Antonio José Valdés

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Material Information

Title:
Antonio José Valdés
Series Title:
Biblioteca de clásicos cubanos ;
Running title:
Historia de la isla de Cuba
Physical Description:
li, 250 p. : ;
Language:
Spanish
Creator:
Valdés, Antonio José
Amador Amador, Gladys
Fernández Rubinos, Viviana
Publisher:
Imagen Contemporánea
Place of Publication:
La Habana
Publication Date:

Subjects

Subjects / Keywords:
History -- Cuba -- To 1810   ( lcsh )
Genre:
non-fiction   ( marcgt )

Notes

System Details:
System requirements: Pentium III; 128MB RAM: Windows 95 or higher; 24MB free hard disk space; SVGA monitor (800 x 600 resolution, 16 colors); 128-bit sound card; CD-ROM drive.
General Note:
"Primeros historiadores siglo XIX"
General Note:
Includes index.
Statement of Responsibility:
responsable de la edición, Gladys Alonso Amador ; realización y emplane, Viviana Fernández Rubinos.

Record Information

Source Institution:
Biblioteca Nacional José Martí
Holding Location:
Biblioteca Nacional José Martí
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
oclc - 772638496
isbn - 9597078791
ocn772638496
Classification:
lcc - F1779 .V12 2005
System ID:
AA00008986:00001


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Full Text

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BIBLIOTECA DE CLSICOS CUBANOSCASA DE ALTOS ESTUDIOS DON FERNANDO ORTIZUNIVERSIDAD DE LA HABANARECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE LA HABANAJuan Vela Valds DIRECTOREduardo Torres-Cuevas SUBDIRECTORLuis M. de las Traviesas Moreno EDITORA PRINCIPALGladys Alonso Gonzlez DIRECTOR ARTSTICOLuis Alfredo Gutirrez Eir ADMINISTRADORA EDITORIALEsther Lobaina Oliva

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Todos los derechos reservados. Sobre la presente edicin: Ediciones IMAGEN CONTEMPORANEA, 2005; Coleccin Biblioteca de Clsicos Cubanos, No. 40 ISBN 959-7078-79-1 Ediciones IMAGEN CONTEMPORANEA Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz, L y 27, CP 10400, Vedado, Ciudad de La Habana, CubaDiseo grfico: Luis Alfredo Gutirrez Eir Composicin de textos: Equipo de Ediciones IC Responsable de la edicin: Gladys Alonso Amador Realizacin y emplane: Viviana Fernndez Rubinos

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La vida de Antonio Jos Valds, a diferencia de la de sus predecesores en el empeo de escribir la historia de la isla de Cuba, se nos ofrece llena de sombras. Es perfectamente explicable el hecho: todos los historiadores que se ocuparon de nuestra historia en el momento de su aparicin, segunda mitad del siglo XVIII, pertenecan a la burguesa o a la pequea aristocracia local. Ambrosio de Zayas Bazn, el primero en el tiempo, era hombre culto, doctorado en Mxico, regidor perpetuo y alcalde del Cabildo de La Habana. Pedro Agustn Morell de Santa Cruz, obispo de la Catedral de Cuba, cuya obra se consideraba la ms antigua, 1760, hasta la aparicin reciente de la Descripcin de la Isla de Cuba posiblemente escrita hacia 1757, de Nicols de Ribera, abogado y profesor de la Universidad. Jos Martn Flix de Arrate, abogado y regidor del Cabildo de La Habana, miembro de una de las familias ms aristocrticas de la ciudad, fue tambin el ltimo de los historiadores del siglo. Ignacio Jos Urrutia y Montoya, perteneciente a una distinguida familia de la burguesa, desempe varios cargos de importancia en la administracin y, por tanto, ocupaba una alta posicin social. Su oscuro origenA diferencia de estas otras figuras, de Antonio Jos Valds no conocemos ni su familia, ni sus orgenes; tampoco el lugar exacto de su nacimiento, ni cmo adquiri la preparacin que posea.Ensayo introductorio Ensayo introductorio Ensayo introductorio Ensayo introductorio Ensayo introductorio HISTORIA DE CUBA O HISTORIA DE LA HABANA?HORTENSIA PICHARDO VIALS

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA VI\ VI\ VI\ VI\ VI\ Por su propio esfuerzo se hizo maestro e impresor. Fue periodista y autor de libros de texto para las escuelas (de los primeros escritos en Cuba). Aprendi varios idiomas: latn, francs e ingls. Fue historiador y de ideologa liberal, tal como lo corrobora la lectura de algunos prrafos de su Historia… y el anlisis de sus artculos en el peridico La Cena as como su labor posterior en la Argentina y Mxico. Siempre se manifest partidario de la libertad de imprenta y de la Constitucin. Los pocos datos sobre su vida los conocemos por el propio historiador. Con relacin a su nacimiento, seala: “A veces notarn mis lectores que me explico con seales evidentes de temor, que deben disimularme si consideran que nac 18 aos despus del suceso que describo [el sitio y toma de La Habana por los ingleses], del cual existirn muchos que fueron testigos oculares, capaces de advertir mis ms pequeas inexactitudes”.1De acuerdo con esto, la fecha de su nacimiento fue en el ao 1780, aunque no se ha podido determinar mes y da. Otras noticias acerca de esta primera etapa de su vida, las proporciona Pedro Antonio Alfonso, autor de las Memorias de un matancero .2Segn Alfonso, Valds naci en Matanzas, pero no da el nombre de sus padres, ni aporta pruebas de su nacimiento en la ciudad de los dos ros. El bibligrafo matancero Carlos M. Trelles, autor de un documentado trabajo —no exento de errores— sobre el historiador, afirma que su apellido sugiere la posibilidad de haberse educado en la Casa Cuna.3Trelles examin el libro de baustismos de la Casa Cuna, correspondiente al ao 1780, fecha dada por el propio Valds como la de su nacimiento. El investigador encontr dos nios inscritos con el nombre de Antonio Jos; uno el 22 de enero, y otro el 18 de septiembre. El da 31 de enero fue bautizado otro nio, “al parecer blanco”, llamado Antonio Joseph Abad, “de quien fue madrina la seora doa Antonia Mara del Junco y Morejn, de Matanzas, hermana del seor Bernardo del Junco, dueo de un ingenio en Corral Nuevo, a 3 leguas de Matanzas”. 1Antonio Jos Valds: Historia de la Isla de Cuba y en especial de La Habana Comisin Nacional Cubana de la UNESCO, La Habana, 1964. (El subrayado es de la compiladora.) Para esta edicin de Biblioteca de Clsicos Cubanos hemos utilizado el texto introductorio redactado por la doctora Hortensia Pichardo Vials para su seleccin de esta obra, publicada por la Editorial de Ciencias Sociales, Coleccin Palabra de Cuba, La Habana, 1987. ( N. del E. ) 2Pedro Antonio Alfonso: Memorias de un matancero. Apuntes para la historia de la Isla de Cuba con relacin a la ciudad de San Carlos y San Severino de Matanzas Imprenta de Marsot y Ca., adjunta a la de La Aurora, La Habana, 1854. 3Carlos M. Trelles: El historiador Antonio Jos Valds Imprenta A. Estrada, 1930, Matanzas.

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ANTONIO JOS VALDS /VII /VII /VII /VII /VII Trelles sospecha que el ltimo de estos nios es el historiador.4 Parece ser cierto, pues Valds usaba algunas veces el nombre de Antonio Joseph. As lo hizo al anunciar por primera vez su escuela en el Papel Peridico en el ao de 1803,5 y en una comunicacin dirigida a la Sociedad Patritica, “al presentar un grupo de alumnos a examinar, en el ao 1806”.6La circunstancia de ser matancera la madrina del nio, permite pensar en la posibilidad de su nacimiento en la Atenas de Cuba. Tambin encontr Trelles, en la parroquia de Matanzas, el asiento del bautizo de un nio blanco llamado Antonio Jos Valds, pero persisti en su opinin de ser el nio bautizado en la Casa Cuna con el nombre de Antonio Joseph Abad, nuestro historiador. De nuevo, Valds aporta un poco de luz en los oscuros primeros aos de su vida. Durante los perodos constitucionales de principios del siglo XIX, como es bien conocido, se autoriz la libertad de imprenta, y en Cuba se hizo uso y abuso de esa libertad. Los peridicos de esta poca —con raras excepciones— no respondan a los objetivos de la prensa: informar y encauzar la opinin pblica. En realidad, la mayor parte de ellos se convirti en libelos difamatorios y en vehculos para desahogos personales. Uno de los peridicos del primer perodo constitucional, La Cena se fund por Antonio Jos Valds, en el mes de julio del ao 1812. El da 8 de octubre el mismo ao, apareci el primer nmero de El Centinela en La Habana, fundado por Antonio del Valle Hernndez. Este peridico atac y hasta denunci a La Cena al cual calific de “peridico abominable”. A uno de estos ataques, aparecido en el nmero 13 de El Centinela de fecha 19 de noviembre de 1812, respondi Valds al da siguiente en su peridico con un artculo titulado “Centinela nmero 13”. “Dice [El Centinela] que el redactor de La Cena es abominable, ignorante, rufin, espurio, espritu maligno, incendiario, detractor, aduln, impostor, apstata, folletista, etc., etc., etctera”. Como nota a este artculo, en la ltima pgina del peridico, aade Valds: “El redactor ha visto que los redactores del Centinela (a quienes hasta ahora no ha faltado) pretenden comprometerle con los seores compromisarios de la catedral; y es de su deber manifestar a dichos seores que jams ha intentado rebajar la opinin pblica de que cada uno es acreedor; pues haber dicho que nombrarse para electores de entre ellos mismos arguye poca delicadeza, no es decir que procedieron como indignos ciudadanos. 4Ibdem. 5 Papel Peridico de la Habana julio de 1803. (“Noticias sueltas”.) 6 Memorias Sociedad Econmica de Amigos del Pas leg. 2, 1806, Coleccin Cubana, Manuscritos. Biblioteca Nacional Jos Mart.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA VIII\ VIII\ VIII\ VIII\ VIII\ ”Al contrario, el redactor est ntimamente penetrado del mrito y circunstancias recomendadas de la mayor parte de los compromisarios, a quienes se confiesa obligado, y aprecia de manera que espontneamente les da ingenua satisfaccin; sin necesidad de que se le apremie frenticamente con el torno de la casa cuna y otra cfila de insultos que le prodigan los centinelas y tiene la fortuna de despreciar, pues entiende que aunque su existencia sea el resultado de tropiezos criminales de sus padres, no entiende que l sea responsable de semejantes excesos ...”.7En forma sencilla y modesta, Valds reconoce su triste origen y, con un concepto muy distinto al predominante en su poca, cuestiona la postura de hacer recaer sobre l la culpa de sus padres. Segn Pedro Antonio Alfonso, Valds recibi su educacin en La Habana, donde se dedic “primeramente al oficio de platero y luego al magisterio de la enseanza, as como a estudios ms profundos que le proporcionaron distinguirse ms y ms por su erudicin, y que ocupase puestos importantes en la vecina repblica de Mxico habiendo sido el primero que estableci en La Habana el mtodo explicativo de que tanto provecho ha reportado la enseanza. Mereci el aprecio de las personas ilustradas y, especialmente, el del Obispo, de grata memoria, D. Juan Jos Daz de Espada y Landa, quien lo alentaba en sus trabajos literarios”.8Las anteriores noticias las obtuvo Alfonso —segn seala— del profesor de instruccin pblica Pedro del Sol y del capitn don Pedro Acevedo y Zomodevilla, quien fue discpulo de Valds. Pezuela9 y Bachiller10 creen que tambin ejerci en su juventud el oficio de platero, al cual Bachiller aade, el de comerciante. De todas estas actividades que se le atribuyen no hay constancia alguna; slo existen pruebas de haber ejercido la profesin de maestro en La Habana, nica al alcance de los criollos que, como l, no tenan relaciones familiares ni ttulos para aspirar a ms altos destinos. S tena suficiente preparacin para ejercer el magisterio. En cuanto a su educacin es posible que la primera enseanza la cursara en la Casa de Maternidad y Beneficencia y despus fuera un autodidacta. Si no recibi instruccin superior, l puso suficiente empeo en superarse. Adquiri el conocimiento de varias lenguas y una cul7 La Cena 20 de noviembre de 1812, no. 130, p. 258. (El subrayado es de la compiladora.) 8Ibdem (2), p. 228. 9Jacobo de la Pezuela: Diccionario geogrfico, estadstico, histrico de la Isla de Cuba Madrid, 1868, t. 4, p. 635. 10Antonio Bachiller y Morales: Apuntes para la historia de las letras y de la Instruccin Pblica en Cuba Habana, 1860, t. II, p. 71.

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ANTONIO JOS VALDS /IX /IX /IX /IX /IX tura que le permiti escribir obras de texto y, su esfuerzo mayor, la Historia de la Isla de Cuba y en especial de la Habana Funda una escuela de primera enseanzaDurante varios aos, Valds ejerci el magisterio en la capital. En el mes de julio de 1803, despus de “los exmenes correspondientes”, abri “con superior permiso” una escuela de primeras letras en La Habana. En el Papel Peridico, correspondiente al da 7 de ese mes, apareci el anuncio de la escuela, en el cual enumera las asignaturas que ofrece ensear y advierte “que no recibir discpulo alguno de color”. Esta advertencia autorizar a pensar que Valds era blanco y no de “dudosa sangre”, como opina Pezuela.11 Reafirma esta creencia el hecho de que usara el don12 delante de su nombre, no permitido a las personas de color. Sin que pueda asegurarse que la escuela de Valds era de las mejores de su poca, puede afirmarse su superioridad sobre la mayora de las existentes en la ciudad, en la primera dcada del siglo XIX. En las escuelas de La Habana, de principios del siglo XIX, slo se enseaba a leer, escribir y contar, y por el anuncio de Valds se sabe que su elenco comprenda gramtica castellana, ortografa y aritmtica;13materias a las cuales ms tarde aadi geografa y traduccin de la lengua francesa. La calidad de su enseanza puede deducirse por los premios recibidos en la Sociedad Patritica, organismo interesado en el progreso de la educacin desde su establecimiento en Cuba en el ao 1793. Estos premios consistan en cierta cantidad (hasta 500 pesos) a los profesores y en medallas de oro y plata a los educandos. La escuela de Valds recibi premios anuales entre los aos 1805 y 1808. En el ao 1805, la Sociedad le otorg un premio por valor de 500 pesos por el xito obtenido por sus alumnos en los exmenes. En el informe rendido acerca de esos exmenes se hace referencia a la escuela, cuya matrcula era de 79 alumnos. Se encontraba dividida en cinco clases y el director contaba con dos ayudantes.14 Como era costumbre de la poca, aun en las escuelitas de “amigos”, muchos nios pobres reciban educacin gratuita. 11Ibdem (9). 12Este derecho fue concedido por la Real Clula y Arancel Gracias al Sacar, publicada por primera vez en 1795 y la cual qued abolida por la segunda de 1801. El nmero 63 expresa: “Por la concesin del distintivo de Don, con mil y cuatrocientos reales de velln”. 13 Papel Peridico de la Habana 29 de enero de 1804. 14Archivo Nacional: Academia de la Historia, caja 96, sign. 72.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA X\ X\ X\ X\ X\ El ao 1807, Valds present menor nmero de alumnos que en otros aos. En carta a la Sociedad explic que un viaje “inexcusable a New York”, ocasion un trastorno en su escuela, y muchos alumnos preparados por l pasaron a otros establecimientos y se presentaran por distintos maestros.15 No se conocen los motivos de este viaje. A partir de su experiencia como maestro y producto de sus estudios, la primera obra de Valds fue una gramtica castellana que Bachiller describe as: “Principios generales de la Lengua Castellana arreglados a la Gramtica de la Real Academia Espaola y compuestos por don Antonio Jos Valds, Habana, MDCCCVI. En la Imprenta de Palmer, Calle de Compostela nmero 143. En 8 menor con 145 pginas, con la dedicatoria a la Real Sociedad Patritica, la Apologa de la Gramtica, que puede servir de prlogo, y los ndices. Tiene un apndice sobre figuras adems de las partes que tiene la de la Academia”.16Segn Bachiller, “esta obra honra la inteligencia de su autor”, pero esta opinin no fue compartida por la Sociedad Patritica, la cual consider que Valds no debi dedicarle su obra sin obtener antes su aprobacin. De inmediato design a Juan Bernardo O’Gavan y Francisco Filomeno para informar del mrito de sta.17El informe de los comisionados result muy desfavorable para la obra. Se sealaron numerosos defectos, tales como “la impropiedad de las voces, la ninguna exactitud de las ideas”, lo cual prueba “la insuficiencia del autor”. Afirmaban que su lectura ocasionara consecuencias en los nios, lo cual la Sociedad deba evitar.18 Debido a este informe, sta agradeci, pero no acept, la dedicatoria de Valds. Por ltimo, en Junta de 16 de enero de 1807, acord publicar un aviso en el Papel Peridico en el cual explicaba que la dedicatoria de la gramtica castellana compuesta por don Antonio Valds se haba hecho sin su consentimiento.19Segn el bibligrafo Carlos M. Trelles, sta fue la primera gramtica impresa en Cuba, y afirma que “posteriormente [Valds] public en la Argentina un libro anlogo con el ttulo de Gramtica y Ortografa (Buenos Aires, 1817)”.20 15Ibdem. 16Antonio Bachiller y Morales “Suplementos y adiciones a los catlogos de la bibliografa cubana”, en Apuntes para la historia de las letras y de la Instruccin Pblica en la isla de Cuba En Revista de Cuba t. VII, 1880, pp. 354-364, 491-498, 1880, t. VIII, pp. 71-78, 124-125. 17Archivo Nacional: Academia de la Historia, Sociedad Patritica de la Habana: Junta del 21 de noviembre de 1806, caja 96, sign. 90. 18Biblioteca Nacional Jos Mart: Manuscritos de Carlos M. Trelles, caja 8, no. 90. 19Archivo Nacional: Academia de la Historia, caja 8, no. 90. 20Ibdem (3), p. 7.

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ANTONIO JOS VALDS /XI /XI /XI /XI /XI Hasta el ao 1808, Valds ejerci la enseanza en Cuba. Despus se pierden sus huellas. De todos es sabido lo mal retribuida de esta profesin en Cuba. Tal vez, su viaje del ao 1807 tuvo por objetivo encontrar un horizonte ms amplio a sus aspiraciones. Al no lograrlo regres a Cuba. Entre 1808 y 1809 march a probar fortuna a Mxico, sin que pueda determinarse con exactitud la fecha de ese viaje, pero se sabe que en el mes de abril de 1808 estaba en La Habana, pues llev a sus alumnos a un concurso de la Sociedad Patritica, y en marzo de 1809, ya no se encontraba en la Isla, pues al referirse en su Historia… al motn provocado contra los franceses en La Habana, los das 21 y 22 de ese mes, al cual calific de “peligroso movimiento popular”,21 advierte haber sido informado de estos sucesos, ya que durante esa poca se hallaba fuera de la Isla. No dice a dnde, pero es de suponer fuera a Mxico, pues en El Aviso de la Habana del 5 de septiembre de 1809, aparece un artculo bajo el ttulo de “Educacin Pblica”, reproducido de la Gazeta de Mxico firmado con las iniciales A. J. V. En l, despus de varias consideraciones acerca de la importancia de la educacin, el autor anuncia al pblico su intento de fundar un establecimiento de enseanza en esa ciudad. Durante su estancia en Mxico presenci dos o tres terremotos de cuyo fenmeno hace una vvida descripcin en su Historia...22No se sabe con certeza la fecha de su regreso, pero en el ao 1812 ya estaba de nuevo en Cuba. Tal vez, Valds tuviera que cerrar su escuela y regresar a La Habana con motivo del comienzo de las luchas por la independencia de Mxico. El perodo constitucional en Cuba. La imprenta La CenaEntretanto, en Espaa haban ocurrido grandes sucesos: la abdicacin de Carlos IV, la proclamacin del prncipe Fernando como rey de Espaa, la invasin por el poderoso ejrcito francs y la imposicin de Jos Bonaparte en el trono espaol. Mientras la familia real espaola, secuestrada por Napolen, olvidaba su decoro y se someta al emperador francs, el da 2 de mayo de 1808, el pueblo espaol se levantaba en armas dispuesto a rechazar a los invasores. El Consejo de Regencia convoc a Cortes, y stas, reunidas en Cdiz en 1811, redactaron una constitucin puesta en vigor en Espaa a principios de 1812 y en Cuba en julio de ese ao. 21Ibdem (1), pp. 232 y 233. 22Ibdem, pp. 89-90.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA XII\ XII\ XII\ XII\ XII\ En la parte espaola, no dominada por los franceses, se formaron juntas provinciales para gobernar en nombre del rey Fernando. En todas las capitales de las colonias de Amrica, con excepcin de Cuba, se organizaron juntas semejantes a las constituidas en la Pennsula y en las cuales participaron criollos notables. Las juntas provinciales formaron una Junta Central, y sta design un Consejo de Regencia para ejercer el gobierno provisional. Una de las libertades establecidas por la Constitucin espaola, fue la libertad de imprenta.23 Valds la aprovech de inmediato y fund un establecimiento al cual puso por nombre La Cena situado en la calle de Lamparilla nmero 9. Todava hoy se desconoce dnde y con quin aprendi Valds el oficio de tipgrafo. La carencia de tipgrafos, cajistas y operarios a principios del siglo XIX, lo decidi. Era de todos conocido como esta situacin haba ocasionado retrasos en la entrega del Papel Peridico Otra incgnita es cmo adquiri los fondos para montar su imprenta. Despus de lograr su propsito imprimi, para darlo a conocer, un folleto con el siguiente ttulo: Idea de los caracteres con que principia la imprenta de D. Antonio Valds Habana, 2 de julio de 1812.24Bachiller y Morales describe ese folleto, “como un opsculo bellamente impreso, con adornos tipogrficos, sin pesadez y hasta con elegancia, las pginas entre cuadros, de composicin todos diferentes. Contena fragmentos siguientes —uno en ingls sobre la conquista de Cuba, un manifiesto al pblico llamndole la atencin sobre sus muestras, ofrecindole imprimir en ingls, latn, italiano y francs; un trozo de Tcito en latn, el mismo en francs, italiano y espaol, apologa del cristianismo de Rousseau, un discurso de Washington al Congreso en 1783, su respuesta, y el reglamento de libertad de imprenta de 18 de noviembre de 1810, terminando con un cuadro mgico”.25En efecto, el folleto impreso por Valds para anunciar su imprenta resulta una obra de gusto y de esmerada impresin. ste debi hacer una reimpresin de este folleto en 1813, pues con esta fecha lo cita el bibligrafo Trelles.26Bachiller, en la pequea biografa dedicada a Valds como historiador, comete el lapsus de decir que abri su imprenta en 1813, y decimos que es un lapsus porque en su Catlogo de libros y folletos cita el folleto editado por Valds para dar a conocer su establecimiento como im23Fue votada por decreto, fechado el 10 de noviembre de 1810, por las Cortes reunidas en la isla de Len; y puesta en vigor en Cuba a principios de 1511. 24Biblioteca Nacional Jos Mart: Coleccin Cubana. Folleto, caja 371, no. 3. 25Ibdem (10). 26Ibdem (3).

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ANTONIO JOS VALDS /XIII /XIII /XIII /XIII /XIII presor en el ao 1812, y ofrece las fichas de no menos de siete obras editadas en esa imprenta en ese mismo ao.27En su establecimiento, Valds edit numerosas obras, algunas de su propia produccin. No siempre usaba el mismo pie de imprenta. Unas veces, “Oficina de La Cena ” como en su Historia…; otras, “Oficina del Autor”, como en la Aritmtica ; a veces, “Oficina de D. Antonio J. Valds”. En las obras de otros autores editados en su taller, utiliz generalmente, “Imprenta de D. Antonio Valds”, con la variante de escribir, a veces, su nombre completo: Antonio Jos Valds. En esta segunda etapa de su vida no parece haber ejercido el magisterio, aunque segua interesado por la enseanza. En el ao 1813 public un Cuaderno de Aritmtica ,28 calificado por Bachiller como una “obra clarsima”.29Segn los bigrafos de Valds, Alfonso y Calcagno,30 nuestro historiador escribi tambin un Tratado de Geografa pero hasta el presente no se ha descrito por ningn bibligrafo. Uno de los primeros libros publicados por Valds en su imprenta fue una traduccin, hecha por l mismo, del Contrato social de Juan Jacobo Rousseau, lo cual permite apreciar el pensamiento del editor. Aunque en la Isla estaba en vigor la libertad de imprenta, tambin exista una Junta de Censura y Valds tuvo que expurgar su obra de algunas ideas para que se autorizara su publicacin. Su portada era la siguiente: “Contrato social o principios del derecho poltico (Queda omitido el tratado de religin en todas sus partes) Folderis Seguas. Dicamus leges. A Eneid XL. Habana, oficina de D. Antonio Jos Valds”. Bachiller, quien tuvo la fortuna de revisar esta obra, y tantas otras que sin su enorme laboriosidad, hoy seran totalmente desconocidas la describe: “un tomo en 8o. de menuda y compacta impresin con 132 pginas. Es una de las mejores impresiones de la Isla y contiene la clebre obra de J. J. Rousseau, aunque como advierte su traductor suprimi el captulo penltimo que habla de Religin, sacudiendo el resto de la obra, que ha quedado de tal modo purificada, que ni por incidencia se lee en todo su contexto el sustantivo religin. La portada no lleva el 27En el Diario de la Habana de 7 de julio de 1812, se acusa recibo de un papel dado a luz en la nueva imprenta de D. Antonio Valds. 28 Cuaderno de Aritmtica compuesto por D. Antonio J. Valds, Oficina del autor, 1813, un tomo en 8: Hasta aligaciones. 29Ibdem (10), t. 3, p. 152. 30Francisco Calcagno: Diccionario Biogrfico Cubana (comprende hasta 1878) New Yor, Imprenta y Librera de N. Ponce de Len, 1878, p. 639.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA XIV\ XIV\ XIV\ XIV\ XIV\ ao, pero no pudo ser antes de 1813, ni muy posterior, porque en igual ao abri su imprenta Valds, y los sucesos posteriores son de todos conocidos”.31Ya se ha visto que la imprenta de Valds no se inaugur en el ao 1813, sino en 1812, pero aunque no tuviramos otros datos bastara saber que en el peridico El Centinela en la Habana de 3 de febrero de 1813, se critica, por una persona cuyo nombre se oculta bajo el seudnimo de “El Redactor Interpelado”, la publicacin de esa obra. Esto permite suponer fuera editada a fines del ao 1812 o en el mes de enero de 1813.32El crtico del Contrato social quien por cierto se equivoca y llama Santiago, en vez de Jacobo, a Rousseau, opina que “Una cosa es admirar el talento extraordinario de este autor en el arte de escribir; otra es graduar la utilidad de sus obras...”. Despus de criticar lo que el comentarista llama el “sueo popular titulado el Contrato social ”, aade: “A qu viene pues publicar su traduccin en la Habana? Puede convenir su conocimiento a una nacin tan extensa y desparramada como los espaoles? No habr otras obras ms tiles an en el ramo poltico para cultivar la ilustracin habanera? Tengamos lstima pues a los que se complacen en teoras impracticables y al empresario que crey hacer con su impresin un recomendable y grande negocio...”.33No se conoce el nombre del escritor que se oculta bajo el seudnimo de “El Redactor Interpelado”, pero es bueno sealar que mientras en Cuba se criticaba la traduccin y publicacin de El contrato social ; en Argentina, el doctor Mariano Moreno, uno de los prceres de la revolucin en ese pas, preocupado por la cultura de sus compatriotas, interesado en “ilustrar a los hombres sobre sus intereses y derechos”, hizo reimprimir El contrato social en cuyo prlogo escribi: “todo ciudadano est obligado a comunicar sus luces y sus conocimientos; y el soldado que opone su pecho a las balas de los enemigos exteriores, no hace mayor servicio, que el sabio que abandona su retiro, y ataca con frente serena la ambicin, la ignorancia, el egosmo, y dems pasiones..., siendo mis conocimientos muy inferiores a mi celo, no he encontrado otro 31Ibdem (10), t. 3, p. 153. 32 El Centinela en la Habana fue fundado por Antonio del Valle Hernndez “conservador ilustrado” “uno de los cerebros de la oligarqua habanera”, secretario durante cerca de 25 aos del Real Consulado de Agricultura, Industria y Comercio, donde colabor con Francisco de Arango y Parreo en todos los asuntos de esa institucin. Partidario de la esclavitud y enemigo de todo lo que significara revolucin, atac y denunci ms de una vez al peridico La Cena que mostraba tendencias liberales. 33Ibdem.

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ANTONIO JOS VALDS /XV /XV /XV /XV /XV medio de satisfacer ste, que reimprimir aquellos libros de poltica, que se han mirado siempre como el catecismo de los pueblos libres... ”Entre varias obras, que deben formar este precioso presente, que ofrezco a mis conciudadanos, he dado el primer lugar al Contrato social escrito por el ciudadano de Ginebra Juan Jacobo Rousseau. Este hombre inmortal, que form la admiracin de su siglo, y ser el asombro de todas las edades, fue quiz el primero, que disipando completamente las tinieblas, con que el despotismo envolva sus usurpaciones, puso en clara luz los derechos de los pueblos, y ensendoles el verdadero origen de sus obligaciones, demostr las que correlativamente contraan los depositarios del gobierno... ¡Feliz la patria si sus hijos saben aprovecharse de tan importantes lecciones!”34 El peridico La CenaAunque se conserva el “Prospecto” en el cual Valds da a conocer el propsito de su peridico, ste carece de fecha, y los primeros nmeros no se han encontrado. El ejemplar ms antiguo que se conoce corresponde al nmero 29, del da 11 de agosto de 1812.35Como el peridico era diario, parece haber empezado a publicarse el 14 de julio de ese ao. El ltimo nmero examinado es el 843 del da 22 de agosto de 1814.36En su “Prospecto”, Valds advierte que, de acuerdo con el ttulo de su peridico, se repartir de las 5 de la tarde en adelante, “porque estando persuadidos de que en la Habana hay la costumbre general de cenar, an los ms ecnomos se vern inducidos a leernos antes de acostarse”. El editor ofrece reproducir en La Cena “los partes, bandos, reales rdenes, disposiciones, curiosidades, y dems asuntos importantes que contengan cuantos papeles peridicos o sueltos se publiquen aquel mismo da (...) As mismo se suscitarn en La Cena puntos oportunos de poltica, referentes a nuestra monarqua y a las extrangeras (...) no olvidando hacer algunas reflexiones sobre los sucesos y estado actual de Nueva Espaa y dems gobiernos de ambas Amricas...”. 34Prlogo a la reedicin del “ Contrato social, principios del derecho poltico”, por Juan Jacobo Rousseau, de 1810, en Ricardo Levene: El pensamiento vivo de Mariano Moreno 2 ed., Editorial Losada, S. A., Buenos Aires [1946]. 35Archivo Nacional: Gobierno Superior Civil, leg. 651, no, 20395. Citado por el capitn Joaqun Llaveras, director del Archivo Nacional durante largos aos, en su utilsimo trabajo Contribucin a la historia de la prensa peridica La Habana, 1957, pp. 27-31-32. (Pero no lo encontramos en el expediente citado.) 36Se halla en la Coleccin Cubana de la Biblioteca Nacional Jos Mart.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA XVI\ XVI\ XVI\ XVI\ XVI\ Advierte que publicar los artculos que se le remitan, “aunque sea contra los mismos redactores siempre que estn fielmente acordes con el reglamento de imprenta”, y guardar en el annimo, si as lo desea, el autor. De acuerdo con el momento en que apareci el peridico, una gran parte de su contenido se refiere a las noticias recibidas desde Espaa sobre la guerra entablada contra el invasor francs. Lugar importante ocupaban los decretos y rdenes emanados de las Cortes. Otra materia tratada con mucha frecuencia en sus pginas era la relativa a las elecciones celebradas en la Isla para elegir los miembros de los ayuntamientos, las diputaciones provinciales y los diputados a Cortes. Este tema, de inters fundamental para el pas, dio lugar a varios comunicados en los cuales los lectores expresaban sus opiniones acerca de las condiciones que deba reunir un diputado a Cortes. Materia muy tratada tambin es la referente a las elecciones parroquiales que se celebraban en La Habana en los meses finales de 1812. El redactor ofreca listas de los compromisarios y electores parroquiales y de las personas elegidas. A veces se enviaban cartas al editor en las cuales se criticaba la forma en que se llevaban a cabo las referidas elecciones en determinadas parroquias. Como alguna de estas crticas eran apasionadas, Valds se vio obligado a publicar la siguiente Splica “El redactor vuelve a suplicar a los seores escritores no le comprometan con papeles llenos de animosidades e invectivas contra persona alguna, le es ciertamente muy doloroso el ver repetidos empeos para escritos de esta especie de los que conserva demasiados y los que jams publicar. ”No debe entenderse esta negativa con aquellos que han dado su palabra de insertar, a causa de tener alguna tendencia al bien de la sociedad, a cuyos autores nicamente les suplica alguna espera, pues sus obras deben incluirse en La Cena por el orden de antigedad”.37En efecto, en La Cena no se encuentran artculos ofensivos, plagados de insultos y de crticas acervas, como en otros peridicos de la poca. 37 La Cena 6 de noviembre de 1812, no. 116, p. 472.

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ANTONIO JOS VALDS /XVII /XVII /XVII /XVII /XVII Valds tambin publicaba noticias de la revolucin comenzada en las colonias americanas, en Mxico, en Argentina; lo mismo refera los xitos como los reveses del ejrcito espaol en esas colonias. As, lo hizo en el Alcance correspondiente al da 13 de agosto de 1813, en el cual dio a conocer algunas noticias infaustas para el Gobierno espaol en Nueva Espaa. Esto le vali una crtica, a la cual el redactor contest en el peridico del da 14 en una nota muy juiciosa en la cual expone su concepto de lo que constituye un buen peridico y del respeto debido al pblico, al cual debe decrsele siempre la verdad. Hela aqu: Advertencia “El redactor ha comprendido que algunos han tenido a mal que en el Alcance de ayer38 se incluyesen las noticias infaustas de la Nueva Espaa, al mismo tiempo que las plausibles; pero desde ahora advierte que seguir insertndolas con el carcter que ocurra, sin tener la necia presuncin de desfigurarlas; ni mucho menos se limitar a publicar solamente las buenas, con ofensa del juicio pblico, a quien los remite, y descrdito de La Cena Inglaterra y dems potencias libres e ilustradas proceden en sus gacetas con semejante imparcialidad, y esto no estorba que cuando parezca conveniente se hagan algunas observaciones”.39A fines de agosto volvi a ser atacado el redactor de La Cena por haber publicado40 dos comunicados, uno de ellos del doctor Joaqun Infante, en el cual se defenda a los revolucionarios venezolanos a quienes se haba calificado en un artculo reproducido en la misma Cena de “despreciables, como el de todos los revolucionarios de Amrica”. El Artculo —comunicado del doctor Infante— es valiente y veraz; afirma que la Revolucin de Caracas se hizo pacficamente y fueron varios europeos, quienes la ensangrentaron despus y relata los crmenes cometidos por los espaoles durante la sublevacin y despus de la capitulacin. Si valiente y cvico se mostr el doctor Infante al escribir ese artculo, no lo fue menos el editor del peridico al publicarlo, lo cual le vali ser duramente atacado por El Centinela en la Habana 38Este Alcance no aparece en la coleccin de La Cena de la Biblioteca Nacional Jos Mart. 39 La Cena 14 de agosto de 1813, no. 399, p. 4. 40Ibdem, 28 de agosto de 1813, no. 408.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA XVIII\ XVIII\ XVIII\ XVIII\ XVIII\ Jacobo de la Pezuela califica duramente a La Cena Segn el autor del Diccionario geogrfico, estadstico, histrico, de la isla de Cuba,41se reduca “este peridico a extractos de lo que publicaba la prensa de este tiempo”, y aade: “Por lo incoloro e inofensivo se le permiti sobrevivir a la primera poca de libertad de imprenta”. No debi Pezuela revisar muchos ejemplares de La Cena —aunque l afirma haber visto muchos nmeros—, pues no puede calificarse de inspido e incoloro un peridico denunciado ms de una vez —una de ellos por el oidor fiscal de imprenta—, porque publicaba con frecuencia noticias de la revolucin de la Amrica espaola. Valds haba advertido en el “Prospecto” de su peridico su intencin de ofrecer por la tarde —es decir, a la hora de la cena— los asuntos interesantes que se publicaran aquel mismo da. Y esto lo haca no slo La Cena sino otros peridicos, cuyas fuentes principales consistan en las noticias procedentes de la prensa de Espaa, Londres y las colonias de Amrica. Uno de los primeros nmeros del peridico fue mandado a recoger.42En l, Valds public un artculo con el ttulo de “Ayuntamiento”, donde expona un proyecto concebido para facilitar las elecciones. La Junta de Censura se pronunci contra el artculo por considerarlo subversivo, pues la Constitucin haba previsto la forma en que deban hacerse las elecciones “y no debemos objetar al mismo ni que haga arbitrio para indicar otro”. El censor reconoci que el “proyecto est escrito con moderacin” y como, adems, el autor hizo “una retractacin voluntaria en un alcance al peridico”, la Junta se limit a declarar “que el tal proyecto no debi imprimirse y por tanto debe ser recogido”.43En los nmeros revisados existe poca produccin propia de Valds; cuando lo hace es por lo general para defenderse de algn ataque; sobre todo, de El Centinela en la Habana La ideologa del redactor puede apreciarse por las noticias seleccionadas por l para el peridico: “ningn papel ha defendido ms la Constitucin y los derechos del pueblo (...) en ningn papel se han visto con ms profusin noticias favorables a la patria”.44Y resultaba exactamente cierto, todos los decretos de las Cortes de Cdiz, el de libertad de imprenta, la supresin del Tribunal de la Inquisicin; en fin, todas las noticias con carcter liberal se publicaban de inmediato en ese peridico. 41Ibdem (9), t. III, p. 521. 42 La Cena 11 de agosto de 1812, no. 29. 43Archivo Nacional: Gobierno Superior Civil, leg. 651, no. 20 395. 44 La Cena 31 de agosto de 1813, no. 416, p. 3.

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ANTONIO JOS VALDS /XIX /XIX /XIX /XIX /XIX Tambin puede apreciarse su pensamiento en algunas notas puestas a determinados artculos. As, el da 2 de noviembre de 1812 reproduce del Diario Cvico el artculo “Fragmentos de una carta sobre la moneda provincial”, del cual se extracta el siguiente prrafo: “Sr. Redactor: La facilidad con que se extrae la plata de la Amrica, es la causa de que los mismos indianos que la sacan de las minas, casi a costa de sus vidas, sean los que menos la logren (...) La Amrica es la productora del oro y la plata, y apenas hay pas donde se adviertan tantas miserias y tantas desnudeces. En una palabra, la Amrica produce el dinero; pero Europa y la China son quienes lo disfrutan. La felicidad de una monarqua consiste en sus millones”. A este prrafo pone el redactor la siguiente nota: “Antes todo lo contrario. El atraso de las Amricas ha nacido de sus millones: cuanto menos acuase tanto ms feliz sera. La felicidad de un imperio, de un reino, de una repblica, o de una provincia consiste en la agricultura”. “Si la Amrica hubiese fundado su felicidad en ella, si sus habitantes prestasen ms atencin al cultivo de los campos que al laboreo de las minas, si se empeasen en facilitar la extraccin de sus frutos, aprovechando la franquicia de los puertos, si se alarmasen los americanos espaoles contra el comercio ilcito, la Amrica sera la parte ms feliz del universo, porque es la que ms abunda en producciones preciosas en cuanto abrazan los tres reinos de la naturaleza. (El Redactor)”. Segn Pezuela, quien no senta ninguna simpata por el historiador criollo, La Cena pudo sobrevivir despus de la vuelta al absolutismo45por ser “incoloro e inofensivo”. En realidad, La Cena no fue suspendida, porque su propio editor dej de publicarla poco despus de darse a conocer, en julio de 1814, la Real Orden que estableca la censura previa en materias de imprenta y declarar abolida la Constitucin. La imprenta La Cena sigui funcionando algn tiempo; en el mes de diciembre de 1815 se anunciaba en el Diario del gobierno de la Habana la venta de almanaques para el ao 1816 en ese establecimiento, pero de seguro ya no estaba dirigida por su fundador, pues en esa fecha Valds se hallaba en Buenos Aires. La Historia de la Isla de Cuba y en especial de la HabanaLa obra ms importante de Antonio Jos Valds, y por la cual ocupa un lugar en nuestra historiografa, es la Historia de la Isla de Cuba y 45A su regreso al trono espaol, Fernando VII derog por decreto de 4 de mayo de 1814 todas las libertades constitucionales.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA XX\ XX\ XX\ XX\ XX\ en especial de la Habana editada en nuestra ciudad, en 1813,46 en la imprenta del propio autor. En la portada se dice que consta de dos volmenes. Slo se public uno y, segn opinin de algunos autores, el nico escrito. El escritor cubano Jos Garca de Arboleya,47 al referirse a la Historia de Cuba … de Valds, afirma que exista el otro volumen: “Esta publicacin apreciable por sus curiosos datos qued incompleta sin que hasta ahora se haya dado a la imprenta el segundo tomo, el cual existe indito en poder de una persona ilustrada que parece lo tuvo despus de muerto el autor”. Valds tuvo la esperanza de llegar a escribir un tercer tomo, as lo expuso en el nmero 387 del peridico La Cena correspondiente al lunes 2 de agosto de 1813: “Han remitido algunos patriotas curiosos varias noticias importantes a la obra de que se trata [ La Historia de la Isla de Cuba... ] y siendo indispensable prolongarla con este motivo, se advierte al pblico que acaso formar tres volmenes y no dos como habamos intentado...”. Pero aade que los suscriptores no tendrn que pagar “ms de los cinco pesos sealados”. El bibligrafo Carlos M. Trelles48 opina que Valds envi su obra a la Sociedad Patritica, estimulado por el ofrecimiento hecho por sta de nombrar socio demrito a quien compusiese el mejor Resumen histrico de la Habana Valds envi su Historia … a la Sociedad, pero sta se limit a darle las gracias y a manifestarle que haba recibido con agrado la obra, pero no le otorg el nombramiento de socio de mrito. Valds anhelaba relacionarse con los miembros de la Sociedad Patritica constituida por los hombres ms cultos de La Habana. A la Sociedad dedic su Gramtica a la Sociedad present su Historia …, con la esperanza de llegar a ser uno de sus socios, pero la benemrita institucin no pareca sentir simpatas por el criollo pobre, de origen desconocido, quien trataba de superarse por sus propios esfuerzos. Sin embargo, en determinado momento, habiendo emprendido la Sociedad una obra de envergadura, el Diccionario Histrico acept sus servicios. Segn el informe de don Toms Agustn Cervantes, en la casa de Valds recogi varios documentos correspondientes al Diccionario cuando ste decidi su viaje a Argentina. La Historia… consiste en un tomo en cuarto de 404 pginas, ms seis de “Proemio”. Tipogrficamente es una buena edicin. 46El pie de imprenta es Oficina de La Cena 47Jos Garca de Arboleya: Manual de la Isla de Cuba. Compendio de su historia, geogrfica, estadstica y administracin. Segunda edicin corregida y aumentada, Habana, 1859, p. 248. 48Archivo Nacional: Academia de la Historia, caja 96, sign. 90.

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ANTONIO JOS VALDS /XXI /XXI /XXI /XXI /XXI Se reimprimi como tercer tomo de Los tres primeros historiadores de la Isla de Cuba por don Rafael Cowley y don Andrs Pego, editores, en la imprenta y librera del ltimo, La Habana, 1877, 502 pginas. Los editores le aadieron numerosas notas. Esta edicin resulta la ms conocida y por la cual se le cita generalmente. Ambas ediciones estn agotadas y la primera constituye una rareza bibliogrfica. En el ao 1964, la Comisin Nacional Cubana de la UNESCO public una tercera edicin, en la cual sigui la hecha por el propio Valds; es decir, suprimi las notas de la edicin de Cowley y dej solamente las del autor.49El historiador Julio Le Riverend, autor de un estudio sobre los tres primeros historiadores de Cuba, advierte: “Todo es distinto: el hombre, la obra y el panorama histrico”.50En efecto, al asomarnos al “Proemio” del autor ya encontramos una ideologa distinta a la de sus antecesores en el empeo de escribir la historia de Cuba: “Yo acaso jams habra determinado publicar esta obra, temeroso de los obstculos que embargaban al escritor antes que tuviese la facilidad de manifestar sus ideas en materias que no ofenden la religin y pblica seguridad: pero animado mi deseo con el establecimiento de esta divisa indispensable del hombre libre: cuando advert que ste poda usar de su razn; y que sta ya no era patrimonio exclusivo de los tiranos, determin hacer por m lo que dejaba a la eleccin de algn curioso despus de mi existencia...”.51Con toda sinceridad, Valds expone su propsito de no publicar su Historia …, sino poda emitir los juicios que los sucesos acaecidos en la Isla, le sugeran; y en esto radica la importancia y la novedad de su obra. Slo cuando las Cortes de Cdiz, primero,52 y la Constitucin de 1812, despus, autorizaron la libertad de expresin, se decidi Valds a publicar su Historia… la cual haba empezado a escribir muchos aos antes.53 49Esta edicin es la utilizada en este trabajo, y por ella se harn las citas. 50Julio Le Riverend: “Carcter y significacin de los tres primeros historiadores de Cuba”, en Revista Bimestre Cubana nos. 1, 2 y 3, enero-junio de 1950, vol. LXV p. 170. 51“Proemio”, pp. 15-16. 52El decreto referente a la libertad de imprenta, fechado en la isla de Len el 10 de noviembre de 1810, fue conocido por el pueblo de Cuba, antes de llegar a manos de las autoridades de la Isla. El Diario de la Habana anotndose uno de sus xitos informativos que constituyen el orgullo de un peridico, lo public el da 21 de enero de 1811, copiado de un diario llegado de Espaa. El marqus de Someruelos, al recibir la comunicacin oficial procedi a darla a conocer y declar en todo su vigor la libre expresin del pensamiento. Al mismo tiempo cre la Junta de Censura. 53Valds trabaj en su obra durante ms de diez aos. Segn una nota de la pgina 36, de la edicin utilizada en esta ocasin, en el ao 1803 estaba escribiendo en ella, y en otra de la pgina 261 expresa: “Escribo en septiembre de 1813”.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA XXII\ XXII\ XXII\ XXII\ XXII\ Sus criterios historiogrficosDe pasada, sin detenerse en ello, en el mismo “Proemio” ofrece su concepto de la historia: “la expresin clara y exacta de los hechos, muchas veces dudosos y otras complicados entre s...”.54Reconoce la dificultad de realizar ese propsito, aun para el historiador sabio y acostumbrado, mucho ms “para quien slo escribe incitado de los cortos conocimientos que le retribuye su aplicacin, y del deseo de dar a su patria la historia de que carece”.55En efecto, Cuba careca de una historia en 1813, porque la de Arrate, escrita en 1760, no se edit hasta 1830 por la Sociedad Patritica, y la de Jos Ignacio de Urrutia se public en una parte mnima de su historia. “Pequea historia” denomina Valds a la de la Isla y explica: “Hela calificada con ese moderado adjetivo, porque efectivamente le conviene, si la comparamos con la historia de otros pases, cuya antigedad y grandeza forman eventos sobresalientes, entre los acontecimientos histricos”.56Valds escribe una crnica en la cual narra, en forma cronolgica, los principales acontecimientos de la isla de Cuba desde su descubrimiento por Cristbal Coln, pues advierte que no se detendr “en describir los delirios de muchos historiadores sobre los conocimientos que los antiguos tuvieron de la Amrica, ni tampoco vagar su solicitud de los pobladores originarios de esta mitad de la tierra; pero s comenzar mi historia con los primeros pasos del inmortal Coln, para descender en su seguimiento hasta la isla de Cuba, que es mi principal objeto”.57En su obra se notan los cambios originados en las ideas bajo el influjo de la Ilustracin. As, califica de “supersticin de aquellos tiempos” que los Reyes Catlicos “creyeran indispensable obtener de Alejandro VI, quien ocupaba entonces la silla apostlica, una bula que les otorgase aquellos territorios y otros que se descubriesen...”.58Y el suplicio de Hatuey lo atribuye a las “brbaras mximas de aquellos tiempos distintos de la ilustracin de nuestros das”.59 54Como lema, debajo del ttulo de su obra, estamp Valds un prrafo de Cicern en latn y en castellano: “Quin ignora que la primera ley de la historia es no escribir mentiras, la segunda no ocultar la verdad; la tercera no hacerse sospechoso de amistad o enemistad en lo que se escribe?...”. 55Ibdem. 56Ibdem (49), Libro Sexto, p. 182, nota 1. 57Ibdem, Libro Primero, p. 19. 58Ibdem, p. 29, nota 1. 59Ibdem, Libro Segundo, p. 41.

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ANTONIO JOS VALDS /XXIII /XXIII /XXIII /XXIII /XXIII En su narracin sigue el orden progresivo de los gobernadores, pero pronto se nota en la obra que el autor no se limita a la exposicin escueta de los hechos y con frecuencia se advierten acertados comentarios y juicios de los sucesos, los cuales constituyen la nota personal y caracterstica de Valds. A travs de esas notas y comentarios, dos o tres frases a veces, un prrafo ms largo otras, podemos penetrar en la ideologa del autor y comprender la distancia que lo separa de sus dos ms inmediatos antecesores en el quehacer histrico. Apenas penetra en la historia de la Isla comienzan las observaciones personales. El primer contacto entre espaoles e indgenas, sugiere a Valds atinados comentarios: “Mientras los espaoles efectuaban esta ceremonia [la toma de posesin de la isla Guanahan en nombre de la Corona de Castilla y de Len], los naturales que nada comprendan, ni prevean las consecuencias, los observan llenos de confusin, e intimidados se retiraban a los campos...”.60“es inconcuso que en el primer encuentro de los habitantes del antiguo y nuevo mundo, prevaleci la amistad y mutua satisfaccin, pero la ambicin produjo despus resultados funestos a la humanidad...”.61Con absoluta sinceridad declara que la extincin del indio fue causada por los espaoles: “En el ao de 1511 (...) la isla Espaola haba proporcionado cuantiosas riquezas a muchos de sus conquistadores, aunque por lo general con perjuicio de sus primitivos naturales, que se haban casi extinguido, a fuerza de los malos tratamientos y penosos trabajos, a que no estaban acostumbrados...”.62Este juicio acerca de las encomiendas y sus funestos resultados es muy distinto al expuesto por Arrate, quien, siguiendo al cronista Herrera, escribe: “la principal causa que influy para la aniquilacin de estos naturales fue, como dejo sentado ms arriba, su mismo desatinado furor [de ahorcarse] el cual despobl la Isla de innumerables vivientes, y llen el abismo de casi infinitos habitantes”.63Arrate analiza las ventajas que “la conservacin y aumento de los naturales” hubiera proporcionado a los colonizadores de la Isla, “porque siendo aquellos gente menos brbara [que los negros] ... serviran 60Ibdem, p. 29. 61Ibdem, p. 30. 62Ibdem, p. 39. 63Jos Martn Flix de Arrate: Llave del Nuevo Mundo. Antemural de las Indias Occidentales La Habana descripta: Noticias de su fundacin, aumentos y estados (Edicin sobre la copia manuscrita existente.) Comisin Nacional Cubana de la UNESCO, La Habana, 1964, p. 37.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA XXIV\ XXIV\ XXIV\ XXIV\ XXIV\ con ms inteligencia y habilidad en las labores de azcares y tabacos y en las siembras y cosechas de los dems frutos...”. Arrate tambin pensaba que la conservacin de sus naturales hubiera evitado a la Isla “la suma infinita de caudal que han sacado de ella los extranjeros por medio de la navegacin y asiento de los negros...”.64Para el regidor habanero, representante de la oligarqua municipal, lo ms importante de la conservacin de los indios consista en el ahorro de caudal que cost su sustitucin por los africanos. Valds, bajo el influjo de la Ilustracin, y con una visin ms clara de la primitiva sociedad colonial, opina de forma muy diferente; cree que la poblacin nativa sucumbi abrumada por los trabajos excesivos, y hace un anlisis muy objetivo del aniquilamiento de los indgenas: “Estas encomiendas hubieran sido sin duda muy provechosas a los indios y europeos, sino hubiera sido por la crueldad con que aquellos infelices fueron tratados por algunos de sus patronos, cuya conducta tirnica fue lo que mayormente contribuy a la despoblacin de la Isla de sus primitivos naturales”. “Es constante que los trabajos en que los empleaban eran tan penosos y tan recios para aquella gente desacostumbrada a tales fatigas, que el que no pereca en el servicio de un temerario encomendero, se daba la muerte desesperado o emigraba a otro suelo del modo que le era posible”.65En la Historia… de Valds se nota la falta de fechas. Existen casos en los cuales se comprende la dificultad para obtenerlas, pero en ocasiones, como en los viajes a Mxico, organizados por Diego Velzquez, las fechas se conocen y las ofrecieron todos los cronistas. Parece ms bien una desestimacin de lo factual. Valds emple, para documentarse, todos los medios que tuvo a su alcance. No pudo revisar los pocos archivos existentes en la Isla, porque no se los facilitaron, pero se acerc a quienes podan proporcionarle datos y fuentes histricas. Utiliz los peridicos publicados en su poca; sobre todo, los que ofrecan datos valiosos como El Patriota Americano cuya coleccin posea,66 y la Gaceta de la Habana, de la cual consult los nmeros correspondientes a los aos 1782 y 1783 y cuyos materiales us en una edicin al Libro Sexto.67 64Ibdem, pp. 39-40. 65Ibdem (49), p. 45, nota 1. 66Ibdem, p. 37, nota 1. 67El dato sobre los aos de la Gaceta consultados resulta muy valioso porque las noticias acerca de este peridico son muy escasas, y aun no se sabe con certeza durante cuanto tiempo se public.

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ANTONIO JOS VALDS /XXV /XXV /XXV /XXV /XXV No oculta, al contrario, lo confiesa, haberse aprovechado de lo que otros escribieron antes que l. En el “Proemio” de su obra dice a este respecto: “Se notar en el curso de su lectura que he solido ingerir rasgos histricos que otros escribieron en mi propio intento, pero ni yo pude haber presenciado cuanto ha sucedido digno de la historia de La Habana desde su descubrimiento, ni quise variar la sintaxis de dichos rasgos cuando la encontr correcta”.68Para los primeros libros de su Historia…, Valds utiliz, principalmente, las Dcadas de Herrera, y tambin a Arrate, Urrutia y Morell. En el prrafo 1 del Libro Cuarto escribe: “Difcil empeo sera determinar con toda exactitud la serie de los primeros gobernadores que tuvo la isla de Cuba, y sus tenientes en La Habana. Yo tengo a la vista los tres autores acreditados Arrate, Urrutia y el ilustrsimo Morell, y aunque todos ellos tratan sobre este particular, no estn acordes entre s”.69Se sabe que consult de Urrutia la parte editada del Compendio de Memorias As, al referirse a una Real Cdula de 17 de febrero de 1573, escribe: “la que, aunque no la he visto, la cita Urrutia en los cuadernos de su obra publicada”.70Del Teatro de Urrutia slo se public, en 1789, el Libro Primero, referente al descubrimiento y descripcin de la isla de Cuba. Por tanto, es preciso aceptar que Valds tena a la vista el Compendio de Memorias cuya parte editada comprenda hasta la llegada a Cuba del gobernador D. Vicente Roja (1716).71De Arrate, debi manejar el ejemplar manuscrito existente en la biblioteca de la Sociedad Econmica. De Morell de Santa Cruz, emple la visita pastoral mencionada como “relacin de su visita eclesistica, hecha por los aos 56 y 57”,72 posiblemente facilitada por el obispo Espada, en quien parece haber encontrado un protector. El Libro Octavo contiene la parte eclesistica de la obra, “para lo cual —dice el autor— he adoptado mucho de lo que dej escrito el ilustrsimo Morell en la relacin de su visita eclesistica”.73 68Ibdem (49), p. 5. 69Ibdem, p. 63. 70Ibdem, p. 68. 71 Obras del Dr. Ignacio Jos Urrutia y Montoya Academia de la Historia, La Habana, 1931, t. II, p. 129. 72Ibdem (49), p. 85. 73Ibdem, p. 298. En este mismo libro escribi una sucinta historia de la Catedral y de los obispos que la han servido hasta don Juan Jos Daz de Espada y Fernnez de Landa, quien desempeaba el cargo cuando Valds escriba su Historia Completa el estado eclesistico de la Isla en el Libro Noveno en el cual trata de las parroquias, conventos y hospitales de La Habana y dems regiones de la Isla.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA XXVI\ XXVI\ XXVI\ XXVI\ XXVI\ En los cuatro primeros libros de su obra hace alusin a estos autores, compara sus opiniones, y cuando se adhiere a una de ellas lo expone. En otras ocasiones seala honradamente de donde toma sus noticias. As, en el Libro Sptimo advierte: “Casi todo lo referido acerca del Ayuntamiento lo he extractado, como dejo indicado, de la obra del regidor D. Flix de Arrate”.74Valds tuvo en su poder y utiliz los apuntes de Antonio Lpez Gmez, “que tanto viaj por esta Isla, animado siempre del deseo de imponerse a fondo y con exactitud de las particularidades de ella...”.75La cuidadosa comparacin de sus fuentes resulta ms notoria al inicio del Libro Quinto, dedicado por completo al sitio y toma de La Habana por los ingleses. Dice as Valds: “Para su composicin he tenido varios documentos curiosos de aquella poca, que si no son suficientes para dar una relacin prolija de todos los acontecimientos que ocurrieron, lo son a lo menos para dar de ellos una idea perceptible (...) yo me he dirigido a todo el que he sabido que pudiera darme luz en este asunto, y aunque algo he podido aprovechar, ha sido deduciendo por analoga entre diversos, y a veces muy opuestos informes que he recibido: y hasta entre los manuscritos formados en los das de aquella guerra hay notables diferencias”.76 Lstima grande es la ausencia de referencias detalladas de esos manuscritos consultados por Valds. En la Historia… de Valds no se encuentra el dato minucioso de archivo. l no pudo realizar esa labor, porque en su poca no estaban organizados los archivos en Cuba, y, adems, porque, segn su propia confesin, no se le permiti su consulta. Hay que tener en cuenta que gran parte de los documentos que hoy tienen a su disposicin los historiadores, por hallarse publicados muchos de los manuscritos inditos de los archivos espaoles, en su poca slo podan consultarse tras un viaje y una larga permanencia en Espaa, amn de la autorizacin debida, imposible para una persona de la posicin social y econmica del historiador. Pero no cabe duda del esfuerzo de Valds por tratar de documentarse en todas las fuentes a su alcance: utiliz las obras escritas con anterioridad a la suya, los peridicos de la poca; tambin debi manejar materiales de la biblioteca de la Sociedad Patritica, pues cita un cedulario existente en esa biblioteca;77 tuvo a su alcance los manuscritos de Antonio Lpez Gmez y documentos facilitados por los doctores Jos 74Ibdem (49), p. 268. 75Ibdem (49), p. 268. 76Ibdem, p. 108. 77Ibdem, p. 179, nota 1.

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ANTONIO JOS VALDS /XXVII /XXVII /XXVII /XXVII /XXVII Agustn Caballero y Domingo Mendoza, catedrticos del seminario, quienes examinaron la obra y le sealaron “los defectos que notaban”.78Con frecuencia, Valds transcribe documentos importantes, como la cdula de ereccin del Consulado, el auto de divisin del Obispado de la isla de Cuba, varios de los de la ocupacin inglesa, el testimonio del Cabildo celebrado por el Ayuntamiento en 16 de diciembre de 1796 sobre el gobierno de don Luis de las Casas, y otros. Algunos de los errores que se advierten en la obra no pueden achacarse al historiador, sino al estado del conocimiento de la historia de Amrica en el momento en que escriba. Por ejemplo, sealar el ao 1511 como la fecha de la conquista de Cuba, es un error repetido por los historiadores, siguiendo a los cronistas Antonio de Herrera y al padre Las Casas. Slo en fecha muy reciente se ha podido subsanar este error, gracias a la publicacin de los documentos procedentes del Archivo de Indias, los cuales han permitido retrotraer la fecha de la conquista de Cuba al mediar el ao de 1510.Valds historiador de su poca. La crtica al gobierno colonialLa obra de Valds es una historia narrativa con comentarios muy acertados y comparaciones agudas con la realidad que l vive. En sus juicios histricos no intenta descubrir las causas ltimas de los sucesos ni sus consecuencias, pero demuestra el deseo de hacer algo ms que una simple narracin de hechos. Esto da a la obra la nota personal que permite captar su ideologa liberal. Al referirse a la sisa de la zanja, y sus reiteradas prrrogas, dice que se conserv, “sin embargo de haber cesado el motivo de su establecimiento, como sucede ordinariamente con toda exaccin establecida”.79Al comenzar el relato del sitio y toma de La Habana por los ingleses escribe: “El sitio y toma de la plaza de La Habana debe ocupar lugar tan distinguido en su historia que no he dudado destinar un Libro separado de mi obra, para describir evento tan sealado por todas sus circunstancias”.80En efecto, a este suceso dedica el Libro Quinto, y al finalizar su exposicin, concreta su pensamiento en esta forma: “Desde la restauracin empez el engrandecimiento de La Habana, a que se dedic el Supremo Gobierno, conociendo con mayor extensin la importancia de la 78Ibdem, p. 16. 79Ibdem, p. 65. 80Ibdem, p. 107.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA XXVIII\ XXVIII\ XXVIII\ XXVIII\ XXVIII\ posesin de esta Isla: siendo de notar que los mismos ingleses en sus operaciones hostiles nos indicaron los puntos que habamos de fortificar, para hacerles inaccesibles a viva fuerza una plaza, cuyo dominio les daba la soberana de las primeras y ms importantes posesiones de la Espaa americana”.81Para el historiador, el sitio y toma de La Habana por los ingleses determinan dos pocas bien delimitadas en Cuba, pues a partir de la recuperacin de La Habana “empez su engrandecimiento”. Valds comienza la relacin del ataque ingls con evidente temor, pues sabe que an viven testigos y, posiblemente, tambin protagonistas, de los sucesos que narra. Trata de ser completamente objetivo en su exposicin. De vez en cuando asoma la crtica de la mal dirigida defensa de la plaza y seala errores, como el de haberse ordenado desmantelar la estratgica altura de la Cabaa, desde la cual se dominaba el Morro y la ciudad: “El pueblo murmur altamente este inesperado acto, y entre el murmullo que se adverta, sonaban a veces las voces: traicin, traicin ”.82 Asimismo critica la disposicin de cerrar la entrada del puerto con algunos navos hundidos. Destaca la actuacin de los regidores Luis de Aguiar y Laureano Chacn, quienes, “con sus tropas compuestas de gente del pas y negros esclavos”, mantuvieron a distancia a los ingleses situados en la loma de Arztegui. No olvida a Pepe Antonio, y se hace eco del rumor de que una reprensin injusta del coronel Caro le cost la vida. Reproduce algunos documentos importantes, como las cartas cruzadas entre el general ingls y don Luis de Velasco, defensor del Morro; la rendicin del castillo narrada por Bartolom Montes; los trminos de la capitulacin y las cartas mediadas entre Albemarle y el obispo Morell. Pero cuando empieza a comentar “las despticas determinaciones del vencedor”, recuerda que ya la guerra ha terminado y detiene su pluma en su momento histrico; Espaa e Inglaterra son ahora aliadas en la lucha contra Francia. En la narracin de este perodo de la historia de Cuba, Valds es completamente original, pues de los historiadores anteriores Arrate no llega a esta poca, y aunque Urrutia trat de manera somera el asunto en sus dos obras, la parte referente al sitio y toma de La Habana por los ingleses permaneca indita, y no parece que Valds manejara los manuscritos del abogado historiador. El doctor Emilio Roig de Leuchsenring, al conmemorarse en el ao 1962 el bicentenario de la toma de La Habana por los ingleses, reedit 81 Ibdem, p. 153.

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ANTONIO JOS VALDS /XXIX /XXIX /XXIX /XXIX /XXIX todas las obras que haban tratado ese suceso. Uno de los tomos de esta Coleccin del Bicentenario reprodujo el Libro Quinto de la Historia … de Antonio Jos Valds, dedicado por entero a ese episodio de nuestra historia. En la “Nota preliminar” de esa obra, el doctor Roig escribe acerca de Valds: “es el primero que nos da una versin histrica de aquellos hechos (...) porque de fechas anteriores solamente tenemos los documentos estrictamente contemporneos, oficiales o privados, obras de actores o testigos presenciales que ...slo dan una versin muy fragmentaria de lo acontecido. Valds, con mejores cualidades de historiador que sus predecesores, se document profusamente para escribir su obra... ”Adems, dio a su relato un sabor ya muy cubano para su tiempo: la crtica de los desaciertos oficiales espaoles es severa; pero, sobre todo, se destaca su exaltacin de los valores de los hijos de la tierra nuestra: de Pepe Antonio el gran guerrillero, de los regidores habaneros Aguiar y Chacn, y tambin de los numerosos hroes annimos, integrantes de las milicias populares, que unos murieron en temerarios y mal dirigidos ataques, y otros queran seguir combatiendo cuando, ante la destruccin inminente de la ciudad, el Gobernador y su Junta de Guerra ya negociaban la capitulacin. ”Con las pginas de Antonio J. Valds entramos por primera vez en la historia los cubanos —a dos largos siglos de la triste lucha de los indios contra la conquista—, como combatientes valerosos por nuestra tierra natal”.83Cuatro dcadas haban de pasar para que otro cubano abordara de nuevo el tema de la ocupacin inglesa de La Habana. Ahora era el distinguido matancero Pedro J. Guiteras, conocido por su erudicin, su amor a la cultura y su patriotismo, lo cual le ocasion prisiones y un exilio de largos aos. En 1856, en Filadelfia, public una Historia de la conquista de la Habana por los ingleses .84 En el prlogo de su libro enumera las obras que le han proporcionado noticias para escribir su Historia …; entre las cuales se halla la Historia de la Isla de Cuba de Antonio Jos Valds, citada con harta frecuencia. Tambin se utilizaron sus datos por el patriarca de las letras cubanas, Antonio Bachiller y Morales, autor de la mejor obra escrita sobre 82Ibdem, p. 111. 83 Cmo vio Antonio J. Valds la toma de la Habana por los ingleses Coleccin del Bicentenario de 1762, no. 6, Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, 1962, p. 9. 84Pedro J. Guiteras: Historia de la conquista de la Habana por los ingleses Parry and Mc Millan, Filadelfia, 1856.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA XXX\ XXX\ XXX\ XXX\ XXX\ ese suceso: Cuba : monografa histrica que comprende desde la prdida de La Habana hasta la restauracin espaola .85Si Valds se sinti cohibido cuando empez a escribir la conquista de La Habana por los ingleses, debido a que existan personas contemporneas de esos sucesos, mucha mayor preocupacin experiment al abordar en el Libro Sexto los sucesos posteriores a ese episodio. “Yo conozco —escribe— que, aun habindome franqueado algunos archivos, que vanamente he solicitado, para rectificar y enriquecer mis ideas, no habra sabido pintar con la debida propiedad los acontecimientos que son notorios a una gran porcin de los actuales habitantes de este pas...”. Y aade: “no me han faltado amigos sabios y generosos, que... me han proporcionado las interesantes noticias que he procurado coordinar...”.86Efectivamente, Valds es el primero en escribir sobre el perodo de la historia de Cuba, iniciado con el gobierno del conde de Ricla y que abarca hasta el inicio del de don Juan Ruiz de Apocada, sucesor del marqus de Someruelos. El Libro Sptimo lo dedica Valds a la administracin, y hace referencias a rdenes de las Cortes del ao 1813, puestas en vigor por don Juan Ruiz de Apodaca; es decir, Valds se introduce en el difcil trabajo de escribir sobre su tiempo —o sea, historia contempornea—, pues su Historia… se termin y public a finales de 1813.87Valds opina “que en el gobierno del Excelentsimo Seor conde de Ricla comenz el engrandecimiento de La Habana, y esta ascencin es tan evidente como lo ensea el CRECE que se percibe de su cotejo con las pocas precedentes de la guerra referida”.88En el Libro Sexto se refiere a las obras realizadas y los principales sucesos ocurridos durante cada uno de los gobiernos del perodo. Enumera las obras de fortificacin iniciadas en poca de Ricla y la labor del conde de O’Reilly en la organizacin de las tropas veteranas y milicias de la Isla. Respecto de las milicias, Valds refiere que, al ver O’Reilly “el inconveniente de aumentar ms cuerpos de milicias por escasez de blancos en aquella poca, concibi el proyecto de crear dos batallones ms, uno de pardos y otro de morenos. 85Antonio Bachiller y Morales: Cuba: monografa histrica que comprende desde la prdida de la Habana hasta la restauracin espaola editor Miguel de Villa, Habana, 1883. 86Ibdem (49), p. 156. 87En una nota en la pgina 158, del Libro Sexto dice Valds: “Escribo en junio de 1813”; y otra nota en el Libro Sptimo, p. 261, advierte: “Escribo en principios de septiembre de 1813”. 88Ibdem (49), Libro Sexto, p. 156.

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ANTONIO JOS VALDS /XXXI /XXXI /XXXI /XXXI /XXXI ”stos fueron consiguientemente instruidos y regimentados de una manera inesperada: los estimul con premios gratuitos, y los condecor con distinciones honorficas... ideas... que tal vez no habra adoptado el mismo autor en las actuales circunstancias”.89La frase final de este prrafo se explica en una nota puesta lneas adelante en la cual advierte que escribe en junio de 1813; es decir, poco despus de haberse descubierto la conspiracin de Aponte. Da cuenta tambin de la formacin de los batallones de voluntarios y enseguida asoma el comentario agudo: “Yo supongo, y creo no equivocarme en mi suposicin, que no sera la mente del conde autorizar las vejaciones que experimentan los ciudadanos en el da, vindose sorprendidos en medio de las calles pblicas por los sargentos y cabos comisionados para la recluta de milicianos... ”Porque la verdad sea dicha: ese epteto de voluntarios con que se distinguen los milicianos de los veteranos, es un verdadero insulto, que se hace a los vecinos, siendo as que son atrados al servicio a viva fuerza”. Comenta despus el mal trato que reciben los alistados de sus jefes, ante todo de los cabos y sargentos, y concluye: “El hombre, y sta es una verdad eterna, quiere ser tratado con decoro en todos los rangos de la sociedad”.90Alaba los gobiernos del baylo don Antonio Mara Bucarelli y del marqus de la Torre. Del primero, encomia su inters “por el despacho e integridad” en la resolucin de las causas judiciales; del marqus de la Torre dice que “al mismo tiempo que no descuid las obras de fortificacin (...) se dedic al decoro y ornamento de la poblacin y de sus campos inmediatos”.91 Enumera despus las obras promovidas por ese gobernador, los paseos pblicos, el coliseo, las casas de gobierno, puentes, calzadas. Del gobierno de D. Diego Jos Navarro destaca sus esfuerzos por mejorar “el despacho pblico de las causas y a extirpar los abusos introducidos en el foro de La Habana”. “Para contener tales abusos el seor Navarro firm un auto de 11 de enero de 1779, estableciendo varias reglas que sirviesen de norma a los tribunales, abogados, escribanos, procuradores, tasadores y dems dependientes de justicia, pero aunque... impuso penas correspondientes a los contraventores, stos sin duda todo lo eludieron, segn el desorden escandaloso que se ha seguido observando”.92 89Ibdem, pp. 157-158. 90Ibdem, p. 158. 91Ibdem, p. 164. 92Ibdem, p. 173.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA XXXII\ XXXII\ XXXII\ XXXII\ XXXII\ En nota a este prrafo, Valds enjuicia en forma muy clara y dura, los abusos de la administracin de justicia de la Isla: “Por lo que respecta al manejo de tribunales, secretarios y dems que concierne al papel sellado, declaro con rubor a la faz del universo, que ningn otro pueblo excede a La Habana en su arraigada y destructora intriga, excepto acaso algunos pueblos del interior. Asombroso es el expendio de papel sellado (ciertamente pasa de 22 000 pesos anuales el que se vende por cuenta del rey) que se experimenta. Mucha desvergenza observ en Mjico en este manejo forense, y mucho he odo referir de otras ciudades grandes de la monarqua, pero el descaro e inmoralidad de los papelistas de La Habana es capaz de imponer temor a todo hombre de bien, celoso de su honor y tranquilidad... As se dice con razn que en La Habana ninguno gana un pleito, pues regularmente los costos son proporcionados a la gravedad del pleito y su demora: tanto que muchas veces aburridos y espantados huyen los litigantes de sus defensores; y este mal es de grande extensin”.93A continuacin reproduce el bando dictado por el conde de Albemarle, que prohiba toda clase de regalas por administrar justicia, prctica que era habitual en Cuba. En el Libro Sexto trata Valds con inters la ltima guerra sostenida entre Espaa e Inglaterra (1779-1783). Esta ltima, luchaba, simultneamente, en sus colonias americanas tratando de mantener su dominacin colonial. Valds destaca el papel de don Bernardo Glvez en la reconquista de la Florida, pero lo ms interesante de esta relacin resulta la nota puesta al prrafo en que se refiere a la paz ajustada entre Inglaterra y sus colonias de Amrica: “Jorge III, despus de varios y repetidos esfuerzos, tuvo que reconocer formalmente la libertad e independencia de Estados Unidos de Amrica, cosa que jams hubiese presumido. Los actos de violencia y de rigor, dice el autor de la Historia de la administracin del lord North, publicada en Madrid, en 1806, casi siempre han conducido a los revoltosos mucho ms all de donde pensaban: casi todas las rebeliones han comenzado por grupos y representaciones respetuosas: la tirana de los prncipes y la crueldad de sus ministros hicieron lo dems. Los holandeses no pidieron ms que la extincin del Tribunal de la Inquisicin y que se les mantuviesen sus antiguos privilegios, pero Felipe II contest con la espada y el can: entonces trataron formalmente de sacudir el yugo y conquistar su libertad. Los americanos se limitaron a reclamar los privilegios de sus cartas, y los de vasallos britnicos..., y Jorge III, que no los quera por vasallos, declarndoles la guerra quiso esclavizarlos. 93Ibdem, pp. 172, 173, 174, nota 1.

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ANTONIO JOS VALDS /XXXIII /XXXIII /XXXIII /XXXIII /XXXIII ”Los habitantes de las provincias de la Amrica Septentrional, contina el citado autor, reunan muchas ventajas que otro algn pueblo; ...Las artes y las ciencias se haban cultivado, lo mismo se hizo con la tierra; y los bosques y las espesuras se aclararon. Las luces y el espritu se haban dilatado, sin que por esto se depravaran las costumbres, como sucede en otros pases. La mano bienhechora de la Gran Bretaa cultiv la primera edad de sus colonias, y una inmensa extensin de territorio frtil les hacen contemplar un futuro y lisonjero porvenir”. Asombra la valenta de reproducir estos prrafos en los cuales se advierte una franca comparacin entre el sistema colonial ingls y el espaol, pero ms de admirar son las frases finales: Valds emite su juicio, penetrante y crtico sobre el gobierno colonial: “Palabras bien notables para publicarlas a la faz del gobierno de Madrid, cuando su tiranismo se haba encumbrado hasta el extremo, pero proporcionalmente haba llegado al exceso de su corrupcin”.94Extraa que la censura, por dbil que fuera durante el primer perodo constitucional —y no lo era—, dejara pasar las frases referidas al “tiranismo” de Madrid y el “exceso de su corrupcin”. Pginas adelante se refiere abiertamente a Godoy y al gobierno que lo protega: “Ya por este tiempo haba llegado a su colmo la degradacin de nuestro gabinete, colocando al frente del nuevo Almirantazgo un valido orgulloso e ignorante hasta lo sumo, especialmente en conocimientos martimos... ”Sin embargo, este suceso fue celebrado hasta el exceso de locura, y algunos jefes de La Habana publicaban que ya haba renacido el siglo de oro en nuestra nacin, con la exaltacin al Almirantazgo del Seor Prncipe el Manuel Godoy, generalsimo de las Armas, y protector (esto s era desvergenza) del comercio en todos los dominios del rey .95Esas casas de factora y comandancia general de Marina no permiten que yo mienta y no incluyo las descripciones que aquellos jefes publicaron de tales funciones, por no recordarles cosas tan desagradables. Da la casualidad que escribo cuando todos ellos viven”.96En realidad admira el civismo y el valor del novel historiador para exponer opiniones tan duras sobre personas de elevada condicin social y organismos y funcionarios locales contemporneos. Estas alusiones de Valds al gobierno colonial, al absolutismo, a la tirana, da la tnica de su obra y permite adentrarnos en su ideologa liberal y constitucional en 1813, que derivara aos ms tarde hacia la independencia. 94Ibdem, pp. 177-178, nota 1. 95Ibdem, p. 225. (El subrayado es de Valds.) 96Ibdem, pp. 225-226.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA XXXIV\ XXXIV\ XXXIV\ XXXIV\ XXXIV\ Relata, como un hecho natural, las luchas independentistas iniciadas en la Amrica, aprovechando el trastorno originado por la invasin napolenica en Espaa, “parece que la guerra se haba hecho una moda universal, siendo as que las Amricas se revolucionaban ya corriendo por trmites a la independencia, como aconteci en las diversas provincias del medioda, o ya declarndose abiertamente, como sucedi en Nueva Espaa”. Y en nota a este prrafo agrega: “En Nueva Espaa principi por el pueblo de Dolores el 16 de septiembre de 1810 y vol con rapidez tan asombrosa que a 29 del mismo mes ya haban tomado los insurgentes a Guanaxuato, y acercndose a la capital con ms de 80 000 hombres, aunque sin disciplina, sin conocimientos militares, y sin la fortaleza necesaria a empresa semejante: as fueron las consecuencias”.97No escribe una frase, ni una palabra de crtica para los revolucionarios americanos. En la misma forma procedi en su peridico La Cena Y, sin embargo, alaba la actitud pasiva de los habaneros durante la agitacin revolucionaria: “Y no se entienda por todo lo referido del marqus de Someruelos que l solo ha sido el agente que ha mantenido la tranquilidad de esta Isla durante el tiempo borrascoso que ha seguido a la revolucin de Espaa. Algunos ciegos apasionados de aquel jefe as lo han querido persuadir; pero esto es inferir un agravio manifiesto a la fidelidad e inclinacin a la paz que caracteriza a los habaneros. ”Por otro lado, quin ignora que un pueblo compuesto de los elementos que el de La Habana sea capaz de buscar su felicidad en la revolucin, sin exponerse a ser vctima de su misma indiscrecin...? As es inconcuso que a la fidelidad habanera, y a la consideracin de sus propios intereses se debe esencialmente su laudable tranquilidad”.98Lo que no le ha parecido mal en los pases del continente, en Cuba hubiera resultado “una indiscrecin”. La ltima frase da la clave de su pensamiento: el problema de la esclavitud y la reciente rebelin de Hait estn latentes en esas palabras. La revolucin en Cuba iba contra sus propios intereses. El temor a una rebelin de los esclavos explica el conservadurismo de muchos blancos, aun cuando procedan de las capas de la pequea burguesa. Pero esta actitud suya se mantiene mientras Cuba sea gobernada igual que la metrpoli, constitucionalmente. Al instaurarse el absolutismo de nuevo, Valds se march de la Isla y fue a residir a los pases donde haba triunfado la revolucin. Unos aos despus se una a los patriotas que luchaban por la independencia de Cuba. 97Ibdem, p. 234, nota 1. 98Ibdem, pp. 238-239.

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ANTONIO JOS VALDS /XXXV /XXXV /XXXV /XXXV /XXXVEl estudio de sus ideas a travs de la valoracin de algunas figurasAlgunas frases aplicadas a determinados gobernantes permiten apreciar el pensamiento de Valds. Al enjuiciar a don Luis de las Casas escribe: “[su] gobierno forma poca en los fastos de nuestra pequea historia”. Pero agrega: “Es menester, sin embargo, declarar que durante su mando experiment La Habana determinaciones arbitrarias, nacidas de un escandaloso despotismo, pero es tambin constante que el bien que se le debe excede sin comparacin a los males a que dio lugar”.99Del marqus de Someruelos expresa que “siempre se manifest ms condescendiente a los ricos que a los pobres, a quienes se suele decir que acostumbraba a tratar con alguna dureza”.100Despus relata con detenimiento los beneficios que ambos gobernadores proporcionaron al pas. Sobre el conde de Santa Clara se expresa en muy distinta forma: “Pero si es innegable que se hizo ms popular que su antecesor [Las Casas] por ciertos rasgos de desinters, de consideracin a la miseria humana en todas sus acepciones, y de afabilidad en todas las clases de la sociedad, tambin es innegable que, menos inclinado al cultivo de las letras, fue el primer causante, por indiferencia, de que aquella noble emulacin que reinaba en la sociedad se enervase, con detrimento de la ilustracin que de un modo maravilloso ramificaba”.101En este prrafo puede apreciarse que Valds no perteneca al sector criollo de los privilegiados; por otra parte, se capta su decidido afn por el progreso del pas y su pesar porque ste no contina al mismo ritmo que durante el gobierno de Las Casas. El doctor Emilio Roig de Leuchsenring, al inaugurar en el Palacio Municipal el Quinto Congreso Nacional de Historia, pronunci unas palabras que apoyan la opinin de Valds sobre Las Casas y al conde de Santa Clara en relacin con el desenvolvimiento de la cultura en Cuba. Dijo Roig: “El 9 de enero de 1793 Las Casas llam a esta Casa de Gobierno a los patricios que haban logrado la creacin de ese instituto [se refera a la Sociedad Patritica de Amigos del Pas] para anunciarles que S.M. haba aprobado los estatutos de la institucin. Todos sabemos lo que signific esta institucin en el desarrollo de la cultura en Cuba”. Prrafos adelante agrega el doctor Roig: “Pero desde que Las Casas dej de ser el seor de esta mansin, la cultura no volvi a tener 99 Ibdem, pp. 181-182. 100 Ibdem, p. 223. 101 Ibdem, pp. 206-207.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA XXXVI\ XXXVI\ XXXVI\ XXXVI\ XXXVI\ albergue en sus salones. Era a lo ms visita rpida que vena de incgnito, para no llamar la atencin entre polticos y contribuyentes, sus habituales habitantes”.102Como Valds no desea dejar una imagen deslucida del sucesor de Las Casas, gobernador por quien revela verdadera simpata, aade en una nota: “Es evidente que el conde de Santa Clara, aunque no se le puede llamar declarado protector de las letras, como a su inmediato antecesor, contribuy por otros caminos al lustre y aumento del pas”.103Antes de finalizar el Libro Sexto vuelve a comparar los dos ltimos gobernantes del siglo XVIII y se refiere a “las comisiones dadas por el gobernador D. Luis de las Casas, para persecucin de vagos, o tratados como tales, del aumento y terrorismo de las crceles, y mutacin repentina por el carcter de su sucesor...”.104Valds finaliza la nota inserta al comenzar el gobierno del conde de Santa Clara105 con el juicio que le merecen los gobernantes de la Isla despus de la restauracin: “La Habana, generalmente hablando, cuenta una serie de gobernadores, cuyas virtudes han superado incomparablemente a sus defectos”. La expresin del historiador se hace ms precisa, cuando trata de destacar un hecho o un personaje. Sus semblanzas son acertadas. Del padre Las Casas y su lucha en defensa de los indios da una idea cabal en una apretada sntesis de menos de una pgina.106En ocasiones, en medio de una biografa, dos o tres frases agudas caracterizan a un personaje. As, despus de enumerar algunas de las obras del obispo doctor don Santiago Jos de Hechavarra, expone la siguiente observacin: “La magnificencia con que se trataba, todava se tiene por proverbio, hablando de obispos opulentos. Entonces haba llegado la mitra de Cuba a un estado de renta sobresaliente, y un hombre de carcter rumboso hallaba recursos infinitos de que disponen en empleos de tal naturaleza; pero es menester confesar en honor de la justicia, que en medio de esa grandeza, era muy limosnero...”.107Terminado el Libro Sexto con el gobierno del marqus de Someruelos, dedica varios prrafos a enumerar los acontecimientos que pudo 102Emilio Roig de Leuchsenring: “Una dcada de labor histrica”, en Cuadernos de Historia Habanera no. 35, pp. 44-45. 103Ibdem (49), p. 206, nota 1. 104Ibdem, p. 240. 105Ibdem, p. 206, nota 1. 106Vase en las pginas 26-27. 107Ibdem (49), p. 327.

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ANTONIO JOS VALDS /XXXVII /XXXVII /XXXVII /XXXVII /XXXVII haber referido y a explicar por qu no se decidi a hacerlo, “no obstante las insinuaciones de un amigo de carcter —me retrae dice—, la consideracin de lo delicado y expuesto que sera delinear con viveza y exactitud varias escenas en que tuvieron parte muy activa personas que existen, y que difieren recprocamente en sus opiniones polticas e intereses de familia”.108El Libro Sptimo lo dedic Valds a un recuento administrativo de la Isla, el cual llev hasta septiembre de 1813; ofrece los dirigentes de las distintas ramas de la administracin y reproduce rdenes y disposiciones correspondientes a ese ao. Las omisiones de ValdsExtraa la falta de noticias de Valds sobre algunos sucesos, como el estanco del tabaco y la rebelin de los vegueros, los cuales no menciona al tratar los perodos de don Vicente Roja y don Gregorio Guazo Caldern, durante cuyos gobiernos ocurrieron esos hechos.109Slo menciona la rebelin de los vegueros cuando trata al obispo don Pedro Agustn Morell de Santa Cruz. Dice as: “vino a esta [Catedral] de Cuba el ao de 1718... y estando en La Habana, cuya tranquilidad se hallaba alterada con cierta rebelin que causaron los isleos, contribuy poderosamente a sofocar el incendio con su talento y acreditada prudencia. De esta revolucin slo tengo noticias muy confusas que omito por inexactas y ms bien he querido traducir un fragmento de la historia pblica y secreta de la Corte de Madrid, escrita en francs y es del modo siguiente...”. A continuacin copia un prrafo de la citada Historia cuyo ttulo y autor no ofrece. Prueba del poco conocimiento que tena Valds del proceso de los vegueros se advierte a travs de su relato: “Entre las vagas noticias que se conservan por tradicin, se cuenta que 30 de los que se amotinaron murieron por fin ahorcados y no lo dudo mucho cuando miro efectos posteriores en el ramo del tabaco”.110Se nota una contradiccin en el tono general de la obra, en la cual fustiga la tirana, el despotismo y el absolutismo, y la forma en que juzga la conducta del marqus de Someruelos en la conspiracin de Jos Antonio Aponte. En un corto prrafo alaba “la severa prudencia con que se port respecto del negro Aponte, y dems cmplices que maquinaban la conspiracin del ao 12, suceso que pudo haber turbado 108Ibdem, p. 239. 109Ibdem, pp. 99-100. 110Ibdem, Libro Octavo, pp. 324-325.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA XXXVIII\ XXXVIII\ XXXVIII\ XXXVIII\ XXXVIII\ la tranquilidad de los habitantes, causando inopinados daos a la agricultura y con particularidad a los propietarios de haciendas de campo como que en ella se hubieran perpetrado los mayores asesinatos y estragos de toda especie. Pero el ejemplar y oportuno castigo de los delincuentes, puso un freno al torrente de calamidades que eran consiguientes”.111Valds no procur buscar los fines de la conspiracin y exponerlos, porque bien conocidos eran de todos. Para l, lo importante era que no se perturbara la tranquilidad de los habitantes blancos y no se causara dao a la agricultura. Aqu coincide con la clase de los hacendados criollos, aun sin pertenecer a ella. Pocas referencias hace Valds a los progresos econmicos y al comercio de la Isla, pero no debe extraar tal silencio, pues su propsito era tratar en el segundo tomo de su obra “el valor de la Isla en toda la extensin de que yo fuera capaz”. Para realizar ese propsito haba trabajado “sobre el estado de su agricultura: sobre su diversidad de haciendas rurales... sobre su comercio, sobre su poblacin”112 y otros asuntos, pero, como hemos sealado antes, parece que ese tomo no se public y quiz nunca se escribi. Viaje a ArgentinaNo se ha podido determinar la fecha exacta en que Valds realiz su viaje a Argentina, pero debi ser en la primera mitad del ao 1815, pues en el Libro de Acuerdos de la Sociedad Patritica de ese ao aparece en la junta ordinaria de 7 de julio la siguiente referencia: “Don Toms Agustn Cervantes exhibi varios documentos correspondientes a la empresa del Diccionario Histrico que en virtud de su condicin haba recogido en la casa de don Antonio Valds y se acord su acumulacin a los dems de su clase”.113En el mes de agosto de 1815, Valds fue designado para editar un peridico en Buenos Aires. Este hecho permite suponer algn tiempo de residencia en el pas, suficiente para darse a conocer y hacer algunas amistades. El Estatuto Provisional, dado en Buenos Aires en 1815, dispuso la publicacin de dos peridicos: uno, “encargado a un sujeto de instruccin y talento pagado por el Cabildo, el que en todas las semanas dar 111Ibdem, p. 237. 112Ibdem, p. 16. 113Ibdem (3), p. 13.

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ANTONIO JOS VALDS /XXXIX /XXXIX /XXXIX /XXXIX /XXXIX al pblico un pliego o ms, con el ttulo de Censor .114 Su objeto principal ser reflexionar sobre todos los procedimientos y operaciones injustas de los funcionarios pblicos y abusos del pas, ilustrando a los pueblos en sus derechos y verdaderos intereses”. El otro peridico, “encargado del mismo modo a sujetos de las calidades necesarias, pagado por los fondos del Estado, cuyo encargo es dar todas las semanas una Gaceta noticiando al pueblo los sucesos interesantes, y satisfaciendo a las censuras, discursos o reflexiones del Censor ”.115Fue encargado de editar el primero, Antonio Jos Valds, a quien el historiador del periodismo argentino Oscar F. Beltrn presenta como “un poltico liberal espaol, oriundo de Cuba”.116Por su parte, el historiador Bartolom Mitre117 enjuicia a Valds en esta forma: “Su redactor [se refiere a El Censor] don Antonio Jos Valdez (sic) diputado a las Cortes de Cdiz en 1814 (sic), que en largos viajes deca haber estudiado los hombres y las instituciones de todos los pueblos; y aunque en el fondo era una mediocridad suficiente estaba animado de un verdadero entusiasmo por la causa de los americanos”. A pesar de sus errores —explicables por el poco conocimiento sobre la Isla existente en otros pases, aun entre los mismos americanos para quienes Cuba era La Habana—, esta semblanza de Valds, hecha por Bartolom Mitre, debe tenerse en cuenta por dos razones: primera, confirma el hecho de hallarse Valds en Buenos Aires a mediados del ao 1815, y segunda, da fe de la devocin del historiador cubano “por la causa de los americanos”, lo que ya haba dejado entrever en La Cena y en su Historia … El primer nmero de El Censor apareci el da 15 de agosto de 1815; el ltimo, el 6 de febrero de 1819. En total se editaron 177 nmeros, pero slo fue dirigido por Valds hasta el 17 de febrero de 1817, fecha en que la direccin pas al periodista chileno Camilo Henrquez, fraile exclaustrado. De acuerdo con uno de los fines de El Censor : ilustrar al pueblo en sus derechos y verdaderos intereses, su editor trat varias veces el tema de la libertad de imprenta, del cual fue un ardiente defensor. 114Anteriormente haba existido un peridico con este nombre. El doctor Vicente Pazos Silva, director del peridico titulado la Gaceta el 7 de enero de 1812, lo convirti en El Censor de muy corta vida, pues se suprimi por decreto de 25 de marzo de 1812. 115Oscar R. Beltrn: Historia del periodismo argentino, Buenos Aires (1943), pp. 65-16. 116Ibdem, p. 84. Comete error al ponerle “doctor” a Valds, pues no lo era. 117Bartolom Mitre: Historia de Belgrano 6 ed., 4 ts., Editorial Cientfica y Literaria, Argentina, Buenos Aires, 1927, t. 2, p. 296.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA XL\ XL\ XL\ XL\ XL\ En el nmero del 5 de octubre de 1815 publica: “Recuerdo.—artculo 3 del decreto de libertad de imprenta comprendido en el Estatuto Provisional”, y lo transcribe. El 25 de abril de 1816 publica en la nota editorial, “Ideas extractadas de un papel impreso en Pars en 1814, Libertad de la Prensa”, en la cual se exponen las siguientes reflexiones: “La libertad de la prensa perfecciona la sociedad. Es porque la libertad comunica la calma al alma y la razn en el espritu de los hombres que gozan de un bienestar estimable. Los gobiernos no acaban de comprender el mal que ellos mismos se hacen reservndose el privilegio exclusivo de hablar y de escribir sobre sus propias acciones... con la esclavitud de la prensa la misma autoridad se rodea de tinieblas. La libertad de escribir ilustra al gobierno cuando va engaado, y le impide que cierre voluntariamente los ojos... ”Un nuevo poder ha aparecido en la sociedad con el nombre de opinin pblica ...”. Aunque estas reflexiones estaban tomadas de un artculo impreso en Pars, el hecho de exponerlas para la ilustracin del pueblo argentino indica su identificacin con esas ideas. Valds defendi el proyecto del general Belgrano de instaurar en Buenos Aires una monarqua indgena. En el mismo nmero 56 de El Censor public una proclama de Belgrano en la cual haca la apologa de su idea. Este proyecto fue atacado duramente por Vicente Pazos Silva desde su peridico La Crnica Argentina La defensa de El Censor no result efectiva. Segn el historiador Bartolom Mitre, “hasta entonces [Valds] haba gozado de la fama de sabio, era considerado por algunos como un orculo en materias constitucionales...”.118Pero en esta controversia: “Apenas acert a balbucear algunas exposiciones sobre la Constitucin inglesa, tendientes a probar que la monarqua constitucional era el mejor sistema de gobierno, haciendo algunas recriminaciones sobre los abusos de la libertad de imprenta a propsito de los escritos de Pagos Kanki”.119Pagos Kanki era el nombre usado por Pazos Silva, quien haba considerado una usurpacin el ttulo del peridico del Cabildo, El Censor dirigido por Valds, por lo cual lo atacaba frecuentemente. Al mismo tiempo que editaba El Censor rgano oficial del Cabildo, imprimi otro peridico por cuenta propia, pero sin aparecer como su redactor y editor. Este papel se titulaba La Prensa Argentina se public desde el 12 de septiembre de 1815 hasta el 12 de noviembre de 118Ibdem. 119Ibdem.

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ANTONIO JOS VALDS /XLI /XLI /XLI /XLI /XLI 1816.120 El peridico constaba de varias secciones fijas: Poltica, Variedades, Impresos, Comercio. En el segundo nmero, correspondiente al da 19 de septiembre, Valds expone sus ideas con respecto a la situacin de los pases americanos frente a Espaa. En ese artculo se refiere a la sangre de quienes estn “lidiando contra la opresin espaola”. Aplaude a los revolucionarios y abomina del “brbaro empeo de sus opresores”. Afirma que los tres siglos de obediencia ciega, de esclavos, degradando al hombre, lo haba convertido en “insensible a sus intereses”, persuadindole de que “su estado de abyeccin es un deber natural”. En este artculo, Valds expone dos ideas, que, no por ser conocidas hoy dejan de ser interesantes; sobre todo, en la poca en que se enunciaron, acerca de los factores que beneficiaron la dominacin de Espaa: una, la ignorancia en que se encontraban sumidos los pueblos americanos, y otra, la falta de “artefactos” y otros objetos necesarios para la vida, lo cual obligaba a los americanos a necesitar del auxilio europeo para poder subsistir. Comentaba el editor de La Prensa Argentina cmo, de este modo, Espaa haba “conseguido la doble ventaja de mantenernos ignorantes en la industria y fbricas de que es capaz nuestro feracsimo suelo y que es una de las causas de la despoblacin en la Amrica, y falta de tino y recurso para sostn en sus presentes alteraciones”. Valds tambin se refiri a ciertos hechos que estim como “abusos religiosos”, cuyo resultado era el de afligir las conciencias de muchos infelices. La Prensa Argentina debi ser un peridico con un marcado carcter poltico y nacionalista. Sus principales comentarios aparecen en el catlogo de la Biblioteca de la Universidad de La Plata, y los estudiosos del periodismo argentino Antonio Zinny y Juan Canter, tambin han publicado en sus obras listas de sus artculos ms importantes.121No se sabe cundo Valds abandon la capital argentina, pero su nombre no figura entre los cultivadores del periodismo argentino a partir de febrero de 1817. No le resultaba posible volver a Cuba despus de sus manifestaciones separatistas, y resuelto a no soportar ms la opresin espaola se dirigi a Mxico, donde ya haba vivido durante dos o tres aos. 120Su Prospecto tiene fecha de 5 de septiembre de 1815. 121Ibdem (115), p. 84.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA XLII\ XLII\ XLII\ XLII\ XLII\ Valds en MxicoNo puede afirmarse exactamente el ao en que lleg Antonio Jos Valds a Mxico. En el ao 1821, segn el historiador Carlos M. Trelles, ya resida en ese pas. En l desempe durante seis meses el cargo de secretario de la provincia de Nueva Galicia (despus estado de Jalisco), como lo consign el exiliado cubano debajo de su firma en una proclama firmada por varios cubanos.122Se sabe que en Mxico edit el peridico guila Mexicana cuyo primer nmero apareci el da 15 de abril de 1823 y el ltimo el 31 de diciembre de 1826. Probablemente, Valds no fuera su nico editor. Entre los aos 1824 y 1825, este peridico fue rgano de los masones del Rito de York, cuya tendencia era federalista. Con el nombre de La guila Negra, se establecieron para defender el gobierno de Guadalupe Victoria, primer presidente constitucional de Mxico, de esta tendencia.123Despus del fracaso de la conspiracin de los Soles y Rayos de Bolvar, muchos cubanos complicados en ella emigraron a Mxico y all constituyeron una asociacin denominada Junta Promotora de la Libertad Cubana. Sus miembros principales eran Antonio Abad Iznaga, Jos Teurbe Toln, Roque de Lara y otros emigrados. A stos se unieron algunos cubanos residentes en el pas azteca, entre ellos, Antonio Jos Valds y Jos Antonio Unzueta. Al constituirse, el da 4 de julio de 1825, la Junta Promotora de la Libertad Cubana redact la siguiente acta: “Reunidos en las casas del extinguido convento de Beln y sala de sesiones de la sociedad lancasteriana todos los hijos y vecinos de la isla de Cuba que nos hallamos en Mxico, tomando en consideracin la suerte fatal a que se hallan reducidos nuestros hermanos los habitantes de aquel rico suelo, por la brbara dominacin que los tiene oprimidos... cuando todos los habitantes de la referida Isla arden en los deseos de libertad que no pueden alcanzar por la tropa que los subyuga, al menos que alguno de los nuevos Estados de la Amrica les extienda una mano protectora, en cuyo caso no habra uno solo que no comience a hacer causa comn para proclamar su emancipacin...”. “Conocindose que la opinin de aquellos habitantes estaba manifestada repetidas veces, no slo para hacer la independencia, sino hacerlo con ayuda de los mexicanos, con quienes se hallan identificados por todas 122Vidal Morales y Morales: Iniciadores y primeros mrtires de la Revolucin Cubana Imprenta Avisador Comercial, Habana, 1901, p. 564. 123Guadalupe Victoria (Manuel Flix Fernndez), general, patriota y poltico mexicano (1786-1843). Fue el primer presidente de la repblica mexicana de 1821 a 1829.

