Historia de la esclavitud

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Material Information

Title:
Historia de la esclavitud
Series Title:
Biblioteca de clásicos cubanos ;
Uniform Title:
UCB José Martí National Library of Cuba Cooperative Project
Physical Description:
v. : ; 23 cm.
Language:
Spanish
Creator:
Saco, José Antonio, 1797-1879
Torres-Cuevas, Eduardo, 1942-
Publisher:
Imagen Contemporánea :
Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz
Place of Publication:
La Habana
Publication Date:
Edition:
1. ed.

Subjects

Subjects / Keywords:
Slavery -- History   ( lcsh )
Genre:
bibliography   ( marcgt )
non-fiction   ( marcgt )

Notes

Bibliography:
Includes bibliographical references and index.
Statement of Responsibility:
José Antonio Saco ; ensayo introductorio, compilación y notas, Eduardo Torres-Cuevas.

Record Information

Source Institution:
Biblioteca Nacional José Martí
Holding Location:
Biblioteca Nacional José Martí
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
oclc - 51337150
isbn - 9597078511 (obra completa)
ocm51337150
Classification:
lcc - HT861 .S2 2002
System ID:
AA00008956:00006


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Full Text

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BIBLIOTECADECLASICOSCUBANOS HISTORIA DELA ESCLAVITUD(VolumenVI)ANTONIOSACOJOSE

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BIBLIOTECA DE CLSICOS CUBANOS CASA DE ALTOS ESTUDIOS DON FERNANDO ORTIZUNIVERSIDAD DE LA HABANARECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE LA HABANAJuan Vela Valds DIRECTOREduardo Torres-Cuevas SUBDIRECTORLuis M. de las Traviesas Moreno EDITORA PRINCIPALGladys Alonso Gonzlez DIRECTOR ARTSTICOLuis Alfredo Gutierrez Eir ADMINISTRADORA EDITORIALEsther Lobaina Oliva

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Ensayointroductorio compilacinynotasEduardoTorres-Cuevas BIBLIOTECADECLASICOSCUBANOS HISTORIA DELA ESCLAVITUD(VolumenVI)ANTONIOSACOJOSE LA HABANA, 2006

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Responsable de la edicin: Gladys Alonso Gonzlez Realizacin y emplane: Viviana Fernndez RubinosTodos los derechos reservados. Sobre la presente edicin: Ediciones IMAGEN CONTEMPORNEA, 2006; Coleccin Biblioteca de Clsicos Cubanos, No. 33 ISBN 959-7078-51-1 obra completa ISBN 959-7078-57-0 volumen VI Ediciones IMAGEN CONTEMPORNEA Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz, L y 27, CP 10400, Vedado, Ciudad de La Habana, CubaDiseo grfico: Deguis Fernndez Tejeda Composicin de textos: Equipo de Ediciones IC

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La crueldad espaola hizo vctimas a los aborgenes en minas y labranzas.

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Tal es el cuadro que ofrecer de la esclavitud de los negros en los pases que hablaban la hermosa lengua de Castilla. Pero esclavos de aquella raza tambin tuvieron en sus colonias americanas Portugal, Inglaterra, Francia y otras naciones europeas; y como a mi propsito cumple dejar correr la pluma, escribir igualmente la historia de la esclavitud africana en cada una de las posesiones ultramarinas que a ellas pertenecen, detenindome especialmente en las de Francia e Inglaterra, ya por la importancia de estas dos grandes naciones, y la extensin que el trfico tom bajo sus banderas, ya por los interesantes debates que para suprimirlo, ocuparon durante 20 aos la atencin del Parlamento; ora por las sangrientas insurrecciones de los negros en Jamaica, y la espantosa catstrofe de Santo Domingo, ora por la completa emancipacin que alcanzaron los esclavos en las colonias de ambas potencias. Ni perder de vista la Repblica de Norteamrica, rama desgajada del frondoso tronco britnico. Proclamada su independencia desde 1776, la historia de sus negros ya no pudo seguir confundida con la de su antigua metrpoli.Jos Antonio Saco

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Libro PrimeroESCLA ESCLA ESCLA ESCLA ESCLA VITUD ENTRE LOS INDIOS DEL NUEV VITUD ENTRE LOS INDIOS DEL NUEV VITUD ENTRE LOS INDIOS DEL NUEV VITUD ENTRE LOS INDIOS DEL NUEV VITUD ENTRE LOS INDIOS DEL NUEV O O O O O MUNDO MUNDO MUNDO MUNDO MUNDO MUCHO ANTES DE SU DESCUBRIMIENTO MUCHO ANTES DE SU DESCUBRIMIENTO MUCHO ANTES DE SU DESCUBRIMIENTO MUCHO ANTES DE SU DESCUBRIMIENTO MUCHO ANTES DE SU DESCUBRIMIENTO Y CONQUIST Y CONQUIST Y CONQUIST Y CONQUIST Y CONQUIST A POR LOS EUROPEOS A POR LOS EUROPEOS A POR LOS EUROPEOS A POR LOS EUROPEOS A POR LOS EUROPEOSEl indgena del Nuevo Mundo, sin saber que hubiese esclavos en el viejo continente, pues que an ignoraba su existencia, esclaviz al indio, su semejante. Para demostrar esta verdad, puede seguirse el orden geogrfico, empezando cuando Coln descubri el Nuevo Mundo en 1492. La primera tierra a que arrib, fue una isla del grupo de las Lucayas llamada Guanahan por los naturales y San Salvador por Coln; pero ni en ella, ni en las otras que entonces descubri, hall establecida la esclavitud de unos indios por otros indios. El 25 de septiembre de 1493 emprendi Coln su segundo viaje, zarpando de Cdiz con 17 naves. El 3 de noviembre y das siguientes de aquel ao descubri nuevas islas en el mar de las Antillas. Por ser domingo el da en que avist la primera llamola Dominica, a la segunda Marigalante, nombre de la nave capitana, y Guadalupe a la tercera, a otras llam Redonda, San Martn, etc.1 Poblaba algunas de ellas una raza de indios llamados caribes que asaltaban otras islas habitadas de indios pacficos; comanse a los hombres que caan en su poder; y como hallaban la carne de las mujeres y de los muchachos menos sabrosa que la de los hombres, esclavizaban a las primeras, reservndolas para su deleite, si eran jvenes y bellas, y a los segundos los castraban, engordaban y retenan en esclavitud hasta que llegaban a ser hombres formados, para regalarse con sus carnes en un banquete.2Al pasar Coln por la Guadalupe y San Martn recogi en sus naves algunas mujeres y muchachos esclavizados por los caribes, de cuyo poder se haban huido, y l los llev a La Espaola, trmino de su viaje.3Pasemos de las Antillas al continente y, siguiendo el progreso de la conquista, hallaremos la esclavitud en diferentes tribus y naciones. Fue el Darin el punto del continente (una de las provincias del reino de Tierra Firme) en que asentaron los espaoles su primera colonia; y

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 4\ 4\ 4\ 4\ 4\ all vieron que algunos padres vendan a sus hijos. Diversas tribus de aquella regin esclavizaban a sus prisioneros de guerra, y sus amos, para distinguirlos, los marcaban en la frente con un instrumento encendido, o les arrancaban un diente,4 o, en fin, les tean el cuerpo con una pintura que duraba toda la vida. “Se sirven de ella —dice Oviedo—, en dos ocasiones: una para marcar los pacos o esclavos; la otra, por el contrario, es un adorno signo de libertad. Esto depende del lugar en que se hace la marca. En este ltimo caso se practica en la barba, subiendo hasta las orejas, en los brazos y en el pecho; mientras que los esclavos se marcan en la frente y en los carrillos. Los esclavos de un seor estn marcados de una misma manera tan exactamente, que podra creerse que se han hecho con un mismo molde. No pueden aumentarla ni disminuirla, porque es una especie de uniforme o librea que denota el dueo a quien pertenecen”.5De estos esclavos participaron algunos de los espaoles que se establecieron en el Darin. A Vasco Nez de Balboa y a su compaero Rodrguez Colmenares regal 70 el hijo primognito del Seor de Comogre.6 Regalo semejante hizo al primero el cacique Pocorosa, cuando pas por sus tierras;7 y otro jefe o cacique de aquella comarca, ultrajado y preso con muchos de los suyos, no obtuvo su libertad, sino dando al aventurero Diego de Albitez 30 esclavos y todo el oro que posea.8Indios procedentes de la Mar del Sur suban en canoas por un ro que pasaba por delante de la casa del cacique de Comogre, y en cambio del oro que le ofrecan, l les daba ropa de algodn y esclavos indios e indias hermosas para su servicio.9Los indios de la provincia de Nicaragua acostumbraron tener esclavos, o vendanse unos a otros, y los padres a los hijos, a manera de los antiguos germanos jugaban su libertad; mas, no podan rescatarse sin voluntad del cacique.10 Estas ventas se hacan privadamente o en los mercados. En stos y en sus ferias solamente se admita a los de una misma lengua; pero haba cinco entre los indios de Nicaragua. Sin embargo, pudieron llevarse a esos mercados aun los que hablaban lenguas diferentes, con tal que fuese para venderlos como esclavos de servicio, o cacao para comrselos.11Pena de esclavitud se impuso tambin por varios delitos. Quien forzaba una virgen y quejndose sta no la dotaba, era esclavo. Al ladrn se le cortaban los cabellos, y mientras no pagaba la cosa hurtada, el amo de ella le retena como esclavo.12 A veces, para tener esclavos y sacrificarlos a sus dioses, hacan la guerra. Ningn castigo se impona al que mataba un esclavo,13 y esto prueba el poco caso que se haca de su vida. Si alguno cohabitaba con la hija de su amo, era enterrado vivo con ella.14Los indios de las Hibueras o de Honduras tambin tuvieron esclavos. Adquiranlos por la guerra;15 cortbanles la nariz; y los empleaban

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JOS ANTONIO SACO /5 /5 /5 /5 /5 en cultivar el maz y molerlo, y en otras faenas. A los enemigos que hacan resistencia, en vez de esclavizarlos, los precipitaban de una altura para que no hiciesen ms dao.16En diciembre de 1526, Diego Lpez de Salcedo escribi al gobierno desde la villa de Trujillo, en Honduras, lo que paso a transcribir. “Dems destos hay otros esclavos, como ya he dicho, que son los que los mismos naturales de la Tierra los tienen por esclavos y los compran y venden entre s unos con otros: stos son tan conocidos entre ellos que venidos ante los espaoles ellos mismos confiesan ser esclavos de su nacin”.17Cuando Corts parti de Mxico a Honduras para castigar la rebelin de Cristbal Olid, encontr un pueblo llamado Oculan o Acalan, en que haba muchos mercaderes ricos que traficaban en gran nmero de esclavos. “Hay en ella —as se expresa el famoso capitn— muchos mercaderes y gentes que tratan en muchas partes y son ricos de esclavos y de las cosas que se tratan en la tierra... Las mercaderas que ms por aquellas partes se tratan entre ellos [los indios] son cacao, ropa de algodn, colores para teir, cierta manera de tinta con que se tien ellos los cuerpos para defenderse del calor y del fro, tea para alumbrarse, recina de pinos para los sahumerios de sus dolos y esclavos”.18Los indios del reino de Quich o Guatemala tuvieron esclavos. En sus guerras mataban y se coman a los jefes principales para infundir terror a sus enemigos; pero a los otros prisioneros los esclavizaban. Adems, el hombre libre que contraa relaciones con esclava ajena, era esclavizado, a no ser que por los servicios que hubiese hecho en la guerra, el gran sacerdote le perdonase. Al que menta en asuntos de guerra, se le esclavizaba.19 En las conjuraciones, que a veces se formaban contra el cacique o seor del Estado, dbase muerte al conspirador; pero a sus mujeres e hijos se les reduca a la esclavitud.20Con mucha frecuencia se esclavizaba tambin a las mujeres e hijos de las personas condenadas a muerte por otros delitos.21 El que de los templos hurtaba alguna cosa de cierto valor, mora despeado; mas, si de poco, era esclavizado.22 Lo mismo suceda con el hombre que violentaba a una mujer sin haber llegado a consumar sus deseos, o con el que los realizaba, sin violencia, con la hija o hermana de un padre o hermano que reclamaban el agravio; bien que en este ltimo caso, la esclavitud era la pena que ordinariamente se impona.23 Igualmente se esclavizaba a la mujer y a los hijos del traidor o del vasallo que hua de su seor. Los indios enemigos cogidos cazando en montes ajenos, o pescando en aguas fuera de sus linderos, casi siempre sufran pena de muerte; pero a veces eran esclavizados.24

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 6\ 6\ 6\ 6\ 6\ Los indios de Chiapa inmolaban a los vencidos en la guerra, y despus se los coman; pero a veces asaltaban algunos pueblos de sus enemigos para esclavizar a sus habitantes y emplearlos en sus sementeras, en la pesca y en otras ocupaciones.25Las tribus de la provincia de Otlatla, llamada despus de Vera-Paz,26porque no fue conquistada por las armas espaolas, sino slo por la predicacin evanglica de los religiosos dominicos,27 acostumbraron a venderse unos a otros; y cuando se cometa plagio imponase al delincuente pena capital, y si tena mujer e hijos, eran vendidos como esclavos.28 Lo mismo se haca con el que hurtaba cosa de algn valor y no la restitua,29o con el que tomaba al fiado a diferentes personas un corto nmero de objetos y no los pagaba; porque si eran en cantidad considerable, entonces era condenado a muerte.30 El amo que mataba su propio esclavo, quedaba impune, porque dispona de su hacienda; pero si era ajeno, deba pagarlo.31Los indios de Cuman tambin tuvieron esclavos, los cuales se compraban en el mercado por oro o por una preparacin de ciertos polvos vegetales mezclados con los de caracoles quemados. Servanse los hombres de ellos para preservar y ennegrecer sus dientes, pues a los que los tenan blancos, llambanles mujeres.32Poseyronlos igualmente los de la tierra llamada Venezuela por los castellanos; y aun hubo de entre stos quien sufri el yugo de la esclavitud que aquellos indios le impusieron. En una expedicin al mando de igo Vascua, teniente de Ambrosio Alfinger, representante de la compaa alemana en Venezuela, aconteci, que habindose extraviado un castellano llamado Francisco Martn fue cogido por unos indios y vendido a otros por un guila de oro. stas eran unas piezas de ese metal, llanas, en figura de guila, abiertas las alas, de diferentes tamaos, ms o menos gruesas, de diversos quilates y leyes, pues unas eran de oro fino, otras ms bajo y otras encobradas.33Esclavos hubo entre los mozos de la Nueva Granada. Sus sacerdotes eran unos nios que compraban a cierta distancia de aquella tierra; tenanlos en grande veneracin, cuidndolos con mucho esmero, y cuando llegaban a la edad viril matbanlos, pues el sacrificio de sangre era una de las tres especies que tenan.34 Si ese esclavo tocaba mujer, ya no era sacrificado, porque se consideraba como vctima impura para ser inmolado al sol. Esta esclavitud difera por su origen y duracin de la que generalmente usaban muchos indios, pues si tenan esclavos, era para servirse de ellos; mas, no para inmolarlos. Cuando los espaoles recorrieron en 1536 el valle de Bogot, al mando del licenciado Gonzalo Jimnez, teniente del adelantado don Pedro de Lugo, tuvieron noticia de una nacin de mujeres que sin tener hombres en su seno, vivan solas por s; y de aqu fue que los espaoles las llama-

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JOS ANTONIO SACO /7 /7 /7 /7 /7 ron amazonas. Decase que ellas compraban esclavos para que las fecundasen, y que despus los despedan de su lado: si paran varn, envibanle a su padre, y si hembra cribanla para aumentar el nmero de su nacin.35 Yo no creo en esta fbula, pero ella misma indica que la esclavitud no era desconocida de aquellos indios. Nueva Espaa Hubo tambin esclavos en el vasto pas de Anhuac, llamado Nueva Espaa por los espaoles.36Despus de la batalla que gan Corts a los indgenas de Tabasco, los caciques, para captarse su amistad, le regalaron 20 esclavas, y entre ellas la nombrada Marina, amiga de Corts, y que sirviendo de lengua a los espaoles, tan til les fue para la conquista del imperio mejicano.37Regalos semejantes le hicieron tambin otros seores en la marcha atrevida que emprendi desde las costas a la ciudad de Mjico.38En las provincias que ya tenan alguna civilizacin como Mjico y Tetzcuco, hubo leyes que regularizaron la esclavitud, determinando los diferentes modos con que el hombre libre poda perder su libertad. El que una sola vez, o por costumbre, hurtaba cosa de poco valor, y ni l la restitua, ni sus parientes la pagaban, era esclavizado.39 Si damos crdito a Herrera, tanto rigor hubo en la provincia de Tepeac y algunas otras del imperio mejicano, que una sola mazorca de maz40hurtada en un camino, bastaba para hacer al ladrn esclavo del amo de ella.41 Para incurrir en esta pena, el padre Las Casas eleva a cinco el nmero de mazorcas,42 y justamente censura la daada intencin de algunos indios, pues dice que “con fraude y cautela y dolo muchas veces ponan 10 y 12 mazorcas o espigas de maz cerca del camino para que cualquiera que pasase por l, cayese en el lazo de la dicha servidumbre”.43An fue ms rigorosa la legislacin del reino de Acolhuacan, del que fue capital Tetzcuco, pues su rey Nezahualcofotl, que muri en el ao 1470 de nuestra era, hizo una ley por la cual conden a muerte a todo el que robaba alguna cosa en campo ajeno, siendo tan severo que esta pena se aplicaba aun por el hurto de siete mazorcas de maz. Permitiose, sin embargo, a los viandantes pobres coger ste y las frutas de las plantas que se hallaban a la orilla del camino, en cantidad suficiente para satisfacer el hambre.44He hablado en el prrafo anterior de la legislacin de Tepeac y de la del reino de Acolhuacan; y esto indica, que todas las provincias sometidas a los mejicanos no se rigieron generalmente por las leyes de la capital, pues as como no se las forzaba a hablar la lengua de aqulla, tampoco a adoptar sus leyes. La legislacin de Tetzcuco, o sea del reino de

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 8\ 8\ 8\ 8\ 8\ Acolhuacan, fue la que ms se conform a la de Mjico, aunque difera de ella en muchos puntos, y era ms rigorosa.45El que cometa algn hurto considerable, aunque slo fuese por primera vez, era tambin esclavizado en favor del dueo de la cosa sustrada; y si reincida, castigbasele con pena de muerte.46 Al que hurtaba en el mercado pblico cosas de valor, como mantas ricas y joyas de oro, o en l venda los objetos hurtados en otra parte, buscbanle con empeo los guardas encargados de la polica del tianguiz que era el nombre de aquel mercado;47 y el primero de ellos que lo encontraba, lo haca esclavo suyo,48 si an tena en su poder la cosa hurtada, porque en caso contrario se le mataba a palos.49En la regin donde habitaban los mixtecas, se esclavizaba a los deudores insolventes.50Cuando los espaoles llegaron a Tlaxcala, vieron que los tlaxcaltecas tenan esclavos indios; y como sus matrimonios eran lujosos, los parientes del novio regalaban a la novia, entre otras cosas, esclavos y esclavas.51 En la muerte de los seores acostumbraban, a semejanza de los antiguos escitas, arrojar vivas en la hoguera junto con el cadver las mujeres que ms quera, y algunos esclavos y esclavas, para que le sirviesen en la otra vida, segn crean. Si no los quemaban, enterrbanlos entonces en los sepulcros de bvedas que usaban, junto con las personas indicadas.52En Tlaxcala tambin se impuso pena de muerte a los traidores y a sus deudos hasta el 7 grado;53 pero en las provincias de Mjico, de Tetzcuco y en algunas otras no moran los parientes de aqullos, sino que eran esclavizados hasta el 2 grado,54 y slo en el caso de que, sabedores de la traicin, no la hubiesen denunciado.55El hombre libre que fecundaba esclava ajena, y sta mora durante su embarazo, era esclavizado.56 ralo tambin el que esconda o hurtaba algn nio para servirse de l o venderlo como hijo suyo; y al que esto ltimo haca, confiscbansele adems los bienes, dndose una mitad al nio robado, pagndose de la otra mitad al comprador el precio que por aqul haba dado.57 Si personas libres eran robadas, ranlo con ms frecuencia los esclavos, pues los traficantes de ellos comnmente cometan el delito de plagio.58Cuando los vasallos no pagaban al monarca el debido tributo, despus de vencido el plazo que les daban los recaudadores, eran o sacrificados, o vendidos para cubrir la deuda con su importe.59 Aquel que sin ser amo, o hijo de ste, impeda al esclavo prfugo que se acogiese al palacio del emperador, incurra tambin en la pena de esclavitud.60 Suerte igual corra con la confiscacin de sus bienes el que venda tierras ajenas que tena arrendadas.61

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JOS ANTONIO SACO /9 /9 /9 /9 /9 Algunas mujeres y hombres holgazanes solan venderse a otras personas como esclavos para continuar por algn tiempo los desrdenes de su vida.62 Fue costumbre entre las mujeres licenciosas el engalanarse, darse colores, o pintarse el rostro y los labios;63 y como ellas se entregaban al libertinaje, no por el inters, sino por sensualidad, a veces, no teniendo con que adornarse, vendan su libertad.64 As en esta venta, como en la anterior, los esclavos comprados no empezaban a servir inmediatamente, sino que el comprador les daba un plazo ms o menos largo, pero que rara vez pasaba de un ao, para que disfrutasen del precio que haban recibido.65Lo mismo aconteca con los hombres, que dados al juego de la pelota66y del patolli que era algo semejante al de los dados,67 llegaban al extremo de jugar su libertad,68 como los antiguos germanos.69 El precio comn de estas ventas eran 20 mantas, las cuales formaban una carga de ropa, llamada cenanquimilli ; y como todas no eran del mismo tamao, dbanse ya ms pequeas, segn la calidad de la persona comprada.70Adems de las mantas, los mejicanos se sirvieron de otras materias para su comercio y la compra de esclavos. Robertson, en el libro VII de su Historia de Amrica dice que en Mjico no se conoci el uso de la moneda, pero ste es uno de los errores de su obra. El comercio de aquella nacin se haca, no slo por permuta, sino por verdadera venta monetaria, pues los mejicanos emplearon varias especies de moneda, aunque no acuada. La ms abundante y general de todas fue el cacao en grano: un saco con 8 000 de ellos se llam xiquipil y los comerciantes, para comprar cosa de algn valor, tenan sacos de tres xiquipiles o 24 000 granos. Otra especie de moneda consista en caoncitos de pluma de ocha (italiano ganso?), llenos de granitos o polvo de oro, cuyo valor variaba en razn de su tamao. Los objetos de poco valor se compraban con ciertas telillas de algodn llamadas patolguachtli Corts descubri que en algunas provincias se servan de piececitas de estao muy delgadas en forma de T.71Tambin la miseria forzaba a muchos indios a vender su libertad y la de sus hijos;72 bien que la venta era nula, si stos no consentan.73 En las de los hijos dice Torquemada: “aconteca muchas veces que habiendo servido aquel hijo algunos aos, parecales que era bien repartir el trabajo y daban al Seor otro de sus hijos, y sacaban de servidumbre al primero, y no slo holgaba de ello el amo, ms daba por el que entraba de nuevo en su servicio otras tres, quatro mantas, cargas de maiz”.74Estas ventas de los indios pobres y de sus hijos se multiplicaban lastimosamente en tiempos de hambre. En las dos terribles que afligieron una parte del imperio mejicano bajo los reinados de Moctezuma I y Moctezuma II, vendironse los hombres unos a otros por una corta cantidad de maz. En la primera, acaecida en 1452, viendo aquel monarca

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 10\ 10\ 10\ 10\ 10\ que le era imposible socorrer a sus vasallos, y que muchos se hacan esclavos para sustentarse aun por slo dos o tres das, mand que ningn hombre libre pudiera venderse por menos de 500 mazorcas de maz, ni mujer por menos de 400.75Otro modo particular de esclavitud, llamada huehuetlatlacoli que en lengua mejicana significa culpa o servidumbre antigua, consista en que una o dos familias acosadas de la miseria se juntaban para vender uno de sus hijos, y repartir el precio entre s, obligndose cada una de ellas a reponer el esclavo, aun cuando muriese. Esta obligacin era trasmisible a sus descendientes; slo se eximan de ella si el esclavo mora en casa del amo, o si ste tomaba algo de lo que aqul tena; pero el amo, para conservar siempre su derecho, no coga nada perteneciente al esclavo, ni menos permita que ste habitase en su casa. Si despus de algunos aos de servicio, el hijo esclavo deseaba descansar o casarse, entonces peda a las familias que lo haban vendido que otros miembros de ellas entrasen a servir en su lugar por cierto tiempo; pero aun en el caso de que otro lo reemplazare, ni l, ni la mujer con quien se casaba, quedaban exentos de la obligacin primitiva.76 Habindose abusado de la ley que autorizaba esta especie de esclavitud, y temindose los excesos que se hubieran cometido con el hambre de 1505, Nezahuelpilli, rey de Acolhuacan, la aboli, libertando de todo compromiso a las familias obligadas, y lo mismo hizo Moctezuma II en otras partes de su imperio.77Para evitar fraudes, las ventas de personas libres o de esclavos se hacan comnmente en presencia de cuatro o ms testigos ancianos; los cuales intervenan tambin en fijar el precio entre el comprador y el vendedor.78Hombre hubo de mala fe que se venda dos veces a distintas personas para participar de doble precio. En este caso, el esclavo era del amo que lo haba comprado delante de testigos y con otras seguridades; pero si las dos ventas se haban hecho con los mismos requisitos, entonces se declaraba propiedad del primer comprador.79Vendanse los esclavos no slo en lugares privados, sino en los mercados pblicos;80 y la vez primera que los espaoles entraron en Mjico, vieron en la gran plaza de aquella ciudad muchos esclavos y esclavas de venta, sueltos unos, y atados otros en unas varas largas y con collares al pescuezo para que no se huyesen.81Pero el mercado ms famoso del imperio no estaba en Mjico, sino en Aztcapotzalco, provincia de Xicalanco, distante algunas leguas de aquella capital. Los tetzcucos ligados con los aztecas, destruyeron la ciudad de Aztcapotzalco, capital del rey Maxtla de la raza de los tepanecos, y en el campo desierto que qued se estableci el gran mercado de esclavos, al que acudieron despus los pueblos de Anhuac.82

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JOS ANTONIO SACO /11 /11 /11 /11 /11 “All —dice Sahagn83—, havia ferias de esclavos, all havia feria de ellos, y all los vendan los que tratavan en esclavos, y para venderlos aderezvanlos con buenos atavos los hombres, buenas mantas y maxtles y sus cotaras muy buenas: ponian sus bezotes de piedras preciosas, y ponanles sus orejeras de cuero hermosas con pinjantes, y cortbanles sus cabellos como suelen los capitanes cortrselos; y ponanles sus sartales de flores y sus rodelas en las manos, sus caas de perfumes que andaban chupando, y andaban bailando haciendo areyto de esta manera compuestos. Y los que vendan mugeres tambien las ataviaban; vestianlas de muy buenos vipiles, y ponianlas sus enaguas ricas, y cortbanlas los cabellos por devajo de las orejas; una mano o poco ms todo al rededor. El tratante comprava y vendia los esclavos, alquilava los cantores para que cantasen y taesen el Teponaztli para que bailasen y danzasen los esclavos en la plaza donde los vendian; y cada uno de estos tratantes ponia los suyos para que aparte bailasen. Los que querian comprar los esclavos para sacrificar y comer, all iban mirarlos quando andavan bailando y estavan compuestos, y al que veian que mejor cantava y mas sentidamente danzaba conforme al son, y que tenia buen gesto y buena disposicion, que no tenia tacha corporal, ni era corcobado, ni gordo demasiado, y que era proporcionado y bien hecho en su estatura, como se contentase de algun hombre muger, luego hablaba al mercader sobre el precio del esclavo. Los esclavos que ni cantaban ni danzaban sentidamente, dbanlos por 30 mantas; y los que cantaban y danzaban sentidamente y tenan buena disposicin dbanlos por 40 quachtles mantas. Habiendo dado el precio que valia el esclavo, luego el mercader le quitaba todos los atavios con que estaba compuesto, y poniale otros atavios medianos, y asi las mugeres en sus atavios; lo cual llevavan los que los compravan aparejados, pues que sabian que les habian de quitar el atavio conque estavan ataviados. Y llegando su casa el que los llevara comprados, echvalos en la carcel de noche, y de maana sacvalos de la carcel; y las mugeres davanlas recaudo para que ilasen entre tanto que llegaba el tiempo de matarlas: los hombres no les mandaban que hiciesen trabajo alguno. El que compraba esclavos hombres, ya tenia hechas unas casas nuevas, tres cuatro, y hacia los esclavos que bailasen en los tlapancos cada da. Y este que havia comprado los esclavos para hacer convite con ellos, despues de haber llegado todas las cosas necesarias para el convite y de tenerlas guardadas en su casa, asi las que se havian de comer como las que se havian de dar en dones a los convidados, como son mantas que se havian de gastar en el banquete hasta 800, 1 000 mantas de muchas maneras, y maxtles 400 de los ricos, y otros muchos que no eran tales (...) Y despus de esto daban dones los mercaderes de los principales que havian venido al convite de otros pueblos que eran 12 pueblos, y estos eran tratantes en

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 12\ 12\ 12\ 12\ 12\ esclavos y escojidos entre muchos; y despues de estos davan dones las mugeres mercaderas y tratantes en esclavos”. Vendanse en los mercados esclavos de ambos sexos y de diferentes edades; y cuando los principales mercaderes, a quienes se llam tealtiacoanianie recorran varios pases, pasando por algn territorio enemigo, vestanlos con armas defensivas para que no se los matasen.84 Los comerciantes eran tenidos en gran estima, y hombres y mujeres se dieron al trfico de esclavos.85La guerra, fuente muy fecunda de esclavitud en las antiguas naciones del viejo continente, no lo fue en el imperio mejicano. Ella le dio pocos esclavos, y tanto menos, cuanto ms nos acercamos a la poca del descubrimiento y conquista de los espaoles. Esta anomala no provino de que las razas que habitaron aquel vasto territorio, hubiesen sido todas pacficas. Los aztecas o antiguos mejicanos, que se cree bajaron del norte y que llegaron a las fronteras de Anhuac a principios del siglo XIII, siempre se distinguieron por su valor y aun ferocidad; y este espritu guerrero fomentado y tenido en gran honor,86 llevolos poco a poco a la conquista de las razas que ocupaban aquella regin hasta las playas del golfo que hoy llamamos mejicano. A primera vista parece que tantas guerras como tuvieron los aztecas, debieron darles muchos esclavos, y que la civilizacin que alcanzaron, influira en que respetasen la vida de los prisioneros para servirse de ellos; pero su carcter feroz y la religin sanguinaria que profesaron, los arrastr, no a mantener esclavizados a los vencidos, sino a inmolarlos casi todos en los altares de sus dioses. De las razas primitivas que poblaron el Anhuac, los toltecas fueron los menos brbaros y de ellos eman la civilizacin que encontraron los europeos en aquel pas al tiempo de la conquista.87 Sus ofrendas a los dioses que adoraban, consistan en maz, frutas, gomas olorosas, y algunos animales, sobre todo, codornices. Este rito adoptaron al principio los aztecas o mejicanos, y de aquellas aves inmolaron muchas a sus divinidades.88El sol y la luna fueron las de los chichimecas. Durante mucho tiempo, ellos no les ofrecieron sino flores, frutas, hierbas y copal; y slo sacrificaron hombres, cuando el contagioso ejemplo de los mejicanos alter su religin.89 Pero de dnde tomaron stos tan brbaro rito? La historia no lo dice; mas, se puede inferir que naci de sus crueles instintos, del espritu belicoso que los haba familiarizado con la sangre, del odio a sus enemigos y del fanatismo de sus sacerdotes. No es, pues, extrao que los aztecas hubiesen inmolado vctimas humanas, porque lo mismo hicieron otros pueblos brbaros de la Antigedad, y lo mismo hacen hoy algunas tribus salvajes indias y africanas: lo que s asombra es el nmero prodigioso de hombres que sacrificaron en sus altares;

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JOS ANTONIO SACO /13 /13 /13 /13 /13 nmero que si en su inmensa mayora se compuso de prisioneros esclavizados, a veces se llen, cuando stos faltaban, con algunos delincuentes y esclavos expresamente comprados para el sacrificio.90Segn Clavijero, los aztecas fundaron la ciudad de Mjico en el ao 1325 de la era cristiana, y poco antes fue cuando sacrificaron por primera vez un corto nmero de prisioneros de guerra.91Raros en su origen estos sacrificios, aumentronse poco a poco hasta que corri la sangre a torrentes en sus numerosas fiestas religiosas,92 en la consagracin de sus templos y en la coronacin y funerales de sus reyes y seores. Ya el objeto de sus guerras no fue tanto por engrandecerse, cuanto por hacer prisioneros para el sacrificio.93 “Los Dioses tienen hambre”, decan a veces los sacerdotes al monarca; y si en el furor de los combates se derramaba menos sangre, era por el inters de coger vivos a los enemigos, para ofrecerlos en holocausto a sus dioses sanguinarios. Cuando Corts pregunt a Moctezuma “cmo siendo tan poderoso y habiendo conquistado tantos reinos, no haba sojuzgado la provincia de Tlaxcala, que tan cerca estaba?” Moctezuma le respondi que por dos razones: la una, por tener en qu ejercitar la juventud mejicana, para que no se criase en ocio y regalo: la otra, y principalmente, porque haba reservado aquella provincia para sacar cautivos que sacrificar a sus dioses.94 Ningn rescate poda librar al cautivo del sacrificio, y el valor de un guerrero mejicano se graduaba por el nmero de prisioneros que haca.95El modo ordinario del sacrificio era abrir la vctima por el pecho y sacarle el corazn; pero a veces, ora se la ahogaba en el lago de Mjico, ora se la haca morir de hambre, encerrndola en las cavernas de los montes, ora, en fin, combatiendo como los gladiadores de la antigua Roma.96Cuando llegaba la hora tremenda de consumar el sacrificio del primer modo indicado, seis sacerdotes con las manos, rostro y cuerpo pintados de negro, hacan subir al cautivo al atrio del templo. Cinco de aqullos vestan mantos blancos recamados ( ricamati ) de negro, con la frente armada (adornada o ceida) de cotellini de papel de varios colores, y con largas y revueltas cabelleras. El sexto sacerdote, que era el gran sacrificador, llevaba un manto rojo, smbolo de su sanguinario ministerio, una corona en la cabeza, de hermosas plumas verdes y amarillas, y en la mano un cuchillo formidable de una materia volcnica, dura como el pedernal.97 Tendase a la vctima boca arriba sobre una gran piedra de jaspe, de ms de cinco pies de largo, tres de ancho, otro tanto de alto, y un poco convexa por la parte superior para que el pecho le quedase prominente. En esta posicin, cuatro de los sacerdotes le sujetaban los pies y las manos, otro le apretaba la garganta contra la piedra echndole una media argolla de madera en forma de serpiente, y el sexto armado de

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 14\ 14\ 14\ 14\ 14\ cuchillo, le abra el pecho con una prontitud asombrosa, metiendo la mano por la herida, le arrancaba el corazn, que caliente y palpitante ofreca al sol, y despus lo arrojaba a los pies del dolo del templo.98 Esta muerte horrible sufrieron en la noche triste muchos de los espaoles compaeros de Corts, y sus carnes despus del sacrificio fueron devoradas como de costumbre, en un banquete sagrado.99 Tal fue el modo ordinario de los sacrificios entre los aztecas; pero hubo casos en que la vctima era inmolada con ceremonias diferentes y de una manera ms cruel.100La brbara costumbre de los sacrificios humanos no slo existi en muchos pueblos de Amrica, sino en otros del viejo continente. Los cananeos inmolaron cruelmente a los nios en los brazos de su dolo Moloch.101 Vctimas humanas sacrificaron tambin los moabitas.102Lo mismo hicieron por hecatombes algunos pueblos de la antigua Espaa. Los galatas sacrificaron cada cinco aos los malhechores a sus dioses, ya empalndolos, ya consumindolos en hogueras, y suerte igual experimentaron sus prisioneros de guerra.103Los escitas, adems de caballos y otros animales, ofrecieron al dios Marte algunos de sus prisioneros.104Aqu aparece el escita menos feroz que el mejicano, porque aqul no devoraba como ste las carnes de la vctima en un banquete solemne. Los antiguos germanos sacrificaban en ciertos das vctimas humanas a Mercurio, que era su principal divinidad,105 y lo mismo hicieron los antiguos galos.106Los rabes inmolaron hombres a sus divinidades, y todava en el sig1o sexto duraban entre ellos estos sacrificios.107Viniendo a nuestros das, vese en frica que algunas naciones practican sacrificios humanos; y entre ellos, ninguna es tan conocida de los europeos, ni goza de tan funesta celebridad como la de Dahomey en la costa occidental de aquel continente. Pero se dir, que todas las naciones hasta aqu mencionadas vivieron en la barbarie, y que los mejicanos, que inmolaron hombres como ellas, no tuvieron por cierto la civilizacin que tanto se pondera. Nada sera ms errneo que este argumento, porque las supersticiones religiosas tienen un imperio tan poderoso sobre el corazn humano, que a veces sobreviven muchos siglos a la poca en que los pueblos que las practican han salido ya de la barbarie. No subi el antiguo Egipto a una civilizacin muy elevada? Pero al mismo tiempo, no estuvo en contradiccin con ella el absurdo y ridculo sistema religioso que profes? Si no puede afirmarse que ese pueblo hubiese manchado su culto con sangre humana, otros, ciertamente, a quienes no cuadra la denominacin de brbaros la derramaron tambin en honor de sus divinidades. La antigua India, a pesar de su adelantada civilizacin, celebr sacrificios humanos, y sus dioses hallaban la sangre de las vctimas sabro-

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JOS ANTONIO SACO /15 /15 /15 /15 /15 sa como la ambrosa.108 Los battas, en la isla de Sumatra, aunque ya civilizados, se coman por su precepto religioso a sus ms prximos parientes viejos y enfermos.109Los persas enterraban gente viva, y a veces era para sacrificar a los dioses.110 Los antiguos griegos del continente y de las islas sacrificaron a sus dioses vctimas humanas,111 y en la Arcadia todava se inmolaban en tiempo de Eusebio.112Los mismos hebreos, ese pueblo escogido de Dios, olvidndose de las leyes, y entregndose a una idlatra apostasa, sacrificaron a sus hijos a los dioses de Canan.113Iguales sacrificios hicieron los fenicios a Saturno en tiempo de guerra y de otras calamidades.114Los cartagineses, que fueron uno de los pueblos ms clebres de la Antigedad, inmolaron a Kronos, no ya los prisioneros de guerra, sino los hijos de las familias ms distinguidas de Cartago.115 Y todava practicaron estos sacrificios en tiempo de Eusebio.116Hombres sacrificaron a Jpiter y a Apolo los antiguos romanos;117 y si damos crdito, a Porphiro,118 ellos no abolieron enteramente esta prctica sanguinaria hasta el ao 657 de la fundacin de Roma. Robertson, en el libro VII de su Historia de Amrica atribuye los sacrificios de los mejicanos, no a su brbaro estado, pues que l reconoce los adelantamientos sociales que haban hecho, sino al sistema religioso que adoptaron. En su concepto, todos los pases donde se adora como divinidad al sol, la luna y otros objetos de la naturaleza, el espritu de supersticin es dulce; pero cuando se rinde un culto religioso a seres quimricos, hijos de la imaginacin y del temor del hombre, entonces la supersticin toma unas formas extraas y feroces. La primera de estas religiones, dice l, fue la de los peruanos; la segunda, la de los mejicanos; y he aqu, dice l tambin, por qu stos inmolaron hombres; mas, no aqullos. Este raciocinio de Robertson, por ms filosfico que parezca, es completamente falso. Que se derrame o no sangre humana en el culto de los pueblos idlatras, esto no depende de que los seres a quienes ellos adoran, sean objetos naturales, o puramente quimricos, sino de las ideas supersticiosas que los obcecan y obligan a tributar adoraciones de aqueste o del otro gnero. El hombre en su pequeez, deseando hacerse propicia la divinidad que rige el universo, juzga que las ofrendas que le consagra, cuanto ms nobles y ms preciosas, tanto ms aceptables le sern; y como nada en la creacin es comparable al hombre, l crey en su delirante fanatismo, que a veces deba derramar en los altares la sangre de sus semejantes. Si volvemos la vista a los pueblos que en el nuevo continente ofrecieron vctimas humanas, encontramos que algunos de ellos adoraron ob-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 16\ 16\ 16\ 16\ 16\ jetos naturales. Culto rindieron al sol los indios que habitaban la Florida entre los 30 y 35 de latitud septentrional; y, sin embargo, a l le sacrificaban los prisioneros de guerra.119 A ese astro contaron tambin entre sus divinidades los mismos mejicanos, y por eso, en el acto del sacrificio, el gran sacrificador le ofreca el corazn de la vctima. En el espacio comprendido entre la pennsula de Yucatn y Guatemala habitaron varias naciones, y una de las principales de ellas, llamada de los indios lacondones adoraba tambin al sol, a cuyo astro se ofreca el corazn de sus prisioneros del mismo modo que los mejicanos.120Los itzaes, otra de las naciones de aquella regin, tuvieron mucha variedad de sacrificios, y uno era el que se haca al dolo Hobo Era ste de metal hueco, como Moloch entre los cananeos, abierto por las espaldas y con los brazos tendidos. Encerrbase en l la vctima, y aplicndole fuego, quedaba all hecha cenizas; y para que nadie tuviese compasin de los lamentos de la vctima, los sacerdotes durante el sacrificio, bailaban, gritaban, y taan sus estrepitosos instrumentos. A los padres y parientes hacaseles bailar con los dems circunstantes mientras duraba tan horrible sacrificio.121Los indios del Nuevo Reino de Granada adoraron al sol y a la luna como dos divinidades creadoras del universo; pero ya hemos visto que a veces regaron sus templos con la sangre de los muchachos.122Los mismos peruanos, cuya religin nos presenta Robertson tan inmaculada, no estuvieron del todo exentos de sacrificios humanos, pues cuando los incas estaban enfermos, o iban a la guerra, solieron inmolarse nios de la edad de 4 a 10 aos, para que aqullos alcanzasen la salud o la victoria.123Al coronarse los incas, sacrificbanse 200 nios, ahogndolos y enterrndolos unas veces, o degollndolos otras, con cuya sangre untbanse los sacerdotes de oreja a oreja. En esa solemnidad inmolbanse tambin las vrgenes Mamaconas del templo. Cuando estaba enfermo algn indio principal y el sacerdote deca que haba de morir, sacrificaban al hijo diciendo: “que se contentase el dolo con l y que no quitase la vida al padre”.124En otros casos sacrificaron tambin los peruanos vctimas humanas; mas, no hay necesidad de prolongar esa lista fnebre. El clebre historiador escocs tuvo poco acceso a las fuentes originales y no ley todo lo que debi leer para escribir la historia de Amrica. Acaso en este punto sigui al inca Garcilaso de la Vega, quien niega en la parte 1, libro II, captulo IX de sus Comentarios Reales que los peruanos se hubiesen manchado con esos sacrificios. Pero Garcilaso fue por su madre descendiente de los incas del Per e interesado en repeler tan grave cargo contra la memoria de sus progenitores; su testimonio

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JOS ANTONIO SACO /17 /17 /17 /17 /17 debe mirarse con desconfianza, y tanto ms, cuanto que autores que conocieron las costumbres de aquellos indios, afirman positivamente lo contrario. Fray Vicente de Valverde, obispo del Cuzco, dice en una carta interesante que escribi a Carlos V: “Sacrifican ovexas y palomas al sol, porque entre los seores principales y en la mayor parte de la tierra no sacrificaban hombres ni adoraban dolos sino al Sol, aunque en algunas provincias sugetas a este seor [al inca del Cuzco] sacrifican ombres y adoran dolos”.125Acerca del nmero de vctimas sacrificadas en Mjico, hay gran divergencia entre los autores. Los primeros religiosos franciscos que llegaron a Mjico muy poco despus de la conquista, calcularon en casi 2 500 los hombres y los nios inmolados anualmente en aquella capital y en algunos pueblos circunvecinos de la laguna.126 Pero este cmputo es muy incompleto, pues solamente comprende una parte del imperio. Las Casas en su impugnacin al doctor Seplveda, dice que el nmero de vctimas era muy corto. Zumrraga, primer obispo de Mjico, en una carta que escribi en 12 de junio de 1531 al Captulo General de su Orden, reunido en Tolosa de Espaa, eleva a 20 000 el total anual en slo la ciudad de Mjico.127 Clavijero cree que no es excesivo calcular en 20 000 los sacrificios anuales.128 Lpez Gomara, llevado de lo que otros dicen, opina que hubo aos hasta de 50 000.129 Herrera, ms circunspecto, no se atreve a fijar cantidad anual; pero dice que hubo vez en que las vctimas pasaron de 5 000 y aun 20 000.130Autores muy versados en las antigedades mejicanas, como Torquemada y don Fernando de Alba, nombre que se dio al indio Ixtlilxchitl elevan el primero131 a 72 344 y el segundo132 a 80 400 los prisioneros inmolados en pocos das, cuando en el ao de 1486 se celebr la consagracin del gran templo de Mjico. Con estas cifras no concuerda la Explicacin del Cdigo Telleriano-Remense pues en ella se afirma que entonces slo fueron sacrificados 4 000 prisioneros.133 Prescott134 no cree que entonces se hubiesen sacrificado tantas vctimas, y fndase en que los prisioneros se habran sublevado para no dejarse matar como carneros, y en que la corrupcin de los cadveres habra ocasionado una peste. Yo tampoco creo en tales exageraciones; pero no por las dos razones que l expone. En cuanto a la primera, es de advertir, que ni todos los cautivos estaran juntos, sino esparcidos en varios lugares; ni que se sacaran todos de un golpe, puesto que los sacrificios duraron cuatro das consecutivos. Tomaranse, adems, con ellos todas las precauciones posibles para que no se sublevasen o escapasen. La nacin mejicana era populosa y guerrera; y como la fiesta que entonces se celebr fue una de las ms solemnes, acudiran a la capital muchos habitantes de otros pueblos; y este extraordinario concurso facilitaba los medios de consumar aquel sacrificio con toda seguridad. Clavijero

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 18\ 18\ 18\ 18\ 18\ dice que en concepto de algunos autores, 6 millones de personas asistieron a esta gran fiesta, nmero que aunque, en su juicio, puede ser exagerado, no le parece absolutamente inverosmil.135 Yo no creo en tales 6 millones; pero s admito que la concurrencia sera muy numerosa y ms que suficiente para impedir que los cautivos se sublevasen. En cuanto a la peste, muchos cadveres seran devorados, segn costumbre, en el banquete sagrado que se haca despus del sacrificio; y los restantes seran transportados a puntos diferentes para impedir su acumulacin, o enterrados o quemados, como se practicaba con otros muertos. Para m, la verdadera dificultad consiste en el prodigioso nmero de vctimas que se seala; porque cuando se celebr la consagracin del gran templo en 1486, ya estaban terminadas las conquistas del vasto pas que formaron aquel imperio, pues a excepcin de Tlaxcala, todos los pueblos obedecan ciegamente al monarca de Mjico: de manera que de ellos ya no se podan sacar cautivos. Y si Tlaxcala no sucumbi tambin, fue porque de intento se la dej independiente para guerrear con ella, ejercitar, como se ha dicho, en las armas a la juventud mejicana y coger prisioneros para el sacrificio. Pero esto mismo no prueba que ya eran muy pocas las guerras exteriores, y que por lo mismo haba gran dificultad en hacer cautivos? Muy raras debieron tambin de ser las insurrecciones intestinas, por el grado de profunda sumisin a que estaban reducidas las provincias subyugadas; y esto demuestra, que ya estaban casi agotadas las fuentes de donde se sacaban las vctimas humanas. Para reunir todas las que entonces se inmolaron, fue preciso ir reservando los prisioneros que se hicieron en las guerras de los cuatro aos anteriores;136 pero este nmero no pudo ser tan grande como se supone, as por las razones ya expuestas, como por la multitud de sacrificios que hacan los mejicanos en las frecuentsimas fiestas que anualmente celebraban. En medio de tanta incertidumbre, hay un dato que derrama mucha luz sobre el nmero aproximado de las vctimas que hubo en la consagracin del gran templo en 1486. “Para hacer —dice Clavijero— con mayor aparato tan horrible sacrificio, las vctimas se pusieron en dos filas, cada una de casi milla y media, las cuales empezaban en las calles de Tacuba y de Iztapalapan y terminaban en el mismo templo, y segn que a l iban llegando, eran sacrificadas”.137Esas dos filas de casi milla y media, cada una forman casi tres; o sea, casi una legua. Al fin que me propongo cumple ms bien aumentar que disminuir la distancia: por eso tomar entera la legua, pero no francesa, sino espaola, que es ms larga, y cuya longitud es de 5 555 metros, 55 centmetros. Computando que en cada metro se colocaron tres cautivos, resulta un total de 16 666; pero aun exagerando el clculo, y suponiendo que en cada metro entrasen cuatro cautivos, el total de ellos

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JOS ANTONIO SACO /19 /19 /19 /19 /19 sera de 22 222: nmero que dista inmensamente de esas decenas de miles de que hablan algunos autores. Por ms que se rebaje el nmero de vctimas inmoladas en aquella gran solemnidad y en los sacrificios anuales, es innegable que en ningn pas de Amrica ni acaso del mundo, se derram en perodo igual tanta sangre humana a nombre de la religin, como en el imperio de Anhuac; y que sin esta brbara costumbre, la esclavitud habra tomado en l mayor extensin, pues que a ella hubieran sido condenados muchos de los prisioneros que recibieron la muerte. Ni a stos se limitaron aquellos sacrificios, pues en ciertas ocasiones se compraron esclavos para inmolarlos. Celebraban los mercaderes una fiesta particular llamada panquezaliztli cuyas vctimas eran esclavos de ambos sexos en nmero igual, comprados en el gran mercado pblico de Azcapuzalco. Llamose a esos esclavos tlaaltiltin que quiere decir lavados, porque se les lavaba y engordaba, para que cuando se les matase y comiese, sus carnes fuesen sabrosas, las que se servan cocidas con maz tambin cocido, en el gran banquete a que asistan los principales traficantes de esclavos, escogidos de entre muchos pertenecientes a varios pueblos del imperio.138La feroz supersticin mejicana lleg al extremo de sacrificar hasta los nios esclavizados, pues los sacerdotes los compraban para celebrar con ellos las fiestas de las divinidades del agua; y las madres obcecadas por el ms cruel fanatismo consentan gustosas en la venta y el sacrificio de sus tiernos hijos. En el monte de Coactepec estaban colocadas las estatuas de aquellos dioses, y all se les ofreca la sangre y el corazn de los nios, cuyas carnes despus del sacrificio eran devoradas en un convite por los seores y los sacerdotes. El primer mes del calendario mejicano, que corresponde a nuestro febrero, “hacan —dice Torquemada—, fiesta a los dioses del agua llamados Tlaloc o Tlalocatecuhtli. Al segundo da de este mes, se juntaba todo el pueblo a la celebracin de su fiesta, en la cual hacan muchas y varias ceremonias, y las acompaaban con diversidad de sacrificios; y por razn de tenerlo por dioses de las pluvias y aguas, ocupbanse este da y todos los dems de el dicho mes en comprar nios tiernecitos, que an estaban a los pechos de sus madres, para sacrificarlos en los montes, de donde imaginaban, que el agua les vena, y les pareca que las nubes se engendraban, en las cuales tenan credo que los dichos Tlaloques estaban y presidan. De estos nios comprados hacan luego sacrificio, gastando en l parte de ellos, pero no todos; y los que restaban, iban sacrificando por espacio y tiempo de tres meses, que segn esto, era esta matanza y sacrificio, en los otros dos meses suyos, que corresponden al nuestro de marzo y parte de abril, que es el tiempo cuando ya las aguas en esta tierra y reino comienzan con alguna fre-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 20\ 20\ 20\ 20\ 20\ cuencia, para sustentar los sembrados y sementeras. Mientras algunos de estos nios no se sacrificaba, no se le quitaba a la madre, y le criaba, hasta que llegaba el da de su ofrenda y muerte(...) Cuando llevaban estos nios al sacrificio, iban en hombros y literas muy enramadas y compuestas de flores y rosas; y de ellos echaban en esta ciudad de Mjico, en el remolino de la laguna, y los otros llevaban al desierto y monte de Coactepec, a hacer de ellos el ordinario sacrificio. Llevbanlos con mucha msica, as de instrumentos musicales como de cantos e himnos hechos y compuestos para aquel propsito. Este mes mataban otros muchos cautivos a honra de los dioses Tlaloques”.139Inmolbanse los esclavos, no slo en las ceremonias religiosas, sino en los funerales de sus amos. Fue costumbre entre los grandes seores mejicanos tener altares en sus casas y emplear exclusivamente uno de ellos, en encender el fuego sagrado, y quemar aromas en l. Cuando el amo mora, este esclavo junto con otros as de aqul como de los seores convidados, eran a veces sacrificados hasta en nmero de 100 y de 200, para que le acompaasen y sirviesen en la otra vida; y estos sacrificios se renovaban al da 5, 20, 40, 60 y 80, despus de haber sido quemado el cadver en la pira que se preparaba en el atrio del templo. Acostumbrose tambin a la muerte de un seor, convidar a su entierro a los dems seores de las provincias, quienes llevaban regalos de ricas mantas, plumas verdes y esclavos.140 Las primeras servan para envolver el cadver; las segundas, para adornarle, y los ltimos, para inmolarlos a los manes del difunto. Al contemplar el terrible sacrificio de los esclavos, bien pudiera creerse que la esclavitud fue muy cruel entre los mejicanos; pero nada sera ms errneo. El corazn del hombre, y particularmente el del hombre semi-civilizado, es un conjunto de inconsecuencias y contradicciones; y el mejicano, que tan sanguinario era con los esclavos delante de los altares, en el domstico les trat con mucha humanidad y dulzura. Las leyes les protegieron, y el hombre que los mataba, sufra pena de muerte.141 Sus tareas fueron pocas y moderadas;142 podan casarse, tener familia, bienes y aun esclavos, sin que su amo pudiese servirse de ellos, ni impedirles que los comprasen,143 Muchos amos al morir los dejaban libres;144 otros frecuentemente se casaban con sus esclavas y las amas viudas, con sus esclavos. Cuando stos eran muchachos se les miraba como hijos. La esclavitud del padre o de la madre, o de entrambos, en nada afectaba al hijo, y ste, por consiguiente, naca libre;145cosa que jams se vio ni aun en las naciones ms civilizadas de los tiempos antiguos y modernos. Los amos generalmente conservaban en su poder a los buenos esclavos, pero solan regalarlos como en las grandes fiestas que se celebraban, cuando algunos indios de Tlaxcala, Mjico y otros pueblos de aquella laguna eran armados de caballeros por servi-

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JOS ANTONIO SACO /21 /21 /21 /21 /21 cios a la patria, en cuyas funciones los nuevamente condecorados hacan presentes a los otros caballeros.146 A los esclavos viciosos o que se huan, el amo antes de venderlos los amonestaba dos o tres veces delante de testigos; pero si no se corregan, entonces se les echaba al pescuezo una media argolla de madera y se les venda en el mercado. Si despus de haber cambiado dos o tres veces de amo an no se enmendaban, vendaseles para el sacrificio.147 Los esclavos de argolla al pescuezo que se huan de la prisin, alcanzaban su libertad si se acogan al palacio del emperador.148Cuando los seores se aparejaban para la guerra, sentenciaban a muerte a los esclavos que estaban presos por algn delito grave; pero tambin libraban de la crcel a los injustamente retenidos en esclavitud y stos inmediatamente se iban a baar en seal de que eran libres.149En el signo del mes del ao en que los mejicanos celebraban la fiesta del dios Tezcatlipoca no se poda maltratar a ningn esclavo, pues el amo lo prohiba bajo graves penas a todos los miembros de su familia. Desde la vspera de la funcin se quitaban las colleras a todos los presos, se les baaba, enjabonaba y limpiaba la cabeza, y el amo los obsequiaba como si fuesen los hijos queridos de aquel dios.150Tan desinteresada y generosa fue la esclavitud de los mejicanos con sus esclavos, que cuando Carlos I mand libertar a los indgenas injustamente esclavizados por los espaoles, los indios ya cristianos y propietarios de esclavos de su misma raza, cediendo a los consejos de los religiosos misioneros, no slo los libertaron voluntaria y gratuitamente, puesto que a ellos no se refera la orden de aquel monarca, sino que les proporcionaron medios con que subsistir en su nueva vida. Otros que antes haban vendido algunos de esos esclavos, los buscaron con diligencia para rescartarlos con su dinero y si no los encontraban, o repartan entre los pobres el precio en que los haban vendido, o libertaban en su lugar a otros esclavos.151 ¡Ejemplo digno de ser imitado por los espaoles que all residan, y aun por las naciones ms cultas de la tierra! Tales fueron las leyes del cdigo azteca en punto a esclavitud. En l deben distinguirse dos partes muy diferentes: una, relativa al modo de adquirir esclavos; y otra, al tratamiento que se les daba. La primera es muy imperfecta, porque prodiga la pena de esclavitud sin guardar la debida proporcin entre las penas y los delitos: asunto verdaderamente difcil, y que no poda resolver con acierto un pueblo cuya civilizacin estaba poco adelantada. La segunda parte, que ms depende del corazn que del entendimiento, es digna de grandes elogios, y aunque todas sus disposiciones no merecen una completa aprobacin, puede asegurarse que, en su conjunto, ningn pueblo antiguo ni moderno ha presentado jams un cdigo tan justo y tan humano en materia de esclavitud. Empero, no se crea, que los esclavos fueron gobernados con la misma

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 22\ 22\ 22\ 22\ 22\ dulzura en todas las provincias del imperio mejicano, porque hubo algunas donde las costumbres y las pocas leyes que las regan se apartaron de las ideas filantrpicas de los aztecas. Antes de salir de Nueva Espaa, digamos que en Yucatn eran esclavizados los indios que cometan ciertos delitos.152 Ni perdieron la costumbre de esclavizar por otras causas, aun despus de la dominacin espaola: as fue que los religiosos establecidos en aquella provincia, entre los remedios que propusieron al Consejo de Indias para atajar los males de aquella tierra, escribieron lo siguiente: “Remedio en los esclavos que hacen los naturales entre s; lo que anda tan roto, que en muriendo su padre, el que ms puede del pueblo, hace esclavos a los hijos y los vende”.153Si de Nueva Espaa pasamos a pases ms meridionales, damos con el Per, que en grandeza y civilizacin fue superior a Mjico; pero as como en ste encontraron los espaoles establecida la esclavitud de los indios, as tambin en aqul. Atendiendo a la organizacin social del Per, no hubo necesidad de esclavos. Todos los indios de ambos sexos estaban obligados a trabajar, y la pereza era castigada severamente. Emplebanse en el servicio domstico, en la agricultura, en las artes, en la explotacin de las minas, y en todas las obras pblicas.154 Por otra parte, las leyes a nadie esclavizaban por vicios o delitos, pues stos, por leves que fuesen, se castigaban ordinariamente con penas mucho ms severas, gradundose la magnitud de la culpa, menos por el dao de tercero, que por la ofensa que se haca al monarca, autor supremo de toda legislacin, y a quien deba respetarse como a un dios.155 De este modo quedaron cegadas las fuentes de la esclavitud que tan fecundas fueron en otras partes del Nuevo Mundo. Verdad es que los incas del Per siempre tuvieron guerras de conquista156 y que dilatando con ellas los lmites de su imperio desde el Ecuador hasta Chile, pudieron haber esclavizado muchedumbre de prisioneros; pero su poltica, con pocas excepciones, consisti en subyugar los pueblos, ms con arte y con regalos que con las armas, y cuando se vean forzados a acudir a ellas, procuraban disminuir los males, impidiendo los saqueos, perdonando a sus enemigos y admitindolos como miembros de la nacin peruana.157 Sin embargo, aunque en casos de rebelin hubo veces que exterminaron a todos los hombres,158 otras redujeron los rebeldes a perpetua servidumbre, y de aqu naci aquella raza de esclavos por origen, pertenecientes a la corona, llamados yanaconas y que vestan de un modo diferente al de gente libre.159Es innegable que la guerra dio esclavos a los pueblos situados en los confines septentrionales del imperio de los incas, pues cuando Francisco Pizarro march de aquellas regiones, dio libertad en la isla de Puna a ms de 600 personas naturales de Tumbes, que estaban destinadas, unas

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JOS ANTONIO SACO /23 /23 /23 /23 /23 para el sacrificio y otras para la esclavitud.160 De un pasaje de Herrera aparece que los caciques acostumbraron esclavizar algunos indios por faltas leves, y que aun despus de la conquista quedaron todava restos de esta costumbre.161A su entrada en las provincias del Ro de la Plata, los espaoles encontraron indios con esclavos.162 El hurto era una de las causas por las cuales se impona la pena de esclavitud, y el condenado era vendido en otra tierra. Los albaias y los guirnacaes, tribus del Paraguay, mataban en sus guerras a los enemigos adultos; pero esclavizaban a las mujeres y a los muchachos, y por pobre que fuese el albaia no dejaba de tener tres o cuatro esclavos cogidos en la guerra.163 Fernando de Magallanes, en su viaje inmortal, toc en Ro Janeiro, y en los trueques que la tripulacin de sus naves hizo con aquellos indios, daba una hacha por un esclavo; pero Magallanes, ya para evitar altercados con los portugueses, ya por el fundado temor de que se consumiesen los vveres, tan necesarios para la larga navegacin que haba emprendido, prohibi bajo pena de muerte que nadie tomase esclavos.164Al paso que los portugueses iban asentando su dominacin en el Brasil, fueron tambin descubriendo que muchas tribus tenan esclavos. De ellos se sirvieron los papanazes; y la nacin de los graimares, con la que Martn Alfonso de Sousa hizo un tratado de alianza en 1531, esclavizaba sus prisioneros. Cuando alguno de los papanazes mataba a otro de su nacin, aunque fuese por casualidad, era inmediatamente ahorcado y enterrado a presencia de sus parientes y de los del muerto, a quienes se entregaba para que lo ejecutasen. Si el matador se hua, entonces su hijo, hija, o pariente ms cercano, se daba como esclavo al pariente ms prximo del muerto. Aun de los tupiniguinos, que si bien devoraban a los prisioneros cuando eran adultos, perdonaban la vida a los muchachos, reducindolos a esclavitud.165Parece que todas las tribus que habitan el Brasil, todava tienen esclavos. Si entre los indios de Mjico se perdi la libertad por algunos delitos, en el Brasil no se esclaviza por ninguno. Aqu pueden el padre y el marido vender al hijo y a la mujer; pero pocas veces usan de este derecho, y cuando lo ejercen, vndenlos ms bien a los extranjeros que a los de su raza. La suerte que cabe a los prisioneros de guerra, es la muerte o la esclavitud. Tribus hay muy crueles con los esclavos, y que abandonan inhumanamente a los enfermos y a los ancianos; pero hay otras, como los botocudos, mudrucos, etc., que los tratan con dulzura, particularmente a los nios que cogen en la guerra.166Abandonando, pues, las tierras del medioda, volvamos al hemisferio septentrional para apuntar brevemente lo que en Florida vieron los castellanos.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 24\ 24\ 24\ 24\ 24\ De ese pas sabemos que los indios en sus mutuas guerras tambin se esclavizaban, y que los amos los destinaban a la labranza y a otras tareas. Pero as como los antiguos escitas reventaban los ojos a sus esclavos para que no se distrajesen de la ocupacin de ordear sus yeguas, as los indios de la provincia de Cofaiquichi cortaban a los suyos, para que no se huyesen, los calcaales y nervios de las piernas.167Al decir de Charlevoix, los indios que habitaban la Florida entre los 30 y 35 de latitud, esclavizaban a las mujeres y nios que cogan en sus guerras; pero que a los hombres los sacrificaban al sol, que era una de sus divinidades, y que despus se los coman como un deber religioso.168Avanzando hacia el septentrin, damos con los iroqueses y otras naciones, cuyas costumbres son tan curiosas en punto de guerra y esclavitud, que bien merecen una mencin especial. Hacanse de dos modos los esclavos entre esas naciones: o por castigo o por la guerra. Por castigo era cuando algn miembro de una familia mataba al de otra, o al de tribu o nacin diferente. En estos casos admitase la composicin, esto es, ciertos presentes que satisfaciendo a la familia del muerto, todo quedaba arreglado, sin haber lugar a venganzas. Los parientes de la vctima no se contentaban con los regalos que se les ofrecan, entonces, era regla general seguida por la mayor parte de esas naciones, que el homicida se entregase como esclavo a los parientes del muerto; y aunque stos podan matarle, jams lo hacan. Semejantes esclavos eran tratados con dulzura, pues las madres los adoptaban dispensndoles el mismo cario que a sus hijos muertos. A veces aconteca que contentndose los interesados con la presentacin del esclavo, no lo aceptaban para no tener delante de s el homicida de su hijo, de su padre o de otro objeto querido.169Varia fue la suerte de los prisioneros de guerra. Un consejo haca la distribucin de los prisioneros, y un anciano publicaba en alta voz los nombres de las personas a quienes les tocaban. stas los llevaban a sus cabaas, ya para esclavizarlos, ya para matarlos;170 muerte que les daban los iroqueses, quemando del modo ms horrible a los que consideraban intiles, como los viejos, enfermos y nios; y tambin a los jefes o a otros que teman se les escapasen y despus les hiciesen dao.171La condicin del prisionero esclavizado era, entre las naciones algonquines, siempre dura; pero muy suave entre los iroqueses y los hurones. “Desde que penetra en la cabaa, en la cual se ha resuelto conservarle, se le desata, se le despoja de los lgubres atavos que le presentan como una vctima destinada al sacrificio; se le lava con agua tibia para borrar los colores de su rostro y se le viste de limpio, recibiendo en seguida las visitas de los parientes y amigos de la familia en que va a

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JOS ANTONIO SACO /25 /25 /25 /25 /25 entrar. Poco tiempo despus se celebra un festn, al cual se invita a todo el pueblo, para darle el nombre de la persona a quien viene a substituir: los amigos y los parientes del difunto celebran tambin un festn para honrarle, y desde este instante entra en posesin de todos sus derechos. Si la esclava donada en una cabaa es una doncella, y no hay ninguna persona de su sexo en estado de poderla sostener, es una fortuna para esta cabaa y para ella. Toda la esperanza de esta familia se funda entonces en esta esclava, que se convierte en seora de la familia y de las ramas que de ella dependen. Si es un hombre el que reemplaza a un anciano a un considerable se convierte tambin en anciano o en considerable y ejerce autoridad en la ciudad, si por su mrito personal sabe sostener con prestigio el nombre que toma”. Estos esclavos deban comportarse bien, pues de lo contrario, se exponan a que cambiase su situacin, aunque hubiesen corrido muchos aos despus de haber sido adoptados, y particularmente, si la familia en que se haban injertado era numerosa, pues entonces podran pasarse fcilmente sin ellos. Los esclavos de los iroqueses no deseaban huirse de la casa de sus amos, pues estaban identificados con ellos, ya por el vnculo de la adopcin, ya por el buen trato que se les daba. Y esta conducta, seguida desde siglos anteriores hasta los ltimos aos, ha influido en que los enemigos de los iroqueses acojan las proposiciones que stos les hacen, contribuyendo de esta manera a conservar el nmero de sus familias, y a ser ms preponderantes que las dems naciones del septentrin de la Amrica.172Las mujeres cogidas en las guerras que esas naciones se hacan, eran esclavizadas y sus amos, ora las tomaban por concubinas, ora se casaban con ellas; pero uno y otro caso, conservaban la marca de su esclavitud, pues no podan usar ni los cabellos largos, ni los borcegues, que era el signo distintivo de las mujeres libres.173 El borcegu consista en dos piezas de junco y de algodn, cosidas y muy bien trabajadas, que apretando la pierna por sus dos extremidades, hacen inflar el grueso de ella para que parezca ms llena y ms redonda.174Por ltimo, es de advertir que la esclavitud no era personal entre esas naciones, pues se trasmita de padres a hijos.175Si los europeos, al conquistar el Nuevo Mundo, hallaron establecida la esclavitud entre los mismos indgenas, evidente es que ella no fue una novedad que la Europa introdujo en aquellas regiones. Tan funesta institucin estaba entonces generalizada en la vasta superficie del viejo continente; y el gran pecado de los conquistadores del Nuevo consiste en haber consolidado y extendido en l la esclavitud, ora imponiendo su pesado yugo sobre millones de indios libres, ora transportando como esclavos a los hombres de raza africana.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 26\ 26\ 26\ 26\ 26\Notas1Carta del doctor Chanca al ayuntamiento de Sevilla. Esta carta debi haberse escrito a principios de 1494 y publicola Martn Fernndez de Navarrete, en el tomo primero de su Coleccin de los Viajes y Descubrimientos que Hicieron por Mar los Espaoles desde Fines del XV. Edicin de Madrid de 1825 a 1837.—El doctor Chanca fue mdico de la armada de Coln en el segundo viaje que ste hizo al Nuevo Mundo. Gonzalo Fernndez de Oviedo, Historia General y Natural de las Indias lib. II, cap. VIII. 2Pedro Mrtir de Anglera, De Orbe Novo dc. 1, cap. I. Rochefort, Histoire Naturelle et Morale des les Antilles d’Amerique, lib. II, cap. XXI. 3Carta del doctor Chanca al ayuntamiento de Sevilla. Historia indita de los Reyes Catlicos por el cura de los Palacios, cap. CXX. 4Oviedo, Sumaria Relacin de la Historia de las Indias cap. X. 5Gonzalo Fernndez de Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXIX, cap. II, p. 26 a 31. Debo advertir que cuando cite la obra de Oviedo, siempre me servir de la edicin en cuatro tomos hecha por la Real Academia de la Historia de Madrid en los aos de 1851 a 1855. 6Herrera, dc. 1, lib. IX, cap. II. 7Herrera, dc. 1, lib. X, cap. V. 8Herrera, dc. 2, lib. III, cap. IV. 9Carta dirigida al rey catlico don Fernando, por Vasco Nez de Balboa, desde la villa de Santa Mara del Antigua del Darin, a 20 de enero de 1513. Se inform que, yendo por el ro Grande de San Juan, 30 leguas arriba, sobre la mano izquierda entra en l otro ro muy hermoso, y que navegndolo dos das hacia arriba se hallaron un cacique poderoso, muy rico en oro, llamado Daraire. A dos jornadas de sus tierras existan unos indios belicosos y antropfagos, seores de unas minas muy ricas en que cogan mucho oro. Llevaban este metal al cacique Daraire, que les daba en cambio indios mancebos y muchachos para comer, e indias para que sirviesen como esclavas a sus mujeres, pues que a ellas no las devoraban. (Se halla en la Coleccin... de Navarrete, tomo III.) 10Herrera, dc. 3, lib. IV, cap. VII. 11Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XI, cap. I y XI. 12Herrera, dc. 3, lib. IV, cap. VII. 13Herrera, dc. 3, lib. IV, cap. VII. 14Herrera, dc. 3, lib. IV, cap. VII. 15Herrera, dc. 3, lib. IX, cap. X. 16Torquemada, Monarqua Indiana lib. III, cap. XLI. Herrera, dc. 4, lib. VIII, cap. III. 17Comunicacin de Diego Lpez de Salcedo, al emperador Carlos V, fecha en la villa de Trujillo, Puerto y Cabo de Honduras, a 31 de diciembre de 1526. (Muoz, Colec ., tom. LXXVII.) 18Relacin 5, hecha al emperador Carlos V, por Hernn Corts, sobre la expedicin de Honduras, fecha en Temixtitan a 3 de septiembre de 1526, y publicada por primera vez en la Coleccin de Documentos Inditos para la Historia de Espaa tom. IV, no. 1 de abril de 1844, en Madrid. 19Herrera, dc. 4, lib. VIII, cap. X. 20Torquemada, Monarqua Indiana lib. XII, cap. VIII.

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JOS ANTONIO SACO /27 /27 /27 /27 /2721Torquemada, Monarqua Indiana lib. XII, cap. VIII. 22Torquemada, lib. XII, cap. VIII. 23Torquemada, lib. XII, cap. VIII. 24Torquemada, lib. XII, cap. IX. 25Bernal Daz del Castillo, Conquista de Mjico cap. 166. 26Torquemada, lib. VI, cap. XXVI. 27Herrera, dc. 4, lib. X, cap. XIII. 28Torquemada, lib. XII, cap. X. 29Torquemada, lib. XII, cap. XII. 30Torquemada, lib. XII, cap. XII. 31Torquemada, lib. XII, cap. X. 32Herrera, dc. 3, lib. IV, cap. X. 33Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXV, cap. VII y VIII. 34Herrera, dc. 6, lib. V, cap. VI. Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVI, cap. XXVIII,XXIX, XXX Y XXXI. 35Carta de los Oficiales Reales de Santa Marta al Emperador, dando cuenta del viaje del licenciado Gonzalo Jimnez, por las tierras de Bogot y Tunja. Insertola Oviedo en su Historia (...) de las Indias lib. XXVI, cap. XI. Lo mismo dijeron al emperador, fray Juan de San Martn y Antonio de Lebrija. 36La palabra Anhuac significa “cerca del agua”. Quiz se le dio ese nombre, por estar comprendido todo el pas entre las aguas del Atlntico y del Pacfico ( Historia Antigua de Mjico por el licenciado D. Mariano Veytia, impresa en la ciudad de Mjico en 1836); o acaso se aplic al principio a slo el valle de Mjico. (Clavijero, Storia antica del Messico lib. I, § 1), extendindose despus a los pases ms distantes, ocupados por los aztecas y otras razas. 37Bernal Daz del Castillo, Historia de la Conquista de la Nueva Espaa cap. XXXVI. Herrera, dc. 2, lib. IV, cap. XII, y lib. V, cap. IV. 38Carta o Relacin segunda de Corts a Carlos I, a 30 de octubre de 1520, § 6, 17 y 19. Herrera, dc. 2, lib. VI, cap. II y VII, y libro VII, cap. III y IV. 39Torquemada, Monarqua Indiana lib. XIV, cap. XVI. 40De las caas del maz, planta indgena de toda la Amrica, sacaron azcar los indios mejicanos, mucho antes de la conquista de los espaoles. Esto aparece, no de la Relacin Sumaria de la Historia Natural de las Indias (cap. IV), escrita por Gonzalo Fernndez de Oviedo, y en la que equivocadamente se funda Prescott en la Historia de Mjico tomo I, captulo V, sino del § 30 de la carta segunda de Corts a Carlos I, impresa en la obra del obispo Lorenzana; en cuya carta dice tambin aquel conquistador que los mejicanos extraan azcar as del agave americana o maguey, como de las caas del maz. 41Herrera, dc. 4, lib. IX, cap. VIII. 42Las Casas, Tratado que compuso por comisin del Consejo Real de las Indias, sobre la materia de los indios que se han hecho en ellas esclavos etc Impreso en Sevilla en 1552. 43Las Casas, dem. 44Clavijero, Historia Antigua de Mjico lib. IV, § 15, y lib. VII, § 17. Torquemada se equivoc, suponiendo que esa ley perteneca al reino de Mjico y no al de Acolhuacan.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 28\ 28\ 28\ 28\ 28\45Clavijero, lib. VII, § 19. 46Torquemada, Monarqua Indiana lib. XIV, cap. XVI. 47Sahagn, Historia Universal de las Cosas de Nueva Espaa lib. VIII, cap. XXXVI. 48Torquemada, lib. XIV, cap. XVI. 49Torquemada, lib. XII, cap. V. 50Herrera, dc. 3, lib. III, cap. XIV. 51Herrera, dc. 2, lib. VI, cap. XVI. 52Herrera, dc. 2, lib. VI, cap. XVII. 53Herrera, dc. 2, lib. VI, cap. XVI. 54Torquemada, lib. XII, cap. VI, y lib. XIV, cap. II y XVI. Clavijero, lib. VII, § 17. Este autor no hace diferencia de grados. 55Torquemada, lib. XIV, cap. II y XVI. 56Torquemada, lib. XII, caps. IV y V, y lib. XIV, cap. XVI. Clavijero, lib. VII, § 17. 57Clavijero, lib. VII, cap. XVII. 58Las Casas, Tratado que compuso por comisin etc 59Gonzalo Fernndez de Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXXIII, cap. XLVI. Lpez Gomara, Crnica de Nueva Espaa cap. CCXXIX. Herrera, dc. 2, lib. VII, cap. XIII. Torquemada, lib. XIV, cap. VII. Clavijero, lib. VII, § 15. Este autor slo habla de esclavitud; mas, no menciona el sacrificio. 60Torquemada, lib. XIV, cap. XVII. 61Clavijero, lib. VII, § 17. 62Torquemada, lib. XIV, cap. xvi. Las Casas, Tratado que compuso por comisin, etc 63Sahagn, Historia de Nueva Espaa lib. VI, cap. X. 64Clavijero, lib. VII, § 18. 65Torquemada, lib. XIV, cap. XVI. 66Torquemada, lib. XIV, cap. XII, y Gumilla, p. 169. 67Torquemada, lib. XIV, cap. II. 68Las Casas, Tratado que compuso etc Torquemada, lib. XIV cap. XII y XVI. Clavijero, lib. VII, § 18. 69Tcito, De moribus German 70Torquemada, Monarqua Indiana lib. XIV, cap. XVI. 71Lo que digo sobre moneda mejicana, lo he tomado de los autores siguientes: Corts, carta 2, § 26, y carta 4, § 17. Carta del licenciado Zuazo, Ms. Toribio Motolinia, Historia de los indios Ms. Part. 3, cap. VIII. Pedro Mrtir, dc. 5, cap. IV. Lpez Gomara, Crnica de Nueva Espaa cap. LXXIX. Torquemada, lib. XIV, caps. X, XIV, XXIII Y XLII. Clavijero, lib. VII, § 36. En una Memoria sobre el medio circulante en Amrica que ley Mr. Bollaert en la Sociedad Numismtica de Londres, el 15 de marzo de 1838, se dice: Los mejicanos usaron el cacao como moneda, y los peruanos de una vaina ( pod of the uchu ). Despus de la conquista, los espaoles usaron el oro y la plata en hojas delgadas, cortadas en piezas de una de peso, y marcadas con una cruz. He aqu la plata macuquina Todava vio Bollaert en Chile, en 1829, algunas piezas en circulacin. En las colonias espaolas no se us de moneda de cobre. En 1825 se introdujo en Buenos Aires; se la llam dcimo y es poco ms grande que un farthing La primera casa de moneda se estableci en Mjico, y despus en el Potos, Chile, Lima, Santa Fe de Bogot y Guatemala.

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JOS ANTONIO SACO /29 /29 /29 /29 /2972Las Casas, Tratado que compuso etc Torquemada, lib. XIV, cap. XVI. Herrera, dc. 2, lib. VI, cap. X. 73Clavijero, lib. VII, § 18. 74Torquemada, Monarqua Indiana lib. XL, cap. XVI. 75Torquemada, lib. II, cap. XLVII y LXXIII. Clavijero, lib. IV, § 12. 76Torquemada, lib. XIV, cap. XVII. Clavijero, lib. VII, § 18. 77Torquemada, lib. XIV, cap. XVII. Clavijero, lib. VII, § 18. 78Torquemada, lib. XIV, cap. XVII. Clavijero, lib. VII, § 18. 79Torquemada, lib. XIV, cap. XVII. 80Clavijero, lib. VII, § 35. 81Bernal Daz del Castillo, Historia de la Conquista de Nueva Espaa cap. XCII. 82Ixtlilxchitl, Relaciones Manuscritas no 11. Itlilxchitl, Historia Chichemeca Ms., cap. XXVIII a XXXI. Veytia, Hist. Ant. Mej. lib. II, cap. LI a LIV. Clavijero, lib. III, § 22. Esta cita habla de la destruccin de aquella ciudad, pero no del mercado de esclavos. 83Sahagn, lib. IX, cap. X. 84Sahagn, lib. IX, cap. IV. 85Sahagn, lib. IX, cap. II, IV, VI y X; y lib. X, cap. XVI. 86Clavijero, lib. VII, § 21. 87Sahagn, lib. X, cap. XXIX. Ixtlilxchitl Relaciones Manuscritas Ms. no 2. Ixtlilxchitl Historia Chichemeca Ms., cap. ii. Clavijero, lib. I, § 1; y lib. II, § 2. Veytia, Hist. Ant. Mj. lib. I, cap. XXVII. 88Sahagn, lib. II, en varios captulos. Codex Telleriano Remensis lm. 1, y el Cdigo Vatic en las Antigedades de Mjico publicadas en ingls por el lord Kingsborough, tom. I y VI. Torquemada, lib. VII, cap. V y VI, y lib. X. 89Clavijero, lib. VI, § 18. 90Clavijero, lib. VI, § 20. 91Clavijero, lib. II, § 18 y 19. 92Torquemada, lib. VII, cap. XVII. Sahagn, lib. II en varios captulos. Clavijero, lib. II, § 18 y 19. Codex Teller. Remensis lm. 11 y 18. En las antigedades mejicanas, por lord Kingsborough, tom. V y Codex Vatic ., lm. 22 en Kingsborough, tom. VI. 93Clavijero, lib. V, § 14, y libro VI, § 20. 94 Historia Natural y Moral de las Indias por el jesuita fray Jos de Acosta, lib. V, cap. XX. Herrera, dc. 3, lib, II, cap. XVI. 95Torquemada, lib. XIV, cap. III. Coleccin de Mendoza en las Antigedades de Mjico por lord Kingsborough, tom. I, lm. 65 y 66 y tom. VI, lm. 66, p. 13. Toribio Benavente, alias, Motolinia Historia de los indios de la Nueva Espaa Ms., parte 1, cap. VII. Sahagn, lib. VIII, cap. XXVII y xXVIII. 96Clavijero, lib. VI, § 18 y 19. 97 Itztli llamaron los mejicanos a ese producto volcnico que yo creo es la obsidiana mineral ordinariamente negro que han vomitado en abundancia los volcanes de los Andes, y del que aquellos indios tambin hicieron navajitas de punta para sangrar y otras ms grandes para cortarse el cabello, con las cuales muchos espaoles, por falta de otras, se raparon la barba al principio de la conquista; bien que una sola no bastaba para esta operacin, porque perdan los filos al segundo corte. (Sahagn, lib. IX, cap. IV.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 30\ 30\ 30\ 30\ 30\Torquemada, lib. XIII, cap. XXXIV, y lib. XVII, cap. I. Herrera, dc. 2, lib. VII, cap. XVI.) De esta piedra labraron adems unas espadas tan terribles (Torquemada, lib. XIV, cap. III. Herrera, dc. 2, libro VI, cap. XVII), que en sus batallas con los soldados de Corts, a veces partan en dos el pescuezo de un caballo. (Ver a Bernal Daz del Castillo y las cartas de Corts.) Como la obsidiana es muy reluciente por ser susceptible de un gran pulimento, aquellos indios tambin la emplearon en hacer espejos de los cuales vi yo uno en 1835 en el Museo de Historia Natural de Madrid. 98Sahagn, lib. II, cap. II, V y otros. Corts, carta segunda, § 31, y carta tercera, § 12 y 31. Carta del licenciado Zuazo, Ms. Torquemada, lib. VII, cap. XIX, y lib. X, cap. IV. Acosta, lib. V cap. XX y XXI. Clavijero, lib. VI, § 18. 99Sahagn, lib. II, cap. II. 100Sahagn, lib. II. cap. II y otros. Torquemada, lib. VII, cap. XVIII, XX y XXI; libro X, cap. XIy XII. Acosta, lib. V, cap. XIX y XX. Clavijero, lib. VI, § 18, 19 y 30. 101Deuteronomio, cap. XII, V. 31. 102II. Reyes, cap. III, V. 27. 103Estrabn, lib. III. 104Teodoro, lib. VI, cap. IX. 105Herodoto, lib. IV, § 62. 106Tcito, De Moribus Germanorum § 9. 107Tertulliani, Apologeticus adversus gentes § 9. 108Evagrius, lib. VI, cap. XXI. Procopius, De Bello Persico lib. I, cap. XXVIII. Pocock, “Specimen”, Historie Arabum 109 Asiatic, Researches vol. V, p. 371. Maurice indian antiquities tom. VII, p. 164 y ss. Esas obras contienen varios fragmentos traducidos del Calica Purana y los Puranas son, entre los Vedas los libros ms sagrados de la India. 110 Asiatic, Researches tom. IX, p. 202. 111Herodoto, lib. VII, § 114. 112Herodoto? 113Eusebio, lib. IV, cap. VII y VIII de Preparatione evanglica. 114Psalmo 106. II. Reyes, cap. XVI. Josepho, Antiged. Jud ., lib. XIX, cap. III. 115Filn, Historia de los Fenicios lib. I, apud Eusebium lib. cap. VII de Preparat. evanglica”. 116Diodoro, Sicul ., libro XX, § 14. 117Eusebio, De preparat. evang ., lib. IV, cap. VII. 118Dion. Halicarnasus, lib. 1. Tito Livio, lib. II, dc. 1, y lib. IX, dc. 14. Plutarco en los problemas. 119Citado por Gibou, tomo VI, captulo L, pgina 194. 120Charlevoix, Histoire Generale de la Nouvelle France (Canad), lib. I. 121Villagutirrez, Historia de la Conquista de la Provincia de Itza lib. VIII, cap. II. 122Herrera, dc. 6, lib. V, cap. VI. 123Herrera, dc. 5, lib. III, cap. XVI, y lib. IV, cap. V. 124Herrera, dc. 5, lib. IV, cap. V. 125Carta de Vicente de Valverde al Emperador Carlos V, fecha en el Cuzco, a 2 de abril de 1539. Sobre los sacrificios humanos en el Per hablan tambin fray Jos de Acosta,

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JOS ANTONIO SACO /31 /31 /31 /31 /31Historia Natural y Moral de las Indias lib. V, cap. IV, VII, XIX y XXV. Sarmiento, Relacin, Ms., cap. XXII. Cieza de Len, Crnica cap. LXXII. Montesinos, Memorias Antiguas, Ms., lib. II, cap. VIII. Ondegardo, Relacin segunda, Ms. Balboa, Historia del Per cap. V y VIII. Zrate, Historia del descubrimiento del Per lib. I, cap. IV. Herrera, dc. 5, lib. III, cap. XVI, y lib. IV, cap. I, IV y V, y en otras partes. 126Bernal Daz del Castillo, Historia de la Conquista de Nueva Espaa cap. CCVII. Acosta, en su Historia (...) de las Indias lib. V, cap. XX, comete un grave error, suponiendo que los mejicanos no sacrificaban nios. 127Dvila, Teatro Eclesistico l26. Ver a Torquemada, lib. VII, cap. XXI. 128Clavijero, lib. VI, § 20. 129 Crnica de la Nueva Espaa cap. CCXXIX. 130Herrera, dc. 3, lib. II, cap. XV. 131Torquemada, lib. II, cap. I, cap. LXII. 132Ixtlilxchitl, Historia Chichemeca Ms. 133Vase en la publicacin del lord Kingsborough la lmina 19, tomos III y VI. 134 History of the conquest of Mexico tom. I, lib. I, cap. III. 135Clavijero, lib. IV, § 23. 136Clavijero, lib. IV, § 23. 137Clavijero, lib. IV, § 23. 138Sahagn, lib. IX, cap. X, XI y XIV. En este autor, libro IX, captulos XIII y XIV se refieren muy a la larga las numerosas ceremonias que se hacan antes de sacrificar a los esclavos. 139Torquemada, lib. X, cap. X. Sahagn, lib. II, cap. I, IV, XX, etc. Clavijero, tom. II, lib. VI, § 30. 140Sahagn, lib. II, cap. XIX y lib. IX, cap. IX. Clavijero, libro VI, § 39. Acosta, lib. V, cap. VIII. Herrera, dc. 2, lib. VI, cap. XVII, y dc. 3, lib. II, cap., XVIII. Torquemada, lib. XIII, cap. XLV. Codex Telleriano Remensis lm. 1, en Kingsborough, tt. 5. 141Clavijero, lib. VII, § 17. 142Clavijero, lib. VII, § 17. 143Clavijero, lib. VII, § 17. 144Clavijero, lib. VII, § 17. 145Clavijero, lib. VII. § 17. Torquemada, Monarqua Indiana tom. II, lib. XIV, cap. XVII. 146Camargo, Historia de Tlaxcala, Ms. (Prescott, tom. III, Apndice, p. 281.) 147Clavijero, lib. VIII, § 18. 148Clavijero, lib. VII, § 18. Sahagn, lib. VIII, cap. XIV. Torquemada, lib. XII, cap. IV y V, y lib. XIV, cap. XVI y XVII. Las Casas, Tratado que compuso etc 149Sahagn, lib. IV, cap. XVI. 150Torquemada, lib. X, cap. IX. 151Torquemada, lib. XVI, cap. XVIII. 152Herrera, dc. 4, lib. X, cap. IV. 153Al consejo de Indias. Juan de la Puerta, fray Lorenzo de Bienvenida, fray Luis de Villalpando, fray Juan de Herrera, fray Nic. de Avalate, fray Miguel de Vera. Ciudad de Mrida, 1 de febrero de 1547. (Muoz, Colec .)

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 32\ 32\ 32\ 32\ 32\154Acosta, Historia lib. VI, caps. XII y XV. Herrera, dc. 5, lib. IV, cap. IV. 155Inca Garcilaso de la Vega, Comentarios Reales parte 1, lib. II, cap. XII. 156Herrera, dc. 5, lib. I, cap. I. 157Herrera, dc. 5, lib. II, cap. IX y XV, y lib. IV cap. VIII. Inca Garcilaso, Comentarios Reales parte 1, lib. II, cap. XIV. Fernndez, Historia del Per parte 2, lib. III, cap. XI. Sarmiento, Relacin, Ms ., cap. XIV. Polo Ondegardo, Relacin M S. 158Herrera, dc. 5, lib. III, caps. IV y XVII. 159Herrera, dc. 4, lib. VII, cap. X. 160Herrera, dc. 8, lib. V, cap. VII. 161Exposicin o carta del capelln Martn Gonzlez, al Emperador Carlos V, fecha en la ciudad de la Asuncin, a 25 de abril de 1546. Herrera, dc. 7, lib. IX, cap. X. 162Comunicacin al gobierno de Francisco de Villalta, desde el Ro de la Plata en la ciudad de La Asuncin, a 22 de julio de 1556. 163Azara, Descripcin e Historia del Paraguay y del Ro de la Plata tom. I, cap. X. 164Herrera, dc. 2, lib. IV. cap. X. 165Haus Stade, citado por Southey en el tomo I, captulo VII de su Historia del Brasil 166“Memoria sobre las Instituciones Sociales de los habitantes primitivos del Brasil”, por el Dr. Martius, extractada de la Biblioteca Universal de Ginebra, y publicada en las Memorias de la Real Sociedad Patritica de la Habana tom. III, n 15 enero de 1837. 167Herrera, dc. 7, lib. I, cap. XV, y lib. II, cap. VI. 168Charlevoix, Histoire Generale de la Nouvelle France 169Lafitau, Maeurs des Sauvages Americains tom. I, cap. V. 170Lafitau, tom. II, cap. III. 171Lafitau, tom. II, cap. III. 172Lafitau, tom. II, cap. III. 173Lafitau, tom. I, cap. VI. 174Lafitau, tomo II, cap. I. 175Lafitau, tomo I, cap. V

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Libro SegundoESCLA ESCLA ESCLA ESCLA ESCLA VITUD DE LOS INDIOS DEL NUEV VITUD DE LOS INDIOS DEL NUEV VITUD DE LOS INDIOS DEL NUEV VITUD DE LOS INDIOS DEL NUEV VITUD DE LOS INDIOS DEL NUEV O MUNDO O MUNDO O MUNDO O MUNDO O MUNDO BAJO LA DOMINACI"N ESP BAJO LA DOMINACI"N ESP BAJO LA DOMINACI"N ESP BAJO LA DOMINACI"N ESP BAJO LA DOMINACI"N ESP AOLA AOLA AOLA AOLA AOLASi al descubrimiento del Nuevo Mundo los europeos encontraron esclavos entre muchas tribus y naciones que lo habitaban, vieron al mismo tiempo que eran pocos respecto del total de poblacin. Cierto es que haba jefes principales o caciques que mandaban con absoluto imperio a los sbditos o vasallos que humildemente les obedecan; pero esa inmensa turba que a sus pies se postraba, era ms o menos libre, sin confundirse jams con los verdaderos esclavos que ellos mismos tenan. En medio de las grandes ventajas que produjo el descubrimiento del Nuevo Mundo, doloroso es conocer que la raza indgena a quien l perteneca por naturaleza, lejos de participar de ellas, fue vctima de la codicia y crueldad de sus conquistadores. Bajo la espada que stos llevaban en sus manos, desaparecieron en unas naciones la salvaje independencia en que vivan, y en otras las diferencias sociales que haban establecido. Jefes y hombres y mujeres, nios y ancianos, libres y esclavos, todos indistintamente fueron empleados en los mismos trabajos, y todos condenados a sufrir los mismos dolores y tormentos. Pero si esa condicin fue igual para todos en el hecho, la ley, sin embargo, marc algunas diferencias, que no por ser vanas en la prctica, debe e1 historiador confundirlas. As es que al trazar yo el cuadro de las miserias que los indios sufrieron bajo el yugo de los conquistadores, distinguir dos estados diferentes: uno, el de la esclavitud verdadera ; otro, el de las encomiendas o repartimientos pues so pretexto de convertirlos al catolicismo y de civilizarlos, los indios eran encomendados o repartidos como libres a los espaoles, para que de su servicio se aprovechasen. Tratemos ahora de la esclavitud, y reservemos para ms adelante el asunto de las encomiendas. Entre la esclavitud que los indios usaron unos con otros y la que a stos impusieron los espaoles, hubo grande diferencia. Los primeros oidores de la Audiencia en una carta que de Mjico escribieron al em-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 34\ 34\ 34\ 34\ 34\ perador Carlos V, dijronle, entre otras cosas, “puesto que entre los indios hubiese esclavos es cosa muy diferente la una servidumbre de la otra. Ellos los trataban como parientes y vasallos, los cristianos como perros”.1Testimonio de ms vala es el del licenciado Bartolom de las Casas, el gran defensor de los indios, quien dice: “Este trmino esclavo entre los indios no denota ni significa lo que entre nosotros. Porque no quiere dezir sino un servidor, o persona que algun ms cuydado, alguna ms obligacin de ayudarme y servirme en algunas cosas de que tengo necesidad. Por manera que yndio ser esclavo de yndios, era muy poco menos que ser su hijo. Porque tena su casa y su hogar y su peculio, y hacienda y su muger y sus hijos y gozar de su libertad, como los otros sbditos libres sus vecinos: si no era quando el seor ava menester hazer su casa, labrar su sementera, otras cosas semejantes que se hacan sus tiempos y muchas de quando en quando, y todo el dems tiempo tena pors y del gozavan para s como personas libres. Allende de aquello, el tratamiento que los seores hazian los tales siervos era blandsimo y suavsimo como si nada les devieran. Y ans sin comparacin eran muy libres que los que llaman los derechos originarios y ascripticios Y esto tambien es muy clarsimo y muy notorio, en especial los religiosos que han penetrado las lenguas y de industria lo han adquirido y bien sabido, tratando desta materia”.2Tan cierto es lo que dice Bartolom de las Casas, que al tiempo de la conquista de Mjico, un esclavo indio gobernaba 1a parte de la ciudad llamada Temixtitan; y a ese mismo le confi Hernn Corts la gobernacin de ella despus de la muerte de Coatimucin.3Muchos fueron los modos de que se valieron los espaoles para esclavizar a los indios, y todos cual ms, cual menos, injustos y criminales. El primero y el ms general fue la guerra, pues sta se hizo a todos los indios que no se sometan humildemente a la dominacin castellana. Aun en caso de someterse, si hostigados de la tirana que los abrumaba se alzaban contra ella, entonces se les declaraba rebeldes, hacaseles la guerra y se les esclavizaba. Aun sin apelar a la guerra, tambin tuvieron esclavos, comprndolos por una bagatela a las tribus que los tenan, no obstante de saber que muchos haban sido injustamente esclavizados, y que esas compras incitaban a los indios a saltear otros para tener esclavos que vender. Por este motivo se prohibi a los espaoles que recibiesen de los indios esclavo alguno que no fuese verdaderamente tal, e hijo de padre tambin esclavo; mas, esa prohibicin se eluda, forzando a los indios a que dijesen lo eran. Aconteca, pues, que cuando stos eran llevados al sitio en que deban ser examinados para herrarse como esclavos, comenzaban, ya por temor, ya por la profunda obediencia que a sus caciques tenan, a

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JOS ANTONIO SACO /35 /35 /35 /35 /35 dar voces a cierta distancia antes de llegar al sitio sealado, diciendo: “Somos esclavos y tambin hijos de esclavos, y hemos sido vendidos en tantas ferias o mercados”; y con esta confesin aplicbanles el hierro, y el gran crimen se consumaba. Hubo espaoles que dando una camisa, media arroba de vino, u otro objeto de poco valor a algunos indios perversos, stos hurtaban muchachos hurfanos para entregrselos por esclavos. Otras veces, los sustraan engaosamente del poder de sus padres, y llevndoselos a los espaoles, les hacan del ojo para que los cogiesen. En este estado, los ataban, y llevaban unos a las naves para transportarlos a las islas, mientras que otros eran vendidos en su propia tierra. En este ultimo caso presentbanlos sus compradores al gobernador o justicia del lugar, y dicindoles que los haban comprado, esto bastaba para que sin ms averiguacin se les herrase como esclavos. A los indios libres que estaban en poder de los espaoles, o a otros que atraan hacia ellos engaosamente, hacanles por miedo, o por halagos, confesar ante las justicias, que eran esclavos, sin saber o entender los infelices el significado de esa palabra; y con esta confesin, segn dice Bartolom de las Casas, “las incuas justicias y gobernadores pasaban y mandbanles imprimir el hierro del Rey en la cara, siendo sabedores ellos mismos de la maldad”.4Desde los primeros aos de la conquista acostumbraron los castellanos armar naves en La Espaola, Puerto Rico y Cuba, con licencia de las autoridades de la primera Antilla. Diriganse desde all a otras islas de aquel archipilago o a la Tierra Firme; y luego que llegaban al punto que queran asaltar, desembarcaban por la noche, mantenindose ocultos, y antes de amanecer, incendiaban los pueblos estando dormidos los indios, mataban a unos y cogan a otros que llevaban a las naves, para venderlos como esclavos en diversas partes, ponindoles el hierro del rey en el rostro o en los muslos. Casos hubo en que ruborizados estos salteadores de su misma maldad, no se atrevan a dar a tales indios el nombre de esclavos, sino el de naborias, que eran unos criados libres;5 sin que por eso dejasen de traficarse como esclavos. Esa piratera fue una de las causas ms abundantes de esclavitud; y acompaada iba de tantos horrores, que cuando las naves cargaban 300 o 400 personas, echaban en la mar 100 o 150 muertas; porque eran tan pocos los vveres y agua que llevaban, que era poco ms de lo que bastaba para las necesidades de los mismos salteadores.6El espectculo que ofrecan esos infelices luego que desembarcaban para ser vendidos, descrbelo Bartolom de las Casas: “Despues desque los desembarcan en la isla donde los llevan a vender: es para quebrar el corazon de qualquiera que alguna seal de pie-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 36\ 36\ 36\ 36\ 36\ dad tuviere: verlos desnudos y hambrientos; que se cayan desmayados de hambre nios y viejos, hombres y mugeres. Despues como unos corderos los apartan padres de hijos y mugeres de maridos: haciendo manadas dellos de diez y de a 20 personas y echan suertes sobrellos: para que lleven sus partes los ynfelices armadores: que son los que ponen su parte de dineros pare hazer el armada de dos y de tres navos y para los tiranos salteadores que van a tomallos a salteallos en sus casas. Y quando cae la suerte en la manada donde ay algun viejo enfermo: dice el tirano quien cabe: Este viejo dadlo al diablo, para qu me lo days, para que lo entierre? Este enfermo, para qu lo tengo de llevar? para curarlo? Vase aqu en lo que estiman los espaoles a los yndios y si cumplen el precepto divino del amor del prximo”.7Sin violencia y valindose de fraudes esclavizaron tambin los espaoles a los indios. Pedan aqullos a los caciques, que les enviasen cierto nmero de indios para trabajar en las labranzas, o que les llevasen tantas cargas de maz, de madera, u otras cosas. Concluidas que eran esas tareas despedan a algunos; pero retenan a los dems so pretexto de que cortasen la hierba un da o dos para los caballos. Luego que partan los primeros para su pueblo, los que se quedaban eran entregados como esclavos al mercader que de antemano los tena comprados, y embarcndolos para otras partes, jams volvan a ver a sus padres, hijos y mujeres. Otras veces, los espaoles que tenan indios encomendados, llamaban al cacique su jefe, y si el pueblo en que vivan, tena, por ejemplo, 100 hombres, decanle que necesitaban en tal da y hora 200 indios para que les hiciesen alguna labranza u otro servicio. Como el cacique no poda dar tanta gente, pues que no la tena, empezaba a buscar el medio de satisfacer las exigencias del espaol; y por un da o dos que se demorase, ese verdugo supona que el cacique andaba alzado; y acudiendo al gobernador o a otro juez, pedale licencia para someter al cacique. Marchaba entonces contra los indios, mataba a unos, ataba a otros, y herrbalos como esclavos cogidos en buena guerra. Entre otros casos llamaban a los indios bajo de cualquier pretexto, y obedeciendo stos al llamamiento, ponanse en marcha desde su pueblo, cargados de comida y otros regalos para los espaoles. Salan stos a encontrarlos en los caminos y empezaban a darles de cuchilladas para hacer creer que estaban de guerra. Pasaban despus a su pueblo, donde se hallaban los dems indios, tranquilos y descuidados, y matando a unos, prendan a otros para que el gobernador o el capitn que mandaba, se los diese por esclavos, pues le decan que habindoles encontrado armas y disparndoles flechas, eran cogidos en buena guerra. Esos jefes no ignoraban la maldad perpetrada; pero no slo la toleraban, sino que a veces eran cmplices de ella, tomando una parte del producto de los esclavos.

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JOS ANTONIO SACO /37 /37 /37 /37 /37 Por dinero que se daba a los gobernadores, por empeos, o por otros motivos culpables, obtenan los espaoles licencias para esclavizar a los indios; y este modo fue uno de los que ms influyeron en su esclavitud y exterminio; pues que aqullos se concedan con frecuencia para esclavizarlos, no a docenas, sino a centenares. En algunas provincias, especialmente en Nicaragua, los gobernadores y los castellanos inventaron una nueva estratagema, para paliar hasta cierto punto las atrocidades con que se esclavizaba a los indios. Oigamos a Bartolom de las Casas: “Deca cada espaol a su cacique: mirad fulano cacique: vos me aveys de dar 50 100 esclavos, y no han de ser de vuestro pueblo: sino de otros yndios. El cacique como saba que no le convena otra cosa hazer: y que le yva la vida en ello; yvase al cacique de otro pueblo su vezino, y deziale: el diablo que me tiene su cargo (porque ans llaman los cristianos en la provincia de Nicaragua donde esta maldad los tiranos hacian) me pide tantos indios para hacer esclavos, y dize que no sean de mi pueblo: dmelos t del tuyo: y darte he yo otros tantos del mio. Respondia el otro cacique: plceme porque lo mismo me pide: y me manda el diablo, quien me han encomendado, y tengo por Seor mio. Llevnlos a herrar: y dezian que los avian avido con juramento, no de los de su pueblo: sino de otros pueblos agenos, y todos decian verdad: aunque con igual maldad y sin justicia. La qual los peores que aquellos que sto hazian mala venturados gobernadores: muy bien savian y consentan: con que oviesse alguna color: para que algun tiempo no fuesen accusador dellas en la residencia. Porque de guardar fidelidad Dios, ni su rey, ni condolerse aquellas atribuladas gentes ningun cuidado ni charidad tenian”.8Viose tambin que los espaoles engaaban a muchos indios del continente, pintndoles las ventajas que alcanzaran, si se iban con ellos a Castilla; mas, luego que llegaban a La Espaola o Cuba, vendanlos como esclavos; de los cuales haba muchos en La Habana al promedio del siglo XVI. Luego que los pueblos de los indios eran dados en encomienda, una de las primeras iniquidades que haca con frecuencia el espaol encomendero, era decirles: “Habeis de darme de tributo tantos tejuelos o marcos de oro cada 60 o 70, u 80 das”; y esto sin atender a que hubiese o no oro en aquella tierra. Los caciques respondan que daran todo el que pudiesen recoger por el pueblo; pero como o no podan dar ningn oro, por no haberlo, o la cantidad que entregaban no satisfaca la codicia del espaol encomendero, ste decales: “Sois unos perros y habisme de dar el oro que pido, sino yo os tengo de quemar”. “No tenemos ms, contestaban los desdichados, porque no se coge oro en esta tierra”. Entonces dbanles de palos, y amenazndolos con los perros feroces o con quemarlos, los obligaban a que en vez del oro les diesen cada 60

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 38\ 38\ 38\ 38\ 38\ o 70, u 80 das, 50 o 60 esclavos, y no de ruin calidad, pues deban ser de cierta estatura, para lo cual les daba una vara que serva de medida. Atemorizados los caciques, tornaban a sus pueblos, y cogiendo a todos los muchachos hurfanos o desamparados, y tomando un hijo al padre que tena dos, o dos hijas al que tena tres hembras, juntaban de esta manera el nmero que se les haba pedido. “Los clamores y llantos —dice Las Casas—, que los padres y las madres hacan por el pueblo de ver llevar sus hijos vender, y donde saban que poco habian de durar, quin podr encarecellos ni contallos?”9Por ltimo, ni aun los templos servan de asilo a los infelices indios. Los frailes acostumbraban reunirlos en las iglesias para predicarles y ensearles la religin: pues bien, en aquellos santos lugares presentbanse los espaoles, y so pretexto de que los necesitaban para llevar cargas, sacbalos de all con gran escndalo, para llevarlos a herrar por esclavos. De todos los modos de esclavizar, mencionados hasta aqu, solamente fueron permitidos legalmente la guerra y la compra de indios esclavos a otros indios; pero aun esos mismos dos modos fueron prohibidos despus, para impedir las maldades que cometan los conquistadores y pobladores. El primer europeo que propuso esclavizar indios, y el primero que los esclaviz, fue Cristbal Coln. Volviendo a Espaa del viaje inmortal en que descubri el Nuevo Mundo, escribi en 15 de febrero de 1493 a bordo de su carabela, y a vista de las islas Terceras, unas cartas a Luis de Santngel, escribano de racin10 de los Reyes Catlicos. Dcele entre otras cosas, que a stos dara los pases que acababa de descubrir, mucho oro, especeras, algodn, almciga, ligualoe, “ y esclavos cuantos mandare cargar, y sern de los idlatras ”. Estas ltimas palabras manifiestan, que aunque Coln esclavizara indios, no era a todos indistintamente, sino tan slo a los que no quisieran abrazar el cristianismo. Esta propuesta revela la intolerancia de aquellos tiempos, aun en los hombres ms sealados, pues la renuencia a ser catlico se quera castigar con la dura pena de esclavitud. En carta de Lisboa de 14 de marzo del mismo ao dirigida a Rafael Snchez,11 tesorero de aquellos monarcas, les ofrece de nuevo, que con pocos auxilios que le suministren, les dar mucho oro, aromas, algodn, almciga, ligualoe, “ y tantos esclavos para el servicio de la marina, cuantos quisiesen exigir sus magestades” Ya desde su primer viaje introdujo Coln en Espaa algunos indios que cogi el 14 de octubre de 1492 en la isla de Guanahan, primera tierra que descubri; pero esos indios fueron trados para que aprendiesen la lengua castellana y volviesen a servir de intrpretes, “salvo —aade Coln—, que vuestras altezas cuando mandaren, pudenlos todos llevar

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JOS ANTONIO SACO /39 /39 /39 /39 /39 Castilla, tenellos en la misma isla captivos porque con 50 hombres los tena todos sojuzgados y les har hacer todo lo que quisieren”.12Aqu se ve ya indicada desde muy temprano la idea de esclavizar indios; pero no se ejecut con los primeros que llev Coln a Castilla, porque casi todos tornaron al Nuevo Mundo por orden de la reina Isabel cuando l hizo su segundo viaje; y respecto de los dems que estaban en poder de don Juan Rodrguez de Fonseca, mandose a ste que los enviase a S.M. para ser tan bien tratados como el que haba quedado con ella.13Ese Fonseca, arcediano entonces de la catedral de Sevilla, tuvo alta mano en los negocios del Nuevo Mundo desde el principio de su descubrimiento, pues en 1493 los Reyes Catlicos le ordenaron que alistase buques y cuanto fuese necesario para el segundo viaje de Coln. Entonces, esos mismos reyes expidieron una cedula, nombrndole por capitn general de la flota y de las Indias, y para tornar con ella a Castilla, eligieron de comandante a Antonio de Torres, hermano del ama del prncipe don Juan, y hombre capaz del cargo que se le confiaba.14 Andando el tiempo, Fonseca fue sucesivamente nombrado obispo de Badajoz, de Palencia, de Burgos y arzobispo de Rosana. Con el nombramiento de obispo de Badajoz quitsele toda intervencin en los asuntos de Indias, y para sucederle puso el gobierno los ojos en el referido Antonio de Torres; mas, como ste exigiese muchas condiciones, que a los Reyes Catlicos parecieron injustas, encomendronse de nuevo a Fonseca. Extrao parecera que el gobierno hubiese escogido para estos negocios a un eclesistico; pero esta extraeza cesar al reflexionar que teniendo el clero en aquellos tiempos mucha influencia en Espaa, comnmente desempeaba funciones civiles; sirviendo adems a Fonseca para su engrandecimiento los respetos y relaciones de su hermano don Alfonso, Seor de Coca. Funesta fue al Nuevo Mundo la intervencin de ese mal sacerdote; contrariaba los proyectos de cuantas personas propendan al bien de los indios, y aborreci tanto a Coln y a sus hermanos desde el principio de su gloriosa carrera, que los Reyes Catlicos, en carta que le escribieron a 5 de mayo de 1495, le encargaron que los complaciese. He aqu ese documento, digno de figurar en la historia por el lenguaje en que hablaron esos monarcas: “El Rey la Reina: Reverendo in Cristo Padre Obispo: Por servicio nuestro que fableis con el hermano del Almirante de las Indias que ende vino, y le procureis dar todo contentamiento; con los que van en esas carabelas que agora han de partir escribireis al Almirante todo lo que os paresciese para apartar cualquiera resabio que con vos tenga, y de los que agora vinieron de las Indias procurareis de saber lo que debeis facer para dar contentamiento al Almirante, y que sea de vos saneado, y aquello faced”.15

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 40\ 40\ 40\ 40\ 40\ “Justas y benficas, con los indios las ideas de los Reyes Catlicos, ellos encargaron a Coln en las instrucciones que para su segundo viaje le dieron, en 19 de mayo de 1493, que por todas las vas maneras que pudiere, procure trabaje traer a los moradores de las dichas islas tierra firme, que se conviertan a nuestra Santa F Catlica...; y porque esto mejor se pueda poner en obra despus que en buen hora sea llegada all el armada, procure haga el dicho Almirante que todos los que ms fuesen de aqu adelante, traten muy bien amorosamente a los dichos indios, sin que les fagan enojo alguno, procurando que tengan los unos con los otros mucha conversacin familiaridad, hacindose las mejores obras que ser pueda; asimismo, el dicho Almirante les d algunas ddivas graciosamente de las cosas de mercaderas de sus Altezas que lleva para el rescate, los honre mucho; si caso fuere que a1guna algunas personas tratasen mal los dichos indios en cualquier manera que sea, el dicho A1mirante, como Visorey Gobernador de sus Altezas, lo castigue mucho por virtud de los poderes de sus Altezas que para el o lleva”.16Este lenguaje demuestra cun lejos estaban los Reyes Catlicos de esclavizar a los indios de cualquier clase qua fuesen, pues recomendaron especialmente a Coln que se les diese muy buen trato, y que castigase a cuantos les hiciesen algn mal. En este segundo viaje, como ya he dicho en el anterior captulo, descubri Coln las islas Caribes, o Karaibes, llamadas despus de Barlovento por los europeos. En algunas de ellas tom Coln un nmero muy corto de caribes de ambos sexos y los llev a La Espaola.17 Y pues que de Caribe o Karaibe habl, y stos han de representar un papel importante en esta historia, necesario es dar de ellos alguna idea; bien que me servir del primer nombre usado por los espaoles desde el tiempo de la conquista, y no del de karaibes que emplean algunos historiadores de las Antillas francesas. A1 tiempo del descubrimiento del Nuevo Mundo, encontrronse en las Antillas dos clases de indios, que diferan mucho entre s por su lengua, usos y costumbres. Los unos habitaban en las islas Lucayas, en Cuba, Hait o Espaola, Borinquen o Puerto Rico y Jamaica. Los otros en la Guadalupe, Dominica, y en algunas otras de barlovento. Los primeros eran tan dciles y pacficos, que cuando Coln lleg a la isla de Guanahan, o San Salvador, los indgenas, lejos de hostilizarle, recibironle amistosamente. l dice en la relacin de su primer viaje: “Yo, porque nos tuviesen mucha amistad, porque conociesen, que era gente que mejor se libraria y convertiria a nuestra Santa F con amor que no por fuerza; les d algunos de ellos unos botones colorados y unas cuentas de vidrio, que se ponan al pescuezo, y otras cosas muchas de poco valor con que hobieron mucho placer y quedaron tanto nuestros que era maravilla. Los cuales

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JOS ANTONIO SACO /41 /41 /41 /41 /41 despues venian las barcas de los navios adonde nos estbamos, nadando, y nos traian papagayos y hilo de algodon en ovillos y azagallas, y otras cosas muchas, y nos las trocaban por otras cosas que nos les dbamos, como cuentecillas de vidrio y cascabeles. En fin, todo tomaban y daban de aquello que tenian, de buena voluntad”.l8Amistosamente tambin, fueron recibidos Coln y los castellanos en otras islas Lucayas, en Cuba y en Hait o La Espaola.19 En las costas perdiose una de las carabelas de Coln, y los indios sbditos del cacique Guacanagari mostrronse tan humanos y compasivos con los castellanos, que en sus canoas salvaron todos los efectos de la nave perdida. Al ver Coln tan generosa conducta, escribi a sus reyes “que en ninguna parte de Castilla tan buen recaudo en todas las cosas se pudiera poner sin faltar una agujeta. Mandlo [el rey o cacique] poner todo junto... entre tanto que se vaciaban algunas casas que quera dar, donde se pusiese y guardase todo. Mand poner hombres armados en rededor de todo, que velasen toda la noche. l, con todo el pueblo, lloraban tanto: son gente de amor y sin cudicia, y convenibles para toda cosa, que certifico a Vuestras Altezas que en el mundo creo que no hay mejor gente ni mejor tierra”.20La ndole afable de esos indios fue uno de los motivos que indujeron a Coln a dejar una colonia en La Espaola: pues, como dice Oviedo, “viendo el Almirante que aquesta gente era tan domstica, parecile que seguramente podria dejar all algunos cristianos”.21Algunos aos despus de descubierta la isla de Borinquen, o Puerto Rico, fueron a poblarla los castellanos, y tampoco encontraron resistencia alguna en los indgenas.22 Hbola al principio en Jamaica, pero fue tan insignificante, que pronto abrieron pacficas relaciones con los castellanos.23No eran, pues, belicosos los indios de esas islas, ni usaban de flechas envenenadas, ni menos coman carne humana; mientras los que habitaban en las islas Caribes, eran valientes y guerreros, peleaban con flechas envenenadas y se regalaban con la carne de sus enemigos. De estas diferencias bien pudiera concluirse que los caribes y los indios de las otras islas fueron de diversa raza; mas, yo no lo har, porque las diferentes circunstancias en que haya vivido un pueblo respecto de otro del mismo origen, pueden haber hondamente alterado su ndole, usos y costumbres; pero si a las diferencias que llevo indicadas, se junta la de la lengua, como acontece en e1 presente caso, entonces puede asegurarse que esos pueblos son de razas diferentes. Mas, de dnde procedieron los caribes? Sobre este punto, varias son las opiniones. 1a Creen algunos que ellos descendan de una nacin de la Florida, y que despus de haber vivido algn tiempo en el norte de Amrica, entre los apalachitas fueron lanzados del continente. Buscando entonces

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 42\ 42\ 42\ 42\ 42\ nuevas tierras donde establecerse, no pudieron hacerlo en las islas de Cuba, Jamaica. Hait, ni Borinquen, porque siendo grandes y populosas, debieron encontrar los invasores una resistencia insuperable. Hubieron, pues, de encaminarse hacia las islas pequeas que se suponan despobladas, o en que haba pocos habitantes, y apoderndose de ellas, destruyeron a todos los hombres, conservando solamente las mujeres. De esta manera se explican las diferencias que se notaron entre los indios de las islas grandes, y los de las pequeas llamadas Caribes. Tal es la opinin de Rochefort,24 Labat25 y otros historiadores, quienes para corroborarla, decan que esos caribes hablaban la misma lengua y tenan los mismos usos que los indios de la Florida. Pero fue cierta la tal emigracin de Florida? Dnde estn los hechos que la prueban? Aun suponiendo que hubiese existido, era muy natural que antes de haberse lanzado en pos de islas lejanas, hubiesen invadido y subyugado algunas de las pequeas que tan cerca de s tenan en el grupo de las Lucayas; sobre todo, cuando sus habitantes eran tan pacficos y tan dbiles, que seguramente no hubieran podido rechazarlos. 2 Hornius y otros autores pretenden que los caribes de esas islas no procedan de ninguna nacin del Nuevo Mundo. Atribyenles origen muy diferente, pues suponen que los asiticos haban pasado de la parte oriental de aquella regin a la occidental de la Amrica, y que derramndose por ella, haban llegado con el transcurso del tiempo hasta los puntos en que los europeos los encontraron a1 tiempo del descubrimiento. Que del Asia se haya pasado al Nuevo Mundo en pocas remotas, materia es sobre la cual mucho se ha escrito, y pudiera escribirse, alegndose razones de algn fundamento; pero que los caribes que habitaron las islas que ahora me ocupan, hubiesen venido directamente del Asia, parceme una opinin absurda; y aun cuando no lo fuese, es tan imposible probarla, y tan ajena de esta historia, que yo perdera el tiempo si me detuviese a refutarla. 3 En el espacio de la Guayana comprendido entre el Orinoco y el Brasil, existieron algunas naciones caribes. Cuando Walter Raleigh hizo su viaje a la costa de la Guayana en 1595,26 form alianza con una de esas naciones, y dice que all se hablaba la misma lengua que en la Dominica, una de las islas Caribes. Hay, pues, motivos fundados para creer que los caribes de las islas descienden ms bien de los del sur de Amrica, que no de ninguna nacin del norte. El mismo Rochefort27 confiesa que todas sus tradiciones se refieren siempre al sur, sin tener la ms remota idea del origen del norte. Fray Juan Bautista Du Tertre,28 religioso dominico y misionero en las Antillas francesas donde vivi 18 aos, dice que en medio de las fbulas con que explicaban su origen los caribes de aquellas islas, todos crean descen-

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JOS ANTONIO SACO /43 /43 /43 /43 /43 der de los galibis pueblos del continente que habitaban en las regiones ms vecinas a dichas islas. Sin fijar la poca en que abandonaron su tierra, decan que su primer padre llamado Calinago cansado de vivir en su pas natal, y deseoso de hacer conquistas, embarcose con toda su familia, y despus de haber navegado mucho, se estableci en la Dominica, isla donde haba muchos caribes cuando Du Tertre escriba. El padre Raimundo Breton, tambin fraile dominico y misionero que pas ms de 25 aos entre aquellos caribes, y que aprendi su lengua, dice en su diccionario, que oy de la boca de los capitanes o caciques de la Dominica, que las palabras galibi y caribi eran nombres que le haban dado los europeos, pues el suyo verdadero era Kalinago ; que ellos entre s no se conocan sino por los nombres de Tierra Firme; esto es, de las islas Oubaobanum y Boloebonum que los insulares eran los galibis del continente, que se haban alejado para conquistar las islas, cuyos primitivos habitantes se llamaron ingeris ; que el jefe que los condujo, extermin a todos los naturales de ellas, excepto las mujeres, las cuales siempre han conservado gran parte de su lengua. Esta diversidad de lenguaje entre hombres y mujeres duraba todava en tiempo de Du Tertre,29 y los caribes decan que se haba formado durante la conquista. Agrguese a esto que la lengua, religin y costumbres de esos caribes son conformes a las de los galibis del continente vecino.30Esa diferencia de lenguas entre hombres y mujeres, es uno de los fenmenos ms raros y curiosos que puede encontrarse en la historia de los pueblos. Los hombres entendan la lengua de las mujeres, y stas, la de aqullos; pero el lenguaje ordinario que todos hablaban era el de los hombres, porque stos se consideraban degradados si hablaban a las mujeres en la lengua de ellas, ni stas podan hablar al hombre sino en la lengua que les era propia. Las mujeres entre s no hablaban sino en su propio idioma. Tenan, adems, esos caribes, un tercer lenguaje, o mejor dicho jerigonza de su invencin, conocido slo de los hombres que haban estado en la guerra, y particularmente de los viejos, el cual usaban en sus asambleas cuando queran que las mujeres y los muchachos no entendiesen sus acuerdos.31Los caribes de esas islas eran de mediana estatura, bien formados, de espaldas y caderas anchas, rostro lleno, redondo y generalmente con dos hoyuelos en medio de las mejillas, ojos negros, nariz chata con las ventanas muy abiertas, y frente aplastada, no por naturaleza, sino porque al nacer, sus madres les apretaban con dos tablas la cabeza, por delante y por detrs, mantenindolos as por todo el tiempo de la lactancia, para que adquiriesen la forma que aquellos salvajes tenan por belleza; sus pies eran chatos y anchos, y el color de su cuerpo, aceitunado.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 44\ 44\ 44\ 44\ 44\ Sus cabellos eran negros, lacios y largos. Cuidaban mucho de peinarse, y hombres y mujeres se hacan por detrs una trenza que terminaba en un pequeo cuerno colocado en medio de la cabeza; el resto de la cabellera caa en los hombres hacia adelante, pero se la cortaban a la altura de la frente para tener libre la vista, mientras que en las mujeres descenda por los lados de la cara. Unos y otros andaban enteramente desnudos, babanse todas las maanas, y por eso procuraban tener sus habitaciones a la orilla del mar, o cerca de los ros, arroyos y fuentes. Luego que salan del agua, secbanse a fuego lento y despus pintbanse hombres y mujeres la cara y todo el cuerpo, de un color rojo que extraan de una planta que al intento cultivaban, y que los franceses, despus que se apoderaron de algunas de aquellas islas, llamaron roucou .32 Usaban de esa pintura mezclndola con una especie de aceite, no tanto por adorno, cuanto para preservarse del ardor del sol, del fro de la noche, de la humedad de las lluvias, y de la picadura de los mosquitos y otros insectos. Adems, esa pintura les endureca la piel, pero al mismo tiempo dbale lustre y pulimento, haciendo sus miembros, como ellos queran, ms giles y flexibles. En los das de pblico regocijo, no se contentaban con la pintura roja, pues empleaban tambin la de otros colores para dar variedad al rostro y al cuerpo, ponindose a veces un crculo negro alrededor de los ojos. En ciertas solemnidades adornaban la cima de sus cabezas con un sombrerito tejido de plumas de aves de diferentes colores, un penacho de pluma de garzota o de otras aves, y algunas veces cubrindose toda la cabeza con una corona tambin de plumas, adorno exclusivo de los hombres. Taladrabanse la parte blanda de la oreja para ponerse espinas muy pulidas de ciertos pescados o pedacitos de carey. Perforbanse tambin los labios para colocar en ellos una especie de pequeo punzn, hecho de hueso o de una espina de pescado; y lo mismo hacan con el cartlago intermedio de la nariz, colgndose en l un grano de cristal, un anillo, u otro adorno semejante. Todas esas incisiones o taladros se les hacan a los 12 o 15 das de nacidos, a no ser que por su debilidad se retardase hasta que adquiriesen robustez. Para que esas perforaciones no se cerrasen, pasbaseles un hilo, como se ha practicado y practica hoy en las naciones civilizadas, que en la apertura de orejas imitan a los salvajes. Los hombres llevaban ordinariamente al cuello pitos de huesos de sus enemigos, y grandes collares o cadenas compuestas de dientes de agut, de gatos monteses, tigres, o de pequeas conchas ensartadas en un cordelillo de algodn fino, teido de rojo o violado. Ponanse igualmente otros adornos bajo los brazos, y cinturones de plumas bien tejidos que flotaban sobre sus espaldas, o que caan desde el ombligo hasta la mitad de los muslos. A diferencia de los hombres, las mujeres llevaban unos semi-botines que les bajaban hasta los tobillos, muy bien

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JOS ANTONIO SACO /45 /45 /45 /45 /45 trabajados, y por abajo terminaban en un pequeo crculo tejido de junco y algodn, que apretndoles el grueso de la pantorrilla, la haca aparecer ms llena. No eran dados al hurto como otros muchos salvajes. Respetaban a los ancianos, y escuchbanlos con atencin. Fabricaban sus casas o bohos en forma oval, con varas de madera asentadas en tierra, o de algunas hierbas, tan bien colocadas, que los preservaban de las lluvias sin necesidad de renovarlas por tres o cuatro aos. Servales de puerta una simple estera: dorman en hamacas de algodn, tejidas con habilidad, y colgadas por sus dos extremidades; o en camas hechas de muchos palos atados a lo largo y a lo ancho, sobre los cuales se ponan muchas hojas de pltanos que sirviesen de colchn. Esta cama, llamada entre ellos cabane mantenase suspendida por las cuatro esquinas con cuerdas gruesas. Tenan por asientos unos trozos pequeos de madera, roja o amarilla, pulidos como el mrmol; barran sus habitaciones con frecuencia; para hacer sus necesidades naturales iban al campo, lejos de sus casas, y, con un palo puntiagudo, abran un hoyo en la tierra, cubrindolo despus con ella. A tal extremo llegaba en este punto su aseo, que despus que los europeos se pusieron en contacto con ellos, observose que si alguno satisfaca sus necesidades en sus labranzas, ellos las abandonaban, por imaginarse que el fruto producido participaba de aquella inmundicia; pero esos mismos caribes, que tan limpios se mostraban en sus habitaciones y labranzas, tenan muy sucio el carbet que era la casa pblica en que se juntaban para sus diversiones. En las mujeres no exista el libertinaje que en otros muchos pueblos salvajes; permitida era la poligamia; los hombres tenan derecho a tomar por mujeres a todas sus primas; y los padres ofrecan sus hijas a los jvenes que se sealaban en la guerra; de manera que el tener muchas mujeres era generalmente un signo de valenta. Los padres celebraban con festines el nacimiento de sus hijos primognitos; y a semejanza de algunos otros salvajes, los maridos, despus del alumbramiento de la mujer, metanse en cama para remedar el parto, permaneciendo en ella y guardando una dieta severa durante 10 o 12 das. Otra costumbre brbara, aunque no general, era que, despus de ese tiempo, se les zanjaban al padre las espaldas con un diente de agut, sin que durante esta operacin diese ningn signo de dolor, pues en su concepto, cuanto ms grande era la fortaleza mostrada en los sufrimientos, tanto ms valor adquira el hijo para los combates: y al intento recogase con mucho cuidado la sangre de las heridas, para frotar con ella el rostro del hijo. Esta operacin a veces tambin se practicaba con las hijas, puesto que tenan que ir a la guerra con sus maridos para prepararles el alimento y prestar otros servicios.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 46\ 46\ 46\ 46\ 46\ Las madres criaban cariosamente a sus hijos, y dejbanles sus miembros en tanta soltura, que en breve se robustecan, pudiendo a veces marchar sin andaderas a los seis meses.33El nombre que los caribes daban comnmente a sus hijos, tombanlo, o de sus antepasados, o de varios rboles de sus islas, o de alguna circunstancia particular que ocurra al padre durante e1 embarazo o el parto de la mujer. Esos nombres no eran vitalicios, pues mudaban cuando el hijo llegaba a la edad en que se le reciba en el nmero de los soldados, o cuando, matando en la guerra a un jefe de los aruages, sus implacables enemigos, tomaba el nombre de ste en recuerdo de su victoria. La educacin de un salvaje consiste en los ejercicios corporales. As fue, que los caribes enseaban a sus hijos a cazar, pescar y nadar; pero en lo que pusieron su mayor empeo fue en el tiro certero de las flechas. Apenas saban andar bien, cuando sus padres y madres acostumbraban colgarles su alimento de la rama de un rbol, de donde, para tomarlo, era preciso que lo derribasen con la flecha; y al paso que esos nios iban creciendo, ponaseles la comida a mayor altura. Con este ejercicio y otros semejantes se hacan grandes flecheros. Ningn caribe poda ir a la guerra sin ser antes declarado soldado, en presencia de todos los parientes y amigos, congregados al intento para tan solemne ceremonia, cuya descripcin nos ha conservado Rochefort. “El padre —dice—, que antes ha convocado la asamblea, hace sentar a su hijo en un asiento pequeo, colocado en medio de la casa o del carbet y despus de haberle manifestado en pocas palabras todos los deberes de un valiente soldado caribe, y de haberle hecho prometer que jams har cosa que pueda marchitar la gloria de sus antecesores, y que vengar con todas sus fuerzas los antiguos agravios de su nacin, coge por las patas cierto pjaro de presa, que ellos llaman mansfenis en su lengua, y que ha sido preparado mucho tiempo antes para este uso, da con l muchos golpes a su hijo hasta que el pjaro muere, y que su cabeza quede enteramente desbaratada. Despus de este rudo tratamiento, que deja enteramente aturdido al joven, el padre le saja todo el cuerpo con un diente de agut, y para curar las heridas que le ha hecho, empapa el pjaro en una infusin de granos de pimiento, con la que frota rudamente todas las heridas, causando el pobre paciente un dolor muy agudo y muy punzante; pero que es menester que sufra alegremente, sin hacer el menor gesto ni la menor seal. Despus se le hace comer el corazn de este pjaro; y para terminar la ceremonia se le acuesta en un lecho que se mece, donde debe permanecer tendido a lo largo hasta que sus fuerzas sean casi enteramente como agotadas por el ayuno. Hecho esto, es reconocido por todos como soldado, pudiendo asistir a todas las asambleas del carbet y seguir a los otros en todas las guerras que emprendieren contra sus enemigos”.34

