Historia de la esclavitud

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Material Information

Title:
Historia de la esclavitud
Series Title:
Biblioteca de clásicos cubanos ;
Uniform Title:
UCB José Martí National Library of Cuba Cooperative Project
Physical Description:
v. : ; 23 cm.
Language:
Spanish
Creator:
Saco, José Antonio, 1797-1879
Torres-Cuevas, Eduardo, 1942-
Publisher:
Imagen Contemporánea :
Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz
Place of Publication:
La Habana
Publication Date:
Edition:
1. ed.

Subjects

Subjects / Keywords:
Slavery -- History   ( lcsh )
Genre:
bibliography   ( marcgt )
non-fiction   ( marcgt )

Notes

Bibliography:
Includes bibliographical references and index.
Statement of Responsibility:
José Antonio Saco ; ensayo introductorio, compilación y notas, Eduardo Torres-Cuevas.

Record Information

Source Institution:
Biblioteca Nacional José Martí
Holding Location:
Biblioteca Nacional José Martí
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
oclc - 51337150
isbn - 9597078511 (obra completa)
ocm51337150
Classification:
lcc - HT861 .S2 2002
System ID:
AA00008956:00001


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Full Text

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BIBLIOTECADECLASICOSCUBANOS HISTORIA DELA ESCLAVITUD(VolumenI)ANTONIOSACOJOSE

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BIBLIOTECA DE CLSICOS CUBANOS CASA DE ALTOS ESTUDIOS DON FERNANDO ORTIZUNIVERSIDAD DE LA HABANARECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE LA HABANAJuan Vela Valds DIRECTOREduardo Torres-Cuevas SUBDIRECTORLuis M. de las Traviesas Moreno EDITORA PRINCIPALGladys Alonso Gonzlez DIRECTOR ARTSTICOLuis Alfredo Gutierrez Eir ADMINISTRADORA EDITORIALEsther Lobaina Oliva

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Ensayointroductorio compilacinynotasEduardoTorres-Cuevas BIBLIOTECADECLASICOSCUBANOS HISTORIA DELA ESCLAVITUD(VolumenI)ANTONIOSACOJOSE LA HABANA, 2006

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Responsable de la edicin: Gladys Alonso Gonzlez Realizacin y emplane: Viviana Fernndez RubinosTodos los derechos reservados. Sobre la presente edicin: Ediciones IMAGEN CONTEMPORNEA, 2006; Coleccin Biblioteca de Clsicos Cubanos, No. 28 ISBN 959-7078-51-1 obra completa ISBN 959-7078-52-X volumen I Ediciones IMAGEN CONTEMPORNEA Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz, L y 27, CP 10400, Vedado, Ciudad de La Habana, CubaDiseo grfico: Deguis Fernndez Tejeda Composicin de textos: Equipo de Ediciones IC

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La Historia de la esclavitud de Jos Antonio Saco y Lpez —obra a la cual su autor dedic ms de 38 aos de su vida y lo mejor y ms maduro de su intelecto— es la ms monumental y una de las ms trascendentes creaciones que historiador cubano haya aportado a la cultura universal. Citada y a la vez poco conocida, constituye una lectura obligada para cualquiera que desee estudiar la esclavitud de los hombres desde sus orgenes bblicos hasta los tiempos en que vivi su autor. La avalan no slo la capacidad y cultura excepcionales de Saco, sino tambin la diversidad y abundancia de las fuentes utilizadas. Aunque existe una amplia bibliografa sobre la figura y produccin intelectual de este autor, no resulta difcil constatar que en muchas de las valoraciones que se han hecho de su pensamiento no se ha tenido en cuenta esta, su obra mayor. No sin cierto patetismo reconoca don Fernando Ortiz, en 1932, que la Historia de la esclavitud de la raza africana en el Nuevo Mundo, y en especial en los pases amrico-hispanos se conoca poco.1 A pesar del alerta de Ortiz, 28 aos ms tarde, Manuel Moreno Fraginals llegaba a conclusiones semejantes. De hecho verdaderamente imperdonable calificaba el autor de El ingenio que la Historia de la esclavitud no se hubiera ledo ntegramente ni siquiera por quienes, por entonces, se llamaban estudiosos de la figura de Jos Antonio Saco.2 1Jos Antonio Saco: Historia de la esclavitud de la raza africana en el Nuevo Mundo, y en especial en los pases amrico-hispanos Prlogo de Fernando Ortiz, Cultural S. A., La Habana, 1933, p. LXII. 2Manuel Moreno Fraginals: Jos Antonio Saco. Estudio y bibliografa Direccin de Publicaciones Universidad Central de Las Villas, 1960, p. 7.Ensayo introductorio Ensayo introductorio Ensayo introductorio Ensayo introductorio Ensayo introductorio LA ESCLAVITUD Y SU HISTORIAEDUARDO TORRES-CUEVAS

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2 \ 2 \ 2 \ 2 \ 2 \ HISTORIA DE LA ESCLAVITUD Cmo era posible valorar la historia del pensamiento cubano sobre la esclavitud, generado durante la existencia de tal sistema de explotacin en Cuba, sin considerar la obra cumbre de ese pensamiento? Cmo poda estudiarse la esclavitud en Cuba, sin la valoracin y los contenidos de esta obra? Quin poda, incluso, decir que conoca la historia de la esclavitud en el mundo, sin haber estudiado una de las obras mayores que se ha escrito acerca del tema y que, adems, tena una asombrosa ptica americana y no europea? Pero, cmo interpretar la obra completa de Saco, su pensamiento en conjunto, sin el anlisis de su Historia de la esclavitud ? Y, por ltimo, cmo valorar, con objetividad, al propio Jos Antonio Saco con la omisin de su obra principal? Un silencio culpable ha rodeado, histrica y trgicamente, su Historia de la esclavitud. Complejo de culpa de una burguesa que en sus inicios, cual Prometeo caribeo, haba robado el fuego y haba quedado encadenada, en la mayor de las islas antillanas, con las cadenas de sus esclavos? Quizs, ello es producto de la dejadez o el acomodamiento? O, simplemente, resulta cierta la afirmacin de Eric Williams de que sugar defeated Saco ? La respuesta a la problemtica planteada no puede estar en el estudio aislado de su figura o de una parte de su obra escrita. Est en el examen de la interrelacin entre el conjunto de fuerzas sociales que se debaten en su poca, la posicin intelectual y poltica del bayams, y los aportes y limitaciones que contiene la cultura de la poca. De paradojas y contradicciones; de expectativas e intenciones, emana la Historia de la esclavitud de Jos Antonio Saco. Es la obra en que su autor pretende explicar los orgenes y las bases histricas del sistema productivo preponderante en la Cuba de su poca, de sus sostenes jurdicos, de sus consecuencias sociales y de sus expresiones culturales a partir del anlisis histrico, punto de partida para estudiar soluciones a las interrogantes que eludi en otros trabajos suyos. Quienes han visto a Jos Antonio Saco como poltico, no pocas veces olvidan al historiador; quienes lo han analizado como historiador, lo han desdoblado del poltico. Para l, la historia constituye una formidable arma poltica. Su visin y su accin fueron los catalizadores de su obra como historiador. Y, cuando polemiza con Vicente Vzquez Queipo, pospone parte de su argumentacin, porque su Historia de la esclavitud ser la respuesta histrica a una discusin poltica. Su obra histrica result, tambin, la culminacin de su pensamiento poltico. Si su Coleccin de papeles cientficos, histricos, polticos y de otros ramos sobre la isla de Cuba, ya publicados, ya inditos3 —inde3Los tres tomos de la Coleccin de papeles ... de Jos Antonio Saco se corresponden con los volmenes 12, 13 y 14 de esta Biblioteca de Clsicos Cubanos. La Coleccin pstuma ..., con el volumen 15, y el Epistolario de Saco, con el volumen 16.

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JOS ANTONIO SACO / 3 / 3 / 3 / 3 / 3 pendientemente de la estructura que se vio obligado a darle por las condiciones polticas coloniales— es la ms profunda, compleja, multifactica y rica historia de Cuba sobre los aos que corren de 1820 a 1858, fecha, esta ltima, en que se publicaron; su Historia de la esclavitud es su complemento necesario, por constituir el estudio de los orgenes y evolucin del sistema social y econmico que dominaba el panorama nacional en esos aos. Ningn historiador cubano del siglo XIX leg una obra de mayor riqueza histrica que la Coleccin de papeles.. Porque l tena, al escribir sobre su poca, el sentido de que aquellos trabajos eran tambin parte de la historia viva, presente entonces, pero que l dejara como testimonio de una poca a otras generaciones, jueces implacables de la accin de sus antecesores. Por ello, la historia de la Historia de la esclavitud est, en parte, entre lneas, en la Coleccin de papeles... a su vez, el resumen de la vida poltica, social y econmica cubana hasta su fecha de publicacin. Ello convierte a Jos Antonio Saco en nuestro primer historiador moderno; porque escribe desde y para su tiempo, con un claro sentido del valor social, gnoseolgico y poltico de la historia. Aunque Cuba cuenta con una rica tradicin de estudios histricos, que se remonta al siglo XVIII, no dispone —paralelamente a tales empeos— de una vocacin semejante en lo referente a investigacin, sistematizacin y anlisis de esa produccin histrica. Prueba de ello es la ausencia de anlisis heursticos y crticos acerca de los tres tomos de la Historia de la esclavitud desde los tiempos ms remotos hasta nuestros das as como sobre los dos tomos de la Historia de la esclavitud de la raza africana en el Nuevo Mundo, y en especial en los pases amricohispanos y el concerniente a la Historia de la esclavitud de los indios en el Nuevo Mundo componentes los tres ttulos de un todo nico y armonioso que se le denomina comnmente con el nombre genrico de Historia de la esclavitud Iniciados por Vidal Morales los estudios de los manuscritos que testara Saco, an quedan en ellos componentes de otros tomos inconclusos, que guardan agradables sorpresas. Si nos atenemos a la valoracin que de la Historia de la esclavitud hicieron los contemporneos del autor, tal parecera que la obra pas inadvertida, por lo menos en lo referente a su reconocimiento pblico. Dos amigos personales de Saco, Vidal Morales y Morales y Jos Silverio Jorrn, fueron los nicos que se atrevieron a romper el tcito mutismo que exista en torno a la evaluacin y divulgacin de la obra. Morales y Morales se empe en una compleja y difcil labor editorial que no slo incluy la Coleccin pstuma... en la cual compila los escritos de Saco posteriores a 1858, fecha en que ste public su Coleccin de papeles... sino tambin se emple en la tarea, harto difcil, de dar forma editorial al segundo tomo de la Historia de la esclavitud de la raza africana y

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4 \ 4 \ 4 \ 4 \ 4 \ HISTORIA DE LA ESCLAVITUD darle unidad a la Historia de la esclavitud de los indios Jorrn, por su parte, hizo una valoracin mltiple de la obra de la cual queda constancia en algunas de sus cartas personales y, en forma ms sistemtica, en el prlogo que escribi al segundo tomo de la Historia de la esclavitud de la raza africana, preparado por Vidal Morales. No fue precisamente parco en elogios Jos Silverio Jorrn en lo referente a la obra histrica de Saco. En el prlogo ya citado, estima que la Historia de la esclavitud “coloca a Don Jos Antonio Saco a la cabeza de cuantos historiadores han escrito en lengua de Cervantes, y a la par de los ms renombrados en las naciones extranjeras”.4 En carta indita aade sobre el particular: “Cuba se enorgullece con razn de haber producido un poeta verdaderamente grande en el cantor del Nigara. De hoy ms podr tambin gloriarse, de poseer en otra regin literaria ms ingrata, difcil y severa, una que salvando los estrechos lmites de localidad y pocas determinadas, resume los progresos de la civilizacin en el elemento de ella que ms ntimo enlace tiene con la conciencia y la justicia”.5Habr que esperar hasta principios del siglo XX para encontrar nuevas apreciaciones acerca de la produccin histrica de Saco. Llama la atencin que stas provienen de historiadores extranjeros. No por tratarse de autores contemporneos, un francs y un norteamericano, los juicios iban a coincidir. Aun cuando Georges Scelles reconoce, en 1906, que la Historia de la esclavitud d es una de las pocas obras especializadas que sobre la esclavitud de la raza africana exista, no deja de minimizar sus logros y considera que esta obra posee “escaso valor cientfico”,6 as como una “compilacin de detalles jurdicos, polticos y econmicos, sin nexo preciso”.7 A conclusiones muy distintas llega, en 1907, el profesor norteamericano Hubert H. S. Aimes, quien despus de citarlo profusamente a lo largo de su A History of Slavery in Cuba lo tiene por un eminente hombre de letras, cuya labor histrica qued lamentablemente inconclusa. Sobre el trabajo erudito de Saco destaca que su 4Jos Antonio Saco: Historia de la esclavitud de la raza africana en el Nuevo Mundo, y en especial en los pases amrico-hispano. Prlogo de D. Jos Silverio Jorrn, Imprenta de A. lvarez y Ca., La Habana, 1893, t. II, p. XXV. 5Carta citada por Francisco J. Ponte Domnguez en La personalidad poltica de Jos Antonio Saco Imprenta Molina y Co., La Habana, p. 193. Segn este autor, la carta la consult en la Coleccin de documentos que sobre Jos Silverio Jorrn se atesoran en el archivo de Vidal Morales perteneciente a la Sociedad Econmica de Amigos del Pas, actual Instituto de Literatura y Lingstica. 6Jos Antonio Saco: Historia de la esclavitud de la raza africana en el Nuevo Mundo, y en especial en los pases amrico-hispanos. Prlogo de Fernando Ortiz, ed. cit. (La cita de Scelles se reproduce en la p. LXV de ese prlogo.) 7Ibdem, p. LXV.

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JOS ANTONIO SACO / 5 / 5 / 5 / 5 / 5 obra dispone de una gran masa de materiales de archivo, hecho que la convierte en fuente imprescindible para cualquier estudio en torno al tema de la esclavitud.8El primer acercamiento crtico a la Historia de la esclavitud lo realiza en Cuba don Fernando Ortiz. Este eminente socilogo e historiador cubano fue el primero en establecer las bases para un anlisis cientfico de la obra de Saco. Luego de advertir que la Historia de la esclavitud de la raza africana constituye una obra nica en su tiempo, intenta dar respuesta a las causas por las cuales sta permanece en tan injusto desconocimiento. Estas causas las encuentra Ortiz en: “el lenguaje espaol en que est escrita, el no haberse traducido a otro idioma y la circunstancia de haber muerto su autor cuando la obra comenz a circular, lo cual —aade— mengu en mucho su difusin en los centros cientficos del mundo”.9 A pesar de su escasa difusin y mayor desconocimiento, Ortiz considera que, por su pasmosa erudicin, esta “obra histrica no desmerece de otros libros acerca del tema de la esclavitud que fueron escritos en la poca; por ejemplo de la Histoire de l’Esclavage dans l’Antiquit de Henri Alexandre Wallon”.10 Don Fernando no es ajeno a sealamientos crticos sobre las particularidades de la obra. Estima, por ejemplo, que la de Rafael Mara de Labra resulta de una erudicin superior a la de Saco, aun cuando este autor, en La abolicin de la esclavitud en el orden econmico reconoce que su libro no es un “estudio serio y detenido del principio de la libertad del trabajo en su fundamento cientfico y su desenvolvimiento histrico”, para agregar que, quien tal cosa espere de la obra lo mejor que debe hacer es apartarla de sus ojos.11 En realidad, la crtica que los historiadores cubanos de entonces efectuaron de la obra de Labra, estaba dirigida ms a su concepcin que a sus contenidos. Desde este punto de vista, mientras Saco era intransigentemente cubano, Labra, nacido tambin en Cuba, se haba educado en Espaa, donde viva, y analizaba todo desde el punto de vista peninsular y no desde el de su tierra de origen. Tampoco don Fernando avizor la importancia de los tres tomos dedicados por Saco a la esclavitud durante la Edad Antigua y Media. Sobre la Historia de la esclavitud desde los tiempos ms remotos... 8Hubert H. S. Aimes: A History of Slavery in Cuba (1511 to 1868), G. P Putnam’s Sons, New York, 1907, p. 282. 9Loc. cit 6, p. LXIV. 10 Ibdem, p. LXIV. 11Esteban Roldn Oliarte: Cuba en la Mano Enciclopedia Popular Ilustrada, Imprenta car, Garca y Ca., La Habana, 1940, p. 916.

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6 \ 6 \ 6 \ 6 \ 6 \ HISTORIA DE LA ESCLAVITUD dice: “la menos atinante al inters especial de Cuba y la ms ultrapasada por la bibliografa histrica y sociloga de estos ltimos cincuenta aos que tanto y tan nuevo han producido con relacin al origen y desarrollo de las instituciones econmicas y sociales del mundo”.12A conclusiones contrarias llega Manuel Moreno Fraginals, al plantear: “quien sepa leer ver que a travs de su narracin del Mundo Antiguo, Saco da sus respuestas a la problemtica cubana del siglo XIX. De las tres partes en que se divide su Historia de la esclavitud, sta es la que aparece como ms plena de emocin actualista. Es el lugar de los grandes consejos a los cubanos, donde expone lo que en todos los aspectos puede significar para la Isla el rgimen esclavista”.13 En 1960, Manuel Moreno Fraginals public Jos Antonio Saco. Estudio y bibliografa una de sus primeras obras historiogrficas. Esto ha motivado que su autor no reconozca como vlidos algunos de los criterios all expuestos; ello no inhabilita algunas tesis interesantes que se dejan traslucir de su lectura. Al igual que Ortiz, Moreno apunta que Saco no es un representante, un portavoz, de la “burguesa cubana”, o sacarocracia, como l prefiere denominarla; aos despus afirmar lo contrario. No comparto, no obstante, sus afirmaciones en el sentido de que la obra de Saco se publicara a destiempo, ni que resultase anacrnica por “su contenido poltico respecto a Cuba y en su planteamiento historiogrfico con respecto a Europa”.14 De haber sido as, su obra hubiera tenido una difusin mayor de la que tuvo, porque hubiera sido una pieza arqueolgica sin trascendencia poltica. La causa por la cual la Historia de la esclavitud no origin ninguna reaccin inmediata, debe indagarse por senderos distintos a los iniciados por Ortiz y Moreno. Considero que la obra de Saco se adelante a la lnea histrico-historiogrfica predominante, por entonces, en Amrica. El historiador Rolando Mellafe advierte que, mientras en el resto de Amrica se hurgaba en las historias nacionales y de individualidades, Saco se impone el anlisis de una institucin para desentraar un sistema: el de la esclavitud.15 El hecho no resulta fortuito. Se debe al ntimo convencimiento de Jos Antonio Saco de que la historia de Cuba no podra escribirse hasta tanto no se tuviera conocimiento profundo de la institucin ms representativa para 12Loc. cit., 1, Prlogo, pp. LV y LVI. 13Manuel Moreno Fraginals: Jos Antonio Saco. Estudio y bibliografa ed. cit., pp. 23 y 24. 14Ibdem, p. 18. 15Rolando Mellafe: Breve historia de la esclavitud negra en Amrica Latina Secretara de Educacin Pblica, Mxico D. F., 1974, p. 11.

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JOS ANTONIO SACO / 7 / 7 / 7 / 7 / 7 conocer nuestra realidad pasada, pero actual para l, y que entraa una de las races ms importantes de la evolucin histrica cubana. Desde esta rbita creo que Saco es el primero de nuestros historiadores modernos: el pionero en tratar de dar una visin inteligente de nuestro pasado en la que prime, ms que la historia por la historia misma, el conocer para entender. Pero, adems, su obra no era ajena a las condiciones particulares por las que atravesaba, por entonces, Cuba. Para la dcada del 70, todos coincidan en la Isla en la necesidad de eliminar la esclavitud, pero la dificultad consista en cmo hacerlo. Por ello, en Cuba y en Brasil se dieron escuelas historiogrficas destinadas a la solucin del problema de la esclavitud. Mientras en el pas suramericano esta escuela se ha estudiado,16 en Cuba sus promotores apenas se conocen o estudian aisladamente. Un acercamiento crtico a la Historia de la esclavitud de Jos Antonio Saco, sobre las premisas expuestas hasta aqu, hace necesario, en primer lugar, aclarar sus concepciones del problema de la esclavitud. Cumplido este primer objetivo, habr que particularizar las diferencias entre l y sus principales contradictores, para entender las respuestas que da a los distintos ncleos argumentales en la Historia de la esclavitud. De ellos se desprende el concepto de historia sobre el que trabaja, base del anlisis de la temtica y del tratamiento que de esta ltima contiene en su obra. La decisin de Jos Antonio Saco de cultivar el gnero histrico data de 1837. El momento fue muy especial para l y para Cuba. Espaa les neg a los cubanos la representacin en las Cortes y el rgimen constitucional. Saco era uno de los diputados que no pudo tomar asiento en la constituyente espaola. Arbitrariedad semejante se consider por el bayams como una definicin del gobierno y las Cortes espaolas del status colonial de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Ello implicaba el desconocimiento de las aspiraciones de igualdad poltica de las, hasta entonces, llamadas “provincias de Ultramar”. La definicin conllevaba, adems, el acta de defuncin del movimiento poltico liberal reformista 16Sobre la importancia de la escuela historiogrfica brasilea ya haba llamado la atencin Fernando Ortiz, desde el ao 1933, en el citado prlogo a la Historia de la esclavitud de la raza africana Escriba por entonces Ortiz que esa escuela tena su primer cultivador en Nina Rodrigues, a quien calific de iniciador de una tradicin cientfica y afrolgica brasilea. Sobre Rodrigues aade Rolando Mellafe que comenz a publicar sus trabajos cientficos hacia 1896 en la Revista Brasileira Segn sus consideraciones, ese autor “iniciaba una serie de estudios sobre las culturas africanas en su continente de origen y en el Nuevo Mundo, dentro de la idea del aporte, intercambio y prstamo cultural”. (Mellafe: loc. cit 117, p. 10). Diecisiete aos antes que el iniciador de la escuela brasilea, Saco ya planteaba e iniciaba el estudio de la interrelacin frica-EuropaAmrica.

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8 \ 8 \ 8 \ 8 \ 8 \ HISTORIA DE LA ESCLAVITUD de Cuba, que l mismo haba lidereado. Imposibilitado de propender a mejoras efectivas, el reformismo quedaba desarticulado. La poltica se reduca, ahora, a conversaciones de despacho entre las grandes figuras de la burguesa esclavista y los funcionarios del gobierno central de Madrid o sus representantes en Cuba. No habra reformas para la Isla que no fuesen las resultantes de esta alianza de poder. As lo entendi el propio Saco, quien, a partir de entonces, desecha la opcin poltica de la representacin a Cortes para abogar por los consejos coloniales que, en su definicin, resultaba una forma ms libre aun que la propia autonoma. Los consejos coloniales deban estar formados por cubanos electos por los propios habitantes de la Isla y sus funciones seran las de administrar y dirigir todo lo concerniente a la economa y la sociedad cubanas. Consciente de la imposibilidad de la actividad poltica reformista, y nunca partidario de acciones violentas, se decidi por el ostracismo —slo abandonado voluntariamente ante el peligro anexionista—, y por librar la batalla intelectual que desde el campo de la historia poda demostrar la validez de un cambio radical en el sistema econmico-social cubano. En realidad, esta actitud suya constituye el paso de la actividad poltica a la fundamentacin histrica de sus posiciones. As queda reconocido en el primer prrafo de su Historia de la esclavitud. En agosto de 1837 —apenas cinco meses despus de la expulsin de los diputados cubanos a Cortes—, Saco le escribe a Jos Luis Alfonso que, si estuviera fuera de toda penuria econmica, “sentara sus reales” en Pars, y se pondra a escribir la Historia de Amrica en espera de los acontecimientos de Cuba.17 Si relacionamos la coyuntura poltica con la actitud asumida por l no es de dudar que su primera intencin, a la hora de iniciar una actividad sistemtica como historiador, estaba marcada por exponer, a travs de la historia de Amrica, las consecuencias que tena para Cuba la actitud desasimiladora y abiertamente colonialista adoptada por los legisladores peninsulares. Porque la historia de la Amrica espaola no era otra que la historia de los intereses dismiles de la metrpoli y las colonias; y esa historia le hubiera servido a Saco para demostrar los posibles efectos de la poltica errtica de Espaa con respecto a Cuba. Sin embargo, cuatro aos ms tarde, Saco haba cambiado su materia de estudio. En 1841 escriba que se ocupaba en el tema del comercio de negros Qu le ha hecho tomar un nuevo rumbo en su trabajo? En sus argumentos existe un elemento esencial. El alejamiento de los fac17Domingo Figarola-Caneda: Jos Antonio Saco. Documentos para su vida, Imprenta El Siglo XX, Habana, 1921. (Carta a Jos de la Luz y Caballero de 24 de abril de 1835), p. 22.

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JOS ANTONIO SACO / 9 / 9 / 9 / 9 / 9 tores coyunturales de la poltica, para adentrarse, cada vez ms a fondo, en la complejidad histrica y terica del problema que estaba trazando los caminos de la poltica: la esclavitud. Pero an su estrategia investigativa est marcada por el impacto de la inmediatez. El comercio de negros le da vida a la esclavitud; por tanto, al problema principal del sistema quiere dirigir su estudio. Desde 1832, Saco vena combatiendo, sin muchos subterfugios y de forma bastante directa, la trata negrera. sta era la causa de su expulsin de La Habana. Resultaba lgico que, una vez distanciado del impacto poltico de 1937, retomase con fuerza lo que consideraba el mal mayor de la sociedad cubana. Lo novedoso ahora es el cambio de estrategia. En lugar de combatir el comercio de negros en su sincrona, piensa hacerlo en su diacrona. Sobre este particular insiste en 1842 y 1843. En su epistolario explica que tiene noticias muy preciosas acerca de este tema, por lo cual, aunque hace tiempo que se habla del trfico de esclavos, espera que su trabajo resulte nuevo.18 Por si fuera poco, insiste que, pasados algunos meses, “tengo el proyecto de narrar la Historia del comercio de esclavos ”.19 No obstante, en 1875, al publicar el tan demorado primer tomo de su obra, sta aparece bajo el ttulo de Historia de la esclavitud desde los tiempos ms remotos hasta nuestros das Qu ha motivado cambios tan constantes? No hay duda que en la medida que Saco profundizaba en la historia del comercio de esclavos, ampliaba el horizonte de su investigacin hasta tal punto, que ya no le qued dudas de que su cruzada, la que le dara sentido definitivo a su vida, era el estudio completo de la institucin esclavista, buscando sus orgenes en los textos bblicos y la historia antigua, para poder transitar el largo trayecto, casi paralelo al de la humanidad, que tiene la institucin de la esclavitud. Su obra ya no sera slo para los cubanos, sino el legado que dejara a toda la humanidad. Durante 30 aos trabaj incesantemente en darle forma a este proyecto. Jos Silverio Jorrn, amigo personal del bayams, relata como la magnitud de la obra lo atrapa hasta tal punto, que cambia su carcter. El joven y fogoso polemista se transforma en el meditativo, solitario y silencioso investigador, que lo pospone todo o muestra indiferencia ante el llamado de los amigos para que encabece de nuevo acciones polticas, porque toda su mente est puesta en una obra majestuosa, monumental y trascendente. Mas, el perodo de tiempo que lleva el proyecto, los viajes constantes a los archivos espaoles, franceses, ingleses e italianos, van consumiendo sus fuerzas fsicas. Al final, los temblores en la mano 18Ibdem, p. 52. 19Jos Antonio Saco: Contra la anexin Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974, p. 64.

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10 \ 10 \ 10 \ 10 \ 10 \ HISTORIA DE LA ESCLAVITUD y la prdida de la vista, lo obligan a valerse de amanuenses para continuar el proyecto; incluso, quien estudie sus obras podr comprobar que su famosa y admirada lgica demoledora y argumental, ha cedido terreno en su estructuracin expositiva; sigue siendo elegante, pero es ms descriptiva que analtica. Mientras tanto, el mundo evoluciona. Ocurren relevantes cambios tanto en las propuestas de pensamiento como en las sociales y econmicas. Saco, siempre actualizado, las tiene en cuenta. Interrumpe su trabajo cuando los anexionistas adquieren una fuerza tal, que pueden poner en peligro los destinos de Cuba; los combate implacablemente y, luego, se sumerge otra vez en el silencio de los archivos y bibliotecas. Lo mismo sucede cuando los reformistas de nuevo cuo intentan desvirtuar la esencia del movimiento que l encabez 30 aos antes. El declive inexorable del comercio de africanos en Amrica, hace que el peso original que tuvo esta temtica pase a un segundo plano en los momentos finales de su vida y de su obra. En las dcadas de 1840 y 1850 existan sobradas razones para escribir una Historia de la trata que abogara por el fin de tan abominable comercio; hacia 1860 no tena sentido propender a la consecucin de algo que ya casi nadie se atreva a defender directamente, por lo cual el objetivo estratgico inmediato se desplazaba hacia la propia institucin esclavista que an persista en el mundo y cuya transicin hacia la mano de obra libre —y sus consecuencias en todos los terrenos— constitua un problema de primersima actualidad. Cierto es que tambin la esclavitud se hallaba sumida, como sistema, en una profunda crisis, pero, a diferencia de la trata, aqulla dejar una herencia que, de un modo u otro, marcar la vida social, poltica e intelectual de Cuba y de todos los pases americanos donde tuvo una fuerte presencia, incluido Estados Unidos. Ahora, al redactar los tomos de su Historia de la esclavitud ya no estar presente la censura social que una vez lo conden a la expatriacin, aunque, sin dudas, se mantendra la censura poltica. Esta evolucin por la que transita el proyecto de la obra histrica de Saco, ha pasado, sin embargo, sin ser advertido por estudiosos e investigadores tan avezados como Vidal Morales, Jos Silverio Jorrn, Domingo Figarola-Caneda, Fernando Ortiz y Manuel Moreno Fraginals. stos identifican los comienzos de los estudios histricos de Saco en los aos finales de la dcada del 30, con el proyecto de la Historia de la esclavitud El error llega a que se aventuren, enmendndole la plana al propio Saco, a sustituir —en notas al pie— Historia del comercio de negros, por Historia de la esclavitud, cada vez que el ttulo primero aparece en los textos anteriores a 1858. Paralelo al desarrollo de su Historia de la esclavitud mantuvo el inters en escribir una historia de Cuba. As lo expresa claramente en

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JOS ANTONIO SACO / 11 / 11 / 11 / 11 / 11 su testamento, en el cual hace referencia a la posesin de los papeles que haba reunido sobre la historia de Cuba. En el testamento dice que los acopi para redactar nuestra historia, “que an est por escribir, sobre todo los dos primeros siglos de la conquista”.20No cabe duda que Jos Antonio Saco tena una clara visin de su quehacer historiogrfico. La Historia del comercio de negros result la piedra angular de la Historia de la esclavitud ; esta ltima estaba encaminada a dar respuesta a la principal problemtica de la historia cubana; y, una vez resuelto el proceso esclavista, podra escribir la Historia de Cuba como historia lgica y analtica y no como una simple cronologa sin sentido poltico. Precisemos algunos elementos de la posicin historiogrfica de Jos Antonio Saco. Contrariamente a lo que se ha pensado, la Historia de la esclavitud no es una muestra aislada dentro de nuestra produccin histrica, sino parte de una lnea que con mayor o menor brillantez cultivaron, entre otros, Francisco de Armas y Cspedes ( De la esclavitud en Cuba ) y Pedro Jos Guiteras ( Historia de la isla de Cuba ). La caracterizacin historiogrfica se complica, si tenemos en cuenta la amplia cantidad de personalidades que, en nuestro medio, se dedicaron a cultivar la historia vinculada a nuestra realidad nacional. Entre los cubanos se distinguen Jos Martn Flix de Arrate, Nicols Joseph de la Ribera, Pedro Agustn Morell de Santa Cruz, Ignacio Jos de Urrutia y Montoya, Antonio Jos Valds y Antonio Bachiller y Morales, adems de los citados Guiteras y De Armas. Los autores espaoles ms significativos, para estos aos, aunque desde perspectivas opuestas, lo fueron Ramn de la Sagra, Mariano Torrente y Jacobo de la Pezuela. Entre los historiadores cubanos cabe sealar diferencias notables. La lnea divisoria la establece Francisco de Arango y Parreo, quien, a pesar de no ser historiador, inici, en 1792, con su Discurso de la agricultura en la Habana y los medios para fomentarla una posicin historiogrfica que posteriormente se mantendra: la de los defensores y/o justificadores de la esclavitud. Para stos, la historia de Cuba se inicia en 1762 con la toma de La Habana por los ingleses, por ser en este ao, y con este acontecimiento, de cuando data, segn Arango, la “verdadera poca de la resurreccin de la Habana”.21Para Arango, iniciar la historia en 1762 significaba, primero, desconocer de golpe y porrazo, y por conveniencias propias, toda la evolucin histrica anterior, y, segundo, realzar, en el mejor de los mbitos posibles, la fidelidad de los criollos a su metrpoli, puesta a prueba y demos20Ibdem, p. 416. 21Francisco de Arango y Parreo: Obras de D. Francisco de Arango y Parreo Direccin de Cultura, La Habana, p. 117.

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12 \ 12 \ 12 \ 12 \ 12 \ HISTORIA DE LA ESCLAVITUD trada con la valenta de los defensores de La Habana. Con ello se esperaba —adems de alentar la entrada masiva de esclavos que propiciaron los ingleses, durante sus 11 meses de dominio de la ciudad— relegar al olvido las anteriores muestras locales de rebelda, evidentes en la sublevacin de los bayameses en 1603, y en las insurrecciones de los vegueros de 1717, 1720 y 1723; sin descontar la pertinaz reticencia de “los hijos de la tierra” en aceptar las medidas centralizadoras de los monarcas espaoles, las cuales iban en detrimento del beneficioso comercio de contrabando. La otra posicin historiogrfica la defini el padre Flix Varela, cuando ponderaba toda la historia anterior a la toma de La Habana por los ingleses y vea en esta ltima “el origen de todos nuestros males”. Esta posicin era la de quienes, a pesar de admirar el mundo del criollo, se oponan a la esclavitud. As, pues, sobre una de estas dos concepciones —la de los plantadores esclavistas y la de los partidarios de la pequea propiedad— poda hacerse la historia de Cuba durante el siglo XIX. La historia devena un aval sistmico para un proyecto productivo. Seguidores de la lnea de Arango, la mayora de los historiadores cubanos del siglo XIX abandonaron los intentos totalizadores de nuestro pasado —con la excepcin de Antonio J. Valds y Pedro J. Guiteras—, para dedicarse a escribir valiosas monografas al estilo de las publicadas por Antonio Bachiller y Morales o historias locales despojadas de toda conexin con una visin del conjunto nacional. Particular inters cobr el tema de la toma de La Habana por los ingleses en torno al cual se sintieron obligados a escribir cubanos y espaoles, defendiendo los intereses contrapuestos de esclavistas y tratistas o, por el contrario, exaltando a aquellos fieles milicianos, pobres y patriotas, quienes, al defender el pabelln de Castilla, defendan su tierra y su cultura. Significativamente, Saco no cay en la trampa. Seguidor de la escuela de su maestro Varela, retoma a los viejos historiadores cubanos como Arrate, Urrutia y Valds, y es el autor de la idea, llevada a cabo por Cowley, de publicar a nuestros primeros historiadores. El bayams quiere contraponer el mundo anterior a la toma de La Habana por los ingleses, al de la esclavitud del siglo XIX. Lanse en la Coleccin de papeles... sus criterios sobre los primeros historiadores criollos y se ver como no emite una sola crtica acerca de ellos. Mas, es implacable, a veces con razn, a veces sin ella, con los historiadores espaoles, porque stos casi siempre estn a favor no slo de la dominacin colonial, sino, sobre todo, de la desigualdad poltica y social. A partir de la dcada del 40, la crisis de la esclavitud provoca cierto reforzamiento de las posiciones crticas con respecto a esa institucin. En ese contexto se produce la obra de Pedro J. Guiteras. sta es un fiel reflejo de una posicin criticista, hija de una etapa ms desarrollada del

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JOS ANTONIO SACO / 13 / 13 / 13 / 13 / 13 conocimiento histrico. Guiteras arremete contra los historiadores del siglo XVIII, a quienes acusa de contentarse exclusivamente con “una relacin descarnada de los hechos, no siempre [realizada] con el orden y la claridad (...) necesaria”.22 Mucho ms radical se mostraba, adems, al abordar acontecimientos que implicaban un enfrentamiento con la “madre patria”. Lo que en perodos anteriores se trataba de minimizar, deviene el objetivo principal de su propsito como historiador. Su fin es dar a conocer, en el extranjero, “el funesto efecto de las leyes econmicas, que tanto influy en el atraso de nuestra colonizacin”,23 y, nacionalmente, educar a los jvenes cubanos, con una visin racional de nuestro pasado. Sin embargo, sus afanes criticistas se limitan a las instituciones defensoras del monopolio colonial espaol, la Casa de Contratacin, las contratas exclusivistas, etc., de las cuales no resultaron ajenos, por cierto, los mismos franceses e ingleses, cuyos modelos coloniales se pretende resaltar, en contraposicin al hispano. El inters de Saco en que se escribiera una historia de Cuba no constreida a los aos posteriores a 1762, qued manifiesto en su declarado propsito de que sus Papeles... recopilados por l en 1856 y referentes a las ms variadas materias en el orden cronolgico, sirvieran a “alguna pluma imparcial, europea o americana [que] quisiere escribir la historia de aquella Antilla”.24 Con ello quedan identificados los propsitos historiogrficos del bayams con los de Pedro Jos Guiteras. No obstante, esta coincidencia fundamental no impide que ambos mantengan, en materias particulares, apreciaciones contrapuestas. stas ya estn presentes en la forma de abordar la historia. Mientras Saco da preferencia al tipo de poblamiento predominante en Amrica como resultado de la poltica colonial espaola; Guiteras se conforma con una relacin histrica en la cual priman las distintas manifestaciones del exclusivismo comercial hispano en Cuba. Diferencias analticas entre Saco y Guiteras pueden hurgarse, tambin, en la importancia atribuida por ambos a los historiadores criollos. Contrariamente a la crtica que hace a ellos Guiteras, Saco entiende que, con independencia de que sus obras estn mejor o peor escritas, su valor estriba en el inters de stos por dotar a su patria de una historia de la cual careca. Esta finalidad es factor suficiente para que el autor de la Historia de la esclavitud proponga realizar una colecta pblica, 22Pedro J. Guiteras: Historia de la isla de Cuba Cultural S. A., La Habana, 1927-1928, vol. 1, p. 1. 23Ibdem, p. 2. 24Jos Antonio Saco: Coleccin de papeles cientficos, histricos, polticos y de otros ramos sobre la isla de Cuba, ya publicados, ya inditos Direccin General de Cultura, La Habana, 1960, t. I, p. 2.

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14 \ 14 \ 14 \ 14 \ 14 \ HISTORIA DE LA ESCLAVITUD para reimprimir, en una sola edicin, las historias de Arrate, Urrutia y Valds, “para salvarlas del naufragio que las amenaza”.25En las valoraciones historiogrficas de Jos Antonio Saco prima una clara concepcin nacionalista, en la cual se entiende como propia la obra precedente de los historiadores criollos. La defensa tiene su justificacin en que los historiadores anteriores a 1790 no estn todava comprometidos con el desarrollo del sistema plantacionista y del tipo de esclavitud a ella asociada; los principios ideolgicos de estos iniciadores son mucho ms moldeables a los intereses de un proyecto que, trascendiendo la esclavitud, deja abierto el camino hacia la sociedad moderna. Con el mismo fervor con que Saco apoya a Arrate, Urrutia y Valds; rechaza, como ajena, toda la produccin debida a intenciones que supone colonialistas, de rebajamiento del criollo y de falto de entendimiento hacia el modo de sentir y pensar de los cubanos. Esto resulta muy notable con ciertos autores peninsulares. Un ejemplo de ello fue la polmica que, antes de 1830, sostuvo con Ramn de la Sagra. La valoracin de la poesa de Heredia constituy el pretexto empleado por ambos autores para entrar de lleno en una mucho ms picante controversia poltica. Saco no dejaba escapar la ocasin para criticar la produccin de los historiadores hispanos, quienes, indefectiblemente, al tratar materias relacionadas con Cuba, dejaban traslucir sus principios de mantener el dominio colonial. As lo hizo al publicar una serie de objeciones acerca de los errores en que cay Jacobo de la Pezuela al editar, en 1842, su Ensayo histrico de la isla de Cuba La Historia de la esclavitud no slo es una investigacin relacionada con las lneas historiogrficas existentes entonces en la Isla, sino, adems, estaba comprometida con una particular forma de pensar contraria a la visin de los grandes propietarios. Lo extraordinario de la hazaa realizada por Jos Antonio Saco, al escribir una Historia de la esclavitud que abordara, a la vez, las manifestaciones de esta institucin en lo antiguo y lo moderno, ha sido advertida por la crtica cubana. Jos Silverio Jorrn, dando fe de tan ingente esfuerzo, aluda a que, si Gibbon haba invertido dos dcadas para recoger y ordenar los materiales exigidos para sus propsitos de narrar la Decadencia y ruina del imperio romano no menos de 30 necesit nuestro autor para conseguir lo necesario para su monumental Historia de la esclavitud. sta estaba conformada, por lo menos en lo que se sabe, por tres partes publicadas: la de los tiempos ms remotos hasta nuestros das, la de la raza africana en el Nuevo Mundo y en especial en los pases amrico-hispanos, y la de los indios en el Nuevo Mundo; a ello se aadan otras dos que quedaron inconclusas: Historia de la esclavi25Ibdem, t. I, p. 433.

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JOS ANTONIO SACO / 15 / 15 / 15 / 15 / 15 tud en las colonias francesas e Historia de la esclavitud en las colonias inglesas No puede menos que preguntarse el lector cuntos aos pensaba vivir este hijo de Bayamo. Nacido en 1797, contaba 40 aos cuando se adentra, en 1837, en sus afanes historicistas; frisaba los 80 cuando publica, en 1875, el primero de los tomos de su Historia.. No contento con esto, se dedic adems a un estudio de la esclavitud en las Trece Colonias Inglesas de Norteamrica. Apartndonos de tales consideraciones, resulta ms valedero profundizar en los motivos que abrigaba nuestro autor para concebir una obra de tamaas proporciones, cuando sabemos que, en su vida, nunca se aventur a empresas intiles. En su caso, la propia complejidad de la realidad cubana significaba su principal acicate. Ya en 1832, y cuando an no se dedicaba a la historia, haba advertido las dificultades que se avecinaban a la plantacin esclavista, por lo que aconsejaba iniciar los primeros experimentos sociales para conocer la forma ms idnea para sustituir la mano de obra esclava por la libre y asalariada. La hostilidad con que se recogieron sus presagios, ms la negativa de Espaa para propiciar e, incluso, considerar cualquier tipo de reforma por las que abogaba el sector crtico de la intelectualidad criolla, hizo que Saco optara por otros medios para el planteamiento de sus ideas. La nueva forma de exposicin deba servir para demostrar a sus incrdulos compatriotas la certeza de sus argumentos y las vas adecuadas para superar el sistema esclavista. Esto ocurra en los aos en que los cubanos medan sus fuerzas contra fenmenos entonces desconocidos para ellos y, adems, poco estudiados en el resto del mundo. Tales eran las expectativas creadas en torno a las mal conocidas crisis cclicas del capitalismo, cuyos efectos sufri la Isla, con diferentes intensidades en 1847, 1857 y 1867. No menos calamitosos resultaban los vaivenes de los precios del azcar dentro del mercado mundial, y las desventajas que supona una competencia desleal de la produccin protegida y asalariada de azcar de remolacha en los pases europeos. Detrs de este cmulo de dificultades se planteaba, como el problema fundamental, lo relacionado con la mano de obra forzada, a cuyo anlisis se iba a dedicar preferentemente nuestro autor. Seleccionar la historia como la va ms adecuada para adentrarse en el estudio del ncleo de dificultades por las que atravesaba la Isla, supona una definicin digna de mayores consideraciones de las que hasta este momento se le ha atribuido. Llama la atencin que, desde sus primeros escritos, Saco tiene la tendencia ms al estudio social y cientfico particularizado que a los discursos y formulaciones tericos generalizadores. Ello, a pesar de su condicin de profesor de filosofa. Al concluir que la historia es la ciencia que le llevar de la mano en sus bsquedas y trabajos, lo hace en la concepcin de que ella constituye la

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16 \ 16 \ 16 \ 16 \ 16 \ HISTORIA DE LA ESCLAVITUD sntesis de toda la formacin que posee y de todos los caminos transitados. Todas las ciencias especficas en las cuales ha incursionado le sirven, ahora, para elaborar una historia de nuevo tipo. Ya no es la elegante y florida descripcin de hechos y personajes ni “los teatros histricos o crticos”. stos devienen, simplemente, la materia prima. Se trata de una realidadproblema que, para entenderla, hace falta el auxilio de otras disciplinas. Su dominio de los estudios estadsticos, demogrficos, jurdicos y geogrficos, le sirven para integrar estos conocimientos a sus investigaciones histricas. En particular, dos disciplinas le dan la orientacin a los conjuntos temticos: los estudios sociales —en sus manos, precursores de una sociologa an sin forma— y los econmicos de los cuales era uno de sus cultores ms destacados en Cuba. El modo en que integra todo ello en sus bsquedas histricas le da a su obra ese indudable sentido que slo el cientfico creador puede darle: no slo descubre y aporta nuevo conocimiento, sino que crea su propio mtodo para descubrir; hace una nueva historia en la cual lo econmico y social constituyen su eje, y las tablas estadsticas y demogrficas tienen un peso demostrativo. No es el culto mitificado del documento indito recin descubierto lo que le da solidez cientfica, sino el procesamiento de esa informacin apoyada en una cuantificacin histrica. Si algo jugaba en su favor era, precisamente, ese sentido enciclopedista de la formacin de los hombres de su generacin, muy contrario a la mentalidad de la especializacin dentro de la “especialidad especializada”. Era no slo que para estudiar una materia se precisaba del mtodo comparativo, sino que para poder descubrir lo definitorio se necesitaba de las ms diversas disciplinas y de una cultura, ante la cual, las “palabras hablan”. Por otra parte, la historia era la disciplina en la cual quedaban explcitas y demostradas sus consideraciones tericas y generalizadoras, pero no en la generalizacin misma sino en la demostracin de muchos particulares. Esto le aseguraba, adems, que su obra pudiera circular libremente en la Isla al no proyectarse directamente sobre su realidad actual, sino, ms bien, de sus crticas deducirse una inferencia de analogas. De no menor trascendencia resultaba que, al particularizar en las especificidades de nuestra evolucin, Saco se adentraba en el ncleo fundamental de las objeciones que l le haca a sus contradictores. stos pecaban, o bien de una visin unilateral de las posibilidades exclusivas de la plantacin esclavista en contra de la pequea propiedad, o de una identificacin artificial y forzada de nuestra realidad con la europea. Al analizar las diferencias entre la esclavitud moderna y la antigua, sin desestimar lo que de aprovechable hubiera en sus experiencias; al profundizar en las opiniones del trabajo libre en relacin con el esclavo, desde el siglo XVI; nuestro historiador poda refutar, en el mejor de los campos posibles, sus discrepancias con los autores nacionales y extranjeros partidarios de la esclavitud.

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JOS ANTONIO SACO / 17 / 17 / 17 / 17 / 17 Debido a su enfoque particular de nuestra historia, Saco logra uno de sus grandes aciertos —y esto vale la pena destacarlo— al escoger el trfico negrero y, a travs de ste, la misma institucin esclavista como el centro de su quehacer histrico. La definicin supona una distincin terica que, aunque no explotada, estaba presente. En el estudio de la colonizacin espaola en Amrica, Saco no se dedicaba a la problemtica de la distribucin de tierras buenas y abundantes, considerado antao el tema central que deba abordarse; para l, lo esencial estribaba en la ausencia de mano de obra. De ello se derivaba la importacin masiva de seres humanos. La riqueza descansaba en el nmero de trabajadores, ya libres, ya esclavos; el problema, entonces, resida en si la esclavitud resolva el poblamiento y aseguraba una comunidad estable. Asombra, todava hoy, el proyecto de investigacin que para cada una de sus historias model Jos Antonio Saco. En su anlisis de la esclavitud en la Edad Antigua y Media, nuestro autor buscaba, ante todo, indagar la forma como Roma resolvi la sustitucin de la ya por entonces improductiva mano de obra esclava, por otra ms eficiente. No conforme con generalizaciones abstractas, el bayams se esfuerza en hallar los ms ntimos detalles sobre las dificultades que significaba en esa poca liberar a los hombres encargados de producir en sus campos, con el peligro de que sus labranzas quedaran desoladas. Las soluciones para vincular al antiguo esclavo a las heredades de sus seores, resultaban sugerencias directas a los productores cubanos y, en general, a los esclavistas modernos. Hay que reconocer que Jos Antonio Saco fue un fino artfice de la utilizacin del moderno mtodo de la historia comparada. A esto fue impulsado, ms que por afanes “modernistas”, por la necesidad de hallar soluciones concretas para el anlisis de la realidad que le toc vivir. Todava hoy, y debido a la pobre informacin disponible, en Amrica no abundan los estudios de historia comparada. Imaginmonos, pues, las dificultades que tuvo que vencer para practicarla, no slo en relacin con la muy difcil confrontacin de la esclavitud en Cuba con la de la Roma antigua, sino tambin en el anlisis de los diferentes efectos que la trata y la esclavitud provocaron en las distintas posesiones espaolas; tema que desarroll en la Historia de la esclavitud africana La visin del problema esclavista gan una amplitud insospechada en Saco. No se conform solamente con averiguar la condicin del esclavo ante la ley y la familia, su nmero probable, el tipo de ocupaciones a las que se dedicaban, los precios a que se vendieron, las formas de manumitirlos, las diferencias que impuso la sociedad para distinguir al esclavo del manumitido, y de estos dos con los hombres libres. Para l result de vital importancia conocer, tambin, la manera en que la esclavitud influy en el pensamiento de sus principales filsofos y en qu

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18 \ 18 \ 18 \ 18 \ 18 \ HISTORIA DE LA ESCLAVITUD medida stos la consideraban una institucin justa o injusta. Y como si todo esto fuera poco, se adentr en las diferentes causas que motivaron la institucin, resaltando, entre ellas, el comercio, la piratera, la legislacin y las guerras. Nuestro autor no poda olvidar las consecuencias que trajeron para estas sociedades las sublevaciones de esclavos de cuyas consecuencias en Cuba se mostr tan temeroso. La magnitud de su proyecto de trabajo no lo llev a esquematismos innecesarios, ni a anlisis simplistas de los fenmenos en estudio. Muestra palpable de ello fue su consideracin acerca de las posibilidades productivas del trabajo esclavo, advirtiendo que la esclavitud no ha sido ni en lo antiguo, ni en lo moderno tan funesta a la produccin agrcola como se pretende, por lo que la falta de produccin de granos en los tiempos del imperio romano no slo debe buscarse en la institucin, sino tambin en otras causas. En sus anlisis y en su forma de enfocar los problemas, Saco inicia una nueva modalidad en la interpretacin de la realidad americana que, todava hoy, se cumple tanto por literatos como por historiadores: el afn, an no envejecido, de universalizar nuestra cultura y nuestra historia. Para ello sigui un camino que, si bien en los tiempos presentes no resulta novedoso, en el siglo XIX adquira la condicin de pionero. Consista en analizar la esclavitud desde la perspectiva del mundo colonial, apertrechado, en primer lugar, con el instrumental terico y la base cultural que la Europa colonizadora haba producido, y, en segundo lugar, con la experiencia concreta de un hombre nacido en un pas donde esa institucin era un organismo vivo. El fenmeno esclavista lleg a preocupar en el siglo XIX tanto a americanos como a europeos. En Francia, por ejemplo, las dificultades de la esclavitud en las colonias llevaron a alguna de sus instituciones ms representativas a establecer premios para el anlisis de esta realidad. Una de las obras premiadas fue la del francs Henri Alexandre Wallon, autor de la conocida Historie de l’Esclavage dans l’Antiquit Aunque Saco reconoce la significacin de sus conclusiones, no por eso deja de criticarlo. Lo mismo ocurre con los resultados de la expedicin cientfica que en 1842 realiz Ricardo Lepsius, a Egipto, financiada por el rey de Prusia, Federico Guillermo IV. Comparada la Historia de la esclavitud de Saco con las obras de Wallon, Lepsius y otros autores, como el propio Charveloix, Bancroft y Labat, lo que distingue la produccin del primero es, precisamente, su visin eminentemente americanista del problema. Para el bayams, sa constitua su ventaja, porque trataba de un asunto que conoce “no slo por los libros que he ledo, sino por mi propia experiencia”.26 Mientras 26Jos Antonio Saco : Historia de la esclavitud desde los tiempos ms remotos hasta nuestros das Tipografa Lahure, Pars, 1875, t. I, p. 1.

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JOS ANTONIO SACO / 19 / 19 / 19 / 19 / 19 los otros autores se identificaban con los intereses de sus respectivas metrpolis, l asuma el punto de vista del pas colonizado. No conforme con la mayora de las deducciones que acerca de la esclavitud moderna en Amrica haban arribado polticos e historiadores, Saco emprendi la tarea de desmitificar mucho de lo que en Europa se escriba sobre este tema. Destaca lo que signific que los primeros que trajeron esclavos a Amrica no lo hicieron desde frica, sino de la propia Espaa, donde abundaban desde la poca del Medioevo. Con ello se echaba por tierra la tesis de que los cubanos no podan tener delegados en las Cortes de la Pennsula, entre otras razones, por mantener la esclavitud en su territorio. La esclavitud, como ahora probaba Saco, no se propiciaba por los habitantes de la Isla, sino por los propios peninsulares. En la Historia de la esclavitud de la raza africana, repite su ancestral preocupacin acerca de las particularidades y consecuencias de las sublevaciones de esclavos en los distintos pases y pocas. Entiende, no obstante, que en Amrica las conspiraciones, alzamientos y asesinatos cometidos por los esclavos, eran el resultado de brotes de rebelda ya espontneos, ya provocados por el llamamiento de los blancos. En este segundo aspecto insiste al analizar los alzamientos de esclavos que se sucedieron en Cuba despus de 1790. La visin de este tema resulta enteramente nueva en l. Iniciaba as una lnea de estudios sobre la que an hoy da no se ha hecho hincapi lo suficiente ya para probar una u otra tesis. Entre las principales objeciones que se han hecho a su obra, se distingue la que insiste en el incumplimiento de algunos de los objetivos que el historiador se haba propuesto conseguir. Esta insuficiencia se hace mucho ms evidente en su estudio acerca de la esclavitud de la raza africana. Al referirse al tema, Fernando Ortiz entendi que si bien Saco en esta parte de su obra aportaba una asombrosa multitud de datos, no pudo acompaarla del anlisis que l se propona acerca de la influencia que ejerci la esclavitud en la agricultura, las artes y la cultura de los pueblos. Tamao empeo, advierte Ortiz, no poda cumplirse, entre otras cosas, porque las ciencias que podan brindar el instrumental necesario para tan valedero esfuerzo, an carecan del alcance de los presentes tiempos. A ello me gustara aadir que tengo la impresin, al leer y releer el texto, que, cuando comenz a darle forma escrita a su obra, ya sus capacidades estaban disminuidas. A veces, parece que se apresuraba a salvar la informacin, aunque perdiera parte del anlisis, porque tema, como al fin sucedi, que no podra terminar su empeo. Un lector inteligente sacara sus propias conclusiones, porque la seleccin y ordenamiento de la informacin lo llevaran a ellas. No obstante, es un hecho que quiso ceirse a la concatenacin de los acontecimientos.

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20 \ 20 \ 20 \ 20 \ 20 \ HISTORIA DE LA ESCLAVITUD Saco concibe la historia de Cuba como un contrapunteo entre la inmigracin blanca, registrada en las posesiones espaolas desde los inicios de la colonizacin, y la no mucho ms tarda inmigracin forzada de esclavos negros. Distingue el historiador entre el espaol conquistador, ajeno a todo intento de labor directa de la tierra, y el inmigrante labrador que lleg a Amrica despus de los primeros aos de fundacin de La Espaola. Las diferentes proporciones de entradas de ambos grupos, presuponan para nuestro autor un anlisis, en sus propias races, de las dos alternativas existentes para Cuba hacia finales del siglo XVIII: la de convertirse en una colonia autosuficiente de pequeos productores, al estilo de las que a la postre dominaron en el norte de Estados Unidos; o en una colonia de plantacin que, inaugurada en las pequeas Antillas, se fue extendiendo hasta las grandes, involucrando a Cuba. Este contrapunteo se enriquece con la consideracin de las influencias que en ambos tipos de poblamiento tuvieron las diversas producciones que se desarrollaron en la Isla desde el siglo XVI. Desde entonces, Saco adverta que “entre la produccin del azcar y el comercio de esclavos negros hubo desde el principio tan estrecho enlace, que todo lo que influa en aumentar o disminuir aqulla, daba en ste resultado equivalente”.27 Y aade que no poda ser de otra manera, porque los negros constituyeron el brazo poderoso, la palanca principal de los ingenios. Sin las restricciones que entonces imperaban en el monopolio hispano, la poblacin negra en Cuba, hacia 1520, ya hubiera sido 30 o 40 veces ms de lo que fue. Y esto, si bien provoc que se produjera menos azcar, “es consolario [sic] pensar —dice— que tambin hubo menos africanos esclavizados”.28Aun cuando el desarrollo del contrapunteo entre la poblacin libre y esclava no aparece consignado entre los objetivos a desarrollar en la Historia de la esclavitud bien podemos sealar que ste es el tema que prima en el transcurso de toda la Historia de la esclavitud africana. El lector avezado nota que, mientras en la Historia de la esclavitud desde los tiempos ms remotos hasta nuestros das abundan los juicios analticos y razonados, stos se hacen escasos, sin desaparecer del todo, en la Historia de la esclavitud de la raza africana y en la Historia de la esclavitud de los indios en el Nuevo Mundo. La deficiencia pudiera atribuirse a que Saco haba solucionado algunos de los problemas tericos y prcticos en su Historia de la esclavitud desde los tiempos ms remotos en la cual se hallan sus principales 27Jos Antonio Saco: Historia de la esclavitud de la raza africana en el Nuevo Mundo, y en especial en los pases amrico-hispanos Imprenta de Jaime Jeps, Barcelona, 1879, t. I, pp. 5 y 6. 28Ibdem, p. 126.

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JOS ANTONIO SACO / 21 / 21 / 21 / 21 / 21 consejos a los productores cubanos y, en general, sus concepciones de los distintos acontecimientos. Aqu, donde poda herirse susceptibilidades, prefiere ceirse a los hechos Por otra parte, la circunstancia de que su historia haya quedado inconclusa, no permite asegurar con qu elementos iba a abordar candentes temticas del siglo XIX. Se hubiera arriesgado a analizar temas que saba eran objeto de controversia en la sociedad cubana de entonces? No nos parece que as hubiera actuado. El resto de la obra ya contena esas respuestas. Por ltimo, en su Historia de la esclavitud de la raza africana advierte que sta no puede escribirse con “vagas generalizaciones” ni “con razonamientos filosficos ni con sentimentales declamaciones”. Ella —dice— slo puede escribirse sobre los hechos, seguidos paso a paso, enlazados entre s en un riguroso “orden cronolgico”. Para agregar: “As y solamente as, es como puede formarse exacta y completa idea de la propagacin e incremento de la esclavitud de la raza africana en las diversas regiones de Amrica”.29Al escribir sobre la esclavitud en Amrica, Saco se hallaba ante la dificultad de hacerlo sobre una materia en la cual no existan iguales niveles en el desarrollo de su conocimiento. El caudal de datos de que puede disponer un autor para estudiar la esclavitud antigua, est acompaado de siglos de anlisis histrico-historiogrficos; situacin que no existe al abordar la esclavitud africana en el Nuevo Mundo. Para esta ltima, Saco se encontraba en la difcil situacin del hombre que deba compilar y, a la vez, sacar, sobre la base de datos dispersos y en ocasiones insuficientes, conclusiones valederas. La misma utilizacin de las fuentes, por parte suya, acusa una parcialidad necesaria. Si de buscar la verdad se trataba, sta no poda estar en los autores que desconocan el mundo natural y humano americano y defendan al del colonizador o confundan ambos universos. Por ello, con plena conciencia del contenido de las fuentes, Saco prefiere, a la hora de escribir la historia de la esclavitud africana o la historia de la esclavitud de los indios, tener como fuente al padre Bartolom de las Casas y no, por ejemplo, a un Oviedo, que tan enemigo de los indios se manifiesta. Segn hemos visto, la condicin de historiador moderno de Jos Antonio Saco est dada, en primer lugar, por su concepcin de la historia como “historia problema”; en segundo lugar, por la relacin que establece entre el pensamiento y la historia universales y los procesos nacionales; en tercer lugar, por el eje sociolgico-econmico, con la profusin del uso de las ciencias auxiliares de la historia —sobre todo, de las estadsticas y la demografa—; en cuarto lugar, por el amplio empleo de la “historia comparada” como medio idneo de estudiar los proble29Ibdem, p. 145.

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22 \ 22 \ 22 \ 22 \ 22 \ HISTORIA DE LA ESCLAVITUD mas, y, en quinto lugar, por la ptica americana desde la cual observa y analiza hechos, procesos y fenmenos histricos. Todo ello debe entenderse a partir de su visin de la historia como arma poltica; de la historia como compromiso cultural. La Historia de la esclavitud esa obra culminante del pensamiento cubano del siglo XIX, tan poco conocida y estudiada, ha despertado, sin embargo, el ms profundo sentimiento de admiracin en aquellos que la han ledo. Jos Silverio Jorrn, al admirarla, no tiene a menos manifestar una devocin religiosa por ella, comparndola con la impresin que, a primera vista, produce la baslica de San Pedro. Hoy da, la comparacin y la actitud devota de Jorrn parecen exageradas. Pero si de comparaciones se trata, la Historia de la esclavitud es como una inacabada catedral gtica erigida sobre los restos del mundo americano precolombino, con el gusto cientfico de un pensador del siglo XIX cubano. En sus innumerables detalles descubre el lector cmo va tomando forma el conjunto; cada prrafo es una mnima parte que, unida a los miles de datos que el resto contiene, da la armona lgica del conjunto. Y como la monumentalidad de la empresa trascenda la propia vida y posibilidades del autor, la gran catedral qued inconclusa. Pero la estructura cientfica estaba hecha sobre la base de la compleja y barroca realidad americana: las lneas temticas corren por cauces distintos, formando un verdadero laberinto histrico que, a pesar de ello, tiene un claro sentido, una clara proyeccin que no es otra que la compleja realidad de nuestra Amrica. La Historia de la esclavitud deviene nuestra ms monumental obra de creacin y pensamiento histricos, producida durante el predominio esclavista en Cuba; una verdadera aventura intelectual cuya magnitud asombra en los grandes y en los pequeos detalles. Una obra que no debe dejar de estudiarse si se quiere conocer no slo a Cuba y a Amrica, sino la esencia de una de las instituciones ms permanentes y, a la vez negada, del decurso humano; esa que coloca entre signos de interrogacin la controvertida condicin humana. En 1875, Jos Antonio Saco inicia la publicacin de su monumental Historia de la esclavitud Esta obra, segn el plan inicial de su autor, se compondra de tres partes constitutivas de “un gran todo”, “pero este todo lo he arreglado de manera, que bien puede romperse su trabazn, formando tres historias separadas y completas en su gnero cada una, o volverlas a juntar en un solo cuerpo, dndoles su primer enlace”.30 Llevaran el nombre genrico de Historia de la esclavitud desde los tiempos ms remotos hasta nuestros das, ttulo que, adems, serva para designar la primera parte. Las otras dos se denominaran Historia de la esclavitud de la raza africana en el Nuevo Mundo, y en especial en 30 Historia de la esclavitud de la raza africana... Editorial Alfa, Habana, 1937, p. 6.

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JOS ANTONIO SACO / 23 / 23 / 23 / 23 / 23 los pases amrico-hispanos e Historia de la esclavitud de los indios en el Nuevo Mundo. El primer conjunto se divida en tres tomos. El primero vio la luz en el ao citado en Pars, Francia, editado por la Tipografa Lahure. Significativamente, Saco slo imprimi con este tipgrafo ese volumen. Caracteriza a esa edicin notables y numerosos defectos tipogrficos, lo cual puede explicar la decisin del autor de no continuar publicando con esta casa editorial. En ese mismo ao aparece el tomo segundo, tambin titulado Historia de la esclavitud desde los tiempos ms remotos hasta nuestros das pero en este caso editado e impreso por la tambin parisina Imprenta de Kugelmann. Aunque se nota una mejora en cuanto a los defectos del tomo anterior, an se mantienen notables y numerosos defectos de edicin. Dos aos despus se publica el tercer tomo con el mismo ttulo, pero ahora en Barcelona, Espaa, por la Imprenta de Jaime Jeps. De estos tres tomos dedicados a la evolucin de la esclavitud a travs de la historia universal, este ltimo cuenta con un mejor trabajo editorial. Ello, y el hecho de residir ya en la capital catalana, lo que le permita revisar de primera mano el trabajo de impresin, lo llevaron a seguir con este establecimiento. Cada uno de los tomos publicados de este primer conjunto o primera parte de la obra, se divida en libros y cuenta con varios apndices, verdaderas joyas documentales. Los libros del tomo primero llevan su examen desde la esclavitud en Egipto, Etiopa, Fenicia, entre otros pueblos de la Antigedad, para detenerse en los hebreos que, pese a llevar el nombre de “pueblo escogido de Dios”, no dejaron por ello de desarrollar la esclavitud. Tambin se estudia la esclavitud en Asia; en particular, en la India y China. Los libros IV, V y VI de este tomo analizan la esclavitud en Grecia, incluidas su legislacin y la visin de sus filsofos. Concluye el tomo con los inicios de la esclavitud en Roma. El segundo tomo de esta primera parte, en sus nueve libros, est dedicado al estudio de la esclavitud en Roma durante la repblica y el imperio hasta su disolucin. El tercero se desarrolla en las formas que tom la esclavitud durante la Edad Media y la Moderna, incluso en el contexto de la lucha religiosa entre el cristianismo y el Islam. En 1879 aparece el cuarto tomo de la Historia de la esclavitud, pero con un nuevo ttulo: Historia de la esclavitud de la raza africana en el Nuevo Mundo, y en especial en los pases amrico-hispanos, tambin editado en Barcelona por la Imprenta de Jaime Jeps. En sus primeras pginas, Saco aclara que este tomo puede considerarse como el cuarto de la Historia de la esclavitud desde los tiempos ms remotos hasta nuestros das o como el primero de una obra independiente con el nuevo ttulo. En cualquier caso, se trata de un conjunto temtico general y otro, subordinado e independiente a la vez. Este ltimo, no obstante, no

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24 \ 24 \ 24 \ 24 \ 24 \ HISTORIA DE LA ESCLAVITUD slo era el ms novedoso, sino, adems, el ms trascendente en el mbito de una segunda mitad del siglo XIX, cuando la abolicin de la esclavitud del negro en Amrica ocupaba el debate terico y poltico, pero que, a su vez, en plena era victoriana y de expansin liberal colonialista sobre frica y Asia, acomodaba nuevas formas de esclavitud. Lamentablemente, en ese ao ocurra la muerte de Jos Antonio Saco. Este tomo lo conformaban tres libros, ms sus apndices. En el primero estudia el frica antigua hasta las consecuencias del establecimiento de portugueses en las costas de ese continente. El segundo libro, uno de los ms trascendentes de toda la obra, relaciona las consecuencias del descubrimiento de Amrica; mientras que el tercero se examina de manera detallada el establecimiento de la esclavitud africana en Amrica, vista desde los ms diversos ngulos y regiones. De acuerdo con el acta testamentaria, Saco deposit sus papeles en manos de su amigo Valds Fauli. ste, junto con Jos Silverio Jorrn, se los hicieron llegar a uno de los fundadores de nuestra historiografa contempornea, Vidal Morales y Morales. Gran parte de ellos quedaron depositados en los fondos de la Sociedad Econmica de Amigos del Pas de La Habana. Morales y Morales public, en 1881, por primera vez en Cuba, un nuevo conjunto armnico de las obras de Saco. Trtase de la llamada Coleccin pstuma de papeles cientficos, histricos, polticos y de otros ramos sobre la isla de Cuba, ya publicados, ya inditos por D. Jos Antonio Saco. En ella compila los trabajos de ste publicados con posterioridad a la recopilacin hecha por el propio autor de sus papeles en 1858. Visto as, la Coleccin pstuma... vena a constituir un cuarto tomo de su Coleccin de papeles... Dos aos despus, el propio Vidal Morales edita, en un solo tomo, lo que vendra a constituir la tercera parte de la obra inconclusa de Saco con el ttulo de Historia de la esclavitud de los indios en el Nuevo Mundo y que haba estado apareciendo, por parte, en la Revista Cubana En ese mismo ao, y como texto independiente, da a conocer en la mencionada revista otro indito de Saco con el nombre de Historia de los repartimientos y encomiendas de indios Diez aos ms tarde, en 1893, ve la luz, tambin por el destacado historiador, el que constitua el quinto tomo de la obra en su conjunto o el segundo de la Historia de la esclavitud de la raza africana en el Nuevo Mundo, y en especial en los pases amrico-hispanos En l, Vidal Morales tambin publica un voluminoso apndice de los documentos ms importantes que Saco haba reunido para su obra. No hay dudas que este segundo tomo de la Historia de la esclavitud de la raza africana... requiri, por parte de Vidal Morales, un trabajo de ordenamiento en el cual su criterio debi resultar definitorio en ms de un aspecto. Lo componen cinco libros. Se inician con el IV sobre esta temtica y cubre los siglos XVI al XIX. Las ms diversas temticas se

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JOS ANTONIO SACO / 25 / 25 / 25 / 25 / 25 tratan en l. El libro VIII se corresponde con el complejo proceso de la abolicin de la esclavitud en el siglo XIX y, aunque es muy revelador de aspectos que por entonces se desconocan, como el proyecto de extincin de la esclavitud que tena preparado Flix Varela para presentar a las Cortes espaolas de 1823, da la impresin que su texto definitivo an estaba por depurar y, quizs, ampliar por el propio Saco. No obstante el esfuerzo de Vidal Morales, Valds Fauli y Jos Silverio Jorrn, en los fondos de la Sociedad Econmica de Amigos del Pas y de la Biblioteca Nacional Jos Mart, quedaron numerosos documentos, anotaciones, fragmentos de obras, que hacen pensar en que an haba gran parte de la obra por terminar. As parece que lo entendi don Fernando Ortiz, cuando en la dcada del 30 del siglo pasado inici su publicacin en la serie editorial Coleccin de Libros Cubanos. Don Fernando decide agregar un nuevo tomo en el cual recopila 28 documentos y juicios de las ms notables figuras que se expresaron acerca de la trata y la esclavitud en Cuba; entre ellas, Francisco de Arango y Parreo, Flix Varela y Domingo del Monte. Otros criterios se agregaron por el propio Ortiz, como los de Enrique Jos Varona y Jos Silverio Jorrn. Fue tambin una decisin de Ortiz unir en un solo ttulo la Historia de la esclavitud de los indios en el Nuevo Mundo y la Historia de los repartimientos y encomiendas de indios. Pese a toda esta labor de rescate realizada por Vidal Morales y Fernando Ortiz, siguen quedando algunas incgnitas sobre partes completas de la obra no contenidas en lo que hasta ese momento se haba publicado. Dnde estn los elementos a los que Saco hace referencia en torno a una posible parte o libro o libros sobre la historia de la esclavitud en las posesiones inglesas y, en particular, en las Trece Colonias de Norteamrica, cuestin que deja explcita en las primeras partes de su obra? Recientemente, el investigador del Instituto de Historia de Cuba, Orestes Grciga, encontr y prepar para su publicacin las notas de lo que constituye un tomo completo de la Historia de la esclavitud en las colonias francesas. Es de pensar que gran parte de esta informacin hubiese constituido los dos o tres tomos que Saco no pudo terminar sobre la Historia de la esclavitud de la raza africana en el Nuevo Mundo, si bien no resulta posible determinar si hubiese sido una cuarta parte o tomos constitutivos de la que ya vena publicando. Lo mismo sucede con los elementos que rene Vidal Morales en la Historia de la esclavitud de los indios en el Nuevo Mundo. La Biblioteca de Clsicos Cubanos, despus de un detallado estudio de las versiones anteriores y de un cotejo, lo ms actual posible, cree contribuir al desarrollo de esta monumental obra, y al de la cultura cubana, con esta nueva edicin corregida, cotejada y aumentada de este clsico inigualable de nuestra historiografa y de nuestras ciencias.

