Ignacio de Urrutia y Montoya

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Material Information

Title:
Ignacio de Urrutia y Montoya
Series Title:
Biblioteca de clásicos cubanos ;
Running title:
Teatro histórico, jurídico y político militar
Physical Description:
2 v. : ;
Language:
Spanish
Creator:
Urrutia y Montoya, Ignacio José de, 1735-1795
González Amador, Zaida
Pérez Rodríguez, Beatriz.
Publisher:
Imagen Contemporánea
Place of Publication:
La Habana
Publication Date:

Subjects

Subjects / Keywords:
History -- Cuba -- To 1810   ( lcsh )
Genre:
non-fiction   ( marcgt )

Notes

System Details:
System requirements: Pentium III; 128MB RAM: Windows 95 or higher; 24MB free hard disk space; SVGA monitor (800 x 600 resolution, 16 colors); 128-bit sound card; CD-ROM drive.
General Note:
"Primeros historiadores siglo XVIII"
General Note:
Includes indexes.
Statement of Responsibility:
responsable de la edición, Zaida González Amador ; realización y emplane, Beatriz Pérez Rodríguez.

Record Information

Source Institution:
Biblioteca Nacional José Martí
Holding Location:
Biblioteca Nacional José Martí
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
oclc - 772637966
isbn - 9597078767 (obra completa)
ocn772637966
Classification:
lcc - F1779 .U96 2005
System ID:
AA00008987:00001


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Full Text

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BIBLIOTECA DE CLSICOS CUBANOSCASA DE ALTOS ESTUDIOS DON FERNANDO ORTIZUNIVERSIDAD DE LA HABANARECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE LA HABANAJuan Vela Valds DIRECTOREduardo Torres-Cuevas SUBDIRECTORLuis M. de las Traviesas Moreno EDITORA PRINCIPALGladys Alonso Gonzlez DIRECTOR ARTSTICOLuis Alfredo Gutirrez Eir ADMINISTRADORA EDITORIALEsther Lobaina Oliva

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Responsable de la edicin: Zaida Gonzlez Amador Realizacin y emplane: Beatriz Prez RodrguezTodos los derechos reservados. Sobre la presente edicin: Ediciones IMAGEN CONTEMPORANEA, 2005; Coleccin Biblioteca de Clsicos Cubanos, No. 38 ISBN 959-7078-76-7 obra completa ISBN 959-7078-77-5 volumen I Ediciones IMAGEN CONTEMPORANEA Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz, L y 27, CP 10400, Vedado, Ciudad de La Habana, CubaDiseo grfico: Luis Alfredo Gutirrez Eir Composicin de textos: Equipo de Ediciones IC

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PR"LOGO PR"LOGO PR"LOGO PR"LOGO PR"LOGOCon motivo de la publicacin que va a hacer la Academia de la Historia, de fragmentos del segundo y ltimo tomo del Teatro Histrico del doctor Urrutia y de su Compendio de memorias para la Historia de Cuba (completo), es oportuno dar a conocer algunos datos relativos a la vida y a las obras de este culto y laborioso habanero, uno de nuestros primeros historiadores. Calcagno se equivoc al fijar el ao de 1730 como el de su nacimiento. El doctor Manuel Prez Beato ha dado a conocer su partida de bautismo, que copia a continuacin: “Viernes beinte y uno de henero de mil setecientos treina y cinco yo M. Rdo. Prer. fray Joseph del Castillo del horden del serfico Padre S. franzisco Baptic y puse los Stos. Oleos con lizencia in Spti del Sor. Provisor y Vicario general a un nio que naci a cuatro del corriente hijo legtimo del Lizdo. D. Bernardo de Urrutia y Da phelipa de Montolla naturales de esta ciudad y en el cual exerc las sacras ceremonias i preces i le puse por nombre Ignacio Jph Carlos fu su padrino D. Melchor Delgado Presbtero i lo firm con el Thte. de Cura que se hayo presente. ” Fr. Jph del Castillo.—Manuel de la Vega. ”(Cathedral, lib. 9o 2o fol, 269, part. 6)”. Su padre don Bernardo de Urrutia y Matos era el abogado ms notable de La Habana en esa poca; se recibi de doctor en Cnones en la Universidad Pontificia de San Jernimo el 18 de noviembre de 1735; fue Catedrtico de Prima de Leyes de la misma en dicho ao y Alcalde de La Habana en 1749. La madre del historiador, doa Felipa Montoya, fue duea de los terrenos donde estaba el paseo de Tacn. Urrutia comenz a estudiar en su ciudad natal y pas al poco tiempo a Mjico, ingresando en el Colegio San Ramn, fundado por el Obispo Armendariz. No tard en regresar a La Habana donde empez a cursar en nuestra Universidad en 1749 y 1751 los estudios de la Facultad de Sagrados Cnones. Se traslad de nuevo a Mjico y en la Universidad de ese Virreynato termin sus estudios, de 1752 a 1754, recibiendo el grado de Bachiller en Cnones y en Leyes el 3 de agosto de este ltimo ao. En el expediente de

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR II\ II\ II\ II\ II\ estudios en aquel pas, que reproducimos en el Apndice y que debemos a la gentileza de nuestro distinguido amigo y miembro Correspondiente de esta Academia don Nicols Rangel, historiador del Archivo general de la nacin mejicana, podrn leerse todos los curiosos detalles relativos a este asunto. Se embarc en seguida para La Habana y se gradu tambin de abogado en Santo Domingo, ignorando la fecha; pero suponemos fuera de 1755 a 1760. A su padre don Bernardo se le concedieron los honores de Oidor de la Audiencia de dicha Isla por cdula de 12 de junio de 1749, y la plaza de Oidor de la mencionada Audiencia por real cdula de mayo 2 de 1752. Algunos meses ms tarde, y por haber fallecido don Bernardo el 21 de junio de dicho ao, y merced a la real orden de 12 de enero de 1753, se previno que el premio que se iba a dar a su padre recayese en l. El 18 de diciembre de 1765 se recibi Urrutia de doctor en Derecho Cannico en la Universidad de La Habana. Residiendo nuestro compatriota en esta ciudad en 1762 fue nombrado asesor de don Manuel Lpez Silvero, Sargento Mayor de Milicias de la villa de Santa Clara y Alcalde de la referida villa. Desempe dicho cargo desde fines de septiembre hasta principios de diciembre de 1762; y poco despus lo envi Lpez Silvero a Remedios para que pusiera trmino a los rozamientos que existan entre el Alcalde y otras autoridades en cuyas gestiones alcanz xito completo.1Manuel Dionisio Gonzlez en su Memoria histrica de la villa de Santa Clara (1858), elogia mucho la labor conciliadora de Urrutia y los consejos que dio, tanto al Alcalde como al cabildo. Auxili tambin al referido alcalde Lpez Silvero cuando ste se ocupaba activamente en organizar fuerzas para combatir a los ingleses, que ya haban tomado a La Habana; y l, en la historia que se va ahora a publicar, suministra numerosos e interesantes pormenores sobre este particular. Dos aos ms tarde, en 1764, redact en unin del abogado doctor Gabriel Beltrn de Santa Cruz, El Pensador primer peridico literario publicado en Cuba. Hablando de s mismo, se expresa as Urrutia: “Catorce aos emple en la carrera, con las proporciones de asistir a todos los Tribunales, y de ellos seis en la Asesora general y creacin de la Intendencia de ejrcito y Real Hacienda; dos en la Judicatura de difuntos, ms de uno en la Auditora interina de Marina y siete en el Seoro de la ciudad de San Felipe y Santiago. Rindise en aquella poca la salud a la fatiga, y fue necesario por precepto de los mdicos dejar toda aplicacin a 1. Relacin de mritos y servicios de don Manuel Lpez Silvero cuando la toma de La Habana. ( Cartera Cubana Habana, 1840, t. IV.)

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /III /III /III /III /III papeles, procurando recobrarla retirado en el campo. Ms apenas aliviado, se alej el temor a la muerte...”. Falleci el historiador cubano el 16 de octubre de 17952 y fue sepultado en la iglesia de S. Francisco. Slo pudo ver publicado el principio de su Teatro histrico de la isla Fernandina, y la mitad, prximamente, del Compendio de Memorias para escribir nuestra historia. La Academia de la Historia de Cuba va a tener la satisfaccin de salvar del olvido, editndolo, una parte del segundo tomo del Teatro histrico de Urrutia, que se tena por perdido. Vale la pena de referir, aunque sea a la ligera, la serie de vicisitudes porque ha pasado la publicacin de esta obra; siendo difcil encontrar otra que haya tenido tantos tropiezos para recibir los honores de la imprenta. Segn Pezuela, empez Urrutia a escribir su Historia en 1785 y el exceso de trabajo le proporcion una enfermedad que falt poco para que le ocasionase la muerte, teniendo que pasar una larga temporada en Bejucal en casa de los marqueses de San Felipe, reponindose. Calcagno afirma, errneamente, que comenz a escribir la citada otra el 18 de mayo de 1787, es decir, el mismo da en que Urrutia pidi permiso para imprimirla. La obra parece que la termin en 1787. En mayo de dicho ao, como hemos dicho, pidi permiso para publicar el Libro primero que trata “Del descubrimiento que hizo Coln de la isla de Cuba, sus reconocimientos y calidades de su terreno y habitantes”. Concedido el permiso en noviembre, no la di a la luz hasta 1789. la entrega que entonces apareci tena 14 pginas la censura, aprobacin y dedicatoria; 38 el prlogo y 64 el texto; o sea un total de 116 pginas. Seguramente se venderan pocos ejemplares de ese primer folleto de Urrutia, por cuyo motivo hizo ste publicar lo siguiente en el Papel Peridico de la Havana del 25 de agosto de 1791: “ Noticias sueltas .—El Dr. Ignacio Joseph de Urrutia Montoya, zeloso de no haber historia alguna de esta Isla de Cuba, de que no carece la ms infeliz, y deseoso de su necesario conocimiento, especialmente para el exercicio de la Abogaca se interes en juntar lo que hall de ella. Compuso un tomo con el ttulo de Teatro histrico, jurdico y poltico militar de la Isla Fernandina de Cuba que siendo aprobado comenz imprimir el ao de 1789, y con motivo de sus ocupaciones y faltas de auxilio qued en el captulo 9. Ha concludo despus un Compendio de Memorias que sirva como de apuntes de aquel, y contiene desde el descubrimiento de la Isla, con formal razon de sus divisiones, creaciones, Reales gracias, y cita de las Reales Cdulas que las dispusieron, el que 2.Quizs si la crtica severa que le hizo en ese ao el Pbro. don Jos Agustn Caballero le precipit la muerte.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR IV\ IV\ IV\ IV\ IV\ ofrece el pblico hasta la divisin de las dos Catedrales, y llegada del Exmo. Sr. Gobernador y Capitn General actual (Casas); el cual igualmente visto ha merecido las superiores aprobaciones. Trabjase en esta imprenta hasta ahora sus expensas, donde con el principio del otro tomo se expendern al pblico por pliegos, real cada uno, para facilitar el costo considerable de su impresin. Si el comn se interesa en tener historia instruccin de la isla podrn costearse muy pronto con lo que rindan dichos pliegos, y despus se encuadernarn como cada uno guste; de lo contrario, ir el autor imprimindolos como pueda, y haciendo este servicio su Patria”. Este anuncio parece que no di el resultado que se esperaba; pues Urrutia no imprimi ni una pgina ms de sus libros. Un esfuerzo laudable realiz la Sociedad Patritica de La Habana en pro de la obra de que nos estamos ocupando: compr el 16 de agosto de 1796 en doscientos pesos los manuscritos del Teatro histrico y el 14 de septiembre de 1797 fueron entregados al fraile don Jos Mara Pealver, autor de la Idea geogrfica, histrica y poltica de la Isla de Cuba (1781), (que se insert en la 1a. Gua de Forasteros ), y de otros trabajos, para que continuase la Historia. Pealver en sesin de 23 de noviembre del citado ao ley el plan que iba a seguir para la formacin de la Historia de esta Isla, principiada por Urrutia. Es lo ms probable que el fraile citado tropezase con graves inconvenientes en sus empeos; pues lo cierto es que nada public. La Comisin de Historia de la Sociedad Econmica examin en 1830 la obra de Urrutia con nimo de darla a luz; pero lo positivo es que no imprimi ms que la Llave del Nuevo Mundo de Arrate. La familia de Urrutia obtuvo una buena copia de su Historia en 1843, copia que llevaron a cabo con el mayor cuidado el historiador don Jos Mara de la Torre y el polgrafo don Tranquilino Sandalio de Noda. Los familiares aludidos hablaron al seor La Torre para que se encargase de la publicacin de las obras referidas; pero esta tentativa tambin qued frustrada. Treinta y tres aos despus, es decir, en 1876, el seor Jos F. Turbiano facilit al doctor Rafal Cowley el primer volumen de la obra de Urrutia, que fue publicada con las de Arrate y Valds con el ttulo de Los tres primeros historiadores de Cuba Dicho volumen llega hasta 1555, y en l consigna Cowley sus dudas acerca de la existencia del segundo volumen, y se equivoca lamentablemente al afirmar que la obra fue escrita en 1791 y que Urrutia falleci en 1790. La ltima tentativa de publicacin es la actual, de la Academia de la Historia, que no fracasar; pues ha acordado dar a las prensas la parte que se ha encontrado del segundo volumen del infortunado historiador habanero; el Compendio de memorias para la Historia de la Isla Fernandina

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /V /V /V /V /V de Cuba;3 y a propuesta del doctor Francisco de P Coronado se reimprime el primer volumen de la Historia, que public en 1876 el doctor Rafael Cowley, con algunas variantes encontradas al confrontar los manuscritos a partir de la pgina 84 en adelante. Antes de terminar diremos dos palabras sobre este segundo volumen de Urrutia. Saco hizo constar que en la biblioteca de la Sociedad Patritica exista en 1815 un ejemplar manuscrito de la obra en dos tomos en 4o. Pezuela, a quien Echeverra facilit una copia de la misma, ha hecho anlogas declaraciones, y ha consignado que el segundo tomo lo pidi, para consultarlo en febrero de 1821, el intendente don Alejandro Ramrez; pero como muri a los pocos das, el manuscrito desapareci, aunque extraoficialmente se saba que fue a parar a Costa Firme. Del Monte asegur en su Biblioteca Cubana que el segundo tomo se haba extraviado de la Biblioteca Pblica donde se encontraba en 1815. El seor Jos Antonio Echeverra, a quien hemos citado repetidas veces, declar que el Bibliotecario de la Sociedad Econmica en 1831, seor Rafael Muoz, le haba dicho en esa poca que la obra de Urrutia constaba de 9 a 10 tomos, que se encontraban en la referida Biblioteca en 1815; pero que en 1831 slo quedaba uno. Suponemos que no seran verdaderos tomos sino que, como Urrutia dividi la Historia de Cuba en diez pocas, de cada una formara un cuaderno o volumen, probablemente cosidos por separado. 3.Este “Compendio de Memorias” intent publicarlo a principios de 1885 el Dr. Jos Antonio Echeverra, como se ver por los documentos que a continuacin se insertan: HALLAZGO INTERESANTEEl “Compendio de Memorias para servir a la Historia de la isla Fernandina de Cuba y principalmente de su capital la Habana” se public en ella en 1791; pero solo la primera parte, principio de la sexta poca en que divide el autor, doctor Ignacio Urrutia, su historia. De tres ejemplares que yo he tenido, el ms completo llegaba a la pgina 120. se crea perdida la parte indita, pero la ha encontrado un distinguido autor que reside en el extranjero. Me ha encargado que le enve un ejemplar de lo publicado, y en vano lo he buscado en esta ciudad. El poseedor de la segunda parte indita quiere publicar la obra entera; y me valgo de El Triunfo para que si alguien que lo tenga impreso lo quiere facilitar, lo comunique al que suscribe. Antonio Bachiller y Morales. ( El Triunfo Enero 21 de 1885.) JOS ANTONIO ECHEVERRAEl doctor Echeverra tena entre sus manuscritos la segunda parte del “Compendio de Memorias histricas” del doctor Urrutia, y yo la primera parte y no se nos ocurri publicarlas juntas. Ahora se ocupaba de este asunto y yo le ayudaba a buscar la parte impresa y a esto se refiere el anuncio que he publicado (en Enero) en El Triunfo. Antonio Bachiller. ( Revista Cubana, La Habana, marzo de 1885.)

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR VI\ VI\ VI\ VI\ VI\ Cuando casi todos los amantes de nuestra Historia creamos que ese segundo tomo se haba perdido para siempre, el seor Julio C. Ponce de Len, Jefe que fue del Archivo Nacional, ofreci a la Academia, har unos tres aos, facilitarle ese tomo, que se encontraba haca cerca de medio siglo en la biblioteca de su seor padre el licenciado Nstor Ponce de Len, a quien se lo entreg la familia del seor Jos Antonio Echeverra al fallecimiento de ste en 1885. El seor Julio C. Ponce de Len haba prometido facilitar, como dije antes, el tomo de Urrutia tan pronto la Academia hubiera publicad el de la Historia de la Isla y Catedral de Cuba del Obispo Morell de Santa Cruz, que l tambin haba entregado a esta Institucin meses antes, gracias a las gestiones que hizo nuestro compaero el doctor Coronado. Al salir de las prensas este libro hace ao y medio, ocurri desgraciadamente la muerte del seor Ponce de Len. Transcurridos algunos meses propusimos en dos o tres sesiones de la Academia que se gestionase de la seora Sara Prez del Castillo, viuda de Ponce de Len, que nos entregase dichos documentos para imprimirlos. Nuestro colega el doctor Santovenia habl del asunto al general Francisco de P Valiente, deudo de la seora Viuda de Ponce de Len, y pocos das despus tan culta dama facilitaba a esta Corporacin los mencionados papeles, de los cuales hemos dado cuenta detallada en el informe que ha poco presentamos. Entre esos documentos se encuentra, casi completo, el Compendio de memorias para la Historia de la Isla Fernandina de Cuba cuya primera parte apareci en 1791; algunos fragmentos del mencionado segundo tomo de la Historia de Cuba y varios apuntes sobre distintos gobiernos. Acordado por la Academia publicar en breve los expresados papeles, stos aparecern en el prximo ao, por lo cual saldr a luz el segundo tomo incompleto y ltimo de la obra, a los ciento cuarenta y dos aos de comenzada la publicacin. Creemos, por consiguiente, que por haber sufrido tantos entorpecimientos dicha obra para ver la luz pblica, la Academia hara bien en imprimir stos, que pensamos sern los ltimos papeles que se encuentren de la Historia de Urrutia. CARLOS M. TRELLES, Acadmico de nmero. La Habana, julio 17 de 1930.

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HISTORIA DEL DOCTOR URRUTIA HISTORIA DEL DOCTOR URRUTIA HISTORIA DEL DOCTOR URRUTIA HISTORIA DEL DOCTOR URRUTIA HISTORIA DEL DOCTOR URRUTIA *Suponen algunos que el doctor Urrutia Montoya termin su Teatro, escribiendo otro tomo, no lo podemos negar con pruebas irrecusables, pero nos sorprende que los miembros de su familia lo ignoren, y que habindose sacado tres o cuatro copias del primer tomo manuscrito, nadie la tengo del supuesto segundo. Conocido el deseo del doctor Urrutia de consignar en su obra, para ilustracin de los que le sucedan, noticias de todas las disposiciones que se refiriesen a esta Isla, era muy poco un segundo volumen para recopilar un perodo de doscientos cuarenta aos. El doctor Urrutia falleci en 1790, y el ao de 1787 slo tena terminado el que publicamos, ofreciendo sencillamente, en la peticin de censura, el continuarla, como lo comprueba el adjunto documento que copiamos del tomo 16, pg. 76 de las M. de la Real Sociedad Patritica. El seor Pezuela hace al doctor Urrutia graduado de Doctor en Mjico, pero es un leve error, constando en el libro de grados mayores de la Real y Pontificia Universidad de La Habana que el 16 de diciembre de 1765 se le confiri en ella la borla en Derecho cannico. “El seor don Jos Severino Boloa, impresor de la Real Cmara de S. M., nos ha facilitado entre otros papeles antiguos la siguiente instancia original que present al seor Gobernador y Capitn General don Jos Espeleta el laborioso don Ignacio de Urrutia Montoya, solicitando licencia para imprimir la Historia de la Isla de Cuba as como el juicio censorio del doctor don Santiago Godoy, con quien se consult su Sra., cuyo documento publicamos, juzgndolo bastante curioso y digno de que venga al entender de nuestra presente generacin. Sr. Governador y Capitn General:—El Dr. D. Ignacio Josf de Urrutia Montoya, abogado de los Reales Consejos y Audiencias de Mxico y Santo Domingo, ante V. S. debidamente dice: Que el Sr. D. Felipe II prohibi por la ley 1a tt. 24, lib. 1o de la recopilacin de estas Indias, que se imprimiesen libros que tratasen de materias de Indias sin ser vistos y aprovados por el Supremo Consejo. Despues los Sres. D. Felipe IV y D. *Publicada por el doctor Rafael Cowley en el segundo tomo de la obra Los tres primeros historiadores de Cuba (1876). (Nota del seor Carlos M. Trelles, Acadmico de nmero.)

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR VIII\ VIII\ VIII\ VIII\ VIII\ Crlos II, ordenaron en la ltima del mismo ttulo, que en estos reinos no se concedan licencias para imprimir libros de qualquier materia calidad que sean, sin preceder la censura, conforme est dispuesto y se acostumbra, y con calidad de que luego que sean impresos, entregarn los authores impresores, 20 libros de cada gnero, que se remitirn los secretarios que sirven en el Consejo de Indias, para que se repartan entre los del Consejo. Sin embargo de que esta concesion, deroga aquella prohibicin como posterior, y calificada, tuvo el suplicante sus dudas, acerca de pretender aqu la impresion de este, y siguientes tomos hasta hallar la Real Cdula siguiente: “El Rey.—Por quanto por la ley 15, tt. 24. lib. 1o de la Recopilacion de las Indias, se dispone, que no se concedan licencias para reimprimir libros de qualquier materia calidad que se sean, sin preceder la censura acostumbrada, y que luego que se impriman, entreguen los authores impresores 20 libros de cada gnero y los remitan los secretarios de mi Consejo de Indias, para que repartan entre los de l: y porque se ha entendido en el dicho mi Consejo que sin embargo de lo dispuesto por dicha ley, se han impreso muchos libros nuebos, de que se tiene noticia particular, por haber faltado lo que espresa dicha ley citada: Por la presente ordeno, y mando mi Virrey, que el presente es, y los que en adelante lo fueren de nueva Espaa, y los Presidentes de mis Audiencias reales de Mxico, Guadalajara, Guatemala, Sto. Domingo y Filipinas, y los governadores, corregidores y alcalde mayores de todas las provincias y islas de su distrito guvernacion, que guarden cumplan y egecuten, y hagan guardar, cumplir y egecutar precisa y puntualmente lo que por dicha ley se ordena y manda, y que no permitan, que aora ni en ningun tiempo corra libro alguno de los que nuevamente se hubieren impreso. ni de los que se imprimieren en adelante, sin que preceda l haber entregado mi Virrey, Presidente y demas ministros que van referidos los 20 tomos, cuerpos de cada uno de los libros de todas facultades, que se hayan impreso imprimieren en la jurisdiccion de cada uno: los quales mando, cuiden muy exactamente de remitirlos Espaa en las primeras ocasiones que se ofrecieren y siguientes los dias de las impresiones, manos de los secretarios del dicho mi Consejo, de la parte de nueva Espaa, y asi es mi voluntad. Fecha en Madrid 18 de Agosto de 1686 aos.—Yo el Rey.—Por mandado del Rey nuestro Sr.—Antonio Ortiz de Otalora.” Estando pues, ratificada la concesion, y deseando dar luz el tomo primero de la Historia de esta Isla, que devidamente presenta para su reconocimiento y exmen, suplica V. S. se sirva hacerlo ver, y concederle la licencia necesaria su impresion, bajo la obligacion en que se constituye de presentar los 20 tomos, para que se cumplan las resoluciones del Rey: y es Justicia, etc. Havana 18 de mayo de 1787.—Dr. Ignacio de Urrutia

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /IX /IX /IX /IX /IX Montoya ,—Habana 4 de junio de 1787.—Llvese con el libro presentado, al Dr. D. Santiago Godoy, para que me d su dictmen con vista a la obra, y de la solicitud de esta parte.—Ezpeleta. Sr. Governador y Capitan general.—Sr.:He leido con atencion el Theatro Histrico, Jurdico y Poltico Militar de la Isla Fernandina de Cuba, que en el primer libro ha presentado, y ofrece continuar el Dr. D. Josef Ignacio de Urrutia y Montoya, abogado, natural y vecino de esta ciudad, y me ha remitido V. S. para su exmen; y aunque el estudio de la Historia, en cualquier mthodo, y estilo, deleita como dice Plinio lib. 5, epst. 8, es muy recomendable, y digna el mayor aprecio la sobredicha, por la puntual noticia que d, y promete de las Reales Cdulas de nuestro Soberano, particulares al gobierno de esta Isla, tan tiles a todo el pblico, como necesarias para la direccion de los facultativos del derecho. Este es un momento muy costoso que debemos la poderosa y liberal mano de nuestro Monarca en su creacion; y reconocer la posteridad agradecida la industria, actividad y celo del referido author, en su conservacion. Si los Doctores modernos no podrian adquirir su noticia sin mucha fatiga y notable distraccion de su instituto literario, en el rexistro de los archivos que las encierran, y por esta dificultad, no las tendrian presentes para su solicitud, retardaran su inteligencia en la leccion de unos documentos antiguos escritos con caracteres no usados, raidos de la polilla y casi extinguidos por su venerable senectud. Qu otra cosa se prometera los venideros que unos legaxos intiles de papel desagradables hasta el desprecio por su infelice situacin, corruccion y desalio? Quedarian sin duda privados, entre pocos aos, de esta herencia, y sin arbitrio para salir con honor de sus empeos: quedarian expuestos confesar con rubor su ignorancia: quedar destituidos de las primeras leyes, que deben impulsar en los directores la justicia: en los asesores sus consultas y en los jueces sus sentencias; y sin el tino, discrecion y pulso que se requiere para aplicar con cierto el derecho al hecho, y se adquiere con la srie de los tiempos y conocimiento de su inconstante vicisitud. A todo ocurre providamente el sobredicho Doctor porque distribuye, como en pocas los sucesos mas memorables, desde su orgen, y los coloca entre la amenidad agradable de la historia, sin omitir quanto se requiere para la inteligencia de la soberana resolucion, en que no solo provee de exemplares qualificados para la instruccion de los alumnos; sino de mximas conbenientes los maestros para el manexo de las leyes: los unos formarn idea de la Jurisprudencia Municipal; los otros refrescarn las especies de su erudiccion: y todos removern los inconbenientes, que toca dicho autor en su prlogo al lector; y como en este proyecto no ha lastimado la fe y costumbres de nuestra sagrada religion; ni vulnera las regalas de nuestra Magestad. Soy de dictmen, que merece dicha obra la correspondiente licencia de V. S., Salvo etc. Real Seminario de San Carlos y San

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR X\ X\ X\ X\ X\ Ambrosio de la Havana 10 de julio de 1787.—Dr. Santiago Godoy.—Havana 11 de agosto de 1787.—Imprmase atento el informe que precede vajo las condiciones que se constituye el author.— Ezpeleta .” En esta copia se han respetado hasta las erratas de imprenta.

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Iglesia y hospital de San Francisco de Paula

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...es oportuno dar a conocer algunos datos relativos a la vida y a la obra de este culto y laborioso habanero, uno de nuestros primeros historiadores. Carlos M. Trelles

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DEDIC DEDIC DEDIC DEDIC DEDIC A A A A A TORIA TORIA TORIA TORIA TORIASeor. El derecho de ocupacin, que por medio del Almirante don Cristbal Coln, adquirieron los Reyes de Castilla (Nuestros Seores) sobre estas Islas y Tierra firme, roborado con la confirmacin Pontificia, son los ttulos de dominio ms nerviosos y legtimos que reconocen los A. A. a favor de Vuestra Majestad. Mas sobre ellos la beneficencia con que los mira, y el paternal amor con que los mantiene, acaban de sojuzgar hasta el ltimo trmino la voluntad de los habaneros. Fuimos por nuestra desgracia, sujetos en la guerra del ao de 1762, y ganados por las armas de Su Majestad Britnica. Mas apenas lleg a vuestra Real noticia suspendi las armas, llor como Jacob la prdida de Josef, y solo trat de recuperarnos a costa de muchos intereses. Con qu caudal podremos satisfacer esta doble paternidad, si no es con un perpetuo clamor de su reconocimiento? Qu ofreceremos a Vuestra Majestad, aunque lo hagamos de todo, que sea justa recompensa de estos beneficios? Di el todo y todos somos vuestros, y as no nos queda qu ofreceros con mrito de liberalidad. Mas ya que no cabe ser como dacin liberal, dgnese Vuestra Majestad, de admitir como paga de tributo el ofrecimiento de esta obrilla. Bien he temido por su cortedad, ofrecerla a tan alto Mecenas: pero Seor, el que da lo que adquiere, hace cuanto puede, y cumple con dedicarlo a quien debe. Dgnese Vuestra Majestad admitirla como homenaje de un vasallo reconocido o como las frutillas que ofreci el Cacique de esta Isla a vuestro Almirante Coln. Me ha dolido siempre como a buen hijo ver a mi amada patria sin historia particular, de que apenas carece la ms infeliz. He deseado propender a sus adelantos, y conocidos, tendra un sentimiento grave de no proponerlos. La prctica de la abogaca, en sus diversos Tribunales, me ha instruido de sus ocultos, no conocidos tesoros, que sera extraeza no descubrir a Vuestra Majestad. Para ello, comenzando por estos principios, dar en segundo lugar, el Compendio de su Historia general a fin de poder al mismo tiempo que la contine particular, exponer a Vuestra Majestad

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 4\ 4\ 4\ 4\ 4\ cuantos medios y arbitrios juzgo tiles a su fomento, y adelanto de vuestros Reales intereses. As quiera el Cielo darme vida, mientras pueda hacer a Vuestra Majestad y a mi amada patria este servicio. Con tal deseo, presento a Vuestra Majestad esta parte de su Historia y con ella me ofrezco Seor A los Reales pies de Vuestra Majestad Doctor Ignacio de Urrutia y Montoya.

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INTRODUCCI"N INTRODUCCI"N INTRODUCCI"N INTRODUCCI"N INTRODUCCI"NCaptulo I Motivos de escribirArduo es lo que deba ser fcil, conviene hablarte, lector carsimo, en libro eterno y con palabras de oro, para comprender las cosas1 cotidianas y pblicas de la isla Fernandina de Cuba, que todos debemos saber y entender y estando cierto en su sustancia y provecho, dificulta hacerlo el modo y cualidades, viniendo a costar ms el engaste, que la piedra preciosa, an no castigado el estilo como pide Horacio2. Al emprender la obra del Teatro Histrico, Jurdico, Poltico Militar de la isla Fernandina de Cuba y principalmente de su capital La Habana, mi amada patria, tuve el justo objeto de no enterrar en el sepulcro con mi cadver aquellos escasos talentos, que adquir en la carrera literaria, siendo responsable como el siervo perezoso3 de los que recibi. Porque no es justo retener la palabra buena4 en tiempo oportuno, habiendo nacido no slo para nosotros sino tambin y mucho ms para nuestra patria.5 E igualndose las obligaciones del militar y jurisperito, en cuanto poner mano a la espada y pluma siempre6 que la causa pblica lo pida. 1.Quœ enim quotidiana sunt, et id circo ab omnibus sciri, inteligi et cognosci debent aurea, verba vocamus. Joan Borcholtem, Quœ pr utilitate reipublic scribentur eterna sunt.—Diod. Sicul Antig. Lib. I in prefact. 2.Horat satyr 10. Lib. 1. Spe stilum vertas, iterum, qu digna legi sint, Scripturus; neque, te ut miretur turba, labores Contentus paucis lectoribus... 3.Matheum, cap. 25. 4.Neque retineas verbum in tempore salutis. Ecclesiast. cap. 1, 1. v. 28. 5.Non solum nobis sed etiam, et multo magis Patri nascimur. (Lib. 4 Cicer.) 6.El Seor Abreu en la dedicatoria de sus vacantes de Indias cap. 11, “puesto que no menos obligacion tienen los profesores de las Letras tomar la pluma por la defensa de los Derechos y autoridades de su Soberano... Que los de las Armas, la Lanza y la

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 6\ 6\ 6\ 6\ 6\ Nacido en La Habana para ella y su Catlico Soberano, propendi la profesin de mi seor padre el Doctor don Bernardo de Urrutia7 a que siguiese la misma carrera honorfica de la abogaca. Dejme en sus principios, y con el mrito de sus servicios que intent premiarle la piedad del Rey8 y por su fallecimiento previno lo fuesen en m.9 Con este incitativo conclu las clases y prctica en el Real y Pontificio Seminario de Mjico, y recibido de abogado por su Real Audiencia, me restitu a mi casa en nimo de seguirla. Comenc a internarme con los autores de la Facultad y a formar por ellos alguna idea de aquella Ciencia limitada en las universidades y colegios a cuatro autores de Derecho Cannico y Civil, cuyas dificultades satisfacen dos soluciones, tal vez puramente objetivas, y hall que mirada en los Tribunales se llama arte de artes y ciencia de ciencias10 como dirigida al gobierno de los hombres, Seores del Universo, poco menos dignos que los ngeles11 a cuyos pies y para cuyo obsequio se criaron los dems vivientes. La lectura de don Gabriel lvarez de Velasco con su obra Judex perfectus12 y las Epstolas de don Juan Yez Parladorio a sus hijos13me pusieron a los ojos las dificultades prcticas, y dems de otros, la Balanza de Astrea del sapientsimo maestro fray Benito Feijoo14 con algunas observaciones, mas entre su especulativa y nuestra prctica me concluyeron la necesidad intrnseca y general de una incesante aplicacin al desempeo de la carrera emprendida, para poder alcanzar las dos sales de ciencia15 y conciencia que requiere nuestro Baldo en sus alumnos. Espada: como dijo otro intento, tomndolo de un captulo de los Feudos el Consejero D. Juan de Solorzano.” 1 7. El Doctor Don Bernardo Urrutia se recuerda como uno de nuestros distinguidos abogados, figurando en elevada altura no tan slo en las carreras del foro y magistratura, sino tambin en la del magisterio.R. C. 1 8. Con los honores de Oidor de la Real Audiencia de Santo Domingo por Cdula de 12 de junio de 1749, y plaza en propiedad por la de 2 de mayo de 1752 que se hallan en la Escribana de Gobierno. 1 9. En Real orden de 12 de enero de 1753 que est en la Secretara de Gobierno y Contadura de Real Hacienda. 10. Ars Artium, Scientia Scientiarum, hominem regere. Zeballos en su Arte Real en la dedicatoria y Feijoo en la del tomo 5 de Cartas. 11. Minuist eum paulomins ab angelis... constituisti eum super opera manum tuarum. Omnia subjecsisti sub pedibus ejus... Liber psalmorum VIII, IX, X. 12. Impresa de segunda edicin en Lamonia en 1740. 13. Que corren impresas al fin de sus Cuotidianas. 14. Discurso 11 del tomo 3 de su Teatro Crtico. 15. Vase Zeballos en su Arte Real. Documento 10.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /7 /7 /7 /7 /7 Es Scila peligrosa la de la conciencia en su curso, y por tanto laudabilsimos los que pudiendo transgredir la ley a su nombre y autoridad no lo hacen,16pero no por eso deja de ser Caribdis inminente el de la Ciencia. Esta pide el slido conocimiento de unos derechos en que son ms los casos, que los vocablos con que pueden explicarse17 en que aun las ms claras leyes se han hecho oscuras, y dudosas por las varias interpretaciones de los autores18sobre cuyo estado aun dentro de Espaa ha criticado tan slida y modernamente el Doctor don Juan Francisco de Castro19 haciendo palpable lo difcil aun de su nocin. Y que finalmente ha de extenderse al recopilado de sus Indias en estos reinos; en el cual apenas se halla ley que no est corregida, ampliada o limitada, por Reales cdulas, rdenes, reglamentos y ordenanzas, y estas no pueden cumplirse, sin saberse y entenderse, ni saberse y entenderse estando guardadas en los Archivos y Secretaras. A vista de esta ua del Len que concibi mi ignorancia, quiso retroceder de la carrera pero se hall detenida como el Dragn de la India Oriental en la cueva que de amplia entrada y estrecha salida le forma el ratn a quien persigue: porque se estrechaba mucho para seguir y era tarde para retroceder, gastada la flor de una edad corta, y en necesidad de pedir principio, quien no poda vivir de una escasa y ya consumida herencia. En esta dificultad eleg el medio trmino de recoger las velas a la honrosa navegacin y dar fondo en mi estudio patricio de slo abogaca; porque aunque en ella y su provincia a que se extiende, tambin se padecen embarazos y dificultades: las compar para con la judicatura general a las del seno mejicano, respecto del golfo insondable del Ocano y me dije con Terencio: 20Placet tibi factum Mitio? Mic Non si queam Mutare; nunc quum non queo, animo queo fero. Y con Ansonio: 21Faxis ut libeat quod necese est. 16.Quis est hic & laudabimus eum... Qui potuit transgredi & nom est transgressus; facere mala & non fecit. Eclesiast. cap. 31, 9 y 10. 17.Exornat Pichardus ins re contra hist. inrt. quibus mod. re. cont. oblig. 18.Carleval de Judic titul. 2o disput. 5. nm. 16 ibi.-Et quam sic juris determinatio certa sit quod atinent at rerum naturam, quatemus ad hominis intelectum aplicatur, lex dicitur esse dubia proter varias doctorum opiniones. 19.En su obra moderna titulada Discursos Crticos sobre las Leyes. 20.Terentius in Adelplus 21.Ansonius in Periandri seten. Fractent fabrilia Fabri prolog comun.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 8\ 8\ 8\ 8\ 8\ Bajo de este sistema dediqu mi principal estudio a los derechos civiles de esta Isla en que deba actuar, dejando para los Fabros las sutilezas del Derecho comn. Diligentsimamente investigu como Job22 la causa que ignoraba: conoc mi ceguedad y ped al Seor vista23 como el ciego de Jeric, y cierto de que no puede ser buen consejero, quien ignora la historia del pas en que lo hace,24 busqu la de ella inquiriendo los pasos25 de la antigedad, y slo hall algunos retazos en los generales de Indias: porque justamente se imputa26 a nuestros espaoles haber sido perezosos en escribir historias civiles y mucho ms literarias. De aqu la necesidad de hacer una memoria de papel como la de Baldo Tuseo, Mascardo, Savelli y otros que escribieron para s27 lo que dejaron al pblico. En ella fui apuntando a ratos desocupados con grande costo, diligencia y dificultades, cuantas noticias ciertas de Cdulas, Reales rdenes y de historia pude haber a mis manos, para tenerlas28 cuando consultase o dirigiese. Catorce aos emple en la carrera, con las proporciones de asistir a todos los Tribunales y de ellos seis en la Asesora General y creacin de la Intendencia de Ejrcito y Real Hacienda; dos, en la Judicatura de Difuntos; ms de uno en la Auditora Interina de Marina y siete en el Seoro de la ciudad de San Felipe y Santiago, y en ellos y con ellas llegu hacer un cmulo, a quien parecera que poda clausularse el Non plus ultra o lo que Ovidio29 a su ponderada Biblioteca: Quque viri docto veteres cepere novique Pectore, lecturis inspicienda patent. Rindise en aquella fecha la salud a la fatiga, y fue necesario por precepto de los Mdicos dejar toda aplicacin a papeles, procurando recobrar22.Causam quam nesciebam diligentissime investigabam.-Job. 29, 16. 23.Domina ut videam. Math, 10. 24.Abreu en el prlogo de sus Vacantes de Indias nm. 67. Dicen nuestros prudentes Milaneses y el valenciano Matheu que los mayores jurisconsultos fueron muy versados en historia y que no pueden ser perfectos en sus facultades ni buenos consejeros los que la ignoran. Lo que persuaden tambin modernamente los Padres Mohedanos en el prlogo de su Historia literaria de Espaa nmeros 24 y 27. 25. Interrogate de semitis antiquis... Jerem. 6, 16. 26. Por los citados Padres Mohedanos en dicho Prlogo nmero 10. 27. Non tibi sed mihi sub compendio Scripseram, Amici Lector, Savelli, tomo 1 in principio. 28. Sapienti Scrib in tempore vacuitatis &. qui minoratur actu Sapientiam percipiet qua sapienti replebitur. Ecclesi. art. 38, 25 ubi ad intentum multa. A lapide. 29. Ovid. Lib. 3, trist eleg. 1.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /9 /9 /9 /9 /9 la retirado en el campo. Mas apenas aliviado, se alej el temor prximo de la muerte, me caus fastidio el ocio30 y record lo dominante del hbito a la aplicacin porque31 todo cansa, Otia corpus alunt; animus quoque pascitur illis: Immodicus contra carpit utrumque labor. Este fue el primer movimiento para elegir la honesta y til aplicacin a la obra del Teatro Cubano cuya idea y principios intento dar al pblico y a que conspiraron los dems que expondr. Confisote, carsimo lector, que conozco mi ignorancia y carencia de todas las partes que pidi Sneca32 en los que han de escribir. No me dejo engaar y envanecer de mi ciencia contra el consejo del sabio33. Pero como lo que te ofrezco es ms de aplicacin que de ciencia34 y creo deber preferir la utilidad pblica que hallars en la materia, al sonrojo de hacer manifiesta mi ignorancia en la forma; desprecio aquellos censores perpetuos, de quienes dicen los doctos Mohedanos35 que llevados de la idea de lo perfecto ni se atreven a dar al pblico cosa alguna, ni cesan de desacreditar las mejores obras por los ms ligeros defectos. As con una ociosa severidad aterran a los aplicados, ni trabajan ellos, ni dejan trabajar a los dems, y no contentndose con ser intiles vienen a ser perniciosos. Porque si despus de la carrera, aplicacin y proporciones expuestas, temiera hacerlo de lo particular de la Isla, careceramos enteramente de libros, acabando la vida antes que adquirir la suficiencia para escribirlos. Ser posible36 que no hemos de separar lo precioso de lo til? Que no se podrn coger piedras preciosas en el estiercol del Eunio? Que una obra de estilo inculto no podr ser apreciable por el fondo de sus noticias? Y si puede serlo como me indemnizara yo de aquel cargo que los mismos Padres nos hacen?37 La raz de estos males, es en gran parte la ignorancia de la Historia literaria y por consiguiente tienen la culpa los que logrando proporcin, han olvidado ilustrar a los siglos venideros 30. Qui operatur terram suam satiabitur panibus qui autem sectatur otium stultissimus est. Prov. 11. 31. Ovid. lib. lo de Ponto.-Uxori.-Ep. IV. 32. Sneca. Epst. 111. 33. Ne imutaris prudenti Sapiencie tue. Prov. 3.-5. 34. Quam sin fictione didicu et sin invidia communico, et honestatem illius non abscondo. Sapiem. 7.-14. 35. Los PP Mohedanos en el citado Prlogo de su Historia literaria de Espaa n 74. 36. Los citados PP en dicho Prlogo n 74. 37. Los mismos all n 11.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 10\ 10\ 10\ 10\ 10\ con esta noble parte de la historia, pudiendo muchos haber remediado este inconveniente, publicando, si no podan cmodamente la historia literaria de la Nacin en general, a lo menos historias particulares de Religiones, Universidades, Ciudades, Provincias, Reinos u otros Cuerpos de extensin proporcionada a su conocimiento. Y debajo de estas reglas me he sujetado a escribir slo por la particular de mi provincia, aprendindolo primero en su habitacin y ejercicio38 de la jurisprudencia, pues s que... Scribendi recte sapere est, et principium, et fons.39Y aun en esto confieso, que nunca he imaginado apurar enteramente la materia. As porque s40 que si algn autor neciamente presuntuoso ha hecho empeo de tratar todos los asuntos pertenecientes a la obra que emprenda, aun sobre una particular cuestin o tratado, ha experimentado en breve tiempo el desengao, viendo que sobre la misma materia se han suscitado dificultades, de que aun tuvo la menor noticia, como porque la experiencia misma me ha manifestado tan claro el plus ultra de lo que haba acopiado, que en el propio acto de escribir estoy haciendo continuas recolecciones para atar cabos y llenar corrales. Pero podr decirte con el Seor don Juan de Solrzano41 al concluir semejante (aunque incomparable) Poltica de Derecho Indiano, que en obra grande, de nuevo y exquisito trabajo, ms se debe extraar haber dicho tanto, que omitido algo. Y que aunque confieso ser superior a mis fuerzas la obra que emprendo, faltando en esto al consejo de Horacio.42Sumite materiam vestris, qui scribitis, œquam Viribus, et versate diu quid ferre recusent. Quid valeant humeri. Cui lecta potenter erit res. Nec facundia deseret, huc, nec, lucidus ordo. No me negars, que no me es reprensible no haber hallado ms; sino laudable haber investigado lo que poda.43 38. Ante quam loquaris disce (19) Ecclesiast. 18. 39. Horatius de Arte Poet. 40. El Seor Fiscal don Manuel Pablo Salcedo en su aprobacin del Patronato Real del Seor Ribadeneyra. § 6. 41. El Seor Solrzano en su Poltica Indiana. Lib. 6, cap. 17 al fin. 42. Horatius de Art. poet. 43. Reprehendere quidem neminen illorum decet, si in veniquidam investigare conati sunt.-Hipcrates lib. de Dieta Subinitio.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /11 /11 /11 /11 /11 En las cosas grandes lo es hasta el haberlas emprendido44 y si la seal del amor verdadero, segn el orculo de Cristo45 consiste en descubrir sus secretos al amado como lo entendi el docto Oviedo: habr dado con el Teatro una prueba de mi amor y obligacin al Estado y Patria46 y podrn los nuevos abogados, sobre esta obra comenzar por donde acab, y ver ms el pigmeo que el gigante, puesto sobre los hombros de este: aadiendo sus tareas lo que le falte de perfeccin, pues slo les aseguro que hallarn entre su rudo estilo, verdad, buena fe y piedad, que es lo que debe un Historiador. Quidquid id est silvestre licet videatur acutis Auribus, et nostro tantum memorabile pago Dum mea rustices, si non valet arti polita Carminis, at certe valeat pietate probari.Captulo II Utilidad de la obraLa utilidad que concibo pueda producir al pblico este trabajo, fue otro estmulo de su empresa. Es torpe que algn noble varn ignore los derechos comunes47 de su patria, y lo es tanto ms que no los investiguen en su origen48 aquellos que han de dirigirla, dando pauta a sus Tribunales, cuanto aquello puede redundar en dao privado, y esto producir perjuicios pblicos en uno y otro fuero. Nadie sabe la historia cronolgica de la Isla porque no la hay, y el ms curioso slo puede dar algunas noticias sueltas tomadas de la General de Indias y de dos manuscritos pstumos del Ilustrsimo seor Doctor don Pedro Morell de Santa Cruz, su penltimo Diocesano y del Regidor de La Habana, don Jos Flix de Arrate. Ninguno de ellos da nocin de la Histo44. In magnis voluise satis. 45. Vos autem dixi amicos, quia omnia que cumque audivia Patre meo nota feci vobis.-Joan cap. 5. Bajo la inteligencia del Reverendo Padre Oviedo en su libro titulado el Devoto de Santsima Trinidad, parte l mot. 2 nm. l. 46. Pro patria studiose agat. Cicero Rect, nov. lib. 4. 47.Non enim exigimus ut omnes Jurisconsultorum Scienciam didicerint, neo ut omnes patres familias Magonis, et casii libros; sed comunen eorum qu in legibus continentur inteligentiam in omnibus exigimus. Gothofred. in glos. lg. 9 foe sur et fact ignos. 48.Si quidem turpe est materi originem non investigare lg. l, cum ibi notat. f. de orig. jur.-In Scriptis et monumentis veterum versari. Halercanem in elog. Grecor.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 12\ 12\ 12\ 12\ 12\ ria y menos de los derechos de la Isla. Y aunque la primera trata del gobierno eclesistico (que por eso no apuro) nada dice del secular; y la segunda padece equivocaciones por superficial y limitada a poco ms de cuarenta captulos, y de materias curiosas sin orden. La perfecta noticia de lo pasado da leyes para gobernar lo actual, y reglas para preocupar prudentemente lo venidero. Slo lo pretrito se sabe, lo presente se ve y lo futuro se ignora, velndolo de los hombres la superior providencia.49Prudens futuri temporis exitum, Calignosa nocte premit Deus; Ridetque, si mortalis ultra Fas trepidat... Pero como hay una regla general, que ensea ser el tiempo una repeticin de las mismas cuatro estaciones que componen el ao y bajo de ella rigen los hombres sus comercios, agricultura y arbitrios en el presente y lo previenen para lo futuro, hay otra que acredita que en el transcurso de algunos aos se repiten los mismos casos y dudas, porque nada es ya nuevo debajo del Sol. El conocimiento de lo que se decidi por sabios, y superiores en las pasadas dificultades ensea lo que se ha de hacer en las presentes y lo que debe prevenirse para las futuras. Y en esto vincul Terencio50 la ms noble parte de la sabidura. O Demea, Istuc est sapere, non quod ante pedes modo est. Videre, sed etiam illa, qu futura sunt Prospicere. Este es el origen que han tenido todos los Derechos del Universo, cuyas leyes manifiestan que no se hicieron para las dudas, sino por ella.51Esto es, que precedi la duda a la resolucin, que hizo ley, y no al contrario. Todo el peligro que tiene juzgar por casos particulares52 consiste en saber, si las circunstancias sustanciales que concurrieron en el pasado, adornan el presente, y stas se encuentran en una historia formal por su misma relacin. Si alguna omite, se colige de la ntegra resolucin y su prembulo, pues por este se aclara la intencin del Legislador53 en cuya 49. Horatius oda, 29, lib. 3. 50. Terentius in Adelph. 51. Constat ex leg. 2, f. de orig. jur prsentim in. § 3. 52. Ley 20, tt. 2, lib. 2 de la Recopilacin de Indias. El consultar y resolver algunos negocios por las consecuencias de lo que se ha hecho en otros, trae consigo muy grandes inconvenientes porque no en todos pueden concurrir unas mismas causas y circunstancias. 53. Doctor Solrzano, lib. 4o de su Polt. Inda, cap. 26, nmero 53 al fin.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /13 /13 /13 /13 /13 inteligencia y no en la corteza o palabras de la ley est su virtud y sabidura.54 Ensea las cosas y el por qu de ellas, las circunstancias en que se resolvi, los motivos, Tribunales, Ministros y Cuerpos y en el cotejo de si varan o igualan, se aprende el temperamento que exige la diversidad o la debida observancia del precepto55 donde es una la razn. Esta experiencia propia deducida de los hechos ajenos, es la verdadera ciencia que ensea por sus causas y efectos, a discernir la verdad entre las dudas.56Nunquam ita quisquam bene subducta ratione ad vitam fuit. Quim res tas, usus semper aliquid adportet novi. Aliquid moneat; ut illa qu te scire credas nescias, Et qu tibi putaris prima in experiundo repudies. Y esto es lo que ensean los repetidos Mohedanos57 cuando escriben: “La historia metdicamente escrita y bien meditada, es un seminario de instruccin profunda y slida, y al mismo tiempo gustosa y deleitable, tienen cierto enlace y dependencia entre s las verdades que unidas se prestan mutua luz y socorro unas a otras... El mtodo histrico respecto de los hechos prcticos, es lo mismo que el geomtrico en las verdades especulativas.” Cuanto dista de ella el estudio de nuestra Isla, no es explicable. Los mejores profesores del Derecho, que hay muchos de buenas luces, nada saben del de la Isla. Un cuaderno manuscrito de las Ordenanzas municipales y tal cual Cdula suelta, de que se tuvo noticia, copiada con muchas erratas, y no entendidas por falta de nocin para distinguir los tiempos y circunstancias en que dispusieron, es lo ms especial que se halla en los estudios; se carece de cedularios, y dificulta verlas en el Obispado, en la Contadura de Real Hacienda y en la Escribana de Gobierno y Cabildo nicos archivos de las antiguas. Esta dificultad crece ms para con las modernas desde que, antes de mediar este siglo, se cre Secretara de Gobierno y subsiguieron la de Intendencia de Hacienda y del ramo de Marina. Porque no slo es en 54. Lg. Scirc. ff. de legibus. Cap. Consuetudo dist. 1a. 55.Verulan in lib. de agmen scientiam. Antiquitas eam meretur reverentian, ut homines aliquando gradum sistere et super eam stare debeant, atque undequaque circunspicere qu sit via optima cum autem debia bene constituerit tue demur non resistendum; sed alaeriter progredieudum.-Et Propheta.-State super vas antiguas, et videte que nan sit recta et bona, et ambulate in ea. 56. Terentius in Adelphis. 57. En dicho prlogo nmero 85.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 14\ 14\ 14\ 14\ 14\ comn ms difcil saber las que hay en ellas, sino que cien las facultades de los mismos Jueces, y aunque se sepan y pidan, no se dan por todos, ni se pueden instruir en autos para los recursos al Superior. Gurdanse por algunos con celo en las Secretaras siendo pasto de la polilla, pues en la de Gobierno ya no se hallan legibles ms que las dirigidas desde 1767 y poco ms las de Contadura. Con esta anfibologa se cree cumplido el juramento de guardarlas:58 con que por guardadas se ignoran, ignoradas no se desean, y quedan sin el fruto debido.59Quod latet, ignotum est, ignoti nulla cupido Fructus abest, facies cum bona teste caret. Los mismos Gobernadores y sus Tenientes Auditores generales que los dirigen, carecen de principios60 por donde poderlas observar en cumplimiento de dicho juramento. Ellos son temporales, por solo cinco aos: no pueden ser del pas en que se emplean: hallan esta ignorancia comn que dificulta saberlas por otros:61 y no siendo posible dedicarse a revolver su Secretara y dems archivos voluminosos de ellas, sin tiempo y lugar comienzan ignorando y acaban comenzando a saber algo de ellas, si se aplican a este estudio. Vienen los sucesores, y repiten el mismo principio y fin por las propias causas.62Heu, heu que mseros tramite devio. Abducit ignorantia. De esta nace que a cada paso dudan lo que deben hacer y con esta duda se embarazan en la ejecucin. Repiten las consultas a S. M. por la va del Consejo o reservada; y ocupan sin necesidad aquel regio Senado o este ministerio lleno de otras graves atenciones. Si en ellos se tuvo presente la anterior resolucin se les manda guardar, y si no aparecieron los antecedentes se da nueva decisin con nuevo trabajo, y tal vez no se decide lo que ms conviene al pas, aunque sea lo mejor por su sabidura. 58. Como se consult al Padre Paz, y lo refiere en sus Consultas varias. 59. Ovid. lib. 3o de art. amand. 60. La primera causa de la corrupcin de las Ciencias es la ignorancia o el olvido de las fuentes, y ejemplares verdaderos: y para eso ya se ve cunto sirve la historia literaria que lleva como por la mano al origen primitivo de las ciencias a las ms puras fuentes y seala los ms excelentes modelos. Los Padres Mohedanos en el Prlogo de su Historia literaria de Espaa nm. 19. 61. Concurre la dificultad que aparece insuperable de encontrar maestro que ensee de otro modo que aprendieron.-Los citados Padres all nmero 20. 62. Boetius metro 8, lib. 3.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /15 /15 /15 /15 /15 Si proceden contra lo que estaba mandado y consultan despus, son muchas veces reprendidos con desaire de su ministerio, y sin remediar enteramente el dao ya hecho como cant Ovidio.63Quam poteram recto transire Ceraunia velo Ut fera vitarem saxa, monendus eram. Munc mihi naufragio quid prodest dicere facto, Quam mea debuerit currere cymba viam? Siendo ms breve y eficaz el camino de los ejemplos,64 sirvan por mil que tocar, los dos que siguen ms persuasivos por domsticos65 pues Sic natura jubet; velotius et citius nos Corrumpunt vitiorum exempla domestica magnis Quum subeunt animos auctoribus &. El pronto recurso al Gobierno de las providencias de los alcaldes ordinarios de los lugares y villas de esta Isla, lo hallamos establecido desde su primer Gobernador Diego Velzquez, a quien consta lo interpuso Hernn Corts.66 Continu desde entonces este estilo, que no pudo ocultarse a la Real Audiencia del distrito, donde iban por apelacin los autos en que se interpona. Y su Alteza misma lo ejecutori en la Real provisin de 6 de julio de 162167 en que despus de declarar que la ciudad de Trinidad, y villas de Sancti Spritus y San Juan de los Remedios deban correr sujetas a la Capitana General y Gobierno de La Habana, como lo estaban antes de la divisin: agrega “otorgando para ante de l las apelaciones que de vuestros autos y sentencias definitivas se interpusieron, como se haca gobernando sus antecesores antes de la divisin de los Gobiernos de la isla de Cuba.” Contra esta prctica, que sobre admitir costumbre, segn nuestros autores68 se hallaba en la nativa de los mismos Tribunales, y ejecutoriada por la expuesta disposicin de S. A. clamaron los alcaldes de La Habana con motivo de un auto consecuente provedo por don Dionisio Martnez de la Vega, que haba confirmado la misma Real Audiencia en otra Real provi63. Ovid. lib. 2 de Ponto. 64. Quia longum iter est per prcepta, breve et efficax per exempla. Senec. Epist. 6. 65. Juvenal. Satyr. 14. 66. Lo referimos en el tomo 1o del Teatro. 67.Que se halla a fojas 77 del libro 2 de Cdulas de la Escribana de Gobierno y de que se hace mencin en esta idea. 68.Ex testu in cap. irrefregabilis. § exesus, de ofic. ordin. Palas Rub. in repet. cap. Per vestras § sed est pulchra dubitatio port notal. 2, no 22.-Bobadilla in polit. lib. 5o, captulo 10, no 12.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 16\ 16\ 16\ 16\ 16\ sin de 8 de julio de 1719, obtuvieron de esta su revocacin por la de 13 de febrero de 1726, tenindolo por novedad a falta de dichos antecedentes. Ocurre el Gobernador al Consejo con el mismo efecto, y en despacho de 13 de octubre de 1728 se le manda guardar dicha ltima resolucin, clama por la va reservada a la misma Real Persona, y en Cdula de 27 de julio de 1731 le manda que se abstuviese de or apelaciones, ni tomar conocimiento de lo que lo tuviesen dichos alcaldes en primera instancia en sus Tribunales, dejando ir las segundas a la Real Audiencia conforme a derecho. Pone don Juan Francisco de Gemes y Horcasitas su primer cuidado en mantener en paz y justicia los pueblos internos, y para ello, contina reponiendo por pronto recurso los exabruptos de sus alcaldes, y se escudan estos con dicha ltima Cdula, para que se abstenga de introducirse en las causas de que conocen. Consulta con los grandes abogados Doctor don Pedro Fernndez de Velazco, Licenciado don Tiburcio Pimienta y Doctor don Bernardo de Urrutia Matos (mi seor padre) y trabajando un papel en derecho sobre principios comunes, convienen en que es til el recurso para la ms recta administracin de Justicia, que puede establecerse por costumbre, pero que aunque as la hallaron introducida, ignoran su origen, y no se atreven a salir por fiadores de ella, concluyendo en que se consulte al Rey. ¡Oh, y como se verifica la falta que hace a los mejores Consejeros, la noticia de la historia del pas! Hizo efectivamente Gemes la consulta con copia de la de los abogados; pero asentado en ellas mismas la ignorancia de dichos antecedentes, y slo recomendando la utilidad y necesidad de un pronto recurso, que contuviese los agravios y exabruptos de los alcaldes de dichos pueblos, gente inculta y muy desigual a los de La Habana, siendo sin perjuicio de las apelaciones a la Real Audiencia; y le manda S. M. por Cdula de 28 de febrero de 1740 observe lo prevenido en la de 27 de julio del de 1731, as para con los alcaldes de La Habana, como para con los de los dems lugares, por ser una misma la jurisdiccin de todos, y que sin embargo de cualquier estilo que haya habido en esta materia, no se avoque en adelante las causas de los Alcaldes ordinarios en primera instancia, ni conozca de ellas en grado de apelacin, por tocar a la Real Audiencia del Distrito. Creo firmsimamente que si sobre la necesidad se hubiese legitimado la costumbre con la Real provisin del ao de 1621 que la mand guardar, habra sostenido la Corte, cuando no la apelacin, a lo menos el pronto recurso de los jueces de tierra-adentro o para slo contener los despojos y represalias, aunque hay leyes que prohben la avocacin.69 Porque si cesa en ellos la regla de no tener imperio el igual70 sobre el igual, si aun el Juez 69. Ley 14, ttulo 2, lib. 5, de la Recopilacin de Indias. 70. Aceveds. in Leg. 2, tt. 13, lib. 4, Recopilacin nm. 21, et seg. Avend. cap. 1. Petorum nm. 30. Mat. us 1. 10, tt. 17, lib. 5, recop. glos. 20.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /17 /17 /17 /17 /17 eclesistico se contiene con el recurso de fuerzas, si aun donde est presente la Real Audiencia admite prontos recursos por cuyos medios inspecciona y repone de plano, todo en justo amparo y proteccin del vasallo oprimido cmo ha de dejar S. M. a este sin pronto recurso, sujeto slo al dilatado ultramarino de la Real Audiencia, que nunca puede por su distancia enmendar todos los agravios? Bajo la mano de un Alcalde patricio, mulo, y que abusa de su jurisdiccin para despojarlo y destruirle hasta la vida por qu no ha de ocurrirse al primer Jefe de la Isla por uso de esta proteccin Real, mientras se hace al de la Audiencia el de la apelacin? Y ms cuando puede hacerse este pronto recurso como los que he parificado sin perjuicio de dicha apelacin y fuero del domicilio, antes bien para facilitar aquella y amparar la conservacin de este. De aqu nace, que unos Gobernadores cumplan con esta ltima Cdula dejando al vasallo en su opresin y otros la transgreden fundados en dicha necesidad de amparo, lo que se evitara si con conocimiento de los antecedentes, se tomara el medio trmino necesarsimo donde no hay presente Audiencia. Sobre lo que me extender ms en el Teatro, por no permitirlo esta idea, confiado que hoy piensa de otro modo el Supremo Consejo, compuesto de Ministros llenos de prctica indiana como lo acreditan la Cdula, circular de 19 de febrero de 1775, sobre lo ocurrido en Buenos Aires, la sentencia pronunciada en l a los 21 de mayo de 1777 acerca del ahorcado sin confesin por el Teniente Provincial del Puerto del Prncipe don Diego Varona, y de 30 de mayo de 1781, acerca del Alcalde de la Hermandad don Pedro Villavicencio, que ahorc otro sin causa ni proceso, y las semejantes que califican la necesidad de pronto amparo. No da menor ejemplo lo ocurrido sobre fuero militar en la Isla. Tuvieron embarazo, el Capitn General don Severino Manzaneda y su Teniente Auditor, don Pedro Daz de Florencia, pretendiendo aqul que el fuero fuese omnmodo, y ste limitado a cualidad del oficio militar. Ocurren a la fuente y declara S. M. en Cdula de 4 de marzo de 1694 literalmente: “que siempre que las causas militares del Presidio de la Habana y de los dems sugetos que gozan de su fuero, procedieren, ya sean criminales civiles, de la persona, esto es, de lo que por razn de militar le sucediera sobreviniera, conozca mi Gobernador y Capitn General, y le valga el fuero; pero en las de las cosas acciones que se originaren sobrevinieren por razn de su oficio, si fuere mercader de otro ministerio, se obre conforme a derecho y arreglado a Cdulas y leyes, conociendo en este caso el Teniente Gobernador como Juez ordinario que es, sin que para estos casos le valga ni juzgue el fuero por no deberles considerarles entonces como militares sino como independientes por tener oficios en la repblica y no valerles en este el fuero militar.” Halla esta prctica el Doctor don Martn de Ulloa igual Teniente y Auditor, y sigue el conocimiento contra algunos militares por dependen-

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 18\ 18\ 18\ 18\ 18\ cias que adquiran como carpinteros, sastres, etc., requirelo el capitn general don Francisco Cagigal de la Vega a que se abstenga, conceptuando el fuero omnmodo y se embarazan dos de los mejores jueces que ha tenido la Isla, sin que ninguno de ellos y sus consultores atine con la expuesta resolucin y Cdula, contando el Gobernador nueve aos de gobierno en Santiago de Cuba y once en La Habana, y el Teniente seis aos de ejercicio en este empleo con superiores luces y aplicacin. Vuelven a consultar a la Corte, pero sin antecedentes, y se resuelve por el Ministerio de Indias en Real orden de 10 de mayo de 1759, que en inteligencia de todo, y de ser conforme a la voluntad e intenciones del Rey, que a todos los oficiales de milicias, comprendidos en esta clase los sargentos, se conserven en el goce activo y pasivo del fuero militar, sin distincin de caso, por retribucin y premio de su esmero que han de continuar en todas las ocasiones que ocurra motivo de verificarlo y hacerse acreedores a la Real gratitud: prevengo a V. S. en consecuencia, que en el caso de que se trata, y en los dems que de su naturaleza ocurran, se gobierne V. S. segn esta declaracin. Creo, salva la mayor veneracin, que quedara resuelta la duda con declarar el fuero pasivo omnmodo, pues terminado as comprenda todos los casos que ocurriesen al miliciano, o slo bajo la cualidad de oficio militar segn la Cdula. Pero lo cierto es, que habindose aceptado el activo por su especialidad en caso de atraer y no ser atrados, corri as, y ha dado, da y dar que hacer a los Tribunales. Arreglronse las milicias y se declar al miliciano el mismo fuero que al soldado arreglado, que es omnmodo segn el espritu del cap. 4, art. 1, de su Reglamento Real fecho a 19 de enero de 1769. Como no era necesario, y estaba en esto evacuada la duda que motiv la Real orden citada, nada se dijo de fuero activo, pero los que lo haban gozado, lo siguieron en virtud de este. Tcanse inconvenientes en su uso, y por no dar motivo a que crean perder algo, se da nueva declaratoria en la Real cdula de 15 de abril de 1771 que manda guardar el fuero activo, a solo los oficiales hasta incluir los sargentos. An estos no lo usan, porque les es gravoso que para demandar a su mayoral o zapatero sobre una friolera, les sea necesario ocurrir al Capitn General, siempre ocupado, y por ello de tardo despacho, que hallan pronto en los jueces ordinarios por la contraria razn. As se va invirtiendo el fuero activo, y su desigualdad traer otras consultas y consecuencias que con las expuestas se habran evitado en el todo o mayor parte, si en lugar de la que resolvi la Real orden del ao de 1759 se hubiese buscado la Real cdula del de 1694. An para las otras Provincias y Reinos de Indias ser conveniente esta instruccin del Teatro autorizada con sus resoluciones soberanas. Porque

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /19 /19 /19 /19 /19 como lo que el Prncipe escribe a un Gobernador en materia comn, se entiende disponerlo para con todos71 evitarn consultar los casos aqu ocurridos y determinados. Permtanseme dos breves ejemplos. Si en la ciudad de Veracruz se hubiera tomado la Real cdula de 25 de octubre de 1740, en que a consulta del contador mayor de cuentas, don Juan de Zequeira declar el Rey: que los Tenientes de Rey deban preferir a los Contadores y Oficiales Reales, en voto y asiento, as en juntas de guerra, como en las de hacienda, siempre que concurriesen, no se hubiesen embarazado sobre el mismo punto en el ao pasado de 1764, elevando igual consulta, y necesitando que descendiese la propia declaracin por Cdula circular, de 5 de abril de 1765. Del mismo modo se hubieran evitado las consultas que dieron causa a expedir la Real cdula circular de 16 de agosto de 1773, declaratoria de necesitar los Tenientes Auditores licencia Real para contraer matrimonio en la provincia en que lo son, si hallasen la de 1 de octubre de 1645, en que se declar esto a consulta del de La Habana. De esta clase tocar muchos casos en la obra. Estas causas me mueven a desenterrar el tesoro de Cdulas, que por escondido se ha hecho y hace intil72 dndolo al pblico en el Teatro Cubano, y hacerlo con inclusin de las mismas Reales resoluciones que sirvan de escudo a la obra73 y su letra para evitar las dudas que acerca de mi inteligencia podran ocurrir en su prctica, con el justo deseo de que se tengan presentes por todos, conciliando el acierto en el cumplimiento y respeto de la Soberana voluntad y evitando competencias y consultas en lo que est decidido: lo que no se puede lograr ignoradas,74 y esto es lo que me deber mi amada patria. Tu licet, et Tamyram superes, et Ambea cantu; Non evit ignot gratia magna lyr Si Venerem Cous nusquam posuisset Apelles, Mersa sub quoreis illa lateret aquis. 71. Carleval de judic. tt. 2, disp. 8, nm. 10.-Diana tomo 6, tract. 1, resol. 23. 72. Thesaurus invisus, qu utilitatis en utrisquo? Ecles. 20, 32.-Efectivamente de qu sirven tantos tesoros escondidos e inmensas riquezas de la Sabidura sepultadas en las tinieblas? Los Padres Mohedanos en su citado Prlogo no 56. 73. As lleven injurias y dicterios sobre todos los que quieren introducir en una nacin el desengao y reforma de las letras, si no va fortalecido con la autoridad pblica. Los citados Padres all no 18. 74. Ovidius, lib. 3 de Arte amandi.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 20\ 20\ 20\ 20\ 20\Captulo III Plan, mtodo y divisin de la obra Atento, pues, a proporcionar todos los medios que hagan moralmente probable la consecucin de este fin tan interesante al pblico, resolv dividir la obra en tres partes, correspondientes a las tres operaciones que dan los filsofos al entendimiento, aprendiendo lo pretrito, haciendo juicio de lo presente, y discurriendo sobre lo futuro. Quise que la primera fuese como madre, cimiento o raz profunda de donde se dedujese toda la sustancia y jugo de la segunda y tercera, porque as como el ro de escasa madre quiebra sus corrientes, el edificio sin amplios cimientos, cae cual la estatua de Nabuco, y el rbol de solas races superficiales como el ciprs, no puede producir fruto til,75 esta obra sin unos antecedentes slidos, quebrara el hilo corriente de sus discursos, en las disgresiones de llenar los antecedentes o supuestos que necesita a cada paso76 flaqueara, sin cimiento si por omitir digresiones, lo hiciera de los materiales que lo dan a sus doctrinas, y sera de poco fruto, si solo en la superficie misma de la obra echase aquellas precisas races con que sostener el rbol que sera todo indiano. He ledo77 y adoptado por cierto que lo dbil del sustento de nuestros frutos indianos, trae una causa de las races superficiales de sus rboles, que percibiendo por ello poco jugo de la tierra, no pueden comunicarles ms que el que reciben. Asgnase otra, en la continua consuncin de esta misma corta sustancia, por mantenerse todo el ao vestido de hojas, y tomando la deduccin de ella, he dicho que sera esta obra un verdadero rbol indiano que diese poco y desustanciado fruto, si le estribase en races superficiales, y tomase el jugo al mismo tiempo de la produccin: para evitarlo, pues, me he propuesto echar en su primera parte histrica unas races profundas, sobre las que puedan sostenerse la segunda y tercera. A semejanza del arquitecto hbil que primero junta los materiales, que emprender la obra.78Para ello consider muy rido y desaliado un cedulario, y en que algunas cdulas, cuya materia slo merece su expresin remisiva por falta de 75. Theofil, lib. 3, de Plant. 76. Hemos visto a hombres hbiles y estudiosos, no gustar de la lectura de obras de mucho mrito, slo porque en ellas, la relacin de los sucesos se interrumpa a cada paso con las averiguaciones. Los dichos Padres Mohedanos, all nm. 85. 77. En una obra Indiana, cuyo autor parece ser el Padre Bethencourt, al principio de ella, dando las causas fsicas del ms expedito discurso que se goza en Indias. 78. Smil de nuestro Sols en la Historia de Mjico. Parte 1a Cap. 1o, fiendo efte cuydado en los Efcritores femejantes al de los Architectos, que amontonan, primero que la fabriquen... facando poco a poco de entre polvo, y la confufion de la oficina la hermofura y la proporcion del edificio.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /21 /21 /21 /21 /21 trato sucesivo, ocuparan lugar no debido, y que no pudiendo esperarse que gustasen leer slo cdulas, sin enlace ni encadenacin, apenas veran aquellas que se les citase, sin tomar ni por mayor una idea de las otras: as me lo ratific despus el dictamen de los doctos Mohedanos.79 “Nadie que estudie solo por diccionarios, bibliotecas y memorias, se har muy sabio, ni formar concepto claro y profundo de las cosas en que desea instruirse... No imprimen ideas claras y completas de los objetos, sino solamente unas confusas imgenes, ligeras nociones de las cosas... sirven ms a la memoria que al entendimiento.” Reflexion que toda obra de Anales, (a que me persuadieron algunos amigos) padece para mi gusto la desproporcin entre los aos, por ofrecer unos mucha materia, y otros poca o ninguna. Y finalmente que una obra, pura historia, no admita sin obstruccin de su estilo, equiparada80 a la corriente cristalina del arroyuelo, la insercin de tanta cdula, ordenanzas, reglamentos, snodos y establecimientos, pues cortando el sentido a lo deleitable por propender a lo til, alteran aquella igual mezcla que pidi Horacio.81Omme tulit punctum qui miscuit utili dulci, Lectorem delecctando pariterque monendo. Por estos embarazos y ser objeto principal lo til, dndole aquella parte deleitable que baste a hacer tragar el anzuelo por la carnada, he resuelto dividirla en tres partes, que haciendo en el Teatro otras tantas representaciones, instruya la primera lo pasado con lo histrico, la segunda lo presente con lo jurdico, y la tercera lo que por discursos polticos podemos esperar que sea la Isla en lo futuro, y todas, su conocimiento interior en aquel grado que el origen, estudio y proporcin me lo ha proporcionado. Como la primera, por serlo, ha de estribar en s sola, participar ms de las otras, que estas de ella sobre que cuentan. Por esto la llamo Historia cronolgica etc., en que mezclados por el orden de los tiempos, los principales hechos civiles y militares acaecidos en la Isla, con las resoluciones Reales que declaren sus derechos, participe de todo82 y no se haga ni tan desabrida como un cedulario, ni tan desproporcionada como los Anales, ni tan solo deleitable como una pura historia, que siguiendo su particular objeto olvide lo dems conveniente a una perfecta instruccin. 79.Los Padres Mohedanos en dicho prl. nm. 84 y lo mismo repiten a los 77. 80.Por el Cardenal Cienfuegos, en la vida del grande San Francisco de Borja, lib. 3, captulo 1o, § 2. 81.Horatius in Arte Potica. 82.Siguiendo el espritu de dichos Padres Mohedanos en su prlogo nmero 17.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 22\ 22\ 22\ 22\ 22\ Y aunque esta divisin y sus subdivisiones en pocas, libros y captulos, conspira a dar claridad a la obra,83 como su dilatacin, necesaria por la extensin de tiempo que abraza y diversas materias a que se extiende, ordenanzas, reglamentos, instrucciones, etc., que ha de comprender, no hace compatible aquella brevedad que recomend Horacio. Quidquid proecipies esto brevis, ut cito dicta Percipiant anima dociles, teneant que fideles. Porque en dictamen de Cicern, las ms veces se hace ms ininteligible la cosa por longitud, que por la oscuridad de la narracin,84 principalmente para formar una nocin o juicio de lo que comprende y tiene por objeto la obra, as he tenido por conveniente formar una idea cronolgica de su parte histrica con la mira de que posesionndote de ella, y por mayor de lo que comprende por menor, puedas ms bien entrar a digerir sus especies, que sin este preparativo podran obstruir tu nimo. Esta idea seguir en la prensa, si tengo la satisfaccin de que la apetezcas. Tambin la he trabajado, con el deseo de facilitarla a los Ministros y sujetos que por su ocupacin no puedan destinar a la lectura tanto tiempo como requiere la obra, parecindome que les bastar haberla ledo para formar concepto de lo que ms por menor instruye el Teatro y por aquel saber en qu parte de este han de hallar las materias de que les convenga fecundarse ms. Suponiendo siempre unos y otros, que despus de la idea, queda mucho que decir85 que no pueden soportar por sola ella y que aunque solicito su mayor exactitud conforme a los materiales que tengo unidos para la obra, como esta no est an perfecta, hay siempre algo que enmendar, y lo har sin pudor siguiendo la norma de nuestro Justiniano.86Entre tanto recibe (lector carsimo) mi deseo de servirte, y no incurras en la incivilidad de menospreciar la obra antes de leerla,87 ni de atender en 83. Ex divitione, et partitione negotium semper fit clarim. Novar in prelud prax elect et variat fort. 84. Cicero 2. Rect. Seperes minus est intelecta longitudine magis quam obscuritate narrationis. 85 Adhc multa hbeo vobiis dicere: sed non potestis portre mod. Joan. 16, v. 12. 86. Non enim erubescimus si quid melius etiam ihorum qu pse prius diximus, adinveniamus, hoc sancire et competentem prioribus imponere correctionem, nec ab aliis expectare corrigi legem. Justin. in authent. Nupt, colat. IV, tit. 1. Novell. 22 in princip. 87. Nolite ante tempus indicare. Incivile est, nisi tota lege perspecta, una aliqua particula ejus proposita, judicare vel respondere. Leg. in civile ff de leg.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /23 /23 /23 /23 /23 ella el demrito de su autor, sino a su verdad, utilidad y mrito de las Reales resoluciones con que la autorizo.88Non te dicentis moveat reverentia sed quidqui dixerit, Atendas qua ratione probet. 88. Joan Oven.

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LIBRO PRIMERO LIBRO PRIMERO LIBRO PRIMERO LIBRO PRIMERO LIBRO PRIMERO DEL DESCUBRIMIENTO QUE HIZO DEL DESCUBRIMIENTO QUE HIZO DEL DESCUBRIMIENTO QUE HIZO DEL DESCUBRIMIENTO QUE HIZO DEL DESCUBRIMIENTO QUE HIZO DON CRIST"BAL COL"N DE LA ISLA DE CUBA, DON CRIST"BAL COL"N DE LA ISLA DE CUBA, DON CRIST"BAL COL"N DE LA ISLA DE CUBA, DON CRIST"BAL COL"N DE LA ISLA DE CUBA, DON CRIST"BAL COL"N DE LA ISLA DE CUBA, SUS RECONOCIMIENTOS Y CALIDADES SUS RECONOCIMIENTOS Y CALIDADES SUS RECONOCIMIENTOS Y CALIDADES SUS RECONOCIMIENTOS Y CALIDADES SUS RECONOCIMIENTOS Y CALIDADES DE SU TERRENO Y HABIT DE SU TERRENO Y HABIT DE SU TERRENO Y HABIT DE SU TERRENO Y HABIT DE SU TERRENO Y HABIT ANTES ANTES ANTES ANTES ANTESCaptulo I Del tiempo, estado y medios con que se descubri el Nuevo Mundo, llamado Indias Occidentales por don Cristbal ColnI. Gastaba el siglo XV los ltimos aos de su senectud moral, y contaba el Viejo Mundo 1490 de nuestra salud y luz evanglica, cuando en los infinitos arcanos de la Divina Providencia, lleg el tiempo de comunicarle al Nuevo con sus misericordias inefables. Haba su dignacin anunciado en este, muchos aos antes el feliz advento de la Divina Luz : ya por dolos, que despus de un misterioso silencio lo predijeron en orculos, ya por aves, que en conceptos milagrosos lo expresaron, y ya por otros signos portentosos que acumularon y recomendaron varios autores1 y aquellos infelices que tenan a la oscuridad por luz y a la luz por tinieblas, se preparaban y fortalecan con puestos y medios a resistir la entrada de la divina ley: como si fuera posible eludir los derechos del Altsimo. II. Aunque corran cerrados estos arcanos al Viejo Mundo, tena ya preparados en l los medios de su obra, trasplantndole hasta el estado de la posibilidad, un cmulo de aquellas almas grandes, que adornadas de extraordinarias dotes le sirven de instrumentos fieles a su ejecucin2 y de que anim para esta a los Colones, Velzquez, Corteses y Pizarros. Lleg la hora de comenzarla y a la voz muda e inefable del Poder Divino, se 1. El Seor Abreu sobre vacantes de Indias art. 1, part. 1 n 3, al fin. Sols, Historia de Mjico part. 1, lib. 2, cap. 4. Torquemada en su Monarqua Indiana lib. 2, cap. 90. 2. Pondralo el Seor Abreu, donde queda citado con las ventajosas prendas de estos conquistadores.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 26\ 26\ 26\ 26\ 26\ conmovieron los elementos en una furiosa tempestad, que, agitando las costas del frica, oblig a que las desamparasen cuantos bajeles la visitaban, por no experimentar en ellas su sepulcro. Corrieron la borrasca sin otra eleccin que la de salvarse del peligro: y aunque en destino incierto a la limitada humana comprensin, sigui cada uno aquel que le estaba desde ab eterno previsto. III. Una de estas naves, de calidad marchante, y cuyo Maestre dicen algunos, se llamaba Alonso Snchez de Huelva, vizcano de nacin3 sufri por muchos das y mares la tempestad. Guiada de la mano del Omnipotente, para el primer paso de su inefable obra, se hall a un mismo tiempo fuera de ella y a la vista de tierras incgnitas a toda su tripulacin, que aunque falta de vveres, sobrada de temor no se atrevi a solicitar socorro en ellas, ni a detenerse a reconocerlas. Volvi la proa al rumbo que haba corrido, y en su retorno rindieron la vida a manos de los trabajos y necesidades los ms de los que la haban librado de la furia de los elementos. Avistaron las Islas Canarias despus de un dilatado y observado viaje y arribaron a la de la Madera, besando su tierra tres o cuatro con su Maestre Snchez. IV. Habitaba en ella Cristbal Coln, de noble linaje, piloto de profesin y de nacin genovs4 aunque de patria incierta, porque unos le hacan natural de Cagurco, Cucurreo o Cuccaro, otros de Sabona, otros de Nervi y otros de Plasencia,5 propensin que desde Homero sigui al gran Trajano6 y a los mayores hroes, haciendo cuestionables sus cunas, por apetecibles. Tambin lo es su vecindario; porque aunque la comn, tiene que Coln era casado en Portugal, y slo residente en dichas islas:7 el docto consejero don Fernando Pizarro a quien sigue el Marqus de la Regala8 le hace singularmente vecino de ellas. Ms todos convienen en que teniendo casa en la de Madera, recibi y hosped en esta a Alonso Snchez. Disfrut pocos das el hospedaje: porque, o bien por reservada la continuacin de tanta obra al espritu de Coln, o bien por la postracin a que le haban trado los trabajos, acab Snchez dentro de ellos con su vida, dejando en manos de su bienhechor por premio de su servicio, los diarios y cartas de esta navegacin. 3. Ribadeneira lo sostiene en su Pasatiempo, ao de 1592, nota C. Pedro Solrzano que asienta el hecho lib. 1 de jure Indiano cap. 5, tiene por improbado este nombre al n 7. 4. Llmase propiamente Colombo sincopndose el Coln por de ms fcil pronunciacin. Antonio Herrera en su Historia general de Indias, dcada 1, lib. 1, cap. 7, y Ribadeneira ubi supra, este nota A. 5. Herrera y Ribadeneira ubi supra ste nota C. 6. Pondralo Zeballos en su Arte Real, en el Compendio de las virtudes de Trajano, al principio. 7. Herrera y Ribadeneira, ubi supra. 8. Abreu sobre Vacantes de Indias, art. 1, parte 1, nm. 8, letra 3.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /27 /27 /27 /27 /27 V. El feliz heredero reconoci sus lneas, penetrando por su profesin, la entintativa fuerza de su verdad. Haba alcanzado por su estudio que todas las cinco zonas eran habitables, y que naturalmente se haba de hallar tierra, navegando a occidente; porque la mayor parte de la esfera estaba navegada, sin que faltase por descubrir otra, que el espacio de nueve horas de sol, que corre de las partes ms orientales de la India hasta volver por occidente a las islas de las Azores. Se hallaban tambin varias noticias, que en comprobacin de su juicio le haban dado Martn de Bohemia, Martn Vicente, Antonio Lema y otros cosmgrafos y navegantes9 y recayendo sobre todas la de Alonso Snchez, ech la clase al concepto, afirmando el dictamen su existencia. Sobre l reflexion cun importante sera su descubrimiento, y volando su espritu al deseo de emprenderlo, no se dej avasallar de las dificultades, porque los nimos grandes crecen ms a vista de la magnitud de lo que intentan. Pero excediendo lo arduo de la empresa de un poder particular, corri a Gnova, su patria, pas a Portugal, su vecindario, y propuestas a su Repblica y Soberano las deliberaciones de esta, fue reputada y menos preciada como coincidente a la reprobada filosofa que da existencia a otros mundos. Traslad su pretensin a Inglaterra y no mejor despachado por Enrique VII, ocurri a Francia, donde Carlos VIII, y despus de l los Duques de Medina-Celi y MedinaSidonia rehusaron aceptarla; con las que lleg ltimamente a nuestra Espaa10 a fines del ao 1491. VI. Estaba tambin su Corte poseda de aquel error antiguo, con que las columnas de Hrcules clausularon en Cdiz el trmino de la Tierra, y teniendo por absurdo dar a la ejecucin aquel vuelo que fatig la magnanimidad del Macedonio Alejandro, sobre la conquista de otros mundos, posibles en la filosofa de Anaxarco, despreci algn tiempo como fabulosa la pretensin de Coln.11 Mas como esta feliz nacin era la prevista ab-eterno, para que grabando en las columnas de sus armas el plus ultra que tanto ilustra nuestro doctsimo Solrzano12 introdujese el Evangelio en el Nuevo Mundo, a fin de que se cumpliese este decreto infalible sin violencia del libre albedro, obtuvo Coln para con ella, y a influjo de amigos, el don divino de la perseverancia que le falt hacia las otras, y a sus Reyes Catlicos, se dio aquella soberana, que aun en sueos soli revelarse a los de 1 9. Herrera, dcada 1a, lib. 7o, refiere latamente estas causas y noticias. 10. Ribadeneira y Herrera en dicho ao. Abreu ubi supra y Moreri en su Diccionario, vase Coln Cristbal. 11. Los citados Herrera, dcada 1a lib. 1o cap. 7o y 8o y Ribadeneira ibdem. El Padre Mariana, Historia de Espaa tom. 2o, lib. 26, cap. 3o, Solrzano lib. 1o de Jure Indiarum, cap. 4o, nm. 44. 12. Solrzano lib. 1o, de Jure Indiarum, cap. 4o, nm. 43 y siguientes.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 28\ 28\ 28\ 28\ 28\ Egipto y Babilonia. Y con estas y otras muchas congruencias, que persuaden su inspiracin al descubrimiento, y recomend con mejor pluma el doctsimo Marqus de la Regala13 resolvieron sus Majestades Catlicas, contra el prudente y fundado dictamen de sus Estadistas, acceder a la solicitud de Coln. VII. Hallbase exhausta la Espaa de caudales, por las funestas sediciones que haba sufrido, y continuadas guerras, costosamente expensadas, pero obr tan eficazmente la divina luz en el nimo de la Catlica Reina doa Isabel, que tomando prestados sobre sus joyas, de Luis Sant Angel, Escribano de raciones, diez y seis mil ducados, los destin a su habilitacin. Gastronse en armar dos carabelas nombradas la Nia y la Pinta (humilde en sus nombres, pequeas en sus buques, pero gloriosas en sus hechos) a las que agreg Coln por capitana otro pequeo navichuelo, llamndole Santa Mara nombre dulcsimo que analogado en el pursimo bajel en que naveg el Verbo Divino desde el Cielo a la Tierra, para el establecimiento de la ley evanglica, deba de justicia capitanear su trnsito al Nuevo Mundo. Celebrronse las capitulaciones14 entre los Reyes don Fernando, doa Isabel y Coln, sobre las condiciones del descubrimiento, y firmadas en el Real de Santa Fe, a vista de Granada, en 17 de abril de 1492, por ante el Secretario, don Juan de Coloma qued el impetrante con los ttulos de Almirante, y Virrey de las tierras que descubriese.15VIII. Con estos honores y facultades, y con el nmero de noventa hombres, segn Herrera16, o de ciento veinte, conforme otros17, y vveres para un ao, se hizo a la vela en dichas embarcaciones el 3 de agosto. Salieron de la Barra de Saltes o ro de Palos del Moguer en la Extremadura en que se hallaban fondeados: y surcando el mar Atlntico llegaron a las Islas Canarias. Desde estas dirigieron la proa al sudoeste, engolfndose en alta mar, y habiendo navegado setecientas leguas, en que se tocaba la intemperie de la trrida zona, comenz a tenerse por desatinada la empresa. Amotinada la tripulacin clama repetidamente contra el Almirante por la vuelta, y llegando a mezclar razones con amenazas, le obligan a ofrecerla si no descubre tierra dentro de tres das. 13. El citado Abreu sobre vacantes de Indias, art. 1o, parte 1a por toda. 14. Vase al final del captulo la nota A. (Suprimida de esta reimpresin por el seor Carlos M. Trelles, recopilador de esta obra, por considerarla muy extensa, como igualmente las otras que siguen. Advertencia de la Comisin de Publicaciones.) 15. Que importa, este ttulo de Almirante, ensea Solrzano, lib. 1o, de jur. Ind. cap. 5o, nm. 23. 16. Herrera. Dcada 1a, lib. 1o, cap. 9o. 17. Ribadeneira en su pasatiempo, ao de 1592, nota C, y Solrzano, lib. 1o de Jure Indiarum, cap. 5o, nm. 19 y siguientes.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /29 /29 /29 /29 /29 IX. Premi Dios la confianza de Coln, y precediendo en ellos indicios vehementes de su cercana, se descubri a la media noche del trmino del plazo, una luz que anunciando la del Evangelio, colm el regocijo, culp la desconfianza, llen de esperanzas a la codicia, y de parabienes al Almirante; pero temiendo el peligro se mantuvieron a poca vela sobre su observacin. A los rayos de la aurora descubrieron tierra de la Isla de Guanajan (que llamaron San Salvador) y despus la Espaola (?) y fondeados los bajeles en sus playas salt el Almirante en tierra, y tom con cuerpo y nimo posesin de ella, a nombre de sus Majestades Catlicas; regndola con lgrimas de jbilo, cual dolorida parturienta, a quien regocija tanto la presente vista del fruto de sus dolores, cuanto la afligieron estos en la borrasca de su parto. X. Acaeci este memorable descubrimiento a los 12 de octubre de 1492; y en l y los siguientes practic el Almirante algunos rescates con los naturales, que en canoas ocurrieron en paz a los navos, solicitando por entonces ms la atraccin de sus voluntades, que el lucro de las permutas. No era verosmil que aquella tierra permaneciese sola en medio de tan dilatados mares, lo que aunque no con claridad, se comprendi as por los naturales; y como no descansa el deseo hasta la completa posesin de lo que apetece, sigui el Almirante reconociendo sus costas, boje las de aquella Isla, gratificando siempre a los naturales que ocurran a los navos, y despedidos de ellos, vuelta del norte, reconoci unas isletas que nombr Concepcin, Fernandina e Isabela, situadas en los Cayos, y poco distantes de la Espaola.Captulo II Adquiere el Almirante noticia de una tierra grande llamada Cuba, la solicita y descubre, y reconociendo parte de sus costas, toma indios que conducir a CastillaI. Entre las noticias que adquiri nuestro Almirante de los habitantes de la isla Fernandina, e Isabela fue de primera atencin, el haber una que llamaban Cuba, cuya magnitud ponderaron designndola a la parte del sur, y cuya instruccin es el objeto de esta obra. Dirigi su navegacin hacia este rumbo y un sbado 27 de octubre de 1492, descubri sus costas, al tiempo que el Sol en occidente despeda los ltimos rayos de su luz; cuya falta y la de conocimiento de los mares en que se hallaba, le obligaron a temer prudentemente su arribo, y con tan justas causas, se mantuvo a la capa, y buena guardia, esperando la vuelta del da. II. Amaneci la siguiente aurora, anunciando mejores luces a Cuba, pues da del Seor naca para l mismo en la primera preparacin de su ley

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 30\ 30\ 30\ 30\ 30\ Evanglica. Acercndose el Almirante a sus costas18 mir su terreno y le hall mejor que los dems hasta entonces vistos. Admir sus espesos bosques y peinados cerros, la altura de sus montes vestidos de corpulentos rboles, con diversidad de flores y frutos, distintos de los de Europa y en estacin tan extraa. Celebr sus hermosas campias y espaciosas riberas, y concluy a vista del conjunto afirmando (como Dios al repasar su obra del Universo)19 que era muy buena. Dio a esta Isla el nombre de Juana, en obsequio del prncipe don Juan, entrando sus bajeles en un ro que llam San Salvador. III. Avistronse desde este dos casas situadas en la ribera, y algunos naturales que las habitaban, con cuyo motivo y para adquirir de estos noticias del terreno, dispuso se comunicasen. Saltaron en tierra con este designio algunos espaoles, pero no consiguieron el fin, porque los que las asistan sorprendidos a la novedad de unos buques y gentes nunca vistas, se ocultaron en los bosques. Reconocironse en dichas casas algunas redes y otros aparejos de pesquera, y un pequeo perro, de quien se recomienda justamente la calidad particular de no ladrar, y como era tan importante asentar con obras de buena fe y amistad de los forasteros, se prohibi la percepcin de lo ms leve. Hzose a la vela y costeando al este reconoci otro ro que llam de la Luna, en cuya inspeccin no tuvo por oportuno detenerse. IV. Continuando el expuesto rumbo y costa, descubri un tercer ro, que nombr de los Mares, cuyas mrgenes se notaron muy pobladas de casas, pero sus habitantes sorprendidos tambin de la novedad, propendieron igualmente a la fuga, ocultndose en la inmediata montaa. Apretaba a Coln el deseo de hallar el oro20 y perlas que los indios informa18.Herrera en su Historia general de Indias Dcada 1, lib. 1, caps. 13 y 14, y remisivamente Solrzano de Jure Indiarum lib. 1, cap. 5, nm. 20. Aunque con la equivocacin de tener por distintas a Guanajani e isla Espaola. 19.Gnesis 1. Vidit que deus cuncta fecerat et erant valde bona. 20.Dice el que habla en esta relacin, que deseando saber si haba oro en esta Isla, procur al alfrez Francisco Jernimo, vecino de Cuba, porque saba estuvo en la parte del norte en compaa del chantre don Antonio de Moya que fue a ver la mesa del cristal el ao de 1647. Examinado el dicho Francisco Jernimo, le cont que el chantre llev a la expedicin un indio llamado Mateo Prez, explorador de todos aquellos campos y este le ense un arroyo donde le asegur haba mucho oro, y que cavando en una higuera sac nueve puntas de oro del tamao de semillas de naranja, en que no prosigui trabajando porque aquel da se mud el chantre dos leguas ms arriba, y que le ofreci (al que cuenta el pasaje, Francisco Jernimo) que si quera ir con l le enseara el arroyo que a su entender era muy rico; a cuyo convite se manifest dispuesto, y dentro de pocos das se aprestaron saliendo de aqu vspera de San Bartolom, y por las muchas aguas no pudieron llegar al arroyo hasta el 8 de septiembre (a los diez y seis das) en el cual arroyo, dentro de seis horas, porque no saba lavar como convena, el declarante en diferentes bateadas sac 160 puntas de oro, sin otras 50 que un indio y un espaol hallaron en un Manacl...