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JOS ANTONIO SACO /47 /47 /47 /47 /47 Las armas de los caribes eran flechas formadas de pequeas caas pulidas y armadas en una de sus extremidades de un hueso de tortuga, o de la cola dentada de una raya. Usaban tambin de unas macanas llamadas butu que eran de la madera dura de palma y de otros rboles; tenan como tres dedos de ancho, con dos filos algo agudos; su longitud era como la estatura de un hombre; y esgrimanlas a dos manos con suma destreza. Con las macanas peleaban tambin los indios de la isla de Hait o Espaola, segn dice Oviedo.35 De todas estas armas, las flechas eran las ms temibles, no s1o por la distancia a que alcanzaban, sino porque envenenaban sus puntas con el jugo de la manzanilla y de otras sustancias, cuya herida era mortal por pequea que fuese. Si los enemigos se defendan dentro de sus casas rodeadas de palizadas, entonces ponan en la punta de las flechas algodn encendido; y como aqullas estaban cubiertas de paja seca, eran prontamente incendiadas, forzando as a sus enemigos a salir a campo raso. Cuando algn caribe mora, sus parientes y amigos mostraban su dolor con grandes gritos y lamentos, y despus de haberle rendido este homenaje, lavaban su cadver, pintbanlo de rojo, frotbanle la cabeza con aceite, peinbanle, doblbanle las piernas contra los muslos, ponanle los dedos entre aqullas, e inclinndole la cabeza hacia las manos, el cadver tomaba poco ms o menos la postura de un nio en el vientre de su madre. En este estado, envolvanlo en una hamaca nueva hasta el da del entierro. Su sepultura tena cuatro o cinco metros de profundidad, pero de una forma casi redonda como un tonel, con un pequeo asiento en el fondo, sobre el cual se colocaba al difunto en la misma posicin que se le haba dado. Alrededor de la sepultura encendase una hoguera, y colocndose los hombres detrs de las mujeres, pasbanles de cuando en cuando la mano por los brazos para invitarlas a llorar, y todos cantando y gimiendo repetan las hazaas del difunto. Durante algunos das, los parientes y ms ntimos amigos del muerto visitaban su sepultura dos veces al da, llevndole siempre de comer y beber, y dicindole cada vez: “Por qu te has muerto?, por qu no quieres volver a la vida? No digas, pues, que te hemos negado de qu vivir, porque te traemos comida y bebida”. Y dicho esto, dejbanle el alimento al borde de la sepultura hasta la siguiente visita, en que, viendo que no lo haba tomado, se lo arrojaban en la cabeza. Solan tambin matar los esclavos del muerto para que acompaasen sus manes; y en la ltima visita que les hacan, echaban en su sepultura, o quemaban en ella, el arco, las flechas, su maza, y todos los dems objetos que le haban servido. Cubierto entonces el cadver con tierra, los parientes ms inmediatos cortbanse los cabellos, ayunaban rigorosamente, y entregbanse, por ltimo, a la embriaguez y otros desrdenes.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 48\ 48\ 48\ 48\ 48\ La relacin hecha aqu de los usos y costumbre de esos caribes, manifiesta que ya haban salido del profundo estado de la barbarie. Su vida no era errante, pues habitaban en pueblos o caseros; cultivaban la tierra, de cuyo producto se alimentaban en parte; y tenan alguna industria, hilando el algodn y tejiendo con l mantas que rivalizaban con las que entonces se trabajaban en Espaa.36 Haban, por ltimo, adquirido ciertas comodidades de la vida civilizada, porque eran muy limpios en sus casas o bohos, y no dorman por tierra, ni se sentaban en ella, pues usaban al intento, como ya hemos visto, de unos trozos de madera muy pulidos. Pero en medio de estos adelantos desconocidos a otros pueblos salvajes, los caribes tuvieron la feroz costumbre de comer carne humana, no como alimento ordinario, pues se nutran de pescado, casabe, pltanos, maz, frutas y otras sustancias vegetales y animales; asemejndose en esto a muchos salvajes del Nuevo Mundo, que tambin coman la carne de sus enemigos. El padre Labat, religioso dominico, que visit algunas de las islas Caribes despus de la dominacin francesa, asegura que sus habitantes no eran antropfagos, y que si asaban los miembros de los prisioneros de guerra, y recogan su grasa guardndola en sus casas, esto no era para comrselos, sino pare conservar por ms tiempo el recuerdo de su victoria y venganza contra ellos.37Tal aseveracin es contraria a los hechos consignados en la historia; y yo creo que la equivocacin de Labat procede de que cuando l lleg a la Martinica, en 1693, ya las costumbres de los caribes haban sufrido profundas alteraciones con el trato de los europeos establecidos en aquellas islas; y en prueba de que as fue, transcribir lo que refiere Mr. Montel en sus Memorias y que recogi de las conversaciones familiares que tuvo con dos buenos viejos caribes. He aqu lo que stos le dijeron: “Nuestra gente ha llegado a ser la vuestra, desde que os ha visto; y nosotros mismos ya nos reconocemos con dificultad, pues somos muy diferentes de lo que antes ramos. As nuestra nacin cree que a causa de este cambio, los huracanes son ms frecuentes que en tiempos anteriores; y que Maboya —es decir, el espritu maligno— nos ha puesto bajo la dominacin de los franceses, ingleses y espaoles, que nos han arrojado de la mayor parte de nuestras mejores tierras”.38Otros historiadores extranjeros y nacionales que conocieron a los caribes, cuando an conservaban sus primitivas costumbres, estn acordes en confesar que esos salvajes fueron antropfagos, y que si perdonaban la vida a las mujeres y muchachos de sus enemigos, comanse a los hombres. Los primeros europeos que vieron a los caribes, fueron Coln y los espaoles que en su segundo viaje le acompaaron, los cuales encontra-

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JOS ANTONIO SACO /49 /49 /49 /49 /49 ron seales inequvocas de su brbara costumbre. Hablando el doctor Chanca de un capitn de Coln que haba desembarcado en una de aquellas islas, dice: “Hall mucho algodn hilado y por hilar, cosas de sus mantenimientos, de todo trajo un poco, en especial trajo cuatro o cinco huesos de brazos a piernas de hombres. Luego que aquello vimos sospechamos que aquellas islas eran las de Caribes, que son habitadas de gente que come carne humana, porque el Almirante por las seas que le habian dado del sito destas islas, el otro camino, los indios de las islas que ntes habian descubierto, habia enderezado el camino para descubrirlas”. Y en otra parte, refirindose a la isla que se llam despus Guadalupe, se expresa as: “En este puerto de aquella isla estovimos ocho dias causa de la prdida del sobre dicho Capitn, donde muchas veces salimos tierra andando por sus moradas pueblos, que estaban la costa, donde hallamos infinitos huesos de hombres, los cascos de las cabezas colgados por las caras manera de vasijas para echar cosas. Aqu no parescieron muchos hombres; la causa era, segun nos dijeron las mugeres, que eran idas diez canoas con gentes saltear otras islas... Preguntamos las mugeres que eran cativas en esta isla, que qu gente era sta: respondieron que eran Caribes. Despus que entendieron que nosotros aborrecamos tal gente por su mal uso de comer carne de hombres, holgaban mucho... Esta gente saltea en las otras islas, que traen las mugeres que pueden haber, en especial mozas y hermosas, las cuales tienen para su servicio, para tener por mancebas, traen tantas que en 50 casas ellos no parecieron, y de las cativas se vinieron ms de 20 mozas. Dicen tambin estas mugeres que stos usan de una crueldad que parece cosa increble; que los hijos que en ellas han, se los comen, que solamente cran los que han en sus mugeres naturales. Los hombres que pueden haber los que son vivos llevnselos a sus casas para hacer carnicera dellos, y los que han muerto luego se los comen. Dicen que la carne del hombre es tan buena que no hay tal cosa en el mundo; y bien parece porque los huesos que en estas casas hallamos todo lo que se puede roer todo lo tenan rodo, que no haba en ellos sino lo que por su mucha dureza no se poda comer. All se hall en una casa cociendo en una olla un pescuezo de un hombre. Los mochachos que cativan crtanlos el miembro, srvense de ellos fasta que son hombres, y despus cuando quieren facer fiesta mtanlos comenselos, porque dicen que la carne de los mochachos de las mogeres no es buena para comer. Destos mochachos se vinieron para nosotros huyendo tres, todos tres cortados sus miembros”.39Que esos caribes devoraban a los hombres que cogan en la guerra, asegralo tambin el padre Du Tertre, cuyo testimonio es ms autoriza-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 50\ 50\ 50\ 50\ 50\ do que el de Labat, no slo porque residi muchos aos en aquellas islas, sino porque las conoci cuando estaban menos alteradas las primitivas costumbres de aquellos brbaros por su contacto con los europeos. Ese religioso hceles completa justicia, pues, sin desnaturalizar su carcter, refiere que eran dulces y afables, que compadecan con frecuencia los males de los franceses hasta derramar lgrimas, y que no eran crueles sino con sus implacables enemigos.40 El modo de matar a stos y comrselos descrbelo el mismo misionero Du Tertre,41 Rochefort42 y otros autores. Los ms antiguos y encarnizados enemigos de los caribes eran los aruages que habitaban en la Guayana; pero as stos como los prisioneros de guerra pertenecientes a otras naciones, todos corran la misma suerte. El enemigo vencido en el combate perteneca de derecho al caribe que lo tomaba; y, en vez de matarle en el acto, procuraba atarle bien para que no se le escapase, y, vuelto a su isla, guardbale en su casa, hacindole ayunar cuatro o cinco das, presentndolo despus en la fiesta pblica y solemne en que deba ser devorado. Apenas compareca ante sus enemigos, y sabiendo ya que haba de morir, empezaba a insultarlos, amenazndolos con la venganza de sus compatriotas, y mostrando en todo la mayor arrogancia y desprecio de sus enemigos. Cansados stos de tanta insolencia, uno le quemaba los costados con un tizn encendido; otro le haca profundas y dolorosas heridas en las espaldas y todo el cuerpo, penetrando hasta los huesos, y derramndole un lquido terrible preparado con pimientos. Divertanse en dispararle flechas y cada uno se complaca en buscar un nuevo tormento, hasta que le mataban descargndole en la cabeza un golpe tremendo con la maza. Lavaban entonces su cadver, cortndolo en pedazos, hacan hervir una parte de ellos y asar la otra en unas parrillas de madera destinadas para este uso. Despus dividanse los fragmentos en tantas porciones cuantas eran las personas, regalndose todas con feroz venganza y brbara alegra en devorar la carne de sus semejantes. En estas escenas atroces sealbanse las mujeres, pues laman con horrible avidez las parrillas untadas con la grasa de la vctima. Esa grasa recogase con mucho cuidado por los caribes y conservbase en calabazos por el mayor tiempo posible para derramar algunas gotas en la comida de sus pblicos festines, y dar nuevo pbulo al odio y venganza contra sus enemigos. No son nuevos en la historia de la humanidad los horribles ejemplos de comer carne humana. Antropfagos fueron tambin los antiguos escitas.43 Los persas acosados del hambre se comieron unos a otros,44 y lo mismo hicieron los indios asiticos.45 (Ver a Herodoto.) Pero aun sin subir a pocas tan remotas, los cruzados que fueron en la Edad Media a rescatar el sepulcro del Salvador, a veces comironse unos a otros para satisfacer el hambre que los mataba.46

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JOS ANTONIO SACO /51 /51 /51 /51 /51 Villan, historiador italiano, refiere los horrores que ocasionaron los trtaros, cuando en 1238 invadieron la Polonia y la Hungra; cuyos pases quedaron tan asolados, que para no morir de hambre hubo madres que se comieron a sus propios hijos.47 Y la misma atrocidad menciona el monje Juan Durano, cuando describe los estragos que causaron los turcos en Hungra en 1241.48Los mismos espaoles en la conquista del Nuevo Mundo hubo veces, como en su oportuno lugar se dir, que se alimentaron de carne humana. A vista, pues, de tan terribles ejemplos dados por pueblos civilizados y cristianos, qu extraeza debe causar que los caribes y otras muchas tribus del Nuevo Mundo hubiesen sido antropfagos, ya por hambre, ya por feroz venganza contra sus enemigos, ya, en fin, por un sanguinario fanatismo religioso? Si grande es la fuerza del ejemplo y la costumbre en el hombre civilizado, eslo mucho ms en el salvaje, porque careciendo de la ilustracin necesaria para discernir el bien y el mal moral, imita instintivamente a sus padres y antepasados, cometiendo sin repugnancia, y hasta con placer, aun los actos ms sanguinarios y feroces. Ocrreseme aqu una dolorosa reflexin. Los hechos que acabo de mencionar, no dejan duda que el hombre civilizado y cristiano, hostigado del hambre se ha comido, en muchos casos, a sus semejantes. Si vuelto la vista a los tigres y leones, observo que se alimentan de la carne de otros animales; pero si pregunto a la ciencia zoolgica si esas fieras atormentadas por el hambre se devoran unas a otras, ella no me sabe responder. Por ventura est bien probado por experiencias repetidas que un len o un tigre hambriento, si no hallan qu comer, matan a otro len o a otro tigre para alimentarse? Si en tal caso lo hacen, como lo ha hecho el hombre, ste en tan terribles circunstancias, es igual a esas dos fieras; pero si stas, aun en medio de los tormentos del hambre, no devoran a los individuos de su propia especie, triste es confesar que el hombre es ms feroz que ellas, pues que devora a sus semejantes. Todos los historiadores que hablaron de la toma de Antioqua, estn acordes en describir los horrores del hambre que all sufrieron los cristianos; pero Guillelmo de Malmesbury refiere una circunstancia que no mencionan los otros, y es que los cruzados que se alimentaban de carne humana, se retiraban a las montaas, lejos del campamento, para que el olor de ella cuando se asaba no ofendiese al resto del ejrcito.49Apoderados de Antioqua, fue tan grande la miseria que afligi a los peregrinos, que mataban a los sarracenos para alimentarse de ellos. “Este acto —dice Baudri, arzobispo de Dol—,50 no se les imputaba a crmen, porque sufran el hambre por la causa de Dios, y porque de ese modo continuaban haciendo la guerra a sus enemigos con las manos y con los dientes”.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 52\ 52\ 52\ 52\ 52\ El hambre cruel que sufrieron los cruzados durante el sitio de la ciudad de Marrah, aumentose despus que la tomaron, pues llegaron hasta el extremo de comerse los cadveres de los sarracenos, ya corrompidos, y que yacan por dos semanas, y an ms, en los fosos de aquella ciudad. Esto infundi tal terror en los mismos mahometanos, que decan: “Quin podr resistir a esa nacin tan obstinada y tan cruel, que durante un ao no desisti del sitio de Antioqua, ni por el hambre, ni por la presencia de ningn peligro, y que ahora se alimenta de carne humana?”51 Por lo dems, en sentir de Alberto de Aix, no hay de que asombrarse, “porque el hambre causa dolores ms agudos que la punta de una espada”.52 Mas, no pens as Raoul de Caen, pues al saber que los cristianos hacan hervir jvenes sarracenos y asaban hombres y nios para devorarlos como bestias feroces, exclama: “Me avergenzo de contar lo que he odo decir, y lo que he sabido de los autores mismos de estos hechos vergonzosos”.53Sin necesidad de ir los cruzados al Oriente, la Europa nos ofrece esos ejemplos atroces en los tres aos de hambre que sufri despus de la destruccin del templo de Jerusaln. Oigamos a Glaber, monje de Clun: “Los furores del hambre renovaron esos ejemplos de atrocidad tan raros en la historia, y los hombres devoraron la carne de los hombres. El viajero asaltado en los caminos sucumba bajo los golpes de sus agresores, y sus miembros eran despedazados, asados al fuego y devorados. Otros huyendo de su pas por evitar el hambre reciban la hospitalidad en los caminos, donde sus huspedes los degollaban durante la noche, para alimentarse con ellos”. El mismo autor habla de un hombre que os llevar carne humana al mercado de Tournus, y de otro habitante de la floresta de Chatenai, cerca de Macon, en cuya casa se encontraron 48 cabezas de hombres que haba degollado, y cuyas carnes se haba comido”.54Notas1Copia de esta carta se halla en la Coleccin M.S. Muoz, tomo LXXXIX. 2 Tratado que el obispo de la ciudad de Chiapa D. Fray Bartolom de las Casas, compuso por comisin del Consejo Real de las Indias, sobre la materia de los indios que se han hecho en ella esclavos Este opsculo, con otros del mismo autor, fue publicado en Sevilla en el ao de 1552. 3Carta al emperador de los primeros oidores de la Audiencia de Mjico, ya citada. Muoz, Colec. M. S. t. LXXIX. 4 Tratado que el obispo de la ciudad real de Chiapa D. Fray Bartolom de las Casas etctera

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JOS ANTONIO SACO /53 /53 /53 /53 /535Antonio Len Pinelo, hablando de ciertos indios, dice: “stos avian de servir por Naborias, Tapias, que era servicio de uno dos aos i despus por otros dos, i asi temporalmente”. Confirmaciones Reales part. 1, cap. I. 6 Tratado que el obispo de la ciudad real de Chiapa, D. Fray Bartolom de las Casas, etctera 7Las Casas, Brevsima Relacin de la Destruccin de las Indias captulo de la Costa de las Perlas. 8 Tratado que el obispo de la ciudad real de Chiapa, D. Fray Bartolom de las Casas etctera 9Tratado ya citado. 10Escribano de racin era un oficio de la Casa Real de Aragn, que equivala a contador mayor de la Corona de Castilla. El original de esta carta existe en el Archivo de Simancas y se public por D. Martn Fernndez de Navarrete, en su Coleccin de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los espaoles desde fines del siglo xv tom. 1, p. 167. Edicin de Madrid de 1825 a 1837. 11Esta carta, escrita en espaol por Coln, fue traducida en latn por el literato Leandro de Cozco a 25 de abril de aquel ao; y Fernndez de Navarrete la insert en ambas lenguas en el tomo 1 de su Coleccin de Viajes y Descubrimientos etc ., ya citada. 12“Primer Viaje de Coln”, inserto por Navarrete, tomo 1 de la citada Coleccin de Viajes y Descubrimientos etctera 13Provisin Real de Barcelona en agosto de 1493. 14Herrera, dc. 1, lib. 11, cap. V. 15Carta, encargando al obispo de Badajoz complazca en todo al hermano del Almirante, y escriba a ste en trminos agradables que borren cualquier resentimiento que pueda tener. (Registrada en el Archivo de Indias en Sevilla.) 16Instruccin de los Reyes Catlicos al Almirante D. Cristbal Coln, as para el viaje que iba a hacer a las Indias, como para el buen gobierno de la nueva colonia, expedida en Barcelona a 29 de mayo de 1493. 17Carta del doctor Chanca al Ayuntamiento de Sevilla, ya citada en otra parte. Charlevoix, Histoire de L ’sle Espagnole ou de S. Domingue tom. 1, lib. I. 18“Primer viaje de Coln en 1492”, publicado por Martn Fernndez de Navarrete en su Coleccin de los Viajes y Descubrimientos, etc ., tom. I. 19“Primer Viaje de Coln”, ya citado por Navarrete, tom. I. 20Ibdem. 21Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. 11, cap. VI. 22Herrera, dc. 1, lib. VII, cap. V. 23Herrera, dc. 1, lib. 11, cap. XIII. 24 Histoire Naturelle et Morale des les Antiles de l’Amerique lib. II, cap. VII. 25Labat, Nouveau voyage aux les d’Amerique ; part. 2, chap. II. 26Bancrofts, History of Guiana p. 259. 27Rochefort., lib. II, cap. VII. Vase la nota 94 de Robertson, History of Amrica 28Du Tertre, Histoire generfale des Antilles habites par les francois tom. II, tratado 7, cap. I, § 2. 29Du Tertre, tom. II, tratado 7, cap. I, § 2.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 54\ 54\ 54\ 54\ 54\30Du Tertre, ibdem. 31Labat, Nouveau voyage etc ., tom. V, cap. VII. 32Rochefort, Histoire Naturelle et Morale des Antilles…, lib. II, chap. IX. 33Rochefort, Histoire Morale des les Antilles… liv. II, chap. 23. 34Rochefort, Histoire, etc., liv. 2, chap. 23. 35Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. III, cap. V. 36Carta ya citada del doctor Chanca al Ayuntamiento de Sevilla. 37Labat, Nouveau voyage, etc ., tom. V, chap. 7. 38Rochefort, liv. 2, chap. 9. 39Carta ya citada del doctor Chanca al Ayuntamiento de Sevilla. 40Du Tertre, Histoire Generale des Antilles… tom. II, traite 7, cap. I, § 1. 41Du Tertre, Histoire Generale des Antilles… tom. II, traite 7, cap. I, § 11. 42Rochefort, Histoire Naturale et Morale des Antilles… liv. 2, chap. 21. 43Herodoto, lib. IV, § 64 y 106. 44Herodoto, lib. III, § 25. 45Herodoto, lib. III, § 99 y 100. 46Vase la nota al final de este captulo. 47 Istorie Fiorentine de Giovanni Villani tom. XIII. 48Johannis, Vita Duran chronicou Esta obra se halla en una coleccin histrica intitulada: Godefredi Guglielm Seibnite accesiones historicae 2 vol., in 4, au 1700, Hanovre. 49Wilielm monachi Malmesmuriensis de gestis regum Anglorum libri quinque. 50 Historie hierosolymitana Baldrici archiepiscopi Dolensis [Historia de la toma de Jerusaln, por Baudri, arzobispo de Dol. Biblioteca de Cruzadas, tom. I, p. 25, palabras francesas.] 51Raimondi de Agiles, canonici Podiensis, Historia Francorum qui ceprunt Hierusalem. [Historia de los francos que tomaron a Jerusaln, por Raymundo de Agiles, cannigo de Puy.] 52 Historia Hierosolimatanae expeditionis edita ab Alberto canonico ac custode Aquensis ecclessiae. (Historia de la expedicin de Jerusaln, por Alberto, cannigo de la Iglesia de Aix.) Sobre el hambre del sitio de Marrah, vase tambin la obra Fulcherii Caruotensis Gesta peregrinantium Francorum cumarmis Hierusalem purgentium”. (Hechos de los francos que van armados en peregrinaje a Jerusaln, por Foucher de Chartres.) 53“Gesta Tancredi principis in expeditione Hierosolimitana”, auctore Rodulpho Cadomeni, ejus familiari. (Tomo V, Los hechos del prncipe Tancredo en la expedicin de Jerusaln, por Raoul de Caen, su familiar.) 54Glabri Rodulphi, Clumacegsis monachi, Historiarum sui temporis Libri V, ab electione Hugonis Capeti in regem, ad annum usque MXLVI. (Duchesne, tom. 3, p. 1 et suiv.)

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Libro TerceroC"MO EMPEZ" EL TRFICO DE ESCLA C"MO EMPEZ" EL TRFICO DE ESCLA C"MO EMPEZ" EL TRFICO DE ESCLA C"MO EMPEZ" EL TRFICO DE ESCLA C"MO EMPEZ" EL TRFICO DE ESCLA V V V V V OS INDIOS OS INDIOS OS INDIOS OS INDIOS OS INDIOS EN EL NUEV EN EL NUEV EN EL NUEV EN EL NUEV EN EL NUEV O MUNDO O MUNDO O MUNDO O MUNDO O MUNDOIsabela fue el nombre que en honor de la reina que entonces ocupaba el trono de Castilla, dio Coln al primer pueblo europeo que fund en La Espaola, y el primero tambin que existi en el Nuevo Mundo. All entreg en 30 de enero de 1494, a Antonio de Torres, comandante de la flota que deba partir para Espaa, un memorial para los Reyes Catlicos, en el cual les daba cuenta del estado de la colonia, y de lo que deba proveerse para su incremento. Con Torres envi tambin los hombres, mujeres y nios tomados en las islas Caribes, que acababa de descubrir, para que aprendiendo el castellano, volviesen a servir de lenguas, pues aunque los indgenas de todo lo descubierto hasta entonces parecan entenderse entre s; haba mucha diferencia, no slo entre las lenguas de diversas islas, sino en las diversas provincias y pequeos distritos de La Espaola. Daba Coln la preferencia a los caribes, de los que pensaba tomar muchos para intrpretes, porque como asaltaban todo el archipilago, eran en su concepto los ms versados en esos idiomas, y por lo mismo, ms a propsito para difundir la cultura y la religin que adquiriesen, renunciando a sus brbaras costumbres con el trato y enseanza de los castellanos. Propuso tambin Coln, en el citado memorial, que sera muy conveniente enviar a Castilla como esclavos cuantos caribes se pudiese; que se habilitasen buques para introducir anualmente en La Espaola todas las cosas necesarias para su fomento, las cuales se podran pagar con esos esclavos; y que el gobierno podra tambin cobrar por ellos algn derecho al introducirlos en Espaa. Fundbase Coln en que los caribes seran mejores esclavos que otros indios; que convertidos al cristianismo seran otras tantas almas que se salvaran, y que al ver los indios mansos, enemigos de los caribes, que a stos se les esclavizaba, cobraran afecto a los espaoles como sus defensores; mientras que, por otra parte, el exhausto erario de Castilla adquirira cuantiosos recursos

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 56\ 56\ 56\ 56\ 56\ para satisfacer las grandes necesidades de la naciente colonia que de todo careca. A pesar de la deferencia de los Reyes Catlicos por Coln, y de que ste trataba de esclavizar, no a los indios mansos, sino a los caribes, la reina Isabel no acept su propuesta.1Volvi Antonio de Torres a La Espaola con la respuesta de los catlicos monarcas a los captulos contenidos en el memorial de Coln; pero el destino haba decretado que ese mismo Torres tornase despus a Castilla, llevando esclavos, no caribes, sino indios de la misma Espaola. Cuando Coln descubri en su primer viaje esa isla, dej all una pequea colonia de 39 castellanos, los cuales ya no encontr2 a su vuelta, a fines de noviembre de 1493. Haban perecido todos a manos de los indios, no por maldad de stos, sino por los ultrajes y violencias cometidos contra ellos. Este trgico suceso fue el preludio de las desgracias que haban de caer sobre los indios. Aumentronse los males con la ausencia de Coln, pues sali de La Espaola en 1494 a descubrir nuevas tierras. Recios trabajos padeci en ese viaje, y vuelto a La Espaola, estuvo enfermo cuatro meses, sin poder cuidar del gobierno de la colonia. Mozen Margarit, jefe de la tropa enviada a ella, dejola en desorden con su fuga a Espaa, y quedando los soldados sin direccin ni freno que los contuviese, “crecen —dice Muoz—, las insolencias hasta el punto de hacerse intolerables a los vecinos de la Vega. Los soldados sin cabeza que los adune y contenga, corren divididos por varias partes, entregndose a cuanto les dicta la necesidad, la pasin y el antojo. Cansados de sufrir los miserables indios, pasan del terror a la desesperacin”.3Para reprimir estos males, resuelve Coln hacer la guerra a Guatiguasa, cacique de Macoriz, ligado con otros caciques, que tenan en grande aprieto al capitn Luis de Arriaga, y matando a unos, esclaviz a otros. stos, en nmero de 500 de ambos sexos, y desde la edad de 12 aos hasta la de 35, poco ms o menos, fueron enviados a Sevilla en cuatro naves que al mando del referido Torres partieron en 24 de febrero de 1495, para que fuesen vendidos en aquella ciudad.4Llegados que fueron esos esclavos a Sevilla, el obispo Fonseca lo particip a los Reyes Catlicos, y stos expidieron en 12 de abril de 1495 una Real Cdula en que se leen estas palabras: “parecenos que se podrn vender all mejor en esa Andalucia que en otra parte, debeislos facer vender como mejor os pareciere”.5Apenas expidieron los Reyes Catlicos esa cdula, cuando les asaltaron dudas sobre la justicia de la esclavitud de los indios, enviados a Castilla, y por eso escribieron en 16 de abril de aquel ao una carta al obispo Fonseca, ordenndole que afianzase el producto de la venta de

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JOS ANTONIO SACO /57 /57 /57 /57 /57 esos esclavos, mientras se oa el parecer de jurisconsultos, telogos y canonistas, y llegaban las cartas de Coln que se estaban esperando, para ver si haba motivos fundados de esclavizar a los indios y venderlos legtimamente.6Procediose, sin embargo, a la venta de ellos,7 los cuales murieron despus casi todos con el cambio del clima.8Mientras estas cosas pasaban, Coln, para someter a los caciques sublevados, y en particular a Caonabo, el ms valiente de ellos, prosigue la guerra; y el 24 de marzo de 1495 las armas castellanas, en nmero de 200 de a pie, 20 de a caballo y otros tantos perros carniceros, vieron en la Vega Real sobre 100 000 indios reunidos, segn dicen los historiadores espaoles. Horrible fue la matanza, y la muchedumbre que se tom a vida fue condenada a esclavitud.9Siempre inquieta la timorata conciencia de la reina Isabel, escribi de nuevo a Fonseca, desde Arvalo, en junio de 1495, dicindole: “Hemos mandado ver varios letrados lo de los indios, si pueden venderse por esclavos: esperamos podroslo hacer saber ntes que partan las caravelas, porque lo sepa el Almirante si podr enviar ms: los que en su nombre pide Berardi10 ddselos en confianza, dicindole en secreto lo que se trata: despus se entender sobre si dehe haberlos el Almirante segun lo asentado y otorgado en Barcelona”. De los indios depositados en Fonseca, mand el gobierno en 13 de enero de 1496, que a Juan Lescano, capitn de la Real Armada, se entregasen 50 de la edad de 20 a 40 aos, para el servicio de las galeras que mandaba, bajo la condicin de que si los indios eran declarados libres, pues que todava nada se ha decidido sobre este punto, devolviese los que de ellos tuviera vivos; pero si eran declarados esclavos, los retuviese a cuenta de los sueldos que se le deban.11Las calumnias de sus enemigos y los intereses de La Espaola obligaron al Almirante a venir a Castilla, dejando de gobernador interino al adelantado12 don Bartolom, su hermano, persona de valor y de capacidad para el mando que le confi. Nombr tambin de alcalde mayor para que administrase justicia en toda la isla, a Francisco Roldn su antiguo criado, hombre de claro entendimiento, astuto y que haba desempeado bien otros cargos con que el Almirante le haba honrado; pero despus se mostr turbulento, ambicioso e ingrato con su protector. Parti el Almirante de La Espaola el 10 de marzo de 1496, y entr en la baha de Cdiz el 11 de junio del mismo ao.13 Dos aos dur su ausencia, y en ese tiempo environse de La Espaola a Castilla nuevos indios esclavizados. Como el adelantado don Bartolom haba informado a los Reyes Catlicos, que algunos caciques mataban a los castellanos, mandsele que enviase a Espaa a los delincuentes. Hzolo as en 1496 con 300

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 58\ 58\ 58\ 58\ 58\ esclavos, los cuales llegaron a Cdiz en tres naves al mando de Per Alonso Nio.14 De este nmero remitironse 24 a Sevilla, y murieron diez en el ro Guadalquivir.15Cierto cacique, que en concepto de Las Casas era el de la Vega Real, no pudiendo cumplir el servicio personal que a l y a sus indios se les haba impuesto, huyronse a los montes; mas, perseguidos, muchos fueron enviados a Espaa como esclavos en cinco naves,16 y 200 de ellos fueron dados a los maestres en pago de sus fletes. En las nuevas revueltas de los indios de La Espaola, en 1498, ocasionada por la desenfrenada conducta de los castellanos, los infelices que escaparon con vida, fueron en gran nmero reducidos a esclavitud por el adelantado don Bartolom Coln.17Ya por este tiempo haba el Almirante tornado a La Espaola, y en algunas de las naves en que lleg, envi a Castilla los ltimos indios esclavizados por su hermano. Daba l gran importancia a este trfico, y calculando las ventajas que al Tesoro le rendira, lo mismo que el del palo del Brasil, escribi en 1498 a los Reyes Catlicos, dicindoles: “De ac se pueden, con el nombre de la Santa Trinidad, enviar todos los esclavos que se pudiesen vender, y brasil, de los cuales si la informacin que yo truje es cierta, me dicen que se podrn vender 4 000, y que poco valer valern 20 cuentos; y 4 000 quintales de brasil que pueden valer otro tanto, y el gasto puede aqu ser 6 cuentos; as que prima az buenos seran 40 cuentos si esto saliese as”.18Propuso tambin Coln, que los maestres de los buques pudiesen recibir esclavos de los colonos, para venderlos en Sevilla, y que despus de deducidos los gastos de su transporte y manutencin, comprasen con el dinero restante todos los artculos que los colonos les encargasen. Esta idea tuvo un principio de ejecucin, porque dos o tres maestres de naves pusieron carteles anunciando que llevaran a Sevilla por 1 500 maraveds cuantos esclavos se les diesen para venderlos all y cobrar su flete. Alegrronse mucho todos los vecinos de La Espaola, y el Almirante prometi dar carga para los buques.19Suplic, por ltimo, a los Reyes Catlicos que los castellanos de La Espaola pudiesen servirse de los indios por un ao o dos, mientras se enderezaban los negocios de la isla.20Crtica era la situacin del Almirante en La Espaola, pues durante su permanencia en Castilla, Francisco Roldn haba sublevado con sus intrigas la mayor parte de los espaoles, y ponindose a la cabeza de la rebelin, despreci la autoridad del Adelantado, y aun puso acechanza a su vida. Creyendo el Almirante que el atentado de Roldn no se diriga contra l, sino contra su hermano don Bartolom, trat al principio de desarmarle por medios pacficos; pero fuerte Roldn con el apoyo de los castellanos que en gran nmero le seguan, cada da era ms insolente

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JOS ANTONIO SACO /59 /59 /59 /59 /59 en sus pretensiones. Sin fuerzas Coln para castigar a los revoltosos, pues que luchaba con dos enemigos formidables, la envidia y su condicin de extranjero entre los espaoles, viose forzado a transigir con Roldn, y una de las duras condiciones que ste exigi por el convenio ajustado en 16 de noviembre de 1498,21 fue que cada uno de sus partidarios que prefiriese volver a Espaa, recibiese de Coln cierto nmero de esclavos indios, con la facultad de sustituirlos por otras tantas indias de las que algunas tenan en cinta o paridas.22Adems, deseando el Almirante sosegar a tan peligrosos enemigos de la colonia, dispensoles una nueva gracia, permitindoles que se quedasen en la isla cuantos quisiesen, ya a sueldo del rey, ya tomando esclavos y tierras, segn a cada uno conviniese.23No fue, por cierto, la intencin del Almirante que los Reyes Catlicos ejecutasen el convenio ajustado con Roldn, y despus de exponerles las angustias y sinsabores que haba pasado, pidioles que castigasen los delitos de aqul y sus secuaces, luego que llegasen a la corte, “y que a todos se tomasen los esclavos, las mancebas indias, entre ellas algunas hijas de caciques, el oro de que era fama llevaban gruesas sumas, y otras cualesquiera cosas robadas o mal habidas”.24 Pero Roldn y la mayor parte de los facinerosos que le seguan, no deseaban volver a Castilla, y valindose de infundados pretextos, aspiraron a nuevas condiciones, tan injustas como violentas. Estrechado el Almirante por la ms triste necesidad, consinti de nuevo en dar esclavos a los que a Castilla se marchasen, concediendo a los que prefiriesen quedarse en La Espaola, que eran los ms, no slo indios esclavos, sino libres, para que cultivasen las tierras que entonces se les asignaron.25 De todo inform Coln a sus Reyes: escribioles en los trminos que ya he dicho; entreg el proceso de los conjurados a Abarrantes y Ballester, que iban de apoderados suyos en la corte; y 15 de aqullos, cual con uno, cual con dos, y cual con tres esclavos, partieron para Castilla a principios de octubre de 1499.26Cuando estos lamentables sucesos llegaron a los odos de la reina Isabel, prorrumpi indignada en aquellas memorables palabras: “Quin ha facultado a Coln para repartir mis vasallos con nadie?” Si la clera de la reina Isabel fue por los indios esclavizados que se enviaron entonces a Castilla, clera infundada fue, porque el Almirante le haba escrito que el aprieto de las circunstancias en que se hallaba, le haba obligado a dar tales esclavos, y que as, los quitase a quienes los llevaban, castigndolos por sus maldades cometidas en La Espaola. Esa clera, pues, hubo de ser porque al repartir Coln aquellas tierras, dio a los castellanos indios que las cultivasen, sin pagar a stos jornal ni ofrecerles retribucin alguna, para lo cual no estaba Coln autorizado.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 60\ 60\ 60\ 60\ 60\ Sin prdida de tiempo mandose pregonar en Granada, donde a la sazn estaba la corte, en Sevilla y en otras partes, que todos los que tuviesen esclavos indios dados entonces por el Almirante, los restituyesen a La Espaola so pena de muerte; pero esta devolucin no se extenda a otros indios antes introducidos en Espaa, porque la Reina estaba informada de que eran habidos de buena guerra .27De esa real orden de Granada resultan dos cosas: una, que los telogos y juristas a quienes se haba consultado si eran libres o esclavos los indios enviados a Espaa en aos anteriores, ya haban opinado que en general eran libres; otra, que esta libertad no comprenda a los indios cogidos en buena guerra, porque eran esclavos. Pero fue justa la ltima parte, de esta decisin? Es siempre fcil conocer cuando es justa una guerra para esclavizar al hombre fundndose en ella? Respecto de los indios, puede asegurarse que fueron injustas cuantas les hicieron los europeos. stos invadironles sus tierras; despojronles de ellas; quitaron sus esposas a los maridos, y las hijas a sus padres; obligaron a todos a que trabajasen gratuitamente en provecho exclusivo de los usurpadores; quemronles sus propiedades e incendironles sus pueblos, y como si tanto no bastara, redujeron a la ms terrible esclavitud a la raza que antes era libre y duea del pas. Y cuando esos infelices, sin poder resistir a la ms cruel tirana, se alzaban alguna vez desesperados contra ella, disparando algunas flechas, dirase que la cruda guerra que entonces se les haca era una guerra justa y un justo ttulo para esclavizarlos? A consecuencia de la mencionada real cdula, expedida en Granada, mandose por la posterior de 20 de junio de 1500, que Pedro de Torres entregase los esclavos que tena en depsito, a Francisco de Bobadilla, comendador de Calatrava que iba a La Espaola, de pesquisidor y gobernador. Entregolos en efecto; pero su nmero slo fue de 16 varones y tres hembras, sin haber podido acompaar en su viaje a Bobadilla un indio que qued enfermo en Sanlcar, y una nia en casa de un Diego Escobar.28 Si ya no haba en Castilla ms indios que los mencionados, que no es probable, forzoso es admitir que los dems haban perecido en pocos aos, por la extraeza del clima y por los trabajos de la esclavitud. Aqu es de observar, contra la opinin comn de los historiadores, primero: que el trfico de esclavos entre el Nuevo y el Viejo Mundo no empez llevndolos de ste a aqul, sino trayendo de aqul a ste como esclavos a los indios libres; segundo: que este trfico comenz tan temprano, que a los 28 meses de haber hecho el descubrimiento del Nuevo Mundo, ya se enviaron a Castilla como esclavos algunos indios de La Espaola; y tercero: que los primeros hombres que sufrieron el yugo de la esclavitud impuesto por los europeos en aquellas regiones, fueron los

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JOS ANTONIO SACO /61 /61 /61 /61 /61 indgenas, y no los negros importados del continente africano o de otros pases. A pesar de que Coln fue el primero que esclaviz indios, no por eso puede tachrsele de cruel con ellos. En el siglo XV y aun en los posteriores, tvose la esclavitud por legtima, a lo menos, en muchos casos. Veala Coln existir a la sombra de las leyes en Italia su patria, en Espaa, en Portugal, en el medioda de Francia y en otras naciones. En Portugal, pas donde hizo una larga residencia, hubo de familiarizarse con la idea de la esclavitud, porque el trfico de esclavos negros haba tomado gran vuelo con los descubrimientos de la costa occidental de frica, hechos en el siglo XV por los portugueses. El Tesoro espaol estaba exhausto por las guerras con los moros, y mil dificultades encontr el gobierno en equipar las pocas naves que pasaron a Indias en los primeros viajes. Los enemigos de Coln, envidiosos de su gloria, esparcan la voz de que sus descubrimientos, en vez de ser provechosos, ocasionaban gastos intiles; y l, para acallar la maledicencia, busc en la esclavitud de los indios uno de los medios que podan derramar algn dinero en las vacas arcas nacionales. A estos sentimientos de mundano inters juntronse otros ms puros y sublimes. Coln era hombre muy religioso, su alma entusiasta quera derramar la luz evanglica entre todas las gentes de las tierras que acababa de descubrir; y la esclavitud, poniendo al indio bajo la estrecha dependencia de los cristianos, era en su concepto un beneficio, porque le proporcionaba el bien inefable de su conversin. ¡Error funesto, que si es disculpable en Coln por sus piadosas intenciones, el gnero humano debe llorarlo con lgrimas de sangre, porque ha servido de pretexto hasta nuestros das, para cubrir con el velo hipcrita de la religin los hechos ms atroces que el mundo jams ha visto! An no eran corridos cuatro aos de la dominacin castellana en la isla Espaola, y ya en 1496 haba perecido en ella la tercera parte de los indios. Tal estado era muy alarmante. Coln luchaba por hacer productivo a los monarcas de Castilla el nuevo pas que gobernaba; y como hasta entonces no se haba prohibido expresamente esclavizar a los indios alzados, l calculaba en 1498, segn se ha visto ya, en 4 000 el nmero de los que podan reducirse a servidumbre, sacndose de ellos un provecho semejante al de los portugueses con los negros de Guinea.29La esfera en que los espaoles haban de esclavizar a los indios, hubirase ensanchado desde el principio, a no haberse prohibido en mayo de 1493 que nadie fuese al Nuevo Mundo ni llevase mercaderas, sin permiso real o del Almirante y del arcediano de Sevilla Juan Rodrguez de Fonseca;30 pero inflamados, por una parte, los castellanos con el oro descubierto en aquellas regiones, y el deseo, por otra, de aprovecharse el gobierno de las riquezas que contenan, impidiendo que cayesen en

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 62\ 62\ 62\ 62\ 62\ poder de los extranjeros, sobre todo, de los portugueses, que eran entonces sus formidables rivales, los Reyes Catlicos cambiaron de poltica, levantando aquella prohibicin. Quisieron, pues, iniciar una nueva era, y por la Real Provisin de Madrid del 10 de abril de 1495, diose licencia a todos los castellanos para que fuesen a descubrir y traficar en el Nuevo Mundo; mas, no pudiendo el gobierno romper de un golpe con todas las mezquinas ideas del sistema prohibitivo que entonces prevaleca en Europa, someti a ciertas reglas y condiciones la misma libertad que conceda. Todas las naves que hubieran de salir para esas expediciones, deban partir de Cdiz, y no de otro punto alguno de Espaa, con obligacin de presentarse los armadores, antes de partir, a los oficiales reales de aquella ciudad. Los que fuesen a La Espaola deban dar al rey las dos terceras partes del oro que all cogiesen, y el dcimo de todas las dems cosas en que negociasen, entregando lo uno y lo otro al receptor de aquella ciudad. Los que salan para otros puntos de las Indias, deban pagar la dcima parte de cuanto rescatasen en su viaje, entregndolo a los oficiales reales a su retorno a Cdiz, y para que en esto no hubiese fraude, exiganles all fianzas competentes, antes de hacerse a la vela. Todo buque deba llevar a bordo una o dos personas nombradas por los dichos oficiales reales de Cdiz, y adems, la dcima parte de las toneladas de su porte con el cargamento que quisiese el gobierno, sin estar obligado ste a pagar flete alguno; bien que tan dura condicin limitose a las naves que partieran para La Espaola, nico punto hasta entonces colonizado en aquellas regiones. Por ltimo, como segn las capitulaciones concertadas por el gobierno con el almirante don Cristbal Coln, a 17 de abril de 1492, ste poda cargar en cada uno de los bajeles que fuesen a las Indias la octava parte de su porte;31 ahora tambin se impuso a los armadores la obligacin de que de cada seis navos, el dicho Almirante pudiese cargar uno por su cuenta sin pagar flete alguno. En virtud de la licencia general concedida por la anterior real provisin, algunos navegantes se dispusieron a gozar de ella; pero la demora en armar sus expediciones, y las reclamaciones del almirante Coln contra ese permiso, por considerarlo contrario a lo que l haba capitulado con el gobierno, frustraron por entonces los proyectos de los espaoles que intentaban ir a traficar y a descubrir. Los Reyes Catlicos, haciendo justicia a Coln, no slo le confirmaron de nuevo todas las condiciones del referido asiento ajustado con l, sino que revocaron la Real Provisin de 10 de abril de 1495 en todo aquello que pudiese perjudicarle.32

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JOS ANTONIO SACO /63 /63 /63 /63 /63 Qued, pues, encerrada la esclavitud de los indios dentro de los estrechos lmites que tena; pero un hecho glorioso, acaecido en 1498, rompi las barreras que existan, abriendo un campo inmenso a la codicia de los conquistadores y a la esclavitud de la raza indiana. No por casualidad, sino con intencin decidida de buscar el continente, sali Coln de la barra de Sanlcar con seis naves el 30 de mayo de 1498. Luego que lleg a la Gomera, una de las islas Canarias, envi tres de sus naves directamente a La Espaola con los bastimentos que juzg necesarios, y con las otras tres prosigui su viaje. La primera tierra del Nuevo Mundo que entonces vio fue una isla a la que dio el nombre de Trinidad y siguiendo su navegacin, entr en el golfo de Paria, donde por la inmensa cantidad de agua dulce que en l derramaba el caudaloso ro del Orinoco, infiri con razn que se hallaba en un gran continente, siendo sta la primera vez que realmente lo descubri. “Yo estoy —dijo a su tripulacin—, yo estoy credo que sta es tierra firme, grandsima de que hasta hoy no se ha sabido, y la razn me ayuda grandemente de este tan grande ro y mar que es dulce”.33Saliendo de aquel golfo reconoci la isla que llam Margarita y las isletas a que dio los nombres de Concepcin, Testigos, Guardas, Cubagua, Coche o Cochem y otras.34Bien quera Coln continuar ese descubrimiento; mas, fuele imposible, porque su quebrantada salud; el cansancio de la tripulacin; el porte de los buques demasiado grande para un viaje de exploracin; pues tuvo que ocultar a su gente el designio que llevaba de descubrir, por temor de que le pusiesen algn estorbo; el vehemente deseo que tena de enviar a su hermano don Bartolom a que continuase el descubrimiento que dejaba comenzado, y, sobre todo, el triste presentimiento de que su presencia era necesaria en La Espaola, obligronle a meter proa hacia ella, donde llega el 22 de agosto de 1498.35El oro y perlas descubiertas entonces, y las brillantes pinturas que a Castilla llegaron del magnfico pas descubierto por Coln, inflamaron a los castellanos. stos, pues, apresurronse a obtener licencias de la corte para descubrir a sus propias expensas ms all de lo conocido, dando al gobierno la cuarta o quinta parte de todo lo que rescatasen. Si ideas de justicia y de lcita ganancia hubieran animado a esos expedicionarios, los hijos del Nuevo Mundo no habran sufrido tantas calamidades; pero los castellanos que entonces aparecieron en aquel inmenso teatro, aunque, de una parte, mostraron, en medio de los mayores peligros, una audacia sin lmites y una heroica constancia; de otra, se mancharon con una codicia insaciable y con espantosas crueldades. Tales son los rasgos que distinguieron a la generalidad de los conquistadores espaoles, pero al misma tiempo, justo es tambin decir, que el gobierno de la metrpoli siempre conden tal conducta, y que no faltaron nobles pechos castella-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 64\ 64\ 64\ 64\ 64\ nos, que reprobando las maldades de sus compatricios, defendiesen con admirable abnegacin la santa causa de los indios. El primer castellano que sobre el nuevo continente se lanz, siguiendo el derrotero de Coln, fue el famoso Alonso de Ojeda, natural de Cuenca, y uno de los que acompaaron al Almirante en su segundo viaje. Con la proteccin del obispo Fonseca, obtuvo licencia para armar en Sevilla cuatro naves, con las cuales parti para la baha de Cdiz el 18 o 20 de mayo de 1499; llevando por piloto al bien conocido vizcano Juan de la Cosa, y por mercader al impostor florentino Amrico Vespucio,36 que tan infamemente pretendi robar a Coln la gloria de sus descubrimientos.37Cay Ojeda sobre el continente por las costas de Surinam, ms al sur de lo que haba descubierto Coln. En sus correras y exploraciones toc en varios puntos, y en el puerto de Chirivichi, que llam Puerto Flechado tuvo un encuentro con los indgenas, matronle un hombre, e hirironle 20, sin que hubiese podido coger a ninguno de sus enemigos. Prosiguiendo su viaje entr en el gran golfo de Coquibacoa al que dio el nombre de Venecia porque en su costa oriental vio una gran poblacin a semejaza de la ciudad de Venecia, cuyas casas estaban artificiosamente asentadas sobre el agua, y comunicndose unas a otras en canoas.38 El golfo de Venecia recibi en aos posteriores, de la compaa alemana de los Belzares, el nombre de golfo de Venezuela de donde vino que as se llamase tambin a las tierras que formaron aquella provincia. En estas aguas tuvo Ojeda una refriega con los indios, matando 20, hiriendo muchos y cautivando slo dos hombres y dos mujeres.39El 24 de agosto entr en el lago de Maracaibo, al que llam de San Bartolom, por ser ste el santo que reza la Iglesia en ese da, y all cogi algunas indias muy hermosas, pues fama de tales tenan ms que las de otras partes del continente.40 El cabo de la Vela fue el trmino de su navegacin; pero los acontecimientos que ocurrieron antes de llegar a Castilla, no pueden describirse con la exactitud que los anteriores. Segn Herrera, cediendo Ojeda a las instancias de ciertos indios con quienes haba contrado amistad, resolvi hacer la guerra a los de una isla que los cautivaba y coma. Parti de las costas del continente, y encontrando en su camino a los siete das muchas islas que deban ser las Caribes, lleg a la que buscaba, y despus de haber peleado con los indgenas, cogi 25, de los cuales dio tres hombres y cuatro mujeres a los indios amigos que le haban acompaado, y que desde all se volvieron a su tierra. Prosiguiendo Ojeda su viaje, arrib a La Espaola, y despus de haber tenido en ella altercados muy desagradables con Francisco Roldn, sali para Castilla, tom al pasar por la isla de Puerto Rico 222 indios, y entrando en la baha de Cdiz en 1500, vendi all como esclavos a los que sobrevivieron.41

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JOS ANTONIO SACO /65 /65 /65 /65 /65 Este relato de Herrera concuerda en parte con la relacin del primer viaje que el impostor Amrico Vespucio supuso haber hecho por orden de don Fernando, el Catlico, pues aunque dice que lleg a Cdiz con 222 esclavos, calla el paraje en que los cogi. No guarda, empero, el mismo silencio en su carta a Pedro Segundo de Mdicis,42 en la que cuenta que navegando desde La Espaola, descubri 200 leguas hacia el norte ms de mil islas, y que en una de ellas cogi 232 esclavos. Esas islas no pudieron ser otras que las Lucayas, aunque Vespucio exagera su nmero, pues se sabe que no son tantas. Fernndez de Navarrete43 pretende probar que Ojeda no pudo llevar a Cdiz el nmero 222 o 232 indios esclavizados. Las naves de Ojeda no tenan capacidad para contenerlos; pero es de notar que Navarrete ignora los toneles que medan, y por lo mismo, es muy aventurada su aseveracin. Supone que eran de 50 a 60 y que con tales dimensiones era imposible dar cabida a la tripulacin y a los mencionados esclavos. Aun admitiendo la suposicin de que cada nave slo fuese de 60 toneles, bien se conoce que Navarrete prescinde de los hechos que pasaban en las pirticas expediciones de los aventureros espaoles, pues stos amontonaban en un pequeo espacio a los infelices indios que cogan, pudiendo a veces tenerlos sobre cubierta, principalmente cuando no se luchaba con los rigores del invierno. En nuestros das hemos visto que los contrabandistas negreros han llevado de frica a la Amrica, centenares y centenares de esclavos en buques que no podan contener cmodamente ni aun la mitad de su humana mercanca; y si Navarrete hubiera conocido la historia del trfico africano, no se habra servido de un argumento de que se ha burlado la codiciosa crueldad de tantos armadores. Antes de haberse prohibido en este siglo el trfico africano por las naciones europeas, el Gobierno espaol en muchos de los asientos que ajust con los traficantes portugueses para introducir esclavos en sus colonias del Nuevo Mundo, seal a cada tres de stos el espacio de una tonelada. Si de esto hacemos aplicacin a las naves de Ojeda, aun suponiendo seguro a Navarrete, que cada una fuese de 60 toneles, resultar que como cada tonel representaba una capacidad mayor que una tonelada, los 60 de cada nave equivaldran a 72 toneladas; es decir, que cada nave podra contener 216 esclavos, y las dos, 432; pero siendo solamente 232 el nmero mayor de los esclavos, es evidente que las dos referidas naves que quedaron a Ojeda, tuvieron sobrada capacidad, no slo para esos indios, sino para toda la tripulacin y otras cosas. Ni tampoco es de olvidar que uno de los objetos de esas expediciones era el de robar hombres para venderlos como esclavos, y que por lo mismo, antes de hacerse a la vela calculaban el espacio ms o menos

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 66\ 66\ 66\ 66\ 66\ grande que deban dejar en los bajeles, para colocar la presa que pudieran hacer. En prueba de que as era, insertronse en algunos asientos clusulas en que se permita la importacin de ciertos esclavos en Espaa. En el que se ajust con Rodrigo de Bastidas en 5 de junio de 1500, estipulose que de los esclavos negros loros que en los reinos de Castilla eran habidos y reputados por esclavos, as como de todo lo dems de cualquiera especie que fuese, pagase al gobierno la cuarta parte, despus de sacados todos los gastos de la expedicin:44 y clusula semejante se estamp tambin en la capitulacin hecha con el comendador Alonso Vlez de Mendoza, para ir al descubrimiento de las islas y Tierra Firme en las Indias, en 20 de julio del mismo ao de 1500.45 Quizs se extraar, que cuando en todos los asientos que para descubrir y comerciar se ajustaban entonces, se prohibiese expresamente que fuesen a las posesiones portuguesas en frica, que era de donde se podan traer a Castilla, y se hablase tambin de stos como si existieran en el Nuevo Mundo; pero tal extraeza debe cesar, si se reflexiona que ste an estaba desconocido, y que en la ignorancia general que reinaba, bien pudo creerse que hubiera all gente negra. 2 Dice Navarrete que tampoco podan llevarse en dichas naves los vveres y aguada necesarios para tanta gente. Ftil razn: los indios eran muy sobrios, y bastbales una escasa racin para alimentarse. Adems, los malvados que los esclavizaban, muy poco se cuidaban de su alimento, y por eso moran en gran nmero, as como murieron muchos de los que Ojeda llevaba. En cuanto al agua suceda lo mismo, sin que por esto se olvide la facilidad con que ella poda renovarse en muchos de los puntos en que tocaban, y de recogerla en alta mar de las lluvias que cayesen. Ni es esto una simple conjetura, pues acerca de la alimentacin de los indios embarcados, viene en mi apoyo lo que dice el padre Las Casas: “Es esta averiguada verdad que nunca traen navio cargado de indios as robados y salteados como he dicho, que no echan la mar muertos la tercera parte del de los que meten dentro con los que matan por tomallos en sus tierras. La causa es porque como para conseguir su fin es menester mucha gente para sacar ms dineros por ms esclavos: y no llevan comida ni agua, sino poca por no gastar los tiranos que se llaman armadores: no basta apenas sino poco ms de para los espaoles que van en el navio para saltear: y ass falta para los tristes: por lo qual mueren de hambre y de sed: y el remedio es dar con ellos en la mar. Y en verdad que me dijo hombre dellos que desde las islas de los Lucayos donde se hicieron grandes estragos desta manera hasta la isla Espaola que son 60 o 70 leguas, fuera un navio sin aguja y sin carta de marear, guindose solamente por el rastro de los indios que quedaban en la mar echados del navio muertos”.46

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JOS ANTONIO SACO /67 /67 /67 /67 /67 3 Invoca tambin Navarrete la cdula que los Reyes Catlicos expidieron en Sevilla a 20 de junio de 1500, para que se pusiesen en libertad los indios enviados por Coln y vendidos en Andaluca. “Y si —tales son sus palabras— con el almirante no tuvieron consideracin en este asunto, es creble que la tuviesen con unos aventureros que haban tomado por fuerza y reducido a esclavitud a tanto miserable?” Fundado en esto, cree que como Ojeda lleg a Cdiz en el mismo en que ya se haba expedido aquella real cdula, no era posible que se le hubiese permitido la venta de tales esclavos. Aqu es preciso advertir que la cdula de los Reyes Catlicos no fue general, sino especial, y tan especial, que se limit a ciertos indios enviados por Coln y que tena en depsito Pedro de Torres.47Verdad es que a esa fecha ya los Reyes Catlicos haban mandado pocos meses antes, que slo fuesen esclavos los indios de La Espaola cogidos en buena guerra ; pero estas ltimas palabras abran la ms ancha puerta a la codicia y maldad de los aventureros, porque en diciendo que los esclavos trados a Castilla haban sido hechos en justa guerra, ya quedaba removido el obstculo que se presentaba. Por otra parte, equivcase mucho Navarrete, figurndose que los sbditos castellanos cumplan las rdenes de sus monarcas en los asuntos de Indias. Todo era disimulo, engao y corrupcin, y sin salir de ese mismo ao de 1500 que l cita, armador hubo, como pronto se ver en el viaje de Pinzn, que lleg a Andaluca con indios robados en el Nuevo Mundo y mantenidos en esclavitud. La cuarta y ltima razn en que se funda Navarrete, es que en los extractos que hizo Muoz de los antiguos libros de Indias, nada se halla tocante a estos esclavos. ste es un argumento negativo, y los de esta especie poca fuerza tienen en general, sobre todo, cuando se refieren a negocios de poca importancia como en el presente caso; porque un descuido, o una inadvertencia puede pasarlo por alto. Si Muoz no habl de ellos, otro cronista, exacto tambin, cual fue Antonio de Herrera, y que tuvo a la vista todos los documentos de aquella poca, no slo dice que Ojeda llev aquellos indios a Cdiz, sino que indica el paraje en que los cogi. Por lo dems, al impugnar yo las razones de Navarrete, no es mi nimo sostener que Ojeda hubiese llevado los tales esclavos, sino tan slo manifestar la debilidad de las razones en que Navarrete se funda para negarlo. A pocos das de haber salido Ojeda de la baha de Cdiz, parti tambin de la barra de Saltes Per Alonso Nio, natural de Moguer, compaero de Coln en algunos viajes, y piloto conocido en la carrera de Indias. Careciendo de recursos, cedi el mando a Cristbal Guerra, hermano de un mercader llamado Luis, quien dio el dinero para armar con 33 hombres una carabela de 50 toneles.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 68\ 68\ 68\ 68\ 68\ Siguiendo lo mismo que Ojeda el derrotero de Coln, lleg al continente ms arriba de la provincia de Paria, y corriendo hacia el poniente, sin esclavizar ningn indio, porque quizs se lo impona la poca gente que llevaba, trafic con ellos hasta el puerto de Chirivichi, recogiendo en cambio de bujeras algn oro y ms de 150 marcos de perlas. Los indios quedaron muy contentos, pues creyeron en su ignorancia que los cristianos iban engaados.48 Haba entre las perlas algunas del tamao de avellanas, y tan hermosas como las mejores del Oriente. Con este rico cargamento hizo Per Alonso rumbo para Espaa en febrero de 1500, y al cabo de 61 das de penosa navegacin arrib al puerto de Bayona en Galicia. Grande fue la sensacin que este viaje caus en toda Espaa, por la cantidad de perlas introducidas; y aunque es verdad que ningn indio fue entonces esclavizado, he debido hacer mencin de este viaje, porque despertando la codicia de los espaoles, armronse nuevas expediciones, que fomentaron en el nuevo continente la esclavitud de sus hijos. Vicente Yez Pinzn, uno de los valerosos compaeros del primer viaje de Coln, arm con licencia real y con ayuda de su sobrino y de otros parientes, cuatro carabelas que salieron del puerto de Palos a principios de diciembre de 1499. En sus correras lleg en 1500 hasta las bocas del gran ro de las Amazonas:49 all visit algunas isletas bien pobladas de gente muy pacfica; pero en recompensa de la buena acogida que le dieron, esclaviz a 36 personas; y despus de haber tocado en otros puntos, torn a Palos el 30 de septiembre de aquel ao con una parte de los indios que cautiv, pues los dems perecieron en la navegacin.50 Yo no s si esos esclavos fueron vendidos o repartidos entre los ladrones que los cogieron; pero, de un modo o de otro, es indudable que uno de ellos toc a Vicente Yez Pinzn. Cuando ste y sus sobrinos fueron a descubrir, prometieron a un Diego Prieto, vecino tambin de Palos, que de los esclavo que trajesen de aquel viaje le daran uno. Mas, no habindole cumplido su promesa, y hallndose en la corte, Prieto en su ausencia les tom un esclavo indio que tenan en Palos. Luego que ellos lo supieron, acudieron al rey para que Prieto les devolviese el esclavo, pues les era muy til en razn de que hablando ya la lengua castellana, poda entenderse con los espaoles y con los indios. Para facilitar su devolucin, ofrecieron pagar a Prieto el valor de otro esclavo comn, y el rey mand que as se hiciese.51A fines de diciembre del mismo ao de 1499, y muy poco despus de la salida de Pinzn, parti con dos naves del referido puerto de Palos Diego de Lepe, y navegando sobre las mismas aguas de su antecesor, dobl el cabo de San Agustn, desembarcando en varios puntos de la costa hasta el ro de las Amazonas. En uno de esos parajes escribi su

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JOS ANTONIO SACO /69 /69 /69 /69 /69 nombre en el tronco de un rbol tan grueso, que no pudieron abarcarle 16 hombres, asidas las manos y extendidos los brazos. Luego que lleg a las isletas situadas en las bocas de aquel gran ro, encontr a los indios que las habitaban muy alborotados por la piratera de Pinzn, y trabando lucha con ellos, hiri a muchos, esclaviz a otros, e hizo lo mismo en la costa de Paria.52En compaa de su hermano Luis emprendi Cristbal Guerra su segundo viaje al Nuevo Mando, puesto que ya haba hecho el primero con Per Alonso Nio. Parti de Sanlcar o de Cdz en dos carabelas, lleg a Paria, despus a la isla Margarita y al golfo que forma con la Tierra Firme. En algunos de aquellos parajes cometi violencias, esclaviz muchos indios, rob oro y perlas,53 y entr con su cargamento en Espaa a principios de noviembre de 1501;54 pero como los esclavos no fueron hechos en buena guerra, que eran los nicos que segn la orden ya publicada podan hacerse, Guerra fue preso y condenado a que a costa suya y de sus compaeros fuesen los indios restituidos como libres a su tierra.55Por este tiempo, Rodrigo de Bastidas, vecino de Sevilla, hizo tambin un viaje para descubrir con dos bajeles, segn asiento que ajust con el gobierno en 5 de junio de 1500.56 Sali de Cdiz a principios de enero de 1501,57 y luego que lleg a Tierra Firme, empez a traficar con los indios, recibiendo 40 marcos de oro. Sigui hasta el cabo de la Vela, trmino del viaje de Ojeda, y corriendo hacia el occidente, descubri el puerto de Zamba, los Coronados, porque all todos los indios llevaban grandes coronas; Caramari, llamado despus Cartagena, las islas de San Bernardo, las de Bar, y las de Arenas, frente y cerca de Caramari. Descubri tambin la isla Fuerte, la de Tortuga, el puerto de Zen, y, por ltimo, la punta de Caribana que est a la boca del golfo de Urab, en el que entr y permaneci algunos das, tornando de all a Jamaica y a La Espaola.58 En el golfo de Urab cogi ciertos indios de color moreno, pero no como esclavos, sino tan slo para que sirviesen de muestra, pues entre todos los descubridores de aquel tiempo, Bastidas fue uno de los menos duros con los indios. Curioso es de notar que los portugueses tuvieron noticia del descubrimiento de Bastidas, pues en 13 de julio de 1503 lleg un correo a la corte de Espaa con la noticia de que buques de Portugal haban ido a la tierra descubierta por l, y trado esclavos indios y palo del Brasil.59En el mismo ao juntose el clebre piloto Juan de la Cosa con algunos de sus amigos, y con licencia de los Reyes Catlicos armaron cuatro carabelas para continuar los descubrimientos. Hicironse a la vela, tocaron en la Gran Canaria y en la isla Margarita, y llegaron, por ltimo, a Cartagena, donde encontraron otras cuatro naves al mando, segn dice Oviedo, de Luis Garca o Guerra, por muerte de su to Cristbal;

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 70\ 70\ 70\ 70\ 70\ debiendo advertir que Oviedo les da unas veces el primer apellido, y otras el segundo.60 Yo creo que los dos Garca o Guerra de que habla Oviedo, no eran to ni sobrino, ni tampoco Garca, sino los dos hermanos Cristbal y Luis Guerra, de quienes se ha hecho mencin en algunos de los viajes anteriores; y afrmome en este juicio, porque Cristbal capitul de nuevo con el gobierno en 12 de julio de 1503 para ir a descubrir, y lo mismo aparece de la carta que l escribi a don lvaro de Portugal, presidente del Consejo Real y contador mayor de sus altezas, sobre las condiciones concertadas y el apresto para su nuevo viaje.61Juan de la Cosa asalt una noche la isla de Codego, a la entrada del puerto de Cartagena, y esclaviz 600 indios, de los cuales solt algunos nios, hombres y mujeres, no por compasin, sino por flacos o viejos. Los dems entregolos al mencionado Luis Guerra para que los llevase a Espaa, segn convenio que con l haba hecho.62Parti Juan de la Cosa para el golfo de Zen, pensando esclavizar all tambin; pero al sentir los indios a los castellanos, abandonaron la poblacin. Prosiguieron stos hacia el golfo de Urab, e informndose all de algunos indios que tomaron, dieron en un pueblo cerca del ro del Darin, cogieron algunos indios y 40 marcos de oro. Al hablar de estos saltos, el cronista Oviedo confiesa que los tales descubridores con ms razn se podran llamar alteradores y destructores de la tierra, pues que su fin no era tanto de servir a Dios ni al rey, como de robar, y que esa manera de descubrir y rescatar, mejor se poda decir asolar.63Pero el justo cielo a veces castigaba las maldades de esos hombres, pues Juan de la Cosa y sus compaeros sufrieron en sus correras inmensas desgracias que a muchos costaron la vida; y tan hostigados del hambre se vieron, que algunos de ellos “mataron un indio que tomaron asaron el asadura la comieron; pusieron cocer mucha parte del indio en una grande olla para llevar qu comer en el batel donde iban los que esto hicieron. Y como Johan de la Cosa lo supo, derramles la olla que estaba en el fuego a cocer aquella carne humana, ri con los que entendian en este guisado afendoselo; mas quitado de all, se crey que no tan bien castigados como hambrientos, no dejarian perder aquel bastimento”.64Ni fue sta la nica vez, como en otras partes se ver, que en sus aventuras por el Nuevo Mundo comieron carne humana los espaoles. Coln era el hombre a quien, con su inmortal descubrimiento, deba Espaa todas las riquezas que en el Nuevo Mundo haba encontrado; pero la envidia que siempre persigue al mrito, derram su veneno contra l. Las calumnias propagadas por sus enemigos llegaron a la corte, y los Reyes Catlicos, para investigar la verdad, nombraron de pesquisidor y gobernador de La Espaola al comendador de la Orden de Calatrava Francisco de Bobadilla, hombre indigno de tan honrosa

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JOS ANTONIO SACO /71 /71 /71 /71 /71 comisin. Apenas pis aquella isla en 1500 ultraj las canas y los eminentes servicios de Coln, echndole un par de grillos, lo mismo que a sus hermanos el adelantado don Bartolom y don Diego, y envindolos presos a Castilla, a donde llegaron en noviembre de aquel ao.65Nunca pensaron los Reyes Catlicos que el infame Bobadilla llegase a tanto extremo, y desaprobando su conducta, relevronle, nombrando en 1501 a Nicols Ovando, comendador de Lares y caballero de la Orden de Alcntara. Tena ste fama de honesto en palabras y obras, sencillo en su trato, prudente, justiciero, y no codicioso;66 pero su conducta posterior en el mando de La Espaola, desminti las buenas prendas que se le atribuan. Entre las facultades que a Ovando se dieron, una fue que tomase residencia a su antecesor Francisco de Bobadilla y a sus oficiales. sa fue la primera que se mand hacer en el Nuevo Mundo, y desde entonces hasta el da se ha seguido practicando con los gobernadores de la Amrica espaola. La provisin comisionando a Ovando para residenciar a Bobadilla, est en Navarrete, tomo III, pgina 517, nmero 46. El 13 de febrero de 1502 zarp Ovando de Sanlcar de Barrameda para su destino, con una flota de 31 naves al mando de Antonio de Torres, llevando a su bordo 2 50067 o 3 000 personas68 nobles en su mayor parte. Iba entre ellas un joven sin reputacin alguna, pero que ms adelante haba de ser el ms valiente defensor de los indios, y uno de los hombres ms grandes que figuran en la historia del Nuevo Mundo. Como ya le he citado algunas veces, y muchas ms le citar, es preciso decir quin fue varn tan esclarecido. De una familia francesa establecida en Sevilla desde el tiempo de su conquista por San Fernando, en el siglo XVIII, naci en aquella ciudad Bartolom de las Casas, en 1474. Tal es la opinin comn, porque habiendo muerto en 1566, y dndosele entonces generalmente 92 aos de edad, es muy fundada la creencia de que naci en aquel ao. Su apellido era Casaus o Casas, y l usaba indistintamente los dos en sus escritos; pero al fin prevaleci el ltimo, bajo del cual es como le conoce la historia. Siendo cursante de Derecho en la Universidad de Salamanca, en cuya ciencia se gradu de licenciado, trjole de Amrica su padre Francisco Casaus, compaero de Coln en su segundo viaje, un indiecito esclavo de los que en La Espaola reparti aquel descubridor entre algunos castellanos y que fueron mandados restituir a su patria por orden de la reina Isabel. ¡Capricho raro del destino, que empezase por tener un esclavo indio a su servicio el mismo que consagr despus toda su vida a la defensa de la libertad de esa raza!

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 72\ 72\ 72\ 72\ 72\ Sigui la carrera eclesistica, y en la ciudad de la Vega de La Espaola celebr ocho aos despus de su llegada la primera misa que se cant en el Nuevo Mundo; siendo de notar, como dice el cronista Herrera, “que los clrigos que ella se hallaron, no bendecian; conviene saber, que no se bebi en toda ella una gota de vino, porque no se hall en toda la isla, por haber dias que no habian llegado navios de Castilla”.69Ni fue slo Bartolom de las Casas quien para consuelo de los indios pas entonces con Ovando a las tierras del Nuevo Mundo; que acomparonle tambin algunos religiosos. Al tratar de la suerte de los indios, no es posible prescindir del poderoso influjo que en su bien y conservacin ejercieron algunas rdenes monsticas. Dgase lo que se quiera de los frailes en Espaa durante el siglo XVI, lo cierto es que en medio del furor de la conquista del Nuevo Mundo, muchos de ellos fueron los ms valientes y constantes defensores de la libertad de los indios. Si de la Orden de Santo Domingo sali el inquisidor Torquemada, que tantas lgrimas y sangre hizo derramar en Castilla, grato es recordar que de su seno tambin salieron muchos hijos que fueron en el Nuevo Mundo el amparo y consuelo de muchos millones de indios. Esta importante consideracin manifiesta la necesidad de indicar aqu la primera entrada de los religiosos en aquellas tierras. Una de las instrucciones que los Reyes Catlicos dieron en 15 de junio de 1497 a Cristbal Coln cuando se preparaban para su tercer viaje, fue que se procurase llevar algunos clrigos y religiosos de buenas costumbres, para que administrasen los sacramentos a los castellanos y convirtiesen los indios a la fe catlica;70 pero estos deseos no pudieron realizarse sino en aos posteriores. Los primeros religiosos que pasaron al Nuevo Mundo fueron diez de la Orden de San Francisco, en compaa del gobernador Ovando, para que fundasen en La Espaola un monasterio, llevando por prelado a fray Alonso del Espinar, varn respetable y de virtud.71A estos religiosos siguieron los dominicos en 1510, cuyo viaje se debi a la inteligente iniciativa del venerable doctor fray Domingo de Mendoza, hermano de fray Garca de Loaiza, despus confesor de Carlos V, cardenal, arzobispo de Sevilla y presidente del Consejo de Indias. Conferenci aqul sobre de esta materia con dos de los frailes dominicos que le parecieron ms dispuestos a abrazar su pensamiento: uno fue fray Pedro de Crdoba, natural de la ciudad de ese nombre, de noble estirpe, joven de 28 aos, pero de gran prudencia, conocimiento y vida ejemplar. Otro, fray Antonio Montesino, buen predicador. Estos dos ganaron a su propsito a fray Bernardo de Santo Domingo, que aunque poco versado en los negocios del mundo, era de muchas letras y devocin. En

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JOS ANTONIO SACO /73 /73 /73 /73 /73 este estado, el Mendoza marchose a Roma para obtener del Maestro General de la Orden el permiso de que pasasen a las Indias; y tornando a Espaa con l, quedose en Castilla por asuntos importantes de su religin; mas, partieron para La Espaola con licencia del Rey Catlico fray Pedro de Crdoba, que iba de vicario de sus otros dos compaeros y de un fraile lego. Llegaron a su destino en el ao mencionado, y como entonces todas las casas que haba en aquella isla eran de paja y estrechas, alojronse en una choza que les ofreci un hombre generoso, llamado Pedro de Cumbreras, vecino de La Espaola. Dioles por alimento cazabi, algunos huevos, de vez en cuando pescado, berzas sin aceite con frecuencia, y algn aj o pimiento de la tierra, pues la grande escasez de bastimentos que entonces se padeca en la isla, no permiti a Cumbreras extenderse a ms. A pesar de esta mala comida, ayunaban muchos das conforme a su regla. Vestan de jerga y una tnica de lana mal cardada y dorman en un lecho de varas con paja seca por colchn. Fcil es de concebir el asombro de los indios al aspecto de unos hombres tan extraamente vestidos, de vida tan austera y penitente, y que por su humildad y dulzura formaban tan admirable contraste con los dems espaoles sus tiranos. Hasta en sus mismos compatricios produjeron al principio una impresin saludable, porque confesando y predicando, cortaron el abuso de las usuras y otros desrdenes. A los tres religiosos mencionados juntronse poco despus fray Domingo de Mendoza con 11 ms escogidos que le acompaaban: de manera que ya la comunidad se compona de 15 religiosos. Trataron entonces de aadir algunas nuevas reglas a las viejas constituciones de su Orden para vivir con ms austeridad, y una fue el abstenerse de pedir limosna de pan, vino y aceite, menos en caso de enfermedad. Pasaron tantos trabajos en La Espaola, guardando rigorosamente esta regla, sobre todo, mientras vivi su vicario fray Pedro de Crdoba, que hubo da en que slo tuvieron de comer berzas sin aceite, sazonadas con sal y aj.72 Tales fueron durante algunos aos los primeros religiosos dominicos que en el Nuevo Mundo se presentaron, y bien era de inferir que esos hombres no podan permanecer espectadores tranquilos de la crueldad con que los castellanos trataban a los indios de La Espaola. Pero antes de exponer sus loables esfuerzos en favor de aquellos infelices bajo los sucesores de Ovando, volvamos a ste para ver lo que durante su gobernacin se hizo en punto de esclavitud. La prohibicin de que ningn espaol esclavizase indios en sus entradas en las islas y en el continente, era muy contraria a sus intereses. Trataron, pues, de eludirla y encontraron el medio ms fcil en sus mismas iniquidades. Con ellas haban llenado de pavor las tierras ya descu-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 74\ 74\ 74\ 74\ 74\ biertas; los indios los miraban como sus formidables destructores, y por doquiera que los vean aparecer, o se armaban para combatirlos, o despavoridos huan a los montes. En los asaltos de Pinzn; de Cristbal Guerra y de otros aventureros en diversos puntos del continente, principalmente en Cartagena, los indios haban matado en su defensa algunos castellanos; stos clamaron por venganza, cuando eran los verdaderos agresores; dijeron al gobierno que aquellos indios eran canbales; y horrorizada la reina Isabel de esta idea y de la pintura que de sus feroces costumbres le hicieron, dio facultad por la Provisin de 30 de octubre de 1503 para hacer la guerra y esclavizar a los canbales rebeldes de Cartagena, y de las islas entonces llamadas Bura o Bar, Fuerte, y San Bernardo, pudiendo servirse de ellos, o venderlos donde quisiesen. Fundose este permiso en que dichos indios hacan guerra y se coman a otros indios que estaban bajo la dominacin de Espaa; en que no queran convertirse a nuestra religin ni admitir en sus tierras a los cristianos, y en que haban matado muchos de stos. “Por ende —dice la Provisin—, por la presente doy licencia facultad todas cualesquier personas que con mi mando fueren, as las islas Tierra Firme del dicho mar Occano que fasta agora estn descubiertas, como los que fueren descobrir otras cualesquier Islas Tierra Firme, para que si todava los dichos Canbales resistieren non quisieren rescibir acoger en sus tierras los capitanes gentes que por mi mando fueren facer los dichos viages, oirlos para ser dotrinados en las cosas de nuestra Santa Fe Catlica estar en mi servicio s mi obediencia, los puedan cautivar cautiven para los llevar las tierras islas donde fueren, para que los puedan traer traigan estos mis Reynos Seorios, otras cualesquier partes logares do quisieren por bien tobieren, pagndolos la parte que dellos nos pertenezca, para que los puedan vender aprovecharse dellos, sin que por ello cayan nin incurran en pena alguna, porque trayndose estas partes servindose dellos los cristianos, podran ser ms ligeramente convertidos traidos nuestra Santa F Catlica”.73Para ms estimular el espritu descubridor de los castellanos, pregonose en Sevilla en 1504 una Real Cdula, mandando que a los que hiciesen la guerra a los indios rebelados, se les diesen como esclavos las cuatro partes de cuantos cogiesen, reservndose los restantes para el gobierno.74Desde la citada Provisin de 30 de octubre de 1503, aquellos pases lo mismo que otros, so color de que estaban habitados por caribes, quedaron ms expuestos que antes al saqueo y al incendio de los castellanos que de La Espaola los asaltaban para robar, matar y esclavizar a los indgenas. Si el cielo hubiera conservado por ms tiempo la vida de la reina Isabel, a su noticia habran llegado tantos crmenes como se

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JOS ANTONIO SACO /75 /75 /75 /75 /75 cometan, y hubirales puesto algn remedio; pero su muerte, acaecida en 26 de noviembre de 1504, consum la desgracia de los indios, desapareciendo para ellos hasta la esperanza de consuelo. Al abandonar la tierra aquella buena mujer, no se olvid de los infelices hijos del Nuevo Mundo; pues en su testamento dej consignados los votos que siempre haba hecho para su salvacin y ventura. “Por cuanto —dice—, al tiempo que nos fueron concedidas por la Santa Sede Apostlica las islas y Tierra Firme del mar Occano, descubiertas y por descubrir. Nuestra principal intencin fu al tiempo que lo suplicamos al Papa Sexto Alejandro de buena memoria que nos hizo la dicha concesion: de procurar de inducir y traer los pueblos dellas y los convertir nuestra Santa F Catlica, y enviar las dichas islas y Tierra Firme prelados y religiosos, y clrigos, y otras personas doctas y temerosas de Dios: para instruir los vecinos y moradores dellas en la F Catlica, y los ensear y dotar de buenas costumbres, y poner en ello la diligencia devida (segun ms largamente en las dichas letras de la concesion se contiene) por ende suplico al Rey mi seor muy afectuosamente: y encargo y mando a la dicha Princesa mi hija y al dicho Prncipe su marido que as lo hagan y cumplan; y que este sea su principal fin: y que en ello ponga mucha diligencia: y no consientan ni den lugar que los indios vecinos y moradores de las dichas Indias y Tierra Firme ganadas y por ganar reciban agravio alguno en sus personas ni bienes: ms manden que sean bien y justamente tratados y si algun agravio han rescibido lo remedien y provean, por manera, que no excedan cosa alguna de lo que por las letras apostlicas de la dicha concesion nos es injungido y mandado”.75Notas1 Memorial que para los Reyes Catlicos dio Cristbal Coln en la ciudad Isabela, en la isla Espaola, a 30 de enero de 1494 a Antonio Torres, sobre el suceso de su segundo viaje a las Indias, publicado por Navarrete, tomo 1, pgina 225. El original de este memorial existe en el Archivo General de Indias en Sevilla, en el Libro de Cdulas y Provisiones de Armadas, legajo 1 de diferentes materias. 2Las listas de los colonos dejados por Coln en La Espaola, dicen unas que fueron 37 personas, otras que 38 y otras que 39. (Muoz, Historia, del Nuevo Mundo lib. III, § 38.) Navarrete publica otra lista de la que resultan 40, sin contar a Diego de Arana que qued por gobernador, ni a sus tenientes Pedro Gutirrez y Rodrigo de Escobedo. ( Coleccin de Navarrete, tom. II, documentos nm. 13.) 3Muoz, Historia del Nuevo Mundo lib. V, § 25. 4 Historia Indita de los Reyes Catlicos por Andrs Bernldez, cura de los Palacios, cap. CXX. Herrera, dc. 1, lib. II, cap. XVI. Muoz, Historia del Nuevo Mundo lib. V, § 26 y 27.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 76\ 76\ 76\ 76\ 76\5Real Cdula de 12 de abril de 1495, cuyo original existe en el Archivo de Indias en Sevilla. 6Carta del obispo de Badajoz a 16 de abril de 1495, impresa en la Coleccin... de Navarrete, tomo II, nmero 92, cuyo original existe en el Archivo de Indias en Sevilla. 7Muoz, Historia del Nuevo Mundo lib. V, § 34. 8 Historia de los Reyes Catlicos por Andrs Bernldez, cap. CXX. 9Herrera, dc. 1, lib. II, cap. XVII. Muoz, Historia del Nuevo Mundo lib. V, § 27. 10stos eran nueve esclavos que le entreg Coln para que viniesen a Espaa a aprender la lengua y sirviesen despus de intrpretes (Carta de los Reyes Catlicos al obispo Fonseca y a Juanoto Berardi en 2 de Junio de 1495.) 11Orden de los Reyes Catlicos, comunicada al obispo Fonseca desde la ciudad de Tortosa a 13 de Enero de 1496. 12El primer adelantado que pas al Nuevo Mundo, fue D. Bartolom Coln. Las Leyes de Partida explican el significado de esa dignidad. La 22, ttulo 9, partida 2 dice: “Adelantado tanto quiere decir como home metido adelante en algun fecho sealado por mano del rey, et por esta razon el que antguamente era as puesto sobre alguna grande tierra llambanlo en latin presaes provinciae ; et el oficio deste es muy grande, ca es puesto por mano del rey sobre todos los marinos, tambien sobre los de las cmaras et de los alfoces, como sobre todos los otros de las villas”. De los adelantados habla tambin, aunque no tan extensamente, la ley 1, ttulo 4, partida 3. Sin referirse al adelantado don Bartolom Coln, pues que habla de tiempos posteriores, Bartolom de las Casas explica en un sentido irnico lo que eran los adelantados que pasaban al Nuevo Mundo. Dice: “Entre otras mercedes que se les hacian era comunmente hacellos Adelantados, y porque se adelantaban en hacer males y daos tan gravisimos gentes pacficas que ni los habian offendido, ni algo les debian, con los mismos adelantamientos que procuraron, hallaban, y hallaron su muerte, como la gallina escarvando el cuchillo”. (Las Casas, Historia General de las Indias lib. III, cap. CXVII.) 13Herrera, dc. 1, lib. III, cap. II. 14Muoz, Historia del Nuevo Mundo lib. VI, § 4. Herrera, dc. 1, lib. III, cap. V. 15Muoz, Colec., tom. LXXV. 16Herrera, dc. 1, libro III, cap. XIII. 17Muoz, Historia del Nuevo Mundo lib. VI, § 35 y 36. 18Las Casas, Historia General de las Indias tom. III, cap. CL. Herrera, dc. 1, lib. III, cap. XIII. 19Las Casas, Historia General de las Indias tom. III, cap. CLV y CLVI. 20Las Casas, Historia General de las Indias tom. III, cap. CLV y CLVI. 21Las bases de este convenio se hallan en la Vida del Almirante por su hijo don Diego Coln, cap. LXXX. 22Muoz, Historia, del Nuevo Mundo lib. V, § 46. Herrera, dc. 1, lib. III, cap. XV. 23Muoz, Historia del Nuevo Mundo lib. VI, § 46. 24Muoz, Historia del Nuevo Mundo lib. VI, § 47. 25Muoz, Historia del Nuevo Mundo lib. VI, § 50. 26Herrera, dc. 1, lib. III, cap. XVI. 27Las Casas, Entre los Remedios presentados por mandato del Emperador Rey Remedio VIII, Razn 1. Herrera, dc. 1, lib. IV, cap. VII.

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JOS ANTONIO SACO /77 /77 /77 /77 /7728Muoz, Colec ., tomo LXXV. 29Herrera, dc. 1, lib. III, cap. XIII. 30Carta patente expedida en Barcelona a 23 de Mayo de 1493, impresa en la Coleccin... de Navarrete, tomo II, nmero 35. 31 Real Provisin de 10 de Abril de 1495, previniendo lo que se deba observar en cuanto a los que queran ir a establecerse en las Indias, y en lo tocante a los que deseaban ir a descubrir nuevas tierras. Original en el archivo del duque de Veragua, registrado en el sello de Corte en Simancas, y copias legalizadas en el de Indias en Sevilla. Esta Real Provisin se halla impresa en la Coleccin... de Navarrete, tomo II, nmero 86, pgina 165. 32 Provisin Real de 2 de Junio de 1497, expedida en Medina del Campo, para que se guarden al Almirante sus privilegios y mercedes, etc., impresa en la Coleccin... de Navarrete, tomo II, nmero 113. 33Las Casas, Historia General de las Indias lib. I, cap. CXXXVIII. Gonzalo Fernndez de Oviedo, no siempre muy exacto en las fechas, supone por un error muy grave que Coln hizo este descubrimiento en 1496 ( Historia (...) de las Indias lib. XIX, cap. I); pero el tercer viaje del mismo Coln en que descubri esas regiones, el testimonio de Bartoloms de las Casas, el del cronista Herrera y todos los documentos contemporneos, fijan ese descubrimiento en el ao de 1498. 34Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XIX, cap. I. — Herrera, dc. 1, lib. III, cap. IX, Xy XI. 35Herrera, dc. 1, lib. III, cap. XII. 36Las Casas, Historia General de las Indias lib. I, cap. CLXIV y CLXV. Herrera, dc. 1, lib. IV, cap. I. Oviedo Historia General y Natural de las Indias. 37Este vil impostor, con el culpable fin de privar a Cristbal Coln de la gloria de sus descubrimientos, tuvo la osada de afirmar que l haba descubierto el Nuevo Mundo, y que al intento hizo cuatro viajes: los dos primeros por orden de don Fernando, el Catlico y los dos ltimos por la de don Manuel, rey de Portugal. Indias fue el nombre que dio Coln a las tierras que descubri, y ese mismo continu dndoseles en Espaa por mucho tiempo. Cuando aquel admirable mareante emprendi su primer viaje inmortal, no estaba en su mente descubrir un Mundo Nuevo. A fines del siglo XV haban logrado los portugueses llegar a la India, navegando desde Portugal hacia el oriente, y por eso llamaron Indias Orientales a las tierras que all descubrieron. Coln crey con la fuerza de su genio que si l navegaba hacia el poniente en contrario rumbo a los portugueses, llegara al trmino de la India por su camino ms corto; y como esa navegacin la hizo dirigindose hacia el occidente, llam Indias Occidentales a los pases que descubri. Las pocas comunicaciones que entonces haba entre Espaa y los otros pases, contribuyeron a que en stos se diese crdito a los fraudes y mentiras maosamente propagados fuera de Espaa por el florentino Amrico Vespucio, cuyos viajes publicronse en latn por primera vez en Strasburgo en 1509, por el impresor Juan Gruniger, cuyo apellido verdadero era Reinhart o Reinard. Esos viajes reimprimiolos tambin en latn con su versin castellana Fernndez de Navarrete en el tomo III de su Coleccin El ttulo de esa obra fue el siguiente: Cosmographiae introductio: cum quibusdam Geometraiae ac Astronomiae principiis ad eam rem necessariis.— Insuperquator Amrici Vespucci navgationes.—Universalis Cosmographae descriptio tan in slido quam plano, eis etiam insertis quae, Ptolomaeo ignota nuperis reperta sunt [Introduccin a la Cosmografa con algunos principios de Geometra y Astronoma necesarios para ella. Adems, las cuatro navegaciones de Amrico Vespucio. Descripcin de la Cosmografa Universal as en slido como en plano, con insercion tambin

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 78\ 78\ 78\ 78\ 78\de las cosas que desconocidas a Ptolomeo, fueron encontrados por los nperis ]. El autor de la introduccin fue Martn Ilacomilo, seudnimo de Waldseemller, quien dedic la obra al emperador Maximiliano desde la ciudad de Saint Di exoppido divi Deodati que segn Navarrete corresponde hoy a Tata o Dolis, ciudad de la Hungra inferior; pero me parece que se equivoca, pues Saint Di es una ciudad que est en Francia en el departamento de Vosges. De que ese libro impreso fue el primero en que al Nuevo Mundo se dio el nombre de Amrica, no cabe duda alguna, al leer ciertos pasajes en l contenidos. Tratando en el captulo IX, de las tres partes del mundo ya conocidas, y de la cuarta que se supone descubierta por Amrico Vespucio, se dice: que no hay razn para no dar el nombre de Amrica, a las tierras descubiertas por Amrico Y en el captulo VIIque habla de los climas, se dice: y la cuarta parte del Mundo, por haber sido descubierta por Amrico, es lcito llamarla Amrige o Amrica como tierra de Amrico Este nombre empez a repetirse desde entonces en los tratados de cosmografa y geografa escritos e impresos en las naciones extranjeras, en las cuales al fin prevaleci. El nombre de Amrica nadie lo usaba todava en Espaa. Martn Fernndez de Enciso, compaero de Ojeda en su ltimo viaje, llam Indias al Nuevo Mundo, en la Suma de Geografa que imprimi en 1519; y ese nombre sigui emplendose en Espaa por el gobierno y por los escritores.No faltaron espaoles que reclamasen contra la injusticia del nombre de Amrica, dado al Nuevo Mundo. Fernando Pizarro y Orellana en su obra Varones Ilustres del Nuevo Mundo [Pref., p. 2] propuso llamarle Fer-Isablica en memoria de los Reyes Catlicos, bajo cuyo cetro fue descubierto y conquistado; pero otros ms interesados en la gloria de Coln, queran que se denominase Colonia o Columbiana [ Cron. del Gran Cardenal lib. 1, cap. 62, § 1, y Monarqua de Espaa lib. 3 cap. 11]. Hay en el norte del continente americano, sobre las costas del mar Pacfico, un territorio llamado Oregn o Columbia; y as tambin se llama el pequeo distrito federal en que est asentada la capital de la repblica norteamericana. Pero es de sentir que los hijos de ella, al constituirse en nacin independiente, no hubiesen reparado el culpable olvido de los pasados siglos, dando a su repblica, en vez del nombre de Estados Unidos del Norte Amrica el de Estados Unidos del Norte Colombiano Ideas ms elevadas que esos orgullosos republicanos tuvieron las provincias de Venezuela, Nueva Granada y Ecuador, pues luego que hicieron su independencia llamaron Colombia a la nueva nacin que formaron; pero roto despus el lazo poltico que las una, cada una de ellas recobr su antigua denominacin, perdindose el nombre de Colombia que a todas comprenda. Hijo de Cuba, digo con placer que cuando las cenizas de Coln fueron trasladadas de la ciudad de Santo Domingo a La Habana, a fines del pasado siglo, recibiselas all con gran pompa y solemnidad. Aludiendo a la injusticia de que el Nuevo Mundo descubierto por Coln no llevase su nombre, sino el de Amrica el digno sacerdote cubano, doctor don Jos Agustn Caballero, que pronunci la oracin fnebre en las exequias que se le hicieron, dijo lo que transcribo: “...Levntate, t grande Almirante; levntate de ese sueo augusto de la muerte: sal de esa noche eterna, y ven a reclamar tus derechos violados, tus mritos desatendidos y tus trabajos premiados en ajena cabeza: sal de ese majestuoso panten, y reclama la injusticia con que estos continentes descubiertos a fuer de tus meditaciones, de tus desvelos y de tus afanes, llevan hoy el nombre de un viajero intruso y envidioso, que los visit siete aos despus que t. ¡Injusta, desagradecida antigedad! Por qu no llamaste a estas islas las Colombinas si Coln fue quien las descubri? Por qu con una sola palabra has ajado el primer laurel de su corona, le has usurpado todo su gloria? Me permits decir lo que quiero? Quisiera que las naciones todas congregadas en pleno consejo, tratasen de restituir a Coln este derecho imprescriptible a la verdad por ms que los hombres pronuncien siempre Amrica : yo quisiera que reproduciendo la sentencia definitiva pronunciada por el Supremo Consejo de Indias el ao de 1508... Pero a qu me detengo en intiles exclamaciones y vanos esfuerzos, si el mismo nombre

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JOS ANTONIO SACO /79 /79 /79 /79 /79Amrica recordar siempre la injusticia de su aplicacin y los merecimientos del Almirante, como los ha recordado a mi memoria slo el haber proferido Amrico Vespucio ?” 38Simn, Noticias Historiales part. 1, noticia 2, cap. III. 39Herrera, dc. 1, lib. IV, cap. II. 40Enciso, Suma de Geografa Simn, Noticias Historiales noticia 2, cap. III, p. 61. 41Herrera, dc. 1, lib. IV, cap. III y IV. 42 Viaggi d’Amerigo Vespucci con la vita, l’elogio la dissertazione giustificativa di questo celebre navigatore, del Padre Stanislao Canovai, delle scuole pei, publico professore di Matematica. Opera postuma. Firenze, 1817. 43 Coleccin de los Viajes y Descubrimientos tom. III, sec. 1, p. 10, nota 3. 44Asiento con Rodrigo de Bastidas, para descubrir por el mar ocano, inserto en la Coleccin ... de Navarrete, tom. II, no. 133, p. 244. 45Esta capitulacin se halla ntegra en la Coleccin de documentos de Navarrete, tom. II, no. 135, p. 247. 46Las Casas, Brevsima Relacin de la Destruccin de las Indias. 47Dicha cdula est en la Coleccin del mismo Navarrete, tomo II, pgina. 346. 48Las Casas, Historia General de las Indias lib. 1, cap. 171. 49Llmase tambin Maran u Orellana por ser este ltimo el nombre del espaol que naveg por sus aguas desde el interior hasta el mar. 50Herrera, dc. 1, lib. IV, cap. VI. 51Real Cdula al Corregidor de Palos, expedida en Granada a 29 de Junio de 1501. Insertola Navarrete en su Coleccin de Viajes y Descubrimientos, etc ., tomo III, nmero 43. 52Herrera, dec. 1, lib. IV, cap. VII. 53Las Casas, Historia General de las Indias lib. I, cap. CLXXII. 54Fernndez de Navarrete, Coleccin de los Viajes, etc ., tom. III, sec. 1a, p. 25. 55Fernndez de Navarrete, Coleccin de los Viajes, etc ., tom. III, sec. 1a, p. 25. 56Este asiento se halla en la Coleccin de Navarrete, tomo II, nmero 133. 57Gonzalo Fernndez de Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. III, cap. VIII, y Francisco Lpez de Gomara, que muchas veces le sigue ciegamente [ Historia General de las Indias cap. LVII], se equivocan cuando dicen que Bastidas sali de Espaa en 1502. Adems de no ser probable que hecho el asiento de Bastidas en junio de 1500, l hubiese dejado transcurrir dos aos sin emprender su viaje, Herrera, autor ms exacto que Oviedo y Gomara, dice positivamente que Bastidas sali para su expedicin a principios de enero de 1501. (Herrera, dc, 1, lib. IV, cap. XI). 58Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. III, cap. VIII. Herrera, dc. 1, lib. IV, cap. XI. 59Muoz, Colec., tom. LXXV. 60Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVII, cap. I y II. 61Esta carta se halla en e1 Archivo de Indias en Sevilla, Patronato Real, legajo 8, de donde la tom Navarrete para insertarla en su Coleccin tomo II, nmero 149, pgina. 292 y ss. 62Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVII, cap. I. 63Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVII, cap. I. 64Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVII, c. II. 65Herrera, dc. 1, lib. IV, cap. VIII y X.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 80\ 80\ 80\ 80\ 80\66Herrera, dc. 1, lib. VI, cap. XI. 67Herrera, dc. 1, lib. V, cap. I. 68Las Casas, Remedio 8, Razn II. 69Herrera, dc. 1, lib. VII, cap. XII. 70Instruccin de los Reyes Catlicos al Almirante don Cristbal Coln, etc., dada en Medina del Campo a 15 de Junio de 1497. Impresa en la Coleccin... de Navarrete, tomo II, nmero 115. 71Herrera, dc. 1, lib. V, cap. I. 72Herrera, dc. 1, lib. VII, cap. XII. 73Provisin de 30 de Octubre de 1503 para poder cautivar a los canbales rebeldes. Este documento existe en el Archivo de Simancas, y Navarrete lo public en su Coleccin tomo II, Apndice, pgina 414, nmero 17. 74Muoz, Colec ., tom. LXXV. 75Las Casas, Remedio 8, Razn 5, 12. La clusula de este testamento la citan tambin Herrera y otros autores. Carvajal en sus Anales el editor valenciano de Moriana y Dormer en sus Discursos Histricos insertan el testamento ntegro.

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Libro CuartoINTRODUCCI"N DE ESCLA INTRODUCCI"N DE ESCLA INTRODUCCI"N DE ESCLA INTRODUCCI"N DE ESCLA INTRODUCCI"N DE ESCLA V V V V V OS INDIOS OS INDIOS OS INDIOS OS INDIOS OS INDIOS EN LA ESP EN LA ESP EN LA ESP EN LA ESP EN LA ESP AOLA, EN SAN JU AOLA, EN SAN JU AOLA, EN SAN JU AOLA, EN SAN JU AOLA, EN SAN JU AN DE PUER AN DE PUER AN DE PUER AN DE PUER AN DE PUER TO RICO TO RICO TO RICO TO RICO TO RICO Y EN CUBA. REALES CDULAS Y EN CUBA. REALES CDULAS Y EN CUBA. REALES CDULAS Y EN CUBA. REALES CDULAS Y EN CUBA. REALES CDULAS QUE LA A QUE LA A QUE LA A QUE LA A QUE LA A UTORIZARON. FAMOSO REQUERIMIENTO UTORIZARON. FAMOSO REQUERIMIENTO UTORIZARON. FAMOSO REQUERIMIENTO UTORIZARON. FAMOSO REQUERIMIENTO UTORIZARON. FAMOSO REQUERIMIENTO DE ALONSO DE OJED DE ALONSO DE OJED DE ALONSO DE OJED DE ALONSO DE OJED DE ALONSO DE OJED A. FUNEST A. FUNEST A. FUNEST A. FUNEST A. FUNEST A INFL A INFL A INFL A INFL A INFL UENCIA UENCIA UENCIA UENCIA UENCIA DE LA A DE LA A DE LA A DE LA A DE LA A UDIENCIA DE SANTO DOMINGO UDIENCIA DE SANTO DOMINGO UDIENCIA DE SANTO DOMINGO UDIENCIA DE SANTO DOMINGO UDIENCIA DE SANTO DOMINGO EN LA SUER EN LA SUER EN LA SUER EN LA SUER EN LA SUER TE DE LOS INDIOS TE DE LOS INDIOS TE DE LOS INDIOS TE DE LOS INDIOS TE DE LOS INDIOSHaba la reina Isabel dejado en su testamento la mitad del producto neto de las rentas del Nuevo Mundo a su esposo el rey don Fernando, y ste, para mejor aprovecharlas, nombr de tesorero general de las Indias a Miguel de Pasamonte, removiendo a Bernardino de Santa Clara, ladrn escandaloso y despilfarrador, a quien Ovando haba elegido para administrar la tesorera de La Espaola.1 Pasamonte, aragons como el rey, criado suyo, muy celoso de los intereses de su amo, envidioso, de daada intencin, soberbio y fuerte con el favor del monarca y de otros poderosos de la corte, lleg a La Espaola en noviembre de 1508.2 A Ovando convena marchar de acuerdo con hombre tan influyente, y por eso manifestaron los dos al rey don Fernando la disminucin de los indios en aquella isla, en la respuesta y despacho que le dirigi desde Valladolid a 3 de mayo de 1509, se expresa as: “Decis que hay pocos indios en esta isla y ser bien traer de otras; ya mand al Gobernador que provea para las minas todos los que sean menester”.3Para remediar tanta escasez de brazos, el almirante don Diego, luego que lleg a La Espaola, permiti en virtud de las instrucciones que el Rey Catlico le haba dado, importar en ella no slo indios caribes, sino otros que no lo fuesen, con tal que hubiesen hecho resistencia con las armas, y procediesen de pases donde haba minas, dndose al rey la cuarta parte de todos los introducidos. Permiti tambin que esos esclavos fuesen declarados naborias; y para que sus amos no los recargasen de trabajo en las minas, mandose que el primer ao no pagasen el tributo de 1 castellano, segn estaba mandado, sino medio castellano.4

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 82\ 82\ 82\ 82\ 82\ Ya por ese tiempo haban los jurisconsultos, telogos y canonistas espaoles opinado que se poda hacer la guerra, y esclavizar legtimen a los indios que, resistiendo con la fuerza a los conquistadores, no abrazaban la fe catlica despus de considerrseles con ella y con la paz. Conformose con este parecer el Consejo Real de Castilla, y entonces mand el rey que se extendiese uno de los documentos ms curiosos y extraordinarios que ha producido la historia; documento cuya redaccin se confi a la pluma del doctor Palacios Rubios, jurisconsulto de gran fama en aquella edad. Antes de apoderarse los castellanos de las tierras y personas de los indios, deba leerse a stos ese documento, que se llam Requerimiento, escrito en castellano, y del que ellos, si alguna vez podan comprender perfectamente su letra, valindose de intrpretes, jams su espritu, porque se les hablaba de cosas muy superiores a su inteligencia. Intimados de esa manera, para que obedeciesen lo que en l se les mandaba, si no lo hacan, eran declarados enemigos de la Corona de Castilla, y como tales esclavizados. Yo no he podido encontrar la fecha exacta del Requerimiento; pero como el primer conquistador que hizo uso de l fue el clebre Alonso de Ojeda cuando fue a Caramari o de Cartagena en 1509, claro es que lo que ms tarde se extendi fue en el ao referido. He aqu el Requerimiento: “Notificacion requerimiento que se ha de hacer los moradores de las Islas tierra firme de mar oceano que aun no estn sugetos al Rey Nuestro Seor. ”De parte del muy alto muy poderoso muy Catolico defensor de la Iglesia siempre vencedor nunca vencido el grand Rey D. Hernando el quinto de las Espaas, de las dos Sicilias, de Hierusalem, de las Islas tierra firme del mar oceano &. Domador de las gentes brbaras; de la muy alta muy poderosa Seora de la Reyna D Juana su muy cara muy amada hija nuestros Seores: Yo su criado y mensagero y capitan vos notifico hago saber como mejor puedo, que Dios nuestro Seor uno eterno cri el cielo la tierra, un hombre una muger, de quien nosotros vosotros todos los hombres del mundo fueron son descendientes procreados todos los que despues de nosotros vinieren; mas por la muchedumbre de la generacion que destos ha subcedido desde cinco mil ms aos quel mundo fue criado fue necesario que los unos hombres fuesen por una parte y otros por otra se dividiesen por muchos reinos provincias porque en una sola no se podrian sostener ni conservar. ”De todas estas gentes Dios nuestro Seor dio cargo uno que fue llamado Sant Pedro para que de todos los hombres del mundo fuese

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JOS ANTONIO SACO /83 /83 /83 /83 /83 Seor superior, quien todos obedesciesen, fuese cabeza de todo el linage humano donde quier que los hombres viviesen estoviesen, en qualquiera ley secta creencia, dile todo el mundo por su reino seoro juredicion. ” como quier que le mand que pusiese su silla en Roma como en lugar mas aparejado para regir el mundo, mas tambien le permiti que pudiese estar poner su silla en cualquier otra parte del mundo, judgar governar todas las gentes, Cristianos, Moros, Judios, Gentiles, de cualquier otra secta o creencia que fuesen. ”A este llamaron Papa, que quiere decir admirable mayor poderoso guardador porque es padre y guardador de todos los hombres guarda dador ques padre goverdador de todos los hombres. ”A este Sant Pedro obedecieron tomaron por Seor Rey superior del universo mundo los que en aquel tiempo vivian, as mismo han tenido a todos los otros papas que despues del fueron al Pontificado elegidos ans se ha fecho y continuado hasta agora se continuar hasta que el mundo se acabe. ”Uno de los Pontfices pasados que en lugar deste subcedi en aquella silla dignidad que he dicho, como Seor del mundo, hizo donacion destas Islas tierra firme del mar oceano los dichos Reyes de sus sucesores que son estos Reyes NN.SS. con todo lo que en ellas hay segund se contiene en ciertas escripturas que sobrello pasaron, segund dicho es, que podis ver si quisieredes: as que sus Altezas son Reyes e Seores destas Islas tierra firme por virtud de la dicha donacion; como tales Reyes Seores algunas Islas tierras casi todas quien esto ha sido notificado, han recibido sus Altezas, les han obedescido servido sirven, como sbditos lo deben hacer, con buena voluntad sin ninguna resistencia luego sin dilacion como fueron informados de lo susodicho para que les predicasen enseasen la santa fe todos ellos de su libre agradable voluntad, sin premia ni contradiccion alguna se tornaron Cristianos lo son sus Altezas los recibieron alegre beninamente, as los mand tratar como los otros sus sbditos vasallos: vosotros sois tenidos obligados haceraquesto mesmo. ”Por ende como mejor puedo vos ruego requiero, que entendais bien esta que vos he dicho, tomeis para entenderlo deliberar sobrello el tiempo que fuere justo, reconozcais, a la Iglesia por seora superiora del universo mundo, al Sumo Pontfice, llamado Papa, en su nombre, al Rey la Reyna nuestros Seores en su lugar como superiores Seores Reyes destas Islas tierra firme por virtud de la dicha donacion; consintais deis lugar que estos padres Religiosos vos declaren prediquen lo susodicho. ”Si ans lo hicieredes hareis bien aquello que sois tenidos obligados, sus Altezas, yo en su nombre, vos recibirn con todo amor

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 84\ 84\ 84\ 84\ 84\ caridad, vos dejarn vuestras mugieres, hijos hacendas libres sin servidumbre para que dellas y de vosotros hagais libremente todo lo que quisieredes per bien tovieedes, no vos compeleran que vos torneis cristianos salvo si vosotros informados de la verdad os quisieredes convertir nuestra Santa Fe Catolica como lo han hecho casi todos los vecinos de las otras Islas: allende desta su Alteza vos dar muchos previllejos esenciones vos har muchas mercedes. ”Si no lo hicieredes no lo haciendo, en ello dilacion maliciosamente pusieredes, certificoos que con el ayuda de Dios. Yo entrare poderosamente contra vosotros, vos har guerra por todas las partes manera que yo pudiere, vos subgetar al yugo obedencia de la Iglesia de sus Altezas, tomar vuestras personas de vuestras mugeres hijos, los har esclavos como tales vender disporne dellos como su Alteza mandar, vos tomar vuestros bienes, e vos far todos los males daos que pudiera, como vasallos que no obedecen ni quieren recebir su Seor le resisten contradicen. ”E protesto que las muertes daos que dello se recrecieran sean vuestra culpa, no de su Alteza ni mia, ni destos cavalleros que con migo vienen. de como lo digo requiero pido al presente escribano que me lo de por testimonio signado los presentes ruego que dello sean testigos. ”Firmado del Obispo de Palencia, del Obispo Frey Bernaldo, de los del Consejo, de los Feiles Domnicos”. Simancas en un tomo en folio per descubrimientos y poblaciones. 7. (Muoz, tomo LXXV, de su Coleccin. ) Este Requerimiento difiere en muchos pasajes del que trae Herrera, dcada 1, libro VII, captulo XIV, pgina 197. Aun suponiendo que los indios hubieran podido entender a los intrpretes que en su lengua les hablaban, imposible era que comprendiesen el sentido de la teologa y jurisprudencia del Requerimiento. No hay lector sensato que deje de reconocer lo injusto y absurdo de tal documento, y con gusto me entregara yo a tan fcil tarea, si ya no la hubiese desempeado el clebre Bartolom de las Casas, con aquella fuerza y valenta que caracterizan sus escritos en defensa de los indios.5Aunque absurdo y ridculo, el Requerimiento agrav la desgracia de los indios, porque en l se fundaron los conquistadores para esclavizarlos con la apariencia de un justo ttulo. Agregronse a esto las nuevas disposiciones del gobierno, pues como muchos castellanos estaban dispuestos a armar naves para importar esclavos indios en La Espaola, mand el rey en 1509 al almirante don Diego Coln que se introdujesen a la mayor brevedad, porque haba gran falta de ellos, y que los que al monarca tocasen, se repartiesen entre los castellanos a razn de medio peso por cabeza.6

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JOS ANTONIO SACO /85 /85 /85 /85 /85 Del permiso concedido para llevar indios de guerra a La Espaola, abusaron tanto los castellanos, que en naves armadas salan para cogerlos en partes pacficas, diciendo que eran de guerra. Sabido esto por el rey, orden al almirante en 1510 que no se sacasen indios de la isla de la Trinidad, de Cuba, Jamaica, ni de las vecinas a ellas, ni a la de San Juan de Puerto Rico, sino de las del norte, y de las que estuviesen en guerra. Mandose publicar esa real determinacin para que todos pudiesen introducir indios, con tal que no fuesen de las islas prohibidas, dando al rey solamente la cuarta parte de ellos.7Aunque esa prohibicin comprenda a la isla de Trinidad, la codicia de los castellanos haca vacilar con sus falsos informes la buena intencin del gobierno; y empezando ste a dudar si los indios de aquella isla eran o no caribes, envi desde Sevilla en 6 de junio de 1511 un despacho al almirante de La Espaola, encargndole que se anduviese con mucho tiento en capturar como esclavos a los indios de aquella isla. Como stos padecan notablemente mandndolos de una parte a otra, ordensele tambin, que si en la Trinidad haba oro, sera mejor emplearlos all, pudiendo en caso contrario hacer lo que tuviese por conveniente. Pero los castellanos y sus gobernantes se burlaban de tales rdenes, y muchos indios libres, as de la Trinidad como de otras partes, fueron llevados a La Espaola como esclavos, herrados y vendidos al precio de 60 a 100 castellanos.8Hasta entonces, el hierro con que se marcaba a los esclavos, era un acto que proceda de la voluntad de los conquistadores, sin autorizacin del gobierno; pero huyndose aqullos con frecuencia, y no siendo fcil averiguar despus de capturados si eran o no libres, el rey don Fernando y su hija la reina doa Juana, accediendo a los deseos de los vecinos de La Espaola, ordenaron al almirante en 1511, que los indios introducidos en aquella isla fuesen herrados en las piernas o brazos; bien que se recomend que al hacerles esta operacin, se les ocasionase el menor dao posible.9 No se mostr el Rey Catlico tan compasivo con los indios de Puerto Rico, pues en 23 de febrero de 1512 escribi desde Burgos a Juan Ponce de Len, gobernador de aquella isla, una carta en que se leen estas palabras: “Tengoos en servicio lo que habeis trabajado en la pacificacin, y lo de haber herrado con una F en la frente a los indios tomados en guerra, hacindolos esclavos, vendindolos al que ms di y separando el quinto para nos”. Fernando, pues, no slo particip de esos esclavos, sino que aprob se les marcase en el rostro con la letra F, inicial de su nombre. ¡Crueldad que no puede disculparse y que forma un doloroso contraste con la del emperador Constantino, que aunque recin convertido al cristianismo, y todava semi-pagano, prohibi que a los esclavos se les herrase en

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 86\ 86\ 86\ 86\ 86\ el rostro, para no afear con una marca ignominiosa la imagen del hombre que Dios cre a su semejanza. La codicia de los traficantes fue estimulada con las nuevas concesiones que el gobierno les hizo. “Por cuanto —dijo el rey—, en nuestro Consejo se resolvi ser del servicio de Dios y nuestro que de las Indias donde no hay oro se traigan indios La Espaola para servir los cristianos, ser instruidos en la F, y apartados de sus vicios idolatras, dimos facultad para ello con tal que se nos pagase el quinto. Aora sabiendo los muchos gastos que hay para traellos, damos facultad para que todos puedan hacerlo sin pagar nada, con licencia del Almirante y Oficiales de las islas que ellos sealaren”.10Esa misma real cdula concedi igual facultad y merced a los castellanos que introdujesen indios esclavos en la isla de Puerto Rico, pero no en Cuba, porque an no estaba conquistada. Pens el rey en aos anteriores introducir en Castilla esclavos de las Indias, y por eso, en un despacho de 3 de julio de 1510, pregunt al tesorero Pasamonte y a Luis de Lizarazu, factor de La Espaola nombrado en 1508, qu ganancias habra en enviar esclavos para venderlos en Espaa. Pero la extraordinaria disminucin de los indios de La Espaola forz al rey a cambiar de opinin; y por la citada Real Cdula de 21 de julio de 1511, mand al almirante Coln que ninguno llevase esclavos indios del Nuevo Mundo a Castilla, fundndose en que ni quera despoblar aquellas tierras, ni que sus hijos muriesen en Europa con la mudanza de temperamento. Y como los espaoles se burlaban de esas prohibiciones, segn costumbre, renovronse en Burgos a 12 de agosto de 1512, so pena de perder los indios introducidos en Espaa y 50 000 maraveds de multa; prohibiciones que siempre despreciadas, repitironse por las Reales Cdulas de Madrid en 22 de abril, y de Toledo en 4 de diciembre de 1528, y con duras y nuevas penas en 25 de septiembre de 1543 y en 21 del mismo mes, en 1556.11Ms cercano Puerto Rico a las islas Caribes que La Espaola, Jamaica y Cuba, estuvo mucho ms expuesto a sus frecuentes asaltos; bien que los indgenas se defendieron comnmente con valor.12Quejbanse stos de que los caribes de la Dominica y de otras islas vecinas los invadan con el nico objeto de cogerlos para comrselos; y como a pesar de las intimaciones que se les haban hecho para que desistiesen de tan brbara costumbre y abrazasen el catolicismo, an persistan en sus atrocidades, el rey Fernando dio licencia en 1511 para que los castellanos de Puerto Rico les hiciesen la guerra y esclavizasen.13Insoportable a los indios de ella la dominacin espaola alzronse en 1511, y su gobernador Juan Ponce de Len tuvo que sostener una guerra para subyugarlos.14 Vencdos que fueron, tomronse algunos por esclavos; pero temiose que naciesen los mismos inconvenientes que en La

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JOS ANTONIO SACO /87 /87 /87 /87 /87 Espaola. Cuando los indios de sta se alzaron, muchos de los cogidos en guerra como esclavos huyronse a los pueblos y asientos de los caciques a quienes pertenecan, y habiendo ido sus amos a buscarlos, sacronlos por fuerza de entre sus padres, madres y deudos, lo cual ocasion un nuevo levantamiento hasta de los mismos caciques. Deseando, pues, el rey que esto no se repitiese, dio licencia para que los indios de Puerto Rico tomados en aquella guerra se trocasen por otros esclavos de La Espaola, sirviendo as los de una isla en otra sin peligro. Caso que sus amos no lo hiciesen, mand que no pudiesen ir a buscar ni coger a los que se les huyesen, sino que quedasen libres en San Juan como en La Espaola; y para que en ello no hubiese fraude, mandose registrar todos los indios esclavos de la primera isla, notificndose esa orden a sus vecinos, sin que llegasen a entenderlo los indios.15Enemigos los caribes de los castellanos de Puerto Rico, mand el Rey Catlico desde Burgos en 23 de febrero de 1512, que el almirante y oficiales reales de La Espaola pusiesen la mayor diligencia en destruir los caribes, y que hiciesen de ellos los ms esclavos que pudiesen. Esclavizronse algunos, y para reconocerlos en caso de fuga, mandseles herrar a todos en una pierna. Habindose Cristbal de Mendoza sealado en la guerra contra los caribes, nombrsele gobernador de la isla de Puerto Rico en 1514. A poco de haber tomado su mando, aquellos brbaros invadieron unas estancias de castellanos, de los cuales fueron heridos algunos. Cuando estas ocurrencias llegaron a noticia del Mendoza, ya los caribes se haban ausentado; mas, persiguindolos en una carabela y dos barcas con 50 hombres, alcanzolos cerca de la pequea isla de Bieque, y matando a unos, cautiv a otros.16 En el asalto de los caribes muri de un flechazo un perro llamado Becerrillo, cuya muerte fue muy sentida de los castellanos por los grandes servicios que les prestaba en sus guerras con los indios. “Este perro —dice Herrera— haca en los indios estragos admirables, y conoca los que eran de guerra como si fuera una persona; por lo qual temian ms los indios de diez castellanos con el perro, que de ciento sin l, y por esto le daban parte y media de lo que se ganaba como un ballestero, as de oro como de esclavos y otras cosas, y lo cobraba su amo. Dijronse cosas notables de este perro, y entre ellas fu, que habiendo acordado de echar una india vieja este perro, el capitan la di una carta, para que la llevase ciertos castellanos que estaban cerca de all: la india tom su carta, y en saliendo de entre la gente, la echaron el perro; y vindole ir sobre ella tan feroz, sentse; y hablando en su lengua, mostrbale la carta diciendo: —Seor perro, io voy llevar esta carta los Cristianos, no me hagas mal, perro seor—, porque los indios truecan las palabras: parse el perro muy manso, y comenzla oler, i alz la pierna, y orinla, como

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 88\ 88\ 88\ 88\ 88\ lo suelen hacer los perros la pared, de que los castellanos quedaron admirados”.17Pacificada la isla de Cuba, empez a prosperar. Fund en ella Diego Velzquez, su conquistador, algunas poblaciones. Descubranse diariamente minas de buen oro, y para fomentar su explotacin, Pnfilo de Narvez, el capitn principal de Diego Velzquez, pas a la corte con poderes de los colonos de Cuba y de su gobernador, para pedir al rey que se le permitiese comprar y hacer esclavos en diversas partes del Nuevo Mundo.18Las concesiones hechas a La Espaola y Puerto Rico para introducir esclavos indios, sin pagar el quinto al rey, indujeron a Cuba a pedir la misma gracia por medio de su procurador el referido Narvez, y de su adjunto Antonio Velzquez. Pero el gobierno les respondi que sobre esto se entendiesen con los padres jernimos, que a la sazn se hallaban en La Espaola con amplios poderes para arreglar las importantes cuestiones que entonces se agitaban en el Nuevo Mundo.19La Espaola era un abismo que devoraba, no slo a sus propios hijos, sino a los esclavos que de fuera le llevaban; y buscndolos ansiosa por todos los horizontes, no pudo escaparse el fecundo semillero de las islas de las Lucayas. Descubierto por Coln en su primer viaje ese grupo numeroso; y asentado en el gran banco de Bahama, aun fuera de l, empieza en el arrecife de Matanilla a los 27 50’ de latitud norte y 79 5’ longitud occidental del meridino de Greenwich, corriendo hasta las islas Turcas a los 21 23’ latitud norte y 71 5’ longitud occidental del referido meridiano. Este espacio comprende algunos centenares de islas, islotes y arrecifes de roca o arena. En la geografa del siglo XVI, considerronse las Lucayas de tres especies, segn la descripcin del cronista Antonio de Herrera. La primera comprenda las islas de Bahamas, que dieron nombre al famoso canal descubierto en 1519 por el piloto Antn Alaminos: la segunda abrazaba las islas que se llamaron de los "rganos; y la tercera, los arrecifes de los Mrtires que confinan hacia el poniente, fuera del banco de Bahama en la costa meridional de la Florida, con los cayos de las Tortugas.20Corrieron algunos aos despus de colonizada La Espaola, y dejose vivir en paz a los lucayos y a los habitantes de otras islas; pero la espantosa disminucin de los indios de La Espaola, fue el fatal precursor del pronto exterminio de los indgenas circunvecinos. Antes de referir lo que con ellos pas, forzoso es hablar del origen de la primera audiencia del Nuevo Mundo, establecida en La Espaola, por la funesta influencia que ejerci en la suerte de los indios. Apoyado el tesorero Pasamonte en la amistad y proteccin que el Rey Catlico le dispensaba, pretenda gobernar muchas cosas de las

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JOS ANTONIO SACO /89 /89 /89 /89 /89 Indias, y hallbase a la cabeza de un partido contrario al almirante don Diego Coln. Deseando el monarca impedir las deplorables disensiones que despedazaban La Espaola, nombr en 1511 tres jueces de apelacin, el licenciado Marcelo de Villalobos, Juan Ortiz de Matienzo y Lucas Vzquez de Aillon, para que a ellos se apelase de las decisiones del almirante, de sus alcaldes mayores y tenientes.”21Las atribuciones de la Audiencia de La Espaola que resida en la ciudad de Santo Domingo, no solamente fueron judiciales sino gubernativas; y en 1521, mandose que en adelante despachase cartas y patentes con sello real, lo mismo que las otras cancilleras reales de Espaa, y que conociese de todas las causas de Tierra Firme en grado de apelacin. Esos jueces y el tesorero Pasamonte, vindose favorecidos del rey don Fernando, y que ste haca cuanto ellos queran, escribironle que en la inmediacin de La Espaola haba muchas islas intiles y que era provechoso que sus habitantes fuesen transportados a ella, para que sirviesen a los cristianos con provecho de sus almas y del Real Tesoro. Esas islas eran las de los lucayos, la de los gigantes, la de los barbudos y otras. Concedida que fue la licencia por el monarca, armronse varias naves, y los primeros espaoles que salieron, engaaron a los lucayos. Tenan stos, en medio de su barbarie, un vago instinto de la inmortalidad del alma, o a lo menos de la conservacin del cuerpo bajo ciertas formas. Valironse astutamente de estas ideas los castellanos, y cuando por primera vez se les presentaron en aquellas islas para esclavizarlos, dijronles “que iban de la isla Espaola a donde las nimas de sus padres y parientes, y de los que bien queran, estaban en holgura y que si queran ir a verlos, los llevaran en aquellos navos... con esta persuasin se metieron en los navos muchos hombres y mujeres.”22Cuando ya no pudieron los castellanos usar de este engao para arrancarlos de sus islas y esclavizarlos, apelaron a la violencia, y en el corto espacio de cuatro aos, introdujeron en La Espaola 40 000 lucayos esclavizados,23 sin poder alegar ni aun el pretexto de que eran caribes, o que estaban de guerra, pues siempre fueron mansos y de ndole pacfica. Viose entonces el doloroso espectculo de que “en ms de 50 islas —segn dice Las Casas—, algunas mejores que las de Canarias, que estaban llenas como una colmena, no dejaron sino slas 11 personas: de las quales somos testigos, que un buen hombre que se llam Pedro de Isla y agora es fraile de San Francisco, movido de piedad hizo un vergantin y embi rebuscar todas las dichas islas: y estuvieron en escudriarlas y en rebuscarlas ms de dos aos: y no hallaron ms de las dichas 11 personas que con nuestros ojos vimos”.24Como el objeto de los castellanos era tener esclavos de cualquier modo que fuese, el tesorero Pasamonte escribi de La Espaola al rey

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 90\ 90\ 90\ 90\ 90\ Fernando sobre el trfico de los lucayos, y ste, en carta de 4 de abril de 1514, djole: “En lo de traerse indios de las islas del norte y venderse por esclavos, se ver la provisin dada en el caso y se remediar”.25Pero los castellanos, para remediarse, no aguardaban las provisiones del monarca, y as continuaron exportando esclavos de aquellas islas. Tantos escndalos y maldades llamaron al fin la atencin del gobierno. Hallbase ste en 1516 en manos del cardenal Jimnez de Cisneros, regente del Reino, quien deseando que hubiese en la corte una persona que mirase por el bien de los indios, fij los ojos en el virtuoso Bartolom de las Casas, y nombrole en aquel ao Protector Universal de ellos. Investido de este carcter pidi justicia para sus protegidos, y logr en 1516 que se suspendiese la importacin de los lucayos, mientras se trataba mejor el asunto. Las Casas pas a La Espaola, y no satisfecho de lo que entonces se haca, intent all una acusacin criminal contra la Audiencia de aquella isla, como culpable de los saltos y pirateras cometidos por los castellanos en las Lucayas.26 El licenciado Alonso de Zuazo, hombre recto y de firme carcter y talento, que haba ido a La Espaola de juez de residencia en 1517, en virtud de nombramiento hecho el ao anterior por el cardenal Jimnez de Cisneros, para que tomase cuentas a los oficiales reales y residenciase a los jueces de apelacin de aquella isla,27 admiti la acusacin de Las Casas. Acontecimiento tan extrao enfureci a esos jueces y a sus muchos y poderosos cmplices, y temiendo los padres jernimos, de quienes ya he hablado, las malas consecuencias que pudieran resultar, procuraron suspender o cortar la acusacin, fundndose en que por su gravedad no era para ser tratada en una residencia ordinaria, sino que deba decidirse por el monarca con sus ministros. Zuazo replicaba que ellos no tenan que mezclarse en asuntos de justicia, y naciendo de aqu agrias contradicciones que paralizaban el curso de la acusacin “unos y otros representaron a la Corte con un acaloramiento acaso impropio de su situacin y carcter respectivo”. La destruccin de los lucayos estaba decretada, y el mismo Zuazo, testigo ocular de lo que entonces pasaba, escribi al gobierno desde La Espaola en 1518, dicindole: “habiendo estado las dichas islas desde que Dios form el mundo llenas de gente, muy tiles, que ninguna cosa les faltaba para sus necesidades, hicieron relacion que eran intiles, para despoblarlas matar cuantos indios habia en ellas [como dicho tengo] dejndolas yermas, para que las habiten los animales brutos aves del cielo, sin ningun provecho ans para lo que concierne al servicio de Dios como al de sus Altezas”.28Continuaban las hostilidades entre espaoles y caribes. Tratose de perseguirlos, y hallndose en la corte Juan Ponce de Len, dironsele en Valladolid a 27 de septiembre de 1514 las instrucciones siguientes:

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JOS ANTONIO SACO /91 /91 /91 /91 /91 1 Que arreglase con los oficiales reales de la Casa de la Contratacin de Sevilla el nmero de buques, gente y lo dems necesario, procurando la brevedad, as para la seguridad de la isla de San Juan, como para proveer de esclavos a La Espaola. 2 Que de los caribes cautivados entregase dos tercios a los oficiales reales de La Espaola, para que los vendiesen y aplicasen su producto a los gastos de la armada; y el tercio restante lo repartiese entre los que fuesen en ella, en lugar de sueldo. Si no se hallaba quien fuese con ese partido, agregase al tercio, el sueldo ms corto que se pudiese, con acuerdo de los oficiales reales de Sevilla. 3 Que fuese con la armada derechamente a las islas de los caribes que ms dao haban hecho a la de Puerto Rico, para destruirlos y cautivarlos todos a la mayor brevedad. Sali, pues, de Sevilla Juan Ponce de Len con tres naves en mayo de 1515: desembarc en la isla llamada Guadalupe por Coln; pero emboscados los caribes, matronle la mayor parte de la gente. Este suceso produjo, al fin, la licencia general del gobierno para esclavizar a todos los caribes; pero imponiendo al mismo tiempo la pena de muerte, a todo espaol que esclavizase indios que no lo fuesen:29 pena ilusoria, porque nunca se aplicaba; y aunque seriamente se hubiese tratado de imponerla, no era fcil conocer en muchos casos, si los indios apresados eran verdaderos caribes. De 1 200 de stos ya introducidos en La Espaola, dijeron al gobierno los jueces y oficiales reales de ella, en 6 de septiembre de 1515, que haban muerto muchos por comer hovos30 en los campos, y que otros se huan en canoas. Por lo dems, eran mucho mejores para el trabajo que los lucayos, y moran menos.31Todava en aos posteriores existan en La Espaola esclavos lucayos. Deseando sacarlos de tal estado, los frailes los entregaron por naborias para que sirviesen a los castellanos que los tomaban por 6 pesos; mas, habiendo los oidores y oficiales reales de aquella isla declarndolos naborias perpetuos, result que, como deca el obispo de Santo Domingo en 1532, haban sido vendidos y heredados muchas veces, y algunos ms de 20: por lo cual pidi al emperador don Carlos que los diese a todos por libres; pues “de ello vendra gran provecho a la tierra, y descargara la conciencia Real de S.M.”32No bastaban las Lucayas a la codicia de los castellanos de La Espaola y Cuba; y teniendo noticia de que al poniente de ellas haba algunas islas pobladas de indios pacficos, dirigironse a ellas para hacerlas correr la misma suerte que a las Lucayas. Poco ms o menos apartadas de la costa del continente, y entre el puerto de Honduras y el de Caballos, estn esas islas; y como una de ellas, frontera ocho leguas a Trujillo, se llamaba Guanaxa disele en

