablado) y se volvi a Baracoa. Con estas poblaciones, situadas con tanto acierto que an hoy existen en los mismos lugares, qued el pas sujeto y pacfico. Los castellanos se apresuraron a fabricar sus casas, hacer sus granjeras y sacar el oro de las minas que cada da se descubran; para el comercio con las islas vecinas y el continente del sur armaron varios navos, as como

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PEDRO JOS GUITERAS /163 /163 /163 /163 /163 para ir a comprar y cautivar indios; hacan compaa entre s y andaban de unas islas en otras trayendo ganados de Jamaica y armas y gneros de Hait que llevaban con mantenimientos a las nuevas colonias. Esta actividad, y la fama de las minas y del gran nmero de indios que haba para repartir, atrajeron mucha gente de Hait, Jamaica y el Darin. En el mismo ao de 1514, lleg de Santo Domingo el vicario fray Gutierre de Ampudia con una comunidad de padres dominicos: y fue tal el nmero de castellanos que acudieron de all que el rey dispuso en 1515 no se permitiese dejarlos salir para ir a Cuba. Una de las primeras atenciones de los vecinos fue tratar de darle cuenta de la pacificacin del pas y el estado de su poblacin, y pedir algunas gracias para su desarrollo. Al efecto, se nombr por los delegados de los varios ayuntamientos al capitn Pnfilo de Narvez, para que con el carcter de procurador pasase a la Corte y despus de informar al soberano el estado de la Isla, le suplicase la gracia de la perpetuidad de las encomiendas y otros privilegios. A instancia suya se concedi, en 1516, por armas a la Isla, para que pudiesen usarse en sus pendones y sellos, un escudo partido por medio, en la parte superior la Asuncin de Nuestra Seora, vestida con manto azul purpurado de oro, de pie sobre una luna con ngeles y el campo de color de cielo con nubes en lo alto, y en la inferior a Santiago en campo verde con lejos a manera de peas y algunos rboles y verdura; sobre la mano derecha una F y una I, y a la izquierda una C, iniciales de los Reyes Catlicos y el emperador; a un lado un yugo y al otro cinco flechas largas con un lagarto debajo de stas y del yugo, y al pie; por remate un cordero colgando; se dio facultad al gobernador para que proveyese en muchas cosas en que los vecinos reciban perjuicio de ir a negociarlas a Hait; mandose que cuando alguno fuese a Espaa de licencia no se le quitasen los indios durante el tiempo de ella; que se abriesen caminos, que no se apurase a los pobladores por las deudas a la fundicin; que se hiciese otra casa para sta en lugar ms conveniente a los mineros, y que los vecinos contribuyesen a los gastos del comn, mientras las villas no tuviesen bienes propios; se prohibi pasasen letrados, y que los que haba pudiesen abogar, porque se vio por experiencia que excitaban a pleitos y se dictaron otras medidas para el buen gobierno de la Isla. En cuanto a la perpetuidad de las encomiendas no se hizo novedad alguna, y an no sabemos si Narvez represent sobre ello; pues el cardenal regente estaba inclinado a favorecer la libertad personal de los aborgenes. Sobre la solicitud que hizo de que se permitiese la introduccin de negros esclavos, sabedor ste de que empezaban a faltar brazos, resolvi prohibirla temporalmente para imponer algn tributo.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 164\ 164\ 164\ 164\ 164\ Otras cosas que pidi se remitieron a los padres jernimos para que informasen con su parecer. En estos primeros aos de la colonizacin cubana, adems del comercio, la atencin principal fue la explotacin de las minas. Dedicronse ms adelante los pobladores (probablemente, despus que afluyeron vecinos de Hait), al cultivo de la caa de azcar, en el cual hicieron algunos progresos; y como entendiese el rey don Carlos I que de este ramo de riqueza haba de resultar provecho a la colonia y que muchos queran hacer ingenios y a causa de ser costoso su fomento y no tener medios de sufragar los gastos, la granjera no se poda extender sin el favor del gobierno, mand en 1523 que a los ms honrados que quisiesen hacerlo se prestasen 4 000 pesos de su Real Hacienda, a cada cual segn la necesidad que tuviese, dando fianza que los gastaran en tal objeto y devolveran la cantidad en el trmino de dos aos.2 2Herrera, Dc. I, lib. IX, cap. 9; lib. X, caps. 8, 9, 12 y 15; Dc. II, lib. I, cap. 2; lib. II, caps. 7, 8, 12 y 17; lib. III, caps. 1, 7, 11, 12 y 17; lib. V, cap. 3; Dc. III, lib. IV, cap. 21. Oviedo, lib. XII, cap. 9; lib. XVII, caps. 18 y 19. Mem. de la S. E. de la Habana febrero de 1849.

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CAPTULO VIPLANES DE VELZQUEZ P PLANES DE VELZQUEZ P PLANES DE VELZQUEZ P PLANES DE VELZQUEZ P PLANES DE VELZQUEZ P ARA DESCUBRIR ARA DESCUBRIR ARA DESCUBRIR ARA DESCUBRIR ARA DESCUBRIR AL OCCIDENTE. HACE A SANTIAGO C AL OCCIDENTE. HACE A SANTIAGO C AL OCCIDENTE. HACE A SANTIAGO C AL OCCIDENTE. HACE A SANTIAGO C AL OCCIDENTE. HACE A SANTIAGO C APIT APIT APIT APIT APIT AL AL AL AL AL DE LA ISLA. FUND DE LA ISLA. FUND DE LA ISLA. FUND DE LA ISLA. FUND DE LA ISLA. FUND A LA VILLA DE LA HABANA. A LA VILLA DE LA HABANA. A LA VILLA DE LA HABANA. A LA VILLA DE LA HABANA. A LA VILLA DE LA HABANA. SU TRASLACI"N AL P SU TRASLACI"N AL P SU TRASLACI"N AL P SU TRASLACI"N AL P SU TRASLACI"N AL P UER UER UER UER UER TO DE CARENAS. TO DE CARENAS. TO DE CARENAS. TO DE CARENAS. TO DE CARENAS. DESCUBRIMIENTO DE MJICO DESCUBRIMIENTO DE MJICO DESCUBRIMIENTO DE MJICO DESCUBRIMIENTO DE MJICO DESCUBRIMIENTO DE MJICO EXPEDICIONES EXPEDICIONES EXPEDICIONES EXPEDICIONES EXPEDICIONES DE COR DE COR DE COR DE COR DE COR TS Y NAR TS Y NAR TS Y NAR TS Y NAR TS Y NAR VEZ. MUER VEZ. MUER VEZ. MUER VEZ. MUER VEZ. MUER TE DE VELZQUEZ TE DE VELZQUEZ TE DE VELZQUEZ TE DE VELZQUEZ TE DE VELZQUEZViendo Velzquez la prosperidad de la Isla y la reputacin que haba adquirido en las otras Antillas, hallndose con gran fortuna y muchos capitanes acreditados, alz el pensamiento a ms altos fines y empez a revolver, en su imaginacin, cmo emprender el descubrimiento y conquista de nuevas tierras hacia la parte de Veragua o de la Florida. Necesitaba para esto de la proteccin de algn personaje de valimiento en la Corte; y como supiese que el almirante don Diego no tena favor con el rey y que el tesorero Miguel de Pasamonte mereca su confianza, se decidi a solicitar la amistad y proteccin de este ltimo. La venida de don Diego con los cargos de almirante y gobernador revivi en Santo Domingo los antiguos bandos y parcialidades que costaron al descubridor la prdida de su libertad y el fruto de sus conquistas, y ms tarde haban de ser la ruina del hijo, heredero de los trabajos y pesares de su padre. Componase el bando del gobernador, de los pobladores arraigados, interesados en sostener el orden y mirar por el progreso de las nuevas colonias. Eran parciales del opuesto, la Audiencia, los oficiales reales y la gente aventurera, que iban a buscar fcil fortuna, ambiciosos del mando para medrar con los abusos, monopolizar las encomiendas y enriquecerse a costa del bien pblico. ste tena por jefe a Pasamonte, a quien pareca estimar Fernando, merced a las cuantiosas remesas de oro que le haca y quiz inclinado a debilitar por este medio la popularidad del almirante. Velzquez, no obstante haber merecido el gobierno a don Diego, empez a captarse la voluntad del tesorero dndole, y a sus parciales, encomiendas y envindole para el rey todo el oro que poda reunir del producto de las minas. El medio adoptado fue el ms eficaz para lograr

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 166\ 166\ 166\ 166\ 166\ sus fines, y Pasamonte recomend al rey sus servicios, informndole que haba en corto tiempo pacificado la Isla, hecho muchas poblaciones y enviado cantidad de oro, y lo puso tambin en gracia del obispo Fonseca, para quien el ser enemigo de los Colones era una recomendacin de gran peso. Por su conducto envi al rey un mapa que haba formado de la Isla, con los montes, ros, valles y puertos; y le escribi que andaba procurando reducir la fuerza a la parte del sur para que se pudiese dar mano en las cosas de tierra firme y acrecentar el comercio, con cuyo objeto trabajaba en fabricar navos. El rey tuvo singular contento de todo esto, empeado en promover el descubrimiento del paso a la India y extender las conquistas por el continente. Don Diego intent en vano separarlo de esta alianza, y resentido de su ingratitud dio acogida a las quejas que contra l haban elevado los que se creyeron desatendidos en los repartimientos y las envi a las Cortes con informes favorables; por lo cual se mand en 1514 que se mirase como haba procedido en ello para que se pusiese el remedio conveniente, y al ao siguiente a instancias suyas se nombr al licenciado Lebrn para que le tomase residencia, vindose en peligro de perder el gobierno. Pero Pasamonte escribi que no convena cortar el hilo con que llevaba tan bien encaminadas las cosas de Cuba, y su crdito vali para que se suspendiese la orden comunicada al juez de residencia. Temeroso Velzquez del almirante, trat de asegurarse en su gobernacin y negoci en la Corte para que se le diese de nombramiento real, logrando en 1517 que el Consejo de Indias mandase despachar una cdula para que fuese gobernador sin dependencia suya. Este plan, sin embargo, fue deshecho por don Diego, quien, hallndose entonces en Espaa, se quej al gran canciller que se le haca agravio en aquella disposicin. Ms adelante, los amigos de Velzquez hallaron ocasin favorable y lograron se despachase nueva cdula para que el almirante, aunque quisiese, no pudiera suspenderlo del gobierno.1 Mal satisfecho ste, a su vuelta a Santo Domingo, envi en 1521 al licenciado Alonso de Zuazo para que le tomase residencia; pero como todos deseaban favorecerlo por la mucha opinin que tena y por entenderse que al almirante no competa esta jurisdiccin, ordenaron los gobernadores del reino que Zuazo no usase de la comisin por entonces y que Velzquez tuviese, como antes, la gobernacin y justicia por don Diego.2 1Herrera, Dc. I, lib. X, cap. 16; Dc. II, lib. I, caps. 11 y 19, y Dc. III, lib. IV, cap. 14.2Herrera, Dc. III, lib. I, cap. 14. Oviedo refiere (lib. XVII) los sucesos de esta residencia, de la manera siguiente: “Despus de lo cual vinieron los frailes Hiernimos que el cardenal fray Francisco Ximnez de Cisneros, gobernador de Espaa, envi a esta isla e ciudad de Santo Domingo, y con ellos por justicia mayor al licenciado Alonso Zuazo, como en

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PEDRO JOS GUITERAS /167 /167 /167 /167 /167 Mientras estas alternativas de buen y mal resultado ponan a cada paso a Velzquez al borde de perder su gobierno, su ambicin no dorma y constante en el propsito de extender las conquistas al occidente, traslad en 1515 la capital de la Isla al puerto de Santiago, y el 25 de junio del mismo ao fund la villa que denomin de San Cristbal de La Habana en honor del primer almirante y por estar en la provincia ndica de La Habana. Esta villa fue fundada en la costa del sur, en la boca del ro Onicajinal, que desagua en la ensenada de Bataban, hacia la parte de oriente.3 Nombr por su teniente en ella a Pedro de Barba, a quien dio encomienda de indios, as como a Francisco Montejo, Diego de Soto, Sebastin Rodrguez, Juan de Njera, el clrigo Alonso Gonzlez y otros. El mismo Velzquez la traslad a fines de 1519, si no despus, al puerto que Ocampo llam de Carenas, donde ya por este tiempo haba un principio de poblacin; y segn el Sr. Arrate, la tradicin vulgar atribuye esta traslacin a que el sitio donde estaba era malsano y conocidamente nocivo a los recin nacidos.4De los emigrados que dejaron el Darin acosados de hambre y de miseria, haban llegado a la Isla hasta 100 hombres, la mayor parte otras partes queda dicho; con su acuerdo por las muchas quexas que avia contra Diego Velzquez fue a le tomar residencia al licenciado Zuazo en nombre del almirante Dn. Diego Coln. Y despus que la ovo hecho, quedsse assi suspenso de la gobernacin, pero muy rico hombre; resida en ella el juez de residencia, que era el licenciado Zuazo, porque ya quando l all fu, ya ava hecho l residencia en Santo Domingo. Pero aunque Zuazo administr justicia en Cuba, tampoco falt quien se quexasse del almirante, por lo qual acord de passar en persona a ver la verdad; fueron con l dos oydores de aquesta Audiencia real que reside en esta ciudad de Santo Domingo, que fueron los licenciados Marcelo de Villalobos, e Johan Ortiz de Matienzo; pero quando estos llegaron, averiguada la verdad, no hallaron tantas culpas en Zuazo como decan. E como ellos no tenan comisin para le tomar residencia, ni l avia ydo all proveydo por esta Audiencia real, el licenciado Zuazo no hizo residencia, porque aunque la hiciera fuera ninguna, e la avia de tornar a acer en mandndolo S.M. o Real Consejo de Indias. Pero tom el Almirante las varas, e con aquellos oydores entendi en otras cosas tocantes la reformacin de aquella isla, y el Almirante volvi el cargo al mismo Diego Velzquez, que estaba suspenso desde que all ava ydo el licenciado Alonso Zuazo. Hecho aquesto, el Almirante e los oydores que he dicho se tornaron a esta isla espaola”. 3Herrera, Dc. II, lib. II, cap. 17. Arrate, cap. 3. Gomara, cap. 8.4Herrera, Dc. I, lib. X, cap. 8; Dc. II, lib. II, cap. 17, y lib. III, cap. 13. Arrate, caps. 4 y 5. El Sr. Arrate cree que en la traslacin de La Habana, debi tener mucha parte la situacin geogrfica del puerto de Carenas, despus de las ventajas que ya haban empezado a notarse de hacer la navegacin de Veracruz a Espaa por el Canal Nuevo de Bahama. Si ha de estimarse sta como una de las causas de la resolucin de Velzquez, la traslacin debi verificarse por lo menos despus del primer viaje que se hizo por el Canal Nuevo, que fue el de Antn de Alaminos, y como este habil piloto sali de Veracruz el 26 de julio de 1519 (segn Herrera, Dc. II, lib. V, cap. 14) no es aventurado suponer, a falta de otros datos, que la traslacin de la villa antigua tuvo lugar a fines, o despus del citado ao de 1519.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 168\ 168\ 168\ 168\ 168\ nobles, y Velzquez les ofreci ocuparlos en cosa de provecho. A poco les propuso si queran dedicarse al trfico de esclavos indios que se haca con actividad en el continente; pero como esto repugnase a la hidalgua de aquellos soldados, concert que fuesen a descubrir hacia las partes conocidas del primer almirante y de Ponce de Len, prometindoles que si las nuevas tierras mereciesen poblarse no sacara indios para traerlos a Cuba: y como se brindase a ir por capitn Francisco Hernndez de Crdova, hombre rico y valiente, Velzquez le dio las instrucciones necesarias, y en dos navos y un bergantn que compr y provey de vituallas, se embarc con 110 soldados, llevando consigo los pilotos Antn de Alaminos, Camacho y Juan lvarez. Sali Hernndez de Crdova, de Santiago, a principios de 1517, para la villa de La Habana, donde a ruegos suyos se le uni el clrigo Gonzlez; el 8 de febrero se hizo al mar y el 12 dobl el cabo de Guaniguanico; descubri la pennsula de Yucatn, cuya conquista intent y fue rechazado tres veces con prdida de gente, herido l mismo de 12 flechazos; se dirigi a la Florida, donde no ms afortunado fue tambin batido, y entonces resolvi volverse haciendo rumbo a Carenas, y escribi a Velzquez sobre las poblaciones y edificios que haba hallado. Esta expedicin cost la prdida de 56 soldados y la del mismo capitn, que muri a los diez das de su llegada; pero alent el entusiasmo de todos con las joyas de oro tomadas de unos adoratorios, de que quedaron admirados, y atrajo la atencin de las otras islas por las riquezas que prometan aquellos pases. Aprovechando Velzquez la exaltacin general, hizo publicar una nueva expedicin, y pronto tuvo listos tres navos y un bergantn y reunidos hasta 250 hombres entre soldados y marineros, adems de algunos indios que iban de servicio; nombr por cabo principal a Juan de Grijalva, gentil mancebo y honrado, hidalgo de Cullar, y por capitanes a Pedro de Alvarado, Francisco de Montejo y Alonso Dvila, y dio el cargo de piloto mayor a Alaminos. Esta armada se hizo a la vela del puerto de Santiago, el 8 de abril de 1518, y doblado el cabo Mais fue en derechura a Matanzas a proveerse de casabe y puercos en las estancias de los castellanos establecidos en el pueblo; de l hizo rumbo al cabo de Guaniguanico, que por estos tiempos empez a llamarse de San Antn, en honor del hbil piloto Alaminos; y siguiendo a occidente, como decayesen los navos por la violencia de las corrientes, fue a dar a la isla de Cozumel. Grijalva complet la exploracin de las costas de Yucatn, y recorri el primero las del reino de Mjico; lleg al ro de Tabasco y entrndose por l concert paces con el cacique y se hicieron mutuos presentes. Diole una armadura hecha de piezas de oro fino y un vestido de ricas plumas, mscaras, casquetes y patenas, unas de oro macizo, otras de madera cubiertas de lminas de

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PEDRO JOS GUITERAS /169 /169 /169 /169 /169 oro, algunas con labores de turquesas o piedras preciosas imitando mosaicos, armaduras de rodelas tambin de oro fino y adornadas con lminas de este metal, collares, sarcillas y pincetas de oro, unas como aforcas de oro de tres dedos de ancho, varias sartas de granos de oro puro o de barro cubiertos de oro, y otras muchas joyas y adornos de plumera de forma y artificio maravilloso; y Grijalva le correspondi con un vestido de terciopelo y los mejores rescates que tena, obsequiando con regalos a los de su comitiva. De Tabasco prosigui su navegacin hasta el ro de Banderas, donde rescat por valor de 15 000 pesos en joyuelas de oro bajo y descubri las islas de Sacrificios, San Juan de Ula y otras; lleg al ro de Canoas en la provincia de Panuco, y subiendo ms al norte hasta un promontorio donde se estrellaban con furia las corrientes y estorbaban el paso, resolvi con acuerdo de Alaminos y los principales capitanes regresar por los mismos lugares que haba visitado y ancl en la baha de Matanzas. Cuando se hallaba en San Juan de Ula, como las provisiones empezaban a perderse y hubiesen muerto diez castellanos y otros estuviesen dolientes, envi a Alvarado para que diese noticias al gobernador de todo lo ocurrido y llevase los enfermos con el oro y ropas que se haba rescatado. Lleg Alvarado y toda la ciudad recibi gran contento con la inesperada y extraa riqueza que vea delante, la mayor y ms preciosa hasta entonces encontrada en el Nuevo Mundo; y en el exceso de su alborozo hizo Velzquez circular por la Isla que se preparaba ejrcito para ir a poblar las tierras descubiertas, y empez a equipar una armada y reunir gente. As que al llegar Grijalva a Matanzas encontr carta suya mandndole apresurarse su vuelta, y entr en Santiago el 15 de noviembre de 1518. Velzquez envi a Castilla su capitn Benito Martn y a Gonzalo de Guzmn con la relacin de este viaje y las muestras del oro trado, para que unidos con Narvez suplicasen al rey le hiciese mercedes y diese algn ttulo por sus servicios; y se le concedi en las capitulaciones para la conquista de Mjico el ttulo de adelantado, merced de la hacienda situada en La Habana perteneciente al rey, exencin por vida de los derechos de la ropa, armas y comestibles que llevase de Castilla para aquellas tierras, la quinta parte del provecho que en ellas tuviese la Corona, y otras gracias as para l como para los que fuesen a la conquista y poblasen. Adems, el rey le escribi agradeciendo el xito de sus afanes y animndolo a continuar aquel descubrimiento.5La joven colonia herva en actividad y risueas esperanzas, creyndose prxima a engrandecerse con las doradas ilusiones de la conquista de un vasto y opulento imperio: cada da llegaban nuevos aventureros 5Herrera, Dc II, lib. II, caps. 17 y 18; lib. III, caps. 1, 2, 9 y 11. Oviedo, lib. XVII, cap. 19.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 170\ 170\ 170\ 170\ 170\ de las islas vecinas a engrosar el ya numeroso ejrcito; el hierro de Vizcaya atronaba los montes de Jagua y de Santiago, la ribera cubierta con los despojos de la selva vea levantarse poderosas naves, y para ms alentar la ambicin de capitanes ilustres, asistan al gobernador en sus determinaciones el consejo, la influencia y la fortuna. ste pensaba mientras tanto en la eleccin del jefe que haba de dirigir la expedicin, perplejo entre tantos caudillos capaces de las mayores empresas. Entre todos pareca ser Grijalva el ms digno de este honor, por haber correspondido a la confianza que de l acababa de hacerse dndole el mando de la anterior; y ya que no Grijalva, era natural fijase la atencin en Alvarado o Montejo o Dvila, que conocan el pas y se haban portado como buenos caballeros. Cosa extraa que no eligiese a ninguno de stos, y que despus de haber pensado en otros se decidiese por quien menos deba esperarse. Estaba en Santiago aquel Hernn Corts, cuya imprudencia pudo haberle costado la vida en Baracoa cuando la conspiracin de los parciales de Morales; joven de valor y altos pensamientos, pero no ejercitado en las armas, ni probado en el mando de ninguna expedicin, el cual supo introducirse con maa en la confianza del contador Amador de Lares e interesarlo en que le alcanzara el mando de aquel florido ejrcito; y Lares, que era un burgals astuto, logr fijar la indecisin del gobernador con el auxilio de Andrs de Duero, secretario de ste y amigo de Corts. Fcil es de pensar que una eleccin hecha en sujeto de un carcter independiente y ambicioso y que tena malos antecedentes, haba de estar expuesta a las vacilaciones de Velzquez, naturalmente caviloso y desconfiado. Corts, que con una apariencia de superficialidad y petulancia era sagaz y disimulado, trat desde el principio de prevenir los efectos de su volubilidad, atrayndose la estimacin de la gente que se estaba reuniendo, con presentes de armas y dinero, en que gast cuanto tena, y alentndola con promesas de futura prosperidad y grandeza. De modo que cuando cambi de resolucin y trat de quitarle el mando, se alz con la armada, an no enteramente equipada y se hizo a la vela el 18 de noviembre de 1518. Entr en los puertos de Macaca, Trinidad y La Habana, y engrosado el ejrcito y completadas las provisiones pas revista a su gente y armamento y hall que tena 508 soldados, 110 hombres entre maestres y marineros, 32 ballesteros, 13 escopeteros, diez piezas de artillera de bronce, cuatro falconetes y 16 caballos y yeguas. La armada constaba de 11 navos y otras naves, las ms de ellas pequeas y sin cubiertas. Con estas fuerzas sali de Guaniguanico para el cabo Catoche, a mediados de febrero de 1519. Sorprendido Velzquez de tal atrevimiento y conociendo la disposicin de los pobladores a dejar la Isla por correr en pos de riquezas,

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PEDRO JOS GUITERAS /171 /171 /171 /171 /171 procur entretenerlos anunciando nueva armada y que ira l en persona. Gran riesgo corri entonces la naciente colonia de quedar destruida; pues slo su prudencia y autoridad la conservaba prspera, y a los indios en sosiego. Con el fin de evitar este mal, envi la Audiencia uno de sus oidores para que procurase estorbar aquella jornada, y a sus esfuerzos y los de algunos vecinos principales se debi que continuase en el gobierno; pero no desisti de enviar el armamento, y en su lugar nombr a Pnfilo de Narvez y le dio particular instruccin de enviarle preso a Corts.6Componase de 11 navos y siete bergantines, y el ejrcito constaba de 1 000 hombres por lo menos, 12 piezas de artillera y 85 caballos, fuerza ms que suficiente para batir al contrario.7 Pero la capacidad militar de ambos jefes era muy desigual, y aqu se vio cunto puede en la guerra el talento, la actividad y pericia para neutralizar la escasez de fuerzas y conquistar la victoria. Corts le sale al encuentro con 266 hombres, lo sorprende en Cempoala, y en pocas horas lo bate, se apodera de su gente y lo hace prisionero. Con este inesperado refuerzo acab este ilustre capitn la conquista del imperio mejicano y dio a Espaa el dominio de una de las regiones ms ricas del Nuevo Mundo.8An no desmay el nimo de Velzquez con este nuevo fracaso, y cegado por el deseo de venganza arm siete navos y se embarc para Mjico; pero aconsejado del licenciado Parada, que iba con l, y le puso delante los inconvenientes que podran resultar de ir contra un general tan favorecido de la fortuna y sobre todo lo que desaprobara la Corte una guerra de vasallos contra vasallos, resolvi poner la contienda en manos del rey y se volvi a la ciudad sin emprender cosa alguna. Acudi, pues, por medio de sus procuradores a exponer los inmensos sacrificios que haba hecho con su persona e intereses por el xito de una empresa tan importante y reclamar contra la usurpacin de Corts. El soberano, aconsejado de sus amigos y bien dispuesto a recompensar sus servicios, daba fcil odo a sus reclamaciones; pero llegados los de Nueva Espaa a darle cuenta de los sucesos de la conquista, conocidos los hechos de Corts, vistas las riquezas que traan, la 6Herrera, Dc II, lib. III, caps. 12 y 13, y lib. IV, cap. 6.7El verdadero nmero de castellanos que llev Corts contra Narvez fue de 276, “Contados los capitanes, cinco de a caballo y el fraile” (Herrera, Dc. II, lib. X, cap. l); en el combate de Cempoala murieron dos de los de Corts y uno hubo herido; de los de Narvez murieron 11 ( Dc. II, lib. XI, cap. 4): ste qued preso en la Villa-Rica “Con algunos de los soldados ms bulliciosos”; Corts dej all 100 hombres de guarnicin, su hacienda en Cempoala con los enfermos y 30 hombres de guarda, y se parti a Mjico con “ms de 1 100 espaoles” ( Dc. II, lib. X, cap. 7). Segn estos datos, el ejrcito de Narvez debi ser de 1 000 hombres por lo menos.8Herrera, Dc. II, lib. IX, cap. 18 y siguientes, y lib. X, cap. 3 y siguientes.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 172\ 172\ 172\ 172\ 172\ severa razn de Estado entr a considerar el consejo de la conveniencia pblica, y ste, honrado con la estimacin y admiracin de la Corte, fue declarado gobernador y capitn general de aquellos dominios, se dio orden para que Velzquez no armase ni enviase gente contra l, y que las diferencias entre ambos se resolviesen por el Consejo Real de las Indias. Esta provisin se public en Santiago en mayo de 1523; Velzquez suplic de ella ante S.M. y envi a esforzar su agravio a su antiguo amigo Manuel de Rojas, y al ao siguiente, estando determinado a ir en persona a quejarse y hacer mrito de sus servicios, le asalt la muerte con general sentimiento de los vecinos de Cuba, y aun del mismo soberano que, conociendo haba perdido uno de sus mejores vasallos, dijo que se tena por muy servido de l y a su persona en mucha estimacin. El nombre de Velzquez es todo de Cuba, y la historia de este pas lo adopta para perpetuarlo en sus pginas como el del caudillo ilustre que condujo all a los nobles fundadores de la sociedad que hoy puebla su suelo. Conquistador humano, procur hacer suave el yugo de la sujecin a la raza cibuney; gobernador sabio y prudente se atrajo el respeto de los castellanos que se fijaron en la Isla y vio aumentarse su poblacin y riqueza; vasallo leal, supo captarse el amor de su soberano invirtiendo su inmensa fortuna en los descubrimientos de Yucatn y Mjico; varn de hidalgos sentimientos y ambicin noble, leg a Cuba la gloria de haber dado a Espaa este rico imperio adquirido con la sangre de sus primeros pobladores. Sus restos mortales fueron sepultados en la Catedral de Santiago con una inscripcin latina alusiva a sus virtudes y servicios.9 9Herrera, Dc. III, lib. III, cap. 18; lib. IV, cap. 3; lib. VII, cap. 1. Oviedo, lib. XVII, cap. 19. Arrate, p. 35. Vase Ilustracin VIII.

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Libro QuintoCAPTULO ILEGISLACI"N CIVIL Y POLTIC LEGISLACI"N CIVIL Y POLTIC LEGISLACI"N CIVIL Y POLTIC LEGISLACI"N CIVIL Y POLTIC LEGISLACI"N CIVIL Y POLTIC A A A A AAs como las leyes fundamentales de los pueblos, cuando dictadas con un conocimiento de sus verdaderos intereses influyen en su prosperidad, as tambin son causa de su decadencia y ruina, si en su formacin predominan principios opuestos. La historia no es, en rigor, otra cosa que la expresin de los hechos que nacen de la legislacin nacional en sus efectos interiores y en sus relaciones con los pases extranjeros. Si ella favorece la accin de la civilizacin, la industria, las artes, la agricultura y el comercio se desarrollan, y con ellas el bienestar pblico; si, por el contrario, todos los elementos de riqueza se paralizan, el pueblo buscando los medios de burlar sus efectos descubre tarde o temprano, con peligros de discordias civiles, las tendencias desmoralizadoras del gobierno, y en las conexiones con las otras naciones se presentan dificultades que alteran a veces la paz general. Sanos, pues, permitido, antes de continuar la de la colonizacin cubana, hacer una breve pausa para tratar de las leyes que sirvieron de base a la formacin de las colonias, cuyo conocimiento es de suma importancia para comprender los sucesos que ocurrieron en la poca en que hemos entrado. La mente de los Reyes Catlicos, desde que se empez a organizar el gobierno de las Indias, fue que estos pases fuesen considerados como una parte de la Corona de los reinos de Castilla, y a sus vecinos y naturales como vasallos de ella con iguales derechos que los castellanos. As vemos que la reina Isabel se opuso en sus principios a que los indios fuesen esclavos y mand se les tratase como hombres libres, vasallos de su Corona, y el rey Fernando, al crear el Consejo Supremo, dispuso que se ocupase de preferencia en los asuntos del gobierno tomando por norma el de los reinos de Castilla y Len. No sabemos, sin embargo, que exista ninguna declaratoria que identifique con stos los reinos y provincias de Amrica, antes del advenimiento al trono de Carlos I, el cual, cuando fue recibido y jurado, pro-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 174\ 174\ 174\ 174\ 174\ meti en Valladolid, el ao de 1520, que as l como sus sucesores no enajenaran ni apartaran de la Corona aquellos dominios, cuya promesa ratific en Pamplona a solicitud de los procuradores de Nueva Espaa. Consecuentemente con esta importante declaracin y las disposiciones anteriores, la Amrica qued para siempre formando parte integrante de la monarqua con el mismo gobierno que en Espaa y los habitantes de ella con iguales derechos civiles y polticos que los dems sbditos espaoles.1Para su gobierno general se instituy, en 1511, el Consejo Supremo de las Indias. Sus facultades, circunscritas en su origen, adquirieron mayor extensin en el reinado del primer Carlos y sus sucesores; llegando a ser el guardador de las leyes, la fuente de todos los nombramientos, as en el orden civil como en el eclesistico, y el tribunal que entenda de las cuestiones relativas a su comercio. Componase de un presidente, ocho o ms consejeros y un fiscal, y formaba parte de l una contadura donde se llevaba razn de la Hacienda Real. Esta institucin no produjo al principio los buenos efectos que deba esperarse, por haber depositado don Fernando su confianza en el obispo Fonseca, su presidente, y en el comendador Lope de Conchillos, de quienes pendi la suerte de estos vastos pases durante la vida del rey. En estos dos personajes se reasuma el consejo y gobernacin, y an en 1514 dice Herrera que no exista ninguno formal, sino que Fonseca y Conchillos lo dirigan todo, y slo en casos arduos llamaba el primero tres o cuatro miembros del Consejo Real y trataba con ellos lo que deba hacerse. El rey don Carlos, conociendo la importancia de poner trmino a lo revuelta que andaba su administracin, pens en reorganizarla y restablecer el imperio de las leyes, y en agosto de 1524 nombr por presidente a fray Garca de Loaysa, general de la orden de Santo Domingo, y fiscal al licenciado Prado, y se despacharon varios ttulos de consejeros, entre los cuales fue honrado el historiador Pedro Martyr de Anglera. En el reinado de Felipe III, como se hubiesen aumentado las atenciones del Tribunal, se instituy un Consejo de Cmara para los negocios de provisiones espirituales y temporales, gracias y mercedes, y se crearon dos salas para lo relativo a Guerra y Hacienda.2Las audiencias y cancilleras reales eran tribunales de suma autoridad. La primera Audiencia que se cre, en cuyo distrito se comprendi por espacio de muchos aos la isla de Cuba, fue la de Santo Domingo, en Hait, la cual conoca de los negocios civiles y criminales en grado de 1Herrera, Descripcin caps. 30 y 32; Dc. III, lib. V, cap. 3.2Leyes lib. II, tt. II, cap. II de la Recop. de Ind. Herrera, Descripcin caps. 30 y 32. Dc. I, lib. X, cap. 6, y Dc. III, lib. VI, cap. 14. Solorzano, lib. V, caps. 15 y 16.

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PEDRO JOS GUITERAS /175 /175 /175 /175 /175 apelacin, y en ciertos casos de las sentencias dadas por los jueces de residencia, y en primera instancia en casos de Corte, tena el poder y facultad de dar y enviar jueces pesquisadores y otras atribuciones que en Castilla son privativas del Consejo Supremo, y poda despachar en nombre del rey cartas patentes, haciendo uso del sello real como en las cancilleras.3El Gobierno Superior estaba confiado a los virreyes y gobernadores, que por lo comn eran jefes de graduacin militar; trjose a estos pases la institucin de los alcaldes por eleccin popular, que despus se cometi a los ayuntamientos, y ejercan la jurisdiccin civil y criminal ordinaria, sucedan interinamente a los corregidores y eran presidentes de los ayuntamientos; para el fomento de los pueblos se crearon los concejos, que obtuvieron de la munificencia soberana fueran de gran importancia. A peticin de los procuradores de Santo Domingo se provey en 1508 que stos gozasen de los mismos privilegios que los de Castilla, “para que viviendo en la misma orden tuviesen el estilo de su naturaleza”. Entendan en casos de apelacin de las sentencias dadas por los gobernadores y otras justicias en negocios que no excedieran de 60 000 maravedes; para excusar de costas y gastos a los vecinos; tenan el derecho de nombrar diputados que fuesen a representar al rey y al Consejo las necesidades de los pueblos y reclamar contra cualesquiera abusos por parte de las autoridades y empleados; cuya eleccin se haca reunindose en la capital un delegado de cada concejo y nombrando por mayora de votos la persona o personas, que deban ir a la Corte. Los reyes fueron tan celosos de guardarles este derecho, que no pudiendo costear los gastos de sus procuradores por falta de propios, dieron licencia en 1521 “para hacer repartimientos entre los vecinos y que por una vez se tomasen dinero de las penas aplicadas a la cmara real”. No contentos con esto, previendo que en pases tan distantes podran las autoridades superiores excederse en sus facultades, dispusieron “que a nadie impidan el escribir al rey, a su Consejo y a otras personas lo que quisiesen, ni se abran ni tomen pliegos, ni cartas ningunas, so graves penas”; y como los oficiales reales no cumpliesen la orden que se haba dado de dejar ir libremente a Castilla a los vecinos que quisiesen informar al rey de las cosas de su servicio, “antes con rigor pareca que lo vedaban”, se mand que no lo hiciesen sino que a cada uno dejasen entera libertad para ir y escribir lo que le pareciese.4 3Herrera, Descripcin caps. 5 y 30; Dc. III, lib. I, cap. 14, y lib. V, cap. 4. Solorzano, lib. V, cap. 3.4Herrera, Descripcin cap. 32; Dc. I, lib. VII, cap. 2; Dc. II, lib. III, cap. 7; Dc. III, lib. I, caps. 14 y 16; Dc. IV lib. III, cap. 9; Dc. V lib. V cap. 11. Solorzano, lib. II, cap. 14, y lib. V cap. 1.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 176\ 176\ 176\ 176\ 176\ El derecho de colonizacin estuvo limitado a los vasallos de la Corona de Castilla y Len; segn vanas disposiciones de la reina Isabel; y aun de stos se excluyeron, en 1501, los judos, moros, convertidos y negros esclavos que no estuviesen firmes en la fe, por el temor de que embarazasen la conversin de los indios y los pervirtiesen. Con el fin de conservar las buenas costumbres, arraigar a los colonos en estos pases, y aumentar la poblacin de origen europeo, se mand que no se consintiese a ningn casado vivir en Indias sin su mujer legtima, y se autoriz el matrimonio entre indios y castellanos. Despus de la muerte de Isabel se comenz a dar larga en las cartas de naturaleza y permitirse residir y comerciar a los vasallos adoptivos, y en el reinado de Carlos se dio orden para que todos los sbditos del imperio disfrutasen de iguales franquicias; aunque esta licencia se restringi en 1531 hacindola extensiva solamente a los espaoles en general, y as se public en Sevilla.5La primera autoridad de Cuba es la del gobernador y capitn general, que reside en La Habana desde mediados del siglo XVI, empleo considerado como el de mayor confianza, lustre y autoridad de su clase cuando Espaa posea una gran parte de las Indias; su jurisdiccin se extenda a toda la Isla mientras formaba una sola provincia, y desde el ao 1607, que se dividi en dos, la conserv en lo militar y materias de comiso, circunscribindola en lo poltico y gubernativo a la provincia occidental. Es anexo a la Capitana General por regala del vicepatronato, la presentacin de beneficios curados y simples y la superintendencia del Real y Apostlico Tribunal de la Santa Cruzada; puede tambin proveer algunos gobiernos y conferir (a reserva de la aprobacin soberana) los empleos militares de su jurisdiccin, as de la tropa reglada como del cuerpo de la milicia urbana. En 1715 se crey conveniente establecer el empleo de teniente rey como sucesor inmediato de los gobernadores generales en el mando poltico y militar, para evitar los males que se experimentaban de separar las dos jurisdicciones o los casos de muerte o ausencia de estas autoridades. El Ayuntamiento de la capital, de que hacemos especial mencin por ser el de mayor influencia de la Isla, se compona al principio de tres regidores, cuyo nmero se aument a medida que creca la poblacin, y en 1734 se le complet el de 12, que es, segn las leyes, el que deben tener las ciudades principales de Indias. El nombramiento de alcaldes, regidores, procurador general y otros empleos concejiles, se haca cada ao por eleccin popular, aunque a veces sola el rey premiar los servicios de los vecinos cedindoles de por vida alguna de las varas. Ms 5Herrera, Dc. I, lib. III, cap. 2; lib. IV, cap. 12; lib. VI, caps. 18 y 19; lib. VII, cap. 1, Dc. III, lib. VII, cap. 1; lib. X, cap. II; Dc. IV, lib. X, cap. 12.

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PEDRO JOS GUITERAS /177 /177 /177 /177 /177 adelante se haca por el pueblo la eleccin de regidores y dems empleados, y para la de alcaldes nombraba dos candidatos, los regidores otros dos y el gobernador uno, y se someta al capricho de la suerte los que entre estos cinco deban desempear el oficio. Al fin se quit al pueblo toda intervencin en las elecciones, proveyendo el rey las regiduras con el carcter de perpetuas y renunciables, y nombrando los regidores los alcaldes con intervencin del gobernador o su teniente; pero cuando alguno de los regidores propietarios se hallaba ausente, el Ayuntamiento depositaba la vara en un vecino de la ciudad. Las facultades de esta corporacin en los primeros tiempos eran ilimitadas: se extendan hasta asumir poderes legislativos y disponer de las regalas de la Corona. Ningn empleado en el orden civil, militar o eclesistico poda entrar en el ejercicio de su cargo sin acuerdo suyo, y a veces los nombraba de autoridad propia; ejerca en defensa de la ciudad un derecho de peticin semejante al de los recursos de fuerza; habilitaba bachilleres para el uso de la abogaca; daba licencias para explotar minas y abarcar otras empresas, dictando las reglas que en ello deban observarse; y, por ltimo, tena a su cargo la fortificacin y defensa de la plaza y la provisin de las flotas y galeones. Cuando la ciudad aument en poblacin y fue gobernada por sujetos de ms autoridad, cuidaban stos de la defensa militar, auxiliados por los vecinos, los jueces y empleados reales para los ramos de gobierno, administracin y hacienda venan despachados de la Corte, y las facultades del Ayuntamiento se deslindaron y fijaron, circunscribindose a los lmites de sus atribuciones. Los reyes lo han favorecido con mercedes y honores sealados, concedindole el uso de escudo de armas y el de mazas de plata en los actos solemnes y las dems prerrogativas de los cabildos de primera clase; la gracia no comn de que sus regidores puedan elegir para los empleos de alcaldes ordinarios a individuos de su seno, y el notable privilegio de conocer en segunda instancia por va de apelacin en causas de menor cuanta en mayor cantidad que las otras ciudades de Indias. Estuvo mucho tiempo en posesin de otro privilegio que le ampliaba el conocimiento hasta 500 ducados; segn se evidencia del despacho expedido en el Buen Retiro a 2 de marzo de 1656, el cual se suspendi en 1719 por no tener clusula derogatoria de la ley. Las ordenanzas municipales se hicieron en La Habana por los aos de 1575 por el oidor don Alonso de Cceres, juez visitador por la Audiencia, las cuales someti al examen del Ayuntamiento, que las adopt con algunas adiciones, y subsecuentemente obtuvieron la real aprobacin. Parece que ya por este tiempo haba cado en desuso el derecho que tenan los cabildos de elegir diputados, y en su lugar se adopt el medio de nombrar procuradores o apoderados generales. En las actas

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 178\ 178\ 178\ 178\ 178\ del Ayuntamiento de la capital, consta que que en 1569 haba estado en la Corte el regidor Diego Lpez Durn con poder de esta “villa e isla” y obtenido gracias importantes del monarca; que en 1603 fue nombrado el capitn Simn de Valds, y en 106 Alonso de Aybar y otros; y segn Arrate, se hallaba en Espaa con este modesto carcter el regidor don Sebastin Arencibia, en 1690.6 6Arrate, caps. 20, 21 y 24. Memorias de la S. P. de la Habana, de septiembre de 1841 y noviembre y diciembre de 1843.