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /31 /31 /31 /31 /31 ban haber en Cuba, y no hacindosele inverosmil por la calidad de su terreno; y porque viendo almejas conceptu a corta distancia la tierra firme; resolvi tomar puerto en este ro. Puesto en el ancla premedit lo que crecera el temor de los naturales, si sobre la novedad, se le aumentaba con la multitud de espaoles, dificultando en la continuacin de su fuga la proporcin de comunicarlos, y acept por mejor acuerdo solicitarlos por medio de slo dos espaoles y dos indios. V. Destin para esta comisin a Rodrigo de Xerez vecino de Ayamonte, y a Luis de Torres, que habiendo sido judo saba los idiomas hebreo y caldeo y aun se deca comprender el arbigo. Dioles para prcticos o guas, un indio de San Salvador y otro de la misma isla de Cuba, que haba llegado a los navos en una canoa. Les mand reconocer la tierra adentro, no haciendo dao alguno e informndose con particularidad de cuanto conviniese saber. Les instruy de lo que haban de hablar y persuadir a los naturales de parte de los Reyes de Castilla, entregndoles para mayor incentivo de su atraccin, algunas frusleras, que estimadas por los indios, proporcionaban las permutas, conocidas con el nombre de rescates. Y asignndoles el trmino de seis das en que deberan restituirse a su embarcacin, fueron puestos en la playa y se introdujeron en la tierra. VI. Entre tanto que los emisarios daban cumplimiento a sus rdenes, se repararon y aderezaron los bajeles, y sus navegantes observaban curio(Siguen ahora otros otros cuentos que no conducen a nada). De aqu resulta, que suponindole a cada grano unos con otros el peso de cuatro reales, en los 220 granos escogieron 440 pesos. Luego en igualdad de circunstancias, excavando esa mina y no queriendo sacar de ella ms que 220 granos de igual valor que el indicado, en un ao nos reharemos de 143,000 pesos. DERROTERO.Cayendo al ro de Mayar, pasaron y fueron al de Cabonico, que estar de Mayar como ocho leguas, y llegando abajo del Seboruco que llaman de Cabonico, se pasa del paso de Rasogo que despide del ro y va por un cayo a salir al cascajal, y de all al ro grande de Cabonico siguiendo por derechura al Est-Nordeste donde est el paso del ro, y de all a tres leguas al ro grande de Libizas y de las monteras de Baraco; el cual ro tiene muchos pasos que se pasan hasta dar en uno muy vistoso; y andando como dos leguas se da en el mismo ro en un peasco que se halla en las corrientes del propio ro, por cuyo peasco sube el agua y cae en un charco, y a orillas de l por donde pasa el ro se sube una cuesta fragosa a mano izquierda que hace meseta arriba, pasando unas lajas que suben con el agua; y dejando el ro a mano izquierda que se oye sonar, a pocos pasos no se oye; y apartndose un poco del ro se encuentra un camino arenisco, y a poco ms de media legua se baja al arroyo que se llama el Arroyo de las Manacas. —Es copia. —J. Navarro. Yo estuve en el arroyo, pero por camino ms corto, y en efecto se encuentra oro, slo de 18 a 20 quilates.J. Navarro NOTA.-Un distinguido amigo nuestro que lo era del seor Navarro, del ms laborioso tal vez de nuestros socios, sensiblemente arrebatado por la muerte, es el que nos ha proporcionado esta ligera noticia que hemos credo debamos publicar.-( Memorias de la Sociedad Patriotica t. IX, pg. 354).

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 32\ 32\ 32\ 32\ 32\ samente cuanto como nuevo se presentaba a sus vistas. Notaron que de toda la lea que quemaban, sala goma, como almciga, y que en la hoja y fruto se asimilaba al lentisco, aunque de menor cuerpo. Reconocieron la capacidad del ro, cuya amplitud facultaba revolver en l los navos sin peligro. Sondearon sus aguas, y le hallaron cinco brazas en la entrada, y de siete a ocho en lo interior. Celebraron dos cerros que le dominan a la parte del sudeste y un hermoso cabo que al oes-noroeste se adelanta a la ribera; y finalmente, procuraron divertir en otras semejantes observaciones aquel tiempo que durase la necesaria y pesada espera de los comisionados. No fueron frustrneas estas investigaciones, porque, siendo este puerto el que despus se llam de la Asuncin de Baracoa, primera mansin de los espaoles, sirvi aquel conocimiento para su mejor uso. VII. Hasta el da cinco de noviembre no hubo noticia alguna de Xerez y Torres; pero en l se presentaron acompaados de sus prcticos y de otros tres indios de la tierra. Informaron que al camino de veinte y dos leguas, haban puesto trmino en una poblacin, que aunque reducida a cincuenta casas de paja, era asistida hasta de mil personas, porque en cada habitacin moraba todo un linaje. Que los principales haban salido a recibirlos, y conducindolos en brazos, los aposentaron en una de dichas casas. Aplaudieron los asientos que usaban, labrados de una pieza a similitud de animal, con brazos y piernas cortas, cola levantada y cabeza con orejas y ojos de oro. Recomendaron el obsequio con que colocados sobre dichos asientos, los tomaron los indios en el suelo, y despus las indias, retirados aquellos, rodendolos, besndoles cada uno los pies y manos y creyndolos unos y otras venidos del Cielo. El alimento que les franquearon de races cocidas, semejantes en el gusto a las castaas, ofrecindoles lo que llevaban, y el cario con que les rogaban se quedasen con ellos, a lo menos cinco o seis das, mediante el buen informe que de su trato les haban hecho los dos prcticos. Exageraron el deseo general con que todos les hubieran acompaado en su retorno a no haberlo ellos limitado a solo el padre, un hijo y un criado; que eran los tres con quienes, sea dicho vinieron. Concluyendo en que a ida y vuelta, hallaron muchas poblaciones (aunque ninguna mayor de cinco o seis casas) en que tambin se les hizo igual agasajo y cortesa; notando mucha gente en los caminos, y el uso comn de estas de llevar un tizn encendido para perfumarse y asar las races de que por lo general se alimentaban: a cuyo efecto se servan tambin de unos leos que confricados fuertemente se encendan. VIII. Dieron asimismo noticia de haber visto multitud de rboles, cuyas especies no se reconocan en las costas. Diversidades de aves, muy diferentes de las de Europa, y entre ellas perdices y ruiseores, y que no haban hallado otro animal cuadrpedo que aquella especie de jozques o perros que no ladraban. De haber reconocido labranzas de las races que coman, y del maz, a quien llamaban panio de buen gusto hecho harina y cocido; y can-

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /33 /33 /33 /33 /33 tidad considerable de algodn hilado que se criaba silvestre y fecundo, que lo gastaban en hacer redes para sus camas o hamacas y unos paetes para cubrir las partes verecundas, porque en lo dems no usaban ropa.21IX. Sobre oro y perlas, slo se les notici por seas que haba gran cantidad en Bogo, sealando al este: pero reexaminados los indios por Coln, explicaban haber mucho en Cubanacn Dificultse la inteligencia de esta voz, y omitidas otras erradas interpretaciones, hubo de comprenderse que el nacn explicaba el medio, y por tanto Cubanacn el medio de Cuba. Adquirido este conocimiento, no pareci oportuna ms demora: y tomando sin violencia doce indios de todas edades y sexos que diesen razn en Castilla de la tierra descubierta, siendo intachables testigos de su descubrimiento, se hizo a la vela, encargando el Almirante el buen trato, y agasajo de los indios. Aument uno voluntariamente el nmero de los doce, clamando por ser embarcado en la compaa de su mujer e hijos. X. Soplaba el norte, comn por dicha estacin en aquellas costas, y embarazaba la travesa a 1a Espaola: por cuya causa arrib el Almirante a un puerto que llamaban del Prncipe en la misma Isla. Esta costa cercada de isletas, estrechaba el mar en canales profundos, y hermoseadas con la arboleda de las riberas22 no se reconocan pobladas las isletas, pero veanse en ellas fuegos y pescadores: porque los cubeos acostumbraban la pesca alternando por tiempos y costas en canoas de maderos enterizos ahuecados a golpe de pedernal, por carecer de herramienta, y solan ser de tanto cuerpo, que en un ro a que despus arribaron, se hall una enteriza de noventa y cinco palmos de longitud, capaz de recibir cincuenta hombres. Alimentbanse de la pesca, que coman media cruda, y de araas grandes, y gusanos engendrados en maderos podridos, lo que no es de asquear en unos naturales incultos23 cuando en muchas naciones civilizadas24 con quienes comemos y bebemos, se brindan platillos de gusanos y otros insectos y carnes a medio asar y cocer, consistiendo slo el aseo en lo extrao, por parecer a cada uno mejor el manjar con que se ha criado, como lo demostr el crtico de nuestro25 siglo. Mataron los espaoles a cuchilladas un animal que hallaron en estas costas parecido al puerco monts. Hallaron conchas de ncar, y entre multitud de peces que sacaron con la red, uno en forma de cuerpo y de piel 21.Antonio Herrera, lib. 1o, dc. 1a, cap. 14o, infin., y 15o por todo. 22.Parece que son estas isletas, los cayos que llaman de la Guajaba y Romano en la costa del Norte, segn lo cual, la baha que se nombr Puerto del Prncipe, debe ser a la que llamamos Boca de Caravelas o las Nuevitas, y es ms regular fuese esta por ms sondable. 23.Como lo hace Herrera, dcada 1a, lib. 1o, cap. 15o. 24.La nacin britnica come las carnes, aves y peces tan a medio cocer y asar que al tajarlas despiden sangrasa. En Mjico y Nueva Espaa se tiene por exquisito un plato de ranas. 25.El R. M. Feijo, tom. IV del Teatro Crtico, disc. XI, razn del gusto.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 34\ 34\ 34\ 34\ 34\ muy dura, sin que tuviese otra cosa blanda que la cola. Observaron mayores las mareas, y opuestas a las de Castilla, creyendo estos efectos producidos de lo bajo de la mar cuando est la luna al sudoeste cuarta al sur. XI. El domingo 18 de noviembre volvi el Almirante al Puerto del Prncipe, y poniendo en su boca una cruz grande de madera, lev la ancla al siguiente da, y naveg para la isla Espaola; pero habindosele apartado Martn Alonso Pinzn con dos navos26 llevado de la codicia de solicitar el oro de que daban noticia los indios, le fue preciso volver a Cuba para su incorporacin. Tom puerto en uno seguro y grande que llam Santa Catalina, por ser vspera de su da: hizo aguada, y se provey de lea: vio algunas piedras con muestras de oro y en la costa grandes pinos, para arboladura de bajeles: mas como todos los indios se encaminaban a la isla Espaola, sigui para aquella por la costa de esta. Reconoci finalmente en ella grandes y buenos puertos, y entre otros un ro capaz de navegarse por una galera; entr en l por ocho brazas de fondo, y siguindole con agrado, por la claridad del agua, hermosura de los rboles, frescura de la ribera y alegra armnica de diversos pjaros: vio una Fufta de doce Bancos, en Tierra, debajo de una enramada y algunas casas inmediatas. Reconocidas estas, notaron una cabeza de hombre y un pan de cera dentro de una cestilla colgada de un poste; y no hallando de quien informarse, porque todos huan a las habitaciones, tomaron la cera (que creyeron trada de fuera, por no haber visto semejante en la Isla), y la llevaron a los Reyes Catlicos. Y sigui la navegacin que se dice de ciento siete leguas hacia levante por la costa de Cuba, y llegando a su punta oriental llamada hoy de Mais, parti a 5 de diciembre para la Espaola.Captulo III Dejando Coln en la isla Espaola treinta y ocho castellanos, vuelve a Espaa: es bien recibido de los Reyes Catlicos: obtienen sus Majestades donacin Pontificia de las Indias, dividiendo las del Portugus: se da a Coln el ttulo de Almirante y hace segundo viaje a ellasI. Descubierta en este primer viaje la isla de Cuba con slo aquel conocimiento que le da existencia, y alguno de la hermosura de sus costas, se restituy Coln a la Espaola, primer objeto de su visita y atenciones. Reconoci con alguna ms intencin y extensin sus playas y padeci en 26. Sigue Herrera el cap. 15o.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /35 /35 /35 /35 /35 uno de sus surgideros, que llam Puerto Real, la prdida de la capitana. Habale recibido con agrado y complacencia el Rey o Cacique de aquella parte de la Isla a quienes27 unos llaman Guacanarico y nuestro Herrera Guacanagari sobre cuya buena fe28 y auxilio resolvi hacer e hizo un fuerte de estacada con los vestigios de su capitana, y dejando en l treinta y ocho espaoles subordinados a su capitn Diego de Arana, dio el Almirante vuelta a Espaa. II. Despus de haber arribado a Lisboa, de donde sali con algn riesgo, lleg a puerto de Palos a mediado de marzo del siguiente ao de 1493. Pas a Sevilla, donde se hallaban los Reyes Catlicos, y fue recibido magnficamente por sus Majestades y Grandeza que siempre ha seguido la Corte el semblante de sus Monarcas, y atrado muchos amigos el estado de felicidad: hizo relacin extensa de cuanto le haba ocurrido en su navegacin y descubrimiento, sin dejar de sobreponer a los esmaltes de su grandeza y novedad, los dorados de sus riquezas y esperanzas. Comprob el cuerpo de su causa con la real existencia de los naturales que le acompaaban, y sus riquezas y particularidades, con el oro, plata y dems alhajas que present; concluyendo en la solicitud de nuevos auspicios, para la continuacin y pacificacin de lo descubierto. Atentas sus Majestades a una relacin tan nueva y rara, pospusieron lo terreno y caduco a lo espiritual y eterno, dando ejemplo de heroicidad y religin. Elevaron sus interiores al Altsimo, cuya mano poderosa y liberal adoraron, reconocieron y, confesaron: y cuya obra propusieron convertir en su mayor honra y gloria. Era inconcuso en el derecho de gentes el legtimo y real dominio que haban adquirido sobre lo descubierto, por el ejecutoriado ttulo de la primera ocupacin29 pero reluciendo en sus Majestades lo catlico, propusieron afianzarla eternamente con la ms posible aprobacin del Cielo, y con tan cristiano objeto, ocurrieron al que es de la tierra Prncipe de los Obispos, heredero de los Apstoles, Abel en la primicia, No en el gobierno, Abraham en el patriarcado, Melchisedech en el orden, Aaron en la dignidad, Samuel en la judicatura, en la potestad Pedro, y en la uncin Cristo.30IV. Gozaba estas preeminencias, con el Pontificado Romano, Alejandro VI, de feliz memoria; a cuya Santidad dirigieron sus Reales preces, nuestros Catlicos Soberanos: manifestaron en ellas aquel exaltado celo con que deseaban ms la propagacin de la verdadera fe en toda la redondez de 27.Ribadeneira en su Pasatiempo le llama Guacanarico y Herrera, lib. 1o, cap. 17o y siguientes hasta 20o. 28. Guacanagari. 29.Solrzano, Poltica, lib. 1o, cap. 9o.Abreu, Vacantes de Indias, art. 1o, pg. 2, nm. 13. 30.Quis es? Tu princeps Episcoporum, tu hoeros Appostolorum, tu primatu Abel, gubernatu No, Patriarchatu Abraham, ordine Melchisedech, dignitate Aaron, authoritate Moyses, judicatu Samuel, potestate Petrus unctione Christus.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 36\ 36\ 36\ 36\ 36\ la tierra, que la extensin de su reino temporal en el descubierto Nuevo Mundo. Su Real nimo dispuesto a fomentar en l la introduccin de la Catlica Religin, a costa de las ms poderosas expensas de su Reino y laboriosos afanes de sus operarios evanglicos, uni el deseo de que para el feliz xito de tan ardua y elevada empresa se interpusiese la autoridad y beneplcito Pontificial. Acept su Santidad con reconocimiento y ternura, los catlicos designios de sus dilectos hijos en Cristo y complacido su espritu, de que los arcanos del Altsimo hubiesen prevenido para el tiempo de su Pontificado tan vastos territorios en que fuese adorado su santo nombre determin condescender al deseo y premiar la religin de sus Majestades. V. Realiz su nimo a aquella ilimitada jurisdiccin que le compete en orden el fin sobrenatural, como de cabeza de la Iglesia y estupor del Mundo31 que no siendo Dios, ni hombre, usa de ambas potestades, ratificndose en el Cielo lo que liga en la tierra. Ejerci la alta y adorable que con el ttulo de potestad eminente poltica, sobre todo lo temporal en cuanto referible lo espiritual tiene adoptada la Tomstica Escuela32como seguro medio entre las extremas. Y de motu propio y cierta ciencia expidi a favor de sus Majestades Catlicas las Bulas que comienzan Inter cetera Divin Majestati &. Dada en Roma a 4 de mayo de 1493, que copiaron varios de nuestros autores, y ltimamente se compil en el cuerpo del Derecho cannico. VI. En ella, despus de aprobar y confirmar el descubrimiento y ocupacin del Nuevo Mundo, don y concedi a los mencionados seores Reyes Catlicos, y a sus herederos y sucesores en la corona de Castilla y Len, todas las islas y tierra firme descubiertas, y que se descubriesen a Occidente y Medioda y esta concesin la calific y ratific el propio Alejandro VI por otras dos Bulas, la una, expedida en Roma a 24 de noviembre del citado ao de 1493. Por ellas concedi a nuestros Soberanos todas las facultades y exenciones, prerrogativas y privilegios anteriormente conocidos por indultos apostlicos, a los Reyes de Portugal sobre sus conquistas del Oriente: y ratific el descubrimiento y ocupacin del Nuevo Mundo33 con derogacin de todas las Bulas y rdenes que se adversasen a esta. Y por la dificultad que result entre Castilla y Portugal sobre los trminos de sus concesiones, precediendo concesin que hicieron las dos coronas en Tordecillas el mismo ao de 1493 dispuso su Santidad en estas, que tirada una lnea intencional del polo rtico al Antrtico, cien leguas adelante de 31.Papa stupor mundi qui maxime rerum. Nec. Deus est, nec homo, quasi neuter inter utrumque.-Solrzano de jure Indiarum, tom. lo, lib. 2o, cap. 23, nm. 84 al 85. 32.Con su Anglico, D. II, dist. 44, g. II, art. III. Apud Abreum dto. art. I, part. II, nm. 16. 33.El citado Abreu, nm. 17 y siguientes.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /37 /37 /37 /37 /37 las islas Hesprides o de Cabo Verde, quedase desde ella a beneficio34 del Castellano... todo lo oriental con prohibicin expresa de que ningn otro Prncipe pudiese navegar ni comerciar en ellas penas de excomunin mayor lat sententie ipso facto incurrenda. VII. Consolidado tan altamente el real dominio sobre las tierras descubiertas35 trataron sus Majestades con ms esfuerzo y eficacia de su pacificacin y poblacin. Colmaron de honores y ttulos al Almirante: hicieron habilitar diez y siete embarcaciones, que ocuparon ms de mil y quinientos hombres voluntarios y suavemente atrados del imn del derecho y magnitud de la empresa, y con ellos y las rdenes conducentes, al fin sali segunda vez de Espaa el 25 de septiembre del mismo ao. En esta vuelta descubri la Marigalante, Guadalupe, Monserrate, Antigona, San Cristbal, y otras nuevas islas. VIII. Lleg el 27 de noviembre al puerto Real de la Espaola, y en l hall muertos a Diego de Arana y sus compaeros36 por los naturales pertenecientes a la parcialidad del Cacique Caonabo porque pretextando violencia en los espaoles, incendiaron el fuerte de estacada y acabaron con sus defensores, sin haberlo podido impedir el fiel Guacanagari Fabric en la isla Espaola la primera ciudad de europeos, que llam Isabela en obsequio de la Reina Catlica, fund el fuerte de Santo Toms, castig con las armas al Cacique Caonabo y sus parciales en la hostilidad de Arana, y dejando a su hermano don Diego Coln el gobierno de la Espaola, sigui a reconocer las dems islas.Captulo IV Vuelve el Almirante al reconocimiento de Cuba y bojea por la costa del Sur hasta la Isla de Pinos; de retorno se dice misa en tierra, y de un Cacique de ella es exhortadoI. Son de tal calidad los bienes de la tierra, que deseados atormentan, posedos inquietan, y perdidos lastiman, conforme sinti de ellos la dulzura del melifluo San Bernardo: y nuestro Almirante, que haba de experi34. Ribadeneira en su Pasatiempo, tom. II, Canto V, poca V, nota F, nm. 2, donde aade las posteriores asignaciones de distancia desde esta lnea, extendindola a 370 leguas, lo que con Herrera y Solrzano sigue. Abreu, art. I, p. II, nm. 21, citado la Concordia y Bula de su confirmacin de 22 de enero de 1506. 35. Justifcalo eruditamente con ejemplares y derechos el seor Abreu, art. I, pg. 2: por todas en sus Vacantes de Indias. 36. Herrera. Dcada 1a, lib. 2o, cap. 9o y siguientes.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 38\ 38\ 38\ 38\ 38\ mentar todos estos afectos en los tres grados de su empresa, no sosegaba en el primero arrastrando el deseo de descubrir y conquistar. Dejando, pues, en la nueva Isabela la mayor parte de los espaoles para su poblacin, y de la armada para resguardo de estos, se hizo a la vela el 24 de abril de 1494, con un navo y dos carabelas. Reconoci en las costas de la misma isla Espaola el puerto de Monte-Cristi, un caudaloso ro a quien dio el nombre de Guadalquivir, y el puerto de San Nicols, a que lleg el 29, siendo en toda la costa visitado de los indios a quienes regalaba y atraa. II. Desde San Nicols vio y observ la punta oriental de Cuba, distante slo dieciocho leguas, a la cual hoy se denomina punta de Mais, y entonces llamaban los naturales Bayatiquir Diole Coln el nombre de alfa et omega ,37 cuya alusin no se dice, y aunque pudiera darse al Alfa el de principio, por aquello del Apocalipsis: ego sum Alfa et mega, esto es principio y fin cuya memoria indica el inicial de omega con que solan significarse en cifra: no hallo en qu forma pudiere llamarle fin, si no lo era de su actual investigacin principiada por Cuba. Dirigi a ella su navegacin y atravesando felizmente aquel corto crucero, descubri en su costa del Sur una franca baha a que denomin Puerto Grande: ancl en l, y acudiendo los indios con mucho pescado y comestibles, los obsequi y regal procurando adquirir de ellos noticias de la tierra. III. Sali de Puerto Grande el primero de mayo, y continuando el reconocimiento de la costa del Sur, observ dilatados puertos, altas y elevadas montaas y caudalosos ros: que despus de fertilizar la tierra con sus cristalinas aguas, arrojaban prdigos sus desperdicios al mar. Continuaban en toda la costa las visitas de los naturales, que conduciendo en sus canoas peces y comestibles, daban alcance a los bajeles no distantes de ellas, y con el buen recibimiento, correspondencias e informes favorables que les hacan los indios, que haban ido a Castilla, creca en aquellos el amor y respeto a los forasteros. Pero observando estos al rumbo del Sudeste algunas islas, dirigieron las proas hacia ellas, y reconocidas las de Jamaica y otras menores, volvieron el da 18 a la isla de Cuba. En l lleg a los navos un indio joven con la solicitud de permanecer en ellos, seguanle sus padres llorosos, y sentidos de aquella resolucin procurando disuadirle de ella, mas el resuelto mancebo ocultndose en el navo, puso fin a la persuasin y en posesin su deseo. IV. Continu el reconocimiento de Cuba por dicha costa del Sur hasta llegar al cabo que llam de Cruz, y montado, carg a lo interior de la costa. Hall en esta ensenada muchas isletas, graciosas y de frondosa arboleda, en que resonaba la msica de multitud de aves, cuyos colores hacan ms vistosa la montaa, recomendndose entre ellas unas grullas encarnadas que slo las hay en Cuba: y porque la multitud de dichas 37. Sigue Herrera en la dcada. lib. 2o, cap. l3.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /39 /39 /39 /39 /39 isletas, haca difcil la denominacin numrica de ellas, las llam en comn el Jardn de la Reina38 en sus canalizos y sonda reconoci copioso nmero de tortugas de corpulencia extraordinaria, y multitud de peces de todas especies, recomendse entre estos el que llaman Revs por la calidad de no soltar lo que agarraba hasta hacerlo pedazos, de suerte, que si tomado en el anzuelo, se asa de alguna tortuga la atraa indefectible a la obediencia del cordel, y tambin se admir de la fuerza y fiereza del tiburn. Divirtise el Almirante en estas observaciones, y las de las isletas, navegando hasta una, que reconoci mayor y poblada de naturales, a quien denomin Santa Marta, y la cual segn la situacin en que se hallaba, parece ser la llamada hoy Cayo de las Doce Leguas, por distar otras tantas de aquella costa de Cuba. V. Habase escaseado el agua en los bajeles, y sus navegantes resolvieron arribar a la dicha costa de Cuba, a efecto de solicitarla en ella39 y hacindolo felizmente a situacin poblada de naturales, consiguieron el fin y la provisin de algunos bastimentos con que estos acudieron. Reflexion aqu el Almirante cunto podra importar para la navegacin de aquellas costas, llevar consigo un indio prctico en ellas, y pidindolo a los principales de la poblacin, lo franquearon con urbanidad o temor. Por este se comprendi que Cuba era isla, y que el Rey o Cacique de la costa occidental de ella, se haca respetar y obedecer de sus sbditos por seas, mas no se expresa si usaba de ellas por ser naturalmente mudo o por hacerse ms temible, cuanto menos ejerciese los manifestativos de la racionalidad. VI. Continuando al Oeste su navegacin por entre cayos y canalizos, observ Coln la igualdad con que en todas ellas provey el autor de la naturaleza aquellos mares de peces, y sus riberas de aves. Vararon los bajeles con ms o menos dificultad de su salida, pero sin mayor peligro, y con trabajo de la tripulacin, porque encayado en arena o cieno, fueron alguna vez necesarias molestas maniobras para sacarlos, y cansados los nimos de tanto peligro, escasos y faltos de vveres, resolvi dar la vuelta a la Espaola.40 Para ello lleg a una isla inmediata a quien titul Evangelista, y se tiene por la nombrada de Pinos, en la que se provey de lea: comprendindose por esto que el Almirante reconoci en este viaje casi toda la costa del Sur de nuestra isla de Cuba, faltndole slo aquel corto espacio de ochenta leguas que corre de la Isla de Pinos hasta el cabo de San Antonio, trmino occidental de ella. 38.De cuya hermosura hace mencin nuestro Solrzano, lib. 1o de Jure Indiarum, cap. 8o, nm. 13. Hanc Cub insulam † septingent ali, eque amnissmiae in coron forma circumstant; qu a Columbo ob sui pulchritudiner & veriditatem... 39.Contina el mismo Herrera al cap. 14, dc. 1a, lib. 2o. 40.Sigue Herrera al cap. 14, de dicho lib. 2o, dc. 1a.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 40\ 40\ 40\ 40\ 40\ VII. Desde la Isla de Pinos volvi a costear la de Cuba, buscando al Este la Espaola: y no previniendo la ensenada, que forma el cabo de Cruz, se entr en el canal de su quiebra, sin montarlo, y se hall sin salida rodeado de tierra. Afligida la gente, aade el Almirante tena que animarlos, sobre el cuidado de sacar las naves. Para esto fue necesario retroceder todo aquello que la punta del precitado cabo de Cruz excede a su seno: y aunque el treinta de junio volvi a encallar la capitana, libertndose de este peligro con copiosos trabajos, montaron el cabo y salieron a ms limpio mar. Navegaron siempre al Oriente repasando las mismas costas por que haban venido, y sufriendo todas las tardes fuertes turbonadas y copiosas lluvias, hasta que el da 7 de julio de 1494 anclando en ella, salt el Almirante en tierra con deseo de or misa, djose efectivamente, y aunque no se designa con claridad el paraje de la costa de Cuba en que se celebr este primer incruento sacrificio del Cordero inmaculado, por el rumbo y altura en que se refieren, y hallarse en la costa del Sur (dentro del territorio que hoy compete a la ciudad de Baracoa) una antigua y milagrosa cruz, conocida con el distintivo de la Cruz de la Parra, y alguna tradicin de haberse dicho en ella la primera misa, se nos hace ms que probable la concordancia de la historia con esta tradicin. VIII. Recomindase como verdaderamente notable que mientras se celebraba este inefable sacrificio, lleg al lugar donde se ofreca, un Cacique anciano de la tierra, detvose al reconocer la ocupacin con un gnero de asombro, que siendo efecto de la novedad imitaba la devocin, observ las altas ceremonias del Sacerdote, la reverencia con que asistan los cristianos, y el respeto con que trataban al Almirante particularmente en la comunicacin de la paz, infiriendo de esto la superioridad de su mando. Con este conocimiento se acerc a l, y luego que se concluy la misa, en un calabazo de figura de escudilla, que denominaban gigera le present unas frutas del pas, recibilas Coln con agrado, y manifestndole por signos su benevolencia, tom asiento, y lo hizo igualmente el Cacique, ponindose de cuclillas en la tierra, segn el uso reverencial de aquellos: y como manifestaba que deseaba medios de comunicar al Almirante, se solicit y proporcion el mejor intrprete que en aquella escasa situacin pudiera traducir de una a otra inteligencia los conceptos y razones del natural. IX. Abierta la audiencia, dijo el Cacique al Almirante: “T has venido a estas tierras (que nunca antes viste) con gran poder y has puesto igual temor; sabe que segn lo que ac sentimos hay dos lugares en la otra vida a donde van las almas, uno malo y lleno de tinieblas, guardado para los que hacen mal; otro alegre y bueno a donde se han de aposentar los que aman la paz de las gentes: por tanto, si t sientes que has de morir, y que cada uno segn lo que ac hiciere, all le ha de corresponder el premio, no hars mal a quien no te lo hiciere.” Sigui aplaudiendo los pacficos procedimientos de los forasteros y el sacrificio de la misa, que comprendi ser actos de

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /41 /41 /41 /41 /41 gracias al Creador; y concluy informando haber estado en las islas Espaola y Jamaica, y en la parte occidental de aquella de Cuba, en que vio andar vestido como Sacerdote al seor de ella. ¡Oh! ¡y cmo tocamos experimentalmente que est signado en todo racional, por instinto de la naturaleza, la existencia de un Dios remunerador de nuestras obras! Y que aunque nos queramos desentender de ello para vivir desenfrenadamente, la muda voz interior de la conciencia nos lo acuerda. X. Admirado y complacido el Almirante de hallar naturales, en quienes asomaban mayores luces de racionalidad y religin, hizo manifestar a este sentencioso Digenes, cunto se holgaba de que l y los de aquella isla, creyesen la inmortalidad del alma; y que supiese era enviado por los Reyes de Castilla sus Seores, para reconocer aquellas provincias, e inquirir si haba en ellas hombres que hiciesen mal a otros (como lo entenda que lo ejecutaban los Canbales41 y refrenndolos, procurar que todos viviesen en paz. Oy con lgrimas de afecto y regocijo estas razones, exponiendo, con expresiones de ingenio, que a no hallarse ligado de hijos y mujer, abandonara la patria para seguir a tan dulces huspedes. Dironsele algunas frusleras, que recibi de rodillas, no cesndole de preguntar a los indios de la Espaola, si era el Cielo o Tierra el originario de tales hombres. Despidironse con retricas y urbanas demostraciones, y embarcados los castellanos, se hicieron a la vela para la Espaola. A estos antecedentes aludi sin duda nuestro poeta don Miguel de Barrios42 en esta sentenciosa octava: Al Jardn de la Reina van las damas, que tras ellas se arrojan con clamores donde el Plutn robndolas de escamas se vuelven en Sirenas de verdores. Con la mano que en Tauro vierte llamas saca del agua al sol, llena de flores, la Cuba en que el Digenes indiano ve la grandeza de Monarca hispano 41.Canbales eran llamados genricamente, unos indios habitantes de ciertas islas al Oriente de Puerto Rico. Nmbranse as por los muchos caribes comedores de carne humana que hubo en ellas, interpretndose el Canbal hombre valiente. Herrera en la Descripcin de las Indias, tomo 1o, cap. 7o; y Solrzano, lib. 1o, Jure Indiarum, cap. 6o, nm. 15. 42. Don Miguel de Barrios, en su descripcin de las Islas del mar Atlntico y de Amrica, que se halla al principio del librillo annimo titulado Piratas de Amrica

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 42\ 42\ 42\ 42\ 42\Captulo V De los viajes descubrimientos y trabajos del Almirante hasta su muerte, y gobiernos en la isla Fspaola, de Francisco de Bobadilla y Nicols de Ovando I. No permitiendo los tiempos la directa navegacin, se vio el Almirante en necesidad de arribar a Jamaica,43 reconocila nuevamente, sufriendo en ella infinitos trabajos y pesadas lluvias, y volviendo a la Espaola, hall a su hermano don Bartolom Coln que instruido de sus descubrimientos haba venido a ella a participar de las fatigas del hermano. Esforz don Cristbal Coln con su presencia y disposiciones la conquista y poblacin de aquella isla, teniendo algunos choques considerables con los naturales, que ya se haban hecho a las armas, no contentos de que los espaoles se aumentasen en ella, y como algunos de estos estuviesen tambin resentido de l, elevaron quejas a los Reyes Catlicos. De estas result venir Juan de Aguado con cuatro navos y despachos reales para pesquisar su justicia; pero no pareci bien a Coln descargarse ante Aguado, y para no dar sospechas de confeso con el silencio o menosprecio de ellas, resolvi pasar por tercera vez a Castilla. II. Dejando, pues, a su hermano Bartolom el gobierno de la Espaola, y por Alcalde Mayor a Francisco Roldn, sali en una carabela, acompandole Juan de Aguado en otra, y a los tres meses de navegacin, llegaron felizmente al puerto de Cdiz. III. Bien recibido de los Reyes en la Corte, hizo sus presentes con las alhajas ricas y extraas que llevaba; inform el estado de las poblaciones; y dando descargo a las quejas de su gente, e informaciones de Aguado, slo se le previno por sus Majestades que conviniera haber procedido con menos severidad Trat los asuntos que parecieron necesarios para la continuacin de la empresa; y se le dieron providencias y caudales para tercera navegacin. Concedisele licencia para repartir tierras, montes y aguas, reservando como regalas, el oro, plata, palo del brasil y metales, y confirise el Real ttulo de Adelantado, a don Bartolom Coln, quien en ausencia de su hermano haba desempeado su confianza. IV. Sali el Almirante en 30 de marzo de 1498 de la barra de San Lcar con seis navos. Descubri la isla de la Trinidad, y la tierra firme, el golfo de las Perlas y la isla de la Margarita, y llegando a la Espaola, dio cuenta a la Corte de dichos descubrimientos. Trat de apaciguar la sublevacin que Francisco Roldn foment contra el Adelantado don Bartolom: la que reducida por medios de suma suavidad, dio cuenta con instruccin. 43. Los pasos y hechos que comprendamos en este captulo, corren conformes a las relaciones de Herrera, dc. 1a, lib. 3o y siguientes; y de Torquemada, Monarqua de Indias, lib. 4o, cap. 1o y siguientes.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /43 /43 /43 /43 /43 V. Tambin acaeci el siguiente ao de 1499 que Alonso de Ojeda saliese de Sevilla y con cuatro navos armados, y licencia para descubrir, lo hiciese de la provincia de Venezuela. Traa de mercader en ellos a Amrico Vespucio, sabio en la Cosmografa y pilotaje, quien se atribuy artificiosamente la gloria de los descubrimientos que haba hecho ya el Almirante, llamando a este nuevo mundo Amrica para perpetuar su nombre en sus tablas y reconocimientos que continu, y form despus de orden del Rey, y en cuya impostura no demoramos por hallarla vindicada de la mejor manera por la pluma del seor Solrzano.44 Atraves Vicente Yez Pinzn la lnea equinoccial, hallando muchas tierras, y se continuaron otros descubrimientos. Pero entre tanto, los castellanos en la Espaola, aunque esforzaban sus conquistas, se conmovieron en motines, y quejas que sobre las pasadas llamaron la atencin de los Soberanos, y despacharon sus Majestades por Juez pesquisidor de ellas a Francisco de Bobadilla. VI. Lleg en dos carabelas el da 23 de agosto del ao de 1500 a las costas de la isla Espaola, saltando en ellas al siguiente. Manifest sus despachos, y por ellos la Real concesin que se le haca del Gobierno de las islas y tierra firme, con jurisdiccin de mero y mixto imperio, alcaldas y alguacilazgos: y aunque tuvo sus embarazos se hizo obedecer. Comenz la pesquisa contra el Almirante y sus hermanos, prendiendo a los tres: en cuya accin se hizo remarcable que slo su cocinero se atreviese a poner al Almirante unos grillos, los que mand este conservar y enterrar con su cadver. Remiti los presos a Espaa, donde hallaron la Real benevolencia y desagrado contra el desacierto de Bobadilla, experimentando este la resulta de su deposicin y que subrogasen sus Majestades en el Gobierno de la Espaola al Comendador Nicols de Ovando. Dironse a este las instrucciones ms convenientes al mejor rgimen y gobierno de las nuevas poblaciones, y pacificaciones, buen tratamiento de los naturales, y que no se consintiesen extranjeros, moros, judos, ni nuevamente convertidos. Mandronle reponer los hechos de Bobadilla, y que diese al Almirante toda la atencin y provecho debido con otras muchas prevenciones para su gobierno. VII. Sali Ovando con dos mil quinientos hombres, diez religiosos franciscanos para fundar conventos, y treinta y un navos el 13 de febrero de 1502 del puerto de San Lucas, y aunque padecieron una borrasca a los ocho das de navegacin, slo peligr una nave con ciento veinte personas. Arribaron a Canarias, y sigui desde ellas la armada y partida: con que llegando Ovando a la Espaola el 15 de abril, se posesion y continu su gobierno. Estableci la Casa de contratacin de Sevilla para el fomento y particular cuidado de las negociaciones de Indias. Adelant Coln muchos 44.Don Juan de Solrzano, lib. 1, cap. 4, nm. 5, y siguientes de Jure Indiarum, lib. 1, cap. 2, nm. 14 de su Poltica Indiana.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 44\ 44\ 44\ 44\ 44\ descubrimientos, con inmensos peligros y trabajos, y contando entre ellos la continuacin de desprecio con que Ovando no le admiti en la Espaola. Pobl a Veraguas, pero rechazado de aquellos naturales con perdimiento de muchos europeos, embarc los restantes y lleg con ellos a Jamaica: desde esta mand pedir socorro al Comendador Ovando, quien se lo neg inhumanamente. Sufri la insolencia de los Porras, que acaudillaron motn para volverse a Castilla, y otras muchas necesidades. Valise provechosamente de su ciencia astrolgica para amenazar a los indios de dicha isla de Jamaica con un eclipse de luna, hacindoles creer, que el mal semblante de este planeta, les reprenda la negacin de alimentos45 y consigui algunos con que sostenerse. Pero creciendo el motn e insolencia de los Porras, llegaron a las manos, quedando estos vencidos, de cuya resulta se sometieron al Almirante. VIII. Hacindose insufribles los trabajos en Jamaica, y desesperado de auxilios, resolvi pasar a la Espaola, de donde le replic Ovando con muchos agravios. Volvi a Castilla, y hallando muerta a la Catlica Reina doa Isabel, no experiment la aceptacin que en su vida, aunque el Rey no le desatendi, ni aprob la conducta de Ovando para con l. Pero el nimo acostumbrado ya a otras atenciones, decay de su vigor, gastado tambin de los trabajos y dolencias corporales. Agravronse estas, estando en Valladolid, y lo arrastraron al fin de sus das, que acab ya Duque de Veraguas a los 20 de mayo de 1506. IX. Dej por universal heredero de sus derechos y glorias a su hijo don Diego Coln, habido en matrimonio con doa Felipa Muiz de Perestelo, natural de Portugal: y tambin tuvo por hijos a doa Beatriz Henrquez, natural de Crdoba, a don Fernando Coln que se dice haber sido caballero de grande virtud, segn Antonio Herrera46 a quien seguimos, aunque Moreri47 los tiene a ambos por hijos de la Henrquez, y hace mencin particular de haber sido sacerdote el don Fernando, amante a los libros,48acopiado una famosa biblioteca que dej a la Metropolitana de Sevilla, y que escribi los hechos de su padre con el ttulo Historia del Almirante don Cristbal Coln. X. Bosqujase la persona del Almirante de cuerpo alto, rostro largo y respetuoso, nariz aguilea, ojos garzos, color blanco rosado, pelo y barba rubia, y al fin canas, festivo, corts y afable. Era sobrio y moderado en el alimento, parco en el vestido, religioso y devoto, hasta rezar las horas cannicas y frecuentar los sacramentos, opuesto a maldicientes y blasfemos, devotsimo a Nuestra Seora y del Serfico San Francisco, de altos y 45. Ribadeneira ubi sup. t. 2o, cant. 5, p. 5, nota C. Herrera, ubi supra. 46. Herrera. Dc. 1a, lib. 1o, cap. 7. 47. Moreri, en su Diccionario palabra Coln Cristbal. 48. El mismo, palabra Coln Fernando.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /45 /45 /45 /45 /45 heroicos pensamientos, perdonador de injurias y benigno con quienes se las hacan, y finalmente, amante y fiel servidor de nuestros catlicos Monarcas, a quienes adelant su imperio con los principios de tan vastos y prodigiosos reinos. Dej grabado su nombre en el templo inmortal de la fama, y un ejemplo, de los que ms anuncian la vanidad con que deben mirarse las glorias humanas.Captulo VI Por orden del Rey, manda el Comendador Ovando a Sebastin Ocampo que bojee a Cuba, quien halla ser isla, y con dos accidentales arribos de espaoles, se asienta en otras tantas provincias de ella la devocin de Mara SantsimaI. Los hechos referidos en el captulo antecedente, con sola aquella noticia que basta a la coordinacin de tiempos, ocuparon la atencin de los castellanos hasta el ao de 1508, sin que se pensase en poblar a Cuba. Hzose reparable al Rey esta omisin y mand expedir Real orden al Comendador Nicols de Ovando, que an gobernaba la Espaola, para que se viese si era tierra enjuta porque lo ms se deca que era llena de manantiales49 y habitable, porque sus ros y algunos manglares de la costa haban motivado duda sobre la calidad de su terreno. En su cumplimiento destin el Comendador al capitn Sebastin de Ocampo, natural de Galicia y criado de la Reina, para que con dos embarcaciones, gente y vveres necesarios practicase este reconocimiento. II. Hzose a la vela a fines del ao de 1508, y atravesando la punta de Mais, tom la costa del Norte de Cuba, reconociendo sin detencin sus puertos, bahas y ros; pero hallndose en necesidad de carenar o reconocer sus bajeles, tom puerto en uno que por su abrigo y franqueza juzg ms oportuno al intento, y al cual con esta causa nombraron desde entonces Puerto de Carenas y despus La Habana. Concluida esta diligencia, corri en igual forma hasta el cabo de San Antonio, trmino occidental de la Isla, dando vuelta para la costa del Sur, lleg por esta a otra baha nombrada de Jagua, por ser este el distintivo propio de aquella provincia, y anduvo en ella pagado de su extensin, hermosura y seguridad, capaz de recibir hasta mil navos. Aqu fue muy asistido de los naturales, que le regalaron con muchas perdices, como las de Castilla, aunque ms pequeas, y con delicadas lisas, en que 49. Herrera. Dc. la, lib. 7o, cap. 1o.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 46\ 46\ 46\ 46\ 46\ abunda tanto aquel puerto, que las tenan recogidas en corrales de caas, por ser el mar quieto y ellas sin nmero. Sigui su navegacin en que gast ocho meses y llegado a la Espaola dio cuenta al Comendador de lo que haba observado. III. Aunque en la propia relacin de este hecho y reconocimiento, no se hace mencin de un caso memorable, que despus se comprendi, nos obligan a creer que fue efecto suyo las circunstancias y tiempo de l: y que como tal, corresponde aqu su memoria. Refirese, pues,50 que habiendo aportado unos espaoles a la isla de Cuba, un Cacique de la provincia nombrada Macaca sita en la costa del Sur, como quince o veinte leguas, de la que en que hoy se halla la ciudad de Cuba, los recibi y hosped con agasajo. Continuaron aquellos su viaje, dejando con el Cacique a un marinero que por enfermo no pudo seguirlos, y en quien ejerci durante su falta de salud, todos los oficios de hospitalidad y benevolencia; con el afecto y falta de otra comunicacin, fueron proporcionando el medio de entenderse a trminos que entre uno y otro idioma se comunicasen, en cuya proporcin procur el marinero, instruir en la verdadera religin a aquellos naturales y particularmente se esmer en infundirles la devocin de la Madre de Dios. Informles su poderosa proteccin y tierno amparo al gnero humano, y trayendo consigo una estampa de Nuestra Seora, se la franque, persuadindoles a que le hiciesen casa, venerasen y alabasen con la salutacin Anglica. IV. Encendi el fuego de esta poderosa luz en el sencillo corazn de aquellos naturales y construyndole a su modo una Iglesia, la adornaron lo mejor que pudieron. Ponanle muchas vasijas de comida y agua, credos de que comera de ella si tuviese necesidad. Enseles a que de maana y tarde la visitasen y saludasen, y as lo hacan, postrndose el Cacique y los indios de rodillas, las cabezas bajas, juntas las manos, y diciendo con humildad Ave Mara, Ave Mara: con cuya invocacin, satisfacan la devocin adquirida. Convaleci el marinero, y retirndose a la isla Espaola, les dej encargado continuasen con su devocin: ellos lo ofrecieron y cumplieron, hallndolos despus los espaoles en su uso y fervor. V. Asintase tambin que este Cacique tena el nombre de Comendador. Dsele el origen en que informndole los espaoles que pasaron por su provincia, cunto importaba ser cristiano, pidi el agua del bautismo, y tratando del nombre que haba de tomar (como preguntase cul tena el seor grande de los castellanos que gobernaba en la isla Espaola, y se le dijese que el Comendador mayor) respondi que este nombre de Comendador quera se le pusiese. De aqu se inclina Herrera a creer que este pasaje acaeci el ao de 1508 cuando gobernaba en Santo Domingo Ovando, y boje la Isla Sebastin de Ocampo, porque hasta entonces, no hubo otro 50. Herrera. Dcadas, lib. 9o, cap. 6o.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /47 /47 /47 /47 /47 Comendador en el gobierno de Santo Domingo: juzgamos lo mismo, aunque importa poco que antecediese o subsiguiese con corta diferencia al reconocimiento de Ocampo, siempre que sea constante (como lo es) que por este tiempo se introdujo en aquella provincia y sus naturales, la devocin de nuestra gran Madre y Seora. VI. Acaeci asimismo en el ao de 1510, que navegando para la Espaola Alonso de Ojeda con su compaa, y no pudiendo por los malos tiempos alcanzar sus costas, se vieron en la necesidad de arribar a la del Sur de Cuba. Anclado en la baha de Jagua51 desampararon todos el navo, por falta de vveres y sobrado de disgustos entre Ojeda y un tal Talavera, y determinaron ir por tierra hasta la punta de Mais y de all atravesar a la Espaola. Haban pasdose ya a la isla de Cuba muchos indios de aquella y divulgado lo que padecan con la subyugacin de los espaoles, pusieron en expectacin a los patricios, animndolos a la resistencia: con este motivo no tuvieron en algunas partes Ojeda y sus compaeros, tan buena acogida como los anteriores, y se vean necesitados a marchar sin entrar en los pueblos, porque algunos indios le resistan al ver hasta setenta espaoles unidos. Caminaron por las playas y atravesando una cinaga de treinta leguas en que gastaron otros tantos das con inmensos trabajos y muerte de algunos, pudieron salir de ella en estado deplorable, reconociendo deber la conservacin de sus vidas a una imagen de Nuestra Seora que llevaba consigo Ojeda y cuyo patrocinio invocaban muchas veces al da. VII. Salieron al fin a un camino, y siguiendo por l como una legua, llegaron52 a un pueblo nombrado Cuyb donde cayeron en tierra como muertos de hambre, flaqueza y trabajos. Admirados y lastimados sus moradores de tan lamentable espectculo, los acogieron y alimentaron, y con noticia de quedar algunos rendidos en los caminos mandaron solicitarlos, y fueron trados sobre hombros de los particulares. Ojeda haba hecho en sus angustias voto a Nuestra Seora de dejar colocada su imagen en el primer pueblo a que saliese y la present al Cacique. Hzole este una ermita donde se coloc, con toscos adornos y finos afectos, y como ya estos europeos saban algunos trminos del pas, no fue difcil instruir por mayor a sus naturales de las grandezas de nuestra Reina y veneracin que se deba a su Santsima imagen. Extendise en ellos la devocin y reverencia, adornaron la ermita con paos de algodn, y la mantenan con aseo saludndola con la salutacin Anglica, e hicieron coplas en su idioma a Nuestra Seora y en sus bailes y regocijos que llamaban areytos los cantaban ensalzando su Santsimo nombre. 51. Herrera. Dc. la, lib. 8o, caps. 4o y 5o. 52. Ibdem.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 48\ 48\ 48\ 48\ 48\ VIII. Mantuvironse Ojeda y los suyos en aquel pueblo, hasta hallarse perfectamente convalecidos, y despus continuaron con escolta y auxilio de sus naturales, acercndose a lo ms oriental de la Isla. Llegaron a la provincia de Macaca, mandada por el Cacique Comendador, de quien fueron bien recibidos y hospedados: y como esta se encontraba situada a la costa del Sur, fronteriza, y slo veinte leguas distante de Jamaica, haciendo memoria de que en esta Isla haba ya espaoles, resolvieron pasar a ella. Hzolo Pedro de Ordaz, en una canoa de los indios equipada de estos, y dando de ello noticia a Juan Esquivel que tena el gobierno de dicha Isla, mand una carabela que condujese los dems espaoles que quedaban en Cuba, lo que se efectu felizmente. IX. Por estos medios tan extraordinarios a la humana comprensin, comenz Dios a introducir en la isla de Cuba la religin catlica y con el principio de adorar a su Santsima Madre. Dos templos tuvo en ella antes que se situasen los espaoles en su territorio: feliz principio en que asimil a nuestra Espaa, cuyo primer templo fue dedicado en Zaragoza por el Apstol Santiago a la misma Santsima Madre de Dios con el ttulo del Pilar, an viviendo esta. Y puestos aquellos en reconocimiento de tal misericordia, y memoria de haberla comenzado a alabar con el Ave Mara, compusieron a nuestra Gran Madre un famoso anagrama que perpetuase su acuerdo, justo ser que a su buen ejemplo le tributemos por los expuestos el corto obsequio de este SONETO Desde que Dios fragu la inmensa cl...........1 de posibles, que en tiempo for.......................2 previ crear, sin mancha una.........................2 que del Verbo encarnado fuese n..................1 Quiso que Espaa fuera de esta ll................1 Pilar que en Zaragoza to.............................2 asiento, en que el infierno bra.......................2 a influencias de Santiaqo Santo y su..........1 Y viendo que en su culto se con.....................3 Espaa, dando de ella prueba........................4 por su medio remedia la des..........................3 de Cuba y de dos templos la re.....................4 que un marinero en uno le hace....................3 y Alonso Ojeda en otro...................................3-41234 Ave —— Mara —— Gracia —— Plena

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /49 /49 /49 /49 /49Captulo VII Psase a la isla de Cuba desde la Espaola el Cacique Hatuey con sus vasallos, amedrentados de los europeos, y exhorta a los suyos a fin de ocultar el oro para cuando los sigan en ellaI. Si los hechos de los mismos espaoles, no hubieran dado causa a alterar el semblante de los naturales de Cuba: no hay duda que segn el aspecto de benevolencia con que hasta aqu se han visto reducidas en ella, antes que conquista, debera denominarse su ocupacin, o posesin pacfica: pero algunas violencias que comenzaron a experimentar los de la isla Espaola, y cuyas noticias trajeron los quejosos a Cuba, les obligaron a ponerse en alguna expectacin. Queda dicho que por este motivo en la antecedente peregrinacin de Alonso de Ojeda, resistan su entrada en algunos pueblos; y corresponde tambin presuponer a la pacificacin de la Isla, la retirada del Cacique Hatuey dimanada de la misma causa. II. Entre los muchos indios que de la Espaola se retiraron a la isla de Cuba, cruzando en canoas aquella corta distancia de sus cabos, fue uno, el mencionado Cacique Hatuey. Era este, seor en aquella de la provincia nombrada Guahaba una de las situadas inmediata a su cabo occidental. Caracterizse en ella de cuerdo y valiente53 pero no bastndole ni una ni otra prenda para redimirse de la dominacin de los espaoles, eligi el partido de dejar su antigua habitacin y pasarse con los suyos a la isla de Cuba. Tom por asiento en ella la punta oriental llamada de Mais, cuyo terreno quebradizo y spero, frtil de ros, adornado de altas serranas y opulentos montes, crey propicio para sus intentos. III. Establecido en ella, us el sistema poltico de convertir en suave vasallaje aquella dominica potestad que comnmente ejercan sus iguales para con los sbditos, conociendo cunta ms defensa y confianza debe tener el que se hace dueo de las voluntades, por los medios suaves y dulces, que el que slo es obedecido por temor de los rigores. Y no slo orden su gente en lo econmico, a su modo de gobierno, sino que temiendo que los espaoles haban de pasar a poblar a Cuba, como a la Espaola, conservaba sus espas avanzadas que procurasen inquirir los designios y movimientos de estos. Por ellas tuvo noticias el ao de 1511 de que el segundo Almirante don Diego Coln, resolva mandar gente a la pacificacin y poblacin de Cuba, y uniendo la suya que corra con el distintivo de belicosa, prepar su nimo a la resistencia, que premeditaba por medio de una pltica notable. IV. Record a sus memorias, con todos los vivos de la ponderacin, las persecuciones que haban sufrido y experimentado de los castellanos en la 53. Antonio Herrera, dc. la, lib. 9o, cap. 3o, c. ltimo.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 50\ 50\ 50\ 50\ 50\ Espaola. Djoles que todas sus fatigas y hostilidades eran dirigidas a adquirir un grande Seor o Dios, a quien queran y amaban mucho los advenedizos54 y el cual les mostrara. Y sacando una cestilla de palma en que tena alguna porcin de oro, refinando su elocuencia exclama: “Veis aqu su Seor: a ste sirven, y tras ste andan; y pues como habis odo quieren ya pasar a esta Isla, no buscando ms que a este Seor: hagmosle fiesta y bailes para que cuando vengan les diga que no nos hagan mal.” Al eco de tal impulso, resonaron las bocas y los pies, comenzando los indios a cantar y bailar a su uso. V. Era estilo entre estos, cantar y bailar al comps del canto, nica regla que daba uniformidad a sus movimientos, y guardaban tanta igualdad en ellos, que bailando juntos y no por turno todos los concurrentes hombres y mujeres, aunque fuesen mil, no discrepaba uno de otro en los movimientos de manos, cuerpo y pies. Su duracin slo se limitaba a la suficiencia de los bailadores, siendo su trmino el de un cansancio que los postrase rendidos, por cuya costumbre duraban toda una noche, y con estas reglas continuaron largo tiempo el que hacan a la cestilla del oro. Concluido en el cansancio, volvi a hablar Hatuey preceptundoles “que no guardasen el Dios de los Cristianos, porque aunque lo ocultasen dentro de las tripas se lo haban de sacar; y que por tanto lo echasen en el ro, donde el agua lo defendera de sus ansias.” Hicironlo as, arrojando el oro al fondo del ro, y quedaron menos cuidadosos de la venida de los extranjeros. Accin memorable y que obliga a traer a la memoria aquel hecho y dicho de Crtes el de Tbas que refiere Catn55 cuando al arrojar al mar un gran peso de dinero dijo: quiroos anegar porque no me aneguis. Y prueba evidente de que entre los indios hubo tambin sus filsofos, que, como Esquines,56 conocieron que dan las riquezas trabajos al adquirirlas, cuidados al conservarlas, peligros en guardarlas y sobresaltos para defenderlas. VI. De este semblante poltico se hallaba la isla de Cuba, cuando el segundo almirante don Diego Coln que sucedi en el gobierno de la Espaola al comendador Nicols de Ovando, nombr a Diego Velzquez para que pasara a su pacificacin y poblacin, de cuyos principios hemos llegado ya a pisar sus quicios. VII. No pueden con claridad referirse los hechos de nuestros espaoles en ella, sus poblaciones y pasos, sin presuponer alguna luz ms clara de su terreno, costas y calidades, porque daran en vaco todas las cualidades 54.Seguimos a Antonio Herrera ubi supra. Y hace mencin de esto el Padre Torquemada en su Monarqua Indiana, lib. 15, cap. 10. 55.Refirelo el Padre Niereberg en su Temporal y eterno, lib. 5, cap. 8o, y Parladorio en su Epstola 3a, a folio nm. 7. 56.El mismo Niereberg, Diferencia entre lo temporal y eterno, lib. 5o, cap. 8o.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /51 /51 /51 /51 /51 sin la previa definicin del ente que lo es, de aqu la descripcin del plano sobre que va a operar. Por tanto conviene preocupar su noticia, no slo con aquellas que observaron el primer Almirante en sus dos reconocimientos, Ocampo en su bojeo y los dems en sus trnsitos referidos, sino tambin con parte de las que hasta este tiempo haban descubierto otras observaciones, haciendo la ms breve y clara descripcin de la Isla con que cerrado este libro, dejemos instrudo el entendimiento de los principios necesarios a la inteligencia de esta historia.Captulo VIII Comienza a describirse la isla de Cuba, dando noticia de su situacin, costas y cayos, movimiento del mar en ellas, peces, puertos, bahas, ros y salinasI. La isla de Cuba es la mayor y ms occidental de las que descubri don Cristbal Coln y hoy se nombran Antillas o de Barlovento. Sitase dentro del Trpico de Cncer57 al Norte de la equinoccial, desde los veinte grados de latitud, en que se demarca el cabo de Cruz al Sur, reconocido por Coln en su segundo viaje, hasta los veinte y tres grados, quince minutos en que cae la baha de Matanzas al Norte, y desde los doscientos ochenta y ocho grados, treinta minutos en que est el cabo de San Antonio, al Oeste, hasta los trescientos un grado, veinte minutos, en que queda al Este la punta de Mais, que los indios llamaban Bayatiquir y el primer Almirante alfa et omega. II. Cae la parte occidental de ella casi al medio de la garganta que forman el Seno Mejicano, las costas de la Florida descubiertas en el ao de 1512 por Juan Ponce de Len al Norte, y de Yucatn al Sur. Dista de aquellas veinte y cinco leguas y de estas sesenta, diez y ocho de la Espaola al Oriente, y veinte de Jamaica al Sur, fronteriza al cabo de Cruz. Adems de estas vecindades que por una y otra costa hacen estrecho el mar, est rodeada de inumerables isletas que oprimen las aguas hasta reducirlas a canales y canalizos, ms o menos navegables. Por la costa del Norte es ms ocupada de ellos, continuando los distantes desde la Espaola hasta frente de Florida, y adyacentes desde cayo Romano hasta punta de Hicacos. Por entre estos y aquellos tiene un canal navegable, nombrado hoy el canal viejo, cuyo principio conoci Coln en su primer viaje, y por l 57.Sguese principalmente a Herrera en su descripcin, cap. 6o, y en la dc. la, lib. 9o, cap. 4o, en que une lo que se pas en este y los siguientes: y a Moreri, Diccionario histrico & palabra Cuba.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 52\ 52\ 52\ 52\ 52\ boje Ocampo esta parte de la Isla, y por entre dichos cayos e isletas de fuera y las costas de Florida, tiene otro ms amplio y navegable, denominado el Canal de Bahama. No dio el Almirante nombre a estos cayos ms adyacentes por no haberlos reconocido todos, pero despus los llam Velzquez el Jardn del Rey. El resto del Norte es ms limpio de estos padrastos, principalmente desde dicha punta de Hicacos hacia el Oeste y cabo de San Antonio. III. Por la del Sur corre franca toda la costa inmediata hasta el cabo de Cruz. Anchando siempre la Isla desde Mais hasta dicho cabo, se angosta desde l como la mitad, retrocediendo la tierra o introducindosele el mar, de suerte que forma aquel territorio como una aleta que es la que se llama cabo de Cruz; y todo el vaco o seno que abriga dicha punta, y corre hasta cerca de Jagua, se halla ocupado de las isletas y cayos que reconoci Coln en el segundo viaje y nombr Jardn de la Reina pero por fuera de ellos, es libre el mar con slo tal cual cayo. El frente de Jagua es tambin limpio, mas a corta distancia de ella vuelven a ocupar las costas varios cayos que siguen hasta el principio de cabo Corrientes: sirviendo de abrigo a estos la Isla de Pinos, ltima situada al mar y trmino de la segunda navegacin del Almirante, donde (como se ha dicho) se provey de lea. Desde ella hasta el cabo de San Antonio, es libre de otro peligro que el bajo de Sancho Pardo. IV. Consecuente a las causas expuestas y vientos reinantes, se notan los dos movimientos perceptibles del mar, que son corriente y flujo. En todas las islas de Barlovento se observan las corrientes bastante sentibles, pero mucho ms en la de Cuba, por la estrechura en que pone su situacin a ambos mares. Por entre ella y Jamaica58 es la corriente al Oeste: desde cabo de Cruz corre al Nordeste, y sobre los Caimanes al Norte y Nordeste a buscar los canalizos de los Jardines, por la Isla de Pinos salen para el Sudoeste hasta montar cabo Corrientes, desde el cual van las aguas al Oes-Noroeste y al Noroeste, por la costa del Norte siguen de Mais al Noroeste, por el canal viejo al Oes-Noroeste con lentitud, y de punta de Hicacos hacia el Norte y Nordeste a buscar los otros canales. Desde Cabaas corre al Este y Es-Nordeste, a veces violenta a buscar dichos canales, mas desde dicho Cabaas hacia la parte del Oeste, estando sobre la costa, hace rebeza y tira para el Sudeste a buscar los canalizos de los bajos de Santa Isabel. Esto es lo ordinario; aunque con Nortes, brisas o Estes y vendavales, corren segn los anales e impulso de los vientos. El flujo y reflujo es ms sensible en sus costas en los novilunios y plenilunios59 y principalmente en marzo y septiembre. 58.Don Pedro Manuel Cedillo en su tratado de Cosmografa, lib. 1o, cap. 5o, de las corrientes del mar, y Antonio Herrera al cap. 12, lib. 9o, dc. la, los ponen con ms extensin. 59.El citado Cedillo ubi supra, relacin del flujo y reflujo y Herrera ibd.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /53 /53 /53 /53 /53 V. Con la propia causa de hallarse tan ocupadas y sondables sus costas y hacer remanso en ellas el mar, son asistidas generalmente de mucha y buena pesca. Abunda en tortugas tan grandes que rinden hasta un quintal de carne y manteca, aquella muy parecida a la de vaca y carnero, y esta semejante a enjundia de gallina. Es de buen gusto y no slo sana, sino medicinal para sarna, lepra y otras dolencias de su especie. Tiene muchas y hermosas lisas particularmente en la costa de Jamaica, como las vio Ocampo; pargos delicados; meros copiosos; sierras, robalos, agujetas, mojarras y otros semejantes. Cra entre estos hacia la costa del Sur el pez nombrado manat su figura es como un ternero sin pies, que debajo de unas aletas tiene sus pechos, con que cra a leche sus hijuelos; los pare en la costa y los ensea despus a nadar: cmese su carne hecha cecina y tiene la similitud y gusto de la de cerdo o marranos, siendo tan grandes que uno rinde por lo comn tres quintales o ms de carne. Finalmente es tanta la variedad de sus peces que necesita toda la prolijidad de un Dioscrides indiano para poderlos individuar. VI. Goza en las repetidas costas de muchos y hermosos puertos y bahas, entre los cuales corren algunos por los mejores del mundo, hasta decir nuestro Herrera que son ms cerrados y seguros que si los hubieran hecho a mano. Numera en esta clase por la costa del Sur, al de Guantnamo de grandsima extensin. Al de Santiago de Cuba, que es en forma de una cruz. El de Jagua (que clausula) no debe tener otro tal el mundo, porque entrando las naos por una angostura que cruza un tiro de ballesta, se introducen en su anchura como de diez leguas de agua con tres isletas, que a una o dos de ellas pueden atarse en estacas, sin temor de movimento por su capacidad y resguardo de las serranas que le circulan, al Norte tiene el de Carenas y La Habana a quien pocos igualan, el de Matanzas no muy seguro ni guardado, el del Puerto del Prncipe que hoy llaman Nuevitas; y Baracoa llamado el Ro de los Mares, a estos deben agregarse el Mariel y Baha-Honda, al poniente de La Habana, la baha de Nipe al Norte en jurisdiccin de Puerto del Prncipe, cuyas circunstancias no especificamos por seguir el espritu con que las silenci nuestro Gobernador Orejn60 de no excitar curiosidades extranjeras; aunque conozcamos que en estos tiempos son ms notorias a los extraos que a los propios. VII. Derraman tambin en dichas costas muchos y copiosos ros, y aunque slo hace memoria nuestro Herrera61 de los de Cauto en la provincia de Bayamo y de los Mares, que hace puerto en Baracoa, son igualmente memorables otros que baan sus costas. En las del Norte se encuentran dos de Sagua, la Grande y la Chica, que derraman cerca de la villa de San Juan de los Remedios, los de Matanzas que entran en su baha, el de la 60. Orejn Gastn, Excelencia del arte militar, cap. 43, foja 12. 61. Herrera, dc. la, folio 232, columna 2a, y folio 272, columna 2a.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 54\ 54\ 54\ 54\ 54\ Chorrera, dos leguas al poniente de La Habana, el de Maninani que aumenta las aguas de Baha-Honda, y el de Guadiana en la provincia de Aniguanica, por el cual hoy se conducen los tabacos de Cuyaguateje. Y en las del Sur numera el de Zaza, que sirve de Puerto a Sancti Spritus, los de Manat y Guarabo en jurisdiccin de Trinidad, los Yumur y Arimao en la provincia de Jagua, hermoseando minas de oro las mrgenes de este, segn se dir las hall Diego Velzquez. El Aguijonal cuya boca forma un puerto nombrado el Gato, y el de Cuyaguateje que derrama en la meorable baha de Corts. Todos estos son navegables por barcos menores y algunos por balandras y bergantines muchas leguas adentro de su boca, y sus brazos fertilizan el terreno de la Isla, adems de otros muchos de menor nombre que igualmente lo riegan y fecundan. VIII. En estos ros y en los lagos y cinagas de la costa, abunda la pesca de agua dulce con hermosas guabinas delicadas anguilas grandes camarones, bellas viajacas y manjuares y otros muchos peces de esta clase. Los galpagos de ellos nombrados jicoteas son muy gruesos y de agradable gusto, y abundan tanto en algunos, que ofrecen diario alimento a los comarcanos. Cranse tambin caimanes y cocodrilos, especie de lagartos que suelen hacer dao a las gentes matndola y comindola, pero es necesario que preceda mucho descuido, porque los primeros son de pesado movimiento y los segundos tmidos a la voz entera del hombre. Abunda finalmente sus costas en fecundas y delicadas salinas, que no slo proveen abundamentemente a la Isla, sino que socorren a Mjico y a otros puntos faltos de ella. Es su sal de mejor calidad y grano que la de Yucatn y dems del seno Mejicano, pero entre todas se particulariza la que dan las salinas de Guantnamo al Sur, que proveen la parte oriental de la Isla y la de punta de Hicacos al Norte, veinte y cuatro leguas del puerto de La Habana, que surte lo occidental de ella. Nada le falta por naturaleza para vivir segn ella, y todo se lo provey su autor con abundancia y superior calidad.Captulo IX Contina la descripcin de la isla de Cuba por lo respectivo a su longitud, latitud y terreno, fertilidad, montes, frutos aves y animalesI. El territorio de la Isla se estima en doscientas treinta leguas de longitud que corren de Oriente a Poniente, segn Antonio Herrera62 en 62. Herrera, dc. la, lib. 2o, cap. 3o.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /55 /55 /55 /55 /55 doscientas cincuenta segn el cmputo del Maestro Gil Gonzlez63 y en trescientas por el seor don Juan de Solrzano.64 Su mayor latitud es de cuarenta y cinco, desde cabo de Cruz a Punta de Mais, angostndose despus todo lo occidental hasta estrecharse a doce leguas. Y aunque el repetido Herrera quiere slo que tenga aquella longitud por tierra porque por mar y agua no las hay, es cierto que por tierra tiene ms, porque la experiencia y agrimensura numera ochenta del cabo de San Antonio a La Habana; de esta a Santiago de Cuba doscientas veinte, y de Santiago a la Punta de Mais sesenta. Sin que obste otra dimensin por los grados que ocupa desde el cabo Oriental al Occidental, porque no siendo su figura recta, es necesario aumente la terrestre a la directa de grados. Sin embargo, conocemos que por la falta de direccin de caminos porque se hace la mensura terrestre aumenta mucho y creemos que con ella pueda tener poco ms de trescientas leguas que le asigna Solrzano de cabo a cabo; computndosele setecientas de circunferencia. II. Su terreno desde Mais por el Norte es spero de serranas, que quebrando en una corta llanura, en que se pobl Baracoa, siguen como diez leguas despus de esta. Al Sur tiene otra llanura algo mayor en que se pobl Santiago de Cuba, pero remontando en nuevas serranas por ella, corren hasta la costa del Bayamo. Desde este siguen tierras bajas o llanuras que llamaban los indios sabanas; y aunque todo lo dems de la Isla es llano (menos algo de la costa del Sur en las inmediaciones de Trinidad) se observa la diferencia de que en dicho terreno de Bayamo, parte del Prncipe y lo ms desde La Habana hasta cabo de San Antonio, es limpio y sin rboles y lo menos montuoso, y al contrario en el resto de la Isla. III. Algunos autores a quienes sigui nuestro don Juan de Solrzano65han padecido el engao de afirmar que en esta isla de Cuba hay un valle que llaman de Bolas, de ms de doce mil pasos de largo, todo lleno de piedras guijarreas redondas de diferentes tamaos, tan perfectas como si se hubiesen torneado, y que han llevado algunas a Sevilla para balas de artillera. Dije que han padecido engao, porque en la Isla no hay tal valle, pero pudieron equivocarse creyendo en ella el que hay en Nueva Espaa. Refiere nuestro Ribadeneira66 que en el camino del viejo Mjico para el nuevo, saliendo del Presidio del paso del Norte al Nuevo Mjico, en la forma de treinta leguas de distancia, que llaman la del Muerto, hay en la mediana un grande cerro nombrado el de las Balas, de piedras de todos calibres fabricadas por la Naturaleza, desde el perdign hasta el tamao del can 63. Maestro Gil Gonzlez, Theatro Ecles. cap. lo, pg. 273; y Moreri en dicha palabra. 64. Solrzano, lib. 1o, cap. 6o, nm. 12, de Jure Indiarum. 65. Solrzano, Poltica, t. 1o, cap. 4o, nm. 10. 66. Ribadeneira, en su Pasatiempo, t. 2o, canto 5o, poca 5a, nota B.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 56\ 56\ 56\ 56\ 56\ de a veinte y cuatro, treinta y treinta y seis y ms; tan perfectamente esfridas, como si se hubiesen vaciado en turquesa, de que llev algunas a Espaa. Y como lo ms que se conduce de Nueva Espaa a Castilla, pasa con escala en La Habana o Cuba, pudo nacer de aqu la equivocacin de asentarlas llevadas de Cuba, como oriundas en su Isla. IV. El temperamento de esta es clido por la expuesta situacin; pero lo suaviza la abundancia de aguas con que es refrigerado casi todo el ao. Porque en el invierno las atraen los nortes y vendavales, que propiamente le constituyen, donde no se conoce otras nieves ni hielos que su delgado aire. Cuando cesan estas en la primavera, siguen con corta interrupcin las aguas de ella, que abundando en el esto, dan mezclados sus vestigios en el otoo, con la repeticin de los nortes. Por esta causa forma un temperamento templado entre el hmedo y clido, que se ha reputado siempre por benigno y ms suave que los circunvecinos, pero si se le retardan en alguna estacin las lluvias, pica en epidemias daosas a la salud, que hacen por lo comn poco robustos sus habitantes. De esta causa experimenta dos efectivas primaveras en el curso del ao; la una mediada, la que anlogamente se conoce por tal y comienza desde fines de abril hasta mediados de junio, segn se adelantan o atrasan las lluvias, y la otra en otoo conforme se reconocen los nortes, por octubre o noviembre. En cada una de ellas se renuevan los campos de todo lo que han perdido a los fines de la anterior. V. Sus efectos no slo rinden fausto y hermosura a Flora, mas tambin tributan sazonados frutos a Pomona, dando dos cosechas al ao como los campos67 regados del Indo. Distnguense por la denominacin de aguas y de fros, bien que la primavera es ms abundante como ms natural. Los indios slo cultivaban en ellas el maz y la yuca de cuya raz hacan el casabe68 y los espaoles han continuado este cultivo por necesario donde no se coge trigo. Es la yuca una planta que en los primeros aos produce algunas races gruesas que prendiendo de las principales comunes, se conservan blandas y jugosas (como el gengibre y muriack holands, aunque sin picante) y se llaman tambin yucas a distincin de las otras races duras y delgadas. Ryanse en levizas o rayos de hoja de lata, y aquel aserrn que produce se prensa, hasta que soltando el jugo, queda con slo la humedad necesaria a unirse. Este se cuece al fuego sobre burenes, en forma superficial y redonda, compuesta de dos telas unidas con que forman una torta de casabe como de tres cuartas de dimetro, cuyo alimento aunque algo pajoso, suple la falta de pan, sin desagrado, especialmente con salado y dulce. De las partculas ms finas que como harina forman asiento en el agua, sale sin otro beneficio el almidn con que se une como con cola y blanquea y da cuerpo a la ropa de hilo lavada. Los indios hacan de esta 67. Refirelo el autor annimo, al libro Piratas de Amrica. 68. Trata del casabe Antonio Herrera en la descripcin, f. 6 y en la dc. la, fs. 260 y 234.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /57 /57 /57 /57 /57 agua una bebida que llamaban veycos,69 pero no se ha conservado su uso en Cuba. No entendiendo que se haya continuado otro cultivo de los indios: mas los espaoles lo han hecho de la caa dulce (que trajeron de Europa a la isla Espaola un Atienzo y70 Bachiller Beloza y pasaron desde luego a Cuba), y de todos los dems granos propios de pases clidos que rinden en abundancia. No se coga ni coge en ella trigo ni vino, atribuyendo Herrera71a su mucha fertilidad el no granar aquel ni madurar prvidamente la uva. VI. De esta misma temperie y de la multitud de ros menores, arroyos y lagos que fecundan las lluvias, nace perpetua frondosidad y opulencia de sus campos siempre verdes y hermosos. Se visten con tan honesto recato y orden, que nunca dejan verse desnudos. Los cedros crecen y se multiplican como en el Lbano, y siendo tan robustos que cada uno pretende ser hablante del cielo, no corre tan ejecutoriada su presuncin que dejen de disputarla con justicia otros robustos gigantes de los montes, como el sabic, la caoba el chicharrn el pino el roble y otros semejantes, que con el desmesurado tronco, elevada cabeza y espesas ramas, forman cada uno por s solo un frondoso bosque. Es cierto que el cedro por la cuantidad, nobleza y duracin de su madera, aplicable para todo con utilidad y hermosura, lleva el principado en la Isla, pero no por eso faltan muy superiores lugares al lustre de la caoba a la negrura del bano, a la resistencia del sabic chicharrn y quiebrahacha, ni a la utilidad con que el pino rinde la brea y alquitrn de tan ventajosos servicios. VII. Adems de estos, tiene muchos rboles medicinales, como el Guaguas, cuya resina es purgante anti-glica la que llama Moreri Caninga y Curbana cuya corteza se asemeja a la canela: el Ocuge de que tambin se saca resina para las fracciones corpreas: el mate (bejuco) que conspira tambin a unir dichas roturas, la Gira, divina para deshacer coagulaciones de golpes, la Caa-fstola y otras muchas plantas y yerbas saludables en que es particularsimo el Frailecillo para facilitar la fecundacin de las estriles. Los frutales silvestres son tambin sin nmero. Celebra dignamente nuestro Herrera la Jagua, cuya fruta hace smil a la pera: pero aunque lo sea en el tamao y algo del gusto, debemos advertir que no es de carne slida, como aquella, si no con especie de gajos y algo ms aguada. Tambin hace mencin de las Parras silvestres, y que por ellas solan decir los espaoles que haban visto vias que duraban 230 leguas. Son adems de estos el Mamoncillo cuyo rbol iguala al ciprs en hermosura rindiendo fruta gustosa: la palma cuya especie Manaca da un 69. Ibdem. 70. Herrera, en la Descripcin de las Indias. Cap. 6o. 71. Herrera, ubi supra. Cap. 4o y el fin. Pero en algunos lugares se coge trigo como diremos.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 58\ 58\ 58\ 58\ 58\ fruto abotijado, del porte de dtiles grandes, es dulce, y muy maduro produce un vinagre fuerte: otros pudiramos numerar de los que acostumbran comerse, pero los frutales que no gastamos por falta de uso y con que se alimentan los cerdos y dems animales como la bellota, la majagua, la guasina, el cuajan el jobo, y otros smiles, son sin nmero. VIII. Sus frutas de cultivo son las comunes de tierras calientes. El mamey colorado, otro mamey amarillo mayor que el melocotn y de diversa cscara, pepita y olor pero semejante en la carne de suavsimo gusto; naranjas, limas, limones, con abundancia; mamones y anones como los de Nicaragua, cuya carne asimila Herrera72 al manjar blanco73 y chirimollas que son injertos de estos dos y de ventajoso gusto. Aguacates mejores y mayores que los de Tabasco, pues estos fon como grandes peras verdeales y de carne aguanosa, y los de Cuba equivalen a tres o cuatro peras y de comida ms slida y gustosa. Papayas dulces, frescas y grandes, cuyos rboles desmienten la fbula de no parir el hembra sin la inmediacin del macho. El pltano, comn y ventajoso alimento de labradores, que verde se asa o cuece y sirve de pan, maduro de fruta y pasado de dulce. El coco, que da de comer y beber en una pieza, dejando un vaso de fuerte duracin y color de bano. Y omitiendo otras de que hace mencin el cronista Oviedo. La pia llamada analgicamente de Cuba, que no tiene semejante en cuerpo, olor y gusto, coronada por el autor de la naturaleza para reina de todas. Creemos que algunas frutas de estas y otras de las que abunda, hayan sido posteriormente tradas por los espaoles, aunque no lo hallamos recomendado como la caa pero muchas de ellas por su extensin y calidad, indican ser originadas del pas, como la pia,74 que nos confirma ser provincial y no trada, la noticia del Padre Acosta, sobre “haberse presentado al seor Emperador Carlos V como tal.” Es finalmente tan abundante y frtil de yerbas y pasto para los animales, que iguala en la fecundidad de sus crianzas lanar, vacuno, caballar y de cerdas, a la que celebran la historia del Nilo75 en sus vecinos prados, pues paren y cran algunos dos veces al ao. IX. Abunda igualmente Cuba de aves, como palomas, trtolas, torcazas, patos de varias especies, perdices y grullas, los flamencos que de nacimiento se hacen encarnados (y se dice no haberlos en las otras tierras) son como grullas, pero de pico grueso y corvo : cotorras, guacamayos, papagallos, cuya comida y modo de cogerlos recomienda nuestro Herrera: el alcatraz que come y digiere el hierro hallndosele gusanos en el buche; 72. Herrera.-Dec. 4, f. 161, cap. 10: que son como manjar blanco. 73. Dulce que se prepara en el pas con harina de arroz, leche, azcar, ambar y algunas le ponen pechuga de pavo asado, finamente pulverizada. 74. Padre Acosta. Historia natural de Indias. Lib. 4o, pg. 44. 75. Aris. Lib. 7o, Historia natural. Cap. 4o.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /59 /59 /59 /59 /59 el faisn conocido hoy por este nombre, por su similidad y que los indios llamaban bambiayas y hace azafranado el caldo y de mucho gusto, yaguasas, muy semejantes a las garzas pero de mejor sabor. Hay pjaros de dulce canto como el sinsonte o Cent son, zorzal, ruiseor, mariposas, azulejos, negritos, chambergos, turpiales, otros que faltos de msica con que divertir el odo, abundan en colores que alegran la vista, en cuya clase es recomendable el nombrado tocororo que pintado a espacios de colorado, azul, amarillo y blanco, los conserva tan encendidos que no pueden mejorarse y apenas igualarse. X. En la lnea de animales se ha dicho que Xerez y Torres no vieron cuadrpedos cuando desde el ro de Baracoa internaron la Isla en su primera inspeccin por el Almirante y lo mismo se observ despus, exceptuando slo los perrillos mudos y dos pequeas especies que coman. La primera consista en unos animalejos del tamao de perrillos de falda, a quienes llamaban los naturales Guaniquinajes, que mataban por los pies y a palos y tenian muy fabrosa carne. No puede hoy darse noticia ms individual de ellos que esta que trae Herrera, porque el mismo asienta que con los cerdos o puercos de Castilla se acabaron todos, y con efecto no hallamos otra razn de ellos en la Isla. La segunda son las hutas, especie de ratn silvestre que siendo de algn cuerpo se alimenta con yerbas y frutas, da gustosa carne, consrvase en abundancia y se come. Las iguanas y culebras, que tambin dicen se coman, hoy no se usan, a excepcin de la nombrada maj cuya carne, seca y hecha polvo, se toma como el de la vbora, para dulcificar la sangre, hay otras varias culebras, pero ninguna venenosa, ni otro animal que por l d muerte al hombre. Los insectos abundan, como en clima hmedo y clido, siendo particularsimo el cocuyo, los hay tan grandes como de dos pulgadas de largo y ms de media de grueso. No dan luz por la boca como falsamente informa el autor de la Ciencia de Corte, sino por los ojos y por una abertura como ombligo que tienen en la barriga y abren al volar, pero es tanta que se lee perfectamente con ella.Captulo X De las calidades de los habitantes de Cuba, origen de su poblacin, provincias en que estaba dividida, religin, gobierno y costumbresI. La gente que se hall poblada en esta Isla y la de la Espaola, Puerto Rico y Lucayas, se tiene toda por una, a causa de haberse hallado entre ellas la tradicin, de que estas islas y cayos fueron todos un continente que

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 60\ 60\ 60\ 60\ 60\ dividieron los terremotos o inundaciones76 de que no est muy distante nuestro Solrzano77 y por sus pobladores se asienta haber venido de la Florida78 y que de Cuba se trasmiti esta misma gente a Yucatn79 impelida de los tiempos cuando pescaban en sus canoas. Tenemos por verosmil aquel origen, porque con la navegacin que usaban, les era fcil atravesar de Florida a Cuba por los muchos cayos que intermedian y corta distancia de una a otra, lo que hace admisible haberla recibido ms bien de esta provincia que de otra. II. Tambin hall en la bondad y condiciones de los naturales de Cuba una semejanza con los de Lucayas y Florida, que por todas reglas de buena crtica persuaden su dependencia. El baile, costumbres y gobierno, era muy semejante pero no aprendido, y la paz y divisin de provincias, en que cada Cacique mandaba sin subordinacin a Emperador o Ynca, muy igual. Corra nuestra Isla (a lo que hemos podido entender) dividida en varias provincias o partidos de que menciona Moreri80 algunos.81 La ms oriental llamada hoy Mais, Bayatiquir ; segua la de Baracoa que conserva el mismo nombre; continuaba la de Macaca mandada por el Cacique Comendador y despus de esta la del Bayamo con quien colindaba por lo interior, la del Camagey llamada hoy Puerto Prncipe. Pero segn los pasos de Alonso de Ojeda, que hemos referido, creemos, que entre las del Bayamo y Camaguey, se situaba hacia la costa del Sur la de Cueyb en que dej la imagen de Nuestra Seora. A esta segua por dicha costa la de Sagua, y por lo interior la de Caonao hoy Sancti Spritus: la de La Habana que comprenda a Matanzas y en fin la de Haniguanica o Guaniguanico que corra hasta el Cabo de San Antonio siendo las ms dilatadas, y en que era regular se comprendiesen algunas menores. A estas han de agregarse como adyacentes la de Isla de Pinos, que hall poblada el Almirante y la de Carahate situada en Cayo Conuco frente a la villa de San Juan de los Remedios. III. Tenan sus pueblos en que hacan vida tan sociable, que siendo cada casa capaz de todo un linaje, habitaban sus indgenas en ella sin discordia. 76.El Padre Fray Gregorio Garca, en su Origen de los indios. Libro 4o, cap. 9o. 77.Solrzano, de Jure Ind. Lib. 1o, cap. 4o, nm. 16 y siguientes. Neque mirum videri debet quod ingenti terr motu, &c. maris alluvione Atlanticam illam insulam absorptam, &c. sub vasto gurgite mer am commemorat Plato. Cun † id frequentissimum fuisse legamus, &c. divino judicio ita disponente, maria, suis sedibus migrantia vastissimas insulas &c. longos terr tractus ocupasse. 78.Herrera. Dc. la, lib. 9o, cap. 4o. y Card. Z. Cano, introduccin a su Ensayo de Florida. 79.El Padre Garca, ibd. 80.Moreri en su Diccionario. Verb. Cuba. 81.Puede consultarse con fruto el mapa antiguo publicado por el seor don Jos Ma de la Torre.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /61 /61 /61 /61 /61 Fabricaban las habitaciones a dos aguas y las cubran de paja, forma de arquitectura que no slo se conserva en los campos sino en los pueblos y aun tiene races en las ciudades. Es muy proveda la Isla de esta paja que suministran la hoja o penca de diversas especies de palmas con los especficos de real, manaca, cana barrigona, miraguano, etc., como estas hojas o pencas se subdividen en muchas partes por una vena del centro, atadas por ellas con orden sucesivo que alcanzando unas a otras vaya cubriendo la superior a la inferior, forma una cubierta redoblada hasta el grueso de dos cuartas o tercias de vara castellana, a quien no slo no penetra el agua en muchos aos, pero ni traspasa el calor del Sol. Por esta causa son de ms fresco ambiente las habitaciones de paja que las de teja, en que se evaporiza por el interior el calor que recibe el exterior, y slo la menor combustibilidad y mayor decencia puede hacer preferible en pas clido la teja a la paja. IV. Con este orden de habitaciones formaban sus pueblos, algunos cortos, como de cinco a seis casas, otros de cincuenta, con mil habitantes, como los que vieron Xerez y Torres y muchos haba de doscientas y trescientas casas, en que por progresin geomtrica podremos inferir que consistiran de dos a tres mil personas. No tenan en sus habilitaciones menaje ni otros trastos, que los mismos que traan para comer; sus camas eran hamacas de un pao de algodn, que atado por los extremos colgaban de las maderas de las casas, sentbanse de cuclillas en tierra, y slo en la casa de algunos Caciques, haba asientos para estos, siendo de la anchura que expusieron Torres y Xerez. V. Gobernbanse por dichos Caciques de cuya polica, rgimen, leyes y costumbres no se escribe con individualidad, asentando slo que deban de regir al albedro de su Seor, siendo su voluntad manifiesta la nica ley de sus vasallos. Usaban de potestad domnica en estos y en sus hijos, pero no acostumbraban esclavizar los prisioneros de guerra, ni sacrificarlos a sus dioses, mantenindolos en paz y justicia; ni usaban el pecado nefando, ni otro que arrostrase a la naturaleza. VI. Corren acreditados los indios de Cuba, de gente buena, mansa y bien acondicionada, de cuya calidad dan pruebas los recibimientos y hospedaje que hicieron a los espaoles. Particularizbanse tambin en el canto y baile, no por acostumbrarlo de diversa especie que en las dems islas, sino por la mayor delicadeza, suavidad y comps con que lo hacan. Andaban desnudos como los dems de ellas. Pero cubran por recato las partes verecundas con unos paetes que tejan de algodn. VII. Conservaban algunos principios de verdadera religin aunque viciada en supersticiones. Ya se ha visto por la exhortacin que hizo el cacique anciano al Almirante82 cuando asisti a la primera misa, que crean en la inmortalidad del alma, y que en la vida eterna se premian o castigan las 82. Que dijimos en el cap. 4, nm. 9 de este libro.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 62\ 62\ 62\ 62\ 62\ buenas o malas obras temporales por un Dios remunerador: confesaban la creacin del cielo y la tierra, y por consiguiente de uno y otra un Creador, primera causa de las causas; culpando desde la rusticidad de sus selvas, la insipiencia de Aristteles y de aquellos estultos atestas, que en medio de las ciudades le creyeron eterno o fortuitamente formado del concurso de tomos eternales. VIII. Tambin daban los ancianos razn del diluvio universal, diciendo que por tres personas que haban venido de diversas partes, recibieron en tradici6n la de haberse perdido el mundo con mucha agua. Explicaban con bastante claridad que un viejo, sabiendo que haba de venir el diluvio, hio una gran nao y fe meti en ella con fu cafa i muchos animales: i que envi un cuervo i no volvi, por comer de los cuerpos muertos, i defpues envi una paloma, la qual volvi cantando y traxo una rama con hoxa que pareca de hobo, pero que no era hobo : siendo esta cuanta similitud podan dar a la oliva, por no haberla en la Isla y guardar alguna entre s, las hojas de uno y otro rbol. IX. Continuando sus noticias a la salida de No del arca, acabado el diluvio, decan, que este anciano de la nao, luego que sali a tierra, hio vino de las parras monteses i fe embriag: que tena dos hijos, de los cuales uno burl la embriaguez del padre, dicindole al otro: echmonos con l ; pero que este le cubri y reprendi a aquel: que el padre defpues de dormido el vino y sabiendo lo ocurrido, maldijo al primero y llen de bendiciones al segundo, aadiendo, que del primero procedan los indios de estas tierras y por esta causa no vestan saios ni capa y del segundo los espaoles, con cuyo motivo andaban veftidos y caballo ; con esta segunda inteligencia se salva una equvoca que puede tener la primera a haber habido noticia del diluvio por tres personas que vinieron de diversas tierras, mediante a que aunque de primer sonido parezca que no comprendi a estos el diluvio universal, existiendo ya estos reinos, y que as traeran origen antidiluviano, pero confesando que descienden del segundo padre universal No, queda claro que la venida de los que dieron y recibieron la noticia, fue posterior a esta inundacin del Universo. X. Estas noticias, verdaderamente particulares, (y que por muy especial la del origen de los indios no hallada en otra parte) recomienda el Padre Garca se comprendieron ms claramente por un indio senectudinario a quien llam Perro el espaol Gabriel de Cabrera.—Al orse injuriar con aquella expresin, le dice y reconviene:—Por qu me ries y llamas Perro cuando todos somos hermanos: vosotros no procedis de un hijo de aquel que hizo la nao grande para falvarfe del agua, i nofotros del otro?83 ¡Qu pregunta de tanto nervio para confesin de la hereja adamtica y dems que desbarraron igualmente, sobre mejores luces, contra principios de fe! 83. Refirelo Antonio Herrera. Dc. la, lib. 9.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /63 /63 /63 /63 /63 Cabrera, en fin, suavizado a la fuerza interior de la reconvencin, inquiri con ms individualidad del propio indio, lo que entenda en el particular, y hallando penetradas las noticias expuestas, hizo que lo repitiese delante de muchos castellanos. Oyronle estos con admiracin y confesaron la providencia de Dios, que ilumina a todo hombre viviente sobre la tierra,84 aunque exista en las ms incgnitas islas de ella, para que se conozca y haga evidente que no puede caber ignorancia positiva e invencible de su existencia; atributo de remuneracin, por lo que nuestra perdicin o felicidad depende nicamente de nuestra cooperacin. XI. Sin embargo de esta instruccin, no se hall que los naturales de Cuba profesaran religin alguna, ni porque no acostumbraban tener templos, ni dolos, ni usaban sacrificios: tenan unos sacerdotes mdicos o hechiceros, a quienes llamaban Behiques los cuales sembraban en el comn muchas supersticiones, agoreras y ramos de idolatra. Creyse que hablaban con el demonio, porque le declaraban sus dudas y daban respuesta de lo que se les inquira; preparbanse para hacerse dignos de aquella infernal visin, ayunando tres o cuatro meses, con el solo alimento de zumo de yerbas, y cuando se vean flaqusimos, estaban en aptitud de aparecrseles la infernal bestia. En su conferencia entendan si seguiran buenos o malos tiempos en enfermedades o salud: si naceran o no hijos: si moriran o no los nacidos y otras iguales inquisiciones, limitndose a esto sus orculos y vaticinios. Los mismos Behiques hacan el oficio de mdicos, curando con soplos y otros actos exteriores supersticiosos, a que acompaaban palabras que por no pasar de los dientes se hacan misteriosas. XII. Sus alimentos se limitaban a la pesca que hacan en las costas de Cuba y cayos adyacentes, con la abundancia que dejamos recomendado: a los guaniquinages, jutas e iguanas que cazaban en tierra y a igual abundante caza de aves. Gastaban por pan el maz y yuca que cultivaban en la cantidad necesaria para mantenerse todo el ao, por la seguridad con que esperaban la sucesiva cosecha; pero aunque de esto se quiera inferir su desidia y flojedad, no hallamos fundada la hilacin, porque manifestando la experiencia que por la temperie del pas se daa todo grano pasado todo el ao, pudo este conocimiento limitar su afn a slo el del consumo, pues no haba comercio que extrajese, ni otro motivo para multiplicar el trabajo. Y finalmente, se alimentaban con las frutas silvestres que hemos dicho ministra la Isla y cuya abundancia es demasiadamente franca para unos individuos que vivan slo a la naturaleza. 84. Joan II, illuminat omnem hominen venintem in hunc mundum.