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Pintura del antiguo Egipto (Autor annimo)

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Para componer esta obra, he subido a las tradiciones ms remotas de algunos pueblos; he consultado las esculturas e inscripciones que an se conservan en los muros de los monumentos ms antiguos de la tierra; y recorrido los anales de ms de 50 siglos,pero en todos ellos siempre he visto, as en el viejo como en el nuevo continente, al hombre esclavo del hombre. Naciones brbaras o civilizadas, grandes o pequeas, poderosas o dbiles, pacficas o guerreras, bajo las ms diversas formas de gobierno, profesando las religiones ms contrarias, y sin distincin de climas y edades, todas han llevado en su seno el veneno de la esclavitud. Jos Antonio Saco

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Libro PrimeroINTRODUCCI"N EGIPTO ETIOPA HEBREOS INTRODUCCI"N EGIPTO ETIOPA HEBREOS INTRODUCCI"N EGIPTO ETIOPA HEBREOS INTRODUCCI"N EGIPTO ETIOPA HEBREOS INTRODUCCI"N EGIPTO ETIOPA HEBREOS FENICIOS FENICIOS FENICIOS FENICIOS FENICIOSApartado* enteramente de la poltica, propngome escribir la historia de la esclavitud desde los tiempos ms remotos hasta nuestros das. Nacido y educado en Cuba, es decir, que nac y me eduqu entre esclavos. Aunque en corto nmero, tuvironlos mis padres, y de ellos los hered: trato, pues, de un asunto que conozco no slo por los libros que he ledo, sino por mi propia experiencia. Para componer esta obra, he subido a las tradiciones ms remotas de algunos pueblos; he consultado las esculturas e inscripciones que an se conservan en los muros de los monumentos ms antiguos de la tierra; y recorrido los anales de ms de 50 siglos, pero en todos ellos siempre he visto, as en el viejo como en el nuevo continente, al hombre esclavo del hombre. Naciones brbaras o civilizadas, grandes o pequeas, poderosas o dbiles, pacficas o guerreras, bajo las ms diversas formas de gobierno, profesando las religiones ms contrarias, y sin distincin de climas y edades, todas han llevado en su seno el veneno de la esclavitud. Existi jams algn pueblo donde sta no penetrase bajo alguna de las formas que reviste? Hay por ventura en los fastos de la humanidad algn perodo, por corto que sea, en que haya desaparecido de la tierra? frica, como si estuviera condenada por un fatal destino a eterna esclavitud, es hoy lo que fue desde los tiempos ms lejanos; y yo probar que la alta civilizacin que alcanzaron el antiguo Egipto, la Etiopa y Cartago, en vez de menguar el nmero de sus esclavos, los aument con sus guerras, conquistas y comercio. Asia, cuna del gnero humano, segn nos ensea el Gnesis, cubierta estuvo de esclavos en su inmensa superficie, desde el septentrin hasta el medioda y desde su extremidad occidental hasta sus aledaos *Esta obra se tom de Imprenta Alfa, Habana, 1936. ( N del E. )

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 30\ 30\ 30\ 30\ 30\ orientales. Invasiones, guerras, conquistas y frecuentes revoluciones derrocaron y levantaron imperios en aquella regin. Verase que, en medio de tantos trastornos, la esclavitud profundamente arraigada en las instituciones y costumbres de aquellos pueblos, trasmitiose de siglo en siglo hasta nuestros das; verase que el pueblo hebreo, no por llevar el nombre de pueblo escogido de Dios, dej de tener esclavos; y el alto puesto que ocup en la historia del mundo, me obliga a buscar los orgenes de su esclavitud, a marcar sus diferentes especies, describir su verdadera ndole, y exponer sus vicisitudes hasta la ruina y dispersin de aquel pueblo por las armas del romano imperio. Verase, que los fenicios, escitas, lidios, asirios, medos, persas, babilonios y otros pueblos asiticos todos impusieron la esclavitud, pero todos tambin arrastraron sus cadenas, y muchos de sus hijos aun bajo la forma ms degradante, pues que perdieron hasta el distintivo de hombres. De todas las naciones que en Asia se alzaron y hundieron en el polvo ms de 2 000 aos ha, slo la India y la China han sobrevivido a tantas ruinas, conservando su civilizacin primitiva. Contra el sentir de antiguos historiadores probar que la India conoci la esclavitud desde tiempo inmemorial. Sealar las copiosas fuentes de donde emanaba, y su varia naturaleza segn el sexo de los esclavos, sus ocupaciones y localidades; referir las ceremonias que se empleaban en su manumisin: pintar con sus verdaderos colores la msera condicin a que el cdigo sagrado de Man conden al sudra y a otras clases serviles; mostrar las causas que conservaron la esclavitud, trasmitindola de generacin en generacin hasta la presente edad; y dir tambin como el abolicionismo ingls se estrell en la India, mientras triunf en otras partes. Siglos y siglos corrieron sin que hubiese en China existido la esclavitud. Contar cundo y cmo empez; cmo se fue propagando, menos por las guerras extranjeras que por las civiles; cmo de stas naci una muchedumbre de siervos, cuyo estado regulariz la ley, y aun se empe en destruir por la preponderancia que adquirieron algunos seores; cmo la fuente perenne y ms abundante de esclavitud fue, y es todava, la venta del hombre libre, ocasionada por la miseria que siempre han llevado en pos de s las calamidades fsicas, polticas y morales; cmo su dureza en ciertas pocas templose en otras hasta tomar un carcter general de blandura; cmo poseyeron esclavos en gran nmero, no slo el Estado y los altos funcionarios, sino tambin los particulares y monasterios de ambos sexos, pertenecientes al budismo; cmo los chinos y aun los trtaros sus dominadores, prefieren los sirvientes asalariados a los esclavos, y cmo los eunucos llegaron a ejercer por muchos siglos una influencia tan perniciosa en el gobierno de China, que a veces conmovieron sus fundamentos. Dos grandes naciones nos presenta Europa en la Antigedad. Grecia por su sabidura, Roma por su poder. De aqulla trazar a pincela-

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JOS ANTONIO SACO /31 /31 /31 /31 /31 das la esclavitud en sus tiempos heroicos, y bajando a los histricos, profundizar los ricos manantiales de donde brotaba; demostrar que de su yugo no se libraban ni el extranjero ni el griego, el desvalido ni el poderoso, el ignorante ni el sabio, pues Digenes y Platn sufrieron sus dolores, aqul por toda la vida y ste por corto tiempo; expondr la condicin del esclavo ante la ley y la familia; indicar el nmero probable de ellos las ocupaciones tiles o vergonzosas en que se emplearon, el precio en que se vendieron, los diversos modos de manumitirlos, y los efectos que produca la manumisin en el liberto; notar distintamente los rasgos de semejanza y desemejanza que hubo entre el esclavo y el siervo, entre la esclavitud y la servidumbre. Suave aqulla en Atenas, sta fue cruel en Esparta, ocasionando las formidables insurrecciones de sus ilotas; examinar las diversas opiniones de los principales filsofos de la Grecia acerca de la justicia o injusticia de la esclavitud, y apreciar en su justo valor los males que sta caus, ora corrompiendo las costumbres, ora comprometiendo el reposo del Estado. Roma fue la nacin de la tierra que ms esclavos posey y que ms trafic en ellos. Buscar las diversas fuentes de donde salieron, siendo la guerra la ms abundante de todas. Nacin conquistadora, Roma tuvo a sus pies el mundo encadenado, pues a doquiera que volaban sus guilas, llevaban en pos de s la victoria y la esclavitud. Recorrer los mercados de carne humana que como trofeo de sus triunfos ofreca Roma al universo; indicar los diferentes precios a que se vendan los esclavos; la inmensa variedad de servicios a que stos se destinaban, y su asombrosa muchedumbre en el campo y en la ciudad; pero ese pueblo tan vido de esclavos fue tambin el ms prdigo de todos en libertarlos, y para contener el torrente de manumisiones que ya empezaban a comprometer la seguridad de Roma, fue necesario reprimirlas por la ley, bien que sta no alcanz el fin que se propona. Amargo fruto de la crueldad de la repblica con sus esclavos fueron el odio de stos a sus amos, las infames delaciones contra ellos en los das de turbulencias, su funesta participacin en las guerras civiles, sus frecuentes conspiraciones, las rebeliones sangrientas de Sicilia, y el formidable alzamiento en Italia del gladiador Spartaco. Al lado de tantos horrores no pasar en silencio los hechos heroicos de algunos esclavos fieles, que aun en medio de la tortura inmolaron su vida para salvar la de sus amos. Impotente la esclavitud para triunfar de stos por las armas, vengose cruelmente de Roma, desterrando los brazos libres de los campos y de las artes, llevando la corrupcin al seno de las familias, alterando la pureza de las polticas instituciones, e introduciendo sus depravados libertos en las tribus, decurias, cohortes de la ciudad, gobierno de las provincias, y hasta en el ya envilecido Senado. Narrar cmo el rigor de la esclavitud durante la repblica fue mitigado por la

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 32\ 32\ 32\ 32\ 32\ legislacin del imperio y por el cristianismo; cmo estas dos causas unidas a otras disminuyeron considerablemente los esclavos; cmo esta disminucin fue trasformando gradualmente el trabajo esclavo en trabajo libre, y dando origen a los gremios formados en las ciudades, y al duro colonato en los campos. Detendreme largamente en las irrupciones de los brbaros del Norte que acabaron por destruir el Imperio de Occidente: observar si esas irrupciones aumentaron o disminuyeron el nmero de los esclavos entonces existentes: manifestar el influjo que las leyes y costumbres de aquellos brbaros ejercieron en la ndole de la esclavitud romana, y de la que continu en los pases que conquistaron; tratar tambin de los siervos de la gleba y de otras clases ms o menos serviles que se formaron en la edad brbara y media, ocupando un lugar entre la libertad y la esclavitud. Ni omitir impugnar el comn error aun de clebres historiadores, asegurando que la esclavitud ces en Europa desde la Edad Media, y que su renacimiento en ella provino del descubrimiento del Nuevo Mundo. Investigar, en fin, todas las causas fsicas y religiosas, polticas y morales, ya continuas, ya transitorias, ora generales, ora parciales que fueron apareciendo sucesivamente antes y despus de la cada del Imperio de Occidente, bien para combatir, bien para mantener la esclavitud en la Europa cristiana hasta su total abolicin en el siglo decimoctavo. Aqu termina la primera parte de mi trabajo, que puede formar por s sola una obra completa; pero queriendo darle ms extensin y unidad, lo enlazar con la historia de la doble esclavitud que nos presenta el Nuevo Mundo: esclavitud de la raza africana en l introducida, y esclavitud de la raza indgena que all encontraron sus descubridores. Poco menos de cuatro centurias abarca la historia de la primera, y al contemplar perodo tan interesante, se ver que Espaa, gloriosa descubridora de un Nuevo Mundo, fue tambin la primera nacin que a l llev esclavos negros, no sacados de frica, segn la vulgar creencia, sino de los muchos que ella misma tena en su propio territorio desde tiempos muy lejanos. Explicar cundo y por qu comenz el comercio directo de negros entre frica y Amrica; cmo antes del promedio del siglo decimosexto, la esclavitud de la raza africana estaba ya difundida en las posesiones amrico-hispanas desde las Antillas y las aguas del golfo mejicano hasta las costas de Chile y las regiones del Ro de la Plata; cmo aquel trfico pas casi todo a manos extranjeras, siendo los espaoles quienes en l menos parte tuvieron, por ms de 200 aos, y cmo dio ocasin a conflictos y guerras entre Inglaterra y Espaa. Referir las fugas, conspiraciones, alzamientos, incendios, asesinatos cometidos por los esclavos, y su intervencin, ya espontnea, ya por llamamiento de los blancos, en las guerras civiles que destrozaron el Per y otros pases de la Amrica espaola. Recordar los hombres piadosos que

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JOS ANTONIO SACO /33 /33 /33 /33 /33 en sta y en Espaa elevaron su voz desde el siglo decimosexto, no slo contra el comercio de negros, sino aun contra la misma esclavitud. Seguir paso a paso sobre la abolicin de aqul y de sta todos los acontecimientos ocurridos hasta nuestros das, as en aquella metrpoli, como en sus hijas ya erigidas en repblicas independientes. Apreciar la influencia que ejerci la esclavitud en la agricultura, en las artes, poblacin y costumbres de los pueblos amrico-hispanos. Y tambin demostrar con los cdigos en la mano, que la legislacin espaola fue ms humana con los esclavos, y les dio ms proteccin y facilidad para libertarse que la de ninguna otra metrpoli europea, y que aun la de todos los Estados de la Confederacin Norteamericana. Tal es el cuadro que ofrecer de la esclavitud de los negros en los pases que hablan la hermosa lengua de Castilla. Pero esclavos de aquella raza tambin tuvieron en sus colonias americanas Portugal, Inglaterra, Francia y otras naciones europeas; y como a mi propsito cumple dejar correr la pluma, escribir igualmente la historia de la esclavitud africana en cada una de las posesiones ultramarinas que a ellas pertenecen, detenindome especialmente en las de Francia e Inglaterra, ya por la importancia de estas dos grandes naciones, y la extensin que el trfico tom bajo sus banderas, ya por los interesantes debates que para suprimirlo, ocuparon durante 20 aos la atencin del Parlamento; ora por las sangrientas insurrecciones de los negros en Jamaica, y la espantosa catstrofe de Santo Domingo, ora por la completa emancipacin que alcanzaron los esclavos en las colonias de ambas potencias. Ni perder de vista la Repblica de Norteamrica, rama desgajada del frondoso tronco britnico. Proclamada su independencia desde 1776, la historia de sus negros ya no pudo seguir confundida con la de su antigua metrpoli. Un siglo abraza el perodo que correr despus de su separacin, y en l se ver a uno de los pueblos ms libres de la tierra, oprimiendo con dura mano ms de 4 millones de hombres, todos o casi todos cristianos como l, y luchando por llevar la esclavitud a regiones no contaminadas con ella: veranse a hijos de aquel suelo manchndose con el contrabando ms infame, para vender mseros africanos en propios y extraos mercados; veranse fomentadas la inmoralidad y la corrupcin en el fango de los criaderos por el vil inters de aumentar los esclavos; pero veranse tambin nobles ejemplos de abnegacin, y hombres consagrados a la defensa de la humanidad; veranse desde los primeros aos de la independencia legislaturas de algunos Estados, aliviando unas el peso de las cadenas del esclavo, y rompindolas otras enteramente; verase prohibido y aun declarado piratera en toda la Unin el comercio de carne humana que con frica se haca; y verase terminar la esclavitud en medio de la sangre y los horrores de una guerra civil, la ms formidable quiz que han presenciado los siglos.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 34\ 34\ 34\ 34\ 34\ Apartando los ojos de los negros y volvindolos a seres ms desventurados, aparecer que la esclavitud de los indios no comenz con el descubrimiento del Nuevo Mundo, pues antes que a l aportasen los europeos, ya aqullos la sufran. Mencionar las tribus y naciones indgenas que desde el septentrin hasta el medioda tuvieron esclavos indios; los diversos orgenes de donde stos emanaron; sus ventas en privado o en pblicos mercados; el rigor o suavidad con que sus amos los trataron; su brbaro sacrificio en los templos de dioses sanguinarios, y ms sanguinarios en Anahuac que en otra regin alguna de Amrica. A esta esclavitud, que era parcial, sustituyose la general que sobre los indios echaron los conquistadores. Escribir la historia de ella bajo las diversas formas que fue tomando con el transcurso del tiempo, delicada materia es para un hijo de la Amrica espaola; sobre todo, si naci en Cuba. Pisando un terreno resbaladizo, hllome entre dos corrientes opuestas: una que sale de Espaa, y otra que viene del Nuevo Mundo. Muchedumbre de escritores son impelidos por la primera, y muchedumbre por la segunda; mas, yo no me dejar arrastrar ciegamente por ninguna de las dos. Justo e imparcial con todos, ni halagar pasiones ni partidos, ni torcer la verdad, y desde ahora debo decir, que si en la conducta de los conquistadores y pobladores con los indios hay mucho que reprobar, en la del gobierno con stos hay tambin mucho que aplaudir. Describir, pues, con diestra firme todas las vicisitudes por que pas la raza indgena desde su primera esclavitud bajo la dominacin espaola hasta que obtuvo su completa libertad. Contar las miserias y tribulaciones de los indios, las iniquidades que por mar y tierra se perpetraban para esclavizarlos; pero al mismo tiempo no negar el constante empeo de los monarcas espaoles en reprimirlas, y en proteger la libertad de aquellos infelices, si bien esta proteccin no alcanz al feroz caribe, cuyo carcter pintar, ni a ciertas tribus que como l devoraban carne humana. Idnticos de hecho, la esclavitud y las encomiendas o repartimientos, marcar sus diferencias fundamentales ante la ley. Explicar el origen de ellos; su gradual propagacin desde las Antillas hasta Chile y Buenos Aires; los ardientes y largos debates entre los encomenderos que defendan los repartimientos como justos y necesarios, y los frailes dominicos y de otras religiones, que los condenaban como inicuos y funestos; la perplejidad del gobierno con los informes contrarios que reciba; las Juntas de telogos, jurisconsultos y de otras personas respetables, congregadas por su orden en Castilla para dirimir esta lamentable controversia. Ni echar en olvido las numerosas disposiciones de los reyes, encaminadas a favorecer los indios, pero casi siempre frustradas por la codicia y por la inmensa distancia; las rectas intenciones de algunos

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JOS ANTONIO SACO /35 /35 /35 /35 /35 gobernantes, obispos y magistrados; los esfuerzos, heroicos del gran protector de los indios, el inmortal sevillano Bartolom de las Casas; las Nuevas Leyes que por su influjo promulg Carlos V contra los repartimientos para mejorar la condicin de los indios; las profundas conmociones que ellas causaron en Nueva Espaa, el Per, y en otras partes del continente; su temporal suspensin, y las graves discusiones que se suscitaron sobre la perpetuidad de las encomiendas. Hablar de la supresin de los servicios personales, y la nueva guerra civil que ella encendi en el Per ; de la abolicin de las encomiendas, la incorporacin de los indios en la Corona real, el tributo que a favor de sta se les impuso, y de las extorsiones de los corregidores para cobrarlo. Referir los levantamientos y guerras de los indios contra sus dominadores en diversos tiempos y pases; las causas que los exterminaron no slo en las Antillas espaolas, sino tambin en las extranjeras, y su conservacin en el continente amrico-hispano. Tratar de la mita o servicio forzado de los indios en las minas de Nueva Espaa y del Per, y de su total extincin, primero en aquel virreinato, y despus en el segundo. Considerar las importantes misiones o reducciones del Paraguay bajo la direccin de los jesuitas, su organizacin interior, sus progresos y resultados. Comparar, por ltimo, el estado en que se hallaban los indios bajo la dominacin espaola, con el que han tenido y tienen hoy los que habitan en tierras pertenecientes a gobiernos que se precian de civilizados y humanos. Compnese, pues, esta obra, segn el plan que he trazado, de tres partes principales, constitutivas de un gran todo; pero este todo lo he arreglado de manera, que bien puede romperse su trabazn, formando tres historias separadas y completas en su gnero cada una, o volverlas a juntar en un solo cuerpo, dndoles su primer enlace. Egipto por donde comienza esta historia, es uno de los pases ms interesantes de la tierra. Su inmensa antigedad; sus 31 dinastas desde la fundacin del trono por Menes casi 4 000 aos antes de Jesucristo hasta la muerte de la famosa Cleopatra; sus portentosos monumentos; sus grandiosas ruinas; sus soberbias pirmides desafiando los siglos; la salida del pueblo hebreo bajo la direccin del gran Moiss; su clima extraordinario, no tanto por su elevada temperatura, cuanto por su extrema sequedad tan favorable a la conservacin de esos mismos monumentos; su ro singular derramando vida y abundancia en los terrenos que riega peridicamente con sus aguas; sus conocimientos en varias ciencias que como depsito sagrado conservaba la clase sacerdotal; y los viajes que para adquirirlas hicieron los legisladores Licurgo y Soln, Tales, Anaxgoras, Pitgoras, Demcrito, Platn, Eudoxo, y otros hombres eminentes de la Grecia, todo esto ha llamado siempre la atencin del mundo civilizado.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 36\ 36\ 36\ 36\ 36\ Pero esa nacin que en todos tiempos ha inspirado tanto inters, nunca tuvo un vasto territorio. Los antiguos no dieron el nombre de Egipto sino a la regin habitada que cubren las aguas del Nilo desde el Mediterrneo hasta Syene, ciudad limtrofe de la Etiopa. “Despus, y aun en nuestros das, dice Strabn, se ha reunido bajo este nombre: 1 del lado del Oriente, casi todo el espacio comprendido entre el golfo Arbigo y el Nilo (en cuanto a la Etiopa, ella no se extiende absolutamente hasta el mar Eritreo); 2 del lado del Occidente, el pas que se extiende hasta los oasis y la costa desde la boca Canopica hasta el Catabathmus1 y la provincia de Syrene”.2En esta nacin, por tantos ttulos interesante, pirdese el origen de la esclavitud en la noche de los tiempos; y la primera noticia histrica de ella consignada est en el Gnesis, uno de los libros ms antiguos del mundo. Cuando el patriarca Abraham estuvo en Egipto, recibi del faran que entonces all reinaba un presente de ganados y de esclavos de ambos sexos.3Matar a Joseph, muchacho de 17 aos, fue el primer pensamiento de sus envidiosos hermanos hijos de Jacob; mas, a la vista de unos midianitas que hacan el comercio de caravana entre Galaad y Egipto, mudaron de parecer y le vendieron en la tierra de Canan. Esos midianitas oriundos de Midian, uno de los hijos que hubo Abraham en Cetura, su segunda mujer, habitaron probablemente en las inmediaciones del mar Rojo, y ya desde el tiempo de Jacob, comerciaban con Egipto en drogas, blsamos y mirra.4 Llegado que hubieron a ese pas, vendieron el esclavo Joseph a Putifar, capitn de guardias en el palacio del faran.5Larga escasez de granos sufri una parte del Asia occidental en los das de Jacob. A comprarlos en Egipto envi este patriarca sus hijos, y acusados all del supuesto hurto de una copa de plata perteneciente al faran, todos, en prueba de su inocencia, se ofrecieron a ser esclavos de aqul, aun en el caso que uno solo de ellos apareciese culpable. “Aquel de tus servidores, as dijeron, en quien se encontrare la copa, muera; y nosotros seremos esclavos”.6Estas ltimas palabras y otras que mediaron entre el intendente de Joseph, que ya era primer ministro, y sus hermanos, manifiestan cuan familiarizado estaba el pueblo egipcio con la esclavitud. Pero muchos siglos antes de estos sucesos, ya ella exista en Egipto. Si se reflexiona que de la entrada de Joseph en este pas a la fundacin de la monarqua egipcia por Menes, su primer rey, haban corrido ya largas centurias; que a esa monarqua precedi un gobierno teocrtico que dur muchos siglos; que otros muchos haban pasado antes de llegar a la teocracia; que la esclavitud era una institucin universal, y que en frica, donde siempre ha estado muy difundida, se halla situado el Egipto, muy pronto se conocer que ella sube all a una poca inmemorial.

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JOS ANTONIO SACO /37 /37 /37 /37 /37 A primera vista parece que la organizacin social del Egipto debi oponerse a la esclavitud, pues establecido que fue el gobierno monrquico, toda la poblacin libre dividiose en castas. Siete eran stas, segn Herodoto: los presbteros, los militares, boyeros, porqueros, mercaderes, intrpretes y pilotos;7 pero las cinco ltimas no fueron propiamente castas distintas, sino fracciones diversas de una sola. As fue que Diodoro de Sicilia y Strabn solamente contaron tres: la de los presbteros, la de los militares, y la que comprenda a los pastores, labradores, y toda especie de artesanos o menestrales.8 Dedicada exclusivamente la ltima casta a los trabajos materiales, bien pudiera creerse que todas las necesidades del pas quedaron satisfechas sin acudir a la esclavitud. Pero sta precedi en Egipto a la divisin de las castas; y aunque no hubiese precedido, la casta destinada a los trabajos materiales, tan vinculada estaba en ellos, que no poda emplearse en el servicio domstico; sobre todo cuando los obreros no eran bastantes en ciertas ocasiones para los monumentos y otras obras pblicas que emprendan los egipcios. Morir a manos del vencedor, o ser esclavos, tal fue la suerte comn que cupo en la Antigedad a los prisioneros de guerra. sta, el comercio y la legislacin, fueron las fuentes principales de esclavitud entre los egipcios. Belicosos en varias pocas de su larga existencia sustentaron algunas lides con los pueblos vecinos y aun con otros ms distantes. Crese que la Etiopa fue conquistada por Sesrtesen I, llamado tambin Osirtasen, segundo rey de la duodcima dinasta, que subi al trono aproximadamente, segn Lepsius, en el siglo vigesimosegundo,9 y segn Bunsen en el vigesimosptimo antes de la era cristiana.10 Esta conquista hubo de dar esclavos negros al Egipto, sin que sea posible sealar su nmero. La historia ms verdica y ms instructiva de aquella nacin, grabada est en los restos de sus palacios, templos, pirmides e hipogeos;11y muchos de los relieves que cubren los muros de esos monumentos representan la esclavitud de los guerreros vencidos. As aparecen asiticos y africanos, ora del todo negros, ora de color ms claro, en el palacio Luqsor12 en el de Menephtha I en Karnak,13 en el de Ramses III en Medinet Habu,14 en uno de los hipogeos de Kurnah15 y en otros monumentos.16Entre los monarcas guerreros del antiguo Egipto, distinguironse por sus proezas Sethos I y su hijo Rameses o Ramses II, a quien los historiadores griegos dieron equivocadamente el nombre de Sesoosis o Sesostris que tuvo tambin su padre. Estos dos monarcas reinaron en el siglo decimoquinto antes de la era cristiana, y pertenecieron a la dinasta decimanona, segn la lista de Manethon y Eratosthene.17Las guerras y victorias de Ramses II, adems de estar representadas en los monumentos egipcios,18 mencinanlas expresamente Herodoto,19

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 38\ 38\ 38\ 38\ 38\ Diodoro de Sicilia,20 Strabn,21 Plinio, el Naturalista,22 y Tcito.23 ste refiere el viaje que Germnico hizo al Egipto, y su visita a las grandes ruinas de la antigua Tebas. Uno de los ms ancianos sacerdotes explicole las inscripciones egipcias que an se conservan en algunos monumentos, y una de ellas dice, que Ramses subyug la Libia y la Etiopa. Bajo la palabra Libia, nombre que en la Antigedad tambin se dio al frica, debe entenderse solamente una parte de la que est al occidente del Egipto; pues imaginarse que aquel monarca hubiese conquistado toda la Libia, sera un absurdo espantoso. Despus que Ramses domin ese pas y la Etiopa, prepar una escuadra de 400 naves24 en el mar Eritreo, que as se llam antiguamente, no slo al que hoy denominamos Rojo, sino a todo el que baa las costas meridionales de Arabia hasta el golfo Prsico.25Continuando sus conquistas, entr en Asia y someti la Media, la Persia, la Bactriana, la Escitia, todo el pas habitado por los sirios, armenios y capadocios desde el mar de Bythinia hasta el de Lycia.26 Pas despus a Europa, recorri triunfante la Tracia, y volvi a Egipto con prodigiosa muchedumbre de prisioneros esclavizados.27Confirman esos triunfos algunos papiros egipcios, pues el clebre Champollion reconoci en el ao de 1828, uno en que se habla de la guerra de aquel monarca contra el pueblo de Cheta.28 Aquel papiro fue comprado a un francs en 1839 por el Museo Britnico de Londres. El doctor Lepsius, examinando en Liorna una coleccin de antigedades egipcias perteneciente a D’Anastasy, encontr una serie de papiros en que se hace mencin de otras proezas militares de aquel perodo. Tan slo con los prisioneros esclavizados por Ramses, y sin ayuda de ningn brazo egipcio, l hizo calzadas, abri canales para dar curso a las aguas estancadas del Nilo, y facilitar las comunicaciones; form tesos artificiales donde asentar pueblos y ponerlos al abrigo de las inundaciones; construy fortalezas, levant en casi todas las ciudades principales un templo al dios que en ms veneracin tenan sus habitantes,29 y puso en esas obras la siguiente inscripcin: “Aqu no se ha fatigado ningn indgena”.30 Aunque esos esclavos pertenecieron al Estado, muchos pasaran al dominio privado de los egipcios, porque habiendo Ramses recompensado a los guerreros que le acompaaron en sus largas expediciones, es muy probable que entre las liberalidades que les hizo, tambin les hubiese repartido esclavos. Hubo otro Ramses, que fue el tercero, perteneciente a la vigsima dinasta, que aproximadamente comenz en el siglo decimotercio antes de Jesucristo. Este monarca hizo tambin una grande expedicin al Asia, y su reputacin como guerrero fue casi igual a la de Sethos I y a la de su hijo, Ramses II: siendo de advertir, que no en pequeo error incurren algunos, atribuyendo los triunfos martimos y terrestres de Ramses III a Ramses IV, que nada notable emprendi.

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JOS ANTONIO SACO /39 /39 /39 /39 /39 El gran nmero de prisioneros introducidos en Egipto como esclavos por Ramses II, hubo de aliviar, a lo menos por algn tiempo, la dura condicin en que viva la casta inferior, pues sobre ella cargaba el recio trabajo de construir los portentosos monumentos que todava asombran a los mortales. A la vista del lago artificial de Moeris, de esa inmensa obra, dice Diodoro de Sicilia: “quin podr calcular los millones de hombres y el nmero de aos empleados en concluirlo?”31 Incalculable tambin sera el de los brazos libres o esclavos que trabajaron en el admirable laberinto situado a poca distancia del referido lago.32 Herodoto y Diodoro de Sicilia aseguran,33 que el pueblo detestaba la memoria de los reyes que levantaron cerca de Menfis las tres ms altas pirmides del Egipto; y ellos tambin dicen, que para concluir la ms grande, se emplearon continuamente, por ms de 20 aos, 360 000 obreros, de los cuales muchos perecieron.34 Y no habra entre ellos muchedumbre de esclavos que sucumbiera bajo el peso de tan duros trabajos? De los prisioneros esclavizados que Ramses II llev de Babilonia a Egipto, cuenta Diodoro de Sicilia,35 que no pudiendo resistir la dureza de los trabajos que se les impona, sublevronse, apoderronse de una fortaleza, hostilizaron a los egipcios, asolaron los lugares vecinos, y que al fin capitularon, alcanzando permanecer en aquel punto, donde fundaron una ciudad que llamaron Babilonia en memoria de su patria. Lo mismo dice Strabn;36 pero Ctesas de Knide, segn refiere el mismo Diodoro, cree que dicha ciudad no fue fundada por prisioneros esclavizados, sino por guerreros babilonios que marcharon a Egipto con Semramis, y quisieron conservar all un recuerdo de su tierra natal. No concuerda Josefo con esto, el cual piensa que aquella ciudad data de la invasin de los persas, a quienes acompaaron algunos babilonios, pues unos y otros dependan entonces de un mismo gobierno.37 Cul de estas opiniones sea la verdadera, imposible es averiguarlo hoy. No tan estupendo como las pirmides y las otras obras que acabo de mencionar, fue el canal que el faran Necos empez a abrir para establecer comunicacin entre el mar Rojo y el Nilo;38 mas, a pesar de esto y que los trabajos fueron interrumpidos por orden suya, murieron en ellos ms de 20 000 hombres.39 Este nmero, y el muchsimo mayor que fue devorado por la construccin de las tres grandes pirmides, demuestran la necesidad que del trabajo de esclavos tena el Egipto. Con largas interrupciones sigui dndoselos la guerra, pues los faraones la hicieron al frica, y con ms frecuencia a la Siria. Sheshonk I o Sesonchis, fundador de la vigesimasegunda dinasta que comenz a fines del siglo dcimo antes de la era cristiana, tom a Jerusaln por los aos de 970 y a otras muchas ciudades de Siria. Apoderose de las riquezas del magnfico templo que Salomn haba construido y de los tesoros del palacio del rey;40 pero la Sagrada Escritura no menciona que hubiese tornado a Egipto con prisioneros esclavizados.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 40\ 40\ 40\ 40\ 40\ Psammtico rein en Egipto 54 aos; hizo la guerra a Siria, siti la ciudad de Azotus, pero no la tom sino al cabo de 29 aos: asedio, segn Herodoto, el ms largo que hasta entonces se haba conocido.41 Necos, sucesor de aquel rey, invadi tambin la Siria, y despus de la batalla de Magdole, apoderose de la importante ciudad de Caditis.42 Psammis, que slo rein seis aos, muri poco despus de su expedicin a Etiopa;43mas, su hijo Apries invadi con ejrcito numeroso y escuadra considerable la isla de Chipre y la Fenicia; tom de asalto a Sidon, llev el terror a otras ciudades de aquella nacin, y volvi a Egipto con gran botn.44Cuntos, pues, no seran los infelices que en esta guerra, y en las otras, que acabo de apuntar, arrastraron las cadenas de la esclavitud? Cuando Cambises, rey de Persia, subyug el Egipto, march contra los etiopes-macrovianos; y habindolos vencido, impsoles un tributo en oro fino, colmillos de elefante, bano y cinco muchachas esclavas. Este tributo se pagaba cada tres aos, y en tiempo de Herodoto duraba todava.45Aun despus de extinguidas las antiguas dinastas egipcias, y colocadas otras nuevas en el trono de los faraones, la guerra sigui dando esclavos al Egipto. Con las turbulencias acaecidas por la muerte de Alejandro Magno, uno de sus generales, de nombre Tolomeo Lagus Soter, hzose rey de aquel pas, y acometiendo en aos posteriores la Palestina, esclaviz en ella muchos de sus habitantes, que vendi en Egipto. Su hijo y sucesor Tolomeo Filadelfo, ya por complacer a su amigo, Aristeo, ya por estrechar sus relaciones polticas con el pueblo hebreo, ya por ambos motivos, libert no slo a los judos que su padre haba esclavizado, sino tambin a todos los dems esclavos de aquella raza que vivan en Egipto. Su nmero ascendi a 120 000, y a 470 talentos la suma empleada por aquel monarca para rescatarlos.46 El edicto en que se proclam su libertad, es un documento que honrar eternamente la memoria de Tolomeo. “Queremos, dice, que todos los judos cogidos en Siria, Fenicia y Judea por los soldados del difunto rey nuestro padre, y que fueron trados y vendidos en Egipto, como tambin aquellos que antes o despus han sido vendidos del mismo modo en nuestro reino, queden exentos de esclavitud: que nuestros soldados, adems de su sueldo, reciban de nuestro Tesoro 120 dracmas por cada uno de esos esclavos que tuvieren en su poder; y que nuestros tesoreros paguen igual rescate a los diferentes amos que poseyeren otros, porque teniendo motivos para creer que el haber trado los soldados a Egipto tan gran nmero de cautivos, ha sido contra la voluntad del rey nuestro padre, contra toda especie de equidad, y slo por el deseo de aprovecharse de ellos; el amor a la justicia y la compasin que se debe tener a los desgraciados, nos obliga a poner en libertad a todos estos cautivos, despus que se haya pagado a sus amos

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JOS ANTONIO SACO /41 /41 /41 /41 /41 el precio que hemos ordenado. Y como estamos ciertos de que nuestra bondad es provechosa en esta ocasin, creemos que nuestro actual edicto ser ejecutado de buena fe; que tres das despus de su publicacin, los poseedores de dichos esclavos presenten una lista de ellos; y si algunos dejan de obedecernos, se les pueda denunciar, confiscndoseles todos sus bienes en nuestro provecho”.47Este edicto fue ejecutado en siete das; y las 120 dracmas se pagaron, no slo por cada esclavo adulto, sino tambin por cada nio. Si la guerra dio al Egipto esclavos extranjeros, veces hubo en que ella esclaviz a los mismos egipcios. Casi 2 100 aos antes de Cristo, los hyksos o pastores, procedentes de la Siria, invadieron el Egipto por la frontera oriental, y como la hallaron indefensa, dominaron pronto el pas. De los males que ocasionaron traz Manethon un cuadro muy doloroso. “Bajo el reinado, dice, de Thimaus, uno de nuestros reyes, Dios irritado contra nosotros permiti, que cuando al parecer no deba temerse nada, un gran ejrcito de un pueblo que no tena reputacin alguna, vino del Oriente, se apoder sin dificultad de nuestro pas, mat una parte de nuestros prncipes, encaden a otros, quem nuestras ciudades, arruin nuestros templos, y trat tan cruelmente a los habitantes, que haciendo morir a muchos, redujo las mujeres y los nios a esclavitud, y puso por rey a uno de su nacin llamado Salatis”.48Este pasaje es digno de toda confianza, porque Manethon es uno de los guas ms seguros para conocer la historia del antiguo Egipto. Fue gran sacerdote del templo de Isis en Sebennytus, en el Bajo Egipto, reinando Tolomeo Soter; tvose por hombre de mucha sabidura y escribi varias obras, cuya veracidad la confirman los antiguos monumentos egipcios. Su historia se perdi, y, segn piensan algunos, fue en el incendio de la Biblioteca de Alejandra. Sin embargo, Josefo, en su defensa de los judos contra Apion, insert algunos fragmentos; sirviose de ellos en su Chronicon el obispo Julio Africano, autor al principio del tercer siglo de la era cristiana; pero esta obra tambin se perdi; mas, hllanse reproducidos algunos trozos en la Crnica de Eusebio, obispo de Cesrea, en Palestina, autor del siglo cuarto de la era cristiana; y tambin en la del monje bizantino Jorge Sincello, escrita a principios del siglo noveno. La dominacin de los hyksos, en Egipto, dur muchas centurias; mas, al fin fueron arrojados de aquel pas por Tuhmosis III, cuarto rey de la decimaoctava dinasta. El comercio terrestre y martimo dio tambin muchos esclavos al Egipto. Antiqusimas fueron sus relaciones con la Etiopa, y a veces tan estrechas, que cuando Herodoto visit el Egipto, los sacerdotes le dije-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 42\ 42\ 42\ 42\ 42\ ron, que de los 331 soberanos que de Menes a Moeris haban reinado en l, 18 fueron etiopes.49 Y en tal estado, no pasaran al Egipto muchos esclavos negros de la Etiopa su vecina? En un recodo occidental del Nilo, hacia la entrada del desierto hallbase en tiempo de los faraones una ciudad, cuyo nombre egipcio nos es desconocido; pero que los griegos llamaron Abydos.50 Slo a Tebas ceda en importancia, y el alto puesto que ocup, indcalo la grandeza de sus ruinas. Situada ventajosamente para el comercio, Abydos fue un depsito de mercancas; y como entre ellas hubo esclavos, muchos de stos debieron de entrar en Egipto por aquel punto.51Desde la remota antigedad, como ya se ha dicho, dominaron los egipcios cierto espacio de la Libia, en cuya parte occidental, y no lejos del Egipto, estn los tres oasis, bien conocidos de Strabn y de otros autores. Diose el nombre de oasis a unos pedazos de terreno, regados en el desierto de la Libia por fuentes, que brotando en l, favorecen la vegetacin de algunas plantas. Aquellos de que hablo, son tres, y llamronse desde la antigedad, Grande, Pequeo, y de Ammon, por un templo de este nombre situado en l.52 Con el interior de frica traficaron los habitantes del Grande Oasis;53 y como entre ste y el Egipto el camino ms fcil y ms corto era el que conduca a Abydos, pues que slo distaba tres jornadas,54llevronse esclavos a ella de diferentes partes de frica. Debieron tambin de llevarse por la gran ruta, que arrancando en Tebas, pasaba por la ciudad de Oasis,55 por Ammonium y Augila; llegaba a las fronteras de los garamantes;56 continuaba desde all hacia el pas de los atarantes, y prolongbase hasta los atlantes, que habitaban el monte Atlas.57 Pero estos pueblos traficaron en esclavos desde la ms remota antigedad; y de los garamantes, dcenos Herodoto, que se ejercitaban en la caza de los trogloditas-etiopes, sirvindose para ello de cuadrigas, por ser aquella tribu muy veloz en la carrera.58De las montaas de Abisinia sacronse tambin desde tiempo inmemorial nios y jvenes para venderlos a los asiticos, y todava en nuestro siglo los han llevado anualmente las caravanas de all a Egipto. Para el comercio terrestre fuera del frica presentose al Egipto la antiqusima ruta del istmo de Suez, que le pona en comunicacin con los pases orientales. Por ella sac Abraham los esclavos que le regal el monarca egipcio,59 y por ella tambin introdujeron al hebreo Joseph los comerciantes midianitas que lo vendieron a Putifar.60Dos mares baan las costas del Egipto: el Mediterrneo hacia el norte, y el golfo Arbigo hacia el Oriente. Durante muchos siglos no pudieron entrar esclavos por el primero. Ora fuese por motivos supersticiosos, ora huyendo de la piratera que en aquel mar abundaba, ora porque los egipcios creyesen que nada de fuera necesitaban,61 las bocas del Nilo estuvieron cerradas para todo comercio por muchos siglos, y

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JOS ANTONIO SACO /43 /43 /43 /43 /43 los extranjeros que a ellas llegaban, eran condenados a muerte o a esclavitud.62 Cuntase, sin embargo, que habiendo Paris, raptor de Elena, hecho rumbo de Grecia hacia Troya, fue arrojado por los vientos sobre la boca Canpica, una de las siete principales del Nilo, y que los esclavos que llevaba para su servicio, le abandonaron y acogieron a un templo de Hrcules, cerca de aquel paraje.63 Cuntase tambin, que Menelao, marido de Elena, al volver de la guerra de Troya para Grecia con muchos cautivos, fue echado por los vientos sobre aquella misma boca; y que por haber fallecido all Canopus, piloto de la nave que los conduca, fundose una ciudad llamada Canope.64 Cuntase igualmente, que habindose sublevado los cautivos de Menelao y obtenido su libertad, construyeron una ciudad, que apellidaron Troya, en memoria de su patria.65Si tal relato es verdadero, coincidencia rara es por cierto, que singlando hacia Troya el raptor de Elena, fuese arrojado por los vientos sobre la boca Canpica del Nilo, y que igual accidente, y por la misma causa, hubiese tambin ocurrido en el mismo paraje al marido de la robada, cuando de Troya volva a la Grecia. Psammtico con menos preocupaciones que sus antecesores fue el primero que de las siete bocas del Nilo, franque al comercio extranjero la mencionada Canpica, ordenando que las naves que a ella arribasen, se dirigieran a la ciudad de Naucratis asentada a orillas de aquella boca.66El rey Amass, amigo de los griegos, dio nuevos pasos en esta poltica liberal, y bajo de su reinado subi Egipto a grande prosperidad.67 Desde entonces pudo hacerse el trfico de esclavos por el Mediterrneo, y entre los que importaron los griegos en Egipto, mencionar la famosa cortesana llamada Doricha segn unos, o Rhodopis segn otros,68 la cual fue vendida en la licenciosa Naucratis,69 por Characxo hermano de Safo la clebre poetisa.70 Strabn oy decir que habiendo Rhodopis pasado a Menfis, encendi a tal extremo la pasin del monarca reinante, que l, para darle sepultura despus de su muerte, levant a su memoria la ms pequea de las tres grandes pirmides que todava se conservan cerca de las ruinas de aquella capital. Del relato de Strabn disiente Herodoto,71 quien dice adems, que el vendedor de Rhodopis fue Xampto, natural de Samos, y su libertador, Characxo de Mytylene. Pero lo que ms foment en Egipto el trfico de esclavos por el Mediterrneo, fue la dominacin macedonio–greca. Queriendo dar Alejandro Magno a sus conquistas un centro comn de comercio, fij los ojos en la miserable aldea de Rhacotes,72 y comprendiendo toda su importancia, construy en aquel sitio la ciudad que deriv su nombre de su inmortal fundador. Asentada ventajosamente para las relaciones mercantiles con Asia, frica y Europa, convirtiose Alejandra en el ms rico emporio del mundo;73 y de los esclavos que en ella se introducan, exportronse muchos para diferentes pases.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 44\ 44\ 44\ 44\ 44\ Antes de haberse establecido relaciones mercantiles entre el Egipto y la India, la Arabia Feliz era el depsito de las mercancas egipcias e ndicas, as como Alejandra lo fue despus para las del Egipto y otros pases.74El golfo Arbigo fue la va martima que conocieron los egipcios desde tiempos muy remotos; y all se equiparon, como ya hemos dicho, las naves con que Ramses II y Ramses III recorrieron el mar Eritreo hasta la India. Sin seguir paso a paso la historia de las antiguas relaciones del Egipto con aquella regin, recordaremos que el faran Necos hizo construir en el golfo Arbigo muchas trirremes para sus expediciones;75que reinando los primeros Tolomeos, el comercio por aquel golfo adquiri grande importancia, y que abatido bajo los ltimos reyes de aquella dinasta, no tard en cobrar nuevo aliento. Los productos de la India y de Arabia desembarcbanse en Myos-hormos (hoy viejo Koseir), puerto clebre del Egipto en las costas del mar Rojo: expedanse de all en camellos para Coptos (Keft) ciudad de depsito en la Tebaida, que por un canal comunicaba con el inmediato Nilo, y por ste bajaban hasta Alejandra.76 De aqu salan en retorno por aquel ro flotas numerosas para Coptos, de donde transportadas por tierra las mercancas hasta Myos-hormos, all se reembarcaban para Arabia y la India en convoyes ordinariamente compuestos de unas 100 naves.77Pero hubo esclavos entre los efectos que alimentaron ese comercio? Sin poderlo asegurar, es muy probable que los hubiese, porque en Arabia era muy conocida la esclavitud: las tribus brbaras canraitas que habitaban en las costas del mar Rojo esclavizaban a los nufragos; y ranlo a su vez muchos individuos de ellas por los jefes de otras tribus ms fuertes que frecuentemente las acometan.78 De Omn, cerca de la entrada del golfo Prsico, exportronse esclavos para Arabia.79 Cana, situada en estas costas, trafic en ellos, llevndolos hasta Barygaza,80punto mercantil de la India, que tambin los reciba de varias partes de esta regin; y como de Barygaza sala anualmente una flota para Egipto,81 no es muy probable, vuelvo a decir, que cuando tantas relaciones hubo entre l y aquellos pases, se hubiesen trocado algunos esclavos por otras mercancas? Pero si en esto cabe alguna duda, ninguna hay en que de otros parajes los recibieron por el mismo golfo Arbigo, pues flotas considerables navegaron hasta las extremidades de la Etiopa, desembarcando a su retorno en Myos-hormos todas las mercancas que importaban.82 Adulis, ciudad de la Abisinia, fundada segn Plinio por unos esclavos prfugos del Egipto, y con un puerto a los 15 grados y casi 45 minutos de latitud,83 fue un mercado donde los etopes y trogloditas, en cambio de vasos de tierra y de vidrio, y de otros productos, daban pieles de hipoptamo, cueros de rinoceronte, marfil, conchas de tortuga, monos y escla-

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JOS ANTONIO SACO /45 /45 /45 /45 /45 vos.84 stos, aunque pocos, sacronse tambin de Malao, y en mayor nmero de Opone, puertos de la costa oriental de frica, situados el primero a poca distancia de la entrada del mar Rojo, y el segundo entre los 10 y 11 grados de latitud cerca del cabo de Orfui. Los esclavos que se compraban en Opone, eran excelentes, y exportbanse casi todos para Egipto.85Entre los que la guerra y el comercio dieron a este pas, hbolos de varias razas, y negros debieron de abundar, porque siendo Egipto parte de frica, tuvo grandes facilidades para recibirlos. De creer es tambin que se importaran esclavos eunucos, porque entre los trogloditas de la Nubia practicose la mutilacin humana bajo de ciertas ceremonias religiosas.86Fuente de esclavitud fue igualmente la legislacin, aunque no tan abundante como la guerra y el comercio. Los egipcios que no pagaban sus deudas, podan ser esclavizados por sus acreedores. Parece que esta costumbre rigi hasta los tiempos de Bocchoris que rein hacia el promedio del octavo siglo antes de la era cristiana. l mand que slo se procediese contra los bienes del deudor, por ser propiedad suya; mas, no contra la persona, porque sta pertenece al Estado, el cual tiene derecho a llamarlo a su servicio, ora en tiempo de guerra, ora de paz.87 Pero si el deudor qued libre desde entonces, no por eso recobr el derecho de sepultura de que se le privaba. Raras fueron sobre este punto las costumbres de los egipcios. Las familias que carecan de lugares propios para enterrar sus muertos, conservbanlos embalsamados en sus casas; y lo mismo hacan con el cadver de los delincuentes, a quienes la ley egipcia negaba los honores de sepultura. Fue tan infamante esta privacin, que cuando alguno de los descendientes del deudor difunto mejoraba de fortuna, se apresuraba a pagar las deudas, para poderle enterrar; y mientras esto no se haca, la familia conservaba embalsamado en su casa el cadver del deudor.88 De aqu naci la singular y sacrlega costumbre de que los egipcios diesen como prenda de sus deudas el cadver de sus padres; bien que si no lo rescataban, incurran en la mayor infamia, y eran privados tambin de sepultura.89Ningn pueblo de la tierra se ha empeado tanto en conservar sus cadveres como los antiguos egipcios. Crean ellos en otra vida despus de la muerte, y que el alma estaba en continua comunicacin con el cuerpo. Para preservarlo, pues, embalsambanlo,90 cubranlo con bandas de lino, encerrbanlo en doble y triple sarcfago de las maderas ms slidas o de las piedras ms duras, enterrbanlos en profundas sepulturas, o depositbanlos en salas labradas cuidadosamente en la roca viva. Hasta las inmensas pirmides que nos asombran todava, no fueron sino sepulcros gigantescos de algunos faraones, pues a la idea de conservar el

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 46\ 46\ 46\ 46\ 46\ cadver para que el alma se correspondiese con l, juntaron los antiguos egipcios el deseo de imprimir en sus obras y monumentos el sello de la eternidad. Si la prohibicin de esclavizar por deudas ceg una de las fuentes de esclavitud, abriose otra con la ley de Sabacon, rey oriundo de la Etiopa, que aboliendo la pena de muerte en Egipto, conden a trabajar como esclavos en las obras pblicas a muchos criminales que hubieran perecido en un patbulo.91 De ellos fue gran nmero condenado al laboreo de las minas de oro en los confines del Egipto, cerca de la Etiopa y no lejos del mar Rojo. Hallbanse en una montaa llamada Ollaki por Edrisi, Alaki por Abulfeda, y Salaka por el portugus Juan de Castro y el gegrafo D’Auville. Distaban poco ms de 80 leguas de la ciudad de Tebas, y poco menos de 125 del Nilo, o casi 15 jornadas de caravana. Beneficironse desde tiempos muy remotos; pero sus trabajos fueron a veces interrumpidos por las invasiones de los etiopes y de los persas. Eran tan extensas, que sus tortuosas galeras llegaban hasta las orillas del mar Rojo. Agatarchides las visit bajo el reinado de Tolomeo IV, y encontr en ellas asombrosa cantidad de huesos humanos, restos de los infelices esclavos que all haban perecido.92 Con el testimonio de Agatarchides concuerda el de Diodoro de Sicilia,93 que viaj tambin por Egipto, reinando Tolomeo Auletes. Tan msera fue la condicin de esos esclavos, que segn el mismo Diodoro, “los que dirigen los trabajos de estas minas emplean un nmero muy grande de obreros, que todos son, o criminales condenados, o prisioneros de guerra, y tambin hombres perseguidos por falsas acusaciones o encarcelados por malevolencia. Los reyes de Egipto, por el gran provecho que sacan, compelen a trabajar en las minas de oro a todos estos desgraciados, y a veces aun a todos sus parientes, como si fueran criminales condenados. Estos infelices, cargados de cadenas, trabajan da y noche sin cesar, privados de toda esperanza de fuga, bajo la vigilancia de soldados extranjeros que no hablan la lengua del pas, para que no se les pueda ablandar ni con promesas ni con splicas... Todo el mundo se llena de lstima a la vista de estos desgraciados que ejecutan trabajos tan penosos, sin tener el menor lienzo que cubra sus carnes. No se perdona ni al valetudinario, ni al lisiado, ni al dbil anciano, ni a la mujer enferma. A todos se les compele al trabajo a golpes redoblados, hasta que, ya sin fuerzas, mueren de fatiga. As es que estos infelices, sucumbiendo a los males del presente y sin esperanza del porvenir, aguardan con gozo la muerte, que prefieren a la vida”.94Acerca del nmero de esclavos que hubo en Egipto nada se sabe, y sera importante saberlo, no slo para conocer su cantidad absoluta, sino tambin la proporcin que guardaban con la poblacin total del pas. sta, segn Diodoro de Sicilia, ascendi antiguamente, conforme

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JOS ANTONIO SACO /47 /47 /47 /47 /47 a un censo que se hizo, a casi 7 millones, y en sus das no bajaba de 3.95Pero en todas estas cifras, gurdase el ms profundo silencio sobre el nmero de esclavos. Quiz se echar de menos que entre los del Egipto no haya yo mencionado a los hebreos all establecidos desde los tiempos de Joseph y de su padre Jacob, pues parece que lo fueron segn el Deuteronomio. “Acordaos, son sus palabras, acordaos que fuisteis esclavos en Egipto, y que el Seor vuestro Dios os puso en libertad”.96 Este texto no debe entenderse literalmente, ya porque la palabra esclavos, en el lenguaje bblico, a veces se toma por sirvientes libres, ya porque aquellos hebreos bien pudieron llamarse esclavos, no con relacin a los hombres, sino slo a Dios, como lo comprueba el siguiente pasaje del Levtico:97 “Los hijos de Israel son mis esclavos, a quienes yo el Eterno, vuestro Dios, he hecho salir de Egipto”. Esclavos pudieron tambin decirse en un sentido poltico, porque viviendo bajo el despotismo de los faraones, fueron oprimidos y cargados de trabajos. Pero suerte igual, y acaso peor, sufri en ciertas pocas la casta inferior del Egipto, sin que por eso se tuviesen por esclavos los individuos que a ella pertenecan. Ignrase igualmente el precio en que se estimaron, y de l slo hallamos un caso bajo la dominacin griega. ste fue cuando Tolomeo Filadelfo rescat por 120 dracmas cada uno de los judos que en su imperio yacan esclavizados.98Varias fueron las ocupaciones de los esclavos. Los pblicos empleronse en la construccin de los monumentos y de otras obras del Estado. Los particulares destinronse, en cierto nmero, a los diversos ministerios del servicio domstico; y as aparecen en los relieves con que algunos egipcios adornaban sus sepulcros.99 Si damos crdito a Diodoro de Sicilia, el rey no pudo servirse de esclavos, sino tan slo de los hijos de los primeros presbteros educados con gran esmero y de ms de 20 aos de edad. “De esta manera, dice aquel autor, teniendo el rey da y noche en derredor suyo, para servir su persona, verdaderos modelos de virtud, jams cometer ninguna accin vituperable”.100 No obstante este pasaje, es de creer que para los servicios inferiores hubo esclavos en el palacio de los faraones; y as lo corrobora el regalo que de ellos hizo al patriarca Abraham el monarca entonces reinante, segn hemos indicado en otra parte. Natural es que otros esclavos se hubiesen tambin empleado en los campos y en varios oficios de la ciudad. Un texto de la Biblia menciona que entre los sirvientes del ministro Joseph hubo algunos mdicos.101Pero estos sirvientes eran libres o esclavos? El punto es dudoso, porque bien pudieron ser lo uno o lo otro. En la condicin de los esclavos hubo grande diferencia, y ya hemos visto que los pblicos fueron cruelmente tratados. Respecto de los par-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 48\ 48\ 48\ 48\ 48\ ticulares, su tratamiento debi variar segn la naturaleza de los trabajos en que se empleaban, su aptitud para desempearlos, y la ndole buena o mala de sus amos. El hebreo Joseph lleg a tanta privanza con el suyo, que manej enteramente la casa de Putifar.102Al decir de Diodoro de Sicilia, los esclavos egipcios recibieron blando trato de sus amos;103 mas, esto debe entenderse de los particulares, porque el mismo historiador traz una triste pintura de los trabajos y tormentos que sufrieron los pertenecientes al Estado. En favor de los esclavos privados existieron algunas leyes; y una impuso al padre libre la obligacin de alimentar y reconocer como legtimos a cuantos hijos tuviera, aunque las madres fueran esclavas. Aquella ley supuso equivocadamente, que el padre es el nico autor del hijo, y que la madre no hace ms que alojarle y nutrirle en su seno.104 Esta doctrina, harto exclusiva, es la que los fisilogos llaman pignse Si de la obligacin que tena el padre de alimentar el hijo habido en una esclava, no se infiere rigorosamente que l naca libre, rale a lo menos muy provechoso tener por amo o por padre un hombre a quien la ley compela a llenar con l los deberes de la paternidad. Otra ley egipcia conden a muerte al que voluntariamente mataba un hombre libre o esclavo; mas, el objeto de la ley al sancionar esta pena, no fue realzar el esclavo al nivel del hombre libre, sino castigar la intencin del culpable, sin atender a la calidad del muerto. Pero aun en este mismo caso la ley no es muy explcita, porque hablando en trminos generales, no dice si castigo igual deba imponerse al matador, ya fuese amo del esclavo, ya un extrao. La Antigedad nos ha trasmitido pocas noticias acerca de las leyes que protegan los esclavos egipcios; y las dos que acabo de mencionar, aunque favorables a ellos, no son bastantes para concluir que hubiesen recibido un trato suave de sus amos. Aun suponiendo que se hubiesen dictado muchas, dirase slo por eso que fueron fielmente observadas, pues que nicamente de esta manera hubieran podido servir al esclavo de alguna garanta? No hemos visto sancionados en cdigos modernos preceptos muy humanos, sin que por eso hubiese cambiado notablemente la suerte del esclavo? sta, ms que de la ley, pende de los buenos sentimientos del amo, porque la autoridad pblica jams puede ejercer una vigilancia capaz de impedir las continuas demasas que contra el esclavo se pueden cometer en el seno de las familias. En una historia de la esclavitud en la Antigedad, obra de mucho mrito en la parte de Grecia y Roma, pero a la que no puedo tributar el mismo elogio en las dems que la componen, leo el siguiente pasaje: “Prescindiendo de estos rigores de la servidumbre pblica, la esclavitud entre los egipcios parece que tuvo muchas garantas. Esto ya se puede adivinar por el espritu de equidad y de dulzura que haca que la mujer,

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JOS ANTONIO SACO /49 /49 /49 /49 /49 tan frecuentemente asemejada al esclavo por las costumbres de los pueblos, estuviese asociada al hombre y elevada a la misma condicin, as en los honores del trono, como en los usos de la vida domstica”.105El autor del trozo que acabo de citar, aade tambin que la mujer negra de Amenofis I recibi los mismos homenajes que su marido. Admitiendo que esto fuese as, podr asegurarse que lo mismo aconteci con las otras reinas de Egipto? Y caso de ser as, est probado que los respetos y homenajes que se tributaron a las reinas, se extendieron tambin a las mujeres particulares? Diodoro de Sicilia afirma que en los contratos dotales hechos entre personas privadas, siempre se estipulaba que la mujer fuese superior al hombre.106 Pero ni los monumentos, ni las antiguas historias sobre el Egipto confirman la exagerada aseveracin de Diodoro. l nos dice en otra parte, que los presbteros no podan casarse sino con una sola mujer, mientras que los otros ciudadanos podan escoger cuantas quisiesen.107 Vese, pues, aqu establecida expresamente la poligamia. Y sta por ventura es compatible con la igualdad y consideraciones que se supone gozaba la mujer en el matrimonio? La historia de todas las edades demuestra, que en las naciones donde existe la poligamia, la mujer en vez de hallarse realzada, est abatida y humillada. Mas, admitiendo que ella ocupase en Egipto el puesto que el autor francs le seala, infirese de aqu que slo por esa razn, los esclavos particulares fueron bien tratados en aquel pas? Juzgar en historia por comparacin, es cosa muy aventurada, y que puede dar origen a graves errores; porque los hechos de que prescinde el historiador, destruyen muchas veces sus ideas y fantsticos raciocinios. Inferir del buen trato de las mujeres el de los esclavos, es consecuencia muy falible. Las instituciones de Moiss dieron muy alta importancia a la mujer; los esclavos, sin embargo, y principalmente los de origen extranjero, fueron duramente tratados por los hebreos. Suave fue y es todava la esclavitud en China; empero, la mujer vivi y vive all oprimida y degradada. El mahometismo tambin envilece la mujer; mas, el esclavo generalmente goza entre sus sectarios de una posicin ms ventajosa que entre los hebreos y aun entre los mismos cristianos. El cristianismo elev la mujer hasta igualarla con el hombre. A esta noble transformacin juntronse para realzarla, ya los sentimientos caballerosos que de sus bosques trajeron los germanos a la Europa occidental, como pretenden algunos;108 ya las costumbres domsticas que, segn otros, se formaron y desenvolvieron en el castillo feudal. Pero esos siglos en que tanto imperio ejerci la mujer, no dictaron al mismo tiempo leyes rgidas contra los esclavos? Y cuando el genio y osada de Coln ofrecieron un nuevo mundo a esos mismos europeos, no fueron ellos entonces,

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 50\ 50\ 50\ 50\ 50\ y sus descendientes despus, duros y a veces crueles con sus esclavos? Compaera del hombre y reina de la sociedad es tambin en Amrica la mujer; pero la deplorable suerte del esclavo nunca guard all la ms remota semejanza con ella. No se infiera, pues, de la condicin de la mujer en el antiguo Egipto el buen tratamiento de sus esclavos. La antigua religin egipcia ofreci un asilo a los esclavos que se acogan al templo de Hrcules, sito en la ciudad de Hracleum, cerca de la referida boca Canpica del Nilo.109 Si los que a l se refugiaban se ponan los signos sagrados, para consagrarse a Hrcules, nadie poda extraerlos de aquel templo. A l se acogieron, como arriba hemos apuntado, los esclavos de Paris cuando toc en aquel punto.110 Pero hallndose aquel templo en los confines septentrionales del Egipto, los esclavos prfugos del centro y medioda hubieron de encontrar obstculos casi insuperables antes de llegar al asilo, ya por la distancia que haban de correr atravesando las numerosas poblaciones que entonces haba en Egipto,111 ya por la falta de medios para emprender un largo viaje, ya en fin por el empeo que se pondra en capturarlos, pues un inters comn ligaba a todos los amos. Eficaz hubiera sido el asilo si se hubiera ampliado a otros templos o lugares, y especialmente a aquellos donde ms esclavos haba; pero establecer uno solo, y confinarlo adems a una boca del Nilo, que era entonces cabalmente la parte menos frecuentada del Egipto, fue ms bien una sombra de proteccin que un escudo contra la opresin de los amos. Parece que los esclavos usaron de un traje particular, pues cuando se apoder Cambises de Tebas, hizo vestir de esclavas, por ultraje, a la hija de Psammenite, rey de Egipto, y a otras muchas jvenes de las principales familias, mandndolas buscar agua con un cntaro en la mano.112 Mas, el traje con que las visti, fue el que usaron las esclavas egipcias, o slo un remedo del que llevaban las persas? A esta duda la historia no responde. Rapada tenan los esclavos la cabeza en algunos pueblos de la Antigedad; mas, dirase por eso que as tambin la tuvieron los del Egipto? Con ella rapada se ven dos figuras en los relieves de un sepulcro de Kurna;113 pero en ese mismo monumento aparecen bailarinas, msicas y otras personas de inferior calidad, ya con pelo, ya sin l. En una de las tumbas de Elethya tambin est representado con cabellos un sirviente o esclavo,114 cmo, pues, podr decirse que la cabeza rapada fue uno de los distintivos de la clase servil en Egipto? Ni cmo lo sera, cuando a veces, hasta los prncipes la tuvieron? En el gran Speos de DjebelSelseleh, hay un relieve en que el rey Menephtha II, en actitud de hacer una ofrenda a dos divinidades egipcias, est acompaado de la reina y de dos prncipes, uno de los cuales tiene rapada la cabeza.115 Los sacerdotes mismos que formaron la casta ms respetada y en otro tiempo la

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JOS ANTONIO SACO /51 /51 /51 /51 /51 ms poderosa de Egipto, rapbanse cada tres das de pies a cabeza, para mantenerse limpios y puros;116 y de este modo se ven todava en los relieves del palacio y del gran templo de Kurna y de otros monumentos.117Entre los animales sagrados que tenan los egipcios118 contronse los gatos y los perros. Cuando uno de aqullos pereca de muerte natural en alguna casa, rapbanse las cejas todos sus habitantes; y cuando un perro mora, la cabeza y todo el cuerpo.119Lcita fue la manumisin de los esclavos; mas, cuanto se diga acerca de la condicin legal y social de los libertos, es mera conjetura. La historia sagrada, sin embargo, menciona el caso de un liberto que subi a los ms altos honores. Esclavo fue el hebreo Joseph, y alcanzado que hubo su libertad, casose con la hija de un gran sacerdote, y como arriba he apuntado, elevose despus al distinguido puesto de ministro. Este encumbramiento de un liberto extranjero no debe tomarse como regla general del estado en que vivan tales hombres en Egipto; porque Joseph fue una excepcin, debida sin duda a su capacidad y a otras cualidades que le adornaron. Al cabo de tantos aos de existencia y de tantas vicisitudes, Egipto cay bajo la dominacin romana, y convertido por Augusto en provincia del imperio 30 aos antes de Cristo, fue borrado del catlogo de las naciones soberanas; pero en su nueva condicin dio esclavos a Roma, sin que desde entonces hasta el presente siglo hubiese dejado de recibirlos, ni tampoco de exportarlos a tierras extranjeras. Pero esta aseveracin hoy no es exacta, si es verdad que rigorosamente se ha ejecutado un decreto expedido por el virrey de Egipto en el Cairo el 10 de enero de 1855; por el cual se prohibi el comercio de esclavos en todos los Estados del virrey, y se circularon rdenes severas para que no entrasen por los puertos del mar Rojo, ni por ninguno de los puntos de la frontera del sur, por donde se acostumbraba introducir esclavos negros y abisinios. En cuanto a la esclavitud existente no se hizo alteracin, por temerse que cualquiera novedad pudiera ocasionar trastornos en la sociedad mahometana.120Al sur del Egipto existe un pas de negros, que desde la ms remota antigedad llamose Etiopa. Sin lmites fijos por el levante, occidente y medioda, creyose que se dilataba hasta lo postrero del frica; error nacido de ignorancia geogrfica, pues en aquellos tiempos se supuso que esta regin terminaba antes de llegar al Ecuador. De la historia y antigua civilizacin de Etiopa, pocas noticias nos quedan; pero ellas bastan para saber que all hubo esclavos. As lo atestiguan los monumentos de la Nubia, que fue y es parte de ella; y en los grandes templos de Djebel-Selseleh,121 de Bet el Ualli122 y de Ipsambul,123 que todava se conservan, aparecen representados los esclavos en sus relieves e ins-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 52\ 52\ 52\ 52\ 52\ cripciones. Diselos a aquella nacin la guerra y el comercio; pero no es seguro afirmar que la legislacin tambin se los hubiese proporcionado como al Egipto, porque del todo ignoramos cules fueron sus leyes. Afirmaranlo quiz los autores que pretenden que el Egipto fue una colonia de Etiopa, y que de ella recibi sus usos, costumbres y civilizacin; pero yo pienso con otros, que sta sigui un curso contrario, pasando del Egipto a derramarse en la Etiopa. Cumple a mi intento mencionar aqu las observaciones del doctor Ricardo Lepsius, jefe de una expedicin cientfica, que a expensas de Federico Guillermo IV, rey de Prusia, fue enviada en 1842 para investigar los restos de la antigua civilizacin egipcia y etipica, que todava se conservan en el valle del Nilo y pases adyacentes. Interesantsimos son los resultados de aquella expedicin, y el referido Lepsius observa el hecho singular, que la mayor porcin de los restos de los monumentos egipcios son tanto ms modernos, cuanto ms se sube el valle del Nilo, debiendo ser lo contrario si la civilizacin del Egipto se hubiera extendido del sur al norte. Despus de haber examinado aquel ilustre viajero las ruinas, templos y otros monumentos de la Etiopa en la clebre isla de Meroe, en Ben Naga, Naga, Napata, al pie del monte Barkal, y otros lugares principales de la antigua civilizacin etipica, se convenci de que la poca ms antigua del arte en Etiopa fue puramente egipcio: que las representaciones e inscripciones de los monumentos no dejan la menor duda acerca de esto: que en adelante ser intil tarea tratar de sostener la suposicin favorita de una antigua, brillante y afamada Meroe, cuyos habitantes fueron en otro tiempo los predecesores e instructores de los egipcios; y que nada puede descubrirse de una primitiva civilizacin etipica; esto es, de una antigua civilizacin propiamente nacional, que tanto se defiende por la erudicin moderna.124En todas las pocas de su larga existencia, ora en el estado de civilizacin, ora en el de barbarie, la Etiopa siempre tuvo esclavos negros. En marzo de 1844, viajando por aquella tierra el mencionado Lepsius, estall en Wed Medineh una insurreccin militar, en la que entraron todos los soldados negros. Al mismo tiempo, los esclavos de Ahmed Baj, pertenecientes a una fbrica de ail en Tamanit, se huyeron a Sudn, en nmero de 500 a 600, con sus mujeres e hijos;125 y esta fuga es la prueba ms completa de la existencia de la esclavitud en la moderna Etiopa. Tan antigua fue la esclavitud entre los hebreos, que su origen sube al tiempo de los patriarcas. Al tratar del Egipto mencion el viaje que a l hizo Abraham y el regalo de esclavos de ambos sexos que recibi del faran all reinante, con los cuales torn al pas de Canan. Ni fueron stos los nicos que tuvo aquel patriarca. Cuando Kedorlaomer, rey de Elm, reprimi la insurreccin de Sodoma, Gomorra y otras ciudades tributarias suyas, llevose entre los cautivos a Lot, sobrino de Abraham.

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JOS ANTONIO SACO /53 /53 /53 /53 /53 Sabdolo que hubo este patriarca, arm 318 de sus esclavos nacidos en su casa, persigui con ellos al enemigo, batiolo,126 y quitndole el botn que haba hecho, rescat todos los cautivos. Extrao parecer que un pastor como Abraham hubiese tenido tantos esclavos; pero tal extraeza cesar si se trae a la memoria que los patriarcas eran pastores ricos.127 Ms extrao debe ser, que 318 esclavos hubiesen triunfado del ejrcito de aquel rey y de otros que le acompaaban como aliados. Pero el historiador Josefo piensa que cada uno de aquellos esclavos era jefe de banda que llevaba tropas a sus rdenes.128Ni a los nacidos en casa limitronse los que tuvo Abraham, pues tambin los adquiri por ttulo de compra.129En gran nmero poseyolos igualmente su hijo Isaac;130 y al casarse Rebeca con l, recibi de su padre Bathuel algunas esclavas.131 Esclavas regal tambin Laban a sus hijas Lea y Raquel al desposarlas con Jacob,132 quien al cabo de 20 aos de servicio en casa de su suegro, retirose de la Mesopotamia con sus ganados y esclavos a la tierra de Canan.133Matar a Joseph, como en otra parte he dicho, fue el primer pensamiento que asalt a sus envidiosos hermanos: mudaron luego de parecer, y sus palabras “vendmosle a los midianitas”,134 demuestran que no era desconocido a los hebreos el trfico de esclavos desde aquellos tiempos remotos. Por llamamiento de Joseph, encumbrado ya por la fortuna, establecironse en Egipcio su padre Jacob y sus hermanos. Desde entonces casi enmudeci la historia de los hebreos; pero despus de su salida de aquella tierra bajo la direccin de Moiss adquiri importancia tan inmensa que nunca se borrar de la memoria de los hombres. Aunque el legislador Moiss sancion la esclavitud en sus libros inmortales, no por eso se la debe considerar como de origen divino. Extendida por todas partes y arraigada profundamente en las costumbres e intereses de las naciones, fuele forzoso admitirla y respetarla. La misin de Moiss no fue general sobre la tierra, sino limitada a slo el pueblo hebreo; y si bien los principios morales que proclam son aplicables a todos los hombres, y todos deben observarlos, no sucede lo mismo con aquellas instituciones que estableci o acept como propias de su tiempo y adaptables a la nacin para la cual legislaba. Fundan algunos el origen divino de la esclavitud en la maldicin de No a Canan, hijo de Cam;135 pero el ilustre San Agustn no vio en ella una sentencia de verdadera esclavitud, sino tan slo una inferioridad de posicin respecto de las dos razas de Sem y de Jafet, una dependencia poltica y una profeca en que se anunciaba a la posteridad de Canan, que ella sera destruida o arrojada de la tierra en que habitaba por los hebreos como descendientes de Sem.136

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 54\ 54\ 54\ 54\ 54\ Entrando en el espritu de la legislacin de Moiss, se trasluce que l mir con repugnancia la esclavitud que pesaba sobre algunos hebreos; y para que el nmero de stos menguase, permiti a su pueblo que adquiriese esclavos de las naciones vecinas, o que comprase a los hijos de los extranjeros residentes en Palestina.137 Para que el hombre libre no perdiese su libertad a la sombra de este trfico, fulminose pena de muerte contra quien vendiera un hebreo libre, o le retuviera esclavizado:138 pudiendo sospecharse por la severidad de este castigo, que el delito de robar hombres libres no fue raro en aquel pueblo. Poco a poco fue creciendo el comercio de los esclavos, pues pastores los hebreos en sus orgenes, dados a esta ocupacin y a la agricultura despus de la conquista de Canan, dedicados algunos a empresas mercantiles en los siglos posteriores, dilatados los lmites de su imperio bajo el reinado de David, e introducido el lujo y esplendor por algunos de sus reyes, comerciaron con varios pases. Del puerto de Asiongaber, en el mar Rojo, arrancado a los idumeos por los hebreos, salieron para Ofir las flotas de Salomn tripuladas por fenicios.139No hay en la geografa bblica punto ms controvertido que la situacin de Ofir. Buscronla algunos en el frica oriental, fijndola en Sofala o en sus inmediaciones; otros en la India, o en las regiones ms all del Ganges como en la pennsula de Malaca, donde existe una montaa nombrada Ofir; y otros en la isla de Java o en las de Sumatra, pues que en la principal de ellas hay tambin otra montaa denominada Ofir: quienes lo pusieron ya en Armenia, ya en Espaa; quienes, en la Arabia meridional, y hasta en una isla del mar Rojo, sin que tampoco hayan faltado autores que lo coloquen en el Nuevo Mundo, siendo cabalmente su inmortal descubridor el primero que dio origen a esta idea, pues a tal error le arrastr el oro con que se adornaban los indgenas de aquella vasta regin. Los productos que de Ofir se exportaban, han servido de argumento para sostener tan contrarios pareceres; mas, las investigaciones que se han hecho en este siglo, inducen a creer que Ofir fue el nombre antiguo de un pas situado en la India oriental. No obstante que el Antiguo Testamento140 slo habla de oro, plata, piedras preciosas, marfil, palo de sndalo, pavos reales, aves indgenas de la India, y monos que se importaban en Palestina,141 el historiador Josefo menciona tambin los esclavos etopes entre las mercancas que a ella se llevaban.142 Tocaran esas flotas a su retorno de Ofir en el frica oriental para tomarlos all? Mucho ms probable es que hubiese sido en algn punto de la Arabia, adonde los llevara el comercio de aqulla a sta. Fuente de esclavitud entre los hebreos fue tambin su legislacin. El que hurtaba, y no restitua ni pagaba la cosa hurtada era vendido como esclavo.143 Las leyes de Moiss no impusieron esta pena al deudor

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JOS ANTONIO SACO /55 /55 /55 /55 /55 insolvente, y dolindose de los pobres, establecieron en su favor el ao Sabtico;144 y el del Jubileo:145 pero quebrantados uno y otro, viose desde el tiempo de los reyes, y quizs antes, que los desapiadados usureros no slo esclavizaron al deudor, sino hasta sus mujeres, hijos e hijas.146No miraron con indiferencia esta esclavitud algunos monarcas hebreos. David, rogando al Eterno por la prosperidad del reinado de Salomn, encargole a ste que rescatase al hijo del miserable;147 y cuando subi al trono, prohibi que se esclavizase a los hijos de Israel.148El hebreo pobre poda venderse a un extranjero.149 Concediose igual facultad al padre respecto de la hija,150 y a veces para concubina del comprador.151 Si el amo se disgustaba de ella, entonces, en vez de venderla, deba libertarla.152 Cuando la destinaba para su hijo, haba de tratarla como hija.153 Si le daba otra mujer, aqulla deba continuar en los mismos goces que antes;154 y si la privaba de tres cosas, esto es, alimento, vestido o afecto conyugal, entonces adquira su completa libertad.155As lo dice terminantemente el texto bblico; pero algunos comentadores piensan que esas tres cosas eran: no casarse el comprador con ella, no casarse con su hijo, ni tampoco libertarla.156Segn costumbre que existi desde los tiempos patriarcales,157 el padre reciba con frecuencia por su hija, cierto precio del hombre que con ella se casaba.158 Pero este precio que variaba con las circunstancias, y que se fij en 50 siclos159 para el caso de seduccin,160 no constitua en mi concepto una venta verdadera, ni menos reduca la hija a la condicin de esclava: l no fue ms que un regalo del esposo al padre para obtener el permiso de casarse con su hija, pues siendo lcita la bigamia entre los hebreos, haba ms necesidad de mujeres que de hombres, y por lo mismo, los padres podan colocar fcilmente sus hijas sin darles dote alguna. Agrgase a esto, que los hebreos consideraban el matrimonio como un deber moral, porque la carencia de hijos era para ellos grande infelicidad. La guerra dioles tambin esclavos; pero el nmero de stos no guard proporcin con el de aqullas, que fueron muchas. Para bien comprender este punto, preciso es que digamos algo sobre la antigua tierra de Canan, nombre que le vino de Canan hijo de Cam, y sobre los pueblos que la habitaron. Difcil materia es trazar con exactitud los lmites de aquel pas. l corra, segn el Gnesis,161 por las costas del Mediterrneo desde Sidn hasta Gaza: de aqu se dilataba por el sur hasta el antiguo sitio de Sodoma y Gomorra, camino del mar Muerto, extendindose un poco por el Oriente hasta Laza, ciudad al sudeste de dicho mar. Acerca del lmite septentrional, profundo silencio guarda el Gnesis. Tampoco habla del que enteramente la cea del lado oriental; pero es muy probable que fuese el Jordn. En la descripcin de los linderos de aquella tierra, ms explci-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 56\ 56\ 56\ 56\ 56\ to que el Gnesis fue otro de los libros de Moiss;162 pero no basta para disipar las dudas y oscuridad que envuelven este asunto. Bajo el nombre de Canan entendiose antiguamente cierta regin comprendida entre el Jordn y el Mediterrneo, incluyendo en ella la Fenicia y el pas de los filisteos. Con el transcurso del tiempo variaron mucho sus lmites, y desde la entrada de los hebreos en ella fue tomando los nombres de Palestina, Tierra de los Hebreos, Tierra de Israel, Tierra Santa y otros. Los pueblos que la ocuparon, aunque de origen cananeo casi todos, no fueron indgenas de ella, pues que procedan de otro pas.163 Acerca de la poca en que hicieron esta migracin los cananeos, nada dicen las antiguas tradiciones; mas, parece que debi ser casi 2 000 aos antes de Cristo, porque cuando el patriarca Abraham fue a Palestina, ya encontr a los cananeos establecidos en ella.164El Pentateuco de Moiss hizo muy clara distincin entre los pueblos que habitaban dentro de la tierra de Canan, y los que se hallaban fuera de ella en su vecindad. Los primeros eran siete:165 hethitas, amoritas o emoritas, hivritas o hevitas, guirgasitas, y yebusitas o jebusitas. Existieron adems los ferezitas, que quiz, sin formar una tribu particular, eran los campesinos;166 y los canaanitas que probablemente tomaron este nombre de otro Canan descendiente de uno de los once hijos del primer Canan. Fuera de los lmites de la tierra de este nombre, y en su vecindad, hubo diversos pueblos no cananeos: tales fueron los amonitas, moabitas, idumeos o edomitas, amalecitas y midianitas. Contra los siete pueblos o tribus mencionados que habitaban la tierra de Canan,167 fulminose sentencia de exterminio sin perdonar sexo ni edad.168Para comprender tanto rigor, es preciso entrar en las ideas de Moiss. l quera infundir a los hebreos la creencia de un solo Dios, y por eso les dijo: “Vosotros no haris lo que se hace en el pas de Egipto donde habis habitado, ni lo que se hace en el pas de Canan, a donde os llevo y no viviris segn sus estatutos”.169 l quera tambin darles una religin moral y pura, y unas costumbres fundadas en los diez mandamientos escritos en las Tablas de la Ley. Pero era de temer, y con sobrada razn, que la obra de Moiss fracasara, si su pueblo despus de la conquista de Canan quedaba viviendo en estrecho contacto con las tribus conquistadas. Los vicios y los crmenes de los pueblos que habitaban la tierra de Canan, eran tan espantosos, que la naturaleza humana se extremece al leer los captulos XVIII y XX del Levtico. Y lo ms horroroso era, que algunos de esos vicios y crmenes formaban parte de su culto religioso, pues a la diosa Astarte se la honraba con la ms asquerosa prostitucin, y al dios Moloch se le inmolaban nios inocentes. As es muy natural, que horrorizado Moiss de tantas maldades se empease en preservar a los hebreos de tan funesto contagio, y que dictase las medidas ms severas, contra los pueblos cananeos.

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JOS ANTONIO SACO /57 /57 /57 /57 /57 Uno de ellos, los amorritas o amorreos, fundaron dos reinos al oriente del Jordn; uno en el Basan, al norte del Yabbok, y otro al sur entre el Yabbok y el Harnon. Moiss venci a los dos reyes que entonces all reinaban, arrojolos de sus tierras y repartiolas entre las tribus de Ruben, Gad, y la semi-tribu de Manass.170 Temiendo los moabitas la vecindad de los hebreos, buscaron la alianza de los midianitas; pero sintindose stos muy dbiles, convidaron los israelitas a las fiestas que se celebraban en honor del dios Baal-Pheoc, y muchos fueron arrastrados al voluptuoso y degradante culto de aquella divinidad. Irritado Moiss con los midianitas, declaroles la guerra, hzoles invadir su territorio, saquear e incendiar todos sus pueblos y campos, y matar a todos los hombres; pero su indignacin se extendi tambin a los jefes del ejrcito, cuando los vio tornar con un inmenso botn y con las mujeres que cabalmente haban sido causa del pecado de los israelitas. Mandoles, pues, quitar la vida, reservando tan slo a las jvenes inocentes, que en nmero de 32 000 fueron esclavizadas y repartidas por mitad entre la Asamblea del pueblo y los guerreros.171Si las leyes de Moiss se hubieran ejecutado puntualmente, la guerra contra los siete pueblos cananeos no hubiera dado un solo esclavo, porque hombres, mujeres y nios todos hubieran perecido. Muerto Moiss, continu Josu la conquista, y slo una vez dej de ejecutar aquella terrible sentencia. Aconteci esto, cuando los gabaonitas, pertenecientes a la tribu de los evitas,172 que habitaban la ciudad de Gaban, arrancaron engaosamente a Josu el juramento de no matarlos, y l, en castigo de su engao, hzolos esclavos pblicos, condenndolos a sacar agua y a cortar lea para las necesidades de la Asamblea y del santuario.173Andando el tiempo, templose tanto el rigor de las leyes de Moiss, que muchos de los habitantes de Canan a quienes deba darse muerte, se quedaron en posesin hasta de algunas ciudades en la costa y en el interior,174 pagando solamente un tributo a los hebreos.175 Y stos, viviendo con aqullos en el mismo suelo, acabaron por contraer muchos matrimonios con mujeres de Canan,176 siendo los primeros en dar ese ejemplo los principales del pueblo y muchos magistrados. En las guerras posteriores tampoco mat Salomn a los cananeos que habitaban desde el monte Lbano hasta la ciudad de Amath, y que nunca haban reconocido la autoridad de los reyes hebreos. Contentose con subyugarlos, e imponerles un tributo anual de esclavos; y aunque se ignora el nmero de stos, es de inferir que fue considerable, pues para hacerlos trabajar se nombraron seis sobrestantes.177Menos duras, como he dicho, fueron las leyes de la guerra con los pueblos que habitaron fuera de Canan. Cuando se sitiaba alguna ciudad de ellos, deba antes de ser atacada, proponrsele una capitulacin:

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 58\ 58\ 58\ 58\ 58\ si la aceptaba, slo se le impona un tributo; pero si la rehusaba, y era tomada por asalto, matbase a todos los varones en estado de pelear, reservndose solamente a las mujeres y a los nios para esclavizarlos.178Aun sin asaltos ni sitios, Samuel mat a los amalecitas en castigo de haber atacado a los hebreos despus de su salida de Egipto.179 Conducta semejante sigui David en ciertos casos. Cuando despus de haber vencido a los filisteos, revolvi sus armas victoriosas contra los moabitas, sometiolos a un tributo, pero hizo matar dos tercios de los prisioneros, sin que yo pueda decir si el otro tercio fue esclavizado, o goz de libertad. Para que los hebreos no abusasen de las mujeres que cogan en la guerra, Moiss dict leyes que forman un contraste admirable con las licenciosas costumbres de los dems pueblos de la Antigedad. “Si t ves entre los cautivos, dice el Deuteronomio, una mujer hermosa y agradndote, la quieres tomar por mujer, la llevars a tu casa, se rapar la cabeza, y se cortar las unas;180 quitarase los vestidos de su cautiverio, y llorar a su padre y a su madre durante un mes; despus, irs hacia ella, consumars el matrimonio, y ser tu mujer. Pero si ya no te agradare, la dejars retirarse de tu casa, si quisiere; mas, no podrs venderla, porque esto sera ultrajarla”.181Algunos reyes posteriores a David mitigaron tanto los derechos de la guerra, que fueron generosos con sus enemigos.182 Mas, esta clemencia no fue la poltica constante de los hebreos, porque ellos siguieron echando sobre los vencidos las cadenas de la esclavitud; y aunque sacrilegio ante la ley, quisieron tambin imponerlas, en sus discordias civiles, hasta a sus mismos hermanos: intento que reprob el profeta Oded,183y que si entonces no ejecutaron, realizronlo despus.184Imposible es calcular el nmero de esclavos que hubo entre los hebreos. Pocos seran al principio de la conquista de Canan, porque casi siempre se mataba a los vencidos, y a su incremento opusironse tambin las costumbres sencillas y laboriosas que por algn tiempo conserv aquel pueblo. A diferencia de otros legisladores orientales, Moiss elev la mujer a la dulce condicin de compaera del hombre: en vez de pasar su vida en el ocio corruptor o en las impurezas del harn, pues el que David y Salomn tuvieron, fueron contrarios a las instituciones mosaicas, ella gobernaba el hogar domstico, hilaba, teja, y aun preparaba los alimentos para la familia.185 Pero creciendo las riquezas, y con ellas el lujo y la molicie, alterronse sus costumbres primitivas, y desde entonces aument la necesidad de esclavos, habindolos hasta eunucos186 en los palacios de los reyes de Jud y de Israel. Dom. Calmet en su Diccionario de la Biblia cree que esos eunucos eran unos empleados en la corte de aquellos reyes, y que si realmente estaban castrados seran esclavos comprados en pases extranjeros.