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CAPTULO IILEYES ECON"MIC LEYES ECON"MIC LEYES ECON"MIC LEYES ECON"MIC LEYES ECON"MIC AS. ORGANIZACI"N DEL CLERO AS. ORGANIZACI"N DEL CLERO AS. ORGANIZACI"N DEL CLERO AS. ORGANIZACI"N DEL CLERO AS. ORGANIZACI"N DEL CLEROPara el comercio, se mand establecer en Sevilla, por provisin de 14 de febrero de 1503, una Casa Real de Contratacin, que entendiese en el despacho de las flotas y armadas y en los negocios relativos a individuos particulares; sin que ninguna otra persona, ni justicia pudiese intervenir en cosa tocante a este ltimo ramo. La eleccin de esta ciudad no present entonces inconveniente alguno, antes bien, pareci acertada; pues el comercio estaba reducido a un corto nmero de plazas de Andaluca, desde donde los primeros aventureros haban emprendido la carrera de los descubrimientos, y no les causaba dao tener un puerto comn de entrada tan central y accesible; y Sevilla lleg a ser un gran mercado para toda Europa, al mismo tiempo que facilitaba a los castellanos un depsito favorable para sus transacciones con las plazas comerciales de la cristiandad. El tribunal de la Casa de Contratacin se compona de un presidente, contador, tesorero y factor, con tres jueces letrados, un fiscal y un relator y era el segundo en autoridad en el gobierno de las Indias. Disele una instruccin y ordenanzas de cmo haba de ejercer su jurisdiccin, y se traz a los jueces letrados el uso de sus facultades, guardando en la vista de los pleitos el mismo orden que en las audiencias de Valladolid y Granada. En las islas de Tenerife y la Palma haba dos jueces que llamaban de registro, encargados de hacer guardar la rdenes para la carga y registros de sus puertos y su navegacin a las Indias; y en la ciudad de Santo Domingo se estableci una aduana para las mercancas que se enviaban por cuenta del rey. Posteriormente se fund en Cdiz una dependencia de la Casa de Contratacin, y en 1509 se dispuso que los navos que no quisiesen visitarse en Sevilla lo hiciesen all por ante el escribano del consejo, con tal que de los registros se enviase un traslado a la Casa principal. Los jefes encargados de la Hacienda pblica en Indias se llamaban oficiales reales, en cuya denominacin estaban comprendidos los contadores, tesoreros, factores y veedores, empleos todos de importancia.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 180\ 180\ 180\ 180\ 180\ Por ms de un siglo, los ministros de este tribunal fueron en Cuba solamente un contador y un tesorero (la plaza de factor se provea con mucha irregularidad) y la recepcin y toma de cuentas estuvo encargada a los gobernadores, con prevencin de que se remitiesen para revisarlas a los contadores de la Corte de Mjico; medio que no produjo buenos resultados, porque la distancia haca que se descuidase la presentacin, o que los gobernadores no pudiesen remitirlas oportunamente, lo cual causaba graves perjuicios al erario. Para reparar este mal, se cre en La Habana, en 1637, un tribunal con un solo contador, y ms adelante se provey otro; y aunque se represent varias veces la urgencia de mayor nmero, nada se resolvi, hasta que el conde de Ricla, por los aos de 1764, nombr provisionalmente cuatro, y esta oficina ha ido amplindose despus por varias reales disposiciones. Tenan estos ministros la facultad de nombrar tenientes en los pueblos de la Isla; pero despus se circunscribi a la provincia occidental respecto de los empleados de La Habana.1Los reglamentos que se adoptaron para el comercio y navegacin descubren una estrechez de miras en todas sus partes, que slo merece disculpa si se considera el espritu de la poca y, particularmente, el plan adoptado por los portugueses en frica; aunque es fuerza confesar que el Gobierno espaol se mostr ms rgido y severo en su legislacin colonial en pocas posteriores. Los nuevos descubrimientos, lejos de alcanzar un comercio libre con las naciones extranjeras, se abrieron solamente (y aun esto con muchas limitaciones) a los sbditos espaoles, y el gobierno, adems, se mostraba en extremo celoso de unos pases que tena por propios y peculiares de la Corona, reservndose el dominio exclusivo de los minerales, palos de tinte y piedras preciosas que se descubran; pues aunque concedi permiso para que los particulares pudiesen sacar oro, era imponindoles el derecho exorbitante de dos tercios del que se encontrase, que ms tarde se redujo al quinto.2Por los aos de 1505 se dio licencia para que los naturales de los reinos de Castilla que quisiesen enviar mercancas pudiesen hacerlo, como fuesen vecinos de Sevilla y tuviesen en ella bienes races, o que habiendo vivido casados durante 15 aos por lo menos en aquella ciudad, o en las de Cdiz y Jerez, fuese visto ser naturales. A los extranjeros se les conceda la misma gracia con tal de que las mercancas se remitiesen en compaa con vasallos de la Corona y con factores y en bandera y navos castellanos. Y para que fuese imposible evadir esta ley, se dispuso en rdenes posteriores que en la oficina de Cdiz se to1Herrera, Dc. I, lib. V, cap. 12, y lib. VII, cap. 9. Arrate, cap. 26. Valds, lib. VII.2Navarrete, Colec. Diplom. t. II, n 86 y 121. Herrera, Dc. I, lib. III, cap. 2. Muoz, lib. V, p. 241. Prescott, t. II, p. 488.

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PEDRO JOS GUITERAS /181 /181 /181 /181 /181 masen noticias minuciosas de los buques, cargamentos y tripulacin, especificndose lo que perteneca a cada interesado en las expediciones, y que un registro igual se hiciese en la aduana establecida en Santo Domingo.3En 1523 se dict una medida que haca necesaria el progreso de los descubrimientos, autorizndose el comercio intercolonial: mandose que no se pusiese impedimento a los vecinos de Nueva Espaa y de las islas para llevar a aquel reino ganado, vacas, cabras, ovejas y puercos. Cuba fue la isla que ms provecho sac de esta franquicia, pues ya en 1526 se haca por ella la navegacin a las Indias, y en sus puertos se provean y contrataban los que iban y venan, de comestibles, caballos y otras cosas, a causa de su posicin geogrfica y ser pas de fertilidad y abundancia. Confiada en esta disposicin liberal, la Audiencia de Santo Domingo se atrevi a representar en 1532 que se mandase conceder licencia general para que de aquella Isla se pudiese llevar azcar, caafstola, cueros y otras granjeras a Flandes y otros puertos “sin la sujeccin de entrar y salir todo por el ro de Sevilla, que es lo que ms destrua las Indias”.4A haberse atendido esta censura y acordado entonces abrir sus puertos al comercio con los de la monarqua, no hubieran tenido lugar los enormes monopolios y exacciones a que la centralizacin de un trfico inmenso dio ms adelante una ilimitada facilidad, ni se hubieran aumentado en una escala tan espantosa el contrabando y las depradaciones pirticas que, como veremos en el Libro siguiente, destruyeron la prosperidad naciente de las Antillas. En esto no hay que culpar tanto a los Reyes Catlicos, en cuyo tiempo el comercio colonial era de una importancia demasiado limitada para producir tan perniciosos efectos. Solamente cuando ste tom dimensiones tan gigantescas que abraz todas las partes del imperio, fue cuando lleg a conocerse el vicio capital de una legislacin adaptable tan slo en los primeros pasos de su desarrollo. A la dinasta austriaca tocaba corregir el mal, dando vida con un sistema ms liberal en las leyes de la colonizacin y comercio a la agricultura e industria de estos distantes pases y empleando ltimamente los abundantes recursos de su prodigiosa riqueza. Pero bajo el sistema de legislacin que adopt fueron sacrificados a la vez los intereses de la madre patria y los de las colonias. Condenadas stas a buscar productos en una fuente incapaz de proporcionrselos, vieron paralizados miserablemente su fomento, mientras que aqulla procuraba convertir afanosa en fatal veneno la sustancia que arrancaba de las entraas de sus hijos. Los manantiales que corran a fecundarla desde las minas de 3Herrera, Dc. I, lib. VI, cap. 16. Navarrete, Colec. Diplom. n 35 y 45.4Herrera, Dc. III, lib. X, cap. 10, y Dc. V, lib. II, cap. 5.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 182\ 182\ 182\ 182\ 182\ Zacatecas y el Potos, tropezaban con un valladar invencible en los confines de la misma Pennsula, ante el gran problema propuesto por los legisladores del siglo XVI de reducir los precios en el reino al nivel de las otras naciones de Europa. Cada ley tenda, pues, por su carcter restrictivo a aumentar el dao; el flujo de oro que hubiera fertilizado la regin que baaba a habrsele dado fcil curso, cubri la tierra a manera de diluvio, consumi cuanto tena en la vida: la agricultura, el comercio, las artes, todos los ramos de industria y progreso, y Espaa, abrumada con el peso de sus propias riquezas, yaca pobre en medio de tantos tesoros.5Unos monarcas que profesaban tener tanta veneracin por la religin catlica como Fernando e Isabel, y cuyo mejor ttulo a la dominacin americana pareca ser el deseo de extender la doctrina salvadora de la redencin, no podan menos de consagrar un cuidado especial al establecimiento de la Iglesia y sus ministros. Numerosas son las rdenes dadas con este objeto. El culto pblico era estrictamente conforme al ritual romano; el gobierno estaba confiado a los curas y obispos con sujecin en ciertos casos a los virreyes y gobernadores como vicepatronos del soberano; la Hacienda pblica contribua liberalmente para la construccin de templos, monasterios y hospitales de caridad que estaban al cuidado de los monjes, y se formaron seminarios donde se formasen religiosos para la predicacin del Evangelio entre las tribus; previnindose en los captulos de la ereccin de iglesias catedrales, que los beneficios eclesisticos se proveyesen de preferencia con naturales de la dicesis, hijos y descendientes de espaoles. Instituyronse dos audiencias del Santo Oficio de la Inquisicin, la una en Mjico para la Amrica del norte, y la otra en la ciudad de los Reyes para la del sur; dndoles autoridad para conocer de las causas de los castellanos en puntos relativos a la fe y eximiendo a los indios de su jurisdiccin. Mostraron una previsin admirable en solicitar de la Sede apostlica la concesin del patronazgo eclesistico y de la renta decimal para el mejor gobierno espiritual del Nuevo Mundo, asumiendo la Corona autoridad en los eclesisticos. Gobirnase aqul de la misma manera que en el reino de Granada, presentando el soberano los arzobispos y obispos, y reservndose para s nombrar las dems dignidades y beneficios con la consulta del Consejo de las Indias. Sus rentas consisten en los diezmos y primicias, que se recaudan segn ordenanzas y aranceles calcados en las leyes de Castilla; y aunque los reyes son seores de ellas, las han cedido a los prelados e iglesias para el culto y mantenimiento del clero. Estas concesiones pusieron la Corona a la cabeza de la Iglesia en los Estados coloniales, con un derecho absoluto sobre todas 5Prescott, Parte II, caps. 9 y 26.

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PEDRO JOS GUITERAS /183 /183 /183 /183 /183 sus dignidades y emolumentos; una casi completa independencia del jefe espiritual. La primera catedral de la isla de Cuba fue erigida en Baracoa, con dedicacin a la Asuncin de Mara Santsima, en virtud de Letras de Len X del ao 1518, consignando a este obispado la Iglesia de Jamaica y declarndolo sufragneo del Arzobispado de Santo Domingo. Esta Catedral estuvo corto tiempo en aquella ciudad por las dificultades que haba de atender al remedio de los pueblos de la Dicesis; pues por bula de Adriano VI, de 28 de abril de 1522, se mand trasladar a Santiago de Cuba, y la nueva ereccin se hizo con la misma advocacin por auto del obispo fray Juan de White, fecha en Valladolid a 8 de marzo de 1523. En ellas se crearon seis dignidades, diez canonicatos, seis raciones y tres medias, seis capellanes, seis aclitos y los dems dependientes. En otras ciudades y villas se establecieron beneficios curados e hicieron otras obras conducentes al culto. Las constituciones sinodales para el gobierno eclesistico no se escribieron hasta el ao de 1680, siendo obispo don Juan Garca de Palacios.6 6Herrera, Descripcin caps. 28 y 29. Solorzano, lib. IV, caps. 1, 2 y 19. Arrate, caps. 20 y 30. Valds, caps. 2 y 8.

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CAPTULO IIIDE LOS REP DE LOS REP DE LOS REP DE LOS REP DE LOS REP AR AR AR AR AR TIMIENTOS Y ENCOMIEND TIMIENTOS Y ENCOMIEND TIMIENTOS Y ENCOMIEND TIMIENTOS Y ENCOMIEND TIMIENTOS Y ENCOMIEND AS. AS. AS. AS. AS. FRA FRA FRA FRA FRA Y BAR Y BAR Y BAR Y BAR Y BAR TOLOM DE LAS CASAS TOLOM DE LAS CASAS TOLOM DE LAS CASAS TOLOM DE LAS CASAS TOLOM DE LAS CASASLas leyes sobre colonizacin y comercio, si bien funestas a la prosperidad de la Amrica, parecen menos graves en sus efectos al lado del sistema que se adopt con los naturales del pas. Aqullas pudieron reformarse en pocas posteriores, ste caus la ruina irremediable de la raza indiana en las Antillas y dej tras s huellas profundas que jams borrar la mano del tiempo. La relacin de un sistema que arrastr a los conquistadores a los ms crueles abusos que han degradado la humanidad, merece un lugar especial en esta historia; pues la destruccin de los cibuneyes, adems de ser uno de los ms grandes acontecimientos de sus primeros tiempos, dio lugar a la adopcin de medidas que, llevadas a cabo entonces con un fin disculpable, han afectado despus todos sus intereses y constituyen una parte muy esencial de la organizacin social y poltica de la Isla. Ya he visto, al hablar de la conquista de Hait, que el almirante Coln, participando de las opiniones corrientes entre los mejores catlicos de su poca, pens desde entonces emprender un comercio lucrativo para la Corona, enviando a vender indios a Espaa, como se haca con los negros de las costas de frica. De aqu el origen de los repartimientos y encomiendas, que tan fatales han sido en las Indias. Coln dispuso, en marzo de 1496, que los de algunos pueblos de Hait, en lugar de tributos, cuidasen de hacer las labranzas de los pobladores, a imitacin de lo que usaban con sus caciques. Esta medida tom un carcter ms general, cuando forzado a transigir con los facciosos que traan alborotada la isla, tuvo por cosa prudente el dividirlos, y los disemin dndoles heredades en diversos pueblos. La frmula usada en las cdulas de repartimientos estaba reducida al cultivo de un nmero determinado de plantas en terrenos del lugar donde vivan los indios deca: “que daba en tal cacique tantas mil matas o montones, y que aquel cacique, o su gente, labrasen para quien las daba aquellas tierras”.

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PEDRO JOS GUITERAS /185 /185 /185 /185 /185 La reina Isabel, condolida con la suerte de los indios, encarg particularmente al comendador Ovando que hiciese cumplir una orden que expidi para que los de aquella isla fuesen libres de servidumbre y que nadie los molestase, sino que viviesen como vasallos suyos, gobernados y conservados como lo eran los naturales de sus reinos. Y en su virtud, aquella piadosa reina dispuso que en su trato y comunicacin con los castellanos trabajasen en sus edificios, en coger y sacar oro y otros metales y en hacer granjeras y mantenimientos, pagndoles el jornal correspondiente; que cada cacique tuviese cargo de cierto nmero para que los hiciese ir a trabajar adonde fuese menester; y que el comendador procurase que viviesen en lugares poblados y no apartados, para que estando en vecindad aprendiesen mejor las costumbres polticas; que se repartiese a cada uno su heredad de manera que tuviese bienes conocidos, y que en cada lugar se pusiese una persona que los mantuviese en justicia. Permitiose en 1504 a los castellanos, que con licencia fuesen a las Indias, el hacer esclavos a los caribes, en caso de ser atacados por ellos, y llevarlos a vender donde quisiesen; y se sealaron especialmente los de “las islas de San Bernardo, Isla Fuerte, y las de Bar, que han perdido su nombre, y los puertos de Cartagena, Santa Marta y otros”. Pero como Ovando se inclinase a los intereses de los pobladores, hall fcilmente pretextos para no cumplir estas rdenes, y desde su ingreso en el mando empez a informar mal a los indios y poco despus a dar ms latitud a los repartimientos, encomendndolos a quien pareca con una cdula ms absoluta e indeterminada que la de Coln: “A vos, Fulano, se os encomiendan tantos indios en tal cacique, y ensearles las cosas de Nuestra Santa F Catlica”. De donde vino cambiarse el nombre de repartimientos en el de encomiendas y llamar encomenderos a los favorecidos con esclavos. Estos infelices eran empleados en las labranzas, o sacados de sus pueblos y llevados a las minas, donde permanecan el trmino de seis meses, que despus se extendi a ocho, y llamaban una demora; y como los trabajos que les hacan sufrir disminuan con la muerte el nmero de los repartidos, se renovaban de tiempo en tiempo las encomiendas. Este orden se guard mientras estuvo Ovando en Hait, y pronto se extendi por todas las Indias. Despus de la muerte de la Reina Catlica, se hizo ms general el abuso de las encomiendas y trata de indios. En lugar de la licencia que se haba concedido para cautivar a los caribes, el rey don Fernando dio una orden, en 1508, para que, adems de stos, se pudiesen armar algunos navos que fuesen a las Lucayas en busca de indios para reemplazar el gran nmero de muertos; y en cuatro o cinco aos llevaron, al principio con engao y despus por fuerza, 40 000 a Hait. Esta disposicin recibi una extensin ilimitada a principios de 1509, con el permiso dado

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 186\ 186\ 186\ 186\ 186\ al segundo almirante de expedir licencias para llevar a esta isla “indios de otras partes”, de los que fuesen caribes, o hubieren hecho resistencia a los castellanos. El mismo ao se reglament el orden que deba observarse en las encomiendas, segn el carcter y calidad de los vecinos y empleados, y se impuso por cada indio encomendado el tributo anual de 1 peso de oro. “Esta mano tan larga que se dio, caus un gran inconveniente, porque salan navos armados, y diciendo que llevaban indios de guerra aconteca tomarlos de partes pacficas; y como los reyes fueron informados tarde de ello, algunos oficiales reales de la isla que lo haban de remediar tenan intereses en ello, lo disimulaban, y cuando lleg el remedio ya era grande el dao”. Introdjose el abuso, ms de una vez autorizado por rdenes del mismo soberano, de dar encomiendas a los ministros y consejeros, a los cortesanos y criados de la casa real, y tambin a muchos que venan a las Indias cebados con la codicia de hacer una fortuna rpida sin intencin de fijarse en ellas; creando en el inters de estos personajes y aventureros, nuevos y poderosos estorbos a la emancipacin de la raza ndica. Los que ms parte tuvieron en estas disposiciones y las que se dictaron posteriormente, fueron el tesorero Pasamonte y el obispo Fonseca, cuya influencia fue siempre perniciosa al bien de estos pases. El empeo de Fernando en sostener una institucin contraria a la voluntad de la reina, fue tan constante durante su vida, que como acudiesen a la Corte los padres dominicos de Hait a representarle los sufrimientos y cierta destruccin de los indios y lo importunasen para que revocase la ley de las encomiendas, no tuvo escrpulo en declarar en 1513 “que se deban dar los indios en repartimiento y que era conforme a derecho divino y humano, y que si cargo de conciencia poda haber en ello era del rey y de quien se lo haba aconsejado, y no de quien tena los indios”; sellando el destino de innumerables gentes con una resolucin que es el borrn ms feo que mancha su memoria en los anales del Nuevo Mundo. Hecha esta injusticia, empezaron los privados a pedirle repartimientos, y l se apresur a recompensar su celo dando el primero a Fonseca 800 indios en las grandes Antillas, a Conchillos, 1 100; a Hernando de Vega, 200, y otros muchos alcanzaron tambin ms o menos nmero; y todos enviaron sus mayordomos para que se los administrasen. El cronista Herrera nos explica la causa de esta conducta tan fatal, cuando dice “que no siendo aquel estado de la Corona de Aragn y quedando el Rey Catlico por participante de la mitad de las rentas y provechos que se sacaban y haban de sacar para adelante de todas las Indias descubiertas y por descubrir, como la Reina lo dej declarado en su testamento, con ms cuidado se acuda al provecho que a la conser-

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PEDRO JOS GUITERAS /187 /187 /187 /187 /187 vacin”. Tal era el estado de esta institucin al empezar la colonizacin de la isla de Cuba.1La muerte de don Fernando hizo cambiar la poltica de la Corte con respecto a esta grave cuestin. Acababa de llegar a Castilla con el noble propsito de defender la libertad de los indios aquel clebre padre Bartolom de las Casas que tanto bien haba hecho a los cibuneyes en los tiempos de la conquista. Casas haba aprendido en la intimidad de su trato con ellos a conocer su docilidad, su buena disposicin a recibir la doctrina de Jesucristo y la capacidad que tenan para vivir como hombres libres. Con estas convicciones, estaba un da en su estancia ocupado en componer los sermones que deba predicar en Baracoa en la Pascua de Pentecosts, cuando hiri su espritu la verdad de aquellas sentencias de la Sagrada Escritura que reprueban y condenan el derecho de la servidumbre: “Que es mancillada la ofrenda del que hace sacrificios de lo injusto: Que no recibe el Altsimo los dones de los impos, ni mira a los sacrificios de los malos: Que el que ofrece sacrificios de la hacienda de los pobres es como el que degella a un hijo delante de su padre: Que la vida de los pobres es el pan que necesitan; aquel que lo defrauda es hombre sanguinario: Quien quita el pan del sudor, es como el que mata a su prximo: Quien derrama sangre y quien defrauda al jornalero, hermanos son”. Y con la vehemencia propia de las almas elevadas, el virtuoso sacerdote acept la santa doctrina, corri a resignar en manos del gobernador los indios que tena, y consagr el resto de su vida a la defensa de sus hermanos de Amrica. La libertad de stos era su tema favorito en el plpito, en multitud de opsculos que escribi, en sus conversaciones particulares y en las sesiones a que asisti delante del Csar y su Consejo; hizo varios viajes para hacer se cumpliesen las rdenes que alcanzaba de la bondad soberana; volvi muchas veces a la Corte a quejarse de la parcialidad de las autoridades, sin guardar consideracin al carcter y posicin de los que patrocinaban los abusos, y al fin, con su celo, sus talentos y perseverancia obtuvo la gran reforma que tanto deseaba.2 1Herrera, Dc. I, lib. III, cap. 16; lib. IV, cap. II; lib. V, caps. 11 y 12; lib. VI, caps. 10 y 15; lib. VII, caps. 3 y 8; lib. VIII, cap. 9; lib. IX, caps. 13 y 14.2Quintana, Vida de fr. B. de las Casas.

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CAPTULO IVEMANCIP EMANCIP EMANCIP EMANCIP EMANCIP ACI"N DE LOS INDIOS. ACI"N DE LOS INDIOS. ACI"N DE LOS INDIOS. ACI"N DE LOS INDIOS. ACI"N DE LOS INDIOS. DESTRUCCI"N DE LA RAZA CIBUNEY DESTRUCCI"N DE LA RAZA CIBUNEY DESTRUCCI"N DE LA RAZA CIBUNEY DESTRUCCI"N DE LA RAZA CIBUNEY DESTRUCCI"N DE LA RAZA CIBUNEYSabida la muerte de Fernando, el padre Casas se present al cardenal Jimnez de Cisneros, gobernador del reino, quien en varias conferencias lo oy benignamente, y persuadido de sus razones nombr una comisin compuesta del mismo Casas y del doctor Palacios Rubio, del Consejo Real, para que tratase del modo como los indios haban de ser gobernados, la cual hall prontamente el medio de conciliar “como los indios viviesen en libertad y fuesen bien tratados, y los castellanos fueran bien entretenidos”. Formronse el ao de 1516 unas ordenanzas, basadas en las leyes de la reina Isabel y proveyendo a la correccin de los abusos que en su cumplimiento se haban introducido. Mandose en ellas que se viese si en las cuatro Antillas mayores se podan hacer poblaciones cerca de las minas, para que se ocupasen en sacar el oro con menos trabajo, y que dichas poblaciones estuviesen separadas de las de los castellanos y fuesen gobernadas por un cacique principal, un clrigo o religioso y un administrador real, los cuales haban de nombrar regidores, alguaciles y otros empleados civiles para su buen gobierno; que los caciques y los indios no pudiesen vender ni permutar sus alhajas; que el oro que se sacase fuese a poder de un minero indio que haba de ponerse en cada pueblo, y llegado el tiempo de la fundicin, que se fij en cada dos meses, se juntasen el cacique y el administrador con aqul, para llevarlo a fundir, y fundido se hiciesen tres partes, una para el rey, y las otras dos, deducidos los gastos del comn, para el cacique y los indios en cierta proporcin. Prohibiose el sacar indios de las Lucayas y otras islas. Y conocindose que el xito de estas reformas dependa en despejar los estorbos que opona el inters privado de los personajes de la Corte y empleados de Amrica, se dispuso que antes todas cosas se quitasen los indios que tenan Fonseca, Conchillos, Vega, los miembros del Consejo y criados del rey y cuantos residan en Castilla, que los visitadores, ni otros oficiales los tuviesen y que se les diesen competente salario.

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PEDRO JOS GUITERAS /189 /189 /189 /189 /189 Esta disposicin se extendi el siguiente ao a los jueces y oficiales reales para que “estando ms libres para cumplir las Ordenanzas pusiesen diligencia en ejecutarlas mejor”. Para el cumplimiento de stas se nombr una comisin regia, compuesta de tres religiosos de la orden de San Jernimo y al padre Casas se le dio el ttulo de protector general de los indios con encargo de pasar a Santo Domingo en ayuda de los comisarios. Llevaban stos, adems, instrucciones reservadas de lo que deberan hacer si no conviniese abolir las encomiendas, por las cuales se recomendaba dispusiesen que a los indios jornaleros se les aumentase la paga y disminuyese el trabajo que no anduviese en las minas ms que la tercera parte, mudndolos de tiempo en tiempo; que prohibiesen el que llevasen cargas a cuestas y que las mujeres y los nios fuesen obligados a servir, y que se mirase si algunos eran capaces de la vida civil y proveyesen en cuanto fuese posible a alcanzar un objeto tan deseado. Esta sana poltica fue seguida por el rey emperador y sus ministros flamencos, en quienes hallaron siempre favor Casas y los que con l defendan la santa causa de la libertad de los indios. En 1518, fue nombrado juez de residencia, en Hait, el licenciado Rodrigo de Figueroa, y no obstante la fuerza que hacan los defensores de los antiguos abusos, aquellos ministros insistieron en que el primer captulo de su comisin fuese el reducir los indios a vivir de por s en poblaciones, dndole carta para Casas. Advirtisele, sin embargo, que en caso de no hallarlos capaces “poda ser el mejor expediente que los padres jernimos haban comenzado a tomar, que era que estuviesen en pueblos gobernados por los cristianos y otras personas que los tuviesen debajo de su regimiento, como curadores suyos”. Y se le orden expresamente quitase los indios del rey y llevase a cumplido efecto la ley sobre la libertad de los encomendados a individuos ausentes, as como a los visitadores, jueces y autoridades de la isla que eran o fuesen en adelante. Figueroa hall la misma oposicin que los jernimos, particularmente del tesorero Pasamonte, cabeza de los interesados en la esclavitud de los indios, quien con el crdito que le dio el difunto rey nunca se avino a que hubiera persona que no se acomodase a sus miras. Pero, no obstante, comenz a poner por obra lo que se le haba mandado; declar por auto judicial, en 1520, los que deban ser tenidos por caribes y por guatiaos, o de paz; fund dos poblaciones y como esta prueba “daba cuidado a los que tenan algunos en encomienda” si corresponda bien, procuraban por todos los medios posibles hacerla fracasar, y por conducto de Pasamonte calumniaban al juez y andaban diligentes en trastornar la opinin de los consejeros. Tales intrigas lograron retardar la resolucin final; pero sea dicho en honor del soberano y sus ministros, nunca pudieron contener el progreso

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 190\ 190\ 190\ 190\ 190\ que en favor de la cuestin haban iniciado el padre Casas y el cardenal Cisneros. La prueba de emplear religiosos que entendiesen en ella, con separacin de los gobernadores y la Audiencia, haba surtido tan buen efecto, que se mand a los dominicos y franciscanos residentes de quienes se tena satisfaccin, “que como ms desinteresados ejecutasen las rdenes que se haban dado para la libertad de los indios”. Para las islas de Santo Domingo y Cuba, envi el rey comisin al provincial de la Orden de San Francisco, fray Pedro Meja de Trillo, escribindole en septiembre de 1525 “que bien saba que su intencin haba sido poner a los indios naturales de aquellas partes en tal libertad que viviesen en polica y fuesen enseados en las cosas de nuestra Santa F Catlica y relevados de trabajos, para que se conservasen y acrecentasen, y que para ello haba buscado los buenos medios que haba podido hallar y juntar telogos y personas de letras y conciencia para determinar sobre ello lo que fuese ms servicio de Dios y descargo de su real conciencia; y porque hasta entonces por la variedad de pareceres no se haba acabado de determinar, que para acabarlo mandaba de nuevo juntar personas doctas y de experiencia; y para que entretanto su conciencia estuviese descargada haba acordado que los indios que al presente se hallaban vacos y vacasen adelante se pusiesen en libertad imponindoles el servicio y tributo” que al dicho provincial pareciere, lo cual encomendaba a su conciencia. El ao siguiente se le volvi a mandar “que con mucha diligencia se informase en aquella isla [de Cuba], qu indios haban vacado de seis meses hasta entonces y los que adelante vacasen, y que los que juzgase que tenan capacidad para entrar de por s en pueblos, en orden, para que viviesen como cristianos y se les pudiese predicar la Santa F Catlica viviendo en polica y multiplicando su generacin, que a estos tales los pusiese en pueblos por la orden y manera que al dicho fray Pedro Meja y al gobernador Gonzalo de Guzmn pareciese”. Y por otra disposicin de la misma fecha que a los “que despus de mucho examen constase para que quitarlos de sus vicios y para su salvacin e instruccin era bien encomendarlos a los vecinos, que de estos tales hiciese lo que le pareciese convenir justamente con el gobernador, porque en ellos S.M. descargaba su conciencia y les encargaba la suya, teniendo siempre intencin, como S.M. siempre la haba tenido y tena, de que fuesen libres y no esclavos, siendo tratados como libres”. En 1528, se expidi una real orden para que los prelados fuesen los protectores de los indios en sus respectivas dicesis, y los que hiciesen ejecutar las cosas que se disponan para su bienestar y conservacin. Con este motivo fue suspendida la comisin que tena el provincial Trillo, y se acord nombrar para el obispado de Cuba a fray Miguel Ramrez, encargndole lo asistiesen en su oficio aquel religioso y el gobernador.

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PEDRO JOS GUITERAS /191 /191 /191 /191 /191 Pareca que tantas y tan repetidas disposiciones deban estimular a los jueces y audiencias a contener las demasas de los conquistadores y mantener el imperio de las leyes; pero, por desgracia de la humanidad, las opiniones contrarias a la emancipacin estaban tan arraigadas en las Indias, que todos los esfuerzos del soberano y el celo de los obispos y religiosos se estrellaron contra la codicia desordenada de aquellas malas gentes. Esta triste verdad fue declarada por el Csar mismo en un consejo de Estado que celebr en Barcelona el ao de 1529, en el cual, despus de haberse tratado por varios das sobre la suerte de los indios, odo lo que decan los conquistadores y lo que alegaban algunos religiosos demostrando “que las razones de los conquistadores ms se encaminaban a robar y oprimir los prximos que a tenerles compasin”, se resolvi “que los indios que no resistan con mano armada, por todo derecho y razn eran libres enteramente y que no eran obligados a otro servicio personal ms que las otras personas de estos reinos”, y que no se encomendasen, bajo ningn motivo, por el mal trato que se les daba de que provena su destruccin, “no hacindose fundamento en las ordenanzas, provisiones y penas que se hiciesen a su favor; pues demostraba la experiencia que las que hasta hoy estaban hechas, aunque eran buenas, ninguna se haba guardado, ni bastaba proveimiento para excusar sus malos tratamientos, ponindoles debajo de sujecin que no fuesen del rey”. El desenlace de esta grave cuestin se acercaba ya, y a pesar de las intrigas, el influjo y las riquezas de los conquistadores, iba a triunfar al fin el celo del santo fray Bartolom de las Casas, cuya voz elocuente defendiendo la causa de la religin y la justicia ultrajadas, deba alcanzar la suspirada libertad de los indios. Viendo el ilustre Carlos que los medios ideados para esta gran reforma haban sido intiles, mand “juntar personas de todos estados, as prelados, caballeros y religiosos, como ministros de su consejo”, y oda la opinin que siempre sostuvo Casas de que estos naturales “de su origen y antigedad son personas libres y el seoro que sobre ellos tienen los reyes de Castilla y de Len es para convertirlos a nuestra Santa F y Religin Catlica, la cual no quita la libertad sino antes la da a los que reciben su f y los saca de la servidumbre, y ningn ttulo justo hay para que los naturales sean puestos en servidumbre personal y toda la que sobre ellos se ha impuesto ha sido injusta y contraria a la ley de Dios”; se dictaron las clebres Ordenanzas de 1542, conocidas con el nombre de las Nuevas Leyes, declarndose en ellas la absoluta libertad de la raza india, las cuales fueron publicadas con toda solemnidad en Sevilla y los dominios americanos. Y si bien sufrieron despus algunas alteraciones a pedimento de los procuradores que se enviaron de varias provincias, qued siempre vigente

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 192\ 192\ 192\ 192\ 192\ el principio que libraba de la esclavitud y servidumbre a los aborgenes de estos vastos dominios.1Estas sabias leyes, que libraron innumerable cuento de una cierta destruccin, no pudieron desgraciadamente salvar a los cibuneyes. Agobiada de trabajos, mal alimentada y oprimida con todo gnero de tormentos, esta raza haba casi desaparecido antes de su publicacin, y slo quedaban unos pocos y con ellos los que en gran nmero haban sido trados de otras partes; los cuales, siguiendo el funesto ejemplo que les haban dado aquellos infelices como nico medio de sustraerse a la crueldad de sus opresores, empezaron a ahorcarse, dejando despoblada y yerma una isla pocos aos antes llena de habitantes y abundante de producciones naturales. Con su destruccin perdieron los espaoles el medio ms seguro de fomentar la agricultura y conocer los secretos de su rica naturaleza, y estancaron las risueas esperanzas de engrandecimiento que anunciaban la actividad y el aumento de poblacin blanca que tuvo en el gobierno de Velzquez.2Satisfecho Casas de haber cumplido una misin tan sagrada, honrado del emperador con la mitra de Chiapa y estimado de sus ministros y aun de sus propios enemigos, se retir a vivir en el convento de San Gregorio de Valladolid, donde concluy su Historia General de las Indias celebrada por todos los historiadores y muri en el convento de Atocha a fines de julio de 1566, cuando segn la opinin ms comn, tena 92 aos de edad.3 1Herrera, Dc. I, lib. II, caps. 4-6 y 16; Dc. II, lib. II, cap. 3; lib. III, cap. 8; lib. V, cap. 2; Dc. III, lib. VIII, cap. 10; lib. X, caps. 5 y 10; Dc. IV, lib. IV cap. 3; lib. V, cap. 2; lib. VI, cap. 11; lib. X, cap. 12; Dc. V, lib. X, cap. 9; Dc. VII, lib. VII, caps. 5 y 6, y lib. X, cap. 13.2Vase Ilustracin IX.3Quintana, Vida citada.

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CAPTULO VESCLA ESCLA ESCLA ESCLA ESCLA VITUD AFRIC VITUD AFRIC VITUD AFRIC VITUD AFRIC VITUD AFRIC ANA ANA ANA ANA ANAPara llenar el vaco que dejaban los naturales en las islas, los espaoles (viciados con el pernicioso ejemplo de los primeros pobladores) no pensaron en sustituir el trabajo forzado por el trabajo libre y traer labradores de Espaa y Canarias que desarrollasen su riqueza; el beneficio de las minas y el cultivo de la caa de azcar, que creyeron adaptable al indio dbil e indolente, eran demasiados duros para sus fuerzas y energa. Sus ojos se volvieron a las playas del frica inculta, fecundas slo para producir seres humanos con que saciar la codicia y crueldad de los pueblos civilizados; y la esclavitud africana se levant sobre millares de vctimas inocentes que haban regado con su sangre el suelo de las Antillas. El origen de esta institucin es anterior a las tradiciones ms antiguas que poseemos: la historia nos dice que exista bajo diversos modos desde la fundacin del pueblo hebreo hasta la cada del Imperio romano y que haba sido introducida en las naciones ms cultas de la Antigedad, como el Egipto, Grecia y Roma. Despus de las invasiones de los pueblos del norte, se generaliz tambin entre las naciones modernas; la raza sajona llev consigo las formas ms repugnantes de la esclavitud a Inglaterra, donde la mitad de la poblacin no saba si era libre o esclava; los alemanes y rusos hacan un vasto comercio para llenar los mercados de Constantinopla; y cuando las largas guerras con las tribus esclavnicas llenaron los primeros la Francia y los pases cercanos de tan gran nmero, que aquella infeliz nacin dio nombre a la esclavitud. En Francia estaba permitido a los judos comprar franceses para llevar a los sarracenos; Roma era un gran mercado donde los cristianos eran vendidos a los mahometanos; y Venecia comerciaba indistintamente con cristianos e infieles para venderlos a los rabes de Sicilia y Espaa. El cristianismo, proclamando la igualdad del gnero humano, intent destruir esta viciosa institucin; pero las guerras constantes contra los moros eran un grave inconveniente, y slo pudo alcanzarlo respecto de los pueblos cristianos entre s, y prevaleci bajo el pretexto de ser justa

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 194\ 194\ 194\ 194\ 194\ su aplicacin a los herejes, quedando as reconocida como una parte del cdigo poltico de Europa. Tambin se ignora la poca en que los negros de frica empezaron a competir con los esclavos europeos en los mercados de Oriente. Las tradiciones egipcias y fenicias nos dicen que ya exista la esclavitud africana en aquellos remotos tiempos, y Herodoto habla de la esclavitud domstica y de las caravanas que llenaban las ciudades de la sabia Grecia y del Imperio romano. A fines del siglo X sabemos que los mercaderes de Berbera llegaron por primera vez a Nigricia y establecieron un comercio no interrumpido de las producciones de Arabia y los pueblos civilizados de Europa en cambio de oro y esclavos del frica central. Aun cuando ocurra a veces que caravanas enteras quedaban sepultadas en las arenas del desierto, otras las que escapaban a tan horrible destino llegasen a la costa aniquilados por los tormentos de una sed devoradora, sin embargo, este comercio continu a causa de las ventajas que produca y se extendi por los moros desde las regiones de la Etiopa al corazn de Egipto y las costas de Berbera. Despus que los portugueses empezaron sus conquistas en esta ltima, no transcurrieron muchos aos sin que la ambicin y el fanatismo los llevasen a invadir los pueblos occidentales, y las primeras naves que penetraron hasta Cabo Blanco volvieron a Portugal cargadas, no de negros, sino de moros. Pero la poltica hizo que en lugar de ser tratados como esclavos, el gobierno los recibiese como a extranjeros libres para obtener noticias del pas, y en 1443 se dio orden para que fuesen conducidos a su patria, y agradecidos los moros hubieron de recompensar accin tan loable en la apariencia, con oro y negros de pasa. Por esta circunstancia vinieron a Europa los primeros negros esclavos, y pronto advirti la codicia mercantil que poda hacerse con tales gentes un ramo lucrativo de comercio, y los portugueses enviaron al ao siguiente varias embarcaciones, que volvieron cargadas de infelices africanos. Los castellanos, que antes haban reconocido una parte de las cosas de frica y eran dueos de las Canarias, imitaron este ejemplo. Los mercaderes de Sevilla importaban oro en polvo y esclavos de la costa occidental, y la esclavitud africana cobr races en Andaluca, donde abundaban ya los negros antes que Coln concibiera la idea de emprender el descubrimiento de Amrica.1 1Tal es la opinin ms generalmente admitida. Algunos parecen dudar de la precedencia que se da a los portugueses en este trfico y citan una clusula de Ziga en sus Anales de Sevilla que llama la atencin por su claridad afirmativa. Este escritor, con referencias a memorias antiguas, dice que “los negros eran tratados en Sevilla con gran benignidad desde el tiempo del rey Dn. Enrique III”. Nosotros no hemos visto a Ziga, ni tenemos datos para alterar la opinin comn de los historiadores. Vase Navarrete, t. I, p. 28. Bancroft, t. I, pp. 159-167.