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 92\ 92\ 92\ 92\ 92\ otro tiempo a ese mar el nombre de golfo de Guanaxa y a las islas en l situadas, el de Guanaxas.33 Adems de la as llamada, y de otra muy pequea junto a ella, cuntanse tambin las de Utila, Helen, Guaydua y San Francisco. Una de stas, la ms grande de todas, pues que tiene 45 kilmetros de largo y 13 de ancho, es la que hoy se conoce con el nombre de Roatan. Estas islas fueron desde muy temprano el teatro de las pirticas incursiones de los castellanos en La Espaola, y principalmente de los de Cuba, as por la prosperidad de que sta entonces gozaba, como por su menor distancia a ellas. Permiti, pues, Diego Velzquez, su gobernador, el armamento de buques para importar en Cuba esclavos de las Guanaxas, que explotasen las minas de ella.34De Santiago de Cuba salieron en 1516 una carabela y un bergantn, con 70 u 80 espaoles; y en dos de aquellas islas esclavizaron cuantos indios pudieron. Metironlos en la carabela, dejaron en el bergantn 25 castellanos para que siguiesen explorando las otras isletas, pues aunque descubiertas por Coln desde 1502 eran desconocidas para ellos; y haciendo rumbo hacia Cuba, llegaron al puerto de La Habana35 en la costa del norte. Saltaron en tierra los castellanos para divertirse, dejando la nave con slo ocho o nueve que la guardasen; mas, los indios que estaban en la bodega, conociendo por las pisadas y el silencio de la cubierta que haba poca gente, forzaron la escotilla, mataron a los espaoles, apoderndose del buque, y hacindose a la vela, cual si fueran expertos navegantes, volvieron a su patria que distaba ms de 200 leguas. All encontraron muy descuidados en tierra a los 25 castellanos que haban quedado en el bergantn; y asaltndolos con las lanzas y otras armas que estaban en la carabela, los apretaron de manera que no pudiendo resistir, los obligaron a recogerse al bergantn, y para dejar memoria de ellos, hicieron con un cuchillo en un rbol que estaba junto al mar, una cruz y una inscripcin que deca: Vamos al Darin. Luego que Diego Velzquez supo la matanza hecha en los espaoles, envi dos naves bien tripuladas, no slo para perseguir a los indios prfugos del puerto de La Habana, sino para socorrer a los 25 castellanos del bergantn y seguir descubriendo aquellas islas. Llegaron a ellas, vieron la seal puesta en el rbol por los castellanos del bergantn, encontraron la carabela quemada en la isla de Santa Catalina, y cogiendo en ella y en la de Utila hasta 500 indios de ambos sexos, echronlos en el fondo de las naves; y creyndose ya seguros, desembarcaron casi todos para recrearse. Los indios encerrados en uno de estos buques, advertidos de esta novedad, subieron a la cubierta, y echando mano de las lanzas, rodelas, palos y piedras que en l haba, acometieron con tanto mpetu a los espaoles, que matando a unos y

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JOS ANTONIO SACO /93 /93 /93 /93 /93 forzando a otros a echarse al mar, apoderronse del buque. Al ver esto, los castellanos que se hallaban en tierra, acudieron a la otra nave, y cargando con ella a la de los indios, trabose un combate tan encarnizado, que peleando hombres y mujeres durante dos horas, asombraron a los espaoles; pero al fin triunfaron stos y tornaron con casi 400 personas esclavizadas al referido puerto de Carenas.36Despobladas quedaron en pocos aos algunas de las Guanaxas; y como sus indgenas eran pacficos, faltaba el pretexto para esclavizarlos; pero los traficantes cohonestaban su maldad, diciendo que los compraban en la costa de Honduras a los castellanos que los esclavizaban en la guerra.37Aqu es de mencionar un incidente notable, y es que, cuando Bernal Daz del Castillo estuvo en Cuba, antes de la expedicin de Corts a Mjico, se opuso lo mismo que otros aventureros, al proyecto de Diego Velzquez, de que fuesen a las Guanaxas, a esclavizar indios. Dice: “Concertamos con un hidalgo, que se deca Francisco Hernandez de Crdova, que era hombre rico, y tena pueblos de indios en aquella isla, para que fuesse nuestro capitan, y nuestra ventura buscar, y descubrir tierras nuevas, para en ellas emplear nuestras personas; y compramos tres navos, los dos de buen porte: y el otro era un barco, que hubimos del mismo Gobernador Diego Velazquez, fiado, con condicion, que primero que nos le diesse nos habamos de obligar todos los soldados que con aquellos tres navios habamos de ir unas isletas que estn entre la isla de Cuba y Honduras, que ahora se llaman las islas de los Guanajes, y que habamos de ir de guerra, y cargar los navios de indios de aquellas islas, para pagar con ellos el barco, para servirse dellos por esclavos. Y desque vimos los soldados, que aquello que peda el Diego Velzquez no era justo, le respondimos, que lo que deca no lo mandaba Dios ni el Rey; que hicisemos los libres esclavos. Y desque vi nuestro intento, dixo, que era bueno el propsito que llevbamos, en querer descubrir tierras nuevas, mejor que no el suyo: y entonces nos ayud con cosas de bastimento, para nuestro viaje”.38Esto prueba, que no era el espritu del siglo, como se alega por disculpa, sino la perversidad de muchos espaoles, la que los indujo a esclavizar indios. Y prueba tambin lastimosamente la inconstancia de los hombres, pues ese Bernal Daz del Castillo que en Cuba reprob el salteo de los indios de la Guanaxa, ese mismo, pocos aos despus, fue uno de los que en Mjico se mancharon con el crimen de esclavizar y herrar brutalmente a los indgenas. En tierras hasta entonces desconocidas hicieron los castellanos una correra para esclavizar indios. Dos nave salieron de La Espaola en 1520, y ora por algn temporal, ora porque no encontrasen presa en el primer punto a que se encaminaron, metieron proa despus hacia el

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 94\ 94\ 94\ 94\ 94\ norte y fueron a dar a los 32 del continente a una tierra desconocida, llamada falsamente Chicora por un indio que enga a los espaoles,39y que despus se denomin cabo de Santa Elena, y ro Jordn, por llamarse as uno de los capitanes de las naves. Los indios asombrados tomronlas por peces monstruosos, echaron a huir, y los castellanos pudieron alcanzar un hombre y una mujer. Vistironlos a la espaola, regalronles pan y vino, y pusironlos en libertad. El cacique de aquella comarca envi entonces a las naves 50 indios con bastimentos; a los espaoles que desembarcaron dioles guas para que viesen el pas; por todas partes fueron bien recibidos y obsequiados, hicieron aguada, y convidaron mucha gente del pas para que visitase los buques. Incautamente entraron muchos indios en ellos, y alzando las anclas, los espaoles, llevronselos por esclavos. Pero Dios permiti que se perdiese uno de los buques en el camino, y que los ms indios del otro se muriesen de hambre y tristeza, porque no queran comer, bien que en llegando a La Espaola se nutrieron de perros, asnos y otras carroas. Esto se mir muy mal y tratose de castigar severamente; mas, algunos dicen que no se hizo, ya por contemplaciones que se guardaron, ya por haberse ignorado en la corte.40 Y yo aado que, aunque se hubiese sabido, los delincuentes habran quedado impunes, como de costumbre, porque las autoridades encargadas de cumplir las rdenes del Supremo Gobierno casi nunca las ejecutaban. Las noticias de ese descubrimiento indujeron poco despus a Lucas Vzquez de Aillon, a Juan Ortiz de Matienzo, oidores de la Audiencia de La Espaola, y al escribano de ella Diego Caballero, a enviar dos carabelas de su propiedad para que navegasen por aquel rumbo, y efectivamente lograron descubrir nuevas tierras entre los 35 y 37 de latitud septentrional. Entonces, el mencionado, Vzquez de Aillon ajust asiento con el gobierno en 1523 para proseguir aquel descubrimiento, y por una de sus clusulas permitisele los indios esclavizados por otros indios en las guerras que constantemente se hacan y llevarlos a La Espaola o a otras islas para disponer de ellos como quisiese, sin pagar derecho alguno.41Al cabo de largas demoras sali Aillon del puerto de Plata con seis naves en 1526. Encontr las tierras que buscaba, comenz a poblar a los 33 de latitud en punto que l llam Guadalupe; mas, el clima y las flechas de los indios frustraron la expedicin, costando la vida a su jefe Vzquez de Aillon.42En medio de los asaltos de las islas Lucayas y Guanaxas, nunca perdieron de vista los castellanos a los caribes. En 1514 pidieron al gobierno que se diese por esclavos, no slo a los caribes de todas las islas, sino a los del continente. En cuanto a los primeros decret el rey que se guardasen las provisiones establecidas; respecto de los segundos negolo,

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JOS ANTONIO SACO /95 /95 /95 /95 /95 como se ignoraba si all los haba, era de temer que los indgenas se alborotasen con las entradas de los espaoles, resultando grandes inconvenientes para la colonizacin.43Las costas de Cuman y otras de aquellas partes del continente, llamada entonces Costa de las Perlas, fueron para los espaoles un semillero ms fecundo de esclavos que las islas Guanaxas y Caribes. No hubo medio por horrible que fuese de que no se valieran los espaoles para esclavizar indios; y para reprimir tantos males, prohibi el gobierno que los espaoles fuesen a traficar a aquella regin; mas, no faltaron hombres que lo hiciesen. Un Juan Bono de Quexo, natural de Vizcaya, sali de La Espaola en 1516 para la isla de la Trinidad, acompaado de 60 o 70 hombres. Los indgenas al verle llegar se aprestaron para la guerra; mas, habindoles dicho que iba de paz y que deseaba vivir entre ellos, tuvieron no slo la necedad de creerle, olvidndose de las incursiones que por all se repetan, sino la de recibirle afectuosamente, ofrecindole fabricar bohos donde habitase con su gente, y darles de comer a todos en abundancia, como realmente lo hicieron. Dejemos a Las Casas que cuente este trgico suceso: “Hazenles una gran casa de madera en que morassen todos: porque assi la quisieron los espaoles: que fuesse una no mas para hazer lo que pretendian hazer y hizieron. Al tiempo que ponian la paja sobre las varas, madera y avian cobrido obra de dos estados: porque los de dentro no viessen los de fuera, so color de dar priessa que se acabasse la casa: metieron mucha gente dentro della, y repartironse los espaoles: algunos fuera, al derredor de la casa con sus armas para los que saliessen: y otros dentro. Los quales echan mano las espadas y comienzan amenazar los yndios desnudos que no se moviessen: sino que los matarian: y comenzaron atar y otros que faltaron para huyr: hizieron pedazos con las espadas. Algunos que salieron heridos y sanos y otros del pueblo que no avian entrado: tomaron sus arcos y flechas: y recgense otra casa del pueblo para se defender donde entraron 100, 200 dellos y defendiendo la puerta: pegan los espaoles fuego a la casa y quemarlos todos bivos. Y con su presa que seria de 180 200 hombres que pudieron atar, vanse su navio y alzan las velas y van la ysla de San Juan donde venden la mitad por esclavos: y despus La Espaola donde vendieron la otra. Reprehendiendo yo al Capitan desta tan insigne traicion y maldad: la sazon en la misma isla de San Juan: me respondi; anda Seor que assi me lo mandaron y me lo dieron por instruccion los que me enbiaron: que quando no pudiesse tomarlos por guerra que los tomase por paz. Y en verdad que me dixo que en toda su vida avia hallado padre ni madre: sino en la isla de la Trinidad: segun las buenas obras que los yndios le habian hecho”.44

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 96\ 96\ 96\ 96\ 96\ Pero quines fueron los malvados que tan atroces instrucciones le dieron? Segn confes el mismo Juan Bono al licenciado Casas, no fueron otros que los oidores de la Audiencia de La Espaola, pues le encargaron que esclavizase indios sin reparar en los medios. Los padres jernimos levantaron en 1517 la prohibicin que exista de que nadie fuese a comerciar a la Costa de las Perlas; pero exigieron que las personas a quienes se diese la licencia, fuesen pacficas y de quienes se tuviese confianza de que procedieran bien: pudiendo recibir en cambio de sus mercaderas, los esclavos que los mismos indios les diesen y no otros, bajo la condicin de que los tratasen bien y doctrinasen en la fe.45 Los religiosos dominicos de La Espaola que tenan en este asunto ms experiencia que los jernimos, pidieron a stos que no se introdujesen en ella indios esclavos procedentes de aquellas costas, pues sobre no serlo muchos, cometanse crueldades en trfico tan criminal.46Al mismo tiempo que los jernimos suspendieron aquella prohibicin, dudaron de la justicia con que se esclavizaba a los caribes, y sometiendo esta materia al estudio de la Audiencia de La Espaola, prohibieron entretanto que se les tocase; mas, aquel tribunal nada decidi. La Espaola continuaba siendo la tumba ms espantosa de los indios, y en 1518 volvi a pedir que los caribes de Tierra Firme se introdujesen en ella como esclavos. Pidi tambin que se hiciese lo mismo con los indios que eran all esclavos de otros indios; y que como naborias o criados se dejasen entrar en La Espaola a los indgenas de las Lucayas, Gigantes, llamada despus Curazao, y de otras islas que tenan por intiles. Pero nada bastaba a llenar el inmenso vaco que dejaba la muerte, y en carta al emperador, de 20 de mayo de 1519, dcele el Ayuntamiento de Santo Domingo que la mayor parte de los indios de La Espaola haban muerto de viruelas; mortandad que los padres jernimos exageradamente calcularon para el ao anterior casi en la tercera parte de los indgenas.47 No fue, pues, extrao que en 1519 hubiese accedido el gobierno a lo que La Espaola le haba pedido en el ao anterior.48Con la disminucin de los indios, de una parte, y, de otra, con el descubrimiento de los ricos pases del continente, corran a bandadas hacia l, no slo los vecinos de La Espaola, sino los de Puerto Rico, Jamaica y Cuba. Reducida estaba la primera a tan deplorable estado, que el licenciado Rodrigo de Figueroa, nuevo juez de residencia y de apelaciones en la Real Audiencia de aquella isla, dijo a Carlos V en carta que le dirigi desde Santo Domingo el 6 de julio de 1520, que La Espaola casi no tena ms trfico que el de los buques que llevaban caribes o indios que se declaraban como tales, y “que si por esto no fuese no hubiera tras que parar ac las gentes”. Y en otra comunicacin del

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JOS ANTONIO SACO /97 /97 /97 /97 /97 mismo Figueroa al emperador, fechada en Santo Domingo a 17 de agosto de aquel ao, le escribe estas palabras: “Poco poco van trayendo de Tierra Firme caribes y ilotas de los que comen carne humana, sin reyerta de los PP. Dominicos”. Estas ltimas palabras prueban que los frailes dominicos estaban siempre dispuestos a defender la libertad de los indios. Despus de La Espaola, Cuba era entre todas las islas la que ms esclavos quera, y no contenta con los que importaba de fuera, buscolos tambin en su propio seno, pues peda que se esclavizase a los libres indgenas que se fugaban a los campos y a los montes, y esa peticin hizo no slo entonces, sino en aos posteriores. Desde la muerte de Diego Velzquez, su gobernador, acaecida en 1524, hubo en ella partidas de indios alzados. Pidiose que los cogidos fuesen esclavos; mas, el emperador orden que los religiosos y otras personas fuesen a persuadirles que volviesen a la obediencia de S.M.; que si no lo hacan, se les formase proceso jurdicamente para justificar la causa y despus se les hiciesen tres requerimientos en forma; y que si an no se sometan dentro del trmino que se les sealase, pudiese declarrseles la guerra como vasallos rebeldes y tomarlos por esclavos.49 Yo no creo que las autoridades de Cuba ejecutaron lo que el monarca mandaba; y as fue, que los indios continuaron alzados por muchos aos, huyendo de la opresin que los destrua. En los trminos de la villa de la Asuncin, o Baracoa, haba un cacique llamado Guam a quien se juntaron ms de 60 indios de otras partes; y en los lmites de la ciudad de Santiago y algunas villas, hubo tambin indios prfugos que hacan mucho dao. No teniendo los pueblos de la Isla con qu pagar cuadrillas que los persiguiesen, su gobernador Manuel de Rojas pidi al emperador en 1532, que a fin de estimular los vecinos a la persecucin de los indios alzados, mandase que fuesen esclavos de quienes los prendiesen como antes se haba hecho.50 Pero el emperador informado de la sencillez de aquellos indios, temi los abusos de los espaoles y neg la licencia que Rojas solicitaba.51Rojas renov su peticin al gobierno en 1535.52 Tres meses despus, Gonzalo de Guzmn, nuevo gobernador de Cuba, reiter la misma splica, fundndose, como su antecesor, en que no habiendo dinero con qu pagar cuadrillas que persiguiesen a los indios, era preciso darlos por esclavos a quienes los capturasen en recompensa de sus trabajos.53Como los alzamientos parciales de los indios de Cuba continuaban, renovose la peticin de que se formasen cuadrillas contra ellos, dndolos por esclavos a sus perseguidores en premio de sus fatigas. As lo pidieron tambin al emperador en 1540 los procuradores de las poblaciones de la isla de Cuba que anualmente se reunan en Santiago, su capital; y al intento deseaban que el soberano enviase una real

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 98\ 98\ 98\ 98\ 98\ provisin, pues entonces era ms necesaria que antes.54 En el mismo asunto insistieron esos procuradores congregados en 1542;55 y al ver tantas instancias hechas al monarca, no cabe duda en que las autoridades y corporaciones de Cuba buscaban un ttulo en que legitimar la esclavitud de los indios alzados. Pero se abstuvieron ellas de esclavizarlos cuando los capturaban? No, por cierto, porque los que caan en su poder arrastraban el yugo de la ms pesada esclavitud. Cuando los Reyes Catlicos permitieron en 1503 que los caribes fuesen esclavizados, sealaron los pases donde podan cogerse; pero sin limitarse a ello los espaoles, su codicia les abri un vasto campo en las regiones del continente ya descubiertas. Teatro eran ellas de sus pirticas incursiones, y especialmente las costas comprendidas entre el golfo de Paria y ms all de la provincia de Venezuela. Tres especies de granjeras encontraban en ellas: oro, perlas y esclavos. stos, o los compraban a los indios, o los cogan en son de guerra, o so color de que eran caribes. Para resolver las dudas que con frecuencia ocurran sobre si lo eran o no, el licenciado Rodrigo de Figueroa, en virtud de instrucciones que recibi del gobierno, y despus de haberse informado largamente de religiosos, pilotos, capitanes, maestros y marineros que conocan las costas de Tierra Firme e islas descubiertas en el Mar Ocano, public en La Espaola a fines de 1520 una Declaratoria, determinando los pases cuyos indios deban tenerse por caribes, o por guatidos o guatiaos, que era como se llamaba a los amigos de los cristianos. Fueron, pues, declarados caribes, comedores de carne humana, todos los habitantes de las islas no pobladas de cristianos, excepto las Lucayas, Barbudas, Gigantes, la Trinidad y la Margarita. De las tierras del continente hasta entonces conocidas en la costa septentrional, fueron tambin declaradas caribes: 1 —Una provincia frontera a la de Arruaca, bajando de la de Paracuria o Paracuya por la costa hasta el golfo de Paria. 2 —La provincia de Uriapana. 3 —La situada en la costa del golfo de Paria, por la cual pasaba un ro llamado Taurapes. 4 —Ms abajo, la provincia de Olleros u Oleros en la ensenada del dicho golfo. 5 —La provincia de Maracapana hasta la de Cariaco, yendo por la misma costa. 6 —Los indios de la tierra adentro desde la provincia de Uriapana hasta el cabo del Isleo Blanco, que est cerca del puerto de la Codera. Tales fueron las provincias del continente declaradas entonces por caribes, quedando las dems en clase de guatiaos o guatidos, excepto algunas que por no tenerse noticia exacta de su condicin, reservose para ms adelante darlas por caribes o por guatiaos. Esa Declaratoria fue muy inexacta, no slo por el poco conocimiento que entonces se tena de aquellos pases, sino porque los conquistadores espaoles dieron equivocadamente el nombre de caribes a todos los indios que coman carne humana, as en las islas como en el conti-

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JOS ANTONIO SACO /99 /99 /99 /99 /99 nente, pero tal denominacin fue errnea, porque haba muchos indios que coman carne humana, teniendo lengua, usos y costumbres del todo diferente a los caribes. Segn la Declaratoria de Figueroa, los cristianos no podan esclavizar caribes sin licencia de las autoridades espaolas, llevando en su compaa al veedor o veedores que deban darles las justicias u otros empleados del gobierno, y adems de los guatidos de las islas y partes comarcanas a los dichos caribes, para que stos viesen que los cristianos no hacan mal a los indios pacficos. A los espaoles que esclavizasen indios no caribes, impsoles aquella Declaratoria pena de muerte y de perdimiento de bienes, aplicndose dos tercios al fisco y lo restante a la persona o personas que denunciasen o acusasen a los infractores. Pero los espaoles nunca cumplieron lo que en bien de la raza indgena se les mandaba, y nadie expres mejor esta triste verdad, que el venerable Las Casas en las palabras que escribi en 1552, y que yo repito ahora. “Nunca jams hasta hoy los espaoles guardaron mandado, ley, ni orden, ni instruccin que los Reyes Catlicos pasados dieron: ni una ni ninguna de su Magestad en esto de las guerras, ni en otra cosa que para bien de los indios proveido se oviese: y por una sola que se oviese guardado ofrecera yo a perder la vida. Para prueba de esto, vanse las residencias de todos los gobernadores pasados, y las probanzas que unos contra otros han hecho, y las informaciones que cada hora aun en esta corte se pueden hacer, y hallar vuestra Alteza que uno ni ningun gobernador ha habido, ni hoy lo hay (sacado el visorey D. Antonio, y el Licenciado Cerrato de los presentes, y el Obispo de Cuenca D. Sebastian Ramirez en los pasados) que haya sido cristiano, ni temido Dios, ni guardado su ley, ni la de sus reyes, y que no haya sido destruidor, robador, y matador injusto de todo aquel linaje humano”.56Notas1Herrera, dc. 1, lib. VII, cap. III. 2En 1511 nombr el rey dos oficiales reales ms para La Espaola; de contador a Gil Gonzlez Dvila, y de factor a Juan de Ampues. (Herrera, dc. 1, lib. VIII, cap. XVII). 3Muoz, Colec. tom. XC. 4Herrera, dc. 1, lib. VII, cap. VIII. 5Vase el juicio que Bartolom de las Casas hizo del famoso Requerimiento en su Historia General de las Indias —lib, III, cap. LVII—, y en el Apndice XII a su vida, por Quintana. 6Cdula del Rey Catlico al Almirante Don Diego Coln en 22 de Octubre de 1509.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 100\ 100\ 100\ 100\ 100\7Real Cdula de Monzn a 15 de Junio de 1510. Herrera, dc. 1, lib. VIII, cap. IX. 8Muoz, Colec ., tom. LXXV. 9Real Cdula expedida en Tordesillas a 25 de Julio de 1511. 10Real Cdula de Sevilla de 21 de Julio de 1511. 11 Recopilacin de Leyes de Indias lib. VI, tt. I, ley 16. 12Herrera, dec. 1, lib. VII, cap. IV. 13Herrera, dc. 1, libro VIII, cap. XII. 14Herr., dc. 1, lib. VIII, cap. XIII. 15Real Orden al Almirante Gobernador de La Espaola y a los oficiales reales de San Juan de Puerto Rico, fecha en Logroo a 12 de Diciembre de 1512. 16Herrera, dc. 1, lib. X, cap. X. 17Herrera, dc. 1, lib. VII, cap. XIII. 18Herrera, dc. 1, lib. X, cap. XII. 19Herrera, dc. 2, lib. II, cap. VIII. 20Herrera, dc. 1, lib. IX, cap. XII. 21Herrera, dc. 1, lib. VIII, cap. XII. 22Herrera, dc. 1, lib. VII, cap. III. 23Herrera, dc. 1 lib. VII, cap. III. 24Las Casas, Remedio 8 Razn 6. 25Muoz, Colec ., tom. LXXV. 26Las Casas, Historia General de las Indias lib. III, cap. XCIV. Herrera, dc. 2, lib. II, cap. xv. 27Herrera, dc. 2, lib. II, cap. VI. 28Carta del licenciado Zuazo a Monsieur de Chievres, escrita en Santo Domingo a 22 de Enero de 1518. 29Herrera, dc. 2, lib. 1, cap. VIII. 30 Hovo es una fruta silvestre de las Antillas, semejante en su tamao y color amarillo a la ciruela. 31Muoz, Colec ., tom. LXXV. 32Carta al emperador, del obispo de Santo Domingo. 1532. (Muoz, Colec .) 33Herrera, dc. 4, lib. VIII, cap. IV. 34Herrera, dc. 1, lib. X, cap. XII. 35La primera poblacin llamada Habana fundose en la costa del sur, pero desde 1515 empezose en la costa del norte otra poblacin con el mismo nombre o con el de San Cristbal o Puerto de Carenas (Bernal Daz del Castillo, Historia. Verdadera de la Conquista de Nueva Espaa cap. I, II y XXIII.) 36Herrera, dc. 2, lib. II, cap. VII. 37Herrera, dc. 3, lib. IX, cap. X. 38Bernal Daz del Castillo, Historia Verdadera de la Conquista de Nueva Espaa cap. I. 39Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXXVII, cap. I. 40Herrera, dc. 2, lib. X, cap. VI. Oviedo, Historia (...) de las Indias. 41Real Cdula de 12 de Junio de 1523, que contiene el asiento capitulado con Lucas Vzquez

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JOS ANTONIO SACO /101 /101 /101 /101 /101de Aillon para proseguir el descubrimiento principiado en buques suyos y de otros por los 35 a 37 N.-S. de la isla Espaola, para buscar un estrecho, etc. Esta cdula se halla en la Coleccin ... de Navarrete, tomo III, nmero 46 a la pgina 153, y el original existe en el Archivo de Sevilla, legajo 2 de “Descubrimientos de Nueva Espaa”, pgina 1527 a 1638. 42Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXXVII. Herrera, dc. 3, lib. VIII, cap. VIII. 43Herrera, dc. 1, lib. X, cap. X. 44Las Casas, Brevsima Relacin de la Destruccin de las Indias captulo de la Costa de las Perlas y de Paria y la isla de Trinidad. 45Herrera, dc. 2, lib. II, cap. XXII. 46Carta 1 de los Padres Jernimos. 47Carta de los Padres Jernimos al emperador en 10 de Enero de 1519. 48Libro de licencias de esclavos de 1518 a 1519. 49Herrera, dc. 3, lib. X, cap. X. 50Informacin fecha en Santiago de Cuba por mandado del Teniente y Repartidor Manuel de Roxas, 1532. 51Herrera, dc. 5, lib. II, cap. V. 52Carta a la emperatriz, de Manuel de Rojas en Santiago de Cuba a 13 de Septiembre de 1535. 53Carta de Gonzalo de Guzmn al emperador, fecha en Santiago de Cuba a 15 de Diciembre de 1535. 54Carta de los procuradores de la isla de Cuba al emperador, fecha en Santiago a 17 de Marzo de 1540. 55Lope Hurtado al Emperador, en la ciudad de Santiago de Cuba a 16 de Abril de 1542. Vanse peticiones al emperador por los procuradores de las Villas, de la isla Fernandina, acordadas en Junta de ellos celebrada en la ciudad de Santiago a 28 de Abril de 1542. 56ste es un Tratado que el Obispo de la Ciudad Real de Chiapa, D. Fray Bartolom de las Casas, o Casaus, compuso por comisin del Consejo Real de las Indias sobre la materia de los indios que se han hecho en ella esclavos El cual contiene muchas razones y autoridades jurdicas: que pueden aprovechar los lectores para determinar muchas y diversas questiones dudosas en materia de restitucion y de otras que al presente los hombres de el tiempo de agora tratan. Ao 1552. Fue impresa la presente obra en la muy noble muy leal ciudad de Sevilla en casa de Sebastin Trujillo.

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Libro QuintoDESCRIPCI"N DE LA ISLA DE CUBAGU DESCRIPCI"N DE LA ISLA DE CUBAGU DESCRIPCI"N DE LA ISLA DE CUBAGU DESCRIPCI"N DE LA ISLA DE CUBAGU DESCRIPCI"N DE LA ISLA DE CUBAGU A. LA PESC A. LA PESC A. LA PESC A. LA PESC A. LA PESC A A A A A DE LAS PERLAS EN EST DE LAS PERLAS EN EST DE LAS PERLAS EN EST DE LAS PERLAS EN EST DE LAS PERLAS EN EST A ISLA FOMENT A ISLA FOMENT A ISLA FOMENT A ISLA FOMENT A ISLA FOMENT A A A A A LA ESCLA LA ESCLA LA ESCLA LA ESCLA LA ESCLA VITUD DE LOS INDIOS. ORIGEN VITUD DE LOS INDIOS. ORIGEN VITUD DE LOS INDIOS. ORIGEN VITUD DE LOS INDIOS. ORIGEN VITUD DE LOS INDIOS. ORIGEN DEL CONSEJO DE INDIAS. PROYECTOS DEL CONSEJO DE INDIAS. PROYECTOS DEL CONSEJO DE INDIAS. PROYECTOS DEL CONSEJO DE INDIAS. PROYECTOS DEL CONSEJO DE INDIAS. PROYECTOS DE LAS CASAS SOBRE COLONIZACI"N DE LAS CASAS SOBRE COLONIZACI"N DE LAS CASAS SOBRE COLONIZACI"N DE LAS CASAS SOBRE COLONIZACI"N DE LAS CASAS SOBRE COLONIZACI"N DE UNA P DE UNA P DE UNA P DE UNA P DE UNA P AR AR AR AR AR TE DEL CONTINENTE. FER TE DEL CONTINENTE. FER TE DEL CONTINENTE. FER TE DEL CONTINENTE. FER TE DEL CONTINENTE. FER V V V V V OR OR OR OR OR CON QUE FUERON ACOGIDOS CON QUE FUERON ACOGIDOS CON QUE FUERON ACOGIDOS CON QUE FUERON ACOGIDOS CON QUE FUERON ACOGIDOS POR LOS PREDIC POR LOS PREDIC POR LOS PREDIC POR LOS PREDIC POR LOS PREDIC ADORES DEL REY ADORES DEL REY ADORES DEL REY ADORES DEL REY ADORES DEL REY INTERESANTE INTERESANTE INTERESANTE INTERESANTE INTERESANTE ESCENA DE ESTOS EN EL CONSEJO DE INDIAS. ESCENA DE ESTOS EN EL CONSEJO DE INDIAS. ESCENA DE ESTOS EN EL CONSEJO DE INDIAS. ESCENA DE ESTOS EN EL CONSEJO DE INDIAS. ESCENA DE ESTOS EN EL CONSEJO DE INDIAS. SE FIRMA AL FIN SU ASIENTO EN LA CORUA, A 19SE FIRMA AL FIN SU ASIENTO EN LA CORUA, A 19 SE FIRMA AL FIN SU ASIENTO EN LA CORUA, A 19 SE FIRMA AL FIN SU ASIENTO EN LA CORUA, A 19 SE FIRMA AL FIN SU ASIENTO EN LA CORUA, A 19 DE MA DE MA DE MA DE MA DE MA YO DE 1520. OB YO DE 1520. OB YO DE 1520. OB YO DE 1520. OB YO DE 1520. OB STCULOS CON QUE TROPIEZA STCULOS CON QUE TROPIEZA STCULOS CON QUE TROPIEZA STCULOS CON QUE TROPIEZA STCULOS CON QUE TROPIEZA EN LA PRCTIC EN LA PRCTIC EN LA PRCTIC EN LA PRCTIC EN LA PRCTIC A. DESASTRES EN CUMAN. XITO A. DESASTRES EN CUMAN. XITO A. DESASTRES EN CUMAN. XITO A. DESASTRES EN CUMAN. XITO A. DESASTRES EN CUMAN. XITO F F F F F A A A A A T T T T T AL DE LA EMPRESA DE LAS CASAS. DECDESE AL DE LA EMPRESA DE LAS CASAS. DECDESE AL DE LA EMPRESA DE LAS CASAS. DECDESE AL DE LA EMPRESA DE LAS CASAS. DECDESE AL DE LA EMPRESA DE LAS CASAS. DECDESE A TOMAR EL HBITO DE LA ORDEN DE SANTO A TOMAR EL HBITO DE LA ORDEN DE SANTO A TOMAR EL HBITO DE LA ORDEN DE SANTO A TOMAR EL HBITO DE LA ORDEN DE SANTO A TOMAR EL HBITO DE LA ORDEN DE SANTO DOMINGO DOMINGO DOMINGO DOMINGO DOMINGO EXPEDICI"N DE JCOME DE CASTELL"N EXPEDICI"N DE JCOME DE CASTELL"N EXPEDICI"N DE JCOME DE CASTELL"N EXPEDICI"N DE JCOME DE CASTELL"N EXPEDICI"N DE JCOME DE CASTELL"N A CUMAN. REAL PRO A CUMAN. REAL PRO A CUMAN. REAL PRO A CUMAN. REAL PRO A CUMAN. REAL PRO VISI"N DE 17 DE NO VISI"N DE 17 DE NO VISI"N DE 17 DE NO VISI"N DE 17 DE NO VISI"N DE 17 DE NO VIEMBRE VIEMBRE VIEMBRE VIEMBRE VIEMBRE DE 1526 DE 1526 DE 1526 DE 1526 DE 1526Entre todas las islas que descubri Coln en 1498, Trinidad fue la mayor, y aunque careca de oro y perlas, influy en la esclavitud de los indios por estar ventajosamente situada para sus relaciones mercantiles con el fronterizo continente. Despus de la Trinidad, Margarita fue la segunda en tamao; pero ni esas dos, ni ninguna de las cuatro Grandes Antillas, fomentaron tanto el trfico de esclavos indios, como una isleta rida, despoblada, y frontera a las costas de Cuman. Cubagua, que tal era su nombre, ocup en el siglo XVI un lugar muy importante; y como ya hoy es casi desconocida, bien merece recordarla y describirla. Baja apenas tres leguas; con muy poca vegetacin y sin agua dulce, reciba sta del ro de Cuman, siete leguas distante, y la lea de la isla de la Margarita, situada una legua hacia el norte. Despoblada por su aridez, los indios que a ella acudan, era tan slo para coger perlas. No

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JOS ANTONIO SACO /103 /103 /103 /103 /103 haba aves terrestres, ni ms cuadrpedos que algunos conejos; y dcese que a los puercos introducidos de Castilla, crecironles pronto las uas hacia arriba, casi un jeme o medio palmo.1Vnole a Cubagua su importancia de los bancos de ostras de perlas que se hallaron en sus costas; perlas que vio Coln por primera vez en 1498 sirviendo de adorno a las indias que navegaban en el golfo de Paria,2 y al que por eso l llam golfo de las Perlas. Violas tambin en mayor cantidad y hermosas, cuando descubri entonces a Cubagua, y asombrado de tal descubrimiento, prorrumpi en aquellas palabras que dirigi a la gente que le acompaaba: “Dgoos que estais en la ms rica tierra que hay en el Mundo, y sean dadas Dios muchas gracias por ello”.3 Ni fue slo all donde aqullas se encontraron, que descubrironse tambin en Maracapana, Puerto Flechado, Curiana y otros puntos comprendidos desde el golfo de Paria hasta el cabo de la Vela;4 viniendo de aqu, que aquellos parajes donde ms abundan, llamronse Costa de las Perlas Desde entonces encendiose en los castellanos el deseo de aprovecharse de aquellos tesoros, y por eso el rey don Fernando mand en 1509 al gobernador de La Espaola, punto de donde salan las expediciones para la pesca de las perlas, que se poblase la isla de Cubagua; pero su nica poblacin, llamada la Nueva Cdiz, no se fund sino algunos aos despus.5La pesca de las perlas dio gran impulso a la esclavitud, no slo por el nmero de indios que se emplearon en cogerlas, sino porque afluyendo a Cubagua los espaoles, desde all se lanzaban al vecino continente como tigres carniceros. Tan productiva era esa granjera en Cubagua, que a pesar de los grandes fraudes que se cometan, aos hubo en que slo el quinto del rey ascendi a 15 000 ducados y an ms.6 En tan recio y mortfero trabajo empleronse muchos indios esclavos, especialmente lucayos, llevados de La Espaola, y que por ser grandes nadadores llevaron a venderse hasta en 150 ducados.7Para mejor sumergirse hasta el fondo del mar y permanecer en l ms tiempo, atbanse con una cuerda dos piedras, una a cada lado del cuerpo, las cuales arrojaban fcilmente de s cuando queran subir a la superficie.8Las ostras estaban tan pegadas al suelo y unidas entre s, que era menester gran fuerza para arrancarlas, sin poder muchas veces conseguirlo. Ponanse los indios unas talegas al cuello, en las que echaban las conchas que cogan; y si entre los antiguos fue raro que una tuviese cuatro o cinco perlas, los espaoles encontraron en el Nuevo Mundo muchas de ellas con 10, 20 y 30, y algunas hasta con ms de 100, bien que menudas.9 Estos buzos bajaban cuatro, seis, y aun diez estados de

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 104\ 104\ 104\ 104\ 104\ profundidad, y comprimiendo la respiracin ms o menos tiempo, haba algunos que estaban una hora y ms bajo del agua. As lo dice Gonzalo Fernndez de Oviedo en las siguientes palabras: “Pero no es aquesto que est dicho, lo que puede maravillar de la habilidad, que los indios tienen por este exercicio, sino que muchos de ellos se estn debajo del agua una hora, y algunos ms tiempo y menos segn que cada uno es apto, y suficiente para esta hacienda”.10De esta aseveracin dejo toda la responsabilidad a Fernndez de Oviedo. La vida miserable que estos infelices pasaban, descrbela con dolorosa verdad el virtuoso Bartolom de las Casas: “La tirana que los espaoles exercitan contra los indios en el sacar pescar perlas, es una de las crueles y condenadas cosas que pueden ser en el Mundo. No hay vida infernal y desesperada en este siglo que se le pueda comparar: aunque la del sacar el oro en las minas sea en su gnero gravsima y psima. Mtenlos en la mar en tres y en cuatro y en cinco brazas de hondo desde la maana hasta que se pone el Sol: estn siempre debajo del agua nadando sin resuello arrancando las ostras donde se crian las perlas, salen con unas redezillas llenas dellas lo alto y a resollar: donde est un verdugo espaol en una canoa, barquillo: y si se tardan en descansar les d ocho puadas y por los cabellos los echa al agua para que tornen pescar. La comida es pescado y del pescado que tienen las perlas y pan cazabi y algunos mahiz (que son los panes de all) el uno de muy poca sustancia: y el otro muy trabajoso de hacer de los cuales nunca se hartan. Las camas que les dan la noche es echallos en un cepo en el suelo: porque no se les vayan. Muchas veces zabullense en la mar su pesquera, ejercicio de las perlas, y nunca tornan salir (porque los tiburones y marrajos, que son dos especies de bestias marinas crudelissimas que tragan un hombre entero) los comen y matan. Vease aqu si guardan los espaoles: que en esta grangera de perlas andan desta manera: los preceptos divinos del amor de Dios y del proximo, poniendo en peligro de muerte temporal y tambien del nima: porque mueren sin fe y sin sacramentos sus proximos por su propia cudicia. Y lo otro dandoles tan horrible vida hasta que los acaban y consumen en breves dias. Porque vivir los hombres debaxo del agua sin resuello es imposible mucho tiempo: sealadamente que la frialdad contnua del agua los penetra. Y as todos comunmente mueren de echar sangre por la boca: por el apretamiento del pecho que hazen por causa de estar tanto tiempo y tan continuo sin resuello: y de camaras que causa la frialdad. Convirtense los cabellos siendo ellos de su naturaleza negros: quemados como pelos de lobos marinos: y saleles por las espaldas salitre: que no parecen sino monstruos en naturaleza de hombres, de otra especie. En este insoportable trabajo, por mejor decir

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JOS ANTONIO SACO /105 /105 /105 /105 /105 ejercicio del infierno: acabaron de consumir todos los indios Lucayos que haba en las islas: cuando cayeron los espaoles en esta grangeria: y valian cada uno 50 y 100 castellanos y los vendan pblicamente aun aviendo sido prohividos por las justicias mesmas aunqu, injustas por otra parte, porque los Lucayos eran grandes nadadores. Han muerto tambien all otros muchos sin nmero de otras provincias y partes”.11Ni se diga que tan horrible pintura son exageraciones del padre Las Casas. Miguel de Gaviria, veedor de la isla de Cubagua, hablando de la pobreza a que se vean reducidos los vecinos de ella, por las pocas perlas que ya se sacaban, dice al emperador Carlos V, que no era sta la nica causa, sino la grande dimisin de los indios, pues que en los dos ltimos aos haban muerto muchos, sin contar 12 que cada uno vala 200 pesos, y que en pocos das haban sido devorados por los tiburones.12Oigamos tambin al cronista Antonio de Herrera: “Sucedi en este tiempo un caso notable, que zabullndose un indio para pescar las conchas, adonde estn las perlas, vi cerca de si un pescado, que llaman marrajo, que es muy grande, y tiene gran boca: subise huiendo de l, y de all un rato volvi zabullirse, y el marrajo, que le estaba aguardando, tragle: el sobre-estante de los indios ech de ver que haba ruido en el agua, mat de presto un perrillo, psole un anzuelo grande de cadena, que comunmente traen para estos pescados echlo al agua, y prendi al marrajo, llam gente, que le aiudase, y sacando la bestia, con hachas, y piedras y con lo que pudieron, lo mataron: abrieron el vientre, y hallaron al desdichado indio, y sacronlo, y luego di dos, o tres resuellos, y acabo de espirar”.13Tantos horrores no fueron ignorados del monarca, y por eso, cuando a fines de 1528 se descubri otra abundantsima pesquera de perlas en la isleta de Coche o Cochem,14 a cuatro leguas de la de Cubagua, dict Carlos V varias medidas generales que aliviasen el trabajo de los indios empleados en las pesqueras. Tan rica era la de Cochem que slo en el mes de enero de 1529 se cogieron ms de 1 500 marcos de perlas, y as se esperaba coger por ao como 12 000 marcos. Mand igualmente aquel emperador que slo se pescase en verano, en das de bonanza muy templados, no ms de cuatro horas en cada uno, y que cuando en los ostrales ricos hubiesen de bajar los indios desde cinco hasta ocho brazas, slo trabajasen tres horas, sin ocuparlos en ninguna otra cosa en el resto del da, dejndolos adems descansar enteramente los domingos y fiestas. Orden tambin que se les diese buen alimento y medio cuartillo de vino diario, porque esa bebida los confortaba mucho; que no durmiesen en tierra, sino en camas o hamacas, y que se les diesen dos camisas y calzones, para mudarse cuando saliesen del mar; y, por ltimo, que habiendo bastantes mujeres en aquellas partes, se procurase casarlos para que viviesen como cristianos, lo cual se

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 106\ 106\ 106\ 106\ 106\ recomendaba particularmente a los religiosos.15 En aos posteriores, dict el mismo emperador una ley extensiva a todo el Nuevo Mundo, imponiendo pena de muerte al que por fuerza hiciese pescar perlas a ningn indio libre; pero como la libertad de que stos gozaban era nominal, aquella ley, como tantas otras promulgadas en favor de los indios, fue completamente ilusoria. Los esclavos indios que hacan los espaoles en las costas del continente, fronteras a Cubagua, ya comprndolos a los mismos indios, ya saltendolos, que era lo que comnmente hacan con achaque de ser caribes, llevbanlos a Cubagua donde residan los oficiales reales encargados de percibir los tributos de la corona; pues a sta se le pagaba la quinta parte, as del oro y perlas como de los esclavos. Marcbase a stos con un hierro encendido en el rostro y en los brazos, ponindoles la letra C, para indicar que eran caribes. A veces, los mismos capitanes que los cogan jugbanlos a la llegada de los buques espaoles, por harina, vino, galletas, y otras cosas necesarias. Los compradores llevbanlos a La Espaola y a otras partes para venderlos, sin que de esta suerte se escapasen ni aun las indias fecundadas por los mismos castellanos.16Tanta inmoralidad y tantos delitos llenaron de dolor desde muy temprano el alma piadosa de los religiosos dominicos; y para disminuir esos males, fray Pedro de Crdoba, prelado de esa Orden en La Espaola, obtuvo licencia del rey don Fernando en 1511 para enviar a la Tierra Firme ms cercana, algunos misioneros que fundasen un monasterio, dndoseles cuantos auxilios necesitasen. Aunque todava no se haba asentado ninguna poblacin en la provincia de Cuman, fijronse los ojos en ella por su inmediacin a Cubagua, y escogiose para la fundacin del monasterio al padre presentado fray Francisco de Crdoba, a fray Antonio Montesino, y a fray Juan Garcs. ste, antes de tomar el hbito, fue un vecino principal y rico de la ciudad de la Vega en La Espaola, que habiendo matado a su mujer por adulterio, anduvo huyendo cuatro aos de la justicia y cansado de errar por los montes, presentose al convento de los dominicos para que le recibiesen de fraile lego. Dio tantas muestras de arrepentimiento, que entr en aquella Orden, y la vida austera y penitente en que viva, hizo que fuese uno de los tres religiosos escogidos para predicar el Evangelio a los indios.17Salieron de La Espaola, y tocando en Puerto Rico, quedose all gravemente enfermo, fray Antonio Montesino, prosiguiendo sus dos compaeros hasta las costas de Cuman, donde desembarcaron en 1513.18Acogidos benvolamente de los indios, proporcionronles sustento y habitacin; y bajo de tan buenos auspicios empezaron los dos misioneros a ejecutar sus proyectos, viviendo con los indios en la mejor armo-

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JOS ANTONIO SACO /107 /107 /107 /107 /107 na. Transcurrido algn tiempo, arrib all uno de los muchos buques que iban a coger perlas a Cubagua. Los indios escarmentados de las maldades de los castellanos, huan a la vista de sus naves; pero esta vez confiados en la proteccin de los religiosos, aguardronlos y proveyronlos de bastimentos. Todos estuvieron de paz, hasta un da en que aqullos convidaron al cacique del pueblo con su mujer a que fuese al buque a comer. Siempre receloso, consult a los religiosos, y con su aprobacin, porque stos nada sospechaban de sus compatricios, acept el convite: metiose en la barca con su mujer y 17 personas ms, que quiz seran sus parientes, y al instante que entraron en la nave, alzaron las velas y tiraron de las espadas, para que no se echasen al agua. Los indios del pueblo indignados de esta traicin corrieron a matar los frailes, considerndolos cmplices de ella. Excusbanse stos, mientras los indios lloraban la prdida de sus compaeros. Pudieron, al fin, los frailes aplacar el tumulto con la promesa de que todos seran restituidos dentro de cuatro meses. Afortunadamente apareci entonces por all otra nave castellana, cuya gente enterada del caso, ofreci llevar la fatal nueva a La Espaola y entregar al prelado de los dominicos, fray Pedro de Crdoba, las cartas que le enviaban los dos religiosos, para que los librase de la muerte con la devolucin del cacique y dems indios robados. El buque pirata lleg a aquella isla, y antes que los indios hubiesen sido vendidos, echaron sobre ellos los jueces de apelacin, so pretexto de que haban sido cautivados sin licencia, y repartinronselos entre s por esclavos o por naborias. A pocos das lleg tambin la otra nave con las cartas. El malvado salteador viendo su crimen descubierto, refugiose en el recin fundado convento de la Merced, tomando el hbito de aquella Orden para escapar de la justicia. El prelado de los dominicos en La Espaola, manifest a los jueces de apelacin el riesgo inminente que corran los dos frailes de Cuman; pidi que al instante se fletase un buque para restituir al cacique y sus compaeros. Pero aquellos jueces se mantuvieron impasibles, conservaron los indios en su servicio, y vencido el trmino fatal de los cuatro meses, los dos religiosos perecieron a manos de los indios.19A pesar de la frialdad con que Herrera narra generalmente las maldades de los conquistadores del Nuevo Mundo, la atrocidad de este caso anima algn tanto su pluma. “Aprovecharon poco —as dice—, los ruegos, clamores y requerimientos que se les hicieron, ni la cierta muerte de los religiosos, ni la infamia de la cristiana religion, ni la honra del Rey, y sentimiento que habia, con razon, de tener de tal caso, que les representaron, porque todo lo pospusieron, por no dejar las personas, que cada uno habia cabido de aquel robo: y as se consumieron, el Cacique, y los suyos, en los trabajos, y servicio de aquellos Jueces: y los indios, pasados los cuatro meses, mataron los Frailes”.20

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 108\ 108\ 108\ 108\ 108\ Cuatro aos pasaron sin que se hubiese alzado una sola voz pidiendo el castigo de tanta maldad. Cuando Las Casas acus criminalmente a los jueces de apelacin de La Espaola de cmplices de las atrocidades cometidas contra los indios lucayos, acusolos tambin de causantes y autores del asesinato de los frailes que acabo de narrar; mas, por los motivos que expuse en otra parte, no se dio curso en La Espaola a la acusacin intentada por Las Casas, y remitido el negocio a la corte, el gobierno mand al licenciado Zuazo que hiciese informacin de quines eran los delincuentes, y a los padres jernimos que an estaban en La Espaola, que descubriesen el paradero del cacique y compaeros, para restituirlos a su tierra.21 Pero los indios se consumieron en la esclavitud, el pirata que los rob, se qued en su convento de la Merced, y los tres jueces de apelacin Marcelo de Villalobos, Juan Ortiz de Matienzo y Lucas Vzquez Aillon, aunque tan criminales como el mismo pirata, permanecieron impunes en el ejercicio de sus empleos. Digna es de admiracin la conducta de los religiosos de aquella poca en el Nuevo Mundo, pues animados de su celo apostlico que llega al herosmo, arrostraban la muerte por la salvacin de los indios. Lejos de desalentarse por el sacrificio que fray Francisco de Crdoba y fray Juan Garcs sufrieron en Cuman, salieron en 1518 para aquella tierra algunos padres dominicos y franciscos, en compaa de otros religiosos que de Picarda haban llegado a Castilla; y con su trabajo personal y la ayuda de algunos marineros, fabricaron dos monasterios,22 uno de dominicos llamado Santa Fe, junto a Maracapana en el puerto de Chirivichi; y otro de franciscos, siete leguas ms al Oriente a un tiro de ballesta del mar, cerca de la ribera del ro de Cuman.23 Los indios no les fueron hostiles; y como esos buenos hombres procuraron atrarselos, pronto se establecieron entre ellos amistosas relaciones. Sus trabajos no eran sin fruto: habanse sosegado enteramente los indios; y “un solo espaol —como dice Las Casas—, base cargado de rescates tres y cuatro leguas la tierra dentro, y se volvia solo cargado de lo que habia rescatado, y los mismos que sto hicieron me lo afirmaron”.24 Oviedo, a pesar de no ser amigo de Las Casas, no slo corrobora esta aseveracin, sino que la ampla, cuando asegura que “Estuvo la provincia y tierra que hay desde Pria hasta Unar (que sern 100 leguas de costa en la Tierra Firme), tan pacfica que un christiano dos la andavan toda, y tracctaban con los indios muy seguramente”.25 Merced al celo de aquellos buenos religiosos tampoco se hacan entradas en Cuman para esclavizar indios, pues ellos denunciaban a los infractores de las leyes que prohiban estos saltos. Pero de aqu naci otro mal; y fue, que como los indios conocan la aficin de los castellanos a comprar esclavos, iban a cogerlos a otras partes para vendrselos;26 trfico que tambin lograron cortar los padres.

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JOS ANTONIO SACO /109 /109 /109 /109 /109 Todo presagiaba un porvenir halageo hasta que Alonso de Ojeda, no el famoso compaero de Coln en su segundo viaje, y tantas veces mentado en esta obra, sino un pecador de hombre, que mandaba la isleta de Cubagua, arm un buque y dirigiose al puerto de Chirivichi donde estaba el convento de los dominicos. Al desembarcar all, los castellanos slo hallaron al vicario y a un lego, porque los dems haban ido a predicar y confesar a Cubagua. Los dos padres se alegraron de la visita de sus compatriotas y gustosos los obsequiaron. Ojeda dijo, que quera hablar al cacique del pueblo, que era hombre bien advertido; mandsele buscar, presentose, y Ojeda pidi entonces al vicario sacerdote papel y escribana, quien se lo dio sin la mayor malicia. Retirose entonces Ojeda con dos castellanos ms, preguntando al Maraguay, que as se llamaba el cacique, cul era la gente de su comarca que coma carne humana? Sobresaltado, y penetrando las intenciones de Ojeda, respondiole enojado en su lengua: no, no, carne humana, no carne humana: y recelando que contra l y su gente se maquinaba alguna cosa, marchose sin ms hablarles, a pesar de que procuraron tranquilizarle. Embarcose Ojeda con su gente, e hizo rumbo hacia el pueblo de Maracapana, cuatro leguas ms abajo, cuyo cacique se llamaba Gil Gonzlez. Algunos indios en signo de amistad con los espaoles solan tomar el nombre de ellos; y como un contador de La Espaola, llamado Gil Gonzlez, haba obsequiado mucho a ese cacique cuando estuvo en aquella isla, vino de aqu que tomase su nombre. El cacique recibi a Ojeda cordialmente como acostumbraba con todos los que a su tierra llegaban y diole de comer con sus compaeros. Manifest Ojeda el deseo de ir a comprar maz a los tagares que habitaban en la sierra a tres leguas de distancia. Parti con 20 castellanos, dejando a los dems en la nave para que la cuidasen, fue recibido amigablemente; comproles 50 cargas de maz, y pidiole igual nmero de hombres para que se las llevasen a Maracapana, en donde las pagara con su acarreo. Todo le fue concedido; los indios llevaron las cargas a la plaza del pueblo, echronse a descansar, y estando as descuidados, crcanlos disimuladamente los castellanos, desenvainan las espadas y empezaron a atarlos. Algunos se escaparon aunque heridos; pero 36 fueron cautivados y conducidos a la nave. Esto aconteci en un viernes. El cacique Gil Gonzlez trat de vengarse, psose de acuerdo con Maraguay, y entrambos convinieron en matar, el primero a los castellanos del buque, cuando saltasen en tierra el prximo domingo para divertirse segn tenan de costumbre; y el segundo a los frailes, a quienes consideraban cmplices del atentado, por el papel y escribana que dieron a Ojeda. ste sin aguardar al domingo desembarc confiadamente con 12 hombres; sali Gil Gonzlez a recibirle con afectada alegra, y cayendo su gente de improviso sobre l, matronle con seis de sus compaeros. Los otros seis se refugiaron al buque, y

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 110\ 110\ 110\ 110\ 110\ aunque asaltados por los indios pudieron defenderse y salvarse. Maraguay, teniendo seguras sus dos vctimas en el convento, esper que llegase el domingo, y encaminndose a l, mat al lego al abrirle la puerta, y despus al sacerdote que estaba ya en el altar para decir misa, descargndole un hachazo en la cabeza. Los indios exasperados quemaron el convento, quebraron la campana, despedazaron un crucifijo cuyos fragmentos pusieron por los caminos, talaron la huerta, y a flechazos mataron un caballo que tiraba un carretn de que los frailes se servan.27 Estas cosas pasaron en 1520. El gobernador y la Audiencia de La Espaola, en vez de aplacar el incendio por medios justos y prudentes, apelaron a la fuerza brutal, armando en aquel ao una expedicin de cinco naves con 300 hombres al mando de Gonzalo de Ocampo. Ordenronle expresamente que esclavizase a cuantos indios pudiese, que diese muerte a los ms culpables y que despoblase la tierra. Ocampo para engaar mejor a los indios, presentose en 1521 en Maracapana con slo dos buques, dejando los otros tres en Cubagua; y aun en aqullos ocult la gente bajo de cubierta, quedando arriba solamente cinco o seis marineros para que los indios creyesen que iban de Espaa. Desconfiados stos al principio, mantuvironse a cierta distancia; y cuando preguntaron que de dnde iban, de las naves les respondieron: de Castilla. No Castilla, Hait que as llamaban a la isla Espaola, contestaron ellos. Brindronles pan y vino, y con este incentivo, pues que mucho les gustaba, fueron acercndose poco a poco, hasta que entraron muchos a bordo, quedndose, sin embargo, receloso en su canoa el cacique Gil Gonzlez. La gente que estaba escondida sali entonces de tropel, y los aprision; y lanzndose desnudo sobre Gil Gonzlez un marinero muy atrevido y buen nadador, que al intento tena Ocampo, apercibido, abrazose con l, ambos cayeron al agua, y auxiliado de otros marineros, matronle a pualadas. A muchos de los presos ahorc Ocampo de las antenas para que fuesen vistos de tierra: llam los tres buques que haba dejado en Cubagua, atac y saque el pueblo, hizo gran carnicera, y despus de haber ahorcado y empalado a muchos, expidi a La Espaola las naves llenas de esclavos: quedndose l con casi toda su gente para fundar media legua ms arriba de la boca del ro Cuman, el pueblo de la Nueva Toledo,28 que fue destruido poco despus. Algunos historiadores celebran el castigo que Ocampo impuso a los indios; pero aqul fue tan injusto como brbaro, porque stos en vez de agresores, fueron vctimas de la perfidia de Ojeda y sus compaeros. Si la Audiencia y el gobernador de La Espaola hubieran entendido sus deberes, habran devuelto libres a su tierra los 36 indios violentamente esclavizados, e impuesto un severo castigo a los piratas castellanos que ocasionaron la muerte de aquellos dos religiosos.

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JOS ANTONIO SACO /111 /111 /111 /111 /111 Esta fatal expedicin destruy los grandes proyectos que el padre Las Casas haba concebido para pacificar y poblar las costas de Cuman; mas, como esos proyectos tenan tan ntimo enlace con la esclavitud de los indios y aun de los negros africanos, preciso es que nos detengamos a desenvolver plenamente las vastas ideas de Las Casas. Las contradicciones que ste experimentaba en los castellanos y gobernantes de La Espaola, hicironle conocer que en aquel terreno poco o nada adelantara en favor de los indios. Volvi, pues, su pensamiento a otras partes, donde libre de la presencia de los espaoles, pudiese alcanzar sus frutos ms sazonados, aprovechndose de las novedades ocurridas en el Gobierno de Espaa. Muerto el rey don Fernando en 23 de enero de 1516, recay la corona en su nieto el prncipe don Carlos, y como ste se hallaba en Flandes, su abuelo nombr en su testamento por nico regente del Reino al clebre cardenal y arzobispo de Toledo fray Francisco Jimnez de Cisneros, hombre ya casi octogenario, pero de vasta capacidad, austeras virtudes y gran firmeza de carcter. Presintiendo Carlos la prxima muerte del Rey Catlico, envi a Espaa pocos meses antes que aqulla acaeciese, a su preceptor Adriano, natural de Utrecht y den de la Universidad de Lovaina, para que luego que su abuelo falleciese presentase los poderes secretos que l le haba dado, confindole la regencia de Espaa durante su ausencia; pero la aversin de los espaoles al gobierno de un extranjero, y la inmensa diferencia que haba entre la capacidad de Jimnez y la de Adriano, hubieran hecho fracasar completamente la misin de ste, si aqul no hubiera influido en que se le admitiese por respeto a su soberana. Hubo, pues, dos regentes; mas, en realidad Jimnez fue el nico gobernador, pues Adriano no haca ms que firmar, asociando su nombre al del primero. Esta regencia ces con la llegada de Carlos a Espaa en 1517, y el gobierno de la nacin cay entonces en manos extranjeras, porque el monarca se present joven de 16 aos, rodeado de ministros flamencos. Confironse los negocios de justicia y gobernacin de Castilla y de las Indias con el ttulo de Gran Canciller, no conocido antes en Espaa, al entendido jurisconsulto Juan Selvagio, y los de Estado al ayo y camarero mayor de Carlos, Guillermo de Croy, seor de Chievres, en el Hainault, y despus marqus o duque de Aarschot. A este personaje llamronle generalmente Chievres los escritores contemporneos, y Xebres los espaoles. Fue hombre de talento, de claro juicio, de fcil elocucin, diligente en los negocios y fecundo en recursos para bien despacharlos, cuando haba dificultades. Tena tambin gran valimiento con el rey el Sumiller de Corps Mr. Laxao, cuya voz se dejaba or en los Consejos de aquel monarca.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 112\ 112\ 112\ 112\ 112\ Si el gobierno de estos extranjeros fue funesto a Castilla por su rapacidad, pues hay autor contemporneo que los acusa de haber enviado a Flandes 1 100 000 ducados,29 fuerza es confesar en honor de la justicia, que fue de mucho ms beneficio para los indios que el del rey Fernando. Habase mandado que todo espaol residente en el Nuevo Mundo, pudiese escribir al gobierno cuanto tuviese por conveniente, y que tambin viniese a Espaa a dar sus informes de palabras o por escrito. Como los oficiales reales ponan estorbos por su inters al cumplimiento de esa orden, repitiose en 1521, so graves penas a los que impidiesen su ejecucin.30 Esta facultad concedida a los castellanos fue de mucha importancia en un tiempo en que an no exista la imprenta en Amrica, porque abra al gobierno el nico camino por donde podan llegar a su noticia las ocurrencias del Nuevo Mundo. No es, pues, extrao que Las Casas adquiriese mucha influencia con unos ministros tan dispuestos a favorecer a los indios, y principalmente con el gran canciller Selvagio, cuya muerte en Zaragoza privole de un apoyo poderoso para la defensa de los indios. Sucediole Mercurino Gattinara, natural de Miln, persona muy instruida, que figur en muchos de los acontecimientos polticos de aquella poca, y que supo tambin apreciar el mrito y virtudes de Las Casas.31Pero si sus nobles pretensiones encontraron protectores decididos en los ministros flamencos de Carlos, no aconteci lo mismo con una corporacin respetable, compuesta de espaoles, y que intervenan en el despacho de todos los negocios importantes del Nuevo Mundo. Claro es que aludo al Consejo de Indias, de cuyo origen debo dar aqu una breve idea. Ya hemos visto que desde el principio del descubrimiento del Nuevo Mundo, sus negocios corrieron bajo la direccin del obispo de Burgos Juan Rodrguez de Fonseca, y aunque despus entendironse en ellos varias personas nombradas por orden del rey, stas no formaron un consejo especial, sino una junta compuesta por lo comn de miembros de otros consejos. Esa junta a la que impropiamente empez a drsele desde el principio el nombre de Consejo de Indias, formose en 1517, y no antes, porque en un Parecer annimo presentado en 1516 a la reina doa Juana, se leen las siguientes palabras: “Si hubiese de haber Consejo de Indias, los Oidores sean sin pasion, y ni ellos, ni el Escribano tengan cosa en Indias, y as no habr pasin”.32No fue pura la primera idea que dio origen a la formacin de esa junta. Debiose a las injusticias y venalidades que se cometieron en el repartimiento de indios, hecho en La Espaola por Rodrigo de Alburquerque en 1514, pues para ocultarlas, sus cmplices propusieron al rey que formase un consejo aparte para la Amrica.

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JOS ANTONIO SACO /113 /113 /113 /113 /113 Estrechsima amistad mediaba entre el secretario de Indias Francisco de los Cobos, el obispo de Burgos y su hermano Alfonso de Fonseca, Seor de Coca y Alejos. Supo el segundo sacar partido de esas relaciones, y logr que el monarca mandase formar una junta especial para los negocios de las Indias, compuesta del referido obispo de Burgos; su presidente, de Hernando de Vega, comendador mayor de Castilla; de don Garca de Padilla; del licenciado Zapata; del milans Pedro Mrtir de Anglera; del secretario Francisco de los Cobos, cuya influencia iba creciendo cada da, y de Lope Conchillos, a quien se nombr de escribano.33Esa junta, empero, no existi definitivamente como verdadero Consejo de Indias con presidente y ministros propios, hasta el ao de 1524, en que por el extraordinario incremento de los negocios de Amrica, juzg el emperador que deba nombrar un consejo especial que despachase, como los otros consejos, eligiendo en 4 de agosto de dicho ao por presidente a fray Garca de Loaiza, general de la Orden de Santo Domingo su confesor; y a primero del mismo mes expidironse los ttulos de consejeros al obispo de Canarias y al doctor Gonzalo Maldonado; bien que ya eran miembros de l el mencionado Pedro Mrtir de Anglera proto-notario, y otros.34Trazados brevemente el origen y organizacin del Consejo de Indias, volvamos a los proyectos de Las Casas sobre la pacificacin y colonizacin de una parte del continente. Propuso al gobierno en 1519 que se le diesen 100 leguas de costa en Tierra Firme, donde no entrasen soldados ni gente de mar que turbasen la predicacin de los religiosos dominicos que l llevara para convertir los indios; pero esta propuesta fue mal acogida; no tanto por nacer de un hombre a quien odiaban algunos miembros del Consejo de Indias, sobre todo, su presidente el obispo Fonseca, cuanto porque no ofreca ventaja alguna ni al gobierno ni a ningn particular. Las Casas, pues, retir la primer propuesta, y en el mismo ao present otra de mayor importancia, prometiendo grandes provechos a la Real Hacienda sin que sta gastase nada. Esto, sin duda, influy en que fuese aceptada de los ministros flamencos de Carlos V y del nuevo gran canciller Mercurino Gattimara, recin llegado a Espaa. Quera Las Casas que se le diesen 1 000 leguas de costa desde el ro Dulce, 100 leguas arriba de Paria, hasta el punto de occidente en que aquellas terminasen, llevando en esto la mira de echar de Castilla del Oro, a Pedrarias Dvila su malvado gobernador; pero por la contrata que firm despus con el gobierno, dironsele solamente 260 leguas de costa desde la provincia de Paria inclusive hasta los lmites de Santa Marta; aunque por la tierra adentro se le concedi cuanto quiso.35 Peda tambin que se le entregasen, para restituir a su pas natal, todos los indios que de la tierra de su jurisdiccin se haban introducido en La

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 114\ 114\ 114\ 114\ 114\ Espaola y en otras islas; que se les permitiese llevar 12 religiosos dominicos y franciscos para la predicacin evanglica, y diez de los mdicos de La Espaola que quisiesen ir voluntariamente a servir de intrpretes; que le acompaasen 50 castellanos escogidos por l, vestidos de pao blanco con cruces rojas como las de Calatrava, y ciertos ramillos harpados en cada brazo, para que los indios creyesen que eran gente distinta de La Espaola que hasta entonces haban visto, y a la que tanto teman por las maldades que contra ellos haban cometido. Como no era fcil encontrar sin estmulo ni recompensa esos 50 hombres, Las Casas propuso que se les diese la duodcima parte de las rentas que se sacasen de los lmites de aquella tierra, y que la gozasen todos sus descendientes; pero esta concesin se restringi por la contrata, a slo cuatro generaciones. Propuso igualmente que se les armase Caballeros de Espuela Dorada, se les diese escudo de armas, con otros privilegios y exenciones, trasmisibles a sus herederos, y que con permiso del Papa y del rey pudiese ms adelante fundar, con ellos, una hermandad militar y religiosa. Pidi as mismo, que cuando muriese alguno de esos 50 caballeros, l pudiese elegir otro en su lugar, y que los indios pacificados dentro de los lmites de su jurisdiccin, jams fuesen esclavizados, ni encomendados a ningn otro gnero de servidumbre. Obligose a fundar tres pueblos con fortaleza cada uno, a explorar los lugares y ros que en la tierra tuviesen oro, informando de ello a S.M.; y, por ltimo, a que tres aos despus de haber entrado en ella, el rey percibiese una renta de 15 000 ducados que le tributaran los indios ya pacificados; 15 000 ms al cuarto ao; otro tanto al quinto y as progresivamente, hasta que al dcimo ao llegase a 60 000 ducados. Si el gobierno acogi favorablemente el proyecto de Las Casas, no as los espaoles cmplices de la esclavitud de los indios. Imposible es concebir sin trasladarse a aquellos tiempos, la violenta oposicin que aquel proyecto encontr, pues la envidia de unos, los bastardos intereses de otros, y las srdidas pasiones que siempre se haban agitado contra Las Casas, hicieron prorrumpir a muchos de sus enemigos en rabiosas imprecaciones; mientras otros se burlaban del vestido blanco y cruces rojas de los caballeros, llamndolos sambenitos, que era la seal ignominiosa con que la Inquisicin marcaba entonces a sus condenados. En medio de ese clamor general, slo hubo un hombre que de buena fe y apreciador del mrito de Las Casas, criticase con espritu evanglico su proyecto, no por el santo fin a que se encaminaba, sino por las ventajas pecuniarias que al gobierno ofreca. Ese hombre fue el devoto licenciado Aguirre, inquisidor, miembro del Consejo Real de Castilla y albacea de la reina Isabel. Reconvenido Las Casas por l, acerca de los ofrecimientos de dinero que haca en su contrata, aqul le respondi:

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JOS ANTONIO SACO /115 /115 /115 /115 /115 “Seor, si visedes maltratar nuestro Seor Jesucristo, y que ponian en l las manos y le denostaban y afligian con muchos vituperios, no rogarades con mucha instancia y con todas vuestras fuerzas que os le diesen, para lo adorar y servir y regalar y hacer con l todo lo que como verdadero cristiano debirades de hacer?—S por cierto.—Y si no os lo quisiesen dar graciosamente, sino vendroslo, no lo comprarades sin alguna duda?—S comprara.—Pues de esa manera, seor, he hecho yo: porque yo dejo en las Indias Jesucristo nuestro Dios azotndolo y afligindolo y abofetendolo y crucificndolo, no una, sino millares de veces, cuanto es de parte de los espaoles, que asuelan y destruyen aquellas gentes... He rogado y suplicado muy muchas veces al Consejo del rey que las remedien, y les quiten los impedimentos que se les ponen su salvacion… Propuse la ida de Frailes, y hanme dicho, que eso seria tener ellos ocupada la tierra sin ventaja del Rey. Desque v que me querian vender el Evangelio y por consiguiente Cristo, acord comprarlo, proponiendo muchas rentas y riquezas temporales para el Rey de la manera que habeis visto”.36Los ministros de Carlos acordaron que se publicase el proyecto de Las Casas y que pasase al Consejo de Indias, en cuya corporacin l tena poderosos enemigos; bien que pudo neutralizar su perniciosa influencia con su actividad y energa, con la recta intencin de sus fines y con el aprecio que le dispensaba el gran canciller Gattimara. Muy pronto empez Las Casas a sentir la malevolencia del obispo de Burgos, presidente de aquel Consejo, y de otros de sus miembros; pues a pesar de sus instancias, su asunto no se despachaba. Ocurri a la sazn, que el Gran Canciller y Monsieur de Chievres pasaron a la frontera de Francia para tratar de la paz con los enviados del monarca francs; y como tardasen dos meses, Las Casas, pensando que careca del favor necesario para triunfar de las dificultades que le rodeaban, busc nuevos apoyos, y encontrolos muy firmes en los predicadores de Carlos V, pues entonces era costumbre que los soberanos los tuviesen. Expsoles con el candor que le caracterizaba la justicia de lo que peda, y penetrados de la importancia de su proyecto, resolvieron abrazarlo con todo el calor que mereca. Ocho eran aquellos predicadores, y sus nombres respetables, a excepcin de dos, trasmitiolos Las Casas a la posteridad. Helos aqu: el doctor fray Miguel de Salamanca, catedrtico de Teologa de aquella Universidad, y despus obispo de Cuba; el doctor La Fuente, de la Universidad de Alcal y clebre en tiempo del cardenal Jimnez de Cisneros; los famosos hermanos coroneles maestros fray Luis y fray Antonio, doctores de la Universidad de Pars; fray Alonso de Len, gran telogo franciscano, y fray Dionisio, elocuente predicador de la Orden de San Agustn.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 116\ 116\ 116\ 116\ 116\ Estos padres asociados de Las Casas y de uno o dos ms, entre los cuales se contaba uno que se deca hermano de la reina de Escocia, y que haba llegado a Espaa en 1516, o 1517 con 13 religiosos franceses de San Francisco procedentes de Picarda,37 formaron en silencio una junta; y en una de sus sesiones, el noble fraile escocs que en Cuman observ la conducta de los espaoles con los indios, propuso una grave y trascendental cuestin diciendo que “Con qu justicia o poder se pudo entrar en las Indias de la manera que los espaoles entraron en ellas?”38Congregose varias veces esta junta, y al fin acord que estando obligados por la ley divina a poner remedio a los males de las Indias, todos trabajaran hasta lograr el xito de la empresa, juramentndose a guardar el plan que deban seguir. ste fue el de la forma evanglica de fraternal correccin; para lo cual exhortaran primero al Consejo de Indias; si nada se lograba, amonestaran despus al Gran Canciller; si esto no bastaba, amonestaran a Monsieur de Chievres; si ste tampoco corresponda, dirigiranse al emperador y tambin le amonestaran; y si todos estos pasos fuesen intiles, entonces predicaran pblicamente contra todos ellos, dando su parte de la culpa al rey .39A los pocos das presentronse los otros predicadores en la Sala de la Junta que ya tambin se llamaba Consejo de Indias, con gran asombro de sus miembros, y tomando la palabra fray Miguel de Salamanca, expuso todo lo que a su intento convena. El obispo Fonseca, presidente del Consejo, respondi al fraile, echndole en cara su grande atrevimiento en ir con tal pretensin: djole, que los predicadores del rey no tenan para qu meterse en las cosas que ste haca por sus Consejos; que el monarca les daba de comer para que le predicasen el Evangelio, y no para el asunto que los llevaba, en el cual deba de andar el licenciado Las Casas. El doctor La Fuente, uno de los ocho predicadores, replic al obispo de Burgos: “Que no se movian por Casas, sino por la Casa de Dios, cuyos oficios tenian, i por cuya defensa eran obligados, y estaban aparejados poner las vidas: y que no le deba de parecer atrevimiento, ni presuncion, que ocho Maestros en Teologa, que podian ir exortar todo un Concilio General, en las cosas de la F, y del regimiento de la Universal Iglesia, fuesen exortar los Consejos del Rey, en lo que mal hiciesen, porque era su Oficio mucho mejor, que el Oficio de ser del Consejo del Rey, y que por tanto havian ido all persuadir, que se enmendase lo muy errado, injusto, que en las Indias se cometa: y que si no lo enmendasen, predicarian contra ellos, como contra quien no guardaba la Ley de Dios, ni hacia lo que convenia al servicio del Rey y que esto era cumplir y predicar el Evangelio”. Tom despus la mano don Garca de Padilla y miembro del Consejo y dijo: “Este Consejo ha hecho lo que debe, y ha

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JOS ANTONIO SACO /117 /117 /117 /117 /117 proveido muchas y muy buenas cosas, para el bien de aquellos indios, las cuales se os mostrarn, aunque no lo merece vuestra presuncion, para que veais cuanta es vuestra temeridad, y soberbia”. Volvi a replicar el mismo doctor De la Fuente: “Mostrarsenos han, seores, las provisiones hechas, i s fuesen justas, las loaremos, y si no, las maldeciremos, y quien las hizo, y no creemos, que vuestras Seoras, y Mercedes querran ser de estos”.40Despus de tan extraordinaria escena, el Consejo mand llamar otro da a los predicadores para leerles muchas leyes y ordenanzas que desde los primeros aos del descubrimiento hasta el da se haban hecho sobre el buen tratamiento de los indios. Pasados algunos das, los predicadores presentaron al Consejo un largo escrito que contena su opinin acerca del remedio de los males que deploraban; y recibido benvolamente por el Consejo, ste les ofreci examinarlo, y dictar las medidas ms convenientes; aprovechndose de sus indicaciones.41Desde el ao de 1519 en que acaeci esta escena al de 1869 en que dicto estos renglones, corridas van cabalmente tres centurias y media: y de seguro que hoy, ni los predicadores, si los hubiese, de ningn monarca espaol, ni ningn convento entero de frailes, se atrevera a dar un paso tan atrevido como el de aquellos religiosos. Muchos atribuiran esta diferencia al fanatismo de aquellos tiempos y a la civilizacin de nuestros das; pero ni aqul ni sta bastan para explicar su verdadera causa. El Consejo de Indias sentase culpado, pues no slo patrocinaba los abusos que en el Nuevo Mundo se cometan, sino que era cmplice de ellos, aprovechndose sus miembros principales de los indios que en Amrica tenan encomendados. Por otra parte, los predicadores no podan ignorar que los ministros extranjeros de Carlos se alegraban de encontrar faltas en los empleados espaoles. Reflexinese tambin que an haba en aquellos tiempos grandes virtudes en los claustros de los monasterios, y cuando aqullas se practican en un pueblo de profundas creencias religiosas, adquieren un poder inmenso y una fuerza prodigiosa. Esto saban aquellos frailes, y esto fue lo que los movi a la noble conducta que debe aplaudir la imparcial posteridad. No obstante las promesas del Consejo de Indias a los predicadores, Las Casas conoca las nuevas dificultades con que haba de tropezar, pues por su influjo se haban quitado los repartimientos de indios al obispo Fonseca y a otros de sus miembros. De aqu naci, que ya por inspiracin propia, ya por insinuacin de otros, recus a todo el Consejo; y en especial a Fonseca, su presidente. El emperador con consulta del Gran Canciller admiti la recusacin, y mand formar una junta compuesta de sus ministros, de miembros de

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 118\ 118\ 118\ 118\ 118\ otros Consejos, y del cardenal Adriano que era entonces inquisidor general.42Constituida la Junta y examinado el negocio para que se haba formado, ordenose que se hiciesen los despachos del asiento ajustado con Las Casas. Sabido esto por algunas personas que haban llegado de Amrica, y entre ellas el cronista e historiador Gonzalo Fernndez de Oviedo,43 presentaron memoriales al Gran Canciller contra aquella contrata. Determinose entonces llamar a Las Casas para que respondiese ante la Junta. Su triunfo, como dice su ilustre bigrafo,44 era seguro en estas ocasiones. El raudal de sus palabras, el celo de que se revesta, el concepto inatacable de sus virtudes y desinters, su conocimiento y experiencia de las cosas de Indias, y la notoriedad de los atentados y violencias de que acusaba a sus contrarios, no dejaban estorbo alguno a la persuasin y al convencimiento, que salan de sus labios y razones con una fuerza irresistible. Objecionbasele tambin la falta de responsabilidad como clrigo; mas, l ofreci fianzas llanas y abonadas en 20 y 23 000 ducados, de cumplir cuanto prometa en su asiento. De esperar era que ya no hubiese ms obstculos, pero el Consejo de Indias, constante en su propsito de contrariar a Las Casas, present nuevas objecciones en un papel que entreg al Gran Canciller, quien pasndolo a Las Casas para que lo contestase, hzolo tan victoriosamente, que el mismo Consejo no pudo menos de reconocer por completo la fuerza de sus razones. Las Casas, por fin, triunf de sus adversarios, y su asiento fue firmado en la Corua a 19 de mayo de 1520.45Preparose alegremente a ejecutar su grandiosa y benfica empresa; pero el infeliz no saba las amarguras que le aguardaban. Sin demora parti para Sevilla; all escogi 200 labradores; tom de sus amigos cuanto dinero prestado pudo; el obispo Fonseca, temiendo nuevas reclamaciones y el descontento de los ministros de Carlos I, mand que los oficiales reales de la Contratacin, le fletasen tres naves, con mucha abundancia de bastimentos y los dems auxilios que necesitase. A punto ya su armada, hzose a la vela de Sanlcar para Puerto Rico el 11 de noviembre de 1520. En aquella isla supo la piratera de Ojeda, el alzamiento de los indios de Cuman y de otras comarcas vecinas, la muerte de 80 castellanos que andaban esparcidos por ellas, el asesinato de los religiosos dominicos y la destruccin del convento de Santa Fe, base principal en que se fundaba para realizar su proyecto.46Fcil es concebir cun profunda y dolorosa sera la impresin que en su alma produjeron tan tristes acontecimientos; pero sin desalentarse, determin aguardar en Puerto Rico la ya narrada expedicin

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JOS ANTONIO SACO /119 /119 /119 /119 /119 que al mando de su amigo Gonzalo de Ocampo haba salido de La Espaola, por orden de aquella Audiencia, para castigar a los indios de Cuman. No tard Ocampo muchos das en llegar, presentole Las Casas sus reales provisiones, intimole que no pasase adelante, pues a l le haba encomendado el rey el pas a donde iba a hacer la guerra; y que si los naturales estaban alzados, slo a l corresponda pacificarlos y sosegar la tierra. Ocampo le respondi, que acataba las reales disposiciones; pero no poda menos de cumplir lo que el almirante y la Audiencia le mandaban, y que ellos le sacaran a salvo, como ejecutor de sus rdenes. Con esta excusa y con palabras muy graciosas, pues era gran decidor, prosigui su cruel y destructora expedicin, cuyos deplorables resultados ya hemos expuesto ms arriba. En tan lamentable situacin, Las Casas resolvi ir a La Espaola, a notificar al almirante y a la Audiencia sus reales provisiones; mas, antes de marcharse, compr un buque en 500 pesos; y a los 200 labradores que haba sacado de Sevilla, repartiolos de cuatro en cuatro, y de cinco en cinco, en las haciendas de los espaoles que voluntariamente se ofrecieron a sustentarlos.47Lleg Las Casas a La Espaola, y en aquel teatro de sus continuas contradicciones, fue recibido como era de esperar, bien por pocos y mal por muchos. Dbase all el nombre de Consulta a una junta de diez empleados, compuesta del almirante gobernador, de los jueces de apelacin y de los oficiales reales. Ante ella, pidi Las Casas la ejecucin de sus reales provisiones; y sin mucha dificultad hicironlas pregonar en el paraje ms pblico de la ciudad de Santo Domingo, capital de La Espaola. Requiri tambin a la Consulta para que le mandase desembarazar la tierra que llevaba encomendada, que tornase Gonzalo de Ocampo, y que se le prohibiese continuar la guerra a los indios, pues la Consulta no estaba facultada por el rey para darle tal autoridad. A fin de ganar tiempo, respondisele que el asunto se examinara. No falt quien denunciase como inservible el buque que Las Casas haba comprado en Puerto Rico, y mandado reconocer por expertos, declarsele intil y echsele ro abajo.48As se iba demorando y comprometiendo ms cada da la empresa de Las Casas. l instaba por su despacho, y viendo que se retardaba amenaz a la Consulta con ir a Espaa a quejarse de su conducta. No queriendo la Consulta renovar sus hostilidades con un hombre tan temible como Las Casas, busc el medio de contestarle. Hzose, pues, compaa con l, y ajustronse las capitulaciones siguientes: de 24 partes que se ganasen, seis seran para la Real Hacienda; seis, para Las Casas y sus 50 Caballeros de Espuela Dorada; tres, para el almirante; cuatro, para los cuatro oidores; tres, para los tres oficiales reales, figurando en primera lnea el malvado Miguel de Pasamonte; y las dos ltimas, para los

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 120\ 120\ 120\ 120\ 120\ dos escribanos de cmara de la Audiencia. Estos socios contribuyeron proporcionalmente para los gastos de la empresa; y siendo Las Casas la cabeza de ella, acordose, que se le diese la armada de Gonzalo de Ocampo, con 120 hombres escogidos, a sueldo, licencindose a los dems que la componan. Esa tropa deba estar al mando de Gonzalo de Ocampo, que se hallaba todava en Cuman, fundando a un tiro de ballesta de la boca de ese nombre, un pueblo llamado la Nueva Toledo; y, por ltimo, se impuso a Las Casas la condicin de averiguar mejor que antes, cules indios de aquella tierra coman carne humana o no queran paz con los espaoles, ni recibir los sacerdotes que les enseasen la fe catlica, pues a todos stos se les deba hacer la guerra con la gente castellana puesta bajo las rdenes de Ocampo.49¡Cun duro debi de ser a Las Casas encontrarse asociado con hombres que siempre haban contrariado sus benficos proyectos en favor de los indios! Pero el destino por vas misteriosas permite a veces, que los hombres de las ideas y sentimientos ms opuestos, se vean forzados a concurrir en una misma empresa. Hallbase Las Casas en el terrible dilema, o de aceptar la nueva contrata que se le impona, o de renunciar enteramente a la que antes haba celebrado con el gobierno. Opt, pues, por el primer partido, reservndose en ciertos puntos la facultad de obrar segn su recta conciencia. As es que al hablar de la guerra que sus consocios queran que se hiciese a los caribes para esclavizarlos, l nos dice: “Y era tanta su ceguedad, que no advirtieron que habiendo andado cinco seis aos el Clrigo (como todos sabian) trabajando y muriendo, yendo y viniendo Castilla porque no hiciesen esclavos, y los que tenian hechos los libertasen, aunque fuesen de los Caribes que comian carne humana, oyndole afirmar que hacellos aquellos esclavos era tirana, que as se engaasen s mismos, que pensasen que el Clrigo habia de ser causa de aquellas guerras”.50Despachado el negocio de Las Casas en Santo Domingo entregronsele las tres naves bien armadas y abastecidas de cuanto necesitaba. En julio de 1521 parti de aquella ciudad para recoger en la isla de Puerto Rico los 200 labradores que haba dejado; mas, stos ya se haban esparcido por diferentes puntos de ella. Aunque privado de este socorro, prosigui su viaje, y cuando lleg a la costa de Cuman, encontr a Gonzalo de Ocampo en la Nueva Toledo, y a su gente muy descontenta, porque habindose retirado los indios de aquellas cercanas, los espaoles que nunca labraban la tierra para mantenerse, sentan ya los rigores del hambre; verificndose aqu aquellas palabras de Las Casas: “Sin los indios nunca los espaoles por todas las Indias se vieron hartos”.51 Muy pocos, pues, quisieron permanecer all con Las Casas. Ocampo, su amigo, consolose del modo que pudo; abandon la Nueva Toledo con los castellanos de su expedicin, y hacindose a la vela para La Espaola.

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JOS ANTONIO SACO /121 /121 /121 /121 /121 Las Casas quedose solo con algunos amigos, criados suyos, y otros que quisieron permanecer a sueldo.52Estaba en aquel punto el convento franciscano de que arriba hemos hablado, y del que era guardin fray Juan Garceto. A espaldas de la hermosa huerta que tenan all los religiosos, fabric Las Casas una atarazana para guardar los vveres, municiones y mercancas de rescate que llevaba. Por el rgano de los frailes y de una india llamada doa Mara, que entenda algo el castellano, hizo saber a los indios las benficas intenciones que le animaban, y la buenaventura que deban prometerse bajo del nuevo monarca que reinaba en Castilla. Para que los hechos correspondiesen a las palabras, empez a ganarse a los indios con los regalos que les haca. Adems, comenz a levantar una fortaleza en la boca del ro de Cuman, no slo para asegurarse de algn asalto de los indios, sino para reprimir los desrdenes de los espaoles de Cubagua. stos comprendieron muy pronto las miras de Las Casas, y conociendo que si las realizaba, ya no podran saltear aquella tierra, sedujeron al maestro que construa la fortaleza, para que no la continuase.53Cubagua, como yo he dicho, careca de agua potable, y forzados los castellanos a ir a buscarla al ro de Cuman, continuaron con su acostumbrada insolencia el pernicioso trato que tenan con los indios. Amaban stos el vino hasta el exceso, y los espaoles se lo daban en cambio de oro, mujeres y muchachos esclavizados. Agregbase a esto que no sabiendo, o no queriendo los indios templar el vino con agua, embriagbanse con frecuencia riendo entre s y matndose con sus flechas envenenadas. Las Casas pas entonces a Cubagua a pedir al alcalde mayor que la gobernaba, que atajase los males que los castellanos le ocasionaban, pues le impedan la pacificacin de la tierra. Torn a Cuman; pero desengaados l y los religiosos de que era intil esperar remedio alguno de Cubagua, tom la resolucin de ir a buscarlo a la corte o a La Espaola. Prefiri a sta por tenerla ms a mano; pero antes de partir, nombr por capitn de la gente que all dejaba, a Francisco de Soto, con encargo especial de que por ningn motivo permitiese que se apartasen del puerto de Cuman las dos naves que en l haba, para que en cualquier evento desgraciado pudiesen salvarse en ellas. Embarcose Las Casas para La Espaola, y despreciando Soto sus rdenes, envi las dos naves a diferentes partes de la costa, en busca de perlas, oro y esclavos. Esta situacin era favorable a las maquinaciones de los indios: no las ignoraban los espaoles, y habiendo llegado a la sazn un buque de los que andaban traficando por aquella costa, fueron a acogerse a l los religiosos y la dems gente castellana, pero su capitn y tripulacin ms crueles que los caribes, no quisieron recibirlos. A los 15 das de haber salido Las Casas, los indios asaltaron la atarazana y el monasterio de

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 122\ 122\ 122\ 122\ 122\ los franciscos, pegronles fuego, mataron algunos espaoles, y stos sin ms recurso que la fuga, pudieron salvarse en una canoa con grande riesgo de sus vidas, acogindose a dos buques que cargaban sal en la Punta de Araya; siendo vctima del furor de los indios el religioso fray Dionisio, que no pudo escaparse. (Dcada 3, libro II, captulos IV y V.) As terminaron los monasterios de Cuman, y los grandes proyectos que Las Casas haba concebido en favor de los indios y de la futura suerte del Nuevo Mundo. Los prfugos espaoles llegaron a Cubagua, y cobrando con su fuga los indios nuevos bros, preparronse para asaltar aquella isla. Apoderose tal terror de los castellanos que la habitaban, que aunque eran 300 en nmero y bien armados, abandonaron, como dice Oviedo, cobardemente sus hogares, con mucha cantidad de vino y otras cosas de valor, refugindose en La Espaola y esparciendo en ella la fatal noticia de los desastres de Cuman. Al ver los indios a Cubagua sin habitantes, cayeron sobre ella, aprovechndose de los bastimentos que encontraron, y destrozando lo que no pudieron llevarse. Las Casas, entretanto, luchaba con las olas del mar que tambin se haban conjurado contra l. Equivocados los marineros en su navegacin, llevronle al puerto de Yaquino 80 leguas ms abajo del de Santo Domingo, punto de su destino. Forcejeando estuvo all dos meses contra las fuertes corrientes, y cansado de tan largo viaje, desembarc en la costa para ganar el pueblo de la Yaguana, nueve leguas tierra adentro, y seguir de all hasta Santo Domingo.54Luego que lleg a esta capital acab de conocer el abismo insondable en que se haban hundido hasta sus ltimas esperanzas; y no teniendo ya recursos para trasladarse a Espaa, inform al gobierno del xito fatal de su empresa. Inmensa era la desventura de Las Casas, y nadie la comprendi mejor que su bigrafo Quintana, cuando dice:55 “Su hacienda y la de sus amigos estaba ya consumida, la del Rey intilmente gastada, sus proyectos destruidos, sus esperanzas deshechas, sus mulos triunfantes, l vilipendiado de todos como un hombre sin seso y sin cordura, entregado, vanas ilusiones, cuya realizacin desatinada habia sacrificado tantos hombres y tantos caudales. El cielo su parecer se le venia encima y la tierra le faltaba”. Hay circunstancias en la vida, en que aun los hombres de ms fortaleza se rinden a la desgracia, y yo creo que en la larga carrera de Las Casas, sa fue la nica vez en que flaque, y en que quizs pens abandonar para siempre la santa causa de los indios. En su inmensa pesadumbre no hall entonces ms consuelo que el de los religiosos dominicos, sus antiguos y constantes amigos; y cediendo a los deseos del venerable fray Domingo de Betanzos,56 decidiose a tomar el hbito de aquella Orden en 1522. Apartose, pues, de los negocios del mundo, y

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JOS ANTONIO SACO /123 /123 /123 /123 /123 enterrndose en la humilde celda del monasterio de Santo Domingo, en La Espaola, no sali de ella sino al cabo de algunos aos, para consagrarse de nuevo a la defensa de los indios y adquirir en la historia del Viejo y del Nuevo Mundo una gloria y un nombre imperecederos. Sin la piratera de Ojeda, origen de tantas desgracias, puede asegurarse que la empresa de Las Casas no se hubiera malogrado, y que sus felices consecuencias habran probablemente cambiado la suerte del continente hispanoamericano; pues pacificados los indios de Cuman por medio de la predicacin evanglica, este ejemplo habra encontrado imitadores. Exentos entonces los indios de la dura esclavitud y de las pesadas encomiendas a que sus conquistadores los condenaron, hubiranse conservado, y dedicndose entonces a satisfacer las necesidades de una colonizacin bien dirigida, no hubiera sido menester llamar para reponerla a la raza africana, que tantos males ha causado en el mundo descubierto por Coln. Desbaratados los grandes proyectos de Las Casas, libre qued el campo a los aventureros espaoles para continuar sus asaltos en la provincia de Cuman y en regiones ms distantes. El gobernador y la Consulta de La Espaola, en vez de atribuir las desgracias acaecidas a la mala conducta de los castellanos, armaron una expedicin al mando de Jcome de Castelln, para que fuese a castigar a los indios de Cuman. Parti este capitn de aquella isla con cuatro o cinco naves, y segn las instrucciones que se le dieron empez a fundar la Nueva Cdiz, en Cubagua, cuya ciudad fue de corta duracin, porque los espaoles la abandonaron luego que ces la granjera de las perlas. Sin demorarse en Cubagua ms tiempo que el necesario, pas Castelln al ro de Cuman, y asegur a los vecinos de aquella isleta el agua de que carecan, asentando en su boca una fortaleza en el mismo punto donde Las Casas comenz a levantarla.57 Envi Castelln cuadrillas para saltear los indios del interior, y como dice Gomara: “Guerre los indios, recobr la tierra, rehizo la pesquera, hinch de esclavos Cubagua y an Santo Domingo”.58Tal fue el castigo que por orden superior impuso Castelln a los hijos de Cuman; y esto, sin embargo, se llamaba entonces pacificar la tierra Aun antes de estos dolorosos acontecimientos, ya era bien deplorable el estado de aquella provincia, cuyos males lamentaba Miguel Castellanos, que fue con Las Casas a Cuman de contador real en 1521. “De lo cual —as dice— es muy notorio fueron ocasion los cristianos por los ir correr y facer guerra, tomndolos por esclavos ellos y sus mugeres hijos por las partes donde los frailes estaban convirtiendo... V a muchos que menosprecindoles fueron con armadas, facian guerra los indios, y traan algunos esclavos para los vender v otras desrde-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 124\ 124\ 124\ 124\ 124\ nes... V en La Espaola que en obra de dos meses se trajeron ms de 600 esclavos de do haba de ir Casas y venderlos por los Oficiales en Santo Domingo”.59Continuaban las invasiones de los caribes de algunas islas en Puerto Rico para comerse a los que capturaban. En abril de 1521, cinco piraguas de ellos dieron en unas estancias de los castellanos, de los cuales mataron algunos, llevndose cautivos a muchos castellanos para devorarlos.60 Mirbase, pues, con horror a los caribes, y de ste sentimiento participaban los religiosos fray Toms Ortiz y otros dominicos y franciscos, quienes aconsejaban que se diese por esclavos a todos esos indios. Habiendo aqullos presentado un parecer extendido por fray Pedro de Crdoba, prelado de la Orden de Santo Domingo, el presidente Loaiza quiso que fray Toms Ortiz expusiese ante el Consejo las ideas que tena para pedir que los caribes fuesen esclavizados. Hzolo as, y lanz contra ellos la ms terrible acusacin, imputndoles los vicios ms asquerosos y los crmenes ms horrendos. “Que comian carne humana: que eran sodomticos ms que generacin alguna: y que ninguna justicia habia entre ellos: que andaban desnudos i no tenian vergenza: eran como asnos abobados, alocados, i insensatos, y que no tenian en nada matarse, ni matar; ni guardaban verdad”. (Seguir con lo que dice Herrera, dcada 3, libro VIII, captulo X, pgina 245, columna 1.) De las acusaciones fulminadas por el padre Ortiz contra los caribes, unas son ridculas, y otras comunes a casi todos los salvajes; mas, a pesar de esto, tuvieron gran fuerza ante el Consejo de Indias, y Carlos V de acuerdo con l, declaroles esclavos en 1525. Agravose esta situacin en aos posteriores con los nuevos asaltos que los aventureros espaoles hacan. Como la isla de la Margarita no tena oro, ni tampoco se encontraron perlas en sus costas, sino muchos aos despus de su descubrimiento, descuidose su colonizacin. La primera vez que de ella se trat fue en 1525, en que el licenciado Marcelo de Villalobos, uno de los malvados oidores de la Audiencia de La Espaola, ajust asiento con el gobierno para poblarla de castellanos.61 Desde entonces comenz a adquirir alguna importancia por estar poco distante de las costas de Cuman; importancia que se aument con el descubrimiento de sus ostrales de perlas en 1538.62 No fue, pues, ya slo de Cubagua y la ciudad de la Nueva Toledo que Castelln haba empezado a fundar, de donde era asaltada la Costa de las Perlas, sino de la Margarita y de un pueblo que asentado despus en el puerto de Maracapana por los vecinos de Cubagua, slo se compona de gente de guerra, que con frecuencia sala a esclavizar indios, so pretexto de impedirles que invadiesen aquella isleta.63

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JOS ANTONIO SACO /125 /125 /125 /125 /125 El gobierno del emperador siempre procur reprimir tan graves escndalos; y desde 1524 aprob una declaracin de la Audiencia de La Espaola, en que dio por libres ciertos indios llevados de Tierra Firme, no obstante que ellos mismos confesaron ser canbales; y mand que esta disposicin se guardase, mientras otra cosa se proveyese, porque la suavidad era el mejor medio de apartarlos de aquella horrible costumbre, y traerlos al gremio catlico.64 sta era la senda por donde debi haberse siempre marchado; pero los falsos informes de que los castellanos se valan para extraviar al gobierno, la punible proteccin que encontraban en algunos personajes de la corte, y las preocupaciones de aquella poca, daban ocasin a dudas y vacilaciones, triunfando a veces la iniquidad de la razn y la justicia. A pesar de la Declaratoria hecha en 1520 por el licenciado Rodrigo de Figueroa sobre los indios que deban tomarse o no por caribes, la conciencia de Carlos V no qued del todo tranquila, pues dudaba si esos mismos caribes podan ser esclavos, conforme a la ley divina y humana. Recomend, pues, el grave asunto a fray Garca de Loaiza, obispo de Osma y presidente entonces del Consejo de Indias, encarecindole mucho que se informase de personas doctas y honradas que entendiesen las cosas del Nuevo Mundo. Pero la esclavitud que los espaoles imponan entonces a los indios, no pesaba solamente sobre los caribes, sino sobre otros muchos que no lo eran. Deseando aquel monarca reparar tantos agravios y reprimir esa iniquidad, expidi una Provisin Real a 17 de noviembre de 1526, ordenando a la Audiencia de Santo Domingo, y a todos los gobernadores y justicias del Nuevo Mundo que ejecutasen cuanto en ella se dispona. El encabezamiento de esta cdula es muy importante, porque el monarca mismo reconoce las maldades que sus sbditos espaoles cometan en el descubrimiento y conquista de las Indias. Dice as: “Por cuanto nos somos certificados y es notorio que por la desordenada codicia de algunos de nuestros sbditos que pasaron las nuestras islas Tierra Firme del mar Ocano, por el mal tratamiento que ficieron los indios naturales de las dichas islas Tierra Firme, ans en los grandes y escesivos trabajos que le daban, tenindolos en las minas para sacar oro, y en las pesqueras de perlas, y en otras labores y grangeras, fascindolos trabajar escesiva incmodamente, no les dando el vestir ni el mantenimiento que les era necesario para sustentacion de sus vidas, tratndoles con crueldad y desamor, mucho peor que si fueran esclavos; lo cul todo ha sido fu causa de la muerte del gran numero de los dichos indios naturales de ellas, y que otros huyesen, se fuesen, los montes otros lugares para salvar sus vidas y salir de la dicha sujeccion y mal tratamiento, lo cul fu tambien grande estorbo la

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 126\ 126\ 126\ 126\ 126\ conversion de los indios nuestra Santa Fe Catlica... y ans mismo somos informados que los capitanes y otras gentes que por nuestro mandado y con nuestra licencia fueron descubrir y poblar alguna de las dichas islas Tierra Firme... movidos con la dicha codicia, olvidando el servicio de Dios nuestro Seor nuestro firieron mataron muchos de los dichos indios en los descubrimientos conquistas, y les tomaron sus bienes sin que los dichos indios les hobiesen dado causa justa, ni hobiesen precedido ni hecho las amonestaciones que eran tenidos de les facer, ni fecho los cristianos resistencia ni dao alguno para la predicacion de nuestra Santa Fe; lo cul dems de haber sido en grande ofensa de Dios nuestro Seor, di ocason y fu causa que no solamente los dichos indios que recibieron las dichas fuerzas, daos agravios, y otros muchos comarcanos que tobieron de ello noticia sabidura, se levantaron juntaron con mano armada contra los cristianos nuestros sbditos mataron muchos de ellos, an a los religiosos personas eclesisticas que ninguna culpa tuvieron, y como mrtires padecieron predicando la Fe cristiana; por lo cul todo suspendimos sobreseimos en el dar de las licencias para las dichas conquistas descubrirnientos, queriendo proveer placticar, ans sobre el castigo de lo pasado como en el remedio de lo venidero”. Para remediar Carlos V los males que deplora, mand: 1 —Que se averigase con toda la posible diligencia, cules eran las personas que haban matado, robado, esclavizado, o cometido otros excesos contra los indios, y que las autoridades enviasen al gobierno relacin de la culpa con el parecer del castigo que deba imponerse a los delincuentes. 2 —Que las justicias investigasen quines tenan indios esclavos, sacados de sus tierras, para que volviesen libres a ellas, siempre que lo deseasen y pudiesen hacer sin inconveniente; pero la ltima parte de esta medida no alcanzaba a los que ya eran cristianos, por temor de que apostatasen tornando a su pas natal. 3 —Que en caso de no poder tornar a sus tierras los que an no eran cristianos, se les dejase como libres, tratndolos y gobernndolos bien, sin recargarles de trabajo, y atendiendo a su provecho segn su capacidad. 4 —Que cada descubridor llevase a bordo de su nave por lo menos dos sacerdotes, con aprobacin del Consejo, no slo para instruir a los indios en la fe catlica, sino para defenderlos y ampararlos, dando cuenta de todo a S.M. 5 —Que cuando los descubridores hubiesen de desembarcar en alguna isla, no lo hiciesen sino con aprobacin de los referidos sacerdotes y de los oficiales reales. 6 —Que luego que llegasen a las tierras que iban a descubrir en el continente, lo primero que hicieran, fuese explicar a los indios, por intrpretes la buena intencin de S.M., para que se convirtiesen y apartasen de sus abominaciones, leyndoles, segn estaba mandado, el Requerimiento de que ya se ha hablado; pues slo en caso de no querer

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JOS ANTONIO SACO /127 /127 /127 /127 /127 abrazar la religin catlica y de no someterse a la dominacin de Castilla, resistindose con las armas, podran los espaoles en su propia defensa declararles la guerra, y tenerlos por esclavos; pero esto no poda hacerse sin el acuerdo y unnime parecer de los clrigos y religiosos, los cuales deban firmarlo con sus propios nombres. 7 —Que si para convertir los indios y apartarlos de sus abominables vicios y brbara costumbre de comer carne humana, no quedaba otro remedio que el de someterlos al poder de los espaoles, se les encomendasen para que tratndolos como libres, se lograsen los fines que el monarca deseaba.65stas fueron las disposiciones fundamentales de la Real Provisin de 1526; y si bien honran la memoria de Carlos V por la buena intencin que le anim, forzoso es reconocer que en nada mejoraron la condicin de los indios, porque los esclavos se quedaron esclavos y los que no llevaban este nombre, corrieron la misma suerte. Es curioso observar que ya por ese tiempo exista una corriente contraria de emigracin e inmigracin entre las cuatro Grandes Antillas y algunas partes del continente. La primera era de los espaoles que salan de aqullas para ste; y la segunda, de los indios esclavizados que de ste se llevaban a aqullas. Queriendo el gobierno mantener la poblacin castellana en las referidas Antillas, impuso en Granada a 17 de noviembre de 1526 la terrible pena de muerte y de confiscacin de bienes a todos los espaoles que las abandonasen para establecerse en el continente o en otras islas.66 Esta pena fue injusta, porque privaba al hombre de la libertad de mudar de domicilio segn convenga a sus intereses: ineficaz, porque en el estado de aquellas islas no era posible retener en ellas a los que deseaban abandonarlas para buscar fortuna en el continente: contradictoria, porque al paso que les impeda salir de aquellas islas, no les negaba la facultad tantas veces concedida de armar expediciones en ellas, para ir al continente: y brbara, en fin, por la crueldad del castigo que indistintamente les impona. La continua repeticin de las rdenes dictadas por el gobierno sobre el buen tratamiento de los indios, es la prueba ms completa de que nunca se ejecutaban; y no obstante el empeo que siempre mostraron los monarcas de Castilla en favorecer a los indios, no les fue dado vencer los obstculos que encontraron, porque, como dice fray Antonio de Remesal, “la distancia de las tierras, y la libertad de conciencia y cudicia de los espaoles que las habian de guardar, no davan lugar su execusion, principalmente no haviendo quien los apremiase ella, y por esta causa se veia claramente la perdicion de las Indias, la destruicion de sus naturales, y el dao que la Corona de Castilla se le seguia de lo uno y de lo otro”.67Deseaba Carlos V que los indios fuesen libres, y como muchos eran violentamente esclavizados so color de ser caribes, habase restringido

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 128\ 128\ 128\ 128\ 128\ el nmero de las expediciones que salan contra stos. De aqu result, que cobrando nuevos bros, no slo asaltaban a La Espaola, Puerto Rico y otras islas, sino a ciertas partes del continente, robando los ganados, y matando la gente o llevndosela para comerla. La irrupcin que hicieron en la isla de Puerto Rico en octubre de 1528, ocasion graves daos en las personas y en las propiedades. Movido entonces el gobierno del mal que causaban los caribes, dio licencia para que con parecer y aprobacin de la Audiencia de La Espaola, los vecinos de ella, de las mencionadas islas, y otras partes, pudiesen armar contra esos indios para cogerlos y esclavizarlos.68 Nuevo estmulo dio a la guerra contra ellos la memorable invasin que 500 caribes hicieron en Puerto Rico en 1530, pues asaltando la parte del Daguago, que era donde haba ms hacienda, saquearon la de Cristbal de Guzmn, matndole a l y a todos los espaoles, indios, negros, caballos y perros bravos que haba en ella; llevndose adems vivos 25 indios y negros para comrselos como tenan de costumbre. Esta invasin infundi tanto terror, que los hombres estaban en continua centinela, y las mujeres y nios dorman de noche en las iglesias y monasterios.69Un rayo de esperanza luci para los indios con la ley o provisin que el emperador don Carlos promulg en Madrid a 2 de agosto de 1530, pues dijo: “Hasta tanto que espressamente revoquemos suspendamos lo contenido en esta nuestra carta haziendo espressa mincion della ningun nuestro governador ni capitan ni alcayde ni otra persona de qualquier estado diidad y oficio y condicion que sea en tiempo de guerra, aunque sea justa y mandada hazer por nos por quien nuestro poder uviere sean osados de cautivar los dichos indios de las dichas Indias islas y Tierra Firme del mar Ocano descubiertas ni por descubrir ni tenerlos por esclavos”.70Las palabras estampadas al principio de la ley que he transcrito, manifiestan que el monarca no estaba ntimamente convencido de la justicia o poltica de lo que mandaba, porque se reservaba el derecho de revocarlo o suspenderlo segn las circunstancias. Esa ley, pues, debi considerarse como interina o transitoria sin tener un carcter de perpetuidad. Pero tan acostumbrados estaban los castellanos a esclavizar indios, que no respetaron esa misma ley en muchas partes del Nuevo Mundo, ni aun en los primeros das de su publicacin. Esta triste verdad aparece de una comunicacin que hizo al emperador el obispo de Santo Domingo, a 11 de agosto de 1531, en la que le dijo lo siguiente: “Porque por experiencia parece que hacer a los indios esclavos, contratar con ellas para que den esclavos, despuebla y alborota la tierra, mande V.M. prohivir cualquier descubridor poblador que no los haga

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JOS ANTONIO SACO /129 /129 /129 /129 /129 esclavos ni permita que se compren de los indios esclavos, porque si se alzan resisten, no es suficiente castigo ni remedio dallos por esclavos, salvo procurar de tomar al Cacique y los capitanes si algunos tuvieren, y proceder contra ellos porque el castigo fecho en el Cacique los castiga mucho estos y si se levantan es por voluntad de su Cacique quien tienen suma obediencia”.71No fue perdida, por cierto, la voz del obispo de Santo Domingo, como tampoco la de otros esclarecidos varones; y el emperador siempre dispuesto a mirar por el bien de los indios, expidi en Medina del Campo a 13 de enero de 1532 una nueva orden tambin general como la del 2 de agosto de 1530, para que ni por compra, ni por trueque, ni por razn de guerra, ni por otra causa pudiesen ser habidos por esclavos so gravsimas penas que para ello se impusieron. Esa orden fue extensiva a todo el Nuevo Mundo, y, por tanto, mandose publicar en todos los pases ya poblados: debiendo conocerse por esta determinacin el desinters y humanidad del monarca, pues ya quedaba privado del quinto de los esclavos que se hacan. “Esta fu —segn dice Herrera—, una Santa Ordenanza, con la cual se escusaron infinitos abusos y pecados: y se hubieran escusado muchos ms, si del principio se hubiera establecido, especialmente en Cubagua, Santa Marta, y la Margarita, donde hacian inestimables daos corriendo la Tierra Firme y cautivando la gente, sin distinguir la buena de la mala”.72¡Triste ilusin la de Herrera!, pues ese infame trfico continu, y nada menos que en el mismo ao de 1532 los vecinos de Cubagua introdujeron en Puerto Rico muchos esclavos de la costa de Tierra Firme.73Esa ordenanza o provisin fue la causa, segn el mismo Herrera,74de que comenzase a declinar la importancia de la ciudad de la Nueva Cdiz en Cubagana; pero en mi concepto hubo otro motivo ms poderoso, cual fue la disminucin de los ostrales de perlas que ya desde entonces se senta. Habitada la isla de la Trinidad por indios belicosos que peleaban con flechas envenenadas, permaneci muchos aos sin ser conquistada por los espaoles. El primero que ofreci al rey pacificarla y poblarla, fue Antonio Sedeo, contador de la isla de Puerto Rico, para lo cual ajust asiento con el gobierno en 1530,75 y no obstante las condiciones que se le impusieron, su conducta con los indios fue semejante a la de los dems conquistadores. A juzgar por sus palabras, parece que estaba decidido a cumplir los trminos de su asiento, porque hallndose en el golfo de Paria en 1530, dijo ser la voluntad de S.M. que en ninguna parte se hiciesen esclavos, y que ni l ni otros gobernadores lo consintiesen so graves penas “no slo de los indios que estaban declarados por esclavos, pero ni de aquellos que los dichos indios tenan entre s por esclavos”.76

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 130\ 130\ 130\ 130\ 130\ Los acontecimientos posteriores fueron contrarios a los indios de la Trinidad. No haba sido ella comprendida entre las islas caribes, segn la mencionada Declaratoria hecha en 1520 por el licenciado Rodrigo de Figueroa, ni realmente lo era; pero sus hijos eran valientes y peleaban con flechas envenenadas. Sedeo tuvo el dolor de experimentarlo en 1532, pues en dos recios encuentros que con ellos tuvo, perecieron cruelmente muchos castellanos. De esa refriga l dio cuenta al gobierno desde Cubagua en 28 de enero de 1533, y de ella aparece el terror que las flechas envenenadas de aquellos indios infundieron a Sedeo y a la gente que capitaneaba. “Fecho este castigo recog los heridos en los navios, los sanos en tierra la lengua del agua frontero dellos, en donde podian estar seguros, dentro de ocho dias murieron de los heridos ocho espaoles, unos dentro de 24 horas otros dentro de tres das quatro, y el que ms al seteno, y algunos dellos rabiando, que era cosa de mucha compasion, porque ovo yerva tan mala como la ms ponzoosa de estas partes, lo qual puso tanto escndalo en los espaoles que conoscieron bien la fuerza de los indios y el peligro de lo que acometieron”. “Porque segun lo que he entendido de la tierra de la ferocidad osada de los indios della, conociendo como conocen el temor que tenemos la ponzoa de sus flechas y el dao que facen con ella; es tan conveniente cosa dar los que los conquistaren tanta manera de intereses en ellos y en la tierra que este les faga aventurar la vida por los subjetar, y plega Dios que en estas partes y an en esos Reinos se halle gente para ello por razon de la yerva aunque S.M. as lo provea, porque en verdad digo a V.S que se ha de comprar con sangre, que si no se matan echan de la tierra las dos partes de la gente de guerra toda, que no se ha de subjetar antes se han de dejar quemar, quando llegaren esta necesidad creo que no mnos ha de ser el dao de los espaoles que el suyo, y aunque no dubdo que la mayor parte dellos vernan de paz pero esta tngola por mayor guerra para los espaoles por la osada con que acometen qualquier maldad, la qual les dara aliento qualquier descuido que en ellos hoviese con la paz, el cual de necesidad le havia de haver, para la seguridad desto solo basta la subjecion que les cabse temor... Desta Isla de Cubagua 28 de enero de 1533. Antonio Sedeo”.77La muerte de los castellanos al mando de Sedeo arranc al emperador la orden de que se esclavizase a los indios de la Trinidad como caribes, traidores, inhumanos y bestiales .78 A poco asaltaron dudas acerca de la justicia de esta determinacin, y el Consejo de Indias, obedeciendo a los deseos del monarca, convoc una junta de los principales telogos de Espaa, para que examinasen de nuevo el asunto; y despus de largas discusiones, fallaron que los indios de la Trinidad deban

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JOS ANTONIO SACO /131 /131 /131 /131 /131 de ser esclavos. Las razones que expusieron para tan dura sentencia, revelan las ideas de aquella poca; y para bien apreciar su valor, es conveniente recordar el gran poder que haban los Papas adquirido en la Edad Media. Distinguidos jurisconsultos hubo entonces en Espaa que juzgaron no ser necesaria la confirmacin ni donacin del Pontfice, para poseer justamente las tierras recin descubiertas en el Nuevo Mundo; pero siendo muy piadosos los Reyes Catlicos, y cediendo a la creencia general que ningn monarca poda adquirir legtimamente, sin tal autorizacin de la Iglesia, los pases que descubriese o conquistase, ocurrieron a la Santa Sede, suplicndole que se dignase conceder a la Corona de Castilla y de Len los pases descubiertos, y que en adelante se descubriesen. No fue est la primera vez que los soberanos ocurrieron al trono pontificio con iguales pretensiones. Cuando Enrique II de Inglaterra intent la conquista de Irlanda en el siglo XII, envi a Roma al monje Juan de Salisbury para obtener la aprobacin del papa Adriano IV.79Del pontfice Martino V obtuvo tambin bula de concesin en 1420, el rey de Portugal, cuando comprendi sus gloriosos descubrimientos en la costa occidental de frica; y despus que stos se extendieron en el curso del siglo XV hasta el cabo de Buena Esperanza, y una parte del Asia, el monarca portugus alcanz de los pontfices Nicols V y Calixto III nuevas bulas para legitimar sus ttulos a las tierras que haban cado bajo su dominacin. Llevada Espaa de estos ejemplos, y de las creencias que entonces existan, acudi igualmente al Papa, para que en virtud de su gran poder sancionase el dominio de los nuevos pases que acababa Coln de descubrir; y Alejandro VI, que era entonces el pontfice reinante, concedi por las bulas de 3 y 4 de mayo de 149380 a los Reyes Catlicos, don Fernando y doa Isabel, la peticin que le hicieron. Considerndose, pues, al Papa como dueo supremo de todas las tierras pertenecientes a los infieles, y habiendo concedido aqul a los Reyes Catlicos las del Nuevo Mundo, en virtud de la mencionada bula, muy lgico era que los telogos espaoles congregados en la referida junta de 1533, hubiesen opinado del modo que lo hicieron. Fundronse en que si por derecho de gentes, los infieles pueden tener dominio y jurisdiccin, sin pecado, y sin que ningn cristiano tenga derecho de quitrselos; sin embargo, como el Sumo Pontfice es sucesor de San Pedro y vicario de Jesucristo sobre fieles e infieles, aunque todos no estuviesen al presente bajo la obediencia de la Santa Iglesia, infirese de este poder del Pontfice, que los infieles, que no tienen ms ley que la natural, si algo hiciesen contra ella, el Papa, no slo poda lcitamente castigar a los idlatras y gentes que viven contra esa ley natural, sino que estaba obligado a hacerlo, privndoles de sus tierras como injustos poseedores, y que en caso de

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 132\ 132\ 132\ 132\ 132\ no admitir, ni consentir que entre ellos se predicase el Evangelio, el Papa, hechas las amonestaciones convenientes por personas religiosas, poda y deba castigarlos, invocando el brazo seglar. Y como los reyes espaoles haban recibido este poder y facultad de los sumos pontfices, los telogos que formaron aquella junta dijeron y concluyeron: “la guerra que se hacia los indios, as por concurrir en ellas las cosas referidas, y ser idlatras, molestos y nocivos los cristianos, y haber muerto muchos de ellos, y que no dejan libremente predicar el Santo Evangelio, y dilatar nuestra Santa Fe, que es la principal pretension nuestra, y por los muchos gastos que la Corona Real ha hecho se les podia, y debia hacer la guerra rigorosa”.81Sin duda que hoy estas razones son ridculas y absurdas; pero en los siglos XV y XVI tenan tanta fuerza, como la que en nuestros das se da a la soberana nacional. La real orden o provisin de Medina del Campo publicada en 1532 para que no se hiciesen ms esclavos indios, dej de cumplirse en muchas partes, no slo por la infraccin de los castellanos, sino por orden del mismo emperador. Una de las causas que influyeron en su revocacin fueron las crueldades de los caribes, pues yendo a la Costa Firme en 1535 dos religiosos franciscanos con el objeto de convertir los indios, asaltronlos aqullos en unas piraguas, cerca de la Margarita, y los mataron con 40 cristianos e indios que los acompaaban, de los cuales, slo escap uno que dio la fatal nueva en la punta de Araya. Esta atrocidad y otros daos que cometieron, obligaron al monarca a mandar a los religiosos Francisco de Villa Corta, al eclesistico protector de los indios de la Margarita, al guardin del monasterio de San Francisco de la Nueva Cdiz en Cubagua, y a los alcaldes ordinarios de aquella ciudad, que como cosa que tanto importaba al servicio de Dios, procurasen descubrir con toda diligencia los autores de aquellos delitos, y de cmo se haban perpetrado; y que cerciorados de ello, si los caribes sin querer or la predicacin del Evangelio, estaban dispuestos a repetir semejantes maldades, declarasen que se les poda hacer guerra; y que declarada sta, daba licencia a los cristianos, para que se la hiciesen por mar y tierra, pudiendo esclavizar a los que en ella cogiesen, y herrarlos como esclavos, con tal que el hierro estuviese en poder del protector de los indios, para que no se usase mal de l, enviando, adems, cada ao al Consejo de Indias razn de los que cautivasen y herrasen.82 Ved aqu ya plenamente revocada en punto a caribes la clebre provisin de Carlos V, expedida en enero de 1532. Ya por este tiempo y aun poco antes haba sonado de nuevo la enrgica voz de Bartolom de las Casas, que silencioso haba permanecido algunos aos en el humilde monasterio de la ciudad de Santo Domingo en La Espaola. Dirigi desde all una carta al Consejo de Indias en 1531, en que penetrada su alma del ms intenso dolor, le dice:

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JOS ANTONIO SACO /133 /133 /133 /133 /133 “Porque los que ac bienen mandar, luego se hacen atrevidos, pierden el temor Dios, la Fe fidelidad su Rey, la vergenza las gentes, y luego hacen pacto con el Diablo quien dan luego el alma, porque les deje robar para dejar Mayorazgos, porque veen quel Rey est lejos su Consejo que los ha de castigar”. Y en otra parte de la misma carta, prorrumpe con apostlica elocuencia, en estas sublimes palabras: “Ya llegan al Cielo los alaridos de tanta sangre humana derramada: la tierra no puede ya sufrir ser tan regada de sangre de hombres: los ngeles de la paz, y an el mismo Dios, qreo que ya lloran: los infiernos slos se alegran”.83Notas1Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XIX, cap. II. Herrera, dc. 1, lib. VII, cap. IX. 2“Tercer Viaje de Cristbal Coln”, publicado en el tomo primero de la Coleccin... de Navarrete. 3Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XIX, cap. I. 4Herrera, dc. 1, lib. VII, cap. IX. 5Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XIX, cap. I. Herrera, dc. 1, lib. VII, cap. IX. 6Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XIX, cap. II. Herrera, dc. 1, lib. VII, cap. IX. 7Herrera, dc. 1, lib. VII, cap. IX. 8“Relacin sumaria de la Historia General y Natural de las Indias, compuesta y dirigida al emperador Carlos V por el capitn Gonzalo Fernndez de Oviedo”. Hllase impresa en el tomo primero de la Coleccin de los Historiadores Primitivos de las Indias Occidentales por Andrs Gonzlez Barcia. 9Francisco Lpez de Gomara, Historia de las Indias cap. CXVIII. 10Relacin sumaria de Oviedo acabada de citar. 11Las Casas, Brevsima Relacin de la Destruccin de las Indias captulo de la Costa de las Perlas y de Para, etc. 12Muoz, Colec ., tom. LXXVIII. 13Herrera, dc. 3, lib., II, cap. V. 14Herrera, dc. 4, libro, VI, cap. XII. 15Herrera, dc. 4, lib. VI, cap. XII. 16Herrera, dc. 5, lib. VI, cap. XV; libro IX, cap. VII, y lib. X, cap. XVI. 17Herrera, dc. 1, lib. VIII, cap. XI. 18Herrera, dc. 1, lib. IX, cap. XIV. Oviedo se equivoca cuando dice que esto fue en 1516. ( Historia [...] de las Indias lib. XIX, cap. III.) 19 Brevsima Relacin de la Destruccin de las India por fray Bartolom de las Casas. 20Herrera, dc. 1, lib. IX, cap. XV.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 134\ 134\ 134\ 134\ 134\21Herrera, dc. 2, lib. III, cap. VII. 22Herrera, dc. 2, lib. III, cap. VII. 23Herrera, dc. 3, lib. II, cap. III. 24Las Casas, Historia General de las Indias libro III, cap. CLVI. 25Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XIX, cap. II. 26Herrera, dc. 3, lib. II, cap. IV. 27Gomara, Historia de las Indias cap. LXXVI, en Barcia, tomo II. Las Casas, Historia General de las Indias cap. CLVI del lib. III. Herrera, dc. 2, lib. IX, cap. VIII y IX. Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XIX, cap. III. Este ltimo autor narra esos sucesos con tanta parcialidad y mala fe, que ningn hombre amante de la verdad puede leerlos sin indignacin, pues falsifica con descaro la historia, callando intencionalmente los hechos que debiera mencionar. 28Herrera, dc. 2, lib. IX, cap. VIII, IX. y XVI. 29Pedro Mrtir de Anglera, “Epstola 608”. 30Herrera, dc. 8, lib. I, cap. XIV. 31Las Casas, Historia General de las Indias M.S., lib. III, cap. CXXXII. 32Parecer annimo dirigido a S.A. en 1516 sobre los daos que padecen las cuatro islas Espaola, Cuba, Jamaica y San Juan. M.S. Archivo de Simancas (“Descubrimientos y Pobladores”. Legajo 7). Vase el “Cedulario” de la isla de Cuba coleccionado por Domingo del Monte. 33Herrera, dc. 2, lib. II, cap. XX. 34Herrera, dc. 3, lib. VI, cap. XIV. 35Las Casas, Historia General de las Indias lib. III, cap. CLIV. 36Las Casas, Historia General de las Indias lib. III, cap. CXXXVIII. 37Las Casas, Historia General de las Indias M.S., lib. III, cap. CXXXIII. 38Las Casas, Historia General de las Indias M.S., lib. III, cap. CXXXIII. 39Las Casas, Historia General de las Indias lib. III, cap. CXXXIII. 40Herrera, dc. 2, lib. IV, cap. II. 41Del papel presentado por los predicadores hablar en otra parte de esta Historia porque menos trataba de la esclavitud de los indios que de su repartimiento o encomiendas. 42Herrera, dc. 2, lib. IV, cap. III. 43Oviedo, movido y patrocinado por el perverso obispo Fonseca, present entonces un Memorial contra el asiento de Las Casas; y de aqu result la controversia que ste refiere en el captulo CXXXVIII y siguientes de la tercera parte de su Historia General de las Indias Siento que los lmites de esta obra no me permitan entrar en el examen de las razones alegadas por Las Casas; pero s dir que Oviedo fue en general apasionado e injusto con su respetable y virtuoso antagonista. 44 Vida de Fray Bartolom de las Casas por don Manuel Jos Quintana. 45Este documento se halla en la Coleccin indita... de Muoz, quien lo tom del libro de provisiones y cdulas de Paria desde 1520 hasta 1554, del Archivo de Contratacin de Cdiz. De ah lo sac Quintana para publicarlo por apndice en la interesante vida de Las Casas que escribi. 46Herrera, dc. 2, lib. IX, cap. IX. 47Herrera, dc. 2, lib. XI, cap. IX.

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JOS ANTONIO SACO /135 /135 /135 /135 /13548Herrera, dc. 2, lib. IX, cap. XVI. 49Herrera, dc. 3, lib. II, cap. III. 50Las Casas, Historia General de las Indias M.S., cap. CLVI. 51Las Casas, Historia General de las Indias lib. III, cap. CLVII. 52Herrera, dc. 3, lib. II, cap. III. 53Herrera, dc. 3, lib. II, cap. III. 54Herrera, dc. 3, lib. II, cap. V. 55Quintana, Vida de Fray Bartolom de las Casas 56“Un Padre llamado fray Domingo de Betanzos, religioso en virtud y religin sealado, ste le di muchos tientos que fuese fraile”. (Las Casas, Historia General de las Indias lib. III, cap. CLIX.) 57Herrera, dc. 3, lib. II, cap. V, y lib. IV, cap. X. 58Lpez Gomara, Historia General de las Indias cap. LXXVIII. Herrera, dc. 3, lib. II, cap. V. 59“Relacin de Miguel Castellanos”, tomada de la Coleccin ... de Muoz. 60Herrera, dc. 3, lib. I, cap. XIV. 61Herrera, dc. 3, lib. VII, cap. II. 62Herrera, dc. 6, lib. V, cap. VIII. 63Herrera, dc. 4, lib. VII, cap. VI. 64Herrera, dc. 3, lib. VI, cap. I. 65Provisin Real sobre el buen tratamiento de los indios, fecha en Granada a 17 de Noviembre de 1526. De este documento se insert una copia en la confirmacin de la capitulacin del licenciado Villalobos con el gobierno en 1527; y tambin en la capitulacin de ciertos alemanes en 1528, lo cual existe en el Archivo de Simancas. Esta provisin publicose al fin en Madrid, en la Coleccin de Documentos Inditos para la Historia de Espaa, tomo I, nmero 2, perteneciente a noviembre de 1841. Debo advertir que esta publicacin difiere en algunos pasajes de las dos copias que acabo de mencionar. 66Herrera, dc. 3, lib. X, cap. XI. 67Fray Antonio de Remesal, Historia de la Provincia de Chiapa y Guatemala lib. IV, cap. X, § 4. 68Herrera, dc. 4, lib. v, cap. IX. 69Correspondencia oficial de las autoridades de Puerto Rico. (Muoz, Colec ., tomo LXXVIII.) 70Vasco de Puga, “Provisiones, Cdulas Instrucciones de su Magestad: Ordenanzas de difuntos y Audiencia, para la buena expedicin de los negocios, y administracin de justicia: y governacion desta Nueva Espaa: y para el buen tratamiento y conservacion de los indios, desde el ao 1525 hasta este presente de 1563”. En Mjico en casa de Pedro Ocharte, 1563. 71Al emperador Episcopus Santi Dominice. De Santo Domingo a 11 de Agosto de 1531. 72Herrera, dc. 4, lib. X, cap. V. 73Carta a la emperatriz de los oficiales reales Francisco Manuel de Laudo, Baltazar de Castro, Manuel Equiluz y Juan de Lapuente, fecha en Puerto Rico a 2 de junio de 1532. (Muoz, Colec .) 74Herrera, dc. 4, lib. X, cap. VII.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 136\ 136\ 136\ 136\ 136\75Herrera, en la dcada 5, libro II, captulo I, supone que este asiento se ajust en 1532, pero en la dcada 4, libro VI, captulo XI, refirindose a los acontecimientos de 1531, dice que Antonio Sedeo tena ya a la isla de la Trinidad bajo su gobierno. 76Testimonio autntico de como en la carabela nombrada Trinidad de Antonio Sedeo gobernador de la Trinidad en 15 de Noviembre de 1530, estando en el puerto del Aquiribano Tucipiari en el golfo de Paria. (Muoz, Colec .) 77Muoz, Colec ., tom. LXXIX. 78Herrera, dc. 5, lib. II, cap. I. 79 Sane Hiberniam et omnes insulas, quibus sol justiciae Christus illuxit... ad jus. S. Petri et sacrosanctae Romanae ecclesiae non est dubium pertinere. [Chart. Adriani. Leg. Sax. 349.] Omnes insulae de jure antigvo, ex Donatione Constantini, qui eam fundavit et dotavit dicuntur ad ecclesiam Romanain pertinere [Joan Saris. Metalog. IV. 42.] Keating pretende que los prncipes irlandeses dieron en 1092 la soberana de la isla al papa Urbano II, por enemistad a Donchad O’Brian, rey de Munster; pero Donchad fue expulsado en 1047, y los irlandeses en su Memorial a Juan XXII, no admiten que sus monarcas reconocieron jams un superior en lo temporal antes de la invasin inglesa. Ford, XIL 26. Vase la historia de Inglaterra por Lingard, tomo I, captulo XII. 80La primera de esas bulas insertola en latn Navarrete en su Coleccin de Viajes y Descubrimientos, etc. tomo II, nmero 17, pgina 23; y tambin la segunda a continuacin acompaada de la traduccin castellana que public don Juan de Solrzano en su Poltica Indiana libro VII, captulo X. 81Herrera, dc. 5, lib. V, cap. VII. 82Herrera, dc. 5, lib. IX, cap. XI. 83“Carta de Fray Bartolom de las Casas al Consejo de las Indias” en 1531. (Muoz, Colec .)