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ANTONIO JOS VALDS /XLIII /XLIII /XLIII /XLIII /XLIII las simpatas que pueden ligar un pueblo con otro... los cubanos que por fortuna nos hallamos en esta tierra clsica de libertad y cuyo gobierno y habitantes se alegraran de concurrir a romper las cadenas que ligan a sus hermanos... acordaron unnimemente suplir en Mxico lo que en la Isla de Cuba no podan lograr, nombrando una Junta que con el nombre de Promotora de la libertad cubana trabaje, active y logre la realizacin de aquellas esperanzas... en cuya virtud y a fin de llevar aquel intento del modo ms solemne, y que los miembros de que esta junta haya de componerse tengan un carcter tan popular como ser pueda, y su representacin lleve el prestigio y solidez necesaria, se acord que dicha junta constase de tantos vocales cuantos son los partidos en que se hallan divididas las dos provincias de la Habana y Cuba, figurando por cada una un diputado y dando uno ms a las capitales de esas mismas provincias, de suerte que siendo las indicadas secciones polticas hasta un nmero de 19, han de ser 21 los diputados electos”. Antonio Jos Valds fue designado por Puerto Prncipe.124Los miembros de la Junta creyeron contar con la ayuda de Mxico y Colombia. El general Antonio Lpez de Santa Anna, general de brigada de los ejrcitos de la Repblica de Mxico, gobernador y comandante general del Estado Libre de Yucatn, dirigi dos proclamas a los habitantes de la isla de Cuba en las cuales anunciaba: “Una falanje libertadora... va a pisar vuestro suelo, a posesionarse de una fortaleza con el objeto de proteger vuestra independencia y libertad por las cuales suspiris...”. “El Presidente de la Repblica, el General Victoria, desea ardientemente vuestra emancipacin, y mis operaciones son conforme a sus particulares encargos: contad, pues, sobre todo, con el influjo y poder de este ilustre patriota...”.125En septiembre del citado ao, la Junta, ahora bajo el nombre de Reunin Patritica Promotora de la Libertad Cubana, dirigi una representacin al Soberano Congreso Nacional Mexicano, firmada por todos sus miembros y otros muchos nombres de cubanos y mexicanos simpatizantes con la causa de la independencia de la Isla. Cada uno de los firmantes agregaba a su nombre el cargo que ostentaba; Antonio J. Valds escribi junto al suyo, “Secretario cesante del gobierno de Jalisco”. Entre los nombres que firmaban el acta se hallaban los de Flix Varela, presbtero doctor; Jos Mara Heredia, licenciado; Antonio Lpez de Santa Anna, general de brigada, y varios ministros y diputados mexicanos.126 124Ibdem (122), p. 58. 125Ibdem, pp. 59-60. 126Ibdem, pp. 559-564.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA XLIV\ XLIV\ XLIV\ XLIV\ XLIV\ La empresa de libertar a Cuba hall acogida en el presidente Guadalupe Victoria, el general Antonio Lpez de Santa Anna y otros mexicanos, pero ste no constitua el criterio general en el vecino pas. El historiador Carlos Mara de Bustamante escribi el siguiente juicio acerca de los emigrados cubanos y sus intentos de lograr la libertad de su patria: “En esos das [se refiere al ao 1824] un nmero no corto de turbulentos habaneros, que por desgracia abrigaba Mxico solicitaron eficazmente del gobierno que se mandara una expedicin a la isla de Cuba, compuesta de 1 500 hombres para proclamar all la independencia”. Entre quienes realizaban esas gestiones menciona a D. Juan de Unzueta, Antonio Jos Valds y un lego ex belemita llamado Fr. Simn Chvez que haba acompaado a Victoria en el departamento de Veracruz durante la primera revolucin. Contina Bustamante: “La Habana jams ser colocada en el catlogo de los pueblos independientes y libres, porque tiene sobre s la sobrevigilancia del gobierno espaol, apoyado con una crecida guarnicin expedicionaria. Temen all los blancos la prepotencia de los negros, que con los fragmentos de las mismas cadenas haran pedazos a sus seores e imitaran a sus vecinos de Hayt...”.127Por suerte para Cuba, el nimo del Libertador y de algunos de sus principales auxiliares resultaba favorable a la Isla, no slo por el deseo de completar la libertad de Amrica, sino porque comprendan que Cuba espaola era un peligro perenne para los pases liberados del continente. El general Antonio Jos de Juan le escribi a Bolvar en abril de 1826: “Recientemente de Ayacucho, nuestro ejrcito ofreci al Gobierno ocuparse de la libertad de La Habana”. Y el general Jos Antonio Pez escribi en su Autobiografa : “Que los cubanos estn bien hallados y contentos con el dominio espaol, que se encuentren satisfechos con slo la prosperidad material que les proporcionan las riquezas agrcolas del suelo de su patria exuberante en valiosas y preciadas producciones, slo podr creerlo quien no haya tratado muy de cerca a la multitud de hijos de Cuba, que en las pocas de verano vienen a estos Estados para respirar la atmsfera vivificadora de la democracia”. “Yo he visto en pocas pasadas a hombres opulentos de esa isla ofrecer generosamente sus caudales para expediciones libertadoras; he visto y estoy viendo a jvenes de talento y porvenir que comen el amargo pan de la emigracin, amasado con el sudor de sus frentes, formar jun127Carlos Mara Bustamante: Historia del emperador D. Agustn de Iturbide hasta su muerte, y sus consecuencias y establecimiento de la Repblica popular federal Imprenta de I. Cumplido, Mxico, s. f., pp. 231-232.

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ANTONIO JOS VALDS /XLV /XLV /XLV /XLV /XLV tas patriticas sin curarse del ridculo con que los positivistas miran a cuantos acometen empresas que creen no se pueden llevar a buen remate sin la cooperacin de los que disponen de recursos secundarios. Nada de esto es parte suficiente para que los patriotas cubanos dejen de trabajar con fe y entusiasmo por la libertad de su infortunada patria (...) Y no olviden jams que un pueblo no puede ser libre si mantiene esclavos en su seno ”. Termina su captulo sobre Cuba con estos prrafos: “¡Ojal no termine la carrera de mi vida sin ver repetidas en los campos de Cuba las escenas que tuve la gloria de presenciar en las llanuras de mi patria! Yo s que existen en uno de los departamentos de la isla habitantes a quienes para alcanzar la fama de los llaneros venezolanos no les falta ms que trocar como aquellos la garrocha de hatero por la lanza del soldado”.128Bien conocido es que si los pases libres de Amrica no ayudaron a la liberacin de Cuba fue por la oposicin sistemtica de Estados Unidos que prefera verla bajo el poder caduco de Espaa, hasta que ellos pudieran poner sus manos en la “fruta madura”. Segn noticias ofrecidas por algunos historiadores mexicanos, Antonio Jos Valds fue diputado al Congreso Constituyente Mexicano. El historiador Carlos Mara de Bustamante critica duramente la conducta de Valds en las Cortes, porque despus de haber sido “uno de los principales agentes del Imperio de Iturbide”, vot a favor de la declaracin de nulidad de su coronacin como emperador en la sesin de 5 de abril de 1823.129Otro historiador mexicano, Jess Reyes Heroles,130 ofrece un dato que abona a favor de haber sido nuestro Valds diputado al Congreso Constituyente Mexicano. Segn Reyes Heroles: “Hubo una proposicin del Sr. Valds para que se forme la estadstica general del imperio, uniformndola al mtodo sencillo o de fcil ejecucin que adopt la diputacin provincial de Nueva Galicia”. Debe recordarse que el historiador cubano haba sido secretario de la provincia de Nueva Galicia y, tal vez, all pusiera en prctica el mtodo sencillo que propone. Hasta el momento no existen ms noticias del primer historiador cubano del siglo XIX. No se conoce la fecha ni el lugar de su muerte, 128Jos Antonio Pez: Autobiografa Imprenta de Hellet y Breen 58 y 60 de Fulton, New York, 1869. Reproducida por H. R. Elliot, etc. 6o., Inc. New York, N. Y., 1946, VI, cap. XX “Cuba”, pp. 377-405. 129Ibdem (127). 130Jess Reyes Heroles: El Liberalismo mexicano Facultad de Derecho, Universidad Autnoma de Mxico, 1957, t. II.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA XLVI\ XLVI\ XLVI\ XLVI\ XLVI\ aunque es de suponer que permaneciera en Mxico, pas liberado del yugo espaol, pues, segn sus ideas, ni buscaba ni poda vivir en su patria. Muy til para conocer su pensamiento en los ltimos aos y despus de vivir en pases liberados, resultara manejar los peridicos en los cuales colabor o que l mismo edit. Valds ante la crtica histricaJacobo de la Pezuela, por su posicin de espaol intransigente, trata con suma dureza a Antonio Jos Valds. En la biografa que le dedica en su Diccionario lo califica de “dudosa sangre”. “Desde la niez, expone, tuvo que luchar con la miseria para adquirir con su aplicacin los primeros conocimientos de las letras...”. Esto que debiera ser motivo de alabanza, no lo induce a hacerlo ni se muestra ms benvolo en su crtica. Lo califica de: “Hombre estudioso, aunque sin gran lectura de buenos autores, y por consiguiente sin estilo ni gusto literario...”. No tuvo Pezuela inters en indagar un poco en la vida de nuestro historiador, por lo cual incurre en varios errores, como la fecha de su nacimiento, que Valds ofrece con precisin; decir que fue pasante de un colegio de primera educacin, y no el fundador y director de una de las mejores escuelas de primeras letras del siglo XIX. Ignor tambin el historiador espaol que Valds fue el fundador de la imprenta La Cena y el director del peridico del mismo nombre. Sobre la Historia… escribe: “habindole servido grandemente al autor los artculos histricos que sobre Cuba acababan de aparecer en un peridico semanal llamado El Patriota Americano ”Ms perdieron que ganaron al reproducirlos con vulgar estilo la difcil y desatinada pluma de Valds (...) Sin archivos que consultar all, sin biblioteca pblica, y acaso sin lectura de lo que estaba escrito de las posesiones hispano americanas (...) la historia de Valds no pudo ser ms que una resea imperfectsima (...) con muchos errores de fechas... ”La literatura provincial de la Isla no ha perdido nada con que se extraviase el manuscrito del segundo tomo de su llamada Historia ...”.131En esta crtica est reflejada la poca simpata que experimentaba el historiador espaol por los cubanos, y en especial por Valds, perteneciente a la clase desposeda de la sociedad. Lo critica por sus errores, despus de reconocer que no dispuso de archivos ni bibliotecas para sus investigaciones y saber los esfuerzos realizados por el joven criollo para superarse. 131Jacobo de la Pezuela: Diccionario geogrfico, estadstico, histrico de la Isla de Cuba Imprenta del Banco Industrial y Mercantil, Madrid (1866), t. 4, p. 635.

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ANTONIO JOS VALDS /XLVII /XLVII /XLVII /XLVII /XLVII Sin embargo, Pezuela, miembro de la clase privilegiada, tuvo a su disposicin todos los archivos de Cuba, Espaa, Inglaterra; disfrut de una subvencin del Gobierno espaol para escribir su historia, y comete graves errores en la pequea biografa dedicada a Valds en su Diccionario Cmo no iba a cometerlos quien no tuvo archivos, ni bibliotecas, ni subvencin alguna y suprimi muchos sucesos, porque “sera ruinoso a mi bolsa, que desconfa llevar a efecto la impresin de esta obra; y con mayor motivo desconfiara prolongndole en razn de los rasgos histricos que sucesivamente se me han proporcionado, y los que al mismo tiempo se agolpan a mi imaginacin...”.132Y cmo justifica Pezuela su falta de referencia al intento de fundar una Academia Cubana de Literatura (empeo frustrado por el reaccionario gobierno que padeca Cuba), a la supresin de la Revista Bimestre Cubana (cuyo ltimo nmero, ya impreso, no pudo circular), a la deportacin de Saco, y a la expulsin de los diputados cubanos de las Cortes espaolas en el ao 1836? No pudo alegar la poderosa razn de insuficiencia econmica, quien pudo terminar su obra en la que llama “poca de opulencia, comprendida desde 1816 hasta el presente”. El primer tomo de su Historia… se public en 1868, el cuarto en 1878, pero el texto termina con el gobierno del general Jernimo Valds, en septiembre de 1843. Y si interrumpi en ese momento su labor no se debi a la falta de datos, porque en los ltimos prrafos de su obra expone: “No permita el cielo que con el mando del general Valds haya terminado para Cuba la era de su prosperidad, la ltima de las cuatro en que dividimos este libro, y aunque con el de O’Donnell empezase la de su revolucin o ms bien de sus trastornos. ”Llano encontrar el camino quien intente referirlos, porque da por da se los referirn libros, folletos y peridicos”. Y advierte: “Pero que su tarea no vaya a limitarse a la narracin descarnada de los hechos, no. ”Que juzgue imparcialmente las medidas impolticas que despertaron dormidas pasiones; el cinismo con que la codicia se burl all durante algunos aos de la civilizacin y los tratados con numerosas introducciones de africanos; la impunidad de abominables crmenes, los desaciertos sin cuento de la administracin, que han privado de cuantiossimos ingresos al Erario (...) y, por ltimo, las causas y los incidentes de una guerra sin batallas que ha durado nueve aos engrandeciendo a algunos y arruinando a muchos”.133Es decir, Pezuela no se atrevi a entrar en la poca “de su revolucin o ms bien de sus trastornos”, ni quiso analizar la justicia o injusticia de 132Valds: Historia ..., p. 239. 133Jacobo de la Pezuela: Historia de la Isla de Cuba Madrid, 1868-1878, t. IV, pp. 374-375.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA XLVIII\ XLVIII\ XLVIII\ XLVIII\ XLVIII\ la conspiracin de la Escalera, ni mencionar las vctimas del 51, ni analizar las causas profundas de la “guerra sin batallas”, porque de acuerdo con su criterio de juzgar con imparcialidad, hubiera tenido que fustigar duramente al reaccionario Gobierno espaol, y eso no poda hacerlo quien reciba paga para escribir la historia de Cuba. Valds no tuvo temor de llevar su historia hasta la llegada a Cuba de don Juan Ruiz de Apodaca y narra los sucesos de los gobiernos de don Luis de las Casas y del marqus de Someruelos, y los beneficios que ambos proporcionaron a la Isla, pero no deja de exponer su juicio sobre ambos gobernantes; y los errores cometidos durante el sitio de La Habana por los ingleses (fue el primero en abordar ese tema en Cuba y para ello tuvo que buscar los documentos y testimonios necesarios para narrar ese episodio de nuestra historia con veracidad). Ms benvolo en su juicio y mejor enterado de la vida de Valds, resulta el erudito Antonio Bachiller y Morales, quien lo presenta en la forma siguiente: “D. Antonio Jos Valds es el ltimo de los naturales de Cuba que haya publicado un libro sobre la historia de su patria (...) Era su autor un laborioso habanero (sic) que en 1813 estableci una imprenta en La Habana con pretensiones de polglota (...) Valds es el historiador ms popular y conocido de nuestras cosas: publicola como un ensayo, lisonjendose de que otro genio ms privilegiado llevase al cabo la publicacin de una obra ms perfecta... ”Debi constar de dos volmenes, la obra, pues, slo se public el 1o. que distribuy en nueve partes o libros... Comprende la historia poltica, desde el descubrimiento hasta el gobierno del general Apodaca, y relacin del estado social en las diferentes ramas. El entendido Valds no quiso extenderse a pormenores porque entendi que an en compendio sera gravoso para l la publicacin de sus trabajos, visto el poco expendio que haba de tener la obra. Como la mayor parte de los historiadores desatendi por menos importante lo que habra dado su verdadera fisonoma a la historia local, conservando los rasgos ms notables de su vida social. Es, no obstante, digno de llamar la atencin de sus lectores que l mismo echaba de menos esa interesante cualidad; l mismo sin pretenderlo censur su obra”.134Bachiller lamentaba: “era una lstima que no hubiera escrito Valds sobre esos asuntos: muchos ya no podrn escribirse con exactitud, pues nos faltan las tradiciones”. El erudito autor de los Apuntes propuso a la Seccin de Historia de la Sociedad Patritica reimprimir con notas la Historia… de Valds y 134Antonio Bachiller y Morales: Apuntes para la historia de las letras y de la Instruccin Pblica de la Isla de Cuba Imprenta del Tiempo, Habana, 1860, t. II, pp. 70-73.

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ANTONIO JOS VALDS /XLIX /XLIX /XLIX /XLIX /XLIX pens invitar a los redactores de las memorias “a llenar las indicaciones del historiador”. Nombrados Jos Mara de la Torre y el propio Bachiller para realizar esa labor, “inmediatamente —expresara este ltimo— me puse a trabajar sobre el asunto y logr reunir datos para extender algunas notas: circunstancias de los socios sabidos trastornaron definitivamente el propsito”.135Segn expuso Felipe Poey, en un artculo escrito en 1831, sobre algunos historiadores cubanos, la obra de Valds andaba “en manos de la juventud estudiosa”.136Algunos aos despus, Domingo del Monte escriba: “Son ya muy raros los ejemplares de esta Historia [la de Valds] an en la misma Habana; el que yo poseo perteneci al difunto bibligrafo y anticuario anglo-americano, Mr. Warden, quien se la vendi a Mr. O. Rich, famoso librero de Londres, tratante en libros espaoles sobre Amrica...”.137Vidal Morales y Morales, en un artculo titulado “Tres historiadores cubanos...”,138 opina que el perodo tratado por Valds es mayor que el de las dos obras anteriores [Arrate y Urrutia], pero refiere los acontecimientos a grandes rasgos, omitiendo algunos de importancia y dndoles cabida a otros que no la tienen. Y agrega: “Su obra contiene noticias curiossimas acerca de esta ciudad, que en vano se buscaran en alguna otra, lo cual explica su popularidad, pero no supera ni por el gusto, ni por el estilo a los dos primeros”. Vidal Morales opina que ninguno de estos historiadores ha escrito una historia completa de Cuba. Para l, los tres se han limitado a hacer sencillos apuntes cronolgicos, que podrn servir algn da para escribirla debidamente, tampoco se han fijado con la reflexin necesaria en los verdaderos hechos histricos, cuya influencia en el progreso y atraso general de un pas resulta real y efectiva; entre ellos, la introduccin de esclavos, de la imprenta; la real orden declaratoria del comercio libre, el estanco y desestanco del tabaco, los adelantos de la educacin y de las ciencias y de las artes. 135Ibdem, p. 73. 136Felipe Poey: “Artculo indito de D. Felipe Poey, escrito en 1831 sobre algunos historiadores de la Isla de Cuba”, en Revista de Cuba 1880, t. VII, pp. 201-209. 137Domingo del Monte: Biblioteca Cubana. Libros inditos e impresos que se han escrito sobre la Isla de Cuba y de los que hablan de la misma desde su descubrimiento y conquista hasta nuestros das, formada en Pars en 1846 Establecimiento Tipogrfico de la Viuda de Soler, Habana, 1882. 138Vidal Morales y Morales: “Tres historiadores cubanos: J. M. E. de Arrate, Antonio Jos Valds e Ignacio de Urrutia y Montoya”, en Revista de Cuba 1877, t. I, pp. 9-16.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA L\ L\ L\ L\ L\ Olvidaba Vidal Morales que estos historiadores vivan bajo la colonia y bajo la censura. Si alguno se hubiera atrevido a criticar la esclavitud, no hubiera visto publicada su obra... De la de Arrate se sabe que, publicada para la Sociedad Patritica, se expurg cuidadosamente la palabra “criollo”. Sera justo obligar a estos “criollos” a alabar el estanco del tabaco, si queran publicar su obra? Desde luego, el nico que poda hacerlo era Valds —y pas por l como sobre ascuas—, porque fue el nico que lo vivi. l saba hasta dnde alcanzaba la “libertad de imprenta” colonial. Si el crtico de los primeros historiadores cubanos hubiera ledo “con la reflexin necesaria” el “Proemio” de la obra de Valds, hubiera comprendido que en este primer tomo l slo se propona ofrecer “la parte puramente histrica y cronolgica” y “para el segundo reserv todo el valor de la Isla en toda su extensin: su agricultura, sus producciones naturales, su comercio, su poblacin, la educacin, el carcter de sus habitantes”, y otros muchos temas interesantes. Se olvid Vidal Morales de advertir que Valds no pudo realizar su propsito, porque cuando el absolutismo volvi a imperar en Cuba, tuvo que abandonar el pas para respirar aires de libertad en las tierras del continente americano, y su obra qued incompleta. No obstante, por justicia histrica tenemos que agradecer a Vidal Morales que fuera el primero en presentarnos a Valds como un independentista en su obra Iniciadores y primeros mrtires de la Revolucin Cubana .139 Carlos M. Trelles, bibligrafo e historiador, es quien con mayor inters y cuidado ha investigado la obra y la vida de Antonio Jos Valds. Su trabajo de ingreso presentado a la Academia Nacional de Historia y Geografa de Mxico, en 1930,140 no est exento de errores, algunos graves, pero los datos acumulados por el incansable bibligrafo han ayudado mucho a los interesados en estudiar esta figura olvidada de nuestra historiografa. En poca ms reciente han estudiado a Valds, Julio Le Riverend en un acucioso estudio titulado “Carcter y significacin de los tres prime139Vidal Morales y Morales: Iniciadores y primeros mrtires de la Revolucin Cubana Imprenta Avisador Comercial, Habana, 1901. 140Carlos M. Trelles: El historiador Antonio Jos Valds Imprenta A. Estrada, Matanzas. 141Julio Le Riverend: “Carcter y significacin de los tres primeros historiadores de Cuba”, en Revista Bimestre Cubana nos. 1, 2, y 3, enero-junio de 1950, La Habana, vol. LXV, pp. 152-180.

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ANTONIO JOS VALDS /LI /LI /LI /LI /LI ros historiadores de Cuba”,141 y Jos Manuel Prez Cabrera en su Historiografa de Cuba .142Ambos historiadores coinciden en establecer diferencias en la procedencia social de Valds y sus antecesores en el quehacer historiogrfico. De origen popular el primero y miembros de la clase privilegiada criolla, los segundos, su distinta visin de la historia estuvo determinada por su posicin de clase. 142Jos Manuel Prez Cabrera: Historiografa de Cuba Instituto Panamericano de Geografa e Historia, Mxico, 1962, pp. 140-147, 174-175.

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Castillo del Morro

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Con toda sinceridad expone Valds su propsito de no publicar su Historia si no poda emitir los juicios que los sucesos acaecidos en la Isla, le sugeran; y en esto consiste la importancia y la novedad de su obra.(...) La obra de Valds es una historia narrativa con comentarios muy acertados y comparaciones agudas con la realidad que l vive.Hortensia Pichardo Vials

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IntroduccinD. Antonio Jos Valds es el ltimo de los naturales de Cuba que haya publicado un libro sobre la historia de su patria y como todas las dems ha quedado incompleta, pues slo imprimi el primer tomo. Era su autor un laborioso habanero que en 1813 estableci su imprenta en La Habana con pretensiones de polglota: “Idea de los caracteres con que principia la imprenta de D. Antonio Jos Valds”, es un opsculo, bellamente impreso con adornos tipogrficos, sin pesadez y hasta con elegancia, colocadas las pginas entre cuadros de composicin todos diferentes. Contena los fragmentos siguientes —uno en ingls sobre la conquista de Cuba, un manifiesto al pblico llamndole la atencin sobre sus muestras, ofrecindole imprimir en ingls, latn, italiano y francs; un trozo de Tcito en latn, el mismo en francs, italiano y espaol, apologa del cristianismo de Rousseau, un discurso de Washington al Congreso en 1783, en su respuesta y el reglamento de libertad de imprenta de 18 de noviembre de 1810, terminando con un cuadro mgico. Valds se dedic en los primeros aos de su vida a las artes: como el clebre Moratn se dice que se ejercit en trabajar en una platera; luego fue dependiente de comercio, escribi una clarsima aritmtica. Hay quien lo haga redactor de una gramtica latina en que se orden la de Nebrija, la comnmente conocida con su nombre poniendo en castellano todo el texto y arreglndolo por un sistema lgico y ms til. Las preocupaciones reinantes y que todava tena que combatir la Revista Cubana en los ltimos tiempos, hicieron poco apreciable el servicio hecho por Valds a las humanidades: pero el autor de la gramtica no es D. Antonio sino D. Jos, a quien se daba el nombre de El dmine y estuvo siempre dedicado a la enseanza importante del latn. Valds es el historiador ms popular y conocido de nuestras cosas: publicola como un ensayo, lisonjendose de otro genio ms privilegiado llevase al cabo la publicacin de una obra ms perfecta. Los ilustrados catedrticos del Colegio de S. Carlos D. Jos Antonio Caballero y D. Domingo de Mendoza, no slo facilitaron datos al historiador sino que, segn expresa en su prlogo, le revisaron el trabajo. Debi constar

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 4\ 4\ 4\ 4\ 4\ de dos volmenes, la obra, pues, slo se public el v que distribuy en nueve partes o libros con una larga adicin al texto. Comprende la historia poltica, desde el descubrimiento hasta el gobierno del general Apodaca, y relacin del estado social en los diferentes ramos. El entendido Valds no quiso extenderse a pormenores porque temi que aun en compendio sera gravoso para l la publicacin de sus trabajos, visto el poco expendio que haba de tener la obra. Como la mayor parte de los historiadores desatendi por menos importante lo que habra dado su verdadera fisonoma a la historia local, conservando los rasgos ms notables de su vida social. Es no obstante, digno de llamar la atencin de sus lectores que l mismo echaba de menos esa interesante cualidad: l mismo sin pretenderlo censur su obra. “Yo pudiera, deca, haber amenizado mucha ms la serie de los gobiernos referidos, con varios acontecimientos propios de la historia de La Habana, considerada en todas sus ramificaciones: pero, no obstante las insinuaciones de un amigo de carcter, me retrae la consideracin de lo delicado y expuesto que sera delinear con viveza y exactitud varias escenas en que tuvieron parte muy activa personas que existen y que difieren recprocamente en sus opiniones de familia. Adems que semejante proceder sera ruinoso a mi bolsa que desconfa llevar a efecto la impresin de esta obra; y con mayor motivo desconfiara prolongndola en razn de los rasgos histricos que sucesivamente se me han proporcionado, y los que al mismo tiempo se agolpan a mi imaginacin: tales como el diseo poltico, literario y mercantil de La Habana a la entrada de los ingleses: su nobleza europea y americana: su agricultura y sus conexiones de espaoles con ingleses. La revista de las milicias por el general O’Reilly; pintando el gobierno del conde de Ricla en todas sus partes. Las emigraciones de Islas Canarias: contratos de negros y compaas de tabacos. El da de la entrada de Solano y Glvez; historiando, con la crtica posible, las expediciones de Luisiana y Guaira; los efectos del ejrcito y escuadra y los millones gastados ; y trastorno benfico de La Habana con el comercio libre. Pudiera pintar los das de mscaras y bailes, volantes y competencias de todo gnero en la jura de Carlos III; indicando el abandono de la Corte en tener interinos todos los jefes y algunos sin asesor ni secretarios. Los sujetos que entonces formaban todo el brillo de esta sociedad, la emulacin y manejo pacfico del pueblo en tantos das de funciones”. ANTONIO BACHILLER Y MORALESApuntes para la Historia de las Letras Habana, 1859

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ProemioSi es difcil a un historiador sabio y acostumbrado, la exposicin clara y exacta de los hechos que describe, muchas veces dudosos y otras veces complicados entre s, cunto ms difcil no ser empresa tan ardua, para quien slo escribe incitado de los cortos conocimientos que le retribuye su aplicacin, y del deseo de dar a la patria la historia de que carece? Pero si se considera mi obra como un simple ensayo para otra ms digna de su ttulo, yo tendr entonces la satisfaccin a que aspiro en premio de mis afanes, lisonjendome de que otro genio privilegiado lleve a su perfeccin un objeto tan digno del hombre agradecido al suelo en que naci. Y si se cree que el inters de la ms remota recompensa me haya estimulado a escribir esta obra, spase que disto mucho de idea tan engaosa: conozco los efectos de la emulacin en mi pas, para que tan falaz pensamiento me alucine. Se notar en el curso de su lectura, que he solido ingerir algunos rasgos histricos que otros escribieron con mi propio intento, pero ni yo pude haber presenciado cuanto ha sucedido digno de la historia de La Habana desde su descubrimiento, ni quise variar la sintaxis de dichos rasgos cuando la encontr correcta. Yo acaso jams habra determinado publicar esta obra, temeroso de los obstculos que embarazaban al escritor antes que tuviese la facilidad de manifestar sus ideas en materias que no ofenden la religin y pblica seguridad; pero animado mi deseo con el establecimiento de esta divisa indispensable del hombre libre, cuando advert que ste poda usar de su razn; y que sta ya no era patrimonio exclusivo de los tiranos, determin hacer por m lo que dejaba a la eleccin de algn curioso despus de mi existencia; y debo decir que mayor amplitud pudiera haber dado a cada libro, amenizando sus tratados, sino temiese los gastos a que no puedo concurrir. El cielo sabe que lo impreso hasta aqu me ha ocasionado momentos muy angustiosos... He tenido la satisfaccin de que hubiesen accedido a mis splicas los doctores D. Jos Agustn Caballero y D. Domingo Mendoza, que

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 6\ 6\ 6\ 6\ 6\ adems de proporcionarme algunos materiales importantes, se prestaron a examinar cuanto escriba, advirtindome ingenuamente los defectos que notaban: con lo que la obra lleva esta mejora, debida a dos sujetos dignos de la consideracin en que se les tiene, y de mi eterna gratitud. El todo de la obra la he reducido a dos volmenes y en este primero he procurado incluir la parte puramente histrica y cronolgica, en cuanto ha sido posible: y para el segundo reservo el valor de la Isla en toda la extensin de que yo fuere capaz. Penetrado de este pensamiento he trabajado sobre el estado de su agricultura: sobre su diversidad de haciendas rurales: sobre la diferencia de sus terrenos y sobre sus producciones naturales de todo gnero. Tambin pienso incluir cuanto tengo adelantado sobre su comercio, sobre su poblacin: sobre sus enfermedades ms comunes: sobre la educacin pblica: sobre el carcter de sus habitantes, refiriendo sus acciones ms ilustres, para lo que suplico a los interesados, documentos oportunos; y concluyo la historia con la descripcin de La Habana, la de todos los puertos notables de la Isla, la de sus principales ros, y una idea de su fortificacin y fuerza militar. ste es justamente el plan que desde el principio me propuse y que espero llenar de un modo anlogo a mi capacidad, ya que no puede ser a mi deseo: Y vosotros, vecinos virtuosos de la Isla, recibid este homenaje que os dedica mi amor, y jams se crea que procede del orgullo y de la vanidad, sino de un simple efecto de mi disposicin a ser til a la patria...

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Libro PrimeroSUMARIO1.Idea del autor. 2. Patria de Coln. 3. Discurre Coln que haba nuevos pases al oeste. 4. Consltase con el cosmgrafo Paulo. 5. Solicita en vano para los descubrimientos el auxilio de Gnova. 6. Dirgese a Portugal, donde nada logra al fin. 7. Va a Espaa. 8. Carcter espaol. 9. Consulta la reina los designios de Coln. 10. Son desaprobados, y se dirige sin efecto a otros poderosos. 11. Intenta salir de Espaa, y difiere el viaje a instancias de un amigo. 12. Vuelve Coln a la Corte y es nuevamente desatendido. 13. Rndese Granada, y la reina determina auxiliar la empresa de Coln. 14. Vuelve ste a la Corte. 15. Capitulacin que firma. 16. Aprstase el armamento. 17. Descripcin del armamento. 18. Pnese a la vela. 19. Llegan a Canarias y vuelven a salir. 20. Alarmas de la tripulacin. 21. Nuevas alarmas que apacigua Coln. 22. Nuevas alarmas y convenio de Coln con los dems. 23. Descbrese tierra. 24. Desembarcan en ella. 25. Idea de sus naturales. 26. Reembrcase Coln. 27. Navega hasta la isla de Cuba. 28. Desembarca en ella. 29. Da la vela para la isla de Hait.1. No me detendr un momento en describir los delirios de muchos historiadores sobre los conocimientos que los antiguos tuvieron de la Amrica, ni tampoco vagar en solicitud de los pobladores originarios de esta mitad de la tierra; pero s comenzar mi historia con los primeros pasos del inmortal Coln, para descender en su seguimiento hasta la isla de Cuba, que es mi principal objeto. 2. Entre los muchos extranjeros a quienes la fama de los descubrimientos hechos por los portugueses atrajo al servicio de esa nacin, se contaba Cristbal Coln, natural de la repblica de Gnova, segn la opinin ms acreditada, y uno de los insignes nuticos de su tiempo. Entonces, el grande objeto de la atencin de la Europa era descubrir la comunicacin con la India, extendiendo la navegacin por la extremidad meridional del frica; y en ese mismo tiempo concibi el genio de Coln un designio tan asombroso a la edad en que viva, como benfico a la posteridad.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 8\ 8\ 8\ 8\ 8\ 3. El espritu de Coln, naturalmente investigador, capaz de reflexiones profundas, estudioso en su profesin, revolviendo los principios en que los portugueses fundaban sus planes de descubrimientos y advirtiendo la lentitud con que los adelantaban, pudo deducir que atravesando hacia el oeste del ocano Atlntico se hallaran sin duda nuevos pases, que probablemente formaran parte con el gran continente de la India. Ya entonces la figura esfrica del globo era conocida, y su magnitud calculada con alguna exactitud. Era adems evidente que la Europa, el Asia y el frica, hasta donde se conocan en aquella poca, formaban muy pequea parte de la tierra; y era posible, segn la sabidura y beneficencia del autor de la naturaleza, que la vasta extensin que quedaba del globo no estuviese cubierta de mares intiles a la vida del hombre. Por otro lado, las relaciones de los antiguos daban a entender que la India se extenda prodigiosamente hacia el este. 4. Despus de haber pesado Coln todos estos particulares, como su carcter modesto le haca desconfiar de su propia capacidad, comunic sus ideas por el ao de 1474 a Paulo, excelente cosmgrafo de Florencia; cuya sabidura y candor le hicieron acreedor a la confianza de Coln. Efectivamente, aquel sabio consultor aprob las proposiciones de Coln, y le sugiri varios hechos que las corroboraban, y le anim a empresa tan laudable. 5. La actividad de Coln le condujo entonces de la especulacin a la prctica, y crey conveniente que para realizar un designio tan considerable, era necesario el auxilio de una potencia respetable de la Europa. La larga ausencia de su pas no le haba extinguido el afecto con que el hombre mira a su patria; por lo que present sus planes al Senado de Gnova y le ofreci sus servicios, con el fin de descubrir nuevas regiones al oeste, bajo el pabelln de la repblica; pero en Gnova desconocan la capacidad de Coln, y aunque era pueblo marino, no se hallaba en estado de penetrar los fundamentos de su plan; y desprecindole como un visionario, perdi el momento de restaurar ventajosamente el esplendor de la repblica. 6. Habiendo Coln llenado sus obligaciones a la patria, se dirigi a Juan II, rey de Portugal, en cuyo pas estaba establecido. En l se prometa ms favorable recepcin por ser el monarca de genio emprendedor, y sus vasallos los mejores navegantes de la Europa. El rey le recibi con afabilidad, y cometi al juicio del obispo Diego Ortiz, y de dos judos excelentes fsicos y proyecto de Coln. Estos individuos eran directores principales de la navegacin portuguesa, y no tuvieron la generosidad de confesar los talentos superiores de Coln, en cuanto a cosmografa y navegacin: lejos de eso, le entretenan con cuestiones vagas y capciosas; hasta atreverse a usurparle el honor de sus investigaciones, aconsejndole al rey que despachase secretamente un bajel, con el

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ANTONIO JOS VALDS /9 /9 /9 /9 /9 intento de efectuar los nuevos descubrimientos, siguiendo exactamente el curso que Coln indicaba. Juan olvid lo que el prncipe debe a su rango, y adopt tan prfido consejo: pero el piloto escogido para el intento, ni tena el genio, ni la fortaleza, ni la instruccin del autor. No bien se apart de las costas, cuando acobardado de una tempestad, regres a Lisboa, detestando los proyectos de Coln como extravagantes y peligrosos. 7. Indignado Coln al saber esta felona, se dirigi a Espaa, por el ao de 1484, y al mismo tiempo mand a Inglaterra a su hermano Bartolom, con las mismas pretensiones para con Enrique VII, prncipe sagaz y opulento. 8. La Espaa fundaba en aquel tiempo toda su gloria en la guerra contra infieles, y este entusiasmo no era nada favorable a las pretensiones de Coln; pero encontr en los espaoles cierta conformidad con el carcter que le era natural. Coln era grave, corts, circunspecto en sus palabras y acciones, irreprensible en su moral, y ejemplar en sus deberes religiosos. 9. Pero sin embargo de que la guerra tena ocupado el nimo de los reyes, doa Isabel se pag mucho de las ideas de Coln, y las cometi a la consideracin de su confesor Fernando de Talavera, el que se consult con varios sujetos, que pasaban por instruidos en objetos de este gnero. Pero estas ciencias haban hecho tan pocos progresos en Espaa, que aquellos pretendidos filsofos no comprendieron los principios fundamentales en que Coln apoyaba sus esperanzas. Tan errados procedan, que concibieron que para llegar a la distancia que Coln se propona, eran necesarios tres aos. Otros crean que navegando tanto hacia el oeste, sera imposible retroceder, a causa de la convexidad de la tierra; y que, por consiguiente, el peligro era cierto. Otros decan que habiendo tales tierras en el hemisferio opuesto, no se habran ocultado a la sabia penetracin de los antiguos, infinitamente superior a la de un oscuro piloto. Fue necesaria toda la paciencia de Coln para sufrir tantos desatinos. 10. Despus de cinco aos de vanas conferencias, Talavera inform tan desventajosamente a la reina, que se le respondi a Coln la imposibilidad en que estaba la nacin para empresas imprudentes, mientras durase la guerra, lo que Coln consider como una repulsa final de sus pretensiones, y se retir de una Corte en que haba malogrado tanto tiempo, dirigindose a los duques de Medina-sidonia y Medina-celi, cuyas negociaciones fueron tambin infructuosas. 11. En este tiempo an no haba recibido noticias de su hermano Bartolom, el que habiendo tenido algunas ocurrencias desgraciadas, no pudo presentarse a Enrique de Inglaterra, hasta pasado mucho tiempo, en que lo pudo hacer con sumo agrado del rey. Entretanto,

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 10\ 10\ 10\ 10\ 10\ Coln se dispona para pasar a Francia, y de all a Inglaterra, si nada lograba de los Reyes Cristiansimos; pero tuvo que diferir su viaje a instancias del padre Juan Prez, guardin del monasterio de la Rvida. ste gozaba de gran reputacin por su sabidura y amistad que llevaba con la reina Isabel; y conociendo el mrito de Coln, quiso examinar su sistema en consorcio de otro matemtico su amigo: de cuyas resultas quedaron tan apasionados de la solidez de sus principios, que el padre Prez escribi a la reina, a fin de que tomase en consideracin un asunto de tanto mrito. 12. Movida Isabel con la insinuacin de un hombre de tal crdito, le mand que inmediatamente fuese a la villa de Santa Fe, donde se hallaba la Corte con motivo del sitio de Granada; de cuyas resultas volvi Coln a la Corte, donde obtuvo muchos favores de la reina; y esto alent a sus amigos en sostener sus ideas. El principal de stos era D. Alonso de Quintanilla, y tambin Luis de San-ngel, sujetos de reputacin, que interesaron por Coln a varias personas de alto rango; sin embargo de que no pudieron conseguirle el favor de Fernando, que siempre le miraba como a un proyectista extravagante; por lo que tena la destreza de emplear en las pretensiones de Coln sujetos que las eludiesen. As fue que, a pesar de ser sus esperanzas calificadas de juiciosas y verosmiles, se desatendieron con gran gusto de Fernando, gradundose exorbitantes las condiciones que pona. stas eran que se le alistasen algunas embarcaciones, para hacer los descubrimientos bajo sus rdenes, y peda que se le conociese virrey y almirante de todas las tierras y mares que descubriese, y adems la dcima parte de las utilidades que rindiesen para s y sus descendientes; y ofreca pagar la octava parte de los gastos de la expedicin, con tal que tuviese una parte proporcional en caso de lograrse un feliz resultado; y si se malograba no exiga ninguna indemnizacin. Pero todo esto se juzg exorbitante, y con especialidad los honores y emolumentos que pretenda. Esto le mortific sobremanera, y lleno de amargura se retir de la Corte, con determinacin de ejecutar su proyectado viaje a Francia e Inglaterra. 13. En aquellos das se rindi Granada, y los reyes de Espaa extendieron su poder extirpando los invasores africanos del centro de sus dominios; y como sucesos tan magnficos elevan los espritus, y los disponen para acciones grandiosas, Quintanilla y San-ngel, vigilantes patronos de Coln, se valieron de ocasin tan favorable para representar a la reina, que dejaba escapar el momento de perpetrar la gloria de su nacin, extendiendo los conocimientos humanos y la luz de las divinas verdades, si no abrazaba los planes de Coln. Este razonamiento, en tiempo tan oportuno, produjo tal sensacin en el nimo de Isabel, que al instante orden que saliesen en busca de Coln; y atendiendo al estado exhausto del erario, determin que se empeasen sus joyas, para

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ANTONIO JOS VALDS /11 /11 /11 /11 /11 costear los preparativos de la expedicin. San-ngel, transportado de regocijo, bes la mano a la reina, y le ofreci contribuir a su costa con todo lo necesario. 14. Ya Coln se haba apartado algunas leguas cuando el mensajero de Isabel le alcanz, y dndole nuevas tan inesperadas, le estimul a volver a Santa Fe, donde hall el mejor recibo de la reina, y al cabo de ocho aos de fatigas firm las siguientes capitulaciones, con muy poco gusto de Fernando, el 17 de abril de 1492. 15. PRIMERA. —Fernando e Isabel, como soberanos del Ocano, nombran a Cristbal Coln almirante y virrey de todos los mares, islas y continentes que en adelante descubriese, y estipulan que l y sus herederos gozaran para siempre de estos cargos, con las mismas preeminencias e inmunidades que el Almirante de Castilla en los lmites de su jurisdiccin. SEGUNDA. —Para los gobiernos particulares que puedan ser necesarios, para la mejor administracin de cualquier plaza, isla o provincia, los reyes de Espaa nombraran uno de tres sujetos que les proponga Coln. TERCERA. —Se concede a Coln la dcima parte de todas las riquezas y mercancas que fueren conducidas de las mismas conquistas, despus de deducidos los gastos. CUARTA. —Todas las diferencias o controversias que ocurran en punto a comercio en toda la extensin del nuevo Almirantazgo, sern juzgadas y definidas por el Almirante o sus tenientes, segn prctica de Castilla. QUINTA. —El Almirante podr interesarse en la octava parte de las embarcaciones, que se armen para el comercio de los nuevos descubrimientos. 16. Concluidas estas capitulaciones, mand la reina que se aprestase el pequeo armamento de Coln en el puerto de Palos, provincia de Andaluca, en cuya vecindad resida el padre Juan Prez, a quien Coln estaba tan obligado, y otros amigos navegantes, que le contribuyeron con sus bienes, y prometieron acompaarle en su expedicin. Los principales de stos fueron tres hermanos apellidados los Pinzones, quienes manifestaron mayor resignacin en exponer sus bienes y sus vidas en compaa de Coln. 17. Consista el armamento en tres pequeas carabelas1 nombradas Santa Mara la Pinta y la Nia todas bajo las rdenes de Coln; el que se embarc en la primera, la segunda iba gobernada por Martn 1Carabela. Nombre que se da a una embarcacin larga y angosta, de una sola cubierta, y con un espoln en la proa. Tiene tres mstiles casi iguales, con tres vergas muy largas, en cada una de las cuales se pone una vela latina.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 12\ 12\ 12\ 12\ 12\ Alonso Pinzn, y la tercera, por Vicente Yez Pinzn. Francisco Martn, el ms joven de los Pinzones iba de piloto en la Pinta Segn los historiadores de ms crdito embarcaron vveres para un ao; pero todos discuerdan en el nmero de los marineros y aventureros que siguieron a Coln. Algunos opinan que slo llegaban a 25 en las tres naves, otros creen que se contaban ms de 40, y el juicioso ingls Robertson los hace llegar a 90. 18. Preparadas todas las cosas, implor Cristbal Coln al auxilio divino, dirigindose en procesin al monasterio de la Rvida, y despus de haber comulgado solemnemente, se pusieron bajo la proteccin del Omnipotente. La maana prxima, que era la del viernes 3 de agosto de 1492, zarparon las naves antes de salir el sol, en presencia de un crecido concurso de espectadores, que dirigan sus splicas a los cielos, implorando sus auxilios. 19. Naveg Coln con direccin a las islas Canarias, donde lleg a los diez das sin ocurrencia particular, si se excepta el quebranto que recibieron las naves, a causa de su poca fortaleza; por lo que fue indispensable recorrerlas lo mejor que se pudo, hasta dejarlas en estado de dar la vela el 6 de septiembre con direccin a occidente. 20. Cuando lleg el caso de que perdiesen la tierra de vista, tuvo Coln que recurrir a toda su fortaleza, para alentar a los que lloraban acobardados y temerosos de no volver a verla jams. Entonces, Coln vino en conocimiento de las penas que se le esperaban, para desvanecer el temor y satisfacer la ignorancia de sus compaeros; y resolvi ocultarles la realidad del progreso diario de la navegacin, para que no los asustase la larga distancia de la Europa. El 14 de septiembre, da en que se hallaban a 200 leguas al oeste de las Canarias, fue mucha la inquietud de todos, al ver la extraa novedad de que la aguja no sealaba directamente al norte, sino que se inclinaba al oeste, y esta variacin creca mientras ms se navegaba. Semejante apariencia, que en el da es tan familiar, aunque se mira como uno de los misterios de la naturaleza, llen de terror a los compaeros de Coln; los desamparaba la nica gua que los conduca en mares desconocidos, y la naturaleza parece que se alteraba. Coln invent razones con que aquietarlos, aunque l no quedaba satisfecho. 21. Continu, sin embargo, navegando con la misma direccin del oeste, en la latitud de islas Canarias, cuando a cosa de 400 leguas vio la superficie del mar cubierta de yerbas, de tal manera a veces, que entorpecan la navegacin a los bajeles; y esto ocasion nueva alarma a los marineros, que presumieron que haban llegado a los lmites del ocano. Coln les persuadi que aquella novedad los deba alegrar; y afortunadamente sucedi que a ese tiempo refresc el tiempo, disip las yerbas, y se vieron algunos pjaros, lo que revivi las esperanzas de la

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ANTONIO JOS VALDS /13 /13 /13 /13 /13 tripulacin. El 1o de octubre, en que se hallaban a 770 leguas al oeste de Canarias, segn el clculo secreto de Coln, renacieran las murmuraciones contra l, y aun contra los reyes, porque haban dado ascenso a conjeturas tan quimricas, y quisieron regresar a Espaa, antes que los buques se hiciesen incapaces de navegar; por lo que casi todos convinieron en compeler a Coln, y aun arrojarle al agua, en caso de oponerse a sus proyectos. Coln conoci lo terrible de su situacin, aunque sostuvo su presencia de espritu, usando de todos los resortes, que le sugera su ingenio; con lo que pudo al fin, ya con promesas, ya con amenazas, a inducirlos a que esperasen por algn tiempo ms. 22. Efectivamente, as lo hicieron durante algunos das: ya las seales de tierra eran casi evidentes; se vean con ms frecuencia algunas bandadas de pjaros, y esto alent de nuevo las esperanzas de todos; pero viendo que no descubran mejor suceso que el ocurrido hasta all, revivieron sus temores con ms rabia y desesperacin. Aquellos que hasta el presente se haban mantenido adictos a Coln, y apoyado su autoridad, tomaron parte en el motn, y juntndose tumultuariamente le mandaron retroceder. Viendo Coln que ya no era tiempo de recurrir a los anteriores ardides, y que era imposible avivar el celo de la expedicin, entre hombres cuyo temor les haba extinguido todo generoso sentimiento, les prometi solemnemente someterse a sus instancias, siempre que resolviesen proseguir tres das ms. Esta proposicin no les pareci fuera de propsito, y Coln no crey aventurar mucho en hacerla, porque las seales de tierra eran cada vez ms numerosas. La tripulacin de la Pinta observ una caa flotante y un pedazo de madera labrado: de a bordo de la Nia sacaron del agua una rama de rbol enteramente verde: las nubes al ponerse el sol manifestaban otra apariencia; y el aire durante la noche era ms irregular. Tales sntomas convencieron a Coln de la proximidad de la tierra: tanto, que la tarde del 11 de octubre mand aferrar las velas, temiendo acercarse mucho a ella durante la noche; y todos aguardaban con la mayor atencin, dirigida al punto donde suponan la tierra. 23. Poco ms de las 10 de la noche eran, cuando Coln observ desde el castillo de proa una luz a cierta distancia, lo que comunic inmediatamente a uno de los aventureros llamado Pedro Gutirrez, y ste hizo lo mismo con Salcedo, contralor del armamento; entonces, los tres notaron que la luz se mova de un lugar a otro; y a poco ms de media noche se oy de la Pinta el grito alegre de ¡tierra! ¡tierra! La maana siguiente, que fue la del 12 de octubre, se divis como a dos leguas al norte, una isla, cuyos campos verdes, alegres bosques y variedad de riachuelos, ofrecan el aspecto del pas ms delicioso. Entonces, las tripulaciones con lgrimas de alegra y transporte de reconocimiento entonaron el Te Deum, y concibieron penetrados de confusin el genio

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 14\ 14\ 14\ 14\ 14\ superior del Almirante, pidindole perdn de su ignorancia, incredulidad e insolencia. 24. Al salir el sol se dirigieron los botes a la isla con banderas desplegadas, msica militar y otros marciales aparatos. Al aproximarse vieron la costa cubierta de un inmenso pueblo, que con sus gestos y dems acciones demostraba el asombro de que estaba posedo, a vista de objetos tan extraos. Cristbal Coln fue el primero que salt a tierra en el Nuevo Mundo, ricamente vestido y con la espada en la mano; le sigui el resto de la comitiva, y arrodillndose todos, besaron la tierra deseada. Inmediatamente erigieron una cruz, y volvindose a postrar le dieron gracias al Criador, y tomaron posesin del pas en nombre de la Corona de Castilla y Len.225. Mientras los espaoles efectuaban esta ceremonia, los naturales, que nada comprendan, ni prevean las consecuencias, los observaban llenos de confusin, e intimidados se retiraban a los campos; pero Coln hizo alcanzar algunos, y colmndoles de regalos y caricias, inspir confianza en los dems, que sucesivamente volvan a presentarse con muchas provisiones, y gran porcin de algodn; recibiendo en recompensa cascabeles, que se colgaban al cuello y otras bagatelas de vidrio. Sin embargo, los vestidos de los espaoles, la blancura de sus carnes, la barba, las armas relucientes, las mquinas en que navegaban, el estallido del can, todo los mantena sobrecogidos de asombro y de terror, y creyeron a sus huspedes hijos del Sol, y bajados de los cielos. Los espaoles, por su parte, contemplaban el suelo y sus producciones, que todas les parecan distintas de las de Europa. Los indgenas casi desnudos recordaban la inocente naturaleza: sus carnes eran de un color de cobre apagado, sus cabellos largos, lacios y negros, flotando sobre la espalda o hechos trenzas y enredados en la cabeza, los ojos enteramente negros, sin barbas ni vellos en el cuerpo, y aunque de hermosa talla, su aspecto manifestaba docilidad y timidez. 26. Llegada la tarde regres Coln a sus carabelas, acompaado de muchos nativos del pas en sus botes, que llamaban canoas las que, aunque dbiles y groseramente formadas del tronco de un rbol, las 2Posesin No satisfechos los reyes de Espaa, Fernando e Isabel, con la posesin de estos descubrimientos sin la expresa concesin o sancin del Papa, a ejemplo de los portugueses, y siguiendo la supersticin de aquellos tiempos, creyeron indispensable obtener de Alejandro VI, que ocupaba entonces la silla apostlica, una bula que les otorgase aquellos territorios y otros que se descubriesen; la que consiguieron inmediatamente, concedindoles el Papa derecho a las tierras de infieles descubiertas y que en adelante descubriesen en el Nuevo Mundo. Pero como era necesario que en esta concesin no pugnase con la otorgada anteriormente a la Corona de Portugal, se supuso una lnea de polo a polo, 100 leguas al oeste de las Azores, que sirviese de lmite entre las dos potencias, quedando la parte del este exclusiva a los portugueses.

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ANTONIO JOS VALDS /15 /15 /15 /15 /15 manejaban con increble destreza. Considerados estos particulares, es inconcuso que en el primer encuentro de los habitantes del antiguo y nuevo mundo, prevaleci la amistad y mutua satisfaccin; pero la ambicin produjo despus resultados funestos a la humanidad. 27. Coln llam a esta primera tierra San Salvador, aunque mejor se conoce por el nombre de Guanahany que le dieron sus naturales, y es una de las islas que llamamos Lucayas o de Bahama. El Almirante emple el da prximo en visitar las costas de la isla, la que not ser pobre; y siguiendo las teoras de otros viajeros y navegantes, que suponan el Asia de mayor extensin al este, concluy que San Salvador era una de las islas que los gegrafos sitan en el grande ocano, cerca de la India. Y viendo que los naturales usaban por adorno pequeas planchas de oro colgadas en la nariz, preguntoles de dnde extraan aquel metal, y ellos respondieron que de otras regiones que estaban hacia el sur; por lo que tomando siete nativos de San Salvador, que le sirviesen de guas e intrpretes, se hizo a la vela con direccin al rumbo que le indicaron. En la navegacin vio varias islas a que dio diversos nombres; pero como cuanto adverta en ellas era semejante a lo que dejaba visto, no se detuvo en ellas, sino que siguiendo su curso siempre al sur, descubri un pas que manifestaba ser de grande extensin, ms elevado que los que haba reconocido, lleno de ros, montes y valles, y de un verde encantador; pero dudando si sera una grande isla o parte del continente, pregunt a los nativos que llevaba a su bordo, y stos le respondieron que aquella tierra se llamaba Cuba y Coln le puso Juana en honor del prncipe de Castilla, primognito de los Reyes Catlicos. 28. Cuando los naturales de la isla de Cuba vieron llegar las naves a sus costas, huyeron despavoridos a los campos; pero como Coln intentaba reconocerla y carenar sus carabelas, envi algunos espaoles acompaados de un nativo de San Salvador, a que examinasen el interior del pas. stos anduvieron ms de 20 leguas, y regresaron diciendo que la tierra era ms rica y cultivada que las que dejaban descubiertas, y que adems de multitud de chozas esparcidas, haban hallado un pueblo como de mil habitantes, los que, aunque estaban desnudos, demostraban ms cultura que los de San Salvador; pero que los haban tratado con los mismos excesos de atencin y respeto, besndoles los pies, y creyndoles seres celestiales; que les haban dado de comer algunas races cocidas, de gusto semejante al de las castaas, y que los invitaban a detenerse algunos das para que descansasen; pero que no habiendo accedido a sus ofertas, les haban sealado tres de ellos mismos para que los acompaasen. Dijeron, asimismo, que las tierras estaban sembradas de un grano de excelente gusto, que llamaban maz; y que en cuanto a cuadrpedos, no haban visto otros que unos perros que no ladraban y unos

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 16\ 16\ 16\ 16\ 16\ lagartos de enorme tamao.3 Con respecto al oro, slo dijeron que haban observado algunos adornos de poco valor. 29. Los naturales que haban venido en compaa de los exploradores, comprendiendo que los espaoles apreciaban el oro sobre todos los dems objetos que se ofrecan a la vista, dieron a entender a Coln que aquel metal lo hallaban en Cubanacn Por este sustantivo significaban el centro de la isla de Cuba; pero Coln que ignoraba la lengua del pas y no estaba acostumbrado a or su pronunciacin, supuso por el sonido que hablaban del Gran Kan; e imagin que el opulento reino que describe Marco Polo no deba de hallarse muy remoto. Esto le indujo a emplear algunos das en reconocer las costas, y visit efectivamente algunos puertos del norte, entre ellos uno donde fij una cruz y le llam Puerto del Prncipe, y tambin el de Baracoa, a quien denomin Puerto de los Mares: en cuyos diferentes puntos, aunque hallaba terrenos feraces y deliciosos, no correspondan al deseo de riquezas con que quisieran ver premiados sus afanes aquellos descubridores.4 Los naturales del pas que no dejaban de notar esta solicitud de oro, les sealaron al oeste, donde se hallaba una isla llamada Hait, que produca el oro en grande abundancia: y los bajeles del Almirante tomaron aquella direccin, llegando a San Nicols el 6 de diciembre del mismo ao. 3Varios antiguos convienen en que estos lagartos es lo que en el da conocemos con el nombre de juta.4Segn refiere Winterbotham en su descubrimiento de Amrica, y Robertson en su historia de esta parte del mundo, entr Coln con seis bajeles en un ro de la isla de Cuba, de vista tan agradable, que en una carta dirigida a Fernando e Isabel, se expresa en los trminos siguientes, en que brilla la admiracin y entusiasmo de un descubridor: “Descubr un ro en que poda entrar con facilidad una galera, y su belleza era de manera que me indujo a que le sondease, y le encontr de ocho a cinco brazas de agua. Habiendo navegado considerable extensin hacia su origen, todo me convidaba a establecerme en paraje tan delicioso. La belleza del ro, la claridad de sus aguas, que dejaban traslucir las arenas del fondo, la multitud de palmas y dems rboles de todo gnero, muchos de los cuales estaban cubiertos de flores, la variedad de pjaros, y verde hermoso de los llanos; todo es de belleza tan maravillosa, que este terreno excede a los dems, as como el da excede a la noche en hermosura y esplendor. Yo a menudo me deca: es imposible dar a sus Magestades la descripcin de este pas; porque ni mi lengua, ni mi pluma alcanzarn a la verdad. Y es as, pues me siento tan penetrado de vista tan prodigiosa, que ignoro como describirla”.

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Libro SegundoSUMARIO1.Reconoce Coln otros puntos de la isla de Cuba. 2. Bojala Sebastin de Ocampo. 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10. Descripcin geogrfica de la Isla. 11. Proyctase su conquista. 12. Efectase. 13. Carcter de Diego Velzquez. 14. Fundacin de Baracoa. 15. Hace Velzquez reconocer lo interior de la Isla. 16. Contina la poblacin. 17. Fndase La Habana. 18. Sus primitivos pobladores. 19. Traslacin de La Habana. 20. Ventajas conseguidas de esta traslacin. 21. Primeras poblaciones con nombre de ciudad. 22. Proyecto de nuevas conquistas. 23. Muerte de Velzquez. 24. Primer gobierno eclesistico de la Isla.1. Por el ao de 1494, en que el almirante Coln ya haba vuelto de Europa a las Indias Occidentales1 con la mira de adelantar los descubrimientos y propagar la religin, para cuyos fines haba conducido todo lo necesario a la isla Espaola; por ese ao, repito, form un consejo compuesto de su hermano D. Diego y otros cuatro individuos, dando al expresado el ttulo de presidente, para que en su ausencia gobernasen La Espaola; y el jueves 4 de abril se embarc en un navo grande, y con otros dos pequeos sali del puerto de la Isabela, hacia el poniente, para reconocer si Cuba era isla o parte del continente: toc de paso en S. Nicols, divisando desde all la punta oriental de Cuba, que el Almi1Indias Occidentales Persuadidos los reyes de Espaa, por las conjeturas de Coln y otros cosmgrafos de la Europa, de que estos pases eran parte de la India Oriental, los denominaron Indias Occidentales, por ser as que se haban descubierto por la parte occidental de la Europa. De aqu es que se llaman indios los indgenas primitivos de estos pases, a imitacin de los indios del Asia, cuyo nombre parece derivarse del Indus, ro caudaloso del Indostn, que aquellos naturales llaman Sindeh. Sin embargo, como despus de Coln vino a las Indias el florentino Amrico Vespucio, navegante de mucho crdito, e hizo descripciones artificiosas y elegantes de sus aventuras, pudo alucinar a muchos que aplicaron su nombre a los pases que describa; y como tales relaciones fueron las primeras que se publicaron, leyeron y circularon por la Europa, el universal consentimiento de las naciones, no slo autoriz con su nombre las regiones que Amrico haba visitado, sino a todo el Nuevo Mundo, en agravio de la gloria que exclusivamente perteneca a su inmortal descubridor.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 18\ 18\ 18\ 18\ 18\ rante denomin Alfa y Omega nombres que no prevalecieron al de Mais. Avistada la isla de Cuba comenzronse a inclinar por la banda del sur, y llegaron a una baha grande, que Coln denomin Puerto Grande, por tener de boca 150 pasos; y aunque este nombre no se conoce en el da, yo infiero que ser Guantnamo. Al instante acudieron los indios en sus canoas, con mucho pescado para obsequiar a los forasteros, quienes, despus de haberles correspondido con las chucheras que acostumbraban, zarparon de aquel puerto un domingo 1o de mayo, yendo siempre aterrados y divertidos con la variedad de objetos, y las flotas de canoas que venan a bordo de los navos con refresco de vveres, en calidad de oblaciones a unos hombres celestiales. Sucedi que el da 20 de mayo, embelesado un mancebo con la presencia, gracia y novedad de los espaoles, se qued voluntariamente en su compaa sin poderlo arrancar las lgrimas de sus padres y parientes, de cuya presencia se retir, y escondi en la bodega del navo, por no ser vencido de su ternura. Este mismo da llegaron a un cabo que el Almirante llama de Cruz, ttulo que conserva hasta el presente, y desde all siguieron la costa abajo, perseguidos de algunos aguaceros, truenos, relmpagos y escollos, por navegar entre muchsimas isletas, tan verdes y agradables, que obligaron al Almirante a llamarlas Jardn de la Reina Hallbanse en ellas algunas aves a modo de grullas, pero de pluma encarnada; tortugas muy grandes, multitud de mariposas, cuervos y otros pjaros, que suspendan su armonioso canto, as como la tierra con suavsimas fragancias. Encontrose una canoa de pescadores, que, aun teniendo a la vista gentes extraas, se mantuvieron en su ejercicio, sin hacer novedad: pero lo ms digno de celebrarse fue, que, acabada con gran flema su pesca, se pasaron a los navos, entrando en ellos como en su casa. No les sali vana su confianza, porque el general les hizo una muy grata acogida. Pocos das despus sucedi que, careciendo de agua, y queriendo examinar si la habra en aquellas inmediaciones, mand a tierra un marinero con sus armas: ste a pocos pasos se encontr con 30 indios armados de lanzas y macanas de madera: entre ellos estaba uno vestido de tnica blanca, y todos a la primera vista se pusieron en fuga; de modo que el marinero volvi, y sufrieron la sed hasta que diez leguas ms al poniente hallaron agua suficiente. Pero el Almirante viendo que se encontraban mil escollos en su navegacin, a causa de los muchos bajos y cayos que rodeaban la Isla, determin volver a La Espaola, despus de haber reconocido la Isla de Pinos; y aunque en esta expedicin descubri a Jamaica, qued con la incertidumbre de si Cuba sera isla o parte del continente que imaginaba, y permaneci en dicha incertidumbre hasta su muerte;2 pues, aunque en su tercera venida a las 2El regidor D. Jos Martn de Arrate opina que Coln descubri que Cuba era isla, antes que lo hiciese Sebastin de Ocampo; pero yo en este particular he seguido la opinin de otros historiadores.

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ANTONIO JOS VALDS /19 /19 /19 /19 /19 Indias arrib en sus descubrimientos a la isla de Cuba, con la mira de reparar sus buques de resultas de un temporal, volvi a Espaa sin haber bojeado la Isla.32. Nicols de Ovando, gobernador de la isla Espaola, comision el ao de 1508 a Sebastin de Ocampo, por especial mandato de la Corte, para que examinase las costas de Cuba, y este encargado lo verific, reconociendo ser sta una isla digna de poblarse, por su excelente situacin, bondad y abundancia de sus puertos; graduando por uno de los ms recomendables, al que eligi para carenar sus buques, por lo que le llam puerto de Carenas, y es el que actualmente conocemos con el nombre de puerto de La Habana. En ste tuvo, segn se explica Arrate, el casual hallazgo de un manantial de cierta especie de betn, que le fue muy conducente a facilitar la carena: la que una vez concluida, regres a La Espaola, donde inform cuanto haba adelantado respecto de su comisin; pero sin embargo del aliciente que ofrecan sus descripciones, por entonces nada se determin en cuanto a la ocupacin de esta isla. 3. Hllase la isla de Cuba a la entrada del golfo de Mjico, dentro del trpico de Cncer y al norte de la equinoccial, desde los 20 grados de latitud hasta los 23 y 28 minutos, en que termina la punta llamada de Hicacos, y entre los 60 grados 26 minutos, y los 81 grados 30 minutos longitud occidental del meridiano de Madrid.4 Su mayor extensin en longitud, que es desde la punta oriental llamada de Mais hasta el cabo de San Antonio, extremo occidental de la Isla, viene a ser poco ms de 11 grados; y su mayor extensin en latitud o anchura, que es desde cabo de Cruz a punta Occidental de Maternillos, cerca de la boca de Carabelas, viene a ser de 2 grados. Sus costas son en extremo sucias; pues exceptuando algunos pedazos como desde punto de Mais hasta el cabo de Cruz, por la banda del sur; y desde La Habana a Matanzas, en la costa del norte, todo el resto despide a largas distancias placeres y arrecifes. 4. Segn varias apuntaciones del estado de La Habana en 1784, escritas por D. Antonio Lpez, y que actualmente conservo en mi poder,5la isla de Cuba tiene 245 leguas provinciales de largo, y 40 de ancho desde el citado cabo Cruz hasta el puerto de las Nuevitas. En la Jurisdiccin del Puerto Prncipe apenas tiene 30 leguas; desde La Habana al 3El inmortal descubridor del Nuevo Mundo muri al fin en Valladolid, por el mes de mayo de 1506, acaso en fuerza de los pesares e ingratitudes que recibi de Fernando y otros muchos enemigos que le atrajo su mrito sobresaliente.4Esta observacin acabo de hacerla en un globo de edicin inglesa del ao pasado de 1802; y desde ahora digo que no salgo garante de su rigurosa exactitud.5Asimismo tengo el peridico titulado El Patriota Americano que contiene estas dimensiones que trasunto.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 20\ 20\ 20\ 20\ 20\ surgidero de Bataban hay solamente 14, y desde ro de Puercos al norte, hasta el de Galafre al sur tiene 12 leguas. 5. “Tiene esta isla una cordillera de lomas, que con algunas cortas interrupciones, corren desde su extremo oriental hasta el occidental, que entra en el golfo de Mjico. A pocas leguas de sus faldas se halla la viga nombrada de cabo de Corrientes, al sur, que comunica al gobierno de La Habana sus descubrimientos. An ms agigantadas que stas son las que se extienden desde la punta de Mais hasta el cabo de Cruz, con los nombres de Cuchillas y lomas Turquinas, desde cuyas cimas se reconocen muy distintamente, en das despejados, los establecimientos de la isla de Jamaica que dista 30 leguas al sur de sta. Este asombroso alcance de vista comprueba la grande elevacin de aquellos montes, en los ms de los cuales es necesario el auxilio de las manos para poder repechar sus escarpadas subidas. Algunas de estas lomas tienen tres cuartos, y hasta una legua de alto, y de tan difcil ascenso, que bien pudieron llamarse sus faldas paredones. 6. ”El resto de la superficie de la Isla es muy irregular y quebrado, tanto que los extranjeros le llaman lengua de pjaro. La costa del sur es por la mayor parte llana, pero cenagosa, y expuesta a experimentar los efectos ms terribles, que en estos climas suelen producir las suspensiones de las lluvias, que llamamos seca Por esta razn se prefieren para las crianzas de ganado las tierras quebradas y las serranas, que regularmente conservan una fertilidad ms constante. Desde la laguna de Corts hasta cerca de la famosa baha de Jagua, la mayor parte del terreno es bajo, pantanoso, cubierto de mangles en una extensin como de tres leguas. Casi toda la Isla est rodeada de bajos y cayos ocultos, que hacen muy peligrosas sus inmediaciones para los navegantes. 7. ”Siguiendo la costa del norte por el canal viejo, hasta el puerto llamado de las Nuevitas, no se advierten desde el extremo oriental bajos que molestan la entrada de los muchos puertos que en ella se encuentran. Desde las Nuevitas hacia el oeste, hasta la punta llamada de Hicacos, van formando una como cadena los bajos, pero con proporcin tan discreta, que dejan libre la entrada de los puertos principales. A corta distancia de estos ltimos escollos se encuentran otros puertos en costas ms desembarazadas hasta Baha Honda; desde donde comienzan los peligrosos bajos de Santa Isabel, bien conocidos por los frecuentes naufragios, que han ocasionado, y como a seis leguas al norte del cabo de San Antonio, las Coloradas. 8. ”Si desde dicho cabo se baja costeando la parte meridional; se observar toda la costa guarnecida de un arrecife oscuro, nicamente interrumpido por dos playas de arena en la nombrada ensenada de Corts, hasta llegar a la gran baha de Jagua se encuentran infinidad de bajos y rocas ocultas muy peligrosas. Toda esta extensin se conoce con el nombre de Jardn del Rey La Isla de Pinos conocida anti-

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ANTONIO JOS VALDS /21 /21 /21 /21 /21 guamente con el nombre de Santa Mara se halla frente a ella. Contina limpia la costa hasta el ro llamado de Guanabo, distante una legua de la ciudad de Trinidad, y de su puerto Casilda, en cuyo intermedio se encuentran los bajos llamados de Mulas, Muelas y Mulatas, que forman varios canalizos, nicamente navegables por pilotos expertos: esta extensin hasta el cabo de Cruz es lo que se llama Jardn de la Reina 9. ”En razn de la angostura de la Isla, en todo lo que hace la Jurisdiccin de La Habana, y de la poca elevacin de sus serranas, es imposible que los ros tengan un curso dilatado; slo dos de ellos son permanentes: el que se dice de Gines y el de la Chorrera. Por otra parte, estando las serranas inmediatas a la costa del norte, y descansando el territorio sobre un banco de piedra de ojos, sumamente porosa, conocida en el pas con el nombre de seboruco filtra el agua, y por entre las capas interiores de la tiera discurren largas distancias, ya subterrnea, ya someramente, como sucede, por ejemplo, al ro nombrado de S. Antonio, hasta que por fin va a desaguar en los llanos de la costa meridional, donde forman las aguas una cinaga, o pantano estril, sin puerto, sin abrigo y de muy difcil trnsito. 10. ”En consecuencia la Jurisdiccin de La Habana es la menos favorecida de la Isla en cuanto a la disposicin y fertilidad del terreno; pues estando la parte oriental regada por ros de mucho caudal es precisamente ms frtil”. 11. En el ao de 1511, en que ya gobernaba la isla Espaola D. Diego Coln, habiendo conseguido, despus de grandes dificultades, obtener los empleos y emolumentos de su padre, y en que la isla Espaola haba proporcionado cuantiosas riquezas a muchos de sus conquistadores, aunque por lo general con perjuicio de sus primitivos naturales, que se haban casi extinguido, en fuerza de los malos tratamientos y penosos trabajos, a que no estaban acostumbrados; en ese ao, repito, propuso D. Diego Coln la conquista de la isla de Cuba, y el establecimiento de una colonia en ella;6 en cuya virtud, muchas personas de las ms distinguidas, que entonces se conocan en aquella isla, adoptaron esta medida, y la llevaron a efecto con acaloramiento. Coln dio el mando de las tropas y el gobierno de la expedicin a Diego Velzquez, uno de los compaeros de su padre, en su segundo viaje a las Indias, y que haba estado establecido largo tiempo en La Espaola, donde haba adquirido una amplia fortuna, con tal reputacin por su probidad y prudencia, que unnimemente se le gradu con todas las cualidades recomendables para dirigir la importante expedicin que se preparaba. Poco ms de 300 hombres se creyeron suficientes para la conquista de una isla de tan6El doctor D. Ignacio Jos de Urrutia expone que el gobernador de La Espaola emprendi la conquista de la isla de Cuba en cumplimiento de real orden que tena para el efecto.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 22\ 22\ 22\ 22\ 22\ ta extensin y llena de habitantes;7 pero stos estaban tan lejos de poder resistir las armas de sus invasores como los de la isla Espaola; y adems, ni aun se haban preparado para recibirlos, aunque tenan suficiente motivo para aguardarlos, si se atiende a que los espaoles, despus de haberlos visitado en los das de Cristbal Coln, se haban posesionado de La Espaola, desde donde haban pasado a refugiarse a esta isla de Cuba muchos indios, de los que no queran vivir baja la dominacin espaola. 12. Uno de ellos fue Hatuey, casi el nico opositor que encontr nuestra expedicin a su desembarco en el puerto de Palmas, cerca de la punta de Mais, donde procur eludir los designios de los espaoles; pero sus dbiles fuerzas fueron prontamente batidas y dispersas y aun el mismo Hatuey prisionero. Velzquez siguiendo las brbaras mximas de aquellos tiempos, tan distintas de la ilustracin de nuestros das, le consider como un esclavo que haba hecho armas contra su seor; y le conden a las llamas.8 Este espantoso ejemplo de venganza penetr de terror a los 7El R. obispo de Chiapa, en su breve relacin de las Indias Occidentales presentada a Felipe II, se expresa en el artculo isla de Cuba del modo que inmediatamente extracto: “El ao de 1511 pasaron a la isla de Cuba, que es como dije, tan larga como de Valladolid a Roma, donde haba grandes provincias de gentes que todas se aniquilaron. Aqu acaecieron cosas muy sealadas”.8El citado obispo de Chiapa, testigo de ese suceso, le refiere en estos trminos: “Un cacique y seor muy principal, que por nombre tena Hatuey, que se haba pasado de la isla Espaola a Cuba con mucha de su gente, y por huir de los cristianos, estando en aquella isla de Cuba, y dndoles nuevas ciertos indios, que pasaban a ella los cristianos, junt mucha o toda su gente y djoles: Ya sabis como se dice que los cristianos pasan ac, y tenis experiencia cuales han parado a los seores fulano y fulano, y aquellas gentes de Hait (que es La Espaola), lo mismo vienen a hacer ac. Sabis quiz por qu lo hacen? dijeron no, sino porque son malos. Dice l, no lo hacen por slo eso, sino porque tienen un Dios a quien ellos adoran y quieren mucho, y por haberlo de nosotros, para lo adorar, nos tratan de sojuzgar y nos matan. ”Tena en su casa una cestilla llena de oro en joyas, y dijo: veis aqu el Dios de los cristianos; hagmosle si os parece areytos (que son bailes y danzas) y quiz le agradaremos, y les mandar que no nos hagan mal. Dijeron todos a voces bien es, bien es. Bailronle delante hasta que todos se cansaron. Y despus dice el seor Hatuey: mirad como quiera que sea, si lo guardamos, para sacrnoslo al fin nos han de matar, echmoslo en este ro. Todos votaron que as se hiciese; y as lo echaron en un ro grande que all estaba. ”Este cacique y seor anduvo siempre huyendo de los cristianos, desde que llegaron a aquella isla de Cuba, como quien los conoca; y defendase que los topaba, y al fin lo prendieron, y porque se defenda lo hubieron vivo de quemar. Atado al palo, decale un religioso de San Francisco, santo varn que all estaba, algunas cosas de Dios y de nuestra fe, el cual nunca las haba jams odo, lo que poda bastar aquel poquillo tiempo que los verdugos le daban; y que si quera creer aquello que le deca, que ira al cielo, donde haba gloria y eterno descanso; y si no, que haba de ir al infierno a padecer perpetuos tormentos y penas. l, pensando un poco, pregunt al religioso si iban cristianos al cielo: el religioso respondi que s, pero que iban los que eran buenos. Dijo luego el cacique sin ms pensar, que no quera l ir all, sino al infierno por no estar donde estuviesen, y por no ver tan cruel gente. sta es la fama y honra que nos adquirimos por las acciones de algunos”

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ANTONIO JOS VALDS /23 /23 /23 /23 /23 habitadores de la Isla, que se sometieron intimidados a sus conquistadores, sin oponerles casi ninguna resistencia; pues aunque Velzquez tard como tres aos en pacificarla del todo, se puede decir que sin perder un solo individuo, aadi a la monarqua espaola la extensa, frtil y bien situada isla de Cuba; cuya fcil conquista sirvi de estmulo. 13. No obstante este cruel acto de Velzquez, yo debo decir en honor de su memoria y de la justicia, que la isla de Cuba debi infinito a la acertada providencia de escoger para su conquista y poblacin un individuo de tanto mrito. Segn aparece de Herrera, prncipe de los historiadores de Amrica, y de Gomara, cronista de Nueva Espaa, el adelantado Velzquez despleg un gran fondo de sabidura, as en lo poltico como en lo militar. D. Jos Martn de Arrate, haciendo el debido elogio a este digno espaol, se explica en los trminos siguientes: “Fue el referido Gobernador y Adelantado, natural de Cullar, y vecino de la isla Espaola, de donde lo sac el almirante D. Diego Coln para la conquista y poblacin de esta Fernandina,9 la que consigui con tanta prosperidad, que en poco ms de tres aos la pacific, y fund siete poblaciones con ttulo de villas, todas ilustradas de gente noble y personas principales; porque el buen tratamiento y acogida que hallaban en l los castellanos, le atraa de todas partes la mejor porcin de los sujetos de calidad que pasaban a Indias, como escribe Herrera y Bernal Daz, asegurando que los que residan en esta Isla, a su sombra, se hallaban ricos y acomodados, siendo ste el poderoso y suave magnetismo con que atraa a los unos y conservaba a los otros en abundancia y tranquilidad. No era menos la que experimentaban los naturales en el tiempo de su gobierno; pues hasta que termin con su muerte el ao de 1524, no se notaron en ellos los alzamientos y fugas que en el de Manuel de Rojas su inmediato sucesor, ni los desesperados homicidios que en s propios ejecutaban en el de Gonzalo Nez de Guzmn, y que continuaron despus... Habiendo querido Velzquez ausentarse de Cuba para una de las empresas que dispuso contra Corts, le requiri la Real Audiencia se separase de tal designio, porque su presencia hara notable falta en la Isla para mantener el sosiego de los indios y espaoles, que le amaban tanto. Ni el rey formaba menos favorable concepto de la acreditada conducta del Adelantado; pues orden se suspendiesen las comisiones dadas a los licenciados Lebrn y Zuazo, porque no perturbase el estrpito judicial y odioso de las pesquisas el buen estado en que tena las cosas de su gobernacin; no impidindole las atenciones que empleaba esmeradamente en ella, extenderlas y aplicarlas a otras providencias del real servicio, solicitando con dispendios considerables de su 9Fernandina Este nombre le fue dado a la Isla por el catlico rey D. Fernando con alusin a su real nombre, en lugar del de Juana que le haba dado su descubridor.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 24\ 24\ 24\ 24\ 24\ caudal, como afirma el cronista Oviedo, y con fatigas de su persona, varios descubrimientos y famosas conquistas, que habiendo sido muy felices y opulentas para la Corona, y para otros individuos, fueron infaustas para l y para su hacienda, que consumi en los precisos gastos de ellas, sin que sacase ni aun el honor de que las reconozcan por efectos suyos. Razn que sin duda alguna movi a Herrera para decir que en este famoso varn no fue igual la dicha a la sabidura y buenas intenciones que le adornaban; porque cogieron otros el fruto de sus bien encaminados proyectos y grandes erogaciones; no alcanzando de la piedad del rey en vida ms que la merced del Adelantamiento de la Isla, por el tiempo de ella, y en muerte la honorfica expresin de sentimiento que hizo su majestad, con que calific lo bien servido que se hallaba de este vasallo, y digno a la verdad del mayor premio”. 14. Principi Velzquez a poner en planta su poblacin el ao de 1512, fundando la primera villa de espaoles, en la costa del norte y en territorio de la provincia que los nativos llamaban Baracoa ; por lo que Velzquez denomin a dicha villa Nuestra Seora de la Asuncin de Baracoa. De modo que esta villa se reput por algn tiempo cabeza de la Isla. 15. Adelantada la villa de Baracoa el ao siguiente de 1513, dispuso Velzquez que Pnfilo de Narvez y el licenciado Bartolom de las Casas, que despus fue obispo de Chiapa, saliesen con suficiente nmero de gente a reconocer lo interior de la Isla,10 para en consecuencia disponer y arreglar su poblacin. Estos comisionados, por el examen que hicieron en virtud de su encargo, calcularon que la Isla tendra como 200 000 habitantes: ratificaron la idea que se tena de su feracidad, y hallaron que los naturales la tenan dividida en varias provincias, de las cuales reconocieron nueve que se distinguan con los nombres de Baracoa Bayaquitiri Macaca Bayamo Camagey Jagua Cueib Habana y Haniguanica Observaron que estas provincias no eran go10Pnfilo de Narvez, hombre intrigante y ambicioso, estaba recin llegado de Jamaica con 30 hombres, de donde pas a esta Isla, atrado de la fama que ya corra de la expedicin de Velzquez, de quien mereci estimacin particular, resultando de este proceder pocas ventajas a Velzquez y a la Isla. Cuando salieron al descubrimiento todos marchaban a pie, y slo Narvez iba en una yegua alta y tan brava, que apenas la montaba cuando principiaba a corcovear con grande espanto de los indios, que, no habiendo visto jams cuadrpedo tan grande, le miraban intimidados. Se refiere por algunos antiguos que habiendo llegado a un pueblo en que determinaron pasar la noche, los resolvieron sorprender y robar multitud de indios, que se juntaron al efecto; pero atacando sin direccin y con los alaridos que acostumbraban, despertaron los espaoles, y habiendo Narvez dispuesto, aunque con dificultad, que le ensillasen la yegua y le pusiesen un cinto de cascabeles en el anzn de la silla, mont en ella en camisa, y con dar cuatro carreras, fue tal el espanto que se apoder de los indios, que huyeron atnitos a muchas leguas de distancia.

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ANTONIO JOS VALDS /25 /25 /25 /25 /25 bernadas por un soberano, sino por caciques particulares, cuya sola voluntad parece que era la ley. Los pueblos estaban formados de casas hechas groseramente de madera y paja, o pencas de guano: las sillas en que descansaban eran demasiado groseras y de hechura extraordinaria; en las casas de los ms infelices se sentaban en trozos de madera: sus camas consistan en unas especies de redes tejidas de algodn, que llamaban hamacas las cuales las colgaban por dos extremos en puntos opuestos; y de estos mismos tejidos hacan ciertas piezas con que cubran su honestidad: su alimento ms comn se reduca a granos, races, con que hacan y se hace el casabe, peces, guaniquinajes, higuanas, hutas o jutas, etc. Para proveerse de fuego acostumbraban frotar un pedazo de madera con otro: sus armas eran unos dardos o lanzas de madera endurecida al fuego, en cuya punta fijaban un diente de pescado. No se hall en toda la Isla especie alguna de ganado. Para la pesca y trnsito a los cayos, se servan de canoas, enhuecadas con pedernal porque desconocan el hierro: y segn se not vivan los de una provincia con los de las otras en perfecta tranquilidad. 16. Por el ao de 1514, en que los pobladores haban reconocido la Isla, si exceptuamos alguna parte de lo ms occidental hacia el cabo de San Antonio, deliber Velzquez, con acuerdo de Narvez y dems principales de su sequito, establecer algunas poblaciones, a fin de repartir y cultivar la tierra; y para ms animar a los europeos a que se empeasen en sus determinaciones, les encomend indios naturales11 para que con sus trabajos personales conspirasen a la empresa. Con este objeto dispuso el establecimiento de cinco villas, dos en la parte del sur, que nombr Santiago y Trinidad, cuyos parajes prefiri a causa de haber espaoles en Jamaica, isla situada hacia aquel punto: y en el centro determin la fundacin del Bayamo, Puerto del Prncipe y Sancti Spritus. 17. Seguidamente se fund la villa de San Juan de los Remedios a la parte del norte: y el 25 de julio del ao de 1515, la de San Cristbal de La Habana en la costa del sur, cerca del Bataban, cuyo nombre debi ponrsele, por ser as que ese mismo da es la celebridad de San Cristbal; sin embargo de que en esta Isla se celebra a 16 de noviembre, por especial indulto de la silla apostlica, a fin de no embarazar su festividad con la de Santiago, patrn de Espaa y de la Isla. El genitivo de La Habana parece natural que se le diese a causa de haber 11Estas encomiendas hubieran sido, sin duda, muy provechosas a los indios y europeos, si no hubiera sido por la crueldad con que aquellos infelices fueron tratados por algunos de sus patronos; cuya conducta tirnica fue lo que mayormente contribuy a la despoblacin de la Isla de sus primitivos naturales. Es constante que los trabajos en que los empleaban eran tan penosos y tan recios para aquella gente desacostumbrada a tales fatigas, que el que no pereca en el servicio de un temerario encomendero, se daba la muerte desesperado o emigraba a otro suelo del modo que le era posible.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 26\ 26\ 26\ 26\ 26\ sido la fundacin en la provincia, que los nativos distinguan con la misma denominacin. 18. La Habana tiene la dicha de que entre varias personas distinguidas que concurrieron a su establecimiento y poblacin, como fueron Francisco de Montejo (despus adelantado de Yucatn), Diego de Soto, Sebastin Rodrguez, Juan de Njeras, Angulo, Pacheco, Rojas, Santa Clara y Martnez, algunos de los cuales contribuyeron al descubrimiento y conquista de Nueva Espaa, concurriese tambin fray Bartolom de las Casas, varn apostlico y obispo santo, cuyos gloriosos eptetos le prodigan con toda justicia los historiadores ms clebres, Herrera, Dvila y Torquemada. A este varn ejemplar, de grata memoria entre los hombres sensibles, y cuya virtud es modelo acabado de caridad, le deben los indios beneficios indecibles. Por la salud de los indios corri todas las Amricas como su protector, nombrado en 1516 por el cardenal Cisneros, pas cuatro veces hasta Alemania, a verse con el emperador, repaso 17 el ocano en tiempos tan difciles, se expuso mil veces a persecuciones, habl la verdad a los monarcas, la defendi en los tribunales, disput con los sabios, combati a los poderosos y escribi doctas obras en honor de la justicia. Este hombre justo abog por la libertad de los indios, se opuso a los repartimientos y encomiendas, por su influjo se establecieron audiencias en Amrica, y llev la primera a la isla de Santo Domingo, con el fin de proveer a los naturales de un recurso inmediato contra los dspotas, y de un freno eficaz contra sus violencias. Se afirma por algunos escritores de crdito que el Cdigo de Indias fue un resultado de los clamores de Casas, y uno que tengo a la vista dice que las leyes que contiene no son sino las conclusiones de los escritos de Casas Este venerable varn tena tanto imperio en el corazn de los indios, en fuerza de su caritativa conducta con aquellos infelices, que los espaoles cuando salieron a descubrir la Isla, casi siempre se valan de su nombre, para lograr cuanto deseaban de los indios. stos conocan muy bien que cuantas providencias se daban en su favor, procedan del influjo de Las Casas; as hicieron un concepto muy elevado de su persona. La veneracin y respeto que le tributaban era la misma que a sus sacerdotes, teman y reverenciaban sus cartas; haciendo juicio era ms que milagro que por ellas se pudiese saber y penetrar lo que hacan los ausentes. Y en efecto, no era menester ms diligencia sino mandar un indio con un papel viejo, atado en una vara, envindoles a decir que en aquella carta se contena que todos se estuviesen quietos, que ninguno se ausentase, porque no les haran mal, que tuviesen de comer, los nios prevenidos para recibir el bautismo, y la mitad del lugar desembarazada para que se alojasen los espaoles y su comitiva: aadiendo que si no lo hacan se enojara el padre, y al instante se allanaba, porque esta amenaza era la ms grave y terrible que se les poda hacer a aque-

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ANTONIO JOS VALDS /27 /27 /27 /27 /27 llos miserables. Semejante caso sucedi al entrar los espaoles en la provincia de La Habana; pues habindose retirado sus moradores de los pueblos a los campos, el P Casas mand los papeles que acostumbraba, prometindoles la paz, y todos en su consecuencia se restituyeron a sus hogares, mandando 18 mensajeros escogidos de entre los sujetos principales, para recibir a los espaoles; pero Narvez faltando a la fe de su palabra, los hizo arrestar y al da siguiente quera quitarles la vida; lo que al fin no ejecut a ruegos del P Casas. 19. Nuestros historiadores Arrate y Urrutia convienen en que la villa de S. Cristbal de La Habana se fund primeramente en la costa del sur, e inmediaciones del Bataban, y el primero de los dichos lo prueba muy detenidamente con diferentes pasajes de Sols, Herrera y Gmez en sus respectivas obras; y el mismo es de sentir, siguiendo a Bernal Daz del Castillo, que la traslacin de La Habana a la banda del norte, en el puerto que se deca de Carenas, se verific el ao de 1519. Los motivos de semejante determinacin parece que fueron a causa de lo malsano del punto en que se hallaba, y el aliciente que ofreca la posicin en que en el da se halla, para el comercio, guerra y navegacin, que ya principiaba a hacerse por el canal de Bahama: y como el adelantado Diego Velzquez tomaba inters tan vivo en lo relativo a Nueva Espaa, no es de extraar que determinase una traslacin que halagaba sus ideas con respectos diversos. Agregbase la circunstancia de que cuando se determin pasar la villa de S. Cristbal al punto en que actualmente existe, se encontraba en l un principio de poblacin. As lo percibe Arrate del contexto de Gomara. 20. Es innegable que adems de los expuestos motivos que indujeron a Velzquez a pasar a La Habana a ese punto septentrional en que se halla, pudo tener tambin otros, que si no se le ocurrieron en aquella poca, fue porque era imposible que sin la experiencia de acontecimientos posteriores, pudiese formar el lleno de la idea que le determin a designio tan importante. Pero ya en este concepto puede asegurarse que la excelente colocacin de esta plaza a la boca del seno mejicano, cercana del canal, e inmediacin a la parte septentrional del continente americano, no slo ha contribuido al beneficio de la Corona y comercio nacional, segn lo ha permitido su rgimen en sus distintas pocas, sino que asimismo ha producido beneficios, que, aunque acaso mirados como secundarios, han conspirado a la misma utilidad general. Discurriendo Arrate sobre este particular, trae los siguientes pasajes que extracto casi a la letra. El ao de 1622, habiendo naufragado en los cayos de Matacumbe la almiranta y el galen nombrado la Margarita de la armada del marqus de Cadereyta, se logr sacar toda la plata y oro que conducan, por la actividad y celo de Francisco Nez Milin, vecino y regidor de esta ciudad: y de este servicio conoci la importancia el go-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 28\ 28\ 28\ 28\ 28\ bierno soberano, segn se entiende del doctsimo Solrzano. Algn tiempo despus, porque acaeci antes de 1730, fracasaron en la costa de la Florida dos galeones de los del cargo del maestre de campo Antonio de Otayza, y segn aparece de un real despacho, se salv hasta parte de la artillera, por el auxilio que se prest de este puerto. En el ao de 1698, peligr en las ensenadas de Cibarimar, cinco leguas a barlovento de esta plaza, la almiranta de los galeones del almirante general D. Jernimo de Lara, que iba a cargo de D. Bartolom de Soto Avils; debindose a la vigilancia con que de este puerto se acudi a su socorro el salvamento del tesoro que conduca, y que apenas se perdiese otra cosa que el navo y algunos pertrechos. A fines de 1712 se perdieron, a causa de un recio temporal, en el paraje llamado Jaymanita, cinco leguas a sotavento de este puerto, la almiranta de barlovento, que mandaba D. Diego Alarcn y Ocaa, con otras cinco embarcaciones mercantes, que de Veracruz pasaban para Espaa; y por el pronto socorro de esta ciudad se salvaron 1 600 000 pesos, pertenecientes al soberano y al comercio. Habiendo experimentado igual desgracia en los placeres del canal de Bahama la fragata San Juan perteneciente a la armada de barlovento, por el ao de 1714, la que iba con situado a Santo Domingo y Puerto Rico; dio aviso con una lancha a este puerto, de donde se ocurri a su auxilio con tal celeridad, que no slo se salv la gente y caudales, sino que se recogieron los pertrechos y equipajes. En el ao de 1715 naufrag en la costa de la Florida la flota de Nueva Espaa del cargo de D. Juan Esteban de Ubilla, y los navos del capitn de mar y guerra D. Antonio Echeverz; y sin embargo de que prdida tan considerable necesitaba para no consumarse, prontos, grandes y eficaces auxilios, proporcion este puerto buques, vveres, buzos y dems que concurri a hacer menos desastrada la catstrofe sucedida. Y como se continuase el buceo del tesoro de las embarcaciones sumergidas, advirtieron la concurrencia de algunos piratas ingleses, que atrados del oro, hacan esfuerzos por extraerle; pero dando oportuno aviso a este puerto, salieron fuerzas suficientes para ahuyentarlos. En el infortunio acaecido el 16 de julio de 1733 a la flota del teniente general D. Rodrigo de Torres, que naufrag toda, a excepcin de un navo, en los citados cayos de Matacumbe, no fueron menos activos los expedientes que se dieron por este gobierno, para salvar la gente y tesoros que conduca. Adems de lo referido, es inconcuso que la feliz situacin de este puerto tambin ha distribuido para los prontos y oportunos avisos de Espaa a varias partes de Amrica, y viceversa; y para distintos armamentos y expediciones que se han credo conducentes al buen gobierno del Estado, como adelante se podr observar en los correspondientes lugares de esta obra. 21. Diego Velzquez y los dems primeros pobladores miraban en los principios con cierto gnero de predileccin a Baracoa, sin duda

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ANTONIO JOS VALDS /29 /29 /29 /29 /29 movidos de haber sido aqulla su primera fundacin; y tambin fue la primera que en la Isla obtuvo el ttulo de ciudad, para erigirse en Obispado; bien que, a causa de su mala situacin, se traslad la Catedral a la villa de Santiago, dndole tambin el ttulo de ciudad y armas.1222. El genio activo de Velzquez, al mismo tiempo que no descansaba en poner en prctica todos los medios que le sugera su infatigable imaginacin para el buen gobierno, arreglo y crece de la poblacin, atenda tambin a nuevos descubrimientos y conquistas ultramarinas. La natural y ventajosa situacin de la Isla contribuye sobremanera a que sus pobladores, navegando los mares adyacentes, descubriesen muchas tierras ignoradas. Francisco Hernndez de Crdova lo hizo de cabo Catoche, de donde trajo las heridas que sellaron el libro de sus das. Juan de Grijalva prosigui, por orden de Velzquez, el descubrimiento de Campeche y Nueva Espaa; y en consecuencia de estas expediciones, cuyas noticias ms inflamaban y halagaban el deseo y esperanza del Adelantado, dispuso el apresto de una armada con la idea de penetrar y sujetar la Nueva Espaa; para cuyo mando y direccin tuvo por conveniente nombrar al intrpido Hernn Corts, natural de Extremadura, escribano en la isla Espaola y uno de los secretarios de Velzquez, quien sali en consecuencia para aquel destino: y aunque despus, poco satisfecho Velzquez del nombramiento de Corts, envi a Pnfilo de Narvez con nuevas tropas para que le relevase, Corts tuvo la destreza de eludir los designios de sus contrarios, y lograr por este medio eternizar su memoria entre los mortales, con hacer afectiva la conquista del Anahuac imperio el ms opulento y poderoso de las Indias, y el ms rico del universo. 23. Las controversias y resultas sobre los derechos de la conquista de Nueva Espaa influyeron tanto en el nimo de Velzquez, que al fin ocasionaron su muerte, sucedida por el ao de 1524 con sentimiento 12Hablando Arrate sobre este particular de armas se explica como sigue: “quiso el cielo que esta Isla fuese tambin conocida por la isla de Santiago y del Ave-Mara, gozando la primera nomenclatura por su patrn, el que lo es de toda la monarqua espaola, y la segunda que le adquiri la entraada devocin de los indios naturales (aun entre las oscuridades de sus errores gentlicos) a la Santsima Virgen nuestra seora... Por esta causa o razn (sigue diciendo Arrate), aunque no dudo influira tambin la del ttulo de su iglesia catedral discurro que habindose determinado sealar blasn de armas a esta Isla, para que las usase en sus pendones y sellos, se dispuso el ao de 1516 darle un escudo partido por medio, en cuyo superior cuartel estuviese la Asuncin de Nuestra Seora con manto azul, purpurado y oro, puesto sobre una luna, con cuatro ngeles en campo color de cielo con nubes: y en el inferior la imagen de Santiago en campo verde, con lejos de peas y rboles, y encima una F, y una I a la mano derecha, y una C a la izquierda; que son las letras iniciales de los nombres Fernando, Isabel y Carlos; y a los dos lados un yugo y unas flechas; y bajo de estas figuras, colgando del pie del escudo un cordero, manifestando que el principal timbre de Cuba es Mara Santsima”.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 30\ 30\ 30\ 30\ 30\ general de los habitantes de la Isla, sucedindole interinamente Manuel de Rojas, nombrado por la Real Audiencia de Santo Domingo, a cuyo distrito se sujet Cuba, con acierto y real aprobacin, segn se explica Urrutia, hasta la llegada de Gonzalo de Guzmn, nombrado por el rey con dependencia inmediata de la Corte. 24. Por lo que he podido entender de la lectura de varios documentos relativos al primitivo establecimiento del gobierno eclesistico de la Isla, saco por consecuencia que en el ao de 1518, bajo el pontificado de Len X, se erigi en Baracoa, en virtud de auto suyo, la primera catedral dedicada a la Asuncin de Mara Santsima, consignndole a este Obispado la isla de Jamaica y declarndole sufragneo del Arzobispado de Santo Domingo. Pero la nueva ereccin debi subsistir muy corto tiempo en la ciudad de Baracoa; pues el ao de 1522 se hubo de trasladar a Santiago de Cuba, como indiqu de paso anteriormente, por bula de Adriano VI que ya ocupaba la silla pontificia, y en esta ltima ciudad se hizo efectiva la ereccin con la referida dedicacin por el primer diocesano, que lo era el Illmo. seor D. F. Juan de White, a quien como tal se le dirigi dicha bula; la que, aunque yo no la he visto, s que corre traducida, segn establecen los historiadores que tengo a la vista. En esta mencionada ereccin se crearon seis dignidades, diez canonicatos, seis raciones y tres medias, seis capellanes, seis aclitos y dems dependientes. En las dems ciudades y villas se establecieron beneficios curatos, y se hicieron otras obras conducentes al culto, las que se incluirn en el curso de esta obra.