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PEDRO JOS GUITERAS /195 /195 /195 /195 /195 No es, pues, extrao que al tratarse de conquistar y colonizar las vastas regiones de este hemisferio trajesen a ellas los europeos el principio de la esclavitud, y que las nuevas poblaciones, as las espaolas y portuguesas como las francesas e inglesas, con cortas excepciones, lo estableciesen en sus cdigos coloniales. Con respecto a la Amrica espaola, cuando la falta de los indios de Hait encareci la necesidad de gentes extraas, ya hemos visto que se autoriz la saca de los de las Lucayas y otras partes. Dispsose, adems, por soberano decreto de 1501, que se llevasen negros esclavos nacidos en poder de cristianos, y en 1505, se enviaron 17 al gobernador Ovando para el laboreo de las minas. Pero como los armadores de Sevilla, con el ansia de lucro, mezclasen, con espaoles ladinos, esclavos berberiscos, negros levantiscos y otros criados con moriscos, gente resabiada y animosa, que se hua y enseaba a los indios malas costumbres; volvi a prohibirse que fuesen de stos, mandndose echar de la isla los que hubiese y que slo se introdujesen negros espaoles segn estaba dispuesto. Y como se observase que lejos de padecer detrimento con el rigor del clima, adquirieron mayor robustez y probaban bien en el trabajo, haciendo uno ms que cuatro indios, los pedan con ahnco. El rey envi, en 1510, como 140, y 50 en 1511 para que se ocupasen en las minas, y por disposiciones de 1512 y 1513 permiti el trfico directo entre Guinea y Santo Domingo, mandando que se trajesen negros y negras en igual nmero, cuya til medida se alter en 1524, reduciendo a una tercera parte las mujeres. As que al ir Velzquez a la conquista de Cuba, ya se hallaba establecido este comercio en aquella isla, y cuando desaparecieron los cibuneyes se regulariz y continu bajo el pretexto de ser el nico medio de cultivar la caa de azcar en los trpicos.2La trata, circunscrita en su origen a cierto espacio de la costa situado al norte del cabo Bojador, que los escritores de entonces llamaron impropiamente Guinea, se extendi con los nuevos mercados por las provincias despus descubiertas en aquella msera regin, y a principios del siglo XVIII abrazaba una distancia de 30 grados desde Cabo Blanco hasta Loango San Pablo y desde el gran desierto de Sahara hasta el reino de Angola, o quiz hasta los pueblos limtrofes a los cafres. Hacanse las compras de diversas partidas llevadas del interior a las costas, compuestas de personas de varias lenguas y naciones, por lo cual se notaba una gran diferencia en el color, que unos eran negros de pasa negra, otros de un negro retinto y pasa azafranada y otros de un color pardo plido; aunque el mayor nmero perteneca a la primera clase. Eran estos infelices, ya convictos, castigados con el cautiverio o 2Herrera, Dc. I, lib. IV, cap. 12; lib. V, cap. 12; lib. VI, cap. 20, y Dc. III, lib. VI, cap. I. Bancroft, t. I, lugar citado. Saco, Obras t. I, pp. 335 y 336.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 196\ 196\ 196\ 196\ 196\ penados con una multa que rediman con su cuerpo, ya vencidos por deudas (aunque la mayor parte de stos se someta solamente a la servidumbre en el pas y pocos consentan en la emigracin) o hijos vendidos por sus padres, ya negros robados en las aldeas o prisioneros hechos en la guerra. Pero el medio principal era el gran depsito de los nacidos en la esclavitud; pues el despotismo, las supersticiones y los hbitos de los africanos, haban multiplicado a lo infinito los casos de cautiverio. En la parte alta del Senegal y de Gambia, las tres cuartas partes de los habitantes eran esclavos y los amos dueos de sus hijos. Correspondan a la infamia de este comercio los horrores de la navegacin. Equipbanse buques pequeos, de sobre 200 toneladas, como los ms a propsito para entrar en las bahas y ros, y cargando prontamente los negros apresurar la vuelta huyendo del aire mortfero del frica occidental, y en ellos amasaban 500 o ms vctimas. La avaricia del traficante era una gran garanta parcial en favor de su existencia, por lo menos hasta donde estaba en su mano atender a su conservacin en tan penoso estado; y sin embargo, la muerte imperaba con su guadaa en la estrecha, incmoda y pestilente bodega de los buques ocupados en la trata. Al trasladar los esclavos del interior, mal alimentados, durmiendo sobre el hmedo suelo, sin abrigo alguno, y muchas veces llegando a las costas en las peores estaciones, adquiran los grmenes de enfermedades que el encierro de a bordo haca degenerar en una fiebre activa. Casos ha habido en que la mitad, y aun se ha llegado a decir que las dos terceras partes, ha perecido durante el viaje. La prdida total de vidas en este nefando trfico, se calcula durante la travesa, por trmino medio, en 20 %, y el clima de las Antillas se ceba en ellos a su llegada y paga a la muerte un tributo adicional de un 4 %.3No es fcil determinar el ao que entraron en Cuba los primeros negros. La noticia ms antigua que tenemos concerniente al asunto y de que ya hemos hablado, se refiere a la solicitud que en 1516 hizo el cardenal Jimnez de Cisneros el procurador que fue a Castilla, pidindole permitiese introducirlos all; a lo cual se neg por haber notado la demanda que de ellos haba, as por parte de Cuba como de las otras islas, calculando que se poda aumentar en beneficio de la Real Hacienda el derecho de 2 ducados por cabeza que se pagaba en la saca, y dispuso que por entonces no pudiesen pasar esclavos a las Indias.4Esta prohibicin se hizo ms tolerable al tomar las riendas del gobierno don Carlos, cuyos ministros dieron acogida a la idea para que sustituyesen al trabajo de los naturales. El rey dio licencia, en 1517, al barn de la Bresa para llevar 4 000 a las Grandes Antillas, cuyo privile3Bancroft, t. III, p. 402 y siguientes.4Herrera, Dc. II, lib. II, cap. 8. SACO, t. I, p. 333.

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PEDRO JOS GUITERAS /197 /197 /197 /197 /197 gio vendi a unos genoveses y qued sin efecto por el alto precio que pusieron a cada esclavo. Quiz influy tambin la actividad y mejor uso que hicieron los portugueses del permiso que por este mismo tiempo obtuvieron para llevarlos a Hait, donde importaron tantos, que como la saca era mucha y los derechos crecan, el rey los aplic, en 1518, a la fbrica de los alczares de Madrid y Toledo. Este mismo ao se acordaron otras gracias, permitiendo al marqus de Astorga introducir en las islas 400, y menor nmero a Francisco de los Cobos y otros de la servidumbre real. En julio de 1525 se dio licencia a lvaro de Castro para 200, y subsecuentemente se concedieron otras, siendo la ms importante la de 12 de septiembre de 1540 a instancia de la ciudad de Santo Domingo para que se introdujesen en la isla 2 000 y pudiese llevarlos todo el que fuese vecino de ella. El sistema prohibitivo continu, sin embargo, y fue una de las regalas pinges de la Corona; dictronse varios reglamentos hasta 1580, poniendo tasa al precio de los esclavos, que en Cuba fue de 100 pesos por cada uno, y el tributo en la saca fue aumentndose hasta 30 y 40 ducados por cabeza, sin contar los 20 y aun 30 reales llamados de aduanilla, cuyas gabelas estuvieron percibindose a lo menos hasta 1655. Estas medidas dificultaban y encarecan la importacin, y no quedando otro recurso al inters privado que burlar su severidad, se entabl el trfico clandestino en una escala asombrosa.5Los portugueses armaron carabelas y llevaban a las Antillas esclavos y mercancas que cambiaban por cueros, azcar, caafstola y otras cosas, y con sus cargamentos se volvan a Portugal, haciendo escala en las Azores. Estableciose por este medio un contrabando tan activo, que en 1540 haba empleados en l 23 buques; y aunque el gobierno dict varias providencias y los traficantes los perseguan cuanto podan, sigui el abuso con el favor que hallaban entre los mismos colonos.6Tras los portugueses vinieron los ingleses, quienes despus del corso, el negocio ms productivo que hacan era el contrabando de esclavos. Los buques salan de Inglaterra para las costas de frica a proveerse de negros, y de all salan a cambiarlos en las Antillas por productos coloniales. El primero que se ocup en este trfico fue sir Juan Hawkins, quien en 1562 transport a Santo Domingo gran nmero, llevando de retorno a Inglaterra un rico cargamento de azcar, yuquilla y perlas. El xito de esta expedicin aviv la codicia inglesa a tal grado, que la misma reina Isabel, tentada por la sed del oro, dio entrada a las instigaciones de los cmplices de Hawkins, y cuando se form 5Herrera, Dc. II, lib. II, cap. 20, y lib. III, caps. 7 y 14. Saco, t. I, pp. 244 y 337. Arrate, p. 309.6Herrera, Dc. VI, lib. IX, cap. 7.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 198\ 198\ 198\ 198\ 198\ una nueva en 1567, no slo se prest a proteger la trata, sino que tom parte en ella, convirtindose a la vez en contrabandista y traficante de esclavos. Los Estuardos, hasta el reinado de Ana, se distinguieron tambin por la proteccin que le dieron, y ms tarde veremos a otro rey de Inglaterra haciendo un tratado para monopolizarla en todas las colonias espaolas.7De los negros importados con licencia real, muchos debieron venir a Cuba, entonces la segunda de Amrica, si ya no es que antes de 1517 los haban trado los castellanos que emigraban de Santo Domingo; y es probable se introdujesen muchos ms por medio del contrabando. Las primeras noticias que tenemos de su existencia en la Isla se encuentran en Gomara, Torquemada y Herrera al tratar de las expediciones de Corts y Narvez contra Mjico. Los dos primeros dicen que Corts llev consigo “ciertos negros”, y el tercero, al referir el ataque del templo de Cempoala, que “subiendo Sandoval la primera escalera seguido de los suyos toparon en el patio con un aposento de negros” y que uno sali “con una lumbre en la mano”. Algunos de stos, o quiz todos, debieron ser de los ladinos que venan de Espaa. Arrate nos dice que en 1524 dio el rey permiso para introducir 300, y por otra real disposicin de 1527 se mand que se trajesen 1 000 para que fuese menor el trabajo de los indios.8El sistema de mercedes y licencias se vari por el de contratas o asientos, de ms fcil acceso a los especuladores. stos celebraban un contrato con el gobierno por un nmero fijo, que deban importar en un tiempo determinado, obligndose a contribuir al erario con cierta cantidad. La primera contrata de que hay positiva memoria es la de Gaspar de Peralta, que en 1586 obtuvo permiso de introducir en Indias 208, donde mejor le conviniese, excepto en el reino de Santa F. Hicironse otras hasta el ao de 1631, en nmero de cinco, y los asentistas se comprometieron a pagar a la Real Hacienda ms de 2 millones de pesos. En posteriores, hasta 1713, la cantidad que deba abonarse por cada negro vari de 33 a 112 duros, y el producido de la saca subi a cerca de 11 millones. Por la de 1662 se obligaron a vender al rey por su costo 1 500 en los tres primeros aos para los trabajos del astillero de La Habana, y se estipul que si importasen en las colonias mayor nmero que el convenido, deberan vender al gobierno por cada 1 000 de exceso, 100 para el mismo servicio. En 1713 ganaron los ingleses la contrata exclusiva, obligndose a introducir anualmente en las colonias 4 800 negros, para lo cual se cre 7Bancroft, t. I, pp. 173 y 270; t. II, p. 303.8Gomara, Crn. cap. 8. Torquemada, t. I, lib. IV, cap. 7. Herrera, Dc. II, lib. X, cap. 4, y Dc. IV, lib. II, cap. 5. Arrate, p. 37.

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PEDRO JOS GUITERAS /199 /199 /199 /199 /199 la Compaa del Mar del Sur; pero las frecuentes guerras que siguieron entre Espaa e Inglaterra interrumpieron su cumplimiento, sin que desde 1750 se haya renovado bajo ninguna forma. An vigente este privilegio, se fund el 10 de diciembre de 1740 la Compaa Mercantil de La Habana, con permiso de introducirlos en la Isla, y se ajustaron otros asientos con sbditos espaoles. La Compaa import cerca de 5 000, hasta 1761. En el tiempo que los ingleses poseyeron la capital introdujeron muchos.9La mayor parte de las licencias y asientos concedidos hasta 1763 fueron generales para importarlos en las posesiones espaolas y no sabemos que se haya publicado ninguna noticia de los que vinieron a Cuba; quiz no exista ningn registro en los archivos de la Isla, lo que hace difcil establecer un clculo satisfactorio. El Sr. Arango cree que la importacin total, as por el comercio lcito como por el contrabando, sera, hasta la restauracin de La Habana, de 60 000. Sobre las introducciones posteriores y progreso de la esclavitud africana trataremos en lugar ms conveniente para el mejor orden y claridad de esta historia.10 9Saco, t. I, pp. 240, 244, 334 y 335. Arrate, p 42.10Documentos sobre el trfico y esclavitud de los negros p. 118.

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Libro SextoCPITULO IDEC DEC DEC DEC DEC ADENCIA DE LA COLONIA CUBANA. ADENCIA DE LA COLONIA CUBANA. ADENCIA DE LA COLONIA CUBANA. ADENCIA DE LA COLONIA CUBANA. ADENCIA DE LA COLONIA CUBANA. ALZAMIENTO DE INDIOS. SU APTITUD ALZAMIENTO DE INDIOS. SU APTITUD ALZAMIENTO DE INDIOS. SU APTITUD ALZAMIENTO DE INDIOS. SU APTITUD ALZAMIENTO DE INDIOS. SU APTITUD P P P P P ARA LA VID ARA LA VID ARA LA VID ARA LA VID ARA LA VID A CIVIL. MEDID A CIVIL. MEDID A CIVIL. MEDID A CIVIL. MEDID A CIVIL. MEDID AS DE GOBIERNO AS DE GOBIERNO AS DE GOBIERNO AS DE GOBIERNO AS DE GOBIERNO CORSARIOS E INCENDIO DE LA HABANA CORSARIOS E INCENDIO DE LA HABANA CORSARIOS E INCENDIO DE LA HABANA CORSARIOS E INCENDIO DE LA HABANA CORSARIOS E INCENDIO DE LA HABANALas fuentes de prosperidad, que se haban abierto durante el gobierno de Velzquez y que anunciaban abundante cosecha de preciosos frutos para la colonia cubana, empezaron a desecarse antes de la muerte de este ilustre capitn, cuando el descubrimiento y la conquista de la Nueva Espaa, y su curso prolfico se paraliz completamente al conocerse mejor las riquezas que posea y las inagotables del Per. Muchos de los pobladores dejaron sus estancias y la penosa explotacin de las escasas minas de oro, y partieron a aquellos pases deslumbrados por la risuea perspectiva que les brindaban y el atractivo de las encomiendas, y a su ejemplo, los emigrantes de Castilla abandonaron las islas y corrieron a colonizar aquellos vastos imperios. La ciudad de Santiago, rival de Santo Domingo, que haba llegado a tener una poblacin de 2 000 vecinos, empez a decaer en poblacin y riqueza en 1525, y el incendio que ocurri al ao siguiente fue un golpe de muerte para su futura grandeza. Los indios oprimidos, libres de la presencia de sus amos, huyeron de las poblaciones y se fueron a los montes. Parece que all, ya fuese que resentidos de los malos tratamientos pasados ansiasen vengarse, o que viendo el corto nmero de los espaoles aspirasen a conquistar su libertad, se concertaron entre s, creciendo en osada con las instigaciones y apoyo de los indios guerreros trados del continente, y empezaron a inquietar a sus opresores y a trastornar el orden de la colonia. Era entonces gobernador Manuel de Rojas, sujeto de calidad y experiencia, nombrado en clase de interino por la Audiencia despus de la muerte de Velzquez, el cual escribi al rey que los indios cuando ms quietos se les crea dejaban la doctrina y los vestidos y se iban a las

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 202\ 202\ 202\ 202\ 202\ montaas a vivir como salvajes, volvindose a sus vicios e idolatra, y que alzndose contra la autoridad real hacan saltos en los caminos, mataban los cristianos e indios pacficos y los desasosegaban. Sin duda que la relacin de Rojas debi ser algo exagerada, y los informes con que la acompa, contrarios a las rdenes dictadas por el consejo, dan calor a esta sospecha. Rojas, uno de los conquistadores ms favorecidos en las encomiendas, no poda estar inclinado a la emancipacin, y al mismo tiempo que comunicaba el alzamiento, deca que si los ponan en libertad en la forma que se haba mandado “allende que muchos de ellos andaban alzados, los dems se alzaran, y teniendo ms libertad de la que tenan mataran a los castellanos y se volveran a sus vicios e idolatras, porque por su inhabilidad e incapacidad, era imposible que no estando en sujeccin pudiesen ser doctrinados ni enseados en la Santa F Catlica, como por experiencia larga se haba visto”. Las medidas adoptadas para la pacificacin de los alzados, tan en armona con el carcter suave con que los pinta la historia, y el resultado obtenido, prueba por lo menos, que Rojas no supo hallar los medios fciles que para calmarlos le ofreca la condicin de aquellos desgraciados. Nombrado por el rey, gobernador de la Isla, Gonzalo de Guzmn, en septiembre de 1526, se le mand enviase personas religiosas y legos, de quienes ellos tenan ms satisfaccin y crdito, que los persuadiesen a volver a la obediencia, ofrecindoles todo el buen tratamiento posible. Y asistido del provincial Meja de Trillo, dio cumplimiento a las rdenes reales, logrando pacificarlos con la predicacin evanglica de los dominicos y franciscanos que volviesen a sus estancias y a la vida civil y cristiana sin derramamiento de sangre ni violencia alguna. Esta feliz terminacin movi el nimo de don Carlos en 1531, a confiarle la prueba que deba hacerse de su aptitud, la cual correspondi de tal manera con sus miras, que influy en la ley de emancipacin general de esta raza, que hemos referido en el Libro anterior. Herrera describe este caso notable, de la manera siguiente: “No se cesaba en solicitar siempre la libertad de los indios, y para tener verdadera noticia de su capacidad se mand a Gonzalo de Guzmn, gobernador de la isla de Cuba, que hiciese experiencias de ella, y lo hizo de esta manera: Que habindose vacado en aquella isla un repartimiento de Pedro Morn en la provincia de San Salvador, mand llamar los ms principales de ellos, y por medio de Pedro de Rivadeneyra, vecino de la villa de San Salvador, intrprete, debajo de juramento que dio a ellos les dijo: ‘Que el rey mandaba que si ellos tenan habilidad y capacidad para ello, que se les diese libertad diferente de la que hasta entonces haban tenido, para vivir como labradores de Castilla, sin estar encomendados como naboras, ni encomendados a ningn castellano; y que

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PEDRO JOS GUITERAS /203 /203 /203 /203 /203 para que mejor se hiciese y ellos viviesen como cristianos y tomasen sus costumbres, se haban de ir a vivir junto a San Salvador, o a otra villa de castellanos, para hacer por s sus labranzas y tener su pueblo aparte, con un capelln que los industriase en las cosas de la f, y que haban de cultivar, criar ganado y sacar oro, pagando al rey lo que le perteneciese de su tributo como vasallos; y de lo que ganasen y multiplicasen sus ganados se haban de vestir, y a sus mujeres e hijos, y sustentarse, y que entretanto que hacan sus labranzas el gobernador ofreca proveerles de lo que hubiesen menester; y que no cumplindolo les aperciba que los volvera a encomendar como estaban de antes. Dioles un da de trmino para que lo mirasen bien y le respondiesen’. ”Otro da fueron los indios al gobernador, y Diego Ramrez, indio, natural del pueblo de Guaminico, dijo: ‘Que todos los de su lugar se queran ir al pueblo de Bayamo, cerca de los castellanos, y fundar all, y servir a Dios y a su Santa Madre, y pagar diezmos, y sacar oro para servir al rey”. San Juan, indio, cacique del pueblo de San Lcar, dijo lo mismo; otro principal del pueblo de Manzanillo, tambin, y uno del mismo lugar que se llamaba Anaesa, dijo: ‘Que porque era paso queran estar en compaa de los castellanos para hospedarlos”. Y el gobernador le mand decir que no le pedan aquello, sino que viviese en vecindad, trabajando con libertad para servir a Dios y al rey, criando y alimentando a su mujer e hijos, sin estar sujeto a ninguna otra persona; y dijo: ‘Que as lo entenda’. Y habiendo hecho la misma diligencia con otros indios, que respondieron lo mismo, provey al gobernador con la orden que se haba de tener para sustentarlos. Nombr para que los gobernase a Francisco Guerrero, clrigo, a quien seal salario competente por su trabajo, y le dio instruccin de como se haba de regir en esta administracin para que se consiguiese lo que se deseaba”. Otras providencias convenientes se dictaron durante este gobierno. Mandose edificar y restaurar la capital, destinndose a la fbrica de su iglesia Catedral una manda de 2 000 ducados que haba dejado Velzquez para obras pas, y ayudando el rey con diversos medios para la construccin de las otras iglesias y el bien de los vecinos; “porque como de aquella Isla y de La Espaola, haban salido todos los que se haban ido a los descubrimientos de Nueva Espaa y de las dems provincias, y desde ellas se haban de conservar y acabar los descubrimientos que faltaban, ordenaba que en esta restauracin y conservacin se pusiese mucho cuidado”. Por donde se ve cun temprano empez a conocerse la importante posicin de Cuba respecto de los dominios de Amrica. Prohibiose a la Audiencia el dar vecindades y encomiendas y se le orden dejase esta facultad a los gobernadores; dispsose que ningn vecino de cualquier estado que fuese, pudiese

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 204\ 204\ 204\ 204\ 204\ salir de la Isla bajo pena de muerte y perdimiento de bienes, aunque esta orden no se llev a cabo con todo el rigor que de su contexto es de inferirse; y se expidieron varias provisiones a favor de los indios y el fomento de la poblacin blanca.1El gobierno de Guzmn termin a fines de 1531 o principios de 1532, y le sucedi con el carcter de gobernador y capitn general el mismo Manuel de Rojas que antes lo haba desempeado interinamente. El estado decadente de la Isla se halla pintado con vivos colores en una representacin que dirigi ste al rey con motivo de su ingreso en el mando, en la cual manifestaba la gran disminucin que haba sufrido la poblacin ndica, lo desiertas que quedaban las villas de castellanos a causa de la fama de las riquezas del recin descubierto imperio del Per, y le suplica que para la conservacin de la colonia se sirviese dictar algunas franquicias en favor de los pobladores, alivindolos de los excesivos tributos que pagaban. Deca que “le pareca cosa muy perjudicial para la poblacin de la tierra en aquellos principios, porque por 100 pesos se echaba la mitad del tributo, y que cuando todava pareciese que se deban de echar fuese a precios moderados, como a 8 %, porque se haban echado tantos que casi todas las ciudades de Santiago y Santo Domingo y todas las otras villas estaban atribuladas, y los acreedores se llevaban en tributos ms del caudal, por lo cual todos los vecinos estaban muy adeudados y algunos perdidos, y como no los podan redimir quedaban los heredamientos enajenados en poder de los acreedores”. En este mismo memorial delataba un abuso escandaloso del clero en dao tambin de la propiedad particular y el progreso de la poblacin, diciendo “que impeda mucho a la poblacin de aquellas islas que como la mayor parte de las personas que a ellas iban eran solteros y al tiempo de su muerte no tenan herederos forzosos y en adoleciendo tenan a su cabecera clrigos o frailes, que se haban visto forzados algunas veces a hacer testamento, instituyendo a sus monasterios por herederos en cuantas y herencias excesivas, de manera que despus de la muerte de tal difunto no quedaba memoria de aquella casa sin morador en ella, a cuya causa las villas y lugares de la Isla se iban consumiendo y los bienes de los difuntos incorporando en los tales bienes sucediese otro vecino ni habitador, que para tierras nuevas y que de cada da se habran de ir poblando era de muy gran inconveniente”. El rey dispuso que en cuanto a los tributos, que se moderasen hasta el 10 %; pero en la reforma que se peda respecto del clero sobre que ninguna persona sujeta a la jurisdiccin real pudiese enajenar ningu1Herrera, Dc III, lib. VII, cap. 1; lib. VII, cap. 10; lib. X, caps. 9, 10 y 12; Dc IV, lib. II, cap. 5; lib. V, cap. 2; lib. X, cap. 5.

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PEDRO JOS GUITERAS /205 /205 /205 /205 /205 nos bienes a personas exentas, colegio, ni universidad, no sabemos que entonces se hubiese provedo cosa alguna.2El segundo gobierno de Rojas fue de corta duracin. Oviedo nos dice que Guzmn, dejado el mando, parti para Espaa y a poco volvi a Cuba como teniente del almirante tercero don Luis Coln, donde permaneci hasta el ao 1527. Debi suceder a Guzmn, probablemente con el carcter de interino, Francisco de Guzmn que en mayo de 1538 estaba de gobernador en Santiago, segn el cronista Herrera y el Inca Garcilaso.3 Al fin de este gobierno ocurri el primer incendio en La Habana y el clebre combate de Diego Prez en el puerto de Santiago. Un corsario francs, de los muchos que infestaban los mares de las Antillas y hostilizaban con frecuencia las poblaciones del litoral de Cuba, sorprendi la villa de La Habana, saque sus casas y templo y lo redujo todo a cenizas, y antes que el teniente de ella Juan de Rojas pudiese reunir a los vecinos y ponerse en defensa se reembarc, dejando en la mayor consternacin al vecindario. Por este mismo tiempo estaba fondeado en el puerto de Santiago un navo bien armado y tripulado que mandaba Diego Prez, de Sevilla, con el cual andaba contratando por las islas, cuando entr un corsario francs de no menos fuerza, y al punto reconocindose por enemigos se embistieron con gran ardor y aferrados pelearon hasta que la noche les oblig a suspender el combate. Cesado que hubo, ambos capitanes se enviaron mensajeros con dos comedidos acompaados de presentes de vino, frutas y conservas; y convidados con estas muestras de caballeroso esfuerzo a no ceder ni en valor ni en cortesa convinieron en renovar el combate al da siguiente y continuarlo hasta que uno de los dos quedase vencido, prometiendo ambos no hostilizarse durante la noche, ni hacer uso de la artillera, sino solamente de las lanzas y espadas. Tan fieles a su palabra como constantes en su propsito aguardaron el nuevo da, y al romper el alba volvieron a la pelea, sin cesar hasta que el hambre y cansancio los rindi, y despus de haber comido y reposado se fueron con ms furia el uno contra el otro hasta el caer de la tarde, 2Herrera, Dc V, lib. II, cap. 5. Sobre el motivo y conducta de muchos de los clrigos que pasaban a las Indias, vase Oviedo, libro XXIV, captulo 8 y otros lugares de su Historia General .3Oviedo, lib. XVII, cap. 20. Herrera, Dc VI, lib. VII, cap. 9. El Inca, lib. I, cap. 13. Ninguno de estos historiadores nos dice nada que pueda ilustrarnos para fijar el ao en que Francisco de Guzmn entr en el gobierno de Santiago, que era entonces el superior de la Isla, y en Arrate y Valds no hemos encontrado ni su nombre. Sin embargo, Herrera y el Inca dicen que estaba de gobernador en la capital a la llegada de Hernando de Soto. Segn este dato, la serie de gobernadores de Cuba que conocemos hasta Soto comprende: Diego Velzquez, Alonso Zuazo, Manuel de Rojas, Gonzalo de Guzmn, el mismo Rojas, Gonzalo de Guzmn segunda vez, Francisco de Guzmn y Hernando de Soto.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 206\ 206\ 206\ 206\ 206\ que depuestas las armas se visitaron y regalaron amistosa y apaciblemente y ofrecieron para curar los heridos los medicamentos que cada uno tena. As estuvieron cuatro das, cuando el francs, viendo que haba perdido mucha gente y que su contrario le llevaba ventaja, decay de nimo y a favor de las sombras de la noche alz anclas y se hizo al mar, sin que Prez que sali tras l al da siguiente, hubiese logrado alcanzarlo y completar un triunfo que ya contaba por seguro. Ese raro y notable combate ocurri a mediados de mayo de 1538.

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CAPTULO IILLEGAD LLEGAD LLEGAD LLEGAD LLEGAD A DEL GOBERNADOR SOTO Y DEL OBISPO A DEL GOBERNADOR SOTO Y DEL OBISPO A DEL GOBERNADOR SOTO Y DEL OBISPO A DEL GOBERNADOR SOTO Y DEL OBISPO A DEL GOBERNADOR SOTO Y DEL OBISPO MESA. FIEST MESA. FIEST MESA. FIEST MESA. FIEST MESA. FIEST AS EN SANTIAGO DE CUBA. AS EN SANTIAGO DE CUBA. AS EN SANTIAGO DE CUBA. AS EN SANTIAGO DE CUBA. AS EN SANTIAGO DE CUBA. CONSTRUCCI"N DE LA FUERZA EN LA HABANA. CONSTRUCCI"N DE LA FUERZA EN LA HABANA. CONSTRUCCI"N DE LA FUERZA EN LA HABANA. CONSTRUCCI"N DE LA FUERZA EN LA HABANA. CONSTRUCCI"N DE LA FUERZA EN LA HABANA. DEFENSA DE LOS HABANEROS DEFENSA DE LOS HABANEROS DEFENSA DE LOS HABANEROS DEFENSA DE LOS HABANEROS DEFENSA DE LOS HABANEROS CONTRA EL PIRA CONTRA EL PIRA CONTRA EL PIRA CONTRA EL PIRA CONTRA EL PIRA T T T T T A BAAL A BAAL A BAAL A BAAL A BAALA los seis das entraba por el puerto una lucida escuadra de diez velas, donde vena Hernando de Soto, nombrado gobernador de la Isla y adelantado de la Florida. Traa consigo la expedicin que deba conquistar a las tribus guerreras de aquellos pases, y lo acompaaban algunos de los conquistadores del Per y otros distinguidos capitanes y gente noble. Encontr a los habitantes de la ciudad sorprendidos y temerosos, creyendo fuese su armada alguna de corsarios que corra a vengar la afrenta que acababa de sufrir el francs; pero el miedo y el sobresalto se convirtieron en algazara y regocijo luego que supieron vena en ella el nuevo gobernador, cuya afabilidad, esfuerzo y prudencia les eran bien conocidos; y todos, presididos de Francisco Guzmn, acudieron al puerto a recibirlo y darle la bienvenida. Contribuy al mayor contento la llegada del obispo de aquella iglesia fray Bernardo de Mesa, dominico, que era un santo varn y fue el primer prelado que vino a esta Isla. “Vindose la ciudad con dos personajes tan principales para el gobierno de ambos estados, eclesistico y seglar, no ces por muchos das de festejarlos, unas veces con danzas, saraos y mscaras que hacan de noche, otras con juegos de caas y toros que corran y alanzeaban, otros das hacan regocijo a la brida corriendo sortija, y a los que en ellas se aventajaban en la destreza de las armas y caballera o en la discrecin de la letra, o en la novedad de la invencin, o en la lindeza de la gala, se les daban premios de honor, de joyas de oro y plata, seda y brocado, que para los victoriosos estaban sealados; y al contrario, daban asimismo premios de vituperio a los que lo hacan peor: no hubo justas, ni torneos a caballo ni a pie por falta de armaduras”. “En estas fiestas y regocijos entraban muchos caballeros de los que haban ido con el gobernador as para mostrar la destreza que en toda

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 208\ 208\ 208\ 208\ 208\ cosa tenan, como para festejar a los de la ciudad, pues el contento era comn. Para estos regocijos y fiestas ayudaban mucho, como siempre en las burlas y veras suelen ayudar, los muchos y por extremo buenos caballos que en la Isla haba de obra, talle y colores: porque de ms de la bondad natural que los desta tierra tienen, los criaban entonces con mucha curiosidad y en gran nmero, que haba hombres particulares que tenan en sus caballerizas a 20 y a 30 caballos, y a los ricos a 50 y 60 por granjera; porque para las nuevas conquistas que en el Per, Mjico y otras partes se haban hecho y hacan se vendan muy bien, y era la mayor y mejor granjera que en aquel tiempo tenan los moradores de la isla de Cuba y sus comarcas”. Estando Soto ocupado en arreglar el gobierno general y completar el armamento y pertrechos para la expedicin, pas a visitarlo un vecino de Trinidad, rico y principal, llamado Vasco Porcallo de Figueroa; y como permaneciese algunos das en la ciudad y “viese la gallarda y gentileza de tantos caballeros, y tan buenos soldados como iban a esta jornada y el aparato magnfico que para ella se provey, no pudo contenerse que su nimo ya resfriado de las cosas de la guerra no volviese ahora de nuevo a encenderse con los deseos della. Con los cuales voluntariamente se ofreci al gobernador de ir en su compaa a la conquista de la Florida, tan famosa sin que su edad que pasaba ya de 50 aos, ni los muchos trabajos que haba pasado, as en Indias como en Espaa e Italia, donde en su juventud haba vencido dos campos de batalla singular, ni la mucha hacienda ganada y adquirida por las armas, ni el deseo natural que los hombres suelen tener de la gozar, fuese para resistirle; antes posponindolo todo, quiso seguir al adelantado, para lo cual le ofreci su persona, vida y hacienda”. “El gobernador, vista una determinacin tan heroica y que no lo mova deseo de hacienda ni honra, sino propia generosidad y el nimo belicoso que este caballero siempre haba tenido, acept su ofrecimiento, y habindole estimado y con palabras encarecido en lo que era razn, por corresponder con la honra que tan grande hecho mereca, le nombr por teniente general de toda su armada y ejrcito. Vasco Porcallo de Figueroa y de la Cerda, como hombre generoso y riqusimo, ayud magnficamente para la conquista de la Florida; porque sin los muchos criados espaoles, indios y negros que llev a esta jornada y sin el dems aparato y menaje de su casa y servicio, llev a 36 caballos para su persona, sin otros ms de 50 que present a caballeros particulares del ejrcito. Provey de mucho bastimento de carnaje, pescado, maz, casab, sin otras cosas que la armada hubo menester. Fue causa que muchos espaoles de los que vivan en la isla de Cuba a imitacin suya se animasen y fuesen a esta jornada. Con las cuales cosas en breve tiempo se concluyeron las que eran de importancia, para que la armada y gente de guerra pudiesen salir y caminar a La Habana”.

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PEDRO JOS GUITERAS /209 /209 /209 /209 /209 El gozo de que todos estaban posedos con tan buen comienzo hubo de enlutarse a las tristes nuevas del incendio de esta villa. Su puerto era precisamente el escogido para depsito del armamento y la abundancia de sus ricas campias y situacin a la entrada del golfo de Mjico prometa ventajas para proveerse de vveres y pertrechos y recibir con brevedad refuerzos de gente. Por esto, la noticia de su destruccin hizo gran efecto en el nimo de Soto, y al punto mand al capitn Mateo Aceituno, caballero natural de Talavera de la Reina, que fuese con gente a reedificarla, dando de su propia hacienda para socorrer a sus moradores, y le recomend la construccin de un fuerte que fue el primero que tuvo la Isla. Deseoso de reparar el mal por s mismo y emprender la conquista proyectada, sali de Santiago acompaado de 50 hombres de a caballo el ltimo da de agosto, dejando por teniente a Francisco de Guzmn, con orden de que los jinetes que eran 300 bien montados, fuesen en cuadrillas de 50, con intrvalo de ocho das cada una, para que estuviesen mejor acomodados y provistos en los pueblos, y que la infantera con su casa y familia fuesen en la armada a reunrsele en La Habana. A su llegada, la primera atencin fue reparar el templo lo mejor que se pudo y dar calor a la fortaleza que hoy existe en la parte occidental de la baha fronteriza al monte de la Cabaa, al cual puso el nombre de la Real Fuerza, y se concluy seis o siete aos despus. En su principio fue un cuadriltero de murallas de doble espesor de sobre 25 varas de altura, con terraplenes de bveda y un baluarte en cada ngulo, circundada toda de un foso; en los aos subsecuentes sufri varias reformas que le han dado ms amplitud y la mayor perfeccin que tiene en el da. Envi a reconocer las costas de la Florida en busca de algn puerto seguro para el desembarco de la expedicin, y mientras tanto cuidaba de reunir gente, caballos y todo lo dems necesario; y cuando lleg el tiempo propicio nombr, el 15 de abril de 1539, por gobernador de la Isla a su esposa doa Isabel de Bobadilla, por su teniente en La Habana a Juan de Rojas y por alcaide de la Fuerza al mismo ingeniero Aceituno, y se hizo a la vela el 12 de mayo llevando 11 naves y un ejrcito de 1 000 hombres con los voluntarios que se ofrecieron a ir a esta conquista, todos bien armados y vestidos, y era tal la abundancia de comestibles, que ms pareca aquella armada “una ciudad muy proveda que navegar por la mar”. No es de nuestro asunto referir los sucesos que inmortalizan el nombre de Soto en esta empresa y lo hacen clebre as en la historia de Espaa como en la de los vecinos Estados Unidos. Enlazada con la de Cuba por la circunstancia de habrsele confiado su gobierno para su mejor xito y haber tomado parte en ella algunos de sus habitantes, la curiosidad excitada del lector parece, sin embargo, exigir una breve noticia de su desastroso resultado.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 210\ 210\ 210\ 210\ 210\ El da ltimo lleg a la baha del Espritu Santo, de all parti para Apalache y Xaula atravesando ms de 400 leguas de un pas inculto, descubri el gran ro Mississipi, conquist muchas provincias y prosiguiendo en dominar aquella dilata regin, estaba en la de Guachoya cuando fue acometido de una fiebre que acab con su vida el 27 de junio de 1542. Los restos del ejrcito al mando de Luis de Moscoso empezaron a retirarse por el ro Mississipi con intento de salir al mar; y despus de inmensos trabajos y continuo combatir llegaron a Panuco reducidos al corto nmero de 300 hombres y pasaron a Mjico donde se disolvieron, yndose algunos a Espaa, los ms al Per y quedndose en Mjico muy pocos.1Entre los que haban intentado antes esta conquista se cuenta el capitn Pnfilo de Narvez, que obtuvo ttulo de adelantado, fue a Cuba con cinco navos, se rehizo de gente, armas y caballos en Santiago y Trinidad, y habiendo salido de Jagua para su destino en marzo de 1528, vio destruida su armada en las costas de la Florida, pereciendo l y casi todos sus compaeros sin haber alcanzado cosa de provecho.2La desdichada doa Isabel no tuvo noticia de la muerte de Soto hasta octubre o noviembre de 1543, y “como a la pena y congoja que tres aos continuos haba tenido de no haber sabido de su marido, se le acrecentase nuevo dolor de su muerte y del mal suceso de la conquista, de la destruccin y prdida de su hacienda, de la cada de su estado y ruina de su casa, falleci poco despus que lo supo”. Segn Oviedo, esta virtuosa seora muri en Castilla, adonde se volvi sabido el desgraciado fin de su esposo.3Al terminar su gobierno se vio La Habana de nuevo afligida por una invasin de piratas. Una escuadra francesa compuesta de cuatro navos y un parache, al mando de Roberto Baal, despus de haberse apoderado de Santa Marta y Cartagena saquendolas y reducindolas a cenizas, se present en el puerto a mediados de 1543, y orgullosa con sus triunfos desembarc su gente por la parte donde ahora est el castillo de la Punta, confiado en hallar un rico botn; pero sabidos sus movimientos en la villa les hizo frente el vecindario protegido por los fuegos de la Fuerza, y los oblig a reembarcarse dejando 15 hombres muertos, sin ningn dao de parte de la poblacin ni de sus defensores.4 1El Inca, lib. I, caps. 9-15; lib. II, cap. 1 y siguientes; lib. VI, cap. 20. Arrate, p. 53.2Herrera, Dc IV, lib. I, cap. 3; lib. II, cap. 4 y otros lugares.3El Inca, lib. VI, cap. 21. Oviedo, lib. XXIX, cap. 33.4Herrera, Dc VII, lib. VII, cap. 13. Arrate, p. 55.