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Libro SextoPRO PRO PRO PRO PRO VINCIAS DE PARIA, CUMAN, VENEZUELA VINCIAS DE PARIA, CUMAN, VENEZUELA VINCIAS DE PARIA, CUMAN, VENEZUELA VINCIAS DE PARIA, CUMAN, VENEZUELA VINCIAS DE PARIA, CUMAN, VENEZUELA Y SANT Y SANT Y SANT Y SANT Y SANT A MAR A MAR A MAR A MAR A MAR T T T T T A A A A ACuando pasaban las cosas en el anterior captulo narradas, ya Espaa haba descubierto y colonizado gran parte del continente. Las regiones comprendidas entre las bocas de las Amazonas y la provincia de Cartagena, no fueron, por cierto, las primeramente colonizadas; pero como desde su descubrimiento fueron asaltadas por los castellanos para coger oro, perlas y esclavos, y stos se sacaron de ellas sin interrupcin durante la mitad del siglo XVI, forzoso es, para no cortar el hilo de los acontecimientos, tratar de esos pases antes que de otros que fueron primero colonizados. De 1521 a 1530 ajustronse diversos asientos con el gobierno para pacificar y poblar las provincias de Paria, Cuman, Venezuela y Guayra, llamada despus Santa Marta por los espaoles. Empezando por la ms oriental, vemos que Diego de Ordaz, uno de los famosos capitanes de Hernando Corts, hizo asiento con el gobierno en 1530 para conquistar y poblar las tierras que se tienden desde las bocas de las Amazonas, sin tocar en nada a la dominacin portuguesa, hasta el lmite occidental de la tierra que entonces se llamaba provincia de Paria. Preparado su armamento, sali de Sevilla a principios del siguiente ao, en el que lleg de su gobernacin, llevando por alcalde mayor al licenciado Gil Gonzlez Dvila, por veedor de fundiciones a Hernando Sarmiento, por tesorero a Jernimo Ortal y por contador a Hernando de Carrizo.1Por un artculo de su capitulacin con el gobierno permitisele hacer la guerra a los caribes de la provincia de Paria con provisin de la Audiencia de La Espaola, encargndosele al mismo tiempo la conversin y libertad de los indios pacficos; pero olvidndose de sus instrucciones, empez a esclavizar violentamente, y a chocar con Antonio Sedeo, que por tener la gobernacin de la isla de la Trinidad, haba construido una casa fuerte en las tierras del cacique Uripari, en el vecino continente.2

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 138\ 138\ 138\ 138\ 138\ La muerte priv en breve de su gobernacin a Diego de Ordaz, y para sucederle en el mando de Paria nombr el rey en 1533 al tesorero Jernimo de Ortal, con las mismas instrucciones que su antecesor;3 pero desprecindolas ste, como era costumbre en casi todos los gobernantes, empez a desolar aquel pas. Francisco Castellanos, nico oficial real que en propiedad exista entonces en la Margarita, porque los otros eran sustitutos, escribi al emperador desde aquella isla en 12 de julio de 1535, noticindole que Ortal haba partido de ella y ocasionado graves daos en la provincia de Paria, con la muchedumbre de esclavos que haba llevado a vender a la Margarita y a otras partes. Esos indios eran amigos y guardaban de caribes las fronteras. Atemorizados los que de entre aqullos no cogi, huyronse a tierras lejanas, quedando despoblada la provincia. Castellanos prosigue en su carta: “Creemos lo hizo porque ciertos indios le mataron tres cristianos, y no fuera justo que por seis indios culpados, que lo pagasen 10 000. Ha sido gran dao para esta isla Margarita que estamos en buena contratacin con ellos; y si alguno de las pesqueras se hua, no volvan”.4Los oficiales reales de la ciudad de la Nueva Cdiz en Cubagua, dijeron al emperador en carta de 5 de mayo de 1536, que Ortal iba quemando pueblos para que Antonio Sedeo no pudiese seguirle por falta del mantenimiento, y que haba herrado como esclavos tantos indios que haba acabado de hacer la tierra de guerra.5De las maldades que segua cometiendo Ortal, quejose tambin al emperador la ciudad de Nueva Cdiz, y de la carta que ella le dirigi en 27 de febrero de 1537, tomo los siguientes fragmentos: “Despues que Ortal vino desbaratado de Paria con cierta gente, se entr en la Provincia de Cumanagoto y Rio de Neveri herrando indios, so color de ir de descubrir Meta siendo jurisdiccion desta Ciudad. Tom adems ciertos caballos y gente de Sedeo que venia con 400 500 hombres al mismo descubrimiento. ste asent Real en Maracapana, Neveri, y Cumanagoto de est h ms de un ao destruyendo la tierra, cativando indios, y envindolos de 400 en 400 San Juan (Puerto Rico) sin herrar ni examinar, y haciendo otras vejaciones indios que esta Ciudad tena de paz, y los vecinos della quando van por mantenimientos y rescatar esclavos; tmanselos, hacen justicia &. sin que lo podamos estorvar”.6La criminal conducta de Ortal, y tambin de su antagonista Sedeo, que muri en Venezuela en 1538, confirmada por la comunicacin que el licenciado Francisco de Castaeda, juez de residencia y de cuentas para la isla de Cubagua, hizo al emperador desde Santo Domingo en 22 de julio de 1539, pues en ella le deca, que cuando l lleg a Cubagua, hall que todos los indios de la costa y del interior de Tierra Firme estaban

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JOS ANTONIO SACO /139 /139 /139 /139 /139 alzados por las crueldades que con ellos haban cometido Ortal, que fue el primero que entr all, y despus Sedeo: que ambos esclavizaron muchos indios libres, exportndolos para otros pases: que slo encontr de paz un cacique de Maracapana; pero que ya haba logrado pacificar la costa hasta el ro de Onare.7Esas costas como otras ms al oriente y al poniente que haban sido teatro de pirticas incursiones, continuaron sindolo en aos posteriores. En una informacin sobre el estado de varias gobernaciones de Indias, hecha en Sevilla por mandado del licenciado Gregorio Lpez, visitador de la Casa de la Contratacin, en cumplimiento de real cdula expedida al intento, depusieron varios testigos, y entre otros es digno de atencin lo que declar en 20 de junio de 1543 el clrigo bachiller Luis Morales. Mas, para bien comprender su testimonio, necesario es decir antes, quin fue don Sebastin Ramrez de Fuenleal. Fue ste uno de los hombres ms dignos y honrados que pasaron al Nuevo Mundo, obispo de la Concepcin en La Espaola, fue nombrado en 1528 presidente de la Audiencia de aquella isla.8 Dironsele particulares instrucciones sobre el buen tratamiento de los indios; encargsele que impidiese los abusos que se cometan en hacer esclavos a los libres, no slo en las islas, sino en Nueva Espaa, y que se informase tambin del hierro con que se marcaba a los indios esclavizados.9 Vengamos ahora al testigo Morales. Haba ste residido 18 aos en diferentes pases de Amrica y de 10 a 12 en Santo Domingo como beneficiado. Dice que all, a ttulo de naborias, se servan de los indios como esclavos; pero que don Sebastin Ramrez los dio por libres para que sirviesen do quisiesen y a quien mejor les pagase, hizo un pueblo de ellos con su trmino, tierras y un clrigo, aunque puso uno u otro en personas honradas y de buena vida. Declara que de toda la costa de Maracapana hasta Venezuela y de otras provincias se llevaban a La Espaola muchos indios herrados con el hierro del rey, donde se vendan pblicamente en cambio de ropas y otros artculos. Al ver la cantidad de indios introducidos y que las costas de Tierra Firme se despoblaban, la Audiencia mand cesar ese trfico; mas, a pedimento de la ciudad de Santo Domingo, necesitada de esclavos para sus haciendas, diose licencia por los aos de 1533 a 1535 a ciertas carabelas para que fuesen con su capitn, veedor y tesorero con instruccin que les obligaba a hacer sus requerimientos a los indios, a esperar cierto tiempo la deliberacin de stos, y a cumplir con las dems formalidades que estaban mandadas. Este testigo fue enviado para que viese como se haca, y vio que los espaoles andaban a caza de indios, y cogido alguno con amenazas le obligaban a que les mostrase su pueblo en el cual se echaban a media noche, tomaban la gente, y robaban cuanto oro, plata, etc. haba. Ni serva que los indios de algn pue-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 140\ 140\ 140\ 140\ 140\ blo los recibiesen de paz, y les diesen mantenimientos, porque con engaos les hacan entrar en las carabelas y hacanlos cautivos. “Hincheron asi las carabelas. Por ceremonia hacian los requerimientos los indios, teniendolos atados bajo cubierta y hacian que el escribano diese fee de haverse hecho. Porque el deponente no quera firmar las diligencias hubo de haber un motin, y firm forzado. Decian que iban ganar de comer como quiera que fuese. Ni los indios pudieran entender tal requerimiento aunque estuviera en su lengua, que ni conocer Dios, Papa ni Rey. Vista mi relacion mand la Audiencia volver todos los indios sus naturalezas costa de Capitan y armadores; pero sin efecto, pues luego hubo concierto que se depositasen sirviesen por seis aos fuesen libres. No cree este testimonio que se acordaran dellos pasado ese tiempo”. Uno de los puntos de donde entonces salan ms expediciones para saltear indios, era la Margarita, isla que Bartolom de las Casas llam una ladronera ; y todava en 1544 arribaban a La Espaola naves cargadas de indios esclavizados en las tierras de Paria y Cuman.10De las atrocidades que se cometan en Cuman, hcenos una relacin dolorosa un italiano, llamado Jernimo Benzoni, natural de Miln, que embarcndose en Cdiz en 1541, a la edad de 22 aos, anduvo ms de 14 viajando por las Antillas y el nuevo continente. Public en italiano una historia del Nuevo Mundo, la que tradujo en buen latn e ilustr con notas el ingls Urbano Calveton, y que despus insert Teodoro de Bry en su famosa Coleccin adornada de lminas Cubagua fue el primer punto a donde lleg Benzoni; y como su objeto no slo era conocer el Nuevo Mundo, sino hacer fortuna,11 acept la invitacin que le hizo el gobernador de aquella isla, para que formase parte de la expedicin que haba de salir para una provincia del interior, llamada El Dorado Poco despus arrib tambin a Cubagua, Pedro de Herrera, gobernador de la Margarita, con dos bergantines y 30 espaoles, para pasar a la Tierra Firme y esclavizar indios. Puestos de acuerdo aquellos dos jefes, Benzoni los acompa en su criminal empresa. Desembarcaron en la boca del ro Cuman en el mismo sitio donde estuvo el destruido monasterio de los franciscanos; y tirando de all hacia el oriente a lo largo de la costa del golfo de Cariaco, valironse de algunos indios principales, tristes restos de la antigua poblacin, quienes por una camisa, por un cuchillo, un poco de vino, u otra bagatela, dieron a los espaoles, guas que los condujesen a la tierra de indios enemigos. De este modo, asaltndolos ms de noche que de da, cogieron ms de 300 indios, hombres, mujeres, muchachos y nios.12 Con esta presa tornaron al punto de su salida, encaminndose pocos das despus al pueblo de Maracapana, que era una guarida de 400 piratas espaoles para saltear indios en aquellas tierras. Estando all, Benzoni vio llegar una expedicin con ms de 4 000 esclavos procedentes de largas distancias,

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JOS ANTONIO SACO /141 /141 /141 /141 /141 y la impresin que tan triste espectculo produjo en su alma, descrbela en estos trminos: “Mientras que estbamos en este lugar [Maracapana] lleg a l el capitan Pedro de Cdiz, con ms de 4 000 esclavos, habiendo cogido muchos ms; pero as por falta de sustento, y por las fatigas y trabajos, como por el dolor de abandonar su patria, sus padres, madres e hijuelos, haban ya muerto en el viaje; y si algunos no podan andar, para que no quedasen detrs a hacer la guerra, los espaoles los mataban clavndoles las espadas en los costados y en el pecho. Causaba verdaderamente gran compasin ver conducir a esas criaturas miserables, desnudas, cansadas, estropeadas: debilitadas por el hambre y enfermas. Las infelices madres, con dos y tres hijuelos a las espaldas y al pescuezo, anegadas y afligidas en llanto de dolor: todos, todos atados con cuerdas y cadenas de hierro al cuello, brazos y manos, sin haber una sola doncella que no hubiese sido violada por los ladrones, y a fuerza de tanta lascivia, haba espaoles tales que todos quedaban arruinados o desainados”.13Ao memorable en la historia del Nuevo Mundo fue el de 1542, pues entonces se hicieron unas leyes que se llamaron Nuevas de cuyo origen y consecuencias tratar ampliamente en otra parte de esta obra. Pero como entre esas leyes hubo dos, la 21 y la 23, que se referan a la esclavitud, debo insertarlas aqu por ser ste su propio lugar. La 21 que prohiba que en adelante se hiciesen nuevos esclavos, dice as: “Ordenamos y mandamos que de aqu adelante por ninguna causa de guerra ni otra alguna aunque sea s ttulo de rebelion, ni por rescate ni de otra manera no se pueda hazer esclavo Indio alguno: y queremos que sean tratados como vasallos nuestros de la Corona de Castillas, pues lo son”. La 23 orden que se pusiesen en libertad a todos los esclavos, cuyos amos no presentasen justo ttulo para poseerlos. He aqu sus palabras: “Como avemos mandado proveer que de aqu adelante por ninguna va se hagan los indios esclavos ans en los que hasta aqu se han hecho contra razon y derecho, y contra las provisiones instrucciones dadas. Ordenamos y mandamos que las Audiencias, llamadas las partes sin tela de juicio sumaria y brevemente sola la verdad sabida los pongan en libertad si las personas que los tuvieren por esclavos no mostraren ttulo como los tienen y poseen legtimamente. Y porque a falta de personas que soliciten lo susodicho los indios no queden por esclavos injustamente. Mandamos que las Audiencias pongan personas que sigan por los indios esta causa, y se paguen de penas de Cmara y sean hombres de confianza y diligencia”. Las Nuevas Leyes fueron extensivas a todos los pases que Espaa posea en el Nuevo Mundo, y para su mejor ejecucin nombr el gobierno diferentes comisionados.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 142\ 142\ 142\ 142\ 142\ A la Costa de las Perlas y a Venezuela cupo la suerte de que fuese enviado el licenciado Luis Cerrato, uno de los hombres ms benemritos que en aquellos tiempos pasaron al Nuevo Mundo. Este digno magistrado no ocult al gobierno la dificultad de la empresa, pues francamente dijo al emperador desde Santo Domingo en 1545: “Es negocio este muy trabajoso y odioso. Examinar de donde y como vinieron, imposible. No hay ms razn, ni ttulos que estar herrados, y la compra y posesin”.14Pero como el emperador estaba ausente, su hijo el prncipe don Felipe, contest en calidad de gobernador de Espaa, que desde luego se pusiesen en libertad todas las mujeres y los nios menores de 14 aos. Respecto de los dems mand que si el poseedor no probaba que los esclavos fueron habidos en justa guerra y en que precedieron los requisitos y diligencias establecidos, se diesen por libres, aunque estuviesen herrados y los amos presentasen cartas de compra. Por ltimo, orden que si los libertados eran de los que constase haberse pagado un quinto al rey, se abonase de la Real Hacienda.15Las Nuevas Leyes se ejecutaron en las islas de La Espaola y Cuba. En la primera dio el licenciado Cerrato libertad a los indios esclavizados,16 nmero que algunos elevan a 6 000, no indgenas, pues que stos estaban ya muy reducidos, sino los importados de otros pases. Lo mismo se hizo en la segunda, no obstante de haber sido comprados, herrados con el hierro del rey, y de haberse pagado el quinto de almojarifazgo. Esta determinacin que el licenciado Chvez calific de destructora de Cuba,17 ocasion all, como en las dems regiones del Nuevo Mundo, las ms graves turbulencias: turbulencias que forzaron al gobierno a suspender y revocar las Nuevas Leyes Continuose, pues, haciendo nuevos esclavos y los salteados en las costas de las Perlas vendanse en muchas de las islas y hasta en Espaa. As lo afirma el mismo licenciado Cerrato en una comunicacin al gobierno a fines de 1547. “Contra el mandado de Vuestra Magestad se sacan indios, especialmente mujeres, y se venden pblicamente en Sevilla, y de d llevan muchos es de Tierra Firme d se venden en almoneda. De consentirlo en Sevilla nace el atrevimiento de aqu”.18Que no ces el trfico de esclavos indios en Amrica, prubalo evidentemente la Real Cdula de 1544, pregonada en Sevilla, por la cual se repiti la prohibicin de herrar esclavos indios.19Saliendo de las provincias de Paria y Cuman entremos en la de Venezuela, cuyos lmites eran entonces muy diferentes de los que despus se le dieron. En 1526, Juan de Ampues, factor de La Espaola, pidi a la Audiencia de ella licencia para poblar las islas de Orava, Curac y Uninore situadas a 14 leguas de la costa firme, frente a los parajes de Coquibacoa

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JOS ANTONIO SACO /143 /143 /143 /143 /143 y Gachoa.20 Obtenido aquel permiso bajo de ciertas condiciones, fuele confirmado por el gobierno. En 1527, la Audiencia de La Espaola nombrole capitn de la Tierra de Coro, que los indios llamaban Coriano. Lleg a ella en dicho ao, con 60 hombres y diose tan buena maa, que ganndose la amistad del cacique Manaure, seor de toda aquella comarca, pudo poblar a Coro.21Todos los asientos hasta aqu ajustados para poblar en el Nuevo Mundo, haban sido con espaoles; pero esta prctica se interrumpi en 1528. Desde el principio del descubrimiento cerrose la puerta para que a l pasasen, no ya los extranjeros, pero aun los mismos espaoles que no pertenecan a los reinos de Castilla y de Len, pues habindose hecho aquel descubrimiento a nombre y expensas de doa Isabel, soberana de aquellas dos coronas, excluidos quedaron los sbditos de la de Aragn de que era rey don Fernando, su marido. Por eso fue necesario un permiso especial para que algunos aragoneses pasasen al Nuevo Mundo; y tal fue el que se concedi en 17 de noviembre de 1504 a Juan Snchez de la Tesorera y natural de Zaragoza y vecino de Sevilla, para que pudiese llevar a la isla Espaola las mercaderas y otras cosas que eran permitidas a los naturales de Castilla.22A veces, tambin se levant esa prohibicin en favor de algunos extranjeros, y en 6 de septiembre de 1513 dio el rey licencia en Madrid a Agustn de Vivaldo y Nicasio de Grimaldo, mercaderes genoveses residentes en la corte, para que no obstante su calidad de extranjeros, pudiesen comerciar en Indias por s o por sus factores.23Las ideas de algunos empleados y vecinos de La Espaola eran ms liberales que las del gobierno de la metrpoli. El licenciado Alonso de Zuazo,24 juez de residencia en aquella isla, pidi que se diese libre entrada a los extranjeros en ella y lo mismo pidieron tambin los padres jernimos,25 all residentes. Los procuradores de las ciudades y villas de La Espaola reunidos en Santo Domingo su capital, en abril de 1518, pidieron igualmente al gobierno que no slo se diese libertad general de comercio en todos los puertos de Espaa e Indias, aun a extranjeros pagando sus derechos, sino que a todos ellos se les permitiese avecindarse en esa isla, excepto genoveses y franceses; pero el gobierno jams abri la mano en asunto tan importante; bien que las circunstancias particulares en que entonces se hallaba Espaa, modificaron algn tanto las primitivas ideas de su poltica exclusiva. Con la muerte de los Reyes Catlicos subi al trono su nieto don Carlos, quien revocando la prohibicin de su abuela doa Isabel, dio licencia general en 1526, para que todos los sbditos de reinos y seo-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 144\ 144\ 144\ 144\ 144\ ros de sus coronas en Espaa, y todo lo dems de su vasto imperio, pudiesen pasar al Nuevo Mundo, establecindose y traficando en l como lo hacan los naturales de la Corona de Castilla y de Len.26 Empero, no se crea que por esta concesin el Gobierno espaol renunciase a su poltica exclusiva, pues procur mantenerla con tanta fuerza, que en aos posteriores lleg a imponer hasta la pena de muerte a los extranjeros que sin su licencia traficasen en sus dominios de Amrica.27Aun antes de la licencia general concedida por Carlos V en 1526, sentase en la corte la influencia extranjera, ya por el origen del monarca, ya por el de los ministros que con l entraron en Espaa, ya, en fin, por los auxilios que algunos extranjeros le proporcionaban para sus guerras. Los alemanes Ambrosio Alfinger y Bartolom Sayller, en nombre de la compaa de los Belzares, sus principales, ofrecironse a conquistar y poblar la provincia y golfo de Venezuela, pas del que se prometan sacar grandes provechos por las ricas minas de oro que encerraba. Ajustose, en efecto, asiento con ellos en 1528 y sealseles por lmites de su gobernacin hacia el oriente el cabo de la Codera, y hacia el occidente el cabo de la Vela, que parta trminos con la provincia de Santa Marta; y de norte a sur, las tierras comprendidas de mar a mar con todas las islas de la costa septentrional, excepto las que estaban encomendadas a Juan de Ampues.28De las condiciones pactadas con los Belzares, una fue, que ellos, ya por s, ya por sus agentes Ambrosio Alfinger y Enrique Cinquer, pudiesen conquistar y poblar en Venezuela: otra, que no slo pudiesen tomar por esclavos los indios rebeldes, que siendo amonestados y requeridos segn estaba mandado, no quisiesen obedecer, sino comprar esclavos de los indios de la tierra, con tal que verdaderamente lo fuesen, y con intervencin de los religiosos y oficiales reales, pagando de ellos al rey la cuarta parte. Para impedir las violencias que pudieran cometerse, diose al padre Antonio Montesino, fraile dominico, el ttulo de protector y defensor de los indios en la gobernacin de los alemanes, encargndole su conversin y buen tratamiento;29 pero los alemanes portronse mal desde el principio, pues no teniendo otra mira que su provecho, empezaron a robar y esclavizar a los indios, sin hacer caso de clrigos ni religiosos. De tal conducta quejronse en 1530 los oficiales reales que ya haba en Venezuela;30 mas, hicironlo, no por amor a la justicia, sino porque no podan participar del botn. Para no caer en graves errores, debo advertir aqu que si mientras dur el asiento de los Belzares, los gobernadores de Venezuela fueron siempre alemanes, la gente que a sus rdenes tenan, y con la que hicieron sus entradas en tierra, fueron todos espaoles. Ambrosio Alfinger,

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JOS ANTONIO SACO /145 /145 /145 /145 /145 teniente de los Belzares, sali de Coro en 1529 con una expedicin en pos de oro: anduvo tres aos en sus largas correras, y al tornar a Coro, muri en el camino, vctima de una flecha envenenada.31Ocurrieron en esa entrada algunos incidentes horrorosos, que aunque raros, ya se haban visto en otras partes. Mand Alfinger al capitn igo de Vazcua con otros espaoles a sus rdenes, que tornasen a la ciudad de Coro con cierta cantidad de oro que haba cogido. Grandes trabajos pasaron estos castellanos, y algunos de los que se rezagaron en la marcha, vironse forzados del hambre a matar un indio y a comrselo, llevando consigo alguno de sus pedazos para que de alimento les sirviesen por algunos das. Lo mismo hicieron en otras dos ocasiones con un muchacho y un hombre indios.32Largas correras hizo tambin Jorge Espira, sucesor de Alfinger; pero ni ste ni aqul pudieron hacer entonces todos los esclavos que deseaban, ya porque a veces encontraban indios que valerosamente se defendan, ya porque teniendo que correr centenares de leguas en diferentes direcciones en busca del oro que tanto ansiaban, ni era fcil custodiarlos para que no se les escapasen, ni posible alimentarlos, cuando ellos mismos frecuentemente carecan aun de lo ms necesario para la vida. A fin de tener los jefes alemanes ms expeditos a los espaoles, para llevarlos ac y all, a coger oro y esclavos, ni repartieron las tierras de su gobernacin como se les haba mandado, ni menos trataron de poblar a Venezuela, pues oro y esclavos era lo nico por que suspiraban.33Las Casas dice que los alemanes no hicieron otra cosa durante muchos aos, sino hacer esclavos en aquella regin, embarcndolos en muchas naves que al intento tenan y vendindolos en otras partes.34El cronista Antonio de Herrera, censurando con razn la mala conducta de los alemanes,35 atribyela a su calidad de extranjeros; mas, acaso portronse mejor que ellos los espaoles en sus conquistas? No hubo, por el contrario, muchos de stos ms crueles con los indios que los alemanes? Bien se conoce que Herrera, cerrando los ojos a la evidencia y olvidndose de todo lo que haba escrito en sus mismas dcadas dejose arrastrar de un sentimiento de parcial nacionalismo. Imposible es averiguar el nmero de indios esclavizados por la compaa alemana. Lo nico exacto que sabemos, es que de 1529 a 1534 condenronse por esclavos en aquella gobernacin 1 005 indios de ambos sexos, y que el valor del quinto que toc al rey, ascendi a 1 499 pesos, 1 tomn y 11 granos.36De esto aparece, que en el referido quinquenio esclavizronse en ao comn 201 indios, y tomando en nmero redondo la cantidad de 1 499 pesos que como quinto toc al rey, resulta que el valor de cada esclavo fue por trmino medio de 7 pesos... Pero es cierto que los indios

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 146\ 146\ 146\ 146\ 146\ esclavizados en aquellos cinco aos fueron 1 005 solamente? Yo no lo creo, porque sabido es que los gobernadores y empleados, as en Venezuela como en otras partes del Nuevo Mundo, robaban escandalosamente a la Real Hacienda; y que si elevo al duplo en cada ao el nmero de indios esclavizados, en vez de exagerarlo, me quedo muy corto. Don Rodrigo de Bastidas, den de la Catedral de la ciudad de Santo Domingo, fue el primer obispo nombrado para Venezuela, con el cargo de protector de los indios en aquella gobernacin, de la que era Coro su cabecera. Ese prelado dirigi al emperador algunas cartas interesantes, exponindole la situacin de aquel pas. Haba aquel monarca dado licencia para llevar a La Espaola indios de Tierra Firme, pero no de las partes donde haba gobernadores. Salieron de aquella isla tres carabelas, dirigironse a la gobernacin de los Belzares que estaba de paz, y tornaron a La Espaola con 500 esclavos. Bastidas, que se hallaba en Santo Domingo, reclam ante aquella Audiencia como obispo y protector de los indios de Venezuela; mas, lo nico que consigui, fue que se vendiesen en 6 castellanos cada uno, no como esclavos, sino como naborias, obligados a servir seis aos; es decir, a soportar una esclavitud disfrazada.37En otra carta de principios del ao de 1535 dcele que el gobernador y los castellanos de Venezuela opriman a los indios, por cuya causa haban disminuido mucho, y que si no quera destruirlos enteramente era menester favorecerlos; lo que en justicia deba hacerse, porque todos los que l haba visto, eran muy buena gente y dispuestos para imprimir en ellos cualquiera virtud por buenos tratamientos, y no por los medios que se empleaban.38Dos aos despus djole tambin que en punto de hacer esclavos pasbanse grandsimos trabajos, porque las justicias y el gobernador de Venezuela siempre obraban a su antojo, sin guardar la forma e instrucciones prescritas por el monarca.39Por ltimo, en 1538, no vacila en manifestarle respetuosamente, que sin atreverse a condenar las provisiones reales para que se hiciesen esclavos indios, procurara con sus clrigos disminuir todo el mal que pudiese; pero tiene la franqueza de decirle que mientras los espaoles de aquella tierra se cebasen con esos indios, no podran tener buen obispo ni buen gobernador. Y prosigue con estas palabras: “Los oficiales [reales] que debieran mirar por el bien de la tierra, son los que ms contratan en indios herrndolos y vendindolos por esclavos. Es grande mi trabajo en defender estos pobres naturales de quienes usan como quien vende o contrata bueyes o vacas. Una carabela vino de Cabagua por esta costa, y hizo mucho dao en las islas de

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JOS ANTONIO SACO /147 /147 /147 /147 /147 Arub y Curazao, y llev de all indios; y en la costa de Tierra Firme 30 leguas deste puerto mas a barlovento, con engaos cautiv un cacique que era de Paragoachoa, y los llevaron. V.M. mande que los vuelvan a su costa a su pueblo quien los llev, y que sea castigado el capitn”.40Conformndose con este deseo, mand el emperador que esos indios fuesen entregados al obispo a costa de quien los haba sacado de su tierra. Respecto de los indios de Curazao de que habla Bastidas en su carta, pidi al emperador que como eran de buena ndole, deban de ponerse en cabeza de la corona: a lo cual contest el monarca, que el obispo diese las rdenes que juzgase convenientes para efectuarlo; que les impusiese el tributo que en su concepto deban pagar a la corona, y que de todo informase al gobierno.41Tan lamentable era la situacin de Venezuela, que hubo trastornos y guerras civiles entre los mismos espaoles, y el tirano Juan de Carvajal fue condenado a muerte por el licenciado Juan Prez de Tolosa, juez de residencia de aquella gobernacin, cuya sentencia fue ejecutada en Coro en 1546.42A Bastidas sucedi otro obispo, y en una comunicacin que ste hizo al gobierno desde Coro en 1550, le refiere los abusos de las autoridades de Venezuela contra los indios, la esclavitud que injustamente les imponan los espaoles, y los ultrajes que stos le hacan, porque como protector de los indgenas los amparaba: “no pocos —dice—, no pocos alborotos he pasado y paso, porque como los soldados y justicias son absolutos en los robar, maltratar y embiar fuera de la tierra, sienten par de muerte que se les impida, y como todos estn pobres, y la materia de indios todo toca, andan tan desasosegados, que menudo desean que oviese un repiquete de alteracion; porque defiendo los indios, todos se me van las barbas, y me dicen palabras de gran decomedimiento; y porque jams no se deberguenzen los recibo en paciencia”. Cuenta tambin ese obispo que de la ciudad de Coro sali el alcalde Miguel de Barrientos, con algunos soldados en busca de cierta gente que vena de un pueblo, y que para evitar que se hiciese dao a los naturales, nombrole por su protector; mas, luego que se encontraron las dos partidas encaminronse juntas a un pueblo de paz y amigo de los espaoles; robronlos, prendironlos y distribuyronselos entre s como esclavos. Del actual gobernador que estaba all a nombre de los Belzares quejose con razn, pues habiendo ido a la provincia de Maracapana con algunos soldados, “llam de paz [palabras son del obispo] ciertos principales hasta nmero de seis, los quales binieron con muy grand cantidad de indios naborias, y los dos principales, hizo asar en una barbacoa y

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 148\ 148\ 148\ 148\ 148\ todas sus naborias herr, y bendi trueco de vino, puercos, y ropa a vecinos de la Margarita...”. “A otro de esos seis principales que de paz se le present, tvole preso hasta que le di muchos indios indias que herr como esclavos, y que tambien fueron vendidos los vecinos de la Margarita por caballos, yeguas, ropas y negros...”. “Fecho esto se parte para este pueblo de Coro que hay cerca de 300 leguas, y todos los indios y indias de los pueblos que en el camino top fueron tomados y robados; pensar en ello, y en las muertes que los soldados hicieron, pone espanto”.43Corriendo hacia el occidente llegamos a la tierra de Santa Marta, que por ser muy rica de oro, los aventureros espaoles saltearon sus costas desde 1498 para robar a los indios y esclavizar a los que cogan.44Rodrigo de Bastidas, vecino de la ciudad de Santo Domingo en La Espaola y padre del obispo de Venezuela, antes citado, se comprometi por asiento ajustado con el gobierno en 15 de diciembre de 1521 a fundar en ella dentro de dos aos un pueblo de 50 vecinos a lo menos.45 Dironsele, segn Herrera, por lmites de su gobernacin 70 leguas de largo y ancho, comprendidas entre Cartagena y el ro de el Hacha;46pero esta delimitacin no es tan clara y precisa como la de Oviedo, quien le traza por trminos hacia el oriente el cabo de la Vela, y hacia occidente el Ro Grande de la Magdalena que entonces la separaba de la provincia de Cartagena, de norte a sur y se extenda corriendo tierra adentro, no de mar a mar, sino tan slo hasta cierto espacio indeterminado47por el poco conocimiento que entonces se tena de esos pases. Como Bastidas andaba remiso en la ejecucin de su asiento, requiriole el gobierno en 1525 para que lo cumpliese.48 Lleg, pues, a Santa Marta en dicho ao; pero en vez de declarar la guerra a los indios, procur tener relaciones amistosas con los de su vecindad, y haciendo muy pronto una entrada en Bouda, a seis leguas de aquel punto, obtuvo de los naturales una cantidad considerable de oro a trueque de artculos de Castilla. Queran los espaoles que l les repartiese todo el oro; y como les dijese que era justo sacar primero los gastos de la armada que los haba conducido a Santa Marta, amotinronse, y dironle de pualadas, de cuyas resultas muri a poco tiempo en la isla de Cuba.49Tal es el relato de Herrera; pero el de Oviedo50 y de Lpez Gomara51honran ms a Bastidas, pues dicen que en la entrada que hizo hasta el pueblo de Taybo, donde haba mucho oro, mand so graves penas, que ningn espaol lo tomase a los indios, porque primero quera pacificar la tierra que entender en otros intereses. Oviedo acusa a Bastidas de haber mandado saltear la isla de Codego, a la entrada de Cartagena, que estaba fuera de su gobernacin, y cogido all ms de 10 o 12 000 pesos de oro y 500 indios, chicos y grandes de

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JOS ANTONIO SACO /149 /149 /149 /149 /149 ambos sexos, los cuales fueron vendidos como esclavos en La Espaola y en otras islas.52De sentir es, que siendo tan minucioso este historiador aun en cosas insignificantes, no hubiese mencionado aqu, ni el ao en que este salto se hizo, ni el nmero de buques que envi Bastidas, ni el nombre de los capitanes que los mandaban, pues con estas noticias, su aseveracin cobrara ms fuerza, y se disiparan las dudas que al crtico lector pueden ocurrir. Mas, sea de esto lo que fuere, lo cierto es que Bastidas no debe confundirse con aquellos feroces conquistadores que tan crueles fueron con los indios; y las palabras que el virtuoso Bartolom de las Casas consagr a su memoria, son el ms justo elogio de ese hombre desgraciado. “Tuve mucha conversacion y amistad con el dicho Rodrigo de Bastidas, y siempre le cognoci ser para con los indios piadoso, y que de los que les hacian agravios blasfemaba, tuve concepto dl que cerca dello andando por all en aquellos tiempos y tratos sera moderado”.53En lugar de Bastidas nombr la Audiencia de La Espaola de gobernador interino de Santa Marta a Pedro de Vadillo, vecino rico de aquella isla, mientras el emperador otra cosa determinaba; mas, fue relevado en 1528 por Garca de Lerma, criado que haba sido del almirante don Diego Coln y que al ao siguiente se present en Santa Marta con real despacho de gobernador.54Como los castellanos residentes en esa provincia haban tomado algunos indios, diciendo que eran esclavos, el rey encarg a Lerma que averiguase si eran tales, y que en caso contrario, los tornase a los puntos de donde se les haba sacado a costa de sus introductores en Santa Marta. Para refrenar la codicia de los pobladores, nombrose en ese mismo ao de protector de los indios en aquella provincia al religioso dominicano fray Toms Ortiz, encargndosele que pusiese particular cuidado en su conversin, y que se informase de los que haban sido injustamente esclavizados, para que les restituyese su libertad.55Si Lerma cumpli sobre este punto las rdenes del gobierno, cosa es de la que no encuentro noticia alguna en la historia; pero no vacilo en afirmar, que no las ejecut, porque fue uno de los peores gobernantes que al Nuevo Mundo pasaron. Por mandato suyo hizo Pedro de Lerma, un sobrino, una entrada en el valle de Eupari y de Zazari, en la que esclaviz algunos indios, lo mismo que otros muchos que no quisieron or las predicaciones del mencionado religioso; bien que muy poco dur la armona entre ste y Lerma, el cual en sus correras por aquella tierra procedi como los malos conquistadores.56Hablando Oviedo de l, dice: “Por no perder el tiempo ni vacar en la buena gobernacin vuelta de su fausto, procur de adquirir oro por todas las vias que l pudo con

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 150\ 150\ 150\ 150\ 150\ justa injusta forma, y en perjuicio de su conciencia, y en deservicio de Dios y de sus Magestades, y en dao de aquella tierra y ofensa de quantos pobladores christianos indios all avia, escepto de algunos particulares, hechos su apetito, y que robaban para l y para s. Justicia no la avia, sino muchas fuerzas y ultrages muchos: a causa de lo cual los oficiales de Sus Magestades, que eran el thessorero Antonio Teller de Guzman y el contador Lope Idiaques, fueron destruydos y los ech de la tierra porque le yban la mano y le acordaban sus tiranas y el servicio de Dios y del Rey; y porque le decian la verdad, los aborreci. Finalmente, l fu un notorio insoportable tirano, y desta Real Audiencia de La Espaola, se enviaron jueces contra l, causa de las muchas quexas que cada dia llegaban, pidiendo justicia; pero los jueces que se enviaron todos hicieron poco”.57Para residenciar a Lerma en Santa Marta fue nombrado por la Audiencia de La Espaola el doctor Rodrigo Infante, uno de sus oidores, pero mientras se le tomaba la residencia, Lerma muri, y, por consiguiente, ces aqulla.58 Sucediole en el mando de Santa Marta don Pedro Fernndez de Lugo, adelantado de Canarias, gobernador y justicia mayor de las islas de Tenerife y La Palma.59 Por el asiento que ajust con el gobierno, obligose a no entrar en los trminos de las provincias que ya dependan de otros gobernadores. Recomendsele acerca de la esclavitud de los indios lo que tantas veces se haba mandado a todos los descubridores y conquistadores;60 pero si el adelantado no esclaviz todos los indios que deseaba, fue porque stos se defendieron valerosamente en los encuentros que con sus tropas tuvieron.61 Tanto ansiaba el adelantado por esclavos, que en 1536, ao en que lleg a su gobernacin,62 l y 73 soldados vecinos de Santa Marta firmaron y elevaron al emperador una exposicin, suplicndole que revocase una real provisin en que se mand, que no se diesen por esclavos, sino por naborias las mujeres y nios cogidos en guerra. Alegaron muchos motivos de ningn valor, y entre ellos, que los nios y las mujeres preparaban el veneno de las flechas, y que si a los conquistadores se les privara del derecho de hacerlos esclavos, desmayaran y abandonaran la tierra.63El adelantado Lugo mand en abril de 1536, descubrir por tierra y agua aquellas regiones a su teniente el licenciado Gonzalo Jimnez de Quesada, con 500 hombres de a pie y de a caballo, y con cinco bergantines tripulados de gente. Tres aos emple Jimnez en esta expedicin, en la que hizo importantes descubrimientos de tierras muy ricas de oro y esmeraldas. A estos pases habitados por indios que se decan moxas o muyscas, y en los que seoreaban el gran cacique de Bogot y el de Tunja, dioles Jimnez el nombre de Nueva Granada; no slo porque l era natural de

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JOS ANTONIO SACO /151 /151 /151 /151 /151 esa ciudad en Andalucia, sino porque el sitio se asemejaba a ella, por estar entre sierras y montaas, ms fros que calientes. La tierra que desde entonces se llam Nueva Granada, empezaba despus de las sierras de Opom y estaba en la vecindad de los indios panches comedores de carne humana. Vivan stos entre el Ro Grande de la Magdalena y la tierra de Bogot, y andaban desnudos por el calor del clima, eran muy belicosos y peleaban con flechas, hondas, dardos y macanas a manera de espadas; tenan rodelas, comanse unos a otros aun crudos, pues no se cuidaban mucho de asar ni cocer la carne humana, aunque fuese de los individuos de su misma nacin y pueblos. Entre ellos y los indios de Bogot haba crueles guerras, y si los primeros cogan a los segundos, los mataban y, con frecuencia, se los coman.64La extensin de la Nueva Granada en aquel tiempo, se computaba poco ms o menos en 130 leguas de largo, y en 30 de ancho por partes, siendo por otras de 20 y hasta menos.65Las riquezas que el licenciado Jimnez recogi en su expedicin, ascendieron a 191 294 pesos de oro fino, 37 288 pesos de oro bajo, de otro todava ms bajo a 18 290 pesos, y 1 815 esmeraldas de varias especies. De todo esto apartose el quinto del rey, y lo dems se reparti entre la gente, tocndole a cada uno 510 pesos de oro fino, 57 de oro bajo, y cinco esmeraldas.66Como los indios llamados moxas o muyscas que habitaban en la comarca de los caciques de Bogot y Tunja fueron, despus de los peruanos y mejicanos, los ms civilizados que los espaoles encontraron en el Nuevo Mundo, bien merece que nos detengamos algunos momentos para dar de ellos una buena idea. No coman carne humana como sus vecinos los panches. Fabricaban sus casas de madera, cubrindolas con paja larga; y las de los seores eran en forma de alczares, con molduras de bulto y pinturas, con grandes patios y muchas cercas alrededor, a manera de laberinto. Saban tejer el algodn, del que vestan las mujeres unas mantas blancas, negras y de otros colores, ajustadas al cuerpo de los pechos a los pies, y ponindose otras encima de los hombros, en lugar de capas: adornaban sus cabezas de guirnaldas con rosas y flores de algodn, de varios colores. Entre la gente principal, ciertos hombres usaban tambin bonetes de algodn; del que era todo su vestido, y algunas mujeres llevaban cofias de red.67De pozos hechos a mano sacaban agua salada, e hirvindola extraan mucha sal, con la que formaban panes a manera de los de azcar, de una arroba y hasta dos de peso, que se exportaban para otras partes en tanta abundancia, que los espaoles en algunos lugares vieron casas con ms de 300 panes y otras enteramente llenas de ellos.68

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 152\ 152\ 152\ 152\ 152\ Encontrronse tambin en sus edificios piedras para moler y labrar el oro con que hacan algunas de sus joyas.69Haban los moxas llegado a cierto grado de cultura moral, pues imponan la pena de muerte por el homicidio, hurto y pecado nefando, del que eran muy limpios segn frase de Herrera; aplicando a otros delitos menos graves la amputacin de manos, narices y orejas; castigos que, aunque hoy nos parezcan brbaros, hanlo usado hasta poco tiempo los pueblos ms civilizados de Europa. Debe llamar la atencin que tuviesen penas de vergenza para las personas ms principales, pues en vez de castigos corporales, cortbanseles los cabellos y rasgbanseles los vestidos.70Conocan la poligamia, pero estaba prohibido el matrimonio en primer grado, y en algunas partes en segundo. En punto a herencias, no heredaban los hijos, sino los hermanos; y sino haba hermanos, los hijos de los hermanos muertos; y a stos, como tampoco los heredaban sus hijos, sino sus mismos sobrinos, o primos, viene a ser todo una cuenta con lo de Castilla; salvo que van por estos rodeos.71Aun posean los muyscas algunos conocimientos astronmicos, pues tenan un calendario lunar con signos jeroglficos que representaban el orden en que se hacan las intercalaciones que llevaban el principio del ao a la misma estacin en que se hallaba. Ese calendario estaba esculpido en piedras, y por l arreglaban los sacerdotes muyscas la divisin del tiempo, pues los jeroglficos contenan los nmeros y los das lunares. Debiose tan precioso descubrimiento a don Jos Domingo Duquesne de Madrid, natural del Nuevo Reino de Granada, y cannigo de la catedral de Santa Fe de Bogot, habiendo sido antes vicario muchos aos de un pueblo de indios situado en la llanura de la antigua Cundinamarca. Sus largas relaciones con los indgenas descendientes de los muyscas, y su laboriosidad en recoger todas sus tradiciones anteriores a la conquista de los espaoles le proporcionaron la fortuna de adquirir uno de los calendarios, cuyos jeroglficos pudo descifrar al cabo de largas investigaciones, consignando el fruto de ellas en una memoria que lleva por ttulo: Disertacin sobre el Calendario de los Muyscas, Indios Naturales de Nuevo Reino de Granada Cuando el barn de Humboldt estuvo en Santa Fe de Bogot en 1801, vio el manuscrito de esa memoria que le comunic el distinguido botnico espaol don Jos Celestino Mutiz.72Idlatras eran esos indios, pues adoraban al sol y a la luna, considerndolos como creadores del mundo. Tenan lagunas y bosques consagrados, en que hacan algunos sacrificios: veneraban muchos dolos, no slo en sus templos y santuarios, sino en sus casas. Sus sacrificios eran de agua, tierra, fuego y sangre. Los de agua consistan en derramarla en sus templos con ciertas ceremonias.

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JOS ANTONIO SACO /153 /153 /153 /153 /153 “Sacrifican con tierra —dice Oviedo—, tomndola en las manos con muchas ceremonias, metiendo debajo della los sactuarios casas de adoracion dellos por unos caos conductos que hacen y meten debajo de tierra, por d echan el oro y esmeraldas para sus sacrificios”. Inmolaban tambin con fuego, echando sahumerios y quemando esmeraldas. Hacase el sacrificio de sangre derramando en el templo la de muchas aves que se mataban y que se dejaban all colgadas. Inmolaban finalmente vctimas humanas, aunque en corto nmero, sirvindose para ese sacrificio de nios que compraban fuera de sus tierras, o de los prisioneros que cogan en sus guerras con los panches; bien que si stos eran hombres, eran degollados y puestas sus cabezas en sus orculos; y si muchachos, llevbanlos vivos a su tierra, subanlos a los cerros altos, y haciendo all con ellos ciertas ceremonias, y cantando muchos das al sol, los sacrificaban, pues crean que la sangre de esos muchachos era ms aceptable al sol que la de los hombres.73Tales fueron los muyscas de la Nueva Granada. Volvamos ahora a los espaoles. Por muerte del adelantado de Canarias don Pedro de Lugo, la Audiencia de La Espaola dio la gobernacin interina de Santa Marta en 1537, mientras el rey dispona otra cosa, a Jernimo Lebrn de Quiones, vecino de la ciudad de Santo Domingo,74 de quien hizo muchos elogios el cronista Oviedo; bien que desconfiado por el mal ejemplo de tantos gobernadores, tema que, a pesar de sus buenas cualidades, la codicia le cegase.75Anhelando siempre por esclavos los espaoles, la ciudad de Santa Marta escribi al emperador en 20 de noviembre de 1537, pidindole que revocase la orden all recibida en das anteriores para que no se esclavizase a los indios ni indias menores de 14 aos, aunque fuesen tomados en buena guerra; porque si se cumpla, la tierra no poda apaciguarse, puesto que los de mayor edad se cogan difcilmente, y en Santa Marta no haba ms granjera que la de los esclavos hechos en buena guerra, por lo cual deba permitrseles que los hiciesen y vendiesen en otros pases. Sucedanse unos a otros los gobernantes; pero la suerte de los indios no mejoraba. El obispo de Santa Marta don Juan de Angulo, al ver la perversidad con que se les esclavizaba, escribi al emperador desde aquella ciudad en 20 de mayo de 1541, suplicndole que por ningn motivo se hiciese esclavo indio alguno, y que se prohibiesen las entradas de los espaoles en aquella tierra, pues todas las relaciones con los indgenas deban reducirse a comerciar con ellos. Lamntase de la extrema pobreza en que l y su iglesia estaban; que habiendo ido a cobrar algo de su escasa renta al cabo de la Vela, y visitado como protector a los indios de las pesqueras de las perlas, hall algunos vendidos por esclavos en Cubagua, donde haba en esto gran soltura.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 154\ 154\ 154\ 154\ 154\ Deplora la suerte de los infelices indios empleados en coger perlas, los cuales jams salan del agua o de la crcel; y por esto rogaba a Sus Majestades que mandasen que esos desgraciados slo trabajasen cuatro das en la semana. Manifistale tambin, que en el Nuevo Reino de Granada se haban vendido pblicamente muchos indios exportados del Per, y que los castellanos que all tenan repartimientos vendan sus indios, sacando otros muchos para Castilla con el objeto de servirse de ellos, todo lo cual se haca con facultad de los que gobernaban. Diose en propiedad el gobierno de la provincia de Santa Marta al adelantado de Canarias don Alonso Luis de Lugo, hijo del primero; mas, como ya se haban descubierto las ricas tierras llamadas Nuevo Reino de Granada, agregronse a su gobernacin. Lleg a ella en 1541; y por no guardarse all la prohibicin de hacer esclavos, mandole el rey so graves penas, que no se hiciesen en adelante, aunque los indios fuesen tomados en guerra.76Pero este gobernador, lejos de cumplir lo que se le orden, fue uno de los ladrones ms descarados, pues en los tres aos de su mando rob a los indios, al rey, y aun a los mismos espaoles de su gobernacin.77Ni es slo el cronista Oviedo quien esto dice, que tambin lo asevera con el calor de la verdad Bartolom de las Casas en una carta que desde la ciudad de Santo Domingo escribi al emperador en 1544. “Venidos aqu hemos hallado muchas nuevas de las obras destos cristianos viejos y nuevos, no menores que las que ntes a Vuestra Alteza y primero Su Magestad hemos referido como testigos de vista, que ponen en gran peligro el nima de Su Magestad y destruye estas sus tierras y talan las gentes dellas juntamente con infernalles las nimas y provocan Dios que no alze su ira que justamente tiene sobre estos Reynos de Castilla”. “Uno de los ms crueles tiranos y ms irracional y bestial hombre de poco seso y peor conciencia que la de Barba Roja, es don Alonso de Lugo, Adelantado de Canarias, que dicen concuno del Comendador Mayor de Leon, cuado de Doa Mara de Mendoza su mujer: este tirano ha echo ac despues que vino, lo quel hizo estando ac su padre y cosas increibles, mas porque ha tenido absoluto tiempo y lugar ha hecho lo que yo dige Su Magestad y Vuestra Alteza que havia de hacer, y al mismo Comendador Mayor y toda esa Corte hinchi de esta profesa: ha robado la honra Su Magestad y Vuestra Alteza los dineros que ha podido, y indios y cristianos desollado los pellejos no dejando un slo peso de oro en todo el Nuevo Reyno de Granada que no robe para s, las gentes de indios que por su ambicin y codicia morirn hasta que Dios le quite la vida Vuestra Alteza lo haga quartos. Veamos quien dar la estrecha cuenta que ha de tomar Dios, y yo creo verdaderamente que la ms dura y rigurosa ha de ser la que dar el Comendador Mayor de

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JOS ANTONIO SACO /155 /155 /155 /155 /155 Leon y ms que l: aquellos que en este Real Consejo solian estar que tanto respeto tenan al Comendador Mayor porque conociendo quien era don Alonso de Lugo, por testimonio del proceso que su mismo padre hizo de sus tirnicos insultos sabiendas y con tanto propsito tornaron dar el cuchillo de la justicia un hombre tan frentico como aquel, y porque el Licenciado Serrato envia a Vuestra Alteza la relacion de sus nefarias obras, no quiero decir ms”.78A las violencias cometidas en la Nueva Granada sobre el modo de esclavizar a los indios, es indispensable agregar las crueldades que all perpetr el capitn Francisco Martnez Pedroso. En los palenques y pueblo de Sarrazar entr de guerra, y los indios huyendo se retiraron a ciertas casas, que mand quemar con ms de 70 indgenas, cautivando a 250 que reparti entre su gente, de los cuales murieron los ms en la jornada que hizo aquel capitn. Para sacar oro, cort narices a unos, aporre a otros; y como los indios se alzasen para resistir a sus crueldades, hzoles guerra con el fin de matar a unos y esclavizar a otros. Con estas y otras atrocidades ocasion grandes males y despoblacin en aquella tierra.79Notas1Herrera, dc. 4, lib. X, cap. ix. 2Muoz, Colec M.S. Herrera, dc. 4, lib. X, cap. IX y X. 3Herrera, dc. 5, lib. V, cap. VI. 4Muoz, Colec ., tom. LXXX. 5Muoz, Colec ., tom. LXXX. 6Muoz, Colec 7Muoz, Colec ., tom. LXXXI, cap. I, p. 560. Col Doc. inditos de Indias ( V. M. y M ). 8Herrera, dc. 3, lib. I, cap. XIV. 9Herrera, dc. 4, lib. IV, cap. x y XI. 10Carta al emperador de fray Bartolom de las Casas, fecha en Santo Domingo a 15 de Septiembre de 1544. Su manuscrito indito hasta ahora se conserva en el Archivo de Simancas, y Muoz insert una copia en su Coleccin ..., tomo LXXXIII. Se ha publicado despus en el tomo VII de la Coleccin de Documentos Inditos del Archivo de Indias Madrid, 1867, pgina 431. ( V. M. y M.) 11Benzoni, Storia del Mondo Nuovo lib. I, cap. I. 12Benzoni, Storia del Mondo Nuovo lib. I, cap. II. 13Benzoni, Storia del Mondo Nuovo lib. I, cap. III. Ved aqu el texto italiano: “ Mentre che noi stemmo in questo luogo [Amaracapana] vi arrivo il Capitan Pietro di Cadice [Cdiz], con piu di quattro mila schiavi, &. molti pi ne haveva presima tanto

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 156\ 156\ 156\ 156\ 156\per mancamento di vettovoglia, fatiche, &. travagli, quanto per lo dolore d’abbandonare la patria, i padri, le madri, &. i figli noli, erano per lo viaggio morti, &. se alcuni non poterano caminare, accioche non restassino dietro a far guerra, gli spagnoli gli cacciavano ne fianchi, &. nel petto lespade, &. gli conmazzavano; cosa veramente molto compafsionevole da vedere la condutta di quelle meschine creature nude, stanche, stropiate; alletanti per la fame, infermi, &. spediti. Le infelici madri con due &. tre figlioli su le espalle, & in collo, colme di pianto &. di dolore attrite, legati tutti tutti da corde, &. di catene di ferro al collo, alli braccia, &. alli mani, &. non v’era pulzella che non fosse stata violata dai predatori, onde per tanto lussuriare, v’erano tali spagnoli, che tutti guasti restavano ”. (Benzoni, lib. I, cap. III.) 14Muoz, Colec ., M.S., tom. LXXXIV. 15Muoz, Colec ., tom. LXXXIV. 16Carta al emperador de fray Bartolom de las Casas, fecha en Santo Domingo a 15 de Septiembre de 1544. 17Carta del licenciado Chvez al emperador, escrita en Santiago de Cuba a 27 de Septiembre de 1547. 18Carta al emperador en el Consejo del Licenciado Cerrato, fecha en Santo Domingo a 18 de Diciembre de 1547. 19Real Cdula de Valladolid de 9 de Septiembre de 1554. 20Herrera, dc. 3, lib. IX, cap. II. Vase la capitulacin en el tomo XXIII de la Coleccin de Documentos Inditos del Archivo de Indias. ( V. M. y M.) 21Herrera, dc. 4, lib. VI, cap. I. 22Real Cdula expedida en Medina del Campo a 17 de Noviembre de 1504, a favor del aragons Juan Snchez. (Archivo de Simancas, libro general de Cdulas nmero 9.) 23Memorias y Peticiones Cam. Legajo 27. (Muoz, tom. LXXV.) 24Carta del licenciado Alonso de Zuazo, fecha en Santo Domingo a 22 de Enero de 1518. Impresa en el tomo II de la Coleccin de Documentos Inditos para la Historia de Espaa de los seores Salv y Baranda. 25Vase la convocatoria de los padres jernimos, gobernadores de las Indias a los procuradores de las villas de La Espaola, para la eleccin de procurador a Cortes; en el primer apndice de la Coleccin pstuma de papeles cientficos, histricos, polticos y de otros ramos sobre la Isla de Cuba por don Jos Antonio Saco, impresa en La Habana en 1881. (Nota de Vidal Morales.) 26Herrera, dc. 3, lib. X, cap. XI. Provisin Real sobre el buen tratamiento de los Indios. Granada, 17 de Noviembre de 1526. Coleccin de Documentos Inditos tom. I. Real Cdula expedida en Granada a 9 de Noviembre de 1526. Cedulario de Puga, tom. I, p. 18. ( V. M. y M. ) 27 Recopilacin de Leyes de Indias lib. III, tt. 13, ley 8 de Felipe II, hecha en Valladolid a 6 de Junio de 1556; y ley 7, lib. IX, tt. 27 del mismo Cdigo. Recopilacin de Leyes de los reinos de las Indias Ley 7, tt. 27, lib. IX. Que en las Indias no se admita trato con extranjeros, pena de la vida y perdimiento de bienes. “Ordenamos y mandamos que en ningn puerto ni parte de nuestras Indias Occidentales, Islas y Tierra-Firme de los mares del Norte y Sur, aunque sea por va de rescate cualquier otro comercio, pena de la vida y perdimiento de todos sus bienes los que contravinieren esta nuestra ley, de cualquier estado y condicion que sean, aplicados por tercias partes nuestra Real Cmara, Juez y denunciador, y que por los excesos y delitos que se hubieren cometido por lo pasado contraviniendo esta prohibicion en cualquier

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JOS ANTONIO SACO /157 /157 /157 /157 /157puerto isla de las Indias, aunque por ello hayan tenido indulto perdon, se les castigue si hubieren vuelto reincidir como si no les estuvieran perdonados. Y ordenamos los Virreyes, presidentes y oidores de nuestras Audiencias reales de las Indias, Islas y Tierra-Firme del mar Occeano que en sus distritos y jurisdicciones lo hagan guardar y cumplir, deponiendo luego de sus cargos y oficios los gobernadores, ministros y cabezas principales que hubieren sido culpados en los dichos tratos, pudindolos estorbar no lo hubieren hecho, las cuales dichas penas se han de ejecutar irremisiblemente”. 28Oviedo, Historia (...) de las Indias tom. II, lib. XXV, cap. I. Herrera, dc. 4, lib. IV, cap. VIII, y dc. 8, lib. II, cap. XIX. La capitulacin que se tom con Cinquer y Sayller, para la pacificacin de la provincia de Santa Marta, puede verse en el tomo XXII, pgina 251 de la Coleccin de Documentos del Archivo de Indias ( V. M.y M. ) 29Herrera, dc. 4, lib. IV, cap. VIII. 30Herrera, dc. 4, lib. VII, cap. VI. 31Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXV, cap. V. 32Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXV, cap. VI y VII. 33Herrera, dc. 5, lib. II, cap. II, y lib. IX, cap. V; dc. 6, lib. V, cap. VII. 34 Brevsima Relacin de la Destruccin de las Indias 35Herrera, dc. 5, lib. II, cap. II, y lib. IX, cap. V; dc. 6, lib. V, cap. VII. 36Rentas Reales de la Gobernacin de Venezuela. Archivo de Simancas. Cartas, legajo 22. (Muoz, Colec ., tom. LXXXI.) 37Carta al emperador del obispo Bastidas, fecha en Santo Domingo de La Espaola a 16 de Abril de 1534. (Muoz, Colec ., tom. LXXX.) 38Carta al emperador del obispo Bastidas, fecha en Santo Domingo a 20 de Enero de 1535. (Muoz, Colec ., tom. LXXX.) 39Carta al emperador del obispo Bastidas, desde Santo Domingo a 8 de Junio de 1537. (Muoz, Colec .) 40Carta al emperador del obispo de Venezuela, en Coro, a 8 de Octubre de 1538. (Muoz, Colec ., tom. LXXXI.) 41Carta del emperador del obispo de Venezuela, acabada de citar. 42Herrera, dc. 8, lib. II, cap. XVIII. 43Carta del obispo Miguel Jernimo Ballesteros de Venezuela, escrita en Coro a 20 de Octubre de 1550. (Muoz, Colec ., tom. LXXXV.) “Venezuela, Michael, Episcopus Chorensis. De Coro veinte de Octubre de 15505. ”Hall en seis pueblos de Indios de nacion Caquetros comarcanos la Cibdad de Coro, hasta 400 Indios y Indias y entre ellos muchos que haban recibido agua de bautismo, y otros casados ley, y bendicion. Y en estos pueblos tambien hall Indios cristianos amigados con Indias infieles, y Indias cristianas con Indios infieles que todos usan de sus ritos y ceremonias, que jams habian oido la dotrina cristiana ni misa, y queriendoles compeler que viviesen en servicio de Dios, me dijeron los mesmos Indios quellos eran viejos y no podian ser buenos cristianos que si de su vivir y ceremonias les quitaba, que se irian los montes do los tigres y caribes los matasen, pidiome el regimiento y vecinos que los dejase como estan hasta dar relacion V.M. y asi lo he hecho; con estos no hallo remedio que se tenga; porque decir que sus hijos sern buenos cristianos no los tienen ni mugeres mozas en quien procrear, que las entradas que se han hecho las acabaron y las pocas Indias que hay si se emprean toman yerbas para los matar diciendo que no quieren que sus hijos padezcan en poder de los Espaoles, los trabajos que ellos y sus compaeros han padecido.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 158\ 158\ 158\ 158\ 158\”El Prncipe mi Seor me di aviso por su real cdula que me haba enviado V.M. provision de protector mandndome, tuviesen especial cuidado en el buen tratamiento, y combersion de los naturales hasta agora no ha venido mi poder ni he podido saber que se haya fecho por bertud desta Real cedula me present en el cabildo de Coro y me recibieron por Protector que no poco les ha pesado, porque como ven que con toda voluntad de servir Dios, y V.M. procuro de amparar los pocos Indios que han quedado, sienten muy deberas haber recibido, que no pocos alborotos he pasado, y paso porque los soldados, y Justicias son absolutos en los robar, maltratar y envar fuera de la tierra sienten par de muerte que se les impida, y como todos estn pobres, y la materia de Indios todos toca andan tan desasosegados, que amenudo desean que obiese un repiquete de alteracion, porque defiendo los Indios todos se me van las barbas, y me dicen palabras de gran decomedimiento, y porque ms no se desverguencen lo recibo en paciencia, y para que V.M. sepa el poco temor de Dios y de V.M. questa gente tiene contar un crmen, y gran maldad que nuevamente se ha fecho. ”Desta Cibdad de Coro sali un Alcalde Miguel de Barrientos con ciertos soldados en busca de cierta gente que venia del nuevo pueblo de Borburuata, y para que no se hiciese dao los naturales le nombr por Protector, y topada la gente que iba buscar van un Pueblo de paz repartido amigo de los Espaoles, y prenden todos los Indios y Indias que hallaron y los robaron sus haciendas, y repartieron entre los que los tomaron el principal la sazon no estaba en el pueblo tomronle un hijo como vino pedia su hijo los Espaoles diciendo que tomasen todo lo que habian robado y ciertos rescates que de nuevo le daban y que le diesen su hijo: tomaron al principal los rescates que le traia, y dijronle que les diese oro y le darian su hijo, el cual dicho principal fu, y trajo el oro que tenia, y desta manera le dieron el hijo. ”Como Protector mand dar ciertos pregones y al teniente hize un requerimiento en razon de que los pocos Indios que han quedado en los pueblos de nacion Caquetros no fuesen sacados dellos ni los indios de la dicha nacion que sirven los Espaoles fuesen llevados fuera de la comarca desta ciudad, pues es cierto que sacados de su naturaleza mueren y enferman, y ansi mesmo otro pregon para que no echasen en prisiones ni acotasen los Indios de su servicio ansi los herrados como los que no lo eran, pues todos son libres vasallos de Vuestra Magestad, respondime el teniente instancia de este Regidor en lo tocante al acotar y echar en prisiones los Indios; yo no ser juez para lo mandar y en lo dems dando entender que dejar sacar Indios; y por otra parte este Regidor haze otro escrito, por mejor decir libelo de grande alboroto y le hizo presentar en nombre de la Repblica un procurador general que de manga tiene fecho, diciendo que debia mandar reponer los mandos, pregones y requerimientos que habia mandado dar en favor de los Indios; pues yo no tenia juridicion, ni poder, para lo mandar, y otras cosas de grande escndalo como V.M. ver por el requerimiento que me fu hecho que con esta envio con todos los mandos, requerimientos y pregones que para conservacion de los Indios tengo fechos, y creyendo salir con su intento de llevar los Indios fuera de su natural apelan de todos estos mandos, la cual apelacion les he denegado, y les torn mandar de nuevo lo que tenia mandado so las penas en los mandos fechas ser V.M. cierto que mi posible ninguno Indios sern sacados y entre otras palabras desacatadas, este Regidor me dijo que si Vuestra Magestad daba relacion del pregon que no echasen en cadenas los Indios; que me habia de levantar un falso testimonio; porque sepa V.M. con que gente trato en todo mande V.M. proveer lo que fuere ms de su real servicio. ”La tierra adentro en el tocuyo dejo por teniente a un Juan de Villegas ques la persona que los Belzares agora de nuevo nombran por Gobernador, que de ello no poco estoy maravillado, y los que del tienen noticia por el dao que en esta gobernacin dize que ha fecho; en esta manera quisiendo justicia fu a la provincia de Maracapana con ciertos soldados, y llam de paz ciertos principales hasta nmero de seis los quales vinieron con

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JOS ANTONIO SACO /159 /159 /159 /159 /159muy grand cantidad de Indios sus naborias, y los dos principales hizo asar en una barbacoa, y todas sus naborias herro, y bendi trueco de vino, puercos y ropa vecinos de la Margarita, dicese que uno destos principales que hizo venir paz fu socolor que le temose pescado en una laguna que cerca de alli estaba cebndoles con botija de vino, y tenia puesto en zelada metidos en un monte para los prender mucha gente de caballo como lo hicieron sin quedar ninguno, otro principal sin estos seis llamado Juanillo Riberos que vino a l de paz le tubo preso que le di muchos Indios, y Indias que herr; fecho esto, contrata con vecinos de la Margarita que llevasen la tierra adentro yeguas, caballos y ropas, ya trueco les darian esclavos como lo hicieron que se prendieron y hicieron esclavos gran cantidad de inocentes y los vendieron; unos tomaban debajo de paz, y otros en sus pueblos, y desta manera vinieron cargados de yeguas, y caballos y algunos negros; fecho esto se parte para este pueblo de Coro que hay cerca de 300 leguas, y todos los Indios y Indias de los pueblos que en el camino top fueron tomados, y robados, pensar en ello, y en las muertes que los soldados hicieron pone espanto. El Licenciado Frias Juez de residencia que de La Espaola aqu vino como lo hall absente, procede contra l, y le conden en 200 azotes, y destierro para las galeras y en 1 000 pesos para la Cmara de V .M. Venido el Licenciado Tolosa sin le prender le di por libre, y se dice por cierto quel mesmo Juan de Villegas hacia contra si los escritos del fiscal que era un sobrino del Licenciado Tolosa. ”Por las informaciones que los jueces de residencia han embiado Vuestra Magestad ser informado de las grandes muertes y daos que contra los naturales han sucedido unos fechos esclavos y llevados de la tierra siendo amigos y de paz y otro llevados las entradas donde han muerto y los que quedaban que tenian hijos y mujeres se iban los montes porque no se las tomasen do los tigres muchos han comida y los caribes otros muerto es gran lstima, y pensar en ello estoy fuera de mi de manera que en la Comarca de la Cibdad de Coro con 50 leguas de costa arriba y abajo la tierra adentro no se hallarn de paz mill animas. ’Juntamente les debe de mandar V.M. que compren destas islas de San Diego y San Juan hasta 30 negros mineros para que descubran las minas, y secretos de la tierra y que estos negros se les prometa libertad si descubren las minas porque desta manera se har todo bien. ”Al rio de la Acha se llevaron antes que yo viniese muchos Indios y Indias libres, y otros herrados socolor de esclavos, y despues que yo vine urtiblemente un soldado llev una India libre embiado cartas de Justicia del Teniente de aqui para que las justicias de alli embiasen esta Gobernacion todos los Indios, y Indias della pues Dios y V.M. son dellos serbidos todo lo disimulan que ninguna cosa cumplen V.M. probea sobresto lo que mas fuere su real servicio porque se venden y contratan Indios en aquel Pueblo como negros en las gradas de Sevilla. ”A esta Gobernacion no se han embiado las nuevas leyes hechas por V.M. suplico a V.M. sea servido de me las mandar embiar, o lo menos lo tocante la libertad de los Indios y un buen tratamiento dellos y como no hay Indios esclavos, sino todos dados libres por V.M.” 44Las Casas, Brevsima Relacin de la Destruccin de las Indias, captulo de la Provincia de Santa Marta. 45Herrera, dc. 3, lib. I, cap. XIV. Oviedo en su Historia (...) de las Indias libro XXVI, captulo II, pospone equivocadamente la fecha de aquel asiento al ao de 1524. El primer asiento se celebr en marzo de 1503. Vase en el tomo II de la Coleccin de Documentos Inditos de Indias ( V. M. y M.) 46 Herrera, Descripcion de las Indias Occidentales cap. XVI. 47Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVI, cap. I.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 160\ 160\ 160\ 160\ 160\48Herrera, dc. 3, lib. VII, cap. II. 49Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVI, cap. V. Herrera, dc. 3, lib. VII, cap. IX. 50Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVI, cap. II. 51Lpez Gomara, Historia General de las Indias cap. LXXI. 52Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVI, cap. III. 53Las Casas, Historia General de las Indias lib. II, cap. II. 54Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVI, cap. VII. Herrera, dc. 4, lib. IV, cap. VIII. 55Herrera, dc. 4, lib. IV, cap. VIII. 56Herrera, dc. 4, lib. V cap. XI, y lib. VII, cap. VII. 57Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVI, cap. VIII. 58Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVI, cap. VIII. 59ste es el dictado que le da Herrera; pero Oviedo le llama Adelantado de Tenerife. ( Historia [...] de las Indias lib. XXVI, caps. VIII, IX y otros). 60Herrera, dc. 5, lib. IX, cap. III y IV. Vase este asiento en el tomo XXII, pgina 406 de la Coleccin de Documentos inditos de Indias (V. M. y M.) 61Herrera, dc. 5, lib. IX, cap. V. Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVI, cap. XI. 62Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVI, cap, XI. 63Muoz, Colec 64Carta a S.M. de fray Luis de San Martn y Antonio de Librija, escrita en Santa Marta y Nuevo Reino de Granada de 1536 a 1539. (Muoz, Colec .) 65Carta al emperador de los oficiales reales de Santa Marta, dando cuenta del viaje del licenciado Gonzalo Jimnez por las tierras de Bogot y Tunja. Insertola Oviedo en su Historia (...) de las Indias libro XXVI, captulo XI. 66Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVI, cap. XIX y XXII. Herrera, dc. 6, lib. V, cap.VI. 67Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVI, cap. XIX. 68Herrera, dc. 6, lib. V, cap. VI. 69Herrera, dc. 6, lib. V, cap. VI. 70Herrera, dc. 6, lib. V, cap. VI. 71Herrera, dc. 6, lib. V, cap. VI. 72Humboldt, Recherches tom II. 73Carta a S.M. de fray Juan de San Martn y Antonio de Librija, escrita en Santa Marta y Nuevo Reino de Granada de 1536 a 1539. Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVI, cap. XI y XXVIII. Herrera, dc. 6, lib. V, cap. VI. 74Herrera, dc. 6, lib. III, cap. XV. 75Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVI, cap. IX. 76Herrera, dc. 7, lib. I, cap. IX. 77Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVI, cap. XVI y XVII. 78Carta al emperador de fray Bartolom de las Casas, obispo de Chiapa, fecha en Santo Domingo a 15 de Septiembre de 1544. (Manuscrito, Archivo de Simancas. Cartas.) 79Captulos de malos tratamientos que hizo a los indios, el capitn Francisco Martnez Pedroso, presentados en la Audiencia del Nuevo Reino de Granada a 28 de Noviembre de 1553, a tiempo que el fiscal de ella haba acusado al mencionado Pedroso. (Muoz, Colec ., tom. LXXXVI.)

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Libro SptimoDARIN O CASTILLA DEL ORO Y CAR DARIN O CASTILLA DEL ORO Y CAR DARIN O CASTILLA DEL ORO Y CAR DARIN O CASTILLA DEL ORO Y CAR DARIN O CASTILLA DEL ORO Y CAR T T T T T AGENA AGENA AGENA AGENA AGENAEl famoso Alonso de Ojeda, siempre dispuesto a las aventuras y difciles empresas, fue el primero que en 1508 pidi desde La Espaola donde resida, que se le facultase poblar a sus expensas en el nuevo continente, eligiendo para ello el pas del Darin, as llamado por el ro que desemboca en el golfo de Urab, o golfo Dulce. Disele este ltimo nombre, porque cuando Rodrigo de Bastidas, su descubridor, entr en l en 1502, encontr en baja mar, dulce el agua, por el espacio de ms de 12 leguas de largo, y cuatro y hasta seis de ancho: efecto del derrame de las aguas de aquel caudaloso ro, que Bastidas no lleg a ver.1Hallbase en la corte, procedente de La Espaola, Diego de Nicuesa, y teniendo noticia de las pretensiones de Ojeda, pidi que tambin se le permitiese colonizar a su costa en la provincia de Veragua descubierta por Coln desde 1502. Ajust, pues, el gobierno asiento con ellos en Burgos a 9 de junio de 1508, dando a Ojeda por lmites de su gobernacin, desde el cabo de la Vela hasta la mitad del golfo de Urab; y a Nicuesa desde la otra mitad hasta el cabo de Gracias a Dios, fin de la tierra de Veragua.2 A la gobernacin de Ojeda diose el nombre de Nueva Andaluca, el cual pronto desapareci, aplicndolo despus a gran parte de la Guayana;3 y a la gobernacin de Nicuesa llamose del Darin. Las condiciones que el gobierno pact con Ojeda y Nicuesa, fueron: que por diez aos pudiesen gozar de las minas que descubriesen, pagando al rey el primer ao, la dcima parte; el segundo, la novena; el tercero, la octava; el cuarto, la sptima; el quinto la sexta, y en los cinco aos restantes, el quinto: que pudiesen llevar consigo de La Espaola 40 indios mineros para ensear a otros: que a cada uno de 1os dos gobernadores se les diese pasaje franco desde Castilla para 200 hombres, y desde La Espaola para 600, pudiendo fletar en esa isla cierto nmero de naves para su empresa, y hacer tambin en ella como en Jamaica sus provisiones; pero al mismo tiempo se les prohibi que llevasen extran-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 162\ 162\ 162\ 162\ 162\ jero alguno en sus naves: que tanto Ojeda como Nicuesa y otros capitanes que se les asociasen quedasen exentos de pagar alcabala, ni otro derecho alguno durante cuatro aos, bien que de todo lo que ganasen en el primero, de cualquier manera que fuese, deban dar al rey la quinta parte, y la cuarta en los tres aos siguientes: que fabricasen dos fortalezas cada uno en su gobernacin, de las cuales se les daran las tenencias: que fuese lugarteniente y alguacil mayor de Ojeda el capitn Juan de la Cosa, pues por ser pobre aqul, ste haba costeado toda la expedicin. Finalmente, que Ojeda y Nicuesa manifestasen a las personas nombradas por el rey todo el oro habido del trfico con los indios, o de otra manera; obligndose tambin a dar fianzas de cumplir todo lo que haban capitulado con el gobierno.4Empleose algn tiempo en armar en Castilla las dos expediciones, las cuales no salieron para La Espaola hasta 1509; habiendo llegado primero la de Ojeda al mando de Juan de la Cosa, por estar aqul en dicha isla; y la de Nicuesa algunos das despus, quien al pasar por la isla de Santa Cruz salte ms de 100 indios que vendi como esclavos en La Espaola, diciendo que eran caribes.5An necesitaba de algunos auxilios la expedicin de Ojeda, hallolos en el bachiller Martn Fernndez de Enciso, vecino de Santo Domingo, el cual compr una nave, quedndose en La Espaola para cargarla de bastimentos y seguir a Ojeda con alguna gente, en calidad de alcalde mayor en su gobernacin, segn nombramiento que le haba hecho. Graves altercados tuvieron en aquella isla Ojeda y Nicuesa sobre los lmites de las gobernaciones que iban a poblar; y aunque mal avenidos todava, Ojeda se hizo a la vela para el continente el 10 de noviembre de 1509, con dos carabelas, dos bergantines, 300 hombres y 12 yeguas.6Aqu es de notar, que le acompaaba Francisco Pizarro, que tanta celebridad adquiri despus en la conquista del Per y hubirale acompaado tambin el famoso Hernn Corts, si no hubiese estado enfermo de una postema en una pierna.7A punto de fracasar estuvo la expedicin de Nicuesa, porque habiendo contrado para acabar de prepararla, algunas deudas en Santo Domingo, los acreedores lo detuvieron, y sin la fianza de un escribano, hubiranlo metido en la crcel; pero al fin se salv, y lev las anclas para Veragua el 22 de noviembre del referido ao de 1509, con cuatro grandes naves, dos bergantines, otro buque que compr en Santo Domingo, 700 hombres lucidos y seis caballos.8A pocos das de su salida de La Espaola lleg Ojeda a Caramari o Cartagena. Eran los indios de aquella comarca de buena y grande estatura; los hombres con los cabellos hasta las orejas, pero las mujeres los tenan muy largos, siendo aqullos y stas excelentes flecheros. Al ver a los castellanos, aparejronse a resistirles, pues las maldades cometidas

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JOS ANTONIO SACO /163 /163 /163 /163 /163 contra ellos desde el principio del descubrimiento, habanlos puesto de guerra. Para someter pacficamente a los indios, llev Ojeda por orden del monarca, religiosos en su expedicin, y tambin indios de La Espaola que entendiesen su lengua.9 Entonces fue cuando se introdujo el Requerimiento en el Nuevo Mundo; siendo Alonso de Ojeda el primero que lo puso en prctica al pasar por Caramari a fines de 1509. Ledo ese documento a los indios de aquella comarca, tratose de traficar con ellos, dndoles por su oro algunas cosillas de Castilla; pero como eran valientes y estaban irritados por los daos que haban sufrido de otros aventureros, empezaron a manifestar signos de guerra. Juan de la Cosa aconsej a Ojeda que, como aquella gente era belicosa y tiraba con flechas emponzoadas, sera mejor que fuesen a poblar a la costa de Urab, dejando para ms adelante el volver sobre ellos con ventaja; pero Ojeda, que nunca conoci el miedo y que confiaba en que nadie le haba sacado una gota de sangre en las largas aventuras de su vida, resolvi atacarlos, y cayendo sobre ellos, mat muchos y cautiv algunos. Internndose despus cuatro leguas hasta el pueblo del cacique Catacapa, dio de improviso sobre los indios, matando y esclavizando cuantos encontraba, y aun quemando ocho, que se encerraron en una casa de paja que mand incendiar. En esta refriega cogi, segn Herrera, 60 personas que envi a las naves como esclavas; mas, segn Oviedo, fueron 100 y la mayor parte mujeres.10Continuando Ojeda sus proezas, sigui el alcance a los que huan, y llegando a un pueblo llamado Yurbac, no encontr ningn indio, porque todos se haban acogido a los montes. Pero el justo cielo permiti esta vez que descuidados los castellanos, y desparramados por el pas los indios dieran en ellos, y de los 70 hombres que a sus rdenes llevaba,11 slo l y otro se salvaron de la muerte, pues pereci hasta Juan de la Cosa. Si Ojeda se escap de la refriega, debiolo a que siendo pequeo de cuerpo y de una destreza admirable, a veces se hincaba para cubrirse con su rodela en la que se encontraron sobre 300 marcas de las flechas envenenadas que le tiraron.12Luego que Ojeda se reuni con Diego de Nicuesa en las aguas de Cartagena, y que ste se olvid generosamente de los disgustos que con l haba tenido en La Espaola, tomaron los dos la ms espantosa venganza de aquellos indios, haciendo en ellos una horrible carnicera, pues a ninguno quisieron coger como esclavo,13 ni con vida. Concluida esta sangrienta jornada, despidiose Ojeda de Nicuesa, y alzando las velas para el golfo de Urab, trmino de su gobernacin, cogi algunos indios y oro en una isleta a 35 leguas de Cartagena. Desde que lleg de Urab empez a poblar sobre unos cerros situados hacia la banda oriental de aquel golfo, dando al pueblo el nombre de

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 164\ 164\ 164\ 164\ 164\ San Sebastin, que fue el segundo asentado en el nuevo continente; pero condenado estaba a sufrir la misma suerte que el primero fundado por Coln en las mrgenes del ro Beln en la provincia de Veragua. Desde San Sebastin expidi Ojeda una nave para La Espaola con el oro y esclavos que haba cogido en sus saltos anteriores, para que all se vendiesen, y con su producto se le enviasen algunos auxilios.14No es del caso referir minuciosamente los inmensos trabajos y miserias que padecieron Ojeda y sus compaeros. Los indios de aquella comarca no slo eran valientes y guerreros, sino que mataban a los espaoles con flechas herboladas. Martn Fernndez de Enciso, que desde La Espaola debi seguir a Ojeda, no acababa de llegar; hambreaban y moran los castellanos, y en tan calamitosa situacin, Ojeda viose forzado a partir para La Espaola en busca de socorros; entregando el mando a Francisco Pizarro, con encargo que si dentro de 50 das no tornaba, daba a la gente licencia para que despoblase y se fuese a donde quisiese.15Pero eclipsada ya su estrella de una vez, muri pobre y miserable en La Espaola, mostrando hasta su ltimo suspiro la ferviente devocin que siempre le haba animado. “E’quando se vido al cabo de la vida, pidi el hbito de la Orden, en que no persever el conde Guido, por el cual dixo: Yo fuy hombre de armas y despues fuy cordelero, significando la Orden de Sanct Francisco, porque los religiosos se cien la cuerda. E assi Hojeda, de capitan e hombre guerrero, se convirti en devoto frayle de la observacion, pero hzolo mejor que aquel conde Guido, puesto que persever en la orden y se hizo frayle para pocas horas, y fue enterrado en el monasterio de Sanct Francisco de aquesta ciudad, en el qual hbito muri acab como cathlico, haciendo mas loable fin que no han hecho otros capitanes en estas partes”.16Las Casas, al hablar de la muerte de este valiente conquistador, prorrumpe en las siguientes palabras: “Plega haya placido Dios de haberle dado conoscimiento ntes de la muerte de haber sido pecador y los males que hizo indios”.17La gente de Urab ignoraba la muerte de Ojeda, y transcurridos los 50 das que l haba fijado para su vuelta, los castellanos trataron de abandonar aquella tierra; pero los dos bergantines que les quedaban, no podan llevarlos a todos, y hubieron de esperar hasta que las enfermedades, el hambre y las flechas envenenadas de los indios disminuyesen su nmero. Esto aconteci muy en breve, embarcndose entonces en los dos bergantines para La Espaola, uno al mando de Pizarro, y otro al de un Valenzuela partironse de aquellas costas tan funestas para ellos. El buque de Valenzuela naufrag a 20 leguas de la isla Fuerte, pereciendo toda su gente, y Pizarro fue a refugiarse al puerto de Cartagena. Al entrar en l descubri dos naves, que eran cabalmente

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JOS ANTONIO SACO /165 /165 /165 /165 /165 los refuerzos de Enciso. Cuando ste supo las desgracias acaecidas, llenose de asombro; y encontrando en la gente de Pizarro gran resistencia para volver a Urab, fuele preciso emplear halagos y aun amenazas para que tornasen, pues muertos ya Juan de la Cosa y Ojeda, l como alcalde mayor, era el jefe de la expedicin y de la colonia. Pudo al fin persuadirlos, y haciendo rumbo las tres naves para San Sebastin naufrag a la entrada del golfo Urab aquella en que iba Enciso, y aunque los castellanos se salvaron, perdironse todos los animales que llevaban y casi todas las armas y bastimentos. Desembarcados los espaoles, empezaron a sentir el hambre, hostigbanlos sin tregua los indios, quemaron la fortaleza y las 30 casas de que San Sebastin se compona, y reducidos a la ltima miseria, exclamaban: ”Dejemos estas costas mortferas de donde el mar, la tierra, el cielo y los hombres nos rechazan”. En tan terrible situacin oyose salir de entre ellos la voz de un hombre oscuro que en los siguientes trminos les habl: ”Yo me acuerdo que los aos pasados viniendo por esta costa con Rodrigo de Bastidas a descubrir, entramos en este golfo, y a la parte occidente saltamos en tierra donde encontramos un gran ro, y a su orilla vimos un pueblo asentado en tierra fresca y abundante, y habitado por gente que no pona hierba en sus flechas”. Con estas palabras abrironse a la esperanza todos los corazones. Pero quin fue ese mensajero de consuelo y de salvacin para los castellanos? Al salir Enciso de La Espaola embarcose furtivamente en su nave un hombre a quien perseguan sus acreedores por las deudas que haba contrado en Santo Domingo. Dicen unos que se escondi en una pipa, y otros, en los pliegues de una vela enrollada del buque. Cuando ste se hallaba ya en alta mar, el prfugo fue descubierto; y tal fue la indignacin de Enciso que jur echarle en la primera isla despoblada que encontrase; y hubiralo quiz hecho, si a la profunda humillacin de Balboa no se hubiesen juntado los ruegos de algunos castellanos. Ese prfugo llambase Vasco Nez de Balboa, natural de Xerez de Badaxoz, con quien entr Enciso en el golfo de Urab, sin pensar entonces que llevaba en su nave el instrumento escogido por la Providencia para salvar a los castellanos de una muerte inevitable. En las crticas circunstancias que acabamos de describir, Enciso y Balboa saltaron en los dos navichuelos que les quedaban, y seguidos primero de 100 castellanos, y despus de los restantes, cruzaron el golfo y encontraron en la costa opuesta la tierra que buscaban, cual se les haba anunciado. Aprestronse los indios a poner resistencia, y como los castellanos creyesen equivocadamente que envenenaban sus flechas, encomendronse antes de acometerles a Nuestra Seora del Antigua, tenida en gran devocin en Sevilla, haciendo el voto de dar ese nombre

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 166\ 166\ 166\ 166\ 166\ al primer pueblo que en aquella tierra fundasen; y as lo hicieron luego que alcanzaron la victoria.18Desde entonces, Vasco Nez adquiri mucho prestigio entre sus compaeros, y Enciso qued expuesto a las secretas pretensiones de un hombre enrgico, astuto, muy capaz para el mando, ambicioso y que despus de Coln y de Corts, es el espaol ms grande que figura en las conquistas del Nuevo Mundo, pues que a su valor y constancia se debe la sumisin de aquellas ricas provincias y el descubrimiento del mar Pacfico. Formronse en la colonia tres partidos: uno quera a Enciso por jefe; otro, a Nez de Balboa, y otro, a Diego de Nicuesa. Este ltimo partido era el nico que tena la razn y el derecho de su parte, porque hallndose la colonia dentro de los lmites de la gobernacin de Nicuesa, l y no otro deba ser su gobernador. Las desgracias que Nicuesa haba experimentado despus que parti de Cartagena para Veragua, fueron quiz mayores que las de Ojeda. No cumple a mi propsito trazar aqu el cuadro doloroso de tantas miserias; pero habindose sabido en Santa Marta del Darin que l se hallaba en Nombre de Dios, a poca distancia de Portobelo, envisele una comisin para que fuese a tomar el mando de la colonia. El infortunio suele alterar el carcter de los hombres, y de suave, liberal y aun jocoso que era Nicuesa, habase transformado en spero, duro y violento. Lejos de recibir con jbilo y agasajo a los comisionados que de Urab haban ido a buscarle, para ponerle a su cabeza, habloles con altanera, amenazando con castigos y quitar el oro a los que sin su autorizacin lo haban cogido. Desgraciadamente para l, estas noticias llegaron a la colonia del Darin antes de su arribo, y cuando pocos das despus se present en ella, la gente castellana estaba tan indignada contra l, que no le permiti desembarcar; y no obstante sus ruegos para que le dejasen en la colonia, aun en calidad de preso, forzronle a partir para La Espaola, y hoy todava se ignora el triste fin que tuvo, pues unos dicen que muri a manos de los indios de Cuba, y otros con ms probabilidad, que pereci ahogado, o vctima del hambre.19En la desgracia de Nicuesa cupo una parte principal a Vasco Nez de Balboa; y con su astucia e intrigas pronto se desembaraz tambin de Enciso, pues formndole causa y confiscndole sus bienes, hzole embarcar para Castilla, quedndose l con el gobierno exclusivo del Darin.20Libre ya de rivales, empez sus entradas por aquellas tierras, no slo para conocerlas, sino para descubrir el oro que contenan. Contiguo al cacicado de Careta estaba el de Comogre sobre la costa del norte, y recibiendo su cacique amigablemente a Vasco Nez de Balboa, hzole su primognito un regalo de 70 esclavos y 4 000 pesos de oro, del cual se

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JOS ANTONIO SACO /167 /167 /167 /167 /167 apart la quinta parte para el rey de Espaa, repartindose lo dems entre los castellanos, pero no sin disputas ni querellas.21Los indios que esclaviz en 1512 en una de sus refriegas con diversos caciques, enviolos al Darin para que trabajasen en las labranzas de los castellanos, en cuya ocupacin y en llevar cargas de un punto a otro empleronse no slo aquellos esclavos, sino los dems que se cautivaban cuando salan a ranchear.22A continuar en tan criminales empresas alentolos el gobierno sin culpable intencin. Haba el rey don Fernando promulgado en Burgos a 22 de febrero de 1512 una cdula, para que los vecinos de La Espaola pudiesen coger, todos los indios rebeldes de aquella comarca, y tenerlos perpetuamente por naborias, lo mismo que a sus descendientes, sin pagar nada por ellos. Con la misma fecha y en la misma ciudad promulgose otra cdula semejante a favor de los espaoles que habitaban en el Darin, quienes aprovechndose de la autorizacin que se les daba, convertan no en naborias, sino en esclavos a cuantos indios cogan. A igual fin propendi tambin una de las mercedes concedidas en 1514 a los vecinos de la villa de Nuestra Seora del Antigua del Darin, pues se permiti a los oficiales reales de ella que se aprovechasen de los indios herrados como esclavos, sin pagar ningn derecho; concesin que los alentaba a favorecer los asaltos de los castellanos para esclavizar indios. En la captura de stos represent un gran papel un perro de Vasco Nez, llamado Leoncico y del que Oviedo nos ha dejado la siguiente noticia. “Asi mismo quiero hacer mencion de un perro que tena Vasco Nez, que se llamaba Leoncico y que era hijo del perro Becerrico de la isla de San Juan, y no fu menos famoso que el padre. Este perro gan a Vasco Nez en esta y otras entradas ms de 2 000 pesos de oro, porque se le daba tanta parte como un compaero en el oro y en los esclavos cuando se partian. Y el perro era tal que lo merecia mejor que muchos compaeros soolientos. Era aqueste perro de un instinto maravilloso, y as conocia al indio bravo y al manso, como le conociera yo otros que en esta guerra anduvieran tuviera razon. despues que se tomaban rancheaban algunos indios indias, si se soltaban de dia de noche, en diciendo al perro: Ido es, bscale, as lo hacia y era tan gran ventor que por maravilla se le escapaba ninguno que se les fuese los cristianos. Y como lo alcanzaba, si el indio estaba quedo asiale por la mueca; la mano, traiale tan ceidamente sin le morder ni apretar como se pudiera traer un hombre; pero si se pona en defensa hacale pedazos. Y era tan temido de los indios, que si diez castellanos iban con el perro, iban ms seguros que 20 sin l. Yo v este perro, porque cuando lleg Pedrarias la tierra el ao siguiente de 1514, era vivo, y le prest Vasco Nez

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 168\ 168\ 168\ 168\ 168\ en algunas entradas que se hicieron despus, y ganaba sus partes como he dicho: y era un perro bermejo, y el hocico negro, y mediano, y no alindado, pero era recio y doblado, y tenia muchas heridas y seales de las que haba habido en la continuacin de la guerra, peleando con los indios. Despues por invidia, quien quiera que fu, le di al perro comer con que muri. Algunos perros quedaron hijos suyos, pero ninguno tal como l se ha visto despues en estas partes”.23Supo Vasco Nez que el tesorero Pasamonte, residente en La Espaola y hombre de mucha influencia con el rey Fernando, estaba enojado con l, y que trataba de destruirle, ligndose con el bachiller Enciso su enemigo. Pasamonte escribi al rey manifestndole la necesidad de preparar una armada, y de enviar un nuevo gobernador al Darin. A noticia de Vasco Nez lleg lo que en su ruina se maquinaba, y como deseaba conservar el poder que haba adquirido por medios no muy legtimos, trat de captarse el favor de Pasamonte. Enviole, pues, un rico presente de oro, alhajas y muchos hermosos esclavos indios. Este regalo supo agradecer Pasamonte, “y luego —como dice el licenciado Zuazo—, escribi todo al contrario de lo que antes habia escrito haciendo saber al Rey Catlico que Vasco Nez era muy servidor de su alteza, la mejor persona que ms habia trabajado en su servicio de cuantas ac habian pasado, pero como el camino es tan largo, no pudo llegar tan presto esta carta que ya el armada no estaba hecha, y Pedrarias con ella en Sevilla para se embarcar”.24Si Vasco Nez esclaviz algunos indios en sus entradas, debe hacrsele la justicia de que el fin principal que le anim, no fue el de esclavizar a los indgenas, sino el de conocer la tierra y descubrir el oro, y otras riquezas que encerraba. Verdad es, que a nombre de sus gobernados pidi al rey Fernando en enero de 1513, que se esclavizasen indios; pero fue tan slo a los de ciertas comarcas. Tales fueron los que habitaban en el fondo del golfo de Urab, en los anegadizos del ro Grande de San Juan y en otros alrededor de dicho golfo, que se extendan hasta entrar en la tierra llana de la provincia de Davaive. Fundbase para ello en que esos indios no eran de provecho alguno, porque ni tenan labranzas, ni se alimentaban de otra cosa que de pescado, parte del cual permutaban por maz. Adems, eran perjudiciales a los cristianos, porque mataban algunos al pasar el ro San Juan asaltndolos con sus canoas, y porque tambin en aquellas tierras se refugiaban los indios de muchas partes a la redonda. Pidi tambin que se diesen por esclavos los indios canbales de la punta de Caribana hasta 20 leguas tierra adentro, no slo porque la mala calidad de aquel pas no permita sacar de l ningn provecho, sino porque en varias ocasiones haban matado y devorado muchos cristia-

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JOS ANTONIO SACO /169 /169 /169 /169 /169 nos: por lo cual deca: “tienen bien merecido mil veces la muerte (...) y no digo darlos por esclavos segn es mala casta, ms an mandarlos quemar a todos chicos y grandes, porque no quedase memoria de tan mala gente”.25A la verdad que este pasaje no revela en Vasco Nez humanos sentimientos hacia los indios, y si de las palabras pasamos a los hechos, encontraremos que aqullas no fueron vanas, pues en esa misma carta, al hablar del oro que encerraban algunas partes de aquella tierra, dice al monarca: “Lo he sabido en muchas maneras y formas, dando a unos tormento y a otros por amor y dando a otros cosas de Castilla”. Pero ms grave es todava el siguiente pasaje de Las Casas: “Escribi Vasco Nez al almirante, que haba ahorcado 30 caciques, y haba de ahorcar cuantos prendiese, alegando que, porque eran pocos, no tenan otro remedio hasta que les enviase mucho socorro de gente”.26Y sin embargo, tal era la ndole de los conquistadores, que ese mismo Vasco Nez figura como uno de los menos crueles en la historia del Nuevo Mundo. Pidi igualmente al monarca que permitiese a los castellanos sacar indios de las partes de Veragua, desde el golfo llamado San Blas, a 50 leguas de Santa Mara del Darin por la costa abajo. Propuso tambin, que as los esclavos de Veragua como los de Caribana, se exportasen para quitarles la fcil ocasin de huirse y esconderse en sus tierras; y que se llevasen a Jamaica, Cuba y otras islas pobladas de cristianos, en las cuales se trocaran por otros indios que desconociendo el nuevo pas en que se introducan, seran ms provechosos que los indgenas, porque no podran fugarse con tanta facilidad.27Uno de los rasgos que ms afearon la conducta de los castellanos en la poca de la conquista del Nuevo Mundo, fue la insubordinacin a sus jefes, la envidia, el odio, la calumnia y la venganza con que mutuamente se despedazaban. De tales armas no pudo librarse Vasco Nez de Balboa, pues sus enemigos enviaron contra l siniestros informes a la corte. Perjudicole mucho tambin la bastarda conducta que tuvo en la expulsin de Nicuesa; pero ms todava la enemistad del bachiller Enciso, a quien haba procesado en el Darin, remitindole a Castilla. Todos estos elementos se conjuraron contra l; y como el rey nunca haba sancionado el poder que ejerca en el Darin, nombr a otro en su lugar desde el 27 de julio de 1513. Tal vez hubirale expedido el monarca el ttulo de gobernador del Darin, si a su noticia hubiese llegado el gran descubrimiento que hizo del Mar del Sur; pero esto era imposible, porque cuando Balboa se puso en marcha para tan famosa empresa en septiembre de 1513, ya haba sido relevado. Sin embargo, es forzoso reconocer que el rey Fernando desatendi los eminentes servicios que ya haba prestado Balboa en la conquista del Darin, y tanto ms cuanto

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 170\ 170\ 170\ 170\ 170\ que le quit su gobernacin para darla a un hombre que le era en todo inferior, menos en vicios, latrocinios y crueldades. Cuando Vasco Nez fue relevado del mando del Darin, ya haba pacificado toda aquella tierra, pues estaba en buena amistad con casi 30 caciques y con todos sus indios, a tal punto que poda ir seguro 100 leguas, y en todas partes no slo le daban los indios mucho oro de su voluntad, sino sus hermanas e hijas para que las casase o usase de ellas como quisiese. A la sombra de esta paz crecan en gran manera las rentas del gobierno, y tan buenos resultados consigui, no tomando de los indios ms de lo que le queran dar, y ayudndolos en sus granjeras.28El sucesor de Vasco Nez fue el sevillano Pedro Arias Dvila, o Pedrarias por abreviacin, a quien llamose comnmente en Castilla el Galn y el Justador por sus proezas en las justas de aquellos tiempos. Ensanchronse los lmites de la gobernacin que se le dio, pues de oriente a occidente era desde el cabo de la Vela hasta la provincia de Veragua, y de norte a sur comprenda todo el espacio encerrado entre los dos mares con las islas que pudieran encontrarse.29A esa gobernacin mand entonces el rey Fernando que se la llamase Castilla del Oro y tal nombre le corresponda por la abundancia de ese metal que en ella haba. En las instrucciones que se dieron a Pedrarias en 2 de agosto de 1513, no se olvid el punto esencial de la esclavitud de los indios. Por el artculo tercero encargsele que si poda, sin estorbo ni tardanza de viaje, leyese el Requerimiento a los indios de las islas canbales, que eran la isla Fuerte, Buin, San Bernardo, Santa Cruz, Gira, Cartagena y Caramarico de G; y que si despus de ledo, no queran abrazar la fe catlica ni someterse al vasallaje de Castilla, tomase por esclavos a cuantos pudiese, envindolos a los ofciales reales de La Espaola para que all los vendiesen. Por el artculo cuarto ordensele, que de cuanto se tomase en mar o en tierra, as de esclavos, como de cualquiera otra cosa, se diese al rey la quinta parte. Por los artculos 3 y 10 recomendsele especialmente que se tratase muy bien a los indios, sin consentir que se les hiciese ningn dao, y castigando a los contraventores. Y por el artculo noveno se dispuso que si por esa va no queran someterse a la obediencia real, y se les hubiese de hacer guerra, procurase que sta por ningn motivo se les declarase cuando ellos no fuesen los agresores, ni hubiesen hecho, ni tratado de hacer algn mal a la gente castellana, debiendo intimarle de parte del monarca los requerimientos una, dos, tres y cuantas ms veces fuese necesario para que reconociesen la dominacin espaola. Y como se consideraba que con Pedrarias iran algunos cristianos, y que en Castilla del Oro los habra que supiesen la lengua, se les diese

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JOS ANTONIO SACO /171 /171 /171 /171 /171 a entender el bien que les resultara de ponerse debajo de la obediencia real y el dao y muertes que les ocasionara la guerra, especialmente a los que se tomasen vivos, pues seran esclavizados: de todo lo cual haban de tener entera noticia para que no pudiesen alegar ignorancia, porque sin ello ni los indios podan ser esclavos, ni los cristianos tenerlos con segura conciencia.30stas fueron algunas de las instrucciones que dio el rey a Pedrarias Dvila; pero fuerza es decir que entre los gobernantes que en aquellos tiempos pasaron al Nuevo Mundo, ninguno las quebrant con ms imprudencia y escndalo. El 12 de abril de 1514 sali Pedrarias de Sanlcar para su gobernacin, con 15 naves y 1 500 hombres, segn Herrera,31 nmero que eleva Oviedo a 2 000 o ms;32 expedicin despus de la de Oviedo a La Espaola, la ms lucida que hasta entonces haba partido de Espaa para las Indias. Acompabanle su teniente general Juan de Ayora; fray Juan de Quevedo, primer obispo del Darin; Gaspar de Espinosa, alcalde mayor; el bachiller Enciso, alguacil mayor; Diego Mrquez, contador; Alonso de la Puente, tesorero; Juan de Tavira, factor, y veedor y escribano general, Gonzalo Fernndez de Oviedo, el historiador que tantas veces he citado en esta obra. Seal Pedrarias los primeros pasos de su carrera en el Nuevo Mundo con la esclavitud de los indios, pues habiendo tocado en Santa Marta, que estaba dentro de los lmites de su jurisdiccin, intimoles el Requerimiento que sus instrucciones le prevenan, cuya lectura hizo Gonzalo Fernndez de Oviedo como escribano general. Convencido ste de la inutilidad del documento ledo a los indios, pues que ellos acababan de tener un recio encuentro con los castellanos, se expresa en estos trminos burlescos: “ mand el gobernador [Pedrarias] que yo llevase el requerimiento scriptis que se haba de hacer a los indios, y me lo di de su mano como si yo entendiera los indios para se lo leer, tuvieramos all quien se lo diese entender querindolo ellos oir, pues mostrarles el papel en que estaba escripto poco hacia al caso... Y en presencia de todos yo le dije: Seor, paresceme que estos indios no quieren escuchar la teologa de este requerimiento, si vos teneis quien se la d entender: mande V. guardarle hasta que tengamos algunos de estos indios en la jaula para que despacio lo aprendan, y el seor obispo se lo d a entender: dile el requerimiento, y el le tom con mucha risa de l todos los que me oyeron... Yo pregunt despues el ao de 1516 al doctor Palacios Rubio [porque l haba ordenado aquel requerimiento], dijome que s, si se hiciese como si quedaba satisfecha la conciencia de los cristianos con aquel requerimiento, el requerimiento dice. Mas parceme que se rea muchas veces cuando yo le contaba lo de esta jornada y otras que algu-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 172\ 172\ 172\ 172\ 172\ nos capitanes despues habian hecho: y mucho ms me pudiera y reir de l y de sus letras (que estaba reputado por gran varon, y por tal tena lugar en el Consejo Real de Castilla) si pensaba que lo que dice aquel requerimiento lo habian de entender los indios sin discurso de aos tiempo”.33All en Santa Marta esclaviz Pedrarias un hombre y 11 mujeres, entre las cuales una principal o cacica.34 Herrera aumenta este nmero, pues dice que fueron esclavizados todos los nios y mujeres del primer pueblo en que entr;35 y esclavos tambin hizo en la isla Fuerte a 50 leguas del Darin.36Salt en tierra el 30 de junio de dicho ao en el pueblo de Santa Mara del Darin, y tomando posesin del gobierno, empez su gente a prepararse para enriquecerse con el oro que haba pensado coger con redes, segn las exageradas noticias que haban llevado de Espaa. ¡Pero cun triste desengao tuvieron en breve! Sin provisiones en el pas para alimentar tan numerosa expedicin; corrompidas por el mar las que sacaron de Castilla; quemadas muchas, y quizs de mala fe, para ocultar los robos ya hechos; apocadas las raciones que se les suministraban; y expuestos a la perniciosa influencia del lugar bajo, sombro y cenagoso en que se hallaban, comenzaron a sentir el hambre y las enfermedades, creciendo la calamidad en tanto grado, que muchos caballeros daban un sayn de seda carmes, y otros ricos vestidos por una libra de cazabi, pan de maz, o bizcocho de Castilla: otros que haban dejado empeados en ella sus mayorazgos, moran pidiendo pan, vestidos de seda y de brocados que valan muchos dineros. Un caballero de los principales iba por una calle clamando que pereca de hambre, y delante de todo el pueblo cay muerto en el suelo. Otros, en fin, se salan al campo, y como si fueran bestias coman las yerbas y races que ms tiernas encontraban.37En un solo mes murieron 700 personas, y otras muchas obtuvieron permiso de Pedrarias para trasladarse a La Espaola, Cuba, Jamaica, Puerto Rico y Castilla:38 de manera que a los pocos meses de su arribo, su brillante armada qued reducida a algunos centenares; con stos y con los antiguos pobladores empez a enviar diferentes expediciones al mando de sus capitanes; no para que pacificasen y poblasen aquella tierra, sino para que la asolasen acabando con los indios. El primero que sali fue su teniente general Juan de Ayora, con el objeto de fundar algunos pueblos, y coger todo el oro que se hallase en aquellos pases, sin respetar la fe y amistad de Vasco Nez, que haba jurado a varios caciques con quienes haba vivido en paz. Embarcose con 400 hombres en cuatro o cinco naves, y desembarc en la costa norte en un puerto de las tierras del cacique Comogre, 25 o 30 leguas al poniente de Santa Mara del Darin. Ese cacique, lo mismo que los de

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JOS ANTONIO SACO /173 /173 /173 /173 /173 Ponce y Pocorosa, recibironle amistosamente, hacindole regalos de oro y de comida; mas, en recompensa de tan buenas obras, esclavizoles sus mujeres, cometiendo otras crueldades. Con presentes de oro tambin le recibi el cacique de Tubanam, pero nunca satisfecha su insaciable codicia, llevole tambin sus mujeres y cuantos indios pudo por esclavos. A este propsito dice Oviedo: “En este camino Johan de Ayora, no solamente dex de hacer los requerimientos amonestaciones, que se debian hacer los indios, antes de les mover la guerra; pero saltebanlos de noche, los caziques indios principales atormentbanlos, pidindoles oro, unos assaban, otros hazian comer vivos de perros, otros colgaban, en otros se hizieron nuevas formas de tormentos, demas de les tomar las mugeres las hijas, hacerlos esclavos prisioneros, repartirlos entre s, segun la manera que Johan de Ayora le parezi cada uno de los otros capitanes, por donde anduvieron. en esta caza monteria infernal, se detuvo esta gente algunos meses”.39El licenciado Zuazo refiere la crueldad con que el tirano Ayora trat a otro de los caciques, amigo de Vasco Nez de Balboa. Al acercarse los espaoles a su pueblo, y creyendo los indios que aqul vena a su cabeza, prepararon muchos venados asados, pavos, gran abundancia de diversos pescados, con otros manjares de la tierra, bollos de maz y vino de la misma planta para festejarlos. Cuando Ayora lleg, l y su gente sentranse en este banquete que bastaba para 600 personas: pero no viendo el cacique a Vasco Nez, pregunt dnde estaba el tiba o jefe de los cristianos. Sealronle a Juan de Ayora; mas, l replic que se no era el tiba porque l conoca muy bien a Vasco Nez. El pobre cacique pronto debi conocer la diferencia ms claramente, porque despus de la comida Juan de Ayora le mand buscar y le orden que le diese oro, a menos que quisiese ser quemado, o echado a los perros. El cacique le present todo el oro que tena, cuya cantidad no satisfizo al capitn espaol. Entonces, el infeliz cacique, que estaba atado, mand a sus sbditos que le trajesen todo el oro que tenan; pero cuando lo presentaron, Juan de Ayora no qued satisfecho, y exigi ms. El cacique le suplic que se contentase, pues le haba presentado todo el oro que tena; mas, Juan de Ayora, con todo el furor implacable de un ladrn que encuentra escaso el botn que esperaba, mand quemar al desventurado indio.40Confirma esa autoridad Bartolom de las Casas, quien dice: “No contento con esto prendieron al dicho Seor y atanlo un plo sentado en el suelo y estendidos los pies: ponenle fuego ellos porque diese ms oro y l envi su casa y traxeron otros 3 000 castellanos [de oro]: trnanle dar tormento y l no dando ms oro porque no lo tena, porque no lo queria dar, tuvironlo de aquella manera hasta que los tuetanos le salieron por las plantas y assi muri”.41

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 174\ 174\ 174\ 174\ 174\ Pasaba el tiempo e ignorbase el paradero de Juan de Ayora. Para averiguarlo, envi Pedrarias, con consejo del obispo Quevedo, a Bartolom Hurtado, alguacil mayor que haba sido bajo la gobernacin de Balboa. Encontrole y torn al Darin con ms de 100 indios robados, parte de los cuales haba pedido prestados al cacique Careta, so pretexto de que llevasen algunas cargas, por estar muy fatigados los otros que las traan. Como an no estaba concluida su residencia, procur adquirirse buenos apoyos, dando a Pedrarias seis esclavos, otros seis al obispo, cuatro al tesorero, cuatro al contador, cuatro al factor, e igual nmero al alcalde mayor. Desde entonces se estableci la costumbre de dar al gobernador, al obispo Quevedo y a los oficiales reales una parte de los esclavos que se salteaban en las expediciones. Si culpable fue la conducta del gobernador y oficiales reales, fuelo ms todava la del obispo Quevedo, no slo por la santidad de su ministerio, sino por la hipocresa con que ocultaba su maldad a los ojos del monarca, pues le escribi dicindole: “Los Caciques indios de la parte de Tubanam i Panam como se han visto maltratar, matar i destruir; de corderos que eran, se han hecho tan bravos que mataron todos los cristianos que estaban en Santa Cruz, y cuantos hallaron derramados por la tierra. Los Caciques que antes eran enemigos se han confederado”.42De los esclavos que rob Hurtado, toc el quinto al rey, los cuales fueron vendidos en pblica almoneda, herrados, y en su mayor parte transportados a La Espaola y a otras islas.43 La de Cuba recibi entonces y despus muchos de Castilla del Oro, y slo en el primer ao del gobierno de Pedrarias llegaron a ella nueve buques con mercancas, y algunos con esclavos indios que fueron all vendidos, cobrando la Real Hacienda el 7 % de su valor.44Ni el gobernador, ni los dems partcipes de los indios esclavizados por Hurtado, ignoraban la violencia con que ste los haba cogido, pues en vez de leerles el Requerimiento antes de declararles la guerra, como estaba mandado, empez por encadenarlos, y tenindolos en este estado, leyoles ese documento sin intrprete que se lo explicase. Reducidos as a la ms violenta esclavitud, echolos por delante, dando de palos a los que no andaban pronto.45 Ese modo de requerir a los indios de Castilla del Oro introducido por Hurtado, extendiose despus a otras partes del continente. Adems del testimonio de Oviedo, asevranlo as otros espaoles contemporneos a la conquista, y entre ellos, un religioso dominico residente en San Juan de Puerto Rico; pero que bien informado de las ocurrencias de Castilla del Oro bajo la gobernacin de Pedrarias, no slo acusa a ste y a los oficiales reales, sino hasta al mismo obispo de aquella tierra.46

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JOS ANTONIO SACO /175 /175 /175 /175 /175 Al fin volvi Juan de Ayora al Darin, y cuando el gobernador Pedrarias debi castigarle severamente por las atrocidades que cometi contra los indios, aprob y aplaudi su conducta, influyendo en ello el obispo Quevedo por unos esclavos indios que Ayora le regal. De las maldades de ste hablan Oviedo como testigo ocular,47 otros contemporneos48 y el cronista Herrera.49A pesar del favor que Ayora tena con Pedrarias, tantas fueron las maldades que cometi en su expedicin, que temiendo que todas se descubriesen, huyose en una carabela para Espaa, llevndose cuanto oro pudo robar y realizando as sus deseos de vivir en su casa en tierra de Crdoba.50Despus de la fuga de Ayora llegaron al Darin los capitanes que le haban acompaado en su expedicin, y aunque no tan criminales como l, cometieron tambin muchas crueldades; pero como haban sido absueltos Hurtado y Ayora, “paresciera mal condenar los que, en comparacion dessos, no habian peccado, aunque no les faltaban culpas, y como daban partes presentaban ndios al gobernador obispo offiziales, todos eran absueltos, y estaba esto en tanta costumbre, que quassi por ley lo tenan todos los capitanes. desta causa, por el interesse destas partes, que se daban los gobernadores obispo offiziales en los indios.... y en el oro de cada entrada... continuaron enviar capitanes unas partes otras de la tierra... y quando tornaban, cargados de oro y de indios que avian tomado para esclavos, daban al gobernador dos partes en todo, los offiziales avian sendas en los indios”.51El provecho de oro y esclavos que de esas expediciones sacaban el gobernador y los oficiales reales, indjoles a fomentarlas, y as se desparramaron por toda aquella tierra los satlites de Pedrarias para que “no quedase ninguna sin dolor”. Uno de ellos fue el capitn Francisco Becerra, quien hizo dos entradas. Dirigiose en la primera hacia las costas del Mar del Sur, llegando hasta las tierras de los caciques Suegro, Quemado y otros. Vinieron esos dos nombres de que cuando los castellanos llegaron all, sus capitanes tomaron al primer cacique, o el les dio de temor, tres o cuatro hijas que tena: “ por este hospedaje adulterios de los yernos, qul no quisiera, le llamaron el suegro”, cuyo nombre propio era Mahe. El otro cacique llamose Quemado porque no habiendo podido dar todo el oro que le pedan, quemronle efectivamente.52Prosigui Becerra sus correras y torn al Darin con oro en abundancia y muchos indios esclavizados en los pueblos, cuyos caciques le haban recibido amistosamente. Al referir Oviedo la expedicin de Becerra, dice: “este era uno de los soldados antiguos primeros en la tierra y en estas islas, conoszia mejor la simplizidad de los indios, hizo

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 176\ 176\ 176\ 176\ 176\ ms crueldades que ninguno de los passados. no fue reprehendido ni castigado”.53Sali Becerra la segunda vez con ms de 200 hombres escogidos, a desolar las tierras de la provincia del Cen al oriente del golfo de Urab; pero divididos l y sus compaeros al pasar un ro, perecieron todos por las flechas envenenadas de los indios que se haban emboscado en sus mrgenes. De esta catstrofe llev la noticia al Darin un criado indio de un castellano, que pudo escapar de la refriega.54Antes de la desgraciada expedicin de Becerra, haba Pedrarias enviado al Cen a su sobrino del mismo nombre, con 400 hombres en busca del oro que segn fama encerraba aquella provincia. All tuvo varios encuentros con los indios, de los cuales esclaviz 500 que fueron vendidos en las islas a muy buen precio.55Creyendo Pedrarias que por tener el bachiller Enciso mejor conocimiento que su sobrino de la provincia del Cen, podra obtener mucho oro, pues que a ella se llevaban a enterrar los muertos desde largas distancias, y era costumbre echar en las sepulturas junto con los cadveres cuanto oro y joyas les pertenecan, enviole en busca de esos tesoros. Luego que lleg Enciso al Cen, ley el Requerimiento a dos caciques, para que se sometiesen al rey de Castilla; y habindoles explicado su contenido, respondironle: “Que en lo que decia, que no haba sino un Dios, que gobernaba el cielo y la tierra, les pareca muy bien, y que as deba de ser; pero que el Papa daba lo que no era suyo, y que el rey que lo peda y lo tomaba, deba de ser algn loco, pues peda lo que era de otros; que fuese a tomarlo, y le pondran la cabeza en un palo, como tenan otras de sus enemigos, las que mostraron a Enciso en prueba de que haran lo mismo con la suya; y que siendo seores de su tierra, no necesitaban de otro seor.56 Requirioles de nuevo amenazndolos con la guerra, la muerte y la esclavitud; pero no queriendo obedecerle los caciques, apel a las armas, tomoles el pueblo, y prendi a uno de ellos, bien que en la refriega le mataron dos castellanos con flechas envenenadas.57Luis Carrillo, otro de los capitanes de Pedrarias, invadi las provincias de Abraybe y Teruy, llevando por segundo de su expedicin a Francisco Pizarro. Tenan aquellos indios sus moradas encima de grandes rboles plantados en cinagas y lagunas; pero los espaoles, ayudados de perros feroces que consigo llevaban, destrozaron a muchos, esclavizando en aquellas tierras, y en otras que recorrieron, ms de 400 indios que Carrillo reparti entre la gente que le segua.58Haba Nez de Balboa pedido al Rey Catlico en 1513, que los indios esclavizados en el Darin se sacasen de all y vendiesen en las islas. Accediendo o no el gobierno a esta peticin, lo cierto es que ya en 1515, sino antes, exportronse muchos de esos esclavos para La Espaola, Cuba y otras islas pobladas de cristianos; mas, no falt entonces em-

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JOS ANTONIO SACO /177 /177 /177 /177 /177 pleado que a ello se opusiese, a pesar de haber prestado antes su consentimiento. Para mudar de opinin, aleg ese empleado que sin haberse enviado todava de Castilla del Oro esclavo alguno a La Espaola y a otras islas, ya l haba conocido que eso era muy grande error y causa para despoblarse aquel pas, porque los indios, sabiendo que los transportaban a otras tierras, huiran ms que antes, y nunca se podra tenerlos seguros; resultando de aqu que no habra quien trabajase en las minas ni en otras haciendas, y que los castellanos no cuidaran de descubrir aqullas, ni menos permaneceran en el pas. Por estas y otras razones que el referido empleado no expone, dice que requiri al gobernador y a otras autoridades para que no consintiesen enviar esclavos a La Espaola ni a otras partes, y que se conformaron con ese requerimiento, pues tan escandalizados y tan temerosos estaban los indios, que en llegando una carabela a las aguas de aquella costa, todos se iban si no los tenan en prisiones.59Fundadas parecen las razones anteriores; pero si se atiende a la conducta que tenan los empleados de Castilla del Oro, fcilmente se conocer, que slo se trataba de retener en la tierra a los indios esclavizados para aprovecharse de ellos. ste fue tambin uno de los motivos que tuvo el obispo Quevedo para oponerse a la saca de esclavos indios del Darin, pues deca que su exportacin paralizara el trabajo de las minas, que tan provechosas eran.60 Fundose, adems, en lo ilcito de aquel trfico; pero esta consideracin sienta muy mal en la boca de aquel prelado, porque ya hemos visto que reciba de los aventureros de Pedrarias, parte de los indios que esclavizaban. En contrario sentido, y por miras particulares, Rodrigo de Colmenares, regidor de Castilla del Oro, pidi a Carlos V, en 1517, lo que antes haba pedido Vasco Nez de Balboa, a saber: que todos los indios que all se esclavizasen, fuesen vendidos en La Espaola y en otras islas. Suplicole tambin que cuando cada vecino de Castilla del Oro fuese a Espaa, pudiese llevar dos indios y dos indias de los que tena de criados en sus casas, pues dejndolos en ellas, la experiencia enseaba que se huan; y como saban las cosas de los cristianos, ocasionaban mucho dao. Pidiole, adems, que los indios libres que no quisiesen servir a los espaoles de buena voluntad, fuesen todos esclavizados, pues de no serlo, ni el monarca ni los cristianos tendran provecho.61Todos los espaoles que llevaban a Espaa indias esclavas, tenanlas por mancebas, y para reprimir esta inmoralidad, el licenciado Surez Carvajal pidi en Madrid al Consejo de Indias en 1536, que los importadores fuesen obligados a venderlas a persona honesta. Si la india era libre y tena relaciones carnales con el espaol, ste deba depo-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 178\ 178\ 178\ 178\ 178\ sitar 10 o 15 000 maraveds, y los oficiales reales hacer que fuese doctrinada, para despus casarla, o ponerla en un monasterio. Si el espaol trataba la india honestamente, entonces deba dejrsela en su poder. A esta peticin, el monarca, de acuerdo con el Consejo, accedi en todas sus partes.62Algunos meses antes de la llegada de Pedrarias al Darin, ya Vasco Nez de Balboa haba descubierto el Mar del Sur y las Islas de las Perlas, situadas en el golfo que l llam San Miguel. La noticia de esas riquezas inflam la codicia de Pedrarias, y envi a recorrer aquellas y otras regiones a su criado y primo Gaspar de Morales, quien se mostr en esa expedicin digno capitn de tal jefe. Lo que pas en la correra que entonces hizo el cruel Morales, dejo que lo refiera Vasco Nez de Balboa en una carta que dirigi al monarca desde Castilla del Oro. “Y en esta entrada sepa V.M. que se hizo una crueldad la mayor que nunca se ha hecho entre rabes y cristianos ni otra ninguna generacion, y fue que vinindose ya de camino este capitan con los cristianos que le habian quedado, traian hasta 100 indios e indias, la mayor parte mujeres y muchachos, y trayndole atados en cadenas hicos,63 mand el capitan, que se dice Gaspar de Morales (es criado del gobernador), que todos les cortasen las cabezas y les diesen de estocadas, y ans se hizo que ningun indio ni india de las que traian escap, escepto los que traian el capitan y algunas indias que eran de la isla rica de las Perlas; y pasado esto, venindose de camino, dieron en un cacique y todos cuantos indios all pudieron tomar los mataron muy crudamente”.64Martn Fernndez de Navarrete, afectando una imparcialidad de que muchas veces carece, pretende invalidar el testimonio de Nez de Balboa para paliar, o a lo menos disminuir, los robos y atrocidades que Pedrarias y sus capitanes cometieron en el Nuevo Mundo.65 No soy yo quien declarar inocente a Nez de Balboa; pero cierto y muy cierto es todo lo que dice contra Pedrarias en el pasaje que acabo de citar, y otras maldades que no menciona. Confrmanlas el virtuoso Bartolom de las Casas y otros testigos contemporneos; y pues que se quiere poner en duda la atrocidad denunciada al rey por Balboa, preciso es invocar el testimonio de personas exentas de la sospecha que Navarrete le imputa. Un religioso dominico, escandalizado de los horrores que contra los indios cometan Pedrarias y sus capitanes, elev su voz al monarca para denunciarle el crimen de Morales. “Notoria crueldad —dice aquel religioso—, fue, y no pequea, la que us el capitn Gaspar de Morales, primo del dicho Pedrarias, fue que con cierta gente pas la isla de las Perlas, que es en la mar del sur de all de la tierra recogi sobre 300 indios indias nios de teta: algunos se viniendo con ellos salieron al camino una cantidad de indios por cobrar sus mujeres hijos parientes: ved como les habia sido fecho el

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JOS ANTONIO SACO /179 /179 /179 /179 /179 requerimiento Real ddoseles entender, desque el dicho Gaspar Morales vido aquesto hizo degollar matar todos los indios indias nios que as traia presos, en lo cual se us una gran crueldad semejante aquella de Herodes”.66De observar es que si Vasco Nez solamente eleva a 100 el nmero de indios e indias asesinados por Morales, el religioso dominico dice que las vctimas fueron como 300, sin escaparse ni aun los nios de pecho. Adems del mencionado religioso, acus tambin a Morales, del mismo crimen, Gonzalo Fernndez de Oviedo que a la sazn se hallaba en Castilla del Oro. Y esta acusacin la fulmin no slo en su Historia General y Natural de las Indias sino en un Memorial que antes de escribir sta present a Carlos V y al Consejo de Indias en 1524, cuando la corte se hallaba en Vitoria, en el cual denunciaba las maldades cometidas en Castilla del Oro bajo el gobierno de Pedrarias Dvila.67 Oigamos lo que dice este historiador sobre la expedicin. “ con mucho oro perlas esclavos, tornndose rico, lleg la provincia del cacique de Chochama, teniendo sentado su real en la ribera de un rio, vieron mucha gente de indios que venian de guerra cobrar, si pudieran, sus mujeres hijos parientes, que este capitan les llevaba robados: y el capitan ovo su consejo con Andrs de Valderrbano con un mancebo que se decia el capitan Pealosa, pariente de la mujer de Pedrarias, acordaron de degollar en cuerda todos los indios que estaban presos atados, no perdonando mujer ni nio chico ni grande de todos ellos, imitando la crueldad herodiana, para que los indios que venian de guerra contra ellos se detuviesen all, viendo contemplando aquel crudo espectculo; assi se puso por la obra, degollaron de esta manera sobre 90 100 personas. Pero en fin, este crudo ardid fue causa de quedar los chripstianos con las vidas; porque entre tanto que los indios se detuvieron mirar llorar los muertos, tan extrao caso, el capitan Gaspar de Morales con su gente se puso en salvo, se fu su camino ms que andar. En fin, l lleg al Darin, donde fu tractado dissimulado con l, por primo criado del Gobernador; sin castigo ni pena, ni otra reprehension, de cosa que mal oviese fecho en su viaje, en el cual ovo muchas perlas”.68A descubrir tambin por la Mar del Sur en vuelta del poniente, envi Pedrarias al capitn Antonio Tllez de Guzmn, el cual hizo lo que los otros o peor, pues cometi ms crueldades y ms pblicas; pero favorecido del contador Diego Mrquez, y repartiendo entre ste, los otros dos oficiales reales y el gobernador Pedrarias parte del oro que robaba y de los indios que esclavizaba, qued impune como de costumbre.69Por las tierras del Mar del Sur hizo tambin correras de orden de Pedrarias, el capitn Gonzalo de Badajoz, llegando hasta Nata y Escoria. Donde quiera que entraba robaba oro y esclavizaba cuantos indios

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 180\ 180\ 180\ 180\ 180\ poda. En las tierras del cacique Paris perecieron muchos de stos devorados por el fuego, pues como iban encadenados, fueles imposible huir para salvarse. Sali Badajoz de las tierras de aquel cacique, y entrando en otras, rob casi 22 000 pesos de oro y redujo muchos indios a esclavitud; mas, como de todo cupiese una parte al gobernador y oficiales reales, no se le impuso castigo ni se habl de sus crueldades, aunque fueron muchas y no falt quien las dijese.70A pesar de que Pedrarias y los oficiales reales eran cmplices de las maldades de tantos capitanes, uno de aqullos, el tesorero Alfonso de la Puente, tuvo la audacia de escribir al rey una carta en 23 de noviembre de 1515, en la que se leen estas notables palabras: “Los capitanes de Pedrarias han robado i alterado los indios: dicen convenir esto en las entradas para sostener la gente: as les saltean y toman todo el oro y perlas i todos los esclavos que les dan de indios de otros caciques que prenden: indios principales, sus mujeres hijos toman por esclavos. Los requerimientos ni los entienden ni cumplen: los espaoles no tienen otro fin en las entradas que traer mucho oro i volverse Castilla: nadie piensa poblar, y as no se consigue el fin de S.A.”71A juzgar por este pasaje, cualquiera podr creer que el tesorero Alonso de la Puente era un fiel servidor del gobierno y un amigo de los indios. Pero el testimonio de Oviedo, el de Herrera y el de todos los contemporneos que no tenan inters en ocultar la verdad, contestes estn en condenar la conducta de ese empleado y de sus compaeros. Otro de los ladrones fue Diego de Albitez, quien entr en el Darin con gran cantidad de oro y muchos esclavos que haba hecho en la costa de Nombre de Dios y de las provincias de Chagre y de Veragua.72Antes de esa expedicin, ya el licenciado Espinosa, alcalde mayor, haba derramado mucha sangre en sus correras en los aos de 1515 y 1516, y vuelto a Santa Mara del Darin, cargado de mucho oro robado y de ms de 2 000 indios esclavizados.73Reducida la quinta parte de los que tocaron al rey, se hizo la reparticin general,74 y ricos con el botn, ya no jugaban en cada azar sino uno, dos, tres y ms esclavos, y el mismo Pedrarias jug una vez 100. Para contener este vicio, que tan generalizado estaba entre los conquistadores del Nuevo Mundo, publicose una ley, mandando que en cada da natural nadie pudiese jugar ms del valor de 10 pesos. A noticia del cardenal Jimnez de Cisneros, regente del Reino, llegaron las maldades cometidas en sus entradas por los capitanes de Pedrarias y por otros aventureros; y para que los indios libres no fuesen injustamente esclavizados, renovose en 1516, la orden de que ningn castellano fuese a descubrir ni a comerciar a la Tierra Firme, sin llevar un religioso a lo menos, para impedir que los marineros y soldados robasen y esclavizasen a los indios; pues lo que se deseaba era que se les

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JOS ANTONIO SACO /181 /181 /181 /181 /181 instruyese en la fe y se les diese buen tratamiento.75 Nobles deseos que siempre aplaudir la posteridad: pero que frustr la codicia de los descubridores, de cuya conducta hizo la ms negra pintura la pluma del licenciado Alonso Zuazo, en la carta que escribi a Monsieur de Chievres. “Y sepa vuestra ilustre seora que uno de los grandes daos que ac ha habido en estas partes, ha sido querer su alteza al rey catlico dar algunos facultad para que so color de descubrir fuesen con armadas su propia costa, entrar por la Tierra Firme las otras islas: porque como los tales armadores se gastaban para hacer las dichas armadas, llevaban terrible codicia para sacar sus expensas, gastos, propsito de doblallos si pudiesen; y con estas intenciones queran cargar de oro los navos, de esclavos, de todo aquello que los indios tenan de que pudiesen hacer dineros, para venir este fin no podan ser los medios sino brbaros, sin piedad, sin cometer grandsimas crueldades, abominables, crudas muertes, robos, asar los hombres como a San Llorente, aperreallos, escandalizar toda la tierra. hemos visto casi todos los que de esta manera han entrado su costa morir muy crueles muertes, como fu Diego de Nicueza, el capitan Becerra, otros muchos. En conclusion, muy magnfico seor, que las cosas de Tierra Firme estn agora de esta manera esperando la venida del fator del Rio-Grande para haber cada uno de all su parte. Suplico vuestra seora que d de esto conocimiento S.M., porque irn muchos se ofrecer su costa descubrir, porque el tal descubrir ntes es soterrar las tierras provincias debajo de la tierra, ntes oscurecerlas que aclararlas descubrirlas”.76Nueva expedicin emprendi el licenciado Espinosa en aos posteriores hacia el poniente del Mar del Sur. A darle crdito, descubri por aquel rumbo 400 leguas de costa; pero o verdad o mentira, lo cierto es, que en sus largas correras, rob mucho oro, esclaviz muchos indios y cometi grandes crueldades.77Cuando en 1520 lleg a las islas llamadas del Zebaco, pregunt a los indgenas si haba oro; mas, ellos le respondieron que lo encontrara en abundancia en el paraje del continente que le sealaron con el dedo. Ese punto eran las sierras comarcanas de Veragua, en la que seoreaba un cacique llamado Urraca. Pas Espinosa a buscar con su gente la meta que tanto deseaban; pero Urraca, defendindose de Espinosa, de Pedrarias y de otros capitanes, sostuvo con una constancia heroica guerra de nueve aos contra los espaoles. No pudiendo stos destruirle con las armas, Francisco Compaon apel a la traicin y halagndole con grandes ofrecimientos, logr que el indio le visitase. Entonces, dice Herrera: “quebrantndole la palabra y deseando de haber sus tesoros, le reprehendi, y cargndole de hierros, le envi a Nombre de Dios desterrado, y aun pues no le quem, no fu