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Libro TerceroSUMARIO1. Carcter de los primeros naturales de la Isla y furor que los precipit. 2. Reflexin sobre lo dicho. 3. Contina el mismo asunto. 4. Sigue el carcter de los indios. 5. Poligamia de que usaban. 6. Su gobierno. 7. Su creencia religiosa. 8. No usaron antropofagia.1. Segn la general opinin de cuantos han escrito y hablado acerca del carcter de los antiguos naturales de esta Isla, parece cierto que eran dotados de mansedumbre y generosidad, como lo demostraron en el recibimiento y cortejo que hiceron a Cristbal Coln y sus seguidores, cuando se desembarcaron y examinaron su interior. El padre Torquemada (caps. 24 y 25) favorece tanto a los dichos primeros habitantes, que celebrando su polica civil y otras generosas propiedades, que les eran caractersticas, dice que su trato y sinceridad manifestaban ser de gente de la primera edad del mundo o estado de la inocencia; bien al contrario de lo que se escribe de otras naciones brbaras de esta parte del globo y de las otras. Arrate, despus de elogiar las bellas cualidades que distinguan a estos indios, se explica del modo que sigue: “No puedo negar que deshicieron las expuestas calidades por pusilnimes, o demasiado inclinados al ocio y descanso, buscando por remedio contra la indispensable necesidad del trabajo la ltima desesperacin de ahorcarse;1 pues afirma el Inca se hallaban diariamente las casas despobladas de vivientes y llenas de cadveres; de que hasta ahora (se entiende el tiempo en que escribi, Arrate) se conservan osarios en algunas espeluncas o cuevas del contorno, a donde deban tambin de retirarse a quitar por sus mismas manos las vidas. Pero al fin, como hombres apasionados o frenticos, vindose compelidos a trabajar ms 1Ahorcarse Este despecho de los indios se procur remediar con un real decreto, que me parece despachado en 1531, en el cual dispona el soberano que los pusiesen en perfecta libertad y los dejasen cultivar por s mismos las tierras; pero ni aun esta determinacin fue suficiente a contener el furor que los precipitaba.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 32\ 32\ 32\ 32\ 32\ de lo que permita su flaqueza o haban tenido por costumbre, los hizo su ceguedad dar en semejante despecho, el que aniquil muchedumbre de habitadores que poblaban la isla y de que apenas quedaron algunas pocas reliquias en Guanabacoa y el Caney”. 2. Cualquiera que pare la atencin en ese modo de expresarse de D. Flix de Arrate, no podr menos de compadecer esos excesos desesperados, que coadyuvaron a la aniquilacin de los indios; mucho ms si se considera el poco o ningn conocimiento que en su msera situacin tenan del Evangelio, y an ms todava si se notan las siguientes palabras del ya citado obispo de Chiapa, hablando de la isla de Cuba: “Despus de que todos los indios de la tierra de esta isla fueron puestos en la servidumbre y calamidad de los de la Espaola... comenzaron unos a huir a los montes, otros a ahorcarse de desesperados, y ahorcbanse maridos y mujeres, y consigo ahorcaban los hijos; y por las crueldades de un espaol muy tirano que yo conoc se ahorcaron ms de 200 indios. Oficial del rey hubo en esta Isla que le dieron de repartimiento 300 indios, y a cabo de tres meses haban muerto en los trabajos de las minas2 los 270, que no le quedaron de todos sino 30, que fue el diezmo. Despus le dieron otros tantos, y ms, y tambin los mat, y dbanle y ms mataba, hasta que se muri y el Diablo se llev el alma... Despus 2Minas La siguiente nota del Patriota Americano nmero 4, la copio inmediatamente, considerndola oportuna en este lugar. “La existencia de estas minas puede comprobarse con lo que acerca de ellas dice don Flix Arrate y D. Antonio Lpez. El primero hablando de los minerales de esta Isla dice: que a los principios de su poblacin se sac mucho oro en distintos parajes de ella, principalmente en los lmites del territorio de Jagua y cercanas de la ciudad de Trinidad: a lo que parece aludi la noticia que dieron los indios a Coln, de que en Cubanacn, esto es, hacia el centro de la Isla, haba mucho oro, el cual como afirma Herrera en sus dcadas, era de tan buena calidad, que exceda en pureza y dulzura al de Cibao de la isla de Santo Domingo, y que hubo ao en que rindi tanto, que el quinto solo que toc al rey lleg a 6 000 pesos. Pero como se aniquilaron los naturales, contina Arrate, y se entregaron los pobladores a otras ocupaciones y granjeras, falt quien se dedicase a este ejercicio; bien que an hoy en los ros de Holgun y del Escambray se saca alguno muy acendrado, que induce a creer existen en aquellas montaas minas de este metal, de donde en glbulos lo arrastra el mpetu de las lluvias. D. Antonio Lpez que tanto viaj por esta Isla, animado siempre del deseo de imponerse a fondo y con exactitud de las particularidades de ella, asegura, como testigo ocular e inteligente, que no slo existe sino que abunda el oro en ella; y admirado de ver a gran cantidad de granos que hallaba en los ros, exclama: Acaso ha transitado alguno por lo interior de esta Isla que no haya tocado esta verdad? Cuntos buscan su subsistencia metindose en los arroyos, donde con pocas horas de trabajo separando la tierra y la arena del oro que encuentran, logran lo suficiente para alimentarse una semana? A 22 quilates, dice, llega el oro que comnmente se colecta en globulillos del tamao de granos de mostaza, y algunos tan gruesos como los de pimienta de Holanda, en los ros que baan las inmediaciones de Villaclara, lomas del Escambray, Sancti Spritus, Puerto del Prncipe y Bayamo, pero con especialidad en las mrgenes del ro Holgun, que desagua a la costa del norte, cerca de la baha de Nipe”.

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ANTONIO JOS VALDS /33 /33 /33 /33 /33 acordaron de ir a montear los indios... y as asolaron y despoblaron toda aquella Isla, la cual vimos poco ha...”. 3. Es preciso conocer que aunque la mayor parte de los jefes espaoles hubiesen sido dotados de bondad y desinters, muchas veces se veran violentados a ceder, o a lo menos a disimular las acciones crueles de muchos de sus compaeros de armas, gran parte de los cuales eran hombres sin principios, algunos criminales, sedientos de oro, y capaces de atropellar... o ms bien dicho, de sofocar los escasos remordimientos de sus conciencias. Y desengamonos, la experiencia ensea que lo mismo habran hecho los sbditos de cualquiera otra nacin europea, como nos lo demuestra la experiencia en semejantes circunstancias. Dganlo, sino, los infelices indios orientales, y otros muchos de nuestro hemisferio, que deploran los acaecimientos de sus respectivos pases. No hay remedio, la ambicin humana siempre ha sido de naturaleza, que aquellos que por su ignorancia o debilidad, no han sabido vivir precavidos, han sufrido en consecuencia los ataques, violencias y desprecios de los ms expertos y atrevidos. Los espaoles europeos, es menester confesarlo, haba mucho tiempo que llevaban a mal el despotismo que los gobiernos lejanos de la metrpoli ejercan en las Amricas, y se condolan de la suerte de los infelices. En Mjico, que comparativamente era donde el pueblo ms sufra de los europeos, ya stos se dedicaban espontneamente a reparar la calamidad y pblica indigencia; como se evidencia de innumerables monumentos dedicados al amparo de la miseria, y al aumento de los conocimientos tiles, cuyas fundaciones las ms son proyectadas, costeadas y dotadas por europeos; pero acaso me distraigo de lo principal de mi argumento, que reasumo. 4. Los indios de esta Isla se dice que eran naturalmente graves, aun en sus momentos de tristeza, y lejos de poseer aquella vivacidad de las naciones europeas, parece que la despreciaban. Su trato era modesto y respetuoso, y no hablaban sino lo preciso. Su subsistencia dependa regularmente de lo que adquiran con su trabajo personal. Pero es notorio que esta pintura conviene poco ms o menos a todos los habitantes originarios de estas Indias. Yo en lo que tengo visto he notado tanta conformidad respecto de las propiedades que acabo de expresar, que no dudo que pueden muy bien aplicarse a los de otras muchas, o las ms partes de Amrica; aunque es verdad que en otras costumbres difieren infinito, como se puede observar por la experiencia de lo que otros han escrito, y yo har por indicar en lo que resta de este libro.3 3A m me sucedi repetidas veces en la misma capital de Nueva Espaa estar diciendo a cualquier indio ladino varias cosas, y despus de haberme explicado lo suficiente, la nica respuesta que me daba era: seor ... de manera que me vea en la necesidad de abandonarle o repetirle el mismo asunto, y entonces su ms comn respuesta es: quin sabe Tal es la fuerza de su apata.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 34\ 34\ 34\ 34\ 34\ 5. La poligamia debi ser lcito entre ellos, del modo que lo era entre otras naciones y tribus americanas, y en corroboracin de esta costumbre citar un pasaje, que me hizo leer un sujeto recomendable, doctor de esta Universidad, en una historia de Amrica que haba traducido del latn, y cuyo autor creo que es Seplveda; el que dice que los antiguos habitantes de esta Isla eran extremadamente dados a la lascivia, y que los ms poderosos sostenan todas las mujeres que podan. Cuando algn prncipe se casaba, prosigue el autor, o bien cualquiera otro hombre poderoso, haba la costumbre de que el da de la boda franquease la novia a todos los convidados; la que despus de haberlos recibido sucesivamente en el lecho nupcial, sala en pblico, y sacuda el brazo derecho, con la fuerza, desembarazo y energa posible, dando a entender con esta ceremonia que haba desempeado bien sus funciones. 6. Por lo que he podido indagar en el estudio de los pocos autores que se me han proporcionado acerca del gobierno que rega entre los primeros habitadores, deduzco que la Isla debi estar dividida en varios Estados gobernados por sus respectivos caciques o reyezuelos, como ms arriba apunt, de cuyas leyes recprocas y particulares no tengo la menor noticia que pueda establecer como verdadera, y slo infiero por el sentir de otros en este particular, y por el respeto y sumisin con que el pueblo miraba y obedeca a sus caciques, que acaso siempre, o las ms veces, la voluntad de stos hara la ley. Entre ellos parece que la edad se miraba como suficiente para adquirir respeto, influencia y autoridad: y mirndolo bien, no es extrao, porque la edad ensea experiencia, y la experiencia es el nico fundamento de sabidura entre los pueblos salvajes. Tambin parece cierto que entre estos habitantes prevaleca la paz, en la que no influira poco su natural suave y deferente. 7. Tampoco se cuenta de ellos que hubiesen tenido sacrificios sangrientos, como se observa de otros pueblos y naciones americanas, y como han ejercido casi todas las naciones de la tierra, antes que la iluminase el Evangelio: y las pruebas de esta asercin se hallan multiplicadas en millares de autores. En un annimo que tengo a la vista se dice que en el Imperio romano se sola ofrecer a los dioses una primavera sagrada; es decir, cuantos nios nacan en la estacin. Dionisio de Halicarnaso (lib. 1) cuenta la emigracin de los italianos, cuando se determin inmolar a Jpiter y a Apolo, el diezmo de la nacin. El autor indicado con la autoridad de Strabn (lib. 3) dice que los espaoles del Duero sacrificaban a los hombres de ciento en ciento, llamando a estos sacrificios hecatombes y ofreciendo las manos derechas al dios Marte. Los montaeses sacrificaban a este mismo dios los prisioneros hasta con sus caballos. Los andaluces aprendieron los mismos sacrificios de los fenicios, y el de los nios de los cartagineses. Pero aunque es as que los primeros indgenas de esta Isla no acostumbraban este gnero de

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ANTONIO JOS VALDS /35 /35 /35 /35 /35 sacrificios, se hallaban, sin embargo, llenos de bajas supersticiones; pues aunque confesaban un dios remunerador y la inmortalidad del alma,4sus fanticos sacerdotes, que segn entiendo llamaban behques se preciaban de conversar con espritus malignos, inculcaban en el pueblo groseras extravagancias y ridculos temores. Por esta causa, dice Urrutia, se prestaron gustosos a recibir el Evangelio, abjurando sin repugnancia la falsedad de su doctrina. 8. Pero quien ignora, repito, que todas las naciones en su infancia han tenido, y muchas todava conservan iguales y aun ms crasos errores? Es constante en todos los escritores que de cualquier modo tratan de nuestros primitivos isleos, que stos siempre detestaron la antropofagia, y consiguientemente aborrecieron a los de las islas Caribes, que observaban la horrible costumbre de alimentarse de sus semejantes; y aun de los mejicanos se asegura que no coman carne humana, como muchos se persuaden, pues, en caso de haber tenido costumbre tan abominable, no habran perecidos tantos de hambre en el asedio de Mjico, donde los montones de muertos entorpecan al trnsito de los vivos: bien que se dice lo contrario de estas provincias de Amrica, en que, por gusto o por necesidad, se alimentaban de carne humana, a imitacin de muchas partes de la ilustrada Europa, como sucedi en Numancia cuando su riguroso sitio; y como cuenta Strabn, describiendo las costumbres primeras de las Islas Britnicas. Semejantes usos refirieren otros autores de las naciones del Asia; y de los groseros habitadores del frica, no es extrao igual proceder tan horrendo a la humanidad. 4Inmortalidad del alma Una de las veces que el almirante Coln visit la isla de Cuba, dispuso que se dijese misa en tierra, a la que asisti un cacique viejo y de capacidad con gran devocin y reverencia, y reconociendo por las ceremonias que se practicaban con el Almirante, que aqul deba ser el superior, le regal una gira y puesto en cuclillas junto a l, le hizo un discurso que en sustancia deca que los tena horrorizados con su poder, pero que entendiese que en la otra vida estaban separados dos lugares a donde iban las almas, el uno alegre para los buenos, y el otro oscuro y lleno de tristeza para los malos: y que si el Almirante viva en la inteligencia de que haba de morir; y de que segn ac obrase se le tratara all, procurara no hacer mal al que no se lo hiciera. Aadi que le haba parecido muy bien aquello que se acababa de ejecutar, porque discurra que era modo de dar gracias a Dios. Todo esto entendi el Almirante por medio de los intrpretes, admirando al mismo tiempo el sabio razonamiento del buen viejo, que con la respuesta se convirti todo en lgrimas, y entre los sollozos afirmaba que a no tener mujer e hijos, se fuera con los castellanos.

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Libro CuartoSUMARIO1. De los primeros gobernadores. 2. Gobierno de Hernando de Soto. 3. De Juan de vila. 4. De Antonio de Chvez. 5. Del doctor Angulo. 6. De Mazariegos. 7. De Garca Osorio. 8. De Pedro Melndez de Avils. 9. De Montalvo. 10. De Carreo. 11. De Gaspar de Torres. 12. De Lujn. 13. De Juan de Tejada. 14. De Maldonado Barrionuevo. 15. De Pedro Valds. 16. De Ruiz de Pereda. 17. De Alquiza. 18. De Venegas, e interinos que le siguieron. 19. De D. Lorenzo de Cabrera. 20. De Viamonte. 21. De Riao Gamboa. 22. De D. lvaro de Luna. 23. De D. Diego de Villalva. 24. De D. Francisco Gelder. 25. De D. Juan Montao. 26. D. Juan de Salamanca: piratas. 27. Saquean stos a Puerto Prncipe. 28. Y a Cuba. 29. Sigue lo mismo. 30. Gobiernos de Flores y Orejn Gastn. 31. De Francisco Ledesma. 32. De Fernndez de Crdova. 33. De Viana. 34. De Manzaneda. 35. De D. Diego de Crdova. 36. De D. Pedro Bentez. 37. De D. Pedro lvarez. 38. De D. Laureano de Torres. 39. De D. Vicente Raja. 40. De Guazo. 41. De D. Dionisio Martnez. 42. De Horcasitas. 43. De Tineo y Pealosa. 44. De Cajigal, Alonso, y venida de Prado.1. Difcil empeo sera determinar con toda exactitud la serie de los primeros gobernadores que tuvo la isla de Cuba, y sus tenientes en La Habana. Yo tengo a la vista los tres autores acreditados Arrate, Urrutia, y el ilustrsimo Morell, y aunque todos ellos tratan sobre este particular, no estn acordes entre s. El ltimo de los tres citados, a cuya opinin adhiero, es de sentir que slo se sabe ciertamente que los primeros ministros superiores, que sucesivamente mandaron la Isla, tuvieron su residencia en Santiago de Cuba, por ser la ciudad ms populosa que entonces haba; por su inmediacin a La Espaola, y por ser asiento de la Catedral. Entonces en esta, y en las dems villas nombraban un teniente, cuyo carcter fue el de Pedro de Barba. Y parece que este rgimen durara hasta el ao de 1538, en que Hernando de Soto, gobernador de la Isla y adelantado de la Florida, despus de haber arribado, y mantenindose algunos das en la ciudad de Cuba, pas a sta, y por su ausencia dej en ella con el mando de la Isla a doa Isabel de Bobadilla,

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ANTONIO JOS VALDS /37 /37 /37 /37 /37 acompaada de Juan de Rojas,1 segn el Inca citado por Arrate. Pero sea de esto lo que fuere, lo cierto es que el gobierno general de la Isla se traslad insensiblemente de Santiago de Cuba a La Habana; y que desde entonces se pona en aquella ciudad un teniente, que lo era general de los lugares de tierra-adentro, con su asistencia ordinaria en la villa del Bayamo. Esto dur hasta el ao de 1607, en que la Isla se dividi en dos gobiernos, como dir en lugar correspondiente. 2. Desde aquellos primeros tiempos se empezaron a sentir ataques, saqueos e incendios de piratas en varios puntos de la Isla: y en el ao de 1538 fue La Habana sorprendida por un corsario francs, que la redujo a las llamas; y este fracaso estimul a Hernando de Soto a reparar los daos causados por el incendio, desde el momento de su llegada. Y para defenderla de invasiones semejantes, hizo abrir los cimientos del castillo de la Fuerza por direccin del capitn Mateo Aceituno, a quien dio su Castellana. Pnfilo de Narvez, despus de haber perdido un ojo, perdi tambin la vida en Florida, cuyo Adelantamiento obtuvo, y para el cual se habilit en Cuba, instaurndole Hernando de Soto por disposicin soberana. 3. Por el ao de 1545 principi el gobierno del licenciado Juan de vila, segn escribe D. Lucas Fernndez de Piedra Hita, en cuyo tiempo se adelant el crdito del puerto de La Habana, con la escala que principiaban a hacer las naves, que ya pasaban con riquezas de Nueva Espaa para la Pennsula. Ya entonces el castillo de la Fuerza impona respeto a las incursiones de piratas, y daba seguridad a las embarcaciones, que anclaban en la baha, y a los que se avecindaban bajo de su influencia. 4. A este gobernador sucedi el licenciado Antonio de Chvez, que principi su mando en 1547; el cual viendo que la ciudad estaba falta de aguas, y que la haba con abundancia a la distancia de dos leguas en el ro que los indgenas primitivos llaman Casiguaguas y los espaoles la Chorrera, propuso al rey conducirlas de aquel paraje y se le concedi por Cdula de 16 de mayo de 1548, facultando el establecimiento de arbitrio de sisa de zanja; el que se conserv, sin embargo de haber cesado el motivo de su establecimiento, como sucede ordinariamente con toda exaccin establecida. En aquel tiempo, el comercio era an escaso, y los bienes de los que se llamaban poderosos consistan en haciendas de ganado, que principiaban a formarse, y algunas labranzas, y algo de elaboracin de minas. 5. Sucedi a este gobernador el doctor Gonzalo Prez de Angulo, quien segn el dictamen de nuestro historiador Urrutia, fue el primero 1De este Juan de Rojas sienten algunos que antes de Hernando de Soto haba desempeado el gobierno de La Habana por algn tiempo: y no hay duda que tuvo el gobierno dos o tres veces como lugarteniente.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 38\ 38\ 38\ 38\ 38\ que residi en La Habana la mayor parte de su gobierno: trasladndose a esta villa a su imitacin los dems gobernadores, llevados del concurso y comercio de las flotas, que diariamente progresaba. En este tiempo se aument tanto la cra de ganados y labranzas, que daba provisin a las expediciones de Tierra Firme, an trayndose los primeros ganados de Espaa, y tambin dio semillas para sus poblaciones. Esta extraccin estimul a muchos, que con grandes ventajas se dedicaron a este fomento, y algunos particularmente al de caballos, que permutaban por otros efectos, en salidas de tropas, o con otros motivos. Pero habindose al fin provisto la Tierra Firme, como las dems provincias de Amrica, de todas estas especies, minor la referida extraccin. Juan de Hinestrosa gobern mucho tiempo como lugarteniente del propietario, por haber salido ste a visitar la comarca. 6. Diego de Mazariegos, que haba militado en Mjico contra los indios, vino a gobernar esta Isla el ao de 1554, aunque su ttulo fue despachado en Valladolid, a 21 de marzo de 1551. En su tiempo volvieron los franceses a saquear y quemar parte de la villa de La Habana, no obstante el castillo de la Fuerza que la defenda, pero el gobernador, si no pudo evitar esta violencia, hizo a lo menos todo lo que pudo, para reparar los perjuicios ocasionados. Iguales insultos sufrieron durante su gobierno otras ciudades y villas de la Isla: tanto que el diocesano de Cuba se vio obligado a desamparar su capital, y residir en Bayamo, lo que caus algunos embarazos entre la jurisdiccin eclesistica y la real que all ejerca el teniente gobernador. Mazariegos tuvo algunos disturbios con el Ayuntamiento de La Habana, los que, segn se explica Urrutia, haban principiado desde su antecesor el doctor Angulo, a causa de que el Ayuntamiento inform contra l a la Real Audiencia, y para dejar desarmado este cuerpo le prohibi que eligiese jueces o alcaldes ordinarios. Esta determinacin fue resistida por el Ayuntamiento contra Angulo; pero cuando Mazariegos tom en s las varas de estas justicias para la residencia que se le cometi, las retuvo, prohibiendo su eleccin, y refundiendo toda la jurisdiccin contenciosa en s y su teniente, hasta que por ejecutoriales de la Real Audiencia de Santo Domingo, volvi el Ayuntamiento a ejercer sus funciones electivas. En este mismo gobierno se tomaron providencias muy activas para la efectiva construccin del cauce, por donde deban venir las aguas de la Chorrera, para proveer al vecindario, las flotas y galeones. Hasta entonces, el agua que se gastaba era de un arroyo al otro lado de la baha, a la parte del sur, pero no siendo suficiente y proporcionada al abasto pblico, se acord en Cabildo celebrado el 28 de diciembre de 1562, convocar a los vecinos pudientes para costear el cauce conductor de las aguas, providencia que surti buenos efectos, y que aadida al derecho de sisa sobre las carnes y jabn, produjo lo bastante para empezar la obra por el

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ANTONIO JOS VALDS /39 /39 /39 /39 /39 ao de 1566. Este gobernador hizo visita a la ciudad de Cuba, y durante su ausencia gobern Juan de Rojas en calidad de su teniente. En el gobierno de Mazariegos se crearon algunos oficios de repblica para la administracin de justicia en las villas: y cerca de Jagua se trabajaban minas de oro, aunque con poco rendimiento, y en esta elaboracin se empleaban negros, pues, segn estoy instruido, desde el ao de 1523 haba habido permiso para que se introdujesen 300, acaso con el fin de que supliesen la escasez que se experimentaba de los indios, que cada vez ms se disminuan; y es regular que a esos 300 les siguiesen inmediatamente otros suplementos, con el mismo fin indicado. A principios del gobierno de Mazariegos o fines de su antecesor se fund el pueblo, ahora villa de Guanabacoa, una legua distante de La Habana, con el fin de reducir a unin y polica los indios que vagaban por los campos; y en Cabildo celebrado a 24 de enero de 1576, se les destin un religioso franciscano para que los doctrinase. 7. A Mazariegos sucedi Garca Osorio en el ao de 1565, quien tuvo desavenencias ruidosas con el castellano de la Fuerza, el que siempre se sostuvo apoyado en instrucciones y fuerzas que le autorizaban. 8. Osorio fue relevado en el ao de 1566 o 68 por Pedro Melndez de Avils, caballero del Orden de Santiago y adelantado que era de la Florida, cuyo encargo no dej, sin embargo del nuevo gobierno que se le confera. Por lo que no viniendo personalmente al relevo de Osorio, lo hizo a su nombre el doctor D. Francisco de Zayas, quien por eleccin del adelantado y aprobacin soberana gobern la Isla, como su lugarteniente. Despus vari Melndez los nombramientos de gobernadores o tenientes en La Habana, y por tiempos tuvo a Diego de Rivera y Cepero; a Pedro Melndez Marqus, su sobrino, a Juan Alonso de Navia y a Sancho Pardo de Osorio. Durante el gobierno de Melndez se adelantaron los ayuntamientos con la creacin de nuevos regidores, y el de La Habana con el Ministerio de Hacienda. Para ste nombr el rey, oficiales reales, que al mismo tiempo eran regidores preferentes en asiento, voz y voto; segn Real Cdula de 17 de febrero de 1573, la que, aunque no la he visto, la cita Urrutia en los cuadernos de su obra que publicaba. En este tiempo us el Ayuntamiento la facultad de mercedar tierras, y se concluy en La Habana el Hospital Real de San Felipe y Santiago, que hoy es el de San Juan de Dios. Tambin se finaliz la parroquia mayor cuyo patrono titular era San Cristbal y su situacin la misma que tienen en el da las casas de gobierno. A fines del gobierno de Melndez vino a La Habana el oidor D. Alonso Cceres, de juez de residencia y visitador, por la Real Audiencia, y hallndola en la necesidad de ordenanzas para su rgimen poltico y econmico, las form municipales, las que particip al Ayuntamiento y ste las adopt haciendo algunas adiciones y subsecuentemente tuvieron real aprobacin.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 40\ 40\ 40\ 40\ 40\ 9. El ao de 1576 vino a gobernar D. Gabriel Montalvo, alguacil mayor de la Inquisicin de Granada, y caballero del Orden de Santiago; quien adems del gobierno de esta Isla traa otros encargos relativos a Florida. Este gobernador lleg al Bayamo, y nombr por su lugarteniente a Diego de Soto, viniendo despus a La Habana. En su tiempo, o a fines de su antecesor, se empez a fundar el convento de San Francisco, no obstante la oposicin que por falta de licencias hizo el Diocesano. Por este tiempo se recibieron varias cdulas para la publicacin de la bula de la Santa Cruzada, nombrando primer tesorero de ella a Bartolom Morales, a quien eligi el Illmo. Salazar, comisario de sta,2 y se trat de construir galeras para escarmentar los piratas en sus correras a los pueblos y haciendas de la Isla. 10. El capitn Francisco Carreo tom el mando en el ao de 1578, y en su gobierno se hizo efectiva en La Habana la fundacin del convento de Predicadores; porque, aunque antes haba el rey concedido permiso para ella en Cuba, y aun cedido para el efecto unas casas que pertenecan al Real Fisco, nunca se puso en prctica la fundacin. Tambin trat este gobernador de formalizar las medidas y pesos del pblico: y en su tiempo se pidieron de Espaa maderas de varias clases para la famosa fbrica del Escorial y se condujeron excelentes caobas, banos, guayacanes y quiebrahachas. 11. Este gobernador fue relevado por el licenciado Gaspar de Torres en 1580, y durante su gobierno se renovaron los insultos de piratas por estas islas, obligando a los vecinos de Santo Domingo a pedir guardacostas; y como penda igual pretensin de los de Cuba, destin el rey dos galeras al puerto de La Habana.3 En este tiempo tuvo su origen la sisa de la piragua que se impuso sobre ganados, piedras de tabaco y molinos, para costear las piraguas, lanchas o guardacostas, que ahuyentaban los piratas: y el vecindario de La Habana se aument de manera, que de 14 a 16 000 almas, que acaso entonces habitaran la Isla, la mayor parte se hallaban en La Habana y sus inmediaciones: donde ya se empezaban a dedicar a las siembras de tabaco y caa, con el auxilio personal de los negros a falta de indios, como queda apuntado. Tambin concedi el rey a la villa de La Habana la Corredura Mayor de Lonja para sus propios, cuyo ingreso por remate, se distribua en gastos del comn. En este tiempo haban adquirido suma influencia los castellanos de la Fuerza, cuya fortaleza era el depsito de tropas para los guardacostas, con dependencia inmediata de dichos castellanos. As, segn aseguran otros que escribieron antes, se cre insensiblemente un jefe militar, distinto e insubordinado al gobierno; hacindose respetable a la 2Urrutia, poca II.3Urrutia, poca citada.

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ANTONIO JOS VALDS /41 /41 /41 /41 /41 villa, y dando celos, y causando disturbios con la complicacin de sus facultades y las del gobernador. 12. Gabriel de Lujn comenz a gobernar por el ao de 1584, y sus discordias con Diego Fernndez de Quiones, castellano de la Fuerza, fueron tantas, y tan contrarias a su tranquilidad y honor, que se vio hasta depuesto del gobierno por la Real Audiencia del distrito, aunque despus se le volvi a reponer en el mando. En el intervalo que medi, desempe el gobierno Pedro Guerra de la Vega. Tales alborotos, forzosamente desfavorables al decoro de la magistratura, estimularon al Ayuntamiento a que representase, con el fin de que se unieran los dos empleos de gobernador y castellano de la Fuerza en un mismo individuo, y el rey condescendi a pretensin tan saludable. En el gobierno de Lujn hubo algunas tentativas de enemigos sobre esta plaza, aunque sin ningn suceso, por la actividad y oportunas disposiciones del gobernador. Segn se explica Arrate en el captulo 17 de su obra, durante este gobierno resolvi el Cabildo, en acuerdo de 31 de enero de 1586, elegir por su patrono y protector a San Marcial, obispo, debiendo celebrar anualmente su fiesta y guardar su da, todo con objeto de que el santo lograse por su intercesin el exterminio de las hormigas, que talaban los campos y destruan las labranzas. 13. Por el ao de 1589 principi su gobierno el maestre de campo Juan de Tejada, caballero del Orden de Santiago y superintendente de las fortificaciones de las plazas martimas de Indias. Este gobernador, segn se expresa Urrutia, conduca un real despacho que le nombraba capitn general de la Isla, con las mismas jurisdicciones y facultades con que los virreyes ejercan semejante empleo, y se le ordenaba habitar en la Fuerza As qued creada la Capitana General con precisa residencia en La Habana. Asimismo trajo por su teniente, al licenciado Juan Francisco Guevara, y las rdenes de construir los castillos del Morro y de la Punta para cuya direccin vino el ingeniero Juan Bautista Antonelli: y se dispuso que Nueva Espaa contribuyese para los costos de las obras y sueldos de la guarnicin, que haba de constar de 300 hombres en las tres fortalezas. Cuntase que cuando se construa el Morro pas Antonelli un da a la altura de la Cabaa, y dijo a los que le acompaaban que La Habana sera del que dominase aquel punto: y desde entonces se pens en el establecimiento de una nueva fortaleza en aquel paraje. Concluida la fortaleza del Morro, se le grab en una piedra, a la entrada del rastrillo la siguiente inscripcin, que permaneci hasta el ao de 1772, en que se destruy con la fortaleza, que vemos en el da reeditada: GOBERNANDO LA MAGESTAD DEL SR. D. FELIPE SE-GUNDO, HICIERON ESTE CASTILLO DEL MORRO EL MAESTRE DE CAMPO TEJADA Y EL INGENIERO ANTONELLI, SIENDO ALCAYDE ALONSO SNCHEZ DE TORO,AO DE 1589. Durante este gobierno obtuvo La Habana el ttulo de ciu-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 42\ 42\ 42\ 42\ 42\ dad, aumentndole el Ayuntamiento hasta 12 regidores, y dndole por armas un escudo, que consta de una corona en su parte superior, y sobre campo azul tres castillos de plata, alusivos a la Fuerza Morro y Punta y una llave de oro, que indica serlo de las Indias. El primer documento por donde constaba la gracia del escudo segn queda explicado, debi extraviarse y dar motivo a recurrir a la Corte, donde se ratific la misma gracia por Real Cdula fecha en Madrid a 30 de noviembre de 1665, en cuyo tiempo gobernaba la Isla D. Francisco de Orejn. La concesin de ciudad a la villa de La Habana est concedida en trminos que le hacen bastante honor, y esto me ha movido a copiarla inmediatamente: “Don Felipe por la gracia de Dios, Rey de Castilla etc. Por cuanto teniendo consideracin a lo que los vecinos y moradores de la villa de San Cristbal de La Habana, me han servido en su defensa y resistencia contra los enemigos, y a que la dicha villa es de las principales de la Isla y donde residen mi Gobernador y Oficiales de mi Real Hacienda, deseo que se ennoblezca y aumente: por la presente quiero y es mi voluntad que ahora, y de aqu adelante para siempre jams la dicha villa sea y se intitule la ciudad de San Cristbal de La Habana, de la dicha isla de Cuba; y asimismo quiero que sus vecinos gocen de todos los privilegios, franquezas y gracias de que gozan los otros vecinos de semejantes ciudades, y que sta pueda poner el dicho ttulo y lo ponga en todas las escrituras, autos y lugares pblicos, y as se lo llamen los Reyes que despus de m vinieren, los cuales encargo que amparen y favorezcan esta nueva ciudad, y la guarden y hagan guardar las dichas gracias y privilegios; y mando todos mis sbditos y naturales de mis reinos y de las dichas Indias, as eclesisticos y seglares de cualquier dignidad, preeminencia calidad que sean, le llamen intitulen a la dicha villa, la ciudad de San Cristbal de La Habana, y que ninguno vaya ni pase contra este mi privilegio, el que hagan guardar todas y cualesquiera justicias de estos dichos mis reinos y de los de nuestras Indias, como si en particular fuera dirigido cualesquiera de ellos, quien fuere mostrado y pedido su cumplimiento; de lo cual mand dar la presente, firmada de mi mano y sellada 20 de Diciembre de 1592. —YO EL REY.— Yo Juan Vsquez, Secretario la hice escribir por su mandado”. Durante este gobierno acord el Ayuntamiento la construccin de casas capitulares, en Cabildo celebrado a 3 de noviembre de 1590, dejando las que lo eran para crcel y carnicera,4 y el gobierno protegi 4Casas capitulares Es la casa de portales situada en la plaza de San Francisco, que se conoce en el da por la casa de Armona, la misma que est sirviendo de fonda. Esta fbrica no se concluy hasta el ao de 1633, en que gobernaba D. Juan Bitrian de Viamonte, desde cuyo tiempo hasta el de 1718, fue habitacin de gobernadores y despus del teniente de rey, sin embargo que en ella tena el Cabildo sus sesiones.

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ANTONIO JOS VALDS /43 /43 /43 /43 /43 de varios modos las fundaciones de ingenios de azcar, acaso con perjuicio de otros objetos de necesidad e inters. Tambin se activ y finaliz la obra de la zanja, a que contribuy mucho el citado Antonelli, y segn se expresa un curioso antiguo, la obra tuvo de costo total algo ms de 35 000 pesos, siendo as que su tasacin lleg a 46 000. 14. A Tejada sigui en el gobierno D. Juan Maldonado Barrionuevo en 1596, cuyo teniente Ronquillo tuvo en el desempeo de su empleo algunas controversias con el eclesistico, resultando en consecuencia hasta el extremo de excomuniones y otros recursos. En este tiempo se haban inutilizado las galeras que servan de guardacostas y se trataba de sustituirles dos fragatas, pero como esta determinacin no llegaba a la prctica, los piratas se insolentaron en extremo, aproximndose cuando hallaban oportunidad, hasta donde no alcanzaba el can de las fortalezas. 15. El caballero gentilhombre D. Pedro Valds tom posesin de la Capitana General el ao de 1602, en cuyo gobierno persistieron molestando los piratas, y Valds con acuerdo del Ayuntamiento hizo ver a la Corte la necesidad de armadilla, que contuviese los excesos que se experimentaban; principalmente en Cuba, que casi se despobl, retirndose el Diocesano y dems magistrados al Bayamo. Pero el obispo, yendo a hacer la visita, fue sorprendido y preso por el pirata Girn, como cuenta el seor Morell en la vida de este obispo; y aade que el pirata le condujo a su bordo atado y descalzado, donde le detuvo 80 das, hasta que Gregorio Ramos le rescat con 200 ducados, 1 000 cueros y cinco arrobas de carne; matando ltimamente a Girn. Este obispo hizo pretensiones por trasladar la Catedral a La Habana, viendo su poca seguridad en Cuba; pero esto nunca hubo de tener efecto. Tan repetidas invasiones obstruan el progreso de la poblacin, que por este tiempo llegara de 18 a 20 000 habitantes, con arreglo a impresos y manuscritos que conservo. Pero si no tuvo efecto la traslacin de la Catedral, por no creerse conveniente, se tomaron, empero, otras medidas polticas, ms conducentes a la poblacin, gobierno y seguridad de la Isla. Dispuso el Gobierno Supremo que el de esta Isla se dividiese, por su Real Cdula de 8 de octubre de 1607, como apunt en el prrafo primero de este Libro, ordenando que el gobernador y capitn general permaneciese en La Habana, por ser el puerto ms importante, y que en Cuba se crease un gobernador capitn a guerra, para lo que se nombr a Juan de Villaverde, castellano que era del Morro, a quien se le encarg la defensa de los piratas en los trminos de su jurisdiccin. El doctor Urrutia, que tuvo el gusto, la oportunidad y la obligacin, si se atiende a su facultad, de hacer estudio de cuantas reales rdenes se expidieron para esta Isla, se expresa del modo que a la letra copio:

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 44\ 44\ 44\ 44\ 44\ “En la divisin de gobiernos5 se dio a la Capitana General slo La Habana y Guanabacoa, numerndole como poblados los puertos de Matanzas, Baha Honda y Mariel, con el territorio de 80 leguas por sotavento, hasta el cabo de S. Antonio, y de 50 a barlovento. A el de Santiago se design todo lo oriental, hasta punta de Mais; y por lo interior hasta incluir la villa de Puerto del Prncipe. Dej acfalas en la Isla a la ciudad de Trinidad, y villas de Sancti Spritus, y S. Juan de los Remedios: porque, aunque reserv expresamente aplicar stas con ms conocimiento, y se recopil as en las Leyes de estas Indias, nunca resolvi en ella. Quedaron en su virtud insubordinados estos tres pueblos, y gobernados por los alcaldes, que anualmente elegan sus ayuntamientos, los que ejercan funciones militares, negndose a los preceptos de uno y otro gobernador. Las atenciones y muertes de los primeros dieron causa a la falta de remedio: hasta que ocurriendo el capitn general D. Francisco Venegas a la Real Audiencia del distrito, obtuvo Real Provisin de 9 de Julio de 1621 en que orden S.A. reconociesen dichos pueblos a la Capitana General como antes de la divisin, oyendo para ella las apelaciones mientras determinaba la Real persona As qued la jurisdiccin territorial de esta extendida hasta Puerto del Prncipe exclusive”. 16. A Valds sustituy en el empleo de gobernador el caballero D. Gaspar Ruiz de Pereda por el ao de 1608, en cuyo tiempo se orden de la Corte al gobernador que informase acerca del establecimiento del convento de S. Agustn, que se haba principiado en La Habana; parece que a consecuencia de haberse opuesto el gobernador a la prosecucin de dicho establecimiento, por carecer de licencias reales para el efecto, las que creo que despus de algunos aos se consiguieron, a instancias de la orden y provincia de Nueva Espaa. 17. El sucesor de Pereda fue D. Sancho de Alquiza, antes gobernador de Venezuela y de la Guayana. Principi su gobierno en esta Isla por el ao de 1616, y trajo particular encargo para activar el trabajo de las minas del Cobre, cuya Superintendencia estaba anexa a la Capitana General de La Habana; aunque despus se le inhibi de este cargo, agregndole al gobierno de Cuba, con el fin de que la proximidad del superintendente redundase en beneficio de las minas. Consta que el cobre que se extraa era de calidad tan excelente, que ningn otro le exceda en las fundiciones de Espaa; para donde se conducan hasta 2 000 quintales anuales. El gobernador Alquiza muri a los dos aos de su gobierno, y le sucedi interinamente, por real provisin de la Audiencia, el sargento mayor Gernimo de Quero, castellano del Morro; y desde entonces, creo que a peticin de ste, se declararon dichos caste5En la citada Real Cdula de 8 de octubre de 1607.

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ANTONIO JOS VALDS /45 /45 /45 /45 /45 llanos sucesores en el gobierno militar de la Isla, por muerte del capitn general: y este honor les dur hasta 1715, en que se cre para esta plaza teniente-rey o cabo subalterno, a imitacin de Santo Domingo y Cartagena, donde ya haba iguales empleos. 18. El propietario D. Francisco Venegas, comandante que haba sido de galeones, lleg a La Habana en 1620, con el encargo de establecer la armadilla, y para este fin trajo consigo algunos buques; pero su muerte acaecida a los cuatro aos de gobierno, dej incompletas sus tareas. En su defecto gobern lo poltico interinamente el doctor Damin Velzquez de Contreras, y lo militar Juan Esquivel Saavedra, alcaide del Morro; y segn se explica Arrate, tambin gobern lo militar, despus de Esquivel, Cristbal de Aranda, hasta que vino D. Juan Francisco Abad de RivaMartn, provisto gobernador y capitn general por la Real Audiencia del distrito; aunque parece que ste mand pocos meses, pues el mismo ao, que fue el de 1625, tom el gobierno nuevamente el doctor Velzquez de Contreras, en virtud de un real despacho. 19. En el ao de 1626 vino a este gobierno D. Lorenzo de Cabrera, caballero del Orden de Santiago, y castellano de la fortaleza de Santa Catalina; el que por haber permitido que se vendiese en La Habana un cargamento de negros, por la prdida de una flota, y otras acusaciones que le hicieron, que se hubieron de considerar de gravedad, ocasion la visita del licenciado D. Francisco de Prada, que traa instrucciones de lo que deba ejecutar, segn el mrito de su conocimiento; de cuyas resultas remiti al gobernador bajo partida de registro para Espaa, gobernando l lo poltico interinamente, y lo militar el alcaide del Morro Cristbal de Aranda, hasta el arribo de Viamonte, electo gobernador. En este gobierno, o en el del inmediato antecesor, se dispuso por la Corte que los deudores de Real Hacienda no sean nombrados alcaldes ordinarios, ni tengan voto en ellos. Y parece que por sospechas que tuvieron de invasin, se determin hacer una cadena de tozas o tocones, que de la Punta al Morro cerrase la entrada del puerto. Idea que parece bien extravagante. 20. D. Juan Bitrian de Viamonte principi a gobernar el ao de 1630, en cuyo tiempo se proyect la construccin de dos torreones, uno en la Chorrera y otro en Cojmar, aunque estos fuertes no se redujeron a prctica hasta el ao de 646, en que varios vecinos costaron su importe, y recibieron las gracias de la Corte. Tambin se acrecent la guarnicin de la plaza, y se cre castellano para la Fuerza, cuyo empleo haba corrido algn tiempo anexo a la Capitana General. Por este mismo tiempo se pens en la fundacin del convento de Santa Clara. Es el caso que una buena mujer, a quien se conoca por el nombre de la hermana Magdalena de Jess, haba formado una especie de beaterio, donde admita vrgenes a clausura, y este proceder debi de merecer la atencin y piedad

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 46\ 46\ 46\ 46\ 46\ del rey, y de algunos particulares, de donde result fundarse un monasterio de monjas de Santa Clara, con fondos que se haban colectado del vecindario. Con este motivo vinieron cuatro monjas de Cartagena, y qued el monasterio fundado con aprobacin, hacia el ao de 1644. En la Corte parece que se tuvo recelo de que los holandeses, o alguna otra nacin, intentaban invadir esta plaza, y esto dio lugar a que el Gobierno Supremo determinase, considerando el estado valetudinario de Viamonte, removerle para la Presidencia de la isla de Santo Domingo, sustituyndole en sta D. Francisco Riao y Gamboa, por el ao de 1634. 21. Este nuevo gobernador perfeccion el reglamento de arbitrio de armadilla, que Venegas haba dejado incompleto: y en su tiempo se erigi en La Habana el Tribunal de Cuentas con un solo contador, que revisase las cajas reales de esta Isla, de Puerto Rico, Florida, armada de barlovento, &; pero sea que este contador tuvo desde su creacin todas las dichas incumbencias, o que despus se extendieron, lo cierto es que se nombr otro, con el fin de que alternasen, quedndose uno en esta ciudad, y saliendo el otro a visitar las cuentas de las dems cajas. Con esta disposicin se evitaron demoras y embarazos, que resultaban del rgimen que se haba observado hasta entonces. Tambin comenz a residir en La Habana, con facultad real, un comisario de la Inquisicin de Cartagena, ya generalmente abolida, que celase de la santa fe; y creo que para sus subsistencias se suprimi una canonja de Cuba, percibiendo el inquisidor sus rentas. Ya los obispos iban tomando gusto a permanecer en La Habana, y hasta otros individuos del Cabildo eclesistico seguan la misma costumbre, para lo que se hubieron de tomar serias providencias. Por ese tiempo se haba aprobado que el provisor hubiese hecho demoler un principio de convento de la Merced, que se haba comenzado a edificar en La Habana, de cuyo suceso hace mencin el doctor Urrutia en la poca cuarta de su obra: y D. Pedro de la Roca construy a la entrada del puerto de Cuba, un castillo que denomin S. Pedro de la Roca, aunque generalmente se le dice el Morro 22. D. lvaro de Luna y Sarmiento, caballero del Orden Alcntara, tom el gobierno de La Habana en 1639, y concluy el castillo de la Chorrera, dos leguas a sotavento del puerto, segn creo que dejo indicado, y el torren de Cojmar, que viene a estar a una legua a barlovento, cuyas obras se llevaron a cabo bajo la direccin del ingeniero Juan Bautista Antonelli. 23. El expresado Luna fue relevado de su mando en 1647 por el maestro de campo D. Diego de Villalva y Toledo, caballero del Orden de Santiago, quien apenas hubo empezado a desplegar sus disposiciones para el gobierno, cuando dej el mando en manos de su sucesor el maestre de campo D. Francisco Gelder, por el ao de 1650. 24. Este nuevo gobernador, viendo que la ciudad estaba abierta y

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ANTONIO JOS VALDS /47 /47 /47 /47 /47 expuesta a una invasin por la parte de tierra, propuso a la Corte abrir un canal por el extremo interior de la baha, el que, dirigiendo hacia el norte, se comunicase con el mar; pero este pensamiento no mereci aprobacin; y aunque yo no trato de entrar en examen de los beneficios o perjuicios que hubiera trado su ejecucin, debo decir que, a lo menos, la ciudad se haba extendido hasta sus mrgenes, y casualmente gozaramos de la amplitud de que carecemos. He dicho casualmente porque mucho despus, cuando se hicieron las murallas de tierra, se crey sin duda que la ciudad quedaba de bastante extensin; y la experiencia ha demostrado, que no pudiendo vivir cmodamente en ella todos los que cabran en aquel caso, han tenido que ir fabricando y extendindose extramuros, hasta el proyectado canal. En aquellos das, los gobernadores de Amrica no teman sin sobrado fundamento la visita de alguna potencia extranjera, cuando saban casi evidentemente que el protector de Inglaterra Olivier Cromwell, no obstante hallarse en paz con Espaa, trabajaba por ms aumentar, y mejor establecer su influjo y comercio en Amrica. As fue que por el ao de 1655 sali de Londres una escuadra con varios transportes, que a pretexto de dirigirse a aquietar sus colonias, trataron la toma de Santo Domingo: y aunque es verdad que no lograron su intento, s consiguieron apoderarse de Jamaica, cuyo rumbo tomaron desde Santo Domingo. El gobernador y los vecinos se defendieron tenazmente; pero batidas las dbiles fortalezas, muerto aqul, y dispersos stos, tuvieron que retirarse a los campos, donde, aunque continuaron la defensa, emigraban muchos a la isla de Cuba, cuando se ofreca oportunidad; lo que engros su poblacin hasta de 28 a 30 000 almas, que se consideraban entonces. En este tiempo recibi la ciudad de Cuba un refuerzo de 150 soldados venidos de la Pennsula, y algunos pertrechos de guerra de Nueva Espaa. A Gelder sucedi en el gobierno interinamente el regidor D. Ambrosio de Soto, para lo poltico, y el castellano del Morro D. Pedro Garca Montas, para lo militar. 25. En 1656 vino a gobernar el maestre de campo D. Juan Montao, en cuyo tiempo continuaron la defensa de Jamaica los espaoles que permanecan en aquella isla, acaudillados por los dos animosos hacendados D. Francisco Proenza y D. Cristbal de Isasi, quienes por su valor y fidelidad consiguieron el aprecio y distinciones de la Corte; dando al mismo tiempo rdenes a varias plazas de Amrica para que los auxiliasen, y aprontando en Espaa una grande expedicin con el mismo objeto; pero al fin sta tuvo la mala suerte de malograrse, y los restos de los jamaicanos tuvieron que evacuar ltimamente la isla, pasndose a la de Cuba, despus de una larga y vigorosa porfa contra sus invasores: y con semejante avenida, que algunos la calculaban de ms de 8 000 almas; lleg a tener mayor aumento esta poblacin, de suerte que se

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 48\ 48\ 48\ 48\ 48\ reputaba en el tiempo indicado como de 40 000 individuos; aunque a costa de haber perdido la importante colonia de Jamaica, que tan til ha sido a la Gran Bretaa, como ruinosa al comercio espaol. D. Juan Montao muri desde el mismo ao de su llegada, y su vacante la ocuparon D. Diego Rangel, en lo poltico, y el alcaide D. Jos Aguirre, en lo militar. 26. El maestre de campo D. Juan de Salamanca, del Orden de Santiago, empez a gobernar en 1658, desde cuyo tiempo se extendieron mucho ms las incursiones de piratas en todas las costas de la Amrica espaola, tanto que los pueblos que no contaban con fortalezas y buenas guarniciones, vivan atemorizados, siempre en la expectacin de una visita de aquellos ladrones, y esto aun en tiempos de paz. La Corte de Espaa lleg a quejarse a las de Francia e Inglaterra sobre tales agresiones, y se le contest que aquellos hombres no estaban autorizados por ellas en sus funciones de piratas, y que as, procediese Espaa contra ellos del modo que hallase conveniente. En aquella poca se haban establecido varios franceses, con indiferencia de los espaoles, en la isla de la Tortuga, los que fueron progresando y cimentndose, de manera que, cuando los espaoles volvieron en s ya no pudieron arrojarlos. Al contrario, los franceses ya como cazadores, ya como plantadores o labradores, pasaban a las costas inmediatas de la isla de Santo Domingo; y manejndose a veces como independientes, otras veces como sujetos a la Compaa francesa de las Indias Occidentales y otras como sbditos del gobernador francs de la Tortuga, se fueron fomentando hasta apoderarse del occidente de la isla. Estos o gran parte de ellos, los de la Tortuga e ingleses establecidos en Jamaica, convinieron en unirse y favorecerse para inundar los mares de corsarios contra las poblaciones nacientes espaolas. La obra que corre en castellano traducida del flamenco, e intitulada Piratas de Amrica trae infinitos hechos de estos piratas, y entre ellos se cuenta el sucedido con un gobernador de La Habana y un francs, famoso pirata, llamado Lolonois. Este infame, despus de haber estado en Campeche a riesgo de morir en una de sus correras, pudo escaparse, dejando a todos en la persuasin de que realmente era muerto y pasar a la Tortuga, donde armndose nuevamente, se dirigi a la isla de Cuba, donde aconteci el pasaje apuntado, que transcribo: “Fue Lolonois a la parte septentrional de la isla de Cuba, donde hay una pequea villa que se llama de los Cayos, en la cual se hace gran negocio en tabaco, azcar y pieles. Crea Lolonois coger all algo, mas por dicha de algunos pescadores que le vieron y se escaparon de sus tirnicas manos; fueron por tierra a La Habana y dijeron al gobernador que el pirata Lolonois haba llegado con dos canoas para arruinarlos; lo cual dificult creer el gobernador, pues le haban escrito de

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ANTONIO JOS VALDS /49 /49 /49 /49 /49 Campeche su muerte; pero a instancias de los impetrantes envi un navo con diez piezas de artillera, y 90 hombres armados, con orden de no volver sin haber aniquilado a los piratas, para cuyo efecto les dio un negro que sirviese de verdugo, para ahorcar a todos, excepto a Lolonois que deba conducirse vivo a La Habana. Lleg el navo a la villa de los Cayos, de lo cual los piratas estaban ya advertidos, y en lugar de huir le buscaron en la Rivera Estera donde estaba ancorado. Forzaron los piratas a algunos pescadores de noche para mostrarles la entrada del puerto, con esperanzas de obtener bien presto un mayor bajel que sus canoas. Vinieron a las dos horas de la noche cerca del navo de guerra, y la centinela dijo: de dnde vienen? y si no haban visto piratas Hicieron responder a un prisionero que no: lo cual los hizo creer se haban retirado, sabiendo su llegada. Experimentaron bien presto lo contrario, porque al alba los piratas comenzaron a combatirlos con sus dos canoas de una y otra parte, con tal mpetu, que aunque los espaoles se defendieron cuanto pudieron, tirndoles algunas piezas de artillera, los rindieron con espada en mano, obligndolos a huir a las partes inferiores del navo. Lolonois los mand venir uno a uno arriba, y los iba as haciendo cortar la cabeza. Habiendo de este modo muerto una parte, sali el negro verdugo gritando y rogando que no lo matasen, que dira a Lolonois cuanto gustase; hzolo confesar cuanto quiso, mas por eso no dej de matarle con el resto, a la reserva de uno que fue de correo al gobernador, con las siguientes razones: No dar jams algn cuartel a espaol: tengo firme esperanza de ejecutar en vuestra persona lo mismo que en los que aqu enviasteis con el navo, con el cual os figurabais hacerlo conmigo y mis compaeros ; lo que turb al gobernador oyendo tan tristes como insolentes nuevas”. El asesino Lolonois muri al fin trgicamente en Nicaragua. 27. En la descripcin de este suceso se advierte sumo descuido o falta de previsin en el comandante espaol y gente de su bordo, lo que inclina a dudar de la veracidad de la relacin; bien que una vana confianza puede tanto a veces, que oculta hasta la idea de los futuros ms consecuentes y presumibles. Este mismo autor trae otro ataque hecho por el famoso pirata ingls Juan Morgan en la villa del Puerto del Prncipe, el que el doctor Urrutia extracta, y yo no debo omitir, por la simple duda de si ser o no del modo que se describe. El caso fue que Morgan queriendo atacar La Habana con sus 12 buques, hubo de desistir temeroso de sus castillos, y a persuasiones de algunos de sus oficiales; entonces se dirigi a la costa ms prxima de la villa, pero estando la flota cerca de tierra, se arroj al agua un espaol prisionero y notici el intento de los piratas, con cuya noticia todos trataron de prepararse, y poner en salvo sus muebles ms preciosos. El alcalde ordinario congreg 800 hombres, que se hallaron armados, y trat de esperar a los pira-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 50\ 50\ 50\ 50\ 50\ tas, despus de vencer algunas dificultades del camino se presentaron delante de los nuestros, y stos desfilaron un destacamento de caballera, creyendo que los haran huir, y entonces dar sobre ellos por las espaldas; pero sucedi tan al contrario, que el enemigo adelant en buen orden sobre los espaoles, que aunque se defendieron algn tiempo, viendo muerto al alcalde y a muchos del pequeo ejrcito, huyeron los dems a los montes, dejando el campo a los advenedizos. stos entraron en la villa, donde hallaron alguna resistencia desde las casas; pero amenazados por los piratas de que daran fuego a la villa, cedieron a los conjuros. Luego que los piratas se seorearon de la poblacin, encerraron a los habitantes de ambos sexos en las iglesias, y pillaron cuanto pudieron hallar, no dispensando ni aun las haciendas adyacentes, y maltratando tanto a los rendidos, que muchos murieron de hambre. Cuando no encontraban ms que robar, dijeron a los espaoles que si no rescataban la villa y sus personas se los llevaran a Jamaica; con estos temores nombraron los nuestros cuatro de entre s, que saliesen en solicitud de contribuciones, los que regresaron diciendo que no haban encontrado ni rastro de los suyos, y pidiendo el trmino de 15 das para satisfacer lo que se les demandaba. Morgan no oy mal estas promesas, pero poco despus llegaron del monte algunos piratas, que conducan a un negro, que haban prendido con unas cartas, en las que el gobernador de Cuba avisaba a algunos espaoles, que entretuviesen a los enemigos, mientras l enviaba prontos socorros; lo que visto por Morgan deliber llevar a la costa cuanto haba hurtado, e intim a los prisioneros que al da siguiente le haban de dar cuanto peda, so pena de ejecutar sus amenazas; y como stos no pudieron satisfacerle, les pidi 500 bueyes o vacas con bastante sal para salarlas, y estipul que se las llevasen a la costa, partiendo l, y llevndose en rehenes seis detenidos, y dio la vela para una isla, donde examinada la presa, vieron que no pasaba de 50 000 pesos en moneda y alhajas; lo que les ocasion bastante sentimiento, por considerar que no tenan suficiente para pagar las deudas de la expedicin contradas en Jamaica. 28. El ilustrsimo D. Pedro Agustn Morell en la relacin de su visita eclesistica, hecha por los aos de 1756 y 57, refiere otra irrupcin peor que la antecedente, perpetrada en Cuba a fines del ao de 1762, gobernando aquella ciudad D. Pedro Morales. Ya Cuba haba sufrido otras violencias de enemigos, como anteriormente creo que dije, y eso haba dado lugar a que se ampliase su castillo, y se reforzase la guarnicin; pero esto no fue bastante para estorbar que el citado ao se presentasen en la maana del 14 de octubre, segn Morell; del 16 de dem segn Arrate, y el 15 de diciembre del mismo ao, segn Urrutia, 18 velas de varios tamaos a la vista del puerto, y con intenciones hostiles. Al mo-

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ANTONIO JOS VALDS /51 /51 /51 /51 /51 mento se dio aviso al gobernador, que impuesto de lo que suceda, mand tocar a rebato, para que las tropas se recogiesen a sus respectivos cuarteles. A esta providencia era consiguiente que se reforzase el Morro, situado en la boca del puerto; pero este castillo permaneci con 25 hombres indisciplinados, y un capitn poco experto. Tampoco se tomaron providencias por otros puntos importantes de la costa, lo que era muy natural, a fin de evitar un desembarco inmediato. Entretanto, los expresos del Morro continuaban participando las operaciones enemigas, que segn ellas parece que intentaban echar gente por el paraje nombrado de Aguadores; con cuyo motivo muchos vecinos se presentaron al gobernador, ofrecindose a ir a encontrar al enemigo; lo que por entonces no se resolvi, sin embargo de que a las 12 del mismo da empez ste a desembarcar sus tropas, consistentes en 800 hombres, sin el menor obstculo de parte nuestra, y despus de haberse formado, se dirigi a la ciudad. A tres cuartos de legua de ella les cogi la noche en un sitio limpio de monte, pero corto, nombrado las Lagunas, donde acamparon. Los oficiales, que se hallaban en la plaza, instaban por salir con 300 hombres escogidos a sorprender al enemigo, creyendo conseguir la victoria, fundados en la prctica que tenan de terreno; pero sus instancias fueron vanas, porque el gobernador se mantuvo inflexible en no acceder a sus instancias. Este jefe parece que dudaba de las intenciones hostiles del enemigo, y que estaba persuadido de que su venida era con objeto diferente, pues al otro da, cuando supo que se acercaba armado a la ciudad, mand formar las tropas con precipitacin, y montado a caballo, se puso a la cabeza de ellas, y en desorden y confusin se dirigi a la altura de Santa Ana, situada a la parte del este, por donde se acercaba el enemigo. All mand colocar un can y formar una trinchera de cueros, y en esta repentina prevencin hizo consistir la defensa de la plaza, dejando la gente en pelotones. Poco tiempo despus se avistaron los dos campos: el contrario, cuando se hubo asegurado y reconocido el desorden y malas disposiciones que reinaban en el nuestro, se dividi en dos columnas, que movindose en distintas direcciones, parecan envolver a los espaoles; los que sin acordarse que lo eran, levantaron la voz diciendo: ¡que nos cortan!... ¡somos perdidos! Y entre tanta confusin se oy la voz del gobernador, que mandaba retirar, hacindolo l fuera de la ciudad, y los dems donde quisieron. 29. Los ingleses entraron inmediatamente en la ciudad, y sin prdida de tiempo destacaron 200 hombres a tomar el castillo del Morro, al que hallaron con las puertas abiertas, y totalmente abandonado. El capitn y tropas que le guarnecan, sabiendo la prdida de la plaza y vindose sin vveres, ni para 24 horas, tomaron el ltimo partido de la fuga; embarcndose en canoas, con que atravesaron la baha, y se escondieron por los

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 52\ 52\ 52\ 52\ 52\ montes inmediatos. He aqu el modo, deshonroso a la nacin, con que se perdi una ciudad, capaz de haberse defendido, y ahuyentando al sxtuplo de los enemigos, que la invadieron. Cuntase que el comandante de las tropas inglesas, luego que entr en el Morro y vio sus circunstancias, dijo que l solo con su perro y su escopeta habra sido capaz de defenderle. Enseoreados los enemigos del territorio, trataron de proceder al despojo; y no contentos con haber hecho de la ciudad el ms exacto escrutinio, se dirigieron tambin a las haciendas; pero la presa, sin embargo, no correspondi al cmulo de conveniencias que aglomeraban en su idea. Redjose toda a las campanas de las iglesias, a la artillera del Morro, a una nave de registro, otras dos embarcaciones, y algunos negros esclavos. Los muebles preciosos y de valor se haban ocultado con tiempo por sus dueos, viendo la omisin del gobernador; y los ingleses, no pudiendo indemnizarse de los gastos de su empresa, desahogaron su clera volando el castillo del Morro, arruinando la Catedral, y haciendo algunas muertes de espaoles; y fenecidas estas y otras hostilidades indispensables, se embarcaron al mes de su llegada. Urrutia dice6 que la Audiencia de Santo Domingo cometi al licenciado D. Nicols Muoz el examen de este suceso, el que obr la deposicin de Morales; y que el rey tuvo a bien, con semejante novedad, encargar el gobierno al maestre de campo D. Pedro de Bayona, a quien mand dar 200 soldados, y provisiones de guerra; y que en este segundo gobierno se reedific el Morro, se resguard ms la entrada del puerto con las fortalezas de Santa Catalina, la Punta y la Estrella; y se amurall en la ciudad el convento de San Francisco, para resguardo de la poblacin. 30. En el ao de 1663 empez a gobernar el maestre de campo D. Rodrigo de Flores y Aldama, caballero de Alcntara, cuyo gobierno fue de corta duracin; pues el ao siguiente de 1664, vino a gobernar el maestre de campo D. Francisco Orejn y Gastn, gobernador que haba sido de Gibraltar y de Venezuela. Estos dos gobernadores, especialmente el ltimo, cuyo genio militar era notorio, activaron la construccin de las murallas de La Habana, temerosos de alguna tentativa de ingleses que, posesionados de Jamaica, calculaban el modo de derivar otras ventajas, con el apoyo que aquella isla les ofreca. Bien que dichas murallas, del modo que se construyeron, ms las considero adecuadas a la circunvalacin de un poblado, que a la defensa de una plaza atacada con artillera.7 6poca V.7De que la muralla se trabajaba en tiempo de los enunciados gobernadores, no me queda la menor duda, fundado en documentos antiguos que concibo irrefagables; pero yo debo exponer en obsequio de la crtica de mis lectores, lo que escribe el doctor Urrutia sobre este particular:

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ANTONIO JOS VALDS /53 /53 /53 /53 /53 31. A Orejn sucedi en el mando el maestre de campo D. Francisco Rodrguez de Ledesma, caballero del Orden de Santiago, que empez sus funciones de gobernador en 1670, en lo que convienen los autores Arrate y Urrutia, aunque no falta quien le postergue algunos aos, no s con qu fundamento. Ledesma continu con mayor ardor las obras de fortificacin, a cuyo costo contribuy en parte el arbitrio de sisa, algunos auxilios pecuniarios de Nueva Espaa y otros iguales del vecindario, que miraba gustoso adelantar su estado de seguridad, y por este procedimiento franco y patritico, recibi de la Corte repetidos agradecimientos. Asimismo se armaron algunos bajeles para mayor resguardo de las costas, y de Espaa remitieron otros, con prevencin de que se formase una armada que impusiese respeto a los extranjeros. En este tiempo reedificaba la Catedral de Cuba el Illmo. D. Juan Bernardo Alonso de los Ros, con auxilios del vecindario y parte de lo conducido a la abada de Jamaica; bien que su conclusin no se efectu hasta el gobierno del ilustrsimo D. Gabriel Daz Vara y Caldern. Tambin se abandonaron las minas de cobre por su escaso producto, tal vez por ignorancia o abandono de los que corran con su elaboracin, y algunos de los esclavos empleados en las minas se dedicaron a las murallas. Por este mismo gobierno desembarcaron 800 franceses en la parte oriental de la Isla, mandados por un tal Franquinay, parece que con intenciones de saquear la ciudad de Cuba, pero hubieron de retirarse sin hacer dao alguno. Algunos opinan que se acobardaron al or una voz espaola que llamaba al arma, y esto fue bastante para que se entregasen a una fuga desordenada. Yo ignoro la exactitud de este suceso. Tambin aconteci en este gobierno el gran terremoto que experiment Cuba por el ao de 1675. A esta pensin natural estn sujetos los habitantes de aquella parte de la Isla, de modo que siempre se ven ex“Estos insultos (esto es, los de varios invasores de Amrica) movieron a Ledesma a que tratase de amurallar La Habana; lo haba mandado el Rey (por Real Cdula de 21 de enero de 1556) aprobando la imposicin, que para este fin se hizo de medio real en cada cuartillo de vino que se vendiese al pblico; pero parece que no se ejecut por alguna queja. Repitiose la orden (por Real Cdula de 9 de mayo de 1672) y se retir (por la de 18 de abril de 1673); mandando que para ello se trajesen de Mjico, por cuatro aos, 20 000 pesos en cada uno, y que los vecinos procurasen ayudar con lo que pudieran. Ofrecieron algunos peones y materiales, con los que se comenz la muralla por la parte del sur, donde se halla hoy el Arsenal. As lo comprueba una inscripcin, que se lee debajo de ciertas armas, en una lpida del flanco del primer baluarte de ella, y dice: REYNANDO LA MAGESTAD DEL REY NUESTRO SEOR CARLOS II. Y SIENDO GOBERNADOR Y CAPITN GENERAL DE ESTA CIUDAD E ISLA EL MAESTRE DE CAMPO D. FRANCISCO RODRGUEZ DE LEDESMA, CABALLERO DEL ORDEN DE SANTIAGO, SE DIO PRINCIPIO A ESTA MURALLA EN 3 DE FEBRERO DE 1674”. De modo que pesada la autoridad de esta relacin con lo que describe Arrate, y otros manuscritos, en que me fundo, deduzco, que esa parte de la muralla, o se empez a fundar habiendo ya otra principiada por otro lado, o se sustituy por la que estaba principiada, acaso creyndola defectuosa.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 54\ 54\ 54\ 54\ 54\ puestos a perder el reposo del espritu con estos momentos de tribulacin que ocurren cuando menos se aguardan. Yo no he experimentado ninguno de los sucedidos en Cuba, pero s presenci dos o tres durante mi estacin en Mjico, y confieso que es cuando me he visto ms confuso. En el momento que la tierra comienza a estremecerse, todos dejan despavoridos cualquiera ocupacin en que se hallen, y aun los enfermos se lanzan asustados del lecho, y salen como frenticos por las calles y plazas pidiendo misericordia. Los cuadrpedos se abren de piernas para asegurarse sobre la tierra, las casas y torres parece que se desploman, los techos crujen, los suelos se abren, y todo parece conspirarse contra la vida... Los mismos efectos entiendo que sentirn los habitadores de Cuba. A m se me ha informado que aquella ciudad padeci un temblor, creo que en 1679, cuya trepidacin dur como media hora, y se continu por intervalos durante 40 das, causando su furia terribles estragos en las casas e iglesias de la ciudad, cuyas ruinas causaron algunas muertes. La Habana tiene la fortuna de contarse hasta ahora exenta de estos sacudimientos tremendos, as como la parte occidental de la Isla. Ledesma inform a la Corte del doblez con que, sin embargo de la paz, se manejaba el gobernador de Jamaica, fomentando piratas que aparentaba perseguir; y en retribucin se les provey de patentes, para que armase contra ellos. Por este tiempo se pens mudar la villa de San Juan de los Remedios del Cayo a otro lugar ms seguro. 32. Despus de Ledesma gobern La Habana el maestre de campo D. Jos Fernndez de Crdova Ponce de Len, del Orden de Calatrava y del Consejo de S.M. ste dio principio a su mando en 1680, y en l se continuaron con empeo las obras de fortificacin; y en 1683 consigui algunas ventajas contra franceses la galeota guardacostas de este puerto, nombrada la Virgen del Rosario y San Jos por influjo del seor Crdova y varios vecinos patriotas, que contribuyeron al buen xito de la campaa. Por muerte de este gobernador, acaecida en 1685, mandaron interinamente el licenciado D. Antonio Manuel de Murgua y Mena, lo poltico, y el capitn D. Andrs de Munive, las armas.833. En 1687 tom el mando D. Diego de Viana e Hinojosa, del Orden de Santiago. Desde el ao de 1684 haba conseguido licencia la villa de San Juan de los Remedios del Cayo, para mudar su situacin, lejos de la costa donde no se viese a cada paso insultada de piratas,9 y esta de8Arrate, y otros manuscritos fehacientes.9El Illmo. Morell, en la relacin de su visita eclesistica que dejo citada, hace relacin de la mudanza de la villa de San Juan de los Remedios, y en ella dice que las primeras lneas de la fundacin de la villa de Santa Clara, se deben a la sencillez del P Jos Gonzlez de la Cruz, cura beneficiado de San Juan de los Remedios; aunque el principal motivo fue los insultos de piratas. Este padre tom la mana de creer que muchos de sus feligreses estaban energmenos, y los exorcizaba, persuadido de que entonces hablaban los demonios, y

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ANTONIO JOS VALDS /55 /55 /55 /55 /55 terminacin haba causado discordias y divisiones entre los vecinos, pues unos opinaban permanecer en el mismo lugar, fundados en que las hostilidades de los piratas haban calmado, y otros pretendan que se llevase a efecto la traslacin, aunque stos no convenan en el lugar en que haba de ejecutarse. El cura de aquella villa se inclinaba a que la traslacin se hiciese al lugar nombrado del Cupey, y esto con tan extremado empeo, que dio lugar a que se le reprendiese su manejo imprudente. El seor Viana y el obispo mandaron de acuerdo que se pasase la villa al nominado sitio del Cupey, y para ello expidieron los respectivos despachos, sin embargo de que no surtieron efecto, por las parcialidades de los vecinos. Los ms conspiraron en que el paraje ms conveniente era el hato llamado de Santa Clara. El obispo y gobernador defirieron a la splica que sobre lo referido se les hizo, comisionando el primero al cura Gonzlez, y el segundo al capitn y alcalde ordinario Manuel Rodrguez de Arziniega. En este nuevo proyecto volvi a suceder la discordia, porque el alcalde y sus partidarios queran establecerse en Sabana Larga, cerca del hato de Santa Clara, y el cura prefera el Guanal situado en el cuerpo del mencionado hato. Para dirimir esta controversia el obispo y gobernador facultaron a D. Cristbal de Fromesta, cura y vicario de Sancti Spritus, y al contador D. Diego de Pealver, residente en aquella villa. As lo dispusieron a los 15 de octubre del ao de 1689, pero sin efecto, por haber expirado inmediatamente el gobierno de Viana. 34. Su sucesor el maestre de campo D. Severino de Manzaneda y Salinas, del Orden de Santiago, en vista de lo que se tena obrado y de aseguraban que aquella villa deba hundirse, por lo que les persuada que la abandonasen. Dice el citado Morell que as logr que muchos le siguiesen. Entre las providencias que tom, para el efecto, las cuales copia a la letra el referido prelado, se encuentra una que incluye el siguiente fragmento, que traslado como digno de eterna memoria. “Certifico, doy f y verdadero testimonio para donde convenga, como estando yo Bartolom del Castillo, notario pblico del juzgado eclesistico de la villa de San Juan de los Remedios del Cayo, hoy que se contaron 4 de septiembre a las 9 o 10 del da, en la santa iglesia parroquial de esta dicha villa, estando el beneficiado Jos Gonzlez de la Cruz, cura rector de la parroquial de esta dicha villa, vicario, juez eclesistico, comisario del santo oficio de la Inquisicin y comisario de la Santa Cruzada en ella, exorcizando a un demonio de los muchos que dijo tena una negra criolla de esta dicha villa, llamada Leonarda, vecina de esta villa; el cual demonio dijo que se llamaba Lucifer, y que estaba l y 35 legiones apoderadas del cuerpo de la dicha negra, a quien el Seor beneficiado hizo hacer un juramento, que es el del tenor siguiente: ‘Yo Lucifer juro a Dios Todopoderoso y a la Santsima Virgen Mara, a San Miguel y a todos los santos del cielo, y a vos que obedecer en todo lo que me han de mandar los ministros de Dios en su nombre, para honra suya y libertad de esta criatura; y si por ventura quebrantare este juramento, quiero que Satans sea mi mayor contrario y que se me acrecienten ms mis penas, 70 veces ms de lo que deseo, Amn’...”. Este documento est firmado en el da y mes citado, el ao de 1682, siendo testigos los alcaldes Rojas, Monteagudo y otros, que parece que acaso daban ascenso a las sencilleces del padre cura.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 56\ 56\ 56\ 56\ 56\ otros informes, providenci a 25 del mismo mes. Lo primero, que, en consecuencia de las rdenes recibidas de la Corte y de lo decidido por ambas jurisdicciones, se pasasen todos los vecinos del Cayo a la nueva poblacin de Santa Clara, bajo de varias penas que estableci; y lo segundo, que los cabildos de ambas villas se redujesen a uno compuesto de los alcaldes y regidores ms antiguos de ellas. Remitida esta diligencia a Villa Clara, fueron comisionados el capitn Luis Prez de Morales, alcalde ordinario, y el alfrez mayor Gaspar Rodrguez, para la ejecucin. Inmediatamente pasaron al Cayo, y echaron bando para que todos se mudasen a la nueva villa en trmino de 15 das desde la publicacin, que fue a 29 de diciembre del mismo ao: y el da que se cumpli el plazo volvieron acompaados de 40 hombres armados de machetes, lanzas, escopetas, carabinas y hachas; y encaminndose a la iglesia hicieron oracin, y dieron principio al estrago por la casa ms inmediata, siguiendo la destruccin a hierro y fuego en todas las dems, hasta reducirlo todo a escombros y cenizas; a excepcin de la iglesia y la casa de un regidor de la nueva poblacin. Despus de estas atrocidades, prohibieron bajo graves penas que ninguno reedificase su casa; que a ningn vecino de los destruidos se admitiese en las haciendas adyacentes; que ni aun se sembrase en la tierra. Dejaron a aquellos infelices privados de habitaciones y bastimentos; expuestos a la inclemencia, y sin recurso de mantener la vida. Entre tanto tropel de hostilidades, que de sus mismos compatriotas sufrieron estos infelices, la Providencia les ministr remedio. Un vecino de aquel pueblo nombrado Jacinto de Rojas, despreciando temores y respetos humanos, hizo frente a tanta sinrazn. Pas a presentarse al gobernador y obispo, haciendo ver el atroz e injusto tratamiento que se les haba dado en sus personas y bienes, como si hubiesen sido un pueblo de rebeldes; y propona ocurrir hasta la Corte. El obispo defiri a su instancia, y el gobernador hecho cargo de los perjuicios gravsimos, que podran sobrevenir por el abandono de aquel puesto, dirimi las diferencias y alteraciones, hasta entonces ofrecidas, mandando que ambas poblaciones subsistiesen hasta la resulta de la Corte. En sta se aprob la deliberacin, y la Isla logr tener un pueblo ms. Y he aqu los principios de la fundacin de Villa Clara. En el gobierno de Manzaneda tuvo principio la fundacin de Matanzas,10 cuyas 10Matanzas La etimologa de este nombre se cuestiona entre los anticuarios de la Isla. Unos defienden que proviene de la matanza de indios, que hicieron los conquistadores en aquel territorio, dando por supuesto que el nombre propio Yumur viene del mal castellano en que se lamentaba un indio al tiempo que le martirizaban; y otros creen en sentido contrario, que el referido nombre trae su origen de la crueldad alevosa que en el principio de la conquista practicaron ciertos indios con unos espaoles, que se valieron de ellos para que en unas canoas los pasasen de una parte a otra de la baha. Dcese que en medio de ella se amotinaron los indios y anegaron con los remos a los espaoles; siete pudieron

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ANTONIO JOS VALDS /57 /57 /57 /57 /57 primeras lneas se trazaron el sbado 10 de octubre de 1693, y comenzndose por la plaza de armas, siguieron las calles, iglesias y dems. Esta funcin se autoriz con la asistencia del seor Manzaneda, y otras muchas personas de distincin. Dos o tres das despus bendijo el lugar designado para la iglesia el ilustrsimo seor D. Diego Evelino de Compostela, y dijo misa en l, erigindose una cruz para el efecto, y tambin bendijo la primera piedra, que haba de servir para el edificio, colocndola l y el gobernador. As fue principiada esta ciudad, ponindole por nombre San Carlos Alczar de Matanzas. El da siguiente a esta ceremonia pasaron todos al paraje nombrado Punta Gorda, y practicaron las mismas diligencias, por lo respectivo a un castillo que haba de construirse, y se le denomin San Severino, en honor del gobernador, que as se llamaba. Durante este mismo gobierno experiment Cuba varias alteraciones escandalosas, entre su gobernador Villalobos y el licenciado Roa, teniente auditor por la Real Audiencia, para pesquisar los procedimientos de Villalobos; cuya determinacin dividi a los vecinos11 en dos partidos; que descaradamente se decan rostas y v illalobistas llegando hasta hostilizarse, y perseguirse de muerte los dos jefes de las facciones. ltimamente, Villalobos pudo superar sobre su contrario, que huy hasta Madrid, a indemnizarse de los excesos que haba cometido; y todo lo que pudo conseguir, fue salir desterrado al puerto de Santa Mara, donde muri. Villalobos qued en la zozobra de que Roa podra causarle dao en la Corte; tambin tema el efecto que produciran los malos informes, que se haban elevado contra su conducta; y en verdad que sus pensamientos no eran vanos, porque la Audiencia de Santo Domingo, en vista de ellos, le depuso de su empleo, nombrando por juez pesquisidor, con el gobierno interino, al oidor D. Diego Antonio Oviedo y Baos; y Villalobos apesarado, enfermo y viejo sobrevivi pocos das a su degradacin. 35. D. Diego de Crdova Lazo de la Vega empez a gobernar en 1695, y en su gobierno dice Arrate que no slo qued concluido el recinto de la Punta hasta la Tenaza, sino tambin desde dicha Tenaza hasta librarse de aquel peligro, pero fueron presos, y conducidos a un pueblo donde los ahorcaron, excepto uno que escap hasta otro pueblo, cuyo cacique le acogi y conserv hasta la llegada de Narvez a la provincia de La Habana. El referido cacique, precedido de unos 300 hombres que traan algunos presentes, sali a recibir a los espaoles, llevando de la mano al prisionero, y enderezndose a Narvez y al P Casas, les dijo haber tratado aquel hombre como a hijo, por ms de tres aos que le haba conservado, y que nunca haba accedido a las sugestiones de otros caciques, que pretendan que le matase. La transformacin de este castellano era notable, en los aos de su cautiverio, apenas produca una oracin en que no mezclase voces indianas; sentbase en el suelo en cuclillas y con la boca y manos haca los mismos movimientos que los indios. ¡Tal es la fuerza de la costumbre! 11Ilustrsimo Morell: Relacin citada.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 58\ 58\ 58\ 58\ 58\ San Francisco de Paula. Por este tiempo se edific el tercer monasterio de carmelitas descalzas, dedicado a Santa Teresa. He dicho el tercer monasterio, porque ya lo estaba el de Santa Catalina, que no tuve presente para colocarle en su lugar correspondiente. Segn estoy instruido, el seor Evelino12 contribuy con su proteccin y bienes a la fundacin de este monasterio; a cuyo efecto tambin vinieron monjas de Cartagena de Indias en 1701. 36. Al referido gobernador sucedi en el ao de 1702 el maestre de campo D. Pedro Nicols Bentez de Lugo, quien muri al poco tiempo de su ingreso en el gobierno; ocasionando con su vacante algunas desavenencias por el interinado del mando de las armas. Hasta que se declar pertenecerle, como castellano del Morro, a D. Luis Chacn, natural de esta ciudad. En lo poltico gobern el auditor D. Nicols Chirinos, tambin natural de La Habana. 37. En 1706 comenz a gobernar el mariscal de campo D. Pedro lvarez de Villarn, quien debi morir al mismo ao de su arribo, pues se ven en l gobernando, por su fallecimiento, los referidos interinos 12Bajo el mando del citado obispo hizo muchos progresos el estado eclesistico de la Isla. Con arreglo a documentos que tengo presentes, el S. Evelino erigi la iglesia auxiliar del ngel, las ermitas de San Ignacio de Loyola y San Isidro, el colegio de San Ambrosio para nios y el de San Francisco de Sales para nias. Erigi tambin creo que 20 curatos en el campo; se le debe tambin mucha parte en el santuario de la Virgen de Regla, jurada patrona de la baha. Asimismo parece que tuvo parte muy activa en la fbrica del oratorio de San Felipe de Neri, que es ahora colegio de capuchinos. Y en suma, la piedad de este obispo est bien significada en la siguiente relacin del doctor Urrutia, que traslado literalmente: “Inflamado el Sr. Evelino de haber podido un tercero franciscano llamado Juan de la Cruz, auxiliar en una casa particular, y con limosnas del pblico a muchos enfermos destituidos, emprendi una hospitalidad. Toc que los que salan del hospital de San Felipe y Santiago, por falta de convalecencia, recaan y moran, algunos por las calles; se inflam tanto que deca: si supiera que mi corazn era de oro me lo haba de arrancar del pecho para ponerlo a los pies de Ntra. Seora de Beln, patrona que ha de ser de este hospital, y compatrono San Diego Proyect seis camas dotadas, y contribuir con 10 000 pesos, dando 2 000 cada ao. Lleg a esta ciudad el duque de Alburquerque, que iba de virrey a Mjico, y le interes en que le mandase dos o tres religiosos belemitas, de los que all haban fundado la religin del venerable Betancourt. Consigui que viniesen fray Francisco de S. Antonio y fray Francisco del Rosario, y despus con ttulo de prefecto Fr. Martn de la Natividad y Fr. Ambrosio de S. Patricio con el de Vice-Prefecto. Obtuvieron real cdula de aprobacin y comenzaron a fabricar su convento, pidiendo al pblico limosna. Entre otros que la negaron fue uno D. Juan Francisco Caravallo, sujeto acaudalado; mas pasando ste despus por donde abran sus pobres cimientos, se lleg a verlos, movi a la piedad y dispuso se hiciesen mayores, cuyo costo pagara. Hzolo, y viendo que no le lleg a 30 000 pesos, por los auxilios de otros, mand Caravallo a traer de Mjico las campanas para su torre, seis blandones de plata y un aviso para el altar mayor. Muri este bienhechor, y les dej una herencia de ms de 30 000 pesos”. He continuado toda esta relacin para dejar explicada la fundacin del hospital de convalecencia.

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ANTONIO JOS VALDS /59 /59 /59 /59 /59 Chirinos y Chacn; no obstante que el primero se hallaba nombrado oidor de Santo Domingo. 38. A principios del ao de 1708 se recibi de gobernador al coronel D. Laureano de Torres, del Orden de Santiago, marqus de Casa-Torres, y ex gobernador de la Florida. Este jefe hizo construir un baluarte en la media distancia que hay entre la Punta y la Fuerza,13 el que se consider de mucha importancia para la defensa de la plaza; y despus se demoli, cuando el gobernador D. Dionisio Martnez segua la muralla de la Punta por la misma direccin que ocupaba el baluarte. El marqus de Casa-Torres tuvo muy graves desavenencias con el teniente auditor D. Jos Fernndez de Crdova; las que dieron lugar, sabido el asunto en Espaa, a que se cometiese la pesquisa al oidor D. Pablo Cubero, el que muri al tiempo que entenda en ella, y estando suspenso Torres. El Ayuntamiento con esta novedad, dio el gobierno de las armas a D. Luis Chacn, y el poltico, por falta de auditor, a los alcaldes ordinarios D. Agustn de Arriola y D. Pedro Hobruitinier, que continuaron gobernando, pasando a Espaa el mrques de Casa-Torres y el auditor Fernndez de Crdova. La vacante continuaba hasta fines del ao, tiempo de reelecciones de alcaldes, y esta ocurrencia suscit debates peligrosos, en que hubieron de intervenir Chacn y el diocesano Valds, lo cual yo no explico por no hallarme bien instruido en los indicados sucesos: y lo nico que s es que de resultas de estos incidentes dispuso la Corte que se uniese el gobierno militar y poltico en el teniente-rey. Tampoco estoy impuesto en todo lo acontecido en Espaa, respecto de la discordia de Torres y su auditor; aunque creo que el primero tuvo decisin ms favorable; pues se le ve restituido a su gobierno durante el interinado de Chacn, y el otro no se vuelve a hacer mencin por ninguno de los que han escrito de los tiempos a que aludo. Por este tiempo se perfeccion el protomedicato de esta ciudad, con la mira de contener los desrdenes que se experimentaban de muchos individuos desconocidos, que se introducan a curar como mdicos con un grave perjuicio de la salud pblica. Esto motiv algunas representaciones, en las que creo tuvo mucha parte el Ayuntamiento, y el rey condescendi al establecimiento del protomedicato con las mismas prerrogativas y jurisdicciones que los de Lima y Mjico, como aparece del ttulo que se libr al doctor D. Francisco Teneza en despacho de 9 de julio de 1711. Debo aadir que ya por el ao de 1634 haba habido otro protomdico en esta ciudad, que creo lo fue un tal Muoz, graduado en Sevilla, y aunque ejerci su ttulo con facultades y amplitudes legalmente concedidas, muri dejando su ministerio vacante, hasta los das del referido Teneza. Tambin se fund en 1711 la casa de nios expsitos, que vul13Arrate, cap. II.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 60\ 60\ 60\ 60\ 60\ garmente se dice la Cuna cuyo piadoso establecimiento se debe principalmente al ilustrsimo seor D. fray Jernimo de Valds, quien compr unas casas en que fabric capilla y viviendas para el capelln y amas que haban de criar los nios, tenindose todo de costo 16 000 pesos, segn el informe que hizo al rey sobre lo actuado; de quien consigui que por una vez se librasen 12 000 pesos sobre el ramo de las vacantes de los obispos de Nueva Espaa, destinados al fomento y subsistencia de esta casa; cuyas constituciones dispuso la Corte que se formasen por el seor Valds, el gobernador y Ayuntamiento; a quien orden arbitrase medios para perpetuar obra tan pa y necesaria en la sociedad. 39. El mariscal de campo D. Vicente Raja se encarg del gobierno y Capitana General el ao de 1716, encargndole por la Corte que pusiese en ejecucin lo determinado sobre que el teniente-rey optase a la vacante de los gobernadores, como cabo subalterno; para lo cual se le entreg Cdula de 15 de diciembre de 1715, que Urrutia inserta en lo sustancial, y yo he credo del caso hacer lo mismo. En ella se previene “que por falta, ausencia, o enfermedad del gobernador, tenga el mando poltico y militar de esta plaza el teniente-rey en la misma forma que l le tiene, sin la menor diferencia. Y considerando asimismo los graves inconvenientes, que de dividirse las dos jurisdicciones poltica y militar, con ocasin de faltar gobernador de esta plaza, se han seguido, por las competencias que se han suscitado, como varias veces lo ha acreditado la experiencia, y particularmente cuando el ao de 1712, se conmovi en parcialidades esa ciudad etc.: deseando ocurrir al reparo de tan perniciosas consecuencias, he resuelto, a consulta, de mi Junta de Guerra de Indias, de 23 de octubre pasado de este ao, que por falta, ausencia o enfermedad del teniente-rey, recaiga el mando poltico y militar de esa plaza en el castellano del Morro de esa ciudad... y por falta del castellano del Morro; ha de tener todo el mando en la misma forma el sargento mayor de esta plaza, y por su falta el capitn de infantera ms antiguo de ella: de suerte que por ningn caso se lleguen a dividir las dos jurisdicciones poltica y militar, porque stas han de residir unidas en la persona, que segn la graduacin referida gobernase esa plaza etc. Para mejor inteligencia de lo expuesto, debo decir que esta sucesin de elecciones se vari por el ao de 1768, en que se dispone generalmente, que en ausencia del gobernador, o comandante, que estuviere destinado para el mando de una plaza, la mandar el teniente-rey, y en defecto de ste el oficial de ms grado etctera”. 40. El seor Raja desempe muy corto tiempo el gobierno, pues por su pronta partida a Espaa, le reemplaz al siguiente ao el teniente coronel D. Gmez de Maraver, Ponce de Len, como cabo subalterno: y en el inmediato de 1718 tom el gobierno el brigadier D. Gregorio Guazo, del Orden de Santiago. En este tiempo se estableci nuevo re-

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ANTONIO JOS VALDS /61 /61 /61 /61 /61 glamento en las tropas de la guarnicin, reformando la forma observada hasta entonces, y resultando la nueva de un modo ms militar y respetable; capaz de animarle a varias expediciones militares, que emprendi con varios sucesos durante el espacio de su gobierno. Las obras de fortificacin tambin parece que le debieron su atencin, si atendemos a la siguiente inscripcin, que dej colocada en la parte interior de la puerta antigua de Tierra REYNANDO LA MAGESTAD CAT"LICA DEL SEORFELIPE V REY DE LAS ESPAAS, Y SIENDO GOBERNADOR DE ESTA CIUDAD, E ISLA DE CUBA EL BRIGADIER DE LOS REALES EXRCITOS D. GREGORIO GUAZOCALDER"N FERNNDEZ DE LA VEGA, CABALLERO DEL ORDEN DE SANTIAGO. AO DE 1721. Bien que parece no haber sido Guazo el que concluy esta puerta, como da a entender esta otra inscripcin colocada en su media luna: REYNANDO LA MAGESTAD CAT"LICA DE CARLOS II REY DE LAS ESPAAS,Y SIENDO GOBERNADOR Y CAPITN GENERAL DE ESTA CIUDAD E ISLA DE CUBA D. DIEGO ANTONIO DE VIANA HINOJOSA, CABALLERO DEL ORDEN DE SAN-TIAGO, VEINTE Y CUATRO PERPETUO DE LA CIUDAD DE GRANADA, Y GENERAL DE LA ARTILLERA DEL REINADO DE SEVILLA, SE ACAB" ESTA PUERTA CON SU PUENTE ELEVADIZO, Y SU MEDIA LUNA ETC. AO DE 1688. 41. El brigadier D. Dionisio Martnez de la Vega comenz sus funciones de gobernador y capitn general de esta Isla por el ao de 1724, en cuyo tiempo se suscitaron nuevas alteraciones en Cuba. El caso fue que el da 10 de mayo del ao de 28 el teniente coronel D. Juan del Hoyo se posesion de aquel gobierno. Pocos meses despus14 se recibi real cdula prohibiendo su admisin. El capitn general provey desde luego para la remocin; pero el Ayuntamiento no accedi a ella, fundado en que no deba innovarse. Cada uno se mantena tenaz en su opinin, y los abogados en sus dictmenes. Diose cuenta por fin a la Chancillera del distrito, y se confirm el acuerdo del Ayuntamiento, hasta la resulta de la Corte. En este intermedio entr en el puerto la armada de barlovento, mandada por frey D. Antonio de Escudero. Llevado ste del celo del real servicio, y sin ms autoridad que la de la fuerza, intent despojarle del empleo. La deliberacin era llevarle preso en su capitana a Veracruz.15 No surti efecto, a causa de que le sobr el valor y le falt el juicio. De este primer golpe se libr impensadamente el gobernador Hoyo; aunque no del segundo, que le atrajo su desgracia. Luego que se vio libre de las armas de Escudero, sali de Cuba con el fin de visitar los lugares de su partido; en ste se inclua entonces la villa del Puerto del Prncipe, donde se mantena muy ajeno de lo que se fraguaba en su contra. As fue que la tarde del 24 de agosto del ao de 1729, se tumultu el pueblo dirigindose armado a la caza de su habitacin, y aunque qui14Ilustrsimo Morell. Relacin citada.15Ilustrsimo, dem, dem.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 62\ 62\ 62\ 62\ 62\ so defenderse, hubo de ceder a la fuerza. Prendironle en efecto, y con un par de grillos le remitieron al capitn general D. Dionisio Martnez, que al fin le envi preso a la Corte, donde cerr el crculo de su vida. El gobierno de este infeliz se redujo a quimeras y disensiones intestinas, que perjudicaron aquel cuerpo social. Mucho se hubiera evitado, si la resolucin de la Corte no hubiese padecido la desgracia de extraviarse, de tal modo, que despus de todo lo ocurrido vino a saberse su contenido. Redjose a aprobar las disposiciones del capitn general y revocar las del Ayuntamiento y Audiencia. Entonces ni las perturbaciones de Escudero, ni otras inquietudes se habran experimentado. El gobernador D. Dionisio Martnez debi tener mucha parte en las obras de fortificacin de esta ciudad, como atesta la inscripcin que se lee sobre la puerta de la Punta hacia la parte interior, cuya copia es como sigue: REYNANDO EN ESPAA DON FELIPE V EL ANIMOSO, Y SIENDO GOBERNADOR Y CAPITN GENERAL DE ESTA PLAZA E ISLA DE CUBA EL BRIGADIER D. DIONISIO MARTNEZ DE LA VEGA, SE HICIERON ESTAS B"VEDAS, ALMACE-NES, TERRAPLENES Y MURALLA HASTA SAN TELMO; SE ACAB" LA MURALLA Y BALUARTES DESDE EL NGEL HASTA EL COLATERAL DE LA PUERTA DE TIERRA,Y DESDE EL NGULO DE LA TENAZA HASTA EL OTRO COLATERAL; SE PUSO EN ESTADO, Y CON RESPETO LA ARTILLERA; SE HIZO LA CALZADA, Y EN EL REAL ASTILLERO NAVOS DE GUERRA Y TRES PAQUEBOTES, CON OTRAS OBRAS MENO-RES; Y LO QUEDA CONTINUANDO POR MARZO DE 1730 CON 220 ESCLAVOS DES.M. QUE CON SU ARBITRIO HA PUESTO EN LAS REALES FBRICAS. 42. El mariscal de campo D. Juan Francisco Gemes y Horcasitas tom el gobierno y Capitana General de la Isla por el ao de 1734, en cuyo tiempo se hicieron algunas reformas en las bateras del Morro, y en la ciudad hizo demoler las cortinas que desde la Tenaza corran hasta Paula, hacindolas de mejor calidad; y por la parte de tierra hizo otras obras exteriores, cuidadoso de la guerra declarada con la Gran Bretaa. Tambin hizo fabricar en el paraje nombrado del Jagey, del otro lado de la baha, el primer almacn de plvora que por aquellas costas se estableci; cuya determinacin tuvo, temeroso de que un material tan peligroso estuviese en la ciudad, como efectivamente lo estaba cuando el incendio del navo Invencible que acababa de volarse en esta baha, causando un da de la mayor confusin para el vecindario. A todas estas obras contribuyeron generosamente con sus intereses los vecinos de La Habana, siempre dispuestos al fomento y seguridad de la patria. Al seor Gemes se le ascendi a teniente general durante su gobierno de La Habana, y despus fue removido para el Virreynato de Nueva Espaa, y luego se le honr con el ttulo de conde de Revillagigedo. 43. Al referido gobernador sucedi el mariscal de campo D. Juan Antonio Tineo y Fuertes, cuyo gobierno principi en 1746, y termin

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ANTONIO JOS VALDS /63 /63 /63 /63 /63 por su pronta muerte, en el ao inmediato,16 segn se expresa Arrate, e infiero de otros manuscritos, sucedindole interinamente el coronel D. Diego de Pealosa, como teniente-rey de la plaza. Algunos colocan a Pealosa inmediatamente despus del gobernador Martnez, pero es de advertir que ste dej de gobernar en 1734, y que Pealosa empez sus funciones de teniente-rey en 1738. Y concibo que no hay anacronismo en este clculo. Pealosa pas despus con carcter de brigadier al gobierno de Veracruz, y el de La Habana le obtuvo el mariscal de campo D. Francisco Cajigal de la Vega, del Orden de Santiago. 44. Este gobernador lo haba sido de Cuba y principi sus funciones de gobernador de La Habana en 1747. El seor Cajigal ensanch la habitacin de la Fuerza, haciendo construir la sala de recibo que mira al mar, la que adorn con varios escudos, adems perfeccion la batera de la Pastora, que encontr principiada por sus antecesores; y represent sobre llevar a efecto una fortaleza en la altura de la Cabaa. ltimamente pas al Virreynato de Nueva Espaa, dejando encargado del gobierno al tenienterey interino D. Pedro Alonso por el ao de 1760, quien desempe el gobierno hasta el siguiente de 61, que le entreg al mariscal de campo D. Juan de Prado Portocarrero, de cuyo gobierno memorable se dir con extensin en el Libro siguiente. El interino D. Pedro Alonso determin perpetuar su nombre en La Habana, dejando en la garita de la puerta nueva de Tierra la siguiente inscripcin: REYNANDO LA MAGESTAD DE CARLOS III Y SIENDO GO-BERNADOR Y CAPITN GENERAL DE ESTA CIUDAD E ISLA EL CORONEL D. PEDROALONSO, SE CONSTRUY" ESTA GARITA. AO DE 1760. 16El seor Tineo fue el primero que tuvo el pensamiento de establecer una casa para recogimiento de mujeres disolutas, como se percibe de la contestacin siguiente: “He hecho presente al Rey la carta de V.S. de lo de julio de este ao en que incluye el plan de la casa que ha proyectado para crcel o recogimiento de mujeres incorregibles, en que estn separadas, y no expuestas al escndalo que hasta ahora, a causa de haber habitado, por la estrechez de la crcel de esa ciudad, los corredores del patio en que estn los presos. Ha sido agradable a S.M. en punto tan esencial, y la aplicacin con que desde luego se dedic a poner en planta este loable pensamiento: para que pueda ms bien conseguirse se ha dignado S.M. sealar para la obra 2 000 pesos del primer caudal que hubiere, o produjesen las vacantes eclesisticas de esa Isla, los cuales se han de poner a disposicin de V.S. en virtud de las cdulas que se expidieron por el Consejo: no limitndose a esta demostracin el piadoso nimo de S.M. me ha mandado prevenir a V.S. informe qu cantidad podr asignarse anualmente para ayudar a la manutencin de la referida casa, y en qu fondo podr situarse a fin de que, segn lo que V.S. expusiere, pueda S.M. determinar en el particular; tambin me ha mandado S.M. encargar a V.S. procure ordenar y arreglar el rgimen y mtodo de gobierno de las mujeres que se recogieren en dicha casa, de forma que no slo se las emplee y ocupe en cuanto pueda conducir a distraerlas de su vida licenciosa, sino tambin en labores que pueda utilizar la misma casa, y contribuir a su conservacin y aumento. Participo a V.S, lo referido para su inteligencia, quedando S.M. con la confianza de que seguir V.S. con la misma actividad y diligencia esta obra tan del servicio a Dios y beneficio de ese pblico. Dios guarde a V.S. muchos aos. Madrid 18 de octubre de 1746. — El Marqus de la EnsenadaSr. D. Juan Antonio Tineo”