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JOS ANTONIO SACO /59 /59 /59 /59 /59 Del precio de los esclavos entre los hebreos nada cierto se sabe. Joseph, hijo de Jacob, fue vendido en 20 piezas de plata;187 pero como adems de ser muchacho, su venta acaeci en los tiempos patriarcales, y sus hermanos por las particulares circunstancias en que se hallaban, queran deshacerse de l a todo trance, su precio no puede servir de regla para formar clculo alguno. Tomarase como gua segura el pasaje del xodo en que se manda, que si un buey mata a un esclavo, el amo de aqul pague al de ste 30 siclos de plata?188 Ntese que aqu no se hace diferencia entre el esclavo hebreo y el extranjero, entre el varn y la hembra, entre el nio, el joven y el anciano, ni entre los oficios o profesiones, ni aptitudes para desempearlos: cosas todas que debieron influir en el aumento o diminucin de su valor. Los 30 siclos, pues, mencionados en el xodo, lo ms que podrn representar, y eso de un modo imperfecto, ser el precio medio, no de todos los esclavos, sino slo el de los ordinarios en edad adulta. Bscase tambin la solucin de este punto en el rescate que ofrecan al santuario las personas consagradas a Dios. De un mes a cinco aos pagbase 5 siclos por el nio varn, y 3 por la hembra; de 5 a 20 aos, 20 siclos por el hombre, y 10 por la mujer; de 20 a 60 aos, 50 por aqul, y 30 por sta; y de 60 aos arriba, 15 siclos por el hombre, y 10 diez por la mujer.189 Pero acaso equivalan estos rescates al precio de los esclavos? Aunque as piensan Jahn190 en su Biblioteca Arqueolgica Cahen en una nota que pone al versculo 4, captulo XXVII del Levtico, y otros autores, su opinin no me parece muy segura. En primer lugar, cuando el xodo habla del precio del esclavo muerto por un buey, toma la palabra esclavo en su riguroso sentido; mas, el Levtico slo se refiere al rescate que deban pagar las personas consagradas al servicio de Dios: cosas por cierto tan diferentes entre s, que no admiten la comparacin que se quiere establecer, pues jams debe confundirse la esencia de la verdadera esclavitud con un voto religioso; voto puramente nacido de la voluntad de quien lo haca y que slo ligaba espiritualmente al hombre con su Creador. En segundo lugar, el xodo fija en 30 siclos el valor del esclavo muerto por un buey, y ora se considere como precio medio, ora como mximo o mnimo, siempre difiere mucho de las cantidades que se sealan para el rescate de las personas a Dios consagradas. En tercer lugar, el rescate de los hebreos consagrados a Dios debi de ser constante e invariable, ya por participar de un carcter sacrosanto, ya por estar consignado en una ley que, conforme a las creencias hebraicas, lleva el sello inmutable de la divinidad. Mas, el precio de los esclavos no estando precisamente determinado en ningn caso, excepto en el especial de que habla el xodo; y siendo, por otra parte, un nego-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 60\ 60\ 60\ 60\ 60\ cio esencialmente profano, sujeto a todas las variaciones del tiempo, del comercio y de los caprichos del lujo, hubo de experimentar grandes alteraciones en el transcurso de tantos siglos como abraz la existencia del pueblo hebreo. Parceme, pues, que en vez de tomarse aquel rescate como tipo del precio verdadero de los esclavos, fue ms bien una contribucin establecida en favor del santuario. A que fuese suave la esclavitud en los tiempos patriarcales, propendieron las sencillas costumbres de aquella poca; y si Sara, mujer de Abraham, maltrat a su esclava egipcia Agar, fue porque sta la menospreci echndole en cara su esterilidad.191 El esclavo poda heredar a su amo, y a uno de los suyos pens dejar Abraham todos sus bienes cuando temi morir sin hijos.192 A veces la esclava soltera llenaba las funciones de esposa con el consentimiento de su ama. Esta usanza, tan contraria a la prctica general de los pueblos antiguos y modernos, provino de que los hebreos cifraban su mayor felicidad en tener prole numerosa,193 porque la esterilidad de la mujer se consideraba entre ellos como un oprobio.194 De aqu fue que cuando ella se vea reducida a tan vergonzoso estado, procuraba salir de l, renunciando temporalmente a los derechos de esposa en favor de su esclava; y aunque sta siempre quedaba en servidumbre, sus hijos, adems de nacer libres, eran adoptados y educados por el ama. Viose por esto que Abraham hubo a Ismael en su esclava Agar; que Jacob tuvo hijos con sus esclavas Bilha y Zilpa; y que Sara, Raquel y Lea, esposas de aquellos dos patriarcas, adquirieron as el ttulo de madres.195El carcter de blandura que distingui la esclavitud en la poca de los patriarcas, desapareci en los tiempos posteriores. Cautivos los hebreos en Egipto por largo espacio, errantes despus por muchos aos en el desierto, y convertidos en guerreros y conquistadores, no era posible que llevasen a Canan las ideas, usos y costumbres de sus primitivos antecesores. Bien lo saba Moiss, y para enfrenar el poder de los amos, promulg leyes que templasen el rigor de la esclavitud. En consecuencia, mand que fuese libre el esclavo a quien el amo rompa un diente, o le reventaba un ojo;196 y que si lo mataba al tiempo de castigarlo, se le impusiese una pena,197 la cual, segn el Thalmud y los comentadores judos, poda ser hasta de muerte. Si el esclavo mora un da o dos despus del castigo, entonces el amo quedaba impune, porque, segn el xodo, el esclavo era dinero suyo.198 Pero no lo era tambin cuando le mataba en el acto mismo del castigo? Y entonces, por qu en un caso quedaba impune, y en el otro sufra una pena? Sera porque en el primero tena intencin de matarle, y no en el segundo? Mas, no poda suceder que sin nimo deliberado le diese casualmente un golpe por parte noble, y en el acto le matase? Y no poda tambin acontecer que, aun muerto el esclavo un da o dos despus del castigo, el amo se lo

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JOS ANTONIO SACO /61 /61 /61 /61 /61 hubiese aplicado con intencin de matarle, pero no en el acto, a fin de quedar impune? Algunos intrpretes hebreos modifican las palabras del xodo. Ben Ouziel dice que el amo deba ser castigado, aunque el esclavo no muriese en el acto, pero s en el mismo da. Maimonide piensa que el amo slo se exima de toda pena cuando castigaba al esclavo con una varita, que era el instrumento ordinario de correccin entre los hebreos, pues en caso contrario se le deba imponer pena capital, aunque el esclavo muriese mucho tiempo despus.199El Eclesistico tambin recomend la mansedumbre con los esclavos, y si permiti castigar a los malos, encarg al mismo tiempo que se amase a los buenos como la vida, y se les tratase como a hermanos.200No contento Moiss, como arriba hemos visto, con reprimir las violencias del amo, permiti al esclavo que se libertase con los bienes que adquira;201 que se casase, y aun pudiese alcanzar la mano de la hija de su seor.202 El reposo del sbado, concedido a todos los hebreos, extendiose tambin al esclavo.203Los hebreos usaron de la circuncisin, y Tcito supuso equivocadamente que la inventaron para distinguirse de las otras naciones.204 Los primeros que la emplearon desde la ms remota antigedad fueron los egipcios y los etiopes, siendo muy probable que stos la tomaron de aqullos, como otros pueblos.205 Todo esclavo comprado por dinero, deba ser circuncidado, y entonces participaba del banquete solemne del cordero pascual,206 poda asistir al convite de los diezmos,207 recoger para s los frutos espontneos de la tierra en el ao Sabtico,208 y alegrarse con el pueblo en las grandes fiestas de la Pentecosts209 y de los Tabernculos.210 ltimamente, el esclavo extranjero que, huyendo de su amo, buscaba un asilo en el territorio hebreo, adquira la libertad y poda fijarse en el punto que quisiese, sin que nadie le molestara.211A pesar de esto, Moiss estableci diferencias esenciales entre la esclavitud del hebreo y la del extranjero. La de aqul no mereca propiamente tal nombre, pues dice el Levtico: “Cuando tu hermano empobreciere cerca de ti, y a ti se vendiere, no te servirs de l como se sirve de los esclavos; mas, estar en tu casa como estara el mercenario y el extranjero, y te servir hasta el ao del Jubileo”.212Tampoco era perpetua, sino temporal, aquella esclavitud, porque el esclavo hebreo deba servir solamente seis aos, y al sptimo salir libre sin pagar nada a su amo. Si era casado con mujer hebrea, sta sala tambin junto con l.213 Al retirarse el hebreo al cabo de seis aos de la casa de su seor, ste deba hacerle un regalo de sus ganados y de otras cosas.214 Aun poda abreviarse el plazo de los seis aos de servicio, porque si antes llegaba el del Jubileo, entonces el esclavo hebreo alcanzaba su completa libertad.215 Alcanzbala tambin con sus hijos en dicho ao, aunque su amo fuese un extranjero domiciliado en Palestina.216 De su

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 62\ 62\ 62\ 62\ 62\ dominio poda igualmente salir el esclavo hebreo en cualquier tiempo, ora rescatndose a s mismo, ora hacindolo alguno de sus parientes; pero en estos casos no se daba al amo todo el precio que le haba costado, sino que, rebajndose el tiempo que le haba servido, a razn del salario que hubiera ganado un jornalero, pagbansele solamente los aos o meses que an faltaban para el ao del Jubileo.217 Perpetubase, no obstante, la esclavitud del hebreo cuando, casado por el amo con su esclava y vencido el plazo de los seis aos que deba servirle, l, por amor a su familia y a su seor, prefera quedarse esclavo. “Si el esclavo dice positivamente: ‘Yo amo a mi seor y a mis hijos, y no quiero salir libre’, entonces su amo le har comparecer ante los jueces, y acercndole a la puerta o al poste, le taladrar la oreja con un punzn y le servir para siempre”.218 El taladro de la extremidad de la oreja era una marca que se haca al esclavo para indicar que l haba renunciado a la libertad que la ley le ofreca. Las palabras del xodo “le servir para siempre”, que se hallan repetidas en el Deuteronomio,219 son contrarias a la opinin de los que piensan que esos esclavos recobraban su libertad el ao del Jubileo, fundndose en el Levtico, que dice: “Santificaris el ao 50 y publicaris la libertad en el pas para todos sus habitantes”.220 Cierto que en aquel ao se rompan las cadenas de la esclavitud para todos los hebreos; mas, parece, segn el xodo, que este favor no alcanzaba a los que, por no separarse de sus familias, preferan vivir esclavos. Si la esclavitud del hebreo fue temporal, la del extranjero fue perpetua. “Podis, dice el Levtico, comprar esclavos de las naciones que os rodean, de los extranjeros residentes entre vosotros, o de los hijos que les nacieren en vuestro pas. Dejaris los esclavos a vuestra posteridad por un derecho hereditario, y seris sus amos para siempre”.221 Este derecho hereditario no era aplicable a los hijos de los esclavos hebreos, porque nacan libres. El Levtico dice: “El esclavo saldr libre con sus hijos el ao del Jubileo, volver a su familia y a la tierra de sus padres”.222 Ni se piense que a esto se oponen las siguientes palabras del xodo: “Si el amo diere mujer al esclavo [hebreo], ella y los hijos que tuviere sern de su amo; mas, el esclavo saldr solo con su persona”.223Aqu sin duda se habla de la esclava extranjera; y como entre los hebreos, a semejanza de otros pueblos, los hijos no seguan la condicin del padre sino la de la madre, si sta era esclava, ranlo tambin aqullos. Que esa esclava era extranjera, aparece claramente del xodo, el cual mand que cuando el hebreo adquira su libertad al cabo de seis aos de servicio, su mujer tambin la adquiriese.224Si el amo pudo vender el esclavo extranjero, a quien y donde quisiese, no as al esclavo hebreo;225 y del buen tratamiento que a ste deba drsele, mostrose Moiss mucho ms solcito que respecto del esclavo extranjero.

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JOS ANTONIO SACO /63 /63 /63 /63 /63 El origen de estas diferencias fundamentales debe buscarse en la ndole de las instituciones mosaicas, pues privadas del carcter fraternal y expansivo del cristianismo, se resintieron de cierto espritu exclusivo, que prest armas a la exageracin y a la ignorancia para pintar a los antiguos hebreos como implacables enemigos de todas las naciones. A difundir este error contribuyeron algunos historiadores griegos y romanos; y cuntase Tcito entre stos, cuya pluma injusta con los judos representolos con los ms negros colores.226 Tanto los detestaron las leyes de Roma, que impusieron relegacin perpetua a una isla y confiscacin de bienes al ciudadano romano que abrazara el judasmo, o dejara circuncidar sus esclavos, y en pena capital al mdico que hiciera esta operacin: castigo igual o deportacin impsose tambin a los judos que circuncidaran los esclavos que haban adquirido de pueblos extranjeros.227Verdad es, que por la tendencia de su religin, pues que adoraban un solo dios, y por la de algunas de sus instituciones, ellos, como cuerpo poltico, se mantuvieron aislados de las dems naciones; pero ni aborrecieron individualmente a los extranjeros hasta el punto que se dice, ni tampoco les cerraron enteramente las puertas de la Palestina. Para convencerse de esta verdad, basta leer algunas pginas del Antiguo Testamento. ste no hizo diferencia alguna entre el hebreo y el extranjero cuando comparecan ante los tribunales:228 ambos gozaron del derecho de asilo:229 si el extranjero era pobre, participaba como el hebreo de la beneficencia pblica;230 y en el ao Sabtico recoga tambin con l los frutos espontneos de la tierra.231 Al recordar Moiss la dureza con que los egipcios trataron a los hebreos, y queriendo que stos no imitaran a sus opresores, recomendoles repetidas veces el amor a los extranjeros. “Amadlos, dice el Deuteronomio, porque vosotros lo fuisteis en la tierra del Egipto”,232 “amadlos como a vosotros mismos”, les orden igualmente el Levfico;233 y tan acordes estuvieron los hechos con los principios, que los extranjeros acudieron en gran nmero a la Palestina. No tripul Salomn sus flotas con fenicios? Ni cmo hubiera podido emplear en el templo magnfico que levant, 153 600 operarios extranjeros, domiciliados en aquella tierra?234Las diferencias, pues, que estableci Moiss entre los esclavos hebreos y los extranjeros no procedieron del odio que a stos tuviese, sino de un sentimiento nacional, y de la predileccin con que distingui al pueblo que haba salvado del cautiverio de Egipto. Pero ese pueblo, quebrantando los preceptos de su inmortal legislador, trat con igual dureza al esclavo extranjero que al hebreo, y a entrambos los retuvo en perpetua esclavitud. Fatal escisin haba estallado entre los mismos hebreos: diez de sus tribus formaron el reino que se llam de Israel, y las dos restantes el de

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 64\ 64\ 64\ 64\ 64\ Jud. El primero gema bajo el cautiverio de los asirios, y el segundo, amenazado estaba de igual suerte. En tan tristes circunstancias el profeta Jeremas dirigi su inspirada palabra a los habitantes de Jud, y ablandados sus corazones obligronse solemnemente a libertar todos sus esclavos judos. Libertronlos en efecto; pero, arrepentidos despus, volvieron a esclavizarlos. Jeremas entonces habloles segunda vez y djoles con voz airada: “He aqu la palabra del Dios de Israel. Yo hice alianza con vuestros padres el da que los saqu de Egipto, de la casa de servidumbre, diciendo: ‘Al sptimo ao, cada uno de vosotros enviar libre a su hermano que haya comprado; l les servir seis aos, y recibir su libertad. Mas, vuestros padres no me oyeron, ni me prestaron atencin. Y vosotros os habais convertido y hecho lo que yo tena por justo, proclamando la libertad de vuestros hermanos, y en la mansin donde se invoca mi nombre y en mi presencia, os comprometisteis a darla. Pero despus habis cambiado y profanado mi nombre. Vosotros habis esclavizado de nuevo al esclavo y a la esclava que habais puesto en libertad, y los habis sometido al yugo de su estado anterior. Por esto ved aqu lo que dice el Seor. Vosotros no me escuchasteis cuando os mand proclamar la libertad de vuestros amigos y de vuestros hermanos; y yo proclamo entre vosotros la libertad a la espada, a la peste, al hambre. Har de vosotros un ejemplo que har temblar a todas las naciones... entregar a Sedecas, rey de Jud, y a los prncipes de Jud en las manos de sus enemigos, en los ejrcitos de Babilonia que se haban retirado. Yo lo mando as, dijo el Seor, yo los har volver contra esta ciudad, ellos la atacarn y tomarn, la entregarn a las llamas, y las ciudades de Jud quedarn solitarias por el destierro de sus habitantes’”.235Y esta terrible profeca se cumpli, y Nabucodonosor tom a Jerusaln y la incendi, y se llev cautivos los hebreos a Babilonia;236 pero tan apegados estaban a sus esclavos que de ellos se sirvieron aun en su mismo destierro. Cuando Ciro, rey de Persia, someti tambin a su dominacin la Media y la Babilonia, despus de la muerte de su to y suegro Ciaxara II, acaecida en 536 antes de Jesucristo, public un edicto en el primer ao de su reinado, permitiendo a todos los hebreos desterrados en Babilonia que volviesen a Palestina.237 Los descendientes de las tribus de Jud y Benjamn fueron casi los nicos que entonces tornaron a su patria; pero salieron de Babilonia acompaados de 7 337 esclavos de ambos sexos que tenan.238 Sordos los hebreos a la voz del Seor, y sin ms moral que su inters, ya no hubo freno que los contuviese, pues, segn la expresin de un profeta, vendieron al justo por dinero y al pobre por un par de sandalias.239Estas palabras no deben tomarse en trminos tan absolutos, que no admitan alguna excepcin. Habanse formado entre los judos dos sectas

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JOS ANTONIO SACO /65 /65 /65 /65 /65 o escuelas opuestas; y sin subir a sus causas, ni entrar en su naturaleza, porque esto no es de mi objeto, bstame decir que una se llam de los fariseos, y otra de los saduceos. De la primera naci despus otra asociacin o secta llamada de los esenios, ignorndose el origen y exacto sentido de esta palabra. Sus sectarios fueron unos filsofos prcticos que juntando a las creencias de los fariseos una moral exaltada, profesaron la vida asctica y se dieron al trabajo y a otras virtudes prcticas. Dedicronse unos a las artes y otros a labrar la tierra con sus propias manos. La mayor parte de ellos guard el celibato; sus bienes eran comunes, y ninguno tuvo esclavos. Al intento dice Filn. “Entre ellos no existe un solo esclavo: todos son libres y trabajan unos para otros. Rechazan la dominacin, no slo como cosa injusta que destruye la igualdad, sino tambin como impa y trastornadora de la ley natural que, semejante a una madre, ha dado a luz y educado todos los hombres, hacindolos iguales como verdaderos hermanos, no de nombre sino de hecho; pero sobreponindose la astuta codicia a este parentesco, produce alejamiento en vez de familiaridad, y enemistad en lugar de amistad”.240Este pasaje de Filn manifiesta que los esenios reprobaron la esclavitud; pero ni su ejemplo tuvo imitadores entre los judos, ni ellos formaron pueblo aparte, porque slo fueron una de las tres sectas religiosas en que se dividieron, y que en tiempo de Josefo solamente se compona de unos 4 000 miembros.241Grandes calamidades afligieron en el curso de los siglos al pueblo hebreo. Sobre su cabeza cay la espada de diferentes conquistadores; pero vencedor o vencido siempre tuvo y siempre trafic en esclavos hasta su total dispersin en el primer siglo de la era cristiana. Al lado de los hebreos habitaron los fenicios, pueblo el ms comerciante de la Antigedad. Los monumentos y las obras en que estaba consignada su historia, todos perecieron, y las pocas noticias que han quedado, dbense a los fragmentos esparcidos en algunas obras de la Antigedad. A ellos, pues, es preciso acudir para ilustrar en lo posible el asunto que me ocupa. Mucho antes de los tiempos de Homero, los fenicios se presentaron, ya como negociantes, ya como piratas en las islas y costas de Grecia, hundida todava en la barbarie. All robaban mujeres242 y otras personas libres para venderlas en Asia, o exigir por ellas un rescate a sus familias. Ulises en sus largas peregrinaciones estuvo a punto de ser vendido por un fenicio.243 stos robaron tambin en Tebas de Egipto dos mujeres consagradas al servicio del templo de Jpiter, de las cuales una fue vendida en Grecia, y otra en la Libia.244 Con el establecimiento de sus colonias en el medioda de Espaa,245 y con la civilizacin que adquirieron, renunciaron a la piratera, pues en la necesidad de ser comerciantes, obligolos su inters a inspirar alguna confianza a los pueblos

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 66\ 66\ 66\ 66\ 66\ con quienes trataban. En efecto, no hay comercio seguro y slido sin confianza, ni confianza sin probidad; pero la probidad en el comercio pende generalmente ms del inters que de un sentimiento moral. Por lo mismo que los fenicios fueron grandes comerciantes, lanzronse tambin al trfico de esclavos. En el brillante cuadro que del comercio de Tiro traz el profeta Ezequiel seis siglos antes de la era cristiana, dice: “Javan, Tubal y Mosoch factores tuyos fueron”.246 He aqu tres grandes mercados a donde los fenicios fueron a buscar esclavos. Javan fue la Grecia;247 y en cuanto a la posicin geogrfica de Tubal y de Mosoch o Mesec ya se han disipado las dudas que en otro tiempo existieron, porque esos dos pases, patria de los pueblos llamados moschos y tibarenos, hllanse en la Capadocia y en el Cucaso.248 De ellos, del resto de la Capadocia, y de las tribus de aquellas montaas se sacaron esclavos en todos tiempos; y la Circasia y la Georgia son todava los mercados, donde por la hermosura de las razas, a lo menos segn el gusto de algunos pueblos orientales, se proveen los harenes, de la Persia y la Turqua. Si hubo un tiempo en que los fenicios exportaron esclavos de la Grecia, hubo otro posterior en que tambin vendieron en ella a los hijos de Jud y de Jerusaln.249 En castigo de tal conducta, el profeta Joel les anunci que sus hijos e hijas seran a su vez vendidos a los judos, y que stos los venderan a los sabeos, quienes los transportaran a una tierra lejana.250Pero el trfico de esclavos que hicieron los fenicios limitse a los pases arriba mencionados? Conocedores desde muy antiguo de las costas del mar Rojo, donde habitaron251 antes que en la tierra a que ellos dieron el nombre de Fenicia, abrieron relaciones mercantiles con Egipto. En Menfis, su capital, ocuparon un barrio entero;252 desde all participaron del trfico que hacan de caravanas con algunos pueblos del interior de frica; y como ellas tornaban con esclavos, es muy natural que los fenicios establecidos en Egipto los llevasen a los mercados que frecuentaban. Sacarlos tambin pudieron de otros pases, y ms probablemente de las colonias que fundaron en la costa septentrional de frica,253 pues Cartago, tica, Hippo, Adrumete y otros establecimientos sirvironles de escala para su comercio, no slo con algunos puntos del interior del continente africano, sino con Espaa y otros pueblos occidentales. Cul fuese la condicin de los esclavos de que se sirvieron los fenicios, ignrase absolutamente; pero sabemos que muchos fueron empleados en los campos y en las ciudades. Cuando el persa Artajerjes, Ochus de sobrenombre, embisti a Sidn, ciudad entonces la ms opulenta de Fenicia, sus habitantes al verse cercados en ella, y que no tenan medio de salvarse por mar, pues que antes haban quemado todas sus naves,

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JOS ANTONIO SACO /67 /67 /67 /67 /67 encerrronse con sus mujeres e hijos en sus casas, incendironlas, y ms de 40 000 hombres, comprendidos los esclavos, perecieron en las llamas.254En otras ciudades tambin abundaron, y como en los poqusimos fragmentos histricos que acerca de la Fenicia nos quedan, se habla de una insurreccin de esclavos, no es extrao que ella hubiese nacido del mal tratamiento que se les diera. Destruida por Nabucodonosor la antigua Tiro, alzose de sus ruinas otra nueva, que pronto subi a la altura de su madre. Millares de esclavos habitaron dentro de sus muros; pero lleg un da en que rompiendo las cadenas que arrastraban, se apoderaron del gobierno de la ciudad, mataron a sus amos, y se casaron despus con sus viudas. Justino, abreviador de la obra de Trogo-Pompeyo, una de las muchas de la Antigedad que desgraciadamente se han perdido, cuenta aquella insurreccin del modo siguiente: “Hostigados los fenicios sin cesar y de mil maneras por los persas, acabaron por vencerlos; pero sus fuerzas estaban agotadas, y tuvieron que sufrir los tratamientos ms indignos de parte de sus esclavos, que se haban multiplicado excesivamente. stos se sublevaron, degollaron a sus amos y a toda la poblacin libre, apoderronse de la ciudad, de las casas, de la administracin del Estado, casronse, y sin ser libres ellos mismos, dieron el ser a hijos libres. Entre tantos millares de esclavos, uno solo, de carcter ms dulce, conmovido de la suerte de sus amos, el uno anciano y el otro nio, se abstuvo de maltratarlos, y mostroles, al contrario, un respeto mezclado de compasin. Mientras que l los ocultaba, y que se les crea muertos, los esclavos deliberando sobre la suerte de la repblica, resolvieron elegir por rey al primero de entre ellos que viese la salida del sol, y que por este motivo sera el ms agradable a los dioses. El esclavo fiel fue a dar esta noticia a Straton [ste era el nombre de su amo] al retiro que le serva de asilo. Instruido por sus consejos, mientras que los otros reunidos desde medianoche en una vasta llanura, tienen los ojos fijos hacia el Oriente, l slo mira al Occidente. Buscar por el Occidente la salida del sol, pareca a todos una locura; pero como al acercarse el da, los primeros rayos del sol doraban los techos ms elevados de la ciudad, y la muchedumbre esperaba siempre hasta que ella viese el mismo sol, l fue el primero que les mostr la luz sobre el techo de las casas. Una estratagema tan ingeniosa en un esclavo pareci increble; qusose conocer a su autor, y l confes que era su amo. Comprendiose entonces cun superior es el hombre libre al esclavo, y que el esclavo inferior en inteligencia, no le excede sino en crueldad. Perdonose al anciano y a su hijo; juzgose que ellos no haban sido salvados sino por la voluntad de los dioses, y Straton fue elegido rey. Despus de su muerte, el trono pas a su hijo, y luego a sus sobrinos. El crimen de los esclavos reson, y fue para el mundo un ejemplo formida-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 68\ 68\ 68\ 68\ 68\ ble. Por eso, Alejandro Magno que hizo largo tiempo despus la guerra en Oriente, como vengador del reposo de los pueblos, tom la ciudad, e hizo crucificar en expiacin de sus antiguos asesinatos a todos aquellos que se haban escapado de sus armas, no perdonando sino a la raza de Straton, a cuyos descendientes volvi a sentar en el trono. Hombres libres y puros de todo crimen fueron a repoblar la isla de donde haba sido extirpada la raza esclava, y all sirvieron de tronco a una nueva poblacin”.255Cuando Alejandro Magno recorri triunfante el Asia, nuevas calamidades cayeron sobre Tiro. Al dejar la Silicia, dirigiose hacia el Egipto, entr en Fenicia, someti muchas ciudades y fue bien recibido de sus habitantes; mas, Tiro le cerr sus puertas y resolvi defenderse heroicamente. Indignado aquel orgulloso conquistador con la resistencia que encontr, condenola en su furor a su total exterminio Cercola, y al cabo de siete meses de admirables esfuerzos, tomola por asalto, pereciendo en la defensa de sus muros ms de 8 000 fenicios segn Arriano,256 ms de 7 000, segn Diodoro de Sicilia,257 y slo 6 000, segn Quinto Curcio.258En pblico remate vendi Alejandro las mujeres y los nios, hizo ahorcar a lo menos 2 000 jvenes; y en cuanto a los prisioneros, fueron tantos que, aunque al decir de Diodoro de Sicilia, la mayor parte de los habitantes se haba ido a Cartago, aqullos no bajaron de 13 000,259 nmero que Arriano eleva a 30 000.260 Con su activo comercio y rica industria de la prpura, Tiro se repuso de sus pasados quebrantos,261 y prspera estaba, y floreciente cuando cay bajo la dominacin romana. Si la guerra esclavizando los prisioneros, fue en las naciones de la Antigedad el modo ms comn de adquirir esclavos, justo es confesar que de l no se vali Fenicia. Encerrada aun en la poca de su mayor grandeza dentro del espacio de 50 leguas de largo y ocho a diez de ancho; en inmediato contacto sus fronteras con pueblos mucho ms fuertes, y entregada exclusivamente a empresas mercantiles, su poltica en vez de guerrera fue esencialmente pacfica. Por estos motivos, el comercio fue el rico manantial que dio esclavos a los fenicios; y si hombres que se manchan con esta vil granjera, jams estn exentos de un grave pecado, aqullos aparecen entre los antiguos pueblos como menos delincuentes a los ojos de la posteridad.Notas1Catabathmus fue el nombre de una montaa que hoy se llama Akabet-Assolum. 2Strabn, Geografa lib. XVII, cap. I, § 4.

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JOS ANTONIO SACO /69 /69 /69 /69 /693Gnesis, cap. XII, vers. 16. 4Gnes., cap. XXXVII, vers. 25. 5Gnes., cap. XXXVII, vers. 27 y 28, y cap. XXXIX, vers. 1. 6Gnes., cap. XLIV, vers. 9, 10, 16, 17 y 33. 7Herodoto lib. II, cap. CLXIV. 8Diodoro de Sicilia, lib. I, cap. XXVIII. Strab., lib. XVII, cap. I, § 2. 9 Die chronologie der gipter (La cronologa de los egipcios). 10 gyptens Stelle in der Weltgeschichte (Posicin del Egipto en la historia del mundo). 11Dase el nombre de hipogeos a las catacumbas que los egipcios hicieron en las rocas o montaas para sepultar sus muertos embalsamados. Al cabo de millares de siglos consrvanse todava algunos de estos monumentos subterrneos, que admiran por su magnificencia y suntuosidad, pues de pinturas y esculturas estn adornadas hasta las paredes de las piezas, donde jams penetra un rayo de luz (Strab., lib. XVII, cap. I, § 20). Description de l’Egypte, ou recueil des observations et des recherches qu’ont t faites en Egypte pendant la expedition de l’arme franaise vol. 2, chap. II, § 5. Lepsius, Cartas sobre el Egipto etc ., carta 15. 12Champollion, le Jeune, Monuments de l’Egypte et de la Nubie planche 325, 326 y 332. 13dem, planche 291, 292, 293, 294, 298, 299, 301 y 302. 14dem, planche 202, 203, 204, 206, 207, 222, 223, 224 y 226. Debo advertir, que los esclavos africanos, slo se ven en la lmina 202, pues en todas las dems son asiticos. 15dem, planche 167. 16dem, planche 196 y 197. 17Bunsen, gyptens Etelle in der Weltgesch Lepsius, Die chronologie der gypter. 18Champoll., Monum ., planche 4, 11; 12, 13, 15, 16, 17, 27 a 29, 33 a 37 y 328 a 331, etc. 19Herod., lib. II, cap. CII a CVIII. 20Diod. Sic., lib. I, cap. LIII a LV. 21Strab., lib. XVI, cap. III, § 2. 22Plinio, Hist Nat ., lib. VI, cap. XXXIV. 23Tcito, Annal ., lib. II, § LX. 24Diod. Sic., lib. I, cap. LV. 25Herod., lib. II, cap. CLVIII. Arrianus, Periplus maris Erythrei. Strab., lib. XVI, cap. III, § 1. 26Diod. Sic., lib. I, cap. LV. Tacit., Annal ., lib. II, § 60. 27Diod. Sic., lib. I, cap. LV. 28Champoll., Lettres crites d’Egypte et de Nubie 29Herod., lib. II, cap. CVIII. Diod. Sic., lib. I, cap. LVI y LVII. 30Diod. Sic., lib. I, cap. LVI. 31Diod. Sic., lib. I, cap. LI. Vase el apndice n I al fin de este tomo sobre el lago de Moeris. 32Lepsius, Cartas del Egipto Etiopa y pennsula de Sina carta II. 33Herod., lib. II, cap. CXXIV, CXXVII y CXXVIII. Diod. Sic., lib. I, cap. LXIV. 34Herod., lib. II, cap. CXIV. Diod. Sic., lib. I, cap. LXIV.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 70\ 70\ 70\ 70\ 70\35Diod. Sic., lib. I, cap. LVI. 36Strab., lib. XVII, cap. I, § 14. 37Josefo, Anti. Judai ., lib. II, cap XV. 38Sobre el laberinto de Egipto, sus grandes pirmides y el canal de Necos, vanse los apndices n II, III y IV al fin de este tomo. 39Herod., lib. II, cap. CLVIII. 40II. Chronicas cap. XII, vers. 4 y 9. 41Herod., lib. II, cap. CLVII. 42Herod., lib. II, cap. CLIX. 43Herod., lib. II, cap. CLXI. 44Herod., lib. II, cap. CLXI. Diod. Sic., lib. I, cap. LXVIII. 45Herod., lib. III, cap. XCVII. 46Josefo, Anti. Judai ., lib. XII, cap. I y II. 47Josefo, Anti Judai ., lib. II, cap. II. 48Fragmento de la obra de Manethon, inserto por Josefo en su Respuesta a Apion lib. I, cap. V. 49Herod., lib. II, cap. XCIX, C, y CL50Champoll., L ’gypte sous les Pharaons chap. IV sect. II. 51“Jomard”, artculo inserto en la Description d’Egypte ou rcuil des observations etc ., vol. 2, chap. XI, § 5. 52Strab., lib. XVII, cap. I, § 4. Diod. Sic., lib. XVII, cap. L. El oasis de Ammon se llama hoy Sinah. 53Champoll., L ’Egypte sous les Pharaons chap. IV, sect. II. 54Strab., lib. XVII, cap. I, § 18. 55Herod., lib. III, cap. XXVI. 56Herod., lib. IV, cap. CLXXXI y CLXXXIII. 57Herod., lib. IV, cap. CLXXXIV y CLXXXV. 58Herod., lib. IV, cap. CLXXXIII. 59Gnes., cap. XII, vers. 16. 60Gnes., cap. XXXVII, vers. 25 y 28. 61Herod., lib. I, cap. I. Strab., lib. XVII, cap. I, § 5. 62Diod. Sic., lib. I, cap. LXVII. 63Herod., lib. III, cap. CXIII. 64Strab., lib. XVII, cap. I, § 8. Plin., Hist Nat ., lib. V, cap. XXXIV. Tcit., Annal ., lib. II, § 60. 65Diod. Sic., lib. I, cap. LVI. Strab., lib. XVII, cap. I, § 14. 66Herod., lib. II, cap. CLXXIX. Diod. Sic., lib. I, cap. LXVI y LXVII. 67Herod., lib. II, cap. CLXXVII y CLXXVIII. 68Herod., lib. II, cap. CXXXIV y CXXXV. Strab., lib. XVII, cap. I, § 14. 69 Atheneus lib. XV, p. 676 de la edicin de Lyon. 70Strab., lib. XVII, cap. I, § 14. 71Herod., lib. II, cap. CXXXIV y CXXXV.

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JOS ANTONIO SACO /71 /71 /71 /71 /7172Plin., Hist Nat ., lib. V, cap. XI. 73Strab., lib. XVII, cap. I, § 7. 74Arrian., Periplus maris Erythrei Esta obra fue comentada por el ingls Vincent, bajo el ttulo de Vincent Periplus of the Erythrean Sea. 75Herod., lib. II, cap. CLIX. 76Strab., lib. XVI, cap. III, § 6, y lib. XVII, cap. I, § 7 y 19. Arrian., Periplus etc 77Strab., lib. II, cap. IV, § 5, y lib. XVI, cap. III, § 6 78Arrian., Periplus etc 79Arrian., Periplus etc 80Arrian., Periplus etc Barygaza fue en otro tiempo una ciudad mercantil muy clebre, asentada a orillas del Nerbudda que desagua en el golfo de Cambaye. Barygaza se llama hoy por algunos Baroach o Baroche; mas, Gosselin la denomina Barukia ( Recherches tom. III). 81Arrian., Periplus, etc. 82Strab., lib. XVII, cap. I, § 7 y 19. 83D’Auville, Memoires sur l’Egypte, Description du golfe Arabique 84Plin., Hist. Nat ., lib. VI, cap. XXXIV. 85Arrian., Periplus etc 86“Agatharchides de mari Rubro”, apud Hudson, Geographiae veteris scriptores Greci minores. 87Diod. Sic., lib I, cap. LXXIX. 88Herod., lib. II, cap. CXXXVI. Diod. Sic., lib. I, cap. XCI y XCII. 89Herod., lib. II, cap. CXXXVI. Diod. Sic., lib. I, cap. XCIII. 90Vase el apndice n V. 91Diod. Sic., lib. I, cap. LXV. 92“Agatarchides de Mari Rubro”, en la obra ya citada. Edrisi en su Geografa clima 1, parte 4, dice tambin que aquellas minas eran ricas en oro y plata. 93Diod. Sic., lib. III, cap. XII, XIII y XIV. 94Diod. Sic., lib. III, cap. XII y XIII. 95Diod. Sic., lib. I, cap. XXXI. 96Deuteronomio, cap. XV, vers. 15. 97Levtico, cap. XXV, vers. 55. 98Josefo, Anti Jud ., lib. XII, cap. XII. 99 Monuments de l’Egypte et de la Nubie tombeau de Kurna, planche 187; tombeau de Beni-Hassan-el-Qadin, planche 356. 100Diod. Sic., lib. I, cap. LXX. 101Gnes., cap. L, vers. 2. 102Gnes., cap. XXXIX, vers. 8 y 9. 103Diod. Sic., lib. I, cap. LXXVII. 104Diod. Sic., lib. I, cap. LXXX. 105Wallon, Histoire de l’esclavage dans l’antiquit vol. ler., part lre., chap. I. 106Diod. Sic., lib. I, cap. XXVII.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 72\ 72\ 72\ 72\ 72\107Diod. Sic., lib. I, cap. LXXX. 108El buen tratamiento de las mujeres entre los germanos, dervanlo algunos de un pasaje de Tcito, que hablando de ellas, dice: “ Inesse quin etiam sanctum aliquid et providum putant, nee aut consilia earum adspernantur, aut responsa negligunt ”. (Ellos piensan que hay en las mujeres yo no s qu de santo y de prvido, y no desprecian sus consejos, ni desatienden sus respuestas.) Tcit., De Moribus Germanorum, § 8. 109Strab., lib XVII, cap. I, § 8. 110Herod., lib. II, cap. CXIII. 111Diod. Sic., lib. I, cap. XXXI. 112Herod., lib. II, cap. XIV. 113Champoll., Monum ., planche 174. 114dem., Monum ., planche 144. 115Champoll., Monum ., planche 121. 116Herod., lib. II, cap. XXXVI y XXXVII. 117Champoll., Monum ., 102, 150 bis, 150 ter y otras. 118Vase el apndice n VI. 119Herod., lib. II, cap. LXI. 120 Annales d’Afrique publicados bajo los auspicios de l’Institut d’Afrique, en 1855. 121Champoll., Monum ., planche 111 a 113. 122dem, planche 62 y 66. 123dem, planche 10, 19, 35 y 37. 124Lepsius, Noticia preliminar de la expedicin Cartas del mismo autor, escritas en Egipto, Etiopa y la pennsula de Sina; cartas 18 y 28. 125Lepsius, Cartas del Egipto y Etiopa ; carta 19, escrita en Chartum el 21 de marzo de 1844. 126Gnes., cap. XXIV, vers. 12 a 16. 127Gnes., cap. XXIV, vers. 34 y 35, y cap. XXX, vers. 43. 128Josefo, Guerra de los Judos lib. V, cap. IX, § 4. 129Gnes., cap. XVII, vers. 12, 23 y 27. 130Gnes., cap. XXVI, vers. 14 y 19. 131Gnes., cap. XXIV, vers. 61. 132Gnes., cap. XXIX, vers. 24 y 29. 133Gnes., cap. XXX, vers. 43. 134Gnes., cap. XXXVII, vers. 27. 135Gnes., cap. IX, vers. 25. 136San Agustn, De Genesi tom. III, lib. XI, 50, p. 468, y Questiones in Genes ., tom. III, lib. XVII, p. 608, edic. de Gaume hermanos. 137Levt., cap. XXV, vers. 44 y 45. 138xod, cap. XXI, vers. 16. Deuter. cap. XXIV, vers. 5. 139I. Reyes, cap. IX, vers. 26, 27 y 28. 140I. Reyes, cap. IX, vers. 28; cap. XX, vers. 11, 14 y 22, y cap. XXII, vers. 49. 141Vase el apndice n VII.

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JOS ANTONIO SACO /73 /73 /73 /73 /73142Josefo, Antig Jud ., lib. VIII, cap. VII. 143xod., cap. XXII, vers. 3. 144xod., cap. XXIII, vers. 10 y 11. Levt., cap. XXV, vers. 2 a 7. Vase el apndice n VIII. 145Levt., cap. XXV, vers. 10. Vase el apndice n IX. 146II. Reyes, cap. IV, vers. 1. Nehemas, cap. V, vers. 1, 2, 5, 6 y 8. Isaas, cap. L, vers. 1. San Mateo, Evang., cap. XVIII, vers. 24 y 25. 147Psalm., 72, vers. 4. 148I. Reyes, cap. IX, vers. 22 149Levt., cap. XXV, vers. 39 y 47. 150xod., cap. XXI, vers. 7. 151Vase el apndice, n X. 152xod., cap. XXI, vers. 8. 153xod., cap. XXI, vers. 9 154xod., cap. XXI, vers. 10. 155xod., cap. XXI, vers. 10 y 11. 156Galien en la traduccin del Antiguo Testamento que del hebreo ha hecho en francs. 157Gnes., cap. XXIX, vers. 18, y cap. XXXIV, vers. 11 y 12. 158xod., cap. XXII, vers, 16 y 17. I. Samuel, cap. XVIII, vers. 26. Osea, cap. III, vers. 2. 159Vase el apndice n XI. 160Deuter., cap. XXII, vers. 28 y 29. 161Gnes., cap. X, vers. 19. 162Nmeros, cap. XXXIV, vers. 1 a 12. 163Justino, lib. XVIII, cap. III. 164Gnes., cap. XII, vers. 6. 165Deuter., cap. VII, vers. 1. Josu, cap. III, vers. 10. 166 Pherizi o Pherazi en hebreo significa, segn su etimologa, habitante del campo o de las ciudades abiertas. Munk, Description de la Palestine liv. II, chap. ler. 167Deuter., cap. VII, vers. 1, Josu, cap. III, vers. 10. 168Deuter., cap. VII, vers. 2, 5, 16 y 22 a 25; cap. XX, vers. 15, 16 y 18. Josu, cap. IX, vers. 24. 169Levt., cap. XVIII, vers. 3. 170Josu, cap. XII, vers. 1 a 6. 171Nm., cap. XXXI. 172Josu, cap. XI, vers. 19. 173Josu, cap. IX, vers. 3 a 27, y cap. XI, vers. 19. 174Jueces, cap. I, vers. 21 y ss. 175Jueces, cap. I, vers. 28, 30, 33 y 35. I. Reyes, cap. IX, vers. 21. 176Jueces, cap. III, vers. 5 y 6. Esdras o Ezra, cap. IX, vers. 1 y 2. 177Josefo, Anti Jud ., lib. VIII, cap. II. 178Deuter., cap. XX, vers. 10 a 17. Jueces, cap. IX, vers. 45. 179xod., cap. XVII, vers. 13 y ss. Deuter., cap. XXV, vers. 17 a 19.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 74\ 74\ 74\ 74\ 74\180Las uas, segn algunos comentadores, en vez de cortarse, deban dejarse crecer. Vase la nota de Cahen al vers. 12, cap. XXI, del Deuteronomio. 181Deuter., cap. XXI, vers. 11 a 14. 182I. Reyes, cap. XX, vers. 31 a 34. 183II. Chronic ., cap. XXVIII, vers. 8 a 16. 184Josefo, Anti Jud ., lib. XII, cap. III. 185Gnes., cap. XVIII, vers. 6. I. Samuel, cap. II, vers. 19. II. Samuel, cap. XIII, vers. 7 y 8. Proverb., cap. XXXI, en varios versculos. 186I. Samuel, cap. VIII, vers. 15. I. Reyes, cap. XXII, vers. 9. II. Reyes, cap. IX, vers. 32; cap.XXIV, vers. 12 y 15, y cap. XXV, vers. 19. I. Chronic ., cap. XXVIII, vers. 1. La palabra eunuco viene del griego eunuchos que quiere decir hombre que guarda la cama, pues a ellos se confiaba en las cortes orientales el cuidado de las camas y habitaciones de los prncipes, y en especial las de las princesas. 187Gnes., cap. XXXVII, vers. 28. 188xod., cap. XXI, vers. 32. 189Levt., cap. XXVII, vers. 2 a 7. 190Jahn, Bibliche Archeologie vol. 2, parte l, § 195. 191Gnes., cap. XVI, vers. 4 a 6. 192Gnes., cap. XV, vers. 2 y 3. 193Gnes., cap. XXX, vers. 23. I. Samuel, cap. I, psalm. 127. Proverb., cap. XVII, vers. 6. 194Gnes., cap. XXX, vers. 23. I. Samuel, cap. I. 195Gnes., cap. XVI y XXX, vers. 3 a 13. 196xod., cap. XXI, vers. 26 y 27. 197xod., cap. XXI, vers. 20. 198xod., cap. XXI, vers. 21. 199Maimonide, Compendio del Thalmud lib. XI, trat. 5, cap. II. 200Eclesistico, cap. V, vers. 31; cap. XXIII, vers. 7, y cap. XXXIII, vers. 25 a 32. 201Levt., cap. XXV, ver. 49. 202xod., cap. XXI, vers. 4 y 5. I. Chronic ., cap. II, vers. 34 y 35. 203xod., cap. XX, vers. 10. Deuter., cap. V, vers. 14. 204Tcit., Histor ., lib. V, cap. V. 205Herod., lib. II, cap. CIV. Diod. Sic., lib. I. 206xod., cap. XII, vers. 44, Sobre la Pascua, vase el apndice no XII. 207Deuter., cap. XII, vers. 17 y 18. 208Levt., cap. XXV, vers. 2 a 7. 209Deuter., cap. XVI, vers. 10 y 11. 210Deuter., cap. XVI, vers. 13 y 14. Sobre la fiesta de la Pentecosts y de los Tabernculos, vanse los apndices no XIII y XIV. 211Deuter., cap. XXIII, vers. 15 y 16. 212Levt., cap. XXV, vers. 39 y 40. 213xod., cap. XXI, vers. 2 y 3. 214Deuter., cap. XV, vers. 13 y 14.

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JOS ANTONIO SACO /75 /75 /75 /75 /75215Levt., cap. XXV, vers. 10, 39 y 40 216Levt., cap. XXV, vers. 47, 54 y 55. 217Levt., cap. XXV, vers. 47 a 53. 218xod., cap. XXI, vers. 5 y 6. 219Deuter., cap. XV, vers. 17. 220Levt., cap. XXV, vers. 10. 221Levt., cap. XXV, vers. 44 a 46. 222Levt., cap. XXV, vers. 41. 223xod., cap. XXI, vers. 4. 224xod., cap. XXI, vers. 2 y 3. 225Levt., cap. XXV, vers. 42. 226Tcit., Hist ., lib. V, § 4 y 5. 227Paulii, Sentent ., lib. V, tt. XXII, § 3 y 4. 228Levt., cap. XXIV, vers. 22. Nm., cap. XV, vers. 14 y 15. Deuter., cap. I, vers. 16. 229Nm., cap. XXXV, vers. 15. 230Deuter., cap. XIV, vers. 29. 231Levt., cap. XXV, vers 6 y 7. 232Deuter., cap. X, vers, 19. 233Levt., cap. XIX, vers. 34. 234II. Chronic ., cap. II, vers. 17 y 18. 235Jeremas, cap. XXXIV, vers. 8 a 22. 236II. Reyes, cap. XXIV y XXV. 237Esdras, cap. I, vers. 1 a 6. 238Esdras, cap. II, vers. 64 y 65. Nehemas, cap. VII, vers. 66 y 67. 239Amos, cap. II, vers. 6. 240Filn, Quod omnis probus liber pp. 678 y 679, edicin de Ginebra, 1613. 241Josefo, De Bello. Judaic ., lib. II, cap. VIII. 242Herod., lib. I, cap. I. 243 Odisea cant. XIV y XV. 244Herod., lib. II, cap. LIV a LVII. 245Strab., lib. XVI, cap. II, § 16. 246Ezequiel, cap. XXVII, vers. 13. 247Bochart Geographia Sacra pars. 1, lib. III, cap. III. Michaelis Spicilegium en la palabra Grecia, pars. 1, p. 39 de la edicin de Gotinga en 1769. 248Bochart, Geogr Sacra pars. 1, lib. III, cap. XII. Michael. Spileg., Geogr Heb pars. 1 en palabras Tubal y Mesec. 249Joel, cap. III, vers. 6 y 7. 250Joel, cap. III, vers. 8. 251Herod., lib. I, cap. I, y lib VII, cap. LXXXIX. Aqu conviene advertir, como en otra parte he dicho, que bajo del nombre de mar Rojo se entendi en la Antigedad, ya el golfo que se halla entre la Arabia y la costa oriental de frica, ya todo el mar Austral com-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 76\ 76\ 76\ 76\ 76\prendido entre dicho golfo y el Prsico. Algunos autores pretenden que Herodoto se refiere a la que hoy llamamos propiamente mar Rojo; pero otros fundndose en Strabn, quien dice expresamente que los fenicios pasaron del golfo Prsico a las costas del Mediterrneo, opinan que este ltimo es el golfo de que habla Herodoto; y as parece confirmarlo un pasaje de Justino (lib. XVIII, cap. III). 252Herod., lib. II, cap. CXII. 253Strab., lib. XVI, cap. II, § 16, y lib. XVII, cap. II, § 16, y lib. XVII, cap. II, § 13. 254Diod. Sic., lib. XVI, cap. XLIV y XLV. 255Justin., lib. XVIII, cap. III. 256Arrian., Expediciones de Alejandro lib. III, cap. XXIV. 257Diod. Sic., lib. XVII, cap. XLVI. 258Quinto Curcio, Vida de Alejandro lib. IV cap. IV. 259Diod. Sic., lib. XVII, cap. XLVI. 260Arrian., Expediciones de Alejandro lib. II, cap. VII. 261Strab., lib. XVI, cap. II, § 16.

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Libro SegundoINDIA CHINA INDIA CHINA INDIA CHINA INDIA CHINA INDIA CHINALos autores de la Antigedad contaron a los indios asiticos entre aquellas razas de hombres que por no poderse trazar su origen, se llamaron autctonos o nativos del suelo. De la antigua India muy poco supo Diodoro de Sicilia. “Entre muchas costumbres bien extraas, dice aquel historiador, que se advierten en estos pases, hay una sancionada particularmente por sus antiguos filsofos y que debe causar el mayor asombro. Entre los indios la ley prohbe que se esclavice a persona alguna: todo hombre es libre, y siempre debe respetar en otro a su semejante e igual”.1Este error de Diodoro refutado est por la historia y por los antiguos cdigos de la India, pues ella tuvo esclavos desde tiempo inmemorial, y su nmero debi de aumentar con la conquista de las razas primitivas por la raza hind. Al tratar del Egipto expuse que ciertos lugares de la India recibieron esclavos de fuera, y que de los mismos que ella tena, hubo tambin algn trfico interior, llevndolos de un punto a otro. El Ramayana de Valmiki, poema pico compuesto muchos siglos antes de Jesucristo, no slo revela la Antigedad de la civilizacin indiana, sino que habla de esclavas destinadas a los harenes; y de las 1 000 que adornadas de collares de oro, regal el rey de Videhars a las hijas del monarca Dusha-rutha.2Aunque Strabn confiesa que conoci imperfectamente la India, no cae en el error de su contemporneo Diodoro. “Los indios, dice, se casan con muchas mujeres que compran a sus padres, dndoles un par de bueyes por cada una. Toman unas para su servicio solamente, y otras para sus placeres y tener hijos... Si se cree a Megasthene, ningn indio se sirve de esclavos, pero Onesicrite atribuye esta particularidad a slo los habitantes del pas de Musicano, situado segn l en la parte ms meridional de la India... El servicio interior del rey se hace por mujeres que l mismo compra a sus padres”.3

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 78\ 78\ 78\ 78\ 78\ El mismo Strabn refiere que Nicols de Damasco encontr en Antioche de sobrenombre Epi-Daphne (hoy Antioqua), unos embajadores indios enviados a Augusto por Porus, soberano de 600 reyezuelos de la India. Acompaaban a esa embajada algunos presentes que consistan en un hombre nacido sin brazos, vboras muy largas, una serpiente de mucho ms de 4 metros de largo, una tortuga enorme de ro, y una perdiz ms grande que un buitre.4 Estos regalos deban ser presentados a Augusto por ocho esclavos que no vestan sino un calzn, teniendo perfumado de aromas todo el cuerpo.5Veamos si tambin se encuentra la esclavitud en las castas en que se dividi la poblacin de la India. Plinio, el Naturalista enumera seis;6mas, Diodoro de Sicilia y Megasthene, a quien sigue Straton, cuentan siete. La primera y principal, aunque la menos numerosa, formose de los filsofos: la segunda de labradores: la tercera de pastores y cazadores: la cuarta de revendedores y artesanos de toda especie: la quinta de militares: la sexta intitulada de los foros inspeccionaba todo lo que pasaba en el reino para informar al monarca: la sptima se compuso de los consejeros del rey y de los que formaban su corte.7 La segunda, tercera y cuarta castas estuvieron exclusivamente destinadas, segn los dichos autores, a los trabajos materiales; mas, no por eso fueron esclavas, ni mucho menos las otras cuatro superiores. Y aun suponiendo que en aqullas hubiese existido la esclavitud, nada se probara, porque la divisin del pueblo de la India en las seis o siete castas referidas es puramente imaginaria. Para dar con la verdad en este punto, preciso es subir al origen de las leyes religiosas y sociales de los antiguos legisladores de la India. La primera compilacin de esas leyes es el Libro de la Ley de Manu, primero y principal cdigo sagrado de aquella nacin. Segn la cosmogona de los indios, el nombre de Manu o Menu, aplicose a cada uno de los siete personajes divinos que gobernaron sucesivamente el mundo.8Ese cdigo que es todava la base de la legislacin indiana, fue revelado por Brahma al primer Manu9 de quien descienden los otros seis de este nombre, y que fue emanacin del Ser que existe por s. Ignrase la poca fija de su redaccin; pero puede asegurarse con fundamento que precedi 12 siglos a la era cristiana, y no falta quien la haga subir al decimoquinto.10Escrito primitivamente aquel cdigo en lengua snscrita fue traducido en ingls a fines del siglo XVIII por el clebre orientalista William Jones. Publicose en Calcuta en 1813, con un comentario por CullucaBhatta, y en Londres se hizo otra edicin por Haughton en 1826. Diose a luz en 1833 la primera traduccin francesa hecha por A. Loiseleur Deslongchamps, quien la enriqueci con notas y muchas variantes que le sugirieron dos manuscritos en lengua snscrita que se conservan en la biblioteca principal de Pars.

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JOS ANTONIO SACO /79 /79 /79 /79 /79 En este cdigo aparece demostrado, que toda la poblacin de la India fue dividida, no en seis ni en siete castas, sino solamente en cuatro.11 Creyeron los indios que para la propagacin del gnero humano, el Dios Brahma haba producido de su boca, smbolo de la sabidura, al brahmn, o sacerdote; de su brazo signo de la fuerza, al kchatriya o militar; de su pierna, smbolo de la riqueza, al vasia o comerciante; y de su pie, signo de sujecin, al sudra Los deberes impuestos a los brahmanes fueron el estudio y enseanza de los libros sagrados, el cumplimiento del sacrificio, la direccin de los que se ofrecan por otros, y el derecho de dar y de recibir. Las ocupaciones del kchatriya o militar eran proteger al pueblo, ejercitar la caridad, sacrificar, leer los libros sagrados, y no entregarse a los placeres sensuales. Tareas del vasia fueron cuidar las bestias, dar limosnas, sacrificar, estudiar los libros santos, comerciar, prestar a inters y labrar la tierra; cuya ltima ocupacin, o sea la agricultura, parece que no fue muy honrosa en la India, porque segn Manu, aunque ciertas gentes la aprobaban, “es un medio de existencia reprobado por los hombres de bien, pues el palo armado de un hierro cortante despedaza la tierra y los animales que ella contiene”.12 En cuanto al sudra no se le impuso ms deber que el servir a las tres castas anteriores.13Adems de los sudras hubo muchos sirvientes, de los cuales, unos eran libres asalariados, y otros esclavos, formando una clase servil. La diferencia entre stos y aqullos mrcanla muy bien algunos textos del Libro de Manu. Uno de ellos dice: “Un labrador..., un pastor, un esclavo y un barbero, un desgraciado que viene a ofrecerse para trabajar, son hombres de la clase servil”.14 En otra parte se lee: “En tales circunstancias, a falta de testigos idneos se puede recibir la deposicin de una mujer... de un esclavo o de un domstico”.15Tambin vemos en el mismo cdigo las siguientes palabras: “Un dasyu ...16 que desempea funciones serviles, aunque no sea esclavo, etctera”.17Los textos referidos prueban claramente, que si todos los esclavos pertenecieron a la clase servil, todos los individuos incluidos en ella no fueron esclavos. Ntase tambin esta diferencia conforme al gnero de ocupaciones en que se emplearon los sirvientes, pues aqullas se dividieron en la India en puras e impuras: e impuras fueron el ordear vacas, limpiar la casa y su entrada, verter aguas inmundas, desnudar al amo, frotar su cuerpo, asistir a sus placeres y otras cosas semejantes.18 Todas estas ocupaciones fueron propias del esclavo sin que al sirviente asalariado se le pudiese obligar a desempearlas contra su voluntad.19Varios fueron los orgenes de la esclavitud en la antigua India. Obedeciendo como otras naciones a los crueles instintos de la guerra, ella esclaviz a los prisioneros;20 suerte que slo cupo, segn el legislador

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 80\ 80\ 80\ 80\ 80\ Bihma, a los que prefiriendo la vida a la muerte, declaraban pblicamente que queran ser esclavos.21 Furonlo tambin el deudor insolvente,22 el hijo de una esclava, nacido en casa del amo,23 el que perda su libertad al juego o en una apuesta,24 y el que la trocaba por alimentos,25o la venda por dinero, siendo este ltimo a los ojos de la ley el ms vil de los esclavos.26 ralo igualmente el que no pagaba la multa que se le impona,27 y de aqu naci despus la costumbre de vender a los criminales, a los que se hallaban fuera de la ley, a las concubinas y a los hijos ilegtimos. El hombre o mujer libre que cohabitaba con esclava o esclavo ajeno, caa bajo el dominio respectivo del amo de stos.28Origen fecundo de esclavitud en la India fue la venta de los hijos por sus padres, pues las frecuentes hambres a que siempre ha estado expuesto aquel pas, el tibio afecto de las relaciones de familia, y la codicia de los padres, indujeron a stos a vender sus hijos, sacrificando muchas veces las hembras al vicio y a la prostitucin. Por iguales motivos vendieron tambin los maridos a sus mujeres. Para reprimir tales ventas, exigi la antigua ley, que el padre y el marido slo pudiesen vender al hijo o a la mujer cuando sta y aqul lo consintieran, hallndose, adems, reducidos a la ltima miseria.29 Restringiose tanto en este punto la autoridad paternal, que para impedir ventas simuladas, prohibiose al padre que recibiese al tiempo de casar su hija ningn regalo ni gratificacin del esposo;30 pero el inters ms poderoso que la ley triunf de ella, y la venta de mujeres e hijos fue, as en los tiempos remotos de la India como en los modernos, una de las fuentes ms abundantes de esclavitud. Con sana intencin solan el padre y la madre de mutuo acuerdo dar o vender su hijo menor de 5 aos a un hombre que deseaba adoptarle, para tener de este modo un sucesor que le hiciera los funerales cuando muriese.31Exigiose para la adopcin, que perteneciesen a la misma casta el adoptado y el adoptante; que ste la participase al rey; que reuniese en su casa a todos sus parientes para manifestarles que un nuevo miembro entraba en la familia; que hiciese una ofrenda al fuego, pronunciando las palabras prescritas en los Vedas,32 que son los cuatro libros sagrados ms antiguos de la India, y que se cortase al nio el cabello. Esta tonsura era la parte esencial de la ceremonia, porque si a ella se faltaba, aqul, en vez de ser hijo adoptivo, quedaba esclavo del adoptante.33Cayeron por ltimo bajo la esclavitud, aquellos que consagrados a la mendicidad religiosa apostataban de ella;34 mas, esta pena slo alcanz a los individuos de la segunda y tercera castas; pues por la santidad de su ministerio el brahmn jams poda ser esclavo.35Tales fueron los modos legtimos de esclavizar conocidos en la antigua India; pero como la existencia de la esclavitud daba fcil ocasin de atentar a la libertad, robbanse personas libres para venderlas o rete-

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JOS ANTONIO SACO /81 /81 /81 /81 /81 nerlas como esclavas.36 Pena capital impuso Manu al ladrn de hombre o mujer perteneciente a buena familia;37 mas, el legislador Catyayana templ despus este rigor, dejando al juez que aplicase el castigo a su arbitrio.38Para impedir la malicia de los vendedores, permitiose al comprador que descubra algn defecto en el esclavo, que lo devolviese dentro de 15 das si era varn, y dentro de un mes, si hembra.39 Aun sin tacha alguna, fuele lcito arrepentirse y rescindir el contrato dentro de los plazos referidos; pero perdiendo la sexta parte del precio del esclavo si ya haba tomado posesin de l, o slo la dcima en caso contrario.40Deshonroso debi ser entre los indios el trfico de esclavos, porque fue prohibido hacerlo a los brahmanes y militares, aunque forzados por la miseria renunciasen a la perfecta observancia de sus obligaciones y se dedicasen al comercio.41Individuos de una clase podan tener por esclavos a otros que hubiesen sido sus iguales o inferiores; mas, no superiores, a menos que stos abandonasen las funciones propias de su casta.42Como desgracia consider Manu la esclavitud.43 Propiedad del amo, ste pudo vender, regalar, empear y trasmitir el esclavo por herencia;44 mas, el derecho de enajenarlo no fue siempre ilimitado, porque a veces se le prohibi la venta del que estaba empleado en la agricultura;45 y si slo por capricho intentaba vender una esclava obediente que no quera salir de su servicio, la ley le impona una multa de 200 panas,46moneda que vala 80 caracolillos llamados cauris. Las palabras esclava obediente, acaso indican, que ella gozaba de algunas consideraciones que no mereca la indcil y altanera. Los hijos de una esclava pertenecan exclusivamente al amo de ella.47 Sin persona, el esclavo nada adquira para s, sino para su amo,48 excepto lo que ste le venda, o le dejaba alcanzar por su favor;49 porque entonces se supona, que el amo renunciaba a sus derechos. Tampoco pudo el esclavo regalar cosa alguna,50 ni tomar prestado;51 bien que esto ltimo se le permiti, cuando era para socorrer la familia de su amo ausente o presente, pues ste era, en tales casos, quien quedaba obligado a pagar la deuda,52 por inferirse, y con razn, que l otorgaba su consentimiento para objeto tan laudable. En ciertas circunstancias, y a falta de testigos calificados, pudo serlo tambin el esclavo ante los jueces;53 y de las ocho especies de matrimonio, unas buenas y otras malas, usadas entre los indios, lcitas furonle tres, lo mismo que a los dems individuos de la clase servil.54No estuvieron en la India condenados los esclavos a vivir en perpetuo cautiverio. De l sala el deudor, cuando pagaba la deuda con sus intereses;55 el esclavizado por cierto tiempo, cuando ste se cumpla;56 el que daba un par de bueyes en compensacin de los alimentos que haba recibido en pocas de hambre;57 y el que rompa de una vez sus relacio-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 82\ 82\ 82\ 82\ 82\ nes con la esclava que haba sido causa de su esclavitud.58 El prisionero de guerra, el que se haca esclavo diciendo: “yo soy tuyo”, y el que al juego o en apuesta perda su libertad, todos estos la recobraban completamente, cuando ponan en su lugar un esclavo que desempease sus servicios.59 Quien a su amo salvaba la vida en algn peligro inminente, no slo era libre a nombre de la ley, sino que le heredaba en una porcin igual a la de un hijo.60 Finalmente, el amo que tena prole con su esclava, perda su dominio sobre aqulla y sobre sta, quedando libres entrambas:61 He aqu una ley eficaz para contener la liviandad de los amos, y ley por desgracia nunca escrita en los cdigos de los pueblos antiguos ni modernos. Si en todos los casos anteriores pudo libertarse el esclavo, aun contra la voluntad del amo, indispensable fue el expreso consentimiento de ste, cuando aqul era comprado, regalado, heredado, nacido en su propia casa, o cuando el hombre libre haba vendido para siempre su libertad.62La manumisin del esclavo se haca con algunas ceremonias. Ponale el amo en el hombro o en la espalda un vaso de agua, y quitndoselo prontamente, rompalo; con lo que se daba a entender, que el esclavo ya quedaba exento de cargar agua y de las dems fatigas de la esclavitud. Rocabale despus el rostro con agua de arroz y de flores; proclambale libre tres veces, y al fin lo despeda con la cara vuelta hacia el oriente. Desde entonces, el liberto era digno de la consideracin de los hombres de bien, y poda aceptar su comida y sus favores.63Hasta aqu slo he tratado de los esclavos en general; rstame ahora examinar si los sudras, condenados por Brahma a servir, fueron libres o esclavos, o si los hubo de una y otra especie. Que fueron esclavos, pens Chezi en el artculo ya citado, que sobre la antigedad de las leyes de Manu public en el Journal des Savants de 1831; y sin violencia puede inferirse que a esta opinin se inclina Wallon,64 pues lo poco que ste dice acerca de los esclavos de la India, refirenlo exclusivamente a los sudras. Mas, para resolver esta cuestin, importa fijar antes la condicin del sudra. Sudra, segn Manu, significa dependencia y abyeccin.65 Su destino fue obedecer y servir a las tres castas superiores;66 y si a este deber faltaba, convertase en genio malfico que se alimentaba de piojos.67 Tan ntimamente arraigada estaba en l la obligacin de servir, que aunque el amo le libertase, siempre quedaba sometido al yugo de la servidumbre; porque sindole, dice la ley, “natural este estado, quin podr eximirle de l?”68 Por tanto, la accin ms meritoria de un sudra fue servir a los brahmanes.69 Reducido aqul a la degradacin, stos no podan leer en su presencia los libros sagrados.70 Si de l se servan en las ofrendas a los dioses, en las oblaciones a los manes y en los deberes de la hospitalidad, esos dioses y esos manes no aceptaban las ofrendas;71 y el

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JOS ANTONIO SACO /83 /83 /83 /83 /83 brahmn que para los gastos del sacrificio imploraba la caridad de un sudra, renaca despus de su muerte en el estado de tchandala ,72 que fue el ser ms vil, entre todos los de las clases impuras de la India. El prncipe jams poda escogerle por intrprete de la ley,73 y aun fuele vedada la lectura del cdigo de Manu, porque incapaz de recibir el sacramento de la investidura,74 no perteneci a los dwidjas ,75 es decir, regenerados, pues dwidja se llam al hombre de cualquiera de las tres primeras castas, que se supona nacer segunda vez por medio de la iniciacin. La primitiva religin de la India consider como impuro al hombre cuando naca, y de aqu la necesidad de regenerarle con la iniciacin.76 sta consisti en la investidura del cinturn y del cordn sagrado,77repitiendo al mismo tiempo el Savitr, que en el rito indiano era la ms santa de todas las oraciones y la parte ms esencial de la iniciacin.78 El brahmn deba iniciarse a los 8 aos de edad, el kchatriya a los 11, y el vasia a los 12; pero esta ceremonia poda acelerarse o retardarse en ciertos casos.79 A las mujeres de las tres castas superiores servales de iniciacin el matrimonio,80 la cual era tan necesaria a los hombres, que mientras no la reciban, no se diferenciaban de un sudra.81El brahmn no poda ensearle a ste la ley ni prctica alguna de devocin expiatoria, sino por medio de otra persona, y el que lo contrario haca, era precipitado junto con el sudra en la mansin tenebrosa llamada Asamorita.82 Cuando mora, llevbasele a enterrar por la puerta del sur de la ciudad donde habitaba.83 El cadver de un brahmn no deba ser conducido al cementerio por un sudra cuando otros de esta clase estaban presentes, porque manchada con su contacto la ofrenda fnebre, se dificultaba al difunto la subida al cielo.84 Servir a un amo sudra, era motivo para ser excluido de la sociedad de los hombres de bien.85 Entre los pases que pronto seran enteramente desolados por el hambre y las enfermedades, contose el habitado por gran nmero de sudras.86 El brahmn que llevaba una sudra a su lecho era degradado inmediatamente, y bajaba despus de su muerte a la mansin infernal.87El sudra slo poda casarse con mujer de su casta.88 Si viva con alguna de casta superior, era condenado a muerte y confiscbansele sus bienes; mas, si la tena fuera de su casa, slo perda stos, y cortbasele el miembro culpable.89 Cuando violentaba la mujer de algn sacerdote, incurra en pena capital.90 Cortbasele el pie o la mano con que ofenda a un superior.91 Si tena la insolencia de sentarse junto a l, se le haca una herida en las nalgas, o se le desterraba, ponindole una marca en las caderas.92 Por injurias graves que profera contra los dwidjas, se le cortaba la lengua.93 Si mentaba las personas por sus nombres y clases de una manera ofensiva, introducasele por la boca un hierro encendido de diez dedos de largo;94 y si osaba dar consejo a los brahmanes acerca de sus deberes, echbasele aceite hirviendo en la boca y en los odos.95

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 84\ 84\ 84\ 84\ 84\ Estimose en tan poco su vida, que si alguno mataba con intencin un sudra que llenaba exactamente sus deberes, slo sufra una pena 16 veces menor que si mataba a un brahmn;96 y casos hubo en que su muerte se equipar a la que intencionalmente se daba a un perro, un gato, una rana y otros animales de cierta especie.97Pero en medio de tanto rigor y desprecio, la ley dispens al sudra algunos derechos, permitindole ser testigo a favor de personas de la clase servil.98 En los procedimientos judiciales de la antigua India buscose la verdad, no slo en el juramento de las personas, sino en la prueba de agua y fuego. “Que el juez, dice Manu, haga segn la gravedad del caso coger fuego con la mano al que quiere examinar, o mande que le sumerjan en el agua... aquel a quien la llama no quema, ni el agua ahoga, debe ser reconocido como verdico en su juramento. Habiendo sido el Prichi Vatsa calumniado una vez por su joven hermano consanguneo, que le acusaba de ser hijo de una sudra, jur que esto era falso, pas por en medio del fuego para afirmar la verdad de su juramento; y el fuego, que es la prueba de la culpabilidad y de la inocencia de todos los hombres, no quemo ni uno solo de sus cabellos a causa de su veracidad”.99Siendo tan antiguo el Cdigo de Manu, ignorado fue enteramente de las naciones europeas en la edad brbara y media, y notable cosa es por cierto el haberse buscado en Europa, as como en la antigua India, la prueba del agua y fuego para descubrir la verdad en materias criminales, no habiendo ms diferencia sino que aqulla era fra en la India y en ebullicin en Europa. Cuando el sudra robaba, imponasele una multa mucho menor que a los individuos de las otras castas;100 lo que quiz sera porque debiendo stos conocer mejor que l la moralidad de las acciones, cometan una falta ms grave. Si l descenda de un padre perteneciente a la segunda o tercera casta, heredaba la mitad de sus bienes, cuando no haba otro hijo de mejor origen.101 Pudo tomar dinero prestado,102 adquirir esclavos103 y otros bienes, aunque en proporcin moderada, para no vejar, como dice Manu, a los brahmanes con su insolencia.104 Si en un lugar no hallaba medios de subsistir, poda trasladarse donde quisiese.105 Cuando entraba en la dcima dcada de su vida, considerbasele digno de respeto.106 ltimamente, la prole de un sudra poda, por una serie de enlaces con brahmanes, elevarse poco a poco, y a la sptima generacin subir hasta la casta sacerdotal.107 Tal es el cuadro que del sudra trazaron las antiguas leyes de la India; pero al contemplarlo, descbrese desde luego que algunos de sus rasgos no convienen por cierto al esclavo. Si ste nada adquira para s sino todo para su amo,108 lo contrario suceda con el sudra;109 y si ste pudo tomar dinero prestado,110 no as aqul.111 Los hijos del sudra heredaban a su padre;112 mas, no los del

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JOS ANTONIO SACO /85 /85 /85 /85 /85 esclavo, pues ste nada posea. A juzgar por estas diferencias, bien pudiera concluirse, que el sudra, en general, no fue esclavo. “Un sudra, dice la ley, que desea ganar su subsistencia y no halla ocasin de agregarse a un brahmn, puede servir a un kchatriya, o en defecto de ste, procurarse los medios de subsistencia, ponindose al servicio de un rico vasia”.113 Si el sudra hubiera sido verdadero esclavo, habrale dejado la ley la facultad de servir a individuos de aquesta o de aquella casta, prescindiendo enteramente de la voluntad del amo, y sustrayndose de los servicios que a ste deba prestarle? Otra ley mand, que si el sudra no encontraba su subsistencia en un pas, pudiera trasladarse a otro cualquiera.114 Pero esta facultad de ir a donde a uno le plazca, es y fue incompatible con la condicin del esclavo, quien en todos sus movimientos y acciones es ciego instrumento del amo. Uno de los preceptos que impuso Manu a los brahmanes, fue que no habitasen en ciudad que tena por rey a un sudra.115 “¡Sudra, rey o jefe en una ciudad, y al mismo tiempo esclavo!” Imposible. Dbese, pues, concluir de todo lo hasta aqu expuesto, que los sudras, en general, no fueron esclavos. De intento digo, en general, porque hubo sudras esclavos. “Que el brahmn [palabras son de Manu],116 obligue un sudra comprado, o no comprado, a ejecutar funciones serviles”. Ntese que aqu se habla de un sudra comprado, y sindolo, es inconcuso, que fue esclavo. Esto confirma el texto siguiente: “Un brahmn, prosigue aquel legislador, si se halla en necesidad, puede con toda conciencia apropiarse los bienes de un sudra esclavo suyo, sin que el rey deba castigarle, porque un esclavo no tiene nada que le pertenezca, y no posee nada de que su amo no pueda apoderarse”.117A vista de estos textos no cabe la menor duda en que hubo sudras esclavos, los cuales fueron de peor condicin que los dems, pues a la esclavitud reunieron el triste estado de sudra, que siempre les acompaaba hasta el sepulcro. La enorme desigualdad entre el sudra y las castas superiores, es de presumir que naci de la diferencia de tribus o razas primitivas; y tanto ms, cuanto ellas varan en las formas, y sobre todo en el color, pues si como blancos pueden considerarse los brahmanes y los vasias, no as el bajo pueblo, cuyo color es bien oscuro. A los brahmanes que habitan desde los 8 hasta ms all de los 20 grados de la latitud septentrional, distnguelos, segn el capitn M’Kensie,118 un color hermoso y un mismo tipo de facciones, que contrastan visiblemente con los pueblos que viven en esas mismas regiones. Pero en la sociedad indiana hubo todava un ser ms oprimido y degradado que el esclavo y el sudra. Tal fue el tchandala, producto infeliz de un sudra y de una mujer de la casta sacerdotal.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 86\ 86\ 86\ 86\ 86\ Si cuatro fueron las castas primitivas, la mezcla ilcita de ellas, los matrimonios contrarios a los reglamentos y la omisin de las ceremonias prescritas dieron origen a las clases mixtas o impuras. Los autores snscritos, no slo discrepan en el gnero de ocupaciones que atribuyen a algunas de ellas, sino tambin en su nmero, pues que unos omiten las que otros mencionan; y cuntanse por lo mismo, ya 32, ya 35, y an ms. Parece que clases propiamente mixtas slo fueron las mencionadas en el libro X de las leyes de Manu, y que las dems, segn piensa Colebrooke, en vez de tomarse como razas o tribus distintas, fueron nombres que indican ciertas profesiones o compaas de artesanos. Entre las clases mixtas, el tchandala perteneci a la ms impura de todas, y se le consider como el ltimo de los mortales.120 Condenado a una vida errante, no poda habitar en poblado, ni entrar aun de noche en las ciudades y aldeas. No poda tener ms bienes que perros y asnos. Cazar y servir de verdugo fueron sus nicas ocupaciones. Reducido a tratar solamente con gente de su clase, negsele la compaa de otras personas, aun bajo la sombra de un rbol. Si alguno le tocaba, deba purificarse con un bao. Prohibisele hacer honores fnebres a sus antepasados. En tiestos o vasos de barro deba comer; y sus vestidos eran los despojos de los muertos y de los criminales que ejecutaba. Este hombre tan envilecido en la antigua India y que todava lleva estampado en su frente el sello de la ms humillante degradacin, este hombre es el que se llama paria en la costa de Coromandel, conservando el nombre de tchandala en otras partes de la India. Largos siglos corrieron, y lejos de disminuir la esclavitud, adquiri nuevas fuerzas con la conquista de los mahometanos. En el ao 1000 de la era cristiana, Mahmud de Ghazna, que dominaba los pases que formaron el antiguo reino de Bactria, invadi la India; y en las 12 expediciones que hizo contra ella, derrib centenares de pagodas, destruy millares de dolos, sacrific muchos brahmanes, e introduciendo la religin de Mahoma, esclaviz muchedumbres de indios. Timur o Tamerln, conquistador ms clebre y ms feroz que el primero, invadi tambin la India en los ltimos aos del siglo XIV, y con el ejrcito mogol que llevaba, pronto la subyug. Mahometano lo mismo que Mahmud, sobre la India pes la esclavitud, pues que la sostenan no slo las antiguas leyes de los hindes, sino tambin las instituciones de los conquistadores mahometanos.121Despus de ellos asent su imperio en la India una nacin cristiana y muy civilizada. Esa nacin es la Gran Bretaa, cuya dominacin, hablando con exactitud, no empez en la provincia de Bengala basta el ao de 1757, en que se dio la clebre batalla de Plassey, ciudad de la Nuddea; pues entonces fue cuando por primera vez el gobierno de la Compaa de la India Oriental adquiri fuerza bastante para ser obedecido de los jefes nativos que nombraba en Bengala.