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 182\ 182\ 182\ 182\ 182\ poco bien el que le hizo”. Urraca pudo escaparse al cabo de algunos meses, e indignado del infame tratamiento que haba sufrido, junt muchos indios de los que habitaban en las riberas del mar del norte y del sur, y haciendo cruda guerra a los castellanos, pele contra ellos hasta su muerte, a pesar de haberle abandonado muchos de los suyos.78Volviendo a la expedicin de Espinosa, acompaole en ella el religioso franciscano fray Francisco de San Romn, pues aquel malvado quera aparentar que guardaba las rdenes del monarca en punto a la instruccin y buen trato que a los indios deba darse. Y tan buenos se los dio, que el mencionado religioso asegura haber visto matar en las expediciones de aquel capitn en Castilla del Oro, sobre 40 000 indios, metindolos a espada, quemndolos vivos y echndolos a perros bravos, y atormentndolos con diversos tormentos.79Por espantoso que ese nmero sea, no debe tacharse de embustero al fraile San Romn, pues horrible fue la mortandad que Pedrarias y sus capitanes causaron a los indios de Castilla del Oro. "igase a Vasco Nez de Balboa en la carta que escribi al rey desde el Darin a 16 de octubre de 1515: “Y si al primer capitan que fu entrar, que fu Juan de Ayora, le castigaran por los daos que hizo, que fueron muchos, en los caciques que estaban de paces, no hovieran tenido atrevimiento los Capitanes que despues han ido entrar, cometer, y hacer otros muy grandes excesos y daos. que despues han hecho por la tierra, matando muchos caciques indios por les robar, y trayendoles las mujeres hijos, sin haber causa legtima para ello en muchas partes que los caciques estn de paces y no han acometido cosa porque dao debiesen recibir, antes en muchas partes les han dado oro de presentes, y no contentos con esto, estando de paces los indios, les van saltear las mugeres hijos, y tomarles el oro que les queda: porque de verdad certifico V.M. que ha acaecido en partes venir los caciques con oro de presentes, y traer una vez dos tres oro los capitanes y traerles de comer, y mandar por otra parte donde tenian las mugeres y naborias y su oro, y robarselo todo, y sin ninguna conciencia herrarlos por esclavos: y ha acaecido de traer veces un cacique 8 000 pesos de oro, y enviar al capitan por otra parte y tomarle otros 3 000 pesos de oro y las mugeres y hijos y naborias, y hacerles esclavos: y todas estas cosas y otras muy graves se pasan sin castigo, por donde ha sido causa que no hay cacique ni indio de paces en toda la tierra, sino es el cacique de Careta, que est media cara porque est cerca de aqu”.80Dirase que lo contenido en el pasaje anterior naci de la rivalidad que haba entre Vasco Nez y Pedrarias? Por fortuna que otros contemporneos hablaron en el mismo sentido que Balboa, y entre ellos citar, al adelantado Pascual de Andagoya, uno de los que pasaron con

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JOS ANTONIO SACO /183 /183 /183 /183 /183 Pedrarias a Castilla del Oro en 1514, y que tom parte en los descubrimientos y conquistas que por orden de stos se hicieron. “Visto como la gente se moria, comenzaron enviar capitanes unas partes y otras del Darien, y estos no iban poblar sino ranchear y traer los indios que pudiesen al Darien... [Vasco Nez, etc., pgina 396, tomo II.] Las capitanas y gente que hacia aquella parte[la Mar del Sur] salieron, por ser tierra mas sana y mas poblada, hicironse de los espaoles que iban hcia aquella parte la tierra, y traian grandes cabalgadas de gente presos en cadenas, y con todo el oro que podian haber, esta rden se tuvo cerca de tres aos. Los capitanes repartian los indios que tomaban entre los soldados, y el oro llevaban al Darien: junto y fundido daban de cada uno su parte, y los oficiales y obispo que tenian voto en la gobernacion, y al gobernador les llevaban sus partes de los indios que les cabian y como proveian por capitanes por el favor de los que gobernaban, deudos o amigos suyos, aunque hubiesen hecho muchos males, ninguno era castigado; y desta manera cupo este dao la tierra hasta ms de 100 leguas del Darien. Todas estas gentes que se traan, que fu mucha cantidad, llegados al Darien los echaban las minas de oro, que habia en la tierra buena, y como venian de tan luengo camino trabajados y quebrantados de tan grandes cargas que traian y la tierra era diferente de la suya, y no sana, moranse todos: en todos estas jornadas nunca procuraron de hacer ajustes de paz, ni poblar, solamente era traer indios y oro al Darien, y acabarse all”.81Tal fue el resultado de las expediciones y aventuras de los espaoles en aquellas tierras bajo la gobernacin de Pedrarias y de otros jefes; y a fomentar una parte de esas desgracias en Castilla del Oro, algo influy la Real Provisin de Burgos a 6 de septiembre de 1521, prorrogando por cuatro aos la licencia que dio Pedrarias para vender fuera de su gobernacin los indios que se decan legtimamente esclavizados. A noticia de la corte llegaron las maldades de Pedrarias, y los informes que contra l dio Gonzalo Fernndez de Oviedo hicieron que se nombrase de gobernador de Castilla del Oro a Lope de Sosa. Lleg ste al Darin en 1519;82 pero el destino, favoreciendo al malvado Pedrarias, permiti que al saltar aqul en tierra para tomar el mando de su gobernacin, muriese repentinamente. Continu, pues, Pedrarias en Castilla del Oro; y tal era la perniciosa influencia que tena en Espaa, que no se le nombr sucesor hasta el ao de 1525. Si en Castilla hubiese reinado la justicia, habranle impuesto el severo castigo que mereca por sus robos y crueldades; mas, lejos de ser as, disele en 1527 la gobernacin de la provincia de Nicaragua, donde abus de su poder lo mismo que en Castilla del Oro. Perder por ahora de vista a ese tirano para encontrarme con l ms adelante; imposible me es proseguir sin consignar aqu que la voz de la historia se alza con fuer-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 184\ 184\ 184\ 184\ 184\ za para mirar a Pedrarias como uno de los azotes ms crueles que al Nuevo Mundo pasaron, no slo contra los indios, sino aun contra los mismos castellanos. Pedro de los Ros tom posesin del mando de aquella tierra, en julio de 1526 con las mismas instrucciones y facultades que se dieron a Pedrarias;83 bien que con alguna disminucin de territorio. Pedro de los Ros, sin ser tan malo como su antecesor, mostrose desde el principio muy codicioso, ladrn y, a veces, violento.84 Durante su gobernacin continuaron los saltos para esclavizar indios. Sucediole en el mando el licenciado Antonio de la Gama que haba ido a residenciarle; y en 1531 publicose la ley general de Carlos V de 2 de agosto del ao anterior, prohibiendo que en ningn pas se esclavizase a los indios aun por justa guerra, mientras expresamente no se ordenase lo contrario. Los vecinos de Castilla del Oro condenaron como dura esa ley, fundndose en que si no se tomaban por esclavos los rebeldes con quienes de ordinario se tena guerra, ni sta se acabara jams, ni los soldados acudiran a ella con tanta voluntad para domar a los insurrectos.85Gobernaron tambin en Castilla del Oro Francisco de Barrionuevo y otros capitanes; mas, todos se mancharon permitiendo la esclavitud de los indios. Tan grandes eran los desrdenes que contra stos se cometan en Castilla del Oro y en los dems pases ya conquistados, que en 1535 se repiti la Real Orden de que ninguna persona pudiese llevar indios a Espaa ni vender a los libres como esclavos en el Nuevo Mundo, so pena de nuerte.86La crueldad haba exasperado a muchos indios en Castilla del Oro y sublevados estaban varios caciques; pero como el rey deseaba que hubiese los menos esclavos posible, mand en 1535 a las autoridades de Panam, que antes de hacerles la guerra, se les requiriese con la paz una y muchas veces, asistiendo al requerimiento un escribano y religioso, prometindoles que fielmente se les hara todo buen tratamiento; y que slo en el caso de persistir en su rebelin, se les podra declarar la guerra y tomar por esclavos. Se dice que el obispo de aquella tierra, fray Toms de Berlanga, trabaj cuanto pudo por reducir a esos indios; pero que no habiendo conseguido nada, declarseles la guerra y todos perecieron.87 Para la buena gobernacin de Castilla del Oro y otros pases, fundose en Panam en 1538 una Audiencia y Cancillera, cuyos oidores fueron el doctor Robles, el licenciado Alonso de Montenegro, y el licenciado Villalobos, a los cuales se les recomend como cargo de conciencia el buen tratamiento de los indios de la jurisdiccin concedida a esa Audiencia, porque no slo se extendi a Castilla del Oro, Nicaragua, Cartagena, Carabaro, sino a Nueva Castilla, Nuevo Toledo que eran

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JOS ANTONIO SACO /185 /185 /185 /185 /185 reinos del Per, y hasta las provincias del Ro de la Plata y estrecho de Magallanes. Para que la administracin de justicia no sufriese graves retardos a causa de las enormes distancias, ordenose que un oidor visitase cada ao todos los lugares y poblaciones de castellanos del reino que entonces se llamaba de Tierra Firme.88Luego que el doctor Robles lleg a Panam, escribi al emperador y al Consejo de Indias con fecha de 20 de octubre de 1539, dicindoles que hall establecida la costumbre de vender y comprar indios con la ms amplia latitud; que a los introducidos sin expresa licencia de los gobernadores, o sin obligacin de volverlos a su tierra, habalos declarado libres, y encomendado algunos a vecinos pobres para que los cuidasen bien; pero no a ricos: quienes por esto se quejaban de l, y aun escriban al gobierno, acusndole de mala conducta. So color de celo, dijo tambin al gobierno que haba visitado los buques destinados al trfico de esclavos, para ver si encontraba algunos escondidos en ellos; y como varios caciques se haban alzado y muerto a sus encomenderos, preguntaba si podra esclavizarlos; a lo cual respondiole el gobierno que no, sino castigar a los dems culpantes en la rebelin, segn las leyes de nuestro reino. Los oidores de la Audiencia de Panam elevaron al emperador en 27 de abril de 1541 una queja contra el obispo de Castilla del Oro, fundndola en que no habindose recibido all la real cdula por la cual se mandaba que cuando algn indio pidiera su libertad, el obispo lo hiciese examinar, y si el dueo no probaba que lo posea por justo ttulo, se le sacase de su poder y remitiese la causa a la Audiencia para hacer justicia; pero que el obispo sin tomar informacin, y sin someter la causa a la Audiencia, daba por libres a los indios. La queja de aquel tribunal es un indicio de su mala fe para mantener a los indios en esclavitud; porque confesando los oidores que no haban recibido la real cdula en que se prescriban los trmites de proceder, y siendo, por otra parte, el obispo, protector de los indios, claro es que no estaba obligado a conformarse con lo mandado en una real cdula que no se haba recibido en aquel pas. Veamos ahora lo que el mencionado obispo deca al emperador desde Panam en 4 de mayo del mismo ao de 1541. Despus de mencionar la visita que hizo en Acla a los indios hasta la distancia de 20 leguas, y de haber encontrado muchos vendidos por esclavos tanto all como en Panam, aade: “Yo los di por libres y los oidores se han resentido. Las cdulas se ahogaron en el mar. Suplico vengan otra vez muy especificadas: entre tanto crea poderlo hacer por mi oficio de protector en descargo de la real conciencia. En todo el trmino de Acla los indios sern hasta 100. (De negros se mantienen ms los vecinos). El doctor Robles se tom para s muchos indios de los que traan en algunas naos. Provey V.M. se pusieran en libertad y el doctor

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 186\ 186\ 186\ 186\ 186\ Villalobos no ha cumplido la provisin”. A esta carta del obispo, el emperador respondi: “que d razon por qu no ha cumplido, que S.M. se da por deservido, y la cumpla al instante pena de privacin de oficio y perdimiento de la mitad de sus bienes”. Pero esas penas y esos mandatos a tan larga distancia del centro del poder eran siempre ilusorias, pues el remedio que se pona a los males de los indios deba ser ejecutado por las mismas manos que los ocasionaban. Entr de nuevo gobernador en aquella tierra Sancho de Clavijo, y dndose aire de justiciero, inform al emperador que los moradores de ella se servan de indios libres como esclavos, vendindolos y contratndolos a su antojo. Para cortar este abuso mand que todos le presentasen dentro de ciertos das los indios que tuviesen, y al paso que lo hacan, l los depositaba, y a veces en los mismos que los posean. A muchos espaoles solteros quitoles las indias mozas que les servan de mancebas y psolas en poder de casados y de mujeres de buena fama, para que aprendiesen otro modo de vivir. Apunt en un libro todos los depsitos, y dict penas contra los que dispusiesen de algn indio hasta que no llegase orden del monarca, fulminando la de muerte y perdimiento de bienes al que usase venderlos.89 A esta comunicacin, el emperador contest que se enviase a Clavijo la cdula de la libertad de los indios para que la guardase. Si la pesca de las perlas fue en Cubagua una de las causas que fomentaron el trfico de esclavos indios, fuelo tambin en las aguas de Panam donde se encontraron en abundancia. Ya he dicho que el primer castellano que all las descubri, fue Vasco Nez de Balboa, pues navegando en 1513 por el golfo de San Miguel, obtvolas del cacique Tumaco.90Dos aos despus, el ya citado Gaspar de Morales visit en aquel golfo las islas donde se cogan, y que por eso llamronse desde entonces Islas de las Perlas Entre esas islas, la mayor, conocida por los indios con el nombre de Terarequi era donde se hallaban las ms hermosas, y por eso los castellanos para distinguirla de las otras, llamronla Isla Rica de las Perlas .91La suerte de los indios empleados en tan recias tareas fue tan lamentable como la de los de Cubagua; y en los aos posteriores fue mucho peor que en los primeros, porque entonces solan cogerse las perlas en dos brazas de agua, mientras que despus no se hallaban ni aun en diez de do algunos indios salan ahogados, siendo, por otra parte, tan corto el provecho de la Real Hacienda, que parece no llegaba a 500 pesos.92 Movido de estas consideraciones un piadoso obispo de Tierra Firme, pidi al gobierno desde Panam en 1549, que se quitasen los indios de las Islas de las Perlas a los que los tenan, porque siendo libres, eran esclavizados sin darles buen trato, ni menos instruccin religiosa.93

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JOS ANTONIO SACO /187 /187 /187 /187 /187 Ese mismo obispo lamenta tambin la suerte de los otros indios, pues los libres eran hurtados y vendidos como esclavos. Tan profundos eran los males que aquel prelado deploraba, que para bien conocerlos debo insertar un fragmento de la relacin que l envi al gobierno. “Las cartas y provisiones que ac Vuestra Seora envia y el Prncipe y Su Magestad, las esconden las pierden, las rasgan las desprecian, y no se guardan ms de quanto hace al propsito de la ganancia de los jueces y sus amigos... De los indios con toda mi diligencia que pongo: los indios se venden ac los libres, y se hurtan para venderse y para tenerlos en las estancias por esclavos y peor, y pasan ac cosas con ellos sobre de tener vida de peores que esclavos vendidos. La isla de las Perlas, que es de Vuestra Seora y de S.M., es la ms pobre de indios que hay en las islas porque han sido maltratados. Todas las cdulas que en favor de los indios Vuestra Seora S.M. S.A. han dado para ac, no hay ninguna ni se puede hallar, son perdidas”.94Algo influyeron en el gobierno los clamores de su prelado, pues el licenciado Melchor Gmez de Buitron, teniente del gobernador Clavijo, present en Panam en 7 de octubre de 1550 la Real Cdula de Valladolid de 4 de septiembre de 1549. Mandose por ella a dicho gobernador cumplir la ley sobre indios que como esclavos se tenan en Tierra Firme, y que ora fuesen naturales de all, ora llevados de la pesquera del cabo de la Vela, no se retuviesen en esclavitud a menos que el amo probase que los posea por justo ttulo. Respecto de las mujeres y nios cogidos aun en justa guerra, ordenose que sin examen alguno se les diese libertad. Pregonada all esta real cdula, mandose a todo poseedor de indios que se presentase al gobernador dentro de diez das, si era de la ciudad, y dentro de 20 si de las islas para proveer lo conveniente. Aunque algunos vecinos suplicaron de esta determinacin, disele cumplimiento; y en 14 de noviembre del mismo ao habase declarado libres de 500 a 600, la mayor parte de Cubagua, y todos a la sazn en Panam. Pero, los dems indios gozaron tambin del mismo beneficio? Y aun esos mismos que haban sido declarados libres, disfrutaron plenamente de su libertad? La conducta del gobernador Sancho de Clavijo fue contradictoria en Castilla del Oro, pues si en unas partes cumpli y aun aplaudi las rdenes del gobierno, en otras no procedi de la misma manera. Respecto de Panam escribi al emperador en septiembre de 1551. “....Quanto los indios ha hecho una grande obra Vuestra Magestad en libertar esta poca desamparada nacion que queda en Panam y Nata. Los Espaoles los tenian tan jure como los Negros de Guinea, y sienten desprenderse. Ando escogiendo sitios, y pienso tenerlos poblados principios de 52 y en la cercana de Panam d pueden ser visitados y amparados”.95

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 188\ 188\ 188\ 188\ 188\ No us Clavijo del mismo lenguaje cuando se refera a Nombre de Dios, pues si bien dijo al emperador que haba pregonado la provisin de no hacer entradas ni rancheras, y que haba cumplido la real cdula sobre la libertad de los indios que se tenan por esclavos en aquella provincia, no as con los que estaban en poblado, pues esperaba la respuesta de lo que acerca de ellos haba consultado al gobierno. Deca tambin que el encargo de que los religiosos trajesen de paz a los indios de guerra, era impracticable, porque sera enviarlos al martirio, y no los haba de tanto espritu.96Castilla del Oro fue uno de los pases que sintieron con ms fuerza los horrores de la esclavitud. A la llegada de Pedrarias en 1514, los indios que haba en aquella gobernacin, pasaban, segn Oviedo, de 2 millones, o eran incontables;97 pero el mismo historiador asegura que en 1548, o sea, en el espacio de 34 aos, ya aquel nmero haba perecido, pues la tierra estaba casi yerma y sin indios.98 A la misma triste conclusin llega Bartolom de las Casas, quien dice que Pedrarias y sus capitanes “destruyeron ms de 800 000 nimas. Los otros tiranos gobernadores que all sucedieron hasta el ao de 33, mataron y consintieron matar con la tirnica servidumbre, que las guerras suscedi, los que restavan”.99Pero como todava hay muchos espaoles que acusan al benemrito Las Casas de exagerado, embustero y aun calumniador, fuerza es que yo cite en apoyo de ese testimonio lo que dijo en 1552 el venerable obispo de Tierra Firme. “En Panam, Nata, Nombre de Dios y Acla de los indios que hay muchos son de Per, Nicaragua, Venezuela, Santa Marta. Acla est quasi despoblada por mal govierno. En Panam salvo la isla de V.M. y otras dos tres en que habr 60 Familias no quedavan naturales. En Nombre de Dios de Indios naturales habr ocho diez y la poblacion que all hizo Clavijo ya est deshecha y la di por solar un fraile. En Panam, quitadas las islas, no havia 30 que fuesen naturales. En las dos islas de Otoque y Taboga habria 40 piezas de indios estrangeros con los quales han puesto otros estrangeros, que unos no se entienden otros...”.100Antes de salir de Castilla del Oro, no quiero dejar en olvido la tierra de Veragua. Sin la desgraciada expedicin de Nicuesa muy probable es que aquella provincia se hubiese poblado desde entonces, y corrido a la par de otras muchas; pero su nombre casi no vuelve a sonar hasta el ao de 1536, en que fue a poblarla Felipe Gutirrez, habindosele dado por lmites desde donde acaban los de Castilla del Oro hasta el cabo de Gracias a Dios hacia el poniente. Ajustose el asiento con los mismos captulos y condiciones que se acostumbraban en semejantes conquistas; pero aadiose una clusula que generalmente se envi a todas las partes de las Indias, y era la orden tantas veces repetida de que ninguna persona

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JOS ANTONIO SACO /189 /189 /189 /189 /189 trajese indios a Espaa, ni en Amrica los pudiese vender por esclavos, siendo libres, so pena de muerte.101La empresa de Gutirrez tampoco logr su objeto; y si bien por esta causa no fueron esclavizados los indios, repitironse en ella horrores que ya se haban perpetrado en otras partes. Consumidos los vveres que llevaron los castellanos a Veragua bajo las rdenes de Gutirrez, y no bastndoles para matar el hambre que padecan, ni sus caballos, ni las hierbas del campo, comironse a uno de sus compaeros que estaba enfermo.102Habiendo otro castellano dado muerte en su clera a un indio suyo que llevaba, y encontrado su cadver dos de los cristianos que se llamaban Diego Gmez y Johan de Ampudia, natural de Ajofrin, cometieron la atrocidad que as describe Oviedo: “Paresciendoles que se les aparejaba buena cena, acordaron de pasar all aqulla noche celebrar las obsequias de aquel indio y sepultarle en sus mesmos vientres... El caso es que por saciar su hambre nescessidad, hicieron fuego hartaronse de la carne de aquel indio, bien mal assado”. “Otro da siguiente otros dos hombres otros que no yban menos flacos hambrientos, llegaron con los postreros otros buhios, donde ninguna cosa avia que comer y perescian de hambre: aquellos dos que ya avian cenado el indio, mataron un cristiano que se decia Hernand Dianes, natural de Sevilla, que en su compaia yba doliente, comieron dl estos dos malos hombres, ayudronles ello un gentil hombre catalan, llamado Johan de Maymon, otro que se deca Johan de Guzman, natural de Toledo, Johan Becerra de Truxillo, Diego de Ecija otros hasta en nmero de diez, juraron todos de no le descubrir. Despues que ovieron comido aquel pecador, durmieron all aquella noche. El dia siguiente se partieron, caminando, fueron tener la noche otros dos buhios que estaban ya legua media dos leguas del real pueblo de la Concepcion, donde el gobernador estaba; y essa noche los mesmos dos hombres, Johan de Ampudia Diego Gomez, que eran caudillos en este manjar de carne humana, otro tal como ellos, mataron otro espaol que estaba doliente se deca Alonso Gonzlez, natural de Ronda, y ellos los otros siete se lo comieron assi mesmo: aquellos matadores ovieron malas palabras sobre qual dellos avia de comer los sesos, y venci el Johan de Ampudia, que era el peor ms crudo de todos, aquel los comio, aun el mismo debate tuvieron del higado”.103Mas, para honra de la humanidad, este horrible crimen no qued impune, pues temiendo Juan de Guzmn, uno de los ms culpados, que se descubriese, determinose a revelarlo al gobernador de la provincia despus de haber obtenido la promesa de que lo perdonara. Descubierta la verdad procediose contra los reos, y el alcalde mayor Marcos de

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 190\ 190\ 190\ 190\ 190\ Sanabria, poniendo en libertad a Juan de Guzmn, segn la promesa que el gobernador le haba hecho, conden a Juan de Ampudia y Diego Gmez a que fuesen quemados como principales delincuentes; y a los otros siete hizo herrar con la letra C aplicadas con fuego en la cara, y a que sirviesen al Fisco como esclavos durante su vida.104Para encontrar atrocidad semejante en la conquista del Nuevo Mundo, es menester subir hasta la desgraciada expedicin de Pnfilo de Narvez a la Florida en 1528, pues hubo espaoles que se comieron unos a otros. “Cargaron —dice Herrera— tantos los frios y tempestades, que ya los indios no podian coger las raices, ni pescar; y faltando la comida, y por ser las casas muy desabrigadas, la gente perecia; y cinco cristianos, que en un rancho se mantenian en la costa, llegarron tal extremo que se comieron unos otros, hasta que qued uno, que no hubo quien le comiese. Estos eran Sierra, Corral, Palacio, Diego Lpez y Gonzalo Ruiz, que quisiera ms la muerte, que verse vivo en tan miserable estado: y los indios con ser brbaros, se escandalizaron mucho de este caso”.105Una estrella fatal pesaba sobre Veragua, o mejor dicho sobre los espaoles que intentaban poblarla. Cedida esa provincia por el emperador y haciendo duque de ella al almirante don Luis Coln, nieto del gran descubridor, trat de colonizarla, y en 1546 envi de capitn general y gobernador de ella a un hidalgo de experiencia y valor, llamado el capitn Cristbal de Pea; pero esta expedicin menos numerosa que las anteriores, fracas tambin como ellas, pues solamente escaparon 15 o 20 hombres que fueron a Nombre de Dios con el referido Pea.106Cuando Pedrarias Dvila fue nombrado gobernador de Castilla del Oro, dironsele por lmites de su jurisdiccin de oriente a occidente las tierras que hay desde el cabo de la Vela hasta la provincia de Veragua; pero esta limitacin mudose a pocos aos, pues la provincia de Cartagena fue convertida en una gobernacin diferente. Diose sta desde temprano a Gonzalo Fernndez de Oviedo, quien nunca tom posesin de ella, porque hallndose en Castilla del Oro con Pedrarias Dvila, supo que Rodrigo de Bastidas, gobernador de Santa Marta, haba salteado la isla de Codego, llevndose muchos indios como esclavos. Esto dice Oviedo que le oblig a renunciar aquella gobernacin,107 cuando otros quiz seran los motivos. En 1532, don Pedro de Heredia, natural de Madrid y que ya haba estado en las Indias, obtuvo del rey la gobernacin de Cartagena, cuyo pas an no estaba conquistado, porque los indgenas eran muy belicosos y usaban de flechas envenenadas. Dironsele por lmites de aquella gobernacin, desde el ro Grande de la Magdalena hasta el ro Grande del Darin, que seran como 70 leguas de costa, extendindose en la tierra adentro hasta el Ecuador.

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JOS ANTONIO SACO /191 /191 /191 /191 /191 En 29 de septiembre de aquel ao sali de Sanlcar de Barrameda, y lleg en enero del ao siguiente a un puerto de su gobernacin, llamado Calamar por los indios, y que por su semejanza al de Cartagena en Castilla, con una isla a la entrada, dicha Codego, diole el nombre de Cartagena, cuya ciudad fundaron los espaoles en esa isla.108Desde que Heredia salt en tierra, empez sus correras, para que los indios le diesen oro y reconociesen la autoridad de Castilla. En esta empresa quem algunos pueblos que no queran someterse, y esclaviz en uno de ellos a indias y muchachos que mand vender a Jamaica, para que con su importe le comprasen algunos caballos y bastimentos que necesitaba.109En breve y con razn empezaron a quejarse los espaoles de Heredia, y llegaron a la corte contra l muchas acusaciones;110 siendo una de ellas, que se vendan indios libres a mercaderes que los sacaban de sus tierras para otras partes.111Los oficiales reales de Cartagena, en carta de 27 de mayo de 1535, escribieron al emperador, que en una de las entradas que hizo Heredia, enga a los soldados que le acompaaban, ofrecindoles que se quedaran en el Per, donde hallaran buhos todos de oro. Con esta mentira logr vender a muy subidos precios los esclavos, caballos y otras cosas. Hecho esto, l se qued casi solo en el Cen, para mejor aprovecharse de cuatro cuadrillas de negros que tena. Pero los oficiales reales que hacan esas acusaciones contra Heredia, fueron leales servidores del gobierno? Lejos de serlo, bien puede asegurarse que cometieron muchos fraudes en perjuicio del Real Tesoro.112Nombr el gobierno de primer obispo y protector de los indios de la provincia de Cartagena al religioso dominico fray Toms de Angulo, a quien Herrera da en varias partes de su obra el apellido de Toro.113 Al despedirse ese obispo del emperador Carlos V, ste le dijo en presencia del cardenal de Sigenza, del comendador mayor Cobos, y otros: “Mirad que os he echado aquellas nimas a cuestas, parad mientes que dis cuenta dellas a Dios, y me descargueis a m”. Estas palabras pusieron al obispo en la estrecha necesidad de informar al monarca en 1535 de lo que haba visto y odo en algo ms de dos meses despus de su llegada; y no queriendo yo alterar ni desvirtuar su relato, transcribrelo aqu literalmente en su parte ms esencial. “La mayor parte de la tierra est alzada, y los Indios muy escandalizados causa de las crueldades... de los Cristianos, los quales por donde quiera que van queman con sus pies las yerbas y la tierra por d pasan, y ensangrientan sus manos matando y partiendo por medio nios, ahorcando Indios, cortando manos, y asando algunos Indios Indias, por que los llevan por guias y les yerran el camino, porque no les dicen dnde hallarn oro; que ste es su apellido, y no el de Dios y V.M. Y ans

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 192\ 192\ 192\ 192\ 192\ se despuebla toda esta tierra, que no hay en ella sino muy poquitos pueblos de Indios que estn de paz: y aun estos cada da viendo las opresiones de... los Cristianos... se revelan, que ni los unos ni los otros pueden oir el nombre de Cristiano mas de demonios basiliscos. Son tan grandes las severidades y malos exemplos que los Cristianos les hacen y les dan, que con gran dificultad se convertirn la Santa F Catlica. No han cesado los Cristianos hasta agora de traer Indios Indias, nios y nias quantos pueden haver por todas las partes donde andan vendindolos aqu mercaderes, los quales los llevan y embian Santo Domingo para bolverlos vender... Heles ido agora la mano, que muchos que han trado no se los he consentido vender: de lo qual... todos... estn muy despechados... Si estas cosas... no se remedian... quedar toda esta tierra despoblada de Indios, como lo est La Espaola donde se contaron dos cuentos114 de nimas cuando all entr el Almirante, y no se hallarn agora 200 Indios... En Santa Marta y toda esta Costa de Tierra Firme pasa lo mesmo. Y no hay necesidad de abrir la puerta que ms Cristianos vengan, antes hay necesidad de sacar... muchos de los que hay porque ellos estn perdidos y mueren de hambre, y ans para sustentarse roban las haciendas y comidas de los Indios: y ansi ellos como los Indios perecen de hambre, en tanta manera que muchos Cristianos son muertos por los caminos; y en los arcabuces... no hay quien pueda sufrir el mal olor de los cuerpos muertos(...) “La carestia de la tierra es tal que un huevo vale medio real, un pollo 1 ducado, una gallina 2 pesos, la bota de harina 25, de vino 50. Esto en Cartagena. En el Cen, un queso 40 pesos, un pernil de tocino 50”.115En 1536 haba tan pocas granjeras en la provincia de Cartagena, que apenas pudieron rematarse en 90 pesos los diezmos de un ao, ni en muchos se esperaba mejorar de condicin, pues segn el obispo de aquella tierra, los espaoles se haban dado mucha prisa en maltratar los indios, tomarles haciendas y mantenimientos y venderlos como esclavos a mercaderes sin facultad para ello, dando por excusa que en Santa Marta los herraban a todos. “As se hace —dice el obispo—, pero yo no s qua lege vel qua ratione siendo libres”.116Para remediar los males que se imputaban al gobernador Heredia, mand el gobierno al licenciado Juan de Vadillo, oidor de la Audiencia de La Espaola, que fuese a tomarle residencia, averiguando entre otras cosas, si se haban hecho esclavos injustamente, y venddolos fuera de la provincia:117 pero tal andaban los negocios en Cartagena, que pronto acudieron tambin quejas contra el juez de residencia, nombrndose al intento al licenciado Santa Cruz.118 Mas, cuando ste lleg a Cartagena, ya Vadillo haba seguido a una gran expedicin, entrando por las sabanas de Urab, para descubrir las ricas minas de oro del Dabaybe y de otras partes.119 En cuanto a Heredia, envisele preso a Espaa; mas

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JOS ANTONIO SACO /193 /193 /193 /193 /193 segn costumbre, fue absuelto, y con el ttulo de adelantado, torn a su gobernacin de Cartagena en 1541.120 Este resultado no lo extraar quien conozca la historia del Nuevo Mundo, porque absolucin completa lograron tambin hombres mucho ms culpables que el gobernador. En las dos mrgenes del ro Magdalena vivan indios que contrataban entre s y con las islas intermedias. Los de Santa Marta inquietaban y robaban a los de la banda occidental, impidindoles la labranza y contratacin con otros indios y aun herrndolos y vendindolos como esclavos.121 Estas cosas pasaban antes y despus de 1541. En 26 de diciembre de ese ao pregonronse en San Pedro por orden del justicia mayor, y capitn general de guerra de Celis, algunas reales cdulas cuyo espritu es el siguiente: 1 Que ningn cacique esclavizase a indio alguno, ni comprase indios esclavos. Estas prohibiciones se extendieron a los cristianos sin excusa ni pretexto. 2 Todo indio hecho esclavo o comprado como tal, deba obtener su libertad sin estar obligado a servir ni aun en calidad de libre. 3 Que nadie pudiese vender, traspasar ni enajenar de modo alguno a los naborias, ya solos, ya con la hacienda en que trabajasen; y al que los retuviese como esclavos, impsosele la pena de perder cuanto vendiera. Pero estas disposiciones corrieron la suerte de otras muchas: y sin detenerme ms tiempo en la provincia de Cartagena, pasar a contemplar lo que ya haba ocurrido hacia la parte occidental del continente.Notas1Oviedo, “ Historia (...) de las Indias ”, lib. III, cap. VIII, y lib. XXVI, cap. II. 2Herrera, dc. 1, lib. VII, cap. VII. Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVII, cap. III. 3Herrera, dc. 4, lib. X, cap. VII. 4Herrera, dec. 1, lib. VII, cap. VII. 5Herrera, dc. 1, lib. VII, cap. XI. 6Herrera, dc. 1, lib. VII, cap. XI. 7Herrera, dc. 1, lib. VII. cap. XIV. 8Herrera, dc. 1, lib. VII, cap. XI. 9Herrera, dc. 1, lib. VII, cap. XIV. 10Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVII, cap. III. 11Oviedo dice que los muertos y heridos fueron 100. Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVII, cap. III. 12Herrera, dc. 1, lib. VIII, cap. XV.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 194\ 194\ 194\ 194\ 194\13Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVII, cap. III. Herrera, dc. 1, lib. VII, cap. XVI. 14Herrera, dc. 1, lib. VIII, cap. XVI. 15Herrera, dc. 1, lib. VIII, cap. IV. 16Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVII, cap. IV. 17Las Casas, Historia General de las Indias M.S., lib. II, cap. LXI. 18Herrera, dc. 1, lib. VIII, cap. V y VI. 19Herrera, dc. 1, lib. VIII, cap. VIII. 20Herrera, dc. 1, lib. IX, cap. I. 21Pedro Mrtir de Anglera, De Orbe Novo dc. 2, cap. III. Herrera, dc. 1, lib. IX, cap. II. 22Herrera, dc. 1, lib. IX, cap. VI. 23Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXIX, cap. III. 24Carta del licenciado Alonso de Zuazo a Mr. de Chievres, fecha en Santo Domingo a 22 de Enero de 1518. (Muoz, Colec. tom. LXXVI.) 25Carta dirigida al rey por Vasco Nez de Balboa, desde Santa Mara del Darin a 20 de Enero de 1513, pidiendo los auxilios necesarios para asegurar la poblacin y adelantar los descubrimientos en aquellas tierras. Insertola Navarrete en su Coleccin de Viajes y Descubrimientos tomo III, seccin 3, nmero 4. 26Las Casas, Historia General de las Indias lib. III, cap. XLII. 27Carta dirigida al rey Fernando por Vasco Nez de Balboa, acabada de citar. 28Carta del licenciado Alonso de Zuazo a Mr. de Chievres, fecha en Santo Domingo a 22 de Enero de 1518. 29Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXIX, cap. I. 30Instruccin dada por el rey a Pedrarias Dvila para su viaje a la provincia de Castilla del Oro, en Valladolid a 2 de Agosto de 1513. Insertola Navarrete en su Coleccin ..., tomo III, seccin 3, nmero 2. 31Herrera, dc. 1, lib. X, cap. XIII. 32Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXIX, cap. VIII. 33Oviedo, Historia (...) de las Indias 1ib XXIX, cap. VII. 34Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVI, cap. X, y lib. XXIX, cap. VII. 35Herrera, dc. 1, lib. X, cap. XIII. 36Herrera, dc. 1, lib. X, cap. XI. 37Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXIX, cap. IX. Herrera, dc. 1, lib. X, cap. XIV. 38Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXIX, cap. IX. Herrera, dc. 1, lib. X, cap. XIV. 39Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXIX, cap. IX. 40Carta del licenciado Alonso de Zuazo a Mr. de Chievres, fecha de Santo Domingo a 22 de Enero de 1518. 41Las Casas, Brevsima Relacin de la Destruccin de las Indias captulo de la Tierra Firme. 42Carta al rey del obispo fray Juan de Quevedo, escrita en el Darin a 2 de Enero de 1515. (Muoz, Colec ., tom. LXXV.) 43Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXIX, cap. IX. 44Carta a S.A. del gobernador y oficiales de la Fernandina, Cuba, a 1 de Agosto de 1515. M.S. Archivo de Indias de Sevilla.

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JOS ANTONIO SACO /195 /195 /195 /195 /19545Oviedo, Historia (...) de las Indias 1ib. XXIX, cap. IX. 46“Mand S.A. para la justificacin de su Real conciencia que antes todas cosas antes que se hiciese guerra los indios se les hiciese un requerimiento que ac ordenaron ciertos telogos, e que se les diese termino para lo entender e responder e que si despues de fecha esta diligencia no viniesen reconocer la iglesia quanto a lo espiritual, al Rey en lo temporal que les fuese hecha la guerra. “La forma que se tuvo en esto fue, que primero eran salteados los indios que requeridos: despues que los tenian atados leianles el dicho requerimiento, e atabanlos e traianlos donde el Governador e Obispo e oficiales estaban e declaravanlos por esclavos, e repartanlos entre el Capitan e la gente que havia ido hacer esta fuerza: e primero apartaban dos partes as del oro como de los dichos indios para el Gobernador e para el Obispo e para cada oficial sendas partes: estas havian de ser muy buenas, porque si no lo eran, desdeaban al tal Capitan e no lo tornavan a enviar a otros viages e entradas”. (Muoz., Colec ., tom. LXXV.) 47Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXIX, cap. IX. 48Muoz, Colec. 49Herrera, dc. 1, lib. X, cap. XV. 50Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXIX. Herrera, dc. 2, lib. I, cap. II. 51Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXIX, cap. IX. 52Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXIX, cap. X. 53Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXIX, cap. X. 54Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXIX, cap. X. Herrera, dc. 2, lib. 1, cap. VI. 55Herrera, dc. 2, lib. I, cap. II. Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXIX. 56Enciso, Suma de Geografa Herrera, dc. 2, lib. 1, cap. II. 57Herrera, dc. 2, lib. I, cap. II. 58Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXIX, cap. X. Herrera, dc. 2, lib. I, cap. I. 59Documento remitido de Castilla del Oro en 1515 e intitulado: “Las cosas que habis de informar vos Toribio Zintado Maestre-Sala al Rey nuestro seor”. (Muoz, Colec .) 60Herrera, dc. 2, lib. I, cap. III. 61Muoz, Colec., tom. LXXVI. 62Memorial del licenciado Surez Carvajal para el Consejo visto por S.M. Madrid a 11 de Enero de 1536. 63 Hico es una cuerda. 64Carta dirigida al rey por Vasco Nez de Balboa desde Santa Mara del Darin a 16 de Octubre de 1515, informndole de varios acontecimientos y del gobierno de Pedrarias Dvila. Esta carta se conserva en el Archivo de Indias de Sevilla y se ha publicado en el tomo II de la Coleccin de Documentos Inditos del Archivo de Indias Madrid, 1864. ( V. M. y M.) 65 Coleccin de los Viajes y Descubrimientos que Hicieron por Mar los Espaoles, etc., tom. III, p. 385, nota. 66Muoz, Colec. tom. LXXV. 67El original de este “Memorial” existe en el Archivo de Simancas, Patr. Real, rea de Indias, legajo 7, y hllase una copia de l en la Coleccin ... de Muoz en el tomo LXXVI. A. 103. Como este documento es muy precioso para la historia de Amrica, y hasta ahora se ha conservado indito, yo lo publico ntegro en el apndice.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 196\ 196\ 196\ 196\ 196\68Oviedo, Historia (...) de las Indias lib, XXIX, cap. X. 69Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXIX, cap. X. Herrera, dc. 2, lib. I, cap. VIy XIII. 70Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXIX, cap. X. Herrera, dc. 2, lib. II, cap. I y II. 71Muoz, Colec. tom. LXXV. 72Herrera, dc. 2, lib. II, cap. XIV. 73Las Casas, Historia General de las Indias lib. III, cap. LXXII, tom. I, p. 412, nota 2. 74“Relacin dirigida a Pedrarias Dvila, Gobernador General de la Castilla del Oro, por su Alcalde Mayor Gaspar de Espinosa, de la expedicin que hizo por su orden en el istmo de Panam para castigar los caciques que se haban sublevado contra los cristianos”. Publicada en francs Los Archives des Voyages Collection d’Anciennes Relations Inedites, par H’Ternaux Compans ”, tom. I, Pars, 1840. Vase tambin Herrera, dc. 2, lib. II, cap. IX y X. Esa Relacin debe ser la misma insertada en el tomo XXVI de la Coleccin de Documentos Inditos Archivo de Indias ( V. M. y M.) 75Carta primera de los Padres Jernimos al cardenal Jimnez de Cisneros, y Herrera, dc. 2, lib. II, cap. VIII. 76Carta del licenciado Zuazo a Mr. de Chievres, escrita en Santo Domingo a 28 de Enero de 1518. 77Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXIX, cap. XIII. 78Herrera, dc. 2, lib. IX, cap. XVI, y dc. 3, lib. IV, cap. IX. 79Las Casas, Brevsima Relacin etc ., captulo de la Tierra Firme. 80Carta de Vasco Nez ya citada, que se halla en Navarrete, Coleccin de Viajes etc ., tom. III. 81Relacin de los sucesos de Pedrarias Dvila en las Provincias de Tierra Firme Castilla del Oro, y de lo ocurrido en el descubrimiento de la Mar del Sur, etc., escrita por el adelantado Pascual de Andagoya. El documento original existe en el Archivo de Indias de Sevilla. 82Herrera, dc. 2, lib. III, cap. XV. Segn Oviedo, la muerte de Sosa debi acaecer a principios de 1520, o muy a fines del ao anterior. Historia (...) de las Indias lib. XXIX, cap.XI. 83Herrera, dc. 3, lib. VIII, cap. XIV. 84Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXIX. cap. XXV. Herrera, dc. 4, lib. IV, cap. IX, y lib. VI, cap. II. 85Herrera, dc. 4, lib. X, cap. VII. 86Herrera, dc. 5, lib. IX, cap. XI. 87Herrera, dc. 5, lib. IX, cap. XI. 88Herrera, dc. 6, lib. V, cap. III. 89Al emperador en el Consejo, Sancho de Clavijo, en la ciudad de Nombre de Dios a 22 de Abril de 1549. (Muoz, Colec.) 90Herrera, dc. 1, lib. X, cap. II. 91Herrera, dc. 2, lib. I, cap. IV. Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXIX. 92El gobernador Sancho Clavijo al emperador en el Consejo. Panam a 28 de Diciembre de 1549. 93Relacin del obispo de Tierra Firme, fecha en Panam en 1549. (Muoz, Colec. tom. LXXXV.)

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JOS ANTONIO SACO /197 /197 /197 /197 /19794Relacin del obispo de Tierra Firme, fecha en Panam en 1549. (Muoz, Colec. tom. LXXXV.) 95Carta al emperador en el Consejo del gobernador Sancho de Clavijo, en Panam a 27 de Septiembre de 1551. (Muoz, Colec. ) 96Carta al emperador en el Consejo del gobernador Sancho de Clavijo en Nombre de Dios a 28 de Marzo de 1551. (Muoz, Colec. ) 97Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXIX, cap. IX. 98Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXIX, cap. X, XXV y XXXIV. 99Las Casas, Brevsima Relacin de la Destruccin de las Indias captulo de la Tierra Firme. 100Al Prncipe desde Panam en 1,552, Fr. Paulus Episcopus Continentis. (Muoz, Colec. ) 101Herrera, dc. 5, lib. IX, cap. XI. Vase este artculo en la pgina 383 del tomo XXII de la Coleccin de Documentos Inditos del Archivo de Indias ( V. M. y M.) 102Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVIII, cap. VI. Herrera, dc. 5, lib. IX, cap. XI. 103Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVIII, cap. VI. 104Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVIII, cap. VI. 105Herrera, dc. 4, lib. IV, cap. VII. 106Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVII, cap. VIII. 107Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVII, cap. V. 108Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVII, cap. V. Herrera, dc. 5, lib. II, cap. III. Ver de la capitulacin celebrada con Heredia en el mismo tomo XXII de la citada Coleccin de Documentos..., pgina 225. ( V. M. y M.) 109Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVII, cap. VI. 110Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVII, cap. IX. Herrera, dc. 5, lib. IX, cap. XI. 111Herrera, ibdem. 112Herrera, dc. 5, lib. IX, cap. XI. 113Herrera, dc. 5, lib. II, cap. III, y lib. IX, cap. XI; dc. 6, lib. III, cap. XX. 114Este nmero est muy exagerado. 115Carta al emperador de fray Toms de Angulo, obispo de Cartagena, fecha en el pueblo de Calamari, nombrado de Cartagena, a 7 de Mayo de 1535. (Muoz, Colec. tom. LXXX.) 116Carta al emperador de fray Toms de Angulo, obispo de Cartagena, a 1 de Enero de 1536. 117Herrera, dc. 6, lib. III, cap. XX. 118Oviedo, Historia (...) de las Indias ”, libro XXVII, cap. IX. 119Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVII, cap. X, XI y XII. 120Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXVII, cap. XIII. 121Carta al emperador de don Pedro de Heredia, adelantado y gobernador de Cartagena, escrita en la villa de Santa Cruz de Mopox, a 3 de Julio de 1541.

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Libro OctavoESCLA ESCLA ESCLA ESCLA ESCLA VITUD DE LOS INDIOS EN NUEV VITUD DE LOS INDIOS EN NUEV VITUD DE LOS INDIOS EN NUEV VITUD DE LOS INDIOS EN NUEV VITUD DE LOS INDIOS EN NUEV A ESP A ESP A ESP A ESP A ESP AA AA AA AA AAAlgunos aos antes que la esclavitud de los indios hubiese tomado la extensin que aparece de algunos captulos anteriores, ya haban ocurrido en la extremidad occidental del nuevo continente acontecimientos de extraordinaria magnitud, que si, por una parte, eran gloriosos para la Corona de Castilla; por otra, fueron para los indios de la ms fatal trascendencia, pues que la conquista lejos de mejorar, empeor su condicin. Cuando Hernando Corts arrib en 1519 a las playas del magnfico pas llamado Nueva Espaa por los castellanos, ya haban sido descubiertas sus costas. Juan Daz de Sols y Vicente Yez Pinzn navegando al occidente de Cuba en 1506, descubrieron una parte de las costas de Yucatn, sin haber tomado tierra en ningn punto de ellas,1 ni hchose tampoco en algunos aos nuevas tentativas para descubrir por aquel rumbo. Francisco Hernndez de Crdova, vecino rico de Cuba, en consorcio de otros espaoles all establecidos, arm una expedicin compuesta de tres naves y de 110 hombres, llevando por piloto al clebre Antn Alaminos. Su objeto era descubrir tierras donde sus compaeros pudieran enriquecerse ms pronto y con ms facilidad que en Cuba. Bien quiso Diego Velzquez, su gobernador, que esa expedicin fuese a las islas Guanaxas para esclavizar indios y llevarlos a Cuba; pero habindose opuesto los armadores, desisti de ese proyecto.2 Salieron, pues, de Santiago de Cuba, haciendo escala por la costa del norte en La Habana, para tomar un eclesistico que los acompaase, y partieron de all el 8 de febrero de 1517. Aqu es de advertir, que ya entonces haba dos Habana, una, que fue la primera, en la costa del sur, y otra en la del norte, comenzada despus, pero ms conocida entonces con el nombre de Puerto de Carenas. Vino este nombre de que cuando Sebastin de Ocampo bojaba en 1508 aquella Isla, para saber si lo era, o parte del continente, entr en

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JOS ANTONIO SACO /199 /199 /199 /199 /199 un puerto de la costa del norte a carenar sus buques, y por eso se le llam Puerto de Carenas y despus Habana. Navegando hacia el oeste, la primera tierra del continente que encontraron, fue el cabo de Catoche en la costa de Yucatn. Llamronla as, porque oyeron repetir a los indios muchas veces las palabras Con es cotoch, Con es cotoch es decir, Andad ac a mis casas pues lo convidaban a desembarcar, aunque no con buena intencin.3El nombre de Yucatn provino de que no entendiendo los indios lo que los castellanos les preguntaban, respondieron en su lengua, Yucatan, Yucatan que quiere decir, no entiendo, no entiendo. Pensaron, pues, los espaoles que los indios respondan que se llamaba Yucatn, y as se qued impropiamente a aquella tierra el nombre de Yucatn.4No es sa la significacin que otros dan a la palabra Yucatan dervanla de otras voces. “Dice [palabras son de Herrera] Bernal Daz del Castillo, natural de Medina del Campo, que se hall en esta jornada, i en las otras que se hicieron despues, que preguntando estos indios, si hava en su tierra aquellas raices, que llaman Yuca, de que se hace el pan cazab: respondian, ilatli por la tierra en que se planta; y que de Yuca, juntado con ilatli se dixo Yucatla, y de all Yucatan. Pero otros dicen, que hablando estos primeros descubridores con los indios de la costa, quando les preguntaban, respondan, Toloquitan, sealando con la mano, pensando que les preguntaban por algun pueblo, y los castellanos entendieron Lucatan, i de esto dijeron aquella provincia Yucatan, la qual nunca tuvo nombre general, porque hasta la llegada de los castellanos estuvo dividida en diversos Seores y Caciques, que governaban sus pueblos”.5Del cabo de Catoche prosiguieron ms al oeste hasta Potonchan en la baha de Campeche, y en el espacio que recorrieron, hicieron algunas entradas; pero como en todas perdieron mucha gente por las armas de los indios y trabajos que sufrieron, tornaron las naves a Santiago de Cuba sin esclavos.6Para proseguir los descubrimientos de Francisco Hernndez de Crdova, arm Diego Velzquez otra expedicin de cuatro naves y 240 o 250 hombres que puso al mando de Juan Grijalba. Parti ste del puerto de Santiago de Cuba el 5 de abril de 1518, toc en Matanzas, y prosiguiendo su viaje, las naves fueron arrojadas por las corrientes hacia el sur, siendo la isla de Cozumel la primera tierra que hall, y a la que llam Santa Cruz, por ser ese el da en que la descubri. Tomando Grijalba desde all la direccin de su antecesor, no slo recorri las mismas costas que l, sino que pasando mucho ms adelante, entr en el ro Tabasco, y sigui descubriendo las playas del golfo de Mjico hasta la provincia de Panuco.7 Entonces fue cuando asombrados los espaoles de ver aquellos indios mucho ms civilizados que los que

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 200\ 200\ 200\ 200\ 200\ antes haban conocido, y que habitaban en casas de cal y canto, dijo Grijalba, que aquel pas era una Nueva Espaa : nombre que desde entonces se aplic a Mjico. Estos descubrimientos y las ricas muestras de oro que vio Grijalba, inflamaron los deseos de los castellanos de Cuba; y Diego Velzquez, su gobernador, empez entonces a preparar otra armada mucho ms considerable que las anteriores.8Despus de varios incidentes que no es del caso referir, psola al mando de Hernando Corts; mas, ste, faltando a la confianza con que le haban distinguido,9 alzose con las naves y fugose del puerto de Santiago de Cuba el 18 de noviembre de 1518. Para completar su armamento detvose en Trinidad y en La Habana situada en la costa del sur. De all hizo rumbo para Nueva Espaa en febrero de 1519,10 con una expedicin compuesta de 11 naves, 508 soldados, 110 maestres, pilotos y marineros, 13 escopeteros, 32 ballesteros, cuatro falconetas y 10 piezas de artillera de bronce.11 Con estas fuerzas apareci Corts en el imperio de Moctezuma, para asombrar al mundo con el valor y osada que mostr en tan grandioso teatro. Los primeros encuentros que tuvo en Nueva Espaa, fueron con los naturales de Tabasco; y hechas las paces recibi de los caciques de aquella tierra un presente de oro y 20 esclavas que reparti entre sus capitanes y personas principales que le acompaaban;12 pero esas esclavas no fueron, como se deja ver, cogidas por las armas castellanas, sino un presente que aqul le hizo, y que utilsimo les fue por cierto, pues la esclava Marina que toc a Alonso Hernndez Portocarrero, y que despus fue concubina de Corts, Sirviole ms adelante de fiel intrprete en sus conquistas. En su marcha atrevida a la capital de Mjico, y en los combates que tuvo con la repblica de Tlaxcala, no esclaviz a los indios vencidos, ya porque su inters era asegurar la paz con ese Estado, ya porque entonces los esclavos deban de ser un obstculo peligroso para la marcha de su ejrcito. Pero si entonces no esclaviz indios en Tlaxcala, cometi algunos actos atroces, pues hizo cortar las manos a 50 tlaxcaltecas que entraron en su campamento como espas.13 Logr al fin penetrar de paz en Tlaxcala y sin ser este gran guerrero uno de los ms crueles castellanos con los indios; fue el primero que empez a esclavizarlos en el pas de sus conquistas. Sus rpidos triunfos en el imperio mejicano eclipsronse por un momento. Viose obligado en 1520 a evacuar la ciudad de Mjico, y al saber esta noticia, los indios de la provincia de Tepeaca sublevronse matando 10 o 12 espaoles que de Veracruz pasaban a la capital del imperio. Corts, con sus capitanes reunidos en consejo de guerra decidi que aquellos indios fuesen castigados.14 Atacolos, venciolos, hizo varias correras por aquella tierra, y ms de 2 000 fueron herrados como esclavos, marcndolos con la letra G que significaba

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JOS ANTONIO SACO /201 /201 /201 /201 /201 guerra, salvo las mujeres y los nios; y despus de haber sacado el quinto del rey, dio una parte a sus soldados, y otra a la repblica de Tlaxcala, su aliada. Esta reparticin ocasion mucho descontento entre los espaoles, y oigamos cmo la describe uno de los mismos soldados de Corts. “Acord Corts con los oficiales del Rey, que se herrasen las piezas, y esclavos que se avian avido, para sacar su quinto, despues que se huviesse primero sacado el de su Magestad, y para ello mand dar pregones en el Real, villa, que todos los soldados llevassemos una casa que estava sealada para aquel efecto, herrar todas las piezas que estuviessen recogidas, y dieron de plazo aquel dia que se pregon, y otros: y todos ocurrimos con todas las indias muchachas, y muchachos que aviamos avido, que de hombre de edad no nos cuiadamos de ellos, que eran malos de guardar, y no aviamos menester su servicio, teniendo nuestros amigos los tlaxcaltecas. Pues ya juntas todas las piezas, y hecho el hierro, que era una G como esta, que queria dezir guerra, quando no nos catamos, apartan el real quinto, y luego sacan otro quinto para Corts; y dems desto, la noche antes, quando metimos las piezas, como he dicho, en aquella casa ya avian escondido y tomado las mejores indias, que no pareci all ninguna buena y al tiempo de repartir, davamos las viejas y ruines, y sobre esto huvo muy grandes murmuraciones contra Corts, y de los que mandavan hurtar, y esconder las buenas indias; y de tal manera se lo dixeron al mismo Corts, soldados de los de Narvaez, que juravan a Dios, que no avian visto tal, aver dos Reyes en la tierra de nuestro Rey y Seor, y sacar dos quintos (...) y que agora el pobre soldado que avia echado los bofes, y estaba lleno de heridas, por haber una buena india, y les avian dado enaguas y camisas, avian tomado y escondido las tales indias; y que quando dieron el pregon, para que se llevassen herrar, que crey, que cada soldado volverian sus piezas, y que apreciarian que tantos pesos valian, y que como las apreciasen, pagassen el quinto Su Magestad, y que no avra ms quinto para Corts, y dezian otras murmuraciones peores que estas; y como Corts aquello vi, con palabras algo blandas, dixo, que jurava en su conciencia (que aquesto tenia costumbre de jurar) que de all en adelante no seria ni se haria de aquella manera, sino que buenas, malas indias, sacadas, al almoneda, y la buena, que se venderia por tal y la que no fuese, por menos precio, y de aquella manera no tenan que reir con l”.15La dolorosa escena del repartimiento de esclavos en que la crueldad competa con el inters y la mala fe, presentose ms de una vez en el campamento de Corts, situado entonces en la ciudad de Tezcuco. Desde all, y mientras l se preparaba en 1521 para el sitio de la ciudad de Mjico, envi a Gonzalo de Sandoval, uno de sus capitanes, con Zulapeque situado en las fronteras de Tlaxcala, por haber dado muer-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 202\ 202\ 202\ 202\ 202\ te a unos castellanos que iban de Veracruz a reforzar su ejrcito. Sandoval cumpli su comisin, y matando a muchos, esclaviz gran nmero de mujeres y nios.16Levant Corts su campamento de Tezcuco, y habindolo trasladado a Tamanalco, asalt unos peones en que estaban fortificados los indios. Muchos de stos perecieron en aquella jornada, y gran nmero de mujeres y muchachos prisioneros fueron esclavizados.17Muy curioso es leer los fraudes que se cometan en el repartimiento de estos esclavos y la imprudencia con que los refiere el mismo Bernal Daz, cmplice de ellos. “Como hubo llegado Gonzalo de Sandoval con gran presa de esclavos, y otros muchos que se dado, que luego se herrassen, y de que se huvo pregonado, que se llevassen herrar una casa sealada, todos los mas soldados llevamos las piezas que aviamos avido para echar el yerro de Su Magestad... segun y de la manera que lo teniamos de antes concertado con Corts, segn hemos dicho en el capitulo que dello habla, creyendo que se nos avia de volver despues de pagado el Real quinto, que las apreciassen, quanto podia valer cada pieza: y no fu ansi, porque si en lo de Tepeaca se hizo muy malamente, segun otra vez dicho tengo, muy peor se hizo en esto de Tezcuco, que despues que sacavan el Real quinto, era otro quinto para Corts, y otras partes para los capitanes: y en la noche antes, quando las tenian juntas, nos desaparecieron las mejores indias. Pues como Corts nos havia dicho, y prometido, que las buenas piezas se habian de vender en almoneda por lo que valiesen, y las que no fuesen tales, por menos precio: tampoco huvo buen concierto en ello; porque los oficiales del Rey, que tenian cargo dellas, hazian lo que querian: por manera, que si mal se hizo una vez, esta vez peor: y desde all adelante muchos soldados, que tomavamos algunas buenas indias, porque no nos las tomassen como las pasadas, escondiamos, y no las llevavamos herrar, y deziamos, que se avian huido, y si era privado de Corts, secretamente las llevaban de noche herrar, y las apreciaban en lo que valian, y les echavan el hierro, y pagaban el quinto, y otras muchas se quedaban en nuestros aposentos, y deziamos que eran naborias, que avian venido de paz de los pueblos comarcanos, y de Tlaxcala”.18Sols, historiador espaol, calific de abuso e inhumanidad el hierro que se pona a los esclavos;19 pero abuso e inhumanidad tanto ms culpables, cuanto se cometan por hombres que llevaban el ttulo de cristianos. El valor del quinto de los esclavos que toc al rey en la provincia de Peaca, en 1520, ascendi a 3 146 pesos; y la mitad del de los indios de Tezcuco a 1 020; sin contar otras cantidades que de la venta de los indios esclavos pertenecieron al rey.20

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JOS ANTONIO SACO /203 /203 /203 /203 /203 Apoderados los espaoles, despus de un largo sitio, de la ciudad de Mjico en agosto de 1521, esclavizaron muchos hombres y mujeres,21 y gran parte de ellos reparti Corts en la ciudad de Cuyoacan, habiendo separado antes el quinto del rey.22 La provincia de Tututepec, fronteriza a la del Pnuco, alzose en 1522; Corts reuni a los indios, ahorc al seor de Tututepec y al jefe del ejrcito, y esclaviz y herr hasta 200 personas que fueron vendidas en almoneda y pagado el quinto al rey.23En diciembre de 1523 envi aquel famoso capitn una expedicin desde Mjico, a las rdenes de Diego Godoy, contra los pueblos situados entre Chiapa y Guatemala; y durante ella, Godoy esclaviz algunos muchachos y mujeres.24Rodrigo de Rangel, otro capitn de Corts, fue enviado por l segunda vez, en 1524, contra los zapotecas que hacan mucho dao a los indios sus vecinos, amigos de los espaoles. Rangel, ms afortunado ahora que en su expedicin del ao anterior, hzoles muchas amonestaciones y requerimientos para que se sometiesen; mas, no dndoles odo, declaroles la guerra matando a muchos, y esclavizando a otros en gran nmero, que fueron vencidos.25Ya por entonces se cometan grandes abusos en la exportacin de los esclavos de Nueva Espaa, y para cortarlos, mandose desde 1522, que se diesen por perdidos todos los que de ella se introdujesen sin licencia en La Espaola.26 Prevnose tambin a Corts en 1523, que como los espaoles deseaban y provocaban la guerra para tener esclavos, sta nunca se hiciese sino en el caso de ser los indios los agresores, y de haber hecho dao a los castellanos, encargndosele que aunque hubiesen cometido algn exceso, les hiciese, antes de hostilizarlos, los requerimientos de estilo, y cuantas veces creyese conveniente, por medio de intrpretes cristianos. Como los seores de aquella tierra esclavizaban a los prisioneros de guerra sacrificndolos a sus dioses, y comindoselos despus, permitiose en 1523, que para evitar tamaa atrocidad, se diese licencia a los pobladores para que comprasen esos esclavos a sus dueos los indios.27 Pero ste fue el pretexto de que entonces se valieron los espaoles para tener esclavos indgenas; y tantos fueron los excesos cometidos en aos posteriores, que por la Provisin Real de Toledo de 6 de diciembre de 1536, mandose, que ni en Nueva Espaa, ni en parte alguna de las Indias, ningn espaol pudiese por ninguna va comprar ni haber esclavo alguno de los pertenecientes a los indios, ni que ningn cacique ni seor principal pudiese hacer esclavos indios, ni venderlos ni comprarlos a nadie. Resueltas las graves cuestiones que mediaban sobre el mando de Mjico entre Hernn Corts y Diego Velzquez, gobernador de Cuba, expidi el emperador despachos en Valladolid, a 15 de octubre de 1522,

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 204\ 204\ 204\ 204\ 204\ declarando a Corts por capitn general y gobernador de Nueva Espaa. En ese mismo ao nombrronse oficiales reales para aquella provincia. Siendo tesorero Alonso de Estrada, hijo natural de Fernando, el Catlico; contador, Rodrigo de Albornoz, que era el secretario del emperador;28 factor, Gonzalo de Salazar, y veedor de las fundiciones, Pedro Almindez Cherinos;29 pero estos empleados no llegaron a Mjico hasta el ao de 1524.30Al talento de Corts no poda esconderse la importancia de la conversin de los indios, y apenas conquistado Mjico, l y los consejos de las villas de Nueva Espaa suplicaron al emperador que se proveyese de obispos o de otros prelados, y de religiosos de buena vida y ejemplo. Todo esto pidi Corts desde su primera carta a Carlos V; pero en la cuarta del 15 de octubre de 1524, ya pens de otra manera respecto de los obispos y otros prelados, pues slo quera que se enviasen a Nueva Espaa monjes virtuosos. Las razones en que se fund, lense en el siguiente pasaje: “Porque habiendo Obispos, y otros Prelados, no dejarian de seguir la costumbre, que por nuestros pecados hoy tienen, en disponer de los bienes de la Iglesia, que es gastarlos en pompas, y en otros vicios: en dejar Mayorazgos sus Hijos, Parientes; y aun sera otro mayor mal, que como los Naturales de estas partes tenian en sus tiempos Personas Religiosas, que entendian en sus Ritos, y Ceremonias, y estos eran tan recogidos, as en honestidad, como en castidad, que si alguna cosa, fuera de esto, alguno se le sentia, era punido con pena de muerte. si agora viessen las cosas de la Iglesia, y servicio de Dios, en poder de Cannigos, y otras Dignidades; y supiessen, que aquellos eran Ministros de Dios, y los viessen usar de los vicios, y profanidades, que agora en nuestros tiempos en essos Reynos usan, seria menospreciar nuestra Fe, y tenerla por cosa de burla: y seria tan gran dao, que no creo aprovecharia ninguna otra predicacion que se les hiciese; y pues que tanto en esto v, y la principal intencion de V.M. es, y debe ser, que estas gentes se conviertan, y los que ac en su Real nombre residimos la debemos seguir, y como christianos tener de ellos especial cuidado, he querido en esto avisar Vuestra Cesrea Magestad y decir en ello, mi parecer”.31A vista de este pasaje no ha faltado quien atribuyese a Corts sentimientos de protestantismo, o que quiz lo escribi por odio al obispo Fonseca, protector de Diego Velzquez, su enemigo; pero yo no creo ni lo uno ni lo otro, sino que Corts, conociendo la corrupcin del clero seglar de Espaa y la conducta de los obispos en general, juzgaba que no eran el medio ms a propsito para la conversin de los indios. El arzobispo de Mjico, don Francisco Lorenzana, que imprimi con notas algunas cartas principales de Corts a Carlos V en su obra ya

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JOS ANTONIO SACO /205 /205 /205 /205 /205 mencionada, conviene con l en la poca disciplina eclesistica del alto clero espaol en el siglo XVI; pero reconoce, al mismo tiempo, que ya se haba remediado gran parte de los vicios que l deploraba, y que habindose declarado intestables a los obispos, stos no podan dejar mayorazgos ni bienes a sus hijos o parientes. Lorenzana fue un arzobispo muy ilustrado, y lejos de indignarse contra Corts, dice en una nota puesta al pasaje que acabo de citar: “Parece Corts un Misionero Apostlico, ms que un Militar, y me asombra, y admira siempre su celo en el mayor servicio de Dios y de el Rey”. Y razn tena Lorenzana, porque Corts fue siempre un verdadero catlico como lo manifiestan las mismas palabras del pasaje en que habla de los obispos, pues se expresa as: “He dicho Vuestra Alteza el aparejo, que ai en algunos de los Naturales de estas partes para se convertir nuestra Santa F Catlica i ser Christianos”.32A pesar de lo que Corts escribi a Carlos V contra los obispos, la experiencia demostr que muchos fueron buenos defensores de la libertad de los indios, y que los dos primeros de Nueva Espaa fray Juan de Zumrraga y fray Julin Garcs son una prueba de lo que digo. Llevado el gobierno, no tanto de la solicitud de Corts, cuanto de sus propios sentimientos, procur remediar las necesidades espirituales de Nueva Espaa. Tan estrecho enlace hay entre la suerte de los indios y la conducta que siguieron algunas rdenes religiosas, que prescindir de ellas sera mutilar esta historia. Franciscanos fueron los cinco primeros religiosos que entraron en Nueva Espaa en 1522: dos eran espaoles, y tres, flamencos: pronto murieron los primeros; mas, no los segundos, en cuyo nmero iba fray Pedro de Gante, no hijo de Carlos V, como equivocadamente crey el barn de Humboldt,33 pues que era de su misma edad, pero s uno de los hombres que prestaron los ms eminentes servicios a la conversin y civilizacin de los indios de Nueva Espaa. Por orden del Consejo de Indias y a expensas del gobierno, partieron de Castilla en 1524 para fundar monasterios en Nueva Espaa, 12 religiosos franciscanos, cuyo prelado era fray Martn de Valencia y 11 dominicos, por haberse mandado detener para tratar de asuntos importantes a las Indias a fray Toms Ortiz, que iba de vicario general de los religiosos de su Orden. Juntos llegaron todos a La Espaola: quedronse en ella los dominicos; mas, prosiguiendo su viaje los franciscanos, desembarcaron en Veracruz en el mismo ao de 1524. Puestos en marcha para la capital detuvironse en Tlaxcala, y al ver los indios a esos religiosos descalzos, vestidos de un modo tan diferente a los dems espaoles, y con hbitos remendados, dijronse unos a otros: Motolinia, Motolinia que significa pobre. Uno de los religiosos llamado fray Toribio Paredes de Benavente, por ser natural de esta ciudad en Espaa, pregunt la significacin de

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 206\ 206\ 206\ 206\ 206\ aquella palabra, y luego que la supo, dijo: “ste es el primer vocablo que s en esta lengua, y porque no se me olvide, ste ser de aqu en adelante mi nombre”.34Este religioso fue uno de los que tuvieron mejores costumbres y austeridad de vida, siendo tanta su liberalidad con los indios, que les daba cuanto posea, y a veces se quedaba sin alimento por repartir entre ellos el que reciba para s. Aprendi la lengua mejicana; puso gran empeo en conocer las costumbres y antigedades de los indios; explic la rueda astronmica o calendario de 52 aos, de que los mejicanos se servan;35 consagrose a la enseanza de los indios; bautiz segn se dice como 400 000 de ellos; e imprimi una doctrina cristiana en lengua mejicana, y un libro intitulado De Moribus Indorum Y, sin embargo, en medio de tan sealados servicios hechos a la civilizacin y a la humanidad manchose con un borrn tan feo, que deshonra su memoria, pues fue uno de los que ms descaradamente calumniaron las puras intenciones y eminentes virtudes del gran Bartolom de las Casas. Luego que llegaron al Nuevo Mundo los Opsculos que ste hizo imprimir en Sevilla en 1552, enfureciose Motolinia, y con achaque de defender a los gobernadores, conquistadores, encomenderos, y traficantes de indios, hizo al emperador a principios de 1555 una representacin en que “trat a Casas como el ltimo de los hombres”. Ese asqueroso documento an permanece indito en su totalidad, pues Quintana en su vida de Casas solamente public algunos extractos en el apndice dcimotercero. Podemos, pues, decir que no era verdadera humildad evanglica la que profesaba aquel fraile en medio de tanta pobreza, y sin duda que se esconda un alma ruin y envidiosa bajo del tosco sayal que llevaba. Yo no s, si Casas tuvo conocimiento de tan desvergonzado escrito, pero si lo tuvo, supo despreciarlo con la misma grandeza de alma que otras muchas calumnias vomitadas contra l por la envidia y otras ruines pasiones.36Luego que los religiosos franciscanos llegaron a la ciudad de Mjico, sali Corts a recibirlos a la cabeza de los empleados y caballeros espaoles; y arrodillndose delante de cada uno de ellos; besoles las manos con la ms profunda reverencia. Este acto deba de producir la ms profunda impresin en el nimo de los indios, pues vean que el gran conquistador de su pas, doblaba las rodillas ante unos hombres tan humildes y tan pobres; y este rasgo por s solo desmiente la imputacin de protestantismo, hecha a Corts, por haber pedido en una de sus cartas, como ya he dicho, que no se enviasen a Nueva Espaa obispos ni otros prelados. Permanecieron los dominicos en La Espaola hasta que se juntaron con fray Toms Ortiz, su vicario; y aunque tres de ellos haban muerto, parti con los restantes en febrero de 1526, no habiendo llegado a la

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JOS ANTONIO SACO /207 /207 /207 /207 /207 capital de Mjico hasta julio del mismo ao. As, entre esos religiosos, como entre los franciscanos, hbolos de virtudes ejemplares, pues no slo se dedicaron a convertir a los indios, sino a civilizarlos, ensendolos a leer, escribir, y a emplearse en varias industrias. Entre esos religiosos distinguiose fray Pedro de Gante, a quien ya he mencionado, y que se incorpor a sus hermanos franciscanos despus que llegaron a Nueva Espaa. Este hombre extraordinario conoca muy bien la lengua mejicana, y sola predicar en ella a falta de sacerdotes, pues l era lego. Fue el primero que ense los mejicanos a leer, escribir, pintar, cantar, tocar instrumentos msicos y ocuparse en las artes, fundando al efecto escuelas y talleres. Estableci cofradas entre los indios; destruy muchos templos e dolos mejicanos; fabric ms de 100 iglesias; y en los 50 aos, que vivi en Nueva Espaa, contribuy poderosamente a la propagacin del cristianismo.37Tantas virtudes y beneficios hicieron exclamar un da a don fray Alonso de Montfar, de la Orden de Predicadores, y primer arzobispo de Mjico: “Yo no soy arzobispo de Mxico, sino Fray Pedro de Gante, lego de San Francisco”.38Acabo de decir que fray Alonso de Montfar fue el primer arzobispo de Mjico; mas, esto es, porque aunque el obispo su antecesor fue promovido al arzobispado de aquella ciudad, no lleg a ponerse el palio por haber muerto. Suelo fecundo para las rdenes religiosas fue el de Nueva Espaa, pues en 1559 la de los franciscanos ya tena 80 casas con 380 frailes; la de los dominicos, 40 de las primeras y 210 de los segundos; y la de San Agustn, 40 casas con 212 religiosos: es decir, que en todo haba 160 casas y 802 frailes.39Envi Corts a Cristbal de Olid en 1523 para que fuese a descubrir y poblar en las tierras de Honduras. Rebelose all Olid contra su jefe, y ste viose forzado a partir de Mjico en octubre de 1524 para castigar aquella rebelin. En su marcha difcil y peligrosa hizo la guerra en 1525 a los indios de la provincia de Tapayegua o Tapayeca, y esclaviz ms de una centena de ellos.40 Pero tales eran las maldades de los espaoles contra los indios, que este mismo hombre que esclavizaba y mandaba esclavizar, veces hubo en que se vio forzado a condenar la conducta de sus compatriotas. Antes de marchar Corts contra Olid, nombr para el gobierno de Nueva Espaa, durante su ausencia, al tesorero Alonso de Estrada y al contador Albornoz. ste fue muy pronto infiel a Corts. Pedro Mrtir de Anglera, miembro del Consejo de Indias, y que a la sazn escriba sus Dcadas del Nuevo Mundo menciona las cartas en cifras en que Albornoz acusaba a Corts de astucia, de avaricia insaciable y de pro-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 208\ 208\ 208\ 208\ 208\ yectos casi manifiestos de usurpar el seoro de Mjico.41 Pedro Mrtir envi al Papa una de esas cartas, cuya fecha es de 20 de octubre de 1525. En otras escritas en letras por Albornoz, y sin mentar a Corts, atcalo tambin indirectamente, denunciando los abusos que durante su gobierno se haban cometido para esclavizar a los indios. En la de 15 de diciembre de 1525 dice al emperador, que en las entradas que se hacan en varias partes de aquella tierra, no se guardaba lo establecido en punto a requerimientos pues sin ellos eran los indios esclavizados; que a veces stos se presentaban de paz a dar la obediencia, y que los espaoles los asaltaban con las armas en la mano, para matarlos y esclavizarlos: que el permiso concedido por el gobierno para comprar a los indios los esclavos que tenan como tales, muy rara vez se efectuaba, porque los espaoles, adems del oro que pedan a los caciques, exiganles 100 o 200 esclavos de los que posean; y si no los tenan, entonces les entregaban como esclavos un nmero igual de sus vasallos libres, los cuales con frecuencia eran herrados; y por la gran obediencia que tributaban a sus caciques, jams decan que eran libres, aunque los matasen: que ya los esclavos empezaban a disminuir, no tanto por el exceso de trabajo que se les impona, cuanto por la mala costumbre de sacarlos de tierra caliente a tierra fra, y al contrario: que de los esclavos que los caciques daban a los espaoles, solamente se herrasen aquellos que eran de guerra, o cuyos padres eran tambin esclavos; pero no los que entre los indios haban cado en esclavitud por faltas leves, los cuales, entrado que hubiesen en poder de los cristianos, permaneciesen siempre en l, para impedir que los indios los vendiesen a otros; y a fin de que fuesen mejor tratados, se les declarase por naborias, llevando el contador un registro en que constase su nmero y el nombre del espaol que los posea.42Estas y otras cosas dijo el contador Rodrigo de Albornoz; pero djolas, para recomendarse con el monarca y desacreditar a Corts, pues el tal Albornoz era un ladrn, lo mismo que los otros oficiales reales sus compaeros, y casi todos los empleados que en Nueva Espaa se hallaban. Desde el principio de la conquista de aquella tierra acostumbraron los espaoles esclavizar y herrar a los indios que les resistan, o que cogan en la guerra, so color de que lo mismo hacan los indgenas entre s. Pero convencido el emperador de los grandes abusos que en esto se cometan, mand por Real Cdula expedida en Granada a 9 de noviembre de 1526, que en adelante nadie tuviese por esclavo ningn indio natural de Nueva Espaa, ni se permitiese herrarle en el rostro ni en otra parte; y que cuando esto se hiciese fuese en presencia de los oficiales reales, con pruebas suficientes de que era esclavo llevado de fuera, no natural de la tierra, ni tampoco de los prohibidos, bajo pena de muerte y perdimiento de bienes a los infractores.43 Pero la proteccin que esa ley pens dar a los indios, mandando que no se les herrase sino ante los

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JOS ANTONIO SACO /209 /209 /209 /209 /209 oficiales reales, fue cabalmente lo que desvirtu la misma ley, porque esos oficiales eran enemigos de los indios y cmplices de las maldades de los espaoles sus compatricios. Tratose tambin entonces de reprimir otro abuso. Prohibido estaba que del Nuevo Mundo se llevasen indios a Espaa, pues el clima les causaba mucho estrago; pero tal era el exceso que haba en transportarlos de Mjico a Castilla, por culpa de los oficiales reales de aquella ciudad, que el gobierno orden en 1526, por una disposicin general a todo el Nuevo Mundo, que cuantos indios se encontrasen en Espaa fuesen restituidos a su tierra natal, y tratados como libres y vasallos de S.M.44 Con infraccin de lo mandado, lleg a Castilla en 1527 una nave procedente de Nueva Espaa con algunos indios, los cuales fueron tomados por los oficiales de la Casa de Contratacin de Sevilla, en cumplimiento de las rdenes que se haban dado. El emperador mand que los que constase eran esclavos, fuesen restituidos a sus dueos, y que los libres, si queran volver a su tierra, tornasen a ella a costa de los introductores: en caso de que no quisiesen volver, se les dejase en Espaa; bien que los importadores deban otorgar fianzas de que los llevaran a su pas cuando ellos quisiesen, y el rey lo mandase.45Las denuncias y acusaciones de que Corts intentaba alzarse en Mjico con el poder soberano, haban hecho profunda impresin en el nimo de Carlos V; y una de las medidas que se juzgaron ms eficaces para frustrar sus proyectos, en el caso de ser ciertos, fue la creacin de una Audiencia para Mjico, investida del gobierno de Nueva Espaa, as como se haba hecho creando otra en La Espaola, para despojar del gobierno poltico a don Diego Coln, hijo y sucesor del almirante don Cristbal. Procediose, pues, con toda brevedad a la formacin de aquella audiencia, nombrando de oidores a los licenciados Martn Ortiz de Matienzo, Alonso de Parada, Diego Delgadillo y Francisco Maldonado.46Estos cuatro ministros partieron de Sevilla a fines de agosto de 1528 y llegaron a la Veracruz el 6 de diciembre del mismo ao.47 La presidencia interina de esa Audiencia diose a Nuo de Guzmn, que a la sazn se hallaba de gobernador del Pnuco: nombramiento infeliz, pues recay en uno de los capitanes ms crueles que afligieron al Nuevo Mundo. El primer obispo que pis el suelo de Nueva Espaa fue en 1526, el de Tlaxcala, fray Julin Garcs, de la Orden de Santo Domingo;48 y el segundo fue el de Mjico, fray Juan de Zumrraga, religioso franciscano, en cuya ciudad entr en 1527. A fines de mayo del siguiente ao desembarc Corts en Espaa, pues con este viaje quera dar al monarca una prueba de su lealtad, desmintiendo las acusaciones de sus calumniadores. La presencia en la corte de tan alto personaje no poda ser estril para Nueva Espaa; y no slo los informes que dio, sino el parecer de los obis-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 210\ 210\ 210\ 210\ 210\ pos de Mjico y Tlaxcala, y el de los religiosos dominicos y franciscanos, pasaron a la consulta del Consejo de Indias, de cuyo examen emanaron en 1518 varias disposiciones sobre los indios de Nueva Espaa, as esclavos como libres encomendados. Contrayndome ahora a los primeros, porque de los segundos tratar largamente en otra parte, resolviose, que todos los espaoles que tuviesen esclavos los presentasen dentro de un corto plazo, ante la Audiencia de Mjico, o a las justicias de los pueblos, con el ttulo por el cual constase que eran esclavos, asentndose en el registro del escribano; y si la autoridad declaraba que efectivamente lo eran, se les diese un certificado de la tal declaracin: que se castigase a los que supiesen que algunos indios estaban en injusto cautiverio, y no lo manifestasen dentro de cierto trmino: que nadie pudiese herrar su esclavo sin licencia de la justicia, en cuyo poder, y no en el del amo, ni de otra persona, deba estar el hierro; y que quien lo tuviese y herrase esclavo sin la referida licencia, lo perdiese junto con la mitad de sus bienes aplicados al fisco: que los comisarios examinasen todas las provisiones por las cuales se haba autorizado a los espaoles para hacer la guerra y esclavizar a los indios de algunos pueblos y provincias situados en la jurisdiccin de la Audiencia de Mjico, informndose de las entradas hechas en ellos por los cristianos, de los daos ocasionados, y del nmero de indios reducidos a esclavitud; y si conociesen que se proceda con injusticia, revocasen las tales provisiones, y prohibiesen la guerra; pero si la consideraban justa, la dejasen continuar; bien que deban tenerse por libres todos los indios que voluntariamente se sometiesen; dndose cuenta de todo al Supremo Consejo de Indias. La vigilancia del cumplimiento de estas y otras disposiciones, encargose al obispo de Mjico fray Juan de Zumrraga, y al de Tlaxcala, fray Julin Garcs, pues ambos haban sido nombrados protectores de los indios en sus respectivos obispados, por Real Provisin expedida en Burgos a 24 de enero de 1528. Y a fin de que en ningn caso quedasen desamparados aquellos infelices, mandose que por muerte o ausencia de los referidos obispos, ejerciesen las funciones de protectores, los prelados de las "rdenes de Santo Domingo y San Francisco de Nueva Espaa.49He dicho que cuando Nuo de Guzmn fue nombrado presidente interino de la primera Audiencia de Mjico, hallbase gobernando el Pnuco; y para bien apreciar su conducta en el nuevo destino que se le dio, importa conocer las maldades que all cometi. Pnuco fue el nombre que al tiempo de la conquista tena el pas situado hacia el fondo del golfo mejicano, y que lindaba por el norte con el Nuevo Reino de Len y con una parte de la Audiencia de Guadalajara, por levante con el golfo o seno mejicano, por el medioda con la provincia de Tlaxcala y la de Mjico y por el poniente con el reino de Michoacn.50

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JOS ANTONIO SACO /211 /211 /211 /211 /211 No formaba parte de los dominios de Moctezuma, pero en 1520 subyugole Corts, con quien sus caciques se confederaron. Su primer gobernador fue el citado Guzmn, a donde lleg en 1528, y desde que tom el mando, fue uno de los ms crueles azotes de los indgenas, y aun de los mismos castellanos. A poco de su llegada dio cuenta al emperador del estado en que se hallaba aquel pas; y dcese que trat de reprimir la demasiada licencia que haba en dar cdulas para comprar indios, por quien no tena facultad para ello, las cuales siendo cada una de 100, 200, 300, 500 y ms esclavos, l las limit ordinariamente a 20 para los peones y a 30 para los de a caballo, pues si algunas llegaron a 100, fueron muy pocas, concedidas a personas benemritas, y bajo de condiciones tales que slo recayesen en indios verdaderamente esclavos. Manifestole tambin, que como no se le haba prohibido la exportacin de esclavos, permitiola para las islas en cambio de ganados; con lo cual se obtenan dos ventajas: una, que sacando los indios de su tierra y llevndolos a morar entre cristianos, se convertiran ms fcilmente a la fe catlica: otra, que el Pnuco se poblara de los ganados introducidos a trueque de esos esclavos. Expuso, al mismo tiempo, que los que de entre stos se herraban para enviarlos a Mjico, se vendan entonces a peso de Tepuz por cabeza, y que pocos meses antes se haban sacado para aquella capital ms de 4 000; por lo cual orden que el precio de cada esclavo en el Pnuco fuese de 4 pesos de minas, pagaderos en ganados, y no en ropas, vino ni otros artculos; pero suplicaba a S. M. que prohibiese la exportacin de los esclavos para la ciudad de Mjico, porque siendo el Pnuco tierra caliente y aqulla fra, de 100 no se salvaban diez. Inform, por ltimo, que siendo all costumbre el dar 100 esclavos por un caballo, haba mandado que solamente se diesen 15.51Pero este malvado sac del Pnuco dentro de poco tiempo ms de 4 000 esclavos, y sigui exportndolos hasta casi despoblar la tierra.52Muchos de ese nmero introdujronse en La Espaola y otras islas, especialmente en la de Cuba, que despus de la primera era entonces la que ms clamaba por esclavos. As fue que en las instrucciones que dio en 1528 a los procuradores de la ciudad de Santiago enviados a la corte, encargseles que pidiesen al rey el permiso de introducir en aquella Isla esclavos indios de los que tenan por tales los caciques de Santa Marta, Tierra Firme, Hibueras, Yucatn, Nueva Espaa, Pnuco y Ro de las Palmas.53 Negado fue este permiso; pero, como ya hemos visto, ese trfico se haca sin ninguna autorizacin superior; y no obstante, los oficiales reales de Cuba cobraban derechos por los esclavos, pues en 1530 informaron al gobierno que haban percibido el 7 % del valor de los importados de Mjico, lo mismo que de los negros introducidos de Castilla.54

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 212\ 212\ 212\ 212\ 212\ Que de muchos de los parajes mencionados se llevaban esclavos indios a Cuba, confrmalo tambin su teniente de tesorero Pedro de Avedao en la comunicacin que hizo a la emperatriz en 1532 por estar ausente de Espaa su esposo el emperador.55Sedienta Cuba de esclavos pidi de nuevo licencia al gobierno en 1534, para introducirlos de Yucatn y de Pnuco.56 Y al ver la insistencia con que peda ese permiso, bien pudiera creerse que lo necesitaba para introducir esclavos, cuando en realidad esto se haca sin ninguna autorizacin del gobierno. Ni se contentaba con eso; que tambin quiso en aos posteriores que los esclavos entrasen en ella libres de derechos como en todos los dems pases, fundndose en que por este motivo los armadores se retraan de llevarlos a Cuba, a pesar de la necesidad que haba de ellos.57La culpable conducta de Nuo de Guzmn en el Pnuco mereci la censura del electo obispo de Mjico fray Juan de Zumrraga; y digno es de transcribirse aqu el principio de una carta importantsima que aquel prelado elev al emperador en 27 de agosto de 1529. “Luego como esta ciudad llegu, muy poderoso seor, fu informado que la provincia de Pnuco que tiene en gobernacin Nuo de Guzman, estaba destruida y asolada causa de haber sacado della el dicho Nuo de Guzman, vendidos para las islas, mucha cantidad de indios libres naturales della herrados por esclavos; y querindome ms informar de la cosa porque me pareci ser muy daosa y agena de la Real intincion de V.M., he hallado y podido averiguar con verdad, que luego que fu recibido Nuo de Guzman aquella gobernacin, di licencia en general todos los vecinos de aquella provincia para que pudiesen sacar della para las islas 20 y 30 esclavos, lo cual se hizo; y como esta contratacion viniese noticia de los mercaderes y tractantes que por estas islas andan y viesen que era buena granjera, ocurrieron la provincia de Pnuco as por su propio interese, como llamamiento del dicho Nuo de Guzman, que envi fletar navos al puerto desta Nueva Espaa para ello; y desta manera est tan rota la cosa, que aquella provincia est disipada, destruida y asolada, causa de haber sacado della 9 o 10 000 nimas herradas por esclavos, y envindolos las islas; y de verdad, aun yo creo ser mas, porque han salido de all 21 navos y ms cargados, que son estos.—El navo de Andrs de Duero, que se dice la Bretona; el navo de Hernando Zuazo; el navo de Vara, que sali cargado dos veces; el navo de Madrid, vecino de La Habana; el patax de Nuo de Guzman, que sali cargado tres veces; el navo de Cristbal Bezar; Juan Perez de Gijon, mayordomo de Nuo de Guzman, ha sacado dos navos cargados; Juan de Urrutia ha sacado tres navos cargados, con otro de Juan Escudero; Rodrigo de Holvain otro, y Miguel de Ibarra ha sacado cinco navos cargados, y est cargando Alonso Valiente un navo en el puerto de Pnuco; y desta manera han salido otros

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JOS ANTONIO SACO /213 /213 /213 /213 /213 navos, de que ha sucedido tanto dao en la Provincia y admiracin y temor en los indios naturales della, que han propuesto y tomado por mejor remedio, y as esta mandado entre ellos por sus mayores, que despueblen sus pueblos y casas, y se vayan los montes, y que ninguno tenga participacion con su mujer, por no hacer generacion que sus ojos hagan esclavos y se los lleven fuera de su naturaleza; y los vecinos espaoles de aquella villa as lo tienen dicho y depuesto en cierta informacion que Alonso de Estrada segundo Gobernador de aquesta Nueva Espaa hizo en esta ciudad para enviar V.M. juntamente con otros delictos que el dicho Nuo de Guzman haca en aquella gobernacion, cosa absurda y tan nueva, que jams oy ni vi”.58Tal fue Nuo de Guzmn en el Pnuco. Veamos ahora lo que fue, cuando pas a Mjico de presidente de la primera Audiencia. Este nuevo puesto, por ser interino, no le priv de la gobernacin del Pnuco; y as dilatose desde entonces el teatro en que haba de ejercitar sus maldades. Ese teatro fue la vasta regin de Nueva Espaa, cuya significacin es necesario fijar aqu, para saber las provincias que en aquel tiempo comprenda. Haba entre los descubridores y conquistadores altercados y escndalos sobre los lmites de sus gobernaciones, y para removerlos, mand el gobierno en 1528, con parecer de Corts, que en adelante se diese el nombre de Nueva Espaa no slo a todas las provincias que pertenecan a la gobernacin de Mjico, sino al Pnuco, provincia del Ro de las Palmas, Yucatn, Cozumel, Guatemala, con todo lo contenido en sus trminos y gobernaciones.59Llegado a Mjico, Nuo de Guzmn ligose con los dos oidores que sobrevivan, pues los licenciados Parada y Maldonado murieron a los pocos das de su llegada. Guzmn envi desde all muchos esclavos al Pnuco para que fuesen herrados; y vez hubo en que de los introducidos en esta provincia herrronse de un golpe ms de 1 500.60 En breve se elevaron a la corte contra l gravsimas acusaciones, pues temase que Mjico corriese igual suerte a la del Pnuco, cuyo pas estaba ya casi despoblado. Hombre tan malo como Nuo de Guzmn, apandillado con los perversos oidores de la Audiencia de Mjico, agrav la suerte infeliz de los indios de aquella tierra; porque abriendo Guzmn la mano a las licencias que a l y a los oidores se les pedan de todas partes, ya no hubo indio seguro de conservar su libertad. Con tanto escndalo procedi Guzmn, que dio de aguinaldo una cdula de un pueblo, llamado Guazpaltepeque, al contador Rodrigro de Albornoz, cuando torn de Castilla a Mjico, casado con una seora que se deca doa Catalina de Loaysa.61 De las cdulas que entonces se concedan para comprar indios, he aqu una muestra curiosa:

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 214\ 214\ 214\ 214\ 214\ “Por la presente se da licencia a vos Gregorio de Vega para que fuera de los Pueblos que teneis depositados podais resgatar 50 esclavos de los que los indios tienen, e tratan por esclavos, segund e por la orden que ellos se tienen en se captivar; con tanto que luego como les hayais resgatado parezcais ante la persona que tengo sealada para entender en el esmen de los dichos esclavos para que juntamente con el escribano de la Governacion los esamine, al qual mando que tenga registro dellos e que si hallare que son justamente esclavos los yerren con el hierro e marca Real. Fecho a tres de Marzo de mil, e quinientos y veinte y nueve aos.—Nuo de Guzmn.—Por mandado del Capitan general y Governador e Presidente mi seor.—Juan de Torquemada”. Tan grande fue el abuso de conceder estas licencias, que an no eran corridos ocho meses de la llegada a Mjico del presidente y oidores, ya stos haban dado ms de 1 500 cdulas para traficar en esclavos, y muchas de ellas, o las ms a sus amigos, criados y mozos de espuelas en pago de sus servicios. Esas cdulas jugbanse y vendanse, y con tanta urgencia era necesario atajar el mal, que como deca el obispo Zumrraga “si hay dilacin segn la prisa se han dado, presto no ser menester remedio”.62Al abuso criminal de las licencias aadanse otras dos maldades. Una, la de estar el hierro con que se marcaban los esclavos en poder de personas confabuladas con los gobernantes para herrar a muchos indios libres.63 Otra, que los oidores de aquella Audiencia mandaron pregonar que ningn indio fuese osado de ir a quejarse al obispo Zumrraga so pena de muerte, ni ningn espaol so pena de prendimiento de los indios que poseyesen. Adems mandaban traer indios, y sin examen los herraba el doctor Hogeda, que era quien tena el hierro, y de la parcialidad de los oidores.64Las justas reclamaciones del obispo de Mjico en favor de los indios, enfurecieron al presidente y oidores de la Audiencia de Mjico. Vomitaron stos contra l atroces calumnias, pues no podan perdonarle que predicase en sus sermones que se convirtiese y conservarse a los indios, suspendiendo las suntuosas obras que continuamente hacan a costa de ellos; que no los robasen ni matasen como suceda; y que deban restituirse a la libertad, tantos millares de indios injustamente esclavizados.65Bajo el nombre de chichimecas existan al poniente de Mjico, extendindose por largo espacio de norte a sur, unas tribus o naciones a las que Corts haba mandado hacer guerra y esclavizar, si despus de requeridas rehusaban someterse a la dominacin de Castilla.66 Tales rdenes no pudieron tener cumplida ejecucin, e indmitos permanecieron esos pueblos durante algunos aos. Luego que Nuo de Guzmn supo por cartas de Espaa que se haba nombrado nueva Audiencia para Mjico, y que a l se le haba quitado su presidencia,67 resolvi hacer la guerra a los chichimecas para alejarse de aquella capital, y contra ellos

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JOS ANTONIO SACO /215 /215 /215 /215 /215 march despus de haber nombrado por su teniente para la gobernacin del Pnuco a Lope de Mendoza. Devast campos, cort narices y orejas, y quem indios y pueblos. Uno de aquellos fue el cacique Cazonci,68 y otro un indio que andaba vestido de mujer y que confes ganar su vida, prestndose con los hombres a las funciones del sexo femenino.69 Guzmn dio tambin por esclavos los naturales de Xalisco o Nueva Galicia y los de otras partes de aquella tierra. Por su mandado, Gonzalo Lpez esclaviz en septiembre y diciembre de 1530 en algunos pueblos 1 000 hombres, mujeres y nios, habindolos herrado. ste, despus de deducido el quinto del rey, repartiolos entre su gente, exigiendo por cada indio 1 peso, que l deca ser para el fisco, pues cada uno fue apreciado en 5 pesos.70Las Casas eleva su nmero a 4 560 entre hombres, mujeres y nios desde 1 ao a los pechos de sus madres hasta menos de catorce; siendo de advertir que algunos le salieron a recibir de paz.71La opresin de los indios y los desrdenes cometidos por la primera Audiencia de Mjico haban llegado a su colmo. Quitose al fin su presidencia a Nuo de Guzmn. Nombrse otra Audiencia compuesta de los licenciados Alonso, Maldonado, Vasco de Quiroga, Francisco Ceynos, y Juan de Salmern, dndose la presidencia al dignsimo obispo don Sebastin Ramrez de Fuenleal, que a la sazn ocupaba la misma plaza en la Audiencia de La Espaola.72 Partieron los oidores de Sevilla el 15 de septiembre de 1530, y llegaron a Mjico a principios de 1531; pero como Ramrez se hallaba en Santo Domingo, lleg a Nueva Espaa poco despus que sus compaeros. Esta nueva Audiencia no fue un simple tribunal investido solamente de atribuciones judiciales; que disele tambin, a semejanza de la de Santo Domingo, un gran poder poltico y administrativo para dirigir los arduos asuntos de Nueva Espaa, pues receloso el gobierno de la conducta de Corts, aunque el emperador le recibi afectuosamente y premi sus eminentes servicios con el ttulo de marqus de Oajaca y con otras liberalidades, no se le concedi la gobernacin de Nueva Espaa, sino tan slo el nombramiento de capitn general en los negocios militares, cuyas funciones desempe despus que torn a aquel pas. Importantes fueron las instrucciones que llev a aquella Audiencia, y entre ellas se le orden, que para impedir los males que en Nueva Espaa se cometan en el modo de hacer esclavos, no se hiciesen en adelante por ninguna va ni causa; que se empadronasen todos los de Nueva Espaa, para que no se sacasen ni vendiesen de una provincia a otra; y que esas rdenes se publicasen y ejecutasen con el mayor cuidado, bien que no eran extensivas a los esclavos que los indios tenan entre s, segn su antigua usanza, pues sobre esto deba la Audiencia tomar particular informacin y proveer lo que juzgase ms conveniente.73

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 216\ 216\ 216\ 216\ 216\ El presidente Ramrez de Fuenleal cumpliendo con rectitud y firmeza las rdenes del gobierno, no slo proscribi el uso brbaro del hierro, sino el de hacer esclavos.74 Esta medida, aunque contrada solamente a Nueva Espaa, honrosa fue a Carlos V; pero justo es reconocer que sin los nobles sentimientos y acrisolada probidad de don Sebastin Ramrez de Fuenleal, jams se hubiera ejecutado; pues luego que l sali de Mjico, los males renacieron con todos sus antiguos horrores. El cronista Antonio de Herrera dice, que desde entonces ya en Nueva Espaa no hubo ms esclavos, ni tomados en guerra ni por otra causa75 Yo me asombro de tamaa aseveracin, porque el mismo Herrera en sus Dcadas ofrece las pruebas de lo contrario, segn se ver en la narracin de los futuros acontecimientos de Nueva Espaa. Sin la entereza del presidente Ramrez de Fuenleal, la Audiencia de Mjico no hubiera cumplido el decreto que prohiba se hiciesen esclavos en Nueva Espaa, pues el licenciado Salmern, uno de los oidores de ella, escribi al Consejo de Indias, en carta de Mjico de 1531, que convendra dejar algn arbitrio para hacer esclavos que sirviesen en las minas a los que despus de sometidos sublevasen sin causa.76Como entonces se hallaba Nuo de Guzmn en la guerra contra los chichimecas, enviole la nueva Audiencia de Mjico la provisin real para que no hiciese ms esclavos. La misma remiti tambin al gobernador del Pnuco, donde toda la granjera consista en vender esclavos a Cuba y a otras islas.77No se rompe de un golpe con los abusos profundamente arraigados y sostenidos por el inters. As fue que la ciudad de Compostela en la Nueva Galicia pidi al gobernador Nuo de Guzmn que consintiese esclavizar a los indios de guerra que se rebelaran; pero ya l haba acudido a la emperatriz por ausencia del emperador, desde dicha ciudad a 12 de junio de aquel ao, hacindole igual peticin. Expsole que la real provisin sobre la libertad de los esclavos se haba pregonado donde era posible; mas, no en la villa de San Miguel que distaba 110 leguas de Compostela, por no estar bien pacfica; y alegando otras razones, continuaba: “Dr lo que siento en esto. An no hay pueblos formados, pues andamos en ranchos disponiendo hacer casas, y ya se quieren establecer leyes como en la Nueva Espaa conquistada ha 12 aos con puerto y comercio de Castilla, y mucho oro y plata. No se hagan esclavos por va de guerra Cmo quiere V.M. que se puedan conquistar estas partes si los contumaces y rebeldes no han de tener castigo, y los que trabajan, premio fruto de sus trabajos en alguna cosa? Y cmo se han de pacificar los conquistados si se rebelan, sino tienen temor de la pena? Y cmo han de querer ir los cristianos reducillos obediencia si algun interese no tienen de su trabajo? Con qu quiere V.M. que compren el

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JOS ANTONIO SACO /217 /217 /217 /217 /217 caballo que les matan y las armas, y el comer, el vestido, y calzar y otros gastos muchos que se ofrecen? Y las heridas que les dan, con qu las han de curar? Especialmente de guerra y conquista que tan poco interese se ha havido, y con gente tan indmita y sin razon, y que tambien merece cualquier pena, cmo irn de buena gana una y dos y tres veces si ningun premio han de haber ni los culpados castigos?”78Llegamos a la poca de los virreyes en Nueva Espaa. Don Antonio de Mendoza, hermano del marqus de Mondejar, fue el primer nombrado en 1535; y por las instrucciones que se le dieron en Barcelona a 25 de abril de aquel ao, mandsele que viese el modo de esclavizar que tenan los caciques, gobernadores y capitanes espaoles; que si las medidas anteriormente dictadas para no cargar con exceso a los indios no bastaban a impedirlo, l ordenase lo conveniente atendiendo al buen tratamiento y conservacin de ellos, y al aumento del trato y comercio de la repblica; que sobre el modo de hacer la guerra y esclavizar a los indios cogidos en ella, se haban dado muchas disposiciones; que averiguase si se cumplan, y as se le encarg “como cosa muy importante al servicio de Dios e nuestro, e que deseamos mucho acertar y por descargo de nuestra Real conciencia cerca dello me embieis relacion verdadera de lo que en esto pasa y de lo que os parece y conviene que en ello se provea para reducir los naturales de aquella provincia nuestra santa f, y ponerlos en nuestro seoro y obediencia; por manera que cesen las muertes e robos e otras cosas indebidas que se han hecho en la dicha conquista, y en captivar y haber por esclavos los dichos indios”.79Preocupada la atencin del virrey con el asunto de la esclavitud de los indios de Nueva Espaa, propuso al obispo Zumrraga dos dudas, pidindole francamente su parecer. El obispo contestole: “quanto la primera dubda, si es justo que se hagan esclavos de rescate en esta tierra, digo que hasta agora yo no s ley Divina, natural, ni positiva, ni humana, eclesistica, ni civil, por donde estos naturales desta tierra, segn su condicin, sean al presente as hechos esclavos y pierdan la libertad rebus stantibus ut nunc ”. En cuanto a la segunda duda sobre si deban hacerse esclavos de guerra, respondi en los trminos siguientes: “digo que si tuviese poder hara que no se pudiesen hacer, y esto sera escusando y aun vedando hacer guerra los indios que no nos la hacen, y nunca han entendido y aun quiz odo de la F, y creyendo que la buena guerra conquista, sera la de las almas, enviando Religiosos ellos como Cristo envi sus Apstoles y discpulos de paz, que poco poco penetrasen sus tierras y moradas yendo edificando Iglesias y no entrando de golpe entrellos, como se ha visto por experiencia de los que fueron con Narvez... por lo qual plega Nuestro Seor que yo no vea ni oya en esta Nueva Espaa ni otros indios hacer guerra qual hasta agora comunmente se ha he-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 218\ 218\ 218\ 218\ 218\ cho, que ms propiamente se puede llamar carnicera, ni segn la condicin de los que conquistan tengo esperanza que sera ms justificada la que de aqu adelante se hiciese, porque ya que las instrucciones de S.M. son cathlicas y justas, la gran cobdicia de los que hacen la guerra no deja guardarlas”.80El virrey Mendoza, cumpliendo con sus deberes, inform al gobierno, que Nuo de Guzmn hizo herrar en Nueva Galicia a muchas mujeres y nios contra lo mandado por el emperador; que compraba a bajo precio los esclavos del quinto de S.M. para revenderlos con provecho suyo; que tomaba para s el sptimo de todos los esclavos. Y finalmente que se serva de indios libres en las minas, reduciendo a esclavitud a los que de Mjico se llevaban.81Permaneca ese malvado en la gobernacin de la Nueva Galicia, pero tan numerosas fueron las quejas que de sus maldades llegaron a la corte, que el gobierno le quit el mando en 1536, sometindole a un juicio de residencia. Por auto de la Audiencia de Mjico prendisele y secuestrronsele los bienes. All estuvo ms de un ao hasta que lleg la orden de que bajo de fianza pasase a Espaa y se presentase al Consejo de Indias con su residencia; “pero como —segn dice el cronista Herrera— en la Corte no faltan poderosas intercesiones, no pag sus culpas, como mereca”.82 En aos posteriores, cuando por segunda vez torn a Espaa Hernn Corts, pudo conseguir que su enemigo Nuo de Guzmn fuese de alguna manera castigado, y efectivamente condensele en 1541 a pagar muchos millares de ducados.83Los que queran esclavizar a los indios, invocaron sin saberlo, desde el principio de la conquista, la mxima en que Aristteles se fund para decir que haba esclavos por naturaleza. La torpeza e incapacidad de los indios era el gran argumento de los conquistadores para esclavizarlos, pues alegaban que por s solos no podan convertirse ni gobernarse; y aun hubo algunos que pretendieron negarles hasta la calidad de hombres, la civilizacin que los espaoles encontraron en los indgenas de Nueva Espaa oponase a tales ideas; mas, esto nada importaba al inters de los conquistadores. En contradiccin con ellos estaban el gobierno, los religiosos y los obispos de Nueva Espaa, y uno de stos, cual fue el de Tlaxcala fray Julin Garcs, escribi al pontfice Paulo III en 1536 una larga carta en elegante latn en que le manifestaba la aptitud de aquellos indios para abrazar el cristianismo y adquirir los dems conocimientos que se quisiese inculcarles. Esa carta y los informes que dio al mismo Papa fray Bernardino de Minaya, comisionado cerca de su santidad, a instancias del virtuoso fray Domingo de Betanzos y del prelado de los religiosos dominicos de Nueva Espaa, indujeron a Pablo III a expedir sin demora en junio de 1537 una Bula de eterna memoria, para que se ejecutase en todos los pases del Nuevo Mundo. Dice as:

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JOS ANTONIO SACO /219 /219 /219 /219 /219 “Paulo, Papa Tercero, todos los Fieles Christianos, que las presentes Letras vieren, salud, y bendicion Apostlica. La misma verdad, que ni puede engaar ni ser engaada, quando embiaba los Predicadores de su F, exercitar este Oficio, sabemos que les dixo: Id, y ensead todas las Gentes. A todas (dixo) indiferentemente, porque todas son capaces de recibir la enseanza de nuestra F. Viendo esto, y embidiando el comun enemigo de el Linage Humano, que siempre se opone las buenas obras, para que perezcan, invent un modo, nunca antes oido, para estorvar, que la Palabra de Dios, no se predicase las Gentes, ni ellas se salvasen. Para esto movi algunos Ministros suios, que deseosos de satisfacer sus codicias, y deseos, presumen afirmar cada paso, que los Indios de las partes Occidentales, y los de el Medioda, y las dems Gentes, que en estos nuestros tiempos han llegado nuestra noticia, han de ser tratados y reducidos nuestro servicio, como Animales Brutos, ttulo de que son inhbiles para la F Catlica, y so color, de que son incapaces de recibirla, los ponen en dura servidumbre, y los afligen, y apremian tanto, que aun la servidumbre en que tienen sus Bestias, apenas es tan grande, como la con que afligen esta Gente. Nosotros, pues, que aunque indignos, tenemos las beces, de Dios en la Tierra, y procuramos con todas fuercas hallar sus Obejas, que andan perdidas fuera de su Rebao, para reducirlas l, pues es este nuestro Oficio, conociendo que aquestos mismos Indios, como verdaderos Hombres, no solamente son capaces de la f de Christo, sino que acuden ella, corriendo con grandsima promptitud, segun nos consta, y queriendo proveer en estas cosas de remedio conveniente, con Autoridad Apostlica, por el tenor de las presentes, determinamos, y declaramos, que los dichos indios y todas las dems Gentes, que de aqu adelante vinieren noticia de los Christianos, aunque estn fuera de la F de Christo, no estn privados, ni deben serlo de su libertad, ni de el dominio de sus bienes, y que no deben ser reducidos servidumbre, declarando, que los dichos Indios, y las dems Gentes, han de ser atraidos, y combinados la dicha F de Christo, con la Predicacin de la Palabra Divina, y con el exemplo de la buena vida. Y todo lo que en contrario de esta determinacion, se hiciere, sea en s de nngun valor, ni firmeca no obstantes qualesquier cosas en contrario, ni las dichas, ni otras en qualquier manera. Dada en Roma, Ao de 1537, los nueve de Junio, en el Ao, tercero de nuestro Pontificado”.84Cuando esta bula lleg al Nuevo Mundo, hallbase Las Casas en Guatemala, y su placer fue tan grande, que del latn la tradujo en castellano, y enviola a los religiosos que se hallaban en muchas de aquellas provincias, para que la comunicasen a los pobladores espaoles. Tan interesado estaba Paulo III en la libertad de los indios, que adems de la bula anterior dirigi un Breve al cardenal arzobispo de Toledo,

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 220\ 220\ 220\ 220\ 220\ primado de Espaa, don Juan de Tabera. “Ha llegado —le dijo—, nuestros oidos, que nuestro muy amado hijo en Cristo, Carlos, l siempre Augusto Emperador de Romanos, y tambien Rey de Castilla y de Len, a fin de reprimir los que devorados por la codicia, tienen una inhumana intencion contra el gnero humano, ha prohibido por un edicto pblico todos sus sbditos que esclavicen priven de sus bienes los indios Occidentales o Meridionales”.85 Pero esta bula corri la misma suerte que las leyes dictadas por el Gobierno espaol en favor de los indios, pues la esclavitud sigui pesando sobre ellos, as en Nueva Espaa como en las dems colonias. En la provincia de Tabasco como en otras partes, herraban a los esclavos indios que se compraban. Esto ocasion graves males, pues por toda la jurisdiccin de aquella tierra andaban los espaoles, comprando con cacao y otros artculos, no indios esclavos, sino libres, que despus de herrados los embarcaban para Veracruz, muriendo en la navegacin todos, o la mitad.86Ms lamentable era todava la suerte de Yucatn. Francisco de Montejo87 con el ttulo de adelantado pas a gobernar aquella provincia en 1527, y como careca de minas, dironse l y su gente al trfico de esclavos indios, pues siendo tierra muy poblada sacaban gran provecho de su venta. Acudieron muchas naves al olor de ese comercio y permutbanse los esclavos por vino, vinagre, aceite, caballos y otros artculos que necesitaban los espaoles. Entre 50 o 100 muchachas indias, o igual nmero de varones, escoga el comprador el que mejor le pareca, dando por l una arroba de vino, de vinagre, de aceite, o un tocino; y casos hubo en que se vendi un muchacho indio por un queso y 100 por un caballo. Con tanta insolencia e inmoralidad se haca ese trfico, que un castellano se jact una vez de decir delante de un respetable religioso, que l trataba de fecundar cuantas indias poda, porque as las venda a ms caro precio.88En cierta ocasin quejose Montejo al emperador de que se le hubiesen declarado libres, no slo los esclavos que haba enviado a Nueva Espaa en un bergantn para comprar algn herraje con su importe, sino aun a todos los que cuatro aos antes, haban sido herrados por esclavos,89 no obstante de haber expuesto al presidente y oidores de la Audiencia de Mjico, que por uno de los artculos de la capitulacin que l haba ajustado con el gobierno, estaba autorizado para hacer esclavos de guerra y comprarlos a otras personas. Y conclua manifestando que no habindose encontrado oro en Yucatn, la gente castellana que haba pasado tantos trabajos en aquella tierra durante siete aos, desmayara al verse privada de esclavos, nico provecho que sacaba. El trfico de esclavos en Yucatn dur en toda su fuerza hasta el ao de 1535 en que permaneci Montejo en esa provincia, habiendo partido

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JOS ANTONIO SACO /221 /221 /221 /221 /221 para Mjico, ya por haber muerto mucha de la gente que haba llevado, ya por haberse marchado otra al Per atrada de la fama de sus riquezas. Pero no se crea que la salida de Montejo de Yucatn fuese el trmino de la esclavitud de sus naturales, pues ella sigui lo mismo que antes.90 Los religiosos de Yucatn informaron tambin al emperador que el licenciado Herrera, nombrado por el gobierno para ejecutar las Nuevas Leyes en aquella gobernacin, ni quiso dar libertad a los esclavos, ni tasar tributos; y que entonces estaban los indios como 11 aos antes, en cuyo tiempo no haban tenido persona que por ellos mirase.91Dolorosa era igualmente la situacin en otras partes de Nueva Espaa. La Audiencia de Mjico escribi al emperador en julio de 1541, que los espaoles que tenan naborias, no slo se servan de ellos como esclavos, sino que los vendan por tales: mal que deba remediarse. Entonces tambin se le pidi que ningn cacique esclavizase a sus indios, ni los vendiese. Tres aos y medio despus, o sea el 11 de marzo de 1545, el licenciado Tejada escribi al emperador desde Mjico manifestndole la necesidad de castigar el delito muy comn que en Nueva Espaa cometan los principales y mercaderes indios, hurtando a los libres, y vendindolos de una parte en otra como hacan con sus mantas y maz. Ya hemos visto que Nuo de Guzmn sali de Nueva Galicia. Sucediole de gobernador en 1538 Francisco Vzquez de Coronado, y aunque no tan cruel con los indios como su antecesor, tratolos siempre mal, a pesar de las instrucciones que el virrey Mendoza le dio, inspiradas por humanos sentimientos del padre Las Casas. stos empezaron a prevalecer en los ulteriores descubrimientos que en la Nueva Galicia se hacan, no por gente armada, sino por algunos religiosos; pero como la conducta de los espaoles contrariaba las buenas intenciones de los misioneros, y los indios haban sido vctimas de los primeros, no tard mucho en que se sublevasen, ligndose con los chichimecas. Mataron entre espaoles y negros hasta 30, siendo uno de ellos un fraile de San Francisco; derribaron dos monasterios, quemaron las cruces y profanaron las imgenes.92 Alzados los pueblos, la Audiencia de Nueva Espaa, a pedimento de los vecinos de la villa de Guadalajara, mand hacer a los sublevados guerra a fuego y sangre, declarando esclavos a cuantos de ellos se cogiesen, excepto las mujeres y nios de 14 aos abajo.93Tom esta insurreccin tan grandes proporciones, que el virrey Mendoza prepar un ejrcito de 50 000 indios aliados y de muchos castellanos, con los cuales march desde Mjico en octubre de 1542 a sofocar la rebelin. Muchos indios de la Nueva Galicia fueron entonces matados o hechos prisioneros, de los cuales no quiso el virrey que ninguno fuese esclavizado;94 pero no as respecto de los chichimecas, pues la refriega habida con ellos, los presos de 14 aos arriba fueron declarados por esclavos y repartidos entre la gente, no obstante que los

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 222\ 222\ 222\ 222\ 222\ religiosos se opusieron, a quienes dijo el virrey, que no poda impedirlo, ya por el ejemplo que deba darse, ya por los atroces delitos que los chichimecas haban cometido, si no se les castigaba.95 Entonces fue cuando Bartolom de las Casas escribi en latn un tratado, que an se conserva indito, sobre los esclavos hechos en esa guerra: tratado en que lejos de aprobar, censuraba la conducta del virrey Mendoza.96La 21 de las Nuevas Leyes inserta en otro captulo, prohibi que se hiciesen esclavos indios en las colonias del Nuevo Mundo. Para la ejecucin de esas leyes97 en Nueva Espaa, comision el gobierno al licenciado don Francisco Tello de Sandoval, miembro del Consejo de Indias, y digno de tal encargo; pero tan grande fue la resistencia que aquellas leyes encontraron en los conquistadores, que fue necesario suspenderlas o revocarlas. Para impedir turbulencias mientras llegaba la resolucin del monarca, convoc Sandoval en la ciudad de Mjico un snodo o junta de prelados y personas doctas a la que tambin fue llamado fray Bartolom de las Casas, que a la sazn se hallaba de obispo en la ciudad de Chiapa. Congregada esa junta en 1546, de la que dar ms amplia noticia cuando trate de las encomiendas discutironse diversos puntos, y aunque favorables a los indios, Las Casas no qued satisfecho, porque no se trat de la esclavitud de ellos con la seria atencin que l deseaba, pues a pesar de haberlo propuesto diferentes veces, siempre se haba eludido su examen. Manifest su descontento al virrey Mendoza, “quien francamente le contest que aquello se callaba por razn de estado, y que l mismo haba mandado se dejase sin resolver”. Guard Las Casas silencio por entonces; mas, predicando pocos das despus delante del virrey, cit aquel pasaje de Isaas en que representa al pueblo de Israel descontento de que le sealen el buen camino, y rehusando or su ley, y diciendo a los que ven que no vean, a los que miran que no miren lo que es bueno, y a los que le hablan que le hablen cosas agradables.98 Coment estas palabras con tan persuasiva elocuencia, que el virrey, haciendo justicia a las eminentes virtudes de Las Casas, que siempre haba respetado, no slo permiti que en su convento se congregasen todas las juntas que quisiesen para tratar de la esclavitud de los indios y de cuantos ms puntos juzgase conveniente al bien de ellos, sino que le ofreci recomendar al rey los acuerdos de la junta para que se ejecutasen. En consecuencia volvieron a reunirse los mismos individuos de la anterior, excepto los obispos, y en ella se declar, que los esclavos deban considerarse como ilegalmente hechos: que sus poseedores eran tiranos ; y que estaban obligados a libertarlos. Pero como estas decisiones no tenan fuerza de ley, contentronse sus miembros “con dar entender a los espaoles la verdad, y dezirles lo que les era necesario para su salvacion, que no estaban obligados ms”.99 Tratose tambin en esta junta de los requerimientos los cuales fueron condena-

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JOS ANTONIO SACO /223 /223 /223 /223 /223 dos como una de las ms grandes injusticias cometidas con los indios; y entonces fue cuando uno de los miembros de la junta expuso, como testigo de vista, la manera que se hacan. “A la noche —dijo— con un tambor en el real entre los soldados deca uno de ellos: a vosotros los indios de este pueblo os hacemos saber que hay un Dios, un Papa, y un rey de Castilla, a quien este Papa os ha dado por esclavos, y por tanto os requerimos que vengis a dar la obediencia, y a vosotros en su nombre, so pena de que os haremos guerra a sangre y fuego. Al cuarto del alba daban en ellos cautivando los que podan con ttulo de rebeldes, y a los dems los quemaban o pasaban a cuchillo: robndoles la hacienda, y ponan fuego al lugar”.100Disuelta la junta, embarcose Las Casas para Espaa a principios de 1547, donde renunci despus al obispado de Chiapa para consagrarse con ms fruto a la defensa de los indios. El 2 de diciembre de 1547 falleci Hernn Corts en el pueblo de Castilleja de la Cuesta, cerca de Sevilla, habiendo otorgado su testamento en esta ciudad a 11 de octubre del mismo ao. Intil es decir que cuando tantos espaoles tenan indios esclavos, l no los tuviese tambin; pero honroso es a su memoria recordar que le asaltaron escrpulos antes de su muerte, pues en su testamento insert la clusula siguiente: “tem. Porque acerca de los esclavos naturales de dicha Nueva Espaa, as de guerra como de rescate, ha habido y hay muchas dudas y opiniones s se han podido tener con buena conciencia no, y hasta ahora no est determinado: Mando que todo aquello que generalmente se averiguase, que en este caso e debe hacer para descargo de las conciencias en lo que toca a estos esclavos de la dicha Nueva Espaa, que se haya y cumpla en todos los que yo tengo, encargo. Y mando D. Martin, mi hijo subcesor, y los que despues dl subcedieren en mi Estado, que para averiguar esto hagan todas las diligencias que conbengan al descargo de mi conciencia y suyas”.101Segn esta clusula, Corts dudaba de la justicia de la esclavitud de los indios, y para la tranquilidad de su conciencia hubiera sido ms acertado que hubiese declarado libres a cuantos esclavos indios posea, sin aguardar ulteriores informaciones, pues l no poda ignorar que los religiosos de las "rdenes de Santo Domingo, San Francisco y San Agustn en la Nueva Espaa, todos haban unnimemente concertado no absolver a ningn espaol que tuviese indios por esclavos, sin que primero los llevase a examinar ante la Real Audiencia conforme a las nuevas leyes.102La esclavitud de los indios de Nueva Espaa era objeto de algunas dudas de parte de la Audiencia de Mjico. Haba sta consultado al monarca en aos anteriores la incertidumbre en que se hallaba, porque vista la flaqueza de los indios y su facilidad en delinquir, si bien no

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 224\ 224\ 224\ 224\ 224\ poda dejrseles impunes, tampoco era justo ejecutar con ellos todo el rigor de la ley: por lo cual ella opinaba que en los delitos que legalmente deban castigarse con la muerte, esta pena se conmutase en la de esclavitud, herrando a los que incurriesen en ella. Esta consulta fue acogida por el emperador, aprobada la propuesta de la Audiencia. Publicose despus la ley ya mencionada prohibiendo que de ninguna manera se esclavizase en adelante a los indios. Aquella Audiencia hizo entonces nueva consulta en 17 de marzo de 1545, porque si se impona la pena de muerte, cometera una crueldad en ciertos casos; y si para no cometerla, condenaba al culpable a esclavitud, quebrantara la nueva ley. De esta manera, aquella Audiencia so color de humanidad abogaba indirectamente por la esclavitud. Esforzaba sus dudas en otra consulta que hizo en 1548, pues aada: que ningn espaol quera ir a la guerra contra indios alzados sin poderlos esclavizar, especialmente a Nueva Galicia, donde aqullos eran muy pobres. Deca tambin que no pudiendo condenarse a muerte los indios delincuentes por la razn que haba expuesto, ni tampoco esclavizarlos por prohibirlo la ley, eran condenados a servicio; pero como ya no podan ser herrados, huanse todos sin haber medio de conocerlos para recobrarlos. De esta manera, “los delitos quedan sin castigo, y los que arrendaron el servicio, defraudados de lo que dieron”. A esta consulta contest el emperador, que se guardasen las leyes del reino, y que la Audiencia procurase, conformndose a ellas, aumentar o disminuir las penas segn la calidad de las personas. Esta respuesta indica la perplejidad en que el monarca se hallaba, pues sin resolver nada decisivamente, todo lo dej al arbitrio de aquella Audiencia.103Pregunt ella tambin entonces lo que deba determinar acerca de los esclavos herrados que pedan su libertad sin probar que eran hijos de padres libres, mientras que el poseedor mostraba el ttulo de compra: porque si se les daba libertad en ese caso, el monarca estara obligado a satisfacer al dueo el valor que dio, puesto que se herraron con el hierro del rey, y ste goz de los quintos y derechos. A todo esto contest el emperador que se estuviese a lo acordado.104Con desprecio de las leyes segua pesando la esclavitud sobre los indios de Nueva Espaa, y esta triste verdad aparece de una carta que el doctor Quesada, oidor de la Audiencia de Mjico, elev al emperador en 30 de octubre de 1550. Dice en uno de sus fragmentos: “De las minas de Tasce, Gultepeque, y Gumpango Izmiquilpa, y Ayuteco, y otras partes vienen cada dia pedir libertad muchos indios tenidos por esclavos. Lo corriente es si estn herrados, dejarlos en depsito los dueos segun lo piden mientras se conoce de la causa. Llvasele y por lo comun alli acaba la causa y el indio queda como ntes

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JOS ANTONIO SACO /225 /225 /225 /225 /225 y peor por la enemistad que la queja caus en el amo. Con estas y otras vas indirectas estorban el cumplimiento de las justas provisiones de V.M. Mndese no pueda sacarse de la ciudad indio sobre cuya libertad se trata, y que sus causas sean sumarias, etctera”.105Las minas de que habla el doctor Quesada, as como las de otros pases, fueron la tumba ms espantosa de los indios libres y esclavos. Toribio de Motolinia, hablando de las de Nueva Espaa, pinta la mortandad que ocasionaban en los indios como una plaga asoladora. “Y destos, y de los esclavos que murieron en las minas fue tanto el hedor que caus pestilencia, en especial en las minas de Guaxacan, en las quales media legua la redonda y mucha parte del camino apenas se poda pisar sino sobre hombres sobre huesos. Y eran tantas las aves y cuervos que venan comer sobre los cuerpos muertos que hacan gran sombra el Sol”.106Para castigar los malos tratamientos de los indios, mand el monarca que el licenciado Diego Ramrez visitase ciertas provincias de Nueva Espaa.107 El segundo virrey, don Diego Luis de Velasco, que lleg a Mjico en 5 de diciembre de 1550, nombr tambin una comisin para que visitase los distritos de los obispados de la Nueva Galicia y de Mechoacn. De una carta que el licenciado Diego Ramrez escribi al emperador en 1551, aparece que el licenciado De la Marcha, uno de los cuatro oidores de la primera Audiencia de la Nueva Galicia, a pesar de la visita que hizo, no puso en libertad a ningn indio esclavo ocupado en las minas en excesivos servicios personales, o en otras tareas, ni tampoco a los naborias que servan como esclavos.108Ms triste es todava la relacin que de la Nueva Galicia hizo en 4 de mayo del mismo ao, el religioso franciscano fray Rodrigo de la Cruz. Escuchmosle: “Es indecible el dao que los Espaoles han hecho en este Reyno con tanta muchedumbre de esclavos que herraron, y con tantos servicios y mal tratamiento”. “El valle de Vanderas cerca del mar, as llamado, porque cuando los cristianos entraron, sali gran multitud de indios con vanderas recibilles, se ha ido disminuyendo hasta lo sumo; pueblo hay que ha 3 aos era de 600 hombres, y ahora de 70. El valle de Mazconlan de mucha gente ha venido un solo pueblo de 300 hombres. As es en toda la tierra, de cuya gran poblazon dan seas las sierras aun las estriles que labravan para pan”.109Cuando estas cosas pasaban, ya Carlos V haba fulminado un nuevo anatema contra la esclavitud de los indios de Nueva Espaa; y queriendo esta vez que sus rdenes se ejecutasen mejor que antes, dirigi una carta circular en Valladolid a 7 de julio de 1550 a los religiosos de la Orden de San Francisco en esta Nueva Espaa, para que ellos avisasen a los indios esclavos que acudiesen a pedir su libertad. Documento

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 226\ 226\ 226\ 226\ 226\ importantsimo en que aparece todo el empeo que aquel monarca tena en sacar de la esclavitud a los indgenas de Nueva Espaa.110Muy laudables eran las intenciones del gobierno y a pesar de los esfuerzos de los religiosos franciscanos por secundarlas, encontraron graves dificultades, pues el inters de los amos buscaba subterfugios para mantener a los indios en la esclavitud. De aqu naci la consulta que como protector, procurador o proveedor de ellos hizo el doctor Melgarejo al emperador, en 1551, sobre ciertas dudas que se reducan a si en la Nueva Espaa haba habido esclavos bien hechos, o todos mal hechos, y si en este caso, todos indistintamente debieran libertar. Del tenor de esa consulta aparece que el doctor Melgarejo era partidario de la esclavitud, pues ataca a los enemigos de ella en las siguientes palabras. “Han querido decir, fundar y sustentar que no haya esclavos de derecho divino, ni los pueda haber, y que esta tierra V.M. la ha tenido y tiene tiranizada, y por consiguiente todos los esclavos que en ella se hicieron tiranizados y mal hechos, contra los quales y as contra el obispo don fray Bartolom de las Casas y contra sus consortes y secuaces, y contra sus falsos errneos herticos fundamentos...”.111Si en el asunto de la esclavitud de los indios hubiese habido justicia y buena fe en los gobernantes del Nuevo Mundo, dirimdose hubieran todas las cuestiones con la Real Cdula de 1553 enviada a la Audiencia de Mjico. Dice as: “Las Audiencias de Indias, llamadas las partes, sin tela de juicio, sumaria, y brevemente, sola la verdad sabida pongan en libertad a los indios, que se hubiesen hecho esclavos contra razn y derecho, y contra las provisiones, e instrucciones por nos dadas, si las personas que los tienen por esclavos, no mostrasen incontinenti ttulo de como los tienen, y poseen legtimamente, sin esperar ms probanza, ni haver otro ms ttulo, y sin embargo de cualquier posesion que haya de servidumbre, ni que estn herrados, aunque no se pruebe por los Indios cosa alguna, y tengan carta de compra, otros ttulos los poseedores de ellos: porque estos tales por la presumpcion, que tienen delibertad en su favor, son libres como vasallos nuestros”.112Esta cdula fue general para todas las Indias, y no obstante de ser tan terminantes sus palabras, esclavos quedaron indios que debieron ser libres. La mencionada consulta del doctor Melgarejo dio margen a graves abusos que an existan en 1554; ao en que el virrey Velasco escribi al gobierno en 7 de febrero, manifestndole que la Real Orden de 3 de septiembre de 1552, en que se mandaba que los indios esclavos sobre cuya libertad haba litigio, se depositasen en sus mismos amos, siendo vecinos de Mjico, ocasionaba engaos y malos tratamientos de parte de stos; pues algunos se concertaban con los esclavos para que les sirviesen por cierto tiempo, como de uno a cinco aos dndoles de comer y

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JOS ANTONIO SACO /227 /227 /227 /227 /227 8 reales al mes; y si eran casados, alimentando a sus mujeres y gratificndolas con 4 reales mensuales. Pero lo notable es que, a pesar de haber denunciado Velasco esos fraudes, confiesa que tanto l como las dems autoridades de Mjico los toleraban y consentan. Muchos que eran tenidos por esclavos, haban pedido y alcanzado su libertad; y como adems de estar herrados, se alegaba que todos o la mayor parte de sus dueos los haban posedo con ttulo y buena fe; y otros los haban comprado en pblica almoneda y pagado al rey el quinto de su valor, habiendo dado por ellos algunos oficiales reales 20O y 300 pesos, de cuyo producto se sustentaban; suscitronse contrarios pareceres sobre si se condenara a los amos que de ellos se haban servido a pagar salarios. Por este motivo, aquella Audiencia suplic al gobierno que le enviase expresa declaratoria, no slo sobre lo que ya estaba sentenciado, sino sobre lo que en adelante se hubiese de sentenciar. A esta consulta provey el monarca que los que hubiesen tenido los tales indios con justo ttulo, no deban ser condenados en pena alguna, ni tampoco a pagar salarios sino desde el da de la contestacin de la demanda.113Pero todos los indios que geman en Nueva Espaa bajo el yugo de la esclavitud, alcanzaron desde entonces su libertad? No se hicieron ya nuevos esclavos en aquel vasto pas? A estas preguntas, yo no puedo dar una respuesta satisfactoria. Mas, admitiendo que la esclavitud ces en Nueva Espaa en 1558, resultar que habiendo empezado en 1519 cuando los caciques de Tabasco regalaron 20 esclavos a Corts, su duracin solamente fue de 39 aos. Cruel y destructora la esclavitud de los indios, fuelo menos en Nueva Espaa que en otros pases del continente;114 y las causas de esta diferencia parceme que consisten en las peculiares circunstancias que favorecieron a aquel pas. Entre todos los conquistadores del Nuevo Mundo, Corts fue el de ms capacidad poltica para gobernar, y muy pronto conoci cuan necesaria era la conservacin de los indios para la prosperidad de sus conquistas. Tampoco fue cruel como Pedrarias y otros contemporneos, y aunque cometi ciertos actos que puedan tacharse de crueldad, efecto fueron, no de su ndole perversa, sino de un fin poltico para atemorizar la raza conquistada. Cupo tambin a Nueva Espaa la fortuna de tener a su cabeza en aquellos tiempos a hombres como el digno presidente de la Audiencia de Mjico, don Sebastin Ramrez de Fuenleal y al virrey don Antonio de Mendoza, que sin compararse en todo el primero, fue en verdad un buen gobernador, y cuanto en su abono puede decirse, es que mereci el elogio de Las Casas. Pero lo que ms poderosamente contribuy a conservar los indios, fueron los primeros obispos y religiosos dominicos y franciscanos que desde su llegada a Mjico defendieron con celo apostlico a la raza conquistada: y para mejor alcanzar su fin, muchos de aquellos esclarecidos varones

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 228\ 228\ 228\ 228\ 228\ aprendieron la lengua de los pueblos vencidos, convirtindose en misioneros, inicindolos en los principios de la civilizacin cristiana: principios que prontamente se difundieron en los indgenas de aquella tierra por la clara inteligencia de que estaban dotados, y por su polica superior a casi todas las dems naciones que entonces poblaban el nuevo continente.Notas1Herrera, dc. 1, lib. VI, cap. XVII. 2Bernal Daz del Castillo, Historia (...) de la Conquista de la Nueva Espaa cap. I. 3Bernal Daz del Castillo, Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva Espaa, cap. XX. 4Navarrete, Salv y Sanz de Baranda, Coleccin de Documentos Inditos para la Historia de Espaa, tom. I, p. 418. Madrid, 1844. 5Herrera, dc. 2, lib. II, cap. XVIII. 6Bernal Daz del Castillo, Historia (...) de la Conquista de la Nueva Espaa etc., cap. IV y VII. Herrera, dc. 2. lib. II, cap. XVII y XVIII. 7Bernal Daz del Castillo, Historia (...) de la Conquista de la Nueva Espaa cap. VIII yXVI8Herrera, dc. 2, lib. III, cap. I, II, IX, X y XI. 9Los historiadores no estn acordes en el juicio que forman acerca de la conducta de Hernando Corts con Diego Velzquez. El objeto de esta obra no me permite entrar en una disertacin crtica sobre esta materia; pero si Dios me conserva la vida, podr exponer mis ideas cuando escriba la “Historia de la Isla de Cuba”. 10Bernal Daz del Castillo, Historia (...) de la Conquista de Nueva Espaa cap. XXV. 11Bernal Daz del Castillo, Historia (...) de la Conquista de Nueva Espaa, cap. XXIII yXXVI. Herrera, dc. 2, lib. IV, cap. VI. 12Bernal Daz del Castillo, Historia (...) de la Conquista de Nueva Espaa, cap. XXXVI. Herrera, dc. 2, lib. IV cap. XII. 13Bernal Daz del Castillo, Historia (...) de la Conquista de Nueva Espaa cap LXX. Carta segunda de Corts al emperador Carlos V a 30 de Octubre de 1520, § 8. Esta carta, segn el arzobispo Lorenzana, imprimiose en Sevilla por el alemn Jacobo Crombeger a 8 de noviembre de 1522, poca en que el arte de la imprenta empezaba en Espaa. Dicha carta y la tercera y cuarta de Corts a Carlos V, imprimironse en el primer tomo de la obra de don Andrs Gonzlez Barcia intitulada Historiadores Primitivos de las Indias Occidentales y tambin en la Historia de Nueva Espaa escrita por su esclarecido conquistador Hernn Corts, aumentada con otros documentos y notas por el ilustrsimo seor don Francisco Antonio Lorenzana, arzobispo de Mjico. Mjico, ao de 1770 De esas cuatro cartas no pudo imprimirse la primera ni en Barcia ni en Lorenzana, porque se tena por perdida. Crese generalmente que Corts slo escribi a Carlos V esas cuatro cartas; lo que es un error, porque fueron muchas las que le dirigi; y es sensible que no se haya hecho todava una compilacin y publicacin de

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JOS ANTONIO SACO /229 /229 /229 /229 /229todas ellas, pues existen esparcidas en la Coleccin de documentos manuscritos por Muoz, perteneciente a la Biblioteca de la Real Academia de la Historia de Madrid. Entre las colecciones modernas de las “Relaciones de Corts”, citaremos la publicada en el tomo XXII de la Biblioteca de Autores Espaoles en Madrid, por Rivadeneyra, bajo la direccin de don Enrique de Vedia, y la coleccin hecha por don Pascual de Gayangos en 1866, que en nuestro concepto es la ms completa. Vanse tambin una noticia bibliogrfica de dichas cartas de relacin en el tomo I de la Coleccin de documentos para la historia de Mjico publicada por don Joaqun Garca lcazbelceta; el tomo XII de la Coleccin de Documentos del Archivo de Indias y la coleccin formada para servir de complemento a las cartas de relacin ; o sea, los escritos sueltos de Corts, publicados en la Biblioteca Histrica de la Iberia, tomo XII. ( Nota de V. M. y M.) 14Carta segunda de Corts a Carlos V, § 47. Bernal Daz del Castillo, Historia (...) de la Conquista de Nueva Espaa cap. CXXX. Lpez Gomara, Crnica de Nueva Espaa cap. CXIV. Herrera, dc. 2, lib. X, cap. xv y XVII. 15Bernal Daz del Castillo, Historia (...) de la Conquista de la Nueva Espaa cap. CXXXV. 16Carta tercera, § 8, de Corts a Carlos V, fecha en la ciudad de Cuyoacan, a 15 de Mayo de 1522. 17Carta tercera de Corts a Carlos V, § 17 y 18. 18Bernal Daz del Castillo, Historia (...) de la Conquista de la Nueva Espaa, cap. CXLIII, y lo mismo repite en el captulo CXLVL. 19Sols, Historia de la Conquista de Mjico lib. V, captulo III. 20Relacin de lo que toc al rey en Nueva Espaa, firmada por Hernando Corts en 16 de Mayo de 1522. 21“Decima tercia relacion de la venida de los espaoles y principio de la ley evanglica, escrita por D. Fernando Alba Ixtlilxchitl”, y publicada como suplemento a la Historia del padre Sahagn, por don Carlos Mara Bustamante. Mxico, 1829. 22Carta tercera de Corts a Carlos V, § 41. 23Carta cuarta de Corts a Carlos V, § 4, fecha en la ciudad de Temixtitan a 15 de Octubre de 1524. En la coleccin de Cayangos est Temixtitan. ( V. M. y M.) 24Relacin de Diego Godoy a Hernn Corts sobre el descubrimiento de diversas ciudades y provincias y guerra que tuvo con los indios, publicada en Barcia, tomo I. 25Herrera, dc. 3, lib. V, cap. XI. 26Herrera, dc. 3, lib. IV, cap. XII. 27Herrera, dc. 3, lib. V, cap. III. 28Es muy interesante para la Historia de la esclavitud de los indios la carta que el contador Albornoz escribi al emperador a 15 de diciembre de 1525, desde la ciudad de Temixtitan. Se halla en el tomo I, pgina 484 de la Coleccin de Documentos para la Historia de Mjico del seor Icazbelceta. Es sensible que nuestro ilustre Saco no la conociese. ( V. M. y M.) 29Herrera, dc. 3, lib. IV, cap. III. 30Herrera, dc. 3, lib. V, cap. XIV. 31Carta cuarta de Corts al emperador, § 22. 32Carta cuarta de Corts a Carlos V, § 22, fecha en la ciudad de Temixtitan a 15 de Octubre de 1524. 33 Ensayo Poltico de Nueva Espaa tomo II, cap. VIII. 34Torquemada, Monarqua Indiana tom. III, lib. XV, cap. X, y lib. XX, cap. XXV.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 230\ 230\ 230\ 230\ 230\35Torquemada, Monarqua Indiana tomo II, lib. X, cap. XXXIV, XXXV y XXVI. 36Vase una interesantsima noticia de vida y escritos de fray Toribio de Motolinia por don Jos Fernando Ramrez, en el tomo I de la Coleccin de Documentos para la Historia de Mjico publicada por don Joaqun Garca de Icazbelceta, en cuya obra se halla tambin la carta de que Saco hace mencin. ( V. M. y M .) 37Torquemada, Monarqua Indiana tom. III, lib. XX, cap. XIX y XX. 38En este punto no estn de acuerdo Saco e Icazbalceta. Este ltimo, que es una autoridad muy respetable en la historia mejicana, dice que fray Juan de Zumrraga fue el primer obispo y arzobispo de Mjico. Mendieta, en su Historia Eclesistica Indiana publicada por el mismo Icazbelceta, dice lo mismo. No debe, pues, dejrsele de contar en el catlogo de los arzobispos mejicanos, porque no llegara a ponerse el palio. ( V. M.y M .) 39Carta de los provinciales de las tres rdenes referidas fecha en Tlaxcala a 1 de mayo de 1559. (Muoz, Colec .) 40Relacin ya citada. 41Pedro Mrtir de Anglera, De Orbe Nobo dc. 8, cap. X. 42Carta de Rodrigo de Albornoz a Carlos V, desde la ciudad de Temixtitan a 15 de Diciembre de 1525. Su original se conserva en el Archivo de Simancas, Patronato Real, Indias, legajo 8; y hay una copia de ella en la Coleccin ... de Muoz, tomo LXXVII. Despus se ha publicado en el tomo XIII, pgina 45 de la Coleccin de Documentos Inditos del Archivo de Indias. (V. M. y M.) 43Herrera, dc. 3, lib. X, cap. VII. 44Herrera, dc. 3, lib. X, cap. VIII. 45Herrera, de. 4, lib. II, cap. I. 46Bernal Daz del Castillo, Historia (...) de la Conquista de Nueva Espaa cap. CXCVI. Herrera, dc. 4, lib. IV, cap. III. 47Bernal Daz del Castillo, Historia (...) de la Conquista de Nueva Espaa cap. CXCVI. Herrera, dc. 4, lib. iv, cap. III. 48Torquemada, Monarqua Indiana lib. XIX, cap. XXXI. “Gran letrado y pauprrimo en su persona, y servicio”, dice de l Mendieta en su Historia Eclesistica Indiana ( V. M. y M.) 49Herrera, dc. 4, lib. IV, cap. III. 50Antonio de Alcedo, Diccionario geogrfico de las Indias Occidentales o Amrica, Madrid, 1788. 51El documento indito del que he tomado estas noticias hllase en la Coleccin... de Muoz, tomo LXXVII. 52Bernal Daz del Castillo. Historia (...) de la Conquista de Nueva Espaa cap. CXCVI. El gran nmero de esclavos que Nuo de Guzmn vendi en las islas y en otras partes consta de la informacin, que en virtud de la Real Cdula de Madrid a 21 de agosto de 1528, se hizo en Temititan en 1529 ante Juan Velzquez, notario apostlico, etc. La informacin hecha al gobernador Nuo de Guzmn por el licenciado Salmern, sobre la guerra que hizo a los indios, puede verse en el tomo XVI, pgina 363 de la Coleccin de Documentos Inditos del Archivo de Indias ( V. M. y M.) 53Muoz, Colec. tom. LXXVIII. 54Carta al emperador de los oficiales reales Lope Hurtado, Paz y Castro, fecha en Santiago a 15 de Septiembre de 1530.