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Libro QuintoSUMARIO1. Temores sobre este Libro. 2. Dudas del gobernador acerca de la invasin inglesa. 3. Juntas celebradas a este efecto. 4. Avstase la escuadra inglesa. 5. Varias disposiciones de defensa. 6. Toman los ingleses a Guanabacoa. 7. Salen los religiosos, mujeres y nios de la plaza. 8. Incendio extramuros. 9. Operaciones de la Cabaa. 10. chanse tres navos a pique a la entrada del puerto. 11. Danse casi todos los mandos a oficiales de marina. 12. Acmpasen los ingleses en S. Lzaro. 13. Toman la Cabaa. 14. Ataques al Morro. 15. Nuevo ataque por mar. 16. Ataque malogrado contra los ingleses. 17. Ponen su campo de sotavento en la loma de Arztegui. 18. Accin gloriosa de Aguiar. 19. Situacin de Chacn. 20. Operaciones de esos individuos. 21. Guerrillas de Guanabacoa. 22. Retranse los ingleses de esa villa. 23. Mina del Morro, nueva salida. 24. Rndese el Morro. 25. Muere Velasco. 26. Nuevas providencias de defensa. 27. Obras de defensa por los ingleses. 28. Capitula la plaza. 29. Ocpala el ingls al mismo tiempo que la escuadra. 30. Salen las tropas espaolas. 31. Fuerzas inglesas. 32. Fuerzas de la plaza. 33. Toma de Matanzas. 34. Derecho de campanas. 35. Sigue el mismo asunto. 36. Contina lo mismo. 37. Termina el expediente de campanas. 38. Pretenden los ingleses un templo para su culto. 39. Pretenden adems razn de iglesias, prelados y oficiales de ellas. 40. Entrega de la iglesia de S. Francisco y otros particulares. 41. Visita irreverente de un oficial al obispo. 42. Nuevos requerimientos de Albemarle. 43. Exige de la Iglesia un presente de 100 000 pesos. 44. Opnese el obispo y es desterrado. 46. Restauran la plaza.1. El sitio y toma de la plaza de La Habana debe ocupar lugar tan distinguido en su historia, que no he dudado destinar un libro separado de mi obra, para describir evento tan sealado por todas sus circunstancias. Para su composicin he tenido varios documentos curiosos de aquella poca, que si no son suficientes para dar una relacin prolija de todos los acontecimientos que ocurrieron, lo son a lo menos para dar de ellos una idea perceptible. A veces notarn mis lectores que me

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ANTONIO JOS VALDS /65 /65 /65 /65 /65 explico con seales evidentes de temor, que deben disimularme, si consideran que nac 18 aos despus del suceso que describo, del cual existirn muchos que fueron testigos oculares, capaces de advertir mis ms pequeas inexactitudes. Pero acaso no ha quedado por omisin de mi parte: yo me he dirigido a todo el que he sabido que pudiera darme luz en este asunto, y aunque algo he podido aprovechar, ha sido deduciendo por analoga entre diversos, y a veces muy opuestos informes que he recibido: y hasta entre los manuscritos formados en los das de aquella guerra hay notables diferencias. 2. Parece que a principio del ao de 1762, ya se tena en La Habana fundados temores de que los ingleses preparaban armamento para la invasin de esta plaza, y aunque su gobernador y capitn general, que era entonces el mariscal de campo D. Juan de Prado Portocarrero, noticioso de tales preparativos, haba tomado algunas providencias pblicas y secretas, de las cuales algunas conducan a saber los hombres de armas del pas, y los esclavos capaces de esta ocupacin, no dio crdito, sin embargo, a la realidad de la invasin. 3. Hallbanse aqu de trnsito el teniente general conde de Superunda y el mariscal de campo D. Diego Tabares, con quienes los jefes de tierra y mar, y algunos oficiales de graduacin, tuvieron varias juntas, y aunque mucho se discuti sobre prevenciones importantes para poner la plaza en estado respetable de defensa, nada se redujo a prctica, ni jams el gobernador mostr estar convencido de la venida de los ingleses. 4. Dos a tres meses dur esta reprensible irresolucin, hasta que el da 6 de junio se toc por barlovento una armada como de 250 velas, que todos creyeron el armamento anunciado, excepto el gobernador que supuso ser una flotilla que de Jamaica haca por desembocar. No obstante, sea por recelo o diversin, pas al Morro aquella maana a observar los movimientos de la armada; y como cuando bajase a tierra encontr la plaza sobre las armas, por orden del teniente-rey D. Dionisio Soler, desaprob semejante determinacin, gradundola de nimio recelo, y dispuso que las tropas volviesen a sus cuarteles. Pero despus de medioda, avisaron del Morro que los navos arribaban sobre la costa, y que, segn sus operaciones, manifestaban desembarcar tropas. Entonces hubo de tocar alarma, acaso confundido de su incredulidad. 5. La consternacin fue inexplicable al clamor de las campanas y estallido de los caones, en medio de tanta desprevencin. Los vecinos acudieron con sus armas, los que las tenan, y los que no, a pedirlas en la Sala Real; en sta se hallaron como 3 500 fusiles, muchsimos descompuestos, algunas carabinas, sables y bayonetas, que se distribuyeron, viniendo a quedar por ltimo innumerables desarmados, a falta de aperos necesarios. Comenzaron de nuevo las juntas celebradas por el

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 66\ 66\ 66\ 66\ 66\ gobernador, su teniente-rey, el general de marina marqus del Real Transporte, el comisario D. Lorenzo Montalvo, el teniente general conde de Superunda y el mariscal de campo D. Diego Tabares. Encargose al coronel don Carlos Caro la resistencia del desembarco por las playas de Cojmar y Bacuranao, donde el enemigo amenazaba, agregndose a su Regimiento de Edimburgo, el resto de caballera de la plaza, varias compaas de infantera de ejrcito y milicias, y algunos lanceros del campo, componiendo todos hasta el nmero de 3 000 hombres; y al mismo tiempo se dispuso guarnecer de artillera la Cabaa. 6. El da 7 amanecieron en lnea sobre el puerto los bajeles enemigos, de modo que pudieron contarse hasta 140. Despus se dividieron y los que tomaron para barlovento rompieron el fuego desde el medioda contra los fuertes de Bacuranao y Cojmar, que demolieron sin dificultad por su pequeez y escasa defensa, y continuaron batiendo el monte con metralla y bala, hasta efectuar el desembarco de 8 a 10 000 hombres, parte de los cuales tomaron la villa de Guanabacoa, sin mucha resistencia, el da 8, retirndose a La Habana el coronel Caro, que con las tropas de su mando la haba defendido. 7. Este mismo da fue grande la congoja del pueblo, causada por la entrada en dicha villa de los ingleses, cuyas banderas se vieron tremolar, y por el mandato del gobierno para que sin prdida de momento, saliesen de la plaza para los campos todos los religiosos de ambos sexos, y las mujeres y los nios; lo que se ejecut sin permitir en las puertas de Tierra, ni aun la salida de los criados precisos para la conduccin de equipajes. Al mismo tiempo se destac un piquete de 100 hombres al mando de un capitn, para escolta de las monjas. 8. Hicieron arder en el propio da los barrios extramuros, cuya extensin de llamas publicaba la miseria de innumerables familias desgraciadas, que vieron reducidos a cenizas sus hogares. Vease al mismo tiempo navegar gran parte de la armada britnica hacia la parte de sotavento, con manifiesto designio de otro desembarco por aquel rumbo que llevaban los despedidos de la plaza, y de esto provino que algunos padres, hijos o maridos impulsados de la naturaleza y del amor, saliesen furtivamente a resguardar los objetos de su afecto, pero fueron muchsimos los que ahogando los sentimientos del amor y la naturaleza, permanecieron con las armas en la mano, dejando a la piedad del cielo los pedazos ms caros de su cario. 9. Desde el da 7, segundo del sitio, se haba principiado la fortificacin de la Cabaa, fronteriza a la ciudad, y tan dominante que las balas de fusil alcanzan a la Plaza de Armas, como lo hicieron ver los ingleses. Lo interesante de aquel punto era manifiesto, y se comenz a construir en l una trinchera en que se podan colocar 100 caones, y habindose montado nueve de a 18 en dos bateras, que miraban a los caminos de

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ANTONIO JOS VALDS /67 /67 /67 /67 /67 Guanabacoa y de Cojmar, reform el proyecto la Junta de Generales, mandando destruir la trinchera, y que se bajase la artillera, como se ejecut la noche del da 9, con la notable circunstancia de haberse dado fuego a unas casas, que para el servicio de la obra estaban situadas en la eminencia, cuyas operaciones alumbraron a los enemigos, acaso dudosos de su empresa, los primeros indicios de su prosperidad. El pueblo murmur altamente este inesperado acto, y entre el murmullo que se adverta, sonaban a veces las voces: traicin traicin As fue que desde entonces los nimos desmayaban, y todos concibieron que se abra el camino del rendimiento, siendo notorio, hasta por los menos inteligentes, que el que dominase la Cabaa, tambin dominara la ciudad, aunque la Junta pretext, que siendo imposible conservar aquel punto, desde otros de la ciudad y de los navos sera fcil impedir que los ingleses le tomasen. 10. Cuando la armada inglesa amaneci el citado da 7 en lnea de circunvalacin sobre el puerto, se tuvo por conveniente colocar en el canal de la entrada asegurados con fuertes amarras los tres navos Neptuno Europa y Asia que hacan a manera de tres castillos de resguardo a la cadena de gruesos maderos herrados con que se cerr la entrada. Ya se ve cun se le imposibilitaba la entrada a cualquier buque enemigo con las bateras de tierra, y estas que se creyeron necesarias; siendo as que muchos buques juntos es naturalmente imposible que pasen el canal: pero tratando la Junta de Generales de reformar esta disposicin, determin el da 9 que echasen a pique los dos navos Neptuno y Europa con tanta precipitacin que algunos marineros hubieron de ahogarse, y no satisfechos an de tan brava disposicin, sentenciaron dos das despus el navo Asia a la misma suerte. El resultado de esta sabia disposicin fue que los ingleses, suponiendo el puerto cerrado, anclaron a lo largo de la costa con toda confianza sus navos, desembarcaron 5 000 hombres de su marina, y llegado el caso de poseer las fuerzas de tierra, entraron su armada por el canal, sin el menor impedimento. 11. Esa errnea disposicin se da la mano con la que al mismo tiempo se tom de encargar las comandancias de tierra a oficiales de la armada con preferencia a los de ejrcito, que no pudieron menos que resentirse del agravio que se les haca. Diose la general de la Isla, al capitn de navo D. Juan Ignacio de Madariaga: la del Morro al de la misma graduacin D. Luis Vicente de Velasco, nombrndole por segundo a D. Bartolom Montes: la de la Punta se dio a D. Manuel Briceo, a quien luego relev D. Fernando de Lortia; y as mismo ocuparon casi todos los dems puestos los oficiales de aquel cuerpo. Si hubo causa necesaria para estas disposiciones impolticas an no ha podido entenderse, y slo se inclina el juicio de algunos maliciosos a creer que las motiv el objeto de imposibilitar la salida de la escuadra.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 68\ 68\ 68\ 68\ 68\ 12. El da 10 bati la divisin de la armada inglesa de la parte de sotavento al castillo de la Chorrera, a corta distancia de este puerto, con el objeto de desembarcar tropas por all, y hallaron mayor resistencia de la que se prometan; por haber acudido a la defensa el fiel ejecutor D. Luis de Aguiar, creado coronel de milicianos, quien les disput el intento todo el da con bastante suceso, hasta agotrsele la plvora y municiones, sin que llegase a recibir las que se le remitieron de la plaza a cargo de un oficial de Guadadupe, que las dej en la Caleta. De suerte que por este motivo y por orden expresa que tuvo para ello, retir su gente el da inmediato, con no poco dao de los ingleses, que avanzaron despus como 3 000 hombres hasta la loma de San Lzaro, donde hicieron trincheras y nuevo campamento. Tambin ocuparon y fortificaron la altura de las cuevas llamadas de Taganana, donde montaron tres caones de a 36, y dos grandes morteros. Al propio tiempo fondearon en aquella ensenada dos bombardas, y con el fuego de stas ayud aquel campo al de barlovento, en que siempre se conserv la fuerza principal. 13. Los temores que se tenan de que los ingleses tomaran la altura de la Cabaa, se vio que no haban sido vanos por la desgracia acaecida el da 11, en que parte del ejrcito ingls hizo varios movimientos, hasta sorprender en uno de ellos dicha altura, ahuyentando un corto destacamento de milicianos, que ltimamente se haba mandado all, bajo el mando del capitn D. Pedro de Morales, y de este modo qued el enemigo enseoreado del importante puesto en que afianz su conquista. 14. Mandaba el castillo del Morro por eleccin de los jefes D. Luis Vicente de Velasco, digno por su valor de eterna gratitud, y de igual compasin por su fin desgraciado. Este bizarro comandante no perdon fatiga en su defensa, oponindose oportuna y denodadamente a los designios del enemigo, pero superaban mucho a sus proporciones las que stos adelantaban diariamente; as le cercaron de ataques, aunque a costa de muchas vidas, bajo de un fuego continuo. Con el puerto cerrado a nuestra escuadra pudieron escoger puntos a su arbitrio, en que situaron caones y morteros a su voluntad. Las balas, bombas y granadas eran incesantes, el estrago de las cortinas inevitable, y el de la guarnicin correspondiente. De la ciudad se provea gente sin intermisin, y no es fcil numerar los que all murieron desastradamente. Clamaba Velasco a los jefes, manifestndoles no ser posible subsistir sin que se le ayudase por el campo, inquietando y destruyendo las obras con que el enemigo desmoronaba las murallas de la fortaleza, mas nunca se redujo a la prctica una razonable y bien concertada salida. 15. El da 1o de julio determin el enemigo batir al Morro por mar, y con este fin amanecieron el navo de tres puentes nombrado el Cambridge y otros dos o tres casi bajo los fuegos del castillo. Se aproxim el primero, ancl con la mayor arrogancia, y rompi el fuego por

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ANTONIO JOS VALDS /69 /69 /69 /69 /69 donde el Morro menos jugaba ya su artillera. Al mismo tiempo le acompa con el mayor tesn toda la artillera y morteros de la Cabaa. Pero aquel castillo, con los pocos caones que pudo manejar, le hizo tanto estrago al navo enemigo que antes de seis horas de combate le desmantel y le mat como 300 hombres, dejando el buque en tal disposicin que no volvi a servir en el asedio, y ltimamente se dice que dej la quilla en cayo de Putos Los dems navos hicieron sus movimientos sin empearse; y el campo de tierra, habiendo echado al Morro multitud de bombas, ces sus fuegos, dejando bien puesto el honor del comandante espaol. 16. Este ataque parece haber sido una retribucin del que dos das antes haban dado varias tropas nuestras a las trincheras enemigas. El caso fue que sali el coronel D. Alejandro de Arroyo, con 600 hombres de tropa reglada, que desembarc por la batera de la Pastora, y al mismo tiempo hizo lo mismo por el horno de Barba, el teniente de navo don Francisco del Corral con 300 hombres de marina. Llevaban el designio, acaso temerario, de clavar la artillera enemiga, pero el empeo y la constancia anduvieron desiguales en los caudillos, sindolo asimismo las fuerzas, por la superioridad incomparable de los contrarios. As fue que el resultado fue quedar prisionero el capitn de infantera de marina don Manuel de Fras, con 30 muertos y 40 heridos de su tropa, y la del coronel tambin padeci bastante, especialmente los granaderos de Aragn, que habindose empeado demasiado, perdieron muchos las vidas en las trincheras enemigas. 17. stos, viendo el mal xito de su tentativa martima contra el Morro, dirigieron la atencin a fortificarse en sus puestos, y plantaron el campo de sotavento sobre la loma de Arztegui,1 con nimo al parecer de estrechar mucho ms el sitio; de este campamento se emprendieron varias acciones, en las que siempre fueron rechazados. 18. Los regidores D. Luis de Aguiar y D. Laureano Chacn, hechos coroneles milicianos, a instancias suyas tomaron a su cargo el impedir las correras y hostilidades de este campamento, y en consecuencia tuvieron varios reencuentros de lucimiento y honor. El primero tuvo por conveniente situarse en el Horcn y desde all pasar a desalojar los enemigos a diferentes partes a que avanzaron, tomndoles casi siempre prisioneros; y viendo los perjuicios que hacan desde Taganana, la noche del 18 de julio, les acometi en sus trincheras, con sus tropas compuestas de gente del pas y negros esclavos, y les hizo considerable mortandad, hasta ponerlos en fuga, clavndoles de paso los caones y morteros, y hacindoles 18 prisioneros, incluso un oficial, que remiti a la plaza con los dems trofeos de su accin: por la cual dio el goberna1Es la misma en que se halla situado el castillo del Prncipe.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 70\ 70\ 70\ 70\ 70\ dor la libertad en nombre del rey a 104 negros esclavos, que asistieron a ella. 19. El regidor Chacn se situ con tropas semejantes en el Wajay, cuatro leguas a sotavento, y desde all impidi a los enemigos el trnsito a los pueblos de Santiago y Bejucal, donde se hallaban las monjas, y a los ingenios y potreros de aquel rumbo, de donde intentaba el enemigo proveerse de carnes; y no slo los contuvo con su constante oposicin, sino que repetidas veces se adelant a hostilizarlos, donde saba que se situaban. 20. A esos mismos individuos se debi que los enemigos no hubiesen podido mantener un cordn, que impidiese la comunicacin con la plaza; de manera que siempre pudieron entrar vveres, salir caudales, y todo lo dems que se ofreca, sin casi ningn embarazo, a lo que tambin contribuy la tropa del coronel Caro acampada en Jess del Monte y S. Juan: pero teniendo ste la orden de no entrar en otra operacin, que la de irse retirando, segn se le acercase el enemigo; no pudo menos que manejarse siempre en consecuencia, de suerte que, a excepcin de algunos encuentros afortunados, debido al valor del coronel Gutirrez, todo lo dems se debi a dichos regidores, bajo cuyo mando se reuni mucha juventud del pas, procurando sealarse en los empeos ms aventurados. 21. Tambin de los vecinos y naturales de Guanabacoa hubo algunos que denotaron su ardimiento, oponindose a las excursiones de los piquetes que se desprendan del campo de barlovento. El teniente Diego Ruiz perdi la vida en el empeo de atacar una partida ventajosa a la suya; y otro guerrillero, conocido por el nombre de Pepe Antonio lleg a hacerse respetable a todo el ejrcito por su extremada osada: y ya se hallaba en el pie de mandar 300 hombres determinados, y casi todos armados a expensas del enemigo, cuando fue llamado a Jess del Monte por el coronel Caro, que le quit lo mejor de su gente, y le censur sus acciones, loables para todos los dems, de cuyas resultas muri aquel buen patriota de la pesadumbre, al cabo de cinco das. 22. El 16 de julio se retiraron de Guanabacoa los ingleses, agregndose al ejrcito acampado desde la Cabaa a Cojmar. Durante su residencia en aquella villa, saquearon los templos y otras haciendas particulares; extendiendo sus correras a San Miguel y Santa Mara del Rosario; de donde tomaron todo lo interesante que pudieron conducir. 23. Habanse acercado al Morro por el baluarte de Pina y tenan al abrigo de las peas un destacamento de 40 o 50 hombres, haciendo continuo fuego de fusil. Contra esta guardia mantena la suya el castillo, en puesto avanzado sobre la estacada, alternando de todos los cuerpos que guarnecan la fortaleza, y estas tropas aburridas de ver el estrago que sufran de las bombas y granadas del enemigo, de que moran diaria-

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ANTONIO JOS VALDS /71 /71 /71 /71 /71 mente muchos, clamaban por salir a la campaa, donde pudieran dar y recibir con esperanza de alguna ventaja; adems que la necesidad ya parece que lo peda, porque el enemigo trabajaba en minar el Morro, sin oposicin desde el 16, en que D. Luis de Velasco, quebrantado de la inmensa fatiga, y de un golpe que recibi en la espalda, baj a la ciudad a curarse, acompaado de Montes, su segundo, a quienes sustituyeron D. Francisco Medina y D. Manuel de Crdova; con cuya mudanza qued el Morro en total inaccin, y tuvieron oportunidad los contrarios para adelantar un hornillo en el ngulo del caballero de la mar. Por otro lado, parece que el paisanaje, ya aficionado a Velasco, repugnaba ir a morir infructuosamente bajo las rdenes de otro que no fuera este jefe; aunque habiendo vuelto Montes al tercer da, ya graduado de teniente coronel y comandante de la compaa de alternacin, se determin por los jefes otra salida, que se efectu el da 22, bajo las rdenes de Juan Benito Lujn, quien condujo 1 000 hombres de tierra-dentro, y pardos y morenos de la plaza; los que desembarcaron por la Pastora. Pero los ingleses, apoderados a tiempo de la altura, cayeron sobre los nuestros antes que pudiesen incorporarse, y se hizo un destrozo tan sangriento, que aunque stos cedieron al mayor nmero, tuvo el enemigo que pedir tregua para retirar los muertos; y al ejecutarlo dijeron los ingleses a los nuestros que los espaoles eran valientes pero sin cabeza 24. Restablecido Velasco,2 volvi al Morro el da 24 de julio, llevando consigo de voluntario al marqus Gonzlez. Apenas hubo llegado, cuan2Cuando regres D. Luis Velasco al Morro, despus de su alivio, recibi del general ingls la siguiente carta, cuya contestacin es la que sigue despus. Algunos lugares de ellas estn casi ininteligibles, pero no he querido alterarlos en obsequio de la exactitud. Carta que escribi el general de las tropas inglesas a D. Luis Velasco. “Muy Sr. mo. Tan doloroso me ser no tomar la fortaleza que tan heroicamente V.S. defiende, como el que su esforzado espritu le ponga en paraje de perder la vida en ella. De lo primero no me asusto tanto como de lo segundo, respecto a que no ignorando la triste situacin en que V.S. se halla, le acaudilla, y merece en mi memoria sus ruinas este nombre, toda la satisfaccin que me producira la toma de sus cuasi extinguidos baluartes, ejercer en mi pecho, si V.S. muere en ellos, la funcin ms triste que pueda ocasionarme la adversa suerte, considere V.S. para no experimentar el ltimo fin, que tiene minado todo el bastin que forma frente al mar, y que volada esta dbil parte, se entrarn por ella las tropas de mi mando, que noticiosas de las leyes de la guerra, usarn de la libertad que les prescribe la ordenanza, sin que tal vez, los oficiales puedan borrar el sangriento rasgo, que cada soldado llevare dibujado en el corazn. ”El esperanzarse V.S. que con slo 700 u 800 hombres ha de estorbar el irremediable avance, es un pensamiento que slo se concede a los hombres de la naturaleza de V.S., a quien doy espritu como a ciento; pero es menester, Sr. D. Luis, que emplee V.S. su capacidad en la reflexin de que mandando hombres de muy distinta complexin a la suya, y que igual a la tropa que dirige es la que respiran mis soldados. Desde que se civilizaron ms las gentes, y conocieron del alma la inmortalidad, se gradu de temeridad arriesgada lo que pudiera ser herosmo; a este distinguidsimo grado ha llegado V.S. en la aprobacin de todos cuantos hemos sido testigos de sus particulares acciones, y para m las hallo en V.S.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 72\ 72\ 72\ 72\ 72\ do mont de nuevo la artillera y todo recobr su primitivo fervor; mas ya no estaba la operacin del hornillo en estado de remediarse. La fragata Perla anclada con inmediacin a la Cabaa, incomodaba mucho a las bateras del enemigo, y el da 26 lograron desembarazarse de ella, echndola a pique: en unos manuscritos he ledo que de un balazo a la lumbre del agua, y en otros que del golpe de una bomba: y el da 30, despus del medioda se rindi el castillo del Morro en los trminos que explica la siguiente relacin de D. Bartolom Montes: con muchas ms ventajas a todos aquellos que nos presta la antigedad. No espere ya V.S. ms de su fortuna, pues no puede darle ms, habiendo derramado sobre sus arrestos todo el caudal de sus benignos influjos; no pretenda V.S. por consiguiente ms, que enojada arroje sobre su destino la lpida de su ltima desgracia. Slo entre la gentilidad era corona la gloria pstuma del que voluntariamente, bajo el velo de la patria, se ofreca a la muerte; hoy, como llevo dicho, no nos es permitido aquella vanagloria; adems que todas las muertes, que desde la hora que V.S. lea sta, padecieren sus subalternos, es responsable a ellas en el tribunal de Dios. Es la razn porque as las tropas de su presidio, como universalmente todas las dems, se alistan a servir a sus soberanos, bajo las reglas de defender sus armas, hasta aquellos trminos que seala la ley de ellas; y no es a V.S. cometido alterar el establecimiento que puso el legislador. Del esfuerzo del rendido generalmente labra el vencedor sus triunfos, y a proporcin de la resistencia que sostiene es aplaudido el agente que la conquista. Ni V.S. puede ascender a ms en su defensa, ni yo llegar a merecer menos con motivo de sus glorias. El aspirar con la muerte a ms distinguidos aplausos, es usurparle a su soberano de un tan ilustre capitn, y a m de la complacencia de conocerle; en lo primero interesa V.S. con su conservacin las reflexiones de su monarca, y en lo segundo, consagrar V.S. a mi gusto la dulce idea que me ha formado la esperanza de tratarle, amarle y servirle. Estoy persuadido que si el Rey catlico fuera testigo de cuanto V.S. ha actuado, desde el da que romp el sitio, sera el primero que le mandara capitular, sin que lo estimulase otro objeto, que preservar tan ilustre y distinguido oficial. Los hombres como V.S. no deben por ningn caso exponerse al riesgo de una bala, cuando no depende del riesgo el todo de la monarqua; conzcame V.S. y hallar verificado cuanto llevo expuesto, en cuya consecuencia espero en todo maana ver a V.S. y darle un abrazo, para lo cual dicte V.S. en las capitulaciones todos los artculos que le sugiera el honor que corresponde a su persona, y a las de su guarnicin”. Respuesta de D. Luis de Velasco “EXCMO. SEOR. Muy Seor mo: doy puntual respuesta a la que V.E. se sirvi dirigirme esta maana, y a propia hora que promet al que la condujo, como noticiara a V.E., y empezando a satisfacer a su contenido, comienzo por donde V.E. acaba: los tratados de capitulaciones que V.E. me manda formar, con las ventajas que me produzca el honor, es uno de los muchos brillantes rasgos, que V.E. dispensa a sus cuasi prisioneros, manifestando su excelente bizarra, que superadas del enemigo las armas, quedan las suyas rendidas de los que supieron contrastarlas: de esto y mucho ms es digno el que sostiene con aquellas circunstancias la causa de su soberano; y V.E. mismo se vera precisado, aun no siendo cual conozco, a concederlos todos los honores que pretendiesen: dice V.E. en la suya que del esfuerzo del rendido labra el vencedor sus triunfos; pues seor permtame V.E. que acredite en honra de ambos aquella sentencia; yo no soy capaz de aumentar aun una pequea chispa a los resplandecientes que la Europa descubre en las gloriosas acciones de V.E. este castillo que por fortuna defiendo, es limitadsimo asunto para que la fama le coloque en el nmero de las heroicas conquistas que V.E. ha conseguido, mas ya que mi destino me puso en l, me es preciso seguir el trmino de mi

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ANTONIO JOS VALDS /73 /73 /73 /73 /73 “Estando comiendo entre 12 y 1 en el cuerpo de guardia toda la oficialidad, dio parte el Condestable, que se hallaba en la batera de S. Nicols, de que una fragata de guerra enemiga se acercaba por aquella parte, que deseaba saber si se le podra hacer fuego, porque al mismo tiempo sondeaba en su bote; en cuya inteligencia, el comandante fortuna, y dejar al arbitrio de sus acasos la decisin; me pide V.E. considere tengo minado todo el bastin del mar, y que superado por sus soldados, sufrir mi guarnicin el rigor de la ordenanza. Estas reflexiones, seor excelentsimo, no han podido menos de presentrseme en la idea, desde el primer golpe de pico que o; pero tambin confesar a V.E. que asistieron a la memoria, en consecuencia del nimo que hice en esperar sus efectos; si me son adversos tolerar gustoso ser comprendido en la rigurosa ley, cuya suerte me hallar al frente de mis tropas, que aunque tan inferiores en el nmero a las de V.E. prometo imitarn en este caso la constancia de su capitn, y no por esto quedo, como V.E. dice, responsable de sus muertes. No me cuente V.E. ni an en el nmero de los dudadores; hay todava mucho que esperar de los accidentes; no estoy en el estado de desesperacin, y quedan an muchos recursos, y aun hay todava gran trecho que caminar, para llegar a aquel estado, en que V.E. me acredita; no ignoro, seor excelentsimo, los casos en que mi Iglesia manda rendir la espada a la fuerza, pero me veo an tan distante a la infraccin de este mandamiento, que en su esfera no he examinado su circunferencia, y V.E. me contempla ya en el centro; no aspiro a inmortalizar mi nombre, slo deseo derramar el postrer aliento en defensa de mi soberano, no teniendo pequea parte en este estmulo la honra de la nacin y amor a la patria. Esta gloria, seor, que en nada se uniformar con aquella gentil barbaridad, en lo que aqu ejecuto, todo es subsecuente a superior orden; todo es pura obediencia cuanto V.E. advierte en mis resoluciones, protestando con toda veracidad que cualquiera de los oficiales de la plaza que hubiesen determinado a igual funcin, procedera con el mismo ardor, si no mayor, al cumplimiento de este encargo; slo conocer a la fortuna por protectora cuando me traslade a seguro puerto, y mientras fluctuar en la tormenta, me mirar expuesto a zozobrar, tendr detenido el sacrificio, que a la verdad cuanto hasta aqu me ha ayudado, ha sido a impulsos del cuidado, y a solicitud del afn, pues dnde est esa decantada proteccin que V.E. nota? Acaso ha experimentado que auxiliar ma esa deidad, me ha dado aliento para librar tras el esplendor de su poder los avisos de sus pensamientos. Recorra V.E. los suyos, y encontrar que cuanto he obrado por mi parte es tan natural, que las operaciones mismas estn publicando lo mentido de esta deidad, slo hallo un objeto por el cual tengo que agradecer a mi feliz estrella, sta es la alta honra en que me considero de poder darme a reconocer por uno de sus apasionados servidores; esta dicha me envanece tanto, que recelo, seor, romper las cadenas que hasta hoy han tenido encarcelada mi modestia, jams pens ser capaz de merecer a nadie ni un diminuto bosquejo, en la materia que deja correr tan difusamente sobre la pluma, cuando pienso soy yo el sujeto a quien se dirigen aquellos rasgos, los encuentro extraos, pero cuando reflexiono que V.E. me los apropia, los acepto mos; todos los que pueden jactarse de haber tratado a V.E. vern que su poltica no es incompatible con la verdad inflexible, pues halla V.E. discreto medio entre la urbanidad y el demrito; por tanto, no extraar V.E. me reconozca condigno merecedor de ella, y si alguno extraase como nueva en m esta satisfaccin, durar su asombro el rato que tardar en saber tengo a V.E. por garante de ella; embebido, seor, con la recreacin gustosa que hace patente a mi memoria el noble original, me olvidaba de que estoy en la hora que ofrec a V.E. responder, y no hallando trmino que una la solicitud de V.E. y la ma, quedo con el dolor de que sea en este caso preferente al deseo de servirle la ltima determinacin de las armas”.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 74\ 74\ 74\ 74\ 74\ jefe D. Luis Vicente de Velasco, me mand tomase el anteojo, y pasase a observar los movimientos de aquella embarcacin, dndose orden de hacerla fuego, siempre que se acercase al tiro de can. Estando divertido yo en el cumplimiento de esta orden, vi que la fragata se puso al pairo, y sent inmediatamente que el hornillo o mina, que los enemigos haban hecho en el ngulo del caballero de la mar, revent, volndose entre sus ruinas nuestras centinelas avanzadas, y tambin los marineros destinados en el orejn de la mar a arrojar granadas; de los cuales se salv uno, que introduje, en el castillo por la garita de Santo Toms, echndole un cabo. De todo lo dicho di cuenta al comandante, sin apartarme de aquel puesto, de donde despach a D. Lorenzo de Milla, capitn del batalln de Espaa, a que reconociese si el hornillo haba facilitado a los enemigos brecha accesible para introducirse; y con efecto, habindolo reconocido, me respondi que la brecha no era accesible, sino es con mucho trabajo. A este tiempo lleg all el comandante, vestido con su peti-uniforme y espada, y enterado de todo, retrocedi al Morrillo, a cuya guardia dio orden de recoger las escalas de cabo, o cortarlas, a fin de que no saliese del castillo tropa ni persona alguna, cuya orden no se ejecut con la puntualidad que se requera, y apenas el comandante subi a aquella rampa de la derecha, y pas a la bandera, cuando el piquete que dejaba por la espalda, y guarneca el orejn de tierra, desampar aquel puesto, y se arroj por las expresadas escalas a las embarcaciones que se hallaban atracadas al Morrillo, y se pas al castillo de la Punta, a tiempo a que an no haba empezado a verse en el caballero de la mar enemigo alguno. Con el ejemplar de ese piquete, apenas entraron 12 soldados ingleses al castillo, cuando toda la marinera, artilleros de brigadas y otras gentes se agolparon de tropel al Morrillo, y se arrojaron fuera del Morro. En la cresta de la rampa, que sube de la batera baja de S. Nicols, estaba hecha una cortadura con sacos de tierra, y al abrigo de ella apostado un piquete de 40 hombres de marina con sus oficiales, a quienes avise luego que vi entrar los cuatro soldados primeros ingleses, a efecto de que avanzase dicho piquete, o parte de l, a contenerlos, lo que no pudieron conseguir sus oficiales, ni que sacasen la cabeza para hacer fuego, sino nicamente dos, ocultndose los dems, no slo con la trinchera, s tambin metindose al abrigo del blindaje, que para el resguardo de las bombas se les haba puesto. Viendo la inaccin de aquella tropa, y que los ingleses se iban formando sin oposicin alguna, dispuse saliese a ocupar aquella cortadura una compaa de alternacin, que se hallaba conmigo en otra cortadura al pie de la misma rampa, y en ella montados dos caones de 24 mandados por D. Fernando de Prraga, que haba sido teniente de granaderos de Aragn, el cual se empe de suerte que all perdi la vida. Este intermedio de tiempo, el comandante le ocup en poner en

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ANTONIO JOS VALDS /75 /75 /75 /75 /75 orden la tropa en la bandera, y en tres cortaduras que haba en aquella cortina, animndolos con su presencia, a fin del mejor xito de la accin, con la satisfaccin de que el marqus Gonzlez y yo estbamos a la mira de la avenida de los enemigos, quienes por instantes iban aumentndose, no slo sobre el caballero de la mar, s tambin sobre la cortina de en medio, por donde se pasa al de tierra, a fin de batir la tropa nuestra que guarneca las tres cortaduras expresadas, en donde a la primera descarga recibi el comandante una herida de muerte, y le retiraron al cuerpo de guardia. Casi al mismo tiempo recib otra de muerte en la articulacin del brazo derecho, de que an hoy en el da no estoy restablecido, ni tiene uso el brazo, y vi que se hallaba con dos heridas el marqus Gonzlez muy empeado con indecible valor de defender la cortilla o trinchera expresada, y siendo preciso retirarme, encargu al mismo capitn Milla (que era el ms antiguo de la guarnicin) pusiese una bandera blanca, y mandase tocar llamada para capitular, respecto al estado de que nos hallbamos, con el primero y segundo comandante heridos, e imposibilitados de poder dar disposicin alguna; pero mi prevencin no tuvo efecto, y el nmero de enemigos creci bastante a pasar por encima de nuestra tmida tropa, tomando posesin del castillo, habiendo fallecido distintos oficiales nuestros, que con honor rindieron las vidas en obsequio de las armas del Rey”. 25. Antes de las 3 de aquella tarde se vio tremolar el pabelln ingls en el castillo, y hallando en l a D. Luis Velasco, herido de una bala por el pecho, le distinguieron con honores correspondientes a su mrito, y le enviaron aquella tarde a la ciudad, acompaado de un coronel ingls, a fin de que se curase; pero siendo la herida de suma gravedad, muri a poco ms de 24 horas, habiendo recibido todos los consuelos de la religin. Los pertrechos de guerra que los ingleses encontraron a su ingreso en el Morro fueron: 102 caones de bronce de varios calibres, 202 dem de hierro, nueve morteros de bronce, dos de hierro, 4 157 fusiles, 500 granadas de mano, 460 dem vacas de diversas calidades, 17 404 balas de can de distintos calibres, 30 quintales de balas de fusil, 125 000 cartuchos para dichos, y 500 quintales de plvora. 26. El sentimiento de esta prdida fue general e inconsolable. Tratose de demoler el castillo a vivo fuego desde la Punta y dems baluartes de la plaza, ayudando el navo Aquiln Nuestros bajeles se haban retirado a lo interior de la baha, temiendo las bombas de la Cabaa: los jefes por el propio motivo ocupaban el hospicio de S. Isidro, como punto el ms retirado, y todo se observaba como natural consecuencia de la ruina que amenaz desde el principio, y que ya se acercaba a su trmino, pero aun con eso, y haber visto anteriormente extraer caudales para ponerlos en salvo, a consejo y ejemplo de algunos mandones, duraba en el vecindario la resolucin de continuar la resistencia. Con semejante

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 76\ 76\ 76\ 76\ 76\ empeo se llev la atencin a ms fortificar la parte de tierra, para precaver un asalto, en caso de que el enemigo le intentase. Entonces se form una batera en la loma de Soto,3 que por su situacin y altura dominaba el terreno, la que qued concluida en el da 4 de agosto, con 6 caones de a 24, y cuatro de a 6, todos de bronce. 27. Sin embargo, los ingleses, que haban tomado entretanto los caminos de Jess del Monte y el Cerro, se retiraron a la Cruz del Padre, despus de dar fuego a aquella parroquia, y a todas las casas de campo de sus inmediaciones. El da 5 entraron 212 fusiles de la plaza de Cuba, con algunas municiones, otros 500 llegaron de Jagua el da 9, y el 10 se recibieron otros 1 500. Con tales refuerzos ms se alentaban los espritus, al mismo tiempo que los ingleses, ya sin el obstculo del Morro, progresaban en la construccin de sus obras, desde la eminencia de la Pastora hasta la cruz de la Cabaa, mirando a nuestros baluartes, y a los castillos de Fuerza y Punta. En ellas montaron 42 caones de todos calibres, y gran porcin de morteros, con cuyos adelantos el da 10 nos requirieron por capitulaciones, y para ms imponernos respeto, amanecieron el 11 descubiertas las bateras, principiando con un fuego copioso y continuado, que dur hasta la 1 del da, en que mand el gobernador poner bandera de paz, para efectuar los artculos de las capitulaciones. 28. No esperaba esta novedad la gente del pas, a lo menos con tanta prontitud, pues los regidores pasaron a inquirir el intento; pero acaso se graduara temeraria la continuacin de persistir defendiendo la plaza, en el estado pasivo a que ya se miraba reducida; y el da subsecuente mand el gobernador recoger las armas de los cuerpos de guardia y cuarteles, y sali el sargento mayor de la plaza D. Antonio Ramrez de Estenoz, autorizado para acordar los captulos que propusieron el gobernador y jefe de marina, cuyo resultado es como sigue: ARTCULOS DE CAPITULACI"Nconvenidos entre SS.EE. D. J. Pockoc, caballero de la Orden del Bao, y el conde de Albemarle, comandante de la escuadra, y del ejrcito de S.M.B. por sus partes; y por SS.EE. el marqus del Real Transporte, Comandante en Jefe de la escuadra de S.M.C. y D. Juan de Prado, gobernador de La Habana, para la rendicin de la plaza, y navos espaoles en su puerto. ARTCULO ILa guarnicin, en que adems de la tropa de la infantera, artilleros y dragones, se comprenden las milicias de los lugares de la Isla, saldrn 3Es la misma en que se halla colocado el castillo de Atars.

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ANTONIO JOS VALDS /77 /77 /77 /77 /77 por la puerta de Tierra el da 20 del presente mes, si antes no llegare socorro capaz de levantar el sitio, con todos los honores militares, armas al hombro, tambor batiente, banderas desplegadas, seis caones de campana, con 12 tiros cada uno, y otros tantos cada soldado; y los regimientos sacarn tambin las cajas militares de su pertenencia, y adems el gobernador seis carros cubiertos, que no ser permitido registrar en manera, ni pretexto alguno. ARTCULOS PRELIMINARES“Las puertas de Tierra y Punta sern entregadas a las tropas de S.M.B. maana 13 de agosto a las 12 del da, a cuyo tiempo tendrn efecto los artculos de capitulacin siguientes, los que se seguirn y ratificarn”. RESPUESTA AL ARTCULO I“La guarnicin compuesta de tropas regladas y dragones, stos desmontados, dejando sus caballos para el servicio de S.M.B., en consideracin de la vigorosa y brava defensa del castillo del Morro y de La Habana, saldrn por la puerta de la Punta, con dos piezas de can, y seis tiros para cada uno, y el dicho nmero para cada soldado, tambor batiente con banderas desplegadas, y todos los honores militares; la caja militar negada. Al gobernador se le concedern todas las falas, que fuesen necesarias para conducir sus equipajes, y efectos a bordo del navo destinado para l: todas las milicias as fuera de la ciudad como dentro, entregarn sus armas a los comisarios de S.M.B. que se nombrarn para recibirlas”. ARTCULO IIQue a la expresada guarnicin se le permitir sacar de esta ciudad, todos los haberes, equipajes y dinero, y transportarse con ellos a otro lugar de la Isla, a cuyo fin se permitirn hagan venir y entrar libremente en ella a las cabalgaduras, y carruajes correspondientes a su exportacin, entendindose lo mismo, con los dems ministros de S.M.C. empleados en la administracin de justicia, Intendencia de marina, Comisara de guerra, y manejo de Real Hacienda, que elijan desde luego el partido de salir de la ciudad. RESPUESTA AL ARTCULO II“A los oficiales de la citada guarnicin, se les permitir llevar consigo todos sus efectos, y dinero a bordo de los navos, que se destinaren a costa de S.M.B. para transportar la guarnicin al puerto ms inmediato de Espaa; el intendente de marina, comisario de guerra, y los empleados en el manejo de las caudales de S.M.C. luego que entre-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 78\ 78\ 78\ 78\ 78\ guen sus cuentas, se les dar permiso para salir de la Isla, si lo quisieren ejecutar”. ARTCULO IIIQue la tropa de marina, y las tripulaciones de los navos que existen en su puerto, y han servido en tierra, gozarn en su salida los mismos honores, que la guarnicin de la plaza, y sern con ellos restituidos a bordo de dichos navos, para que con el jefe de escuadra D. Gutierre de Hevia, marqus del Real Transporte, comandante general de las de S.M.C. en esta Amrica; luego que se desembarace de l con todos sus haberes, equipajes y dinero, pueda pasar a algn otro de los de la dominacin espaola, con la expresada condicin, de que en su navegacin hasta llegar a l, no atacar a ninguna escuadra ni navo suelto de S.M.B. ni de sus aliados, ni tampoco a las embarcaciones de sus sbditos particulares, y que tampoco ser atacada por ninguna escuadra ni navo suelto de S.M.B. o de sus aliados, y que sobre dicha escuadra poda embarcar libremente la tropa, y tripulaciones con sus oficiales de guerra, y mar dems individuos, que de ella dependen, y los caudales efectivos que se hallen en esta ciudad pertenecientes a S.M.C. con los equipajes y haberes en especie de plata, oro, u otra cualquiera de dicho marqus y dems individuos del Ministerio de Marina, franquendosele asimismo, cuanto sea necesario para su conservacin, y la de sus navos, y para la habilitacin de ellos al tiempo de su salida de los almacenes de S.M.C. y lo que en ellos faltase por los precios que fuesen corrientes en el pas. RESPUESTA AL ARTCULO III“El marqus del Real Transporte con sus oficiales, marineros y soldados de marina, siendo stos una parte de la guarnicin, sern tratados en la misma forma que el gobernador y tropas regladas. Todos los navos que estn en el puerto de La Habana, y toda la plaza y efectos de cualquiera especie, pertenecientes a S.M.C., se entregarn a las personas que sern elegidas por el caballero D. Jorge Pockoc y el conde de Albemarle, para recibirlo”. ARTCULO IVQue de toda la artillera, pertrechos y municiones de guerra y boca, pertenecientes a S.M.C., a excepcin de los que corresponden notoriamente a dicha escuadra, se har un inventario exacto y puntual, con asistencia de cuatro sujetos vasallos del Rey de Espaa, que nombrar el gobernador, y otros cuatro sbditos de S.M.B., que elegir su excelencia el seor conde de Albemarle, quien quedar posesionado de todo, hasta que ambos soberanos acuerden otra cosa.

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ANTONIO JOS VALDS /79 /79 /79 /79 /79 RESPUESTA AL IV ARTCULO“Toda la artillera, y cualquiera especie de armas, municiones de boca, y guerra sern entregadas a las personas que nombrasen el almirante y general”. ARTCULO V Que respecto a hallarse casualmente en esta ciudad, el excelentsimo seor conde de Superunda, teniente general de los ejrcitos de S.M.C. y virrey que acaba de ser del Reino del Per, y el seor D. Diego Tabares, mariscal de campo de los mismos reales ejrcitos, gobernador que fue de Cartagena, con el destino de pasar a Espaa, sern comprendidos con sus familias en esta capitulacin, dejndoseles en libre goce de sus equipajes, y dems haberes de su pertenencia de cualquier especie o clase que sean, y facilitndoseles embarcaciones para su transporte a Espaa. RESPUESTA AL V ARTCULO“El conde de Superunda, teniente general de los reales ejrcitos de S.M.C. y virrey que fue del Reino del Per, y D. Diego Tabares, caballero del Orden de Santiago, mariscal de campo y gobernador que fue de Cartagena, sern conducidos a Espaa en el modo ms acomodado que los navos permitan, conveniente a los empleos, dignidad y carcter de estas personas nobles, con todos sus efectos, plata y criados, en el tiempo que ms les conviniere”. ARTCULO VIQue la religin C.A.R. ser mantenida, y conservada en la misma conformidad que hasta aqu ha sido ejercida, bajo la dominacin de S.M.C. sin ponerse el menor impedimento en todos aquellos actos p blicos, que son propios de ella, dentro y fuera de los templos, a los cuales, y las festividades, que en ellos se solemnizan, se guardar la veneracin que hasta ahora han gozado: y todos los eclesisticos, conventos, monasterios, hospitales, comunidades, universidades y colegios; permanecern en el libre goce de sus fueros, derechos, y privilegios con el de sus bienes y rentas, as muebles, como races, segn que hasta aqu lo han obtenido. RESPUESTA AL VI ARTCULO“Concedido”. ARTCULO VIIQue el obispo de Cuba conservar igualmente los derechos, privilegios y prerrogativas, que como tal le competen para la direccin y pasto

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 80\ 80\ 80\ 80\ 80\ espiritual de los fieles de la religin C., nominacin de prrocos, y dems ministros eclesisticos, que son necesarios para ellos, con el ejercicio de jurisdiccin que le es anexo, y libre percepcin de rentas, y proventos correspondientes a su dignidad, que ser tambin extensiva a los dems eclesisticos en la parte que les toca de los decimales, y dems asignados para su congrua sustentacin. RESPUESTA AL VII ARTCULO“Concedido con la reserva, que en el nombramiento de curas y otros empleos, ser con la aprobacin del gobernador de S.M.B., que mandar esta plaza”. ARTCULO VIIIQue en los monasterios de religiosos y religiosas, se observar el gobierno interior que hasta aqu, con subordinacin a sus legtimos superiores, segn el establecimiento de sus particulares institutos, sin novedad alguna ni variacin. RESPUESTA AL VIII ARTCULO“Concedido”. ARTCULO IXQue del mismo modo que los caudales efectivos, que se hallan en esta ciudad pertenecientes a S.M.C., han de ser embarcados en los navos de la escuadra, que existe en este puerto, para ser transportados a Espaa, todos los tabacos, que asimismo pertenezcan a S.M.C., que ser permitido aun en tiempo de guerra al mismo soberano la compra de tabacos de la Isla, en el distrito de ella sujeto al Rey de la Gran Bretaa, por los precios que corren establecidos, y su libre conduccin a Espaa en embarcaciones propias, o extranjeras, y que para el fin de su recoleccin, custodia y beneficio, conservar los almacenes, molinos y dems oficinas, que estn destinadas a estos fines, y mantendr aqu los ministros que crean necesarios. RESPUESTA AL IX ARTCULO“Negado”. ARTCULO XQue en consideracin a que este puerto se halla situado oportunamente para alivio de los que navegan a estas partes de Amrica, tanto espaola, como inglesa, ser reputado para los vasallos de S.M.C. como puerto neutral, y les ser permitido entrar y salir libremente, tomar los refrescos que necesitasen, y reparar sus embarcaciones, pagando todo

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ANTONIO JOS VALDS /81 /81 /81 /81 /81 por los precios corrientes, y no podrn ser insultados, ni perturbados en su navegacin por las embarcaciones de S.M.B. ni de sus vasallos y aliados, desde los cabos de Catoche en la costa de Campeche y de S. Antonio al oeste de esta Isla, y sonda de la Tortuga hasta este puerto, y despus de l hasta ponerse en la altura de 33 N. hasta que ambas Majestades C. y B. acuerden otra cosa. RESPUESTA AL X ARTCULO“Negado”. ARTCULO XIQue a todos los vecinos estantes y habitantes de esta ciudad se les dejar en el libre uso y posesin pacfica de sus oficios y empleos polticos, que obtengan en propiedad, y en la de sus caudales y dems bienes as muebles como races de cualquier calidad y condicin que sean, sin que estn obligados a contribuir en otros trminos que lo hacan a S.M.C. RESPUESTA AL XI ARTCULO“Concedido; y se les permitir continuar en sus oficios de propiedad, tanto, cuanto su conducta no diere motivo para otra cosa”. ARTCULO XIIQue a los mismos, les sern conservados y guardados los fueros y privilegios, que han gozado hasta el presente, y sern gobernados en nombre de S.M.B. bajo de las mismas leyes, administracin de justicia, y condiciones con que lo han sido en los tiempos de la dominacin espaola, en todos los asuntos que entre s tuviesen, nombrando sus jueces y ministros de justicia, segn usos y costumbres. RESPUESTA AL XII ARTCULO“Respondido en el antecedente”. ARTCULO XIIIQue a cualquiera de los dichos vecinos que no quiera permanecer en esta ciudad, le ser permitido sacar libremente su caudal y riquezas, en la especie que ms le convenga, vender sus bienes races o dejarlos en administracin, y transportarse con ellos a los dominios de S.M.C. que eligiese, concedindole para ello el espacio de cuatro aos, y dndoles embarcaciones que los conduzcan, compradas o fletadas, con los pasaportes y resguardos de seguridad necesarios y el poder armarlas en corso contra moros y turcos, con la expresa condicin de no emplearlas contra vasallos de S.M.B. o de sus aliados, ni

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 82\ 82\ 82\ 82\ 82\ ser insultados, ni vejados de ellos, y que este y los dos artculos antecedentes, comprendern a todos los ministros de S.M.C., as de tierra como de marina, y oficiales de la tropa que se hallen casados y establecidos con familia y hacienda en esta ciudad, a fin de que gocen del mismo arbitrio que los otros vecinos. RESPUESTA AL XIII ARTCULO“A los vecinos se les permitir vender y remover sus efectos a cualquiera paraje de los dominios espaoles, en embarcaciones a su costa, para lo cual se les darn los pasaportes convenientes, y deber entenderse, que los oficiales que tienen bienes races en la Isla, gozarn de este beneficio concedido a los dems vecinos”. ARTCULO XIVQue a stos no se les causar la ms mnima molestia por haber tomado las armas en fuerza de su fidelidad, y de estar alistadas sus milicias para los casos ocurrentes de la guerra, ni se permitir saqueo, ni otro desorden a la tropa inglesa, y que por el contrario gozarn cumplidamente los dems derechos, excepciones y prerrogativas, que los otros sbditos de S.M.B., restituyndose sin el menor impedimento ni embarazo del campo a la ciudad, con todos sus equipajes y caudales, las familias que hubiesen salido de ella con motivo de la presente invasin, debiendo entenderse comprendidas en los presentes artculos, y que a unos ni a otros, no se les incomodar con alojamiento de tropas en sus casas, sino que ste se har en cuarteles, segn se ha practicado durante la dominacin espaola. RESPUESTA AL XIV ARTCULO“Concedido, a excepcin que en caso de necesidad de acuartelar las tropas, se ha de dejar a la direccin del gobernador. Todos los esclavos del Rey sern entregados a las personas que sern nombradas para recibirlos”. ARTCULO XVQue los caudales que se hallan detenidos en esta ciudad, pertenecientes a comerciantes de Cdiz, de los registros que han ido llegando, en que son interesadas todas las naciones de la Europa, se les facilite a los maestros encargados de ellos, el pasaporte correspondiente para hacer libremente su remisin con dichos registros, sin el riesgo de ser insultados en su viaje. RESPUESTA AL XV ARTCULO“Negado”.

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ANTONIO JOS VALDS /83 /83 /83 /83 /83 ARTCULO XVIQue a los ministros que hayan tenido a su cargo el manejo, administracin y distribucin de la Real Hacienda u otro cualquier asunto de peculiar comisin de S.M.C., se les haya de dejar en el libre uso de todos aquellos papeles, que sean concernientes a su resguardo, con la facultad de remitirlos o llevarlos a Espaa para el fin expresado, y lo mismo se entienda con los administradores de la Real Compaa establecida en esta ciudad, y sus otros dependientes. RESPUESTA AL XVI ARTCULO“Todos los papeles pblicos se entregarn a los secretarios del almirante y general para revisarlos, los que se devolvern a los ministros de S.M.C., si no se encontrasen necesarios para el buen gobierno de la Isla”. ARTCULO XVIIQue los archivos pblicos permanecern en poder de los ministros que los tienen a su cargo, sin que se permita el menor extravo de los papeles e instrumentos que incluyen, por el grave perjuicio que en ello se inferira a los derechos del comn y de los particulares. RESPUESTA AL XVII ARTCULO“Respondido en los artculos antecedentes”. ARTCULO XVIIIQue a los oficiales y soldados que se hallan en los hospitales, se les tratar de la misma forma que a la guarnicin, y en habiendo convalecido, se les facilitarn bagajes o embarcaciones en que transportarse a donde se halle el resto de la misma guarnicin, con todo lo necesario para su mayor seguridad y subsistencia en el viaje, y entretanto se les suministrarn vveres y medicinas, segn pidan los contralores y cirujanos de dichos hospitales, a quienes y a los dems dependientes de ellos, comprender esta capitulacin, segn el partido que prefirieren. RESPUESTA AL XVIII ARTCULO“Concedido, teniendo el gobernador comisarios competentes para asistirlos con vveres, cirujanos y medicinas necesarias a costa de S.M.B., mientras estuviesen en los hospitales”. ARTCULO XIXQue los prisioneros hechos de una parte a otra, desde el da 6 de junio que se present la escuadra inglesa delante de este puerto, se restituirn recprocamente sin rescate alguno en el trmino de dos meses, por lo respectivo a los que se han remitido fuera de esta ciudad,

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 84\ 84\ 84\ 84\ 84\ a otros lugares de la Isla, por falta de oportunidad en ella para su custodia, o antes segn fuesen llegando. RESPUESTA AL XIX ARTCULO“Este artculo no puede ser concluido hasta que los prisioneros britnicos sean entregados”. ARTCULO XXQue estando acordados los artculos de esta capitulacin, y dados los rehenes de una parte a otra, para su cumplimiento se entregar la puerta de Tierra a las tropas de S.M.B., para que ponga una guardia en ella, con otra que subsistir de la guarnicin de la plaza, hasta que se certifique su evacuacin, sirvindose el Excmo. Sr. conde de Albemarle, de enviar algunos soldados para las salvaguardias a las iglesias, conventos, casas de generales y dems vecinos empleados. RESPUESTA AL XX ARTCULO“El nmero de salvaguardias pedido para la seguridad de los templos, conventos y otros parajes, ser concedido, lo dems de este artculo est respondido en el preliminar”. ARTCULO XXIQue ser permitido al gobernador y comandante de la escuadra, despachar aviso a S.M.C. y a las dems partes que tengan por conveniente, con embarcaciones, a las cuales se confiesa seguro pasaporte para su viaje. RESPUESTA AL XXI ARTCULO“Como las tropas se han de enviar a Espaa, es por dems el aviso”. ARTCULO XXIIQue en atencin a la vigorosa defensa que ha ejecutado el castillo de la Punta ser comprendido en esta capitulacin, gozando su guarnicin de los mismos honores que la de la plaza, y debiendo salir por una de sus brechas ms cmoda. RESPUESTA AL XXII ARTCULO“Concedido”. ARTCULO XXIIIQue esta capitulacin se observar precisa y literalmente, sin interpretacin y sin que valga para lo contrario, pretexto de represalias de no haberse cumplido alguno de los artculos antecedentes.

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ANTONIO JOS VALDS /85 /85 /85 /85 /85 RESPUESTA AL XXIII ARTCULO“Concedido”. Cuartel general inmediato a La Habana a 12 de agosto de 1762. J. Pockoc — Albemarle — Marqus del Real Transporte — Juan de Prado Lo que se contiene en estos artculos respecto de la escuadra, sus oficiales, tripulaciones y guarniciones, se ha hecho con mi intervencin, y los propongo como su comandante general y a consecuencia de lo que se ha acordado en Junta de ayer. Habana 12 de agosto de 1762. — El Marqus del Real Transporte Nos conformamos con estos artculos, que son copia fiel de sus originales, segn la traduccin ejecutada del idioma ingls al espaol, por D. Miguel Brito, intrprete pblico de esta ciudad, por S.M.C. Habana 12 de agosto de 1762. — El Marqus del Real Transporte — Juan de Prado 29. El da 13 se entregaron las puertas de Tierra a los ingleses, despus de 67 das de asedio. El 14 tom el vencedor posesin de la plaza, entrando la tropa con dos piezas de campaa, y bajo de sus guardias fijaron en las fortalezas sus banderas. El da 15 se les entregaron los navos Tigre Reina Soberano Infante Aquiln Amrica Conquistador S. Antonio y S. Genaro estos dos, nuevos, y an no acabados de aparejar, y otro en grada en el Arsenal. El Neptuno el Asia y la Europa ya se ha dicho que se echaron a pique a la entrada del puerto, sin que sirviesen para impedir la de los buques enemigos, que entraron sin obstculo, hasta los navos de tres puentes. Los navos Vencedor y Castilla estaban en la sonda, esperando al Tridente y fragata guila de Veracruz, que se libraron por oportuno aviso. Otras muchas embarcaciones que estaban en baha, pertenecientes al comercio, tambin fueron tomadas, a pesar de vanas representaciones. 30. La salida de las tropas espaolas se efectu segn lo estipulado, embarcndose por la puerta de la Punta el da 24, en los transportes que tenan preparados los ingleses, y el da 30 se hicieron a la vela, llevando el gobernador un navo con sola su familia. 31. Segn lo que se ha podido comprender, se compona el armamento que los ingleses trajeron para esta conquista, de 19 navos, desde 60 hasta 90 caones: 13 fragatas, desde 20 hasta 40 dem, tres brulotes, y seis bombardas: todo con 10 800 hombres de tripulacin, y 240 transportes, con 14 000 soldados, y 4 000 negros trabajadores. Se asegura que el 30 de junio se hallaron poco ms de 7 000 hombres en revista general de la tropa de tierra. De que se infiere haban perdido en los 24 das primeros del sitio como 7 000 hombres, los ms muertos por el clima y los combates, y algunos por desercin, cuyas tres causas disminuyeron tanto el ejrcito, que no obstante

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 86\ 86\ 86\ 86\ 86\ los refuerzos recibidos de Jamaica, cuando tomaron la plaza apenas tendran 3 000 hombres de infantera, sindoles preciso traer refuerzos para sostener la guarnicin. 32. En la plaza haba 17 bateras con 186 caones de varios calibres y un mortero. La tropa reglada consista en cerca de 3 000 hombres sin incluir la marina. La maestranza era mucha, y trabaj incesantemente en las obras de fortificacin. Y agregando las milicias de blancos, pardos y morenos, con el paisanaje que descendi de varias partes de la Isla, pasaran de 10 000 hombres. Negros esclavos se trajeron muchos del campo y los hacendados sirvieron francamente con bestias, carnes, y cuanto se necesit de sus haciendas. 33. Posesionados los ingleses de la plaza, dispuso el general en jefe, conde de Albemarle, que fuese tropa al pueblo de Santiago; y tambin se mandaron a Matanzas dos fragatas de guerra, cuya ciudad dio sin dificultad la obediencia a los ingleses. Haba anticipadamente volado parte del castillo de S. Severino su comandante D. Felipe Garca Sols, retirndose a Cuba con su guarnicin. 34. Ni el conde de Albemarle ni sus sbditos pudieron contenerse desde luego en cometer las depredaciones comunes de los conquistadores contra los que tienen la desgracia de ser reducidos a la fuerza. As fue que despus de hacerse cargo de las cajas reales con porcin considerable de dinero, como tambin de crecida existencia que haba de varias corporaciones y particulares, exigieron adems grandes donativos del vecindario, que tuvo que pasar por cuanto se quiso determinar. El teniente coronel Samuel Cleaveland, que se deca comandante de la artillera de la isla de Cuba, no quiso perder su derecho de campanas, y en consecuencia dirigi al ilustrsimo obispo (que lo era el aeor D. Pedro Agustn Morell de Santa Cruz) y dems curas, el oficio siguiente, cuyo original tengo en mi poder, as como los dems que incluyo en este Libro, en los cuales estn las propias firmas de los que van suscritos. Oficio de dicho teniente coronel al ilustrsimo obispo y seores curas : “Segn las reglas y costumbres de guerra observadas por los oficiales comandantes de artillera en todos los pases de Europa, cuando una ciudad est sitiada y se rinde por capitulacin: ”Mando a la ciudad de La Habana y sus villas comarcanas, donde la armada estaba situada, que todas las campanas que se hallan en todas las iglesias, conventos y monasterios, como tambin de los ingenios de azcar, y otros metales iguales al de campanas, que den cuenta de ellos, para que se lleve a debido efecto dicho punto, hacindoles los ajustes que fueren razonables, para tomar en cambio de dicho metal. ”Habana 19 de agosto de 1762.— Samuel Claeveland L. Colonel of artillery”.

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ANTONIO JOS VALDS /87 /87 /87 /87 /87 35. Con motivo de este despacho de Claeveland, dirigi el obispo un oficio en el mismo da al general ingls, pidindole explicaciones sobre aquel procedimiento, y al da siguiente le contest, el general Albemarle “que siendo bien sabida costumbre de la guerra que los comandantes de artillera reciban una gratificacin de cualquiera villa o ciudad sitiada y tomada, el teniente coronel Claeveland haba reclamado aquel derecho con su anuencia”; y conclua dicindole que la demanda no sera desproporcionada. El obispo, en consecuencia de esta respuesta, cit a junta para el da 22 a los curas y prelados de las religiones, la que efectivamente se celebr, y en ella se determin que se hiciese saber al comandante de artillera que asignase las villas del sitio de las operaciones de la armada, y asimismo el tanto de la gratificacin correspondiente a sus iglesias y a las de esta ciudad, para proporcionar lo conforme, cuya diligencia practicada por el secretario, respondi el comandante que con respecto a las villas se contraa a Guanabacoa y a la auxiliar de Guadalupe y en cuanto al tanto de su gratificacin, las iglesias propondran la cantidad que equitativamente pudiesen contribuir, para cuya resolucin se convoc nueva junta para el da 24 del mismo mes de agosto. 36. Esta junta se celebr y en ella se resolvi que, atendidas las pocas rentas de las iglesias y la ruina que haban sufrido en la invasin, se sealasen 1 000 pesos al comandante Claeveland, y se encarg la diligencia de conseguir amistosamente la aceptacin de aquella cantidad, al P D. Manuel Rincn, prepsito del oratorio de San Felipe de Neri, a quien estimaban los generales britnicos. Pero no obstante esta estimacin, los ingleses graduaron por muy baja la oferta, y respondieron que en su juicio lo menos que deban dar en gratificacin eran 30 000 pesos, lo que motiv nueva junta para el 27 del mismo, bien que no se convoc hasta el 28, en cuyo acto recibi el obispo la siguiente carta del conde de Albemarle, escrita en castellano: “Illmo. Sr.: La cantidad ofrecida al oficial comandante de la artillera de S.M.B., por las campanas de la ciudad, es tan despreciable, que me obliga a mostrar mi disgusto. Con que para hacer acomodacin, digo que puede V.I. para todas las iglesias entregar a dicho oficial 10 000 pesos, y espero por este oficio merecer atencin.—B.L.M. de V.I. su mayor servidor Albemarle Habana 27 de agosto de 1762”. Leda que fue esta carta, se acord, atendida la imposibilidad de que las iglesias pudiesen contribuir la suma sealada, que se saliese a recoger limosna del vecindario, y noticiar del resultado al general para el 31 de dicho mes, de todo lo cual le avis el obispo por media de un oficio, cuya copia autenticada por el secretario D. Manuel Magaa, tengo a la vista. 37. El da 31 sealado, se celebr nueva junta sobre el mismo asunto, y se vio que slo se haba juntado de limosna la escasa suma de 103 pe-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 88\ 88\ 88\ 88\ 88\ sos 4 reales, que juntos con los 1 000 pesos anteriores, companan 1 103 pesos y 4 reales, lo que se comunic al general ingls, advirtindole no ser posible dar mayor cantidad; pero ste no contest palabra, y despus se present el comandante de artillera, requiriendo que se le entregasen las campanas, y aunque se seal el da 4 de septiembre para la entrega, sta no se verific por haberse colectado en calidad de prstamo los 10 000 pesos, que se le dieron el 6 del mismo mes. 38. An no pararon en esto las pretensiones del general ingls, en cuanto a la Iglesia y su pastor. Seguan ms adelante con otros respectos diferentes que no debo omitir en esta obra. El 20 del mencionado agosto, tambin celebraron junta los curas y prelados de las religiones a citacin de su pastor, a causa de una insinuacin del teniente general britnico, gobernador interino de la plaza, a fin de que se le asignase una iglesia para el ejercicio de la religin anglicana, y despus de discutido el asunto, resolvi el obispo pasar oficio a dicho gobernador exponindole que el proyecto de su instancia no se contena en las capitulaciones, las que prometan conservar los usos y fueros de nuestras iglesias, y que si S.E. se hallaba con otros fundamentos que justificasen su pretensin, los comunicase para resolver. En consecuencia de este oficio, recibi el obispo el da 30 de agosto uno del conde de Albemarle, escrito en idioma ingls, cuya versin literal es as: “Habana y Agosto 30 de 1762. Muy Reverendo Lord : Deseo y pido que V.S. mande proveer para las tropas britnicas una iglesia en que celebren los divinos oficios, o bien que se les seale una alternativamente con los catlicos, para tales horas a maana y tarde, en que stos no usen de ella. ”Insto asimismo en que se me d razn de todos los templos, conventos y monasterios de cualquiera denominacin, que se hallen comprendidos en la jurisdiccin del Obispo de Cuba, como de los superiores y oficiales pblicos que les pertenezcan. Soy con gran respeto y estimacin, muy Reverendo Lord. De V.S. el ms obediente humilde servidor,— Albemarle” 39. El obispo, visto por la antecedente que los ingleses no desistan en sus designios indicados, dirigi la que sigue al general britnico, quien en respuesta remiti la que inserto a continuacin. En ella se notar mucha inexactitud en el castellano, pero he tenido a bien copiar letra por letra la original que tengo, escrita a caso por algn ingls poco versado en nuestra lengua, o por el mismo Albemarle, pues la firma de su puo se halla al pie, del mismo modo que en las dems. Carta del obispo. “ Excmo Sr Muy Sr. mo: he tenido la honra de recibir la de V.E. de 30 del mes prximo pasado. Su contenido se reduce a dos puntos: el uno sobre asignacin de iglesia a las tropas britnicas para celebrar los divinos oficios, o que tengan una alternativa con los catlicos, para tales

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ANTONIO JOS VALDS /89 /89 /89 /89 /89 horas a maana y tarde, en que stos no usen de ella; y el otro en orden a que se d razn a V.E. de todos los templos, conventos y monasterios de cualquiera denominacin, que se hallen comprendidos en la jurisdiccin del Obispado de Cuba, como de los superiores y oficiales que les pertenezcan. En cuanto a lo primero debo decir a V.E. que el Excmo. Sr. J. Eliot, en visita que le merec la tarde del da 19 del mismo mes, me hizo insinuacin de parte de V.E. sobre este asunto. Reserv satisfacerle, como lo ejecut en el prximo siguiente, segn aparece de la copia que incluyo a V.E. para que sirva de satisfaccin al enunciado particular, aadiendo quedar con el ms inexplicable sentimiento de no poder deferir a la instancia de V.E. por no ser conforme a las mximas de la religin catlica, cuya conservacin indemne se afianza en la capitulacin y artculo sexto, y V.E. verbalmente se ha dignado ratificrmela con expresiones muy vivas y propias del carcter y grandeza de V.E. sobre que contemporneamente manifest a V.E. mi especial gratitud. Por lo respectivo a lo segundo, pongo presente a V.E. que habindose tratado de mis derechos, privilegios, prerrogativas, nominacin de prrocos y dems ministerios eclesisticos pertenecientes a mi dignidad, se respondi en el artculo preliminar del sptimo nmero, que se conceda con la reserva que en el nombramiento de curas y otros empleos, ser con la aprobacin del gobernador de S.M.B. que mandase esta plaza. En las referidas palabras no encuentro alguna que comprenda la razn que V.E. me pide, y as debo ceirme a su literal sentido, como lo ejecutar puntualmente siempre que llegare al caso. Adems de que nunca podra yo darla con la generalidad que se pretende, respecto a que la jurisdiccin del Obispado de Cuba, que al presente corre a mi cargo, se extiende a toda la Isla, dominada por S.M.C. en la mayor parte de su terreno y pueblos, y de stos nunca pudiera yo noticiar lo ms mnimo a V.E. sin cometer gravsimo atentado, y sujetarme a una reprensin muy severa. No me parece tampoco que el nimo de V.E. sea ste, sino que su insinuacin proceda de que, como recin venido a este pas, no se halla V.E. con las noticias correspondientes a estos asuntos. V.E. en fin se persuada a que no deseo otra cosa que complacerle, y guardar con V.E. una buena armona, sobre que recuerde la quietud de estos moradores; pero al mismo tiempo se servir V.E. hacerme la justicia de que en todo debo obrar con la ms seria reflexin, para no faltar, ni en un pice, al soberano respeto de las dos Supremas Majestades, que en la constitucin presente venero, y cuyas regalas procurar con todo esfuerzo mantener ilesas, fijando para ello la vista en las capitulaciones y artculos, como autorizados con sus reales nombres, y que me servirn de norte seguro para el acierto de mis operaciones. Si en alguna faltare o excediere, se servir V.E. con amistosa llaneza advertrmelo, en el supuesto de que mis yerros procedern de entendimiento

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 90\ 90\ 90\ 90\ 90\ pero no de voluntad. Nuestro Seor guarde a V.E. muchos aos: de este su palacio y Septiembre 2 de 1762. Excmo. Sr. B.L.M. de V.E. su ms seguro servidor el Obispo de Cuba. Excmo. Sr. Conde de Albemarle” Respuesta del conde. “Ilustrsimo Seor. Seor : recivi una carta muy largo de U.Y. pero sin ser respuesta a la mia, ignoro de haver leido Capitulacion particular que he hecho con la Yglesia, pero cierto estoi que ninguna que puede excluir los Vasallos de su Magestad Britnica de su culto divino; y por la misma razon si U.Y. no mi assigne una Yglesia, tomare la que mejor me pareciere, y siervase de acordar que todos empleos o dignidades Eclesisticos han de recivir mi aprobacion, y tambien ser mejor complir con lo que pide, que cansarse con escrivir Epistolas tan largos. Dios guarde a U.Y. muchos aos. Habana, Setembre y 4 de 1762. Ylustrisima Seor. B.L.M. de U.Y. su mas seguro Servidor. Albemarle” 40. Recibida que hubo el obispo la contestacin antecedente, consult los prelados, y envi a decir al conde que pues estaba resuelto, eligiese la iglesia que mejor le pareciese, para desocuparla, y l eligi la de S. Francisco, a cuya entrega accedi prudentemente el padre vicario provincial F. Andrs Menndez. Pero el general persisti en sus otras pretensiones, como se observa en la siguiente. “Ylustrisima Seor : Dias ha que suplique una lista de todas los beneficios Eclesiasticas de la donacion de U.Y.: y una vez mas repito mis deseos de tenerla sin perdida de tiempo. Tengo noticia que el colegio de Jesuitas ha recivido en su orden un oficial ingls despedido del Servicio del Rey, para sus malos procederes, apenas creo que tal cosa se han hecho sin mi licencia. Aquella orden no esta en mucha reputacin aun en Espaa, y en Portugal y en la Francia estan totalmente expulsos. No se que ordenes recivire de mi corte tocante a ellas, especialmente si represento su falta de respecta a mi Persona, que representa la del Rey mi amo en este lugar. Si ellos no estan enteramente debaxo de la Jurisdiccion de U.Y., remiteme el Rector de ellas aca. Dios guarde &c. Habana Setembre 25 de 1762. B.L.M. &c. Albemarle” A esta carta le contest el obispo que en cuanto a la razn que segunda vez se le peda haba sido satisfecho anteriormente, aunque nada se le haba contestado, por lo que nunca se pondran de acuerdo: y que con respecto a los jesuitas era todo falso, porque los de este colegio no podan admitir persona alguna, siendo esta facultad privativa del provincial residente en Mjico. 41. Entre varias ocurrencias de aquellos das sucedidas con oficiales ingleses y los vecinos de La Habana eclesisticos y seculares, merece particular mencin la acontecida con el obispo, segn explica esta carta, que para obtener satisfaccin dirigi al general ingls.

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ANTONIO JOS VALDS /91 /91 /91 /91 /91 “ Excelentsimo Seor Muy seor mo: entre 4 y 5 de la tarde del da de ayer, estuvo a visitarme de parte de V.E. una persona, cuyo nombre, apellido y nacin ignoro. Slo s que habla espaol aunque con resabios de extrangero, y que trae en las orejas unas argollitas de oro, a usanza de mugeres. Repar que en la conversacin me trataba de usted Advertile el modo distinguido, que deba usar conmigo. Respondiome que siempre me dira usted Reflexion entonces que esta terquedad podra fundarse en tener algun grado, que mereciese tratamiento de Seora. Preguntselo y contest dicindome no hallarse con otro, que el de tirar bombas en nombre de su soberano. Continu por fin su tema, despidindose con voces altas; y por que en todo lo referido ha faltado al respeto debido a mi dignidad, y es muy justo sea corregido conforme a su exceso, ocurro a la satisfaccin de V.E. &c”. Esta carta, que jams tuvo correspondiente satisfaccin, est fecha a 22 de octubre, y su copia autenticada por el pro-secretario B. D. Antonio Snchez de Orvea. 42. Este mismo da recibi el obispo nuevos reclamos en que el conde de Albemarle, como gobernador y capitn general de la Isla, insista en que se le diese razn de todas las rdenes y beneficios eclesisticos, para saber y ser juez competente (son palabras de su carta) de los sujetos nombrados por el obispo, y poder dar su consentimiento con preferencia. Pero el obispo contest remitindose a sus antecedentes, y exponindole que ni antes ni despus del consentimiento para preferencia poda ser juez competente de los sujetos nombrados, a causa de que los eclesisticos son exentos, segn todos los derechos, de la potestad laica, y sus privilegios permanecan indemnes en esta ciudad. Aadile que la lista pretendida, para nada era conducente en la aprobacin, siendo as que slo el electo debe obtenerla, a menos que se le objeten algunas faltas, que le hagan indigno de la gracia, cuyo conocimiento toca al prelado. 43. Por este tiempo ya corran nuevas contestaciones sobre un presente que el general ingls, como conquistador, esperaba de la Iglesia, y podrn ver mis lectores en la siguiente copia, que traslado de su original, que tambin fue dirigida en catellano. “ Ilustrisima Seor : Mucho siento el hallarme con la necesidad de recordar a U.Y. de lo que deve aver pensado dias ha. A saver. Un presente de la Yglesia a el General de un Exercito conquistadora: lo menos que U.Y. puede pensar a ofrecer por esta donativo es Cien mil pesos. Mis deseos es a vivir en mucho concordia con U.Y. y la Yglesia, lo cual he manifestado en cada ocasion hasta aora. Espero el no tener motivos para desviar de mis inclinationes por desquida alguna de su parte. Dios guarde &c. Habana Octubre y 19 de 1762. B.L.M. &c. Abemarle” Este nuevo incidente multiplic las angustias del obispo, que jams esper exaccin de esta nueva naturaleza, como en respuesta que con-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 92\ 92\ 92\ 92\ 92\ serv, se lo signific al general. Tambin se celebr con este motivo, nueva junta, en que se consider el atraso que sufra la Iglesia, y su imposibilidad para semejante donativo; y de todo dio parte el obispo al general, por carta de 21 de octubre. Y parece que an desconfiado del buen xito de este asunto, escribi tambin al excelentsimo seor Jorge Pockoc, almirante de la escuadra britnica, suplicando su mediacin en el asunto; advirtindole que adems del atraso de la Iglesia, aquella demanda se opona a lo capitulado. Pero este general, aunque respondi al siguiente da, 22 de octubre, desde su navo el Namur ofreciendo su mediacin, se mostraba muy satisfecho de la conducta, que respecto de la Iglesia observaba el general de tierra, bajo cuya proteccin, y la de la Gran Bretaa, nada consideraba que habra que temer. 44. Atendidos los referidos acontecimientos, y comprendido el espritu de los conquistadores, no parece extrao que el da 29 de octubre pasase el general Albemarle al obispo un oficio escrito en ingls, que ya indicaba claramente las intenciones que alimentaba. Su traduccin es como sigue: “Octubre 29 de 1762. My Lord : El artculo sptimo de la capitulacin declara expresamente que el nombramiento de curas y otros oficios eclesisticos haya de ser con el consentimiento y aprobacin del gobernador de S.M.B. Por esta razn he demandado repetidamente una lista de los oficiales eclesisticos, y de los nombres de los que gozan de ellos, para informarme de algn modo del carcter de aquellos que V.I. pueda encomendarme para mi aprobacin. Para hacer esto me hallo autorizado con los artculos de la capitulacin, y si V.I. no me remite inmediatamente la lista requerida, yo habr de declarar pblicamente a V.I. por violador de ella. Soy aqu superior a V.I., y le har conocer al mismo paso que adherir menudamente a la capitulacin, que el almirante y yo hemos firmado. Si V.I. voluntariamente la viola, es preciso que sufra sus consecuencias. Mi tiempo es demasiado preciso para entrar en disputas de papeles con V.I. sobre menudencias, y as no puedo responder a los dems asuntos de su muy larga y tediosa carta. Ni quiero tampoco deferir a abogados asuntos que puedo terminar por mi propia autoridad. Soy, Mi lord, &c. Albemarle” El obispo, en carta que le dirigi a 2 de noviembre, insisti en sus aserciones, y en algunas lneas de ella le deca que “haba determinado comunicar este punto a ambas Cortes, y juntamente el del donativo de la Iglesia, y novedades sobre la de San Francisco y hospital de S. Juan de Dios, con las dems ocurrencias, para que informados los dos soberanos, con testimonio de lo obrado, se sirvan dirimir estas controversias, y que mediante ellos, se ejecute sin alteraciones lo que fuese de justicia”.

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ANTONIO JOS VALDS /93 /93 /93 /93 /93 Esta determinacin acab de exasperar el nimo de Albemarle, que sin ms detencin que la muy precisa, expidi el siguiente decreto, que se public y ejecut sin prdida de momento. POR SU EXCELENCIA JORGE, CONDE DE ALBEMARLE, Vizconde Bury, Barn de Ashford, uno del ms honorable Con sejo privado de su Magestad, capitn, custodiador y gobernador de la isla del Jersey, coronel del Regimiento de Dragones propio del Rey, comandante en jefe de los ejrcitos de su Magestad, capitn general y Gobernador de la isla de Cuba “Por cuanto, en el artculo stimo de la capitulacion, no se ha de hacer promocion alguna en la iglesia sin la aprobacion y consentimiento del gobernador, su excelencia el seor conde de Albemarle, habiendo en varias ocasiones demandado al Sr. Obispo una lista de los eclesisticos en sus dicesis, a fin de que su excelencia se haga capaz de juzgar del mrito de tales personas, que se recomiendan por los preferimientos. ”Y por cuanto, el Sr. Obispo en una manera no muy respetable, siempre ha negado el cumplir con la dicha demanda de su excelencia, y en una carta del dia 2 del presente no slo ha negado absolutamente el enviarle la lista demandada, pero amenazndole con un modo muy imperioso e ilegtimo, dicindole que dara la queja a las Cortes de la Gran Bretaa y Espaa, de la irregularidad de la demanda, como brecha de la capitulacion, e hizo mencion en la misma carta de ambas Cortes y de ambos Reyes Soberanos respectivos, con un modo muy sedicioso, olvidndose el ser solamente sujeto a la Gran Bretaa, y considerndose como sujeto a su Magestad Catlica, no obstante la capitulacion. ”Por tanto, su excelencia el conde de Albemarle consider que es absolutamente necesario que el Seor Obispo sea mudado de esta Isla, y enviarle a la Florida en uno de los navios de guerra de su Magestad, a fin de que la tranquilidad se preserve en esta ciudad, y que la armona y buenas correspondencias se mantengan entre los sbditos antiguos y modernos de su Magestad, lo cual el Sr. Obispo en una manera tan flagrante ha procurado interrumpir. ”Su Excelencia con gran repugnancia se halla obligado a usar, para este acto de autoridad, de el poder con que est vestido, no solamente por la conquista, sino tambien, por el artculo undcimo de la capitulacion; pero no obstante los procederes tan irregulares de el Sr. Obispo, su excelencia se determina continuar su proteccion a la Iglesia y a preservar sus miembros en todos sus derechos y privilegios, como estipulado por los artculos de la capitulacion, aunque estos artculos no han sido rigurosamente cumplidos por parte de algunos de los magistrados dentro del distrito y jurisdiccion de esta ciudad de La Habana. Firmado, Albemarle Habana en 3 de Noviembre de 1762. Por mandato de su Excelencia. Firmado, J. Hale Secretario”.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 94\ 94\ 94\ 94\ 94\ 45. No se eximieron las dems clases de la poblacin de sentir las despticas determinaciones del vencedor, pues aunque es verdad que algunos se personaron para que de todo el vecindario se colectase para el ingls un donativo de 200 000 pesos, infinitos lo resistieron, unos por atraso en sus negocios, y los ms por desafeccin. Tambin otros sufrieron violencias de distinta naturaleza, pues bastaba la menor sospecha o resistencia a sus rdenes, o a veces la defensa del mismo decoro, para ser juzgados con la rapidez de un consejo de guerra, sin que valiese ni la inmunidad eclesistica, que en nada se respetaba, y a ocasiones ni aun los ltimos consuelos de la religin, se dispensaban a los que llevaban a la horca. Pero acaso mi pluma se desliza en ofensa de una potencia, por otro lado, grande y generosa, como lo ha significado en estos ltimos das, y nada se remedia, adems, con hacer descripciones odiosas de sucesos acontecidos, y que slo duraron hasta el 6 de julio de 1763, da en que lleg el excelentsimo seor conde de Ricla, enviado para restaurar la plaza en cumplimiento de los tratados de paz acabados de celebrar. Ya los ingleses, y tambin los espaoles, estaban persuadidos de este resultado, y acaso algunas acciones a que dio lugar semejante persuasin motivaron la publicacin del siguiente bando: POR SU EXCELENCIA EL HONORABLE Guillermo Keppel, mayor general, coronel de un regimiento de infantera, comandante en jefe de las tropas de S.M. y gobernador de esta ciudad de La Habana &c. &c. “Por cuanto hay razones de creer, que breve se verificar una paz general, porque se ha convenido ya en algunos artculos preliminares entre los ministros plenipotenciarios de la Gran Bretaa, Francia, y Espaa. Y sin embargo de que en dichos artculos se registran proposiciones de restaurar a S.M. Catlica la conquista hecha por S.M. Britnica en la isla de Cuba, hasta que tal restauracin se ordene efectivamente, y sea firmada, sellada la paz entre las Cortes de Londres y Madrid, y que en debida forma sea notificado S.E. el seor gobernador de esta ciudad, con rdenes expresas de S.M. de hacer entrega de dichas conquistas a S.M. Catlica. Los vecinos indispensablemente se han de considerar como sbditos de la Gran Bretaa, en conformidad a la capitulacin hecha entre S.E. el conde Albemarle, y Jorge Pockoc, caballero del Orden del Bao de la una parte y el marqus del Real Transporte, y D. Juan de Prado de la otra, cuya capitulacin ha de continuar en toda fuerza y vigor, hasta que un gobernador y guarnicin espaola, se enve de Espaa por S.M. Catlica, y arreglado a las rdenes que vinieron de la Corte de la Gran Bretaa, tome posesin de La Habana, y su jurisdiccin.— Wm. Keppel .—Por mandato de S.E., Enrique Pringle” Desde la restauracin empez el engrandecimiento de La Habana, a que se dedic el Supremo Gobierno, conociendo con mayor extensin

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ANTONIO JOS VALDS /95 /95 /95 /95 /95 la importancia de la posesin de esta Isla: siendo de notar que los mismos ingleses con sus operaciones hostiles nos indicaron los puntos que habamos de fortificar, para hacerles inaccesibles a viva fuerza una plaza, cuyo dominio les daba la soberana de las primeras y ms excelentes posesiones de la Espaa americana. El monarca Carlos III qued plenamente satisfecho del honrado procedimiento del vecindario de La Habana, y eso le impuls a manifestarle su gratitud del modo que aparece en el siguiente documento. Certificacin .—“D. Ignacio de Ayala, escribano de S.M. teniente mayor de gobierno, y guerra de esta plaza, e isla de Cuba, de muy ilustre Cabildo, y Ayuntamiento de esta ciudad de La Habana y su jurisdiccin, como mejor puedo, y debo, certifico, doy fe, y verdadero testimonio, que en el bando expido por el excelentsimo seor conde de Ricla, gobernador, y capitan general de esta plaza, e isla, a los 8 del presente mes, y publicado por m el infrascripto escribano, el propio da, consta el captulo de Real Orden de 16 de abril de este corriente ao comunicada a su excelencia por el excelentsimo seor baylo frey D. Julin de Arriaga, secretario de Estado, marina e Indias, que su tenor a la letra es el siguiente. Captulo de real orden:—Cuando Vuexcelencia sea recibido en el cabildo de la ciudad de La Habana para el gobierno de ella, deber Vuexcelencia manifestarle la gratitud, que ha merecido a S.M. la fidelidad, y celo, que ha hecho notorio todo su vecindario, y dems vasallos de aquella Isla en el padecido asedio, y aun despus. ”Es conforme al captulo de real orden preinserto, que corre colocado en el cuaderno corriente de bandos, que para en mi poder, a que me remito, cuyo original para en el de S. excelencia, de cuya orden hice sacar el pesente. —Habana y julio 29 de 1763.—EN TESTIMONIO † DE VERDAD.— Ignacio de Ayala escribano-teniente de mayor de gobierno”.

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Libro SextoSUMARIO1. Preliminar. 2. Gobierno del conde de Ricla. 3. Organizacin de tropas. 4. Sigue el mismo asunto. 5. Sigue lo mismo. 6. Emigracin de familias floridanas. 7. Gobiernos de Manrique, Cisneros y Bucarelli. 8. Sigue el gobierno de Bucarelli. 9. Del marqus de la Torre. l0. Sigue lo mismo. 11. Sigue lo mismo. 12. Concluye el gobierno del marqus de la Torre. 13. Gobierno de Navarro. 14. Sigue lo mismo. 15. Acciones militares de Glvez. 16. Cagigal. 17. Unzaga, Glvez, Troncoso, Ezpeleta y Cabello. 18. Gobierno de Casas. 19. Sigue el mismo asunto. 20. Contina lo mismo. 21. Sigue el propio asunto. 22. Prosigue lo mismo. 23, 24, 25, 26, 27, 28, 29, 30, 31, 32, 33, 34, 35. Temporal del ao 91. 36, 37, 38, 39, 40. 41. Expedicin de Santo Domingo. 42. Paz de Basilea. 43. Cenizas de Coln. 44. Apercin de la nueva iglesia de la Merced. 45. Sigue el gobierno de Casas. 46, 47, 48, 49, 50, 51, 52, 53. Concluye el gobierno de Casas. 54. Gobierno de Santa Clara. 55. Disposiciones militares. 56. De comercio. 57. De polica. 58. De baos. 59. Paseos. 60. dem. 61. Otras obras de utilidad y ornato. 62. Hospitales. 63. Audiencia. 64. Concluye el gobierno de Santa Clara. 65. Venida del marqus de Someruelos. 66. Obras pblicas. 67. Cementerio general. 68. Sigue lo mismo. 69. Educacin. 70. Vacuna. 71. Incendio extramuros. 72. Contestaciones con franceses de Santo Domingo. 73. Temores de ingleses. 74. Almirantazgo. 75. Cada de Godoy. 76. Sbese de oficio la prisin de los reyes. 77. Pretensiones que ocurrieron sobre la dominacin de esta Isla. 78. Comercio. 79. Movimiento popular. 80. Ejecucin de un emisario. 81. Aumento de tropas. 82. Prrroga del gobernador. 83. Castigo de negros rebeldes. 84. Temporal sucedido en 810. 85. Diversos acontecimientos del gobierno de Someruelos. 86, 87 y 88. Conclusin del Libro Sexto.1. Confieso que me ser dificultuoso romper con acierto por medio de la historia perteneciente a los tiempos que acabo de bosquejar, y slo mi intrepidez, estimulada del ansia de ser til a mi patria, sera capaz de persuadirme a empresa tan arrojada. Yo conozco que, aun habindome franqueado algunos archivos, que vanamente he solicitado, para rectificar y enriquecer mis ideas, no habra sabido pintar con la debida propiedad los acontecimientos que son notorios a una gran porcin de los actuales habitantes de este pas; entre los que existen algunos que todo lo presenciaron, y a distintas determinaciones pblicas concurrie-

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ANTONIO JOS VALDS /97 /97 /97 /97 /97 ron, por sus funciones en la sociedad. Y siendo esto efectivamente as, cmo podr vanagloriarme de acertar, cuando ni aun se me ha franqueado cuanto pudiera haberme ilustrado...? Sin embargo, no me han faltado amigos sabios y generosos,1 que, dedicando todo su aprecio a mis deseos, me han proporcionado las interesantes noticias que he procurado coordinar, y que presento al pblico con el dolor de que carezcan de toda la extensin que l merece, y yo quisiera franquearle. 2. Dije al finalizar el Libro antecedente que en el gobierno del excelentsimo seor conde de Ricla comenz el engrandecimiento de La Habana, y esta asercin es tan evidente como lo ensea el crece que se percibe de su cotejo con las pocas precedentes a la guerra referida. Durante este gobierno se acalor la ereccin de las nuevas fortalezas de S. Carlos de la Cabaa y Atars, y se puso en obra la reedificacin y aumento del Morro. Se dispusieron y ejecutaron divisiones, reformas y erecciones de hospitales. Se dotaron provisionalmente nuevos ministros del Tribunal de Cuentas, y todo el ramo de Real Hacienda pblica, que hasta entonces haba corrido al cargo de oficiales reales, recibi nuevo impulso y distinta forma, con el nombramiento de un intendente, que entre otras disposiciones estableci el mtodo de aduana, que empez, creo que el 15 de octubre del ao de 64, a recibir los derechos de su nueva planta. Tambin se concluy un reglamento de polica a 23 de septiembre de 1763, y despus se confirm por Real Cdula de 19 de noviembre de 1769. Y no se limitaron a las indicadas las reformas que se llevaron a efecto, en conformidad de las rdenes y celo de Carlos III. 3. El excelentsimo seor conde de O’Reilly, como inspector general nombrado al intento, organiz y redujo a un estado respetable las tropas veteranas y milicias de la Isla. Con respecto a las ltimas fue su primer cuidado, desde luego, la divisin de los barrios, dar nombre a las calles, y numerar las casas: requisitos que no existieron hasta entonces, y de este modo consigui venir en conocimiento de que en esta ciudad slo poda levantar un batalln de milicias disciplinadas de hombres blancos. En este concepto form sus listas, dividindolas por barrios, hizo el estado general, convoc a su casa a los individuos de la Primera Compaa:2 nombr tenientes, sargentos y cabos veteranos, pas su revista personal; y seguro de su totalidad, les destin hora y paraje, donde debieran concurrir diariamente a disciplinarse. Esto mismo verific con las dems compaas; esto practic con los dems pueblos, de suerte que en poco tiempo logr ver realizadas sus ideas, manifestando 1Los afectos de mi reconocimiento estn clamando que manifieste sus nombres apreciables; pero el precepto de su delicadeza me contiene en los lmites de una forzada moderacin.2Instrucciones dadas por el general Montalvo.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 98\ 98\ 98\ 98\ 98\ vastos conocimientos, y las disposiciones ms ingeniosas para la milicia. Cuando hubo completado los dos batallones de milicias blancas de La Habana y Guanabacoa, conociendo que su fuerza no era suficiente para la defensa de esta capital, aun agregado el Regimiento Fijo y dems de la guarnicin, y viendo el inconveniente de aumentar ms cuerpos de milicias, por escasez de blancos en aquella poca, concibi el proyecto de crear dos batallones ms, uno de pardos y otro de morenos. stos fueron consiguientemente instruidos y regimentados de una manera inesperada: los estimul por premios gratuitos, y los condecor con distinciones honorficas, de cuyas ideas verdaderamente originales, hace recordar uno de los ms clebres escritores de la Amrica; ideas, segn se explica un poltico, que tal vez no habra adoptado el mismo autor en las actuales circunstancias. 4. Como desde que el citado conde tuvo a la vista el padrn general, conoci que por la cortedad del vecindario no poda proceder a los sorteos, sin hacer entrar en ellos hasta los casados y otras clases; tom desde luego el partido de verificar los alistamientos, por considerar este recurso el ms suave para conseguir sus intenciones, como efectivamente las consigui. Yo supongo, y creo no equivocarme en mi suposicin, que no sera la mente del conde autorizar las vejaciones que experimentan los ciudadanos en el da, vindose sorprendidos en medio de las calles pblicas por los sargentos y cabos comisionados para la recluta de milicianos. El entendimiento ms estlido concibe diversos modos de aumentar el nmero de voluntarios por medios menos violentos, a fin de mantener siempre completa la fuerza de los batallones. Porque, la verdad sea dicha: ese epteto de voluntarios con que se distinguen los milicianos de los veteranos es un verdadero insulto, que se hace a los vecinos, siendo as que son atrados al servicio a viva fuerza. Y muchos que piensan con honor hacen muy bien de retirarse a ser alistados, por no verse expuestos a sufrir el maltrato que reciben de sus jefes veteranos, con especialidad de los cabos y sargentos. El hombre, y sta es una verdad eterna, quiere ser tratado con decoro en todos los rangos de la sociedad. 5. Deseoso yo de examinar las ideas y operaciones del general conde de O’Reilly, sobre estos particulares con la atencin posible, me dirig al inspector general actual3 brigadier, D. Juan Echeverri, a fin de que me franquease las noticias suficientes del archivo de la inspeccin, y encontr a este individuo con tan prontas disposiciones de satisfacer mi objeto, que orden al secretario que satisficiese mi pretensin. Pero el citado conde nada haba dejado archivado de cuanto aqu ejecut, como se deduce de la siguiente certificacin, de que se me dio copia: D. PASCUAL JIMNEZ DE CISNEROS, Caballero de la orden Constantiniana de S. Jorge, brigadier de los ejrcitos de S.M., teniente de rey de 3Escribo en junio de 1813.