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CAPTULO IIIORIGEN Y PROGRESOS DE LOS CORSARIOS ORIGEN Y PROGRESOS DE LOS CORSARIOS ORIGEN Y PROGRESOS DE LOS CORSARIOS ORIGEN Y PROGRESOS DE LOS CORSARIOS ORIGEN Y PROGRESOS DE LOS CORSARIOS Y PIRA Y PIRA Y PIRA Y PIRA Y PIRA T T T T T AS EN AMRIC AS EN AMRIC AS EN AMRIC AS EN AMRIC AS EN AMRIC A. EST A. EST A. EST A. EST A. EST ADO DE LAS COLONIAS ADO DE LAS COLONIAS ADO DE LAS COLONIAS ADO DE LAS COLONIAS ADO DE LAS COLONIASLos primeros en perseguir el comercio de Amrica fueron los franceses. Las guerras frecuentes que mantuvo Espaa con Francia desde los tiempos de los Reyes Catlicos, disputndole el reino de Npoles y la supremaca en Italia, haban enconado de tal modo el espritu de ambas naciones, que desde su descubrimiento, los marinos franceses, que hasta entonces haban atacado a los espaoles en el Mediterrneo, empezaron a perseguirlos en el ocano. Ignorantes al principio de la navegacin a las Indias se apostaban en las costas del Algarve, llevando sus correras a veces hasta las Canarias, y desde all hacan presa de las naves que iban cargadas con las riquezas de particulares y del gobierno. Mas, bien pronto, apoderados de las cartas martimas espaolas, se arrestaron por las Antillas y otras partes descubiertas, y se arrestaron a atacarlos en los mismos mares de Amrica. Como la navegacin se haca con escala en el puerto de Santo Domingo, se situaban al abrigo de las pequeas islas de la Mona y Saona, surtindose de vituallas en Hait y Puerto Rico, y desde sus guaridas aguardaban y apresaban los navos, logrando con su arrojo enseorearse de estos mares a mediados del siglo XVI. El ansia de oro presto trajo a las Antillas al intrpido ingls, que ya en 1519 en una nave de 200 toneladas haba visitado a Puerto Rico y Hait, con propsito de ver las islas para dar cuenta a su rey y cargar el palo del Brasil. El lucro de estas depredaciones ceb de tal manera la avaricia de franceses e ingleses que el ocano se cubri de corsarios, y los astilleros de la Rochela y otros puertos de la costa de Bretaa y Normanda estaban llenos de naves dedicadas a la persecucin de la navegacin espaola. Para protegerla dict el gobierno varias medidas. Environse dos navos a Canarias en 1515 para que saliesen a esperar los que volvan de las Indias y los convoyasen hasta Sevilla; una escuadra de cuatro o cinco se apercibi en 1521 para que fuese en persecucin de los corsarios

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 212\ 212\ 212\ 212\ 212\ del Algarve; al ao siguiente se dio orden para que una armada se situase en Amrica a recorrer los mares de Hait y las Azores y que los navos mercantes, fuesen bien armados y equipados, y en 1525, a instancia de los mercaderes, que se hiciese otra armada de tres naves y dos carabelas; la prohibicin de fortificar fue abolida en 1526, que se mand con el parecer del Consejo se construyesen castillos y casas fuertes en las poblaciones, y se acord tambin el apresto de otra armada y que los buques a su regreso se reuniesen en Santo Domingo y navegasen en conserva, de donde tuvo origen el sistema de flotas que se estableci ms adelante. En 1542, con motivo de haberse sabido que haban salido de Bretaa y Normanda 35 navos para robar las naves de Indias, dispuso el rey se hiciese una armada de averas que recorriese los mares de Espaa y se envi otra a la Amrica, para que ambas llevasen el oro y plata que estuviese recogido as suyo como de los particulares y limpiasen las islas de barlovento y costas de Tierra Firme. Pero el escollo mayor contra las medidas acertadas del gobierno era, por desgracia, que muchos de los navegantes espaoles, convertidos en corsarios de sus mismos compatriotas y a veces en piratas, desconcertaban las rdenes reales y sembraban el terror en los pueblos de Amrica. Es en alto grado lamentable la pintura que el moderado historiador Herrera nos hace del estado moral de la sociedad hispano-americana en el primer tercio del siglo XVI. “El obispo de Santo Domingo, dice, presidente del Audiencia, hizo una junta de todos los estados de la isla, adonde se confiri lo que se haba de hacer para que aquella isla y todas las dems estuviesen a recado atenta la novedad de andar extranjeros por aqullas y el peligro que haba con la noticia que tomaban de las cosas de las Indias y de tomar el oro con que el rey se socorra para mantener la guerra que tena con otros prncipes: por lo cual podra ser que procurasen de hacer el dao posible, ponindolo todo en confusin. Y habiendo bien platicado en ello, pareci que se deba informar al rey del estado en que se hallaba y del remedio que se juzgaba que se deba poner. Decan que la isla de San Juan y La Espaola eran las principales entradas para los de aquellas partes, a donde haba gran cantidad de vitualla y otras provisiones. Que los maestres y marineros que navegaban por aquellas regiones tenan perdido el temor a la justicia, y que no eran menester otros corsarios sino ellos; porque no solamente se atrevan a robar el hacienda de castellanos que llevaban en sus navos, pero el oro del hacienda real de que daban algunos ejemplos; y que los dichos maestres desasosegaban la tierra; porque sin temor de las penas reales se llevaban las casas enteras y los vecinos adonde queran; de manera que en todas aquellas partes no haba cosa poblada de asiento sino en Santo Domingo. Que los delincuentes no podan ser habidos ni castigados, as

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PEDRO JOS GUITERAS /213 /213 /213 /213 /213 por las malas gobernaciones y diversidad de jurisdicciones de tierras y provincias que haba pobladas en aquellas partes, como porque los maestres y marineros los receptaban y encubran en sus navos, de donde se seguan tantas costumbres de delitos y tan atroces que iban tocando en desobediencia de la majestad real, matando los gobernadores, desobedeciendo los mandamientos reales y perdiendo el temor de Dios. Que el oro del rey y de particulares corra mucho riesgo por estar desordenada la navegacin y la gobernacin universal, porque cada uno le enviaba de por s y en naos y carabelas tales que cuando llegaban iban de manera que haban menester volverse a calafatear y adobar por la recia navegacin, a lo menos de La Espaola a Nueva Espaa, y queran con todo eso volver en los mismos navos de rotobatida a Castilla de lo cual se haban seguido grandes desastres de anegarse navos, y otros arribar trabajados y maltratados, y el riesgo que haba entonces de ir los navos solos habiendo tantos corsarios. Que los gobernadores de aquellas partes tenan poca reverencia al cumplimiento de las mandamientos reales del Audiencia en su nombre, y lo mismo las otras justicias y pobladores; y hacan todos los desacatos que queran, y se salan con ellos: porque por estar todas aquellas provincias en la confusin sobredicha, y facultad de proveer lo que queran, y enviar sus navos, e ir y venir a Castilla no obedecan ni la real Audiencia lo poda remediar, porque no acudan ya navos a la isla de las dichas provincias, ni los haba en ellas; por todos los cuales inconvenientes y por parecer que los ingleses y franceses haban ido a reconocer aquella tierra con tanta diligencia, les pareca que era bien representar a S.M. el remedio que se poda poner”. Y en otro lugar, tratando de la impunidad en que quedaban los delitos de los gobernadores y jueces, dice el mismo autor: “Pona en estos tiempos en gran confusin a los que admiraban el celo del rey y el cuidado de su consejo, ver que no embargante que los gobernadores venan presos y residenciados y acusados de grandes crmenes y opresiones hechas a los indios, volvan a sus gobiernos libres y algunos con mayores oficios... Y porque en ninguna manera se puede creer que el castigo de la arrogancia y avaricia de los gobernadores falte de la mucha justicia que se hace en el Supremo Consejo de las Indias, se vino a inferir que el no castigarlos conforme a sus culpas proceda de que por la distancia del lugar los jueces de residencia corrompidos de la codicia y los testigos del imperio y violencia de los gobernadores, no slo ellos pero los que ninguna autoridad tenan en aquellas partes probaban cuanto queran o nadie osaba decir con libertad contra ellos, con que faltando la prueba quitaban el poder al consejo de hacer el deseado castigo; y esto se ha dicho por la multitud de jueces de residencia y pesquisidores que siempre se enviaban con celo de castigar delitos y corregir abusos,

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 214\ 214\ 214\ 214\ 214\ y que corri entonces una infelicidad grandsima que fue no estar nadie en los lmites de su oficio, porque los jueces de residencia, que eran letrados, se hacan hombres militares, y todos, unos a otros, se usurpaban sus distritos y jurisdicciones”. Contribuan a favorecer esta crtica situacin, las empresas depravadas de los piratas, el sistema econmico y las leyes, restrictivas sobre la introduccin de negros esclavos. Los corsarios, despus de sus depredaciones martimas, iban a las costas cuando no a saquear, a vender a los castellanos los objetos que haban robado y traerles negros en cambio de producciones del pas; y los portugueses emprendieron el comercio menos daoso del contrabando. No obstante el diverso carcter de la legislacin civil y poltica adoptada por los europeos en Amrica, los grandes poderes martimos haban fundado su sistema comercial en las relaciones exclusivas de cada metrpoli con sus colonias, como un medio seguro de dar salida a los productos de su propia industria sin correr los riesgos de la competencia; y como en esto su inters pareca ser uno mismo, no se detuvieron a considerar que semejante principio era conveniente a las metrpolis en igual grado que perjudicial a las colonias. Espaa fue la ms consecuente en guardar este pacto tcito, y tambin la que ms sufri los efectos de una ley injusta y severa. El comercio de los extranjeros con sus colonias era castigado con las penas de prisin, excomunin y confiscacin de bienes; y desde que la amenaza de castigos eternos deba ser la consecuencia de un trfico ms o menos honesto con aquellas posesiones, desde que el corsario y pirata haban de sufrir iguales penas que el mercader pacfico infractor del principio consagrado del monopolio comercial, los mares se vieron cubiertos de desalmados piratas, generacin forzosamente creada por las violentas restricciones coloniales. Despertose y aguzose en estos miserables una sagacidad inventiva, una frialdad de ejecucin y una aptitud para vencer empresas arduas, que a haberse empleado en mejores obras les hubieran conquistado justos elogios a la admiracin de la posteridad. Los ricos establecimientos de los espaoles fueron asaltados y robados, convoyes de numerosas velas atacados y apresados, y se llevaron a cabo arriesgadas combinaciones para invadir el continente suramericano e interceptar los tesoros de las minas al conducirlos a la costa para transportarlos a Espaa. Los gobiernos extranjeros lejos de dar odo a las quejas de la Corte de Madrid, as que vieron el xito de estas expediciones, respondieron hipcritamente que no reconocan como sbditos a aquellos aventureros, y al mismo tiempo los empezaron a animar autorizando la formacin de compaas para armar expediciones clandestinas en las cuales tomaba parte lo ms granado del pas, llegando la moralidad pblica de

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PEDRO JOS GUITERAS /215 /215 /215 /215 /215 la poca a extraviarse a tal grado que hasta los soberanos interesaban en ellas de su peculio privado. El rey envi a Francia, en 1541, a Diego de Fuenmayor para que, con asistencia del embajador, obtuviese de don Francisco I que se retirasen los corsarios y restituyesen las presas hechas durante la tregua. La disposicin del francs puede conocerse en la respuesta que dio a un embajador de Portugal, cuando se le quej del dao que hacan los corsarios al comercio de su nacin. “Yo pienso, le dijo con desenfado, seguir las conquistas y navegaciones, porque de derecho me compete hacerlo como uno de los prncipes de la cristiandad, y quiero conservar amistad y buena inteligencia con algunos soberanos de las Indias”. La misma Isabel de Inglaterra hemos visto que no tuvo reparo en entrar en sociedad con ellos para comerciar con la Amrica espaola, y Carlos II hizo caballero de su Corte al pirata Francisco Drake. En 1581, el ingls Bath, que haba atravesado el Atlntico cinco veces, propuso a los Estados de Holanda una expedicin de cuatro buques de guerra para ir a las Indias, y aunque el gobierno desech la idea, no puso obstculo alguno a que se efectuase por una empresa particular. Diez aos despus Guillermo Wesselinx, que haba pasado algunos de su vida en Espaa, Portugal y las islas Azores, trat de organizar una compaa holandesa para hacer el comercio de las Antillas, y no encontr eco entonces entre aquellos honrados mercaderes por el temor a los cruceros espaoles. Pero la tentacin pudo al fin ms que el miedo y en 1597 ya hubo especuladores atrevidos que emprendieran formalmente la navegacin y comercio; en este ao, Bikker, de Amsterdam, y Leyen, de Enkhucien, formaron una compaa cada uno para el trfico especial de las Antillas, y su resultado fue tan satisfactorio que despus de largas discusiones se madur un vasto plan para seguir aquel comercio, y en 1600 apareci la Compaa de las Indias Occidentales sometiendo su reglamento a la consideracin de los Estados generales.1 1Herrera, en varias partes de las Dcadas I-IV, VI y VII. Bancroff, t. II, pp. 185 y 279.

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CAPTULO IVIMPOR IMPOR IMPOR IMPOR IMPOR T T T T T ANCIA Y PROGRESOS DE LA HABANA. ANCIA Y PROGRESOS DE LA HABANA. ANCIA Y PROGRESOS DE LA HABANA. ANCIA Y PROGRESOS DE LA HABANA. ANCIA Y PROGRESOS DE LA HABANA. SUS FOR SUS FOR SUS FOR SUS FOR SUS FOR TIFIC TIFIC TIFIC TIFIC TIFIC ACIONES. INV ACIONES. INV ACIONES. INV ACIONES. INV ACIONES. INV ASI"N DE SANTIAGO ASI"N DE SANTIAGO ASI"N DE SANTIAGO ASI"N DE SANTIAGO ASI"N DE SANTIAGO DE CUBA. DIVISI"N TERRITORIAL. NUEV DE CUBA. DIVISI"N TERRITORIAL. NUEV DE CUBA. DIVISI"N TERRITORIAL. NUEV DE CUBA. DIVISI"N TERRITORIAL. NUEV DE CUBA. DIVISI"N TERRITORIAL. NUEV AS AS AS AS AS IRRUPCIONES PIRTIC IRRUPCIONES PIRTIC IRRUPCIONES PIRTIC IRRUPCIONES PIRTIC IRRUPCIONES PIRTIC AS AS AS AS ASLa historia de la Amrica espaola est llena de horrorosas descripciones de las crueldades perpetradas por los corsarios y piratas franceses, ingleses y holandeses. La posicin geogrfica de Cuba, sus extensas costas y despoblacin, la exponan frecuentemente a estos insultos y depredaciones; y la pluma cubana, cansada ya con la triste narracin de la destruccin de los cibuneyes, apenas si se arrastra con penoso esfuerzo para entrar en la poca, por desgracia demasiado larga, en que acosada por aquella plaga de desalmados, la Isla casi no ofrece otra cosa que el cuadro de asaltos e incendio de pueblos, robo y profanacin de sus templos y asesinato de sus habitantes, a despecho de las medidas adoptadas por el gobierno y del valor que muchas veces desplegaron sus vecinos en defensa del honor de la nacin y de su independencia. Ya hemos referido el combate del capitn Prez, cuya victoria salv a Santiago de la crueldad de un corsario francs, la sorpresa e incendio de La Habana poco antes de la llegada de Soto, y el xito feliz con que ms avisados rechazaron sus habitantes el asalto de Baal a fines del gobierno de Bobadilla. Antes y despus de estos escndalos, las otras poblaciones del litoral fueron varias veces atacadas y sus vecinos obligados a retirarse al interior por falta de medios de resistencia.1Juan de vila, Antonio de Chvez y Gonzalo Prez de Angulo desempearon el gobierno de la Isla desde 1545 hasta 1554. De los dos primeros no recuerda la historia cosa digna de mencionarse; del ltimo se dice que fue quien, despus que la Bobadilla, residi en La Habana la mayor parte del tiempo que gobern, a causa del atractivo que ofreca su ventajosa situacin para la escala de la navegacin, ejemplo que imitaron sus sucesores y que al fin hizo de ella la capital de la Isla. Su 1Valds, p. 56.

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PEDRO JOS GUITERAS /217 /217 /217 /217 /217 Ayuntamiento, mal satisfecho de la conducta de Angulo, inform quejndose a la Audiencia, y l en venganza se opuso a la eleccin de alcaldes en 1533; aunque los regidores y el pueblo acordaron verificarlas despus de apelar con graves razones, y entonces y el ao siguiente continuaron hacindose a pesar de su oposicin. Su sucesor, Diego de Mazariegos, empez a gobernar en 1554 y renov con mejor xito las pretensiones de Angulo bajo el pretexto de evitar altercados y disputas entre el pueblo y los regidores; logrando que desde 1557 hasta 1565 slo se nombrase el procurador general del comn.2 En estos 11 aos se presentaron en La Habana piratas franceses y pudieron saquear una parte de ella; otras poblaciones sufrieron iguales insultos, y la de Santiago, ya fuese que la hubiesen entrado o que se temiesen de ello, se vio abandonada por el obispo, que fij su residencia en Bayamo. De estas irrupciones la ms notable de que se tiene noticia es la de Jacobo de Sores en julio de 1555. Sabiendo por un piloto portugus y los espas que llevaba que La Habana estaba mal defendida, desembarc en la playa de San Lzaro con poco menos de 200 hombres y se apoder de la villa, que la cobarda del gobernador y sus desaciertos entregaron a la zaa del francs. El castillo, hecha una heroica resistencia por parte de su alcaide Juan de Lobera, tuvo al fin que rendirse, perdida la esperanza del socorro que le haba ofrecido Mazariegos, y que no vino sino en mal hora para los habaneros. Porque entregada ya la Fuerza por capitulacin y el pueblo a merced del corsario, pens aqul sorprenderlo y a la cabeza de 280 hombres mal armados, la mayor parte indios y negros, se entr de noche llevando su gente en pelotn y sin concierto, pas a cuchillo varios franceses que dorman sobre seguro en casas particulares y fue a cercar a Sores en la de Juan de Rojas, donde estaba con hasta 70 hombres. El corsario se mantuvo encerrado hasta conocer el nmero y calidad de los contrarios, y saliendo con 20 arcabuces los derrot fcilmente. Esta loca empresa slo sirvi para exasperar a Sores, quien, viendo matar a los suyos indefensos, hizo morir antes de salir contra el gobernador a 33 prisioneros, salvndose Lobera milagrosamente, y en el ataque y por orden suya murieron 47 infelices, peg fuego al pueblo sin dejar casa ni iglesia que no quem, y a pocos das se embarc sin ser molestado de Mazariegos, que al notar la decisin del corsario se haba internado 14 leguas hasta Bainoa.3A fines de su mando o principios del de Garca Osorio, en 1565, como las aguas del arroyo Luyan fuesen escasas para las necesidades de la 2Memorias de la S. P. de la Habana, de agosto de 1840 .3Memorias de diciembre de 1838, donde se halla una relacin muy interesante de este suceso, que dirigi al rey el Cabildo y envi con el mismo Lobera.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 218\ 218\ 218\ 218\ 218\ villa y su puerto, se principi a construir una zanja para traerlas del ro Casiguaguas, a cuya obra contribuyeron los vecinos con donativos voluntarios y se termin en poca posterior. Osorio sostuvo tambin la prohibicin de elegir alcaldes; pero habiendo descendido una provisin de la Audiencia en favor del Ayuntamiento, se dio cuenta de ella en Cabildo celebrado el 28 de marzo de 1568 y volvi el pueblo a recobrar su antiguo fuero; si bien alter la costumbre, y en lo adelante nombr los regidores y stos a los alcaldes. Pedro Melndez de Avils fue nombrado despus de Osorio, y hallndose ocupado en la conquista de la Florida, gobernaron varios lugartenientes suyos desde 1566 o 68 hasta 1576. En este tiempo, mejor conocido el paso del Canal Nuevo de Bahama, la navegacin haba tomado la direccin hacia el puerto de La Habana, donde hallaba escala segura en su regreso a Espaa y oportunidad de refrescar sus vveres y aguada. Como a estas ventajas, que tanto influyeron en el desarrollo de su poblacin, se agregaba la de facilitar por su situacin los medios de llevar a cabo los proyectos de conquista en ambos continentes, el Gobierno Supremo pens en favorecer su seguridad y fomento. Para ello dispuso que se estableciera un tribunal de Hacienda, autoriz al Ayuntamiento para mercedar terrenos a los vecinos y pobladores, dispens su aprobacin a las ordenanzas que para este municipio form el oidor Cceres y pocos aos despus cre la Contadura Mayor de Lonja para sus propios, cuyo ingreso por remate se distribua en gastos del comn, abriendo as la entrada a otras medidas de que hablaremos en su lugar. Durante este gobierno se adelantaron los ayuntamientos de la Isla con la creacin de nuevos regidores. Vinieron tras Melndez, don Gabriel Montalvo, en 1576, y Francisco Carreo, en 1578, que no hicieron cosa particular; y en el gobierno del licenciado Gaspar de Torres, de 1580 a 1584, dice Valds que volvieron a verse afligidas las Antillas con irrupciones pirticas, aunque no especifica ningn ataque sobre la Isla. En el de Gabriel Lujn, que sucedi a Torres en 1588, se present en el puerto de La Habana el clebre Francisco Drake con intencin de apoderarse de la villa y saquearla, como acababa de hacer en Santo Domingo y Cartagena, la cual se libr esta vez del peligro que la amenazaba por la actividad del gobernador y sus oportunas disposiciones. Para la seguridad de las vidas y propiedades contra estas agresiones, si se excepta La Habana, slo haba en algunas partes piraguas armadas por los vecinos y lanchas guardacostas tripuladas por soldados del ejrcito de la Fuerza; la defensa de los pueblos dependa exclusivamente del valor de sus habitantes, que capitaneados por los alcaldes las ms veces, salan a repeler las acechanzas del comn enemigo. La Habana era la sola villa donde encontraba seguridad el pacfico vecino y el mer-

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PEDRO JOS GUITERAS /219 /219 /219 /219 /219 cader industrioso, gobernada por la autoridad superior y defendida por el castillo de la Fuerza, una corta guarnicin al mando del alcaide y de dos galeras. As que la poblacin afluy a vivir en ella y sus cercanas, donde ya empezaban a dedicarse al cultivo del tabaco y la caa con auxilio de negros esclavos; y de 14 a 16 000 almas, que quiz tena entonces la Isla, la mayor parte se hallaba concentrada en esta jurisdiccin. El laboreo de las minas, que tanto haba animado la colonizacin de sus primeros tiempos, era ya casi insignificante; segn Valds, con referencia al ao 1554, “cerca de Jagua se trabajaban minas de oro, aunque con poco rendimiento”. Felipe II resolvi ponerla a cubierto de cualquiera tentativa por parte de Francia u otra nacin enemiga y al efecto estableci all el gobierno y Capitana General, disponiendo que en lo adelante residieran los gobernadores; nombr para este alto empleo al maestre de campo Juan de Tejada, revistindolo con el carcter de superintendente de las fortificaciones de las plazas martimas de Indias, y por jefe del cuerpo de ingenieros a Juan Bautista Antonelli; mand se defendiese la entrada del puerto con dos fortalezas que la hiciesen inexpugnable, y encarg particularmente se concluyesen los trabajos empezados de la zanja real, para que hubiese abundante agua con que proveer a las flotas que hacan escala en el puerto. Para ms ennoblecerla y elevarla al rango de una de las primeras poblaciones de Amrica, diole el ttulo de ciudad y por armas un escudo coronado y en sus cuarteles tres castillos de plata en campo azul y una llave de oro, alusivo todo a la Fuerza, el Morro y la Punta y a ser tenida por la llave de las Indias, aument hasta 12 el nmero de regidores, dict varias medidas para el fomento de los ingenios de azcar, y la guarnicin, entonces de 100 infantes, se extendi en 1590 a 300. Tejada y Antonelli llegaron a principios de 1589 y al punto se ocuparon en fijar los lugares ms convenientes para las fortalezas, los cuales fueron por la parte de oriente una pea elevada a la entrada del puerto y a occidente la llanura fronteriza, donde se construyeron los castillos del Morro y la Punta, situados a propsito para coger entre dos fuegos las escuadras que intentasen forzar la entrada y apoderarse de la plaza. El Ayuntamiento, participando del impulso dado por el gobierno, acord la fbrica de nuevas casas capitulares, dejando las antiguas para otros usos de utilidad pblica, y coadyuv a los trabajos de la zanja, que segn infiere Arrate se concluyeron el mismo ao de 1589; subsistiendo cerca de siglo y medio sin deterioro notable, a pesar de las crecientes en la estacin de las aguas, hasta que en 1579, resistindose de las injurias del tiempo, fue preciso destruir la mitad del muro principal y fortificar los de ambos costados. En el gobierno de don Juan Maldonado Barrionuevo (1596-1602) como estuviesen inutilizadas las galeras del puerto, lleg el arrojo de

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 220\ 220\ 220\ 220\ 220\ los corsarios al extremo de acercarse casi a tiro de can; y en el de su sucesor don Pedro Valds (1602-1608) acosaron en tanto grado a los vecinos de Santiago, robando e incendiando la Catedral y otras iglesias, que se despobl la ciudad, y el obispo don fray Juan de las Cabezas y dems funcionarios se retiraron a Bayamo. Ilustra la memoria de Gregorio Ramos el valor y serenidad que despleg en rescatar al obispo, quien yendo a hacer la visita en 1604 fue sorprendido en el Hato de Yara y preso por el pirata Gilberto Girn, que lo llev atado y descalzo a bordo de la balandra que tena anclada en Manzanillo, y lo retuvo all 80 das aguardando fuesen a rescatarlo. Ramos se puso de acuerdo con Girn y rescat al obispo por 200 ducados, 1 000 cueros y 100 arrobas de tasajo; y despus de tenerlo a salvo atac y destroz a los piratas, logrando matar a Girn, cuya cabeza fue llevada en triunfo en la punta de una lanza y expuesta en la plaza pblica de Bayamo. Valds, de acuerdo con el Ayuntamiento, represent el estado lastimoso de la Isla, recomendando entre otras cosas la necesidad de situar una armadilla para contener unos excesos tan perjudiciales al comercio y progreso de la poblacin, entonces de 18 a 20 000 almas; y el obispo solicit la traslacin de la Catedral a La Habana en virtud de la poca seguridad que ofreca Santiago. El rey, atendiendo a los clamores de estas autoridades, acord algunas medidas convenientes a la poblacin, gobierno y seguridad de la Isla, disponiendo en Cdula de 8 de octubre de 1607 que en lugar de una sola se dividiese la Isla en dos provincias, una oriental y otra occidental con sus capitales en Santiago de Cuba y La Habana, ordenando que el capitn general continuase permaneciendo en esta ltima ciudad por ser la ms importante, y que en Santiago se crease un gobierno poltico y militar encargado de perseguir a los piratas en los trminos de su jurisdiccin. A la solicitud del obispo no se decidi nada; pero los prelados empezaron poco despus a preferir La Habana para su residencia, a pesar de la desaprobacin del gobierno, y a su ejemplo abandonaron a Santiago otros individuos del cabildo eclesistico. Siguieron a Valds, Gaspar Ruiz de Peralta en 1608, don Salvador de Alquiza en 1616 y don Francisco de Venegas en 1629. A este ltimo, se le dio el encargo de establecer la armadilla propuesta, para lo cual trajo algunos buques; pero su muerte impidi por entonces el cumplimiento de esta importante medida. Le sucedi en 1626 don Lorenzo de Cabrera, que por haber perdido la venta de un cargamento de negros, por la prdida de una flota y otras acusaciones, sufri un juicio de residencia y fue enviado bajo partida de registro a Espaa. Don Juan Bitrin de Viamonte vino en 1630, y en su gobierno se aument la guarnicin de la plaza, creose para la Fuerza el empleo de castellano, que haba corrido algn tiempo anexo a la Capitana General y se proyect la construc-

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PEDRO JOS GUITERAS /221 /221 /221 /221 /221 cin de torreones en Casiguagas y Cojmar, que no lleg a efectuarse por haber sido promovido a la presidencia de Santo Domingo. En 1634 fue nombrado don Francisco Riao de Gamboa y en su poca se perfeccion el reglamento de arbitrio de armadilla, se mand hubiese en el Morro 200 plazas de planta fija y 100 en la Punta y la Fuerza, y se dictaron otras providencias importantes, como la creacin de un tribunal de cuentas y la construccin del castillo del Morro, a la entrada del puerto de Santiago de Cuba con una guarnicin de 50 hombres que se enviaron de la Pennsula. Don lvaro de Luna y Sarmiento (1639) concluy los torreones que haba proyectado Viamonte, y como estos fuertes hubiesen sido costeados por los vecinos de la ciudad, us de la hidalga atencin de confiar su defensa a tres compaas de naturales del pas, la primera fuerza regimentada de esta clase que se organiz en la Isla. Luna fue relevado en 1647 por don Diego de Villalva y Toledo, a quien sucedi el maestre de campo don Francisco Gelder por el ao de 1650. En este gobierno ocurri la alevosa invasin de los ingleses contra Jamaica; para revivir su popularidad, Cromwell pens apoderarse de una de las grandes Antillas o de Cartagena, y a pesar de hallarse en paz con Espaa, prepar una escuadra formidable, que mantuvo inquietos a los hombres de Estado de Europa y concluy con la sorpresa de aquella isla en 1655. Los fieles jamaiquinos resistieron al invasor y se mantuvieron alzados con auxilios que les envi el gobernador de Cuba; pero obligados a renunciar a la esperanza de reconquistar el pas, prefirieron la emigracin a la dominacin extranjera y corrieron el ao siguiente a establecerse la mayor parte en La Habana y Santiago de Cuba. Se calcula que su nmero subi a ms de 8 000, con los cuales se aument la poblacin de la Isla a 40 000 almas. Gelder, viendo que La Habana estaba abierta y expuesta por la parte de tierra, propuso hacer un canal en el extremo interior de la baha, que dirigindose hacia el norte fuese a salir al mar quedando aislada la ciudad y ms defendida. Este plan no mereci aprobacin y se tuvo por ms aceptable el de su sucesor don Manuel Montao (1656), reducido a cerrarla de muros por aquella parte, para lo cual haba ofrecido el vecindario contribuir con 9 000 peones y el Cabildo arbitrado un impuesto de medio real de sisa sobre cada cuartillo de vino que se vendiese. El rey admiti la oferta y aprob el arbitrio, ordenando que para esta obra se asistiese de las cajas de Mjico con la suma de 20 000 pesos, pero se suspendi todo por entonces a causa de la guerra en que estaba empeada la nacin. El maestre de campo don Juan de Salamanca empez su gobierno en 1658, en cuya poca varios franceses establecidos de atrs en la isla de la Tortuga haban ido cimentndose de tal manera, que cuando se

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 222\ 222\ 222\ 222\ 222\ lleg a notar lo nocivo de su permanencia en ella ya formaban una pequea colonia y no fue posible desalojarlos por algunas partidas que se enviaron al efecto. Estos advenedizos extendieron sus excursiones a las costas de Hait, y obrando unas veces como independientes, otras como sujetos al gobernador de la Tortuga, otras tomando la voz de la Compaa de las Indias Occidentales, acabaron por hacerse seores del Cabo Francs. Y hallando su salud en la unin que haba entre ellos y los ingleses de Jamaica, se convinieron unos y otros, formaron una liga para atacar las colonias espaolas y levantaron expediciones pirticas hasta entonces jams vistas en los mares de Amrica. La historia refiere dos casos notables ocurridos en la isla de Cuba durante este gobierno. El uno fue la toma de Puerto Prncipe por el famoso ingls Juan Morgan. Haba armado una escuadra de 12 buques con propsito de atacar La Habana, pero disuadido por algunos de sus oficiales, que sin duda conocan lo fuerte de la ciudad, se dirigi a Puerto Prncipe y se present delante de la poblacin a tiempo que avisada por un prisionero que haba logrado echarse al agua al acercarse a tierra, el alcalde sala a esperarlo con 800 hombres bien armados. ste, al encontrarse con los enemigos, ms animoso que entendido en maniobras militares, mand desfilar un destacamento de caballera creyendo dispersarlos y as perseguirlos a mansalva y acabar con ellos; pero daba con gente serena que se adelant en buen orden, desconcert los caballos y dio sobre los infantes, matando al alcalde y muchos de los suyos, y haciendo huir a los dems por los montes cercanos. En seguida entraron en la villa, encerraron a los vecinos en la iglesia, saquearon las casas y haciendas inmediatas y convinieron en un rescate de 500 bueyes y cierta cantidad de sal, obligndose los principeos a entregarlo todo en la costa; y a los dos das se embarc Morgan para Jamaica con un botn que se calcul en unos 50 000 pesos en oro y alhajas. El otro fue el asalto de Santiago de Cuba a fines de 1662 por otra escuadra inglesa de 15 velas. Desde que lleg a la boca del puerto tuvo noticia el gobernador don Pedro Morales por el comandante del Morro, y al punto mand que las tropas se recogiesen a sus cuarteles; pero con una incuria ajena de un militar ni reforz la pequea guarnicin del castillo, ni cubri los puntos importantes de la costa. Los piratas desembarcaron por la parte de Aguadores en nmero de 800 y se dirigieron a la ciudad; mas, como se les hiciese noche a corta distancia resolvieron esperar el nuevo da en la pequea llanura de Lagunas. Los oficiales de la guarnicin, confiados en el conocimiento que tenan del terreno, instaban por salir asegurando sorprenderlos y vencerlos; pero Morales, que a la cuenta deba estar obcecado figurndose que los ingleses no se atreveran a atacarlo, desatendi la buena disposicin de aquellos valientes. Llegada la maana empezaron a moverse con harto

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PEDRO JOS GUITERAS /223 /223 /223 /223 /223 asombro suyo, y desconcertado y confuso mand formar la tropa y se dirigi sin orden ni plan alguno a las alturas de Santa Ana. Fcil era de vencer un jefe de tan poca previsin y prudencia; los ingleses se dividieron en dos columnas y envolvieron a los espaoles, hacindolos huir vergonzosamente, y en medio de la confusin se oa la voz de Morales mandando retirar, hacindolo l y los suyos donde pudieron. Apoderronse de Santiago y del Morro, capaz ste por s solo de resistir fuerzas mayores a haber estado mejor defendido; llevronse la artillera, las campanas de las iglesias, tres naves que haba en el puerto y algunos negros esclavos, y no pudiendo dar con los muebles y alhajas de valor, desahogaron su clera volando el castillo, destruyendo la Catedral y matando algunos vecinos; sin que en un mes que estuvieron posesionados de la ciudad, hiciese nada por desalojarlos su cobarde gobernador. “Urrutia dice, segn Valds, que la Audiencia de Santo Domingo cometi al licenciado don Nicols Muoz el examen de este suceso, el que obr la deposicin de Morales; y que el rey tuvo a bien con semejante novedad encargar el gobierno al maestre de campo don Pedro de Bayona, a quien mand dar 200 soldados y provisiones de guerra”. Otro caso de criminal abandono ocurri en San Juan de los Remedios, villa antigua, situada en la costa del norte, que en aquel tiempo haca gran comercio en tabaco, azcar y pieles. Hallbase fondeado a la entrada del puerto un navo de diez piezas tripulado con 90 hombres, que haba enviado Salamanca para que se apoderase del cruel pirata francs Lolonois, que andaba robando por aquellas costas con dos canoas armadas, con orden de matar los piratas y llevarle al capitn para ejecutarlo en La Habana. El centinela del navo vio a deshoras de la noche que se acercaban las canoas, creyendo fuesen de pescadores, les grit de donde venan y si no haban visto piratas; hizo Lolonois que respondiese un prisionero diciendo que no haban visto ninguno, y el centinela no volvi a hacer ms caso de ellos. Al alba dieron sobre el navo, que se defendi cuanto pudo; pero fue entrado obligando a los espaoles a retirarse a las partes inferiores, de donde los hizo salir Lolonois y a todos los degoll, excepto uno que envi con este recado a Salamanca: “Ve y di a tu gobernador que no dar jams cuartel a ningn espaol y que espero hacer algn da con l lo que con los que envi en este navo para que me degollasen y a mis bravos compaeros”.4 4Arrate, pp. 64-130. Valds, pp. 58-86 y 351. Memorias de agosto y septiembre de 1840.

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CAPTULO VGUERRAS METROPOLIT GUERRAS METROPOLIT GUERRAS METROPOLIT GUERRAS METROPOLIT GUERRAS METROPOLIT ANAS. DESPOJO ANAS. DESPOJO ANAS. DESPOJO ANAS. DESPOJO ANAS. DESPOJO DE LAS COLONIAS ESP DE LAS COLONIAS ESP DE LAS COLONIAS ESP DE LAS COLONIAS ESP DE LAS COLONIAS ESP AOLAS. FOR AOLAS. FOR AOLAS. FOR AOLAS. FOR AOLAS. FOR TIFIC TIFIC TIFIC TIFIC TIFIC ACIONES ACIONES ACIONES ACIONES ACIONES EN LA ISLA. FUND EN LA ISLA. FUND EN LA ISLA. FUND EN LA ISLA. FUND EN LA ISLA. FUND ACI"N DE MA ACI"N DE MA ACI"N DE MA ACI"N DE MA ACI"N DE MA T T T T T ANZAS. ANZAS. ANZAS. ANZAS. ANZAS. PROGRESO DE LA HABANA PROGRESO DE LA HABANA PROGRESO DE LA HABANA PROGRESO DE LA HABANA PROGRESO DE LA HABANALa cuestin tom proporciones colosales en esta poca, cuando se aviv el espritu de conquista entre las naciones martimas, y ya destruido el principio del monopolio, invadi el derecho de propiedad fundado en la posesin y colonizacin del terreno. Espaa, que ocupaba las colonias ms ricas de Amrica, despus de sufrir la plaga de los corsarios y piratas, empez a probar la hostilidad de las Cortes amigas y se vio forzada a entrar en la gran guerra de expiacin, que haba de asegurar el triunfo de los dos nobles principios de la libertad de los mares y la emancipacin de los monopolios, y terminar al fin con la independencia de ambos continentes y su organizacin en Estados republicanos. Una nacin apenas conocida en el mundo poltico, poseedora de un suelo tan estril que slo en fuerza de la industria de sus habitantes es que corresponde con los escasos frutos de su seno, debi ser la patria del inmortal Grocio. Obligados los holandeses a buscar medios de subsistencia en la navegacin y comercio, rompieron los primeros la barrera de los monopolios y sus naves llenaron los mares de Amrica y Asia. Una o dos rocas en el grupo de las Antillas, abandonadas por improductivas, cayeron entre las garras de estos atrevidos navegantes y facilitaron el desarrollo de un gran contrabando con las posesiones espaolas. Inglaterra vio con envidia el progreso de la Holanda, y cuando la revolucin puso en manos de Cromwell las riendas del gobierno empez la lucha entre estas dos naciones. La clebre acta de navegacin del Protector, no contiene ni una palabra sobre el monopolio ingls con las colonias, ella establece tan slo el principio de un comercio martimo exclusivo de los productos ingleses por buques nacionales, equipados en su mayor parte por ciudadanos ingleses, y la prohibicin a los extranjeros de importar en la repblica otros productos que los del suelo

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PEDRO JOS GUITERAS /225 /225 /225 /225 /225 propio, o aquellos cuya venta se hallase establecida en el pas importador. La idea fue indudablemente atacar el comercio holands, ocupado en traer y llevar productos extranjeros, y levantar sobre sus ruinas el comercio nacional. En vano reclam la Holanda contra un acta que atentaba a romper las relaciones entre ambos pueblos; el Parlamento atendi solamente a la conveniencia de los intereses ingleses. La guerra fue, pues, inevitable; en ella triunfaron las escuadras de Cromwell, y los holandeses cedieron su puesto a la ambicin inglesa. No despreci Francia esta leccin, interesada tambin en el sistema colonial y no menos codiciosa de emprender nuevas conquistas para extender sus posesiones. Ya en los tiempos de la reina Isabel haba empezado a descubrir el espritu de rivalidad que la animaba, y desde entonces se la ve seguir los pasos de Inglaterra en el despojo de las colonias espaolas. El mismo ao que sta se apoder de las Barbadas, Francia ocup la mitad de San Cristbal; cuando la primera sent su planta en la otra mitad, en Nevis, y al fin en Jamaica, la segunda adquiri la Martinica, Guadalupe y otras islas pequeas, fund una colonia en Cayena y con ayuda de los piratas tom posesin de la parte occidental de Santo Domingo. La impudencia del petulante Carlos II lleg hasta firmar una cdula a favor de Clarendon cedindole el territorio que se extiende desde el 29 hasta el 36, 30’ latitud norte desde el Atlntico hasta el Pacfico, esto es, 7 grados de norte a sur y ms de 40 de este a oeste.1Espaa se prepar a conjurar la tempestad que se levantaba contra sus mejores Estados, y uno de los puntos que ms llam su atencin fue La Habana, de cuya conservacin penda la de su imperio en todos sus dominios de las Indias. El rey don Felipe IV, receloso de la mala fe del Gobierno ingls, lleg a temer que el gobernador de Jamaica formase alguna combinacin para invadirla, u otra parte importante de la Isla, valindose de los piratas que andaban sembrando el terror por las Antillas; y al nombrar para el gobierno de ella al maestre de campo don Rodrigo de Flores en 1663, dispuso que se llevase a cabo la construccin de sus murallas y se prestase toda atencin a fortificarla. No menos cuidadosa de los franceses del Cabo, hizo reedificar el castillo del Morro de Santiago y que se construyesen a la entrada del puerto las fortalezas de Santa Catalina, la Punta y la Estrella, y aument la guarnicin con 200 hombres. Llev a efecto estas obras su gobernador don Pedro Bayona y tambin fortific y murall el convento de San Francisco. Estas precauciones salvaron a Santiago de las garras de Franquinay, cuando en 1678 lo envi el gobernador del Guarico a apoderarse de ella. El pirata a la cabeza de ms de 800 hombres desembarc por Jaragua 1Bancroft, t. I, pp. 213-218; t. II, p. 137; t. II, p. 116.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 226\ 226\ 226\ 226\ 226\ Grande, donde tom un vecino llamado Juan Perdomo, que pasaba por demente o mentecato, para que le sirviese de gua y se dirigi a la ciudad. Caminaban de noche a luz de una luna clara y serena sin recelo ni cuidado, y al llegar a un punto donde el camino se parta en dos formaron dos mangas y cada una tom por uno de ellos, cuando al encontrarse de nuevo en la confluencia empez a gritar Perdomo “Santiago, Espaa”, a cuyas voces ambas partidas, creyndose sorprendidas de espaoles, se hicieron varias descargas muriendo gran nmero de ellos. Cuyo accidente destruy el plan de Franquinay de sorprender a la ciudad, y no teniendo fuerzas bastantes para atacarla abiertamente se volvi a la playa a reembarcarse dejando solo a Perdomo, que maniatado como estaba entr y refiri lo que haba ocurrido, con asombro y satisfaccin de los vecinos. sta fue la ltima vez que Santiago se vio amenazada de las terribles hordas de forajidos que por ms de siglo y medio la haban tenido en constante inquietud. En el corto tiempo que dur el gobierno de Flores se principi la construccin de las murallas. Su sucesor, don Francisco Dvila Orejn (1664), no pudo continuarlas por escasez de erario; pero dio lustre a La Habana en un libro que imprimi titulado Excelencias del arte militar donde demuestra su valor para la conservacin de los reinos del Per y Mjico. Don Francisco Rodrguez de Ledesma se encarg del mando en 1670 y las tom a empeo, y entonces contribuy el vecindario con los peones que les haba ofrecido, mereciendo por este patritico desprendimiento las gracias del soberano; armronse algunos bajeles y de Espaa se enviaron otros con prevencin de que se formase una armada respetable. Adems de la invasin de que hemos hablado, sufri la Isla en este gobierno, una de 600 piratas mandados por Grammont. ste desembarc en la Guanaja en febrero de 1679 y se apoder de Puerto Prncipe, donde permaneci un da solamente; porque los vecinos tomaron las armas y unidos a un piquete que haba de guarnicin empezaron a hostilizarlo y lo persiguieron hasta la misma Guanaja, donde vindose acosado se atrincher y el 25 del mismo mes se trab una accin reida que lo oblig a reembarcarse con prdida de 70 muertos. Y como Ledesma informase de la doblez con que, sin embargo de la paz entre las dos naciones, se conduca el gobernador de Jamaica, fomentando estas expediciones y aparentando que las persegua, la Corte resolvi usar de represalias y provey patentes de corso para que se armasen contra ellos. Por este tiempo se abandonaron los trabajos de las minas de cobre cerca de Santiago, a causa de su poco rendimiento; este metal era de tan buena calidad que ningn otro le exceda en las fundiciones de Espaa, para donde se conducan a principios de aquel siglo hasta 2 000 quintales anuales; y la escasez de sus productos cuan-

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PEDRO JOS GUITERAS /227 /227 /227 /227 /227 do la supresin se atribuy, ms bien que a falta de mineral suficiente, a ignorancia o abandono de los que dirigan la explotacin. Tambin ocurri el gran terremoto que sufri aquella ciudad en 1675. Le sucedi don Jos Fernndez de Crdova en 1680 y don Diego de Viana e Hinojosa en 1687, que continuaron las obras de fortificacin, y en 1869 empez el gobierno del maestre de campo don Severino de Manzaneda y Salinas, memorable en nuestra historia por la fundacin de Matanzas. La baha de este nombre, por su situacin a la entrada del canal y sus ventajas de localidad bajo un punto de vista militar, poda perjudicar el comercio y causar un grave dao a La Habana, si por un golpe de mano se apoderaban de ella los ingleses. La aldea que exista desde los tiempos de la conquista haba aumentado en poblacin y sus cercanas estaban cultivadas con esmero. Manzaneda resolvi darla un gobierno propio, y el 10 de octubre de 1693 fund una ciudad sealando lugar para iglesia y plaza de armas y trazando las calles principales; dos das despus, el obispo don Diego Evelino de Compostela sent la primera piedra del templo que haba de edificarse con la advocacin de San Carlos Borromeo, y al siguiente pas el gobernador a Punta Gorda y fij punto para el castillo que en honor suyo se llam de San Severino. A estos actos concurrieron con las autoridades superiores civil y eclesistica, muchas personas de distincin de la capital con gran contento de los vecinos de toda la comarca. Despus de una laboriosa infancia, la ventajosa situacin de su puerto, la fertilidad de sus campos y la industria de sus habitantes, levant en pocos ao este pequeo pueblo a la altura de una de las ms importantes ciudades de la Isla y hoy slo cede a La Habana en poblacin y comercio.2En su gobierno se resolvi una larga cuestin que traa alborotados a los vecinos de San Juan de los Remedios, empeados unos en trasladar la villa a un punto del interior donde no fuese acosada de piratas y queriendo otros se dejase donde estaba, alegando que las hostilidades haban cesado ya. Obtuvieron los primeros licencia de Fernndez de Crdova y empezaron luego a formar una aldea en el hato de Santa Clara; y despus de grandes escndalos, en que por exceso de parcialidad llegaron los mismos comisionados del gobierno a destruir a hierro y fuego la antigua villa, dispuso Manzaneda por auto de 25 de enero de 1690 que se conservasen ambos pueblos, con lo cual tuvo la Isla uno ms en el que an subsiste con el nombre de Villa Clara.3Don Diego de Crdova (1695) se dedic a extender las murallas y dej concluido el recinto desde la puerta de la Punta hasta Tenaza y el 2Valds, pp. 59, 86-95, 294, 359. Arrate, p. 69. Pezuela, p. 152.3Vase un extracto del expediente que se form sobre estos sucesos en las Memorias de la S. P. de la Habana del mes de agosto de 1840.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 228\ 228\ 228\ 228\ 228\ hospital de San Francisco. A fines de este gobierno o poco despus, teniendo los ingleses bloqueada la Florida, se despacharon del puerto de La Habana cinco embarcaciones con tropas de infantera de lnea y milicianos al mando del capitn don Esteban de Berroa, habanero, quien hizo retirar al enemigo y socorri el presidio con mucho honor de las armas espaolas, como lo manifest el rey en Cdula de 1704. Los de don Pedro Bentez y don Pedro lvarez duraron poco tiempo, y en 1708 empez el de don Laureano de Torres, marqus de Casa Torres, quien dos aos despus tuvo serias desavenencias con el teniente auditor, y ambos partieron a Espaa a exponer sus agravios, con cuyo motivo el Ayuntamiento us de su prerrogativa y encarg el gobierno poltico a sus dos alcaldes y el mando de las armas a don Luis de Chacn; aunque este ltimo reasumi la autoridad superior por Real Orden de 1712. El marqus obtuvo decisin favorable y fue repuesto en 1713, y sigui hasta 1716, que lo relev don Vicente de Raja, cuya permanencia en la Isla fue de corta duracin. En esta poca se estableci en La Habana (ao de 1709), a instancia del Ayuntamiento, el Tribunal del Protomedicato con las mismas facultades y jurisdiccin que las de Mjico y Lima, para contener el desorden que haba en los que ejercan la profesin, titulndose mdicos muchos que no lo eran con notable perjuicio del bien pblico; y se fund (1711) la Casa de Beneficencia para nios expsitos, cuyo piadoso establecimiento se debe principalmente a la caridad del Ilmo. don fray Jernimo de Valds, que invirti en l 16 000 pesos de su propio peculio y consigui del rey que por una vez se librasen para su conservacin 12 000 sobre el ramo de vacantes de los obispos de Nueva Espaa. Las cuestiones del marqus y otros desrdenes que se suscitaron en el gobierno civil y poltico, dieron lugar a la resolucin de establecer una nueva regla para los casos de ausencia o suspensin de la primera autoridad, y se mand por Real Cdula de 15 de diciembre de 1715 que en lo sucesivo optasen a la vacante los tenientes gobernadores como cabos subalternos.4 4Arrate, p. 78. Valds, pp. 96, 98-102. Pezuela, pp. 161 y 162.