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JOS ANTONIO SACO /231 /231 /231 /231 /23155Carta a la emperatriz del teniente tesorero Pedro de Avedao, fecha en la ciudad de Santiago en Marzo de 1532. (Muoz, Colec.) 56Carta de Manuel Rojas, gobernador de Cuba, a 10 de Noviembre de 1534. 57Carta al emperador de Gonzalo de Guzmn, gobernador de Cuba, fecha en Santiago a 28 de Agosto de 1539. Respecto de la cantidad de indios que cada uno deba poseer; vase la carta del mismo Guzmn al emperador, fecha en Santiago de la isla Fernandina a 8 de Marzo de 1529, tomo XIII, pgina 91 de la Coleccin de Documentos Inditos del Archivo de Indias ( V. M. y M.) 58Carta al emperador de Fray Juan de Zumrraga, electo Obispo de Mjico, fecha en la ciudad de Temixtitan a 27 de Agosto de 1529. Muoz, Colec ., tomo LXXVIII. ( Nota del autor .) Se ha publicado despus en el tomo XIII de la Coleccin de Documentos Inditos del Archivo de Indias y el distinguido historiador mejicano seor Icazbelceta la ha insertado en el apndice de su magnfica biografa de don fray Juan de Zumrraga, primer obispo y arzobispo de Mjico. ( V. M. y M.) 59Herrera, dc. 4, lib. IV, cap. II. 60Herrera, dc. 4, lib. VII, cap. I. 61Bernal Daz del Castillo, Historia (...) de la Conquista de la Nueva Espaa cap. CXCVI. 62Carta ya citada de fray Juan de Zumrraga, obispo electo de Mjico. 63Carta de Zumrraga, etctera. 64Memorial al Consejo de Indias de Gernimo Lpez, vecino y conquistador de Nueva Espaa que vino a la corte a informar en 1530. Muoz, Colec. tom. LXXVIII. Este memorial aparece con fecha distinta, de 1537, en el tomo II de la Coleccin de Documentos para la Historia de Mjico publicada en Pars en 1840, por Ternaux-Compans. ( V. M. y M.) 65Documento citado del ao de 1530 en la Colec... de Muoz, tomo LXXVIII. 66Relacin de Corts a Carlos V, en 3 de Septiembre de 1526, publicada en la Coleccin de Documentos Inditos para la Historia de Espaa, tom. IV, no. 2, mayo de 1844, Madrid. 67Bernal Daz del Castillo, Historia (...) de la Conquista de Nueva Espaa, cap. CXCVII. 68Bernal Daz del Castillo, Historia (...) de la Conquista de la Nueva Espaa, cap. CXCVI. Relacin que Nuo de Guzmn envi al emperador, de la guerra contra los chichimecas fecha en Omitiln provincia de Mechoacan a 8 de Julio de 1530. Este documento se halla en la Coleccin ... de Muoz, tomo LXXI. Despus se ha publicado en el tomo XIII, pgina 356 de la Coleccin de Documentos Inditos del Archivo de Indias ( V. M. y M.) 69Instruccin formada contra Nuo de Guzmn. (Muoz, Colec ., tom. LXXIX.) 70Instruccin contra Nuo de Guzmn. (Muoz, Colec ., tom. LXXIX. 71 Tratado que el obispo de la ciudad real de Chiapa don fray Bartolom de las Casas compuso por comisin del Consejo Real de las Indias sobre la materia de los indios que se han hecho en ella esclavos. Sevilla. En casa de Sebastin Trujillo, 1552. 72Bernal Daz del Castillo, Historia (...) de la Conquista de la Nueva Espaa cap. CXCVIy CXCVIII. Icazbelceta: fray Juan de Zumrraga. Mjico, 1881. ( V. M. y M.) 73Herrera, dc. 4, lib. VII, cap. VIII. 74Herrera, dc. 4, lib. IX, cap. XIV. 75Herrera, dc. 4, lib. IX, cap. XIV. 76Muoz, Colec. tom. LXXIX. Esta carta de 30 de marzo de 1531 se insert en el tomo XIII, pgina 195 de la Coleccin de Documentos Inditos del Archivo de Indias ( V. M. y M.)

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 232\ 232\ 232\ 232\ 232\77Carta de la Audiencia de Mjico a la emperatriz, en 30 de Marzo de 1531. Muoz, Colec. tom. LXXIX. Esta carta fue publicada en francs por Ternaux-Compans y hoy puede verse en castellano en la magnfica obra del seor Icazbelceta sobre el obispo Zumrraga, pgina 249. Apndice. ( V. M. y M.) 78Carta de Nuo de Guzmn a la emperatriz, escrita en Compostela a 12 de Junio de 1532. 79Captulos XXI y XIV de las instrucciones dadas al virrey don Antonio de Mendoza en Barcelona a 25 de Abril de 1535. Se hallan en el tomo XXIII, pgina 426 de la Coleccin de Documentos Inditos del Archivo de Indias (V. M. y M.) Vase tambin a Herrera, dc. 5, lib. IX, cap. II. 80Dictamen del obispo de Mjico fray Juan de Zumrraga al virrey don Antonio de Mendoza, Muoz, Colec ., No he podido averiguar la fecha exacta de ese documento; pero como aquel virrey no lleg sino en 1535, el dictamen de Zumrraga no puede ser anterior a ese ao. ( Nota de Saco .) El seor Icazbelceta lo ha publicado en su estudio biogrfico y bibliogrfico de don fray Juan de Zumrraga, pgina 150 del Apndice, y conviene con Saco en que es posterior al ao de 1535. ( V. M. y M.) 81Relacin del virrey don Antonio de Mendoza, dirigida a Juan de Smano, secretario de las Indias. 82Herrera, dc. 6, lib. I, cap. IV. 83Herrera, dc. 7, lib. II, cap. X. 84Esta bula se halla en latn y en castellano en la obra de Torquemada, Monarqua Indiana tomo, III, libro XVI, captulo xxv, pgina 198. Hllase tambin un extracto de ella en Solrzano, Poltica Indiana tomo I, libro II, captulo I, pgina 58. ( V. M. y M.) 85Archivo de Simancas. Arca de Indias. Legajo 2. Remesal, Historia de Chiapa y Guatemala lib. III, cap. XVII. 86Comunicacin de Baltasar Guerra al Virrey de Nueva Espaa, desde la villa de San Cristbal a 15 de Febrero de 1537. 87Vase su relacin en el tomo XIII, pgina 86 de la Coleccin de Documentos Inditos del Archivo de las Indias ( V. M. y M.) 88Las Casas, Brevsima Relacin de la Destruccin de las Indias, captulo del Reino de Yucatn. 89Herrera, dc. 4, lib. X, cap. V. 90Carta al prncipe de fray Bartolom de las Casas, obispo de Chiapa, y fray Antonio de Valdivieso, obispo de Nicaragua, fecha en Gracias a Dios a 26 de Octubre de 1545. (Muoz, Colec ., tom. LXXIV.) Esta carta se halla inserta en la pgina 13 de la lujosa coleccin de Cartas de Indios publicadas por primera vez por el Ministerio de Fomento en Madrid, Imprenta de Manuel G. Hernndez, 1877. ( V. M. y M. ) 91Carta al emperador de fray Luis de Villalpando Custodio, fray Diego de Bejar, fray Miguel de Vera, escrita en Campeche, puerto y villa de Yucatn a 29 de Julio de 1550. (Muoz, Colec .) 92Peralmindez Chirinos al secretario Juan de Smano, en carta que le escribi desde Mjico a 28 de Julio de 1541. 93Mandamiento de la Audiencia de Nueva Espaa, dado en Mjico a 31 de Mayo de 1541. 94Herrera, dc. 7, lib. V, cap. I. 95Herrera, dc. 7, lib. V, cap. II.

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JOS ANTONIO SACO /233 /233 /233 /233 /23396Debe ser el conocido memorial de los “Remedios” para las Indias, de que slo se encuentra impreso el octavo. (V. M. y M. ) 97Las famosas Nuevas Leyes fueren debidas a las gestiones del padre Las Casas ante el emperador y la Junta de Valladolid. El seor Icazbelceta en su biografa de fray Juan de Zumrraga (Mjico, 1881), trae un interesantsimo captulo acerca de ellas. Las insert tambin, precedidas de una noticia bibliogrfica, en el tomo II de la Coleccin de Documentos para la Historia de Mjico. As mismo, se encuentra, plagadas de erratas, en el tomo XVI de la Coleccin de Documentos Inditos del Archivo de Indias ( V. M. y M. ) 98 Populus enim ad iracundia, provocans est, et filii mendaces, filii nolentes audire, legem Dei. Qui dicunt videntibus: notile videre; et aspicientibus: nolite aspicere nohis es, quae recta sunt: loquimini nobis pacentia, videte nobis errores. Auferte me viam, declinate me semitan... Isaas, cap. XXX, V, IX y ss. 99Remesal, Historia de Chiapa y Guatemala lib. VII, cap. XVII. 100Remesal, Historia de Chiapa y Guatemala lib. VII, cap. XVII. 101Testamento de Hernn Corts, M.S. Hllase en el Archivo de Indias de Sevilla; y una copia de l exista en la importante Coleccin de Vargas Ponce. Este testamento ha sido publicado por Humboldt; por don Jos Mara L. de Mora en el tomo III de su obra Mjico y sus revoluciones, y por don Lucas Alamn en el tomo II de sus Disertaciones ( V. M. y M. ) 102 Tratado que el obispo de Chiapa fray Bartolom de las Casas compuso por Comisin del Consejo de Indias sobre la materia de los indios que se han hecho en ella esclavos 103Carta de la Audiencia de Mjico al emperador, en 20 de Febrero de 1548. 104Carta de la Audiencia de Mjico al emperador, en 20 de Febrero de 1548. 105Carta del doctor Quesada, oidor de Mjico, a S.M. a 30 de Octubre de 1550. (Muoz, Colec .) 106Carta indita de fray Toribio de Motolinia, escrita a don Antonio Pimentel en 1541. 107Herrera, dc. 8, lib. VIII, cap. III. 108Carta al emperador en el Consejo de Diego Ramrez Poncillan en la Nueva Galicia a 4 de Abril de 1551. (Muoz, Colec. tom. LXXX.) 109Carta al emperador de fray Rodrigo de la Cruz, religioso franciscano, en Aguacatlon en Nueva Galicia a 4 de Mayo de 1551. Cartas de frailes de Nueva Espaa. (Muoz, Colec ., tom. LXXXVI.) 110Esta carta circular puede verse en Torquemada, Monarqua Indiana tomo III, libro XVII, captulo XIX, pgina 264, columna 2. 111Consulta del doctor Melgarejo al emperador en Mjico a 14 de Mayo de 1551. 112Cdula de 1543 enviada a la Audiencia de Mjico, inserta en el tomo I, pgina 62 de la obra de Solrzano, Poltica Indiana Imp. Real, Madrid, 1776. 113Real Cdula expedida en Valladolid a 7 de Septiembre de 1558. 114Las Casas, Brevsima Relacin de la Destruccin de las Indias, captulo de la Nueva Espaa.

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Libro NovenoHONDURAS, NIC HONDURAS, NIC HONDURAS, NIC HONDURAS, NIC HONDURAS, NIC ARAGU ARAGU ARAGU ARAGU ARAGU A Y GU A Y GU A Y GU A Y GU A Y GU A A A A A TEMALA TEMALA TEMALA TEMALA TEMALADironse los nombres de Honduras o Hibueras al golfo de una misma provincia. El de Hibueras, porque al pasar por all las naves de los primeros castellanos, que costeaban la tierra, hallaron en aquel mar muchas calabazas, producidas por aquel pas; y como en Santo Domingo se llamaban hibueras, y al rbol que las produce, hibuero; he aqu la etimologa de ese nombre.1 Djose tambin Honduras, porque deseando los primeros navegantes tomar puerto en una poblacin llamada Guaymura, empezaron a sondear junto a un cabo que haban de doblar, y aunque llegaron cerca de tierra, o no hallaron fondo o era tan profundo, que cuando lo encontraron, dijeron: Bendito Dios, que hemos salido de estas Honduras De donde vino, que as aquel cabo, como toda la costa llamose Honduras .2 Esta provincia parta trminos, por una parte, con Nicaragua hacia la Nueva Segovia; y con Guatemala, por la villa de la Nueva Xerez, y las ciudades de San Miguel y San Salvador.3Con el achaque de que los indios haban matado algunos espaoles en el valle de Ulancho, Diego Lpez de Salcedo ahorcaba a unos, y enviaba otros a vender como esclavos fuera del pas, con gran dolor de sus padres y hermanos, que desesperados, huan a los montes, y all moran de hambre. En su marcha a Len de Nicaragua se detuvo un mes en aquel valle, y despus de haber ahorcado muchos inocentes, llam a los pueblos pacficos, y les dijo: “Que era voluntad del rey, que fuesen tratados bien los que estuviesen amigos de los castellanos, y que se hiciese guerra a los otros, hasta matarlos, o venderlos por esclavos”. Alterado profundamente el pas, el hambre se present: los indios se sorteaban unos a otros para comerse, y los espaoles, para satisfacer sus necesidades, alcanzaron licencia para vender esclavos en Panam. La historia del Nuevo Mundo nos presenta a los espaoles durante la conquista, insubordinados, turbulentos, disputndose el poder, robndose y degollndose unos a otros, y aun encendiendo guerras civiles. Mientras Diego Lpez permaneca en Nicaragua, estall en Trujillo

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JOS ANTONIO SACO /235 /235 /235 /235 /235 una de aquellas frecuentes rebeliones, y depuestas las autoridades, y nombradas otras, recay la eleccin de teniente gobernador en un abogado Vasco de Herrera de nombre. Sin guardar las rdenes del monarca, vivan los de Trujillo desvergonzadamente; no miraban por la Real Hacienda, y tenan por enemigo al que no se conformaba con aquella forma de gobierno. Ningn vicio se castigaba. So color de tomar el Puerto de Caballos hizo Vasco de Herrera una entrada en aquella tierra con 50 hombres; cogi 150 indios, y herrolos, no con el hierro real, sino con otro hecho por su autoridad. Hostiliz, adems, algunos caciques, sin preceder el debido examen de su justicia, turbando as la tierra, destruyndola, y herrando a muchos indios libres como esclavos, no slo con el hierro real, sino con otros dos que mand hacer.4Fama tena Honduras de tierra frtil, rica y muy poblada de gente casi tan entendida como los mejicanos. Esta consideracin, por una parte, y el deseo, por otra, de obedecer las rdenes del emperador para que se buscase el paso de la mar del norte a la del sur, pues se pensaba que en Puerto de Trminos haba un ancn, que si no atravesaba todo el continente, a lo menos faltara muy poco; indujeron a Corts a enviar una expedicin en 1523 al mando de Cristbal de Olid, que siempre haba sido uno de sus ms fieles amigos y valientes capitanes. Diole, pues, cinco naves y un bergantn artillados, 400 espaoles y 30 caballos. Mandole a La Habana para que all tomase ms gente, y comprase armas, caballos y cuanto ms necesitase. Curioso es saber la escasez que entonces padeca en La Habana, y el alto precio a que se compraron varios artculos para la armada: una fanega de garbanzos vala 9 pesos de oro; la de frijoles o frisoles, 4; la de maz, 2; una ristra de ajos, 2; una arroba de vinagre, 4: la de aceite, 3, la de velas de sebo, 9; la de jabn, 9; un quintal de estopa, 4; un cuero de vaca, 12; un par de zapatos, 1 peso de oro; una lanza, 1 peso; un pual, 3; una espada, 8; una ballesta, 20, y una escopeta, 100 pesos. Con estos precios elevados, Corts gast 30 000 castellanos en La Habana para completar la armada que confi a Cristbal de Olid.5Cuando ste sali de aquel puerto para Honduras, ya los amigos de Diego Velzquez, que era enemigo de Corts, haban influido en su nimo para que se alzase contra l. Lleg con su armada a aquella tierra en 1524; tom posesin de ella en nombre del emperador; fund 14 leguas ms abajo del Puerto de Caballos, una villa que se llam el Triunfo de la Cruz ; nombr por alcaldes, regidores y oficiales del Consejo a los mismos que Corts le haba sealado, bien que los bandos se pregonaban en nombre del rey, y en el suyo. Esta conducta era un claro indicio de que ya Olid se apartaba de la obediencia de Corts; y para mejor

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 236\ 236\ 236\ 236\ 236\ lograr sus intentos, empez por tratar bien a los indios y atraerse a la gente castellana, ya por temor, ya por recompensas.6No era Corts hombre a quien podan sublevrsele impunemente sus capitanes; y luego que supo la traicin de Olid, fue tan grande su clera, que se le inflaron las venas del pescuezo y dilataron los conductos de la nariz.7 Envi, pues, contra l a Francisco de las Casas, caballero de Trujillo, y casado con una prima hermana suya. Adems de esto, Corts, ignorando que Olid haba sido ya asesinado en Honduras por algunos castellanos, resolvi marchar en persona contra l; y entonces fue cuando emprendi desde Mjico por tierra el 12 de octubre de 1524, una de las expediciones ms difciles, y que ms le han inmortalizado. Lleg por fin Corts a Honduras, y sin entrar, porque no es del caso, en la narracin de todo lo que all hizo, mencionar que en 1525 supo que de Cuba y Jamaica salan nuevos armamentos, para llevarse como esclavos los pocos indgenas que en las Guanajas quedaban. Con el objeto, pues, de impedirlo, envi una nave para que en nombre del monarca espaol se opusiese a sus depredaciones. Encontrose efectivamente una carabela cargada de indios, al mando de un Rodrigo Merlo; quien habiendo mostrado a Corts las licencias que llevaba del gobernador de Cuba, no pudo darle ningn castigo, contentndose solamente con restituir aquellos indios a las islas que habitaban.8All mismo supo tambin Corts que un Pedro Moreno, vecino de La Espaola, haba llegado al puerto de Honduras con una carabela. Rogronle a ste los nuevos colonos que socorriese sus necesidades, pero l les contest que no haba ido a eso, y que no les dara cosa alguna, sino se lo pagaban inmediatamente en metlico o en esclavos.9 Constreidos por la miseria, aceptaron cuantas condiciones les dict Moreno, y saltando ste en tierra con mucha gente armada, todos juntos hicieron una entrada, cogieron algunas mujeres y muchachos, herrronlos como esclavos, y Moreno se dio a la vela con ellos.10 Corts escribi desde Trujillo a la Audiencia de La Espaola para que se devolviesen los indios robados por Moreno, y que ste le fuese entregado para castigarlo.11 Pero la Audiencia nada hizo; y aunque tarde, el rey mand que se le castigase severamente, que los indios que haba robado fuesen restituidos a sus tierras, y que le quitasen los esclavos que haba llevado, aunque constase que lo eran.12Al tornar Corts de Honduras a Nueva Espaa en 1526, dispuso que si los indios de aquella comarca se revelaban, fuesen esclavizados. Para hacerlo as, no necesitaban de tal orden los espaoles, pues casi sin comercio con la metrpoli y las Antillas, rehusando por su pereza labrar la tierra para mantenerse, a pesar de su asombrosa fertilidad, y no queriendo tampoco los indios cultivarla por haberse imaginado que el ham-

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JOS ANTONIO SACO /237 /237 /237 /237 /237 bre forzara los conquistadores a abandonar el pas, stos libraron su subsistencia en los esclavos que apresaban y vendan.13Habindose facultado a la Audiencia de La Espaola para que nombrase el gobernador de la provincia de Honduras, eligi en 1526 a Diego Lpez de Salcedo, sobrino de Nicols de Ovando, antiguo gobernador de aquella isla; y en las instrucciones que se le dieron, recomendsele el buen trato de los indios, y que castigase severamente a los castellanos que los ofendiesen. Pero estas recomendaciones que siempre se hacan a los gobernadores del Nuevo Mundo, rara vez se ejecutaban; y Salcedo fue, por cierto, uno de los que ms las quebrantaron. Luego que tom el mando, escribi al emperador desde Trujillo, capital de Honduras, anuncindole que de los indios que haban dado la obediencia, algunos haban sido esclavizados, en especial los que despus se haban revelado; y que tambin se traficaba en los que los caciques vendan como tales, a los cuales, lo mismo que a los anteriores, se les herraba en el rostro. Salcedo deca que les era imposible impedir ese trfico, porque no teniendo los espaoles de Honduras otra cosa de que subsistir, los trocaban por vveres que reciban de las islas; vveres entonces tan caros, que una arroba de carne salada vala 4 pesos, 4 una fanega de maz; el mismo precio la arroba de vinagre y de vino, 6 la de casabe y aceite, y as en proporcin los dems artculos.14Salcedo confiesa que los indios de las Guanajas eran pacficos, y que sirviendo bien a los cristianos, quejbanse con razn de las violencias que contra ellos cometan los espaoles de Cuba. Por esta causa, algunos se haban refugiado a Honduras; y al ver que las Guanajas estaban ya casi despobladas, Salcedo escribi a Gonzalo de Guzmn, gobernador de Cuba, para que mientras llegaba la resolucin del monarca a quien de todo haba informado, impidiese las expediciones que de all salan contra las Guanajas. Y no contento con esto, deseaba que los indios injustamente esclavizados fuesen restituidos a su pas natal. A juzgar por lo que precede, pudiera creerse que Salcedo trataba de cumplir las rdenes del monarca; y como prueba de la recta intencin que aparentemente le animaba, citar aqu la instruccin que algunos meses despus de su llegada dio a Diego Mndez de Inostrosa, su teniente en la villa de Trujillo. “No se haga esclavo indio ni india sin ser primero examinado por vos los alcaldes si lo era, y siendolos herrarlos con el hierro de S.M. ante los oficiales que cobrarn 1/5. Este exmen con los que dieren los caciques; con los de guerra ha de hacerse proceso, y enviarmelo para que yo resuelva. No consintais vender indios i indias no errados, en los que ha habido mucho desorden en dicha villa”. “El orden en hacer esclavos es, el que confiesa serlo de padre y madre que los caciques dan, se hierra en el rostro, y estos se venden y

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 238\ 238\ 238\ 238\ 238\ contratan como esclavos; el que no lo es de padre y madre, sino que esos le han vendido, se hierra en el muslo, y sean naborias perpetuas. Esto en tanto que S.M. provee. De los ltimos ninguno se saque fuera de la tierra, pena de 100 azotes, 100 ps. y perderle”.15Si Diego Lpez de Salcedo dio a Inostrosa la precedente instruccin, y en su referida carta al emperador de 1526 deplor tambin la esclavitud de los indios de su gobernacin, no fue por sentimientos de humanidad, sino por miras interesadas, pues tan opresor fue de los indgenas como casi todos los empleados que administraban el Nuevo Mundo. A los indios que consideraba culpados, castigbalos, ya con la horca, ya con la esclavitud, envindolos a vender fuera de la tierra con grande dolor de sus padres y hermanos, que desesperados se fugaban a los montes.16La codicia de aquellos conquistadores arrastr a Salcedo a salir de su gobernacin y entrar en la de Nicaragua, dejando por su teniente en Trujillo al capitn Francisco de Cisneros. En este viaje perecieron muchos indios que llevaba cargados con sus mercancas y otras cosas; y como algunos hubiesen dejado sus cargas, hzolos cruelmente matar. Detvose un mes en el valle de Ulancho, y so color de castigar las muertes de los castellanos en aquel lugar, no slo ahorc muchos indios, sino que llam a los pueblos pacficos, y les dijo: “que era voluntad del rey, que fuesen tratados bien los que estuviesen amigos de los castellanos; pero que se hiciese guerra a los otros, hasta matarlos, o venderlos por esclavos”.17Acostumbrados los de Trujillo a tumultos y sediciones desobedecieron y arrestaron al capitn Cisneros, por lo cual Salcedo envi de nuevo teniente a Diego Mndez Inostrosa; pero aunque le admitieron, poco dur la obediencia, pues conjurados los revoltosos le prendieron y nombraron de teniente gobernador a un hombre turbulento llamado Vasco de Herrera. Con el pretexto de tomar posesin del Puerto de Caballos sali a la cabeza de 50 castellanos en 1527, y en esa entrada cogi ms de 150 indios, con los cuales torn a Trujillo, herrndolos como esclavos, no con el hierro real, sino con otro que l hizo.18 Declar tambin la guerra ms injusta a varios caciques, y en ella esclaviz y herr muchos indios libres, haciendo lo mismo en el valle de Naco.19Por la mediacin de algunos religiosos y de otras personas arreglronse las desavenencias que la entrada de Salcedo en Nicaragua haba suscitado entre l y Pedrarias Dvila, nombrado gobernador de aquella tierra en 1527. Salcedo torn a Trujillo, y para que aqullas no se renovasen, sealronse lmites a las gobernaciones que tenan los dos.20 Las frecuentes entradas que hacan los castellanos en territorios ajenos, agravaban la condicin de los indios, pues que eran vctimas no slo de los conquistadores que tenan dentro de sus provincias respecti-

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JOS ANTONIO SACO /239 /239 /239 /239 /239 vas, sino de los que iban de fuera. Por eso fue que cuando los espaoles que con Salcedo marcharon a Nicaragua, y volvieron a Honduras en 1529, trajeron con licencia a Pedrarias Dvila 102 esclavos y 107 naborias, los cuales se repartieron, ya a cuatro, ya a 20, y an ms entre los 28 castellanos compaeros de Salcedo; debiendo advertirse que entre aquellos indios hubo hombres, mujeres y nios.21Tan grande era el desorden que haba en Honduras, que en una comunicacin que hizo Garca de Lerma al emperador desde Santa Marta en 26 de octubre de 1531, refiere algunas cosas de que fue testigo cuando en aos anteriores pas de Honduras a Nicaragua. Dice que en aquellas partes era costumbre herrar y vender indios por esclavos; que los castellanos los pedan a los caciques; que apaleaban a stos si no se los daban, y que para impedir ese castigo, se vean forzados a entregarles sus propios hijos. Dice tambin que aunque el gobernador saba esta maldad, la disimulaba por ser el ms culpable de todos. Aade que sin ningn motivo declarbase estar de guerra una provincia de 50 000 almas, y asaltndola, cargbanse las naves de indios como de ovejas. Pensaba Garca de Lerma que tantos males se remediaran poniendo en cada provincia una persona que anduviese de cacique en cacique, examinando cmo se trataba a los indios, y que ella no pudiese tenerlos so pena de muerte.22 Pero este remedio era del todo ineficaz. Ya otras veces se haba ensayado sin producir ningn resultado, pues no haba personas que cumpliesen con el deber que se les impona. Diego Lpez de Salcedo muri en Trujillo en enero de 1530, no sin sospecha de veneno. Nombr de gobernador interino al contador Andrs de Cereceda, mientras el monarca otra cosa proveyese; pero aquella gente acostumbrada a sediciones, rehus a admitirle. Viose, pues, forzado a compartir el mando con el ya referido Vasco de Herrera. ste y los de su bando esbribieron al emperador para que le diese la gobernacin de Honduras;23 y lo mismo hizo Andrs de Cereceda, quejndose de que aquellos castellanos no le hubiesen dejado ejercer el mando interino que Salcedo le haba confiado. “Tenanme —as le deca—, odio mortal porque he procurado y estorbado poner estanco en el sacar de los esclavos de la tierra”.24Entre tales hombres no era posible la concordia, y los males de tan deplorable situacin no slo pesaban sobre los indios, sino sobre los mismos castellanos. Las guerras europeas en que estaba envuelto el monarca espaol y sus frecuentes ausencias de Espaa, hacan descuidar tanto el gobierno de algunas provincias de Amrica, que los pobladores de Honduras, en medio de sus levantamientos y asesinatos, decan en 1532 que estaban desamparados del rey y de su Consejo, pues en tres aos no haban recibido orden, ni cdula, ni otra cosa, por la cual pudiesen entender qu se acordaban de ellos. As fue que mientras en

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 240\ 240\ 240\ 240\ 240\ otras partes se trataba de cumplir la ley sobre la libertad de los esclavos, all se declaraba la guerra a los indios, y se les amenazaba con la esclavitud.25Nombrose por fin de gobernador a Diego de Albitez, el cual llev a Honduras una provisin para que en ninguna manera, ni por ningn caso, se hiciesen indios esclavos, ni se tuviese el uso de ellos, aunque fuesen rebeldes. Albitez muri a los pocos das de su llegada, y el gobernador interino Andrs de Cereceda manifest al gobierno que haba muchos inconvenientes para ejecutar esa provisin.26En una relacin de aquella provincia que el mismo Cereceda hizo al emperador en la villa de Buena Esperanza, en el valle de Naco, a 31 de agosto de 1535, dijo, que S.M. deba mandar que los indios desobedientes, o que hubiesen cometido delitos, o que anduviesen alzados, fuesen esclavizados y vendidos, puesto que ningn dao poda seguirse de sacar de aquella tierra 2 000 esclavos, Esto demuestra que Cereceda gobernador haca lo mismo que reprobaba en otros, cuando no lo era, pues ahora peda la exportacin de esclavos, mientras que antes se quejaba de ser odiado, porque se opona a ella. Pero esta contradiccin sentaba bien a un hombre tan cruel como Cereceda, pues cuando no mataba o esclavizaba a los indios, cortbales las manos, y colgbaselas al cuello, como hizo cuando fue en demanda del valle de Naco.27La injusta esclavitud que a los indios de Honduras se impona, motiv la Real Cdula de Valladolid de 7 de julio de 1536, por la cual se mand abrir informacin para que se pusiese en libertad a los indios all esclavizados y vendidos contra lo dispuesto, y que se castigase a los cmplices de ese delito. Pero diose cumplimiento a la real cdula anterior? Jernimo de San Martn escribi al emperador que no se ejecutaba por contentar la gente castellana, y que tambin se esclavizaba y herraba a las mujeres tomadas de guerra lo mismo que de los hijos menores de 15 aos, pues de lo contrario, los soldados mataban a aqullas y a stos.28Ni era posible que esa cdula de Valladolid se cumpliese, porque al mes de haberse expedido, el cabildo de la villa de San Pedro del Puerto de Caballos dio a Francisco Cava y Nicols Izrraga, vecinos de ella, y sus procuradores en corte, un poder general para que pidiesen mercedes conforme a las instrucciones que llevaban. Una de ellas fue, que se revocase la provisin por la cual se prohiba que de ninguna manera se herrasen ni esclavizasen indios; que se concediese herrar a los tomados en guerra; despus de hechos los debidos requerimientos, como tambin a los que eran tenidos por tales entre los indios, o que se dieron en tributo a encomenderos; y que tambin se concediesen los hierros de guerra y compra, como se haba hecho en Guatemala; acerca de estas peticiones, contest el gobierno que se proveera cuando nombrase prelado y provisor.29

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JOS ANTONIO SACO /241 /241 /241 /241 /241 Poco despus nombrose de obispo de Honduras al licenciado don Cristbal Pedraza, y a su llegada encontr la tierra en tan deplorable estado que pidi al gobierno que se hiciese una larga informacin sobre la destruccin de los indios. Procediose a ella en Trujillo a 13 de noviembre de 1539, y el interrogatorio que entonces se form, es una breve historia de los desrdenes cometidos en aquella provincia. En recompensa de los trabajos y prdidas que haba sufrido en Yucatn el adelantado Francisco de Montejo, disele en 1537 la gobernacin de Honduras;30 y por un convenio que en 1539 celebr con el adelantado de Guatemala Pedro de Alvarado, y aprobado despus por el gobierno, Montejo cedi al segundo su gobernacin, quedando desde entonces incorporada la provincia de Honduras en la de Guatemala,31de manera que todo lo que en Honduras se dir, desde 1530 en adelante, ya no ser como gobernacin independiente, sino como formando parte de Guatemala. Montejo sigui las huellas de sus antecesores, pues desde su entrada en Honduras dio licencia por cuatro meses para herrar como esclavos a las mujeres de 15 aos arriba, y pidi al emperador que la prorrogase por seis ms. Suplicole, al mismo tiempo, que no teniendo los vecinos de Honduras otra cosa de que aprovecharse, se les permitiese herrar los esclavos que compraban a los indios, sin registrarlos, segn mandaba la real provisin. Pero el gobierno orden que sta se guardase con prohibicin del trfico que se peda.32Las maldades de Salcedo, de Cereceda y de otros gobernadores, confrmalas el respetable testimonio del obispo de Honduras don Cristbal de Pedraza, quien escribi al emperador en 1 de mayo de 1547, dicindole. “Por los malos tratamientos y destruimientos que los gobernadores pasados hicieron en esta ciudad y en los trminos della, especialmente Diego Lopez de Salcedo y el Corregidor Cereceda sacando desta tierra barcadas los indios para venderlos en las islas, y atados Nicaragua, muchos se huyeron a las tierras do murieron en gran cantidad. De manera que siendo esta tierra tan poblada como Mjico y el Per, como podr decir el Marqus del Valle quando vino poblar esta ciudad de Trujillo, que al rededor habia pueblos de 3 000 casas, de 2 000, de 1 000, de 800 y de 600; no quedaron ni hay en todos los trminos desta ciudad 150 indios 180”.33Nicaragua El gran descubrimiento del Mar del Sur por Vasco Nez de Balboa abri un vasto campo a las empresas de los castellanos en las regiones meridionales y occidentales del Nuevo Mundo. El intrpido piloto Andrs Nio, muy conocedor de la costa del Darin, obtuvo licencia de la

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 242\ 242\ 242\ 242\ 242\ corte para hacer una expedicin a las islas de la Especera. Gil Gonzlez Dvila, contador de La Espaola, psose a la cabeza de ella, y en las naves construidas con inmensas dificultades por Balboa, los compaeros sa lieron en enero de 1522 de las islas de Tezarequi, llamada Isla Rica de las Perlas, en el golfo de San Miguel. En vez de hacer rumbo hacia el sudeste para encontrar las islas que buscaban, dirigironse por su ignorancia geogrfica hacia el noroeste, y de esta manera descubrieron, sin pensarlo, toda la costa de Nicaragua hasta la baha de Fonseca, nombre que le puso Gil Gonzlez en honra de su favorecedor el malvado obispo de Burgos. Al explorar aquellas costas, Gil Gonzlez hizo algunas entradas en el pas, y en una de ellas encontr un cacique muy principal, llamado Nicaragua, que viva en un pueblo cerca de un lago, a tres leguas de la mar, y cuyo nombre se dio por los espaoles al lago y a aquella tierra. No eran esos indios de los ms civilizados, pero tampoco de los ms brbaros, bien que desgraciadamente coman carne humana.34Torn Gil Gonzlez a Panam, en junio de 1523, y aunque no hizo esclavos, cogi mucho oro, lo que bastaba para dar gran importancia a su descubrimiento. Todo esto acaeci cuando la gobernacin de Castilla del Oro estaba todava en las manos del feroz Pedrarias Dvila, y como el licenciado Espinosa haba descubierto pocos aos antes hasta el cabo Blanco en Costa Rica, pretenda Pedrarias, sin ningn fundamento, que el pas de Nicaragua recin descubierto entraba en el territorio de su jurisdiccin. Con este motivo envi en 1524 a Francisco Hernndez de Crdova, su capitn principal, a que tomase posesin de l, y as lo hizo fundando en Nicaragua las ciudades de Bruselas, Granada y Len. De aqu resultaron conflictos entre Gonzlez Dvila, su descubridor, y Pedrarias; y sin que sea del caso referirlos, basta decir que aqul se retir a Honduras, donde muri, y que Francisco Hernndez de Crdova fue degollado en 1526 por orden de Pedrarias, acusndole de traicin y aspiraciones a la dominacin de Nicaragua. Diose el gobierno de sta a ese tirano en 1527; y por las instrucciones que expidi el monarca, encargsele especialmente el buen trato y libertad de los indios para lograr su conversin;35 pero la obra de iniquidad comenzada de antemano continu con todos sus horrores. En 1528 fue Martn Estete por orden de Pedrarias a descubrir el Desaguadero del lago de Nicaragua con 150 hombres. Deseando esclavizar a cuantos pudiese, llevose el hierro de los esclavos, que estaba en Granada en una arca bajo de tres llaves, segn mandato del rey: y efectivamente esclaviz a su antojo, cometiendo otras crueldades en los indios, aunque ojal que l hubiese sido el nico que las perpetrase. Una de las ms horribles, y que se ejecutaba en otras partes del Nuevo Mundo, era la de echar perros bravos a los indios para que los

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JOS ANTONIO SACO /243 /243 /243 /243 /243 devorasen. Gonzalo Fernndez de Oviedo, hallndose en Nicaragua, presenci en 1528 una de esas sangrientas escenas, cuya pluma la describe en estos trminos: “Despues Pedrarias Dvila envi un capitan con gente buscar los malhechores, prendieron dellos 17 18 indios caciques indios principales, mandoles Pedrarias aperrear que los comiessen ellos perros. un martes, 16 das de Junio de aquel ao [de 1528], en la plaza de Leon, los justiciaron desta manera: que le daban al indio un palo que tuviese en la mano, decianle con la lengua interprete que se defendiesse de los perros los matase el palos: cada indio se echaban cinco o seis perros cachorros (por emponellos sus dueos en essa monteria), como eran canes nuevos, andaban en torno del indio, ladrndole, y el daba algun coscorron alguno. cuando a l le parescia que los tenia vencidos con su palo, soltaban un perro o dos de los lebreles alanos diestros, que presto daban con el indio en tierra, cargaban los demas lo desollaban destripaban comian del lo que querian. desta manera los mataron a todos 18 malhechores, los quales eran del valle de Olocoton de su comarca”.36Con las turbulencias acaecidas entre los capitanes de Nicaragua y las ambiciones de los gobernadores de aquella y otras provincias, era tan deplorable el estado de los indios, que haca dos aos que stos no cohabitaban con sus mujeres, para que no pariesen esclavos que sirviesen a los castellanos.37Con tanta insolencia se haca el trfico de esclavos en Len de Nicaragua, que en 5 de octubre de 1529 quejose el licenciado Francisco Castaeda al emperador don Carlos, de que en ese ao haban arribado al puerto de Len dos naves, cuyos capitanes no las dejaron visitar a los oficiales reales, y cargndolas, sin consentimiento de stos, de indios libres y esclavos, llevronselos a Panam. Y para agravar estos desrdenes, Castaeda dijo tambin al emperador que todo se haba hecho con beneplcito del gobernador de Nicaragua.38A vista de los escndalos y calamidades que pasaban en aquellas tierras, quin podr tachar de injusto y exagerado el lenguaje de Las Casas cuando afirma que “Pedrarias entr en aquella tierra como lobo hambriento de muchos das entre muy inocentes y mansas ovejas y corderos: y como el mpetu del furor y ira de Dios: y hizo tantas y tales matanzas y extragos: tantos robos y tantas violencias y crueldades con toda la gente espaola que llev: y despobl tantos pueblos y habitaciones que hervan de gentes, que jams se vi ni oy, ni se escribi por ninguno de quantos oy historias hicieron... Contar los estragos que hizo en particular en toda aquella tierra, y a la postre en la felice provincia de Nicaragua: vuestra magestad se espantara: y si fuere servido nosotros lo diriamos”.39

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 244\ 244\ 244\ 244\ 244\ Pedrarias muri en 1530; y aunque los indios se libraron entonces de tan cruel azote, sus males continuaron bajo el mando de sus sucesores. Uno de stos fue el referido licenciado Francisco Castaeda, quien escribi al emperador desde Len de Nicaragua en 1 de mayo de 1533, pidindole que diese licencia para hacer esclavos, porque de ese modo se impedira que la gente se marchase al Per. Por otra parte, los pobladores quejbanse de la poca atencin que prestaba el gobierno de la metrpoli a los negocios de aquella provincia, cuya poblacin indgena haba menguado mucho por la mortandad y exportacin de indios esclavizados a otros pases, pues de ese trfico sacaban gran provecho los gobernadores, los oficiales reales y otros empleados. Luego que lleg a Nicaragua la real provisin ya otras veces citada para que no se herrasen ni esclavizasen ms indios, encontr all tan fuerte oposicin, que fue desobedecida como en las dems partes del Nuevo Mundo. En vano, algunas personas de conciencia clamaron contra la infraccin de las leyes: en vano prohibi el rey, que de los esclavos existentes ninguno se sacase de Nicaragua, ni adelante se hiciesen por ningn motivo: en vano orden que se le enviase un registro de todos los que haba: en vano, en fin, mand a los gobernadores de Panam y del Per, que si algunos esclavos de Guatemala, Nicaragua y de otras provincias se llevasen a aquellas gobernaciones, o indios libres, no los dejasen desembarcar, sino que inmediatamente los restituyesen a sus tierras.40 Todo, todo fue intil, pues aquellos infelices siguieron arrastrando las mismas cadenas que en aos anteriores. Ya la ciudad de Granada, en Nicaragua, represent al emperador en 1535, que la cdula que haba dado para que se herrasen esclavos bajo de ciertas condiciones, se haba comenzado a aplicar en Len; pero que era tan perjudicial, que se destruira la tierra “porque ningunas condiciones se guardaban”.41En el mismo ao, uno de los primeros pobladores de Nicaragua, que a la sazn se hallaba de escribano del cabildo de Granada, escribi al emperador dndole noticias muy importantes sobre los males de aquella tierra. “En 12 aos que se pobl esta provincia no ha habido quien mirase por ella: mil agravios, residencia ninguna; as ha ido siempre de mal en peor. Fundaronse en ella ciertos pueblos que ha venido resumirse en dos Ciudades. Es la provincia mejor y ms abundosa de Indias: la tierra llana, carnes de muchos generos, frutas todo el ao. Tuvo y tiene an muchos naturales de buen servicio y mucha razn. Se han disminuido 4/5 por muchas crueldades que con ellos hemos usado; 1/3 dellos se han hecho esclavos, no siendolo ninguno, y como se herravan se vendian fuera, que era darles muerte. Sin duda no son vivos 1/20 de los sacados a Panam, Per & que ha sucedido sacar 400, en un navo, y antes de

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JOS ANTONIO SACO /245 /245 /245 /245 /245 acabar el viage no quedar 50. Hasta 20 navios andan de trato de aqu con el Per: por lo que est perdida una tierra digna de tanta fama como aquella, y la tendra si hubiera justicia”42Haba el padre Las Casas pasado de Mjico a Nicaragua en 1535 con licencia del rey para convertir a los indgenas con sola su predicacin; y mientras estuvo all, se opuso enrgicamente a que el gobernador Rodrigo de Contreras hiciese entradas en el interior contra los indios. De aqu nacieron graves conflictos entre Las Casas y el gobernador, pues ste deca que aqul le amotinaba la gente y los soldados. Llegaron las cosas a tal extremo, que se intent a Las Casas en 1536 una causa criminal, segn consta en dos informaciones hechas a pedimento de Rodrigo de Contreras: una empezada en Len en 23 de marzo de aquel ao ante el obispo de Nicaragua don Diego lvarez Osorio, la cual se suspendi por su muerte, pues el provisor Pedro Garca Pachecho no quiso que siguiese. La otra informacin empezose tambin en Len en 30 de junio de 1536 ante el alcalde ordinario; pero sta tampoco tuvo resultado. Las Casas, convencido de que entonces no poda alcanzar ningn fruto en aquella tierra, marchose con otros religiosos sus compaeros para Guatemala,43 a donde le haba llamado con sus cartas el obispo de aquella ciudad don Francisco Marroqun. La oposicin de Las Casas a tales entradas era muy justa, pues se cometan en ellas grandes atrocidades. Salan los espaoles a caballo a saltear indios pacficos, y como la tierra era llana; ni podan huir ni esconderse en los montes. A los que entonces cogan, agregbase otro mal, porque acostumbrando los espaoles llevar a esas correras muchos indios con sus cargas, encadenbanlos por el pescuezo para que no se les escapasen. Vez hubo que de 4 000 indios que se sacaron cargados, no volvieron seis vivos a sus casas, pues todos quedaron muertos por los caminos. “ quando algunos se cansavan, y se despeavan de las grandes cargas, y enfermavan de hambre, trabajo, y flaqueza; por no desensartarlos de las cadenas les cortavan por la collera la cabeza, caya la cabeza un cabo, y el cuerpo otro”. “Vase qu sentirian los otros”.44Ni fueron las entradas el nico azote de los indios; pues su exportacin como esclavos a otras tierras, segn se ha dicho antes, influy poderosamente en acabarlos. Contra las maldades de los gobernadores de Nicaragua alz tambin su voz Guillermo de Ampies, antiguo criado que haba sido de la Casa Real. Quejose al emperador de que los gobernadores no cumplan las rdenes reales, y de la justicia y pasin con que procedan. Maravillbase de que los del Consejo no viesen lo que pasaba despus de tan larga experiencia. Deca que cualquier gobernador hallaba testigos para

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 246\ 246\ 246\ 246\ 246\ cuanto quera, y aunque bien conocidos stos, no se castigaban los perjuicios. En su concepto, de continuar la indulgencia que se usaba con los gobernadores, resultaran graves daos a las tierras.45En apoyo del testimonio de Ampies viene el de Las Casas, quien dice, que la pestilencia ms horrible que principalmente asol la provincia de Nicaragua, fue la licencia concedida a los espaoles para pedir esclavos a los caciques de los pueblos, pues en el espacio de 14 aos haban perecido tantos indios que ya no quedaban sino 4 o 5 000.46Tan cierta es la despoblacin que sufri Nicaragua con la dura esclavitud que se impuso a sus hijos, que confrmanla Gonzalo Fernndez de Oviedo47 y Pascual de Andagoya, uno de los compaeros de Pedrarias, y que conoci muy bien las maldades de sus compatricios en aquel pas. ste dice: “Esta tierra [Nicaragua] es pobre de oro: no se han hallado minas sino es 70 leguas de Leon, y llevando la gente de aquella Provincia que es tierra llana y caliente, sacar oro tan lejos y en sierras altas, y llevando los mantenimientos desde all que haban de comer para los que sacaban el oro, se acab muy gran parte de la gente de aquella tierra; y no las pudiendo sostener, las despoblaron, y despues no teniendo de que se aprovechar la tierra, comienzan hacer esclavos de los indios que se revelaban y apremiar los Seores que les diesen esclavos; y ellos por no ser maltratados, hacian decir su gente que lo eran, no lo siendo, y destos sacaron vender Panam y al Per muy gran cantidad, y estas dos cosas fueron causa para que aquella tierra quedase muy despoblado de los naturales”.48Tal fue la situacin de Nicaragua, situacin que deplor su venerable obispo fray Antonio de Valdivieso, y que como hombre de conciencia expuso francamente al gobierno.49Consumada la conquista de Mjico, el genio activo y emprendedor de Corts no pudo permanecer tranquilo, y empujado por la ambicin y el amor a la gloria, lanz, como ya hemos visto, algunas expediciones a pases ms o menos distantes del centro de su gobierno. Una de ellas fue al mando de su capitn Pedro de Alvarado para que conquistase a Guatemala. March ste de Mjico el 6 de diciembre de 1523, con 200 infantes, entre ellos muchos ballesteros y escopeteros; ms de 80 caballos; cuatro caones y muchos indios mejicanos.50Su primera batalla fue en las fronteras de la provincia de Soconusco, en la que muri el rey o jefe superior de Zacpula. De all pas a la ciudad de este nombre, y despus a Quezaltenango y Utatlan. En las inmediaciones de esos pueblos y en otros puntos tuvo sangrientos combates, mat muchos indios, y esclaviz a otros en gran nmero, dando al rey la quinta parte que fue vendida en almoneda.51 Terrible fue la venganza que tom en Utatlan.

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JOS ANTONIO SACO /247 /247 /247 /247 /247 Tena esta ciudad las calles muy estrechas, y slo dos entradas. Los indios fingindole amistad, rogronle que se quedase en ella, con intencin de destruir a todos los espaoles; mas, conociendo Alvarado el peligro que corra en calles tan estrechas, sali inmediatamente de la ciudad y en su retirada recibi algn dao de indios en gran nmero apostados en torno de ella. Disimulando su clera, procur atraerlos con ddivas y buenas maneras; mas, luego que tuvo en su poder a los jefes, los quem vivos. “ como —as escribi Corts— conosc de ellos tener tan mala voluntad; al servicio de su Majestad; i para el bien i sosiego de esta Tierra, yo los quem i mand quemar la Ciudad, i poner por los cimientos; porque es tan peligrosa, i tan fuerte, que ms parece Casa de Ladrones, que no de pobladores”.52Alvarado en sus combates no consider a esos indios como valientes que peleaban en defensa de su patria, sino como rebeldes y traidores a la Corona de Castilla, pues haba empleado, para que se le sometiesen, los requerimientos de costumbre, y como si siguiera un juicio contencioso con alguno de sus compatricios ante un tribunal espaol, dcenos con una conciencia segura y con una seriedad que raya en lo burlesco. “Yo hice proceso contra ellos, y contra los otros, que me havian dado la guerra, y los llam por pregones, y tampoco quisieron venir; y como v su rebelda, y el proceso cerrado, lo sentenci, y d por traidores, y pena de muerte a los Seores que de estas Provincias, y todos los dems, que se hoviesen tomado, durante la guerra, y se tomasen despues, hasta en tanto, que diesen la obediencia su Magestad, fuesen esclavos y se herrasen, y de ellos, de su valor se pagasen 11 caballos, que en la conquista de ellos fueron muertos, y los que de aqu adelante matasen, y ms las otras cosas el de Armas, y otras cosas necesarias la dicha conquista”.53La conducta de Alvarado con los indios de Guatemala, y aun de Nicaragua, confrmala el adelantado Pascual de Andagoya. Dice: “Alvarado hizo en ellas muchas crueldades, pacific la tierra con mucho dao della: sac mucha gente para el armada que hizo al Per, y esclavos que consinti hacer, as como en Nicaragua, de donde ha venido mucha disminucin de gente en la tierra”.54Deseando Alvarado sustraerse de la dominacin de Corts, pas a Espaa donde cas con doa Beatriz de la Cueva, hija de la casa de los seores de Bedmar. Con sus servicios anteriores y con la fuerte proteccin de su mujer, obtuvo la gobernacin de Guatemala en 1527. En ese mismo ao hizo en Burgos a 15 de diciembre una contrata con el secretario Cobos, y el doctor Beltrn del Consejo de Indias; obligndose a introducir en su gobernacin 600 esclavos para explotar las minas, tomando todos tres partes iguales del oro, y pagndose anualmente de las tercias del secretario Cobos y del doctor Beltrn, 10 pesos de cada 300

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 248\ 248\ 248\ 248\ 248\ maraveds de oro que se cogiese, por cada esclavo de sus partes. Alvarado, despus de su llegada a Guatemala, hall que los esclavos valan menos, y por esto no quera sino 3 pesos por cada uno de ellos, y el tercio de las herramientas empleadas en la explotacin. Esta modificacin de la contrata fue formada en Guatemala, el 28 de julio de 1530.55Esta contrata manifiesta no slo la codicia de Alvarado, que era uno de sus grandes pecados, sino la corrupcin de ciertos personajes de la corte; pues cuando un ministro de la corona y un miembro del Consejo de Indias hacan tales contratas con el rapaz gobernador de una rica provincia del Nuevo Mundo, ya se deja conocer que estaban dispuestos a consentir las crueldades que contra los indios se cometan para enriquecerse a costa de sus vidas. Del mal proceder de Alvarado dieron cuenta al emperador los oficiales reales de Guatemala, pues le dijeron: “Trae aqu en minas 1 500 esclavos herrados, de que en la fundicion de San Juan huvo 12 000 pesos. Dos provincias que tiene en Mexico, Izucar y Suchimilco, le producen anualmente 4 000. Su quitacion de Gobernador son 2 000 ducados. En un ao ha hecho ms de 3 000 esclavos de rescate. Entretanto no tiene V.M. ni una casa de fundicion: de manera que esta tierra solo tiene de V.M. el nombre; el provecho es todo del Gobernador... V.M. ha mandado que no se hierren los indios, ni se saquen de una tierra otra, ni se les cargue como sola. En Mxico todo se observa en gran beneficio de los indios. Aqu insiste el Gobernador que ha de llevar en la armada los principales con 1 000 2 000. La experiencia ha mostrado que si van 2 000 indios la guerra, no vuelven 500, porque aunque son crueles y carniceros que se comen unos otros, son por otra parte tan miserables y de poca complision, que con pequeo trabajo mueren. Qu ser llevndolos 1 000 2 000 leguas por mar?”56La orden que llev la nueva Audiencia de Mjico para que no se hiciesen esclavos en Nueva Espaa, fue comunicada por ella a la de Guatemala en 1531, en cuya provincia se acostumbraba mucho el herrar y cargar a los esclavos.57 Pero no haciendo ningn caso de esa ley los espaoles que all moraban, siguieron esclavizando. Con este motivo, la Audiencia de Nueva Espaa escribi al emperador desde Mjico en 5 de agosto de 1533, manifestndole, que por carta de fray Francisco Marroqun, obispo de Guatemala nombrado en aquel ao, tena la certeza de haberse concedido el hierro de rescate para hacer esclavos, lo que deba remediarse para impedir la total perdicin de aquella tierra. Y en 8 de agosto del mismo ao, el obispo de Mjico escribi tambin al emperador, dicindole que el haberse concedido hierro a Guatemala, era acabar con ella. En estas cartas se consigna el hecho curioso de que cuando en 1532, los esclavos valan en Nueva Espaa, 40 pesos, en Gua-

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JOS ANTONIO SACO /249 /249 /249 /249 /249 temala valan 2 en 1533;58 prueba evidente de la grande abundancia que haba de ellos. Ni slo fueron la Audiencia de Nueva Espaa y el obispo Marroqun quienes elevaron sus quejas al emperador sobre la suerte infeliz de los indios de Guatemala; que tambin alzaron en su favor una enrgica voz los religiosos franciscanos que entonces residan en la ciudad de Mjico. A pesar del mal estilo en que est escrita su exposicin al monarca, dijronle la verdad con un espritu tan evanglico y con tal franqueza e independencia, que su lenguaje forma un notable contraste con el de tantos malos espaoles y aduladores cortesanos.59El licenciado Cristbal Pedraza, obispo que fue de Honduras, vio de mal ojo la destruccin que Alvarado caus en los indios aches de Guatemala. Sin acusarle, y aun suponiendo que ignoraba muchos males, dice al emperador que haba varias cuadrillas de espaoles derramadas por el pas haciendo esclavos para las minas de Guatemala; y hombre hubo en esa ciudad, que enviando un criado suyo a tales correras, llevole 120 esclavos herrados. Pide al gobierno facultad especial para compeler a los que tienen indios de Honduras esclavizados, a restituirlos a su naturaleza: y lamntase por ltimo de la gran disminucin de los naturales de aquella tierra, pues poblada a semejanza de Mjico, ya apenas tena 15 000 indios.60El mismo obispo volvi a escribir al emperador desde la ciudad de Santiago, capital de Guatemala, en 20 de noviembre de 1539; y despus de darle las gracias por el nombramiento de protector de indios que acababa de recibir, dcele que la cdula que tena Alvarado para que cada espaol de su armada pudiese llevar dos esclavos, ocasionara graves daos, pues muchos libres seran llevados como esclavos, y todos moriran en breve, como suceda. En esta carta clama perfectamente contra la iniquidad y codicia de los espaoles en tomar y vender esclavos; y as pide que se averige cules son los injustamente hechos para que se les liberte. Habla tambin de la mortandad de los indios y de los fundados temores de que se acabasen; cosa tanto ms dolorosa, cuanto que Guatemala haba estado ms poblada que el imperio mejicano. Cuando Alvarado fue a la conquista de Guatemala, dijo a Corts: “Desde esa Ciudad de Mjico hasta lo que y he andado, i conquistado, ai 400 leguas: y crea Vuestra Merced que es ms poblada esta Tierra, y de ms gente que toda la que Vuestra Merced hasta agora ha gobernado”.61La gobernacin de Alvarado en Guatemala dur hasta el ao de 1541 en que muri, guerreando con los indios de la Nueva Galicia, adonde haba sido llamado, en ausencia de Corts, por el virrey de Nueva Espaa don Antonio de Mendoza, para que reprimiese el alzamiento de los chichimecas. Trgica fue su muerte, pues batiendo un pen en que estaban los indios, cay uno de los caballos delanteros, y encontrndole en

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 250\ 250\ 250\ 250\ 250\ su cada, arrojole en un precipicio,62 del que le sacaron destrozado, y llevndole a Guadalajara, expir a los tres das en marzo de aquel ao63con muestras de gran arrepentimiento de sus pecados. En medio de los profundos suspiros que daba, preguntole uno de sus amigos que a su cabecera estaban: cul era la parte que ms le dola? Y l respondi: el alma Como no pudo hacer testamento por su situacin, dio a uno de sus hermanos y a su amigo el obispo Marroqun de Guatemala amplios poderes para que lo otorgasen; y desempeando ste su comisin, dej a la historia un documento que es la condenacin del gobierno de Alvarado en Guatemala. En la primera clusula declar el obispo que Alvarado haba dejado en un valle inmediato a la ciudad de Guatemala una hacienda o labranza con muchos esclavos casados, que en su concepto no haban sido esclavizados con segura conciencia; y por eso dijo en la misma clusula: “En los aos primeros de la poblacin de la dicha labranza, el dicho Adelantado llam los Seores principales de los dems pueblos que el dicho Adelantado tenia en encomienda, les hizo cierta pltica, y les pidi cada seor de cada pueblo que le diessen tantas casas con sus principales para las poner juntar en la dicha labranza. Los quales como le tuviessen por seor, averlos l conquistado se las dieron assi como las pidi. Esse herr por esclavos los ms dellos sin preceder otro exmen. para descargo de la conciencia del dicho Adelantado, y conforme lo que y con l tena comunicado platicado, y lo que sabia de su voluntad, digo: que dex por libres todos los indios esclavos que estan en la dicha labranza milpa: sus mugeres hijos”.64Esa labranza o hacienda en que trabajaban los referidos esclavos, fue transformada en una encomienda con cuyo producto fund el obispo dos capellanas para que sus capellanes dijesen cierto nmero de misas por el alma de Alvarado y de su mujer doa Beatriz de la Cueva. Dispuso, adems, que si sobraba alguna renta, se repartiese en los pobres de Guatemala, y en dotar a las hijas hurfanas de los conquistadores. Como Alvarado tena tambin en las minas esclavos injustamente hechos, el obispo dispuso en otra clusula lo siguiente: “Por cuanto el dicho Adelantado (que en gloria est) dej muchos esclavos sacando oro en las minas, lo que era gran cargo para su alma pues los haba pedido los indios que tena en encomienda y ellos se les habian dado del mismo modo que se ha referido en la clusula anterior; sobre cuya injusticia yo le habl muchas veces, y l la reconoci; pero como tena muchas deudas, no se atrevi a hacer lo que convena para la seguridad de su conciencia. Y el referido Adelantado siempre me dijo que cuando estuviese libre de deudas libertara esos esclavos”. Fundado en estas consideraciones, el obispo declar que esos esclavos fuesen libres despus que hubiesen ganado lo suficiente para pagar

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JOS ANTONIO SACO /251 /251 /251 /251 /251 las deudas del difunto adelantado; y dejar alguna cosa que pudiese darse a sus hijos naturales; porque mientras llegaba ese da, se les tratase bien e instruyese, ponindolos despus en la mencionada labranza. Por ltimo, el testamento contena otra clusula relativa a las conquistas de Alvarado, en las cuales haba hecho mucho mal a los indios;65pero como ese dao no poda apreciarse, y la conciencia de Alvarado deba quedar exonerada, el obispo dispuso que se enviasen a Castilla 500 pesos de oro para la redencin de cautivos. Sin negar yo que este legado tena un fin piadoso, mejor hubiera sido destinarlo al bien de algunos indios, o a obras de beneficencia en Guatemala. Luego que el virrey de Nueva Espaa don Antonio de Mendoza supo la muerte de Alvarado, comunicola a su viuda doa Beatriz de la Cueva. Sumiola tan fatal nueva en el ms profundo dolor, y son tan curiosos los incidentes que ocurrieron, que same permitido referirlos brevemente en gracia de su extraeza. Entregada a la desesperacin negose por algunos das a todo alimento: hizo pintar su casa de negro por dentro y por fuera: a nadie quera ver ni or, y retirada al fondo de una pieza oscura, all prorrumpa en sollozos y lamentos. Condolido de su situacin fue a consolarla el venerable religioso fray Pedro de Angulo, y con un espritu evanglico le dijo que Dios castigaba a los hombres con dos especies de males, unos grandes, y otros pequeos; que los grandes eran cuando Dios los privaba de su gracia en esta vida, o del cielo en la futura; y que pequeos eran aquellos en que los privaba de las cosas terrenales, como las haciendas, mujeres, hijos, o maridos. Al or estas palabras doa Beatriz salt como una vbora pisada y exclam: “Vyase Ud. Padre, y no vuelva aqu con estos sermones: por ventura tiene Dios ms mal que hacerme, despus de haberme quitado al adelantado mi seor”.66Nadie hubiera pensado que en medio de tan terribles circunstancias esa mujer abrigase en su corazn los sentimientos que manifest, pero como dice fray Antonio Remesal: “Con todos estos extremos [alude a su dolor] exceda su ambicin a las lgrimas, y el deseo de mandar la falda de mongil y pliegues de la toca”.67Alvarado, al salir de Guatemala para combatir a los chichimecas en Nueva Espaa, dej por su teniente a su cuado el licenciado don Francisco de la Cueva; y cuando aqul muri, el virrey de Mjico nombr a ste de gobernador interino, mientras el emperador ordenaba otra cosa;68 mas, doa Beatriz deseaba el mando, y pasados que fueron los nueve das que duraron las exequias de su marido, llam a su casa al obispo, a los alcaldes y regidores para instarles que le nombrasen gobernadora. Juntose el ayuntamiento el 9 de septiembre de 1541, y despus de una larga discusin, accedi a sus deseos por un voto casi unnime, pues slo se opuso enrgicamente Gonzalo Ortiz, uno de los alcaldes.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 252\ 252\ 252\ 252\ 252\ Hecha que fue su eleccin, ella nombr por su teniente al mencionado don Francisco, su hermano. ¡Ejemplo extrao de gobierno, no slo por la persona en quien recay, sino por su cortsima duracin, pues al cabo de dos das doa Beatriz y centenares de personas, perecieron en las ruinas de Guatemala destruida por un terremoto acompaado de la erupcin de un volcn de agua, que estaba en su vecindad.69Muchos aos antes de la muerte de Alvarado, y desde 1530, fundose una audiencia en Guatemala, cuyo distrito empezaba en los ltimos trminos de Tecoantepec acabando en los de Costa Rica. Sin contar las provincias menores, estaba dividida en 13 principales, que eran Chiapa, Soconuso, Suchitepec, Cuatemalan, Vera-Paz, Calcos, San Salvador, San Miguel, Honduras, Chuluteca, Nicaragua, Taguzgalpa, y Costa Rica.70Como esa Audiencia estaba situada en los lmites confinantes de Guatemala, Nicaragua, Honduras y Yucatn, llamsela Audiencia de los Confines Entre esas provincias erigiose despus en obispado la de Chiapa. Como Casas haba sido el alma de las Nuevas Leyes el gobierno fij los ojos en l para que aceptase el obispado de aquella provincia, donde era necesaria la presencia de un hombre de su carcter y autoridad; y aunque poco antes haba rehusado por razones poderosas el obispado del Cuzco, viose obligado a aceptar el de Chiapa que se hallaba vacante por muerte de don Juan de Arteaga, su primer obispo. Acompaado de algunos religiosos parti de Sanlcar para su nueva dicesis en 10 de julio de 1544, y lleg a Santo Domingo el 9 de septiembre del mismo ao, donde sufri mil desaires y amarguras de los castellanos all establecidos. Continu su navegacin con inmensos trabajos y no pudo llegar a Ciudad Real, capital de Chiapa, hasta febrero de 1545. Recibironle con grandes festejos y alegra, pensando los castellanos que con estos halagos ablandaran el temple enrgico de Las Casas; ms, pronto conocieron su error, y los aplausos y obsequios que le tributaron, convirtironse en invectivas y ultrajes. Uno de los objetos principales de su misin era hacer cumplir las Nuevas Leyes pues el trfico de esclavos continuaba y en slo el pueblo de Tecucitlan haban los espaoles de Guatemala esclavizado 700 indios.71Cuando l vio la obstinada resistencia de aquellos hombres, y que ni sus pblicas predicaciones ni sus consejos y privadas amonestaciones producan efecto alguno en su grey, apel a las armas espirituales, privando de los sacramentos a cuantos retuviesen a los indios en esclavitud; y para lograr su fin, suspendi a todos los confesores de la ciudad, excepto al den y un cannigo de la catedral a quienes les dio un memorial de casos que reservaba para s, y que casi todos se reducan a actos de injusticia contra el prjimo. Dura, por cierto, era esta medida; mas, no faltaban motivos poderosos para dictarla. Oigamos a Remesal:

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JOS ANTONIO SACO /253 /253 /253 /253 /253 “A escondidas de sus amos se le entraba la indiezuela en casa, toda baada en lgrimas, y asida sus pies le deca. ‘Padre mo y gran seor, yo soy libre, miradme, no tengo hierro en la cara, y mi amo me tiene vendida por esclava: defindeme, que eres mi padre’, y aada estas otras razones de gran ternura que las mujeres indias son muy sentidas y significan con extremo su dolor. Los hombres acudian ms amenudo, por que era ms ordinaria su desgracia, y los unos y los otros continuaban la compasion del piadoso pastor, y le encendan en fervorosos deseos de poner remedio a tantos males”.72Temblaron los castellanos de esta censura espiritual a que no estaban acostumbrados, y valindose de la mediacin del den y de los padres mercedarios, pretendieron mitigar al obispo para que revocase la orden que haba fulminado. Mas, hallndole inflexible en el cumplimiento de su deber, “pasaron a requerirle con la bula del Papa sobre las Indias, a lo cual respondi el que en la bula no haba nada de guerra, ni de facultad para hacer esclavos, y sobre todo que el Papa no le poda mandar que diese los Sacramentos a los que no slo no tenan propsito de enmendarse del pecado, pero que ni dejaban de pecar. Volvironle a requerir formalmente por ante escribano para que diese licencia de absolverlos, amenazndole que de lo contrario, se quejaran de l al arzobispo de Mjico, al Papa, al rey, y a su consejo, como de un hombre alborotador de la tierra, inquietador de los cristianos y su enemigo, y favorecedor y amparador de unos indios feroces”. “¡Oh ciegos —respondi l—, y como os tiene engaados Satans! Qu me amenazais con el arzobispo, con el Papa y con el rey? Sabed que, aunque por la ley de Dios estoy obligado a hacer lo que hago, y vosotros a hacer lo que os digo, tambin os fuerzan a ello las leyes justsimas de vuestro rey, ya que os preciis de ser tan fieles vasallos suyos”. Entonces sac las Nuevas Leyes y leyndoles las que trataban de la libertad de los esclavos: “Ved —les dijo—, si soy yo quien se puede quejar mejor de lo mal que obedecis a vuestro rey. —De esas leyes tenemos ya apelado —dijo uno—, y no nos obligan mientras no venga sobrecarta del Consejo.—Eso fuera bien —replic el obispo—, si no tuvieran embebida en s la ley de Dios, y un acto de justicia tan grave como la libertad de un inocente tan injustamente opreso y cautivo, como lo estn todos los indios que se compran y venden pblicamente en esta ciudad”.73Terminada esta escena tan desagradable, repitiose a pocos das otra sumamente escandalosa. Faltando el den a la confianza con que Las Casas le haba honrado, empez a absolver y a dar los sacramentos a muchos espaoles poseedores de esclavos, y que traficaban en ellos. Convidole el obispo a comer a su casa para reconvenirle fraternalmente; acept el den, pero no asisti. Con este motivo, Las Casas le mand llamar y l se excus, metindose en cama como enfermo. Llamado de

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 254\ 254\ 254\ 254\ 254\ nuevo, dio la misma excusa; vindose obligado el obispo, despus de amenazas y censuras, a librar contra l un mandamiento de prisin. Lo que entonces acaeci, dejo que lo refiera el imparcial bigrafo de Las Casas. “Fuele forzoso al Den seguir al alguacil y clrigos que fueron prenderle; y hallando la calle llena ya de gente que habia acudido la novedad, empez decir voces que le ayudasen, y que l los confesara todos y los absolvera. Un alcalde en vez de sosegar el tumulto, lo inflam con las imprudentes voces de: ‘Favor al rey y la justicia!’ acudi todo el pueblo en armas, y mientras los unos sacaban al Den de las manos de los clrigos, los otros acudieron tomar la puerta de los frailes dominicos para que no saliesen del convento, y los otros en tropel gritando furiosos: ‘¡Aqu del Rey!’ inundaron las habitaciones del Obispo”. “Los que estaban en las primeras salas procuraron sosegarlos; pero el Obispo, que estaba en su aposento, oyendo las voces, sali hablarles: y aunque un religioso dominico que se hallaba all la sazon, temiendo algun atropellamiento, le volvi dentro del aposento, all se entraron con l los cabezas del alboroto, descomponindose en ademanes y en acciones y haciendo alguno de ellos propsito y juramento de matarle. l lo miraba y escuchaba todo con intrepidez y sosiego, y las razones que les dijo fueron tales, y su compostura y ademan tan venerables y persuasivos, que salieron confundidos en el momento que quiso despedirlos”. “El Den aquella misma noche se sali de la ciudad. Uno de los alcaldes se present armado al Obispo, ofrecindose ir a buscarle y traerle preso a sus pies: l no lo consinti, y se content con privarle de la facultad de confesar, y declararle incurso en excomunion”.74Sosegado el alboroto, los padres dominicos convencidos de que haba de repetirse, y temiendo por la vida de Las Casas, aconsejbanle que se ausentase; pero l les responda: “y a dnde queris que vaya? A dnde estar seguro tratando el negocio de la libertad de estos pobrecitos? Si la causa fuera ma de muy buena gana la dejara para que cesaran estos miedos y se sosegaran todos; pero es de mis ovejas, es de estos miserables indios, oprimidos y fatigados con servidumbre injusta y tributos insoportables que otras ovejas mas les han impuesto. Aqu me quiero estar, sta es mi iglesia, y no he de desampararla. ste es el alczar de mi residencia, quirole regar con mi sangre, si me quitaren la vida, para que se embeba en la tierra el celo del servicio de Dios que tengo, y quede frtil para dar el fruto que yo deseo, que es el fin de la injusticia que la manda y posee. Y para alentarlos aada: Son antiguos contra m estos alborotos y el aborrecimiento que me tienen los conquistadores: ya no siento sus injurias, ni temo sus amenazas; que segn

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JOS ANTONIO SACO /255 /255 /255 /255 /255 lo que ha pasado por m en Espaa y en Indias, esta gente estuvo muy contenida el otro da”. Traspasado el corazn de Las Casas con las miserias que padecan los indios, determinose a ir a la Audiencia de los Confines para exponer ante ella la necesidad de remedio a tantos males. Parti, pues, en junio de 1545, para la ciudad de Gracias a Dios, donde estaba a la sazn aquel tribunal, y al que tambin haban acudido entonces con el mismo fin los obispos de Guatemala y Nicaragua. Las Casas, luego que lleg, present a la Audiencia un largo memorial, refiriendo los males que sufran los indios, proponiendo su remedio y pidiendo su libertad en cumplimiento de las leyes recin publicadas. Pero all le aguardaban nuevos desaires y ultrajes; pues los magistrados de aquella Audiencia, cuando le vean en ella, solan decir: “echad de ah a ese loco”. Entre esos jueces sealose por su insolencia e ingratitud, el licenciado Maldonado su presidente, quien haba por la influencia de Las Casas obtenido tan elevado puesto. Arrebatado un da llamole en su frenes “bellaco, mal hombre, mal fraile, mal obispo, y que mereca un severo castigo”. A este torrente de injurias, Las Casas, reportado y sereno, ponindose la mano en el pecho, mirndole fijamente, e inclinando un poco la cabeza, slo le contest : “yo lo merezco muy bien todo eso que V.S. dice, seor licenciado Alonso Maldonado”; con lo cual daba a entender, que habiendo sido l quien propuso a hombre semejante para tal empleo, de nadie tena que quejarse. Al fin, aquellos oidores, o por libertarse de las reclamaciones de Las Casas, o convencidos de que algo deban hacer en su cumplimiento de las Nuevas Leyes acordaron que fuese uno de ellos a visitar la provincia de Chiapa. Entonces, Las Casas torn a Ciudad Real, y a su llegada los espaoles asaltaron armados el convento de la Merced en que se haba alojado, ultrajronle hasta con las ms groseras palabras, y aun amenazronle de muerte. Pero aquella turba desenfrenada pas como por encanto del furor a la calma, y al cabo de tres horas echose a sus pies, pidindole perdn de lo que haba hecho, sacndole en solemne procesin por las calles y festejndole al siguiente da con un juego de caas. A pesar de estas alegres demostraciones, l resolvi abandonar una grey tan turbulenta, pues como la raz del mal exista sin que le fuese dado arrancarla, saba que las pasiones populares exaltadas por el inters personal, haban de ocasionarle nuevos ultrajes y amarguras. Trat, pues, de acelerar su partida de una tierra que tan mal le haba recibido, y como a la sazn fue llamado por el visitador de Mjico don Francisco Tello de Sandoval para que asistiese a una junta de prelados que en aquella ciudad se haba de reunir, segn ya he dicho en otra parte, marchose para Mjico en 1546. Habindose cometido en Guatemala tantas injusticias bajo la gobernacin de Alvarado, que los restos de los indios de Tlaxcala y Mjico

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 256\ 256\ 256\ 256\ 256\ que con l fueron a la conquista de aquella provincia, elevaron al emperador en 1547 un memorial, manifestndole los agravios que haban sufrido; pues adems de haberles impuesto a todos enormes tributos, fueron esclavizados los que no haban muerto. Los pocos que quedaban en nmero de 40 a 50, pidieron al monarca que se les devolviese su libertad; peticin que no fue desatendida, pues al dignsimo licenciado Cerrato que de la Audiencia de Santo Domingo haba pasado a la presidencia de los Confines, mandsele que examinase el asunto, y que hiciese justicia desagraviando a esos indios. Al pie del memorial no aparece firma alguna; mas, hubo de ser obra de algn religioso, y como hasta ahora ha permanecido indito, insrtole por nota.75Habase dado un gran paso en favor de la libertad de los indios, pues mandose en 1548 a la Audiencia de los Confines, que en las provincias de Guatemala, Chiapa, Nicaragua y Honduras se declarase libres a todas las mujeres de cualquier edad que fuesen, y a todos los varones que no tenan 14 aos al tiempo de haber sido esclavizados, no obstante que fuesen en guerra, entrada, o rancheras hechas en tierras de indios amigos o enemigos, porque stos no pudieron ser tomados por esclavos, ni aun en caso de rebelin. En cuanto a los esclavos de mayor edad hechos en la guerra, ordenose que el poseedor probase, que el indio fue cogido en guerra justa, y que en ella se guardaron todos los requisitos exigidos por las leyes, pues de lo contrario deban darse por enteramente libres, aunque estuviesen herrados, por tener en su favor la presuncin de libertad. Si entre esos esclavos haba alguno, que pareciera ser vendido como perteneciente al quinto del rey, la Audiencia oyese a su fiscal; y siendo as, la Real Hacienda pagase al comprador el precio que haba dado. Respecto de los dems esclavos que no lo eran por va de guerra, y que reclamaban su libertad, mandose a la Audiencia, que oyendo a los esclavos y compradores, hiciese breve y sumaria justicia, conforme a la ley ltimamente promulgada sobre los esclavos.76Justas eran esas disposiciones, y para que se cumpliesen, hallbase todava a la cabeza de aquella Audiencia el ya mencionado Cerrato. No es, pues, extrao que ese benemrito magistrado hubiese escrito al emperador desde Gracias a Dios en 28 de septiembre de 1548, anuncindole que de la costa de Guatemala haban llevado al Per ms de 6 000 indios libres por esclavos: de manera que ya estaba despoblada aquella costa.77 Y no fue en vano su queja, porque el gobierno le contest, que castigase aquellos delitos con todo el rigor de justicia. Empeado el monarca en que ni en Guatemala, ni en ninguna otra provincia del Nuevo Mundo se atentase contra la libertad de los indios, repiti en Castelln de Ampurias a 24 de octubre del mismo ao de 1548 la orden general de que en ninguna parte se esclavizase a los indios, aun en caso de guerra justa y mandada hacer por la legtima autoridad; que

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JOS ANTONIO SACO /257 /257 /257 /257 /257 tampoco nadie pudiese tener por ningn ttulo esclavos aun de los mismos que los indios entre s tenan por tales y que todos los que contraviniesen a esta ley, incurriesen en perdimiento de todos sus bienes aplicados a la Real Cmara y Fisco, restituyendo el indio o indios esclavos a sus propias tierras, con entera y natural libertad, a costa de los que los cautivaron, o tuvieron por esclavos.78Al salir de Guatemala echar una rpida ojeada sobre la regin que se halla entre sus confines y la pennsula de Yucatn. Vivan en ese espacio diferentes naciones o tribus no conquistadas, siendo las principales los itzaes, lacandones, petenes, mopanes, cheaques, choles, chinamitas, cabojes, uchines, ojoyes, tirampies y otras muchas.79 Como todas eran indmitas, tratose de convertir algunas de ellas; mas, habiendo los lacandones dado muerte a dos misioneros, y llegado a la corte esta noticia, expidiose una Real Cdula en 1558 para que la Audiencia de Guatemala tratase de someterlos por medios suaves; pero que si no poda conseguirlo, se les declarase la guerra, esclavizando a los prisioneros, no obstante la prohibicin general de hacer esclavos promulgada en aos anteriores por el rey don Carlos. Publicose aquella Real Cdula en Guatemala el 3 de enero de 1559 y en su consecuencia environse tropas contra los lacandones, a quienes cogieron los espaoles como 200 que fueron esclavizados y llevados a Guatemala, a pesar de las reclamaciones del obispo que entonces resida en Chiapa y que no era, por cierto, el gran Bartolom de las Casas.80Empeose el gobierno en someter los indios que componan las referidas naciones; pero como sa fue obra de la segunda mitad del siglo XVI y parte del XVII en que ya haban triunfado las benficas ideas del padre Las Casas y de otros amigos de los indios, aquella conquista, o no los dio, o si los dio, fue en corto nmero, porque se hizo ms por la predicacin evanglica que por las armas.81Cruzando el golfo de Mjico, y entrando en la Florida, veamos rpidamente lo que all aconteci en punto de esclavitud, pues aunque su conquista fue posterior a la de otros pases situados en el hemisferio meridional, conviene seguir aqu el orden geogrfico ms bien que el cronolgico para dar ms unidad a esta narracin.Notas1En la isla de Cuba llmanse higeras, con la hache aspirada, cuyo sonido es jigeras, y al rbol que las produce se le dice Gira 2Herrera, dc. 4, lib. VIII, cap. III.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 258\ 258\ 258\ 258\ 258\3Herrera, dec. 4, lib. VIII, cap. VIII. 4Herrera, dc. 4, lib. I, cap. VII. 5Herrera, dc. 3, lib. V, cap. VII. 6Herrera, dc. 3, lib. V, cap. XII. 7 “Super Christofori Oliti, de quo lata mentio facta est in superioribus, inobservantia, Cortesium tanta rabies invasit; ut vivere ulterius nolle videretur Olito impunito, cum marium et venarum gutturis summo tumore prae ira, saepe dedit de tanta animi perturbatione signa, neque verbis id significantibus abstinuit” (Peter Martyr, De Orbe Novo dc. 8, cap. X.) 8Relacin quinta de Corts a Carlos V, en 3 de Septiembre de 1526, publicada en la Coleccin de Documentos inditos para la Historia de Espaa, tom. IV, no 2, mayo de 1844, Madrid. 9Relacin quinta acabada de citar. 10Relacin quinta acabada de citar. Bernal Daz del Castillo, Historia (...) de la Conquista de la Nueva Espaa cap. CLXXXIII. Herrera, dc. 3, lib. VI, cap. X. 11Herrera, dc. 3, lib. VIII, cap. IV. 12Herrera, dc. 4, lib. II, cap. V. 13Herrera, dc. III, lib. IX, cap. X. 14Carta de Diego Lpez de Salcedo al emperador desde la villa de Trujillo en Honduras a 31 de Diciembre de 1526. Este documento existe en el Archivo de Simancas, y una copia de l se halla en la Coleccin ... de Muoz, tomo LXXVII. Herrera, dc. 4, lib. I, cap. VI. 15Instruccin de Diego Lpez de Salcedo a Diego Mndez de Inostrosa en el cargo que lleva de su Teniente de la villa de Trujillo, fecha en la ciudad de Len a 20 de Agosto de 1527. (Muoz, Colec. tom. LXXVIII.) 16Herrera, dc. 4, lib. I, cap. VII. 17Herrera, dc. 4, lib. I, cap. VII. 18Carta de Francisco de Barrientos, veedor de Honduras, escrita en Trujillo al emperador en 29 de Marzo de 1530. Carta de Andrs de Cereceda a Hernando de Castro, factor de S.M. en la isla de Cuba, fecha en Honduras en 1530. Estas dos cartas se hallan en la Coleccin... de Muoz. Vase tambin a Herrera, dc. 4, lib. I, cap. VII. 19Herrera, dc. 4, lib. I, cap. VII. 20Herrera, dc. 2, lib. III, cap. IV. 21Lista de los indios esclavos y naborias hechas por mandado de Diego Lpez de Salcedo en Trujillo a 28 de Febrero de 1529. (Muoz, Colec. ) 22Muoz, Colec. 23Herrera, dc. 4, lib. VII, cap. III y IV, y dc. 5, lib. I, cap. IX. 24Comunicacin de Andrs de Cereceda al emperador y al Consejo de Indias en Trujillo a 31 de Marzo de 1530. (Muoz, Colec. tom. LXXVIII.) 25Herrera, dc. 5, lib. I, cap. IX. 26Herrera, dc. 5, lib. I, cap. X. 27Herrera, dc. 5, lib. IX, cap. VIII. Vase tambin la dcada 6, libro I, captulo VIII, en que el fro Herrera dice, que la crueldad de Cereceda exceda a toda humana prudencia. 28Carta al emperador de Jernimo de San Martn fecha en San Pedro a 23 de Abril de 1537.

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JOS ANTONIO SACO /259 /259 /259 /259 /25929Poder general del Cabildo de la villa de San Pedro del Puerto de Caballos, dado a sus procuradores en Corte a 12 de Agosto de 1536. 30Herrera, dc. 6, lib. III, cap. XIX. 31Oviedo, Historia (...) de las Indias, tom. IV, lib. XLI, cap. I. Herrera, dc. 6, lib. VII, cap. IV. 32Carta al emperador del Adelantado D. Francisco de Montejo, fecha en Naco en la provincia de Hibueras, a 28 de Julio de 1537. 33Este documento se halla en la Coleccin... de Muoz. Vase tambin para ilustracin de estos asuntos las dos cartas del adelantado D. Francisco de Montejo al emperador sobre varios asuntos de la gobernacin de Honduras en el tomo II de la Coleccin de Documentos Inditos del Archivo de Indias ( V. M. y M.) 34Oviedo, Historia (...) de las Indias lib XLII, cap. XI. 35Herrera, dc. 4, lib. IV, cap. IX. 36Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XLII, cap. XI. 37Herrera, dc. 4, lib. III, cap. II. 38Relacin al emperador don Carlos del licenciado Castaeda fecha en Len de Nicaragua a 5 de Octubre de 1529. 39Casas, Remedio 8, Razn 11. 40Herrera, dc. 5, lib. VII, cap. II. 41Ciudad de Granada (Nicaragua) al emperador en 30 de Julio de 1535. (Muoz, Colec .) 42Al emperador Francisco Snchez, uno de los primeros pobladores de Nicaragua y de poco ac escribano de Cabildo de Granada. Granada 2 de Agosto de 1535. (Muoz, Colec. tom. LXXX.) 43As consta de las dos informaciones citadas en el texto y que se hallan en la Coleccin... de Muoz. 44Las Casas, Brevsima Relacin de la Destruccin de las Indias, captulo de la Provincia de Nicaragua. 45Carta al emperador de Hiermo de Ampies en fecha en Granada a 30 de Junio de 1538. (Muoz, Colec. tom. LXXXI.) 46Las Casas, Brevsima Relacin de la Destruccin de las Indias, captulo de la Provincia de Nicaragua. 47Oviedo, Historia (...) de las Indias, en diferentes partes del libro XLII. 48Relacin de los sucesos de Pedrarias, ya citada. 49“Las vidas [dice] de los espaoles son las ms corruptas que jams se vieron entre cristianos: no las podemos correjir, ni se nos da favor para ello, ni an los clrigos que tenemos en nuestras iglesias. Las Iglesias estn en grandsima opresion y subjesion y menosprecio. De todo lo que hemos de dar estrecha cuenta Dios y perdemos nuestras nimas, si ello se pierde en nuestras manos, y estamos obligados dar nuestros oficios viendo que no conseguimos el fin dellos, ni podemos hacer lo que debemos... Si las probisiones y cdulas que en favor desto V.A. da, ac se obedeciesen y cumpliesen, no andara este negocio como anda. Y as es menester que el favor que se nos diere no dependa sino del Real Consejo”. (Al Prncipe para el Consejo —fray Antonio de Valdivieso obispo de Nicaragua— Gracias a Dios, 10 de Noviembre de 1545.) (Muoz, Colec. tom. LXXXIV.) 50Carta cuarta de Corts, § 8, al emperador, fecha en la ciudad de Temixtitan, a 15 de Octubre de 1524.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 260\ 260\ 260\ 260\ 260\51Relacin primera de Pedro Alvarado a Hernando Corts, en Barcia, tom. I. 52Relacin de Alvarado a Corts, en Barcia, tom. I, p. 159. 53Relacin segunda de Pedro Alvarado a Hernn Corts en que se refieren las guerras y batallas para pacificar las provincias de Chapotulan, etc., publicadas en Barcia, tom. I. Bernal Daz del Castillo, cap. CLXIV. Herrera, dc. 3, lib. V, cap. VIII y X. 54 Relacin de los sucesos de Pedrarias Dvila en las Provincias de Tierra Firme etc ., por Pascual de Andagoya. Navarrete, tom. III. 55Muoz, Colec. tom. LXXV. 56Carta al emperador del contador Zurrilla, del tesorero Francisco de Castellanos, y del factor Gonzalo Ronquillo, Oficiales Reales de Guatemala, fecha en esta ciudad a 28 de Septiembre de 1531. (Muoz, Colec. ) 57Carta de la Audiencia de Mjico a la emperatriz a 31 de Marzo de 1531. (Muoz, Colec ., tom. LXXIX.) 58Muoz, Colec ., tom. LXXIX. 59“Esto decimos por el yerro de recate que se enbi para la desdichada provincia de Gutimala, desdichada decimos porque en su conquista fue muy sin misericordia destruida, y agora que estava pacfica donde havia de ser faborecida para que se restaurase, vinole el hierro conque del todo se acabe de consumir. Mal conforman las mercedes que ac se prometen los que su Rey se subjetan con las obras que agora de mano de su Prncipe reciben; de una cosa hacemos cierto V.M., que no estar muy ocioso vuestro adversario porque este hierro le dar almas artas que lleve, que segun la cobdicia es grande, la priesa que dan los Espaoles rescatar no es pequea, la poca resistencia de los naturales y la misericordia de los mineros no muy crecida, bien creemos que cada dia tiene bien que llevar: la feria anda ya tan encendida que 2 pesos vale cada alma, ans se venden los esclavos: de una cosa se podr alabar V.M. que tienen renta del mas precioso oro que hay en el mundo porque lo de otro es oro de tierra, y lo otro es oro de almas. O Catlico Prncipe, y este es el galardon que de vuestras reales manos esperaban vuestros vasallos? y este es el tesoro que la Iglesia esperaba de las ovejas vos encomendadas? No podemos alcanzar con que spiritu fu movido el que tal relacion fue a dar vuestro consejo para que tan grand crueldad concediese, ni podemos imaginar quan perentorias fueron las razones de aquel que ans pudiese convencer la sabidura de tan claros varones como hay en vuestro alto consejo para que tal cosa otorgasen, y ans creemos que devio ser muy stil y engaosa la plida ocasion que di de algun gran provecho para la tierra el que esto pidi, pues que asistencia tan Catlica conmovi, porque la concesion del hierro es contra la ley divina, la qual no consiente que los libres se hagan esclavos, aunque en la tal servidumbre entrevenga autoridad real, pero podrn decir los de vuestro Real consejo que ellos no dan autoridad para herrar sino los que son justamente esclavos: esto decimos que ac no se hierran sino libres, la razon es porque los Espaoles tienen sobrada cobdicia e importunan sus Caziques que les rescaten esclavos trueco del tributo que les han de dar, los tristes por verse libres danles de sus macicales libres por esclavos, los quales por miedo no osan alegar libertad, y como el hierro se encomendo quien lo procur, no cura de hacer larga examinacion que si el tal hierro se encomendara otro tal efecto reprobado como el de Mxico, no tubieramos mucha pena. Lo segundo la tal concesion es contra vuestro imperial oficio, el cual es amparar la Iglesia libertar los injustamente cautivos: y como Seor el sacro leo con que fuistes ungido por coadjutor de Dios fu para afiar vuestro real cochillo contra los inocentes pupilos. Para contra los tiranos os concedi l esto, que el Vicario de Cristo el dia de vuestra imperial coronacion os dio, que no para contra los tristes vasallos vuestros: Ampare de V.M. la Iglesia la cual vaya camino del Guatimala y

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JOS ANTONIO SACO /261 /261 /261 /261 /261remediala con tiempo, porque en otra manera no proseguir su camino, por que cuando llegare no havra quien predicar sino las casas desiertas y los animales del monte segun la priesa hay en esta triste feria. Lo tercero contra la condicion conque V.M. recibi del Romano Pontfice estas tierras, que fue para que convertiesedes estas gentes que no para que las vendiesedes. Lo quarto es contra toda ley de buena gobernacion la cual quiere que las tierras Reynos se conserven y aumenten y no que se destruyan, si la obligacion de vuestro imperial oficio y la condicion conque estas tierras recibistes no os mueben que V.M. tan grande mal remedie, muvaos la conservacion de vuestra hacienda puesto que nuestra querella va enderezada contra V .M. Bien sabemos que no tiene la culpa sino vuestra ausencia y por tanto nos querellamos V.M. que nos haga justicia de si mismo por que se nos fue, y pues que ya la divina clemencia os trajo donde nuestras flacas oraciones pedian, remedie con tiempo esta heredad que el Seor os encomend y consolad nuestra angustiada tristeza. Crea V.M. que mas esperavamos que mandaran libertar los esclavos que tienen los naturales, porque son injustamente hechos, que no que mandara herrar de nuevo: en las confesiones que hacen les hemos mandado algunos que dejen los esclavos para que sean verdaderos cristianos, y lo han hecho: pues no es razon que vean que nosotros Espaoles Cristianos los hacen. Desta su grand cibdad de Mxico postrero de Julio de 1533.—Pobres capellanes siervos de V.N.—Fray Jacobo de Tastero custodio y siervo—Fray Antonio de Ciudad Rodrigo. —Fray Garca de Cisneros.—Fray Arnaldus de Basatzio.—G. F. Alfonsus de Guadalupe.—F. Cristoval de Zamora.—F. Alonso de Herrera.—F. Andrs de Olimpos.—F. Francisco Ximenez.—F. Gaspar de Burguillos.—Motolinia (Fray Toribio). (Muoz, Colec ., tom. LXXIX.) 60Carta del licenciado Pedraza al emperador fecha en Gracias a Dios a 18 de Mayo de 1539. (Muoz, Colec .) 61Relacin segunda de P Alvarado, en Barcia, tom. I, p. 165. 62Herrera dice en la dcada 7, libro II, captulo XI que muri de un gran golpe que le dio en el pecho un caballo que rodaba por la montaa. 63Herrera, dc. 7, lib. II, cap. XIII. 64Remesal, Historia de Chiapa y Guatemala lib. IV, cap. VII. 65Remesal, Historia de Chiapa y Guatemala lib. IV, cap IX. 66Remesal, Historia de Chiapa y Guatemala lib. IV, cap. III. 67Remesal, Historia de Chiapa y Guatemala lib. IV, cap. III. 68Herrera, dc. 7, lib. II, cap. XI. 69Sobre esta catstrofe vase a Gonzalo Fernndez de Oviedo en su Historia General y Natural de las Indias libro XLI, captulo III; a Herrera, dcaca 7, libro II, captulosXIII y XIV, y a Remesal, Historia de Chiapa y Guatemala libro VII, y a Juarros, Historia de Guatemala tomo II, tratado 6. 70Herrera, dc. 4, lib. VIII, cap. VIII. 71Informacin hecha en Tecucitlan en 2 de Julio de 1545, a pedimento de fray Pedro de Angulo, vicario de los dominicos que residan en aquel pueblo. (Muoz, Colec. ) 72Remesal, Historia de Chiapa y Guatemala lib. VI, cap. II. 73 Vida de Fray Bartolom de las Casas por don Manuel Jos Quintana. 74 Vida de Fray Bartolom de las Casas por Quintana. 75He aqu el memorial: “Los Indios de Tlaxcala con todas sus comarcas y Mexicanos que habitamos en Guatemala decimos que venimos conquistar esta provincia bajo el yugo pesado del Adelan-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 262\ 262\ 262\ 262\ 262\tado Alvarado, y D. P Puertocarrero ms de 1 000 combatientes con grandes trabajos de hambres, sed, pestilencia, y malos tratamientos de los Espaoles que ahorcaron y mataron muchos de nosotros, sobre hacernos tributar esclavos ms de 400 gallinas, axi, alpargates. Y no obstante la esclavitud en que nos tenan, les ayudamos con personas y armas. Perecimos gran numero, y los que quedamos se partieron como esclavos entre capitanes y su gente 20, 10, 5. No qued entre nosotros Cacique ni principal en libertad. Ya pacificada esta tierra aflojaron nuestros trabajos aunque siempre fuimos tratados como esclavos, ni cumplieron ninguna de las promesas de hacernos cabezas de Indios de aqu para que arraigasemos en la tierra. Pasados aos fu Alvarado Castilla, y vino hecho Adelantado y comenz hacer grande armada para descubrir tierras nuevas: donde comenzaron crecer nuestros trabajos en tributos, cortar madera, hacer pez, maromas, carbon para hacer naos. En esto perecimos muchos. Despues han minorado los trabajos, y ahora hemos venido quedar 40, 50, de cada parte de Tlaxcala y Mexico. Suplicamos nos mande dar libertad, de modo que no conozcamos ni tributemos otro que V.M. Y venga Provision firmada del Real nombre porque ya hay Cedula para nuestra libertad, y no la cumplen las justicias destas provincias, antes ellos son la causa de todo nuestro mal; —Guatemala, 15 Marzo 1547”. (Muoz, Colec. ) 76Herrera, dc. 8, lib. V cap. V. 77Carta al emperador escrita por el licenciado Cerrato desde Gracias a Dios, en 28 de Septiembre de 1548. (Muoz, Colec. tom. LXXXV.) 78 Recopilacin de Leyes de Indias lib. VI, tt. 2, ley 1. 79Juan de Villagutierre Soto-Mayor, Historia de la Conquista de la Provincia de ltza, Reduccin y progresos de la del Lacandon, y otras naciones de indios brbaros de la mediacion del reino de Guatemala, las Provincias de Yucatan, en la Amrica Setentrional lib. I, cap. IV. Edicin de Madrid, 1701. 80Villagutierre, Historia de la Conquista de la Provincia de Itza, etc., lib. I, cap. X y XI. 81Los que deseen adquirir una extensa noticia acerca de los indios de la provincia de Itza y de otras que estaban situadas entre Guatemala y la pennsula de Yucatn, pueden consultar la obra ya citada de don Juan de Villagutierre Soto-Mayor, Historia de la Conquista de la Provincia de Itza, etctera

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Libro DcimoRO DE LA PLA RO DE LA PLA RO DE LA PLA RO DE LA PLA RO DE LA PLA T T T T T A Y PARAGU A Y PARAGU A Y PARAGU A Y PARAGU A Y PARAGU A A A A A Y Y Y Y Y1 1 1 1 1Haba sospechado el almirante don Cristbal Coln que al travs del nuevo continente exista un paso estrecho para ir de un mar a otro. Llevado el Rey Catlico de esta idea y deseando que sus naves llegasen por el camino ms corto a las islas Molucas o de la Especera, envi en 1512 a Vicente Yez Pinzn y al piloto Juan Daz de Sols, que navegasen la vuelta del sur del nuevo continente para ver si se encontraban el estrecho que se buscaba; y entonces fue cuando por primera vez se descubri por los 35 y 36 de latitud la boca de un gran ro que los indgenas llamaban Paran guaz que significa Paran Grande.2 Aunque Herrera refiere ese viaje al ao de 1512, cree, sin embargo, que no se hizo sino en 1515; pero como su opinin es contraria a la de otros historiadores contemporneos, y no la funda en razones ni documentos, yo no la seguir. Si respecto del ao de ese viaje caben dudas, no hay ninguna acerca del que despus emprendi el mismo Sols. En virtud de las noticias que dio al rey de su descubrimiento, mand ste que aquel experto mareante continuase la obra comenzada. Parti Sols de Lepe con dos naves el 8 de octubre de 1515, y despus de haber recorrido la costa oriental del continente lleg por fin al mencionado ro, que en espaol se llam Sols, como su descubridor, y ms adelante Ro de la Plata, cuyo nombre le vino de que Diego Garca recibi all, en 1527, cierta cantidad de ese metal que le dieron los indgenas, procedente de lo que los indios guarans llevaban en planchas y otras piezas grandes de las provincias del Per. Como sa fue la primera plata que del Nuevo Mundo se introdujo en Espaa, llamose por eso Ro de la Plata al descubierto por Sols.3 ste tuvo en sus mrgenes una triste refriega que le cost la vida, lo mismo que a los espaoles que con l desembarcaron. No pudiendo ya las dos naves continuar su viaje, volvieron al cabo de San Agustn, donde antes haban tocado, y cargando all de palo del Brasil, tornaron a Castilla.4Herrera en el pasaje citado, Lpez Gomara en su Historia General de las Indias captulo LXXXIX; el jesuita Lozano en su Historia Manus-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 264\ 264\ 264\ 264\ 264\ crita del Paraguay libro II, captulo I, y Antonio Len Pinelo en una representacin que hizo en 1623 al Consejo de Indias, dicen que Sols y los espaoles que con l desembarcaron en el Ro de la Plata, no slo fueron asesinados, sino asados y comidos por los indios; pero Oviedo no menciona esta ltima atrocidad, aunque asegura que Sols y sus compaeros murieron, y que la barca en que saltaron en tierra, fue cogida, quebrada y quemada por los indios.5 Esta desgracia fue ocasionada por los indios charonas en la ribera septentrional del Ro de la Plata, junto a la boca de un arroyo entre Montevideo y Maldonado, y que an conserva el nombre de Arroyo de Sols Que esos espaoles fuesen asados y comidos, tampoco lo cree un autor espaol que acab de escribir la historia del Ro de la Plata en el ao de 1806;6 y fndase para ello en que “no habiendo cosa tan durable como las costumbres entre los brbaros, si lo hubiesen hecho, lo haran y no es as, ni conservan memoria de semejante comida. Esta voz la esparcieron sin duda un hermano de Sols y su cuado Francisco Torres, que iban de pilotos y fueron testigos del desgraciado suceso, del que quedaron tan atemorizados, que al instante tomaron la vuelta de Espaa, donde hicieron del caso y del pas la pintura tan triste y fea, que por algunos aos quitaron a otros la tentacin de repetir el reconocimiento de aquel ro”.7Durmieron las cosas del Ro de la Plata durante algunos aos, hasta que arm una expedicin el veneciano Sebastin Caboto. Este clebre navegante estuvo primero al servicio de Enrique VII, rey de Inglaterra, y en 1497 descubri por la parte norte el nuevo continente. Llamado por el Gobierno espaol se estableci en Espaa, donde entonces se abra un campo de gloria a todos los buenos mareantes. Sealsele sueldo de capitn y de cosmgrafo, dndole despus el ttulo de piloto mayor del rey. Con esta reputacin muchos comerciantes de Sevilla, en cuya ciudad resida, le proporcionaron los recursos necesarios para el viaje que capitul con el rey en 4 de marzo de 1525. Se hizo a la vela desde Sevilla con cinco naves el 3 de abril de 1526, y despus de haber tocado en diversos puntos, lleg al ro de los Patos, hambrienta la tripulacin, por lo cual, y por otras cosas, se le tach de no haberse mostrado ni experto navegante, ni tampoco buen capitn. Los indios que all habitaban, surtieron las naves de bastimentos; pero Caboto pagoles la buena recepcin que le hicieron, llevndose cuatro hijos de los indios principales contra su voluntad. Prosigui su navegacin, entr en el Ro de la Plata en 1526,8 explor parte del Paran y Paraguay, y volvi a Castilla arribando a la boca del Guadalquivir el 22 de julio de 1530,9 sin haber dejado los cuatro indios principales que cuatro aos antes haba robado en el Ro de los Patos, de los cuales pasaron tres al poder del condestable de Sevilla.10

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JOS ANTONIO SACO /265 /265 /265 /265 /265 Hallndose todava Caboto en el Ro de la Plata, ajustaron asiento con el gobierno del conde don Fernando de Andrada; Cristbal de Haro, factor de la Casa de la Contratacin de la Especera que se hallaba en la Corua, y dos personas ms, para armar una expedicin. Nombraron por su capitn al portugus Diego Garca, vecino de la villa de Moguer, y por piloto a Rodrigo de rea,11 facultndose al primero para que hiciese esclavos de buena guerra a los indios que no se le sometiesen. Sali Diego Garca de Espaa en 1526 con cuatro naves, y lleg al Ro de la Plata en 1527. Movido de codicia flet en ese viaje el buque mayor que tena un bachiller portugus, para que del puerto de San Vicente llevase a Portugal 800 esclavos.12A los espaoles que tanto se entregaron al trfico de esclavos indios, castigolos una vez la Providencia con el yugo de la esclavitud. Ocho de los que formaron parte de la expedicin de Magallanes a las islas Molucas, fueron llevados de la de Cebut para ser vendidos en China; y de otros castellanos que haba en otra isla llamada Candieta, rescat dos don lvaro Saavedra por 60 pesos de oro en 1527.13Sebastin Caboto y Diego Garca introdujeron en Espaa en 1530 indios esclavizados; cogidos unos por ellos en el Ro de la Plata, otros comprados de los indios y otros a los portugueses del Brasil. Con este motivo, el gobierno mand abrir una informacin en Sevilla a 4 de abril de 1530 para que a esos indios se les diese libertad.14Pasaron algunos aos sin que se enviase nueva expedicin al Ro de la Plata; mas, en 1535 ajust asiento con el gobierno don Pedro de Mendoza, caballero de Guadix y gentil hombre de la Casa Real, para ir a poblar aquellas provincias a su costa. Obligose a llevar 1 000 hombres en dos viajes, con los mantenimientos necesarios para un ao, y 100 caballos y yeguas. Los lmites de la gobernacin que se le dio, extendironse, por una parte, a toda la tierra que pudiese descubrir hasta llegar al mar Pacfico, y, por otra, a 200 leguas de costa, hacia el estrecho de Magallanes, pudiendo conquistar y poblar las provincias comprendidas en ese espacio. A los colonos que llevaba, concedieron todas las franquezas que ya era de costumbre dispensar a los que iban a poblar las Indias. Proveyose por tesorero a Rodrigo de Villalobos, por contador a Juan de Cceres, por factor a don Carlos de Guevara, y por veedor a Gutierre Laso de la Vega; habindose tambin nombrado por regidor para la primera, segunda y tercera poblacin que se hiciese, a 30 castellanos, los cuales deban presentarse a servir sus regimientos, dentro de 15 meses. Encarg tambin el rey al Mendoza y psole en conciencia el cuidado particular que haba de tener en el buen tratamiento de los indios y en su conversin, para lo cual se le mand que llevase ocho religiosos.15

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 266\ 266\ 266\ 266\ 266\ Sali Mendoza de Sanlcar en agosto de 1535, con una lucida armada compuesta de 11 naves y 800 hombres. Lleg al Ro de la Plata en aquel ao, y all dio principio a la poblacin que se llam Nuestra Seora de Buenos Aires. Las esperanzas concebidas por Mendoza pronto se desvanecieron. Los vveres empezaron a escasear, y para buscarlos envi a su hermano don Diego con algunos espaoles; pero en la entrada que hicieron, todos perecieron a manos de los indios.16 El hambre y las enfermedades se declaron entre la gente castellana; comanse las yerbas, lagartos, ratones, culebras, y hasta la carne de dos o tres espaoles que fueron ajusticiados.17 Para remediar tantas miserias, Mendoza orden a su capitn Juan de Ayolas, que saliese ro arriba con tres buques y 270 hombres a buscar bastimentos donde los hallase. No es del caso referir aqu las aventuras y descubrimientos de Ayolas en ese viaje, en el cual no pudo esclavizar indios por lo difcil y peligroso de su situacin. Pero s conviene decir, que habiendo enfermado don Pedro de Mendoza, nombr por su heredero y segundo en el mando al referido Ayolas, y embarcndose para Espaa muri en la navegacin.18Sabida en Espaa la muerte de Mendoza, y no tenindose noticia del paradero de Juan de Ayolas, que haba quedado por su teniente en la gobernacin del Ro de la Plata, deseaba el monarca poner remedio a la confusin en que podan hallarse los castellanos de aquella tierra. Ofreciose continuar a sus expensas la conquista de ella lvar Nez Cabeza de Vaca, ajustando asiento con el rey en 1540, pero bajo la condicin que si Ayolas viva, se lo dejase el mando en jefe, y Cabeza de Vaca fuese su teniente. Sali de Cdiz con su expedicin el 2 de noviembre de 1540,19 lleg a la isla de Santa Catalina en 29 de marzo del ao siguiente,20 y enviando desde all sus naves a Buenos Aires, l sigui por tierra en rumbo de la Asuncin, ciudad fundada en las mrgenes del Paraguay por don Pedro de Mendoza y su capitn Juan de Salazar, donde luego que lleg tom posesin del mando en jefe por haber perecido ya Juan de Ayolas a manos de los indios, en una entrada que hizo.21Desde la Asuncin parti Cabeza de Vaca ro arriba del Paraguay con una numerosa expedicin, y habiendo llegado hasta el lago de Xareyes, hizo all un pueblo que se llam Puerto de los Reyes. “En este viaje, dice Oviedo, se tuvo noticia de ciertas mujeres flecheras, e hizo desde aquel asiento y pueblo guerra a los indios de la comarca, en que destruy muchos de los naturales, en especial de una isla que est en el ro y tena una poblacin de 900 casas, y los di por esclavos a los que escaparon de la muerte”.22Esas mujeres flecheras o amazonas de que habla Oviedo no existieron all; pero en cuanto a los indios esclavizados, aunque lvar Nez

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JOS ANTONIO SACO /267 /267 /267 /267 /267 no hace expresa mencin de ellos, es de creerse que los hubo, porque l mismo refiere en sus Comentarios que aquellos indios le haban matado y comido repetidas veces muchos cristianos, y que habindolos requerido para que le entregasen los que tenan, rehusaron hacerlo, y que entonces determin romperles las hostilidades y declararlos por enemigos.23 Ms explcito en este punto es Hulderico Schimidel, uno de los soldados de aquella expedicin, pues dice que all cautivaron cerca de 2 000 muchachos y muchachas.24A pesar de esto, la justicia me obliga a reconocer que aquel hombre fue uno de los pocos conquistadores que no fueron crueles con los indios. Tratolos bien en todas partes; trafic con ellos, hacindoles ddivas de las cosas de Castilla, o trocndolas por las suyas, ganose la amistad de muchas tribus, y aun en caso de guerra restituy a veces su libertad a los indios prisioneros, hacindoles adems algunos regalos.25Tal conducta no poda agradar al capitn Domingo de Irala, hombre malo, que ambicionaba el poder, y que lo haba ejercido despus de la muerte de Ayolas; ni tampoco a los espaoles que deseaban esclavizar indios, ni menos a los oficiales reales, gnero de hombres perniciosos, segn dice Herrera, y que en todas las Indias, so color de la Real Hacienda, usaron de muchas insolencias.26 Contrayndose este cronista a Cabeza de Vaca, se expresa as: “Y como este Gobernador havia reformado muchos abusos i iba la mano estos Oficiales de la Real Hacienda, y se vian sujetados, i puestos en obediencia, cuanto el Gobernador hacia bueno, malo, todo lo atribuan mala parte, i buscaban modos, por informar en Castilla lo que les pareciese”.27A los 15 das de haber vuelto lvar Nez a la Asuncin del viaje que hizo ro arriba del Paraguay, sus enemigos amotinaron la gente que haba en ella, y empleando la violencia, quitronle el mando, tuvironle preso 11 meses, y a pesar de estar flaco y enfermo, embarcronle de noche en un bergantn y le enviaron a Espaa en 1545. Para informar al gobierno, acomparonle en la misma nave dos de los oficiales reales: Alonso de Cabrera y Garci-Vanegas y tambin Lope de Ugarte, uno de los principales alborotadores y perseguidores del gobernador, enviado a Espaa por Irala para negociar en su favor. Pronto llegaron a la corte, y aunque pudieron informar lo que quisiesen, desaparecieron, so pretexto de ir a sus casas. Garci-Vanegas muri desastradamente. Alonso Cabrera enferm en Loja, perdi el juicio, y en este estado mat a su mujer. A Lope de Ugarte no se le permiti volver al Ro de la Plata, por ms que lo procur. lvar Nuez fue absuelto y declarado inocente por el Consejo de Indias, aunque para no resucitar la memoria de sus ofensas y de tantos escndalos, no se juzg conveniente que volviese a su gobernacin.28

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 268\ 268\ 268\ 268\ 268\ Si la muerte no hubiese acelerado la vida del clebre don Sebastin Ramrez de Fuenleal, que a la sazn era presidente del Consejo de Indias, seguro que aquellos oficiales reales no hubieran quedado impunes, pues conocedor de las maldades que esos empleados cometan en el Nuevo Mundo, deca, que no tena remedio, sino castigando sus delitos con sangre y no con penas pecuniarias.29Con la expulsin de lvar Nez Cabeza de Vaca, Domingo de Irala alcanz sus deseos, pues usurpando el poder y queriendo conservarlo, permiti a los castellanos sus licencias y desmanes.30 Por ms que Irala quiso disimular sus tiranas, llegaron a noticia del gobierno, y ste en 1547 hizo merced a Juan de Sanabria, natural de Medelln, de la gobernacin y capitana general del Ro de la Plata, el cual se oblig a llevar a su costa 100 casados, 250 soldados, y a poblar en ciertos parajes, con otras muchas condiciones que ofreci. Disele el ttulo de adelantado, la tenencia de las fortalezas que edificase, el alguacilazgo mayor, y la facultad para repartir tierras, nombrndose por tesorero de aquella provincia al ya mencionado capitn Juan de Salazar. Mientras Sanabria solicitaba en Sevilla su partida, muri; mas, su hijo Diego sustituyendo a su padre, llev adelante la empresa, y lleg al Ro de la Plata a principios de 1548, en cuya boca se perdieron las dos naves que llevaba.31Malograda esta expedicin, Irala tuvo la fortuna de continuar en la gobernacin de aquella tierra hasta que muri en 1557. Desde que los espaoles empezaron a asentar un pie firme en el Ro de la Plata, ya tambin empez a caer sobre los indgenas el yugo de la esclavitud; y el autor principal de esta calamidad fue Domingo de Irala con sus correras y conquistas, sin que dejasen a veces de tener alguna parte los portugueses establecidos en el Brasil. El mencionado capitn Juan de Salazar escribi al prncipe en 1 de enero de 1552; dicindole que haba hallado despoblada la isla de Santa Catalina, con diez leguas alrededor, porque como haba mucho tiempo que los espaoles no iban a ella, los portugueses que contrataban all con los indios, habanse llevado muchos por esclavos y venddolos en varios ingenios de azcar de la costa del Brasil.32El mismo capitn Salazar, en carta al prncipe escrita en San Vicente y Puerto de Santos a 30 de junio de 1553, dice: “Acaban de venir de la Asuncin algunos Portugueses de los que fueron con D. Pedro de Mendoza. Traen indios de aquella tierra y de otras a do han hecho entradas solo para traer esclavos que vender. Lo mismo suelen hacer castellanos diciendo haverlos declarado esclavos el capitan Domingo de Irala con los oficiales. Con dichos esclavos compran aqu Bacas y hierro”. “Van tambien alla Portugueses y los compran, bien del mismo Irala y sus amigos en la Ciudad bien sin llegar a ella de Espaoles que andan robando en la Comarca. Pongase remedio alla y aqui”.33

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JOS ANTONIO SACO /269 /269 /269 /269 /269 Desde la salida de lvar Nez Cabeza de Vaca, cometironse tantas opresiones y crueldades con los indios, que la tierra se levant, resultando de aqu guerras, incendios, hambre, esclavitud, muerte, y destruccin de muchos indgenas.34La esclavitud pes con gran fuerza sobre las indias, porque como los espaoles carecan all de mujeres de su raza, tomaron muchas indgenas como concubinas, gran parte de las cuales eran tambin esclavas. Sacbanlas de sus tierras, llevbanlas de sus casas, maltratndolas y azotndolas. Desesperadas de no ver ms a sus hijos y maridos, muchas se ahorcaban, y las que esto no hacan, hartbanse de comer tierra para morir. Otras vivan tan encerradas que ni aun el sol podan ver, y ya por celos de sus amos, ya por otros motivos, matbanlas o quembanlas. Despus de la prisin del gobernador lvar Nez Cabeza de Vaca, computbase el nmero de las indias llevadas a la Asuncin en ms de 50 000, de las cuales no quedaban en 1556 sino 15 00035 ¡Tan horrible fue la mortandad que sufrieron en el espacio de pocos aos! Un eclesistico, testigo de las crueldades que all se perpetraban, escribi al monarca, dicindole que lo que ms pavor le infunda, era ver “lo libre bendello por cautivo y es ansi que ha sucedido bender Indias libres naturales desta tierra por caballos, perros y otras cosas y ansi se usa dellas como en esos reinos la moneda y no tan solamente esto se ha visto jugar una India digo una aunque muchas son pero esta en pena de su mal oficio tubo el candil y lumbre mientras la jugaban despues de jugada la desnudaron sin vestidola embiaron con el que la gan porque decia no haber jugado el bestido que traia. Esto sucedia algunas veces en presencia del que mandaba por el concertar le aconteci l hacer el tal concierto porque no se desconcertasen. Y no por esto las dejaban de dar y daban en dote y casamiento quando casaban sus hijas y ansi mesmo pagaban deudas que debian con algunas personas con las dichas Indias al tiempo de su muerte”.36Los indios del Ro de la Plata y del Paraguay corrieron en el siglo XVIsuerte semejante a la de los otros del continente hispanoamericano; pero desde el siglo XVII tom su dominacin una forma diversa, especialmente los del Paraguay, porque los misioneros jesuitas que pasaron a l, reunieron a los indgenas en pueblos que llamaron reducciones de cuyo asunto se tratar en otra parte, porque no cabe en el cuadro que estoy trazando sobre la esclavitud de los indios.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 270\ 270\ 270\ 270\ 270\Notas1Aunque el autor, al terminar el anterior captulo, anuncia que en ste va a contar la historia de la esclavitud de los indios en la Florida, entre sus papeles no se ha encontrado ese captulo. Este y el siguiente son los dos ltimos de la obra. ( V. M. y M.) 2Francisco Lpez de Gomara, Historia General de las Indias cap. Lxxxix. Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXI, cap. II, y lib. XXIII, cap. I. Herrera, dc. 1, lib. IX, cap. XIII. 3Herrera, dc. 4, lib. I, cap. I. 4Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXIII, cap. I. Herrera, dc. 2, lib. I, cap. VII. 5Oviedo, en el pasaje citado. 6Flix de Azara, Descripcin e Historia del Paraguay y del Ro de la Plata tom. II, cap. XVIII. Obra pstuma publicada por su sobrino don Agustn de Azara, en Madrid, 1847. 7Flix de Azara, Descripcin e Historia del Paraguay y del Ro de la Plata, tom. II, cap. XVIII. Obra pstuma publicada por su sobrino don Agustn de Azara, en Madrid, 1847. 8Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXIII, cap. II. Herrera, dc. 3, lib. IX, cap. III. 9Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXIII, cap. IV. Herrera, dc. 4, lib. VIII, cap. XI. 10Memorial de la navegacin que desde la Corua hizo Diego Garca al Ro de la Plata. 11Herrera, dc. 3, lib. X, cap. I. 12Herrera, dc. 4, lib. I, cap. I. 13Herrera, dc. 4, lib. I, cap. I. Muoz, Colec. tom. LXXVII. 14Muoz, Colec ., tomo LXXXVII. 15Herrera, dc. 5, lib. IX, cap. X. 16Herrera, dc. 5, lib. IX, cap. X. Oviedo, Historia (...) de las Indias, lib. XXIII, cap. VI. 17Hulderico Schimidel, Historia y Descubrimiento del Ro de la Plata y Paraguay cap. IX. Herrera, dc. 5, lib. IX, cap. X. 18Hulderico Schimidel, Historia y Descubrimiento del Ro de la Plata y Paraguay cap. XIV. Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXIII, cap. VI. Herrera, dc. 6, lib. III, cap. XVII y XVIII. 19“Comentarios de lvar Nez Cabeza de Vaca, sobre lo sucedido durante su gobierno del Ro de la Plata”, cap. I, impresos en el tomo I de la obra de Barcia, intitulada Historiadores Primitivos de las Indias Occidentales Herrera, dc. 7, lib. II, cap. VIII. Oviedo, ( Historia [...] de las Indias lib. XXIII, cap. XI) dice que lvar Nez sali de Espaa en septiembre de 1541. 20“Comentarios de lvar Nez Cabeza de Vaca...”, cap. XVII. 21Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXIII, cap. XI. “Comentarios de lvar Nez Cabeza de Vaca...”, cap. IX a XV. Herrera, dc. 7, lib. II, cap. VIII. 22Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXIII, cap. XVI. 23“Comentarios de lvar Nez Cabeza de Vaca...”, cap. LXXI. 24Hulderico Schimidel, Historia y Descubrimiento del Ro de la Plata y Paraguay, cap. XXXIX. 25“Comentarios de lvar Nez Cabeza de Vaca...”, cap. XXVI y XXXI. Herrera, dc. 7, lib. IV, cap. XIV y XV. Al leer el relato de Herrera, se conoce que tuvo a la vista los

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JOS ANTONIO SACO /271 /271 /271 /271 /271“Comentarios de lvar Nez Cabeza de Vaca...”, porque emplea palabras y frases que estn en ellos. 26Herrera, dc. 7, lib. IV, cap. XIV. 27Herrera, dc. 7, lib. VI, cap. XIV. El relato de Herrera en este y otros puntos, concuerda con los “Comentarios de lvar Nez Cabeza de Vaca...”, sobre lo sucedido durante su gobierno del Ro de la Plata, impresos por Barcia en el primer tomo de su obra Historiadores Primitivos de las Indias Occidentales 28“Comentarios de lvar Nez Cabeza de Vaca...”, cap. LXXIV a LXXVII y LXXXIII a LXXXIV. Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XXIII, cap. XVI. Herrera, dc. 7, lib. IX, cap. XIy XIII. Debo advertir, que el ltimo nmero de este captulo est equivocado en Herrera, pues debe de ser el XII. 29Herrera, dc. 7, lib. IX, cap. XIII. 30Muoz, Colec., Herrera, dc. 7, lib. X, cap. XIV. 31Herrera, dc. 8, lib. V, cap. II. 32Muoz, Colec. 33Muoz, Colec. 34Carta al rey del capelln Martn Gonzlez, fecha en la ciudad de la Asuncin a 25 de Junio de 1556. (Muoz, Colec. tom. LXXX.) 35Carta al rey del capelln Martn Gonzlez, fecha en la ciudad de la Asuncin a 25 de Junio de 1556. (Muoz, Colec. tom. LXXX.) 36Carta al rey del capelln Martn Gonzlez, fecha en la ciudad de la Asuncin a 25 de Junio de 1556. (Muoz, Colec. tom. LXXX.)