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LIBRO SEGUNDO LIBRO SEGUNDO LIBRO SEGUNDO LIBRO SEGUNDO LIBRO SEGUNDO COMPRENDE LA P COMPRENDE LA P COMPRENDE LA P COMPRENDE LA P COMPRENDE LA P ACIFIC ACIFIC ACIFIC ACIFIC ACIFIC ACI"N Y POBLACI"N ACI"N Y POBLACI"N ACI"N Y POBLACI"N ACI"N Y POBLACI"N ACI"N Y POBLACI"N DE LA ISLA DE CUBA, DURANTE EL GOBIERNO DE LA ISLA DE CUBA, DURANTE EL GOBIERNO DE LA ISLA DE CUBA, DURANTE EL GOBIERNO DE LA ISLA DE CUBA, DURANTE EL GOBIERNO DE LA ISLA DE CUBA, DURANTE EL GOBIERNO DE DIEGO VELZQUEZ DESDE 1511 HAST DE DIEGO VELZQUEZ DESDE 1511 HAST DE DIEGO VELZQUEZ DESDE 1511 HAST DE DIEGO VELZQUEZ DESDE 1511 HAST DE DIEGO VELZQUEZ DESDE 1511 HAST A 1525 A 1525 A 1525 A 1525 A 1525Captulo I Pasa Diego Velzquez (cuyo mrito y calidad se expresan) a pacificar y poblar a Cuba: toma puerto en el de Palmas, vence y castiga al Cacique Hatuey, y se pacifica la provincia de MaisI. Adelantados los descubrimientos y pacificaciones en las Indias y ejecutoriados por la justificacin del Consejo, los derechos en que sucedi el segundo Almirante don Diego Coln por muerte de don Cristbal su padre, le subrog S. M. en el gobierno de la isla Espaola en que habamos dejado a Nicols de Ovando. Dironseles sus despachos con la misma jurisdiccin y facultades que a los dos anteriores, y algunas prerrogativas y ampliaciones, que merecan su mayor carcter y los servicios del padre. Tom posesin de l: residenci a Ovando, continu las poblaciones, pasando varias personas a practicarlas en diversos lugares y corriendo ya el ao de 1511 hubo de caber en suerte la pacificacin de Cuba para la cual puso los ojos el Almirante, en Diego Velzquez. II. Era este natural de Cullar y uno de aquellos espaoles a quienes sus prendas lo haban distinguido particularmente entre los muchos que pasaron al Nuevo Mundo: las personales le hacan amable, y respetable por su gentil cuerpo y gallarda presencia, rostro blanco y agradable, pelo rubio y hermoso, era de condicin humana y alegre, aunque cuando importaba, saba autorizarse y hacer que lo respetasen. Haba venido1 a la isla Espaola con el primer Almirante desde su segundo viaje y haba sido criado del Adelantado Bartolom Coln. En todos tiempos se hizo estimable su servicio, mereciendo la primera aceptacin del Almirante y del Go1. Herrera, dc. 1a, lib. 6o, cap. 4o.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 66\ 66\ 66\ 66\ 66\ bernador Bobadilla, quienes le crearon uno de los primeros Capitanes de la isla Espaola. Ambanle mucho los espaoles por su fidelidad y mrito, y supo proceder con tanta prudencia, que continu disfrutando el mismo beneficio con la primera gracia del Comendador Nicols de Ovando, prueba evidente de su grande discrecin, porque nunca se requiere ms para sostenerse, que cuando transitan los mandos a manos de quienes quieran desautorizar a los pasados y mirar con desafecto las hechuras del anterior. III. Por este mrito y calidades2 les destin el Comendador Ovando, a la pacificacin de la provincia de Haniguayag, una de las que hicieron armas durante su gobierno en la isla Espaola: obstinse en la resistencia por algn tiempo, pero al cabo de l, vencida por la pericia y valor de los espaoles, con aprehensin de su Cacique, se dio de paz. En ella pobl Velzquez cuatro villas, una que nombr de Salvatierra de la Sabana, en la misma costa del Sur; otra llamada Yaquimo, por nombrarse as aquella provincia entre los indios, con una fortaleza en el puerto de mar; otra treinta leguas, de Santo Domingo que titul San Juan de la Maguana, y la cuarta que llam Azua. De estas cuatro villas y una que se pobl en la misma tierra y llam de Verapaz, hizo el Comendador su Teniente a Velzquez, cuyo encargo desempe mientras dur el gobierno de Ovando. No consta, si conservaba esta Tenencia cuando fue destinado a la pacificacin de Cuba, pero se asienta3 que era el ms rico y eftimado entre los que habia de los antiguos de la Efpaola, querido del segundo Almirante, por su experiencia y acierto y amado de todos los caftellanos que habian observado su gobierno, y que tena toda su hacienda en Xaragua, costas fronterizas a Cuba. IV. Publicada la eleccin del capitn Diego Velzquez para su pacificacin y poblacin, se conmovieron muchos espaoles a seguirle, llevados unos del afecto que le tenan y otros de probar si con la mutacin del pas, lo hacan de fortuna. Unironse en la villa de Salvatierra, que como se ha dicho cae a costa frontera de Cuba. Aprontronse en su puerto cuatro navos para la conduccin de la gente, y habindose pasado revista a esta, se hallaron trescientos hombres hbiles y voluntarios. Contbase entre ellos el capitn Francisco de Morales, natural de Sevilla, sujeto de honor y respeto, a quien el Almirante mand servir bajo las rdenes de Velzquez, prohibiendo a este lo depusiese del empleo; Andrs Duero y Hernn Corts que iban encargados de la Secretara de gobierno, dndose el primer lugar a Duero, porque aunque Corts era ms hbil e instruido en algunos principios de estudios, an no gastaba el reposo y reserva que aquel, y que tanto se requiere en un Secretario. Torquemada vara slo en asentar4 que 2. Herrera, en dicha dc. 1a, lib. 6o, cap. 4o. 3. Herrera, dc. 1a, lib. 9o, cap. 3o y 8o. 4. Torquemada en su Monarqua Indiana, t. 1o, lib. 4o, cap. 2o.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /67 /67 /67 /67 /67 Corts pas a Cuba en esta ocasin como oficial del primer Tesorero Miguel de Pasamonte, el que lo hizo con Velzquez, encargado de cobrar los quintos del Rey. Previnironse de armas y bastimentos y estando todo a la vela, navegaron desde dicho puerto de Salvatierra de la Sabana, por el mes de noviembre de 1511, y en feliz viaje atravesaron brevemente aquel corto crucero de mar que hay hasta la punta de Mais. V. Arribaron los bajeles a un puerto que nombraban de Palmas o Palomas en dicha costa, y tomando tierra se comenz a meditar sobre oportuna situacin para su establecimiento. La mansedumbre y benignidad que haban manifestado en todos tiempos y ocasiones los naturales de Cuba, deba haber conceptuado en mucha seguridad a los europeos, pero la supervenencia a aquella provincia y costa de Mais del Cacique Hatuey, les ofreca alguna dificultad en su principio. Este Cacique, que como se ha dicho, se retir con su gente5 de la Espaola, e hizo echar en el ro el oro a que llamaban Dios de los espaoles y los esperaba en aquellas serranas de Mais, haba puesto a los cubeos en grande confianza de resistir la entrada de los extranjeros, y como corra l y su gente con estimacin de belicosos y haba tomado la situacin fronteriza al enemigo y ventajosa por sus malezas y serranas, era la expectacin y confianza de los de la Isla. VI. Por esto, luego que Velzquez desembarc su gente en el puerto de Palmas, comenz a inquietarle la de Hatuey, con aquella guerrilla que acostumbraron generalmente estos indios, sorprendidos en el mayor sosiego, tan luego que sentidos hallaban la resistencia de las armas, se retiraban a los bosques a donde no los podan perseguir los espaoles, as por la dificultad de entrar los caballos en ellos, como por la mayor destreza y agilidad que tenan de andar aun a pie por las espesuras. Dos meses se mantuvieron en esta especie de hostilidad, que aunque dbil para temida, poda ser grave para despreciada, y este mismo cuidado la haca penosa a los que deban vivir sobre sus sorpresas, y al mismo tiempo resistir las incomodidades de temperamento y terreno extrao y desprovisto. Al cabo de dicho tiempo, cesando en las insurgidas, se ocultaron enteramente en los montes, sin que se numeren muertos o heridos de una ni otra parte. VII. No pareci a Velzquez conveniente dejar aquella demostracin sin castigo por las perniciosas consecuencias que este principio podra traer a sus progresos, y con esta mira mand perseguirlos por los montes y en ellos aprehendan comnmente algunos indios, que conducidos a la presencia del Gobernador, eran repartidos por este, entre los mismos aprehensores, a efecto de que les sirviesen como prisioneros y no como esclavos. Hatuey se defendi por ms tiempo, ocultndose en lo interior de las serranas, desesperado de defensa contra las ventajosas armas de los 5. Herrera, dcadas, lib. 9o, cap. 4o, al fin.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 68\ 68\ 68\ 68\ 68\ castellanos, pero al fin fue aprisionado con harto trabajo y conducido a la presencia de Diego Velzquez y le mand quemar. VIII. Los autores extranjeros siempre mulos de nuestras glorias en el descubrimiento y pacificacin de estos Reinos, procuran desacreditarlas introduciendo falsas imposturas, en los hechos de sus pacificadores. Al que acabamos de referir, lo acriminan por el exceso de castigo y satirizan agregando una irrisin inverosmil. Dicen que6 estando Hatuey prximo a la hoguera, fue exhortado por un sacerdote cristiano, a que abrazase nuestra religin, anuncindole en premio la posesin del Cielo; que Hatuey le pregunt si haba espaoles en ese Cielo, y respondido que s, exclam: pues ni al Cielo quiero ir con los espaoles, porque el mejor de ellos no vale nada. Pero esta es una especie que ella misma se defiende por increble, dejndonos la gloria de ser envidiados y no envidiosos. IX. En cuanto a la pena, parecer que hubo exceso, si se considera a Hatuey simple enemigo, mas no si se mira, calificado rebelde y motor de los Cubeos. Estos esperaban el xito de su obstinacin para regular sus operaciones blicas o pacficas, y cauterizada con fuego la raz, se consiguieron aquellos efectos proficuos, por los cuales tienen algunos crticos y juristas, ser la mayor equidad el sumo grado de rigor, porque lo que sufre uno, temen y se evitan muchos. As los indios no slo de la parcial de Hatuey, mas tambin los naturales de Cuba, amedrentados de este castigo, no osaron en lo sucesivo, hacer la ms leve resistencia a los espaoles, antes al contrario, muchos ocurrieron voluntariamente a prestar la obediencia. Esta fue verdaderamente toda la guerra, que cost la pacificacin de Cuba, y como se ha visto, no ejecutada por sus naturales, sino por los de la Espaola acogidos a ella y extorsionados de los nuestros.Captulo II Vienen de Jamaica a Cuba treinta flecheros con su cabo Pnfilo Narvez a quien hace capitn Velzquez: puebla la villa de Baracoa y manda a Narvez a reconocer la Isla: es sorprendido de los bayameses, y se libra al ruido de una yegua con cascabelesI Desembarazado Velzquez de la inquietud que le causaba Hatuey, se hall con un refuerzo considerable de gente, que cuando menos esperado, se le hizo ms reconocido, porque corriendo a Jamaica la noticia de su venida a Cuba, desearon acompaarle algunos de los que haban seguido 6. El libro annimo que se apropia el Abad Raynal, t. 1o, cap. 40. Colonia de Cuba

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /69 /69 /69 /69 /69 hasta all al capitn Juan de Esquivel. Pnfilo Narvez, sujeto bien personado,7 corts, honrado y de buenas costumbres, aunque poco prevenido y no muy prudente, se hallaba entre estos, y gozando de alguna autoridad atrado del paisanaje con Velzquez por ser natural de su tierra de Cullar, hizo cabeza a los afectos, y uni hasta treinta hombres de los mejores flecheros de Jamaica. Pidieron licencia a Esquivel para pasar a Cuba en auxilio de Velzquez y habindola facilitado, se proporcion embarcacin en que pasaron a la costa de Mais. Fueron recibidos en ella con aquel agrado que mereca su inclinacin y socorro, y distingui Velzquez a Narvez, hacindolo su principal capitn y honrndole tanto, que ocupaba su segundo lugar en la estimacin comn. II. Pasronse del puerto de Palmas, a aquel ro que el Almirante llam de los Mares en su primer viaje, y desde el cual entraron Torres y Xerez al reconocimiento de la tierra. Aqu hacen las serranas de aquella costa del Norte, una llanura que fertiliza el ro y la cual en comparacin de aquel terreno era lo mejor, aunque lo peor en contraposicin del resto llano de la Isla, y con aquel motivo y la proporcin de su puerto e inmediacin de este puerto a la Espaola, trataron de situarse en l los espaoles. Llambase aquella provincia entre los indios Baracoa, y aunque los nuestros eligieron por titular de su nueva Villa a Nuestra Seora de la Asuncin8 qued y permanece con el distintivo de Baracoa. Dieron principio a la formacin de su pueblo, haciendo Velzquez repartimientos de indios para su trabajo y entrado ya el ao de 1512, siendo socorridos por los naturales de bastimentos que les contribuan abundante y voluntariamente, se comenzaron tambin a fomentar sementeras y crianzas. Es digno de memoria y honor a nuestros criadores y hacendados la de haber sido Hernn Corts (aquel hroe que se hizo asombroso en la conquista de Mjico) el primer hacendado que cri9 en Baracoa vacas, ovejas y yeguas, dando Velzquez encomienda de indios en Manicaras. III. Adelantada esta Villa y con algn acomodo ya sus vecinos, resolvi Velzquez se reconociese formalmente todo lo interior de la Isla, a efecto de coordinar con conocimiento las poblaciones que conviniesen en ella. Cometi esta diligencia a su capitn Pnfilo Narvez con la escolta de treinta espaoles10 y prevenidos de lo necesario tomaron el camino que pareci ms oportuno, yendo el Capitn en una yegua, y el resto de su gente a pie, cruzaron algunas poblaciones menores en que eran bien recibidos y socorridos por los naturales, que salan admirados a verlos y quedaban asombrados con la vista de la yegua, cuyo bro pronto obedeca al freno 1 7.Sigue Herrera, en la dc. 1a, lib. 9o, cap. 7o. 1 8.Herrera, dc. 1a, fol. 24, columna 1a. 1 9.Torquemada en su Monarqua Indiana, t. 1o, lib. 4o, cap. 3o. 10.Continuamos con Antonio Herrera. Dc. 1a, lib. 9o, cap. 7o.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 70\ 70\ 70\ 70\ 70\ y movimientos violentos y fuertes se les hacan ms admirables. Llegaron sin demora a la provincia del Bayamo11 cincuenta leguas distante de Baracoa, cuyo terreno les fue muy agradable por ser llano, frtil, provedo de aguas corrientes y encharcadas y muy abiertas de campaas espaciosas, que nombraban los indios sabanas y conservan hasta hoy este distintivo. IV. Aqu determinaron detenerse cuanto bastase a un breve descanso y reconocimiento del terreno, y a este fin tomaron alojamiento en uno de sus pueblos. Asistan en l con toda aquella confianza en que pone al feliz su misma felicidad y que hizo mayor en Narvez su genio poco cauto, trascendiendo esta a permitir un sueo descuidado en las pocas centinelas sobre cuya vela dorman los dems. Por el contrario, los indios vigilantes y en expectacin, confirieron entre s o el modo de libertarse de aquellos pocos forasteros dndoles muerte, o de posesionarse furtivamente de sus vestidos, cuyo uso comenzaban a envidiar avergonzados de su desnudez. Confederronse secretamente todos los de la provincia, que se dice llegaran a cerca de siete mil, y acordaron dar a los espaoles un asalto nocturno, acometiendo al pueblo en varias cuadrillas y por diversos puestos, pero a una misma hora. Mas, la voluntad del Altsimo que visiblemente favoreca a los nuestros, dispuso la confusin de Senaquerib en tan desigual y desprevenida violencia. V. Un trozo de los indios, expoleado de la codicia, se anticip a la hora prevenida, por adelantar con el tiempo la mejor parte del pillaje. Entr hasta el pueblo y sus casas sin ser sentidos an de los centinelas que dorman y levantando en l la vocera para ms amedrentar y conturbar a los despertantes, se ceban en el pillaje de los vestidos, sin herir ni ofender las personas. Despertaron Narvez y los suyos, pero pasando del sueo a la confusin, se hallaron poco menos ineptos a la defensa en esta que en aquel y se movan atnitos en las tinieblas, sin saber ni atinar a lo que convena. En este conflicto, tomaron algunos tizones encendidos unos indios de Jamaica que traa el Capitn consigo, y con la luz que hacan movidos, pudieron los naturales distinguir a Narvez que an despertaba. Dironle una fuerte pedrada cerca de la boca del estmago, cuyo golpe le derrib en tierra, clamndose muerto de ella, pero un religioso franciscano que le acompaaba (y cuyo nombre no se expresa) le anim y esforz lo bastante a recuperar el bro. Toma la yegua que tena en la misma casa y puesta la silla con un pretal de cascabeles que traa, monta en ella descalzo y con solo la camisa de dormir y otra de algodn y comienza a correr por la plaza. VI. Asombrados los naturales de una vista y ruido tan extraos a sus sentidos, se sobrecogen de un temor pnico que los obliga a huir al bosque inmediato, y no creyndose an en l seguros de la multitud de enemigos 11. Donde se halla hoy situada la villa de San Salvador del Bayamo.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /71 /71 /71 /71 /71 que conceptuaron en el ruido de los cascabeles, continuaron la fuga hasta la provincia vecina nombrada el Camagey, cincuenta leguas distante. Recbranse los espaoles, reconocen el pueblo y slo hallan en l algunos ancianos y enfermos a quienes la senectud y dolencia puso grillos en la fuga. Comprendieron por estos el camino que llevaban los invasores y tratan de hostilizar su retaguardia, mas, como haban sacado ventaja de tiempo y la gozaban en la marcha y prctica del terreno, no fue asequible el alcance, y pareciendo poca la gente para buscarlos a ms distancia, se retir Narvez a la poblacin. Desde ella dio aviso al Gobernador de lo ocurrido con aquellos naturales y se mantuvo ms despierto esperando sus rdenes y reconociendo el terreno y calzadas de la provincia.Captulo III Inquitase Baracoa, prende el Gobernador al capitn Morales y a Corts, cuya tragedia, amores, casamiento y reconciliacin se expresan. Sale Velzquez a reconocer la costa del Sur. Llegan Ocampo y el tesorero Cristbal de Cullar. Despsase Velzquez, enviuda y se rinden los bayamesesI. Mientras Narvez reconoca la Isla, continuaba Velzquez en el fomento y providencia de adelantar la villa de Baracoa y aunque como se ha dicho era hombre prudente, afable y bien querido, no parece que estaba muy contenta su gente con la administracin de justicia. El primero que alz la voz fue el capitn Francisco de Morales, que como se ha dicho, era sujeto de honor y autoridad, a quien se unieron otros mal contentos, que aunque no de tanto respeto, hicieron partido bastante a poner en cuidado al Gobernador. Resolvi este procesar a Morales por dicha causa,12 hzolo prender, y puesto en estado el proceso, lo remiti con l a la Espaola a disposicin del Almirante: pero permaneciendo races de la parcialidad, se multiplicaron las quejas contra Velzquez. II. Comprendise por este tiempo haber llegado a la isla Espaola, los jueces de apelaciones provedos por S. M. y tomando con esta noticia nuevo esfuerzo los quejosos, comenzaron a formalizar informativos y memoriales con que instruir sus recursos. Tratse de enviar personero, que presentndolas al Tribunal Superior agenciase y expensase su breve y feliz despacho y para ello pusieron la mira y recay la eleccin en Hernn Corts, porque su resolucin y habilidad pareci necesaria a cruzar la travesa 12. Sigue Herrera en dicho cap. 7o, lib. 9o, dc. 1a.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 72\ 72\ 72\ 72\ 72\ de diez y ocho leguas de mar ocultamente y en una canoa y a sacar con lucimiento el xito de la causa. Descubierta por Velzquez la conspiracin y estando ya para partir Corts, fue aprehendido de su orden y puesto en una prisin, con demostraciones de quererle ahorcar, pero interponindose splicas y ruegos, decay el primer rigor y le mand pasar con prisiones a bordo de un navo. Continuaba en ellas Corts, poco sufrido y algo desesperado de alivio, hasta que hallando proporcin de forzarlas una noche que los centinelas dorman, se arroj al agua asido de un madero por no saber nadar. Estaba la marea menguante o bajando y con este impulso de las aguas, se fueron desuniendo Corts y el madero de la tierra hasta la distancia de una legua de la parte exterior del navo, de suerte que lleg a verse tan afligido que quiso soltar el madero y dejarse ahogar, mas entrando la creciente, volvi a inmediarse a tierra tomando su playa. III. Sin embargo del cansancio que le haba causado tan dilatada fatiga, viendo que se acercaba la luz del da y que echndole de menos en el navo haban de solicitarle, procur ocultarse y se acogi al asilo de la Iglesia. Viva no lejos de ella Catalina Jurez, hermana de Juan Jurez, dama de mucha honestidad (a quien da Moreri13 el nombre de Francisca) y en quien haba puesto Corts su aficin, y aunque hasta entonces no parece que se la hubiese declarado del todo, la ociosidad e inmediacin hicieron tercera a su galanteo nocturno. IV. Un da, pues, que con la ceguedad de amantes, juzgando ciegos a los dems, sali de la Iglesia a obsequiarla, le tom la espada el alguacil Juan Escudero y aprehendindole de sorpresa, le puso en la crcel a disposicin de los Alcaldes. Procedieron estos contra el preso y aunque no especifica Herrera el cargo que le hicieron, ni calidad de pena a que le condenaron, asienta, que lo sentenciaron rigurosamente. Apel el reo para ante el Gobernador (cuyo grado estuvo en costumbre a los principios del gobierno de esta Isla) quien, aunque indignado contra Corts, usando de su noble ndole y atendiendo a las splicas de Andrs Duero y otros amigos del paciente, hubo de perdonarle, separndole de su servicio. V. Libre y absuelto nuestro Corts, sufri algn tiempo el menosprecio y abatimiento que atrae a todo vecino el desafecto superior y consolaba su pena con la amistad y favores de Duero y otros dependientes del gobierno y con el embeleso de sus amores. Creci Cupido14 al abrigo de las gracias y comunicacin de la Jurez y ajustndose las convenciones, la recibi en dulce himeneo conforme al rito de nuestra Santa Madre Iglesia. Tuvo en su consecuencia un hijo, aunque se duda si fue del matrimonio o natural. A las persecuciones del Estado unen otras que la satisfaccin con que Corts segua su matrimonio le califican de legtimo, y habiendo ya decado el 13. Moreri en la palabra Corts, Hernando o Fernando & de su Diccionario. 14. Por todas partes da que hacer este bellaco.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /73 /73 /73 /73 /73 enojo de Velzquez alcanz Corts que se lo sacase de pila. Con tal enlace espiritual y los comedimientos respetuosos de este, volvi a reconciliarse el antiguo afecto, ardiendo tan vivo como en carbn hecho al mismo fuego. VI. De esta suerte refiere Herrera, lo ocurrido entre Velzquez y Corts, pero Torquemada15 siguiendo a Gomara, hace incierta la disposicin del segundo en marchar a la Espaola con poder de los quejosos; y dice, que huy la primera vez de la crcel y que preso por Escudero, sentenciado por los Alcaldes y perdonado por Velzquez, le remita este a la Espaola y huyendo del navo, tom segunda vez la Iglesia, de la que sali una noche y habindolo hecho el Gobernador al campo, le busc en l hallndolo solo, y reconcilindose tan de veras, que durmieron juntos. Queda a la eleccin del lector la fe que se debe a los autores a que slo toca referirnos cuando el silencio de Sols nos deja indecisos16 en estas circunstancias. VII. Deshecha la conspiracin y recibida la noticia de lo ocurrido con Narvez en Bayamo, le mand orden el Gobernador para que siguiese y castigase los inquietos y entre tanto17 sali el mismo Velzquez con Juan de Grijalba, joven hidalgo y natural de Cullar, el Bachiller Bartolom de las Casas, clrigo natural de Sevilla y cincuenta hombres, a reconocer por s, la parte de la tierra y parece que se acerc a la costa del Sur y provincia en que se situ despus la villa de Santiago. Aqu comprendi por sus naturales que haba llegado al puerto de Jagua, un navo de espaoles y equipando una canoa con indios remeros y carta credencial, la mand en su solicitud. Eran los arribados a Jagua, Sebastin Ocampo, el que boje la Isla y diez y nueve marineros que volviendo del Darin para la Espaola perdi el navo, se acogieron a aquel puerto y luego que recibi Ocampo la carta de Velzquez, dejando la embarcacin con tres pipas de vino y cuatro marineros, se embarc gustoso con los otros quince en la canoa y fue donde Velzquez. VIII. Tuvo este tambin noticia de haber llegado a Baracoa el Contador Cristbal Cullar, electo Tesorero de S. M. en la Isla, y sujeto en quien sobre una recomendable cordura, concurra tan desordenado celo del servicio del Rey, que sola decir que por l dara dos o tres tumbos en el infierno. Traa consigo Cullar a su hija doa Mara, que habiendo venido a la Espaola de dama de la Almiranta doa Mara de Toledo, pasaba a Cuba a casar con su Gobernador Velzquez, con quien estaba concertada. Luego que este lo comprendi, dej los ms de sus cincuenta hombres bajo la obediencia de Grijalba, previnindole que se dirigiese por los dictmenes del Bachiller Casas, hasta tanto que vuelto Narvez, continuase sus rdenes y march con algunos y la espuela del amor para Baracoa. 15. Torquemada, t. 1o, lib. 4o, cap. 2o. 16. Sols, Conquista de Nueva Espaa, lib. 1o, cap. 9o. 17. Seguimos a nuestro Herrera ubi supra.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 74\ 74\ 74\ 74\ 74\ IX. Comenzaron los preparativos de la boda, y anticipndola el deseo, se celebr un domingo con todo el aparato y magnificencia que deja conceptuarse entre iguales personas. Siguironse los placeres que a los primeros pasos se convirtieron en psames, porque acometiendo a la novia un inopinado y violento accidente, la desnud al sptimo da de las galas nupciales que haba vestido en el tlamo, para cubrirla de la mortaja con que fue conducida al tmulo. Flor, iris o vapor, que cuanta ms hermosura gasta en la maana, tanto ms anuncia su inmediato ocaso y cuya vida en sueo, trajo a Velzquez muchos das de melancola y una pena verdaderamente despierta. X. Retirse Narvez, sin haber podido dar alcance a los indios que huyeron al Camagey, pero detrs de l vinieron estos humillndose, confesando su yerro y pidiendo perdn, con signos de estar verdaderamente arrepentidos. Acogironse al Bachiller Casas, que ya se haba incorporado con Narvez para que intercediese al perdn, siendo medianero para con l, y le presentaron por fineza una ensarta de cuentas podridas, que cuanto eran estimables en ellos, padecan desestimacin de los nuestros. Casas las recibi con agrado y agasajo, y haciendo cumplidamente su oficio, obtuvo el perdn general, con el que regocijados los bayameses, volvieron a ocupar pacficamente sus pueblos. Crese que la causa de su vuelta, fue la expulsin que experimentaron de los camageyanos, porque acostumbrando a cultivar slo aquellos comestibles que bastaban a su preciso alimento, y escaseando este con la ayuda de tanto vecino, se vieron precisados a expelerlos antes que pereciesen unos y otros.Captulo IV Continan Narvez y el Padre Bartolom de las Casas el reconocimiento de la Isla, lo hacen de las provincias de Cueyb, Camagey y de los pueblos de Caonao y la Rosa, con los particulares sucesos que se expresanI. Incorporada la gente con que Pnfilo Narvez haba salido y la que qued con Juan de Grijalba y lleg con Ocampo, que compondran hasta cien hombres, mand orden para que el primero continuase el reconocimiento de la tierra, llevando consigo al Bachiller Bartolom de las Casas. Dispsose todo y volvieron a tomar el camino hacia la provincia de Camagey, marchando a principios del ao de 1513, con la lentitud que requera el ir slo cuatro en yeguas y los dems a pie, y por caminos poco reparados. A las jornadas en que se computaron treinta leguas distantes

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /75 /75 /75 /75 /75 de Bayamo, llegaron a la provincia y pueblo llamado Cueyb18 el mismo en que Alfonso de Ojeda y los suyos se haban recobrado de los trabajos padecidos en la cinaga y en que dej la imagen de Nuestra Seora. II. Iban entre la gente de Narvez, algunos de los que acompaaron a Ojeda en aquel angustioso paso, y recordando en la bonanza los trabajos de la tormenta, refrescaron la memoria de la gran devocin con que aquellos naturales haban quedado hacia la Inmaculada Seora. Oalos con agrado el Bachiller Casas y llevando consigo otra imagen muy devota de la misma Reina, propuso en s permutarla con los indios por la que Ojeda les haba dado. Recibieron los naturales con agrado a los nuestros, proveyndolos de bastimentos, alojamiento y dems posible a su descanso, y hallaron la iglesia que se haba edificado a Nuestra Seora, muy adornada con paos de algodn y un altar en que estaba colocada su imagen. III. Cantbanle los indios versos que haban compuesto en su idioma elogio, celebrndola con bailes, y manifestaban tanta devocin a Santa Mara, que llenaba de jbilo a los catlicos. Con tan buenos antecedentes, comenz el Padre las Casas a bautizar los prvulos, en que mostraron mucha complacencia sus padres; pero manifestando al Cacique la intencin y deseo de permutar la imagen, se le reconoci tristeza y desagrado. Lleg la noche y tomando consigo dicho Cacique la imagen que le dio Ojeda, se retir a los montes, donde se ocult con ella. IV. Al amanecer del siguiente da, determin el Padre las Casas decir misa en la iglesia de Nuestra Seora, y mandando llamar al Cacique para que asistiese a ella, le fue respondido por los suyos que su Seor se haba llevado la imagen por miedo de que se la tomase el Padre. Esta demostracin puso en cuidado a los nuestros, recelando que pudiese causar tanto desagrado en los naturales, que pasasen de la paz en que fueron hallados, a alguna inquietud daosa, y para precaverla, se mandaron indios que solicitando al Cacique, le certificasen de parte del Capitn y del Padre, que no se les despojara de su imagen, antes s se les dara graciosamente la otra. Esto mismo se hizo entender a los dems vecinos de la poblacin, mas, aunque estos se manifestaron satisfechos, nunca quiso venir el Cacique con su Santa Mara, hasta que los espaoles dejaron el pueblo continuando su marcha; efecto propio de un grande amor que no tiene por bastante seguridades, ms que la posesin de lo amado. V. Camin Narvez ms de veinte leguas, desde Cueyb hasta entrar en la provincia de Camagey, que era dilatada y de mucha gente.19 En ella fueron igualmente recibidos con obsequio y agrado: presentbanles el pan de que usaban llamado casavi la caza que hacan de los perrillos nombrados guaniquinajes pescados y dems alimentos que gastaban. El celoso 18. Sigue Herrera en el cap. 15, lib. 9o, dc. 1a. 19. Es la que corresponde hoy a la villa de Puerto Prncipe.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 76\ 76\ 76\ 76\ 76\ Padre las Casas, aplicado con exactitud a su ministerio espiritual, por medio de indios intrpretes y espaoles que entendan ya algo sus idiomas, procuraba introducir en los naturales los primeros principios de la religin verdadera, con que los iba aficionando a ella, y lograba con su beneplcito bautizar los prvulos, que fueron innumerables en esta provincia. Y por evitar las demasas militares que disgustaron a los indios, acord con Narvez que separare enteramente una parte de los pueblos en que los espaoles asistiesen para apartarlos de aquellos, prohibindoles con graves penas su comunicacin. VI. Con este orden y tranquilidad, se fueron reconociendo otros muchos pueblos, en que siendo igualmente obsequiados los nuestros, cuidaba el Padre Bartolom de los naturales en su instruccin y conservacin. Hzole este celo tanto lugar entre ellos, que lo respetaban y veneraban en el alto grado que lo hacan de sus Behques, lo que import mucho para el pacfico reconocimiento de la Isla, porque cuando queran pasar de unos a otros pueblos, mandaban por delante algunos indios con cualquier papel, puesto en una vara e instruidos de que dijeran a los de la poblacin: que el Padre mandaba por aquel papel, que no se ausentasen porque no les hara dao, que tuviesen que comer, preparados a los nios para bautizarlos y desocupada la mitad de la ciudad para acuartelar la tropa, porque de lo contrario se enojara. Obedecan y cumplan sus rdenes como si tuviesen fuerza de autoridad, teniendo por ms que milagro, que por un papel mudo, se pudiesen comunicar los ausentes, y con esta prevencin, se iba caminando en paz y sin necesidades. VII. Acercndose a un pueblo grande llamado Caonao y como tres leguas antes de l, vieron un arroyo cuya cristalina corriente incit el deseo de almorzar en sus mrgenes. Hicironlo y notando que su terreno tena muchas lajas que servan para piedras de amolar, afilaron en ella sus espadas y marcharon para Caonao.20 Llegose al pueblo por un camino de tres leguas, llano, sin agua y a hora de vsperas, y hallaron en l mucha gente con casavi y pescado, porque en su inmediacin haba un ro grande21 en que y en la prxima mar, pescaban con abundancia. Entraron en una plaza en que haba hasta dos mil indios, sentados a su usanza; y en otra casa grande como quinientos, todos los cuales quedaron atnitos mirando las cuatro yeguas que traan los espaoles, cuyos animales por nunca vistos en la Isla, eran el asombro de sus moradores, tenindolos tan escandalizados que salan a los caminos a verlas. En esta plaza se comenz a hacer el repartimiento de casavi y pescado, que dieron los indios para los espaoles por mano de la persona que destinaba el Capitn a fin de observar igualdad, evitar quejas y presencindolo el mismo 20. En cuya situacin se halla la villa de Sancti Spritus. 21. Este ro es el de Zaza, que sirve de surgidero a dicha villa de Sancti Spritus.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /77 /77 /77 /77 /77 Narvez y el Padre Casas, sobrevino un incidente capaz de producir perniciosas consecuencias. VIII. Repentinamente sacan los espaoles sus espadas, recin afiladas, cargan sobre los indios que sentados admiraban las yeguas, y hacen en ellos una inhumana y cruel carnicera. Por ms que el Padre las Casas con los suyos procuraron vigilantes sujetar este desorden, no auxilindolo Narvez con la prontitud que deba22 por su natural moroso, fue grave el dao que recibieron, aunque no se especifica cunto. No pudo o no quiso justificarse quin fuese el primero que dio causa a l, poniendo mano a la espada, pero se presumi de uno, cuyo fin desastroso hizo creerse efecto de ello. El motivo se dijo ser la misma atencin con que los indios miraban a las yeguas y de que recelaron los espaoles (verdadera o simuladamente), que los queran matar, buscando indicio en unos huesos de pescado que traan en las cabezas (y nombraban agujas) y ciertas cuerdas ceidas al cuerpo, para sospechar que con las primeras los queran herir en lucha y atarlos con las segundas. IX. Esta injusta extorsin, puso en tan fundada desconfianza a los naturales, que corriendo la noticia de ella por toda la tierra, abandonaron los pueblos y la Isla y se retiraron a los cayos o isletas del Sur, que Coln llam el Jardn de la Reina. De aqu provino, que continuando los nuestros su marcha, llegaron a una grande roa o estancia23 en que hallando mucha yuca para hacer casabe, no se encontrase gente alguna. Hicieron en ella sus chozas y sacando los indios la yuca, hacan las indias casabe para comer y remediar la falta de socorro que experimentaban. Mantuvironse all por algunos das esperando las resultas de aquella novedad, y al cabo de ellos se dej ver un joven indio, que enviado por los fugitivos, solicit la barraca del Padre las Casas: habl en ella con otro indio viejo, natural de la Espaola, nombrado Camacho, que acompaaba a dicho Padre, ya bautizado y en reputacin de buen cristiano, y le manifest el intento que traa de asistir con el Padre y que tena otro hermano como de quince aos que hara lo mismo. X. Aplaudi Camacho la resolucin del mancebo, asegurndole que sera bien recibido y dando cuenta de ello al Bachiller Casas, celebr tanto el intento particular del mozo, que admiti y ofreci hacer lo mismo con el hermano, cuando vio que se acercaba ya uno de aquellos naturales. Preguntle por la gente de aquel lugar y si ocurran a l, certificados de que no se les hara mal, y respondiendo que s, ofreci traerla y a su hermano dentro de pocos das. Disele una camisa y otras cosillas, y habindole puesto Camacho el nombre de Adrianico, se retir ratificando su oferta. Detvose ms das de los pactados, de suerte que comenz a dudarse de su 22. Sigue Herrera al captulo ltimo, lib. 9o, dc. 1a. 23. Parcenos ser, donde se halla hoy la villa de Santa Clara.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 78\ 78\ 78\ 78\ 78\ cumplimiento, pero presentndose al cabo de ellos una tarde Adrianico con su hermano y hasta ciento ochenta naturales de ambos sexos, colm el gusto a los nuestros. Traan aquellos muchas ensartas de mojarras y otros peces para el Padre y su gente, a quienes las presentaron con obsequio y respeto, y asegurados de la paz por medio de los intrpretes y con otras retricas demostraciones que suplan las palabras, se les previno que ocupasen sus casas en que entraron gustosos.Captulo V Adquirese noticia de haber dos mujeres y un hombre cautivos en la provincia de La Habana y se mandan a buscar. Reconcese el pueblo de Carahate o Casa-Harta y llegan a l las mujeres: continase el reconocimiento de la tierra y se restaura el hombreI. Esparcida en la Isla, la noticia del buen acogimiento que haban hecho los espaoles a Adrianico y los ciento ochenta indios, que con l se les presentaron, comenzaron los dems a deponer el temor, y hacindoles entender por medio de los primeros que no se les causara dao alguno y que se deseaba su sociedad y que ocupasen sus pueblos, fueron sucesivamente restituyndose a sus habitaciones. Creca el respeto y amor de los naturales al Padre las Casas, teniendo en l toda la esperanza de su proteccin y amparo; y este virtuoso Sacerdote se preparaba con ms intrpretes y medios de pacificar aquellas gentes y poblaciones a fin de sembrar en sus corazones la semilla del Evangelio: comenz a tratarles de l y se les fue introduciendo con suavidad, bautizndoles los hijos y atrayndolos al cordial afecto de los cristianos. II. Por estos se comprendi que en la provincia de La Habana, distante cien leguas de aquella, tenan cautivos los indios a dos mujeres y un hombre espaoles24 y aunque no se entendi el modo con que haban venido al cautiverio, se temi que con una u otra de las novedades que causaba su marcha por los pueblos, pudieran quitarles las vidas. Para precaverlo oportunamente, hizo su embajada el Padre Bartolom mandando algunos indios con un papel viejo en una vara, y orden que dijesen al Cacique aprehensor, que el Padre mandaba por aquella carta a que le enviasen los cautivos y que de lo contrario se enojara mucho. Salieron los emisarios con su embajada, y los nuestros, puesta ya en quietud aquella poblacin, continuaron el reconocimiento de las dems. 24. Sigue Herrera al cap. ltimo, lib. 9o, dc. 1a.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /79 /79 /79 /79 /79 III. Caminando hacia la costa del Norte, pasaron por algunos pueblos menores en que fueron bien recibidos y hospedados y siguieron en busca de uno que llamaban Carahate y se situaba ms a la costa, dentro del agua y sobre horcones;25 necesitaron vadear algunos brazos de mar. Sirvironse para ello de las canoas de los indios, llegando a juntarse hasta cincuenta, cuya unin haca una flotilla uniforme, alegre y agradable a la vista, por el regocijo de los espaoles y obsequio de los indios. Hallaron en dicho pueblo mucho casabe, pescado, multitud de papagayos y tanta abundancia de otros comestibles, que con esta alusin le nombraban Casa-harta Aqu moraron quince das regalados con bastante bastimentos y millares de papagayos. Coganlos los nios subiendo en un rbol en que estaban unas de estas aves, las que castigadas suavemente se quejaban a voces. Acudan a estas innumerables de su especie y con aquel atractivo y su natural mansedumbre, lazaban fcilmente cuantas queran. Eran gustosos especialmente asados, y los haba en tanto colmo, que se comieron en dichos das (segn Herrera) ms de diez mil. IV. Desde este pueblo se vio venir por la costa una canoa bien equipada de remeros y la cual se acerc a la posada del Padre las Casas inmediata a la mar: desembarcaron en ella los indios que la remaban, los emisarios del Padre y dos mujeres desnudas, que slo cubran sus partes verecundas con algunas hojas de rboles, recordando el primer traje que visti nuestra primera madre Eva en el Paraso, despus de perdida la gracia original. Era la una de ellas segn su aspecto como de cuarenta aos y la otra, como de diez y ocho o veinte, cuyos abriles no podan desnudarla de algunas flores naturales a su primavera. Hacanlas ms agradables el rostro halageo con que por demostraciones daban gracias al Altsimo de que las hubiera sacado del cautiverio, y a los presentes de que fuesen segunda causa de su redencin. Los nuestros se compadecan de verlas en aquellos trabajos, considerando por cun doloroso camino de penas habran llegado a l y regocijados de verlas libres del peligro. V. Recogieron entre todos aquellos lienzos y paos que ms pudieran acomodar al traje femenil, y haciendo con ellos unas camisas y mantos, quedaron honestamente vestidas. El Padre se encarg particularmente de su cuidado, y aunque por entonces no pudieron dar noticia de su trgica historia, a causa de que con el no uso del idioma, en los muchos aos que vivieron bajo el cautiverio, haban olvidado su pronunciacin, a poco tiempo comenzaron a darse a entender. Decan que ciertos castellanos con quienes ellas iban, necesitados de atravesar un pedazo de mar, se entraron confiados en las canoas de unos indios, que yendo en medio de la travesa 25.Este pueblo de Carahate debi estar en el Cayo nombrado Conuco y que dista slo una legua del Tesico, surgidero de la villa de San Juan de los Remedios, porque an se hallan vestigios de haber sido poblado, y conviene con estas seas.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 80\ 80\ 80\ 80\ 80\ zozobraron las canoas y cayendo al agua se ahogaron los ms, por no saber nadar los unos y porque, cuando queran salvarse los otros, los golpeaban dichos indios con los remos, aturdindolos hasta ahogarlos. Que slo salvaron a las dos mujeres, conservndolas consigo los indios, que, hbiles en cortar el agua, salieron y las sacaron a tierra. Y finalmente, que aunque pudieron salir a nado siete castellanos, los cuales aportaron a un pueblo con sus espadas, pidindoselas dolorosamente el Cacique de l y tomndolas, los hizo colgar de un rbol grande nombrado Ceiba y que all los matasen sus indios. Llamse por esto aquel pedazo de mar o baha de Matanzas, aludiendo a la matanza que en l haban hechos los indios de los espaoles. Las dos mujeres fueron hacindose el lugar que con slo serlo nunca les falta entre los hombres y ms soldados, y poco tiempo despus las cas el Padre Bartolom de las Casas con dos hombres de bien, en cuya compaa siguieron viviendo honradamente. VI. No estaba el castellano cautivo, en poder del mismo Cacique que las mujeres, tenale otro y le haba adquirido tanto cario, que aunque se lo pidieron diversos Caciques para matarlo, nunca quiso darlo, ni matarlo, antes, lo traa siempre cerca de su persona y con gran regalo. No aquiet al Padre Casas esta afectuosa causa de su retencin, por lo cual, reiter embajada previniendo su conservacin hasta que fuesen los espaoles por aquella provincia, e instaba porque se continuase la marcha. Haba expirado el ao de 1513, cuando entrando el de 1514, se determin la continuacin26 de la marcha hacia la provincia de La Habana, y como estaban en la costa con provisin de canoas, en que se haca ms cmodamente que a pie, se embarcaron en ellas desde Carahate o Casa-harta, y fueron navegando hacia Poniente. VII. Llegaron a la provincia de La Habana y reconociendo algunos pueblos, se hallaron solos, porque sus moradores se ocultaron en los montes, temiendo igual suceso que en la de Camagey y recelando vengasen en ellos la muerte de los castellanos que acompaaban las mujeres. Mand el Padre las Casas sus emisarios con papel y vara para que asegurasen a los Caciques que los espaoles no le haran dao, y que en esta confianza podan venir a sus pueblos, y habindoseles intimado en los bosques, vinieron diez y nueve naturales al pueblo en que se hallaban los nuestros con algunas cosillas de comer. El Capitn Narvez, indignado de su retiro o de la muerte dada a dichos castellanos, los hizo prender y trataba de ahorcarlos al da siguiente; mas, el celoso Padre se opuso tan ardientemente a ello, que comenzando por recomendarle el honor de su palabra, las rdenes repetidas y estrechas del Rey y del Gobernador para que a ninguno se le hiciera dao y las consecuencias perniciosas que deban esperarse, pas a amenazarle de que se ira a la Corte y dara 26. Herrera, dc. 1a, lib. 10, cap. 8o.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /81 /81 /81 /81 /81 cuenta a S. M. de tal rigor. Con esto se suspendi por el pronto y dando despus libertad a los diez y ocho, se conserv en prisin el principal seor, que Velzquez le mand soltar. VIII. Continuaron desde all la marcha por tierra, reconociendo sin demora los dems pueblos y dirigindose al en que saban hallarse el castellano cautivo, pero antes de llegar a l, sali a recibirlos su Cacique, traa por delante trescientos indios cantando y cargados de cuartos de tortugas recin muertas, y l vena detrs trayendo al cautivo de la mano. Incorporronse en un monte, y luego que los primeros indios llegaron a los espaoles, poniendo en tierra los cuartos de tortuga, se sentaron a su uso e hicieron campo para que llegase su Seor. Era este anciano de ms de sesenta aos, de buena presencia, rostro alegre y de un aspecto sano a que asomaban indicios de igual interior, y luego que lleg a la presencia del Capitn y Padre, les entreg en mano el cautivo y djoles: que aquel le hava tenido como Hijo, custodindole en los peligros en que hubiera perecido a mano de los otros Caciques si no lo amparase su favor. Recibise el castellano manifestando a su Seor muchos signos de gratitud y reconocimiento por su custodia, y fueron tan vivos estos, que abrazaban los espaoles al anciano, quien se regocijaba recprocamente con ellos. IX. A todo atenda con admiracin y jbilo el alborozado cautivo, haciendo las mismas demostraciones con la boca y cuerpo que los indios, y sentndose en cuclillas sobre la tierra a su usanza, de que los espaoles tenan gran risa. Quera hablar y comenzando algunas dicciones castellanas, las mezclaba con las del pas27 de suerte que haca un tercer idioma, inteligible a unos y otros. Pasados algunos das fue recordando especies, y dice Herrera que refera su historia, pero de ella slo nos individu haber tres o cuatro aos que estaba en cautiverio. X. Continu Narvez su marcha hacia La Habana, cruzando varias veces de Norte a Sur, por ser all angosta la Isla y reconoci diversos pueblos, esperando rdenes del Gobernador, sin que se hallen anotadas ms que dos cosas particulares; la una, haberse visto cerca de La Habana, un gran pan de cera amarilla que pesara como una arroba, la que se crey de algn barco naufragado o trada de Yucatn por la mar, por no darse en la Isla. La otra, notarse sobre las peas de las costa, mucha pez que arrojaba el mar y que aunque entonces no pudo averiguarse de dnde sala, despus de poblado el Puerto del Prncipe, se hall una mina o fuente de donde se saca a pedazos y algunas veces corre derretida con el sol, siendo semejante a la resina del pino y que supla a la brea28 con alguna composicin. 27. Se hace arduo este olvido en el corto tiempo que se supone. 28. Vase el cap. 4o, lib. 3o, de esta poca.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 82\ 82\ 82\ 82\ 82\Captulo VI Funda Velzquez las villas de Trinidad, Sancti Spritus, Puerto del Prncipe, San Salvador del Bayamo, Santiago de Cuba, San Juan de los Remedios y La Habana, y manda el Rey que esta Isla se denomine Fernandina I. Mientras Narvez reconoca la tierra de Cuba, sus pueblos y la disposicin de sus naturales, continuaba Velzquez el fomento de la villa de Baracoa. Haban venido a ella muchos espaoles, que avecindados, adelantaron sus casas y labranzas, dando extensin y hermosura al pueblo. Repartiles el Gobernador con autoridad Real, los indios de aquella provincia de Bayatiquir o Mais, para que les sirviesen en sus labranzas y casas y fuesen instruidos en la religin, y dando a su suegro Cristbal de Cullar, el Tesorero, y a los amigos, aquellos que pudo franquearles la razn, el parentesco y la amistad: dej las cosas de la villa en buen orden y estado y determin el mismo ao de 1514, salir a reconocer los terrenos en que convena situar los dems pueblos. II. A este fin, orden a Narvez29 que se retirase de la provincia de La Habana en que se hallaba, acercndose sin violencia a la de Jagua, donde estaban los cuatro marineros que haba dejado Sebastin de Ocampo y que en ella se veran. Sali despus Diego Velzquez de Baracoa con algunos espaoles, unas veces navegando en canoas y otras marchando por tierra, lleg brevemente al puerto de Jagua. Situse con toda la gente en una de las tres isletas que tiene dentro de la baha, en que haba un pueblo de indios, y all estuvo algunos das regalndose con perdices y lizas, que se ha dicho abundaban en aquella provincia. Desde ella mand reconocer las mrgenes e inmediaciones de un caudaloso ro nombrado Arimao que derramaba en aquella costa a poco menos de una legua del citado puerto de Jagua, solicitando en ellas las minas de oro de que parece haba alguna noticia. Subieron en canoas el ro y se hallaron ricas minas de oro, cuya calidad se equipara por blanda al del Cibao en la isla Espaola y por ella menos apreciable para los plateros. III. Con esta invencin, dese Diego Velzquez situar en aquellas inmediaciones una villa, a la cual se atendiese al cultivo y labor de las minas, repartiendo indios que las trabajasen. Destin para ella algunos espaoles y entre estos al Padre Bartolom de las Casas, a quien por sus acreditados servicios dio muy buen repartimiento de indios, en un pueblo de aquella provincia nombrado Canareo inmediato al ro, otro a Pedro de la Rentera, natural de Montanches, hombre de bien, prudente y virtuoso, que habiendo servido en varios empleos de honor, bajo la mano de Velzquez, supo desempearlos y conservaba estrecha amistad con el Padre las Casas. 29. Herrera, dc. 1a, lib. 10, cap. 8o.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /83 /83 /83 /83 /83 Pero no pareci conveniente asentar all la villa, sino en un sitio de la costa, que diez leguas30 ms a Oriente, franqueaba un puerto regular, terreno alto y provisto de aguas, y ms al centro de los otros pueblos de indios, cuya cercana convena tanto para su manejo. Aqu se estableci, echando los espaoles este ao sus primeras lneas, nominndola el Gobernador la villa de Trinidad. El Bachiller las Casas y Rentera, hicieron compaa para el adelantado de sus repartimientos y labores, y con los dems destinados a esta poblacin, trataron de formalizarla. IV. Dispuso igualmente Velzquez, que en el centro de la Isla y mediacin que hay de Trinidad a la costa del Norte, se situase otra villa, a la que dio el nombre de Sancti Spritus y la que conceptuaron subrogar el antiguo pueblo de Caonao donde se hizo la carnicera de indios,31 segn su situacin y la inmediacin al caudaloso ro de Zaza. Mand establecer otra en la provincia de Camagey, al centro paralelo de aquel paraje, en que queda dicho que el Almirante don Cristbal Coln desde su primer viaje, puso una cruz y le denomin Puerto del Prncipe, cuyo distintivo mand conservar a esta villa. En la provincia del Bayamo, tuvo por conveniente situar otra villa, tambin en el centro de la Isla, casi igual distancia de sus costas, a quien dio el nombre de San Salvador. Y finalmente, dispuso que a la costa del Sur, como veinte leguas de Baracoa, se poblase otra, en un puerto de mar muy franco y hermoso, a quien llam Santiago, de suerte, que qued la Isla con la designacin y planta de seis villas incluso la de Baracoa. V. No constan individualmente los nombres de los castellanos que fueron destinados para primeros pobladores de ellas, ni el orden de gobierno que se les estableci, nominndose aqu solo al Bachiller Casas y Rentera, para Trinidad: pero en otro lugar asienta Herrera32 que habiendo ganado Hernn Corts la voluntad del gobernador Diego Velzquez, despus que logr que le sacase un hijo de pila, le dio repartimiento de indios en la nueva villa de Santiago, hacindole Alcalde ordinario de ella. De este y de los posteriores hechos, se infiere, que en cada villa nombr el Gobernador un Alcalde mayor u ordinario, subordinado en el mando para que cuidase del aumento y orden del pueblo y buen tratamiento de los indios: y que con este rgimen fueran adelantndose las fbricas y labranzas a quienes dio mayor prisa el deseo de la comodidad y la emulacin con que cada villa deba solicitar el primer nombre. Y viendo Velzquez a sus pobladores fervorizados en su adelanto, mand a Pnfilo Narvez, que con el resto de la gente, siguiese reconociendo y pacificando la provincia de Hauguaniga, que despus de la de La Habana, segua a la parte Occidental de la Isla, ya que an no haba llegado cuando se le llam a Jagua. Retirse el Goberna30. Esta distancia le da Herrera, pero de Jagua a Trinidad hay veinte leguas. 31. Segn dijimos en el cap. 4o de este libro. 32. Herrera, cap. 7o, lib. 9o, dc. 1a.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 84\ 84\ 84\ 84\ 84\ dor a la nueva villa de Santiago, que eligi para su residencia y la comenz a fomentar. Quejbanse sus vecinos y los de Baracoa de que en la distributiva de encomiendas de indios, proceda con acepcin de personas, y llegando a los Reales odos, mand el Rey se inquiriese la verdad, y que necesitndolo se pusiera el remedio conveniente. VI. Haba padecido S. M. el dolor de perder el ao 1512 al Prncipe don Juan, que en la floreciente edad de veinte aos, rindi el hilo de su vida a la Parca33 y como a nuestra isla de Cuba se haba dado por el primer Almirante el nombre de Juana, en obsequio y alusin de su Alteza34 cuya memoria renueva aquella pena, dispuso el Rey que en lo sucesivo se nombrase Fernandina35 etimologindolo a su Real augusto nombre; estos timbres debemos acordar y sostener justamente sus hijos, no permitiendo que por abandono los pierda, sino llamndola como los primeros36 con quienes la nominaremos la Isla Fernandina de Cuba Para que acuerde esta Real etimologa, nacida del mismo Soberano el amor que desde el principio debi a S. M. y se suele manifestar en la denominacin de las cosas y la nobleza de la Isla, por la correspondencia jurdica que guardan entre s la etimologa y lo etimologiado37 de que dar bastantes pruebas esta obra en la particular atencin que acreditar haber debido en todos tiempos a sus Majestades. Y ya que conservamos el indiano de Cuba (que se tiene por hebraico38 derivado del primer Cacique que la pobl o descubri) no permitamos contine en olvido el recomendable de Fernandina que tanto la ilustra. VII. No hacen Herrera ni los dems historiadores clara mencin del tiempo en que se fundaron las villas de La Habana y San Juan de los Remedios, expresando slo aquel39 que lo fueron poco despus que las mencionadas villas primitivas;40 nombrse La Habana con el calificativo totius nsul emporium y por esta calidad y copia de razones que sobre 33. El Padre Mariana, en la Historia general de Espaa y el compendio de ella, traducido por el Padre Isla, ao de 1512. 34. Como dijimos al cap. 2o, nm. 2, lib. 1o de esta poca. 35. Herrera. Dc. 1a, 1ib. 10, cap. 16, y en la descripcin, cap. 6o. Torquemada, ubi infra: aunque Solrzano, lib. 1o de Jur. Ind. cap. 6o, nm. 12, le crey puesto este nombre por el Almirante. Fuit Christophoro Columbo in honorem Ferdinandi Regis Catholici Fernandina sive Ferdinanda. 36. As la nomina el Ilustrsimo Seor don Juan de Witte, en su auto de creacin de Catedral y se nombr generalmente en todos los antiguos instrumentos y cabildos. 37. Vide Bolaos in cur Philip. Part. 1a, nm 2, de transacionibus quest. I, nm. 1. 38. Torquem. t. 1o, cap. 9o. Y el Padre Garca en su Origen de los indios, lib. 3o, cap. 7o, prrafo 3o. 39. En la Descripcin de las Indias, cap. 6o. 40. Solrzano, lib. 1o, de Jur. Indiarum, cap. 6o, nm. 12.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /85 /85 /85 /85 /85 su primera situacin ocurren, merece que la reservemos para el captulo siguiente, concluyendo este con lo que entendemos de la de San Juan de los Remedios alias el Cayo. VIII. Esta la fund Vasco Porcallo41 a la costa del Norte, frente del antiguo pueblo de Carahate, a que llaman los nuestros Casa-harta.42 Por las noticias que hemos dado, de cruzarse un brazo de mar para llegar a Carahate y por la tradicin que an se conserva, y por algunos vestigios de edificios, creemos que este pueblo estaba situado en el cayo que hoy llaman Conuco distante menos de una legua de la costa, y por las mismas tenemos que los espaoles no fundaron esta villa en dicho cayo, sino en la playa inmediata de la costa en el mismo surgidero que hoy nombramos Tesico De all se dice que fue mudada a una sabaneta poco distante, y ltimamente al paraje en que se halla actualmente, como una milla adentro de dicho Tesico. Dista sesenta leguas a Oriente de la baha de Matanzas y catorce Norte Sur de la villa de Sancti Spritus, sin otro surgidero que el denominado del Tesico. Y fue, tan permanente y feliz Vasco Porcallo en su fomento, que tanto esta como Sancti Spritus y Trinidad, llegaron a ser de los ms ricos de la Isla, conforme se ir tocando en otros lugares de esta obra.Captulo VII Publanse en la provincia de La Habana, las villas de San Cristbal al Sur, y Puerto de Carenas al Norte. Renese aquella a esta por las causas que se expresan y se da noticia de sus primeros pobladoresI. Aunque el Cronista Antonio Herrera, no aclara el tiempo y forma en que se pobl la villa de La Habana, cuando lo hace de las dems de la Isla, nuestro Regidor Arrate dice con el Maestro Gil Gonzlez43 que se comenz a poblar el ao de 1515, da de la festividad del gigante cananeo Seor San Cristbal, que celebra la Iglesia el 25 de julio y que por especial indulto de la Santa Sede y a causa de ser incompatible en l con la de Santiago patrn de la Isla, se ha transferido en ella al 16 de noviembre en que le solemnizamos. Asienta tambin, que la primera poblacin se hizo en la costa del Sur y transplant al Puerto de Carenas el ao de 1519, de suerte que juzga haber sido siempre una sola la villa de San Cristbal de La Habana, poblada primero en la costa del Sur y trasladada en dicho ao al Puerto de 41. Herrera, en la Descripcin, cap. 6o. 42. Vase lo que dijimos en el cap. 5o, nm. 3 de este libro. 43. Maestro Gil Gonzlez, Teatro Eclec., cap. 6o, pg. 274.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 86\ 86\ 86\ 86\ 86\ Carenas, con todo confiesa no fijar el pie por las fundadas dudas que vierte acerca de parecer tambin situada en la del Norte, dejando indeciso este punto. II. Nosotros tenemos por cierto que hubo dos poblaciones de La Habana, que usurparon genricamente su nombre tenido por Fenicio44 y derivado del primer Cacique que la pobl o descubri, la una de estas en la costa del Sur, ms a Occidente que Bataban y en el paraje o inmediacin que hoy denominan la baha de Corts, a la cual llamaron especficamente San Cristbal, y la otra en la costa del Norte y situacin en que hoy se halla la ciudad de La Habana y denominaron puerto de Carenas, por haber carenado en l Sebastin de Ocampo, el ao de 1508, cuando boje la Isla. Y finalmente que la dicha villa de San Cristbal, fue la que se mud e incorpor con la del puerto de Carenas. III. Probamos este concepto con lo que el mismo Arrate confiesa de hallar asentado en todas las historias la poblacin de La Habana en el puerto de Carenas, y que este es el sitio permanente de la ciudad de La Habana. Por otra parte, lo es tambin, que hubo tal villa de San Cristbal en la costa del Sur a quien igualmente denominaron Habana. Luego es preciso conocer que fueron dos poblaciones en sus principios, aunque la falta de expresin en los historiadores haya causado oscuridad. IV. El mismo Antonio de Herrera, refiriendo la navegacin de la armada con que Hernn Corts sali de Santiago de Cuba para la conquista de Mjico, asienta:45 “Paf a la villa de San Criftoval que la faon eftaba en la cofta de el Sur que defpues se paf a la Habana y all carg todo el baftimento que pudo, pagndolo como pagaba lo otro”. De que se deduce claramente nuestra conclusin, lo primero, en la suposicin de dos trminos que son, San Cristbal y la Habana que no habra si aquella villa slo mudase de situacin. Lo segundo, que la villa de San Cristbal estaba a la sazn en la costa del Sur. Lo tercero que se pas despus, y siendo esta llegada de Corts el ao de 1518 conviene con l despus de su trmino por haberlo sido el de 1519. V. Inferimos ltimamente de haber estado la armada de Corts en la villa de San Cristbal a la costa del Sur, que se situaba esta villa inmediata al paraje en que anduvo dicha armada. Este no puede ser otro que el que denominamos la baha de Corts al poniente de Bataban, porque esta denominacin tan de antiguo, slo puede aludir a la estada de Corts con dicha armada, mediante a que ni antes ni despus, anduvo por esta costa, para poderle dar la denominacin como consta de su historia y de esta. Y por consiguiente deducimos, que la villa de San Cristbal tuvo su primitivo asiento en las inmediaciones a la conocida baha de Corts. 44. El Padre Garca en su Origen de los Indios, lib. 4o, cap. 22, prrafo 7o. 45. Herrera, dc. 2a, lib. 3o, cap. 12, al fin, (p. 80).

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /87 /87 /87 /87 /87 VI. Haciendo antes Herrera relacin de este viaje de Corts, dice:46“Y pareciendo Hernan Corts que ia no tena que hacer en el puerto de la Trinidad, fe embarc con la maior parte de la Gente para ir la Habana por la vanda del Sur”; esto es, a la villa de San Cristbal, como ya queda declarado. “Y embi por Tierra con los que quifieron ir Pedro de Alvarado, para que fuefe recogiendo mas Soldados, que eftaban en ciertas eftancias de aquel camino... i tambien mand Efcalante, que era gran Amigo fuyo, que fuefe con un Navo por la Vanda del Norte i que los Caballos fuefen tambien por Tierra”. Esta navegacin por la banda del Norte, slo puede entenderse saliendo de Trinidad, que est al Sur, y montando la Isla de Pinos y cabo de San Antonio, venir a La Habana y de ella se infiere que haba Habana del Norte, a que vino Escalante. VII. Continuando, y en los de la salida de esta armada de La Habana, dice47 que Corts mand embarcar los caballos y que Pedro de Alvarado fuefe en un buen Navo que fe llamaba San Sebastian, por la Vanda del Norte la Punta de San Antonio Todas estas expresiones, nos parecen persuaden que hubo a los principios dos poblaciones genricamente denominadas Habana, por ser este el nombre de la provincia y especialmente distinguidas por los ttulos de San Cristbal y puerto de Carenas, y que la de San Cristbal al Sur, se reuni a la de Carenas al Norte, uniendo los ttulos y denominndose desde entonces San Cristbal de La Habana, los que incorporaron sus vecinos. Y no debe embarazarnos hallar en las historias referidas viajes a La Habana por el Sur y por el Norte, si reflexionamos que del mismo estilo usan hoy los de los pueblos internos y que se salva y entiende viniendo por el Sur a desembarcar a Bataban y por el Norte hacerlo en la misma Habana. VIII. Finalmente, nos persuade la antigua poblacin de La Habana en el puerto de Carenas, en que subsiste, el referido Bernal Daz del Castillo48“fuimos un puerto que se dice en lengua de Cuba Jaruco, y en la banda del Norte y estaba ocho leguas de una villa que entonces tenian poblada, que se decia San Cristbal, que desde h dos aos la pasaron donde agora est”. Probando la distancia de ocho leguas a Jaruco que subsiste donde mismo estaba cuando se le incorpor la de San Cristbal, y que cuando Antonio Herrera y Crdenas Cano49 refieren el levantamiento de los indios apresados en los Guanajos (que fue el ao de 1516) expresamente afirman que volvieron al puerto de Carenas de que es manifiesto de que an subsis46.Herrera, dc. 2a, lib. 3o, cap. 13. 47.Herrera, en dicho cap. 13, al fin. 48.Bernal Daz, en su Historia de Nueva Espaa, cap. 1o. 49.Antonio Herrera, dc. 2a, lib. 2o, cap. 7o, y Crdenas Cano en su introduccn al ensayo de Florida.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 88\ 88\ 88\ 88\ 88\ tiendo la villa de San Cristbal al Sur (pues no se mud hasta el de 1519) haba poblacin en puerto de Carenas. IX. Las causas de esta mutacin, creemos que fuesen el mal terreno que hay para poblacin en las inmediaciones de dicha baha de Corts, la peste de hormigas que refiere Herrera50 haber padecido las islas de barlovento por aquellos tiempos, hasta picar como avispas, secar los naranjos y otros rboles fuertes y hacerse necesario poner los pies de las camas dentro de agua, sobre que se conservaba alguna tradicin, hasta haberse elegido en Cuba por patrn contra ellas a San Marcial, a quien de antiguo se hace en La Habana fiesta solemne el da 7 de julio, con asistencia del Cabildo, y creemos sea con este motivo como lo fue en las otras islas San Saturnino, debindose a sus patrocinios haber cesado esta plaga, sin llegar a exterminarse como lo fue por ella una provincia de Etiopa. Y finalmente, el descubrimiento y conquista de Nueva Espaa, pues habiendo dado motivo a Diego Velzquez para hacer las primeras poblaciones al Sur, el descubrimiento de Yucatn a esta costa51 debi por la misma razn fundar La Habana al Norte, por ser la villa ms occidental y de que poda auxiliarse ms proporcionadamente a Nueva Espaa. X. A posteriori, aparece que fueron pobladores de La Habana Francisco de Montejo, Diego de Soto, Garca Caro, Sebastin Rodrguez, Juan de Njera, Angulo, Pacheco, Rojas, los dos hermanos Martnez, y un Santa Clara, deducindolo nuestro Arrate con quien convenimos de haber salido de ella, a la conquista de Nueva Espaa, lo que prueba con haber hallado noticia de que Montejo tuvo hacienda en las inmediaciones de La Habana. Y tambin lo fue Pedro de Barba, que en dicho trnsito de Corts, la rega como Teniente de Gobernador. Consta asimismo haberlo sido Antn Recio por expresarlo la lpida de su sepulcro, que se halla en la Parroquial mayor de ella con fecha del ao de 1572 y por los dems fundamentos que expondremos cuando tratemos de la fundacin de su mayorazgo.Captulo VIII Adelntanse las villas, y se erige a Cuba obispado, nombrndose por su primer Obispo a Fray Bernardino de Meza: hacen sus vecinos varias salidas por mar y traen indios y riquezas, y concede S. M. armas a CubaI. Emperonse los espaoles en el aumento de sus poblaciones, cultivo y crianza, sin emprender otra accin notable en todo el ao de 1515, en 50. Herrera, dc. 2a, lib. 3o, cap. 14. 51. Como dijimos en el lib. 2o de esta poca.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /89 /89 /89 /89 /89 que sirvi de algn atraso a la villa de Trinidad la ausencia que hizo de ella el Padre las Casas. Haba mandado el Rey, con consulta de Ministros de ciencia y virtud, que se diesen los indios en encomienda a los espaoles52porque no se crey que aquellos se instruyesen en la religin y polica, ni cultivasen la tierra, sin alguna incitacin que mezclase visos de precepto, y para que se efectuase con ms justificacin, dio comisin y despachos de residencia sobre las tres islas Espaola, Cuba y Jamaica al Licenciado Ibarra, Oidor de Sevilla, quien pas a la primera en su ejecucin. Sus primeros pasos aunque contradichos por la Religin dominica y el Licenciado Bartolom de Casas, que opinaban a favor de la entera libertad de los naturales, dieron esperanzas de felices xitos, mas los ataj su muerte (que se tuvo por violenta): este accidente suspendi la continuacin hasta que, llegado a comprenderse en la Corte, se le subrog con iguales ttulos (aunque algo limitados) al Licenciado Lebrn. Entre tanto el Padre Casas, enardecido en celo a favor de la libertad de los indios, dej la villa de la Trinidad y pas a la Corte con deseos de esforzar sus defensas. II. Era grande por este tiempo la opinin que haba adquirido nuestro Gobernador Diego Velzquez, porque, con las noticias de las riquezas de Cuba, las que adquiran sus vecinos y su buen trato, no slo se haban pasado a ella multitud de indios, mas tambin la mayor parte de los castellanos: de suerte que se solicit orden del Rey para prohibir el trnsito, y aun para llevar de ella algunos indios, con que fomentar los cultivos de la Espaola, que se escaseaban de operarios. Pero S. M. no slo no accedi a esta instancia hasta or el parecer de Velzquez sino que informado por Miguel de Pasamonte, Tesorero Real de la Espaola, de los adelantos de Cuba, prohibi al Licenciado Lebrn tomase residencia de nuestro Gobernador, por no interrumpir el giro con que llevaba tan adelantada la Isla. III. Para realizar este favorable y elevado concepto, hizo Diego Velzquez formar un mapa geogrfico de toda la isla de Cuba, con la ms clara designacin de sus montes, valles, ros y puertos, en que ocuparan lugar como pintado las nuevas villas delineadas; y lo remiti a S. M. por mano del Tesorero Pasamonte. Con este atrajo la Real inclinacin a una comunicacin directa con Velzquez, de que comenz a encelarse el Almirante, a causa de que como tal, tena derecho y posesin de mediar en estas rdenes y se vea irse desnudando de l. Propuso al mismo tiempo nuestro Gobernador, la intencin con que haba proyectado las ms de las poblaciones de Cuba a la costa del Sur, sindolo la de inmediarse y facilitar la comunicacin con la tierra firme descubierta en aquella parte; y a cuyo efecto, trabajaba en construir bajeles, y mereci igualmente la soberana aprobacin. 52. Herrera, dc. 2, lib. 1, cap. 11.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 90\ 90\ 90\ 90\ 90\ IV. Este conocimiento real del estado en que se hallaba la Isla Fernandina de Cuba produjo el efecto de solicitar S. M. de la Santa Sede la creacin de Silla, episcopal en ella, agregndole la isla de Jamaica, que desde el ao de 1511, estaba poblando Juan de Esquivel y la tierra de Florida, que en el de 1512 descubri Juan Ponce de Len, y an se ignoraba si era o no isla, por no estar reconocida ni poblada; al mismo tiempo, con deseo de terminar la disputa (que entre las religiones franciscana y dominica haba hecho como de escuela, la libertad o sujecin de los indios por su repartimiento y para arreglo de otros puntos) resolvi S. M. nombrar (como nombr) ciertos Religiosos Jernimos a quienes dio poder y autoridad para resolverlos, formando un tribunal superior con residencia en la Espaola, y dando al Padre Bartolom de las Casas ttulo Real de defensor de los indios. V. Era entrado el ao de 1516 cuando pasaron a Indias estos Religiosos, y obtenidas ya las bulas de la Santa Sede Apostlica, para la creacin del Obispado de Cuba, con designacin a la primitiva villa de la Asuncin de Baracoa, le concedi S. M. con este objeto el ttulo de ciudad. Present el Rey para su primer Obispo a Fray Bernardino de Meza, religioso dominico, natural de Toledo y su predicador53 a quien despach Su Santidad las bulas, concedindole facultad para que erigiese la Catedral en dicha ciudad de Baracoa (le concedi S. M. con este objeto el ttulo de ciudad) creando su Cabildo eclesistico y dems concerniente a su cannica ereccin. Pero este Ilustrsimo que se asienta no haber venido a la Isla, sin expresar la causa, no efectu por esta la creacin de la Catedral. VI. Y como la protectora de la primera villa de la Isla de Baracoa, haba sido Nuestra Seora de la Asuncin su tutelar, y estaba dispuesto a erigir en ella la Catedral que haba de condecorar toda la Isla, se dign S. M. conceder a esta dicha Isla, unas armas en cuyo blasn54 la venersemos protectora. Compnenlas en el cuartel superior una imagen de la misma Asuncin de Nuestra Seora, con su manto azul purpurado de oro, puesta sobre una luna con cuatro ngeles en campo de color de cielo con nubes, y en el inferior un Santiago (patrono tambin de la Isla) en campo verde con lejos de peas y rboles y encima una F y una Y, a la mano derecha y a la izquierda una C con un yugo a un lado y cinco flechas largas al otro, estando un lagarto debajo de estas y otro debajo del yugo, y al pie del escudo un cordero. VII. Los espaoles continuaron el resto de este ao en el fomento de sus poblaciones, crianza y labranza, trayendo de las otras islas y tierra firme, ganados y semillas, y con licencia de Velzquez comenzaron a salir 53.Herrera, dc. 2, lib. 2, cap. 7. Crdenas Cano, en su Inca, Ensayo de Florida, ao de 1516; y lo que expondr al cap. 14 de este libro. 54.Herrera, dc. 2, lib. 2, cap. 8.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /91 /91 /91 /91 /91 embarcaciones con el objeto de descubrir y cautivar indios de otras tierras que destinaban a su servicio. Entre estos sali del puerto de Cuba un navo y un bergantn55 con setenta u ochenta hombres de tripulacin y navegando por la costa del Sur, llegaron a unas isletas nombradas los Guanajos, ya descubiertas por Coln. Hallronlas pobladas y descuidados a sus naturales y aprehendiendo en ellas muchos indios, los condujeron al navo y en este al puerto de La Habana, dejando en dichas islas el bergantn con veinticinco hombres, para que aprehendiese otros y volver por ellos. Pero habiendo saltado los del navo en la villa56 de La Habana en el Puerto de Carenas, dejndole fondeado en su baha, con ocho o nueve de guardia y los indios debajo de cubierta, reconocieron estos aquella falta por el menor nmero de pisadas y falsendose el escotilln y rompiendo la cadena, salieron sobre puentes y se apoderaron del buque, matando a los que lo guardaban. Levaron las anclas y soltaron las velas, saliendo del puerto con tanto desembarazo y gobierno, que los de la tierra creyeron ser accin de los compaeros, hasta que pudieron distinguir a los indios sobre las jarcias. Salidos del puerto de dicha villa, navegaron a sus islas, donde acometieron a los que custodiaban el bergantn con tal furor, que no pudiendo defenderse de ellos dejaron en un rbol figurada una cruz y haciendo con el cuchillo unas letras que decan vamos al Dariem se levaron en el bergantn. VIII. Instruido Velzquez de lo ocurrido en La Habana, arm dos navos para que fuesen en auxilio de los del bergantn y descubriesen tierras, los cuales, habiendo llegado al paraje en que qued, notaron por dichas letras su destino, y observaron en otro, quemado el navo en que profugaron los indios: saltaron en dos de dichas islas, rieron con sus naturales y apresados ms de quinientos, los repartieron en los dos navos debajo de cubierta. Reincidieron en el descuido de bajar a tierra, dejando poca gente a bordo y los indios de un navo repitieron la evasin y sublevacin, haciendo echar unos al agua y matando a los otros, con que quedaron dueos del buque y armados de lanzas y rodelas. Los de tierra corrieron a ocupar el otro navo y atracando a sus costados, trabaron batalla de ms de dos horas, despus de las cuales echndose los indios al agua tomaron algunos tierra, recuperndose otros con canoas. Con esta novedad, levaron anclas los castellanos vinindose a La Habana con cuatrocientos indios de ambos sexos y ms de veinte mil pesos de oro bajo, que adquirieron. 55.Herrera, dc. 2, lib. 2, cap. 7. 56.Expresamos ser la villa de La Habana en el Puerto de Carenas, donde acaeci esto, con Herrera, dc. 2, lib. 2, cap. 7; y Crdenas Cano, introduccin al Ensayo de Florida, S. notado &.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 92\ 92\ 92\ 92\ 92\ IX. Tambin sali este ao de la isla de Cuba y puerto de Carenas de La Habana, el piloto Diego Miruelo con un navo que arm al mismo fin, y navegando algunos das por la costa del Norte, lleg a la Florida,57 en que procur establecer comercio con los indios, a cuyo intento llevaba aquellas frusleras de vidrio y de acero, que entre ellos eran estimadas. Bien recibido de estos, rescat alguna porcin de oro, en permuta de dichas frusleras y acabada la mercanca se restituy a Cuba.Captulo IX Hacen nuevas salidas Francisco Fernando de Crdova y Juan de Grijalba y descubren a Yucatn, Campeche, San Juan de Ula y otras costas e islasI. Floreciente por estos medios la isla de Cuba, atrajo entre otros a cien espaoles de los que en el Darin seguan a su Gobernador Pedro Arias Dvila, y no pudieron sufrir ms las necesidades de aquella conquista;58recibilos Velzquez con afecto entrado ya el ao de 1517, y como el deseo de estos fuese descubrir tierras, accedi a que lo hiciesen, ofreciendo auxiliarlos segn la calidad de lo que se hallase. Tom a su cargo esta empresa Francisco Fernndez de Crdova, hombre de valor y poblador de la villa de Sancti Spritus, y comprando para ella dos navos y un bergantn, los provey de vveres y ciento diez hombres. Salieron de Santiago de Cuba, arribaron a la villa de San Cristbal en La Habana, tomaron al clrigo Alfonso Gonzlez para que les administrase el pasto espiritual, y dejado este puerto a 8 de febrero, navegaron al Poniente. Sufrieron una fuerte borrasca y a los veinte y un das descubrieron tierra y en ella una grande poblacin, y porque los naturales vinieron de paz a las embarcaciones y les llamaban para que saltasen en tierra, dicindoles conex catoche que significaba en su idioma andad ac a mis casas llamaron a aquel paraje punta o cabo de Catoche. Saltaron en tierra e introducindolos dolosamente los indios al monte, se vieron acometidos de unas fuertes emboscadas, a las que resistieron y pusieron en fuga a costa de diecisiete espaoles muertos y muchos heridos. II. Volvironse a embarcar trayendo dos indios jvenes que apresaron y bautizados se nombraron Julin y Melchor, y siguiendo por la costa al Poniente, llegaron a un pueblo que llamaron Campeche, porque los indios decan Quimpech. Pasaron tambin a tierra y vieron varios adoratorios de 57. Herrera. Dc. 2, lib. 2, cap. 17. Torquemada, lib. 4, t. 1, cap. 3. 58. Herrera, dc. 2, lib. 2, cap. 17; y Torquemada, lib. 4, t. 1, cap. 3.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /93 /93 /93 /93 /93 dolos y entre ellos algunas cruces, y reconociendo gente armada, se volvieron a embarcar y navegar. Padecieron segunda tormenta en aquellas costas y saltando en ellas a hacer aguas y reconocerlas, fueron acometidos de muchos indios que con flechas y piedras hirieron ms de ochenta, mataron cincuenta y aprisionaron dos, tomando los dems los navos con grandes trabajos y peligros y llevando el capitn Francisco Fernndez de Crdova muchas heridas. De aqu sali tan menoscabada y enferma la gente, que no pudiendo maniobrar los tres bajeles, dieron fuego al nfimo y marearon con los dos a Cuba. III. No agradaba a los pilotos volver a ella tan maltratados, y deliberaron pasar a las costas de Florida, que consideraban a slo sesenta leguas de distancia, y en ms oportuna navegacin para recalar al puerto de Carenas de La Habana, y dirigiendo las proas a su rumbo, descubrieron su tierra. A los cuatro das arribaron al mismo sitio en que haba estado Juan Ponce de Len59 y saltando en l veinte hombres, hicieron aguada poniendo centinelas avanzadas que observasen a los indios, pero estando ya para retirarse con ella, clam uno de los centinelas la mar, la mar, que vienen muchos indios de guerra y por pronto que quisieron tomar los buques, fueron alcanzados de ellos y maltratados con flechas y piedras. Pusironse en defensa, hacindose necesaria alguna para salvarse del enemigo a quien tomaron tres heridos, que poco despus murieron, y ellos llevaron a un soldado llamado Berrio que estaba de centinela: bebi otro tanta agua por la inmensa sed que tena, que muri de sus resultas, y los dems maltratados se hicieron a la vela para La Habana. Llegaron a ella haciendo agua un navo y desde all escribi Fernndez de Crdova al Gobernador de Cuba cuanto queda referido, ofrecindole que le vera si mejoraba en Sancti Spritus a donde pasaba a curarse las heridas, pero muri de ellas a los diez das. IV. Repartidos por la Isla los que quedaron vivos y a vista de unos dolos y patenas de oro, que trajo el Padre Alonso Gonzlez, tomados de un adoratorio de cabo de Catoche, y de informar los indios Julin y Melchor que en l haba mucho oro, comenz a resonar en toda Cuba el deseo de conquistar aquellas tierras. Vol la misma noticia a la Corte, a tiempo que tena el Rey consigo y por gran Canciller al Doctor don Juan Selvagio, letrado flamenco, en cuya mano haba puesto el gobierno de Castilla e Indias y como este se informase por el Bachiller Bartolom de las Casas y otros, del estado y calidades de la isla de Cuba, hizo por estos y por cartas de Diego Velzquez, tan altos conceptos de su acertado gobierno en Cuba, que mand expedir Cdula para que la gobernase con total independencia del Almirante que lo haba nombrado. Comprendilo este que se hallaba en la Corte, y a su reclamo, se suspendi la orden, pero le qued prohibido 59. Herrera, dc. 2, lib. 2, cap. 18; y Crdenas en su Ensayo de la Florida, ao de 1517.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 94\ 94\ 94\ 94\ 94\ poder privar a Velzquez del gobierno de Cuba. Mas, el mismo Canciller, pidi despus al Rey la merced de poblar a cabo Catoche con flamencos y a favor del Almirante de Flandes y que para su facilitacin y provisin se le concediese la gobernacin de Cuba y lo concedi el Rey mal informado, pero sindolo del perjuicio que resultaba a la Corona y de los derechos que a l tena el Almirante Coln, suspendi sus efectos hasta or estos y qued sin ellos la merced. V. Diego Velzquez que ya se cansaba del ocio con que aumentaba en paz las poblaciones de la Isla, y de reconocer dependencia del Almirante, comenz a entrar en pensamientos de mayor jerarqua. Previno tres bajeles y un bergantn con todo lo necesario para la faccin y para el sustento de la gente, y publicando la jornada, alist para ella hasta doscientos cincuenta hombres, cuyo mando confi a Juan de Grijalva, pariente suyo y Cabo principal de la empresa. Prevnole que slo reconociese las tierras y atrajese las voluntades de los naturales de ellas; nombr por capitanes de los bajeles a Pedro de Alvarado, Francisco Montexo y Alonso Dvila Por veedor de los intereses Reales a un Pealosa y por Capelln y Cura al Padre Juan Daz.60 Con esta disposicin sali Grijalva del puerto de Santiago de Cuba a los 8 de abril de 1518, y aunque el nimo era seguir la misma derrota que llev Fernndez de Crdova, decayendo algunos grados a impulsos de las corrientes, recal a una nueva Isla, que llamaron Cozumel y en la cual se repararon sin contradiccin de los indios. Recobraron lo perdido y reconocido a Yucatn y doblado el cabo de Catoche, arribaron a Potonchn donde fue desbaratado Crdova, y dejando vencidos y castigados aquellos indios, siguieron su descubrimiento. Corrieron la vuelta de Poniente, sin perder de vista la costa y en lo dilatado y delicioso de ella, fueron descubriendo diversas poblaciones, con edificios de piedra, cuya novedad movi a que algn soldado dijese ser aquella tierra semejante a la de Espaa, y de este dbil principio qued perpetuado a todo el Reino el nombre de Nueva Espaa VI. Llegaron al famoso ro de Tabasco61 vno de los navegables que dan el tributo de sus aguas al Golfo Mexicano al cual nombraron de Grijalva, por su descubridor, y entrando en l los bajeles menores por no dar agua para los mayores, vinieron indios armados a quienes trataron de paz y remitieron regalos a conferirla con sus Caciques. Vino el principal de estos, que obsequi y regal a Grijalva con algunas alhajas de oro, plumas y madera, que suponen algunas piezas cuya verosimilitud dificulta Sols. Correspondile el espaol con las bugeras ms apreciables e insinuaciones de amistad, y porque manifestaban los naturales desagrado en su per60.Herrera, dc. 2, lib. 3, cap. 1. Torquemada, t. 1, lib. 4, cap. 4; y Sols, partida 1, lib. 1, cap. 5. 61.Sigue Herrera al cap. 2, y Sols al 6 y siguientes.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /95 /95 /95 /95 /95 manencia, le asegur Grijalva su pronta partida, que puso en ejecucin dejndole contento. VII. Continuaron reconociendo sin demora diversas poblaciones por toda la costa, hasta que llegando a otro ro, vieron en sus mrgenes muchos indios, que con el tremoleo de banderas enastadas, movimientos y voces, anunciaban paz y llamamiento, nombrndole por esta causa el ro de Banderas Ratificados en la benevolencia de sus naturales, saltaron los castellanos en tierra, donde fueron obsequiados y tratados con signos de gratitud a falta de intrpretes que tradujesen las palabras. Brindseles un banquete de varios manjares, sobre esteras de palmas, a la sombra de los rboles, y despus de este refresco, sacaron y mostraron algunas piezas de oro con retricas demostraciones de negociarlas. Trajeron los nuestros de a bordo las bugeras que llevaban y se abri la feria de permutas entre extranjeros y naturales, que durando seis das, dej a los primeros con ms de quince mil pesos de oro. VIII. Concluida esta, y receloso Grijalva de que en aquella situacin sobreviniesen los nortes, embarc su gente y continu su navegacin, llevando ya la primera noticia de Moctezuma, cuyos sbditos eran los tres Caciques que haban comerciado. Reconoci tres islas, llamando a la mayor de Sacrificios por haber hallado en un adoratorio de ella, sacrificados seis o siete hombres; observ una cuarta isla, que a corta distancia de la tierra firme franqueaba fondo y abrigo a los nortes, para resguardo de las embarcaciones y por haber anclado en ella el da del Bautista la llam San Juan agregndole el distintivo de Ula a causa de que un indio sealando para tierra deca: Cala, Cala. Aqu se detuvieron algunos das saboreados con la concurrencia de los naturales, que venan a permutar diversas piezas de oro: y aunque quisiera Grijalva hacer algn establecimiento donde era tan bien recibido, como su instruccin era limitada, resolvi dar cuenta a Diego Velzquez y esperar sus rdenes. Para ello, despach a Cuba al capitn Pedro de Alvarado, en uno de los cuatro navos, con el oro y alhajas adquiridas, y sigui reconociendo la costa de Panuco. Aqu fue acometido un bajel de varias canoas de indios, con tanta resolucin, que a no ampararle los dems, le hubieran aprisionado, y desabrida la gente de tan dilatada navegacin, apocados los bastimentos que se comenzaban a corromper, y hallndose maltratada una de las embarcaciones, se resolvi en junta volver a Cuba y dirigieron las proas a ella. IX. Ansioso Velzquez de saber lo ocurrido a Grijalva, haba resuelto enviar como envi a Cristbal de Olid62 con una embarcacin y siete soldados a que le solicitase y recorriese en la costa de Yucatn, pero llegado a esta, padeci tan fuerte tempestad, que se vio necesitado a cortar cables y 62. Herrera, dc. 2, lib. 3, cap. 10.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 96\ 96\ 96\ 96\ 96\ arribar a Santiago de Cuba, llegando a este puerto al mismo tiempo de Pedro Alvarado. Manifest este el oro, alhajas y noticias que traa, y fue excesivo el contento de Velzquez, que trascendiendo a las dems poblaciones de la Isla, comenzaron a conmoverse al deseo de la conquista. Culpaba el Gobernador a Grijalva por no haber poblado en aquellas costas, olvidndose de que su instruccin se lo prohiba. Y como Alvarado haba sido de este dictamen y abundaba en su sentir sin quien le contradijese, pintaba las proporciones malogradas tan al vivo, que lleg a irritarse el nimo del Gobernador contra Grijalva. Desgracia connatural a todo ejecutor que limitando en el papel la ejecucin, quieren hacerla mixta si juzgan que convino y de mera ejecucin, si en algn arbitrio sali mal. Lleg despus Grijalva con sus bajeles al puerto de Matanzas, en cuyas inmediaciones se haban levantado algunas estancias de espaoles, y hallando all una carta del Gobernador, en que le prevena dejase en ella la gente y acelerase su navegacin a Santiago de Cuba, lo ejecut as. Fue reprendido por no haber poblado y aunque se excepcion legtima y perentoriamente, con el tenor de su comisin, prevaleci la preocupacin del Juez contra la justicia, cristianidad y prudencia con que generalmente se juzg cumplida dicha comisin. X. Hemos referido en este y anteriores captulos los pasos individuales porque el Altsimo quiso descubrir las tierras de Yucatn, Campeche y Nueva Espaa con dos importantes objetos. El primero, hacer notorio el mrito y servicios que Diego Velzquez y nuestra isla Fernandina de Cuba, hicieron a nuestros Soberanos, tan desde los principios de su establecimiento y continuaron por los hechos que subseguimos. Y el segundo, vindicar la nacin al mismo Velzquez y a nuestra Isla, de la injusta usurpacin con que los extranjeros, mulos perpetuos de nuestras glorias, atribuyen el descubrimiento de Mjico y Nueva Espaa al intruso Amrico Vespucio, natural de Florencia. Porque creemos que cuando este engao ha pasado a vertirse hasta en el compendio de la misma historia de Espaa63 escrita en francs por el Reverendo Padre Duchesne y traducida en castellano por el Reverendo Padre Isla, no sera fcil con menos individuales pruebas, desimpresionar de tan falsa impostura, a los que en l la lean, con el incauto espritu con que pas sin notarla su traductor. 63. Vida de los Reyes don Fernando y doa Isabel, ao de 1512.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /97 /97 /97 /97 /97Captulo X Manda Diego Velzquez sus procuradores a la Corte y consigue la merced de Adelantado de todo lo que poblase en lo descubierto, con otras capitulaciones. Es elegido por segundo Obispo de Cuba Fray Julin GarcsI. Haba Diego Velzquez conceptuado por las noticias y muestras de la expedicin de Francisco Fernndez de Crdova, cun importante y til sera la conquista de lo descubierto, y deseoso de aprovecharse de lo que a su costa se haba hallado, sin otra dependencia que la de la Corte, no omiti diligencia para su consecucin. Remiti a este fin a Castilla a Benito Marn su Capelln64 con alhajas que manifestasen las riquezas de las tierras y abriesen puerta a las mercedes que solicitaba, y aunque no se dice el tiempo ni ocasin de su embarque, por las en que negoci en la Corte, debi de ser poco despus que sali Grijalba al reconocimiento de Yucatn. Marn, pues, puesto en la Corte y hallando en manos del Obispo de Burgos todo el gobierno de ella, trat de informarle los servicios de Velzquez, lo importante de la poblacin en Yucatn y de ganar enteramente su voluntad a favor de su poderdante. II. Hallbase la isla de Cuba verdaderamente muy adelantada. La villa de Santiago donde resida el Gobernador numeraba cerca de dos mil vecinos espaoles. La de Trinidad y Habana, aunque no tan pobladas, haban merecido que en la primera nombrase Velzquez por Juez perpetuo, con ttulo de Alcalde mayor subordinado al gobierno, a Francisco Verdugo su cuado, y en la segunda, con ttulo de Teniente Gobernador a Pedro de Barba. Las dems gozaron tambin de adelanto conforme constar en lo sucesivo, pero no parece que en ellas nombrara iguales jueces o porque por la inmediacin a estas, bastasen aquellas al rgimen de todas o porque fuesen menos asistidos de espaoles. Las crianzas y labranzas se haban fomentado hasta sobre abundar en la Isla y proveer francamente los bajeles y expediciones que llegaban y salan de ella. III. Esta instruccin que adquiri el Obispo de Burgos por su ministerio e informe del Padre Benito Marn, trascendi al Padre Fray Julin Garcs, Religioso dominico, maestro de teologa y latino emulado de Antonio Lebrija o Nebrija, que a la sazn era confesor de su Ilustrsima, y con este motivo y mano, le hizo el de Burgos promover por Obispo de Cuba, siendo el segundo prelado electo a aquella. Entretanto lleg la noticia de los nuevos descubrimientos de Grijalba, y Marn pretendi la Abada de San Juan de Ula que se crey de poca estimacin y conferida result de toda Nueva Espaa. El Obispo electo de Cuba Fray Julin Garcs, credo de que adelantaba, pretendi y obtuvo el previsto obispado de Cozumel, 64. Herrera, dc. 2, lib. 3, cap. 11.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 98\ 98\ 98\ 98\ 98\ pero despus, reconocindose los errores padecidos, se dio a Garcs el obispado de Tlascala65 y a Marn una recompensa con este motivo. Contaba ya este ao la isla de Cuba dos Obispos electos y an careca de ereccin de Catedral, porque ninguno lleg a venir a ella. IV. Luego que sali de Cuba el citado Marn, tuvo Velzquez por conveniente mandar a Espaa a Gonzalo de Guzmn, natural de Portillo, a quien confiri poder, para que en unin de Pnfilo de Narvez, que se hallaba en la Corte, estableciesen formalmente sus pretensiones. Dieron su memorial los apoderados y fue bien visto del Obispo de Burgos, o por el mrito verdadero de Velzquez como quieren unos, o porque pretenda casarse con este a doa Mayor de Fonseca su sobrina, segn dijeron otros. En su consecuencia se concedieron a nuestro Gobernador, las facultades y honores siguientes: V. “Que su costa, pudiese descubrir y poblar cualquiera isla tierra firme, que hasta entonces no estuviesen descubiertas, ni cayesen en la demarcacin del Rey de Portugal. Que las pudiese conquistar como Capitn del Rey y subyugarlas a su Soberana, guardando las instrucciones que se le diesen para el buen trato, pacificacin y conversin de los indios, a cuyo efecto, se le conceda el ttulo de Adelantado de las tierras que haba descubierto y de las que descubriese”. VI. “Que pudiese llevar la quinta parte de los aprovechamientos, que, en cualquier manera correspondiesen S. M. en dichas tierras, por su vida y la de un heredero. Que habiendo poblado y pacificado cuatro islas y asegurado el trato, en la una que l escogiese llevara la vigsima parte de todas las rentas y provechos correspondientes S. M., en cualquiera manera perpetuamente para s y sus herederos, y que de toda la ropa, armas y bastimentos que llevase de Castilla para dichas tierras por toda su vida, no pagase derechos algunos.” VII. Tambin le hizo el Rey la merced de cierta hacienda de labor y crianza que tena en La Habana, para que la gastase en esta conquista. Le seal trescientos mil maraveds de salario en las tierras que conquistase. Le hizo merced de la escobilla y relieve de las fundiciones del oro; y que construidas las fortalezas necesarias a su defensa, se tendra atencin a su servicio, para concederle las Tenencias de ellas. Le facult, que pudiese llevar para la conquista las personas que voluntariamente quisiesen seguirlo, no siendo en perjuicio de sus poblaciones. Y finalmente, le concedi otras gracias menores consecuentes a estas. VIII. Para los pobladores franque S. M. libertad de derechos, minor el quinto Real del oro a la dcima parte por dos aos, subiendo en los dems hasta llegar al debido quinto: que en seis aos no pagasen derechos de sal y que S. M. mandara en cada navo un Capelln, Cirujano, Mdicos, Boticarios y medicinas a su costa para su alivio. Se pidi a Su Santidad Bula 65. Seguimos en todo a Herrera, ubi supra.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /99 /99 /99 /99 /99 particular, para que estos pobladores fuesen absueltos de culpa y pena en el artculo de muerte, y ofreci el Rey, premiar el mrito de Velzquez y su gente con equivalencias a sus servicios. IX. Se firm esta capitulacin en Barcelona a trece de noviembre de mil quinientos diez y ocho, quedando en su consecuencia facultado nuestro Gobernador a los descubrimientos, conquistas y poblaciones que le concedan como legtimo y propio Adelantado de ellas. Mas, como esta gracia, aunque cierta en la naturaleza, era incierta en la noticia de Velzquez, quien tena dilatada su concesin por la distancia y ocupaciones de la Corte y era espoleado del deseo a la conquista, hizo igual ocurro a los Padres Jernimos residentes en la isla Espaola, que como se ha dicho, tenan el gobierno de estas Indias. Para esta diligencia, mand a ella a Juan de Salcedo66 con cartas, noticias y muestras en oro de lo descubierto; y entre tanto, no detenido en esperar los ttulos, cierto tal vez de su consecucin, adelant los pasos que veremos en el siguiente captulo.Captulo XI Dispone Diego Velzquez nuevo armamento para la conquista de Yucatn y Nueva Espaa, y lo entrega a Hernn Corts, quien lo saca de la Isla despus de revocados sus poderesI. Desde antes que llegase al puerto de Santiago de Cuba Juan de Grijalba y luego que Pedro de Alvarado dio noticias y muestras en oro de las riquezas de la tierra descubierta, tom con empeo nuestro Adelantado Velzquez habilitar nueva armada que pasase a establecer las poblaciones que culpaba a Grijalba haber omitido. Solicit embarcaciones y premeditando a qu persona confiara la expedicin que llenase sus intenciones en la ejecucin, cedi a la consulta de los confidentes y amigos. El primero en quien puso la mira fue Baltasar Bermdez por sus condiciones y paisanaje, como natural de Cullar, pero este, que se dibujaba de altos pensamientos y sobrada vanidad, pidi condiciones que desagradaron y resintieron al Gobernador separarse de su eleccin, y con este motivo, pretendieron la comisin Antonio y Bernardino Velzquez, parientes inmediatos del Gobernador Vasco Porcallo y otros caballeros que haba en la Isla67 capaces de aspirar a mayores empleos, entre los cuales prefera con justicia el comn sentir a Juan de Grijalba. 66. Herrera, dc. 2, lib. 3, cap. 11. 67. Sols, lib. 1, partida 1a, cap. 9o.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 100\ 100\ 100\ 100\ 100\ II. Haca oficios a favor de Hernn Corts, Amador de Lares Burgales, primer Contador del Rey y en quien se admira una viveza y penetracin tan natural y grande, que pudo merecerle y desempear este encargo no sabiendo leer ni escribir. Conspiraba al mismo fin el Secretario Andrs Duero y como por el Real inters deba ser Conjuez aquel, y este intervena en los despachos, arrastraron por persuasin y respeto la inclinacin de Velzquez, a favor de su recomendado, que luego se declar. Acept y reconoci Hernn Corts la confianza que de l se haca. Encomendsele la armada que constaba de diez embarcaciones de ochenta a cien toneladas y en cuya compra y habilitacin haba gastado el Gobernador veinte mil ducados, y comenzaron a formalizarse las ltimas disposiciones para su salida, hacindose pblica la resolucin. Continuaba Corts en el empleo de Alcalde ordinario de la villa de Santiago, en cuyo ejercicio se haba hecho amar, y con este antecedente fue bien recibida del Comn la eleccin del Gobernador. Slo los rivales llenos de envidia contra el electo, miraban y reprobaban la suerte. III. Hacan presente a Velzquez lo mucho que confiaba a un hombre poco arraigado y de quien haba tenido que sentir en las pasadas inquietudes de Baracoa. Recomendaban como estudiada y poco segura su reconciliacin, sospechosa su liberalidad y dobles sus obsequios hasta llegar ocasin, y dando toda la ponderacin a lo grande de la empresa y costos erogados en ella, acusaban de ligera la confianza. Para ms persuadirle, se cree haber inducido a un truhn llamado Francisquillo a quien el Gobernador celebraba, a que una tarde en que pasaba acompaado de Corts y otros muchos a reconocer el trabajo de los bajeles le dijese (como dijo) mira no hyamos de ir mantear Corts ; de cuyo dicho (que algunos graduaron por vaticinio despus de vistos los efectos) no hizo Velzquez otro aprecio que celebrarlo con el mismo Corts. Sobre estos antecedentes varan los historiadores en los pasos inmediatos, porque Herrera y los que le siguen68quieren que desde aqu comenzase el Gobernador a pensar en separar a Corts del encargo, pero Sols no asiente a que su desagrado tuviese principio antes de salir la armada del puerto de Santiago. IV. Siguiendo, pues, a este69 por hallar su continuacin ms verosmil, asentamos que el Gobernador sostuvo su resolucin contra los influjos de los rivales de Corts, continuando sin novedad en el despacho y fomento de la armada. Enarbol Corts su estandarte poniendo en l por empresa la seal de la cruz, con una inscripcin latina cuya traduccin deca: Sigamos la cruz, que con esta seal vencermos ; ostent en gala y gasto el nuevo empleo, y comprando con su caudal y el que recogi de los amigos, las provisiones de boca y guerra que quiso sobresaliesen a las prevenidas por 68. Herrera, dc. 2, lib. 3 cap. 12. 69. Sols, lib. 1, cap. 10.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /101 /101 /101 /101 /101 Velzquez, alist en pocos das hasta trescientos soldados, contando en ellos muchos de honor y sobresaliente espritu. Hizo su embarque con bando y llamada pblica y despedido con afectos y signos de amistad del Gobernador y dems amigos, le acompa aquel a bordo la maana del diez y ocho de noviembre en que disparaba la pieza de leva. Le fueron del puerto las ltimas anclas y sali de l la armada a la vela. V. Sentimos hallar embarazo en la siguiente relacin del elocuente Sols, porque no quisiramos ser correctores de tan insigne obra; pero la verdad y necesidad lo exigen, debiendo presuponerse que es slo de la Divinidad y no de la humanidad no errar en algo. Dice, pues,70 que costeando (esta armada) la isla por la banda del Norte hcia el Oriente, lleg en pocos das a la villa de Trinidad, debiendo asentar que por la banda del Sur hcia el Poniente. Porque los puertos de Santiago y Trinidad estn situados ambos a la costa del Sur, aquel al Oriente y ste al Occidente, y esta situacin hace increble aquella navegacin, para la cual era necesario rodear toda la Isla, siendo la que subrogamos la natural y usada. VI. Antes de llegar la armada a Trinidad, dicen los Herreristas71 que toc en el puerto de Macaca, quince leguas a Occidente de Cuba, donde se provey de casabe, carne y viandas de una hacienda que tena all el Rey. Tambin asientan, que tom la provisin de vveres que conduca un navo de Jamaica, para vender en Cuba y las que traa otro para los trabajadores de las minas de Jagua; nico incidente por el cual deducimos que se continu el cultivo de las minas descubiertas en las inmediaciones del ro Arimao de aquella provincia y cuyo silencio hace creer que no fueron de la mayor atencin, mediante a que no se hubiera omitido su recomendacin si correspondiese al lucro. VII. Llegado en fin, a Trinidad, se hizo pblica la empresa, y recogi Corts un considerable refuerzo de gente y bastimentos para la armada. Juan de Escalante, Pedro Snchez Tarsan, Gonzalo Meja, Alonso Dvila. Pedro Gonzalo, Gmez, Jorge y Juan de Alvarado, hermanos, con otros muchos, se alistaron en sus banderas y habiendo trascendido la noticia a la vecina villa de Sancti Spritus, vinieron de ella con el mismo destino Alonso Hernndez de Portocarrero, Gonzalo de Sandoval, Rodrigo Rangelo, Juan Velzquez de Len y otras personas de calidad. Con este refuerzo de gente noble, otros cien soldados que se juntaron de ambas villas y los caballos, armas, municiones y vveres que se haban agregado, se hallaba Corts complacido, cuando sobrevino un motivo de disgusto capaz de turbar todo el contento. VIII. Haban continuado el influjo sus mulos para deponerle del concepto de Velzquez y levantando la voz en su ausencia, con las ventajas de 70. Sols, lib. 1, cap. 11, al principio. 71. Herrera, dc. 2, lib. 3, cap. 12, y Torquemada lib. 4o, cap. 6.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 102\ 102\ 102\ 102\ 102\ indefenso, rindieron el nimo del Gobernador hacia la desconfianza. Hzole esta remitir dos correos a Trinidad con orden a su cuado Francisco Verdugo, Alcalde mayor de ella, para que detuviese la Armada, por haber ya revocado los poderes de Corts. Comprendindolo este y valindose hbilmente de los amigos, consigui suspenderla, bajo los especiosos fundamentos de su inalterada fidelidad y del justo recelo con que deba temerse algn insulto de la gente de la armada, si se tocaba a un General a quien veneraban; y volviendo uno de los correos con esta respuesta y cartas de Corts al Gobernador, se aceler el despacho y apronto de la armada, que sali para el puerto de La Habana. IX. Tenemos desenvuelta72 la confusin que aqu poda causar la navegacin que se supone por el Sur de La Habana, y sobre este pie, asentamos que Corts con la armada vino a la villa de San Cristbal por dentro de la costa y la Isla de Pinos. Pedro de Alvarado, pas por tierra recogiendo gente y conduciendo los caballos y a Escalante se mand que fuese con un navo por la banda del Norte. Toc la Capitana una noche en los Jardines, bajos peligrosos de esta navegacin y no pudiendo notarlo los dems en la oscuridad, siguieron sin ella, hasta que la luz del da hizo visible su falta. Retardse algunos por la necesidad de alijar hasta que navegase, y volver a introducirle la carga y aunque esta tardanza la hizo temer perdida, continu felizmente su rumbo, hasta incorporarse con la armada en la citada villa de San Cristbal. Desembarc en ella la gente y pasando a La Habana con la corta travesa de catorce leguas que hay en la cintura de Norte a Sur por Bataban, comenzaron a recoger nuevos socorros. Para ellos y para apartarle de s, envi Corts a Diego de Ordaz con un navo, a que en un pueblo de indios que estaba en la punta de Guaniguanico (hoy cabo de San Antonio) cargase de casabe y carne, aguardando all a la armada. X. Hospedado Corts en la casa del Teniente de Gobernador Pedro de Barba, llegaron a ella Alvarado y Escalante, con los caballos y gente, y pregonada la jornada, aumentaron el nmero de sus tropas, Francisco de Montejo, Diego de Soto, Angulo Garcicaro, Sebastin Rodrguez Pacheco, Rojas, Santa Clara, dos hermanos Martnez, Juan de Cedeo, Juan de Njera y otros que ayudaron con su caudal al apresto de la armada. Repararon la artillera y armas, hicieron repuesto de guerra y boca, formronse rodelas hinchadas de algodn para defensa de las flechas y se entenda en la ltima preparacin como postrero puerto amigo a que poda llegarse. XI. En esta situacin vino a La Habana nuevo correo del Adelantado Velzquez, por el cual, prevena a su Teniente Pedro de Barba, que privase a Corts de la armada y se lo enviase preso a buen recaudo, hacindole mero ejecutor y recomendndole la importancia de la ejecucin y su desagrado con Verdugo por la falta de ella. Noticioso Corts de esta novedad 72. Vase el cap. 6, § 8o, de este libro.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /103 /103 /103 /103 /103 y resentido ya de la obstinada desconfianza de Velzquez, uni a los suyos y dndose por entendido de su persecucin, trat de sostenerse sobre sus ofrecimientos, pero comprendido por Barba, desarm la fuerza con la debilidad, asegurndole que no ejecutara la comisin. En prueba de ello retorn el expreso, respondiendo a Velzquez, que ya no era tiempo de detener a Corts, porque se haba hecho superior en fuerza a las de la Villa, cuyo vecindario poda padecer en el intento. Aquietronse los nimos con esta resulta y dando la ltima mano al apresto de la armada73 sali Pedro de Alvarado del Puerto de Carenas de La Habana, en el navo San Sebastin a solicitar el de Ordaz en el cabo de San Antonio, e incorporarse ambos all con la armada, que estaba y haba de ir por la costa del Sur, y pasando a esta por tierra Corts con su gente y provisiones, levaron las anclas el diez de febrero de 1519 dejando la isla de Cuba.Captulo XII Habilita Velzquez mayor armada para ir personalmente contra Corts: opnese la Real Audiencia a que salga de Cuba, y la confa a Pnfilo Narvez, quien en Nueva Espaa es vencido y preso por CortsI. Qued Velzquez sumamente desazonado con la ida de la armada bajo el mando de Hernn Corts, y asentando su alzamiento a lo menos por los ltimos disgustos, concluy en la necesidad de solicitar por todos medios su deposicin. Acrecentaba este cuidado las noticias de la felicidad con que su rival iba adelantando sus conquistas, las riquezas que adquira y la ninguna memoria que haca de su armador. Queja justa y que pudiera haber satisfecho Corts con algn reconocimiento, debido a la mano que puso en la suya los principios de su exaltacin; pero queja que ya no caa en los rigurosos trminos de justicia, por haber su desconfianza obligdole a renunciar el mando en manos del cabildo secular de Villa rica, recuperndole de l a nombre del Rey y no de Velzquez. Con todo, rumiaba este en su interior y tomaba bastantes medidas sobre el medio de recuperar su prdida. II. Pocos adelantos podran experimentar los pueblos de la isla de Cuba con estas atenciones forneas, que le sustraan, no slo la principal de su gobierno, sino tambin los hombres, frutos y animales de su fomento. Por 73.Recopilamos en esta suscinta relacin a Sols, lib. 1o, cap. 10, hasta el 14. Herrera, dc. 2, lib. 3, cap. 12 y 13, y Torquemada, lib. 4o, cap. 6o y siguientes: por no contraernos con fatdico a menudencias que en ellos pueden verse.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 104\ 104\ 104\ 104\ 104\ tanto, slo se hace mencin de ella en este ao, para asentar74 que de sus ocho villas, en las seis trataban sus vecinos de solicitar y recoger oro, y en La Habana de hacer granjera y crianza de ganado por ser sus tierras menos montuosas. Sus moradores, inquietos con las noticias de las riquezas de Nueva Espaa, de que pasaban ya algunas por la vieja Espaa, residan con desabrimiento en sus casas y conceptuando mejor fortuna en seguir a Corts, se desmembraban y embarcaban a buscarle, de suerte, que iban dejando despoblada a Cuba. Velzquez que senta y notaba esta desolacin, hubo de resolver entrando ya el ao de 1520 a habilitar nueva armada, en que capitaneando personalmente75 esta gente, recobrase la que haba confiado a Corts y no crea se negase a su subordinacin. III. Habase restituido a Cuba Pnfilo de Narvez, con el ttulo de Adelantado y capitulaciones que hemos dicho agenci en la Corte para Velzquez, y con esta autoridad y legitimidad, tom ms cuerpo la resolucin del Gobernador fervorizndose en la ejecucin. Pero comprendida por la Real Audiencia de la Espaola, ya creada para el mando superior de estas islas, no juzg conveniente la ausencia de Velzquez y remiti para impedirla al Licenciado Lcas Vzquez de Ailln, uno de sus Oidores. Este hizo presente al Adelantado la falta que su persona causara en la Isla para el fomento de los pueblos y pacificacin de los indios, con quienes se haba granjeado tanto squito, la despoblacin en que quedara, arrastrando su persona todos los espaoles que le amaban y el desagrado que por estas razones deba su resolucin a S. A.; concluyendo por persuadirle confiase a otro la nueva expedicin: conspiraban al mismo fin Vasco Porcallo, Baltasar Bermdez y Pnfilo de Narvez, con toda aquella persuasin que les ministraba la esperanza de ocupar su lugar en el comando de la expedicin y a la fuerza de tanto combate cedi la condicin suave del Adelantado. IV. Ocurrile primero nombrar para ello a Baltasar Bermdez a quien siempre se inclin por pariente y paisano, pero llegando a declarar la eleccin recay en Vasco Porcallo de Figueroa que siendo el principal poblador de la villa de San Juan de los Remedios se hallaba con caudal y estimacin. Comprendilo este y la acept y estim. Mas, Velzquez escarmentado en las anteriores ocurrencias de Corts, tema con fundamento del acierto de su eleccin, obra difcil, decisin ardua en que el mismo Dios infalible en sus juicios y cientfico en los futuros, no juzgando por ellos sino por la presente providencia, manda ungir por Rey de Israel a un Sal, que corriendo por el mejor hombre del pueblo desde los primeros pasos merece su reprobacin. Qu har un juicio humano creado y falible donde el Divino increado e infalible nos ministra tales ejemplos? Comprendi Porcallo esta duda y para quedar con aire en el temido desaire se present a 74. Herrera, dc. 2, lib. 5, cap. 3o. 75. Herrera, dc. 2o, lib. 9, cap. 18.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /105 /105 /105 /105 /105 Velzquez y en presencia de otros le dijo: Que la empresa de deponer a Hernn Corts, no era tan fcil de conseguir como de proyectar, porque era sujeto de valor y conducta bastante para hacerse sostener. Que a ello conspiraran los que le seguan y amaban, y que sobre estos principios convenan que el que fuese con igual comisin tuviese todo el valor necesario a su magnitud. Que haba comprendido que no se haca entera satisfacin de l para este fin y para que se encomedase a quien la mereciera, renunciaba el cargo. Volvi con denuedo la espalda y dej al Adelantado en consternacin y sin atreverse a responderle. V. Ocup nuevo asiento la duda y pulsada maduramente la eleccin, tuvo ms presente en ella la confianza del electo que el deseo de conseguir la empresa. Pnfilo Narvez prevaleci en ella obteniendo nombramiento formal para el mando de la armada. No podemos desconocer que el mrito de Narvez en el auxilio que trajo de Jamaica, las comisiones que ejerci en la Isla y la agencia del Adelantamiento en la Corte, le hacan en absoluto ms benemrito que sus competidores y acreedor a toda la confianza del Adelantado; pero en la cualidad era el menos apto para el comando, porque su natural confiado y tardo, experimentado en las incidencias de Bayamo y del pueblo de Caonao lo hacan inepto para contraponerse a la viveza y pericia militar de un Corts y mucho ms para aprehenderlo. Con todo, prevaleci la confianza y a Narvez se entreg la armada que constaba de once navos y siete bergantines con poderes del Adelantado, ttulos de Gobernador de Nueva Espaa e instrucciones y rdenes de remitir preso a Cuba a Hernn Corts. VI. Hallbase ya sobre un ancla la armada cuando volvi al puerto de Santiago el Oidor Lcas Vzquez, que restituido a su Real Audiencia, despus que desisti a Velzquez de ir personalmente contra Corts, le hizo S. A. volver a evitar esta armada aun bajo de otro mando. Requiri al Adelantado sobre la incertidumbre del xito de ella y mucho ms del de la guerra contra Corts, las consecuencias fatales que podan traer a la conquista de Nueva Espaa, una guerra civil entre los mismos europeos, y que aun quedando Velzquez en la Isla, se despoblaba esta con la salida de cuantos componan dicha armada, siendo este uno de los principales perjuicios que trataba de evitar S. A. desde su primera venida. Pero el Adelantado que ya haba hecho empeo en la expedicin, no cedi en su despacho, respondindole que la inobediencia de Hernn Corts no terminaba en su persona, sino trascenda al respeto de la Majestad y no poda quedar sin escarmiento: y que pues por obsequio a S. A. suspendi ir personalmente a ejecutarlo, no permitiese que adems de los costos que haba erogado y perda, sufriera el deshonor de perder tambin la posesin del Adelantamiento que por Reales despachos se le haba concedido. Esforz ltimamente Narvez este intento ofrecindose de la amistad de Corts y dependencia de su gente, y las buenas intenciones