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JOS ANTONIO SACO /87 /87 /87 /87 /87 No es de extraar que la esclavitud hubiese continuado en la India en todo el siglo pasado y principio del presente, no obstante la dominacin britnica, porque Inglaterra, no slo mantena entonces tan fatal institucin en todos los pases sometidos a su imperio, sino que era la nacin que ms traficaba en esclavos. Lo que s debe extraarse es, que abolido ya por ella aquel trfico, y libertados despus los esclavos en todas sus colonias de Amrica y frica, se hubiese conservado la esclavitud, no ya en las regiones continentales del Asia, sometidas al gobierno de la Compaa de la India, sino en colonias que, dependiendo inmediatamente de la Corona real, son gobernadas por el ministerio britnico, como la isla de Ceiln. Las sociedades abolicionistas de Inglaterra han clamado repetidas veces contra la anmala conducta del Gobierno britnico, acusndole de sostener en Oriente la misma institucin que destruy en Occidente; pero esta acusacin no es muy fundada, porque cuando l decret la abolicin de la esclavitud de los negros en sus colonias, menos procedi por sus propias inspiraciones, que arrastrado por la opinin pblica; y la nacin, que tanto se interes entonces por la libertad de los negros, no se acord de pedir la de los esclavos de la India. Rotas las cadenas de los africanos, advirtieron entonces aquellas sociedades que los indios asiticos tambin las arrastraban; y aunque tarde, alzaron la voz en su favor para reparar el olvido que se cometi. Si recorremos rpidamente la historia de aquel pas despus de la dominacin britnica, verase que, desde 1789, el gobierno de la Compaa de la India empez a abolir el trfico martimo de esclavos, y en sus despachos lo calific de inhumano y cruel. A los sbditos holandeses, franceses e ingleses que coga dentro de los lmites de sus dominios, comprando o llevando esclavos, prendalos, multbalos severamente, y desde aquel ao procur siempre abolir la esclavitud domstica de los indgenas; pero es doloroso recordar que esos esfuerzos, si fueron lo que se dice, no correspondieron a los deseos de los amigos de la humanidad. Pasado era el ao de 1840, y an estaban abiertas casi todas las antiguas fuentes de esclavitud en la India. El trfico continuaba, no slo en los territorios britnicos, sino en los pases contiguos, sometidos a la dominacin de los gobiernos nativos. Verdad es que este ltimo era ilegal, por haberse prohibido, pero an se haca clandestinamente. La esclavitud en la India est fundada en la antigua legislacin de la raza hind y en la legislacin mahometana. Ambas acept el Gobierno ingls con ciertas modificaciones, pero dejando vigentes casi todas las leyes contrarias al esclavo. De que as fue, basta citar dos casos que ocurrieron, en 1819, en el distrito de Chittagong, provincia de Bengala. El primero fue: un amo cas la hija de una persona libre con su esclavo, y despus la vendi a otro. Fue vlida esta venta? El caso se

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 88\ 88\ 88\ 88\ 88\ someti a un tribunal de la India Britnica, y habiendo consultado el juez a los ministros de la ley hind, segn lo manda ella misma, el tribunal ingls sentenci que la venta era vlida, porque, conforme a la ley hind, la mujer libre que se casa con esclavo, cae en poder del amo de ste. El otro caso consisti en una esclava que se libert, y atormentada por la miseria, vendiose, mediando el consentimiento de su antiguo amo, con sus dos hijas, una de 5, y otra de 7 aos de edad. Dudbase si la venta de la madre y de las hijas era vlida, pero el tribunal ingls decidi que lo era, conforme a la ley indiana.122 Estas dos sentencias no necesitan de comentario, y aunque fundadas en la ley hind y mahometana, son contrarias a la justicia y a la humanidad. Apartose la ley inglesa en algunos puntos de las antiguas leyes de la India. Prohibi que se vendiesen los criminales y sus hijos, y que se castrase a los jvenes esclavos: mand que se impusiese pena capital al matador de un esclavo, aunque fuese su amo, pues segn la ley mahometana, rale a ste permitido perdonar al asesino de su esclavo, o componerse con l por dinero. Prohibi tambin en el Malabar que se vendiesen los esclavos para pagar las rentas atrasadas que los amos deban al gobierno. Concedi, en fin, a los esclavos el derecho de ser testigos ante los tribunales; pero as estas como otras disposiciones se eludan por unos y descuidaban por otros. Suave en general fue la esclavitud en la India; mas, para no incurrir en graves errores, es preciso distinguirla segn las ocupaciones y los sexos. Los esclavos pertenecen, unos a los gobiernos indios, y otros a los particulares. Emplanse en el servicio domstico y en los campos. Los primeros son iguales ante la ley; pero en la prctica, los varones son de mejor condicin que las hembras, porque, adems de ser en general blandamente tratados por sus amos, pueden acudir a los tribunales a quejarse de ellos, si se consideran en algn caso oprimidos. Esto no pueden hacer las esclavas domsticas, porque casi siempre estn empleadas en los serrallos de los musulmanes ricos, o en otras ocupaciones licenciosas, que las privan de toda comunicacin con otras personas. Entre los esclavos domsticos, hay un nmero considerable de eunucos, para guardar las mujeres, especialmente en las familias mahometanas opulentas y voluptuosas. En una de ellas contbanse 63 eunucos en 1837; siendo doloroso recordar que muchos perecen al sufrir la cruel operacin que a tan triste estado los reduce; y vez ha habido en que de 200 muchachos africanos castrados en Judda, slo diez se han salvado. Los esclavos rsticos no son propiamente esclavos, sino una especie de siervos adheridos a la gleba, como los de la edad brbara y media en Europa, y por lo mismo no pueden moverse a su antojo de un punto a otro. En algunos lugares, esos siervos pagan a los propietarios de las

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JOS ANTONIO SACO /89 /89 /89 /89 /89 tierras una renta, y les prestan ciertos servicios por las que cultivan y por los pastos en que pacen sus ganados. Hay provincias en que los mismos propietarios cultivan sus tierras, empleando sus siervos como pastores y aradores; pero en otras, particularmente en el sur de la India, tenindose por deshonroso que un propietario brahmn cultive la tierra con sus manos, emplase solamente el trabajo de los esclavos. En aquellas provincias, su tratamiento es duro, escasos su alimento y vestido, miserable su habitacin, y sus relaciones de familia expuestas a romperse al arbitrio del amo; no puede acudir a los tribunales, y se le compele a ejecutar trabajos que no debe. En el distrito de Travancore, la suerte de esos esclavos es muy infeliz. No pueden vivir sino separados del domicilio de las otras castas; habitan comnmente en pobres chozas, asentadas en las pequeas alturas de los campos de arroz, y a slo dos o tres pies sobre el agua, expuestos a todos los inconvenientes de tan enfermiza situacin; y aun cuando tengan medios para alojarse, como los sudras u otras castas, la ley se lo prohbe. Si encuentran algn individuo de casta superior, deben dejarle libre el paso en los caminos reales, aunque vayan cargados y se hundan en el cieno. No pueden usar calzado ni parasol, a pesar del clima ardiente en que viven, ni prendas de oro o plata, sino de hierro, plomo u otro metal inferior. Las mujeres, sin distincin de edad, andan desnudas de la cintura arriba. Cuando hablan de casa, vestido, comida, matrimonio, marido, mujer, hijo, muerto, etc., deben usar de palabras degradantes; y si ante los tribunales o en alguna peticin en que se trata de esas cosas, se sirven de las palabras que emplean las castas superiores, deben ser castigados. Con todo, este rigor no se ejecuta en muchos casos, y menos con los esclavos ya cristianos, que estn bajo la proteccin de los misioneros ingleses. No habiendo trabajo para emplear constantemente a todos los esclavos, muchos andan vagando por su cuenta para buscar su subsistencia, y reducidos a la miseria, danse al hurto con frecuencia, asaltando a veces en los campos las casas para robar; y no es muy raro que en estas correras los acompaen sus amos, quienes toman para s la mejor parte de lo que han salteado. La miseria a que estn reducidos los siervos de Travancore, no slo proviene de la falta absoluta de trabajo en ciertas ocasiones, sino de que muchos amos, durante el tiempo ms o menos largo que se les emplea en los campos, pganles un salario en arroz con cscara tan mezquino, que a veces es la tercera parte del que ganan los libres.123Como nunca se ha hecho un censo general de todos los esclavos de la India, hanse formado diferentes opiniones acerca de su nmero. Computbalos una en 500 000; otra en 800 000; quien los eleva a casi 10 millones, y quien a 20; pero estos dos ltimos clculos son absurdos, porque no se fundan en ningn dato ni en conjeturas racionales. En

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 90\ 90\ 90\ 90\ 90\ medio de tanta divergencia, las personas ms conocedoras de la India calculan el total de sus esclavos, para los aos de 1840 y 1850, en 1 milln, poco ms o menos. Un estado presentado en 1840 a la Convencin General de la Sociedad Abolicionista celebrada en Londres en aquel ao, contiene el nmero de esclavos de algunas provincias de la India Britnica, sacado de los papeles del Parlamento: Canara, Malabar, Coorg, Wynaud, Cochin y Travancore.... 400 000 Tinnevelly ........................................................... ............. ..........324 000 Trichinopoly ..............................................................................10 600 Arcot, S. Divisin .....................................................................3 000 Arcot, N. dem .......................................................................... 17 000 Southern Concan .....................................................................2 000 Surat..........................................................................................2 000 Ceiln .........................................................................................27 397 Assam........................................................................................11 300 Penang .......................................................................................3 000 ———— T otal ............................................................................. 800 297 Aunque la tabla anterior es muy inexacta, como lo confiesa el mismo que la present a la referida Convencin General, da, sin embargo, una idea importante de la muchedumbre de esclavos o siervos que existan en India en los aos mencionados. En la primera partida aparece, entre otros nombres, el de Travancore, cuya provincia tena, segn el censo de 1836, la poblacin total de 1 280 688, de cuyo nmero eran esclavos o siervos rsticos 164 864 o casi la octava parte de todos los habitantes, sin contar los esclavos domsticos, por no saberse a cunto ascendan. Segn el diligente escritor sobre las colonias britnicas Montgomery Martin, comenzose a formar un censo de los esclavos de la India en 1862; pero l confiesa que poco se haba adelantado en este trabajo, y que existan en aquella fecha ms de 4 millones de esclavos. Cuando el Gobierno britnico renov, en 1833, la carta de la Compaa de la India Oriental, propuso la abolicin de la esclavitud de la India Britnica para antes o para el 12 de abril de 1837. Esta medida fue adoptada por la Cmara de los Comunes; pero cuando el proyecto de ley pas a la Cmara de los Lores, el duque de Wellington se opuso, diciendo: “Insisto en esto, porque no hay necesidad de hacer leyes o reglamentos sobre la esclavitud de la India Oriental. Yo he servido en ese pas y vivido entre el pueblo, y nunca he tenido noticia de un caso de crueldad cometido contra los esclavos, si es que esclavos deben llamarse”. Estas palabras, verdaderas hasta cierto punto, si se contraen a los

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JOS ANTONIO SACO /91 /91 /91 /91 /91 esclavos domsticos, no lo son en general respecto de los esclavos o siervos rsticos, segn he manifestado ya. La situacin deplorable de los de Travancore llam la atencin del peridico Friend of India (Amigo de la India) y de algunos abolicionistas ingleses. La agitacin que esto produjo oblig al gobierno de la India a dirigirse al Residente ingls cerca del Rajah de Travancore, para que ste aboliese la esclavitud en aquel pas. Mas, encontrando grande resistencia, lo nico que pudo conseguir fue que el dicho Rajah expidiese, en 14 de octubre de 1853, una proclamacin o decreto, que se public en el Anti Slavery Reporter de Londres, del mes de octubre de 1854. He aqu un breve compendio de aquel decreto: 1 Que fuesen libres los hijos de los esclavos del gobierno, nacidos despus de la fecha de ese decreto. 2 Que tales personas, aunque libres, guardasen a las castas superiores el mismo respeto que hasta entonces se les haba dispensado. 3 Que los esclavos privados no constituyesen una propiedad que pudiera cogerse por rentas o contribuciones atrasadas, en virtud de decretos judiciales. 4 Que los esclavos pudiesen comprar y tener propiedad lo mismo que los otros habitantes, y que se prohibiese a los amos y a otras personas que se apropiasen semejante propiedad. 5 Que la injusticia cometida contra los esclavos se considerase como una infraccin del sexto reglamento del ao de 1835, y que, por consiguiente, se castigase. 6 Que cuando alguna propiedad pasase a la Corona por falta de herederos, los esclavos pertenecientes a dicha propiedad fuesen libres. 7 Que los padres y los hijos esclavos no pudiesen, sin su consentimiento, ser vendidos ni separados unos de otros a una distancia de ms de 15 millas. 8 Que el salario de los esclavos que trabajan para el gobierno fuese el mismo que el de los trabajadores libres. 9 Que los esclavos, as del gobierno como de los particulares, recibiesen una pensin moderada en sus enfermedades y en su vejez. 10. Que los hijos de esclavos menores de 14 aos no se empleasen en trabajos incompatibles con su edad y aptitud. 11. Que se tuviese un registro de todos los nacimientos y muertes de los esclavos del gobierno; que de esos nacimientos y muertes se diese noticia a las autoridades respectivas dentro de 30 das de su acaecimiento, y que se impusiese una multa en caso de no haberse tenido el mencionado registro. Tal fue el decreto del Rajah de Travancore; pero habiendo, de una parte, fuertes intereses que se oponan a su cumplimiento y, de otra, muy poca voluntad en los empleados indios para ejecutarlo, la esclavi-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 92\ 92\ 92\ 92\ 92\ tud continu, no obstante los esfuerzos que para abolirla se hicieron desde 1854, y que al reformar en dicho ao la carta de la Compaa de la India, se prometi que la esclavitud sera extinguida tan pronto como se pudiera. En 1872, un respetable ingls no amigo de la esclavitud en la India, pronunci estas palabras: “Dentro de muy pocos aos no existir bajo la bandera inglesa un solo esclavo”. El cielo permita que sus votos sean prontamente cumplidos. En la introduccin a esta obra dije, que de todos los antiguos imperios que se levantaron en el Asia y hundieron en el polvo ms de 2 000 aos ha, slo la India y la China haban conservado su civilizacin primitiva, sobreviviendo a tantas ruinas. La existencia de esta ltima nacin, una de las ms antiguas del mundo, ha dado origen a largas investigaciones, y su cronologa puede dividirse en tres perodos. El primero es el de los tiempos fabulosos o mitolgicos, reconocidos como tales por el cuerpo de letrados o sabios de la China; y tan discordes y absurdas son las tradiciones sobre la antigedad de ella, que se hace subir el principio de su monarqua a 2 millones de aos, y hasta 96.124El segundo perodo abraza los tiempos inciertos o dudosos, cuya duracin fue de 824 aos, y, segn algunos escritores chinos, el primer emperador fue Fou-Hi.125 Conviene advertir aqu, que los cuatro aos chinos corresponden exactamente, desde la ms remota antigedad, a los aos julianos de los pueblos europeos, pues de cada cuatro, tres constan de 365 das y seis horas y uno de 366 das, que es el que entre nosotros se llama bisiesto.126El tercer perodo es el de los tiempos ciertos o propiamente histricos. Empieza en el reinado de Hoang-Ty, 2 637 aos antes de la era cristiana,127 que fue cuando se estableci en la capital del imperio una corporacin o tribunal histrico, compuesto de los hombres ms instruidos y respetados de la nacin, y cerca del cual dan curiosas noticias las memorias sobre la China de los misioneros franceses del pasado siglo, en el tomo V, pginas 45-47; y tambin las de la Academia de Inscripciones y Bellas Letras del Instituto de Francia, en el tomo X, pgina 379, y en el XV, pginas 504 y 505. El emperador Kien-Loung, cuyo reinado termin en la segunda mitad del siglo pasado, mand que todas las academias o tribunales literarios de Peking, hiciesen un examen crtico de la cronologa china, y la tabla que formaron se imprimi en el palacio imperial de aquella capital en el ao de 1767. Este precioso documento que lleva en s un alto grado de verdad, fue traducido en francs por el ya citado misionero Amiot, residente entonces en China, quien lo envi a la biblioteca real de Pars en 1769, y fue despus publicado por G. Pauthier en 1837 al fin de la primera parte de su Descripcin histrica geogrfica y poltica de la China

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JOS ANTONIO SACO /93 /93 /93 /93 /93 La civilizacin, pues, de esta nacin, es una de las ms antiguas del mundo, y las pruebas autnticas de su historia, suben a ms de 26 siglos antes de la era cristiana.128Pero tuvo la China esclavos desde orgenes tan remotos? A esta pregunta responden negativamente todas las investigaciones hechas hasta hoy. En la Antigedad, dice una de las autoridades ms respetables de la China, no haba hombres ni mujeres esclavos, y los primeros fueron algunos delincuentes condenados a trabajar como esclavos del Estado;129 mas, estas condenaciones, sin alcanzar a los ancianos de 70 aos ni a los altos empleados del imperio, no acaecieron hasta el ao de 1134 antes de la era cristiana, bajo la dinasta de los Tcheou.130 Tarde, pues, empez en China la esclavitud, esclavitud que no fue privada, sino pblica, porque los individuos que la sufran slo eran esclavos del Estado. Vino despus la de los prisioneros cogidos en las guerras civiles o extranjeras;131 y, por ltimo, penetr esta institucin en las familias, las cuales no se haban servido hasta entonces sino de personas asalariadas o de mujeres de segundo rango o inferiores.132 Si poca fija se ha podido sealar a la esclavitud por delito, no as a la de los prisioneros de guerra, ni a la que se introdujo en las familias; pero en medio de esta incertidumbre, bien puede asegurarse que ambas precedieron a la era cristiana. Existieron, pues, en China, dos especies de esclavitud: una pblica y otra privada. La primera recay sobre los condenados por delito y los prisioneros de guerra; mas, la segunda se compuso de los esclavos que los particulares compraban o de otro modo adquiran. Cuando se contempla que entre la poca en que empez en China la esclavitud y la fundacin de su monarqua, transcurrieron, segn los documentos histricos, ms de 14 siglos, no puede menos de admirarse el fenmeno social que presenta esa nacin, porque en todos los pueblos de la Antigedad, se tropieza con la esclavitud desde los primeros tiempos de su existencia. Provendra esto, como piensan algunos, de que repartidas las tierras en China durante la primera dinasta, y tocado una suerte a cada familia,133 se alejase la miseria y se impidiese que los hombres enajenasen su libertad, la de sus mujeres o sus hijos, como sucedi despus? Pero aun admitiendo que de este modo se hubiese asegurado en tiempos normales la subsistencia general del pueblo, cmo es que en las terribles hambres y miserias producidas desde la ms remota antigedad por las espantosas inundaciones de los grandes ros de la China,134 no hubo muchas personas que vendiesen su libertad y la de sus familias? Sera que honradas la agricultura y las artes, el pueblo hallase fcilmente trabajo para satisfacer sus necesidades? Concdase que as fuese, mas, cmo se explica que en las frecuentes irrupciones y guerras de los trtaros con los chinos, muchos siglos antes de la era cristiana, no fueron esclavizados los prisioneros, segn se hizo en tiem-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 94\ 94\ 94\ 94\ 94\ pos posteriores? Sea como fuere, lo cierto es que existen muy pocos documentos relativos a la antigedad de la esclavitud en China; y yo conjeturo, que algunos de ellos quiz fueron destruidos en el incendio que contra las bibliotecas pblicas decret 213 aos antes de la era cristiana el brbaro emperador Thsingche-hoang-ti.135 Digno es de recordarse el valor heroico que entonces mostraron los letrados chinos, pues antes que aprobar el decreto de aquel tirano, prefirieron sufrir una muerte cruel, y slo en Peking fueron enterrados vivos ms de 460. De las fuentes de esclavitud en China, las guerras exteriores fueron las menos fecundas. Los prisioneros hechos as en ellas, como en las civiles, todos pertenecieron al Estado, y emplendose una parte en el servicio del emperador, repartanse los dems entre los altos empleados de la nacin, en nmero de 30, de 100 y hasta de 200.136 Estos repartimientos no siempre se hicieron conforme a las necesidades de los funcionarios pblicos, sino segn su influencia y sus deseos. El emperador Tching-Ti de la dinasta de los Tsin, subi al trono en 326 de la era cristiana, y censurando el lujo de los grandes de su corte, dice entre otras cosas: “Ellos fabrican casas magnficas, hacen vastos jardines y grandes estanques, y mantienen en la ociosidad muchedumbre de esclavos”.137 No dir yo, sin embargo, que todos los que tenan fuesen de los pblicos que se acostumbra adjudicarles, pues bien pudieron comprar esclavos particulares o adquirirlos de otra parte. Por largo tiempo permanecieron los prisioneros de guerra en el dominio exclusivo del Estado; pero despus, a lo menos desde la dinasta de los Han, se permiti venderlos a todo el que quisiera comprarlos. Para interesar a los chinos en las guerras de las fronteras del norte, se trat de que ellos hiciesen suyos a los prisioneros que cogiesen; pero si acerca de esto recay alguna resolucin imperial, yo no lo puedo afirmar, pues lo nico que s, es que un ministro llamado Chao-Tsou propuso al emperador Tsing-Ti, en el segundo siglo antes de Cristo, que hallndose expuestas las fronteras a las frecuentes irrupciones de los trtaros, convena interesar en su defensa a los habitantes de ellas, dndoles la mitad de los prisioneros que hiciesen, y obligando a los magistrados a que prontamente se los comprasen por un precio de antemano establecido. Propuso tambin aquel ministro al mismo emperador la colonizacin de aquellas fronteras, la cual en su concepto se podra conseguir parcialmente, indultando algunos criminales, mediante cierto nmero de esclavos de ambos sexos que ellos diesen para ser enviados como pobladores a los confines del imperio.138 Pero ni estas ni otras medidas pudieron evitar que en los asaltos de los trtaros, la China perdiese ms hombres que los que coga, pues veloces en sus movimientos, ellos burlaban la persecucin de sus enemigos.

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JOS ANTONIO SACO /95 /95 /95 /95 /95 Lo que s dio a la China muchos esclavos, fueron los trastornos internos y las guerras civiles que repetidas veces la destrozaron. Ciento sesenta y ocho aos antes de Cristo se sublevaron siete provincias, y a esclavitud fueron condenados los habitantes que tomaron parte en la insurreccin. La misma suerte corrieron los que se alzaron bajo la dinasta de los Han orientales en los dos primeros siglos de nuestra era; los del promedio del sexto bajo el imperio de los Heou-Tcheou, y los del sptimo bajo la dinasta de los Tang. Ya antes, o sea a fines del siglo sexto, cuando los soberanos del norte extendieron sus conquistas a la China meridional, gran parte de su poblacin haba sido esclavizada, y fuelo todava en mayor nmero con la conquista de los mogoles en el siglo decimotercero. De esas turbulencias nacieron los siervos, clase desconocida en China. Viose entonces, y principalmente durante las guerras que siguieron a la cada de los Han, bajo la dinasta de los Tsin desde los aos 280 a 404 de la era cristiana, y bajo los Tsin orientales a los 375 de la misma, viose que los pobres labradores buscaban para s, para sus familias y sus tierras, la proteccin de los poderosos; mas, prevalindose stos de tan lamentables circunstancias, los retuvieron contra su voluntad, y los condenaron a servidumbre, viniendo de aqu el nombre que se les dio de familias usurpadas.139Con ms facilidad todava experimentaron la misma suerte los sirvientes asalariados, pues en China se les considera legalmente como inferiores a la clase enteramente libre. A esto se agrega que ellos pudieron, segn decreto de los Thang, comprometer sus servicios por un ao, y segn una ley de los Soung, hasta por cinco;140 de manera que el sentimiento de su inferioridad, de una parte, y la costumbre de obedecer a un amo, de otra, allanaban el camino para someterlos a perpetua servidumbre. La ley sancion, a lo menos por cierto tiempo, la obra empezada por la violencia, y uno de los emperadores de los Tsin orientales, dict varias disposiciones para regularizar la condicin de los siervos. Eximioles, pues, de todo tributo y del servicio personal; mand que el amo los inscribiese en su registro domiciliario, y que el nmero que poseyese guardase proporcin con el rango social que ocupaba.141Algunas familias poseedoras de muchas tierras y siervos adquirieron gran preponderancia, y aspirando a la independencia, resistan a los agentes del gobierno encargados de formar los censos, y ocasionaban con frecuencia desrdenes muy deplorables.142 De aqu el empeo, que tuvieron en combatir esta institucin, no slo los emperadores Thang, sino los de otras dinastas posteriores. Parece que la servidumbre del colono adherido a la tierra, no existe hoy sino en las que pertenecen a los trtaros-manches, porque debien-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 96\ 96\ 96\ 96\ 96\ do ser militares los hijos varones de estas familias, y no pudiendo por lo mismo labrar la tierra por s, tienen bajo su dependencia colonos que, segn la costumbre trtara, viven como siervos; mas, como esas familias slo representan 100 000 hombres sobre las armas,143 ya se percibe al primer golpe la insignificancia de este nmero comparado con la inmensa poblacin de la China.144Otro es el sistema que en el cultivo de sus tierras siguen los chinos. stos, por lo comn, las arriendan a otros chinos libres como ellos; pero les exigen adelantada una cantidad equivalente, a lo menos, a la renta de un ao, porque sin esta precaucin, el arrendatario, cogida la cosecha, la vendera y se escapara sin pagar.145La fuente perenne y ms abundante de esclavitud en China, fue, y es la venta de personas libres. Acaeci esto por primera vez en el ao 232 antes de la era cristiana,146 y tan grande novedad se atribuye a orgenes muy remotos. Repartidas que fueron las tierras desde la primera dinasta, tocaron grandes suertes a muchos prncipes o seores, empleados del emperador; y como todos dependan de l, y eran sus tributarios,147 el gobierno fue tomando desde entonces cierto carcter feudal. Con el transcurso del tiempo cambiaron mucho las cosas, porque habiendo algunos de ellos sacudido la dominacin imperial formaron reinos independientes. No faltaron emperadores que desearan subyugar a los prncipes sublevados, y el llamado Thsin-Chi-Hoang-ti lo consigui en el tercer siglo antes de nuestra era; pero no pudo ejecutar empresa tan atrevida sin profundos trastornos, guerras civiles, violentos despojos, familias arruinadas, hambre en la nacin y otras calamidades. En tan terribles circunstancias, las personas indigentes preferan la esclavitud a la muerte, y siendo ya los hijos una carga insoportable para muchos padres, stos se deshacan de sus recin nacidos y pequeuelos, ora matndolos en sus casas, ora arrojndolos a las calles, ros y caminos.148Para disminuir la frecuencia de esta maldad, el monarca fundador de la dinasta de los Han permiti en el ao 202 antes de nuestra era, que las personas reducidas al ltimo grado de miseria pudiesen vender su libertad y la de sus mujeres e hijos.149 Bien pronto demostr la experiencia la ineficacia de este permiso, porque si, de una parte, se hicieron muchas ventas, de otra, continuaron los infanticidios; crimen, que perpetrado desde muy antiguo, en mayor o menor nmero, segn las pocas y lugares, ha sido y es uno de los negros borrones de la China. Para impedir los infanticidios y otros males, los emperadores de la dinasta de los Han alimentaron de los graneros pblicos a los hurfanos y a los nios de padres pobres. Conocidas son en China las inclusas o casas-cunas, cuya institucin no es de poca reciente. En un informe escrito por un chino sobre el hospicio de Chang-hai fundado en 1710, se

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JOS ANTONIO SACO /97 /97 /97 /97 /97 leen estas palabras: “Yo considero el plan de este asilo como conforme al mtodo adoptado bajo la dinasta de los Tcheou [de 1120 a 250 aos antes de Jesucristo], para consuelo de los hurfanos durante la primavera y el esto”. Bajo la dinasta de los Soung que reinaron de 960 antes de la era cristiana a 1270 despus de ella, el gobierno destin de un golpe, y en un solo paraje, 200 hectreas de tierra para la construccin de un asilo donde se recogiese a los nios abandonados.150 Otros asilos semejantes existen en algunas ciudades; pero su nmero es del todo insuficiente para su vasta poblacin. Poco tiempo haba corrido desde que se dio el primer permiso, para que los padres pudiesen vender a sus hijos en casos de extremada necesidad, cuando ya se procur halagar a los compradores, presentndoles ricamente vestidos los muchachos que al mercado se llevaban. Deplorando el ministro Kia-y el lujo del imperio, elev una memoria al emperador Wen-ti en el segundo siglo antes de Cristo, y en ella se encuentra este pasaje: “El lujo llega hoy a tal exceso, que el pueblo sencillo adorna con bordados los vestidos y aun el calzado de los muchachos y muchachas que se ve obligado a vender; y no vienen al lugar donde se congregan para su venta sin el brillo de esos adornos”.151Si la venta de personas libres fue permitida por el fundador de los Han, otros emperadores la prohibieron despus. As aparece del decreto de Kouang-wou en el ao 31 de Jesucristo; del de Yueng-ho, uno de los Thang, en 809; y de los primeros expedidos por los Soung desde 991 a 1029.152 Estas reiteradas prohibiciones prueban evidentemente que, a pesar de ellas, las ventas se continuaban. Efectivamente, harto comn es en la clase pobre de China el inveterado abuso de que los padres vendan a sus hijos por dinero, que stos sean robados con el mismo fin, y que los maridos vendan tambin sus mujeres a otros hombres, para que las hagan sus concubinas o mujeres inferiores. Las novelas, fiel imagen de las costumbres chinas, ofrecen numerosos ejemplos de tan triste verdad; y el Libro de las Recompensas y de las Penas menciona la venta, en 12 onzas de plata, o casi 18 pesos, de un muchacho hermoso de 12 aos que cabalmente haba sido robado a su padre; y la de una mujer por su marido, la cual fue comprada por otro en 30 onzas, o menos de 43 pesos.153No hay necesidad de buscar en las pginas de los libros la existencia de trfico tan detestable. Es un hecho inconcuso que los padres venden indistintamente sus hijos de ambos sexos; pero las hembras hallan compradores con ms facilidad que los varones, porque muchas se emplean como mujeres principales o inferiores,154 y otras ms infelices se destinan a la degradacin y a la infamia. “Si se encuentran, dice De Guignes,155 muchas nias de venta, es porque hay gran nmero de compradores. Ensanlas stos a tocar ins-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 98\ 98\ 98\ 98\ 98\ trumentos, y edcanlas con esmero, ya para venderlas despus con mucho provecho, ya para entregarlas a la prostitucin. La ciudad de Sou-tcheou-fou es famosa por esta especie de trfico; sin embargo, los chinos no siempre compran esas nias para uso tan infame”. Supnese en China por una fatal ficcin, que los hijos son quienes se venden para cumplir con los deberes de la piedad filial y que los padres no hacen ms que consentir en la venta.156 En vano se exige para la tolerancia de ese contrato, que el padre y la madre se hallen en extrema necesidad; en vano se castiga con 80 palos al padre o al abuelo contraventor;157en vano se decretan estas y otras penas contra el hermano, to, pariente o extrao que fraudulentamente hace tales ventas: todo, todo es ilusorio. Los trastornos polticos que tan frecuentemente ha sufrido la China, las formidables inundaciones de sus ros principales, las grandes sequas a que estn expuestas las llanuras de sus ms pobladas provincias, la rapacidad de los mandarines, el juego, la embriaguez, la disolucin de las costumbres, la temprana edad a que se juntan los sexos, la poligamia, y la excesiva poblacin que deja sin trabajo prodigiosa muchedumbre de brazos; todas estas causas ocasionaron desde muy antiguo la miseria, y con ella la continua infraccin de unas leyes, que si el pueblo tiene inters en eludir, el gobierno no se cuida de ejecutar. El curioso documento que sigue es una escritura de venta de un hijo otorgada por su padre a favor del comprador, la cual se public en ingls en el Anti-Slavery Reporter de Londres en 1854, tomo 29, serie II, pgina 71. “Y el ejecutor de este acto de venta, Le Wan Foo, hallndome destituido de medios para comprar alimento, he deseado, despus de consultar a mi mujer, el vender como esclavo a mi segundo hijo engendrado, llamado A. Chaou, de 14 aos de edad y nacido en la luna del da 15 del 5 mes del ao Voo Kea, el 14 de Taon-Wang. Por tanto, manifest mi intencin al jefe de mi familia, y primero busqu comprador entre mis parientes sin hallarlo. Despus, por medio del agente Kwang Wei Pang se ha encontrado como comprador a Chang Pih Jin. En presencia del agente se ha convenido entre las dos partes, que el precio sea de 40 000 monedas de cobre al contado; y yo, Le Wand Foo, he tomado hoy mi segundo hijo A. Chaou, y entregdolo como esclavo a Chang Pih Jin, quien variar su nombre a su antojo y se servir de l hasta el fin de su vida. Si su amo le diere en adelante una mujer, y naciesen hijos o hijas, todos ellos permanecern de generacin en generacin en la casa de Chang Pih Jin como esclavos, y en todo estarn sujetos a la autoridad de su amo sin ninguna intervencin de parte de mi familia Le Wan Foo. Yo, Le Wan Foo, he recibido ya en mi propia mano todo el precio de la persona. Si en adelante se suscitare alguna dificultad acerca de su origen, el vendedor y el agente sern los nicos responsables, quedando

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JOS ANTONIO SACO /99 /99 /99 /99 /99 enteramente libre el comprador. ste es un caso de distinta compra y venta sin objecin de ninguna de las dos partes, y no un traspaso en pago de deuda, ni un caso de venta obligatoria, o de embargo forzado. Como un convenio oral no ofrece pruebas, yo he extendido especialmente este acto de venta, he estampado en l la impresin de mi dedo ndice, y mi firma, y lo he entregado al comprador para que lo conserve en prueba de lo tratado. sta es la verdad. ”1 Realmente pagado en la mano de Le Wan Foo por Chang Pih Jin por la compra de un esclavo el precio que asciende a 40 000 monedas de cobre. “2 Verdaderamente negociado por el agente Kwang Wei Pang, que presenci la venta de A. Chaou como esclavo, y la entrega de esa persona y de su precio a las partes respectivas (Firmado) el Agente, Kwang Wei Pang. “Escritura de venta de su hijo ejecutada el da 21 del mes 3 del ao Faon Kwang, por Le Wan Foo. “Firma e impresin del dedo ndice de la mano izquierda de Le Wan Foo”. Manantial de esclavitud ha sido el plagio en China, y el cdigo criminal de ella lo castiga con palos y otras penas ms o menos severas. Son los palos un castigo muy frecuente en China y el instrumento con que se aplica, se llama Pantsee Para hacerlo, se corta de la caa bamb, que es madera slida y dura, un pedazo grueso de algunos pies de largo: dsele una forma semi-chata, siendo por la parte inferior de la anchura de la mano, y por la superior se pule y adelgaza para empuarlo con facilidad. Quien, valindose de alguna estratagema, vende o trata de vender hombre libre como esclavo, debe ser castigado con 100 palos y destierro perpetuo a la distancia de 3 000 lees ora sea culpable principal, ora cmplice. Si el ardid se emplea contra persona del sexo femenino, para venderla como mujer principal o inferior, o para que alguno la adopte como hija, el delincuente ser castigado con 100 palos y tres aos de destierro.158Si los ocultadores y compradores de las personas engaadas y vendidas tienen conocimiento del fraude, sufren generalmente la misma pena que los vendedores.159Cuando se emplean estos fraudes para vender esclavo ajeno, o para inducirle a que se deje vender, el castigo ser un grado menos que cuando se emplean tales medios contra persona libre.160 Si sta, siendo mujer, consiente en su venta, el vendedor sufrir 100 palos y tres aos de destierro; pero si la venta es para que el comprador la haga su mujer principal o inferior, o para que la adopte como hija o nieta, la pena ser de 90 palos y de dos aos y medio de destierro. En todos estos casos, la

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 100\ 100\ 100\ 100\ 100\ persona que consiente en su venta ser castigada un grado menos que el vendedor.161Si tales ventas, as consentidas, no han llegado a consumarse, entonces todos los cmplices tendrn una pena, un grado menor que si aqullas se hubieran efectuado. Quedan, sin embargo, exentos de todo castigo los menores de 10 aos, porque en esa edad no pueden consentir en la prdida de su libertad.162El que, empleando violencia, hiere a la persona que se defiende para no ser esclavizada, ser estrangulado, y si la mata, decapitado.163 Los que no sean autores principales, sino slo cmplices de este delito, recibirn una pena un grado menor que aqullos.164La persona que vendiere fraudulentamente a su hermano o hermana joven, a su sobrino o sobrina, a su propia mujer inferior, o a la mujer principal de su hijo o nieto, ser castigado con 80 palos y dos aos de destierro.165En penas ms o menos severas incurre el que, prevalido de su autoridad, vende otras personas de su familia ms o menos allegadas a l.166Tampoco queda impune el que recibe en su casa hijos de personas libres, bajo la promesa de educarlos y adoptarlos, y despus los vende.167De 80 a 100 palos y de dos a tres aos de destierro impnense al que vende muchacho libre extraviado o fugitivo de su casa, bien sea para esclavizarlo, bien para casarlo en alguna familia o hacerlo adoptar por ella. Estas penas se disminuyen en un grado, respectivamente, cuando el muchacho extraviado o prfugo es esclavo.168El que falsamente reclama persona libre como su esclava, ser castigado con 100 palos y tres aos de destierro; pero si la falsa reclamacin recae, no en libre, sino en esclavo ajeno, el castigo se limita a 100 palos.169La legislacin criminal influye tambin en mantener la esclavitud en China, pues como pena la impone el cdigo que rige bajo la actual dinasta de los trtaros-manches, que subi al trono en el siglo XVII de nuestra era. Brbaro es el castigo que se aplica al reo de alta traicin, y aun a sus hijos inocentes. Si stos son varones de 16 aos de edad, sern ejecutados de la manera prescrita por la ley fundamental. Respecto de los dems hijos tambin varones, si se prueba que son enteramente inocentes, no morirn; pero sern castrados para que se les emplee en el servicio pblico de los edificios exteriores del palacio. Entre los referidos hijos, aquellos que no tuvieren 10 aos sern retenidos en prisin hasta que lleguen a esa edad, y entonces sern enviados al palacio del emperador, para que sirvan en l del modo que se acaba de decir.170Esclavitud sufren igualmente las mujeres y los hijos de aquellos que infringen el juramento de fidelidad al soberano, y en la misma pena

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JOS ANTONIO SACO /101 /101 /101 /101 /101 incurren aun los que slo intentan quebrantarlo. Sin embargo, las hijas casadas con maridos que pertenecen a otras familias, quedan exentas de toda pena.171Cuando se funda o dota alguna casa religiosa de las sectas de Fo y de Tao-se, sin la autorizacin del gobierno, el sacerdote que la sirve es degradado y deportado, y la sacerdotisa, reducida a esclavitud.172A la mujer que se huye de la casa del marido, ste puede venderla, despus que haya sufrido la pena de la ley.173 Tambin son vendidas en ciertos casos las adlteras,174 y las hijas de familia que no se casan con el hombre a quien se entregan; bien que, en sentir de los misioneros franceses del pasado siglo, es rara la venta de estas ltimas, por la reclusin en que viven las muchachas solteras desde la edad de 7 aos.175 La concubina, o mujer inferior, puede ser igualmente vendida, muerto el hombre que la compr, porque propiedad suya es;176 y fundndose en este principio, lo mismo se hace con las de los altos funcionarios, cuyos bienes son confiscados.177Fruto el hijo de la madre, si sta es esclava, aqul tambin lo es, aunque el padre sea libre; pero si ste es esclavo y aqulla no, entonces el hijo nace libre. En este punto, sin que se les pueda tachar de imitadores, acordes estn los chinos con casi todos los pueblos antiguos y modernos que han tenido y tienen esclavos. Son tan extraas para nosotros las costumbres de los chinos, que debe sorprendernos el vivo deseo que ponen en adquirir un atad en que enterrarse. Cmpranlo muchos en sana salud, ensanlo con placer a sus amigos, y lo guardan en su casa cuatro, ocho, y a veces an ms de 20 aos antes de su muerte. De aqu viene que hasta los pobres suelen hacer sacrificios para conseguirlo, y que hay hijos que se empean o se venden para poderlo comprar y ofrecerlo a su padre como homenaje de la piedad filial.178Como en China jams se han inscrito los esclavos en el censo de poblacin, porque ste slo contiene las clases libres contribuyentes, nunca tampoco se ha podido averiguar el nmero total de ellos. Esto no obstante, calculronse en 100 000 los pertenecientes al Estado en el primer siglo de la era cristiana; y poca hubo en que slo en apacentar el ganado de las propiedades del emperador, se emplearon 300 000, sin contar los que servan a varios funcionarios pblicos, pues la antigua costumbre de regalarles esclavos an exista en 823 bajo la dinasta de los Thang, cuyos monarcas trataron de abolirla.179 Patrimonio eran del Estado o del emperador, como he dicho antes, no slo los prisioneros de guerra y los condenados por ciertos delitos, sino los esclavos de ambos sexos que diversas provincias solan pagarle por va de tributo;180 pero fuera de los dos casos arriba mencionados, no es posible fijar su nmero. Parece, s, que hubo de ser considerable, puesto que para eximir

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 102\ 102\ 102\ 102\ 102\ al Estado del gasto enorme de mantenerlos, ms de 200 000 fueron exportados por el ro Amarillo.181 Yo no tengo noticia de otras exportaciones hasta los tiempos modernos, en que los espaoles y los portugueses sacaron de China muchos jvenes de ambos sexos para Filipinas y otros puntos.182Durante la ocupacin del imperio del Norte por los segundos wey, hubo muchos esclavos empleados en la pequea agricultura. Un decreto del ao 420 de la era cristiana mand que el hombre libre que tena diez bueyes de labor, poseyese ocho esclavos: que el arrendatario de ciertas tierras del gobierno supliese con ellos los bueyes que le faltasen; que en tierras propias, cada matrimonio tuviese ocho esclavos varones y hembras, los primeros para el cultivo de los campos, y las segundas para el servicio domstico; y, por ltimo, que si el dueo de la tierra era soltero, tuviese derecho a cuatro esclavos.183En nmero incomparablemente mayor los poseyeron despus algunas corporaciones religiosas. Introducido el budismo en China, sus bonzos o sacerdotes fundaron templos y conventos de ambos sexos; adquirieron ricas e inmensas tierras, y tanto se propagaron, que considerndose perjudiciales al Estado, el emperador Wowsung mand, en el ao 845 de nuestra era, que sus conventos fuesen demolidos, que los bonzos de ambos sexos que los habitaban, volviesen al siglo y pagasen contribuciones como los dems del pueblo; que sus tierras se reuniesen al dominio del emperador, y que sus esclavos fuesen libres. Ms de 4 000 bonzeras o grandes conventos, que encerraban 260 000 religiosos de ambos sexos, y ms de 40 000 de menor importancia, en que tambin haba muchedumbre de bonzos, cayeron entonces de un golpe, y al desplomarse, 150 000 esclavos, que estaban a su servicio, recobraron su libertad.184Restablecironse despus los conventos bdicos; pero sin gozar de riquezas ni consideracin, ya no son lo que fueron. La mayora de los bonzos sale de la nfima clase de la sociedad, y tan postrada se halla hoy en China la bdica religin, que hasta los cmicos presentan en la escena a sus sacerdotes y sacerdotisas bajo los ms vergonzosos colores. Si ellos no se reclutasen de entre los nios, que a bajo precio y en tierna edad se compran a padres indigentes o descorazonados, pocos seran ya los ministros del budismo. Rpase a esos nios la cabeza, segn la usanza de los bonzos, quienes los conservan a su lado como criados o discpulos, y acostumbrndolos poco a poco a su gnero de vida, llegan al fin a ser en las pagodas y conventos de ambos sexos los sucesores de los sacerdotes o sacerdotisas que los compran.185 Lgrase esto a poca costa, y uno de los ltimos misioneros que han ejercido en China su santo ministerio, menciona la venta de un nio de 5 aos y la de una nia de igual edad, el primero en 50 francos, y la segunda en 22 francos 50 cntimos.186

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JOS ANTONIO SACO /103 /103 /103 /103 /103 Por grande que se suponga el nmero de los esclavos que hubiese tenido la China en otros tiempos, muy insignificante sera comparado con la poblacin del imperio ms populoso del mundo. Arraigado all el trabajo libre desde la Antigedad, y baratos los jornales por la excesiva abundancia de brazos, los chinos, lejos de desear esclavos, dan la preferencia a los sirvientes asalariados; y esta preferencia la tiene tambin la raza hoy dominante, pues habiendo mandado uno de los emperadores de la actual dinasta que, en vez de personas libres, los trtaros-manches slo se sirviesen de esclavos, parece que este edicto es uno de los peor guardados en China.187Para conocer la ndole de la esclavitud china, es preciso considerar la posicin del esclavo ante la ley y en el seno de la familia. En muchos puntos, la legislacin ha permanecido invariable desde la Antigedad; pero en otros ha sufrido profundas alteraciones. Vender al esclavo, permutarlo, cederlo, entregarlo al acreedor en pago de deudas, trasmitirlo por legado o herencia, cosas son que siempre pudo y todava puede hacer el amo chino. En los diez siglos que siguieron a la introduccin de la esclavitud, el amo tuvo un dominio tan absoluto sobre el esclavo, que pudo hasta matarle; pero esta dura condicin fue notablemente alterada en la segunda centuria antes de Jesucristo. El carcter de blandura que, en general, adquiri desde entonces la esclavitud, casi siempre lo ha conservado, pues que slo lo perdi en algunas pocas de grandes trastornos, como aconteci despus de las invasiones de los wey y de los hou-tchou en el siglo sexto de nuestra era, y en las de los kin y los mogoles en los siglosXII y XIII. Corra el ao 160 anterior a Jesucristo, cuando el emperador Han-wou-ty priv a los amos del derecho de matar a sus esclavos; y esta disposicin fue confirmada y acompaada de otras nuevas, en tres decretos que public Kouang-wou en el ao 35 de la era cristiana.188 Con generoso lenguaje dijo este monarca en dos de ellos: “Entre las criaturas del cielo y de la tierra, el hombre es la ms noble. Aquellos que matan sus esclavos, no pueden disimular su crimen... Los que osan marcarlos con fuego, sern juzgados conforme a la ley, y los hombres as marcados entrarn en la clase de ciudadanos”. El tercero y ltimo decreto aboli el reglamento por el cual se mandaba decapitar en la plaza pblica al esclavo que hera con flechas a alguna persona. Bajando a la dinasta de los Soung, publicose en el siglo XI otro reglamento en que se mand que, aunque el amo se considerase ofendido por el esclavo, no se hiciese justicia a s mismo, y que si lo mataba, fuese castigado. El vigente cdigo de los trtaros-manches aument las garantas en favor del esclavo; y aunque es verdad que en muchos casos le impone

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 104\ 104\ 104\ 104\ 104\ brbaras penas, esto ms bien procede de la crueldad del cdigo chino que del rigor de la esclavitud, pues que castigos semejantes se aplican comnmente a los libres. Con permiso del amo puede el esclavo contraer matrimonio con mujer de su clase. Si por mandato suyo se casa con hija de hombre libre, no incurre en pena alguna, porque obedece a su seor; mas, ste sufrir 80 palos, lo mismo que el padre de la muchacha, si otorga su consentimiento, sabiendo que el novio era esclavo.189Cuando ste obtiene por s la mujer libre, ser castigado con 80 palos, pena que se le disminuir en dos grados si el amo consiente en el matrimonio; pero que se le aumentar hasta 100 palos si recibe la mujer en su domicilio haciendo creer que era esclava.190 Aquel que, fingiendo libre a su esclavo o esclava, lo casa con el hijo o hija de persona libre, llevar 90 palos, y as en este caso como en todos los anteriores, el matrimonio ser nulo.191No se admite en juicio la acusacin del esclavo contra persona libre, y mucho menos contra su amo. En obsequio de la paz domstica y del orden pblico, la ley china no quiere que los hijos y nietos, ora con justicia, ora sin ella, acusen a sus padres o abuelos; y equiparando en este punto al esclavo con los primeros, manda que si acusare al amo o a uno de sus parientes dentro del cuarto grado, sufra 100 palos y tres aos de deportacin, aunque sea verdadera la acusacin; pero si falsa, sea sofocado.192El esclavo que injuria a su amo de palabra, ser estrangulado; si a sus parientes en primer grado, a su abuelo, o abuela materna, sufrir 80 palos y dos aos de destierro; y si a pariente ms lejano, 80, 70 o 60 palos, segn que se hallare en segundo, tercero o cuarto grado con el amo.193 La pena que se impone al esclavo que hiere o mata a su amo por casualidad, es atroz, pues en el primer caso es de 100 palos y destierro perpetuo a la distancia de 3 000 lees, y en el segundo es sofocado. Dale de golpes con intencin? Entonces ser decapitado.194 Lo mata de intento, o a los parientes que habitan con l en su propia casa, o aun sin matarlos, forma el designio de hacerlo? En todos estos casos sufrir el suplicio de los cuchillos,195 que consiste en cortarle lentamente, a pedazos, las carnes y dems partes del cuerpo, para que muera despedazado. Este suplicio tambin se impone al sirviente domstico y al liberto que matan a su seor o patrono,196 pues a todos se les considera como miembros de la familia, y por lo mismo parricidas. Cuando el esclavo golpea a los abuelos maternos o parientes del amo en primer grado, ser estrangulado. Si los golpes ocasionan heridas, morir decapitado; y si stas y aqullos hubiesen sido con intencin de matar, sufrir la muerte de los cuchillos. Si esos golpes y heridas son casuales, la pena se disminuir en dos grados ms que cuando intenta matar.197

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JOS ANTONIO SACO /105 /105 /105 /105 /105 El esclavo que golpeare o hiriere levemente a los parientes de su amo en segundo grado, ser castigado con 80 palos y dos aos de destierro; si en tercer grado, sufrir 70 palos y ao y medio de destierro; y si en cuarto grado, la pena ser de 60 palos y de un ao de destierro. Si la herida ocasionare la muerte, el esclavo ser entonces decapitado, aunque no hubiese tenido intencin de matar.198En medio de estos rigores, la ley procur enfrenar los arrebatos del amo y las violencias de los extraos. Cuando el esclavo roba, adultera o comete otro delito grave, y su amo o alguno de sus parientes en primer grado, o sus abuelos maternos, en vez de quejarse al magistrado del distrito, castigan al esclavo en secreto hasta la muerte, el autor de este delito ser castigado con 100 palos. Si en la aplicacin del castigo hubiese habido intencin de matar al esclavo, y ste es inocente, el culpable sufrir 60 palos y un ao de destierro, teniendo su marido y su mujer, lo mismo que los hijos nacidos en la esclavitud, derecho a su libertad.199Esto no obstante, el amo y sus parientes pueden castigar a un esclavo delincuente, con tal que el castigo no llegue hasta la muerte;200 y si esto acaeciere, no por la naturaleza del castigo, sino por otro motivo, ni el amo ni sus parientes incurren en pena alguna.201Cuando un amo castigare un esclavo que ya no es suyo, o ste diere un golpe al que fue su amo, tales hechos sern castigados como si hubiesen pasado entre libre y esclavo, porque con la venta de ste se rompe el vnculo que exista entre l y su amo. No as cuando ocurre el mismo caso entre el patrono y el liberto, porque no habiendo transferido aqul sus derechos a otra persona, se conservan las antiguas relaciones, y la falta debe castigarse como si nunca hubiera existido la manumisin.202El hombre libre que golpeare esclavo ajeno, ser castigado un grado menos que si la ofensa recayese entre iguales. Si el esclavo muriere de resultas de los golpes, supnese que hubo intencin de matarlo, y el culpable ser estrangulado.203 Por el contrario, el esclavo que diere un golpe a hombre libre sufrir una pena un grado mayor que en el caso anterior. Si del golpe resultare una enfermedad incurable, el esclavo ser sofocado, y si sigue la muerte, ser decapitado.204Cuando los esclavos se golpearen o hirieren entre s, o uno matare a otro, sufrirn las penas impuestas para casos semejantes entre personas iguales.205El esclavo que falsamente atribuye a alguna persona la muerte de su amo, es castigado con 100 palos y tres aos de destierro.206 En igual pena incurre el esclavo cuando oculta la muerte que se ha dado a su amo; pero en este delito, aqul se halla equiparado al sirviente asalariado, al hijo, al nieto y a la mujer del muerto.207El esclavo que tiene relaciones criminales con la mujer o con la hija de su amo, ser decapitado. Si esas relaciones son con las parientas de

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 106\ 106\ 106\ 106\ 106\ ste en primer grado, o con las mujeres de sus parientes en el mismo grado, ser estrangulado; y si en todos esos casos la mujer hubiere consentido, la pena que a ella se le impondr ser solamente un grado menos que la del esclavo.208Cuando el comercio culpable es con parienta del amo, no en primer grado, o con mujer de su pariente fuera de l, la pena del esclavo ser de 100 palos y destierro perpetuo a la distancia de 2 000 lees del domicilio de su amo. Si el esclavo robare alguna de las mencionadas mujeres, ser decapitado.209Existe comercio carnal entre el esclavo y la mujer o la hija de hombre libre que no es pariente del amo? El castigo ser entonces, a lo menos, un grado mayor que el que se impone al hombre libre en iguales circunstancias. Si el comercio carnal es entre hombre libre y esclava, la pena ser un grado menos que en los casos ordinarios. Por ltimo, cuando las relaciones carnales se verifican entre esclavos y esclavas, el castigo es igual al que se impone a personas libres.210Tal es la condicin del esclavo chino ante la ley; pero ella es ms soportable en el seno de la familia por el buen trato que comnmente se le da. Los misioneros jesuitas que residieron en China en los siglos XVII yXVIII, escribieron lo siguiente: “Los amos chinos estn muy lejos de tratar a sus esclavos como se trata a los negros en la isla de Francia y en Borbn... La ley del Estado y la del honor, que es quiz an ms fuerte, subyugan a los amos de tal modo, que a no creer sino el testimonio de los hechos, se puede decir que los esclavos de ambos sexos son tratados en las familias como domsticos, y que, salvo la libertad, son ms felices que ellos, porque sus amos estn encargados de cuidarlos en todo, y durante su vida. Los misioneros son buenos testigos de que muchos de sus nefitos, abrumados de vejez y enfermedades, son mantenidos muy bien por los amos infieles, mientras que stos tienen para s una subsistencia muy escasa. Lo que aqu decimos es tan cierto, que ha sido preciso que la ley pusiese lmites a la beneficencia de los amos hacia sus esclavos, y que eximiese a sus hijos y a sus herederos de los legados demasiado fuertes que se les imponan. Para decir algo ms concluyente todava, es un hecho, que muchos esclavos rehsan la libertad que se les quiere dar, y que el apego de muchos a sus amos se ha manifestado de una manera tan afectuosa y tan tierna, que los historigrafos han credo deber mencionar esos rasgos en los anales de cada dinasta, y los compiladores forman de ellos un artculo aparte en las colecciones histricas y literarias”.211Esto dijeron en 1775 aquellos misioneros, y a pesar de que su pasin por las cosas chinas los arrastr muchas veces a cometer exageraciones y errores, jzgolos en este punto como intrpretes de la verdad, pues a

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JOS ANTONIO SACO /107 /107 /107 /107 /107 corroborar su testimonio viene el de otros viajeros. Al marcar De Guignes la diferencia entre la esclavitud china y la de las colonias franco-americanas, refiere, que cuando l viajaba por aquella nacin, uno de sus criados chinos compr un muchacho, a cuyo padre otorg un documento, comprometindose a vestir y alimentar su nuevo esclavo, a quien tan suavemente trataba, que hasta le deca hermano.212El horror que inspira la venta que los chinos hacen de sus hijos, se disminuye en cierto grado al contemplar el buen trato que all recibe el esclavo, y que su comprador lo adopta con frecuencia, adquiriendo desde entonces como hijo adoptivo un derecho a una parte de la herencia del amo o padre adoptante. El Libro de las Recompensas y de las Penas recomienda a los amos el buen trato de los esclavos. En l se dice que los espritus anotan en los libros del cielo las faltas de los mortales, y que de ellas se les toma cuenta el da de su muerte. Regaar mucho a los esclavos, se considera como una sola falta; abrumarlos de trabajo, no cuidarlos en sus enfermedades, equivale a diez faltas; a 50, negarles que se liberten, y a 500 impedirles que se casen.213Debe, pues, permitrseles el matrimonio, y para que los cnyuges no vivan separados, no deben ser vendidos a dueos diferentes.214 Deseando Seemak-oang, uno de los ms grandes ministros y ms clebres historiadores de la China, que no se corrompiesen los esclavos, quiso en el siglo XI de nuestra era, que varones y hembras se casasen desde que fuesen nbiles; pero movidos algunos amos del inters de aumentar sus esclavos, se empearon tanto en hacerlo, que fue preciso reprimir los abusos.215Suave la esclavitud, no es extrao que los anales chinos jams hayan hablado de revolucin alguna de esclavos en aquel imperio. En todo lo que he ledo sobre la China, slo he encontrado un caso, no de insurreccin, sino ms bien de insubordinacin, pues los esclavos a que aludo estaban empleados en la milicia. Habiendo sabido uno de los emperadores de la dinasta reinante, que la mayor parte de los soldados de Peking estaba adeudada, mand en 1691 que todas las deudas se pagasen de su tesoro. Es de advertir que los oficiales tenan esclavos que eran soldados de caballera; mas, como la orden del emperador no comprendiese a stos, porque siendo esclavos, no podan contraer deudas, ellos, sin embargo, se presentaron al monarca en nmero de 3 a 4 000, reclamando el mismo favor, primero en tono suplicatorio, y despus descompasado e insolente, diciendo que eran tan soldados como los dems. Los ocho cabecillas fueron condenados a la decapitacin; pero esta sentencia slo se ejecut, por gracia del emperador, en el principal de ellos, limitndose el castigo de los otros a 100 palos y a llevar el cange216 durante tres meses en una de las puertas de la capital.217

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 108\ 108\ 108\ 108\ 108\ Ms de las costumbres que de las leyes pende en China el buen trato de los esclavos; y si en otro tiempo pudieron tambin influir los sentimientos religiosos, hoy no sucede lo mismo, porque la religin es ya un nombre vano entre los chinos. Son los padres misioneros los jueces ms competentes en esta materia, pues por las funciones que desempean, se hallan con los hijos de aquel imperio en ms continuo y estrecho contacto que todos los dems europeos que lo visitan. Oigamos a un misionero catlico, al francs Huc, que residi 14 aos en l, que lo recorri de una extremidad a otra ms de una vez, y que por lo mismo conoce su lengua, usos y costumbres. “La indiferencia en materia de religin, pero una indiferencia radical, profunda, y de la que es imposible formarse una idea exacta cuando no se ha tenido ocasin de estudiarla en el mismo pas, he aqu en nuestro juicio el obstculo principal que hace tanto tiempo detiene a la China y que se opone a su conversin. El chino est tan absorbido en los intereses temporales y en las cosas que caen bajo el dominio de los sentidos, que su vida toda entera no es ms que el materialismo en accin. El lucro es el nico objeto en que tiene siempre fija la vista. Una sed ardiente de realizar ganancias, grandes o pequeas, absorbe todas sus facultades y toda su energa. l no persigue con ardor sino las riquezas y los goces materiales. Las cosas espirituales que tienen relacin con el alma, con Dios y con una vida futura, l no las cree, o ms bien no se ocupa de ellas, y no quiere ni aun ocuparse. Si alguna vez lee libros morales o religiosos, es por recreo, distraccin y pasatiempo. Esto es para l una ocupacin an menos seria que fumar una pipa de tabaco o saborear una taza de t. Si se le explican los fundamentos de la fe, los principios del cristianismo, la importancia de su salvacin, la certeza de una vida futura, etc., todas estas verdades, que impresionan tan fuertemente a un alma, por poco religiosa que sea, l las escucha ordinariamente con placer, porque esto le divierte y pica su curiosidad... Los chinos llevan tan lejos la indiferencia, su fibra religiosa est tan muerta y tan seca, que no se inquietan ni aun de saber si una doctrina es verdadera o falsa, buena o mala. Una religin es simplemente para el chino una moda que se puede seguir cuando agrade”.218No son menos lamentables los trminos en que se expresa otro misionero, ingls de origen, y de religin protestante. “En el hecho, se puede decir que no hay religin en China, si se prescinde de lo que no es sino un instrumento entre las manos del poder, y de lo que se considera como un uso en la vida domstica. Bien lejos estn los siglos en que el alma, el sentimiento y la pasin animaban la religin de la China. La religin en China, tal cual existe en nuestros das, est tan absurdamente ataviada y tan completamente muerta como una momia de Egipto. Ella slo sirve para quedar encerrada en el pun-

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JOS ANTONIO SACO /109 /109 /109 /109 /109 to donde vegeta 2 000 aos ha. Tocadla, y se convertir en polvo. Que las instituciones de la China lleguen a cambiarse, y en vano se buscar dnde estaba su religin”.219La legislacin china no reconoce en el esclavo el derecho de libertarse contra la voluntad del amo; pero ste, con frecuencia, o le da generosamente la libertad, o le facilita los medios de alcanzarla con su industria. Algunos emperadores libertaron tambin en varias pocas a los esclavos del Estado, ya para aliviar a ste la carga de mantenerlos, ya para aumentar las rentas pblicas, hacindolos entrar en la clase libre y contribuyente.220 Otros emperadores concedieron a veces la libertad aun a los esclavos de particulares, prohibiendo que a stos se les diese indemnizacin alguna. As sucedi en el primer siglo de la era cristiana, bajo el reinado de Kouang-wou, cuyos edictos restituyeron la libertad a las poblaciones violentamente esclavizadas por la usurpacin de Wanmang al principio de aquella centuria; as tambin en los siglos sptimo, octavo, noveno y dcimo; y as, por ltimo, en tiempo de los mogoles, con los hombres de letras esclavizados durante su invasin.221Rotas las cadenas de la esclavitud, el liberto chino pasa directamente a la clase de ciudadano, y por excepcin se vio bajo la dinasta de los Thang, que los rebeldes cogidos con las armas en la mano y esclavizados para el Estado, no pasasen de un golpe a la libertad, sino por tres grados sucesivos, segn su trabajo y conducta.222 Ciudadano el liberto, y por lo mismo igual a los dems chinos, es muy inferior respecto de su patrono, pues debe a ste gran consideracin y homenaje, y cualquiera ofensa que le haga, es castigada como si fuera su esclavo. Largos siglos corrieron sin que hubiese en China sacrificios humanos. Segn el clebre misionero Gaubil y otros autores, no se vieron all hasta el ao 621 antes de la era cristiana, cuando muri Mon-Koung, prncipe vasallo que gobernaba en Chen-si, provincia occidental de aquel imperio. Un hijo de aquel prncipe difunto, tres hijos ms de su familia, su carro, tigres encadenados que iban detrs, y 167 individuos que haban seguido el entierro, todos fueron sepultados con el cadver.223 Los habitantes del reino lloraron sobre esas vctimas, y el pjaro amarillo produjo terrores.224Tan horrible ceremonia no fue general a toda la China, sino a una parte de ella, y Gaubil atribuye su introduccin a los trtaros occidentales, descendientes de los escitas, que la practicaron desde la ms remota antigedad.225 Renovose en el ao 210 antes de Cristo, en los funerales del emperador Thsin-Chi-Hoang-ti, a cuyas mujeres legtimas que no haban tenido hijos, y a sus concubinas, se les intim la orden de matarse, habiendo sido tambin enterrados vivos muchos archeros hbiles cerca de la tumba de aquel emperador. Todava en 1660 de nuestra era, habiendo el emperador Chun-Tchi, trtaro de raza, perdido a una de sus muje-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 110\ 110\ 110\ 110\ 110\ res, hizo sacrificar en la tumba de ella ms de 30 esclavas. En medio de tales horrores, consolatorio es saber que tan brbara costumbre no siempre se ha seguido. A la muerte de la mujer de Cang-hi, emperador chino, tambin de trtara dinasta, cuatro muchachas solteras, que la haban servido fielmente, quisieron inmolarse para acompaarla en la otra vida; mas, prohibiolo el emperador, mandando al mismo tiempo que cuando en los funerales de los grandes seores se quemasen sus cadveres, no se arrojasen con ellos a la hoguera ni sus riquezas ni sus criados.226Si en China hubo eunucos esclavos, como ya he dicho, hbolos tambin libertos; y tan pernicioso fue por muchos siglos el influjo de esta clase degradada en el gobierno del imperio, que a veces conmovieron sus fundamentos. Muy diversas son las opiniones que se han emitido sobre la antigedad y los autores de la brbara invencin que yo llamo eunacato o eunuquismo.227Los antiguos egipcios tuvieron eunucos, y la Biblia habla de su existencia en el palacio de los faraones desde los das del patriarca Jacob.228Ammiano Marcelino, historiador latino del siglo cuarto, maldice la memoria de Semramis, por haber credo que ella fue la primera que someti la infancia a tan cruel mutilacin.229 Del mismo sentir es Claudiano;230 mas, Clearcho Solence piensa que procede de los medos.231Otros afirman que Andramitis, rey de Lidia, fue el primero que la hizo aplicar a las mujeres, y que los habitantes de aquel pas se sirvieron de ellas en vez de eunucos varones.232 Pero la China, empezando a revelarnos en estos ltimos tiempos una parte de su recndita historia, nos ensea que el eunuquismo sube a pocas ms remotas, y que no trae su origen del lujo ni corrupcin de las costumbres orientales, como generalmente se cree; aunque es verdad que, despus de introducido, estas causas lo fomentaron. Tan brbara fue la primitiva legislacin de la China, que a los delincuentes no condenados a muerte se les cortaba los pies o la nariz, se les marcaba en la frente con un hierro encendido, o se les castraba. Tal fue el principio de los eunucos en China. Chum, uno de los grandes monarcas de ella, fue el reformador de aquella legislacin;233 pero como subi al trono 2 255 aos antes de Jesucristo,234 y ya la mutilacin se aplicaba como castigo, djase ver cun antigua es en el mundo la existencia de los eunucos. Hundidos en la oscuridad, como los otros esclavos, permanecieron en China por largo tiempo; pero empezaron a figurar cuando se les emple en la custodia del palacio y de las mujeres de los emperadores. La de Siouen-wang, que rein casi ocho siglos antes de Jesucristo, los introdujo en la corte, y desde entonces ejercieron una influencia tan malfica, que con razn se les llam gusanos roedores.235

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JOS ANTONIO SACO /111 /111 /111 /111 /111 A pesar de esto, largo espacio corri sin que hubiesen obtenido empleos pblicos, y a ellos no fueron elevados sino bajo las dinastas de los Han, Thang y Soung, con el fin de quitar a ciertas funciones el carcter hereditario que tenan, y que era la fuente de donde emanaba el poder que los grandes vasallos haban adquirido bajo la constitucin feudal de los Tcheou. Mas, por impedir este mal, cayose en otro mayor, pues el pernicioso influjo de los eunucos ocasion frecuentes trastornos en el imperio. El primero que les dio empleos, y algunos de gran importancia, fue el emperador Ho-ty, que rein del ao 89 al 106 de la era cristiana. En el segundo siglo de ella creci la influencia de los eunucos a la sombra del emperador Chun-ty, y mucho ms todava bajo la envilecida administracin de su inmediato sucesor. No faltaron chinos que quisiesen reducir los eunucos al ejercicio de sus vergonzosas funciones; pero fuertes con la proteccin del monarca reinante, arrastraron al patbulo, el ao 169, a 100 grandes del imperio y a 700 mandarines. Desde el emperador Hoeng-lin hasta Hien-ty, los eunucos gobernaron la China; y persiguiendo a los hombres de mrito, todos los empleados fueron viles criaturas suyas. La nacin entretanto deploraba estos males, y hombres hubo que trataron de exterminar a los eunucos. Emprendironlo Teou vou y Heo-Tsin; pero frustrados sus proyectos, ambos perdieron la vida. Con mejor fortuna que ellos logr su objeto Inen Chao; mas, esto ocasion tan grandes turbulencias, que la dinasta de los Han sucumbi en el ao 264.236Entregronse tambin a los eunucos los ltimos emperadores de la dinasta de los Thang, la cual haba comenzado el ao 618 de nuestra era. Bajo el reinado de uno de ellos se form dentro del mismo palacio un tribunal de eunucos, que a su antojo dispona del trono; y despus de grandes desastres, hizo perecer aquella dinasta a principios del siglo dcimo.237De la influencia de los eunucos traz un cuadro sombro un autor clebre de la China. “En todos tiempos, los eunucos con crdito en la corte han sido mirados como una peste del Estado; y cuanto se puede decir es que son an ms temibles que las mujeres. Flexibles, artificiosos y pacientes, saben dar diestramente pruebas de virtud en cosas que les cuestan poco, para hacerse estimar del monarca. Aprovchanse oportunamente de ciertas ocasiones poco importantes en el fondo, para manifestar a su amo algn apego y fidelidad, a fin de atraerse su confianza. La han adquirido alguna vez? Entonces se indemnizan, pues manejan al prncipe a su antojo, ya por vanos terrores, ya por falsas esperanzas que le inspiran. Por ms que tenga el prncipe en su corte hombres hbiles, virtuosos y celosos, mralos como extraos respecto de sus eunucos,

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 112\ 112\ 112\ 112\ 112\ quienes estn siempre prontos con su persona en el interior del palacio. Su confianza est en sus eunucos: stos saben aprovecharse de ella para acreditarse, y bien presto los empleados de fuera no son considerados sino en tanto que los eunucos lo quieren. Desde entonces, los hombres de mrito, o se retiran, o se entibian; y el pobre monarca queda solo, abandonado a sus eunucos, en cuyas manos se ha entregado. Estos miserables lo intimidan a cada momento, y hacindose necesarios, establecen ms y ms su autoridad, o ms bien su tirana”.238Al ver los ministros y grandes de la corte aniquilado su poder, renovaron sus esfuerzos para destruir la influencia de los eunucos. En estas frecuentes luchas se derram mucha sangre, y vez hubo que, en la embriaguez de su triunfo, los eunucos sacrificaron 1 600 mandarines, varios generales del ejrcito, y a los mismos ministros con sus familias, sin perdonar ni aun a los nios. Se acercaba en tanto la hora de un terrible castigo; concertose el plan de su exterminio; diose la orden de matar a cuantos eunucos se encontrasen en la capital y en las provincias; y tan horrible fue la carnicera, que ciudad hubo donde perecieron ms de 700. Pero esta planta maligna renaci de la misma sangre en que haba sido ahogada; y alzndose poco a poco, apareci de nuevo grande y robusta desde los primeros aos del siglo XII. Con algunas vicisitudes siguieron los eunucos adquiriendo riquezas y poder, y en el primer tercio del siglo XVII ya su nmero ascenda a 12 000. Mas, ste fue el trmino de su grandeza, pues acabada la conquista de la China por los trtarosmanches en 1644, los primeros emperadores de esta dinasta les dieron un golpe mortal. Disminuyose desde entonces considerablemente su nmero, privseles de todo mando y autoridad, y para quitarles toda influencia en el porvenir, se dispuso que slo se empleasen como sirvientes en las casas imperiales.239“Ningn particular, dice la ley, ni empleado del gobierno, tendr la pretensin de educar jvenes castrados para emplearlos como eunucos en su casa. Esta prerrogativa est reservada a los prncipes de la familia imperial. Toda infraccin de esta ley ser castigada con 100 palos y destierro perpetuo, a la distancia de 3 000 lees240 del domicilio de los culpables, y los referidos jvenes castrados sern restituidos a las familias de donde fueron tomados, o a las personas a quienes pertenecieren”.241Yo no s si esta ley se ha cumplido estrictamente; pero no obstante las infracciones que haya podido haber, el nmero de eunucos que exista en China 36 o 40 aos ha, no pasaba de 6 000. Ora se hayan disminuido desde entonces ac, como es probable, ora se hayan aumentado, lo importante es que ya los eunucos han perdido toda su influencia poltica, y que empleados en funciones puramente domsticas, los destinos de aquella inmensa nacin, por mal gobernada que est, no penden de manos tan impuras y degradadas.

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JOS ANTONIO SACO /113 /113 /113 /113 /113Notas1Diod. Sic., lib. II, cap. XXXIX. 2 Ramayana lib. I, seccin 61, p. 606. Del original en lengua snscrita fue traducido este poema en ingls, en prosa y con notas bajo el ttulo siguiente: The Ramayuna of Valmmeeki in the original sanscrit with a prose translation and explanatory notes by William Carey and Joshua Marshaman En aos posteriores se public tambin esta obra en francs. 3Strab., lib. XV, cap. I, § 10, 40 y 41. 4Buffn piensa que aquella ave no fue perdiz, sino una especie de avutarda ( outarde ). (Buffn, Hist. Nat ., Pjaros, artculo Outarde). 5Strab., lib. XV, cap. I, § 52. 6Plin., Hist. Nat., lib. VI, cap. XXII. 7Diod. Sic., lib. II, cap. XL y XLI. Strab., lib. XV, cap. I, § 29 a 38. 8Manu, lib. I, vers. 61 a 63. 9Manu, lib. I, vers. 58. 10Chezy, artculo publicado en el Journal des Savants de 1831. 11Manu, lib. I, vers. 31 y 87. 12Manu, lib. X, vers. 83 y 84. 13Manu, lib. I, vers. 88 a 91. 14Manu, lib. IV, vers. 253. 15Manu, lib. VIII, vers. 70. 16Llamose dasyu (ladrones) a todos los hombres de las cuatro castas mencionadas que han sido excluidos de ellas por haber descuidado sus deberes. (Manu, lib. X, vers. 45.) 17Manu, lib. X, vers. 32. 18 Digest of Hindu Law lib. III, cap. I, ley 27 y 28. Sobre este cdigo vase el apndice n XV. 19 Dig. lib. III, cap. I, ley 26, con su comentario por Colebrooke. 20Manu, lib. VIII, vers. 415. 21 Dig. lib. III, cap. I, ley 33. 22 Dig. lib. III, cap. I, ley 29. 23Manu, lib. VIII, vers. 415. 24 Dig. lib. III, cap, I, ley 29. 25 Dig. lib. III, cap. I, ley 29. 26 Dig. lib. III, cap. I, ley 35. 27Manu, lib. VIII, vers. 415. 28 Dig. lib. III, cap. I, ley 29, 32 y 55. 29 Dig. lib. II, cap. I, ley 7; lib. V, cap. III, ley 281, 282 y 286. 30Manu, lib. III, vers. 51 y 53, y lib. IX, vers. 98. Digest lib. IV, cap. IV, ley 173. 31Manu, lib. IX, vers. 168, 169 y 174. Digest lib. V, cap. IV, leyes 183, 281 y 282. 32 Dig. lib. V, cap. IV, leyes 273 y 282. 33 Dig. lib. V, cap. IV, ley 182. 34 Dig. lib. III, cap. I, ley 30.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 114\ 114\ 114\ 114\ 114\35 Digest lib. III, cap. I, ley 57. 36Manu, lib. XI, vers. 57. 37Manu, lib. VIII, vers. 323. 38 Digest lib. III, cap. I, ley 59. 39 Digest lib, III, cap. III, leyes 6 a 13 y 14. Sobre el mes indiano, vase el apndice n XVI. 40 Digest lib. III, cap. III, ley 8. 41Manu, lib. X, vers. 85 y 86. 42 Digest lib. III, cap. I, leyes 56 y 57. 43Manu, lib. V, vers. 46. 44Manu, lib. VIII, vers. 415. Digest lib. III, cap. I, ley 29. 45 Digest lib. II, cap. IV, ley 14, y su comentario. 46 Digest lib. III, cap. I, ley 60. 47Manu, lib. IX, vers. 48 y 55. 48Manu, lib. VIII, vers. 416 y 417. Digest lib. II, cap. IV, ley 56. 49 Digest lib. III, cap. I, ley 54, con su comentario por Colebrooke. 50 Digest lib. II, cap. IV, ley 53. 51 Digest libro I, cap. I, ley 8. 52Manu, lib. VIII, vers. 167. 53Manu, lib. VIII, vers. 70. 54Manu, lib. III, vers. 20, 21, 23 y 25. 55 Digest lib. III, cap. I, ley 46. 56 Digest dem, dem. 57 Digest lib. III, cap. I, ley 43. 58 Digest lib. III, cap. I, ley 48. 59 Digest lib. III, cap. I, ley 47. 60 Digest lib. III, cap. I, ley 42. 61 Digest lib. III, cap. I, ley 49. 62 Digest lib. III, cap. I, ley 35. 63 Digest lib. III, cap. I, ley 50. 64 Histoire de l’esclavage dans l’antiquit tom. I, chap. I. 65Manu, lib. II, vers. 31 y 32. 66Manu, lib. VII, vers. 410; lib. IX, vers. 334 y 335, y lib. XI, vers. 235. 67Manu, lib. XII, vers. 72. 68Manu, lib. VIII, vers. 414. 69Manu, lib. X, vers. 123. 70Manu, lib. IV, vers. 99. 71Manu, lib. III, vers. 18. 72Manu, lib. XI, vers. 24. 73Manu, lib. VIII, vers. 20. 74Manu, lib. X, vers. 126.

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JOS ANTONIO SACO /115 /115 /115 /115 /11575Manu, lib. X, vers. 4. 76Manu, lib. II, vers. 26 y 27. 77Manu, lib. II, vers. 67, 169 y 170. 78Manu, lib. II, vers. 77 y 83. 79Manu, lib. II, vers. 36 a 38. 80Manu, lib. II, vers. 67. 81Manu, lib. II, vers. 172. 82Manu, lib. IV, vers. 80 y 81. 83Manu, lib. V, vers. 92. 84Manu, lib. V, vers. 104. 85Manu, lib. XI, vers. 69. 86Manu, lib. VIII, vers. 22. 87Manu, lib. III, vers. 16 y 17. 88Manu, lib. III, vers. 13, y lib. IX, vers. 157. 89Manu, lib. VIII, vers. 374. 90Manu, lib. VIII, vers. 359. 91Igual castigo se impona a los dems individuos de la clase baja. Manu, lib. VIII, vers. 279 a 283. 92Manu, lib. VIII, vers. 281. 93Manu, lib. VIII, vers. 270. 94Manu, lib. VIII, vers. 271. 95Manu, lib. VIII, vers. 272. 96Manu, lib. XI, vers. 126. 97Manu, lib. XI, vers. 131. 98Manu, lib. VIII, vers. 68. 99Manu, lib. VIII, vers. 113, 114, 115 y 116. 100Manu, lib. VIII, vers. 337 y 338. 101 Dig. lib. V, cap, III, ley 172. 102Manu, lib. VIII, vers. 139 y 142. 103Manu, lib. IX, vers. 179. 104Manu, lib. X, vers. 129. 105Manu, lib. II, vers. 24. 106Manu, lib. II, vers. 137. 107Manu, lib. X, vers. 64 y 65. 108Manu, lib. VIII, vers. 416 y 417. Dig. lib. II, cap. IV, ley 50. 109Manu, lib. X, vers. 129. 110Manu, lib. VIII, vers. 139 y 142. 111 Dig. lib. I, cap. I, ley 8. 112Manu, lib. IX, vers. 157. 113Manu, lib. X, vers. 121. 114Manu, lib. II, vers. 24.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 116\ 116\ 116\ 116\ 116\115Manu, lib. IV, vers. 61. 116Manu, lib. VIII, vers. 413. 117Manu, lib. VIII, vers. 417. 118“Memoria del capitn M’Kensie”, publicada en el tomo VI de Asiatic Researches p. 426. 119“Enumerations on Indian Classes by Colebrooke”, Asiatike Researches vol. V. 120Sobre la humillante condicin del tchandala, vase el Cdigo de Manu, lib. III, vers. 239; lib. IV, vers. 79; lib. V, vers. 85, 131, y lib. X, vers. 12, 16, 26, 30, 51 a 56. 121De la conquista de la India por los mahometanos hablan varios autores, y entre ellos mencionar a D’Herbelot ( Bibliotheque Orientale ), Mahmud; De Guignes ( Histoire des Huns ); Orme’s ( Disertation on the Establishments made by the Mahomedan Conquerors in Hindustan ), y a Gibbon ( History of the decline and fall of the Roman Empire chap. LVII y LXV). 122 Slavery and the slave-trade in British India by professor Adam Papel presentado a la Convencin General contra la Esclavitud, celebrada en Londres en 1840. 123Muchas de estas noticias las he tomado de un papel publicado en el Anti-Slavery Reporter correspondiente a septiembre de 1853. 124Discurso del misionero catlico Premare a la traduccin francesa del Chou-King por el padre Gaubil. 125 Abreg chronologique de l’Historie Unverselle de l’empire chinois por el padre Amiot, misionero francs. 126 Chou King parte 14, cap. I, § 8. Sobre el Chou-King, vase el apndice n XVII. 127Du Halde, Description gografique, historique, chronologique de l’empre de la Chine La obra de este misionero francs fue publicada en Pars en 1735, en 4 tomos. 128Du Halde, Description gographique, historique chronologique del l’empire de la Chine. 129El Fong-sou-tong: vase el tomo II de las Mmoires concernant l’histoire, les sciences, les arts, etc., des chinois, par les missionaires de Peking Obra en 16 tomos, impresa en Pars de 1776 a 1816. 130“Mmoire sur la condition des esclaves et des serviteurs gags en Chine, par Edouard Biot”, publicada en el Nonveau Journal Asiatique tom. III, 1837. 131 “Mmoires concernant l’histoire, les sciences, etc., des chinois, par les missionaires de Pking, tom. II, p. 411. De Guignes, Voyages Pking Manille etc., de 1784 1801 tom. II, article “Esclaves”. 132Vase el apndice n XVIII sobre las mujeres inferiores. 133 Mmoires concernant l’histoire, etc., des chinois tom. IX, p. 370. Amyot, Abreg chronologique etc ., publicado en el tomo XIII de las citadas Memorias 134De esas inundaciones habla el Chou King en el § 11 del cap. I, intitulado Sao-Tien, y de las hambres y miserias el § 18 del cap. II. 135 Mmoires concernant l’histoire etc ., des chinois tom. I, p. 77. 136Edictos publicados en el ao 13 antes de la era cristiana. 137 Recueil Imprial contenant les ordonnances et les instructions des empereurs des differentes dinasties, les remontrances et les discours des plus habiles ministres etc Obra hecha por orden y bajo la inspeccin del emperador Cang-hi, traducida mucha parte de ella en francs por el misionero Hevrieu, y publicada por Du Halde, en el tomo II de su obra ya citada. 138 Recueil Imprial contenant les ordonnances etc Du Halde, tom. II, p. 433.