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CAPTULO VITRA TRA TRA TRA TRA T T T T T ADO DE UTRECH. INV ADO DE UTRECH. INV ADO DE UTRECH. INV ADO DE UTRECH. INV ADO DE UTRECH. INV ASI"N DE INGLA ASI"N DE INGLA ASI"N DE INGLA ASI"N DE INGLA ASI"N DE INGLA TERRA TERRA TERRA TERRA TERRA CONTRA EL MONOPOLIO COMERCIAL. CONTRA EL MONOPOLIO COMERCIAL. CONTRA EL MONOPOLIO COMERCIAL. CONTRA EL MONOPOLIO COMERCIAL. CONTRA EL MONOPOLIO COMERCIAL. LAS MILICIAS DE LA HABANA LAS MILICIAS DE LA HABANA LAS MILICIAS DE LA HABANA LAS MILICIAS DE LA HABANA LAS MILICIAS DE LA HABANAPor este tiempo se haba efectuado un cambio en el estado poltico de Espaa que tuvo gran influencia en la suerte futura de las colonias. La muerte de Carlos II, ltimo vstago de la dinasta austriaca, abri el camino del trono a la rama francesa de Borbn, y el prncipe Felipe, quinto de este nombre, reconocido sucesor de los Estados de aquel monarca, tom las riendas del gobierno en abril de 1701. El archiduque Carlos, que se crea con derecho a la monarqua, fue a Espaa a disputarle el cetro, hasta que la prdida del emperador Jos su hermano en 1711, llamndolo a la sucesin del imperio, le hizo dejar el teatro de la guerra y ya fue seguro el triunfo de Felipe. Esta guerra, en lugar de limitarse al territorio de la Pennsula, se hizo una cuestin europea por el espritu de animosidad que exista entre los soberanos de Inglaterra y Francia. Guillermo III quiso humillar la ambicin de Luis XIV y form una alianza poderosa con el Austria y la Holanda, forzando la Francia a defender los derechos de su prncipe al dominio espaol. La repentina elevacin del pretendiente al trono de Austria vari las ideas de Inglaterra, temerosa de investir al nuevo emperador con el inmenso poder de Espaa e Italia y volver a los tiempos del gran Carlos V, y se restableci la paz con el Tratado de Utrech de 1713. Pero aunque un accidente inesperado fue la causa principal de esta paz, cost bien caro a los monarcas Borbones obtenerla. Para guardar el equilibrio europeo, Luis y Felipe se obligaron a que las Coronas de Francia y Espaa no se refundiran jams en las sienes de ningn Borbn, y como era de esperarse que en lo adelante seguira sta las huellas de la poltica francesa, el segundo renunci sus derechos a los Pases Bajos, nica barrera contra las invasiones de Francia en el continente, y se adjudicaron a la causa de Austria, la cual adquiri tambin los reinos de Npoles y Cerdea y el ducado de Miln; la casa de

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 230\ 230\ 230\ 230\ 230\ Saboya obtuvo el reino de Sicilia, que ms adelante troc por el de Cerdea y fue elevada al rango de majestad real; y la Inglaterra qued en posesin de Gibraltar, la fortaleza ms importante de Espaa, llave del Mediterrneo, lo cual haca irreconciliable la odiosidad espaola. Con este arreglo y varios artculos aclaratorios, desapareci por entonces todo motivo de discordia que pudiera afectar la paz general de Europa. Respecto de las martima y comerciales, todas las ventajas fueron para Inglaterra. Luis renunci a su favor la supremaca en la pesca, cedindole la baha de Hudson y sus costas y adems Terranova y Nueva Escocia. Espaa, si bien conserv sus posesiones, fue a costa de penosos sacrificios, no atrevindose a exigir de Felipe que los puertos de Amrica se abriesen libremente a sus naves mercantes, cuando ella misma sostena en sus colonias un severo monopolio, y decidida a proteger el contrabando de sus sbditos, el espritu invasor de sus hombres de Estado, aguz un medio de cubrir con una estrecha tela aquellas posesiones, sin que Espaa pudiese romper los hilos imperceptibles con que estaba ingeniosamente tejida. Si el fin era perverso, el medio adoptado exceda los lmites de la depravacin: “S.M.B. ofrece y se obliga a introducir en las Indias Occidentales pertenecientes a S.M.C. en el trmino de 30 aos 144 000 negros, a razn de 4 800 al ao”, debiendo pagar por cada uno el derecho de 33 pesos. Los asentistas podrn introducir, adems de este nmero, cuantos quisiesen, abonando por cada negro un derecho menor de 16 pesos. Y a fin de asegurar el monopolio de este pinge comercio se tuvo buen cuidado de especificar que ningn francs ni espaol, o individuo de otra nacin pudiese introducir un solo negro en la Amrica espaola. Para su ejecucin se convino que S.M.B. nombrara las personas que hubiesen de encargarse de la trata y que los agentes podran entrar en los puertos de las colonias, enviar sus factores al interior, establecer almacenes libres de reconocimiento, a menos de haber alguna prueba de existir contrabando, enviar anualmente un buque de 500 toneladas con mercancas exentas de todo derecho para ser vendidas en feria, y los retornos de su producido, bien en barras de plata o lingotes de oro, o en frutos del pas, transportarlos directamente a Europa en buques ingleses. Adems se esperaba de S.M.C. que permitiese a los asentistas proveerse en Europa y las colonias norteamericanas de lo que necesitasen, hacindolo traer en buques pequeos, como si dijsemos, en los ms a propsito para el trfico clandestino. Felipe encontr a Espaa postrada con los esfuerzos imprudentes hechos por la dinasta austriaca para conservar la preponderancia sobre las otras naciones. Una sucesin constante de guerras, las ms 3 1 3 2

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PEDRO JOS GUITERAS /231 /231 /231 /231 /231 veces intiles, haban consumido los inmensos tesoros del Nuevo Mundo y cubierto a Europa de sangre espaola; las escuadras que un da amenazaron la independencia de Inglaterra haban desaparecido; la agricultura e industria y la poblacin notablemente disminuidas, los espaoles eran unos tributarios de Inglaterra y Francia, que un siglo antes haban mejorado sus leyes administrativas y favorecido la produccin y nadaban en la prosperidad y opulencia. Obligado aquel monarca a comprar la paz renunciando a los Estados de Italia y los Pases Bajos, Espaa qued reducida a sus provincias peninsulares y sus colonias, cuyo dominio poda slo mantener estrechando los vnculos de origen, religin y costumbres que las unan, y aun esto con el riesgo de verlas invadidas por los poderes que aspiraban a la dominacin de los mares. Concluida la guerra, el inters de Espaa era sostener la paz y reponer las prdidas sufridas durante siglo y medio; esta poltica a la vez que a la Pennsula, hubiera sido favorable a las Indias. La nueva rama de Borbn, aliada natural de Francia, no tena que temer all sino a Inglaterra. Los corsarios franceses se haban concluido. Holanda hubiera abandonado el contrabando cuando aqulla monopolizaba el comercio colonial embozada con el manto del asiento de negros. Austria no tena escuadra y su poder martimo era nulo. Felipe, en lugar de engrandecer el imperio fomentando la riqueza y prosperidad interior por medio de reformas econmicas, pens en recobrar sus Estados, reconquistar a Gibraltar y destruir el vergonzoso monopolio ingls. Si ya resuelto a combatir se hubiera fijado en esto ltimo, es probable que la suerte lo hubiera favorecido. Su atencin se dirigi primero a Europa, teatro ms cercano y ms glorioso. La guerra de Italia le atrajo sobre s las potencias que intervinieron en la paz de Utrech, y sin recursos para pelear con todos, la suerte de las armas le fue al fin adversa; la reconquista de Gibraltar lo hall solo con Inglaterra, y despus de cinco meses de sitio tuvo que abandonar la empresa sin ninguna ventaja para la nacin.1En este estado de incertidumbre y guerra, Cuba sigui armndose y algunas veces sostuvo el honor de las armas espaolas. El brigadier don Gregorio Guazo, que empez su gobierno en 1718, reform el reglamento vigente para las tropas de la guarnicin, dndoles una forma ms militar y respetable; hizo de todas un batalln de infantera, compuesto de siete compaas de a 100 hombres y adems dos separadas de artillera y caballera ligera, y para su alojamiento dispuso construir el rastrillo que hoy tiene la Fuerza y los cuarteles altos y bajos que corren en seguida hacia la parte del sur. 1Historia de Espaa Narrac. &c., t. IX, caps. 19-25. Bancroft, t. III, p. 227 y siguientes.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 232\ 232\ 232\ 232\ 232\ Guazo era activo, emprendedor, y dotado de genio militar, no conformndose con una posicin pasiva, quiso escarmentar a los piratas que andaban insultando las costas de la Isla y el comercio del seno mejicano. Inspirbanle confianza las milicias de La Habana, que en otras expediciones por estos mares haban demostrado ms de una vez su valor y arrojo. Combin, pues, con el gobernador de la Florida, una faccin contra la colonia inglesa de San Jorge en la Carolina, y echando voz de que intentaba desalojar los corsarios de Nueva Providencia, levant un armamento de 14 naves ligeras, 10 balandras (una de ellas de 14 piezas), dos bergantines y otras embarcaciones menores, con municiones y pertrechos propios para el caso, reuni 1 000 voluntarios, 100 veteranos y algunos vecinos principales a quienes confi el mando de algunas naves, y nombr por cabo de la expedicin a don Alfonso Carrascosa y por segundo a Berroa, el hroe de la Florida y capitn ms antiguo de las milicias. Hzose a la vela el 4 de julio de 1719, y apenas salida del punto avist dos fragatas de guerra francesas que acababan de rendir el castillo de Penzacola y conducan prisionero a su gobernador y a toda la guarnicin. Las fragatas intentaron huir, pero les sobrevino calma, y Carrascosa las abord y apres sin que hiciesen por defenderse. Con tal feliz augurio regresaron a La Habana, a conducir los rescatados, esperando volver a la conquista de San Jorge. Pero informado Guazo de la importancia de Penzacola, se resolvi acudir a su recuperacin, y fue destinada a tal objeto la armada de Carrascosa, que rindi a los franceses e instal de nuevo al gobernador en su fortaleza y presidio. En seguida emprendi varias excursiones a los puertos de la Mscara y Mobila y otros lugares inmediatos, tal los campos, apres varios transportes de vveres e hizo prisioneros muchos negros de la Compaa de Occidente, y empez a ocuparse en el modo de apresar una fragata que haba encallado en la Mscara y estaba defendida por cuatro bateras levantadas en la costa; pero hubo de desistir por no tener fuerzas suficientes. Entonces se dedic a mejorar las fortificaciones del puerto de Penzacola y levantar una en la punta de Sigenza para defensa del canal, pensando librarlo del riesgo de volver a perderse; y andaba empeado en estos trabajos cuando vino a desconcertarlo todo la llegada de la escuadra del conde Chamelin, compuesta de seis navos de lnea bien pertrechados. El almirante francs, despus de un combate obstinado, en que se distinguieron los voluntarios de La Habana que componan en mayor nmero en los buques, forz el paso de Sigenza y oblig a Carrascosa a rendirse, volviendo a caer Penzacola en poder de los enemigos, quienes hicieron grandes elogios de aquellas tropas, con-

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PEDRO JOS GUITERAS /233 /233 /233 /233 /233 2Valds, p. 102. Arrate, p. 54. Ensayo Cronolgi co de la Florida por Don Gabriel de Crdenas Z. Cano (anagrama imperfecto de Andrs Gonzlez de Barcia, verdadero nombre del autor de esta obra). Dc XXI y ltima, p. 346 y siguientes.fesando que era lstima que hombres tan valientes y dignos de eterna fama hubiesen muerto sin alcanzar una victoria que slo le fue arrancada por la desigualdad de los navos, el mayor nmero de franceses y calibre de la artillera.2

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CAPTULO VIIFOR FOR FOR FOR FOR TIFIC TIFIC TIFIC TIFIC TIFIC ACIONES DE LA HABANA. SU ARSENAL ACIONES DE LA HABANA. SU ARSENAL ACIONES DE LA HABANA. SU ARSENAL ACIONES DE LA HABANA. SU ARSENAL ACIONES DE LA HABANA. SU ARSENAL Y UNIVERSID Y UNIVERSID Y UNIVERSID Y UNIVERSID Y UNIVERSID AD. CONTRABANDO INGLS. GUERRA AD. CONTRABANDO INGLS. GUERRA AD. CONTRABANDO INGLS. GUERRA AD. CONTRABANDO INGLS. GUERRA AD. CONTRABANDO INGLS. GUERRA CON INGLA CON INGLA CON INGLA CON INGLA CON INGLA TERRA. ARMAMENTO CONTRA TERRA. ARMAMENTO CONTRA TERRA. ARMAMENTO CONTRA TERRA. ARMAMENTO CONTRA TERRA. ARMAMENTO CONTRA LAS COLONIAS ESP LAS COLONIAS ESP LAS COLONIAS ESP LAS COLONIAS ESP LAS COLONIAS ESP AOLAS. INV AOLAS. INV AOLAS. INV AOLAS. INV AOLAS. INV ASI"N ASI"N ASI"N ASI"N ASI"N DE SANTIAGO DE CUBA. PAZ DE AQUISGRN. DE SANTIAGO DE CUBA. PAZ DE AQUISGRN. DE SANTIAGO DE CUBA. PAZ DE AQUISGRN. DE SANTIAGO DE CUBA. PAZ DE AQUISGRN. DE SANTIAGO DE CUBA. PAZ DE AQUISGRN. TRASLACI"N DE LA ARMAD TRASLACI"N DE LA ARMAD TRASLACI"N DE LA ARMAD TRASLACI"N DE LA ARMAD TRASLACI"N DE LA ARMAD A DE BARLO A DE BARLO A DE BARLO A DE BARLO A DE BARLO VENTO VENTO VENTO VENTO VENTO A LA HABANA A LA HABANA A LA HABANA A LA HABANA A LA HABANADon Dionisio Martnez sucedi a Guazo en 1724, y durante su largo gobierno de diez aos logr levantar las murallas desde la puerta de la Punta hasta San Telmo, desde el ngel hasta el baluarte colateral de la puerta de Tierra, y desde el ngulo de la Tenaza hasta el otro baluarte colateral; se aument la guarnicin con 250 hombres, se dispuso la construccin del Arsenal, que tanto contribuy a mejorar el estado decadente de la armada, y la Universidad, fundada el 5 de enero de 1728, obtuvo la real aprobacin el 3 de septiembre del mismo ao. El astillero antiguo se hizo entre el castillo de la Fuerza y la Contadura, por la facilidad que ofreca la inmediacin al cantil para hacer bajar los navos de las gradas al mar; pero como se tocasen las ventajas que los buques construidos en La Habana llevaban a los de los arsenales de Espaa a causa de la excelencia de sus maderas, se pens en darle ms extensin y fue trasladado al sitio donde hoy se halla, en un espacio como de un cuarto de legua, cercado de muros con almenas y estribos exteriores que contribuyen a su mayor solidez y hermosura. La Isla es deudora de su primer instituto de educacin cientfica y superior a la esclarecida religin dominica, que tan liberal se mostr siempre en el progreso de la ilustracin americana. Erigiose en su convento de predicadores de la capital, en virtud de bula de Inocencio XIII y acuerdo del Consejo de Indias, y formados los estatutos por los doctores y maestros del claustro; comisionados por Real Orden de 14 de marzo de 1734, obtuvieron la aprobacin de S.M. por Cdula de 27 de junio de 1734, concedindole las mismas gracias y

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PEDRO JOS GUITERAS /235 /235 /235 /235 /235 prerrogativas que la Universidad de Alcal y dems de los reinos de Castilla.1En el gobierno del mariscal de campo don Juan Francisco Gemes, sucesor de Martnez, se hicieron algunas reformas en las bateras del Morro y las murallas, particularmente por su parte exterior, a cuyos trabajos contribuyeron los habaneros con 12 000 pesos e igual nmero de bagajes. Exiga estas precauciones el estado de incertidumbre en que se hallaba la Corte con respecto a los negocios polticos de Europa; sobre todo, los de Espaa con Inglaterra, que cada da se complicaban y aumentaban el encono de ambas naciones. Para llevar a efecto la parte del Tratado de Utrech relativa a Amrica, el Gobierno ingls extendi las bases de una sociedad con el nombre de Compaa de la Mar del Sur, cuyo capital consista en crditos contra la nacin, y la autoriz para hacer el comercio de negros; mientras que Jamaica se convirti en depsito de un inmenso contrabando, de cuyas ganancias se sostena una parte considerable de su poblacin. A las frecuentes reclamaciones de Espaa contra estos abusos daba fcil odo el ministro Walpole, que en atenderlas crea empeado el honor nacional, el de la justicia y los intereses bien entendidos del comercio. Pero el pueblo ingls, no satisfecho con los pinges resultados de su rapacidad, viva embriagado con sueos de ganancias fabulosas y las vea seguras en el robo y la conquista. No era la guerra que deseaba ahora por seguir cortando el palo de Campeche en la baha de Honduras, no por las diferencias suscitadas entre Espaa y la Compaa sobre las cuentas que sta presentaba, no por la reciente cuestin de fronteras en la Florida; todo esto hubiera podido arreglarse fcilmente. El nico fin era obligar a Espaa a que renunciase al derecho de visita, o reconocimiento de los buques mercantes sospechosos que cruzaban los mares de las Antillas, para poder, a mansalva, extender el contrabando. La nave que enviaban a Portobelo iba seguida de velas menores que se le acercaban de noche y reponan las mercancas desembarcadas durante el da, los buques negreros servan tambin para introducir cargamentos clandestinos escudados con pasaportes de dos asentistas, y hasta con el pretexto de averas y riesgos de naufragio se acercaban otros muchos a los puertos del golfo de Mjico y entraban invocando las leyes de la humanidad y los tratados. El resultado fue la completa aniquilacin del comercio espaol. Anteriormente, el nmero de toneladas de la flota de Cdiz llegaba a 16 000, y en el primer tercio del siglo XVIII 1Arrate, pp. 70 y 100, y cap. 27. Valds, pp. 319-322. Los buques construidos en el Arsenal de La Habana desde 1724 hasta 1796, segn este ltimo autor, son 49 navos, 22 fragatas, siete paquebotes, nueve bergantines, 14 goletas, cinco ganguiles y cuatro pontones, que hacen un total de 109 buques de guerra.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 236\ 236\ 236\ 236\ 236\ se vio reducido a solas 2 000 y su objeto era conducir los tesoros reales a Espaa. Que esta nacin pudiera someterse a admitir impunemente el contrabando en ninguna parte de sus dominios, era un absurdo creerlo. Agotado el sufrimiento, la Corte de Madrid renov sus reclamaciones, que fueron consideradas por el honrado Walpole, y en su consecuencia se firm un convenio en enero de 1739, reconociendo ambas naciones los reclamos que se hacan sobre daos y perjuicios en el comercio y acordando nombrar comisionados para fijar los lmites de la Carolina y la Florida. El ministro ingls se present en el Parlamento a defender francamente la necesidad de su aceptacin, impugnado por el duque de Newcastle, a quien apoyaban Pitt maliciosamente, y con perversas intenciones Pulteney y los suyos. La historia ha consignado en sus pginas una sentencia de la rplica de Walpole a Newcastle bastante a caracterizar la profundidad de sus miras polticas: “No se requiere mucha destreza en un ministro para llevar las cosas a tal punto que hagan la guerra inevitable; pero cun pocos son los que han conocido el arte de impedirla por medio de una paz estable y honrosa”. Triunf la oposicin e Inglaterra declar la guerra en el mes de octubre a Espaa, cuya justicia quiso el cielo defender por s mismo, castigando la avaricia de una nacin que sacrificaba su honra deslumbrada con el ansia de enriquecerse a costa de los derechos de otros pueblos. Empez a preparar un armamento para apoderarse de las mejores provincias de Amrica. Con el fin de abrirse paso a sus prometidas victorias, Eduardo Vernon recibi orden de atacar a Chagres, al norte del istmo del Darin, en tanto que una pequea escuadra al mando del comodoro Anson cooperaba en Panam. Mientras ste llegaba a su destino, Vernon se present delante de Portobelo, plaza mal provista y de escasa guarnicin, se apoder de ella el 22 de noviembre por capitulacin, la desmantel y se volvi a Jamaica con un botn de 10 000 pesos. Al ao siguiente, cuando crey a Anson en Panam, sali para Chagres y tom y demoli el puerto; pero su triunfo fue intil, por no haber recibido el auxilio que esperaba de aqul a causa de haber perdido su escuadra en una fuerte tempestad sobre el cabo de Hornos. Vernon se retir de nuevo a Jamaica, y Anson, convertido de conquistador en corsario, dio la vuelta al mundo y entr en Inglaterra cargado de despojos y oprimido de sinsabores y desgracias. Lista la escuadra mayor y el ms numeroso ejrcito que hasta entonces haban visto las ondas del golfo mejicano, zarp de Inglaterra en octubre de 1740, y despus de detenerse a refrescar su aguada en la Dominica, donde lord Cathcart, jefe de las fuerzas terrestres, pag con su vida tributo al clima de las Antillas, se reuni en Jamaica el 3 de

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PEDRO JOS GUITERAS /237 /237 /237 /237 /237 enero de 1741. Componase esta expedicin de 29 navos de lnea y sobre 80 buques menores, tripulados con 15 000 marineros, y 12 000 hombres de desembarco. La muerte de Cathcart haba destruido la unidad de accin, tan necesaria para el xito de las operaciones militares, y el mal se hizo ms grave por la desigualdad en el carcter de sucesor Wentworth y el almirante Vernon, irresoluto el primero y de poca experiencia para llevar a buen fin los proyectos del gobierno, y el segundo impetuoso e irritable y que adems sufra con marcado disgusto la presencia de un igual suyo en el mando. Salieron de Jamaica sin haber acordado ningn plan. La Habana estaba cerca y su conquista hubiera dado a Inglaterra el imperio del golfo; Vernon pensaba en triunfos para s y corri a buscar las escuadras espaola y francesa, cuando ya esta ltima haba dejado las Antillas. Despus convinieron en atacar a Cartagena. La escuadra se presenta delante de la ciudad el 4 de marzo y a los 22 das se apodera del castillo de Bocachica a la entrada del puerto; Wentworth emprende el asalto de la fortaleza de San Lzaro con 2 000 hombres, de los cuales qued en el campo la mitad, y no habiendo acudido Vernon oportunamente, tuvo que retirarse en completa derrota. Siguieron a este fracaso la estacin de las aguas y enfermedades tropicales, que causaron una mortandad horrible en los invasores y los obligaron a levantar el sitio y regresar a Jamaica. Deseoso de volver por su honra, a mediados de julio desembarc Vernon en la baha de Guantnamo con 3 000 hombres y sobre 1 000 negros, y se dirigi a Santiago. Su gobernador, el coronel don Francisco Cajigal, aprovechando la buena disposicin del pas, subdividi en pequeas partidas la gente de que pudo disponer, mezclando la tropa con las milicias y pueblo armado, y no lo dej reposar un momento, matndole un gran nmero de hombres. Disminuidas sus fuerzas en continuos encuentros parciales, se vio forzado a retirarse y abandonar la Isla pocos das despus de su desembarco, dejando en poder de Cajigal cantidad de provisiones y pertrechos da guerra. Tales fueron los amargos frutos que recogi la arrogancia inglesa de la expedicin con que pensaba conquistar a Mjico y el Per. Cuando la escuadra lleg a Jamaica, a fines de noviembre, la prdida de hombres de mar y tierra fue estimada en 20 000. En todo este tiempo, el comercio ingls con las colonias espaolas estuvo destruido, interrumpidas las importaciones de negros, el contrabando disminuido considerablemente, y los buques mercantes fueron presa de los corsarios espaoles, que tomaron muchos y riqusimos cargamentos. Inglaterra no haba conquistado ninguna posesin y haba causado a su enemiga menos dao que el que se haba hecho a s misma en las Antillas.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 238\ 238\ 238\ 238\ 238\ En medio de esta lucha sangrienta, un acontecimiento inesperado hizo olvidar los intereses de Amrica y fij la atencin de las grandes potencias hacia el continente de Europa. Carlos VI acababa de morir sin dejar un prncipe que heredase la corona imperial, y la extincin de la lnea masculina de la casa Hapsburg suscit la cuestin de si Mara Teresa, primognita del monarca, subira al trono reasumiendo los dominios de Austria en virtud de la pragmtica sancin que los declaraba a su favor, o si se atendan las reclamaciones de los soberanos de Espaa, Sajonia y Babiera que, fundados en derechos de sangre y previos enlaces, pedan una parte de los dominios imperiales. Luis XV, yendo contra el tenor de los tratados, contra sus principios polticos y contra la opinin de su ministro, se decidi a apoyar la desmembracin del imperio; y la Inglaterra, fiel a su poltica de aliarse siempre con la segunda potencia, abraz la causa de Mara Teresa. Y despus de agitar el mundo, peleando en todas partes y cubriendo de cadveres los campos de Fontenoy, Raucoux y Laffeldt, la casa de Austria logra interesar a Rusia en su favor, y esta poderosa alianza desalienta a los contrarios y da entrada a las ideas de paz, que al fin se vieron realizadas por el Tratado de Aquisgrn de 1748. Las grandes cuestiones que podan afectar los intereses de la civilizacin quedaron sin resolverse, y la balanza del poder en Europa se dej confiada a un ejrcito permanente de un milln de hombres, amenaza constante a la paz del mundo. Los particulares entre Espaa e Inglaterra, pasados ocho aos de guerra y una acumulacin inmensa de la deuda nacional, se hallaban en el mismo estado que antes, nadie haba ganado y la humanidad haba sufrido sin resultado alguno. Espaa no acord nada sobre las fronteras de Florida, mantuvo su derecho a detener y visitar los buques mercantes, y aunque convino en que continuase el asiento por los cuatro aos que faltaban, la misma Inglaterra lo renunci poco despus en virtud de una indemnizacin insignificante.2Felipe no vivi bastante tiempo para ver restablecida la paz. Una melancola natural, irritada por dolencias y los descalabros de la nacin, lo arrebat al amor de sus sbditos el 9 de julio de 1746. Su hijo Fernando VI, prncipe amable y virtuoso, arregl los negocios exteriores lo mejor que pudo, y en los 13 aos que dur su reinado sostuvo relaciones amistosas con las potencias extranjeras, guardando una perfecta neutralidad en las guerras de Europa, y desarroll la riqueza nacional guiada por los sabios consejos de su ministro, el clebre marqus de la Ensenada, el nico que conoci en su tiempo el verdadero camino 2Arrate, p. 143. Pezuela, cap. XI. Historia de Espaa t. IX, lib. XXX. Bancroft, t. III, pp. 400-467.

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PEDRO JOS GUITERAS /239 /239 /239 /239 /239 de hacer a Espaa grande e independiente. Sucediole en el trono su hermano don Carlos, tercero de este nombre. En Cuba gobern despus de Gemes, don Juan Antonio Tineo en 1746, y por su pronta muerte le sucedi Cajigal en 1747, a quien don Fernando, deseoso de recompensar los servicios prestados a la nacin, promovi al grado de brigadier y despus al rango de mariscal de campo y encarg el gobierno de la Isla, confiado en que la espada que pudo defender la capital de la provincia oriental contra las fuerzas de Vernon, dara buena cuenta de s en tan importante destino. En el primer ao de su mando apareci en Cuba el elemento civilizador de la imprenta a despertar la inteligencia de sus hijos y al siguiente se verific la traslacin de la armada de barlovento al puerto de La Habana, que le dio la supremaca sobre las dems de Amrica, hizo despus fabricar en la Fuerza, sobre el caballero que cae al mar, un saln de recibo circundado de balconaje, cuyo interior adorn con medallones y escudos de yeso primorosamente trabajados, perfeccion la batera de la Pastora que encontr ya principiada, y a solicitud suya se dispuso la construccin de una ciudadela en el monte de la Cabaa. Destinado al virreinato de Nueva Espaa, vino en 1761 el mariscal de campo don Juan de Prado, cuyo gobierno hace memorable en los fastos de nuestra historia la invasin del conde de Albemarle y prdida de la capital, asunto del prximo Libro.3 3Arrate, pp. 54, 58, 70 y 80. Valds, pp. 106-108 y 317. Historia de Espaa t. IX, cap. 32 y siguientes.

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Libro SptimoCAPTULO IPACTO DE FAMILIA. GUERRA CONTRA INGLA PACTO DE FAMILIA. GUERRA CONTRA INGLA PACTO DE FAMILIA. GUERRA CONTRA INGLA PACTO DE FAMILIA. GUERRA CONTRA INGLA PACTO DE FAMILIA. GUERRA CONTRA INGLA TERRA. TERRA. TERRA. TERRA. TERRA. EXPEDICI"N DEL CONDE DE ALBEMARLE EXPEDICI"N DEL CONDE DE ALBEMARLE EXPEDICI"N DEL CONDE DE ALBEMARLE EXPEDICI"N DEL CONDE DE ALBEMARLE EXPEDICI"N DEL CONDE DE ALBEMARLECarlos III hall la nacin en un estado de poder y prosperidad desconocido desde los tiempos de Felipe II. A la sombre de una paz, cuyo largo perodo no tiene igual en los fastos de su historia, la marina lleg a un grado de fuerza respetable, pues constaba de 49 navos de lnea, 21 fragatas y otros buques menores, la Hacienda recibi notables mejoras, las arcas del tesoro pblico estaban llenas y la agricultura, el comercio y las artes, favorecidos por una legislacin liberal, florecieron a la altura de los adelantos modernos. Mientras gozaba de estos envidiables beneficios, la situacin poltica de Europa, envuelta en la guerra llamada de los siete aos, presentaba el triste aspecto de una lucha encarnizada en que los principales poderes haban hecho monstruosas alianzas para destruirse los unos a los otros, excitados por la loca ambicin de extender sus dominios. Francia y Austria peleaban unidas contra Inglaterra y Prusia, y afortunadas al principio, fueron vencidas despus por el genio superior de Guillermo Pitt y los talentos militares del prncipe Fernando de Brunswich. Los intereses generales de la nacin exigan indudablemente del nuevo rey el continuar la estricta neutralidad seguida por su hermano en esta guerra, de que tantos bienes haba reportado al comercio; pero motivos personales de resentimiento con Inglaterra y de estimacin y gratitud hacia Luis XV predominaban en su nimo sobre la severa razn de Estado y conveniencia de sus sbditos y la constante correspondencia que mantena con la Corte de Francia le haca sentir la humillacin del tronco principal de su familia por las armas britnicas. De esta disposicin y motivos naci el tratado conocido con el nombre de Pacto de Familia, celebrado el 15 de agosto de 1761 entre Carlos y Luis, que es una alianza ofensiva y defensiva con el fin de fundar

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 242\ 242\ 242\ 242\ 242\ un monumento estable de inters recproco que fuese la expresin de sus deseos y afianzar en bases slidas la prosperidad interior de los dos reinos y el predominio de la casa de Borbn entre los prncipes de Europa. Conforme con el espritu de esta alianza, convinieron en aceptar como enemigo a todo gobierno hostil a cualquiera de los dos; en garantizarse los dominios que poseyesen a la conclusin de la guerra en que Francia se vea envuelta; en prestarse mutuos auxilios por mar y por tierra, sin entrar en ningn arreglo con los enemigos sino de comn acuerdo; en compensarse las prdidas y dividirse sus adquisiciones respectivas como si fuesen una sola nacin; en conceder a los sbditos de ambas en sus dominios de Europa el goce de los mismos privilegios y exenciones que los naturales de ellas, y por ltimo en excluir de la participacin del tratado a los soberanos extraos a la familia de Borbn.1Obligada Espaa a combatir con la Gran Bretaa, aguardaba la llegada de los galeones de Amrica y haber atendido a la seguridad de su comercio y territorio, segn requera el estado de sus posesiones distantes, para principiar las hostilidades. sta se le anticip, pues tan luego como se supo de la existencia del nuevo pacto, que los franceses procuraron divulgar por las Cortes extranjeras, Jorge III le declar la guerra el 4 de enero de 1762; y Carlos, apoyando en las miras ambiciosas de aqul, “que no conocen otra ley que el engrandecimiento de su nacin por tierra y el despotismo universal en el ocano”, los motivos de la ruptura, respondi con su declaracin del 16 del mismo mes.2La guerra revivi los sueos dorados que halagaba el Gobierno ingls de dilatar sus conquistas por la Amrica, y su atencin se ocup en un plan concebido de antemano, que consista en apoderarse de la plaza de La Habana; prometindose de este modo cerrar el paso del ocano a los tesoros de las colonias espaolas, abrir un comercio libre a la navegacin en aquellos mares y amenazar las otras Antillas y dems posesiones enemigas. El honor de este proyecto se ha concedido al almirante Knowles; pero estudiados los planes y detalles de la expedicin, habiendo lord Anson, primero del Almirantazgo, sometido a examen otro con datos ms notables por su exactitud, los ministros lo adoptaron y acordaron llevar a efecto la conquista de Cuba. Para distraer la mente de los aliados sobre el verdadero objeto de los preparativos, se hizo circular la voz de que se destinaban a Santo Domingo, dando visos de verdad al estar esta isla ms inmediata a la Martinica que la de Cuba y pertenecer una parte de ella a Espaa y 1Historia de Espaa t. IX, Coxe’s Memories of the kings of Spain cap. 60.2Entick’s History of the late War t. V, lib. VII. Declaracin de guerra de Carlos III

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PEDRO JOS GUITERAS /243 /243 /243 /243 /243 la otra a Francia. La Gaceta de Londres del 9 de enero corroboraba la errada noticia, anunciando como cosa corriente en los crculos de la Corte que el ejrcito se destinaba a aquella Antilla.3Jorge III autoriz al duque de Cumberland para nombrar los jefes que haban de llevar a cabo la empresa y ste eligi al teniente general Jorge Keppel, conde de Albemarle, para general en jefe de las fuerzas de tierra, y al almirante sir Jorge Pocock para el mando de la escuadra. Inmediatamente se dispuso que sta y una divisin de 4 000 infantes se reuniesen en Portsmouth, y se comunicaron rdenes al general Monckton para que las fuerzas enviadas a la conquista de Martinica y la Guadalupe estuviesen listas a la llegada de Pocock, y a las autoridades de Jamaica y del norte de Amrica que preparasen dos divisiones, una de 2 000 hombres en el primer punto y otra de 4 000 en el segundo. La armada sali de Spithead el 5 de marzo, y durante la navegacin sobrevino una violenta tempestad que separ los buques, y no volvieron a reunirse hasta el 20 de abril, cuando el Namur que montaba el almirante, arrib a la Barbada. En esta isla recibi Albemarle cartas de Monckton informndole de la conquista de la Martinica, que acababa de efectuarse por capitulacin; con tan feliz augurio sali de la baha de Carlisle el 24 y el 26 lleg a Cas des Navieres en la isla recin conquistada. Aqu tom el conde el mando de las fuerzas expedicionarias, las cuales consistan en un ejrcito de 12 000 hombres, que despus se aument con ms de 2 000 de los refuerzos enviados del Norte y Jamaica. Dividiolo en cinco brigadas, y adems form dos cuerpos, compuestos el uno de cuatro compaas de infantera ligera pertenecientes a los regimientos trados de Inglaterra, y de un batalln al mando del coronel Guy Carleton, y el otro de dos batallones de granaderos al mando del coronel Guillermo Howe; dio rdenes tambin para que se comprasen sobre 1 000 negros en la Martinica y dems islas, y que se incorporase una compaa que haba podido formarse en Jamaica y 600 alquilados para el servicio del ejrcito. Ms de un mes se pas antes que pudieran estar concluidos los preparativos para hacerse a la vela. El 6 de mayo sali al fin de la Martinica el almirante en direccin del paso de la Mona, donde se le reuni el da 8 la divisin del capitn Hervey; el 17 llegaron a la vista del cabo Nicols y el 23 se incorpor la escuadra de Jamaica al mando de sir Jaime Douglas. Las fuerzas martimas constaban con estas dos divisiones y la que vino ms tarde del norte de Amrica, de 53 buques de guerra de varias clases con una tripulacin de 10 500 hombres, y un gran nmero 3Beaton’s Naval and Military Memorias, t. II, p. 536. New York Gazette del 3 de abril de 1762.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 244\ 244\ 244\ 244\ 244\ de transportes de tropas, municiones de boca y guerra, hospitales y dems tiles, calculando en 200. Entonces se resolvi definitivamente el modo de conducir la expedicin. Dos medios se ofrecan a la eleccin: el ms fcil era navegar a lo largo de la costa sur de Cuba hasta el paso de los galeones, doblar el cabo de San Antonio y arribar sobre La Habana. Aunque ste era el mejor conocido y practicado, tena el inconveniente de ser el ms largo; y viendo el almirante el poco tiempo que le quedaba, faltando como un mes para establecerse la estacin de las aguas, prefiri el ms corto aun ms peligroso de navegar costeando el norte, paso intrincado de ms de 200 leguas conocido con el nombre de Canal Viejo de Bahama. As lograba llegar ms pronto y cortar la nica va por donde los franceses podran desde Santo Domingo acudir en auxilio de La Habana. Para evitar las desgracias que pudieran sobrevenir en estos mares borrascosos, envi el Richmond a que explorase la costa y navegacin y tom las dems precauciones necesarias. El 3 de junio, el Echo y el Alarm que llevaban la delantera descubrieron en Cayo Sal la fragata espaola Tetis de 18 caones, enviada de observacin a aquel puerto, y la Fenix de 22, que iba convoyando hasta Sagua un bergantn y dos goletas. Las fragatas inglesas les dieron caza, y despus de un reido combate se apoderaron de los buques de guerra y dos de los transportes, logrando escaparse una de las goletas. La escuadra no tuvo otro encuentro ni accidente alguno y el 5 se hallaba frente a Matanzas. Al da siguiente por la maana, estando a 6 leguas de La Habana, Pocock dio sus instrucciones sobre el modo con que deba efectuarse el desembarco de ejrcito, dejando para ello seis navos y algunas fragatas al mando del comodoro Augusto Keppel; y a las 2 de la tarde se hizo a la mar con 13 navos, dos fragatas, dos bombardas y 36 transportes, se acerc a la vista del puerto que reconoci detenidamente, y se situ a barlovento de la ciudad en expectativa de la escuadra espaola. Veamos cul era entonces el estado de La Habana.4 4Valds, p. 147. Pezuela, p. 176. Beatson, pp. 537-541. Entick, t. V, pp. 363-365. Defensa del general Prado, en las Memorias de la S. P de la Habana de 1836 y 1839.