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ANTONIO JOS VALDS /99 /99 /99 /99 /99 la isla de Cuba y ciudad de S. Cristbal de La Habana, inspector general de su tropa, gobernador y capitn general interino de la misma Isla y plaza, juez subdelegado de la renta de correos “Certifico: Que habindome pedido el excelentsimo seor conde de Ricla los papeles que el inspector general D. Alejandro de O’Reilly haba establecido correspondientes a la formacin del regimiento de La Habana y dems cuerpos, y distribucin de los oficiales sueltos, he procurado buscarlos entre todos los documentos que me entregaron, y no hay ninguno que verifique tales asuntos, ni tampoco consta por ndices que paran en mi poder, de que es probable, que el referido D. Alejandro O’Reilly se los llevase; y para que conste lo firmo y sello con el de mis armas en La Habana a 20 de junio de 1765. —Es copia. —Echeverri”. 6. Como por la paz que se acababa de celebrar a fines de 17624 cedi Espaa la Florida, tuvimos esa nueva emigracin, que contribuy al aumento de la poblacin de esta Isla, con las familias que vinieron de aquel desgraciado pas; que ha tenido que sufrir por su localidad, y escasa proteccin del gobierno, diversos acontecimientos que han obstruido su fomento y ocasionado el trastorno y extravo de sus naturales. 4Paz celebrada Esta paz se firm en Versalles, y en fuerza de su tratado la Francia y la Inglaterra se restituyeron gran parte de sus conquistas, y prometieron ser amigas en lo sucesivo, y para que esta amistad fuese ms permanente Luis XV cedi a la Gran Bretaa todo el vasto continente del Canad con Quebec, su capital, y el famoso establecimiento del cabo Breton para continuar la pesca del bacalao en la isla de Terranova. Por esto deca el lord Bolimbrok a un amigo suyo: notad que todas las guerras de nuestros ingleses son guerras de mercaderes Los artculos del tratado de dichas partes eran 16, y a Espaa se referan los tres siguientes: 1 “El rey de la Gran Bretaa restituir a la Espaa todo lo que ha conquistado en la isla de Cuba, con la plaza de La Habana, en el mismo estado en que se hallaba”. 2 “En consecuencia de esta restitucin S.M.C. cede, y da al rey de Inglaterra todo lo que la Espaa posee en la Amrica septentrional, al este sodueste del ro Misisip, bien la Florida, con la condicin de que se conserve a los habitantes la facultad de practicar la religin catlica, y que los que quieran salir de aquellos pases, puedan hacerlo con toda seguridad, con sus muebles y efectos, y S.M.C. podr transportar de all toda la artillera y dems cosas pertenecientes”. 3 “El rey de Portugal, aliado de la Inglaterra, ser comprendido en los presentes artculos. Y en consecuencia cesarn las hostilidades entre las tropas portuguesas y espaolas, tanto por mar como por tierra, y todas las plazas y tierras del dominio portugus sern restituidas en el estado en que se hallaban cuando fueron conquistadas”. El ao de 1783 por el nuevo tratado que se firm tambin en Versalles a 20 de enero, volvi la Florida a incluirse en la monarqua espaola, en virtud del Artculo III que traslado inmediatamente: “S.M.B. cede S.M.C. toda la Florida Oriental, y consiente de buena voluntad que conserve la Occidental, bien entendido, no obstante, que se conceda trmino de 18 meses, contando desde el da de la conclusin de este tratado los sbditos britnicos establecidos en dicha Florida, como tambin a los de la isla de Menorca, para vender sus bienes, recuperar sus caudales, transportar sus efectos y personas sin ser molestados, ni con motivo de religin, ni otro alguno, como no sean deudas, causas criminales, y tambin se les conceder facultad de llevar todos los efectos, que les puedan pertenecer, como tambin toda la artillera, y otros bienes de S.M.B.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 100\ 100\ 100\ 100\ 100\ 7. En 1765 tom el gobierno de La Habana y Capitana General de la Isla el mariscal de campo D. Diego Manrique, cuya muerte acaecida a los pocos meses de su arribo5 dio lugar a que ocupase su vacante el teniente-rey D. Pascual Jimnez de Cisneros hasta la llegada del excelentsimo seor baylo D. Antonio Mara Bucarelli el 19 de marzo de 1766. Este jefe se dedic con esmero a la construccin de las fortificaciones que haba comenzado el conde de Ricla, y durante su gobierno se concluy el Morro y castillo de Atars, segn manifiesta la siguiente inscripcin grabada en una losa, que se halla colocada en una pared de la capilla de la Cabaa: REYNANDO EN LAS ESPAAS LA CAT"LICAMAGESTAD DEL SEOR D. CARLOS III. Y GOBERNANDO ESTA ISLA EL CONDE DE RICLA, GRANDE DE ESPAA Y TENIENTE GENERAL DE LOS REALES EXRCITOS, SE DIO PRINCIPIO EN EL AO DE 1763 A ESTE CASTILLO DES. CARLOS, AL DE ATARS EN LA LOMA DE SOTO, Y LA REEDIFICACI"N Y AU-MENTO DEL MORRO. SE CONTINUARON LAS OBRAS DE ESTE CASTILLO, Y SE CONCLUYERON LAS DEL MORRO Y ATARS DURANTE EL GOBIERNO DE D. AN-TONIO BUCARELLI Y URSA, TENIENTE GENERAL DE LOS REALES EXRCITOS. SE ACAB" ESTE CASTILLO, Y SE TRAZ" EL DEL PRNCIPE EN LA LOMA DEAR"ZTEGUI EN EL GOBIERNO DEL MARQUS DE LA TORRE, MARISCAL DECAMPO DE LOS REALES EXRCITOS, AO DE 1774. PROYECTADO Y DIRIGIDO TODO POR EL MARISCAL DE CAMPO E INGENIERO DIRECTOR DE LOS REALES EXRCITOS D. SILVESTRE ABARCA. Es de notar que aunque en el gobierno del marqus de la Torre se traz el castillo del Prncipe, ya all le haba provisional, como lo da a entender la siguiente inscripcin, que se halla en el escudo de armas reales, colgado en el cuarto del oficial de guardia a la entrada del castillo. REYNANDO EN LAS ESPAAS LA MAGESTAD DELSEOR D. CARLOS III Y SIENDO GOBERNADOR Y CAPITN GENERAL DE ESTA PLAZA E ISLA EL TENIENTE GENERAL F. D. ANTONIO MARA BUCARELLI YURSA SE EXECUT" ESTE FUERTE PROVISIONAL DEL PRNCIPE, BAXO LA CON-DUCTA DEL BRIGADIER DE INGENIEROS D. SILVESTRE ABARCA, AO DE 1771. 8. El seor Bucarelli, atendiendo tambin al mejor rgimen de polica, orden y firm su bando de buen gobierno a 7 de abril de 1766. Su conducta pblica se dice que fue tan justificada, que jams le falt aquella prudencia poltica que arregla las acciones de un magistrado exacto en las obligaciones de su ministerio. Viva en un continuo cuidado por el despacho e integridad de las causas judiciales, procurando tener cerca de s los ms ntegros y acreditados consultores, tambin se asegura que casi diariamente permaneca una o dos horas en pie, dando audiencia verbal a toda clase de personas, en la que procuraba conciliar y cortar con las ms dulces disposiciones toda desavenencia, y muchas veces 5El cadver de este jefe se le dio sepultura en la iglesia de San Francisco el da 14 de julio del ao de 1775, el mismo ao de su llegada a esta capital.

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ANTONIO JOS VALDS /101 /101 /101 /101 /101 se gloriaba de haber transado pleitos de ms de 40 aos. Por esto, cuando el soberano le nombr virrey de Nueva Espaa el ao de 71, el ministro de Indias, que era entonces el baylo frey D. Julin de Arriaga, le escribi, comunicndole de orden especial de S.M. que pasase a aquel destino, satisfecho de que no haba llegado a la Corte la ms leve querella de su gobierno El Ayuntamiento de La Habana suplic al rey que se le dispensase el sindicato acostumbrado, y aunque no se accedi a esta solicitud, tampoco se present ni una sola querella, cuando se abri la residencia. Tambin estoy informado de que se dedic a proteger algunas fundaciones y prcticas piadosas, entre ellas se debe contar el aniversario, que en el tiempo de su gobierno acord el Ayuntamiento a la Virgen del Rosario, en memoria de la restauracin de la plaza: y el da 15 de octubre del ao de 68 ratific la idea que se tena de su sensibilidad, cuando se le vio a caballo por las calles, remediando pronta y generosamente la miseria de muchos infelices, que haban padecido en la terrible tormenta, que vulgarmente se dice de Santa Teresa cuya violencia fue tal que arrancaba los rboles ms robustos. El discretsimo manejo con que se condujo en las operaciones relativas a cumplir los soberanos decretos sobre la expatriacin de los regulares extinguidos6 y ocupacin de sus temporalidades, aadi mucho a su merecida reputacin. De estos religiosos debemos confesar que haban produci6Los jesuitas haban sido desterrados de Portugal el ao 1759, y tambin se extingui su sociedad en Francia, por decreto del Parlamento de Pars, en 1761, y Carlos III orden su expulsin en 17 de febrero de 1767, por decreto firmado de su mano, que envi al conde de Aranda, confindole su ejecucin. Las causas que el rey daba en el decreto eran que lo haca para mantener en sus pueblos la subordinacin, la tranquilidad y la justicia, y expona que los bienes temporales que la Compaa posea en los dominios de Espaa fuesen aplicados al Fisco. El mtodo, el silencio y tranquilidad con que se ejecut esta providencia, merecen particular mencin. Se despach en un mismo da a todos los jueces, gobernadores, regentes y virreyes un pliego secreto, acompaado de una carta circular que en sustancia deca: no se abriese hasta el primer da de abril, en la cual instruidos del contenido, ejecutase cada uno por su parte las rdenes reales expresadas en l. Prevenales, adems, que no comunicasen a persona alguna el de semejante pliego, que deba guardarse con el mayor cuidado, y que si por ventura lo perciba el pblico, seran tratados como quebrantadores del secreto, y reos de contradiccin a las disposiciones soberanas. En consecuencia de lo referido, los padres fueron sorprendidos al expirar el trmino prescrito, sin que hubiesen traslucido el menor antecedente de aquella disposicin, y subsecuentemente los embarcaron sin el ms leve desorden. El da de la expulsin general quiso el rey que en las puertas de su palacio, y otros puntos principales de la capital, se fijase una pragmtica, en la cual entre otras cosas deca: que se daran por alimentos a los individuos sacerdotes 72 pesos fuertes anuales, y 65 a los legos, cuyas pensiones se pagaran de la masa de los bienes de la Compaa, y se prohiba recibir en toda la monarqua a ningn individuo de la Compaa en particular, ni en cuerpo de comunidad, ni a ningn consejo o tribunal admitir instancia sobre este objeto. Tambin se prohibi escribir, ni acalorar los nimos de los pueblos a favor ni en contra de la pragmtica, ni mantener correspondencia con jesuitas.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 102\ 102\ 102\ 102\ 102\ do mucha emulacin en las letras, por la exactitud y mtodo con que las enseaban. Su venida a esta ciudad fue a solicitud del ilustrsimo seor D. Pedro Agustn Morell, segn este prelado refiere en la relacin de su visita eclesistica, y pertenecan a la provincia de Nueva Espaa; bien que ningn escritor refiere esa solicitud de Morell. Su colegio era el que es en el da Seminario de S. Carlos, y su iglesia, que qued por concluir, es la Catedral actual. 9. Por la remocin de Bucarelli al Virreynato de Mjico, se nombr para el gobierno de La Habana al mariscal de campo marqus de la Torre, por el ao de 1771. En ese tiempo, La Habana, aunque haba recibido mucho aumento, por los motivos expuestos, y por las franquicias de comercio concedidas por el memorable y benfico Carlos III; sin embargo de lo referido todava se empezaba a desenvolver de la oscuridad e incultura en que haba subsistido envuelta por ms de dos siglos y medio, y es inconcuso que a los esfuerzos y excelentes disposiciones del marqus de la Torre, debe La Habana el principio de la generalizacin de sus luces, cuyas consecuencias favorables aun todava reportamos. Este generoso gobernador, al mismo tiempo que no descuid las obras de fortificacin en que se haban empeado sus predecesores,7 se dedic al decoro y ornamento de la poblacin y de sus campos inmediatos. La ciudad lo era solamente por su denominacin, y reales concesiones que la colocaban en este rango, pero absolutamente lo pareca en lo material, careciendo, como careca, de paseos pblicos, de coliseo, de empedrado, de casas decentes de gobierno, ciudad y crcel, de seguridad y aseo en los materiales de que se construan muchas de las particulares; de puentes, calzadas y otras obras conducentes a la comodidad de los caminos; y todo se lo proporcion o se lo promovi el marqus de la Torre. Acaso todava permaneceran las casas de guano que tanto afeaban la ciudad, si sus providencias vigorosas no hubieran arrollado las bajas y capciosas oposiciones, que siempre encuentra en su marcha un genio emprendedor. Su bando de buen gobierno firmado a 4 de abril de 1772, acredita su celo y buen deseo del bien pblico: y el discurso que dirigi a los vecinos capaces para coadyuvar al establecimiento y fines del coliseo, es muy digno de que a continuacin le inclu7Tambin tuvo varias asambleas militares en el Campo de Marte, y entre ellas un da de S. Antonio sali una divisin por la puerta de la Punta y otra por la de Tierra, ambas con sus generales, como a las 12 del da, y marchando al frente una de otra por distintos parajes, hasta donde estn en el da las educandas. A las 2 de la tarde empez el fuego por las guerrillas de los fusileros de Catalua, cazadores, granaderos, y partidas de caballera: sobre la zanja se haban construido cuatro puentes de madera, y muchas veces se empe el combate con tanto enardecimiento, que llegaba a parecer una campaa formal. Este da se concluy la funcin cerca del Arsenal, como a las 9 de la noche. Paseos militares tambin se hicieron muchas veces.

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ANTONIO JOS VALDS /103 /103 /103 /103 /103 ya, en obsequio de su memoria, como una prueba de su finura, y por considerarle propio de la curiosidad de los que no le hubiesen ledo: “Seores, excusado es hacer aqu mencin de las grandes utilidades que traer a este pblico el establecimiento piadoso de la casa de mujeres recogidas, que a impulsos del paternal e infatigable celo del ilustrsimo Sr. obispo diocesano se est construyendo en esta ciudad. Ninguno deja de comprender los recomendables objetos a que se dirige esta fundacin, ni debe desconfiar de verlos muy en breve logrados, cuando mira interpuesta la autoridad de nuestro augusto soberano, interesado en el auxilio del gobierno, y empeada la caridad de muchos honrados vecinos, para que llegue a efecto una obra tan agradable a Dios, y tan conveniente a la repblica. El rey nuestro seor, cuya piedad sobresale no menos que su poder, no slo la tiene aprobada, sino que con mano liberal ha sealado para su subsistencia 1 500 pesos anuales de renta, sobre las temporalidades ocupadas a los religiosos de la Compaa del nombre de Jess, cuando estos fondos se hayan libertado de otras cargas ms urgentes, que en el da tiene sobre s el gobierno, a ms de haber franqueado el terreno en que se fabrica la casa, no pierde ocasin, ni omite providencia que pueda ser conducente a facilitar los medios para la ejecucin de la obra. Ya algunos vecinos movidos de verdaderos sentimientos de humanidad y religin han querido concurrir y ayudar con sus limosnas a los gastos que el ilustrsimo seor obispo eroga generosamente en tan laudable empresa. Pero, por ventajoso y favorable que sea el estado en que se halla al presente este establecimiento, es cierto que todava falta mucho para que llegue a su complemento, y un vecindario tan amante del bien comn, y del buen orden, como el de La Habana, no debe mirar con tal indiferencia este asunto, que no pretenda tomarse alguna parte en su perfeccin. Yo a lo menos he credo que a toda la gente principal, que es la que aqu se halla convocada, le dar una apreciable satisfaccin, si le proporciono un arbitrio de contribuir a tan importante obra, segn lo permitan las facultades de cada uno, y en este concepto voy a proponer un pensamiento, el ms oportuno al intento, pues por medio de l cada vecino, sin detrimento de sus intereses, podr tener la complacencia y el consuelo de haberle cabido parte en la ereccin de la casa de recogidas, no para su fbrica material, sino para su dotacin fundamental, sin la cual sera inverificable su instituto, como que no habra rentas con que subvenir a los gastos, que indispensablemente se han de causar en la manutencin de las mujeres, que han de permanecer en ella. Se trata de hacer un coliseo donde se representen las comedias, que provisionalmente se estn haciendo en una casa particular, con mucha incomodidad del numeroso concurso de espectadores. Esta obra es necesaria, porque conviniendo que en una ciudad tan populosa como La Habana haya diversiones p-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 104\ 104\ 104\ 104\ 104\ blicas introducidas en todas las poblaciones bien arregladas, y siendo la de las comedias acomodada al genio de estos habitantes, segn lo manifiesta la experiencia al paso que est aprobada y admitida por indiferente generalmente en todos los dominios de Espaa, debe procurarse que se disfrute no slo con unas reglas que aparten de ella cuanto sea nocivo, sino tambin con unas comodidades corporales que la pongan en la clase de verdadero entretenimiento pblico, y libre en cuanto sea posible de molestias y pensiones. Esto segundo no es asequible sino por medio de un coliseo capaz de contener mucha gente sin opresin, distribuido con las debidas separaciones para las distintas clases del vecindario; expuestos a los vientos que le den alguna frescura, tan necesaria en este temperamento, suficientemente desahogado para que los actores hagan con propiedad las representaciones, y adornado con la decencia que corresponde a la brillantez de este pueblo, y a la vista. Si la ciudad tuviera proporciones con que costear el coliseo, ella debiera ser la que lo construyese, como una obra interesante al pblico; pero destituida de fondos con que ocurrir a otras ms precisas, no puede ciertamente pensar por ahora en sta. En semejantes circunstancias, nada puede arbitrarse mejor que el hacerla por cuenta de una obra pa, la cual asegurar en el alquiler del coliseo una renta ms pinge y segura que en ninguna finca. Apyase esta idea en la costumbre de las ciudades de Espaa, donde los coliseos por lo comn pertenecen a hospitales, u otras fundaciones sagradas. La casa de recogidas est necesitada de un socorro, como ste, que cuando menos le producir 1 200 pesos al ao, y con el tiempo tal vez mucho ms; pero no tiene caudales para valerse de tan bella oportunidad. sta es la que yo presento a los seores concurrentes, a fin de que la aprovechemos a beneficio del utilsimo y santo establecimiento de la casa de recogidas. Qu nos cuesta a nosotros anticiparle el valor o costo del coliseo? Cada uno d, o preste lo que sus facultades permitan, y su caridad le dicte. Yo ser el primero, no para dar ejemplo, porque s que nadie ha menester ms impulsos que su propio deseo, sino para adelantarme a ser participante en una obra agradable a los ojos de Dios y de los hombres. Dentro de poco tiempo reintegrar la casa de recogidas este prstamo, pues los 1 200 pesos que se regula redituar el coliseo desde que se acabe, no los ha de percibir hasta que estn pagadas las anticipaciones, y de este modo con slo haber suplido sin inters una cantidad corta, hemos dotado la casa de recogidas con una renta que le ser muy conveniente y precisa, en especial hasta que empiece a disfrutar los 500 pesos asignados sobre las temporalidades ocupadas, cuyo beneficio no podr lograr antes que pasen algunos aos. ste es el pensamiento, y su ejecucin no puede ser difcil. Cada uno dir la cantidad que determine dar, y se asentar a continuacin de este papel. Yo nombrar persona abonada que las reco-

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ANTONIO JOS VALDS /105 /105 /105 /105 /105 ja todas, y las tenga a mi disposicin. Providenciar que se fabrique el coliseo en el paraje y modo que convenga. Elegir quien dirija la obra y no perdonar diligencia que pueda conducir a su ms breve y menos costosa ejecucin. No se harn gastos algunos sin mi conocimiento y aprobacin. Cuando est concluido el coliseo se har legtima y solemne donacin de l a la casa de recogidas, constituyndose sta en la obligacin de pagar las anticipaciones con el producto del mismo coliseo, distribuyndole anualmente entre los prestamistas acreedores, con equitativa proporcin a la cantidad que uno supliere; bien que ser justo se explique que la casa no quedar responsable a este pagamento o reembolso con sus otros fondos, y que antes bien, si por algn accidente imprevisto, el coliseo no rindiese producto suficiente a satisfacer estos suplementos, nadie tenga accin a repetir contra ella. Sacrificio a que no espero se excuse uno siquiera de los concurrentes; pues adems de que en este nico caso, que es de remota contingencia, consiste la limosna que se hace a la casa de recogidas, ninguno de los que aqu estn congregados deja de hallarse en disposicin de sufrir tan pequeo quebranto en obsequio de Dios y del pblico. Tengo repetidas experiencias de la prontitud y complacencia con que se prestan los vecinos de La Habana a todos los asuntos que son del agrado de Dios, del servicio del rey, o de utilidad comn. Si en la proposicin que acabo de hacer hallan que se envuelve alguna mira o inters que se refiera a uno de estos tres objetos, estoy cierto que ser adoptada. Y sabiendo positivamente que si la examinan un poco encontrarn sin trabajo que se encamina directamente a fomentar los medios de corregir vicios, evitar escndalos, conservar las buenas costumbres, socorrer a miserables, entretener honestamente al pblico, hermosear la ciudad, y aumen tar la polica; doy por cumplidas mis esperanzas, y por logradas mis sanas intenciones”. Los concurrentes a esta proposicin, descubriendo en ella las ms ntegras y ms nobles intenciones, respondieron que no queran reintegro de sus anticipaciones, ni las hacan en calidad de prstamos. 10. Con respecto al empedrado, parece que atendiendo a su dificultad, por la escasez de guijarros para su efecto, proyect un enmaderado de quiebrahacha, convencido de la suma dureza de esta madera, como lo significa su mismo nombre, y lo tiene demostrado la experiencia; pues resiste al clavo a manera del pedernal. Esta madera, adems, es incorruptible por siglos, aun sumergida en el agua, sepultada en la tierra, o introducida en el fango. Sin embargo, este proyecto no se llev a su total efecto, a causa de varios inconvenientes, y creo que uno de ellos fue lo resbaladizo del piso en tiempo de lluvias. Es de notar que ya entonces se haca muy sensible el dao que causaban a la baha la tierra y basura que arrastraba la corriente de los aguaceros, por lo que se

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 106\ 106\ 106\ 106\ 106\ haba dispuesto que se construyesen hasta seis pontones, e igual nmero de ganguiles para la continua limpieza del puerto y su canal. 11. El marqus de la Torre, no obstante, ha sido sindicado por algunos, a causa de las desavenencias pblicas y escandalosas, que tuvo con el comandante general de marina, dando motivo entre otras cosas a que de sus resultas se abriese la puerta Nueva que sale hacia el suburbio de Jess Mara, y la inmediata del Arsenal, por orden de la Corte; pues el marqus haba hecho cerrar anteriormente la de la Tenaza por vengarse del general de marina, que se opuso a que por ella se saliese hacia dicho suburbio, atravesando el Arsenal. Este digno gobernador fue llorado a su partida, por todos los que experimentaron el suave influjo de su gobierno; y l mismo se conmova al considerar su forzosa separacin de un pueblo a quien amaba, como lo da a entender el siguiente oficio, que dirigi al Ayuntamiento, y se ley en Cabildo extraordinario, que se celebr a 5 de mayo de 1777. “Muy Ilustre Ciudad : Prximo ya mi regreso a Espaa, pues no debe tardar la llegada de mi sucesor el Sr. D. Diego Navarro, quiero dar a V.SS. una seal ms del esmero y atencin que me ha debido este pblico, presentndoles una noticia que no dejar dudar la pureza y legalidad, con que se han administrado los caudales destinados durante mi mando a las varias obras hechas a beneficio del comn. No es mi nimo tratar ahora de stas, ni de las ventajas o conveniencias que ofrecen, ni de la eficacia con que se ha trabajado, no slo en el adelantamiento de ellas, sino tambin en proporcionar medios oportunos para la ejecucin; porque todo esto es constante a V.SS., como a quienes ha cabido no pequea parte. Lo que pretendo es que se satisfagan de la legtima inversin que han tenido los repartimientos exigidos para algunas de estas obras, y los arbitrios que yo he escogido por menos gravosos para verificar las otras. La complacencia que me resulta del puro manejo de estos caudales pertenecientes al comn, unos por su naturaleza, y otros por mi adjudicacin, conozco que la debo al desinters y celo de los sujetos que los han administrado; y yo me contento con la parte que me toca de haberlos sabido elegir, de haber atendido con vigilancia a la claridad de las cuentas, y de no haber perdonado diligencia ni cuidado para la arreglada y justa formacin de ellas. Estoy cierto de que, en cuanto a obras pblicas, no he podido hacer ms de lo que he hecho. Si todo ello es poco, s a lo menos que esta ciudad tiene que agradecerme, as en esta lnea, como en todas las otras, que correspondan al gobierno, el ms vivo deseo de sus progresos y felicidades. Cuantas han pedido de mi arbitrio, se las he facilitado con verdadera voluntad, y con un inters no inferior al del ms celoso patricio. Y si en adelante el destino me pusiese en estado de dedicarla servicios tiles, no se reconocer tibieza, ni decadencia en el amor que la profeso, por justa grati-

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ANTONIO JOS VALDS /107 /107 /107 /107 /107 tud a las pruebas que el vecindario en comn me tiene dadas de haber comprendido y estimado mis desvelos y conatos, dirigidos a sus aumentos y prosperidades. Nuestro Seor guarde a V.SS. los muchos aos que deseo. Habana, 2 de mayo de 1777. — El Marqus de la Torre .—Muy Ilustre Ayuntamiento de la ciudad de la Habana”. 12. Las obras que dej finalizadas el marqus de la Torre fueron: el coliseo, la alameda interior, en que haba dos pirmides, que se quitaron en su reedificacin: el paseo extramuros, que se titul Nuevo Prado: las Puentes Grandes, que, segn el documento de su tasacin por orden del Ayuntamiento, tenan 34 arcos, un escudo de armas, y una inscripcin en sus respectivos pilares; tambin tenan otras obras de excavaciones y calzadas: el nuevo puente del paso de Santa Fe en el ro de Cojmar: el nuevo puente de las Vegas, en el camino de Santa Mara del Rosario: el puente de Arroyo Hondo, situado a sotavento de esta ciudad: y el cuartel de milicias, puente de Yaraguas, puente de Enrquez, puente de Carrillo, y otra porcin de obras que se tasaron por intervencin de D. Simn de Ayala, capitn del partido de S. Julin de los Gines. El valor de estos edificios pblicos indicados, y la reedificacin de siete cuarteles en distintos partidos, import 214 870 pesos 3 reales, lo que parece muy corta cantidad, si se compara con el tamao y nmero de las obras. Sin embargo, as aparece en las tasaciones hechas por orden del Ayuntamiento; pero debe advertirse que no est incluido el valor de otras fbricas distantes, que por aquel tiempo no se haban tasado. 13. El excelentsimo seor D. Diego Jos Navarro vino al gobierno de la Habana por el ao de 1777, y en su tiempo concedi el rey al Ayuntamiento el uso del uniforme, que haba solicitado con recomendacin del marqus de la Torre, como dice la copia siguiente: M.I.A. El excelentsimo seor D. Jos de Glvez me comunica con fecha de 6 de enero del presente ao la Real orden siguiente: “Para mayor lustre, economa y ahorro de los individuos del Cabildo y Ayuntamiento de esta ciudad, que los distinga de los dems vecinos y habitantes, como personas que componen la poltica magistratura de ella, concede el rey uso del uniforme grande y pequeo, que en 19 de diciembre de 1776 suplic por medio de representacin, que dirigi con apoyo del antecesor de V.S. acompaando los diseos, entendiendo ser el grande para fiestas de primera clase, y das de besamanos; su color enteramente azul turqu, botn y bordadura de oro, y forro de caa, y el pequeo de uso diario del mismo color y forro con slo botn de oro, e idntica bordadura en la vuelta de la casaca, sin que con motivo alguno pueda variarse, ni dejar de usarle en todos los das, a menos de casos de lutos de padre, mujer, hijos y hermanos, en que han de llevar la casaca del uniforme, de cuya gracia le sea lcito usar al militar regidor, sin sujecin a uno u otro, y tambin el tiempo que ejerzan de alcaldes ordi-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 108\ 108\ 108\ 108\ 108\ nario, procurador sndico, otros vecinos y los regidores si los hubiese honorarios. Participo a V.S. de orden de S.M. esta su real resolucin, para que comunicndola al Cabildo tenga el debido cumplimiento. Transldosela a V.S. para su inteligencia, y que le sirva de satisfaccin. Dios guarde a V.S. muchos aos. Habana, 29 de marzo de 1779.— Diego Jos Navarro .—M.I.A. de la ciudad de La Habana”. 14. Este gobernador desde que se posesion del mando, dedic todo su conato al mejor orden en el despacho pblico de las causas, y a extirpar los abusos introducidos en el foro de La Habana,8 con tan grave 8Por lo que respecta al manejo de tribunales, secretarios y dems que concierne al papel sellado, declaro con rubor a la faz del universo, que ningn otro pueblo excede a La Habana en su arraigada y destructora intriga: excepto acaso algunos pueblos de lo interior. Asombroso es el expendio de papel sellado (ciertamente pasa de 22 000 pesos anuales el que se vende por cuenta del rey) que se experimenta. Mucha desvergenza observ en Mjico en este manejo forense, y mucho he odo referir de otras ciudades grandes de la monarqua, pero el descaro e inmoralidad de los papelistas de La Habana es capaz de imponer temor a todo hombre de bien, celoso de su honor y tranquilidad, y es capaz de tener prevenidos a los amigos de la justicia, para rehusar constantemente todo cargo de magistratura, por no verse en el extremo de autorizar las perversidades de los agentes del enredo, o de matarse en vano por exterminar males, que son el bien de tanto depravado. He aqu la causa de que en La Habana est tan desacreditada la fe pblica y privada, pues basta que cualquier atrevido papelista se empee en eludir los contratos ms autorizados, para que queden sin efecto, pues para todo encuentran evasiones legales. Lo ms particular (as se explicaba un honrado letrado de esta capital) es que estos atizadores de las desavenencias entre las familias, son para lo dems ignorantsimos, muy raro conocer, acaso, la gramtica de su idioma, ni otra cosa alguna que no sea el embrollo. Estos hombres viciados, que pueblan las escribanas y las calles cargados de procesos, apenas tienen un hijo, sobrino o recomendado, cuando le dan el mismo psimo destino, y adquiere la patria progresivamente nuevos enemigos de su paz: y stos concurren a formar el nmero de los depositarios de la fe pblica, pues son ordinariamente la confianza de los escribanos pblicos. Lo que asimismo es peligrossimo en La Habana para los infelices que pleitean, es la facilidad con que se amaan los que defienden los pleitos contrarios, produciendo la dilacin, y el desembolso continuo de las partes. As se dice con razn que en La Habana ninguno gana un pleito, pues regularmente las costas son proporcionadas a la gravedad del pleito y su demora: tanto que muchas veces aburridos y espantados huyen los litigantes de sus defensores; y este mal es de grande extensin. Los ingleses durante la posesin de su conquista, se vieron en el caso de publicar el siguiente bando que corre impreso: POR SU EXCELENCIA JORGE, CONDE DE ALBEMARLE, Vizconde Bury, barn de Ashford, uno del ms honorable Consejo privado de su magestad, capitn, custodiador, y gobernador, de la isla Jersey, coronel del Regimiento de Dragones propio del Rey, comandante en Jefe de los ejrcitos de su Magestad, capitn general, y gobernador de la isla de Cuba. “Por cuanto ha sido siempre costumbre hacer regalas muy considerables en dineros, efectos, a los seores gobernadores de esta Isla, y sus asesores, a fin de conseguir la favorable conclusin de pleitos &. ”ste es para notificar al pueblo que manda su Excelencia, que esta prctica se quite absolutamente de aqu en adelante, bajo la pena de su disgusto, por ser cosa que nunca ha

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ANTONIO JOS VALDS /109 /109 /109 /109 /109 perjuicio de la repblica. Estos abusos han sido tolerados de los magistrados, con notoria injuria de las leyes, y ruina de innumerables familias, que sucesivamente se han visto, y se ven reducidas a la indigencia ms calamitosa, y para contener tales abusos el seor Navarro firm un auto de 11 de enero de 1779, estableciendo varias reglas, que sirviesen de norma a los tribunales, abogados, escribanos, procuradores, tasadores y dems dependientes de justicia, pero aunque para estrechar su observancia impuso penas correspondientes a los contraventores, stos sin duda todo lo eludieron, segn el desorden escandaloso que se ha seguido observando. En el tiempo en que gobernaba Navarro se determin la extincin de la moneda llamada macuquina, y su circulacin se public por bando, apenas se hubo reconocido el navo S. Gabriel que vena con caudales de Veracruz. 15. Por estos tiempos sucedieron las campaas que con motivo de la nueva guerra con la Inglaterra dieron renombre a D. Bernardo de Glvez por sus acciones en la Florida. Este individuo haba ido de coronel del Regimiento Fijo de la Luisiana desde el ao de 1776, e inmediatamente fue nombrado gobernador interino de aquel pas. Habiendo Espaa declarado la guerra a Inglaterra, fue elegido Glvez gobernador propietario de la Luisiana por el ao de 79, y aunque en Consejo de Oficiales se opin que debieran estar a la defensa, hasta recibir refuerzos de La Habana, Glvez resolvi atacar los ingleses en sus propios puestos, no obstante algunos contratiempos que sobrevinieron, pero sobreponiendo su denuedo a toda dificultad, junt 700 hombres entre veteranos y milicias, y despus de una penosa marcha lleg al fuerte de Manchak, y le tom por sorpresa, haciendo prisionera la guarnicin. De aqu, aunque con menoscabo de su gente, se dirigi al fuerte de BatonRouge, donde encontr al enemigo mucho ms fortalecido, por lo que hubo de atrincherarse, hasta romper el fuego y hacer capitular al enemigo, quedando la tropa prisionera, y estipulando la entrega del fuerte de Panmuere de Natches, lo que se ejecut sucesivamente. Al mismo tiempo se tomaron por disposiciones del general los puntos de Tompson y Amith, con otros establecimientos que tenan los ingleses en la rivera oriental del Misisip y estas acciones dieron a Glvez el ascenso de mariscal de campo. Este general continu sus servicios, emprendiendo la conquista de la Mobila en el ao de 1780, y aunque se vio nuevamente combatido de los tiempos y escaseces, fue socorrido con algunos vveres de La Habana, y as pudo principiar el sitio de la Mobila a fines del practicado, ni permitir que se hagan dichas regalas por administrar justicia: su determinacin es distribuirla con imparcialidad, sin favorecer al superior, ni al inferior, al rico, ni al pobre, pero s despacharlo con equidad, y con la brevedad que admitan las leyes del pas.—Habana Noviembre y 4 de 1762.— Firmado.—Albemarle .—Por mandato de su Excelencia, firmado.— J. Hale, Secretario ”

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 110\ 110\ 110\ 110\ 110\ mes de febrero, hasta rendirla el 14 de marzo, despus de una honrosa resistencia de los ingleses. Acabada esta feliz conquista, puso Glvez sus miras en la plaza de Penzacola, contando con auxilios oportunos de La Habana: pero su actividad le indujo a venir en persona a promover la expedicin, que no pudo alistarse hasta el 16 de octubre, en que dio la vela con las tropas y dems pertrechos que pudieron facilitarse, aunque la salida fue tan desgraciada, que al da siguiente sobrevino un recio temporal, que caus la prdida de algunos buques, y otros se refugieron donde les fue posible, y Glvez, despus de procurar la reunin regres a La Habana al mes de su salida. Durante estos eventos se esforzaban los ingleses en recuperar lo perdido, y el general Glvez, sabedor de todo en esta ciudad, esforzaba el reparo de su desgracia; hasta que el 28 de febrero del ao de 81 pudo dar la vela con un navo, dos fragatas de guerra y varios transportes, que conducan 1 315 hombres. Con estas fuerzas, y otras que deban reunrsele de Nueva Orlens y la Mobila, se prometa el general Glvez la conquista de Penzacola. Haca mucho tiempo que se hallaba esta plaza bien fortificada, de la cual los espaoles fueron desposedos por los ingleses en la guerra precedente. Al principio fueron algo lentos los progresos de este sitio. El coronel Campbell, que mandaba los ingleses, haca una vigorosa resistencia, hasta que Glvez, habiendo sido reforzado, apresur las operaciones con una actividad digna de elogio. Los ingleses que componan la guarnicin de Panzacola, no pudiendo resistir por ms tiempo a los embates reunidos de fuerzas superiores, aflojaban en sus fuegos, mientras que los espaoles le aumentaban con nuevas bateras; y lleg a ser tan violento que se incendi en la plaza un almacn de plvora, que hizo volar gran parte de las obras avanzadas. Este incidente anticip la rendicin de Penzacola, cuya guarnicin qued prisionera de guerra, por capitulacin firmada el 8 de mayo de 1781. La conquista de esta ciudad decidi la suerte de toda la Florida, que volvi a la dominacin espaola de que estaba enajenada por el tratado de paz referido; y al conquistador Glvez se le premi, entre otras cosas, con el grado de teniente general. 16. Durante esta guerra haba habido presunciones de que los ingleses invadiesen nuevamente La Habana, o Puerto Rico, y esto dio lugar a la venida de crecidas fuerzas de mar y tierra. Formose esta expedicin al mando del general de marina Solano, con 12 navos y otros tantos 1 000 hombres para unirse a las fuerzas francesas en el Guarico, lo que consigui aquel general con mucha destreza, celo y sagacidad. El excelentsimo seor D. Juan Manuel de Cagigal, sucesor de Navarro en el gobierno de La Habana, contribuy al aumento de las expediciones por medio de levas y otros arbitrios semejantes: y a principios del ao de 82 sali con varias tropas de los regimientos de Espaa, Guadalajara,

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ANTONIO JOS VALDS /111 /111 /111 /111 /111 Navarra y algunos artilleros, a la toma de Providencia; cuya comisin creo se la transfiri Glvez, hallndose embarazado en la expedicin del Guarico. Durante esta corta separacin del gobierno, que segn estoy informado fue de 40 das, qued encargado del mando de la plaza el teniente-rey D. Juan Daban. A fines de este mismo ao se hablaba ya de paces con seguridad, habindola los ingleses ajustado con los americanos:9 el estado de su hacienda les oblig a pedirla a Espaa y Francia, y los artculos preliminares se firmaron en Versalles a 20 de enero de 1783. El prncipe Guillermo de Lancaster hecha la paz, pasaba para Inglaterra con la escuadra del almirante Rodney, y deseoso de ver La Habana, salt en tierra, y permaneci tres das en esta ciudad, recibiendo honores y festejos a competencia de los jefes y particulares: pero el almirante extraando su detencin, le particip por medio de un oficial, que si inmediatamente no se reembarcaba, seguira su viaje, dejndole en tierra; y el prncipe tuvo que regresarse a bordo, conociendo la severidad del almirante. El general de marina Solano le regal un refresco de rancho, avaluado conjeturalmente en 4 000 pesos. 9Jorge III, despus de vanos y repetidos esfuerzos, tuvo que reconocer formalmente la libertad e independencia de Estados Unidos de Amrica; cosa que jams hubiese presumido. Los actos de violencia y de rigor, dice el autor de la Historia de la administracin del lord North, publicada en Madrid en 1806, casi siempre han conducido a los revoltosos mucho ms all de donde pensaban: casi todas las rebeliones han comenzado por quejas y representaciones respetuosas: la tirana de ciertos prncipes y la crueldad de sus ministros hicieron lo dems. Los holandeses no pidieron ms que la extincin del Tribunal de la Inquisicin, y que se les mantuviesen sus antiguos privilegios, pero Felipe II contest con la espada y el can: entonces trataron formalmente de sacudir el yugo y conquistar su libertad. Los americanos se limitaron a reclamar los privilegios de sus cartas y los de vasallos britnicos; por lo mismo pretendieron la revocacin de los tributos arbitrarios, y Jorge III, que no los quera por vasallos, declarndoles la guerra, quiso esclavizarlos. La Gran Bretaa, decan los americanos, ha tomado a sueldos mercenarios extranjeros alemanes para sujetarnos a la ms absoluta sumisin; la razn nos obliga a separarnos, y a buscar ayudas y recursos en las potencias extranjeras: pero consideremos que mientras subsistamos sin ms carcter que el de colonias, ser un absurdo en poltica creer que alguna potencia extranjera quiera hacer con nosotros alianza. No debemos detenernos en disolver los lazos que la Inglaterra ha roto la primera: las leyes divinas y humanas, no solamente nos lo permiten, sino que nos imponen el deber de que proveamos sobre los medios que nos imponen librar de su furor. Los habitantes de las provincias de la Amrica septentrional, contina el citado autor, reunan muchas ms ventajas que otro algn pueblo: la barbarie, la ignorancia y la oscuridad no confundan, como en los otros, la primera edad de su existencia. Las artes y las ciencias se haban cultivado, lo mismo se hizo con la tierra: y los bosques y espesuras se aclararon. Las luces y el espritu se haban dilatado, sin que por esto se depravasen las costumbres, como sucede en otros pases. La mano bienhechora de la Gran Bretaa cultiv la primera edad de sus colonias, y una inmensa extensin de territorio frtil les haca contemplar un futuro y lisonjero porvenir. Palabras bien notables para publicarlas a la faz del gobierno de Madrid, cuando su tiranismo se haba encumbrado hasta el extremo; pero proporcionalmente haba llegado al exceso de su corrupcin.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 112\ 112\ 112\ 112\ 112\ 17. Despus de Cagigal gobernaron por el orden que van escritos el mariscal de campo D. Luis Unzaga, el teniente general conde de Glvez, el mariscal de campo D. Bernardo Troncoso, y los brigadieres D. Jos Ezpeleta y D. Domingo Cabello, los unos gobernadores capitanes generales desde su ingreso, y los otros en sus vacantes como tenientes de rey; y todos hasta el ao de 1790. Durante el tiempo de los referidos jefes, slo ocurri de notable que haya llegado a mi noticia el temporal llamado de San Juan de Dios, acaecido el 8 de marzo de 1784, a cosa del medioda, con las seales ms espantosas nublose el cielo extremadamente, y se levant un violento remolino, acompaado de horribles bramidos del mar, y algunos truenos sordos; pero las consecuencias no fueron tan terribles como se creyeron, concluyndose todo el aparato con recios aguaceros. La venida de los padres capuchinos:10 y la formacin del Regimiento de Cuba bajo la direccin del gobernador D. Jos Ezpeleta y del inspector D. Domingo Cabello, con motivo de haber salido de esta plaza los regimientos Inmemorial y de Hibernia, que contribuan a guarnecerla. Tambin merece recordarse el ahnco con que durante su mando se dedic el seor Ezpeleta a perfeccionar la polica, debindosele a sus cuidados el presente alumbrado de que goza la ciudad, y que hace tiempo que clama por su mejora. Tambin dict varias providencias para mantener la limpieza de las calles, de que hay en el da no menos necesidad; e hizo todos los esfuerzos que estuvieron a su alcance por finalizar las casas de gobierno, aunque no pudieron estar habitables hasta el gobierno de su sucesor D. Luis de las Casas. Durante los ltimos gobiernos referidos creo que se principi el edificio conocido por cuartel nuevo de milicias, y se finaliz el del seor Ezpeleta. Parece tambin del caso exponer que a dicho seor Ezpeleta se le comunic Real Orden, cuyo contenido deca: “Para reducir el excesivo nmero de abogados en esa capital y en el resto de la Isla, y evitar las consecuencias que se experimentaron tan funestas para el pblico, como indecorosas a la Facultad, prohibi el rey, por su decreto de 19 de noviembre de 1784, la admisin a examen de los profesores de jurisprudencia, naturales o residentes en la Isla, encargando al antecesor de V.S. no les permitiese pasar a la de Santo Domingo ni a Nueva Espaa con semejante fin”. 10Consta en un cedulario existente en la biblioteca pblica de la Sociedad Patritica, que los capuchinos vinieron a La Habana a 12 de junio de 1784, con Real Orden de 17 de octubre de 1783, para que se les entregase la casa destinada a oratorio de S. Felipe Neri, y en consecuencia se les dio posesin inmediatamente, no s con qu condiciones. Estos padres intentaban desembarcarse y entrar en misin pblica con un crucifijo en las manos; pero convencidos de que los indios ya no existan, abandonaron su proyecto. Gobernaba la Iglesia el ilustrsimo Hechavarra.

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ANTONIO JOS VALDS /113 /113 /113 /113 /113 Pero algunos profesores se presentaron a Ezpeleta posteriormente, dicindole que en el transcurso de cuatro aos se haban escaseado tanto, que muchos pueblos carecan de tales facultativos para las ocurrencias del foro: en cuya virtud, el gobernador pidi informes al oidor juez de pesquisa D. Jos Pablo Valiente, para resolver en el particular; y ste, despus de contestarle haciendo varias reflexiones sobre la enseanza defectuosa que entonces reciban los estudiantes de Derecho en La Habana, y el consecuente mal desempeo de su profesin, que se observaba en los abogados, y notando adems que el nmero de 85 abogados, que haba solamente en la ciudad, era muy excedente al nmero necesario, concluy su informe diciendo: “Unas ctedras de leyes bien desempeadas, y una Audiencia de ministros ejercitados en los Tribunales Superiores de Espaa, seran el remedio radical y perpetuo de tantos males; y supuesto que falta esta providencia, y que es preciso tomar en defecto de ella el temperamento ms adaptable, soy de sentir que subsistiendo el Real Decreto de 19 de noviembre de 1784, contrado a los exmenes en estas Audiencias, proponga V.S. al excelentsimo seor ministro el medio de que slo se admitan los que estudien en las Universidades mayores de Espaa, pasen con abogados de Colegios en la Corte, o en las ciudades donde haya Chancilleras o Audiencias, y con certificacin de estudio pblico, con ejercicio positivo por tiempo de seis aos, despus de recibidos de abogados en aquellos tribunales, pasada por Supremo Consejo, se le permita el uso de la abogaca en esta Isla”. Las instancias de varios pretendientes para su recepcin de abogados hubieron de repetirse a la Corte, lo que, visto el informe de Valiente, debi producir un Real Decreto de 29 de marzo de 1789, en que S.M., dejando en su fuerza y vigor la prohibicin decretada el ao de 84, mandaba que “slo se admitan en el ejercicio de abogados a los que estudien en Universidades mayores de estos reinos, y hayan practicado en alguna capital de ellos, donde haya Tribunal Superior, acreditando con certificacin pasada por el Consejo, haber ejercido seis aos en los Tribunales Superiores de Espaa, despus del recibimiento: que absolutamente se prohba a los abogados, bajo graves penas autorizar con su firma escrito o dictamen formado por otro: que se encargue al gobernador muy particularmente castigue con severidad a los abogados que no se produzcan en sus escritos con la moderacin y respeto que merecen los tribunales, o que entorpezcan la actuacin con impertinencias y que contine la mencionada prohibicin hasta que el tiempo reduzca el nmero de dichos abogados”. El seor Troncoso dej su nombre en una inscripcin que se halla grabada en el puente llamado de Galiano, que atraviesa la zanja en el Campo de Marte, y no la copio, porque los muchachos la han regrabado

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 114\ 114\ 114\ 114\ 114\ a su arbitrio, dejndola ininteligible. El benfico Carlos III muri en Madrid a la edad de 73 aos, gobernando esta plaza interinamente el seor Cabello, y sus exequias fueron a la verdad muy dignas de aquel gran rey; aunque no la alegra con que generalmente se celebr la instalacin al trono de su desgraciado sucesor. 18. Faltbale a La Habana un genio sobresaliente, que a la cabeza de su gobierno continuase los planes de su prosperidad, trazados por el marqus de la Torre, y se present en 1790 el excelentsimo seor D. Luis de las Casas, cuyo gobierno forma poca en los fastos de nuestra pequea historia.11 Es menester, sin embargo, declarar que durante su mando experiment La Habana determinaciones arbitrarias, nacidas de un escandaloso despotismo, pero es tambin constante que el bien que se le debe excede sin comparacin a los males a que dio lugar, y es por consiguiente de una trascendencia, que har el debido honor a su memoria. Este general ya miraba con aficin esta ciudad, y se dice que haba formado una idea ventajosa de sus naturales,12 desde que estuvo en ella con las tropas destinadas a la pacificacin de la Luisiana, bajo las rdenes del general conde de O’Reilly, habiendo sido testigo de las demostraciones de alegra con que todas las clases del pueblo recibieron a su general, y de la franqueza con que se ofrecieron las milicias a servir en aquella expedicin, mandada por un jefe a quien amaban y respetaban como su creador. Casas rectific sin duda este concepto cuando entr de gobernador, y percibi el prodigioso aumento que haba tomado La Habana en su poblacin, comercio13 y modales conforme a los de las naciones civilizadas. 19. Desde luego se aplic este jefe a perseguir los vagos, que nunca faltan para perjuicio de las sociedades, y en este procedimiento se experimentaron los abusos de algunos encargados de la ejecucin. Tambin se propuso establecer una Sociedad Patritica de que carecamos, y que es tan propia de las ciudades cultas. Este feliz establecimiento14manifest inequivocablemente la bella disposicin de los habaneros para 11Pequea historia Hela calificado con ese moderado adjetivo, porque efectivamente le conviene, si la comparamos con la historia de otros pases, cuya antigedad y grandeza forman eventos sobresalientes, entre los acontecimientos histricos.12F. Juan Gonzlez, en la oracin fnebre del mismo general.13Entre las concesiones que contribuyeron al fomento del pas, acomodndonos por supuesto con el rgimen introducido, fue la Real Cdula dada en Madrid a 28 de febrero de 1789: por ella se concedi libertad para el comercio de negros con las islas de Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico y provincia de Caracas, a espaoles y extranjeros. Esta gracia se public por bando en La Habana el 19 de mayo de 1789. La libertad de introduccin de negros se prorrog posteriormente, atendiendo a la necesidad de brazos para el campo.14Este establecimiento se aprob por el rey en Cdula de 15 de diciembre de 92, y corre impresa con los Estatutos de la Sociedad.

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ANTONIO JOS VALDS /115 /115 /115 /115 /115 las letras, y su actividad y emulacin en obsequio de la patria. Entonces estimulados por el genio de su primer presidente, se vieron salir profusamente de las prensas, proyectos sobre agricultura, comercio, medicina, educacin, polica, filantropa, bellas letras, ereccin de estatuas; y sera distraerme demasiado, si quisiera indicar cuanto se discurri; baste decir que todo se puso en movimiento. Y ojal hubiera continuado el mismo calor, tan indispensable para vivificar el cuerpo patritico, que dolorosamente desmay bastante con la ausencia de su fundador. 20. El establecimiento de la Casa de Beneficencia, cuyo nombre envuelve su mismo elogio y utilidad, no honra menos la memoria de Casas. Varios vecinos principales se presentaron a S.E. con la suscripcin formada de 36 000 pesos para la ereccin de un edificio tan conducente al alivio de la indigencia, y el gobernador recibi el proyecto con un entusiasmo que dio la mejor idea de sus sentimientos. Este jefe cit en consecuencia por medio de esquelas polticas a gran parte de los sujetos del vecindario, capaces de coadyuvar con algn contingente al establecimiento proyectado, y lograda la reunin a 22 de marzo de 92, les hizo el discurso que sigue: “Seores: algunos vecinos de esta ciudad, lastimados de ver sus calles sembradas de mendigos necesitados sin amparo, de viciosos pordioseros sin sujecin, de hurfanos abandonados en la senda de corrupcin sin refugio, anhelando la ereccin de un hospicio en que el verdadero necesitado halle asegurada su incierta subsistencia, el vicioso pordiosero la sujecin al trabajo que repugna, y el tierno hurfano la educacin conducente para ser til a la repblica, y asimismo, han deseado que yo convoque esta junta. La magnitud de la empresa (sin fondo alguno efectivo con que contar para ella) tena (desconfiado del xito) suspensa mi resolucin; pero al ver que algunos celosos patriotas me presentaron una suscripcin de 36 000 pesos, mirando que estaba difundido en otros este mismo fervor, y considerando que pareca ser la poca que el destino sealaba para esta insigne obra, mediante las riquezas que derrama la divina Providencia sobre los hacendados de esta Isla, con el extraordinario valor que ha tenido el presente ao, y prepara para los sucesivos al precioso fruto de su suelo, contempl debido no desaprovechar tan favorable oportunidad y me decid a intentar la consecucin de tan benfico proyecto. Grande es la empresa, seores, pero grande es tambin la munificencia del soberano, grande la disposicin de sus ministros a favor de estas casas de misericordia, grande la necesidad de una de ellas en este pueblo, grande el espritu y caritativa libertad de este vecindario y grande mi deseo de proporcionar a esta ciudad tan indispensable establecimiento. A este fin he convocado la junta de hacendados, que me ha presentado mi memoria, y diputados del comer-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 116\ 116\ 116\ 116\ 116\ cio: espero que cada uno de los presentes ofrezca voluntariamente lo que le dicte la piedad, y permitan sus facultades, y que al mismo tiempo hagan el acuerdo que contemplen ms conforme as para la construccin de la obra, como para el gobierno sucesivo del establecimiento”. Desde luego se aument sucesivamente la suscripcin, y se acordaron algunos puntos para el gobierno del establecimiento, entre los cuales se dispuso que el hospicio se fabricase bajo la advocacin de la Inmaculada Concepcin, y estuviese a cargo de la Sociedad Econmica proyectada, subrogndola hasta su aprobacin una junta compuesta de varios sujetos distinguidos que se nombraron, la que dio principio inmediatamente a las sesiones de su encargo, y se principi el edificio en terreno, que para el efecto compr el ilustrsimo arzobispo D. Luis Pealver y Crdenas,15 generoso protector de este piadoso asilo de la inocencia desvalida. Al mismo tiempo se principiaron a reunir nias educandas en una casa provisional, y el 8 de diciembre de 94 se trasladaron de la ciudad al edificio, ya en estado de albergarlas.1621. No se olvid Casas de atender al bien del comercio, convencido de que sabiamente manejado es el ms seguro manantial de la felicidad pblica, y as concurri con las mejores disposiciones a desentorpecerle, proporcionndole todas las franquicias que estuvieron a su arbitrio en obsequio de nuestra prosperidad, y dio toda su proteccin al establecimiento del Consulado, cuya cdula de ereccin copio en honor de mi patria y de los ilustres protectores de su adelanto. “EL REY. El grande y conocido aumento que ha tomado de algunos aos a esta parte, y toma cada da, la agricultura y el comercio de la isla 15Suplemento al peridico nmero 69. Yo concibo que de haber fundado el hospicio extramuros provinieron las desavenencias del gobernador con el ilustrsimo Trespalacios, que entonces gobernaba la Dicesis. ste pretenda que el hospicio se estableciese intramuros, fundando su pretensin en que, en tal caso, estaran las nias ms al alcance de los socorros, que podra proporcionarles la situacin en la ciudad. Las indicadas desavenencias fueron a veces tan escandalosas, que lleg el Ayuntamiento a trasladar sus bancas de la iglesia Catedral a Santo Domingo, lo que se desaprob por la Corte, aunque es as que el obispo habra tratado grosersimamente al Ayuntamiento en aquel lugar sagrado, y en un acto en que menos debi hacerlo.16La Real Sociedad Econmica en Junta General celebrada el 9 de diciembre de 96, penetrada del reconocimiento que debe al excelentsimo seor D. Luis de las Casas, declar: que su nombre merece conservarse en la memoria de la posteridad, y queriendo dedicarle un monumento ms durable y augusto que cuantos ha inventado la vanidad de los hombres, acord que se fabrique en la Casa de Beneficencia una sala destinada a la educacin de nios, bajo las mismas reglas que las educandas, grabando en el centra de ella una inscripcin que exprese, fue construida y dedicada a la memoria del excelentsimo seor D. Luis de las Casas, por los muchos beneficios que ha hecho a esta ciudad, y particularmente porque en ella estableci un Papel Peridico una Sociedad Econmica, una biblioteca pblica, y una Casa de Beneficencia. ( Elogio de Casas ledo por el doctor Romay .)

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ANTONIO JOS VALDS /117 /117 /117 /117 /117 de Cuba, sealadamente en la ciudad de La Habana, plaza y puerto tan principal de aquella importante colonia, se debe enteramente a la sabidura y constancia con que siempre la protegi mi augusto padre, que santa gloria haya: y yo a su imitacin desde mi exaltacin al trono no he cesado de dar pruebas de mi desvelo paternal por la prosperidad de aquellos mis leales vasallos. As que entre varias instancias que se me han dirigido de distintas partes de Amrica, solicitando la ereccin de tribunales de comercio con jurisdiccin privativa para la ms pronta y fcil determinacin de las causas mercantiles, he mirado con particular atencin la que me hicieron los comisarios nombrados a este efecto por el Ayuntamiento y por el comercio de La Habana; y desde luego la mand examinar por mis ministros de Estado y del Despacho, y que sobre ella se tomasen los informes y conocimientos necesarios, a fin de proveer lo que ms conviniese al bien y prosperidad de toda aquella Isla. Entretanto se present en mi Junta de Estado un discurso y un proyecto formado por D. Francisco de Arango y Parreo, apoderado de la misma ciudad de La Habana, sobre el estado actual de su agricultura, y los medios de hacerla ms floreciente y rica: y los principales medios que propona eran la concesin de varias gracias y franquicias que crea ms necesarias para adelantar el cultivo de ciertos frutos, y el establecimiento de una junta permanente en aquella ciudad, que protegiese la agricultura, e ilustrase con sus instrucciones a aquellos hacendados, conforme a cierto plan e instituto que haba insertado en su proyecto. Examinado tambin con la madurez y reflexin necesaria el citado discurso y proyecto, y odo el dictamen que sobre ellos me dio mi Consejo de Estado, vine desde luego en conceder, como conced por mi Real Decreto de 22 de noviembre de 1792 varias de las gracias que se me pedan en dichos escritos, reservando para mayor examen la decisin de otros puntos que en ellos se tocaban, y oyendo sobre los dems, y sealadamente sobre la ereccin de la Junta a mi Consejo de las Indias. Y habindome este tribunal consultado lo que le pareci sobre ellos; visto y examinado de nuevo todo el expediente en mi Consejo de Estado, con los informes que mand ltimamente tomar de ministros de la mayor graduacin, crdito y experiencia, de mi real confianza: conformndome con el uniforme dictamen del dicho mi Consejo de Estado; y queriendo juntar en uno la proteccin y fomento de la agricultura y del comercio de la isla de Cuba, por la ntima conexin que tienen entre s estos dos manantiales de la felicidad y opulencia pblica: he venido en erigir, y por la presente erijo en la ciudad de La Habana el Tribunal que solicitaron los comisarios del Ayuntamiento y del comercio, y la Junta que propuso D. Francisco de Arango: para que unidos estos dos cuerpos con un propio instituto, y encargndose cada cual de la parte que en l le toca, formen un solo Consulado de Agricultura y de Comercio: el

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 118\ 118\ 118\ 118\ 118\ cual por ahora y mientras se le dan ordenanzas propias, quiero que se gobierne por la regla siguiente. (Las mismas que corren impresas a continuacin de esta cdula.)” 22. A este til establecimiento le somos deudores de bastantes adelantos en el pas, y no hay duda que si hubiera continuado con la mitad de aquella especie de entusiasmo que acompaa ordinariamente a los nuevos establecimientos, la Isla habra recabado consecuentemente innumerables ventajas, pero sea la calamidad de los tiempos posteriores, o bien sea la calma que suele suceder a las grandes agitaciones, lo cierto es que su fervor en obsequio de la prosperidad pblica se debilit. El que lea con mediana atencin el acuerdo de la Junta de gobierno del Real Consulado de Agricultura y Comercio, en la celebrada el da mircoles 21 de Diciembre de 96 dir desapasionadamente lo que acabo de referir. El citado acuerdo respira en todo su contenido el calor patritico ms digno de aprecio, y casi hace dudar que en el corto tiempo de su instauracin hasta el trmino de gobierno de Casas, proyectase y ejecutase cuanto expone el referido acuerdo. Bien que todo es constante, y lo insertara a continuacin si no temiese aumentar dos pliegos a esta obra, que restrinjo cuanto me es posible; aunque no podr menos de colocar las expresiones siguientes de su conclusin. “Al mismo tiempo quiso la Junta invertir los fondos de su dotacin en los objetos de utilidad pblica, propios de su instituto, y pens que no poda darles mejor destino que haciendo desde luego ensayos en la importante empresa de caminos, que diesen a conocer prcticamente las dificultades de esta clase de obras. En pocos meses concluy la calzada del Horcn en el estado en que la est disfrutando el pblico, ascendiendo su costo a 30 734 pesos 2 reales. Emprendi seguidamente la composicin de la calzada de Guadalupe, que se est prosiguiendo con actividad. Concluy tambin a beneficio del comercio un pedazo que faltaba al muelle principal de esta plaza, en el cual coloc cuatro pescantes para la carga y alijo de los efectos de mayor peso, cuyo costo total import 9 116 pesos 6 reales. Aprovech oportunamente la oferta que hizo el real profesor de botnica D. Martin Ses para enviar con l, a expensas del Consulado, un joven natural de esta ciudad, para que aprendiese esta ciencia. Con el objeto de introducir en esta Isla la cultura del ail, ha hecho para el fomento de una ailera un prstamo de 3 500 pesos, sin inters alguno; en fin, adems de los gastos propios de su constitucin, coste varios otros de menor consideracin igualmente dirigidos a fomentar los objetos de su instituto. ltimamente, el Tribunal del Consulado desde su instauracin en 6 de junio de 1795 hasta el 6 del ltimo diciembre ha dirigido y tranzado muchos pleitos, y sentenciados ms de 320 causas por escrito, entre las cuales se han elevado ms de 60 al Tribunal de Alzadas”.

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ANTONIO JOS VALDS /119 /119 /119 /119 /119 23. La catstrofe sucedida en varios distritos de las cercanas de esta ciudad por el 21 y 22 de junio del ao de 91, contribuy a manifestar la actividad del seor Casas con las prontas providencias que dio para el reparo de los estragos que ocasion aquella memorable tormenta, digna por cierto de bosquejarla en este lugar, trasuntando la relacin que entonces se public. 24. “El ro de los Gines creci extraordinariamente, y sus aguas extendidas por los campos vecinos causaron notables daos en seis potreros, pero el mayor se experiment en la prdida de 2 115 arrobas de tabaco, que se hallaba en las casas de 27 vecinos, en el deterioro de la mayor parte de las habitaciones de stos, y en la prdida de varios animales de toda especie. 25. ”En el paraje llamado el Ojo de Agua, correspondiente al partido de Wajay, fue tan abundante la lluvia que en el espacio de nueve o diez horas se hall todo el terreno anegado, creciendo por momentos las aguas, de forma que todos sus moradores tuvieron que abandonar precipitadamente sus habitaciones, animales y dems bienes, que todos quedaron sumergidos, pues cubrieron todas las casas situadas en una extensin de ms de 30 caballeras de tierra, quedando las primeras arruinadas, o muy maltratadas, y perdidas las labranzas, arboledas, y cuanto posean sus desgraciados dueos. Estos daos y otros de menor monta han comprendido a ms de 24 estancias de labor y seis potreros, pertenecientes a 27 vecinos, o propietarios. Se considera que la inundacin, ms o menos crecida, se extendi como cinco leguas en la Jurisdiccin de Santiago, desde las inmediaciones de esta villa, que qued ilesa, hasta el hato de Ariguanabo hacia el poniente. 26. ”El ro del Calabazal subi como 12 varas sobre el puente nuevamente construido: arruin los pretiles de ste, se llev el terrapln del piso, o suelo, dejando slo el entramado de maderos que le sirven de asiento y apoyan sobre los pilares, quedando stos con quebranto de alguna consideracin. Las habitaciones cercanas a las orillas se arruinaron casi del todo, siendo ms pasmoso el estrago que hizo desde el paso, que llaman de Soto, hasta el tumbadero de Armendriz, pues arranc de raz los montes de rboles que poblaban dichas orillas dejando el terreno rido, lleno de profundos socabones y descubiertos los enormes peascos que nadie haba visto antes. 27. ”En el partido de S. Antonio rompi el temporal en un furioso huracn, que trastorn cuanto encontr en su carrera, pero con la particularidad que slo se extendi en una faja o lista de tierra tan angosta, que no pas de 200 varas, habiendo dado principio en el sitio de Flix Crespo, y seguido su curso por el ingenio nuevo de Quintana, y otros varios sitios en vuelta del hato de Ariguanabo. En esta faja derrib cuantas fbricas, arboledas, matas y sementeras encontr; pero fuera

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 120\ 120\ 120\ 120\ 120\ de ella no hizo el menor dao a la ms dbil planta. Los pozos de aquellos distritos presentaron un fenmeno, que, aunque no es nuevo en semejantes casos de violentos huracanes, es siempre admirable. Sus aguas se elevaron extraordinariamente, rebosaron por cima de los brocales, inundaron las tierras bajas vecinas con no pequeno dao de sus dueos. En varios parajes, en que no haba pozos, se reconocieron despus manantiales, que brotaban con abundancia, y tambin con perjuicio de las labranzas en las tierras cultivadas que alcanz este aflujo. En las vegas de San Antonio, Guara, y en los partidos que se denominan Doa Mara, Aguas Verdes, Quivicn, Buenaventura, Rincn de Calabazas y Wajay, aunque no experimentaron igual inundacin que en el Ojo de Agua, no dejaron de padecer quebranto varios potreros, estancias y labores, situadas en terrenos bajos o inmediatos a los arroyos y caadas, por la fuerza de los torrentes. 28. ”Los partidos de Managua, el Calvario y Jess del Monte experimentaron tambin los efectos de este diluvio parcial. En el primero rompi varios pedazos de los caminos reales, dejndolos impracticables, algunas cercas, se llev tres casas y multitud de reses y ganado menor. En el segundo, el arroyo de la Chorrera y otros de menos nombre hicieron estragos de la misma especie; pero ms considerables en dos potreros y diez estancias de labor, que quedaron casi destruidas por la prdida de animales, siembras, habitaciones, y en partes hasta de la misma tierra vegetal. En el tercero tuvieron, con poca diferencia, igual suerte 14 posesiones situadas en las mrgenes del rio del Calabazal; y perecieron dos presidiarios y un negro. La villa de Guanabacoa, su distrito, y generalmente todos los hacendados que tienen posesiones hacia la costa de barlovento, experimentaron notable incomodidad con la ruina del Puente Blanco de Ricabal o de Cojmar sobre el riachuelo de este nombre, cuyas orillas ofrecen una singular imagen del furor de los torrentes. 29. ”Finalmente, en los partidos del Quemado y la Prensa presentan las dos orillas del ro de este ltimo nombre (el mismo que en otros parajes se llama del Calabazal y Armendriz) una asombrosa perspectiva de desolacin. Las aguas se extendieron por todo el anchuroso valle, conocido por la Cinaga, y subieron hasta cerca de las alturas del Cerro. El puente, nombrado con impropiedad las Puentes Grandes ha quedado en la mayor parte arruinado. De los 17 ojos que le formaban se destruyeron 15, quedando slo los pilares; pero algunos quebrantados y hendidos de alto abajo hasta los fundamentos, el pavimento con los entramados de maderos que le sustentaban sobre los pilares, y los muros que servan de guarda-lados, casi todo fue arrancado y arrastrado por la corriente, de suerte que es hoy un confuso montn de escombros el edificio suntuoso y ms til, en su especie, que haba en toda la Isla.

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ANTONIO JOS VALDS /121 /121 /121 /121 /121 30. ”El hermoso vane de S. Jernimo, o llanura de los Molinos, fue el melanclico teatro de las tragedias. Veinte y cuatro edificios, algunos de consideracin, entre casas, tahonas y alambiques fueron, o enteramente arruinados, o tan mal tratados, que han quedado inservibles, perdiendo sus dueos cuanto tenan, as en lo interior, como en lo exterior, pues los animales, siembras, diferentes industrias, y hasta las mismas tierras que pisaban fueron arrastradas por la fuerza de la corriente, como experimentaron algunas de las citadas casas que han desaparecido sin dejar el menor vestigio de sus cimientos. Los tres molinos de tabaco del Rey padecieron mucho, especialmente dos de ellos, en sus muros, mquinas, artefactos y utensilios, con prdida o avera de porcin de crecida de aquel gnero, que arrebat la corriente, o se aneg en los almacenes. Las canales de sillera y mampostera que conducan el agua desde el ro, para dar movimiento a las mquinas, se rompieron en muchas partes, manifestndose en los enormes pedazos de sus muros, que, sin desmoronarse, fueron arrancados a flor de tierra, y arrojados a distancia de 10, 12 y 20 varas, al violentsimo impulso con que fueron chocadas. 31. ”El terreno que llamaban el Cacahual, el del potrero del Rey y el de las orillas del ro, hasta una considerable distancia de los Molinos, hacia la embocadura estn enteramente transformados. En lugar de aquel delicioso valle, en que la naturaleza junt tantas bellezas y el arte tanta industria, para convertirlas en provecho del hombre, ya no se ve ms que un laberinto de rocas descarnadas, de profundos abismos, de espantosos precipicios; sus frondosas arboledas, sus cristalinas cascadas, sus traviesos arroyuelos, han desaparecido con la tierra misma que adornaban, quedando de sta slo unas pequeas manchas que afectan la figura circular, y son la base menor de unas pirmides truncadas, para manifestar que sirvieron de centros a los vrtices o remolinos de agua que socavaron hasta encontrar con la dureza de las peas. El ro ceg parte de su antiguo lecho en una distancia como de 300 varas, abrindose otro canal ms directo hacia el can que le conduce a su embocadura en el mar. Su cada en el sitio de los Molinos, que era por una suave cascada, se ha convertido en un horrendo salto de 18 a 20 varas de profundidad, cuyo golpe y ronco estruendo infunde pavor a los nimos ms osados, al paso que empea la curiosidad a observarlo de cerca. 32. ”Mas para que se vea que an en los desbarros de la naturaleza se hallan ciertos rasgos de hermosura que atraen nuestra atencin, el espantoso salto de que se acaba de hablar se adorna, en ciertas horas de los das claros, con los vistosos colores del arco iris. El golpe de las aguas que caen, reflectido por la resistencia de las que ocupan el fondo, eleva una como nube difana, formada de infinidad de gotitas, las cuales, heridas por los rayos del sol, refractan la luz, dividen sus colores, y forman la apariencia del arco de la paz. Este fenmeno tiene sus puntos

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 122\ 122\ 122\ 122\ 122\ de vista ms y menos ventajosos, y es menester buscar los primeros para observarlo con entera claridad. 33. ”Finalmente, lo ms lastimoso de esta horrible catstrofe fue haber perecido 30 personas de toda edad, sexo y calidad, habindose visto ms de otras 100 en los mayores conflictos y riesgos de padecer igual suerte”. 34. “No ser fuera de propsito decir algo de nuestra opinin en orden a las causas fsicas que pudieron contribuir a que la inundacin produjese tanto estrago en el llano de los Molinos, as para satisfacer la curiosidad de muchas personas, como para desvanecer los prodigios con que el vulgo pretende siempre acompaar tales sucesos. La natural disposicin del terreno desde el Husillo hasta dichos Molinos, son la mala situacin del citado Puente Grande, son en nuestro entender las que dan solucin a la dificultad, sin necesidad de recurrir a terremotos, volcanes, ni milagros, de que no se han visto seales. Con efecto, roto el cauce del ro a poca distancia del citado Husillo, se derramaron las aguas en la parte ms baja, que es la Cinaga, y tomaron la extensin que se ha dicho. El puente citado en la garganta que une ambos valles, en una posicin oblicua a la direccin de las aguas que por ella deban evacuarse, sus pilares, machones y macizos, extraordinaria e intilmente gruesos, con sus ojos en corto nmero y de muy escasa luz, especialmente en su altura, y la multitud de tozas, curvas, rboles arrancados y broza que obstrua ms el paso de las aguas, hicieron del dicho puente un obstculo que las repres y oblig a levantarse muchos pies sobre su pavimento. La enorme presin y la gran rapidez de la corriente vencieron por fin el obstculo, y se precipit de golpe la masa fluida detenida sobre el msero valle de los Molinos. Este choque repentino fue, sin duda, el que rompi las canales expresadas, venciendo la tenacidad de las mezclas ya casi petrificadas, y el gran peso de algunos pedazos de sus muros de tres a cuatro varas de largo, que hemos estimado de 70 a 80 quintales, con un impulso tan fuerte, combinado con la presin del fluido en todos los puntos de la tierra que baaba, explican muy bien los dems efectos de excavaciones, hundimientos, etc., porque si suponemos que la altura que las aguas tomaron en varios parajes fue slo de 30 pies, que nada tiene de exageracin, resulta que cada pie cuadrado de la superficie de aquel terreno era oprimido por un peso de 21 quintales, fuerza ms que suficiente para conmover y horadar toda la tierra deleznable, ablandada ya por las continuadas lluvias anteriores, adase a esto que el impulso en el sentido horizontal, contra todos los obstculos invencibles, o algo resistentes; produjo en las aguas los movimientos de rotacin que hemos notado, con lo cual se mezclaron las tierras con aqullas, y formaron una sola masa fluida, que debi precipitarse por los parajes ms bajos, hasta llegar a las planicies, en que ms extendidas, fue perdiendo

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ANTONIO JOS VALDS /123 /123 /123 /123 /123 de su fuerza y dio lugar a que la gravedad de las tierras obrase naturalmente su sedimento; y sta fue la causa de haberse cegado la porcin enunciada del lecho del ro. Otras muchas causas parciales pudieron concurrir tambin a esta revolucin: como son la naturaleza de las mismas tierras ms o menos disolubles en el agua, su disposicin en tongas o capas sostenidas en forma de bvedas por pilares que, una vez desplomadas, llevaron tras s la ruina de stas, y otras varias, en cuya consideracin no podemos entrar, pero que todas son dependientes, o tuvieron influencia por las primeras”. 35. Las Puentes Grandes el estado que presentan despus de su reedificacin es bien inferior, sin embargo, al que tenan antes de la referida tempestad. En dos pequeos pilares que se hallan en un extremo del grande, se leen las dos siguientes inscripciones, en dos losas colocadas cada una en uno de dichos pilares: REYNANDO LA CAT"LICA MAGESTAD DEL SEOR D. CARLOS IV QUE DIOS GUARDE, Y EN EL PONTIFICADO N.S.P PO VI. SE CONSTRUYERON ESTOS PUENTES Y SUS CALZADAS, SIENDO GOBER-NADOR Y CAPITN GENERAL DE ESTA CIUDAD E ISLA EL EXCELENTSIMOSEOR D. LUIS DE LAS CASAS, BAXO LA DIRECCI"N DEL CABALLERO COMISA-RIO REGIDOR DEPOSITARIO GENERAL D. JOS DE ARMENTEROS. AO DE 1796. —GOBERNANDO LA CAT"LICA MAGESTAD DEL SEOR D. CARLOS III. Y EN LA SANTA IGLESIA N.S.P PO VI SE CONCLUYERON LOS PUENTES DE MORDAZO,SUS CALZADAS Y REBAXOS, ENLOSADO DEL GRANDE, Y TERRAPLN DE LA PRO-FUNDIDAD DEL RO; SIENDO GOBERNADOR Y CAPITN GENERAL DE ESTA CIU-DAD E ISLA EL EXCELENTSIMO SEOR CONDE DE SANTA CLARA, Y COMISA-RIO EL CABALLERO REGIDOR, DEPOSITARIO GENERAL D. JOS ARMENTEROS. AO DE 1798. 36. Por aquellos tiempos haca sus progresos la Revolucin francesa en Europa, y aquel movimiento terrible, que fue capaz de causar los increbles trastornos que continuamos experimentando, pronto se hizo sensible en la Amrica francesa, con la revolucin de la parte occidental de la isla de Santo Domingo, y para impedir los efectos que eran consiguientes de la imitacin, determin el gabinete espaol enviar tropas a la parte espaola de la isla, que formasen una fuerza respetable, capaz de impedir los resultados. Fueron de La Habana el regimiento de su nombre, el de Cuba y un piquete de artillera; de Mjico, el de Nueva Espaa; de Caracas, Maracaibo, y de Puerto Rico, varios piquetes y compaas; de Santo Domingo, un piquete y un escuadrn de lanceros, de modo que se organiz en la parte espaola de la isla un ejrcito de cerca de 6 000 hombres, pero esta formidable y escogida expedicin nada hizo por las razones que se expondrn ms abajo. Adems de las tropas expresadas, hubo los auxiliares que mandaban los tres caudillos negros Toussent, Juan Francisco y Bias, y no obstante estos grandes recursos militares, y otros muchos martimos y pecuniarios, no pudie-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 124\ 124\ 124\ 124\ 124\ ron conservarse todas las poblaciones de la parte espaola, por haber comprometido su concepto los generales y tropas nacionales en la desgraciada expedicin de Yaques 37. El presidente y capitn general de Santo Domingo, celoso de la suerte dichosa del general de marina Aristizbal en la toma de Bajay, conseguida por inteligencia con los comandantes republicanos del fuerte llamado de la Boca y batera de Lanst; se propuso rivalizarlo con la del Guarico. Para conseguirlo, reuni en Bayaj, cerca de 2 000 hombres de tropa de lnea, capaces de conquistar toda la parte francesa, pero la impericia de su general y la de su mayor y cuartel maestre hicieron intil tan brillante y respetable ejrcito. Sali ste de Bayaj pero sin tren de batir, itinerario, conocimientos de las fuerzas enemigas, nmero de puestos fortificados, el de sus guarniciones, artillera, etctera; por ltimo, como en romera y sin ninguna de las reglas y precauciones que aseguran el buen xito de tales empresas. Lleg el ejrcito a Yaques, puesto distante de Bayaj cuatro leguas, el que se hallaba defendido por 500 negros bisoos, con un solo can de batir y con unas murallas despreciables, y despus de intimarle intilmente, y de haber celebrado muchos consejos de guerra, se resolvi la retirada, que fue a los tres das de salidos de Bayaj, a donde se dirigieron hambrientos, enfermos y humillados. Este lastimoso acaecimiento fue el origen de todas las desgracias que se experimentaron despus en la colonia de Santo Domingo; siendo uno de sus resultados la traicin del general negro Toussent 38. Este hombre suspicaz, valiente y entendido, estaba celoso de la predileccin que obtena del presidente y capitn general de Santo Domingo el general Juan Francisco; aqul era un hroe en su color, y ste, un atolondrado, bebedor, ignorante y corrompido, lleno del justo resentimiento de una conducta tan poco poltica, y con la idea de lo poco que deba temer a un general y tropa que no supieron apoderarse de un puesto tan despreciable como Yaques, concibi el proyecto de vengarse del presidente y de Juan Francisco, y para conseguirlo, entabl correspondencia con el general republicano que mandaba en el Guarico; ste aprovech tan oportuna y ventajosa coyuntura, y admitiendo por su auxiliar a Toussent, cont con los conocimientos que ste tena del carcter y fuerzas de los jefes y tropas espaolas para exterminarlas. Declarado Toussent republicano, se quit la mscara y atac al pueblo espaol de S. Rafael, del que se apoder con muy poca resistencia. S. Miguel, otro pueblo espaol, fue evacuado luego que se supo en l la prdida de S. Rafael. Las Caobas tambin fueron tomadas, pero con alguna oposicin. Banica e Incha, se abandonaron sin haber visto el enemigo; de modo que slo Bayaj y Dajabn no fueron atacadas, por considerar Toussent le costara mucha sangre la posesin de estos dos

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ANTONIO JOS VALDS /125 /125 /125 /125 /125 puntos, por haberlos en mucha parte fortificado un genio emprendedor, no obstante los pocos auxilios que se le franquearon por la Hacienda nacional. Manifiestas las causas que produjeron el desconcepto de los jefes y tropas espaolas, fue uno de sus efectos la sorpresa de Bayaj por el general negro Juan Francisco el 7 de julio de 1794 39. Antes de hacer la descripcin de un acontecimiento tan memorable, conviene expresar los antecedentes que le motivaron. El temperamento malsano de Bayaj, unido a las privaciones y abatimiento que sufri el ejrcito en Yaques, hizo disminuir el nmero de tropas de lnea que componan su guarnicin de 800 hombres a slo la fuerza efectiva de 400 poco ms o menos. Juan Francisco dispona como quera de los intereses nacionales, y esta prerrogativa le facultaba a poder aumentar sus tropas auxiliares a su antojo. El comandante del exterior o del campo, justamente receloso del mal uso que pudiera hacer Juan Francisco de un abuso tan impoltico, represent al presidente y capitn general de Santo Domingo la necesidad que haba de armar y regimentar a una porcin de franceses blancos, para equilibrar por este medio el poder ilimitado de Juan Francisco. El general desaprob el proyecto; pero instigado de nuevo, consinti y dio la orden para la organizacin de las siete legiones, y lleg a Bayaj a las 10:30 de la maana. Juan Francisco, instruido sin duda de esta determinacin, se propuso eludirla, y a las 11 del citado da sorprendi la plaza con su caballera e infantera, que apost en las plazas y calles principales, y dirigindose en persona con alguna escolta a la casa de gobierno, intim al comandante de las armas la indispensable salida de Bayaj de todos los franceses blancos antes de tres horas. Acompaaba en la actualidad al comandante de las armas el que lo era del campo, y habindole ste reconvenido a Juan Francisco, que el tiempo de tres horas no era an suficiente para reunir las lanchas que deban transportar los franceses a bordo de los buques que se les sealase, Juan Francisco, enfurecido por esta rplica, amenaz al gobernador, cuya compaa dej, salindose al atrio de la casa, y habiendo hecho una seal, tal vez ya acordada, se derramaron los negros por toda la ciudad, matando cuantos franceses encontraron en las calles, haciendo lo mismo con los que se hallaban en sus casas y las de sus amigos. Dur el degello hasta las 3:30 de la tarde, en que a ruegos del gobernador y un venerable eclesistico ces, aunque no enteramente. Murieron 742 franceses, sin contar los que por huir del peligro se ahogaron, cuyos cadveres aparecieron a las orillas del mar. 40. Durante la matanza se tuvieron varias conferencias militares, en las que dos jefes de la guarnicin aconsejaron al comandante de las armas atacase a los negros e impidiese con la fuerza un atentado que llenaba de oprobio las armas de S.M.C., pero el comandante era dbil, y

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 126\ 126\ 126\ 126\ 126\ nada resolvi en la materia. Vista su irresolucin, se acord nicamente la retirada a Fuerte Delfn, fortaleza distante de Bayaj 500 varas poco ms o menos, para evitar por este prudente medio el desorden y confusin que eran consiguientes, si la guarnicin de la plaza quedaba en la noche a merced de los negros, los ms ebrios y entusiasmados con los triunfos adquiridos. En Fuerte Delfn se celebraron varios consejos de guerra; pero resueltos los vocales que los formaban a retirarse a La Habana, Cuba y Santo Domingo, se opuso uno de ellos a esta funesta determinacin, y habindose ste unido al comandante general de marina, se logr la conservacin de Fuerte Delfn y Bayaj, cuya plaza evacu Juan Francisco el 13 de julio. 41. Adems de la prdida de los equipajes de varios jefes y oficiales espaoles, y mucha parte del armamento de la tropa, sufri la caja nacional el desfalco de 45 a 50 000 pesos, y aunque se atribuy a los negros el extravo de esta suma, los que estn mejor instruidos de los hechos, no creen semejante historieta. El sinnmero de torpezas cometidas en la campaa de Santo Domingo y lo malsano de su suelo, fueron la causa de la prdida de tropas, cuya falta se advierte en el da en todas las provincias americanas que contribuyeron con las suyas para la consabida expedicin: puede asegurarse sin exageracin, murieron vctimas del hambre, peligros militares y privaciones, cerca de 3 000 hombres, sin incluir en este nmero los desertores. El ttulo de teniente general conferido a Juan Francisco, su condecoracin de una medalla de mrito, y su paradero es tan notorio que sera impertinente su relacin. 42. A esta guerra sigui la famosa Paz de Basilea, cuyo tratado se firm definitivamente a 22 de julio de 95, cesando momentneamente la guerra a que haba dado lugar el sacudimiento del tiranismo que aherrojaba los franceses, tan infelices que slo fueron libres el poco tiempo que se limitaron a la defensa de su territorio. La referida paz se public en esta capital a 6 de noviembre de 95; y por el artculo noveno, Espaa cedi a la Repblica francesa cuanto posea en la isla de Santo Domingo, lo que motiv el aumento de la poblacin con aquellas familias que emigraron a esta Isla, y el establecimiento de la Audiencia territorial en Puerto Prncipe, como asimismo la venida de ms monjas, con las cesiones de provincias americanas. 43. Tambin fue una consecuencia de lo relacionado el depsito de las cenizas del inmortal descubridor de la Amrica el 19 de enero de 1796 en esta iglesia Catedral. La urna que guardaba las expresadas cenizas se condujo desde el puerto a la iglesia con solemnidad fnebre, de que hay pocos ejemplos en Amrica, habiendo sido todos los costos del ceremonial a expensas del Ayuntamiento. Estas cenizas subsisten depositadas en el presbiterio de la Catedral, bajo una lpida que presenta la siguiente inscripcin:

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ANTONIO JOS VALDS /127 /127 /127 /127 /127 D. O. M.CLARIS. HEROS. LIGUSTIN. CHRISTOPHORUS COLOMBUS A SE, REI NAUTIC. SCIENT INSIGN.NOV. ORB. DETECT.ATQUE CASTELL. ET LEGION. REGIB. SUBJECT.VALLISOL. OCCUB.XIII KAL. JUN. A.M.DVI CARTUSIANOR. HISPAL. CADAV. CUSTOD. TRADIT.TRANSFER. NAM IPSE PRESCRIPS.IN HISPANIOL METROP. ECC.HINC. PACE SANCIT. GALLI REIPUB. CESS..IN HANC V. MAR. CONCEPT. IMM. CATH. OSSA TRANS.MAXIM. OM. ORD. FREQUENT. SEPULT. MAND.XIV KAL. FEB. A.MD.C.C.X.C.V.I.HAVAN. CIVIT.TANT. VIR. MERITOR. IN SE NON IMMEM.PRETIOS. EXUV. IN OPTAT DIEM TUITUR.HOCCE MONUM. EREX.PRSUL. ILL. D. D PHILIPPO JPH TRESPALACIOS CIVIC. AC MILITAR. REI. GEN. PR EF. EXMO.D. D. LUDOVICO DE LAS CASAS. 44. Gobernando el seor Casas se hizo la apercin de la media iglesia de padres mercenarios, y el ilustrsimo obispo Trespalacios la bendijo a 6 de julio de 1792, y el 29 en la tarde sali el Seor Sacramentado de la Catedral conducido en manos del provisor y vicario general doctor D. Luis Pealver, acompaado del clero, Ayuntamiento y un lucido concurso, y esta procesin fue recibida en las puertas de la nueva iglesia por el obispo, que incens la sagrada hostia, y se cant el Te Deum con bastante magnificencia. Tambin se entreg, aunque inconclusa, la fortaleza del Prncipe a su primer comandante D. Luis Roca y Juan, quien se hizo cargo de ella el 6 de diciembre de 94, y la obra prosigui hasta su total conclusin. 45. Sera demasiado difuso si emprendiese dar prolija y circunstanciadamente la serie de los sucesos ocurridos en el gobierno del seor Casas, y concibo que con lo expuesto, y el aditamento del testimonio del Cabildo celebrado por el Ayuntamiento en 16 de diciembre de 96 queda significado el gobierno de aquel ilustrado gobernador de nuestra patria. 46. “D. Miguel Mndez, escribano de S.M. y teniente de gobierno y Cabildo, doy fe: que en el ordinario celebrado ante m el 16 de diciembre de 1796, juntos y congregados, segn uso y costumbre, los seores

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 128\ 128\ 128\ 128\ 128\ Dr. D. Antonio Morejn y Gato, alcalde ordinario de esta ciudad y su jurisdiccin, D. Miguel Ciriaco de Arango, regidor alfrez real, D. Miguel Garca Barreras, teniente de regidor fiel ejecutor, D. Sebastin Pealver Barreto, D. Francisco Pealver y Crdenas; y D. Joaqun de Herrera, teniente de regidor, D. Baltazar de Sotolongo, D. Luis Ignacio Caballero, y D. Antonio de la Luz, regidores, con asistencia de D. Manuel Jos de Torrontegui, sndico procurador general, le una representacin del caballero regidor D. Luis Ignacio Caballero, en la que deca: que sin embargo de que en el acto de entregar el mando el excelentsimo seor D. Luis de las Casas el 6 del presente mes a su digno sucesor, el excelentsimo seor conde de Santa Clara, le manifest el seor alguacil mayor la justa gratitud de este Ayuntamiento a los muchos bienes de que le eran deudores toda esta ciudad e Isla, promovidos en la poca feliz de su gobierno; no poda menos de excitar a sus seoras, a que deliberasen sobre dar un testimonio ms autntico y singular del reconocimiento tan justamente debido, a cuyo efecto suplicaba se le permitiese hacer una superficial enumeracin de los motivos que deban empear a sus seoras a esa demostracin; lo que ejecut en los trminos siguientes: 47. ”Son notorias a todo el pblico las sabias medidas que ha tomado S.E. para promover todos los ramos de la felicidad pblica; ya persiguiendo con severa templanza a los vagos, ociosos jugadores y gentes de mal vivir, de cuya sentina ha expurgado en gran parte nuestra repblica; ya esmerndose en la expedicin de las causas civiles, y muy particularmente de las criminales, a cuyo logro hizo situar todos los oficios de escribanos y anotador de hipotecas en los bajos de las casas de gobierno y capitulares, con lo que facilit su despacho, y limpi las crceles del crecido nmero de reos que se haban detenido en ellas con perjuicio de la justicia y de la humanidad; ya escogiendo medios para subvenir a las necesidades de aquellos infelices, cuales fueron la aplicacin del producto de una lotera, la cesin generosa de una parte de sus emolumentos, el auto de buen gobierno pblicado en 30 de junio de 1792, y los muchos acuerdos, que a impulsos de S.E. se han tratado en esta misma sala; ya en fin, inventando nuevos arbitrios para socorrer a las indotadas casas de recogidas, del hospital de mujeres, y de la beneficencia, los que han merecido la aprobacin del soberano. Debemos tambin a su infatigable desvelo por el bien de toda la Isla la pacfica reduccin de centenares naturales de la villa de Santiago del Cobre, que por espacio de 15 aos haban andado dispersos por los montes, levantados contra sus legtimos dueos, cuya insubordinacin haba hecho recelar al rey nuestro seor, y a su Supremo Consejo de Estado funestas consecuencias. No es menos digna de nuestra gratitud la tranquilidad que hemos gozado durante la ltima guerra, a pesar del incendio de sedi-

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ANTONIO JOS VALDS /129 /129 /129 /129 /129 cin que rein en casi todas las colonias circunvecinas nacionales y extranjeras, y a pesar de la universal persuasin en que estuvo el pueblo de la trama de una conspiracin compuesta de franceses, y de gente de color de todas naciones, cuyos temores desvaneci enteramente la refinada poltica de S.E., moviendo secretamente los ms eficaces resortes, y pidiendo al pblico decansase sobre su palabra. 48. ”No contento S.E. con este triunfo, procur perpetuarlo, prohibiendo la introduccin de negros extranjeros, que haban residido en las vecinas colonias, mandando expeler a los que hubiesen venido de ellas despus del tiempo de su insurreccin, y devolviendo los negros franceses, que fueron remitidos a establecerse aqu unos despus de habernos auxiliado en la guerra, otros en calidad de prisioneros hechos en Santo Domingo, providencias tomadas que llevan hoy el sello de la real aprobacin. 49. ”Somos deudores a sus eficaces oficios de la favorable resolucin, que termin la grande controversia con el comercio sobre el destino del grueso fondo sobrante del vestuario de milicias, con lo que se ha facilitado realizar el antiguo y necesario proyecto del empedrado de las calles, sin que por atender a ese vasto objeto, haya descuidado el reparo de los caminos de barlovento y sotavento, la apertura del de los Gines, las calzadas de Guadalupe y puerta de Tierra, las alamedas, los puentes de Apolo, Calabazal, Jbaros y Maboa, los de S. Juan y Yumur en Matanzas, sin nombrar algunos otros que tena proyectados. Debemos igualmente a su actividad la construccin del puente provisional llamado Puentes Grandes, arruinado el ao de 91, y los proyectos prximos a realizarse sobre la edificacin del mismo puente, del titulado Puente Nuevo, del convento de ursulinas, del coliseo, de las escuelas gratuitas de primeras letras, de Fsica, de Qumica, de Matemticas, y de Botnica. En el establecimiento de las bombas de fuego, y en el de la plaza de toros ha tenido mucha parte S.E.; y la fundacin de la Casa de Beneficencia ha sido la mejor prueba de su celo por el bien de este pblico: sabemos contribuy de su peculio 500 pesos para esta obra, cedi la porcin de carne, que sus antecesores perciban, al mismo nfimo precio que la tropa, aplic considerables arbitrios gubernativos, inflam a los habitadores de esta ciudad tan felizmente, que ha montado la contribucin a cerca de 200 000 pesos, y arregl su gobierno y direccin personalmente, de una manera que atrae sin violencia a los pobres, y obliga a los padres a conducir gustosos a sus hijos para recibir all una educacin poltica y cristiana. 50. ”Su infatigable anhelo por nuestra prosperidad ha sido el mvil principal de la copiosa introduccin de negros bozales para fomentar la agricultura de la caa de Otait, del rbol del pan, de la canela, y otras plantas exticas; finalmente el excelentsimo seor D. Luis de las Casas

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 130\ 130\ 130\ 130\ 130\ ha sido el autor de la institucin de la Sociedad Patritica, del Papel Peridico de la Gua de Forasteros y de la biblioteca pblica, obras a la verdad, cuyas utilidades son bien conocidas a VV.SS. para que me detenga en ponderarlas. 51. ”Se me olvidaba recordar a VV.SS. la hospitalidad que han hallado en este pueblo las familias trasladadas de la isla de Santo Domingo, mediante las vivas y humanas providencias dadas y reiteradas por S.E., como tambin el tesn con que S.E. ha asistido a las juntas del Real Consulado, dictando saludables providencias y hablando siempre a favor de la felicidad de nuestra Isla, de manera que se nos ha hecho dificultoso hablar sobre ella sin que salte a nuestros ojos algn rasgo de la mano benfica de S.E. 52. ”En estas circunstancias, suponiendo que VV.SS. son los mejores testigos de las verdades que dejo explanadas, propongo se acuerde manifestar a S.E., la ms viva gratitud a nombre de toda la ciudad y de toda la Isla, por medio de una diputacin extraordinaria, ms numerosa que las comunes, y en la que necesariamente se comprenda el seor alcalde presidente, para elevar a la noticia de S.E., que este Ayuntamiento, mirando esta demostracin como la ms expresiva que puede hacer, la ha adoptado gustossimamente, mandndola estampar en sus libros a idea de conservar su digno nombre, y nuestro reconocimiento en la memoria de la posteridad, y disponiendo se pasen a S.E. con oficio poltico tres testimonios de esta proposicin y del acuerdo que recayere sobre ella. 53. ” Acuerdo .—Y habiendo los seores concurrentes odo con la mayor complacencia la propuesta hecha por el caballero regidor D. Luis Ignacio Caballero, y sufragado unnimemente en favor de ella, se confesaron penetrados de los mismos sentimientos, y convencidos de la realidad incuestionable de los datos sealados, y de que deba asegurarse quedara en descubierto la gratitud de La Habana, si saliendo de las reglas ordinarias, no compensaba, cuanto penda de sus facultades, los insignes servicios con que un jefe tan benemrito haba distinguido la poca dichosa de su gobierno, para siempre memorable; por lo cual acordaron deba adoptarse en todas sus partes la mocin del seor D. Luis Ignacio Caballero, y aadieron que los caballeros diputados, que lo fueron por unnime eleccin los seores D. Francisco Pealver, y teniente coronel D. Antonio de la Luz, suplcanse respetuosamente a S.E se dignase aceptar esta corta seal del sincero reconocimiento, que renovarn siempre los habitantes de esta Isla al escuchar el lisonjero nombre del excelentsimo seor D. Luis de las Casas. Todo lo que concuerda con sus originales en el citado Cabildo y Libro capitular corriente, a que me remito. Habana y febrero 23 de 1797. — Miguel Mndez, escribano teniente de Gobierno y Cabildo”

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ANTONIO JOS VALDS /131 /131 /131 /131 /131 54. El da 6 de diciembre de 1796 comenz el gobierno del teniente general conde de Santa Clara, cuyo carcter generoso, y dems bellas disposiciones contribuyeron a hacer menos sensible la ausencia del seor Casas.17 Pero si es innegable que se hizo ms popular que su antecesor, por ciertos rasgos de desinters, de consideracin a la miseria humana en todas sus acepciones, y de afabilidad en todas las clases de la sociedad, tambin es innegable que, menos inclinado al cultivo de las letras, fue el primer causante, por su indiferencia, de que aquella noble emulacin que reinaba en la sociedad se enervase, con detrimento de la ilustracin, que de un modo maravilloso ramificaba. 55. Este nuevo jefe previniendo alguna tentativa de ingleses, cuya guerra se acababa de publicar en esta ciudad a fines del gobierno del seor Casas, se dedic a reparar y extender las obras de fortificacin de la plaza, construyendo el foso y camino cubierto del recinto de la ciudad; e hizo edificar, entre San Lzaro y la Chorrera, la batera conocida por el nombre de Santa Clara en memoria de su fundador: y los cuerpos de que se compona la guarnicin de esta plaza fomentaron en aquel tiempo cierto entusiasmo militar, que saba infundirles su general. 56. Tambin protegi el comercio general de los neutrales, al mismo tiempo que el intendente D. Jos Pablo Valiente, fundndose ambos en las necesidades que senta la plaza con la continuada interrupcin del giro de Espaa, entorpecido por la marina inglesa, enseoreada del ocano. 57. Con respecto a polica, como no es posible que sin proporcionado tiempo, y la aplicacin de muchos, se pueda proporcionar la de un pas, que en 1763 no tena casi ninguna, tampoco es posible que todo lo hubiesen concluido los antecesores al conde Santa Clara, as como ni l mismo lo pudo verificar,18 ni aun su inmediato sucesor:19 por eso se observa que la capital de una de las capitanas generales de primer rango, cabeza de un obispado, asiento de una Comandancia General de marina, de intendencias de tierra y mar, de una Universidad, de un Consulado, de una Sociedad Econmica, y de otros muchos tribunales y establecimientos diversos, conservase entre sus muros un receptculo de inmundicia, que arrojaba su pestilencia por toda la ciudad, con tan notorio perjuicio 17Es evidente que al conde de Santa Clara, aunque no se le puede llamar declarado protector de las letras, como a su inmediato antecesor, contribuy por otros caminos al lustre y aumento del pas. La Habana, generalmente hablando, cuenta una serie de gobernadores cuyas virtudes han superado incomparablemente a sus defectos.18Debe advertirse que el tiempo de su gobierno fue por desgracia muy limitado.19Dgalo, si no, el empedrado, el alumbrado, la multitud de tabernas indecentes, las plazas pblicas, el riego de calles, ese cauce psimo de la zanja, conductor de un caudal de aguas digno de otra atencin; y continuara diciendo mucho ms, si no advirtiera que al fin se toman providencias sobre abolicin de carretas en la ciudad, y sobre otros particulares de la mayor atencin.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 132\ 132\ 132\ 132\ 132\ de la salud. Hablo del matadero principal, al que le eran subordinados, creo que dos o tres de menos crdito. Adems del aire corrompido y nocivo que se respiraba cuando soplaba el sur, a causa de la situacin del matadero, suceda tambin que cuando introducan en la ciudad el ganado que se haba de matar, solan descarrilarse algunos toros, que enfurecidos con la grita del populacho, causaban muchos daos, y cuando menos ponan en cuidado gran parte del vecindario.20 El gobernador procur desde su llegada corregir este defecto, lo que hubo de proponer en Cabildo, y habindose representado sobre el caso, con fecha de 24 de marzo de 97 el intendente D. Jos Pablo Valiente, movido del dao que ocasionaban los aires del matadero al hospital real de San Ambrosio, determin el conde trasladarle extramuros, al paraje del Horcn, en que hoy existe. Las siguientes inscripciones grabadas en dos losas a la entrada del Matadero, publican esta determinacin. PRIMERABaxo la direccion, Celo, actividad y esmero Del regidor Armenteros Se erigi esta matazon: Todo por disposicion Del gefe que con tan rara Humanidad, se declara Padre de la patria, pues Ya est demostrado que es El Conde de Santa Clara. SEGUNDAReynando la Magestad del Seor D. Carlos IV, que Dios guarde, y en el Pontificado de nuestro Santsimo Padre Po VI. se hicieron esta casa y calzadas, por disposicin del Excelentsimo Seor Conde de Santa Clara, Gobernador y Capitn General de esta ciudad e Isla, baxo la direccin del Caballero Regidor, Depositario general D. Jos Armenteros .—Ao 1797. 20Algunos de estos toros eran por su calidad naturalmente feroces; como se demostraba en la reprensible costumbre de capearlos en el patio del matadero, donde concurran los aficionados a sortear los que se haban de matar aquel da para el abasto pblico. Esta aficin a juegos de toros heredada de nuestros padres, se conservaba en La Habana desde las corridas que, segn estoy informado, se hacan en la huerta de Bayona: tambin hubo estas fiestas en la proclamacin de Carlos III; despus hubo nuevas corridas en el patio del coliseo; y en tiempo del seor Casas se form la plaza que para el efecto exista en el Campo de Marte. Las fbricas de esta plaza eran de madera, y de una regular extensin y sin regularidad en su estructura.