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 106\ 106\ 106\ 106\ 106\ que llevaba componerlo todo sin los obstculos que se prevea, concluyendo resueltamente en que aquello convena y que dentro de dos horas se hara a la vela. Viendo el Oidor tan irremediable la expedicin, deliber marchar en ella ofrecindose mediar en los lances que ocurriesen y aunque no agrad mucho su compaa a Narvez, tuvo que admitirlo y salir con l y la armada del puerto de Santiago. VII. Naveg con algn infortunio hasta la isla de Sacrificios en que hall tres soldados espaoles que cuidaban una estancia y por ellos fue informado de la formacin y situacin de Villa rica, en que resida Gonzalo de Sandoval, a nombre de Corts que a la sazn se hallaba en Mjico y que slo tena la Villa setenta soldados, los que fcilmente se rendiran a su devocin.76 Con esta noticia mand Narvez que Juan Ruiz de Guevara Presbtero, con un escribano y dos hombres, llevasen a Sandoval una carta en que le requera la obediencia con protesta de instruirle de la legitimidad de su despacho: y acercando los bajeles a la costa de Zempoala, determin desembarcar en ella, echando en tierra a fines de abril ochenta y cinco caballos, ochocientos infantes y doce piezas de artillera; Sandoval recibi agriamente las arrogancias del clrigo Guevara y dio con l y sus compaeros en Mjico, a donde fueron bien recibidos y tratados de Corts en cuya noticia puso cuanto ocurra. Aposent Narvez su ejrcito en Zempoala donde su Cacique lo regal y dio noticias de la grandeza en que se hallaba Corts, y all mismo recibi un gran presente que le remiti Moctezuma, instruido de su llegada, y ofrecindole su amistad a que correspondi reconocido. VIII. Informado Corts por Guevara y su socio del nmero de hombres, fines e instrucciones de aquella armada, y previendo de cuantos perjuicios sera al progreso de la conquista, embarazarse en guerra con los suyos, volvi a remitir su gente a Narvez previniendo a esta le informasen de las grandezas y estados de aquella tierra, dndole las cartas que le haca. En estas le ofreca Corts y los suyos su amistad, intereses y la buena correspondencia si se unan al servicio del Rey, y haca presente el perjuicio de este y del de Dios, que en su discordia era necesario siguiese: y para ms persuadirlo vino en persona desde Mjico Fray Bartolom de Olmedo, religioso de virtud y prudencia a hacer las partes de Corts con instrucciones de este y cartas para Narvez, Andrs Duero y el Oidor Vzquez, acompaando algunos presentes y muchas promesas: con esta diligencia comenz a dividirse en opiniones la gente de Narvez; y aunque a este pesaba mucho dejar sin satisfaccin el agravio de Velzquez, la razn del servicio de Dios y del Rey y de la paz, fueron levantando tanto el partido de ella, que se lleg a requerir a Narvez sobre la perdicin del Reino,77si le perturbaba haciendo guerra a Corts y el Oidor Vzquez, tomando el 76. Herrera, dcadas, lib. 2, cap. 18. 77. Herrera, dicho libro, cap. 20.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /107 /107 /107 /107 /107 venerable nombre de su Real Audiencia, lo requiri so pena de muerte y perdimiento de bienes, que no fuese a Mjico sin verse ni acordarse primero con Corts. IX. Para desembarazarse Narvez, dispuso que se habilitase una carabela, y en ella remiti para Cuba a dicho Oidor y otros de su faccin, bajo el pretexto de que no hiciera falta en su Audiencia, pero avisando a Velzquez de la verdadera causa78 y del estado en que haba hallado a Corts, a cuyo favor notaba grandes simpatas. Conmin a los dems del ejrcito con graves penas, si hablaban en favor de Corts (a cuyo favor notaba muchas inclinaciones) public guerra contra l, ofreciendo premio a quien lo prendiese o matase, y con esto se disgust mucho su gente que comenz a pasarse a la Villa rica. Trat de asegurar al Padre Olmedo y escribi con l a Corts, “que Diego Velzquez se hallaba con provisiones Reales que le concedan el Adelantamiento de aquella tierra, y que l llevaba sus poderes y ttulos para ocuparlos, y as le requera que se la dejase en paz, pues no le perteneca y de lo contrario le ira muy mal”. Y como Corts no tena la mayor satisfaccin de los ttulos con que proceda, despus de apurar las splicas, escribi a Narvez pidindole que se viesen solos con poca gente, a cuyo fin ira a donde le sealase, y que si no la aceptaba le dejara a Mjico, y quedndose con trescientos hombres se ira a conquistar otra tierra. X. Obstinado Narvez en no admitir partido, oblig a que saliese Corts de Mjico con parte de su gente dejando el resto de ella. Tom algunos indios en Tlascala y acercado a Zempoala, apur los medios de la conciliacin, que fueron igualmente intiles. No por ello se olvid de las prevenciones de guerra, antes, como cuerdo y avisado se vali de la satisfaccin con que el contrario la menospreciaba para ganar terreno hacia su sitio y aventajar en la industria, lo que no poda en el nmero desigual de slo doscientos soldados, mientras Narvez, necio y descuidado le irritaba con su terquedad y animaba con su descuido. Lleg este a tanto grado, que hallndose con su enemigo a las puertas, dorma sobre su necia satisfaccin, y la de una noche tempestuosa, cuando sin detenerse Corts en esta cualidad le acometi, venci y apres perdiendo en la resistencia un ojo, que no lo necesita el General a quien no sirve para velar, aun despus de deberlos tener mucho ms despiertos con la memoria de lo ocurrido en la provincia de Bayamo de la isla de Cuba. El ejrcito de su contemplacin, se dio con poca resistencia al de Corts a que estaban desde antes, muchos de sus nimos, y procurando ganarlos todos, se qued con este ventajoso refuerzo, que bien lo necesitaba para seguir su conquista. Este fin tuvo la ruidosa expedicin de Pnfilo Narvez, comprobando los altos juicios de Dios, con que da salud y fomento a los que quiere por manos de aquellos enemigos que ms lo aborrecen. 78. Sigue Herrera al cap. 21 y siguientes hasta el 3o del lib. 10; y Sols, lib. 5, captulos 9o y l0o.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 108\ 108\ 108\ 108\ 108\Captulo XIII Manda Velzquez, con Pedro de Barba y Rodrigo Morejn, socorros a Narvez, y se aprehenden por los de Corts. Viene el Licenciado Zuaso con residencia a Cuba: dase comisin a Cristbal de Tapia, la que se obedece y no ejecuta, y muere Juan Ponce de LenI. Antes que Diego Velzquez fuese informado del infeliz xito de Narvez, le envi en su socorro y para adquirir noticias de su estado, un navo con trece soldados, dos caballos y algunos bastimentos y municiones al cargo de Pedro de Barba, su Teniente Gobernador en La Habana; suponale vencedor de Corts y conquistando la Nueva Espaa, y en este concepto le ordenaba que se mantuviese a toda costa en la conquista a cuyo fin le ofreca grandes socorros, y tambin le prevena que si no haba muerto a Corts, se lo remitiese luego a buen recaudo, porque tena expresa orden del Obispo de Burgos para enviarle preso a la Corte. Lleg Barba felizmente al puerto de San Juan de Ula79 y pasando a bordo de su bajel Pedro Caballero a cuyo cargo estaba el cuidado de aquella costa, le salud y comprendi el destino que llevaba a favor de Narvez. Supsole cautelosamente que este se hallaba vencedor y Corts fugitivo por los campos, y sobre esta seguridad saltaron Barba y su gente a la Veracruz, donde descubierto el engao, quedaron sin violencia presos y fueron remitidos a la presencia de Corts que se hallaba en Segura de la Frontera. II. Siguiendo las aguas del bajel de Barba, remiti Velzquez otro, al cargo de Rodrigo Morejn de Noguera con ocho soldados, una yegua y cantidad considerable de armas y municiones, y el mismo destino y rdenes para Narvez: lleg a San Juan de Ula ocho das despus que aquel y aprehendidos el Capitn y gentes por Pedro Caballero con el propio ardid80fueron igualmente remitidos a Corts. Celebr este el socorro y sobre todo la presencia de Pedro de Barba, a quien estimaba y reconoca los buenos oficios que le deba en La Habana, y en fe de ellos, le dio luego una Compaa de ballesteros: con esta sigui sirviendo valerosamente habindose sealado en la peligrosa retirada de la montaa de Suchimilco81 de que baj maltratado, y destinado ltimamente a uno de los bergantines que auxiliaron la postrer entrada de Mjico, qued gravemente herido en la defensa de las emboscadas de las piraguas, y de sus resultas muri a los tres das82 haciendo Corts notables demostraciones de sentimientos con 79. Sols en dicho libro 5, cap. 5o. 80. Sols, ibd. 81. Sols, libro 5, cap. 17. 82. Sols, ibd.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /109 /109 /109 /109 /109 su prdida, porque le falt en l un amigo igualmente seguro en todas fortunas y un soldado valeroso sin achaques de valiente y cuerdo sin tibieza de reportado. III. Estas y otras atenciones contra Corts ocuparon todo el ao de 1520 y parte de 1521, pero entrado este, ocurrieron varias al Adelantado Velzquez: porque el Almirante don Diego Coln que se hallaba en la Corte tom la resolucin de nombrar (como nombr) por Juez de residencia para la isla de Cuba al Licenciado Alonso de Zuaso quien con esta comisin pas a Cuba y comenz a sindicar a Velzquez. A las primeras providencias de ellos priv a Manuel de Rojas del repartimiento de indios que gozaba83con la expresa causa de ser deudo de Velzquez, pero el buen concepto que este Gobernador tena en la Corte hizo expedir Orden Real para que Zuaso no continuase en la residencia, negando al Almirante la facultad de nombrarlo y al Juez la de poderlo ser antes que le diesen los empleos y encargos que haba obtenido. Se mand restituir a Rojas en la encomienda, concedindole trmino para traer su mujer, y que en caso de ausencia de Velzquez gobernase Gonzalo Nez de Guzmn. Pas el precitado Manuel de Rojas a Castilla con los fines de conducir su familia a Cuba y con poderes de Diego Velzquez para establecer sus quejas contra Hernn Corts y presentadas en el Consejo de Indias, abri la puerta a su buen despacho el haber merecido grata audiencia de su Presidente Juan Rodrguez de Fonseca; porque aunque no faltaba partido a Corts, cuya felicidad ya sabida le atraa hasta los menos conocidos, no podan desvanecer la justicia con que Rojas fundaba por Velzquez la usurpacin de una conquista que haba costeado y emprendido con Reales ttulos y confiado al mismo Corts. IV. Se resolvi en el Consejo que ni el Almirante, ni la Real Audiencia de Santo Domingo84 procediesen contra Pnfilo Narvez preso an en Veracruz, y contra quien se haba fulminado causa por la remisin del Oidor Vzquez, que sin tocar en Cuba lleg a su Audiencia, disponiendo que se pusiese en libertad. Que a Diego Velzquez se devolviesen cuatro mil ducados que por las costas de esta dependencia se le haban exigido. Que el veedor Cristbal de Tapia que resida en la Espaola, pasase a Nueva Espaa y tomando su Gobierno por el Rey, diese satisfaccin a Diego Velzquez sobre los intereses que demandaba, y nombrase Juez que conocera de lo ocurrido entre Corts y Narvez. Librronse los despachos en Burgos a favor de Cristbal de Tapia, y se le remitieron a la Espaola donde se hallaba; recibidos, comenz a prepararse para su ejecucin, pero la Real Audiencia y el Almirante que conocan como presentes los disturbios que de ella deban esperarse en el Reino de Nueva Espaa, persuadieron a 83. Herrera, dc. 5, lib. 1, cap. 14. 84. Herrera, dc. 3, lib. 1, caps. 14 y 15.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 110\ 110\ 110\ 110\ 110\ Tapia suspendiese por entonces este viaje, y tomando otro semblante las cosas quedaron sin actual ejecucin. V. Lleg tambin derrotado en este ao a la isla de Cuba, el clebre Juan Ponce de Len, que como hemos dicho descubri la provincia de Florida el ao de doce. Haba obtenido del Rey su Adelantamiento y conquista, y habiendo armado a su costa para ella dos navos en la isla de San Juan de Puerto Rico, despus de muchas calamidades que sufri en la navegacin, experiment mayores en tierra. Porque apenas pis la dicha provincia, cuando resistido de los indios con prdida de mucha gente,85 se retir a Cuba con el resto de ella y varias heridas de que padeci, y falleci. Crdenas Cano, que refiere tambin este suceso, aade que en su sepulcro se puso este epitafio86: Mole sub hac fortis requiescunt ossa Leonis Qui vicit factis nomina magna suis. El cual tradujo en espaol el Licenciado Juan de Castellanos as: Aqueste lugar estrecho es sepulcro del varn que en el nombre fue Len y mucho ms en el hecho. Grade el lector la fe que a l deba, mediante a que por los incendios y hostilidades que han padecido los pueblos de la Isla, carecemos de fundamento con que probarlo o reprobarlo. VI. Entre tanto, Cristbal de Tapia, que por su propia utilidad y por satisfacer a los encargos del Obispo de Burgos, cuyo criado haba sido, deseaba ejecutarlos, fue proporcionando suave y sigilosamente su avo y consigui ejecutar el viaje a fin de este ao. Lleg entrando el veinte y dos felizmente a Veracruz, present sus provisiones a su Ayuntamiento por quien le fue respondido, que la mayor parte de los vecinos estaban en Mjico sirviendo al Rey, y que por esta causa aunque las obedecan, era necesario diferir su cumplimiento hasta la vuelta de los ausentes. Desabrido Tapia de esta respuesta, escribi a Corts hacindolo tambin al Consejo, y que aquel con sagacidad dispuso que le tratasen como convena, mientras pasaba a verle, mas comenzando a prepararse para esta jornada se la impidi el Cabildo de Cuyuacan porque no estando an bien establecidas las cosas podra causar su ausencia graves turbaciones en ellas y el ejrcito. Ofrecironse para ir a Veracruz y tratar con Tapia lo que ms importase al servicio del Rey, y pareciendo lo ms oportuno, dispuso se uniesen en Veracruz los diputados de los pueblos ya establecidos con otras personas de respeto que tratasen lo que ms conviniese. 85.Herrera, dc. 3, lib. 1, cap. 14. 86.Don Gabriel de Crdenas Cano en su Ensayo cronolgico de la historia general de la Florida, ao de 1521.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /111 /111 /111 /111 /111 VII. Furonse uniendo dichos diputados en la Veracruz, y Cristbal de Tapia, esforzando con ellos el derecho que le asista al cumplimiento de sus Reales disposiciones,87 pero habindose finalmente incorporado, vistos y premeditados, acordaron que convena suplicar de ellas y mandaron a Gonzalo de Sandoval que como Alguacil mayor notificase a Cristbal de Tapia lo acordado, y que se embarcara y se fuese de la tierra y no hacindolo lo prendiese por convenir as a la quietud pblica y servicio del Rey: hizo sus protestas que le fueron rechazadas, y viendo que ninguna diligencia le aprovechaba, volvi a embarcarse y reparar la navegacin a la isla Espaola donde el Almirante y la Real Audiencia, reprendieron su inobediencia, con que desesperado, resolvi pasar a la Corte a establecer su queja contra Corts. VIII. Bramaba Diego Velzquez al ver los ardides y cautelas con que Hernn Corts dejaba eludidos cuantos medios intentaba para su reintegro, y obstinado en la venganza, resolvi ltimamente embarcarse a tomar personalmente satisfaccin de sus agravios confiado en los amigos que tena en la Corte y esforzaban su justicia. Comenz a reunir las embarcaciones, gente y pertrechos que pudo, y consigui armar hasta siete navos bien equipados y provedos. Embarcse88 y lleg a salir del puerto de Santiago de Cuba, pero el Licenciado Parada que iba con l y era hombre de letras y persuasivo, tom a su cargo disuadirlo de la empresa: hacale continuamente presente los inconvenientes que haban de nacer de aquella jornada, as por su falta en la isla de Cuba, como por las resultas de su ida a Nueva Espaa, que Corts no dejara voluntariamente la provincia sino a fuerza de sangre: que no le era fcil alcanzarla por este medio, porque aquel estaba posesionado y querido de muchos que servan a sus rdenes, y contra los cuales era muy poca la gente que llevaba; y finalmente, que no era cordura empearse en una empresa, de la cual se tena moral certidumbre, que no haba de salir con honor. Convencise Velzquez a tan fuertes razones, y recorriendo las quillas lo que haban surcado, volvi a entrar en Santiago de Cuba, no abandonando por ello su derecho contra Corts, sino slo el medio de ir en persona a disputarlo. 87. Herrera, dc. 3, lib. 3, cap. 16, y Salazar en su justicia de Mjico, lib. 1, cap. 7o. 88. Herrera, dc. 3a, lib. 3, cap. 18.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 112\ 112\ 112\ 112\ 112\Captulo XIV Varan de semblante en la Corte los asuntos de Velzquez y Corts, recusan al Obispo de Burgos, y se decide la justicia, sosteniendo en la conquista y sus derechos a Hernn Corts, con reserva de los intereses erogados por VelzquezI. Haban corrido hasta el ao de 1520 las pretensiones de Diego Velzquez contra Hernn Corts, con toda la felicidad que se ha apuntado, y llegaron con el auxilio del Obispo de Burgos a poner a sus contrarios en estado de no atreverse an a reclamar su justicia, pero en l consiguieron Martn Corts, Alonso Hernndez Portocarrero y Francisco de Montejo grata audiencia del Csar. Atrjose este su Real benevolencia, mas no pudiendo administrarles justicia por s, a causa de las atenciones con que le ocupaba el inmediato viaje a Alemania, la cometi S. M. con particular recomendacin al Cardenal Adriano, Gobernador del Reino en su ausencia. Terminaron las inquietudes de este, que causaron suspensin a todo asunto forneo, y a este tiempo llegaron a la Corte, con las ltimas quejas, Pnfilo Narvez y Andrs Duero, por Diego Velzquez; Diego de Ordaz y Alonso de vila de Mendoza, por Hernn Corts. II. Calmaron los disturbios interiores, y la gente de Corts obtuvo una audiencia del Cardenal Gobernador, en que informando el estado de la conquista de Nueva Espaa, los derechos de su causa y la oposicin que reconocan en el Obispo de Burgos, pidieron y se les concedi licencia para recusarlo e inhibirlo de su reconocimiento.89 Expresronse y se justificaron las causas con aquella moderacin que era debida a su carcter y dignidad, y tenidas por bastantes las consultas del Consejo, le dio por recusado el Cardenal con orden para que se abstuviese de intervenir en los asuntos entre Velzquez y Corts. Recomend la importancia de la atencin a este, cuya gratitud continu desde la Tiara a que fue prontamente ascendido. Restituido en Italia el Emperador, dio su Soberano odo a esta causa luego que seren algunos embarazos de su Reino: ratific la recusacin del Obispo de Burgos y para la ltima determinacin de asuntos tan graves, mand formar una Junta de los ms doctos y justificados Ministros del Reino. III. Viose la causa con la madurez que requera su naturaleza e importancia, su Real recomendacin y la calidad de los Jueces, y careados los informes y Procuradores para separar los hechos de las falsas vestiduras con que desfigura el amor propio, pudieron hallarse osculadadas la verdad y la justicia. Considerse alguna desobediencia y destemplanza de parte de Corts en los primeros pasos de la jornada, pero que deba condonarse 89.Sols, lib. 5, cap. 7o y siguientes: Herrera, dc. 3o, lib. 1, cap. 3o, Salazar latamente en su Justicia de Mjico, lib. 1, cap. 8o y siguientes.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /113 /113 /113 /113 /113 por su justa irritacin y los grandes servicios y efectos que de ella haban resultado, en cuya continuacin convena sostenerlo y asistirlo para que perfeccionase lo adelantado. Que no haba ttulo justo en Diego Velzquez para que haya de apropiarse las conquistas, slo por haber gastado algunos intereses en la expedicin y confidola a Corts, as porque este coste tambin parte de la armada, como porque careca de legtima facultad, cuando libr los despachos, y tambin porque con su revocacin, haba perdido cualquier derecho que en su despacho se le considerase. Y ltimamente, culparon como ambicin desordenada, el despacho de Narvez en orden a recuperar la conquista de Nueva Espaa contra las prohibiciones de la Real Audiencia y atropellando los graves inconvenientes que de ellos pudieron resultar. IV. Conforme este parecer de la Junta y consulta al Emperador, se pronunci la sentencia que fue:90 declarar por buen Miniftro y fiel Vaffallo de su Majeftad Hernan Corts: honrar con la mifma eftimacion fus Capitanes y Soldados: imponer perptuo silencio Diego Velzquez en la pretenfion de la Conquifta; mandarle con graves penas que no la embarazaffe por si ni por sus dependientes, y dexarle su derecho falvo en quanto los maraveds, para que pudieffe verificar su relacion y pedirlos donde convinieffe su derecho. Este expediente de justicia mereci la causa, en que algunos consideraron haber mediado razones de Estado, reservndose a S. M. Cesrea, las gracias a Corts y reprensin a Velzquez. Formronse los despachos llenando de honores a Hernn Corts, mandando a Diego Velzquez que alzase las manos en todo asunto de conquista y reprendindole con alguna severidad, y firmado por el Emperador en Valladolid a 22 de octubre de 1522, se entregaron a los Procuradores de Corts, para que marchasen con ellos. V. Al mismo tiempo que se contenda en el Consejo la justicia y derecho de Corts y aun ya declarada se intentaba usurpar sus conquistas en Nueva Espaa. Francisco de Garay, Gobernador de Jamaica, en confianza de unos Reales despachos que haba obtenido subrepticiamente emprendi la de Panuco y formando su armamento sali con l de dicha Jamaica el ao de 1523. Lleg por el mes de junio91 al puerto de Jaragua de la isla de Cuba, a corta distancia de Santiago, donde se le inform que ya Corts tena poblado a Panuco y pacificada su tierra, a cuya empresa asisti personalmente. Sinti Garay esta novedad y tratando la materia con Diego Velzquez y el Licenciado Zuaso (que desde la residencia parece se situ en Cuba) le persuadieron procurase concertar algn partido con Hernn Corts. Inclinado a ello, dese le acompaase el Licenciado Zuaso, pero las pendientes resultas de su residencia no se lo permitieron entonces, y aunque des90.Copia literal de Sols, lib. 5, cap. 8o. 91.Herrera, dc. 3, lib. 5, cap. 5o, y Salazar, parte 2a, cap. 6o, y Crdenas Cano, ao de 1523.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 114\ 114\ 114\ 114\ 114\ pus se embarc con este pensamiento, lo llevaban a otro destino las contingencias del mar;92 sigui al fin Garay con su intento y sin conseguirlo despus de algunos sinsabores, se concert con Corts93 como lo haba persuadido Velzquez. VI. Suaviz este y otros amargos, el magnnimo espritu de Hernn Corts, con la feliz llegada a Nueva Espaa de su querida consorte doa Catalina Surez: haba permanecido en la villa de Santiago de Cuba donde dejamos ya celebradas94 sus bodas, mientras los empeos de la guerra permitan alguna situacin permanente y luego que la franque la pacificacin de Mjico, se embarc con su hermano Juan Surez y otros castellanos a continuar la indisoluble unin de su matrimonio. Surc la nave los primeros das con satisfaccin de los vientos, pero en los ltimos, la oposicin de ellos no le permitieron tomar el puerto de San Juan de Ula, y se hizo necesario arribar al ro de Guayalco,95 all fue recibida por Gonzalo Sandoval, que comandando las ms inmediatas pacificaciones, tuvo noticia de su arribo y pas a obsequiarle con atenciones y con las mismas sali a Mjico, donde continu disfrutando las mayores de aquel Reino. VII. Finalmente adopt Velzquez este ao otro motivo de disgusto con Corts, que la casualidad trajo a sus puertas. Dispuso que Cristbal de Olid saliese con una armada a descubrir por la mar del Norte, y conquistar la provincia de Hibueras tomando con escala en La Habana la gente, caballos, armas y bastimentos que hubiesen preparado los Alonso de Contrera y Llerena, a quienes haba anticipado la cantidad de siete mil pesos.96 Hall en efecto algunos aunque no tantos como esperaba, porque el tiempo y continuadas extracciones, en virtud de Real licencia para que de las islas se pudiesen llevar ganados con que poblar a las tierras firmes, haban encarecido tanto las cosas de Cuba, que vala dos pesos la anega de maz, cuatro la de frijoles, nueve la de garbanzos, tres pesos la arroba de aceite, cuatro la de vinagre, nueve la de velas de sebo, otro tanto la de jabn, dos pesos una ristra de ajos, tres un pual, cien una escopeta, un cuero de vaca doce y equivalentemente las dems, de que provena ganar un maestro de embarcacin ochocientos pesos de mesada y a su respecto la dems tripulacin, y se consumi aquella cantidad en menos sustentamiento del que se esperaba. VIII. Aqu dice Herrera que Andrs Duero, Juan Ruano, el Bachiller Parada y el Provisor Moreno, conociendo en Olid descontento hacia Corts, le acabaron de confirmar en la opinin de desobedecerle; pero Salazar ampla ms la persuasin. Asienta, pues, que llegando Velzquez a La 92. Herrera, lib. 5, cap. 5o, y Salazar, part. 2a, cap. 10. 93. El citado Herrera, dc. 3a, lib. 5, cap. 6o. 94. Al cap. 3, nm. 4 de este libro. 95. Salazar, Justicia de Mjico, parte 2a, cap. 4o. 96. Herrera, dc. 3, lib. 5, cap. 7o, y Salazar, part. 2a cap. 17.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /115 /115 /115 /115 /115 Habana, persuadi a Olid con razones y ofertas que faltase a la confianza que deba a Corts, prometindole el aumento de municiones, vveres y soldados que necesitara para hacer la conquista con calidad y condiciones de que fuese partido entre los mismos Velzquez y Olid: accedi este prometindose interiormente a hacer a ambos respectos mientras la suerte declarase cual convena seguir a la descubierta, y logr por entonces auxilios de Velzquez. Lo cierto es, que entre los dos se dio motivo, con ms o menos causa a Corts para que apease de la comisin a Cristbal de Olid, subrogando en ella a Francisco de las Casas y a que increpase en la Corte las quejas contra Diego Velzquez. IX. Haban prohibido desde los principios del descubrimiento de Indias, que se condujesen negros a ellas, pero la escasez de los naturales y la ocupacin de los castellanos en descubrimientos y conquistas, hizo prever su necesidad para labor de las tierras y principalmente de los ingenios de azcar. Concedise el primer asiento y permiso de introducirlos al Mayordomo mayor del Emperador, Lorenzo de Garrebot, para el nmero de cuatro mil de ambos sexos, en el trmino de ocho aos, y cumplidos e introducidos se le prorrog por otros ocho aos. Clamaron los Procuradores de la Isla por el dao que deba temerse, a causa de que algunos negros haban comenzado a tener inquietudes, entre las cuales fue notable, por haber causado algunas muertes, la que se padeci en la isla Espaola97 el ao de 1522, y con este motivo revoc S. M.98 este siguiente de 1523, la prorrogacin concedida a Garrebot, permitiendo slo que se introdujeran por entonces mil y quinientos a la Espaola, trescientos a la Fernandina de Cuba, quinientos a la de San Juan de Puerto Rico, trescientos a la de Jamaica y otros quinientos a Castilla de Oro, con prevencin de introducirlos con tal orden, que siempre hubiese las dos terceras partes de negros cristianos provedos de armas, y una de bozales, para poderlos sujetar en cualquier movimiento.Captulo XV Es electo por tercer Obispo de Cuba Fray Juan de White: erige su Catedral en la ciudad de Santiago de Cuba, con el auto y bulas de que se trae copiaI. Es considerable la confusin que causan las poco calificadas noticias de los historiadores, sobre el tiempo y lugar en que fue primeramente erecta la iglesia Catedral de la isla de Cuba, porque unos quieren que fuese 97. Herrera, dc. 3, lib. 4, cap. 19. 98. El mismo Herrera, lib. 5, cap. 6o.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 116\ 116\ 116\ 116\ 116\ en el ao de 1518, en la antigua ciudad de Baracoa,99 y otros que en la de Santiago en el de 1538;100 y asentando que fue su primer Obispo Fray Bernardo de Meza quien lleg a ella en dicho ao y armada del Adelantado Hernando de Soto, y como diremos101 no poda considerarse anterior a la ereccin de su Catedral. II. Lo que creemos es que el ao de 1516 se cre este Obispado, librndose las Bulas Pontificias para la ereccin formal de su Catedral. Que a este fin se present y aprob por su primer Obispo a Fray Bernardino de Meza, religioso dominico, natural de Toledo y confesor del Rey, quien debi hacer la ereccin de la iglesia; pero no lleg a ir a ella, segn Herrera, a quien hemos seguido.102 Tampoco hizo la ereccin de la iglesia su segundo Obispo Fray Julin Garcs, electo en 1518, porque tampoco pas a la isla de Cuba por habrsele conferido el Obispado facto de Cozumel y despus el verdadero de Tlascala103 de que es manifiesto que aunque estuviese erigido Obispado en Cuba desde 1516 hasta el presente ao, no lo haba sido su Iglesia por dicha causa. III. Pendiente, pues, la ereccin de Catedral en la isla Fernandina de Cuba, hallamos asentado por el Cronista Antonio de Herrera104 que porque en las Bulas que se concedieron de este Obispado, se mand erigir la Catedral en la villa de la Asuncin (esto es de Baracoa) y que porque el lugar no era sano ni conveniente, le suplic al Pontfice Adriano Sexto que diese licencia para que la iglesia Catedral se erigiese y pasase a la ciudad de Santiago, por ser la ms principal de la isla Fernandina, y su Santidad lo haba concedido interviniendo para ello el conocimiento Real y S. M. atento a las dichas causas, lo tuvo por bien y dio para ello licencia. Y aunque esta noticia nos dejaba en poca menos obscuridad de su ereccin, la providencia del Altsimo ha querido preservar una copia del auto y Bula de ella, que conserva la misma Catedral, en que se hallan ms noticias y cuyo fiel tenor es: Ereccin de la Santa Iglesia Catedral de la isla de Cuba IV. Fray Juan de White por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostlica, Obispo de la Iglesia de Santiago, de la isla Fernandina, que otras veces se llama Cuba, de las Indias del mar Occano, a todos los presentes y futuros, y cada uno de por s, salud perpetua en el Seor. Como los 1 99.Arrate, cap. 31, refirindose a las tablas cronolgicas, (pg. 166), pero con la equivocacin de que para comprobar el Obispado de Fray Bernardo de Meza, ao de 1536, cita Crdenas Cano en su Ensayo de Florida, fol. 3 y este habla ah en el ao de 1516, de Fray Bernardino que fue el primer electo. 100.Gonzlez en su Teatro Eclesistico, cap. 17. 101.En el lib. 4, cap. 2o, de esta obra. 102.Cap. 8o, nm. 5 de este libro. 103.Lo dijimos al cap. 20, nm. 3, de este libro. 104.Antonio Herrera en su Historia de Indias, dc. 3, lib. 4, captulo ltimo.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /117 /117 /117 /117 /117 Serensimos y Poderossimos Prncipes Fernando Isabel, Rey y Reina de Espaa, de las dos Sicilias, de Granada &c., &c., ya difuntos, abrazados del fuego del amor divino y ardiendo en el celo de la casa de Dios, y atendiendo siempre la propagacion de la f catlica, despues de haber librado muchos Reinos y Seoros de los infieles y haberlos ilustrado con la luz del Evangelio, hubiesen propuesto en su nimo cuando estaban en esta vida, buscar y rodear islas, provincias y tierras firmes fuertes y no conocidas que estn en el mar Occano de las Indias, y no halladas por otros hasta aquellos tiempos para reducir los vecinos y habitadores de ellas al verdadero culto de Dios y Redentor nuestro y abrazar la f catlica, y habiendo sealado y dirigido hcia el Occidente para la ejecucion de estos negocios al noble varon Cristbal Colon y otros peritos en el arte de navegar, con una armada muy aparejada, muy bien fabricada n sin muy grandes trabajos, expensas y peligros: finalmente ayudados de la voluntad y gracia divina, despues de haber navegado por varias partes por el dicho mar llevados partes muy lejas, hallaron algunas islas, tierras muy remotas de nuestra region y tierras firmes, fuertes y nunca vistas por otros, en las cuales habitaba muchsima gente que vivian pacficamente, las cuales como ignoraban del todo la doctrina de la f catlica, y vivian con costumbres muy brbaras y groseras. Los dichos Prncipes siguiendo las costumbres de sus progenitores, y queriendo extender la f de Cristo, procuraron que fuesen levantadas, dotadas y ordenadas muchas iglesias y obispados en las dichas islas y tierras, para que los dichos habitadores fueran reducidos por los Pastores y Prelados de ellos la catlica doctrina, y pudiesen ser enseados instrudos en ella ms fcilmente. Y habiendo muerto la Reina Da. Isabel, de inmortal memoria, y el invictsimo Don Fernando, Rey Catlico de Aragon, de las dos Sicilias, &c., y tambien por la Serensima Da. Juana, Reina de Castilla y de Leon, hija suya Gobernadora y Administradora general de los dichos Reinos, deseando proseguir sus afectos religiosos y los de la misma Isabel que era entnces su compaera, continu felizmente lo comenzado mientras vivi; pero despues que el invictsimo Crlos, Rey gloriossimo de los Romanos y Espaa &., habiendo sido elegido Emperador, alcanz con muy feliz sucesion los cetros de los Reinos, siguiendo las muy piadosas y muy loables pisadas de sus progenitores, sujet semejantemente su Imperio muchos espacios de tierra en las mismas partes con armada, armas y grandes gastos. Y porque en la isla Fernandina que otras veces se llama Cuba, no se haba hallado hasta ahora ni levantado alguna iglesia, ni se habia institudo obispado por los dichos sus antecesores; Leon X, deseando proveer de remedio debido la dicha isla, levant, cre instituy una iglesia con la invocacion de la Asuncion de la Santsima Virgen Mara en el lugar del mismo nombre de la Asuncion, para Catedral ruego del referido Rey Crlos, y ennobleci el lugar de la Asuncion con el ttulo de ciudad, como en Letras del dicho dadas acerca de

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 118\ 118\ 118\ 118\ 118\ esto, se contiene ms plenamente y de consentimiento del mismo invictsimo Rey Crlos, eligi Nos el dicho Fray Juan White por Obispo y Pastor de la misma iglesia en la isla de Cuba, y nos di facultad para la ereccin de las Dignidades, Canonicatos, Prebendas y Beneficios eclesisticos, con Cura y sin Cura y otras cosas cometidas Nos, por la facultad de las dichas Letras. Y como no hyamos podido acudir la dicha ejecucion por haber estado impedidos hasta ahora en algunos negocios y ocupaciones, y deseando cumplir como tenemos obligacion, la dicha facultad Nos concedida, y no teniendo al presente copia de las dichas Letras Apostlicas Nos concedidas, acerca de dicha creacion y facultad porque las habamos enviado la dicha isla de Cuba, rogamos al M. S. S. S. N. Adriano, Papa sexto moderno se dignara de confirmarnos por su Letra, la dicha facultad Nos concedida, inserta en las dichas Letras Apostlicas, y tambien de quitar y extinguir la iglesia Catedral, erigida en la dicha ciudad de la Asuncion como queda dicho, y levantar instruir el pueblo de Santiago en ciudad y su iglesia parroquial en Catedral, el cual queriendo acudir nuestros ruegos, concedi la misma facultad por sus Letras, en forma de Breve, debajo del Anillo del Pescador Nos dirigidas y las dichas Letras as claras, y en realidad de verdad, sanas y enteras y no viciosas, ni chanceladas, ni sospechosas en alguna parte de ellas; pero ntes careciendo de todo vicio y sospecha fueron Nos presentadas de parte de S. M., las cuales recibimos con aquella reverencia que convino, cuyo tenor de verbo ad verbum es tal como sigue. V. Al venerable Fray Juan White, Obispo de Cuba, Adriano Papa VI, al venerable hermano, salud y bendicion Apostlica. Teniendo en la tierra el rgimen de la Iglesia universal, por la Divina Misericordia, volvimos la luz de la consideracion para aquellas cosas por las cuales pueda ser aumentado el auto divino en todas las iglesias y lugares para la alabanza y gloria del Dios Todopoderoso: muy felizmente Leon, Papa X, antecesor nuestro, ruego del muy amado en Cristo, Crlos, hijo nuestro, entnces suyo, Rey catlico de los Romanos y Espaa etc.; exiji, levant instituy con la autoridad Apostlica, entre otras iglesias erigidas en las islas nuevamente halladas en el mar Occano, el lugar de la Asuncion que est en la isla Fernandina, otras veces de Cuba, para ciudad, y la Iglesia parroquial que est en el mismo lugar, para iglesia Catedral, que fuese nombrada la Asuncion, con Obispo de Cuba, que predicra la palabra de Dios y la dicha iglesia, y su ciudad y obispado, y convirtiese los habitadores infieles de ellas, al catlico culto de la f, y convertidos los instruyese en ella, y se la ensease y confirmase, y les comunicase las gracias del bautismo, hiciese las demas cosas que los otros catlicos Prelados estn obligados y deben hacer de derecho y costumbres en las respectivas iglesias que gobiernan, y para la dicha iglesia as erigida, consult con la dicha autoridad acerca de vuestra persona, y os eligi para Obispo y Pastor de ella, cometindoos plenariamente el cuidado y administracion de la dicha iglesia, en las cosas

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /119 /119 /119 /119 /119 espirituales y temporales, con facultad de erigir instituir Dignidades, Canonicatos y Prebendas y otros beneficios eclesisticos, con Cura y sin Cura, as en la referida iglesia como en la ciudad y obispado de Cuba, y con facultad de sembrar otras cosas espirituales, como viradeis que convena al aumento del culto divino y la salud de las almas de los vecinos y habitantes de la ciudad y obispados dichos, como ms plenamente se contiene en las Letras acerca de sto dadas; empero como la dicha ciudad de la Asuncion est muy incmoda para estar en ella la dicha iglesia Catedral, y s suprimida en la dicha ciudad, fuese mudada al lugar de Santiago, que est en la isla de Cuba y la parroquial de dicho lugar de Santiago fuera erigida instituida para iglesia Catedral en la misma manera y forma que la misma iglesia fu erigida en el lugar de la Asuncion, con aquesto en realidad de verdad, se mirara mucho por el consuelo de los fieles de Cristo que habitan en dicha isla: por lo cual Nos rogaste humildemente nos dignase proveer al bien de la benignidad Apostlica en las cosas dichas. Por tanto Nos inclinados los justos y honestos ruegos en esta parte, suprimimos y quitamos la iglesia Catedral que est en la dicha ciudad de la Asuncion, allegndose para esto y las demas cosas infrascriptas el consentimiento del dicho Rey Crlos y levantamos instituimos de la misma manera el lugar de Santiago para ciudad y su referida iglesia parroquial para Catedral, debajo de la invocacion de la Beatsima Vrgen Mara, para un Obispo de Santiago en la misma manera y forma, y con el privilegio, gracias, prerrogativas, facultades y exenciones con que fu erigida la dicha iglesia de la Asuncion, y queremos y ordenamos que la provision y eleccion hecha en vuestra persona, para la misma iglesia de la Asuncion, y las Letras arriba dichas, y el proceso de como se haba de haber dado por ella de consentimiento de todos los dichos, valgan y tengan plena firmeza para en cuanto la dicha iglesia de Santiago, y os ayuden en todo y por todo como si desde el principio se hubiera proveido de vuestra persona para la misma iglesia de Santiago, y hubieren sido elegido para ella. Y os damos plena y libre facultad de erigir instituir en la iglesia y ciudad ltimamente erigidas, y en su obispado, Dignidades, Canonicatos y Prebendas, y otros Beneficios eclesisticos con Cura y sin Cura, y de hacer y conseguir todas las demas cosas que en las sobredichas acerca de ellas fueren necesarias, y en cualesquiera manera oportunas; sin embargo de las constituciones y ordenaciones Apostlicas y todas aquellas cosas que el dicho Leon, antecesor nuestro, en la dicha Iglesia, quiso que no obstasen ni otras cualesquiera contraras. Dada en Zaragoza debajo del Anillo de San Pedro, 28 de Abril de 1522, en el primer ao de nuestro Apostolado. VI. Y despues de la presentacion y recepcion de las dichas Letras Apostlicas como queda dicho atrs, fuimos rogados con debida instancia por parte del mismo seor nuestro Crlos, que levantramos instituyramos en la dicha nuestra iglesia Catedral, fabricada en la dicha isla de Cuba,

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 120\ 120\ 120\ 120\ 120\ en ejecucion de las Letras Apostlicas, y de las cosas contenidas en los mismos procesos, honor de la Asuncion de la Vrgen, Dignidades, Canonicatos, Prebendas, Raciones y otros Beneficios y oficios eclesisticos, cuantos y como mejor viramos que convena as en la dicha ciudad, como por todo el obispado. Por tanto Nos, el dicho Juan de White, Obispo y Comisario Apostlico, atendiendo que semejante peticion sera justa y conforme razon, y queriendo como verdadero hijo de obediencia, poner en ejecucion como tenemos obligacion con reverencia, los mandatos Apostlicos Nos enderezados, aceptamos la dicha comision, y con la misma autoridad Apostlica de que gozamos en esta parte, instancia pedimento de la misma Magestad en la dicha iglesia Catedral de la ciudad de Santiago de Cuba, honor de Dios Nuestro Seor Jesucristo y de la Vrgen su Madre, en cuyo y debajo de cuyo ttulo se erigi la dicha Catedral, por dicho Santsimo Seor Nuestro, por el tenor de las presentes levantamos, creamos instituimos el Decanato, la cual dignidad est en la misma iglesia, la primera despues de la pontifical, el cual cuide y provea el divino oficio y las otras cosas que pertenecen al culto de Dios, as en el coro como en el altar; y que en las procesiones y Captulo donde quiera que las Juntas y Captulos se hicieren, se hagan con silencio, honestidad y modestia, bien y rectamente, quien pertenecer tambien el dar licencia por causa expresa, y no de otra manera aquellos quienes conviene por alguna causa salir de coro. Y el Arcedianato de la misma ciudad, quien pertenecer el exmen de los clrigos que se hayan de ordenar, y la administracion de la ciudad, ordenndolo el Prelado solemnemente en la visita del Obispado si se le encarga por su Prelado, y ejercer otras cualesquiera cosas que de derecho comun le competen. La Cantora para la cual ninguno pueda ser presentado, sino es que sea docto y perito en la msica, por lo mnos en el canto llano, del cual ser oficio cantar en el facistol y ensear cantar los sirvientes de la iglesia, ordenar, correjir y enmendar las cosas que pertenecen al canto en el coro y en otra cualesquiera parte, y esto por s, y n por tercera persona. La Escolatra la cual ninguno sea presentado, si no es que sea Bachiller en alguno de los Derechos en las Artes, graduado en alguna insigne Universidad quien tocar ensear por s y n por otro la Gramtica los clrigos y servidores de la iglesia, y todos los del Obispado que quisieren oirla. La Tesorera quien pertenecer cerrar y abrir la iglesia, hacer tocar las campanas y guardar todas las cosas del uso de la iglesia, cuidar de las lmparas y lumbre, proveer del incienso, candelas, pan y vino y de las demas cosas necesarias para celebrar, de los rditos de la fbrica de la iglesia, que han de ser expuestos voto del Captulo. La dignidad y oficio del Archipresbtero Rector que ejercite el cuidado de las almas en la dicha iglesia Catedral, y presida los demas Rectores de la ciudad y Obispado. Y tambien diez Canonicatos y Prebendas las cuales determinamos, que ninguna vez puedan ser tenidas juntamente con alguna dignidad: los

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /121 /121 /121 /121 /121 cuales Cannigos pertenecer celebrar cada dia, fuera de las fiestas de primera y segunda dignidad de las que el Prelado, estando impedidos algunas de las dignidades celebrare la misa. Instituimos tambien seis Raciones enteras y tres medias y seis Acolitados, las cuales enteras Raciones las han de tener Diconos y las medias, Sub-diconos; y los seis inferiores aclitos ejercern el oficio de acolitado, en el ministerio del altar. Ademas de estos seis Capellanes, los cuales as en los nocturnos como en lo diurnos, y tambien en las solemnidades de las misas estn personalmente para el facistol en el coro y celebrar en cada un mes veinte misas cada uno, sino es que estuviere impedido con justa enfermedad o impedimento. Ademas de este oficio, el de Sacristan, quien perteneciere ejercer aquellas cosas que tocan al oficio de Tesorero, estando presente por su comision, y en su ausencia el voto del Cabildo. Y tambien el oficio de organista, el cual tocar los rganos en las festividades, y tambien el oficio de pertiguero, cuyo oficio ser ir delante, ordinariamente del Prelado en las procesiones y delante del Presbtero Dicono y Sub-dicono, y delante de los demas que ministran en el altar, la sacrista coro. El oficio de Mayordomo Procurador de la fbrica y hospital, el cual presidir los maestros de la fbrica, los albailes y tambien los carpinteros, y los demas oficiales que se ocupan en edificar las iglesias, y tambien tendr obligacion de cojer y expender por s, y por tercera persona, los rditos y rentas de cada ao cualquiera ganancia obvenciones pertenecientes en cualesquiera manera la dicha fbrica y hospital, habiendo de dar cuenta cada ao de lo cojido y consumido al Obispo y Captulo, y los oficiales sealados especialmente para esto, y tambien el dicho Mayordomo ha de ser erijido y removido voluntad de los dichos Obispos y Captulo. El oficio de Chanciller Notario de la iglesia y Captulo, el cual estar obligado recibir en su protocolo y escritura cualesquiera contrato entre la iglesia, Obispado, Captulo y otros cualesquiera, y escribir los autos capitulares, y anote y escriba las donaciones, posesiones, censos, feudos, y precaria, hechos por los mismos Obispo y Captulo Iglesia, ellos mismos los que se hayan de hacer adelante y reparta los Beneficios las partes de las rentas y tambien d cuenta y las reciba. El oficio de perrero, que eche los perros de la iglesia todos los Sbados, y en las vigilias de cualesquiera fiesta que las tenga, y otras veces limpiar la iglesia, donde y cuando le fuere mandado por el Tesorero. VII. De todas las cuales cosas conviene saber, de las seis Dignidades, diez Canonicatos, seis enteras y tres medias Raciones, seis Capellanes y seis aclitos, y de los dichos oficios porque de presente, los frutos, rditos y rentas, y de las dcimas no son suficientes, suspendemos por ahora en la dicha ereccion, cinco de los Cannigos y tres de los Racioneros enteros, y los tres medios, y tambien los seis aclitos, y seis Capellanes, organista y pertiguero, mayordomo, notario y perrero; pero de tal suerte, que cuando, queriendo Dios, los frutos y rditos de la dicha nuestra Iglesia, vinieren

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 122\ 122\ 122\ 122\ 122\ mayor fortuna, cuanto lo primero si se aumentase para el dote de una canonga, creciendo adelante los frutos, se aada un Cannigo, el cual Canonicato se d aquella persona que fuere nombrada presentada por las dichas, Cesrea y Catlica Majestad, sin otra nueva creacion, ni ereccion, y la misma forma sea guardada en los siguientes hasta que el nmero de los dichos Cannigos sea aumentado sucesivamente hasta el nmero de diez, el cual lleno de la misma manera, sean aumentadas las dichas Raciones enteras, desde tres al nmero de seis, y luego las tres medias, y finalmente, de los rditos que crezcan, ademas de esto, los seis aclitos, en otros por seis tantos Clrigos que estn ordenados de rdenes menores y ejerciten el oficio de aclitos en el ministerio del altar, y las seis capellanas por seis Capellanes dichos, y tambien el oficio de organista y pertiguero, mayordomo, notario y perrero sobre dichos, sean aumentados en el dicho nmero sucesivamente conforme la orden de atrs literalmente sin algun intrvalo, porque todas las dichas Prebendas y oficios que por las presentes letras suspendemos, determinamos que sean erijidas y creadas desde ahora, sin alguna nueva creacion. VIII. Y porque segun el Apstol el que sirve al altar, debe sustentarse del altar, disputamos y sealamos cada uno y todas las Dignidades personajes, Cannigos, Prebendados y Racioneros enteros, y medios, los Capellanes, mozos de coro aclitos, y los demas oficios y oficiales declarados conforme al nmero sobredicho, todos y cada uno de los frutos, rditos y rentas, as de la donacion Real, como del derecho de los Diconos, otras veces los que les pertenezcan en cualesquiera manera ahora despues, conviene saber, al Dean, Arcediano, Cantor, Maestre-Escuela, Tesorero y Archi-Presbtero, los cinco Cannigos, los tres Racioneros y al sacristan, desde ahora se lo sealamos en la manera siguiente: conviene saber, al Dean, ciento cincuenta libras, llamadas en aquellas partes vulgarmente pesos, de las cuales libras, cada una tiene un castellano de oro, que vale 485 maraveds de la moneda usada en Espaa, y todas las ciento y cincuenta libras hacen 73,875 maraveds semejante los dichos. Al Arcediano 130: al Cantor, Maestre-Escuela, Tesorero y Archi-Presbtero, otras tantas: cada uno de los cinco Cannigos 100 y cada uno de los Racioneros 70: y tambien 30 al sacristan; todo lo cual ser por prebenda y salario, y los cinco Cannigos suspendidos y los tres Racioneros enteros y los tres medios, los seis aclitos, otros tantos Capellanes y los demas oficiales, conviene saber, organista, pertiguero, mayordomo, notario y perrero, arriba nombrados y de presente suspendidos, cuando fueren nombrados por la misma Real Majestad, por las dichas Canongas desde ahora creadas y suspendidas, creciendo los frutos en adelante, en la manera y rden declarado, les aplicamos y sealamos ordenadamente de los dichos frutos, rditos y rentas, al respecto como fueren creciendo los Cannigos y Raciones, otro tanto cuanto los Canonicatos y Raciones

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /123 /123 /123 /123 /123 sobredichas, y tambien cada una de las tres medias Raciones, treinta y cinco: y los Capellanes veinte: los aclitos doce: al organista diez y seis: al perrero doce libras de oro semejantes, que tengan derechos tantos castellanos y maraveds, lo cual aplicamos y sealamos desde ahora como desde entnces, cuando los frutos rditos y rentas crecieren, guardando el rden la letra como est declarado, y que como queda dicho, por el oficio se d el Beneficio, quermos y apretadamente mandamos, en virtud de santa obediencia, que los dichos estipendios sean distribuciones cuotidianas, sealadas y distribuidas los que se hallen cada dia en todas las horas nocturnas, y juntamente las diurnas y los ejercicios de los dichos oficios y as desde el Dean, hasta el aclito inclusivamente: aquel que no se hallare en el coro alguna hora, no habiendo legtimo impedimento sea privado y carezca de la paga y distribucion de aquella hora, y el oficial que faltare en el ejercicio ejecucion de su oficio, las horas y tiempos oportunos, sea penado semejantemente en cada vez, por la rata del salario. IX. Item: Queremos y con la misma autoridad ordenamos y mandamos, que todos y cada uno de las Dignidades, Cannigos y Racioneros de la dicha nuestra iglesia Catedral, estn obligados residir y servir en la dicha muestra iglesia Catedral diez meses continuos salteados, y de otra manera Nos nuestros sucesores que en adelante fueren, el Captulo en Sede vacante, estn obligados, habiendo sido el tal primero llamado y oido, sino tuviera y alegare justa y razonable causa, de la ausencia pronunciar la Dignidad, Canonicato y Racion por vaca, y proveer de ella las personas idneas, la presentacion de dicha Catlica Majestad. Y declaramos en esta parte, por justa causa de ausencia, la enfermedad, con tal que el tal Beneficiado est enfermo en la ciudad, volviendo aparejado de volver ella, con tal que esto conste por probanzas lejtimas, y cuando por mandato del Obispo y Captulo justamente y por causa y utilidad de la Iglesia estuviese ausente y as estas tres cosas concurran con la licencia ausencia X. Quermos ademas de esto y de consentimiento de dicha Cesrea Majestad, y con la misma autoridad Apostlica, establecemos, determinamos y mandamos, que los frutos, rditos y rentas de todas las dcimas, as heredales como personales, as de Catedral como de las dichas iglesias de la dicha ciudad y Obispados, sean divididos en cuatro partes iguales, de las que la una cuarta, tengamos Nos y nuestros sucesores Obispos, sin alguna disminucion ni engao enteramente, por nuestra mesa Episcopal en los tiempos presentes y futuros, y por causa de sustentar el honor del hbito Pontifical, y para que ms decente podamos sustentar nuestro estado, conforme lo pide tal oficio. Item, el Dean y Captulo tengan otra cuarta parte en la manera dicha y se ha de dividir entre ellos, de las cuales partes, aunque por concesion Apostlica y por el uso y costumbre aprobada de largo tiempo, la dicha Catlica Majestad ha acostumbrado haber y recibir enteramente la tercera parte llamada en Espaa vulgarmente tercias

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 124\ 124\ 124\ 124\ 124\ queriendo entender para con Nos la diestra de su liberalidad y hacer preferidos Nos y los Obispos sucesores y Captulos sobredichos, como ms deudores de tan gran don, y como tenemos obligacion de hacer oraciones por la misma Majestad y por sus sucesores, quiso que de aqu adelante fusemos libres y exentos en nuestra cuarta parte de las dcimas y en el Captulo de dicha nuestra iglesia. Y las dos cuartas partes restantes, determinamos que se hayan de dividir otra vez en nueve partes, de las cuales las dos aplicamos, determinamos y declaramos que se haya de cojer y sacar perpetuamente para la misma Serensima Majestad, en seal de superioridad y del derecho del Patronazgo, y por razon de la administracion de las dichas iglesias, y de las siete partes restantes, hemos determinado que se haya de hacer division en dos partes: conviene saber, cuatro partes, que han de ser aplicadas los Rectores y Beneficiados de las iglesias parroquiales, en la manera siguiente, es saber, que en cualesquiera pueblo lugar erijimos una iglesia Parroquial quien la adjudicamos en seal de iglesia Parroquial, en la cual haya dos Beneficios, uno con Cura y otro sin Cura por dos eclesisticos, cuyo Rector el que tenga el Beneficio con Cura, hayan de stas cuatro partes, la una entera por razon de la dicha Rectora y por la carga de la administracion de los Sacramentos que l mismo toca; y despues las tres partes restantes se dividan igualmente entre el mismo Rector y el otro Beneficiado que tenga el Beneficio simple. Tenga, adems de esto el Rector, la primicia de todas las dcimas de toda la Parroquia, de las cuales primicias, el sacristan de la dicha Iglesia, haya la octava parte, la cual desde ahora le aplicamos, y las demas ofrendas y obvenciones de los fieles, determinamos que se han de dividir por iguales partes, entre los dichos Rector y Beneficiado. XI. Semejantemente las tres partes restantes de las siete, sean divididas otra vez en dos partes iguales, de quien la una es, saber, la mitad de las dichas tres partes, aplicamos la fbrica de cualquiera iglesia de los dichos lugares, y la otra parte, conviene saber, la segunda mitad pendiente de las tres partes sobredichas, sealamos los hospitales de cualesquiera lugar, de la cual mitad parte aplicada los dichos hospitales, tengan obligacion los dichos hospitales de pagar la dcima al hospital principal, que est donde estuviese en la iglesia Catedral. Aplicamos tambien, con la dicha autoridad para siempre, la fbrica de la dicha nuestra iglesia de la Asuncion, todas las dcimas y cada una de por s, de un parroquiano de la misma iglesia y de las otras iglesias de dicha ciudad, y de todo el Obispado que ha de ser elejido cada ao por el Mayordomo de la fbrica, con tal que el tal parroquiano elejido no sea el primero el mayor ms rico de la dicha iglesia Catedral y de las otras iglesias de todo el Obispado; pero sea elejido el segundo, despues de l, por el dicho Mayordomo de la fbrica. Aplicamos, tambien para siempre, la misma fbrica de nuestra dicha iglesia Catedral, y la fbrica de las otras iglesias de nuestro Obispa-

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /125 /125 /125 /125 /125 do, todas y cualesquiera dcimas de cal, ladrillo y tejas, as de la ciudad como de todas y cualesquiera lugares de nuestro Obispado, y para que ms apta y cmodamente puedan ser edificados, prohibiendo con la misma autoridad y con la dicha vista y consentimiento Real, y ms apretadamente inhibiendo debajo de anatema nuestros sucesores y los muy Venerable nuestro Dean y Cabildo de nuestra dicha Iglesia y Rectores, y los otros Beneficiados de nuestro Obispado, que de presente ni de futuro, en ningun tiempo se entrometan ni procuren intervenir, quitar ni llevar las dichas dcimas por s y por cualesquiera persona, con cualquier color. XII. Ordenamos tambien, que el oficio divino, as en la misa como en las horas, se haga siempre segun la costumbre de la iglesia Hispalense, y siempre en el canto usen de la costumbre de dicha iglesia Hispalense. XIII. Quermos tambien ademas de sto y de instancia y pedimento de la misma Majestad, ordenamos que los Racioneros tengan voz en Captulo, en las cosas espirituales y temporales, fuera de las elecciones y otros casos por derechos prohibidos. XIV. Quermos tambien y de instancia de la misma Majestad, ordenamos, que en la dicha nuestra iglesia Catedral, se celebre en cada dia dos misas, (fuera de en los dias festivos) en los cuales se celebrar solo una misa en la hora de tercias de las cuales la una en la hora de prima, en los primeros dias de Virnes de cada mes, sea hecho aniversario por el Rey Catlico y Reina ante dichos, y tambien por todos los Reyes de Castilla difuntos, pero los dias de Sbados sea celebrada la dicha misa en honor de la Vrgen gloriosa, por la incolumidad y salud de los dichos Reyes, elegido en Emperador y Reina su Madre; empero en el primer dia de la luna, de cualesquier mes, la misma misa sea dicha por las Animas que estn en el purgatorio, y en los demas dias la dicha misa de prima, puede ser celebrada la voluntad y disposicion de cualesquiera persona que quiera dotarlo y los dichos Obispos y Captulo, puedan recibir cualesquiera dote, ofrecido ellos por cualesquiera persona, para la celebracion de la dicha misa. Y la segunda misa, ser celebrada la hora de trcia de la fiesta feria ocurriente, segun el estilo de la iglesia Hispalense. XV. Y cualquiera que celebrare la misa mayor, gane la paga tres doblada que cualesquiera hora del dia, ademas de la distribucion asignada, que se haya de asignar todos los que intervinieren la dicha misa y el Dicono doblada y el Sub-Dicono sencilla, y cualesquiera que no estuviere presente la misa mayor gane la trcia y sexta de aquel dia, sino es que estuviere ausente con justa razonable causa, con licencia del Dean, de otro, que por tiempo presida en el Coro: acerca de lo cual, encargamos la conciencia del que pide la licencia, y del que la da, y que cualesquiera que estuvieren presentes las horas matutinas y las laudes ganen tres doblado, que se gana cualquiera hora del dia y ms de esto la paga de prima, aunque no se hallen ella.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 126\ 126\ 126\ 126\ 126\ XVI. Quermos ademas de sto y ordenamos instancia y pedimento de la dicha Majestad, que se tenga Captulo dos veces la semana, conviene saber, en la feria sexta y en la feria trcia, y que en la feria trcia, se trate en el mismo lugar acerca de los negocios que se ofrecen; pero en la feria sexta, no se trate de otra cosa alguna, sino es de la correccion y enmienda de las costumbres, y de aquellas cosas que para celebrar debidamente el culto divino, y para conservar la honestidad clerical en todas y por todas cosas, as en la iglesia como fuera de ella, y que en ningn otro dia se haga Captulo. XVII. Ademas de esto, con la misma autoridad y con beneplcito de la misma Majestad Catlica, ordenamos y declaramos que cualesquiera clrigo de prima tonsura de dicha nuestra Iglesia y Obispado, para que pueda gozar del privilegio clerical, traiga corona del grandor de un real de plata, moneda usual de Espaa, y trasquile los cabellos dos dedos solos abajo de los odos, prosiguiendo la trasquiladura desde atrs; y se vista con vestidos honestos, conviene saber, con sotana y manteo capa que vulgarmente se llama loba manteo cerrado abierto largo hasta un palmo de la tierra no de color bermejo ni amarillo, pero de otro color honesto de los cuales use as en los vestidos superiores, como en los inferiores que aparecen. XVIII. Ademas de esto con la misma Autoridad Apostlica de consentimiento y determinacion de los mismos Emperadores y Reina, deputamos y sealamos la dicha iglesia Catedral de la Beata Vrgen, erijida en la dicha ciudad de Santiago, las casas, habitadores y vecinos que habiten de presente de futuro, as dentro de la ciudad como los que habiten debajo de los lmites de ella para parroquianos de la dicha iglesia de la Asuncion de la Beata Vrgen, quien tambien sean obligados pagar los derechos de la Iglesia parroquial, diezmos y primicias y ofrecer obligaciones, y recibir del Archi-Presbtero Rector los Sacramentos de la eucarista, confesion y otros. XIX. Y damos juntamente facultad los dichos Archi-Presbteros y Rector de dar los Sacramentos dichos, y los parroquianos de recibirlos y tambien es nuestra voluntad, que esto mismo sea hecho en todos los lugares y aldeas de la dicha isla, que de presente hay y de futuro ha de haber, as cuanto los derechos parroquiales que han de pagarse los Rectores, como para la comunicacion y recepcion de los Sacramentos segun queda dicho, todos los cuales Beneficios, y cada uno de ellos as con Cura como sin Cura, que estn en toda la ciudad y Obispado, queremos y con la misma autoridad Apostlica determinamos y mandamos que despues de este primer nombramiento, todas las veces que acontezca proveer acerca de ello, estando vacantes en cualquier manera sean proveidos y promovidos (preciso el exmen y oposicion conforme la manera guardado en el Obispado Iglesia de Palencia entre los hijos patrimoniales), tan solamente los hijos lejtimos y moradores que en tiempos pasados, pasaron de Espaa

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /127 /127 /127 /127 /127 la dicha Isla otras que acontezca pasar en adelante vivir ella y los descendientes de ella; empero no los hijos de los naturales de las dichas islas, antes que los cristianos las hubiesen habitado, hasta que los dichos Reyes Catlicos, determinaron otra cosa acerca de esto, con tal que los dichos hijos patrimoniales, as proveidos de bajo ao y medio, despues de la provision hecha en ellos por la misma Cesrea Majestad Catlica, por sus sucesores presentaren la declaracion y aprobacion de las dichas colaciones de los dichos Beneficios, ante el Teniente Gobernador de las dichas Islas, de los Jueces de apelacion que en este tiempo estn en la dicha Isla, sean obligados presentarla y en otra manera por estos mismos los dichos Beneficios, se tengan por vacos y las dichas Cesrea Catlicas Majestades sus sucesores, puedan presentar otras cualesquiera personas calificadas en la forma sobredicha para los dichos Beneficios as vacantes. Todas las cuales cosas y cada una de ellas de instancia y pedimento y consentimiento de los dichos nuestro Sr. Rey Crlos, elejido en Emperador y de la Reina Juana su madre, con la misma Apostlica autoridad sobredicha, de que gozamos en esta presente y con los derechos mejores, modo va y forma que podamos, y de derecho debemos, la erijimos, instituimos, creamos, disponemos y ordenamos con todas, y cada una de las cosas necesarias y oportunas, no obstante cualesquiera contrarios, y principalmente aquellas que el Muy Santsimo Padre, nuestro Seor sobre dicho, quiso que no obstasen en sus Letras atrs insertas, y todas estas cosas y cada una de ellas las estimamos insinuamos todos y cada uno de los presentes y futuros de cualquier estado, grado, orden, preeminencia condicion que fueren, y lo hacemos y queremos que sea hecho saber por la presente para que venga noticias de todos, y mandamos con la sobredicha Autoridad en virtud de santa obediencia, todos y cada uno de los sobredichos que guarden todas estas cosas y cada una de ellas de la manera que ha sido por Nos instituida, y en f y testimonio de todo lo cual y de cada cosa de por s, mandamos hicimos que de ah fuesen sacadas las presentes instrumento pblico, firmado de mano propia, y que fuese rubricado por el Notario pblico infrascrito, y que se publicase y fuese fortalecido con la apension de nuestro sello. Dado y hecho en el lugar de Valladolid del Obispado de Palencia en el ao del nacimiento del Seor de 1523 8 del mes de Marzo, en el primer ao del Pontificado del sobredicho Santsimo Seor nuestro Adriano Papa Sexto, estando presente en el mismo lugar el Reverendo en Cristo, Padre Luis Vaca, Obispo de Canarias y el Venerable hermano Valdovino, del rden de Predicadores, Capellan de la Serensima Seora Reina de Portugal, y Cristbal de Torres y el Bachiller Antonio de Aranda, clrigos del Obispado Bremiense y Segoviense (Notario pblico), testigos habidos y rogados por esto— Obispo de Cuba. Y porque yo Jernimo Lpez, clrigo Segoviense, Notario pblico por autoridad Apostlica, estuve presente todas las cosas dichas y cada una de por s, por tanto escrib este

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 128\ 128\ 128\ 128\ 128\ instrumento con mi propia mano, y lo sign con mi signo y nombre acostumbrados juntamente con el nombre, suscripcion y apension del Sello de dicho Seor Reverendo Obispo de Santiago de Cuba, en f y testimonio de lo sobre dicho, rogado y requerido.—Jernimo Lpez, Notario Apostlico. XX. In Dei nmine Amen. Yo Francisco Borremans, Clrigo del Obispado Mechlinsense Notario pblico por autoridad Apostlica y residente de la Curia del Ilustrsimo y Reverendo Sr. Decio Carrafe Nuncio y Colector general Apostlico en los Reinos de Espaa, doy f y certifico: que yo correj y concert la copia y traslado atrs inserto con sus verdaderos originales, los cuales estaban sanos y no sospechosos en algo, y hallo en todo y por todo que concordaban con los sobredichos originales. En Madrid del Obispado de Toledo en el ao del Seor de 1607 aos 16 del mes de Octubre en el tercer ao del Pontificado del muy Santsimo Seor nuestro Paulo, por la Divina Providencia Papa V. estando presente por testigos, Dionisio Calese, Capellan del Ilustrsimo y Reverendsimo Nuncio, y el maestro Cornelio Potiers y Bartolom Gonzlez, residentes en la dicha ciudad, llamados y rogados para lo sobredicho. Por tanto, rogado y requerido, sign y firm este traslado escrito por otra mano. En testimonio de verdad, Francisco Borremans, Notario Apostlico.Captulo XVI Trata de otras providencias sobre la Catedral, del ttulo de ciudad y armas de la villa de Santiago: sentencia del pleito entre Corts y Velzquez, muerte y mritos de esteI. Aunque con la noticia del Gobierno eclesistico de Cuba, (obra pstuma del Ilustrsimo Morell) hemos protestado contraernos slo a lo secular, por no transcribir lo escrito, como an no hemos merecido verla, y es tan propio del fomento de la Isla, la ereccin de su Catedral, y su auto, un monumento tan digno de conservacin, tuvimos a bien colocarlo en el Captulo antecedente, y aun hacer en este algunas prevenciones para su mayor inteligencia. II. Consta de dicho auto haber sido provedo en la ciudad de Valladolid, del Obispado de Palencia, y por consiguiente, an no transitado el Ilustrsimo seor White a la isla de Cuba. De aqu desciende, que aun hecha la ereccin, no podamos afirmar por ella, que este seor Diocesano fuese el primero que vino a esta Isla. Esta duda la aumenta hallar en Antonio Herrera,105 que teniendo S. M. noticia de que este Pastor asista, fuera de 105. Herrera, dc. 3, lib. 5, cap. 1, al principio.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /129 /129 /129 /129 /129 su iglesia (sin expresar dnde) y que por ello se faltaba a la regular administracin de los Sacramentos, mand que residiese en ella. III. Por otra parte, nos dice el mismo autor106 que su falta de asistencia en la Catedral, haba ocasionado una perturbacin en el Cabildo eclesistico que facilit la introduccin de algunas personas en el indebido goce de Dignidades, Cannigos y otros Beneficios, sin la previa presentacin a S. M. ni colacin de su Obispo, obligando a este a solicitar remedios, y que no bastando sus providencias pidi y obtuvo orden de S. M. a efecto de que el Gobernador y Oficiales Reales de la Isla le diesen el auxilio y brazo Real, que pidiese y necesitase para evitar y castigar estos excesos. Y de aqu parece que debe ya conceptuarse en la isla de Cuba, y que de ella misma exigi los auxilios. IV. Hecha, pues, la ereccin de la Iglesia, y formalizado el Obispado de Cuba, se declar sufragneo del Arzobispado de Santo Domingo en la isla Espaola107 y para su fomento, expidi el Rey algunas providencias. Encarg a los Generales de las rdenes de San Francisco y Santo Domingo que enviasen a ella Predicadores para la conversin de sus naturales,108hizo merced a los Dominicos de una casa que perteneca a su Real haber en la Villa de Santiago, a efecto de que fuese Seminario de Religiosos que saliesen a la predicacin por las tierras descubiertas, lo que entonces no tuvo efecto a falta de fondos con que subsistir. Impetr igualmente a su Santidad, el jubileo plenario para los que muriesen en el Hospital de dicha Villa de Santiago, recomendando para su obtencin los gastos del Erario Real y trabajos de los espaoles en la propagacin del Evangelio sobre este Nuevo Mundo, y la necesidad de los naturales. V. Y para facilitar que la fbrica de la iglesia Catedral, casas Episcopales y de los dems Ministros de ella fuesen en asiento, y adornasen con mayor decencia, se dign S. M. hacerles gracia por el tiempo de su voluntad, de las tercias decimales109 que le pertenecan. Y mandar que para ella, se pagara diezmo de la teja y ladrillo que hacan los alfareros, y de otro cualesquier materiales que se trabajen. Orden al propio fin que a los Cannigos nuevamente creados y a los Clrigos de la villa de Santiago, se le diesen solares inmediatos a la iglesia Catedral, para que en ellos edificasen sus casas y viviesen con ms unin, decencia y separacin del secularismo. VI. Atendiendo, igualmente, a haberse erigido la iglesia Catedral en la villa de Santiago; le concedi S. M. por Real cdula de 28 de abril de 1523, el ttulo de ciudad con goce de todos los honores, exenciones, fueros y 106.El mismo Herrera, dc. 3, lib. 4, captulo ltimo su fin. 107.Ilustrsimo Barbosa de post epi separ I, tit. I, cap. VII, cerca del fin Moreri verb. Ceuba 108.Dicho Herrera, dc. 3, lib. 6, cap. 1, al principio. 109.Herrera, dc. 3, lib. 4, cap. 21 y final, prrafo ltimo.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 130\ 130\ 130\ 130\ 130\ privilegios, que por Leyes del Reino estn concedidos a todas las de Castilla. No se halla esta Cdula, y slo por noticias asignamos su fecha. Tampoco se sabe si por ella o por otra se concedieron a la ciudad de Santiago las armas que dejamos asentadas a favor de la Isla110 pero hallamos que las usa por costumbre inmemorial, y consideramos sobre la alusin que traen con la mutacin de Catedral dedicada a Nuestra Seora de la Asuncin (que ocupa el primer cuartel de ellas y ser su santo titular Santiago, figurado en su segundo cuartel) que le competen propiamente. VII. Comenz tambin a distinguirse entre los otros cultivos tiles de la isla de Cuba el de los ingenios de azcar, y esperando S. M. que con su aumento lo recibira dicha Isla y que por lo considerable de sus costos, se dificultaba a algunos que los emprendan llevarlos a estado de perfeccin, abriendo su paternal corazn y Reales arcas, mand en el mismo ao de 1523,111 que a las personas ms honradas que quisiesen hacer los dichos ingenios se prestasen 4,000 pesos de la Real Hacienda, dando a cada uno segn la necesidad que tuviese, y tomasen fianzas de que gastaran en tal efecto y volveran la cantidad dentro de dos aos. Nombr, finalmente, el Rey al Licenciado Altamirano por Juez, de residencia para la isla Fernandina de Cuba su Gobernador y dems justicias comprendiendo expresamente al Licenciado Alonso Zuaso112 que desde que vino a ella con igual comisin, haba ejercido algunos encargos en su territorio: y parece que fueron favorables las resultas de este juicio, mediante a que por ellas se le confiri una plaza de Oidor. VIII. Entre tanto que se arreglaban estas cosas de la isla Fernandina de Cuba, los apoderados de Hernn Corts a quien hemos dicho que se entregaron los despachos de su dependencia con Diego Velzquez, se habilitaron en Castilla para conducirlos a Nueva Espaa, con aquella actividad que es connatural a quienes sobre el afecto en causa que patrocinan, lisonjea la esperanza con la de considerables albricias por victoria. Destinronse para conductores de ellas a Rodrigo de Paz, al Licenciado Nez y a Francisco de Casas, quedando los dems en espera de Reales instrucciones que se formaban para el arreglado gobierno de Nueva Espaa y embarcados aquellos siguieron navegando felizmente hasta arribar a dicha isla de Cuba. IX. En ella desembarcaron (sin decirse en qu puerto) con todas las satisfacciones y orgullos de vencedores. Intimaron a su Gobernador Diego Velzquez, las adversas a l y las favorables a Corts, y no contentndose con promulgarlas en conversaciones y corrillos, se dice113 que lo efectuaron a toques de militares instrumentos, formalidad verdaderamente ajena 110. En este libro, cap. 8, nm. 6. 111. Herrera, dc. 3, lib. 4, cap. ltimo. 112. Herrera, dc. 3, lib. 6, cap. 1 y siguientes. 113. Salazar en su Justicia de Mjico, part. 2, cap. 4.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /131 /131 /131 /131 /131 a la decisin de un pleito entre partes. Refrescaron all su rancho y aguada, y salieron con esta mayor satisfaccin para San Juan de Ula. X. No manifest Velzquez en este vaivn de fortuna, aquella magnanimidad de religin y herosmo en que deben hallar igual semblante lo prspero y lo adverso. Se dej dominar de un humor melanclico y seoreado de sus afectos, le fue postrando la salud, y condujo a una cama en que pagando el dbito universal a la Parca, falleci sin otro conocido antecedente. Fue sentido en la Isla como padre comn de ella, y nico auspicio de europeos y naturales, quienes lloraron su muerte a correspondencia de la estimacin que se haba granjeado en catorce aos de su pacfica conquista y poblacin. Y con igual sentimiento, concurso y fausto, se dio sepultura a su cadver en la iglesia Catedral de Cuba. Antonio Herrera114 hace mencin de su fallecimiento desde el ao de 1524, y no como actual, sino como pretrito, pero creemos que en esto padeci equivocacin, porque por las noticias con que vamos comprobando de este historiador y la sucesin de Manuel de Rojas en el Gobierno interino, tenemos por indubitable que acaeci entrado el de veinte y cinco. XI. Cuando el Rey tuvo la noticia de su muerte, hizo memorable sentimiento por ella,115 expresando que se tena por muy servido de Diego Velzquez, y a su persona en mucha estimacin.116 Funeral honorfico y verdaderamente grande por la mxima excelencia que gozan entre los mayores panegricos, las expresiones de un Soberano a favor de un vasallo fiel;117 pero honor debido a la lealtad, celo, prudencia y actividad con que nuestro Gobernador sirvi al mismo Soberano y adelant sus vastos y dilatados dominios y estados, digno de honorficas exequias: y confiesa Sols118 a favor de Velzquez, su calidad, su talento y su valor, que de uno y otro dio bastantes experiencias en la conquista de Cuba pero agrega, que en otro caso err miserablemente en los principios, y se dej precipitar en los medios con que perdi los fines y vino a morir de su misma impaciencia. XII. Con todo, no puede desconocerse la primera y principal parte, en la conquista de Nueva Espaa, porque si se atiende al tiempo y medios que facilit para ella, se hallar que de ninguna otra parte, pudieron darse entonces, tan proporcionados y efectivos, mediante a que la isla Espaola an no fue bastante a mantener sus propias pacificaciones, y que de Castilla eran muy tardos y costosos. Y si se hubieran diferido, deberan esperarse 114.Herrera, dc. 3, lib. 6, cap. 10. 115.Herrera, dc. 3, lib. 6, cap. 10. 116. Acceptus est regi minister intelligens. iracundiam eius inutilis sustinebit, Caput XIV — 35. 117.Ilustrado de Solrzano en sus Prazas honoradas, nm. 102 hasta 111. 118.Sols, t. 3, Historia de Mjico, lib. 5, cap 8.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 132\ 132\ 132\ 132\ 132\ los que ha acreditado el lamentable sepulcro de la nacin Espaola y provincia de Florida. Juan Ponce de Len, Hernando de Soto y Pedro Menndez de Avils, no fueron menores hroes que Hernn Corts, sin hacer mencin de otros, que como ellos, antes y despus, emprendieron su conquista. Sus historias, hechos y trabajos, si no los adelantan, les igualan en la prudencia, sagacidad, valor, sufrimiento, y dems prendas necesarias, a un conquistador. Slo la fortuna los distingue en los efectos, y cuando no se halla causa para esta desigualdad en los agentes, debemos buscarla en otras ocurrencias. Conocerlas de lleno para afirmarlas de positivo es slo dado a la Divinidad: si se reflexiona que una tan mnima (cual fue herir con la saeta sola, tres veces la tierra, no seis o siete) declar el Profeta Eliseo119haber consistido el no subyugar Joas toda la Siria, que de slo levantar Moiss las manos, dependi el vencer Israel a los Amalecitas,120 que dando procesionalmente una vuelta alrededor de la ciudad de Jeric, se derriban sus soberbios muros, que toda la fuerza de Sansn estuvo ligada a sus cabellos, y que a la dbil vara de Moiss concede el Omnipotente, la virtud de hacer prodigios, con todo, presumirlas a juicio prudente es concedido a la humanidad. XIII. Por las reglas de esta, creemos haber consistido el todo de la anticipacin de la conquista. Esta no permiti que los soldados destinados para ella, doblasen la rodilla en este Nuevo Mundo, a efecto de gozar del agua de sus delicias, sino slo que la lamiesen en pie, para imitar en esto a los pocos, que por igual sino, destin el Altsimo para triunfar contra los Ammonitas y que mereciesen igualmente la victoria. Esta fue una grande disposicin de parte de los agentes, porque conservaban an el espritu que los arrastr del Viejo al Nuevo Mundo, sin haberse amilanado en las delicias de un arraigo, que en los trabajos de la conquista recordar, como a Vasco Porcallo y otros de la Florida, las cebollas de Egipto.121 La misma anticipacin, atrajo hallar Corts a los mejicanos en la natural incultura de sus principios, con nimo indiferente y sin ms que la propia defensa, cuando los de Florida haban adquirido cualidades muy diversas en la demora, injurias y conocimientos de los espaoles, auxilios y luces de los extranjeros con quienes lidiaban al mismo tiempo sus conquistadores.122 Y esta favorable estacin que preocup a Velzquez y atrajo la conquista de Nueva Espaa y su facilitacin, fue nicamente debida a su celo y propio mrito. 119.Si percussises quinquies, aut sexies, sive septies, percussises Syriam usque ad consumptionem 4, Reg. 13, -19. 120.Cumque levatet Moyses manus, vincebat Isral. Exod 17. 121.De que hacemos mencin en el lib. 4, cap. 7, de esta poca. 122.Vanse en la Historia de Florida del inca Gracilaso y el Ensayo cronolgico de ella por don Gabriel Crdenas Cano, sobre que tocaremos bastante en el discurso de esta obra.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /133 /133 /133 /133 /133 XIV. Los europeos y naturales de la isla de Cuba, lloraron, aunque mudamente, ms que todos, la muerte de Velzquez. Se ver en lo sucesivo de esta historia y a los inmediatos pasos de ella, alzados los indios, fugitivos en los bosques, imitando al infeliz Judas, ahorcados en los rboles, siendo pasto sus cuerpos, de aves y animales, y finalmente, exterminados de la isla Fernandina de Cuba, dejando slo cenizas, que recuerdan haber existido, como Troya y Numancia, y estas cenizas sern el mejor encomio de las de nuestro primer nclito Gobernador e infeliz Adelantado, Diego Velzquez.