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CAPTULO IIIMPOR IMPOR IMPOR IMPOR IMPOR T T T T T ANCIA DEL P ANCIA DEL P ANCIA DEL P ANCIA DEL P ANCIA DEL P UER UER UER UER UER TO DE LA HABANA. TO DE LA HABANA. TO DE LA HABANA. TO DE LA HABANA. TO DE LA HABANA. EST EST EST EST EST ADO DE LA CIUD ADO DE LA CIUD ADO DE LA CIUD ADO DE LA CIUD ADO DE LA CIUD AD. SUS FOR AD. SUS FOR AD. SUS FOR AD. SUS FOR AD. SUS FOR TIFIC TIFIC TIFIC TIFIC TIFIC ACIONES ACIONES ACIONES ACIONES ACIONESLa importancia poltica de Cuba no consiste solamente en la extensin y lmites de su territorio, la fertilidad de su suelo y el poder de sus establecimientos de marina militar, sino tambin y ms principalmente en las ventajas que ofrece la posicin geogrfica de La Habana. La parte septentrional del mar de las Antillas, conocida con el nombre de golfo de Mjico, forma una cuenca circular de ms de 250 leguas de dimetro, y el litoral de la Isla entre el cabo de San Antonio y la ciudad de Matanzas, a la desembocadura del Canal Viejo, cierra este golfo al sudeste, no dejando a las corrientes ocenicas llamadas Gulf-stream otras entradas que un estrecho al sur, entre los cabos de San Antonio y Catoche, y hacia el norte el Canal de Bahama, entre Baha Honda y los bajos de la Florida. Cerca del extremo norte de este litoral, donde se cruzan, por decirlo as, porcin de grandes rutas al comercio del mundo, es precisamente donde se halla el hermoso puerto de La Habana fortificado a la vez por la naturaleza y el arte. Su entrada es un canal de poco ms de media milla de largo y cerca de 1 400 pies de ancho, que abre el paso a una gran taza en forma de valo, defendida de todos los vientos y capaz por su extensin y fondo de contener 1 000 buques, la cual comunica con las ensenadas de Regla, Guanabacoa y Atars, en cuya ltima se encuentran manantiales de agua dulce. En el meridiano de La Habana es donde se renen las aguas del golfo, las del Canal Viejo y las del Canal de Bahama; la direccin contraria de las corrientes y las agitaciones de la atmsfera, sumamente violentas, dan a estos lugares sobre el lmite extremo de la zona equinoccial un carcter particular y una importancia notable. La feliz circunstancia de poseer Espaa en aquellos tiempos casi todas las tierras baadas por las aguas del golfo y adems la Amrica del Sur, excepto el Brasil, hizo que esta ciudad fuese mirada con especial predileccin por los monarcas espaoles. Es muy singular el prembulo a una Real Cdula de Felipe V, expedida el 10 de junio de 1717,

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 246\ 246\ 246\ 246\ 246\ recomendando al gobernador de la Isla adopte cuantas providencias puedan facilitar la defensa de una plaza tan importante, “deseando por cuantos medios sean posibles atender a la ms segura defensa de esa plaza y presidio como tan importante resguardo y conservacin de mis dilatados dominios en la vasta jurisdiccin de la Amrica y principalsimo antemural de ella, de cuya manutencin pende la de todas las Indias, siendo asimismo ese puerto la preciosa garganta de los reinos del Per y Nueva Espaa y donde hacen su principal escala las flotas y galeones y dems navos de aquellas provincias que conducen mis reales tesoros para repararse de las invencibles experimentadas fatigas de la navegacin, siendo por estos motivos el puerto ms apetecible de los extranjeros y el principal objeto de los designios de los enemigos de mi corona”. As que a las ventajas naturales con que la divina Providencia ha querido favorecer la ciudad de La Habana y las disposiciones acertadas de los reyes para protegerla contra la codicia de las Cortes rivales y las depredaciones de los piratas, debi esta capital los progresos que en la poca de la invasin inglesa la colocaban en la lista de las primeras plazas de Amrica; no slo por la excelencia de su posicin geogrfica, la templanza de su clima, fertilidad de su suelo y seguridad de su puerto, sino tambin por la belleza de su casero, la elegancia de sus edificios pblicos, la riqueza y adorno de sus templos, el nmero de sus habitantes, la extensin de su comercio y la importante defensa de su guarnicin, armada naval y fortificaciones. La ciudad est situada en una llanura pintoresca al oeste de la entrada del puerto y sus cercanas eran las ms ricas y mejor pobladas de la Isla; sus calles no eran anchas ni bien niveladas, principalmente las que corren de norte a sur, que es por donde tiene su longitud la poblacin, sta en nmero de sobre 3 000 casas ocupaba una extensin de 6 300 pies de largo y 3 500 de ancho, era de un solo cuerpo, de sillera, de airosa forma y en un conjunto de muy bella apariencia. Contribuan a su hermosura 11 iglesias y monasterios y dos grandes hospitales; las iglesias eran ricas y magnficas, particularmente las de Recoletos, Santa Clara, San Agustn y San Juan de Dios, cuyo interior luca adornado con altares, lmparas y candelabros de oro y plata de gusto exquisito. Las plazas principales eran tres: la de Armas, rodeada de casas de un frente uniforme, donde estaba la iglesia matriz y a que daba un aspecto majestuoso y risueo el castillo de la Fuerza y una pirmide rodeada de tres ceibas frondosas, levantada para perpetuar la memoria del lugar donde es tradicin que a la sombra de una robusta ceiba se celebr la primera misa y cabildo de la villa; la de San Francisco, adornada con dos puentes, era considerada el mejor sitio de la ciudad, y en ella estaba el palacio del Ayuntamiento, cuya fachada de dos pisos con portales de alquera contrastaba con la arquitectura severa del convento que da

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PEDRO JOS GUITERAS /247 /247 /247 /247 /247 nombre a esta plaza; y la llamada Nueva por haber sido abierta despus que las anteriores, con fuente en el centro y rodeada de portales para comodidad del pblico, serva de mercado donde se provea copiosamente de cuanto se necesitaba. Los habaneros eran entonces las gentes ms atentas y sociables de la Amrica espaola, muy dados a imitar las costumbres y maneras francesas tan en boga en la Corte, as en sus trajes y conversaciones como en el buen gusto de su mesa, sus reuniones y el adorno de sus casas. “La experiencia de la benignidad de su temperamento saludable aun para los forasteros (dice Arrate) hizo desde luego apetecible su habitacin a los europeos que transitaban por esta ciudad en flotas y galeones, de que era su puerto precisa escala, y as fueron estableciendo su vecindad y aumentando su poblacin personas de ilustre y distinguido nacimiento”. Si fuese necesario encomiar con datos indestructibles el patriotismo, humanidad y cultura de los habaneros a mediados del siglo pasado, bastara recordar que a su celo, caridad y talentos se debi en mucha parte el adelanto de los medios de defensa que tena la ciudad al tiempo de la invasin, que el pobre hallaba en sus dolencias abiertas las puertas de dos institutos donde se cicatrizaban las llagas del dolor y enjugaban las lgrimas de la miseria, y que sus hijos, sin tener que acudir a tierras distantes, adquiran en la Universidad el caudal de instruccin necesario para en edad madura honrar la toga y la mitra. La poblacin de La Habana y su distrito se calculaba en 70 000 almas y la del resto de la Isla quiz no exceda de 60 000.1El comercio de esta capital, relativamente al de los espaoles en Amrica, era considerable y el mayor de los puertos de la Isla. Adems de surtir de mercancas a los pueblos del interior y del litoral, exportaba gran nmero de cueros, estimados por su excelente calidad, y tambin azcar, tabaco y otros frutos. Las importaciones se hacan por los buques matriculados de Cdiz y Canarias, adems de las que se toleraban a los que comerciaban en el continente hispanoamericano, particularmente los que volvan de Cartagena, Portobelo y Veracruz para Espaa y entraban a renovar sus provisiones, hacer aguada y gozar de la conveniencia de salir con el convoy que en el mes de septiembre regresaba con los galeones cargados con las riquezas del Per y Chile y la flota de Nueva Espaa. La aglomeracin peridica de tantas naves mercantes y de guerra haba introducido la costumbre de hacer una feria, durante la cual reinaba mucha animacin; pues a la vez que facilitaba las transacciones comerciales, serva de diversin y pasatiempo a los marinos y navegantes que aguardaban la salida del convoy. Para evitar desrdenes se pu1Humboldt, Essai t. I. Arrate, cap. 15. Pezuela, Ens. Hist Beatson, Naval etc.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 248\ 248\ 248\ 248\ 248\ blicaba un decreto, prohibiendo bajo pena de la vida que ninguna persona perteneciente a la escuadra se quedase a pasar la noche en tierra, y todos se retiraban a bordo al disparar el caonazo de aviso. Las provisiones eran en esta poca muy caras, y tan grande la circulacin del dinero que adems del precio ordinario se pagaba a cada esclavo jornalero un exceso de 4 pesos al da a los varones y 2 a las hembras. Fcil es de suponer que una ciudad tan importante estara bien defendida. La entrada del puerto lo estaba hacia el este por el fuerte castillo del Morro, en cuyos muros y baluartes haba 40 caones montados; por la batera de los Doce Apstoles, llamada as por montar igual nmero de caones de a 36, situada en la parte baja del Morro que mira al sudoeste casi a nivel del mar; y en seguida de sta por la de la Divina Pastora con 14 caones a la flor de agua; hacia el oeste y como a 200 varas de la Punta, por el castillo de este nombre con cuatro baluartes bien montados de artillera, y en la misma direccin, por la Fuerza con 22 piezas, la cual adems de ser la residencia ordinaria de los capitanes serva de depsito a los caudales del rey. Entre ambos fuertes, orillando la baha, se extendan algunos baluartes bien artillados. Las murallas corran por la parte de tierra desde la Punta hasta el Arsenal con baluartes y parapetos y un foso derrumbado por varios puntos y casi vuelto a cubrir, en particular detrs de las puertas de Tierra y la Punta, en cuyo tramo el terreno se extiende con un ascenso suave y en l se vean algunos jardines y dehesas cubiertas de innumerables palmeras. Delante de la de Tierra haba un rebelln, y el cerro que desde all se dilata hasta el Arsenal era el ms elevado de la ciudad y ms escabroso que el del lado de la Punta. Tales eran las fortificaciones de La Habana, las mejores que tena Espaa en las Antillas. Y con todo eso, sorprende cmo pudo escaparse a la penetracin de los gobernadores que las dirigieron que todas ellas quedaban dominadas por alturas de fcil acceso, que no podran menos de producir grandes ventajas a cualquier enemigo que intentase apoderarse de la plaza. Al este del puerto, el monte de la Cabaa (donde despus se construy la ciudadela que lleva su nombre) domina en gran parte el Morro y enteramente la Punta, la Fuerza y el nordeste de la ciudad, que como puede juzgarse por la descripcin anterior era lo mejor fortificado. Hacia el oeste corra un suburbio llamado de Guadalupe, cuya iglesia estaba en una eminencia a media milla de la puerta de Tierra, al mismo nivel de sta y ms alta que todas las dems fortificaciones en aquella direccin; desde el lado del norte de esa eminencia poda flanquearse la puerta de la Punta y por el sudeste dominar la fbrica del Arsenal. La zanja real viene por la parte norte a bajar al foso cerca de la puerta de Tierra y de all sigue al Arsenal, donde haca mover un molino de aserrar; a media milla de la iglesia mencionada est el puente de Chvez construi-

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PEDRO JOS GUITERAS /249 /249 /249 /249 /249 do sobre un arroyo que va a desaguar a la baha, el cual sirve para unir el camino central hasta Baracoa, y desde este puente al Lazareto hay solamente 2 millas con un cerro intermedio; una trinchera levantada entre estos dos puntos cortara las comunicaciones de La Habana con el resto de la Isla. De estas observaciones se deducir que, aunque bien fortificada, la ciudad no era inexpugnable en los tiempo de la invasin inglesa.2 2Beatson, pp. 561, 569 y 570. Defensa de Prado. Entick, lib. VII.

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CAPTULO IIIMEDID MEDID MEDID MEDID MEDID AS ADOPT AS ADOPT AS ADOPT AS ADOPT AS ADOPT AD AD AD AD AD AS P AS P AS P AS P AS P ARA RECHAZAR ARA RECHAZAR ARA RECHAZAR ARA RECHAZAR ARA RECHAZAR A LOS INGLESES. FUERZAS DE MAR Y TIERRA A LOS INGLESES. FUERZAS DE MAR Y TIERRA A LOS INGLESES. FUERZAS DE MAR Y TIERRA A LOS INGLESES. FUERZAS DE MAR Y TIERRA A LOS INGLESES. FUERZAS DE MAR Y TIERRA EN LA HABANA EN LA HABANA EN LA HABANA EN LA HABANA EN LA HABANACpole a Espaa la desgracia de estar desempeando el gobierno de la Isla en estas crticas circunstancias un general poco apto para luchar con la inteligencia militar del conde de Albemarle y salvarla contra los medios que haban puesto en sus manos el ministerio ingls y el feliz xito de la conquista de la Martinica. Al encargar el monarca al mariscal de campo don Juan de Prado el mando de esta posesin importante, receloso de las miras de Cromwell y de la tentativa hecha por Vernon y viendo que la atencin de las armas britnicas se fijaba en hostilizar a los franceses en sus colonias del mar Caribe, le recomend particularmente la reparacin y fortificacin del recinto de La Habana y que tomase ante todo el mayor empeo en levantar un castillo en las alturas de la Cabaa, cuya necesidad haba manifestado Cajigal; mantuvo en la Isla un ejrcito que al tiempo de la invasin era de 4 600 hombres y la estacin naval del puerto, compuesta de una escuadra de 12 navos y cuatro fragatas, a las rdenes del marqus del Real Transporte, y confiando en lo fuerte de la plaza, haba dispuesto se guardasen all los tesoros reales y que sirviese de almacn principal de los establecimientos navales y militares del Nuevo Mundo. Pero ni estas recomendaciones, ni los fundados temores que a principios de 1762 se tenan de que los ingleses preparaban un armamento para invadir la ciudad, pudieron vencer la apata de Prado y moverlo a poner la plaza en estado de defensa. l mismo nos dice haber tenido noticia del rompimiento con Inglaterra el 26 de febrero, y el 5 de abril lleg la fragata Calipso con pliegos del gobernador de la parte francesa de Santo Domingo informndole del Pacto de Familia y por el conductor de ellos supo la toma de la Martinica. Y sin embargo, las medidas que adopt se redujeron a activar algunas obras tiles, dictar providencias para conocer el nmero de hombres que haba en la Isla capaces de tomar las armas, celebrar juntas con los jefes militares y oficiales de

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PEDRO JOS GUITERAS /251 /251 /251 /251 /251 graduacin y consultarse con el conde de Superunda y don Diego Tabares, virrey del Per el uno y gobernador el otro de Cartagena que accidentalmente se encontraban all de paso para Espaa. Bien es verdad que varias causas contribuyeron a impedir el cumplimiento de las rdenes soberanas en los primeros tiempos de su gobierno. Encontrose sin recursos bastantes para emprender la costosa obra de las fortificaciones, y las calamidades que abrumaron a la poblacin con el azote espantoso de la fiebre amarilla en el verano de 1761, ocuparon su atencin y le arrancaron gran nmero de brazos y de medios con que hubiera podido contar en circunstancias menos azarosas. Mas, estas consideraciones no podrn justificar la situacin en que se encontraba La Habana al presentarse la escuadra inglesa a vista del puerto, ni su incredulidad llevada al extremo de haber pasado ms de tres meses en una criminal inaccin despus de la noticia recibida de la declaracin de guerra. Era tal su tenacidad en rechazar la idea de que los ingleses pudieran venir sobre una plaza para l inexpugnable, que despus de haberse presentado enfrente de Cojmar subi al Morro a observar sus movimientos, y como al volver a La Habana encontrase las tropas sobre las armas por orden del teniente-rey desaprob su conducta y dispuso volviesen a sus cuarteles. Pocas horas despus avisaron del castillo que los navos arribaban sobre la costa con evidentes seales de intentar un desembarco, y entonces conoci el gobernador lo que ya era una verdad para muchos.1La confusin natural de un pueblo que se ve sorprendido, desarmado y con medios imperfectos de defensa para resistir a un enemigo poderoso, sucedi a la inquieta duda que hasta entonces haba reinado, y el ruido y estruendo de la campanas de los templos y las artilleras de los fuertes aumentaban la consternacin del vecindario. Pero pronto el sentimiento noble del patriotismo predomin y calm los nimos de aquellos habitantes, que acudieron espontneamente a la sala real a aumentar el nmero de los combatientes, armados unos y otros en busca de armas, ofreciendo a las autoridades el sacrificio de sus vidas en defensa de la Gran Antilla. Miembros todos de la gran familia espaola, identificados con los estrechos vnculos de una misma religin, idioma y costumbres y regidos y gobernados bajo iguales principios de legislacin civil y poltica, se vean all el nervudo vizcaino, el gran navarro y el activo cataln, unidos con el culto castellano, el andaluz alegre y el entusiasta criollo rivalizando en el glorioso deseo de medir sus fuerzas con el enemigo, castigar su arrojo y salvar esta porcin de la patria comn del peligro inminente que la amenazaba. 1Coxe’s Memories cap. 61. Pezuela, pp. 170 y 175. Valds, p. III. Defensa de Prado Beatson, t. II, pp. 531 y 536.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 252\ 252\ 252\ 252\ 252\ Inmediatamente se form un consejo de guerra presidido por el gobernador, compuesto del teniente-rey, sargento mayor de la plaza, del general de marina marqus del Real Transporte y del intendente don Lorenzo Montalvo; y en casos arduos concurrieron con el carcter de vocales consultivos los capitanes de navo de la escuadra. Los generales conde de Superunda y don Diego Tabares fueron invitados y accedieron a tomar slo una parte pasiva e ilustrar con sus conocimientos y experiencia los acuerdos del consejo. Conocida las fuerzas de la guarnicin, que ascendan incluso los enfermos, a cerca de 3 000 hom bres con los jefes y oficiales, y la marinera de la escuadra que seran 1 200, se acord repartir al vecindario como 3 500 fusiles, muchos de ellos descompuestos, y algunas carabinas, sables y bayonetas que se encontraron en la sala real; de este modo, se logr reunir un ejrcito de cerca de 7 000 hombres, con una fuerza adicional de los marineros, la maestranza que era mucha, y los negros esclavos ofrecidos voluntariamente, los cuales sirvieron de gran utilidad en las operaciones por el lado de la baha y en los trabajos de fortificacin. Como se presumiese que el enemigo intentaba efectuar un desembarco entre Bacuranao y Cojmar y otro por la parte de la Chorrera, se mandaron reforzar aquellas guarniciones, que una divisin de sobre 3 000 hombres, compuesta del Regimiento de Edimburgo y el resto de caballera de la plaza, de varias compaas de infantera de la plaza, de varias compaas de infantera del ejrcito y milicias y algunos lanceros rurales, al mando del coronel don Carlos Caro, pasase a defender la costa de Cojmar, y que el coronel don Alejandro Arroyo, con otra de tres compaa del Regimiento Fijo de La Habana, algunos piquetes de otros cuerpos y 200 hombres de Marina, cubriese la playa desde San Lzaro a la Chorrera. Considerando el consejo que la parte al este del puerto sera probablemente el punto principal del ataque, acord tambin poner en completo estado de defensa los castillos del Morro y la Punta, cuyo mando fue confiado a los capitanes de navo don Luis de Velasco y don Manuel de Briceo, y que se levantaran en las alturas de la Cabaa parapetos y bateras, se abriesen fosos e hiciesen otras obras importantes, mandando incendiar los caseros que podan comprometer su defensa. El capitn de navo don Juan de Ignacio Madariaga, en quien deleg Prado su autoridad para los dems puntos de la Isla, fue encargado de dirigir las operaciones exteriores por el lado del oeste y mantener expeditas las comunicaciones.2 2Valds, pp. 111 y 112. Pezuela, pp. 176-179. Defensa de Prado. Vase Ilustracin X.

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CAPTULO IVDESEMBARCO DE LOS INGLESES. OCUP DESEMBARCO DE LOS INGLESES. OCUP DESEMBARCO DE LOS INGLESES. OCUP DESEMBARCO DE LOS INGLESES. OCUP DESEMBARCO DE LOS INGLESES. OCUP ACI"N ACI"N ACI"N ACI"N ACI"N DE GU DE GU DE GU DE GU DE GU ANABACOA Y LA CABAA ANABACOA Y LA CABAA ANABACOA Y LA CABAA ANABACOA Y LA CABAA ANABACOA Y LA CABAAEn la maana del 7 de junio mand el almirante Pocock embarcar en los botes una parte de la marinera, fingiendo que iba a hacer un desembarco como a 4 millas al oeste de La Habana, con objeto de distraer la atencin de los espaoles, al mismo tiempo que el conde de Albemarle desembarcaba al ejrcito entre Bacuranao y Cojmar a 6 millas al este del Morro, sin experimentar ninguna resistencia. Ya en la playa, se present un cuerpo de tropas de la divisin del coronel Caro, el cual fue dispersado por los fuegos de las fragatas Mercury y Bonneta que de orden del comodoro Keppel empezaron a barrar la costa y bosques inmediatos; y habindosele opuesto al paso del Cojmar una fuerza mayor, protegida por el castillo que defenda la entrada, el navo Dragn al mando del honorable A. Hervey, se aproxim y acall los fuegos de aqul, con lo cual pas el ro sin ms dificultad. Caro se repleg sobre Guanabacoa en dos pequeas columnas, compuesta la una de la tropa de lnea y 150 jinetes de Edimburgo, y la otra de la milicia y voluntarios. Albemarle descans aquella noche en Cojmar, mand situar en el bosque inmediato guardias avanzadas y el ejrcito permaneci tendido a lo largo de la playa. Al da siguiente se movi hacia Guanabacoa mandado por el general en jefe, quien dio orden al coronel Carleton de atravesar el bosque con 1 200 hombres en la misma direccin y cortar la retirada a un cuerpo de tropas que estaba all apostado. Caro haba salido de Guanabacoa con nimo de apoderarse del enemigo, y situ las milicias en aquella posicin ventajosa, a lo alto de una loma protegidas por el escuadrn de Edimburgo, disponiendo que la caballera voluntaria se colocase a retaguardia y la tropa de lnea se emboscase en un pantanar cercano. Este plan y el nmero de hombres situados sobre la loma hicieron que Carleton contuviese su marcha, y ocupando una fuerte posicin envi a informarse al general de la fuerza de los espaoles. El aviso lleg cuando el ejrcito ingls avanzaba hacia la llanura, separado del cuerpo

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 254\ 254\ 254\ 254\ 254\ del coronel por el ro Cojmar. Albemarle le envi orden terminante de atacar las milicias, mientras l lo haca por el lado opuesto en direccin contraria a Guanabacoa. No bien haba empezado Carleton a ponerse en movimiento, cuando Caro mand al capitn don Luis Basave que con 30 dragones y los jinetes voluntarios cargase sobre el ala derecha de la infantera ligera enemiga, prometindose reforzarlo en caso necesario. Hzolo as; pero fue rechazado por una vigorosa descarga, dispersndose al punto el escuadrn, y viendo Caro el terror que haba sobrecogido al resto de su gente, dispuso la retirada en direccin a La Habana. Carleton se reuni al ejrcito, y el general entr en Guanabacoa y se apoder de la villa sin ms oposicin que el dbil ataque de Basave, que cost la vida a 30 hombres. Esta ventaja adquirida con tanta facilidad a las pocas horas de haber pisado el enemigo las playas de Cuba, llena de congoja al leal pueblo de La Habana, y el consejo de guerra en lugar de alentar con medidas acertadas el valor de aquellos habitantes propenda aumentar sus dudas y confusin. Diose orden para que inmediatamente saliesen de la ciudad las mujeres y nios y los religiosos de ambos sexos, protegidos por una compaa de 100 hombres, sin permitrseles los medios necesarios para la conduccin de sus equipajes, y tambin que fuese reducida a cenizas la barriada de extramuros con el fin de despejar los aproches a la plaza. As que la matrona cubana, para quien el sonido de las campanas y el estruendo del can haban sido siempre nuncios de regocijo y fiesta, se vea, ahora, envuelta en el torbellino de la guerra, arrancada de sus hogares, separada de su esposo y de sus hijos, correr a sepultarse en las profundas soledades de los bosques de su patria, sin ms proteccin ni consuelos que los de la divina Providencia; en tanto que los defensores del pabelln de Castilla contemplaban desde los baluartes y murallas a los objetos ms caros al alma atravesando las campias a pie y desfallecidos y perderse de vista en las alturas del Cerro y lomas de Soto, al mismo tiempo que las llamas de extramuros destruan la fortuna de innumerables familias. Los progresos de los invasores aumentaban el peligro por la parte del Morro despus de la toma de Guanabacoa, y Prado destac al coronel don Pedro Castejn con 750 hombres de ejrcito y 1 000 de milicias a cubrir las obras que se estaban levantando en la posicin de la Cabaa. El acierto y oportunidad de esta orden se notaron al instante; pues aquella misma noche el general ingls envi al coronel Howe con dos batallones de granaderos por entre el bosque de Cojmar para que reconociese el castillo y asegurase las comunicaciones entre ste y el ro; y como la guarnicin de la Cabaa descubriese aquella fuerza cuando empezaba a subir el monte, la rechaz con una descarga de fusilera y algunos caonazos y la oblig a retroceder. Mientras estos sucesos, el

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PEDRO JOS GUITERAS /255 /255 /255 /255 /255 almirante Pocock se mantena a sotavento de la ciudad para oponerse a cualquiera salida que intentase la escuadra, y mand que el Alarm y el Richmond se ocupasen en sondear a lo largo de la costa por la parte ms inmediata al castillo de la Punta. El general Prado adopt, el 9, dos resoluciones que han sido consideradas por los que han escrito sobre esta conquista como las que ms influyeron en el triunfo de las armas britnicas. Desde el principio de la invasin haba preocupado a los miembros del consejo de guerra el extrao temor de que el enemigo pudiera forzar la entrada del puerto, cosa en que ciertamente jams pens por lo angosto del canal y la resistencia invencible que opondran contra tal intento los fuertes y la escuadra. Tales cuidados haban inducido al gobernador a disponer desde el da 7 que la boca del puerto fuese cerrada con una cadena de gruesos maderos herrados y que se colocasen en el canal asegurados con fuertes amarras los navos Neptuno Europa y Asia Pero creyndose poco seguro con estas intiles precauciones, tuvo la rara idea de mandar a echar a pique dos de stos a la entrada del canal para inutilizar el paso, lo cual se efectu con tanta precipitacin que algunos de los marineros hubieron de ahogarse. No satisfecho an, tuvo el fatal desacuerdo de mandar destruir la trinchera que con gran trabajo se haba levantado en la cumbre de la Cabaa, donde estaban ya montados nueve caones de a 18 en dos bateras que daban frente a los caminos de Guanabacoa y Cojmar, haciendo bajar a la plaza la artillera y que se incendiasen las obras de madera. Estas medidas injustificables en militares de tan alta graduacin produjeron gran descontento en las tropas y el pueblo y desalentaron a los ms decididos espaoles, conociendo el aturdimiento de los miembros del consejo y la incapacidad del gobernador; y perdido el respeto, algunos llevaron su desconfianza hasta el extremo de calificarlas actos de traicin, y la opinin general, menos maligna, se fij en la idea de que se trataba de abrir camino al rendimiento de la ciudad. Pronto se tocaron sus funestos resultados. El mismo da sali Albemarle de Guanabacoa, dejando una guarnicin al mando del teniente general Elliot, que acamp en los bosques entre Cojmar y el Morro; y no ms tarde que al siguiente, comunic al almirante que pensaba empear un ataque sobre la Cabaa. Con cuyo motivo, no teniendo ste que temer de la escuadra encerrada en el puerto, pens llamar la atencin de la plaza hacia el oeste, y dispuso que por la tarde se acercasen a la costa los navos Belleisle y Nottingham y batiesen el castillo de la Chorrera, y que las fragatas Cerberus Mercury y Bonetta y la goleta Lurcher se mantuviesen haciendo fuego contra el bosque, mientras l en persona efectuaba un desembarco por Punta Brava.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 256\ 256\ 256\ 256\ 256\ El regidor don Luis de Aguiar, promovido recientemente a coronel de las milicias, estaba encargado de la defensa de la Chorrera y playas de San Lzaro con alguna tropa regimentada de milicias que apenas llegaba a 1 000 hombres, en reemplazo de la de ejrcito que a cargo del coronel Arroyo cubra aquel punto y fue llamada a la plaza desde el da anterior. El dbil torren sostuvo el ataque de los navos con las escasas y bisoas fuerzas de Aguiar hasta que se le agotaron las municiones, y solamente despus de haber recibido rdenes, se retir al da siguiente, causando gran dao al enemigo. Los milicianos probaron en esta accin que no cedan en valor y disciplina a las mejores tropas del ejrcito cuando estaban mandados por jefes inteligentes y animosos, recobrando una reputacin que haban comprometido en la defensa de Guanabacoa las poco acertadas disposiciones del coronel Caro. El ejrcito improvisado por el almirante avanz hasta la loma de San Lzaro, donde levant trincheras e hizo un campamento. Durante toda la noche estuvieron bombardeando la ciudad desde la ensenada de Taganana tres bombardas protegidas por los navos Edgar y Stirling Castle y la fragata Echo Al mismo tiempo que los navos rompieron el fuego contra la Chorrera, el coronel Carleton, con la infantera ligera y los granaderos estacionados en Cojmar, atac la desarmada Cabaa, y despus de varias tentativas en que fue rechazado por las bateras del Morro y un pequeo destacamento de milicias enviado al amando del capitn don Pedro Morales, se apoder de aquel punto el 11 al medioda con una prdida casi insignificante. Prado conoci el valor que tena la posicin de la Cabaa, cuando los enemigos empezaron a hacer preparativos para rendir el Morro, y se empe en desalojarlos de all sacrificando gran nmero de gente, que con mejor crdito de su honra hubiera sabido arriesgar sus vidas en defenderla. En los captulos siguientes se ver el mal xito de su empresa y los efectos que produjo el no haber fijado su atencin en conservar aquella llave principal de la defensa de La Habana.1 1Beatson, t. II, pp. 544-547 y 569. Valds, pp. 113-117. Pezuela, pp. 179-186.

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CAPTULO VSITIO DEL MORRO SITIO DEL MORRO SITIO DEL MORRO SITIO DEL MORRO SITIO DEL MORROYa en posesin de la Cabaa, resolvi Albemarle poner sitio al Morro y encarg su direccin al general Guillermo Keppel. Al efecto, habindose hecho un reconocimiento minucioso, se determin, de acuerdo con la opinin del jefe de ingenieros, levantar una batera de caones a 250 pasos del fuerte, que era la distancia ms inmediata a que poda construirse quedando los obreros defendidos por el bosque, y dos ms para el uso de caones y morteros. Con el fin de desalojar del fondeadero los buques de guerra que en combinacin con la guarnicin del Morro impediran el progreso de las fortificaciones, se acord una cuarta batera de obuses por la parte de la baha. Arduo empeo fuera referir los trabajos que pas el ejrcito sitiador en los das que dur la construccin de estas bateras, a causa de las dificultades casi invencibles que oponan a su intento la falta absoluta de agua en las inmediaciones del monte, lo escabroso del terreno y el sol abrasador del esto; los soldados sufran de sed, de calor y de fatiga, sin que bastasen las medidas que se adoptaron a suavizar su situacin; y ciertamente que hubieran perecido vctimas de tantos males conjurados con los continuos ataques de los espaoles, si no los hubiesen alentado la constancia genial del carcter ingls y la buena armona que rein entre los jefes de las fuerzas de mar y tierra, que se disputaban a porfa los medios de auxiliarse mutuamente. Las tropas destinadas a sostener el campo y ayudar a las del Morro, procuraron hostilizarlos y entorpecer sus progresos logrando causarles mucho dao. El general Prado dispuso un ataque atrevido, en el cual tomaron parte la guarnicin de la plaza en combinacin con la del castillo y la escuadra. El coronel Arroyo con 600 hombres del ejrcito desembarc el 29 por la batera de la Pastora, al mismo tiempo que lo haca por el horno de Barba el teniente de navo don Francisco del Corral con 300 de marina, llevando la difcil empresa de clavar la artillera; pero no habiendo podido concertar un ataque simultneo, ni sorprender al enemigo, la superioridad de las fuerzas contrarias los oblig a

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 258\ 258\ 258\ 258\ 258\ retirarse. La divisin de Corral tuvo 30 muertos y 40 heridos y la de Arroyo sufri an mayores prdidas. Receloso Albemarle de que pudiese repetirse esta tentativa con mejor fortuna, hizo apresurar la conclusin de las fortificaciones, y el 30 fueron conducidos los pertrechos necesarios y quedaron enteramente listas; constaban de una llamada Guillermo, situada hacia la parte izquierda del campo con cuatro caones de 24 y dos morteros de 13 pulgadas; otra, la Gran Batera, de ocho caones y dos morteros de igual calibre; la tercera, la paralela de Dixon de dos morteros de diez pulgadas y 12 ms pequeos; y la construida sobre la playa, de dos morteros de 13 pulgadas, uno de diez y 14 menores; montando las cuatro una total de 12 caones y 35 morteros. El nmero de que poda servirse el Morro por aquel frente era 16 o 17 de bala de seis a 12 libras y un mortero de ocho pulgadas. La maana del 1o de julio empezaron a asestar sus tiros contra el castillo, el cual contest con igual bro. En combinacin con el campo cooperaron por el lado del mar los navos Cambridge Dragon y Marlborough a las rdenes del capitn Hervey. El ataque dur desde las 8 de la maana hasta las 2 de la tarde sin intermisin. El Morro por su situacin llevaba gran ventaja sobre los navos, cuya artillera apenas hizo mella en sus fuertes baluartes, y adems la Punta y las bateras de la ciudad le ayudaban hacindoles un dao inmenso. El Cambridge colocado bajo la metralla del castillo, fue el primero en quedar desmantelado y fuera de combate, y poco despus se mandaron retirar los otros dos. Esta peligrosa accin, aunque sostenida a costa de mucha gente, sirvi sin embargo a los ingleses para sus operaciones por la parte de tierra; pues distrada la atencin de los sitiados no pudieron en todo este largo tiempo responder como quisieran a las bateras de la Cabaa que hacan un fuego formidable y causaban gran dao al castillo. Pero cuando Velasco acab con los navos y pudo acudir a la muralla de tierra, pronto ci su frente una nueva corona de triunfo obligando a los enemigos a cesar el ataque y reconocer que el ilustre defensor del Morro era un adversario digno de las armas britnicas. La prdida de ambas partes fue considerable por el lado del campo; pero mayor la de los ingleses por el de mar, que tuvieron 42 muertos, entre ellos el capitn Godfrey que mandaba el Cambridge y 140 heridos. Los sitiadores continuaron el fuego al da siguiente con mejor resultado, logrando demoler el frente y la batera de aquella parte que montaba ocho caones; pero al medioda se suspendi la accin por haber corrido peligro de incendiarse la Gran Batera; no obstante esto, los fuegos del castillo quedaron reducidos aquella tarde a slo dos caones

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PEDRO JOS GUITERAS /259 /259 /259 /259 /259 que disparaban a largos intervalos. A pesar de las precauciones tomadas, se renov el incendio con tal violencia el da 3, a causa de la sequedad de las faginas y el fuego constante del fuerte, que no bastaron los medios empleados para extinguirlo, y en pocas horas fue vctima de las llamas una obra en que se haban empleado durante 17 das el trabajo de ms de 500 hombres. Igual contratiempo ocurri en las otras dos noches siguientes, y con dificultad pudieron salvarse dos troneras hacia el lado derecho y el espaldn de los morteros del izquierdo, los cuales continuaron sirviendo, as como dos bateras a barbeta, hasta que la artillera del castillo inutiliz los primeros y oblig a los enemigos a abandonar las segundas. El empezar de nuevo estas construcciones era empresa sumamente penosa. Los rigores del clima se hacan sentir cada vez ms con la falta absoluta de las lluvias en los ltimos 20 das y el desarrollo de las enfermedades adquiridas durante la permanencia de la tropa en la Martinica; la necesidad de continuar el sitio y las prdidas sufridas haban duplicado el trabajo de los que an conservaban algunas fuerzas y podan llenar sus deberes. Por este tiempo, sobre 5 000 soldados y 3 000 marineros se hallaban postrados en el campo y los hospitales, la psima calidad de las provisiones exasperaba las enfermedades, y la falta de agua era de todos sus sufrimientos el mayor y que ms aniquilaba aquel ejrcito. Esta situacin en lugar de abatir el nimo de Albemarle sirvi para encender ms sus nobles deseos de llevar a feliz trmino la conquista, y su prestigio y valor infundieron una nueva vida en las tropas y las animaron a emprender trabajos increbles. La experiencia haba demostrado que se haba cometido un error grave tanto en levantar la Gran Batera demasiado cerca del Morro, cuanto en creer que ste se rendira al momento en que lograsen inutilizar su artillera. Verificado un nuevo reconocimiento, el general Keppel resolvi alterar el plan primitivo y dispuso que las bateras fuesen construidas a doble distancia, cambiando adems la de morteros de la de Dixon en una de caones y haciendo otras reformas que exigan los fuegos de la ciudad y la Punta, los de la escuadra y las bateras flotantes de los sitiados. El 9 tenan 12 caones montados y algunos morteros, y el 11 contaban ya 18 caones. En este da se renov el fuego con buen xito, y fue contestado del Morro con ocho o nueve que tenan montados; los sitiadores tuvieron tres caones fuera de uso y por la tarde volvieron a incendiarse y quedaron destruidos los merlones de la batera principal. A pesar de esto haba, el 14, 20 caones montados; estando reducidos los del fuerte a cinco o seis la maana de aquel da y a dos por la tarde, y el 15 quedaron desmontados los de aquel frente y el lienzo de las murallas presentaba el aspecto ms ruinoso.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 260\ 260\ 260\ 260\ 260\ El 16 dispuso Albemarle que la guarnicin de Guanabacoa se replegase sobre el campamento intermedio de Cojmar y la Cabaa. Don Luis de Velasco, quebrantado y sintiendo agudos dolores de un golpe que haba recibido en la espalda, se vio obligado a bajar a la ciudad y qued de gobernador don Francisco de Medina. La guarnicin disgustada con su ausencia repugnaba ir a morir bajo las rdenes de otro jefe, y apenas si el Morro dio seales de estar defendido en todo aquel y el siguiente da. Viendo los contrarios esta inaccin (aunque sin conocer la causa), empezaron el 17 el hornillo de una mina en direccin de una pequea batera en el ngulo del caballero de la mar. Prado tuvo noticias de ello por un desertor irlands y mand ingenieros reconocer el punto, los cuales opinaron que no era posible una contramina por ser el terreno de roca viva y faltar los instrumentos necesarios, y slo se remedi el mal con una cortadura para disminuir los efectos de la explosin. El 18 por la noche haban logrado adelantar la mina dos terceras partes de la distancia y situar un campamento a orillas del bosque, y al da siguiente se apoderaron del camino cubierto delante de la punta del baluarte de la derecha y principiaron otra mina a lo largo del frente derecho, donde formaron otro campamento. Los mineros estaban ya el 20 debajo de la cortina del orejn de la mar, nico punto por donde podan seguir los trabajos al pie de la muralla, por ser el foso de aquel frente de 60 pies desde el principio de la contraescarpa y de stos ms de 40 profundizaban en las rocas. Por desgracia haba una punta saliente al extremo del baluarte que serva para cerrar el foso y prevenir cualquier sorpresa por la parte del puerto, y por all saltaron con alguna dificultad al pie de la muralla. Era este pico tan angosto que no haba posibilidad de defender el paso contra el fuego del flanco opuesto; pero se resolvieron y lograron salvarlo a costa de slo tres o cuatro hombres. Los que trabajaban por la parte exterior del camino cubierto, cavaron con el fin de desplomar la contraescarpa y cubrir el foso en caso necesario, y continuaron minando a lo largo del glacis apoderndose de un can que tenan los sitiados en el ngulo saliente. stos se haban animados con la llegada de don Bartolom Montes el 19, graduado de teniente coronel y encargado del mando de la compaa de alternacin, la cual se compona de tropas de todos los cuerpos que guarnecan el fuerte. Los enemigos haban logrado acercarse por el baluarte de la Pina y tenan al abrigo de las peas un destacamento de sobre 50 hombres, hacindoles un fuego continuo de fusil, y contra ste luchaba aquella compaa escogida en punto avanzado sobre la estacada. Las bombas y granadas hacan de ella un estrago espantoso, y la guarnicin empez a clamar por salir al campo donde pudiera batirse

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PEDRO JOS GUITERAS /261 /261 /261 /261 /261 con ventaja. Sabido esto, determin Prado dar un golpe de mano con tropas de la ciudad ayudadas de los fuertes y probar de reducir a los ingleses a levantar el sitio. Cerca de las 4 de la maana del 22 desembarcaron por la Pastora sobre 1 500 hombres, formados en tres divisiones al mando de don Juan Benito Lujn. La primera se adelant desde un banco de arena detrs de la batera y fue detenida por una avanzada de 30 hombres que la entretuvo cerca de una hora hasta que llegaron en su auxilio 100 zapadores y despus el tercer batalln de Americanos del Rey y la obligaron a retirarse con gran precipitacin, haciendo en ella una horrible matanza; la segunda se apresur a salir por el ngulo del Morro para atacar sobre el glacis a los zapadores y el destacamento emboscado que los defenda, y fue rechazada en poco tiempo; la tercera lleg tarde al antiguo reducto de la Cabaa, y encontrando a los enemigos preparados se retir sin disparar un tiro. La guarnicin de la plaza permaneci en continuo movimiento, haciendo un fuego vivsimo durante el ataque. La prdida fue de 400 hombres y un gran nmero de heridos. Los ingleses tuvieron 90 entre muertos y heridos. A haber conseguido los espaoles su propsito, no cabe duda de que los enemigos hubieran levantado el sitio y reembarcdose para la Martinica o sus colonias del Norte. El dao causado por el incendio en las bateras y los trabajos sufridos en su reedificacin, tenan aniquilados el ejrcito y la armada, la escasez de recursos y las enfermedades los diezmaban en los hospitales, nada se saba de la divisin que se esperaba de Nueva York. Si la fortuna se hubiera mostrado propicia en este ltimo arrojo de valor, muy pocos de los oficiales ingleses se hubieran atrevido a proponer la construccin de nuevas fortificaciones y ninguno alimentaba esperanzas de xito en los sucesos que tuvieron lugar ms adelante para honor de las armas britnicas. Pero la mala estrella que guiaba a Prado en este desventurado sitio le llev esta vez por un campo de errores de gran magnitud. En lugar de escoger tropas de lnea aguerridas, acostumbradas a la disciplina y evoluciones militares, para que pudieran llevar a cabo el ataque de unas bateras situadas en posiciones ventajosas y bien defendidas, mand saliesen al campo 1 000 milicianos, los ms del interior, y sobre 500 pardos y morenos de La Habana, deseosos todos de pelear y defender a su pas contra la invasin extranjera; aunque no haba temores de ningn ataque sobre la ciudad, su desidia criminal lleg hasta no agregar a esta fuerza ninguna de la guarnicin; y para colmo de desaciertos diole en el Sr. Lujn, un jefe incapaz, cuya turbacin y falta de disposicin comprometieron desde el principio una empresa bien meditada por el consejo. As que en la tregua acordada para enterrar los cadveres, celebrando los ingleses la intrepidez con que los tierradentro haban

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 262\ 262\ 262\ 262\ 262\ avanzado por la cuesta de la Gran Batera, decan que eran valientes, pero que no tuvieron jefes que supieran mandarlos. No fueron stos los nicos cubanos que probaron su valor en el campo del este: distinguironse tambin durante el sitio algunos vecinos y naturales de Guanabacoa. Adems del teniente don Diego Ruiz que, segn Valds, “perdi la vida en el empeo de atacar una partida ventajosa a la suya”, merece especial mencin el guerrillero Pepe Antonio, cuya memoria conservan an los habitantes de aquella villa y que algunos patricios ilustrados creen ser el alcalde mayor provincial don Jos Antonio Gmez, uno de los jefes de milicias a quien el Sr. Pezuela llama “el valiente partidario”. Este animoso criollo lleg a adquirir una gran reputacin en el ejrcito y a hacerse temible entre los ingleses. Como buen conocedor de los intrincados montes y speros bosques de Guanabacoa, Pepe Antonio acosaba por todas partes las avanzadas enemigas y los piquetes que salan del campamento o bajaban de la escuadra a proveerse de vveres y municiones, logrando frecuentemente batirlos, dispersarlos y hacerles muchos prisioneros. Sus hechos de arrojo y valor llegaron a hacerle tan popular que lleg a reunir una partida de 300 campesinos de aquellas cercanas. Si en lugar de contener en su gloriosa carrera a este bravo guerrillero se le hubieran dispensado la proteccin y consideraciones a que se haba hecho acreedor, probablemente hubiera engrosado su ya numerosa partida y causado inmenso dao a las tropas inglesas; pero el coronel Caro, que tan mal haba probado por aquellos montes, cometi la grave falta de llamarlo a Jess del Monte, quitarle lo mejor de su gente, tratarlo con aspereza y afearle acciones que todos aplaudan con entusiasmo. Esta injusta y cruel conducta hizo tanto efecto en su nimo, que vindose humillado y sin medio de ser til a la patria, muri de pesadumbre a los cinco das de habrsele quitado el mando de una fuerza creada, armada y organizada sin auxilio alguno extrao y con slo su valor e intrepidez. Quede aqu consagrado un justo elogio a su mrito, ya que en vida fueron tan mal estimados sus trabajos y servicios.1 1Beatson, t. II, pp. 547-577. Entick, lib. VII citado. Valds, pp. 119 122. Pezuela, pp. 187191. Vase una serie de artculos sobre “La Guerra del Ingls ” publicada en la Revista de la Habana, de octubre a diciembre de 1856 por el laborioso escritor don J. de J. Q. Garca.