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JOS ANTONIO SACO /117 /117 /117 /117 /117139Apndice sobre los esclavos y sirvientes asalariados, escrito por Ma-tuanlin. 140Apndice ya citado. 141Apndice, etc. 142Apndice, etc. 143 Annales de la propagation de la Foi par les missionaires franais n 40. 144Vase el apndice n XVIII bis sobre la poblacin de la China. 145 Annales de la propagation de la Foi n 40. 146 Memoires concernant l’histoire etc ., des chinois tom. II, p. 411. 147 Chou-King cap. II, § 9. 148 Mmoires concernant l’histoire etc ., des chinois tom. II, pp. 396-398. 149Biot, Memoire sur la condition etc. 150 The Real Life in China, por William Milne, misionero protestante ingls; parte 2, cap. I. Edicin de Londres en 1857. 151“Discours ou Mmoires de Kia-y”, en el Recueil Imperial etc ., que se halla en Du Halde, tom. II, p. 12 y ss. 152Ma-Tuanlin, Apndice, etc. 153Libro de las Recompensas y de las Penas, pp. 264 y 265. Sobre este libro vase el Apndice n XIX. 154Du Halde, tom. II, pp. 121 y 122. 155De Guignes, Voyages etc ., tom. II, artc. “Esclaves”. 156 Mmoires concernant l’hstoire etc ., des chinois tom. II, p. 394. 157Cd. penal, tom. II, div. 6, sec. 275. 158Cd. penal, div. 6, sec. 275. 159Cd. penal, div. 6, sec. 275. 160Cd. penal, div. 6, sec. 275. 161Cd. penal, div. 6, sec. 275. 162Cd. penal, div. 6, sec. 275. 163En China se considera la decapitacin como pena ms fuerte que la de sofocacin o estrangulacin, porque cuando la cabeza se separa del cuerpo, ya no se pueden realizar ciertas preocupaciones que tienen los chinos. 164Cd. penal, div. 6, sec. 270. 165Cd. penal, div. 6, sec. 275. 166Cd. penal, div. 6, sec. 275. 167Cd. penal, div. 6, sec. 275. 168Cd. penal, div. 3, sec. 79. 169Cd. penal, dicv. 3sec. 79. 170Estatuto suplementario agregado a la seccin 254 del cdigo penal. 171Cd. penal, div. 6, sec. 255, art. I. 172Cd. penal, div. 3, sec. 77. 173Du Halde, tom. II, p. 122. 174 Mmoires concernant l’histoire etc ., des chinois tom. II, p. 393. Cd. penal, sec. 285.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 118\ 118\ 118\ 118\ 118\175 Mmoires etc ., tom. II, p. 393 y 394. 176 Mmoires etc ., tom. IX, pg. 58 y 59. 177 Mmoires etc ., tom. II, pg. 394. 178Du Halde, tom. II, pp. 124 y 125. De la pasin de los chinos por adquirir su atd, hablan tambin otros misioneros franceses e ingleses de este siglo. Vase a Huc, L ’Empire Chinois tom. II, cap. I, obra publicada en Pars en 1854, y a Milne, La vida real en China parte 2, cap. IV. 179Biot, Mmoire sur la condition etc 180Decreto del ao 789 de Jesucristo, bajo la dinasta de los Thang. 181Biot, Mmoire sur la condition etc 182 An Embassy from the East-India Company of the Uniter Provinces to the Grand Tartar Cham Emperor of China, delivered by Peter de Gayer and Jacob of Keyser at Peking in 1655 cap. VII, pp. 213 y 214. Esta obra se imprimi en Londres en 1669. 183Ma-tuanlin, Apndice, etc. 184 Recueil imprial en Du Halde, tom. II, pp. 496 y 497. Gaubil, Histoire de la grande dynastie Thang en el tomo XV de las Mmoires concernant etc ., des chinois 185Huc, L ’Empire Chinois tom. II, cap. VI. Milne, parte 2, cap. I y II. 186Milne, parte 2, cap. II. En 1828, un misionero francs vio vender los nios en el reino de Tonkn al precio de 7 a 48 francos, y hasta en 15 sueldos, o casi 3 reales de velln ( Annales de la propagation de la foi tom. IV, pp. 3-6). 187 Mmoires concernant l’histoire etc ., des chinois tom. II, pp. 412 y 413. 188Biot, Mmoire sur la condition etc 189Cd. penal, div. 3, sec. 115. 190Cd. penal, div. 3, sec. 115. 191dem. 192Cd. penal, tom. II, sec. 337, art. 1 y 7. 193Cd. penal, tom. II, sec. 337. 194Cd., sec. 314, art. 1. 195Cd., sec. 284, art. 2, y sec. 314. 196Cd., sec. 284, art. 2, y sec. 286, art. 2. 197Cd., sec. 314, art. 2. 198dem, dem. 199Cd., sec. 314, art. 4 y 5. 200Cd., sec. 314, art. 6. 201Cd., sec. 314, art. 8. 202Cd., sec. 322, art. 3. 203Cd., sec. 313, art. 1. 204Cd., sec. 313, art. 2. 205dem, art. 3. 206Cd., sec. 294. 207Cd., sec. 300. 208Cd., sec. 370.

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JOS ANTONIO SACO /119 /119 /119 /119 /119209Cd., sec. 370. 210Cd., sec. 373. 211 Mmoires concernant l’histoire etc ., des chinois tom. II, pp. 408 a 410. 212De Guignes, Voyages etc ., tom. II, art. “Esclaves”. 213Libro de las Recompensas y de las Penas. 214 Mmoires concernant l’histoire etc ., des chinois tom. II, pp. 394 y 409. 215 Mmoires concernant l’histoire etc ., tom. II, pp. 408 a 4l0. 216 Cange es el nombre que impropiamente dieron los portugueses en China al kia o sea a dos grandes pedazos semicirculares de madera, con una abertura redonda en el centro para ajustarlos al cuello del culpable. ste no puede entonces verse los pies, ni llevarse las manos a la boca. El cange pesa ordinariamente de 50 a 60 libras; pero hay algunos de cinco a seis pulgadas de grueso y de 200 libras de peso, pudiendo a veces ocasionar hasta la muerte. A la derecha y a la izquierda del cange se pegan dos bandas largas de papel de cuatro dedos de ancho, y en ellas se escribe con grandes letras la falta o delito cometido y el tiempo que debe durar la pena. (Cd. penal, tom. I, p. 16, tableau 5. Du Halde, tom. II.) 217Du Halde, tom. IV. 218Huc, L ’Empire Chinois tom. I, cap. IV, Pars, 1854. 219Milne, La vida real en China parte 4, cap. II, Londres, 1857. 220Biot, Mmoire etc 221Biot, Mmoire sur la condition etc 222Ma-tuanlin, Apndice. 223Fragmento traducido por Pauthier de la Historia General de la China escrita por Sse-ma-thsian ms de 100 aos antes de Jesucristo. 224Fragmento traducido por Pauthier de los grandes Tableaux Chronologiques de la China. 225Herod., lib. IV, cap. LXXI y LXXII. 226Du Halde, Recueil imprial etc ., tom. II, p. 128. 227No se ofendan con estas palabras los odos de nuestros rgidos puristas. Si la lengua castellana carece de un nombre con que expresar el estado o condicin de eunuco, por qu no se ha de inventar? As es como se enriquecen las lenguas y adquieren precisin. 228Gnes., cap. XXXIX, vers. 7, etc. 229Ammiano Marcelino, lib. XIV, cap. VI. 230Claudiano, in Eutropio. 231Clearchus Solencis, De Moribus Gentium lib. IV. 232Constantinus Manasses, Xantus Lydus lib. II, Lydiorum, apud. Athen., lib. XII, p. 515, edicin de Lyon. 233Pauthier, Description de la Chine pp. 38 y 139. 234 Chou King cap. II. 235 Che King ; o sea Libro de Versos. ste es el tercero de los cinco libros cannicos o sagrados de los chinos. Es una coleccin hecha por Confucio de los antiguos cantos nacionales y oficiales desde el siglo X y VIII al VII antes de la era cristiana. 236Discurso de Sou-Tche, que vivi bajo la dinasta Thang, tomado de Une compilation faite sous la dynastie Ming, par un lettr clbre de cette dynastie, nomm Tang King Tchuen traducida en francs y publicada por Du Halde, tom. II, p. 646. La

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 120\ 120\ 120\ 120\ 120\de los Ming fue la ltima dinasta china, y rein del ao 1368 de Jesucristo al siglo XVII, en que fue completamente destronada por los trtaros-manches. 237Discurso de Sou-Tche en la citada compilacin, traducida y publicada por Du Halde, tom. II, p. 646. 238Discurso de Ngeou-Yang-Sieou, clebre autor de la dinasta Soung, que reino de 420 a 477 de Jesucristo. Sacado de Une compilation faite sous la dynastie Ming etc 239 Mmoires concernant l’histoire etc ., des chinois tom. II, pp. 371, 372 y 412, y tom. VI, p. 319. 240El lee equivale a casi tres millas geogrficas inglesas. 241Cd. penal, tom. II, div. 6, sec. 379.

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Libro TerceroESCIT ESCIT ESCIT ESCIT ESCIT AS ASIRIOS MEDOS BABILONIOS LIDIOS AS ASIRIOS MEDOS BABILONIOS LIDIOS AS ASIRIOS MEDOS BABILONIOS LIDIOS AS ASIRIOS MEDOS BABILONIOS LIDIOS AS ASIRIOS MEDOS BABILONIOS LIDIOS PERSAS PAR PERSAS PAR PERSAS PAR PERSAS PAR PERSAS PAR TOS TOS TOS TOS TOS CAR CAR CAR CAR CAR T T T T T AGINESES AGINESES AGINESES AGINESES AGINESESDespus de haberme detenido largamente en la India y en la China, bien quisiera recorrer las dems naciones que existieron antiguamente en el Asia; pero no emprender semejante tarea porque ni todas inspiran int ers histrico en punto a esclavitud, ni todas tampoco han dejado noticias suficientes para tejer alguna narracin aun medianamente satisfactoria. En su ignorancia geogrfica, los antiguos griegos dieron el nombre general de escitas o celto-escitas a todos los diversos pueblos que habitaban hacia el norte.1 Herodoto, sin incurrir en el error de sus antepasados, llam escitas a todas las tribus esparcidas en el interior de las tierras y costas que baa el Ponto Euxino (mar Negro), desde el Ister o Danubio hasta el Tanais o Don que desemboca en el Palus-Meotis hoy mar de Azof.2Strabn que escribi cuatro siglos despus de Herodoto llam Escitia a un vasto pas ms all de la Bactriana, ocupada por los pueblos nmadas que corran al norte hasta el mar Boreal, y hacia el este hasta el mar Oriental. Estos escitas son los trtaros de tiempos posteriores. Por un error comn a todos los gegrafos de su poca, Strabn tom por mar Oriental no el que baa la China, sino el golfo de Bengala, sobre cuyo punto puede verse la memoria presentada por Gosselin en 1792 a la Academia de Inscripciones y Bellas Letras del Instituto de Francia, e impresa en el tomo XLIX. Escitas cuenta tambin Strabn entre los diversos pueblos que andaban derramados desde el Ponto Euxino hasta el mar Caspio o de Hircania.3 El Quersoneso Turico, que es la Crimea moderna, perteneci antiguamente a los tauros, pueblo escita; por lo cual llamose tambin Quersoneso Esctico. Este pas junto con el que se dilata ms all del istmo hasta el Boristenes (Dnieper), y una parte de la Tracia, denominose Pequea Escitia, por haberlo ocupado pueblos de esta raza.4

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 122\ 122\ 122\ 122\ 122\ Belicosos los escitas, engrandeciolos la guerra, y as no es extrao que hubiesen ocupado tan dilatadas regiones en Asia y en Europa. En el sptimo siglo antes de la era cristiana, salieron de sus estancias septentrionales, y conquistaron todo el pas que se extiende en las montaas hasta el Cucaso, y en las llanuras hasta el ocano y la Palus-Meotis, lo mismo que todo el territorio que corre hasta el ro Tanais.5 Herodoto dice, que de all marcharon hacia el Egipto; pero que fueron detenidos en la Siria por los regalos que recibieron del rey egipcio. Retrocedieron entonces, y dominando por 28 aos muchas naciones del Asia, causronles grandes males.6 ¡Cuntas y cuntas personas no habran sido esclavizadas en tan desastrosas invasiones! Cuntase que en aquel perodo las mujeres escitas se quedaron solas en su pas, y que habiendo contrado relaciones con sus esclavos, hubo de ellos muchos hijos. Forzados los amos por los reveses de la guerra a volver a la Escitia asitica, los esclavos se aparejaron a disputarles la entrada en ella. Vinieron a las manos, y no pudiendo los escitas, despus de varios reencuentros, obtener ventaja alguna, uno de ellos exclam: “Escitas, qu es lo que hacemos? Si los esclavos matan a algunos de nosotros, nuestro nmero se disminuye; y si nosotros matamos a algunos de ellos, menguamos el nmero de nuestros esclavos. Creedme, pues, depongamos nuestros arcos y flechas y marchemos contra ellos, armados del ltigo de que nos servimos para los caballos. Mientras que nos han visto con nuestras armas, se han imaginado que son iguales a nosotros; pero cuando en vez de armas, nos vean con el ltigo en la mano, entonces conocern que son nuestros esclavos, y convencidos de la bajeza de su nacimiento, no osarn oponernos ms resistencia”. Los escitas tomaron este consejo y aterrados los esclavos, huyeron al instante. Tal es el relato de Herodoto, que tiene ms visos de cuento que de verdad, y con el que tambin concuerda Justino,7 quien aade: “Todos los prisioneros fueron crucificados. Las mujeres que se sentan culpables, se dieron la muerte, unas por el hierro, otras sofocndose”. Dcese igualmente que los sindos, pueblo que en tiempo de Ammiano Marcelino, autor del siglo cuarto de la era cristiana, habitaban las costas del Ponto Euxino, fueron descendientes de esos esclavos sublevados.8Crueles fueron los escitas con los enemigos que mataban en la guerra. De los prisioneros que hacan inmolaban la centsima parte al dios Marte:9 los restantes eran esclavizados, y sus ocupaciones variaban segn que sus amos eran escitas nmadas o agricultores. Aqullos reventaban los ojos a todos sus esclavos para que no se distrajesen de sus tareas. stas consistan en ordear las yeguas, cuya leche era su bebida ordinaria. Echbanla en vasos de madera, y los esclavos la batan para recoger la parte que flotaba, pues tenase por mejor que la que se precipitaba. Muy curioso era el modo de que se servan los escitas para orde-

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JOS ANTONIO SACO /123 /123 /123 /123 /123 ar sus yeguas. Introducanles en sus partes naturales unos sopletes de hueso a manera de flautas, y unos esclavos soplaban en ellos con la boca, mientras otros ordeaban. Y esto hacan por pensar que con el soplo se inflaban las venas de las yeguas y aflua la leche a la ubre.10 Adems de la crueldad que cometan los escitas nmadas reventando los ojos a todos sus esclavos, esta brbara usanza debi de causarles algn embarazo, porque errantes de un punto a otro tenan que llevar consigo una muchedumbre de ciegos. Las costumbres de los escitas no fueron conformes en todas partes, porque haba entre ellos hombres muy feroces que coman carne humana, y otros al contrario que se abstenan aun de la de animales. Hablando Eforo de los escitas nmadas, dice que se distinguan de los dems por el amor a la justicia; que pasaban una vida muy frugal sin cuidarse de las riquezas; que todo lo posean en comn hasta las mujeres y los hijos, no formando sino una sola familia; y que no teniendo propiedad alguna, cuya conservacin pudiera obligarlos a sacrificar su libertad, no estaban expuestos a ser vencidos ni subyugados por otros pueblos.11Si tal pintura de los escitas nmadas fue exacta cuando Eforo escribi, y aun otros griegos que le precedieron, necesario es reconocer que las costumbres de aquellos hombres cambiaron en tiempos posteriores, sin que por eso hubiesen nunca dejado de tener esclavos. Y a este propsito cumple citar las palabras de Strabn. “Todos los griegos consideramos a los escitas como hombres muy sencillos, incapaces de daar, y con una vida mucho ms frugal y ms exenta de necesidades que la nuestra, a pesar del contagio del mal ejemplo; porque nuestro modo actual de vivir se ha extendido a casi todos los pueblos, y ha corrompido sus costumbres por la introduccin del lujo y de los placeres, dndoles el deseo de adquirir, para satisfacerlos por medios ilcitos. As es que gran parte de esta corrupcin ha penetrado entre los pueblos brbaros, y entre otros, de los nmadas. Desde que se aplicaron a la navegacin, se han pervertido hasta el punto de robar y matar a los extranjeros, y por sus relaciones con diversas naciones han adoptado de ellas el lujo y el trfico: dos cosas que si al parecer se encaminan a la civilizacin, corrompen las costumbres introduciendo entre los hombres la intriga en lugar de aquella sencillez de que acabamos de hablar”.12Los esclavos escitas no permanecieron siempre bajo el yugo de la esclavitud, pues era ley o costumbre llevar algunos a la guerra, y si en ella se distinguan, no slo era suyo lo que tomaban, sino que adquiran la libertad. As aparece de la embajada del emperador Teodosio al feroz Atila en los aos 448 y 449 de nuestra era, escrita por el sofista Prisco, que fue uno de los embajadores.13Los reyes escitas no tenan esclavos comprados, porque a servirles como tales, estaban obligados todos los que de entre sus vasallos esco-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 124\ 124\ 124\ 124\ 124\ gan. A su muerte enterrbanse con ellos una de sus concubinas que antes era sofocada, un copero, un cocinero, un escudero, su ministro, caballos, las primicias de todas sus riquezas, copas de oro, y uno de sus esclavos. En el primer aniversario de su muerte celebrbanse sus exequias, y entonces sofocbanse 50 de sus caballos ms hermosos, y nmero igual de los esclavos que mejor les haban servido; y cada uno de stos era montado sobre cada uno de aqullos, colocndolos alrededor de la tumba.14 Esta brbara costumbre existe todava, pues inmlase gran nmero de esclavos en el entierro de los reyes trtaros descendientes de los escitas.15Las invasiones y guerras que tan frecuentes fueron entre las antiguas naciones del Asia occidental, transformaron en esclavos porcin considerable del gnero humano. La historia del imperio asirio fue por largo tiempo una serie de tradiciones mitolgicas; y los siglos que corrieron hasta su destruccin, quedaron envueltos en densas tinieblas que ahora empiezan a disiparse con los preciosos relieves que en nuestros das se han sacado de entre las ruinas de Nnive. Tan grande es la divergencia de los autores acerca del origen de la monarqua asiria, que unos le dan casi 1 000 aos ms, y otros casi 1 000 aos menos. No anduvo desacertado Strabn cuando dijo: “No podr darse mucha fe a la historia antigua, sea de la Persia, sea de la Media, sea de la Siria [Asiria]: aquellos que la han escrito, eran muy crdulos, y tenan mucho gusto por los mitos. En efecto, viendo el gran xito que haban tenido las obras de los mitgrafos puros, pensaron que sus propios escritos seran tambin agradables, si insertaban en ellos bajo la forma de historia verdadera, cosas que nunca haban visto, aadiendo adems muchas que jams haban odo contar, a lo menos por ningn testigo de vista, pues les bastaba que pudiesen agradar y sorprender. As es que deber darse ms crdito a lo que Hesodo, Homero y los trgicos nos dicen de los hroes antiguos, que a las narraciones de Ctesas, Herodoto, Helnico y de otros escritores semejantes”.16 Y, sin embargo, el mismo Strabn sigue en muchas partes de su obra a esos mismos escritores. Nino, a quien se atribuye la fundacin de Nnive, fue un prncipe muy guerrero. Subyug la Babilonia, nacin vecina, la Armenia y la Media; y alentado con estas conquistas extendiolas de un lado hasta las fronteras de Egipto, y de otro hasta la Bactriana, pas que no obstante su ndole belicosa dobl la cerviz a la coyunda extranjera.17 En tan sangrientas luchas que largos aos duraron, cuntos prisioneros no arrastraran las cadenas de la esclavitud? Guerrera fue tambin la famosa Semramis, viuda de Nino; y aunque Megasthene y Strabn no creen en su expedicin a la India,18 Diodoro

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JOS ANTONIO SACO /125 /125 /125 /125 /125 de Sicilia la admite, y asevera que hizo en ella 100 000 cautivos:19 nmero que yo no acepto por su extremada exageracin. Prescindiendo de conjeturas, los relieves encontrados en las ruinas de Nnive, no slo representan los ejrcitos, reyes y nobles acompaados en la guerra de muchos esclavos,20 sino tambin esclavizando a los prisioneros y aun a las mujeres y nios de diferentes naciones.21 Es de advertir que todos aquellos no sufran la esclavitud, porque unos moran empalados22 y otros degollados.23 Aun parece que el mismo rey sola matar con sus manos algunos prisioneros, porque en esos relieves vseles arrodillados en su presencia, y a l con la punta de su lanza, clavada en el pecho o en la frente.24Nnive, capital inmensa, donde segn la expresin del profeta Nahum, “haba un lujo sin lmites... y cuyos negociantes se multiplicaron en mayor nmero que las estrellas del cielo”,25 cmo no haba de traficar en esclavos y poseer muchedumbre de ellos? Por el rostro imberbe y afeminado de algunas figuras representadas en los relieves de aquella ciudad se conoce, que los reyes se sirvieron de eunucos en la paz y en la guerra;26empero, todos no fueron esclavos, porque ora se les ve sentados a la mesa con los asirios,27 ora mandando tropas,28 ora en fin ejerciendo otras funciones incompatibles con la esclavitud. El profeta Nahum predijo la ruina de Nnive,29 y tan triste profeca se cumpli, desplomndose el vasto imperio de Asiria en el ao 710 antes de la era cristiana bajo el afeminado y voluptuoso rey Sardanpalo, a quien destron Artabace, nombrado por l, gobernador de la Media. Empu ste aquel cetro, y desde entonces el imperio de los asirios, llamados sirios por los griegos, pas a los medos.30stos tambin tuvieron esclavos y antiguos historiadores mencinanlos expresamente.31 Considerable debi de ser su nmero, no slo por haberse enriquecido los medos, sino por las grandes guerras que sostuvieron con los cadusios, valiente pueblo serrano que peleaba por su independencia, y con los saces, nacin que subyug diversos pases asiticos, y que ms adelante fue exterminada por los persas.32 A los esclavos que tan porfiadas guerras les dieron, juntronse los que obtuvieron del comercio, porque la Media estaba situada de manera que por ella pasaban en aquel tiempo las principales rutas comerciales del Asia. Entre los babilonios todo influy en fomentar la esclavitud. Corte esplndida de Semramis y Nitocris, engrandecida por estas dos reinas, y colocada ventajosamente para ser el centro del comercio del Asia, Babilonia fue un magnfico emporio, donde acudieron a vender y comprar esclavos los traficantes de diferentes naciones.33Para servir en el palacio de Nabucodonosor fueron esclavizados algunos jvenes hermosos de Judea, cuando los babilonios la invadieron por primera vez;34 y como ellos fueron uno de los pueblos que oprimie-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 126\ 126\ 126\ 126\ 126\ ron y cautivaron a los hebreos, probable es, que a Babilonia se refiere el profeta Joel, cuando dice, que se daba un nio judo por una prostituta, y que se vendan las muchachas por vino para beber.35Una ley de Babilonia someti todas las mujeres nbiles a una venta pblica, cuyo acto describe Herodoto en los trminos siguientes: “La ms sabia de todas, a mi juicio, es sta, que tambin se halla entre los vnetos, pueblo de Iliria. En cada aldea, aquellos que tenan hijas casaderas, llevbanlas todos los aos a un paraje donde se reuna al derredor de ellas muchedumbre de hombres. Un pregonero pblico las haca poner en pie, y vendalas todas, una despus de otra: empezaba por la ms hermosa, y despus de haber obtenido por ella una suma considerable, pregonaba las que ms se le acercaban; pero no las venda sino a condicin que los compradores las desposasen. Todos los babilonios ricos en edad nbil las pujaban, y compraban las ms bellas. Como los hombres del pueblo que deseaban casarse tenan menos necesidad de mujeres hermosas, tomaban las ms feas, con la plata que se les daba. En efecto, apenas haba el pregonero concluido la venta de las bellas, que haca levantar la ms fea, o aquella que estaba lisiada, si la haba; la pregonaba al ms bajo precio, preguntando quin quera casarse con ella, y la adjudicaba a aquel que lo prometa. De este modo, la plata que provena de la venta de las hermosas serva para casar las feas y lisiadas. Un padre no poda elegir esposo a su hija, y el que compraba una muchacha no poda llevarla a su casa sin dar fianza de que la desposara; lo que le era permitido, luego que encontraba fiadores; pero si no se conseguan, la ley mandaba que la plata se devolviese. Permitase tambin indistintamente a todos los de otra aldea el asistir a esa venta y comprar muchachas en ella”.36Estas ventas, en virtud de una ley que ya no rega en tiempo de Herodoto, no redujeron la mujer a verdadera esclavitud, porque el comprador, lejos de adquirir sobre ella los derechos de amo, deba tomarla por esposa; y si bien sta viva degradada en las naciones orientales, no lo fue en general tanto como las esclavas. Celebrbanse anualmente en Babilonia, por espacio de cinco das, unas fiestas llamadas Saceas, de las que participaron los esclavos. Vestase entonces de rey uno de ellos, y, segn Beroso,37 no slo gobernaba la casa del amo, sino que ste le obedeca. De tales fiestas ninguna luz se derrama para conocer el tratamiento que se daba en Babilonia a los esclavos, porque pasadas que eran, stos volvan a entrar en su normal condicin. La fuga es el consuelo que con frecuencia busca el esclavo contra la opresin del amo, y a ella acudi a veces el de Babilonia. Bajo la dominacin efmera de Alejandro Magno, los caminos de aquella nacin fueron puestos por l al cuidado de un hombre llamado Antigene o Antimene,

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JOS ANTONIO SACO /127 /127 /127 /127 /127 quien por 8 dracmas al ao, aseguraba el esclavo prfugo al precio que el amo le fijara. Protegido de Alejandro, sac Antigene grandes utilidades de esta empresa, porque no era l, sino el gobernador de la provincia, quien deba entregar al dueo el esclavo huido, o pagarle en dinero su valor.38 ste, a lo menos que yo sepa, es el nico ejemplo que de semejantes seguros nos ha trasmitido la historia. La Lidia subyug en otro tiempo casi todas las naciones del Asia Menor, si bien fue corta su dominacin.39 Creso, conquistador de aquellos pases, tom la ciudad de los pterienos en Capadocia, y esclaviz sus habitantes, cuya suerte cupo a otros muchos de los vencidos, porque, al decir de Herodoto, no haba entonces en Asia nacin ms valiente ni ms belicosa que los lidios, quienes peleaban a caballo con largas picas, y eran diestros jinetes.40Fue la Lidia famosa por sus mercados de esclavos. Hbolos en Efeso y en Sardes, capital adonde acudan comerciantes de varias naciones, y aun pueblos nmadas.41La gran ruta militar y mercantil que pona al Asia Menor en comunicacin con Susa, capital de la Persia, despus que sta conquist la Media, pasaba por Sardes,42 y esta circunstancia influy poderosamente en aumentar el nmero de esclavos. Hombres crueles hubo en ella que, arrastrados por el inters se entregaron a degradar la especie humana, y a Sardes se llevaban muchos nios, aun de familias principales, para ser castrados y vendidos. La historia nos ha conservado el recuerdo de la terrible venganza de un eunuco contra el hombre que lo haba mutilado. “Yo no conozco, dice Herodoto, ninguno que se haya vengado ms cruelmente de una injuria que Hermotimo. Habiendo sido cogido por los enemigos, fue vendido a Panionio, de la isla de Chos. Este hombre viva de un trfico infame: compraba muchachos bien formados, hacalos eunucos, y llevbalos despus a Sardes y a Efeso, donde los venda muy caros porque la fidelidad de los eunucos hcelos entre los brbaros ms preciosos que los otros hombres. Panionio, que viva de este trfico, hizo eunucos gran nmero de muchachos, y entre ellos a Hermotimo. Este Hermotimo no fue en todo desgraciado: conducido de Sardes al rey con otros presentes, lleg con el tiempo a obtener con Jerjes un favor ms alto que todos los dems eunucos. “Hallndose el rey en Sardes, y disponiendo sus tropas para marchar contra Atenas, Hermotimo fue por un asunto particular a Atarnea, cantn de la Misia, cultivado por los habitantes de Chos, y all encontr a Panionio. Habindolo reconocido, mostrole mucha amistad, empezando por enumerar todos los bienes que le haba ocasionado, pas despus a los que l, agradecido, prometa hacerle, si quera ir con toda su familia a establecerse en Sardes. Complacido Panionio de estas ofertas, fue a casa de Hermotimo con su mujer y sus hijos. Cuando ste le tuvo en

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 128\ 128\ 128\ 128\ 128\ su poder con toda su familia, le dijo: ‘¡Oh t, el ms criminal de todos los hombres, que ganas tu vida con la profesin ms infame! Qu mal te habamos hecho yo y los mos, a ti o a alguno de los tuyos, para haberme privado de mi sexo y haberme reducido a no ser ya nada? Te habas acaso imaginado que los dioses no tendran conocimiento alguno de tu accin? ¡Criminal! por un justo castigo, ellos te han puesto entre mis manos por un lazo engaador, a fin que no puedas quejarte del castigo que te voy a dar’. Despus de estos reproches, hzose traer los cuatro hijos de Panionio, y forz a ste a que l mismo los mutilase. Vindose Panionio obligado a ello, obedeci; y ejecutada esta orden, Hermotimo compeli los hijos a que hiciesen la misma operacin a su propio padre. As fue castigado Panionio, y vengado Hermotimo”.43Sobre las ruinas de la Media, de Babilonia y la Lidia, alzose el gran imperio de los persas. Esclavos tuvieron ellos desde tiempo inmemorial, y aumentronlos cuando rompiendo Ciro con su espada los estrechos lmites que los encerraban al sur de Babilonia y de Susida, derramronse en el siglo sexto antes de la era cristiana, hasta las costas del mar Eritreo, dilatndose tambin a casi toda el Asia entonces conocida. Segn la frase de Jenofonte, someti Ciro tantas provincias, que sera difcil recorrerlas todas, partiendo de su capital, y marchando del oriente al occidente, y del septentrin al medioda.44 A usanza de la Antigedad, Ciro esclaviz a los prisioneros de guerra,45 y entre tantos ejemplos como pudieran citarse, mencionar a los aliados que se ligaron con los lidios para sitiar a Sardes, a los habitantes de Priene,46 a las mujeres y nios de Mileto, a los moradores de las islas de Chos, Lesbos y Tenedos, y a cuantos cayeron en su poder en Naxos.47 Ni a los prisioneros vencidos limitose la esclavitud, pues a veces tambin la sufrieron muchachas que se destinaban para los placeres del vencedor, conforme a las costumbres de los pueblos orientales.48 Pero ese Ciro, tan guerrero y tan esclavizador, vez hubo en que se mostr generoso con algunos esclavos; y as aconteci cuando hizo publicar en su campamento que si entre los prisioneros asirios, sirios o rabes, haba esclavos nacidos en Media, en Persia, la Bactriana, Caria, Cilicia, Grecia, o en cualquiera otro pas de donde haban sido sacados por fuerza, todos se le presentasen. En efecto, muchedumbre de ellos acudi prontamente a Ciro, quien escogi a los mejor formados, djoles que ya eran libres, que tomasen las armas que iba a darles, y que l proveera a todas sus necesidades.49Bajo de otros reyes siguieron los persas esclavizando a los prisioneros en las guerras posteriores que tuvieron. Ya insinuamos en otra parte de esta historia que Cambises, uno de ellos, domin el Egipto, nacin que se levant contra los persas reinando Artajerjes. ste, para someterlos, prepar una escuadra y un ejrcito, dirigiolos contra las bocas del Nilo, y logrando entrar por la Mende-

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JOS ANTONIO SACO /129 /129 /129 /129 /129 siana, trabose una lucha sangrienta entre persas y egipcios, y despus de haber stos perdido mucha gente y prisioneros, los restantes se acogieron a la pequea ciudad fortificada en aquella boca. Atacados all, sucumbieron, y ellos y los habitantes de la ciudad fueron vendidos como esclavos.50En Eretra, una de las ciudades principales de la isla de Eubea, esclavizaron los persas, segn las ordenanzas de Daro, a todos los moradores que cogieron, y hombres y mujeres fueron transportados a Susa, capital de la Susiana.51 Esclavitud tambin sufrieron los getas, pueblo el ms valiente de la Dacia;52 y tan acostumbrados estaban los persas a esclavizar y castrar, que a los habitantes sublevados de la Jonia amenazronlos con la esclavitud, y a sus hijos muchachos, con la castracin.53 A ella, por lo comn, eran condenados los jvenes hermosos, as como las muchachas ms bellas, arrancadas de los brazos de sus madres, eran enviadas a los monarcas persas para satisfacer sus brutales pasiones.54Crueles a veces fueron los persas con los prisioneros que esclavizaban; y Diodoro de Sicilia describe el horroroso espectculo que al gran Alejandro se present al acercarse a Perspolis, corte antigua de la Persia. “El rey prosegua as su camino, cuando a sus ojos se present un espectculo tan extrao como espantoso; espectculo que inspiraba horror contra sus autores y conmiseracin por las vctimas desgraciadas. El rey vio venir hacia l casi 800 griegos, vestidos de suplicantes, que haban sido condenados a esclavitud por los antecesores de Daro. Estos infelices, la mayor parte de avanzada edad, estaban todos mutilados: unos tenan las manos cortadas, otros los pies, y otros las orejas y la nariz: a los que saban algn oficio o industria, dejronseles solamente los miembros necesarios para el ejercicio de su profesin. La vista de todos estos desgraciados, respetables por su edad y por sus padecimientos, excit en el ms alto grado la compasin de Alejandro, quien no pudo retener sus lgrimas. Todos le suplicaban con fuertes clamores que aliviase sus males. El rey llam a los jefes de esta gente. Prometioles que tendra mucho cuidado de ellos, y en su magnanimidad pensaba restituirlos a su patria. Pero estos infelices, despus de haberse reunido y consultado entre s, declararon que preferan quedarse donde estaban que tornar a su tierra. ‘Porque, decan ellos, vueltos a nuestro pas, seremos dispersados en diferentes ciudades, y nuestra miseria no ser en todas partes sino objeto de burla. Al contrario, viviendo en comn, y teniendo todos la misma suerte, hallamos en nuestro infortunio recprocos consuelos’ ”. Tal fue la respuesta que ellos dieron al rey, suplicndole solamente que les dispensase proteccin.55 Y en efecto, Alejandro se la dispens, hacindoles muchos regalos, eximindolos de todo impuesto, y mandando a los gobernadores que cuidasen de que nadie les hiciese el menor dao.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 130\ 130\ 130\ 130\ 130\ A excepcin de la Arabia, siempre defendida por sus desiertos, el vasto imperio de los persas extendiose desde el Indo y el Yaxartes hasta la Etiopa, el Egipto y las fronteras de Arabia. Tan dilatada monarqua hundiose con la cada de Daro III; y en el espacio de ms de dos centurias que dur, quin podr calcular el nmero de personas libres condenadas a esclavitud? Como las conquistas de la Persia reunieron bajo de una sola mano muchos pueblos diferentes, y los strapas o gobernadores de las provincias, lo mismo que los ricos, imitaron el lujo de la corte, aumentose extraordinariamente el nmero de esclavos. Destinseles, pues, no slo al servicio domstico y ocupaciones pastoriles, agrcolas e industriales; mas, tambin, si eran eunucos, a la custodia de los harenes y a la saciedad de las lbricas pasiones del amo. Al voluptuoso Aunaro, uno de los prefectos regios, cantbanle y bailbanle mientras cenaba 150 esclavas.56 Lujo ms grande ostentaron todava algunos reyes, pues tenan hasta 300 esclavas, que pasaban las noches cantando y tocando la ctara.57 Cuando Parmenion, general de Alejandro, entr en Damasco, apoderose del bagaje de Daro III, y entre los esclavos de su squito encontr 40 perfumistas, 66 tejedores de coronas, 17 preparadores de bebidas, 70 filtradores de vino, 13 pasteleros, 306 pinches y cocineros, y 329 msicos.58Algunos de los pases conquistados pagaron al monarca persa un tributo en esclavos. Los etiopes le enviaban, entre otras cosas, cinco jvenes cada tres aos.59 Los pueblos de la Clquida y otros que habitaban hasta el monte Cucaso, hacanle cada cinco aos un regalo de 200 jvenes, mitad hembras y mitad varones;60 y Babilonia y Asiria contribuyeron tambin anualmente con 1 000 talentos de plata y 500 jvenes eunucos.61 No fue la custodia de los harenes, como generalmente se cree, el nico motivo que para servirse de ellos tuvieron los persas y otros pueblos orientales. Razones de diferente naturaleza indujronlos a ello, y curiosas son las que pone Jenofonte en boca de Ciro, fundador de la gran monarqua persa. Pensaba ste que nunca se debe contar con la fidelidad de un hombre que quiere ms a otro que a aquel a quien est encargado de custodiar; y que los que tienen mujeres con las que viven bien, o hijos, u otros objetos de su amor, naturalmente prefieren stos a otro cualquiera. No sucede as con los eunucos, porque, privados de tales afectos, se consagran sin reserva a las personas que pueden enriquecerlos, proteger contra la injusticia y elevar a los honores. Adems, como son ordinariamente despreciados, y no hay hombre que no quiera sobreponrseles, necesitan de un amo que los defienda. Ciro juzgaba que los eunucos fieles no eran indignos de ocupar un puesto importante en la sociedad. Tampoco admita que fuesen cobardes segn la opinin comn, y fundbase en el ejemplo de los animales.

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JOS ANTONIO SACO /131 /131 /131 /131 /131 Los caballos fogosos que se mutilan, ya dejan de morder y parecen menos fieros; sin embargo, no son menos aptos para la guerra. Los toros pierden su ferocidad; pero sufren el yugo sin detrimento alguno de sus fuerzas para el trabajo; los perros son menos propensos a dejar a sus amos; mas, no por eso son menos buenos para la guardia o para la caza. Lo mismo acontece con los hombres a quienes se quita la fuente de sus deseos; ellos quedan ms tranquilos; pero no estn menos prontos a ejecutar lo que se les manda, ni son menos giles para montar a caballo y lanzar el dardo, ni menos vidos de gloria. Por el contrario, ellos muestran diariamente por su ardor en la guerra y en la caza, que la emulacin no se ha apagado en su alma. En cuanto a su fidelidad, pruebas han dado, sobre todo a la muerte de sus amos, y jams servidor se ha mostrado ms sensible a las desgracias de ellos. Por ltimo, dice Ciro, aun suponiendo que los eunucos hubiesen perdido alguna cosa de su vigor, no iguala el hierro en una batalla los dbiles a los ms fuertes?62Signo de inferioridad social fue el traje que vistieron los esclavos en las naciones de la Antigedad, y sin que yo pueda describirlo para los persas, porque nada dicen acerca de l los autores que he consultado, es inconcuso que lo tuvieron, pues Ciro ms de una vez envi a campamentos enemigos espas disfrazados como esclavos.63Duro fue el tratamiento que les dieron los persas. Herodoto menciona una ley que prohiba al amo castigar cruelmente al esclavo por una sola falta; pero si stas se repetan y llegaban a ser de ms consideracin que sus servicios, entonces el amo poda entregarse a todos los impulsos de su clera.64 “Los persas, dice Ammiano Marcelino,65 son astutos, orgullosos y crueles. Arrganse el derecho de vida y muerte sobre sus esclavos y oscuros plebeyos. Desuellan vivos a los hombres, arrancndoles la piel entera o a pedazos y los esclavos que les sirven a la mesa no pueden abrir la boca ni aun para respirar, porque todos tienen una mordaza”. Pero el rigor de la esclavitud hubo de templarse, a lo menos para muchos esclavos, cuando enervados los persas y perdidas sus virtudes marciales, se pusieron en manos serviles las armas que haban de defender el imperio. “Hoy, dice Jenofonte, los grandes, con el fin de aprovecharse del sueldo, transforman en soldados de caballera a sus porteros, panaderos, cocineros, coperos y baadores; a los criados de mesa; a los que los acuestan, despiertan, visten, frotan y perfuman; en una palabra, a los que cuidan de su adorno y elegancia”.66 Armados desde entonces muchos esclavos, no es probable que se hubiesen dejado maltratar por amos afeminados, porque contra ellos hubieran vuelto las armas que se les haban dado para defensa de la nacin. Parthytaei es el nombre que siempre dio Strabn a los partos, y el de Parthyaea a la Partia propiamente dicha. Muy dbil al principio, fue

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 132\ 132\ 132\ 132\ 132\ poco a poco creciendo este pas hasta convertirse en nacin poderosa, que subyug a otras y se sobrepuso a los mismos persas que dominaban gran parte del Asia. Esclavos tuvo en las diversas pocas de su vida, y stos se multiplicaron, no slo por la reproduccin, sino porque nadie poda libertarlos,67bien que la tirana del gobierno, y especialmente la guerra, fueron el manantial ms fecundo de esclavitud. El rey Evemero, hircano de origen, sobrepuj en crueldad a todos los tiranos conocidos, segn la expresin de Diodoro de Sicilia, y esclaviz bajo los ms leves pretextos a muchas familias de Babilonia, envindolas a la Media para aprovecharse del precio de su venta.68 Tan grande fue la muchedumbre de esclavos, que si damos crdito a Plutarco, parto opulento hubo que los posey a millares;69 y el clebre Surena, que tan funestos das dio a Roma, pudo con ellos y sus vasallos formar una escolta de 10 000 hombres. Educbanse como los hijos de los partos; y como de ellos se compona casi todo el ejrcito, ensebaseles a montar y a manejar el arco. As fue que, cuando Antonio invadi a la Partia, de 50 000 soldados de caballera que contra l pelearon, slo 400 eran libres.70Armados en Partia los esclavos, suave debi de ser la esclavitud, porque, tratados con rigor, se hubieran alzado contra sus amos. Pudo ser tambin que hubiesen los partos tenido dos especies de esclavos; unos para la milicia, y otros para el servicio personal, y que a stos no se les hubiese tratado del mismo modo que a los primeros. Pero esta conjetura carece de pruebas, porque no he hallado autoridad alguna en qu apoyarla. Dos enemigos formidables encontr Roma en sus conquistas: los partos en Oriente, y los cartagineses en Occidente. Del tronco fenicio naci Cartago nueve siglos antes de la era cristiana, y cuando de la fundacin de Roma contbanse solamente 72 aos. La piratera tan comn en aquellos tiempos dio al principio esclavos a Cartago, y en las numerosas guerras que sustent, veces hubo en que dej libres a los prisioneros, o incorporolos en sus ejrcitos. As aconteci, entre otros casos que pudieran citarse, cuando Cartago invadi la Iberia, pues el general Amilcar, vencedor de los espaoles, agreg a sus tropas 3 000 de los prisioneros, dando libertad a ms de 10 000.71 No fue sta por lo comn la suerte que les cupo, porque eran condenados a muerte o a esclavitud. Con los cadveres de sus enemigos, crueles fueron los cartagineses, pues acostumbraban mutilarlos, llevando unos como trofeo un cinturn de manos alrededor de su cuerpo, y otros clavando cabezas en las puntas de sus picas y dardos.72Situada Cartago en la costa septentrional de frica, en el golfo que llevaba su nombre y que hoy se llama Tnez, no fue menos belicosa que

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JOS ANTONIO SACO /133 /133 /133 /133 /133 mercantil. Guerras victoriosas sostuvo con los nmidas, moros y otros pueblos de aquel continente,73 y el yugo de la esclavitud impuso a muchos de sus prisioneros. Ni limit aquella repblica el teatro de sus hazaas a las regiones africanas, que tambin llev sus armas a pases europeos. Deseando dominar el Mediterrneo, ocup las islas Baleares, la de Cerdea y la mayor parte de Sicilia; bien que en su primera tentativa contra ella en 480 antes de Cristo sufri grandes desastres.74 Mas, repuesta de sus quebrantos continu la guerra, y despus de haber sus tropas cometido espantosa matanza en las ciudades de Celinonte y de Himere tomadas por asalto, esclavizaron muchos millares de hombres, mujeres y nios.75Cuando el gran Anbal triunf en Espaa de la resistencia heroica de Sagunto, asentada cerca del sitio en que hoy se halla la pequea ciudad de Murviedro, reparti como esclavos entre muchos de sus soldados a los prisioneros espaoles.76 Tal es la aseveracin de Polibio; mas, Diodoro de Sicilia afirma que los habitantes de Sagunto, incluso nios y mujeres, todos perecieron en aquel sitio inmortal.77 Si esto fue as, no pudo haber prisioneros; pero yo creo ms conforme a la verdad el testimonio de Polibio, porque con l concuerdan Tito Livio78 y otros historiadores aun espaoles como el jesuita Mariana.79Cartago en sus guerras sirviose de extranjeros, y sus ejrcitos se formaron de espaoles, celtas, baleares, libios, fenicios, ciudadanos de Cartago, ligures, y a veces aun de esclavos semi-griegos.80 Los soldados de las islas Baleares, que eran entonces los mejores honderos conocidos,81 y por lo que les dieron los romanos aquel nombre, luego que concluan su servicio, tornaban a ellas; pero todo el dinero que ganaban invertanlo en comprar a los cartagineses vino y mujeres, de las que eran tan apasionados, que si los piratas les robaban alguna, daban por rescatarla hasta tres y cuatro esclavos varones.82Cartago y Roma rivales desde temprano, y temindose mutuamente, procuraron vivir en paz, a lo menos por algn tiempo. Hicieron al intento algunos tratados, y en el segundo celebrado en el ao 348 antes de la era cristiana, ajustose entre otras cosas, que si los cartagineses tomaban alguna ciudad latina no sometida a los romanos, adquiriran para s los bienes y las personas que cogieran, pero restituiran la ciudad; y que si hacan prisioneros algunos hombres de los pueblos unidos a Roma por alianza, sin vivir bajo sus leyes, no estaran obligados a llevarlos a ningn pueblo romano; pero si a l arribaban, y algn romano pona la mano sobre los cautivos, stos quedaran entonces completamente libres. Lo mismo se pact para los romanos.83La dominacin de Sicilia fue el origen de la primera guerra entre Cartago y Roma, no obstante los tratados anteriores. Vean los romanos que los cartagineses seoreaban gran parte del frica y de Espaa;

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 134\ 134\ 134\ 134\ 134\ que disponan de todas las islas derramadas en el mar de Cerdea y de Tirrenia, y teman que si se apoderaban de toda la Sicilia, seran para ellos enemigos formidables, pues asediaran a Roma por todas partes, amenazando incesantemente la Italia entera. Al cabo de largas deliberaciones, el Senado romano declar la guerra a Cartago, y sta fue la primera que con el nombre de pnica menciona la historia. Despus de un sangriento combate naval en que Roma venci a Cartago en su propio elemento, el cnsul Rgulo invadi los campos del territorio cartagins, y en ellos encontr tantos esclavos empleados en la agricultura que envi a Roma ms de 20 000.84Si en esta ocasin Cartago perdi tan considerable nmero de esclavos, el famoso Anbal llevando sus armas al corazn de Italia, esclaviz muchos romanos, bien que no pudo enviarlos a su patria. El comercio fue tambin para Cartago otro manantial fecundo de esclavos, pues tuvo vastas relaciones con diversos pases africanos. Las ciudades y plazas mercantiles, situadas desde la Sirte Mayor hasta las columnas de Hrcules, todas pertenecieron a los cartagineses.85Adems, el viaje de Hannn, cuya relacin se conserv en Cartago en el templo de Cronos, y de la que existen traducciones en varias lenguas, hzose por orden del Senado de Cartago, con el objeto de fundar colonias en la costa occidental de frica. Desde entonces, los cartagineses establecieron factoras al sur de la ciudad de Lixus (hoy Larrais), y del cabo Coter,86 de donde traficaron con pueblos negros,87 y con los pases aurferos88 que empezaban en las inmediaciones del Senegal. Como los cartagineses y aquellos negros no podan entenderse por palabras, curioso es el modo de que se servan para comerciar unos con otros. Oigamos a Herodoto. “Los cartagineses dicen que ms all de las columnas de Hrcules hay un pas habitado donde ellos van a comerciar. Cuando llegan a l, desembarcan sus mercaderas y las colocan a lo largo de la playa: despus vuelven a sus naves en las que hacen mucho humo. Los naturales del pas, luego que lo perciben, acuden a la costa del mar, y despus de haber puesto all oro como precio de las mercancas, se alejan. Los cartagineses salen entonces de sus embarcaciones, examinan la cantidad de oro que se ha trado, y si les parece corresponder al precio de sus mercancas, lo toman y se van. Pero si no lo consideran suficiente, vuelven a sus naves en donde permanecen tranquilos. Los otros acuden de nuevo, y agregan alguna cosa, hasta que los cartagineses estn contentos. Jams se engaan unos a otros. Los cartagineses nunca tocan el oro, a menos que no haya la cantidad equivalente al valor de sus mercancas; y los del pas no se las llevan antes que los cartagineses hayan cogido el oro”.89Cierto que Herodoto solamente habla de oro, y que Esclax no menciona esclavos entre las mercancas que los cartagineses reciban de los

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JOS ANTONIO SACO /135 /135 /135 /135 /135 negros con quienes traficaban en la isla de Cern.90 Pero este silencio no es prueba bastante para concluir que de all no los sacaban; y aun cuando lo fuese, no los exportaran de otras partes, cuando tantos puntos ocuparon as en el occidente como en el septentrin de frica? Ya hemos apuntado al tratar de la esclavitud en Egipto, que los garamantes, segn Herodoto, se divertan cazando en cuadrigas a los trogloditas-etiopes.91 Y a quin pudieron con ms facilidad venderlos que a los comerciantes cartagineses? Muchos viajeros modernos confirman el testimonio de Herodoto, pues Bilma an est poblada en gran parte de negros indgenas; y la caza de hombres practcase todava anualmente por orden del sultn de Fezzn, no en cuadrigas como antiguamente, sino a pie y a caballo. Vez ha habido en que estas correras han dado 18 000 esclavos entre viejos, jvenes, mujeres y nios. Las tribus nmadas africanas que desde la Antigedad se movieron entre la grande y la pequea Sirte, atravesaban con sus caravanas el desierto de la Libia, penetraban en diversos pases, y a su retorno introducan esclavos negros en el territorio de Cartago. Tan crecido nmero de esclavos llevaron a Cartago la guerra y el comercio, que ciudadano hubo que los posey a millares. Cuando el opulento Hannn intent usurpar la potestad suprema en Cartago, levant los esclavos y arm 20 000, bien que no pudo lograr su objeto, por haber sucumbido en tan osada tentativa.92 Los amos cartagineses emplearon muchos en el servicio domstico, en las artes, y sobre todo en la agricultura a la que dieron grande importancia aquellos ciudadanos, pues las ms distinguidas familias vivan del producto de sus tierras. Tan adelantado estaba el cultivo en Cartago, que la obra de Magn sobre la agricultura escrita en 28 libros, no slo mereca los elogios de los romanos, aunque implacables enemigos de Cartago, sino que fue traducida en latn por orden del Senado de Roma. Varrn la considera como la obra ms importante sobre agricultura que hasta su tiempo exista, y Columela no vacila en llamar a Magn, padre de la economa rural.93Fue la Espaa una tierra llena de excelentes minas, y al decir de Strabn, en ningn pas del mundo se haba encontrado el oro, la plata, el cobre y el hierro, ni en tan grande cantidad, ni de semejante calidad.94Apoyan el testimonio de Strabn autores respetables de la Antigedad; y apoderndose que hubieron los cartagineses de gran parte de Espaa, dironse a beneficiar sus ricas minas de plata destinando a su laboreo muchedumbre de esclavos, cuya suerte fue no menos deplorable que la de aquellos que se emplearon en las de oro del Egipto.95Si los ciudadanos cartagineses tuvieron esclavos para su servicio y empresas, el Estado poseyolos tambin, empleando unos como soldados en sus ejrcitos, y otros en mayor nmero como remadores en sus escuadras, pues al efecto los compraba.96 Extraordinaria debi de ser la

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 136\ 136\ 136\ 136\ 136\ cantidad de estos marinos. En el combate naval que entre Roma y Cartago se dio en las aguas de Sicilia al principio de la primera guerra pnica, aqulla present 330 naves tripuladas cada una por 120 guerreros y 300 remadores; es decir, un total de 39 600 de aqullos y 99 000 de stos. Cartago llev a aquel combate 350 galeras, algunas quinquerremes con ms de 150 000 hombres; o sea, ms de 428 cada una. Suponiendo que esta escuadra hubiese tenido igual nmero de remadores que la de Roma, resultar un total de 105 000 esclavos, pues tales eran los que empleaba Cartago para semejante servicio. Muy posible es que no lo fueran todos los remadores; pero aun as, su nmero siempre sera considerable. Suerte ms horrible que la de la guerra cupo a ciertos esclavos en Cartago, porque los inmolaba el sanguinario rito de su religin. Por una brbara costumbre heredada de los fenicios, sus progenitores, los cartagineses sacrificaban a Saturno los hijos de las familias principales de Cartago. “Haba entre ellos, dice Diodoro de Sicilia, una estatua de bronce que representaba a Cronos (Saturno) con las manos extendidas e inclinadas hacia la tierra; de manera que el nio colocado en ellas rodaba y caa en un abismo lleno de fuego”.97Este pasaje de Diodoro recuerda el culto que los cananeos tributaron a Moloch, divinidad que entre ellos representaba al planeta Saturno, llamado Kewan en la astrologa oriental. Nios eran las vctimas, y todos perecan devorados por el fuego.98En las calamidades pblicas inmolbase a Moloch los hijos de los ciudadanos ms poderosos. Las madres deban presenciar el sacrificio y permanecer impasibles, sin derramar una lgrima ni exhalar un suspiro; y para que ni ellas ni los espectadores oyesen los lamentos de la vctima, los sacerdotes los atronaban con el ruido de sus tambores. Segn los rabinos, la estatua era de bronce; calentbase por debajo, y cuando sus manos extendidas estaban ya incandescentes, entonces se pona el nio en ellas y mora en los ms horribles tormentos. Comparando esta cruel ceremonia con la de los cartagineses, y reflexionando que stos traan su origen de los fenicios, pueblo cananeo, es muy fundado creer que el culto que ellos rindieron a Saturno, fue el que sus progenitores tributaron a Moloch.99El comercio de los cartagineses con los griegos y sicilianos, hzoles adoptar nuevas divinidades, y en vez de los hijos de las familias ms poderosas, ya no sacrificaron sino nios que ocultamente compraban.100Renovose la desusada costumbre con las inmensas desgracias que sobre Cartago cayeron durante sus guerras con Sicilia. Agatocles, tirano de ella, vencido por los cartagineses y abandonado de sus aliados por su rigorosa conducta, resolvi transportar a Cartago el teatro de la guerra. “¡Maravillosa audacia, exclama Justino, la de un hombre que no pudien-

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JOS ANTONIO SACO /137 /137 /137 /137 /137 do luchar en su propia tierra con su enemigo, va a atacarle en sus hogares, y que vencido insulta a su vencedor!”101 En tan crtica situacin, Agatocles escoge 1 600 ciudadanos en Siracusa, apodrase de todos los esclavos de ella en edad de tomar las armas, librtalos, y embarcndose con ellos, invade el territorio de Cartago. Sorprendida esta repblica con tan inesperada invasin, Agatocles le ocasion terribles males, y los cartagineses atribuyeron sus desgracias a la clera de Saturno, porque en vez de sus antiguas vctimas, ya no se le inmolaban sino nios esclavos furtivamente comprados. Para aplacar aquella divinidad ofendida, furonle sacrificados entonces 500 nios, siendo 200 de las ms nobles familias de Cartago.102Estos acaecimientos precedieron a la primera guerra pnica; pero as entonces, como en todas las vicisitudes posteriores, Cartago siempre tuvo esclavos, y cuando lleg la hora fatal de su destruccin por el ejrcito romano, la historia menciona que no solamente las libres cartaginesas, sino tambin las esclavas se cortaron sus cabellos para tejer cuerdas que sirviesen a la heroica defensa de tan desventurada ciudad.103Aunque la esclavitud existi en todas las naciones, cuya imperfecta historia acabo de trazar en los tres primeros libros de esta obra, no es posible apreciar en su justo valor la influencia que en cada una de ellas ejerci, porque se carece de documentos, historias y otras noticias bastante ciertas para llegar, no ya a la verdad que se busca, pero ni siquiera a un verosmil resultado. Si entre aquellas naciones hubo algunas en que la esclavitud fue uno de los elementos de su existencia, hubo tambin otras en que ella fue materia tan secundaria, que aunque hubiera desaparecido, ni habra ocasionado daos graves, ni menos comprometido la existencia de aquellos pueblos. A esta diferencia fundamental juntronse las instituciones polticas y religiosas de cada nacin, sus diversos usos y costumbres, el mayor o menor nmero de sus esclavos, y el buen o mal trato que se les dio. En el Egipto y la India, donde la poblacin se dividi en castas, hubo algunas de stas exclusivamente destinadas a los trabajos materiales; y si bien existi en aquellas dos naciones la verdadera esclavitud, sta no form parte esencial de su organizacin poltica; y por lo mismo, los males de la esclavitud no debieron sentirse con la fuerza que en los pueblos diversamente constituidos. En situacin todava ms ventajosa se encontr la China, porque habindose engrandecido sin esclavos, stos no empezaron a existir sino muy tarde. Su nmero comparado con la inmensa poblacin de la China fue siempre tan insignificante, que salvo los perodos en que los eunucos gozaron de gran privanza en la corte, poco o ningn influjo debe darse a los dems esclavos en los acontecimientos prsperos o adversos

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 138\ 138\ 138\ 138\ 138\ de aquel imperio, ora sean puramente materiales, ora morales o polticos. Aun los mismos males que aquellos eunucos acarrearon en las pocas de su grande podero, y aun suponiendo que todos ellos hubiesen sido esclavos, todava pendieron menos de la naturaleza de la esclavitud que de la ndole esencialmente desptica del gobierno chino, porque sin ella jams hubieran podido aquellos hombres degradados tomar la preponderancia que adquirieron, ni cometer las demasas y crueldades a que se entregaron. En situacin contraria se hallaron los pueblos donde la esclavitud ech extensas y profundas races, porque muy expuestos estuvieron a sufrir las fatales consecuencias de tan perniciosa institucin. Cuntanse en tal nmero los fenicios, que habiendo sido despus de Roma los mayores traficantes de esclavos en toda la Antigedad, inundaron con ellos sus campos y ciudades, ocasionando su muchedumbre revoluciones y calamidades en Fenicia.104Cartago tambin sufri las peligrosas consecuencias de la excesiva muchedumbre de sus esclavos, pues no falt ambicioso ciudadano que, valindose de ellos, intentara destruir la repblica y usurpar la soberana nacional.105A la inmensa distancia en que hoy nos hallamos de unas naciones que, salvo la India y la China, todas han desaparecido ya de la sobrehaz de la tierra, necia pretensin sera querer juzgar con exactitud del influjo que en ellas ejerci la esclavitud. Lo nico que puede decirse sin temor de equivocarse es, que envilecido el esclavo por su triste condicin, su alma est ms dispuesta al vicio que a la virtud; y que su contacto ms o menos estrecho con el amo, puede engendrar en el carcter de ste y su familia males de muy diversa trascendencia. Pero cuando de estas consideraciones morales inherentes a la naturaleza de la esclavitud en todos los pases, se quiere pasar a medir con precisin los efectos que ella produjo en la agricultura, en las artes, en las letras, en las pblicas costumbres y en las instituciones polticas de las antiguas naciones a que me refiero, todo cuanto sobre esto se escriba, no ser ms que vagas y aventuradas conjeturas, aseveraciones sin pruebas y errores, engalanados con visos de verdad.Notas1Strab., lib. I, cap. II, § 8, y lib. XI, cap. VIII, § 1. 2Herod., lib. IV, cap. XLVIII a LVIII. 3Strab., lib. II, cap. I, § 4, y cap. IV, § 6 y 9.

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JOS ANTONIO SACO /139 /139 /139 /139 /1394Strab., lib. VII, cap. IV, § 1; cap. V, §1 y 2, y lib. XI, cap. II, § 3. 5Diod. Sic., lib. II, cap. XLIII. 6Herod., lib. I, cap. CIV a CVI, y lib. IV, cap. I y XII. Diod. Sic., lib. II, cap. XLIII. 7Herod., lib. IV, cap. III y IV. Justin., lib. II, cap. V. 8Ammian. Marcel., lib. XXII, cap. VIII. 9Herod., lib. IV cap. LXII. 10Herod., lib. IV cap. II. 11Eforo citado por Strabn en el libro VII, captulo III, § 7. 12Strab., lib. VII, cap. III, § 6. 13La relacin de esta embajada se insert en Excerpta Legationum tomo I de la Coleccin de los Historiadores Bizantinos. 14Herod., lib. IV cap. LXXI y LXXII. 15Huc, Souvenirs d’un voyage dans la Tartarie pendant les annes 1844, 1845 et 1846, tom. I, cap. III. 16Strab., lib. XI, cap. VIII, § 2. 17Diod. Sic., lib II, cap. I, II, VI y VII. Justin., lib. I, cap. I. 18Strab., lib. XV, cap. I, § 2. 19Diod. Sic., lib. II, cap. XVIII. 20 Layard’s Nineveh and its Monuments tom. II. Edicin de Londres en 1849. 21 Layard’s Nineveh and its Monuments lminas 20, 23, 24, 30, 58, 61, 63, 68, 70, 77, 78 y 83, y tambin en la serie 2 publicada en 1853, lminas 18, 19, 22, 23, 26 a 31 y 33 a 37. Botta, Monuments de Nnive etc ., impreso en Pars en 1850, en las lminas 14, 68, 80, 81, 82, 85, 92, 116, etc. 22 Layard’s Monuments Nniv ., lm. 63, y lm. 21 de la 2 serie. 23dem, lm. 63. Botta, lm. 90 y 100. 24Botta, lm. 80, 83 y 118. 25Nahum, cap. II, vers. 9, y cap. III, vers. 16. 26Botta, lm. 10, n 9, 13, 22, 23 y 24; lm. 25, n 3 y 4; lm. 30, etc. Layard’s Monuments of Nniv ., lm. 2, 5, 12, 15, 17, 20, 23, 53, 54, 59, 63, 72, 77, 80 y 82. 27Botta, lm. 58, 60, 61, 64 y 65. Cuando Botta descubri los relieves representados en estas lminas, todas las figuras de los eunucos estaban enteras; pero como no fueron copiadas sino algn tiempo despus, se deterioraron tanto que el dibujante ya no pudo representarlas distintamente en las lminas. 28 Layard’s lm. 16 y 58. 29Nahum, cap. III. 30Herod., lib. I, cap. XCV y CVI. Diod. Sic., lib. II, cap. VII y XXI. Justin., lib. I, cap. III. Strab., lib. XI, cap. XVIII, § 3. 31Herod., lib. I, cap. CX. Justin., lib. I, cap. V y VI. 32Diod. Sic., lib. II, cap. XXXIII y XXXIV. Strab., lib. XI, cap. XI, § 2, y cap. XVIII, § 2. 33Apocalipsis de San Juan, cap. XVIII, vers. 11 a 13. 34Daniel, cap. I, vers. 3, 4 y 5. 35Joel, cap. III, vers. 2 y 3.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 140\ 140\ 140\ 140\ 140\36Herod., lib. I, cap. CXCVI. Strab., lib. XVI, cap. I, § 16. 37Berosus, lib. I. Babylonicorum en Athen ., lib. XIV, p. 639. 38Aristteles, Economic ., II. 39Herod., lib. I, cap. XXVIII y XXIX. Strab., lib. XV, cap. III, § 14. 40Herod., lib. I, cap. LXXVI y LXXIX. 41Plin., Hist. Nat ., lib. V, cap. XXX. 42Herod., lib. V, cap. LII a LIV. 43Herod., lib. VIII, cap. CV y CVI. 44Jenofonte, Ciropedia o Historia de Ciro lib. I, cap. I. 45Jenof., Cirop ., lib. III, cap. I y III; lib. IV, cap. V; lib. V, cap. V, y lib. VII, cap. I, IV y V. 46Herod., lib. I, cap. CLVI y CLXI. 47Herod., lib. VI, cap. XVIII, XIX, XXXI y XCVI. 48Jenof., Cirop ., lib. V, cap. I y V, y lib. VI, cap. IV. 49Jenof., Cirop ., lib. IV, cap. V. 50Diod. Sic., lib. XV, cap. XLI y XLII. 51Herod., lib. VI, cap. XCIV, CI y CXIX. 52Herod., lib. IV, cap. XCIII. 53Herod., lib. VI, cap. IX y XI. 54Herod., lib. VI, cap. XXXII. 55Diod. Sic., lib. XVII, cap. LXIX, parte 2. 56Ctesas en Athen., lib. XII, p. 530. 57Heracleides Cameus en Athen., lib. XII, p. 514. 58Athen., lib. XII. 59Herod., lib. III, cap. XCVII. 60dem, ibd., dem. 61Herod., lib. III, cap. XCII. 62Jenof., Cirop ., lib. VII, cap. V. 63Jenof., Cirop ., lib. VI, cap. II. 64Herod., lib. I, cap. CXXXVII. 65Ammian. Marcel, lib. XXIII, cap. VI. 66Jenof., Cirop ., lib. VIII, cap. VIII. 67Justin., lib. XLI, cap. II. 68Diod. Sic., Fragmentos lib. XXXIV. 69Plutarco, Vida de Craso § 26. 70Justin., lib XLI, cap. II. 71Diod. Sic., Fragmentos lib. XXV. 72Diod. Sic., lib. XIII, cap. LVII. Costumbre semejante a la de los cartagineses siguieron los antiguos galos, quienes cortaban la cabeza a sus enemigos vencidos, y la colgaban al pescuezo de sus caballos. Si aqullos eran de los ms afamados, la embalsamaban con aceite de cedro, conservbanla cuidadosamente en una caja, y ensebanla con orgullo a los extranjeros, glorindose de que ni sus padres ni ellos haban querido vender estos trofeos por mucho oro y plata que se les hubiera ofrecido. Diod. Sic., libro V, cap. XXXIX.

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JOS ANTONIO SACO /141 /141 /141 /141 /14173Strab., lib. XVII, cap. II, § 13. Justin., lib. XIX, cap. II. 74Diod. Sic., lib. XI, cap. XX a XXVI. 75Diod. Sic., lib. XIII, cap. LVII y LXII. 76Polibio, lib. III, cap. XVII. 77Diod. Sic., Fragm del lib. XXV. 78Tito Livio, Hist Rom ., lib. XXI, cap. XV. 79Mariana, Hist. de Espaa lib. II, cap. IX. 80Diod. Sic., lib. XIII, cap. LXXX; Fragm del lib. XXV, y en otros lugares. Polib., lib. I, cap. XVII, y lib. VI, cap. LII. 81Sobre los honderos baleares, vase el apndice n XX. 82Diod. Sic., lib. V, cap. XVII. 83Polib., lib. III, cap. XXIV. 84Polib., lib. I, cap. XXIX. 85Esclax en Hudson, Geographie etc 86Strab., lib. XVII, cap. II. Strabn da aqu a los cartagineses el nombre de fenicios, porque de stos descendieron aqullos. Lo mismo hace Diodoro de Sicilia en varios pasajes de su obra. 87Esclax en Hudson, Geographie etc 88Herod., lib. IV, cap. CXCVI. 89Herod., lib. IV, cap, CXCV. 90Esclax en Hudson, Geographie etc 91Herod., lib. IV, cap. CLXXXIII. 92Justin., lib XXI, cap. IV. 93Varrn, De Agricult ., lib. I, cap. I. Columela, De Re Rustica lib. I, cap. I. 94Strab., lib. III, cap. II, § 3. 95Diod. Sic., lib. V, cap. XXXVIII. 96Appianus, De Regus Punicis cap. IX. 97Diod. Sic., lib. XX, cap. XIV. 98Deuter., cap. XII, vers. 31. 99Al observar, que hablando la Biblia del culto de Moloch, emplea a veces las palabras hacer pasar por el fuego (Deuter., cap. XVIII, vers. 10, y otros pasajes), muchos rabinos las han tomado al pie de la letra, y especialmente el clebre Maimonide, quien afirma que aquella ceremonia no era ms que una lustracin, haciendo pasar los nios por entre dos fuegos. Pero es de creer que los dos usos existieron entre los cananeos, pues probablemente la lustracin reemplazaba en ciertas ocasiones el brbaro sacrificio, mientras en otras, ste se consumaba. Por eso, Moiss prohibi (Levt., cap. XVIII, vers. 21), y aun bajo pena de muerte (Levt., cap. XX, vers. 2), que los hebreos diesen sus hijos para el culto de Moloch. 100Diod. Sic., lib. XX, cap. XIV. 101Justin., lib. XXII, cap. IV. 102Diod. Sic., lib. XX, cap. XIV. 103Florus, Hist. Rom ., lib. II, cap. XV. Strab., lib. XVII, cap. II, § 13. 104Justin., lib. XVIII, cap. III. 105Justin., lib. XXI, cap. IV.

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Libro CuartoGRECIA GRECIA GRECIA GRECIA GRECIA ORGENES, NMERO, OCUPACIONES, PRECIO, CONDICI"N Y LIBERTAD DE LOS ESCLAVOSDesde las tradiciones mitolgicas de la Grecia ya se mencionan esclavos en ella, revelndose con esto lo que realmente pasaba. Pelias, rey de Iolcos en Tesalia, los tuvo en su palacio1. Medea huyendo de Corinto refugiose en Tebas, acompaada de sus ms fieles esclavas.2 Hrcules, para purificarse de la muerte que dio a sus hijos y a Ifito, fue esclavo dos veces por mandato de Jpiter y Apolo,3 y en una de ellas fue comprado por Onfala, reina de Lidia.4 Durante su cautiverio hubo en una esclava un hijo llamado Cleolao; y cuando arras la ciudad de los itones, vendi a stos como esclavos.5 Aun algunos de los mismos dioses prestronse a veces a servir a los mortales. Apolo, desterrado del cielo por la clera de Jpiter, apacent primero los rebaos de Admeto,6 y pasando despus al servicio de Laomedonte, rey de Troya, levant junto con Neptuno, desterrado tambin por Jpiter, los muros de aquella ciudad. Con tales ejemplos presentados aun por los mismos dioses, cmo no haba de fomentarse en Grecia la esclavitud? Pero salgamos de aquellos tiempos fabulosos, y entremos en los histricos. Los pelasgos, probablemente oriundos del Asia, enseoreronse de la Grecia en la remota Antigedad, y si bien es de inferirse con fundamento que esclavizaron a muchos de sus primitivos moradores, no puede afirmarse positivamente ni probarse con la historia. Sus ocupaciones pastoriles y agrcolas, segn las localidades en que habitaban; las excursiones pirticas que hacan, y algunas obras gigantescas que ejecutaron, atribuidas por eso a los cclopes, y de las que an existen vestigios en Tirinto, Micenas, Orchomene y otras ciudades: todo anuncia que ellos se sirvieron de gente esclavizada. A la invasin de los pelasgos sucedi la de los graicos o helenos, que extendindose paulatinamente por la Grecia, fueron arrojando o exterminando a muchos de aqullos, y absorbiendo o subyugando a otros.