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ANTONIO JOS VALDS /133 /133 /133 /133 /133 58. En el sitio que ocupaba el antiguo matadero estableci el gobernador una hermosa casa de baos para el pblico; la misma que en el da se halla reducida a la cuarta parte de su primera extensin, habiendo destinado la parte segregada, para reclusin de las mujeres mundanas, que se extrajeron de la casa que les estaba sealada, con el fin de que la ocupasen las monjas ursulinas, venidas de la Luisiana. 59. Dedic asimismo su conato el conde a hermosear el paseo extramuros, continuando las obras proyectadas por el seor Casas, y discurriendo otras a su imitacin. As fue que concluy la primera fuente en que se hallan las siguientes inscripciones, grabadas en cuatro de los 12 pilares que circuyen la plazuela, donde se halla dicha fuente. PRIMERASiendo Gobernador de esta plaza e isla el Excelentsimo Seor D. Luis de las Casas se principi esta fuente, y se concluy con el agregado de la formacin de la plazuela por el Excelentsimo Seor Conde de Santa Clara, con los auxilios que dichos Seores Excelentsimos proporcionaron, ayudados de algunos vecinos, baxo la direccin del Teniente del Real cuerpo de artillera D. Cayetano de Reyna .—Ao de 1797. SEGUNDAReynando el Seor D. Carlos IV. que Dios guarde, se construyeron esta fuente y plazuela, empezando correr las aguas en 9 de Diciemhre 1797. Da que cumple aos su dignsima esposa la Senora Doa Mara Luisa de Borbon, quien est dedicada esta obra. TERCERAA tu nombre, augusta Luisa, Se ha dedicado esta fuente, Que tus plantas reverente Corre halagea y sumisa; Ella ostenta por divisa Tan particular empresa En que su honor se interesa, Como lo publica ya Gozosa de que ser Llama la Borbonesa. CUARTASi fiel el pueblo romano Regocijado se aduna A eternizar la coluna Erigida por Trajano,

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 134\ 134\ 134\ 134\ 134\ T tambin, pueblo habano, Los corazones prepara, y con expresion mas rara Perpeta en esta fuente El patriotismo eminente Del conde de Santa Clara. 60. Dejo dicho que el gobernador discurri otras obras a imitacin de su antecesor, por la fuente que ms al norte del mismo paseo dej concluida, en la que se leen las dos siguientes inscripciones: PRIMERAReynando la magestad Del III Crlos Augusto Por un delicado gusto Se traz esta amenidad: La noble posteridad De la Habana, haciendo honor Al sealado favor De esta bella executoria, Le perpetuar en su historia Grata memoria su autor. SEGUNDAEste adorno del paseo Te la industri, pueblo habano, La superior franca mano Que se esmera en tu recreo: S extiende mas su deseo, Como bien te lo declara En las obras que prepara, Con fino discernimiento, Empeado en tu ornamento El conde de Santa Clara. Ao de 1799. 61. Los vecinos del suburbio de Jess Mara, extramuros de la ciudad, no tenan de donde proveerse de agua con inmediacin, para su gasto diario, y lo mismo aconteca a los del Horcn, donde se halla la calzada o paso ordinario a los que transitan para y de todas partes del campo; de suerte que se careca del oportuno recurso que en el da se presenta para refrigerio de las cabalgaduras. Esto determin al gober-

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ANTONIO JOS VALDS /135 /135 /135 /135 /135 nador la construccin de dos fuentes en los dos parajes insinuados; donde se hallan sus respectivas inscripciones, para honor y memoria de su autor. EN JESS MARASiendo Gobernador y Capitan General de esta plaza el Excelentsimo Seor Conde de Santa Clara, y de su orden se form la fuente que est en la plazuela de este barrio, con arbitrios que proporcion S.E. sin gravmen contribucion alguna del vecindario: baxo la direccin del Teniente del Real cuerpo de artillera D. Cayetano de Reyna .—15 de Abril de 1798. FUENTE DEL HORC"NPRIMERAPor disposicin del Excelentsimo Seor Conde de Santa Clara, Gobernador y Capitan General de esta Isla, y con sus auxilios, se hizo esta fuente, baxo la direccin del Teniente del Real cuerpo de artillera D. Cayetano de Reyna. Dia 24 de Junio de 1797. SEGUNDAEsta fuente hermosa y rara, Que al Horcon traxo el contento Es perenne monumento Del conde de Santa Clara, Ella erige y se declara Del vecindario favor; Para que tenga el honor De publicar siempre ufano Que es hija del ocano Insondable de su amor. 62. La decadente Casa de Beneficencia debi tambin al cuidado paternal del conde de Santa Clara varias donaciones y providencias tiles a su establecimiento: y el hospital de Paula jams olvidar cuanto debe a la sensibilidad de este jefe, y con especial de su digna esposa, modelo acabado de virtud. El hospital de S. Francisco de Paula haba progresado con lentitud desde su fundacin, como explicar en lugar correspondiente, y no habiendo antes del mes de agosto de 97 ms que 32 camas de nmero, y algunas otras provisionales, en el propio mes de 98 existan 78 perfectamente habilitadas, y servidas bajo nuevo arreglo que se estableci, y no satisfecha la generosa piedad de esta excelentsima seora, emprendi, con los auxilios del clero, y otras muchas personas del

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 136\ 136\ 136\ 136\ 136\ vecindario, la fbrica de nuevas salas altas y bajas, capaces de contener 109 camas con el mayor desahogo.2163. Por estos tiempos se padecan algunos perjuicios en los trmites judiciales, estando interceptada, a causa de la guerra, la comunicacin con la Audiencia del distrito, que sin embargo de la cesin hecha a la Francia de la isla de Santo Domingo, todava permaneca en aquel destino, hasta ms adelante que se hizo su traslacin a la isla de Cuba, en cumplimiento de Real Decreto de 14 de mayo de 97, y los siguientes, comunicados con el mismo objeto, a esta Capitana General. “EL REY. Gobernador y capitn general de la isla de Cuba, y ciudad de S. Cristbal de La Habana. Mediante la cesin que tengo hecha a la Repblica francesa, por el tratado de paz ajustado ltimamente en Basilea, de la parte que me corresponde en la isla Espaola de Santo Domingo: he venido por mi Real Decreto de 14 de este mes en sealar para residencia de la Audiencia que se hallaba en ella, por ahora, la villa de Puerto-Prncipe en esa Isla, conservndole la jurisdiccin sobre los mismos distritos que la ha ejercido hasta aqu, fuera de la regida isla de Santo Domingo; y en su consecuencia le prevengo por cdula separada de la fecha de sta, disponga inmediatamente su traslacin a dicha villa de Puerto-Prncipe, lo que os participo para vuestra inteligencia y noticia, por ser as mi voluntad. Fecha en Aranjuez a 22 de Mayo de 1797.— YO EL REY. Por mandato del Rey Nuestro Seor.— Francisco Cerdad” Y el que sigue, que el excelentsimo seor ministro de Gracia y Justicia comunic en 20 de mayo de 97 a esta Capitana General de la isla de Cuba. “Por Real Decreto de 14 del corriente, comunicado al Consejo y Cmara de Indias, se ha servido el rey trasladar la Real Audiencia de Santo Domingo a la villa de Puerto Prncipe en esa isla y Obispado de Cuba, y ha resuelto que el regente de ella D. Jos Antonio de Urrizar pase con el Tribunal hasta dejarlo establecido en su nuevo destino, y que llegue de Mjico a relevarle D. Luis de Chvez, regente de la Audiencia de Santa Fe, nombrado por S.M. para suceder a Urrizar. ”A ste se le previene con esta fecha que se ponga de acuerdo con V.E. para arreglar los puntos precisos de este nuevo establecimiento, de manera que se logre cuanto antes fuera posible la apertura del Tribunal y dar principio al despacho diario de los negocios pendientes con la actividad y esmero que se requiere para salvar el atraso a que las circunstancias han obligado, y es la voluntad de S.M. que V.E. auxilie en todo al regente Urrizar, hasta poner corriente y expedito el Tribunal en sus funciones, y que relevado por su sucesor, disponga su regreso a servir la plaza del Consejo que le est conferida. 21Doctor Romay, sobre la fundacin y progresos de este hospital.

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ANTONIO JOS VALDS /137 /137 /137 /137 /137 ”Como puede verificarse el que las cdulas que deben expedirse por el Consejo, en consecuencia del citado real decreto, no lleguen a tiempo de aprovechar el correo que va a partir, lo advierto a V.E. a fin de que por esta causa no se demore la traslacin del Tribunal, pues se dirigirn por el paquebot que debe salir en principios de julio, de la Corua. S.M. confa en que V.E. empleara su celo para que tengan pronto y cumplido efecto estas disposiciones; y que tomando las determinaciones que juzgue oportunas a este fin, dar cuenta de cuanto practicare para ponerlo en su real noticia, &”. 64. El gobierno de Santa Clara hubiera sido sin duda muy ventajoso a La Habana, si se hubiera siquiera extendido a los cinco aos regulados a cada gobernador; pero apenas iba tomando conocimiento de los defectos del pas y discurriendo sus mejoras, cuando fue removido con dolor de todos los habitantes, de quienes se haca amar irresistiblemente, dejando su bando de buen gobierno pblicado a 28 de enero de 99, el mismo que rige an, con algunas agregaciones, y en cuanto a la contribucin establecida, con que contribuan los inquilinos para sostener el alumbrado, dispuso que la abonasen los dueos de las casas, aunque stos la exigen indebidamente a los inquilinos, demasiado gravados con los alquileres carsimos que abonan por sus habitaciones. Tambin perpetuarn su grata memoria los habitantes del Horcn, en fuerza de la piedad con que atendi la miseria de los que perdieron sus casas en el fuego que en su tiempo experiment gran porcin de familias pobres, que quedaron beneficiadas. 65. En la maana del 13 de mayo de 1799 entr en esta ciudad el excelentsimo seor marqus de Someruelos,22 nombrado en el empleo que dejaba el conde de Santa Clara. Es innegable que la poca terrible que cupo en suerte a este nuevo jefe, hace recomendable su conducta poltica, en circunstancias hasta tal grado delicadas, que tal vez otro de un carcter turbulento no habra sostendose a s y a las provincias de su mando con la regular bonanza que la experiencia ha demostrado. Las ocurrencias habidas durante el indicado gobierno han sido tan varias, multiplicadas y sabidas de todos, que sera excusado el referirlas, si no concibiese que esta obra pueda ser til para los que vivan despus de nosotros, o bien para satisfacer la curiosidad de los de Ultramar; por lo que apuntar los sucesos principales sin comprometerme a guardar en su colocacin un orden cronolgico preciso. 66. Con respecto a obras pblicas, y algunas de suma utilidad, no ha dejado de haber proporcionado adelanto, a pesar de lo calamitoso de los 22Se habr notado que a varios gobernadores los cito como tenientes generales antes de que tuviesen este grado; pero debe observarse que lo he hecho con aquellos que han tenido el referido ascenso, durante su gobierno en La Habana.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 138\ 138\ 138\ 138\ 138\ tiempos. Es indudable, por ms que algunos lo contradigan, que el establecimiento de un buen coliseo se debe considerar como una escuela de moral, y como indispensable en una ciudad populosa, que ha llegado a cierto grado de civilidad. El de esta ciudad lleg a ocupar por el conato de su gobernador un lugar muy distinguido entre las casas de tales espectculos. Su estructura y decoracin es de bastante lucimiento, y la compaa de actores que lleg a organizarse, mereca la aceptacin de los hombres ilustrados y de gusto en este particular. Para dar mayor hermosura, recreo y desahogo a este edificio se sabe el adelanto que en todos respectos dio el gobernador a la alameda, que le es contigua; y cuanto contribuy con su asistencia continua y vigilancia a mantener el concurso y decencia en los actos pblicos. En la conservacin del paseo de extramuros, tuvo tambin especial cuidado, y en su tiempo se coloc la hermosa estatua del seor D. Carlos III, que le sirve de ornamento, y la inscripcin que sigue, grabada en su pedestal, anuncia constantemente el ao de su colocacin: A CARLOS III. EL PUEBLO DE LA HABANA. AO DE 1803. 67. La hermosa obra del cementerio general es tambin del tiempo del marqus de Someruelos, y se debe al talento, empeo y tesn con que el ilustrsimo seor D. Juan Daz de Espada la ejecut; y es a la verdad un monumento que exige la gratitud comn, y las generaciones futuras no podrn menos que llenar de gracias y bendiciones a su benfico autor. Apenas haba tomado su ilustrsima posesin del Obispado, cuando conoci la necesidad que haba de semejante establecimiento. Estaba libre de las preocupaciones vulgares y, por otra parte, capaz de llevar adelante lo que estimaba, no slo til sino tambin necesario. Toda la dificultad consista en los medios de realizar la idea, para lo que propuso diversos, aunque en vano. ltimamente se vali de proponer su proyecto al Cabildo eclesistico, para que de los fondos de la fbrica de la Catedral, se contribuyese en calidad de reintegro, para sus costos, y el Cabildo mir con aprecio la propuesta de su prelado, tan conforme a la disciplina de la Iglesia y a nuestra legislacin: de suerte, que en cuanto estuvieron conformes se procedi a la fbrica a espaldas de S. Lzaro, por haber opuesto algunos inconvenientes los ingenieros, para que se efectuase frente al Arsenal, que fue la intencin primera. El cementerio despus de concluido tuvo de costo 46 878 pesos 1 real, en estos trminos: 23 944 pesos 5 reales la fbrica, incluso 12 250 pesos que recibi el contratista Allet: 703 pesos derechos de sepultura y materiales, y 22 220 pesos, y 3 reales, gastados por el obispo, y cedidos a favor del establecimiento. 68. La obra del cementerio se comenz a principios de 1804, de suerte que cuando lleg la Real Cdula de 15 de mayo del mismo ao sobre

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ANTONIO JOS VALDS /139 /139 /139 /139 /139 cementerios, ya encontr con cimientos abiertos al de La Habana, y bajo un plan casi conforme al dirigido por la superioridad, y fue tal la actividad del obispo, asistiendo a la obra diariamente de maana y tarde, que en enero de 1806, estaba ya acabada y perfeccionada,23 y se bendijo el cementerio con bastante solemnidad el da 2 de febrero del 23Corre impresa una descripcin del cementerio escrita por el doctor D. Tomas Romay, de la que he tenido a bien extractar lo que sigue, considerndolo suficiente a dar una idea de este edificio. “El Cementerio es un cuadrilongo de 150 varas norte-sur, y 100 de este a oeste, cercado de pared de mampostera mixta, con caballete de sillera labrada. Lo interior tiene pintado un festn de cipreses sobre fondo amarillo jaspeado. La superficie total del terreno pasa de 22 000 varas planas, inclusos los atrios, con capacidad dentro del cementerio para ms de 4 600 sepulturas, inclusas las de los prvulos. ”En los cuatro ngulos se elevan cuatro obeliscos, imitando el jaspe negro, con la inscripcin: Exultabunt ossa humiliata correspondiente los osarios construidos en los mismos ngulos en forma de pozos. Dos calles enlosadas con una piedra color de pizarra, bastante slida y tersa, llamada en el pas piedra de San Miguel por el lugar de donde se extrae, lo dividen en cuatro cuadros iguales. La una calle se dirige de la portada la capilla, y la otra de este oeste, terminando en dos pirmides del mismo color que los obeliscos. ”La capilla, colocada en el centro del lado norte, es semejante los templos antiguos: tiene un prtico de cuatro columnas rsticas aisladas, y el frontispicio abierto de un arco de medio punto adornado con las inscripciones: Ecce nunc in pulvere dormiam Job. VI. El ego resucitabo cum in novissimo die Joan VII, en letras de bronce doradas, rematando con una cruz de sillera. El prtico y todo lo exterior de este edificio se ha pintado de color amarillo bajo, jaspeado de negro. ”El altar, que est aislado, es de una sola piedra de S. Miguel, en forma de tmulo, con su grada de la misma piedra, y sobre ella un crucifijo de marfil de tres cuartas de largo en una cruz de bano sentada en una pea. En el centro del frontal tiene grabada y dorada una cruz de aureola, y a los lados dos pilastras estriadas y doradas. En la parte posterior contiene varias gavetas y cajones donde se guardan los ornamentos y vasos sagrados. La tarima y solera de la capilla y prtico son de la misma piedra. La puerta es de balaustres, y sobre ella esta inscripcin: Beati mortui qui in Domino moriuntur: opera enim illorum sequuntur illos Apoc. Frente al altar, y en medio del prtico est una lmpara encendida da y noche. ”En el centro de la capilla, detrs del altar, se ha pintado al fresco un cuadro que representa la resurreccin de los muertos. La parte superior la ocupa un ngel con una trompeta, dicindoles: Surgite, mortui, et venite in judicium A su derecha salen de los sepulcros varios predestinados, y la izquierda los rprobos horrorizados, y queriendo volver a sus tumbas: en el fondo se divisan otros muchos cadveres reanimndose y saliendo de los sepulcros del mismo cementerio figurado en el cuadro. Encima de la puerta y de las dos ventanas de los costados estn pintadas en bajo relieve las tres virtudes teologales: F, Esperanza y Caridad. El resto de la capilla lo ocupan 16 pilares blancos con adorno de color de oro. Entre estos pilares se han colocado ocho matronas afligidas con los ojos vendados, y un vaso de aromas en las manos, los que consagran a las cenizas de los muertos. Estas figuras son todas blancas sobre un fondo negro contorneado de arabescos blancos”. (Aqu se siguen describiendo los sepulcos, y sus destinos, y luego sigue.)

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 140\ 140\ 140\ 140\ 140\ mismo ao. Y debe advertirse que cuando se finaliz el cementerio de La Habana ya lo estaban los de toda la Dicesis, segn lo permitieron los fondos de la fbrica, y arbitrios de que se vali el diocesano. Yo creo que en el costo dicho del cementerio entraron los gastos ocasionados en el conducto de las aguas, que fue preciso hacer, y el puente llamado de S. Lzaro, por donde son conducidos los cadveres, y tambin el valor de unas casas pequeas que haba en aquellas inmediaciones, las que se compraron, para dar hermosura al lugar, y construir una para custodia de carruajes. La Intendencia ayud con unas piedras para dicho puente, y el Gobierno con unos pocos presidiarios por pocos das, aunque el gobernador cooper con su autoridad, sosteniendo las providencias del prelado, a quien se le dieron gracias por su eficacia y celo, por Real Cdula de 11 de mayo de 807. No debo de dejar de decir que desde el establecimiento del cementerio, no queriendo el diocesano gravar a nadie “Alrededor de la cerca, y de las dos calles que cruzan el cementerio, se ha formado con ladrillos un arriate para sembrar flores y yerbas aromticas. ”La portada, vista por dentro, es toda abierta y forma tres luces, que dividen dos pilastras sencillas con su cornisa y pretil, cubierta de azotea, y enlosada con piedras de S. Miguel. El frente exterior consta de cuatro pilastras de orden toscano con tico encima; la puerta es un arco de medio punto elevado en el tico, y acompaado de dos arcos rectos balaustrados. La imposta del arco central contiene tres lpidas unidas: en la parte superior en la que ocupa el centro est grabada y dorada esta inscripcin: A LA RELIGI"N.—ALA SALUD PBLICA.—MDCCCV. En la parte inferior de la colateral a la derecha: EL MAR-QUS DE SOMERUELOS. GOBERNADOR: y en el mismo paraje de la otra: JUAN DE ESPADA: OBISPO”. “En la luz del arco superior se ha colocado un grupo bronceado que representa el tiempo y la eternidad: sta tiene en la mano una serpiente en forma de crculo, y manifiesta estar llorando, porque el hombre en cuanto su existencia corporal ha perdido por el pecado la incorruptibilidad. La otra apagando una antorcha indica que ha finalizado la vida. En medio de estas figuras est un gran vaso de perfumes, significando que el tiempo todo lo destruye y convierte en humo. Al lado derecho de la puerta se ha pintado en bajo relieve la Religin con sus respectivos atributos; y la izquierda la Medicina representando la salud pblica. El tico remata con dos macetas de piedra de S. Miguel, puestas en los extremos de su cornisa. La portada tiene diez varas, y continuacin de ella por uno y otro lado siguen las viviendas del capelln, sacristn y sepulturero, cuyas fbricas completan 50 varas. ”El atrio ocupa todo el ancho del cementerio y 40 varas de largo cercado de un pretil de mampostera modo de asiento, con su banqueta, de sillera y adornada su entrada y ngulos con seis pequeas columnas. Se han plantado en l naranjos, cipreses y otros rboles, como tambin en el terreno exterior inmediato a toda la cerca”. Despus, queriendo el ilustrsimo obispo hermosear el lugar del cementerio, con el fin de separarle aquel horror que siempre acompaa estos establecimientos, coste de sus rentas una huerta y jardn con su paseo al frente del cementerio, pagando al convento de Beln por aquel terreno un tanto de renta anual, destinado por cierta disposicin piadosa al hospital de S. Lzaro; y el objeto se ha logrado tan completamente, que el alma se siente sobrecogida de una tristeza agradable, al transitar aquel sitio.

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ANTONIO JOS VALDS /141 /141 /141 /141 /141 con mayores costos en los enterramientos, ha comprado tres negros para carruajeros, y tres carruajes con otras tantas mulas, satisfaciendo solamente las fbricas 24 pesos cada una mensualmente para los tres sepultureros, que se trasladaron de las iglesias al cementerio, y los utensilios para abrir y cerrar los sepulcros. Todo lo dems est a cargo del obispo sin percibir nada de las sepulturas de los cadveres, cuyos derechos llamados obvencionales cobran los presbteros receptores de obvenciones, y se reparten en las fbricas, invirtindolos sus tres mayordomos en las iglesias, y dando cuenta a los vice-patronos. El diocesano estuvo tambin pagando el capelln del cementerio, hasta que le complet 20 000 pesos de capellanas de las del patronato de su dignidad, cuyos rditos le sirven ahora de renta, conforme en esto la voluntad del soberano en la cdula de aprobacin del cementerio. El ilustrsimo obispo contina discurriendo y ejecutando cuanto est a su alcance, para perpetuar en lo sucesivo un establecimiento que hace tanto honor, y es de tanta decencia y utilidad a este vecindario. 69. La educacin de la juventud habanera en las primeras escuelas, tom en el gobierno del marqus de Someruelos el tono y extensin que an conserva; con la particularidad que sujetos desapasionados recin llegados de Madrid y Cdiz, graduaron estas escuelas con mayor estmulo y adelanto que las de aquellas ciudades: y a esto contribuy sobremanera el ilustrsimo pastor estimulando los nios, unas veces con su asistencia personal a los exmenes, y otras con medallas de oro y plata de ms de una onza de peso, que hizo batir durante su direccin de la Sociedad; las que reparta segn el adelanto que los nios manifestaban en los exmenes pblicos, habiendo llegado a distribuir en uno 18 medallas de oro y seis de plata. 70. Tambin ocurri en tiempo del seor Someruelos el feliz arribo de la vacuna a nuestro suelo, para exterminio de la enfermedad ms asquerosa y enemiga de la vida. Este pus maravilloso se introdujo con xito en este puerto el 10 de febrero de 1804, habindole conducido de la Aguadilla, de Puerto Rico, doa Mara Bustamante, en un nio su hijo, y dos mulatas sus criadas, que traa vacunadas. El doctor D. Toms Romay, a quien tanto se debe en esta Isla la propagacin y existencia de este preservativo, reconoci los granos del nio y criados, y hallndolos legtimos y en su sazn, comunic inmediatamente la vacuna a sus nios, y otras personas de distintas edades, verificndose en algunos la erupcin, y esto fue bastante para que la Junta Econmica del Consulado adjudicase a la dicha doa Mara un premio de 300 pesos, que haba ofrecido a la persona que introdujese la vacuna, y de este modo casual qued radicado el virus vacuno en esta Isla; pues aunque algunos das antes le haba introducido un francs, procedente de Santhomas, en la ciudad de Cuba, se extingui, acaso por descuido, y hubo la necesidad de ministrrselo de La Habana,

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 142\ 142\ 142\ 142\ 142\ as como a los dems pueblos de la Isla. De manera, que cuando el 26 de mayo de aquel ao arrib la expedicin de la vacuna, ya sta se hallaba propagada en todo el territorio, por los esfuerzos del doctor Romay y otros amantes de la humanidad, entre los que se cuenta el ilustrsimo prelado, que influy sobremanera con aquella ilustrada piedad que constantemente ha sido su divisa; aunque, por otro lado, contribuy mucho al crdito de este saludable remedio el gran conocimiento, dilatada prctica, y bella insinuacin del director D. Francisco Javier de Blmis, quien present al capitn general un plan cientfico y econmico24 para establecer en esta ciudad una Junta Central de Vacuna, para conservar inalterable ese depsito benfico, y habindose aprobado esta junta que se crey necesaria a su fin, qued refundida en la Sociedad, y la vacuna generalmente recibida, no obstante los tropiezos de la envidia y precauciones vulgares, que siempre encuentra la ilustracin tiles conocimientos en su carrera. 71. Parece innegable que si atendemos a la voz comn, el marqus de Someruelos siempre se manifest ms condescendiente a los ricos que a los pobres, a quienes se suele decir que acostumbraba a tratar con alguna dureza; pero es constante que todo lo contrario manifest con los desvalidos, que padecieron en el incendio del barrio de Jess Mara, acaso porque entonces no le importunaban, lo cierto es que habindose incendiado el referido barrio a la 1 del da, el 25 de abril de 802, consumi el fuego 194 casas, en que vivan ms de 11 300 personas, casi todas infelices, y el gobernador movido del estado deplorable a que consignaba la suerte aquellos desgraciados, sali de puerta en puerta a pedir una limosna, para resarcirles sus bienes perdidos del mejor modo posible. 72. Hace bastante honor a la memoria de este jefe la entereza con que se condujo en las pretensiones temerarias de los franceses, que evacuaron la parte septentrional de la isla de Santo Domingo; y la conducta firme y prudente que despleg respecto al general Lavallete, que de aquella isla pas a sta con parte de sus tropas, dirigindose a Cuba, y despus a Bataban, donde desembarc sin previo aviso y anuencia del capitn general, que no pudo menos que significarle su desagrado, en vista de un manejo tan extrao, si se considera en s mismo: pero los franceses ya se suponan autorizados para hollar a su arbitrio el decoro de las naciones, y con especialidad de Espaa, prostituida vergonzosamente a su fiel aliada. Bien que el marqus de Someruelos supo deshacerse de aquellos intrusos importunos, facilitndoles medios de regresar a la isla de su procedencia, y eludiendo los esfuerzos que hicieron por quedarse de guarnicin en este destino, o que, de lo contrario, se les proporcionasen buques para su transporte a Francia. 24Doctor Romay, en su Memoria impresa en 1805.

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ANTONIO JOS VALDS /143 /143 /143 /143 /143 73. Con respecto a los ingleses hubo tambin novedades por el ao de 807. El gobierno tuvo aviso de que en Inglaterra se preparaba un armamento, parece que con la mira de invadir la isla de Cuba, y desde luego se tomaron en toda ella providencias activas para hacer ms respetable su estado de defensa, sin embargo de que las circunstancias no eran las ms favorables, por falta de fondos en Tesorera, empeos del Erario con los militares, y escasez de otros recursos indispensables para prevenir una invasin. Y a pesar de todo, las fortalezas se pusieron en disposicin de sufrir un asedio, las tropas veteranas de la guarnicin y milicias del pas se adiestraron en continuos ejercicios, al mismo tiempo que se crearon compaas de voluntarios, que se esforzaban con inexplicable ardor en excederse recprocamente, y superar a las tropas disciplinadas, en lo que tuvo la parte ms activa la rivalidad de las diferentes provincias de que se formaron las compaas. El gobernador contribuy muy eficazmente a inculcar ese ardor militar en todos los habitantes, y asimismo el odio a los enemigos de entonces, como se ve claramente en el manifiesto25 que hizo, con el motivo indicado, a los habitantes de la Isla, convidndolos a las armas, y recordndoles la presa alevosa de las cuatro fragatas, las pirateras que algunos ingleses acababan de ejecutar en Baha Honda, y despus en Arcos de Canas, y tambin les haca mencin del denuedo con que en julio de 807 rechazaron a los ingleses, en su atentado contra Baracoa. 74. Ya por ese tiempo haba llegado a su colmo la degradacin de nuestro gabinete, colocando al frente del nuevo Almirantazgo un valido orgulloso e ignorante hasta lo sumo, especialmente en conocimientos martimos. Las facultades y honores, que se le confirieron por su propio dictamen y real aprobacin, eran capaces de retraer a los generales de marina que tuviesen sentimientos de honor, de que admitiesen el nombramiento de ministros del Almirantazgo; pues en suma venan a serlo de un visir en toda la idea del tiranismo, que atribuimos a esta voz. Sin embargo, este suceso fue celebrado hasta el exceso de locura, y algunos jefes de La Habana publicaban que ya haba renacido el siglo de oro en nuestra nacin, con la exaltacin al Almirantazgo del Seor Prncipe D. Manuel Godoy, Generalsimo de las armas, y protector (esto s era desvergenza) del comercio en todos los dominios del Rey Esas casas de factora y comandancia general de marina no permiten que yo mienta, y no incluyo las descripciones que aquellos jefes publicaron de tales funciones, por no recordarles cosas tan desagradables. Da la casualidad que escribo cuando todos ellos viven. 75. Pero la fortuna de aquel privado, cansada de arrastrar el carro que le conduca a su engrandecimiento, dio lugar a que respirase la 25Ese manifiesto corre impreso, y su fecha es a 27 de enero de 1808.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 144\ 144\ 144\ 144\ 144\ nacin, abrumada por tantos aos bajo el despotismo ms ignominioso. Constantes son a todos los sucesos de Madrid, cuyas consecuencias observamos, por lo que, abreviado cuanto pueda, dir que habiendo llegado a este puerto, aunque no de oficio, la asombrosa noticia de que el emperador de los franceses haba arrancado de Espaa cautelosamente a la familia real, conducindola a Bayona, se celebr Cabildo extraordinario, en que todos sus individuos juraron conservar ilesa esta Isla y a su legtimo soberano. El pueblo espaol, siempre amante, y siempre fiel a su reyes, haba sufrido con resignacin las violencias y arbitrariedades de su gobierno desorganizador, y sufri tambin los ataques de Bonaparte, mientras estuvieron envueltos en apariencias amistosas. Hablo con relacin a la ltima alianza con Francia, que puso en manos de Napolen la renta pblica, y la fuerza terrestre y martima de Espaa, sin que sta recibiese el menor auxilio de Francia, que nada poda contra Inglaterra. Pero s pudo cuanto quiso en el gabinete relajado de Espaa, que autoriz la entrada de las tropas francesas en la Pennsula, y la ocupacin de las plazas fronterizas, operaciones que acaso le hubieran dado impunemente el dominio del suelo espaol, si no acontece el feliz advenimiento del seor D. Fernando VII, al trono, resultando de este imprevisto suceso que en la nacin ms abatida brotase el entusiasmo ms exaltado en amor de su patria, y odio a sus opresores. 76. La realidad de la prisin de los reyes se supo de oficio en esta ciudad el 17 de julio de 1808, en que lleg el intendente actual de ejrcito y Hacienda pblica; y es inexplicable el estupor que caus semejante novedad. La reaccin de la monarqua espaola invadida con perfidia tan inaudita, es evidente que ha excitado virtudes sociales desconocidas a los griegos y romanos, y dems pueblos ilustres de la Antigedad. Yo no puedo explicar dignamente la llama de patriotismo que vi encenderse aquel da memorable en los pechos de estos habitantes... el dolor, la rabia, el sentimiento, que inspiraron en sus almas las desgracias de la patria... El gobierno inmediatamente public la guerra contra Napolen, y el 20 del mismo mes se proclam a Fernando VII con aplauso general. El marqus de Someruelos tuvo la loable y oportuna ocurrencia de comunicar a todos los gobiernos espaoles de Amrica una noticia de lo acontecido en Espaa, y las determinaciones que aqu se adoptaron en consecuencia. 77. Desde luego principi a experimentar esta Isla las consecuencias que eran de esperar de los sucesos ocurridos. Entre stas debo indicar las insinuaciones de oficio que este gobierno recibi del francs, para que reconociese su autoridad; pero los papeles en que se contenan tuvieron la suerte de ser quemados pblicamente. Semejantes pretensiones, aunque con distinto fundamento, hizo la infanta Carlota, como se percibe de los siguientes documentos:

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ANTONIO JOS VALDS /145 /145 /145 /145 /145 “Doa Carlota Joaquina de Borbn, infanta de Espaa, princesa de Portugal y del Brasil.—Hago saber a los leales y fieles vasallos del R.C. de las Espaas e Indias, a los jefes y tribunales, a los cabildos seculares y eclesiticos, y a las dems personas en cuya fidelidad se halla depositada toda la autoridad y administracin de la monarqua, y confiados los derechos de mi real casa y familia: como el emperador de los franceses, despus de haber destituido a Espaa de hombres y de caudales, que bajo el pretexto de una falsa y capciosa alianza, le exiga, de continuo, para sustentar las guerras que promova su ilimitada ambicin y egosmo, quiere por ltimo realizar el sistema de la monarqua universal. Este proyecto, grande nicamente por las grandes atrocidades, robos y asesinatos que deben precederle, le ha sugerido la idea de asegurar primeramente en s, y en su familia el trono, que la sanguinaria revolucin usurp a la primera lnea de mi real familia, y deposit en poder de este hombre hasta entonces desconocido. Para eso pretende exterminar y acabar mi real casa y familia, considerando que en ella residen los legtimos derechos que tiene usurpados, y ambiciona justificar su poder. Intent primeramente por medio de la ms falsa poltica apoderarse de nuestras personas, y de las de nuestros muy caros esposos e hijos, bajo el especioso y seductivo principio de proteccin contra la nacin britnica, de quien hemos recibido las mayores pruebas de amistad y alianza; pero frustrados sus designios con nuestra retirada a este continente, mitig su ira y sed insaciable con el general saqueo que mand practicar por Junot en ‘todo el Reino de Portugal’, sin respetar cosa alguna, llegando el caso de manchar sus manos en los vasos del santuario. Suscitada poco despus una sublevacin o tumulto popular en la Corte de Madrid contra mi augusto padre y seor el rey D. Carlos IV para obligarle a abdicar o renunciar al trono a favor de mi hermano el Prncipe de Asturias, quiso luego intervenir en estas agitaciones domsticas, para lograr el fin abominable de convidarlos a pasar al territorio de su Imperio, pretextando la mayor seguridad de sus personas, siendo su nico objeto tenerlas en aptitud de poder con ellos realizar el inicuo plan de sus proyectos. Lleva y arrastra a mi augusto padre con todos los dems individuos de mi real familia a Bayona de Francia, y all los violenta y obliga a firmar un auto de abdicacin o renuncia, por s mismo nulo, baja los especiosos y fantsticos motivos de conservar la integridad de Espaa, que slo l quiere violar, y de conservar la religin catlica, que slo l ultraja y detesta: acto por el cual todos los derechos de mi real familia a la Corona de Espaa e Imperio de Indias quedaran cedidos a favor de este jefe ambicioso, si en tiempo no reclamsemos de la violencia injusta e inicua, concebida y ejecutada contra el derecho natural y positivo, contra el derecho divino y humano, contra el general de gentes, y desconocida por las naciones

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 146\ 146\ 146\ 146\ 146\ ms brbaras. Estando en esta suerte mis muy amados padres y hermanos, y dems individuos de mi real familia de Espaa, privados de su natural libertad sin poder ejercer su autoridad, ni menos atender a la defensa y conservacin de sus derechos, a la direccin y gobierno de sus fieles y amados vasallos, y considerando, por otra parte, la perniciosa influencia que puede tener semejante acto en los nimos malos y dispuestos a propagar el cisma y anarqua, tan perjudiciales a la sociedad y a los miembros que la componen: por tanto, considerndome suficiente autorizada y obligada a ejercer las veces de mi augusto padre y real familia de Espaa existentes en Europa, como la ms prxima representante suya en este continente de Amrica para con sus fieles y amados vasallos; me ha parecido conveniente y oportuno dirigiros este mi manifiesto, por el que declaro por nula la abdicacin o renuncia que mi seor padre el rey D. Carlos IV y dems individuos de mi real familia de Espaa tienen hecha a favor del emperador o jefe de los franceses, a cuya declaracin deben adherir todos los fieles y leales vasallos de mi augusto padre, en cuanto no se hallen libres e independientes los representantes de mi real familia, que tienen mejor derecho que yo de ejercerlos, pues, que no me considero ms que una depositaria y defensora de estos derechos, que quiero conservar ilesos e inmunes de la perversidad de los franceses, para restituirlos al legal representante de la misma augusta familia, que exista o pueda existir independiente en la poca de la paz general: igualmente os ruego y encargo encarecidamente, que prosigis como hasta aqu en la recta administracin de justicia, con arreglo a las leyes, las que cuidaris y celaris se mantengan ilesas y en su vigor y observancia, cuidando muy particularmente de la tranquilidad pblica y defensa de estos dominios, hasta que mi muy amado primo el infante D. Pedro Carlos u otra persona llegue entre vosotros, autorizando interinamente para arreglar los asuntos del gobierno de esos dominios, durante la desgraciada situacin de mis muy amados padre, hermanos y to, sin que mis nuevas providencias alteren en lo ms mnimo lo dispuesto y provisto por mis augustos antecesores. Esta declaracin que va por m signada y refrendada por quien sirve de mi Secretario, os la remito para que guardis, cumplis, y hagis guardar y cumplir a todos los sbditos de vuestra jurisdiccin, circulndola del modo y forma que hasta aqu se han circulado las rdenes de mi augusto padre, a fin de que conste a todos, no slo cules son mis derechos, sino tambin la firme resolucin en que me hallo de mantenerlos inviolables, certificando igualmente que como depositaria, no es, ni ser jams mi real intencin alterar las leyes fundamentales de Espaa, ni violar privilegios, honras y exenciones del clero, nobleza y pueblos de la misma monarqua, que todos y todas reconozco aqu y delante del Seor Supremo que bendecir esta solemne y tan justa como fundada pro-

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ANTONIO JOS VALDS /147 /147 /147 /147 /147 testa.—Dada en el Palacio de nuestra real habitacin del Ro de Janeiro, debajo de nuestro real sello a los 19 de Agosto de 1808.—La princesa doa Carlota Joaquina de Borbn.—Carlota Joaquina.—D. Fernando Jos de Portugal. Respuesta.— Serensima Seora : Por el bergantn de guerra ingls, nombrado Sapho procedente de Veracruz, recibi este Ayuntamiento el 26 del pasado la carta respetable de V.A.R. con las proclamas, que la acompaan, fechas en Ro Janeiro a 19 de Agosto ltimo”. “Despus de haber ledo aquellos documentos, y conferenciado detenidamente sobre su contenido, acord este Ayuntamiento contestar a V.A.R., como lo ejecuta, que toda la monarqua espaola ha estimado libre, espontnea, y legtima la renuncia, que hizo el 19 de marzo del ao prximo pasado el augusto padre de V.A.R. el seor D. Carlos IV en favor de su hijo el seor D. Fernando VII: que el tumulto que le precedi, no fue contra la sagrada persona del rey, sino contra el ingrato favorito, segn est calificado por el mismo tenor de la renuncia, y la misma serie de los hechos, que igualmente ha estimado nulas y violentas las que prestaron en Bayona el mismo rey Fernando, sus padres, hermano y to por coaccin en pas enemigo, contra las leyes fundamentales de la sucesin del reino, circunstancias todas, que anulan el acto. ”Guiados de estos principios hemos jurado y reconocido con toda la Espaa, e Indias de su dependencia, por nuestro rey y seor natural al seor D. Fernando VII, con el aparato y solemnidad, que disponen las mismas leyes, usos y costumbres, sostener su persona y derechos con nuestras vidas y haciendas, contra cualquier otra autoridad; lo mismo que a la dinasta de la ilustre casa de Borbn, conforme al orden establecido por la mencionada legislacin espaola. ”La violencia, con que arrebat a nuestro amado monarca el impo emperador de los franceses, dej un vaco, que procur de pronto remediarse por juntas particulares en los reinos, y despus por una comn y central, que interinamente ejerce la autoridad suprema a nombre del augusto hermano de V.A.R., legtimo rey jurado de Espaa e Indias. ”Este ejercicio interino de la suprema potestad en nada perjudica los derechos imprescriptibles de V.A.R., al contrario los afianza ms por la representacin, que lleva del augusto hermano mayor de V.A.R. ”Nada, pues, podemos alterar de lo establecido tan justamente, sin tentar a los ms sagrados derechos de la legislacin fundamental, y de lo acordado en la metrpoli para el gobierno de toda la nacin espaola, de que es una parte constitutiva esta isla de Cuba, y su capital La Habana. ”Ratificamos a V.A.R. todos los homenajes, que inspira a esta ciudad la sumisin y fidelidad, con que ha jurado y reconocido, y con que reconocer siempre por su rey y seor, al seor D. Fernando VII, y en los

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 148\ 148\ 148\ 148\ 148\ tiempos y casos prevenidos por nuestras leyes a toda la dinasta de la casa de V.A.R. cuya vida prospere el cielo por muchos aos, y con larga descendencia, para que nunca falten herederos de los derechos de V.A.R. ”As lo desea sinceramente este Ayuntamiento congregado en su sala capitular de La Habana. Mayo de 1809. —Serensima Seora.—A LL.RR.PP de V.A.R. etctera”. 78. Con respecto al comercio, parece que la espantosa guerra en que se hallaba envuelta la nacin, despus de la calamidad que tambin haba causado la de Inglaterra, y embargo de Estados Unidos, haba influido mucho en los giros de esta Isla: y en este estado de cosas quiso el Ayuntamiento ocurrir al remedio de los males que se sentan, y asocindose para el efecto con el Consulado, se discurri sobre si el comercio nacional en aquellas circunstancias era o no susceptible de sostener la Isla bajo el pie antiguo, o con algunas reformas, y cules debieran ser stas; o si dado el caso de la negativa se tena o no por absolutamente necesario el comercio extranjero, y en qu trminos. Hubo algunos que opinaron a favor del comercio exclusivo de la metrpoli, pero el mayor nmero dictamin a favor de la concurrencia de extranjeros con espaoles, fundndose en que Espaa sola era incapaz de cambiar la enorme masa de frutos, que anualmente se producan, los cuales, segn uno de los dictmenes dirigidos al Consulado, pasaban ya de 250 000 cajas de azcar, 70 000 bocoyes de miel, ms de 80 000 quintales de caf: ni poda Espaa tampoco proporcionar embarcaciones suficientes, para tan grande extraccin. De suerte que bajo ciertas reglas, que aqu no son del caso, se deliber a favor de la concurrencia de extranjeros. 79. El peligroso movimiento popular acaecido los das 21 y 22 de marzo de 809, hubo de dar bastante cuidado al marqus de Someruelos, pues aunque vea que los que formaban la conmocin eran gentes de color, y znganos de la ms baja extraccin, a pretexto de arrojar los franceses de la Isla, conoca que el alboroto podra tomar cuerpo, o acaso estar sostenido por algn malvado poderoso; pero pronto hubo de aquietarse su espritu, a vista de los hombres honrados que sucesivamente se le presentaban, ofrecindole sus servicios. Desde luego, distribuy varias rdenes conducentes a restituir la tranquilidad pblica, y autoriz algunos militares, para que con su poltica y talentos conspirasen al mismo saludable fin, entre los cuales, segun estoy informado,26sobresalieron los seores D. Francisco Montalvo y conde de Zaldvar: y el gobernador se present tambin en pblico con el mismo objeto de apaciguar con sus persuasiones, lo que por algunos se tuvo a mal, por haber expuesto su persona y alto carcter a ser desacatado por una plebe insolentada. Sin embargo, el orden se logr restablecer al trmi26Yo entonces me hallaba fuera de esta isla.

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ANTONIO JOS VALDS /149 /149 /149 /149 /149 no del segundo da con muerte de dos o tres personas, y algunos robos, especialmente de franceses, que sufrieron muchos en sus bienes, principalmente en el campo, cuyos resultados, es menester confesarlo, dieron una herida mortal a la agricultura de la Isla, la que perdi millares de hombres inteligentes y laboriosos, interesados en la fortuna pblica. Es ms que probable que la mayor parte de aquellos franceses, entre los cuales haba muchos naturalizados,27 miraban a este suelo como su patria, y constantemente se dedicaron a su fomento, con especialidad en la fundacin de cafetales; los que hicieron progresos rpidos, multiplicando un grano que acaso el capricho y el lujo han hecho estimable. En esta Isla se adopt el planto del caf, a imitacin de las vecinas, pero es inconcuso que, aunque adoptamos esta produccin, no imitamos la actividad extranjera en su cultivo, hasta que ellos mismos pasaron a establecerse, ensendonos con su trato el mejor y ms pronto modo de cosecharlo. 80. Aconteci tambin que habiendo arribado a este puerto el infeliz espaol Manuel Alemn,28 que tuvo el arrojo de venir en calidad de emisario, con instrucciones del rey Jos, fue arrestado antes de desembarcarse, por noticias anticipadas que se tuvieron de su misin; y el espantoso trmino de la horca, que sufri el 30 de julio de 810, fue la recompensa debida a su temeridad. 81. En estas circunstancias de general trastorno, en que parece que la guerra se haba hecho una moda universal, siendo as que las Amricas se revolucionaban, ya corriendo por trmites a la independencia, como aconteci en las diversas provincias del medioda, o ya declarndose abiertamente, como sucedi en Nueva Espaa,29 La Habana se sostena tranquila, en medio de la borrasca, y sin casi ninguna prevencin militar, pues los cuerpos veteranos que la guarnecan, ms tenan oficiales que soldados. Esta observacin acaso dio lugar a que el seor Juregui, diputado en Cortes, representase al Consejo de Regencia en 5 de noviembre de 811, sobre la necesidad que haba de aumentar en La Habana el nmero de veteranos y milicias, que asegurasen la tranquili27Tengo a la vista un suplemento a la Aurora ordinaria y otros papeles en que se insertan donativos hechos por franceses para la guerra contra Napolen, y al hablar de aqullos, se dice explcitamente franceses naturalizados .28Era natural de Mjico e hijo de un sujeto honrado, capitn del regimiento del comercio de aquella capital: su madre era asimismo una buena seora. l parece que se hallaba graduado de comisario ordenador por Jos Bonaparte.29En Nueva Espaa principi por el pueblo de Dolores el 16 de septiembre de 1810 y vol con rapidez tan asombrosa, que a 29 del mismo mes ya haban tomado los insurgentes a Guanaxuato, y acercndose a la capital con ms de 80 000 hombres, aunque sin disciplina, sin conocimientos militares y sin la fortaleza necesaria a empresa semejante: as fueron las consecuencias.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 150\ 150\ 150\ 150\ 150\ dad interna y externa de la Isla; y esto hubo de ocasionar la venida del segundo batalln Americano, y la formacin de las compaas urbanas, tituladas de Fernando VII. 82. Por la vigilancia y poltica que observ el seor Someruelos en tan delicadas circunstancias, como ocurrieron en su gobierno, mereci que se pidiese su prorrogacin, y el Gobierno Supremo tuvo a bien condescender a esta demanda, como se puede ver en el acta que transcribo, por tener asimismo algunas clusulas notables:30“Cabildo de 18 de enero: Tom la palabra el excelentsimo seor presidente manifestndose lleno de satisfaccin, y expresiones de gratitud al Ayuntamiento por haber recibido la real orden de prrroga de su gobierno por el Ministerio de la Guerra, concluyendo su excelencia que en caso de no haber surtido efecto nuestra solicitud, siempre se hubiera quedado suscripto por vecino de esta ciudad, en prueba de su adhesin a nosotros, pues ha perdido en la Pennsula su vecindario y bienes, siguiendo a cumplir las reales disposiciones. Entreg al mismo tiempo dicha real orden para su lectura, y verificndose, se experiment en todos los concurrentes la mayor complacencia, ms al llegar a las expresiones de que habiendo S.A. visto con satisfaccin el acuerdo respetuoso que el Consulado de esta plaza le ha dirigido a favor de V.E. por el ministro de Hacienda de Indias, manifestando el elevado concepto que merece a un Cuerpo tan recomendable como aqul, por sus sobresalientes servicios, sin la ms leve expresin que se dirija a este Cuerpo, que fue el mvil de tan justa solicitud, y que con su excelentsimo presidente lo ha sido tambin de las grandes y saludables medidas que aqu se han tomado desde el principio de nuestra feliz revolucin, en obsequio de la santa causa que defiende la nacin. ”El Ayuntamiento con este motivo, no puede guardar por ms tiempo el modesto silencio que sobre su conducta ha observado, y debe decir, que si no fue el primero en jurar a nuestro Fernando, lo hizo sin impulso alguno, y de un modo quizs nico. Que ha sido el primero de Amrica en los dems juramentos sucesivos, guardndolos y mantenindolos con fidelidad ejemplar, como se contest a los serensimos seores princesa del Brasil e infantes de Espaa, en acuerdo de 10 de mayo de 1809. El primero tambin en sostener nuestras leyes, religin y este gobierno en sus ms grandes apuros. El primero en donativo, manteniendo soldados en particular, y contribuyendo por otra parte lo que ha podido. El primero en haber salido de puerta en puerta dentro y fuera de la ciudad a recoger limosnas para las viudas y baldados de la 30Este documento me lo franque un estimable amigo, regidor del antiguo Ayuntamiento, el que ha tenido la curiosidad de hacer copiar y conservar algunos particulares interesantes, ocurridos en tiempo de sus funciones de regidor.

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ANTONIO JOS VALDS /151 /151 /151 /151 /151 Pennsula. El primero en salir con tropa a rondar la ciudad como nuestro presidente, cuando el movimiento contra los franceses, y llevar entre sus miembros, el establecimiento de una Junta de vigilancia que dur cuatro o seis meses, para expulsar a los extranjeros desnaturalizados. El primero en las solemnes fiestas de acciones de gracias y rogativas pblicas por el bien y acierto de las Supremas Juntas y Cortes. El primero en discurrir los medios de conservar la ciudad y los campos en tranquilidad, proponiendo juntas de polica para el caso, repitiendo los cabildos a todas horas, nombrando diputados para el ms pronto despacho con preferencia a nuestros propios intereses, y el primero en fin en todo lo bueno y laudable, sin haber merecido hasta ahora a nuestros Supremos Gobiernos seal alguna de aprecio, cuando tantas se han dado a otros Ayuntamientos que siguieron nuestras huellas, todo constante desde el primer acuerdo reservado de 15 de Julio 1808: la recopilacin del adelantado manifiesto y homenaje remitido a la Suprema Junta Central en el mismo ao, y hasta el ltimo fecho el 18 del corriente; sufriendo por el contrario el dolor de que no hayan tenido respuesta muchas de nuestras ms reverentes y oportunas representaciones, y viendo en la del da, que se agrega al silencio el elogio del Real Consulado de esta ciudad, con absoluto olvido de nuestra intervencin y mrito. Se acord que todo se haga presente por medio de nuestro excelentsimo Seor Presidente al Supremo Gobierno de la nacin, para que tomando en consideracin nuestras justas y respetuosas quejas, se nos saque de las dudas en que nos pone este acontecimiento. Complsese testimonio de este acuerdo por duplicado, y dirjase por su Comisario a S.E. &c. Acaso en consecuencia de esta representacin, recaera la gracia del tratamiento de excelencia, con que fue condecorado el Ayuntamiento”. 83. Una de las cosas que ms recomienda la conducta del marqus de Someruelos es la severa prudencia con que se port respecto al negro Aponte, y dems cmplices que maquinaban la conspiracin del ao de 812, suceso que pudo haber turbado la tranquilidad de los habitantes, causando inopinados daos a la agricultura y con particularidad a los propietarios de haciendas de campo, como que en ellas se hubieran perpetrado los mayores asesinatos y estragos de toda especie. Pero el ejemplar y oportuno castigo de los delincuentes, puso un freno al torrente de calamidades, que eran consiguientes. 84. Y no fueron solamente contratiempos polticos los ocurridos en tiempo del seor Someruelos; la naturaleza tambin obr los suyos en esta Isla, con el temporal y estragos de los das 25 y 26 de octubre de 810, en que se vio esta ciudad llena de consternacin, y fueron incalculables los perjuicios que caus el huracn en la baha y en los campos, donde quedaron destrozadas todas las siembras. El mar rebos en trminos que entr en el hospital de S. Lzaro, y cubri el camino, que se

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 152\ 152\ 152\ 152\ 152\ dirige a la Chorrera, arrastrando, cuando se retir, toda la arena que le cubra, de modo que lo dej intransitable. Los buques de guerra anclados en la baha padecieron considerablemente, y de los del comercio hubo ms de 60 entre idos a pique, hechos pedazos y averiados.3185. Hace tambin memorable el gobierno del seor Someruelos la circunstancia de haber sido entre nuestros capitnes generales, el primero y penltimo presidente de la Audiencia: la casualidad de que en su gobierno se publicase el benfico decreto de la libertad de imprenta, en que tuvo parte muy activa el Ayuntamiento antiguo: el establecimiento de las ursulinas; y debo indicar el empeo con que el gobernador tom a su cargo la conservacin de la Casa de Beneficencia, que se miraba sin los recursos proporcionados a su subsistencia, de modo que a su eficacia se debe que la Junta de Tabacos32 la prefiriese en la elaboracin de cigarros, y la concediese adems en acuerdo de 2 de mayo de 802 la cantidad suficiente a comprar 100 negros que trabajasen en beneficio suyo, descontando su importe de los jornales que venciesen. Esta medida tan adecuada para precaver el peligro anunciado, no fue la sola que realiz en favor de las educandas, porque tan pronto propone los medios de declararlas con derecho a las dotes anuales, que por disposicin del gobernador D. Martn Calvo33 reparte la Obra-pa, como establece una Junta separada que cele en su fomento, mereciendo a su vigilancia el ingreso de ms de 95 000 pesos que ha reasumido en los diversos ramos, que una generosidad continua dispensaron a su beneficio. Y no se entienda por todo lo referido del marqus de Someruelos que l slo ha sido el agente que ha mantenido la tranquilidad de esta Isla durante el tiempo borrascoso, que ha seguido a la revolucin de Espaa. Algunos ciegos apasionados de aquel jefe as lo han querido persuadir; pero esto es inferir un agravio manifiesto a la fidelidad e inclinacin a la paz que caracteriza a los habaneros. Por otro lado, quin ignora que un pueblo compuesto de los elementos que el de La Habana sea capaz de buscar su felicidad en la revolucin, sin exponerse a ser vctima de su misma indiscrecin...? As es inconcuso que a la fidelidad habanera, y a la consideracin de sus propios intereses se debe esencialmente su laudable tranquilidad. 31Despus ha habido otro fuerte huracn, sucedi en Trinidad el 14 de octubre de 812, en que ya gobernaba el seor Apodaca, quien, ayudado del excelentsimo Ayuntamiento, determin varias medidas piadosas, para remediar la calamidad que experimentaron aquellos habitantes.32Acuerdos de la Sociedad en honor del excelentsimo seor marqus de Someruelos.33El referido gobernador D. Martn Calvo de Arrieta dej un fondo de 102 000 pesos para el dote anual de cinco doncellas, hurfanas pobres, dando a cada una 1 000 pesos, y se sortean el 19 de marzo. El sobrante de rdito creo que se destina a reparos de la casa que ha de morar el patrono de esta obra, y sueldos de dependientes.

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ANTONIO JOS VALDS /153 /153 /153 /153 /153 86. Yo pudiera haber amenizado mucho ms la serie de los gobiernos referidos, con varios acontecimientos propios de la historia de La Habana, considerada en todas sus ramificaciones, pero, no obstante las insinuaciones de un amigo de carcter, me retrae la consideracin de lo delicado y expuesto que sera delinear con viveza y exactitud varias escenas en que tuvieron parte muy activa personas que existen, y que difieren recprocamente en sus opiniones polticas e intereses de familia. Yo no trato, ni jams tratar, de incomodar el espritu pblico con relaciones impolticas. Adems que semejante proceder sera ruinoso a mi bolsa, que desconfa llevar a efecto la impresin de esta obra; y con mayor motivo desconfiara prolongndola en razn de los rasgos histricos, que sucesivamente se me han proporcionado, y los que al mismo tiempo se agolpan a mi imaginacin: tales como el diseo poltico, literario y mercantil de La Habana a la entrada de los ingleses: su nobleza europea y americana: su agricultura y sus conexiones de espaoles con ingleses: la revista de milicias por el general O’Reilly; pintando el gobierno del conde de Ricla en todas sus partes: las emigraciones de islas Canarias, contrata de negros, y compaa de tabacos: el da de la entrada de Solano y Glvez, historiando con la crtica posible, las expediciones de la Luisiana y Guarico, los efectos del ejrcito y escuadra, y los millones gastados, y el trastorno benfico de La Habana con el comercio libre: pudiera pintar los das de mscaras y bailes, volantes y competencias de todo gnero en la jura de Carlos III; sindicando el abandono de la Corte en tener interinos todos los jefes, y algunos sin asesor ni secretario: los sujetos que entonces formaban todo el brillo de esta sociedad, su emulacin, y manejo pacfico del pueblo, en tantos das de funciones. 87. Pudiera dar una idea de la pesquisa e Intendencia encargada a D. Jos Pablo Valiente, de algunas malversaciones escandalosas, de la escuadra de operaciones del general Aristizbal, de las comisiones dadas por el gobernador D. Luis de las Casas, para persecucin de vagos, o tratados como tales, del aumento y terrorismo de las crceles, y mutacin repentina por el carcter de su sucesor, tambin sobre el funeral de los huesos de Coln; describiendo la emigracin de Santo Domingo, venida de la Audiencia, y debates sobre su establecimiento, aqu o en Puerto del Prncipe, oposiciones del Ayuntamiento, instancias posteriores del marqus de Someruelos para que se situase en La Habana, adopcin de franceses agricultores, con negros y licencias para fundar cafetales, que hicieron la segunda riqueza de la Isla: los primeros das del Consulado y Sociedad Patritica, sesiones, emulacin, crece y mengua, obras proyectadas, y algunas efectuadas con mucho honor de sus autores: puerto franco para extranjeros, sus buenos y malos efectos, alteraciones varias veces de derecho, polica de empedrado y alumbrado, planos topogrficos, linterna, muelles &c. Tampoco faltara que ob-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 154\ 154\ 154\ 154\ 154\ servar sobre las corridas de toros en tiempo de Casas, juegos ecuestres, coliseo vespertino, peleas de gallos, teatro francs, sus consecuencias buenas y malas. Asimismo llama la atencin el da de la colocacin de la estatua de Carlos III en el paseo, si se diese una idea comparativa de los paseos, de entonces y los anteriores, describiendo la multitud de carruajes, las romeras profanas de S. Antonio, del Calabazal, las fiestas del Cerro: caminos, puentes, molinos, seca de la cinaga, &c. Tambin seran dignas de describirse las operaciones pblicas del conde de Mopox, sus viajes, su fausto, mejora que dio al pas, caracteres de sus ms sobresalientes coetneos. Es asimismo digna de atenderse la sensacin que caus en los polticos del pas la noticia de haberse traspasado la Luisiana de Espaa a Francia, y la compra que de ella hiceron a sta Estados Unidos, cuyas consecuencias en caso de guerra cada vez ms las percibimos. Lo es tambin la prdida escandalosa de la Pomona; y lo son algunas disposiciones filantrpicas del conde de Santa Clara y su esposa, como lo acredita el hospital de Paula, testigo eterno de la utilidad de buenos jefes, mereciendo particular recuerdo la noble asistencia de las habaneras con sus bienes y personas al servicio de las enfermas en aquella poca. Y no se deberan olvidar los privilegios concedidos a particulares. 88. Sera bien curiosa tambin una pintura elegante, que colorease los saludos, iluminaciones, bailes, brindis y convites suntuosos, que se prodigaron en obsequio a S.A. el Generalsimo Almirante, cuyas pretendidas virtudes pblicas se sublimaban hasta el herosmo, acaso por los mismos que vivan persuadidos de su iniquidad. Son notables los presentimientos de su cada, conociendo la corrupcin del gabinete espaol; y lo es sobremanera el asombro que ocasion la gran novedad de que Napolen, el Grande haba arrebatado a Francia la familia real de Espaa: y aqu era necesario mucho ingenio, y una viva penetracin para bosquejar el trastorno poltico de ideas, que posteriormente caus este acontecimiento. Las variaciones sucesivas de las dems provincias de Amrica, las ideas de juntas, y creaciones para su creacin, los bienes o males que hubiera producido la prisin de francmasones, y persecucin de sus logias, las sospechas de algunos revoltosos, la diputacin para la Junta Central, los movimientos de negros para robar y arrojar los franceses naturalizados, la ereccin de una junta de represalias, la ejecucin pblica del emisario alemn, las pretensiones de la Carlota sobre esta Isla, la sedicin del negro Aponte y sus secuaces, la libertad poltica de la imprenta, la sensacin que caus la venida del general Apodaca, la jura de la Constitucin, el trastorno de regidores, las diputaciones de Cortes, las juntas provinciales: todo forma un cmulo de eventos, que ya desconfo de saber desenvolver, con la extensin y claridad necesaria.

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Adicin al Libro SextoSUMARIO1. Motivo de esta adicin. 2. Plata macuquina. 3. Documentos relativos a la toma de Providencia por Cagigal. 4. Bautismo de un nio del general Glvez, en el Guarico. 5. Venida del prncipe Guillermo.1. Despus de hallarse impreso el Libro Sexto de esta obra, he recibido algunos manuscritos y gacetas de La Habana de los aos de 1782 y 83, que me inducen a aadir por va de adicin algunas noticias, que amplan y rectifican las que dejo dadas de los tiempos referidos, de los cuales confieso que tena ms dudas que de todos los dems de que he tratado anteriormente.12. Una de ella es la siguiente nota de la plata macuquina recogida en esta Isla en enero de 1781, con su balance de la prdida del Erario y del pblico, la que traslado del suplemento a la Gaceta de la Habana del 11 de abril de 1783, y es como sigue. Reales de plataOnzas que macuquinapesaron En la Tesorera y Administracin General de esta plaza311.65223.340..10. Guanabacoa2.808.151.. Santa Mara del Rosario21.870.1.117..12. Arroyo Arenas7.049.380..14. Santa Clara237.665.12.588.. S. Juan de los Remedios68.153.3.848.. Trinidad40.137.2.145.. 4. 1El expresado tiempo comprende la mayor parte de los gobiernos de los seores Cagigal y Unzaga, y as como de otros tuve a veces ms noticias de las que consider suficientes para llenar la obra, de los dos citados las haba conseguido escasas y con dificultad, hasta que ltimamente se me han proporcionado las que refiero.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 156\ 156\ 156\ 156\ 156\ Sancti Spritus197.905.11.670..14. Puerto Prncipe73.792.3.207.. Bayamo94.499.4.615.. 7. Holgun31.013.1.701.. 8. Baracoa6.396.1.465.. 1.092.940.66.231.. 5. “Se han colectado del pblico poco ms de 2 millones de pesos macuquinos, y en su cambio se han dado poco ms de 80 000 pesos fuertes, y aunque la prdida es excesiva, tomada en comn, es necesario advertir que particularmente ha sido poco gravosa, por estar repartida esta moneda, en proporciones menores en el pblico, y esta razn da una clara idea de lo oportuno de esta disposicin superior, que ha evitado mayor quiebra sucesiva en la continuacin de su cerceno, que no pudo impedir enteramente el celo activo, y las providencias dadas por los jefes a este fin”. 3. Ya queda dicho con suma brevedad en el prrafo 16 del Libro a que me contraigo, que el seor Cagigal durante su gobierno de esta plaza sali a la conquista de Providencia, la que ejecut con la felicidad y acierto, que indican los documentos que siguen: ARTCULOS DE CAPITULACI"Nestipulados en Nassau de Nueva Providencia el 8 de mayo de 1782; entre el excelentsimo seor D. Juan Manuel de Cagigal, capitn general y comandante en jefe de la isla de Cuba, gobernador de La Habana, &c. &c. &c. Y el excelentsimo seor D. Juan Maxwel, esqr. capitn general y comandante en jefe de las islas de Bahama, canciller, vice-almirante, y primado de dichas islas, y coronel del ejrcito de S.M.B .— ARTCULO ILa posesin de las islas de Nueva Providencia, Eleuteria, Horbour, Island, y asimismo todas las otras islas de Bahama; junto con la artillera, plvora, las armas, y almacenes, igualmente que los fuertes y puestos que hay en ellas, y que al presente estn en posesin de las tropas de S.M.B. se entregarn a las tropas de S.M.C. con los inventarios respectivos. Y las guarniciones britnicas saldrn de ellas con todos los honores de la guerra, armas al hombro, tambor batiente, banderas desplegadas, dos piezas de campaa con seis cartuchos cada una, y el mismo nmero de cartuchos cada soldado; harn alto a cierta distancia, y all entregarn sus armas a las tropas de S.M.C. Todos los oficiales militares y civiles podrn traer su espada; y las tropas prisioneras de la guarnicin se embarcarn cuanto antes sea posible en transportes suficien-

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ANTONIO JOS VALDS /157 /157 /157 /157 /157 tes, y provistos a expensas de S.M.C. para enviarlos sin mayor dilacin a cualquiera puerto de la Gran Bretaa o Amrica, que estuviese en posesin de S.M.B. a eleccin del gobernador Maxwel. Las tropas se mantendrn bajo la direccin de sus respectivos oficiales, y no servirn contra Espaa o sus aliados, hasta que un nmero igual de prisioneros pertenecientes a Espaa o sus aliados se d por la Inglaterra, segn las reglas establecidas de la igualdad. RESPUESTA“Concedido; y las tropas se enviarn a cualquiera puerto en Inglaterra, a Bermudas u otra de las islas pertenecientes a S.M.B. en las Indias Occidentales, excepto Jamaica; y no podrn servir dichas tropas contra ninguna potencia de las que se hallan en guerra contra la Gran Bretaa, hasta que estn debidamente canjeadas”. ARTCULO IITodos los oficiales civiles y militares, y dems habitantes que quisiesen ausentarse de estas islas, tendrn permiso para hacerlo con sus familias, esclavos, y otros efectos de cualquiera especie que sean, y se les concedern 18 meses de tiempo para transar todos sus negocios, y vender sus efectos. RESPUESTA“Concedido; en el supuesto de que cualquiera habitante que quisiese residir en cualquiera de estas islas, despus de expirado el termino de 18 meses, estar obligado a prestar juramento de fidelidad a S.M.C.” ARTCULO IIIA todos las habitantes de las islas que comprende la jurisdiccin de este gobierno, as seculares como eclesisticos, se les conservar en el uso y posesin de sus bienes, y propiedad de cualquiera especie que sean; igualmente que en el goce de sus derechos, privilegios, honores, y emolumentos; y a los mulatos y negros libres se les mantendr en el goce de su libertad y propiedad. RESPUESTA“Concedido; en lo general, con tal de que estos privilegios, derechos, honores, y emolumentos, no traigan perjuicio, ni impedimento a las reglas establecidas de polica y gobierno militar de la plaza”. ARTCULO IVLos habitantes no pagarn otro derecho, que el que pagaban a S.M.B., sin ninguna otra tasa, o impuesto.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 158\ 158\ 158\ 158\ 158\ RESPUESTA“Concedido durante la guerra”. ARTCULO VLas embarcaciones, bajeles y drogues que pertenezcan a los habitantes de estas islas se considerarn como propiedad de los dichos habitantes. RESPUESTA“Todas las embarcaciones, bajeles, drogues, y botes, que actualmente se hallan en los puertos de las islas de Bahama y fuesen efectivamente pertenecientes a los habitantes de dicha isla, se consideraran como propiedad de dichos habitantes, pero todas las dems embarcaciones (excepto las neutrales) que se hallasen actualmente en estas islas, cuya propiedad fuese de cualquiera otro individuo, o individuos que no fueren habitantes de dichas islas, pertenecern a S.M.C. Como asimismo toda la artillera, armas y municiones de guerra, que hubiese a bordo de cualquiera embarcacin. Y ninguna de todas las mencionadas embarcaciones, bajeles &c. podr ser vendido, ni entregado a enemigo de S.M.C.” ARTCULO VILos habitantes observarn una exacta neutralidad y no se les forzar a tomar armas contra S.M.B. RESPUESTA“Est respondido en el 2”. ARTCULO VIILos habitantes gozarn el libre ejercicio de su religin, y los ministros sus curatos. RESPUESTA“Concedido durante la guerra; y dichos curas estarn siempre sujetos a la autoridad del gobernador”. ARTCULO VIIISe conceder una salvaguardia para que cuide de los archivos y papeles del gobierno, los cuales no podrn ser inspeccionados, y se dar el permiso debido para que se embarquen. Respuesta “Concedido; excepto planos de estas islas, y papeles geogrficos”.

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ANTONIO JOS VALDS /159 /159 /159 /159 /159 ARTCULO IXLos enfermos sern mantenidos y cuidados a expensas de S.M.C. envindolos a Charlestown cuando estn sanos. RESPUESTA“Dichos enfermos se enviarn a Bermudas, cuando estn restablecidos, y sern tratados y mantenidos slo como meros prisioneros de guerra”. Artculo x Los habitantes gozarn hasta la paz, sus leyes, costumbres, y ordenanzas; y la justicia les ser administrada por las mismas personas que actualmente se hallan en oficio; todos los gastos que se ocasionen en la administracin de justicia, se satisfarn por el vecindario. RESPUESTA“Concedido; bien entendido que los dichos tribunales estarn sujetos a la superior autoridad del gobernador”. ARTCULO XISi ocurriese alguna duda sobre las expresiones de los artculos antecedentes, deber siempre interpretarse segn la literal, y ms favorable acepcin de las voces. Respuesta “Concedido”. ARTCULO XIISe permitir al gobernador que pueda enviar un flagatrus a Nueva York, con esta capitulacin, el cual saldr al mismo tiempo que los dems transportes que lleven las tropas prisioneras. Y aqu se darn cuarteles para dicha guarnicin nterin se embarca, conduciendo siempre las raciones respectivas a las mujeres y nios pertenecientes a dichas tropas. RESPUESTA“Concedido”. Isla de Hog 8 de mayo de 1782.— Juan Manuel de Cagigal Nueva Providencia 8 de Mayo de 1782.— Juan Maxwell EXTRA. ARTCULO XIIIAl gobernador Maxwell en atencin a las buenas disposiciones, y preparativos que haba dispuesto para su defensa, y asimismo la huma-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 160\ 160\ 160\ 160\ 160\ nidad y atencin con que siempre ha tratado los prisioneros de guerra, le concedo la distincin, de que slo sea considerado como prisionero, hasta el punto en que desembarque con sus tropas en el puerto britnico de su destino.— Cagigal. Representacin hecha al excelentsimo seor D. Juan Manuel de Cagigal, gobernador y capitn general, por los habitantes britnicos de las islas de Bahama. EXCELENTSIMO SEOR: Los habitantes ingleses de las islas de Bahama; suplicamos nos permita acercanos a V.E. para con las ms sinceras demostraciones darle agradecidos las gracias por la humanidad, que generosamente se ha servido usar con nosotros en la capitulacin; y por la constante poltica que hemos experimentado en V.E. el tiempo que se halla en posesin de estas islas. Debajo de tal trastorno, no puede hallarse trato tan humano, ni proteccin mayor, que la con que nos ha honrado alivindonos nuestras desgracias. Y en seal de la ms segura gratitud, quedaremos siempre reconocidos a la nacin espaola en general, por la que hemos sido considerados ms bien como amigos, que como enemigos; pero especialmente lo seremos a V.E. nuestro protector. Igualmente es necesario que miremos, en adelante, el nombre de Cagigal con el ms profundo respeto y afecto, deseando a V.E. toda salud y felicidad con la mayor satisfaccin y gusto. En nombre de los habitantes firmaron 36 sujetos de los principales de dichas islas. Respuesta del excelentsimo seor, a los magistrados, jueces y dems habitantes britnicos. SEORES: Con el mayor aprecio he visto las favorables expresiones con que la bondad de ustedes se sirve honrar mi conducta en las transacciones ocurridas ltimamente en estas islas. Nada ser para m de mayor satisfaccin que el amparar a los ciudadanos honrados que la suerte de la guerra ha trado bajo del dominio espaol, cuyo carcter humano y generoso en todos tiempos ser siempre el modelo de mi imitacin. El nuevo fundamento de haber estos habitantes entregdose bajo mi direccin, a la proteccin generosa del rey mi amo, es un motivo mayor para que por mi parte contribuya siempre a sus satisfacciones y alivios, en cuyo supuesto: espero merecerles esta confianza, y que en todas circunstancias me manden cuanto fuere de su agrado, y quepa dentro de mis facultades. A.L.SS. habitantes de las islas de Bahama.—B.L.M. su ms atento y seguro servidor.—Juan Manuel de Cagigal.

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ANTONIO JOS VALDS /161 /161 /161 /161 /161 4. Tambin es digna de curiosidad la siguiente carta que escribi un sujeto, que se hallaba en la isla de Santo Domingo, acerca de la persona del seor Glvez, a otro amigo suyo en esta ciudad: “Habana: copia de una carta del Guarico. ”En mi ltima dije a V. que para el 20, da de los aos de S.M. se preparaba el bautismo del nio de mi general. Efectivamente, ayer maana a las 7 sali de esta habitacin acompaado de su hermanita mayor, conducido en ricos trenes, y seguido de una hermosa comitiva. A la entrada de la ciudad le esperaba una compaa de granaderos armados, y un inmenso pueblo de soldados espaoles y franceses, de todas clases. All se le coloc en una vistosa cuna, y fue conducido a la gran parroquia, en cuyo camino le sali a encontrar el general de la colonia con toda la oficialidad francesa. En la iglesia le recibi D. Gernimo Girn con toda la espaola, siendo innumerable el concurso de las gentes, y tanto que fue necesario abriese camino la tropa, para que pasara el nio al baptisterio. Al tiempo de salir de aqu se le hizo una salva, otra la plaza al tiempo de ponerle el santo crisma, con cuatro caones que se llevaron al frente de la iglesia, y otra se le dio al volver a nuestra habitacin. Su padre y madre lo recibieron de manos del padrino, ya vestido de granadero, cuyo uniforme le pusieron en la iglesia, luego que se bautiz, queriendo mi general consagrarlo al servicio de S.M. y de su ejrcito, desde el mismo punto que lo haba dedicado a Dios en las aguas del bautismo. Fueron sus padrinos el excelentsimo seor D. Jos de Glvez y su digna esposa, y en su nombre un soldado del regimiento de la Corona, de nuestra Espaa, y la hermana mayor del nio, que lo es la seora doa Mara Adelaida Destrehan. En esta poltica fina, y graciosa operacin ha querido mi general hacer al rey el pequeo obsequio de dedicarle a su hijo primognito; al regimiento manifestar el reconocimiento en que le vive, por haber comenzado en l a servir; y a la tropa el afecto y distincin con que la mira. Al soldado le ha asignado una pensin; es un anciano granadero de muchos aos de servicio, hombre de bien, y el ms antiguo de su cuerpo. Este da dio S.E. de comer como a 600 soldados de ambas naciones, y para este efecto se levantaron bajo de toldos muchas lucidsimas mesas, donde se sirvieron abundantes y exquisitos manjares. Hubo otras tres mesas ms magnficas, en que fueron servidos los ms finos y abundantes a 200 personas, donde se comprendan vistosas damas, bravos generales, valientes oficiales y festivos habitantes. El resto se pas en baile, msica, canto y extraordinarias alegras, terminndose con una esplndida cena. El jbilo que ha causado el nacimiento de este nio, es un presagio de su felicidad y grandeza de alma; con todo, si a m me preguntaran quin piensas ha de ser este tierno y robusto nio? Respondera: Hoc unum dixisse sufficiat, patrem se habere Alexandrum

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 162\ 162\ 162\ 162\ 162\ S.E., en medio de estas satisfacciones con que ha querido distinguirlo la generosidad de la nacin francesa, nuestra aliada, y el amor del ejrcito, ha manifestado la mayor humanidad y dulzura—Guarico 21 de enero de 1783”. 5. Con respecto a la venida a La Habana del Prncipe Guillermo, duque de Lancaster, despus de concluidas las paces del ao de 83 con Inglaterra, ya dej algo dicho en el prrafo citado anteriormente del mismo Libro; y ahora me ha parecido copiar la relacin de este suceso, que hace el editor de la Gaceta en su nmero 28, publicado el 16 de mayo de 1783, y es como sigue: “Como en la Gaceta anterior, apenas se pudo indicar el arribo a esta plaza del infante Guillermo, duque de Lancaster, hijo tercero del rey Jorge de Inglaterra, suprimiendo por una semana la circulacin de otras noticias, servir sta para estampar las cualidades de su ingreso, en trminos que nadie ignore el primer espectculo admirable en su lnea, que se presenta en esta parte del mundo, digno de ocupar la atencin de los ms crticos espectadores, para imprimirle oportunamente en los fastos de la Amrica espaola. Sin embargo de haber el almirante Hood; preparado con su aviso al seor capitn general de esta plaza, instruyndole de la resolucin del prncipe, como era correspondiente, combinadas la data de su oficio, la situacin de Jamaica, de donde le dirigi, las demarcaciones martimas, y las dems precauciones citadas por el gobierno, no pudo esperarse el arribo de S.A. tan pronto como acaeci. Contbase hasta el 20, y 22 del presente mes, cuando aparecido en la maana del da 9, a vista del Morro, practicada la precisa visita de etiqueta, verific luego su desembarco, con la oportunidad de salir al momento a recibirle, el teniente general D. Jos Solano, comandante general de la escuadra. Despus de haberle saludado competentemente la plaza y toda la escuadra, recibi a S.A. en el muelle ms inmediato el seor capitn general, quien como cabeza poltica y militar se adorn de todo el squito posible para este recibimiento. Formadas con anticipacin las tropas, desde el puesto del desembarco hasta la casa del comandante general de marina, abrieron calle a S.A.; de modo que en medio de un concurso imponderable, fue bien patente al pueblo el cmulo de sus circunstancias. Eligi S.A. para su descanso la casa de nuestro capitn general, que parta la distancia prevenida. Aqu le recibi con la ms fina poltica la seora doa Isabel Maxent, su consorte, a cuyo lado manifest el prncipe los fondos de juicio y de ilustracin que posee en su bien distribuida juventud. Se impuso por medio del idioma francs de todo lo que excit su inspeccin. Se individu en particular con los primeros objetos de su mira. Reiter sus cumplimientos a esta seora y continu a su preparada habitacin. A esta hora ya no quedaba obsequio que hacerle res-

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ANTONIO JOS VALDS /163 /163 /163 /163 /163 pectivo a su llegada, y como el capitn general le esper hasta conducirle a su casa para comer, volvi a ella donde disfrut con manifiesto agrado el cortejo ms proporcionado a S.A., atentas las presentes providencias. Evacuado el banquete quiso S.A. ver la fortificacin y trenes de la plaza. Examin la Cabaa y el Morro, primer atractivo de las naciones extranjeras. Fue saludado dos veces de cada fortaleza; y lleno de satisfacciones se traslad al recinto exterior de la plaza, para disfrutar la diversin del paseo pblico, en que circulaban las gentes visibles de la ciudad; cuyo orden y magnificencia gustaron mucho al prncipe. Entr S.A. en la plaza a la hora puntual de ordenanza, a cuyo tiempo le esperaba en casa del seor capitn general el aparato de luces, orquesta y concurso, preliminares de un baile en que ejercit perfectamente S.A. la mayor parte de la noche; sostenida esta funcin con otro banquete en calidad de ambig. Cuando fue preciso que este prncipe descansase de su incesante movimiento, le condujeron a su casa los dos generales de marina y del ejrcito de operaciones, en donde pas con sosiego las pocas horas restantes de la noche. Apenas lleg la maana del da 10 quiso S.A. ver los navos que componen la escuadra, los que le esperaron empavesados, y saludado respectivamente al can y a la voz se dirigi al Arsenal, de que se impuso con brevedad, sin omitir el reconocimiento de un buque de guerra, que en l se construye. Introducido a la plaza, a la hora de las 11, visit con circunspeccin algunos templos, con que clausur el ejercicio de esta maana. Restituido S.A. a su casa recibi al capitn general, que esperaba esta hora de verle, para franquearle ciertos servicios, por un oficio, concebido en estos trminos”. SERENSIMO SEOR: “Nadie duda que la paz trae a los reinos las felicidades. Esta mxima generalmente adoptada, ha sido para La Habana vaticinio feliz de sus progresos. Tengo la gloria de elogiar la unin de nuestro regio concordato, y consagr en su obsequio toda mi complacencia desde el momento en que se me anunci. Confieso que este gozo debe ocupar la atencin universal. Pero no puedo negar que es singular mi constitucin. Nunca cre, ser tan feliz en la plaza de mi gobierno, que se dignase V.A.R. hacerla objeto de su presencia respetable. Por consiguiente, cuando yo me lisonjeo del ms afortunado entre sus gobernadores, ella debe engrerse con este golpe de majestad. Los efectos de un suceso venturoso, siguen el orden y privilegio de su causa. V.A.R. nos confiere con su arribo, un honor incomparable. La isla de Cuba, la plaza de La Habana, sus cabezas, sus tropas, sus individuos, todos deben vivir posedos de un ntimo gusto. Yo no he de permitir que dentro del recinto de mi jurisdiccin quede uno que no experimente el indulto de su principal proteccin. Hasta los reos capitales que, por

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 164\ 164\ 164\ 164\ 164\ legales disposiciones, debieran expirar sobre el suplicio, les considero inmunes. S que al carcter de capitn general, como simulacro del rey, atribuyen las leyes, en ciertos casos, todas las facultades que no declinan de prudentes, ni de humanas. En este concepto, y de que los eventos inopinados no pueden prevenirse desde el trono, como la resolucin de presentar a V.A.R. 31 prisioneros, sbditos de la Gran Bretaa, que remitidos por m, en un parlamentario espaol, entre otros sus connacionales, ejercieron todos los actos de sublevados, contra el influjo de unos pocos oficiales compatriotas, que iban a verificar su canje, y con quienes hubieran continuado en su conspiracin, si no fuera el socorro de una fragata espaola, que recalando en oportunidad de auxiliarles, hizo restablecer al capitn parlamentario, y la convoy al puerto de Matanzas; en donde, habilitados de nuevo los indemnes, y discernido el nmero de conspiradores quedaron stos en captura, y siguieron los otros, con acuerdo de los mismos oficiales britnicos, a su destino de Jamaica. Otros dos individuos, con nomenclatura de oficiales, existen presos en esta capital, como reos de eminente castigo, que, dirigidos del presidente de Guatemala por indicios vehementes de espas, intrusos en aquel reino, no se indemnizan de este cargo, a ms de estar convencidos de falsos sus documentos, contrariados sus nombres, e implicadas sus disposiciones. ”De tan mal aspecto como el de ambas causas, nada puede concluirse favorable a los cmplices. Creo ms bien, que, pronunciado el fallo en sus pendientes libelos, sufriran la pena capital aparejada. Esto es lo que sucedera si fuesen tan desgraciados en or sus sentencias, como en cometer insultos execrables. Pero, he aqu, dirn ellos, trocada la guerra en felicidad: nuestro mismo Guillermo de Lancaster viene a constituirnos felices. l va propiamente como prncipe usando de equidad con los vasallos de su digno padre. Y podr yo defraudar a estos hombres de una cosa que debe hacerlos dichosos? No, serensimo seor: yo hago lo que debe en ponerlos baja el auspicio de V.A.R. para que, elevados al trono, queden absueltos en brazos de su piedad, como lo van a nombre de mi siempre benigno rey catlico; nico reverente culto, que, por tan altos respetos, puede ofrecer a V.A.R. el primer exactor aqu de sus gracias.—Serensimo Seor.— Luis de Unzaga” “Este linaje de obsequio mereci toda la gratitud del prncipe, significada con algunas expresiones, y con las atentas exterioridades, de que nicamente us en todos los que le dedicaron mientras discernidos en el trono del rey su padre, obtienen los reos su indulgente aceptacin. Dispuesto el comandante general de la escuadra, a cortejar a este prncipe, en la oportunidad de haberse dignado transmigrar en el concepto de guardia-marina, sobre tener el honor de alojarle, quiso completar el obsequio, con un esplndido banquete, en el segundo da, de dos que existi en esta capi-

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ANTONIO JOS VALDS /165 /165 /165 /165 /165 tal.2 En la tarde, mont S.A. a caballo con los generales, y algunos jefes y oficiales de la guarnicin, a intento de que la tropa del ejrcito de operacin, formada en batalla, en el campo, le hiciesen los honores debidos. Continu S.A. el paseo hasta la hora de entrar; y retirado a su casa, empez a disfrutar de diversin de un baile brillante, en que entretuvo seis horas, mediando una cena abundante, con que finalizado el obsequio, trat de descansar para disponerse a su precisa marcha. En efecto, en la maana del da 11, formadas las tropas en el primer orden, pas S.A. con igual corte, entre las los lneas, hasta el muelle, de donde tom la falua, saludando en el acto la plaza y los navos. La fragata que trajo a este prncipe, haba surgido del puerto, tres horas antes, mantenindose en disposicin de recibirle fuera del Morro, maniobra que dilat su reembarco; de modo que el capitn general, el comandante de la escuadra, los jefes subalternos de ambos cuerpos, y una infinidad de oficiales, que tuvieron el honor de acompaarle, se restituyeron tarde a la plaza. Trasbordado S.A. el navo del almirante, para emprender su navegacin, como ste dijo haba saludado cuando se present al Morro, de donde nada se percibi, y exigido por un medio poltico, la contestacin, se le satisfizo con el can, antes de hacer su rumbo, viniendo para este fin muy cerca del puerto. Aquel jefe, demasiado exacto, repiti el saludo, como en seal de despedirse, y reiterada la correspondencia del comandante de la escuadra, sigui la inglesa su ruta con prspero viento. Ninguna reflexin puede aadirse a un asunto de esta magnitud, que no resalte sobre el juicio menos instruido. La presencia de un prncipe en La Habana, la perfecta poltica de los generales cortejantes, la existencia de otros en esta plaza, el aspecto respetable de su fortificacin, la propensin y lucimiento de las damas ciudadanas; y otras cualidades relativas, todo conspira a hacer una composicin de lugar que, de lo verosmil, concluya el discurso en un casi fijo conocimiento. No puede configurarse una funcin de esta clase, de modo que llene los deseos del pueblo. Ellas siempre guardan proporcin con los objetos. El duque de Lancaster, aunque en calidad de guardia-marina, es infante de Inglaterra. Sea por su carcter nacional, nada perezoso, o sea por el concepto que La Habana merezca en Europa, l quiso verla, y efectivamente se le franque. El rey catlico la tiene dotada de una superioridad completa. Es forzoso creer que hiceron un cortejo competente. Nadie 2Otras noticias que conservo, dicen que estuvo tres das; pero es constante que en el modo de contar das, semanas y aun aos, se usa de mucha arbitrariedad. De un gobernador se cuentan muchas veces dos aos de su llegada, cuando no hay, acaso, ms que siete meses, divididos en el ao pasado y el corriente. En esta misma relacin se advierte que habiendo llegado el duque el da 9, no volvi a su bordo hasta el 11: de suerte que a los dos modos de contar se les halla fundamento.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 166\ 166\ 166\ 166\ 166\ ignora las cualidades de semejante celebracin: por eso, cuando se trata de evidenciar a todo el mundo el honor que ha hecho S.A. a esta plaza, la complacencia y gratitud que signific, y hasta el sentimiento de ausentarse con la prontitud que exiga la escuadra en expectacin de su persona, parece inoficioso extender un relato ms prolijo, y acaso impertinente, de ciertas particularidades de ninguna suposicin, entre las que fueron patentes, y deben considerarse. Bien se conoce, que detallada por momentos la conducta del prncipe, y de los primeros generales, en el estrecho trmino de dos das, sacando al pblico las interioridades ms ociosas, sera agradable al vulgo, pero inoportuno en este lugar”.

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Libro SptimoSUMARIO1. Divisin del gobierno de la Isla. 2. Gobernadores de Cuba. 4. Audiencia. 5. Ayuntamientos y capitanes de partido. 6. Principios del Ayuntamiento de La Habana. 7. Progresos del mismo Ayuntamiento. 8. Sigue el mismo asunto. 9. Individuos del Ayuntamiento antiguo y del nuevo. 10 y 11. Tribunales en La Habana. 12. Comisaras de polica. 13. Siguen los tribunales. 14. Contina el mismo asunto. 15. Origen y estado del Tribunal de Cuentas. 16. Serie de intendentes de la Isla. 17. Tribunal de Factora. 18. Noticias de la renta nacional de tabaco. 19. Reflexiones sobre el mismo establecimiento. 20. Continuacin de lo mismo. 21. Tribunal de Marina. 22. Origen del establecimiento de la Marina Real en este puerto. 23. Sigue el propio asunto. 24. Contina lo mismo. 25. Sigue lo mismo. 26. Pasa la armada de barlovento a este puerto. 27. Comandantes del Apostadero de La Habana. 28. Diversos mtodos acostumbrados para arrojar buques al agua. 29. Embarcaciones hechas en el Arsenal de La Habana. 30. Ministerio de Marina. 31. Noticias de otros tribunales seculares. 32. Gobierno eclesistico de la Isla. 33. dem de La Habana. 34. Junta de Diezmos. 35. Comisara de cruzada. 36. Inquisicin. 37. Universidad. 38. Correos. 39. Lotera. 40. dem. 41. Letrados y otros dependientes del foro de la Isla.1. La grande extensin de la isla de Cuba ha exigido la divisin de jurisdicciones y gobiernos para la ms cmoda y pronta administracin de justicia. Se divide la Isla actualmente1 en dos provincias, y sus capi1Escribo en principios de septiembre de 813, y anoto estas advertencias por la variedad que pueda haber en estos tiempos de arreglo en toda la monarqua. Acaso no estar dems advertir en este lugar que la Junta Preparatoria de La Habana; para la eleccin de diputados en Cortes, dividi la Isla en seis provincias, que eran Santiago de Cuba, Bayamo, Puerto Prncipe, las cuatro Villas, La Habana y Filipinas, a las que agreg una sptima, que fue la provincia de las dos Floridas Panzacola y S. Agustn. Estas determinaciones motivaron que los diputados en las Cortes extraordinarias, por la isla de Cuba, hicesen algunas reclamaciones, que dieron lugar a lo que instruye el siguiente dictamen: “ Cortes 26 de Febrero de 1813 La Comisin de Constitucin acerca de las reclamaciones de los diputados de la isla de Cuba, contra lo dispuesto por la Junta Preparatoria de La Habana, para la eleccin de diputados a las Cortes ordinarias, present el siguiente dictamen, que qued aprobado en todas sus partes: Primero. Se tiene por vlida la divisin de la isla de Cuba hecha por la Junta Preparatoria en julio y agosto del ao anterior, para elegir

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 168\ 168\ 168\ 168\ 168\ tales son La Habana y Santiago de Cuba. El gobernador y jefe poltico de la primera es el capitn general de la Isla, y esta provincia se extiende hasta Puerto Prncipe exclusive, habindose, por ahora, arreglado los lmites de la jurisdiccin civil a la eclesistica. El gobernador de la segunda tiene la jurisdiccin restante, que comprende la provincia de Cuba, cuyo gobierno confiere el rey a un oficial de guerra, que es jefe poltico de su provincia, y en lo militar tiene dependencia de la Capitana General. Ambos gobernadores tienen jurisdiccin contenciosa, solamente en lo militar. El excelentsimo seor D. Juan Ruiz de Apodaca en auto de 8 de febrero ltimo, en cumplimiento de la Ley 9 de octubre, sobre arreglo de tribunales, que acababa de recibir, declar fenecida su jurisdiccin civil y criminal en los negocios comunes, en que no hay fuero particular, mandando en consecuencia que los que pendan y despacha S.E. en calidad de gobernador, se pasen y pongan a la disposicin del seor oidor teniente de gobernador D. Leonardo del Monte, para que, como juez de letras de real nombramiento, las siga y fenezca, segn se dispone en la propia ley; y que los tenientes de gobernadores y alcaldes constitucionales de las ciudades, villas y pueblos de la Isla ejecuten y lleven a debido efecto cada uno de sus artculos, en la parte que les toque, abstenindose los primeros de continuar en el conocimiento de las causas civiles y criminales del fuero comn, que deben remitir a los segundos para su progreso, no admitiendo las que de nuevo se entablen, y que desde luego deben deducirse ante los alcaldes constitucionales, no habiendo en sus respectivos territorios jueces de letras de real nombramiento, reservando los tenientes de gobernadores los asuntos militares, continuando en su conocimiento, y asesorndose con los auditores de guerra o letrados nombrados. diputados en las prximas Cortes, y en las dos diputaciones provinciales, si al recibo de esta determinacin en La Habana se hallasen verificadas las expresadas elecciones, o congregados all los 12 electores de partido. Segundo. Las diputaciones provinciales de la Isla, oyendo a sus respectivos Ayuntamientos Constitucionales, informarn con la brevedad posible, y con la competente justificacin, cuando conduzca que se haga una divisin regular y permanente de la Isla, en provincias polticas y partidos. Tercero. Entretanto que se fija esta divisin con presencia de todos los datos, y tambin en el caso de que al recibo de esta resolucin no se hayan ejecutado las referidas elecciones, la lnea divisoria de la Isla en dos Obispados, servir igualmente para dividirla en dos provincias, que en orden a su gobierno poltico, estarn al cuidado de las dos diputaciones provinciales de La Habana y Santiago de Cuba, y bajo de sus dos jefes respectivos Cuarto. En las ciudades de La Habana y Cuba, como capitales de sus respectivas provincias, se reunirn en su caso los electores de partido, para formar las juntas electorales de provincia, y verificar las elecciones con arreglo a la Constitucin y al Decreto de 23 de mayo de 1812. Quinto. Para sealar las cabezas de partido, a donde hayan de concurrir los electores parroquiales a formar la junta electoral de partido, se tendr en consideracin, como bases, la extensin del territorio y su respectiva poblacin, de manera que en razn compuesta de territorio y poblacin, se determinar el sealamiento de cabeza de partido”.