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CAPTULO VIASAL ASAL ASAL ASAL ASAL TO Y TOMA DEL MORRO TO Y TOMA DEL MORRO TO Y TOMA DEL MORRO TO Y TOMA DEL MORRO TO Y TOMA DEL MORRO MUER MUER MUER MUER MUER TE DE VELASCO TE DE VELASCO TE DE VELASCO TE DE VELASCO TE DE VELASCOLa situacin en que haba quedado el Morro despus de la tentativa del 22 y el abatimiento y disgusto de la tropa, obligaron a Velasco, ya repuesto de sus males, a apresurar su vuelta, y el 24 se encarg otra vez del mando, llevando consigo a su amigo y compaero de armas el marqus Gonzlez, que voluntariamente se brind a compartir con l los riesgos de una defensa desesperada. La guarnicin, relevada con tropas de la ciudad y aumentada hasta 800 hombres, teniendo a su frente al dolo del ejrcito, olvid el estado crtico del fuerte y despleg gran actividad en la reparacin de sus murallas y baluartes y en batir las fortificaciones del campo enemigo. Pero ste tena ya demasiado adelantados sus preparativos para el ataque; sus bateras tanto por el frente del Morro como por la parte de la baha estaban concluidas, la fragata Perla que por muchos das haba estado haciendo un gran dao por el lado del oeste, haba sido echada a pique el 26 por un obs de la batera Dixon y las minas amenazaban desplomar el castillo. Para cmulo de males, el da 28 lleg el brigadier Burton con parte de la primera divisin de las tropas del Norte de Amrica, y la presencia de esta fuerza de refresco reanim el espritu del ejrcito y aviv el deseo de llevar a cabo una conquista tan dilatada y penosa. Albemarle, conociendo el valor heroico de Velasco y apreciando la noble resolucin que lo alentaba de sacrificar su vida entre las ruinas del desmoronado castillo, le escribi pintndole con una franqueza digna de un enemigo generoso, su verdadera situacin y toma inevitable, invitndolo en nombre de la humanidad a evitar el gran nmero de vctimas que haban de perecer en el asalto y dejando a su voluntad las condiciones que gustase estipular para su rendicin. “Del esfuerzo del rendido generalmente labra el vencedor sus triunfos (le deca) y a proporcin de la resistencia que sostiene es aplaudido el agente que la conquista. Ni V.S. puede ascender ms en su defensa, ni yo llegar a merecer menos con motivo de sus glorias. El aspirar con la

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 264\ 264\ 264\ 264\ 264\ muerte a ms distinguidos aplausos es usurparle a un soberano de un tan ilustre capitn, y a m de la complacencia de conocerle; en lo primero interesa V.S. con su conservacin las reflexiones de su monarca, y en lo segundo consagra V.S. a mi gusto la dulce idea que me he formado la esperanza de tratarle, amarle y servirle. Estoy persuadido de que si el Rey Catlico fuera testigo de cuanto V.S. ha actuado desde el da en que romp el sitio, sera el primero que le mandara capitular, sin que le estimulase otro objeto que preservar tan ilustre y distinguido oficial. Los hombres como V.S. no deben por ningn caso exponerse al riesgo de una bala cuando no depende del riesgo el todo de una monarqua. Conzcame V.S. y hallar verificado cuanto llevo expuesto, en cuya consecuencia espero en todo maana ver a V.S. y darle un abrazo, para lo cual dicte V.S. en las capitulaciones todos los artculos que le sugiera el honor que corresponde a su persona y a las de su guarnicin”. Velasco conoca bien que el Morro era la nica esperanza de la plaza, y que tomado, la prdida de la ciudad era inevitable, y apreciando la distincin que se haca de su valor y capacidad confindole su defensa, deca al conde: “Este castillo que por fortuna defiendo es limitadsimo asunto para que la fama lo coloque en el nmero de las heroicas conquistas que V.E. ha conseguido; mas, ya que mi destino me puso en l me es preciso seguir el trmino de mi fortuna y dejar al arbitrio de sus acasos la decisin”. Refirindose a la obligacin que el deber militar le impona de sostenerlo hasta el ltimo trance, continuaba: “No aspiro a inmortalizar mi nombre, slo deseo derramar el postrer aliento en defensa de mi soberano, no teniendo pequea parte en este estmulo la honra de la nacin y amor a la patria”. A la hidalga propuesta de que dictase los trminos en que deba rendirlo, responda con igual cortesa: “Los tratados de capitulaciones que V.E. me manda formar con las ventajas que me produzca el honor, es uno de los muchos rasgos brillantes que V.E. dispensa a sus cuasi prisioneros, manifestando su excelente bizarra que superadas del enemigo las armas, quedan las suyas rendidas de los que supieron contrastarlas; de esto y mucho ms es digno el que tiene con aquellas circunstancias la causa de su soberano”. Y por ltimo concluye su contestacin: “No hallando trmino que una la solicitud de V.E. y la ma, quedo con el dolor de que sea en este caso preferente al deseo de servirle, la ltima determinacin de las armas”. El fuego de los espaoles contra el campamento ingls haba continuado con ardor desde la vuelta de Velasco, y se renov el 30 por la parte del ngulo del caballero de la mar con nimo de impedir los trabajos de los zapadores y mineros. Como medio ms eficaz de alcanzar su objeto, haban situado dos lanchas y una batera flotante en la baha con orden de hacer fuego dentro del foso, lo cual efectuaron con descargas de fusilera y metralla. Los ingleses acudieron por el baluarte del oeste

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PEDRO JOS GUITERAS /265 /265 /265 /265 /265 y empearon una accin tan terrible que las obligaron a retirarse, y las obras fueron concluidas a las pocas horas sin interrupcin. Listo ya todo, dispuso el general Keppel empezar el ataque encargando el asalto al teniente coronel Stuart con 650 hombres de los regimientos Royals, Marksmen nmeros 35 y 90 y el de Sappers. Al medioda, estando Montes reconociendo una fragata de guerra que se haba acercado por la batera de San Nicols, sinti el estruendo causado por la explosin de las minas en el ngulo del caballero de la mar y el camino cubierto, y vio sepultarse bajo las ruinas del primero las centinelas avanzadas y los marineros que defendan el orejn. Al momento envi un recado a Velasco, quien pronto lleg all y viendo los efectos de la explosin retrocedi al Morrillo y mand recoger todas las escalas de cabo, o que las cortasen, a fin de que la guarnicin se mantuviese firme en la defensa. Pero no bien haba salido de aquel punto para dirigirse al baluarte de la bandera, cuando el piquete que dejaba a la espalda se arroj por las escalas a las embarcaciones atracadas junto al Morrillo y se pas a la Punta. La mina de la contraescarpa haba hecho poco dao; pero la del baluarte desplom dos lienzos de la batera y abri una brecha que el general Keppel y el jefe de ingenieros reconocieron y creyeron practicable. Al punto subi el teniente Carlos Forbes con su piquete de Royals y form en el tope de la brecha, desalojando de las murallas a los espaoles, que en ms que resistirlo pensaban en abandonar el castillo, logrando bajar por las mismas escalas del Morrillo toda la marinera, los artilleros de brigada y algunos otros y arrojarse fuera del Morro. Esta cobarde desercin abati el nimo de los dems que, desoyendo la voz de sus oficiales, se ocultaron en las trincheras y al abrigo de los blindajes. Forbes, reforzado, avanz hasta la cresta de una rampa que conduca hasta la batera baja de San Nicols, donde se haba hecho una cortadura con sacos de tierra, cuyo paso intent disputarle Montes con su compaa que cubra otra cortadura al pie de la rampa y fue rechazado. El enemigo se adelant con igual xito hasta la cortadura que haba dejado ste defendida con dos caones de 24 por el teniente don Fernando de Prraga, el cual resisti valerosamente el ataque con slo 13 hombres, quienes vendieron caras sus vidas, quedando all todos inmolados; ejemplo glorioso, por desgracia no imitado sino por muy pocos de sus compaeros. Entretanto, Velasco, dejando la defensa de las avenidas a cargo de los bizarros oficiales Montes y el marqus Gonzlez, se ocupaba en animar y ordenar a sus soldados en la bandera y en tres cortaduras que haba en aquella cortina. Los ingleses se haban aumentado considerablemente, entrndose por el caballero de la mar y la cortina del medio que daba paso al baluarte de tierra; los valientes Royals, unidos con las

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 266\ 266\ 266\ 266\ 266\ compaas de los tenientes Nuguent del regimiento nmero 9 y Holroyd del 19, haban avanzado a las tres cortaduras y logrado despus de un combate sangriento arrollar a los espaoles y se precipitaban hacia la bandera, tal vez con el intento generoso de persuadir a Velasco a conservar su preciosa vida para acciones de guerra ms afortunadas. Pero ya era demasiado tarde. Cuando este capitn jams vencido animaba a los de las cortaduras a resistir hasta el ltimo trance, una bala enemiga le atraves el pecho, dejndole herido mortalmente, y fue retirado al cuerpo de guardia. El marqus Gonzlez, empeado con heroico valor en defender la trinchera, recibi casi al mismo tiempo dos heridas y expir abrazado a la bandera, y Montes se vio obligado a dejar el lugar de la accin, herido gravemente en un brazo. Sin jefes ya, ni fuerzas para combatir, los pocos valientes que all quedaban, el general Keppel, llegado con gente de refresco y en posesin de la batera de San Nicols, se adelant y plant el pabelln britnico en las almenas del castillo, anunciando al consejo de guerra que haba perdido la segunda llave de la defensa de la ciudad y que la hora se acercaba en que vera tambin ondear el mismo pabelln en sus murallas. El general pas en seguida a ver a Velasco y tributarle las atenciones y honores correspondientes a su mrito. Habiendo manifestado sus deseos de que se le trasladase a La Habana para ser curado de su herida, fue acompaado por un coronel ingls. Al da siguiente muri este hroe ilustre, modelo de lealtad, de valor y de subordinacin militar, sentido universalmente de los espaoles y el ejrcito enemigo y admirado de cuantos fueron testigos de sus hazaas y glorioso fin. Hicironle los honores que permita el estado de la plaza, y el conde Albemarle pag un noble tributo de respeto a su memoria, suspendiendo aquel da las hostilidades y contestando en el campamento la descarga hecha en la ciudad en honor del hroe. Aquel mismo da, tuvo Prado la atencin de enviar un parlamentario al conde para darle las gracias por los cuidados y atenciones usadas con Velasco y pedirle el cadver del marqus Gonzlez, el cual no pudo encontrarse en el arruinado castillo. Cuando el rey tuvo noticia de la defensa hecha por Velasco quiso demostrar a la nacin el alto aprecio que haca de su valor y concedi a su primognito la nobleza de Espaa con ttulo de vizconde del Morro, disponiendo adems que perpetuamente hubiese un buque con su nombre en la armada espaola. A la historia de Cuba pertenece de derecho el grato deber de trasmitir en sus pginas la memoria de D. Luis de Velasco a las generaciones venideras. Por dos sendas diversas caminan al templo de la inmortalidad aquellos que siguen la penosa carrera de la armas. La una sembrada con el laurel glorioso del triunfo, derrama su luz radiante sobre la frente del orgulloso conquistador, la otra erizada de espinas

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PEDRO JOS GUITERAS /267 /267 /267 /267 /267 corona con las plidas sombras de la muerte las sienes del hroe sacrificado en las aras de la patria. El primero salva el espacio que lo separa de la gloria entre el aplauso de sus compatriotas y a veces entre las lgrimas de los pueblos subyugados; el segundo baja a la tumba acompaado de la admiracin y bendiciones de la humanidad. A Velasco le estuvo reservado atravesar la menos brillante, aunque la ms meritoria a los ojos de los hombres: l prob sus leales y patriticos sentimientos con el valor y abnegacin de los mrtires; ense con el ejemplo la leccin severa del poder que ejercen en los nimos esforzados los principios del deber y del honor, y defendi el castillo del Morro hasta exhalar el ltimo aliento antes que rendirlo a los enemigos de su pas. La historia de Cuba conservar el herosmo de su muerte como uno de los timbres de su corona nacional. En el asalto del 30 tuvieron los espaoles una prdida de 706 hombres entre muertos, heridos y prisioneros, y los ingleses 42. El sitio del castillo dur 44 das y en todo l murieron ms de 1 000 espaoles, y ms de 2 000 ingleses, incluyendo en este nmero los que sucumbieron de enfermedades y a los rigores del clima.1 1Beatson, pp. 558-560. Valds, pp. 123-130. Pezuela, pp. 191-195. New York Gazette del 9 de septiembre de 1762.

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CAPTULO VIILOS REGIDORES DE LA HABANA. PROGRESOS LOS REGIDORES DE LA HABANA. PROGRESOS LOS REGIDORES DE LA HABANA. PROGRESOS LOS REGIDORES DE LA HABANA. PROGRESOS LOS REGIDORES DE LA HABANA. PROGRESOS DEL EJRCITO INGLS DEL EJRCITO INGLS DEL EJRCITO INGLS DEL EJRCITO INGLS DEL EJRCITO INGLSNo menos afortunados por la parte del oeste, los enemigos haban logrado extender su campamento hasta Jess del Monte, el Cerro y la Cruz del Padre, merced al error capital cometido por Prado de reducir la escuadra a una completa inaccin fuera del puerto. Despus de la heroica, aunque intil defensa de la Chorrera, que hizo Aguiar el 10 de junio, aqullos acamparon en la loma de Arstegui, donde hoy se levanta el poderoso castillo del Prncipe; y habiendo Prado dispuesto el da 13 que el navo Asia fuese echado a pique en el mismo lugar que el Neptuno y Europa el almirante Pocock, ms seguro de que el puerto estaba cerrado, pudo desentenderse del bloqueo de este puerto y acudi con su escuadra en auxilio del ejrcito. Al efecto orden que 800 hombres fuesen regimentados, formando dos batallones al mando de los mayores Campbell y Collins, y los incorpor a una divisin compuesta de igual nmero de batallones de granaderos y 300 hombres de infantera ligera, que Albemarle haba enviado con el coronel Howe para entretener a los sitiados por aquella parte; y adems hizo desembarcar dos morteros y la artillera que se crey necesaria para las bateras que en Taganana y otros puntos se haban mandado construir con la idea de estrechar ms el sitio. Con estas fuerzas y el auxilio que le prestaba la escuadra, pudo Howe extender sus posiciones a San Antonio, Estancia de Jstiz y Puentes Grandes, desde donde salan varios piquetes a recorrer los pueblos del Quemado, Jess del Monte y Guajay en busca de provisiones. Dos navos, de cuatro que estaban cruzando a sotavento de La Habana, hallndose el 28 de junio a la vista del Mariel, descubrieron ancladas en el puerto las fragatas Venganza de 26 caones y Marte de 18, y despus de un corto ataque las apresaron, habiendo encontrado en ellas slo 20 hombres por haberse internado la dems tripulacin. Una de las disposiciones ms acertadas que adopt el general Prado fue la de conceder grado de coroneles a los regidores Aguiar, Aguirre y

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PEDRO JOS GUITERAS /269 /269 /269 /269 /269 don Laureano Chacn, cuando stos ofrecieron sus vidas en defensa de la patria, y ponerlos al frente de las milicias en lugar de darles jefes del ejrcito y sujetarlos a la disciplina de una organizacin militar. Mientras el ilustre Velasco y Pepe Antonio luchaban por la parte del este, aquellos briosos cubanos se distinguan por el lado opuesto de la ciudad, logrando contener las correras y hostilidades del enemigo y saliendo con honor en varios encuentros que tuvieron. Situose don Luis de Aguiar en el Horcn y contuvo el progreso del ejrcito ingls, obligndolo a retirarse de todos los puntos adonde intent avanzar, hacindole casi siempre prisioneros. Viendo el dao que causaba la batera de Taganana la acometi en sus trincheras la noche del 18 de julio, y aquellas gentes nunca acostumbradas al estruendo de la guerra, hicieron gran mortandad en las tropas britnicas, forzndolas a emprender la fuga; clavaron los caones y tomaron 18 artilleros, que envi el esforzado regidor a la ciudad con los trofeos de la accin. Prado concedi la libertad en nombre del rey a 104 esclavos que tuvieron parte en ella. El Sr. Chacn ocup el Tubajay, 4 leguas al oeste, e impidi que los ingleses penetrasen hasta los ricos pueblos de Santiago y el Bejucal de que intentaron apoderarse para surtir de carnes y viandas al ejrcito, tomando muchas veces la iniciativa y hostilizndolos con ventaja en sus posiciones. Respecto de Aguirre, dice Pezuela que comparti con sus dos compaeros el mando de las milicias, pero ni l ni Valds refieren ninguna accin particular en que se hubiese distinguido. A los regidores Aguiar y Chacn y quizs tambin a Aguirre, as como al coronel Caro, que cubra los pueblos de San Juan y Jess del Monte, se debi el que la ciudad no hubiese sido cercada y asaltada por la parte de tierra y que se hubiesen conservado abiertas las comunicaciones con el resto de la Isla. Pero teniendo este ltimo la orden de irse retirando a medida que avanzase el enemigo, a excepcin de algunos encuentros afortunados del coronel Gutirrez, toda la gloria de las armas espaolas en esta dilatada e importantsima posicin, se debi al valor e intrepidez de las milicias que mandaron Aguiar y Chacn, bajo cuyas rdenes se reuni mucha juventud, procurando sealarse en los empeos ms aventurados. Sin embargo de estos patriticos esfuerzos, despus que la toma del Morro haba hecho a los ingleses dueos de las alturas que dominan la Fuerza y la Punta y por la parte del oeste haban extendido su campo hasta la Cruz del Padre, la situacin de la ciudad era crtica en extremo. Podan forzar la entrada del puerto con su escuadra protegidos por los fuegos del castillo y debilitar los medios de resistencia por el lado del este; y las tropas del coronel Howe, reforzadas con la primera divisin que haba llegado de Nueva York el 28, daban seales de querer circun-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 270\ 270\ 270\ 270\ 270\ valar la plaza, situando en la Cruz del Padre, o en las posiciones inmediatas, alguna fuerza que enlazase sus fuegos con los de la Cabaa y San Lzaro. Para prevenir ambos males, dispuso el gobernador que la artillera de la Punta y la Fuerza, secundada por el navo Aquiln y dos fragatas, se dirigiesen contra el Morro hasta conseguir su demolicin, la cual se obtuvo en parte a las ocho horas de empezado el ataque, el cual dur desde el ltimo de julio hasta el 3 de agosto. En la loma de Soto (donde hoy est el castillo de Atars) se levant en pocos das una batera de seis caones de 24 y 16. Adems, con el fin de aumentar la escasa guarnicin, se hicieron retirar al recinto los destacamentos de lnea situados fuera de la plaza, exceptuando los dragones. Aun con este refuerzo no excedi de 1 200 veteranos y 300 milicianos. Sin duda que el consejo no hubiera dilatado la rendicin de la ciudad, sacrificando la vida y propiedades del ejrcito y los vecinos con una temeraria resistencia, a no haber contado con otros medios de los que poda disponer en tan apuradas circunstancias. Alentbalo la firme resistencia del vecindario a toda idea de capitular, la buena disposicin de la tropa y los auxilios de gente y municiones que venan del interior. El 5 de agosto llegaron 200 fusiles y otros pertrechos enviados de Santiago de Cuba, 500 ms se recibieron de Jagua el 9 y 1 500 el 10; los campesinos introducan diariamente con riesgo de sus vidas, frutos y ganado, y se haban tenido noticias del gobernador de Cuba anunciando la pronta marcha de una expedicin de 1 000 hombres entre tropa y voluntarios de aquella ciudad y de Santo Domingo. Todo esto haca esperar que, si lograban mantenerse algn tiempo ms, podra mejorar la situacin en que se hallaban y verse en estado de obligar a los ingleses, faltos de vveres y acosados por el vmito negro, a levantar el sitio. Pero tan halageas esperanzas se desvanecieron con las medidas que adopt Albemarle, y La Habana se vio forzada a capitular a los pocos das de la toma del Morro. Dueo de esta importante fortaleza, hizo de ella el mejor uso que le fue posible, dispuso que las bateras de la Cabaa bombardeasen la ciudad y empez a prepararse para reducirla al ltimo extremo. En su consecuencia dio rdenes a Keppel para construir siete bateras que se extendiesen desde la Pastora hasta la Cruz de la Cabaa; traslad el cuartel general, el 5 de agosto, al campo del oeste; levant un reducto cerca de la Punta y reforz los puestos avanzados de Jess del Monte y avenida del Cerro. Por este tiempo tuvo la fortuna de recibir los refuerzos de Nueva York y el resto de la divisin de Burton, y reparar las prdidas de gente que estaba sufriendo. En medio de esta actividad en ambos campamentos, la guarnicin de la plaza se mantena vigilante y animada de una confianza que cada

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PEDRO JOS GUITERAS /271 /271 /271 /271 /271 da se debilitaba ms en su gobernador. El fuego era vivo y bien dirigido; el de las fortalezas y baluartes continu por la batera, y el del navo Aquiln hasta el 3, que dos obuses de la Cabaa lo obligaron a desalojar el punto con precipitacin; y habiendo observado Prado que los enemigos hacan preparativos para combinar una accin y haban destacado tropas por el camino que conduce a la Punta para proteger el reducto que estaban construyendo, mand al amanecer del 10 a hacer un vivo fuego de can que barriese la playa de San Lzaro. A poco aparecieron las bateras de la Cabaa amenazando destruir la ciudad y las fortificaciones que defendan el puerto y el ejrcito del oeste continuaba sus movimientos con evidentes seales de secundar el ataque. Antes de empezar la accin, Albemarle, usando de un proceder muy distinto del que le haba merecido el hroe del Morro, se content solamente con enviar a Prado uno de sus ayudantes con una carta informndole del peligro cierto que corra la ciudad e intimndole la rendicin, y le dio orden de amonestarlo, si persista en una resistencia intil, de entrar en ella y tratar a los vencidos con todo el rigor de las leyes militares. Despus de seis horas de conferencia, el gobernador se decidi a tentar una vez ms la suerte de las armas, sacrificando al pundonor militar las convicciones de algunos miembros del consejo que vean inevitable la prdida de la ciudad; y el parlamentario volvi con una respuesta muy corts manifestando al conde que estaba resuelto a defenderla hasta morir en sus ruinas. Observa Entick que despus de mantener la bandera de parlamento flameando por tan largo tiempo, no us Prado de una atencin conforme con tan bizarra respuesta, renovando el fuego antes que el ayudante hubiera recorrido dos tercios del campo a su vuelta de La Habana.1 1Beatson, pp. 547 y 548, 560-563. Valds, pp. 119-131. Pezuela, pp. 198-200. Entick, t. V, p. 380. Defensa de Prado

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CAPTULO VIIICONQUIST CONQUIST CONQUIST CONQUIST CONQUIST A DE LA HABANA. CAPITULACI"N A DE LA HABANA. CAPITULACI"N A DE LA HABANA. CAPITULACI"N A DE LA HABANA. CAPITULACI"N A DE LA HABANA. CAPITULACI"N DE LA HABANA DE LA HABANA DE LA HABANA DE LA HABANA DE LA HABANAEn consecuencia de la resolucin de Prado, an no haban los albores de la maana del 11 de agosto empezado a platear el azul profundo del cielo, cuando Albemarle, seguido de sus ayudantes, subi a las alturas de la Cabaa, no a admirar las bellezas prodigiosas con que la divina Providencia ha querido dotar la naturaleza de Cuba, sino a satisfacerse de si las rdenes dadas el da anterior haban sido cumplidas. En vez de parar su atencin en la armona de esta bveda riqusima de estrellas, adornada con los matices de oro y prpura de que se viste la risuea aurora en los das serenos de esto y contemplar el suave murmullo de la rica vegetacin de esta Isla, la variedad de sus rboles y plantas y la belleza de sus bosques y prados, su espritu preocupado de ideas de guerra y destruccin no daba lugar a los sentidos para otras impresiones que las del aparato de las mquinas de fuego, el movimiento de las tropas y el desorden aparente de un campamento prximo a hacer desaparecer en pocas horas de sobre la faz de la tierra la hermosa capital, envuelta an en el misterio de las sombras, que se levantaba a los pies de aquel altivo monte. Sus leales habitantes, ajenos del peligro que los amenazaba, confiaban en su valor el xito de la accin, muy distantes de creer los que velaban libres que estaba cercano el momento en que se veran vencidos, desarmados y a merced de sus enemigos. El consejo, despus de haberse retirado bien tarde la noche anterior, estaba reunido en el hospicio de San Isidro, y el general Prado haba salido de all a recorrer el glacis y animar al pueblo en el deseo de una perseverancia que ya en l haba empezado a decaer, viendo los imponentes aprestos del ejrcito ingls y el mal estado de la plaza. Las campanas de los templos acababan de llamar los fieles a la oracin matutina y los habaneros haban dirigido sus preces y encomendado sus vidas y la libertad de la patria al supremo Dispensador de todos los bienes, cuando a los primeros rayos del sol descubrieron las bate-

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PEDRO JOS GUITERAS /273 /273 /273 /273 /273 ras que se extendan desde el Morro por las alturas de la Cabaa y empezaron a abrir sus fuegos en combinacin con los campos del oeste y una divisin de cinco navos, los cuales fueron contestados en todos los puntos por la artillera de los baluartes y castillos. Pero la ventaja del enemigo se hizo sentir bien pronto; los fuegos de la Punta fueron apagados entre 9 y 10, quedando reducidos a dos caones que desde la parte del norte disparaban de tarde en tarde, y como a la 1, abiertas tres brechas, deshechos y quemados los parapetos, inutilizados los caones e insostenibles los puestos, la guarnicin abandon el castillo y corri a refugiarse en la ciudad; el baluarte de la puerta inmediata fue derrumbado, sepultado en sus escombros ms de 50 personas; la Fuerza sufri gran dao en sus defensores y murallas; la ciudad estaba medio destruida por ms de 6 000 bombas que haban sido lanzadas desde ambos campamentos durante la accin y en los das anteriores. Despus de este ltimo esfuerzo ya no qued duda alguna de que si se persista en la resistencia La Habana quedara reducida en pocas horas ms a escombros y ruinas y sus vecinos seran en breve vctimas de la cuchilla enemiga. El general Prado resolvi, pues, capitular, y a las 2 de la tarde aparecieron en la muralla y baluartes y en el navo almirante banderas de parlamento, novedad que no esperaba la gente del pas, pues los regidores del Ayuntamiento pasaron a inquirir el objeto de aquella demostracin. Al instante ces el fuego por ambas partes; el gobernador dirigi una carta al conde de Albemarle manifestndole que haba credo conveniente alterar su resolucin y pidindole una tregua corta para presentarle los artculos de capitulacin bajo los cuales entregara la ciudad, a lo cual accedi el conde; y al da siguiente el sargento mayor don Antonio Ramrez Estenoz, autorizado con plenos poderes, pas al campo enemigo con dichos artculos para convenir el modo de efectuar la entrega. El Sr. Ramrez Estenoz estuvo en conferencia con el almirante ingls y regres al anochecer con las respuestas de Pocock; y despus de algunas dificultades sobre la escuadra y buques mercantes, por cuya conservacin hicieron Prado y el marqus del Real Transporte varias proposiciones de gran cuenta, y de tratarse sobre si el puerto permanecera neutral durante la guerra, oponindose a convenir en ambos particulares el general y el almirante, se vino el 13 a un acuerdo definitivo. La Habana, con sus fortalezas, los buques de guerra y mercantes surtos en el puerto, la artillera y municiones de boca y guerra, los caudales reales y los pertenecientes al comercio de Cdiz, seran entregados a las tropas de S.M.B.; la guarnicin de la ciudad y del castillo de la Punta saldran con todos los honores militares y se embarcaran con la

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 274\ 274\ 274\ 274\ 274\ tripulacin de la escuadra en buques ingleses para uno de los puertos ms inmediatos de Espaa; los sbditos de S.M.C. que quisieran retirarse del pas podran hacerlo, vendiendo libremente sus bienes y trasladndose a su costa donde estuviesen por convenientes; la religin catlica apostlica y romana sera respetada sin molestar a los vecinos en su culto pblico ni privado, y se conservaran los fueros, derechos y privilegios de la Iglesia. En virtud de esta capitulacin, el da 14 a las 10 de la maana el general Keppel al mando de 500 hombres pas a posesionarse de la Punta y al medioda de la puerta y baluarte cercanos, el coronel Howe ocup la puerta de Tierra con sus dos batallones de granaderos, y por la tarde hizo su entrada en la ciudad el conde de Albemarle a la cabeza del ejrcito, admirando la lealtad de aquellos habitantes al soberano espaol en la expresin de dolor con que vean penetrar por sus calles desiertas y sus derruidos edificios los macilentos y estropeados restos de la hueste vencedora y ondear por primera vez en sus baluartes y castillos otra bandera que la que siempre fue en sus corazones el smbolo de su origen y nacionalidad. El intendente Montalvo fue encargado de hacer el 15 la entrega de los buques de guerra, almacenes y efectos de mar y tierra que eran propiedad de la Corona, triste comisin que fue dulcificada con la ms honrosa y agradable, de permanecer en La Habana, cuidando de las personas e intereses de los heridos y sbditos espaoles, a quienes circunstancias particulares no permitieron volver a Espaa. Dos fragatas salieron a tomar posesin de Matanzas; otros buques fueron con el mismo objeto al Mariel y tambin march el 15 y 16 un fuerte destacamento a los pueblos de Santiago, el Bejucal y Managua, donde se haban retirado el obispo don Pedro Agustn Morell, las comunidades religiosas y muchas familias. Todas estas poblaciones reconocieron a Jorge III; el resto de la Isla permaneci sujeto al gobernador de Santiago de Cuba, no habiendo podido concluir su conquista el conde Albemarle por tener rdenes de enviar a Nueva York una parte del ejrcito y haberse disminuido la escuadra con el regreso del almirante a Inglaterra. La salida de las tropas espaolas se efectu el 24, embarcndose por la puerta de la Punta en transportes ingleses, siete jefes, 17 capitanes, 60 subalternos y 845 soldados y el 30 se hicieron a la vela juntamente con las autoridades y empleados, cuyo nmero, inclusas sus familias y criados, fue de 57 personas. A Prado se le destin un navo para su viaje, el que efectu poco antes que el ejrcito y empleados, as como el conde de Superunda y don Diego Tabares. Era el general don Juan de Prado un sujeto de valor personal generalmente reconocido en el ejrcito, de una lealtad acrisolada, recto en

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PEDRO JOS GUITERAS /275 /275 /275 /275 /275 sus principios y honrado en sus acciones; pero falto de actividad, escaso de recursos naturales, limitado en el conocimiento del arte de la guerra y sin prctica de mandos superiores, sus planes carecieron de base y firmeza en todo el tiempo que dur el sitio, vindose obligado a alterarlos a cada paso, segn que haca fuerza en l la opinin de cualquiera de los miembros del consejo. As que los movimientos del ejrcito ingls desvanecieron su tenaz confianza con el desembarco en las playas de Cojmar, forzado a tomar medidas que no estaban al alcance de su capacidad y a crear recursos extraordinarios de defensa, se enerv su energa natural y resolucin, abrumolo a todas horas el peso de la responsabilidad que cargaba sobre sus hombros, y en medio de su confusin y aturdimiento comunic a sus rdenes un carcter de indecisin y debilidad, y cay en errores y desaciertos muy ajenos de sus puras intenciones y patriticos sentimientos. Encerr la escuadra en el puerto abriendo recursos al enemigo para estrechar el sitio; abandon el punto ms importante de defensa para verse despus en la precisin de emplear intilmente el nervio del ejrcito en remediar las funestas consecuencias de tal medida; faltole tacto en la distribucin de las fuerzas, exponiendo los cuerpos de milicias al fuego de los ingleses en las acciones ms crticas, en lugar de protegerlos y alentarlos con la disciplina de los batallones regimentados, y tuvo la mala fortuna de preferir a los oficiales de marina para el mando del ejrcito y fortalezas, aunque todos ellos probaron su lealtad y valor en un grado eminente. Esta injusta preferencia, con agravio de los oficiales de infantera que estaban en la guarnicin, encendi los odios que siempre han existido en las diversas ramas del ejrcito por espritu de cuerpo y disgust a las tropas. En tiempos normales, su carcter afable y conciliador, su integridad y honradez y el noble deseo que lo animaba de distinguirse en el mando que le haba confiado el rey, hubieran hecho su gobierno uno de los ms tranquilos y prsperos que hasta entonces haba tenido este hermoso pas. En el consejo de generales que se form en Espaa para examinar la conducta de las autoridades superiores y dems jefes que tomaron parte en la defensa de La Habana, el cual fue presidido por el clebre conde de Aranda, se pronunci sentencia de muerte contra l; pero Carlos us de clemencia con el infortunado general y le conmut la pena en confinamiento perpetuo.1 1Beatson, t. II, p. 563 y siguientes. Entick, t. V, p. 381. Pezuela, pp. 200, 212 y 233. Valds, pp. 134, 146 y 147. Defensa de Prado. New York Gazzette del 9 de septiembre de 1762.