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Libro DecimoprimeroPOC POC POC POC POC A EN QUE CES" LA ESCLA A EN QUE CES" LA ESCLA A EN QUE CES" LA ESCLA A EN QUE CES" LA ESCLA A EN QUE CES" LA ESCLA VITUD VITUD VITUD VITUD VITUD DE LOS INDIOS EN LOS DOMINIOS ESP DE LOS INDIOS EN LOS DOMINIOS ESP DE LOS INDIOS EN LOS DOMINIOS ESP DE LOS INDIOS EN LOS DOMINIOS ESP DE LOS INDIOS EN LOS DOMINIOS ESP AOLES AOLES AOLES AOLES AOLES HAST HAST HAST HAST HAST A CUNDO DUR" LA ESCLA A CUNDO DUR" LA ESCLA A CUNDO DUR" LA ESCLA A CUNDO DUR" LA ESCLA A CUNDO DUR" LA ESCLA VITUD VITUD VITUD VITUD VITUD DE LOS INDIOS EN LAS ISLAS DE LOS INDIOS EN LAS ISLAS DE LOS INDIOS EN LAS ISLAS DE LOS INDIOS EN LAS ISLAS DE LOS INDIOS EN LAS ISLAS Y EN EL CONTINENTE? Y EN EL CONTINENTE? Y EN EL CONTINENTE? Y EN EL CONTINENTE? Y EN EL CONTINENTE?A pesar de todas las disposiciones dictadas por los reyes de Castilla para que no se esclavizase a los indios, su esclavitud continu, ya porque los espaoles quebrantaron continuamente aquellas leyes, ya porque, a veces, los mismos monarcas permitieron que se les esclavizase en ciertos casos. Que esa esclavitud exista en la segunda mitad del siglo XVI, aparece de las mismas leyes. Sin repetir aqu nada de lo que he dicho en esta Historia para comprobar mi aseveracin, empezar por mencionar la ley de Felipe II hecha en Madrid a 25 de enero de 1569, por la cual se dio licencia a los vecinos de las islas de barlovento para hacer guerra a los indios caribes que las asaltaban, y esclavizar a los que cogiesen, con tal que no fuesen menores de 14 aos, ni mujeres de cualquiera edad. Todava existi la esclavitud en aos posteriores, y queriendo abolirla de una vez el mismo Felipe II, public en 8 de febrero de 1588, la siguiente ley: “Prohibimos y defendemos los Caciques, y Principales tener, vender, trocar por esclavos los indios que les estuvieren sujetos, y asmismo los Espaoles podrselos comprar, ni rescatar, y el que contraviniere, incurra en las penas establecidas por la ley antecedente, quedando libres los indios, que as fuesen tenidos, vendidos cambiados”.1Pasando al siglo XVII an damos con la esclavitud de los indios. Acostumbraban los espaoles pasarse de unos a otros los indios, enajenndolos como esclavos por va de venta, donacin, testamento, paga, trueco, o de otras maneras, con las minas, haciendas, ganados y otras propiedades. Para reprimir estos abusos, Felipe III hizo en Aranjuez a 26 de mayo de 1609, una ley, prohibiendo tales enajenaciones y castigando al con-

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JOS ANTONIO SACO /273 /273 /273 /273 /273 traventor, si era de baja condicin con pena de vergenza pblica y destierro perpetuo de las Indias: y si persona de calidad o estado, en perdimiento de los indios enajenados, en incapacidad de recibir ningn repartimiento de este gnero y en 2 000 ducados, aplicados por tercias partes, las dos para el juez y denunciador, y la tercera para los indios enajenados.2Costumbre era entre los indios guaycures de Tucumn, Ro de la Plata y Paraguay, hacer la guerra a otros, para cautivarlos y venderlos. Lo mismo hacan otras tribus; y los espaoles perdidos los hurtaban y sacaban de unas partes a otras para venderlos como esclavos. Llegaba a tal punto el escndalo de este trfico, que hasta los negros y mulatos se mezclaban en l. Por estos motivos, Felipe III orden en Madrid a 10 de octubre de 1618 lo que transcribo: “...Mandamos que no haya, ni se permita tal comercio, ni trato, llamado rescates, pena de que el indio quede libre, y el precio aplicado nuestra Cmara, Juez y denunciador, y prohibimos que el comprador pueda servirse de l, o tenerle en su casa, charca, estancia, ni Pueblo, aunque el indio quiera; y cualquier Espaol, Mestizo, que le vendiere, jugare, trocare cambiare, si fuere de baxo estado, sea condenado a seis aos de Galeras, otro servicio equivalente; y siendo de ms consideracin, sirva el mismo tiempo en el Reyno de Chile; y al Negro, Mulato, se le imponga la dicha pena de Galeras”.3La solicitud de los monarcas espaoles por extinguir la esclavitud de los indios, mostrose tambin en el castigo que procuraron imponer a los extranjeros que esclavizaban a los indgenas de sus dominios. Llevaban los portugueses a vender en ellos los esclavos indios que cogan en el Brasil, en la India Oriental, y en otras tierras de la demarcacin de Portugal. Para venderlos mejor, decan que los haban sacado de entre moros, y que seguan la religin de Mahoma, o que estaban infectos de ella. Sobre este punto, el monarca de Castilla despach cdulas severas en 1550 y en 1570, que entre cosas decan: “Como teneis entendido NOS tenemos mandado, que no se hagan esclavos ningunos indios en sus tierras por ninguna va, y asi no havemos de permitir, ni dar lugar, que indios algunos lo sean; sino libres, aunque sean de otra demarcacion. Y estareis advertidos, que si los Moros, viniesen dogmatizar su secta Mahomtica, hacer guerra vosotros, los indios que estn NOS sujetos, nuestro Real servicio, los podreis hacer esclavos. Mas a los que fuesen indios, y hubieren tomado la secta de Mahoma, no los hareis esclavos por ninguna va, ni manera, que sea; sino procureis de hacerlos convertir, y persuadir por buenos, y lcitos medios nuestra Santa F catlica”. Los naturales de las islas de Mindanao, adyacentes a las Filipinas, rebelronse, hicironse mahometanos, confederronse con los enemi-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 274\ 274\ 274\ 274\ 274\ gos de Espaa, y ocasionaron graves daos a sus sbditos. Para facilitar su castigo, mandaron Felipe II en 4 de julio de 1570, y Felipe III en 29 de mayo de 1620, que se esclavizase a los prisioneros de guerra, procediendo, con tal distincin que si los mindanaos eran puramente gentiles, no se les diese por esclavos; pero si eran moros de nacin y naturaleza, e iban a otras islas a propagar la secta de Mahoma, o a hacer guerra a los espaoles o indios, que estaban sujetos a la Corona de Castilla, o a su real servicio, en este caso pudiesen ser esclavizados: mas —dice la ley—, “a los que fueren indios y hubieren recibido la sexta no los harn esclavos, y sern persuadidos por lcitos y buenos medios, que se conviertan a nuestra Santa Fe Catlica”.4Los portugueses de la villa de San Pablo, en el Brasil, iban anualmente a la provincia del Paraguay a cautivar los indios de ella, para llevarlos y venderlos como esclavos en el Brasil. Deseando Felipe IV reprimir esta maldad, hizo en Madrid a 12 de septiembre de 1628 la ley 6, ttulo 2, libro VI, que se halla en el Cdigo de Indias Entrado era el ao de 1631, y aun no haba cesado la esclavitud de los indios, porque pesaba sobre ellos as en Amrica, como en Filipinas. Y para que todos gozasen de libertad, Felipe IV orden en 26 de marzo de aquel ao, que los virreyes presidentes de todas las reales audiencias nombrasen un ministro u otra persona de satisfaccin y buena conciencia, que visitase y conociese de esas causas en cada provincia, porque no siendo la esclavitud permitida por derecho y leyes espaolas, la diese por nula, y pusiese a los indios en su libertad natural, sin embargo de cualquiera posesin.5El pas del Nuevo Mundo donde dur ms tiempo la esclavitud de los indios fue Chile, pues an exista en la segunda mitad del siglo XVII, como nos demuestran las importantes leyes de 9 de abril de 1662, y de 1 y 5 de agosto de 1663, hechas en Madrid por Carlos II y la Reina Gobernadora. Esas leyes trataron entonces de abolir la esclavitud a que haban estado sujetos los indios chilenos, y grato es repetir aqu sus palabras. “...Ordenamos y mandamos, que los virreyes del Per, Gobernadores, Capitanes Generales, y Audiencia de aquellas Provincias, guarden, cumplan, y executen las rdenes dadas sobre no permitirla, y que todos los varones hembras, que con pretexto de esclavitud se hubieren vendido, y sacado fuera de aquellas provincias la Ciudad de los Reyes, otras cualesquiera del Per, se recojan, y sean reducidos sus tierras, con efecto, reservando, como reservamos, los poseedores actuales su derecho salvo contra los vendedores, que los enagenaron, teniendo entendido, que este, ni otro cualquier derecho no ha de embarazar, ni retardar la reduccin de los dichos indios, porque se ha de ejecutar inviolablemente, sin ninguna dilacion. Y ordenamos al Virey del Per y

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JOS ANTONIO SACO /275 /275 /275 /275 /275 Gobernador de Chile, que como se fueren reduciendo, los entreguen sus Encomenderos. Y todo lo contenido en esta nuestra ley se guarde por ahora, y entre tanto que otra cosa proveemos”.6El gobernador de Chile suspendi al efecto de la resolucin anterior con varios pretextos, y fundndose en la buena fe de los poseedores, deposit algunos indios en ellos, para que los tuviesen con buen tratamiento. La esclavitud de los chilenos mandada abolir por Carlos II y la Reina Gobernadora, mantenase con infraccin de las leyes; y para que stas se cumpliesen, el mismo monarca expidi en Madrid a 12 de junio de 1679 una nueva ley que dice entre otras cosas. “...Visto en nuestro Consejo, y con NOS consultado, hemos resuelto, que lo referido en esta nuestra ley se guarde, cumpla y execute precisa y puntualmente, sin permitir ni dar lugar que se vaya, ni pase contra lo dispuesto en ella por ninguna causa, y porque en adelante con ningun pretexto, motivo de justa guerra, otro cualquiera, no puedan quedar por esclavos, ni venderse por tales los que se aprehendieren en guerra, fuera de ella, ni los que llaman de servidumbre, ni de la usanza, y todos los que ahora viven en esclavitud, y sus hijos, y descendientes queden con efecto libres de todos tres gneros, de guerra, servidumbre y usanza: Mandamos que esto se pronuncie por ley general en los Reynos del Per y Nueva Espaa, y se inserte en esta Recopilacion. Y para obviar el inconveniente de que los indios de las dichas Provincias de Chile abusen de esta libertad, y vuelvan la idolatria, y a incorporarse con los enemigos, mandamos los Gobernadores, que los hagan transportar todos la Ciudad de los Reyes en cada ocasion que se hubiere de ir por el situado, que est sealado en las Caxas Reales de ella, para el sustento del Exrcito de aquel Reyno, sin embargo de estar ordenado, que todos los indios, varones, y hembras, vendidos en aquel Reyno, y otras partes, fueren reducidos sus tierras, por quanto nuestra voluntad es que como va espresado se transporten a Lima, pues llevndolos mejor temple de tierra, irn sin riesgo de su salud, y vida”.7Tales fueron las leyes dictadas por los monarcas espaoles en favor de la libertad de los indios nacidos en sus dominios de Amrica: pero ellos tambin publicaron otras sobre los importados de otras partes del Nuevo Mundo y aun del Asia. Ya desde el 21 de septiembre de 1556, ordenaron el emperador don Carlos y la princesa gobernadora, que lo resuelto acerca de la libertad de los indios de sus dominios, se entendiese, guardase y ejecutase, aun con los del Brasil, llevados a los pases espaoles.8Lo mismo decret Felipe III por la ley que hizo en Madrid a 10 de octubre de 1618 con los indios de las islas Molucas introducidos como esclavos en las provincias de Tucumn, Ro de la Plata y Paraguay.9

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 276\ 276\ 276\ 276\ 276\ Todas las leyes hasta aqu mencionadas prueban la humanidad de los reyes espaoles para con los indios, y el empeo que pusieron en restituirles su libertad. Pero cundo ces la dura esclavitud que les impusieron los conquistadores? Ya hemos visto que la de los chilenos dur ms que ninguna otra y como ellos no alcanzaron definitivamente su libertad hasta el ao de 1679, bien puede asegurarse que la esclavitud de los hijos del Nuevo Mundo, sometidos a la Corona de Castilla, desapareci desde fines del siglo XVII.Notas1 Recopilacin de Leyes de Indias lib. VI, tt. 2, ley 3. 2 Recopilacin de Leyes de Indias lib. VI, tt. 2, ley 11. 3 Recopilacin de Leyes de Indias lib. VI, tt. 2, ley 7. 4 Recopilacin de Leyes de Indias lib. VI, tt. 2, ley 12. 5 Recopilacin de Leyes de Indias lib. VI, tt. 2, ley 4. 6 Recopilacin de Leyes de Indias lib. VI, tt. 2, ley 14. 7Recopilacin de Leyes de Indias, lib. VI, tt. 2, ley 16. 8 Recopilacin de Leves de Indias lib. VI, tt. 2, ley 5. 9 Recopilacin de Leyes de Indias lib. VI, tt. 2, ley 8.

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APNDICE APNDICE APNDICE APNDICE APNDICE1 1 1 1 1Seor: Al tiempo que ves las Reales manos de su Magestad, le dige como yo le Sirvia de Veedor en Tierra-firme does Gobernador Pedro Arias que venia desde alla adar noticia su Magestad de como aquella tierra est perdida destruida robada han pasado pasan en ella muchas crueldades de que Dios Su Magestad se dessirven la tierra se pierde siendo como en la verdad es lo mejor de lo descubierto, todo esta escondido ocultado S.M. su consejo que es la causa porque no se le embian dineros de sus rentas pues los ai ha havido por ende que S.M. me oyese quando servido fuese, o mandase decirme quien mandava que yo diese razon de todo esto para que informase S.M. de todo. dijome Su Magestad que Vuestra Magestad hablase le dijese todo aquello que savia me pareciese de las cosas de aquella tierra de donde vengo para que Vuestra Merced le informase. que S.M. lo mandaria luego remediar proveer como conviniese; cumpliendo con el mandamiento de S.M. con lo que debo su real servicio, mi conciencia; digo as: Primeramente ha de saber Vuestra Merced que la mucha edad de Pedrarias su cobdicia poca constancia no son de Calidad que as en poco espacio se puedan decir ni el dao quel servicio de Dios del Emperador aquella tierra han recibido por su culpa mala gobernacion porque ningund Zelo ni otra se conosce deste hombre para semejante cargo, todo su fin es adquirir dineros perlas para si por quel-quier via que ser pueda sin otro respecto. Dineros no ai pensamiento de embiar ningunos aunque despues que yo parti de Barcelona se han fundido ante mi sobre 150 ducados castellanos como parecer por los libros de la fundicion e del contador esto sin otros muchos pesos de oro que en todo el ao de 1522 despues ac se han fundido en Panama asi que muy bien pudiera haver embiado oro S.M. pero no lo han gana el ni los oficiales porque no falten para sus salarios. Vusca Pedrarias los otros oficiales que tienen mano en la Hacienda formas para gastos estraordinarios y para poderlo haser fundanse sobre un capitulo de una Carta mensagera que el Rey Catlico en dias

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 278\ 278\ 278\ 278\ 278\ pasados les escrivio por el qual capitulo paresce quellos havian aca escripto que por ser el camino largo atender a lo que S.A. proveyese en algunas cosas necesarias se perdian los negocios; el Rey pensando que aquello hera asi les escrivi en el dicho capitulo que juntos pudiesen acordar; proveer las cosas que su servicio buena governacion conviniese de que se esperase peligro en atender la consulta de S.M. y ellos entendiendo mal el dicho capitulo no usando bien del arbitran por all cuanto les parece asi desta forma tomaron sin dar partes aquel interese de las entradas asi en el oro como en los esclavos Indios que en ellas se tomavan; el gobernador tomaba dos partes aun quel Gobernador tiene cedulas para que govierne solo los oficios no tenga voto ni parecer en la Gobernacion, por no alzar la mano del dinero poder destribuir con parescer de los oficiales lo que les paresce de la Hacienda Real los admite govierna con su parescer por queste Capitulo los conforma luego aunque rian. Ai si que Seor desta forma se quedan alla los dineros para sus salarios como es dicho para poder gastar en lo que les paresce, como el governador reparti los Indios los que di los oficiales cada vez que querian los mudava su contentamiento, asi el dicho governador por poder gozar en la destribucion de la hacienda, tener entrada en ella no obstante la cedula que manda que los oficiales no se entremetan ni tengan voto en la gobernacion dicho gobernador los admite. Ha dado da los Indios mugeres muchachos mercaderes clrigos personas que no nos los han ganado ni conquistado ni los devian aver en especial gentes de la calidad que Vuestra Merced dixe aun rescates de oro, asi mismo les ha dado los tales. Ha repartido de manera los Indios que havia para servicio que se han perdido sobre 1 millon de ducados, de todo ha perdido S.M. sus derechos quinta porque los amos que les davan heran muchos los Indios de poco nmero para aquellas personas questavan sealados no les cavian sino a una pieza dos pocos mas desta manera perdianse los Indios los Cristianos perdian el tiempo la Hacienda el Rey los quintos porque en los que as venian su poder no havia cantida para cuadrilla. Ha permitido aun que tacitamente Indios libres vendidos como esclavos que se vendan o trespasen por dineros muchos caciques Indios de encomiendas lo cual es muy perjudicial muy peor questo venderse muchos Indios libres navorios que no son esclavos venderlos el mismo Gobernador abominable y peor questo dejar sacar naborias de la tierra para las Islas, otras partes personas que los han vendido por esclavos no lo seyendo, siendo baptizados. Ya vuestra merced sabe como el Rey Catlico mand para justificacin de su conciencia real de los conquistadores que fueron con Pedro

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JOS ANTONIO SACO /279 /279 /279 /279 /279 Arias que primero se hiciese los Indios cierto requerimiento se les diese entender tiempo para respondere ver su acuerdo antes que les fuese fecha guerra esto hace fecho desta manera que primero heran salteados, e despues de presos atados se les leia con esto erandados por esclavos repartidos vendidos nunca hasta hoy se ha fecho ni guardado la fuerza de dicho requerimiento para ver si esto es as llamen tomen el indio que mejor entienda nuestra lengua verase que ninguna cosa entiende del requerimiento ni aun lo entendian los que lo leyan. Dio el dicho gobernador la isla de Terare-que que por otro nombre se llama de las perlas quest en la mar del sur para que fuese de S.M. el Cacique de all hiciese sacar perlas a sus Indios para S.M. porque alli han parescido, se han allado las mayores mas ricas perlas que se han visto en el mundo, despues de aver entregado el dicho Cacique Isla al Tesorero para que en nombre de S.M. como Hacienda Real lo grangease procurase torn despues tomarse la dicha Isla para si no obstante quel tiene tenia otra Isla donde asi mismo ay perlas que se llama la Isla de Otoque se las tiene entramas con muchos Indios demas allende de otros dos tres Caciques que tiene sotitulo de su muger D Isabel de Bobadilla de su hijo Diego Arias porque fue alla traer el dinero quel dicho Pedro Arias havia a llegado, sin duda estos Caziques e islas valen son de mayor interese que uno de los buenos estados que tienen Seores en Castilla. Quanto mas; que en su mano est hurtarse los quintos al Rey esconderse las perlas muy ricas que nunca se aya razon ni se sepa verdad de la pesquera dellas lo qual todo redunda en dao de la Hacienda Real de los otros pobladores que no pueden pescar perlas por averse el dicho Gobernador tomado las dichas Islas para si. Estan los vasallos de S.M. encarcelados que hombre que aquella tierra vaya no puede salir de ella sin licencia diciendo socolor que es razon que se sepa primero de los libros del Rey si deve algo S.M. porque le paresce al Gobernador que hay poca gente despues no osan pasar aquella tierra por estos muchos que alla irian: tomanse las cartas, y no se dan quien van; las que de alla vienen tomasen porque S.M. ni su Consejo no sepa verdad asi no osan escribir ni avisar de cosa que all pase. los que dejan venir libremente son gentes de una de dos maneras, personas que aunque aca vengan no hablaran en cosa que S.M. conbenga ni se ocuparan en mas de su hacienda lo que les cumple; hombres que si hablaren sea lo que Pedrarias quiere en su fabor que ac diga que ha fecho maravillas sepa mejor engaar al Rey con sus relaciones falsas sus criados propios para el mismo efecto. A poder de esclamaciones Dios lleg las orejas de S.M. de los gobernadores que en Espaa quedaron, estando en Flandes S.M. la sin

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 280\ 280\ 280\ 280\ 280\ razon agravio que se ha fecho en se llevar las partes que Gobernador e oficiales han llevado de las entradas, e proveieron los dichos Gobernadores que los oficiales bolviesen las partes que habian llevado de las entradas que no las bolviesen el gobernador. los oficiales viendo aquesto tampoco quisieron tomar las suyas asi por que dijeron tales palabras que les parescio al gobernador que era bien callar como porque de lo que manda S.M. en aquella tierra no se hace todo. Al tiempo que se pregon la residencia que hizo Pedrarias luego en ese instante hizo publicar que queria reformar los repartimientos de los Indios como muchos estavan sin ellos otros querian trocarlos que tenian otros mejorarlo aunque havia muchos quejosos del dicho gobernador, no le osaron pedir ninguna cosa ni demandar justicia contra l porque en lo de los Indios no les daase ademas de esos porque veyan que se havia de quedar con cargo de la gobernacion, podria despues destruir quien quisiese algo le obiese pedido. Puedese muy bien provar que cuando Pedro Arias fu tierra firme estava muy mas de paces que agora muy poblada la tierra de mar mar todo lo que ay desdel Darien Panam lo qual todo al presente esta quasi yermo despoblado acabsa de los robos crueldades que los capitanes hicieron con muy sealadas exorvitancias, todo se qued sin castigo si lo de Morales Primo, criado del dicho gobernador quando hizo matar 300 personas atadas en cuerda no perdonando asta los nios de teta, como los de Tello de Guzman, otras muchas cosas semejantes que en esto se pueden decir. Un capitan que se llama Benito Hurtado pasando por el cacique de Careta, traiendo ciertos Indios mal ganados pidi al dicho Cacique que estava de paces que le diese algunos Indios que le ayudasen llevar las cargas, el dicho cacique le di ciertos Indios un principal con ellos en llegando al Darien, di por quinto l Rey los Indios de pazs principal de Careta, di al gobernador Obispo oficiales ocho diez piezas seio de servicio, e por les ganar las boluntades: otro Capitan poco ha que hizo herrar un Cacique dos Indias de repartimiento libres para que fuesen esclavos, por tales las vendi el dicho Capitan, aunque lo uno, lo otro supo el gobernador, todo se qued sin castigo, no solamente aquesto pero agora poco tiempo ha que un Pedro de Crdenas as por su placer dos mugeres de repartimiento la pena fue que al que lo hizo le desterraron para Castilla. De hacer comer perros, Indios otras muchas crueldades; mucho se podria decir lo qual se deja por evitar proligidad. En el dar las licencias para rescatar sus criados otros en lo secreto si tiene su parte no, si parte con ellos; ya dije Vuestra Merced quand publico fu en aquella tierra que parti con un Joan Tello; con Pedro de Encinasola e con otros; lo que se hizo en la farcia que compr de los vergantines del

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JOS ANTONIO SACO /281 /281 /281 /281 /281 Rey que llev Lopez de Losa, la qual se pas cuestas de Indios la mar del Sur, e primero la tubo rebendida que la pagase al Rey. El dicho Pedro Arias Procurado desacer el Darien porque queriendose desde alli venir Espaa nunca aquella cibdad le dej diciendo que primero lo havia de saber S.M. havia de proveer su Alteza de Gobernador de quien le tomase residencia, por eso ha procurado de destruir aquel Pueblo por que el no le hizo seiendo como es lo mejor que S.M. tiene en aquellas partes por quest en la frontera de los Caribes dondel dicho Gobernador no ha fecho ni seido para hacer cosa que sea como havia de ser porque algunas veces el dicho Pedro Arias ha savido que de aca embiavan, se queria embiar Gobernador para aquel cargo vienen agora sus fatores fundados de dar entender S.M. las personas que en su real consejo estan que seria mucho incombimiento remober del cargo al dicho Gobernador diciendo que cual queria que vaia antes que lo entienda lo havr estragado: lo qual es muy grand burla fraude porque ninguna podria haber estado ay ni podria ir que no lo hiciese muy mejor de lo questa fecho se hace. En la administracion de la Xusticia es muy parcial no haze en ella mas de su boluntad como se vido en lo de un Francisco de Medina que vendi en aquella tierra ciertos Cristianos havia venido de saltear Indios, hacerlos comer perros sin causa ninguna la paga que se le dio por los dichos Cristianos fu del dinero del Rey en fraude de su hacienda; haviendose de quedar en la tierra sin que le dieran cosa ninguna los dichos Xpanos gente que el alli dej; porque los navios no podian navegar. No se maraville Vuestra Merced que Pedrarias sufriese las crueldades que los Cristianos Capitanes han fecho pues aorc Santmartin su criado sin causa en la lsla Dominica desde seis meses en el Darien le hizo el proceso pues hizo degollar Vasco Nez, los otros que con el padescieron lo qual diria el proceso original no otro traslado ni escriptura estando presente quien le sepa apuntar. La cibdad de Fonseca de vila ya dije Vuestra Merced la qual causa del titulo, nombre della, quan mal ordenados estan a quellos Pueblos que es la causa porque va teniendolos; que interese se le sigue de ello causa de los Rescates quan poco combiene tal forma, como es para despoblar no poblar ni consentir ni sustentar la tierra. Dije al principio que hera inconstante el dicho Gobernador, asi puede Vuestra Merced creer que cada dia del mundo da muchas cedulas encontra unas de otras de que muchos incombinientes pleitos nascen entre los vecinos pobladores de aquellas partes asi quando encomienda Indios de repartimiento naborias como en otras casas de otras calidades. Entre las culpas que hall Vasco Nez para le degollar, es aver tomado el dicho Vasco Nez una marca de los con que marcan el oro

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 282\ 282\ 282\ 282\ 282\ su suegro de Verdugo que era veedor en la dicha tierrafirme, que creo que le llaman Silvestre, pero no obstante eso embi el dicho Gobernador Pedro Arias desde Panama al Darien por un cuo de los tenia el veedor Gonzalo Fernandez de Oviedo lo tubo en su poder el tiempo que le paresci lo pudo hacer, marcar pudo el oro que le paresciese ascondidamente. Porque se dijo de suso algo de la muerte de Vasco Nez. Digo que ya dije Vuestra Merced otra causa por do se presumia que lo hizo matar desde quel Rey Catlico le embi las provisiones de adelantado de la mar del Sur de la Gobernacion de Coiba Panama se le trat la muerte, aun se puso en votos entrel Gobernador oficiales si se le darian los titulos, provisiones reales del dicho adelantamiento non obstante que el Rey de Gloriosa memoria se los embiase, si se le dieron fu porque el Obispo Fray Juan de Quevedo le fu faborable, porque bot el primero que se le diesen, no os el dicho Gobernador dejar de darlas. Al tiempo que fu Pedro Arias aquella tierra luego compr la casa del dicho Vasco Nez le di por ella muy pocos dineros, valia mas de renta que no dio el por ella de Compra la qual el dicho Vasco Nuez no se la diera sino porque le tomaban residencia, por aplacar contentar al dicho Pedro Arias. Al tiempo quel dicho Gobernador reparti los Indios, Indias naborios quel dicho Vasco Nuez tenia despues que la degollaron repartiolas entre D Isabel de Bobadilla sus criados, quien quiso por no las vender con la hacienda como se suele hacer en aquella tierra en las Islas dems del dao notorio de las dichas naborias perdi la Hacienda del Rey el fisco mas de 2 000 Castellanos lo menos todo lo que mas se diera e baliera la hacienda del dicho Vasco Nuez de lo que valio vendida sin las dichas naborias. Las pagas que se le hacen de gente serian escusadas pues ninguna tiene ni la ay para ninguna nescesidad por razon de las dichas pagas asi hascense copias vanas, por aquellas libra el contador paga el Thesorero, seria mejor ya que las obiese de llevar darsele de salario que por esta va: que paresce que es untarse la Cebada su dueo; destotra forma seria merced sonaria mejor el salario siendo mayor. Al tiempo que descabezaron Vasco Nuez, sus consortes valieron los bienes, escripturas que entraron en poder de Martin Estete 3 000 tantos pesos de oro sin causa, haviendo Thesorero que los havia de cobrar por el Rey sin otro nuebo salario por aiudar su criado diole el diezmo de lo que cobrase, o pagase tal maa se di el dicho Estete escribanos quel ellos se llebaron de los dichos 3 000 castellanos mas de los 2 000 dellos pagando solamente con papeles sin cobrarlos ni pagar en dineros.

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JOS ANTONIO SACO /283 /283 /283 /283 /283 En el Darien no ha consentido que alli se haga regimiento sin estar presente su persona del dicho gobernador, su Theniente aunque ha sido requerido lo qual se presume ques porque no se de aviso S.M. de su maa de Gobernacion de aquellas cosas que en aquellas partes pasan las quales por esta incombiniente ha dias que S.M. no las sabe ni agora se supieran si no fuera yo el que las digese porque me paresce ques inumanidad Callarlas mi Rey pues tengo jurado su servicio. Es bien que sepa Vuestra Merced de noticia desto S.M. despues que Gil Gonzalez tent por muchas vias su despacho de do estava Pedro Arias para seguir su viaje porque conformas le pareci que se les estorvaba, que queriendo el dicho Pedro Arias luego se podria poner en obra acord de le comprar un negrillo bolteador quel dicho Gobernador tenia en 300 castellanos no valiendo 100, que esta quantia toviese en la dicha armada el dicho Pedro Arias para que al respecto por rata gozase en lo que adelante procedieza de la dicha Armada con como esto fue fecho luego se puso en efecto en camino se fue, le dio licencia para llevar gente de la que all estava en mas cantidad de la licencia quel dicho Gonzalez tenia para sacar gente de alli. Dura muy poco la amistad que tiene con ninguno de los oficiales antes trae por grangearia rebolberlos porque nunca estan conformes el mismo reposta dice los unos lo que dicen los otros en secreto de que se yan seguido cizaas discordias entrellos de que ningun servicio Dios ni S.M. ni bien los pobladores se seguido antes mucha parcialidad, que los unos tengan muy conocidos algunos por sus allegados, los otros otros e asi anda la cosa muy la descobierta que ya se conoce vee quales acuestan la parte del Gobernador, quales la del Thesorero quales la del Contador. Algunas escripturas registros originales que queria tener en su poder es necesario que se le den por que el que se las impide no se halla bien dello si da conoscimiento dellas es de muy mala gana no le da. As que para lo de tierra-firme combiene que S.M. determine una de dos cosas y son perderlo ganarlo; para perderlo ninguna cosa se podria buscar ni pensar ni proveer mijor que dejarlo estar de la forma manera quello se est; para ganarlo atajar tantos daos dar orden como Dios S.M. sean servidos la tierra remediada hase de proveer quel que Gobernare aquella tierra sea ombre de buena sangre que tenga celo fin principal del Servicio de Dios del Rey, que sea amigo de Justicia, ombre para trabajar por su persona non de sobrada cobdicia ni cargado de hijos de edad combenible para el seso para los trabajos; que este tenga doquiera que tobiere una dos personas de buena conciencia, letras que por su persona visite amas costas, los pueblos dellas si nescesario fuere, que si es comucho torne tomar las residencias los Juezes pasados que no seran de poco interese para la

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 284\ 284\ 284\ 284\ 284\ Hacienda de S.M. que demas deso tenga siempre en el Darien un Teniente que sea persona de letras pueblos del Norte: otro en la Costa Pueblos la Costa, pueblos del Norte: otro en la Costa Pueblos del Sur, diciendo verdad los que agora ay que son el Licenciado Selaya, el Licenciado de Alarconcillo son personas muy suficientes para ello si les dejase Pedrarias libremente usar de sus oficios en las cosas de Justicia; en lo que toca los Indios de repartimiento de las naborias; mandar dar por ninguno aquel capitulo por donde acull consultan gastan muchas cosas estraordinarias mandar tomar quenta al Thesorero Alonso de la Puente que ge la tome quien sepa vien que cosa es quenta, porque en aquel tiento de quenta que le tom Gil Gonzalez de vila no se liquidaron muchas cosas ni se ablo en otras algunas de calidad precio proveer como las Islas de las Perlas que son la de Otoque Terareque, no sean de Pedrarias, sino que todos los Cristianos puedan pescar en ellas, que se haga una torre en la de Terareque que es la principal, se funde alli un pueblo de Cristianos quien se encomienden los Indios della porques aparejada para se poblar, para ganados los Cristianos que alli estubieren estan mas seguros, fuertes que en parte de toda la tierra desde alli se puede mejor conquistar descobrir la costa de levante ay aparejo para los navios, puerto, muy buenas pesqueras ase de mandar, que libremente puedan ir tomar de aquella tierra los que all fueren, tratar libremente como en los otros reinos despaa, que puedan libremente armar rescatar por las costas los vecinos dellas, no otros ni los de la una costa rescatar en la otra salve cada uno en la costa questobiere la poblacion do vive, dar por esclavos los Caribes que son desde la tierra nevada al Darien sin quintos ni derechos algunos asi como estan dados algunos por el Catolico Rey D. Fernando, que demas desto se provean mande S.M. que se despachen los capitulos que particularmente he dado para lo que toca la Cibdad de Santa Maria del Antigua del Darien, porque lo mas importante, mijor cosa que ay en Castilla del oro si el que gobernare aquella tierra quisiere atender al Servicio de Dios de S.M. Con lo questa dicho he satisfecho lo que debo al Servicio de Dios de S.M. soyobligado por mi conciencia; en lo demas Vuestra Merced mire la suya pues S.M. me remite Vuestra Merced para que le informase, se proveyese lo que su real serbicio fuese, como aquella tierra no se acabe de perder, quando vuestra merced demas de lo ques dicho me pidiere mas larga, particular relacion de qualquier capitulo de los que atras quedan escriptos, vuestra merced lomande que yo lo satisfar complidamente, crea Vuestra Merced que aquestas son las verdades, lo que pasa todo lo que en contra se dijese es vicioso, falso.

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JOS ANTONIO SACO /285 /285 /285 /285 /285Notas1Memorial de Gonzalo Hernndez de Oviedo (sic). Simancas. Patronato. Real Archivo de Indias. Legajo 7. Muoz, Colec. vol. LXXVI. Vase la pgina 195 de esta Historia El original de este “Memorial” existe en el Archivo General de Simancas, Patronato Real, Arca de Indias, legajo 7. En la Colecin... de Muoz, perteneciente a la Real Academia de la Historia de Madrid, se halla una copia de l en el tomo LXXVI, A. 103.

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Historia de los repartimientos o encomiendas de indios

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Hemos considerado sealar al lector de la nueva edicin de esta obra, lo siguiente: A la publicacin de 1883, Vidal Morales y Morales expuso una advertencia, en la cual indica que “Pronto publicaremos tambin el tomo sexto y ltimo, o sea la Historia de los Repartimientos o Encomiendas de Indios de no menor inters que los otros”. A ello, al editarse estos volmenes en 1945, su editor anot que, por “ser un verdadero complemento de la Historia de la esclavitud de los indios en el Nuevo Mundo ...”, se le incorporaba al final tan importante trabajo, el cual viera la luz por vez primera en la Revista de Cuba en 1883. Casi seis dcadas despus, al quedar an inconcluso el proyecto de Jos Antonio Saco para esta Historia de los Repartimientos ..., lo mantenemos como anexo por sus valores, pues nunca lleg a constituir el ltimo tomo de la monumental Historia de la esclavitud ... (N. del E.)Jos Antonio Saco

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Libro PrimeroDESDE EL PRINCIPIO DE LA COLONIZACI"N DESDE EL PRINCIPIO DE LA COLONIZACI"N DESDE EL PRINCIPIO DE LA COLONIZACI"N DESDE EL PRINCIPIO DE LA COLONIZACI"N DESDE EL PRINCIPIO DE LA COLONIZACI"N ESP ESP ESP ESP ESP AOLA EN EL NUEV AOLA EN EL NUEV AOLA EN EL NUEV AOLA EN EL NUEV AOLA EN EL NUEV O MUNDO O MUNDO O MUNDO O MUNDO O MUNDO HAST HAST HAST HAST HAST A LAS ORDENANZAS DE VALLADOLID DE 1513 A LAS ORDENANZAS DE VALLADOLID DE 1513 A LAS ORDENANZAS DE VALLADOLID DE 1513 A LAS ORDENANZAS DE VALLADOLID DE 1513 A LAS ORDENANZAS DE VALLADOLID DE 1513Nunca debe confundirse la esclavitud de los indios de que he tratado hasta aqu, con las encomiendas o repartimientos En la mente del legislador, estos dos estados fueron del todo diferentes. La esclavitud slo pesaba, segn la ley, sobre los indios canbales y sobre aquellos que sin serlo, se sublevaban contra el poder de Castilla, o se resistan, en sentir de los conquistadores, a recibir el bautismo: de manera que la esclavitud que se les impona, era un castigo. Pero los indios pacficos, sometidos a la autoridad de los espaoles, sos deban conservar su libertad; mas, sin quitrsela, el gobierno engaado, y procediendo de buena fe, crey que se les haca un bien, repartindolos o encomendndolos a los conquistadores. Ante la ley, pues, los indios encomendados fueron libres; pero de hecho fueron tan esclavos como los otros indios a esta pena condenados. Subyugados ya por Coln los pueblos de La Espaola, y deseando ste que sus descubrimientos fuesen desde el principio provechosos a la Corona de Castilla, para embotar de este modo los tiros con que la maledicencia y la envidia le heran como extranjero, impuso en 1495, a nombre de los Reyes Catlicos, un tributo sobre todos los indios; ordenando que los de 14 aos arriba, vecinos de la provincia de Cibao, y los de la Vega Real y los comarcanos a las Minas, pagasen cada tres meses un pequeo cascabel lleno de oro, y todos los dems una arroba de algodn.1 Calculose obtener de cada paga 20 000 pesos, pero tan equivocado fue este clculo, que de las tres primeras apenas se sacaron 200; y an fue ms corto el rendimiento de dos o tres que se quisieron cobrar.2Para conocer los indios sometidos al tributo, mandose que todos llevasen al cuello una medalla de cobre o latn, con cierta seal, que se mudara cada vez que aqul se pagase.3 Como el oro no tena valor entre aquellas gentes, nunca se haban dado a la trabajosa explotacin de

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 290\ 290\ 290\ 290\ 290\ las minas, y el poco metal que alguna vez recogan, eran las partculas que las aguas arrancaban de los ros o de las montaas. Por esto se ver cun terrible fue el tributo que se les impuso; porque ni saban bajar a las entraas de la tierra a coger el oro, ni el poco que encontraban en su superficie, era bastante para satisfacer la codicia de los castellanos. Conociendo el rey o cacique de la Gran Vega Real, llamado Guarionex, la imposibilidad de pagar en oro el tributo que se le impona, ofreci en cambio, hacer una gran labranza para pan casabe desde la ciudad de Isabela hasta Santo Domingo, que bien podra ser una distancia de 55 leguas; “pero como el Almirante —son palabras de Herrera— era forastero, slo, i desfavorecido de los ministros de los Reyes catlicos, i como prudente conocia, que lo que le havia de conservar eran las Riquezas que embiase, dabase priesa por el Oro, porque en lo demas era mui Christiano y temeroso de Dios, i asi moder el tributo, porque vi, que no se podia cumplir: por lo qual, algunos se huan los montes, i otros se iban de unas Provincias otras vagamundos”.4Siendo esta carga insoportable, sustituyose por otra, tambin muy opresiva. Incapaces los conquistadores por su fuerza de sacar todo el partido que les brindaban aquellas tierras feraces, mandose desde 1496, que para aficionarlos al nuevo pas que habitaban, algunos pueblos de indios hiciesen las labranzas de las poblaciones de los castellanos, como acostumbraban con sus caciques. Este trabajo no slo deban hacerlo sin ninguna recompensa, sino que si lo rehusaban, eran azotados, y si se huan, se les esclavizaba.5Tan atroz injusticia fue fatal precursora de los repartimientos de indios; y a ellos llegose muy en breve con la divisin de las tierras; porque en todos tiempos y lugares, luego que los conquistadores han impuesto su yugo a los pueblos vencidos, stos han corrido casi siempre la suerte de aqullos. A peticin de algunos pobladores de La Espaola, haba mandado el gobierno en julio de 1497,6 que el almirante Coln repartiese en propiedad entre los castellanos las tierras de aquella isla. Esta orden no pudo ejecutarse entonces, porque Coln se hallaba en Castilla; mas, vuelto a La Espaola en 1498 encontrola muy alterada con la sedicin promovida y capitaneada por Francisco Roldn.7 Sosegadas estas turbulencias, Roldn present a Coln en octubre del ao siguiente un memorial, en que le deca, que l y 102 castellanos ms de los que le haban seguido, queran tomar vecindad; y accediendo Coln a sus deseos, dioles tierras e indios que las cultivasen; pero no juntos en Jaragua como pretendan, pues era peligroso que gente tan desmandada e insolente permaneciese unida; mayormente cuando el Almirante no tena fuerzas para contenerla. Distribuyolos, pues, maosamente dndoles tierras e indios en el Bonao, Santiago de la Vega, y en otros pueblos. Ms largo fue con Roldn,

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JOS ANTONIO SACO /291 /291 /291 /291 /291 pues adems de haberle dado de los criaderos del rey dos yeguas, dos vacas, dos becerros, 20 puercas y quizs muchas gallinas, le concedi tambin algunas heredades en la Vega Real, y en los trminos de la Isabela; facultndole para que los indios del gran cacique Behechio le cultivasen las tierras que se le sealaban para su mantenimiento.8Pero Coln no se limit entonces a repartir tierra e indios entre Roldn y sus secuaces, porque deseando ganar la confianza de los castellanos residentes en La Espaola, hzoles la misma concesin. Tal fue el origen de los repartimientos en 1499, y que despus se extendieron a otras regiones del Nuevo Mundo; pero repartimientos que lejos de haber sido hechos por orden de la reina Isabel, fueron desaprobados por ella, pronunciando aquellas memorables palabras que debo repetir aqu: “Quin ha facultado a Coln para repartir mis vasallos con nadie?” Cuando Coln reparti en La Espaola tierras e indios, us en las cdulas que otorgaba de estas palabras: “que daba en tal cacique tantas mil Matas Montones, y que aquel Cacique, sus gentes labrasen, para quien les daba aquellas tierras”.9 Los nombres Matas o Montones de que se habla equivalan a cepas de via en Europa, con la diferencia de que stas tienen vida mucho ms larga, y aqullas eran de la planta llamada yuca (Jatropha manihot) de que los indios se servan para hacer casabe, equivalente a nuestro pan.10Oviedo, autor parcial y no muy exacto, afirma que Coln reparti todos los indios de La Espaola;11 pero ni Las Casas ni los cronistas Antonio de Herrera y Juan Bautista Muoz, que tuvieron a la vista todos los documentos de aquella poca, dicen tal cosa: ni era posible que as fuese, porque los castellanos, por su corto nmero, solamente ocupaban entonces una parte de la isla Espaola. Mas, cuntos fueron los indios repartidos por Coln? Cuntos los que encerraba aquella isla en su totalidad? A la primera pregunta yo no puedo responder; y en cuanto a la segunda, lo que se sabe es que al caer Hait bajo la dominacin espaola, toda la isla perteneca a cinco reyes o caciques principales, que tenan bajo su obediencia otros caciques inferiores. Los nombres de aqullos eran Guarionex, Caonabo, Behechio, Guacanagari y Cayacoa. Guarionex posea todo el llano, y seoreaba ms de 60 leguas en el centro de la isla. Caonabo dominaba en las sierras, cuya posicin y extensin le hacan muy fuerte. Behechio ocupaba la parte occidental de la isla y la provincia de Xaragua. Guacanagari era dueo de la parte del norte, en cuya tierra asent Coln la primera colonia de 38 castellanos, cuando descubri la isla. Cayacoa dominaba la parte oriental hasta la ciudad de Santo Domingo, y hasta casi el punto donde el ro Yuna entra en el mar. Este cacique era uno de los ms poderosos entre los cinco, y sus indios los ms valientes de todos por su vecindad a los caribes, cuyas invasiones tenan que resistir.12

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 292\ 292\ 292\ 292\ 292\ La poblacin de esa isla computbase entonces en 1 milln, a lo menos; “es mi opinin —dice Oviedo— de muchos que la vieron hablan en ello, como testigos de vista, que fall el Almirante, quando estas islas descubri, 1 millon de indios indias ms, de todas edades, entre chicos grandes”.13 No vendr yo a discutir aqu la exactitud de ese nmero; pero cualquiera que fuese, es innegable que cuando el Almirante hizo su repartimiento, ya los indios haban menguado mucho, as por las guerras con los castellanos, como por el hambre que sufrieron. Vino despus el repartimiento, el azote ms cruel que cay sobre los hijos del Nuevo Mundo; y sin pensarlo Coln, su primer repartidor, ni quererlo la buena reina Isabel, aquellos infelices fueron entregados desde entonces a los verdugos que haban de sacrificarlos. Los alborotos de La Espaola y las calumnias derramadas en la corte por los enemigos del Almirante, haban engendrado en el nimo del gobierno injustas sospechas contra l. Removido del mando de la isla, nombrose para sucederle a Francisco de Bobadilla, de quien ya he hablado en otra parte.14 Este villano reparti indios contra la voluntad de su reina; y como mand que del oro que se cogiese no se pagase al rey sino de 11 pesos 1, empleronse esos indios ms bien en la explotacin de las minas que en la agricultura.15A Bobadilla sucediole en la gobernacin de La Espaola el comendador Nicols de Ovando y Ovando, y entonces fue cuando se hizo el primer repartimiento general. Sali Ovando para aquella isla en 1502 acompaado de 2 5000 a 3 000 personas.16 Desembarcaron en la ciudad de Santo Domingo, y en vez de ponerse a trabajar para buscar el sustento, encerrronse en ella sin las provisiones necesarias, empezando en breve a sentirse el hambre, las enfermedades y la muerte.17 Bien quisiera Ovando repartir los indios entre su gente; pero las rdenes que tena en contrario, eran terminantes; pues en una de las clusulas de sus instrucciones, la reina Isabel le haba recomendado especialmente “que todos los indios de La Espaola fuessen libres de servidumbre y que no fuessen molestados de alguno, sino que viviesen como vasallos libres, gobernados y conservados en justicia como lo eran los vasallos de los reinos de Castilla; y que procurase. que en la Santa F Catlica fuessen instruidos: porque su intencion era, que fuessen tratados con amor y dulzura, sin consentir, que nadie les hicesse agravio; porque no fuessen impedidos en recibir nuestra Santa F; y por que por sus obras no aborreciessen los Christianos. Y que, para que mejor pudiessen ser doctrinados, se procurases, que se comunicassen con los Castellanos, tratando con ellos, y ayudndolos unos a los otros”.18De algunas palabras de esa instruccin, supo Ovando aprovecharse con destreza, y conociendo todo el inters de la reina por la conversin de los indios, la enga dicindole entre otras cosas: “que no podian

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JOS ANTONIO SACO /293 /293 /293 /293 /293 averlos indios para predicarles la f y doctrinarlos en ella, y que causa de la mucha libertad huian y se apartavan de la conversacion de los Christianos: por manera que aun querindoles pagar sus jornales no querian trabajar sino andar vagabundos, y que por esto convenia que tuviesen comunicacion con los cristianos”.19La reina, sorprendida por las arteras de Ovando, entreg los indios a la ms horrenda opresin, pensando hacerles un bien. Expidi una Provisin en Medina del Campo, a 20 de diciembre de 1503, y en ella dice: “Por lo cual mando vos el dicho nuestro Gobernador que del dia que esta mi carta viredes en adelante compelais y apremieis los dichos Indios que traten y conversen con los cristianos de la dicha isla, y trabajen en sus edificios en sacar y coger oro y otros metales, y en faser granjeras y otros mantenimientos para los cristianos, vecinos y moradores de la dicha isla, y fagais pagar a cada uno el dia que trabajare el jornal y mantenimiento que segun la calidad de la tierra y de la persona y del oficio vos pareciese que debieren haber, mandando cada Cacique que tenga cargo de cierto nmero de los dichos Indios para que los haga ir trabajar donde fuere menester, y para que las fiestas y dias que pareciese se junten oir y ser doctrinados en las cosas de la fe en los lugares deputados; y para que cada cacique acuda con el nmero de Indios que vos le sealaredes la persona personas que vos nombraredes, para que trabajen en lo que las tales personas les mandaren, pagndoles el jornal que por vos fuere tasado, lo cual hagan cumplan como personas libres como lo son, y no como siervos: faced que sean bien tratados los dichos Indios, lo que dellos fueren cristianos mejor que los otros: non consintades ni dedes lugar que ninguna persona les haga mal ni dao ni otro desaguisado alguno: los unos ni los otros no fagades ninfagan ende al por alguna manera, so pena de la mi merced y de 10 000 maravedis para la mi Cmara cada uno que lo contrario ficiere”.20Verdad es que en este fatal documento se habla de jornales que se haban de pagar al indio por su trabajo; verdad tambin que se habla de enseanza religiosa, de buen trato y de libertad; pero estas saludables disposiciones se quedaron escritas en el papel, y cuando de las piadosas intenciones de la reina de Castilla pasamos a los hechos de sus sbditos en el Nuevo Mundo, la voz enrgica de la historia se alza para proclamar a la faz del cielo y de la tierra, que el universo jams ver esclavitud tan horrorosa como la indgena americana. Roto ya el nico dique que se opona a la servidumbre de los indios, diose prisa Ovando a repartirlos como si fuesen rebaos. “Deshace los grandes pueblos que avia y da un Espaol 100, y a otros 50, y otros mas, y a otro menos, segun la gracia que cada uno con l alcanzava y l quera: y d nios y viejos, mugeres preadas y paridas, y hombres

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 294\ 294\ 294\ 294\ 294\ principales y plebeyos, y los seores naturales de los pueblos y de la tierra dvalos en uno de los repartimientos que hazia al Espaol quien el mas honrra y provecho quera hacer”.21Como al repartirlos us Ovando de la frmula “ A vos fulano, encomiendanseos en el Cacique fulano, tantos indios para que os sirvais dellos en vuestras minas y grangerias con la persona del Cacique ”,22diose desde entonces a esa reparticin el nombre de encomienda el de encomendados a los indios repartidos, y el de encomendaderos a los espaoles que los reciban, sin que por eso se hubiese abolido la palabra repartimiento pues sta y la de encomienda se usaron, indistintamente, para expresar una misma cosa. Deseando Bobadilla complacer a los castellanos, porque de este modo crea conservar la gobernacin de La Espaola, concedioles la franqueza de coger oro, la cual fue revocada luego que se dio a Ovando el mando de aquella isla, ordenndose que los conquistadores pagasen por lo pronto la tercera parte del oro cogido, conforme a lo dispuesto por el almirante Coln, y ms adelante la mitad.23 Los indios trabajaron, al principio, en las minas seis meses solamente; mas, en 1503 ordenose que fuesen ocho, lo cual llamose una demora, debiendo llevarse todo el metal cogido a la casa de fundicin, del que los oficiales reales tomaban la parte que tocaba al rey, y daban lo dems a los dueos de los indios encomendados.24Establecidos ya los repartimientos, hallbase perplejo el gobierno con la muchedumbre de relaciones contradictorias que reciba sobre la manera de convertir los indios. Crey conseguirlo mandando que a cada uno se diese un pedazo de tierra para que fuese propietario; que se procurase juntarlos en pueblos para que ms pronto se civilizasen, que en cada uno de stos se pusiese una persona que les suministrase justicia, y no permitiese que nadie se sirviese de ellos contra su voluntad, y sin pagarles, ni les ocasionase dao en sus personas, familias o bienes; que se les persuadiese a usar de vestidos; y que en cada pueblo se fabricase una iglesia, nombrando un eclesistico que les dijese misa y les ensease la religin.25 Pero Ovando nada hizo, nada obedeci, y echando los indios a las minas, pronto encontraban all su muerte. Quitbalos a unos castellanos para completar a otros de sus favoritos el nmero que les faltaba, y en este cambio de unas manos a otras, se repitieron y arraigaron los repartimientos.26A Ovando, pues, le toc la fatal celebridad de generalizar y dar consistencia en el Nuevo Mundo a tan funesta institucin; institucin que ningn escritor ha calificado con tanta verdad como Bartolom de las Casas. Con la muerte de la reina doa Isabel, acaecida en Medina del Campo el 26 de noviembre de 1504, agravose la suerte de los indios, pues stos perdieron a su nica protectora; y a los sentimientos verdadera-

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JOS ANTONIO SACO /295 /295 /295 /295 /295 mente cristianos y elevadas ideas que hasta entonces haban presidido a la gobernacin del Nuevo Mundo, sustituyronse miras interesadas y egostas. No quiso pasar aquella reina de esta tierra al cielo sin recomendar la suerte futura de sus queridos indios, y por eso consign en su testamento una clusula inmortal en su favor.27 Pero Fernando, el Catlico ni cumpli los votos expresados por su esposa en su ltima voluntad, ni tampoco se mostr rey justiciero. Habale ella dejado la mitad de todo lo que rindiese el Nuevo Mundo, y como ste era patrimonio exclusivo de la Corona de Castilla, porque a nombre de ella fue descubierto, el rey de Aragn slo atendi a sacar las ganancias posibles, sin cuidarse de la equidad y justicia con que aquellos pases deban ser administrados. Su ausencia a Npoles, el desgobierno en que dej a Castilla, sus apuros pecuniarios, su vejez y los achaques a ella inherentes, aumentaron el desorden, y si Ovando hasta aqu slo haba repartido indios entre sus amigos de La Espaola, ahora empezaron a adquirirlos, aunque con alguna insistencia suya, y cediendo a rdenes superiores, algunos criados de la Casa Real. As lo dice el cronista Herrera;28 pero el licenciado Zuazo, aunque censor severo de la conducta de Ovando, asegura que ste en todo el tiempo de su gobernacin, nunca consinti que ningn privado del rey, ni otra persona que residiese en los reinos de Castilla, tuviesen indios en La Espaola, pues siempre suplicaba de cuantas cdulas y provisiones reales se le enviaban al intento.29Las minas de oro de aquella isla llegaron a producir durante algunos aos 460 000 pesos de oro;30 pero este producto no se logr sino con la sangre de los indios. De Npoles regres Fernando a Castilla en 1507, y su vuelta empeor el estado de los indios. El Nuevo Mundo cay desde el principio de su descubrimiento en las manos de Juan Rodrguez de Fonseca, el obispo de que tantas veces he hablado en la historia de la esclavitud de los indios y en la de la raza africana; pero a este hombre perverso juntronse despus otros dos, que, formando con l un triunvirato, fueron el azote ms cruel de aquellas regiones. El primero de esos dos fue el contador Lope Conchillos, a quien nombr el rey de secretario en los negocios de Indias por muerte de Gaspar de Gricio, que haba desempeado esas funciones; y el segundo, Miguel de Pasamonte, que lleg a La Espaola en noviembre de 1508 en calidad de tesorero general con orden de que se le diese muy buen repartimiento,31 pues a su arribo a aquella isla contaba todava 6 000 indios.32Al obispo Fonseca y a Lope Conchillos encarg el monarca el despacho de todos los negocios del Nuevo Mundo, ordenando al gobernador de La Espaola Nicols Ovando y a los oficiales de la Casa de la Contratacin de Sevilla, que en adelante dirigiesen a ellos toda su correspondencia.33

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 296\ 296\ 296\ 296\ 296\ Ovando, queriendo aparentar justicia, nombr en La Espaola visitadores para que viesen como los castellanos que tenan repartimientos, trataban a los indios. En estos nombramientos ninguna intervencin tuvo la corona hasta el ao de 1508, en que ella adjudic algunos indios a un espaol, mediante el regalo de una mula que ste hizo a un personaje influyente en la corte. Entonces se declar que los visitadores no tuviesen jurisdiccin alguna sobre los indios, sino que se limitasen a investigar si stos eran bien tratados, participando a las autoridades competentes las faltas contra ellos cometidas.34 Tales fueron las funciones legales que los visitadores deban ejercer, pero las que stos se arrogaron y la manera con que las desempearon, descrbelas el celoso defensor de los indios, el gran Bartolom de las Casas: “ Y en las Villas y lugares de los espaoles tenia el governador ciertas personas las ms honrradas del pueblo, que puso por nombre visitadores, quien por solo el officio dava y sealava como por salario y fin el ordinario repartimiento de Indios que le avia dado y 100 indios para que le sirviesen. stos eran los verdugos mayores del pueblo y ms crueles que todos: ante los quales todos los Indios que los alguaziles del campo traian monteados se presentaban, i iva el acusador de all, que era aqul que los tena de encomendados y acusados diziendo que aquel Indio indios eran unos perros que no le querian servir y que cada da se le ivan los montes por ser haraganes y vellacos que los castigase. Y luego el visitador los ataba un poste y el mismo con sus propias manos tomaba un rebenque alquitranado, que llaman en las galeras anguilla, que es como una verga de hierro; y dvales tantos de azotes y tan cruelmente, que por muchas partes les salia la sangre y los dexavan por muertos y nuestros ojos vieron muchas veces muy grandes crueldades, etc., etctera”.35El rey pidi a Ovando en 1509 que diese razn del modo con que haba hecho los repartimientos para conocer las personas, que no teniendo heredades ni labor de minas, alquilaban los indios.36 En dicho ao ces Ovando en el mando de La Espaola; volvi a Castilla, y ningn castigo se le impuso por su mala conducta. De su crueldad con los indios, claro testimonio dan las palabras del licenciado Zuazo, juez de residencia en La Espaola. “Despues de este —el comendador Bobadilla— vino otro Comendador, que llamaron de Lares, y este era hombre orgulloso, aunque por otra parte tenia algunos buenos respetos, y este embi gente la Provincia de Higuei donde hizo matar por mano de un criado suyo Juan de Esquivel natural de Sevilla 7 8 000 indios so color que aquella Provincia diz que se queria levantar, que son gente desnuda que solo un cristiano con una espada basta para 200 Indios. Hizo hacer otra grandsima matanza crueldad en la Provincia de Jaragua, donde la sazon prendi una gran seora entre los Indios que se llamaba Anacaona, con

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JOS ANTONIO SACO /297 /297 /297 /297 /297 todos los principales Caziques de aquellas partes. Di Indios quitlos muchas personas, dilos sus criados otros de cuya mudanza se morian infinitos dellos”.37Antes de partir Ovando de La Espaola, declarose almirante y nombrose gobernador de las Indias a don Diego Coln, hijo del inmortal descubridor. Hzole el rey prevenciones, ya de palabra, ya por escrito, recomendndole especialmente que cuidase del buen trato de los indios, sin que sus caciques los molestasen, ni los castellanos les hiciesen ningn agravio, castigando a sus ofensores, que se les ensease con dulzura la doctrina cristiana para convertirlos al catolicismo, poniendo en cada pueblo un eclesistico, con sueldo, que entendiese en ello, procurando apartarlos de sus idolatras y ritos, poco a poco, con mucha maa y sin escandalizarlos, que no se diesen ms indios a los curas para impedir que faltasen al desempeo de su ministerio: que los espaoles no les vendiesen armas, ni se les permitiese poseerlas: que viviesen en poblaciones, teniendo cada uno aparte su mujer, hijos, casa y heredad: que no se les dejase vender sta, ni trocarla por poco valor como sola hacerse: que tuviesen sus consejos con sus regidores y oficiales, puestos por los caciques, los cuales ejerceran la jurisdiccin, para reducirlos a buen gobierno y civilizarlos: que los consejos tuviesen propios: que no se hiciese trabajar de valde a los indios, sino que se les pagase un salario, segn estaba mandado por disposiciones anteriores: que stas se ejecutasen en cuanto al vestido de los indios, para que no anduviesen desnudos: que se diese licencia para llevar a La Espaola indios caribes o de los que hubiesen hecho resistencia, con tal que procediesen de pases en que no haba minas, y pagndose al Fisco la cuarta parte de los importados, los cuales deban declararse despus como naborias, que eran una especie de criados: que siendo muy grande la mortandad en las minas de los indios introducidos en aquella isla, slo se les impusiese un trabajo moderado, y que sus dueos en el primer ao no pagasen ms de medio castellano de tributo, para que no los recargasen tanto. Por ltimo, ordenose que no se diesen licencias a los castellanos de La Espaola para ir a descubrir y comerciar, sino bajo la condicin de que otorgasen fianzas de no hacer dao a los indios.38 Si estas prevenciones se hubieran cumplido, habrase, sin duda, mejorado la condicin de los indios. Facultose tambin al nuevo almirante para reformar los repartimientos hechos por Ovando, ajustndose a los trminos de la Real Cdula expedida en Valladolid a 14 de agosto de 1500, la cual dice as: “Por quanto el repartimiento de Indios se ha hecho hasta el arbitrio del Gobernador que ha sido de La Espaola, y no se ha guardado la justa proporcion, ni se ha hecho el uso que debiera de los Indios emplendolos en labores y minas, sino tomando este por page, al otro por

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 298\ 298\ 298\ 298\ 298\ mozo de espuela para holgar con ellos: mandamos que en adelante no sirvan sino para las labores, y se repartan en esta razon. A los Oficiales y Alcaydes provistos por m y mi hija se darn 100 ‘al caballero que llevase su mujer, 80’ al escudero con su muger, 60; al labrador con muger 30. Si ansi repartidos sobraren o faltasen Indios, se les aumentarn disminuirn al dicho respecto. Las personas quienes se encomendaren Indios, deberan instruirlos en la f, darles vestuario y otras cosas segun costumbre. No se podrn quitar nadie sino por delito que merezcan perdimiento de bienes. En tal caso las personas que quisieren gozar de los Indios confiscados, pagarn anualmente la Cmara 1 peso de oro por cada cabeza de Indio”. Este tributo ces por el Tratado de mercedes, franquezas y libertades concedido a La Espaola en 26 de septiembre de 1513. No contento el monarca con estas prevenciones hechas al nuevo almirante don Diego, mand al mismo tiempo a su amigo y confidente el tesorero Miguel de Pasamonte, que tuviese mucho cuidado en ver si en el repartimiento que deba hacerse se guardaba todo lo que l haba dispuesto.39La mencionada Real Cdula de 14 de agosto de 1509, introdujo algunas novedades en los repartimientos: 1 Que los indios no se empleasen en las minas, sino slo en las labranzas. 2 Que se determin la calidad de las personas a quienes debieran darse, y el nmero de indios que deban caberles. 3 Que a ningn encomendero pudiera quitarse los indios si no por delito que mereciese perdimiento de bienes. 4 Que el nuevo encomendero que quisiese gozar de los indios as quitados, pagare anualmente a la Cmara 1 peso de oro por cada uno de ellos. Habindose conocido despus, que ese tributo redundaba en perjuicio de los indios, porque los encomenderos, para indemnizarse, los recargaban de trabajo, aboliose por el mencionado Tratado de mercedes, franquezas y libertades, concedidas a los vecinos y moradores le la isla Espaola, en 26 de septiembre de 1513.40El rey, accediendo a la peticin de Gil Gonzlez Dvila, contador de La Espaola, dijo a ese empleado desde Valladolid en 14 de agosto de 1509, que los espaoles a quienes se repartiesen indios, pagasen anualmente 1 castellano por cabeza, sin que por esto se entendiese que aqullos se daban “de por vida, sino por uno, dos tres aos, y pasados estos por otros tantos, pues lo contrario parecera hacerlos esclavos, y era cargo de conciencia”. Al lado de esta razn humanitaria haba otra de inters, porque acortndose el plazo de los repartimientos, el monarca aumentaba su tesoro con la renovacin de ellos.

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JOS ANTONIO SACO /299 /299 /299 /299 /299 La orden anterior comunicada a Gil Gonzlez, no lo fue al almirante gobernador; y por eso mandole el rey en 22 de octubre del mismo ao de 1509, que si los espaoles que tenan indios encomendados deseaban seguir con ellos, pagasen 1 castellano por cabeza; y que los importados de las islas comarcanas en La Espaola, se repartiesen a otros pagando medio castellano por cada uno. Pero ese tributo de 1 castellano por cabeza fue tambin suprimido por la cdula de franquicias y libertades a favor de los vecinos, mercaderes, y tratantes de Indias, expedida en Sevilla a 14 de octubre de 1511. Luego que lleg a La Espaola don Diego Coln en julio de 1509, procedi a efectuar el repartimiento que se le haba encargado; y en la distribucin general que hizo de aquellos indios, no se olvid de tomarlos para s, dndolos tambin a su mujer doa Mara de Toledo, a su hermano, tos y a otros a quienes la corte haba concedido cdulas para obtenerlos.41Al adelantado, su to don Bartolom, tocole la isla de la Mona, y esta encomienda fuele confirmada por el rey en 1511, no slo con los indios que en ella haba, sino con 200 ms de que el monarca le haba hecho merced.42 Como la cdula que autoriz al almirante don Diego para reformar los repartimientos en La Espaola no expresaba el tiempo que haban los castellanos de tenerlos, mandose por una Declaracin hecha en Valladolid a 12 de noviembre de 1509, que solamente gozaran de ellos mientras fuese la voluntad del monarca.43El almirante envi a la corte la relacin del repartimiento que hizo; pero el rey no qued satisfecho, y mandole desde Burgos a 23 de diciembre de 1511 que enviase otra, poniendo el nmero de caciques con sus nombres; los indios que cada espaol tena as para minas como para naborias, sealando los que no eran de servicio por vejez o niez; que indicase las personas que tenan indios por cdula real, y cules no, aadiendo las condiciones, vida, fama y otras cosas de dichas personas. En el repartimiento que hizo el almirante don Diego, quit muchos indios a quienes Ovando los haba dado, y esta mudanza, como la de los repartimientos anteriores, fue fatal a la vida de los indios. Dejemos aqu la palabra al licenciado Alonso de Zuazo. “Como los dichos repartimientos se hicieron de junta general de todos los caciques indios, los indios que eran de la provincia de Higuei hacan ir Jaragu y la Zabana, que son lugares que distan de Higuei al pi de 100 leguas, y ansi por el consiguiente en todos los otros lugares, de manera que como muchos de estos indios estaban acostumbrados los aires de su tierra, beber aguas de jageyes, que as llaman las balsas de agua llovediza, otras aguas gruesas, mudndolos donde habia aguas delgadas de fuentes de ros frios lugares destemplados, como andan desnudos, hanse muerto casi enfinito nmero de in-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 300\ 300\ 300\ 300\ 300\ dios, dejados parte los que han fallecido del muy inmenso trabajo fatiga que les han dado tratndolos mal”.44Algunos religiosos que haban pasado a La Espaola, manifestaron dudas acerca de la justicia de los repartimientos, y el tmido monarca para aplacar los escrpulos de su conciencia, mand que los indios no fuesen repartidos de por vida, sino que sirviesen como tapias o naborias nombres que se daban a los que, sin ser esclavos, estaban obligados a servir por un ao o dos; despus por otros dos y as sucesivamente.45Pero los encomenderos poco se cuidaban de esas diferencias, porque bajo de cualquier nombre que se diese a los indios, ellos siempre los trataron como esclavos. Orden el rey en 1519 que al tesorero Pasamonte se le diesen 100 indios, adems de los que ya tena.46 Nombrronse al ao siguiente dos oficiales reales ms para La Espaola, habiendo recado el nombramiento de contador en Gil Gonzlez Dvila, y el de factor en Juan de Ampues, sealndoseles 200 indios de repartimiento en parte de su salario.47Cuando en 1511 se fund la primera Audiencia en La Espaola, diose a cada uno de los jueces de apelacin que la formaron, adems del sueldo que se les seal, un repartimiento de 200 indios. Mercedes semejantes hicironse tambin de 100, de 60 y 50 indios a criados de la Casa Real, miembros del Consejo, muchos cortesanos, y a otras personas que sin residir en La Espaola gozaban de sus encomiendas por medio de mayordomos que al efecto tenan en aquella isla.48Deseoso el rey de que se tratase bien a los indios, mand que nadie tuviese ms de 300 para que se les atendiese mejor en lo temporal y espiritual; encargando al almirante y oficiales reales de La Espaola que diesen ejemplo a todos en doctrinar bien los indios, pues el servicio de Dios era su principal objeto. Para remediar la falta de brazos que ya en La Espaola se senta, orden tambin que todos los indios importados en ella perteneciesen al introductor y sucesores, para que as los cuidasen mejor.49La plaga de los repartimientos, que haba estado circunscrita a La Espaola, por ser el nico punto poblado de castellanos, se fue extendiendo a otras islas. En 1502 diose facultad a don Cristbal de Sotomayor para que escogiese en la isla de San Juan de Puerto Rico, ya reconocida por Juan Ponce de Len, un cacique con los indios que le pertenecan.50 En 1510, el mismo Juan Ponce empez a repartir los indios de aquella isla; pero no queriendo ellos someterse a tan cruel servidumbre, alzronse y mataron muchos espaoles.51 Vencidos al fin, doblaron la cerviz al yugo que se les impona, y corrieron suerte igual a los de otras islas. Injusticias, como era de costumbre, cometi Juan Ponce al repartir los indios entre los pobladores, de donde naci entre ellos multitud de

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JOS ANTONIO SACO /301 /301 /301 /301 /301 quejas y resentimientos. De ese repartimiento sealronse muchos al rey para que trabajasen en sus minas y haciendas o granjeras, cuya administracin se confi al mismo Ponce; pero no habiendo ste correspondido a las esperanzas del monarca, quitsele su administracin, lo mismo que el gobierno de la isla, encomendndose aqulla a los oficiales reales que acababan de llegar, y en junio de 1513 a slo uno de ellos, cual fue el tesorero Haro.52Ni fueron el monarca y los particulares quienes solamente tuvieron indios en Puerto Rico; que aqul mand en 1511, que a cada uno de los hospitales fundados en aquella isla se le diese un repartimiento de 100 indios.53El almirante don Diego Coln, en virtud de sus atribuciones, nombr de lugarteniente para la isla de Puerto Rico a Juan Ceron, natural de Ecija, y de alcalde mayor a Miguel Daz que haba sido criado de su to, el adelantado don Bartolom.54 En 22 de julio de 1511 se les facult para que hiciesen un nuevo repartimiento en aquella isla, recomendndoseles que favoreciesen a los que se haban distinguido en la guerra de Puerto Rico. Efecturonlo de 1511 a 1512; pero quedaron tan descontentos los numerosos amigos y partidarios de Juan Ponce, que el almirante se vio obligado a reconocerlos.55Juan de Esquivel entr en Jamaica en 1510: empez a poblarla, y al repartir los indios, encontr alguna resistencia, pues se fugaron a los montes, y los caciques se pusieron en armas; pero habiendo matado algunos, subyug a los dems, repartindolos a sus dueos: ocupronlos principalmente en labranzas de bastimentos y algodn, cuya planta era muy provechosa y abundante en aquella isla.56Con el rey don Fernando ajust asiento Francisco de Garay, para entender a medias en las granjeras de ganados y haciendas que aqul tena en Jamaica; y entonces fue cuando se nombr de tesorero de all y repartidor de sus indios a Juan de Mazuelo.57 Con este motivo dijo al rey en 12 de abril de 1513: “Los indios han sido muy maltratados con palos y azotes, quemados, y otros martirios; si as siguiese, no habra indios para dos aos. Sobre esto hall algunos presos, y al que ms se ech pena de 6 castellanos... Se har el repartimiento con justicia: algunos tienen ms indios que V.A. que son el almirante y su teniente que tienen cada uno 1 600”.58Verificose ese repartimiento, y dironse indios no slo a muchos pobladores, sino a los oficiales reales por orden del monarca, a quien tambin se consignaron 2 000 para sus granjeras. Hallronse entonces en aquella isla 14 636, a saber:59Caciques ..............................................................................8 600 Naborias repartidos a cristianos .....................................1 500

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 302\ 302\ 302\ 302\ 302\ Viejos y viejas .....................................................................566 Nios y nias ......................................................................3 970 Total .....................................................................................14 636 Repartimientos hizo tambin Diego Velzquez en Cuba, y el primero, aunque corto, fue cuando desembarc en la provincia oriental de Mais a fines de 1511; pues los indios que le opusieron una dbil resistencia, fueron entregados a los castellanos que le acompaaban para que les sirviesen, pero no como esclavos.60Suerte ms dura corri Hatuey, cacique de aquella provincia, pues aunque se fug a los montes, fue cogido y brbaramente quemado por orden de Velzquez. Nombr ste por su lugarteniente a Pnfilo de Narvez, quien marchando contra los indios de la provincia de Bayamo, en breve los subyug; y as ellos como los dems fueron repartidos con el progreso de la conquista, segn ms adelante se ver. Al estado a que haban llegado las cosas del Nuevo Mundo, parece que ya en la tierra no haba una sola voz que se interesase por los indios. Pero esta voz consoladora sali de las celdas miserables que ocupaban en La Espaola los religiosos de Santo Domingo.61 Penetrados de los tormentos que sufran aquellos infelices, trataron de poner pronto remedio a tanto mal. Desde la ctedra de la verdad tron contra los opresores fray Antonio Montesino, en un sermn que predic en 1511 en la ciudad de Santo Domingo, estando presentes el almirante gobernador, los oficiales reales, otras personas notables, y los dems espaoles. Muy importante es ese sermn, que se halla en los captulos III y IVdel libro II de la Historia General de las Indias escrita por Bartolom de las Casas.62De su terrible como justo lenguaje, dironse todos por ofendidos, y en particular, los oficiales reales por ser los ms culpables. Llenos stos de indignacin fueron en el mismo da a casa del almirante, para persuadirle que deba reprenderse a aquel fraile, que tan libremente haba predicado contra el rey. De all pasaron al convento de aquellos religiosos que an era un edificio de paja, para pedir a su vicario fray Pedro de Crdoba, o que Montesino se retractase en el plpito, o que toda la Orden saliese de la isla. El vicario, despus de haberlos aplacado con su prudencia, les dijo “que lo que fray Montesino haba predicado, fu de comn consentimiento y aprobacin del convento, y que no pensaban haba hecho en ello, sino mucho servicio a Dios y al rey”. Convnose, al fin, en que el predicador modificara su lenguaje en el sermn del siguiente domingo; pero Montesino era hombre entero y de alma bien templada. Subi de nuevo al plpito y cuando todos esperaban una retractacin, insisti con ms vehemencia que antes en los abusos que haba denunciado. La irritacin lleg entonces al colmo. Acudieron al rey los

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JOS ANTONIO SACO /303 /303 /303 /303 /303 oficiales reales, dndole cuenta de lo ocurrido y sealndose en sus quejas el tesorero Pasamonte por la alta influencia que tena con el monarca y con el secretario Conchillos. Enterado aqul de lo ocurrido, mand llamar al provincial de la Orden en Castilla y le dijo, que remediase el escndalo causado en La Espaola por sus frailes, predicando cosas contra su servicio. Pasamonte envi adems a la corte para que apoyase la denuncia contra los dominicos, a fray Alonso del Espinar, de la Orden de San Francisco, hombre de buena conciencia, pero ignorante; verificndose con esto el dicho de Las Casas: “que trabajaron de enviar frailes contra frailes por meter el jueco, como dicen, a barato”.63 Los dominicos, a su vez, enviaron al mismo Montesino para que defendiese la justicia de sus ideas, y con el objeto de que le ayudase en tan santa empresa, nombraron despus al varn prudente y entendido fray Pedro de Crdoba, vicario de aquella Orden en La Espaola. De estas ocurrencias naci la rivalidad que en punto a repartimiento y libertad de los indios hubo entonces entre los religiosos franciscos y dominicos de La Espaola: rivalidad que si contraria al piadoso instinto que profesaban los primeros, cubri de honra y de gloria a los segundos. Cuando se estudia la causa de esta divergencia, parece encontrarse en miras interesadas, pues como a los dos conventos de franciscanos que ya haba en La Espaola, se les haban sealado dos repartimientos de indios, cabe la fundada sospecha de que las opiniones que manifestaron fueron hijas del inters.64A su llegada a la corte encontrola Montesino muy prevenida contra l; y queriendo presentarse al rey para informarle de todo, no le era dado conseguirlo: pero burlando un da la vigilancia del portero, se entr hasta donde estaba el monarca, dicindole “que le suplicaba, que le oyese lo que tena que decirle por su servicio”. El rey le contest con mucha dulzura: “que dijese lo que quisiese”; “informle de cuanto haba pasado en La Espaola, de los fundamentos que haba tenido para predicar aquel sermn, que haba sido firmado de su prelado y de todos los letrados telogos de su convento; y l se lo haba mandado por obediencia, y suplicle que luego fuese servido de poner remedio”. El rey respondi, “que le placa y que con diligencia mandara luego entender en ello”.65En cumplimiento de su palabra, mand el rey en 1511 que se reuniese en Burgos, donde a la sazn se hallaba, una junta de miembros de su Consejo y de telogos. Por aqul asistieron Fonseca, ya obispo de Palencia, y que tanta parte tena en los negocios de Indias; Hernando de Vega, seor de Grajal; el licenciado Luis Zapata, a quien por su gran valimiento con el rey llamaban algunos el rey chiquito ; el licenciado Sosa, que despus fue obispo de Almera; el licenciado Santiago; el licenciado Moxica, y el doctor Palacios Rubios. Los telogos fueron los

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 304\ 304\ 304\ 304\ 304\ tres religiosos dominicos, fray Pedro de Covarrubias, el maestro fray Toms Durn, y fray Matas de Paz, catedrtico de Salamanca; el licenciado Gregorio, predicador del rey, y el ya citado Alonso del Espinar, siendo de extraar, que al padre Montesino no se le hubiese dado lugar en la Junta, ni que aun se le hubiese llamado para orle.66Los procuradores enviados por algunas islas pidieron a la Junta, que los indios fuesen dados a perpetuidad, o por tres vidas; esto es, por la de los actuales encomenderos, y por las de dos de sus herederos. Fundbanse en que los indios no podan gobernarse por s solos, que necesitaban de tutores; que eran en extremo holgazanes; que cuando ya se les crea domesticados, se desnudaban y se huan a los bosques como bestias; y, por ltimo, que siendo incapaces de toda razn, deban estar sometidos al cuidado de los castellanos.67La Junta tom en consideracin todas estas peticiones, y despus de haberse reunido ms de 20 veces, sus miembros nunca pudieron entenderse. El rey, vista la diversidad de opiniones, mand a fray Alonso del Espinar, a Pedro Garca de Carrin, natural de Burgos, y al bachiller Enciso, que haban estado en las Indias, que se juntasen en el convento de San Francisco y por captulos hiciesen unas ordenanzas para que los indios fuesen y viviesen como cristianos. Juntronse en efecto, y tomando por base la clusula del testamento de la reina doa Isabel, en la que se declar libres a todos los indios, acordaron: que ningn castellano pudiese tener encomendados ms de 80 indios ni menos de 40; que stos se diesen a hombres casados para que las islas quedasen pobladas con sus hijos; que los restantes se repartiesen entre los que las haban conquistado; y, por ltimo, que no se diesen indios a los que estaban en Castilla, ni tampoco a los oficiales reales ni jueces que residan en aquellas islas. Estas ordenanzas fueron entregadas al rey, y aprobadas por l y por los telogos y dems miembros de la primera Junta, imprimironse y environse a las Indias para su cumplimiento.68 Tales son las que se llamaron Leyes de Burgos A pesar de ellas, la crueldad de los castellanos continuaba contra los indios. Insistan en decir que los repartimientos eran necesarios para corvertirlos y civilizarlos; porque si se les dejaba vivir por su cuenta, ni abrazaran el cristianismo, ni los ya convertidos permaneceran en l, pues de nuevo volveran a su vida salvaje y a sus nefandos vicios. Esta fatal argumentacin, aunque tantas veces repetida, nunca dejaba de producir el perverso fin que los castellanos se proponan; pero, al mismo tiempo, los religiosos dominicos de La Espaola oponanseles enrgicamente. En medio de estos ardientes debates, los encomenderos alcanzaron un triunfo sealado contra aquellos religiosos, pues de orden del rey

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JOS ANTONIO SACO /305 /305 /305 /305 /305 djoseles en 1513: “que cuando se mandaron repartir los indios, se juntaron, con los del Consejo, muchos letrados, telogos, y juristas y que vista la gracia y donacin apostlica y otros fundamentos, haban acordado, en presencia del arzobispo de Sevilla, que entonces era, que se deban de dar los indios en repartimiento, y que era conforme a derecho, divino y humano: y que si cargo de conciencia poda haber en ello, era del rey, y de quien se lo haba aconsejado, y no de quien tena los indios: y que as, para adelante podran los Padres Dominicos moderarse ms en este caso, y proceder con ms suavidad”.69Esta resolucin fue una sentencia terrible contra los indios, porque sancionado el sistema de los repartimientos, nada importaba que se les llamase libres, pues que los encomenderos los trataban como esclavos, y esclavos que nada les haban costado. A pesar de esto, respetando el monarca las slidas virtudes de los religiosos dominicos fray Pedro de Crdoba y fray Antonio Montesino que haban venido a la corte a defender tan noble causa, quiso darles una muestra de su aprecio, ordenando que volviesen al Nuevo Mundo a continuar su misin apostlica en provecho de los indios.70Para acallar los clamores que siempre alzaban los defensores de los indios, mand el rey que se reuniese en Valladolid una nueva Junta, de cuya deliberacin nacieron unas ordenanzas en 35 captulos aprobadas por el rey en la misma ciudad a 23 de enero de 1513: pero entre ellas y las Leyes de Burgos hubo la notable diferencia de que stas eran generales para todos los pases ya poblados de espaoles en el Nuevo Mundo, mientras que las Ordenanzas de Valladolid eran solamente aplicables a la isla de San Juan de Puerto Rico y a La Espaola. “Por cuanto —dice el rey don Fernando en el prlogo de esas Ordenanzas— yo mi muger siempre deseamos el provecho espiritual de los indios de la isla de San Juan hicimos algunas ordenanzas para ello por nos, las quales aadieron otras Bovadilla, Ovando, y el Almirante D. Diego, y vuestros Oficiales de all. Pero la experiencia ha mostrado que todas no son bastante para lograr el deseado fin atendida la inclinacion al cio y los vicios que se observa en los indios, principalmente teniendo sus asientos con sus caziques distantes de las poblaciones de Espaoles, donde se retiran el tiempo que estn desocupados del servicio. Porque aunque se les haya dado instruccion mientras servian, la olvidan luego y buelben su olgazaneria y vicios, sin querer oir al espaol que va con ellos para instruirlos por no temerle ni respetarle. Siendo esto tan contrario la Fe, y NOS obligados poner remedio: consulta de algunos del Consejo, dictmen de personas doctas y piadosas, informe de otras que tienen conocimiento de Indias; ha parecido conveniente que las estancias y asientos de los Caciques indios se pongan cerca de las poblaciones. Con lo cual podrn asistir las igle-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 306\ 306\ 306\ 306\ 306\ sias, oir las plticas, conversar frecuentemente con los espaoles, recibir luego los Sacramentos etc., y adems en lo temporal se evitar que les roven sus hijos y mugeres, y se les hagan otros daos que algunos se han atrevido por pillarlos ljos de donde residen las justicias. Por estas y otras causas fu acordado de mudar sus estancias cerca de los pueblos de Espaoles, donde se guardar con ellos lo siguiente”. Y lo siguiente fue, que con motivo de mudarse las estancias de los indios junto a las de los espaoles, todo encomendero deba hacer para cada 50 de aquellos cuatro bohos de 30 pies de largo y 15 de ancho, y tenerles 3 000 montones de yuca, 2 000 aves, 250 pies de aj, y 50 de algodn, a satisfaccin del visitador, el cual cuidara de que sembrasen a su tiempo media fanega de maz, y que el encomendero diese a cada uno 12 gallinas y un gallo para que se aprevechase de sus huevos y pollos. Recomendose que los indios de la isla de San Juan de Puerto Rico fuesen llevados de sus antiguas estancias a las nuevas suavemente y con halagos. Todo encomendero deba fabricar en su hacienda una casa para iglesia, a la que ira diariamente con todos sus indios al amanecer y anochecer para rezar con ellos, cuidando de corregir al que se equivocase. Cuando hubiera cuatro o cinco estancias en el espacio de una legua, se fabricara una iglesia en la del centro, a donde iran los indios todas las fiestas a or misa y sermn con su encomendero; pero en caso de no haber clrigo que les predicase, siempre deberan asistir a la iglesia para orar y rezar, so pena de 10 pesos al encomendero que contraviniese. Si fuera de dicha legua haba alguna estancia, harase all otra iglesia para no obligar a los indios a ir lejos. Siempre solcito el monarca de la instruccin religiosa de los indios, impuso al encomendero la obligacin de ensearles la doctrina cristiana, y de tomarles cuenta cada 15 das de lo que les enseaba, so pena de 6 pesos de oro. Los prelados que cobraban diezmos de esas estancias, deban proveer de clrigos para decir misa, confesar a los que pudiesen hacerlo y ensear a los que no. Cuando haba muchos indios empleados en las minas, haranse en stas una iglesia, guardndose todo lo ordenado para las de las estancias. Todo encomendero que tena 40 o ms indios, deba ensear a un muchacho de entre ellos a leer, escribir y la doctrina cristiana; obligacin que tambin se impuso a los que servan de muchachos indios por pajes. Recomendose el cuidado con los enfermos, a quienes deba confesar gratuitamente el clrigo respectivo; y si moran ir al entierro con la cruz, sin paga alguna. El encomendero que no daba sepultura al indio que tena, era multado en 4 pesos. Impsose tambin al encomendero la obligacin de bautizar el indio nacido dentro de ocho das, y si no haba clrigo, l lo hara por s en caso de necesidad. El contraventor incurra en la multa de 3 pesos para la iglesia donde se bautizara.

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JOS ANTONIO SACO /307 /307 /307 /307 /307 Deba darse a los indios algn tiempo para que holgasen antes de anochecer, privndose al encomendero de aquel a quien no se le permitiese. Tampoco se les impediran sus aretos en los domingos y das de fiesta ni en otros fuera de las horas del trabajo. Ningn indio poda ser cargado, sino slo con sus mantenimientos, y eso en el caso de mudarse de un lugar a otro, so pena de 2 pesos y de perder el encomendero el indio para el hospital del lugar a que perteneca. Los indios no trabajaran en las minas ms de cinco meses: despus holgaran 40 das en los que el encomendero debera instruirlos en la doctrina cristiana, sin que en ese tiempo pudiese mandarles otra cosa que sacar sus mantenimientos de la yuca y otros comestibles. Obligbase a los encomenderos a tener provisin suficiente de casabe, aves y aj, para que los indios comiesen con abundancia, lo que se encarg que hiciesen sus bohos. Adems, deba drsele a cada uno en los das festivos, una libra de carne o de pescado: alimento que haba de suministrarse diariamente a los empleados en las minas, pena de 2 pesos al encomendero infractor. Recomendose que inculcasen a los indios la idea de tener una sola mujer, con la que deban casarse segn la Iglesia. Ordenose que todos los hijos de los caciques se entregasen a la edad de 13 aos a los frailes franciscanos para que les enseasen a leer, escribir, y la doctrina cristiana; y que pasados cuatro aos los volviesen a quien estaban encomendados para que sirviesen de maestros a los otros indios, mejor que los espaoles. Las indias embarazadas de cuatro meses no podan ser enviadas a minas, ni sembrar yuca, sino tenerse en casa para servicios de poco trabajo: paridas, se hara lo mismo durante tres aos en que criasen a sus hijos, so pena de 6 pesos por cada infraccin. Obligose al encomendero a dar a cada indio una hamaca en que durmiese, cuidando los visitadores que ni les faltase, ni la cambiasen. Deba tambin el encomendero dar anualmente a cada indio 1 peso de oro para vestirse, del cual tendran el cacique y su mujer 1 real para vestirse mejor. Nadie podra servirse ni admitir en su estancia indios ajenos, bajo la multa de 6 pesos por primera vez, 12 por la segunda, y 3 ducados por la tercera. A fin de que los caciques fuesen mejor tratados, sealseles para su servicio dos indios al que tuviere 40; tres al que 70; y seis al de 104 a 160. En cuanto al cacique, solamente podra emplersele en cosas ligeras, para evitar su ociosidad. Era deber del encomendero dar al visitador razn de los que nacan, moran, o iban de La Espaola o de otras partes a Puerto Rico, bajo la pena de 2 ducados de multa por cada uno si no lo haca. Deber era tambin de los visitadores asentar en su registro todos los indios de cada poblado con sus nombres, manifestndolo en cada fundicin a los oficiales reales, y stos al rey, para saber si los indios aumentaban o disminuan. Prohibiose que nadie diese azote, ni palo

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 308\ 308\ 308\ 308\ 308\ ni otro castigo a los indios, pues en caso de faltas deba acusrseles ante el visitador para que lo corrigiese. Quien a esto contravena, pagaba una multa de 5 pesos de oro. Todos los encomenderos deban llevar a las minas, a los menos, la tercera parte de sus indios, salvo los vecinos de la Gavaa, y de la villa nueva de Yaquimo, en La Espaola, por estar muy distantes de aqullas, los cuales los emplearan en hacer hamacas, criar puercos, etc. Los que no tuvieran haciendas cerca de las minas, podan hacer compaa con quien las tuviese, poniendo uno los indios y otro los mantenimientos; pero sin que hubiese en esto ningn alquiler de aqullos, bajo las penas mencionadas. Los indios introducidos de las islas comarcanas en la de San Juan haban de ser gobernados del mismo modo que los de sta; y aunque si eran esclavos se le permita al dueo tratarlos como quisiese, recomendsele que fuese con amor y blandura, y doctrinndolos en la fe. Para que no se mudasen las estancias de los indios fijados en ellas, mandose que si vagasen por muerte o delito del encomendero, aquel a quien se hiciese la merced de ellos, comprase la estancia tasndola dos personas nombradas por el almirante, jueces de apelacin y oficiales reales. En cada pueblo de aquella isla habra dos visitadores que celasen el buen trato de los indios, su instruccin y el cumplimiento de estas Ordenanzas. Esos visitadores seran nombrados a juicio del almirante, jueces de apelacin y oficiales reales, con tal que fuesen de los vecinos ms antiguos; dndoseles por su oficio algunos indios adems de los que tenan de repartimiento; pero si eran negligentes, sobre todo, en punto a comida y hamaca para dormir, deban quitrseles hasta los indios propios que tenan. Deban los visitadores recorrer los lugares, estancias y mineros de su cargo, al principio y a la mitad de cada ao, uno cada vez, para que lo que se escapase a uno, observase el otro. Los visitadores no podan llevar a sus haciendas ningn indio perdido o huido, sino depositarlo en persona de responsabilidad para que lo recogiese su amo cuando se encontrase, so pena de perder otro indio suyo, adems del que deba entregar a su dueo. Los visitadores deban tener copia de estas Ordenanzas firmadas por el almirante, jueces de apelacin y oficiales reales, y acompaadas de una instruccin de los mismos para su gobierno. Deber era del almirante, de dichos jueces y oficiales reales enviar cada dos aos a Puerto Rico persona que residenciase a los visitadores, los cuales deban darle relacin cumplida de los indios nacidos y muertos en su distrito en los referidos dos aos, para que el monarca fuese informado de todo. Por ltimo, mandose que ningn vecino de La Espaola pudiese tener ms de 150 indios de repartimiento, ni menos de 40. Estas Ordenanzas mandronse pregonar en La Espaola, y encargose al almirante, jueces de apelacin y oficiales reales de ella que

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JOS ANTONIO SACO /309 /309 /309 /309 /309 las guardasen e hiciesen guardar, so pena de perdimiento de los indios que tuviesen encomendados. Publicadas que fueron esas Ordenanzas, informose al gobierno que, aunque eran muy intiles, haba necesidad de declararlas y moderarlas para la isla de Puerto Rico. Entonces la reina doa Juana y su padre el rey don Fernando, el Catlico, mandaron juntar en Valladolid algunos miembros del Consejo Real, varios religiosos dominicos, y a otras personas prudentes y entendidas en los negocios de Indias; y despus de haberlas odo, acordose hacer en el mismo ao de 1513 algunas modificaciones de las referidas Ordenanzas, para mejorar la suerte de los indgenas de Puerto Rico. Ordenose, pues, que las indias casadas con indios encomendados, no fuesen compelidas a ir ni a servir con sus maridos en las minas ni en otros trabajos; bien que se las obligase a trabajar en sus propias haciendas y de sus maridos, o en las de los espaoles, pagndoles los jornales que con ellas o con sus maridos se conviniesen, salvo si las tales mujeres estuviesen embarazadas: que los nios y nias menores de 14 aos, no se empleasen en trabajos recios, sino solamente en los ligeros, propios de su edad, y en las haciendas de sus padres, o de los que en su poder los tuviesen; que los mayores de 14 aos permaneciesen hasta su mayor edad bajo el poder de sus padres, o de sus guardadores, si de aqullos careciesen, pudiendo emplearlos en trabajos que no quebrantasen sus fuerzas, alimentndolos bien, y pagndoles sus jornales conforme a la tasa establecida por los jueces de apelacin. En todos estos casos, los tutores de estos nios deban instruirlos en la fe catlica, y procurar que los de mayor edad aprendiesen algn oficio. Ordenose tambin, que las indias no casadas y que estuviesen bajo el poder de sus padres, trabajasen con ellos en sus haciendas, o en las ajenas, convinindose con aqullos, y que las que no viviesen bajo el poder de alguno, fuesen obligadas a trabajar en las haciendas de los indios o de los espaoles, pagndoseles sus jornales como a los castellanos, para impedir su ociosidad y corrupcin: que dentro de dos aos los hombres y las mujeres anduviesen vestidos; y, por ltimo, mandose una cosa de tanta importancia, que debo transcribir aqu las mismas palabras del documento en que est consignada: “Por quanto poda acaecer que andando el tiempo con la doctrina y con la conversacin de los cristianos se hagan los Indios tan capaces y tan aparejados ser cristianos, y sean tan polticos y entendidos que por s sepan regirse, y tomen la maa de la vida que all viven los cristianos, declaramos y mandamos y decimos que es nuestra voluntad que los que ans se hicieren biles para poder vivir por s y regirse vista y arbitrio de nuestros juezes que agora en la dicha Isla estn estuvieren de aqu adelante, que les den facultad que vivan por s, y les manden servir en aquellas cosas que nuestros vasallos ac sue-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 310\ 310\ 310\ 310\ 310\ len servir, las que all conocieren semejantes la calidad de las de ac, para que sirvan paguen el servicio que los vasallos suelen dar e pagar los Prncipes”. A los castellanos que no cumpliesen las prevenciones hechas en la mencionada Declaracin de Valladolid deba castigrseles con la prdida de sus bienes muebles, y la de los indios que tuviesen encomendados, sin que en adelante se les pudiesen encomendar otros.71A pesar de tantas leyes dictadas y de tantas recomendaciones del gobierno para mejorar la condicin de los indios, estos infelices quedaron tan oprimidos como antes. Y no deja de ser extrao que en medio de tantas juntas y deliberaciones sobre los graves asuntos que entonces agitaban el Nuevo Mundo, el monarca no hubiese acudido a las Cortes para que se ocupasen en resolverlos; pero esta extraeza debe cesar cuando se recuerde que aquellos cuerpos polticos ya estaban muy menguados; y no obstante que se congregaron varias veces en Castilla bajo el reinado de Fernando y de Isabel, jams estos monarcas se acordaron de las Cortes para someter a su conocimiento los negocios del Nuevo Mundo.Notas1Las Casas, Remedio 8, Razn 11. 2Herrera, dc. 1, lib. II, cap. XVII. 3Herrera, dc. 1, lib. II, cap. XVII. 4Herrera, dc. 1, lib. II, cap. XVII. 5Herrera, dc. 1, lib. III, cap. XIII. 6Carta patente, etc. (Vase a Navarrete, tom. II, p. 215.) 7Vase el libro III de la Historia de la Esclavitud de los Indios. 8Herrera, dc. 1, lib. III, cap. XVI. Muoz, Historia del Nuevo Mundo tom. I, lib. VI, prrafo 50. 9Herrera, dc. 1, lib. III, cap. XVI. 10Vase a Oviedo, lib. VII, cap. II, y a Las Casas, Apologtica historia cap. x. ( V. M. y M.) 11Oviedo, Historia (...) de las Indias libro III, cap. VI. 12Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. III, cap. IV. 13Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. III, cap. IV. 14Vase el libro IV de la Historia de la esclavitud de los Indios. 15Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. II, cap. V. Herrera, dc. 1, lib. IV, cap. XI. 16Las Casas, Remedio 8, Razn 11. Herrera, dc. 1, lib. V, cap. I. 17Herrera, dc. 1, lib. V, cap. XVII.

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JOS ANTONIO SACO /311 /311 /311 /311 /31118Las Casas, Remedio 8, Razn 11. Herrera, dc. 1, lib. IV, cap. XI y XII. 19Las Casas, Remedio 8, Razn 11. 20Navarrete, Coleccin de Viajes y Descubrimientos etc ., Provisin mandando al comendador Ovando que compela a los indios a tratar con los cristianos, tom. II, p. 299. 21Las Casas, Remedio 8, Razn 11. 22Las Casas, Remedio 8, Razn 11. Herrera, dc. 1, lib. V, cap. XI. 23Herrera, dc. 1, lib. IV, cap. XII. 24Herrera, dc. 1, lib. V, cap. XI. 25Provisin de Medina del Campo, a 8 de Enero de 1504. 26Herrera, dc. 1, lib. V, cap. XI. 27Vase esta clusula en la Historia de la Esclavitud de los Indios, al fin del libro III, pgina 75. 28Herrera, dc. 1, lib. VIII, cap. XVII. 29Carta del licenciado Zuazo de M. de Xievres del Consejo del emperador Carlos V, desde Santo Domingo a 22 de Enero de 1518. 30Herrera, dc. 1, lib. VI, cap. XVIII. 31Herrera, dc. 1, lib. III, cap. III. 32Herrera, dc. 1, lib. X, cap. XII. 33Herrera, dc. 1, lib. VII, cap. I y XII. 34Herrera, dc. 1, lib. VII, cap. V. 35Las Casas, Remedio 8, Razn 11. 36Herrera, dc. 1, lib. VII, cap. VIII. Provisin de Valladolid de 14 de Agosto de 1509, y 12 de Noviembre del mismo ao. 37Carta del licenciado Zuazo a Mr. de Chievres, del Consejo pblico y secreto del emperador Carlos V, fecha en la ciudad de Santo Domingo a 22 de Enero de 1518. (Muoz, Colec. tom. LXXVI.) 38Instruccin del rey catlico don Fernando al almirante don Diego Coln en 3 de Mayo de 1509. El original de este documento existe en el archivo del duque de Veragua, descendiente de Coln, y publicose en la Coleccin... de Navarrete, tomo II, pgina 327. Vase tambin a Herrera, dc. 1, lib. VII, cap. VIII. 39Carta del rey en 15 de Agosto de 1509 al tesorero general de Indias Miguel de Pasamonte, contestando gratamente a otra suya, y hacindole algunas prevenciones. Archivo de Simancas, libro general de cdulas nm. 7, impresa en la Coleccin... de Navarrete, tomo III, suplemento 1, n 68. 40Publicado en la Coleccin... de Navarrete, tomo II. 41Herrera, dc. 1, lib. VII, cap. X. 42Real Cdula de 10 de Julio de 1511, impresa en la Coleccin... de Navarrete, tomo LI. 43Muoz, Coleccin ..., tom. XC. 44Carta del licenciado Alonso de Zuazo a Mr. de Chievres, escrita desde la ciudad de Santo Domingo en 22 de Enero de 1518. (Muoz, Coleccin tom. LXXVI.) 45Captulo de la carta de Valladolid de 14 de Agosto de 1509, citado por Len Pinelo, Tratado de Confirmacin etc.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 312\ 312\ 312\ 312\ 312\46Herrera, dc. 1, lib. VIII, cap. IX. 47Herrera, dc. 1, lib. VIII, cap. XII. El mismo Herrera dice en el captulo IX de la misma dcada y libro, que los indios dados a esos oficiales reales fueron 100. A estas divergencias estaba expuesto. 48Herrera, dc. 1, lib. VIII, cap. IX. 49Cdula del rey al almirante y oficiales reales de La Espaola, hecha en Burgos a 23 de Febrero de 1512. 50Herrera, dc. 1, lib. VII, cap. VII. Oviedo, Historia (...) de las Indias, lib. XVI, cap. II. 51Herrera, dc. 1, lib. VII, cap. XIII. Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XVI, cap. IVy V. 52Muoz, Colec 53Herrera, dc. 1, lib. VIII, cap. XII. 54Herrera, dc. 1, lib. VII, cap. X. Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XVI, cap. II. 55Muoz, Colec. 56Herrera, dc. 1, lib. VII, cap. XIII. Oviedo, Historia (...) de las Indias, lib. XVIII, cap. I. 57Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. XVIII, cap. I. 58Muoz, Colec. tom. LXXV. 59Comunicacin al rey de Pedro Mazuelo y del gobernador Francisco de Garay en 16 de Octubre de 1515. 60Herrera, dc. 1, lib. IX, cap. IV. Vase tambin el “Memorial de D. Antonio Velzquez de Bazn acerca de la Merced que pide a Su Majestad como pariente ms prximo y heredero del Adelantado Diego Velzquez, por los servicios que este hizo en Amrica”. Publicose en la Coleccin de Documentos Inditos para la Historia de Espaa tomo IV, n 3, junio de 1844, Madrid. 61Herrera, dc. 1, lib. VII, cap. XII. 62Las Casas, Historia General de las Indias tom. III, p. 365. Madrid, 1875. ( V. M. y M.) 63Las Casas, Historia General de las Indias lib. III, cap. V. 64Las Casas, Historia General de las Indias lib. III, cap. V. 65Herrera, dc. 1, lib. VIII, cap. XI. 66Herrera, dc. 1, lib. VIII, cap. XII. 67Herrera, dc. 1, lib. VIII, cap. XII68Parecer annimo dirigido a S.A. en 1516, sobre los daos que padecen las cuatro islas Espaola, Cuba, Jamaica y San Juan. M.S. Archivo de Simancas. (Descubrimientos y pobladores, legajo 7.) Vase tambin a Herrera, dc. 1, lib. VIII, cap. XII. 69Herrera, dc. 1, lib. IX, cap. XIV. 70Herrera, dc. 1, lib. IX, cap. XIV. 71Declaracin y moderacin de las Ordenanzas de Valladolid, hecha en la misma ciudad a 28 de Julio de 1513 por la reina doa Juana y por su padre don Fernando, el Catlico. (Archivo de la Casa de la Contratacin en Sevilla.)

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Libro SegundoREP REP REP REP REP AR AR AR AR AR TIMIENTOS O ENCOMIEND TIMIENTOS O ENCOMIEND TIMIENTOS O ENCOMIEND TIMIENTOS O ENCOMIEND TIMIENTOS O ENCOMIEND AS DESDE 1513, AS DESDE 1513, AS DESDE 1513, AS DESDE 1513, AS DESDE 1513, AL DA EN QUE BAR AL DA EN QUE BAR AL DA EN QUE BAR AL DA EN QUE BAR AL DA EN QUE BAR TOLOM DE LAS CASAS TOLOM DE LAS CASAS TOLOM DE LAS CASAS TOLOM DE LAS CASAS TOLOM DE LAS CASAS CONSAGR" SU VID CONSAGR" SU VID CONSAGR" SU VID CONSAGR" SU VID CONSAGR" SU VID A A LA DEFENSA DE LOS INDIOS A A LA DEFENSA DE LOS INDIOS A A LA DEFENSA DE LOS INDIOS A A LA DEFENSA DE LOS INDIOS A A LA DEFENSA DE LOS INDIOSApenas hechas las Ordenanzas de Valladolid, los favoritos del rey le pidieron repartimientos. Al obispo Fonseca, mandronsele dar 800 indios en las islas Espaola, Puerto Rico, Jamaica y Cuba; a Lope de Conchillos, su compaero, 1 100; a Hernando de la Vega 200, y as a otros muchos, ya en ms, ya en menos nmero: todos los cuales enviaron all sus mayordomos para que los administrasen.1 La experiencia haba demostrado, que los indios sometidos a la frula de stos, eran los peor tratados, porque trabajaban, como dice Oviedo, “para los de ac y los de all. Y como eran personeros Ministros de hombres tan favorecidos, aunque mal hiciesen, no los osaban enojar”.2 Prohibiose, por tanto, que los espaoles que no residan en Indias, pudiesen tenerlos, salvo Lope Conchillos y otros que se mencionan en el prrafo segundo de la pgina 362 del tomo II de Navarrete. Pero esas excepciones se multiplicaron despus con la influencia o el favor de los que aspiraban a repartimientos. Prohibiose igualmente que los adquiriesen los extranjeros residentes en La Espaola que no fuesen casados, y los hijos y nietos de quemados por la Inquisicin, de reconciliados, de indios y de moros, y que en caso de tenerlos se los quitasen.3 Esta ltima prohibicin, fruto de la intolerancia y del odio espaol a toda creencia religiosa que no fuese la suya, estaba en consonancia con el fin que el gobierno y la nacin se haban propuesto. No era aqul, la conversin de los indios a la fe catlica? Cmo, pues, entregarlos a personas enemigas de ella, y que tanta sangre haban hecho derramar en Espaa? En 23 de enero de 1513, el rey don Fernando priv al almirante don Diego Coln de la facultad de repartir los indios de San Juan de Puerto Rico, y orden al tesorero de La Espaola, Miguel de Pasamonte, que hiciese otro para corregir los defectos del que haban ejecutado Juan Ceron y Miguel Daz. El mismo rey mand desde Valladolid, en

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 314\ 314\ 314\ 314\ 314\ 27 de septiembre de aquel ao, que el repartidor de San Juan sealase para las haciendas y granjeras del monarca 500 indios de los mejores, y los naborias necesarios: todos los cuales fueron entregados despus al tesorero Andrs de Haro, administrador de ellas. Pasamonte deleg sus poderes en el licenciado Sancho Velzquez, fiscal de la Audiencia de Santo Domingo, quien pas a Puerto Rico en septiembre de 1514, no slo como repartidor, sino como teniente gobernador y encargado de residenciar a los oficiales reales. De esa fecha a abril de 1515 efectu Velzquez el repartimiento, pues en 27 del mismo mes escribi al Rey Catlico, dicindole: “Va el repartimiento que se ha hecho: sacado los indios de V.A. y oficiales, no hay 4 000. Muchos se han quedado sin ellos y se quejarn”. “Se han hecho 35 vecinos en cada pueblo. Hall la tierra en tirana como se ver por la residencia que envio”.4Confirma esta relacin el tesorero Haro en 30 del referido abril de dicho ao, pues dice: “El Licenciado Velazquez tom residencia los Oficiales del Almirante; hizo el repartimiento y han quedado en cada pueblo 25 vecinos sin algunos naborias que se dieron a particulares. Para V.A. se sealaron en Puerto-Rico 200 y San German 300”.5De este repartimiento dio Sancho Velzquez a Lope Conchillos 200 indios por el oficio de fundidor y marcador que haba obtenido. La cdula que le expidi en 13 de marzo de 1515, deca entre otras cosas: “Por ende yo en nombre SS.AA. encomiendo a vos el dicho Seor Secretario Lope Conchillos el Cacique Francisco Jamayca Aracibo con 200 personas de sus indios naborias para que los hagais doctrinar ensear en las cosas de nuestra Santa F Catlica mantener de las cosas necesarias su sustentacin, vos os ayudeis y aprovecheis dellos en vuestras haciendas, minas grangerias conforme las Ordenanzas, no de otra manera, s las penas en ellas contenidas, sea cargo de la conciencia de vos el dicho Seor Secretario si lo contrario hicieredes no de la de SS.AA. porque su voluntad es de los encomendar con las condiciones susodichas no de otra manera por descargo de sus Reales conciencias se espresan en la manera susodicha para que SS.AA. queden libres de todo cargo de conciencia”.6Toda esa vana palabrera estaba calculada para encubrir la tirana que los gobernantes del Nuevo Mundo ejercan con los indios. Dividida la isla de Puerto Rico en parcialidades que mutuamente se despedazaban, y disminuidos los indios sobre manera, pues que ya slo haba 4 000, no era posible que Velzquez contentase a todos los que aspiraban a tener indios de repartimiento. As fue, que muchos alzaron el grito y elevaron a la corte fuertes acusaciones contra el repartidor.

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JOS ANTONIO SACO /315 /315 /315 /315 /315 Sancho de Arango, vecino de aquella isla, acusole de que para proceder con toda arbitrariedad en el ejercicio de sus funciones, nombr procurador y visitadores, eligiendo tambin otro alcalde y regidores: dio y quit indios de repartimientos y naborias sin guardar ms regla que sus intereses. A muchos vecinos que podan alimentar a sus indios, quitseles para darlos a otros que ofrecan partir con l el fruto del trabajo de aquellos miserables. A la ciudad despojola tambin de todos los indios que tena para obras pblicas. Cuando quera favorecer a alguno, entregbale 150 o 200 indios diciendo en la cdula de encomienda, que slo eran 100 o menos; mientras que a otros que nada le importaba agraciar, dbale 100, siendo los ms de los alzados, y que nunca poda coger. Estableci una tarifa, exigiendo por cada cdula de encomienda 1 peso y medio; por un mandamiento para recoger los indios medio peso; cantidad igual por una memoria de las naborias encomendadas, y 4 reales por las Ordenanzas que le daba.7Acusaciones semejantes fulminaron otros vecinos de Puerto Rico contra Sancho Velzquez, y despus de habrselas examinado todas, el cronista e historiador don Juan Bautista Muoz concluye con estas palabras: “En otros extractos de enero de este ao [1516] slo se contienen chismes de unos contra otros. El licenciado Velzquez y la ciudad estaban unidos, y as piden confirmacin del repartimiento; Ponce y Sedeo al contrario”.8 Pero en medio de dichos tan contradictorios, yo creo que haba algo de verdad en las injusticias que se imputaban a Velzquez, porque en su difcil situacin y deseando complacer al secretario Conchillos y a otros personajes, no le era fcil escapar a la parcialidad con que se vea forzado a repartir algunos indios.9As como el rey don Fernando quit al almirante don Diego Coln las facultades de repartir los indios de Puerto Rico, lo mismo hizo respecto de los de Cuba, confiando su repartimiento al gobernador Diego Velzquez por la Provisin expedida en Valladolid a 8 o 13 de mayo, cuyas notables palabras son: “Por cuanto vistos los privilegios del almirante se ha declarado pertenecer a Nos solo el repartir los indios, os cometo a vos Diego Velazquez el repartimiento de Cuba, cuanto mi toca y atae y os nombro el repartidor cuanto mi voluntad fuere. As desde luego repartid mirando primero nuestros Oficiales, despues los primeros pobladores y descubridores, luego los que tuviesen cdulas de Nos y ltimamente los que mejor vos pareciesen, y que mejor les enseen y traten”.10Con esa misma fecha mand el rey dar un repartimiento de 80 indios a un vecino de vila, sobrino de otro del mismo nombre, contador de la isla Espaola: bajo la condicin de que se casase dentro de dos aos y llevase su mujer a Cuba.11

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 316\ 316\ 316\ 316\ 316\ No necesit Velzquez de la mencionada provisin para empezar a repartir los indios de la parte oriental de Cuba, porque como algunos vecinos de la Asuncin le pedan licencia para La Espaola, l, para que no se marchasen, comenz a darles indios, “mirando —tales son sus palabras— que los de un pueblo sirviesen juntos, y a dar a cada vecino un pueblo, segun su mrito, y a otros algunos indios sueltos por cierto tiempo, para que los ayudasen en sus granjeras, conucos y labranzas, con que les pagasen y diesen de comer”.12Parti Velzquez de la Asuncin el 4 de octubre de 1513 para recorrer y asegurar las partes de la Isla ya conquistadas y llegando a la provincia de Bayamo, contigua a la de Guacanayabo, recibi all las provisiones reales que le autorizaban para repartir los indios, las que hizo pregonar en la Asuncin y en la villa de San Salvador del Bayamo que empezaba entonces a fundar. El 18 de diciembre del referido ao embarcose en el puerto de Manzanillo, y recorriendo varios pueblos de indios en la costa del sur, lleg al puerto de Xagua, haciendo repartimientos en todos los puntos que poda, cuya operacin no acab de practicar sino en 1514. Ni fueron slo los particulares quienes alcanzaron indios; que Velzquez tambin los dio al monarca para que trabajasen en las granjeras que les seal.13Con tanta dureza fueron tratados los indios repartidos por aquel gobernador, que Bartolom de las Casas, residente entonces en Cuba, dice haber visto con sus propios ojos que de 300 indios encomendados a un oficial real, ste mat en tres meses, a fuerza de trabajo, 270.14Como los indios se iban acabando rpidamente en La Espaola, preciso era renovar de cuando en cuando los repartimientos para nivelar las porciones que deban tener los pobladores. La facultad de hacerlos fue una prerrogativa inherente a los gobernadores de La Espaola hasta 1514, en que se dio a Rodrigo de Alburquerque, alcaide de una fortaleza en aquella isla. Volvi a la corte con el dinero que malamente haba ganado, y comprando el oficio de repartidor de indios, en aquella isla, se le autoriz para hacer un repartimiento general, con intervencin de Miguel de Pasamonte, el hombre de confianza del rey. El almirante don Diego, en calidad de gobernador, quejose del despojo que se le haca de sus prerrogativas; mas, todo fue en vano. Alburquerque se present en La Espaola, public sus poderes, dijo descaradamente que lo que quera era dinero, y por dinero empez a repartirlos y quitarlos a quienes no lo daban. Viose entonces por primera vez repartir los indios por dos vidas, pues as aparece de las cdulas que Alburquerque otorg, y de las cuales inserto ntegra como muestra, una que trae Las Casas en su Historia General de las Indias y es como sigue:

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JOS ANTONIO SACO /317 /317 /317 /317 /317 “Yo Rodrigo de Alburquerque, repartidor de los Caciques e Indios en esta isLa Espaola por el Rey y la Reina, nuestros seores: por virtud de los poderes reales que de sus altezas he y tengo para hacer el repartimiento y encomendar los dichos caciques indios y naborias de casa los vecinos y moradores de esta dicha isla, con acuerdo y parecer, como lo mandan sus Altezas, del Sr. Miguel de Pasamonte, tesorero general en estas islas y Tierra Firme por sus altezas; por la presente encomiendo vos Nuo de Guzman, vecino de la villa de Puerto de Plata, al cacique Andrs Guaibona con un nitaino suyo, que se dice Juan Banona, con 38 personas de servicio, hombres 22, mujeres 16. Encomendndosele en el dicho cacique 7 viejos, que no registro, que no son de servicio. Encomendndosele en el dicho cacique 5 nios que no son de servicio, que registro. Encomendndosele asimismo dos naborias de casa que registro, los nombres de los cuales estn declarados en el libro de la visitacion y manifestacion que se hizo en la dicha Villa ante los visitadores y alcaldes della; los cuales vos encomiendo para que os sirvais de ellos en vuestras haciendas y minas y grangeras, segun y como sus altezas lo mandan conforme sus ordenanzas, guardndolas en todo y por todo, segun y como en ella se contiene, y guardndolas, vos los encomiendo por vuestra vida y por la vida de un heredero hijo o hija, si lo tuviereis; porque de otra manera sus altezas no vos los encomiendan; con apercibimiento que vos hago que no guardando las dichas ordenanzas, vos sern quitados los dichos indios. El cargo de la conciencia del tiempo que los tuvieredes y vos sirviredes de ellos vaya sobre vuestra conciencia, y no sobre la de sus altezas; dems de caer incurrir en las otras penas dichas y declaradas en las dichas ordenanzas. Fecha en la ciudad de la Concepcin, 7 dias del mes de diciembre de 1514 aos. Rodrigo de Alburquerque Por mandado de dicho seor repartidor— Alonso de Arce ”.15Todas las recomendaciones y amenazas hechas en la cdula anterior, era una forma tan ilusoria como ridcula, porque los castellanos, en vez de cumplir los deberes que se les imponan en los repartimientos, maltrataban y atormentaban los indios hasta matarlos.16Alburquerque recibi de sus protectores en Espaa la orden secreta de que no cumpliese las Ordenanzas, y como esto cuadraba perfectamente a sus miras interesadas, reparti los indios a su antojo, pues dio a personas que estaban en Castilla 200 y 300 a cada una, y Conchillos alcanz ms de 600; al gobernador le tocaron 300 en cada una de las cuatro islas principales, o sea un total de 1 200; al tesorero Pasamonte ms de 500; a los otros oficiales reales y jueces de apelacin 200 y 300 a cada uno; 100 a cada escribano, y los dems fueron repartidos, no a casados ni a conquistadores segn estaba mandado, sino a los que con dinero los haban comprado.17

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 318\ 318\ 318\ 318\ 318\ Amargas quejas acudieron a la corte contra Alburquerque, no por las enormes injusticias que haba cometido, sino porque muchos de los espaoles se quedaron sin los indios que deseaban tener sin merecerlos. Pero deudo Alburquerque del consejero Zapata, que tena gran valimiento con el monarca, se le hizo firmar a ste una cdula en la que con la mayor impudencia se aprobaba el repartimiento, se suplan de podero real las faltas en l cometidas; y se impona silencio para que no se hablase ms de l.18Herrera dice, que al tiempo de este repartimiento los indios de La Espaola estaban ya reducidos a 14 000;19 pero esta cifra est desmentida por la que aparece del mismo repartimiento como pronto se ver, y por las comunicaciones que los padres jernimos hicieron al gobierno desde La Espaola en 1516, en las cuales consta tambin que los castellanos residentes entonces en aquella isla eran 715. He aqu el repartimiento segn las poblaciones: Indios Pueblosrepartidos ————— Concepcin ..........................................................................2 082 Santiago ...............................................................................2 224 Puerto de Plata ..................................................................587 Santo Domingo ...................................................................1 483 Salvador de Higuey ...........................................................1 198 Azua.....................................................................................813 Buenaventura .....................................................................1 513 Bonao...................................................................................1 055 Puerto Real .........................................................................839 Guahava ...............................................................................467 Maguana ..............................................................................1 529 Vera Paz...............................................................................1 266 Zavana .................................................................................900 Xaquimo ..............................................................................1 039 En otros varios poblados ..................................................4 000 ————— Total .....................................................................................20 99520Esta suma no comprende a los caciques ni a los viejos y nios que ascendieron a 4 545, pues si se hubiesen agregado a la anterior, el total hubiera sido de 25 540 indios. En los pueblos que menciona el estado anterior, hubo en el primer repartimiento que hizo el segundo almirante 33 523 indios; mientras que los ahora repartidos por Alburquerque, ya no llegaron sino a 20 995;

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JOS ANTONIO SACO /319 /319 /319 /319 /319 es decir, una disminucin de 12 533 en el corto espacio de cuatro aos que mediaron entre esos dos repartimientos. Y tan grande era la disminucin, que segn el licenciado Zuazo, juez de residencia en La Espaola, ya en enero de 1518, o sea, tres aos despus del repartimiento de Alburquerque, no haba en aquella isla 11 000 indios. Espantosas son las palabras que transcribo. “Ansi que concluyendo, digo que lo que se alcanza de los repartimientos pasados, dende el tiempo del Almirante viejo hasta hoy, se hallaron al principio que esta isla Espaola se descubri un cuento 130 000 indios; agora no llegan 11 000 personas por las causas que arriba digo; y creerse por lo pasado que de aqui tres cuatro aos no habr ninguno de ellos si no se remedia”.21Los indios repartidos por Alburquerque dironse por dos vidas a los encomenderos, y en confirmacin del pasaje que acabo de citar, Las Casas asegura que an no haba corrido la media vida, cuando ya los tenan todos muertos.22Ofendido el almirante gobernador del despojo de repartidor que se le haba hecho con el nombramiento de Alburquerque, pas a la corte a quejarse. Su llegada empez a descubrir las maldades cometidas en aquel repartimiento, y conocindose al fin la verdad, el monarca volvi en s y trat de reparar los agravios. Nombrose, pues, en 1515 al licenciado Ibarra, oidor de la Audiencia de Sevilla, para que fuese a La Espaola a investigan cmo se haban cumplido las rdenes relativas al buen trato e instruccin religiosa de los indios, a castigar los abusos cometidos, y a repartir aqullos de nuevo, reparando los agravios que se haban inferido a los castellanos con el repartimiento de Alburquerque. Dironsele tambin despachos para Diego Velzquez, gobernador de Cuba, para Francisco Garay, de la Jamaica, y para el de la isla de Puerto Rico, en los cuales el Rey Catlico, despus de informarles del parecer de las juntas anteriormente celebradas y de la necesidad de mantener a los indios al lado de los espaoles, para convertirlos a la fe catlica y apartarlos de los hbitos de su vida salvaje, mand que se encomendasen a los vecinos que hubiesen ido o que fuesen a poblar aquellos pases; pero que, al mismo tiempo, se dejase a los indios tener sus haciendas conforme a las Ordenanzas al intento dictadas. Mas, Ibarra no pudo cumplir su comisin, porque muri, y no sin sospechas de veneno.23Para reemplazarle, nombrose al licenciado Lebrn, pero no con las mismas facultades, sino limitndolas a la residencia y al repartimiento de los indios, encargndole que no se impidiesen los matrimonios de los espaoles con las indias, pues sobre ser stos favorables a la moral, influan poderosamente en la conversin y civilizacin de aquellas gentes. Estas cosas pasaban en 1515, y como los indios de La Espaola disminuan espantosamente, y aun haba menos en Cuba, los castellanos resi-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 320\ 320\ 320\ 320\ 320\ dentes en la primera isla pidieron al rey que mandase exportar para ella alguna parte de los de la segunda. Por fortuna, Diego Velzquez su gobernador gozaba entonces de buen concepto con el monarca, el cual no quiso acceder a lo que se le peda, sin or antes a Velzquez,24 cuyo parecer hubo sin duda de ser contrario al de los vecinos de La Espaola, pues que sus deseos no se realizaron. No quera la Providencia que los indios quedasen sin amparo. Cuando Diego Velzquez sali de La Espaola en 1511 para conquistar a Cuba, acompaole el licenciado Bartolom de las Casas por el crdito que ya gozaba. Grandes fueron los servicios que entonces prest, y para recompensarlos, diole Velzquez en 1514 uno de los mejores repartimientos que entonces se hicieron, cerca de la baha de Xagua, en un pueblo llamado Canarreo. Contigua al de Las Casas estaba el que se dio a su amigo Pedro de la Rentera, hombre prudente y honrado, por lo cual hicieron compaa. Aunque Las Casas trataba a los indios con humanidad y dulzura, empez a aprovecharse de ellos, en los trabajos del campo y de las minas, pues l mismo reconoce con una franqueza que le honra, que “en aquella materia tan ciego estaba por aquel tiempo el buen padre, como los seglares todos que tena por hijos”.25 Mas, poco le dur esta ceguedad. La Pascua de Pentecosts se acercaba, y no habiendo en toda la Isla otro sacerdote que l, tocbale ir a decir misa y predicar en Baracoa, capital entonces de la isla de Cuba. Con este motivo empez a preparar su sermn, y recorriendo algunos textos de la Sagrada Escritura, dio casualmente con el captulo XXXIV del Eclesistico, donde ley: “Que es mancillada la ofrenda del que hace sacrificios de lo injusto: que no recibe el Altsimo los dones de los impos, ni mira los sacrificios de los malos; que el que ofrece sacrificios de la hacienda de los pobres, es como el que degella a un hijo delante de su padre: que la vida de los pobres es el pan que necesitan, aquel que lo defrauda es hombre sanguinario: que quitar el pan del sudor, es como el que mata a su prjimo: quien derrama sangre y quien defrauda al jornalero, hermanos son”.26Esas santas verdades conmovieron profundamente su espritu, y conociendo desde entonces la injusticia de los repartimientos, trat de renunciar al instante la tierra y los indios que Velzquez le haba dado. Bien saba Las Casas que al dejarlos, esos infelices caeran en poder de quien los oprimira y castigara hasta matarlos. “Pero aunque —segn l deca— les hiciera todo el buen tratamiento que padre pudiera hacer a hijos, como l predicaba no poderse tener con buena conciencia, nunca le faltaran calumnias diciendo: Al fin tiene indios: por qu no los deja, pues afirma ser tirnico? Acord totalmente dejallos”.27Sin prdida de momento manifestole sus ideas al gobernador Velzquez. Sorprendido ste de tan extraa resolucin, y desendole su

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JOS ANTONIO SACO /321 /321 /321 /321 /321 bien porque le amaba, le dijo: “Mirad, Padre, lo que haceis, no os arrepintais, porque por Dios que os quera ver rico y prosperado, por tanto, no admito la dejacion que haceis de los indios, y porque mejor lo considereis, yo os doy 15 dias para bien pensarlo, despus de los cuales, e podeis tornar a hablar de lo que determinredes”. Respondi el padre clrigo: “Seor, yo recib gran merced en desear mi prosperidad con todos los dems comedimientos que V.Md. me hace; pero haced, seor, cuenta que los 15 das son pasados, y plega Dios que si yo me arrepintiese de este propsito que os he manifestado, y quisiese tener los indios, y por el amor que me teneis quisiredes dejrmelos, de nuevo drmelos, y me oysedes, aunque llore lgrimas de sangre, Dios sea el que vigorosamente os castigue, y no os perdone este pecado. Slo suplico V.Md. que todo esto sea secreto, y los indios no los deis ninguno hasta que Rentera venga, porque su hacienda no reciba dao”.28Con tan firme resolucin nada qued a Velzquez que esperar, y como Rentera estaba a la sazn en Jamaica, Las Casas le escribi anuncindole la resolucin que haba tomado; pero Rentera era hombre tan justo y tan humano, que abrazando completamente las ideas de Las Casas, renunci tambin gustoso al repartimiento que tena. ¡Accin digna de eterna memoria, y que debe inmortalizar al hombre que supo sobreponerse a las sedientas pasiones de oro y sangre que en aquella poca devoraban a sus compatricios! Libre Las Casas desde entonces del peso que le abrumaba, empez a predicar contra los repartimientos. Los espaoles le oan atnitos, y si bien admiraban el desprendimiento y virtud de aquel sacerdote, ninguno se sinti con fuerzas para imitarle. Desde entonces abraz Las Casas la defensa de los indios, y consagrando su larga vida a tan santo fin, pudo salvar, si no en las islas, a lo menos en el continente, muchos restos de aquella raza infeliz.Notas1Herrera, dc. 1, lib. IX, cap. XIV. 2Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. III, cap. VI. 3Traslado de las mercedes, franquezas y libertades, concedidas a la isla Espaola en 26 de Septiembre de 1513, inserto en la Colecin... de Navarrete, tomo II. 4Muoz, Colec. 5Muoz, Colec. 6Muoz, Colec.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 322\ 322\ 322\ 322\ 322\7Estas noticias las he tomado de un Memorial de Sancho de Arango, vecino de San Juan, dirigido al cardenal Jimnez de Cisneros, despus de muerto el Rey Catlico, contra los abusos del referido Sancho Velzquez; y hllase en la coleccin indita de Muoz. Esto concuerda con una probanza que al secretario Conchillos present lvaro de Saavedra, vecino tambin de dicha isla. 8Muoz, Colec. 9De este repartimiento, y no en trminos favorables a Sancho Velzquez, habl tambin Oviedo en su Historia (...) de las Indias libro. XVI, captulo XII. ( J.A.S. ) Vanse tambin para ilustracin de este particular los captulos X y XI de la Historia de Puerto Rico, por Fr. igo Abad y Lasierra, anotada por don Jos Julin de Acosta y Calbo. Puerto Rico 1866. ( V. M. y M.) 10Cdula Real del rey catlico D. Fernando, fecha en Valladolid a 8 de Mayo de 1513, autorizando a Diego Velzquez para el repartimiento de los indios de Cuba. MS. Casa de la Contratacin de Sevilla. El anterior nombramiento de repartidor de los indios de Cuba hecho a favor de Diego Velzquez en 1513, fue confirmado por la Real Provisin de Zaragoza a 13 de noviembre de 1518. 11De esta cdula tomose razn en la Casa de la Contratacin de Sevilla por los oficiales reales de ella. 12Carta de Diego Velzquez al rey catlico don Fernando, fecha en 1 de Abril de 1514. (Muoz, Colec. tom. LXXV.) Inserta en el tomo XI de la Coleccin de Documentos Inditos del Archivo de Indias ( V. M. y M.) 13Carta de Velzquez al rey catlico, ya citada. 14Las Casas, Remedio 8, Razn 11. 15Las Casas, Historia General de las Indias lib. III, cap. XXXVI, Quintana, Vida de las Casas Apndice 2. 16“As ha sido, con muy mayor verdad que los ejemplos puestos notifican, lo que se ha hecho encomendando los indios los espaoles, ponindoles leyes y penas y haciendo en ellos amenazas, alharacas, porque nunca se quitaron los indios quien era manifiesto que los mataban, y las penas otras no se ejecutaban, y que se ejecutara era un castellano dos, y cosa de escarnio, y si fueran mayores, y aunque les pusieran horcas cabe sus casas, que en murindoseles el indio de hambre trabajos, los hubieran de ahorcar, con estas condiciones los tomran, porque la cobdicia y ansia de haber oro era y es siempre tanta que ni la hambre del lobo, ni la pasion del mozo enamorado, ni el frenesi del loco se le puede igualar. Esto est ya en estas islas bien averiguado. Y lo ms gracioso de esta cdula, por mejor decir, mayor seal de insensibilidad, fu lo que dice que sea cargo de la conciencia del que los indios matare, y no de SS.AA., como si dando los reyes tan contra ley y razon natural los indios libres los espaoles, aunque no los matran, como los mataban y mataron no fueran reos de todos los trabajos y angustias y privacion de su libertad que los indios padecian: cuanto ms que veian y era manifiesto en Castilla como ac que los indios por darlos los espaoles perecian y se acababan, y asi no eran escusables, pues no los libertaba. Por este nombre de reyes entiendo los del Consejo del rey, los cuales tenian y tuvieron toda la culpa, pues tirania tan extraa sustentaron y aprobaron, ponindoselo el rey en sus manos, y as el rey sin duda ninguna qued de este tan horrible y enormsimo pecado libre como arriba queda declarado... muy grande agravio Alburquerque hizo los que, por dallos otros, quitaba y dejaba sin indios. Y as hacales injuria injusticia, y era contra ley y razon natural, en la cual el rey dispensar ni suplir los defectos no podia. Otros defectos iniquidades puede cualquier discreto varon del dicho repartimiento que Alburquerque hizo colegir”. (Las Casas, Historia (...) de las Indias lib. III, cap. XXXVII.) Vase el tomo IV,

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JOS ANTONIO SACO /323 /323 /323 /323 /323pginas 60, 61 y 62 de la Historia General de las Indias escrita por fray Bartolom de las Casas y publicada en la Coleccin de Documentos Inditos para la Historia de Espaa, por el marqus de la F. S. del Valle y don Jos Sancho Rayon. ( V. M. y M.) 17Parecer annimo sobre los daos de las islas Espaola, Jamaica, San Juan y Cuba, dirigido a la reina doa Juana en 1516. MS. Archivos de Simancas. (Descubrimientos y Pobladores, legajo 7.) Este Parecer aunque reprueba las injusticias cometidas por Alburquerque, aboga por los repartimientos segn manifiestan las palabras siguientes: “Si alguno dice que no es lcito encomendarse los indios, no lo crea S.A. que lo es guardando las Ordenanzas dichas. Si se les d libertad, volvern a idolatrar”. 18Las Casas, Historia General de las Indias lib. III, cap. XXXVI. Herrera, dc. 1, lib. X, cap. XII. 19Herrera, dc. 1, lib. X, cap. XII. 20Este requerimiento se halla en la Coleccin ... de Muoz, tomo LXXVI. 21Carta del licenciado Alonso de Zuazo a monsieur de Chevres, escrita en Santo Domingo a 22 de Enero de 1518. Muoz, Colec. tom. LXXVI. Impresa en el tomo II de la Coleccin de Documentos Inditos de Salv y Baranda. ( V. M. y M.) Tan horrible mortandad la confirma Gonzalo Fernndez de Oviedo en su Historia (...) de las Indias libro III, captulo VI, y lib. IV, cap. III. 22Las Casas, Remedio 8, Razn 7. 23Herrera, dc. 2, lib. 1, cap. XI. 24Herrera, dc. 2, lib. 1, cap. XI. 25 Historia General de las Indias lib. III, cap. XXXII. Herrera, dc. 1, lib. X, cap. XII. Vase el tomo IV pgina 38 de la edicin de Las Casas por el M. de la F. S. del Valle y J. S. Rayon. ( V. M. y M.) 26“Immolantts ex iniquo oblatio est maculata... Dona inicuorum non probat Altissimus nec respicit in oblationes iniquorum... Qui offert sacrificium ex substantia pauperum, quasi qui victimat filium in conspectu patris sui. Panis egentium vita pauperis est: qui defraudat illum homo sanguinis est. Qui aufert in sudore panem, cuasi qui occidit proximium suum”. Eclesistico, cap. XXXIV. 27Las Casas, Historia General de las Indias lib. III, cap. LXXIX, Tomo IV, pgina 255 de la edicin publicada. ( V. M. M .) 28Las Casas, Historia General de las Indias lib. III, cap. LXXIX. Pgina 256, tomo IV de la edicin citada. ( V. M. y M.)