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JOS ANTONIO SACO /143 /143 /143 /143 /143 Dcenos Herodoto7 que cuando de la Beocia emigraron al tica los pelasgos, an no haba esclavos en Atenas ni en otra parte de Grecia. Admitiendo que tal aseveracin sea cierta, las cosas tomaron despus un sesgo enteramente contrario. De las fuentes que inundaron la Grecia de esclavos, la guerra fue la ms copiosa de todas. Entre la primera invasin de los helenos y la conquista del Peloponeso por los dorios que fueron una de las tribus principales de la raza invasora, corrieron los siglos llamados heroicos, y desde entonces, si no antes, ya tuvieron los griegos guerras exteriores e interiores. Unas y otras les dieron esclavos, si bien las primeras menos que las segundas, porque ni fueron tan frecuentes ni siempre vencieron los griegos. Homero pintando fielmente en sus poemas inmortales las costumbres de la edad heroica, representa la esclavitud, as en el campamento griego al pie de los muros de Troya, como en las escenas de la vida domstica. Esclavizada fue por Aquiles la hermosa joven Briseis,8 y su clera naci de haberle Agamenn despojado de ella. Deseando ste aplacarle, ofreciole grandes presentes, y entre ellos siete esclavas de Lesbos, de noble raza. Ofreciole tambin restituirle a su cautiva Briseis, motivo de su clera, y darle a su eleccin, cuando Troya cayese, 20 jvenes troyanas las ms bellas despus de Elena.9En las tiendas de Aquiles, Agamenn, y de otros muchos caudillos abundaron las esclavas, fruto de lo que salteaban aquellos guerreros en los pueblos y campos de la Trade,10 pues si comnmente se mataba a los hombres prisioneros, reservbanse las mujeres y los nios para el servicio o para otros fines del vencedor.11Agamenn animaba sus guerreros al combate contra los troyanos, dicindoles: “Nosotros destruiremos sus murallas, y llevaremos como esclavas a nuestras naves sus mujeres e hijas”.12 Y de tan dura suerte no las libraba ni el peso de los aos, ni el ilustre nacimiento, ni la posicin ms elevada. Al predecir Hctor a su esposa la ruina de Troya, la idea que ms le atormentaba, era la futura esclavitud de ella. “¡Un griego, as prorrumpe el hijo de Pramo, un griego cargara a Andrmaca de cadenas y la llevara en sus naves cautiva y desesperada! Esclava en Argos, t hilaras con la rueca bajo las leyes de una ama imperiosa; moribunda de pena y de miseria, sacaras el agua de las fuentes de Messeis y de Hipercas”.13 Y cuando la infeliz Andrmaca vio el cadver de su esposo, exclam con acento lastimero: “Al perderte, querido Hctor, Ilin ha perdido su fuerza y su apoyo... ¡Desgraciadas troyanas! bien pronto las naves las llevarn como esclavas a las playas extranjeras... y yo misma con ellas... Y t, hijo mo, t seguirs a tu desolada madre: esclavo de un tirano odioso gemirs encorvado bajo el peso de los ms viles trabajos”.14

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 144\ 144\ 144\ 144\ 144\ Muchos siglos despus de la guerra de Troya acaecieron las dos invasiones persas, tan clebres en la historia; y aunque sangrientas y gloriosas para Grecia, sta o no hizo entonces esclavos, o a lo menos fueron tan pocos, que apenas se habla de prisioneros. Trasladose despus al Asia Menor el teatro de la guerra, y all s hubo mucha gente esclavizada. En la toma por asalto de Taso, ciudad aliada de los atenienses en la provincia de Caria, el espartano Lisandro dio muerte a todos los varones en estado de empuar las armas, vendiendo en pblica subasta a las mujeres y nios.15Viose tambin que los persas hechos prisioneros en Frigia, todos fueron mandados vender desnudos en Efeso por Agesilao, rey de Lacedemonia. Presentose muchedumbre de compradores para sus vestidos; mas, a la vista de aquellos cuerpos blancos y delicados, que educados siempre a la sombra no tenan vigor, nadie quiso comprarlos, desprecindolos como intiles.16 Si, pues, estos prisioneros no fueron vendidos, debiose a su inutilidad y no, a la clemencia del vencedor. Mucho ms fecundas en esclavos fueron las guerras civiles. Triste es recordar que la Grecia fue casi siempre destrozada por ellas desde los siglos heroicos hasta la prdida de su independencia, y que en tan largas lides el griego vencedor mataba o esclavizada al griego vencido. Segn Teopompo, historiador contemporneo de Aristteles, los lacedemonios y los tesalos fueron los primeros pueblos de Grecia que esclavizaron a los griegos prisioneros.17Los lacedemonios arrastraron las mismas cadenas que haban preparado para los tejates en Arcadia, bajo la equvoca respuesta del orculo de Delfos.18Cuando las tropas de Argos arrasaron a Micenas, redujeron a esclavitud a todos sus habitadores, habiendo consagrado al dios de Delfos la dcima parte de ellos.19 Conducta igual siguieron los atenienses en los triunfos que alcanzaron sobre los beocios y calcidios. Adems de los que mataron, hicieron a los primeros 700 prisioneros, y un nmero incierto a los segundos: cargados fueron todos de cadenas; pero rescatronse al fin al precio de 2 minas20 por cabeza, y del producto de este rescate consagraron los atenienses la dcima parte a los dioses.21Durante la terrible lucha del Peloponeso en que partida la Grecia en dos mitades, una march contra otra bajo las banderas de Esparta y de Atenas, vemos continuamente a los prisioneros, o muertos o esclavizados por el vencedor. Los lacedemonios degellan en Platea 225 hombres, y venden las mujeres;22 pero menos crueles en Metymne, slo esclavizan a los atenienses que defendan aquella ciudad.23 stos vendieron en Thyrea a todos los habitantes.24 Lo mismo se hizo con los nios y las mujeres en Torone,25 Scione, Melos y otros puntos, sin dar cuartel a los hombres.26 Divididos en bandos los hijos de Corcira, tam-

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JOS ANTONIO SACO /145 /145 /145 /145 /145 bin fueron esclavizadas las mujeres, despus de horrible matanza entre los hombres.27Colonizada por los griegos la isla de Sicilia, sta acostumbr esclavizar a sus prisioneros de guerra. Deseando conquistarla los cartagineses, invadironla por primera vez en el quinto siglo antes de Jesucristo; pero sus tropas fueron completamente destrozadas, y tan grande fue el nmero de prisioneros reducidos a esclavitud, que siciliano hubo a quien tocaron ms de 500 esclavos cartagineses.28Invadida tambin la Sicilia por los atenienses para reconquistarla, los habitantes de Hycara fueron esclavizados y vendidos en 120 talentos;29 pero efmero el triunfo de aqullos, pronto expiaron su temeridad. Batidos por los siracusanos, y muertos los generales Nicias y Demstenes, los prisioneros fueron echados en unas canteras para que no pudieran escaparse.30La pluma sombra de Tucdides pinta la horrible situacin de aquellos infelices. “Los siracusanos empezaron por tratar muy duramente a los prisioneros que estaban en las canteras. Hundidos estos desgraciados en un lugar profundo y descubierto fueron desde luego atormentados por el calor del sol y por un aire sofocante; las noches frescas del otoo, cambiando despus sus padecimientos en padecimientos contrarios, causronles nuevas enfermedades. Estaban forzados a satisfacer en un lugar muy estrecho todas las necesidades de la vida. Los muertos yacan amontonados, vctimas unos de sus heridas, y otros de las variaciones que haban experimentado. Respirbase un hedor intolerable, y los prisioneros eran a la vez atormentados de la sed y del hambre. Diose a cada hombre durante ocho meses una cotila31 de agua y dos de trigo. Soportaron en fin todos los males que se deben sufrir en semejante lugar. As permanecieron amontonados por espacio de 70 das. Retvose despus solamente a los atenienses y a los de Sicilia e Italia que haban con ellos llevado las armas; los dems fueron vendidos. Imposible es decir exactamente el nmero de hombres que fueron hechos prisioneros, pero no baj de 7 000”.32Plutarco afirma que a muchos de los prisioneros vendidos se les estamp en la frente la figura de un caballo. Menciona tambin que algunos de esos esclavos debieron su libertad a los versos de Eurpides, porque los sicilianos eran tan entusiastas de las obras de este poeta, que cuando los extranjeros que arribaban a su isla les llevaban fragmentos de ellas, aprendanlos de memoria y se los comunicaban unos a otros. Cuntase que muchos de los prisioneros que volvieron a su patria visitaron a Eurpides para darle las ms rendidas gracias como a su libertador: unos, porque haban sido puestos en libertad por haber enseado a sus amos los versos que saban; y otros, porque errantes en los campos despus de su derrota, reciban alimento de aquellos sicilianos a quienes cantaban sus versos.33

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 146\ 146\ 146\ 146\ 146\ Estos golpes de la fortuna no cambiaron la conducta de los griegos. En las luchas posteriores, Medio, soberano de Larissa en Tesalia, hizo arrastrar las cadenas de la esclavitud a los habitantes de Farsalia;34 y los fcidas a los de la ciudad de Thronium durante la guerra sagrada.35 En medio del estruendo de las armas, alguna vez reson la voz de la clemencia. Cuando el espartano Calieratidas sorprendi a Methymna y la dej saquear por sus soldados, opsose a que sus habitantes fuesen vendidos. “Mientras yo mandare, dijo, ningn griego ser esclavizado”. Nobles palabras que en toda Grecia slo encontraron imitadores en el gran Epaminondas y en Pelpidas, quienes en los combates que libraban por la supremaca de Tebas, dejaban su libertad a los prisioneros de guerra.36Sin el estrepitoso aparato de la guerra, la piratera tan comn en los pueblos martimos de la Antigedad37 fue otro manantial de esclavitud. Antes del sitio de Troya, el mar Egeo estaba infestado de piratas, que asaltando los buques y las costas, esclavizaban la gente que cogan. Minos, rey de Creta, los persigui y lanz de sus guaridas en lo posible,38 promulg leyes martimas que adoptaron los griegos, y confi a los argonautas la vigilancia de los mares del norte de la Grecia y del Ponto Euxino; pero como la piratera era entonces lucrativa y honrosa,39 los mismos encargados de perseguirla convirtironse en piratas. Hubo un tiempo en que el Ponto Euxino que hoy se dice mar Negro, llamose Axeno, esto es, mar inhospitalario, pero despus que los griegos colonizaron sus costas, y que se pudo navegar en l con alguna seguridad, denominose Ponto Euxino o mar hospitalario. Los zigios, hemochios y acheos, habitantes de una costa montaosa del Cucaso, y casi sin puertos fueron dados a la piratera, y en naves angostas, ligeras, armadas de 25 hombres, y raras veces de 30, salan en flotas a robar los buques mercantes, y saltear las ciudades y costas del Euxino. Apoderbanse en las tierras extranjeras de lugares pantanosos para retirarse a ellos con sus camarae que as se llamaban sus naves de donde salan da y noche para hacer esclavos; y cuando los tenan asegurados, prestbanse fcilmente a su rescate, indicando a los parientes el paraje donde haban sido transportados los cautivos. Parece que a una de esas tribus de piratas se le dio el nombre de acheos, porque los acheosphthiotas que siguieron a Jasn en su famosa expedicin, se establecieron en aquella parte de la costa a la que ellos llamaron Achea.40En el mismo Ponto Euxino se halla el golfo llamado antiguamente Salmydessus, playa desierta, pedregosa, sin puertos, muy expuesta a los vientos del norte, y que se extiende por el espacio de 23 leguas entre la antigua ciudad de Andriacea o Andracea y los dos islotes Cyaneos cerca del estrecho de Bizancio. En ese golfo naufragaban los buques, y ellos y sus tripulaciones eran robados por los asti, pueblo de Tracia que habitaba cerca de la costa.41

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JOS ANTONIO SACO /147 /147 /147 /147 /147 Largo tiempo ejercitaron los griegos la piratera por mar y tierra; pues aun continuaba en los das de Tucdides;42 repartanse el botn entre s; y en sus asaltos preferan las hembras a los varones, no slo porque las vendan, sino porque tambin las destinaban a su servicio o a sus placeres. Sin haber cesado disminuy la piratera con el progreso de la civilizacin. El mismo engrandecimiento de la Grecia haba alimentado la necesidad de esclavos, y estimulando el inters a griegos y extranjeros, las personas libres que ellos sorprendan en sus asaltos, o eran vendidas, o arrancbanles un rescate tanto ms considerable, cuanto mayor era su importancia o su riqueza. No atin la ley a impedir estos males, porque si, de una parte, quiso enfrenar al pirata, de otra, foment la piratera, pues mand que el hombre libre vendido por aqul permaneciese esclavo hasta que l mismo se rescatase, u otro por l lo hiciese.43 Persiguiendo Nicostrato a tres de sus esclavos prfugos cay en poder de unos piratas, y vendido por ellos en Egina, no alcanz su libertad sino al precio de 26 minas.44 Por 9 talentos logr la suya Anfiloco, enviado de Filipo para salvar unos prisioneros.45 Esclavizado por piratas fue Digenes tambin, y vendido en Corinto, muri enseando a los hijos de su amo Jeniade.46 En detrimento del rico Polichares, natural de Mesina, su socio, el espartano Evephne, venda a los negociantes de Sicilia el ganado y los pastores que lo apacentaban, y para ocultar su hurto, atribualo a los piratas;47 pero este mismo engao prueba la frecuencia de la piratera. Al robo de hombres libres para esclavizarlos, o de esclavos ajenos para servirse de ellos o venderlos, llamaron plagio los antiguos romanos; y antes que ellos, cometieron los griegos este delito. Al mercado de Tesalia acudieron muchos comerciantes a comprar no slo esclavos, sino personas libres robadas para venderlas en otros pases.48 A fin de reprimir tales demasas, la ley de Atenas impuso pena de muerte al vendedor de persona libre o esclavo ajeno;49 y el Tribunal de los Once persigui y castig a los plagiarios.50 Mas, a pesar de las prohibiciones, hubo en Grecia hombres y mujeres y aun esclavos, que robaban nios, ya en las casas, ya en el tumulto y confusin de las fiestas y juegos pblicos.51Adems de las mencionadas, hubo otras fuentes de esclavitud, si bien fue cegada una de ellas, pues ya los griegos no se vendan mutuamente sus mujeres, como acostumbraron hacerlo sus brbaros progenitores.52Origen de esclavitud en Grecia fue tambin la pobreza, porque el hombre, para asegurar su subsistencia, venda en ciertos casos su libertad. Con ella responda el deudor de sus deudas, y si no las pagaba, el acreedor poda venderlo o emplearlo en su servicio. “Los pobres, dice Plutarco, abrumados de las deudas que haban contrado con los ricos,

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 148\ 148\ 148\ 148\ 148\ estaban obligados a cederles la sexta parte del producto de sus tierras; y por eso se les llam sesenarios y mercenarios: o bien, reducidos a empear sus propias personas, se entregaban a sus acreedores, quienes los retenan como esclavos, o los mandaban vender en pases extranjeros. Veanse muchos forzados a vender aun a sus hijos, pues ninguna ley lo prohiba, o se huan de su patria para librarse de la crueldad de los usureros”.53No contenta la legislacin de Soln con abolir la esclavitud por deudas, y libertar a los esclavizados por ellas, anul tambin todas las que haban contrado los pobres, y abri las puertas de la patria a los prfugos deudores.54 Algunos autores de la Antigedad piensan que Soln no aboli las deudas, sino que solamente redujo los intereses; pero la mayor parte de ellos opinan de un modo contrario, y este juicio lo confirman las mismas palabras de Soln, cuando dice. “El territorio de Atenas, antes esclavo, es libre ahora: los ciudadanos que haban sido adjudicados a sus acreedores, unos han vuelto de los pases extranjeros, en donde se les haba vendido, y en donde haban andado errantes tan largo tiempo, que ya no entendan la lengua tica; y otros puestos en libertad en su propio pas, en donde estaban reducidos a la ms vergonzosa esclavitud”.55Antes de Soln, la ley y la costumbre permitieron a los padres la venta de los hijos; pero aquel legislador la prohibi, concedindoles solamente que pudiesen hacerla, lo mismo que los hermanos, cuando sorprendieran a la hija o a la hermana en el acto de perder su honestidad.56No obstante la prohibicin general, casos lastimosos hubo en que se quebrant. Reducida Megara con la guerra del Peloponeso a la ms grande miseria, un padre vendi en Diceopolis a sus dos hijos por algunos ajos y un poco de sal.57El padre indigente que expona su hijo recin nacido, era castigado en Tebas con pena de muerte, porque no usaba del derecho que tena de presentarlo al magistrado. ste, hecha que fuese la presentacin, entregbalo como esclavo a la persona que por l le ofreca aun la ms pequea cantidad.58De los metecos aunque en corto nmero, salieron tambin algunos esclavos en Grecia. Diose tal nombre o el de inquilino al extranjero domiciliado en Atenas, y su condicin fue muy inferior a la del ciudadano griego. El arepago cuidaba mucho de que ningn extranjero viviese en aquella ciudad sin justo motivo. Poco generosas con el meteco las leyes de Atenas, obligronle a nombrar un patrono de entre los ciudadanos atenienses, por medio del cual haba de ejercer todos los actos de la vida civil.59 Esta dura condicin provino de que en los tiempos primitivos de Atenas, los plebeyos o ciudadanos de baja esfera eran maltratados, y para huir de las vejaciones que sufran, buscaban la proteccin de algn

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JOS ANTONIO SACO /149 /149 /149 /149 /149 poderoso. Este patronato ces con la legislacin de Soln; pero se estableci para los inquilinos o metecos, quienes, adems de otras cargas, deban pagar al Estado, as en Atenas como en todo el tica,60 un tributo anual de 12 dracmas, si eran varones, y de 6, si hembras.61 Cuando los metecos no pagaban este tributo, eran acusados judicialmente,62 y en castigo de su culpa, no slo perdan todos sus bienes, sino que eran condenados a esclavitud.63 ranlo tambin, cuando alguno de ellos se casaba, de cualquier modo que fuese, con mujer perteneciente a la clase de los ciudadanos;64 o cuando se inscriba en el censo de stos y se le probaba que era meteco.65Aunque su nmero fue en Atenas de 10 000 en tiempo de Demetrio Falerio, arconte de aquella ciudad, nombrado 318 aos antes de Cristo,66parceme que los metecos esclavizados seran pocos, porque severa la ley de Atenas, ellos temeran quebrantarla para no caer en tal estado. Fue la reproduccin otro de los modos de adquirir esclavos, pues el hijo de stos naca tambin esclavo; pero tal medio fue poco fecundo, porque si en los tiempos heroicos, el esclavo nacido en casa del amo fue el ms estimado de todos, no as cuando la civilizacin griega alter las costumbres primitivas. A esa poca estimacin juntronse otras causas, y fueron: la desigualdad de los sexos, pues haba menos hembras que varones: los obstculos que generalmente presenta la esclavitud para una copiosa reproduccin, ora por rendirse la naturaleza al peso del trabajo, ora porque muchas madres, no queriendo dar a luz hijos esclavos como ellas, han empleado en todos tiempos medios culpables para quedar sin prole; los inconvenientes del embarazo, en cuyo perodo carece el amo del servicio de la esclava; los peligros que sta corre con el parto, pues a veces puede morir; los gastos de criar los esclavillos hasta la edad en que sean tiles; y, por ltimo, la facilidad y baratura con que se compraban esclavos en edad adulta, as en los mercados griegos, como extranjeros. De aqu fue, que Heriado considerase el nacimiento de ellos ms bien como gravoso que til a los amos, y que aconsejase a los griegos con perjuicio de la moral, que impidieran el enlace de sus esclavos.67Lo que s dio a stos mucho incremento fue el trfico que hicieron los griegos desde tiempos muy remotos. En el sitio de Troya, ni siempre se mat a los prisioneros, ni siempre el vencedor los destin a su servicio. Aquiles vendi por 100 bueyes al joven Lican, hijo de Pramo,68 y el mismo hroe confiesa que antes de la muerte de su amigo Patroclo se complaca en perdonar la vida a los troyanos, vendiendo como esclavos a muchos de ellos.69 Vencida Troya, Hcuba, la triste viuda de Pramo, lamentaba la prdida de sus hijos, muertos unos en la guerra, y vendidos otros en las islas de Imbros, Samos, y Lemnos.70 De esta ltima arribaron a las playas de Troya naves cargadas de vino que los griegos permutaron por hierro, bronce, bueyes, pieles y esclavas.71

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 150\ 150\ 150\ 150\ 150\ Engrandecida la Grecia, fue creciendo el trfico de esclavos, y en l se mezclaron, no slo sus hijos, sino tambin extranjeros, bien sacndolos de ella para otras tierras, bien importndolos. Viose que aquellos traficantes andaban de pueblo en pueblo, comprando y vendiendo su vil mercanca; y como eran poco estimados, y tenidos por hombres de mala fe, fue preciso tomar medidas para impedir las astucias y fraudes de que se valan en sus tratos, ocultando los defectos y vicios de los esclavos. De aqu la necesidad de inspectores y jueces encargados de vigilar e impedir aquellos fraudes y malicias que se cometan en estos mercados; y de aqu tambin todas las precauciones que tomaban los compradores, haciendo desnudar, correr y saltar los esclavos, y aun sometindolos al reconocimiento de un mdico. Si a pesar de todo esto, se descubra algn engao en las calidades fsicas o morales del esclavo, el comprador tena derecho a devolverlo.72Realizada la venta, la mujer del comprador, para hacer grata su casa al nuevo esclavo que entraba en ella, derrama sobre su cabeza algunas frutas secas y otras golosinas.73Para conocer la extensin que tom este comercio, preciso es indicar los diferentes pases que a l contribuyeron. Mencin especial merecen Sbaris y Tarento, colonias clebres de la Magna Grecia, donde abundaron los esclavos de lujo.74 Del Egipto exportronse no slo algunos criminales condenados, sino negros que, sin serlo,75 fueron al principio esclavos muy estimados por su escasez y su color.76 Entre las de Sicilia cuntase la cortesana Lais, enviada al Peloponeso;77 y aqu debo recordar que el esclavo ms clebre que sali de aquella isla o de otro punto alguno de la tierra, fue el gran filsofo Platn. Habiendo en sus viajes visitado la Sicilia, fue al principio bien acogido por Dionisio, el Anciano, tirano de Siracusa; mas, ofendido de su franqueza, hzole vender como esclavo en pblico mercado. Comprole en 20 minas Anniceris, filsofo de Cirene, ciudad que despus de Cartago era entonces la ms comerciante de frica, y donde se acostumbraba regalar a muchos de los convidados el esclavo que les serva en el banquete que daba el sacerdote de Apolo.78 Generoso Anniceris, dio a Platn la libertad, sin haber querido recibir el dinero que en rescate le ofrecieron los amigos de aquel filsofo.79Sacronse tambin de Tracia, cuyos habitantes vendan sus hijos por sal,80 y en mayor nmero de la isla de Chos, donde hubo muchos esclavos.81 Samos, Chipre, Lidia y otras partes del Asia Menor, contribuyeron igualmente al trfico de Grecia. Fue sta una de las naciones ms colonizadoras de la Antigedad. Mileto, capital de la Jonia, fue la madre de ms de 80 colonias que asentaron los griegos82 en el Asia Menor, en las costas del Helesponto, de la Propntide, del Ponto Euxino y del Palus-Meotis. Entre las importantes ciudades que fundaron en estos dos ltimos mares, contbanse

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JOS ANTONIO SACO /151 /151 /151 /151 /151 Panticapea (hoy Kerch), en la embocadura del Palus-Meotis, Fanagoria en el lado opuesto, quedando aquella primera ciudad en Europa, y sta en Asia; Tanais, en la boca del ro de este nombre; y Dioscurias, en la Colchida, no lejos de las mrgenes del Faso.83Desde estos puntos abarcaron los griegos todo el comercio de aquella regin, y abrieron importantes relaciones con los pueblos de las costas del mar Negro y con otros del interior. Los escitas que ocupaban en ellas el espacio comprendido entre el Ister o Danubio y el Palus-Meotis, hoy mar de Azof, tuvieron muchos esclavos, y en venderlos a los griegos consista una parte de su comercio. Hacanse adems continua guerra las tribus del Cucaso, y el inmenso nmero de prisioneros esclavizados bajaba a las colonias griegas por las aguas del Faso, del Hipanis y del Tanais. La ciudad de este nombre fue un punto de comercio entre los pueblos nmadas de aquellas regiones y los negociantes civilizados del medioda, quienes en cambio de sus telas, vinos y otros artculos, reciban pieles, esclavos y otros efectos.84La colonia de Olbia, situada en tierras de los escitas nmadas, orillas del Boristene, fue un mercado considerable de los antiguos griegos en el mar Negro, pues, aunque algo distante de la costa, las barcas llegaban hasta aquel punto.85Pero mercados ms famosos fueron todava Panticapea, Fallagoria y Dioscurias, siendo este ltimo tan concurrido, que, segn Strabn, se juntaban en sus ferias 70 tribus de lenguas diferentes, y hasta 300 segn otros.86 En medio de tanta variedad de esclavos, los griegos dieron la preferencia a los de las naciones civilizadas del Asia, pues menos brbaros que los del norte y de otros pases, no slo eran ms aptos para el servicio, sino que, acostumbrados al despotismo oriental, soportaban mejor la esclavitud. Empero, los griegos, al paso que importaron, tambin exportaron esclavos. Ya desde los tiempos de Homero llevronlos a Sicilia.87 Del Peloponeso, de otras partes de Grecia, y de la Jonia vendironse a los corrompidos pueblos del Asia cantarinas, bailarinas, flautistas y citaristas, de las que tuvo muchas el voluptuoso Straton, rey de Sidonia.88 Griegos hubo que se dieron al infame negocio de comprar nias hermosas para traficar con su belleza en la edad adulta, y venderlas despus con gran provecho.89 A tanto lleg la disolucin, que la ley de Atenas se vio forzada a castigar con la misma pena al comprador que al padre, hermano, to o tutor que venda para placeres carnales, a la hija, la hermana, sobrina o pupila que tena bajo de su direccin.90Las esclavas cortesanas exponanse en Atenas para su venta en el templo de Venus, el da de las Afrodisas;91 y en los tiempos corrompidos de la Grecia llegaron a venderse hasta en los banquetes y orgas.92 Para conservar la belleza de las jvenes esclavas, traficantes hubo que las

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 152\ 152\ 152\ 152\ 152\ sometieron a una operacin vergonzosa, privndolas para siempre del dulce nombre de madres.93 Y, sin embargo, como por cada esclavo vendido se pagaba una contribucin al Estado, la ilustre Atenas, en vez de castigar a esos malvados, cubralos con su proteccin. Ya hemos en las pginas precedentes examinado los orgenes de la esclavitud en Grecia, y si mezquinos unos, otros fueron abundantes. No es posible averiguar, en poca alguna de su historia, a cunto ascendieron los esclavos, e importante sera saberlo, porque en razn directa de su mayor o menor nmero, debi de estar la influencia que ejercieron as en el orden material, como en el moral y poltico de aquella nacin. Pocos hubo en los tiempos heroicos, y extraordinario fue que en el palacio de Alcinoo, rey de los feacios, se emplearon 50 mujeres94 y nmero igual de ellas en el de Ulises en taca.95 Los millares de esclavos que ste contaba entre las riquezas96 que haba tenido, exageraciones son inadmisibles. La sencillez de las costumbres de aquella edad no exiga la muchedumbre servil de los siglos posteriores, y tanto menos cuanto las ocupaciones de todo gnero, lejos de envilecer, honraban a quien las ejerca. Al trabajo consagr Hesodo su principal poema intitulado “Las obras y los das”, e impsole a su hermano como un deber. “As los dioses como los hombres, dice, detestan al que vive en la ociosidad, semejante a los znganos desalmados que devoran el producto de las abejas, sin hacer ellos nada por s... Con el trabajo, t sers ms caro a los inmortales y a los hombres, porque ellos aborrecen a los ociosos. En el trabajo no hay oprobio, pero s, en la ociosidad”.97No fueron perdidas mximas tan saludables, pues a excepcin de algunas tribus helnicas que rehusaron el trabajo para darse a los ejercicios de la guerra, casi todas las adoptaron. Si no antes que Hesiodo, a lo menos contemporneamente a l, Homero recomend tambin el trabajo en sus poemas elogiando a los artesanos que se distinguan en su profesin. l celebra a Fereclo, hbil constructor de la fatal nave de Paris,98 al armero Tichio que forj el impenetrable escudo de Ayax,99 y a otros muchos artesanos.100 Patroclo preparaba en la tienda de Aquiles la comida de su amigo,101 y este hroe cortaba con sus propias manos las carnes para su banquete.102 Ni aun las personas reales desdearon el trabajo. Andrmaca echaba la cebada a los corceles de Hctor, y en los momentos mismos en que ste caa bajo los golpes de Aquiles, ella labraba un lienzo magnfco en el fondo de su palacio.103 Elena represent en una hermosa tela los trabajos de los griegos y troyanos, y los sangrientos combates de que ella era la causa;104 y mientras la fiel Penlope lloraba la ausencia de Ulises, aliviaba sus penas con la rueca y con el huso, o tejiendo el velo en que deba envolver el cadver de Laertes.105

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JOS ANTONIO SACO /153 /153 /153 /153 /153 Muy comn era en aquella edad, que personas libres no slo se sirviesen a s mismas, sino que se dieran en alquiler para trabajar en los campos y en las ciudades. Esta laudable costumbre fue un dique levantado contra la esclavitud; y fuera de algunos personajes, pocas seran las familias que poseyeran esclavos; mas, aquel dique se rompi con las nuevas ideas y con el nuevo modo de vivir que adoptaron los griegos en tiempos posteriores. A las guerras civiles y extranjeras, y al incremento del comercio, juntronse otras causas, siendo entre ellas la primera la organizacin poltica de los dos Estados principales de la Grecia. Esparta y Atenas, aunque asentadas sobre bases muy opuestas, propendieron por distintos fines al aumento de los esclavos. Prohibi Licurgo en Esparta al ciudadano todas las ocupaciones agrcolas, fabriles y mercantiles, dedicndole exclusivamente al desempeo de las funciones pblicas y a los ejercicios de la vida militar.106Siglos dur la legislacin de Licurgo;107 y tan arraigados estuvieron sus principios en el corazn de los espartanos, que hallndose uno de stos en Atenas, a la sazn de ser condenado all un ciudadano por ocioso, l se asombr de que se castigase a un hombre libre, por no haber querido envilecerse con el trabajo.108 Esparta, pues, para satisfacer sus necesidades, viose forzada a recostarse enteramente sobre el trabajo ajeno; pero como al mismo tiempo recomend Licurgo en su repblica la frugalidad, y prohibi el lujo y aun el uso de las monedas de oro y plata,109los espartanos carecieron de recursos para comprar esclavos, y muy pocos en verdad fueron los de este modo adquiridos, pues no hubo en Laconia quienes en ellos comerciasen.110 Llenose, empero, este vaco con los vencidos pueblos de la Laconia y la Mesenia, pueblos que reducidos en masa a la condicin de siervos, y ms duramente tratados que los esclavos de otras partes de la Grecia, justifican el testimonio de Tucdides, cuando dice que Lacedemonia fue la que tuvo ms esclavos entre todos los Estados griegos.111Alter Soln el gobierno de Atenas introduciendo el elemento popular en l.112 Conociendo la esterilidad del tica, vio que ella ni poda alimentar una poblacin ociosa, ni engrandecerse con slo la agricultura. Dirigi, pues, todos sus esfuerzos a convertirla en pas industrial; y para conseguirlo, priv al padre que no enseaba algn oficio a su hijo de los socorros que ste deba darle en su vejez; bajo pena de infamia, impuso a todo hombre libre la obligacin de trabajar;113 y recomend al arepago el cumplimiento de esta ley, que l tom del Egipto, y la que todava se observaba en tiempo de Herodoto.114 De este modo hizo que el trabajo fuese la base del Estado, y que Atenas poca necesidad tuviese de esclavos. Pero este mismo espritu laborioso de los ticos, al paso que foment la industria y el comercio, y con ellos la riqueza y el lujo, dio tambin un fuerte impulso al incremento de los esclavos.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 154\ 154\ 154\ 154\ 154\ Influy tambin poderosamente en este incremento el cambio doloroso que los desastres de la guerra del Peloponeso ocasionaron en el gnero de vida de los habitantes del tica. “Los atenienses, dice Tucdides, vivieron por largo tiempo en la independencia de los campos; y despus que se reunieron en una sola ciudad, conservaron sus antiguos hbitos. Los progenitores y sus descendientes hasta la presente guerra nacieron y vivieron generalmente en familia y en medio de sus campos; no mudaban voluntariamente de domicilio, sobre todo, despus de la guerra mdica, porque se hallaban poco distantes de la poca en que haban vuelto a su antigua mansin. Con pena, pues, y aun con sentimiento de dolor, abandonaron sus hogares y sus templos; porque los miraban, segn su antigua manera de vivir, como una herencia paternal, y al adoptar un nuevo gnero de vida, creyeron abandonar su patria”.115Pas la guerra del Peloponeso; pero ellos no volvieron a los campos, y aun los mismos que conservaron sus tierras, en vez de cultivarlas como antes con sus propias manos, valironse generalmente de esclavos.116Establecidos en Atenas los antiguos propietarios, la agricultura careci de los brazos libres que la haban antes fecundado, y para llenar este gran vaco fue preciso acudir a los esclavos. Es verdad, que durante aquella guerra algunos de stos perecieron por el hierro enemigo, y por la peste de Atenas, y que ms de 20 000, artesanos la mayor parte, se fugaron a Decelia, punto fortificado por los lacedemonios.117 Pero hecha la paz, el tica se repuso de sus pasados quebrantos, y elevndose a un alto grado de esplendor en que permaneci hasta la batalla de Queronea, la esclavitud cobr tambin nuevas fuerzas en ese perodo. Y como si esto no bastara a fomentarla, contribuy al mismo fin el menosprecio con que ya se mir en Grecia el ejercicio de las artes mecnicas y del comercio. “Yo no podr, dice Herodoto, afirmar si los griegos tomaron esa costumbre de los egipcios, porque la encuentro establecida en los tracios, escitas, persas, lidios, en una palabra, porque entre la mayor parte de los brbaros, los que aprenden las artes mecnicas, y aun sus hijos, se consideran como los ltimos de los ciudadanos; mientras que se estima como ms noble a los que no ejercen ningn arte mecnico, y principalmente a los que se han dedicado a la profesin de las armas. Todos los griegos han sido educados en estos principios, y particularmente los lacedemonios; sin embargo, yo excepto de este nmero a los corintios, que aprecian mucho a los artesanos”.118Platn quera que se castigase al ciudadano que se daba al comercio;119 y en Tebas la ley alej de las funciones pblicas, no slo a los que lo practicaban, sino tambin a los que no haban dejado de ejercitarlo diez aos antes.120

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JOS ANTONIO SACO /155 /155 /155 /155 /155 El mismo Soln, que no mir el trabajo con oprobio ni desdn, priv de las funciones pblicas a la clase de mercenarios, que era la cuarta del Estado.121Scrates, muy distante de participar de la general preocupacin, la combati, procurando realzar el trabajo. “Entre las personas libres [as dice], cules os parecen ms felices, aquellas que viven en la ociosidad, o las que se ocupan en las cosas tiles que saben? Pensis que la molicie y la ociosidad ayudan mucho a aprender lo que conviene saber, a retener lo que se ha aprendido, a conservar la salud, a fortalecer el cuerpo, a procurarse la comodidad, a mantenerla; y que el trabajo y la aplicacin para nada sirvan?... A quin llamaremos sabios? Sern los perezosos o los hombres ocupados en tiles objetos? Quines son los ms justos, aquellos que trabajan o los que suean con los brazos cruzados en los medios de subsistir?”122Pero ningn eco tuvo la voz de este filsofo, y ni aun sus ms clebres discpulos pensaron como l. El orador Diofante se atrevi un da a proponer en la Asamblea de Atenas, que se declarase esclavos pblicos a todos los hombres libres que se humillasen hasta el punto de hacerse artesanos.123Jenofonte se expresa contra los artesanos en los trminos siguientes: “Condenados por lo general a estar sentados, a vivir en las tinieblas, y aun algunas veces cerca de un fuego continuo, aquellos que las ejercen [las ocupaciones], y los que las aprenden, arruinan absolutamente su salud; y el cuerpo enervado de una vez, es el alma capaz de grande energa? En tal estado ya no se tiene tiempo de hacer nada, ni para sus amigos ni para la sociedad; de manera que tales hombres se consideran como malos amigos y malos defensores de su pas. As, en algunas repblicas, principalmente en aquellas que se sealan por la gloria de las armas, se prohbe a todo ciudadano el ejercicio de alguna profesin mecnica”.124No fue menos explcito ni severo el juicio de Platn contra los artesanos y tenderos. “La naturaleza, dice, no ha hecho zapateros ni herreros; semejantes ocupaciones degradan a quienes las ejercitan: viles mercenarios, miserables sin nombre que son excluidos, en razn de su estado, de los derechos polticos. En cuanto a los comerciantes, acostumbrados a mentir y a engaar, no se les sufrir en la ciudad sino como un mal necesario. El ciudadano que se envileciere, hacindose tendero, ser perseguido por este delito; y si se le probare, ser condenado a un ao de prisin. El castigo ser doble a cada reincidencia”.125Opinin general era, en tiempo de Aristteles, que en un Estado bien constituido, los ciudadanos deban tener con qu satisfacer las primeras necesidades de la vida, para no ocuparse en ellas:126 que el trabajo de los artesanos y de todos aquellos que ganan un salario, quita al

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 156\ 156\ 156\ 156\ 156\ pensamiento toda actividad y toda elevacin;127 y que por eso en algunos Estados se excluy a los obreros de las funciones pblicas, a las que no pudieron llegar sino en medio de los excesos de la democracia.128 El mismo filsofo, dando ms extensin a sus ideas, desenvuelve su teora en los trminos siguientes: “Es cierto que no se debe elevar a la clase de ciudadanos a todos los individuos de quienes el Estado tiene necesidad. As los nios no son ciudadanos como los hombres: stos lo son de una manera absoluta, aqullos en esperanza, ciudadanos sin duda, pero ciudadanos imperfectos. En otro tiempo, en algunos Estados, todos los obreros eran o esclavos o extranjeros; y en la mayor parte, hoy sucede lo mismo. Pero la constitucin perfecta jams admitir al artesano entre los ciudadanos. Si del artesano se quiere hacer tambin un ciudadano, desde entonces la virtud del ciudadano, tal cual la hemos definido, debe entenderse, no de todos los hombres de la ciudad ni tampoco aun de todos los que no son libres, sino solamente de aquellos que no tienen necesariamente que trabajar para vivir. Trabajar en las cosas indispensables de la vida para la persona de un individuo, esto es ser esclavo; trabajar para el pblico, esto es ser obrero y mercenario”.129Y en otra parte dice: “El gobierno perfecto que buscamos, es precisamente aquel que asegura al cuerpo social la mayor parte de felicidad. Pero ya hemos dicho, que la felicidad es inseparable de la virtud; as, en esta repblica perfecta donde la virtud de los ciudadanos ser real, en toda la extensin de la palabra y no relativamente a un sistema dado, ellos se abstendrn cuidadosamente de toda profesin mecnica, de toda especulacin mercantil, trabajos degradados y contrarios a la virtud. Ellos tampoco se darn a la agricultura, pues es menester estar desocupado para adquirir la virtud, y para ocuparse en los asuntos pblicos”.130Este lenguaje y el de otros polticos y filsofos griegos, lejos de enderezar el extravo de la opinin, influy en pervertirla ms y ms. Menospreciadas las artes, y envilecido el comercio, muchos libres prefirieron el ocio al trabajo, y quedando entonces privada la sociedad de sus servicios, preciso fue reemplazarlos con esclavos. Naci de aqu, que, habiendo necesidad de stos, sus jornales encareciesen, y que esta caresta influyese tambin en aumentar su nmero, pues hubo muchos que los compraron para alquilarlos, especulacin que les era muy provechosa.131Para las minas de plata de Laurium que se beneficiaba en tica haba Filemonides alquilado 300 esclavos que al ao le producan 150 minas; e Hipponico 600 por una mina al da; y Nicias cobraba por cada uno de los 1 000 suyos un bolo diario.132 Pero como los empresarios que los alquilaban para dichas minas, se comprometan tambin a reponer los muertos,

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JOS ANTONIO SACO /157 /157 /157 /157 /157 Jenofonte, al ver tantas ventajas, quiere que cada ateniense tuviese tres esclavos, y que el Estado comprase hasta 10 000 para alquilarlos en esa granjera.133Mas, a pesar de la influencia que en fomentar la esclavitud ejercieron las causas ya mencionadas, nunca desaparecieron enteramente todos los brazos libres. Destinronse stos a varias ocupaciones; y en Atenas hubo hasta mujeres que se alquilaban como crianderas, vendimiadoras, y tejedoras de lana; industria, en que a veces se emplearon aun nobles matronas, pero tambin muchos esclavos.134 Por eso, Tucdides pudo decir con razn, a lo menos para los tiempos en que escribi: “En nuestra ciudad, nadie se avergenza de confesar que es pobre, pero no ahuyentar la pobreza con el trabajo, he aqu lo que es vergonzoso”.135Generalizada la esclavitud en Grecia, casi todas las familias de Atenas se sirvieron de esclavos, ya propios, ya alquilados; y por muy pobre se consider el ateniense que careca de uno o dos.136Defendiendo Licias a un amo acusado de impiedad por sus esclavos, prorrumpi: “Esta causa es la de todos los habitantes de esta ciudad, no slo porque hay esclavos en ella, sino porque todas las familias los tienen, y aprovechndose del ejemplo de estos acusadores, tratarn de conseguir la libertad, no por los buenos servicios que presten a sus amos, sino por acusaciones calumniosas contra ellos”.137 Bien podr haber alguna exageracin en las palabras de esta defensa; mas, de ellas aparece, que el uso de los esclavos fue muy general entre las familias atenienses. Ya en los das de Demstenes, aun la gente del tica de mediana fortuna, gastaba cantidades considerables en comprar cocineros y esclavos de lujo;138 y atenienses hubo, que en su servicio domstico emplearon hasta 50 y an ms.139 Desde entonces qued abolida por la fuerza de las costumbres la ley de Atenas que prohibi tener esclavos ociosos.140 Otros amos, los tuvieron en gran nmero para lucrar con ellos. El orador Demstenes hered de su padre 52 o 54 artesanos.141 Licias y Polemarco tuvieron juntos 120.142 Slo para las minas de Laurium, segn he dicho, Filemonides haba dado en alquiler 300, Hipponico 600, y Nicias 1 000.143Aun muchos de los filsofos tuvieron esclavos, y algunos ms de lo que debieran segn la doctrina que enseaban. Bias, uno de los siete sabios de Grecia, posey varios esclavos.144 A su muerte dej Platn cinco a lo menos.145 Aristteles, a pesar de que consideraba la muchedumbre de esclavos ms embarazosa que til, declar en su testamento ms de 13.146 Teofrasto dej en el suyo, nueve.147 Straton declar a su muerte ms de seis.148 Licn, 13,149 y Epicuro, ms de cinco.150Tan general fue la costumbre de tener esclavos, que Alexis, al describir la condicin de los parsitos de Atenas, observa, que ellos eran los nicos que se retiraban a sus casas, despus de cenar, sin tener un

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 158\ 158\ 158\ 158\ 158\ esclavo que les alumbrase con una linterna en las calles de aquella ciudad.151 En la lujosa Tarento, las mujeres libres salan por lo general acompaadas, a lo menos de una esclava;152 y de ambos sexos los posey en gran nmero el filsofo Arquitas, habitante de esa ciudad.153 Por ltimo, si damos asenso a Ateneo, cuyo testimonio no es siempre muy de fiar, cuando Smindide de Sibaris pidi la mano de la hija de Cleistene, tirano de los sicionios, presentsele con 1 000 esclavos cocineros, cazadores y pescadores.154Si de aqu pasamos a determinar el nmero de esclavos que hubo en Grecia, hallmonos repentinamente en tinieblas. Refirindose Tucdides en su historia de la guerra del Peloponeso a los sucesos del ao 413 antes de Cristo, dice que la isla de Chos era despus de Esparta el pas griego que ms esclavos tena;155 pero como no fija nmero alguno, quedamos en la mayor incertidumbre. Ateneo dio a los arcadios 300 000 prospelatas o esclavos, fundndose en un pasaje de Teopompo;156 al pequeo territorio de Corinto 460 000; a la isla de Egina 470 000; y al tica 400 000.157 Este ltimo dato se tom del censo de Demetrio de Falera, arconte nombrado, como ya he dicho, en el ao 318 antes de la era cristiana. Si aquel nmero se apoya en la autoridad de Ctsicles, uno de los convidados del banquete de Ateneo, otro de ellos asevera que los 400 000 esclavos solamente estaban empleados en el laboreo de las minas de Laurium; lo que a ser cierto, aumentara considerablemente el total de la poblacin servil del tica. A grandes objeciones estn sujetos todos los guarismos anteriores; y aunque fuesen exactos, como slo abrazan pocos puntos de Grecia, escasa luz nos dan para conocer la poblacin esclava de toda ella. En cuanto a la del tica, hase generalmente seguido la opinin de Ateneo; pero algunos autores modernos se apartan largamente de ella. Rollin, sin prueba alguna, reduce el nmero de esclavos a 40 000;158Hume lo eleva a 160 000;159 Wallon, a poco ms de 200 000;160 Beckh, a 365 000,161 y Saint-Croix, hasta 500 000.162Letronne, en una memoria sobre la poblacin del tica,163 impugna algunos de los guarismos de Ateneo. Respecto de Egina, observa juiciosamente, que siendo esta isla una roca estril de cuatro leguas cuadradas, no poda contener, adems de la gente libre, 470 000 esclavos. En punto al tica, no tengo por victoriosos todos sus argumentos contra Ateneo. En vez de atacar la cifra de 400 000 esclavos que Ateneo da a toda el tica, fundndose en el censo de Demetrio de Falera, cese a refutar la opinin de uno de los convidados del mencionado banquete, el cual supone que aquellos 400 000 esclavos, todos estaban empleados en las minas de Laurium; y si a stos, dice Letronne, se agregasen los dems que haba en el resto de tica, resultara un total de 720 000. Pero prueba Letronne que sobre los referidos 400 000 esclavos mine-

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JOS ANTONIO SACO /159 /159 /159 /159 /159 ros haba en tica 320 000 ms? He aqu lo que se desea, y a lo que no satisface aquel distinguido autor. Wallon,164 tomando un rumbo diferente, tambin combate las cifras de Ateneo, acerca de la poblacin del tica. Fndase en un pasaje de Tucdides, quien dice, como hemos apuntado, que Chos tena ms esclavos que ningn otro pueblo de la Grecia, excepto Esparta.165 Lo que de aqu se deduce, en lgica rigorosa, es que Esparta y Chos tuvieron ms esclavos que el tica; pero no que sta careciese de los 400 000 que le da Ateneo. Wallon, sin embargo, quiere llegar al fin que se propone por las inducciones siguientes: Si Esparta y la isla de Chos tuvieron ms esclavos que el tica, cuntos posey sta? Para saberlo, l raciocina as: Esparta tena en tiempo de Herodoto 8 000 ciudadanos capaces de tomar las armas de la edad de 20 a 60 aos; y partiendo de este dato, eleva toda la poblacin libre de Esparta a 31 400. Juzga tambin como muy probable, que para cada espartano de 20 a 60 aos, haba siete ilotas de esa misma edad; y por un clculo que hace, obtiene 220 000 ilotas. En cuanto a esclavos comprados, l reconoce que Esparta tena pocos; mas, entre los periecos que formaban parte de Lacedemonia, haba muchos esclavos, y los hace subir a 120 000: nmero que reunido a los 220 000 ilotas, da para la Repblica de Esparta una poblacin servil de 340 000. Si pues Esparta, concluye Wallon, es segn Tucdides, el pas griego que tena ms esclavos, y si stos slo suban en ella a 340 000, claro es, que el tica no pudo poseer los 400 000 que le atribuye Ateneo. Este argumento, aunque concluyente a primera vista, no disipa todas las dudas. Cmo prueba Wallon que para cada espartano haba siete ilotas?: Fundndose en que cada uno de los 5 000 espartanos que pelearon en Platea, fue acompaado de siete ilotas. Pero de que sta fuese la proporcin en que unos y otros se hallaron en aquella batalla, se puede inferir como cosa cierta, que esa misma fue tambin la proporcin en que las dos clases estaban en su propio territorio? Que a Platea hubiese llevado siete ilotas cada espartano, es un hecho aislado que no puede servir de regla general, pues si en vez de siete, cada ciudadano se hubiese hecho acompaar por cuatro o por diez ilotas, no por eso se seguira forzosamente, que el total de stos fuese ni cuatro ni diez veces mayor que el de los espartanos libres. Afirma Wallon, que entre los periecos, haba 120 000 esclavos, y pretende probarlo, diciendo que “aquellos eran casi 120 000; que sus 30 000 suertes de tierra fcilmente bastaban para la subsistencia de 240 000 habitantes; y que por lo mismo, en rigor se podra contar entre ellos un nmero de esclavos igual al de los hombres libres”.166 Mas, yo pregunto porque los periecos libres hubiesen sido en un tiempo casi 120 000, y ddoseles 30 000 suertes de tierras que bastaron a la subsistencia de

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 160\ 160\ 160\ 160\ 160\ 240 000 personas, ya se puede decir con fundamento, que cuando Tucdides escribi, hubiese entre ellos 120 000 esclavos? Semejante asercin es puramente arbitraria. Debe tambin observarse, que las fechas en esta materia son de gran importancia, y que aqu se prescinde enteramente de ellas. Cuando Tucdides dice que Esparta era el pueblo de Grecia que tena ms esclavos, se refiere al ao 413 antes de nuestra era, mientras que Ateneo se contrae a los que el tica posea casi un siglo despus, porque l tom sus datos del censo que hizo Demetrio de Falera, siendo arconte en el ao 318. En este perodo ocurrieron grandes alteraciones en Grecia, y si el tica tuvo menos esclavos que Esparta en 413, bien pudo tener ms casi 100 aos despus, porque cabalmente en ese perodo habase la Grecia elevado a gran prosperidad. Y que los tuvo, lo da a entender el mismo autor, de cuya opinin me separo, cuando dice, que con la guerra del Peloponeso cambi el modo de vivir de los habitantes del tica, y que desde entonces, slo por excepcin, y reducido a un estado inferior, el hombre libre se vea asociado al trabajo.167 ste, pues, hubo entonces de recaer sobre los esclavos, cuyo nmero debi por lo mismo aumentarse. Yo no pretendo defender los guarismos de Ateneo, ni considerarlos como exactos; y al hacer estas observaciones, slo llevo por objeto manifestar, que los argumentos empleados, para invalidar el testimonio de aquel autor no me parecen completamente satisfactorios. Si se me pregunta a cunto ascendieron en tica los esclavos, respondo que no me atrevo a fijar nmero alguno, porque careciendo de datos slidos en que apoyarme, todo cuanto dijera, seran meras conjeturas y aventuradas opiniones. Pero si tanta es la incertidumbre en cuanto al total de esclavos, bien se puede asegurar con respecto a los sexos, que hubo muchos ms varones que hembras: Licn en su testamento dej entre sus 12 esclavos, slo dos mujeres.168 Teofrasto test nueve; mas, ninguna hembra.169 Una, y 11 varones posey Timarcho.170 Los 52 o 54 que hered Demstenes, todos fueron hombres;171 y otros casos semejantes pudieran citarse. Esto provino de que emplendose las mujeres exclusivamente en el servicio domstico, mas, no en las artes, la agricultura, minas, ni marina, fueron menos tiles que los varones. Por eso, Demstenes consider la posesin de muchas de ellas como riqueza y gran lujo;172 y por eso tambin fue necesario comprar esclavos al extranjero, pues con la desigualdad de los sexos, la poblacin servil no poda conservarse por su propia reproduccin. Mas, en qu emple la Grecia tantos esclavos como tuvo? Ya desde los siglos heroicos se ocuparon en todas las tareas urbanas y rsticas,173y a ellas, por ser menos duras, destinronse ordinariamente las muje-

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JOS ANTONIO SACO /161 /161 /161 /161 /161 res y los ancianos. Entre los jvenes escoganse los ms robustos y valientes, para apacentar rebaos,174 pues en aquellos tiempos semi-brbaros tenan que repeler con las armas los asaltos de las fieras y de los malhechores.175 Aunque en la morada de los reyes hubo esclavos de ambos sexos,176 diose la preferencia a las hembras, entre las cuales se confiaba a la ms honrada y entendida el gobierno del palacio. As sucedi en los de Ulises, de Nstor, y de Menelao.177 Hilar y tejer la lana,178sacar agua de las fuentes, lavar, moler trigo,179 y otras tareas domsticas, fueron ocupaciones de las esclavas. Acompaaban adems a sus amas, servan a los huspedes, conducanlos al bao, frotbanles el cuerpo con aceite, ponanles la tnica y el manto,180 y prestbanles otros servicios que no chocaban con las disolutas costumbres de aquella edad. Este trato licencioso con los huspedes, tuvironlo tambin, a veces, las mujeres libres, aun de la clase ms elevada. Elena dispens a Ulises sus favores, cuando ste, disfrazado de mendigo, entr en la ciudad de Troya;181 y los mismos deberes hospitalarios cumpli con Telmaco la hermosa Policarte, hija de Nstor.182Bajando a pocas posteriores de la Grecia, siguiose empleando a los esclavos en los campos y en las ciudades. Millares de ellos pasaron la vida enterrados en las minas de Laurium. Otros en mayor nmero, trabajaron en varias industrias, en calidad de armeros,183 fabricantes de camas,184 bordadores, tintoreros, zurradores, herreros,185 pasamaneros,186flauteros,187 vendedores,188 jefes de talleres, y de otras empresas industriales. Hubo tambin dependientes de casas de comercio,189 droguistas,190 curanderos que contra la prohibicin de Soln, visitaban, por orden de sus amos mdicos, a los enfermos de escasa fortuna;191 cmicos trgicos,192 y aun literatos. Entre stos distinguiose el fabulista Esopo, y el poeta Querilos, esclavo de Samos, cantor de la victoria y de la libertad, y a quien Atenas, no slo dio una pieza de oro por cada verso, sino que mand por una ley, que su poema la Perseida se leyese en las grandes fiestas panateneas. En ningn tiempo de la Grecia dejaron de emplearse esclavos en el servicio domstico. De las hembras, algunas fueron nodrizas, siendo las de Lacedemonia, preferidas a las dems por su robustez; y el pecho de una de ellas aliment en su infancia al clebre Alcibades.193 De los varones, algunos fueron maestros de los hijos de sus amos: cosa en que Esparta no sigui el uso general de la Grecia, pues Licurgo prohibi que los espartanos fuesen educados por esclavos y mercenarios;194 prohibicin que no se extendi a la lactancia, porque no era de temer que los nios en tan tierna edad recibiesen ideas contrarias a las que l haba querido inspirar a su pueblo. Cuando el lujo creci, los esclavos domsticos acompaaron a sus amos al bao, a la caza, y a todas partes.195 Las seoras, y ricos atenien-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 162\ 162\ 162\ 162\ 162\ ses salan a la calle seguidos de tres y cuatro esclavos;196 y por refinamiento de lujo hacanse servir de negros etiopes y de eunucos.197 En sus fiestas y banquetes, unas esclavas tocaban la flauta;198 otras, compradas en Pafos, en Jonia, en el Peloponeso o en Tesalia danzaban en voluptuosas comparsas;199 y muchachos hermosos o jvenes bellas ofrecan a los convidados el agua de las abluciones, el ungento oloroso para las manos y las coronas de rosas.200 A tanto lleg la corrupcin, que, a veces, la ms hermosa de las esclavas que servan en el banquete, se presentaba desnuda a echar el vino en la copa de los convidados;201 y en tan vergonzoso estado, las bailarinas de Tesalia danzaron en la fiesta que dio el rey Antgono a los llegados de la Arcadia.202 Al ver tanta impudencia y disolucin, los poetas ya no saban bajo de qu forma monstruosa representar a las cortesanas.203Para las bodas y festines, muchos ciudadanos que carecan de esclavos propios en nmero suficiente, alquilbanlos de ambos sexos y de diferentes profesiones:204 y con frecuencia tambin se alquilaban las hembras para destinarlas a usos ms infames.205 Cortesanas hubo que tenan esclavas, y tanto aqullas como stas vivan en la misma degradante vida:206 vida a veces tan lucrativa, sobre todo, para los libres, que la meretriz Frin se comprometi a levantar a su costa las murallas de Tebas si se le permita poner la siguiente inscripcin: “Alexandrum diruisse, Phrynem veo scortum refecisse ”.207Viose tambin que dos o ms hombres se asociaban para comprar una esclava hermosa y entregarse con ella a los placeres: y estos contratos, a pesar de su impureza, la ley los toler, permitiendo que las disensiones que de ellos nacieran entre los compradores, o se arreglasen por arbitramiento, o se debatiesen en los tribunales.208 Pero ms abominable fue todava, que los griegos comprasen muchachos hermosos para el libertinaje ms inmundo. Vicio fue ste muy comn entre los griegos. A libres y a esclavos prohibironlo las leyes, y autorizaron a todos los atenienses para que acusasen al culpable.209 Cuando ste era esclavo y la vctima un muchacho libre de nacimiento, entonces era castigado pblicamente con 50 azotes.210 Respecto de los libres, poca o ninguna fuerza tuvieron las leyes. La muerte de Hiparco por Aristoginton y Hermodeo provino de una aventura amorosa.211 Esquines, lejos de negar que estaba manchado con ese vicio, lo celebr descaradamente en la tribuna de Atenas como un amor lcito;212 mas, para honra de la humanidad, otros griegos ilustres como Scrates,213 Platn214 y Aristteles lo condenan severamente. El escoliador de Esquilo, en los Siete Jefes ante Tebas asegura, que Laius, padre de Edipo, fue el primer griego que se degrad con vicio tan asqueroso, y que su trgica muerte y las miserias de su raza fueron un castigo de su delito. La opinin comn, en tiempo de Aristteles, atribua

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JOS ANTONIO SACO /163 /163 /163 /163 /163 su origen a los cretenses; y Platn dice, que ellos inventaron la fbula de Ganimedes, para dar un pretexto divino a su perversa inclinacin.215A manera de los particulares, el Estado tuvo tambin esclavos.216Atenas emple para su polica 1 200 arqueros escitas.217Epidamne se sirvi de esclavos pblicos,218 y otras ciudades como Esmirna poseyeron esclavos, sagrados, sin que se pueda determinar precisamente las funciones que desempearon.219 Otros servan en los tribunales,220 algunas veces en el ejrcito,221 y ms en la marina,222 ora en calidad de soldados, ora de operarios, en cuyos trabajos tomaron parte, no slo los esclavos pblicos, sino los privados. Ni stos ni aqullos fueron siempre fieles a su deber, y en la expedicin contra Sicilia al mando de Nicias, muchos desertaron del campo ateniense al siracusano.223 Para asegurar su cooperacin en los das de gran conflicto, la libertad fue el premio que se dio a los que empuaban las armas. As lo hizo Atenas por primera vez, cuando en Maratn venci a los persas;224 y as lo hicieron despus otros Estados hasta la poca triste en que Roma esclaviz a la Grecia.225 Dioeo, jefe de la liga Aquea, arm contra los romanos un cuerpo de 10 000 esclavos a quienes dio la libertad;226 pero vencido en aquella lucha suprema por Mummio y por Marcelo, amos y esclavos fueron vendidos, e indistintamente arrastraron las mismas cadenas. Por fin, hubo templos en Grecia que tambin tuvieron esclavos, y que dejaron a la posteridad el escandaloso ejemplo de la corrupcin pagana. Soln compr esclavas por cuenta del Estado, para establecer lupanares; y con el dinero que ellas ganaron, se erigi el templo de la Venus pblica.227 Algunos de los que se alzaron a esta y otras divinidades, recibieron ofrendas de las esclavas, que hombres y mujeres libres les consagraban, ya por ostentar generosidad, ya por un sentimiento religioso.228 En Corinto, famoso emporio de la Grecia, hubo un templo dedicado a Venus que tena ms de 1 000 esclavas, las cuales, dice Strabn,229“contribuan a aumentar la afluencia de los extranjeros, y con ellos, la riqueza de la ciudad, porque muchos capitanes de buques se arruinaban en ella”: y militares, y otros que no lo eran, corran la misma suerte.230Esas esclavas no desmerecan en el concepto pblico, porque en sus fiestas particulares coman con las mujeres libres,231 y segn una costumbre antigua, ofrecan a Venus en ocasiones importantes los votos de la ciudad.232En la cumbre del Erix, hoy monte de San Giuliano en Sicilia, elevaron los griegos otro templo a Venus, enriquecido con esclavas que le ofrecan, especialmente los procnsules y pretores romanos. stos, dice Diodoro de Sicilia, “lo colmaban de presentes, y deponiendo el orgullo de su dignidad, se entregaban all con toda soltura a los juegos y al comercio de las mujeres, creyendo que no haba otro modo de hacerse

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 164\ 164\ 164\ 164\ 164\ gratos a la divinidad”.233 Al pie del monte habitaban las esclavas, vendan sus favores a todo el que los pagaba, y el dinero se inverta en la conservacin y culto del templo.234 Diodoro asegura, que ste, en su tiempo, se hallaba en ms prspero estado que nunca;235 pero Strabn que escribi poco despus, lo representa como ya decado de su antigua grandeza.236 Templos semejantes consagrados a Venus existieron en Samos,237y en Efeso.238 Europa vio en la Edad Media, y Amrica en los siglos posteriores muchas iglesias y conventos con centenares de esclavos negros; pero las mujeres jams fueron condenadas al escandaloso libertinaje del impuro paganismo.239Dos son los elementos principales que determinan el valor de los esclavos: su abundancia o escasez, y su aptitud para el trabajo conforme al gnero de ocupaciones a que se le dedica. Pero la historia no nos ha dejado datos precisos en la materia, y tanto menos, cuanto ms se sube a los primitivos tiempos de la Grecia. En los siglos heroicos, una esclava hermosa y de habilidad vala 4 bueyes.240 Veinte dio Laertes por una joven;241 y Aquiles vendi por 100 a Lican, hijo de Pramo.242 Pero estos casos sobre ser muy antiguos y muy raros, no dan luz alguna, porque se ignora completamente cul fue el valor de los bueyes en aquellos tiempos. Bajando a pocas posteriores, las tinieblas disminuyen; mas, nunca se disipan enteramente. Jenofonte cita un pasaje de Scrates, en que reprendiendo este filsofo a un amigo infiel, le dice: “Antstenes se puede poner precio a los amigos como a los esclavos? Entre stos uno vale solamente media mina; otro dos minas; otro cinco; otro diez; y aun se asegura, que Nicias, hijo de Nicerate, ha dado un talento por un esclavo capaz de dirigir los trabajos de sus minas de plata”.243 Si en este pasaje se hubiera indicado, adems del precio, la profesin de cada esclavo, entonces tendramos un dato seguro, a lo menos para los tiempos de Scrates; pero l slo menciona la que ejerca el esclavo de Nicias, esclavo sin duda excepcional, y que por lo mismo no puede servir de base para el resultado que se busca. A tres clases se pueden reducir los esclavos de la Grecia: 1 Los empleados en los trabajos inferiores del campo y de la ciudad, y en que slo ejercitan las fuerzas corporales; 2 aquellos, cuyas obras mecnicas o liberales necesitan de alguna inteligencia en diversos grados; 3 los esclavos de lujo y de placer. En su oracin contra Nicostrato, Demstenes habla de dos esclavos pertenecientes a la primera categora, y no de los mejores por cierto, pues que cada uno fue tasado por la parte contraria en 2 minas y media; o sea, 217 francos 35 cntimos. Aquel orador tambin menciona entre los bienes de Spudias, un esclavo que vala 2 minas,244 o 173 francos

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JOS ANTONIO SACO /165 /165 /165 /165 /165 89 cntimos.; y aunque no dice cul era su ocupacin, su precio indica, que corresponda a la primera clase. El jornal ordinario del esclavo se puede considerar como el exponente de su valor, y conocido aqul, ste se puede calcular aproximadamente, pues un jornal alto, supone un precio alto, y al contrario. Los esclavos empleados en las minas de Laurium generalmente se alquilaban a razn de 1 bolo diario; o sea, 360 bolos al ao segn el calendario griego. Los empresarios obligbanse adems a entregar al vencimiento del plazo del contrato, el mismo nmero de esclavos que haban recibido.245 Siendo, pues, 360 bolos al ao el producto neto del esclavo, cul sera el capital que ste representaba? El 12 % al ao era en Atenas el inters ordinario del dinero, y tomndolo por base, los 360 bolos representaran un valor de 3 000 bolos, que son 5 minas, o 434 fr ancos 72 cntimo s. Pero este clculo no es exacto, porque el esclavo est sujeto a un continuo deterioro que no sufre el dinero prestado; deterioro mucho ms considerable en aquellas minas, donde la dureza del trabajo y la insalubridad del aire abreviaban la vida de los trabajadores.246 Atendido esto, y considerando que el 18 % era el inters legal que con frecuencia se pagaba por el dinero,247mayor debi ser el que el amo exigira por sus esclavos empleados en las minas; porque, aunque el empresario se comprometa a reponerlos en caso de muerte, la depauperacin de ellos slo recaa sobre el amo. ste, pues, para indemnizarse de la continua disminucin de su capital, hubo de pedir un inters mucho ms elevado; y no hay exageracin en fijarlo en 24 %, viniendo de este modo, los 360 bolos del producto neto anual, a representar un valor de 2 minas y media (217 frs. 35 cnts.) por cada esclavo empleado en aquellos trabajos. En la segunda categora entraban los artesanos, los cuales se vendan a un precio ms alto que los de la primera. El padre de Demstenes tena empleados 20 esclavos en la construccin de camas, y 32 en una fbrica de armas: los primeros le rendan anualmente el producto neto de 12 minas, y los segundos el de 30.248 Aquel orador dice que de esos esclavos, unos valan 3 minas a lo menos, y otros de 5 a 6:249 diferencia que provendra, de que estos ltimos seran los directores o jefes de los talleres. A juzgar por el producto que daban los 9 o 10 zurradores del padre de Simario, se puede inferir que el jefe vala 6 minas (521 francos 67 cntimos), y los dems, 4; o sea, 347 francos 78 cnts.250 Cinco minas (434 francos 72 cntimos) fue el precio ordinario de los esclavos que tenan algn talento en su profesin; pero si sta era literaria, aqul hubo de ser mayor. Cuntase, sin embargo, de un gramtico que slo cost 5 minas; gramtico sin duda de pocos alcances, porque su valor no ascendi al de muchos artesanos.251Los esclavos ms caros fueron los de lujo, en cuyo nmero entraron los buenos cocineros; y si bien cuando uno de stos era malo se alquila-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 166\ 166\ 166\ 166\ 166\ ba solamente por 1 dracma al da, muy diferente era el de los entendidos en su profesin.252De 20 a 30 minas se pagaban por ciertas esclavas,253 y en esta ltima cantidad compraron a Neara dos corrompidos atenienses, quienes saciados ya de ella, le propusieron que se libertase por 20 minas, bajo la condicin de que no viviese en Corinto.254 Terencio menciona una negrita y un eunuco vendidos en 20 minas los dos;255 una flautista, en 20; y la querida de Feldria, en 30.256 Con estos subidos precios forma un contraste curioso el nfimo en que se vendi el fabulista Esopo, pues por su deforme figura slo cost al comprador 2 dracmas, que son casi 8 francos 70 cntimos.257Los autores griegos no ofrecen datos suficientes sobre esta materia; y para llenar el vaco que dejaron, se ha ocurrido, no slo al jornal de los esclavos, segn hemos visto ya, sino al rescate de los prisioneros, pues parece que el precio de stos debi regularse generalmente por el de aqullos. Prueba Beckh en su Economa poltica de los atenienses que poco antes de la guerra mdica, el rescate de los prisioneros era de 2 minas,258 de 3 en tiempo de Dionisio, el Anciano;259 de 3 a 5 en los das de Filipo de Macedonia;260 y de 5 por los esclavos y 10 por los hombres libres bajo los sucesores de Alejandro.261 Pero debe notarse, que en este ltimo perodo se hace expresa distincin entre el rescate del hombre libre y el del esclavo, pues es de 10 minas por el primero, y de 5 por el segundo: de manera que aqu no se guarda la regla que se quiere establecer; y esta desviacin de ella basta para infundir desconfianza en los resultados que se pretende sacar, pues en muchos casos no se atendera al valor de los esclavos, sino a las circunstancias particulares en que pudieran hallarse los prisioneros respecto de sus vencedores. En medio de tanta incertidumbre, puede, sin embargo, sealarse aproximadamente el precio de los esclavos, no en todas las pocas, sino solamente en algunas de la Grecia. El de los empleados en el laboreo de las minas y en los trabajos inferiores de la agricultura, fue de 2 minas a 2 minas y media (de 174 frs. a 217), durante el espacio comprendido entre la guerra del Peloponeso y el imperio de Alejandro; sin que nada influya contra esto el alto precio de un talento que dio Nicias por un esclavo excepcional. El de los artesanos fue de 3 a 4 minas (261 a 348 frs.); y el de los jefes de talleres de 5 a 6 (435 a 622 frs.). El de los esclavos domsticos variaba segn la clase de su servicio desde 2 a 5 o 6 minas. Los que mostraban algn talento y saber en las ocupaciones que no eran mecnicas, valan 10 y 15 minas (870 a 1 304 frs.), y mucho ms los de lujo y de placer, pues llegaban hasta 30 minas (2 608 frs.), y an ms. En las pocas posteriores al gran Alejandro, y bajo la dominacin romana, el precio de los esclavos griegos se aument como aparece de

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JOS ANTONIO SACO /167 /167 /167 /167 /167 muchas inscripciones.262 Esto quiz provendra, de que habiendo entonces ms plata que antes, su valor relativo habra bajado; y quiz tambin, de que el inmenso mercado de Roma habra encarecido los esclavos griegos, pues stos eran generalmente ms estimados que los de otros pases. En nacin que cont tantos siglos de existencia como la Grecia, no pudo ser siempre igual la condicin o estado de los esclavos, porque sta pendi de los tiempos, de sus ocupaciones y de la ndole suave o agria de los amos. En los tiempos heroicos, ilimitados fueron los derechos de stos sobre aqullos, pudiendo venderlos, permutarlos, regalarlos,263 castigarlos y hasta matarlos,264 en el furor de sus pasiones. Sin persona ante la ley, nada adquira para s; mas, los buenos amos se lo permitieron, y Eumeo, el fiel esclavo de Ulises, compr uno para que le ayudase en sus tareas.265 ¡Curioso contraste el de un hombre que si, por una parte, era esclavo, por otra, era tambin amo! y estado semejante he visto yo, aunque rara vez, en los campos de Cuba. Sin voluntad propia, ni fuerzas para resistir, las esclavas eran vctimas de la concupiscencia del amo; y slo para satisfacerla, cautivaron muchas veces a las mujeres libres los hroes de aquella edad. A su tlamo las llevaron Agamenn, Aquiles y otros personajes de la Iliada ;266 y los hijos de estos enlaces, aunque libres a los ojos de sus padres,267 muertos stos, aqullos y sus madres corran el riesgo de ser esclavizados por la violenta mano de un usurpador.268 La suerte comn del hijo era seguir la condicin de la madre; y esclava sta, aqul tambin lo era: por eso, la infeliz Andrmaca, al repeler los ultrajes de la celosa Hermiona, exclam con sobrada justicia: “Puedo yo envidiar vuestra situacin para dar al mundo hijos esclavos y arrastrar despus una carga de dolores?”269La esclavitud de los siglos heroicos debe considerarse bajo de dos aspectos. Despojada del colorido que le dio el mgico pincel de Homero, aparece blanda, por una parte, y dura, por otra. Los griegos empezaban entonces a salir de la barbarie, y con pocas necesidades, el esclavo no estaba abrumado de trabajo. El amo comparta con l las ocupaciones del campo y de la ciudad, y confundidos unos y otros en las mismas tareas, engendrbanse entre ellos los afectos que produce el estrecho contacto de los hombres. Tal fue el lado ventajoso de la esclavitud en los siglos heroicos. Pero como al mismo tiempo no haba leyes que enfrenasen la autoridad del amo, imposible era que ste, en la plenitud absoluta de sus caprichos, siempre se mantuviese dentro de los lmites de la justicia, pues a traspasarlos lo empujaban la propensin del hombre a abusar de su poder, y las desenfrenadas pasiones de aquella edad. Ciertamente, que el esclavo no estara mal alimentado ni vestido, ni tampoco sucumbira bajo el

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 168\ 168\ 168\ 168\ 168\ peso del trabajo; pero sin el amparo y defensa de la ley viose expuesto a todas horas a los arrebatos del amo. Pasados los siglos heroicos hubieron de alterarse las primitivas relaciones que mediaron entre el amo y el esclavo. La condicin de ste ofreci, desde entonces, una escala muy variable, pasando de los extremos del rigor a los excesos de la impunidad; y en darle este carcter influyeron no slo la ndole particular de los amos, y el nuevo modo de vivir que stos empezaron a adoptar, sino el incremento de los esclavos, las distintas ocupaciones en que se emplearon y las diferentes leyes y costumbres de los Estados griegos. En aquella poca de civilizacin, el alimento ordinario de la generalidad de los esclavos fue una racin de harina, ajos, higos,270 y otras frutas de inferior calidad. Su traje era, por lo comn, gorra de piel de perro, tuniquilla de lana que no pasaba de la rodilla, una especie de capa muy corta, y a los esclavos mejor cuidados dbaseles una piel grosera para calentarse los pies en el invierno.271 Este traje, que en su calidad y en su forma poda variar al arbitrio del amo, no bastaba por s solo en Atenas para reconocer a los esclavos, porque si corta era su tnica, as tambin la usaron muchos plebeyos libres;272 y si aqullos se rapaban la cabeza,273 cubransela igualmente con un gorro lo mismo que stos.274 El vestido, pues, y otros signos externos, de nada servan en la ciudad de Pericles para distinguir al ciudadano del extranjero o del esclavo.275Condenado ste a obedecer y servir, ninguna educacin moral reciba, y si alguna literaria se le daba en pocos casos, era slo con el objeto de aumentar su valor, o de lisonjear el orgullo del amo. De no tener persona legal, consecuencia forzosa fue que no pudiera casarse, ejercer autoridad paternal, adquirir bienes, ni gozar de los dems derechos concedidos a la gente libre. Pero el rigor de estas privaciones se templ en algunos Estados griegos. Aunque Soln no prohibi expresamente el enlace de los esclavos entre s,276 este enlace no se tuvo por matrimonio, ni tal nombre se le dio.277 Un pasaje de las comedias de Plauto parece contradecir esa asercin. Tradujo este poeta del griego en latn una de Dfilo, autor de muchas que no han llegado hasta nosotros, y que se llam la Casina No Plauto, sino otro, psole un prlogo algunos aos despus, y en l se leen estas palabras: “Qu significa esto? Un matrimonio entre esclavos: esclavos van a pedir una muchacha para matrimonio? Se casarn? Pero esto es una monstruosidad que no se ha visto en ningn pueblo del mundo. Yo os aseguro que esto se ve en Grecia, en Cartago, y aqu en nuestro propio pas, la Apulia. All se celebran las nupcias de los esclavos con ms solemnidad que la de los ciudadanos libres”. Esta aseveracin estampada en el prlogo de una comedia no me parece bastante autoridad para tener por verdadero matrimonio el enlace de los esclavos en Grecia.

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JOS ANTONIO SACO /169 /169 /169 /169 /169 Sea de esto lo que fuere, lo cierto es, que desde los tiempos primitivos de ella, algunos amos recompensaron con una compaera a los esclavos buenos; y que esto se practicase, recomendolo Jenofonte, pues en su sentir, si los malos esclavos que tenan familia podan ocasionar mucho dao a sus amos, los buenos, al contrario, les cobraran ms afecto cuando la tenan.278Si en rigor jurdico, todo lo que el esclavo adquira, era para su amo, ste a veces le permiti la adquisicin de algunos bienes, pues as contribua a moralizar el esclavo, ya estimulndole al trabajo, ya impidiendo que se huyese para no dejar su propiedad abandonada. Hubo adems otro inters menos noble. Fue costumbre, que en los natalicios del amo, y en el nacimiento y matrimonio de sus hijos, el esclavo le hiciese algn regalo, que por no ser siempre espontneo, mereci la stira de Terencio.279El amo, pues, que usando de su derecho se hubiera apropiado el corto peculio del esclavo, no slo habra apagado en ste todo deseo de adquirir, sino privdose tambin del esquilmo que de l poda coger. Para interesar a los esclavos en el trabajo sola darse a los artesanos y empleados en el comercio una parte del producto de los objetos que fabricaban o vendan; a los pastores, una oveja280 y un pedazo de tierra, al que presida los trabajos agrcolas. A formar el peculio del esclavo tambin contribuyeron algunos regalos del amo,281 los 5 o ms dracmas de propina que los amigos de ste le daban cuando iban a convidarlos,282 y los hurtos que con frecuencia haca a su seor, sobre todo, si ste era joven desordenado.283 Sin apelar a estos medios, hubo muchos esclavos urbanos que adquirieron un peculio, porque se les permita vivir por su cuenta, pagando a los amos un jornal, haciendo suyo todo lo dems que ganaban, y mantenindose por su cuenta.284No faltaron esclavos que emplearon sus bienes en mejorar su estado; mas, otros no hicieron tan buen uso de su peculio. En Atenas, cuyos esclavos, segn Demstenes,285 hablaban con ms libertad que los ciudadanos de otros pases, y donde todo les era concedido, menos la gimnstica,286 la msica287 y el ejercicio de la medicina,288 cuya profesin era permitida a los libres de ambos sexos;289 en Atenas vironse algunos esclavos, que imitando a los ricos ciudadanos, se vestan, perfumaban y vivan con grandeza, disputaban el paso en las calles a la gente libre, y se daban al juego, al amor y los banquetes.290 La comedia griega, vivo reflejo de las costumbres de aquella edad, nos presenta al esclavo Sticho diciendo: “V. sin duda se asombrar de ver que humildes esclavos beben, enamoran y mutuamente se convidan a comer: pues todo esto nos es permitido en Atenas”.291Un pasaje de Jenofonte confirma esta verdad, aadiendo varias razones. “En Atenas, dice, los esclavos y los extranjeros domiciliados vi-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 170\ 170\ 170\ 170\ 170\ ven en una licencia increble; no es permitido pegarles, y se atreven a disputaros el paso. Esto proviene de que si la costumbre autorizase un hombre libre a castigar un esclavo, un extranjero o un liberto, resultara que el ciudadano, tomado muchas veces por esclavo, sera vctima de una equivocacin... Quiz causar sorpresa el saber que se deja vivir en el lujo a los esclavos, y a algunos en la magnificencia; pero este uso tambin est fundado en razn, porque en un pas donde la marina exige gastos considerables, forzoso es guardar consideraciones a los esclavos y aun dejarlos en soltura si se quiere coger el fruto de su trabajo”.292Ntese en este pasaje que ninguna de las razones expuestas por Jenofonte se funda en la justicia y humanidad con que deban ser tratados los esclavos, sino tan slo en motivos de inters pblico o privado. La tolerancia de Atenas parece que se extendi a otras ciudades, pues en una inscripcin de Argos se celebra la grandeza del esclavo Onesifon, que no slo reparti plata al pueblo en unos juegos que dio, sino que coste para todos los concurrentes el aceite que stos gastaron desde la maana hasta la noche, en los baos y gimnasios.293Al lado de tanta holganza y esplendor en unos esclavos, vironse otros, miserables y oprimidos, en los campos y en las ciudades. Generalmente, la condicin de los rsticos fue ms dura que la de los urbanos; sobre todo, despus que con la guerra del Peloponeso abandonaron los atenienses las tierras en que habitaban, y los esclavos quedaron en ellas confiados a mercenarios. Entre los esclavos de la ciudad, no fueron por cierto los ms felices aquellos que eran gobernados por otro esclavo, pues ste trataba duramente a sus compaeros,294 creyendo acaso que slo as llenaba sus deberes, y podra mantenerse en la confianza de su amo. El esclavo domstico, ms en contacto que los otros con el amo, pudo ser, segn la ndole de ste, o feliz o desgraciado. En fuerza de las estrechas relaciones que existan entre los dos, el esclavo era a veces el ntimo confidente de las flaquezas y vicios de su amo, servale de maestro en la carrera de su perdicin, y dominndole moralmente, ejerca sobre l la ms perniciosa influencia. Era esto tan comn, que la comedia griega nos presenta al esclavo en la escena, como actor secundario, o como personaje principal,295 que a su antojo dispona de la voluntad de un amo ligero o corrompido; pero muy precaria era esta preponderancia, porque de la elevada posicin en que aqul se hallaba, poda caer repentinamente, y hundirse en los horrores de su primera condicin. Ms uniforme y constante en la desgracia fue la suerte del esclavo rstico, pues en general mal alimentado y vestido, encadenbasele con frecuencia, tan slo por temor de fuga.296 Pero en esta escala de miserias, los ms infelices de todos fueron los empleados en los molinos, canteras y minas.297

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JOS ANTONIO SACO /171 /171 /171 /171 /171 El palo de que habla Aristfanes,298 no fue el castigo ms cruel, pues adems de las especies de varas y ltigos con que se les despedazaban las espaldas, haba calabozos, escaleras, ruedas y garruchas para romperles los huesos y desconyuntarles los miembros.299 Cuando el esclavo se hua, el amo fijaba carteles en los parajes pblicos con su filiacin, ofreciendo recompensas al aprehensor, o a quien diese noticia de su paradero. El que a su amo lo entregaba, reciba 2 talentos de cobre y 3 000 dracmas, cantidad que segn Letronne equivala a 2 minas de plata y 50 dracmas. Cuando aqul se hallaba en un lugar sagrado, dbase 1 mina y 33 dracmas al que indicaba su paradero; y 3 minas 83 dracmas si el esclavo era recogido en su casa por una persona solvente. Esta ltima recompensa, mayor que la segunda, indica que se podan cobrar daos y perjuicios al ocultador del esclavo; mientras que la otra revela los obstculos que haba para sacarle del asilo en que se hallaba.300 Si damos crdito a Antfanes, haba hombres especialmente encargados de perseguir a los esclavos prfugos,301 y a ello alude tambin un pasaje de Luciano.302 Cogidos que eran, ponanseles argollas en los brazos, cadenas en los pies, y hasta una gran rueda al pescuezo,303 a manera del castigo que ya he dicho se impona en China. Si reincidan, marcbaseles en la frente con un punzn, lo que comnmente se haca:304 seal con la que Jenofonte quera se marcase a los esclavos pblicos empleados en las minas de Laurium, para que nadie los robase.305En las frecuentes guerras civiles de la Grecia, comn era que los esclavos de un Estado se fugasen al campo enemigo de otro; y ya he insinuado en otra parte, que slo del tica se acogieron a Decelia ms de 20 000, artesanos la mayor parte.306 Este hecho revela que si en Atenas fueron bien tratados los esclavos, no sucedi lo mismo con los dems del tica; porque, a pesar de la repugnancia natural que muestra siempre el hombre a sufrir la esclavitud, esos esclavos no se habran apresurado a sustraerse del yugo de sus amos. Ningn pacto o convenio se haba celebrado todava entre los Estados griegos para no admitir en su territorio respectivo a los esclavos prfugos lo que se hizo por primera vez entre Esparta y Atenas, durante la guerra del Peloponeso, cuando estas dos repblicas ajustaron un armisticio en el ao 424 antes de la era cristiana.307Careciendo el esclavo de persona legal, su amo era en todo su legtimo representante, y cuando ste no poda serlo, porque aqul reclamaba su libertad, entonces se le nombraba un curador que lo defendiese.308Tampoco pudo comparecer en juicio como testigo,309 a menos que se le sometiese a la tortura, por creerse que slo la fuerza del dolor poda arrancarle la verdad. Tal fue la prctica constante de Atenas, y tal la opinin de todos los oradores griegos.310 Segn Aristteles haba cinco especies de pruebas extrnsecas: las leyes, los testigos, las convencio-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 172\ 172\ 172\ 172\ 172\ nes, la tortura y el juramento. Mas, l no juzg siempre la tortura como prueba enteramente decisiva, porque si ella arranca la verdad, arranca tambin la mentira, habiendo, como dice l mismo, “algunos que todo lo sufren por no decir la verdad, y otros que se apresuran a mentir para salir ms pronto del tormento”.311Sometanse a ste no slo los esclavos varones, sino a veces tambin las hembras, y de una de ellas habla Demstenes expresamente.312A la tortura asistan ejecutores llamados expertos, porque tasaban el quebranto que sufra el esclavo con la prdida de algn miembro o de otro dao que reciba.313 El perjuicio ocasionado pagbalo el que haca comparecer al esclavo como testigo;314 mas, quedaba exento de toda responsabilidad, si el amo, sin que nadie reclamase al esclavo, lo ofreca voluntariamente a la tortura.315 Si reclamado ste, aqul rehusaba entregarlo, entonces se expona a que se condenase como autor del delito que se persegua.316Varios de los instrumentos con que se castigaba a los esclavos, empleronse tambin en su tortura, habiendo adems otros suplicios, como derramar vinagre dentro de las narices, y aplicar tejas ardientes a diversas partes del cuerpo.317Y cul fue la condicin del esclavo ante los dioses? En Atenas, no le fue prohibida la entrada en los templos pblicos.318 En Epidaure tuvieron los esclavos sacerdotes propios, y el pontfice del templo de Minerva, deba ser, segn Pausanias, un esclavo prfugo, vencedor en una monomaquia.319 Ni carecieron de protectores entre los dioses, pues Saturno les recordaba en sus fiestas la edad de oro en que no haba esclavos;320 y Mercurio no slo los favoreca, sino que participaba de sus robos.321 En las fiestas Antesterias consagradas a Baco en Atenas podan entregarse por un da al reposo, y probar como los libres el vino de la nueva cosecha que aquel dios les ofreca.322 En algunas fiestas de la Arcadia, y en el segundo da de los tres que duraban las Hyacinthias celebradas en Esparta, amos y esclavos se sentaban a la misma mesa,323 y stos eran servidos por aqullos en las Saturnales,324en las fiestas de Creta celebradas en honor de Mercurio,325 y en las de Tesalia consegradas a Jpiter Pelorio.326 En las de Trecene, que se verificaban en el mes de gerestion ellos alternaban con los ciudadanos en los juegos y banquetes. stos fueron los mezquinos favores que el paganismo griego concedi a los esclavos; pero en otros ritos fue inflexible con ellos, pues los excluy de los misterios de Ceres y de las fiestas de las Eumnides,327siendo en Cos un sacrilegio que presenciasen los sacrificios que se hacan en honor de Juno. Esta desigualdad entre el hombre libre y el esclavo se extendi hasta despus de la muerte. Sus cadveres no podan ser perfumados, ni celebrarse banquetes en sus funerales;328 y Valerio

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JOS ANTONIO SACO /173 /173 /173 /173 /173 Mximo nos recuerda, que en Marsella, colonia griega, los esclavos no se llevaban a enterrar en los mismos fretros que los libres.329Contra los rigores del amo, el esclavo griego sola hallar algn consuelo en la religin, en algunas leyes, y aun en sus propias fuerzas, ora apelando a la fuga, ora a la insurreccin. La religin le ofreci como a las personas libres, el asilo de algunos templos, aras y bosques sagrados. “La mansin de los dioses, deca Eurpides, es un amparo comn a todos...330 Los antros sirven de refugio a las bestias de los bosques, y el altar de los dioses, a los esclavos”.331 El primer asilo que en Atenas se concedi a los suplicantes, fue el templo de la Misericordia, descrito por Statius Thebaidos.332Abrironles despus el templo de Minerva, las aras de las Eumnides y los Sacella333 de Teseo, de los que haba uno dentro de Atenas, y otro fuera de ella.334En Flionte hubo un templo dedicado a Hebe, diosa de la juventud, donde los esclavos que se acogan, alcanzaban la libertad, y para hacer ostentacin de ella, colgaban sus cadenas en un rbol del bosque sagrado.335 Aun sin acudir a tan santos lugares, el esclavo encontraba proteccin, tocando una corona del laurel sagrado, o una cintilla de Apolo.336No se crea, empero, que el asilo fue siempre un refugio inviolable para el suplicante, porque si bien no poda arrancrsele de l por la fuerza, muchas veces el perseguidor lo sitiaba para privarle de vveres,337 o rodeaba de fuego el asilo, y huyendo entonces el perseguido para no morir de hambre o quemado, se crea supersticiosamente que no era el hombre, sino los dioses quienes de l lo arrojaban.338 A esta costumbre alude Plauto en sus comedias la Mostelaria y el Rudens cuando dice en la primera: “O verdugo, yo mandar rodearte de lea y de fuego”.339Y en la segunda: “Yo encender una gran hoguera para quemar vivas estas dos esclavas en este mismo altar”.340El esclavo ateniense goz de ciertos favores que fueron negados a los de otros pases de la Grecia, pues la ley de Atenas protegi su cuerpo y su vida. Contra la persona extraa que lo maltrataba diose accin de ultraje como si fuere hombre libre,341 pagando el ofensor una multa, y pudiendo ser acusado por cualquier ciudadano.342 Si le mataba, castigbase al matador con la misma pena que si hubiera dado muerte a un ciudadano. Antifn deca: “Puesto que se juzga con la misma severidad al que ha matado a un esclavo o a un hombre libre”,343 y el gran orador Demstenes afirma que muchos haban pagado con su vida la infraccin de aquella ley de Atenas.344 Platn, en este caso, mostrose menos severo, porque si la muerte era efecto de clera, el matador solamente deba pagar al amo el duplo del valor del esclavo.345 Cuando aqul era el mata-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 174\ 174\ 174\ 174\ 174\ dor, sometasele a una expiacin religiosa,346 la cual consista, segn Antifn, en excluir al amo de la ciudad, de los templos, sacrificios, espectculos, y de todo lo que al hombre es ms grato y precioso en la vida.347Si el esclavo mataba a su amo, incurra en pena de muerte; mas, los parientes no deban imponerla por s, sino entregarlo a los magistrados, como dice Antifn, para que stos lo castigasen con el ltimo suplicio.348De otra manera pens Platn, quien as se expresa: “Si un esclavo en un movimiento de clera mata a su amo, los parientes del muerto harn sufrir a este esclavo todos los tratamientos que juzgaren a propsito, con tal que no le dejen la vida; en tal caso, sern inocentes del homicidio cometido”.349El esclavo oprimido por su amo tena derecho a buscar otro que suavemente le tratara.350 De la existencia de esta ley y de su aplicacin en Atenas claro testimonio dan un pasaje de Plutarco,351 Ateneo,352 y dos fragmentos de dos poetas cmicos: uno de Eupolis en su pieza las Ciudades y otro de Aristfanes en la comedia las Estaciones que no ha llegado a nosotros.353 Como el esclavo careca de persona, para comparecer en juicio, nombrbasele un defensor:354 y mientras el asunto se discuta ante los magistrados, l buscaba un refugio en el templo de Teseo.355 Cuando el esclavo adquira algn peculio por tolerancia del amo, la ley le concedi el derecho de poderse libertar, entregando a su dueo el importe de su valor.356 Todo esto dio a la esclavitud de Atenas un carcter de blandura que no tuvo en alguna otra parte de Grecia. No es, pues, extrao que hubiese algunos esclavos tan leales que merecieran toda la confianza de sus amos. Al suyo, llamado Sicigno, confi Temstocles ms de una vez mensajes secretos de tanta importancia que de ellos penda la suerte del Estado.357 Otros hubo que mostraron tanto cario a sus esclavos, que despus de muertos, ora elevaron monumentos a su memoria, ora colocaron sus cenizas en el mismo sepulcro donde reposaban las de sus amos.358Tan suavemente trat Creta a sus esclavos que, segn Aristteles, fueles todo permitido, menos los ejercicios gimnsticos y el uso de las armas.359En Chos, por el contrario, fue cruel la esclavitud, y ms todava en Esparta. Contrayndose Aristteles a la de esta repblica, se expresa en trminos bien tristes. “Si hay un punto, dice, que exige una laboriosa solicitud, es por cierto la conducta que se debe tener con los esclavos. Tratados con dulzura, se insolentan, y bien pronto osan creerse iguales a sus amos; tratados con severidad, conspiran contra ellos y los aborrecen. Evidentemente se ha resuelto mal el problema, cuando no se saben inspirar sino tales sentimientos en el corazn de los ilotas”.360Aqu conviene exponer cules fueron las ideas de algunos filsofos y otros clebres griegos acerca del trato que deba darse a los esclavos.