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LIBRO TERCERO LIBRO TERCERO LIBRO TERCERO LIBRO TERCERO LIBRO TERCERO DE LO ACAECIDO EN LA ISLA FERNANDINA DE LO ACAECIDO EN LA ISLA FERNANDINA DE LO ACAECIDO EN LA ISLA FERNANDINA DE LO ACAECIDO EN LA ISLA FERNANDINA DE LO ACAECIDO EN LA ISLA FERNANDINA DE CUBA DESDE 1525 HAST DE CUBA DESDE 1525 HAST DE CUBA DESDE 1525 HAST DE CUBA DESDE 1525 HAST DE CUBA DESDE 1525 HAST A 1538, BAJO A 1538, BAJO A 1538, BAJO A 1538, BAJO A 1538, BAJO LOS GOBIERNOS DE MANUEL DE ROJ LOS GOBIERNOS DE MANUEL DE ROJ LOS GOBIERNOS DE MANUEL DE ROJ LOS GOBIERNOS DE MANUEL DE ROJ LOS GOBIERNOS DE MANUEL DE ROJ AS AS AS AS AS Y GONZALO DE GUZMN Y GONZALO DE GUZMN Y GONZALO DE GUZMN Y GONZALO DE GUZMN Y GONZALO DE GUZMNCaptulo I Nombra S. A. para el Gobierno interino a Manuel de Rojas: provense algunos puntos de su gobierno, inquitanse los naturales, y padece un gran incendio la ciudad de SantiagoI. Aunque haba mandado el Rey, conforme tenemos dicho,1 que las faltas o ausencias de Diego Velzquez las supliese en el Gobierno de Cuba, Gonzalo Nez de Guzmn, hallamos que en su vacante no se cumpli esta orden, porque la Real Audiencia de la isla Espaola, confiri esta interinamente a Manuel de Rojas,2 sujeto de estimacin y de calidad, natural de Cullar y vecino de Cuba. Tena en la ciudad de Santiago aquella encomienda de indios, de que expusimos3 haberle privado la residencia del Licenciado Alonso de Zuaso, y que le mand restituir el Rey. Haba ya conducido a ella a su mujer y familia, y siendo aquella, Magdalena Velzquez, consangunea inmediata del difunto Gobernador, se hizo mucho lugar y estimacin en la Isla. Tambin hallamos asentado, que aun viviendo Diego Velzquez en el ao de 1524, gobernaba Manuel de Rojas en la isla Fernandina de Cuba,4 de que inferimos que lo haca como su Teniente Gobernador, y que sobre esta situacin continu l interino por disposicin de S. M. Aprob S. M.5 este nombramiento, entretanto lo haca de Goberna1. En esta poca 1, lib. 2, cap. 12. 2. Herrera, dc. 3, lib. 6, cap. 10. 3. Herrera, dc. 3, lib. 5, cap. 13. 4. Herrera, dc. 3, lib. 5, cap. 13. 5. Herrera, dc. 3, lib. 7, cap. 3.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 136\ 136\ 136\ 136\ 136\ dor propietario, y al mismo tiempo confiri a Hernando de Castro, el estimable empleo de Factor en la isla Fernandina de Cuba. II. Iban requiriendo los asuntos de justicia y orden formal conocimiento, porque la falta de l engendra confusin muy perjudicial a la quietud pblica, y para establecerlo mand S. M.6 “que todas las apelaciones que se interpusiesen de los Gobernadores y otros cualesquier, Jueces y Justicias, hasta quinientos pesos de oro, y desde abajo se conociesen ante los mismos Gobernadores o Jueces de residencia. Que las causas que se apelasen desde los quinientos pesos de oro arriba, fuesen con dicho grado ante el Presidente y Oidores de la Real Audiencia de la isla Espaola, y que de las sentencias que se dieren para las justicias mayores hasta en cantidad de veinte mil maraveds, o desde abajo se apelase a los Cabildos, con inhibicin de los dems Tribunales.” Y aunque esta Real determinacin, fue dada directamente para dirimir los embarazos que se ofrecan en Tierra firme, por una igualdad de razn y conformidad de los territorios subordinados a dicha Real Audiencia, comenz a practicarse en la isla Fernandina de Cuba, siendo el origen a que se hallan arreglados los conocimientos de que en otros lugares haremos mencin. III. La libertad o sujecin de los indios por el medio de las encomiendas que tantas disputas haba causado y que an penda, volvi este ao a suscitarse, y S. M. Cesrea deseoso de lo mejor, renov sus consultas. Entre tanto, tuvo a bien expedir rdenes Reales a Fray Reinaldo Montesino, Vicario de la orden de Predicadores y a Fray Pedro Mejas de Trillo, Provincial de San Francisco, ambos residentes en la isla Espaola7 para que los indios que actualmente se hallaren vacos y vacaren en adelante, se pusiesen en libertad, imponindoles slo el servicio y el tributo que en su conciencia hallaren arreglado, con extensin de esta facultad a los de la isla Fernandina de Cuba. IV. Haban comenzado a inquietarse estos en tanto grado, que su Gobernador Manuel de Rojas se vio necesitado a dar cuenta de ello a la Real Audiencia, solicitando auxilios para sujetarlos8 y sosegarlos porque se hallaba escaso de espaoles, a causa de que los muchos que a los principios poblaron la villa de Santiago y dems de la Isla las haban dejado, llevados de las conquistas y riquezas de Nueva Espaa, Tierra firme y Per. Escribi tambin a S. M. informndole del estado en que se hallaba la Isla, medios de que se vala para la poblacin de ella y pacificacin de los indios y de algunos particulares que necesitaban de Real determinacin para su arreglo, y aunque no se refieren individualmente las circunstancias con que se manej en el Gobierno, conocemos por lo consiguiente 6. Herrera, dc. 3, lib. 7, cap. 2. 7. Herrera, dc. 3, lib. 8, cap. 10. 8. Herrera, ibid.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /137 /137 /137 /137 /137 que tuvo sus embarazos en Cabildo, pero acierto y aceptacin en lo dems. V. Porque entre las rdenes que para el buen rgimen de las Indias expidi S. M. en este ao, se dign mandar “que los Gobernadores de ellas no asistiesen a los Cabildos como lo haban hecho sus antecesores, sino que los presenciasen los Alcaldes ordinarios. Y porque los dichos Gobernadores, particularmente de Cuba, impedan a los Cabildos el uso de sus facultades, provey tambin que cuando en el Regimiento se tratase asunto9tocante alguno de los presentes, saliese este fuera de la Sala para que con libertad se pudiese conferir la materia: que se dejase a los Alcaldes ordinarios usar de su jurisdiccin, y que particularmente en esta Isla Fernandina de Cuba, no tuviese su Gobernador ms que un Teniente, el cual entrase con los Regidores en Cabildo”. Resolucin a que atribuimos no hallar continuados los nombramientos que en los antecedentes hizo Diego Velzquez en las villas de Trinidad y La Habana, aunque tambin conocemos que el tiempo y los infortunios que padecieron cuasi todas las poblaciones de la Isla, contribuyeron a esta falta de noticias, que no tocaron las historias generales. VI. Pero en lo que respecta al dems ministerio de Gobierno y atencin, con que Manuel de Rojas procuraba reducir a los naturales, extrayndolos de los buques a que se retiraban siempre que les venan a la memoria sus hoyas de Egipto, lo acredita el asiento y Real aprobacin, y a ms una Real carta que debi a S. M. Cesrea, y cuyo tenor por breve y de tantas recomendaciones, hemos tenido a bien trasuntar de Antonio Herrera que la trae10 en esta forma.—El Rey.—“Manuel de Roxas nuestro criado. Vi vuestra carta de 8 de marzo del presente ao, y tengoos en servicio el cuidado que tuviste de me avisar informar del estado de esa isla Fernandina, y cosas de ella, especialmente del estado y materia de los indios naturales, y ser servido que siempre le continuis, teniendo por cierto, que en lo que huviere lugar, tendr voluntad y memoria para vos hacer merced. Las cosas que ahora decs, mandar ver y se proveer en todo lo que convenga al servicio de Dios Nuestro Seor, y nuestro y al acrecentamiento y poblacin de la Isla, la cual yo tengo voluntad de favorecer. En todo lo que el nuestro Gobernador de nuestra parte, os dijere y mandare, aiudad como de vos confo. De Granada 14 de Setiembre de 1526 aos.-Yo el Rey.—Por mandado de S. M. Francisco de los Cobos. Sealada del Obispo de Osma, Presidente de Consejo: del Obispo de Canarias: del de Ciudad Rodrigo y del Licenciado Beltrn del Consejo de las Indias.” VII. Concluy Manuel de Rojas su Gobierno interino con la dolorosa vista de un grave incendio que a principio de este ao de 1526, padeci la 1 9. Dicho Herrera, dc. 3, lib. 30, cap. 9. 10. Herrera en cap. 10, lib. 10, dc. 3.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 138\ 138\ 138\ 138\ 138\ ciudad de Santiago, consumiendo y devorando, no slo la nueva iglesia Catedral, mas tambin la mayor parte de sus casas y habitaciones de sus vecinos, cuyo nmero se haba computado por el de dos mil. Esta desgracia movi al Catlico celo de S. M. Cesrea a que no slo mandase reedificar la Iglesia11 ayudando con diversos medios a su fbrica, sino tambin a que auxiliando a los vecinos con el ttulo honroso de corresponder al celo con que estos haban salido a los descubrimientos de Nueva Espaa y otras provincias sujetas ya a su Real Corona, y atendiendo a que de la misma Isla por su situacin y proporciones se haban de continuar y conservar dichos descubrimientos y poblaciones, mandare que se cuidara con principal esmero de su fomento. VIII. En el ao de 1525 naufrag en el cabo de San Antonio un navo en que remita Corts para Europa algunos espaoles, pereciendo en el naufragio su capitn Juan de valos, dos religiosos y treinta personas. Padecieron los dems muchas necesidades12 en tierra, comiendo yerbas de que murieron otros cincuenta. Salieron quince vivos a las estancias de Guaniguanico, que llegaron este ao a La Habana y otros navos, tambin dependientes de Corts, arribaron a la villa de Trinidad de donde llevaron ropas, carnes vivas y muertas, gran cantidad de bastimentos y diversas plantas de cultivo, para fomentar en la nueva poblacin de Trujillo.Captulo II Reciben a Gonzalo de Guzmn por segundo Gobernador de Cuba, y se le confieren varias rdenes sobre libertad y trato de los indios, y el mejor rgimen de la IslaI. Era consiguiente a la Real gracia que tena Gonzalo de Guzmn para las vacantes del Gobierno de Cuba, la sucesin en l por muerte de Diego Velzquez y en esta virtud, aunque por el pronto se dio el interino a Manuel de Rojas, tuvo S. M. a bien de elegir para propietario sucesor de ella al dicho Gonzalo de Guzmn. Era natural de Portillo13 y sujeto en quien concurran las prendas y calidades correspondientes al desempeo de tal encargo. Librronsele los ttulos, y se le dieron las instrucciones concernientes a su manejo, entre las cuales particularmente se le encarg que no asistiese a los Cabildos, ni les limitase sus facultades, conforme a lo que hemos dicho. Se determin en el ao antecedente el que slo pudiese nom11. El citado Herrera, dc. 3, lib. 10, cap. 9. 12. Herrera, dc. 3, lib. 8, cap. 4 13. El citado Herrera, dc. 3, lib. 8, cap. 14, prrafo 1.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /139 /139 /139 /139 /139 brar un Teniente de Gobernador en la Isla. Tambin se le cometi la residencia del Licenciado Altamirano, con prevencin de que para ella tomase Asesor letrado por no serlo Guzmn. No nos consta individualmente el da en que le posesion el Cabildo de la ciudad de Santiago, pero estamos cierto de que lo fue a fines de dicho ao de 1526 o principios de 1527, aunque se le libraron los Despachos a ms de mediado el de 1525. II. Haban declinado por este tiempo las consultas Reales, a favor de la libertad de los indios, y adoptndolas la piadosa Soberana intencin, expidi rdenes generales a este fin. Dirigironse particularmente para su ejecucin en las islas Espaola y Fernandina de Cuba, a Fray Pedro de Trillo, Provincial de San Francisco en ellas14 y comenz a tratarse de su cumplimiento, pero ocurrieron razones en su ejecucin, que obligaron a nueva consulta de S. M. Se consider que si la multitud de indios que haba en Cuba, (por las causas que dejamos expuestas) se ponan en la libertad que se mandaba, unindose algunos que permanecan alzados en sus montes, no slo volveran a sus idolatras y vicios, negados a la Religin y buenas costumbres, mas tambin podran matar a los espaoles dominando la Isla, y hacindose de ms difcil sujecin. Que desposedos dichos espaoles de sus encomiendas, principal lucro que gozaban en dicha Isla, la acabaran de despoblar buscando en otras tierras lo que en aquella les faltaba. Que la situacin de la referida Isla, la haca preciso crucero y necesaria escala de las navegaciones de Nueva Espaa y Tierra firme, y en ella tomaban las flotas y bajeles sueltos, provisiones de bastimentos, y los descubridores surtimientos de ellos y de caballos y otras cosas necesarias a aquel fin. Y ltimamente, que la inaplicacin y rusticidad de los indios tenan acreditado, que sin dichas encomiendas y sujecin no se allanaran a la religin, vida y labor necesaria al servicio de Dios y del Rey. III. Hicieron peso estas reflexiones en la Real consideracin, y aunque estaba inclinada a favor de la libertad de los miserables naturales, precediendo maduras consultas sobre este particular, se dign S. M. responder a Fray Pedro Meja de Trillo: “Que con mucha diligencia se informase del nmero de indios que haba vacado de seis meses a aquella parte, y en adelante vacasen15 y los que los juzgase capaces de vivir en union con el pueblo, orden y disposicion de doctrinarlos y admitir la religion, los hiciese situar y poblar en la forma que al Gobernador Gonzalo de Guzmn pareciese, proveyndolos de personas religiosas y clrigos de honesta vida que los doctrinasen y diesen entender que S. M. los atenda en aquella disposicion, por la particular estimacion que de ellos haca, advirtindoles que si conservaban la union, religion y buenas costumbres, seran amparados en 14.Dicho Herrera, dc. 3, lib. 10, cap. 10. 15.Dbase en este tiempo las encomiendas ad-mitum amovibles o cuando ms por la vida de los encomenderos. Solrzano en su Poltica, libro 3, cap. 17, A. 1.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 140\ 140\ 140\ 140\ 140\ ellas por su Soberana autoridad, como vasallos, pero de lo contrario, seran castigados y privados de la libertad de que abusaban”. IV. “Que los que despues de un maduro exmen constase que para sacarlos de sus vicios y fin de su mejor instruccion y salvacion, convenia encomendarles los vecinos, lo hiciere como hallara convenir, de acuerdo con el Gobernador, en quienes descargaba su Real conciencia, con la calidad de que siempre fuesen libres y no esclavos, tratados como tales y encomendados (cuando fuere indispensable) personas honradas, y vecinos arraigados, con la intencion de permanecer en la Isla y que les tratasen como cristianos y libres dndoles el alimento, vestuario y trabajo ligero, sin que alguno los pudiese tener en las minas mas que para cernir, lavar entender en trabajos iguales, pena de privacion en la encomienda y confiscacion de bienes.” V. Con tales rdenes se comenz a dar mejor trato a los indios en la isla Fernandina de Cuba, pero ellos que slo se acomodaban con sus antiguas costumbres, abandonaban los pueblos y doctrinas cuando menos se esperaba, y se retiraban a los montes, donde vivan como brutos. Habase esmerado Manuel de Rojas con el cuidado y pacificacin de estos naturales, durante su gobierno interino, como se ha dicho y continuaba despus de l con squito y aceptacin de ellos, siendo el que con ms modo y gracia haba granjeado tal aliciente, que los sacaba de las serranas y reduca a sus pueblos, pero ninguno permaneca en ellos, cansndose la paciencia donde no tena trmino la veleidad, y algunos se obstinaron en los montes matando a los espaoles que podan haber a sus manos, y causando a los dems todas las posibles extorsiones. VI. Sobre estos ltimos dispuso el Rey “que se les enviasen aquellas personas religiosas y legos de quien tuviesen mejor aceptacion, para que les persuadiesen su restitucion la Real obediencia16 y sus pueblos, cesando de conturbar los que vivian en ella, bajo de ofrecimiento inviolable de ser bien tratados. Que cuando en esta forma se hubiesen hecho muchas diligencias y no bastasen, se les procesase judicialmente, para justificar la causa y en ella y con ella se les repitiesen tres requerimientos en forma, y si dentro de sus trminos no obedeciesen, permita se les pudiese hacer guerra como vasallos rebeldes y tomarlos por esclavos”. Pero sin embargo de estas rdenes, previno el Rey al Gobernador que trabajase en atraerlos con el menor dao que fuese posible, y encarg a la Real Audiencia el buen trato de estos indios y observancia de estas rdenes, descargando en ella su Real conciencia. VII. Tambin dispuso S. M. que la Real Audiencia de la isla Espaola, no se introdujese en los asuntos de conceder vecindales y encomiendas de indios en la Isla Fernandina de Cuba y dems de Barlovento, dejando el libre 16. Herrera dicho, cap. 10, prrafo ltimo.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /141 /141 /141 /141 /141 uso de estas facultades a sus Gobernadores a quienes competa.17 Y por el informe de Manuel de Rojas y de otros Gobernadores de estas islas, haban hecho presente su despoblacin a causa de inquietarse los pobladores con los muchos descubrimientos, dejando lo cierto por lo dudoso, mandando asimismo el Rey se publicase en las dichas islas que ningn vecino de ellas, so pena de la vida y prdida de bienes, pudiese dejar su vecindad, para pasar a nuevos descubrimientos o poblacin, salvo que pasando por la Isla algn descubridor o poblador, por asiento con S. M., pudiese permutar el vecino de ella para llevarlo a su descubrimiento o poblacin, dejando otro en su lugar. Con esta prohibicin se aquietaron algo los nimos alborotados, y atendiendo cada vecino con ms sosiego al fomento de sus casas y haciendas, fueron perfeccionndose las poblaciones, crianzas y labranzas de la Isla. VIII. En este ao fue electo el Maestro Doctor Fray Juan Flandes por Obispo de Cuba, a consecuencia de haberlo renunciado en el antecedente don Fray Juan de White. Era el electo, flamenco de nacin y religioso del orden de Predicadores, pero habindosele al mismo tiempo destinado para confesor y capelln mayor de la Reina Doa Leonor, hermana del Emperador Carlos V, que pas a Francia con su marido Francisco I, se le mand18dejar el Obispado, y no vino a l.Captulo III Llega a Cuba Pnfilo Narvez, Adelantado de la Florida, con su armada. Presntase para cuarto Obispo de esta Isla a Fray Miguel Ramrez. Pierde un navo aquella, en un fuerte huracn que derrib la villa de Trinidad, y S. M. expide varias providencias para el rgimen y aumento de la IslaI. Pnfilo Narvez, que despus de las tragedias referidas, obtuvo de S. M. el Adelantamiento y conquista de la Florida, y sali de San Lucas el 17 de junio de este ao de 1526 con cinco navos de armada, gente y pertrechos para ella: lleg a la ciudad de Santiago de Cuba en solicitud de hombres, armas y caballos. Crdenas Cano,19 hablando de esta armada dice, que en ella iba Fray Juan Surez, por Obispo de aquel distrito; pero Antonio Herrera20 slo asienta, entre otras cosas, “que juntamente con el Obispo 17. Herrera, dc. 3, lib. 10, cap. 11. 18. El Ilustrsimo Morell, en su manuscrito, ao de 1726. 19. Crdenas en su Inca. Ensayo de Florida, ao de 1527. 20. Herrera, dc. 4, lib. 2, cap. 5.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 142\ 142\ 142\ 142\ 142\ de la Nueva Espaa, fu presentado para el Obispado de la isla Fernandina, Fray Miguel Ramrez, del orden de Santo Domingo, predicador del Rey, por renunciacion de Don Juan White”. Padeci sin duda engao el curioso Crdenas, as en el nombre como en la venida de su Ilustrsima en la armada de Narvez, porque efectivamente no pas a su Obispado hasta el siguiente ao de 1528. Pudo provenir la equivocacin de hallar tocada en Herrera su presentacin al mismo tiempo que trata de la salida de Narvez y le diferencia en el nombre, lapso de pluma o error de imprenta; pero hemos juzgado de nuestro cargo advertido, para evitar confusiones a los que lo leyeren, y dar en este Teatro el debido crisol a la verdad. II. Narvez despus de haberse provedo en la ciudad de Santiago de alguna gente, armas, caballos y bastimentos, sali de su puerto con toda la armada, dirigindose al de la villa de Trinidad, donde le haba ofrecido Vasco Porcallo proveerle de carne y comestibles de sus haciendas. Lleg con todos los navos hasta el cabo de Cruz y desde l remiti uno a Trinidad por dicha provisin, quedando los dems en su espera al ancla; arrib aquel a dicho puerto y pasaron a tierra su capitn Pantoja y Vasco Porcallo, para recibir y entregar los bastimentos con la anticipacin que peda su peligrosa mansin: mas al amanecer el siguiente da, sobrevino un huracn de los ms formidables que ha experimentado aquella costa. III. Comenz a sacudir una recia lluvia y a inquietarse el mar, con cuyo motivo baj a tierra el Tesorero de la armada, lvaro Nez Cabeza de Vaca, que vena en dicho navo; continuaron embravecindose las olas en tanto grado, que ni las lanchas o bateles se atrevan a venir a tierra, ni se pudieron atracar a ella los navos para salvar la gente y los caballos, pues que contrarios los tiempos y soplando fuertemente el Norte, apenas pudieron resistir aquel da al ancla. Fue siempre en aumento la borrasca, que pasando a tormenta en el mar, tuvo en tierra todos los efectos de huracn. Derrib las casas e iglesias; arranc los rboles de raz, y era necesario que se abrazasen siete u ocho personas encadenadas para impedir que los levantase y precipitase la furia del viento; sufran su inclemencia y la del agua en los valles, por librarse de las ruinas de los edificios en los pueblos, y del golpe de los rboles en los montes. En la noche a cuya sombra creci ms la fuerza de los elementos, se oa gran ruido, que figurando voces y sonidos de cascabeles, flautas y tambores, amedrentaba los nimos llenndolos de confusin. IV. Calm la ira al amanecer del siguiente da, y a la luz de este, se hallaron slo ruinas en lugar de los edificios que hermoseaban la villa de Trinidad y estancia de su comarca. Tvose a mal pronstico o aciago principio de la expedicin de Narvez, y comenzaron a desconfiar de su feliz xito, cuantos observaron la poca fortuna de sus anteriores pasos. Despus de amanecer bajaron los vecinos cuidadosos al puerto donde no hallaron los navos, y notando slo las boyas de las anclas, los juzgaron perdidos

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /143 /143 /143 /143 /143 y comenzaron a reconocer las costas, por si hubiesen varado en ellas: viose en esa una barquilla puesta sobre unos rboles, y ms adelante dos hombres muertos y tan desfigurados de los golpes de las peas, que no se pudieron conocer, hallronse otros fragmentos que hicieron ms cierta la prdida de los navos, en los cuales haba setenta personas y veinte caballos,21 salvndose slo treinta hombres que haban bajado a tierra. V. A este infortunio sigui el de la escasez de bastimentos en dicha villa de Trinidad, porque los que estaban hechos se perdieron con la humedad de las aguas no habiendo quedado almacenes en que custodiarlos de ella. Los montes quedaron quemados por la furia de los vientos, desnudos de hojas los rboles, podrida y asolada la yerba, y con su falta perecieron muchos ganados que haban quedado quebrantados por el tiempo. Permanecieron en Trinidad los de la armada que libraron del naufragio, apreciando melanclicamente el xito de Narvez y sus cuatro bajeles perdidos en la fuerza de la borrasca: pero aunque alcanz parte de ella al lugar de la costa en que se hallaban, pudieron abrigarse en lugar seguro y escapar del peligro. Despus de l llegaron al puerto de Trinidad el da 5 de noviembre y como la gente haba quedado atemorizada no atrevindose a seguir la navegacin en el invierno, obtuvieron del Adelantado que lo pasare all, asegurando los navos en el puerto de Jagua que dista slo doce leguas del de Trinidad. VI. En este ao concedi S. M. que se introdujesen en la isla Fernandina de Cuba, mil negros esclavos, para que fuera menor el trabajo de los indios en ella: prohibi su comercio e introduccin en Indias sin Real licencia, y bajo la pena de confiscacin. Se mandaron restituir a dicha Isla todos los indios que de ella se haban extrado, no queriendo de su libre y espontnea voluntad permanecer en los que se hallasen: y orden que Fray Pedro Meja de Trillo sobreseyese en la comisin que se le haba conferido para poner en libertad los indios de las encomiendas, que vagasen hasta que, llegando a la Espaola el Licenciado Ramrez, Oidor de Granada, y que fue provedo por el Obispo y Presidente de Santo Domingo, se pusiesen de acuerdo en lo que convena hacer. VII. Se recibi tambin en la ciudad de Santiago de Cuba la plausible noticia del feliz nacimiento del prncipe don Felipe, hijo primognito del Emperador y Rey de las Espaas don Carlos V, y se celebr con aplauso en ella y dems pueblos de la Isla. Y porque desde el incendio padecido en la ciudad de Santiago de Cuba durante la interinatura de don Manuel de Rojas, no haba podido reedificarse su Catedral, cuyo reparo exiga la Real atencin, suplic S. M. a la Santa Sede22 se dignase dispensar el que se 21. Herrera, dc. 4, lib. 2, cap. 4. 22. Herrera en el citado cap. dc. 4, lib. 12.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 144\ 144\ 144\ 144\ 144\ gastase en su fbrica y reparo, dos mil ducados que el gobernador Diego Velzquez haba dejado por su testamento para que se distribuyesen en obras-pas. Y finalmente, anhelando el aumento y propagacin de la fe catlica, pidi S. M. a los Generales de las rdenes de Santo Domingo y San Francisco que para en lo adelante se diese licencia a todos los religiosos que quisiesen pasar a las Indias, a efecto de que pudiesen hacerlo sin impedimento alguno, ni limitacin en el nmero, y obtuvo de ellos letras concesorias.Captulo IV Refiere la salida y xito de la expedicin de Narvez: varias providencias para el Gobierno de la Isla y salida del seor Diocesano don Fray Miguel Ramrez, y se da noticia del chapapote y piedras redondasI. Durante el invierno repar Pnfilo Narvez los quebrantos de su expedicin, ms all de su deseo, compr en Trinidad un bergantn, que lleg a su puerto y un navo que arrib a la costa del Sur de La Habana, y llev en ellos a Jagua por el mes de marzo de este ao, de veinte y ocho, cuarenta hombres y doce caballos; numerando en aquellos al piloto Diego Minelo, prctico de la costa del Norte, y lvaro de la Cerda, Capitn de navo. Hizo alarde de su gente en Jagua, y se hallaron cuatrocientos hombres y ochenta caballos23 de que tom mucha parte en la Isla, y los embarc en los cuatro navos y bergantn, saliendo incorporados de este puerto. II. Al pasar esta armada por los bajos del Canarreo, entre la isla de Cuba y de Pinos, dieron sus quillas con fondo, quedando varada quince das, despus de los cuales pudieron nadar con pleamar que introdujo en ellos una tormenta del Sur. Sufrieron otras dos borrascas en cabo de Corrientes, y cerca del cabo de San Antonio, que doblaron a los tres das, y acercndose a La Habana con nimo de hacer escala en su puerto, se lo impidi un viento Sur que los arroj a la costa de la Florida. No fue en ella menos infeliz, pero no siendo parte de nuestra historia lo ocurrido fuera de la Isla, baste decir al curioso, que despus de inmensos trabajos y necesidades en que llegaron a comerse los espaoles unos con otro,24perecieron miserablemente en la provincia de la Florida25 e isla de 23.Herrera, dc. 4, lib. 4, y Crdenas Cano, ao de 1527. 24.Herrera, dc. 4, lib. 4o, cap. 7. 25.Herrera ubi supra, lib. 5o y siguientes en la dc. 6, lib. 1, desde el cap. 3 hasta el 8oy Crdenas ao de 1528 y siguiente. Y el Inca Garcilaso en su Historia de Florida, libro 1, cap. 3.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /145 /145 /145 /145 /145 Malhado, saliendo pocos de ellos despus de nueve aos, al nuevo Mjico, de donde pasaron al viejo. III. Celebr S. M. este ao, nuevo asiento para la introduccin de negros en las Indias, con los almacenes de Enrique Ciguer y Jernimo Sayller, concedindoles que en cierto tiempo introdujesen cuatro mil cabezas de esclavos,26 que supliesen la falta de operarios que se iba experimentando en las islas. Prohibi que las Audiencias enviasen Jueces pesquisidores a los lugares de sus distritos, a menos que fuere a pedimento de los Gobernadores o Jueces, y sobre casos que ellos no pudieran remediar por s, y les concedi la facultad de decidir las competencias de jurisdiccin entre los Gobernadores, con otras facultades convenientes al recto rgimen y gobierno de estos Tribunales. IV. Hallbanse an en Sevilla los Obispos de la Espaola y Cuba, Licenciado don Sebastin Ramrez y Fray Miguel del mismo apellido, que en el ao pasado dejamos electos, y porque se exigan en sus sillas para la quietud de ellas, mand S. M. saliesen para sus iglesias con la mayor anticipacin. Pedan los maestres de navos precios excesivos por sus pasajes, y fue necesario acudir al Rey por remedio, que se puso en la moderacin y prelacin de ellos. Comprendi el Diocesano de Cuba que sus antecesores haban tenido embarazos con los Ministros de la Real Hacienda en ella27porque les impedan el libre uso de su jurisdiccin, y que por conservar la quietud pblica, no haban usado de sus armas en la imposicin de censuras. Para evitar iguales embarazos por una y otra parte lo hizo tambin presente al Rey, pidiendo el remedio oportuno, y S. M. se dign mandar a los oficiales Reales, “se abstuviesen de perturbar la jurisdiccion Eclesistica, y dejasen los Obispos de la isla de Cuba usar de las mismas facultades que ejercan los de la Espaola”. V. Extendi el Rey su innata piedad a prevenir en esta ocasin “que de todas las haciendas y granjeras Reales, se pagase el diezmo de las Iglesias; porque teniendo S. M., en cuanto la obligacin espiritual y respecto Dios Nuestro Seor, como uno de los vecinos ms obligados su Divina Majestad, por los mayores beneficios que de su Poderossima mano reciba; quera sin excepcin alguna, dar el mejor ejemplo en su paga”. Concedi igualmente que los vecinos de dicha villa, no pagasen por esta vez, derechos del almojarifazgo, por los ornamentos para iglesias, vestidos para sus personas y criados, y otras cosas que llevan. Y habiendo de antemano hecho merced de la mitad de las rentas vacantes de dicho Obispado de Cuba, para la fbrica de la iglesia Catedral, sita en su ciudad de Santiago, concedi ahora la otra mitad de dicha vacante, al nuevo Obispo Fray Miguel Ramrez, para ayuda de costos de su viaje. 26. Herrera, dc. 4, lib. 4, cap. 11. 27. Herrera, dc. 4, lib. 5, cap. 10.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 146\ 146\ 146\ 146\ 146\ VI. Reducidos los indios de la isla Fernandina de Cuba, volviendo a sus pueblos y estancias, sin guerra ni violencia, sino solo atrados del buen trato, comenzaron a habitar en sus pueblos. Diose cuenta de ello al Rey, y gozossimo de esta reclusin, encarg su atencin y libertad a los nuevos Obispos de ella y la Espaola, recomendndoles cmo se haba logrado por medios suaves lo que no facilitaron los speros; y cunto convena continuar por el mismo tenor, para que fuesen atrados al conocimiento de nuestra Santa Fe Catlica. Para este fin mand que la comisin que primitivamente haba conferido a Fray Pedro Meja de Trillo, Provincial de San Francisco, para la proteccin de los indios, se entendiese adjunta28 con los Ilustrsimos Obispos y el Gobernador de la misma isla Fernandina, Gonzalo de Guzmn. Y que en premio y satisfaccin de los encomenderos y personas que haban servido en esta pacificacin, fuesen en lo sucesivo sus encomiendas hereditarias a sus mujeres e hijos, aunque estos no fuesen legtimos. VII. Se descubri por este tiempo en la isla Fernandina de Cuba, una fuente o mina que naturalmente manaba pez, y los Oficiales Reales de ella remitieron a Sevilla una bota de dicha pez, a fin de que se hiciese experimento, si poda servir para brear los navos. Y porque ya hemos tocado otra vez esta especie de pez,29 sin manifestar cual sea la calidad, por no hacerlo el historiador Herrera, para satisfacer a los curiosos, asentamos, que se dan varias minas o vetas de ellas, principalmente en el territorio que corre desde la villa de Santa Clara, Sancti Spritus y Puerto del Prncipe. Que se nombra provisionalmente chapapote, cuya materia resinosa y semejante a la brea, corre con los rayos del sol. Pero aunque recibe combustibilidad, ha manifestado la experiencia que no puede suplir los efectos de la brea, en el servicio de bajeles a causa de que despus del fuego no pega con la subsistencia de la brea, ni queda tan slido por consumirle el dicho fuego las partes ms lquidas. Por lo cual, aunque Herrera no refiere los efectos del experimento que se hiciese en Sevilla, creemos haber tenido iguales resultas, mediante a no drsele aquel uso a dicho chapapote. VIII. Dice tambin Herrera que en este ao avisaron los oficiales Reales de la isla de Cuba, haber en el ro del Bayamo gran nmero de piedras redondas, de diversos tamaos, que podran servir para balas de artillera, y que el Rey mand que se condujese cantidad de ellas, de todos tamaos, por lastre, en los navos que iban a Castilla, para que pudiesen servir a todas las piezas. Pudo verificarse la existencia de algunas de estas piedras, en el ro nombrado Cauto, que es el de dicha villa de Bayamo, pero no subsisten de la calidad que se expresan; y sobre este asunto nos remitimos a lo que en otro lugar dejamos expuesto, acerca de estas piedras redondas, y de la equivocacin con que se dicen llevadas a Espaa de la isla Fernandina de Cuba, dndose en el Reino de Nueva Espaa. 28. Herrera, dc. 4, lib. 5, cap. 2. 29. En el lib. 2, cap. 5, prrafo 10.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /147 /147 /147 /147 /147Captulo V Comuncase real orden al gobernador Gonzalo de Guzmn, para que examine la capacidad de los indios, y los reduzca a libertad y vida social: lo efecta y destina para su Capelln y Director al Presbtero Francisco GuerreroI. No hacen los historiadores mencin alguna de lo ocurrido en Cuba en los aos de 1529 y 1530 hasta el de 1531. Sentimos no poder suplir esta falta en la poca de que tratamos, por la expuesta causa de no haber dejado monumento de ella el tiempo y los insultos; pero nos consolamos de hallar algo con qu continuar el hilo de la historia, hasta salir a tiempo en que podamos trabajar sobre otros cimientos. II. Repitironse, pues, las rdenes ms amplias sobre la libertad de los indios en dicho ao de 1531, no slo a los Obispos, mas tambin a todos los Gobernadores y Ministros de las Indias. Dirigironse especial a nuestro Gobernador Gonzalo de Guzmn,30 para que hiciese experiencia de la capacidad en los naturales de la isla Fernandina de Cuba, sin duda por la opinin que se haba levantado en todos tiempos, de que los indios no eran hombres capaces de la religin cristiana, hasta intentar algunos, que por accidente, se formaran los primeros de ellos, de la putrefaccin de la tierra,31 ayudado del calor del Sol. Este error lleg a necesitar decisin de la Santa Sede, que dio el Papa Paulo III, a representacin de don Fray Julin Garcs, Obispo electo de Cuba y que lo era ya de Tlascala, declarando en la Bula dada en Roma a 4 nonas de junio de 1537, ser verdaderos hombres y capaces de la fe. Y aun despus para desarraigarlo, convino que el primer Concilio Mejicano32 as lo ratificase. Gonzalo de Guzmn, interesado en cumplir fielmente la Real orden, solicit y proporcion ocasin oportuna en que hacerlo, vac en la isla Fernandina de Cuba un repartimiento o encomienda que tena Pedro de Morn en la provincia de San Salvador del Bayamo, y el Gobernador mand venir a su presencia a los indios de ella: hzoles entender por el intrprete Pedro Rivadeneira, previo su juramento de fidelidad, la orden del Rey dirigida33 a que si los hallaba con habilidad y capacidad para ello, “les diese libertad diferente de la que hasta entnces habian tenido, fin de que viviesen como labradores de Castilla, sin estar encomendados por navoras, ni repartimientos castellanos, y que para que mejor se hiciese y ellos viviesen como cristianos y 30. Solrzano en su poltica, lib. 1, cap. 5, nm. 15 y siguientes. 31. Rivadeneira en su Pasatiempo, ao de 1520, nota. 32. Ibdem. 33. Herrera en la citada dc. 4, lib. 1, cap. 5.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 148\ 148\ 148\ 148\ 148\ tomasen s us costumbres, se haban de ir vivir junto San Salvador otra villa de castellanos, para hacer por s sus labranzas, y tener su pueblo aparte con un Capelln que los instruyese en las cosas de la f; que haban de cultivar, criar ganados y sacar oro, pagando al Rey lo que le perteneciese de su tributo como sus vasallos, y que de lo que ganasen y multiplicasen sus ganados, se habran de vestir y sustentar, y sus mugeres hijos. Y finalmente, que mientras cumpliesen esto, el Gobernador los amparara y proveera de lo que hubiesen menester; pero que no cumpliendo, les aperciba desde entnces que los volveria encomendar como haban estado ntes.” III. Oyeron los naturales con atencin y complacencia esta proposicin que les explic el intrprete, y aunque mostraron agrado a ello, les concedi Gonzalo de Guzmn un da de trmino34 para que la premeditasen y eligiesen. Retirronse a sus casas, y en el resto de l y noche subsecuente, trataron y confirieron entre s aceptar la libertad: con esta resolucin, se presentaron en el siguiente al Gobernador, los del pueblo de Guaminico, y tomando la voz uno de ellos, nombrado Diego Ramrez, dijo, “que todos los de su lugar se querian ir la villa de Bayamo, cerca de los castellanos y fundar all para servir Dios y su Santa Madre, y pagar diezmos y sacar oro para servir al Rey”. Lo mismo respondi el indio Cacique del pueblo de San Lucas, a quien llamaban San Juan, y otro principal del pueblo de Manzanillo, a los cuales hizo entender el Gobernador su benevolencia y que dispondra de su atencin y cuidado. IV. Ocurri entre los dems, uno de los habitantes del dicho pueblo de Manzanillo, a quien nombraron Anaxa, y el cual deseoso de manifestar su obsequio hacia los castellanos, expuso al Gobernador que porque el dicho pueblo “era paso de los castellanos, quera estar en compaa de ellos para hospedarlos”. Pero Gonzalo de Guzmn, deseoso que en ningn modo se obscureciese la intencin del Rey, le hizo entender que no se les peda hospedaje para los espaoles, sino que viviesen en vecindad, trabajando como libres, para servir a Dios y al Rey, y alimentar a sus mujeres e hijos, sin estar sujetos a otra persona. A lo cual respondi Anaxa haberlo comprendido y quedar conforme. Hzose entender lo mismo a los dems indios, que respondieron en igual disposicin. V. En virtud de esta, les asign y entreg el Gobernador los pueblos que haban elegido para su residencia. Dio las providencias convenientes al efecto, de que pudieran sustentarse mientras adelantaban sus labranzas y crianzas, y les previno las reglas que haban de observar para su sociedad, paz y justicia. Nombr y destin para el gobierno e instruccin espiritual de dichos pueblos, a Francisco Guerrero, clrigo a quien asign congrua de sustentacin, a fin de que se dedicase enteramente a la consecucin de las 34. Herrera en la citada dc. 4, lib. 10, cap. 5.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /149 /149 /149 /149 /149 Reales intenciones, con que comenzaron los indios de la isla Fernandina de Cuba, a disfrutar en parte la libertad que dispuso S. M. VI. Probamos por los efectos, haberlo tenido favorable esta disposicin Real y diligencia de Gonzalo de Guzmn. Porque en el distrito de la ciudad de Santiago y en el de la villa del Bayamo, permanecen varios pueblos de estos indios, cuya subsistencia persuade de los buenos principios de sus poblaciones.Captulo VI Refirense varias consultas que haba hecho Manuel de Rojas para fomento de la Isla, y real resolucin de algunas de ellas1. Quien leyere sin reflexin en este ao de 1532, al cronista Antonio Herrera35 creer (como creamos) que volvi en l a gobernar la Isla Manuel de Rojas, porque habla de este, como si efectivamente gobernase. Pero reflexionando seriamente que dejamos en el Gobierno a Gonzalo de Guzmn, y que lo vemos continuar en l con el mismo historiador y otros, hasta su entrega a Hernando de Soto, se conocer que las providencias que refiere y vamos a exponer, aunque recibidas en este ao no fueron consultadas en l, sino cuando gobernaba interinamente, como apuntamos36 y reserv S. M. en Real carta de 14 de septiembre de 1526. Haba, pues, hecho presente a S. M., la decadencia en que iban los habitantes de Cuba por la muerte o ausencia de los naturales, y porque los europeos abandonaban sus domicilios, trasportndose a los Reinos del Per, cuyas conquistas y riqueza daban ya admiracin y pasmo al universo, sin que bastase contra este atractivo, las estrechas y Reales prohibiciones que dejamos expuestas, y para solicitar remedio oportuno a este desorden y medios con que adelantar la Isla, propuso varios puntos concernientes a ello. II. Pidi en primer lugar que S. M. le diese ayuda para acabar la fbrica de la iglesia Catedral de la ciudad de Santiago; que porque haba en la Isla muchos indios alzados, y la ciudad de Santiago, y dems villas carecan de Propios, por lo cual no podan hacer gastos contra ellos, le pareca conveniente que S. M. fuese servido de permitir que las personas que los siguiesen y aprehendiesen, los pudiesen tener por esclavos. Pero aunque al Rey y a su Supremo Consejo pareci oportuno este medio para conseguir la sujecin de los indios, previniendo la sencillez y simplicidad de los de dicha 35. Herrera, dc. 5, lib. 2, cap. 5. 36. Al captulo 1 de este libro.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 150\ 150\ 150\ 150\ 150\ isla Fernandina de Cuba, y que si se concediese, podra abusivamente extenderse a los que no merecieran esta pena, tuvo a bien denegarla previniendo se procurase atraerlos por otros medios suaves. III. Represent asimismo Manuel de Rojas que le pareca ser cosa muy perjudicial para la poblacin de la Isla, los tributos y censos que en aquellos principios haban comenzado a acostumbrarse; porque por cien pesos se echaba la mitad de tributo, y que cuando pareciese que se deban de echar, fuese a precios moderados, como a 8 por 100, porque se haban establecido tantas, que casi las ciudades y villas estaban atributadas y los acreedores se llevaban en tributos ms del caudal; por lo cual, todos los vecinos estaban adeudados y algunos perdidos, y como no los podan redimir, quedaban los heredamientos enajenados en poder de los acreedores. Esta instancia mereci la aprobacin del Rey y su Consejo, y en su consecuencia mand S. M.37 que se moderasen los censos hasta el 10 por 100. IV. Tambin inform al Rey, que porque todas las personas que cogan oro, sentan mucho se les llevase el quinto del derecho Real por el mucho costo que tenan, habindose encarecido los bastimentos y todas las cosas. S. M. se deba contentar con el diezmo como antes se haca, porque as acudira gente, habra mucho comercio y las Rentas Reales creceran, donde no, la tierra se despoblara, porque los hombres siempre se van tras del provecho, y as era cierto que haban de desamparar aquellas islas; agregaba que impeda mucho la poblacin de ellas, el ser solteros la mayor parte de las personas que las asistan, por lo cual, al tiempo de su muerte, no dejando herederos forzosos, tenan a sus cabeceras clrigos o frailes, que se haban visto forzarlos algunas veces a hacer testamento, instituyendo a su Monasterio por heredero en cuantas excesivas. De suerte, que despus de la muerte de ellos, no quedaba memoria de sus casas, ni moradores en ellas, a cuya causa las villas y lugares de la Isla se iban consumiendo, y los bienes de los difuntos incorporndose en los Monasterios, sin esperanza de que en los tales bienes sucediese otro vecino; lo cual era de muy grande inconveniente para tierras nuevas y que deban poblarse. V. Para remedio de este dao propuso (y lo hicieron tambin otros Gobernadores y la Real Audiencia de la isla Espaola) que despus de dos mil aos y ms de poblacin en los Reinos de Castilla, se sinti el mismo inconveniente por lo cual se hizo sobre ello Ley, en tiempo del Rey don Juan el II, y convena ahora se mandase en aquellas partes, que ninguna persona sujeta a la jurisdiccin Real pudiese enajenar ninguno de sus bienes a personas ausentes, Colegios ni Universidades. Y que se aadiese, que como aquella Ley habla de bienes races, se extendiese tambin a muebles y semovientes, que eran los ms que haba en aquella Isla; y que puesto que por la extrema necesidad, que la tierra tena de poblacin, como a persona 37. Herrera, dc. 5, lib. 2, cap. 5.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /151 /151 /151 /151 /151 privilegiada, si algn escrpulo se sintiese por tocar en la libertad eclesistica, se poda proveer de tal remedio temporalmente, por 30 40 aos, hasta que la tierra se poblase, porque habiendo bienes de los tales difuntos iban los parientes a residir en ellas y se poblaran. VI. Finalmente pidi al Rey, que pues los diezmos de aquella isla Fernandina de Cuba, eran pocos para sustentar un Obispado, diese S. M. orden de que se hiciese Abada conforme lo era la isla de Jamaica. Estas ltimas pretensiones no tuvieron resolucin por entonces, a causa de su gravedad, hallarse el Rey en Flandes y haberlas reservado su Consejo y Gobernadores, hasta resolverlas con su Real consulta. Pero entrando el ao de 1533, no restituyndose el Rey a la Corte, e insistiendo los males, por remedio, hubo de tomar el Consejo Supremo de Indias algunas resoluciones sobre estos y otros puntos. VII. Orden entre otras cosas, que para evitar costas y gastos a los vecinos, pudiesen apelar para los Regimientos, de las sentencias de los gobiernos y otras justicias, siendo la condenacin de sesenta mil maraveds; y que se estableciesen arcas con tres llaves, para custodiar en ellas toda la plata y oro perteneciente a la Real Hacienda.38 Inst la Audiencia de la isla Espaola sobre remedio contra los eclesisticos, que por todas vas solicitaban adquirir los bienes de los moribundos para s y sus Monasterios, con perjuicio y agravio de sus herederos, y se orden a la misma Real Audiencia y a su electo Presidente, el Licenciado Fuenmayor39 que con particular diligencia acordara y proveyera lo conveniente, a fin de que los enfermos otorgasen con libertad y sin opresin sus testamentos y ltimas voluntades; pero no nos consta que S. A. tomase resolucin alguna.Captulo VII Insultan a las Indias los piratas franceses: saquean la villa de La Habana y tiene un barco de ellos extraa batalla con otro espaol, dentro del puerto de SantiagoI. Envidiosas las naciones de los descubrimientos de las Indias y de las muchas riquezas que de ellas se conducan para Espaa, desearon ser por cualquier medio partcipes de su abundancia, y comenzaron a inundar los mares con piratas. Dispuso S. M., que para su remedio se formase en Cdiz la armada de Averas40 que saliendo a perseguirlos oblig a que dejasen aquellos mares, acercndose ms a estos. Habiendo, pues, resuelto un 38. Herrera, dc. 5, lib. 5, cap. 11. 39. Herrera, dc. 5, lib. 5, captulo ltimo al fin. 40.Herrera, ubi supra.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 152\ 152\ 152\ 152\ 152\ nmero considerable de franceses, salir de su isla San Cristbal con unas gabarras o barcos luengos, bien provedos de vveres y municiones, navegaron hacia el Poniente con el designio de descubrir y poblarse en alguna tierra; llegaron a la isla Espaola, y aunque la hallaron hermosa y proveda, sabiendo que estaba muy poblada de castellanos, temieron situarse en ella. Hicironse a la mar y arribaron a otra isla que los espaoles nombraron de la Tortuga por la similitud que tiene la figura de su terreno, con el animal de este nombre. II. Sitase esta isla al Norte de la Espaola, entre ella y la Tierra firme, a la altura de veinte grados; y siendo como de siete leguas de longitud, ofrece algunos puertos regulares, y no escaso ni desabrido terreno. Hallaron en ella slo doce castellanos,41 que no atrevindose a resistirlos, vivieron algunos meses con ellos; aqu deliberaron los franceses situar sus reales, proveyndose segn su calidad de lo que robasen en la Espaola, y los pocos castellanos que habitaban con ellos, determinaron retirarse a esta, donde daran cuenta de lo ocurrido. Armaron en ellas unas gabarras con que pasando algunos ms a la de la Tortuga, obligaron a los franceses a que se retirasen a los montes, pero restituida la mayor parte de los nuestros a la Espaola, fueron insultados los restantes por nueva invasin de franceses, que dominando la Isla, la fortificaron e hicieron puntos de armamentos de piratas, comenzando a insultar desde ella los puertos y pueblos de las Indias. III. Una de las primeras hostilidades que hicieron en nuestra isla Fernandina de Cuba, fue la que padeci la villa de San Cristbal de La Habana, a fines del ao de 1537, o principios de 1538, gobernando como Teniente de Gonzalo de Guzmn, Juan de Rojas, noble prudente y virtuoso, que permaneci en ella hasta la llegada de Hernando de Soto,42 y este le continu en el mismo encargo. Hallbase an la villa con pocos habitantes y sin fortaleza alguna que la defendiese, cuando acometindola furtivamente algunas barcas de piratas y saltando en sus playas, saquearon la poblacin sin perdonar el templo, antes, como obstinados herejes y ciegos ladrones, trataron las sagradas imgenes con el desacato propio de su despecho. Luego que aprovecharon el saqueo, incendiaron43 la villa, y dando pbulo al fuego en sus edificios, qued casi reducida a cenizas. No se dice lo que hicieron sus vecinos en tan doloroso trance, pero se hace verosmil, que no siendo bastantes a resistir la fuerza, se retirasen a los bosques, 41.El librito annimo titulado Piratas de Amrica part. 1, cap. 2, describe ms ampliamente esta Isla y la situacin de los franceses. 42.El Inca Garcilaso en la Historia de Florida, lib. 1, cap. 13 y ltimo. 43.Hace mencin de este saqueo e incendio el Inca Garcilaso en su Historia de Florida, lib. 1, cap. 12, y Herrera, dc. 6, lib. 7, caps. 2 y 3.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /153 /153 /153 /153 /153 desde donde seran testigos de su ruina, y despus de ella trataran de reparar sus efectos. IV. En el ao de 1535 segn nuestro Ilustrsimo Morell44 fue electo Obispo de Cuba, don Fray Diego de Sarmiento, natural de Burgos y Religioso Cartujo. Vino a la Isla el siguiente de 1536, y la visit en lo espiritual y temporal de orden del Rey. Vuelto a la Corte, renunci el Obispado, se retir a su Convento de Santa Mara de las Cuevas de Sevilla, y muri el de 1547. V. Mediado el mes de mayo del siguiente de 153845 entr en el puerto de Santiago de Cuba, una embarcacin corsaria o pirata, mandada por un francs, cuyo nombre no pudo averiguarse, pero que se tuvo por cierto, fue dirigida al saqueo de la ciudad, as por su calidad y armamento, como por las continuadas hostilidades que ejecut esta nacin en las ms plazas de las Indias; mas notando en su baha otra igual embarcacin espaola, que mandada por Diego Prez en corso y mercanca, haba entrado en ella, tres das antes, deliber rendirla sin emprender otra accin. Prez, que era hombre de espritu, y que reconoci por la bandera ser el buque enemigo, resolvi igualmente abordarle, por lo que levantando las anclas se acercaron recprocamente con un intento. Comenzaron a jugar la artillera y ballestera, trabndose una batalla naval dentro del puerto, que con asombro de los vecinos dur en lo ms sangriento hasta puestas del Sol. VI. Divididos por la obscuridad de la noche y a poco rato de usar las armas, se remitieron mutuos presentes de vino, dulces y frutas, con expresiones que desmentan la calidad de enemigos; porque asentaron que sindolo en el da conservaran amistad y buena fe de noche, y que suspendiendo el fuego de la artillera, que slo destruira ambas naves, dejndolas intiles al servicio del vencedor, usaran de armas blancas, en cuya decisin se vinculaba la prueba del valor, porque los arcabuces y ballestas eran invencin de hombres de poco nimo. Sobre esta convencin descansaron en la noche, no sin el cuidado de centinelas, que aseguren la justa desconfianza que ha de tenerse en palabras de enemigos. Amaneci el da y atracaron los costados, peleando denodadamente con las armas blancas, hasta que el cansancio y la necesidad de alimentar los cuerpos, los separ algn trecho y rato. Tomaron aliento y esfuerzo y volviendo a pelear, dur sin reconocerse ventaja, hasta que la oscuridad de la noche les oblig a separarse. Repitironse los oficios de urbanidad ofrecindose medicinas para sus heridos y ratificaron los mismos pactos, pasndola tambin a buena centinela. VII. En esta noche envi el capitn Diego Prez un recado a la ciudad de Santiago. Recomendbale lo que a su vista estaba practicando, sobre 44. El Ilustrsimo Morell en las vidas de los Obispos en dicho ao. 45. Refirele el Inca Garcilaso en su Historia de Florida, lib 1, caps. 9 y 10.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 154\ 154\ 154\ 154\ 154\ rendir aquel enemigo para libertarla de su insulto, y que an no haba podido conseguirlo por hallar mucha resistencia. Ofreca continuar hasta vencerlo o morir a sus manos, pero que suplicaba a la ciudad que en remuneracin de este servicio le ofreciese indemnizar a l o a sus herederos, lo que su embarcacin podra valer con rebaja de un mil pesos, cuya recompensa exiga por ser pobre y sin otros bienes, pues en caso de vencer, no peda premio alguno. Neg enteramente la ciudad la indemnizacin que se solicitaba, y aunque desagrad esta ingratitud a Prez, esforz su nimo a continuar en lo comenzado por slo su propio honor. VIII. Al tercero da volvieron a la pelea con el mismo esfuerzo y denuedo que en el anterior. Tomaron cortas treguas para el alimento y descanso, y restituidos al combate, dur con el mismo espritu hasta la noche, en que se separaron, regalaron y visitaron como en las antecedentes, arrojando al mar los muertos que resultaron sobresalientes en la batalla de este da. No se hablaba en la ciudad de Santiago ms que admirando el espritu y valor de estos dos capitanes guerreros, que con tanta soberbia y cortesana persistan en una lid, cuyas resultas no les ofreca equivalente utilidad a su quebranto. Era la diversin diaria del vecindario, acudir a la playa a admirar un espectculo tan funesto a la espectacin de la ciudad, y el xito de sus resultas ya comenzaba a temerse, si favorables al enemigo por esta calidad, y si al amigo, por el desafecto que deba atraerles su ingratitud. IX. Saludronse los bajeles al cuarto da con una ruidosa salva de artillera, y atracando los costados volvieron al uso de las armas. Hallronse ya debilitados de una y otra parte por haberse escaseado la gente muerta y herida y estar cansados los vivos, pero esforzndose con igual espritu que los antecedentes, continuronla todo el da con slo igual corta tregua. Retirronse con la oscuridad de la noche, y reconociendo el espaol Diego Prez que las fuerzas del enemigo estaban ya muy debilitadas, se ofreci y lisonje la victoria, pero temi que el francs pudiera escaprsele aquella noche, receloso de su vencimiento, y amparado de las tinieblas de ella. A fin de precaverlo, lo desafi de nuevo requirindole la palabra de su ofrecimiento, y obsequindole con presentes a que contest el enemigo aceptando el nuevo desafo con ostentaciones de regocijo, y ofrecindole su permanencia en el puerto por cuantos das fuesen necesarios a concluirlo, porque se hallaba con igual deseo de ver el fin de la batalla. Y para mayor disimulo de la intencin que recataba, contrarrest de su parte requirindole a que no fuese aquella nueva requista artificiosa para ponerse en salvo bajo la confianza de ella. X. Crey Prez las arrogancias francesas, procurando en el resto de la noche slo el descanso de su gente para esforzar el ltimo golpe a la victoria en la accin subsecuente. Mas el francs que conoca su debilidad, y tena por moralmente cierto su vencimiento, procur suplir la fuerza con

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /155 /155 /155 /155 /155 la industria, y cuando ms en sosiego observ a su enemigo y le ofreci su oportunidad la oscuridad de la noche, picando los cables de las anclas con el ms posible silencio, dej el puerto y la victoria a Prez. Notaron los espaoles algn rumor de este movimiento y preocupados de las arrogancias con que se les haba respondido, depusieron todo recelo. Cuando los primeros rayos de la aurora manifestaron la fuga de su competidor, no se dio por satisfecho Prez con ella, y levando igualmente las anclas, flame las velas y sali del puerto en solicitud de su competidor, no cesando de mirarle y admirarle los vecinos hasta que le perdieron de vista.Captulo VIII Quedan temerosos los cubanos y toman precauciones para las resultas. Llega la armada de Hernando de Soto, su Gobernador, y en ella el Obispo don Fray Bernardo de Meza: peligra la Capitana a la entrada y desembarcan en el puertoI. Quedaron la ciudad de Santiago de Cuba, su Gobernador Gonzalo de Guzmn y todos los vecinos de ella, temerosos de experimentar dentro de breves das algunas resultas adversas, con motivo de la ocurrencia entre Diego Prez y el corsario francs. Porque como los mares adyacentes se hallaban inundados de piratas de esta nacin, que causaban hostilidades en los pueblos y acababan de saquear a La Habana, presumieron que unido el fugitivo con algunos de su faccin, volvieran a tomar satisfaccin de Diego Prez, y por su falta de la ciudad. Careciendo an de toda fortaleza aquel puerto, y no pudiendo resistir en el temido evento la fuerza con la fuerza, procuraban valerse de la sagacidad, para lo cual doblando sus centinelas en l, quedaron el Gobernador y todo el vecindario en su expectacin. II. Diez das despus de la salida de Diego Prez, se dej ver al frente del puerto, una armada compuesta de igual nmero de velas46 cuya novedad no prevista, renov el temor, y puso sobre las armas el cuidado. Creci este a impulsos de la direccin que se reconoci en los buques, porque haciendo para el puerto su Capitana entraba ya en l, seguido de los dems. En este conflicto; dispusieron los de tierra que se presentase en sus playas un hombre a caballo, el cual corriendo hacia la boca y dando grandes voces a los del navo Capitana, reptese con esfuerzo y persuasiva la voz martima “a babor, a babor” Los marineros de la nave, que notaron el empeo y percibieron la voz, y en su comn inteligencia la prevena carga46. El citado Inca Garcilaso en su Historia de Florida, lib. 1, cap. 8.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 156\ 156\ 156\ 156\ 156\ sen el buque hacia la mano derecha, creyendo de buena fe el aviso, y dirigido a libertarles de algn peligro que ignoraran en puerto tan poco frecuentado, dieron al timn la direccin que se les avisaba. III. Pero era muy contraria la intencin de los prcticos, porque temiendo fuesen enemigos los bajeles, se valieron de aquella industria para precipitarlos sobre unos bajos y peas muy peligrosas, que tiene aquel puerto en el lugar a que lo dirigan. Surcaba ya la Capitana sobre ellos cuando el cubeo, que haba dado las voces, reconoci por los trajes e idioma, ser la embarcacin de amigos, y para reponer su engao, volvi a exclamar con mayor esfuerzo “a estribor, a estribor” acompaando retricas demostraciones de la necesidad de tomar el rumbo contrario, y con la eficacia de su clamor, el peligro que haba en continuar aquel. Mas por pronto que se acudi a la maniobra y eficaz diligencia que puso su tripulacin, no pudo evitar que la quilla diese tan grande golpe en una pea, que todos creyeron haberse perdido la nave. IV. Se ocurri prontamente a la bomba, que produjo, mezclado con alguna agua, mucho vino, vinagre y miel, a causa de que con el golpe que recibi, se haban roto dentro de su bodega, las vasijas en que llevaban estos licores. Conceptuse por estos efectos, no haber recibido mayor dao el buque, y a expensas de evitado el ms grave, goz gajes de felicidad el menor quebranto: con todo, se ech el bote al agua, y en l pasaron a tierra las seoras, que sorprendidas del susto, desearon salir del peligro. Hicironlo algunos hombres por acompaarlas, aunque hubo tantos que conceptuando mayor el riesgo, quisieron ponerse a salvo, que fue necesario contener el desorden para que no zozobrase el bote. Hernando de Soto que vena en ella de General de la Armada, Adelantado de Florida y electo Gobernador de Cuba, se mantuvo inmutable a bordo, e hizo reconocer el buque y no hallndosele dao mayor, continu su entrada hasta la inmediacin de la ciudad, distante dos leguas de la boca del puerto. V. Siguieron las dems naves hasta el mismo sitio y el Gobernador Gonzalo de Guzmn, con los principales del pas, acompaaron a las seoras hasta hospedarlas en la ciudad. Pasaron despus a bordo a cumplimentar a Hernando de Soto, y para satisfacerle del peligro en que le haban puesto su navo Capitana, le refirieron pormenor de cuanto queda expuesto de la batalla de Diego Prez, y justos temores con que haban quedado. Admir Soto la extraeza del caso, y mucho ms la mala correspondencia del vecindario hacia sus libertadores, afendoles que no le hubiesen auxiliado, para que quedase vencido e intemible el enemigo, pero se dio por satisfecho de la causa y comenz a tratarse de su desembarco. VI. Se cumpliment igualmente al Ilustrsimo seor don Fray Bernardino de Meza, religioso dominico, que vena en la misma armada electo Obispo de la iglesia Catedral de Cuba, y corra en opinin de varn santo. Pero se enga el Inca Garcilaso, cuando escribe que fue el primer

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /157 /157 /157 /157 /157 Prelado que en ella pas47, porque la serie de los que tenemos nombrados y comprobados en esta historia, hace manifiesto que fue el quinto electo para ella, y que ya haba erigido su Iglesia y residido en la ciudad de Santiago, el Ilustrsimo Fray Juan de White. Llense de alborozo y jbilo la ciudad, as por hallarse libre del temor de los piratas y corsarios con la poderosa armada que vea en su puerto, como por la llegada de dos personajes de tanto carcter y estimacin, cabezas de sus gobiernos eclesistico y secular, fuera de los otros muchos nobles que le acompaaban, y se dedic a obsequiarlos con el mayor esmero. VII. Comenzaron a pasar a la ciudad en los botes y falas de la armada, que haban acudido de tierra, y cuando se practicaba con la mayor satisfaccin, sobrevino un accidente que la conturb y pudo atraerle dolorosas resultas. Pasaba Su Seora Ilustrsima de la escala del navo a poner el pie en el bote, cuando el movimiento de la marejada desatrac este del costado de aquel, y aunque quiso extender el pie a su alcance, lo impidi la estrechez del hbito que vesta; con que quedando en vago, e impulsado de la declinacin del cuerpo, fue inevitable caer al agua. Hacan los marineros fuerzas con el espiche y manos para atracar el bote y consiguindolo despus de estar el sagrado cuerpo en el agua, result oprimirle entre uno y otro costado, recibiendo un grave golpe en la cabeza con que producindole alguna privacin, se vio en manifiesto peligro de su vida. VIII. Pero acudiendo todos al remedio de su Pastor, le sacaron del agua e introdujeron en el bote. Mezclse la risa con el llanto y calm este accidente el regocijo, entre tanto se le ocurri con algunos espritus. Mas, recuperndose el seor Diocesano, volvi a ocupar su puesto la alegra. Llegaron todos a la ciudad, se les dio su hospedaje debido y comenzaron a disponerse las solemnidades correspondientes a la posesin de la Silla y Gobierno, con que concluyendo el propietario de Gonzalo de Guzmn, pone fin a este libro para que llenen los huecos del siguiente, los progresos del nuevo Gobernador y Adelantado ndo de Soto. 47. En su Historia de Florida, lib. 1, cap. 11.