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ANTONIO JOS VALDS /169 /169 /169 /169 /169 2. Ya queda explicado en los Libros anteriores que los primeros gobernadores de Cuba lo eran de toda la Isla, y que aunque desde luego determinaron fijar su residencia en La Habana, continuaron su mando sin alteracin hasta que en el tiempo de D. Pedro Valds se declar definitivamente la Capitana General de toda la Isla, anexa al gobernador de La Habana, dejando al de Cuba de gobernador poltico y militar, o capitn a guerra en el distrito de su mando. Los jefes que ha tenido Cuba desde esta divisin, y los aos de su entrada en el gobierno han sido como sigue: Juan de Villaverde, en 1608: Juan Garca de Navia, en 1611: Rodrigo de Velasco, en 1618: capitn Pedro Fonseca, en 1625: almirante Juan de Acevedo, en 1630: capitn Juan de Almezquita, en 1632: capitn D. Pedro de la Roca y Borja, en 1633 y ste construy el Morro de Cuba, llamado por su fundador S. Pedro de la Roca: Bartolom Ozuna, en 1643: almirante D. Felipe de Rivera, en 1649: sargento mayor D. Pedro Bayona Villanueva, en 1654: D. Pedro Morales, en 1659: maestre de campo D. Juan Bravo de Acua, en 1663: maestre de campo D. Pedro Bayona Villanueva, en 1664; ste reedific el Morro despus de haberle destruido los ingleses en la invasin que hicieron en aquella ciudad por el ao de 1662: tambin hizo la Estrella, Santa Catalina y la Punta, y murall el convento de S. Francisco, hacindolo castillo en el lugar en que hoy existen los cuarteles: sargento mayor D. Andrs de Magaa, en 1670: D. Francisco Guerra de la Vega, en 1678: D. Gil Correoso Cataln, en 1683; ste adelant la obra del castillo de S. Francisco, y la coron de artillera; despus pas a teniente-rey de Santo Domingo: capitn D. Juan de Villalobos, en 1690; ste fue depuesto, como queda dicho en otro Libro: D. Sebastin de Arencibia Isasi, en 1692: el castellano del Morro D. Mateo de Palacios Saldurtum, en 1698: capitn D. Juan Barn de Chvez, en 1700: coronel D. Jos Canales, en 1708: el castellano D. Luis Saudo, en 1711; ste fue muerto en el Bayamo a pualadas, hallndose en visita; no se pudo saber quin fue el asesino, pero de aquellas resultas se mando extinguir el oficio de alfrez real: coronel D. Mateo Lpez de Cangas, en 1713: coronel D. Carlos Sucre, en 1723: coronel D. Juan del Hoyo, en 1728: coronel D. Pedro Ignacio Jimnez, en 1729: coronel D. Francisco Cajigal de la Vega, en 1738; ste pas a gobernador de La Habana y capitn general de la Isla: brigadier D. Alonso de Arcos Moreno, en 1747; en este tiempo se construy la calzada de la Playa: D. Lorenzo de Madariaga, en 1754: brigadier, marqus de Casa Cagigal, del Orden de Santiago, en 1765; durante este gobierno se experiment el terremoto de 11 de junio de 1766: el teniente coronel D. Miguel Mueces, castellano del Morro, fue varias veces gobernador interino por ausencias &c.: teniente coronel D. Esteban de Ocoris, interino como teniente-rey, en 1770: brigadier D. Juan Antonio Ayanz de Ureta, del Orden de Carlos III, en 1772; ste muri en Cuba,

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 170\ 170\ 170\ 170\ 170\ y tambin los dos siguientes: coronel D. Jos Tentor, en 1776: teniente coronel D. Antonio de Salas, interino, como teniente-rey, en 1779: coronel; y despus hasta mariscal de campo, D. Vicente Manuel de Cspedes, en 1781: brigadier, y despus hasta virrey de Buenos Aires, y capitn general del Reino de Valencia, D. Nicols Antonio de Arredondo, en 1782: coronel, y despus hasta mariscal de campo, D. Juan Bautista Vaillant, en 1788: coronel D. Juan Nepomuceno de Quintana, en 1796; ste tambin muri en Cuba: brigadier, y despus hasta mariscal de campo, D. Isidro Limonte, interino como teniente-rey, en 1798; ste fue natural de Cuba, donde muri: coronel, y despus brigadier, actual gobernador de la Florida Oriental, D. Sebastin Kindeln, del Orden de Santiago, en 1799: auditor de guerra y teniente de gobernador doctor D. Pedro Celestino Duarte, gobernador poltico por ausencias y enfermedades en 1809: coronel D. Pedro Surez de Urbina, que al presente es jefe superior poltico. 3. En ambos gobiernos se contienen seis tenencias capitanas a guerra, de las que provee el capitn general las de Puerto Prncipe, cuatro villas y Filipinas; y el gobernador de Cuba las de Baracoa, Bayamo y Holgun, cuyas funciones en lo poltico y gubernativo son por ahora como una ramificacin del jefe poltico. Estos tenientes ejercen jurisdiccin contenciosa en lo militar, con apelacin a la Capitana General, y ninguna en lo civil. 4. Hay en este ramo un Tribunal Superior de Segunda Instancia, y es la Audiencia que reside en la villa de Puerto Prncipe, compuesta de dos salas y nueve ministros. Estuvo antes, como queda referido, en la isla Espaola, de donde se traslad al lugar de su actual residencia; y aunque siempre la ha presidido el capitn general de aquella isla, y despus el de sta, hoy conforme a la ley general de la monarqua, la preside su regente. 5. En todas las ciudades y villas de la Isla hay ayuntamientos, que elige el pueblo anualmente con arreglo a la Constitucin: y despus de haberse instalado la diputacin provincial, se van creando otros nuevos en los pueblos a quienes pertenece por su poblacin. Y cuando por una divisin arreglada de partidos, ejerzan en sus territorios la jurisdiccin contenciosa, y el gobierno poltico y econmico el juez de letras y los alcaldes constitucionales, debern quedar suprimidos los jueces pedneos, o capitanes de partido que siempre ha nombrado el capitn general, y se conocen actuando en esta jurisdiccin 70, segn se demuestra por la Gua de Forasteros de este ao de 813.2 2Los diferentes partidos de los capitanes citados son: lvarez, Aguacate, Arroyo Arenas, Alquzar, Alacranes, Baha Honda, Bajurayabo, Bataban, Bauta, Buenaventura, Cuabal de Madruga, Calvario, Canoa, Cano, Cayajabos, Gabriel, Jibacoa, Gobea, Guadalupe,

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ANTONIO JOS VALDS /171 /171 /171 /171 /171 6. Con respecto al Ayuntamiento antiguo, no es acaso inoportuna en este lugar una sucinta noticia de sus principios y progresos, si se considera como asunto propio de la materia que trato. Este cuerpo, como se expresa el regidor Arrate, se compuso a principios de su fundacin de tres regidores solamente, y este nmero se aument hasta el de seis, que por la ordenanza municipal se consider competente a la vecindad que entonces haba, incluyndose en el citado nmero el alguacil mayor y depositario general, a ms de los oficiales reales, que por disposicin circular se les concedi esta prerrogativa. El primero que obtuvo el empleo del depositario general fue Antn Recio, y entr a servirlo en consecuencia de Real Orden, fecha en Madrid a 15 de diciembre de 1577, en cuyo ao mand pregonarse por real orden el oficio de alfrez mayor de esta villa, al que no hubo quien hiciese postura: y aunque el de 1590 consta que le ejerca D. Jorge de Baeza y Carbajal, parece que fue por nombramiento del gobernador, que por aquellos tiempos usaba de esta facultad, segn se infiere de varios ejemplares anlogos; y este juicio corrobora lo poco que parece permaneci Baeza, no habindolo sucedido en su empleo otra persona, hasta mucho despus como adelante se dir. 7. El Ayuntamiento se acrecent despus hasta el nmero de ocho individuos, entrando como tal regidor el tesorero de cruzada: y siendo La Habana ya ciudad, se propuso al rey por el Ayuntamiento mandase crear los que faltaban hasta el nmero de 12, para el mejor rgimen municipal, sobre lo que se dio inmediatamente providencia, aunque no tuvo correspondiente efecto; puesto que, segn los libros capitulares, habindose ordenado, por motivos que se creyeron convenientes, que los ministros de Real Hacienda no asistiesen como regidores, y que slo conservasen en los actos pblicos el asiento que como tales haban gozado, hubo estos oficios ms que beneficiar; y hasta mucho tiempo despus no se establecieron los de fiel ejecutor, provincial de la HermanGuajaibn, Guamacaro, Guamutas, Guanajay, Guasabacoa, Guatao, Gines, Guara, Horcn, Hanbana, Yaguaramas, Yumur, Isla de Pinos, Jess Mara, Jess Nazareno de los Palacios, Jess del Monte, Wajay, Luyan, Macuriges, Pipin, Managua, Mariel, Melena, Ceiba Mocha, Los Palos, Prensa, Posas, Quemado, Regla, Rincn de Sibarimar; Ro Blanco del Norte, Bainoa, Santa Ana, Santa Cruz de los Pinos, S. Diego, S. Jernimo, San Lzaro, S. Marcos, Ro Blanco del Sur, S. Luis de la Ceiba, S. Miguel, S. Pedro, S. Jos de las Lajas, Tapaste, Consolacin del Norte, Consolacin del Sur, Guanes del Norte, Guanes del Sur, Mantua, Pinar del Ro, S. Juan y Martnez. Estos jueces pedneos los han acostumbrado nombrar los jefes principales o gobernadores en el distrito de su jurisdiccin, y tienen unas facultades limitadas a las reglas que le prescribe la instruccin del gobierno. Ellos deben celar la entrada y salida de personas en sus respectivos distritos, para conservar la tranquilidad, y aprehender los desertores y delincuentes; y es de su obligacin remitir a la Capitana General el padrn anual de los individuos existentes en sus jurisdicciones.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 172\ 172\ 172\ 172\ 172\ dad, y alfrez mayor: porque, como consta de los citados libros y acuerdos, permaneci electivo el primero, hasta el ao de 1754, que le entr a servir en calidad de regidor D. Pedro Valdespino. El segundo se remat en 1758 en D. Jos Ruiz Guilln: y del ltimo se hizo merced por juro de heredad a D. Nicols Castelln, el ao de 1770, y hasta el de 1774 no se llen el nmero, que segn las leyes deben tener las ciudades principales de Indias; concedindose el uno que falta con la misma gracia de hereditario, a doa Juana Mara de Acosta para uno de sus hijos, y es el que ejerci el citado Arrate, como hijo de la expresada seora. 8. Hasta 1757 permaneci el nmero de 12 regidores, en que comprenda el alfrez real, alguacil mayor, provincial de la Santa Hermandad, fiel ejecutor, receptor de penas de cmara, y depositario general; pues aunque en 1744 se cre y provey el oficio de padre de menores, fue sin la prerrogativa de voz y voto, y slo con lugar y honores de regidor; pero habindose en el citado arriba mandado pregonar por cuenta del rey, y rematndose el de Correos de esta Isla con recogimiento anexo, asiento fijo despus del fiel ejecutor, y facultad de nombrar teniente, hubo este oficio ms. 9. Casi todo lo referido acerca del Ayuntamiento lo he extractado, como dejo indicado, de la obra del regidor D. Flix de Arrate, y aunque despus debi haber algunas alteraciones, de que no estoy instruido, creo suficiente, para el objeto que me propongo, advertir que cuando ces en su ejercicio el antiguo Ayuntamiento, en virtud del nuevo orden establecido en observancia de la Constitucin, constaba dicho cuerpo de 11 regidores, dos alcaldes ordinarios, elegidos anualmente por el mismo Cabildo: dos alcaldes de la Santa Hermandad, igualmente elegidos cada ao: uno mayor provincial: un alfrez real: alguacil mayor: sndico procurador del comn, tambin elegido anualmente y cuya eleccin se haca en un tiempo por los vecinos: un mayordomo y un escribano. En el da, el Ayuntamiento, arreglado en todo a lo que prescribe la Constitucin, consta de dos alcaldes elegidos anualmente; 12 regidores, mudados por mitad cada ao; dos procuradores sndicos, igualmente elegidos por mitad cada ao; y un secretario, dotados de los fondos del comn. Este cuerpo est presidido por el jefe poltico, que lo est siendo el capitn general de la Isla, y ste mismo presida el antiguo Ayuntamiento.3 3El doctor D. Flix de Arrate concluy el captulo en que trata del Ayuntamiento con el prrafo siguiente, que he credo trasladar en esta nota: “Reconoce y tiene este ilustre Cabildo por especial patrona y protectora suya a la Pursima Concepcin de Nuestra Seora, como consta de diversos acuerdos antiguos, y de una Real Cdula del ao de 1666, que lo califica, y en consecuencia de la tiernsima devocin con que ha venerado la gloriosa

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ANTONIO JOS VALDS /173 /173 /173 /173 /173 10. Los principales tribunales seculares que se conocen en La Habana son los que en adelante expondr con la brevedad posible, principiando por el de la Capitana General. El capitn general es el gobernador y jefe poltico de la provincia de La Habana, como ya queda insinuado, y tiene jurisdiccin contenciosa slo en lo militar, asesorado de un auditor de guerra; porque aunque antes la tena civil con su asesor, ha pasado al que hoy se llama juez de letras, en que se ha convertido el asesorato de gobierno, nterin las Cortes nominan los otros jueces de letras que ha de haber en los pueblos a razn de 25 000 almas por cada juez. En el tribunal de este juez se conoce en primera instancia de lo contencioso en lo civil y criminal.4 El Tribunal de los alcaldes constitucionales, que en el da tiene a prevencin, conforme a la Ley de 9 de octubre, la misma jurisdiccin que el juez de letras; quedar, cuando stos se establezcan, para juicios conciliatorios. Sus apelaciones son a la Audiencia territorial. 11. Se puede decir que tambin se conoca cierta jurisdiccin contenciosa en el Ayuntamiento, al que se apelaba del teniente letrado y de los alcaldes ordinarios, en las causas que no excedan de 300 pesos. En inmunidad de la Seora, y atendiendo ser patrona de su cofrada hizo el solemne voto de tener, guardar y defender su pureza y gracia original; y de no admitir al uso y ejercicio de los empleos civiles a ninguna persona, sin que precediese este piadoso y formal requisito, cuya funcin ejecut con plausible y ejemplar gravedad el da 8 de septiembre del ao de 1653, pasando en cuerpo de ciudad con todos los jueces, ministros y capitulares que la componan a la iglesia del serfico patriarca S. Francisco, donde en presencia de un numeroso y distinguido concurso hizo el expresado voto etc. etctera”. Me parece que hay alguna inexactitud en esta relacin, pues he tenido en mi mano testimonio de uno de los acuerdos de esta ciudad, por el cual consta que el juramento de defender la pureza de Mara todos los individuos del Ayuntamiento, fue a propuesta que hizo en julio de 1653 el actual gobernador, que era el maestre de campo D. Francisco Gelder, a imitacin, segn deca, de los que haban comenzado a hacer en Espaa las rdenes militares de Santiago, Alcntara y Calatrava: y que esta ceremonia se verific en el mes de septiembre inmediato en el convento de S. Francisco, en manos del licenciado D. Nicols Estvez Borges, cura rector de esta ciudad, y gobernador del Obispado en sede-vacante, y del prelado de aquel convento fray Antonio Villoria: de manera que cuando lleg la circular de 1666, ya el Cabildo de La Habana juraba defender la Concepcin de Mara. 4El juez que preside interinamente este Tribunal, es el oidor honorario D. Leonardo del Monte, ltimo teniente de gobernador letrado. En la antigedad servan este empleo sujetos nombrados por los gobernadores a quienes estaba concedida esta facultad; aunque algunas veces se interrumpa este orden, viniendo a ejercer este cargo algunos provistos por el rey: el que resolvi despus fuesen consultados por el Consejo de Indias, y nombrados por S.M., gozando la prerrogativa de suceder en el gobierno poltico por muerte o ausencia de los gobernadores, de la que quedaron excluidos con el establecimiento de tenientes de rey, que desde 1715 se dispuso que hubiese en esta plaza, para cortar los perjuicios que se ofrecan en vacante de los gobernadores, con detrimento de la causa pblica.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 174\ 174\ 174\ 174\ 174\ semejante caso nombraba el Ayuntamiento dos comisarios, que en consorcio del juez a quo y de los asesores, oan dentro de 30 das, y dentro de diez sentenciaban. Era improrrogable este trmino, pasada una hora de l expiraba la jurisdiccin, la causa quedaba en el estado que tena, y la sentencia era tan irrevocable que ningn superior poda conocer de ella. 12. El Ayuntamiento de La Habana nombra actualmente 16 celadores de polica para intramuros; y este ao vemos 13 ms en la Gua de Forasteros nombrados para los suburbios extramuros: en esta forma: Jess Mara, dos; Guadalupe, cuatro; San Lzaro, dos; Horcn, dos; Jess del Monte, dos, y el Cerro, uno. Las funciones y facultades de los tales celadores son bien sabidas, para ser descritas en esta obra. 13. El Tribunal del Consulado est presidido de un prior, dos cnsules, un asesor y el escribano. Ejerce jurisdiccin contenciosa slo en lo mercantil. El Tribunal de Alzadas, donde por apelacin de las sentencias del anterior se conoce de las causas de mayor cuanta, le preside el capitn general de la Isla, dos colegas elegidos por ste de cuatro que proponen las partes, y un asesor, cuyo dictamen no estn en la obligacin de adoptar los con-jueces: bien que en este caso debe constar asentado en un libro reservado. El escribano es el mismo del Consulado. 14. El considerable ramo de Hacienda pblica est gobernado en la Isla por el superintendente general que reside en La Habana, y los dos intendentes de provincia creados nuevamente en Cuba y Puerto Prncipe. El superintendente es presidente del Tribunal de Cuentas, de la Junta de Diezmos, de la Superintendencia del ramo de cruzada, y juez conservador de la lotera nacional establecida en esta plaza el ao pasado de 1812, de la que dar ms noticia a fines de este Libro. Al Tribunal de la Superintendencia, para lo contencioso civil y criminal, en materias que interesa la Hacienda pblica, lo preside el superintendente: y el Tribunal contencioso de Hacienda, donde por apelacin de las sentencias del anterior, se conocen sujetas a su conocimiento, lo preside el contador mayor decano, y dems ministros letrados, que a falta de oidores en esta plaza, forman la Junta Superior contenciosa, conforme a soberanas disposiciones. 15. Antiguamente estuvo cometida a los gobernadores por diversas cdulas la recepcin o toma de cuentas a los ministros de Real Hacienda,5 con prevencin expresa de que para revisarlas se remitiesen despus al Tribunal de Cuentas de Mjico; pero parece que por los embarazos de los primeros, y la distancia en que residen los segundos, no se pedan ni toman en los tiempos sealados por la ley. La precisa atencin a reparar estos defectos, y hacer menos costosa la data y remisin de 5As lo dice Arrate en el captulo 26 de su obra, pgina 280.

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ANTONIO JOS VALDS /175 /175 /175 /175 /175 cuentas a un tribunal tan apartado, motiv sin duda la ereccin del Tribunal de La Habana, en que se nombr por nico contador a D. Pedro Beltrn de Santa Cruz, y ms adelante se provey otro, que lo fue D. Juan Ortiz Gatica, sin ms dependientes; y aunque se represent la urgencia de ellos varias veces, nada se hubo de resolver, hasta que el conde de Ricla, por el ao de 1764, provey provisionalmente con cuatro, y esta oficina ha ido amplindose sucesivamente, como consta de varios reales decretos expedidos a este objeto; de los cuales creo conveniente copiar la parte principal del de 4 de septiembre de 1811. “El Excelentsimo seor don Eusebio de Bardaji y Azara, primer secretario de Estado e interino del de Hacienda, de Indias, me comunica con fecha de 4 de septiembre ltimo la Real Orden que sigue: Habiendo manifestado el Consejo de regencia a las Cortes generales y extraordinarias los graves perjuicios que se estn siguiendo al Erario y particulares, con el asombroso atraso que se experimenta en el Tribunal de Cuentas de esa Isla en el examen, glosa y fenecimiento de ellas, ha resuelto S.A., de conformidad con la voluntad de S.M., que el expresado tribunal se reduzca, para sus funciones ordinarias, o cuentas corrientes, al nmero de individuos y sueldos de dos contadores con 4 000 pesos cada uno: tres de resultas a 2 000 dem: tres ordenadores con 1 500 dem: un oficial mayor con 1 000: dos con 800 cada uno: tres con 700 dem: tres con 600 dem: un archivero con 500: un escribano con 600; y un portero con 192 pesos. Asimismo ha convenido en que se establezca un departamento provisional de rezagos, para fenecer y concluir las cuentas atrasadas, compuesto de un contador mayor con 4 000 pesos: tres de rezagos con 1 400 cada uno: dos dem a 1 100 pesos cada uno: un oficial con 800: dos dem con 700 cada uno: dos dem a 600, y uno dem con 500. El Tribunal de Cuentas debe entender por funciones ordinarias y cuentas corrientes todas las respectivas al ao de 1810 y sucesivas con los informes y dems peculiares; y habr de empezar sus nuevas labores de glosa y fenecimiento con las de aquel ao, despachndolas precisamente dentro de l, y lo mismo ejecutar inviolablemente en cada uno de los aos consecutivos, con cuyo importantsimo fin queda en el pie referido en cuanto a contadores de las tres clases, y con el propio se suprimen los oficiales de libros, escribientes y entretenidos; cuyas dos ltimas clases, que realmente forman una, servan de poco, y se substituyen en su lugar nueve oficiales con sueldos decentes, para el desempeo de las operaciones ms interesantes, que las que aqullos podan verificar; para lo cual celar el Tribunal, como es debido, la puntual observancia de todos los dependientes a las horas establecidas por ordenanza: de que los administradores rindan la cuenta de su responsabilidad dentro del preciso trmino que est prevenido: proceder a restablecer el mtodo sencillo, claro y distinguido en orden a

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 176\ 176\ 176\ 176\ 176\ cuenta y razn con arreglo a las leyes y rdenes dadas: dedicar todos sus conatos, celo y conocimientos a examinar lo relativo a administracin, rectificndola y proponindole las mejoras de que sea susceptible en todos sus ramos; y en fin evitar por su parte las disputas y personalidades odiosas que se han advertido, y que tanto perjudican al servicio del Estado, deponiendo resentimientos y contribuyendo a la unin y mejor armona con el jefe principal; en concepto que de no llenar sus deberes sealadamente en el fenecimiento de cuentas dentro del ao inmediato, se proceder irremisiblemente a la suspensin del sueldo a los ministros, y a las dems serias providencias que correspondan, dando cuenta puntual en fin de cada ao de su observancia en esta parte, como dispone el artculo 3 de la Real Orden de 6 de enero de 1808. El Departamento de Rezagos, que ha de ser temporal, ha de manejarse con independencia del Tribunal principal, pero el archivero, escribano y portero de ste servirn tambin para aqul. Y para conseguir el esencial objeto a que se dirige el establecimiento, debern pasar a l inmediatamente las cuentas rezagadas hasta el ao de 1809 inclusive, con las operaciones que sobre ellas se hubiesen hecho: porque este trabajo, estando exacto, facilitar la mayor prontitud en el despacho, que deber verificarse con arreglo a las leyes y rdenes dictadas en la materia, siendo de su primera atencin aquellas cuentas, cuyos administradores, fiadores y bienes de unos y otros se hallen afectos o responsables, cuyo escrutinio es fcil hacer por el ndice de las rezagadas en el Tribunal. Por consecuencia entrarn en esta clase con preferencia las del tesorero, D. Jos de Arango, por sus peculiares circunstancias, y que deben estar adelantadas o concluidas; y las de D. Jos Oru etc., etctera”. 16. Yo conozco que con lo expuesto he dicho poco con relacin a la Hacienda pblica en esta Isla; pero no siendo mi intento ser difuso en ningn particular, me limito a lo referido, y algo ms que necesariamente habr de tocar por todo el curso de esta obra. Los intendentes que han gobernado desde el establecimiento de este empleo en La Habana son los seores D. Miguel de Altarriba, propietario, nombrado por Real Cdula de 27 de octubre de 1764 y tom posesin en 16 de febrero de 1765. D. Nicols Jos Rapun, propietario, nombrado por Real Ttulo de 18 de enero de 1773, posesionado en 19 de abril de 1773. D. Juan Ignacio de Urriza, propietario, fue nombrado interinamente por el capitn general en 5 de marzo de 1776, posesionado en 6 de marzo del mismo ao, y por Real Despacho de 15 de marzo de 1776 se le confiri la propiedad. D. Jos Pablo Valiente, interino, por Real Orden de 25 de diciembre de 1786, y tom posesin en 6 de mayo de 1787. D. Domingo Hernani, propietario, por Real Ttulo de 7 de agosto de 1788, y tom posesin en 6 de noviembre del mismo ao. D. Jos Pablo Valiente, propietario, por Real Ttulo

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ANTONIO JOS VALDS /177 /177 /177 /177 /177 de 12 de noviembre de 1791, tom posesin en 16 de febrero de 1792. D. Luis de Viguri, propietario, por Real Ttulo de 31 de marzo de 1799, posesionado en 12 de agosto del propio ao. D. Francisco Manuel de Arce, interino, por Real Orden de 4 de febrero de 1803, posesionado en 13 de julio del mencionado ao. D. Juan Jos de la Hoz, interino, por Real Orden de 31 de agosto de 1803, tom posesin en 20 de diciembre de 1803. D. Rafael Gmez Roubaud, interino, por Real Orden de 16 de diciembre de 1803, posesionado en 11 de junio de 1804. D. Juan de Aguilar, propietario, por Real Ttulo de 12 de enero de 1807, posesionado en 18 de julio 1808. Despus dispusieron las Cortes se estableciesen intendencias de provincia en Cuba y Puerto Prncipe,6 cuyas funciones dieron principio 6“Las Cortes generales y extraordinarias, con presencia de cuanto expuso S.A. por medio del antecesor de V.S.D. Esteban Varea en 27 de abril y 9 de agosto del ao prximo pasado, extensivo al estado de las islas de Cuba y Puerto Rico, y utilidad que resultara de la creacin de dos intendencias ms en aqulla para mejor servicio y administracin de las Rentas Reales; han resuelto: Que la Regencia del reino disponga lo conveniente al establecimiento de las expresadas intendencias, la una en Puerto Prncipe, y la otra en la ciudad de Cuba, las cuales debern estar sujetas a la ordenanza que se forme para todas las dems de Amrica, siguiendo hasta este caso las facultades y obligaciones que prescriben las formadas para el Reino de Nueva Espaa, con la asignacin de 4 000 pesos fuertes cada uno y 600 para gastos de escritorio; y tendrn los respectivos tenientes letrados, y sueldo anual de 1 500 pesos por cada uno, los 1 000, sobre los fondos de propios, y los 500 restantes de las Cajas Reales. Y han resuelto tambin: que el intendente de La Habana lo sea de ejrcito en su respectiva provincia, y superintendente general subdelegado de Hacienda en toda la Isla, para que las otras dos y los dems empleados reconozcan un supremo jefe en los asuntos que requieran su inspeccin conforme a ordenanzas: que las jurisdicciones de stas se compongan de Filipinas y La Habana, que formarn el distrito de esta Intendencia, las cuatro villas y Puerto Prncipe la de este nombre, y la otra del territorio de la villa de Bayamo, y de la ciudad de Santiago de Cuba: que en cada una de ellas haya una junta provincial de Hacienda, compuesta del intendente, su teniente letrado, oficiales reales y promotor fiscal, el procurador sndico personero de la respectiva capital, y dos vecinos honrados, uno labrador y otro comerciante que nombrar el Ayuntamiento precisamente de fuera de su seno, y se renovar uno en cada ao: que la Junta Econmica de La Habana se componga en lo sucesivo de los mismos vocales que ahora tiene, y adems del administrador de rentas de mar, con voto, y del procurador sndico personero, labrador y comerciante ya dichos, y que en la Junta contenciosa no se haga la menor novedad: que dichas juntas provinciales de Hacienda debern juntarse una vez a lo menos en cada semana, con el preciso objeto de tratar del fomento de la agricultura, comercio y artes en la misma provincia, procurando remover los obstculos que detengan su progreso: manifestando al gobierno las providencias que contemplaren necesarias para ello: y asimismo cuidar de recoger todas las noticias estadsticas de su jurisdiccin, de la apertura y recomposicin de caminos, y de todo cuanto contribuya al bien general: que S.A. disponga tambin que se omitan los subdelegados en la isla de Cuba, que previene el Artculo XII de la Ordenanza de Nueva Espaa: como asimismo que los indios, que no tengan jefes militares, se gobiernen por los alcaldes ordinarios bienales elegidos por ellos, con arreglo al Artculo XI para las poblaciones de competente vecindario: y que los mismos alcaldes desempeen las obligaciones de los subdelegados por lo respectivo a la Hacienda pblica llevando su correspondencia con los intendentes, y regenteando por

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 178\ 178\ 178\ 178\ 178\ en 19 de enero de 1813, despachndolas interinamente los respectivos subdelegados hasta la llegada de los seores D. Manuel de Navarrete y D. Jos de Vildsola, intendentes nombrados, para Cuba el primero, cuya posesin tom el da 30 de junio del mismo 1813, y para Puerto Prncipe el segundo. 17. El Tribunal de la Superintendencia del ramo de tabaco se compone del superintendente, asesor, fiscal y escribano. Las apelaciones, siguiendo el sistema antiguo, deban ir al Consejo Supremo de Hacienda, y en el da al Supremo Tribunal de Justicia, que reside en la Corte. Los superintendentes que han tenido el ramo de tabacos, despus de su separacin de la Intendencia, han sido los seores D. Rafael Gmez Roubaud, D. Francisco de Arango y Parreo, como interino, y D. Jos Gonzlez y Montoya, actual. Al capitn general de la Isla se le conoce por juez protector del ramo. Las factoras dependientes de esta principal se hallan establecidas en Cuba, Baracoa, Bayamo, Jiguan, Holgun, Mayar, Puerto Prncipe, Villa Clara, Trinidad, Sancti Spritus, S. Juan de los Remedios, Matanzas, Guanes del Norte y Guanes del Sur. 18. En este utilsimo ramo de agricultura, con que la naturaleza distingui exclusivamente el frtil suelo de la isla de Cuba, gir la Real Compaa de Comercio de esta ciudad, formalizando contratas con la Corte, para proveer hoja de chupar y polvo a las reales fbricas de Sevilla; estipulando las cantidales de cada especie necesaria al consumo anual de los estancos de Europa, y el precio, forma y pago de las remesas;7 hasta que por Real Orden de 27 de junio de 1760 se resolvi estacomisin de ellos la jurisdiccin contenciosa necesaria en este ramo: que igualmente queden extinguidas en La Habana, Puerto Prncipe y Cuba las administraciones de tierra, su contadura y tesorera, debiendo correr los oficiales reales con la administracin de todo ramo, o sus tenientes donde fuesen precisos, menos el de la alcabala de tierra de La Habana, que deber quedar al cuidado del administrador de la Aduana de mar, adems de sus peculiares obligaciones: que a los oficiales reales de La Habana se les reserve el sueldo de 3 500 pesos, que tiene cada uno, y a los de las otras dos intendencias el de 2 500 pesos, al contador 2 500, al tesorero, 2 500: 900 al oficial mayor: 700 al segundo; 500 al tercero y 300 a un portero; que el intendente de La Habana previa la instruccin necesaria, forme y remita a la aprobacin el arreglo de los subalternos de las cajas y la planta que le pareciere, teniendo presente en todo la mayor economa, de modo que el nmero de empleados sea menor que el que ahora tiene la contadura y tesorera de ejrcito; y ltimamente, que si en este nuevo sistema ocurriese hacer algunas variaciones, se autorice al gobernador y al intendente de La Habana, a fin de que puedan verificarlas, instruyendo los respectivos expedientes, dando cuenta a S.A. para que exponindolo al Congreso dispense su soberana aprobacin.—Todo lo que comunicamos a V.S. de orden de S.M. para que hacindolo presente a la Regencia del Reino tenga su cumplimiento.—Dios guarde a V.S. muchos aos. Cdiz 27 de Febrero de 1812.— Jos Mara Gutirrez de Tern Diputado Secretario.— Jos de Zorraquin Diputado Secretario.—Seor Secretario interino del despacho de Hacienda”. 7La ltima que se hizo fue el ao de 1744, en que se expresa que era extensiva hasta 30 aos.

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ANTONIO JOS VALDS /179 /179 /179 /179 /179 blecer una factora por cuenta de la Real Hacienda, nombrando un superintendente de la renta, que lo fue el gobernador de esta plaza D. Juan de Prado, el que, consecuente a su nombramiento y a las instrucciones que se le comunicaron, dio principio al gobierno de ella, presidiendo una junta compuesta de sus jefes el da 1o de marzo de 1761, y se formalizaron sus dependencias y oficinas con un administrador general, un interventor general, un contador, seis oficiales de cuenta y razn, dos de tesorera, dos reconocedores, un visitador de vegas, dos guarda-almacenes y molinos, y seis factores en lo interior. Continu siendo jefe de la renta el capitn general de la Isla, hasta que por Real Orden de 26 de agosto de 1782 dispuso la Corte que la Superintendencia que ste ejerca, se trasladase a la Intendencia de ejrcito con su tribunal y fuero privilegiado para sus empleados; cuya traslacin se verific, siendo intendente D. Juan Ignacio Urriza, posesionndosele de la Presidencia de la Junta; y qued entonces el capitn general slo en la clase de protector del ramo. En posterior Real Orden, de 12 de octubre de 1803, nombr la Corte un director general para el gobierno de la renta, suprimiendo la Junta de Factora, y declar superintendente a D. Rafael Gmez Roubaud, por Real Orden de 5 de noviembre del mismo ao de 803; separando al intendente de ejrcito de todo conocimiento de la Factora: y en este estado subsiste hoy, con independencia absoluta de toda otra autoridad en la Isla. 19. Nadie duda que en caso de subsistir el estanco del tabaco, podra ser muy ventajoso a la masa general de la nacin, administrado con aquel tino, celo y deseo de la pblica felicidad, que debe caracterizar a los jefes, que se hallen acreedores a poner en sus manos semejante negociado. Me expreso as fundado en que, sin embargo del mtodo oscuro y abandono con que se ha mirado, no slo ha hecho fortunas brillantes a varios particulares, y dependientes del vicioso rgimen de factora, sino que se han recibido en sus almacenes hasta fin del ao de 812 como 6 245 000 arrobas de tabaco, de las cuales ha consumido la Pennsula 3 900 000 arrobas, los 2 millones y medio en rama, y las restantes en polvo. Las administraciones y direcciones de Amrica han sido provistas con 738 000 arrobas, las 630 000 en rama, y las dems en polvo: y con el resto se ha provisto este pblico de todo su consumo: cantidades que ha negociado la Factora con el principal de 17 091 693 pesos 6 reales, recibidos por consignacin, y en su total han producido libres, segn clculo aproximado, 177 millones de pesos, sin incluir 5 millones que debe Mjico, y como 500 000 pesos que adeudan las administraciones y direcciones de Lima, Buenos Aires, Panam, Chile, Guatemala y dems de Amrica, y sin incluir tampoco el edificio de la Factora General, avaluado en ms de 800 000 pesos; ni las dems posesiones, tierras y enseres de su propiedad, que ascienden a otro tanto.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 180\ 180\ 180\ 180\ 180\ 20. Estas circunstanciadas noticias, presentadas con la sencillez que van expuestas, harn combinar sobre si es o no conveniente la absoluta extincin de la Factora de Tabacos, considerada como traba que se opone a la libertad en orden a la agricultura. Hay muchos que, supuesta esta consideracin, opinan su abolicin; y otros creen que debe permanecer, defendiendo que es el nico fruto de nuestro suelo, que hace circular por toda la Isla el efectivo numerario; y que tiene la singularidad de venderse en todas pocas, de paz y de guerra, de fertilidad o esterilidad, a un precio fijo y con igual estimacin. Yo ni quiero, ni me concibo suficiente a decidir a favor ni en contra de la Factora; pero s es de mi incumbencia referir, fundado en la experiencia de lo sucedido, que la Factora ha podido llamarse el Montepo de 10 o 12 000 familias indigentes, que se ocupan en el cultivo del tabaco, y con oportunidad se les ha socorrido con dinero en sus urgencias, se les han facilitado esclavos, que las ayudan en sus tareas, se les proporcionan por cortas pensiones pagaderas con el mismo fruto, y con las mismas comodidades que apetecen tierras en que establecerse, y, por ltimo, la Factora promueve y auxilia, a pesar de las oposiciones de algunos potentados, el interesante ramo de colonizacin, contribuyendo a formar poblaciones en los terrenos eriales de casi todos los puntos de la grande extensin de la Isla: como se observa en los terrenos de Filipinas, que se componen de labradores de tabaco; y en muchas partes de lo interior, o vuelta de arriba donde las mrgenes de los ros son habitadas nicamente de vegueros, que viven y existen a pesar de la repugnancia y continuos pleitos de los propietarios, sostenidos aqullos por la Superintendencia: y todo lo expuesto no se crea que tiende a querer sostener la permanencia del estanco. 21. El Tribunal de Marina de este Apostadero le preside su comandante general y al mismo tiempo que es presidente de la Junta y del conocimiento de naufragios, tambin es inspector de este arsenal y astillero y de la tropa de infantera de marina. La comandancia general de marina tiene varias subdelegaciones en lo interior de la Isla y en el da es comandante general el capitn general de la Isla, habindose incorporado aquellas respectivas funciones el ao de 812 en el teniente general de la armada nacional D. Juan Ruiz de Apodaca.822. Las grandes conveniencias que ofreca este puerto para la fbrica y carena de buques de guerra, debieron conocerse desde el principio 8La Jurisdiccin de Marina era de ms extensin en la Isla, antes de las ltimas disposiciones soberanas sobre matrculas, montes y plantos. Entonces se extendi tambin sobre los que habitando en los poblados y campos espontneamente se matriculaban para lo cual haba la Comisara de Matrcula, que revisaba los comprendidos en sus listas. Con respecto al ramo de maderas, dilatbase al conocimiento de las que haban de cortarse, debiendo ser con previa licencia, y se comisaban todas las que sin este requisito encontraban los ministros de marina y celadores que se mantenan en los campos.

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ANTONIO JOS VALDS /181 /181 /181 /181 /181 de su descubrimiento, as por lo excelente de sus maderas como por otras mil proporciones que a nadie se le ocultan, aunque parece que ni el rey ni los particulares quisieron o pudieron aprovecharse de sus utilidades, hasta que por los aos de 1626 o poco antes, dispuso el rey que se fabricasen algunos bajeles para la armada de barlovento, que se estableci para guardar las costas de estas islas. Bien que efectuada la dicha construccin por aquel tiempo, creo que hubo de interrumpirse y segn dicen algunos documentos de crdito, el capitn Juan Prez de Oporto y algunos comerciantes fabricaron en lo sucesivo varios galeones y pataches para seguir con ellos la carrera de Indias, con conocidas utilidades: de donde parece provino la prohibicin de la Corte, para que no se cortasen maderas en los montes vecinos, sino las muy necesarias para la construccin y reparo de las casas de esta ciudad. 23. Ms adelante, a principios del ao de 1713 pas a la Corte D. Agustn de Arriola con el intento de representar y promover lo que importara a la monarqua el til establecimiento de semejantes fbricas, de donde creo que diman el proyecto que el mismo ao se form por D. Bernardo Tinajero, secretario del Consejo de las Indias, cuyas reglas y disposiciones fueron, como escribe D. Gernimo de Ustariz, reconocidas y aprobadas por D. Antonio de Castaeta, sujeto inteligente y conocido por tal en toda Europa. 24. Se propuso en l a S.M. lo conveniente que sera la construccin de diez navos en este puerto, con el fin de que escoltasen las flotas y galeones y asimismo se expusieron varias razones que demostraban la utilidad de semejante proyecto, como tambin lo preferente que eran los navos construidos con estas maderas, a diferencia de las de Europa, no slo por su duracin, sino por la ventaja que resulta en los combates navales de verse libres de los astillazos que daan la tripulacin, an ms que la misma bala que los ocasiona. 25. Pero sin embargo de tan fundadas consideraciones para el logro del objeto indicado, creo que no tuvo su efecto hasta el ao de 1724 o 25 en consecuencia de real orden correspondiente, y la construccin de buques se efectuaba entre la Fuerza y Contadura; pero se notaron algunos embarazos a causa de la poca extensin y comodidad del citado paraje, se dispuso la traslacin del Arsenal a la situacin en que hoy se halla,9 la que es mucho ms proporcionada para la colocacin de oficinas y separacin de otros asuntos que necesariamente concurriran, como concurren al lugar antiguo en que se hallaba. 26. Los adelantos expresados y la excelente situacin de este puerto, motivaron la traslacin a l de la armada llamada de barlovento, la que se verific el ao de 1748, habiendo tenido hasta entonces su ancla9Arrate, cap. 18.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 182\ 182\ 182\ 182\ 182\ je en Veracruz, puerto desabrigado y peligrossimo por los vientos nortes, que all soplan fuertemente, haciendo lastimosos estragos. 27. Los comandantes generales que desde el citado ao de 48 han mandado en este puerto, son los siguientes: teniente general, D. Rodrigo de la Torre; dem, D. Andrs Regio; capitn de navo, D. Jos Montero; dem, D. Jos de Rojas; dem, D. Juan de Lngara; teniente general, D. Blas de la Barreda; dem, D. Gutirrez de Evia; capitn de navo, D. Jos Septiein; dem, D. Manuel de Flores; jefe de escuadra, D. Juan Antonio de la Colina; teniente general, marqus de Casinas; dem, D. Miguel Gastn; teniente general, D. Juan Bonet; dem, D. Jos Solano y Bote; teniente general, D. Juan de Araoz; dem, D. Juan Mara Villavicencio; brigadier, D. Juan de Herrera; teniente general D. Ignacio M de lava; dem, D. Juan Ruiz de Apodaca, primer jefe de mar y tierra. 28. Los primeros navos segn se echaban al agua en este Apostadero, costaban un trabajo inmenso; por no haberse puesto en prctica la construccin sobre gradas, y as se usaba del auxilio de muchas yuntas de bueyes, lanchas al remo y vela, y el impulso de gatos de hierro, por lo que tardaba en nadar cada buque cinco o seis das. Despus se construan en gradas y aunque se arrojaban al agua en un instante, se observ que se quebrantaban al caer en ella, acaso por la grande inclinacin que hacan, y en su lugar se formaron despus diques, que son como generalmente se sabe, unos grandes cncavos de donde se extrae el agua por medio de compuertas, mientras se fabrica el navo, las que se abren una vez concluido en el Arsenal y sale sin la menor lesin.1029. Los buques que se han construido segn consta del Diario de Gobierno de la Habana publicado en esta ciudad el 28 de febrero de 813, son los siguientes: Razn de los buques Construidos en el Arsenal de La Habana NombreCa.sAos en que se hicieron Navo San Juan 501724 Navo San Lorenzo 501725 10El Arsenal est situado al poniente de la ciudad en el extremo que mira al sur, a continuacin de la muralla. El espacio que ocupa en circunferencia podr ser de una milla. Contiene almacenes de maderas y dems materiales para la construccin de buques, aunque en el da ni siquiera se carenan sino los muy precisos. La sierra de agua tiene nombre fuera de la Isla y es una mquina gobernada por medio de un eje, que tiene una gran rueda movida por un cauce de agua de la Zanja Real que entra en el Arsenal. Tiene varias hierros que asierran a un tiempo, varias tosas sin ms trabajo personal que el conducirlas y colocarlas en ellas. El mecanismo es muy sencillo y su utilidad es bien conocida.

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ANTONIO JOS VALDS /183 /183 /183 /183 /183 d. San Jernimo (a) El Retiro 501726 Paquebot San Antonio (a) Triunfo 161726 Navo Nuestra Seora de Guadalupe (a) El Fuerte 601727 Fragata Santa Brbara (a) La Chata 221727 Navo San Dionisio (a) El Constante 541728 Paquebot El Marte 161730 d. El Jpiter 161730 Navo Nuestra Seora del Carmen 641730 d. San Cristbal 2 Constante 601731 Navo San Jos (a) El frica 601733 d. Ntra. Sra. del Pilar (a) Europa 601734 d. Ntra. Sra. de Loreto (a) Asia 621735 Fragata Sma. Trinidad (a) Esperanza 501735 d. San Cristbal (a) Triunfo 241735 Navo N. S. de Beln (a) Amrica 621736 Fragata Santa Brbara (a) Estrella 241737 Navo Santo Cristo de Burgos (a) Castilla 601738 Navo Santa Rosa de Lima (a) Dragn 601738 Fragata Ntra. Sra. de Guadalupe (a) Bizarra 501738 Navo San Ignacio (a) Invencible 701740 d. Ntra. Sra. de Beln (a) Glorioso 701740 Navo Nuestra Seora del Rosario (a) Nueva Espaa 701743 Navo San Jos (a) Nuevo Invencible 701743 d. Jess, Mara y Jos (a) Nuevo Conquistador 641745 Navo Santa Teresa de Jess 641745 d. S. Francisco de Ass (a) Nueva frica 701746 Navo Santo Toms (a) Vencedor 701746 Fragata Santa Rosala (a) Flora 241747 Navo San Lorenzo (a) Tigre 701747 d. San Alejandro (a) Flix 801749 d. San Pedro (a) Rayo 801749 d. San Luis Gonzaga (a) Infante 701750 d. Santiago el Mayor (a) Galicia 701750 d. Santa Brbara (a) Princesa 701750 Bergantn Santa Teresa (a) Triunfo 161757 Fragata Santa Brbara (a) Fnix 181758 Bergantn San Carlos (a) Cazador 181758 Navo San Eustaquio (a) Astuto 601759 Paquebot San Blas (a) Volante 181760

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 184\ 184\ 184\ 184\ 184\ Fragata N. S. de Guadalupe (a) Fnix 221761 Goleta San Isidro 141761 Navo San Genaro 601761 Navo San Antonio 601761 Bergantn San Jos 141761 Navo San Carlos 801765 Goleta San Julin 161765 Navo San Fernando 801765 Goleta San Joaqun 161766 Navo Santiago 601766 Goleta San Lorenzo 161766 d. San Antonio de Padua 161767 d. Santa Clara 101767 d. Santa Isabel 101767 Navo San Luis 801767 Goleta Santa Rosala 161767 Paquebot San Francisco de Paula 181768 Navo San Francisco de Paula 701769 Navo Santsima Trinidad 1121769 Goleta San Jos 121769 Navo San Jos 701769 Goleta Nuestra Seora de Loreto 121770 Fragata Santa Luca 261770 Chavequn El Caimn 301770 Navo San Rafael 701771 Navo San Pedro Alcntara 621771 Bergantn San Juan Bautista 121772 d. San Francisco Javier 121772 Goleta Santa Elena 121772 Paquebot San Carlos 181772 Navo San Miguel 701773Navo San Ramn 601775 Gnguil San Julin 1775 d. San Salvador de Orta 1775 Fragata Santa Agueda 461776 Bergantn Santa Catalina Mrtir 101776 Fragata Santa Cecilia 461777 d. Santa Matilde 461778 Goleta Santa Teresa 121778 Fragata Nuestra Seora de la O 401778 d. Santa Clara 401780 Navo San Cristbal (a) Bahama 701780 Bergantn El Pjaro 161780

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ANTONIO JOS VALDS /185 /185 /185 /185 /185 Goleta El Viento 141780 d. dem la B111781 Paquebot Borja 141782 Pontn San Pedro 1782 d. San Pablo 1782 Navo San Hiplito (a) Mejicano 1141786 Navo Conde de Regla 1141786 Fragata Guadalupe 401786 Real San Carlos 1141787 Fragata La Catalina 441787 Navo San Pedro Alcntara 641788 Fragata Ntra. Sra. de las Mercedes 401788 Navo San Hermenegildo 1201789 Fragata Atocha 401789 Navo San Jernimo (a) Asia 641789 Bergantn San Carlos (a) Volador 181790 Navo Soberano 741790 Fragata Minerva 141790 Bergantn El Saeta 181790 Pontn No 1 “1791 d. N 2 “1791 Ganguil N 1 “1791 d. N 2 “1791 d. N 3 “1791 d. N 4 “1791 Navo El Infante Don Pelayo 741791 Fragata Ceres 401791 Fragata Gloria 441792 Navo Los Stos. Reyes (a) Prncipe de Asturias 1201793 Bergantn San Antonio 181794 Fragata Santa Ursula (a) Anfitrite 441796 Navos 49. Paquebotes 7. Fragatas 22. Bergantines 9. Goletas 14. Gnguiles 4. Pontn 4. Total 109.12 11En el original manuscrito no se halla inteligible el nombre de este buque.12El concurso que se notaba el da que se echaba un navo al agua era siempre extraordinario, cuando se usaba la grada se hallaba sta colocada a la orilla del mar con un grueso descenso y los asientos llenos de sebo, sobre los cuales estaba el navo atado por la popa con fuertes cables que llaman bozas, y sostenido por muchos maderos clavados ligeramente en los costados. El director de ingenieros de marina diriga ordinariamente la accin. Primeramente se sacaba los contretes, que son unos pedazos de madera a manera de cuas: picbanse las bozas con unas hachas, y el navo iba al agua soltando luego

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 186\ 186\ 186\ 186\ 186\ 30. Con relacin a la marina se conoce tambin el ministro o intendente de Marina, donde se lleva cuenta y razn de los gastos de este ramo. Los ministros principales que ha habido en este Apostadero son el intendente de marina, conde de Macuriges; el comisario de guerra, D. Francisco Javier de Matienzos; el de igual clase, D. Domingo Hernani; el comisario ordenador, D. Domingo Pava; el de la misma clase, D. Antonio Mara Arturo, y el comisionado de guerra, D. Toms Croques. 31. Se conocen todava otros tribunales seculares, como el de artillera, ingenieros, el del Protomedicato y el de la Compaa Nacional Mercantil, de que es juez protector el capitn general y escribano el del gobierno. 32. En cuanto al gobierno eclesistico, la Isla se halla dividida en dos obispados, con aprobacin del S.S. Po VI. Antes era una sola Dicesis con extensin a las provincias de la Luisiana y dos Floridas, hasta el ao de 1788, y sufragnea de la de Santo Domingo de la isla Espaola: El Obispado de La Habana se extiende hasta Puerto Prncipe inclusive; y el de Cuba, que tambin es Arzobispado o Metropolitano13 sigue hasta el extremo oriental de la Isla. 33. El Tribunal eclesistico de La Habana le preside el ilustrsimo diocesano. Tiene facultad de nombrar un provisor: hay un fiscal y de oficio suele nombrarse otro eclesistico por defensa de matrimonios en los juicios contenciosos, sobre la nulidad o validacin. Tiene varios notarios y los dos principales son conocidos con los nombres de notario de capellanas y notario de matrimonios por sus respectivas funciones. Se apela de este tribunal para ante el Metropolitano que como dejo indicado, es el de Cuba. Los recursos de fuerza que se interponen por los litigantes, abusando las ms veces de este remedio, se elevan a la Audiencia territorial, a quien toca declarar si el juez eclesistico hace o no fuerza. 34. Se conoce tambin la Junta de Diezmos, que es la que interviene en los remates y modo de recaudarlos, y se compone del intendente, dos cannigos, el contador mayor decano del Tribunal de Cuentas, el contador principal del ejrcito, el fiscal de Hacienda nacional, el contador de Diezmos y un escribano. 35. La Comisara General de Cruzada y receptora de mesadas y medias annatas eclesisticas la preside un eclesistico en calidad de juez. Se asesora con el de la Intendencia: tiene representacin el fiscal de Hacienda pblica y hay un escribano que a su voluntad nombra el juez. que encontraba en ella todo cuanto tena clavado. Es indecible el jbilo que al concurso ocasionaba este acto, al ver desprendida aquella gran mole, que se lanzaba de la tierra al mar. La alegra de las gentes y grita de la chusma, conmovan el nimo ms insensible. 13La Iglesia de Cuba fue erigida en metropolitana por el S.S. Po VII en el ao de 1804.

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ANTONIO JOS VALDS /187 /187 /187 /187 /187 36. El extinguido Tribunal de la Inquisicin constaba de un comisario, notario alguacil mayor, receptor, consultores, calificadores, familiares y honestas personas. 37. El Tribunal de la Real y Pontificia Universidad se compone del rector, vice-rector, cuatro consiliarios; tesorero, fiscal; maestro de ceremonias y secretario. El rector tiene jurisdiccin privativa en lo civil y criminal sobre todos los escolares, lo mismo que el maestre de escuela de Salamanca. Es electivo cada ao como los dems oficios y debe recaer en los religiosos del gremio que lo sean del Orden de Predicadores, por estar situada en su convento la Universidad. 38. El despacho de Correos de la Isla est a cargo del administrador principal que reside en La Habana y el orden que se observa para la comunicacin interior es el que se entiende de la instruccin siguiente publicada en La Habana por el mes de junio de este ao de 813. “En 4 de marzo del ao prximo pasado empez la Administracin de Correros a despachar, nterin permitiesen las circunstancias y con aprobacin del gobierno, un correo semanal en lugar de dos al mes, que era lo que estaba establecido: su objeto fue como se manifest en el aviso que se dio al pblico en 10 de febrero del mismo ao, contribuir con la ms circulacin de los correos ordinarios, al mayor aumento de las luces y conocimientos que empezaban a desarrollarse y sostener los valores de la renta para cubrir una parte de sus muchas atenciones. Lejos de lograrse esto, sea por la circulacin en el giro de correspondencias, sea por la sencillez que van tomando los negocios judiciales, como una resulta de la sabia Constitucin que tenemos, se ha visto en el espacio de 15 meses que hace se estableci provisionalmente el correo semanal, que han minorado progresivamente sus entradas, hasta el extremo de no poder atender sus obligaciones terrestres. En este estado y mientras resuelve el gobierno de la nacin sobre los planes de economa y de aumento que se han propuesto por esta administracin; la sera preciso volver a fijar los correos a cada 15 das: pero deseosa de ser til mientras pueda, y que los asuntos de oficio y correspondencia particular tenga el mayor giro posible, consult al Excmo. Sr. capitn general, jefe superior de la Isla, reducir los correos semanales a tres al mes: despachados, los das 10, 20 y ltimo de cada uno de ellos y habiendo sido de la aprobacin de S.E. por los fundamentos en que apoy la administracin su consulta, saldr el primero en este orden de aqu, y de Cuba el 10 del prximo mes de julio y seguir as, mientras puedan sostenerse sin mayor gravamen, como se espera, porque reducidos a tres mensualmente dichos correos, muy rara vez dejara de llegar el ordinario con tiempo suficiente para contestar y se avisa al pblico para su conocimiento. ”Tambin se noticia que a instancias de los vecinos de Ceiba Mocha y partidos colindantes se consult al gobierno y aprob en 14 de marzo

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 188\ 188\ 188\ 188\ 188\ del ao prximo pasado, que se crease estafeta en dicho pueblo, para que dejase y recogiese la correspondencia que ocurriese al trnsito por all del correo de Cuba, y se ha verificado, encargando aquella administracin al que lo es de renta D. Rafael Gmez”. Con respecto a correos martimos, no hay en el da el mejor orden establecido, a causa de los embarazos que han trado las vicisitudes de las ltimas guerras. Las administraciones subalternas que se conocen son: las de Cuba, Baracoa, Bayamo, Holgun, Puerto Prncipe, Sancti Spritus, Trinidad, San Juan de los Remedios, Villa Clara, Matanzas, Jaruco, Santa Mara del Rosario, Guanabacoa y San Antonio. 39. Ofrec a principios de este Libro tocar sobre la lotera nacional establecida en esta ciudad por el ao de 812, y creo que con lo que a continuacin se leer, habr lo suficiente para que cualquiera curioso, que lo ignore, forme idea de este establecimiento. La lotera se compuso en su principio de 10 000 acciones de a 4 pesos cada una, contenidas en otros tantos billetes, de los cuales una parte se divide en medios, cuartos y octavos, ascendentes todos a la cantidad de 40 000 pesos. De esta misma cantidad deba deducirse en cada sorteo para S.M. por regala del establecimiento y para los gastos precisos a su conservacin y buena administracin un 25 % que importaba 10 000 pesos. De modo que con la dicha deduccin quedaban a favor de los accionistas 30 000 pesos. Los premios que se distribuan iban expresados en la siguiente tabla: Premios que se han de distribuir 1 premiode$10 000 1 d.5 000 2 d.2,0004 000 4 d.1,0004 000 20 d.2004 000 30 d.l003 000 58$30 000 40. Pero como el gusto por el juego de lotera prevaleci en toda la Isla, vinieron a ser pocos los billetes, y se tuvo por conveniente aumentar su nmero en el modo que explica la tabla siguiente: Doce mil quinientos billetes a 4 pesos hacen$50 000 Regala de la nacin, 25 %12 000 Lquido$37 500 1 premiode12 000$12 000 1 d.6 0006 000 2 d.2 0004 000

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ANTONIO JOS VALDS /189 /189 /189 /189 /189 4 d.1 0004 000 4 d.5002 000 25 d.2005 000 44 d.1004 500 82 premios importantes$37 500 41. Para el despacho de las causas judiciales hay en esta Isla buen nmero de abogados, escribanos y procuradores, y esto sera lo menos, si no hubiese para fomentar litigios, la gran porcin de firmones y diestros picapleitos, de que dejo dicho alguna cosa. En La Habana solamente se cuentan en el da 75 abogados, sin contar algunos eclesisticos: el nmero de escribanos pblicos llega a 14, sin contar los tenientes, el de escribanos nacionales a 21 y procuradores hay 11, segn consta todo de la Gua de Forasteros de 1813. Segn calcul un escritor habanero, hablando sobre este particular, los abogados en toda la Isla pasan de 150, siendo igual el nmero de bachilleres que defienden sin derecho de firma, y contando la infinidad de papelistas que hay, no creo errar, dando por efectivos 850 individuos empleados en el bullicioso concurso de los pleitos. El mismo autor refiere que una de las ms curiosas disposiciones del marqus de la Torre, dar idea cabal del producto de este ramo. Asombrado este gobernador al reparar tanto cmulo de autos y litigios, dispuso en el ao de 1773, se le presentase una cuenta individual de todas las costas que en aquel ao se pagaron en todos los oficios y result un total de 114 000 pesos, advirtiendo que en este cmputo no entraron aquellas menudas partidas que causaron los juicios verbales ante los alcaldes ordinarios y dems jueces. Si esto fue slo en aquel ao en La Habana a cunto ascender en el da!... aunque es inconcuso que la Constitucin contiene mucho el curso de estos desrdenes.

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Libro OctavoSUMARIO1. Primeras erecciones de catedral. 2. Incendios en la Catedral de Cuba. 3. Nuevas catedrales destruidas. 4. Construccin de otras catedrales. 5. Bendicin de la ltima que se construy. 6. Proyecto de una catedral principiada en 1810. 7. Losa hallada en las excavaciones de la nueva Catedral. 8. Sigue lo mismo. 9. Destruccin de la ante dicha losa. 10. Creacin de oficios de Catedral. 11. Cabildo eclesistico de Cuba. 12. Estado miserable en que existi. 13. Los obispos de Cuba pasaron su residencia a La Habana. 14. Parroquial antigua de La Habana 15. La Catedral actual. 16. Libros parroquiales. 17, 18, 19 y 20. Continuacin de lo mismo. 21. Auto de divisin de la Isla en dos Obispados. 22. Obispos de Cuba, ilustrsimo White. 23. D. fray Bernardo de Mesa. 24. D. fray Juan Flandes. 25. D. fray Miguel Ramrez. 26. D. fray Diego Sarmiento. 27. D. Fernando Urango. 28. D. Bernardino de Villalpando. 29. D. Juan del Castillo. 30. D. fray Antonio Daz Salcedo. 31. D. fray Bartolom de la Plaza. 32. D. fray Juan de las Cabezas. 33. D. fray Alonso Enrquez de Almendriz. 34. D. fray Gregorio de Alarcn. 35. El doctor D. Leonel de Cervantes. 36. D. fray Jernimo de Lara. 37. D. Martn de Zelaya. 38. D. Nicols de la Torre. 39. D. Juan Montiel. 40. Doctor D. Pedro Reyna Maldonado. 41. Doctor. D. Juan de Santo Matas. 42. D. fray Bernardo Alonso de los Ros. 43. D. Gabriel Daz Vara Caldern. 44. Invasin de 800 franceses en Cuba en 1678. 45. Gobierno del ilustrsimo D. Juan Garca de Palacios. 46. D. fray Baltasar de Figueroa. 47. D. Diego Evelino de Compostela. 48. D. fray Jernimo Valds. 49. Doctor D. Francisco Izaguirre. 50. D. fray Gaspar de Molina. 51. D. fray Juan Lazo de la Vega. 52. Doctor D. Pedro Agustn Morell. 53. Doctor D. Santiago Jos de Hechavarra. 54. Doctor D. Antonio Feli de Centeno. 55. Ilustrsimo D. Joaqun de Osez y Alza. 56. D. Felipe Jos de Trespalacios, primer obispo de La Habana. 57. Ilustrsimo D. Juan Daz de Espada. 58. Obispos auxiliares. 59. Renta decimal.1. Por lo que corresponde a la parte eclesistica de esta obra, como era fcil que pudiese errar o que no diese noticia capaz de hacer formar idea regular a mis lectores, ignorantes en este particular, he adoptado mucho de lo que dej escrito el ilustrsimo Morell en la relacin de su visita anteriormente citada, fundndose en que ninguno mejor que un prelado estudioso y aplicado al desempeo de su ministerio, como creo que l lo fue, pudiera haber relacionado este asunto con

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ANTONIO JOS VALDS /191 /191 /191 /191 /191 ms exactitud y maestra. El citado obispo refiere que la Catedral fue primeramente erigida el ao de 1518 en Baracoa por el pontfice Len X. Despus por la incomodidad que haba de atender desde aquel paraje al remedio espiritual de los pueblos restantes de la Dicesis y suprimida la de Baracoa, se levant otra en el pueblo de Santiago. Ejecutolo as Adriano VI a los 28 de abril de 1522. Esta providencia parece haber sido muy justa porque la Catedral quedaba en la punta oriental de la Isla y hasta la occidental se cuentan como 300 leguas. Pero igualmente es preciso confesar que si la ereccin en Baracoa no pareci arreglada por este motivo, tuvo otro poderoso y urgente en que fundarse. Es sabido que las providencias que se dieron para la conquista de la Isla, vinieron de La Espaola, y a ella nicamente poda ocurrirse en solicitud de otras para continuar la empresa, como que slo se trataba en aquel tiempo de la comunicacin ms fcil y frecuente de esta Isla con La Espaola, y Baracoa dista poco ms o menos 24 leguas de aquella isla. Este propio motivo se tendra presente para la nueva ereccin de la Catedral en la villa de Santiago, 80 leguas al oeste de Baracoa, y fuera de sta la ms inmediata a La Espaola. Prescindiendo de semejantes circunstancias, ni Baracoa, ni Cuba deban de servir de capitales, solamente la poblacin que, hallndose en el centro, proveyese con prontitud a las dems de su dependencia: pero sea lo que fuese la villa de Santiago se honr con el distintivo de ciudal y su parroquia con el de Catedral. 2. sta se situ en un terreno dominante de la Plaza Mayor, que mira al sur, y queda en el centro de la poblacin. En su estructura y adornos parece haberse puesto el esmero que en otras de su propio tiempo. Slo consta que se aplicaron para este fin las tercias partes de los diezmos de su feligresa; pero sta fue una providencia general para las dems iglesias de la Isla y sobre que no poda contarse para gastos considerables, por la tenuidad de los diezmos con que en aquella poca se contribuan. La iglesia, pues, aunque vari de nombre, no vari de condicin: quedose de Catedral en la propia miseria que cuando parroquia y en el ao de 1526 experiment la ltima calamidad, por medio de un incendio tan voraz, que la redujo a cenizas. Con este quebranto lleg a tal decadencia que por el ao de 1532 se pens suprimirla, y que el Obispado se convirtiese en abada. As lo propuso el gobernador Manuel de Rojas, aunque sin efecto, pues no slo fue desatendido, sino que por el mismo tiempo se expidi orden para que en la Corte de Roma se solicitase conmutacin de la ltima voluntad del gobernador Velzquez, a fin de que 2 000 ducados que dejaba para obras pas, fuesen aplicados para la reeditacin de la Catedral. Consiguiose por este medio y por otros que la Corte ministrara la construccin de otra iglesia, que dur hasta 1602, que los piratas la quemaron.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 192\ 192\ 192\ 192\ 192\ 3. La tercera Catedral que sigui a los antecedentes padeca de los defectos de ms reducida e indecente, por no haber medios para dar la decencia correspondiente. Tanta era su pobreza, que siendo dos sus campanas, se raj la mayor, y bajndola por intil, qued la menor sirviendo para cuantas ceremonias y funciones se ofrecan. Estas necesidades hubieron de remediarse con el tiempo, y la iglesia se fabric de nuevo con ms extensin y formalidad, hasta que por octubre del ao de 1662 padeci el quebranto de que ya habl en otro Libro, dejndola los ingleses inservible. Fue preciso abandonarla por el justo temor de que cayendo repentinamente, quitase la vida a los que la ocupaban. Y como la sacrista qued intacta, se subrog para los sagrados ministerios, hasta que se pasaron a ejercer en una casa reducida, que se levant en el cementerio. 4. No habiendo fondos para la ereccin de otra Catedral, se recogieron algunas limosnas y se entregaron a un D. Francisco Ramos el que con ellas y su grueso caudal, puso la ltima mano a esta obra por el ao de 1666, en que se bendijo: y desde entonces estuvo sirviendo hasta el de 79, en que se arruin la capilla mayor con un temblor de tierra acaecido. El resto aunque qued en pie, no se pudo hacer uso de l, por no contemplarle seguro, y al fin se derrib a costa de mucho trabajo, y se tiraron lneas para otro templo de mayor capacidad y fortaleza, y qued al fin una catedral bastante fuerte y de regular decencia en su lnea, aunque, por otra parte, un poco reducida para lo numeroso del pueblo. 5. Faltaba an la construccin de una oficina tan precisa como la sacrista y se habra hallado sin duda perfecta, si la limosna de los 10 000 pesos que el rey hizo, se hubiesen cobrado enteramente; pero cuando an se restaban 2 000 de los librados sobre vacantes de obispados del Reino de Nueva Espaa, se determin ocupar la nueva iglesia, a causa de que la estrechez e indecencia que se experimentaba en un cuarto provisional que supla esta falta, se haca ms sensible cada da. Proveyose pues a los 11 de julio de 1690, que la maana del 22 se bendijese, y todo se practic con la correspondiente solemnidad. El costo de esta nueva iglesia se redujo a 20 000 pesos, los 15 000 efectivos, y los restantes en valor de materiales de la antigua que se aprovecharon. 6. El seor Morell se detiene mucho describiendo el estado que tena la Catedral en todas sus partes, sin exceptuar los altares, alhajas, ornamentos y otras menudencias que omito por no considerarlas de tanta importancia para ser extractadas y paso a decir que en 5 de agosto de 1810, el ilustrsimo arzobispo doctor D. Joaqun de Osez y Alza, de acuerdo con el gobernador D. Pedro Surez de Urbina, determin dar principio a la obra de una nueva Catedral que estaba proyectada, a la cual se procedi, ponindose la primera piedra con el mejor lucimiento y aplauso general del pueblo, sin embargo de ruidosas contradicciones que an

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ANTONIO JOS VALDS /193 /193 /193 /193 /193 penden: y a esta fecha se halla el edificio muy adelantado, no obstante la carencia de los fondos que tom el rey en emprstito hace aos. 7. Es de notar que en 26 de noviembre del mismo ao, se encontr en una de las excavaciones que se hicieron cerca del presbiterio de la antigua iglesia, una losa de mrmol, rota a su largo, cuyos pedazos eran de una vara y dos tercias y el ancho entero una vara, en la cual, examinada, se lee lo siguiente: ETIAM SUMPTIBUS, HANC INSULLAM DEBELAVIT AC PACIPICAVIT HIC JACET, NOBILISSIMUS AC MAGNIFICENTISSIMUS DOMINUS DIDACUS VELASQUEZ, INSULARUM YUCATANI PRESES QUI EAS SUMMO OPERA REBELAVIT IN HONOREM.DEI OMNIPOTENTIS AC ( aqu est quebrada la losa )SUI REGIS ( aqu tambin ) IVIT IN ANNO DOMI MDXXII8. Consta del pedazo principal, que tena tres cuartas y tres pulgadas y con los cuatro pedazos hallados posteriormente en patios de varias casas de la ciudad, que llegaba a una vara y dos tercias, y le faltaba para su completo la mitad del escudo de armas grabado al pie de la inscripcin. 9. Todos estos fragmentos se mandaron a conservar hasta la conclusin de la iglesia, con el fin de colocarlos en el ms digno lugar, con un funeral suntuoso, pero no se debe ocultar a la posteridad que no existe ya tal monumento, pues, habiendo determinado el Ayuntamiento de aquella capital colocar la lpida de la Constitucin segn est prevenido, se ech mano de la referida losa, cuando habra facilidad de conseguir otra ms del caso, y conservar aquella memoria que acaso era la ms antigua de la Isla, y ha sucedido lo que era de esperar, pues, el artfice la quebr; y sobre privarnos de monumento tan apreciable ha venido a grabar la poca en uno de sus pedazos. La crtica de los tiempos futuros no podr menos que recordar este suceso irreflexivo, que la historia debe indicar con colores vivos. 10. Erigida que fue la Catedral en la ciudad de Santiago, y nombrado por obispo a D. fray Juan de White,1 del Orden de Predicadores,2 segn 1Algunos aseguran que el primer obispo de la Catedral de Cuba fue D. fray Bernarno de Mesa, del Orden de Santo Domingo, electo en 1516, aunque no vino a esta Isla: y que en 1518 le sucedi el maestro fray Juan de Garcs, del Orden de San Francisco, nombrado, que tampoco vino a su Obispado; de suerte que hacen tercer obispo a D. fray Juan de White, del Orden de San Francisco, nombrado en 1522 y que tampoco vino a esta Isla: hasta que en 1526 fue electo el maestro fray Juan Flandes, que fue el primero que vino a esta Dicesis, la que se le mand dejar para que pasase a Francia de confesor de la reina, mujer de Francisco I.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 194\ 194\ 194\ 194\ 194\ lo dice el ilustrsimo Morell, aunque otros creen que fue franciscano, se le comunic la facultad para la creacin de las dignidades, prebendas y dems oficios que tuviese por conveniente al servicio de la Catedral. Hallndose pues, en Valladolid, procedi da 8 de marzo de 1523 a erigir seis dignidades, diez canonjas, seis raciones y tres medias, seis capellanes, seis aclitos, sacristn, organista, pertiguero, mayordomo, secretario y perrero; y por no ser bastantes los frutos para la manutencin de todas las plazas referidas, dej slo corrientes las seis dignidades, cinco canonicatos y tres raciones enteras, y suspendi las dems para cuando las rentas creciesen. Esta providencia no se verific, sin embargo, por lo respectivo al primer particular, pues al cabo del dilatado transcurso de ms de 170 aos, nunca se reconocieron existentes, sino dos dignidades, cuatro canonjas y raros ministerios inferiores, con la circunstancia de que al principio se cuidaba tan poco de la previsin de las prebendas, que los clrigos que queran se las usurpaban y era necesario arrojarlos como intrusos. 11. En 19 de enero del ao de 1607, se suprimi una de las cuatro canonjas para el Tribunal de la Inquisicin, quedaron por consiguiente tres y las dos dignidades. Por cdula de 24 de diciembre del mismo ao se mand que las dos prebendas que vacasen, fuesen provedas en magistral y doctoral, y as se practic en los siguientes de 83 y 91. En el de 1694 se aumentaron dos raciones y en el de 1739, una media. En el de 41, la canonja penitenciara y ltimamente en el de 50 otra media racin, con que se hallaban existentes en tiempo del seor Morell 11 plazas mayores que eran el deanato, la chantra, la magistral, la doctoral, la penitenciara, una de merced, la suprimida, dos raciones y dos medias raciones. En el da aparecen en la Gua de Forasteros un den, un chantre, un tesorero, un lectoral, un doctoral, un penitenciario, un magistral, tres raciones y cuatro colocados como medio-racioneros, entre los que se distinguen dos con los empleos de secretario y pro-secretario. 12. El seor Morell refiere que como el monto de la cuarta decimal era tan corto en los dos siglos anteriores a su gobierno, no bastaba para la congrua sustentacin de los prebendados: se padeca gran falta de capellanes y ministros inferiores: discurranse medios para que los hubiese; pero por falta de renta fija competente, cuantas providencias se daban, o eran sin efecto, o permanecan poco tiempo los provistos. Para mejor direccin del asunto que se trata y por no haber fondos para mantener dos monaguillos fue preciso despedir a los que servan, y en lugar de ellos poner un negrito llamado Martn, esclavo de la Catedral, para que revestido de opa y calzado de zapatos de baqueta, supliese por 2As lo dice el ilustrsimo Morell, aunque otros creen que fue franciscano.

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ANTONIO JOS VALDS /195 /195 /195 /195 /195 ellos. Esto sucedi por el ao de 1661 y en lo sucesivo poco se adelant, hasta el ao de 716, en que con motivo de la visita del seor obispo Valds, se proveyeron las plazas de cuatro capellanes de coro y otros tantos monacillos. Por este pie se mantena la Catedral por el mes de febrero de 1721, en que pas el seor Morell a servir el deanato de ella, y se fueron aumentando nuevos oficios hasta el estado actual que queda explicado anteriormente. 13. Los obispos de Cuba, antes que se dividiera la Dicesis, tuvieron ordinariamente su residencia en La Habana. Parece que la causa de esta eleccin fue el mayor vecindario, concurso general de gentes y crecido nmero de negocios, y todo esto exigira para su buen orden el respeto presencial del prelado: aunque es preciso no olvidar que esta mudanza del gobierno a La Habana, fue una de las causas principales que han contribuido al atraso de la parte oriental y su capital. Con respecto a la Catedral, aunque no sigui el mismo destino, sin embargo de los esfuerzos hechos para lograrlo, ha experimentado diferentes ruinas y desgracias de otra naturaleza. 14. En La Habana, la primera iglesia se distingua con el nombre de mayor, siendo su patrono y titular San Cristbal. Su situacin era la que en el da tiene el palacio de gobierno, con la puerta principal al occidente, las dos laterales al septentrin y medioda y el altar mayor al oriente. Su exterior era tan ordinario que por la parte oriental y meridional ms bien pareca casa de cualquier particular que templo de Dios. El interior por s solo mirado, tampoco encerraba objeto en que la curiosidad pudiese detenerse; y en una palabra, en aquella iglesia se port tan groseramente la mano de su artfice, que desnuda del ornato del culto, se tomara por una hermosa bodega ms adecuada para parroquial del puerto de Carenas, que para la ltima parroquia de La Habana. Esta iglesia constaba de dos naves, y la sacrista estaba a espaldas del altar mayor, con el que se comunicaba por medio de dos puertas. La ante-sacrista era reducida, sala a la nave colateral y serva para desahogo de los clrigos: a continuacin de ella corran varias oficinas bajas y altas con sus balcones para el cura y dems dependientes de la iglesia, y estas habitaciones correspondan al lado de la Plaza de Armas. Al septentrin estaba el cementerio, cerrado de tapias y frente al costado de la nave principal, digo colateral. La torre estaba situada al occidente, hacia la izquierda de la puerta principal. No guardaba medidas en su arquitectura porque era muy ancha y poco elevada. Tena tres cuerpos, el primero serva de batisterio: el segundo, de habitacin del campanero, y el tercero para el reloj y cinco campanas regulares. El seor Lazo pretendi derribar esta iglesia y fabricar otra en el mismo sitio, pero no lo hubo de conseguir, y continu sirviendo hasta que expulsados los jesuitas, se concluy la que

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 196\ 196\ 196\ 196\ 196\ existe en el da, erigida en Catedral sobre los principios que tenan adelantados aquellos regulares extinguidos. 15. La Catedral actual aparece de una arquitectura regular: su longitud puede llegar a 60 varas con proporcionada latitud, su fachada es agradable, a lo que conducen las dos torres que la adornan con proporcionada elevacin. Pero a su interior faltan los adornos correspondientes, aunque mucho ha mejorado desde que ocup la silla episcopal el seor Espada; y no hay duda que si se uniforman los altares de caoba, por el gusto que se han finalizado dos y contina construyndose otro, la Catedral vendr a quedar en su interior en un estado de decencia en que sobresaldr el buen gusto del que dirige la obra. El edificio tiene tres naves y sus bvedas son de madera, aunque con un orden prolijo. 16. Con respecto a los libros parroquiales despus de haberse quemado los primeros que comenzaban el ao de 1519, por los holandeses piratas que saquearon la villa de San Cristbal, se principiaron los que actualmente existen en el archivo parroquial el ao de 1582: en este mismo se ofici el primer matrimonio, contrado por Francisco Hernndez de Pavn con Mara Rodrguez, el primero natural de la ciudad de Mrida en Castilla la Vieja y la segunda natural de Rivera en Extremadura, por el vicario Nicols Jernimo, cuya partida aparece firmada por el padre Jernimo Minos, siendo cura rector el licenciado D. Nicols Estvez Borges. 17. En 27 de agosto de 1679, se ofici el primer matrimonio por el bachiller D. Antonio Escalante Barroto, teniente de cura beneficiado, a Juan Alonso de los Reyes, indio, natural de la ciudad de Mrida, y Eufrasia de Coca, negra, esclava de doa Luisa de Oporto. 18. En 19 de noviembre de 1600 se bautiz por el padre Gaspar de Salazar a Teresa Angola, esclava de Francisco Snchez, pardo, y Luisa Angola, esclava de Juana Gutirrez. 19. El primero que consta haberse enterrado y aparece en la primera foja del libro primero de entierros en 24 de enero de 1613 fue Mara Magdalena, comadre, la que test ante Juan Bautista Guilisasti. 20. En 6 de abril de 1634 consta la primera confirmacin, hecha por el ilustrsimo seor D. fray Jernimo de Lara al sargento mayor Pedro Ulibarre. 21. La isla de Cuba que hasta el ao de 1788 haba sido comprendida en un solo Obispado, se dividi en los dos que comprende, en el da, como explica el siguiente auto de divisin, que me ha parecido conveniente incluir, como asunto tan principal de este Libro. “En la ciudad de la Habana en 5 de noviembre de 1789 aos, el ilustrsimo Sr. D. Felipe Jos de Trespalacios, obispo de ella, del Consejo de S.M. y el Sr. D. Miguel Cristbal de Irisarri, del propio Consejo, fiscal de la Real Audiencia de Santo Domingo, comisionados para la

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ANTONIO JOS VALDS /197 /197 /197 /197 /197 divisin de la Iglesia de Cuba &c. Habiendo visto este expediente formado para la dotacin de la nueva iglesia Catedral que se va a erigir en esta dicha ciudad, y lo representado por el seor cannigo doctoral de la isla de Cuba D. Juan Crisstomo Correoso a nombre de su Cabildo y prelado, quien se adhiri a ella, a fin de que desmembrndose de ella el territorio que la ha formado, le quede a la suya la renta suficiente a conservar su decoro y que no se envilezca con la particin, segn previene la instruccin soberana de 17 de mayo de 1787 y su apndice de 30 de julio, teniendo presente lo que de oficio se ha actuado para purificar la verdad, los documentos agregados a este fin, sin perder de vista las leyes del Reino, las reales cdulas y disposiciones generales de derecho, con cuanto ver y reflexionar convino, dijeron su seora e ilustrsima y de un acuerdo convinieron en los puntos siguientes. Primero: no ser precisa la reunin de beneficios curados de La Habana y villa de Guanabacoa a la nueva Catedral, segn propuso a S.M. el ltimo prelado en representacin de 16 de julio de 1777. Segundo: no poder servir las seis capellanas de coro de la Catedral que se erige con las 12 que tiene esta parroquia, a causa de que las ocho son de sangre y slo las cuatro de libre colocacin de la dignidad episcopal, con 50 pesos al ao a las que se le asigne. Tercero: la parroquia de La Habana con sus auxiliares y dems de la Dicesis gozarn el noveno y medio de sus fbricas y ovenciones que le pertenecen y siendo estas rentas los 11 000 pesos de ingresos que se represent a S.M. haba para subvenir a la de la Catedral como refiere el apndice de la citada instruccin, percibir slo esta nueva que se erige, los excusados que se le asignen y dems que por derecho le competan. Cuarto: el prelado y Captulo de la sobredicha iglesia, con su presencia del sobrante del caudal de fbricas, deducidas las obligaciones, formalizar una capilla de msica proporcional, sin contar con la de la parroquia que hasta ahora ha costeado con 400 pesos anuales de sus ovenciones y novenos, respecto a que nunca ha habido un cuerpo de esta clase de dotacin; como tambin se represent. Quinto: se releva a la mitra de Cuba de la pensin de un 1 000 pesos que tena sobre s, a favor de la Real y distinguida Orden espaola de Carlos III y al Cabildo de la de 1 500 pesos que contribua con igual objeto, y se cargan una y otra al prelado y Captulo de La Habana conforme a lo dispuesto en la citada instruccin. Sexto: sobre las 11 plazas capitulares a saber, den, arcediano, maestre-escuela, doctoral, penitenciario, dos canonjas de merced, dos raciones enteras, y dos medias, que erige en esta nueva iglesia la instruccin mencionada. Tambin se constituye un sochantre con 400 pesos de renta anual; seis capellanes de coro con 300, inclusos los cuatro que provee la dignidad, que gozando de 50 pesos slo disfrutarn los 250 restantes a su complemento, un apuntador de faltas, con 187, un celador de la iglesia con la misma suma, un maes-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 198\ 198\ 198\ 198\ 198\ tro de ceremonias con 300, un secretario de Cabildo, y perdiguero con 96, cuyos salarios se satisfacen de la cuarta capitular. Sptimo: tambin se erige un organista con 300 pesos, un campanero con 150, seis aclitos con 94 cada uno, y tres mozos de coro y sacrista con 96 cada uno, lo que reportar la fbrica de la renta de sus excusados. Octavo: la distribucin de los diezmos que por derecho y costumbre pagan los fieles de este territorio, ser conforme ordenan las Recopiladas de estos Reinos sin desviarse de las prevenciones que contiene la Real Cdula circular de 23 de agosto de 1786, a que se arreglara el contador real de diezmos: del mismo modo que al cuadrante y formulario de 30 de octubre del mismo ao que se hizo por la Contadura General de Indias; en cuya virtud se harn cuatro partes de la cuota en que se arriende o produzca a esta administracin cada parroquia, la una para el prelado, la otra al Captulo y unidas las restantes, se hagan nueve, de las que se deducen los dos novenos reales, los cuatro beneficiales, de los que toma dos y medio el prroco, uno y medio el sacristn mayor y los tres sobrantes de por mitad la fbrica de la parroquia y el hospital de la misma, contribuyendo todos los de esta ltima clase la dcima al general y tambin todas las parroquias su segunda casa excusada a la fbrica de la Catedral, descontndose antes a los participantes del 6 % del real subsidio y el tres del seminario a excepcin de los reales novenos que salen ntegros y el hospital que est excepcionado del subsidio. Noveno: el todo de la cuarta episcopal de la antigua iglesia de Cuba ascenda a 50 952 pesos 6 reales, de cuya cantidad se aplican al prelado de Cuba 16 984 pesos 6 reales, que es la tercera parte lquida sin descuento alguno, y para su pago se le adjudican los 6 538 pesos 6 reales que produce aquel territorio y los 10 445 pesos 6 reales restantes, que ha de percibir sobre la renta de esta mitra por va de pensin, quedando para el prelado de esta Dicesis los 33 968 pesos 4 reales restantes, de los cuales se han de deducir 1 000 pesos de la pensin de la Real y distinguida Orden espaola de Carlos III, y 3 000 del salario asignado al ilustrsimo seor obispo auxiliar, que reside en la Luisiana. Dcimo: el ilustrsimo seor obispo comisionado a esa divisin es de dictamen se consigne igual cantidad de 16 984 pesos 4 reales restantes, al de La Habana, con la pensin de los 1 500 de la misma Real Orden de Carlos III en que no est acorde el seor ministro real, que siguiendo la letra y espritu de la real instruccin, deba sealar y seal por dotes competentes y nada escasos los citados 16 984 pesos 2 reales para la mitra de Cuba, y para su Cabildo 23 228, y a la fbrica, colegio y hospital las cantidades que despus se explicarn: y con atencin a que la cuarta de la renta decimal del territorio de Cuba que se le asign, demarc y adjudic no ha subido desde el ao de 1777, de la cantidad de 6 538 pesos 6 reales, que no bastan para completar las dotaciones sealadas, pensiona en las res-

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ANTONIO JOS VALDS /199 /199 /199 /199 /199 tantes a su cumplimiento, y la consigna y adjudica para su pago, en la masa decimal de este territorio de La Habana, debiendo entregarse la cantidad de pensin libre de toda otra, y sin ningn descuento de derechos y costos, fija e invariablemente y sin consideracin a caso fortuito, y para la dotacin de la nueva mitra e iglesia se asigna y adjudica por ahora en la renta decimal de su territorio, que es bastante y correspondiente a las intenciones y prevenciones de S.M., conforme al captulo cuarto de sus reales instrucciones, ley y cdula que en l se expresa, distribuyendo la renta por las cuartas partes fijas, sujetas a las pensiones de la Real Orden espaola de Carlos III, que a cada una se le ha sealado y relevada la mitra y Cabildo de Cuba, hacindose dicha distribucin con arreglo a las leyes y disposiciones soberanas. Undcimo: sobre las rentas que producen los excusados en toda la Isla, se aplican a la iglesia Catedral de Cuba la cantidad de 4 734 pesos 2 reales, que es el tercio, y se le consignan para su pago los 1 786 pesos 6 reales, que produce aquel territorio y los 2 948 pesos 4 reales restantes, que ha de percibir de la renta correspondiente a ste por va de pensin, quedndole a la de La Habana los 9 469 pesos 4 reales restantes. Duodcimo: al Seminario Conciliar de Cuba se le asignan, sobre lo que produce, el 3 % del ramo de diezmos de toda la Isla, 1 989 pesos 1 real, adjudicndosele para su pago los 781 un pesos 2 reales que produce aquel territorio y los 1 199 pesos 7 reales restantes que ha de percibir sobre las de ste, quedndole al Colegio de esta ciudad los 3 978 restantes, que emplearn los directores en los fines de su instituto. Dcimo-tercio: el hospital general de Cuba, que est a cargo de los RR.PP belemitas, se le consignan, sobre lo que producen los dems hospitales de la Isla, 594 pesos 2 reales, para cuyo pago se le adjudican los 231 pesos 6 reales restantes que produce su territorio y los 363, 1 restantes sobre las de ste, quedando para el general de esta ciudad, que est al cargo de los RR.PP del Orden de San Juan de Dios, los 1 189 pesos, 7 reales restantes, habindose tomado este temperamento con presencia de que el territorio consignado a Cuba, aunque igual en extensin al aplicado a sta, no produce la mitad de las cuotas que a aquella iglesia le van asignadas, y gozarn sus partcipes por va de compensacin, disminuyndose a proporcin, conforme vayan aumentndose los diezmos del insinuado territorio hasta extinguirse, luego que lleguen al completo de las sumas que ahora se le sealan; y finalmente que estando evacuada la divisin territorial por auto de 29 de agosto, que se comunic a los respectivos prelados y justicias, se formalice por m el presente escribano, un estado de las asignaciones que van hechas, que colocar a continuacin y se proceda a extender el instrumento de ereccin arreglado a este acuerdo, de que se compulsar testimonio y de todo lo obrado para dar cuenta a S.M. y que descienda su soberana resolucin, reservando los ori-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 200\ 200\ 200\ 200\ 200\ ginales, previa tasacin de costas y costos imperdidos, que se satisfarn por quien y donde S.M. lo disponga: y as en fuerza de definitivo su seora e ilustrsima as lo proveyeron, mandaron y firmaron de que doy fe.— Felipe Jos Obispo de la Habana.—Licenciado Miguel de Irisarri .—Ante m Alejandro de Porto Escribano y Notario pblico”. 22. Los obispos que han gobernado en la iglesia Catedral de la isla de Cuba, han sido por el orden siguiente: D. fray Juan de White, del Orden de S. Francisco, electo primer obispo, segn queda insinuado anteriormente en esta obra; y aunque Gil Gonzlez Dvila, no le pone en el catlogo de esta iglesia, los ms de los escritores lo reconocen por el primero, no obstante que alguno le coloca en tercer lugar. Este prelado, segn se explica Herrera, renunci la mitra en 1527 y muri en 1540, en el Condado de Flandes. 23. Al obispo antecedente, sucedi segn escribe Arrate, el Illmo. obispo D. fray Bernardo de Mesa, del Orden de Sto. Domingo, electo y consagrado el ao de 1536 y dice el mismo autor que fue el primero que tuvo anexas a su Obispado las provincias de las Floridas. Alcedo, en su Diccionario geogrfico es del mismo sentir, pero debo decir que conservo una memoria de un eclesistico recomendable de la Catedral de Cuba, que merece bastante atencin por todos respectos, y en ella est inmediatamente despus del seor White, el prelado que trae el prrafo siguiente. 24. El maestro D. fray Juan Flandes, del Orden de Santo Domingo, fue electo en 1538, y se le mand dejar el Obispado para que fuese de confesor y capelln mayor de la reina doa Leonor, hermana del emperador D. Carlos V, que pas a Francia con su esposo Francisco I. 25. En 1539 fue electo D. fray Miguel Ramrez de Salamanca, natural de Burgos, del Orden de Santo Domingo, maestro en su religin, predicador del emperador Carlos V, colegial en el colegio de Valladolid, regente de la Universidad Lovaina, abad de Jamaica, y de all obispo de Cuba. 26. D. fray Diego Sarmiento, natural de Burgos, religioso cartujo, pas a esta Isla el ao de 1540, hizo su visita, con licencia se fue a Espaa y all hizo renuncia del Obispado, la que le fue admitida. Retirose entonces a su convento de Santa Mara de las Cuevas de Sevilla, de donde haba sido prior y falleci en 1547. 27. A este obispo sucedi el doctor D. Fernando de Urango, natural de Azpeita de Guipzcoa, colegial del colegio de San Bartolom en Salamanca, maestro de teologa y catedrtico de ella. Los autores que tengo a la vista no convienen en el ao de su venida: unos dicen que vino en 1547, y otros en 51, y Arrate en 56. Este prelado muri en esta Isla y se dice que est enterrado en su Catedral.

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ANTONIO JOS VALDS /201 /201 /201 /201 /201 28. El doctor D. Bernardino de Villalpando, natural de Talavera, fue electo obispo de Cuba en 20 de abril de 1559, y el 9 de marzo del de 66 fue promovido a Guatemala. 29. Doctor D. Juan del Castillo, natural de Burgos, colegial del colegio de Sigenza y del de San Bartolom en Salamanca, catedrtico de Artes, electo obispo de Cuba, en 1567, gobern hasta el de 80, que renunci y volvi a Espaa, donde se le dio una abada en Extremadura. 30. D. fray Antonio Daz de Salcedo, del Orden de San Francisco, colegial de San Clemente de Bolonia, insigne en virtud y letras, electo en 1580 por renuncia del anterior, estando en este Obispado visit las provincias de las Floridas, como parte de su Dicesis y en 1597 fue promovido al Obispado de Nicaragua. 31. En el mismo ao fue nombrado obispo de Cuba D. fray Bartolom de la Plaza, del Orden de San Francisco, y gobern hasta 1602. 32. Le sucedi D. fray Juan de las Cabezas, del Orden de Santo Domingo, natural de Zamora: estudi leyes y cnones en Salamanca, pas a Indias de vicario de la provincia de Santa Cruz en la isla Espaola, fue a Espaa al Captulo General, y all fue electo obispo de Cuba en 1602. Este prelado fue al que apres, estando en la visita, el capitn Gilberto Girn, pirata francs, y le llev descalzo y maniatado a su balandra, que tena anclada en Manzanillo. Tvole a bordo 80 das, hasta que fue rescatado, pero este hecho qued vengado. Habiendo vuelto el obispo a su Catedral, la hall robada y convertida en cenizas por unos piratas franceses, que hicieron lo mismo con otras iglesias de la ciudad el ao prximo de 3. Con este motivo pretendi trasladar la Catedral a La Habana, pero se opuso el Ayuntamiento con tal suceso, que el obispo hubo de desistir de su pretensin, y el ao de 1610 fue promovido para Guatemala donde muri. 33. El maestro D. fray Alonso Enrquez de Almendriz, religioso mercedario, descendiente de los reyes de Navarra, comendador de su convento de Granada, vicario general del Per, vicario provincial de la Andaluca, fundador del colegio de San Laureano en Sevilla, obispo de Sidonia y auxiliar de Burgos, y en 5 de junio de 1610 nombrado obispo de Cuba. Visit la Isla diferentes veces, renov con esfuerzo la pretensin de trasladar la Catedral a esta ciudad de La Habana, aunque se le desaprob por la Corte. Convoc a snodo, y se frustr su celebracin a causa de que el 27 de enero del ao de 24 fue promovido al Obispado de Mechoacn. Fundo en Mjico el colegio de San Ramn con ocho becas, tres de ellas para los oriundos de esta Isla y cinco para los de Mechoacn, donde falleci en 1628. 34. En la vacante del prelado antecedente fue nombrado obispo de Cuba en 1624 D. fray Gregorio de Alarcn, del Orden de San Agustn, uno de los primeros religiosos descalzos de su religin, obispo electo de

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 202\ 202\ 202\ 202\ 202\ Cceres en Filipinas y despus de esta iglesia. Consagrose en su convento de Madrid, y sali de la Corte a pie descalzo; pero el Consejo le mand que fuese con la decencia correspondiente a su dignidad. Embarcose por junio del mismo ao de 24 en Cdiz, y falleci en la navegacin, ya cercano a las costas de Santo Domingo y su cuerpo fue arrojado al mar. 35. El doctor D. Leonel de Cervantes y Carvajal, natural de Mjico y provisor de Santa Fe, obispo de Santa Mara, promovido para esta iglesia en 1625. Ancl en Cuba y visit su Catedral. Por el ao de 28 se le promovi al Obispado de Guadalajara y en el de 35 al de Oaxaca. Fue tan limosnero que mereci el renombre de Padre de los Pobres. Falleci en Mjico el ao de 37 y su cuerpo fue sepultado en la iglesia de San Francisco de aquella Corte. Arrate dice que este prelado solicit y obtuvo letras del pontfice Urbano VIII, dirigidas al Arzobispo de Mjico para que admitiese este Obispado por su sufragneo, pero que no consta tuviese el efecto que dese, por haber permanecido sin novedad anexo al de Santo Domingo. 36. El maestro D. fray Jernimo de Lara, natural de Valladolid, del Orden de la Merced, comendador dos veces de su convento de Olmedo. Definidor de la provincia de Castilla y electo obispo de Cuba en 6 de septiembre de 1628, confirmado en 7 de enero de 29 y posesionado en 30 de noviembre del de 30. Muri en esta capital el 22 de junio de 44 y se le dio sepultura en la parroquial mayor. En la sede vacante de este obispo se trat nuevamente de la traslacin de la Catedral a La Habana, as por su pobreza como por haber sido dos veces saqueada y una derribada por los enemigos, y ltimamente porque en aquel tiempo se esparca la voz de que queran entrar otra vez en Cuba, y llevarse los cannigos en camisa, lo que los hubo de llenar de terrores. Sucedi tambin que en 2 de abril de 1649, el den y Cabildo nombr al padre Juan de Chvez Bejarano por vicario, juez eclesistico de la abada de Jamaica, a causa de haber ido presos a Cartagena de orden de la Inquisicin, el abad y su provisor, sin haber quedado persona alguna que administrase la jurisdiccin eclesistica. En 1645 fue electo D. Martn de Zelaya Ocarriz, inquisidor de Crdoba, el que hizo dejacin del Obispado sin haber venido a l, y se le dio despus la Maestrescola de Salamanca. 38. En su lugar fue nombrado el doctor D. Nicols de la Torre, natural de Mjico, catedrtico de prima y decano de Teologa en aquella universidad, examinador real de los graduados en Artes, rector de la Universidad cuatro veces, cannigo penitenciario y den: presentado para el Obispado de Cuba en 1646 y posesionado en 52. Falleci en La Habana a 4 de julio de 55 sin haber visitado su Dicesis. Disele sepultura en Guanabacoa, de donde se trasladaron sus huesos a Mjico. En

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ANTONIO JOS VALDS /203 /203 /203 /203 /203 este tiempo aconteci la perdida de Jamaica, de que dejo hecha relacin anteriormente. 39. Al doctor D. Juan Montiel, cannigo magistral de Calaborra, se le dio el Obispado de Cuba en 1656.3 Hallndose a vista del Morro de Cuba, escribi a su den y Cabildo, noticindole su eleccin y que pasaba a consagrarse a Nueva Espaa. Disele posesin al chantre D. Julin de Moya, su apoderado, en 30 de agosto del referido ao, y el obispo cuando hubo evacuado su consagracin y llegado a La Habana, se mantuvo en ella hasta el ao de 57 en que falleci. 40. Su vacante la ocup el doctor D. Pedro Reyna Maldonado, natural de los Reinos de Lima,4 cannigo ms antiguo de la Catedral de Trujillo, comisario general, subdelegado de cruzada de aquella provincia, gobernador y vicario general de su Obispado. Hzosele la merced del Obispado de Cuba en 27 de abril de 1658 y por agosto de 59 estaba en la Habana. Recibidas sus bulas y estndose preparando para pasar a consagrarse a Nueva Espaa, le sobrevino la muerte el 5 de octubre del ao de 60 y fue sepultado en la parroquial mayor. Este obispo escribi dos tomos titulados el Perfecto prelado los que se dice que estaban llenos de una sabia erudicin. 41. El doctor D. Juan de Santa Mara Senz y Maozca, natural de Mjico, se gradu de doctor en Cnones en la Universidad de Lima, donde fue electo cannigo doctoral de su Metropolitana, en la ciudad de Arequipa maestre-escuela, y en su patria, juez de bienes confiscados e inquisidor fiscal. Fue nombrado obispo de Cuba en 1661 y se consagr en la Metropolitana de Mjico: tom posesin por medio del chantre Moya, su apoderado, a 20 de junio de 63: da 6 de agosto del mismo ao lleg a La Habana y en el ao siguiente fue a Cuba, y despus de haber regresado a esta ciudad, se le promovi a la mitra de Guatemala para donde sali el 4 de marzo de 68. Las ocho fiestas de la Asuncin que se celebran en esta Catedral, fue imposicin de este digno prelado. 42. El maestro D. fray Bernardo Alonso de los Ros y Guzmn, del Orden de la Trinidad Calzada, provincial de la Andaluca, fue electo obispo de Cuba en 1667 y posesionado el de 70 por medio del doctor D. Juan Cisneros, su apoderado. Por junio de 71 lleg a Cuba, y desde luego trat de reedificar la Catedral, para cuyo objeto exhibi 1 000 pesos y a su imitacin el den y Cabildo, clero y gobernador, el Ayuntamiento y la vecindad concurrieron, cada uno segn su posibilidad. El obispo aplic para el efecto los bienes de las iglesias de Jamaica, bajo la obligacin de restituirlos a las mismas, siempre que aquella isla volvie3Algunos escriben en 55.4As se expresa Arrate cuando habla de ese prelado.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 204\ 204\ 204\ 204\ 204\ se al dominio espaol, pero pronto tuvo noticia de su promocin a Ciudad Rodrigo, y por el mes de septiembre, del mismo ao vino a La Habana, donde se embarc para Cdiz, por agosto de 72. Este prelado ascendi de aquella segunda iglesia a la Metropolitana de Granada, donde falleci, y segn estoy informado dej impuestos en su primera iglesia 600 pesos para la fiesta de la Pursima Concepcin, 1 400 para los capellanes de coro y 1 000 pesos para cuatro plazas de monacillos. 43. Al doctor D. Gabriel Daz Vara Caldern, capelln de honor y juez de la Real Capilla, administrador del hospital del Buen Suceso de Madrid, cannigo de la Catedral de vila, se le hizo merced del Obispado de Cuba en 1671 y a 14 de diciembre del mismo se le despacharon sus correspondientes bulas. El 23 de abril del 73 se le dio posesin por medio de su apoderado el den Moya. Se consagr en Sevilla y el 6 de septiembre del ao ltimamente dicho entr en el puerto de Cuba y a los dos das cant misa de pontifical en la iglesia de San Francisco por defecto de la Catedral. Luego public su visita, se mantuvo en aquella ciudad hasta noviembre, que vino a La Habana. En el ao de 74 se embarc a visitar las provincias de las Floridas, donde hizo muchas conversiones y confirm 3 152. Por mayo de 75 volvi a La Habana y convoc a snodo para el siguiente de 76, el que no se celebr por haber fallecido el 16 de marzo del mismo ao. Este prelado escribi un tomo que titul Grandezas de Roma y en su sede vacante, aconteci el formidable y tremendo terremoto, llamado el temblor grande Comenz entre 9 y 10 de la maana del viernes 11 de febrero de 1679 y su mayor trepidacin dur por espacio de media hora y continu con intervalos durante 40 das, causando con su furia, extremada confusin en todo el vecindario y haciendo varios estragos en las iglesias y las casas. Ya dije en otro lugar que la parte oriental de la Isla sufre esta pensin, adems de los huracanes que a menudo experimenta la parte occidental y que parecen propios de las islas antillas. En estas pocas calamitosas, los elementos parece que se conspiran para exterminar estos frtiles pases. Desde mediados de julio hasta fines de octubre es ordinariamente cuando sobrevienen semejantes temporales. El viento principia y crece rpidamente y desde luego comienza el agua en la misma progresin, acompaada de relmpagos, cuya vivacidad y reproduccin continua, asombra y estremece las almas ms varoniles y si la borrasca crece y llega al grado de amenazar los edificios y aun los montes, el espanto y la afliccin sobrecogen los corazones, y los padres y las madres se miran llenos de pavor, acogiendo a los hijos en los brazos sin saber qu resolver a vista de la naturaleza irritada. Y se debe agregar a esta pintura el espectculo del mar, cuyo aspecto sera suficiente a helar el espritu ms ardiente: pero esta furia general dura ordinariamente de cuatro a seis horas, que parecen igual nmero de siglos, con especialidad si la

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ANTONIO JOS VALDS /205 /205 /205 /205 /205 tormenta sobreviene de noche, cuya oscuridad concurre a hacerla horrorosa, y despus sucede una especie de calma borrascosa, que tranquiliza las almas agitadas, que gozan despus una atmsfera dulce y purificada. El hombre que slo calcula su conveniencia, dice Moreau de Saint Mery, y que se ve expuesto a todos los riesgos que ofrece un huracn, concibe con dificultad que tales efectos de la naturaleza puedan reportar utilidad; pero el filsofo, a quien la observacin le ha penetrado del orden admirable que rige el universo, s concibe utilidad, y muy lejos de blasfemar contra una causa tan destructora en la apariencia, se inclina a creer que estos sacudimientos indispensables de la naturaleza, son crisis necesarias y combinadas con los principios de la conservacin del globo... 44. En la sede vacante del seor Vara Caldern, el gobernador del Guarico despach de aquel puerto 800 hombres, para que invadiesen la plaza de Cuba. stos efectuaron su desembarco por Jaragua Grande, donde cogieron un hombre demente, llamado Juan Perdomo, que se hallaba en aquel lugar. Llevbanle maniatado para que les sirviese de prctico en su direccin a Cuba y era una noche serena y de luna: llegaron a una sombar en donde haba dos caminos y los enemigos en dos mangas, se introdujeron por ellos, pero habiendo llegado al paraje en que los caminos se volvan a juntar, se avistaron los dos trozos, y a este momento Perdomo grit: Santiago Espaa : los franceses, entonces juzgndose acometidos por los espaoles se hicieron varias descargas y se mataron en gran nmero, con cuyo incidente desmayaron, y de tropel se reembarcaron, dejando a Perdomo, que entr en Cuba maniatado y refiriendo lo sucedido. Por este tiempo se suprimi una canonja en la Catedral de Cuba para la Inquisicin de Cartagena. 45. El doctor D. Juan Garca de Palacios, natural de Mjico, tesorero dignidad de la Catedral de Puebla, y provisor y vicario general de su Obispado, fue electo obispo de Cuba en 1677: despachronse sus bulas a 13 de septiembre del mismo ao, y en 12 de marzo de 79 se le dio posesin al doctor D. Antonio Bejarano y Valds su apoderado. El obispo lleg consagrado a esta ciudad por noviembre del mismo ao, y convoc a snodo para el 2 de junio del siguiente, que era el de 80, el que se celebr con asistencia del citado doctor, como apoderado del den y cabildo. En el ao de 81 fue el obispo a Cuba e hizo varias ordenanzas para el gobierno del coro y del altar, y falleci a 1o de junio de 82. En la sede vacante de este prelado se erigi la canonja magistral. 46. Por el ao de 1683 fue electo para obispo de Cuba el maestro D. fray Baltasar de Figueroa, del Orden de San Bernardo, y estando en Cdiz para embarcarse en los galeones, falleci en el mes de septiembre de 84.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 206\ 206\ 206\ 206\ 206\ 47. El doctor D. Diego Evelino de Compostela, cura de Santiago de Madrid, fue electo obispo de Cuba en 16865 y se consagr en Espaa el de 87. Cuando navegaba para su Dicesis, estando frente al puerto de Cuba, suplic con instancias que lo desembarcasen, pero no lo consigui y tuvo que seguir en la flota hasta Veracruz, y el 17 de noviembre del mismo ao desembarc en esta ciudad, donde residi todo el tiempo de su gobierno; y se puede decir que es uno de los prelados que ms han trabajado en beneficio de esta Dicesis, como se puede observar fcilmente en tratando de establecimientos piadosos. Su muerte sucedi en esta ciudad y se le dio sepultura en el muro del lado del Evangelio del monasterio de carmelitas descalzas. Fue pobre, humilde, docto, buen predicador y represent para que la mitra de Cuba tuviese obispo auxiliar, proponiendo al efecto al licenciado D. Dionisio Recino, cura rector de la parroquia de La Habana, de donde era natural y provisor y vicario general, el que fue efectivamente auxiliar del sucesor de este prelado. 48. El maestro D. fray Jernimo Valds, monje basilio, abad y provincial de su orden y obispo de Puerto Rico, se consagr en Madrid y despus se le nombr para la mitra de Cuba. Lleg a Baracoa por abril de 1706 y en 27 del mismo dio su poder por ante Juan Ortiz Montejo, alcalde ordinario de aquella ciudad, al chantre D. Andrs de Olmos y Zaipiain para que se presentase con la cdula del gobierno. As lo ejecut el apoderado y fue admitido en 4 de mayo. Da 13 del mismo mes lleg a La Habana, y se mantuvo en esta ciudad hasta el ao siguiente, que visit hasta la villa de Puerto Prncipe, y en la parroquial de esta villa consagr el da 29 de junio a D. fray. Francisco del Rincn, del Orden de Mnimos y arzobispo de Santo Domingo. Despus se restituy a La Habana, habiendo dado su poder al referido chantre para que se le diese posesin, y el ao de 15 sali a la visita general. El 8 de diciembre de este ao lleg a Cuba, donde hizo varios arreglos de Catedral, y se separ de aquella capital el 16 de febrero del ao de 16, regresando a La Habana, donde consagr dos aos despus al doctor Antonio Claudio lvarez de Quiones, arzobispo de Santo Domingo. En esta ciudad fund el benfico establecimiento de la Cuna para expsitos, y otras obras de que tratar en el lugar que corresponda. En Cuba fund el Colegio Seminario, comprando en 5 000 pesos las casas en que se situ: impuso, creo que 12 000 pesos para sus ctedras y dio 700 para clases. Tambin estoy informado que dio a aquella Catedral 9 000 pesos, 6 000 para la capilla mayor y los 3 000 restantes para comprar las casas inmediatas que estorbaban. Este prelado pretendi que se pasase la Catedral a Sancti Spritus, por ser el pueblo ms mediterrneo de la 5Arrate dice que en 1685, pero yo en este particular he seguido otros documentos a que he debido dar crdito.