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Libro TerceroDESDE LA SALID DESDE LA SALID DESDE LA SALID DESDE LA SALID DESDE LA SALID A DE LAS CASAS DE LA ISLA A DE LAS CASAS DE LA ISLA A DE LAS CASAS DE LA ISLA A DE LAS CASAS DE LA ISLA A DE LAS CASAS DE LA ISLA DE CUBA EN 1511, HAST DE CUBA EN 1511, HAST DE CUBA EN 1511, HAST DE CUBA EN 1511, HAST DE CUBA EN 1511, HAST A SU SEGUNDO VIAJE A SU SEGUNDO VIAJE A SU SEGUNDO VIAJE A SU SEGUNDO VIAJE A SU SEGUNDO VIAJE A CASTILLA, Y EL REGRESO DE LOS P A CASTILLA, Y EL REGRESO DE LOS P A CASTILLA, Y EL REGRESO DE LOS P A CASTILLA, Y EL REGRESO DE LOS P A CASTILLA, Y EL REGRESO DE LOS P ADRES ADRES ADRES ADRES ADRES JER"NIMOS A ESP JER"NIMOS A ESP JER"NIMOS A ESP JER"NIMOS A ESP JER"NIMOS A ESP AA EN 1518 AA EN 1518 AA EN 1518 AA EN 1518 AA EN 1518Las Casas parti de Cuba para La Espaola, asiento principal entonces del gobierno de las Indias, y a su llegada encontrola en peor estado que cuando la dej a fines de 1511. Los diferentes gobernadores que en ella haban mandado, fueron sembrando divisiones y discordias entre sus pobladores, porque llevando cada uno un squito ms o menos numeroso con quien repartan sus favores, los dems castellanos que no los alcanzaban, declarbanse enemigos de la autoridad que los dispensaba y de los agraciados. El repartimiento de los indios fue la causa principal de tan graves males, porque cada gobernador, para contentar a sus protegidos, quitaba los indios a sus antiguos poseedores. Cuando Las Casas lleg a La Espaola, dos bandos la despedazaban bajo los nombres de servidores y deservidores del rey.1 Uno capitaneado por el segundo almirante don Diego Coln, en cuyo nmero haba algunos de los antiguos pobladores, partidarios de su padre don Cristbal; otro acaudillaba el tesorero Miguel de Pasamonte, bajo cuya bandera marchaban los dems oficiales reales y los oidores de la Audiencia. Estos bandos odibanse mutuamente: ningn sentimiento elevado ni noble idea los mova; y arrastrados de bajas pasiones y viles intereses slo aspiraban a medrar y enriquecerse con el sudor de los indios. En medio de tan lamentable situacin, Las Casas acometi con el celo ms ardiente la gran empresa de libertar a los indios: dirigase a todos, a todos hablaba: en pblico y en privado, en conversaciones y en el plpito combata la iniquidad de los repartimientos; pero aquellos hombres endurecidos ninguna atencin prestaban a las razones y ruegos del defensor de los indios, quien al fin desengaado de que nada conseguira en aquella malhadada isla, resolvi marcharse a Espaa para ver si encontraba algn apoyo en la corte del monarca.

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JOS ANTONIO SACO /325 /325 /325 /325 /325 Cuando Las Casas desembarc en Sevilla a fines de 1515, habanle ya precedido los calumniosos informes del malvado Pasamonte y otros enemigos; pero l con su incansable actividad y energa, psose en marcha para hablar al monarca, llevando cartas de recomendacin del arzobispo de aquella ciudad fray don Diego Deza, de la Orden de Santo Domingo. Encontr al rey en Plasencia, de camino para Sevilla, y all logr de l una audiencia, en la que brevemente le expuso el estado de las Indias y la triste suerte de sus hijos. Oyole Fernando con aquella benevolencia que Las Casas saba captarse cuando se le escuchaba con imparcialidad, y prometiole ms larga audiencia luego que llegase a Sevilla. Antes de volver Las Casas a esta ciudad, visit al religioso dominico fray Toms de Matienzo, confesor del rey, quien le aconsej que viese al obispo Fonseca y al secretario Conchillos, pues por sus manos pasaban todos los negocios de Indias. Presentose a ellos: el primero, recibiole speramente; mas, el segundo, con afabilidad cual diestro cortesano. Apenas lleg Las Casas a Sevilla, cuando supo que el rey haba muerto en Madrigalejos el 23 de enero de 1516. Sucediole en el trono su nieto Carlos I; mas, como estaba ausente, la regencia del reino recay en el cardenal Jimnez de Cisneros, y en Adriano, den de la Universidad de Lovayna; bien que ste no era ms que un regente nominal, pues Cisneros era quien todo lo despachaba. Las Casas pens entonces partir para Flandes a informar al nuevo monarca del objeto de su misin; mas, habindose avistado antes en Madrid con el ya regente cardenal Jimnez de Cisneros, y comprendiendo ste, como hombre de ideas elevadas, toda la importancia y grandeza del proyecto de Las Casas, disuadiole del viaje que intentaba hacer, prometindole que l pondra pronto remedio a los males de las Indias. Oyole al efecto varias veces en presencia del corregente Adriano, del licenciado Zapata, de los doctores Palacios Rubios y Carvajal y del obispo de vila, religioso franciscano como Jimnez. De aqu result que ste mandase a Las Casas y al doctor Palacios Rubios que conferenciasen entre s acerca del modo de gobernar bien a los indios, conservndoles su libertad sin arruinar a los castellanos.2Pero Las Casas no se atuvo a estas explicaciones verbales; para que mejor lograr su objeto present dos memoriales importantes, uno en que expona los padecimientos de los indios y otro en que propona el remedio a tantos males. En el primer Memorial deca: que a pesar de la amistosa acogida que los indios de Cuba hicieron a los espaoles cuando pasaron a ella, dironles tanto trabajo en coger oro y tan poco mantenimiento, por no haberse podido labrar la tierra con la conquista, que en tres o cuatro meses murieron 7 000 indios. Menciona la falta de alimento y mortandad de los nios, muchachos y mujeres, por haberse llevado a sus pa-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 326\ 326\ 326\ 326\ 326\ dres y maridos a trabajar en las minas. Las bestias de que los castellanos se servan eran los indios, a quienes cargaban con pesos de dos arrobas, dos y media y ms, hacindolos andar 40, 50 y hasta 100 y 200 leguas, dndoles muy escaso alimento. Qujase de que no se cumplan las leyes hechas en favor de los indios, y que stos no podan trabajar para s ni aun los domingos y das festivos. Quitbanles los espaoles sus mujeres, cometan otras inmoralidades,3 azotbanlos, hacanles respirar humo por la nariz y aplicbanles otros tormentos, sin osar quejarse a los visitadores por la poca piedad que encontraban en ellos. Todo esto aconteca en Cuba; pero Las Casas asegura que lo mismo y cosas peores se hacan en La Espaola, San Juan de Puerto Rico y Jamaica. De los indios sealados al rey moran ms que de los otros, porque se les alimentaba menos, y se les haca trabajar ms para enviar ms oro y congraciarse con el monarca. Los deudores daban los indios encomendados en pago de sus deudas. Acostumbraban echar a los indios perros bravos que los desgarraban, y que se vendan a caro precio en Cuba. Habla de la despoblacin de las islas de los lucayos, en algunas de las cuales hubieran podido levantarse templos a Dios, y sacar el gobierno grandes provechos de sus naturales si no los hubieran destruido. Por estas crueldades, tan aborrecido era el nombre de cristianos a los indios, que preferan ir al infierno y no al paraso con ellos. Atribua la mortandad de los indios en las islas a dos causas principales: el poco alimento y el excesivo trabajo que les impona la codicia de los espaoles.4Este Memorial se pas a la consulta de algunas personas entendidas en las cosas de Indias, y fueron el obispo Fonseca, el licenciado Santiago, el doctor Palacios Rubios, el licenciado de Sosa, el licenciado Gregorio, el maestro fray Toms Durn, fray Pedro de Covarrubias y fray Matas de Paz, cuyas personas dieron un Parecer que en sustancia es como sigue: “1. Que pues los indios son libres y sus Altezas que hayan Santa Gloria, los mandaron tratar como libres, que as se haga. ”2. Que sean instruidos en la fe como mandaron el Papa y sus Altezas. ”3. Que se les puede mandar que trabajen, pero que el trabajo sea de tal manera, que no sea impedimento a la instruccion de la f, sea provechoso ellos la repblica, S.A. sea aprovechado servido por razon al seoro servicio que le es debido, por mantenerlos en las cosas de nuestra santa f en justicia. ”4. Que este trabajo servicio sea tal que ellos lo puedan sufrir, dndoles tiempo para recrear, ansi entre da como entre el ao en tiempos convenibles. ”5. Que tengan casas hacienda propia, lo que pareciese los que gobernaren que se les d tiempo para que labren tener conservar la dicha hacienda su manera.

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JOS ANTONIO SACO /327 /327 /327 /327 /327 ”6. Que se d rden como siempre tengan comunicacin con los pobladores que all van, porque con esto sern mejor y ms presto instruidos en las cosas de nuestra santa f catlica”. ”7. Que por su trabajo se les d salario, conveniente, y esto, no en dineros, sino en vestidos, y en otras cosas para su casa. Haban el gobernador Diego Velzquez y los espaoles de Cuba nombrado de procuradores a Pnfilo de Narvez y Antonio Velzquez para que fuesen a Castilla a pedir entre otras cosas la perpetuidad de los repartimientos. Hallbanse en la corte esos personeros cuando Las Casas present su Memorial, y sobre l dijeron al gobierno en 30 de junio de 1516, lo que hasta ahora ha permanecido indito. “Muy Poderosos Seores.—Pnfilo de Narvaez Antonio Velazquez, procuradores de la isla de Cuba, diremos, que nuestra suplicacion pedimento, V.A. nos mand dar traslado de ciertos agravios espresados por Bartolom de las Casas, clrigo, que dice, que se hacen los indios de la dicha isla y otros que son comarcanos ellas. decimos que este clrigo es una persona liviana, de poca abtoridad crdito: habla en lo que no sabe ni vi por razones que ellas mismas se contradicen. Aqu [en Madrid] hay personas de abtoridad crdito de quien V.A. sabr verdad en contrario de todo lo quel suso dice. V.A. tiene en aquellas partes Juezes particulares, Consejo comun, donde se veen proveen las cosas necesarias la tierra, ese castigan los delitos como conviene al servicio d Dios de V.A. Por d parece que de el oficio de tales tantos como en las dichas Indias residen faciendo justicia, no deber ser creido uno tan sin crdito abtoridad; tal que ni es parte, ni tiene derecho proseguir lo que dice; sin un liviano pensamiento, que piensa de proseguir prelacia mando, por la mormuracion en que se pone, creyendo que le daran la reformacion de los daos que manifiesta. Por tanto pedimos suplicamos V.A. que habindole por tal persona, cometa la inquisicin castifo de lo que dice, otras personas, cual V.A viese que conviene para su servicio: porque tanto recibiremos mayor merced, cuanto por ms personas VV.AA. fueren certificados del trabajo gastos con que hemos acrescentado su servicio: no d lugar que dichas Indias sus procuradores hagamos gastos sin necesidad, la dicha isla se despoblara. ” porque la dicha isla de Cuba es muy diferente de todas las otras islas, pedimos suplicanios V.A. que brevemente oiga la relacion verdadera satisfaccin los agravios quel suso dicho declara”.5Cuando se recuerda que Pnfilo de Narvez y Antonio Velzquez tenan en Cuba indios de repartimiento y que haban pasado a la corte solicitando su perpetuidad para mejor aprovecharse de ellos, fcilmente se descubre el mvil que los impulsaba contra el licenciado Las Casas, quien sobreponindose a los intereses y srdidas pasiones de sus compatricios,

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 328\ 328\ 328\ 328\ 328\ slo deseaba el bien y libertad de los indios. En prueba de las aseveraciones de Las Casas bien pudiera yo citar aqu multitud de documentos; pero me limitar a slo uno, por ser del mismo ao de 1516 en que Las Casas present su Memorial, y por referirse a las cuatro islas que l menciona: “Las islas —dice el documento a que aludo— estan perdidas, se disminuyen de cada dia; y si no se remedia, en breve fallescer la renta los indios, an los cristianos, que en ellas estn”.6El segundo Memorial presentado por Las Casas contena los remedios de las Indias, y fueron los siguientes: Que mientras no se impidiesen los indecibles daos de las islas Espaola, Jamaica, San Juan de Puerto Rico y Cuba, se mandase suspender la pestfera costumbre de servirse de indios los espaoles. Que siendo los repartimientos la causa principal de la mortandad de tantos indios, se mandase formar una comunidad en cada pueblo de espaoles en que ninguno de stos tuviese indios conocidos ni sealados, sino que todos los repartimientos estuviesen juntos, haciendo conucos o labranzas juntos tambin, con mayordomos, recuas, hatos y todo gnero de animales y dems cosas necesarias en comn; pagndose del producto a los ministros de la comunidad un salario, diezmo a la Iglesia, quinto del oro al rey, etctera. Que a los vecinos que tuviesen repartimiento de indios, se les pagase cierta parte a proporcin del nmero que poseyesen. Que a cada pueblo de cristianos se enviasen 40 labradores espaoles, casados, o menor nmero si otra cosa no poda ser, dndose a cada uno cinco indios por compaeros, para que stos y aqullos cultivasen juntos la tierra; y que de su producto se diese una mitad al espaol y la otra a los cinco indios, pues viendo stos trabajar a aqullos, lo haran mejor; y manejando dinero, se haran ms capaces, segn ya se haba visto en muchos. Propuso tambin que los indios pudiesen casarse con hijas de labradores espaoles, y al contrario, pues de este modo aumentara mucho la poblacin. Que inmediatamente se hiciese saber a los naturales, por medio de intrpretes, que ya no serviran como antes; cuya noticia los reanimara impidiendo que muchos muriesen, ya de pesadumbre, ya envenenndose desesperados. Que en cada una de las cuatro islas ya colonizadas se pusiese una persona religiosa y celosa del siervo de Dios, que ejerciese la justicia y gobernacin en todo lo concerniente a indios, sin dependencia de otro alguno. Que a slo esa jurisdiccin, estuviesen sometidos los mayordomos y todos los empleados de las comunidades. Que ninguno de ac ni de all que hubiese tenido algn cargo para ordenar o proveer alguna cosa tocante a indios, pudiese entender en nada de dichas comunidades.

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JOS ANTONIO SACO /329 /329 /329 /329 /329 Que como al formar las leyes hechas en tiempo del Rey Catlico se consult a algunos espaoles que tenan indios en las islas, ahora se mandasen abolir las daosas a los indgenas, y que las dems fuesen ejecutadas bajo de penas gravsimas por los mayordomos y procuradores de las comunidades. Que el rey no tuviese indios sealados ni por sealar, pues lo ms que se deba permitir, era que cada comunidad le mantuviesen algunos negros. Que para evitar las graves faltas hasta entonces cometidas, ningn clrigo fuese cura de cristianos no siendo letrado. Que ningn indio se llevase de una isla a otra, salvo algunos lucayos del modo que se dir. Que los indios puestos en cada pueblo de espaoles se hiciesen otros pueblos formados cada uno de cuatro o cinco caciques y de 1 000 indios, segn lo mandado por una de las Leyes de Burgos : situando aqullos a cinco, siete, o a lo ms 20 leguas en torno de la villa o ciudad de espaoles, en la cual habra un hospital con 200 camas para enfermos. Esos pueblos distaran entre s cinco, seis, o siete leguas para que tuviesen trminos donde labrar, criar ganados y aumentar su poblacin: que para el buen gobierno de cada uno de esos pueblos se estableciese un superior en cada una de las cuatro islas, habiendo adems clrigos, mdicos, farmacuticos, maestros de gramtica castellana, procuradores, mayordomos, mineros, estancieros y otras profesiones tiles a la comunidad. Para la multiplicacin de los indios propona tambin, que se casasen los de 20 a 25 aos de edad, y que a los mayordomos y procuradores se les diese 1 tomn por cada criatura hasta los 10 aos, y tomn y medio hasta los 15, para que cuidasen de su conservacin en la tierna edad. Si a este deber faltaban, peda que se les castigase severamente. Quera que a los indios se les diese bien de comer, y mucho mejor cuando trabajaban que cuando holgaban. Si este trabajo era en las labranzas, deban ejecutarlo durante dos meses, descansando otros dos; de manera que slo trabajaran seis meses al ao, holgando los otros seis del modo que se ha dicho; y procurando adems tener los mantenimientos necesarios para las mujeres, nios y viejos. En los das de trabajo descansaran cuatro horas, desde las 10 en que coman hasta las 2. El mismo reposo diario deba darse a los empleados en las minas, bien que este trabajo no haba de hacerse por los menores de 25 aos, ni por los mayores de 40, ni tampoco por todos a la vez, sino por mitades, con el intervalo de dos en dos meses, para que mientras unos trabajaban, holgasen los otros: holganza que era general para todos sin que en nada se ocupasen en los dos meses que duraba la fundicin. Ninguno deba ir a minas a ms de 15 o 20 leguas de su pueblo, y el que un ao trabajase en ellas, al siguiente se emplease en la agricultura. En sta solamente se serviran de aza-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 330\ 330\ 330\ 330\ 330\ das, azadones y hachas de hierro, pero no hachas de piedra ni de coas que eran unos palos de puntas agudas que empleaban para cavar la tierra en sus labranzas. Recomendaba que se prohibiese absolutamente el cargar a los indios y que a los pueblos se diesen yeguas en que anduviesen aqullos para lo que fuere menester. Como no quera privar repentinamente del servicio de indios a los espaoles que los tenan, propuso que a cada uno se les dejase provisionalmente cuatro hombres y mujeres que de entre los naborias escogiesen, pero pagndoles un salario, alimentndolos y vistindolos bien, y sin emplearlos en ningn trabajo recio, sino cuando ms en hacer cazabi, y sembrar maz. Deseando Las Casas interesar al pblico en la santa causa de los indios, pidi tambin que se imprimiesen las obras que acerca de ellos escribieron el doctor Palacios Rubios y el maestro Matas de la Paz, catedrtico de Valladolid, pues en ellas se prueba que los indios son hombres libres, y que como tales deban tratarse. Importa advertir aqu, que las ideas del doctor Palacios Rubios en punto de indios, haban ya cambiado mucho, porque la obra, cuya impresin recomendaba Las Casas, era lo contrario de lo que el mismo doctor haba escrito en aos anteriores, cuando extendi el famoso Requerimiento que sirvi de pretexto para esclavizar y matar a tantos indios ya expuesto. Adems de los remedios generales, Las Casas propuso otros particulares a algunas de las islas. Para La Espaola pidi que se anulase el psimo repartimiento de Rodrigo de Alburquerque. Lo mismo pidi para el que hizo Sancho Velzquez en San Juan de Puerto Rico, pues aquellos encomenderos eran destructores de los indios. Igualmente pidi que en Jamaica se deshiciese la compaa de S.A. con Francisco de Garay su gobernador, quien, a ttulo de aprovechar a S.A., haba causado gran disminucin de indios. Como en Cuba se trataba de hacer un nuevo repartimiento, pidi que se retirase la licencia que al intento se enviaba, porque luego que all supiesen la muerte del Rey Catlico, lo atribuiran a mudanza, y temiendo otra, acabaran con los indios para sacar mucho provecho en poco tiempo. Propuso que la entonces villa de la Asuncin o Baracoa, primer pueblo de Cuba, situado entre sierras agrsimas, y en costa de mar muy brava, se destruyese, porque no poda sustentarse sino con sangre de indios. Respecto de las islas de las Lucayas y a otras donde no podan hacerse pueblos de espaoles, ni haber comunidad, deseaba que sus naturales se llevasen a la tierra ms cercana; y para impedir los saltos y pirateras que se estaban cometiendo contra ellos, propuso que no se sacasen de sus islas, sino yendo a rogrselo dos religiosos, uno dominico y otro francisco, acompaados de 20 o 30 espaoles. Esos indios seran

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JOS ANTONIO SACO /331 /331 /331 /331 /331 llevados a Cuba para situarlos en un punto muy abundante de provisiones, cual era entonces la llanura de Puerto Prncipe donde se haba empezado a fundar la poblacin de este nombre, estableciendo all un monasterio de seis frailes dominicos o franciscos que los cuidasen, enseasen, y atendiesen a su mantenimiento por un ao, en el cual holgaran, trabajando tan slo moderadamente por va de ejercicio; y pasado el ao se daran por compaeros a los labradores castellanos. Propona igualmente que podra hacerse lo mismo con los indios de los islotes llamados Jardines del Rey y de la Reina, al norte y al sur de las costas de Cuba, cuyos habitantes por ser pescadores, y alimentarse casi siempre slo de pescado, trabajaran menos que los lucayos. Lo mismo recomendaba para los indios de la extremidad occidental de Cuba, “los cuales —dice— son como salvajes que en ninguna cosa tratan con los de la Isla, ni tienen casas sino estan en cuevas contino sino es quando salen pescar: llmanse Guanahacabeyes Otros hay que se llaman Cibuneyes que los indios de la misma isla tienen por sirvientes, y casi son as todos los de los dichos Jardines”. De esos indios da tambin una triste idea Diego Velzquez, porque en una carta que escribi al rey don Fernando en 1514, se expresa con estas palabras: “Estos ltimos que son los postreros son manada de salvajes: no tienen casa, asiento, ni pueblos, ni labranzas: no comen sino tortugas, pescado y algunas salvaginas que toman por los montes”.7Luego que los interesados en las maldades del Nuevo Mundo tuvieron noticia de estos acontecimientos, empezaron, de acuerdo con sus amigos residentes en la corte, a contrariar los proyectos de Las Casas, tachndole de exaltado e imprudente, y repitiendo contra los indios sus antiguas acusaciones.8Pero los defensores de los indios no permanecieron en silencio; y en un Memorial que los frailes franciscanos de La Espaola remitieron a Jimnez, decan: “Que pues S.Rma.S ha pensado remediar el dao de Indias, no consienta que otro gane tan gran corona. El remedio es el siguiente”. “No vayan religiosos sino in omni religione probati et instructi in sacra Scriptura porque no se sigan algunos escndalos semejantes los pasados, que uno escandaloso y malo destruye todo lo bueno”. “Los indios se pongan en libertad, pues son libres iure divino, canonico et humano Por haberse repartido han muerto 1 100 000 en solo La Espaola. Los encomenderos impiden la conversin”. Del mismo sentir fue fray Cristbal del Ro, comisario general de los franciscanos, pues en el voto que present al cardenal Jimnez, le dice que los indios son libres, y que en ninguna manera es lcito que sean encomendados.9

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 332\ 332\ 332\ 332\ 332\ Estas opiniones de los religiosos franciscanos prueban que ya ellos no pensaban como antes, y que estaban conformes con los frailes dominicos. Por el mismo tiempo enviose tambin a la corte otro Memorial annimo con un proyecto para salvar la vida de los indios, sin que se despoblasen de espaoles las islas y con aumento de las rentas reales. Deca as: “Ponellos en libertad y que como sirven vecinos sirvan todos S.A. porque ninguna cosa los mata sino la tristeza del espritu de verse en tal servidumbre y cautiverio y del mal tratamiento que les hacen tomndoles las mujeres y las hijas que lo sienten mucho, y hacerles trabajar demasiado y poco comer. Los mozos de soldada los maltratan y como los indios no pueden servir por testigos, no se hace justicia”. Para ponerlos en libertad, propona que los gobernadores convocasen a los caciques de cada isla y les dijesen que ya no haban de servir a ningn castellano, sino que estuviesen a placer como solan, y que diesen a S.A. el oro que daban a los encomenderos, pero en menor cantidad que el que stos les exigan. De este modo trabajaran con alegra y en la mitad del tiempo sacaran el oro sin riesgo de la salud. A la objecin de que los indios no eran capaces de vivir por s y de dar oro a SS.AA., contesta el autor del annimo, que l se obligaba a que cumpliesen cuanto se les mandase sin premio; que tenan capacidad, y ms si fueran libres; que seran buenos cristianos, lo que ahora no: y que se mandase a los religiosos que anduviesen continuamente entre ellos, ensendolos y defendindolos. A la otra objecin de que los espaoles se iran de la tierra si les quitaban los indios, se responde: “muchos se sostienen sin ellos, con esclavos negros, caribes, y lucayos; y si algunos no los tienen pueden dejarles algunos indios hasta tanto que se provean”. Propnese tambin que a La Espaola se llevasen a expensas del gobierno hasta 8 000 caribes, repartindolos al fiado entre los vecinos, y cobrndose el gobierno ms tarde su valor. Pdese igualmente que se d licencia general para llevar negros; que los que tenan merced de indios, fuesen recompensados con otra cosa; y que para informar sobre los negocios del Nuevo Mundo no se llamase a ninguno que tuviese inters en Indias. Concluye el annimo diciendo, que mientras duren los repartimientos no podrn guardarse las Ordenanzas, y segn sus palabras: “son tales los clamores de los vecinos que tienen indios cuando se los quitan, que si viera —el gobierno— la publicacin del repartimiento pasado, pudiera ver el espanto del juicio venidero”. Dije ms arriba que entre el doctor Palacios Rubios y el licenciado Las Casas se haban entablado por orden del cardenal Jimnez conferencias para tratar del remedio de los indios. De ellas result un plan que los dos presentaron a Jimnez; pero la gran dificultad consista en

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JOS ANTONIO SACO /333 /333 /333 /333 /333 encontrar personas, que sordas a todo inters y extraas a todo partido, ejecutasen con rectitud y prudencia la alta misin del gobierno. En medio de los bandos en que ardan los castellanos de La Espaola, slo estaban acordes en oprimir a los indios bajo el pretexto de hacerlos cristianos. Inspiracin feliz fue la de Jimnez en ir a buscar a los claustros de un monasterio los rbitros de la suerte de los hijos del Nuevo Mundo; y aunque absurda y ridcula a primera vista, no era dable en aquellas circunstancias hacer eleccin ms acertada. No deba sta recaer en seglares, porque siendo la conversion de los indios el fin principal que todos se proponan, a lo menos en apariencia, era de esperar que mejor lo conseguiran personas investidas del carcter sacerdotal. Tampoco se poda nombrar a los dominicos ni franciscanos, porque habindose mezclado en las contiendas anteriores, y discordando en la cuestin fundamental, sus determinaciones se miraran como apasionadas en un sentido o en otro. Era, pues, necesario elegir personas que no habiendo tomado parte alguna en aquellos debates, conservasen todo el prestigio que les aseguraba su imparcialidad.10stos fueron los motivos que tuvo Jimnez para depositar su confianza en los religiosos jernimos, cuya Orden era entonces una de las ms recogidas y mejor gobernadas de Espaa. Tomada esta determinacin, fray Cardinals y los dos regentes Jimnez y Adriano escribieron una carta a nombre del rey y de la reina desde Madrid a 8 de julio de 1516 a fray Pedro de Mora, general de los jernimos en Espaa, que resida en el monasterio de San Bartolom de Lupiana, para que sealase los religiosos de su Orden a quienes se poda confiar el gobierno de las Indias con las facultades y poderes que se les diesen. Esta carta era una credencial a favor del tesorero de Baza, para que lo que ste le dijese pusiese dicho general por obra. La instruccin que llev dicho tesorero, es del tenor siguiente y cumple mucho su insercin al propsito de esta Historia porque ella es una prueba irrefutable de la verdad con que Las Casas y otros buenos espaoles acusaban a los opresores de los indios. “11Es credencial a favor del Tesorero de Baza, para que lo que ste le dijese ponga por obra”. “Instruccin que llev el tesorero de Baza del tenor siguiente: ‘Que SS.AA. han sido informados que en las cosas de las Indias no ha havido hasta agora tan buena rden como fuera razon, as para convertir los indios nuestra santa f catlica instruirlos y ensearlos en las cosas della, como en el buen tratamiento de los dichos indios: cuya causa han venido en mucha disminucin, tanta que si no se remedia luego, diz que se acabarn de despoblar las principales Islas de aquellas partes. De lo qual todo diz que ha sido causa la desordenada codicia de los que han ido

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 334\ 334\ 334\ 334\ 334\ poblar destos reinos aquellas tierras, y de las personas que se han enviado las dichas Indias para gobernacion dellas, as en las cosas de Justicia, como en las de Hacienda. Y que SS.AA. como cristianos dolindose de un tan gran dao como ste, deseando remediarlo, principalmente en lo espiritual, y despues en lo temporal, visto que non se puede bien proveer sino veyendo la tierra y conociendo la condicion manera de los naturales, y que ninguna persona se ha enviado hasta agora las dichas indias en quien no haya reinado la codicia ms de lo que fuera razon, como dicho es, han acordado embiar para el remedio de lo susodicho, personas religiosas en quien no pueda caber codicia. Y parecindoles que en ninguna religion se hallaran personas tan hbiles para poner en la rden que combenga las dichas Indias como en la suya, as en lo espiritual como en lo temporal, ni que con mejor voluntad lo hagan, han acordado que las personas que han de ir sean de su religin”. “Y por esto SS.AA. les ruegan mucho que escojan luego dos personas... para que juntamente con ellas entendamos en la forma que se tern para que los dichos indios sean combertidos nuestra Santa f catlica instruidos en las cosas della, que es lo que principalmente desean SS.AA. y se conserven multipliquen los que hoy hay, las rentas de SS.AA sean aprovechadas... que en esto harn grand servicio... y SS.AA, lo recibirn en muy sealado servicio... nosotros seremos sus procuradores... solicitud al dicho General para que luego nombre dichos religiosos, los haga venir con vos... Fecha en Madrid 8 de julio de 1516,”. Enterado del asunto el general de los jernimos, reuni a los religiosos del Captulo privado de su Orden en agosto del mismo ao, y despus de haber conferenciado entre s, contestaron al cardenal Cisneros, con dos priores de la Orden, que fueron fray Gonzalo de Fras, prior de Santa Mara del Armedilla, y fray Antonio de Santa Cruz, prior de la Sista. La respuesta fue franca y digna de hombres tan virtuosos, y yo me complazco en publicarla, aunque slo sea en sustancia. Dice as: “Gracias por el buen concepto de nuestra orden... En el captulo se han ofrecido dudas que no pueden resolverse sin comunicar con V.Rma.Sria. Parece ordenarse la ida de los religiosos, principalmente para instruir informar los indios en la f y para que ellos sean multiplicados, y aprovechada la Real Hacienda. Para lo primero, ofrecemos nuestros religiosos, hacindoseles monasterios do puedan tener observancia, no sea que, por ganar las nimas agenas, pierdan las suyas propias. Cuanto lo segundo, bien que asunto mero secular, ya lo procuraran los religiosos, por servir al reyno y V.S. Mas no se compadesce multiplicarse los indios, aprovechar las rentas Reales, porque al presente trabajando los indios todo lo posible y no dndoles muy cumplido mantenimiento las rentas Reales tienen su cierta cuanta, la que se dis-

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JOS ANTONIO SACO /335 /335 /335 /335 /335 minuira luego que se tratase de quitarles parte del trabajo y mejorarles el mantenimiento, etc. La empresa parece imposible, que no se podra desempear, y se dara ocasion de creer no se cumpla. Pero lo cierto es, que nuestros religiosos no sabrn hacer bien este negocio, que si religiosos han de ser, mejores sern los que tienen all monasterios y autoridad. Otras varias razones de excusa. No obstante si absolutamente se nos manda, ah van cuatro compulsorias que V.S. henchir en quien gustare; mas prevenimos ser, bien no se les fuerze, sino se les llame primero, porque vayan de buena voluntad”. Convencido el cardenal Jimnez de que nadie poda desempear con tanta rectitud la gran comisin que se les confiaba, insisti en su propsito y no quiso admitir las excusas que se le daban. Muy honorfica fue para los jernimos la respuesta de Jimnez: “No en menos —les dijo— tenemos, Padres, vuestras discretas escusas, que la buena voluntad que siempre habeis tenido, teneis al servicio de sus RR.AA., porque las escusas son de personas cuerdas, que miran con mucha prudencia el peso de las cosas. Y tanto ms nos convidais encomendaros el negocio sobredicho de las Indias, cuanto ms conocemos en vuestras escusas vuestra mucha suficiencia y habilidad para todo lo que se os quiere encomendar”.12 Obedeciendo la Orden, su general convoc a todos los priores de la provincia de Castilla, para que celebrasen captulos, y sealasen 12 de los religiosos ms capaces, para que Jimnez escogiese.13Escogiolos en efecto, y stos fueron fray Luis de Figueroa, prior de la mejorada de Olmedo, a quien se nombr prelado de sus compaeros; fray Bernardino de Manzanedo, profeso de San Leonardo, y el prior de San Jernimo de Sevillas;14 el cual no habiendo podido ir eligiose en su lugar a fray Alonso de Santo Domingo, prior de San Juan de Ortega de Burgos;15 yendo adems por compaero del prior de la mejorada fray Juan de Salvatierra, profeso del mismo monasterio. Y aqu conviene advertir que por encargo del cardenal Jimnez, Las Casas vio y habl a esos religiosos sobre el asunto de los indios en que tanto se interesaba. Bien deseaban los opresores del Nuevo Mundo que los jernimos no pasasen a l; pero firme Jimnez en su propsito, mand que se procediese a la formacin de las instrucciones que deban llevar. Dobles fueron stas: unas, para el caso en que los jernimos juzgasen conveniente la abolicin de todos los repartimientos; y otras, para el caso en que dejndolos subsistir, fuese necesario modificar las leyes anteriores para el bien de los indios. Las instrucciones de la primera especie mandaron: que inmediatamente se quitasen los indios repartidos en las islas al obispo Fonseca, al secretario Conchillos, a Hernando de Vega, a todos los del Consejo y criados del rey, y a cuantos residan en Espaa; con prohibicin de que en adelante nunca tuviesen indios los miembros del Consejo, ni otros

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 336\ 336\ 336\ 336\ 336\ ministros. Que luego que llegasen a La Espaola, abriesen una informacin pblica, llamando a su presencia a todos los antiguos y nuevos pobladores para manifestarles los motivos de su ida, interrogndoles sobre todas las ocurrencias que haban turbado aquella tierra: que al mismo tiempo hiciesen una investigacin secreta para mejor descubrir la verdad; que llamasen tambin a los principales caciques de la isla, y les dijesen de parte del gobierno, que pues eran libres, cristianos y sbditos de S.S.AA., entendiesen que los padres jernimos iban a averiguar los daos que haban sufrido, a castigarlos, y a poner remedio para que no se repitiesen, que as lo manifestasen a los dems caciques y a sus indios, y para que stos creyesen lo que se les deca, tuvieran consigo, cuando se les hablase, algunos de los religiosos de la isla que mereciesen su confianza, y entendiesen su lengua: que los espaoles conferenciasen entre s, lo mismo que los indios, para ver si con estas mutuas plticas se hallaba algn medio provechoso a unos y a otros y a la tierra en que vivan. Ordenose tambin a los padres jernimos que averiguasen escrupulosamente el tratamiento que las justicias y los encomenderos haban dada a los indios repartidos, asentando por escrito las noticias que sobre esto adquiriesen: que los religiosos, que consigo llevaban, visitasen personalmente en cuanto les fuese dado las dems islas, para saber lo que en ellas pasaba: que viesen si en la vecindad de las minas se podan hacer pueblos con bohos en buena tierra para labranzas, y cerca de ros, pues as padeceran menos los indios que las explotaban: que esos pueblos fuesen de 300 vecinos, con plaza, iglesia, una casa para el cacique, mayor que las otras, y un hospital: que para los indios que habitaban lejos de las minas, as en La Espaola como en las dems islas, hiciesen tambin pueblos en sus tierras criando ganados, sembrando algodn, yuca, y otros comestibles, pagando al rey el tributo que se juzgase conveniente, sin que se les trasladase de una isla a otra por el inmenso dao que sufran; bien que a dichos pueblos podan llevarse los caciques e indios ms cercanos, cuando voluntariamente se prestasen. Mandose igualmente que cada pueblo tuviese sus trminos, por el aumento que pudiera tener, repartindolos entre los indios y su cacique, a quien se dara una parte igual a la de cuatro de aqullos; y que si sobrante hubiera se dedicase a ejidos y a pastos. Creose entonces el empleo de administrador, al que se dio grande importancia, pues era de nombramiento real, debiendo recaer en espaol de recta conciencia, casado para impedir desrdenes con las indias, salvo si tal persona fuere, de quien aun sin serlo pudiese confiarse; y que siempre hubiese tratado bien a los que tena encomendados. Sealose un sueldo pagado, la mitad por el gobierno y la mitad por el pueblo o pueblos de su cargo; y llevar un registro en el que constasen los nombres de todos los indios de sus

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JOS ANTONIO SACO /337 /337 /337 /337 /337 pueblos respectivos, para saber si algunos se ausentaban o faltaban a sus obligaciones. Antes de ejercer sus funciones, deba jurar que las desempeara fielmente, y de no hacerlo, los jueces podran deponerlo y castigarlo. Su vigilancia de administrador no se circunscriba siempre a un solo pueblo, sino a los dos o tres que se le sealasen, los cuales deban visitarlos para ver si los indios vivan ordenadamente en sus casas con sus familias; y a fin de alejarlos de la ociosidad, podan emplearlos a trabajar moderadamente en las minas, en las crianzas, labranzas, o en otras obras, sin permitirles ms armas que las necesarias para montear. Que en cada pueblo hubiese un clrigo o religioso que los instruyese en la fe catlica, dicindoles misa en la iglesia sin estar mezclados los hombres con las mujeres; predicndoles, administrndoles los sacramentos, y advirtindoles la obligacin de pagar los diezmos y primicias para los gastos del culto y el mantenimiento de los clrigos que los bautizaban, enseaban, casaban y enterraban. Que hubiese un sacristn entendido, para que adems del servicio de la iglesia, ensease a los indios la lectura y gramtica castellana. Que los pueblos proporcionasen fondos para sostener el hospital en que deban recibirse los enfermos, nios hurfanos y ancianos desvalidos. Que el administrador y el clrigo cuidasen de que los indios anduviesen vestidos, durmiesen en camas, no comiesen por tierra y tuviesen una sola mujer sin abandonarla, y en caso de que sta fuese infiel, el marido pudiese acusarla ante el cacique para que a ella lo mismo que al adltero se les impusiese la pena de azotes, con consentimiento del administrador y del clrigo o religioso. Por la superioridad del cacique impsose a sus indios la obligacin de trabajar 15 das al ao en su hacienda, cuando l lo quisiese, sin darles de comer, ni pagarles salario. Los caciques inferiores deban obedecer al cacique superior segn la antigua costumbre, el cual haba de gobernar el pueblo junto con el clrigo o religioso y con el administrador; facultndose a estas tres personas para que nombrasen en cada pueblo los regidores, alguaciles y otros empleos semejantes. Autorizose tambin a los caciques, para que en el lugar donde eran superiores, pudiesen castigar a los indios y a los sbditos de otros caciques inferiores, bien que deban hacerlo con consejo del cura, y slo en los casos en que mereciesen pena de azotes, pues fuera de ellas la jurisdiccin tocaba a la justicia ordinaria. Recomendose a sta, que castigase a los espaoles que hiciesen mal a los indios, pudiendo stos ser testigos, al arbitrio del juez, en las causas que se formasen. En punto de minas y haciendas dictronse acertadas medidas, pues como esos parajes eran la tumba de los indios, prohibiose que los espaoles fuesen estancieros y mineros, pudiendo solamente serlo aqullos. Mandose que hubiese 12 castellanos mineros, con sueldo pagado, mitad por los indios y mitad por el rey, que se empleasen en descubrir minas y

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 338\ 338\ 338\ 338\ 338\ que luego que las encontrasen las dejasen a los indios, sin que permaneciesen all, ni ellos, ni ningn otro espaol, ni sus criados. El oro que los tales mineros cogiesen, al descubrir las minas, se repartira entre el rey y los indios; y de no hacerlo, incurran en graves penas. En adelante no deban los indios trabajar en las minas sino por terceras partes, a placer del cacique, de dos en dos meses, y slo los hombres desde la edad de 20 aos hasta la de 50, sealndoles horas fijas para el trabajo y descanso. De estas faenas quedaban exentas las mujeres, a no ser que las abrazasen por su propia voluntad o la de sus maridos, segn estaba mandado por la Declaracin de 28 de julio de 1513. Todo el oro sacado de las minas ira a manos del minero indio, el cual, junto con el administrador y el cacique principal lo llevaran a la fundicin, que haba de efectuarse de dos en dos meses, y del producto se haran tres partes, una para el rey, dos para el cacique y los indios, debiendo pagarse de estas dos las haciendas, los ganados que se diesen para la fundacin de los pueblos y los dems gastos de la comunidad: lo restante haba de partirse igualmente por casas o bohos, dndose al cacique seis partes y dos al minero; aplicndose el sobrante, si lo hubiese, en comprar ropa para vestir y gallinas para criar. Estas compras haban de hacerse por el cacique, el administrador y el cura, los cuales deban rendir cuenta de estas operaciones. Como los espaoles no vivan de su trabajo, sino del sudor de los indios, mandose, que en caso de abolirse los repartimientos por los padres jernimos, aqullos viviesen, ya del empleo de administradores de los pueblos, ya de las haciendas que se les haban de comprar para la fundacin de stos, ora del salario de mineros, ora de la facultad que se les diese para sacar oro, pagando del que cogiesen, uno de siete, si eran solteros, y el diezmo los casados si tenan consigo sus mujeres; y, en fin, de las licencias que se les concediesen para introducir mercancas y esclavos con tal que fuesen caribes y no otros, so pena de muerte.16Tales fueron las instrucciones que se dieron a los padres jernimos para el caso en que ellos juzgasen indispensable la supresin de los repartimientos; pero como al mismo tiempo se les autoriz para que, segn su juicio, los conservasen, mandose al efecto que aplicasen a todas las Indias las Ordenanzas hechas para Puerto Rico y La Espaola en Valladolid a 23 de enero de 1513, y las aadidas en la misma ciudad a 28 de julio del dicho ao, declarando o moderando las antecedentes; pero como ya he tratado de unas y otras en el captulo primero de los repartimientos, no hay necesidad de repetirlas aqu. Entonces fue cuando el licenciado Las Casas propuso que en la corte deba siempre haber una persona de ciencia y conciencia que mirase por los indios; y abrazando el cardenal Jimnez esta idea, nombr de protector universal de ellos al mismo Las Casas con el sueldo anual de

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JOS ANTONIO SACO /339 /339 /339 /339 /339 100 pesos de oro, “que entonces no era poco: como no se hubiese descubierto el infierno del Per, que con la multitud de quintales de oro ha empobrecido y destrudo a Espaa”.17Extendidos ya los despachos puso el gobierno a disposicin de los jernimos un buque que los condujese a su destino, y como al mismo tiempo mand a Las Casas que fuese tambin a las Indias, l pretendi partir con ellos; mas, sabiendo los venerables padres cuan odiado estaba de los castellanos en La Espaola, y que su compaa poda comprometer la imparcialidad con que deseaban presentarse en el Nuevo Mundo, no le admitieron, excusndose cortsmente con la falta de comodidades del buque, para obsequiarle como quisieran. Ordenose igualmente para ms seguridad, que no se dejase partir antes de su salida ningn navo, ni que fuesen cartas a La Espaola, porque habindose esparcido en Castilla la voz de que se iban a quitar los repartimientos, podran ocasionarse turbulencias en aquella isla.18Hicironse, pues, a la vela del puerto de Sanlcar los padres jernimos, el 11 de noviembre de 1516, y despus de haber tocado en Puerto Rico, llegaron a la ciudad de Santo Domingo en La Espaola el 20 de diciembre del mismo ao, adonde desembarc tambin 13 das despus el licenciado Las Casas.19Dieron principio a su comisin, quitando los indios a cuantos residan en Castilla, y depositndolos en poder del factor Juan de Ampues, con encargo de que los hiciese instruir en la fe catlica, y les proveyese de cuanto necesitasen. Y para que no recibiesen dao los que antes tenan encomendados esos indios, ordenaron que les comprasen las haciendas para que de ellas fuesen mantenidos, dndoseles su justo valor. Empero, no quitaron inmediatamente los repartimientos de los jueces de apelacin y oficiales reales, porque habindoseles dado en parte de sus sueldos, privarles de ellos sin una compensacin, parecioles que no podan hacerlo sin consultar antes al Supremo Gobierno;20 mas, luego que ste decidi que se los quitasen, ellos lo ejecutaron. Para resolver, pues, tan gran materia, mandaron abrir la informacin pblica y secreta que les prevenan sus instrucciones. Contradictorios fueron los pareceres, y el de los dominicos en La Espaola, que entonces eran fray Pedro de Crdoba, su provincial; fray Toms de Berlanga, superior; fray Juan de Tavira; fray Toms de Santo Jacobo; fray Toms de Toro; fray Paulus de Troxillo, fray Pedro de la Magdalena, fray Pablo de Santa Mara y fray Domingo de Betanzos, todos sacerdotes, dijeron: que los repartimientos eran ilcitos, y que los indios deban ser puestos en libertad, bien estuviesen en pueblos por s o entre los espaoles; y que aun cuando ni uno ni otro se hiciese, antes que encomendarlos deba dejrseles ir a sus Yucayegues a pesar de que no fuesen cristianos, pues as no moriran como ahora. Que los espaoles

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 340\ 340\ 340\ 340\ 340\ estaban obligados a restituir lo habido con indios, y que para quitar escrpulos, convendra dar cuenta de sus excesos al Papa, para que proveyese de remedio a las conciencias. Que se atajasen “las idas de espaoles islas Tierra firme porque son fuego que todo lo abrasan”, y que fuesen slo religiosos a convertir segn estaba obligado el rey por la bula de Alejandro VI no slo en La Espaola, sino en las dems islas, segn se haba mandado.21No hicieron lo mismo con los repartimientos que tenan los conquistadores y pobladores, pues antes de dar paso tan grave, queran proceder con pleno conocimiento de la materia. “Lo que sentimos —decan—, de la capacidad de los indios, y si ser para ponerlos en pueblos, lo que dellos se deba hacer no lo escribimos al presente hasta que con ms madura informacion conozcamos las cosas dellos y de los vecinos de Espaa que ac estn, y la disposicion y la calidad de la tierra, porque como la negociacion es tan grave y ponderosa hay necesidad de mirarla mucho antes que de ella se hable”22 y concluan diciendo: “VV.RR. se acuerden quan grande y quan peligroso negocio es este y como agora llegado ser puesto en sus manos ha de quedar en lo uno en lo otro, provean en que no quede despues de hecho perpetuas angustias para sus conciencias”. Pero como la inmensa mayora de los informantes que los jernimos llamaron a declarar, no tenan el desinters y caridad de los frailes dominicos, result de ese informativo, compuesto de 13 testigos de los vecinos ms antiguos y caracterizados de la isla, que 12 de ellos se expresaron en el siguiente lenguaje: “ el ms hbil de ellos —los indios— era ms idiota que el ms rstico labrador de Espaa: por manera que la libertad sera perjudicial para sus cuerpos y almas ”. De estos 13 testigos, slo uno fue de opinin, que estando los indios en libertad, multiplicaran mucho, y que encomendados pereceran todos brevemente por ms ordenanzas que se hiciesen. Adems de todos los informes remitidos de Santo Domingo a la corte, tomronse otros en Espaa. Juan Lpez, contador mayor de la Contratacin de Sevilla, opin que los indios no se repartiesen, ni echasen a minas, ni a otros recios trabajos, e inclinndose a su libertad, propuso que a lo menos se probase por una temporada. El padre franciscano fray Pedro Mexa, que haba venido a Espaa, crey que se deban quitar los repartimientos. “Parece —dice— inhumanidad quitrselos, y por otra parte si no se quitan acabarn de perecer todos los indios... Se quiten los indios a todos excepto los que tienen dos, tres y seis naborias como hijos de casa”. Pide que se junten bajo cinco o seis caciques; y que no se les ponga a coger oro, sino algodn. Dice que haba entonces en La Espaola 15 000 indios; que el algodn vala muy caro all, y en Espaa a peso y medio la arroba, de suerte que

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JOS ANTONIO SACO /341 /341 /341 /341 /341 l calcula que podan coger aquellos indios ms de 60 000 arrobas al ao y que con este ejercicio multiplicaran los indios. “A los encomenderos —as prosigue—, dles el rey por cada cinco indios que se les quiten, un esclavo macho o hembra; si 10, dos; si 100, 20, y sean suyos propios para sus hijos y descendientes. Ser mejor para esto que el rey compre 2 000 esclavos, mitad hembras, mitad varones que puestos aqu podrn costar medio marco de oro que son 50 000 pesos de oro”. Como el obispo Fonseca saba ya que no poda tener indios encomendados, quiso darse el mrito de informar, que ni l, ni el rey, ni ningn residente en Castilla pudiese gozar de repartimientos, y que se quitasen a los jueces de La Espaola, pero al mismo tiempo pidi que se mantuviesen los repartimientos, encomendando los indios por el ms largo tiempo posible y que no pudiesen quitarse a sus poseedores, sino por mal tratamiento o delitos.23En medio de las eminentes virtudes de Las Casas, y de que ya contaba 43 aos de edad, me parece que an no conoca bien el corazn humano y que careca del tacto necesario para llevar a buen trmino, con flexibilidad y prudencia, un asunto tan delicado. Haba credo que luego que los jernimos llegasen al Nuevo Mundo, quitaran los repartimientos a todos los castellanos; mas, viendo que procedan en esto y otros asuntos con lentitud y circunspeccin, empez a disgustarse y prorrumpir en quejas contra todos; sin perdonar ni aun a los mismos jernimos, tachndolos de negligentes y parciales, pues que a los parientes que tenan en La Espaola los haban enviado a Cuba para que Diego Velzquez les diese repartimientos de indios.24 Si algunos disculpaban su vehemencia en gracia de su celo y acrisoladas virtudes, otros en gran nmero le odiaban y como l supiese que queran matarle, recogase de noche al seguro asilo del convento de Santo Domingo. Lejos de intimidarse con estas acechanzas, la justicia de la santa causa que defenda inspirbale nuevo aliento, y como an estaban en La Espaola los primeros jueces de apelacin nombrados desde aos anteriores, acusoles criminalmente ante el licenciado Zuazo, juez de residencia recin llegado a Santo Domingo,25 de cmplices de los asaltos y pirateras de los castellanos contra los indios lucayos,26 y de homicidas y autores del asesinato que en 1513 cometieron los indios de la costa de Cuman en los dos misioneros dominicos fray Francisco de Crdova y fray Juan Garcs, de cuyo trgico suceso ya di cuenta en uno de los captulos de esta historia. Este paso atrevido de Las Casas caus en La Espaola la ms profunda sensacin; y mirndosele como un perturbador de la pblica tranquilidad, sus implacables enemigos que ya haban escrito a la corte, como l tambin lo hizo, aunque parece que sus cartas fueron interceptadas en Sevilla, lograron que el gobierno le mandase salir de aquella isla; mas, l, o sabindolo, o sospechndolo, empez a publicar,

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 342\ 342\ 342\ 342\ 342\ antes que llegase la orden de su expulsin, que se marchaba a Castilla para informar al gobierno de todo lo ocurrido. Bien quisieron impedir su partida, y cuando el licenciado Zuazo, con quien siempre haba estado de acuerdo, anunci a los jernimos que Las Casas volva a la corte, fray Luis de Figueroa, sorprendido, contest: “ no vaya porque es una candela que todo lo encender ”.27 Pero como Las Casas, adems de ser clrigo, tena cdula real para venir a Espaa cuando quisiese, embarcose, sin que nadie se lo estorbase en mayo de 1517. En estas circunstancias vinieron en apoyo de Las Casas, no slo los frailes dominicos, sus buenos amigos, sino tambin los franciscanos. Fray Pedro de Crdoba, viceprovincial de los religiosos de aquella Orden, residentes en las Indias, dirigi al rey, una carta fechada en la ciudad de Santo Domingo a 28 de mayo de 1517. Despus de ponderar en ella aunque en un tono ms templado que el de Las Casas, los daos cometidos, dice: “Por los cuales males y duros trabajos los mismos indios escogian y han escogido de se matar; que vez ha venido de matarse 100 juntos. Las mujeres fatigadas de los trabajos, han huido al concebir y al parir porque siendo preadas o paridas no toviesen trabajo sobre trabajo; en tanto que muchas estando preadas han tomado cosa para mover han movido las criaturas. Otras despues de paridas, con sus manos han muerto sus propios hijos, por no poner ni dejar en tan dura servidumbre. Ya estas pobres gentes no engendran ni multiplican, ni hay de ellos posteridad que es cosa de gran dolor...”.28Contemporneamente a la carta anterior, los dominicos de mancomn con los franciscanos de aquella isla escribieron otra en mal latn a los gobernadores de Espaa, en la que pintan la horrible mortandad, que haban causado los repartimientos, pues de ms de 1 milln de indios que haba en La Espaola, ya apenas quedaban de 10 a 12 000: piden que se pongan en pueblos, o por s, o con los cristianos; que no sirvan a nadie, ni se les imponga ms trabajo que el que ellos mismos quieran hacer para su mantenimiento o para su recreo; que despus de la llegada de los jernimos moran lo mismo que antes, y an ms; que era preferible dejarlos vivir en sus lugares nativos, llamadas en su lengua Yucayegues aun sin ser cristianos; resuelven las dudas acerca del modo de doctrinarlos y alimentarlos; y, por ltimo, concluyen recomendando a Las Casas como lo haba hecho fray Pedro de Crdoba, viceprovincial de los dominicos.29Conociendo los jernimos toda la actividad y energa de Las Casas, enviaron a Castilla a su compaero fray Bernardino de Manzanedo para que informase al gobierno de todas las medidas que haban tomado. Lleg Manzanedo a Espaa, oyole bien Carlos I en Zaragoza; mandole que se entendiese con el obispo Fonseca; pero mal recibido de ste, renunci a su comisin y retirose a su monasterio.30

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JOS ANTONIO SACO /343 /343 /343 /343 /343 Digna es de alabanza la conducta de los jernimos, pues adems de lo que ya he mencionado, repararon las injusticias cometidas contra los ms benemritos pobladores en el repartimiento de Alburquerque. Penaban segn su culpa a los que maltrataban a los indios que tenan encomendados. Quitbanlos a unos y depositbanlos provisionalmente en otros, que por los informes que tomaban, trataran bien a los indios, y tenan haciendas con que alimentarlos sobradamente. Pidieron al gobierno que en caso de quedar stos encomendados, de ninguna manera se diesen a los residentes en Espaa. Para corregir abusos, hacan visitar con frecuencia los lugares en que estaban los indios, enviando no slo a los visitadores, sino a los religiosos de La Espaola; y aun ellos mismos recorrieron una parte de la tierra, viendo casi todas las minas que entonces se explotaban. Vendieron las haciendas o estancias que el rey tena; porque el robo de los administradores las haca ms costosas que productivas. Moderaron los derechos de la fundicin del oro, porque eran excesivos los que se pagaban. Mandaron que los mineros, que lo sacaban con los indios, estuviesen a sueldo sin tomar parte del oro, para que no los recargasen de trabajo. Prohibieron las entradas contra caribes, mientras los oidores de la Audiencia de La Espaola, a quienes haban mandado estudiar el asunto, no decidiesen si era lcito esclavizarlos segn derecho; aunque permitieron a los castellanos que iban a traficar a la Costa de las Perlas que recibiesen de los indios los esclavos que ellos tenan como tales, bajo la condicin de que los tratasen bien y doctrinasen cual si fuesen indios libres. Mandaron hacer en La Espaola 25 o 26 pueblos “do se recogiesen los pocos indios que haban quedado” con mucha yuca sembrada para su mantenimiento, la cual pasaba de 800 000 montones o pies con que podan alimentarse 7 000 personas en un ao. Deban tambin criarse ganados para su alimento en los terrenos adyacentes a esos pueblos; y cada uno de stos deba contener hasta 400 o 500 personas, contando viejos y nios; pero cuando tan benfico proyecto empezaba a plantearse, frustrolo la peste asoladora de viruelas que estall entre los indios. Procuraron aumentar la poblacin de aquellas tierras, y en una de sus comunicaciones al gobierno decan: “el fundamento para poblar es que vayan muchos labradores y trabajadores: trigo, vias, algodones, etctera. Darn con el tiempo ms provecho que el oro. Convendr pregonar libertad para ir a aposentar all a todos los de Espaa, Portugal y Canarias. Que de todos los puertos de Castilla puedan llevar mercaderas y mantenimientos sin ir a Sevilla. Mande S.A. que vayan a poblar las gentes demasiadas que hay en estos reinos, etc”.31En este punto, acordes estaban los jernimos con el licenciado Zuazo; y ora ste hubiese tomado de ellos esas ideas, ora ellos de ste, como

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 344\ 344\ 344\ 344\ 344\ pretenden algunos, poco importa para la utilidad que deban sacar las Indias de tal propuesta. Ocupronse tambin en hacer ingenios de azcar cerca de los puertos de mar para la facilidad de su embarque, pues juzgaban con razn que eso levantara el nimo abatido de los pobladores; y para lograr la empresa, ellos les facilitaban algunos recursos del Tesoro. Fomentaron as mismo el cultivo de la caafstola, y propusieron que se plantasen algunas vias y sembrase trigo en los parajes donde podan prosperar. Dictaron, en fin, otras providencias que juntas a las ya mencionadas, merecen todas por cierto un grato recuerdo de la posteridad;32 y cuando se contempla que tanto hicieron en cortsimo tiempo y en muy difciles circunstancias, preciso es tributarles un justo homenaje de admiracin, pues no es mentira sino verdad lo que ellos mismos dijeron en una de sus cartas al cardenal Jimnez. “Lo otro y quarto de donde mucho bien depende es pacificar los pechos desta gente castellana que ac biene, que tienen tan daados unos con otros, que pensamos que todas las medicinas materiales deste mundo no bastaran para los curar, sino fuere solo gracia divina, o ya hacer algo de lo que en otras cartas a Vuestra Seora tenemos apuntado”.33Verdad es que no abolieron los repartimientos; pero esto puede atribuirse a que habiendo permanecido poco tiempo en el Nuevo Mundo, no pudieron preparar el terreno para medida tan radical. Pudieron tambin creer, que aun conservando los repartimientos y sometindolos a ciertas reglas, se hallara algn medio para mejorar la condicin fsica y moral de los indios. A estas consideraciones debe aadirse la muy poderosa de que ellos temieron, con mucha razn, un levantamiento general de los castellanos en los pases ya conquistados, y que careciendo enteramente de fuerza para reprimirlo, ocasionaran inmensos daos, no slo a la raza indgena que intentaban favorecer, sino a la Corona de Castilla. Sin la muerte del cardenal Jimnez, acaecida algunos meses despus de haber ellos comenzado a ejercer sus funciones, y sin la entrada en Espaa del nuevo rey, muchas de las cosas propuestas por ellos, habranse planteado en Amrica y cogdose en breve algn sazonado fruto; pero desatendindolas el nuevo gobierno, no por indiferencia a materia tan grave, sino ms bien por aversiva a la poltica anterior de los ministros espaoles, y sin el debido miramiento a sus virtudes, tino y pureza con que desempearon su comisin, mandoles en 1517, bajo la perniciosa influencia del obispo Fonseca, que siempre fue contrario a su nombramiento, que regresasen a Castilla:34 orden que les fue reiterada en 1518.35 Cuando a Espaa tornaron en este ao,36 quisieron obtener del rey una audiencia en Barcelona, para informarle de la situacin de las Indias, y de los inmensos males que a La Espaola ocasionaba el

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JOS ANTONIO SACO /345 /345 /345 /345 /345 tesorero Pasamonte; pero sin conseguir que se les oyese, a pesar de cuantos esfuerzos hicieron, cansronse de esperar y retirronse al silencio de sus claustros, dejando el Nuevo Mundo entregado a sus implacables opresores.Notas1Carta del licenciado Alonso de Zuazo a Mr. de Chievres, escrita en Santo Domingo a 22 de Enero de 1518. Muoz, Colec. tom. LXXVI; tomo II de la Coleccin de Documentos Inditos de Salv y Baranda (V. M. y M.) Oviedo, Historia (...) de las Indias lib. IV, cap. I. 2Herrera, dc. 2, lib. II, cap. III. 3Lo que dice Las Casas era muy comn en aquellos tiempos, y un religioso que de Indias lleg a Espaa en 1512, present al gobierno un papel en que propona, entre otras cosas, que a los indios se diesen mujeres “porque en esto —deca— ha habido y hay grande defecto, y es que los cristianos que crian las indias todas, algunas las toman para camareras, y estos son los nobles y los clrigos; otros las toman para cocineras, y estos son los ganaderos y trabajadores, que muchos dellos son en Castilla casados, y all estan con las indias; otros las toman, y es peor, para imponellas que sepan servir y vestirse, y aun buscar de comer de muy mala manera, y despues de impuestas las venden vaqueros y mineros para el mal uso”. Parecer de un religioso venido de Indias por los aos de 1512, sobre la conservacin de los indios y el acrecentamiento de las cuatro islas Espaola, San Juan, Cuba y Jamaica, en lo temporal y en lo espiritual. Manuscrito de 3 pliegos. Archivo de Simancas. Arca de Indias, Caja 1, legajo 7. Muoz, Colec. tom. LXXV. 4Memorial de los agravios sin razones que Bartolom de las Casas, clrigo, dize que se hazen en los indios por los espaoles que aquella tierra han pasado. Archivo de Simancas, Patronato Real de Indias, legajo 8. 5Memorial y relacin de Pnfilo de Narvez y Antonio Velzquez procuradores de Cuba a SS.AA., fecha en Madrid a 30 de Junio de 1516. M. 1. Archivo de Simancas, legajo 8, Arca Indias. 6Parecer annimo dirigido a S.A. sobre los daos que padecen las cuatro islas Espaola, Cuba, Jamaica y San Juan. M. 1. Archivo de Simancas, Descubrimientos y Pobladores, legajo 7. 7Carta de Diego Velzquez al rey catlico don Fernando en el puerto de Jagua en la isla de Cuba, en l de Abril de 1514. Muoz, Colec. tom. LXXV. Coleccin de Documentos Inditos del Archivo de Indias tom. XI, p. 424. ( V. M. y M.) 8Herrera, dc. 2, lib. II, cap. III. 9Este voto y el Memorial anterior se hallan en la coleccin indita de Muoz. 10Herrera, dc. 2, lib. II, cap. III. 11Muoz, Colec. tom. LXXV. 12Respuesta del cardenal, en presencia del embajador y del obispo de vila, estando adems entre otros presente el prior del Armedilla, el prior de San Leonardo y el prior de la Sista.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 346\ 346\ 346\ 346\ 346\13Extractos de Muoz, sacados de la Coleccin Diplomtica de la Real Academia de la Historia de Madrid 14Herrera, dc. 2, lib. II, cap. III. 15Herrera, dc. 2, lib. II, cap. VI. 16Para todo lo concerniente a las instrucciones hasta aqu mencionadas, vase a Herrera, dc. 2, cap. IV y V. Vase tambin el tomo XI, pginas 256 y 258 de la Coleccin de Documentos Inditos del Archivo de Indias en donde estn dichas instrucciones. ( V. M. y M.) 17Las Casas, Historia General de las Indias lib. III, cap. LXXXIX. No fueron, por cierto, los quintales de oro del Per los que empobrecieron a Espaa, como dice Las Casas, y aun repiten hoy muchos espaoles. Si ella hubiera tenido agricultura, fbricas, comercio y un buen gobierno, el oro del Nuevo Mundo, lejos de haberla empobrecido, habrala engrandecido extraordinariamente. 18Herrera, dc. 2, lib. II, cap. VI. 19Carta primera de los PP Jernimos al cardenal Jimnez de Cisneros. Tomo I, pgina 264 de la Coleccin de Documentos Inditos del Archivo de Indias ( V. M. y M.) 20Carta primera de los PP Jernimos al cardenal Jimnez de Cisneros. 21Herrera, dc. 2, lib. II, cap. XVI y XXII. 22Carta primera de los PP Jernimos al cardenal Jimnez de Cisneros. 23Muoz, Colc ., tom. LXXV. 24Herrera, dc. 2, lib. II, cap. XV. 25Hombre de gran talento, de excelentes miras y uno de los caracteres ms respetables que entonces pasaron al Nuevo Mundo, dice Quintana, al hablar de l en su Vida de Las Casas Vase su biografa en el tomo II de la Coleccin de Documentos Inditos para la Historia de Espaa. (V. M. y M.) 26Herrera, dc. 2, lib. II, cap. XV. 27Las Casas, Historia General de las Indias lib. III, cap. XCIV. 28Extracto de una carta del padre fray Pedro de Crdoba, vice-provincial de los frailes de Santo Domingo en Indias, al rey. Fecha 28 de Mayo de 1517. Apndice VI de la Vida de Las Casas por Quintana. 29Vase el citado Apndice VI de la Vida de Las Casas por Quintana. 30Herrera, dc. 2, lib. II, cap. XXI. 31Memorial manuscrito de fray Bernardino de Manzanedo, entregado en Febrero de 1518. 32La verdad de esta aseveracin, consignada est en las numerosas cartas que los padres jernimos escribieron desde La Espaola al cardenal Jimnez de Cisneros y al emperador don Carlos. 33Carta al emperador de los PP Jernimos, fecha en Santo Domingo a 22 de Junio de 1517. 34Herrera, dc. 2, lib. II, cap. XXI. 35Herrera, dc. 2, lib. III, cap. VIII. 36Herrera, dc. 2, lib. III, cap. XIV y XX.

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AD AD AD AD AD VER VER VER VER VER TENCIA TENCIA TENCIA TENCIA TENCIA1Cuatro tomos van ya publicados de la Historia de la Esclavitud desde los Tiempos ms Remotos hasta Nuestros Das por don Jos Antonio Saco. Los tres primeros constituyen una obra completa acerca de la esclavitud en el antiguo continente. El cuarto, o sea el primero de la Historia de la Esclavitud de la Raza Africana en el Nuevo Mundo, y en Especial en los Pases Amrico-Hispanos, slo comprende la poca transcurrida desde el descubrimiento hasta fines del siglo decimoctavo. Este primer tomo, que abarca uno de los perodos ms interesantes de la historia de la humanidad, desgraciadamente no pudo terminarse por su distinguido autor, como no lo fue tampoco el quinto que ahora publicamos, y que se refiere a la Historia de la Esclavtud de los Indios en el Nuevo Mundo. Es de lamentar que el seor Saco no hubiera empezado la publicacin de su obra monumental por donde pens haberla concluido, por la parte referente a Amrica, que era la que mayor inters nos ofreca. De haberlo hecho as, se hallara sta completa, hubiera sido esmeradamente revisada por l, como lo fueron los anteriores tomos, y la historia de Cuba en la que incidentalmente pensaba detenerse, hubiera sido la que mayores ventajas habra obtenido por la realizacin de este plan. El tomo quinto se refiere, como hemos dicho, a la Historia de la Esclavitud de los Indios en el Nuevo Mundo trabajo importantsimo en el cual su autor contina revelando la misma erudicin benedictina que en los anteriores. Aunque en la narracin de los sucesos que abraza no comprende el drama de la esclavitud indgena en el vasto territorio que hoy ocupan Estados Unidos del Norte de Amrica, el Canad, Per, Bolivia, Nueva Granada, Ecuador, Chile, las Antillas Menores, el Brasil y Patagonia, no deba permanecer indito. Por la imparcialidad del historiador y por la novedad de los documentos, casi todos inditos o raros que se citan, y que fueron consultados por l y por el inolvidable americanista don Domingo del Monte, honra y prez de las letras nacionales, lo creemos del mayor inters para los que se consagran al estudio de la historia americana, bajo todos sus aspectos.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 348\ 348\ 348\ 348\ 348\ Nuestra tarea al publicarlo primeramente en las pginas de la acreditada Revista de Cuba del doctor don Jos Antonio Cortina, y ahora en un volumen, ha consistido en corregir escrupulosamente las pruebas de la impresin, comprobar las citas hechas, cotejar los documentos que se copian y agregar algunas notas aclaratorias, que nos han parecido oportunas. As hemos credo honrar la memoria del seor Saco y la literatura de nuestra querida patria. Pronto publicaremos tambin el tomo sexto y ltimo; o sea la Historia de los Repartimientos o Encomiendas de Indios de no menor inters que los otros. Antes de concluir, slo nos resta advertir que la obra no estaba todava preparada para darla al pblico cuando muri el seor Saco, y que si nos hemos quiz apresurado a darla a la estampa, ha sido con el laudable propsito de salvarla del olvido, prestando as un servicio a los que estudian la historia de Amrica. Si se nota algn descuido en el estilo, que nosotros hemos procurado respetar, debe imputarse a que el autor, casi ciego y continuamente achacoso en los ltimos das de su azarosa existencia, no pudo consagrarse a la revisin y correccin de sus borradores trazados por amanuenses, casi siempre poco hbiles, que le causaban perpetua desesperacin. Vidal Morales y Morales Marzo de 1883.Notas1Hemos credo conveniente publicar aqu esta “Advertencia” que aparece al principio de la primera edicin de este tomo, impresa en La Habana en 1883. Las referencias que hace en ella Vidal Morales y Morales a la numeracin de los tomos estn de acuerdo con el orden cronolgico de lo publicado por l. Nosotros hemos seguido el sealado por Jos Antonio Saco en la introduccin del primer tomo. Por ser un verdadero complemento de la Historia de la Esclavitud de los Indios en el Nuevo Mundo acompaamos al final de sta la “Historia de los Repartimientos o Encomiendas de Indios”, impresa por primera vez en la Revista de Cuba el ao 1883. ( Nota del editor .)

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NDICE ONOMSTICO NDICE ONOMSTICO NDICE ONOMSTICO NDICE ONOMSTICO NDICE ONOMSTICO —A— AARSCHOT, MARQUS O DUQUE DE. VER CROY, GUILLERMO DE. ABARRANTES: 59. ADRIANO IV, PAPA: 31. ADRIANO VI: 111, 118, 325, 333. AGUIRRE, LICENCIADO: 114. AILLON. VER VZQUEZ DE AILLON, LUCAS. AIX, ALBERTO DE: 52. ALAMINOS, ANT"N: 88, 198. ALARCONCILLO, LICENCIADO: 284. ALBA, FERNANDO.VER IXTLIX"CHITL. ALBITEZ, DIEGO DE: 4, 180, 240. ALBORNOZ, RODRIGO DE: 204, 207, 208, 213. ALBURQUERQUE, RODRIGO DE: 112, 316, 317, 318, 319, 322, 330, 343. ALEJANDRO VI, PAPA: 75, 131, 339.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 350\ 350\ 350\ 350\ 350\ALFINGER, AMBROSIO: 6, 144, 145. ALFONSO DE SOUSA, MARTN: 23. ALMINDEZ CHERINOS, PEDRO: 204. ALMIRANTE.VER COL"N, CRIST"BAL. ALONSO NIO, PER: 58, 67, 68, 69. ALTSIMO.VER DIOS. ALVARADO, PEDRO DE: 241, 246, 247, 248, 249, 250, 251, 252, 255, 262. LVAREZ OSORIO, DIEGO: 245. LVARO DE PORTUGAL: 70. AMPIES, GUILLERMO DE: 245, 246. AMPUDIA, JOHAN DE: 189, 190. AMPUES, JUAN DE: 142, 144, 300, 339. ANACAONA: 297. ANDAGOYA, PASCUAL DE: 182, 246, 247. ANDRADA, FERNANDO DE: 265. ANDRS GUAIBONA, CACIQUE: 317. ANGULO, JUAN DE: 153. ANGULO, PEDRO DE: 251. ANGULO, TOMS DE: 191. ANTIGUA, NUESTRA SEORA DEL: 165. ANTONIO, FRAY: 115. ANTONIO, VISORREY: 99. APOLO: 15. ARANA, DIEGO DE: 75. ARANGO, SANCHO DE: 315, 322. ARCE, ALONSO DE: 317. REA, RODRIGO DE: 265. ARIAS DVILA, PEDRO: 113, 167, 168, 170, 171, 172, 174, 175, 176, 177, 178, 179, 180, 181, 182, 183, 184, 188, 190, 227, 239, 242, 243, 244, 246, 277, 279, 280, 281, 282, 283. ARIAS, DIEGO: 279.

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JOS ANTONIO SACO /351 /351 /351 /351 /351ARIST"TELES: 218. ARRIAGA, LUIS DE: 56. ARTEAGA, JUAN DE: 252. AVEDAO, PEDRO DE: 212. AYOLAS, JUAN DE: 266, 267. AYORA, JUAN DE: 171, 172, 173, 174, 175, 182. AZARA, AGUSTN DE: 270. —B— BADAJOZ, GONZALO DE: 179, 180. BALBOA. VER NEZ DE BALBOA, VASCO. BALLESTER: 59. BARBA ROJA, PIRATA: 154. BARRIENTOS, MIGUEL DE: 147, 158. BARRIONUEVO, FRANCISCO DE: 184. BESATZIO, ARNALDUS DE: 261. BASTIDAS, RODRIGO DE (OBISPO): 66, 69, 79, 146, 147, 148, 149, 161, 165, 190. BAUDRI, ARZOBISPO: 51. BECERRA, FRANCISCO: 175, 176. BECERRA, JOHAN: 189. BEDMAR, SEORES DE: 247. BECHECHIO, CACIQUE: 291. BELTRN, DOCTOR: 247. BELZARES (LOS): 64, 144, 145, 146, 147, 158. BENZONI, JER"NIMO: 140. BERARDI, JUANOTO: 57. BERLANGA, TOMS DE (FRAY): 184, 339. BERNARDO, FRAY: 72, 84. BETANZOS, DOMINGO DE: 122, 218, 339. BONO DE QUEXO, JUAN: 95, 96. BRETON, RAIMUNDO: 43.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 352\ 352\ 352\ 352\ 352\BRY, TEODORO DE: 140. BURGUILLOS, GASPAR DE: 261. —C— CABALLERO, DIEGO: 94. CABALLERO, JOS AGUSTN: 78. CABEZA DE VACA. VER NEZ CABEZA DE VACA, LVAR. CABOTO, SEBASTIN: 264, 265. CABRERA, ALONSO DE: 267. CCERES, JUAN DE: 265. CDIZ, PEDRO DE: 141. CAEN, RAOUL DE: 52. CALINAGO: 43. CALIXTO III, PAPA: 131. CALVETON, URBANO: 140. CANOABO, CACIQUE, 57, 291. CRDENAS, PEDRO DE: 280. CARDINALS, FRAY: 333. CARETA, CACIQUE: 174. CARLOS I DE ESPAA: 21, 91, 111, 112, 115, 117, 118, 128, 143, 257, 272, 305, 342, 346. CARLOS II DE ESPAA: 274, 275. CARLOS V DE ALEMANIA: 17, 34, 96, 105, 113, 115, 124, 125, 126, 127, 132, 144, 177, 179, 184, 191, 204, 205, 209, 216, 225, 243. CARRILLO, LUIS: 176. CARRIZO, HERNANDO DE: 137. CARVAJAL, JUAN DE: 147, 325. CASAS, BARTOLOM DE LAS: 7, 17, 34, 35, 37, 38, 58, 66, 71, 72, 76, 77, 84, 89, 90, 95, 96, 99, 104, 108, 111, 112, 113, 114, 115, 116, 117, 118, 119, 120, 121, 122, 123, 124, 132, 140, 145, 149, 154, 164, 169, 173, 178, 188, 206, 219, 221, 222, 223, 226, 227, 243, 245, 246, 252, 253, 254, 255, 257, 291, 294, 296, 302, 303, 316, 319, 320, 324, 325, 326, 327, 328, 330, 331, 332, 333, 335, 338, 339, 341, 342, 345, 346.

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JOS ANTONIO SACO /353 /353 /353 /353 /353CASAS, FRANCISCO DE LAS: 236. CASAUS, FRANCISCO: 71. CASTAEDA, FRANCISCO DE: 138, 243, 244. CASTELLANOS, FRANCISCO: 138. CASTELLANOS, MIGUEL: 123. CASTELL"N, JCOME DE: 123, 124. CATACAPA, CACIQUE; 163. CAVA, FRANCISCO: 240. CAYACOA, CACIQUE: 291. CAZONCI, CACIQUE: 215. CERECEDA, ANDRS DE: 239, 240, 241. CERON, JUAN: 301, 313. CERRATO, LUIS: 99, 142, 155, 256. CEYNOS, FRANCISCO: 215. CINQUER, ENRIQUE: 144. CISNEROS, FRANCISCO DE: 238. CISNEROS. VER JIMNEZ DE CISNEROS, FRANCISCO. CIUDAD RODRIGO, ANTONIO DE: 261. CLAVIJERO, FRANCISCO JAVIER: 13, 17, 18. CALVIJO, SANCHO DE: 186, 187, 188. COATIMUCIN: 34. COBOS, COMENDADOR MAYOR: 191. COBOS, FRANCISCO DE LOS: 113, 247. COLMENARES, RODRIGO DE: 177. COL"N, BARTOLOM: 57, 58, 63, 71, 76, 299, 301. COL"N, CRIST"BAL: 3, 26, 38, 39, 40, 41, 48, 49, 53, 55, 56, 57, 58, 59, 60, 61, 62, 63, 64, 67, 68, 70, 71, 72, 75, 76, 77, 78, 79, 86, 88, 91, 92, 103, 107, 109, 123, 131, 161, 164, 166, 209, 263, 289, 290, 291, 292, 294, 311, 319, 324. DIEGO, COL"N: 71, 76, 81, 84, 149, 209, 297, 298, 299, 301, 305, 313, 315, 324.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 354\ 354\ 354\ 354\ 354\COMOGRE, CACIQUE: 4, 172. COMPAON, FRANCISCO: 181. CONCHILLOS, LOPE: 113, 295, 303, 313, 314, 315, 317, 322, 325, 335. CONSTANTINO: 85. CONTRERAS, RODRIGO DE: 245. C"RDOBA, PEDRO DE: 72, 73, 106, 107, 108, 124, 302, 303, 305 339, 342. C"RDOVA, FRANCISCO DE: 341. CORRAL: 190. CORTS, HERNN: 5, 7, 9, 13, 34, 93, 137, 162, 166, 198, 200, 201, 202, 203, 204, 205, 206, 207, 208, 209, 211, 213, 214, 215, 218, 223, 227, 228, 235, 236, 246, 347, 249. CORTS, MARTN: 223. COSA, JUAN DE LA: 64, 69, 70, 162, 163, 165. COVARRUBIAS, PEDRO DE: 304, 326. COZCO, LEANDRO DE: 53. CRISTO. VER JESUCRISTO. CROY, GUILLERMO DE: 111, 115, 116. CRUZ, RODRIGO DE LA: 225. CUEVA, BEATRIZ DE LA: 247, 250, 251. CUEVA, FRANCISCO DE LA: 251, 252. CUMBRERAS, PEDRO DE: 73. —CH— CHANCA, DOCTOR: 26, 49, 54. CHARLEVOIX, PEDRO FRANCISCO JAVIER DE: 23. CHVEZ, LICENCIADO: 142. CHIEVRES, MONSIEUR DE. VER CROY, GULLERMO DE. —D— DARAIRE, CACIQUE: 26. DELGADILLO, DIEGO: 209. DEZA, DIEGO: 325.

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JOS ANTONIO SACO /355 /355 /355 /355 /355DIABLO: 133, 253. DIANES, HERNAND: 189. DAZ DEL CASTILLO, BERNAL: 30, 93, 199, 202. DAZ DE SOLS, JUAN: 198, 263, 264. DAZ, MIGUEL: 301, 313. DIONISIO, FRAY: 115, 122. DIOS: 15, 51, 70, 75, 82, 84, 86, 90, 93, 94, 99, 103, 104, 115, 116, 126, 130, 132, 140, 150, 154, 157, 158, 159, 164, 165, 176, 191, 200, 204, 205, 217, 219, 223, 228, 234, 243, 251, 252, 253, 254, 259, 260, 265, 277, 279, 283, 284, 290, 300, 302, 320, 321, 326, 327, 328. DUERO, ANDRS DE: 212. DUQUESNE DE MADRID, JOS DOMINGO: 152. DURANO, JUAN: 51. DURN, TOMS: 304, 326. DU TERTRE, JUAN: 42, 43, 49, 50. —E— ECIJA, DIEGO DE: 189. ENCINASOLA, PEDRO DE: 280. ENCISO. VER FERNNDEZ DE ENCISO, MARTN. ENRIQUE II DE INGLATERRA: 131. ENRIQUE VII DE INGLATERRA: 264. ESCOBAR, DIEGO: 60. ESCOBEDO, RODRIGO DE: 75. ESCUDERO, JUAN: 212. ESPINAR, ALONSO DEL: 72, 303, 304. ESPINOSA, GASPAR DE: 171, 180, 181, 182, 242. ESPIRA, JORGE: 145. ESQUIVEL, JUAN DE: 296, 301. ESTETE, MARTN: 242, 282. ESTRADA, ALONSO DE: 204, 207, 213. EUSEBIO: 15.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 356\ 356\ 356\ 356\ 356\—F— FELIPE II DE ESPAA: 142, 217, 274. FELIPE III DE ESPAA: 272, 273, 275. FELIPE IV DE ESPAA: 274. FERNNDEZ DE ENCISO, MARTN: 78, 162, 164, 165, 166, 168, 171, 176, 304. FERNNDEZ DE LUGO, PEDRO: 6, 150, 153. FERNNDEZ DE NAVARRETE, MARTN: 26, 53, 65, 66, 67, 71, 75, 77, 78, 79, 80, 101, 136, 178, 194, 313. FERNNDEZ DE OVIEDO, GONZALO: 4, 26, 27, 41, 47, 69, 70, 77, 79, 104, 108, 118, 122, 133, 134, 148, 149, 153, 154, 160, 163, 167, 171, 173, 174, 175, 179, 180, 183, 188, 189, 190, 196, 243, 246, 264, 266, 282, 291, 292, 313. FERNANDO II, EL CAT"LICO: 26, 38, 39, 40, 55, 56, 57, 58, 59, 62, 65, 67, 69, 70, 71, 72, 73, 75, 77, 78, 81, 82, 85, 86, 87, 88, 89, 90, 98, 99, 103, 106, 111, 112, 131, 143, 167, 168, 170, 176, 204, 263, 277, 278, 282, 284, 289, 290, 295, 301, 305, 309, 310, 313, 314, 315, 319, 322, 325, 329, 330, 331. FERNANDO, SAN, REY DE FRANCIA: 71. FIGUEROA, LUIS DE: 335, 342. FIGUEROA, RODRIGO DE: 96, 98, 99, 125, 130. FONSECA, ALFONSO DE. VER RODRGUEZ DE FONSECA, ALFONSO. FONSECA. VER RODRGUEZ DE FONSECA, JUAN. FRANCISCO JAMAYCA ARACEBO, CACIQUE: 314. FRAS, GONZALO DE: 334. FRAS, LICENCIADO: 159. —G— GAMA, ANTONIO DE LA: 184. GANTE, PEDRO DE: 205, 207. GARAY, FRANCISCO DE: 301, 319, 330. GARCS, JUAN: 106, 108, 205, 209, 210, 218, 341. GARCS, JULIN. VER GARCS, JUAN.

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JOS ANTONIO SACO /357 /357 /357 /357 /357GARCETO, JUAN: 121. GARCA, CRIST"BAL. VER GUERRA, CRIST"BAL. GARCA DE CARRI"N, PEDRO: 304. GARCA DE CISNEROS: 261. GARCA DE LERMA: 149, 150, 239. GARCA DE LOAIZA: 113, 124, 125. GARCA DE PADILLA: 113, 116. GARCA, DIEGO: 263, 265. GARCA, LUIS. VER GUERRA, LUIS. GARCILASO DE LA VEGA, INCA: 16. GARCA PACHECO, PEDRO: 245. GARCI-VENEGAS: 267. GATTINARA, MERCURINO: 112, 113, 115. GAVIRIA, MIGUEL DE: 105. GLABER, MONJE: 52. GODOY, DIEGO: 203. GOMARA. VER L"PEZ GOMARA, FRANCISCO. G"MEZ DE BUITRON, MELCHOR: 187. G"MEZ, DIEGO: 189, 190. GONZLEZ, ALONSO: 189. GONZLEZ DVILA, GIL: 137, 242, 283, 284, 298, 299, 300. GONZLEZ DE VILA, GIL. VER GONZLEZ DVILA, GIL. GONZLEZ, GIL, CACIQUE: 109, 110. GRAN CANCILLER. VER SELVAGIO, JUAN. GREGORIO, LICENCIADO: 304, 326. GRICIO, GASPAR DE: 295. GRIJALBA, JUAN: 199, 200. GRIMALDO, NICASIO DE: 143. GRUNIGER, JUAN. VER REINHARD, JUAN. GUACANAGARI, CACIQUE: 41, 291.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 358\ 358\ 358\ 358\ 358\GUADALUPE, ALFONSO DE: 261. GUAM, CACIQUE: 97. GUARIONEX, CACIQUE: 290, 291. GUATIGUASA, CACIQUE: 56. GUERRA, CRIST"BAL: 67, 69, 74. GUERRA, LUIS: 67, 69. GUEVARA, CARLOS DE: 265. GUIDO, CONDE: 164. GUTIRREZ, FELIPE: 188, 189. GUTIRREZ, PEDRO: 75. GUZMN, CRIST"BAL DE: 128. GUZMN, GONZALO DE: 97, 237. GUZMN, JOHAN: 190. GUZMN, NUO DE: 209, 210, 211, 212, 213, 214, 215, 216, 218, 221, 317. —H— HARO, ANDRS DE: 301, 314. HARO, CRIST"BAL DE: 265. HATUEY: 302. HEREDIA, PEDRO DE: 190, 191. HERNNDEZ DE C"RDOVA, FRANCISCO: 93, 198, 199, 242. HERNNDEZ PORTOCARRERO, ALONSO: 200. HERNANDO V DE ESPAA.VER FERNANDO I, EL CAT"LICO. HERODES: 179. HERODOTO: 50. HERRERA, ALONSO DE: 261. HERRERA, LICENCIADO: 221. HERRERA, PEDRO DE: 140. HERRERA, VASCO DE: 235, 238, 239. HERRERA Y TORDESILLAS, ANTONIO DE: 7, 17, 65, 67, 72, 79, 84, 87, 88, 105, 107, 129, 136, 145, 148, 152, 160, 163, 171, 172, 175, 180, 190, 191,

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JOS ANTONIO SACO /359 /359 /359 /359 /359199, 216, 218, 258, 263, 267, 270, 271, 290, 291, 295, 318. HOBO: 16. HOGEDA, DOCTOR: 214. HOLVAIN, RODRIGO DE: 212. HORNIUS: 42. HUMBOLDT, ALEJANDRO DE (BAR"N): 152, 205. HURTADO, BARTOLOM: 174, 175. HURTADO, BENITO: 280. —I— IBARRA, MIGUEL DE: 212, 319. IDIAQUES, LOPE: 150. INFANTE, RODRIGO: 150. INOSTROSA. VER MNDEZ DE INOSTROSA, DIEGO. IRALA, DOMINGO DE: 267, 268. ISABEL I, LA CAT"LICA: 38, 39, 40, 55, 56, 57, 58, 59, 62, 67, 69, 70, 71, 72, 74, 75, 78, 81, 98, 99, 114, 131, 143, 289, 290, 291, 292, 294, 304, 310. ISAAS: 222. ISLA, PEDRO DE: 89. IXTLIX"CHITL: 17. IZRRAGA, NICOLS: 240. —J— JESUCRISTO: 39, 50, 115, 131, 217, 219, 220, 260. JMENEZ DE CISNEROS, FRANCISCO: 90, 111, 115, 180, 204, 322, 325, 331, 332, 333, 334, 335, 338, 344. JIMNEZ DE QUESADA, GONZALO: 6, 150, 151. JUANA, LA LOCA: 82, 85, 112, 309. JUAN XXII, PAPA: 136. JUAN BANONA: 317. JUAN, PRNCIPE: 39.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 360\ 360\ 360\ 360\ 360\JPITER: 15. —K— KEATING: 136. KRONOS: 15. —L— LABAT, PADRE: 42, 48, 50. LA FUENTE, DOCTOR: 115, 116, 117. LARES, DE (COMENDADOR): 296. LASO DE LA VEGA, GUTIERRE: 265. LAXAO, MR.: 111. LEBRIJA, ANTONIO DE. VER NEBRIJA, ANTONIO DE. LEBR"N DE QUIONES, JER"NIMO: 153, 319. LE"N, ALONSO DE: 115. LE"N PINELO, ANTONIO DE: 53, 264. LEPE, DIEGO DE: 68. LERMA, PEDRO DE: 149. LERMA. VER GARCA DE LERMA. LESCANO, JUAN: 57. LINGARD: 136. LIZARAZU, LUIS DE: 86. LOAYSA, CATALINA DE: 213. L"PEZ DE LOSA: 281. L"PEZ DE SALCEDO, DIEGO: 5, 234, 237, 238, 239, 241. L"PEZ, DIEGO: 190. L"PEZ GOMARA, FRANCISCO: 17, 79, 123, 148, 263. L"PEZ, GONZALO: 215. L"PEZ, GREGORIO: 139. L"PEZ, JUAN: 339. LORENZANA, FRANCISCO (OBISPO): 27, 204, 205. LOZANO, PEDRO: 263.

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JOS ANTONIO SACO /361 /361 /361 /361 /361LUGO, ALONSO LUIS DE: 154, 155. LUGO, PEDRO DE. VER FERNNDEZ DE LUGO, PEDRO. LUIS, FRAY: 115. —LL— LLORENTE, SAN: 181. —M— MABOYA: 48. MADRID: 212. MAGALLANES, FERNANDO DE: 23, 265. MAGDALENA, PEDRO DE LA: 339. MAHE, CACIQUE: 175. MAHOMA: 273, 274. MALDONADO, ALONSO: 255. MALDONADO, FRANCISCO: 209, 213, 215. MALDONADO, GONZALO: 113. MAMACONAS, VRGENES: 16. MALMESBURY, GUILLERMO DE: 51. MANAURE, CACIQUE: 143. MANUEL DE PORTUGAL: 77. MANZANO, BERNARDINO DE: 335, 342. MARAGUAY, CACIQUE: 109, 110. MARCHA, DE LA (LICENCIADO): 225. MARA, DOA: 121. MARIANA DE AUSTRIA: 274, 275. MARIANA O MALINCHE: 7, 200. MRQUEZ, DIEGO: 171, 179. MARROQUN, FRANCISCO: 245, 248, 249, 250. MARTE: 14. MARTNEZ PEDROSO, FRANCISCO: 155. MARTN, FRANCISCO: 6.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 362\ 362\ 362\ 362\ 362\MARTN, ILACOMILO.VER WALDSEEMLLER, MARTN. MARTINO V, PAPA: 131. MRTIR DE ANGLERA, PEDRO: 113, 207, 208. MATIENZO, TOMS DE: 325. MAYMON, JOHAN DE: 189. MAXIMILIANO: 78. MAXTLA: 10. MAZUELO, JUAN DE: 301. MDICIS, PEDRO SEGUNDO DE: 65. MEDINA, FRANCISCO DE: 281. MELGAREJO, DOCTOR: 226. MNDEZ DE INOSTROSA, DIEGO: 237, 238. MENDOZA, ANTONIO DE: 217, 218, 221, 222, 227, 249, 251. MENDOZA, CRIST"BAL DE: 87. MENDOZA, DIEGO DE: 266. MENDOZA, DOMINGO DE: 72, 73. MENDOZA, LOPE DE: 215. MENDOZA, MARA DE: 154. MENDOZA, PEDRO DE: 265, 266, 268. MERCURIO: 14. MERLO, RODRIGO: 236. MEXA, PEDRO: 339. MINAYA, BERNARDINO DE: 218. MOCTEZUMA I: 9, 13, 200, 210. MOCTEZUMA II: 9, 10. MOLOCH: 14, 16. MONDEJAR, MARQUS DE: 217. MONTE, DOMINGO DEL: 134. MONTEJO, FRANCISCO DE: 220, 221, 241. MONTEL, MR.: 48.

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JOS ANTONIO SACO /363 /363 /363 /363 /363MONTENEGRO, ALONSO DE: 184. MONTESINO, ANTONIO: 72, 106, 144, 302, 303, 304, 305. MONTFAR, ALONSO DE: 207. MORALES, GASPAR DE: 178, 179, 186. MORALES, LUIS: 139. MORALES PRIMO: 280. MORA, PEDRO DE: 333. MORENO, PEDRO: 236. MOXICA, LICENCIADO: 304. MOZEN MARGARIT: 56. MUOZ, JUAN BAUTISTA: 56, 67, 84, 134, 291, 315, 322. MUTIZ, JOS CELESTINO: 152. —N— NARVEZ, PNFILO DE: 88, 190, 200, 217, 302, 327. NAVARRETE. VER FERNNDEZ DE NAVARRETE, MARTN. NEBRIJA, ANTONIO DE: 27. NEZAHUALCOFOTL: 7. NEZAHUELPILLO, CACIQUE: 10. NICARAGUA, CACIQUE: 242. NICOLS V, PAPA: 131. NICUESA, DIEGO DE: 161, 162, 163, 166, 169, 181, 188. NIO, ANDRS: 241. NUESTRO SEOR. VER DIOS. NEZ CABEZA DE VACA, LVAR: 266, 267, 268, 269, 270. NEZ DE BALBOA, VASCO: 4, 26, 165, 166, 167, 168, 169, 170, 177, 178, 179, 182, 183, 186, 241, 242, 281, 282. —O— OAJACA, MARQUS DE.VER CORTS, HERNN. O’BRAIN, DONCHAD: 136. OCAMPO, GONZALO DE: 110, 119, 120.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 364\ 364\ 364\ 364\ 364\OCAMPO, SEBASTIN DE: 198. OJEDA, ALONSO DE: 64, 66, 67, 68, 69, 78, 82, 109, 119, 123, 161, 162, 163, 164, 165, 166. OLID, CRIST"BAL: 5, 207, 235, 236. OLIMPOS, ANDRS DE: 261. ORDAZ, DIEGO DE: 137, 138. ORTAL, JER"NIMO: 137, 138, 139. ORTIZ DE MATIENZO, JUAN: 89, 94, 108, 209. ORTIZ, GONZALO: 251. ORTIZ, TOMS: 124, 149, 205, 206. OVANDO Y OVANDO, NICOLS DE: 71, 72, 73, 81, 237, 292, 293, 294, 295, 296, 297, 298, 305, 311. OVIEDO. VER FERNNDEZ DE OVIEDO, GONZALO. —P— PEDRARIAS. VER ARIAS DVILA, PEDRO. PALACIO: 190. PALACIO RUBIO, DOCTOR: 82, 171, 304, 325, 326, 330, 332. PARADA, ALONSO DE: 209, 213, 215. PAREDES DE BENAVENTE, TORIBIO: 205, 206, 225, 261. PARIS, CACIQUE: 180. PASAMONTE, MIGUEL DE: 81, 88, 89, 119, 168, 295, 298, 300, 303, 313, 314, 316, 317, 324, 325, 345. PAULO III, PAPA: 218, 219. PAZ, MATAS DE: 304, 326, 330. PEDRARIAS DVILA. VER ARIAS DVILA, PEDRO. PEDRAZA, CRIST"BAL DE: 241, 249. PEDRO, SAN: 82, 83, 131. PEA, CRIST"BAL DE: 190. PEALOSA, CAPITN: 179. PREZ DE GIJ"N, JUAN: 212. PREZ DE TOLOSA, JUAN: 147, 159.

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JOS ANTONIO SACO /365 /365 /365 /365 /365PINZ"N.VER YNEZ PINZ"N, VICENTE. PIZARRO, FRANCISCO: 22, 162, 164, 165, 176. PIZARRO Y ORELLANA, FERNANDO: 78. POCOROSA, CACIQUE: 4, 173. PONCE DE LE"N, JUAN: 85, 86, 90, 91, 300 301, 315. PORPHIRO: 15. PTOLOMEO: 78. PRESCOTT, GUILLERMO: 17, 27. PRIETO, DIEGO: 68. PROVIDENCIA. VER DIOS. PUENTE, ALONSO DE LA: 171, 180, 284. PUERTOCARRERO, P.: 262. —Q— QUEMADO, CACIQUE: 175. QUESADA, DOCTOR: 224, 225. QUEVEDO, JUAN DE: 171, 174, 175, 177, 282. QUINTANA, MANUEL JOS: 99, 122, 134, 206. QUIROGA, VASCO DE: 215. —R— RALEIGH, WALTER: 42. RAMREZ DE FUENLEAL, SEBASTAN (OBISPO): 99, 139, 215, 216, 227, 268. RANGEL, RODRIGO DE: 203. REINA GOBERNADORA.VER MARIANA DE AUSTRIA. REINHARD, JUAN: 77. REMESAL, ANTONIO DE: 127, 251, 252. RENTERA, PEDRO DE LA: 320, 321. REY CAT"LICO. VER FERNANDO I, EL CAT"LICO. REY DE ARAG"N. VER FERNANDO I, EL CAT"LICO. REYES CAT"LICOS. VER FERNANDO I, EL CAT"LICO, E ISABEL II, LA CAT"LICA. RIBEROS, JUANILLO: 159.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 366\ 366\ 366\ 366\ 366\RO, CRIST"BAL DEL: 331. ROS, PEDRO DE LOS: 184. ROBERTSON, GUILLERMO: 9, 15, 16. ROBLES, DOCTOR: 184, 185. ROCHEFORT: 42, 46, 50. RODRGUEZ COLMENARES: 4. RODRGUEZ DE FONSECA, ALFONSO (SEOR DE COCA Y ALEJOS): 39, 113. RODRGUEZ DE FONSECA, JUAN: 39, 56, 57, 61, 64, 112, 113, 116, 117, 118, 134, 295, 303, 313, 326, 335, 341, 342, 344, 346. ROJAS, MANUEL DE: 97. ROLDN, FRANCISCO: 57, 58, 59, 64, 290, 291. RUIZ, GONZALO: 190. —S— SAAVEDRA, LVARO: 265, 322. SAHAGN, BERNARDINO (FRAY): 11. SALAMANCA, MIGUEL DE: 115, 116. SALAZAR, GONZALO DE: 204. SALAZAR, JUAN DE: 266, 268. SALCEDO. VER L"PEZ DE SALCEDO, DIEGO. SALISBURY, JUAN DE: 131. SALMER"N, JUAN DE: 215, 216. SALVADOR. VER JESUCRISTO. SALVATIERRA, JUAN DE: 335. SANABRIA, DIEGO DE: 268. SANABRIA, JUAN DE: 268. SANABRIA, MARCO DE: 189-190. SNCHEZ, JUAN: 143. SNCHEZ, RAFAEL: 38. SANDOVAL, GONZALO DE: 201, 202. SAN MARTN, JER"NIMO DE: 240.

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JOS ANTONIO SACO /367 /367 /367 /367 /367SAN MARTN, JUAN DE: 27. SAN ROMN, FRANCISCO DE: 182. SANTA CLARA, BERNARDINO DE: 81. SANTA CRUZ, ANTONIO DE: 334. SANTA CRUZ, LICENCIADO: 192. SANTA MARA, PABLO DE: 339. SANTNGEL, LUIS DE: 38. SANTIAGO, LICENCIADO: 304, 336. SANTMARTIN: 281. SANTO DOMINGO, ALONSO DE: 335. SANTO JACOBO, TOMS DE: 339. SARMIENTO, BERNARDO: 137. SATANS. VER DIABLO. SATURNO: 15. SAYLLER, BARTOLOM: 144. SCHMIDEL, HULDERICO: 267. SEDEO, ANTONIO: 129, 130, 136, 137, 138, 139, 315. SELAYA, LICENCIADO: 284. SELVAGIO, JUAN: 111, 112, 115, 116, 117, 118. SEPLVEDA, JUAN GINS DE: 17. SEOR. VER DIOS. SIERRA: 190. SILVESTRE: 282. SOLS. VER DAZ DE SOLS, JUAN. SOLS Y RIBADENEYRA, ANTONIO DE: 202. SOL"RZANO, JUAN DE: 136. SOSA, LOPE DE: 183, 304, 326. SOTO, FRANCISCO DE: 121. SOTOMAYOR, CRIST"BAL DE: 300. SUREZ CARVAJAL, LICENCIADO: 177.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 368\ 368\ 368\ 368\ 368\SUEGRO, CACIQUE. VER MAHE, CACIQUE. —T— TABERA, JUAN DE: 220. TATERO, JACOBO DE: 261. TAVIRA, JUAN DE: 171, 339. TEJADA, LICENCIADO: 221. TLLEZ DE GUZMN, ANTONIO: 150, 179, 280. TELLO DE GUZMN. VER TLLEZ DE GUZMN, ANTONIO. TELLO DE SANDOVAL, FRANCISCO: 222, 255. TELLO, JOAN: 280. TEZCATLIPOCA: 21. TLALOC: 19, 20. TLALOCATECUHTLI. VER TLALOC. TOLEDO, MARA DE: 299. TOLOSA. VER PREZ DE TOLOSA, JUAN. TORO, TOMS DE: 339. TORQUEMADA, JUAN: 9, 17, 19, 27, 214. TORQUEMADA, TOMS DE: 72. TORRES, ANTONIO DE: 39, 55, 56, 71, 75. TORRES, FRANCISCO DE: 264. TORRES, PEDRO DE: 60, 67. TROXILLO, PAULUS DE: 339. TUMACO, CACIQUE: 186. —U— UGARTE, LOPE DE: 267. URBANO II, PAPA: 136. URIPARI, CACIQUE: 139. URRACA, CACIQUE: 181, 182. URRUTIA, JUAN DE: 212. —V—

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JOS ANTONIO SACO /369 /369 /369 /369 /369VADILLO, JUAN DE: 192. VADILLO, PEDRO DE: 149. VALDIVIESO, ANTONIO DE: 246. VALENCIA, MARTN DE: 205. VALENZUELA: 164. VALIENTE, ALONSO: 212. VALVERDE, VICENTE DE: 17. VARA: 212. VAZCUA, IGO: 145. VZQUEZ DE AILLON, LUCAS: 89, 94, 108. VZQUEZ DE CORNADO, FRANCISCO: 221. VEGA, GREGORIO DE: 214. VEGA, HERNANDO DE LA: 113, 303, 313, 335. VELASCO, DIEGO LUIS DE: 198, 225, 226, 227. VELZQUEZ, ANTONIO: 88, 327. VELZQUEZ, DIEGO: 88, 92, 93, 97, 199, 200, 203, 204, 228, 235, 302, 315, 316, 319, 320, 321, 322, 327, 331, 341. VELZQUEZ, SANCHO: 314, 315, 322, 330. VLEZ DE MENDOZA, ALONSO: 66. VERAGUA, DUQUE DE: 77, 311. VESPUCIO, AMRICO: 64, 65, 77, 78, 79. VILLA CORTA, FRANCISCO DE: 132. VILLALOBOS, MARCELO DE: 89, 108, 124, 135, 1284, 186. VILLALOBOS, RODRIGO DE: 265. VILLEGAS, JUAN DE: 158, 159. VILLAN, GIOVANNI: 51. VIVALDO, AGUSTN DE: 143. —W— WALDSEEMLLER, MARTN: 78. —X—

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 370\ 370\ 370\ 370\ 370\XIMNEZ, FRANCISCO: 261. —Y— YNEZ PINZ"N, VICENCE: 67, 68, 69, 74, 198, 263. —Z— ZAMORA, CRIST"BAL DE: 261. ZAPATA, LUIS: 113, 303, 318, 325. ZUAZO, ALONSO DE: 90, 108, 143, 168, 173, 181, 296, 298, 319, 341, 342, 343. ZUAZO, HERNANDO: 212. ZULAPEQUE: 201. ZUMRRAGA, JUAN DE (OBISPO): 17, 205, 209, 210, 212, 214, 217, 232.

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NDICE NDICE NDICE NDICE NDICE L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO P P P P PRIMERO RIMERO RIMERO RIMERO RIMEROESCLAVITUD ENTRE LOS INDIOS DEL NUEVO MUNDO, MUCHO ANTES DE SU DESCUBRIMIENTO Y CONQUISTA POR LOS EUROPEOS................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO S S S S SEGUNDO EGUNDO EGUNDO EGUNDO EGUNDOESCLAVITUD DE LOS INDIOS DEL NUEVO MUNDO BAJO LA DOMINACI"N ESPAOLA.........................................................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO T T T T TERCERO ERCERO ERCERO ERCERO ERCEROC"MO EMPEZ" EL TRFICO DE ESCLAVOS INDIOS EN EL NUEVO MUNDO.............L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO C C C C CUARTO UARTO UARTO UARTO UARTOINTRODUCCI"N DE ESCLAVOS INDIOS EN LA ESPAOLA, EN SAN JUAN DE PUERTORICO Y EN CUBA. REALES CDULAS QUE LA AUTORIZARON. FAMOSO REQUERIMIENTO DE ALONSO DE OJEDA. FUNESTA INFLUENCIA DE LAAUDIENCIA DE SANTO DOMINGO EN LA SUERTE DE LOS INDIOS..............L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO Q Q Q Q QUINTO UINTO UINTO UINTO UINTODESCRIPCI"N DE LA ISLA DE CUBAGUA. LA PESCA DE LAS PERLAS EN ESTA ISLA FOMENTA LA ESCLAVITUD DE LOS INDIOS. ORIGEN DEL CONSEJO DE INDIAS. PROYECTOS DE LAS CASAS SOBRE COLONIZACI"N DE UNA PARTE DEL CONTINENTE. FERVOR CON QUE FUERON ACOGIDOS POR LOS OCHO PREDICADORES DEL REY. INTERESANTE ESCENA DE STOS EN EL CONSEJO DE INDIAS. SE FIRMA AL FIN SU ASIENTO EN LA CORUA, A 19 DE MAYO3 33 55 81

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DE 1520. OBSTCULOS CON QUE TROPIEZA EN LA PRCTICA. DESASTRES EN CUMAN. XITO FATAL DE LA EMPRESA DE LAS CASAS. DECDESE A TOMAR EL HBITO DE LA ORDEN DE SANTO DOMINGO. EXPEDICI"N DEJCOME DE CASTELL"N A CUMAN. REAL PROVISI"N DE 17DE NOVIEMBRE DE 1526 ..................................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO S S S S SEXTO EXTO EXTO EXTO EXTOPROVINCIAS DE PARIA, CUMAN, VENEZUELA Y SANTA MARTA........................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO S S S S SPTIMO PTIMO PTIMO PTIMO PTIMODARIN O CASTILLA DEL ORO Y CARTAGENA...................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO O O O O OCT CT CT CT CT A A A A A V V V V V O O O O OESCLAVITUD DE LOS INDIOS EN NUEVA ESPAA................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO N N N N NOVENO OVENO OVENO OVENO OVENOHONDURAS, NICARAGUA Y GUATEMALA...........................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO D D D D DCIMO CIMO CIMO CIMO CIMORO DE LA PLATA Y PARAGUAY........................................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO D D D D DECIMOPRIMERO ECIMOPRIMERO ECIMOPRIMERO ECIMOPRIMERO ECIMOPRIMEROPOCA EN QUE CES" LA ESCLAVITUD DE LOS INDIOS EN LOS DOMINIOS ESPAOLES....................................................................................... APNDICE.....................................................................................................H H H H HISTORIA ISTORIA ISTORIA ISTORIA ISTORIA DE DE DE DE DE LOS LOS LOS LOS LOS REP REP REP REP REP AR AR AR AR AR TIMIENTOS TIMIENTOS TIMIENTOS TIMIENTOS TIMIENTOS O O O O O ENCOMIEND ENCOMIEND ENCOMIEND ENCOMIEND ENCOMIEND A A A A A DE DE DE DE DE INDIOS INDIOS INDIOS INDIOS INDIOSL L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO P P P P PRIMERO RIMERO RIMERO RIMERO RIMERODESDE EL PRINCIPIO DE LA COLONIZACI"N ESPAOLA EN EL NUEVO MUNDO, HASTA LAS ORDENANZAS DE VALLADOLID DE 1513...... .................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO S S S S SEGUNDO EGUNDO EGUNDO EGUNDO EGUNDOREPARTIMIENTOS O ENCOMIENDAS DESDE 1513 AL DA EN QUE BARTOLOM DE LAS CASAS CONSAGR" SU VIDA A LA DEFENSA DE LOS INDIOS.................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO T T T T TERCERO ERCERO ERCERO ERCERO ERCERODESDE LA SALIDA DE LAS CASAS DE LA ISLA DE CUBA EN 1511, HASTA SU SEGUNDO VIAJE A CASTILLA Y EL REGRESO DE LOS PADRES JER"NIMOS AESPAA EN 1518 .............................................................................. ADVERTENCIA............................................................................................... NDICE ONOMSTICO...................................................................................... 107 137 161 198 234 263 272 277 289 313 324 347 349

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SUMARIO SUMARIO SUMARIO SUMARIO SUMARIO Volumen IE E E E ENSAYO NSAYO NSAYO NSAYO NSAYO INTRODUCTORIO INTRODUCTORIO INTRODUCTORIO INTRODUCTORIO INTRODUCTORIOLA ESCLAVITUD Y SU HISTORIA........................................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO P P P P PRIMERO RIMERO RIMERO RIMERO RIMEROINTRODUCCI"N EGIPTO ETIOPA HEBREOS FENICIOS...............................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO S S S S SEGUNDO EGUNDO EGUNDO EGUNDO EGUNDOINDIA CHINA...............................................................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO T T T T TERCERO ERCERO ERCERO ERCERO ERCEROESCITAS ASIRIOS MEDOS BABILONIOS LIDIOS PERSAS PARTOS CARTAGINESES..................................................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO C C C C CUARTO UARTO UARTO UARTO UARTOORGENES DE LA ESCLAVITUD EN GRECIA........................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO Q Q Q Q QUINTO UINTO UINTO UINTO UINTOSIERVOS EN GRECIA.......................................................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO S S S S SEXTO EXTO EXTO EXTO EXTOINFLUJO DE LA ESCLAVITUD EN GRECIA............................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO S S S S SPTIMO PTIMO PTIMO PTIMO PTIMOORGENES DE LA ESCLAVITUD EN ROMA........................................................... 1 29 77 121 142 196 218 243

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L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO O O O O OCT CT CT CT CT A A A A A V V V V V O O O O OTRATAMIENTO DEL ESCLAVO EN ROMA POR EL AMO Y POR LA LEY....................... APNDICES................................................................................................... NDICE ONOMSTICO....................................................................................... Volumen IIL L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO N N N N NOVENO OVENO OVENO OVENO OVENOMANUMISIONES, PATRONES, LIBERTOS Y CAUSAS QUE LAS PRODUJERON EN ROMA,DURANTE LA REPBLICA Y PRINCIPIOS DEL IMPERIO................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO D D D D DCIMO CIMO CIMO CIMO CIMOMALES DE LA ESCLAVITUD EN ROMA...............................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO D D D D DECIMOPRIMERO ECIMOPRIMERO ECIMOPRIMERO ECIMOPRIMERO ECIMOPRIMEROEL CRISTIANISMO Y LA ESCLAVITUD EN LOS CINCO PRIMEROS SIGLOS DEL IMPERIO ROMANO............................................................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO D D D D DECIMOSEGUNDO ECIMOSEGUNDO ECIMOSEGUNDO ECIMOSEGUNDO ECIMOSEGUNDOLA LEGISLACI"N DEL IMPERIO, INSPIRADA POR LA FILOSOFA Y EL CRISTIANISMO,MEJORA LA CONDICI"N DEL ESCLAVO Y MENGUA LA ESCLAVITUD..............L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO D D D D DECIMOTERCERO ECIMOTERCERO ECIMOTERCERO ECIMOTERCERO ECIMOTERCEROTRANSFORMACI"N PARCIAL DEL TRABAJO ESCLAVO EN TRABAJO LIBRE EN LAS CIUDADES Y EN LOS CAMPOS DEL IMPERIO ROMANO...............................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO D D D D DECIMOCUARTO ECIMOCUARTO ECIMOCUARTO ECIMOCUARTO ECIMOCUARTOINVASIONES DE LOS BRBAROS DEL NORTE EN EL IMPERIO ROMANO, CONSIDERADAS CON RELACI"N A LA ESCLAVITUD, ANTES Y DESPUS DE LAS DESTRUCCI"N DEL IMPERIO DE OCCIDENTE..............................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO D D D D DECIMOQUINTO ECIMOQUINTO ECIMOQUINTO ECIMOQUINTO ECIMOQUINTOBREVES NOTICIAS HIST"RICAS DE LA LEGISLACI"N DE LOS PUEBLOS GERMNICOS QUE CONQUISTARON EL IMPERIO DE OCCIDENTE....................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO D D D D DECIMOSEXTO ECIMOSEXTO ECIMOSEXTO ECIMOSEXTO ECIMOSEXTOLOS GERMANOS DESPUS QUE CONQUISTARON EL IMPERIO DE OCCIDENTE, TUVIERON VARIOS MODOS DE ESCLAVIZAR Y COMERCIARON EN ESCLAVOS.................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO D D D D DECIMOSPTIMO ECIMOSPTIMO ECIMOSPTIMO ECIMOSPTIMO ECIMOSPTIMOMANUMISIONES DE LOS ESCLAVOS Y DIFERENTES MODOS DE HACERLAS BAJO LA DOMINACI"N GERMNICA..................................................................... APNDICES................................................................................................... NDICE ONOMSTICO....................................................................................... 310 351 381 3 36 87 116 154 202 241 266 323 361 375

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Volumen IIIL L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO D D D D DECIMOCT ECIMOCT ECIMOCT ECIMOCT ECIMOCT A A A A A V V V V V O O O O OCONDICIONES DE LOS ESCLAVOS BAJO LA DOMINACI"N GERMNICA EN LAS NACIONES QUE SE FORMARON SOBRE LAS RUINAS DEL IMPERIO DE OCCIDENTE.......L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO D D D D DECIMONOVENO ECIMONOVENO ECIMONOVENO ECIMONOVENO ECIMONOVENOSUERTE QUE CORRI" EL COLONATO DESPUS DE LA DESTRUCCI"N DEL IMPERIO DE OCCIDENTE.................................................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO V V V V VIGSIMO IGSIMO IGSIMO IGSIMO IGSIMOEL MAHOMETISMO Y LA ESCLAVITUD................................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO V V V V VIGESIMOPRIMERO IGESIMOPRIMERO IGESIMOPRIMERO IGESIMOPRIMERO IGESIMOPRIMEROLAS CRUZADAS, LAS REPBLICAS ITALIANAS Y OTROS PUEBLOS DEL MEDITERRNEO,CONSIDERADOS CON RELACI"N A LA ESCLAVITUD EN LA EDAD MEDIA....L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO V V V V VIGESIMOSEGUNDO IGESIMOSEGUNDO IGESIMOSEGUNDO IGESIMOSEGUNDO IGESIMOSEGUNDOCONTINUACI"N DE LA ESCLAVITUD EN EL IMPERIO GRIEGO BAJO LOS SUCESORES DE JUSTINIANO..................................................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO V V V V VIGESIMOTERCERO IGESIMOTERCERO IGESIMOTERCERO IGESIMOTERCERO IGESIMOTERCERONUEVAS CAUSAS QUE DESDE LA EDAD BRBARA HASTA FINES DE LA MEDIA Y PRINCIPIOS DE LA MODERNA MENGUARON LA ESCLAVITUD EN EUROPA....L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO V V V V VIGESIMOCUARTO IGESIMOCUARTO IGESIMOCUARTO IGESIMOCUARTO IGESIMOCUARTOCONTINUACI"N DE LA ESCLAVITUD EN ESPAA EN TODA LA EDAD MEDIA.........L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO V V V V VIGESIMOQUINTO IGESIMOQUINTO IGESIMOQUINTO IGESIMOQUINTO IGESIMOQUINTOPOCA EN QUE CESARON ENTERAMENTE LA ESCLAVITUD PERSONAL Y LA SERVIDUMBRE DE LA GLEBA EN TODA LA EUROPA CRISTIANA.......................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO V V V V VIGESIMOSEXTO IGESIMOSEXTO IGESIMOSEXTO IGESIMOSEXTO IGESIMOSEXTOESCLAVITUD Y SERVIDUMBRE EN RUSIA........................................................... APNDICES................................................................................................... ADVERTENCIA IMPORTANTE............................................................................ NDICE ONOMSTICO....................................................................................... Volumen IVADVERTENCIA IMPORTANTE............................................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO P P P P PRIMERO RIMERO RIMERO RIMERO RIMEROESTE LIBRO SE REFIERE AL CONOCIMIENTO QUE LA ANTIGEDAD Y LA EDAD MEDIA TUVIERON DEL FRICA, Y A LOS DESCUBRIMIENTOS QUE EN LAS COSTAS OCCIDENTALES DE ELLA HICIERON LOS PORTUGUESES EN EL SIGLO XV...... 3 49 98 136 191 205 225 253 314 341 348 349 3 5

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L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO S S S S SEGUNDO EGUNDO EGUNDO EGUNDO EGUNDOESTE LIBRO TRATA DEL ORIGEN DE LOS ESCLAVOS NEGROS EN EL NUEVO MUNDO, DE LAS TENTATIVAS QUE SE HICIERON PARA COLONIZAR LA ESPAOLA CON BLANCOS, DE INVESTIGAR SI BARTOLOM DE LAS CASAS FUE O NO EL PRIMER PROMOVEDOR DEL COMERCIO DE ESCLAVOS NEGROS EN AMRICA Y DE LA PARTE QUE L TUVO EN ESTE TRFICO..................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO T T T T TERCERO ERCERO ERCERO ERCERO ERCEROEN ESTE LIBRO SE TRATA DE LOS PRIMEROS ASIENTOS DE NEGRO EN EL SIGLO XVI, Y DE LA PROPAGACI"N DE LA RAZA AFRICANA A TODAS LAS COLONIAS ESPAOLASL L L L L IBRO IBRO IBRO IBRO IBRO C C C C CUARTO UARTO UARTO UARTO UARTOESTE LIBRO SE REFIERE A LAS NUEVAS Y PROFUNDAS RACES QUE LA ESCLAVITUD DE LA RAZA AFRICANA SIGUI" ECHANDO EN EL IMPERIO HISPANO-ULTRAMARINOL L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO Q Q Q Q QUINTO UINTO UINTO UINTO UINTOESTE LIBRO CONTIENE LOS NUMEROSOS ASIENTOS QUE SE AJUSTARON DE FINES DEL SIGLO XVI A FINES DEL XVII..................................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO S S S S SEXTO EXTO EXTO EXTO EXTOESTE LIBRO CONTIENE TODO EL ESPACIO COMPRENDIDO DESDE EL ADVENIMIENTO DE FELIPE V AL TRONO DE ESPAA HASTA LA CESACI"N DEL MONOPOLIO DEL COMERCIO DE NEGROS ESCLAVOS................................................... APNDICES................................................................................................... NDICE ONOMSTICO....................................................................................... Volumen VL L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO S S S S SPTIMO PTIMO PTIMO PTIMO PTIMOCAUSAS QUE ROMPEN EL MONOPOLIO AFRICANO.................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO O O O O OCT CT CT CT CT A A A A A V V V V V O O O O OABOLICI"N DEL TRFICO DE ESCLAVOS............................................................. APNDICES................................................................................................... NDICE ONOMSTICO....................................................................................... Volumen VIL L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO P P P P PRIMERO RIMERO RIMERO RIMERO RIMEROESCLAVITUD ENTRE LOS INDIOS DEL NUEVO MUNDO, MUCHO ANTES DE SU DESCUBRIMIENTO Y CONQUISTA POR LOS EUROPEOS................................ 42 94 142 202 244 303 349 3 37 85 327 3

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L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO S S S S SEGUNDO EGUNDO EGUNDO EGUNDO EGUNDOESCLAVITUD DE LOS INDIOS EN EL NUEVO MUNDO BAJO LA DOMINACI"N ESPAOLA.......L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO T T T T TERCERO ERCERO ERCERO ERCERO ERCEROC"MO EMPEZ" EL TRFICO DE ESCLAVOS INDIOS EN EL NUEVO MUNDO.............L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO C C C C CUARTO UARTO UARTO UARTO UARTOINTRODUCCI"N DE ESCLAVOS INDIOS EN LA ESPAOLA, EN SAN JUAN DE PUERTORICO Y EN CUBA...............................................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO Q Q Q Q QUINTO UINTO UINTO UINTO UINTODESCRIPCI"N DE LA ISLA DE CUBAGUA. LA PESCA DE LAS PERLAS EN ESTA ISLA FOMENTA LA ESCLAVITUD DE LOS INDIOS..............................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO S S S S SEXTO EXTO EXTO EXTO EXTOPROVINCIAS DE PARIAS, CUMAN, VENEZUELA Y SANTA MARTA......................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO S S S S SPTIMO PTIMO PTIMO PTIMO PTIMODARIN O CASTILLA DEL ORO Y CARTAGENA..................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO O O O O OCT CT CT CT CT A A A A A V V V V V O O O O OESCLAVITUD DE LOS INDIOS EN NUEVA ESPAA...............................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO N N N N NOVENO OVENO OVENO OVENO OVENOHONDURAS, NICARAGUA Y GUATEMALA.........................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO D D D D DCIMO CIMO CIMO CIMO CIMORO DE LA PLATA Y PARAGUAY.......................................................................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO D D D D DECIMOPRIMERO ECIMOPRIMERO ECIMOPRIMERO ECIMOPRIMERO ECIMOPRIMEROPOCA EN QUE CES" LA ESCLAVITUD DE LOS INDIOS EN LOS DOMINIOS ESPAOLES....... APNDICE.....................................................................................................H H H H HISTORIA ISTORIA ISTORIA ISTORIA ISTORIA DE DE DE DE DE LOS LOS LOS LOS LOS REP REP REP REP REP AR AR AR AR AR TIMIENTOS TIMIENTOS TIMIENTOS TIMIENTOS TIMIENTOS O O O O O ENCOMIEND ENCOMIEND ENCOMIEND ENCOMIEND ENCOMIEND AS AS AS AS AS DE DE DE DE DE INDIOS INDIOS INDIOS INDIOS INDIOSL L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO P P P P PRIMERO RIMERO RIMERO RIMERO RIMERODESDE EL PRINCIPIO DE LA COLONIZACI"N ESPAOLA EN EL NUEVO MUNDO HASTA LAS ORDENANZAS DE VALLADOLID EN 1513............ ............................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO S S S S SEGUNDO EGUNDO EGUNDO EGUNDO EGUNDOREPARTIMIENTOS O ENCOMIENDAS DESDE 1513 AL DA EN QUE BARTOLOM DE LAS CASAS CONSAGR" SU VIDA LA DEFENSA DE LOS INDIOS.....................L L L L LIBRO IBRO IBRO IBRO IBRO T T T T TERCERO ERCERO ERCERO ERCERO ERCERODESDE LA SALIDA DE LAS CASAS DE LA ISLA DE CUBA EN 1511, HASTA SU SEGUNDO VIAJE A CASTILLA Y EL REGRESO DE LOS PADRES JER"NIMOS A ESPAA EN 1518 ......................................................................................... ADVERTENCIA............................................................................................... NDICE ONOMSTICO...................................................................................... 33 55 81 107 137 161 198 234 263 272 277 289 313 324 347 349

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1997FLIX VARELA. OBRAS (3 VOLMENES)Seleccin de Eduardo Torres-Cuevas Jorge Ibarra Cuesta Mercedes Garca Rodrguez1999OBISPO DE ESPADA. PAPELES (VOLUMEN NICO)Ensayo introductorio, seleccin y notas Eduardo Torres-CuevasJOS AGUSTN CABALLERO. OBRAS (VOLUMEN NICO)Ensayo introductorio, compilacin y notas Edelberto Leiva LajaraOBRAS P OBRAS P OBRAS P OBRAS P OBRAS P UBLIC UBLIC UBLIC UBLIC UBLIC AD AD AD AD AD AS AS AS AS AS

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FELIPE POEY Y ALOY. OBRAS (VOLUMEN NICO)Ensayo introductorio, compilacin y notas Rosa Mara Gonzlez Lpez2000FELIPE POEY Y ALOY. ICTIOLOGA CUBANA (3 VOLMENES)Transcripcin, conjuncin y edicin cientfica Daro Guitart MandayLA POLMICA FILOS"FICA CUBANA. 1838-1840 (2 VOLMENES)Ensayo introductorio, compilacin y notas Alicia Conde Rodrguez2001JOS ANTONIO SACO. OBRAS (5 VOLMENES)Ensayo introductorio, compilacin y notas Eduardo Torres-CuevasJOS DE LA LUZ Y CABALLERO. OBRAS (5 VOLMENES)Ensayo introductorio, compilacin y notas Alicia Conde Rodrguez2002DOMINGO DEL MONTE. CENT"N EPISTOLARIO (4 VOLMENES)Ensayo introductorio, compilacin y notas Sophie Andioc