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LIBRO CU LIBRO CU LIBRO CU LIBRO CU LIBRO CU AR AR AR AR AR TO TO TO TO TO RELACIONA LO OCURRIDO EN EL GOBIERNO RELACIONA LO OCURRIDO EN EL GOBIERNO RELACIONA LO OCURRIDO EN EL GOBIERNO RELACIONA LO OCURRIDO EN EL GOBIERNO RELACIONA LO OCURRIDO EN EL GOBIERNO DE HERNANDO DE SOTO DE HERNANDO DE SOTO DE HERNANDO DE SOTO DE HERNANDO DE SOTO DE HERNANDO DE SOTO TERCER TERCER TERCER TERCER TERCER GOBERNADOR DE LA ISLA FERNANDINA GOBERNADOR DE LA ISLA FERNANDINA GOBERNADOR DE LA ISLA FERNANDINA GOBERNADOR DE LA ISLA FERNANDINA GOBERNADOR DE LA ISLA FERNANDINA DE CUBA, Y ADELANT DE CUBA, Y ADELANT DE CUBA, Y ADELANT DE CUBA, Y ADELANT DE CUBA, Y ADELANT ADO DE FLORID ADO DE FLORID ADO DE FLORID ADO DE FLORID ADO DE FLORID A, A, A, A, A, DESDE 1538 HAST DESDE 1538 HAST DESDE 1538 HAST DESDE 1538 HAST DESDE 1538 HAST A 1544 A 1544 A 1544 A 1544 A 1544Captulo I Toma posesin de la silla el Ilustrsimo don Fray Bernardo de Meza y del Gobierno de Cuba el Adelantado Hernando de Soto, y se da noticia de su mrito y viaje hasta ellaI. Dejamos al fin del libro anterior desembarcados en la ciudad de Santiago de Cuba al Ilustrsimo seor don Fray Bernardo de Meza, electo Diocesano de ella, y a Hernando de Soto, igualmente electo Gobernador de la isla Fernandina de Cuba. Diseles posesin por sus respectivos Cabildos con todas aquellas solemnidades y muestras de aplauso que corresponden a iguales actos, y entregando a este, Gonzalo de Guzmn la insignia de justicia que honorficamente haba obtenido y desempeado, comenz a ejercerle el nuestro Gobernador. Presentmosle en el libro anterior repentinamente aparecido con su armada delante del puerto de Santiago de Cuba, y no siendo justo desnudar la historia de aquellas noticias que hacen ver el mrito, pasos, y antecedentes de los Gobernadores de la Isla (en cuanto pudisemos alcanzar) referiremos en compendio las de este para que recaigan con ms conocimientos sus progresos, remitiendo al curioso a la que escribi el Inca Garcilaso, titulada Historia de Florida, si quiere instruirse con extensin. II. Fue Hernando de Soto natural de Villanueva de Barcarraota, hidalgo de todos cuatro costados, y1 uno de los que ilustraron la conquista del 1. Garcilaso en su Historia de Florida, lib. 1, cap. 1o.—Antonio Herrera, dc. 6, lib. 7, cap. 9 y siguientes.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 160\ 160\ 160\ 160\ 160\ Per, en que ayud a la prisin del tirano Atahualpa, siendo el primero que lo vio, y le habl y de cuyos blicos despojos o rescates y otras adquisiciones, junt ms de cien mil ducados de caudal. Retirado con ellos a Castilla en consorcio de otros muchos e iguales conquistadores, no quiso comprar heredades y situarse en descanso, sino proporcionar honorficos laureles a su fama, con la impetracin de mayor y propia empresa y como se haba descubierto, y penda la conquista de la vasta provincia de Florida, cuyas memorias hemos tocado, pidi al Emperador Carlos V licencia para emprenderla a su costa y riesgo. Se la concedi S. M. con ttulo de su Adelantado, Gobernador Capitn General, y de Marqus, que vinculara en el territorio de treinta leguas en largo, y quince de ancho, que eligiese en la provincia: y al propio tiempo le hizo merced del Gobierno de Cuba por la continuacin de auxilios, que con este respecto deba esperar de la Isla, a favor de su subsistencia y Adelantamiento en Florida. III. Publicada en toda Espaa la empresa a que se dedicaba Hernando de Soto, como sobre su calidad y valor acreditado en el Per, le vieron tan rico, honrado de las mercedes y ttulos Reales, y haciendo grandes preparativos a su costa, se movieron muchos2 a seguirle. Furonsele presentando nobles y valientes soldados, y entre ellos seis o siete de aquellos que en su misma primer carrera del Per, haban acreditado su valor y adquirido algunas riquezas. Distribuy sus rdenes para la compra de bajeles, pertrechos y provisiones de boca y guerra, con eficacia y franqueza; y como deseaba el fin y se hallaba con el mejor medio de proporcionarlo, que era el caudal en moneda, se fueron facilitando brevemente cuanto apeteci. Concurrieron con igual eficacia muchos de aquellos que quisieron seguirle, y a impulsos de tanto esfuerzo, se hall todo pronto, a poco ms de un ao de librados sus despachos. IV. Unironse en San Lcar las naves preparadas y llegado el plazo de su embarque lo hicieron tambin las tropas que deban conducirse en ellas. Passe alarde a la gente y se hallaron 950 espaoles de guerra, fuera de la marinera, todos3 voluntarios y robustos porque no pareca entre ellos alguno que pintase en canas, ocho clrigos, dos religiosos dominicos, uno franciscano y otro trinitario. Socorri francamente a los que pareci necesitarlo y llegando el da del embarque se hizo este en siete naves grandes y tres pequeas de que se compona la armada. Tom para s, su mujer y familia, la capitana nombrada San Cristbal dio la segunda, llamada la Magdalena a Nuo Tovar, uno de los conquistadores del Per y a quien haba nombrado Soto por su Teniente General y distribuy en las dems aquellas personas de mayor confianza. Se incorpor a esta armada otra de veinte navos, que iba para el puerto de Veracruz subordinada a Hernando 2. El citado Inca, lib. 1, cap. 5 y Herrera ubi supra. 3. Inca Gracilaso, en su Historia de Florida, lib. 1, cap. 6.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /161 /161 /161 /161 /161 de Soto, mientras siguiesen las mismas aguas, quedando despus al mando de Gonzalo de Salazar. V. Hicironse a la vela de dicho puerto de San Lcar las treinta embarcaciones a los seis de abril de 15384 con felicidad y magnificencia, y en la primera noche tuvieron su embarazo, porque en la que vena Gonzalo de Salazar se adelant a la Capitana y las guardias de esta le hicieron fuego, que maltrat las obras muertas, desconociendo el rumbo que deba seguir, clamaron los de ella manifestando ser de la conserva, pero despertando Hernando de Soto al ruido del can y resentido de que se le hubiera adelantado, mand acercarse a ella, y se hizo con la violencia que trae anexa la ira, siendo tanta, que a fuerza de industria pudo evitarse chocasen los costados, mas no que encadenadas las jarcias, pusiesen en peligro a ambas naves. Rompi la Capitana con la fuerza del viento los obenques de la otra y se evit el naufragio quedando el Adelantado muy resentido de Salazar, creyendo que pudo voluntariamente y por ostentacin haberle granjeado las aguas.5VI. Llegaron con feliz viaje a la isla de la Gomera, una de las Canarias, a los quince das de navegacin, y en ella fue recibido Hernando de Soto con obsequio y benevolencia por su Conde y seor de ella;6 refrescaron all tres das, y en ellos pidi Soto al Conde le diese una hija natural que tena, de edad de 17 aos, muy hermosa, nombrada doa Leonor de Bobadilla, porque quera llevarla para que hiciese compaa a su mujer doa Isabel de Bobadilla, y casndola hacerla gran seora de su nueva conquista. Accedi el padre a la splica y entregndola a doa Isabel, le pidi la admitiese, mirase y doctrinase 4. El citado Inca ubi sup. caps. 7 y 8, Crdenas Cano en su Ensayo de Florida, ao de 38, y Herrera dc. 7, lib. 7, cap. 9. 5. La primera noche de fu navegacion fe adelant con fu Nao la Armada, como tiro de Caon, haciendo de Capitan General, i con poco refpeto del que llevaba fu cargo el Armada, i dando mal exemplo la conferva i la obediencia que fe debe tener, por lo qual al primer caonao le atrafesaron de Popa Proa todas las Velas, i al fegundo llevaron las obras muertas de vn lado. Y oiendofe, que la Gente, grandes voces pedia mifericordia, alborotada con el cafo, como toda la Armada cargaba fobre la Nao de Salaar i ella fe iba de viento por eftar rotas las Velas, cai fobre la Capitana, que la iba figuiendo, i los de vn Navio, cofufos y medrofos, i los del otro alborotados, por el defacato, llegaron enbeftirfe por vn lado, i por no perderfe facaron muchas Picas, i las pufieron al encuentro, que fue tan grande, que todas fe rompieron; i aunque efte remedio fue provechofo, con todo efto fe trabaron con los aparejos de manera, que eftuvieron para perderfe; porque la grita de la Gente, en el peligro y la ofcuridad de la noche no daba lugar los Marineros, para entenderfe. Pero en efta turbacion la Capitana de Hernando de Soto, con la Navaja de las Entenas, cort la Xarcia la otra, con lo qual y el viento profpero que corria, pudo apartarfe. Quifo Hernando de Soto cortar la cabea Salaar, fabido que lo hecho fue por ambicion, pero las fumifiones i difculpas i las muchas intercefiones le falvaron. Dc. 6, lib. 7, cap. 9, Herrera. 6. El Inca ubi sup. cap. 8.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 162\ 162\ 162\ 162\ 162\ como a hija, de que ambas recibieron agrado y con esta nueva prenda sali la armada de dicha Isla de la Gomera a continuar su destino. VII. Logr navegar con entera felicidad hasta aquella altura, en que considerndose ya inmediata a la isla Fernandina de Cuba, debieron separarse las veinte embarcaciones que seguan a Veracruz. Hicironlo as, tomando los diversos rumbos que quera su derrota, y continuando con favorables vientos la de nuestro Gobernador se present a los doce das delante del puerto de la ciudad de Santiago, en cuya entrada y hasta su posesin hemos dicho lo que ocurri, y volviendo ahora a tomar el hilo, seguiremos lo acaecido despus de ella. VIII. Posesionados el Obispo y Gobernador, se convirti la ciudad en fiesta y parabienes, les hicieron danzas, saraos y mscaras, procurando aventajarse unas a otras. Jugaron caas y toros y se corrieron sortijas en que adems del honor de la ventaja se interesaron joyas de oro y plata, seda y brocados por premio a los victoriosos, con el vilipendio y mofa a los vencidos y cuyas resultas hicieron ms plausible y victoriosas las fiestas.7 Caus particular gusto a la multitud, el bro y hermosura de los caballos, porque adems de ser de muy buena raza la saca que comnmente tenan para las conquistas de Mjico y Per, atrajo tan particular atencin de ellos en la Isla, que haba vecino que conservaba 30 y hasta 50 en caballeriza. Mezclronse en las fiestas los recin llegados en obsequio de su Adelantado, por lo que tom tal prolongacin la celebracin que dur casi tres meses.Captulo II Visita el Gobernador los pueblos comarcanos, manda auxiliar la ruina de La Habana, nombra a doa Isabel de Bobadilla para el Gobierno de la Isla, y a Gonzalo de Guzmn por su Teniente, y por Teniente General de la conquista a Vasco PorcalloI. Mientras duraron los parabienes y festividades, el Gobernador visit a los pueblos inmediatos a la ciudad de Santiago, y les provey de cuanto consider conducente a su aumento y pacificacin. Compr muchos caballos para la jornada de Florida, haciendo lo mismo su gente, a quien provey de las cantidades necesarias para su compra. Y habiendo los de la Isla presentdole muchos y buenos, porque como hemos dicho gastaban esmero en su crianza y estaba la Isla abundante de ellos, junt en breve una lucida monta para su tropa. 7. El Inca Garcilaso. Lib. 1, cap. 11 al fin.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /163 /163 /163 /163 /163 II. Tuvo noticia del incendio y saqueo que haba padecido la villa de San Cristbal de la Habana, por los corsarios franceses, y destin a un Capitn llamado Mateo Aceituno,8 caballero natural de Talavera de la Reina, para que pasase con gente por mar a repararla de sus ruinas: manifestando el Adelantado y toda su gente, grave dolor por esta desgracia, y particularmente por el menosprecio con que los herejes haban tratado el Templo y las imgenes de los santos. Diose a la reflexin y cuidado de cuanto necesitaba de sus prevenciones en aquel gobierno, como quien haba de salir de la Isla a mayor atencin, que le impedira esta, y quera dejar preocupados sus asuntos y expidi sobre todos las rdenes que juzg oportunas. III. Con este objeto nombr por su Teniente de Gobernador para que en su ausencia administrase justicia en la ciudad de Santiago y su comarca, a Gonzalo de Guzmn, confiado que continuara con el mismo celo y buen crdito que lo haba hecho hasta entonces. Y para los negocios superiores del gobierno de la Isla y auxilio que necesitase en la jornada de Florida, dej sus veces y autoridades a su mujer doa Isabel de Bobadilla, seora de particular expedicin e hija del Gobernador del Darin, Pedro Arias Dvila. El Inca Garcilaso9 llama en este pasaje Francisco a Gonzalo de Guzmn, pero como agrega que antes que el General llegara a esta Isla la gobernaba, y el que lo haca era Gonzalo del mismo apellido, tenemos por cierto que equivoc el nombre. IV. Prevenidos los asuntos del Gobierno en la ciudad de Santiago, volvi la mano Hernando de Soto a su expedicin de Florida. Trataba en ella con todo el fervor que exiga la calidad de principal destino, cuando Vasco Porcallo de Figueroa y de la Cerda se le present en la ciudad de Santiago, a que haba pasado con el justo motivo de obsequiarle. Era Vasco, caballero noble, deudo muy cercano de la distinguida casa de los Ferias,10 poblador de la villa de San Juan de los Remedios y principal hacendado de la de Sancti Spritus y Trinidad.11 Haba servido con honra y crdito en Indias, Espaa e Italia y como tal ocurri con el boato correspondiente al obsequio de su Gobernador; cumplimentle en los trminos debidos y le obsequi con algunos presentes, en que lo hizo de buenos y vistosos caballos de que abundaba. Mantvose algunos das en la ciudad de Santiago, y en ella fue enardecida su sangre sexagenaria a seguir al Adelantado en la conquista de Florida, a que vea preparada una noble y lucida tropa, e inquietos a los ms vecinos de Cuba, y elevando el espritu marcial a la parte corprea y pesada, resolvi seguir la empresa. Se present al Adelantado con deliberacin y le pidi lo admitiese en su tropa; celebr Hernando de Soto su 1 8. El Inca Garcilaso en su Historia de Florida, libro 1, cap. 12, E. 3. 1 9. El Inca en la Historia de Florida, part. 1, lib. 1, cap. 13. E. ltimo. 10. El Inca Garcilaso. Historia de Florida, part. l, lib. l, cap. 12, prrafo 3. 11. Como hemos dicho en el lib. 2, cap. 6, nm. 8.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 164\ 164\ 164\ 164\ 164\ resolucin, considerndola nacida de un corazn honrado, que menospreciando los aos, riquezas y descanso de que gozaba en la Isla, lo arrastraba con espritu belicoso a las empresas arduas de la guerra. Haba dispuesto del honorfico empleo de Teniente General de sus tropas a favor de Nuo Tovar a quien lo confiri en su salida de Europa, como hemos dicho, dndose por causa de su cada el haberse casado sigilosamente y sin su consentimiento con doa Leonor de Bobadilla, aquella hija natural del Conde de la Gomera, que tom en su Isla cuando lleg a ella: y con esta ocasin confiri a Vasco Porcallo el mismo honorfico empleo de su Teniente General. VI. Reconocido este a tal honor, comenz a ostentar en gratitud y magnificencia, distribuy entre los oficiales de mayor distincin, ms de cincuenta caballos hermosos y de la mejor raza; provey al ejrcito de mucho maz, carne, pescado, casabe y de cuantos bastimentos abundaba la Isla, traan las armadas y producan sus haciendas. Arrastr con su ejemplo a muchos avecindados a que siguieran al Adelantado y facilit algunos medios para habilitar la expedicin, que sin su auxilio hubiera padecido dificultades y escaseces; hacindose finalmente memorable el tren que dispuso para su persona,12 porque llev slo para su servicio treinta y seis caballos, excesivo nmero de criados espaoles, indios y negros con magnfico menaje de casa y servicio y los competentes bastimentos. VII. Con tan abundante auxilio se concluy en breve la provisin de la armada y gente de guerra ponindose en estado de marchar para La Habana. Hizo alarde el Adelantado de toda la infantera y corriendo ya los ltimos das del mes de agosto de 1538, dispuso su embarque y salida para dicha villa y puerto de La Habana. Lev las anclas la armada y con propicio viento sali del puerto de Santiago, quedando en su ciudad el Adelantado para marchar por tierra con la caballera y alguna gente, visitando y proveyndose en los pueblos de lo que necesitase.Captulo III Sale el Adelantado para La Habana: ahrcanse muchos indios, y se dan provisiones para su alivio e instruccin sobre los negrosI. Poco despus que la armada, sali Hernando de Soto por tierra con los caballos y resto de tropas de la ciudad de Santiago para la villa de La Habana a fin de proporcionar los hospedajes del camino, que no sufriran sin incomodidades, unido el nmero de trescientos cincuenta caballos, y 12. El Inca, lib. l, cap. 12, prrafo 4 y siguientes.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /165 /165 /165 /165 /165 gente que los conducan, para lo cual dispuso que le siguiesen con algn intervalo de das, en tropas de cincuenta cada uno. No expresan particularmente las Historias, qu providencias diese en los pueblos para su gobierno, pero es regular creer que lo habra hecho en la ciudad de Santiago y sus contornos y que lo efectuara despus en La Habana. Dara a las Justicias de ellos todas aquellas saludables instrucciones que considerase oportunas para conservar en paz y justicia la Isla, durante su ausencia.13II. Tambin lo es, que previniese en particular, la debida atencin a los indios naturales, su libertad y buen acogimiento para evitar la desgracia que haba comenzado a experimentarse, porque segn refiere el Inca Garcilaso,14 hostigados de que se les haca trabajar ms de aquello a que estaban acostumbrados, obligndoles a sacar oro, hall en ellos cabida la acechanza infernal, y dieron en ahorcarse en estos tiempos. Expone que lo hacan con “tanto exceso, que hubo das de amanecer cincuenta casas juntas de indios ahorcados con sus mujeres hijos de un mismo pueblo, que apenas qued en l hombre viviente, que era la mayor lstima del mundo verlos colgados de los rboles como pjaros zorzales cuando les armaban lazos: y no bastaron los remedios que los espaoles procuraron hicieron para estorbarlo; con esta plaga tan abominable se consumieron los naturales de aquella Isla y sus comarcas de que hoy casi no hay ninguno”. III. No creemos que en solo este tiempo y con el expuesto estrago se aniquilasen todos los indios de la isla Fernandina de Cuba, aunque conspirando a ello, y tal vez sobre su noticia afirma el Padre Torquemada,15 que cuando escribi ya no haba indios algunos en ella. Asentimos s, a que en l y por dicha causa se minoraron mucho; pero an quedaron no pocos de que se har mencin en lo sucesivo. Con todo, estas resultas llamaban continuamente la Real atencin, que en este ao hizo repetir a la Real Audiencia de Santo Domingo16 y de Panam las ms estrechas rdenes, sobre su libertad y servicio. IV. Mand S. M. que a los Prelados eclesisticos se diese todo el auxilio que necesitasen para su instruccin, que se tuviese cuidado de que viviesen en sociedad y buenas costumbres; y que no pagasen ms tributos a sus encomenderos, que los que contribuan a S. S. y Caciques antes de sus conquistas. Previno que se hiciesen acuerdos para poner tasa fija a este tributo, de suerte que quedase no slo reducido al que pagaban a sus Caciques, mas tambin determinado a las especies que criaban y cultivaban para su ms fcil solucin, y en calidad de inalterable para los encomenderos, hacindose saber a estos y a los indios, la tasa que se acordase para su 13. El Inca Garcilaso. Historia de Florida, lib. 1. 14. El Inca Garcilaso. Historia de Florida, lib. 1, cap. 12. 15. Torquemada en su Monarqua Indiana. 16. Herrera en su Historia general de Indias, dc. 6, lib. 5, cap. 4.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 166\ 166\ 166\ 166\ 166\ debida observancia. Y para ms afianzar su cumplimiento, se impuso a dichos encomenderos que no excediesen de lo tasado, bajo la pena del cuatro tanto por la primera vez, y perdimiento de la encomienda y mitad de sus bienes para el Real Fisco por la segunda. V. Prohibi al mismo tiempo el Rey que se pudiesen echar indios al trabajo de minas, mandando que para este se trajesen negros, que los encomenderos no los pudiesen arrendar a otros, por ser este contrato opresivo de la libertad. Y porque ya comenzaban a tocarse embarazos, en que los Gobernadores y Oficiales Reales, tuviesen encomiendas de indios, mand S. M. que las Reales Audiencias le informaran sobre el particular lo que hayasen convenir. Y finalmente, dispuso el Rey que los negros esclavos de que ya comenzaba a abundar la Isla se enviasen a las iglesias a la hora asignada, para que se les instruyera en la doctrina cristiana. VI. Con estas Reales rdenes creemos se aliviara el trato y atendera a la libertad de los indios, y aflojando la opresin cesara la deliberacin desesperada de ahorcarse a que es regular conspirase el natural benigno del Adelantado y la Gobernadora. Ello es que en lo sucesivo de su Gobierno, no hallamos otra noticia de estos infortunios, y que habiendo principiado el mal ejemplo no era regular se cortase su ejecucin sino por unos medios activos y eficaces, que deben suponerse en la ejecucin de los Reales mandatos. VII. Si en algn tiempo pudo ser verosmil la clebre especie que trae Moreri17, nos parece que debi serlo en este. Refiere, pues, que un encomendero (que llamaban Intendente) sabiendo que sus indios haban resuelto ahorcarse en hora y paraje determinados, se anticip a ellos, y vindolos llegar les sali al encuentro dicindoles, que ninguna de sus ideas se le ocultaban, y que comprendida aquella, que iba a ahorcarse con ellos a fin de atormentarlos en el otro mundo, cien veces ms que lo haba hecho en este; cuya amenaza hizo a los indios volver a sufrir su trabajo y servicio para evitar el mayor; pase por chiste aunque no neguemos su posibilidad.Captulo IV Manda el Adelantado reconocer las costas de la Florida, y se comienza en La Habana el castillo de la Fuerza, por su primer castellano Mateo AceitunoI. Con corta diferencia de das fueron llegando a La Habana el ejrcito terrestre y la armada, aunque esta tard ms, por la necesidad de montar la Isla por uno u otro cabo a causa de quedar la baha de Santiago a la costa 17. Diccionario de Moreri, letra C. verb. Cuba al fin.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /167 /167 /167 /167 /167 del Sur, y deber pasar a la del Norte, en que se sita la de La Habana, fronteriza a la costa de Florida. Recibise el Adelantado Gobernador, por su Teniente Juan de Rojas y el Regimiento de la Villa, con toda aquella estimacin que corresponda a su carcter y prendas, pero con el manifiesto gran dolor y pena de ver la ruina que haba causado a esta Villa el saqueo de los piratas o franceses corsarios. Socorri francamente con su propia hacienda a los vecinos y moradores de ella, para que pudieran reedificar sus casas y dedic su principal atencin a reparar segn su posible las iglesias, altares e imgenes18 maltratados. II. Desde La Habana dispuso el Adelantado que Juan de Aasco, natural de Sevilla, que llevaba en su ejrcito, el empleo de Contador de Real hacienda, y al mismo tiempo era gran marino, cosmgrafo y astrlogo saliese con dos bergantines, y con la gente de mar ms prctica que entre los suyos haba, a reconocer las costas de Florida, descubriendo, sondeando y demarcando los puertos y bahas que en ellas hallasen, para que sirviese de previa noticia y derrotero a la navegacin de la armada. Se le habilitaron los bajeles y sali Aasco en ellos a su comisin, quedando el Gobernador ocupado todo en la atencin de La Habana y apronto de su expedicin; dispuso en aquella que Mateo Aceituno, a quien como dijimos envi desde la ciudad de Santiago al reparo de esta villa, construyese una fortaleza que sirviera de defensa al puerto y Villa, y a resistir los insultos de los piratas; y para ms interesarlo en su conclusin, le hizo primero Alcaide de ella.19 Echronse las primeras lneas y cimientos a este castillo en la orilla o labio del mar que queda al fin del canal y boca del puerto de la Villa y frente de la Cabaa, de suerte que desde l se descubre francamente la entrada, y por la calidad de su canal han de venir precisamente las embarcaciones a desembarcar bajo de sus fuegos. III. Dispuso su fbrica cuadriltera con cuatro baluartes, uno en cada ngulo, aunque de poca extensin, de mucha fortaleza, por ser sus murallas dobles, de altura de 24 a 25 varas, y sus terraplenes de bvedas, circunvalndose un foso capaz y batido de la marea. Disele el nombre de Real Fuerza y fue el primero que se construy en la Isla y el segundo de las Indias, porque slo le precedi el de la isla Espaola de Santo Domingo ; y aunque entonces slo se deline y comenz, qued su continuacin a cargo de su Alcaide Aceituno, quien la cumpla con ardor y lleg a poner en breve tiempo en estado de defensa. IV. Corridos dos meses de la salida del Contador Aasco, volvi este a La Habana con algunas noticias de las costas de Florida, y dos indios de ella que haba apresado y condujo para su mejor informe. El Gobernador estim la diligencia, pero no tuvo por bastante las noticias por no descu18. El Inca Garcilaso en dicha Historia de Florida, cap. 13, prrafo 1. 19. El Inca Garcilaso en la Historia de Florida, part. 1, lib. 2, cap. 24, prrafo 6.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 168\ 168\ 168\ 168\ 168\ brirse con ellas, puerto alguno de seguridad a que pudiese dirigirse la armada, sin andar costeando con peligro de sus buques, y le mand que volviese a reconocer con nuevas rdenes e instrucciones,20 y sali segunda vez con los mismos bergantines. V. En este viaje estuvieron algn tiempo perdidos sobre un cayo, donde pasaron muchas necesidades y con este motivo cuando se restituyeron a La Habana con tres meses de viaje, fueron de rodillas desde la playa a la Iglesia y celebraron en esta una misa de accin de gracias, por haberlos libertado el Altsimo de aquellas miserias. Pas despus Aasco a dar cuenta al Gobernador de lo descubierto, y qued este satisfecho de su buena diligencia y noticias con que comenzaron a esforzarse las providencias para salir a la conquista luego que se reuniese el ejrcito. VI. Pero teniendo noticia el Adelantado, de que el Virrey de Nueva Espaa don Antonio de Mendoza, levantaba gente para emprender la conquista de la Florida21 y previendo que la concurrencia de ambas a un mismo destino pudiese causar embarazos, como lo haba habido entre otros conquistadores, determin participar al Virrey las Reales rdenes y ttulo de Adelantado de Florida que S.M. se haba dignado concederle para que se abstuviese de poner la mano en asunto tan altamente prevenido. Destin para ello a un soldado gallego nombrado Sanjurjo que por su habilidad y diligencia pareci apropsito; y habilitado de embarcacin y dems necesario a esta comisin pas a ella. VII. Dentro de breves meses volvi Sanjurjo trayendo respuesta del Virrey, en que manifestaba al Adelantado su complacencia por el honor que haba merecido del Rey; su disposicin a auxiliarle en cuanto le fuese facultativo, y el ningn embarazo que podan tener unas y otras tropas, a causa de dirigirse a diversos terrenos, siendo tan vasto y dilatado el de la provincia de Florida, que quedaba campo para todos sin peligro de embarazos. Con esta satisfaccin qued el Gobernador y Adelantado reconocido a las ofertas del Virrey, y seguro de que no se ofrecera impedimento por aquella parte, sigui las disposiciones de su marcha. 20.El Inca Garcilaso en lib. 1, cap. 13, prrafo 2. 21.El Inca Garcilaso en el lugar citado y Crdenas Cano hacen mencin de las prevenciones y efectos de esta deliberacin del Virrey en los aos de 1539 y 1540.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /169 /169 /169 /169 /169Captulo V De las ltimas disposiciones para salir a Florida; nombramiento de Teniente de Gobernador de La Habana en Juan de Rojas; llegada a ella de Hernn Ponce, y lo que con este ocurriI. En los preparativos y atenciones que dejamos expuestos, pas el resto del ao hasta entrado el de 1539, en que an se reunan las tropas en la villa de La Habana, porque la distancia de doscientas treinta leguas que hay por tierra desde la ciudad de Santiago a ella, obligaba a que las jornadas fuesen cortas; en que se llevaba tambin el objeto de que los caballos llegasen y se pudiesen embarcar sin quebranto, para entrar con esfuerzo en la conquista a que se dirigan. Por esta razn no lleg toda la caballera a La Habana hasta principios de abril, y a mediado de este, estndolo todo el armamento y siendo estacin la ms preciosa de la primavera para seguir la navegacin a la Florida, dio el Adelantado las ltimas disposiciones para el apresto de su armada. II. A fin de desembarazarse de una vez de los cuidados del Gobierno y ocuparse enteramente en los de su Adelantamiento, nombr por su Teniente en dicha villa y su comarca a Juan de Rojas22 que como se ha dicho la rega con esta calidad desde el anterior gobierno de Gonzalo de Guzmn y como haba corrido con tan buena armona y disposicin con el referido Guzmn, a quien dejaba en la ciudad de Santiago y sus partidos, y hall en La Habana tan buen nombre de su prudencia y justicia, quiso que continuase en ella durante su ausencia a Florida. Compr el Adelantado una hermosa embarcacin llamada Santa Ana que a la sazn lleg al puerto de La Habana, viniendo del de Veracruz y apront lo dems necesario para su embarque. III. Estando prxima la armada a salir del puerto, entr en l una nave que cruzando de Nombre de Dios para Castilla se vio en necesidad de arribar a l por el mal tiempo; vena en esta por principal cargador Hernn Ponce, natural del Reino de Len, que habiendo servido con Hernando de Soto en el Per, fueron grandes amigos e hicieron compaa de todos sus bienes presentes y futuros; y al salir Soto para Castilla, dej en la administracin de Ponce, considerables intereses, y sus encomiendas de indios, haciendo juicio de volver al Per. Haba adelantado Ponce mucho con el repartimiento de Soto, y cobrado algunos crditos de este, y pasaba para Castilla rico y prspero, y aunque con noticia de hallarse en La Habana Soto, rehus cuanto pudo entrar en su puerto (por lo natural que es al deudor, huir la cara a su acreedor) no le fue posible vencer la necesidad con que el tiempo le puso. 22. El Inca Gracilazo, lib. 1, cap. 13, prrafo ltimo.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 170\ 170\ 170\ 170\ 170\ IV. Tuvo inmediatamente el Gobernador noticia de su llegada, y le envi a visitar y cumplimentar, ofrecindole su casa y facultades, no slo en fuerza de su hospitalidad y poltica, mas tambin como expresin de la fraternidad y sociedad general que haba observado. Detrs del recado fue el Adelantado en persona a visitarle, lo que no agrad a Ponce, quien aunque lo disimul en la urbanidad de las palabras, se neg a bajar por entonces a tierra,23 pretextando el quebranto con que se hallaba, por las malas noches que le haba hecho padecer la tormenta en la mar, ofreciendo ejecutarlo al siguiente da. El Gobernador acept la excusa, aunque receloso de sus intenciones, dispuso espas que observasen en el resto de la noche sus movimientos. V. Ponce, receloso de que el Gobernador pudiese obligarlo a partir el caudal que conduca trat de ocultarlo; y luego que la oscuridad de la noche le ofreci su negro manto, hizo conducir a tierra dos cofrecitos que contenan en oro, perlas y piedras preciosas, ms de cincuenta mil pesos, dejando a bordo slo la plata para manifestarla como nico caudal. Pero apenas pusieron los conductores el pie en tierra, cuando sorprendidos de los espas, dejaron los cofres en sus manos y huyeron al navo, unos en el bote y otros a nado. Los aprehensores condujeron su presa a manos del Gobernador, quien qued tan complacido de ella, cuanto sentido de la mala conducta de Ponce. VI. Pas este la noche que debe presumirse, y a la maana siguiente baj a la casa del Gobernador, disimulando su pena. Recordaron y confirieron sobre lances, intereses y asuntos antiguos, y refirindose Soto al de la anterior noche, le afe su conducta y codicia y la desconfianza con que haba procedido, muy distante de sus intenciones. Manifestle estas, tan iguales en la continuacin de su universal sociedad que haba aceptado, que estaba dispuesto a partir con l todos los ttulos, honores y lucros del Adelantamiento de Florida; le ofreci sus facultades como Gobernador de aquella Isla, y haciendo conducir a su presencia los cofrecitos, se los hizo entregar, concluyendo en que viese si faltaba algo en ellos, para prevenir su reintegro porque estaba muy distante de cebarse en inters. VII. Con el rostro encendido y balbucientes palabras (signo necesario de su rubor) dio Ponce gracias al Gobernador de lo que lo honraba, pidindole perdn de su error. Ratific la sociedad y deseo de que continuase, persuadiendo que estimaba ms el ttulo de compaero con que lo honraba, que todos los intereses de la conquista, aunque, admita continuase en ella la sociedad corriendo a cargo del Adelantado24 mientras l pasaba a Espaa, y con reserva de partir despus en ella los lucros que resultasen de una y otra industria. Y en signo de esta aceptacin, le pidi permiso para dar a 23. El mismo Inca, lib. 1, cap. 14. 24. Contina el Inca al cap. I5.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /171 /171 /171 /171 /171 la seora doa Isabel de Bobadilla, su mujer, diez mil pesos en oro y plata para auxilio de la conquista, mediante a que por la sociedad le perteneca la mitad de cuanto traa del Per que era mucho ms. VIII. Acept Hernando de Soto las ofertas de su compaero, entregronsele los diez mil pesos, y se ratific la sociedad universal por nuevas escrituras que otorgaron de conformidad. IX. Se mantuvieron con esta todo el ms tiempo que el Gobernador estuvo en La Habana, haciendo que en pblico y secreto se diesen a Ponce los mismos honores y tratamientos que a su propia persona y dejando ordenado que en su ausencia se practicase lo mismo. Dio la ltima mano a las disposiciones de su armada, a fin de lograr el tiempo oportuno que ofreca la estacin del ao.Captulo VI Embrcase la tropa y caballera: sale la armada para la provincia de la Florida, y demanda Hernn Ponce al AdelantadoI. Era ya entrada la primavera, y asomados los primeros das de mayo del mismo ao de 1539, cuando el Adelantado mand embarcar los bastimentos y rancho de su armada; constaba esta de ocho navos, una carabela y dos bergantines, los tres primeros de porte y los restantes menores; y luego que recibieron los bastimentos, fueron hacindolo de los caballos, ponindose en sus bordos hasta el nmero25 de 350 que para esta sola jornada provey francamente nuestra isla Fernandina de Cuba. II. Hzose alarde de la gente, y se hallaron hasta un mil hombres de armas, con muchos de la Isla y exclusa la marinera, todos de disposicin y valor, y tan bien armados que corri por la mejor y ms lucida expedicin que hasta entonces haba visto este Nuevo Mundo26 para conquista de sus indios. Consta particularmente haber ido de la isla de Cuba, Vasco Porcallo de Figueroa con toda su familia expuesta. Gmez Surez de Figueroa, hijo natural de dicho Vasco, habido con una india de la villa del Bayamo, de quien se recomienda a ms de ser gran nadador27 la particularsima gracia de ventar y sacar por el rastro la situacin o camino de los indios, cuyo conocimiento sirvi para evitar muchos peligros en la Florida; y Diego de Oliva asimismo mestizo de Cuba y compaero de Morn. Tambin llev de 25. Segn el Inca Garcilaso en dicho cap. 15. 26. De tal la grada el Id. en dicho cap. 15, prrafo 3 al fin. 27. El Inca, lib. 2, par. 2, cap. 7.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 172\ 172\ 172\ 172\ 172\ la isla de Cuba ms de trescientas cabezas de cerdos28 para alimento y crianza de la Florida. III. Lleg la hora de embarcarla y se efectu con aplauso y satisfaccin, porque sobre tan lucido nmero de hombres y caballos, fueron abundantsimas las provisiones de vveres, armas, herramientas y dems utensilios que pudieron escogitarse necesario y proficuos para la empresa. A los doce de mayo de dicho ao se hizo a la vela la armada, saliendo con favorable viento del puerto de La Habana, y acompaando a su Gobernador y Adelantado las personas de distincin de ella hasta fuera de su puerto, de donde se retiraron a la playa observando las naves hasta perderlas de vista. IV. Qued la villa de La Habana en aquella soledad que padece todo lugar a quien se extraen ms habitantes que los que le quedan, y su Teniente de Gobernador Juan de Rojas dedic su atencin a consolarla y conservarla en paz y justicia. Esforz y adelant la obra del castillo de la Fuerza, que como hemos dicho dej el Adelantado a cargo de Mateo Aceituno, su primer Alcaide y principal constructor. Volvi a animar a los vecinos al reparo de sus arruinadas casas, y puso la mano en cuanto sobre su antiguo conocimiento hall necesario para el fomento y quietud de la villa. V. No dej alejar mucho la armada de Soto su compaero Hernn Ponce, para dar al pblico el dolor que interiormente conservaba por la entrega de los diez mil pesos, que en la necesidad brind como voluntarios. A los ocho das de la salida de aquella29 present libelo judicial al Teniente Juan de Rojas demandando al Adelantado; asent en l haberle entregado diez mil pesos, no porque se los debiese, sino porque hallndole revestido del gobierno de la Isla temi que valido de esta autoridad, le despojase del todo de su hacienda, y se vio en necesidad de elegir el menor mal por evitar el mayor y usando de la accin de indbito, concluy en que se mandase a doa Isabel de Bobadilla, mujer del Adelantado, y a quien los haba entregado se los devolviese, protestando de lo contrario, elevar su queja al trono de S. M. C. VI. Tena el Juez ciencia privada de cuanto haba ocurrido sobre el particular que se deduca en su Tribunal, pero obrando como en l, hizo enterar a la seora, de la demanda; contest esta, que entre el Adelantado, su marido, y el demandante haba pendientes muchas cuentas antiguas y modernas, que estaban por liquidarse, segn constaba de escrituras pblicas e instructivas de la compaa que haban celebrado y continuaban. Que estos mismos instrumentos justificaban deber Hernn Ponce a Hernando de Soto ms de cincuenta mil ducados, por mitad del gasto hecho en la expedicin, para conquistar la Florida, concluyendo en pedir (con algn 28. Dcelo el mismo Inca en el lib. 3 de la Historia de Florida, cap. 2, § ltimo. 29. El Inca en dicho cap. 15.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /173 /173 /173 /173 /173 aire de precepto por la cualidad de Gobernadora con que se hallaba) que se aprehendiese a Ponce, tenindose a buen recaudo hasta liquidar las cuentas, que ofreca dar incontinente a nombre de su marido. VII. Pero Hernn Ponce que haba propuesto su intencin, arrastrado de la codicia y con bastante recelo de experimentar en ella los efectos que producen todas las que se establecen contra persona de autoridad, comenz a temerlos y trat de precaverlos. Procur por medio de amigos preocupar la respuesta, y consiguiendo entenderla antes que el teniente Juan de Rojas la recibiese o hiciese uso de ella, temeroso de ser alcanzado con graves sumas y verse con mayores peligros que los pasados, se puso a bordo de su embarcacin, lev las anclas y dej el puerto de La Habana.Captulo VII Llega la armada a la Florida, padece Vasco Porcallo en los primeros encuentros y se retira a La Habana. Reconoce el Adelantado la tierra hacia Apalache y viene Gmez Arias a La HabanaI. Con feliz, aunque dilatado viaje, lleg la armada a los diez y nueve das de navegacin a la costa de la Florida, anclando sus bajeles en la baha que llamaron del Espritu Santo El 1 de junio comenzaron el desembarque, y al amanecer del 3 fueron acometidos por una tropa de indios, que poniendo en consternacin a los de la tierra, necesit el auxilio del teniente general Vasco Porcallo, con infantera y caballos. Mantuvieron alguna resistencia contra estos, pero al fin se retiraron, muriendo el caballo de Vasco, por la penetrante herida30 con que una flecha pas las corazas de la silla, profundizando ms de una tercia por las costillas. II. A los siguientes encuentros que se tuvieron con el Cacique Hirrihiagua volvi a empearse Vasco Porcallo en la solicitud de penetrar una cinaga, que impeda su alcance. Entr por ella hasta que hundindose el caballo y sujetndole con su peso una pierna, estuvo muy cerca de ahogarse31 y saliendo de ella con harta dificultad y desengao de no poder penetrarla, se hizo necesaria la retirada. Estos dos infortunios acaecidos al Teniente General a los primeros pasos de la conquista, le hicieron recordar su edad avanzada, caudal y comodidades que dejaba en la isla Fernandina de Cuba, y el descanso en que poda pasar su vejez sin continuar en tan pesadas aventuras, de que por las muestras, ofreca muchas la conquista. 30. El Inca Garcilaso, lib. 1, cap. 10. 31. El citado Inca, lib. 2o, parte 1, cap. 11.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 174\ 174\ 174\ 174\ 174\ III. Con estos pensamientos, enmascarados en el discurso de la retirada, resolvi volverse a su casa dejando los trabajos para quienes los necesitasen. Lleg a la presencia del Adelantado, y dando cuenta de lo acaecido, le pidi licencia para su retiro, y este se la concedi con la misma liberalidad con que le haba recibido, franquendole el galeoncillo nombrado San Antonio para su navegacin. Porcallo distribuy sus caballos y armas entre los Oficiales del ejrcito, dando la mayor parte a Gmez de Figueroa, su hijo natural, a quien mand siguiese en el servicio del ejrcito, como lo hizo con ms honor que su padre; y el resto de los cuantiosos bastimentos y dems utensilios que haba llevado para el servicio de su familia lo condon a beneficio comn del ejrcito. IV. Habilitado el galen, embarc en l toda su familia, que como hemos dicho, era numerosa de criados blancos, indios y negros, y sali gustosamente para La Habana a donde parece lleg con felicidad. Fue mal vista esta conducta de Porcallo, dando margen a muchas crticas en Florida y Cuba; porque el que le libert de la nota de cobarde, no pudo lavarle de la de inconstante. Tvose a ambicin la empresa de seguir la conquista en su edad y comodidades32 y a inconstancia dejarla, faltndole en una y otra accin la prudencia con que debera haber premeditado para incorporarse lo que despus reflexion para separarse. V. El Adelantado, vencido el paso de la cinaga grande, continu reconociendo el interior de la tierra de la Florida. Repas con prdida de gente las provincias de Acuera, Ocali, Ochile, Vitachuco y Osachile con otras poblaciones, siguiendo siempre en diligencia de llegar a la de Apalache33 cuya fertilidad y proporciones martimas juzg muy aptas para sus intentos. Pacificada esta con algunas hostilidades, hizo reconocer sus costas y bahas, y entrando ya el mes de octubre de este ao, mand al contador y capitn Juan de Aasco, con treinta hombres, volviese a la baha del Espritu Santo, donde haba quedado la armada y alguna gente en tierra. Le orden que tomando en ella los dos bergantines fuese costeando el Poniente hasta la baha de Aute en dicha provincia de Apalache que el mismo Aasco haba reconocido y marcado por tierra.34 Que el capitn Pedro Caldern volviese por tierra a Apalache con el resto de la gente, y con los comestibles y utensilios que haban quedado en aquella costa, y que se gratificasen los indios amigos; finalmente le previno, que Gmez Arias pasase a La Habana con la carabela, a participar a doa Isabel de Bobadilla, su mujer, los adelantos de la conquista. VI. Vencidas inmensas dificultades por Aasco y los suyos llegaron con felicidad, a la mencionada baha de Espritu Santo, donde fueron recibidos 32. El Inca, lib. 1, parte 1, cap. 12. 33. Vase latamente en el Inca por toda la parte 1 del lib. 2, Historia de Florida. 34. Id. lib. 2, part. 2, cap. 18.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /175 /175 /175 /175 /175 con regocijo, por los venturosos xitos del Adelantado. Comunic las rdenes que traa y las que deba observar Pedro Caldern en su retorno, distribuy los bastimentos y utensilios y habiendo encaminado a los que deban marchar por tierra, sali con los dos bergantines para la baha de Aute. VII. Gmez Arias a quien se mand pasase en una carabela a La Habana a participar a la Gobernadora y pueblo de la Isla, los felices pasos de la conquista, habilit la nave, y poco despus de despedidos los dems de la baha de Espritu Santo, lev las anclas y alz las velas. Lleg en pocos das al puerto de San Cristbal de La Habana, donde fue recibido con aplauso. Comunic los progresos del Adelantado, y llenos de regocijo la Gobernadora y vecinos, los celebraron con fiesta35 porque Soto se haba ganado los corazones de sus sbditos. VIII. Haban tambin llegado a la isla de Cuba, los Reales despachos en que el Rey haca merced a Hernando de Soto de un hbito de Santiago, ilustrando su casa y premiando sus servicios; y como todo conspiraba a felicidad, creca su estimacin y la Gobernadora deseaba ocasin de comunicarle la noticia de esta Soberana merced,36 que nunca lleg a saber ni disfrutar como diremos adelante; pero entretanto se pens y dispona que Gmez Arias volviese a Florida, cuando fuese tiempo oportuno con algunos auxilios y los citados despachos.Captulo VIII Descbrese el puerto de Achus, que delibera poblar el Adelantado: manda a Diego Maldonado a La Habana. Reconoce varias provincias y recibe una fuerte batalla en la de Tascaluza. Vuelve Maldonado a Achus y no halla al Adelantado, por haberse internadoI. Luego que llegaron el capitn Juan de Aasco con los dos bergantines a la baha de Aute, y Pedro Caldern por tierra con el resto de la gente a la provincia de Apalache, dispuso el Adelantado que Diego Maldonado, Capitn de infantera, que haba servido con acierto, entregara su Compaa y saliera con dichos bergantines a reconocer la costa, hasta cien leguas del Poniente de Aute, demarcando y observando sus puertos, bahas y caletas. Hzose a la vela, cumpli su comisin y volviendo a Aute, dio razn de su diligencia. 35. El Inca en la Historia de Florida, lib. 2, part. 2, cap. 17. 36. El Inca en lib. 4, part. 1, cap. 7.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 176\ 176\ 176\ 176\ 176\ II. Inform que como a sesenta leguas de dicho puerto de Aute haba descubierto uno hermoso llamado Achus abrigado a todos los vientos, capaz de muchos navos y tan sondable que hasta a sus riberas podan atracar los buques y saltar la gente sin necesidad de planchas. De esta investigacin recibi el Adelantado mucho gusto, por dirigirse sus intentos a formar una poblacin martima, donde afianzando el comercio y auxilio por mar, pudiese proveerse de todo lo necesario al giro y perfeccin de la conquista, y con estas miras, resolvi dar principio a ella. III. A fines de febrero dispuso que Maldonado pasase a La Habana con los dos bergantines que tena a su cargo, y visitando a su esposa, doa Isabel de Bobadilla, le diese cuenta de todo lo que por mar y tierra haban andado y visto, y lo participase tambin a las ciudades y villas de la Isla; que para el mes de octubre volviese al puerto de Achus con los dos bergantines, la carabela que llev Gmez Arias, y los dems navos que se hallasen a comprar, y en ellos trajesen toda la provisin de guerra que se facilitase, zapatos, alpargatas y otras muchas cosas37 de que necesitaba el ejrcito y se le dieron en minuta, ofrecindose el Adelantado que en este tiempo habra rodeado por tierra lo necesario a llegar a la costa de Achus. IV. Sali Maldonado con estas rdenes y llegando a La Habana a feliz viaje, fue recibido de la Gobernadora y pueblo con toda la alegra que corresponda a su comisin. Celebr con pblicos regocijos la continuada prosperidad del Adelantado, y mostraron los afectos, cunto reinaba en los corazones de sus sbditos. Comprronse tres navos, muchas armas y municiones, porcin de ropas para vestuarios del ejrcito y gratificacin de los naturales, zapatos y alpargatas, carnes y dems bastimentos para la manutencin de gentes, y ganados y simientes para dar principio a la crianza y cultivo, porque el nimo del Adelantado, era establecer como se ha dicho, poblacin en Achus y tierras de Apalache38 y a este fin se recogieron todos los dems muebles y necesarios. Contribuyeron mucho las ciudades y villas en comn y los hombres ricos en particular, esforzndose todos a sobresalir por el amor a su Gobernador, y esperanzas del premio. V. Pocos das despus de navegar Maldonado para La Habana y a los fines de marzo39 sali el Adelantado con un ejrcito de la provincia de Apalache dirigindose a recorrer lo interior de la tierra hacia el Norte. Reconoci las provincias de Altapaha, Achalaque, Cofa, Cofaqu y otras en que fue bien recibido y hospedado, principalmente de la Seora Cafachiqu hallando en su provincia y la de Xuala muchas y muy gruesas perlas. Mas pasando a la de Tascaluza, deliberaron sus Caciques y Consejo, dar muer37.Herrera, dc. 7, lib. 1, cap. 11, y el Inca en su Historia de Florida, lib. 2, part. 2, caps. 20 y 21. 38.Herrera, dc. 7, lib. 7, cap. 11, y el Inca ubi sup. part. 2, lib. 2, caps. 22 y 23. 39.Herrera en dicho lib. 7, cap. 12 y el Inca all.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /177 /177 /177 /177 /177 te a los espaoles. Dironles con efecto una sangrienta batalla, que durando con ardor nueve horas continuas, les dej la victoria a costa de salir de ella heridos el Adelantado, y casi todos los capitanes y soldados, porque sacando cada uno muchos golpes, dice el Inca40 que slo se curaron ms de mil seiscientas setenta heridas, murieron ms de setenta espaoles, con algunos capitanes y ms de once mil indios41 e indias con destruccin del pueblo de Mauvila que devoraron las llamas, consumiendo los vveres de los espaoles y los ornamentos sagrados. VI. Antes del mes de octubre, estando ya todo pronto en La Habana, dispuso Diego Maldonado el embarque de tropas y carga. No consta de los historiadores el nmero de hombres de que se compona este refuerzo, pero supuesto que condujo algunos de armas, y que se tripularon los tres navos, dos bergantines y la corbeta, se conoce a juicio prudente que no fueron pocos los que extrajo de la isla Fernandina de Cuba. Hicironse a la vela con alegra y feliz viento, pero aunque llegaron al puerto de Achus no hallaron en l gente, rdenes ni noticias del Adelantado. Costearon solcitos todas las inmediaciones a barlovento y sotavento de dicho puerto, inquiriendo seas y solicitando noticias, que por ninguna parte las hallaron.42En todas hicieron seales en los rboles y en tierra que fuesen testigos de su venida. Escribieron cartas dando razn de l y ofreciendo repetirlo al siguiente verano, y las dejaron ocultas en los troncos, de suerte que reservadas de las lluvias pudiesen ser halladas, y habiendo gastado en esto algunos meses, comenzaron a temer el peligro de los nortes y se retiraron tristes a La Habana. Corri por toda la Isla esta infausta noticia, y empez a apoderarse de la Gobernadora y dems vecinos un humor melanclico que presagiaba la infelicidad de los floridanos. VII. Desde que el Adelantado lleg a Tascaluza, tuvo noticias por los indios de haberse visto los bajeles espaoles en las costas de Achus y se certific de ello ms, por las que dieron algunos prisioneros43 que quedaron en la batalla de Mauvila. Esto le llen de consuelo entre tantas amarguras, creyendo poder llegar en breve tiempo a Achus, cuya distancia se le informaba ser de menos de treinta leguas, pero la decadencia en que qued su ejrcito y necesidad de curarlo y repararlo, le oblig a hacer alto por algunos das. VIII. Esta noticia trascendi al ejrcito y hallndose cansados los nimos de sufrir tantas marchas, trabajos y hostilidades sobre que era muy reciente y grave la de Mauvila, comenzaron a levantar faccin. Miraban 40.En el lib. 3, cap. 31. 41.Recopilamos lo preciso de cuanto refieren latamente el citado Inca, lib. 3, cap. 1 hasta 3, y Herrera lib. 7, de la 7, dcada. 42.Herrera ubi sup. y el Inca, lib. 6, cap. 20. 43.El Inca, lib. 3, cap. 31.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 178\ 178\ 178\ 178\ 178\ como incompetente tanta fatiga por la conquista de una tierra en que no hallaban las riquezas que en Mjico y Per. Que yndose a cualquiera de estos dos Reinos, gozaran de las que otros haban afianzado, y si continuaban aqu, pereceran todos como haban acabado ya muchos; y con estos intentos, resolvieron abandonar al Adelantado, luego que llegasen a Achus y marchar en las embarcaciones para Nueva Espaa o Per. Lleg a comprenderlo Hernando de Soto, y lleno de cuidado procur acechar hasta certificarse de la realidad, como lo consigui, oyndolo pactar a algunos de sus capitanes. IX. Desde entonces decay su nimo y degenerando en cierta especie de desesperacin, resolvi dejar la marcha que llevaba hacia la costa, e internarse a la tierra adentro44 donde no hubiese otro medio que morir o conquistar. Horas aciagas en que negndose al mejor discurso los medios de la prudencia, parte obstinado por los de la desesperacin. Sigui ciego en estos y luego que el ejrcito pudo marchar, le dirigi a lo interior pasando a la provincia de Chicaza Aqu sufri, ya entrado diciembre una batalla nocturna en que perdi ms de cuarenta espaoles y de cincuenta u ochenta caballos, quedando muchos heridos, con slo la muerte de quinientos indios, y aunque comnmente era hostilizado de noche, perdiendo siempre gente, permaneci en la misma provincia el resto del mes y ao.Captulo IX Ganan el fuerte de Alibamo, y se reconocen otras provincias. Muere el Adelantado, cuya persona se bosqueja y se le dan dos sepulturas a su cuerpo. Bscalo dos veranos Maldonado, y en ambos vuelve a La Habana, sin saber de lI. Cuatro meses invernaron los espaoles en la provincia de Chicaza, sufriendo todas las noches los insultos de sus naturales, pues aunque estos menoscabaron el ejrcito no pudieron hacer declinar al Adelantado en su resolucin de internarse. A principios de abril del ao de 1541 movi sus tropas y a poco ms de cuatro leguas, dieron con un fuerte de estacadas que llamaron de Alibamo y haban formado los indios de maderas, de ms que regular disposicin, y con retirada a un ro.45 Pareci al General acometerle y castigar la intencin con que los naturales lo construyeron para 44.El mismo Inca, lib. 3, cap. 33. 45.El Inca en el lib. 4 de la Historia de Florida, cap. 1 y siguientes, y Herrera dc. 7, lib. 1, cap. 10 y siguientes.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /179 /179 /179 /179 /179 impedir el paso, y antes que pudiesen precaverse ms, y adoptndolo los Capitanes, se resolvi su ataque en el mismo da de su descubrimiento. Dironse las rdenes y march el ejrcito en columnas a forzarlo y destruirlo. II. Era su construccin dirigida principalmente a impedir que operase la Caballera, a cuyo fin cerrado en cuadro, slo tena tres puertas bajas, por las que no podan entrar los infantes sin agacharse, y los naturales que ya haban reconocido en los anteriores lances ir los espaoles armados de la cintura arriba, dirigieron sus flechas a herirlos de ella a abajo. Con este motivo fueron tantas las que aprovecharon en las piernas y muslos de los capitanes y soldados, que antes de tomar las primeras puertas del fuerte, estaban heridos los ms, y muchos muertos. Forzronlo en fin, matando ms de dos mil indios, pero el ejrcito qued con tantos heridos que tuvo necesidad de parar por algunos das a curarlos. III. Estos continuados golpes, y las enfermedades que padecieron por falta de sal, de que murieron muchos, iba debilitando considerablemente el ejrcito, pero el Adelantado continu su internacin en la tierra perdiendo siempre gente, sin ms adelanto que pasear y reconocer las provincias, y pas cmodamente este invierno en la de Utiange No estaba esta tierra sujeta a una cabeza, como Nueva Espaa al Emperador Moctezuma, y el Per a su Inca, y as no deba prometerse subyugarla con un solo vencimiento. Cada Cacique mandaba en su provincia, y era necesario vencerlos todos, y ocupar sus tierras, para lo cual era poca la gente, y en este concepto, las caminatas y guerras de Hernando de Soto, slo podan ofrecer el exterminio de su ejrcito. Con todo, continu en ellas sin fruto alguno el resto del ao. IV. En l y a los principios de su verano volvieron a salir del puerto de La Habana, Diego Maldonado y Gmez Arias con los bajeles y prevenciones que hicieron el anterior. Reconocieron todas las costas de Apalache, Aute y Achus sin hallar orden, sea, ni noticia del Adelantado y su ejrcito. Siguieron inquirindolas hasta tierras de Mjico y Nombre de Dios, y se internaron muy cerca de las de Bacallao46 y no hallando rastro, ni noticia de lo que buscaban, se volvieron a La Habana con su melancola. Este segundo golpe caus mucha tristeza a la Gobernadora y a toda la Isla, porque la falta de noticias en dos aos, les alejaba mucho las esperanzas de que viviese. V. Entrando el abril del siguiente ao de 1542, continu el ejrcito sus marchas en igual reconocimiento de siete provincias pequeas, despus de las cuales lleg a unas considerables que llamaban de Anilco y Guachoya Hallbase en esta a los veinte de junio, cuando fue acometido el Adelantado 46.Herrera, dc. 7, lib. 7, cap. 12, prrafo ltimo: el Inca en el lib. 6, cap. 20 y Crdenas Cano en este ao de 1541.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 180\ 180\ 180\ 180\ 180\ de una pequea fiebre, que agravndose al tercer da47 le oblig a prevenirse como catlico. Hizo su testamento, uni sus capitanes, y nombrando a su presencia por sucesor en el mando del ejrcito a Luis de Moscoso de Alvarado, le hizo reconocer por tal, y se despidi por parte de todos reencargndoles la paz, obediencia, religin y fidelidad a su Rey y Seor natural. VI. Al sptimo da, agravada la fiebre, entreg su alma al Creador, con afectos y protestas catlicas, siendo de 42 aos y dejando cubiertos de luto los corazones de sus capitanes y soldados. Dironle sepultura en un hoyo que haban abierto los naturales cerca del pueblo, a fin de sacar tierra para sus edificios, y cubrindole con ella, pero aunque le sepultaron de noche y con precauciones, para que los indios ignorasen su situacin, temieron que descubierto, vengasen en su cadver, lo que no pudieron en su persona. Por esta razn despus de algunos das, desenterraron el cadver, y cortando un grueso tronco de encina le formaron una concavidad capaz de acomodar el cuerpo, y bien colocado en ella, le arrojaron48 de noche en lo ms hondo del ro que llamaban el Grande para que descansase en las diez y nueve brazas de hondo de su agua, quien no tuvo lugar bastante en toda la tierra de Espaa, Per y dems Indias que anduvo. VII. Se bosqueja la persona del Adelantado Hernando de Soto, de ms que mediano cuerpo, airoso a pie y a caballo, diestro en el manejo de ambas sillas, alegre de rostro, de color moreno, pacientsimo en los trabajos con que esforzaba el sufrimiento de sus soldados, venturoso en sus jornadas, severo en castigar los delitos de malicia, al paso que benigno en perdonar los de fragilidad, honrador de sus tropas, valiente y esforzado en las batallas, hasta estimarse las ventajas de su lanza, por tanto como otras diez de su ejrcito. Cuantas veces entr en batalla, haca con ella amplio lugar a los que le seguan, en los rebatos de da fue el primero, o a lo menos el segundo que tomaba el arma, y en los nocturnos siempre el primero. Asintase en fin, que de cuantas lanzas pasaron a la conquista de Indias, fue generalmente graduado por la segunda49 la de nuestro Gobernador y Adelantado Hernando de Soto, porque slo se le concedi la primaca a la de Gonzalo Pizarro. VIII. Inquietos los nimos de la Gobernadora y sbditos de Cuba con la falta de noticias del Adelantado, hicieron que volviese en el verano de este ao Diego Maldonado. A su solicitud sali en efecto del puerto de La Habana con algunos bajeles y llegando prsperamente a la costa de Florida, se dedic con el mayor esmero a su reconocimiento. Siete meses gast Maldonado en inquirir por todas ellas, noticias de su Gobernador y Ade47.El Inca en lib. 5, part. 1, cap. 7; y Herrera, dc. 7, lib. 7, refiere esta muerte el ao de 1543. 48.El citado Inca en el cap. 8 de la part. 1, lib. 5, Historia de la Florida. 49.El citado Inca en el cap. 7 de dicho libro 5, part. 1.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /181 /181 /181 /181 /181 lantado,50 pero despus de ellos, hacindose intiles las ms exquisitas inquisiciones se restituy a La Habana, donde y en toda la Isla se llenaron de luto los corazones, decayendo cada vez ms de la esperanza de su vidaCaptulo X Los piratas saquean a Santa Marta y Cartagena; pero acometiendo a La Habana son rechazados. Vuelve Maldonado en solicitud del Adelantado, halla y trae noticia de su muerte, de que resulta la de su mujer y concluye este GobiernoI. Haba roto la Francia con nuestro Emperador y Rey de Espaa desde el ao pasado de 1542 la tregua que tena celebrada, y con este motivo se inundaron ms los mares de Indias de corsarios y piratas de su nacin.51 Aprehendan stos muchos bajeles, que con las riquezas del Nuevo Mundo transitaban a Espaa, y al mismo tiempo hostilizaban las islas de Barlovento y costas de Tierra firme de Indias, y aunque S. M. mand restablecer la armada de Averas, que limpiase los mares de esta peste del comercio, cuanto ahuyent aquella de los inmediatos a Europa, tanto ms cargaron a los adyacentes a las Indias. Eran en estas, continuas y graves sus hostilidades, y a principios de este ao quemaron y saquearon a Santa Marta52 y Cartagena. II. Aunque estos insultos debieron tener en expectacin al Gobierno de La Habana, para no desabrigar su puerto de los bajeles que pudieran auxiliarle, ni exponer a estos fuera de l, los nimos inquietos con la falta de noticias de su Gobernador, pospusieron todo respecto al de su solicitud. En el principio de la primavera de este ao hicieron salir a Diego Maldonado con los bajeles de su cargo en prosecucin de su demanda, e inquisicin del Adelantado, y este la emprendi con recta determinacin de no volver al puerto, sin traer pruebas de su vida o muerte porque juzgaba que si la tierra no se haba tragado aquel ejrcito deban salir sus reliquias a algn paraje de la Marina donde las hallara. Con este designio, continu su reconocimiento hasta entrado el octubre, en que llegando a Veracruz53 hall las noticias de la muerte del Adelantado y de 50.Herrera, dc. 7, prrafo ltimo. El Inca en el lib. 6, cap. 20, y Crdenas Cano en este ao de 1542 al fin. 51.Herrera, dc. 7, lib. 4, cap. fin. La Historia general del Reino de Granada, part. 1, lib. 10, cap. 1. 52.Dicho Herrera, dc. 7, lib. 7, cap. 13 y dicha historia ibdem. 53. El Inca, lib. 8, cap. 21 y siguientes. Antonio Herrera, en dicha dc. 7, lib. 7, cap. 12.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 182\ 182\ 182\ 182\ 182\ haber salido a Mjico muy pocos espaoles de su ejrcito, despus de sufrir y vencer inmensos trabajos en su caminata terrestre. III. Entre tanto el francs Roberto Baal, Comandante de una armadilla corsaria, compuesta de cuatro navos de guerra y un patache, dejando saqueada a Santa Marta y Cartagena, arrib sobre el puerto de La Habana con el mismo objeto. No se atrevi a introducir los bajeles dentro de su baha, porque defenda ya su entrada el castillo de la Fuerza que como hemos dicha construy su primer Alcaide Mateo Aceituno, de orden de Hernando de Soto y se hallaba ya con alguna artillera con que resistirlos. Con este motivo anclaron los navos en la boca del puerto, a donde no alcanzaban los tiros de la Fuerza y desembarcaron sus tropas hacia la costa de la ciudad en las playas en que hoy se halla situado el castillo de la Punta. IV. Desde ella marcharon a la inmediata Villa, cuyos vecinos los esperaban prevenidos y al abrigo de la Fuerza Diose la batalla y recibiendo los franceses mucho dao del ardor de los vecinos y del fuego del castillo, se vieron necesitados a retirarse. Dejaron en el campo quince o treinta muertos54 llevando muchos heridos, que con sus vidas y sangre pagaron en La Habana, lo que delinquieron en Santa Marta y Cartagena. Volvieron a tomar sus buques y partieron a lamentar su desgracia en los cayos del canal de Bahama, quedando los nuestros con el honor de la victoria y satisfaccin de no haberles costado vida alguna. V. Nuestro Regidor don Jos Arrate asienta con la autoridad de Piedrahita Historia del nuevo Reino de Granada que al expuesto lance gobernaba la villa de La Habana el Licencado Juan de vila y con este motivo le numera entre sus Gobernadores. No hemos visto este Piedrahita, slo en la Historia general de dicho Reino,55 hallamos despus de referidos los saqueos de Baal en Santa Marta y Cartagena, que se hicieron a la vela “poniendo las proas la Habana, donde apenas llegados arrojaron tierra la gente, por la parte que hoy llaman la Punta, cuando heridos de la artillera y acorralados de los nuestros fueros rechazados con tal ardimiento, que muertos treinta de los ms sealados, y puestos en desorden los dems con el espanto y miedo que concibieron, trataron de embarcarse con tal confusion que seguirlos nuestra gente con la misma osada que los haba rebatido, no quedara francs con vida”. Con todo, no tenemos embarazo en que lo hiciese como Teniente del Adelantado Hernando de Soto, cuyo gobierno an continuaba por ignorarse en la isla de Cuba su fallecimiento. Pudo hacerlo, o porque la Gobernadora doa Isabel de Bobadilla le nombrara en lugar de Juan de Rojas, o porque ausente este, quedase con sus veces. Pero de ninguna suerte 54. Hacen mencin de este lance. Herrera en la dc. 7, lib. 7, cap. 13 al fin: y la Historia del Nuevo Reino de Granada, cap. 10, lib. 1, folio 387. 55. Historia general de Granada, part. 1, lib. 10, cap. 1.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /183 /183 /183 /183 /183 como propio Gobernador que merezca numerarlo en el catlogo de estos, de que por esta razn lo excluimos.56VI. A espaldas del pasado gusto, se hizo ms sensible la prdida y muerte de Hernando de Soto, con cuya noticia lleg al puerto de La Habana a fines de este ao Diego Maldonado. Perdi el sufrimiento la pena, y saliendo de los corazones al semblante y traje, se dej ver la Isla vestida de luto. Haban labrado mucho en el de la Gobernadora los tres aos de continuada pena, por no saber de su querido esposo, y hallndola rendida la de su cierta muerte, careci de espritus vitales con que resistirla. Se postr en una cama, y sin otro accidente conocido57 puso fin a sus das, y acompa en el sepulcro, a quien haba seguido hasta un Nuevo Mundo. VII. Este fin ponen las historias a la de nuestro Gobernador Hernando de Soto, sin describirnos los pasos sucesivos del Gobierno de la Isla. Debemos prudentemente creer que continuaron rigindolas como sus Tenientes, en la ciudad de Santiago, Gonzalo de Guzmn, y en La Habana Juan de Rojas, hasta el Real nombramiento de su cuarto Gobernador, en cuya oscura era vamos a entrar, por la necesidad de dar el preciso hilo a esta historia, hasta que con algunos propios comprobantes pueda ampliarse lo que hasta aqu apenas ha podido coordinarse con algunas noticias forneas. Con todo, creemos que lo relacionado y que se diga basta para principio de esta, pues si bien conocemos que poco se trata de la Isla con las atenciones a que propendan sus principales Gobernadores, hallamos que por lo mismo no pudo haber en ella ms asuntos propios que referir, ni deja de ser la mayor gloria que puede atraerle su historia, la de verla tan en su cuna, consumiendo con ardor y lealtad sus dbiles fuerzas, en adelantar y conquistar tan vastos Reinos a nuestros nclitos y augustos Soberanos, bajo cuyo catlico, suave y justo yugo, deseamos la conserve el Altsimo. 56.Los dems historiadores, consignan a Juan de vila o Juan Dvila como Gobernador. Nos sorprende que un historiador tan minucioso como el doctor Urrutia, no consigne el gobierno de don Juan de vila o Juan Dvila, justificado por documentos fehacientes y entre ellos la correspondencia que medi entre l y el Emperador, que se conserva en el Archivo de Indias. Se sabe que lleg a Santiago de Cuba el 2 de febrero de 1544 en una flota que sali de Cdiz, conductora tambin de otros funcionarios y de importantes disposiciones. Durante su mando nombr a Juan de Aguilar por su Teniente en Santiago de Cuba, visit las diversas comarcas de la Isla, y trasladndose a La Habana fund un hospital, el que estableci en una casa particular y sostuvo con los fondos que producan una derrama entre los Regidores y el vecindario: interpuso tambin su influencia para que el Emperador autorizase la conduccin a esta ciudad del agua del ro Casiguaguas (Chorrera o Almendares): despus solicit su relevo, carta de 31 de marzo de 1545, coleg. de Muoz LXXXIV. En la Historia de la isla de Cuba, por el seor don Jacobo de la Pezuela, se transcribe una carta suya que comienza: Llegu el 2 de febrero, &c. Tomo 1, pg. 178. Hemos credo conveniente salvar con esta ligersima nota la omisin del Doctor Urrutia en su Teatro.—( R. Cowley ). 57. El Inca en el lib. 6, cap. 21, prrafo 1, y Herrera en la. dc. 7, lib. 7, cap. 12 al fin.

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LIBRO QUINTO LIBRO QUINTO LIBRO QUINTO LIBRO QUINTO LIBRO QUINTO TRA TRA TRA TRA TRA T T T T T A DEL CU A DEL CU A DEL CU A DEL CU A DEL CU AR AR AR AR AR TO GOBERNADOR TO GOBERNADOR TO GOBERNADOR TO GOBERNADOR TO GOBERNADOR LICENCIADO ANTONIO DE CHVEZ, Y DE C"MO LICENCIADO ANTONIO DE CHVEZ, Y DE C"MO LICENCIADO ANTONIO DE CHVEZ, Y DE C"MO LICENCIADO ANTONIO DE CHVEZ, Y DE C"MO LICENCIADO ANTONIO DE CHVEZ, Y DE C"MO COMENZ" LA VILLA DE LA HABANA A A COMENZ" LA VILLA DE LA HABANA A A COMENZ" LA VILLA DE LA HABANA A A COMENZ" LA VILLA DE LA HABANA A A COMENZ" LA VILLA DE LA HABANA A A TRAER TRAER TRAER TRAER TRAER LA A LA A LA A LA A LA A TENCI"N DE SUS GOBERNADORES, POR TENCI"N DE SUS GOBERNADORES, POR TENCI"N DE SUS GOBERNADORES, POR TENCI"N DE SUS GOBERNADORES, POR TENCI"N DE SUS GOBERNADORES, POR OPOR OPOR OPOR OPOR OPOR TUNA ESC TUNA ESC TUNA ESC TUNA ESC TUNA ESC ALA A LA NUEV ALA A LA NUEV ALA A LA NUEV ALA A LA NUEV ALA A LA NUEV A NA A NA A NA A NA A NA VEGACI"N VEGACI"N VEGACI"N VEGACI"N VEGACI"N DE EUROP DE EUROP DE EUROP DE EUROP DE EUROP A, DESDE 1545 HAST A, DESDE 1545 HAST A, DESDE 1545 HAST A, DESDE 1545 HAST A, DESDE 1545 HAST A 1548 A 1548 A 1548 A 1548 A 1548Captulo I Descubierto el canal de Bahama y su ventajosa navegacin por las causas que se exponen, llama la atencin, y presencia del Gobernador en la villa de La HabanaI. Entramos en un gobierno en que cuanto ms nos acercamos a la luz clara de esta historia, tanto ms se oscurecen los hechos de l, a similitud de aquellas dolencias que en las vsperas de sus crisis, aumentan la gravedad por ltimo esfuerzo de su malicia. Porque dejndonos en esta era las historias de que hemos mendigado las noticias con que formamos los anteriores libros, an no hallamos documentos bastantes en casa con que continuar la serie de esta. Pero con tanta oscuridad (que obliga al hilo a vencer) procuraremos dar a tientas, slo aquellos pasos que podamos fijar y sean necesarios a la transicin de ella. II. Nuestros laboriosos Morell y Arrate, fijaron en la entrada de este gobierno una memorable poca de esta historia. Hall el primero indubitable que desde l haban mudado de residencia los Gobernadores de la Isla de la ciudad de Santiago a la villa de La Habana, y como acaban todas las noticias con la muerte de doa Isabel de Bobadilla, que dio fin al gobierno antecedente, en esta comienzan a tocarse los efectos de la asistencia de los Gobernadores. III. Tuvo el segundo por cierto que el descubrimiento del canal de Bahama y que su ventajosa navegacin fue causa motivada de esta novedad. La madurez y prudencia de ambos, que conocimos y tratamos, nos persua-

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 186\ 186\ 186\ 186\ 186\ di a creer por algn tiempo que no asentiran a ello sin poderosos fundamentos, aunque no los expresasen por lo suscinto de sus apuntaciones. Adems de esto, hallamos en una Real cdula de 9 de junio de 1737 que representando el Gobernador y Cabildo de la ciudad de Santiago contra la subordinacin aclarada, en la de 28 de diciembre de 1733, despus de algunas razones, concluyeron pidiendo se erigiese aquel Gobierno en Capitana General, como lo fue antes del descubrimiento del canal de Bahama Y aunque esta clusula se lee en lo relativo, su deduccin al Soberano soli, por lo que no pudimos creer se hiciese sin graves fundamentos y menos la repeticin de esta especie en el prembulo de dicha Real cdula, lo que nos hizo asentir a su dictamen: mas como continuando la historia hemos tocado (y expondremos) que aunque este Gobernador y su sucesor Angulo, residieron el ms tiempo en La Habana, fueron posesionados en Santiago, no queremos usurprselos, s slo asentar que por estos tiempos hicieron dichas causas y la del comercio y concurso que carg a La Habana, que fuesen prefiriendo su residencia hasta radicarla voluntariamente con la recepcin y permanencia que constituye la poca anterior a la creacin de Capitana General. IV. El descubrimiento del canal de Bahama lo hizo en el ao de 1516 1519, el piloto Antn de Alaminos, siendo el primero que se refiere1 haberlo navegado. Despus de l lo cruzaron varios barcos, y finalmente, en la primera navegacin que hizo la armada del Adelantado Hernando de Soto, y retorno de Gmez Arias a La Habana, y Diego Maldonado al puerto de Achus y de Apalache, se fue tomando conocimiento de su amplitud y proporcin para el ms breve y feliz retorno de las flotas que con caudales del reino de Nueva Espaa, se restituyen a Cdiz. V. La navegacin de todo el seno Mejicano y mares adyacentes a las islas de Barlovento, para retorno a Europa, se haca en los primeros tiempos por las costas del Sur en dichas islas y la de Cuba; pero las brisas que vientan comnmente en las islas de Barlovento, soplando por la proa, cuando se restituyen a Europa, hacan muy dilatado el retorno. Llmase brisa todo viento oriental, con sus respectivas cuartas, el que es muy fijo y firme en dichos mares, porque es causa del movimiento del primer mvil2 quedndole a los dems orbes superiores, e impulsando el aire, le hacen seguir el movimiento del da, yendo de Oriente a Poniente, con una fijeza, y fuerza difcil de vencerse por las naves. A esta dificultad se agregaba que las aguas del golfo salen comnmente del seno Mejicano, por entre las costas de Yucatn y Cuba, retornando por las del Norte de esta y sus canales,3 de 1. Antonio Herrera en la Descripcin de las Indias, cap. 3. 2. Herrera en la Descripcin de las Indias, cap, 2 y explica ms latamente estos movimientos, Manuel Cedillo en su Cosmografa, lib. 1, cap. 3, de los vientos generales. 3. Herrera en el cap. 8 de dicha Descripcin de las Indias y lo especificamos en el lib. 1, cap. 8 de esta poca.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /187 /187 /187 /187 /187 suerte que cuantos son contrarios los vientos y aguas para navegar a Oriente desde el seno Mejicano por la costa del Sur, tanto son favorables para ejecutarlo por las del Norte. VI. Todo el espacio de mar que corre a la costa de dicho Norte de la isla de Cuba, y desde la Espaola de Santo Domingo hasta las de las provincias de Florida, est embarazado de isletas, cayos y bajos, que dificultan el trnsito por l desde el golfo al seno Mejicano: era slo conocido para esta navegacin el canal viejo, que costeando la isla de Cuba desde la baha de Nipe, y estrechndose en cayo Romano, desemboca en punta de Hicacos, sobre el puerto de Matanzas, pero tan sondable y ocupada de impedimentos, que no slo hace peligrosa la navegacin de embarcaciones mayores, mas tambin expuesta y pesada la de barcos menores. Por ella reconoci el primer Almirante don Cristbal Coln aquella costa de la Isla hasta llegar al cayo Romano, y por la misma boje Sebastin de Ocampo toda la Isla, ao de 1508, como dejamos notado. VII. El canal de Bahama corre ms al Norte porque costea la provincia de Florida y algunos cayos adyacentes, dejando por fuera el Tumbado, la isleta de Bahama, (de que tom nombre) los mimbres y arrecifes de las del Espritu Santo, y otros embarazos menores. Es aunque no enteramente libre de peligros, ms limpio y amplio, con capacidad y fondo para buques de todos portes, y por estas causas de ms franca navegacin que el viejo. Adems de esto como carga y declina siempre al Norte, puede navegarse con brisas, y dirige su desemboque a mayor altura en disposicin de alcanzar, con proporcionados vientos, la de las islas4 de las Azores, y tomada esta con ms o menos grados, segn requiere la estacin del invierno o verano, se recala con facilidad sobre las costas de Espaa. VIII. A las flotas y embarcaciones que salen de Veracruz y todo el seno Mejicano, es tambin ms fcil navegar con las brisas hacia la costa del Norte de Florida, montando el bajo del Negrillo, y yendo a reconocer la sonda de Tortuguilla, que cruzar contra viento y corriente el estrecho entre Yucatn y cabo de Cruz. Y tomando aquel barlovento, corresponde con ventajas la navegacin por delante de La Habana hasta el canal de Bahama, y por l a Europa. Todo este beneficio se debi a la invencin de dicho canal, que posteriormente descubierto conserva la denominacin de nuevo, y con el objeto de utilizarlo, carg la navegacin de Europa a esta costa. IX. Y son tan conocidas y palpables las ventajas de esta navegacin, que hasta las embarcaciones que salen de la isla de Jamaica u otro puerto al Sur, para Europa, la prefieren a la que directamente podran seguir por el mismo Sur: y navegando a Occidente hasta montar el cabo de San Antonio, vuelven a Oriente en solicitud del repetido canal de Bahama, porque todo lo 4. Antonio Herrera en la citada Descripcin de las Indias, cap. 2.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 188\ 188\ 188\ 188\ 188\ que pierden en los primeros pasos, lo recompensan en los siguientes, a causa de la altura y proporcin en que como queda dicho van a desembocar.Captulo II Establecida la navegacin por dicho canal de Bahama, se hace necesaria escala en La Habana por su situacin y calidades que se expresanI. Conocidas, pues, las proporciones de la navegacin de flotas y armadas en el retorno de Nueva Espaa a Europa por la costa del Norte de Cuba y canal nuevo de Bahama, y establecida su carrera, fue consiguiente su arribo y escala de ellos al puerto de La Habana, aumentando su trfico y comercio, y decayendo el de la ciudad de Santiago. La situacin de esta a la costa del Sur haba proporcionado escala a dichas armadas y flotas cuando retornaban por ella, pero variada la carrera perdi la oportunidad de aquel importante servicio que el de La Habana, su puerto y calidades, franquearon con ventajas. II. Sitase dicho puerto y villa de San Cristbal de La Habana a la costa del Norte de la isla de Cuba en la altura de 23 grados5 15 minutos. Dista 20 leguas a Occidente del puerto de Matanzas, frente del cual hemos dicho que toman uno y otro canal las embarcaciones que navegan a Europa y desembocan las que vienen al seno Mejicano. Desde esta situacin hacia el Poniente se ampla el mar, entre Cuba y Florida, limpio ya de escollos y comunicable a todo el seno Mejicano de que es garganta capaz, aunque limitada a la necesidad de avistar ambas costas todo bajel que la cruza. III. Por estas causas cae en una aptitud para escala de la navegacin, que el que desemboca a su barlovento toma breve y oportunamente su puerto, para reparar los quebrantos de tan dilatado viaje, y los que van a embarcar, reciben en l el mismo beneficio y el de esperar en seguro la oportunidad del tiempo con que atravesar este estrecho paso, sin el peligro de ser impelidos a l o dejados importunamente de su boca, por la variable violencia de las corrientes que se aumenta en su angostura. IV. Las cualidades del puerto de La Habana conspiraron al mismo beneficio. Porque su boca al Norte, tiene de latitud medio cuarto de legua y siete brazas de agua en el canal, con que da fondo a las embarcaciones de mayor porte, corre su baha6 de Norte a Sur, y de ste hace un recodo al Oeste, dejando como un istmo de media legua entre el margen del Sur y la 5. Orejn. Excelencias del Arte Militar, cap. LXIII, folio 110. 6. Arrate, pg. 74.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /189 /189 /189 /189 /189 costa, y dentro de este terreno de valo imperfecto, se hallaba situada la Villa. Es la extensin de la baha de tres leguas de bojeo y una de latitud en lo ms ancho, resguardada casi a todos vientos, porque aunque est abierta su boca al Norte, puestas las embarcaciones al socaire de la serrana oriental, denominada la Cabaa, quedan abrigadas y sin peligros, ofreciendo capacidad para ms de mil buques, y finalmente, las riberas de esta baha son tan sondables que pueden dar fondo cerca de ellas, navos, de alto bordo, haciendo menos costosas sus descargas y carena. V. A la situacin y proporciones del puerto y baha, se agregaba la defensa de los bajeles por el resguardo que ofreca su castillo de la Fuerza ya temible a los enemigos desde la resistencia del pirata Baal, y el mayor auxilio de vveres y maderas para el reparo de las naves: porque esta parte de la Isla al paso que agiganta sus bosques, franquea muchos prados o sabanas, tanto a la parte oriental como a la occidental. Los montes abundan en frutas para la crianza de cerdos y dan las mejores maderas para construccin y carenas, y las sabanas mucho pasto para la crianza de ganados vacuno y caballar. De suerte que estos auxilios de que es escasa la ciudad de Santiago sobreabundaban en La Habana. VI. No era el agua la ms proporcionada para surtirse las flotas, porque aunque derrama en la baha al Sur el ro del Luyan y un arroyuelo, no son abundantes ni sus aguas se tienen por las ms saludables. Pero como a dos leguas por la costa del Poniente desagua el caudaloso ro de la Chorrera (de que trataremos adelante) y con las lanchas y barcos menores, se conduca de l a los navos toda la que necesitaban, para reponer y refrescar sus aguadas, con que a costa de esta sola dificultad tenan las armadas cuanta podan necesitar y apetecer para su reparo. VII. A fin de no hacernos ms menudos o molestos en esta recomendacin que poda tenerse por pasin y amor a la patria, daremos tres pruebas grandes de las ventajas de este puerto y escala. La primera remitiendo al lector a la obra que dio a la prensa el Gobernador, Maestre de Campo, don Francisco Dvila Orejn, titulada Excelencias del arte militar en que hallar por un testigo prctico7 de su calidad tantas recomendaciones de lo til que es este puerto a la Corona, por lo esencial a la conservacin de estas Indias, que llega a afirmar, que sin sus auxilios se hara muy difcil y trabajosa, cuando no imposible esta navegacin. VIII. La segunda prueba la damos con la Real cdula de 2 de julio de 1716 en que para recomendar S. M. al Gobernador de La Habana, la atencin con que deba cumplir las disposiciones que le comunica, dice en el prembulo: “Deseando por cuantos medios sean posibles, atender la ms asegurada defensa de esa plaza y presidio, como tan importante al resguardo y conservacin de mis dilatados dominios, &c.” Y finalmente con la 7. Testigo Arrate, en su prlogo al lector.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 190\ 190\ 190\ 190\ 190\ recuperacin tan costosa, que el mismo Soberano ha hecho de esta plaza, en el tratado de paces firmadas en Fontainebleau a 3 de noviembre del ao pasado de 17628 en que la dominaron lamentablemente los ingleses; pues, la estimacin de las costas se regula por el cuidado con que se conservan y las expensas con que se recuperan perdidas.Captulo III El Rey manda saludar el castillo de La Habana, y que no se d vino a los negros; y concede a pedimento del Gobernador Licenciado Antonio de Chvez, que para traer a ella el agua de la Chorrera, se establezca el arbitrio de sisa de ZanjaI. Conocida por las expuestas causas la necesidad y til escala del puerto de San Cristbal de La Habana, fue consecuente el concurso de embarcaciones a l, y que este atrajese regla para su gobierno y subsistencia. El Alcaide de la Fuerza Mateo Aceituno, fue el primero que quiso gozar los fueros de tal, exigiendo de toda embarcacin el saludo debido al castillo Real de su mando. Parece que se le neg a slo el requerimiento poltico, pero ocurriendo al Rey se dign S. M. ordenar9 que todos los navos de armada que llegasen a l, hicieran salva a dicho castillo del mismo modo que la hacan a la fortaleza de Santo Domingo de la isla Espaola. II. Con el mismo comercio empez a excitarse la gula entre indios y negros en el exceso de la bebida hasta prohibir hacer vino de races10 y que no se les vendiese el de Castilla. Este vino de races entendiendo ser el veycos que hacan los indios del agua de yuca como hemos dicho11 y creemos que por esta prohibicin se extinguiese su uso en la Isla, porque no hemos podido hallar noticia de que hiciesen otro vino de races, ni del modo con que fermentaban este. III. En este tiempo y estado de cosas, debemos suponer (por las consecuencias) que fue Gobernador de la isla de Cuba el Licenciado Antonio de Chvez. No consta con qu ttulo, ni por cul Ayuntamiento se le dio posesin del Gobierno, pero habindolo sido los anteriores con reales despachos y en la ciudad de Santiago, no queremos disputarle en duda su posesin, aunque el dictamen del Ilustrsimo Morell, que hemos referido, hace 1 8. Artculo 18. 1 9. Herrera, dc. 7, lib. 10, cap. 18 al fin. 10. Ibdem. 11. En el libro 1, cap. 9, nm. 5 de esta poca, pg. 55.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /191 /191 /191 /191 /191 mucha prueba de que no lo fue en ella. Permaneci algn tiempo en esta ciudad de Santiago y parte oriental, y pas a visitar toda la provincia y particularmente a La Habana. IV. Padeca esta villa, como se ha dicho, alguna escasez de agua porque prefiriendo sus primitivos pobladores la inmediacin del puerto, a la provisin de este necesario simple la situacin no gozaba cercano y proporcionado manantial. Entretanto que provea al corto nmero de sus vecinos y la arribada de alguna embarcacin, pudo remediarse con el agua de un corto arroyo que desagua en la baha por el estero del Jigey, a la opuesta ribera de la poblacin, conducindola en canoas. Pero este que aun entonces no era tan abundante que dejase de necesitar la atencin del Cabildo para su limpieza y cuidado12 fue insuficiente para las mayores atenciones. V. La presencia del Gobernador toc esta dificultad, y premeditando lo necesario que era proveer de aguadas a los vecinos, ya aumentados, y a las armadas y flotas que llegaren, extendi la atencin al ro de la Chorrera llamado de los indios Casiguaguas.13 Nace este a la costa del Sur y dirigiendo su curso al Oeste, recibe varios manantiales que aumentan sus aguas (entre los cuales es el mayor y ms conocido el de Almendares) y viene a derramar en la costa del Norte, al Poniente de La Habana, con boca y agua que recibe barcos menores. Forma en efecto un semicrculo al territorio de la villa, que distando dos leguas (ms o menos) de ella, baa sus terrenos con abundancia y utilidad, de unas aguas delgadas y saludables. VI. A la boca de este ro ocurran las lanchas de los bajeles y flotas a hacer sus aguadas, que conducan a sus buques surtos en el puerto, pero sufrindose algunos quebrantos, particularmente con los Nortes del invierno por ser brava la costa intermedia, hubo de pensarse en conducir parte de dicha agua a la Villa por una sangra que trajese permanentemente por tierra la necesaria. Se proyect represar la madre natural del ro, con un husillo, que violentando las aguas, las hiciese retroceder a una necesaria altura desde la cual se pudiese conducir por zanja o caera y hallndose posible la operacin, slo se dificult la paga de su costo por la escasez de Propios que tena la Villa. VII. Para proporcionarlo, ocurri el Gobernador a S. M. manifestando la necesidad y medio de salvarlas, a que se le respondi en Real cdula de 11 de febrero de 1547:14 “y en lo que decs cerca de la necesidad que hay de darse orden como se traiga la villa de la Habana una fuente de agua: os mando que luego concertis con la persona personas que os pareciese que os traigan la dicha agua la dicha Villa, de la parte donde estuviere en 12.Como consta de varios celebrados en 1553 y 1558. 13.Arrate. 14.Esta Real Cdula no se halla, pero se hace mencin de ella y su resolucin por estos trminos en la de 16 de mayo de 1548, que traemos ntegra al captulo siguiente.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 192\ 192\ 192\ 192\ 192\ mejor comodidad y el precio en que lo han de hacer, deis rden como se entienda en ello con toda brevedad y se traiga, y lo que costase lo hecharis por sisa en los mantenimientos y otras cosas que en la villa de la Habana se vendieren lo ms sin perjuicio que ser pueda, y avisarnos de como lo cumpls.” VIII. Este fue el origen del arbitrio que an permanece con el distintivo de sisa de la zanja y que desde luego parece se impuso sobre los comestibles, pues con su producto comenz a trabajarse en la zanja para traer el agua a La Habana. No hallamos el arancel o reglas con que se inici esta exaccin, pero en la continuacin de ella y de esta obra se dieron pautas para su debido cobro, de que haremos mencin en sus respectivos tiempos. IX. Este ao de 1547 tuvo la isla de Cuba el doloroso golpe del fallecimiento de su Obispo Diocesano, don Fray Diego Sarmiento cuya memoria nos conserv el Maestro Gil Gonzlez.Captulo IV Trense varias rdenes y la real cdula de 16 de mayo de 1548 sobre libertad de indios de Cuba, trabajo de sus minas de cobre y agua de la ChorreraI. Desde el ao pasado de 1543, haba expedido el Rey diversas providencias, para el arreglo del gobierno del Consejo de estas Indias, y Reales Audiencias de estos Reinos declarando las causas y grados de que deban respectivamente conocer15 y concediendo a las Audiencias el de revista para evitar los costos de ocurrir al Consejo, estableciendo el orden de estas y de las cartas y provisiones con que deban despachar, y cuanto ms pareci oportuno en aquella estacin al buen rgimen y adelanto de las Indias, con estas se promulgaron a favor de la libertad de los indios, entre otras varias las siguientes. II. 20.— Que por ninguna causa de Guerra, ni otra, ni so ttulo de Rebelion ni refcate, ni de otra manera, se pueda hacer Ezclavo Indio alguno, fino que fean tratados como Vafallos Reales de la Corona de Caftilla, pues lo fon. III. 21.— Que ninguna Perfona fe pueda fervir de los Indios, por va de naborias, ni de otro modo alguno, contra fu voluntad. IV. 22.— Que las Audiencias llamadas las Partes fin tela de juicio, fola la verdad fabida pongan en libertad los Indios que fueran Efclavos, 15. Herrera, dcada 7, lib. 6, cap. 5o.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /193 /193 /193 /193 /193 fi las Personas que los tuvieren no moftraren Ttulo, como los pofeen legtimamente: i que las Audiencias pongan Perfonas de diligencia, que hagan la parte de los Indios i la paguen de Penas de Cmara V. 23.— Que los Indios no fe carguen, i fi en alguna parte no fe pudiere efcufar sea la carga moderada, fin peligro de fu vida i falud que fe les pague su trabajo i lo hagan voluntariamente VI. 24.Que ningun Indio libre fe lleve las Pefquerias de las perlas; fo pena de muerte, contra fu voluntad, i que el Obifpo y Juez de Veneuela, ordenen que los Efclavos i Negros que andan en la Pefquera, fe conferven fin peligro de muerte, i que fi le hubiere cefe la Pefquera VII. 26.— Que los Virreyes, Governadores, fus Tenientes, Oficiales Reales, Prelados, Monafterios, Religiofos, Hofpitales i Cofradas, Cafas de Moneda, Teforera i Oficiales de la Real Hacienda, no tengan Indios Encomendados, i que los que tuvieren, luego fean pueftos en la Corona Real i que aunque digan que quieran dexar los oficios y quedarfe con los Indios no les valga VIII. 26.— Que todas las Perfonas, que tuvieren Indios, fin tener Ttulos, fino que por fu autoridad, fe han entrado en ellos, fe los quiten i pongan en la Corona Real IX. 29.— Que por ninguna va, ni caufa, ningun Viforrei, Audiencia ni otra Perfona, pueda Encomendar Indios, por ninguna va, ni en ninguna manera, fino que en muriendo, la Perfona que tuviere los dichos Indios, fean pueftos en la Corona Real: i que las Audiencias enbien relacion de la calidad de los Indios i de los servicios del Muerto, para proveer lo que le corresponda; y que fi entretanto, pareciefe que convenia dar la Muger Hijos, algun fuftentamiento, lo puedan hacer las Audiencias, de los tributos que pagaren los Indios X. 30.— Que las Audiencias tengan mucha cuenta, que los Indios que fe quedaren i vacaren fean bien tratados i doctrinados en las cofas de Nuestra Santa F Catlica XI. Estas y otras contemporneas disposiciones (de cuya justificacin trata nuestro Solrzano)16 fueron generalmente mal recibidas en las Indias, porque los espaoles se quejaban, de que por atender a la libertad de los indios, no se les remuneraban los servicios hechos a la Corona a costa de tantas vidas, peligros y trabajos padecidos en la conquista de tan ricos Reinos. Oyronse las primeras en el Per17 con bastante libertad y se comunicaron a Nueva Espaa18 con algn color de respeto. En la isla de Cuba se fund el reclamo contra ellas, sobre la razn de “haber comprado los indios, en tiempo que eran permitidas sus ventas, y tener pagado los 16. Solrzano en su Poltica Indiana, lib. 3, cap. 30, especialmente nm. 26. 17. Herrera, dc. 7, lib. 6, cap. 10. 18. Herrera, ubi sup. cap. 11.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 194\ 194\ 194\ 194\ 194\ Oficiales Reales, el quinto de ellas, que por derechos correspondan S. M.”; de suerte que se vio el Gobernador Antonio de Chvez en la necesidad de temperar de algn modo su ejecucin hasta consultar a S. M. XII. El trabajo de las minas de cobre tambin aparece que se fomentaba tilmente en la Isla y que para su cultivo haba S. M. hecho asiento con Juan Tesel, de nacionalidad alemana, perito en su beneficio, quien los trabajaba, reservando el secreto con que haca dulce este metal. Los cubeos le hacan proposiciones ventajosas para su manifestacin y enseanza, pero se negaba a hacerla a menos que ensendolos, le constituyesen perpetuamente la sexta parte de todo el cobre que beneficiasen; lo que se les haca insoportable. XIII. De estos dos asuntos dio cuenta Antonio de Chvez al Rey, en carta de 10 de septiembre de este ao, suplicando rendidamente su decisin. Y porque no haba recibido la que expidi anteriormente, sobre facilitar la conduccin a La Habana del agua de la Chorrera, duplic su contenido en esta: sobre todas resolvi S. A. en la siguiente Real cdula:19XIV.”El Prncipe.—Licenciado Antonio Chavez, Gobernador de la isla de Cuba: vi vuestra letra de 10 de Setiembre del ao pasado de 1547 y lo que decis que los vecinos de esa Isla, se agravian, de que se ejecute la Ley, que por S. M. est hecha acerca de la libertad de los indios, que son tenidos por esclavos; porque dicen haberlos comprado en tiempo que se permitia esto hacer de ellos, y se pag el quinto los Oficiales de S. M, y lo demas que sobre ello escribi, y lo que ac parece, que en esto debeis hacer, es que antes todas cosas, sin esperar mas probanza, ver otro mas ttulo alguno, sin embargo de cualesquier posesion que haya de servidumbre, ni que estn herrados, estimareis por libres todas las mujeres de cualquiera edad y todos los varones, que eran de 14 aos para abajo al tiempo que los tomaron; que se hayan tomado en cualquiera guerra, entradas rancheras, y que se haya hecho en tierra de indios amigos enemigos, por que estos no se pudieron hacer esclavos, aunque fuesen por ocasion de rebelion. Cuanto todos los demas, si el poseedor no probase que el indio que tiene por esclavo, fu habido en guerra justa, y que se guard y cumpli en ella las diligencias y formalidades por S. M., darlos, heis, por libres aunque no se pruebe por indios cosa alguna, por manera que cargueis la probanza al poseedor, y no al Indio aunque est herrado y tenga carta de compra otros ttulos los poseedores de ellos, por que estos por la presuncion que tienen de libertad su favor son libres como vasallos de S. M.” XV. “Y si estos indios conforme sto hubiere alguno que del quinto de S. M. se hubieren vendido y cobrado el precio por sus oficiales, y constndoos que se hizo cargo de ellos en sus libros, le har justicia, llamada la parte del 19.Esta Real cdula es la primera que se halla en el libro 1 de las del Gobierno de La Habana despus de algunas incordinadas de Cruzada y eclesisticas.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /195 /195 /195 /195 /195 Fiscal de S. M. que para ello hallareis y averiguado sto, hareis que de la Hacienda de S. M. se devuelvan la parte lo que conforme justicia y S. M. hubiere obligacion de pagar.” XVI. “Visto lo que decs que Juan Tesel, aleman, con quien mandamos tomar hoy asiento sobre el beneficio del cobre de esa Isla, no quiere ensear el secreto de hacerlo dulce, sino se obligan de darle perpetuamente de todo lo que fundieren la sexta parte, os mando enviar con sta el traslado del asiento y capitulacion20 que con l mandamos tomar sobre ello y la obligacion que hizo de cumplir dicho asiento, lo cual todo va firmado de Juan de Samano, Secretario de S. M., y proveereis que se cumpla el dicho asiento en todo partido como de l consta.” XVII. “Y en lo que decs cerca de la necesidad que hay de darse rden como se traiga la villa de la Habana una fuente de aguas, como habreis visto por carta de once de Febrero del ao pasado de 1547, os envi mandar que luego concertsedes con la persona personas que os pareciese que trajesen la dicha agua la dicha villa, de la parte donde estuviese en mejor comodidad, y al precio en que lo habian de hacer y disedes rden como entendiesen en ello, con toda brevedad, y se trajese y que lo que se costase, lo echsedes por sisa en los mantenimientos y otras cosas que en la dicha villa de la Havana se vendiesen, lo ms sin perjuicio que ser pudiese. As lo haced y avisarnos, heis, como lo habeis cumplido. De Valladolid 16 del mes de Mayo de 1548 aos.—Yo el Prncipe.—Por mandado de S. A., Juan de Samano”. XVIII. Esto es cuanto hemos podido adquirir del Gobierno del Licenciado Antonio de Chvez, cuarto Gobernador de la isla de Cuba, debiendo slo a la anterior Real cdula y nominacin que por ella se hace en algunos Cabildos posteriores la conservacin de su memoria. Creemos con todo, que esta basta para la copulacin de la historia, entre los trminos en que nos dejan los autores, y logramos pruebas caseras: y que no son menos apreciables los puntos que toca dicha Real cdula, principalmente el del origen de sisa de zanja, por la permanencia de este arbitrio. 20. No hemos hallado este asiento en la Cdula ni en otra parte.

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LIBRO SEXTO LIBRO SEXTO LIBRO SEXTO LIBRO SEXTO LIBRO SEXTO COMPRENDE LO OCURRIDO EN LA ISLA COMPRENDE LO OCURRIDO EN LA ISLA COMPRENDE LO OCURRIDO EN LA ISLA COMPRENDE LO OCURRIDO EN LA ISLA COMPRENDE LO OCURRIDO EN LA ISLA FERNANDINA DE CUBA, DURANTE FERNANDINA DE CUBA, DURANTE FERNANDINA DE CUBA, DURANTE FERNANDINA DE CUBA, DURANTE FERNANDINA DE CUBA, DURANTE EL GOBIERNO DEL DOCTOR GONZALO PREZ EL GOBIERNO DEL DOCTOR GONZALO PREZ EL GOBIERNO DEL DOCTOR GONZALO PREZ EL GOBIERNO DEL DOCTOR GONZALO PREZ EL GOBIERNO DEL DOCTOR GONZALO PREZ DE ANGULO DE ANGULO DE ANGULO DE ANGULO DE ANGULO SU QUINTO GOBERNADOR, SU QUINTO GOBERNADOR, SU QUINTO GOBERNADOR, SU QUINTO GOBERNADOR, SU QUINTO GOBERNADOR, DESDE 1548 HAST DESDE 1548 HAST DESDE 1548 HAST DESDE 1548 HAST DESDE 1548 HAST A 1555 A 1555 A 1555 A 1555 A 1555Captulo I Recbese en la ciudad de Santiago por Gobernador de la Isla al Doctor Gonzalo Prez de Angulo. Pasan por la Habana los mrtires Fray Luis Cncer y sus compaeros. Viene a ella el citado Gobernador y se dan providencias sobre el valor de la moneda y otros asuntosI. Aunque entre rayos, que como aurora, van acercando al claro del da de esta historia hallamos al Doctor Gonzalo Prez de Angulo, por sucesor del Licenciado Antonio de Chvez, en el Gobierno de la isla Fernandina de Cuba, no hemos podido adquirir razn cierta de su ttulo y lugar en que fue posesionado de l. Tenemos por cierto que lo fuese en la ciudad de Santiago. Porque habindole requerido1 el Regidor y Alcaide de la Fuerza Juan de Lovera, a que diese las debidas fianzas, para responder en la residencia, satisfizo que las tena otorgadas en dicha Ciudad, y es legtimo y natural dar esta comisin, en el mismo acto y Cabildo en que presentan el ttulo y se les da posesin. Y porque hallamos asentado por el Cabildo de La Habana2 que en al ao siguiente de 1550, fue cuando pas a ella este Gobernador, como venido de la ciudad de Santiago. De suerte que por estas razones y los hechos que sucesivamente expondremos, fijamos el juicio de haberse recibido en dicha ciudad como sus antecesores: siendo el ltimo que puede apropirsele aun en la duda y calidad 1. En el cabildo de 5 de noviembre de 1552. 2. El de 1 de enero de 1553.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 198\ 198\ 198\ 198\ 198\ expuesta, por su preciso recibimiento, pues tuvo la mayor residencia en La Habana. II. Por esta razn y la falta de documentos antiguos en ello, a causa de los incendios y saqueos que ha padecido, tampoco podemos fijar el ao de su entrada al Gobierno, teniendo por bastantemente verosmil que lo fuese en este de 1548 y que permaneci all hasta el de 1550 en que pas a La Habana. Por la misma causa se nos ocultan sus hechos en ella y tambin lo ocurrido en La Habana, donde no se halla otro documento ni Cabildo (que la expuesta Real cdula) hasta entrado el citado de cincuenta. III. Tambin enmudecen en estos aos las historias, por lo perteneciente a Cuba sin que hayamos podido sacar de ellas ms que la venerable memoria de haber felicitado a La Habana con su presencia3 los mrtires de Cristo, Fray Luis Cncer de Barbastro, natural de Zaragoza, Fray Diego de Pealosa o Tolosa y el donado Fuentes del orden de Predicadores, salieron de Veracruz con Fray Gregorio de Bateta y Fray Juan Garca, encendidos del celo de la religin Catlica, y con Real licencia a emprender la conquista espiritual de Florida, y en este ao de 1548 o principios de 1549, llegaron a La Habana recomendados a su Gobernador por el Virrey de Nueva Espaa. Fueron en ella bien recibidos y habilitados de cuanto necesitaban pasaron a la Florida. Desembarcaron en la baha del Espritu Santo, Fray Diego de Pealosa y el donado Fuentes, e internados en la tierra, recibieron el martirio de sus naturales. Comprendido por los dems, que permanecan a bordo de la embarcacin, se llen Fray Luis de santa envidia y baj a tierra (venciendo la resistencia de los compaeros) y a su vista predicando el Evangelio, particip de la misma corona, descansando en el seno del Seor, con cuya resulta, se retiraron los dems a San Juan de Ula. IV. Por estas mismas causas slo podemos penetrar en cuanto a lo interior de la Isla, que la amplitud de comercio y escaseces de minerales, haba dado a la moneda, mayor estimacin que la intrnseca que por s gozaba, pues corra el real de plata por 40 y 44 maraveds, y al respecto la dems; y como esto ceda en grave perjuicio pblico, luego que lleg a noticias de S. M. tuvo a bien prohibirlo por esta4 Real cdula. V. “D. Crlos por la Divina clemencia, Emperador siempre augusto de Alemania, Da. Juana su madre y el mismo Don Carlos por la misma gracia, Reyes de Castilla, de Len, de Aragn, de las dos Sicilias, de Jerusalem, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdea, de Crdova, de Crcega, de Murcia, de Jaen, de los 3. La traen Crdenas Cano en su Ensayo cronolgico de Florida, ao de 1546, hasta 1549, Antonio Herrera, dc. 8, lib. 5, caps. 13 y 14, ao de 1547. 4. Esta Cdula se halla inserta en su Real sobrecarta que ms adelante insertamos y concuerda con la Ley 4, tt. 24, lib. 4, de la Recopilacin de Indias.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /199 /199 /199 /199 /199 Algarves, de Algeciras, de Gibraltar, de las Indias, e islas y tierra firme del mar Ocano, Conde de Flandes y de Tirol, etc. Por cuanto por Nos est mandado que en las Casas de la moneda de las nuestras Indias, se labren reales sencillos y de dos, y de tres, y de cuatro, y de ocho y medio reales y cuartillos, la cual dicha moneda tenga el valor de la que se labra en estos Reinos, segun mas largamente se contiene en la orden que sobre ello tenemos mandado, y ahora somos informados que en el puerto de la Habana, algunas personas, no teniendo la dicha moneda de valor cada real mas de 34 maravedises, como lo tiene en los dichos Reinos, y los otros reales al respecto, hacen tomar el real 40 maravedises, de que los mercaderes y personas que contratan y vecinos de dicho puerto de la Habana, reciben dao, y visto por los de mi Consejo de las Indias queriendo proveer en ello, fu acordado que debamos mandar esta nuestra carta en la dicha razon, y Nos tuvmosla por bien, por la cual queremos y mandamos que ahora, y de aqu en adelante, la moneda que corre y se hubiere labrado en las dichas casas de la moneda, de las dichas nuestras Indias, corra y valga en la isla de Cuba y puerto de la Habana, por la ley que tuviere que es cada real 34 maravedises, y al respecto la de dos, y de tres, y de cuatro, y los de ocho y los medios reales y cuartillos, y no mas; y por la misma se tomen los que hubiere en la dicha isla y puerto de la Habana se labraren hubieren labrado en las Casas de la moneda de estos nuestros Reinos. Por cuanto nuestra voluntad es que la dicha moneda no valga mas que por su valor segn como vale en estos Reinos, y as la tomen todos y cualesquiera persona en dicha Isla, en pago de cualesquiera cosas que se le dieren, y no por mas, so pena que el que no la tomare por su valor, incurra en pena por ello de diez mil maravedises para la nuestra Cmara y Fisco, y mandamos al nuestro Gobernador y otras Justicias de la dicha Isla y del dicho puerto, que guarden y cumplan y hagan cumplir y guardar esta nuestra carta y lo en ella contenido, y ejecuten la dicha pena en las personas y bienes de los que contra ellos fueren y pasaren. Y porque lo susodicho sea pblico y notorio todos, y ninguno de ellos pueda pretextar ignorancia. Mandamos que esta nuestra carta sea pregonada en las gradas de la ciudad de Sevilla y en el dicho puerto de la Habana, por pregonero y ante Escribano pblico. Dada en la villa de Valladolid dos das del mes de septiembre de 1549. Maximiliano.5 La Reina.—Yo Juan de Samano, Secretario de sus Cesreas Majestades, la hice escribir por mandato de SS. AA., en su nombre.—El Marqus.—El Ldo. Vicente Visco.—Registrada.—Ochoa de Luyando.— Por Chanciller, Martn de Romn.” 5. Advirtase para que no se extrae, que esta firma de Maximiliano es del Rey de Bohemia de este nombre, que por ausencia del Seor don Carlos V en Bruselas, con el Prncipe don Felipe su hijo, gobernaba a Espaa con la Reina, de que hace mencin Crdenas Cano en el ao de 1550 y en la Historia de Espaa en el mismo.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 200\ 200\ 200\ 200\ 200\ VI. Haba pasado ya a La Habana entrado el ao de 1550 el Gobernador Doctor Angulo y recibiendo esta Real cdula no tuvo por conveniente su prctica, pero para ms autorizar su suspensin procur interesar en ella a la Villa. Cit su Ayuntamiento a Cabildo, y proporcion con su persuasin o respeto que conspirasen a que se obedeciere, y no6 ejecutase, pretextando que perjudicaba al pblico. Y con efecto, por uno celebrado a fines de junio se acord publicar orden para que los vecinos y moradores diesen razn del todo de los cuartos y ochavos, con que se hallaban, lo que cumplido se tom la correspondiente en el 10 de julio y deliber obedecer y no ejecutar la Real disposicin, dando cuenta de ello a S. M. VII. Constaba en este ao el Cabildo de La Habana de dicho su Gobernador Doctor Gonzalo Prez de Angulo, titulado de magnfico Seor Gobernador, de Juan de Hinestrosa su Teniente, de Juan de Rojas y Pedro Blasco sus Alcaldes y de Antonio de la Torre, Diego de Soto y Francisco Gutirrez sus Regidores, siendo su Escribano Francisco Prez de Borroto. Estos que no fueron libres en el acuerdo expuesto y temieron o desearon precaver sus resultas acreditando su obediencia, destinaron a Juan de Oribe para que con diligencias que formalizaron informara a S. M. no haber dimanado de las villas de la Isla, la falta de cumplimiento a sus Soberanas resoluciones, sino de propia accin del Gobernador, quien yendo contra su tenor, haba hecho publicar de nuevo que los reales y tostones de Nueva Espaa valiesen en dicha isla de Cuba, a razn de cuarenta y cuatro maraveds, siendo en perjuicio de los pueblos y vasallos, y concluyeron en pedir sobrecarta para su debida ejecucin. VIII. En el resto del ao se trat sobre los asuntos que exiga el fomento de la villa de La Habana7 y su debido abasto: se acord el de carne de puerco o cerdo, por rueda formada a este efecto, y que se pesase la de vaca en carnicera8 con la intervencin del Comisario, y bajo la pena de 20 pesos de oro para la Cmara y obras pblicas; y porque la carnicera deba de ser de paja y horcones, se mand hacer una de tapia, pregonndose la postura9de su obra, bajo las condiciones y calidades que se acordasen con Juan de Rojas y Antonio de la Torre; cuyo remate se verific en el mismo Juan de Rojas, a quien posteriormente10 se acord abonarle doce pesos ms por algn adelanto proyectado despus de l. 1 6. Estos Cabildos que son los primeros, se hallan tan diminutivos y oscuros que apenas podemos entenderlo, aun con las noticias que dan las Cdulas. 1 7. De algunos sucesivos Cabildos salteados y diminutivos que se conservan de este ao. 1 8. Cabildo de 12 de agosto y 10 de octubre. 1 9. En el de 31 de octubre. 10. En el de 21 de noviembre.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /201 /201 /201 /201 /201 IX. Fomentbanse tambin las fbricas de la Parroquial y Hospital a que ayudaban los vecinos con limosnas, y para su recta distribucin se nombr por Mayordomo de ellas al propio Juan de Rojas,11 cuyo encargo pas por enfermedad de este a Alejo de Aguilar12 o Aguiluz, disponindose que con el inters existente se comprasen negros13 que sirvieran a dicha fbrica y quedasen a beneficio de la misma Iglesia. X. Se confiri en el Ayuntamiento sobre la conduccin del agua de la Chorrera para el abasto de la Villa, sus vecinos, armadas, flotas y bajeles. Asentaban la necesidad de esta obra14 pero se dificultaban los medios, porque aunque se tuvo presente la gracia que S. M. haba hecho por un captulo de la Real cdula de 16 de marzo de 1548, dirigida al Licenciado Gobernador Antonio de Chvez, se haba ya tanteado el costo de la conduccin que expuso pasar de cinco mil pesos, y que en muchos aos no poda producirlos el arbitrio de sisa concedido sobre los comestibles que se vendieren en la Villa. No consta que se resolviese por entonces otro medio por estar defectuosos los acuerdos, pero parece que con aquel se trabajaba en el principio de la Zanja. XI. Se provey la limpia y aseo del camino y campo que haba desde la Punta al castillo de la Fuerza15 para el mejor uso de su artillera: que los negros no cortasen cedros ni caobas16 por lo importante que era la conservacin de estas maderas. Y finalmente que a los esclavos no se vendiese vino17 ni permitiese traer armas, con otros puntos dirigidos al bien y quietud pblica. XII. Era este ao Alcaide de la Real Fuerza Juan de Lovera, a quien S. M. hizo la merced de un oficio de Regidor de dicha villa, de La Habana, y presentndose con el Real ttulo en el Ayuntamiento18 fue recibido a su uso y ejercicio. No hace nuestro Regidor Arrate mencin de este Alcaide de la Fuerza, pero lo hallamos indubitablemente tenido y titulado como tal, siendo el segundo en este empleo y sucesor de Mateo Aceituno. 11. En el de 22 de agosto. 12. En el de 10 de octubre. 13. En el de 21 de noviembre. 14. En cabildos de 22 y 29 de agosto y 12 de septiembre. 15. En cabildo de 10 de octubre. 16. En el que sigue al del 12 de septiembre y se halla sin cabeza ni fecha. 17. En el de 22 de agosto. 18. Cabildo de 5 de septiembre, y 10 de octubre.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 202\ 202\ 202\ 202\ 202\Captulo II Da noticias del orden con que se elegan en los lugares de la Isla, Alcaldes, Regidores, Oficiales Reales, Jueces de difuntos y dems Ministros de la Repblica para gobierno del aoI. Menos imperfectos los monumentos del ao de 1551, podemos manifestar al curioso, el orden interior con que las villas de la Isla se regan y fomentaban por estos tiempos. Suponemos que era uno en todas, y que por las reglas de La Habana se deduciran, ms o menos imperfectas las operaciones de las otras, segn la asistencia del Gobernador, Comercio y Civilidad. Se unan el primer da del ao los vecinos de cada Villa, y en las Casas capitulares hacan sus elecciones de Alcaldes y Regidores para el gobierno del ao, y para que sea ms difano el orden y sencillez de los actos, transcribimos a la letra los celebrados en este ao en dicha Habana. II. “En la villa de S. Cristbal de la Havana de esta isla Fernandina del mar Occano en Juves, primer dia del mes de Enero, primero dia del mes y ao del nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo de 1551 aos: este dicho dia, habiendo sido ayuntados en su Cabildo Ayuntamiento los Seores Justicias Regidores de esta Villa, conviene saber, el mismo magnfico Sr. Dr. Gonzalo Perez de Angulo, Gobernador de dicha Isla los dichos Sres. Regidores que han sido el ao prximo pasado en esta dicha Villa, la mayor parte de ellos en presencia de m Francisco Perez, Escribano pblico de Cabildo de esta dicha Villa, para elegir hacer las elecciones de Alcaldes Regidores que han de ser en este presente ao en esta dicha Villa sus trminos. En la cual dicha eleccion salieron para Alcaldes de esta dicha Villa el Sr. D. Pedro Velzquez Alonso de Aguilar vecinos de ella por Regidores Pedro Blasco Diego de Soto, de los cuales de cada uno de ellos para en los dichos sus oficios, fu tomada recibida la solemnidad del juramento que en tal caso se requiere, los cuales cada uno de ellos le prometieron de usar ejercer legal fielmente, en todo guardarn lo prevenido por S. M. administracion de su fiel justicia bien pr de esta Villa, sin excepcion de personas algunas: firmado.—El Dr. Angulo, Alonso de Aguilar, con tres rbricas al pi.” III. Del Gobernador, de estos Alcaldes y Regidores y de los otros Regidores que haba en cada villa, nombrdose por el Rey (como se ha dicho que lo fue el ao prximo pasado Juan de Lovera, y en este consta19 haberlo sido Antonio de la Torre), quedaba formada la Justicia y Regimiento de cada una. Comprendemos que la eleccin anual de estos Regidores, que por esto llamaban aojos y de que hay recientes ejemplares en la ciudad de Baracoa, se legitimaba en la falta de ellos con Real nombramiento y que 19. Consta del Cabildo de 1 de enero en que present el Real Ttulo y fue recibido.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /203 /203 /203 /203 /203 as lo era subsidiaria y concedida a la necesidad: sobre cuyos principios es de creer cun completa Justicia y Ayuntamiento de la villa en la dicha forma, quedaba en ella la autoridad pblica, para dar y distribuir los dems oficios de repblica, y a este fin continuaban sus Cabildos en las siguientes. IV. “En la villa de S. Cristbal de la Havana de esta isla Fernandina, en Sbado tres dias del mes de Enero, ao del nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo de 1551 aos, este dia se ayuntaron en consulta el Cabildo segun lo han de uso y costumbre, conviene saber: el muy magnfico Sr. Gonzalo Perez de Angulo, Gobernador por S. M. de esta dicha Isla, el Sr. Pedro Velzquez Alcalde Ordinario Juan de Lovera Pedro Blasco Antonio de la Torres Diego de Soto, Regidores de dicha Villa, en presencia de mi Francisco Perez, Escribano pblico de Cabildo, para entender platicar lo que conviene al servicio de S. M. bien pro de esta dicha Villa en el cual dicho Cabildo fu acordado lo siguiente:” V. “Fu acordado: que los Oficiales de S. M. que tienen cargo de su Real Hacienda, han cumplido el ao: que sus mercedes nombran sealan por Oficiales de S. M., por este presente ao, para que tengan cargo cuenta de la Hacienda de S. M. tomen cuentas los del ao pasado, Alonso de Aguilar, Alcalde, los Sres. Juan de Lovera Antonio de la Torre, que presentes estaban: el Sr. Gobernador les tom recibi juramento en forma so cargo del cual prometieron usar bien fielmente de los dichos oficios procurarn el servicio de S. M. de su Real Hacienda firmronlo de sus nombres.” VI “En este dicho Cabildo fu nombrado y elegido por los dichos Seores Justicia Regidores de esta Villa, por Procurador de ella Juan Gutierrez, vecino de esta dicha Villa, el cual lo acept de ser Procurador del ao, su merced el dicho Sr. Gobernador tom recibi juramento en forma de derecho so cargo del cual prometi de ser tal Procurador de esta Villa de usar bien diligentemente del dicho oficio de procurar el bien pr de ella hacer lo que buen Procurador es obligado hacer, sin excepcion de persona alguna. E sus mercedes los dichos Seores en nombre de esta dicha Villa, vecinos moradores de ella, le dieron poder cumplido, tal que en derecho se requiere para que pueda pedir pida todas aquellas cosas casos que al bien pro utilidad de esta Villa convengan, sobre ello puede parecer en juicio nte todas cualquier Justicia, Alcaldes Jueces de cualquiera fuero jurisdiccion que sean hacer todos los autos, pedimentos requerimientos necesarios que los Procuradores deben y son obligados hacer, para haber lo que por firme obligaron los Propios rentas de esta Villa.” VII. “En este dicho Cabildo fu proveido por Diputado fiel ejecutor, el Sr. Pedro Blasco, Regidor, el cual lo acept prometi de usar el dicho cargo.”