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JOS ANTONIO SACO /175 /175 /175 /175 /175 Parece que Bias, uno de los siete sabios de Grecia, no fue duro con los esclavos, pues mxima suya fue, aunque bien ftil por cierto, que no se castigase al esclavo borracho para que el castigador no lo pareciera tambin.361Platn quera que se les tratase si era pos1ble, con ms justicia que a la gente libre.362 Al que no cumpla con sus deberes, l no le castigaba por s sino por medio de su sobrino,363 o de otra persona, como aconteci un da con Jencrates, que entrando en su casa, le suplic que castigase en su lugar a uno de sus esclavos, porque l no quera hacerlo en un momento de clera.364 Otras veces permaneca mucho tiempo con un palo levantado en ademn de pegarle, para castigarse deca l, su propia clera;365 y una vez aconteci que le dijo a un esclavo: “yo te castigara si no estuviera irritado”.366 Pero este filsofo simpatizaba poco con los esclavos y libertos;367y si censuraba al amo cruel, no era por compasin hacia los esclavos, sino porque no los despreciaba como hacen los hombres de buena educacin.368l procur marcar muy particularmente la diferencia que haba entre el hombre libre y el esclavo. “Cuando un esclavo, as dice, ha cometido alguna falta, se le debe castigar y no atenerse a simples reprimendas como se hara con una persona libre, porque esto le hara ms insolente. En cualquier cosa que se le diga, debe tomarse siempre el tono de amo, y nunca familiarizarse con sus esclavos, hombres o mujeres. Los amos que caen en este defecto (y son muchos) debilitan su autoridad y hacen a sus esclavos ms penosa la obediencia”.369Para el buen trato de los esclavos, Aristteles prescribi varias reglas, y es consolatorio orle decir, “que es muy injusto que algunas personas nieguen toda razn a los esclavos, y no quieran jams darles sino rdenes: es menester, al contrario, reprenderlos con ms indulgencia que a los hijos”.370 Si, por una parte, prohibi la familiaridad con ellos, por otra, recomend que no se les ultrajase.371 Para su buen gobierno exigi tres cosas: alimento, trabajo y disciplina. El primero sin los dos ltimos es la licencia; pero la disciplina y el trabajo sin el alimento, es la opresin. Quera tambin que gozaran de las fiestas y sacrificios para darles algn reposo, pues aqullos, segn l, fueron establecidos ms en favor de los esclavos que de los hombres libre.372 Por ltimo, deseaba que siempre se les presentara la libertad como premio de su trabajo,373y as lo hizo con varios suyos, a quienes como veremos adelante, la dej en su testamento.374Entre los poetas, Filemn, contemporneo de aquel filsofo, recuerda a los amos, que los esclavos, aunque esclavos, no por eso dejan de ser hombres;375 y Menandro deca, que el mal trato los haca malos, y que el bueno los mejoraba.376Loable fue la conducta de Jenofonte con los suyos, pues estableci grados en el buen trato que se les deba dar segn el mrito de cada uno.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 176\ 176\ 176\ 176\ 176\ “La alabanza, deca, es tambin el aguijn de las almas generosas, siendo para ellas una necesidad tan imperiosa como lo es para otras la comida y la bebida. He aqu los medios que yo empleo, y con los que me parece obtener hombres ms sumisos; y as los indico a aquellos a quienes deseo me sirvan de intendentes o administradores. Por otra parte, aun los ayud del modo siguiente: Cuando debo dar vestido o calzado a mis trabajadores, no quiero que todo sea de la misma calidad; pdolos de muy buena o de inferior a fin de dar el mejor vestido a los ms hbiles obreros, a ttulo de recompensa, y el vestido de menor calidad a los que merecen menos. He observado que los esclavos buenos se desalientan mucho, cuando todo se hace por sus manos, y que ven que se tiene el mismo proceder con los que no trabajan, y que en caso necesario no participan voluntariamente de los peligros. Yo, personalmente, me guardo bien de establecer la menor igualdad entre los buenos y malos servidores. Si veo a mis intendentes distribuir lo mejor a los mejores esclavos, los alabo; pero si un obrero obtiene preferencias, o por vanas complacencias, o por lisonjas, lejos de cerrar los ojos sobre tal abuso, corrijo a mi intendente y trato de probarle que en esto mismo l consulta mal sus intereses”.377El mismo autor tratando del propio asunto, deca de su ama de llaves: “Inspirbamosle amistad, alegrndonos con ella cuando estbamos alegres, y afligindonos con ella si estbamos tristes; infundamosle el deseo de economizar nuestra fortuna, hacindosela conocer, y dividiendo con ella nuestra felicidad, excitbamos en ella el amor a la justicia, prefiriendo el hombre de bien al pcaro, y mostrndole que el primero viva ms rico y ms honrado que el segundo. Tal es la situacin en que la hemos colocado entre nosotros”.378Poco consuelo pudo sacar el esclavo de la rgida doctrina de Zenn, fundador de la secta estoica, porque la compasin fue proscrita por aquel duro filsofo.379 Sin embargo, l conden al mismo tiempo la clera, y como a sus ojos todas las faltas eran iguales, crea que pegar a un esclavo era lo mismo que pegar un hijo a su padre.380 Estas ideas que no hago aqu ms que apuntar, sern expuestas con ms extensin en otra parte de esta obra. El filsofo Epicuro, aunque castigaba a sus esclavos, no fue duro con ellos, pues tomaba en consideracin los buenos servicios que le dispensaban, asociando a veces algunos de ellos a sus estudios, y a Mus en particular.381Pero los consejos de tantos griegos ilustres no fueron generalmente seguidos; y para huir de los rigores del amo, acudieron los esclavos, no slo a la fuga, como ya hemos visto, sino tambin a la insurreccin. De los que trabajaban en las minas de plata de Laurium, alzronse muchos apoderndose de Sumnium, punto fortificado, y desolaron por algn tiempo parte del tica.

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JOS ANTONIO SACO /177 /177 /177 /177 /177 Acerca de la poca de esta insurreccin, muy discordes estn los autores, pues hay quien piense que acaeci en el siglo quinto antes de la era cristiana, quien durante la primera guerra de los esclavos en Sicilia, y quien durante la segunda en el ao 104 antes de Cristo.382 Acordes tampoco estn en cuanto al nmero de los alzados, pues si hay quien los reduzca a 1 000 no falta quien los eleve a 20 000.383La crueldad de los espartanos arm muchas veces contra ellos el brazo de los ilotas. Los esclavos pusieron en gran peligro a Tesalia, pues, enemigos eternos de sus seores, se aprovechaban de sus desgracias, habiendo sido cabalmente su primera insurreccin cuando Tesalia entr en guerra con sus vecinos los aqueos, perrhebos y magnesios.384Guerra hubo tambin en Argos entre amos y esclavos.385 En venganza del duro trato que se les daba, los de Chos pasronse a los atenienses, cuando stos invadieron aquella isla el ao 412 antes de la era cristiana; y como conocan muy bien el pas, causaron graves daos.386Volvironse a rebelar algn tiempo despus, y capitaneados por el esclavo Drimaco bajaban de los montes a devastar los campos. Aterrorizada la poblacin libre, hizo con l la ms vergonzosa capitulacin. Drimaco, en virtud de ella, recorra el pas como seor; impona contribuciones a las heredades; percibalas de sus propietarios, y daba acogida a los esclavos que de ellas se fugaban; pero antes de admitirlos, examinaba las causas de su fuga, y si no las hallaba fundadas, restitualos a sus amos segn lo capitulado. Chos al fin cansada de tan humillante dominacin, ofreci un premio a quien matase a Drimaco; y l, ya viejo, y quiz fatigado de la vida, o sin el prestigio y autoridad de que antes gozaba, se hizo cortar la cabeza por un joven de su amistad, para que ste ganara el precio ofrecido por ella. Con la muerte de Drimaco, que, aunque esclavo, no tena un alma vulgar, agravronse los males, pues aquellos esclavos, siempre insurrectos y sin jefe prudente que los gobernara, dironse al robo y al saqueo, y Chos, arrepentida entonces del asesinato cometido contra l, erigi un altar a su memoria con la siguiente inscripcin: “¡Al hroe bienhechor!”387La ltima hora de Chos haba sonado ya, y pereci vctima de sus esclavos. Piensa Teopompo que esto fue castigo de los dioses irritados, por haber sido aquella isla el primer pueblo de Grecia que compr esclavos griegos.388Doquiera que la esclavitud existe, lleva en s el germen de la insurreccin; y para impedirla en Grecia, no bastaron las cadenas y castigos que a los esclavos se impona. Platn y Aristteles aconsejaron, como ya se ha dicho, que se aislase a los esclavos; que no se les acostumbrase a las armas; que se tomasen de naciones, razas, y lenguas diferentes; y que se les diese buen trato.389 ste sin duda es el remedio ms eficaz, porque en todos tiempos y pases, la crueldad ha sido y siempre ser la palanca ms poderosa para que el oprimido se alce contra el opresor.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 178\ 178\ 178\ 178\ 178\ “No slo conviene, dice Diodoro de Sicilia,390 tratar con dulzura a los que dependen de nuestra autoridad cuando se tiene sobre ellos un poder poltico, sino que aun en la vida privada, la prudencia nos prescribe usar de humanidad con nuestros esclavos; porque, si la arrogancia y la extrema severidad en el Estado ocasionan discordias civiles entre los ciudadanos, del mismo modo, en las casas de los simples particulares, semejantes vicios engendran las conspiraciones de los esclavos contra los amos, y algunas veces producen rebeliones espantosas que amenazan la tranquilidad de las ciudades. Cuanto ms crueles e injustos son los amos, tanto ms dispuestos estn los hombres que se hallan bajo su rgimen a llevar su resentimiento hasta la ferocidad. Aquel a quien la fortuna ha colocado en una condicin inferior, puede consentir en ceder los honores y la gloria a los que se hallan en una regin superior; pero cuando se le niega aquella humanidad a que tiene justos derechos, entonces el esclavo indignado trata a su amo como enemigo”. Este pasaje de Diodoro fue fruto de su propia experiencia, pues, hijo de la Sicilia, pudo observar los horrores que las sangrientas insurrecciones de los esclavos ocasionaron en aquella isla. La esperanza de ser libre es el consuelo ms grande del esclavo oprimido; pero lejos de haber en la poltica, en la religin, en la filosofa o en la legislacin griegas algn principio general que se opusiese a la esclavitud, todo propendi a mantenerla. Sin embargo, en medio de la estabilidad de tan dura institucin, rompironse aisladamente las cadenas de algunos esclavos, ya por voluntad del amo, ya por decreto especial del Estado, ya por rescatarse a s mismo el esclavo o hacindolo algn extrao por l. La voluntad del amo se manifestaba, proclamando un heraldo la manumisin del esclavo en los lugares donde el pueblo se juntaba, como en los tribunales,391 en las fiestas, y en el teatro durante las representaciones; mas, esto ltimo se prohibi para no interrumpir al auditorio.392Otras veces, el amo inscriba el nombre del esclavo en los registros pblicos, o mandaba, segn aparece en los monumentos descubiertos en Tesalia, que aqul se grabase en una lpida para perpetua constancia de la manumisin que le daba.393 Esos monumentos, y otros posteriormente encontrados en Lamia,394 casi siempre mencionan el tributo que el liberto pagaba a la ciudad por el registro de su manumisin. De un pasaje de Suidas,395 se colige, que los esclavos griegos pudieron manumitirse en los templos, pues refiere que Crates, filsofo cnico, abandon su campo para dedicarse a apacentar ovejas, y que ponindose de pie en un altar, pronunci estas palabras: “Crates manumite a Crates Tebano”. Cierto que Crates no era esclavo, y, por consiguiente, su manumisin fue puramente moral o filosfica, y no material como la del hombre que gime en la verdadera esclavitud, pero como Crates qui-

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JOS ANTONIO SACO /179 /179 /179 /179 /179 so imitar lo que en tales casos se haca, hay fundamento para creer que en Grecia solan manumitirse los esclavos en los templos o en los altares. De esta opinin se apartan algunos autores.396Los amos, no slo libertaban a sus esclavos por un acto entre vivos, sino tambin por testamento; y de ello dejaron ejemplos, entre otras personas, muchos filsofos griegos. De los que stos otorgaron, aparece que Platn libert a su esclavo Artenis, sin extender este beneficio a otros cuatro que tena.397Ms generoso que su maestro fue Aristteles, pues libert a Cimn y a la esclava Atal, mandando que al primero se le comprase un esclavo, o que en plata se le diese su valor, sin contar la cantidad que ya haba recibido para comprar otro esclavo; y que a la segunda se le entregasen, adems de las esclavas que l haba comprado, 1 000 dracmas y otra esclava. Dej tambin la libertad a Tachon, Ambracis, Filn, Olimpio y su hijo; pero bajo la condicin de que no empezasen a gozar de ella sino cuando su hija se casase. Respecto de la esclava Ambracis dispuso que cuando ese caso llegase, se le diesen 500 dracmas con la esclava que ella entonces posea: lo que prueba, junto con el ejemplo de Atal, que en Grecia hubo esclavos que tuvieron esclavos, no slo en los tiempos heroicos, como en otra parte he apuntado, sino tambin en los siglos posteriores. Por ltimo, mand Aristteles que sus dems esclavos de corta edad no pudieran ser vendidos, sino que pasaran al servicio de sus herederos para ser libertados cuando fuesen adultos, si lo merecan.398Teofrasto libert cinco de los nueve que posey;399 Straton, cuatro;400Licn, 12 varones que tuvo, pues la nica esclava que a su muerte dej, legola a uno de sus libertos;401 y Epicuro libert entre los que le pertenecan a Nicias, Licn, Fedro y a Mus, su predilecto.402Ignoro si Bias, uno de los siete sabios de Grecia, libert a sus esclavos en testamento; pero de l refiere Fanodico, que habiendo rescatado del cautiverio a algunos mesenianos, los educ como a sus hijos, dotolos, y enviolos despus a Mesenia al lado de sus padres.403An no satisfechos los amos con libertar a sus esclavos, nombrbanlos a veces tutores de sus hijos; dejbanles parte de sus bienes; y solan recomendarles que se casasen con sus viudas o con alguna de sus hijas.404 Pasin, rico banquero, confi, al morir, la tutela del menor de sus hijos a Formin su liberto, dejndole por esposa a su propia mujer con una dote. Apolodoro, primognito de Pasin, atac el testamento de su padre, y Demstenes, defensor del liberto, exclam: “Cree Apolodoro, que convencidos vosotros de la probidad de Formin en sus negocios, le reprobaris su matrimonio con la viuda de Pasin? Que abra los ojos, y ver lo que todos vosotros vis: ver al banquero Scrates, libertado por sus amos, como lo haba sido Pasin, ceder su mujer a Satiros su antiguo esclavo; ver a Socicls, otro banquero, disponer, que despus

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 180\ 180\ 180\ 180\ 180\ de su muerte, su esposa se case con Timodemo que an vive, y que haba sido su esclavo; ver este ejemplo de los amos con sus esclavos seguido fuera de Atenas. En Egina, Strimodoro da su mujer por esposa a su esclavo Hermoes, y le recomienda que despus de la muerte de sta se case con su propia hija. l ver en fin, 20 casos de este gnero. Y por qu no sera as?”405El Estado pudo tambin libertar no slo a sus esclavos, sino a los ajenos, en recompensa de servicios prestados a la patria. As lo hizo Atenas con los esclavos que pelearon en Maratn, en las Arginusas,406 y en Queronea.407La ley permiti al esclavo que se libertara con el peculio que adquira; pero si el amo rehusaba, podra aqul obligarle a que prestase su consentimiento? Samuel Petit, en su comentario a las leyes ticas, piensa que s, fundndose en el siguiente pasaje de Din Crisstomo: “Y qu ¡insensato! no se puede llegar a ser libre, sin ser libertado por su amo? No puedo yo libertarme a m mismo, hallando dinero para rescatarme?”408 A la verdad, que este pasaje no es concluyente, pues todo lo que en l se dice, es que el esclavo puede adquirir la libertad sin recibirla del amo, como suceda cuando l mismo se libertaba con su peculio;409pero en dicho pasaje no se lee, que el esclavo poda compeler al amo a que lo manumitiese. Los antiguos autores guardan silencio sobre este punto; pero unas palabras de Plauto me parece que resuelven la cuestin en favor del esclavo. Helas aqu: “Por ms que vos y vuestro hijo os opongis, yo, a pesar de vuestras maniobras, puedo libertarme por algunos dineros”.410Aqu se manifiesta expresamente, que el esclavo poda libertarse contra la voluntad del amo; y a esta opinin dio fuerza, a lo menos en Atenas, la benfica tendencia de su legislacin, porque si al esclavo maltratado, ella le conceda el derecho de hacerse comprar por nuevo amo, ms justo y racional es que l pudiera comprarse a s mismo para conseguir su libertad. En los ltimos tiempos de Grecia, introdjose un nuevo modo de libertar que consista en donar o vender el esclavo a alguna divinidad. Ya este modo de manumitir aparece de la Coleccin de Inscripciones que hizo Beckh,411 y ms claramente todava de las nuevas encontradas en Delfos y en otras ciudades vecinas, y que recogidas por Curtius, acompaolas de luminosas observaciones.412 Segn este autor, ninguna de las incripciones que hablan de tal manumisin, sube ms all del tercer siglo de la era cristiana; y por ellas se ve, que lejos de poderse hacer en todas las ciudades y ante todas las divinidades, parece que se limit a un corto nmero de lugares. El templo de Apolo en Delfos fue el principal, y despus el de Esculapio en Stiris y Elatea; el de Baco en Naupacta; de Serapis en Queronea, Corenea y Titorea; y de Minerva

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JOS ANTONIO SACO /181 /181 /181 /181 /181 Poliade en Daulia.413 Mas, la facultad de ofrecer esclavos para libertarlos, no se ci a los habitantes de aquellas ciudades, pues se concedi tambin a otros de sus inmediaciones, y aun quiz a los de lugares distantes.414Estas inscripciones contenan el nombre del vendedor o donante y su patria; el del esclavo, su origen, sexo, y a veces su edad. Mencionbase tambin en ellas el nombre del arconte, el mes de su magistratura, y las dems noticias necesarias para la constancia de la manumisin. Diferencias hubo entre la donacin y la venta hecha a alguna divinidad. Era la primera cuando el amo regalaba a ella su esclavo, y la segunda cuando la divinidad reciba el precio que el esclavo le entregaba, para que de sus manos pasase a las del amo. Consumada la venta o donacin, el hierodulo que as se llam a este liberto, quedaba sagrado e inviolable, y con facultad de obrar libremente y de ir donde quisiese.415Casos hubo, sin embargo, en que al tiempo de la donacin o venta se ponan tales condiciones, que el esclavo no se poda decir libre en realidad hasta que no muriese el donante o vendedor.416 Pero aun en estos mismos casos, ya no se confunda con los verdaderos esclavos, pues para corregirlo deba tratrsele como libre;417 los hijos que tena, le pertenecan, a menos que se estipulase lo contrario;418 haca suyos los bienes que adquira, porque de otra manera no se le hubiera amenazado con una multa en caso de abandonar la persona a cuyo lado deba permanecer segn lo estipulado al tiempo de la manumisin;419 y nunca se le poda vender, aunque faltase a los deberes que se le haban impuesto.420Difcil en Grecia la manumisin, corto hubo de ser el nmero de libertos. En el censo de Atenas, ya citado, que el arconte Demetrio de Falera form al principio del cuarto siglo antes de la era cristiana, ninguna mencin se hizo de ellos; y como no eran ciudadanos, ni esclavos, no pudo inclurseles en ninguna de estas dos clases. Si cabida pudieron tener, slo sera entre los metecos,421 con los que tantos puntos de contacto tuvieron; mas, los metecos varones de 20 a 60 aos slo ascendieron entonces a 10 000, y agregndoles las mujeres y los dems de todas edades, el total subira a 40 000. La consideracin, pues, de que los libertos no formaron una clase distinta en aquel censo, induce a creer, que seran muy pocos; y aun suponiendo que se les hubiese comprendido entre los metecos, el nmero de stos sera mucho mayor que el de aqullos, puesto que el nombre que se dio a la clase fue el de metecos y no el de libertos. Llegaran estos ltimos a 10 000 o 15 000? Nada se sabe; y aun concediendo que hubiesen subido a 20 000, que es la mitad de los metecos, todava ese nmero es insignificante comparado con los 400 000 esclavos que dio aquel censo. La manumisin no rompa en Grecia todos los vnculos que haban existido entre el amo y el esclavo. Aqul conservaba ciertos derechos

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 182\ 182\ 182\ 182\ 182\ sobre ste, pues se converta en su patrono o tutor legal;422 debiendo el liberto respetarle, obedecerle, y prestarle adems todos los servicios que le hubiese impuesto al tiempo de manumitirlo.423 Si a ellos faltaba, o ingrato se mostraba, el patrono poda perseguirlo ante el polemarca con la accin de apostasa; pero la sentencia de este juicio, en el que se admitan como testigos hasta los extranjeros, se pronunciaba por los miembros de la familia del libertador. Si ste era condenado, perda todos los derechos de patrono como indigno de ejercerlos, y el liberto adquira su completa libertad; pero si ganaba, entonces el liberto era de nuevo esclavizado.424 “¡Cun memorable es tambin, dice Valerio Mximo, aquella ley de Atenas que despoja del derecho de libertad al liberto convencido de ingratitud con su patrono! Yo no quiero, dice ella, reconocerte ya por ciudadano a ti, cuya alma impa desconoce un bien tan precioso. No, no puede ser til al Estado, aquel que es criminal con su familia. Se, pues, esclavo, ya que no has sabido ser libre”.425Rigorosa la ley de Atenas con el liberto, muy indulgente fue con el patrono, porque si ste lo oprima, en vez de protegerle, no perda sus derechos. Lo nico que entonces se permiti al liberto, fue buscar en cambio de algunos servicios el apoyo de otra persona que lo amparase.426Cuando el Estado libertaba sus esclavos, no era patrono de ellos. En tales casos, dejbase al liberto amplia facultad de nombrar por su protector al ciudadano que quisiese. Si la manumisin del esclavo privado se haca por el intermedio de alguna divinidad, a sta tocaban los derechos de patronato; y para que se ejerciesen con ms eficacia, nombrbase una persona, cuya obligacin era defender al liberto de todo ultraje. A falta de este nombramiento, cualquier ciudadano poda protegerle, acusar al que violentamente lo esclavizaba y hacer condenar al culpable en una multa, que era 5, 10 y aun 12 veces mayor que el precio del esclavo; para avivar el inters del denunciador, la multa se reparta entre ste y el templo a que perteneca el liberto.427 Estas garantas de que l gozaba; la ventaja de tener por patrono, no a un hombre sino a un dios; y los pocos servicios que ste le exigira, haran que muchos esclavos prefiriesen este modo de manumisin a los otros conocidos en Grecia. Todo liberto de cualquier modo que hubiese salido de la esclavitud, ocupaba en el orden social una posicin media entre el ciudadano y el esclavo. Ya no se cortaba el pelo como ste, y a veces renunciaba al nombre que haba llevado durante su esclavitud; bien que otras lo conservaban aumentndole algunas slabas para realzarlo, como Filostfano en lugar de Estefano, Simnide en vez de Simn.428 En Atenas se le poda considerar como meteco; y aunque uno y otro eran diferentes por origen, quedaban confundidos en cuanto a la privacin de ciertos derechos, al tributo anual de las 12 dracmas que deban pagar al Estado, y a otras cargas pblicas. Cuando el nombre del liberto se borraba del re-

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JOS ANTONIO SACO /183 /183 /183 /183 /183 gistro en que constaba su manumisin, y se le inscriba en el censo de los ciudadanos, eximindosele de todo patronato y pagando adems una contribucin al Estado, entonces de meteco pasaba a isotele; es decir, que suba un grado ms en la escala social, sin que por eso pudiese todava aspirar a los honores, ni al goce de los derechos civiles, que no se concedan a los nuevos ciudadanos.429 Para alcanzarlos, era menester que el pueblo congregado en una asamblea de ms de 6 000 ciudadanos se los concediese por una ley; ley que estaba sujeta a revisin para reparar los males que el engao o la ligereza pudieran ocasionar.430 Mas, esto no impidi que se abriese la puerta a hombres indignos, porque la ciudadana tan altamente apreciada en los buenos tiempos de Atenas, se prostituy despus por adulacin o por dinero, dndose hasta a jugadores de pelota, a vendedores de pescado y a otros semejantes.431 A tanto lleg la degradacin que el pueblo de Atenas postrado a los pies de Antgone, intent dar el ttulo de ciudadano a uno de sus esclavos; pero l respondi, que no quera castigar a un ateniense.432 Sin embargo, tal fue el prestigio que las letras y la filosofa dieron a aquella ciudad, que al decir de Din Casio, aun largo tiempo despus de haber cado bajo el poder de Roma, muchos ambicionaban el honor de ser ciudadanos de Atenas.433Casos hubo, aunque raros, en que el liberto consegua los derechos de ciudadano en el acto mismo de su manumisin; y as aconteca, cuando el Estado libertaba los esclavos por servicios hechos a la patria, como sucedi con los que en Maratn pelearon contra los persas; en las islas Arginusas, contra Lacedemonia,434 y en Queronea, contra Filipo.435 Empero, estos libertos no entraron todava en la plenitud de todos los derechos civiles y polticos; y Demstenes, fudndose en el espritu de la ley de Atenas, sostuvo en uno de sus discursos, que Pasin, por ser nuevo ciudadano, no poda hacer testamento.436 El mismo orador, en otros de sus discursos, neg tambin a los nuevos ciudadanos, llamados plateos ,437 el derecho de aspirar al sacerdocio y al arcontado. Oigmosle: “Hipcrates ha dicho, que desde ese da los plateos sean ciudadanos de Atenas, aptos para los empleos como los atenienses y participando de todo lo que es comn a stos, de las cosas sagradas o profanas, excepto del sacerdocio o del culto particular de las familias, y de la dignidad de arconte; bien que sus hijos tendrn derecho a todo esto. Que los plateos sean repartidos entre los demes y las tribus, y que despus de esta reparticin, ningn plateo pueda ser ciudadano de Atenas sin una decisin del pueblo ateniense”.438Segn este pasaje, ningn liberto, ni nuevo ciudadano poda confundirse con un ateniense, pues los derechos de tal no los alcanzaba sino a la segunda generacin.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 184\ 184\ 184\ 184\ 184\Notas1Diod. Sic., lib. IV, cap. LI. 2Diod. Sic., lib. IV, cap. LIV. 3Sfocles, Traquinias vers. 248-253 y 274-278. 4Diod. Sic., lib. IV, cap. XXXI. 5Diod. Sic., lib. IV, cap. XXXI. 6Eurpides, Alcestes vers. 1 y 2. 7Herod., lib. VI, cap. CXXXVII. 8 Iliad ., cant. 1, en varios pasajes. 9 Iliad ., cant. 9. 10 Iliad ., cant. 1, 2, 9 y 11. 11 Iliad ., cant. 1, 4 y 9. 12Eurpid., Hcup vers. 442 a 479. 13 Iliad ., cant. 4. 14 Iliad ., cant. 6. 15 Iliad ., cant. 24. 16Diod. Sic., lib. XIII, cap. CIV. 17Plutarc., Vida de Agesilao § 10. Jenof., Vida de Agesilao 18Theopompus en Athen., lib. VI. 19Herod., lib. I, cap. LXVI. 20Diod. Sic., lib. XI, cap. LXV. 21Vase el apndice n XXI, sobre el valor de la mina y de otras monedas griegas. 22Herod., lib. V, cap. LXXVII. 23Tucdides, lib. III, cap. LXVIII. 24Jenofante, Hellenic 25Diod. Sic., lib. XII, cap. LXV. 26Tucd., lib. V, cap. III. 27Tucd., lib. V, cap. XXXII y CXVI. Diod. Sic., lib. XII, cap. LXXVI y LXXX. 28Tucd., lib. IV, cap. XLVIII. 29Diod. Sic., lib. XI, cap. XX a XXVI. 30Tucd., lib. VI, cap. LXII. 31Tucd., lib. VII, cap. LXXXVI. Plutarc., Vida de Nicias § 39. 32La cotila tica era una medida de peso de 15 onzas. 33Tucd., lib. VII, cap. LXXXVII. 34Plutarc., Vida de Nicias § 40. 35Diod. Sic., lib. XIV, cap. LXXXII. 36Diod. Sic., lib. XVI cap. XXXIII. 37Plutarc., Vidas de Hombres Ilustres Paralelo entre Pelpidas y Marcelo § 1. 38Tucd., lib. I, cap. V. 39Tucd., lib. I, cap. IV.

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JOS ANTONIO SACO /185 /185 /185 /185 /18540Tucd., lib. I. cap. V. 41Strab., lib. XI, cap. II, § 4. 42Strab., lib. VII, cap. VII, § 2 y 3. Diod. Sic., lib. XIV, cap. XXXVII. 43Tucd., lib. I, cap. V. Vase tambin el Eunuco de Terencio, acto I, esc. II. 44 Leges Atticae lib. II, De Legib., tt. 6, lex. 11 en Samuel Petit. 45Demstenes contra Nicostr. 46Carta de Filipo en Dem ., lib. XV. 47Digenes Laercio, Vida de Digenes lib. VI. 48Diod. Sic., Fragm ., lib. VIII, cap. III. 49Aristfanes en Plutus act. II, esc. III. 50 Leg. Atic., lib. VII, tt. V, ley 7, en Sam. Petit. Jenof., Memorias sobre Scrates lib. I, cap. II. 51Jul. Poll., Onomasticon lib. VIII, cap. CII. 52Antiph. en Athen., lib. III. Plauto, Captio Prlog. VIII y act. V, esc. II, v. 28. Aristt., Poltica lib. II, cap. V, § 12. 53Plutarc., Vida de Soln § 16. 54 Leg. Atic., lib. V, tt. IV, lib. V, en Sam. Petit. Plutarc., Soln § 20. Jul. Poll., Onomastic ., lib. III, cap. XXV, nota 56. 55Plutarc., Vida de Soln § 28. 56 Leg. Atic., lib. II, tt. IV. 57Aristt., Acharn ., v. 760 y ss. 58Alianus, Variae Historiae lib. II, cap. VII. 59 Leg. Atic., lib. II, tt. V, ley 1 en Sam. Petit. 60El orador Lisias. 61El orador Iseo. 62 Leg. Atic., lib. II, tt. V, ley 2 en Sam. Petit. 63Demsten., Orac. 1, contra Aristoginton Plutarc., in Lycurgo Rhetore Jul. Poll., Onomasticon lib. III, cap. IV, § 35. 64Demsten., Orac. contra Neaer. Leg. Atic., lib. VI, tt. I, lib. VI en Sam. Petit. 65 Leg. Atic., lib. II, tt. III, ley penltima, y tt. V ley 4 en Sam. Petit. 66Athen., lib. VI, p. 272. 67Hesiodo, Operae et dies vers. 602. 68 Iliad ., cant. 21. 69 Iliad ., cant. 21. 70 Iliad ., cant. 24. 71 Iliad ., cant. 7. 72 Iliad ., cant. 7. 73Jugler, De rundinatione servorum cap. III. 74Demsten., Contra el falso test Steph., Escolio de Max Plan., sobre Hermogen., Walz, tom. V, p. 529. 75Aten., lib. XII, p. 519. 76Aristf., Aves act. I, y Ranas act. I.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 186\ 186\ 186\ 186\ 186\77Teofrasto, Caract ., 21. 78Plutarc., Vida de Nicias § 21. Polemon en Aten., lib. XIII, p. 388. 79Aten., lib. XII, p. 550. 80Dig. Laerc., Vida de Platn lib. III, § 14. Diod. Sic., lib. XV, cap. VII. 81Herod., lib. I, cap. VI. Jul. Poll., Onomast ., lib. VII, cap. II. 82Tucd., lib. VIII, cap. XL. 83Plin., Hist. Nat ., lib. V, cap. XXXI. 84Strab., lib. VII, cap. III, § 10, y lib. XI, cap. II. 85Strab., lib. XI, cap. II, § 2. Polib., lib. IV, cap. XXXVIII. 86Strab., lib. VII, cap. III, § 10. 87Strab., lib. XI, cap. III, § 2. 88 Odis ., cant. XX. 89Athen., lib. XII, p. 531. AElian. Var., Hist ., VII, 2. 90Demsten., c. Neaer. 91Esquines, Orac. contra Timarco. 92Plauto, Poenulus act. I, esc. I, vers. 190, y esc. II, vers. 335. 93Athen., p. 607. 94Athen., lib. XII, p. 515. Xantus de Lidia citado por Heschynues. 95 Odis ., cant. VII. 96 Odis ., cant. XXII. 97 Odis ., cant. XVII. 98Hesiod., Oper. et dies vers. 297-309. 99 Iliad ., cant. V. 100 Iliad ., cant. VII. 101 Odis ., cant. III y XIX. 102 Iliad ., cant. XIX. 103 Iliad ., cant. IX. 104 Iliad ., cant. XXII. 105 Iliad ., cant. III. 106 Odis ., cant. I. 107Aristt., Polt ., lib. II, cap. VI, § 23. Plutarc., Vida de Licurgo, § 35, y Vida de Soln § 30. 108Plutarc., Vida de Licurgo § 43. 109Plutarc., Vida de Licurgo § 35. 110Plutarc., Vida de Licurgo § 11. Jenof., Repb. de Esparta cap. VII. 111Plutarc., Vida de Licurgo § 12. 112Tucd., lib. VIII, cap. XL. 113Aristt., Polt ., lib. II, cap. IX, § 2 y 3. 114Plutarc., Vida de Soln § 30. Dig. Laerc., Vida de Soln. 115Herod., lib. II, cap. CLXXVII. 116Tucd., lib. II, cap. XVI.

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JOS ANTONIO SACO /187 /187 /187 /187 /187117Jenof., Economic Aristt., Econ ., lib. II, citado por Beckh. 118Tucd., lib. VII, cap. XXVII. 119Herod., lib. II, § 167. 120Plutarc., Leyes lib. XI. 121Aristt., Polt ., lib. III, cap. III, § 4. 122Aristt., Polt ., lib. II, cap. IX, § 4, y lib. III, cap. VI, § 7. 123Jenof., Memorias sobre Scrates lib. II, cap. VII. 124Aristt., Polt ., lib. II, cap. IV, § 13. 125Jenof., Economic ., cap. IV y VI. 126Platn, Repb ., lib. V. 127Aristt., Polt ., lib. II, cap. VI, § 2. 128Aristt., Polt ., lib. V (8), cap. II, § 1. 129dem., lib. III, cap. II, § 8. En la constitucin de Faleas, legislador de Calcedonia, deba esclavizarse en favor del Estado a todos los artesanos. (Aristt., Polt ., lib. II, cap. IV, § 13.) 130Aristt., Polt ., lib. III, cap. III, § 2 y 3. 131Aristt., Polt ., lib. IV (7), cap. VIII, § 2. 132Jenof., Rentas del tica cap. IV. 133Jenof., Rentas del tica cap. IV. 134Jenof., Rentas cap. IV. 135Demsten., Orac. c. Eubulide. Jenof., Mem. sobre Scrates lib. II, cap. VII. 136Tucd., lib. II, cap. XL. 137Lucien, Lexiphan X. Aristti., prlogo de Pluto 138Licias, De la impiedad de Call 139Teof., en Aten., lib. VI, p. 275. 140Plat., Repblica IX. 141 Leg. Atic., lib. II, tt. 6, De Servis et Leberis en Sam. Petit. 142Demsten., c. Afobos. 143Licias, in Eratosth. 144Jenof., Rentas cap. IV. 145Dig. Laerc., lib. I, cap. IV. 146Dig. Laerc., lib. III. 147Dig. Laerc., lib. V, cap. I y IX. 148Dig. Laerc., lib. II, cap. XIV. 149Dig. Laerc., lib. III, cap. VII. 150Dig. Laerc., lib. IV, cap. IX. 151Dig. Laerc., lib. X. 152Alexis en Aten., lib. XIV. 153Aten., lib. XIV, p. 521. 154Aten., lib. XIV, p. 519. 155Aten., lib. VI, p. 273, y lib. XII, p. 541.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 188\ 188\ 188\ 188\ 188\156Tucd., lib. VIII, cap. XL. 157El mismo Ateneo en el libro X, pgina 443, en vez de arcadios dice ardienses. Los prospelatas en rigor no eran esclavos sino siervos. 158Aten., lib. VI, p. 272. 159Rollin, Hist ancienne lib. X, cap. I, art. 2, § 2. 160 Hume’s Essais and treaties on several subjects Essai 11. 161Wallon, Hist. de l’esclavage dans l’antiquit part. I, cap. VIII. 162Beckh, Eco. polit. de los atenienses vol. I, lib. I, § 7. 163Saint-Croix dans les Mmoires de l’Acadmie des Inscriptions nouvelle srie, vol. VI. 164 Histoire de l’esclavage dans l’antiquit part. I, cap. VIII. 165Tucd., lib. VIII, cap. XL. 166Wallon, Histoire de l’Esclavage tom. I, part. I, cap. VIII. 167Wallon, Hist. de l’Esclavage part. I, chap. IV. 168Dig. Laerc. 169Dig. Laerc. 170Esqui., Orac. c. Timarcho. 171Demsten., c. Afob. 172Demsten., contra Midias. 173Hesiod., Operae et dies vers. 470, 502, 595, etc. 174 Odis ., cant. XIV. Hesiod., Oper et dies vers. 441. 175 Iliad ., cant. XVIII. Odis ., cant. XIV. Eurpid, Ciclop ., en muchos pasajes. 176 Iliad ., cant. XI. Odis ., cant. V, y VII. 177 Odis ., cant. I, III, IV, VII, XV y XVII. 178 Iliad ., cant. I, IIII y VI. Odis ., cant. I. 179 Odis ., cant. VII. 180 Odis ., cant. IV, VIII, X, XVII y XXIV. 181 Odis ., cant. IV. 182 Odis ., cant. III. 183Demsten., orac. 1, c. Afob. 184dem., ibdem. 185Esquin., c. Tim. 186Demsten., c. Olimp. 187Dionisio Halicarnaso, Iscrates I, tom. V, p. 534, edi. Reiske. 188Teof., Carac ., 30. 189Iscrates, Trapectica 7 edic., Coray. 190Demsten., c. Olimp. 191Beckh, tom. I, p. 204. 192Jull. Poll., Onomast ., lib. IV, cap. XIX. 193Plutarc., Vida de Licurgo § 25. 194Jenof., Repb Laced ., cap. II, § 2. Plutarc., Vida de Licurg ., § 26. 195Jenof., Memor. sobre Scrates Teof., Caract ., 2, 21, 23, 24, 27 y 30. Demsten., c. Timot. y c. Frmico, etc.

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JOS ANTONIO SACO /189 /189 /189 /189 /189196Demsten., pro Frm. 197Aten., lib. XII. Terenc., Eunuc ., act. I, esc. II. 198Antfanes, en Aten., lib. IV, p. 172. 199Aten., lib. IV y XIII. 200“ Formosus puer accessit, et unguentum attulit incundum fragrans: Alius vero hospitale munus cunetis coronas dedit Rosis contextus, sigillatim adornatus ”. Matron, en Athen., lib. IV, p. 136 y 137. Filoxenus Cytherius, en Athen., lib. IV, p. 147, y lib. XV, p. 685. Alexis in Locris, en Athen., lib. III, p. 123. Archestrastus, en Athen., lib. VII, p. 310, y lib. IX, pp. 408 y 409. 201Athen., lib. XII, p. 548. 202Athen., lib. XIII, p. 607. 203Athen., lib. XIII, pp. 558 y 568. 204“ Tibicine quatuor. Conducta sunt., coqui duodcim ”. Antiphanes, en Athen., lib. IV, p. 172. Teof., Caract ., 22. 205Demsten., c. Neaer. 206Theopompo, en Athen., lib. XIII, p. 595. 207Callistratus, en Athen., lib. XIII, p. 591. 208Demsten., c. Neaer. Licias, Sur un guet-apens 209 Leg. Atic. lib. VI, tt. V, 1. 4 210 Lg. Atic. lib. VI, tt. V, 1. 1 Esqui., c. Timarc. 211Tucd., lib. VI, cap. LIV a LVII. 212Esqui., c. Timarc. 213Jenof., Memor. sobre Scrates lib. I, cap. II. 214Plat., Leyes lib. VIII, p. 110, trad. de Cousin. 215Plat., Leyes lib. I, p. 33, y lib. VIII, p. 110, traduc. de Cousin. Vase sobre este vicio a Gregoire, Trait de la domesticit p. 9, y Otfr. Mller, Die Dorier tom. II, p. 292 y ss. 216Jenof., Rentas del tica cap. IV. Demsten., c. Aristtog. Esqui., c. Timarco. 217Esqui., Embajada 218Aristt., Polt ., lib. II, cap. IV, § 13. 219Beckh., Corpus inscript ., n 3394. 220Aten., lib. XIII. 221Tucd., lib. VIII, cap. XIX. 222Tucd., lib. VII, cap. XIII. Jenof., Repub. Aten ., cap. I. 223Tucd., lib. VII, cap. LXXV. 224Pausanias, I, XXIX, 7, y VII, XV, 7. 225Cuando Sila derrot en la Beocia a los generales de Mitrdates, stos presentaron en las primeras filas de sus tropas 15 000 esclavos que por un decreto pblico haban sido libertados en las ciudades de la Grecia. (Plutarc., Vida de Sila § 26.) 226Polib., lib. XL, frag. 2. 227Nicander., lib. III. Colophoniacorum en Aten., lib. XIII, p. 569. 228Beckh, Corp. inscript ., p. V, no. 1607 y 1608, 1699 a 1708, 1756 y 1757. 229Pndaro en Athen, lib. XIII.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 190\ 190\ 190\ 190\ 190\230Strab., lib. VIII, cap. VII, § 3. 231Strab., lib. XII, cap. II, § 25. 232Athen., lib. XIII, p. 574. 233Chamaleon Heracleotes, en Athen., lib. XIII, p. 573. 234Diod. Sic., lib. IV, § 83. 235Strab., lib. VI, cap. III, § 8. 236Diod. Sic., lib. IV, § 83. 237Strab., lib. VI, cap. III, § 8. 238Alexis Samius, en Athen., lib. XIII, p. 572. 239Evacles, en Athen., lib. XIII, p. 572. 240En Comana de Capadocia, hoy El Bostam, hubo un templo dedicado a Belona. “La ciudad [dice Strab., lib. XII, cap. I, § 5.] es considerable; y su poblacin se compone en gran parte de adivinos y de esclavos agregados al servicio del templo. Los habitantes son catadinos, sbditos del rey de Capadocia, como todo el resto, pero dedicados exclusivamente al pontfice de la diosa. Este pontfice es amo del templo, y manda a los esclavos, los cuales cuando yo pas por all, eran entre hombres y mujeres ms de 6 000”. En Comana del Ponto, as llamada para distinguirla de la anterior, hubo tambin otro templo dedicado a Belona; pero en vez de esclavos tuvo 6 000 siervos. (Strab., lib. XII, cap. II, § 25.) Los habitantes de esta ciudad pasaban la vida en los placeres; residan en ella muchas cortesanas, cuya mayor parte perteneca al templo; y hasta cierto punto, Comana era a los ojos de Strabn, una pequea Corinto. En la prefectura de Morimene, una de las 11 en que los romanos dividieron al fin la Capadocia, exista entre los venacios un templo de Jpiter, con habitaciones ocupadas por casi 3 000 esclavos para el servicio del templo, y para el cultivo de las frtiles tierras que le pertenecan. stas producan anualmente 15 talentos para el pontfice, el cual era vitalicio lo mismo que el de Comana. (Strab., lib. XII, cap. I, § 8.) Los armenios levantaron templos a la diosa Anaitis, y el principal estaba asentado en Acilisene, provincia de la Grande Armenia. Haba en l, no slo personas de ambos sexos consagradas al servicio de la divinidad, sino que las familias ms distinguidas le ofrecan sus hijas todava vrgenes. “Es [dice Strabn, lib. XI, cap. XIX, § 9] ley del pas, que despus de haberse prostituido por largo tiempo en el templo de Anaitis, ellas se casan, y ningn hombre rehsa aceptarlas por mujeres”. Por ltimo, en Zela (hoy Zeleh), ciudad del Ponto, existi un templo erigido a la misma diosa. No tuvo esclavos, sino siervos; pero las ceremonias religiosas celebrronse en l con menos impudencia que entre los armenios. (Strab., lib. XII, cap. II, § 26.) 241 Iliad ., cant. XXIII. 242 Odis ., cant. I. 243 Iliad ., cant. XXI. 244Jenof., Mem. sobre Scrates lib. II, cap. V, § 2. 245Demsten., c. Spudias. 246Jenof., Rentas del tica cap. IV. 247Plutarc., Paral. entre Nicias y Craso cap. I. 248Beckh, Econom. Polt ., tom. I, 22. Esqui., c. Timar. Demsten., c. Afob. y c. Neaer. Licias, Fragmento de un discurso contra Esquines, el Socrtico. Iseo, sobre la sucesin de Agnias. 249Demsten., c. Afob.

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JOS ANTONIO SACO /191 /191 /191 /191 /191250dem., dem. 251Esqui., c. Tim. 252Planude, Vida de Esopo en Jugler, De nundinatione servorum 253Plaut., Pseudolus act. III, esc. II. 254Iscr., De l’Echange 255Demsten., c. Neaer. 256Terenc., Eun ., act. I, esc. II, vers. 165 a 169. 257Terenc., act. IV, esc. III; Adelf., act. II, esc. I. 258Planude, Vida de Esopo en Jugler, De nundin. servorum 259Herod., lib. V, cap. LXXVII. 260Aristt., Econ., II, p. 1349, edic. Bekker. 261Demsten., Sobre la Embajada 262Diod. Sic., lib. XX, cap. LXXXIV. 263Muchas de stas fueron descubiertas por Otfr. Mller ( Les Doriens ), por Curtius ( Memoria Ancdota Dlfica ), y por Chandler. 264Eurpid., Ifig. en Aulide vers. 857. 265 Iliad 266 Odi. cant. XIV. 267 Iliad. cant. I y IX. 268 Odi. cant. XIV. 269 Odis ., cant. XIV, vers. 210. Sfoc., Ajax ., 494 a 497. 270Eurpid, Androm ., vers. 183 a 200. 271Aristf., Pluto ., vers. 253, y Paz vers. 1249. Aten., lib. XIV, p. 651. 272Aristf., Avispas vers. 455. Paz vers. 1000. Jul. Poll., Onomast ., III, 119, y lib. VII, cap. III. 273Jul. Poll., Onomasticon VII, 92. 274Aristf., Aves vers. 912. 275Aristf., Avispas vers. 443. 276Jenof., Repb Aten ., I. 277Plutarc., Amat ., IV, § 11. 278Jenof. de Efeso, II, IV, 5, citado por el alemn Reitemcier en su Historia de la Esclavitud en Grecia. 279Jenof., Econom ., cap. IX. 280Terenc., Fora ., act. I, esc. I. 281Plaut., Asinar ., act. III, esc. I, y Mercator act. III, esc. I. 282Lucien., Mercenarios 14, tom. II. 283Lucien., ibd. 284Plaut., Trinum act. II, esc. IV. Menandro en Stobeo. Floril, LXII, 10. 285Reitemcier, Historia de la Esclavitud en Grecia Crobilus, en Aten., lib. VI, p. 248. 286Demsten., Orac. III, contra Filip. 287 Leg. Atic. lib. III, tt. VII, 1. 2, en Sam. Petit. 288Jenof., Rep. Aten ., cap. I.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 192\ 192\ 192\ 192\ 192\289 Leg. Atic. lib. III, tt. VIII, 1. 1, en Sam. Petit. 290 Leg. Atic. lib. III, tt. VIII, 1. 2, en Sam. Petit. 291Plaut., Sticho act. III, esc. I. Demsten., Orac. 2 c. Filip. Esqui., c. Tim. 292Plaut., Stich ., act. III, esc. I. 293Jenof., Repb Aten ., cap. I. 294Beckh, Corp Inscript ., part. 4, secc. II, no. 1192 y 1193. 295Plaut., Asinar ., act. II, esc. II, y toda la ltima de dicho acto. 296Aristf., en el Pluto Avispas y Ranas. 297Jenof ., Mem. sobre Scrates lib. II, cap. I. Plutar., Paralelo entre Nicias y Craso § 1. 298Terenc., Fora ., act. II, esc. I. 299Aristf., Ranas 300Jul. Poll., Onomastic ., III, 78 y 79. Aristf., Pluto 271. Plaut., Asinar ., act. III, esc. II. Demsten., Orac. 3 contra Afobo. 301Letronne, Memoria citada. 302Athen., lib. IV, p. 161. 303Lucien., Caron 2. 304Pignoris, De servis 305Aristf., Aves y Licistrato Jul. Poll., Onomasticon III, 67. 306Jenof., Rentas del tica ., cap. IV. 307Tucd., lib. I, § 139, y lib. VII, § 27. 308Tucd., lib, IV, § 117. 309 Leg. Atic., lib. II, tt. 6. Schol. de Gregorio de Corinto sobre Hermgenes (Walz, vol. VII, p. 12). Leg. Atic. lib. IV, tt. IV, 1. 4. 310 Leg. Atic., lib. IV, tt. VII, 1. 2. 311Demsten., Orac. 3 c. Afob. Licias, c. Cimn. Licurgo, c. Leocr. Iscr., Discurso c. Pasin. Iseo sobre la sucesin de Ciron. Antfn, defensa de un bailarn. 312Aristt., Retrica I, 15. 313Demsten., Discurso contra Evergus y Mnecybule 314Demsten., c. Pantenete. 315Demsten., c. Neaer. 316Aristf., Ranas 639. 317Plutarc., Vit. X, Orat. Andocide, § 3, p. 834. 318Aristf., Ranas 319 Leg. Atic. lib. I, tt. I, 1. 8. 320Pausan., II, XXVII, 4. 321Macrab., Saturnal ., lib. I, cap. VII. 322Aristf., Pluto vers. 1140 a 1147. 323Demsten., c. Mid. Procl. ad Hesiod., citado por Meurcio, Lect att ., IV, XIV, tom. II, p. 1162. 324Athen., lib. IV, pp. 139 y 140. 325Macrob., Saturn ., lib. I, cap. VII.

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JOS ANTONIO SACO /193 /193 /193 /193 /193326Caristio en Aten., lib. XIV, p. 639. 327Baton. Sinopensis, en Aten., lib. XIV, pp. 639 y 640. 328Aristf., Tesmo ., vers. 279 y 293. 329 Leg. Atic. lib. VI, tt. VIII. De Sepulchris et funeribus 330Valerio Mximo, lib. II, cap. VI, § 7. 331Eurpid., Heracl ., 260. 332Eurpid., Supl ., 267 a 270. 333Statius Thebaidos, lib. XII, en Sam. Petit, en su comentario al lib. I, tt. I, Leg. Atic. 334 Sacellum era un pequeo recinto consagrado. 335Diod. Sic., lib. IV, § 62. 336Pausan., II, XIII, 4. 337Aristf., Plut ., vers. 20. 338Eurpid., Andrm ., vers. 256, 265 y ss. 339Eurpid., Andrm ., vers. 256 y 265. 340Plaut., Mostelaria act. II, esc. I. 341Plaut., Rudens act. III, esc. IV 342 Leg. Atic., lib. II, De Legibus tt. VI, I. 1. 343Demsten., c. Midias. Aten., lib. VI, p. 267. 344Antif., Sobre el homicidio de Herode 345Demsten., contra Midias. 346Plat., Leyes lib. IX. 347Plat., Leyes lib. IX. 348Antif., Defensa de un bailarn 349Antif., Sobre el homicidio de Herode 350Plat., Leyes lib. IX. 351 Leg. Atic., lib. II, tt. VI, 1. 5. 352Plutarc., De Superstitione citado por Petit en su comentario a la ley 5, tt. VI, lib. II de las Leyes ticas 353Aten., lib VI, p. 266 y ss. 354Estos fragmentos los cita Jul. Poll., Onomasticon lib. VII, cap. II, y los repite Petit en el lugar referido. 355Schol. de Corinto sobre Hermgenes. (Wals, tom. VII, p. 1283). 356 Leg. Atic., lib. II, de Leg ., tt. VI, 1. 5. 357 Leg. Atic., lib. II, tt. VI, 1. 6. 358Herod., lib. VIII, § 75 y 110. 359Beckh, Inscript. Atic., P II, D. II, no. 939, 1002, 1792, 1890, 1891, 2009, 2327, 2344, etc. 360Aristt., Polt ., lib. II, cap. II, § 12. 361Aristt., Polt ., lib. II, cap. VI, § 4. 362Dig. Laerc., lib. I, cap. IV. 363Plat., Leyes lib. VI. 364Plat., Comment il faut lver les enfants 14, p. 11.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 194\ 194\ 194\ 194\ 194\365Dig. Laerc., Vida de Platn lib. III. 366Plat., De la tardive vengeance des dieux 5, p. 551. 367Dig. Laerc. lib. III. 368Plat., Rep ., tom. X, p. 27, trad. de Cousin. 369Plat., Rep ., tom. VIII. 370Plat., Leyes lib. VI. 371Aristt., Polt ., lib. I, cap. V, §11. 372Aristt., Econmic ., 1, 5. 373Aristt., Econmic ., I, 5. 374Aristt., Polt ., lib. IV (7), cap. IX, § 9. 375Dig. Laerc., lib. V 376Fragmentos recogidos por Stobeo, Serm. 174, p. 600. 377Stob., Floril ., LXII, 27. 378Jenof., Economic ., XIII. 379Jenof., Econom ., cap. IX. 380Dig. Laerc., VII, I, 64, § 123. Cicern, Pro Murena 29. 381Dig. Laerc., VII, § 120. 382Dig. Laerc., lib. X. 383Aten., lib. VI, p. 272. Beckh, Tratado de las minas de Laurium Diodoro, Eclog ., XXXIV, II, 18. 384Diod., ibdem. Posidonio en Aten., lib. VI, p. 272. 385Aristt., Polt ., lib. II, cap. VI, § 3. 386Herod., lib. VI, § 83. 387Tucd., lib. VIII, cap. XL. 388Aten., lib. VI, p. 265-268. 389Teopomp., en Aten., lib. VII, pp. 255 y 266. 390Plat., Leyes tom. VII, p. 358 (traduccin de Cousin). Aristt., Poltic ., lib. IV (7), cap. IX, § 9. 391Diod. Sic., Fragmentos lib. XXXIV y XXXV. 392Oradores griegos, Iseo, p. 310, edicin de Reiske. Dionisio de Halicarnaso. 393Esqui., c. Ctesi. Leg. Atic., ley 7, tt. VI, lib. II, en Sam. Petit. 394Curtius, Ancdota Dlfica pp. 13-16. 395 Journal archologique d’Athnes 396Suidas, citado por Curtius y por Potgiesser, De Statu Servorum lib. IV, cap. IV, § 1. 397Vase a Potgiesser en De Statu Servorum lib. IV, cap. IV, § 1. 398Dig. Laerc., lib. III. 399Dig. Laerc., lib. V, cap. I. 400Dig. Laerc., II, 14. 401Dig. Laerc., III, 7. 402Dig. Laerc., IV, 9. 403Dig. Laerc., lib. X.

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JOS ANTONIO SACO /195 /195 /195 /195 /195404Dig. Laerc., lib. I, cap. IV. 405Demsten., pro Form. 406Demsten., pro Form. 407Aristt., Ranas 705. 408Licurg. c. Leoer. Din Crisst., XV, p. 240, I, 44. 409Din Crisst., XV, pp. 240 y 241. 410 Leg. Atic. lib. II, tt. VI, 1. 6. 411“ Quid? si tu nolis, filiusque etiam tuus, Vobis invitis atque amborum ingratiis Una libella liber possum fieri ”. (Plaut., Casin ., act. II, esc. V.) 412Beckh, Corpus Inscript 413Curtius, Ancdota Dlfica. 414Curtius, Ancdota Dlfica 415Curtius, p. 31. 416Beckh, Corp. Inscript., n 1699. Curtius, en varias inscripciones. 417Curtius, p. 23. 418Curtius, inscr., 11. 419Beckh, Corp. Inscr ., n 1608. 420Curtius. 421Curtius, inscr., 16 y 30. 422Vase lo que he dicho acerca de los metecos en la pgina 148 de este tomo. 423Sam. Petit., Leg. Atic. lib. II, tt. VI, ley 8. 424Plaut., Mil Glor Demsten., c. Timot., y en uno de sus discursos c. Afobos. 425Sam. Petit, Leg. At ., lib. H, tt. VI, ley 9 y 10. 426Valer. Mxim., lib. II, cap. VI, § 6. 427Sam. Petit, Comentario a la ley 8, tt. VI, lib. II, de las Leyes ticas 428Curtius, Ancdota Dlfica. 429Antologas, Epigrama lib. II. Demsten., Orac., por la Corona. 430Demsten., c. Form. 431Demsten., c. Neaer. Leg. Atic., lib. II, tt. III, 1. 10. 432Oracin de Dinareo c. Demsten. Aten., lib. I, p. 19. 433Plutarc., Apof. Antig ., XII, p. 182. 434Din Casio, LIV, 7. 435Aristf., Ranas 705. 436Din Crisst., XV, p. 240. Licurgo, c. Leocr. 437Demsten., contra el falso testigo Stef. 438Plateos fue el nombre que se dio a los nuevos ciudadanos desde que a los habitantes de Platea se les concedi el derecho de ciudad por el auxilio que dieron a Atenas en la batalla de Maratn. 439Demsten., Orac. contra Neaer.

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Libro QuintoSIER SIER SIER SIER SIER V V V V V OS EN GRECIA OS EN GRECIA OS EN GRECIA OS EN GRECIA OS EN GRECIAHubo en Grecia una clase de hombres que sin ser libres, no fueron del todo esclavos. Si la guerra le dio stos, vendiendo o repartiendo los prisioneros, la conquista le dio siervos, subyugando a los pueblos vencidos sin distincin de sexo ni edad. An no haba pasado una centuria de la ruina de Troya, y ya Grecia empez a sentir los ms profundos trastornos. La entrada de los tsalos en la Hemonia, llamada desde entonces Tesalia,1 abri la puerta a las invasiones que se hicieran 12 siglos antes de la era cristiana; y puestas en movimiento las tribus helnicas, empujronse unas a otras, despojronse mutuamente de sus tierras, y los pueblos vencidos que no pudieron emigrar, sufrieron en masa la dura ley del vencedor. En trastorno tan general, las tribus o razas que se hallaban dominadas en el pas de su residencia, se convertan en dominadoras en la regin adonde emigraban. Tesalia, Beocia, tica, Corinto, Aquea, Arglida, Laconia, Mesenia, y todo el Peloponeso, ofrecieron el espectculo de razas opresoras y de razas oprimidas. Pero las condiciones que a stas impuso el vencedor, no fueron las mismas en todas partes: unas, sometidas tan slo al cumplimiento de ciertos deberes, conservaron muchos de sus antiguos derechos; mas, otras, sin ser reducidas a verdadera esclavitud, dejselas en un estado que fluctuaba entre sta y la libertad, inclinndose ms a una que a otra, segn las ideas y principios de los diferentes conquistadores. Tal fue el origen de los siervos en Grecia.2Cuando los tsalos invadieron la Hemonia, ni sus armas se extendieron a todo el pas, ni todos los puntos invadidos les opusieron la misma resistencia; y de aqu fue, que el yugo de la dominacin carg sobre unas tribus con ms peso que sobre otras. Es verdad, que todas perdieron su independencia y fueron sometidas a un tributo;3 pero mientras algunos conservaron casi todos sus derechos, sentndose en el Consejo de los Anfictiones al lado de sus dominadores,4 otros pueblos a quienes se dio el nombre de penestes fueron despojados de sus tierras y sometidos a duras condiciones.5

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JOS ANTONIO SACO /197 /197 /197 /197 /197 Efectivamente, a stos se les emple en cultivar las tierras, pagando a sus seores un canon fijo por ellas; y como hacan suyos los dems productos que rendan, hubo penestes ms ricos que sus amos.6 Acomparonlos tambin a los campos de batalla; pudieron formar parte de sus tropas, y Demstenes refiere que en la guerra del Peloponeso, hubo un ciudadano que ofreci a Atenas un cuerpo de 1 200 penestes. Aunque la caballera de Tesalia era la ms afamada de toda la Grecia,7 sirvieron en ella en tiempos normales: y del discurso que Polidamas de Farsalia pronunci en el Consejo de Lacedemonia, aparece que Jasn de Feres intent dominar la Grecia tripulando las naves con penestes, y destruir la escuadra de Atenas.8 Ocupronse tambin en el servicio domstico, y segn Dionisio de Halicarnaso, sus amos los trataron como si fueran verdaderos esclavos, amenazndolos con castigos aun por el ms leve descuido.9 Adheridos a la tierra a manera de los colonos de Roma, y de los siervos de la Edad Media, no fue permitido venderlos fuera del pas; y como deban permanecer siempre en l, algunos creyeron que su nombre primitivo no fue penestes, sino menestes; esto es, servi manentes .10Tampoco fue lcito matarlos; pero tratados con rigor, no siempre sufrieron humildes la opresin. Ms de una vez fueron peligrosos en Tesalia, pues acechaban todas las ocasiones favorables para levantarse, y su primera insurreccin estall cuando entraron sus seores en guerra con sus vecinos los magnesios, aqueos y perrhebos.11 Otfried Mller, fundndose en una comedia de Aristfanes, piensa que los penestes, auxiliados por Atenas, se alzaron de nuevo durante la guerra del Peloponeso.12Cuntase que Hrcules devast en Tesalia el pas de los cilicranes, y piensan algunos que all fund la ciudad de Heraclea de Traquinia; por lo que cuando cayeron sus moradores en sevidumbre, diseles el nombre de cilicranes.13Nadie confundir esta ciudad de Heraclea con ninguna de las otras que tuvieron el mismo nombre en diversos pases. Andando el tiempo, llevaron los griegos sus colonias a tierras lejanas, y hubo una fundada por Megara, que se llam Heraclea del Ponto, por hallarse en las mrgenes del Ponto Euxino. A manera de otras naciones de la Antigedad, los griegos introdujeron en sus colonias la servidumbre bajo alguna de sus diferentes formas, y as aconteci en la Heraclea del Ponto. Ms dbiles que su metrpoli, los indgenas, que eran los mariandinios, se sometieron a sus nuevos dominadores, pero bajo la condicin de no ser vendidos fuera de su territorio; de lo que infirieron algunos que bien pudo vendrseles dentro de sus fronteras.14 A tales siervos comparolos Teopompo con otros de Creta y con los penestes de Tesalia.15 Colonia de Megara fue tambin la clebre Bizancio, y su metrpoli sojuzg como siervos a los bitinios de Europa.16

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 198\ 198\ 198\ 198\ 198\ Apartndonos de tan remotos pases, volvamos a entrar en la Grecia continental para seguir la marcha de las diferentes tribus que en ella se movan, y el progreso de la servidumbre que se iba en ella estableciendo. Pasando a la Fcida, vemos que en Delfos, la ciudad sagrada por su famoso templo de Apolo y su gran orculo, hubo siervos que con el nombre de craulidas cultivaron tierras en las inmediaciones de la antigua ciudad de Cirra, situada al pie del monte Cirfis y orillas del golfo de Corinto.17Huyendo de la vigorosa dominacin que haban los conquistadores de Tesalia, impuesto a algunos de los pueblos vencidos, los beocios de Arn emigraron y se fijaron en el pas que desde entonces se llam Beocia, y que antes llevaba el nombre de Aonia. Los antiguos habitantes que no pudieron emigrar, fueron subyugados por los invasores bajo el dictado de tebagenes; nombre que no se debe confundir con el de los tebanos, amos de la ciudad de Tebas, situada en la Beocia.18Entrando en el Peloponeso, tierra clsica de la servidumbre, damos con Sicione, ciudad frente a Cirra en el lado opuesto del golfo de Corinto, y en la que sus nuevos dominadores redujeron a servidumbre a los habitantes, dndoles el nombre de corineforos o catonacoforos,19 as llamados por el traje con perfiles de piel de cabra que usaban, y por el palo que llevaban para pelear en la guerra como tropas irregulares.20 En Epidauro, ciudad de la Arglida, clebre por su templo, sufrieron la servidumbre los habitantes que se llamaron conipodas, palabra que significa: pies empolvados.21 Otros muchos, como veremos ms adelante, cayeron tambin bajo de ella, en varias partes de la Arglida. Pero diferencias ms grandes entre vencedores y vencidos ocasion la conquista de los dorios en otras partes del Peloponeso. Prolongada fue la lucha entre stos y algunos de los pueblos que habitaron en aquella pennsula, y los que tuvieron la desgracia de sucumbir enteramente, fueron tratados con ms rigor que en otros puntos de Grecia. La organizacin poltica que los dorios establecieron en Laconia y en Mesenia les prohibi toda profesin lucrativa; y consagrada su existencia al desempeo de las funciones pblicas y a la defensa de la patria,22 el peso de los trabajos recay exclusivamente sobre los pueblos vencidos. Siervos por la conquista, hubieron de someterse al vencedor; pero esta cadena, ni fue tan pesada al principio, ni se impuso despus sobre todos con igual fuerza. Segn Eforo, “aqullos de los heraclidas, euristnidas y prclidas, que se apoderaron de la Laconia, dividironla en seis partes... y todos los habitantes de las inmediaciones de Esparta se sometieron a los espartanos; pero bajo la condicin de ser gobernados por las mismas leyes, y de participar de los derechos de ciudadanos y de las magistraturas del Estado”.23Si los trminos de esta capitulacin se hubieran guardado, muy poca habra sido la diferencia entre vencedores y vencidos; pero la violencia

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JOS ANTONIO SACO /199 /199 /199 /199 /199 de los conquistadores no pudo conformarse con una situacin que casi los igualaba a los pueblos que sus armas haban sojuzgado. “Agis (prosigue Eforo), Agis, hijo de Eurstenes fue quien los despoj de sus derechos, y los oblig a pagar un tributo a Esparta. Todos se sometieron a este tributo, excepto los habitantes de Helos que se sublevaron; pero vencidos, fueron esclavizados, bajo la condicin de que sus seores no pudieran libertarlos, ni venderlos fuera de las fronteras... stos eran, en cierto modo, esclavos pblicos pertenecientes al Estado, a quienes los lacedemonios haban sealado lugares para residir, e impustoles servicios particulares”.24Esta lucha es la que se llam en la Antigedad: guerra de Esparta contra los ilotas, y acaeci por los aos 1090 antes de la era cristiana. El pasaje de Eforo que acabo de transcribir manifiesta claramente que entre los pueblos dominados por Esparta hubo dos especies de siervos bien distintas: una de los que se sometieron sin resistencia al despojo de sus derechos, y otra de los que sublevados y vencidos por la fuerza, sintieron todo el rigor de la conquista. A los primeros se les llam periecos, y a los segundos, ilotas. Mas, todos los habitantes de Laconia no corrieron la suerte ni de aqullos ni de stos. Los aqueos, ftiotas de origen, habitaban antiguamente la Amiclas, parte de la Laconia, pero despus de la conquista de este pas por los dorios, y a consecuencia de un tratado entre stos y los habitantes de la Amiclas, tuvieron que retirarse a la Jonia, provincia situada al norte del Peloponeso, que desde entonces tom el nombre de Aquea.25 Si los que emigraron, se eximieron de la dura dominacin de los dorios, no as los que permanecieron bajo sus leyes, pues unos, como he dicho, fueron reducidos a la clase de periecos, y otros, a la de ilotas. Mas, cul fue la diferencia entre unos y otros? Tratemos antes de aqullos. El nmero de periecos ascendi a 30 000 familias, y cuando Licurgo reparti las tierras de la Laconia para remediar la enorme desigualdad en que se hallaban, dio una suerte a cada una de ellas,26 sometindolas a pagar un tributo, y a la prdida de sus derechos polticos.27 Hubo entre ellas muchos artesanos, y algunas sobresalientes. Compendiando Wallon en su importante trabajo sobre la antigua esclavitud griega lo que Herodoto, Ateneo, Plinio, Otfried Mller y otros autores dicen acerca de los periecos artesanos, se expresa as:28 “Mientras que muchas familias permanecan en Esparta, donde se trasmitan como herencia la prctica de ciertos oficios,29 los habitantes de las ciudades, ms libres en su accin, llegaron a ser famosos por su industria. Ponderbase los calzados de Amiclas, las capas lacnicas30 y la prpura que les daba su brillo. Segn Plinio, la Laconia era para la Europa lo que Tiro fue para el Asia, la playa principal donde se recoga esta con-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 200\ 200\ 200\ 200\ 200\ cha preciosa.31 Hacanse tambin con reconocida superioridad, puertas, mesas, camas, carros, y todas las obras de herrera o de cinceladura; el temple excelente de las armas de acero no tena menos fama que las formas, elegantes o ingeniosas de los crteres, de las copas y otros vasos para beber.32 Los laconios se ilustraron tambin en las artes ms elevadas. Los templos, las estatuas, los sepulcros que adornaban las orillas del Eurotas no eran obra de mano extranjera; la escuela lacnica cont nombres clebres que Pausanias se equivoc atribuyndoles algunas veces a la raza de los conquistadores.33 Otra gloria, menor a nuestros ojos, pero ms significativa a juicio de la Grecia, no se les negaba, pues eran admitidos en los Juegos Olmpicos, en los que no combatan sino los griegos libres; y un lacn de Acris figur cinco veces entre los vencedores”.34Habitantes de las costas, y perteneciendo a Laconia, la isla de Citeres a donde acudan los negociantes del Egipto y de la Libia,35 los periecos se apoderaron de todo el comercio, dironse a la nutica para fomentarlo, y como los espartanos carecan de conocimientos en este ramo, confironles a veces el mando de su escuadra.36 Ligados con Lacedemonia por algunos intereses, no rehusaron su apoyo a los espartanos en das de peligro, y con ellos salvaron la patria.37 As fue, que sirvieron de tropas ligeras en los ejrcitos de Esparta, y aun se les admiti en el cuerpo distinguido de los hoplitas,38 que era la infantera pesadamente armada. De los 10 000 lacedemonios que pelearon en Platea contra los persas, 5 000 fueron periecos.39 A pesar de esto, las leyes de Esparta impidieron la fusin entre las dos clases, y descontentos los periecos por los tributos que pagaban, estuvieron dispuestos a conspirar, y a reunirse con los enemigos de Esparta. Por esto, Cinadn cont con ellos en su conjuracin contra el Estado en el ao 397;40 y cuando los tebanos se acercaron a las fronteras de la Laconia, los periecos los invitaron a que la invadiesen, prometindoles juntarse con ellos, como efectivamente, muchos lo hicieron.41Vengamos a los ilotas. Acerca de la etimologa de esa palabra, hay diversas opiniones. La tradicin comn la deriva de Helos, antigua ciudad asentada, segn Homero, en la costa del mar.42 Dcese que Helio, hijo de Perseo, fue su fundador; pero en los das de Strabn, ya no era ms que una pobre aldea.43 Segn Eforo, llamose ilotas, no slo a los habitantes de Helos que se sublevaron contra Esparta, sino a todos los que se hallaban bajo su dominio.44 Teopompo ampla el sentido de aquella palabra, como aparece del siguiente pasaje: “Los ilotas, dice, hace mucho tiempo que estn sometidos a Esparta, y entre ellos, los unos son originarios de Mesenia, y los otros son heleatas que habitaban antiguamente la ciudad de Helos, en Laconia”.45Esta opinin es conforme al sentido en que antiguos gramticos tomaron la palabra ilotas, esto es, cogidos, conquistados, cautivos, escla-