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ANTONIO JOS VALDS /207 /207 /207 /207 /207 Isla, y que en Puerto Prncipe se pusiese gobernador con jurisdiccin sobre Sancti Spritus, Villa Clara, el Cayo y Trinidad. Su muerte fue en la maana del 29 de marzo de 1729 a los 83 aos de edad y 23 de gobierno, dos circunstancias en que excedi a sus antecesores. Su cadver se sepult en la parroquia titulada el Espritu Santo. 49. El doctor D. Francisco Izaguirre, den de la Catedral de Segovia, despus de haber aceptado el Obispado de Cuba por los aos de 1729 o 30, renunci y se qued en aquella iglesia. 50. El mismo de 1730 fue electo don fray Gaspar de Molina y Oviedo, del Orden de San Agustn, natural de Mrida. Consagrose en Madrid y disponindose para venir a esta Isla, con deliberacin de nombrar por su auxiliar a un cannigo de esta iglesia, se le promovi a la de Barcelona, donde tampoco pas por necesitarse su persona en la Corte. Despus se le confiri la iglesia de Mlaga y los empleos de gobernador del Consejo de Castilla, comisario general de cruzada, telogo del Concilio lateranense y ltimamente la prpura Muri en Madrid por el mes de agosto de 1745. 51. D. fray Juan Lazo de la Vega y Cancino, del Orden de San Francisco, guardin y provincial de su convento de Sevilla, fue electo obispo de Cuba en 1731, y habindose resistido a aceptar, se le oblig por la obediencia, que su general le impuso. Consagrose en Sevilla por abril del ao siguiente de 32 y se embarc para su Obispado por julio del mismo ao, y el 1o de septiembre ancl en Cuba. Al da siguiente salt en tierra y celebr misa en el convento de San Francisco y el da 3 pas a su Catedral con la solemnidad prevenida. Se mantuvo en Cuba haciendo rdenes y confirmaciones hasta el 8 de diciembre en que sali de aquella ciudad y lleg a La Habana, donde fabric el actual convento de San Francisco. Erigi varios curatos y auxiliares en los campos e hizo varias donaciones a su Catedral. Procur contener los abusos introducidos en los juegos de Carnestolendas, y estableci ciertas conferencias morales, que se tenan los jueves en la iglesia mayor. Muri en esta ciudad el 19 de agosto de 1752, despus de haber gobernado en esta Dicesis cerca de 20 aos, y su cuerpo fue sepultado en su convento de San Francisco. 52. El doctor D. Pedro Agustn Morell de Santa Cruz, natural de Santiago de los Caballeros, en la isla de Santo Domingo: siendo cannigo doctoral de la Catedral de aquella Dicesis, vino a sta de Cuba el ao de 1718, acompaando al arzobispo doctor D. Claudio lvarez de Quiones cuando vino a consagrarse, y estando en La Habana, cuya tranquilidad se hallaba alterada con cierta rebelin que causaron los isleos, contribuy poderosamente a sofocar el incendio con su talento y acreditada prudencia. De esta revolucin slo tengo noticias muy confusas, que omito por inexactas y ms bien he querido traducir un frag-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 208\ 208\ 208\ 208\ 208\ mento de la Historia pblica y secreta de la Corte de Madrid escrita en francs y es del modo siguiente: “El cardenal Alberoni se haba propuesto hacer entrar en las cajas reales todo el producto de las negociaciones de tabaco que se hacan en La Habana, y haba dado rdenes para que todo particular condujese su tabaco a los reales almacenes, prohibiendo al mismo tiempo a todos los vasallos del rey que comerciasen bajo sus nombres particulares en este gnero, pues estos negocios deban hacerse inmediatamente por oficiales nombrados por S.M. que recibira por este medio toda la utilidad y privara a los particulares del fruto de su territorio y de su industria. Pero apenas se haba publicado este nuevo edicto en La Habana, cuando ms de mil habitantes corrieron de los campos y juntndose con los mal contentos de la ciudad se apoderaron de la guarnicin y asaltaron la casa del gobernador, y le hubieran asesinado con todos los oficiales que vinieron a este nuevo establecimiento, si no hubiesen tenido la fortuna de acogerse al Castillo, donde se vieron forzados a capitular, a fin de conservar las vidas que se les concedieron a condicin de que dentro de cuatro das regresaran a Espaa. Los habitantes nombraron entonces nuevo gobernador y otros oficiales, protestando que no consentiran otros, y que enviaran diputados a Espaa para justificar su conducta cerca del trono”. Entre las vagas noticias que se conservan por tradicin, se cuenta que 30 de los que se amotinaron murieron por fin ahorcados y no lo dudo mucho cuando miro efectos posteriores en el ramo del tabaco. Conocido el mrito del seor Morell de Santa Cruz, tuvo por conveniente el ilustrsimo Valds, nombrarle su provisor y vicario general, dando cuenta a la Corte de su determinacin, la que fue aprobada con la retencin de su canonja doctoral, y de que al mismo tiempo se le consultase en la primera vacante de la Catedral de esta Isla. A poco tiempo result la del deanato, por muerte de D. Andrs de Olmos y fue en ella inmediatamente colocado con las formalidades de estilo. Ms adelante por ao de 36, obtuvo licencia del rey para pasar a La Espaola a ver a sus padres, lo que ejecut con bastante brevedad. La vida ejemplar y arreglada conducta de este prelado excit la emulacin que le tuvo oscurecido en fuerza de siniestros informes, hasta que por el ao de 38 apareci justificada su inocencia. El tiempo que tuvo de den se dedic mucho al fomento de la Catedral, y por el ao de 1750, le fue hecha la gracia de la mitra de Nicaragua, para donde se embarc el 28 de julio a la 1 de la noche, por evitar el concurso que se preparaba a acompaarle y la ternura de la despedida. Por el mes de agosto se desembarc en Cartagena, donde fue consagrado el 13 de septiembre por el ilustrsimo seor D. Bernardo Abisa, oidor que haba sido de la extinguida Audiencia de Panam. El 1o de diciembre se embarc para Portobelo y sigui a su destino, donde permaneci hasta el ao de 1753 que fue promovido al

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ANTONIO JOS VALDS /209 /209 /209 /209 /209 de Cuba, y de all remiti sus poderes para recibirse por l en esta Dicesis el den D. Toribio de la Vandera. El 6 de enero de 54 ancl en este puerto de La Habana, desde donde remiti a Cuba libramiento para que se distribuyesen limosnas. Desde Nicaragua remiti a la Catedral de Cuba un frontal con atriles de plata sobredorados, siete blandones de plata con un crucifijo igual y de la misma materia, los que sirven en los das de primera clase, sin contar otros aumentos de valor que dio al ornamento de su Catedral. A principios del ao de 56 sali a la visita de su Obispado y lleg a Cuba el 6 de septiembre, y despus a Baracoa, donde confirm personas muy ancianas, pues desde el tiempo del ilustrsimo seor Valds no haban aquellos moradores visto otro obispo en su territorio. Este prelado falleci el 28 de diciembre de 1768, habiendo el ao anterior conceddosele por auxiliar al ilustrsimo doctor D. Santiago Jos de Hechavarra, y durante su gobierno acaeci la expulsin de los jesuitas, que l tanto haba favorecido, y el terremoto de Cuba del 11 de junio de 1766, que caus tantos estragos. 53. Al aeor Hechavarra, cura beneficiado de la parroquial mayor de La Habana y auxiliar del seor Morell, se le hizo la gracia de obispo propietario del ao de 69 y tom posesin de su silla el de 70, por medio del doctor D. Jos Hernndez a quien mand para el efecto necesario. Dio principio a la visita general el ao de 74 y el 8 de julio del mismo hizo su entrada pblica en Cuba con bastante solemnidad y la alegra que era natural al recibo de un obispo, hijo de aquella capital, donde permaneci hasta el 13 de noviembre que continu su visita y regres a La Habana. Segn consta de una memoria que me ha remitido un sujeto de probidad y crdito literario residente en Cuba, este obispo aument las becas del Colegio Seminario hasta el nmero de 18: al Colegio le dio mayor extensin en sus viviendas: puso corrientes las ctedras de Teologa Moral todos los jueves: las de Derecho Cannico, Escritura, &c. La fundacin del Colegio Seminario de esta ciudad en el antiguo de los jesuitas, fue tambin obra toda en lo material y formal de este prelado. Tambin tuvo orden del rey para donar a las iglesias que tuviese a bien, los vasos sagrados de los jesuitas expulsados, y destin para su Catedral un cliz y un copn de oro, y las dems alhajas las distribuy en otras iglesias. Este obispo tuvo durante su pontificado ruidosas desavenencias con el seor Cagigal, entonces gobernador de La Habana, por un matrimonio en que estaba interesado el gobernador. La magnificencia con que se trataba, todava se tiene por proverbio, hablando de obispos opulentos. Entonces haba llegado la mitra de Cuba a un estado de renta sobresaliente, y un hombre de carcter rumboso, hallaba recursos infinitos de que disponer en empleos de tal naturaleza; pero es menester confesar en honor de la justicia, que en medio de esa grandeza, era muy limosnero: toda la obvencin que le perteneca de los

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 210\ 210\ 210\ 210\ 210\ pueblos interiores, quedaba por su orden para invertirse en los pobres de cada feligresa y costeaba las fiestas del da octavo de cada patriarca. Dej adems impuesto con lo que se costea anualmente la de S. Juan Nepomuceno y la de Dolores con 25 limosnas ese da de 4 reales cada una. El ilustrsimo Hechavarra sali de La Habana para el Obispado de Puebla, en Nueva Espaa, por el mes de mayo de 1788, en donde muri el mes de enero de 89 a la edad de 65 aos, y algunos atribuyen su muerte al desconsuelo que le ocasion la salida de La Habana: con la que se procedi a la divisin de su Obispado de la Isla en los dos que actualmente contiene con la sola diferencia de haberse erigido en Arzobispado la Dicesis perteneciente a la Catedral de Cuba. 54. El doctor D. Antonio Feli y Centeno vino de primer obispo de Cuba, despus de dividido el Obispado: era natural de Catalua y fue electo obispo de Cuba en 1789. Lleg a la Habana el 10 de agosto del mismo ao, y le consagr el ilustrsimo Trespalacios, que se hallaba aqu con motivo de estar comisionado para la divisin del Obispado. Despus de su consagracin parti para Cuba, en donde hizo su entrada pblica por el mes de octubre del referido ao. Sus circunstancias le hicieron amable a todos los habitantes de su Obispado, y muri con general sentimiento el 25 de junio de 91. 55. Al presente gobierna el Arzobispado de Cuba el ilustrsimo seor D. Joaqun de Osz y Alza, inmediato sucesor del seor Feli. 56. El Illmo. seor D. Jos Felipe de Trespalacios, abogado de la Real Audiencia de Santo Domingo, cannigo de merced de la iglesia Catedral Metropolitana de aquella isla, juez, provisor y vicario general del Arzobispado, pas de obispo a Puerto Rico en la vacante del seor Jimnez, monje benedictino, y de aquel Obispado vino comisionado a esta ciudad por orden de S.M. a la divisin del Obispado en unin del oidor de la Real Audiencia de Santo Domingo D. Miguel Cristbal de Irisarri, y creo que en premio del desempeo de esta comisin, se le promovi al Obispado de La Habana por el ao de 1789. Siendo obispo de Puerto Rico se cre a su instancia e influjo el Obispado de la Guayana, y siendo obispo primero de La Habana, el de Nueva Orlens, que se provey en el ilustrsimo seor D. Luis Pealver, natural de esta ciudad, arzobispo que fue de Guatemala y pretendiente entonces del deanato del nuevo coro de la Catedral de La Habana. El seor Trespalacios impetr de su santidad la bula concesiva del jubilado circular, e hizo algunos gastos para su establecimiento: tuvo tambin cuestiones ruidosas con el gobernador D. Luis de las Casas sobre la fundacin de la Casa de Beneficencia, establecimiento del coliseo, casa de recogidas y plaza de toros, aunque con mejor xito que el seor Hechavarra. Falleci el 16 de octubre de 1799: su cuerpo se sepult en el muro del lado del Evangelio de la iglesia de Santa Teresa. Su Cabildo se acordar

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ANTONIO JOS VALDS /211 /211 /211 /211 /211 siempre por sus representaciones e informes, se les quit la mitad de la renta a todos los capitulares, que se resienten hoy de la escasez consiguiente, y se les priv de algunas distinciones que gozan sus miembros en otras catedrales. 57. Actualmente se halla de obispo en La Habana el Illmo. seor D. D. Juan Jos Daz de Espada y Landa, a quien debe esta Dicesis los aumentos y beneficios que se advierten en sus correspondientes lugares de esta obra. 58. Los obispos auxiliares que ha habido en esta Isla han sido el Illmo. seor D. Dionisio Recino, natural de La Habana y auxiliar del Illmo. seor Valds: el ilustrsimo D. Francisco de San Buenaventura Tejada y por su muerte el doctor D. Pedro Ponce Carrasco, del seor Lazo: el Illmo. Hechavarra del seor Morell: D. fray Cirilo de Barcelona, del Illmo. seor Hechavarra y ltimamente el Illmo. seor D. Jos Gonzlez Candamo, electo auxiliar del seor Trespalacios. 59. Como consider necesario en este Libro una noticia de la renta decimal de este Obispado, me dirig al actual contador del ramo, que lo es D. Sebastin de Ayala, quien tuvo la condescendencia de formar el siguiente estado, arreglado a mi peticin, y le concibo suficiente al objeto que me propuse. Distribucin de la renta decimal de las 42 parroquias del obispado de La Habana del ao de 1811 PesosRs. A la consolidacin por su noveno correspondieron36 4686 Al Arzobispado de Cuba por su pensin38 383” A la cuarta episcopal63 3743 A la cuarta capitular63 3743 A dos novenos de Hacienda pblica18 1663 A las fbricas por su noveno y medio21 1246 A los hospitales por su dem dem21 1246 A los beneficios por sus cuatro novenos17 3326 328 3093 Distribucin de la renta decimal de las segundas casas excusadas del mismo ao PesosRs. A la consolidacin por su noveno correspondieron1 9335

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 212\ 212\ 212\ 212\ 212\ A la fbrica de la Sta. Iglesia Catedral del Arzobispo de Cuba por su pensin4 230 A la fbrica de la Sta. Iglesia Catedral de La Habana11 2284 ———— 17 4027 A las dos rentas antecedentes debe aumentarse lo cobrado y que se cobrase de lo que en 31 de diciembre de 1811 quedaron adeudando varios hacendados al diezmo de las ocho parroquias y diez segundas casas excusadas puesto en administracin. El lquido que result del total valor de la gruesa de las parroquias y excusados a favor de sus partcipes, despus de sacados los novenos para la Consolidacin, la Hacienda pblica y las pensiones del Arzobispo de Cuba, sufri a prorrata la baja de 3 596 de los sueldos de los empleados en la Contadura del ramo y sus gastos de escritorio: a los interesados en las administraciones de diezmos se cargaron tambin a prorrata 15 974 pesos, 4 reales que importaron sus gastos, y del lquido sobrante se dedujo el 3 % para el Seminario Conciliar. La renta de la dignidad episcopal tiene las pensiones de 666 pesos 5 reales para la Real Orden de Carlos III, la de 6 000 pesos para la Biblioteca de Madrid y 4 000 para el Seminario de Nobles de all. Las dignidades, canonjas y prebendas de esta Catedral tienen la pensin de 1 000 pesos para la Real Orden de Carlos III y gozan de renta fija 43 380 pesos 2 reales, que fue la que les correspondi en el ao de 1796, aplicndose a depsito el sobrante que resulta de la cuarta capitular, conforme a lo prevenido en Real Cdula de 16 de febrero de 1799.

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Libro NovenoSUMARIO1.Parroquia del Espritu Santo. 2. Auxiliar del Santo Cristo. 3. Auxiliar del ngel. 4. Causa de la poblacin de extramuros. 5. Parroquia de Guadalupe, auxiliares de Jess M y del campo. 6. Relacin de las iglesias del Obispado. 7. De las iglesias de la parte oriental. 8. De las de la parte occidental. 9. Aumentos hechos por el ilustrsimo S. Espada. 10. Parroquias y auxiliares del Arzobispado de Cuba. 11. Idea del clero de la Isla. 12. Iglesias de regulares. 13. Santo Domingo. 14. San Francisco. 15. San Agustn. 16. La Merced. 17. Hospital de San Juan de Dios. 18. Sigue el mismo asunto. 19. Contina lo mismo. 20. Finaliza. 21. Convalecencia de Beln. 22. Oratorio de San Felipe, hoy colegio de capuchinos. 23. San Isidro. 24. Santa Clara. 25. Santa Catalina. 26. Santa Teresa. 27. Ursulinas. 28. Hospital de Paula. 29. Monserrate. 30. Casa de expsitos. 31. Hospitales de San Ambrosio, de Marina y del Pilar. 32. San Lzaro. 33. Hospital de Cuba y del Bayamo. 34. Razn de otros hospitales. 35. Sigue lo mismo y concluye este volumen.1. Ya en el Libro antecedente dejo apuntado cuanto cre suficiente a proporcionar una idea de la Catedral de La Habana en sus diversos estados, y en ste parece regular que contine una breve noticia de las dems parroquias y auxiliares. La iglesia parroquial titulada el Espritu Santo que queda hacia el sur de la ciudad, fue en su principio una ermita pequea y pobre, que segn se expresa Arrate, los negros libres edificaron por los aos de 1638. Despus se determin a causa del aumento del vecindario erigirla en parroquia, habindose tenido tambin presente que los naturales del pas, que se dedicaban a la carrera eclesistica con aprovechamiento, encontraran nuevos empleos en recompensa de sus tareas. Este templo tiene el altar mayor a occidente y la puerta principal a oriente. Es de estructura bien grosera y su torre que consta de tres cuerpos con su reloj, es una de las que ms descuellan en la ciudad. Hasta el ao de 1770 era de un solo can, pero el ilustrsimo Morell le hizo aadir un orden de capillas, techado de madera en el lado meridional. La capilla mayor es de bveda de piedra y la hizo fabricar el ilustrsimo Valds.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 214\ 214\ 214\ 214\ 214\ 2. La iglesia auxiliar de Santo Cristo del Buen viaje, tuvo su principio por el ao de 1640, en calidad de ermita, llamada entonces del Humilladero, para que terminasen en ella las estaciones que se acostumbran los viernes de cuaresma, y por los aos de 1693, fue destinada para ayuda de parroquia y en ella estuvo algn tiempo la congregacin del oratorio de San Felipe Neri, hasta que se fabric iglesia separada. Este templo consta de un solo can, techado de tejas y sin cosa que merezca ninguna atencin en su exterior ni interior. Tendr la longitud 31 varas, y de latitud sobre diez. El altar mayor cae a occidente y la puerta principal a oriente, con dos torres medianas, que adornan su frente: tiene tambin otras dos puertas colaterales y una especie de atrio, que antes serva de cementerio. Esta auxiliar est situada en una gran plaza, que hoy sirve de mercado al occidente de la ciudad y aunque algunos la creen propia para edificar en ella una hermosa catedral, la situacin es algo distante, de lo que se considera como parte principal de la ciudad, por lo menos en el estado presente. 3. El ngel Custodio es la segunda auxiliar de esta ciudad, y fue edificada por el Illmo. seor Evelino de Compostela, dedicndola para auxiliar por el ao de 1690. Era en su principio de un solo can, como de 29 varas de longitud y sobre diez de latitud: despus se le aadieron dos capillas colaterales a fin de darle ms amplitud. Este edificio tiene la misma situacin, puertas y fbricas que el antecedente, aunque slo tiene una torre pequea. Goza de una vista deleitable y de aire muy sano por estar colocada en una elevacin hacia el extremo septentrional de la ciudad, la que antiguamente se llam la Pea Pobre y en el da la loma del ngel Los adornos interiores de esta iglesia me parecen bastantes indecentes. 4. Ya creo que dije que cuando se levantaron los muros de la ciudad, no se pens que su vecindario se aumentase de suerte que necesitase mayor terreno para extenderse. El tiempo ha manifestado lo contrario porque despus de poblado el que por entonces se asign ha sido tan numeroso el concurso de sus gentes, que siendo imposible que habitasen en la ciudad, se han extendido por los campos de las inmediaciones, principalmente por el barrio de Guadalupe, derramndose a norte y sur y penetrando hacia occidente hasta el Cerro y Jess del Monte que estn a ms de media legua de los muros de la ciudad. 5. Al principio del citado barrio de Guadalupe, frente al paraje que en el da se dice la Ceiba, a poco ms de 500 pasos castellanos de la puerta de Tierra, hubo una ermita de paja, dedicada por Francisco Caite a la Virgen de Guadalupe, de donde el referido barrio tom el nombre. Esta ermita se constituy despus en auxiliar y ltimamente en parroquia, hasta que por influjo del ingeniero D. Agustn Cramer se derrib y pas la parroquia al santuario del Seor de la Salud que al

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ANTONIO JOS VALDS /215 /215 /215 /215 /215 noroeste de Guadalupe haba edificado un pardo nombrado Miguel de Rodas en fuerza de su devocin y limosnas que recogi para la fbrica, la que en el da se trata de perfeccionar por medio de una suscripcin abierta para el intento. El templo derribado por Cramer haba sido construido ltimamente por el ilustrsimo Lazo y se hallaba en un estado medianamente decente. El edificio corra de norte a sur y constaba de tres naves, la principal de 52 varas de longitud con 12 de latitud y altura. Las colaterales eran de 42 varas de largo, 5 de ancho con 10 de elevacin. La fachada principal se compona de pilares y estatuas y los adornos interiores eran proporcionados. Hay tradicin de que el ingeniero Cramer muri hecho pedazos por las mulas de su volante al pasar por las inmediaciones en que se hallaba esta iglesia un da que regresaba del campo. Yo ignoro la exactitud de este caso. Adems de la referida parroquia, cuyo cura se considera como el tercero de esta ciudad, hay extramuros de la ciudad la auxiliar de Jess Mara sita en el barrio de su nombre y las auxiliares de Jess del Monte y el Calvario que le son del Sagrario de La Habana y se denominan del campo. Por lo que respecta a sus edificios no tienen cosa que requiera la atencin de la historia. 6. La relacin de las dems iglesias del Obispado de La Habana, la he formado con vista de un plano de esta Dicesis, dedicado al ilustrsimo seor Espada, por el ao de 1807. Concibo que es la mejor fuente a donde pudiera haberme dirigido para el fin que me propongo de dar una breve noticia de las iglesias que se hallan fuera de la capital en toda la extensin del Obispado. Sabido es de todo el mundo cun destituidos estamos de mapas geogrficos de esta Isla, que nos den una idea exacta y suficiente de las distancias interiores de sus diferentes poblaciones, pues, los pocos que se encuentran slo contienen los lugares ms conocidos, colocados conjeturalmente la mayor parte de las veces extendindose solamente en describir las costas, por lo que parece que ms bien pertenecen a la clase de mapas hidrogrficos. Para la mejor claridad de la noticia de las iglesias, he procurado expresar antes las que se hallan en la parte oriental de La Habana, partiendo desde la ms prxima hasta encontrar la ms distante, y el mismo mtodo observo con las de la parte occidental sin comprometerme a una exactitud rigurosa.17. Iglesias de la parte oriental: Regla curato, Guanabacoa, curato, San Miguel curato, Guadalupe (a) Pealver auxiliar, Santa Mara del Rosario curato, Santiago curato, Managua curato, Guanabo curato, Bejucal curato, La Salud auxiliar, Jiquiabo auxiliar, Tapaste curato, San 1Mis lectores encontrarn, sin duda, algunas inexactitudes en este orden que he adoptado, con especialidad en aquellas iglesias que quedan al sur de esta capital, en las cuales aunque creo que ninguna he dejado de apuntar, no habr acaso quedado bien determinados los dos rumbos en que las he dividido.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 216\ 216\ 216\ 216\ 216\ Jos de las Lajas auxiliar, Casiguas auxiliar, Jaruco curato, Ro Blanco curato, San Antonio de las Vegas auxiliar, Quivicn curato, San Antonio o Pueblo Nuevo iglesia que se acaba de concluir a costa de aquellos vecinos, que han gastado en su fbrica 18 000 pesos, y creo que an no se ha determinado si ser curato o auxiliar; Guara auxiliar, Santa Catalina auxiliar, Bainoa auxiliar, Bataban auxiliar, Jibacoa curato, Gines curato, Aguacate auxiliar, Pipin auxiliar, Puerto Escondido auxiliar, Madruga auxiliar, Ceiba Mocha auxiliar, Matanzas curato, Alacranes auxiliar, Guamacaro curato, Macuriges curato, Guamutas curato, Hanbana curato, Ceja de Pablo auxiliar, Yamaraguas auxiliar, lvarez curato, Villa Clara curato, Camarones auxiliar, Barajagua curato, San Atanasio del Cupey curato, Ro del Ay auxiliar, San Juan de los Remedios curato, Trinidad curato, San Blas del Palmareja curato, Sancti Spritus curato, La Caridad auxiliar de dicha villa, Morn auxiliar, San Eugenio de la Palma auxiliar, El Jbaro auxiliar. 8. Iglesias de la parte occidental, Cano curato, Guatao auxiliar, Wajay auxiliar, Guayabal auxiliar, Corralillo auxiliar, San Antonio curato, El Pilar auxiliar, Guanajay curato, Mariel auxiliar, Quiebra Hacha auxiliar, La Gira curato, Puerta de la Gira auxiliar, Cayajabos auxiliar, Guanacage cuarto, San Marcos proyectada, Santa Cruz de los Pinos curato, San Diego auxiliar, Palacios curato, Cacarajcara curato, La Chorrera auxiliar, Consolacin curato, Pinar del Ro curato, Baja curato, San Juan y Martnez auxiliar, Mantua curato, Filipinas curato y la auxiliar de la Isla de Pinos. 9. El contenido en los prrafos antecedentes viene a ser el nmero actual de las iglesias parroquiales y auxiliares en el Obispado de La Habana, cuyo adelanto se debe al genio activo y celoso del actual prelado, que sobre las iglesias que hall a su ingreso en el Obispado, hizo las nuevas erecciones que se explican a continuacin. En La Habana y partidos del campo anejos, organiz la cura de almas y administracin de sacramentos, dndosela a los sacristanes mayores y erigi seis beneficios en las seis iglesias auxiliares que haba. En la Jurisdiccin de Matanzas erigi dos, uno en la auxiliar de Ceiba Mocha y otro en la eregida nuevamente en Corral Nuevo. En la de Guanabacoa erigi uno en la auxiliar que haba de Guadalupe. En la Jurisdiccin de Santiago dos, uno en la auxiliar que haba de Wajay y otro en la nuevamente erigida en La Salud. En la de Sancti Spritus erigi uno en la nueva iglesia del Jbaro. En la Jurisdiccin de San Antonio, la nueva iglesia del Pilar. En la del Cano erigi dos beneficios en las iglesias del Guatao y Corralillo. En la Jurisdiccin de Ro Blanco diez beneficios en las iglesias auxiliares que haba en Jibacoa y Tapaste (estas dos y otra que se estableci nuevamente la erigi en parroquias) y en las que erigi en el Aguacate, Casiguas, Bainoa y Jiquiabo. En la de Guanajay erigi seis beneficios,

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ANTONIO JOS VALDS /217 /217 /217 /217 /217 dos en la auxiliar que haba del Guayabal y de Ceiba del Agua y los otros cuatro en las nuevas iglesias de Cayajabos, Puerta de la Gira, Mariel y Quiebra Hacha. En la de Gines uno en la nueva iglesia de la Catalina. En la de Managua uno en la auxiliar que haba. En la de Barajagua uno en la auxiliar de Camarones. En la Cacarajcara uno en la nueva auxiliar de San Diego. En la Jurisdiccin de Macuriges, tres en las iglesias nuevas Pipin, Madruga y Alacranes. En la de San Eugenio de la Palma erigi uno en la auxiliar que haba en Morn. En la del Quivicn seis, cuatro en las cuatro auxiliares que haba en la Gira, Alquzar, Bataban y Guara, y dos en la que erigi en San Antonio y en la Isla de Pinos, habiendo erigido en parroquias las dos primeras. De suerte que ha erigido el seor Espada 44 beneficios y 20 iglesias, siendo de stas 15 parroquias y 15 auxiliares. Tambin ha dado cura de almas a diez sacristanes mayores, hacindolos beneficiados, a ms de los 44 referidos, y consecuentemente ha aumentado 54 ministros a la cura de almas. 10. En el Arzobispado de Cuba adems de la Catedral, de que habl en el Libro antecedente y de las iglesias auxiliares Santo Toms, los Dolores, la Trinidad, establecidas en la capital, hay en la jurisdiccin de aquella Dicesis las iglesias que siguen, segn consta de la Gua de Forasteros de este ao de 1813. Baracoa curato, Puerto Prncipe curato, La Soledad, Santa Ana, Santo Cristo y La Caridad, auxiliares, Bayamo curato, Holgun curato, Jiguan curato, Caney curato, Cobre curato, Cauto curato, Mayar curato, Morn curato, Tiguabo curato, Tunas curato, Yara curato, Piedras curato, Guiza curato, Sibanic curato, Guimaro curato, San Pedro curato, Nuevitas curato, Carmen curato. Algunos graduarn de muy limitada esta relacin de las iglesias de los obispados de la Isla, pero he pensado detenerme ms en dar noticias de sus fundaciones y otros particulares histricos, cuando en el segundo volumen trate de la poblacin. Entonces me ser preciso recorrer por sus diferentes pueblos en un libro separado, y habr mejor oportunidad para suplir lo que aqu se halla de menos. 11. Para el desempeo de las funciones eclesisticas hay en la extensin de la Isla un clero numeroso y respetable, en el que abundan sujetos de virtud y acreditada instruccin, no solamente en lo que pertenece a su carrera eclesistica, sino en otros diversos conocimientos a que se dedican, unos por aficin y otros con el fin de llenar con ms sabidura el desempeo de las ctedras y clases que les estn sometidas. La conducta pblica y privada que se observa en estos individuos es por lo general conforme a su ministerio y su porte bastante decente. As es que este clero ha visto salir de su seno arzobispos, obispos, cannigos y otros sujetos clebres, que han desempeado con general aprobacin cargos pblicos de gravedad, cuando han sido nombrados para objetos

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 218\ 218\ 218\ 218\ 218\ semejantes, y debo decir en honor de ellos, que siempre han manifestado particular deferencia o desinters con respecto a sostener los abusos supersticiosos, que regularmente hacen el bien estar de los de su clase, en otros muchos pueblos de la denominacin espaola donde es sabido que son excesivamente celosos de su autoridad, no faltndoles jams pretextos para manifestar que la religin se interesa en lo que el inters personal les inspira. 12. D. Antonio Lpez, que tuvo la curiosidad de imponerse del nmero de conventos de la Isla, se expresa as en la leccin tercera de sus Apuntes “Numranse en esta Isla 23 conventos, los 20 de religiosos y los restantes de monjas (en su tiempo no tenamos ursulinas) y son: tres del Orden de Predicadores que pertenecen a la provincia de Santa Cruz, cuyo provincial reside en cualquier convento de la provincia: nueve del de menores de regular observancia, que por s solo componen la provincia de Santa Elena de la Florida, cuyo provincial tambin reside donde quiere: uno del de San Agustn de la provincia del nombre de Jess: dos de la Merced y corresponden a la provincia de San Lorenzo: dos de la de San Juan de Dios, que se comprenden entre los del Espritu Santo: y los dos restantes de belemitas de la provincia de Nueva Espaa. Haba tambin un Orden de San Felipe Neri, y en las comunidades de estas casas religiosas, se encuentran como 496 individuos”.213. El convento de d ominicos de La Habana est dedicado a San Juan de Letrn y es de bastante extensin, pues su circunferencia creo que no bajar de 600 varas castellanas. La iglesia corre de norte-sur, y aunque en su principio fue de una sola nave de piedra, techada de madera y teja, despus se le agreg otra de bveda, hacia la parte del claustro. El largo de la nave principal ser como de 54 varas con algo ms de 12 de ancho y 13 de elevacin. La nave accesoria tendr de longitud algo ms de 52 varas, 8 de latitud y como 11 de altura. La sacrista cae hacia la segunda nave y aunque antes se comunicaba con la iglesia slo por el claustro, ahora tiene puerta abierta a la misma iglesia. La torre es de tres cuerpos y de las ms elevadas de la ciudad, cae al lado del norte sobre la puerta principal. A la parte oriental tiene la iglesia el desahogo de una plazuela, a donde cae una puerta de la nave principal, que es la que regularmente se elige para entrada y salida de la iglesia. sta es de ningn gusto en su arquitectura y est bien deteriorada, lo que acaso motiv la construccin de otra nueva y de ms perfeccin y solidez, cuyas puertas principales corresponden a la referida plazuela, pero esta fbrica hace tiempo que est parada y alquilada para almacn de tablas. El convento consta de tres claustros cuadrados y notable2En esta casa se establecieron los capuchinos venidos a La Habana por el ao de 1784 y en ella subsisten hasta el presente.

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ANTONIO JOS VALDS /219 /219 /219 /219 /219 mente diversos entre s. El primero y segundo son de los dos cuerpos y el tercero tiene hasta tres por partes, parece que con el designio de que sirviesen para los escolares de la Universidad, pero creo que por falta de fondos, quedaron sin concluirse. Los adornos y alhajas de esta iglesia son siempre de bastante decencia y valor. El convento es rico y ha tenido individuos sobresalientes en letras, con especialidad despus de haberse fundado en l la Universidad, siendo as que antes de aquel tiempo todava en La Habana no se haca consistir la ciencia en otra cosa que en la sabidura del Latn y de la Teologa. Los conventos de dominicos de las villas de Guanabacoa, Bayamo y Sancti Spritus son pobres y de construccin nada particular. 14. El edificio de menores de La Habana pasa por el mejor de toda la Isla, y ms lcida hubiera quedado su fachada, si como la fabricaron frente a la calle, la hubiesen fabricado hacia la plazuela, que es de bastante extensin. Este convento empez a fundarse en 1574 con algunas oposiciones, y el rey aplic de su erario algunas expensas para la obra, y habindose finalizado se incorpor a la provincia de Yucatn y despus a la del Santo Evangelio de Mjico hasta el ao de 1606, que se erigi en custodia y sucesivamente en provincia titulada de Santa Elena. El edificio actual principi a labrarse por el ao de 1719 y contribuy mucho a su prosecucin un vecino nombrado D. Diego de Salazar, bien que su principal obra y total perfeccin se debe al ilustrsimo Lazo, que dedic su empeo en ver acabado este edificio que puso en estado de consagrarse a fines del ao de 1738. Esta iglesia corre de oriente a poniente y al norte tiene el desahogo de una de las plazas ms capaces de la ciudad que desde el gobierno del conde de Santa Clara sirve de mercado pblico. La vasta mole de este suntuoso templo estriba sobre dos rdenes de columnas de mucha solidez, formando tres naves de regular extensin. La primera constar de 74 varas de longitud y sobre 10 de latitud y altura y las dos colaterales tendrn de largo 59 varas tiles, excluyendo como seis que ocupan las paredes del crucero. El ancho de estas naves ser de 4 varas y como 6 de alto. El coro, as como lo restante de esta iglesia, es de cantera y bveda. Su sillera es de caoba muy capaz y bien trabajada, y est adornado en sus costados por dos rganos grandes y lcidos, aunque uno de ellos es solamente de perspectiva. La fachada principal que mira al occidente consta de tres puertas correspondientes a las mismas naves y sobre el arco de la mayor se levanta una torre de tanta elevacin, que seorea ventajosamente las dems de la ciudad y le sirve de remate una estatua de Santa Elena titular de la provincia. El adorno y alhajas de esta iglesia son bastante decentes y las funciones se hacen con mucha solemnidad, sin embargo de que la iglesia presenta el defecto de poca claridad. A su parte meridional sigue el convento, compuesto de dos claustros de bas-

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 220\ 220\ 220\ 220\ 220\ tante hermosura y solidez y tiene adems otros patios con varios rdenes de celdas que pertenecan a la antigua fbrica del convento, y al extremo meridional del edificio se halla la capilla de la Tercera Orden que es de buena fbrica y bastante decencia en su interior. El convento de franciscanos de Guanabacoa, aunque es de humilde arquitectura, tiene la recomendacin del aseo que en l se advierte. Los restantes de los lugares interiores nada ofrecen de particular, cuando es as que sobresale en ellos la pobreza de sus fbricas y adornos. 15. El convento de San Agustn tuvo para su fundacin algunas oposiciones del gobierno de esta capital; sin embargo de que la protega el obispo que era entonces D. fray Juan de las Cabezas. Su situacin es en el centro de la ciudad y la iglesia tiene su frente al este. Antiguamente se compona de dos naves, pero en el da consta de tres de bastante desembarazo y claridad. La principal tiene sobre 55 varas de largo y 12 de ancho con la misma elevacin, las dos segundas tendrn, la una sobre 53 varas de largo y 5 de ancho con la misma altura, y la otra tiene mayor longitud. La causa de esta diferencia es el lugar que ocupa la torre en un ngulo que corresponde al frente y lado septentrional del edificio, y esta misma posicin de la torre es causa de que la iglesia slo tenga al frente dos puertas, que salen a una pequea plazuela. A espaldas de la iglesia est la sacrista y despus corre de norte a sur una decente capilla de los Terceros Agustinos Ambas iglesias se hallan adornadas con bastante aseo, especialmente la principal, que en nada cede en la solemnidad de sus ceremonias a las dems de la ciudad. El convento consta de un claustro de fbrica humilde y un patio en que se hallan varias oficinas para el servicio del convento. Esta casa corresponde a la provincia de agustinos de Nueva Espaa. 16. El convento de la Merced de La Habana tambin encontr bastantes escollos en su fundacin y lentos progresos, los que han sido de manera que an no se sabe si acaso se vern acabados los claustros: y la iglesia aunque habilitada para el culto divino despus de haber abandonado la miserable anterior, todava no se halla concluida sino la mitad. sta es de tres naves hermosas, y segn consta de la relacin, publicada en su consagracin tiene 36 varas de largo, 22 de alto y 24 de ancho. As es que sin embargo de carecer de torre, su fbrica sobresale desde cualquiera punto que se mire de la ciudad. Su techo es de azotea y bveda de perspectiva y toda ella no es de la mejor arquitectura. La misma relacin a que me contraigo dice que fue valuada en 225 000 pesos, a cuyo costo contribuy casi todo el vecindario, y el ilustrsimo Hechavarra supli multitud de operarios y desde enero de 1676 hasta el de 88, ayud con 25 doblones mensuales. La situacin de este convento queda al sur de la ciudad. En Puerto Prncipe hay otro moderadamente decente y capaz.

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ANTONIO JOS VALDS /221 /221 /221 /221 /221 17. Segn la instruccin que tengo del convento de San Juan de Dios se denomin en su origen o institucin, hospital de San Felipe y Santiago por ser colegio del mismo nombre. Al lado de este colegio haba un colgadizo o barracn que estaba destinado a guardar la lancha del Morro que entraba por el estero del Boquete y llegaba hasta el sitio donde hoy esta la iglesia.3 El ao de 1593 abandon la lancha este puesto y se mud al lugar donde est la puerta de la Punta, quedando el colgadizo desierto. Por este tiempo naufrag en Bacuranao una fragata nombrada La Perla y en el naufragio perecieron casi todos los de la tripulacin y de los pocos que se salvaron fue uno Sebastin de la Cruz. Presentose este hombre en la ciudad cubierto de andrajos, excitando con sus acciones la risa y mofa de la plebe que le trataba como un loco; pero su obstinado silencio, la inalterable paz y humildad con que sobrellevaba las injurias que le inferan y sobre todo la constancia y valor con que se castigaba, recostndose de continuo sobre las espinas y levantndose cubierto de heridas, indujeron a que se juzgara de l ms favorablemente. En efecto de all a pocos das se apareci este hombre vestido con el hbito de la tercera Orden de San Francisco, ejercitando la caridad con cuantos enfermos encontraba, los que conduca al barracn donde haba fijado su domicilio. All los curaba y les administraba con la mayor benevolencia cuantos auxilios poda, valindose para este fin de las limosnas que recoga, desempeando l solo los oficios de cocinero, enfermero y demandante, hasta que el 17 de mayo de 15984 muri este hombre sin saberse quin era ni el lugar de su nacimiento, pues guard sobre este punto un silencio obstinado. Desde el ao de 1703, en que el ilustrsimo Evelino pretendi que se fundase un hospital de convalecencia, qued este pequeo hospital a cargo del Cabildo, el cual hizo la fundacin de la Cofrada de la Soledad y del Santo Entierro, con ttulo de Hermanos Cargadores de Caridad Pidi el Cabildo en 1601 al rey Felipe II la cesin a la ciudad del colegio de Santiago para la extensin del hospital, solicitando tambin la confirmacin de la cofrada y religiosos de San Juan de Dios. Consiguiolo efectivamente y el 1o de octubre de 1603, llegaron de Cdiz el hermano mayor Diego de la Fuente y los hermanos Andrs Alcaraz, Gonzalo Gonzlez y Andrs Paz. El 14 del mismo, los alcaldes ordinarios Pedro Melndez Flores y Rodrigo Narvez a nombre del Vice Real Patronato hicieron la entrega del colegio por ante Luis Castilla, escribano pblico, con asistencia del ilustrsimo D. fray Juan de las Cabezas y se pasaron aquel mismo da todos los 3Por eso, Arrate juzga que el hospital de San Juan de Dios hubo de estar en su principio situado a la orilla del mar, y que despus se trasladara a otro lugar interior, cuando en realidad fue el mar quien se traslad.4Arrate fija su muerte en poca diferente.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 222\ 222\ 222\ 222\ 222\ enfermos del barracn al aula magna de dicho colegio que es ahora la enfermera. Formose en su iglesia una tenencia auxiliar de la matriz, siendo el primer teniente de cura D. Antonio Rodrguez Gato. Y por reales rdenes constantes en el archivo del hospital, se le concedi una gran parte de las rentas decimales y del derecho de anclaje. 18. ste es el origen del hospital de San Juan de Dios que a pesar del cuidado que han aplicado actualmente los religiosos, a estmulo de la libertad de la imprenta, se halla en estado miserable, lo que me induce a presumir o que no tiene suficientes rentas o si las tiene se hallan mal administradas. Si es lo primero, el Excmo. Ayuntamiento debe tomar algunas determinaciones capaces de fomentar un establecimiento de tanta precisin y utilidad pblica, por ser sta una de sus primeras obligaciones, y que debe llenarla a cualquier precio. Pero si el estado del hospital proviene de una mala administracin, deben aquellos a quienes compete, examinar escrupulosamente este asunto y tomar rigurosas cuentas a los que estn encargados del establecimiento. 19. Ni la situacin del hospital ni su administracin llenan el objeto de tales fundaciones. En el centro de la ciudad no pueden participar de los vientos reinantes, y los aires corrompidos de ella deben necesariamente aumentar la infeccin del suyo. Por otro lado, son tan pequeas las salas con respecto al nmero de enfermos que encierran, y estn tan privados de ventilacin, que indispensablemente han de tener, como efectivamente sucede, un aire corrompido: y si como asienta un filsofo de reconocida reputacin, 300 hombres encerrados en la extensin de un arpent5 forman con la transpiracin una atmsfera de 60 pulgadas de alto, mucho mayor debe ser en proporcin la de 100 o 200 hombres encerrados en el mbito de 20 o 30 varas. Es bien extrao que el gobierno no haya mirado con el mayor empeo este objeto tan interesante a la humanidad, cuando por otro lado hay en esta ciudad establecimientos de esta naturaleza, que poseen mucho ms de lo que requiere su instituto. Fcil es entender que hablo de los belemitas, cuyas cuantiosas rentas son suficientes para llenar su objeto y proveer lo suficiente a San Juan de Dios. Estos religiosos estn en la obligacin, ms que otros de practicar la caridad, y con semejante manejo seran ms aceptos al pblico, que ya corre el velo que le obstrua el examen de sus verdaderos intereses. Y no se crea que soy el nico que haya concebido estas ideas, que son bien comunes, ni tampoco soy de los que ms se esfuerzan en sostenerlas. Un apreciable amigo, tratndome de este particular me dirigi las expresiones siguientes, que vierto literalmente. “Puede acaso ser accin meritoria el sostener una sala de convalecencia por tres das, 5Segn se explica Capmany es una fanega de tierra francesa, que es medida de Toledo de 400 estadales y el estadal de 11 pies.

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ANTONIO JOS VALDS /223 /223 /223 /223 /223 que a lo ms contendr 100 individuos, poseyendo como 2 millones de pesos en haciendas de toda especie y grandes cantidades en efectivo como es notorio...? no causa indignacin el ver esta excesiva riqueza reunida y amortizada en una corporacin, cuyos miembros han hecho voto de caridad y pobreza, mientras que apenas existe un asilo para la triste y desvalida humanidad, para los tiles y laboriosos ciudadanos...? y nos preciaremos aun de cristianos a la faz de las dems naciones, que sin nuestra verdadera religin nos dan mil ejemplos de estos establecimientos...?”620. La iglesia de San Juan de Dios se reduce a un can de piedra y teja con 46 varas poco ms o menos de longitud, sobre 11 de latitud y 17 de altura. Corre de oriente a occidente y la torre es proporcionada y de las ms feas de la ciudad. El convento es de moderada extensin y sus claustros se fundan sobre arquera de piedra. Pertenece a la provincia del Espritu Santo en Nueva Espaa, cuyo Captulo le provee de priores. La casa de estos religiosos en Puerto Prncipe es reducida y tambin de escasas proporciones. 21. Con respecto al convento de Beln creo haberme detenido ms en otro Libro antecedente, por lo que procurar ser breve en esta descripcin, omitiendo hablar de la escuela que mantiene hasta que en el segundo tomo trate de la instruccin pblica. El establecimiento de este convento y hospital de convalecencia se debe al seor Evelino de Compostela y a D. Juan Francisco Caravallo, mercader y vecino de esta ciudad, facilitando el primero las licencias necesarias y la venida de religiosos de Mjico a cuya provincia est sujeta esta casa, y ambos contribuyendo con su influjo y costos especialmente el ltimo, que le dej cuantiosas sumas. La iglesia consta de un solo can con su crucero de cantera y bveda y aunque no es muy grande tiene bastante belleza. Su longitud se extiende como a 49 varas y su latitud y altura a 11. La decencia de sus altares, alhajas y adornos son propios de la casa de Dios. El coro es bueno y el rgano excelente. La torre es proporcionada y el frente de la iglesia est hermoseado con un atrio cercado de balaustres de cantera. El convento es obra bien acabada y sus claustros de arquera de piedra. Su fachada queda hacia la parte oriental y ofrece una vista elegante. La sala de recibo, las enfermeras y dems oficinas son de bastante hermosura y comodidad y para que nada falte hay una hermosa huerta para el desahogo de la comunidad. Las riquezas que posee este convento quedan indicadas en el artculo antecedente. El de belemitas de Cuba es muy inferior en todo. 6Algunos me han informado que el hospital de convalecencia de Beln ha pasado algunas veces de este destino a enfermera formal: aunque esto ha sido por el menor tiempo posible.

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 224\ 224\ 224\ 224\ 224\ 22. El oratorio de San Felipe de Neri que es en el da colegio de capuchinos, como tengo referido, se estableci primeramente en el ao de 1666 en la parroquial mayor por el seor Santo Matas, despus se traslad a la iglesia del Santo Cristo, que todava no era auxiliar, y ms adelante, por el ao de 1693 pas la congregacin al nuevo templo y oratorio que le fabric el licenciado D. Francisco Sotolongo casi al centro de la ciudad, y es habitacin de los capuchinos desde su venida a esta ciudad en 1784. La iglesia de San Felipe constaba en su principio de un solo can de cantera y teja, el que corre de oriente a occidente, con 38 varas poco ms o menos de longitud y sobre 10 de anchura con media ms de elevacin. Despus se le agregaron dos naves sobre arcos y columnas. La torre es de tres cuerpos y de la altura correspondiente a la iglesia. El resto del edificio se compone de un pequeo claustro y otro medio en el traspatio, donde hay varias oficinas para el servicio de la casa. Estos religiosos gozan de la mejor reputacin por lo ajustado de su vida y el empeo con que llenan en beneficio pblico sus obligaciones espirituales. 23. El Rdo. obispo D. Jernimo de Valds fabric a sus expensas una iglesia de piedra y teja con slo un can de 25 a 26 varas de largo y 9 de latitud y altura, y un mirador que con algunas campanas tiene en lugar de torre. Hacia la parte oriental le hizo aadir unos claustros altos y bajos, con una huerta muy capaz y divertida la que ltimamente se ha reducido a muy corta extensin, y creo que fue porque se hubo de necesitar el terreno para otros fines diversos. Yo no estoy verdaderamente impuesto en este particular y as omito aventurar una noticia inexacta. El referido edificio se halla en el extremo occidental que mira al sur de la ciudad y es conocido por San Isidro Su fundador otorg donacin de l durante su vida a varios sujetos y uno de stos fue la Orden de San Francisco, bajo la obligacin de que los religiosos de esta provincia hiciesen misiones anualmente por toda la Isla y estableciesen recoleccin en dicha casa segn se explica el ilustrsimo Morell. Esta donacin fue hecha con las correspondientes formalidades y desde entonces corre a cargo de los expresados religiosos. 24. El monasterio de Santa Clara es el ms antiguo de los cuatro de monjas que cuenta esta ciudad. Fundose el ao de 1644 bajo la obediencia del ordinario eclesistico. Despus se subordin al provincial de San Francisco y esta nueva determinacin origin un pleito muy ruidoso, pero sin efecto contrario, pues el convento ha permanecido sujeto a los franciscanos. La iglesia es un saln de rafas cubierto de madera y teja y corre de norte a sur. Su largo es de 44 a 45 varas y su ancho de 12 a 13 con casi la misma altura. La torre es mediana y de figura desagradable. El convento es de tanta extensin que tiene ocho cuadras de circunferencia, lo que es extremadamente desproporcionado y aun incmodo en

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ANTONIO JOS VALDS /225 /225 /225 /225 /225 una ciudad de la extensin de La Habana: la que recibira ms desahogo y comodidad cortando ese gran convento por la calle de Aguiar hasta la de las Damas. La gran porcin de terreno que quedar a occidente sera muy til al vecindario para formar dos manzanas de casas, y a las monjas todava les quedara extensin para formar un famoso convento. Las funciones que se celebran en esta iglesia son bastantes solemnes y no es extrao porque las monjas han aglomerado bastantes riquezas con los dotes continuados de las muchas que han profesado, las que ordinariamente pasan de ciento. 25. El monasterio de religiosas dominicas de Santa Catalina de Sena sigue en antigedad al antecedente. Su fundacin se empez a tratar por el ao de 1684 y estuvo finalizado en 1698. La iglesia corre de oriente a occidente y es un can mediano de piedra con su techo de madera y teja; cuyo largo es de 41 varas, y sobre 11 de ancho, con 12 de elevacin. La torre es mediana, y los adornos de la iglesia de muy moderado aseo. El convento viene a ocupar cuatro cuadras; es de fbrica humilde y la iglesia tiene al frente un atrio muy deteriorado. Estas religiosas estn sujetas al ordinario, y su nmero fijo creo que es de 27, aunque ahora debe haber el aumento extraordinario de las emigradas de Santo Domingo, que tambin entraron en Santa Clara. 26. El monasterio de Santa Teresa a cuya fbrica contribuy mucho el seor Evelino, est situado hacia occidente de la ciudad, y su iglesia es de mejor forma que la de los dems conventos de monjas. Corre de oriente a occidente, y se compone de un solo can techado de madera y teja; su latitud ser de 35 varas, y su latitud y altura como de 10. Hay slo coro alto, y la iglesia mantiene una regular decencia. La torre es pequea, y el mbito del convento es de bastante extensin. 27. El establecimiento de ursulinas en esta capital ocupa el cuarto lugar entre las religiosas. Por el siglo XVII pasaron de Europa estas monjas a establecer un monasterio en el Canad, y en el ao de 1727 fundaron el de la Nueva Orlens. De all vinieron a esta capital por junio de 803, y se les dio para su alojamiento provisional la Casa de S. Juan Nepomuceno destinada a encierro de prostitutas. Lo que forma un contraste entre las actuales habitadoras de esta casa, y las que lo eran anteriormente. Estas monjas haban solicitado del rey su traslacin a esta ciudad, segn se entiende de una Real Orden fecha en Madrid a 2 de julio de 1803, en la que se accede a sus instancias para este efecto. Por su instituto deben emplearse en la enseanza de la juventud de su sexo, como dir en lugar correspondiente. 28. Siendo gobernador de La Habana el maestre de campo D. Francisco Orejn Gastn, y obispo de Cuba el seor Santo Matas, se puso la primera piedra de la iglesia y hospital de San Francisco de Paula a 27 de febrero de 1668. Esta fundacin fue promovida y costeada por

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 226\ 226\ 226\ 226\ 226\ D. Nicols Estvez Borges, cura beneficiado que fue de la Parroquial Mayor de esta ciudad y electo den de la Catedral de Cuba, el que en su testamento dej el remanente de sus bienes para este destino, instituyendo por albaceas a los referidos jefes, los que agregaron a la iglesia el hospital para curacin de las enfermas pobres, empezando por cuatro camas. Ms adelante por el ao de 1730, en un furioso huracn que experiment esta ciudad, se arruin enteramente la iglesia y parte del hospital y el 8 de enero del ao siguiente bendijo la primer piedra de la nueva fbrica el cannigo magistral de Cuba D. Pedro Ignacio de Torres, provisor y vicario general en sede vacante y fue concluida por el ilustrsimo Lazo en 1733 al mismo tiempo que el hospital constante de 12 camas. Despus se aumentaron las rentas y el ilustrsimo Hechavarra, en unin del marqus de la Torre, ampli la fbrica y aument las camas hasta 30; y el Illmo Trespalacios hizo nuevos aumentos durante su gobierno de esta Dicesis. ltimamente, la Excma. seora D Teresa de Sentmanat, condesa de Sta. Clara, dio nuevo ser a este asilo piadoso de las infelices enfermas, reparando las antiguas salas, edificando otras nuevas, renovando los muebles asquerosos que estaban en uso, dotando nuevas plazas para el servicio expedito del hospital y estimulando a las seoras a que se dedicasen al fomento de este alczar de piedad. La iglesia de este hospital es de un can de cantera y bveda y con mucho aseo. Su largo es como de 33 varas sobre 9 de latitud y elevacin. Corre del medioda al septentrin a donde queda la fachada con un campanario sobre la puerta. Su situacin es al sur de la ciudad por donde empieza a correr la muralla de oriente hacia occidente. 29. La ermita del Monserrate est situada de poniente a oriente junto a la muralla de tierra. Su largo se reduce de 10 a 11 varas con poco ms de 5 de ancho y casi la misma altura. No tiene torre y la suple un pequeo balcn en que estn las campanas. Es regularmente aseada y la dedic a la Virgen por el ao de 1675 Gaspar de Arteaga y doa Magdalena Corvera. Ha servido algn tiempo de ayuda de parroquia segn dice Arrate. 30. Por el ao de 1711 el ilustrsimo D. fray Jernimo Valds se dedic a la fundacin de una casa o cuna de expsitos bajo la proteccin del patriarca San Jos. Su primer establecimiento hubo de ser en el lugar que en el da ocupa el monasterio de Santa Teresa y despus se pas al que tiene actualmente, en la calle de su nombre, cerca de la casa de los generales de marina y del convento de San Francisco. La longitud de la capilla ser de 15 varas, el ancho de 5 y su altura de 5 poco ms o menos. La casa que tiene hacia oriente est destinada para las amas y un capelln de nombramiento real, que sirve de mayor y dems concerniente a la direccin y despacho del establecimiento.

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ANTONIO JOS VALDS /227 /227 /227 /227 /227 31. Una vez concluido lo que me propuse decir acerca de las iglesias de la Isla, y habiendo tratado de algunas que tienen anexo hospitales, finalizar este primer volumen por la noticia de los hospitales que se cuentan, cindome en parte a los informes manuscritos que he podido reunir, habindome sido imposible examinar por m mismo el estado de cada uno en particular. En el ao de 1774, siendo gobernador el conde de Ricla, pasaron los enfermos de San Juan de Dios al hospital de San Ambrosio nombrndose de mdico principal al Protomdico regente que era en aquella poca. En septiembre de 93 pasaron los enfermos, presidiarios y esclavos del rey del hospital del Pilar, que se hallaba extramuros en el barrio de Jess Mara, en unin de sus empleados, al referido hospital de San Ambrosio, quedando agregados estos ltimos para optar en las vacantes. En 1o de marzo de 1806 se trasladaron los enfermos del hospital de Marina, que se hallaba al lado de San Isidro. El motivo de este traspaso parece que fue la escasez del hospital de Marina y la mayor economa, al de S. Ambrosio bajo la asistencia de los empleados sin aumentar ninguno, hasta 1o de febrero de 1812, en que dispuso la Regencia, fuesen visitados por los facultativos de su ramo de marina, y en consecuencia nombraron un mdico y un cirujano que los visita. De suerte que en el da el hospital de S. Ambrosio se puede decir general, pues se curan en l todos los individuos del real servicio, incluso los presidiarios, esclavos del rey y varios particulares que entran indispensablemente a curarse en virtud de decreto de la Intendencia, sin que por tantas atenciones agregadas, se haya aumentado el nmero de siete practicantes y siete cabos de sala, ni los sueldos que fueron asignados por el Reglamento que form el intendente D. Jos Pablo Valiente, durante su residencia en esta capital. Este intendente dio mayor ensanche a este hospital con la compra de algunas casas que le eran contiguas y la fbrica de nuevas salas altas y bajas, hermosendole tambin la fachada o entrada, la que corresponde al palacio antiguo del seor Evelino, frente a la iglesia de San Isidro. 32. El hospital de San Lzaro est extramuros de la ciudad, inmediato al Cementerio general, y el sitio es verdaderamente el ms adecuado que pudo haberse elegido para enfermedad tan horrorosa. Su origen consiste en algunas alhajas y otras cosas de valor, que para el efecto, dio un vecino llamado Pedro de Alegre, por los aos de 1681, y desde entonces se empez a promover obra tan necesaria. Siendo gobernador el marqus de Casa-Torres acalor la edificacin del templo, y de algunos cuartos para vivienda, y despus se le siguieron aumentando algunas fbricas y rentas, siendo la ms gruesa, la de 18 000 pesos de principal, que de sus bienes mand imponer a censo el gobernador D. Dionisio Martnez. Este hospital debe haber sido renovado alguna vez, segn me lo hacen presumir algunos manuscritos que conservo y

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HISTORIA DE LA ISLA DE CUBA 228\ 228\ 228\ 228\ 228\ tratan por incidencia de este particular. La capilla que tiene es proporcionada a su destino, y su capelln es clrigo secular; corriendo lo dems de su gobierno temporal a cargo de un mampostor que nombra el gobernador como vice-patrono. 33. Generalmente hablando, los dems hospitales de la Isla son pobres. El de Cuba a cargo de belemitas, para curacin de la tropa y del vecindario, tiene de proventos, segn dice D. Antonio Lpez, el noveno y medio de los diezmos de la ciudad, dcima de los dems hospitales de la Isla y contribucin de la tropa. En el Bayamo hay otro sujeto al ordinario. 34. El hospicio de San Juan de Dios en Puerto Prncipe sufre tambin bastante atraso, y del hospital sujeto al ordinario que hay en Sancti Spritus, no s cul ser su estado actual. En San Juan de los Remedios existe otro sujeto asimismo al ordinario. Creo que tiene 2 500 pesos de impuestos. 35. En Villa Clara se encuentra otro hospital tambin sujeto al ordinario; y en Trinidad otro del mismo modo, unido a una capilla que se dice de Nuestra Seora de la Popa Adems de los dichos hay otros de menos consideracin en Guanabacoa, Matanzas, Santiago, Bejucal, Gines y otros que no merecen la atencin de la historia, ni mucho menos fatigar al lector con la enumeracin de cosas de tan pequea importancia.

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NDICE ONOMSTICO NDICE ONOMSTICO NDICE ONOMSTICO NDICE ONOMSTICO NDICE ONOMSTICO —A— Abad de Riva-Martn, Juan Francisco: 45. Abarca, Silvestre: 100. Abarca y Bolea, Pedro Pablo: 101. Abisa, Bernardo: 208. Aceituno, Mateo: 37. Acevedo, Juan de: 169. Acosta, Juan Mara de: 172. Adriano VI, papa: 30, 191. Aguiar, Luis Joseph de: 64, 68, 69. Aguilar, Juan de: 177. Aguirre, Jos: 48. Alarcn, Gregorio de: 190, 201. Alarcn y Ocaa, Diego: 28. lava, Ignacio Mara: 182.

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HISTORIA DE ISLA DE CUBA 230\ 230\ 230\ 230\ 230\Albemarle, conde de. Ver Keppel, George. Alberoni, Julio: 208. Alburquerque, duque de. Ver Fernndez de la Cueva, Francisco. Alcaraz, Andrs: 221. Alcedo: 200. Alegre, Pedro de: 227. Alejandro VI, papa: 14. Alemn, Manuel: 149. Allet: 138. Almezquita, Juan de: 169. Alonso de los Reyes, Juan: 196. Alonso de los Ros, Juan Bernardo: 53, 190, 203. Alonso de Navia, Juan: 39. Alonso, Pedro: 36, 63. Alquiza, Sancho de: 36, 44. Altarriba, Miguel de: 176. lvarez de Quiones, Antonio Claudio: 206, 207. lvarez de Villarn, Pedro: 36, 58. Ambrosio de S. Patricio: 58. Angulo. Ver Prez de Angulo, Gonzalo. Antonelli, Juan Bautista: 41, 43, 46. Apodaca. Ver Ruiz de Apodaca, Juan. Apolo: 34. Aponte, Jos Antonio: 151, 154. Aranda, conde de. Ver Abarca y Bolea, Pedro Pablo. Aranda, Cristbal de: 45. Arango, Jos de: 176. Arango, Miguel Ciriaco: 128. Arango y Parreo, Francisco de: 117, 178. Araoz, Juan de: 182.

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ANTONIO JOS VALDS /231 /231 /231 /231 /231Arce, Francisco Manuel de: 177. Arces Moreno, Alonso de: 169. Arencibia Isasi, Sebastin de: 169. Aristizbal, Gabriel de: 124, 153. Armenteros, Jos de: 123, 132. Arrate, Flix de. Ver Arrate y Acosta, Jos Martn Felix de. Arrate y Acosta, Jos Martn Flix de: 18, 19, 23, 27, 29, 31, 32, 36, 37, 41, 45, 50, 53, 54, 57, 63, 171, 172, 174, 200, 202, 206, 213. Arredondo, Nicols Antonio de: 170. Arriaga, Julin de: 95, 101. Arriola, Agustn de: 59, 181. Arroyo, Alejandro de: 69. Arteaga, Gaspar de: 226. Arturo, Antonio Mara: 186. Ashford, barn de. Ver Keppel, George. Asuncin de Mara Santsima. Ver Mara, virgen. Asuncin de Nuestra Seora. Ver Mara, virgen. vila, Juan de: 36, 37. Ayala, Ignacio de: 95. Ayala, Sebastin de: 211. Ayala, Simn de: 107. Ayanz de Ureta, Juan Antonio: 169. —B— Baeza y Carbajal, Jorge de: 171. Blmis, Francisco Javier de: 142. Barba, Pedro de: 36. Barcelona, Cirilo de: 211. Bardaji y Azora, Eusebio de: 175. Barn de Chvez, Juan: 169. Barreda, Blas de la: 182.

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HISTORIA DE ISLA DE CUBA 232\ 232\ 232\ 232\ 232\Bassecourt, Juan Procopio: 96, 123, 128, 131, 132, 133, 134, 135, 137, 154, 219, 226. Bayona Villanueva, Pedro de: 52, 169. Bejerano y Valds, Antonio: 205. Beltrn de Santa Cruz, Pedro: 175. Bentez de Lugo, Pedro Nicols: 36, 58. Betancourt: 58. Bias: 123. Bobadilla, Isabel de: 36. Bolimbrok, lord: 99. Bonaparte, Jos: 149. Bonaparte, Napolen: 144, 149, 154. Bonet, Juan: 182. Borbn, casa de: 147. Bravo de Acua, Juan: 169. Briceo, Manuel de: 67. Brito, Miguel: 85. Bucarelli y Ursa, Antonio Mara: 96, 100. 102. Bury, vizconde. Ver Keppel, George. Bustamante, Mara: 141. —C— Caballero, Jos Agustn: 5. Caballero, Luis Ignacio: 128, 130. Cabello, Domingo: 96, 112, 114. Cabezas Altamirano, Juan de las: 190, 200, 220, 221. Cabrera y Corbera, Lorenzo de: 36, 45. Cadereyta, marqus de. Ver Daz de Armendriz, Lope. Cceres, Alonso de: 39. Cagigal, Juan Manuel: 96, 110, 112, 155, 156, 159, 160, 209. Cajigal de la Vega, Francisco: 36, 63, 169.

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ANTONIO JOS VALDS /233 /233 /233 /233 /233Calvo de Arrieta, Martn: 152. Campbell: 110. Canales, Jos: 169. Caite, Francisco: 214. Capmany: 222. Caravallo, Juan Francisco: 58, 223. Carlos II de Espaa: 53, 61. Carlos III de Espaa: 63, 95, 97, 100, 101, 102, 114, 123, 134, 138, 153, 154. Carlos IV de Espaa: 123, 132, 133, 144, 146. Carlos V de Alemania: 200. Carlota Joaquina de Borbn: 144, 145, 147, 154. Caro, Carlos: 66, 70. Carreo, Francisco: 36, 40. Casa Cagigal, marqus de: 169. Casas, Bartolom de las: 24, 26, 27, 57. Casas y Aragorri, Luis de las: 96, 112, 114, 115, 116, 118, 119, 123, 127, 128, 129, 130, 131, 132, 133, 153, 154, 210. Casa-Torres, marqus de. Ver Torres, Laureano de. Casinas, marqus de: 182. Castaeta, Antonio de: 181. Castelln, Nicols: 172. Castilla, Luis: 221. Castillo, Bartolom del: 55. Castillo, Juan del: 190, 200. Cerdad, Francisco: 136. Cerda, Luis de la: 9. Cervantes y Carvajal, Leonel de: 190, 202. Cspedes, Vicente Manuel de: 170. Cisneros, Juan: 203.

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HISTORIA DE ISLA DE CUBA 234\ 234\ 234\ 234\ 234\Cisneros. Ver Jimnez de Cisneros, Francisco. Cisneros. Ver Jimnez de Cisneros, Pascual. Cleaveland, Samuel: 86, 87. Colina, Juan Antonio de la: 182. Coln, Bartolom: 9. Coln, Cristbal: 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 22, 31, 32, 35, 96, 127, 153. Coln, Diego: 17, 21, 23. Compostela y Vliz, Diego Evelino de: 57, 58, 190, 206, 214, 221, 223, 225, 227. Concepcin de Mara. Ver Mara, virgen. Crdova Lazo de la Vega, Diego de: 36, 57. Crdova, Manuel de: 71. Corral, Francisco de: 69. Correoso Cataln, Gil: 169. Correoso, Juan Crisstomo: 197. Corts, Hernando: 23, 29. Corvera, Magdalena: 226. Cramer, Agustn: 214, 215. Creador. Ver Dios. Crespo, Flix: 119. Cristbal, san: 39, 195. Cromwell, Olivier: 47. Croques, Toms: 186. Cruz, Juan de la: 58. Cruz, Sebastin de la: 21. Cubero, Pablo: 59. —CH— Chacn, Laureano: 69. Chacn, Luis de: 58, 59, 64, 70, 136.

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ANTONIO JOS VALDS /235 /235 /235 /235 /235Chvez, Antonio de: 36, 39. Chvez Bejerano, Juan: 202. Chirinos, Nicols: 58, 59. —D— Daban, Juan: 111. Dvila. Ver Gonzlez Dvila, Gil. Destrehan, Mara Adelaida: 161. Diablo: 32, 55. Daz de Armendriz, Lope: 27. Daz de Espada, Juan. Ver Daz de Espada y Fernndez de Landa, Juan Jos. Daz de Espada. Ver Daz de Espada y Fernndez de Landa, Juan Jos. Daz de Espada y Fernndez de Landa, Juan Jos: 138, 190, 211, 213, 215, 217. Daz de Espada y Landa, Juan Jos. Ver Daz de Espada y Fernndez de Landa, Juan Jos. Daz del Castillo, Bernal: 23, 27. Daz de Salcedo, Antonio: 190, 201. Daz Vara y Caldern, Gabriel: 53, 190, 204, 205. Diego, san: 58. Dionisio de Halicarnaso: 34. Dios: 12, 13, 22, 35, 42, 55, 56, 63, 72, 90, 91, 103, 104, 105, 107, 108, 115, 127, 132, 133, 146, 161, 178, 193, 195, 223. Dolores, virgen de los: 210. Duarte, Pedro Celestino: 170. —E— Echeverri, Juan: 98, 99. Echeverz, Antonio: 28. Elena, santa: 219. Eliot, Jorge: 89. Enrique VII de Inglaterra: 9.

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HISTORIA DE ISLA DE CUBA 236\ 236\ 236\ 236\ 236\Enrquez de Almendriz, Alonso: 190, 200. Ensenada, marqus de. Ver Somadevilla, Zenn de. Escalante Barroto, Antonio: 196. Escudero, Antonio de: 61, 62. Espada, Juan de. Ver Daz de Espada y Fernndez de Landa, Juan Jos. Espada. Ver Daz de Espada y Fernndez de Landa, Juan Jos. Esquivel Saavedra, Juan: 45. Estvez Borges, Nicols: 173, 196, 226. Eufrasia de Coca, esclava: 196. Evelino. Ver Compostela y Vliz, Diego Evelino. Ezpeleta de Veire y Ondeano, Jos: 96, 112, 113. —F— Felipe II de Espaa: 22, 41, 42, 111, 221. Felipe V de Espaa: 61, 62. Feli de Centeno, Antonio: 190, 210. Fernndez de Crdova Ponce de Len, Jos: 36, 54, 59, 60. Fernndez de la Cueva, Francisco: 58. Fernndez de Oviedo y Valds, Gonzalo: 24. Fernndez de Piedra Hita, Lucas: 37. Fernndez de Quiones, Diego: 41. Fernndez Jos de Portugal: 147. Fernando II, el Catlico: 10, 11, 14, 15, 16, 19, 23, 29. Fernando VII de Espaa: 144, 147, 150. Figueroa, Baltasar de: 190, 205. Flandes, Juan: 190, 193, 200. Flores, Manuel de: 182. Flores y Aldama, Rodrigo de: 36, 52. Fondesvilla y Ondeano, Felipe: 96, 100, 102, 106, 107, 114, 189, 226. Fonseca, Pedro: 169. Francisco del Rosario: 58.

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ANTONIO JOS VALDS /237 /237 /237 /237 /237Francisco de S. Antonio: 58. Francisco I de Francia: 193, 200. Francisco, san: 173. Franquinay, M. de: 53. Fras, Manuel de: 69. Fromesta, Cristbal de: 55. Fuente, Diego de la: 221. Funes de Villalpando, Ambrosio: 94, 95, 96, 97, 99, 100, 153, 175, 227. —G— Glvez, Bernardo de: 96, 109, 110, 111, 112. Glvez, Jos de: 107, 108, 153, 155, 161. Garcs, Juan de: 193. Garca Barreras, Miguel: 128. Garca de Navia, Juan: 169. Garca de Palacios, Juan: 190, 205. Garca Montans, Pedro: 47. Garca Osorio, Francisco: 36, 39. Garca Sols, Felipe: 86. Garcilaso de la Vega, Inca: 31, 37. Gastn, Miguel: 182. Gelder, Francisco: 36, 46, 47, 173. Girn, Gernimo: 161. Girn, Gilberto: 43, 201. Godoy y lvarez de Faria, Manuel: 96. 143. Gomara. Ver Lpez de Gomara, Francisco. Gmez: 27. Gmez de Maraver: 60. Gmez Roubaud, Rafael: 177, 178, 179, 188. Gonzlez Dvila, Gil: 26, 200. Gonzlez Candamo, Jos: 211.

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HISTORIA DE ISLA DE CUBA 238\ 238\ 238\ 238\ 238\Gonzlez de la Cruz, Jos: 54, 55. Gonzlez, Gonzalo: 221. Gonzlez, Juan: 114. Gonzlez, marqus de. Ver Gonzlez-Valor de Bassecourt, Vicente. Gonzlez-Valor de Bassecourt, Vicente: 71, 75. Gonzlez y Montoya, Jos: 178. Gran Kan: 16. Grijalva, Juan de: 29. Guadalupe, virgen de: 214. Guazo Caldern Fernndez de la Vega, Gregorio: 36, 60, 61. Gemes y Horcasitas, Juan Francisco: 36, 62. Guerra de la Vega, Francisco: 169. Guerra de la Vega, Pedro: 41. Guevara, Juan Francisco: 41. Guilisasti, Juan Bautista: 196. Guillermo, duque de Lancaster: 111, 155, 162, 164, 165. Gutirrez, coronel: 70. Gutirrez de Evia: 182. Gutirrez, Juana: 196. Gutirrez, Pedro: 13. Guzmn, Gonzalo de: 30. —H— Hale, J.: 94, 109. Hatuey, cacique: 22. Hechavarra Elgueza y Nieto de Villalobos, Santiago Jos de: 112, 190, 209, 210, 211, 220, 226. Hernndez de Crdova, Francisco: 58. Hernndez de Pavn, Francisco: 196. Hernndez, Jos: 209. Hernani, Domingo: 176, 186.

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ANTONIO JOS VALDS /239 /239 /239 /239 /239Herrera, Joaqun de: 128. Herrera, Juan de: 182. Herrera y Tordesillas, Antonio de: 23, 24, 26, 27, 200. Hevia, Gutierre de: 76, 78, 85, 94. Hinestrosa, Juan de: 38. Hobruitinier, Pedro: 59. Hood: 162. Horcasitas. Ver Gemes y Horcasitas, Juan Francisco. Hoyo, Juan del: 61, 169. Hoz, Juan Jos de la: 177. —I— Inca. Ver Garcilaso de la Vega, Inca. Inmaculada Concepcin. Ver Mara, virgen. Irisarri, Miguel Cristbal de: 196, 200, 210. Isabel I, la Catlica: 9, 10, 11, 13, 15, 16, 29. Isasi, Cristbal de: 47. Izaguirre, Francisco: 190, 207. —J— Juregui, Andrs: 149. Jernimo Minos: 196. Jimnez de Cisneros, Francisco: 26. Jimnez de Cisneros, Pascual: 96, 98, 100. Jimnez, monje: 210. Jimnez, Pedro Ignacio: 169. Jorge III de Inglaterra: 111, 162. Jos, san: 226. Juan de Letrn, san: 218. Juan Francisco: 123, 124, 125, 126. Juan Nepomuceno, san: 210. Juan II de Portugal: 8, 9.

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HISTORIA DE ISLA DE CUBA 240\ 240\ 240\ 240\ 240\Junot, Andoche: 145. Jpiter: 34. —K— Keppel, George: 64, 66, 78, 84, 85, 86, 87, 88, 90, 91, 92, 93, 94, 108, 109. Keppel, Guillermo: 93. Kindeln, Sebastin: 170. —L— Lngara, Juan de: 182. Lara, Jernimo de: 28, 190, 196, 202. Lavallete, general: 142. Lazo de la Vega y Cancino, Juan: 190, 195, 207, 211, 215, 219, 226. Lebrn de Quiones, Jernimo: 23. Ledesma. Ver Rodrguez de Ledesma, Francisco. Len X, papa: 30. Leonarda, vecina: 55. Leonor, reina de Francia: 200. Limonta, Isidro: 179. Lolonois, pirata: 48, 49. Lpez, Antonio: 32, 218, 228. Lopz de Cangas, Mateo: 169. Lpez de Gomara, Francisco: 23, 27. Lortia, Fernando de: 67. Lucifer. Ver Diablo. Luisa Angola, esclava: 196. Luis XV de Francia: 99. Lujn, Gabriel de: 36, 41. Lujn, Juan Bautista: 71. Luna y Sarmiento, lvaro de: 36, 46. Luz, Manuel Antonio de la: 128, 130.

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ANTONIO JOS VALDS /241 /241 /241 /241 /241—M— Macuriges, conde de: 186. Madariaga, Juan Ignacio de: 67. Madariaga, Lorenzo: 169. Magaa, Andrs de: 169. Magaa, Manuel: 87. Magdalena de Jess: 45. Maldonado Barrionuevo, Juan: 36, 43. Manrique, Diego: 96, 100. Manso de Velasco, Jos: 65, 66, 68, 71, 72, 74. Manzaneda y Salinas, Severino de: 36, 55, 56, 57. Marcial, san: 41. Mara Luisa de Borbn: 133. Mara Magdalena: 196. Mara Santsima. Ver Mara, virgen. Mara, virgen: 29, 30, 55, 58, 116, 172, 173, 204, 226. Marte: 34. Martnez de la Vega, Dionisio: 26, 36, 59, 61, 62, 63, 227. Martn, negrito: 194. Matienzos, Francisco Javier de: 186. Maxent, Isabel: 162. Maxwel, Juan: 157, 159. Mazariegos, Diego de: 36, 38, 39. Medina, Francisco: 71. Medina-celi, duque de. Ver Cerda, Luis de la. Medina-sidonia, duque de. Ver Prez de Guzmn, Alonso. Melndez de Avils, Pedro: 36, 39. Melndez Flores, Pedro: 221. Melndez Marqus, Pedro: 39. Mndez, Miguel: 129, 130.

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HISTORIA DE ISLA DE CUBA 242\ 242\ 242\ 242\ 242\Mendoza, Domingo: 5. Menndez, Andrs: 90. Mesa, Bernardo de: 190, 193, 200. Miguel, san: 55. Milla, Lorenzo de: 74, 75. Molina y Oviedo, Gaspar de: 190, 207. Montalvo, Francisco: 148. Montalvo, Gabriel: 36, 40, 97. Montalvo, Lorenzo: 66. Montao, Juan: 36, 47, 48. Monteagudo: 55. Montejo, Francisco de: 26. Monte, Leonardo del: 168, 173. Montero, Jos: 182. Montes, Bartolom: 67, 71, 72. Montiel, Juan: 190, 203. Mopox y Jaruco, conde de. Ver Santa Cruz y Malln, Francisco Javier. Morales, Bartolom: 40. Morales, Pedro de: 50, 52, 68, 169. Morejn y Gato, Antonio: 128. Morell de Santa Cruz y de Lora, Pedro Agustn: 36, 43, 50, 54, 55, 86, 102, 123, 190, 192, 194, 195, 207, 208, 209, 211, 213, 224. Morgan, Juan: 49, 50. Moya, Julin de: 203, 204. Mueces, Miguel: 169. Munive, Andrs de: 54. Muoz, Nicols, 52, 59. Murga y Mena, Antonio Manuel: 54. Muro y Salazar, Salvador del: 96, 137, 138, 141, 142, 144, 150, 151, 152, 153.

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ANTONIO JOS VALDS /243 /243 /243 /243 /243—N— Njeras, Juan de: 26. Napolen. Ver Bonaparte, Napolen. Narvez, Pnfilo de: 24, 25, 27, 37, 57. Narvez, Rodrigo: 221. Natividad, Martn de la: 58. Navarrete, Manuel de: 178. Navarro, Diego Jos: 96, 106, 107, 109, 110. Nicols Jernimo: 196. North, lord: 111. Nuestra Seora de Beln. Ver Mara, virgen. Nuestro Seor. Ver Dios. Nez de Guzmn, Gonzalo: 23. Nez Milin, Francisco: 27. —O— Ocampo, Sebastin de: 17, 18, 19. Ocoris, Esteban de: 169. Olmos y Zaipiain, Andrs de: 206, 208. Omnipotente. Ver Dios. Oporto, Luis de: 196. O’Reilly, Alejandro de: 97, 98, 99, 114, 153. O’Reilly, conde de. Ver O’Reilly, Alejandro de. Orejn y Gastn, Francisco de: 36, 42, 52, 53, 225. Ortiz, Diego: 8. Ortiz Gatica, Juan: 175. Ortiz Montejo, Juan: 206. Oru, Jos: 176. Osez y Alza, Joaqun de: 190, 192, 210. Osorio. Ver Garca Osorio, Francisco. Otayza, Antonio de: 28.

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HISTORIA DE ISLA DE CUBA 244\ 244\ 244\ 244\ 244\Ovando y Ovando, Nicols de: 19. Oviedo. Ver Fernndez de Ovido y Valds, Gonzalo. Oviedo y Baos, Diego Antonio: 57. Ozuna, Bartolom: 169. —P— Pacheco: 26. Palacios Saldurtum, Mateo de: 169. Pardo de Osorio, Sancho: 39. Prraga, Fernando de: 74. Paulo: 7, 8. Pavia, Domingo: 186. Paz, Andrs: 221. Pedro Carlos, infante: 146. Pealosa, Diego de: 36, 63. Pealver Barreto, Sebastin: 128. Pealver, Diego de: 55. Pealver y Crdenas, Francisco: 128, 130. Pealver y Crdenas, Luis: 116, 127, 210. Perdomo, Juan: 205. Pereda. Ver Ruiz de Pereda, Gaspar. Prez de Angulo, Gonzalo: 26, 36, 37, 38. Prez de Guzmn, Alonso: 9. Prez de Morales, Luis: 56. Prez de Oporto, Juan: 180. Prez, Juan: 10, 11. Pinzn, Francisco Martn: 12. Pinzn, Martn Alonso: 11-12. Pinzones: 11, 12. Po VI, papa: 123, 132, 186. Po VII, papa, 186.

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ANTONIO JOS VALDS /245 /245 /245 /245 /245Plaza, Bartolom de la: 190. 201. Pockoc, D. J.: 76, 78, 92, 94. Polo, Marco: 16. Ponce Carrasco, Pedro: 211. Ponce de Len, Juan: 60. Porto, Alejandro de: 200. Prada, Francisco de: 45. Prado Portocarrero, Juan de: 36, 63, 65, 76, 85, 94, 179. Pringle, Enrique: 93. Proenza, Francisco: 48. Providencia. Ver Dios. Pursima Concepcin de Nuesta Seora. Ver Mara, virgen. —Q— Quero, Gernimo de: 44. Quintana, Juan Nepomuceno de: 119, 170. Quintanilla, Alonso de: 10. —R— Raja, Vicente: 36, 60. Ramrez de Estenoz, Antonio: 76. Ramrez de Salamanca, Miguel: 190, 200. Ramos, Francisco: 192. Ramos, Gregorio: 43. Rangel, Diego: 48. Rapun, Nicols Jos: 176. Real Transporte, marqus de. Ver Hevia, Gutierre de. Recino, Dionisio: 206, 211. Recio, Antn: 171. Regio, Andrs: 182. Regla, virgen de: 58.

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HISTORIA DE ISLA DE CUBA 246\ 246\ 246\ 246\ 246\Revillagigedo, conde de. Ver Gemes y Horcasitas, Juan Francisco. Reyes Catlicos. Ver Fernando II, el Catlico, e Isabel I, la Catlica. Reyna, Cayetano de: 135. Reyna Maldonado, Pedro: 190, 203. Riao de Gamboa, Francisco: 36, 46. Ricla, conde de. Ver Funes de Villalpando, Ambrosio. Rincn, Francisco del: 206. Rincn, Manuel: 87. Rivera, Felipe de: 169. Rivera y Cepero, Diego de: 39. Roa, licenciado: 57. Robertson, Guillermo: 12, 16. Roca y Borja, Pedro de la: 46, 169. Roca y Juan, Luis: 127. Rodas, Miguel de: 215. Rodney, George: 111. Rodrguez de Arziniega, Manuel: 55. Rodrguez de Ledesma, Francisco: 36, 53, 54. Rodrguez, Gaspar: 56. Rodrguez Gato, Antonio: 222. Rodrguez, Mara: 196. Rodrguez, Sebastin: 26. Rojas, Jacinto de: 56. Rojas, Jos de: 182. Rojas, Juan de: 37, 39. Rojas, Manual de: 23, 26, 30, 55, 191. Romay y Chacn, Toms: 116, 135, 139, 141, 142. Ronquillo: 43. Rosario, virgen del: 101. Ruiz de Apodaca, Juan: 152, 154, 168, 180, 182.

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ANTONIO JOS VALDS /247 /247 /247 /247 /247Ruiz de Pereda, Gaspar: 36, 44. Ruiz, Diego: 70. Ruiz Guilln, Jos: 172. —S— Salazar: 40. Salazar, Diego: 219. Salazar, Gaspar de: 196. Salcedo: 13. San-ngel, Luis de: 10, 11. San Buenaventura Tejeda, Francisco de: 211. Snchez de Orvea, Antonio: 91. Snchez de Toro, Alonso: 41. Snchez, Francisco: 196. Santa Clara: 26. Santa Clara, conde de. Ver Bassecourt, Juan Procopio. Santa Cruz y Malln, Francisco Javier: 154. Santiago, san: 29. Santsima Virgen. Ver Mara, virgen. Santo Matas, Juan de: 190, 224, 225. Saudo, Luis: 169. Sarmiento, Diego: 190, 200. Satans. Ver Diablo. Sentmanat, Teresa: 226. Seor Supremo. Ver Dios. Seor. Ver Dios. Septiein, Jos: 182. Seplveda, Juan Gins de: 34. Ses, Martn: 118. Solano y Bote, Jos: 110, 111, 153, 162, 182. Soler, Dionisio: 65.

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HISTORIA DE ISLA DE CUBA 248\ 248\ 248\ 248\ 248\Sols y Ribadeneyra, Antonio de: 27. Solrzano, Juan de: 28. Somadevilla, Zenn de: 63. Someruelos, marqus de. Ver Muro y Salazar, Salvador del. Soto, Ambrosio de: 47. Soto Avils, Bartolom de: 28. Soto, Diego de: 26, 40. Soto, Hernando de: 36, 37. Sotolongo, Baltasar de: 128. Sotolongo, Francisco de: 224. Strabn: 34, 35. Surez de Urbona, Pedro: 170, 192. Sucre, Carlos: 169. Suprerunda, conde de. Ver Manso de Velasco, Jos. —T— Tabares, Diego: 65, 66, 79. Talavera, Fernando de: 9. Tejada, Juan de: 41, 43. Teneza, Francisco: 59. Tertor, Jos: 59. Teresa Angola, esclava: 196. Teresa, santa: 58. Tinajero, Bernardo: 181. Tineo y Fuertes, Juan Antonio: 36, 62, 63. Torquemada, Juan: 26, 31. Torre, marqus de la. Ver Fondesviela y Ondeano, Felipe. Torre, Nicols de la: 190, 202. Torre, Rodrigo de la: 182. Torres, Gaspar de: 36, 40. Torres, Laureano de: 36, 59, 227.

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ANTONIO JOS VALDS /249 /249 /249 /249 /249Torres, Pedro Ignacio de: 226. Torres, Rodrigo de: 28. Torrontegui, Manuel Jos de: 128. Toussaint, Louverture: 123, 124. Toussent. Ver Toussaint, Louverture. Trajano, Marco Ulpio: 133. Trespalacios y Verdeja, Felipe Jos de: 116, 127, 190, 196, 200, 210, 211, 226. Troncoso, Bernardo: 96, 112, 113. —U— Ubilla, Juan Esteban de: 28. Ulibarre, Pedro: 196. Unzaga, Luis de: 96, 112, 155, 164. Urango, Fernando: 190, 200. Urbano VIII, papa: 202. Urrutia y Montoya, Ignacio Jos de: 21, 27, 30, 35, 36, 37, 38, 39, 41, 43, 46, 49, 50, 53, 58, 60. Urriza, Juan Ignacio de: 176, 179. Urrizar, Jos Antonio de: 136. Ustariz, Gernimo de: 181. —V— Vaillant, Juan Bautista: 170. Valds, Jernimo de: 59, 60, 195, 206, 208, 209, 213, 224, 226. Valds, Pedro: 36, 43, 44, 169. Valdespino, Pedro: 172. Valiente, Jos Pablo: 113, 131, 132, 153, 176, 177, 227. Vandera, Toribio de la: 209. Varea, Esteban: 177. Vzquez, Juan: 42. Velasco, Luis Vicente de: 64, 67.

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HISTORIA DE ISLA DE CUBA 250\ 250\ 250\ 250\ 250\Velasco, Rodrigo de: 169. Velzquez de Contereas, Damin: 45. Velzquez de Cullar, Diego: 17, 21, 22, 23, 24, 25, 27, 28, 29, 191, 193. Venegas, Francisco de: 36, 45, 46. Vespucio, Amrico: 17. Viamonte, Juan Bitrian de: 36, 42, 45, 46. Viana e Hinojosa, Diego Antonio de: 36, 54, 55, 61. Viguri; Luis de: 177. Vildsola, Jos de: 178. Villalobos, Juan de: 57, 169. Villalpando, Bernardino de: 190, 200. Villalva y Toledo, Diego de: 36, 46. Villaverde, Juan de: 43, 169. Villavicencio, Juan Mara: 182. Villoria, Antonio: 173. —W— White, Juan de: 30, 190, 193, 200. Winterbotham: 16. —Y— Ynez Pinzn, Vicente: 12. —Z— Zaldvar, conde de: 148. Zayas, Francisco de: 39. Zelaya Ocarriz, Martn de: 190, 202. Zorraqun, Jos de: 178. Zuazo, Alonso de: 23.

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NDICE NDICE NDICE NDICE NDICE E E E E ENSAYO NSAYO NSAYO NSAYO NSAYO INTRODUCTORIO INTRODUCTORIO INTRODUCTORIO INTRODUCTORIO INTRODUCTORIOHISTORIA DE CUBA O HISTORIA DE LA HABANA?....................................... Su oscuro origen .............................................................................. Funda una escuela de primera enseanza................. .................. El perodo constitucional en Cuba. La imprenta La Cena ............ El peridico La Cena ....................................................................... La Historia de la isla de Cuba y en especial de la Habana ............ Sus criterios historiogrficos .......................................................... Valds historiador de su poca. La crtica al gobierno colonial... El estudio de sus ideas a travs de la valoracin de algunas figuras ............................................................................................... Las omisiones de Valds ................................................................. Viaje a Argentina ............................................................................. Valds en Mxico ............................................................................ Valds ante la crtica histrica ........................................................V V IX XI XV XIX XXII XXVII XXXV XXXVII XXXVIII XLII XLVI

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3 5 7 17 31 36 64 96155167 190 213 229 INTRODUCCI"N............................................................................................ PROEMIO.................................................................................................... LIBRO PRIMERO......................................................................................... LIBRO SEGUNDO......................................................................................... LIBRO TERCERO......................................................................................... LIBRO CUARTO........................................................................................... LIBRO QUINTO............................................................................................ LIBRO SEXTO............................................................................................. ADICI"N AL LIBRO SEXTO........................................................................... LIBRO SPTIMO.......................................................................................... LIBRO OCTAVO........................................................................................... LIBRO NOVENO........................................................................................... NDICE ONOMSTICO....................................................................................

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1997 FLIX VARELA. OBRAS(3 VOLMENES) Seleccin de Eduardo Torres-Cuevas Jorge Ibarra Cuesta Mercedes Garca Rodrguez1999 OBISPO DE ESPADA. PAPELES(VOLUMEN NICO) Ensayo introductorio, seleccin y notas Eduardo Torres-Cuevas OBRAS PUBLICADAS OBRAS PUBLICADAS OBRAS PUBLICADAS OBRAS PUBLICADAS OBRAS PUBLICADAS

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JOS AGUSTN CABALLERO. OBRAS(VOLUMEN NICO) Ensayo introductorio, compilacin y notas Edelberto Leiva LajaraFELIPE POEY Y ALOY. OBRAS(VOLUMEN NICO) Ensayo introductorio, compilacin y notas Rosa Mara Gonzlez Lpez2000 FELIPE POEY Y ALOY. ICTIOLOGA CUBANA(3 VOLMENES) Traduccin, conjuncin y edicin cientfica Daro Guitart MandayLA POLMICA FILOS"FICA CUBANA. 1838-1840(2 VOLMENES) Ensayo introductorio, compilacin y notas Alicia Conde Rodrguez2001 JOS ANTONIO SACO. OBRAS(5 VOLMENES) Ensayo introductorio, compilacin y notas Eduardo Torres-CuevasJOS DE LA LUZ Y CABALLERO. OBRAS(5 VOLMENES) Ensayo introductorio, compilacin y notas Alicia Conde Rodrguez

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2002 DOMINGO DEL MONTE. CENT"N EPISTOLARIO(4 VOLMENES) Ensayo introductorio, compilacin y notas Sophie AndiocJOS ANTONIO SACO. HISTORIA DE LA ESCLAVITUD(6 VOLMENES) Ensayo introductorio, compilacin y notas Eduardo Torres-CuevasFRANCISCO DE ARANGO Y PARREO. OBRAS(2 VOLMENES) Ensayo introductorio, compilacin y notas Gloria Garca RodrguezTOMS ROMAY. OBRAS(2 VOLMENES) Ensayo introductorio, compilacin y notas Jos Lpez Snchez2005 PRIMEROS HISTORIADORES. SIGLO XVIIIPEDRO AGUSTN MORELL DE SANTA CRUZ JOS MARTN FLIX DE ARRATE JOS IGNACIO DE URRUTIA Y MONTOYA(4 VOLMENES)