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 204\ 204\ 204\ 204\ 204\ VIII. “Eligieron para tenedores de difuntos los Sres. Alonso de Aguilar, Alcalde, Antonio de la Torre firmaron sus mercedes.—Rubricado.—Pas ante m: Francisco Perez.—Escribano pblico.” IX. Sobre estos particulares conviene advertir, que el encargo que se haca a uno de los Alcaldes y dos Regidores para que corriesen con el cobro y distribucin de la Real Hacienda, no era igual en todos los lugares, porque donde haba Tesorero con nombramiento Real (como se ha dicho lo haba en la ciudad de Santiago) corra aquel con la administracin Real. Mas como la distancia y lo reciente de las poblaciones, no haba dado tiempo a arreglar en todas ellas los Ministerios correspondientes, usaban sus Cabildos de aquellas facultades naturales que se le reconocen en derecho hasta para nombrarse Gobernadores en caso de faltarles los provedos por el Soberano. X. Pero la eleccin del Juzgado de difuntos corra por otras reglas. Porque siendo informado el Rey desde el principio de la poblacin de estas Indias que los bienes de los europeos que fallecan en ella, no llegaban con la prontitud e integridad debida a manos de sus herederos, con grande dao de estos, dispuso20: que todo castellano que llegare a cualquier lugar de ellas, registrase ante el Escribano del Consejo su nombre, apellido y lugar de su naturaleza, para que sucediendo su muerte se supiese dnde se haban de hallar los herederos. Que la Justicia ordinaria con el Regidor ms antiguo y Escribano de Cabildo tuviesen conocimiento de los bienes de estos difuntos, ponindolos por inventario ante Escribano y testigos, con expresin de sus deudas activas y pasivas. Que los bienes, oro y plata se vendiesen en almoneda con fe de Escribano y su producto se pusiese en una caja de tres llaves que tuviesen Juez, Regidor y Escribano y siendo necesario se les nombrase defensor y Procurador. Que dicha Justicia tomase cuenta a todos los que tuviesen cargos de bienes de difuntos y cobrase los alcances, sin embargo de apelacin, ponindolos en la caja, y finalmente que muriendo testados con herederos o ejecutores presentes, no obrase este juzgado ms que para tomar razn de quienes fueron los herederos. XI. Estaba igualmente prevenido que este tribunal enviase a la Casa de contratacin de Sevilla (y despus de Cdiz) los caudales de estos difuntos, con nombre, apellido, lugar o naturaleza e inventario de cada uno y sus bienes, para que all se entregasen a sus herederos. Que tomndose la cuenta a los que hubieren tenido caudal de difuntos, se remitiese aquella con claridad al Consejo de Indias. Que estas Justicias inquiriesen, si los tenedores de bienes hacan fraude o perjuicio a ellos y diesen cuenta al Consejo. Y los tenedores dieran a estas Justicias cuentas con pago. Y finalmente, que cada ao se diera cuenta, y mostrase al Goberna20. Herrera en la Descripcin de las Indias, cap. 29 al principio.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /205 /205 /205 /205 /205 dor de la provincia la memoria de los difuntos que hubiesen habido en l y de los bienes que tenan para que se enviasen a Sevilla y se entregaran a sus herederos. XII. Este era el conocimiento que competa a los Jueces, que designaban anualmente los Cabildos de la Isla para el de difuntos, y para defensores y depositarios de los bienes hacan el segundo nombramiento que queda expuesto, por no haber entonces Regidor que gozase la calidad de Depositario general. Pero para los distritos gobernados por Reales Audiencias estaba mandado21 que cada ao fuese Juez de difuntos un Oidor sucesivamente por turno, el cual enviase por el distrito sus Comisarios a tomar cuenta a los tenedores, y que se hiciese cargo a los Oidores en las visitas, si hubiera omisin en ello. El Procurador y Diputado que igualmente nombraban ejercan las mismas funciones que hoy, con respecto a la diversa cultura y proporciones, de aquellos y estos tiempos.Captulo III Vulvese a tratar del valor de la moneda, y se trae la real sobre-carta del asunto, y de la prevencin y defensa, con motivo de la guerra y piratas: y otros acuerdos, con la eleccin del Ilustrsimo UrangoI. Desde los principios del mismo ao de 1551, volvi a embarazarse el Ayuntamiento de La Habana sobre el valor de las monedas. En el Cabildo de 31 de enero, movi el Gobernador este punto, como si hubiese quedado irresoluto, y los Alcaldes y Regidores expusieron abiertamente el dictamen de tener por justo y til al Comn que se cumpliese la orden Soberana y arreglase la moneda a razn de treinta y cuatro maraveds el real. II. No mova el asunto el Gobernador con el debido objeto de buscar la verdad que ignoraba, sino con el malicioso de descubrir el acuerdo del Ayuntamiento, o de poner lo justo en cuestin para hacer dudoso lo cierto. Y como hall a favor de la justicia todo el Cabildo, procur oscurecerla con razones. Dijo pues: “que admitido este menos valor de la moneda, sera causa de que se pusiesen muy caros los mantenimientos, porque en la Isla, no se sacaba oro ni plata. Que corriendo en Cartagena y dems islas razon de cuarenta y cuatro maravedises el real, si en la de Cuba se pona por treinta y cuatro, extraeran de ella los comerciantes toda la moneda para lucrar en su conduccion dichos parajes los diez maravedises que tena de aumento y de faltar el dinero se seguira mucho dao los pobres, por 21. El mismo Herrera all.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 206\ 206\ 206\ 206\ 206\ cuyas razones era de sentir quedase corriendo por los cuarenta y cuatro maravedises que hasta entonces.” III. Mas como el comn de votos era decisin al cumplimiento de la orden de S. M., parcenos que se accedi a ello, aunque no consta de estos Cabildos, porque en otro posterior22 se halla representado por el mismo Gobernador: “que causa de correr razon de treinta y cuatro maravedises el real, los transeuntes compraban este respecto el oro y plata que habia en la Isla, y lo conducian donde tenia mas valor, con lucro particular y dao del Comun que quedara exhausto de oro y plata.” Y con este motivo se acord prohibir y prohibi la extraccin de estos metales en bruto ni amonedados, sin previa licencia del Gobernador, cuyo conocimiento poda evitar el dao cuando lo previese. Qued en fin cerrado este asunto a principios del ao siguiente, con la recepcin de la Real23 sobrecarta, cuya letra es: IV. “D. Crlos por la Divina clemencia, Emperador siempre augusto, Rey de Alemania, D Juana su madre y el mismo D. Crlos por la misma gracia; Reyes de Castilla, de Leon, de Aragon, de las dos Sicilias, de Jerusalem, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valenca, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdea, de Crdova, de Crcega, de Murcia, de Jaen, de los Algarves, de Algeciras, de Gibraltar, de las islas Canarias, de las Indias, Islas y Tierra firme del mar Occano, Conde de Flandes y de Tirol, &. A vos el Dr. Angulo, nuestro Gobernador de la isla de Cuba, vuestro Lugarteniente, en la villa y puerto de San Cristbal de la Habana de la dicha Isla, y otro cualquier nuestro Gobernador Juez de residencia, que es fuere de la dicha Isla, y vos los Alcaldes ordinarios y Justicias, as de la dicha villa de la Habana como de los otros pueblos de la Isla, y cada uno de cualquiera de vos, quien esta nuestra carta fuere demostrada, salud y gracia: Bien sabeis debeis saber como Nos mandamos dar y dimos una nuestra Carta y Provision Real, sellada con nuestro sello y librada de los del nuestro Consejo de las Indias, su tenor de la cual es este que sigue: —D. Crlos, & (Aqu se inserta la Real cdula de dos de septiembre de 1549, supra expuesta y sigue.) Con la cual dicha Provision incorporada parece que fuisteis requerido vos el dicho Dr. Angulo, Gobernador de la dicha Isla y vasallos y Regidores de la dicha villa de la Habana, estando juntos en Cabildo y respondsteis que la obedecades, y en cuanto al cumplimiento de ella, verades lo que mas conviniese nuestro servicio y bien y pr de la dicha villa de S. Cristobal de la Habana y harades lo que fuese justicia, cerca de lo contenido en la dicha Provision: despues de lo cual, por vos el dicho Dr. Angulo parece que fu mandado los dichos Alcaldes y Regidores que sobre ello diesen sus votos y pareceres como mas viesen que convenia nuestro servicio y bien de la dicha Isla, y en 22. En el de 10 de mayo de 1551. 23. Se recibi en el Cabildo de 14 de mayo de 1552.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /207 /207 /207 /207 /207 cumplimiento de ello, los dichos Alcaldes y Regidores de la dicha Villa, dieron ciertos votos y pareceres, diciendo que de bajar los reales treinta y cuatro maravedises cada uno, venia gran dao y perjuicio esa dicha Isla, mayormente la gente pobre y necesitada, porque bajndose la moneda se subirian los mantenimientos; y que valiendo en Santo Domingo y en Cartagena y en otras partes los dichos reales cuarenta y cuatro maravedises, sera ocasion para que no quedase real en esta tierra y que se sacarian de ella, y que los traerian por via de trato y grangera los que quisiesen hacerlo y que demas de esto era en perjuicio de nuestro Almojarifazgo, y que por esta causa y otras contenidas en los dichos votos eran de parecer que lo suplicase la dicha Provision, y siendo todo visto por vos dicho Dr. Angulo y expresando otras causas mandasteis sobreseer la ejecucion y cumplimiento de ella, hasta tanto que Nos fusemos informados de lo que pasaba, y que visto y entendido lo que se decia sobre ello, si Nos fusemos servidos de mandar otra cosa, aquello estarades pronto de mandar y cumplir segun y como os fuese mandado, como todo ello Nos const por el testimonio de las dichas vuestras respuestas y pareceres de que ante Nos en el nuestro Consejo de las Indias fu hecha presentacion; y agora Juan de Oribe, en nombre de la dicha villa de S. Cristobal de la Habana y de los otros dichos pueblos de la dicha isla de Cuba, nos ha hecho relacion que n solamente no habeis querido guardar, ni cumplir lo contenido en la dicha nuestra carta, pues yendo contra lo por ella dispuesto y mandado, hicsteis pregonar de nuevo que los reales y tostones, y medios tostones de la Nueva Espaa valiesen en esa Isla, razon de cuarenta y cuatro maravedises, como as mismo constaba por el dicho testimonio, lo cual era total destruccion de la dicha Isla, y en perjuicio de nuestros sbditos, y contra las Leyes y Pragmticas de nuestros Reinos suplicndonos, vos mandsemos que sin embargo de lo susodicho y sin poner otras excusas, guardsedes cumplisedes lo contenido en la dicha nuestra Provision suso incorporada, mandndole dar nuestra sobrecarta de ella con mayores penas, como la nuestra merced fuese: lo cual visto por los del dicho nuestro Consejo, juntamente con el testimonio de lo que ans respondisteis la dicha nuestra Provision, fu acordado, que sin embargo de la dicha vuestra respuesta, debiamos mandar esta nuestra sobrecarta para vos la dicha razon, y Nos tuvmoslo por bien, por la cual vos mandamos todos cada uno de vos, segun dicho es que veais la dicha nuestra carta que de suso v incorporada la guardeis, cumplais ejecuteis, hagais guardar, cumplir ejecutar en todo por todo como en ella se contiene declara contra el tenor forma de ella, ni de lo en ella contenido, no vais, ni paseis, ni consintais ir, ni pasar en manera alguna, so pena de nuestra merced de cien mil maravedises para la Cmara. Dada en la villa de Valladolid 20 dias del mes de Julio de 1551.—Yo la Reina.—Yo Juan de Samano, Secretario de sus Cesreas y Catlicas Magestades la hice escribir por mandado de S. A. en su nombre.—Rubricada.”

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 208\ 208\ 208\ 208\ 208\ V. Continubase el fomento de las villas, y la de La Habana, trataba particularmente de concluir su Iglesia parroquial. Hzose cargo de su albailera el alarife y cantero Miguel de guila, contratando la paga de sus manos por cantidad de 375 pesos y haciendo obligacin autntica24 para su cumplimiento. Nombr el Gobernador por su Teniente en el Gobierno a Juan de Rojas25 y por los unos y otros se consultaron y proveyeron los dems asuntos menores del bien pblico. VI. Con motivo de haber declarado en Bruselas S. M. Cesrea y Catlica, la guerra contra la Francia, en este mismo ao se volvieron a inundar los mares de Europa e Indias de tantos corsarios y piratas franceses, que oblig a que el Prncipe don Felipe, su hijo,26 viniese a la Corte de Espaa a proveer el remedio. Llegaron los insultos que cometan en Indias a la noticia del Gobernador de La Habana, quien la comunic a su Cabildo27 y se acord fortificar el puerto, aprontar gente de a caballo, doblar las centinelas en el castillo de la Fuerza, y que en el paraje nombrado el Morro (punta de tierra en que despus se construy el castillo de su nombre) se pusiesen vigas. VII. Tambin se dispuso que en la playa fronteriza a dicho paraje del Morro, que ya se denominaba la Punta (aunque tampoco tena fortaleza) se levantase bastin coronado de la posible artillera, por ser paraje sondable, y en que ya se tena la experiencia, de haber dado fondo y desembarcado el ao de 1547, el corsario Roberto Baal. Para este fin se compraron a Juan de Rojas cuatro pasamuros con sus cmaras en cantidad de cien pesos todos28 y con ellos se fortific dicho bastin, quedando competentemente resguardada la Villa y su puerto. VIII. Pero cuando se aseguraba de los enemigos extraos, parece que no poda defenderse de los propios, porque el Gobernador perjudicaba al Comn con sus providencias y pasiones, y la guerra que tema por fuera se hizo civil entre este y el Cabildo, labrando desde este ao en sus pechos, los incendios que brotaron al siguiente y vamos a exponer. IX. Entre tanto conviene advertir que por la renuncia que haba hecho del Obispado de Cuba el Ilustrsimo Doctor Fray Diego Sarmiento, fue electo a l en este ao, el Doctor don Fernando de Urango, natural de Azpeitia en Guipzcoa. Vino este Seor efectivamente a su Silla, y en ella provey el remedio de muchas cosas que lo necesitaban y de que daremos algunas noticias en adelante, remitindonos en lo dems a las que en su vida refiere nuestro Ilustrsimo Seor Morell. 24. Consta del Cabildo de 6 de febrero de este ao. 25. Consta del Cabildo de 26 de dicho mes. 26. Crdenas Cano, Ensayo de Florida, ao de 1551. 27. En el Cabildo de 30 de abril. 28. Consta del Cabildo de 26 de agosto de 1552 en que se le mandan pagar.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /209 /209 /209 /209 /209Captulo IV Trata del cobro de diezmos: de lo que el Cabildo de La Habana inform a la Real Audiencia contra el Gobernador, y del establecimiento de arbitrios para Propios, sobre cargas y descargas de embarcacionesI. An no desembozados los sentimientos interiores, concurrieron uniformes a Cabildo el Gobernador, Justicia y Regimiento, el da 1 de este ao de 1552, y con asistencia y votos del pueblo, eligieron (como en el anterior) por Alcaldes ordinarios a Francisco de Yevenes y a Diego de Soto; y por Regidores aojos al Licenciado Almendaris y a Pedro Blasco; en el sucesivo Cabildo de 15 de enero, se nombr por Procurador general a Alonso de Rojas, por Oficiales Reales al Alcalde Diego de Soto y Regidor Pedro Blasco, y para el Juzgado de difuntos a los mismos Soto y Blasco. II. Corra el remate y cobro de los diezmos de toda la Isla, a cargo de los Oficiales Reales que an residan en la ciudad de Santiago, como principales nombrados por el Rey y ramo de su Real Hacienda, en virtud de la donacin Pontificia, que exornaron graves de nuestros autores;29 pero omisos aquellos en el cumplimiento de este cargo, haban dejado sin rematar el ao prximo pasado los correspondientes al partido de La Habana. Y con este motivo, incitado el Cabildo por el Cura y Provisor de ella, Francisco de Ledesma acord30 con su ascenso, que el mismo Provisor, asociado del Regidor Pedro Blasco (que como se ha dicho haca de Oficial Real) procurasen igualarlos y cobrarlos como mejor se pudiese, a cuyo fin los autoriz con su nombramiento y facultades. III. Entre tanto que pasaba esto pblicamente, y los semblantes desmentan el interior, trat el Cabildo de capitular secretamente a su Gobernador, unironse los Alcaldes y Regidores, no en la casa de dicho Gobernador, ni en la de su Teniente, en que era costumbre hacerlo, sino en la de Pedro Velzquez31 para tratar con libertad el asunto. Aqu represent el Sndico del Comn, Alonso de Rojas, que el Doctor Angulo, su Gobernador, haca muchos agravios y perjuicios a los vecinos, porque se serva indebidamente de indios e indias, impeda la libertad de celebrar sus Cabildos a la Justicia y Regidores, trataba y comerciaba en negociaciones y compaas, y disimulaba impunes los excesos de su Alguacil Calixto Caldern, concluyendo: que para remedio comn se pidiese a la Real Audiencia del distrito, Juez de residencia contra el Gobernador, confirieron los Capitulares este asunto como de nuevo y acordaron nombrar a Francisco 29.Abreu, sobre vacantes. 30.En el Cabildo de 29 de enero. 31.Lo confes as Juan de Llovera en el Cabildo de 5 de noviembre de este ao, en que se expresa lo dems que referiremos.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 210\ 210\ 210\ 210\ 210\ Lpez, vecino de la Villa, para que pasase con poder e instruccin a la isla Espaola, a solicitar de su Real Audiencia las convenientes providencias: y habilitado de lo necesario sali a su cumplimiento. IV. Mientras daba fuego esta mina y la que penda en la Corte acerca de la Real sobrecarta, en cuanto al valor de las monedas (an no recibida) como era preciso expensar a sus agentes, Juan de Oribe y Francisco Lpez, y la Villa estaba escasa de Propios, trat el Cabildo de adelantarlos. A este fin comn (reservado el particular) se confirieron con asistencia del Gobernador los medios de proveer de Propios a la Villa, porque cuando necesitaban hacer algunos gastos le era preciso echar repartimiento a los vecinos. Y en el celebrado a 14 de febrero de este ao, se acord lo siguiente. Ponmoslo a la letra, porque prevemos importar esta, para facilitar la noticia de arbitrios, menos gravosos a los vecinos y tiles al Comn y sus Propios, que puedan suscitarse con este conocimiento, dice pues: V. “Fu acordado que se arriende el cargo y descargo de los navos que vinieren a este puerto por tiempo y espacio de un ao que corra comience desde 1 de Marzo de este presente ao32 los aos los ms en que se arrendaren sean para Propios del Cabildo de esta dicha Villa la manera que lo es el cargo y descargo de la plata de la ciudad de Santiago, por Cdula merced que de S. M. para ello tiene las condiciones con que se ha de arrendar la dicha renta del dicho cargo y descargo, y el arancel por donde ha de cobrar los derechos el arrendador son las siguientes:” VI. “Primeramente que las mercaderas que los vecinos de esta dicha Villa trajeren, teniendo los tales vecinos, negros propios suyos con que lo pueda descargar cargar, que lo puedan hacer libremente, si no los tuviere, que cargue descargue con el arrendador, con las condiciones de este arancel.” VII. “Item: es condicion que si algunos vecinos de esta Villa, tuvieren compaa con algun hombre que no fuere vecino de esta Isla que trajere mercadera: que la gente que fuere de tal compaero forastero sea obligado la carga y descarga con la gente del arrendador conforme al arancel.” VIII. “Item: es condicion que los maestros que quisieren cargar bastimentos para provision de sus navos, s con su gente no lo hicieren, que sea con la del arrendador, no con otra pague conforme este arancel.” IX. “Item: es condicion que los vecinos de esta Villa no sean osados con sus bestias ni negros, ni de otra manera cargar ni descargar cosa ninguna de los que este puerto vinieren, si no fueren las suyas y propias, como 32. Est roto el original.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /211 /211 /211 /211 /211 dicho es, so pena que todo lo que se le diere por la tal carga descarga, lo vuelva al arrendador con el doble, y si lo llevare sin permiso, por cada carga pague un peso al tal arrendador, si algun negro sin la de su amo lo hiciere, vuelva lo que le dieron al arrendador le sean dados doscientos azotes, los cuales le sean perdonados, si el tal amo pusiere el doble al tal arrendador como dicho es. E los derechos que se han de llevar son los siguientes:” X. “Primeramente de una pipa de vino: cuatro reales y ha de ir riesgo del arrendador dalla arrumada.” XI. “Item: de una pipa de harina, tres reales dalla arrumada.” XII. “Item: Por un barril quintal o mas de vizcocho jabon, de pasas, higos otra que sea mercadera de peso de un quintal, un real de plata.” XIII. “Item: por un cuarto de tonelada de harina vizcocho otra cualquiera mercadera, real medio.” XIV. “Item: por una caja de siete palmos de cualquiera mercadera, cuatro reales, si fuere la tal caja de ocho palmos para arriba, cinco reales.” XV. “Por la caja de cinco palmos, hasta seis, tres reales. Por una petaca de ropa de vizcochos, real y medio. Por una cama de un colchon frazada almohada de un hombre, un real, si fuere de dos colchones dos reales.” XVI. “Por cualesquier carga que la pueda llevar un negro, un real.” XVII. “Por cuatro botijas de aceite, un real, entindase que se han de llevar riesgo del arrendador.” XVIII. “Por una botija perulera llena, un real ha de llevarse riesgo del arrendador.” XIX. “Item: por llevar un fardo de ruan, de ango, de otro cualesquiera lienzo, dos reales.” XX. “Por cada cuero vacuno, chico grande, un cuartillo de real de plata. E fecho por su merced, el dicho Sr. Gobernador, Justicia Regidores, las dichas condiciones arancel de suso contenido, lo firmaron de sus nombres.—Dr. Angulo.—Juan de Rojas.— Ante m, Francisco Prez de Borroto, Escribano de Gobierno.” XXI. Parece que se puso en ejecucin el remate de este arbitrio por diligencias separadas, porque no consta de los Cabildos inmediatos resulta alguna de l. Con todo, hallamos repetidamente arrendado este arbitrio en muchos aos sucesivos, hasta que cesa sin saber la causa. Juzgamos til su revivencia, porque rindiendo a los propios, sin dao emergente de alguno arregla al mismo tiempo los derechos, evitando que los cargadores sean extorsionados a voluntad de los peones, como ahora lo son.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 212\ 212\ 212\ 212\ 212\Captulo V Aumntase la discordia entre el Gobernador y Ayuntamiento, con el recibimiento de la real sobre-carta y reales provisiones de la Audiencia, de que suplica el Gobernador, y se refiere lo ocurrido entre este y un CabildoI. Dejamos apuntado que en el Cabildo de 14 de mayo de este ao, se recibi la Real sobrecarta que mandaba observar en la Isla, el intrnseco valor de la moneda, aunque la colocamos en el antecedente por no disgregar ms su materia. Recibida, pues, y obedecida, se mand unnimemente observar, pero como el Gobernador Doctor Angulo toc patentemente en ella, el informe que contra su proceder haban hecho los Regidores a S. M. qued interiormente resentido de ellos. II. Sobre esta preparacin recayeron las Provisiones de la Real Audiencia que obtuvo Francisco Lpez, y se fueron intimando por el Escribano de Cabildo33 y ante testigos, una sobre otra al mismo Gobernador. En la primera le mandaba S. A. “que inmediatamente que se le notificara saliese de la villa de la Habana, dejando en quietud sus vecinos, y se fuese residir la ciudad de Santiago, cabecera de su Cabildo, sin que lo difiriese con recurso ni pretexto alguno, so pena de dos mil pesos para la Real Cmara, y apercibimiento de que en su inobediencia enviara S. A. Juez de la Audiencia, para que se le tomase residencia, y ejecutase la pena pecuniaria.” Con esta, avis al Cabildo su apoderado Francisco Lpez y el Licenciado Estvez, Fiscal de la Audiencia, que esta se haba detenido en mandar desde luego Juez de residencia, por hallarse con alguna noticia de haberlo nombrado ya el Supremo Consejo de Indias. Y ello es cierto que por estos tiempos gozaban las Reales Audiencias esta facultad de despachar Jueces de residencia34 contra los Gobernadores, pero el nuestro Doctor Gonzalo Prez de Angulo, respondi a su intimacin que suplicaba de ella, sin embargo de la delegacin de recursos y qued residiendo en La Habana. III. Se le notific igualmente la segunda Provisin Real, en que S. A. le ordenaba “que no se sirviese de indios ni de indias, naturales, ni forasteras, bajo de igual pena”. A esta expuso tambin que suplicaba, mediante haberse obtenido con el vicio de obrepcin o falsas presas, pues lo era, el que se sirviese de tales indios. IV. Siguironsele intimando la tercera, en que se le prohiba “tratar y contratar en el distrito de su Gobierno mandndole rescindir las compa33.Consta de la relacin que hicieron los Regidores en el Cabildo celebrado a 5 de noviembre de este ao porque las Reales Provisiones, no se hallan. 34.Constar de los hechos sucesivos de esta historia y lo trae Antonio Herrera en la General de Indias, dc. 7, folio 11, columna 2.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /213 /213 /213 /213 /213 as que tena para venta de mercaderas”. La cuarta, en que se le ordenaba “dejase la Justicia y Regidores celebrar libremente sus Cabildos”. La quinta, que le prevena “no dejase salir de la Isla su ministro, Calixto Calderon, hasta que fuese residenciado sobre los agravios que le atribuan”. Y la sexta, para que “no incomodase los Capitulares, por haber dirigido este recurso S. A.” V. Estos repetidos golpes irritaron el nimo del Gobernador, pero no le hicieron cumplir por entonces todos los preceptos, porque aunque ofreci no tratar, continu en las mismas negociaciones y dej en los propios desrdenes a su ministro. Los Capitulares celebraron en aquellos das muy pocos Cabildos lo que hace presumir que el Gobernador estaba airado, y excusaban las ocasiones de presentrsele: pero adelantndosele los das hasta el 5 de noviembre y viendo que el Doctor Angulo no ejecutaba cosa alguna de lo mandado por S. A. procuraron tomar acuerdo. VI. Para ello se unieron a Cabildo en la Crcel pblica el da 5 de noviembre el Alcalde Diego de Soto y los Regidores Juan de Lobera, Antonio de la Torre y Licenciado Almendariz con el Sndico Alonso de Rojas y el Escribano del Ayuntamiento. All comenzaron a referir cuanto dejamos expuesto, iniciando un Cabildo que extenda el Escribano con dicha relacin en estilo de prembulo para descansar y legitimar sobre l la resolucin o recurso que conviniese. Pero antes de llegar al acuerdo, el Gobernador (que deba tener espas de sus movimientos) noticiado de este se les entr repentinamente en la pieza de la Crcel, en que conferan, y los hall en el acto, que no pudieron disimular. VII. Acompaaban al Gobernador su Teniente Juan de Rojas y el otro Alcalde ordinario Francisco Yevenes (que deba de ser de su contemplacin), su alguacil Calixto Caldern y Alonso Toledo, vecino: y precedidas las correspondientes cortesas, sentados los que deban y tomando la voz el Gobernador, dijo: (e hizo escribir a continuacin de lo que asentaron los primeros): “Que los precitados Diego de Soto, Alcalde, Juan de Lobera, Antonio de la Torre y el Ldo. Almendariz, Regidores, se juntaban hacer Cabildos en lugares que no era costumbre, ni donde se usaba celebrarlos, y que actualmente lo practicaban en la Crcel de que se recrecan muchos inconvenientes y despues de esta novedad mas alborotos, por cuanto se acostumbraban celebrar dichos Cabildos en la casa del mismo Gobernador, por lo cual les mandaba so pena de las vidas y de perdimiento de sus bienes, aplicados la Cmara de S. M., que para todos los Cabildos que se hubieran de hacer, se juntasen en su casa, como siempre lo haban acostumbrado y se sola hacer, so dicha pena”, lo cual firm de la mano y autoriz de Escribano. VIII. Los celebrantes del Cabildo respondieron al Gobernador (escribiendo igualmente): “Que ya les constaban las providencias de S. A. que se le haban notificado, y que por ellas le mandaba dejase celebrar sus Cabil-

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 214\ 214\ 214\ 214\ 214\ dos la Justicia y Regidores, lo que no haba obedecido, antes quebrantaba en la prohibicion que ahora les impona. Que ademas de esto haba tambien mandado la Real Audiencia por otra provision, que siempre que el Cabildo lo recusara, fuese obligado asociarse, y si apelara, le oyese las apelaciones contra cuyo tenor obraba igualmente, pues habindole recusado el Procurador general de la Villa, proceda por s solo imponerles la mencionada prohibicion y pena que por esta causa padeca el vicio de nulidad; ademas de que lo que los jueces que obraban sin conocimiento de causa, era tambin nulo. Que aquel Cabildo lo celebraban en la Crcel que era paraje pblico y no escondido, y por tener recusados al Gobernador y al Alcalde Francisco Yevenes, entre tanto que no se acompaasen, como estaba mandado, no los conocan por sus jueces. Concluyendo en requerir al Gobernador, se asociase segn derecho y haran lo que fuese de justicia, y fin de que los dejase acabar el Cabildo comenzado, por convenir al Real servicio y tratarse en l asuntos tocantes al mismo Gobernador, que no poda segn derecho estar presente”, pidieron al Escribano extendiese esta diligencia y la firmaron de sus nombres. IX. No dndose por satisfecho el Gobernador replic: “que no impeda la libre celebracion de Cabildo, sino la calidad de hacerlos fuera del lugar acostumbrado por los inconvenientes que de ello resultaban; mediante lo cual siempre que quisiesen ayuntarse lo podan hacer en las casas de su morada por su ausencia en las de su Teniente, conforme lo haban acostumbrado, por no haber otras deputadas para ello, que hacindolo as les dejara libremente celebrar aquel Cabildo y demas convenientes, y protestaba salir de ellos en caso que por derecho hubiese lugar, que no haba tal provisin de S. A. que mandase lo que los Regidores decan. Y en cuanto su recusacion dijo, que era general y proceda de malicia, y que para las cosas de Cabildo, no era recusable generalmente su cabeza, como Gobernador y Juez principal, cuyos gages gozaba. Por lo que no la admita sobre el concepto de que siendo facultado extender cada uno su voto en el libro de Cabildo, si acaso hiciera lo que no debiese, le castigara S. M., lo que confiaba en Dios que no haba hecho, ni hara, y que en esta virtud, sin embargo de lo expuesto, repeta y ordenaba lo que tena mandado, con apercibimiento de ejecutar las penas en sus personas y bienes”. X. Concluida, extendida y firmada esta rplica, mand que el Alcalde Diego de Soto, hiciese la cruz, y recibdole juramento conforme a derecho, le pregunt: en qu parajes se acostumbraban hacer los Cabildos? a que dijo: que en las casas de los Gobernadores o sus Tenientes, y algunas veces en la de los Alcaldes o Regidores. Repreguntado por qu tiempo se haban celebrado en las de los Alcaldes o Regidores? respondi que no se acordaba. Interrogado con qu causas se haban hecho en las de los Alcaldes? expuso que por enfermedad de estos o inmediacin de ellas. Vuelto a interrogar si haba acaecido esto estando presente el Gobernador, conclu-

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /215 /215 /215 /215 /215 y en que no haca memoria. Continu el doctor Angulo las mismas diligencias con los Regidores Juan de Lobera y Antonio de la Torre, quienes contestaron con Diego de Soto, expresando abiertamente Lobera: “que no haba concurrido otro Cabildo fuera de las casas del Gobernador su Teniente, que al celebrado en la de Pedro Velzquez, fin de pedir la Real Audiencia, Juez de residencia contra el mismo Gobernador”. En vista de todo mand este al Escribano que pusiese a continuacin testimonio de la Real provisin de que se trataba sobre celebracin de Cabildos y lo firm. Pero no se puso el testimonio para que pudisemos instruirnos mejor de l. XI. Los Capitulares que no supieron o no se atrevieron a duplicar con razones, se hicieron al partido de ratificar lo expuesto, “protestando no entrar en Cabildo alguno, pues el Gobernador les impeda la libertad, y que as lo pedan por testimonio”, a lo que respondi el doctor Angulo que no impeda la libertad de celebrar Cabildos, como tena dicho, y que a los que no quisiesen concurrir los compelera como as lo mandaba. Con lo cual se puso entonces fin a la controversia. Pero antes de salir de la Crcel dijo el Regidor Juan de Lobera, “que tena noticia de que el Gobernador quera hacer viaje Santo Domingo, y que no haba dado las fianzas de su cargo, para responder en la residencia, por lo cual peda que las diera antes de ausentarse.” A esto respondi el Gobernador que las tena dadas en la ciudad de Santiago, cabecera de esta Isla, y que no era obligado a dar otras. Con que se concluy el Cabildo, saliendo de l como se debe considerar.Captulo VI Prende el Gobernador al Alcalde y a los Regidores: se ausenta a Puerto Rico, prohibiendo nuevas elecciones de Alcaldes. Reclmalo el pblico y Cabildo, requiriendo al Teniente proceda a ellasI. Las consecuencias prximas que tuvo la anterior decisin, entre el Gobernador y el Cabildo secular de la villa de La Habana, fueron el haber puesto aquel en prisin al Alcalde, Regidores y Sndico que le hacan aire, con que ces la celebracin de acuerdos. Pero temiendo el Gobernador las resultas de estos procedimientos los puso en libertad, y a fines del ao antecedente se embarc en una carabela de que era maestre Luis de Carvajal, llevando consigo la mayor parte de sus bienes y naveg para la isla de San Juan de Puerto Rico. II. Qued la Villa en paz hasta el 1 de enero del siguiente ao de 1553 en cuyo da se juntaron en la iglesia del hospital de San Felipe y Santiago (ya concluida y en la cual se celebraban los divinos oficios, por no estar an

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 216\ 216\ 216\ 216\ 216\ fenecida la Parroquial) asistieron a l, el teniente Juan de Rojas y la Justicia y Regidores del ao anterior, para las elecciones anuales que acostumbraban hacer con asistencia del Comn. Dieron votos para Regidores que se asociasen a los dos perpetuos, y salieron electos Diego de Soto y Pedro Blasco, a quin tomado el debido juramento recibi por tales el Cabildo. III. Pero tratndose de continuar la eleccin de Alcaldes ordinarios, entreg el teniente Juan de Rojas al Escribano de Cabildo, un auto de Gobernador autorizado de Diego de Espinosa, Escribano Real con prevencin de que lo leyese e intimase; hzolo as y se expres prohibir por l “que se continuasen las elecciones de Alcaldes ordinarios en el Cabildo de la villa de la Habana, porque de ello se seguan graves inconvenientes; previniendo su Teniente Gobernador que fenecido el ao recogiese las varas de justicia de los que la haban ejercido el anterior.” Y luego que fue ledo le dio cumplimiento Rojas por su parte, tomando de Francisco de Yevenes y Diego de Soto, las que deban entregar como Alcaldes anteriores, y as lo pidi por testimonio. IV. Confirieron los Regidores este asunto y acordaron se instruyese de l al Comn, que estaba presente, para lo cual, requerida su atencin, se ley en altas e inteligibles voces, el auto del Gobernador. Este, as que lo hubo entendido, clam contra l pidiendo que se apelara y guardara la costumbre de elegir jueces ordinarios, procedindose a ellas sin embargo; y que para su apelacin y respuesta al Gobernador, daban al Cabildo la ms amplia y bastante comisin que necesitasen. V. A vista de esto los Regidores como Cabildo que representaba la Villa y en virtud de la comisin particular de ella, dijeron: “que el Gobernador no era parte legtima Juez competente para impedir las elecciones de Alcaldes. Lo primero porque el fundamento que deduca por la clusula de su ttulo de Gobernador en que S. M. le daba facultad para tomar las varas de los jueces, se entenda y deba entender para suspenderlos del ejercicio de jurisdiccion, mientras le tomaba residencia y no perpetuamente, como intentaba.” VI. “Lo segundo, porque en la Villa haba Real provision de S. M. que facultaba su Cabildo estas elecciones, dando la forma de ellas y el Gobernador no poda derogar esta Real rden, obedecida y cumplida como justa. Lo tercero porque desde que la Villa estaba poblada en donde se hallaba y en otras partes donde primero lo fu, que habra 40 aos mas menos, usaron y guardaron el Cabildo y vecinos estas elecciones de Alcaldes segun la rden de S. M., que como tal y buena, deba antes que derogar, guardar y hacer guardar el Gobernador y su mandamiento contra ella.” VII. “Lo cuarto, porque haba expedido el auto sin conocimiento de causa, que siendo conminatorio padeca nulidad por falta de aquel requisito: la cual se esforzaba por haberlo pronunciado el Gobernador por s solo, estando recusado como lo estaba por el Procurador de la Villa para todos

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /217 /217 /217 /217 /217 los negocios de ella, con el juramento necesario y justa causa de procurar sombra de su autoridad asolar la Villa, afligiendo sus vecinos con las negociaciones de gneros de mercera que celebraba, y extorsiones que stas seguan para enriquecerse.” VIII. “Lo quinto, porque en lo que mandaba proceda apasionado del odio y venganza que haba concebido contra la Villa, por haber pedido S. M. y A., Juez de residencia, y por las demas Reales provisiones que haba obtenido contra l las que aunque le fueron notificadas, no di el debido obedecimiento, antes, puso en prision los Alcaldes, Regidores y Procuradores que las impetraron”. IX. “Lo sexto, porque el repetido Gobernador, temiendo las resultas de estos y otros excesos que tena cometidos, se haba embarcado en la nao de Luis Carbajal, que sali para la isla de San Juan de Puerto Rico, llevndose lo mas estimable de su hacienda partes remotas de donde no podra ser habido, y dejando aquel mandamiento para privar al pblico de la distribucion de justicia, por el medio de Alcaldes que tena adoptado, y bajo de la cual fu mejor gobernada la Villa, pues cuando estuvo en ella el Gobernador haca mal todos y andaban descontentos y tristes, y despues que sali de ella, estaban alegres y se haban reconciliado las enemistades, viviendo en paz y justicia”. X. “Lo sptimo, porque con la prohibicion de su auto despojaba al Cabildo y pueblo de hecho y contra derecho de la facultad de elegir, en cuya posesion estaba y no debiendo hacerlo conforme derecho, se lo podan resistir, como mal servidor de S. M. y escandalizador de su pblico y vasallos.” XI. “Lo octavo, porque adems de ser nulo el mandamiento, contena la clusula de ‘sin embargo de cualesquiera apelacion que se interpusiera’ la cual no poda surtir efecto alguno, porque era tirnica y usurpadora de los derechos, recursos y obediencia debida S. M., que se agregaba ser contra leyes y rdenes Reales, y costumbres pblicas, y observadas en toda la Isla Indias, cuyo manifiesto agravio lo hacan apelable por derecho divino y natural, aunque fuese auto interlocutorio y con la exclusiva de este recurso.” XII. “Lo nono, porque el mismo Gobernador estuvo presente las anteriores elecciones de los aos de 1551 y 1552 y las aprob; y ahora en venganza de lo que haban escrito S. M. y A., trataba de reprobarlas impedirlas. Y finalmente, porque se haba ausentado dejando la gobernacion, sin pedir licencia al Cabildo, ni manifestarle causa que le justificase, sin cuyos requisitos de derechos, no poda salir de su Gobierno, sino siendo un hombre que proceda tan mal”. XIII. “En fuerza de todo, concluyeron en que el mandamiento del Gobernador era nulo ipso jure y no digno de respuesta, salvo si el propio Gobernador, su Teniente, otro alguno, se hallaban con rden Real para

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 218\ 218\ 218\ 218\ 218\ que no se eligiesen los Alcaldes, que en tal caso, producindola en el Cabildo, estaban prontos hacer lo que S. M. mandase; pero que no tenindola y presentndola requeran su Teniente Juan de Rojas que no embarazase, ni perturbase la eleccion, antes la asistiese y diese su voto, como S. M. lo mandaba y se haba acostumbrado. Protestando en caso contrario, dar cuenta S. M. de cuanto pudiesen y debiesen con derecho, y que por ello no dejaran de continuar su eleccion, teniendo por mas conforme y debido dar cumplimiento las rdenes de S. M. que al injusto auto del Gobernador.” XIV. “Hicieron ltimamente cargo Rojas que si por impedir las elecciones resultaban mayores escndalos, sera responsable de ellos, y no el Cabildo ni vecinos, pues lo hacan en cumplimiento de las rdenes Soberanas y observancia de la costumbre inmemorial y justa de que estaban en posesin, y que apelaban y apelaron del mandamiento del Gobernador para ante S. M. y A., bajo cuyo amparo ponan sus personas y bienes. Y le requeran que pues estaba ausente el Gobernador, con cuyo motivo no podan interponer esta instancia ante l, y aqu era uno su Tribunal y el de su Teniente, les otorgase la apelacion volviendo protestar que su negativa la tendran por notoria violencia y agravio, aadiendo fuerza fuerza y agravio agravio; y repetan la apelacion del nuevo gravamen, pidiendo los apstoles para seguirla con todas las protestas convenientes, y la firmaron los Regidores”.Captulo VII Juan de Rojas rehusa dar voto, y el Cabildo y pueblo hacen Alcaldes, a quienes entregan las varas de justicia y se da noticia de otros acaecimientos y de los principales vecinos de La HabanaI. Es muy regular concebir que esparcida por la Villa la noticia de la pendiente disensin en el Cabildo, creciese el concurso de sus vecinos al hospital de San Felipe y Santiago, teatro de esta competencia, y que con el susurro de la misma disputa estuviese en continua expectativa de sus resultas. Y tambin lo es que el Licenciado Leonardo Almendariz, que acababa de ser uno de los Regidores discordes al Gobernador (por cuyas cualidades le consideramos autor de esta defensa), con los dems del Cabildo procurasen por todos medios atraer a su partido al Teniente del Gobernador para que accediendo a su pretensin, procediesen de mejor acuerdo a las elecciones. II. Pero Rojas (cuyos empleos, confianzas y obras, dan bastantes pruebas de ser hombre prudente y mirado) no asinti a tomar partido contra el

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /219 /219 /219 /219 /219 precepto de aquel, cuya Lugartenencia ocupaba. Por tanto en preciso cumplimiento de su ministerio, respondi, que no daba voto alguno para tales elecciones, porque no deba ir contra lo que el Gobernador determinaba. Que tampoco poda otorgar ni negar la apelacin, a causa de no juzgarse Juez competente para ello. Y que volva a requerir al Cabildo a que diese el debido cumplimiento al auto de su Gobernador y lo firm. III. Los Regidores repitieron sus recursos y protestas, y especialmente la de acogerse a la Real Provisin que les facultaba la eleccin. El Comn de vecinos presentes acalor la observancia de la costumbre, y que no se consintiese la interrupcin de ella: con que hubo de procederse de hecho a la votacin por Regidores y vecinos. Salieron electos por pluralidad de votos el Licenciado Leonardo Almendariz y Juan Gutirrez y recibindoles el Cabildo los juramentos de estilo, quedaron posesionados de la jurisdiccin ordinaria, cerrando el Cabildo que firmaron todos menos Juan de Rojas. IV. La votacin que sucesivamente se hizo en el Cabildo que acabamos de referir const de 33 vocales, Regidores y principales vecinos de La Habana que fueron: Juan de Lobera y Antonio de la Torre, regidores perpetuos; Pedro Blasco y Diego de Soto, Regidores anuales; Pedro Velzquez, Vasco Rodrguez, Baltasar Dvila, Miguel de Cuevas, Francisco de Aguilera, Nicols Nicardo, Gonzalo Recio, Diego de Crdova, Pedro Andrs, Martn de Ordas, Ambrosio Hernndez, Bartolom Garca Freire, Juan de Robledo, Juan Gutirrez, Francisco Lpez, Diego Lpez Durn, Cristbal Velzquez, Antonio Ruiz, Juan Fernndez del Moral, Alonso de Reina, Mateo Daz, Licenciado Leonardo Almendariz, Juan Daz, Francisco de Rojas, Francisco Alonso de Freire, Juan de Baona, Rodrigo Martn y Juan Snchez y Hermoso; todos vecinos. V. Hemos tenido por debida su denominacin, porque cuando mendigamos noticias menos justificadas de la antigedad, creemos que nos sera imputable la omisin de esta, que por medio tan autntico justifica los ms de los primeros y principales fundadores de La Habana. Dijimos los ms de los primeros y principales, porque no creemos que todos los principales asistiesen, por los varios accidentes que pudieron impedirlos, ni que a estos actos concurriesen los que ejercan oficios srdidos, o fuesen inferiores por su calidad. VI. De cuyo principio puede deducirse un prudente juicio acerca del estado de la poblacin de La Habana, que la supere del nmero de un mil habitantes. Porque aunque el total de vecinos excediese poco ms de setenta, pueden computarse las personas de sus familias en quinientos. Y como puerto de tanto comercio, dedicado a la agricultura y crianza con abundancia de esclavos, segn consta de otro Cabildo35 no poda dejar de contar otras quinientas personas, residentes en la villa y sus contornos. 35. Cabildo de 9 de enero.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 220\ 220\ 220\ 220\ 220\ VII. Adems de estos, debe numerarse el de indios as naturales como forasteros, pues aunque se haban menoscabado considerablemente, consta que an existan algunos naturales, y el hecho de prohibirse su servidumbre al Gobernador doctor Angulo, supone que los haba. Adems de que es tradicin que adopt como fundada nuestro Regidor Arrate que el barrio que an en La Habana conserva el nombre de Campeche (y es el ms inmediato al Arsenal), recibi esta denominacin de ser habilitado por los indios, que se trajeron hurtados de la Provincia de Campeche o islas de los Guanajos. VIII. Hecha, pues, la eleccin de Alcaldes ordinarios, calmaron las competencias de Cabildo a lo menos en lo que de sus acuerdos aparece; porque solo se halla que en el principio de este ao (en que celebraron muy pocos) nombraron por Sndico Procurador general a Francisco Lpez, el mismo que haba ido con poder de la Villa a impetrar las providencias de la Real Audiencia, contra el Gobernador, y distribuyeron como los aos antecedentes los cargos de Oficiales Reales y Juzgado de difuntos. IX. En el mes de marzo hubo noticias de andar los franceses piratas, saqueando las costas de indios; con cuyo motivo, se hicieron algunos acuerdos36 en que se trat de finalizar el bastin o trinchera que se haba levantado en la Punta, para defender este puerto; se ech repartimientos de negros entre los vecinos, para que con las herramientas correspondientes acudiesen a su trabajo, y de personas que deban custodiarlo por turnos. Se acord comprar dos pasamuros o pedreros para coronarla, completando el nmero de seis, que se tomase la plvora necesaria y lo dems conducente a la buena defensa; y con estos acuerdos que acabaron en el mes de abril, cerr el ao sin que podamos discernir, si sea porque no se celebraron ms, o porque se hayan dislocado del libro (bien deteriorado) que de ellos se conserva, aunque por los sucesivos presumimos que restituido a La Habana su Gobernador, se abstendra el Cabildo de toda concurrencia que pudiera renovar sus discordias. X. Hizo escala este ao en el puerto de La Habana una riqusima flota en que remita el Virrey de Nueva Espaa don Luis de Velazco, considerables intereses a S. M. C. para desempeo de su Erario. Surtida en La Habana de cuanto necesit para tan dilatada navegacin, dej el puerto con bonanza, y al entrar en el canal de Bahama, fue impelida de las corrientes y vientos contrarios hacia la costa de la Florida. En ella perecieron todos sus buques salvndose slo uno pequeo que llev la noticia a Veracruz37 y tres que llegaron a Sevilla. Tomaron tierra trescientos hombres de los nufragos, pero en ella despus de inmensos trabajos, perecieron a manos de los indios, escapando slo milagrosamente Fray Marcos de Mena, lego 36. Cabildos de 15 y 22 de abril. 37. Refirelo Crdenas Cano en su Ensayo de Florida, aos de 1553 y 1554.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /221 /221 /221 /221 /221 Dominico, que llev por Tampico a Mjico tan infausta noticia; al siguiente ao mand el Virrey a ngel de Villafae a buscar las riquezas de la flota de que recuper algunas, recogiendo a Francisco Vzquez uno de ella que haba permanecido oculto en aquella costa.Captulo VIII Vuelto el doctor Angulo a La Habana, gana su Cabildo hasta conseguir que pida al Rey prrroga de su Gobierno. Saquean los franceses a Guanabacoa y llega Diego MazariegosI. Restituido a La Habana el doctor Angulo en el ao prximo pasado, fue instruido de cuanto haba ocurrido en su ausencia. Toc los agravios y denigrativas expresiones que contra su proceder se haban vertido, y perpetuado en los Libros Capitulares, conoci la necesidad en que se hallaba de vindicarlos y restaurar su honor. Para ello tena la autoridad del Gobierno, pero aprendiendo ya en la experiencia propia, cunto importa unir a esta el arte y modo de obrar, procedi con mejor cautela a proporcionar el fin. II. El primer paso en que fij su restauracin fue el de excluir del Regimiento de La Habana a sus mulos, e introducir y actuar la representacin de sus aliados. Celebr su primer Cabildo de este ao 1554 con slo los Regidores perpetuos Juan de Lovera, Antonio de la Torre y el pueblo, y logr en l que se eligiesen Regidores anuales a sus fieles amigos Juan de Rojas y Juan Gutirrez. Rojas se excus de aceptar este nombramiento, sin que se exprese la causa que atribuy a slo sus ocupaciones, aunque se hace verosmil que fue por no tomar el partido del Comn, contra el Gobernador, ni de este contra aquel. Hzole intimar el doctor Angulo que obedeciese bajo la pena de un mil pesos,38 a que respondi que era obediente, pero que no poda aceptar, y viendo su renuncia le mand el Gobernador preso a su casa, con pena de quinientos pesos si sala de ella. III. Continuada la eleccin con este Cabildo y pueblo, salieron electos para Alcaldes ordinarios, Pedro Blasco y Juan de Inestrosa, de los cuales acept y jur el primero, pero el segundo hizo renuncia, protestando haber tenido otros empleos de Justicia de que an no haba dado residencia. El Gobernador le mand y conmin a que aceptase y jurase, y aunque permaneca arrestado en su casa, llamndole a Cabildo, despus de cinco das39obedeci y acept. 38. Cabildo de 1 de enero de 1554. 39. En el de 5 del mismo enero.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 222\ 222\ 222\ 222\ 222\ IV. Esta renuncia y en la que persisti Juan de Rojas (quien nunca acept el Regimiento) nos persuade a creer que los acuerdos y disposiciones que se proyectaban en aquel ao, a favor del Gobernador, eran perjudiciales al pblico. Porque slo esta justa atencin, pudo detener a Rojas e Inestrosa en aceptar unos encargos que por aquellos tiempos casi no salan de sus manos: principalmente, cuando se interesaba en ello un Gobernador, a quien deban la gratitud de haberlos distinguido, nombrndolos por sus Tenientes. Y segn presumimos de las faltas de Cabildos en el resto del ao antecedente, no haber asistido en el de elecciones de este, los Alcaldes que finalizaban; haberse ausentado de la Villa el Licenciado Leonardo Almendariz, uno de ellos y de los principales mulos del Gobernador; y hacer resistencia los dichos Rojas e Inestrosa, a tener voz alguna en el gobierno de aquel ao; nos parece que da bastante margen a creer que este Gobernador, luego que se restituy a la villa de La Habana, usando el despotismo a que propenda el mal uso de sus facultades, en una distancia de tan difciles recursos al Soberano y tardos a S. A., depuso a los Alcaldes que se haban elegido contra la prohibicin de su auto, y trat de confundir a los mulos y de aliarse con los que desmintiesen por el medio de su adulacin, la verdad y justicia, arbitrio torpe, pero que tiene muchos ejemplares en estos Reinos. V. Perseguido Almendariz y sus parciales, deliber aquel pasar por remedio a la Real Audiencia de la isla Espaola, donde estableci su queja, y creyendo an sostenido su partido en La Habana, escribi a su Cabildo tener facilitado, se despachase Juez de residencia contra el Gobernador. Lleg esta noticia a principios de abril, y como haba variado el teatro componindose el Ayuntamiento de dependientes del doctor Angulo, se trat sobre ella en Cabildo40 y acord nombrar a Juan de Herrera, para que fuese con poder del Ayuntamiento (que se le confiri) a contradecir en la misma Real Audiencia la pretensin de Juez de residencia, y representando a S. A. que ya el Gobernador estaba muy bueno y todo muy pacfico. VI. No par en esto la pretensin del doctor Angulo, pues a pocos pasos del ao, obtuvo que el Ayuntamiento de La Habana acordara41 remitir poder a la Corte para que Juan de Oribe pidiera a S. M. en nombre de la Villa (entre otras cosas) se dignase prorrogar al repetido doctor Angulo, el tiempo de su Gobierno con residencia en La Habana, por el buen estado de defensa en que la haba puesto, y por lo mucho que protega a los indios. As qued desairado y fuera de su casa el Licenciado Leonardo Almendariz, siendo el primer individuo que entre los muchos que tocar en lo sucesivo esta historia, nos da ejemplo para no hacer frente contra las justas o injustas determinaciones de los Gobernadores, sino imitar la prudencia de Juan 40. En el Cabildo de 10 de abril de 1554. 41. En el Cabildo de 22 de junio de este ao.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /223 /223 /223 /223 /223 de Rojas, sufriendo ms bien una prisin domstica, por no tomar partido entre la justicia y Superior que padecer persecuciones por lo que no hay facultades ni proporcin de remediar. VII. En el resto de este ao de 1554 slo se trat (digno de memoria) en fortificar el puerto de La Habana, obedeciendo la Real cdula que se expuso42 haberse dirigido a la villa para este fin. Sobre la disposicin en que andaban los indios despus que el Rey les haba concedido entera libertad, sin pueblo, religin ni poltica, que el Gobernador los haba mandado unir, y para este fin se haca necesario asignarles terreno, donde pudiesen con comodidad tener pueblo y estancias y se acord43 reconocer cul fuese ms a propsito y conveniente para ello, con cuya instruccin se proveera. VIII. Tampoco se halla en el siguiente ao de 1555 otra cosa digna de memoria, que la invasin padecida por piratas franceses. A fines de l se unieron el Gobernador Juan de Inestrosa, y Juan Gutirrez (Alcaldes del ao) con los Regidores de La Habana, y encabezando Cabildo44 en el pueblo de indios de Guanabacoa, asentaron haberse padecido saqueo de piratas franceses, aunque lo hacan sin individuar si en La Habana, o en el citado pueblo de Guanabacoa; por las circunstancias, creemos que fuese en este. Acordaron, pues, que respecto a hallarse en el puerto de Matanzas unos navos que pasaban para Europa, se diese cuenta de este infortunio a S. M. a fin de que se dignara proveer de remedio nombrando el Alcalde Inestrosa para que dirigiese la carta. IX. Inici lleno de satisfacciones el doctor Angulo el ao 1556, obteniendo del Cabildo la eleccin de Alcaldes a favor de sus confidentes, cuando repentinamente se present en el puerto de La Habana una embarcacin que conduca a Diego de Mazariegos, su Juez de residencia y sucesor del Gobierno. Recibido con la urbanidad y poltica correspondientes salt en tierra, produjo sus despachos y posesionado del Gobierno en el Cabildo de 5 de marzo de este ao le entreg Angulo la vara de justicia. Despus del citado Mazariegos continuaron los Gobernadores recibindose y residiendo en La Habana, segn consta indubitablemente de sus archivos, y lo que expondremos. Esta aunque voluntaria mutacin por memorable lo consideramos causativa de propia poca, y la tenemos por suficiente, adivinada en la segunda para mayor claridad de la obra. 42. En el de 18 de mayo. 43. En el Cabildo de 12 de diciembre de 1555. 44. En el Cabildo de la misma fecha.

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RELACI"N DE LOS C RELACI"N DE LOS C RELACI"N DE LOS C RELACI"N DE LOS C RELACI"N DE LOS C ASOS NOT ASOS NOT ASOS NOT ASOS NOT ASOS NOT ABLES ABLES ABLES ABLES ABLES EN QUE EL PRIMER NMERO INDIC EN QUE EL PRIMER NMERO INDIC EN QUE EL PRIMER NMERO INDIC EN QUE EL PRIMER NMERO INDIC EN QUE EL PRIMER NMERO INDIC A EL LIBRO A EL LIBRO A EL LIBRO A EL LIBRO A EL LIBRO EL SEGUNDO EL CAPTULO Y EL TERCERO EL SEGUNDO EL CAPTULO Y EL TERCERO EL SEGUNDO EL CAPTULO Y EL TERCERO EL SEGUNDO EL CAPTULO Y EL TERCERO EL SEGUNDO EL CAPTULO Y EL TERCERO EL PRRAFO EL PRRAFO EL PRRAFO EL PRRAFO EL PRRAFO — A —Adelantado el primer ttulo de tal a don Bartolom Coln, 1, 5, 2. Adriano Cardenal Gobernador de Espaa, 2, 14, 1. —Fue ascendido a la Tiara, 2. —Concedi la creacin de Catedral en Cuba, 2, 15, 3. Aguijonal ro de Cuba, 1, 8, 7. Aguas o lluvias continuas en Cuba, 1, 9, 4. —La que gozaba La Habana en sus principios, 5, 3, 4. —Su provisin del ro, 5 y siguiente. —La conduccin de ella de la Chorrera a La Habana, 7. —Real cdula para traerla, 5, 4, 16. —Trabajo de su zanja y lo que vala, 6, 1, 10. Alcaldes ordinarios que presencien los Cabildos, 3, 1, 5. Algodn frtil y abundante en Cuba y uso de los naturales, 1, 2, 8.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 226\ 226\ 226\ 226\ 226\ Alejandro VI se congratula del descubrimiento de las Indias en su Pontificado, 1, 3, 4. —Expide a favor de S. M. la Bula inter cetera, 5. — Confirma la posesin de Indias dividindolas del portugus, 6. Alejandro Macedonio fatigado por conquistas, 1, 1, 7. Alibamo fuerte de indios en Florida, 4, 9, 1. Almas grandes cra Dios para obras iguales y para la conquista de las Indias las de Coln, Velzquez, Corts y Pizarro, 1, 1, 2. —Su inmortalidad la confiesan los naturales de Cuba, 1, 4, 9. Almendaris paso del ro de la Chorrera, 5, 3, 5. Almidn se hace en Cuba de la yuca, 1, 9, 5. Almirante que importe su denominacin, 1, 1, 8. Almojarifazgo no pagan los vecinos de Cuba, 2, 4, 6. Alonso Snchez de Huelva corre una tempestad, llega a las Indias que no reconoce, vuelve a la isla de Madera donde muere, y deja a Coln sus derroteros, 1, 1, 3. Alonso de Ojeda viene a las Indias de descubridor, 1, 5, 3. —Lo hace de la provincia de Venezuela, de all arriba a Sagua, en Cuba, sus trabajos, mas deja la devocin de Mara Santsima, 1, 6, 6 y siguientes. Alonso de Reino vecino de La Habana, 6, 7, 4. Alonso Gonzlez clrigo, 2, 9, 1. Alonso Hernndez apoderado de Hernn Corts, 2, 14, 1. Alonso Dvila apoderado de Corts, 2, 14, 1. —Capitn de barco, 2, 9, 5. Alonso de Aguilar electo Alcalde ordinario, 6, 2, 2. —Oficial Real, 5. Alonso Dvila 2, 11, 7. Alonso Hernndez de Portocarrero 2, 11, 7. Alonso de Zuazo Juez de residencia contra Velzquez, 2, 13, 3, se manda residenciar, 2, 16, 7. Alonso de Rojas Procurador general, 6, 4, 1. Altamirano (Licenciado) nombrado Juez de residencia para Cuba, 2, 16, 7; se somete a Guzmn, 3, 2, 1. lvaro Nez Tesorero de Narvez, baja a Trinidad, 2, 2, 3. lvaro de la Cerda Capitn de Narvez, 3, 4, 1.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /227 /227 /227 /227 /227 Amador de Lares primer Contador del Rey, 2, 11, 2. Ambrosio Hernndez vecino de La Habana, 6, 7, 4. Amrico Vespucio viene a las Indias con Ojeda, se atribuye su descubrimiento y les da el nombre de Amrica, 1, 5, 3. —Vindica esta usurpacin el seor Solrzano, y nosotros en el 2, 9, 10. Anaxa indio, su respuesta, 3, 5, 5. Anaxarco su filosofa haca posible otros mundos, 1, 1, 6. Andrs Duero pasa con Velzquez a Cuba, 2, 1, 4. —Primer criador de ganado de Bacuranao, 2, 2, 2. —Se interesa por el perdn de Corts, 2, 3, 5. —Hace a favor de este, 2, 11, 2. —Llega a la Corte, 2, 14, 1. Angel de Villafae viene a recoger los efectos de la flota, 6, 7, 10. Angulo y Garca Caro siguen a Corts, 2, 11, 10. Animales que hay en Cuba, 1, 9, 10. nimos grandes, crecen a vista de la magnitud de lo que emprenden, 1, 1, 5. Antidiluvianos no fueron los indios, 1, 10, 8. Antgona isla que descubre Coln, 1, 3, 7. Antn de Alaminos descubre el canal de Bahama, 5, 1, 4. Antonio Sols corrgesele una errata con dolor, 2, 11, 5. Antonio de la Torre Regidor de La Habana, 6, 1, 7. —Nombrado por el Rey, 6, 2, 3; asociado del Oficial Real, 5. —Uno de los vecinos de La Habana, 6, 7. 4. Antonio de Chvez su recibimiento al Gobierno de Cuba, 5, 3, 3. —Da cuenta al Rey de varios asuntos, 5, 4, 12; recibe Real cdula para su decisin, 13. Antonio Ruiz vecino de La Habana, 6, 7, 4. Antonio Velzquez 2, 11, 1. Antonio Lema dio algunas noticias a Coln, 1, 1, 5. Anunci el Altsimo en los indios la introduccin de la ley de gracia, 1, 1, 1. Apelacin a la Real Audiencia, llegada de sus Jueces a Santo Domingo, 2, 3, 2. —Se practicaba este grado de los Alcaldes al Gobernador, lo us Corts, 5. —Distnguense las cantidades por que se haca a la Real Audiencia, el Cabildo y al Gobernador, 3, 1, 2. —Que no se introduzca sobre encomiendas de indios de Cuba, 3, 2, 7. —Se les

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 228\ 228\ 228\ 228\ 228\ prohibi enven pesquisadores y se les concedi la decisin de competencia, 3, 4, 3. —Que la apelacin de Cabildo sea por 60,000 maraveds, 3, 6, 7. —Concdesele el grado de revista, 5, 4, l. —Se encarga el cuidado de los indios, 2 y siguientes. Arbitrios sobre carga y descarga de embarcaciones, 6, 4, 5 y siguientes. rboles y montes elevados tiles y frondosos de Cuba, 1, 9, 6 y siguientes. Areitos llamaban en Cuba a los bailes, 1, 6, 7. Arimao ro de Minas de Cuba, 1, 8, 7. —Lo manda reconocer Velzquez, 2, 6, 2. —Su cultivo se hace ver que se continu, 2, 11, 6. Aristteles culpan su incipiencia los indios, 1, 10, 6. Armamento para la conquista de Mjico, 2, 11, 2. Armas concedidas a la isla de Cuba, 2, 8, 6. —Porque le competen, 2, 16, 6. Atahualpa tirano del Per, 4, 1, 2. Atestas condenaban los indios esta secta, 1, 10, 6. Atienza trajo la caa dulce de Espaa, 1, 9, 5. Aves predijeron la venida de europeos a las Indias, 1, 1, 1; abundantes y particulares de Cuba, 1, 9, 9. Arrate ,( Jos Martn ), su pensamiento en cuanto al Gobierno de La Habana, 5, 1, 2, y 5. — B —Baile estilo con que se hacan los de Cuba, 1, 7, 5, (vase Areitos). Baltasar Dvila vecino de La Habana, 6, 7, 8. Baltasar Bermdez 2, 11, 1. Bambiallas llamaban los indios a los faisanes, 1, 9, 9. Baracoa ro que hall poblado y reconoci Coln, 1, 2, 4; modo con que se reconocieron sus naturales, 5; reconoce Coln sus costas, 6; vuelven los espaoles con indios y lo que informan y vieron, 7 y siguientes; su puerto, 1, 8, 6; su situacin, 1, 9, 2; era provincia de indios con este nombre, 1, 10, 2; pasan a ella los espaoles y hacen primera poblacin, 2, 2, 2. —Inquitanse los espaoles contra Velzquez, 2, 3, 1; deliberan, mandar a Corts a Santo Domingo, reparte Velzquez sus indios, 2, 6, 1; concdese Obispado con residencia en ella y ttulo de ciudad, 2, 8, 5.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /229 /229 /229 /229 /229 Bartolom Garca vecino de La Habana, 6, 7, 4. Bartolom Coln viene a la Espaola, 1, 5, 10; queda de Gobernador en ella y se le da ttulo de Adelantado, 2. Bartolom Olmedo comisionado por Corts para Narvez, 2, 12, 8. Bartolom de las Casas sale con Velzquez al reconocimiento de Cuba, 2, 3, 8; le deja con Narvez, 9; intercede por los bayameses, 11; quiere permutar la imagen de Nuestra Seora a un Cacique, 2, 4, 4; bautiza prvulos y procura evitar daos, 5; estimula los indios y los exhorta, 6; remedia el atentado de los espaoles en Caonao, 8; le busca un indio, 9; lo recibe y por l a los del pueblo, 10; bautiza ms indios, 2, 5, 1; comprende haber cautivas en La Habana y las manda a buscar, 2; casa las cautivas, 5; opnese a la prisin de los indios de La Habana, 7; le da Velzquez repartimiento cerca de Sagua, 2, 6, 3; se ausenta de Trinidad, 2, 8, 1; le da el Rey ttulo de Defensor de Indios, 4. Bayamo su situacin y terreno, 1, 9, 2; era provincia de indios con este nombre, 1, 10, 2. —Llegada de Narvez con su gente, 2, 2, 3; sus siete mil indios se unen contra los espaoles, 4; les acometen de noche, 5; huyen asombrados de la yegua con cascabeles, 6; vuelven a pedir perdn, que obtienen y quedan en su pueblo, 11; su poblacin y repartimiento, 2, 6, 4. Benito Marn Capitn de Velzquez, 2, 10, l. —Informan al Obispo de Burgos all. —Pretende la Abada de San Juan de Ula, 3. Bernardo Velzquez 2, 11, 1. Bernardino de Meza Vase Obispo. Brisa qu es, y por qu reina en La Habana, 5, 1, 5. Bula inter cetera divine mafestatis y otras confirmatorias del dominio sobre las Indias, 1, 3, 5 y siguientes.— C —Caballos muchos y buenos en Cuba, 4, 2, 1. Cabildo sus apelaciones, 3, 1, 2; que no asistan a ellos los Gobernadores, 5; que se hace hasta de sesenta mil maraveds, 3, 6, 7; sobre abasto de carnes, 6, 1, 8; sobre valor de la moneda, vase Gonzalo Prez de Angulo; y sobre otros casos Habana. —Hacen Cabildo en la Crcel y se entra el Gobernador, 6, 5, 6; protesta su faccin con penas, 7; piden al Gobernador se acompae y los deje proceder, 8; respuesta del Gobernador, 9, y siguientes.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 230\ 230\ 230\ 230\ 230\ Cabildo celbranlo los Regidores, 6, 6, 2. —Rojas toma la vara de los Alcaldes, 3; el pueblo le aclama y da su poder al Cabildo, 4; reclaman los Regidores con los Alcaldes, 6, 8, 2; y siguientes porque no admitieron, 4. Cabo de San Antonio cabo occidental de Cuba, 1, 6, 2. Cabos reconoce Coln el de Cruz, 1, 4, 4; lo que dista de San Antonio, trmino occidental de Cuba, de la Isla de Pinos, 1, 4, 5; en el de Cruz se ensenan los navos de Coln y pasa trabajos para sacarlos, 1, 4, 7. Cabo de Cruz su situacin y figura, 1, 8, 3. Cabo Corriente 1, 8, 3. Cabo Catoche por qu se llama as, 2, 9, 1. Caimanes y Cocodrilos de Cuba, 1, 8, 8. Calixto Caldern alguacil del doctor Angulo, 6, 4, 3. Cayo Villa San Juan de los Remedios. Cayos al de doce leguas llam Coln Santa Marta, 1, 4, 4; el de San Antonio es trmino occidental de Cuba, 1, 8, 1; muchos circundan la isla de Cuba, 2. Casa-harta en el pueblo de Carahate, 1, 10, 2. Camacho indio cristiano de virtudes, 2, 4, 9. Camagey provincia de indios y hoy Puerto del Prncipe, 1, 10, 2; se acogen a ella los bayameses, 2, 2, 6 y siguientes; despiden a aquellos por falta de alimentos, 2, 3, 11; llegada y recibo de Narvez y del Padre Casas, 2, 4, 5. Campeche por qu le llamaron as, 2, 9, 2. Canales viejo y nuevo de Bahama, su situacin y descubrimiento, 1, 8, 2; lo fue por Alaminos, 5, 1, 4; su conocimiento, 6; cul de los dos es mejor, 7; su mayor navegacin, 8 y siguientes. Caa dulce se cultiva en Cuba, quines la trajeron a ella, 1, 9, 5. Canbales indios por qu se llamaban as, 1, 4, 10, en la nota. Canoas enterizas y de magnitud que usaban los indios, 1, 2, 10. Caonabo Cacique de la isla Espaola, le castiga Coln, 1, 3, 8. Caonao provincia de indios en que hoy se halla la villa de Sancti Spritus, 1, 10, 2; llegan a ella los espaoles y son bien recibidos, 2, 4, 7; matan muchos de sus indios, 8.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /231 /231 /231 /231 /231 Carabelas llamadas la Nia y la Pinta compradas para descubrir las Indias, 1, 1, 8. Carahate pueblo abundante de indios que reconocen los espaoles, 2, 5, 3. Carnicera de La Habana, 6, 1, 8. Cartagena es saqueada de piratas, 4, 10, 1. Casabe pan de yuca que se hace en Cuba, su fbrica y servicio, 1, 9, 5 y 1, 5, 5. Casas arquitectura de las de los indios de Cuba y paralelo entre estas y las de teja, 1, 10, 3. Casiguaguas llamaban los indios el ro de la Chorrera, 5, 3, 5. Cacique de la parte Occidental de Cuba, mandaba por seas, 1, 4, 5; andaba vestido como sacerdote, 9; uno de la parte Oriental exhorta a Coln a que no les haga dao, 1, 4, 9; otro de La Habana entrega un Capitn, 2, 5, 2. Catalina (Santa) llama Coln a un puerto grande a que arrib, 1, 2, 11. Catalina Surez a quien llama Moreri Francisca, querida de Corts, 2, 3, 4; hablando con ella le prende un Alguacil, 5; casa con Corts y tiene un hijo, 6; pas a Mjico arribando al ro Guayalto, 1, 14, 6. Catedral si la hubo en Baracoa, 2, 15, 3; su creacin a la letra, 4; Bula para su creacin en Santiago, 5; dignidades y oficios creados en ella, 6; suprmese algunas hasta que haya renta, 7; su sueldo y prdida, 8; concurran al coro, no teniendo excepcin legtima, 9; cbrense diezmos y su distribucin, 10, 11; canto que ha de usar, 12; voto de los racionistas, 13; misas que se han de decir, 14; pagas que se ganan o pierden: tnganse dos Capellanes cada semana, 16; fieles que se disputan, 18; calidad de los que deben elegirse para Beneficios, 19; su ereccin, 2, 15, 1; su incendio, 3, 17; vase Obispos. Cedros rboles tiles de Cuba, 1, 9, 6. Cdulas de 28 de abril de 1523, ttulo de ciudad de Santiago, 2, 16, 6; de 14 de septiembre de 1526 sobre propuestas de Manuel de Rojas, 2, 1, 6; las de 9 de julio de 1737 y 28 de diciembre de 1739, 5, 1, 3; la de 2 de julio de 1716 sobre atencin de La Habana, 5, 2, 7; origen de la gua para traer el agua a La Habana de 11 de febrero de 1547, 5, 6, 7; la de 16 de mayo de 1548 sobre indios, cobre y agua de la Chorrera, 5, 4, 13 y siguientes y 6, 1, 10; sobre reduccin del valor de la moneda de 2 de septiembre de 1549, 6, 1, 5; sobre carta acerca del valor de la moneda de 20 de julio de 1551, 6, 3, 4; Censo mandando el Rey moderar el 10 por 100, el que se cobraba con exceso en Cuba, 3, 6, 3.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 232\ 232\ 232\ 232\ 232\ Cera hallada en Cuba, 2, 5, 10; la lleva Coln a Espaa, 1, 2, 11. Chapapote vase Pez, su materia, 2, 5, 10; su mina, fuente y explicacin, 3, 4. 7. Chicaro provincia de indios, 4, 9, 1. Cristbal Velzquez vecino de La Habana, 6, 7, 4. Cristbal de Tapia orden que pase a Nueva Espaa, 2, 13, 4; llega a ella, 6; no es recibido y se vuelve a la Espaola, 7. Cristbal de Olid padece temporal, 2, 9, 9; sale con otra expedicin de Velzquez, 2, 14, 7; persuadido de Velzquez contra Corts y este lo apea de la expedicin, 2, 14, 8. Cristbal de Cullar viene electo Tesorero de ella, 2, 3, 9. Chorrera ro de este nombre dos leguas de La Habana, 1, 8, 7; sus aguas y nacimiento, 5, 6, 5; se haca en l la aguada de los navos, 6; su conduccin a La Habana, 7 y siguientes; sus arbitrios 5, 4, 16. Clrigos su vestuario honesto, 2, 15, 17; que se les den solares en Cuba, 2, 16, 5. Coco fruta que da que comer y beber, 1, 9, 8. Crates Tebano anega las riquezas porque no las ambiciona, 1, 7, 5. Crianza de animales, fecunda en Cuba, 1, 9, 8; sus primeros criadores Andrs Duero y Hernn Corts, 2, 2, 2. Cocuyos los hay en Cuba muy grandes y de mucha luz, 1, 9, 10. Cristbal Coln lo cri Dios para el descubrimiento de Indias, 1, 1, 2; recibe en la isla de la Madera los derroteros de Alonso Snchez, 3; su patria, profesin y vecindario, 4; lo que haba alcanzado por su estudio y con los de Snchez resuelve descubrirlas, 5; propnelo a Gnova, a Portugal, a Inglaterra, Francia y otras y lo desprecian y ocurre a Espaa, 6; tambin lo desprecia, pero lo acepta despus con congruencias de inspiracin, 7; es habilitado por la Reina doa Isabel, compra dos carabelas y un navichuelo y capitula con los Reyes de Espaa sobre descubrir las Indias, 8; sale del ro de Saltes, se amotina su gente y ofrece volverse, 9; pero descubre una luz que lo llena de alegra, y al amanecer la isla de Guanahani que llaman San Salvador y despus la Espaola de que saltando en tierra toma posesin, 10; bojea la Isla, gratifica a los naturales y reconoce otra Isla, 11; tiene noticia de Cuba, la solicita y descubre, 1, 2, 1; reconoce sus costas y entra en un ro y le nombra Juana 2; procura

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /233 /233 /233 /233 /233 tratar a los naturales y huyen y llega a otro ro, 3; pasa l al tercero y deseoso de hallar oro y perlas, manda gente a tierra, 4; manda a Rodrigo Xerez y Torres, con dos indios, instrucciones y rescate, 7 y 8; reconoce el ro de Baracoa, lo que le informan Xerez y Torres; toma doce indios de Cuba para llegar a Espaa, 9; el Norte le impide para volver para la Espaola y arriba a una costa que llaman Puerto del Prncipe, vuelve arribar al primero y lo que le sucedi hasta llegar a la Espaola, 11; pierde la Capitana, hace un fuerte de estacas y deja 38 hombres, 1, 3, 1; arriba a Portugal, llega a Espaa, refiere lo descubierto y pide auxilios para continuar, 2; lo honra S. M. dndole el ttulo de Almirante, lo habilitan con mayor armada, vuelve a las Indias y hace nuevos descubrimientos, 7; llega a la Espaola y halla muerta su gente, castiga a Caonao, funda la Isabela y el fuerte de Santo Toms y deja a su hermano don Diego en su Gobierno, 8; vuelve a reconocer las costas de la Espaola, 1, 4, 1; pasa a reconocer a Cuba, 2; contina por el Sur hasta Isla de Pinos, 3 hasta 6; retorna para la Espaola con trabajo, 7; salta en Cuba y oye misa y lo exhorta un Cacique, 8 y siguientes; responde al Cacique de Cuba la orden que llevaba de su Rey, se vuelve a Jamaica y a la Espaola, 1, 5, 1; qujanse de l y viene de Juez de pesquisa Juan de Aguado, y resuelve volver a Espaa; all deja a su hermano Bartolom el gobierno de la Espaola, va a Espaa, se descarga y vuelve a India con navos y ms facultades, 2; vuelven a quejarse de l y viene de pesquisador Francisco Bobadilla, 1, 5, 3; prende al Almirante y con grillos lo remite a Espaa donde el Rey lo desaprueba y nombra en lugar de Bobadilla a Nicols de Ovando, 4; hace otros descubrimientos y puebla a Veraguas, donde y en Jamaica, pasa muchos trabajos y se le amotinan los Porras, 5; vuelve a Castilla donde no bien atendido muere, 6; deja dos hijos, don Diego y don Fernando y este escribe su historia, 7; descrbese la persona y mrito del Almirante, 8. Coln (Don Fernando) hijo del Almirante, Clrigo, y escribe la historia de su padre, 1, 5, 7. Coln (Don Diego) hijo y heredero de las glorias del Almirante, 1, 5, 7; sucede en el Gobierno de la Espaola y nombra a Diego Velzquez para la conquista de Cuba, 1, 7, 6 y 2, 1, 1; nmbrale Juez de residencia, 2, 13, 3; hace suspender a Tapia la ida al Reino, 4. Concilio mejicano el primero, declara a favor de los indios, 3, 5, 2. Comendador vase Macaca. Concepcin descubre Coln esta isla, 1, 1, 11.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 234\ 234\ 234\ 234\ 234\ Cuba tiene Coln noticia de una tierra as nombrada, 1, 2, 1; cundo la descubri y puso el nombre de Juana, 2; reconoce sus costas y ros, manda dos castellanos a tierra, 3, 4, 5; su punta oriental dista 18 leguas de la Espaola, llambanla los indios Bayatiquir, y Coln la nombra Alfa y Omega, y comienza a reconocerla por el Sur, y sus naturales le visitan, 1, 4, 2 y siguientes; un indio prctico de ella dice que es isla y que su Cacique occidental mandaba por seas, 5; dcese en ella la primera misa y dnde, 7; un indio Cacique asiste y exhorta a Coln, 8 y 9. —Manda el Rey que se reconozca, y el Comendador Ovando destina para ello a Sebastin de Ocampo, 1, 6, 1; quien la reconoce y halla ser isla, 1, 6, 2 y siguientes; su conquista deba denominarse posesin pacfica, 1, 7, 1; pasa a ella el Cacique Hatuey; ve Hatuey el orden y estilo de sus bailes, 1, 7, 5. —De qu semblante se hallaba cuando fue nombrado Velzquez para su conquista, 1, 7, 6; por qu se omite su descripcin en esta obra, 1, 7, 6; su situacin, costas, cayos, movimientos del mar, peces, puertos, bahas, ros y salinas, 1, 8, 1 y siguientes; nada le falta para vivir segn naturaleza, 9; su longitud, latitud, terreno, fertilidad, montes, frutos, aves y animales, 1, 9, por todo; sus campos dan dos cosechas al ao como lo regado del Indo, 1, 9, 5; all siempre se ven verdes sus campos, y cmo se visten 1, 9, 6; su crianza es doble como la de los prados del Nilo, 1, 9, 8; origen de su poblacin, religin, gobierno, costumbre de sus indios, 1, 10, por todo; si fue continente con las otras islas, 1, 10, 1. —Destina el segundo Almirante al capitn Diego Velzquez para su pacificacin, y pasa a ella, 2, 1, 1 y siguientes; Diego Velzquez le da el nombre de Fernandina cuya etimologa se recomienda, 2, 6, 6; su aumento de poblacin y cultivos, 2, 10, 2; privilegios concedidos a sus pobladores, 8; hace igual pretensin a Santo Domingo, 9; motivos de la despoblacin de Cuba 2, 11, 2; su caresta de efectos por las conquistas, 2, 14, 7; el incendio que padeci, 3, 1, 7; famoso combate de Diego Prez en la baha de Cuba, 3, 7, 5 y siguientes; teme las resultas, 3, 8, 1; armada de Hernando de Soto y precaucin de los cubanos, 2 y siguientes; fiestas a su recibimiento 4, 2, 8. Cubanacn diccin compuesta que significa en medio de Cuba, 1, 2, 9. Cueib llegan a este puerto Narvez y su gente, 2, 4, 2; el Bachiller Casas intenta permutarle las imgenes de Nuestra Seora que les dej Ojeda, 2; no le acepta el Cacique y huye con ella al monte, 3; y aunque le ofrecen seguridades no vuelve hasta la retirada de los espaoles, 4.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /235 /235 /235 /235 /235 Cueiba provincia de Cuba a cuyo pueblo sali Ojeda y en que tuvo el segundo templo de Nuestra Seora, 1, 6, 7 y siguientes; su situacin, 1, 10, 2; vase indios Cuyaguateje. Cuyaguateje ro de Cuba, 1, 8, 7.— D —Diego Velzquez definicin de las cosas que debe preceder a su tratado, 1, 7, 6. Diego Velzquez, de alma creada con extraordinarias dotes para la conquista de Indias, 1, 1, 2; nmbralo el segundo Almirante para la conquista de Cuba, 1, 7, 6 y 2, 1, 1; sus circunstancias y mritos, 2; el que hizo en la Espaola, 3; su gente y salida para Cuba, 4; se inquieta el Cacique Hatuey a quien vence, y preso manda quemar, 5 y siguientes; trele socorro Narvez, 2, 2, 1; pasa su gente a Baracoa, donde puebla la primera Villa, 2; manda a Narvez con gente a reconocer lo interior de la Isla, 3; se le inquieta Baracoa y procesa al capitn Morales, 2, 3, 1; prende a Corts, descubierta la conspiracin, 3; apela Corts a l y lo perdona, 5; se reconcilia con Corts y le bautiza un hijo, 2, 3, 6; sale con 50 hombres a reconocer la tierra; tiene noticia del arribo de Ocampo a Jagua y lo manda a buscar, 8; y de la llegada a Baracoa de Cristbal y doa Mara de Cullar, su esposa, y vuelve a esta villa, 9; celebra su matrimonio, y contina el fomento de Baracoa, 2, 6, 1; sale a reconocer el territorio y llega a Jagua, 1 y 2; su repartimiento, 3; se retira a poblar a Santiago, 5; el crdito de su gobierno, 2, 8, 2; remite el mapa de Cuba al Rey y logra su Real correspondencia, 3; obtuvo orden de gobernar con independencia de Coln, 1, 9, 4; habilita a Juan de Grijalba, 5; manda en su busca y auxilio a Cristbal de Olid, 9; se alegra con las noticias de Alvarado e incmodo con Grijalba, 9; recomendacin de sus mritos y servicios, 10; escribe a la Corte sus descubrimientos, 2, 10, 1; concesin de poblar por los particulares que siguen, 5, 6; gracias que le concedi el Rey, 7; piensa a quin confiar la conquista del Reino de Mjico, 2, 11, 1; encrgala a Corts y desconfa despus de l, 2 y siguiente; da orden de prenderlo en Trinidad y La Habana, 8 y 11; trata Velzquez de vengarse de Corts, 2, 12, 1; resolucin de ir contra Corts, 2, 11, 2; motivos por que la confi a otros, 1 hasta 5; respuesta que dio al Oidor de Santo Domingo y salida de la armada que confi a Narvez, 6 y siguientes; remite a Pedro de Barba con socorro a Narvez, 2, 13, 1; Y a Rodrigo Morejn, 2; nmbrale Juez de residencia y se suspende, 3; obtiene orden contra Corts, 4; se embarca contra Corts y vuelve a persuasiones de Parada, 8; vuelven a suscitarse sus quejas en la Corte, 2, 14, 1 y siguientes; su sentencia con Corts, 4; otro disgusto que tuvo con Corts, 2, 14, 7;

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 236\ 236\ 236\ 236\ 236\ publcase la prdida de su causa con Corts, 2, 16, 9; muere de pena y se le sepulta en Cuba, 10; recomindase su mrito, 15 hasta el fin; pdese permiso a Su Santidad para que 2,000 pesos dejados por Velzquez, se conviertan en la fbrica de la Catedral, 3, 3, 7. Diego Arana queda de Capitn de 38 hombres en la Espaola, 1, 3, 1; le halla muerto Coln en su segundo viaje por los indios del Cacique Caonabo, 8. Diego Masariegos electo Gobernador de Cuba, llega a ella, 6, 8, 9. Diego de Crdova vecino de La Habana, 6, 7, 4. Diego de Pealosa o Tolosa martirizado en Florida, 6, 1, 3. Diego de Soto Regidor de La Habana, 6, 1, 7; sigue a Corts, 2, 11, 1; electo Regidor, 6, 2, 2; Alcalde, 6, 4, 1; uno de los vecinos de La Habana, 6, 7, 4. Diego Meruelo rescata en Florida, 2, 8, 9; Piloto de Narvez, 3, 4, 1. Diego Ordaz remitido por Corts a que cargase casabe y carne, 2, 11, 9; pasa a Espaa de apoderado de Corts, 1, 14, 1. Diego Ramrez indio principal, su respuesta, 3, 5, 4. Diego Prez su valor, combate dentro de la baha de Cuba, 3, 7, 5 y siguientes. Diego de Oliva pasa a Florida, 4, 6, 2. Diego Lpez Durn vecino de La Habana, 6, 7, 4. Diego de Espinosa Escribano Real, 6, 6, 3. Diego Maldonado sale a reconocer la costa, 4, 8, 1; lo que informa, 2; rdenes que le da el Adelantado, 3; su llegada a La Habana, 4; sale en busca de Soto y no le halla, 6; vuelve a salir de La Habana con igual solicitud, 4, 9, 4; repite su inquisicin y no halla noticia, 8; adquiere en Veracruz la de la muerte del Adelantado, 4, 10, 2; vuelve a La Habana con ella, 6. Diezmos su cobro y distribucin como los novenos Reales, 2, 15, 10; pguese de la teja y ladrillo, 2, 16, 5; de las granjeras del Rey, 3, 4, 5; acuerdo sobre su cobro en La Habana, 6, 4, 2. Diluvio universal recordado de los indios, 1, 10, 6. Dios remunerador reconocan los indios de Cuba, y est signado en todo hombre, 1, 4, 9; le confesaban primera causa y criador, 1, 10, 6; ilumina a todo viviente y no puede darse ignorancia positiva de su existencia, 1, 10, 9.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /237 /237 /237 /237 /237 Domingo, (Santo) pide el Rey al General de esta orden de Religiosos, licencia para que pasen a Indias, 3, 3, 7; vase Religiosos Dominicos. Duques de Medina Celi y Medina Cidonia desprecian la propuesta de Coln sobre descubrir las Indias, 4, 1, 6.— E —Eclipse de luna se vale Coln provechosamente de l contra los jamaicanos, 1, 5, 5. Encomiendas que fuesen hereditarias, 3, 4, 6. Epidemia que trae a Cuba la retardacin de las lluvias, hacen poco robustos sus habitantes, 1, 9, 4. Equinocial atravisala Vicente Llanes, 1, 5, 3. Esfera estaba navegada su mayor parte antes del descubrimiento de Indias y qu horas de sol haba, 1, 1, 5. Espaa llega Coln a ella con la propuesta de descubrir las Indias, 1, 1, 6; la desprecian sus Reyes por las causas que se exponen, y se les inspira su empresa, 7; estaban pobres, empean joyas y celebran las capitulaciones para el descubrimiento, 8. Espaola llama Coln a la primera isla que descubre, 4, 1, 10; deja en ella 38 castellanos, 1, 3, 1; les da muerte su Cacique Caonao, 8; fndase en ella la primera ciudad Isabela y el fuerte Santo Toms, 8; sus indios se inquietan, y a queja de los espaoles viene a ella pesquisidor, quedando de su Gobernador Bartolom Coln, 1, 5, 1; reiteran la queja los espaoles y viene de segundo pesquisador Bobadilla, 1, 5, 3. Espaoles lo que dice de ellos Hatuey, 1, 7, 4; trescientos vienen a la pacificacin de Cuba, 2, 1, 4; meditan su poblacin, 5; los inquieta Hatuey, 6; le prenden y queman, 7 y siguientes; pueblan a Baracoa, 2, 2, 2; salen a reconocer lo interior de Cuba, 3; son sorprendidos de los indios del Bayamo, 4; huyen estos y aquellos los siguen, 5 y siguientes; se unen hasta 100 con Narvez y siguen a Cuba, 2, 4, 2 y siguientes; pasan al Camagey, 5; cmo siguieron el reconocimiento de Cuba, 6; almuerzan en un arroyo, amuelan las espadas y entran en Caonao, 7; matan sin causa muchos indios de este pueblo, 8; llegan a otra poblacin y la hallan sin gente, 9; adquieren noticia de que en La Habana haba dos mujeres y un hombre espaol cautivos y los mandan a buscar, 2, 5, 2; llegan al pueblo de Carahate a quien llaman Casa-harta, 3; recuperan las dos mujeres, quienes les dan razn de