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CAPTULO IXSITU SITU SITU SITU SITU ACI"N DEL EJRCITO INGLS. EST ACI"N DEL EJRCITO INGLS. EST ACI"N DEL EJRCITO INGLS. EST ACI"N DEL EJRCITO INGLS. EST ACI"N DEL EJRCITO INGLS. EST ADO ADO ADO ADO ADO POLTICO DE EUROP POLTICO DE EUROP POLTICO DE EUROP POLTICO DE EUROP POLTICO DE EUROP A. PAZ DE PARS. A. PAZ DE PARS. A. PAZ DE PARS. A. PAZ DE PARS. A. PAZ DE PARS. REST REST REST REST REST A A A A A URACI"N DE LA HABANA URACI"N DE LA HABANA URACI"N DE LA HABANA URACI"N DE LA HABANA URACI"N DE LA HABANALa conquista de La Habana fue un feliz acontecimiento para el ejrcito y la armada inglesa. Su oportunidad los salv de una ruina segura; pues hubiera sido imposible continuar el sitio en una poca del ao en que el excesivo calor, las fuertes lluvias y las enfermedades haban destruido una gran parte de su gente, no teniendo donde guarecerse y estando rendidos de fatiga y faltos de los recursos ms esenciales de la vida. Algunos miles de hombres yacan aniquilados en los campamentos y la escuadra, y al tiempo de la capitulacin apenas haba 2 500 aptos para el servicio. Bajo el aspecto militar fue la mayor y en sus consecuencias, la ms decisiva de cuantas hicieron los ingleses en el transcurso de la guerra, y en ninguna resplandeci tanto la superior inteligencia de los jefes y oficiales generales, ni el valor, serenidad y perseverancia de las tropas. Esta importante adquisicin rene en s todas las ventajas que pueden obtenerse en la guerra: fue un triunfo de la clase ms elevada, y cuyos efectos sobre la escuadra espaola equivalieron a una gran victoria naval; pues adems de los buques apresados en Cayo Sal y en el Mariel se apoderaron de nueve navos y los utensilios del Arsenal. Y no slo encontraron all consuelo en sus necesidades y gloria militar, sino tambin muchas riquezas. Adems de los caones, provisiones de campaa y otros efectos que haba en abundancia, el botn ascendi a 25 buques mercantes, varios almacenes llenos de valores inmensos y cerca de 3 millones de pesos. Estos fondos fueron repartidos con tan parcial desproporcin entre las varias clases del ejrcito y la armada, que hubo multiplicadas quejas y vivo resentimiento por parte de la tropa y marinera. Pero ms que todo, Jorge III estaba en posesin de un puerto que pona en sus manos el destino de Europa contra las tentativas de la casa de Borbn reveladas en el funesto Pacto de Familia; y el efecto

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PEDRO JOS GUITERAS /277 /277 /277 /277 /277 que produjo tanto en la Corte como en el pueblo la noticia de esta conquista se encuentra pintado con exactos colores en los documentos oficiales de la poca. Porque Cuba poda con razn considerarse la llave de los tesoros que deban servir de recurso principal a los aliados para continuar una guerra cuyo objeto era destruir toda potencia que se opusiese a su ambicin, voluntad e intereses. An no haban transcurrido dos meses de esta conquista, cuando se apoderaron tambin de Manila, capital de la isla de Luzn, una de las Filipinas, plaza no menos importante en el este que lo es La Habana en el oeste. La ciudad se libr de ser destruida mediante la suma de 4 millones y el botn fue considerable. La nica compensacin que tuvo Espaa por estas prdidas fue la toma de la colonia del Sacramento, objeto por largo tiempo de cuestiones con Portugal, con la que se hizo duea de 26 buques ingleses cargados de mercancas y pertrechos de guerra por valor de 20 millones de pesos. Los esfuerzos hechos contra esta potencia, cuyo mal estado le haba despertado halageas esperanzas de una fcil conquista, estuvieron muy lejos de reparar el dao sufrido en Amrica y Asia. Si bien el cmulo de tantas desgracias no haba podido abatir su espritu, estas prdidas haban agotado los recursos de las dos Coronas. Espaa se vea privada de los tesoros de sus colonias, arruinada su marina, y su ejrcito disminuido y desalentado con el xito de una infructuosa y larga campaa. Francia, amenazada, fatigada de invasiones repetidas, destruido su comercio y prxima a una bancarrota, execraba la alianza de Austria, y hasta la de Espaa, aunque cimentada en vnculos de sangre y ms conforme con los sentimientos nacionales. En tan crtica situacin, ambas Cortes solicitaron la paz con empeo y sinceridad iguales a sus infortunios. Felizmente, el ministerio del conde de Egremont haba apurado las fuerzas de la nacin en escarmentar a los enemigos de su poder martimo y comercial con el fin de obligarlos a una paz que terminase las cuestiones pendientes entre las tres potencias, ms bien que halagado por la ambicin de conquistar las ricas Antillas. Los puntos que haban provocado la guerra quedaron arreglados sin gran dificultad; y para allanar inconvenientes se acord que los pendientes entre Austria y Prusia fuesen asunto de conferencias entre aquellos soberanos. Los artculos preliminares se firmaron en Fontainebleau el 9 de noviembre de 1762, y el 10 de febrero del siguiente ao se concluy el tratado definitivo conocido con el nombre de la Paz de Pars. Segn l, Inglaterra conviene en restituir La Habana y cualquiera otra posicin espaola que hubiese cado en su poder, y Espaa renuncia el derecho que tenga de pescar en la isla de Terranova, reconoce el de los sbditos

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 278\ 278\ 278\ 278\ 278\ britnicos a cortar el palo de Campeche en Honduras y otras partes de sus dominios, y cede a favor de Inglaterra la Florida con el fuerte de San Agustn y la baha de Penzacola, as como todas sus posesiones en el norte de Amrica, al este y sudeste del Mississipi. Adems, el ejrcito franco-hispano deber evacuar el territorio portugus y la colonia del Sacramento. Luis XV indemniz a Espaa de sus prdidas de territorio cedindole la Luisiana y Nueva Orlens por un convenio particular anterior al tratado. Carlos III crey conveniente hacer una demostracin de la importancia que daba a la restauracin de La Habana, y quiso que este acto fuese revestido de gran solemnidad y aparato. Al efecto nombr para el gobierno superior de la Isla a uno de los nobles de ms elevado carcter y jerarqua, el teniente general don Ambrosio Funes Villalpando, conde de Ricla y Grande de Espaa de primera clase; el cargo de inspector general fue concedido al mariscal de campo don Alejandro O’Reilly, y para la organizacin que deba darse al ejrcito y los trabajos de fortificacin resueltos, se destinaron los brigadieres don Silvestre Abarca y don Pascual Jimnez de Cisneros. El nuevo capitn general lleg a La Habana el 1 de julio en cuatro navos de guerra y algunos transportes que traan una divisin de cerca de 2 200 hombres de todas armas y un numeroso tren de artillera. Estas fuerzas y algunas otras que fueron enviadas de Mjico y Costafirme se acantonaron en el vecino pueblo de Regla, mientras se acordaba el da de la entrada en la ciudad. La maana del 6 amaneci La Habana vestida de ricas colgaduras de vistosos colores y las calles se vean cubiertas de gente que corra a ocupar las avenidas del camino que conduce a Regla, demostrando la ansiedad con que esperaban el momento de ver entre sus muros al bizarro gobernador y tremolar en sus baluartes el pabelln nacional. Pronto se llenaron sus patriticos deseos: el conde acompaado de O’Reilly, Abarca y Cisneros, los jefes y oficiales de estado mayor y lo ms granado de la poblacin, hizo su entrada pblica, seguido de las tropas del ejrcito y un inmenso concurso, y tom el mando en medio de innumerables vtores y al estruendo del can que saludaba el restablecimiento de la autoridad de los reyes de Espaa en la posesin ms preciosa de sus vastas provincias de Amrica. Por la noche se ilumin la ciudad, y por espacio de muchos das hubo esplndidos bailes y fiestas, as como en Regla y Guanabacoa. La Habana y sus pueblos inmediatos permanecieron bajo la dominacin inglesa por cerca de 11 meses, durante los cuales el conde de Albemarle y su sucesor el general Guillermo Keppel procuraron en vano captarse la estimacin de los naturales del pas con la afabilidad de su

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PEDRO JOS GUITERAS /279 /279 /279 /279 /279 trato, el desinters y templanza de su gobierno, y la ms rgida severidad en la disciplina del ejrcito. “Los ingleses (dice el Sr. Pezuela) no alteraron el rgimen gubernativo del pueblo ni cambiaron su municipalidad, ni destituyeron a los ms de los empleados civiles. Por el contrario, Albemarle despus que tom posesin de la plaza, nombr por su teniente gobernador civil al regidor don Sebastin Pealver, abogado de luces, por suplente de ste, al alfrez real don Gonzalo Oquendo, y por juez civil ordinario de La Habana a don Pedro Calvo de la Puerta, alguacil mayor, propietario honrado y de buen nombre. Estos tres municipales, a fuerza de cordura, de desinters y de imparcialidad, hicieron menos pesado el yugo extranjero. Albemarle y Keppel dieron ms de una prueba de su horror al cohecho y artificios del foro. Entre otros sentimientos lo acredit esencialmente un pblico edicto en que se prohiba hacer ddivas ni regalas de ninguna especie al gobernador principal ni dems autoridades inferiores, considerando tan servil costumbre como un medio de corrupcin. A pesar de tan justos procederes no se calmaba la aversin profunda que al ingls marcaban todas las clases; la mayor parte de las familias a quienes su profesin y fortuna permitan ausentarse, fijaron su residencia en sus haciendas. Los guajiros y vendedores de artculos de diario consumo se retraan de acudir al mercado, y muchas veces las tropas invasoras hubieron de racionarse con subsistencias enviadas de Charleston y Jamaica”. A pesar de la humanidad y cordura que sirvieron de base al Gobierno britnico, las exacciones que tuvo que hacer efectivas de orden superior sobre el vecindario, la mitra, los monasterios y parroquias, el celo desplegado por el obispo en favor de los intereses e inmunidades de la Iglesia, la lealtad heroica de algunos cubanos de alta posicin, que rehusaron presentarse a reconocer a Jorge III, y la irritacin del pueblo contra el ejrcito obligaron a adoptar algunas veces medidas rigurosas y violentas. El venerable obispo fue desterrado a la Florida en el mes de noviembre y permaneci all hasta mayo de 1763 que se le permiti regresar a La Habana; varios hacendados fueron procesados y perseguidos, y debieron el sobreseimiento de sus causas y la conservacin de sus bienes al influjo del intendente Montalvo, de quien haca gran aprecio el conde; y hubo algunos individuos que subieron al patbulo por haber muerto en el campo a muchos soldados ingleses. Fuera de estos casos particulares, que ciertamente la mayor parte de ellos honra a los naturales del pas, si se atiende al noble espritu de amor a la independencia nacional que los inspiraba, la conducta de las autoridades fue en su sistema general conforme al carcter conciliador, humano y liberal de la nacin inglesa y a las ideas avanzadas de gobierno que resplandecen en su constitucin poltica y estaban ya entonces

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 280\ 280\ 280\ 280\ 280\ establecidas en sus colonias del Norte de Amrica. El general Keppel hizo embarcar sus tropas la tarde del mismo da 6 a bordo de los buques ingleses, y el 7 dej una ciudad que haba gobernado con las dificultades y sinsabores propios de una dominacin precaria y violenta.1 1Beatson, Memoirs Entick, t. V, pp. 382, 386, 435-450 y sigs. Coxe, cap. 61. Pezuela, caps. 13 y 14. Valds, pp. 148-161.

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NDICE ONOMSTICO NDICE ONOMSTICO NDICE ONOMSTICO NDICE ONOMSTICO NDICE ONOMSTICO—A— Abarca, Silvestre: 278. Abarca y Bolea, Pedro Pablo: 275. Aceituno, Mateo: 209. Adriano VI, papa: 183. Aguiar, Luis Joseph de: 256, 268, 269. Aguirre: 268, 269. Agustn, san: 69. Alaminos, Antn de: 167, 168, 169. Albemarle, conde de. Keppel, Jorge. Alejandro VI, papa: 91, 93. Alfragane: 66. Almirante. Ver Coln, Cristbal. Alquiza, Salvador de: 220. Altsimo. Ver Dios.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 282\ 282\ 282\ 282\ 282\Alvarado, Gmez de: 162. Alvarado, Jorge Gonzalo de: 162. Alvarado, Juan de: 162. Alvarado, Pedro de: 143, 162, 168, 169, 170. lvarez, Juan: 168. lvarez, Pedro: 228. Ampudia, Gutierre de: 163. Anacaona: 142. Anaesa, indio: 203. Ana Estuardo: 198. Angulo. Ver Prez de Angulo, Gonzalo. Anson, George: 236, 242. Antonelli, Juan Bautista: 219. Antonio-Gmez y Bullones, Jos Nicols: 262, 269. Arago, Francisco: 36. Arana, Diego de: 87, 96. Aranda, conde de. Ver Abarca y Bolea, Pedro Pablo. Arango y Parreo, Francisco: 199. Archiduque de Austria. Ver Felipe I de Espaa. Arencibia, Sebastin: 178. Aristteles: 21. Arrate y Acosta, Jos Martn Flix de: 17, 19, 167, 178, 198, 205, 219, 247. Arroyo, Alejandro de: 252, 256, 257, 258. Asuncin de Mara Santsima. Ver Mara, virgen. Asuncin de Nuestra Seora. Ver Mara, virgen. Averroes: 66. vila, Juan de: 216. vila y Ziga, Luis de: 130, 194. Ayala, Pedro de: 93. Aybar, Alonso de: 178.

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PEDRO JOS GUITERAS /283 /283 /283 /283 /283—B— Baal, Roberto: 207, 210, 216. Baltimore, lord: 140. Bancroft, Jorge: 19. Barba, Pedro de: 167. Basave, Luis: 254. Bstidas, Rodrigo de: 132. Bath: 215. Bayona, Pedro de: 223, 225. Beatson: 19. Bentez, Pedro: 228. Berroa, Esteban de: 228, 232. Bikker: 215. Bobadilla, Francisco de: 124, 125, 127, 134, 216. Bobadilla, Isabel de: 209, 210. Boil, Bernardo: 95, 97. Borbn, casa de: 89, 229, 231, 242, 276. Borbones. Ver Borbn, casa de. Borromco, conde: 89. Bresa, barn de la: 196. Briceo, Manuel de: 252. Brown, Roberto: 38. Burton, brigadier: 263, 270. —C— Cabezas Altamirano, Juan de las: 220. Caboto, Juan: 131, 132. Caboto, Sebastin: 131. Cabrera, Lorenzo de: 220. Cceres, Alonso de: 177, 218. Cajigal de la Vega, Francisco: 237, 239, 250.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 284\ 284\ 284\ 284\ 284\Calvert, Leonardo: 140. Calvo de la Puerta, Pedro: 279. Camacho: 168. Campbell, mayor: 268. Canoabo, cacique: 96, 120. Carleton, Guy: 243, 253, 254, 256. Carlos, archiduque: 229. Carlos Borroneo, san: 227. Carlos I de Espaa: 164, 173, 174, 176, 191, 196, 202. Carlos II de Espaa: 215, 229. Carlos III de Espaa: 239, 241, 242, 275, 278. Carlos V de Alemania: 229. Carlos VI de Alemania: 238. Carlos II de Inglaterra: 225. Caro, Carlos: 252, 253, 254, 256, 262, 269. Carrascosa, Alfonso: 232. Carreo, Francisco: 218. Cartier: 132. Casas Aragorri, Luis de las: 18. Casas, Bartolom de las: 18, 45, 47, 83, 110, 143, 150, 153, 154, 155, 156, 157, 158, 159, 160, 161, 162, 184, 187, 188, 190, 191, 192. Casa Torres, marqus de. Ver Torres, Laureano de. Castejn, Pedro: 254. Castro, lvaro de: 197. Cathcart, lord: 236, 237. Cerda, Luis de la: 68. Cisneros. Ver Jimnez de Cisneros, Francisco. Cisneros. Ver Jimnez de Cisneros, Pacual. Clarendon: 225. Cobos, Francisco de los: 197.

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PEDRO JOS GUITERAS /285 /285 /285 /285 /285Collins, mayor: 268. Coln, Bartolom: 120, 124, 130, 131, 142. Coln, Cristbal: 18, 21, 22, 24, 60, 61, 65, 66, 67, 68, 69, 70, 71, 72, 73, 74, 75, 76, 77, 78, 79, 80, 81, 82, 83, 84, 85, 86, 87, 88, 89, 90, 91, 92, 95, 96, 97, 98, 99, 100, 101, 102, 103, 104, 105, 106, 107, 108, 109, 110, 111, 112, 113, 114, 115, 116, 117, 118, 119, 120, 122, 123, 124, 125, 127, 128, 129, 130, 131, 132, 133, 134, 135, 136, 137, 139, 140, 141, 142, 143, 144, 184, 185, 194. Coln, Diego: 120, 130, 141, 142, 146, 165, 166, 167. Colones: 123, 124, 125, 166. Coln, Fernando: 130. Coln, Luis: 205. Comendador, cacique: 137. Compostela y Vliz, Diego Evelino de: 227. Conchillos, Lope de: 174, 186, 188. Crdova, Diego de: 227. Corral, Francisco del: 257, 258. Cortereal, Gaspar: 132. Corts, Hernn: 140, 142, 151, 162, 165, 170, 171, 198. Cosa, Juan de la: 132. Coxe: 19. Creador. Ver Dios. Crisolora: 66. Cristina de Suecia: 141. Cromwell, Oliverio: 221, 223, 224, 250. Cuauhtmoc: 142. Cullar, Cristbal de: 161. Cumberland, duque de. Ver Cumberland, Guillermo Augusto: 243. Cumberland, Guillermo Augusto: 243. Cura de los Palacios: 118.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 286\ 286\ 286\ 286\ 286\—CH— Chacn, Laureano: 269. Chacn, Luis de: 228. Chamelin, conde de: 232. Champlain, Samuel: 140. Chanca, doctor: 118. Charlevoix, Pedro Francisco Javier de: 77. Chvez, Antonio de: 216. —D— Dvila, Alonso: 168, 170. Dvila Orejn, Francisco: 226. Dvila, Pedrarias. Ver Arias Dvila, Pedro. De Monts: 140. Deza, Diego: 69. Daz de Sols, Juan: 133. Diego, indio: 61, 99, 100, 116, 177. Dios: 41, 65, 75, 114, 123, 137, 146, 147, 150, 187, 190, 191, 203, 213, 246, 255, 272. Dispensador. Ver Dios. Divino Maestro. Ver Dios. Douglas, Jaime: 243. Drake, Francisco: 215, 218. Druidas: 62. Duero, Andrs de: 170. —E— Egremont, conde de. Ver Wyndham, Charles. Elcano, Juan Sebastin de: 134. Elliot, Jorge: 255. Enciso. Ver Fernndez de Enciso, Martn. Enrique VII de Inglaterra: 131.

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PEDRO JOS GUITERAS /287 /287 /287 /287 /287Enrique, infante de Portugal: 21, 66, 67, 68. Enrique III de Espaa: 194. Ensenada, marqus de la. Ver Somadevilla, Zenn de. Entick: 19, 271. Ercilla y Ziga, Alonso de: 140. Escarpiaria: 66. Escovedo, Rodrigo de: 87. Esquivel, Juan de: 140, 146, 152. Estrabn: 66. Estuardos: 198. —F— Felipe I de Espaa: 122. Felipe II de Espaa: 219, 241. Felipe III de Espaa: 174. Felipe IV de Espaa: 225. Felipe V de Espaa: 229, 230, 231, 238, 245. Fernndez de Crdova, Jos: 227. Fernndez de Enciso, Martn: 137, 140. Fernndez de Navarrete, Martn: 19, 132. Fernndez de Oviedo y Valds, Gonzalo: 19, 47, 55, 59, 130, 149, 166, 205, 210. Fernando de Brunswich: 241. Fernando II, el Catlico: 68, 75, 79, 80, 82, 84, 89, 91, 92, 93, 95, 117, 122, 124, 127, 129, 132, 134, 138, 163, 165, 173, 174, 176, 181, 182, 185, 186, 187, 211. Fernando VI de Espaa: 238, 239. Ferrer, Jos Joaqun: 36, 38, 39. Figueroa, Rodrigo de: 189. Figueroa y de la Cerda, Vasco Porcallo: 208. Flores, Rodrigo de: 225, 226. Fonseca, Juan de: 125, 132, 145, 166, 174, 186, 188.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 288\ 288\ 288\ 288\ 288\Forbes, Carlos: 265. Francisco I de Francia: 215. Franquinay, M. de: 225, 226. Fuenmayor, Diego de: 215. Funes Villalpando, Ambrosio: 180, 278. —G— Gama, Vasco de: 124, 125, 131. Garay, Francisco: 133. Garca, J. de J. Q.: 262. Garca de Palacios, Juan: 183. Garca Osorio, Francisco: 217, 218. Garcilaso de la Vega, Inca: 205. Garcilpez de Carvajal. Ver Lpez de Carvajal, Garci. Gelder, Francisco: 221. Girn, Gilberto: 220. Godfrey, capitn: 258. Gomara. Ver Lpez de Gomara, Francisco. Gonzlez, Alonso: 167. Gonzlez, clrigo: 168. Gonzlez de Barcia, Andrs: 233. Gonzlez de Mendoza, Pedro: 70. Gonzlez, marqus de. Ver Gonzlez-Valor de Bassecourt, Vicente. Gonzlez-Valor de Bassecourt, Vicente: 263, 265, 266. Grammont, Francis: 226. Gran Can: 72, 74, 79, 91, 104, 106. Grijalva, Juan de: 133, 142, 154, 156, 162, 168, 169, 170. Grocio, Hugo: 224. Guacanagari, cacique: 85, 86, 87, 96, 120. Guatimozin. Ver Cuauhtmoc. Guazo Caldern Fernndez de la Vega, Gregorio: 231, 232.

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PEDRO JOS GUITERAS /289 /289 /289 /289 /289Gemes y Horcasitas, Juan Francisco: 235, 239. Guerrero, Francisco: 203. Guillermo III de Inglaterra: 229. Gutirrez, coronel: 269. Gutirrez, Pedro: 75, 87. Gustavo Adolfo de Suecia: 141. Guzmn, Francisco de: 205, 207, 209. Guzmn, Gonzalo de: 169, 190, 202, 204, 205. —H— Hapsburg, casa de: 238. Hatuey, cacique: 63, 144, 146, 147, 148, 149, 150. Hawkins, Juan: 197. Hrcules: 112. Hernndez de Crdova, Francisco: 133, 143, 162, 168. Hernndez Portocarrero, Alonso: 162. Herodoto: 194. Herrera, Lope de: 93. Herrera y Tordesillas, Antonio de: 19, 59, 136, 149, 154, 156, 174, 186, 198, 202, 205, 212. Hervey, Augustus John: 243, 253, 258. Hevia, Gutierre de: 250, 252, 273. Holroyd, teniente: 266. Howe, Guillermo: 243, 254, 268, 274. Hudson: 132. Humboldt, Alejandro de (barn): 19, 22, 36, 38, 39. —I— Inocencio XIII, papa: 234. Irving, Washington: 19, 114, 118. Isabel I, la Catlica: 68, 70, 75, 79, 80, 82, 84, 89, 91, 92, 95, 117, 124, 127, 129, 132, 134, 135, 137, 138, 163, 173, 181, 182, 185, 186, 188, 211, 225.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 290\ 290\ 290\ 290\ 290\Isabel de Inglaterra: 197, 215. —J— Jerez, Rodrigo de: 79, 80. Jesucristo: 75, 95, 139, 150, 155, 187. Jimnez de Cisneros, Francisco: 166, 188, 189, 196. Jimnez de Cisneros, Pascual: 278. Jimnez de Quesada, Gonzalo: 140. Jorge III de Inglaterra: 242, 243, 274, 276, 279. Jos, emperador: 229. Juan, prncipe de Espaa: 69, 84. Juan II de Portugal: 68, 92, 93, 94. Juana, la Loca: 122. —K— Keppel, Augusto: 245, 253. Keppel, Guillermo: 257, 260, 265, 266, 270, 274, 278, 279, 280. Keppel, Jorge: 239, 241, 243, 250, 253, 254, 255, 257, 258, 259, 260, 263, 266, 268, 270, 271, 272, 273, 274, 278, 2797. Knowles, Charles: 242. —L— Lares, Amador de: 170. Lebrn, licenciado: 166. Ledesma. Ver Rodrguez de Ledesma, Francisco. Len X, papa: 183. Leyen: 215. Loaysa, Garca de: 174. Lobera, Juan de: 217. Lolonois, pirata: 223. Lpez de Carvajal, Garci: 93. Lpez de Gomara, Francisco: 198. Lpez de Jimena, Gonzalo: 162.

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PEDRO JOS GUITERAS /291 /291 /291 /291 /291Lpez de Jimena, Jos: 162. Lpez Durn, Diego: 178. Luis XIV de Francia: 229, 230. Luis XV de Francia: 238, 241, 278. Lujn, Diego: 130. Lujn, Gabriel: 218. Lujn, Juan Benito: 261. Luna y Sarmiento, lvaro de: 221. —M— Madariaga, Juan Ignacio de: 252. Magallanes, Fernando de: 133, 134. Maireni, cacique: 95. Maldonado Barrionuevo, Juan: 219. Mandeville, Juan de: 67, 72, 74, 99, 104, 106. Manso de Velasco, Jos: 251, 252, 274. Manzaneda y Salinas, Severino de: 227. Marchena. Ver Prez de Marchena, Juan. Margarita, princesa: 122. Mara Teresa de Austria: 238. Mara, virgen: 137, 145, 146, 155, 163, 183, 203. Marsden, Sr.: 73. Martn, Andrs: 125. Martn, Benito: 169. Martnez, Dionisio: 234, 235. Martino V, papa: 66, 92. Mrtir de Anglera, Pedro: 89, 99, 174. Mausiatibel, cacique: 60. Mazariegos, Diego de: 217. Medina-celi, duque de. Ver Cerda, Luis de la. Medina, Francisco de: 260.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 292\ 292\ 292\ 292\ 292\Meja de Trillo, Pedro: 190, 202. Melndez de Avils, Pedro: 218. Mndez, Diego: 55. Mendoza, cardenal: 91. Mesa, Bernardo de: 207. Moctezuma: 142. Monckton, general: 243. Montalvo, Gabriel: 218. Montavo, Lorenzo: 252, 274, 279. Montao, Manuel: 221. Montejo, Francisco: 167, 168, 170. Montes, Bartolom: 260, 265, 266. Morales, Francisco de: 148, 151, 170. Morales, Pedro: 222, 223, 256. Morell de Santa Cruz y de Lora, Pedro Agustn: 274. Morgan, Juan: 222. Morn, Pedro: 202. Morro, vizconde del. Ver Velasco, Luis de. Moscoso, Luis de: 210. Muiz, Bartolom: 67. Muiz de Perestrello, Felipa: 67. Muoz, Juan Bautista: 89. Muoz, Nicols: 223. —N— Njera, Juan de: 167. Narvez, Pnfilo de: 138, 146, 152, 153, 154, 155, 156, 157, 158, 159, 161, 162, 163, 165, 171, 198, 210. Navarrete. Ver Fernndez de Navarrete, Martn. Nereidas: 62. Newcastle, duque de. Ver Pelham-Holles, Thomas.

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PEDRO JOS GUITERAS /293 /293 /293 /293 /293Nuestra Seora. Ver Mara, virgen. Nuestro Seor. Ver Dios. Nuguent, teniente: 266. Nez de Balboa, Vasco: 133, 140. —O— Ocampo, Sebastin de: 131, 135, 136, 137, 138, 153, 154, 167. Ojeda, Alonso de: 132, 140, 145, 146. Olid, Cristbal de: 143. Olivan, Alejandro: 136. Oquendo, Gonzalo: 279. Ordaz, Diego de: 140, 143, 149. O’Reilly, Alejandro: 278. Orellana, Francisco de: 140. Orgaz, Pedro de: 146. Ortiz de Matienzo, Johan: 167. Osorio. Ver Garca Osorio, Francisco. Ovando y Ovando, Nicols de: 125, 126, 129, 134, 138, 142, 185, 195. Oviedo. Ver Fernndez de Oviedo y Valds, Gonzalo. —P— Palacios Rubio: 188. Parada, licenciado: 171. Prraga, Fernando de: 265. Pasamonte, Miguel de: 165, 166, 186, 189. Pelham-Holles, Thomas: 236. Pealver, Sebastin: 279. Pepe Antonio. Ver Antonio-Gmez y Bullones, Jos Nicols. Perdomo, Juan: 226. Prez de Angulo, Gonzalo: 216, 217. Prez de Luna, Juan: 114. Prez de Marchena, Juan: 68, 70.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 294\ 294\ 294\ 294\ 294\Prez, Diego: 205, 206, 216. Pezuela y Lobo, Jacobo de la: 17, 19, 262, 269, 279. Pinzn, Martn Alonso: 68, 71, 75, 79, 82, 87, 88. Pinzones: 70. Pitt, Guillermo: 236, 241. Pizarro, Francisco: 140. Plinio: 66, 91. Pocock, Jorge: 243, 244, 253, 255, 268, 273. Polo, Mafeo: 72. Polo, Marco: 67, 72, 73, 74, 81, 99, 104, 112. Polo, Nicols: 72. Polos: 72. Ponce de Len, Juan: 133, 139, 168. Prado, licenciado: 174. Prado Portocarrero, Juan Antonio: 239, 250, 252, 254, 255, 256, 257, 260, 261, 266, 268, 269, 271, 272, 273, 274. Preste Juan: 111. Protector. Ver Cromwell, Oliverio. Providencia. Ver Dios. Pomponio Mela: 66. Pulteney: 236. —Q— Quintanilla, Alonso de: 69, 70. —R— Raja, Vicente de: 228. Raleigh, Walter: 140. Ramrez, Diego: 203. Ramrez Estenoz, Antonio: 273. Ramrez, Miguel: 190. Ramos, Gregorio: 220.

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PEDRO JOS GUITERAS /295 /295 /295 /295 /295Ranjel, Rodrigo: 162. Real Transporte, marqus de. Ver Hevia, Gutierre de. Reina Catlica. Ver Isabel I, la Catlica. Rentera, Pedro de: 162. Rey Catlico. Ver Fernando II, el Catlico. Reyes Catlicos. Ver Fernando II, el Catlico, e Isabel I, la Catlica. Riao de Gamboa, Francisco: 221. Rich, O.: 118. Ricla, conde de. Ver Funes Villalpando, Ambrosio. Rivadeneyra, Pedro de: 202. Robredo, Antonio: 36, 37. Rodrguez de Ledesma, Francisco: 226. Rodrguez, Sebastin: 167. Rojas, Juan de: 205, 209, 217. Rojas, Manuel de: 150, 172, 201, 202, 204, 205. Ruiz de Peralta, Gaspar: 198, 220. Ruiz, Diego: 262. —S— Saboya, casa de: 230. Saco, Jos Antonio: 19. Salamanca, Juan de: 221, 223. San ngelo, Luis de: 69, 70. Snchez, Rodrigo: 75. Sande, Rui de: 93. Sandoval, Gonzalo de: 162, 198. San Juan, cacique: 203. Santa Madre. Ver Mara, virgen. Stiros: 62. Sedeo, Juan: 162. Smith, Juan: 140.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 296\ 296\ 296\ 296\ 296\Sols. Ver Daz de Sols, Juan. Somadevilla, Zenn de: 238. Sores, Jacobo de: 217. Soto, Diego de: 167. Soto, Hernando de: 140, 205, 207, 208, 209, 210, 216. Stuart, teniente coronel: 265. Superunda, conde de. Ver Manso de Velasco, Jos. —T— Tabares, Diego: 251, 252, 274. Tacn y Rosique, Miguel: 17. Talavera, Hernando de: 68. Tejeda, Juan de: 219. Tineo y Fuertes, Juan Antonio: 239. Toledo, Mara de: 141. Tolomeo: 66, 67, 69. Torquemada, Juan: 198. Torre, Jos Mara de la: 55. Torres, Gaspar de: 218. Torres, Laureano de: 228. Torres, Luis de: 79, 80. Toscanelli, Pablo: 67, 68, 81. Trillo. Ver Meja de Trillo, Pedro. —U— Urrutia, Ignacio Jos de: 17, 223. —V— Valds, Antonio Jos: 17, 19, 205, 218, 219, 223, 262, 269. Valds, Jernimo de: 228. Valds, Pedro: 220. Valds, Simn de: 178.

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PEDRO JOS GUITERAS /297 /297 /297 /297 /297Valdivia, Pedro de: 140. Vallejo, Alonso de: 125. Vega, Hernando de: 186, 188. Velasco, Luis de: 252, 258, 260, 263, 264, 265, 266, 267, 269. Velzquez de Cullar, Diego: 24, 138, 140, 142, 146, 148, 150, 151, 152, 153, 154, 158, 159, 161, 162, 166, 167, 168, 169, 170, 171, 172, 192, 195, 201, 203, 205. Velzquez de Len, Juan: 138, 162. Venegas, Francisco de: 220. Verdugo, Francisco: 162. Vernon, Eduardo: 236, 237, 239, 250. Verrazzani, Juan de: 132. Vespucio, Amrico: 21. Viamonte, Juan Bitrian de: 220, 221. Viana e Hinojosa, Diego de: 227. Villalobos, Marcelo de: 167. Villalva y Toledo, Diego de: 221. Virgen Madre. Ver Mara, virgen. —W— Walpole, Roberto: 235, 236. Wells: 37. Wentworth: 237. Wesselinx, Guillermo: 215. White, Juan de: 183. Wyndham, Charles: 277. —X— Ximnez de Cisneros, Francisco. Ver Jimnez de Cisneros, Francisco. —Y— Ynez Pinzn, Vicente: 21, 71, 75, 132, 133.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 298\ 298\ 298\ 298\ 298\—Z— Zuazo, Alonso de: 166, 167, 205. Ziga. Ver vila y Ziga, Luis de.

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NDICE NDICE NDICE NDICE NDICE INTRODUCCI"N POR FERNANDO ORTIZ............................................................. PR"LOGO DEL AUTOR.....................................................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO P P P P PRIMERO RIMERO RIMERO RIMERO RIMEROCAPTULO I. DESCRIPCI"N GEOGRFICA DE CUBA............................................. CAPTULO II. TOPOGRAFA DE LA ISLA............................................................. CAPTULO III. CLIMA Y PRODUCCIONES............................................................ CAPTULO IV. CARCTER Y COSTUMBRES DE LOS CIBUNEYES............................. CAPTULO V. AGRICULTURA E INDUSTRIA......................................................... CAPTULO VI. GOBIERNO Y RELIGI"N............................................................... CAPTULO VII. CONTINA EL MISMO ASUNTO...................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO S S S S SEGUNDO EGUNDO EGUNDO EGUNDO EGUNDOCAPTULO I. COMERCIO DE LOS EUROPEOS EN LA INDIA. DESCUBRIMIENTO DE LOS PORTUGUESES EN EL FRICA. PLANES DE COL"N SOBRE NAVEGAR A LAINDIA POR OCCIDENTE. LA REINA ISABEL DE CASTILLA, ACOGE LAS IDEAS DE COL"N......................................................................................... 3 17 21 28 36 43 49 55 59 65

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CAPTULO II. DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO........................................ CAPTULO III. COL"N VISITA LAS COSTAS DE CUBA, DESDE LA PUNTA DE MATERNILLOS HASTA EL CABO MAIS........................................................................ CAPTULO IV. COL"N FUNDA EN HAIT LA PRIMERA COLONIA CRISTIANA DEAMRICA. SU VUELTA A ESPAA........................................................ CAPTULO V. RECEPCI"N DE COL"N EN LA CORTE. FAVOR DE LOS REYESCAT"LICOS. CUESTIONES CON PORTUGAL.............................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO T T T T TERCERO ERCERO ERCERO ERCERO ERCEROCAPTULO I. SEGUNDO VIAJE DE COL"N A AMRICA. RUINA DE LA COLONIANAVIDAD. FUNDACI"N DE LA ISABELA................................................. CAPTULO II. EXPLORACI"N DE LA COSTA MERIDIONAL DE CUBA. DESCUBRIMIENTO DE JAMAICA....................................................................................... CAPTULO III. PROSIGUE LA EXPLORACI"N DE LAS COSTAS CUBANAS................... CAPTULO IV. CONTINA EL MISMO ASUNTO..................................................... CAPTULO V. LLEGA COL"N A LA ENSENADA DE CORTS. DESCUBRE LA ISLA DEPINOS. EMPRENDE LA VUELTA A HAIT................................................ CAPTULO VI. BOJEA COL"N A JAMAICA. LLEGA A LA CIUDAD DE LA ISABEL. REGRESA A ESPAA........................................................................... CAPTULO VII. TERCERO Y CUARTO VIAJE DE COL"N. DESCUBRE LAS COSTAS DEPARIA. PRINCIPIO DE SUS DESGRACIAS................................................. CAPTULO VIII. COL"N NO HALLA FAVOR EN LA CORTE. SU ENFERMEDAD Y SU MUERTE............................................................................................ CAPTULO IX. PROGRESO DE LOS DESCUBRIMIENTOS EN AMRICA. SEBASTIN DEOCAMPO BOJEA LA ISLA DE CUBA........................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO C C C C CUARTO UARTO UARTO UARTO UARTOCAPTULO I. PROGRESO DE LAS CONQUISTAS EUROPEAS EN AMRICA. EXPEDICI"N CONTRA CUBA................................................................................... CAPTULO II. ESTADO DE LA ISLA. EMIGRACIONES DE HAIT. EL CACIQUEHATUEY............................................................................................ CAPTULO III. CONQUISTA DE LA PROVINCIA DE MAIS. MUERTE DE HATUEY. FUNDACI"N DE BARACOA, PRIMERA CAPITAL DE CUBA.......................... CAPTULO IV. VELZQUEZ ENVA AL CAPITN PNFILO DE NARVEZ A LA PROVINCIA DE BAYAMO. CONCLUYE LA CONQUISTA DE LA ISLA................................ 71 77 85 89 95 98 103 107 113 118 122 127 131 139 144 148 152

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CAPTULO V. VELZQUEZ FUNDA LAS VILLAS DE TRINIDAD, SANCTI SPRITUS, BAYAMO, SANTIAGO Y PUERTO PRNCIPE. PROGRESO DE LA COLONIZACI"NCAPTULO VI. PLANES DE VELZQUEZ PARA DESCUBRIR AL OCCIDENTE. HACE ASANTIAGO CAPITAL DE LA ISLA. FUNDA LA VILLA DE LA HABANA. SU TRASLACI"N AL PUERTO DE CARENAS. DESCUBRIMIENTO DE MJICO. EXPEDICIONES DE CORTS Y NARVEZ. MUERTE DE VELZQUEZ.........L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO Q Q Q Q QUINTO UINTO UINTO UINTO UINTOCAPTULO I. LEGISLACI"N CIVIL Y POLTICA...................................................... CAPTULO II. LEYES ECON"MICAS. ORGANIZACI"N DEL CLERO........................... CAPTULO III. DE LOS REPARTIMIENTOS Y ENCOMIENDAS. FRAY BARTOLOM DE LAS CASAS........................................................................................ CAPTULO IV. EMANCIPACI"N DE LOS INDIOS. DESTRUCCI"N DE LA RAZA CIBUNEY....... CAPTULO V. ESCLAVITUD AFRICANA................................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO S S S S SEXTO EXTO EXTO EXTO EXTOCAPTULO I. DECADENCIA DE LA COLONIA CUBANA. ALZAMIENTO DE INDIOS. SU APTITUD PARA LA VIDA CIVIL. MEDIDAS DE GOBIERNO. CORSARIOS E INCENDIO DE LA HABANA.................................................................. CAPTULO II. LLEGADA DEL GOBERNADOR SOTO Y DEL OBISPO MESA. FIESTAS ENSANTIAGO DE CUBA. CONSTRUCCI"N DE LA FUERZA EN LA HABANA. DEFENSA DE LOS HABANEROS CONTRA EL PIRATA BAAL......................... CAPTULO III. ORIGEN Y PROGRESOS DE LOS CORSARIOS Y PIRATAS EN AMRICA. ESTADO DE LAS COLONIAS.................................................................. CAPTULO IV. IMPORTANCIA Y PROGRESOS DE LA HABANA. SUS FORTIFICACIONES. INVASI"N DE SANTIAGO DE CUBA. DIVISI"N TERRITORIAL. NUEVAS IRRUPCIONES PIRTICAS...................................................................... CAPTULO V. GUERRAS METROPOLITANAS. DESPOJO DE LAS COLONIAS ESPAOLAS. FORTIFICACIONES EN LA ISLA. FUNDACI"N DE MATANZAS. PROGRESO DELA HABANA...................................................................................... CAPTULO VI. TRATADO DE UTRECH. INVASI"N DE INGLATERRA CONTRA EL MONOPOLIO COMERCIAL. LAS MILICIAS DE LA HABANA.......................... CAPTULO VII. FORTIFICACIONES DE LA HABANA. SU ARSENAL Y UNIVERSIDAD. CONTRABANDO INGLS. GUERRA CON INGLATERRA. ARMAMENTO CONTRA LAS COLONIAS ESPAOLAS. INVASI"N DE SANTIAGO DE CUBA. PAZ DE161 165 173 179 184 188 193 201 207 211 216 224 229

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AQUISGRN. TRASLACI"N DE LA ARMADA DE BARLOVENTO A LA HABANAL L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO S S S S SPTIMO PTIMO PTIMO PTIMO PTIMOCAPTULO I. PACTO DE FAMILIA. GUERRA CONTRA INGLATERRA. EXPEDICI"N DEL CONDE DE ALBEMARLE....................................................................... CAPTULO II. IMPORTANCIA DEL PUERTO DE LA HABANA. ESTADO DE LA CIUDAD. SUS FORTIFICACIONES......................................................................... CAPTULO III. MEDIDAS ADOPTADAS PARA RECHAZAR A LOS INGLESES. FUERZAS DE MAR Y TIERRA EN LA HABANA............................................................ CAPTULO IV. DESEMBARCO DE LOS INGLESES. OCUPACI"N DE GUANABACOA Y LACABAA............................................................................................ CAPTULO V. SITIO DEL MORRO...................................................................... CAPTULO VI. ASALTO Y TOMA DEL MORRO. MUERTE DE VELASCO.................. CAPTULO VII. LOS REGIDORES DE LA HABANA. PROGRESOS DEL EJRCITO INGLS.............................................................................................. CAPTULO VIII. CONQUISTA DE LA HABANA. CAPITULACI"N DE LA HABANA.... CAPTULO IX. SITUACI"N DEL EJRCITO INGLS. ESTADO POLTICO DE EUROPA. PAZ DE PARS. RESTAURACI"N DE LA HABANA................................... 234 241 245 250 253 257 263 268 272 276

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1997 FLIX VARELA. OBRAS(3 VOLMENES) Seleccin de Eduardo Torres-Cuevas Jorge Ibarra Cuesta Mercedes Garca Rodrguez1999 OBISPO DE ESPADA. PAPELES(VOLUMEN NICO) Ensayo introductorio, seleccin y notas Eduardo Torres-Cuevas OBRAS PUBLICADAS OBRAS PUBLICADAS OBRAS PUBLICADAS OBRAS PUBLICADAS OBRAS PUBLICADAS

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JOS AGUSTN CABALLERO. OBRAS(VOLUMEN NICO) Ensayo introductorio, compilacin y notas Edelberto Leiva LajaraFELIPE POEY Y ALOY. OBRAS(VOLUMEN NICO) Ensayo introductorio, compilacin y notas Rosa Mara Gonzlez Lpez2000 FELIPE POEY Y ALOY. ICTIOLOGA CUBANA(3 VOLMENES) Traduccin, conjuncin y edicin cientfica Daro Guitart MandayLA POLMICA FILOS"FICA CUBANA. 1838-1840(2 VOLMENES) Ensayo introductorio, compilacin y notas Alicia Conde Rodrguez2001 JOS ANTONIO SACO. OBRAS(5 VOLMENES) Ensayo introductorio, compilacin y notas Eduardo Torres-CuevasJOS DE LA LUZ Y CABALLERO. OBRAS(5 VOLMENES) Ensayo introductorio, compilacin y notas Alicia Conde Rodrguez2002

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DOMINGO DEL MONTE. CENT"N EPISTOLARIO(4 VOLMENES) Ensayo introductorio, compilacin y notas Sophie AndiocJOS ANTONIO SACO. HISTORIA DE LA ESCLAVITUD(6 VOLMENES) Ensayo introductorio, compilacin y notas Eduardo Torres-CuevasFRANCISCO DE ARANGO Y PARREO. OBRAS(2 VOLMENES) Ensayo introductorio, compilacin y notas Gloria Garca RodrguezTOMS ROMAY. OBRAS(2 VOLMENES) Ensayo introductorio, compilacin y notas Jos Lpez Snchez2005 PRIMEROS HISTORIADORES. SIGLO XVIIIPEDRO AGUSTN MORELL DE SANTA CRUZ JOS MARTN FLIX DE ARRATE JOS IGNACIO DE URRUTIA Y MONTOYA(4 VOLMENES)

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Valle del Yumur

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...Guiteras fij noble y virilmente en su Historia de Cuba el ideario cubano de su tiempo acerca de la patria y sus factores pretritos, como antevidencia y propulsin de los venideros (...) Su obra, adems, fue y es todava muy valiosa por su propia riqueza histrica, que incorpor a la conciencia cubana conceptos definitivos acerca de su pasado... Fernando Ortiz