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 238\ 238\ 238\ 238\ 238\ su cautiverio, 4 y 5; por qu no vino el cautivo, 6; siguen a La Habana y hallan sus pueblos solos, 7; se recupera el cautivo y de sus circunstancias, 8 y 9; siguen reconociendo La Habana, 10; aprehenden oro e indios, 2, 9, 8; casi despueblan a Cuba, 3, 1, 4; se les prohbe salir de ella, 3, 2, 7; mueren muchos en la Florida, 4, 8, 5; se quejan de las rdenes a favor de los indios, 5, 4,10. Esquines filsofo, lo que sinti de las riquezas, 1, 7, 5. Esteves (Licenciado) Fiscal de Santo Domingo, lo que avisa, 6, 7, 2.— F —Fernando e Isabel (SS. MM.) capitulan con Coln, 1, 1, 8. Fernandina llama Coln a una isla de los cayos, 1, 1, 11; se da este nombre a la isla de Cuba, 2, 6, 6; la recomendacin que merece por l y fertilidad de Cuba, 1, 9, 4 y siguientes. Flamencos a quienes llamaron grullas encarnadas: aves de este color que hay en Cuba, 1, 4, 4 y 1, 9, 9. Florida la descubri Juan Ponce de Len en 1512, 1, 8, 2; dista 29 leguas de Cuba, 1, 8, 2. Flotas una perdida en Florida, 6, 7, 10. Francs sitanse con otras naciones en la isla Tortuga, 3, 7, 1; situacin de estas, expulsin y restauracin de los franceses, 2; hostilidades que hacen desde ella, 3 y siguientes; inundan los mares de Indias, 4, 10, l. Francia su Rey Carlos VIII, desprecia a Coln sobre el descubrimiento de las Indias, 1, 1, 6. Francisco de Yevenes electo Alcalde ordinario de La Habana, 6, 4, 1. Francisco Hernndez de Crdova poblador de Sancti Spritus, sale a descubrir, 2, 9, 1; vuelve a Campeche donde pierde la mayor parte de la gente y es herido, 2; pasa a Florida y le vuelven a herir y llegado a Sancti Spritus muere, 2, 9, 3. Francisco Roldn queda de Alcalde mayor en la Espaola, se subleva contra don Bartolom Coln y lo apacigua el Almirante, 1, 5, 2. Francisco de Bobadilla viene de pesquisidor contra el Almirante, 1, 9, 3; aprehende al Almirante y sus hermanos y los remite a Espaa; el Rey desaprueba sus hechos y le repone, 4.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /239 /239 /239 /239 /239 Francisco Lpez vecino de La Habana, 6, 4, 1; nombrado por el Cabildo para pasar a Santo Domingo, 6, 4, 3; las Reales Provisiones que gan, 6, 5, 2 y siguientes; electo Procurador general, 6, 7, 8. Francisco de Morales Capitn que a las rdenes de Diego Velzquez, pasa a Cuba, 2, 1, 4; fue el primero en la inquietud de Baracoa, y lo procesa Velzquez, y remite preso a Espaa, 2, 3, 1. Francisco de Garay Gobernador de Jamaica, emprende la conquista de Panuco, y ltimamente se concierta con Corts, 2, 14, 5. Francisco de Rosas vecino de La Habana, 6, 7, 4. Francisco de Ledesmus Cura y Provisor de La Habana, 6, 4, 2. Francisco Alonso de Freire vecino de La Habana, 6, 7, 4. Francisco Gutirrez Regidor de La Habana, 6, 1, 7. Francisco de las Casas subrogado por Corts en lugar de Olid, 2, 14, 8; viene con las resultas del pleito, 2, 16, 8; las publica en Cuba, 9. Francisco Vzquez cmo escap de los indios, 6, 7, 10. Francisco de Aguilera vecino de La Habana, 6, 7, 4. Francisco Montejo Capitn de embarcacin, 2, 9, 5; sigue a Corts, 2, 11, 10; es su apoderado en la Corte, 2, 14, 1. Francisco Verdugo Teniente de Gobernador de Trinidad, 2, 10, 2; recibe orden de Velzquez para aprehender a Corts, 2, 11, 8. Francisco Guerrero Clrigo, Cura de Indias, 3, 5, 6. Francisco Prez Borroto Escribano de La Habana, 6, 1, 7. Francisquillo sospecha contra Corts, 2, 11, 3. Frutas regala un indio algunas de Cuba a Coln, 1, 4, 8; multitud y calidad de las que hay en Cuba, 1, 9, 7 y siguientes. Fuego lo usaban los indios y sacaban con dos maderos, 1, 2, 7. Fuentes donado de Santo Domingo, martirizado en Florida, 6, 1, 3. Fuertes construye Coln en la Espaola el primero de las Indias, y nombra Santo Toms, 1, 3, 8. Fuerza el castillo de este nombre, su construccin, 4, 4, 2; su calidad: manda el Rey que se salude, 5, 3, 1.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 240\ 240\ 240\ 240\ 240\— G —Gabriel Cabrero reconocido por un indio, 1, 10, 3. Garcilaso su engao acerca del quinto Obispado de Cuba, 3, 8, 6. Gnova su Repblica desprecia la propuesta de Coln sobre descubrir las Indias, 1, 1, 6. Gernimos Padres, primeros Jueces de Santo Domingo, 1, 8, 4. Gregorio Beteta pasa a Florida, 6, 1, 3. Grijalba, (Juan) vase por qu se denomin as el ro de Tabasco, 2, 9, 6. Golfo de las perlas lo descubre Coln, 1, 5, 2. Gmez Arias vuelve a La Habana, 4, 7, 5; llega a ella y su recibo, 7. Gmez Surez va a Florida con Soto, 4, 6, 2; lo que le regal Vasco Porcallo, 4, 7, 9. Gonzalo Meja 2, 11, 7. Gonzalo de Sandoval 2, 1, 7; resida en Villa Rica, 2, 12, 7; notifica a Tapia, 2, 13, 7. Gonzalo Pizarro primaca de su lanza, 4, 9, 7. Gonzalo Recio vecino de La Habana, 6, 7, 4. Gonzalo Guzmn apoderado de Velzquez, 2, 10, 4; orden para que gobierne a Cuba en falta de Velquez, 2, 13, 3 y 3, 1, 1; reptensele rdenes sobre indios, 3, 5, 3; su respuesta, 4; la que dio Anaxa, 5; su resolucin, 6; concluye su gobierno, 3, 8, 8; nmbralo por Teniente de Cuba Hernando de Soto, 4, 2, 3; contina en el Gobierno de Santiago de Cuba, 4, 10, 7. Gonzalo de Zalazar Comandante de Armada, 2, 1, 4. Gonzalo Prez de Angulo quinto Gobernador de Cuba, dnde se recibi, 6, 1, 1; ao de su recibimiento, 2; hace que el Cabildo convenga en reclamar la Cdula sobre moneda, 6; el Cabildo acuerda hacerlo presente al Rey, 7; vuelve el Gobernador y el Cabildo se niega, 6, 3, 1; procura que corran los maraveds como antes, 2; lo que result, 3; Real cdula en contrario, 4; disputas con el Cabildo, 8; su resentimiento, 6, 5, 1; que se vaya a residir a Cuba, 2; que no se sirva de indios, 3; que no tratase y dejase al Cabildo celebrarlos y retuviese su ministerio, 4; sin embargo no toma resolucin, 5; penetra en la Crcel cuando se haca Cabildo, 6; contradselo y comunica con penas, 7; reconvinindolo, 8; responde, 9; toma declaraciones de los

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /241 /241 /241 /241 /241 Regidores, 11; requirenlo sobre fianzas y su respuesta, 12; pone en prisin a los Alcaldes y se ausenta, 6, 6, 1; vuelve a La Habana, 6, 7, 9; toca la necesidad de defenderse, 6, 8, 1; hace las elecciones a su agrado, 2; llega su sucesor, 6, 8, 9. Gobernadores de Cuba fueron el primero el capitn Diego Velzquez que vino a poblarla en 1511, su gobierno se contiene en el lib. 2; el segundo, Manuel de Rojas, interino y propietario Gonzalo de Guzmn, 3, 1, 1 y siguiente; se manda que no asistan a los Cabildos, 5; calidades de Guzmn, sus ttulos y su sucesin, 3, 2, 1; el tercero Hernando de Soto, lib. 4 por todo; el cuarto Licenciado Antonio de Chvez, lib. 5 por todo; el quinto el doctor Gonzalo Prez de Angulo, lib. 6 id. Guanabacoa pueblo de indios, saqueado por piratas, 6, 8, 8. Guadiana ro de Cuba, 1, 8, 7. Guadalquivir llama Coln a un ro de la Espaola, 1, 4, 4. Guadalupe isla que descubri Coln, 1, 3, 7. Guacanagar o Guacanarico recibe de amistad a Coln, 1, 3, 1; no puede impedir la muerte de los espaoles, 8. Guanahan ? se llamaba la isla Espaola que descubri Coln, 1, 1, 10. Guanajos prisin y fuga de los individuos de esta Isla, 2, 8, 7; segunda fuga, 8. Guaniguanico o Haniguanica provincia Occidental de Cuba, 1, 10, 2. Guaniquinages llamaban los indios a cierta especie de perrillos que coman, 1, 9, 10. Guantnamo puerto de mar de la isla de Cuba, 1, 8, 6. Guaurabo ro de Cuba, 1, 8, 7. Guerra nica que cost la poblacin de Cuba, 2, 1, 8.— H —Habana puerto de Carenas y La Habana, se llam as por haber carenado en l Sebastin de Ocampo, 1, 6, 2; su bello puerto, 1, 8, 8; era provincia entre los indios, 1, 10, 2; no consta el tiempo que se fund, 2, 6, 7; su calificativa distincin de cuando se comenz a poblar, y por qu se llama San Cristbal, 2, 7, 1; hubo dos poblaciones, y la de San Cristbal se uni a la del puerto de Carenas, 2 y 3; su mutuacin, 4; primitivo asiento de San Cristbal, 5; fundamento de Antonio de

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 242\ 242\ 242\ 242\ 242\ Herrera, 6; hubo dos Habanas que se unieron, 7; su antigua poblacin, 8; motivo de poblarse La Habana al Norte, 9; pobladores de ella, 10; su Teniente de Gobernador Pedro de Barba, 2, 10, 2; llega a ella Corts, 2, 11, 10; la orden de Velzquez para su resistencia, 11; celebra el nacimiento del Prncipe, 3, 3, 7; es incendiada y saqueada por piratas, 3, 7, 3; lo es por franceses, 4, 2, 2; llega Soto y la socorre, 4, 3, 1; su castillo de la Fuerza, 4, 4, 3 y siguientes; es acometida por el pirata francs Roberto Baal, 4, 10, 3; se le obliga a retirarse con el amparo de la Fuerza, 4; trnsito del Gobernador a ella, 5, 1, 2; si fue primero su Capitana general, 3; hcese escala, conocido el canal de Bahama, 5, 2, 1; situacin de La Habana, oportuna para escala, 2; calidades de su puerto y situacin, 3; de su terreno, 4; su aguada, 5, tres circunstancias para su atencin, 6 y 7; ro que la circula y da aguas, 5, 3, 5; su prohibicin de aguas, 7; establecimiento de su Zanja, 8 y 5, 4, 16; extraordinario valor de la moneda, 6, 1, 4; Cdula para su reduccin, 5; explcase su orden antiguo de elecciones, 6, 2, 1; de Alcaldes, 2; orden de proceder, 3; de Oficiales Reales, 5 y siguientes; fortificacin de sus puertos por noticias de la guerra, 6, 3, 6 y 7; contiendas entre el Cabildo y Gobernador, 8; acuerdo de ocurrir a la Real Audiencia, 6, 4, 3; otro sobre arbitrios, 4 y siguientes; su comunicacin, 5; sus vecinos principales, 6, 7, 4 y 5; su nmero de vecinos, 6 y 7; fortificacin de su puerto, 6 y 7. Harinas sus derechos, 6, 4, 11. Hamacas camas de los indios, 1, 10, 4. Hatuey Cacique de la provincia Guahaba en la isla Espaola, se pasa con su gente a la de Mais de Cuba, 1, 7, 2; sistema poltico de su establecimiento, y tiene noticias de pasar a ella los espaoles, 3; dice a los suyos que el Dios de los espaoles era el oro y lo hace festejar, 4; hace arrojar el oro al agua como Erates, 5; inquieta a Diego Velzquez y a sus espaoles, 2, 1, 5; hcele la guerrilla, 6; le prende y manda quemar Velzquez, 7; sus indios se rinden, 8. Hernn Corts fue dotado de extraordinarias dotes para la conquista de indios, 1, 1, 2; pasa con Velzquez a Cuba, 2, 1, 4; primer criador de ganado en Baracoa con Andrs Duero, 2, 2, 2; es electo por los sublevados de Baracoa para su recurso a Santo Domingo, 2, 3, 3; hcele aprehender Velzquez y peligra su vida en la fuga, 3; su retraimiento a la Iglesia y afeccin a Catalina Surez, 4; sale a hablar con ella, le aprehende un alguacil, condenan los Alcaldes y el Gobernador lo perdona, 5; contina sus amores con la Surez, se casa, tiene un hijo y lo bautiza Velzquez reconciliado, 6; modo distinto con que refiere el Padre Torquemada estos hechos, 7; es electo Alcalde ordinario de

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /243 /243 /243 /243 /243 Santiago de Cuba, 1, 6, 5; su destino a la conquista de Nueva Espaa, 2, 11, 2 y siguientes; su salida de Cuba y navegacin, 4 y 6; lo que le sucedi en Trinidad, 7; sale de Trinidad para La Habana, 8, 9, 10; modo con que se desembaraza de su prisin, 11; requirelo Narvez, y lo que pasa, 2, 12, 7 y siguientes; lo que ocurri con su visitador Tapia, 2, 13, 6 y 7; nuevo semblante de su causa con Velzqez, 4; tuvo otro disgusto con Velzquez, 2, 14, 7. Hernando de Castro Factor de Cuba, 3, 1, 1. Hernn Ponce su arribo a La Habana y cuentas con Soto, 4, 5, 3 y siguientes; las reclama, 4, 6, 5 y siguientes. Hernando de Soto viene de Gobernador de Cuba, 3, 8, 2 y siguientes; su peligro a la entrada, 4; se satisfacen refiriendo la causa, 9; su recibimiento en Santiago de Cuba, 4, 1, 1; fue uno de los que rindieron a Atahualpa, 2; Adelantado de la Florida y Gobierno de Cuba. —All prepranse a su conquista, 3; nmero de su armada y gente, 4; encuentro de dos navos, 5; llega a Islas Canarias y lo que en ellas hace, 6; llega a Cuba, 7; su recibimiento en ella, 8; visita la Isla y compra caballos, 4, 2, 1; manda a Mateo Aceituno a reparar La Habana, 2; se prepara para Florida, 4, 2, 4; marcha para La Habana por tierra, 4, 2, 7 y 4, 3, 1; avisa al Rey sus despachos, 4, 3, 7; su respuesta, 8; ltimas disposiciones para la marcha a Florida, 4, 5, 1 y 2; sus cuentas con Ponce, 3 y siguientes; nmero de caballos que embarc de Cuba, 4, 6, 1; de su gente, 2; su salida de La Habana, 3; su llegada y encuentro de Florida, 4, 7, 1; su guerra y continuacin, 5 y siguientes; concdele el Rey hbito de Santiago, 8; manda reconocer las costas, 4, 8, 1; informe que recibe, 2; rdenes que da para marchar a Achus, 3; famosa batalla que dio a los indios, 5; detinese a descansar su gente, 7; comprende que esta quiere rsele, 8; resuelve internarse y tiene guerras, 9; reconoce otras provincias y enferma, 4, 9, 5; muere y es dos veces sepultado, 6; bosqujase su persona y calidades all. Hernando o Bernardo de Meza 2, 15, 1; Religioso Dominico y 5 Obispo de Cuba (por lo que es preciso seguir) 6; cae al agua y peligra, 7; es librado del peligro, 8; su recibimiento en Santiago de Cuba, 4, 1, 1. Hirrihigua Cacique de Florida, sus encuentros, 4, 7, 2. Historia la del compendio de Espaa se impugna en parte, 2, 9, 10; no las hay de Cuba por lo que es preciso seguir esta con lo que se halle, 3, 5, 1; medio para continuarla, 5, 1, 1; causa y por qu se divide. Hombres, cuntos vinieron a descubrir las Indias, 1, 1, 9; en la segunda vienen ms de mil, 1, 3, 7.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 244\ 244\ 244\ 244\ 244\ Hospital de Cuba tiene indulgencias plenarias, 2, 16, 4; fbrica del de La Habana, 6, 19; su conclusin, 6, 6, 2.— I —Ibarra Juez de residencia, 2, 8, 1. Ibuera hibuera o jigera calabaza en figura de escudilla, 1, 4, 8. dolos predijeron la venida de la Ley de gracia, 1, 4, 8. Iguanas animales que coman los indios de Cuba, 1, 9, 10. Indios se preparan a resistir la entrada de la Ley de gracia, 1, 1, 1; los de la isla Espaola ocurren de paz a las naves de Coln, 11; usaban los de Cuba de canoas ahuecadas con pedernal, y cul era su alimento, 1, 2, 10; uno de Cuba se acoge a los espaoles, 1, 4. 3; socorren a Coln, 1, 4, 5; el Cacique occidental habla por seas; all otro exhorta a Coln con un Dios remunerador de las almas inmortales, 9; los de la Espaola se inquietan por la poblacin de europeos, 1, 5, 1; se pasan muchos a Cuba, 1, 6, 6; los de la provincia de Carahate reciben la devocin de Mara Santsima, 1, 6, 3; su Cacique se bautiza y nombra Comendador, 5; los de Cueib reciben de Ojeda una imagen de Nuestra Seora a quien hacen templo; frutos que cultivaban en Cuba, 1, 9, 5; frutos, aves y animales que coman, 6 y siguientes; de dnde vinieron los de Cuba y dems islas, 1, 10, 1; sus costumbres y provincias, 2; tenan sus pueblos y casas en que vivan unidos, 3; su manejo y gobierno, 4; su natural baile y vestuario, 5; su religin viciada, 6; noticia que tenan los de Cuba del diluvio universal y de No, 7; a quin atribuan su desnudez, 8; lo que uno reconvino a Cabrera, 9; su falta de templos y religin y de sus Behiques y Agueros, 10; de qu se alimentaban y si eran sediciosos, 11; los de Hatuey prisioneros se reparten en los espaoles, 2, 1, 7; los de Bayamo sorprenden a los espaoles y espantados de una yegua huyen al Camagey, 2, 2, 4 y siguientes; vuelven a pedir perdn y lo obtienen, 2, 3, 11; bautiza innumerables el Padre Casas en Camagey, 2, 4, 5; lo estimaban como a sus Behiques, y admiraban la comunicacin por escrito, 6; en Caonao estaban 2,500 y se asombran de la yegua, 2, 4, 7; destrozos que hacen los espaoles en ellos, 8; se huyen a los montes por esta causa y uno viene a buscar al Padre las Casas, 9; por este se ofrece seguridad a los dems, y vuelven a sus pueblos, 10; son bien tratados y bautizados, 2, 5, 1; tenan los de La Habana dos espaolas y un espaol cautivos, 2; que se den encomiendas, 2, 8, 1; susctase esta duda, 3, 1, 3 y siguen lo que se dice de los de Cuba a favor de ella,

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /245 /245 /245 /245 /245 3, 2, 1; mndase intimarle su sosiego, 3 y siguientes; no se consigue, 5; resolucin Real, 6; que se restituyan los extrados de Cuba, 3, 3, 6; su quietud y rdenes del Rey, 3, 4, 4; reptense rdenes, 3, 5, 2; que son descendientes de Adn, los declara la Santa Sede, 3, 5, 2; son exhortados a su arreglado manejo y lo que responden, 3, 5, 3 y siguientes; permanencia de sus pueblos, 3, 5, 7; ahrcanse los ms, 4, 3, 2; si se acabaron en Cuba, 3; que se d todo auxilio a su instruccin, 4; rdenes particulares para ello, 5; sus efectos, 6; chiste sobre el particular, 7; Arias se trae dos de la Florida, 4, 4, 5; se le prohbe la bebida, 5, 3, 2; rdenes a su favor, 5, 4, 2 y siguientes; los que favorecen su libertad, 13 y siguientes; que el Gobernador no se sirva de ellos, 6, 5, 3; los que haba en La Habana, 6, 7, 7; su estado, 6, 8, 7. Inglaterra su Rey Enrique VII desprecia la propuesta de Coln a descubrir las Indias, 1, 1, 6. Ingenios de azcar el Rey manda fiar negros y dinero para su fomento, 1, 16, 7. Isabel, Reina de Espaa empea sus joyas para el descubrimiento de Indias, 1, 1, 8. Isabel de Bobadilla mujer de Hernando de Soto, viene con l, 4, 1, 6; le deja Hernando sus veces sobre Cuba, 4, 2, 3; demandada por Ponce, 4, 6, 5 y siguientes; le manda noticias su marido, 4, 7, 5; las recibe y celebra, 7; y la noticia del hbito de Santiago, 8; avsale el Adelantado sus descubrimientos, 4, 8,3; compra tres navos y otros efectos, 4; se conturba con la falta de noticias de su marido, 4, 3, 8; su muerte con las noticias del Adelantado, 4, 10, 6. Isabela nombra Coln a una isleta de los Cayos, 1, 1, 11. Isabela llama Coln a la primera ciudad de europeos que fund en la isla Espaola, 1, 3, 8. Isla de Pinos la reconoce el Almirante en su segundo viaje y llama del Evangelista distante 80 leguas del cabo de San Antonio, 1, 4, 6; su situacin, 1, 8, 3. Isla de la Trinidad la descubre el Almirante Coln, 1, 5, 2. Islas Canarias llega a ellas Cristbal Snchez, 1, 1, 3; era casado en ellas Coln, 4; llega a ellas Coln, 9. Islas de Barlovento o Antillas si fueron todas un continente, 1, 10, 1. Isletas graciosas adyacentes a Cuba, 1, 4, 4.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 246\ 246\ 246\ 246\ 246\— J —Jamaica isla que descubre y recorre el Almirante, 4, 3; vuelve a ella el Almirante, 1, 5, 1; sus naturales niegan a Coln los socorros y los consigue valido industriosamente de un eclipse de luna, 5; sublvanse los Porras, ibi. Dista veinte leguas de Cuba, 1, 8, 2. Jagua baha de la isla de Cuba a que llega Ocampo, 1, 6, 2; arriba a ella Ojeda, 1, 6, 6; su frente es limpia, 1, 8, 3; su puerto el mejor del mundo, 1, 8, 6; provincia de los indios con este nombre, 1, 10, 2; la reconoce Velzquez, 1, 6, 2. Jardn de la Reina llam Coln a unas graciosas isletas, 1, 4, 4 y 1, 8, 3; del Rey llam a otros cayos del Norte, 1, 8, 2. Juan de Coloma vecino ante quien pasaron las capitulaciones de los Reyes Catlicos con Coln, 1, 1, 8. Juan de Aguada viene de pesquisidor contra el Almirante, 1, 5, 1. Juan de Esquivel Gobernador de Jamaica, socorre a Ojeda, 1, 6, 8; permite a Narvez socorra a Velzquez, 2, 2, 1; poblada la Isla, 2, 8. 4. Juan Ponce de Len descubri la Florida, 1, 8, 2 y 4 y siguientes; y epitafio en Cuba, 2, 13, 5. Juan el Prncipe de este nombre muere, 2, 6, 6. Juan de Baona vecino de La Habana, 6, 7, 4. Juan Selvagio pretendi poblar las Indias con flamencos, y aunque se le concedi no tuvo efecto, 2, 9, 4. Juan Escudero Alguacil que prende a Corts, 2, 3, 5. Juan de Aasco sale a reconocer la Florida, 4, 4, 2; vuelve con noticias, 6; le manda Soto, vuelve con noticias y es mandado segunda vez, 5; su prdida y noticia, 6; le manda Soto volver a la mar, 4, 7, 5; llega a la baha de Aute, 4, 8, 1. Juan de Grijalba sale con Velzquez a reconocer la tierra, 2, 3, 8; le deja Velzquez con gente para seguir a Narvez, 9; sale por mar a reconocer tierras, 2, 9, 5; su continuacin y llegada al ro de Tabasco, 6; pasa al de Banderas, de cuya feria sacan ms de 150 pesos, pasa a San Juan de Ula, donde comienza a volver a Cuba, 8; llega a Matanzas y enojo de Velzquez sin causa, 9; es comn sentir que se le prefiera para la conquista de Nueva Espaa, 2, 11, 1. Juan Tesel asentista de minas en Cuba, 5, 4, 11; resolucin sobre el 15.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /247 /247 /247 /247 /247 Juan de Avalos muere en el cabo de San Antonio, 3, 1, 8. Juan Cedaa y Juan Nagera siguen a Corts, 2, 11, 10. Juan Castellanos su traduccin, 2, 13, 5. Juan Fernndez del Moral vecino de La Habana, 6, 7, 4. Juan de Lovera o Llovera Alcaide de la Fuerza, 6, 1, 1; Regidor por el Rey, 6, 1, 7; Oficial Real, 6, 2, 5; uno de los vecinos de La Habana, 6, 7, 4. Juan de los Remedios (San) villa, su poblacin, 2, 6, 7 y 8. Juan de Robles vecino de La Habana, 6, 7, 4. Juan de Alvarado 2, 11, 7. Juan Gutirrez vecino de La Habana, 6, 7, 4; es electo Alcalde, 6, 8, 7. Juan de Escalante 2, 11, 7. Juan de Velzquez 2, 11, 7. Juan Daz Presbtero, 2, 9, 5. Juan Salcedo 2, 10, 9. Juan de Ula (San) por qu se llam as, 2, 9, 8. Juan Gutirrez Procurador de La Habana, 6, 2, 6; es electo Alcalde ordinario, 6, 7, 3. Juan Ruiz de Vergara lleva a Sandoval una carta de Narvez, 2, 12, 7. Juan Garca (Fray) pasa a Florida, 6, 1, 3. Juan Surez cuado de Corts, navega con su hermano a Mjico, 2, 11, 6. Juan de Oribe o Uribe destinado por S. M. con cuenta del Cabildo, 6, 1, 7; lo es por el Gobernador y el Cabildo, 6, 8. 6. Juan Daz vecino de La Habana, 6, 7, 4. Juan Indio Cacique, su respuesta, 3, 5, 4. Juan Snchez vecino de La Habana, 6, 7, 4. Juan de Herrera nombrado por Cabo para ir a la Audiencia, 6, 8, 5. Juan de vila si gobern o no en La Habana, 4, 10, 5. Juan de Inestrosa electo Alcalde ordinario, 6, 8, 3. Juan de Rojas Teniente de Gobernador de La Habana, 3, 7, 3; recibe al Gobernador, 4, 4, 1; es electo de Teniente en La Habana, 4, 5, 2;

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 248\ 248\ 248\ 248\ 248\ procura adelantarla, 4, 6, 4; demanda de Ponce, 5 y siguientes; contina en el Gobierno de La Habana, 10, 4, 7; Alcalde ordinario de La Habana, 6, 1, 7; nombrado Teniente de Gobernador, 6, 3, 5; su disputa con el Cabildo, 6, 6, 3 y siguientes; sus requerimientos, 13 y 14; su respuesta, 6, 7, 2; es electo Regidor y no acepta, 6, 8, 2. Juez de apelaciones llegan a Santo Domingo, 2, 3, 2. Juana nombra Coln a Cuba en obsequio del Prncipe don Juan, 1, 2, 2. Jueces de difuntos se represent que los Religiosos se hacan herederos y convena hubiese quien mirase por los bienes de difuntos, 3, 6, 4; su limitacin, 5; que la Audiencia acordara remedio, 7; comisin a los Alcaldes y lo que obraban acompaados, 6, 2, 10 y 11; cmo se llevaba este conocimiento donde haba Audiencia, 12. Julin Garcs ( Fray ) adquiere noticias de Cuba, 2, 10, 3; se le da el Obispado de Tlascala, id. id.— L —Latitud y longitud de Cuba, 1, 8, 1 y 1, 9, 1. Lebron Juez de residencia, 2, 8, 1. Leonor de Bobadilla hija del Conde de la Gomera, 4, 1, 6; casa con Nuo Tobar, 4, 2, 5. Leonor hermana del Emperador Carlos V, casada con Francisco I de Francia, 3, 2, 8. Leonardo Almendariz (Licenciado) electo Regidor, 6, 4. 1; considrase autor de la defensa del Cabildo, 6, 7, 1; es electo Alcalde ordinario, 3; fue vecino de La Habana, 4; pasa a la isla Espaola y lo que escribe, 6, 8, 3; su xito y ejemplo, 6. Lorenzo de Garrebot asentista de 4,000 negros, 2, 14, 9. Luis de San Angel da 16,000 ducados para la conquista de Indias sobre las joyas de la Reina, 1, 1, 8. Luis de Velasco Virrey de Nueva Espaa, remite caudales en flota, 6, 7, 10. Luis Cncer de Barbastro ( Fray ) martirizado en Florida, 6, 1, 3. Luis de Torre destinado a reconocer la tierra de Cuba, 1, 2, 5; y lo que vio e inform, 7, 8, 9.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /249 /249 /249 /249 /249 Luis Carbajal patrn de naos, 6, 6, 8. Luis de Moscoso y Alvarado sucesor de Hernando de Soto en el ejercicio, 4, 9, 5. Lucas Vzquez de Aylln (Licenciado) Oidor de Santo Domingo, comisionado por Velzquez, 2, 12, 3; vuelve con igual comisin por Velzquez y se embarca con Narvez, 6; es requerido por Corts, 2, 1, 28; lo remite Narvez a Cuba, 9. Luna llama Coln al segundo ro de Cuba a que arrib, 1, 2, 3.— M —Macaca provincia de Cuba, cuyo Cacique adopta por un marinero la devocin de Mara Santsima, 1, 6, 3; se hace bautizar este Cacique y llama Comendador, 1, 6, 5; recibe de paz a Ojeda, 8. Magdalena Velzquez 2, 1, 1. Maderas tiles de Cuba, 1, 2, 6. Maz le cultivan los indios de Cuba, 1, 9, 5. Mais punta Oriental de Cuba, 18 leguas de la Espaola, la llamaron los indios Bayatiquir y Coln Alfa y Omega, 1, 4, 2. Manat pez particular con tetas, 1, 8, 5; ro de este nombre, 1, 8, 7; matan uno los espaoles y su figura, 1, 2, 10. Manimani ro de Cuba, 1, 8, 7. Manuel de Rojas privado del repartimiento de indios, 1, 13, 3; le confiere la Real Audiencia el gobierno interino de Cuba, 3, 1, 1; lo aprueba S. M. ibi; da cuenta a la Audiencia del movimiento de indios, 4; Cdula que obtuvo, 6; buen manejo que tena con los indios, 3, 2, 5; su informe sobre ellos, 3, 2, 7; puntos que haba representado a la Corona, 3, 6, 12 y siguientes. Mar sus movimientos en las costas de Cuba, 1, 8, 4 y 5, 1, 5; embarazado de isletas all, 6. Mara Santsima introduce su devocin en las Indias de la provincia Manaca un marinero espaol, 1, 6, 3; se le hace el primer templo en ella, 4; Alonso de Ojeda conduce a Cuba una imagen de Nuestra Seora a quien debe su vida, 6; la da el Cacique de Cueib, quien le hace segundo templo, 7; elogios a su primer templo de Cuba, 8; el Cacique de Cueib resiste cambiar su imagen, 2, 4, 8 y siguientes.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 250\ 250\ 250\ 250\ 250\ Marigalante isla descubierta por Coln, 1, 3, 7. Mara de Cullar viene con el teniente Cristbal, su padre, a Cuba a casarse con Velzquez, 2, 3, 9; se casa y muere al sptimo da, 10. Marin puerto de Cuba, 1, 8, 6. Margarita esta isla la descubre Coln, 1, 5, 2. Marqus de la Regala hace casado a Coln en la isla de la Madera, 1, 1, 4; recomienda la congruencia de ser inspirado el descubrimiento de Indias, 7. Martn de Ordaz vecino de La Habana, 6, 7, 4. Martn de Bohemia y Martn Vicente dieron algunas noticias a Coln, 1, 1, 5. Martn Alonso Pinzn con dos naves se aparta de Coln en solicitud del oro, 1, 2, 11. Martn Corts apoderado de Hernn, 2, 14, 1. Marcos de Mena escapa de la flota perdida, 6, 7, 10. Matanzas puerto de la isla de Cuba, su situacin, 1, 8, 1; calidad de su baha, 6; su ro, 7; toma denominacin de la matanza de espaoles que hicieron los indios en su baha, 2, 5, 5. Mateo Aceituno va a reparar La Habana, 4, 2, 2; construye la Fuerza, 4, 4, 2; es Castellano de ella, 5, 3, 1. Mateo Daz vecino de La Habana, 6, 7, 4. Mayor de Fonseca (Doa) Sobrina del Obispo de Burgos, 2, 10, 4. Mdicos cules usaban los indios, 1, 10, 10. Miguel Pasamonte Tesorero de la isla Espaola, informa a favor de Velzquez, 2, 8, 2. Miguel de guila encargado de la fbrica de la parroquial de La Habana, 6, 3, 5. Miguel de Barrios octava suya, alusiva a algunos pasajes de esta historia, 1, 4, 11. Miguel de Cuevas vecino de La Habana, 6, 7, 4. Minas denegados los indios para su trabajo, 3, 2, 4; que no se pagase de ellos el 5o sino el diezmo, 3, 6, 4; su explotacin en Cuba, 5, 4, 11; resolucin contra Tesel, su asentista, 15.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /251 /251 /251 /251 /251 Misa la primera que se dijo en Cuba, 1, 4, 7; asiste a ella un indio Cacique, 8. Moctezuma regala a Narvez, 2, 12, 7. Monedas vase Gonzalo Prez Angulo. Monserrate isla que descubre Coln, 1, 3, 7. Mujeres cautivas de indios, 2, 5, 4 y siguientes.— N —Naciones procuran situarse en las Indias y lo hacen en la isla Tortuga, 3, 7, 1 y siguientes. Naturales los de Cuba se ocultan al ver las naves, y los castellanos 1, 2, 3 y 4; lo que de sus pueblos, casas y uso, informan Xerez y Torres, 7 y 8; toma Coln doce que lleva a Espaa, 9; encarga el Rey que se enven predicadores para su conversin, 2, 16, 4. Navegacin de las Indias, sus dificultades, 5, 1, 5 y siguientes. Naufragio que padeci un barco en el cabo de San Antonio, 3, 1, 8. Negros su necesidad y provisin para la labor e ingenios, 2, 14, 9; su levantamiento en la Espaola e introduccin en las islas: all los manda fiar el Rey para los ingenios, 2, 16, 7; permiso de entrar 1,000 en Cuba, 3, 3, 6; nuevo asunto con los alemanes, 3, 4, 3; que se les instruya en la doctrina cristiana, 4, 3, 5; no se les venda vino, ni traigan armas, 6, 1, 11. Nicols Ovando electo Gobernador de la Espaola y rdenes que se le dieron, 1, 5, 4; llega a ella con su gente, 5. Nicols Nicardo vecino de La Habana, 6, 7, 4. Nipe baha de este nombre en Cuba, 1, 8, 6. No noticia que del diluvio y de su embriaguez tuvieron los indios, 1, 10, 7. Novenos los del Rey en los diezmos, 2, 15, 10; hace el Rey gracia de ellos a la Iglesia de Cuba para su fbrica, 2, 16, 5. Nueva Espaa por qu se llama as, 2, 9, 5. Nuevo Mundo su descubrimiento, 1, 1, 2 y siguientes; su particin entre Espaa y Portugal, 1, 3, 6.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 252\ 252\ 252\ 252\ 252\ Nez (Licenciado) viene con las resultas del pleito de Corts, 2, 16, 8. Nuo Tovar depuesto por su casamiento, del afecto de Soto, 4, 2, 5.— O —Ovando Comendador de la isla Espaola, manda reconocer a Cuba, 1, 6, 1. Obispado de Cuba su institucin, 2, 8, 4; su concesin en Baracoa, 5; su mutuacin a la villa de Santiago y su creacin, 2, 16, 4; se pretende que se haga Abada por los pocos diezmos, 3, 6, 6. Obispo de Burgos se le informa a favor de Diego Velzquez, 2, 10, 1; su deseo de casarlo con su sobrina y concesin que le hizo, 3 y siguientes; su recusacin por Corts, 2, 14, 2. Obispo de Cuba primero presentado Fray Bernardino de Meza, quien no erigi la Catedral, 2, 8, 5; Fray Julin Garcs, 2, 10, 3; Fray Hernando o Bernardo de Meza, 2, 15, 1; Fray Bernardino de Meza, 2, 15, 2; ereccin de su Catedral por Fray Juan de White, 4; mndale el Rey que resida en su Obispado, 2, 1, 6; parece que lo hizo, 3; Fray Juan Flandes electo por renuncia de White y no viene; Fray Miguel Ramrez (y no Fray Juan Surez), sucesor de White, 3, 3, 1; su salida a Espaa y orden Real para Cuba, 3, 4, 4; Fray Diego de Sarmiento visita su Obispado y lo renuncia, 3, 7, 4; Fray Hernando o Bernardo de Meza llega a Cuba, 3, 8, 5 y siguientes; es electo el doctor don Fernando de Urango, 6, 3, 9. Origen de los indios decan los de Cuba ser del hijo maldito de No, 1, 10, 8. Oro y perlas los solicita Coln, 1, 2, 4; lo que informaron sobre l Xerez, Torres y los indios, 1, 2, 9; le llama Hatuey Dios de los espaoles, y lo obsequia, y lo hace arrojar al mar como algunos filsofos, 1, 7, 4 y 5; su valor en Cuba, 6, 3, 3 y siguientes.— P —Pjaros de canto y color los que hay en Cuba, 1, 9, 9. Palabras que no pasan de los dientes se hacen misteriosas, 1, 10, 10. Palomas sus varias especies en Cuba, 1, 9, 7. Pnfilo Narvez sus circunstancias y socorro que dio a Velzquez, quien le hace Capitn, 2, 2, 1; sale de Baracoa con treinta castellanos a reconocer lo interior de Cuba y llega al Bayamo, 3; su descuido da

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /253 /253 /253 /253 /253 margen a que los indios le acometan, 4; recibe de ellos una pedrada y montando en la yegua con un pretal de cascabeles, corre y los ahuyenta, 5; perdona a los bayameses que se le humillan, 2, 3, 11; sigue con socorro de gente y llega a Cueib, 2, 4, 1; llega al Camagey, 5, y sigue descubriendo hasta La Habana, 5 por todo; Velzquez le manda seguir, 2, 6, 5; se hallaba en la Corte, 2, 10, 4; su restitucin a Cuba, 2, 12, 3; es electo para la expedicin contra Corts; 5; sale con la armada, 6; lo que le pasa con Corts, 7 hasta 10; resuelve el Consejo que ninguno proceda contra Narvez, 2, 13, 4; llega a la Corte, 2, 14, 1; viene a la conquista de Florida, 3, 3, 1; pasa por Trinidad, 2; tormenta que sufri all, perdi un navo, 3 y siguientes; vienen los dems y aseguran los navos en Jagua, 5; sale a la expedicin con aumento, 3, 4, 1; su xito infeliz, 2. Panio llamaban los indios al maz, 1, 2, 8. Pantoja en Trinidad, 3, 3, 2. Papagayos abundantes en Carahate, 2, 5, 3. Papaya fruta de Cuba, pare sin macho, 1, 9, 8. Parada (Licenciado) disuade a Velzquez, 2, 13, 8. Pan de cera hallado en Cuba, 1, 2, 11; otro en la provincia de La Habana, 2, 5, 10. Parras de Cuba lo que decan los espaoles de ellas, 1, 9, 7. Parroquial de La Habana su fbrica, 6, 1, 9; an no concluda en 1553, 6, 6, 2. Pedro de Ordaz pasa de Cuba a Jamaica, 1, 6, 8. Pedro de Rentera le da Velzquez repartimiento en Jagua, 2, 6, 3. Pedro de Alvarado Capitn de embarcacin, 2, 9, 5; vuelve a informar a Velzquez contra Grijalba, 9; su ida a Mjico, 2, 11, 7; pasa por tierra a Cuba recogiendo gente y caballos, 9. Pedro Morn encomendero de indios, 3, 5, 3; examina el Gobernador los indios de su encomienda, 3, 5, 3. Pedro Mejas de Trillo (Fray), comisionado sobre Indias, 3, 1, 3; lo que informa al Rey, 3, 2, 2; cesa en la comisin, 3, 3, 6. Pedro Andrs vecino de La Habana, 6, 7, 4. Pedro Velzquez electo Alcalde ordinario, 6, 2, 2; jntanse los Regidores en su casa, 6, 4, 3; uno de los vecinos de La Habana, 6, 7, 4. Pedro Blasco Alcalde ordinario de La Habana, 6, 1, 7; diputado y fiel ejecutor, 6, 2, 7; Regidor, 6, 4, 1 y 6, 2, 2.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 254\ 254\ 254\ 254\ 254\ Pedro Snchez 2, 12, 7. Pedro Arias Dvila Gobernador del Darin, 2, 9, 1 y 4, 2, 3. Pedro de Barba Teniente Gobernador de La Habana, 2, 10, 2; hospeda a Hernn Corts, 2, 11, 10; recibe orden de Velzquez para prender a Corts, 11; pasa a Mjico, 2, 13, 1; preso por Pedro Caballero y remitido a Corts, su heroicidad y muerte, 2. Pedro Agustn Morel de Santa Cruz (Ilustrsimo) su pensamiento en cuanto a la historia de Cuba, 5, 1, 1. Pedro Caballero prende a Barba, 2, 13, 1; y a Morejn, 2. Pedro Ribadeneira intrprete de indios, 3, 5, 3. Pedro Caldern mandado por tierra a Apalache, 4, 7, 5; se le comunican las rdenes, 6; llega a Aute, 4, 8, 1. Penas grandes traen buenas consecuencias, 2, 1, 8. Pealosa Proveedor, 2, 9, 5. Perdices abundantes en Jagua, 1, 6, 2. Perros particulares que no ladran y hallados en Cuba, 1, 2, 3 y 8; y 1, 10, 11; donde los llamaban guaniquinages. Pesquisidores primero contra Coln, Juan de Aguado, 1, 5, 1; segundo, Francisco de Bobadilla, 3; Nicols de Ovando, 4. Pez o resina que halla en la provincia de La Habana, 2, 5, 10. Peces abundancia de ellos y sus especies en las costas de Cuba, 1, 4, 4 y 1, 8, 5; los que viven en agua dulce, 8. Piedras redondas como balas, que se dice haber en Cuba, es equivocacin y dnde las hay, 1, 9, 3; si se dan en Bayamo, 3, 4, 8. Pia de Cuba reina de las frutas, 1, 9, 8. Plano sobre el que se va a operar se debe antes descubrir, 1, 7, 6. Pltano fruto provsimo de Cuba, 1, 9, 8. Portugal su Rey desprecia la pretensin de Coln sobre descubrir las Indias, 1, 1, 6; arriba Coln a l, 1, 3, 2; derechos sobre las Indias y de Espaa, 6. Porras se amotinan contra Coln y este los vence, 1, 5, 5. Primavera goza de dos Cuba, 1, 9, 4.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /255 /255 /255 /255 /255 Provincias en que tenan a Cuba divididas los indios, 1, 10, 2. Pueblos de indios en Cuba, 1, 10, 3; y nmero de sus habitantes, 4. Puerto del Prncipe nombra Coln a una baha de la Isla a que arriba, 1, 2, 10; y pone en ella una cruz, 11; hoy llamado Nuevitas, 1, 8, 6. Puertos de Cuba su noticia, 1, 8, 6.— R —Ramrez (Licenciado) electo Arzobispo de Santo Domingo, 3, 3, 6. Real Hacienda que se hiciesen arcas de tres llaves para custodiar el caudal de la Real Hacienda, 3, 6, 7; los Cabildos nombraban quien la administrase donde no haba, 6, 2, 9. Regalas se reservan a S. M. como tales el oro, plata, brasilete y metales, 1, 5, 2. Reinaldo Montesinos (Fray) comisionado sobre Indias, 3, 1, 3. Religiosos Franciscos vienen diez con el Comendador Ovando para fundar en la Espaola, 1, 5, 5; encarga el Rey se enven a Cuba para la conversin de sus naturales, 2, 16, 4. Religiosos Dominicos encarga el Rey se enven a Cuba para la conversin de sus naturales, 2, 16, 4 y les da una casa. Revs pez que agarra fuertemente, 1, 4, 4. Reyes y Repblicas a quienes ocurri Coln en auxilio para el descubrimiento del Nuevo Mundo, 1, 1, 6; los de Espaa lo adoptan por inspiracin, 7; lo auxilia la Catlica doa Isabel y capitula sobre el descubrimiento, 8; le reciben con magnificencia a su primer retorno de Indias, 1, 3, 2; el derecho que adquieren por el descubrimiento; reconocimiento al Altsimo, 3; ocurren a la Sede Apostlica por confirmacin 3; la obtienen por la Bula inter cetera, 4; lo que respondieron a los descargos del Almirante, 1, 5, 2. Ros que nombr Coln San Salvador y Luna: vanse en estos nombres; el que llam de los Mares, 1, 2, 4; es Baracoa, 6; arriba Coln a otro grande y hermoso y lo que vio en l, 11; los mayores de Cuba, 1, 8, 7; el de la Chorrera, su situacin y agua, 5, 3, 5 y siguientes. Riquezas arrojadas por los indios y filsofos por los peligros que traen, 1, 7, 5. Roberto Baal pirata francs que acomete a La Habana, 4, 10, 3.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 256\ 256\ 256\ 256\ 256\ Rodrigo de Xerez destinado a reconocer la tierra de Cuba, 1, 2, 5; lo que vio e inform, 7, 8, 9. Rodrigo Martn vecino de La Habana, 6, 7, 4. Rodrigo Rangel 2, 11, 7. Rodrigo Morejn pasa al Reino de Mjico con otro bajel de Velzquez, 2, 13, 2. Rodrigo de Paz trae las noticias de la causa de Corts y Velzquez, 2, 16, 8.— S —Sabanas llamaban en Cuba a la tierra abierta, 1, 9, 2. Sacrificios islas de este nombre, 2, 9, 8. Sagua dos ros de este nombre en Cuba, 1, 6, 7. Sal es la mejor la de Guatnamo y punta de Hicacos, 1, 8, 9. San Cristbal descubre Coln la Isla de ese nombre, 1, 3, 7. San Salvador llam Coln primero a la isla Espaola, 1, 7, 10; primer ro en que entr en Cuba, 1, 2, 2. Sancho Pardo bajo de su nombre, 1, 8, 3. Santiaqo de Cuba figura de su puerto, 1, 8, 6; su situacin, 1, 9, 2, vase Cuba; su poblacin por Velzquez, 2, 6, 4; su adelanto a ms de dos mil vecinos, 2, 10, 2; ereccin de Catedral en Cuba, 2, 15, 3 y siguientes; le concede S. M. ttulo de Ciudad, 1, 16, 6; si fue Capitana General, 5, 1, 3; La Habana es ms provista que Santiago, 5, 2, 4. Sancti Spritus villa de Cuba, era la provincia de Caonao, 1, l0, 2; su poblacin, 2, 6, 4. Sasa ro que sirve de puerto a Sancti Spritus, 1, 8, 7. Santa Mara con cunta razn se llam as la Capitana que vino a descubrir las Indias, 1, 1, 8. Sebastin de Ocampo reconoce y bojea la isla de Cuba, 1, 6, 1 y siguientes; arriba a Jagua y lo manda a buscar Velzquez, 1, 3, 8. Sebastin Rodrguez sigue a Corts, 2, 11, 10. Sisa de la Zanja su origen, 5, 3, 7; con los anteriores y siguientes, vase La Habana.

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /257 /257 /257 /257 /257 Solrzano (Don Juan) vindica la usurpacin de Amrica por Vespucio contra Coln, 1, 5, 3; su equivocacin sobre piedras redondas de Cuba, 1, 9, 3. Suazo o Zuazo (el Licenciado) su navegacin en busca de Garay, 2, 14, 5. San Francisco un religioso de su orden acompaaba a Narvez y le anima contra los bayameses, 2, 2, 5; pide el Rey a su General licencia para que sus Religiosos pasen a Indias, 3, 3, 7. Santa Marta cayo de doce leguas, es saqueado de sus piratas, 4, 10, 1. San Nicols puerto de la Espaola, en que estuvo Coln, 1, 4, 1.— T —Tabasco ro, su descubrimiento, 2, 9, 6. Talabera disgustado con Ojeda, 1, 6, 6. Temperamento benigno de Cuba, 1, 9, 4. Tempestad una en la costa de frica, arroja de ella la nave que descubre las Indias, 1, 1, 2. Tenedor de bienes de difuntos nombraba el Cabildo, 6, 2, 8. Teniente de Gobernador Pedro de Barba, Teniente de La Habana, 2, 10, 2; Francisco Verdugo, Teniente de la Trinidad, all, que el Gobernador no tuviese ms que uno, y entrase en Cabildo, 3, 15; que no haya ms que un Teniente, ibdem. Terrenos de Cuba sus serranas y llanuras, 1, 9, 2. Tesorero Real Miguel de Pasamonte fue el primero que cuando Diego de Velzquez pas a poblar a Cuba, trajo este encargo, 2, 1, 4; Cristbal de Cullar, segundo Tesorero de Cuba, 1, 5, 11; 2, 3, 9. Tiburn pez grande, 1, 4, 4. Tiempo en que se descubrieron las Indias llamadas Nuevo Mundo, 1, 1, 1. Tierra firme la descubre Coln, 1, 5, 2. Tordecillas convencin que hicieron en ella los Reyes Catlicos y de Portugal, sobre divisin de las Indias, 1, 3, 6. Tormenta que padece un bajel de Porcallo, 3, 3, 2 y siguientes. Trrida zona su intemperie inquieta a la tripulacin de Coln, 1, 1, 3.

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 258\ 258\ 258\ 258\ 258\ Tortugas grandes y muchas en la costa de Cuba, 1, 4, 4; su tamao y calidad, 1, 8, 5. Trigo no se coge en Cuba, 1, 9, 5. Trinidad su poblacin y situacin, 2, 6, 4; su Teniente de Gobernador Francisco Verdugo; 2, 10, 2; arriban a ella navos mandados por Corts, 3, 1, 8; tormenta que padeci, 3, 3, 2 y siguientes.— V —Vasco Rodrguez vecino de La Habana, 6, 7, 4. Vasco Porcallo poblador de San Juan de los Remedios, 2, 6, 8; pretende la conquista de Nueva Espaa, 2, 11, 1; pero propuesto, Velzquez se excusa, 1, 11, 3; ofrece a Narvez proveerle su escuadra, 3, 3, 2; su calidad y presentacin a Soto, 4, 2, 4; sigue la conquista de Florida de Teniente general, 5; hace presentes a sus gentes y ejrcito, y lleva un excesivo tren a Florida, 4, 2, 6; pasa a Florida, 4, 6, 2; mtanle el caballo en Florida, 4, 7, 1; atllase y comienza a pensar en su comodidad, 2; pide y obtiene licencia de retirarse, 3; hcelo a La Habana y se le critica, 4. Veneno no lo tiene ninguno de los animales de Cuba, 1, 9, 10. Velosa ( Bachiller ) trajo la caa dulce de Espaa, 1, 9, 5. Veycos vino o bebida que hacan los indios del agua de yuca, 1, 9, 5; su prohibicin, 5, 3, 2. Villa de San Juan de los Remedios su poblador Vasco Porcallo, 4, 11, 4. Vino no se coge de uva en Cuba, 1, 9, 5; derechos que haban de pagar sus pipas, 6, 4, 10.— Y —Yerbas de los pastos de Cuba, 1, 9, 8. Yegua la de Narvez asombra a los indios, 2, 2, 3; se vale de ella con pretal de cascabeles para ausentarlos, 5. Yucatn lo que dista de Cuba, 1, 9, 8. Yumur, ro, 1, 8, 7.— Z —Zonas todas cinco son habitables, 1, 1, 5.

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NDICE ONOMSTICO NDICE ONOMSTICO NDICE ONOMSTICO NDICE ONOMSTICO NDICE ONOMSTICO — A —Aceituno, Mateo: 163, 166, 167, 172, 182, 190, 201 Acosta, padre: 58 Adrianico: 77, 78 Adriano, cardenal: 112 Adriano VI, papa: 118, 127 Aguado, Juan de: 42 guila, Miguel de: 208 Aguilar, Alejo de: 201 Aguilar, Alonso de: 202, 203, 204 Aguilera, Francisco de: 219

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 260\ 260\ 260\ 260\ 260\ Alaminos, Antn de: 186 Alejandro VI, papa: 35, 37 Almendariz, Leonardo, licenciado: 209, 213, 218, 219, 222 Almirante. Ver Coln, Cristbal Alonso de Freire, Francisco: 219 Alonso Pinzn, Martn: 34, 96 Altamirano, licenciado: 130, 139 Alvarado, Jorge: 101 Alvarado, Juan de: 101, 102 Alvarado, Pedro de: 87, 94, 95, 96, 99, 102, 103 lvarez de Velasco, Gabriel: 6 Aasco, Juan de: 167, 174, 175 Anaxa, indio: 148 Andrs, Pedro: 219 Angulo: 88, 186 Angulo Garcicaro: 102 Arana, Diego de: 35, 38 Aranda, Antonio de: 127 Arias Dvila, Pedro: 92, 163 Aristteles: 62 Arrate, Jos Martn Flix de: 11, 85, 86, 88, 182, 185, 201, 220 Atahualpa: 160 Atienzo: 57 valos, Juan de: 138 vila, Juan de: 182 vila de Mendoza, Alonso de: 112— B —Baal, Roberto: 182, 189, 208 Bachiller Casas. Ver Casas, Bartolom de las

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /261 /261 /261 /261 /261 Baldo Tuseo: 8 Baona, Juan de: 219 Barba, Pedro de: 88, 97, 102, 108 Bateta, Gregorio de: 198 Beloza, bachiller: 57 Beltrn, licenciado: 137 Bermdez, Baltasar: 99, 104 Blasco, Pedro: 200, 202, 203, 209, 216, 219, 221 Bobadilla, Francisco de: 42, 43, 66 Bobadilla, Isabel de: 161, 162, 163, 171, 172, 174, 176, 182, 185 Bobadilla, Leonor de: 161, 164 Bohemia, Martn de: 27 Borremans, Francisco: 128— C —Caballero, Pedro: 108 Cabrera, Gabriel de: 62 Cagigal de la Vega, Francisco: 18 Caldern, Calixto: 209, 213 Caldern, Pedro: 174, 175 Calese, Dionisio: 128 Camacho: 77 Cncer de Barbastro, Luis: 197, 198 Crdenas Cano: 87, 110, 141 Carlos V, emperador: 58, 117, 118, 119, 127, 141, 143, 160, 206 Carlos VIII: 27 Carvajal, Luis de: 215, 217 Casas, Bartolom de las: 73, 74, 75, 76, 77, 78, 79, 80, 82, 83, 89, 90, 93 Casas, Francisco de: 115, 130 Castellanos, Juan de: 110

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 262\ 262\ 262\ 262\ 262\ Castro, Hernando de: 136 Castro, Juan Francisco de: 7 Catlicas Majestades. Ver Reyes Catlicos Cedeo, Juan de: 102 Cerda, lvaro de la: 144 Chvez, Antonio de: 190, 194, 195, 197, 201 Ciguer, Enrique: 145 Cobos, Francisco de los: 137 Coloma, Juan de: 28 Coln, Bartolom: 42, 65 Coln, Cristbal: 3, 25, 26, 27, 28, 29, 30, 33, 34, 35, 37, 38, 39, 40, 42, 43, 44, 51, 52, 59, 65, 77, 83, 91, 94, 117, 187 Coln, Diego: 38, 44, 49, 50, 65, 109 Coln, Fernando: 44 Conde de la Gomera: 161, 164 Contrera, Alonso de: 114 Crdova, Diego de: 219 Corts, Hernn: 15, 66, 67, 69, 71, 72, 73, 83, 86, 87, 88, 99, 100, 101, 102, 103, 104, 105, 106, 107, 108, 109, 110, 111, 112, 113, 114, 115, 128, 130, 132, 138 Cullar, Cristbal de: 73, 82 Cullar, Mara: 73 Cuevas, Miguel de: 219— D —Dvila, Alonso: 94, 101 Dvila, Baltasar: 219 Dvila Orejn, Francisco: 189 Decio Carrafe, nuncio: 128 Daz de Florencia, Pedro: 17 Daz del Castillo, Bernal: 87 Daz, Juan: 94, 219

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /263 /263 /263 /263 /263 Daz, Mateo: 219 Duchesne, padre: 96 Duero, Andrs: 66, 72, 100, 106, 112, 114— E —Enrique VII: 27 Escalante, Juan de: 101, 102 Escudero, Juan: 72, 73 Espinosa, Diego de, escribano: 216 Esquivel, Juan de: 48, 69, 90 Estvez, licenciado: 212— F —Feijoo, Benito, fray: 6 Felipe, prncipe: 143, 208 Ferias, los: 163 Fernndez de Crdova, Francisco: 92, 93, 94, 97 Fernndez de Velazco, Pedro: 16 Fernndez del Moral, Juan: 219 Fernando, rey catlico: 28, 117 Flandes, Juan: 141 Francisco I: 141 Francisquillo: 100 Fuenmayor, licenciado: 151 Fuentes, donado: 198— G —Garay, Francisco de: 113 Garcs, Julin: 97, 116, 147 Garca Caro: 88

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 264\ 264\ 264\ 264\ 264\ Garca Freire, Bartolom: 219 Garca, Juan: 198 Garca, padre: 62 Garrebot, Lorenzo de: 115 Gomara: 73 Gmez: 101 Gmez Arias: 173, 174, 175, 176, 179, 186 Gmez Surez de Figueroa: 171, 174 Gonzlez, Alfonso: 92 Gonzlez, Alonso: 93 Gonzlez, Bartolom: 128 Gonzlez, Gil: 55, 85, 192 Gonzalo, Pedro: 101 Grijalba, Juan de: 73, 74, 94, 95, 96, 97, 99 Gemes y Horcasitas, Juan Francisco de: 16 Guerrero, Francisco: 147, 148 Gutirrez, Francisco: 200 Gutirrez, Juan: 203, 219, 221, 223 Guzmn, Gonzalo de. Ver Nez de Guzmn, Gonzalo— H —Hatuey, cacique: 49, 50, 65, 67, 68 Henrquez, Beatriz: 44 Hernndez de Portocarrero, Alonso: 101, 112 Hernndez. Ambrosio: 219 Hernando Soto, de: 152 Herrera, Antonio: 28, 35, 44, 46, 53, 54, 55, 57, 58, 59, 72, 73, 79, 81, 83, 84, 85, 86, 87, 88, 100, 114, 116, 128, 131, 137, 141, 142, 146, 149 Herrera, Juan de: 222 Hinestrosa, Juan de: 200, 221, 223

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /265 /265 /265 /265 /265 Hirrihiagua, cacique: 173 Horacio: 5— I —Ibarra, licenciado: 89 Inca Garcilaso: 157, 159, 163, 165, 177 Inestrosa. Ver Hinestrosa, Juan de Isabel, reina catlica: 28, 44, 117 Isla, padre: 96— J —Juan II, rey: 150 Juan, prncipe: 30 Juana, reina: 117, 206 Jurez, Catalina: 72 Jurez, Juan: 72 Julin, indio: 92, 93— L —Lares Burgales, Amador de: 100 Lebrija, Antonio: 97 Lebrn, licenciado: 89 Ledesma, Francisco de: 209 Lema, Antonio: 27 Len X, papa: 117, 118 Leonor, reina: 141 Llerena: 114 Lobera, Juan de: 213, 215, 219 Lpez Durn, Diego: 219 Lpez, Francisco: 210, 212, 219, 220

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 266\ 266\ 266\ 266\ 266\ Lpez, Jernimo: 127, 128 Lovera, Juan de: 201, 202, 203, 221— M —Majestades Catlicas. Ver Reyes Catlicos Maldonado, Diego, capitn: 175, 176, 177, 178, 179, 180, 181, 183, 186 Manzaneda, Severino: 17 Mara Santsima: 45 Marn, Benito: 97 Martn, Rodrigo: 219 Martnez de la Vega, Dionisio: 15 Martnez, hermanos: 88, 102 Mascardo: 8 Maximiliano, rey de Bohemia: 199 Mayor de Fonseca: 98 Mazariegos, Diego de: 221, 223 Medina-Celi, duque de: 27 Medina-Sidonia, duque de: 27 Meja, Gonzalo: 101 Mejas de Trillo, Pedro: 136, 139, 143, 146 Melchor, indio: 92, 93 Mena, Marcos de: 220 Mendoza, Antonio de: 168 Menndez de Avils, Pedro: 132 Meza, Bernardino de: 88, 90, 116, 156 Meza, Bernardo de: 116, 155, 159 Minelo, Diego: 144 Miruelo, Diego: 92 Moctezuma: 95, 106, 179 Montejo, Francisco de: 88, 94, 102, 112

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /267 /267 /267 /267 /267 Montesino, Reinaldo: 136 Morales, Francisco de: 66, 71 Morejn, Rodrigo: 108 Morell de Santa Cruz, Pedro Agustn: 11, 128, 153, 185, 190, 208 Moreno, provisor: 114 Moreri: 44, 60, 72, 166 Morn, Pedro de: 147, 171 Moscoso de Alvarado, Luis de: 180 Muiz de Perestelo, Felipa: 44— N —Njera, Juan de: 88, 102 Narvez, Pnfilo: 68, 69, 70, 71, 73, 74, 75, 76, 77, 80, 81, 82, 83, 98, 103, 104, 105, 106, 107, 108, 109, 112, 113, 141, 142, 143, 144 Nebrija, Antonio. Ver Lebrija, Antonio Nicardo, Nicols: 219 Nez Cabeza de Vaca, lvaro: 142 Nez de Guzmn, Gonzalo: 98, 109, 135, 138, 139, 147, 148, 149, 152, 155, 156, 157, 159, 162, 163, 169, 183 Nez, licenciado: 130— O —Obispo de Burgos: 97, 98, 108, 110, 112 Ocampo, Sebastin de: 45, 46, 52, 73, 74, 82, 86, 187 Ochoa de Luyando: 199 Ojeda, Alfonso de: 75 Ojeda, Alonso de: 43, 47, 60 Olid, Cristbal de: 95, 114, 115 Oliva, Diego de: 171 Olmedo, Bartolom de: 106, 107 Ordas, Martn de: 219

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 268\ 268\ 268\ 268\ 268\ Ordaz, Diego de: 102, 103, 112 Ordaz, Pedro de: 48 Orejn: 53 Oribe, Juan de: 200, 207, 210, 222 Ovando, Nicols de: 42, 43, 44, 45, 46, 50, 65, 66 Oviedo: 58— P —Pacheco: 88 Padre las Casas. Ver Casas, Bartolom de las Pantoja, capitn: 142 Parada, licenciado: 111, 114 Pasamonte, Miguel de: 67, 89 Paulo III, papa: 147 Paulo V, papa: 128 Paz, Rodrigo de: 130 Pealosa, Diego de: 198 Prez de Angulo, Gonzalo: 197, 200, 202, 203, 206, 209, 211, 212, 213, 215, 220, 221, 222, 223 Prez de Borroto, Francisco, escribano: 200, 202, 203, 204, 211 Prez, Diego, capitn: 153, 154, 155, 156 Piedrahita: 182 Pimienta, Tiburcio: 16 Pizarro, Alonso: 26 Pizarro, Gonzalo: 180 Ponce de Len, Juan: 90, 93, 108, 110, 132 Ponce, Hernn: 169, 170, 171, 172, 173 Porcallo de Figueroa y de la Cerda, Vasco: 163 Porcallo, Vasco: 85, 99, 104, 132, 142, 162, 164, 171, 173, 174 Porras, los: 44 Potiers, Cornelio: 128

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /269 /269 /269 /269 /269— R —Ramrez, Diego: 148 Ramrez, Miguel: 141, 142, 143, 144, 145 Ramrez, Sebastin: 145 Rangelo, Rodrigo: 101 Recio, Antn: 88 Recio, Gonzalo: 219 Regala, marqus de la: 26, 28 Reina, Alonso de: 219 Rentera, Pedro de la: 82, 83 Reyes Catlicos: 3, 27, 28, 34, 35, 36, 42, 127 Reyes de Castilla. Ver Reyes Catlicos Ribadeneira: 55 Rivadeneira, Pedro, intrprete: 147 Robledo, Juan de: 219 Rodrguez de Fonseca, Juan: 109 Rodrguez Pacheco, Sebastin: 102 Rodrguez, Sebastin: 88 Rodrguez, Vasco: 219 Rojas: 88, 102 Rojas, Alonso de: 209, 213 Rojas, Francisco de: 219 Rojas, Juan de: 152, 167, 169, 172, 173, 182, 183, 200, 201, 208, 211, 213, 216, 218, 219, 221, 222, 223 Rojas, Manuel de: 109, 131, 135, 136, 137, 138, 140, 141, 143, 149, 150 Roldn, Francisco: 42 Romn, Martn de: 199 Ruano, Juan: 114 Ruiz, Antonio: 219 Ruiz de Guevara, Juan: 106

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 270\ 270\ 270\ 270\ 270\— S —Salazar: 114 Salazar, Gonzalo de: 161 Samano, Juan de: 195, 199, 207 Snchez de Huelva, Alonso: 26 Snchez Tarsan, Pedro: 101 Snchez y Hermoso, Juan: 219 Sandoval, Gonzalo de: 101, 106, 111, 114 Sanjurjo, soldado: 168 Sant Angel, Luis: 28 Santa Clara: 88, 102 Sarmiento, Diego: 192, 208 Savelli: 8 Sayller, Jernimo: 145 Selvagio, Juan: 93 Sols: 73, 94, 100, 131 Solrzano, Juan de: 10, 27, 43, 55, 60, 193 Soto, Diego de: 88, 102, 200, 202, 203, 209, 213, 214, 215, 216, 219 Soto, Hernando de: 116, 132, 149, 155, 156, 157, 159, 160, 161, 163, 164, 169, 170, 171, 172, 175, 178, 179, 180, 182, 183, 186 Surez, Catalina: 114 Surez, Juan: 114, 141— T —Talavera: 47 Tapia, Cristbal de: 108, 109, 110, 111 Tesel, Juan: 194, 195 Toledo, Alonso: 213 Toledo, Mara de: 73 Torquemada: 66, 73, 165

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IGNACIO JOS DE URRUTIA Y MONTOYA /271 /271 /271 /271 /271 Torre, Antonio de la: 200, 202, 203, 204, 213, 215, 219, 221 Torres, Cristbal de: 127 Torres, Luis de: 31, 32, 59, 61, 69 Tovar, Nuo: 160, 164— U —Ulloa, Martn de: 17 Urango, Fernando de: 205, 208 Urrutia Matos, Bernardo de: 6, 16— V —Vaca, Luis: 127 Valdovino, hermano: 127 Varona, Diego: 17 Vzquez de Ailln, Lcas: 104, 105, 106, 109 Vzquez, Francisco: 221 Velazco, Luis de: 220 Velzquez, Antonio: 99 Velzquez, Bernardino: 99 Velzquez, Cristbal: 219 Velzquez de Len, Juan: 101 Velzquez, Diego: 15, 50, 52, 54, 65, 66, 67, 68, 69, 71, 72, 73, 74, 81, 82, 83, 88, 89, 90, 91, 92, 93, 94, 95, 96, 97, 98, 99, 100, 101, 102, 103, 104, 105, 106, 107, 108, 109, 111, 112, 113, 114, 115, 128, 130, 131, 132, 133, 135, 138, 144 Velzquez, Magdalena: 135 Velzquez, Pedro: 202, 203, 209, 215, 219 Veraguas, duque de: 44 Verdugo, Francisco: 97, 102 Vespucio, Amrico: 43, 96 Vicente, Martn: 27 Villafae, ngel de: 221

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TEATRO HIST"RICO, JURDICO Y POLTICO MILITAR 272\ 272\ 272\ 272\ 272\ Villavicencio, Pedro: 17 Visco, Vicente: 199— W —White, Juan de: 115, 116, 118, 120, 128, 141, 142, 157— X —Xerez, Rodrigo de: 31, 32, 59, 61, 69— Y —Yez Pinzn, Vicente: 43 Yevenes, Francisco de: 209, 213, 214, 216— Z —Zequeira, Juan de: 19 Zuaso, Alonso de: 108, 109, 113, 130, 135

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PR"LOGO ......................................................................................................................... HISTORIA DEL DOCTOR URRUTIA ..............................................................................Historia del doctor Urrutia Historia del doctor Urrutia Historia del doctor Urrutia Historia del doctor Urrutia Historia del doctor UrrutiaDEDICATORIA .......................................................................................................... Introduccin CAPTULO I. MOTIVOS DE ESCRIBIR .................................................................. CAPTULO II. UTILIDAD DE LA OBRA ..................................................................... CAPTULO III. PLAN, MTODO Y DIVISI"N DE LA OBRA ......................................... NDICE DE LAS MA NDICE DE LAS MA NDICE DE LAS MA NDICE DE LAS MA NDICE DE LAS MA TERIAS TERIAS TERIAS TERIAS TERIAS QUE CONTIENE ESTE TOMO QUE CONTIENE ESTE TOMO QUE CONTIENE ESTE TOMO QUE CONTIENE ESTE TOMO QUE CONTIENE ESTE TOMOV XI 3 5 11 20

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Libro primero Del descubrimiento que hizo Don Cristbal Coln de la isla de Cuba, sus reconocimientos y calidades de su terreno y habitantes CAPTULO I. DEL TIEMPO, ESTADO Y MEDIOS CON QUE SE DESCUBRI" EL NUE-VO MUNDO, LLAMADO INDIAS OCCIDENTALES POR DON CRIST"BAL COL"N ...... CAPTULO II. ADQUIERE EL ALMIRANTE NOTICIA DE UNA TIERRA GRANDE LLAMADA CUBA, LA SOLICITA Y DESCUBRE, Y RECONOCIENDO PARTE DE SUS COSTAS, TOMA INDIOS QUE CONDUCIR A CASTILLA .................................................. CAPTULO III. DEJANDO COL"N EN LA ISLA ESPAOLA TREINTA Y OCHO CAS-TELLANOS, VUELVE A ESPAA: ES BIEN RECIBIDO DE LOS REYES CAT"LICOS:OBTIENEN SUS MAJESTADES DONACI"N PONTIFICIA DE LAS INDIAS, DIVIDIEN-DO LAS DEL PORTUGUS: SE DA A COL"N EL TTULO DE ALMIRANTE, Y HACE SEGUNDO VIAJE A ELLAS .................................................................................... CAPTULO IV VUELVE EL ALMIRANTE AL RECONOCIMIENTO DE CUBA Y BOJEA POR LA COSTA DEL SUR HASTA LA ISLA DE PINOS; DE RETORNO SE DICE MISA EN TIERRA, Y DE UN CACIQUE DE ELLA ES EXHORTADO .................................. CAPTULO V. DE LOS VIAJES, DESCUBRIMIENTOS Y TRABAJOS DEL ALMIRANTE HASTA SU MUERTE: Y GOBIERNOS EN LA ISLA ESPAOLA, DE FRANCISCO DEBOBADILLA Y NICOLS DE OVANDO .................................................................. CAPTULO VI. POR ORDEN DEL REY, MANDA EL COMENDADOR OVANDO ASEBASTN OCAMPO QUE BOJEE A CUBA, QUIEN HALLA SER ISLA, Y CON DOS ACCIDENTALES ARRIBOS DE ESPAOLES, SE ASIENTA EN OTRAS TANTAS PRO-VINCIAS DE ELLA LA DEVOCI"N DE MARA SANTSIMA ........................................... CAPTULO VII. PSASE A LA ISLA DE CUBA DESDE LA ESPAOLA EL CACIQUEHATUEY CON SUS VASALLOS, AMEDRENTADOS DE LOS EUROPEOS, Y EXHORTA A LOS SUYOS A FIN DE OCULTAR EL ORO PARA CUANDO LOS SIGAN EN ELLA ................ CAPTULO VIII. COMIENZA A DESCRIBIRSE LA ISLA DE CUBA, DANDO NOTICIA DE SU SITUACI"N, COSTAS Y CAYOS, MOVIMIENTO DEL MAR EN ELLAS, PECES,PUERTOS, BAHAS, ROS Y SALINAS .......................................................................... CAPTULO IX. CONTINA LA DESCRIPCI"N DE LA ISLA DE CUBA POR LO RES-PECTIVO A SU LONGITUD, LATITUD Y TERRENO, FERTILIDAD, MONTES, FRUTOS AVES Y ANIMALES ...................................................................................................... CAPTULO X. DE LAS CALIDADES DE LOS HABITANTES DE CUBA, ORIGEN DE SU POBLACI"N, PROVINCIAS EN QUE ESTABA DIVIDIDA, RELIGI"N, GOBIERNO Y COSTUMBRES ............................................................................................................ 25 29 34 37 42 45 49 51 54 59

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Libro segundo Comprende la pacificacin y poblacin de la isla de Cuba, durante el Gobierno de Diego Velzquez desde 1511 hasta 1525 CAPTULO I. PASA DIEGO VELZQUEZ (CUYO MRITO Y CALIDAD SE EXPRE-SAN) A PACIFICAR Y POBLAR A CUBA: TOMA PUERTO EN EL DE PALMAS, VENCE Y CASTIGA AL CACIQUE HATUEY, Y SE PACIFICA LA PROVINCIA DE MAIS ............... CAPTULO II. VIENEN DE JAMAICA A CUBA TREINTA FLECHEROS CON SU CABOPNFILO NARVEZ A QUIEN HACE CAPITN VELZQUEZ: PUEBLA LA VILLA DEBARACOA Y MANDA A NARVEZ A RECONOCER LA ISLA: ES SORPRENDIDO DE LOS BAYAMESES, Y SE LIBRA AL RUIDO DE UNA YEGUA CON CASCABELES ................ CAPTULO III. INQUITASE BARACOA, PRENDE EL GOBERNADOR AL CAPITNMORALES Y A CORTS, CUYA TRAGEDIA, AMORES, CASAMIENTO Y RECONCILIA-CI"N SE EXPRESAN. SALE VELZQUEZ A RECONOCER LA COSTA DEL SUR. LLEGAN OCAMPO Y EL TESORERO CRIST"BAL DE CULLAR. DESP"SASEVELZQUEZ, ENVIUDA Y SE RINDEN LOS BAYAMESES .............................................. CAPTULO IV. CONTINAN NARVEZ Y EL PADRE BARTOLOM DE LAS CASAS EL RECONOCIMIENTO DE LA ISLA, LO HACEN DE LAS PROVINCIAS DE CUEYB, CAMAGEY Y DE LOS PUEBLOS DE CAONAO Y LA ROSA, CON LOS PARTICULARES SUCESOS QUE SE EXPRESAN ..................................................................................... CAPTULO V. ADQUIRESE NOTICIA DE HABER DOS MUJERES Y UN HOMBRE CAUTIVOS EN LA PROVINCIA DE LA HABANA Y SE MANDAN A BUSCAR. RECON"CESE EL PUEBLO DE CARAHATE O CASA-HARTA Y LLEGAN A L LAS MUJERES: CONTINASE EL RECONOCIMIENTO DE LA TIERRA Y SE RESTAURA EL HOMBRE .............................................................................................................. CAPTULO VI. FUNDA VELZQUEZ LAS VILLAS DE TRINIDAD, SANCTISPRITUS, PUERTO DEL PRNCIPE, SAN SALVADOR DEL BAYAMO, SANTIAGO DE CUBA, SAN JUAN DE LOS REMEDIOS Y LA HABANA, Y MANDA EL REY QUE ESTA ISLA SE DENOMINE FERNANDINA .................................................................. CAPTULO VII. PUBLANSE EN LA PROVINCIA DE LA HABANA, LAS VILLAS DESAN CRIST"BAL AL SUR, Y PUERTO DE CARENAS AL NORTE. RENESE AQUE-LLA A ESTA POR LAS CAUSAS QUE SE EXPRESAN Y SE DA NOTICIA DE SUS PRIME-ROS POBLADORES ..................................................................................................... CAPTULO VIII. ADELNTANSE LAS VILLAS, Y SE ERIGE A CUBA OBISPADO,NOMBRNDOSE POR SU PRIMER OBISPO A FRAY BERNARDINO DE MEZA: HA-CEN SUS VECINOS VARIAS SALIDAS POR MAR Y TRAEN INDIOS Y RIQUEZAS, Y CONCEDE S. M. ARMAS A CUBA ............................................................................... 65 68 71 74 78 82 85 88

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CAPTULO IX. HACEN NUEVAS SALIDAS FRANCISCO FERNANDEZ DE C"RDOVA Y JUAN DE GRIJALBA Y DESCUBREN A YUCATN, CAMPECHE, SAN JUAN DEULA Y OTRAS COSTAS E ISLAS ................................................................................. CAPTULO X. MANDA DIEGO VELZQUEZ SUS PROCURADORES A LA CORTE Y CONSIGUE LA MERCED DE ADELANTADO DE TODO LO QUE POBLASE EN LO DESCUBIERTO, CON OTRAS CAPITULACIONES. ES ELEGIDO POR SEGUNDO OBIS-PO DE CUBA FRAY JULIN GARCS ....................................................................... CAPTULO XI. DISPONE DIEGO VELZQUEZ NUEVO ARMAMENTO PARA LA CONQUISTA DE YUCATN Y NUEVA ESPAA, Y LO ENTREGA A HERNN COR-TS, QUIEN LO SACA DE LA ISLA DESPUS DE REVOCADOS SUS PODERES .................. CAPTULO XII. HABILITA VELZQUEZ MAYOR ARMADA PARA IR PERSONAL-MENTE CONTRA CORTS: OP"NESE LA REAL AUDIENCIA A QUE SALGA DECUBA, Y LA CONFA A PNFILO NARVEZ, QUIEN EN NUEVA ESPAA ES VEN-CIDO Y PRESO POR CORTS ...................................................................................... CAPTULO XIII. MANDA VELZQUEZ, CON PEDRO DE BARBA Y RODRIGOMOREJ"N, SOCORROS A NARVEZ, Y SE APREHENDEN POR LOS DE CORTS. VIENE EL LICENCIADO ZUASO CON RESIDENCIA A CUBA: DASE COMISI"N ACRIST"BAL DE TAPIA, LA QUE SE OBEDECE Y NO EJECUTA, Y MUERE JUANPONCE DE LE"N ..................................................................................................... CAPTULO XIV. VARAN DE SEMBLANTE EN LA CORTE LOS ASUNTOS DEVELZQUEZ Y CORTS, RECUSAN AL OBISPO DE BURGOS, Y SE DECIDE LA JUSTICIA, SOSTENIENDO EN LA CONQUISTA Y SUS DERECHOS A HERNN COR-TS, CON RESERVA DE LOS INTERESES EROGADOS POR VELZQUEZ ...................... CAPTULO XV. ES ELECTO POR TERCER OBISPO DE CUBA FRAY JUAN DEWHITE: ERIGE SU CATEDRAL EN LA CIUDAD DE SANTIAGO DE CUBA, CON EL AUTO Y BULAS DE QUE SE TRAE COPIA ..................................................................... CAPTULO XVI. TRATA DE OTRAS PROVIDENCIAS SOBRE LA CATEDRAL, DEL TTULO DE CIUDAD Y ARMAS DE LA VILLA DE SANTIAGO: SENTENCIA DEL PLEI-TO ENTRE CORTS Y VELZQUEZ, MUERTE Y MRITOS DE ESTE ........................... Libro tercero De lo acaecido en la isla Fernandina de Cuba desde 1525 hasta 1538, bajo los Gobiernos de Manuel de Rojas y Gonzalo de Guzmn CAPTULO I. NOMBRA S. A. PARA EL GOBIERNO INTERINO A MANUEL DEROJAS: PROVENSE ALGUNOS PUNTOS DE SU GOBIERNO, INQUITANSE LOS NA-TURALES, Y PADECE UN GRAN INCENDIO LA CIUDAD DE SANTIAGO .......................... 92 97 99 103 108 112 115 128 135

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CAPTULO II. RECIBEN A GONZALO DE GUZMN POR SEGUNDO GOBERNADOR DE CUBA, Y SE LE CONFIEREN VARIAS "RDENES SOBRE LIBERTAD Y TRATO DE LOS INDIOS, Y EL MEJOR RGIMEN DE LA ISLA ........................................................ CAPTULO III. LLEGA A CUBA PNFILO NARVEZ, ADELANTADO DE LA FLO-RIDA, CON SU ARMADA. PRESNTASE PARA CUARTO OBISPO DE ESTA ISLA AFRAY MIGUEL RAMREZ. PIERDE UN NAVO AQUELLA, EN UN FUERTE HURA-CN QUE DERRIB" LA VILLA DE TRINIDAD, Y S. M. EXPIDE VARIAS PROVIDEN-CIAS PARA EL RGIMEN Y AUMENTO DE LA ISLA ...................................................... CAPTULO IV. REFIERE LA SALIDA Y XITO DE LA EXPEDICI"N DE NARVEZ:VARIAS PROVIDENCIAS PARA EL GOBIERNO DE LA ISLA Y SALIDA DEL SEORDIOCESANO DON FRAY MIGUEL RAMREZ, Y SE DA NOTICIA DEL CHAPAPOTE Y PIEDRAS REDONDAS .............................................................................................. CAPTULO V. COMUNCASE REAL ORDEN AL GOBERNADOR GONZALO DEGUZMN, PARA QUE EXAMINE LA CAPACIDAD DE LOS INDIOS, Y LOS REDUZCA A LIBERTAD Y VIDA SOCIAL: LO EFECTA Y DESTINA PARA SU CAPELLN Y DI-RECTOR AL PRESBTERO FRANCISCO GUERRERO ................................................ CAPTULO VI. REFIRENSE VARIAS CONSULTAS QUE HABA HECHO MANUEL DEROJAS PARA FOMENTO DE LA ISLA, Y REAL RESOLUCI"N DE ALGUNAS DE ELLAS ... CAPTULO VII. INSULTAN A LAS INDIAS LOS PIRATAS FRANCESES: SAQUEAN LA VILLA DE LA HABANA Y TIENE UN BARCO DE ELLOS EXTRAA BATALLA CON OTRO ESPAOL, DENTRO DEL PUERTO DE SANTIAGO ............................................... CAPTULO VIII. QUEDAN TEMEROSOS LOS CUBANOS Y TOMAN PRECAUCIONES PARA LAS RESULTAS. LLEGA LA ARMADA DE HERNANDO DE SOTO, SU GOBER-NADOR, Y EN ELLA EL OBISPO DON FRAY BERNARDO DE MEZA: PELIGRA LACAPITANA A LA ENTRADA Y DESEMBARCAN EN EL PUERTO .................................... Libro cuarto Relaciona lo ocurrido en el Gobierno de Hernando de Soto, tercer Gobernador de la isla Fernandina de Cuba, y Adelantado de Florida, desde 1538 hasta 1544 CAPTULO I. TOMA POSESI"N DE LA SILLA EL ILUSTRSIMO DON FRAY BER-NARDO DE MEZA Y DEL GOBIERNO DE CUBA EL ADELANTADO HERNANDO DESOTO, Y SE DA NOTICIA DE SU MRITO Y VIAJE HASTA ELLA ..................................... CAPTULO II. VISITA EL GOBERNADOR LOS PUEBLOS COMARCANOS, MANDA AUXILIAR LA RUINA DE LA HABANA, NOMBRA A DOA ISABEL DE BOBADILLA PARA EL GOBIERNO DE LA ISLA, Y A GONZALO DE GUZMN POR SU TENIENTE,Y POR TENIENTE GENERAL DE LA CONQUISTA A VASCO PORCALLO ....................... 138 141 144 147 149 151 155 159 162

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CAPTULO III. SALE EL ADELANTADO PARA LA HABANA: AH"RCANSE MU-CHOS INDIOS, Y SE DAN PROVISIONES PARA SU ALIVIO E INSTRUCCI"N SOBRE LOS NEGROS .................................................................................................................... CAPTULO IV MANDA EL ADELANTADO RECONOCER LAS COSTAS DE LA FLORI-DA, Y SE COMIENZA EN LA HABANA EL CASTILLO DE LA FUERZA, POR SU PRIMER CASTELLANO MATEO ACEITUNO .............................................................. CAPTULO V. DE LAS LTIMAS DISPOSICIONES PARA SALIR A FLORIDA; NOM-BRAMIENTO DE TENIENTE DE GOBERNADOR DE LA HABANA EN JUAN DEROJAS; LLEGADA A ELLA DE HERNN PONCE, Y LO QUE CON ESTE OCURRI" ..... CAPTULO VI. EMBRCASE LA TROPA Y CABALLERA: SALE LA ARMADA PARA LA PROVINCIA DE LA FLORIDA, Y DEMANDA HERNN PONCE AL ADELANTADO ..... CAPTULO VII. LLEGA LA ARMADA A LA FLORIDA, PADECE VASCO PORCALLO EN LOS PRIMEROS ENCUENTROS Y SE RETIRA A LA HABANA. RECONOCE ELADELANTADO LA TIERRA HACIA APALACHE Y VIENE G"MEZ ARIAS A LA HA-BANA ........................................................................................................................ CAPTULO VIII. DESCBRESE EL PUERTO DE ACHUS, QUE DELIBERA PO-BLAR EL ADELANTADO: MANDA A DIEGO MALDONADO A LA HABANA. RECO-NOCE VARIAS PROVINCIAS Y RECIBE UNA FUERTE BATALLA EN LA DE TASCALUZA. VUELVE MALDONADO A ACHUS Y NO HALLA AL ADELANTADO, POR HABERSE INTERNADO ............................................................................................................. CAPTULO IX. GANAN EL FUERTE DE ALIBAMO, Y SE RECONOCEN OTRAS PRO-VINCIAS. MUERE EL ADELANTADO, CUYA PERSONA SE BOSQUEJA Y SE LE DAN DOS SEPULTURAS A SU CUERPO. BSCALO DOS VERANOS MALDONADO, Y EN AMBOS VUELVE A LA HABANA, SIN SABER DE L .................................................... CAPTULO X. LOS PIRATAS SAQUEAN A SANTA MARTA Y CARTAGENA; PERO ACOMETIENDO A LA HABANA SON RECHAZADOS. VUELVE MALDONADO EN SO-LICITUD DEL ADELANTADO, HALLA Y TRAE NOTICIA DE SU MUERTE, DE QUE RESULTA LA DE SU MUJER Y CONCLUYE ESTE GOBIERNO ........................................ Libro quinto Trata del cuarto Gobernador licenciado Antonio de Chvez, y de cmo comenz la villa de La Habana a atraer la atencin de sus gobernadores, por oportuna escala a la nueva navegacin de Europa, desde 1545 hasta 1548 CAPTULO I. DESCUBIERTO EL CANAL DE BAHAMA Y SU VENTAJOSA NAVEGA-CI"N POR LAS CAUSAS QUE SE EXPONEN, LLAMA LA ATENCI"N, Y PRESENCIA DEL GOBERNADOR EN LA VILLA DE LA HABANA .................................................... 164 166 169 171 173 175 178 181 185

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CAPTULO II. ESTABLECIDA LA NAVEGACI"N POR DICHO CANAL DE BAHAMA,SE HACE NECESARIA ESCALA EN LA HABANA POR SU SITUACI"N Y CALIDADES QUE SE EXPRESAN ................................................................................................... CAPTULO III. EL REY MANDA SALUDAR EL CASTILLO DE LA HABANA, Y QUE NO SE D VINO A LOS NEGROS; Y CONCEDE A PEDIMENTO DEL GOBERNADORLICENCIADO ANTONIO DE CHVEZ, QUE PARA TRAER A ELLA EL AGUA DE LACHORRERA, SE ESTABLEZCA EL ARBITRIO DE SISA DE ZANJA ............................... CAPTULO IV. TRENSE VARIAS "RDENES Y LA REAL CDULA DE 16 DE MAYO DE 1548 SOBRE LIBERTAD DE INDIOS DE CUBA, TRABAJO DE SUS MINAS DE COBRE Y AGUA DE LA CHORRERA ........................................................................... Libro sexto Comprende lo ocurrido en la isla Fernandina de Cuba, durante el Gobierno del Doctor Gonzalo Prez de Angulo, su quinto Gobernador, desde 1548 hasta 1555 CAPTULO I. RECBESE EN LA CIUDAD DE SANTIAGO POR GOBERNADOR DE LAISLA AL DOCTOR GONZALO PREZ DE ANGULO. PASAN POR LA HABANA LOS MRTIRES FRAY LUIS CNCER Y SUS COMPAEROS. VIENE A ELLA EL CITADOGOBERNADOR Y SE DAN PROVIDENCIAS SOBRE EL VALOR DE LA MONEDA Y OTROS ASUNTOS ....................................................................................................... CAPTULO II. DA NOTICIAS DEL ORDEN CON QUE SE ELEGAN EN LOS LUGARES DE LA ISLA, ALCALDES, REGIDORES, OFICIALES REALES, JUECES DE DIFUN-TOS Y DEMS MINISTROS DE LA REPBLICA PARA GOBIERNO DEL AO ................... CAPTULO III. VULVESE A TRATAR DEL VALOR DE LA MONEDA, Y SE TRAE LA REAL SOBRE-CARTA DEL ASUNTO, Y DE LA PREVENCI"N Y DEFENSA, CON MOTI-VO DE LA GUERRA Y PIRATAS: Y OTROS ACUERDOS, CON LA ELECCI"N DELILUSTRSIMO URANGO ............................................................................................. CAPTULO IV. TRATA DEL COBRO DE DIEZMOS: DE LO QUE EL CABILDO DE LAHABANA INFORM" A LA REAL AUDIENCIA CONTRA EL GOBERNADOR, Y DEL ESTABLECIMIENTO DE ARBITRIOS PARA PROPIOS, SOBRE CARGAS Y DESCARGAS DE EMBARCACIONES ................................................................................................ CAPTULO V AUMNTASE LA DISCORDIA ENTRE EL GOBERNADOR Y AYUNTA-MIENTO, CON EL RECIBIMIENTO DE LA REAL SOBRE-CARTA Y REALES PROVISIO-NES DE LA AUDIENCIA, DE QUE SUPLICA EL GOBERNADOR, Y SE REFIERE LO OCURRIDO ENTRE ESTE Y UN CABILDO .................................................................. CAPTULO VI. PRENDE EL GOBERNADOR AL ALCALDE Y A LOS REGIDORES:SE AUSENTA A PUERTO RICO, PROHIBIENDO NUEVAS ELECCIONES DE ALCAL188 190 192 197 202 205 209 212

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DES. RECLMALO EL PBLICO Y CABILDO, REQUIRIENDO AL TENIENTE PRO-CEDA A ELLAS .......................................................................................................... CAPTULO VII. JUAN DE ROJAS REHUSA DAR VOTO, Y EL CABILDO Y PUEBLO HACEN ALCALDES, A QUIENES ENTREGAN LAS VARAS DE JUSTICIA Y SE DA NOTICIA DE OTROS ACAECIMIENTOS Y DE LOS PRINCIPALES VECINOS DE LAHABANA ................................................................................................................... CAPTULO VIII. VUELTO EL DOCTOR ANGULO A LA HABANA, GANA SU CABIL-DO HASTA CONSEGUIR QUE PIDA AL REY PR"RROGA DE SU GOBIERNO. SA-QUEAN LOS FRANCESES A GUANABACOA Y LLEGA DIEGO MAZARIEGOS .................. RELACI"N DE LOS CASOS NOTABLES EN QUE EL PRIMER NMERO INDICA EL LIBRO, EL SEGUNDO EL CAPTULO Y EL TERCERO EL PRRAFO .......................... NDICE ONOMSTICO ............................................................................................... NDICE DE LAS MATERIAS QUE CONTIENE ESTE TOMO ........................................... 215 218 221 225 259 273

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1997 FLIX VARELA. OBRAS(3 VOLMENES) Seleccin de Eduardo Torres-Cuevas Jorge Ibarra Cuesta Mercedes Garca Rodrguez1999 OBISPO DE ESPADA. PAPELES(VOLUMEN NICO) Ensayo introductorio, seleccin y notas Eduardo Torres-Cuevas OBRAS PUBLICADAS OBRAS PUBLICADAS OBRAS PUBLICADAS OBRAS PUBLICADAS OBRAS PUBLICADAS

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JOS AGUSTN CABALLERO. OBRAS(VOLUMEN NICO) Ensayo introductorio, compilacin y notas Edelberto Leiva LajaraFELIPE POEY Y ALOY. OBRAS(VOLUMEN NICO) Ensayo introductorio, compilacin y notas Rosa Mara Gonzlez Lpez2000 FELIPE POEY Y ALOY. ICTIOLOGA CUBANA(3 VOLMENES) Traduccin, conjuncin y edicin cientfica Daro Guitart MandayLA POLMICA FILOS"FICA CUBANA. 1838-1840(2 VOLMENES) Ensayo introductorio, compilacin y notas Alicia Conde Rodrguez2001 JOS ANTONIO SACO. OBRAS(5 VOLMENES) Ensayo introductorio, compilacin y notas Eduardo Torres-CuevasJOS DE LA LUZ Y CABALLERO. OBRAS(5 VOLMENES) Ensayo introductorio, compilacin y notas Alicia Conde Rodrguez

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2002 DOMINGO DEL MONTE. CENT"N EPISTOLARIO(4 VOLMENES) Ensayo introductorio, compilacin y notas Sophie AndiocJOS ANTONIO SACO. HISTORIA DE LA ESCLAVITUD(6 VOLMENES) Ensayo introductorio, compilacin y notas Eduardo Torres-CuevasFRANCISCO DE ARANGO Y PARREO. OBRAS(2 VOLMENES) Ensayo introductorio, compilacin y notas Gloria Garca RodrguezTOMS ROMAY. OBRAS(2 VOLMENES) Ensayo introductorio, compilacin y notas Jos Lpez Snchez2005 PRIMEROS HISTORIADORES. SIGLO XIXANTONIO JOS VLDEZ PEDRO JOS GUITERAS(3 VOLMENES)