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JOS ANTONIO SACO /201 /201 /201 /201 /201 vizados:46 opinin que Mller sostiene en su interesante obra ya citada. Tucdides afirma, que a todos los ilotas tambin se dio el nombre de mesenianos,47 sin duda porque stos sufrieron la misma suerte que aqullos. En medio de tanta divergencia, es probable que el nombre de ilotas slo se dio al principio a los esclavizados habitantes de Helos, y que despus se extendi a otros pueblos, que alzndose contra Esparta, fueron tambin subyugados. Pero sea de esto lo que fuere, es innegable que la diferencia fundamental entre los periecos y los ilotas consisti en que los primeros no fueron esclavos ni del pblico, ni de los particulares; mas, los segundos fueron propiedad del Estado.48El terrible derecho de conquista impuso a los ilotas muy duras obligaciones. Destinronse unos al servicio del Estado, y otros al de los ciudadanos. Los primeros aprestaban la comida, servan la mesa pblica y desempeaban otras tareas de la comunidad en que vivan los espartanos. Los segundos apacentaban rebaos,49 o cultivaban tierras; mas, no como los periecos, que siendo dueos de ellas, las labraban por su cuenta, pagaban tan slo un canon invariable, y podan considerarse como tributarios del Estado. Entre los ilotas, al contrario, no se repartieron tierras, y las que ellos cultivaron pertenecieron a los espartanos. Segn Plutarco, Licurgo reserv en Laconia 9 000 suertes para nmero igual de ciudadanos que haba entonces en Esparta,50 e impsose a los ilotas la obligacin de entregar anualmente por cada suerte 82 medimnes (42 hectolitros y 65 litros) de trigo, con una cantidad proporcional de vino y de algn otro lquido.51 De este modo asegur Licurgo la subsistencia del pueblo de Esparta, al que siempre quiso mantener sobrio y frugal. El producto restante de aquellas tierras era para los ilotas, producto que sera mayor o menor conforme a la variedad de las cosechas; y no faltaron ilotas, que ya por la parsimonia en que vivieron, ya por carecer de familia numerosa, llegaron a reunir un pequeo capital. As fue, que cuando Cleomenes, estrechado en la Laconia por Antgono, rey de Macedonia, les propuso que diese cada uno 5 minas por su libertad, comprronla 6 000 con su dinero, cuyo valor total ascendi a 500 talentos. De ellos arm entonces Cleomenes, a usanza de los macedones, 2 000 para contraponerlos a los leucaspides que eran soldados con escudos blancos.52Si el nmero de ilotas mengu entonces, mucho ms haba poco antes menguado, pues en una entrada que hicieron los etolos en Laconia, llevronse 50 000 de sus campos; y a este propsito dijo un viejo espartano, que los enemigos les haban hecho un gran servicio, descargando a Laconia de tan enorme peso.53Ocupronse tambin ilotas de ambos sexos en las tareas domsticas;54 tareas que solan compartir con muy pocos esclavos,55 de los que haba cortsimo nmero en Esparta. Un espartano poda servirse de los

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 202\ 202\ 202\ 202\ 202\ ilotas sealados a otro, como si fueran suyos;56 bien que el dominio de ellos slo perteneca al Estado, y, por lo mismo, ningn particular pudo venderlos ni libertarlos.57 Solan tambin emplearse en la marina, y durante la gran lucha del Peloponeso, muy tiles fueron para tripular las naves contra Atenas.58 Armados a la ligera, acompaaban a sus amos a la guerra, como se vio en Sfacteria;59 y en Platea, cada espartano tuvo siete ilotas a su lado.60 Casos hubo en que se les hizo soldados, y aun se les admiti en las filas de los hoplitas.61Pero cmo no temi Esparta poner las armas en las manos de sus enemigos? Cuando ella se aventur a tal extremo, fue solamente con cierto nmero de ilotas, y dndoles casi siempre libertad, antes o despus del combate.62 Bien tembl ella, cuando para conjurar el peligro con que Epaminondas la amenazaba, hizo un llamamiento general a los ilotas, y los vio armados a millares. “Los magistrados, dice Jenofonte, juzgaron conveniente declarar que los ilotas que quisieran tomar las armas y ponerse entre los combatientes, seran libres en recompensa de su valor. Alistronse al instante ms de 6 000, y ordenados en batalla, infundieron temores, por su gran nmero; pero luego que los espartanos tuvieron en su territorio las tropas pagadas de Orcmenes, y stas fueron reforzadas por las de Corinto, Epidauro, Pellene y de otras ciudades, entonces la vista de los nuevos alistados los asust menos”.63Prohibidas fueron a los ilotas las danzas guerreras y los cantos varoniles de la raza drica.64 Plutarco asevera, que los foros los hacan emborrachar en los das de fiesta, y que en ese estado los llevaban a los comedores pblicos, o refectorios, obligndolos a entonar canciones obscenas, y a danzar con gestos ridculos e indecentes, a fin de que su vergonzoso ejemplo retrajese a los jvenes de la embriaguez.65 Segn Miron de Priene, obligbase a los ilotas a llevar un gorro de piel de perro, y a vestirse de los despojos de las bestias. Azotbaseles todos los aos, aunque no cometiesen ninguna falta, para recordarles que eran siervos; y los que adquiran ms fuerza que la que conviene a esclavos, eran condenados a muerte, imponindose a sus amos una multa por no haber impedido su vigoroso desarrollo.66En este cuadro de miserias que del ilota se nos traza, bien puede haber exageracin, y as lo cree Otfr. Mller.67 Esa embriaguez a que se alude, tal vez sera voluntaria y no forzada, y de ella se valdran los foros para inspirar sentimientos de sobriedad a la juventud espartana. Ese gorro y ese vestido de pieles, smbolo de humillacin, acaso fueron el traje ordinario que tambin usaron los campesinos de aquella regin; pero no pudo ser tambin signo de esclavitud? No hubo esclavos en algunas naciones de la Antigedad que llevaron un vestido particular, a pesar de que no fueron tratados por sus amos con tanto desprecio como los ilotas? No se olvide que los espartanos fueron muy crueles con ellos,

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JOS ANTONIO SACO /203 /203 /203 /203 /203 y que esta crueldad naci del carcter endurecido de la raza drica, de los sentimientos belicosos que la animaban, del vicio de sus instituciones que hicieron gravitar exclusivamente el trabajo sobre los pueblos vencidos, y del temor que stos infundieron a sus dominadores por la gran preponderancia numrica en que se hallaban. Para mantenerlos, pues, bajo la ms estrecha sumisin, e impedir que se sublevasen, tomronse a veces medidas tan terribles, que no se sabe, por cierto, si ms admirar la perfidia, que la ferocidad de los espartanos contra ellos. “Tampoco, dice Tucdides,68 desagradaba a los lacedemonios tener un pretexto para hacer partir cierto nmero de ilotas, pues en la triste conjetura de la toma de Pilos, teman que se alzasen. El primero de sus cuidados haba sido siempre el vigilar a los ilotas; y he aqu lo que hicieron por el temor que les inspiraba la juventud de ese pueblo numeroso. Mandseles que escogiesen de entre s a los que hubiesen mostrado ms valor en los combates, prometindoles la libertad. Esto era un lazo que se les tenda, pues estaban persuadidos a que los que tuviesen ms mrito para ser libres, deberan ser por la elevacin de su carcter, los ms capaces para obrar contra ellos. Hubo 2 000 a quienes se concedi esta funesta distincin; paseronse en torno de los templos con la cabeza ceida de coronas, por haber alcanzado ya la libertad; pero, poco despus, los lacedemonios los hicieron desaparecer, sin que nadie haya sabido de qu modo perecieron”. De la crueldad de Esparta con los ilotas, terrible testimonio ofrece tambin la criptia o emboscada. Aristteles atribuye su origen a Licurgo; y consista en que los foros, al empezar sus funciones, declaraban todos los aos la guerra a los ilotas. Plutarco la describe en los trminos siguientes: “Los gobernadores encargados de dirigir a los jvenes, escogan de tiempo en tiempo a aquellos que les parecan ms entendidos, y los armaban de puales con los vveres necesarios. Estos jvenes se dispersaban, mantenanse ocultos durante el da en lugares retirados, y no salan sino de noche a recorrer los caminos reales, y a matar a todos los ilotas que encontraban. Muchas veces, y en pleno da, mataban en los campos a los ms fuertes y robustos de estos esclavos”.69En atenuar el horror de la criptia, debi de influir el conocimiento que de ella tuvieron los ilotas, pues efectundose anualmente al tomar los foros posesin de su magistratura, aqullos estaban ya advertidos y se abstendran de salir de su casa durante la noche. Pero esta consideracin no basta para impedir que los jvenes espartanos dejasen de cometer algunas demasas en aquel ensayo guerrero, ni que los ilotas estuviesen a cubierto de los insultos y golpes que contra ellos poda disparar una juventud ardiente y belicosa.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 204\ 204\ 204\ 204\ 204\ Algunos autores, y entre ellos, Otfr. Mller, no creen que la criptia tuviese carcter tan sanguinario, mranla tan slo como un ejercicio militar propio de las costumbres de aquel pueblo guerrero. No faltan textos en que apoyan tal conjetura, y el espartano Megila dice: “Existe tambin la criptia, ejercicio maravillosamente propio a endurecernos contra el dolor, y la costumbre de marchar descalzos en el invierno, de dormir al raso, de servirnos sin la ayuda de esclavos, de recorrer el pas en todas direcciones noche y da, etctera”.70En este pasaje no se habla de muerte ni de sangre, pero ni l, ni otro alguno que se pudiera citar, me parecen bastante decisivos para concluir, que la criptia nunca tuvo el horroroso carcter que le da Plutarco. Bien pudo ser al principio, y aun por largo tiempo, un entretenimiento militar exento de efusin de sangre; mas, no es extrao, que con el transcurso del tiempo, hubiese degenerado en las sangrientas escenas que refiere Plutarco. No hay crueldad de que no sea capaz el corazn del hombre; y en las pasiones guerreras de los espartanos, acompaadas del odio y desprecio con que miraban la vida del ilota, bien cabe la atrocidad que se les imputa. Para salir de tan terrible opresin, conspiraron y alzronse los ilotas contra sus tiranos. Llevados de la esperanza de su libertad, cmplices fueron de la conjuracin contra el Estado del espartano Pausanias, despus de la segunda guerra mdica.71 Los ilotas mesenianos sublevronse tres veces, segn Diodoro de Sicilia,72 y cuatro, segn Strabn.73 El primer alzamiento fue en 743 antes de la era cristiana; cuya lucha dur 20 aos.74 Poco despus entraron en la conspiracin de los partenienses, nombre que se dio a los hijos que nacieron en Esparta, durante la ausencia de los maridos que combatieron en la primera guerra de Mesenia. Su nmero fue considerable, y habindoseles tratado como infames, ellos, de inteligencia con los ilotas, tramaron una conspiracin 708 aos antes de Cristo;75 pero descubierta que fue, el gobierno los envi a fundar una colonia en Tarento.76 Capitaneados por el valiente Aristome, volvieron los ilotas a empuar las armas en 682, y tuvironlas en sus manos por espacio de 14 aos.77 Un terremoto que sepult muchos ciudadanos bajo las ruinas de Esparta, fue la seal de una nueva insurreccin, y refugindose a la fortaleza de Itome, los espartanos no pudieron vencerlos sin el auxilio de sus aliados. Al cabo de 10 aos capitularon bajo la condicin de salir del Peloponeso con sus mujeres e hijos, y de ser esclavizados, si volvan a l. Acogidos entonces los atenienses en la ciudad de Neupacta, diose fin a la tercera guerra de Mesenia en el ao 456 antes de Cristo.78Strabn probablemente enumera como cuarta guerra la batalla de Egos-Potamos, por la cual los mesenianos fueron arrojados de Neupacta por los lacedemonios, abandonando muchos la Grecia y derramndose

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JOS ANTONIO SACO /205 /205 /205 /205 /205 por Italia y frica, hasta que Epaminondas los llam a su pas natal.79Pero el odio de los ilotas a sus antiguos opresores ardi siempre en su pecho, pues as en la guerra del Peloponeso, como en la de Tebas, Esparta los vio siempre dispuestos a combatir al lado de sus enemigos.80Este odio de los ilotas fue un elemento de conspiraciones contra Esparta, y tanto ms poderoso, cuanto se le juntaba el descontento de los libertos, de los periecos y de los inferiores, por la mayor o menor opresin en que todos vivan. Provinieron los inferiores de un error de la legislacin. Deseando ella el incremento de los espartanos, empeose en fomentar la procreacin de los hijos; y al intento, al ciudadano que tena tres, eximiole de hacer guardias, y al que cuatro, libertole de todo impuesto; pero como al paso que el nmero de ciudadanos aumentaba, la divisin de las tierras permaneca inalterable, result un incremento de miserables. Adems, para gozar en Esparta de los derechos de ciudadano, era preciso asistir a la mesa comn establecida por Licurgo, llevando a ella cada uno la parte prescrita por la ley; mas, habiendo muchos que no podan hacerlo, quedaron excluidos de la ciudadana. Prohibido como infamante el trabajo a los espartanos, y reconcentrada en pocas manos toda la propiedad territorial de la Laconia por el vicio de la constitucin, Esparta se hall plagada de muchedumbre de proletarios81 que privados del derecho de ciudad, fueron reducidos a una clase subalterna que se llam de los inferiores. Esta clase, por cuyas venas corra tambin sangre drica, luchaba por subir a la altura de donde haba cado; y de aqu el odio con que miraba a la clase de los iguales. No es, pues, extrao que se hubiesen tramado nuevas conspiraciones; y tal fue la de Cinadn, que no lleg a estallar por haberse descubierto oportunamente. “Cinadn, dice Jenofonte, era un joven de miembros vigorosos, y de alma fuerte, pero que no perteneca al nmero de los iguales. Interrogado por los foros el denunciador acerca de los medios de que deban servirse los conjurados, respondi que llevndole Cinadn a la extremidad de la plaza pblica, le mand contar los espartanos que haba en ella, los cuales eran casi 40 comprendidos el rey, los foros y los senadores. A estos 40, replic Cinadn, mralos como enemigos; todos los dems (y en este lugar haba ms de 4 000) son aliados. l aadi, que en las calles podra mostrarle un enemigo aqu, dos all, y aliados todos los dems. En cuanto a los campos, tenan en cada hacienda un enemigo, que era el amo; pero al mismo tiempo muchos partidarios. Habindole preguntado tambin los foros, cuntos cmplices poda tener la conspiracin, respondi: ‘Cinadn dice, que para la organizacin del plan slo tiene un corto nmero de hombres a toda prueba; pero que para la accin cuenta con todos los ilotas, los neodamodas, los inferiores, y los periecos, pues siem-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 206\ 206\ 206\ 206\ 206\ pre que entre ellos se habla de los espartanos, ninguno puede disimular el placer que tendra en comrselos vivos’ ”.82De la pesada servidumbre en que yacan los ilotas, slo pudo sacarlos el Estado, pues era quien sobre ellos tena el alto dominio. Parece que a todos los que dejaban de ser siervos, se les dio el nombre de neodamodas (nuevos habitantes),83 as como en Roma el de libertos o libertinos a los esclavos manumitidos. Sin embargo, Tucdides, en un pasaje de su historia, no confunde los ilotas recin libertados con los neodamodas;84 pero en otra parte de ella ampla el sentido de esa palabra, y dice que significa: gente que goza nuevamente de la libertad.85Aunque en los primeros siglos fueron pocos, aumentronse en los tiempos posteriores. Las guerras en que Esparta se vio envuelta, y la disminucin que ya haban sufrido los ciudadanos de ella, la forzaron a armar a los ilotas, pues as supla la falta de brazos libres, alejaba del pas a muchos enemigos, de los cuales gran nmero pereca, y contentaba a otros sacndolos de la servidumbre. Este llamamiento a las armas fue el modo comn de darles libertad, libertad que a veces alcanzaban desde que eran alistados, y a veces despus que volvan de la campaa, como sucedi con los hoplitas que marcharon a la Tracia bajo el mando de Brasidas.86 Polibio menciona tambin la emancipacin de muchos ilotas cuando Nabis, tirano de Lacedemonia, no slo desterr a los ciudadanos, sino que libert a aqullos, y los cas con las mujeres y las hijas de sus amos.87 Al libertar a los ilotas, fue costumbre ceirles la cabeza de coronas, y pasearlos alrededor de los templos. As es de inferir del ya citado pasaje de Tucdides, en que habla de la espantosa desaparicin de los 2 000 ilotas sacrificados por Esparta.88No fue igual, por cierto, la condicin de todos los siervos libertados, pues hubo algunos, como los eracteres y los desposionautas, que quedaron sometidos a prestar servicios personales a sus amos, cuando stos iban a la guerra, o se alistaban en la marina.89Ignrase el nmero de ilotas que haba cuando estas cosas pasaban en Esparta; pero hase calculado, aunque para m, con poco fundamento,90 que en la poca en que se dio la batalla de Platea, hubo 56 000 ilotas en estado de llevar las armas, y 8 000 espartanos de la misma edad; es decir, que toda la poblacin ilota, comprendidos hombres, mujeres y nios, ascendera a casi 220 000, y la de todos los espartanos a 31 400. A estas cifras conviene aadir las de los periecos que tambin eran enemigos de Esparta. stos formaron 30 000 familias, las que se computaron en un total de casi 118 000 personas; suma que reunida a los 220 000 ilotas ofrece un total de 338 000; y como los espartanos de todos sexos y edades solamente llegaran a unos 32 000 resulta que, no obstante ser stos ms de 10 veces inferiores en nmero al total de ilotas y periecos, los tuvieron sojuzgados. Tal fenmeno provino del valor de la raza drica,

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JOS ANTONIO SACO /207 /207 /207 /207 /207 de sus costumbres marciales, del prestigio de que gozaba, y de las precauciones que tomaba contra ellos. Fenmeno semejante, y ms asombroso todava, se ha visto en la esclavitud de algunas colonias del Nuevo Mundo. Contrayndome a las inglesas en el archipilago de las Antillas, islas hubo en que la raza negra subyugada era ms de 10, 12, 23, y hasta 33 veces mayor que la raza blanca dominadora. De un estado que form, di a luz muchos aos ha,91 y que ahora reproduzco en parte, aparece demostrada la verdad de mi asercin. PoblacinProporcin entre AosBlancosde colorblancos y de color ————————————————— Jamaica181735 000 375 0001 por ms de 10 Antigua17741 59037 3081 por ms de 23 18281 98033 9051 por ms de 17 Tabago180590015 8831 por ms de 17 183045013 7191 por ms de 30 S. Cristbal18261 61021 8811 por ms de 13 Dominica17881 23615 4121 por ms de 12 183184020 0001 por ms de 23 Monserrate18283157 0651 por ms de 22 S. Vicente18121 05326 4021 por ms de 25 18251 30126 6041 por ms de 20 Granada182783428 334 1 por ms de 33 La civilizacin de la raza blanca, la ignorancia de la negra, la fuerte organizacin de aqulla contra sta, y las precauciones que tomaba para mantenerla sojuzgada, explican fcilmente la dominacin de los blancos sobre los negros. Sin embargo, estallaron a veces, como en Jamaica, graves insurrecciones; pero los peligros que amenazaban aquellas y otras islas, todos fueron conjurados por la ley de emancipacin de los esclavos que Inglaterra promulg en 1834. Si Esparta hubiera tenido la despreocupacin y grandeza de elevar sus libertos al rango de ciudadanos, ellos le habran infundido nueva vida, dando fuerzas al cuerpo social; pero desconociendo sus verdaderos intereses, pereci, no por el hierro ni por la perniciosa influencia de sus siervos, sino por el vicio fundamental de su constitucin poltica, que haciendo menguar el nmero de los ciudadanos, llevaba en s el principio de la muerte. Crese que durante sus primeros reyes, Esparta tuvo, poco ms o menos, 10 000 guerreros;92 9 000, casi tres o cuatro siglos despus, en tiempo de Licurgo:93 8 000, cuando escribi Herodoto;94 100 aos despus, en los das de Aristteles, 1 00095 y an no haba corrido un siglo, cuando ya en los das de Agis ese nmero haba men-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 208\ 208\ 208\ 208\ 208\ guado, pues no se encontraban en la ciudad ms de 700 nativos espartanos, de los cuales, apenas 100 conservaban su patrimonio, siendo casi toda la poblacin, segn la frase de Plutarco, una multitud de indigentes.96 Tuvo, pues, Aristteles sobrada razn cuando dijo: “Los hechos mismos han demostrado bastantemente el vicio de la ley en este punto. El Estado no ha podido soportar un solo revs y ha muerto por falta de hombres”.97 El revs a que alude Aristteles, fue la batalla de Leuctres ganada por Epaminondas contra Esparta. Ya Platn haba notado, que todo el sistema del legislador espartano habase solamente dirigido a desenvolver el valor guerrero.98 Con este motivo observa Aristteles, que Lacedemonia se haba conservado mientras hizo la guerra; pero que su mismo poder la haba perdido, porque no supo gozar de la paz, ni entregarse a ejercicios ms elevados que los de combates. Imputole otra falta no menos grave, pues si bien reconoca que las conquistas deben ser el premio de la virtud y no de la cobarda, los espartanos haban llegado a considerar las conquistas como muy superiores a la misma virtud,99 y Cicern, hablando de la ruina de Esparta, se expresa as: “Por una injusticia de este gnero, los lacedemonios echaron al foro Lisandro y mataron a su rey Agis, cosa que jams se haba visto entre ellos. Desde entonces, Esparta fue despedazada por continuas turbulencias; elevronse tiranos, los mejores ciudadanos fueron exterminados, y la admirable constitucin de esta repblica hundiose enteramente. Esparta no pereci sola, el mal que la aniquilaba difundiose sucesivamente como una calamidad contagiosa, que partiendo de Lacedemonia, infest bien pronto toda la Grecia”.100He insistido en este punto para demostrar que en concepto de los hombres ms clebres de la Antigedad, la ruina de Esparta no provino de sus siervos, sino de causas muy diferentes. Curioso espectculo el que Esparta present al mundo. Ella muri, pero sus esclavos le sobrevivieron. Subyugada por tiranos, los habitantes de sus inmediaciones y principalmente los ilotas, fueron los primeros que se entregaron a los romanos. Ocupaban entonces 24 ciudades, que en tiempo de Augusto, ya no eran ms que 18. Arrancados por este prncipe del yugo de Esparta, ellos tomaron entonces el nombre de eleuterolacones, que significa lacedemonios francos.101Haban los dorios extendido sus conquistas a otras partes del Peloponeso; y por eso tambin hubo en Corinto y en Argos vencedores y vencidos. Entre stos hubo en Corinto siervos llamados por desprecio cinfilos (raza de perros), equivalentes en su condicin a los ilotas de Esparta. Obligaciones mucho menos duras impuso Corinto a otros habitantes de algunos pueblos que estaban bajo su dependencia. Mas, ocuparon stos una posicin anloga a la de los periecos de otros pases de la Gre-

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JOS ANTONIO SACO /209 /209 /209 /209 /209 cia? Aventurado sera afirmarlo, y lo nico que se puede asegurar, es que con los periecos tuvieron alguna semejanza los habitantes de Megara,102 ciudad que, segn Pausanias, fue subyugada por Corinto hasta el principio de las Olimpiadas que acaeci en el ao 776 antes de Cristo. Entre las obligaciones que los lacedemonios impusieron a los periecos de Mesenia, una fue la de asistir a ciertos funerales103 e igual deber se impuso a los hombres y mujeres de Megara, cuando mora alguno de los Baquias,104 familia rica y numerosa de Corinto que usurp el poder en 770 aos antes de Cristo, y que gobern 200 en aquella ciudad, segn Strabn,105 y 90, segn Diodoro de Sicilia. Corinto con dos puertos inmediatos, uno el de Lequeo al extremo del golfo de aquel nombre, y otro el de Cencreo en el fondo del golfo Sarnico, estaba ventajosamente situada para el comercio entre la Italia y el Asia. Por el primer puerto comunicaba con el occidente, y por el segundo, con el oriente, evitando a las naves que doblasen el cabo Malea, tan peligroso entonces para ellas por los vientos contrarios y por el estado imperfecto de la nutica. Convertida en magnfico emporio y aumentada su importancia con los juegos que se celebraban en su istmo,106 Corinto se puso en contacto con muchedumbre de extranjeros, y las instituciones dricas que haba recibido, sufrieron profunda alteracin. Ya he dicho en otra parte de este Libro Quinto, que en Epidauro, ciudad de la Arglida, hubo siervos desde muy antiguo, y lejos de haber desaparecido en esta comarca, hallamos otros nuevos en tiempos posteriores. A los periecos de Laconia equivalan en Argos los orneatas, llamados as, no slo los habitantes de Ornea, sino los cinurias, y otros pueblos vecinos que menciona Herodoto,107 y reducidos todos a la misma condicin. Los orneatas fueron subyugados por Argos en el ao 580 antes de la era cristiana,108 y desde entonces pagaron un tributo. Suerte igual a los ilotas de Esparta tuvieron en Argos los gimnetas, nombre que se les dio porque, adems de labrar los campos, servan como los periecos, en las tropas ligeras.109Tratados los gimnetas con dureza, y debilitada Argos por una guerra fatal que sostuvo contra Esparta, se alzaron y apoderaron de aquella ciudad; pero su triunfo no fue de larga duracin, porque los hijos de los que haban perecido, luego que llegaron a la pubertad, los arrojaron de la ciudad, y se apoderaron de ella despus de una batalla. Restableciose la concordia por algn tiempo entre ellos y sus amos; pero despus sobrevino una guerra muy larga, y que no termin sino por las ventajas que con mucha pena alcanzaron al fin los de Argos.110 Esta ciudad en sus apuros temi que los orneatas imitasen el ejemplo de los gimnetas; y para alejar el peligro, destruy las ciudades en que aqullos habitaban,111 recibiolos en su propio seno, y les concedi todos los derechos de que gozaban los ciudadanos de Argos.112 De esta manera se hizo una

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 210\ 210\ 210\ 210\ 210\ gran justicia, que, aunque alter las bases de las instituciones dricas en aquella repblica, encontr su recompensa en el engrandecimiento que con la paz y ayuda de los orneatas adquiri ella despus.113La Fcida y la Lcrida sirvironse tambin de siervos para el cultivo de sus campos;114 mas, en siglos posteriores, igualmente tuvieron esclavos. Autor hay que fundndose en un pasaje de Aristteles, supone que en Apolonia, colonia de Corinto, asentada en el golfo Jnico, que es el Adritico, y en la isla de Tera, o Santorin, los hombres libres mandaban a multitud de esclavos. Yo no puedo asentir a la violenta interpretacin que se da al pasaje de Aristteles. ste dice as: “Sera tambin un error fundar nicamente los derechos polticos sobre bases tan ligeras. Como la democracia y la oligarqua encierran muchas especies de elementos, es necesario hacer muchas reservas. No hay democracia all donde hombres libres en minora mandan a una multitud que no goza de libertad”.115 Aqu, habla Aristteles solamente de la privacin de derechos polticos, de la esclavitud poltica, pero no de la esclavitud personal o individual. Si no fuera as, entonces todos los hombres que han vivido o que puedan vivir bajo de un gobierno desptico de cualquiera forma que sea, hubieran sido, o sern verdaderos esclavos en el rigoroso sentido de esta palabra. Entre todas las constituciones de origen drico, las de Creta y Esparta fueron las ms semejantes entre s, y las que por ms tiempo se conservaron sin alteracin. En sentir de Aristteles, Esparta tom de Creta todas sus leyes,116 si bien otros pensaron lo contrario, pues ste fue un punto controvertido entre algunos autores de la Antigedad. Sobre la legislacin de Creta, dice Strabn que todos convenan en reconocer que sus habitantes tuvieron buenas leyes desde la remota antigedad, y que stas fueron el modelo de los pueblos griegos, principalmente de los lacedemonios.117 Derivados stos de raza drica, hubo tambin en Creta otros pueblos de distintos linajes con lenguas diferentes, y fueron los aqueos, eteocretes, sidonios y pelasgos.118Los colonos procedentes de Esparta adoptaron las instituciones de los primitivos habitantes de aquella isla, quienes tenan siervos que se gobernaban, aun en tiempo de Aristteles, por las leyes de Minos, considerado como su primer legislador.119 Licurgo, como ya hemos visto, eximi al ciudadano de todo trabajo, imponindolo exclusivamente a los siervos que habitaban en Lacedemonia; y mucho de esto se practic igualmente en Creta. No todos los siervos sufrieron en ella el mismo grado de opresin, porque hubo algunos que se asemejaron a los periecos de Esparta, y otros a los ilotas, no obstante que Aristteles dio a todos indistintamente el nombre de siervos periecos o sometidos.120 Estos periecos poseye-

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JOS ANTONIO SACO /211 /211 /211 /211 /211 ron tierras pagando un tributo;121 pero la agricultura no fue su ocupacin exclusiva, porque en las ciudades que les pertenecan, ejercieron tambin el comercio y la industria, y aun esas ciudades celebraron entre s tratados de agricultura y de comercio.122 Los periecos de Creta se gobernaron por sus antiguas leyes,123 y segn Aristteles, solamente les fueron prohibidas dos cosas: la gimnstica y las armas.124 Con el transcurso de los siglos, la condicin de los periecos cambi enteramente, y gozando de iguales derechos a sus antiguos dominadores, todos corrieron la misma suerte. Los siervos ms oprimidos en Creta fueron de dos especies: unos pertenecientes al Estado,125 y otros, a los particulares.126 Tal distincin marca una diferencia esencial entre estos siervos y los ilotas de Esparta, porque los ilotas todos eran propiedad exclusiva del Estado, y los espartanos, como ya he dicho, slo tuvieron en ellos su uso o su servicio. A los siervos de Creta pertenecientes al Estado se les llam mnoitas de Minos el legislador, o de alguna palabra alusiva a la conquista; y a los siervos de los particulares se les dio el nombre de clarotas o afamiotas : clarotas, probablemente de cleros, palabra que Mller toma por la suerte de tierra de cada ciudadano;127 y afamiotas; esto es, tierra y cultivo en lengua creta.128De los mnoitas, unos se emplearon en el servicio pblico de la comunidad,129 y otros, en apacentar los rebaos y cultivar las tierras del Estado.130 Parece que algunos de estos siervos las poseyeron o labraron por su cuenta, puesto que en Licto deban pagar por cabeza una estatera de Egina para las comidas pblicas;131 pero esto es una inferencia tomada del pago de aquella contribucin, sin que se pueda asegurar que los mnoitas rsticos se hallaron en este punto bajo del mismo pie que los ilotas. Desemejanza hubo entre las mesas pblicas o comunes de Esparta y Creta. Si en Esparta cada ciudadano deba llevar a ellas la porcin prefijada por la ley, so pena de perder los derechos de tal que posea, no as en Creta, pues aqullas eran a expensas del Estado. Para subvenir a estos y otros gastos, hacanse dos partes de todos los frutos de la tierra y del producto de los rebaos, ora perteneciesen al Estado, ora proviniesen del canon que pagaban los siervos. Una de dichas partes se empleaba en el culto de los dioses y en los funcionarios pblicos, y otra, en las referidas mesas, de las que participaban hombres, mujeres y nios.132Esclavos verdaderos hubo tambin en Creta. Con el transcurso del tiempo, que viciando unas cosas, mejora otras, despertose a tal punto la codicia de los cretenses, que, segn la expresin de Polibio, “las leyes los autorizaban a extender sus dominios, por decirlo as, al infinito, en cuanto les es posible; y la plata tinenla ellos en tan gran estima, que no

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 212\ 212\ 212\ 212\ 212\ slo les parece necesario sino glorioso el poseerla. La avaricia y el amor del oro tan arraigados estn en sus costumbres, que los cretenses son los nicos en el universo para quienes ningn lucro es ilegtimo”.133En alterar la ndole de los cretenses y su constitucin poltica, influyeron todava ms poderosamente las guerras civiles que con tanta frecuencia los destrozaron.134 En medio de ellas, dironse a la piratera,135imitando el ejemplo de los tirrenos que haban antes infestado el Mediterrneo, y de ella obtuvieron muchedumbre de esclavos. Contose entre stos, en 189 antes de Cristo, gran nmero de romanos y de otras partes de Italia que andaban esparcidos por toda la isla. Cuando a ella arrib con una escuadra el cnsul romano Fabio, reclam a las ciudades de Creta la libertad de esos esclavos y parece que Gortina fue la nica que los entreg; mas, Valerio de Ancio pretende que por temor de la guerra, fueron enviados a Fabio los 4 000 esclavos que haba en toda Creta.136La historia no menciona, a lo menos en lo que he ledo, insurreccin alguna de siervos ni de esclavos en Creta, y de esto puede inferirse que ella no los trat con tanto rigor como Esparta. Al fin, la nacin dominadora del mundo extendi sobre Creta su brazo formidable, y perdida su independencia fue uno de los muchos satlites que giraron en la rbita de aquel astro poderoso. Al terminar el cuadro, que de la servidumbre en Grecia he trazado, importa marcar las diferencias que entre aqulla y la esclavitud existieron. Juntas vivieron por muchos siglos las dos; pero la esclavitud precedi a la servidumbre, porque hubo esclavos antes de la guerra de Troya, mientras los penestes de Tesalia, que fueron los primeros siervos de Grecia, no aparecen en la historia sino en tiempos posteriores. La conquista fue el nico origen de la servidumbre; mas, la esclavitud se impuso, no slo por la guerra, sino tambin por la venta y por otros medios ya referidos. Los esclavos carecan de persona ante la ley, y, por consiguiente, de familia, de bienes, y de todos los derechos civiles y polticos; mas, los siervos no estaban reducidos a tan lamentable condicin, bien que sta fue muy variable, pues desde el peneste de Tesalia al ilota de Esparta hubo grandes diferencias. Esclavos hubo en toda Grecia, pero no siervos, y aqullos fueron mucho ms numerosos que stos. Tampoco fue all la servidumbre de tan larga duracin como la esclavitud; porque habiendo predominado en algunos Estados la democracia contra la aristocracia, las clases oprimidas se alzaron de la humillacin en que yacan. Las necesidades de la guerra contribuyeron tambin al mismo resultado. Durante la lucha del Peloponeso, Esparta libert a muchos ilotas para convertirlos en soldados, y lo mismo hizo Cleomenes,

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JOS ANTONIO SACO /213 /213 /213 /213 /213 cuando en la guerra contra los aqueos, stos llamaron en su auxilio a Antgono de Macedonia. Casos hubo en que la tirana misma fue favorable a los siervos, pues el mismo tirano, para quebrantar las fuerzas de los poderosos, exaltaba a los que stos mantenan oprimidos; y ya hemos visto que el espantoso Nabis, de quien Polibio nos ha dejado una horrible pintura,137 no slo dio libertad a muchos ilotas, sino que los cas con las mujeres de los espartanos.138 Por ltimo, ciudad hubo, y tal fue Argos, que escarmentada por una triste experiencia, supo elevar sus orneatas a la clase de ciudadanos.139 Pero esos hombres y esos pueblos que de la servidumbre se alzaron, olvidndose de su primer estado, como ordinariamente acontece, transformronse en dominadores, y sirvindose de esclavos, prolongaron en Grecia los males de la verdadera esclavitud, cuando ya haba desaparecido la servidumbre.Notas1Demst., Orac. contra Near. 2Tesalia llamose antiguamente Pirrea, del nombre de Pirra, esposa de Deucalin; despus Hemonia, del nombre de Hemn; y por ltimo Tesalia, del nombre de Tesalo, hijo de Hemn. (Strab., lib. IX, cap. VI, § 15.) 3Sobre los siervos de la antigua Grecia es muy importante la obra en alemn de Otfried Mller, intitulada: Die Dorier (Los dorios). 4Jenof., Hellenic ., lib. VII, cap. I. 5Esqui., Sobre la Embajada 6Aten., lib. VI, p 264. 7Arquem, en Aten., pp. 264 Y 265. 8Demsten., contra Aristcrat. 9Jenof., Hellenic ., lib. VI, cap. I. 10Dionis. de Halicar., II, 9. 11Aten., lib. VI, p. 264. 12Aristt., Polt ., lib. II, cap. VI, § 2 y 3. 13Aristf., Avispas vers. 1263. 14Aten., lib. XI, pp. 461 y 462. 15Posidonio, en Aten., lib. VII, p. 263. 16Teopomp., en Strab., lib. XII, cap. XI, § 4. 17Phylarq., en Aten., lib. VI, p. 271. 18Arpocrat., Lexico Strab., lib. IX, cap. IV, § 1. 19Otfr. Mller, Die Dorier III, IV, 6. 20Jul. Poll., Onomstic ., III, 83.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 214\ 214\ 214\ 214\ 214\21Teopomp., en Aten., lib. VIII, p. 271. 22Plutarc., Quest. grec ., I, p. 291. 23Jenof., Repb de Esparta cap. VII. 24Strab., lib. VIII, cap. V, § 6. 25Efor., en Strab., lib. VIII, cap. V, § 7. 26Efor., en Strabn, lib. VIII, cap. V, § 6, y Strab., lib. VIII, cap. VIII, § 1 y 3. Herod., lib. VIII, § 73. 27Plutarc., Licurg ., § 10. 28Otfr. Mller, Die Dorier III, II, 3. 29Wallon Hist. de l’esclavage dans l’antiquit part. 1, chap. III. 30Herod., lib. VII, § 134. 31Critias, en Aten., XI, 76, p. 483, y Aristf., Eccles ., 542. 32Plin., lib. IX, cap. LX, y lib. XXI, cap. XXII. Pausan., III, 21. 33Aten., lib. XI, p. 483, y las diversas citas en Otfr. Mller. 34Pausan., III, 18; IV, 19; V, 17, y VI, 4. 35Pausan., III, 22, en Otfr. Mller, ibd. 36Tucd., lib. IV, cap. LIII. 37Tucd., lib. VIII, cap. XXII. 38Herod., lib. VII, § 234. Tucd., lib. IV, § 8. 39Tucd., lib. IV, § 8. Jenof., Helenic ., lib. VI, cap. V. 40Herod., lib. IX, § 28. 41Jenof., Helenic ., lib. III, cap. III. 42Jenof., Helenic ., lib. VI, cap. V. 43 Iliad ., cant. II, vers. 584. 44Strab., lib. VIII, cap. VI, § 4. 45Strab., lib. VIII, cap. V, § 6 y 7. 46Teopomp., en Aten., lib. VI, p. 272. 47Vase el Gran Etimlogo en la palabra ilotas; y Mller, Die Dorier 48Tucd., lib. I, § 101. 49Efor., en Strab., lib. VIII, cap. V, § 7. 50Aten., lib. IV, p. 241. 51Plutarc., Vida de Licurgo § 10. 52Plutarc., Vida de Licurgo § 10. 53Plutarc., Vida de Cleomenes § 51. 54Plutarc., Vida de Cleomenes § 44. 55Aten., lib. VI. p. 267. 56Heraclides de Ponto, II. Otfr. Mller, Die Dorier 57Jenof., Repb. de Esparta cap. VI. Aristt., Polt ., lib. II, cap. II, § 5. 58Efor., en Strab., lib. VIII, cap. V, § 7. 59Miron de Priene, en Aten., lib. VI, p. 271 y ss.

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JOS ANTONIO SACO /215 /215 /215 /215 /21560Tucd., lib. IV, § 8 y 79. 61Herod., lib. IX, § 10 y 28. 62Tucd., lib. VII, § 19. 63Tucd., lib. IV, § 79; lib. V, § 34. Diod. Sic., lib. XV, § 65. Aten., lib. VI, p. 272. 64Jenof., Helnicas lib. VI, cap. V. 65Plutarc., Licurg ., § 41. 66Plutarc., Licurg ., § 41, y Demetrio § 2. 67Miron de Priene, en Aten., lib. XI, p. 657. 68Otfr. Mller, Die Dorier II, III, 3. 69Libro IV, § 79. 70Plutarc., Licurg ., § 41. 71Plat., Leyes lib. I. 72Tucd., lib. I, cap. CXXXII. 73Diod. Sic., lib. XV cap. LXVI. 74Strab., lib. VIII, cap. IV, § 10. Ateneo habla tambin de insurrecciones de los ilotas en el lib. VI, p. 264. 75Strab., lib. VIII, cap. IV, § 10. Diod. Sic., lib. XV, cap. LXVI. 76Strab., lib. VII, cap. V, § 2. 77Aristt., Polt ., lib. VIII (5), cap. VII, § 1. 78Diod. Sic., lib. XV, cap. LXVI. Strab., lib. VIII, cap. IV, § 10, con las notas de la traduccin publicada en Pars de 1805 a 1819. 79Tucd., lib. I. § 101, 102 y 103. Diod. Sic., lib. XV, cap. LXVI. Strab., lib. VIII, cap. IV, § 10. 80Nota de los traductores de Strabn, en la edicin citada, al § 10, cap. IV, lib. VIII. Diod. Sic., lib. XV 66. Pausan., lib. IV, cap. XXVI. 81Tucd., lib. IV, cap. XLI. Aristt., Polt ., lib. II, cap. VII, § 8. Pausan., lib. IV, 29. Diod. Sic., lib. XV, cap. LXVI. 82Aristt., Polt ., lib. II, cap. VI, § 13 y 21, y cap. VII, § 4. Plutarc., Vida de Agis § 6. 83Jenof., Helenic ., lib. III, cap. III. Aristteles tambin menciona esta conspiracin en su Poltica lib. VIII (5), cap. VI, § 2. 84Jul. Poll., III, 83. 85Tucd., lib. V, cap. XXXIV. 86Tucd., lib. VII, cap. LVIII. 87Tucd., lib. V, cap. XXXIV. 88Polib., lib. XVI, § 12. A estos libertos se les dio el nombre de epeunactas 89Tucd., lib. IV, cap. LXXIX. 90Miron de Priene y Teopompo, en Aten., lib. VI, pp. 271 y 272. 91Vase lo que digo en la p. 159 de este tomo. 92 Coleccin de papeles cientficos histricos polticos y de otros ramos sobre la isla de Cuba por D. Jos Antonio Saco Pars, 1858, tom. III, p. 131. 93Aristt., Polt ., lib. II, cap. VI, § 12. 94Plutarc., Vida de Agis Teop., en Aten., lib. VI. 95Herod., lib. VII, cap. CCXXXIV.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 216\ 216\ 216\ 216\ 216\96Aristt., Polt ., lib. II, cap. VI, § 11. 97Plutarc., Vida de Agis § 6. 98Aristt., Polt ., lib. II, cap. VI, § 12. 99Plat., Leyes lib. I. 100Aristt., Polt ., lib. II, cap. VI, § 23. 101Cicer., Tratado sobre los Deberes lib. II, § 23. 102Strab., lib. VIII, cap. V, § 10. Pausan., lib. III, cap. XXI. 103Pausan., VI, XIX, 9. 104Tirteo, en Pausan., IV, XIV, 5. 105Scol., Pind. Nem., VII, 155. 106Strab., lib. VIII, cap. VII, § 2. 107Strab., lib. VIII, cap. VII, § 1 y 2. 108Herod., lib. VIII, cap. LXXIII. 109Otfr. Mller, Die Dorier 110Jul. Poll., Onomastic ., III, 83. 111Herod., lib. VI, § 83. 112Pausan., VIII, XXVII, 1. Otfr. Mller, I, VIII, 7. 113Aristt., Polt ., lib. VIII (5), cap. II, § 8. 114Diod. Sic., lib. XII, cap. LXXV. 115Aten., lib. VI, p. 264. 116Aristt., Polt ., lib. VI (4), cap. III, § 8. 117Aristt., Polt ., lib. II, cap. VII, § 1. 118Strab., lib. X, cap. VII, § 3. 119 Odis ., cant. XIX, vers. 176. 120Aristt., Polt ., lib. II, cap. VII, § 1. 121Aristt., Polt ., lib. II, cap. VI, § 3. 122Aristt., Polt ., lib. II, cap. VII, § 4. 123Chishull, p. 129, citado por Beckh. 124Aristt., Polt ., lib. II, cap. VII, § 1. 125Aristt., Polt ., lib. II, cap. II, § 12. 126Strab., lib. XII, cap. II, § 4, y lib. XV, cap. I, § 25. 127Aten., lib. VI, pp. 263 y 267. 128Otfr. Mller, Die Dorier III, IV, 1. 129Hsychius da a esa palabra el significado de campos. 130Dosiad., Cret., IV en Aten., IV, p. 142. 131Aristt., Polt ., lib. II, cap. VII, § 4. 132Aten., lib. IV, p. 143. 133Aristt., Polt ., lib. II, cap. VII, § 4. 134Polib., lib. VI, cap. XLVI. 135Aristt., Polt ., lib. II, cap. VII, § 7. Polib., lib. IV, cap. LIII y LIV, y lib. VI, cap. XLVI. Strab., lib. X, cap. VII, § 4.

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JOS ANTONIO SACO /217 /217 /217 /217 /217136Polib., lib. X. 137Tit. Liv., Hist. Roman ., lib. XXXVII, cap. LX. 138Polib., lib. XIII, cap. VI y VII. 139Polib., lib. XVI, cap. XII. 140Aristt., Polt ., lib. VIII (5), cap. II, § 8.

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Libro SextoGRECIA GRECIA GRECIA GRECIA GRECIA INFLUJO DE LA ESCLAVITUD EN GRECIA. JUICIO QUE ACERCA DE ELLA FORMARON LOS FIL"SOFOS MS EMINENTES DE AQUELLA NACI"N. MACEDONIA Y SUS ESCLAVOS, CONSIDERADA COMO COMPLEMENTO DE GRECIAPara apreciar en su justo valor el influjo de la esclavitud en Grecia, preciso es examinarlo: 1, en el orden material o econmico; 2, en el orden moral; y 3, en el orden literario y poltico. Subiendo a los tiempos heroicos de aquella nacin, ya hemos visto que amos y esclavos tomaron parte en los trabajos agrcolas e industriales. As continuaron las cosas por largo tiempo, bien que con las vicisitudes que a ste son inherentes. Entre todas las ciudades de la Grecia, hubo dos que sobresalieron, aunque contrapuestas por la ndole de su gobierno: tales fueron Atenas y Esparta. En la primera nunca haban salido enteramente de manos libres ni la agricultura ni las artes; y cuando Teseo para poblar aquella ciudad llam a todos los individuos de la Grecia, convidndolos con la ciudadana, dividi la poblacin en tres clases. Comprendi a los nobles en la primera, y a los labradores y artesanos en la segunda y tercera.1De este modo asegur el trabajo en personas libres, a las que tambin conserv el derecho de ciudad. Las alteraciones que despus sufri la Grecia, llamaron un nuevo legislador para reparar la deplorable situacin en que Atenas haba cado; pero Soln, lejos de abatir el trabajo, realzolo hacindolo entrar como elemento necesario en la constitucin que form. Inclinose en ella al gobierno democrtico, y atendiendo a los bienes de cada particular, estableci cuatro clases, incluyendo en la primera a los ciudadanos que tenan 500 medimnos de renta; en la segunda, a los que 300; en la tercera a los que 200; y en la cuarta, a todos los dems cuya renta no llegaba

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JOS ANTONIO SACO /219 /219 /219 /219 /219 a esta ltima suma. stos llamronse tetes2 o mercenarios, porque ejercieron las profesiones industriales, las cuales no eran obstculo para que pudiesen elevarse a las clases superiores. Para ms asegurar su intento, conden Soln la ociosidad, y aun castig al ciudadano que careca de algn arte o industria3 como ya he insinuado en otra parte. A la sombra de estas leyes, prosper el trabajo libre en Atenas; y tan convencidos estaban los buenos ciudadanos de que deba marcharse por esta senda, que deseando Temstocles fundar la marina ateniense para darle preponderancia sobre los Estados griegos y extranjeros, quiso asentarla sobre el firme cimiento de gente libre y laboriosa. Con este motivo dice Diodoro de Sicilia: “Al mismo tiempo que l aumentaba el nmero de sus buques, persuadi al pueblo que eximiese de todo impuesto a los inquilinos de casas y a los artesanos, para atraer de todas partes habitantes a Atenas y reunir en ella el mayor nmero posible de artes y profesiones: dos medios que l juzgaba con razn los ms propios a favorecer el aumento de las fuerzas materiales del Estado”.4Con la prctica de tales ideas, no slo florecieron en Atenas las artes mecnicas, sino tambin las liberales, llegando stas, en los das de Pericles, a tanta grandeza y perfeccin que las obras inmortales de Fidias y de otros clebres artistas de Atenas, an no han podido imitarse por las naciones ms adelantadas de la poca en que vivimos. Hasta aqu hemos visto que en el curso de tantos siglos, lejos de perecer en aquella ciudad y en sus campos el trabajo de gente libre, creci y dio vida a una clase numerosa. Ni se atribuya este engrandecimiento a la falta de esclavos, porque stos se haban aumentado con el comercio y prosperidad de Atenas. Fue, pues, menester un nuevo acontecimiento, grande y de mucha trascendencia, para que se efectuase un cambio sensible en la anterior situacin; y este cambio fue la prolongada y desastrosa guerra del Peloponeso. Ya en otra parte5 he transcrito el importante pasaje de la historia de Tucdides en que a ella se atribuye el nuevo modo de vivir que desde entonces adoptaron los atenienses, abandonando los campos que antes cultivaban. Pero esta causa influy principalmente en la agricultura, emplendose en ella brazos esclavos en vez de libres. Para explicar la mengua de stos en las industrias de la ciudad, autores enemigos de la esclavitud, y de la que yo tambin soy, acuden a la concurrencia que los extranjeros domiciliados en Atenas hicieron a los ciudadanos en ellas empleados; pero como aquellos, que eran los metecos, no fueron en nmero tan considerable que pudieran sustituirse a los atenienses libres, la notable disminucin que de stos se sinti despus, fue preciso que naciese tambin de otro motivo; y algunos lo encuentran en la abundancia de esclavos que haban entrado en Atenas. Tene-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 220\ 220\ 220\ 220\ 220\ mos, pues, segn dichos autores, que la sustitucin de brazos esclavos a la de libres, as en la agricultura como en las artes y dems industrias, naci de la concurrencia de extranjeros en Atenas y de la abundancia de esclavos que en ella se introdujeron. Esto demuestra claramente que el cambio que hubo, o sea la disminucin de gente libre empleada en las tareas mecnicas y agrcolas, no provino exclusivamente de la esclavitud, pues que influy tambin en aquel resultado la concurrencia de los extranjeros o metecos. Yo creo que adems de las causas expuestas hubo otras dos de bastante influjo. Una fue la opinin de los autores ms eminentes de la Grecia, quienes rebajando las profesiones mecnicas que los hombres libres ejercan, contribuyeron a envilecer el trabajo libre, y a que pasase a los esclavos. Acerca de este punto, citar ms adelante los pasajes de dichos autores. Otra de las causas que en mi concepto influy poderosamente en cambio tan lamentable, fue la ambicin de algunos polticos de Atenas, que comprando y corrompiendo con sus ddivas a muchos ciudadanos, los alejaron de los talleres y de otras ocupaciones provechosas. Cumple a mi propsito insertar aqu un fragmento de Plutarco en su Vida de Pericles : “Otros escritores han dicho que Pericles fue el primero que distribuy al pueblo las tierras conquistadas, dio plata a los ciudadanos para asistir a los espectculos, y les seal salarios para todas las funciones pblicas; que de este modo l les hizo contraer hbitos viciosos, les quit el amor al trabajo y a la frugalidad, y les inspir el gusto de gastar y el amor de los placeres. Busquemos en los hechos mismos la causa de este cambio. Ya he dicho que Pericles, al principio de su administracin, para balancear el crdito de Cimn, se haba empeado en ganar el favor del pueblo. Pero este ltimo haca diariamente gastos muy grandes para socorrer los pobres, alimentar los ciudadanos indigentes, y vestir a los viejos; haba hecho derribar las cercas de sus heredades, para que los atenienses tuviesen la libertad de coger los frutos de ellas. Pericles, menos rico que l, y no pudiendo igualarle en los medios de conciliarse los favores del pueblo, recurri a liberalidades que tomaba de las rentas pblicas... Distribuyendo as dinero en los ciudadanos pobres para asistir a los espectculos y a los tribunales, y hacindoles otros muchos donativos a expensas del tesoro pblico, corrompi la muchedumbre, y se sirvi de ella para humillar el arepago del que no era miembro”.6Este pasaje y otros que sobre el mismo asunto pudieran citarse, demuestran satisfactoriamente la exageracin en que incurren los autores que consideran la esclavitud como nica causa de la expulsin de la gente libre, as de las industrias de Atenas como de su agricultura, pues al lado de ella existieron otras, tanto o ms poderosas, que ocasionaron mudanza tan deplorable.

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JOS ANTONIO SACO /221 /221 /221 /221 /221 Y fue sta la misma suerte que corrieron las artes y agricultura en los dems Estados de Grecia? Muy difcil es responder exactamente a esta pregunta, porque si la Antigedad nos ha legado noticias suficientes para formar juicio seguro sobre Atenas y Esparta, no as respecto de otros Estados que no tuvieron en Grecia la importancia que aquellas dos repblicas. En Esparta aconteci lo contrario que en Atenas, porque si sta, durante muchos siglos, se apoy en el trabajo libre para vivir y engrandecerse, aqulla, orgullosa, descans exclusivamente en sus ilotas y otros siervos, eximiendo al ciudadano de toda ocupacin que no fuesen los ejercicios guerreros y el desempeo de las pblicas funciones. Pero en medio de la fatal influencia que tuvo la servidumbre en Esparta, la culpa principal debe atribuirse, no tanto a la misma esclavitud, cuanto al vicio esencial de la constitucin de Licurgo. Y aun as, la ruina de Esparta, como ya he manifestado en otro lugar, provino de causas que no deben confundirse con la esclavitud. Piensan algunos, y entre ellos el clebre alemn Heeren, que el haber pasado a esclavos la agricultura y las artes mecnicas en Grecia, lejos de haberle sido perjudicial fuele muy favorable, porque los libres que en ellas se hubieran empleado, pudieron dedicarse a las letras y a otras nobles profesiones. Para conocer la flaqueza de esta razn, basta tender la vista sobre lo que hoy acontece en los pueblos donde no hay esclavos. En Europa, al paso que millones de hombres libres se dedican a la agricultura y a las obras mecnicas, cultvanse tambin las nobles artes y florecen las letras y las ciencias. Los esclavos, pues, ninguna falta hacen en Francia, en Inglaterra, ni en otras naciones modernas; ni ninguna tampoco hubieran hecho en la antigua Grecia, porque las clases libres habran continuado en las mismas ocupaciones en que despus se emplearon los esclavos. Error muy grave es pensar, que la esclavitud griega hubiera hecho entrar en la carrera de las letras y las ciencias a todos los libres, cuyo puesto en los campos y talleres ocupaban los esclavos: antes bien, muchos de esos hombres, no pudieron ser filsofos, poetas, polticos ni oradores, ni tampoco agricultores ni artesanos porque los esclavos les haban usurpado su lugar, quedronse en la ociosidad con detrimento de s mismos, de sus familias y del Estado. Pasemos a examinar el segundo punto que consiste en el influjo moral que ejerci la esclavitud en Grecia; influjo que si fatal al esclavo, fuelo tambin al amo, a su familia, y, por consiguiente, a la sociedad. Despojado aqul por la ley de todo derecho, sometido al poder absoluto del amo, privado de voluntad propia, y convertido de persona en cosa, pues ni aun su mismo cuerpo le perteneca, qu principios morales ni sentimientos de honor pudieron dirigir su conciencia y sus acciones? Los seres hundidos en la esclavitud fueron en general una sentina cuyos vicios los arrastraron a la ltima degradacin. Mintieron, porque

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 222\ 222\ 222\ 222\ 222\ sobre no respetar la verdad, la mentira era un medio de encubrir sus faltas y de evitar el castigo. Hurtaron, no tanto por necesidad de comer y vestir, cuanto porque careciendo legalmente de propiedad, no aprendieron a respetarla por un sentimiento de mutuo inters y justicia. Trabajando para un amo y sin recompensa para s, aborrecieron el trabajo y dironse a la pereza, de la que slo poda sacarlos el castigo. Sin aspiraciones a los goces morales e intelectuales, materializronse y corrompieron; insensibles por el envilecimiento en que yacan al juicio de la pblica opinin, que en la clase libre tanto enfrena las malas acciones, bajaron a confundirse con los brutos. Y tan lamentable situacin no slo fue consecuencia necesaria de la misma esclavitud, sino de las ideas que para el rgimen del esclavo adoptaron aun los griegos ms eminentes. Sin iniciativa para el bien, el amo deba ser, segn Aristteles, el origen de la virtud de que poda ser capaz.7 Sometido a la ms profunda obediencia, deba cumplir ciegamente los mandatos justos o injustos del amo. No convena que fuese ms prudente ni de mejor conducta que l, ni que adquiriese conocimientos que no estuvieran en relacin con su estado de esclavo;8 y su ser moral tan absorbido estaba en la persona del amo, que el poeta cmico Menandro puso en su boca las siguientes palabras: “El amo es para m la ciudad, el asilo, la ley, el rbitro absoluto de lo justo y de lo injusto, y no debo vivir sino slo para l”.9 Estado tan deplorable forzosamente destruy en el esclavo todo sentimiento moral, y quedando reducido a un ser puramente material, no es extrao que el teatro griego, imitando lo que realmente pasaba en aquella sociedad, lo hubiese presentado en la escena con todos los defectos y vicios inherentes a su condicin. En el Cclope de Eurpides, el esclavo Sileno aparece como impostor, impudente, ruin, ratero, perjuro, y dispuesto a entregar por un vaso de vino todos los rebaos de su amo.10 Pntalo tambin el mismo autor, dominado y embrutecido por la gula, pues el vientre es lo nico de que se ocupa.11 En la pieza intitulada: El Maestro de Locuras, un esclavo se expresa as: “Qu nos hablas del Liceo, de la Academia, y de los sofistas; bebamos!... Alegre, alegre, Manes! Nada es ms precioso que el vientre, pues l es tu padre y tu verdadera madre por segunda vez”.12Con iguales colores, lo representa Aristfanes en la comedia del Pluto al formar en uno de sus dilogos un contraste entre los deseos intelectuales del hombre libre y los puramente materiales del esclavo. Celebrando ste y aqul la importancia del dinero, aunque cada uno conforme a sus ideas, el amo dice que uno puede saciarse de todo, como de amor; y el esclavo le responde, contraponiendo el pan; cuando aqul le habla de msica, ste contesta con golosinas; cuando aqul de gloria, ste de pasteles; cuando aqul de honores, ste de higos; cuando aqul de ambicin, ste de poleadas; y cuando aqul de mando, ste de lente-

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JOS ANTONIO SACO /223 /223 /223 /223 /223 jas.13 Aqu aparece que mientras el amo tiene ideas morales ms o menos elevadas, el esclavo solamente se ocupa en el materialismo de la comida; y este contraste pinta la diferencia de sentimientos. Con otros defectos y vicios los describe el mismo autor en la referida comedia,14 en la de Las Ranas ,15 y en otras varias;16 pero los tintes del cuadro son todava ms sombros en las de Menandro, posteriores casi un siglo a las de Aristfanes, y en las que ya ms corrompido el esclavo, la propensin al robo,17 a la astucia y al engao son sus tachas dominantes.18Degradados los esclavos perdieron algunos hasta el noble deseo de conseguir su libertad, resignndose a vivir en perpetua esclavitud. Esto aconteci, no slo con los que de la fuga volvan voluntariamente a la cadena,19 sino aun con aquellos a quienes los amos la ofrecan gratuitamente. Cuando Estalino pregunt su esclavo Calino: “Quieres quedarte soltero y ser libre, o casarte y vivir esclavo con tus hijos? Escoge, pues, y acepta la condicin que ms te agradare. —Si soy libre, respondi Calino, vivir a mis expensas, mientras que ahora t me mantienes”.20Aunque Plauto fue romano, el pasaje anterior y otros muchos de sus obras son aplicables a los esclavos de Grecia, porque l imit y tradujo con frecuencia en sus comedias a los poetas cmicos de aquella nacin. Inters del amo era evitar algunos vicios de su esclavo; si veraz le quera, era para que no le engaase; hombre de bien, para que no le robase; sobrio y activo, para que puntualmente le sirviese; pero en general ni los esclavos pudieron adquirir por s estas buenas cualidades, ni los amos procuraron infundrselas; y si alguna vez lo hicieron, fue tan slo hasta aquel grado en que a l le convena. Tan raros fueron los buenos esclavos, que segn dijo Menandro, el encontrar uno complaciente, era el tesoro ms precioso de la vida.21En medio de la corrupcin de los esclavos griegos, las hembras cuanto ms bellas, tanto ms disolutas fueron, pues los amos, o las escogan para sus placeres, o especulaban con ellas entregndolas a la prostitucin.22 De aqu naci en Grecia el funesto semillero de las cortesanas que tanto influjo tuvieron en la relajacin de las costumbres, pues el trato y conversacin de algunas buscaban, no ya los hombres vulgares, sino Eurpides, Sfocles, Scrates, Jenofonte, Platn, Aristteles, Licias, Demstenes, y otros griegos eminentes.23La esclavitud no derram su veneno con igual fuerza sobre todos los esclavos. Los rsticos, aislados en los campos, hubieron de ser por lo comn menos corrompidos que los urbanos, y aun stos se hallaban ms o menos expuestos a su perdicin segn que servan a un amo de buenos o malos principios. Distinguirse debe tambin el esclavo de nacimiento del que lo fue por accidente habiendo nacido y educdose libre. Sometido el primero a la esclavitud desde su infancia, debi de ser ms sumiso, aunque por lo comn ms degradado; el segundo, nutrido con diferen-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 224\ 224\ 224\ 224\ 224\ tes ideas, sobre todo si era persona de buena educacin, debi de ser en general ms indcil, aunque menos depravado. Digo en general, porque ni la libertad ni la ilustracin han sido nunca signo infalible de virtud; y muchedumbre de ciudadanos fueron en Grecia, tanto o ms corrompidos que muchos de los que nacieron y vivieron esclavos. Como la esclavitud pes en ella no slo sobre los brbaros, sino sobre los mismos griegos; y como stos, aun siendo todava libres, participaban de la corrupcin de aquella sociedad, la inmoralidad que los aquejaba despus de ser esclavos, no debe achacarse toda a la esclavitud. Muy contagioso el vicio, no pudo el amo respirar la infecta atmsfera del esclavo sin que l tambin se resintiese. Dominando con un poder sin freno, el esclavo deba obedecerle ciegamente. De aqu naci la soberbia y el desprecio, con que le mandaba; de aqu los arrebatos y la clera cuando sus rdenes no eran puntualmente ejecutadas; de aqu la injusticia y aun la crueldad con que a veces le castigaba; y de aqu, en fin, el fatal ejemplo que los padres y las madres, arrastrados de tan violentas pasiones, daban comnmente a sus hijos. A la pureza que debe brillar en el santuario de la familia, opsose en Grecia la esclavitud. El absoluto imperio de los amos y la abyeccin de los esclavos establecieron entre ellos las ms peligrosas relaciones, pues mandando unos con ilimitada autoridad, y debiendo obedecer sumisamente otros, satisfacanse los deseos ms impuros, aun con mengua de la fidelidad conyugal y de la virtud de las hijas. La impudicia, deca Haterio, es un crimen en el hombre libre de nacimiento, un deber en el liberto, y una necesidad en el esclavo.24 Muchos de stos, as varones como hembras, fueron destinados a los torpes placeres, ya de sus amos, ya de sus convidados;25 y en esa vida de disolucin, si el esclavo corrompa al amo, el amo corrompa al esclavo, pasando el libertinaje del seno de las familias al corazn de la sociedad, pues que de aqullas sta se compone. Siendo imposible en las casas servidas por esclavos impedir el contacto entre ellos y los amos, stos oan desde su niez la conversacin licenciosa de los esclavos, siendo testigos al mismo tiempo de sus malas acciones. Aristteles encargaba que los nios se rozasen con ellos lo menos posible, y que se alejase de su vista y de sus odos todo ejemplo y toda palabra indignos de un hombre libre;26 mas, esto no se observ, pues a esclavos confiaron muchos griegos la educacin de sus hijos. Qu autoridad podan tener, ni qu respeto infundir tales institutores a discpulos que eran sus amos?27 Qu lecciones de buena moral, ni qu elevacin de sentimientos podan recibir de unos maestros generalmente corrompidos, y que vivan degradados bajo el yugo de la esclavitud? Y el mal era tanto ms grave, cuanto el contagio era ms permanente, pues da y noche cobijaba el mismo techo a discpulos y pedagogos.

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JOS ANTONIO SACO /225 /225 /225 /225 /225 stos daban muchas veces rienda suelta a los gustos desordenados del discpulo, porque al paso que as lo corrompan, tambin lo dominaban. “Malvado, deca un padre a su esclavo pedagogo, t has perdido a mi hijo del que te habas hecho cargo, y le has persuadido que tome un gnero de vida extrao a su nacimiento. T eres la causa de que l beba desde por la maana, cosa a que no est acostumbrado”. Pero el esclavo le responde: “Si l ha aprendido a vivir, por qu me increpa V.? Segn los sabios, beber es vivir. Epicuro afirma que el placer es el soberano bien; pero se puede gozar de otro modo que viviendo sueltamente? — Pero, Sosia [que as se llamaba el esclavo], t entenders quiz lo que yo quiero decirte en dos palabras: has t visto jams que un filsofo se embriague cediendo al atractivo de los placeres de que t me hablas? — Todos!”28Para contrarrestar estos males, filsofo hubo que deseaba fuese la nodriza mujer instruida, y ms que instruida, de buenas costumbres. Pero muy impropio correctivo me parece tal precaucin, porque el nio tena que salir desde edad muy tierna de las manos de la nodriza, y pasando despus a otras que no tuvieran las mismas cualidades, poco o nada se adelantara con las buenas costumbres de aqulla. Para que el esclavo viciase la ndole de su amo joven, no era menester que fuese su pedagogo, pues el mal ejemplo que ste con frecuencia le ofreca, halagaba las pasiones de aqul y le arrastraba a los vicios. El esclavo Leonida habl en estos trminos: “Dnde hallar ahora a Liban, o a nuestro amo joven, para hacerlos ms alegres que la misma alegra? Trigoles un gran triunfo, un buen botn que hacer. Como ellos son mis compaeros de borrachera y de disolucin, es justo que yo divida con ellos el botn que me cae en las manos”.29En medio de la perniciosa influencia de la esclavitud, cmo pudo Esparta con tantos siervos conservar por siglos sus varoniles virtudes y sus costumbres austeras? Esto fue, porque viviendo casi todos ellos en los campos, no se rozaron con los ciudadanos; porque los periecos e ilotas no participaron del mismo grado de corrupcin que los verdaderos esclavos, y porque el nmero de stos fue muy corto en aquella repblica. Esparta, adems, proscribi el lujo y la riqueza, y los que en ella habitaron, vida comn hicieron como si estuvieran en un gran convento. No incurramos en exageraciones. Aun en los otros Estados de Grecia donde tanta inmoralidad hubo, no debe imputarse a la esclavitud toda la disolucin de las costumbres, porque all como en otros pueblos de la Antigedad existieron principios muy corruptores que no provenan de la esclavitud; y esta misma los recibi de las impurezas del paganismo. ste, en vez de depurar las costumbres, derram sobre aquellas naciones el ms contagioso veneno, pues divinizando hasta la prostitucin, Grecia, aun sin esclavos, siempre se hubiera ensuciado con los as-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 226\ 226\ 226\ 226\ 226\ querosos vicios que hoy nos escandalizan. Esta consideracin nunca debe perderse de vista al contemplar el influjo de la esclavitud en Grecia, porque muy injusto sera hacerla responsable de todos los desrdenes morales que emanaron en gran parte de las instituciones polticas y religiosas de aquella edad. En lo que ninguna mala influencia tuvo la esclavitud griega, fue en las letras y ciencias. Alejados de ellas los esclavos por su msera condicin, nada pudieron hacer para su adelantamiento; pero nada tampoco para contrariar sus progresos. Ellas, pues, brillaron en Atenas con el mayor esplendor, no obstante la esclavitud. Respirando aquella atmsfera literaria, no faltaron esclavos que cultivasen la filosofa. Mencinase entre ellos a Fedn de Elea, discpulo querido de Scrates, amigo ntimo de Platn, y que compuso sobre el primero discursos elegantemente escritos. “Hay tambin, dice Aulo Gelio, gran nmero de filsofos, cuyo nombre es clebre, y que empezaron por ser esclavos. Tal fue entre otros Menipo, cuyos escritos ha imitado Varrn en las stiras que ha intitulado: Menipeas y que otros llaman: Cnicas. Citaremos igualmente a Pompilo, Perseo, y Mus, que fueron esclavos, uno del paripattico Teofrasto, otro del estoico Zenn, el tercero de Epicuro, y todos llegaron a ser filsofos distinguidos. Pudiera tambin tomarse por ejemplo a Digenes, el Cnico; pero ste no fue condenado a esclavitud, sino despus de haber vivido libre durante una parte de su vida”.30Si tales filsofos no pueden compararse con Scrates, Platn, ni Aristteles, temerario sera negar que en algo, aunque muy poco, contribuyeron al esplendor de la griega filosofa. Dgase enhorabuena que esos hombres fueron una excepcin en la regla general; dgase que de la inmensa muchedumbre de esclavos que Grecia encerr en su seno, ningn impulso ni ayuda recibi su brillante civilizacin. En todo esto convengo yo; pero, desnudos de pasin y de exageraciones vulgares, debemos tambin convenir en que la esclavitud jams fue obstculo para que desplegase sus alas con toda libertad el genio que inspiraba las bellas artes, letras y ciencias que ennoblecieron la Grecia. Males de otro linaje, males sociales y polticos, produjo tambin la esclavitud. No faltaron esclavos que quisiesen a sus amos; pero en general nutran un odio secreto contra ellos, que los expuso a muchos peligros. Ese odio fue tanto ms temible en Grecia, cuanto el esclavo pudo denunciar al amo; y como en el caso de ser ste condenado, aqul adquira la libertad, hubo poderoso estmulo para tales denuncias. El lenguaje de Licias, hablando de los esclavos de Atenas, revela todo el temor que inspiraban. “No sera yo, exclamaba l, no sera yo el ms extravagante de los hombres, si me expusiera a encontrar para el resto de mis das, amos en mis esclavos, testigos de mis prevaricaciones? De manera que aunque ellos hubiesen cometido contra m las faltas ms

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JOS ANTONIO SACO /227 /227 /227 /227 /227 graves, yo no podra castigarlos, porque denuncindome tendran medios de vengarse y de hacerse libres”.31Esas denuncias llamaron tambin la atencin de Aristteles. A su profunda penetracin no pudo escaparse que la tirana va acompaada de los vicios de la demagogia. “Dase, deca l, licencia a las mujeres en el interior de las familias para que sean infieles a sus maridos, y dase tambin a los esclavos para que denuncien a sus amos, porque el tirano nada tiene que temer de los esclavos ni de las mujeres, y aqullos, con tal que se les deje vivir a su antojo, son partidarios de la tirana y de la demagogia”.32La esclavitud foment tambin las sediciones, dando brazos a los ambiciosos perturbadores que aspiraban a la suprema autoridad. As sucedi en Siracusa,33 y en Corcira, donde las dos fracciones que se combatan, llamaron en su auxilio a los esclavos ofrecindoles la libertad.34Quern de Pelenne entregoles las mujeres y las hijas de los ciudadanos que l haba proscrito.35 Aristteles los representa dispuestos a seguir a los tiranos y demagogos.36 Platn, como ya hemos apuntado en este mismo libro, excluy a los esclavos de su repblica, por considerarlos funestos a la Grecia, la cual dividida en clases tan opuestas no podra reunir sus fuerzas contra los pueblos extranjeros.37Ni se limitaron los esclavos a ser instrumento de las facciones, que tambin tomaron las armas para romper sus cadenas. En tica se sublevaron los que beneficiaban las minas de Laurium. Esparta luch muchas veces con las formidables insurrecciones de sus siervos, y Chos pereci a manos de sus esclavos. Si tantos males ocasion la esclavitud en Grecia, preguntemos a sus hombres ms eminentes qu fue lo que pensaron acerca de ella. “Algunos pretenden, dice Aristteles, que la potestad del amo es contra la naturaleza; que slo la ley hace a los hombres libres o esclavos; que la naturaleza no establece entre ellos diferencia alguna, y que por lo mismo, la esclavitud es inicua, pues nace de la violencia”.38Escritas fueron estas palabras por Aristteles en el cuarto siglo antes de la era cristiana, y aunque l no menciona a esos enemigos de la esclavitud, hanse conservado los nombres de algunos de ellos. Segn Teopompo, historiador contemporneo de aquel filsofo, la isla de Chos fue el primer pueblo de Grecia que compr esclavos griegos, y los dioses, irritados por eso contra l, permitieron para su castigo, que aqullos se alzasen y lo destruyesen. Este juicio de Teopompo manifiesta que l tuvo por injusta la esclavitud, pues los dioses hicieron perecer a manos de los esclavos al primer pueblo de Grecia, que como tales compr a sus compatricios.39Largo tiempo vivieron sin esclavos los moradores de la Fcida y la Lcrida. En aquel Estado, la mujer de Filomele fue la primera persona

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 228\ 228\ 228\ 228\ 228\ que, 335 aos antes de la era cristiana, se present en pblico, acompaada de dos esclavos que haba comprado.40 No invocar yo el ejemplo de esos Estados como prueba de que ellos reprobaron la esclavitud por sentimiento de humanidad o de justicia, ni tampoco la acusacin de los fcidas contra Manason, amigo de Aristteles, por tener 100 esclavos, con los cuales privaba de trabajo a igual nmero de griegos.41 Si aquellos dos Estados no admitieron la esclavitud, fue porque tuvieron siervos que cultivaban sus campos,42 y porque careciendo de artes y comercio, pudieron conservar por siglos la sencillez de sus primitivas costumbres; mas, luego que stas se alteraron, sirvironse de esclavos como los dems Estados de Grecia. Tampoco citar las palabras de Eurpides cuando deca de la esclavitud: “no hay carga ms grande, ni posesin ms mala e intil”;43 porque estas frases se pueden tomar, no como una explcita condenacin de la esclavitud, sino tan slo como un modo de manifestar los inconvenientes del servicio de los esclavos en Grecia. Menos me valdr de la siguiente exclamacin de Menandro, el reformador de la antigua comedia griega: “Nada peor que el esclavo, aunque ste sea el mejor”,44 pues ese poeta no fue enemigo de la esclavitud, como lo muestra otro pasaje de sus obras: “Vale mucho ms, deca, tener un buen amo, que vivir baja y miserablemente en la libertad”.45 Lo que s prueba que hubo griegos que consideraron injusta la esclavitud, es el testimonio de los poetas Fercrates y Filemn. El primero, que vivi en los das de Pericles, suspiraba por los tiempos en que no haba esclavos;46 y el segundo, contemporneo de Aristteles, exclam: “Aun cuando uno sea esclavo, deja por eso de tener la misma carne? La naturaleza, a nadie forma esclavo: la fortuna es la que somete el cuerpo a servidumbre”.47 Pero qu valan estos dbiles clamores contra el sentimiento general de los pueblos, contra la influencia del paganismo, y contra la opinin que en sus obras consignaron los primeros talentos de la Grecia? Verdad es que, para el filsofo Metrodoro, el esclavo fue una propiedad incmoda; pero al mismo tiempo la reconoci como indispensable.48Platn no dio entrada a la esclavitud en su imaginaria repblica, y reconociendo en el hombre la libertad natural, consider como libres hasta las clases inferiores del Estado que pretenda organizar.49 Mir adems la esclavitud como funesta a la Grecia, porque dividida sta en clases tan opuestas, no podra reconcentrar sus fuerzas contra los pueblos extranjeros.50 Pero cuando de la Repblica pas a su otra obra intitulada las Leyes en la que contempl las cosas, no en teora, sino cuales eran en realidad, entonces se expres en muy diferente lenguaje. Hubo en Grecia dos especies de esclavos por su origen: griegos y brbaros o extranjeros. Platn conden expresamente la esclavitud de los griegos. “Respecto, deca, de la esclavitud de los prisioneros de

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JOS ANTONIO SACO /229 /229 /229 /229 /229 guerra, te parece justo que los griegos esclavicen las ciudades griegas? No deben ellos ms bien prohibirlo a los otros en cuanto les sea posible, y exigir, en principio, que se exima a la raza griega, por temor de que caiga en la esclavitud de los brbaros? No deberan, pues, por este motivo, abstenerse de esclavos griegos, y aconsejar a los otros griegos que sigan su ejemplo?”51En cuanto a la esclavitud de los extranjeros, aceptola, y si bien no defendi el principio en que se apoyaba, tampoco lo combati. l reconoce los inconvenientes de la esclavitud; mas, no por eso niega sus ventajas, y sin atreverse a dar una opinin decisiva, se contenta con recomendar a los amos, para impedir revoluciones de esclavos, que stos no sean de una misma nacin, y que se les d buen trato. Oigmosle: “El artculo de los esclavos es embarazoso bajo de todos aspectos. Las razones que se alegan, son buenas en un sentido, y malas en otro, porque prueban a un tiempo la utilidad y el peligro de tener esclavos. Si hay alguna dificultad en justificar o en condenar el uso de los esclavos tal cual se ha establecido en otros pueblos de Grecia, esta dificultad es incomparablemente ms grande respecto de los ilotas de Lacedemonia; pero el embarazo es menor en cuanto a los mariandinios, esclavos de los habitantes de Heraclea, y a los de Tesalia, llamados penestes. As cuando se tiende la vista, sobre lo que pasa all y en otras partes, no se sabe qu resolver acerca de la posesin de los esclavos. Sabemos que todos dicen que es necesario tener esclavos fieles y afectuosos porque muchos han mostrado ms abnegacin que los hermanos y los hijos, y que han salvado a sus amos la vida, los bienes y toda su familia; sabemos que as se habla de los esclavos... No se dice tambin, por otra parte, que un alma esclava no es capaz de nada bueno, y que un hombre sensato jams se fiar de ella? Esto es lo que nos da a entender el ms sabio de los poetas cuando dice, que Jpiter priva de la mitad de su inteligencia a los que caen en la esclavitud”. “Segn que se participa, prosigue Platn, del uno o del otro de estos sentimientos contrarios, resulta que algunos, no findose en manera alguna de sus esclavos, los tratan como bestias feroces, y a fuerza de castigos hacen su alma, no slo tres veces, sino 20 veces ms esclava; pero otros siguen una conducta contraria... Es claro que el hombre, que es un animal difcil de manejar, no se presta sino con pena infinita a esta distincin de libre y de esclavo, de amo y de servidor, introducida por la necesidad. Por consiguiente, el esclavo es una posesin bien embarazosa. La experiencia lo ha demostrado ms de una vez, y las frecuentes sublevaciones de los mesenios, los males a que estn expuestos los Estados donde hay muchos esclavos que hablan la misma lengua, y aun lo que pasa en Italia, donde los salteadores ocasionan tantos daos, todo esto lo prueba demasiado. A vista de todos estos desrdenes, no es extrao

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 230\ 230\ 230\ 230\ 230\ que se est incierto acerca del partido que se debe tomar en este asunto. Yo no veo sino dos medios: el primero, no tener esclavos de una sola nacin, sino que, en cuanto sea posible, hablen diferentes lenguas, para que as soporten ms fcilmente el peso de la esclavitud; el segundo, tratarlos bien, no slo por ellos mismos, sino por inters del amo. Este buen trato consiste en no ultrajarlos de modo alguno, y en ser, si es posible, ms justo con ellos que con nuestros iguales”.52En el pasaje que se acaba de leer, aparece que Platn acepta la esclavitud, no como fundada en la naturaleza, sino tan slo en la necesidad de los pueblos; y esta distincin es el punto capital en que l se separa de Aristteles, su discpulo. Este gran filsofo, siguiendo un rumbo contrario, no slo admite la esclavitud en el hecho y en principio, sino que la juzga indispensable a la familia. “Estas dos, dice, estas dos primeras asociaciones, a saber, la del amo y del esclavo, y la del esposo y la mujer, son las bases de la familia...53Los elementos de la economa domstica son precisamente los de la familia, la que para ser completa, debe comprender esclavos y hombres libres”.54 A pesar de esto, Aristteles reconoce que la esclavitud no es siempre justa, pues tiene por inicua la que nace de la violencia; y asegura que muchos esclavos merecen ser libres, y muchos libres ser esclavos.55En cuanto a m, yo no reconozco la justicia de la esclavitud ni aun en los prisioneros hechos en justa guerra. Creen los de contrario sentir, que teniendo entonces el vencedor el derecho de matar al vencido, puede perdonarle la vida, y con razn esclavizarle. Falso fundamento. El que combate en justa guerra, puede matar a su enemigo mientras luchan entrambos con las armas en la mano; pero desde el momento en que uno de ellos queda vencido, ya el vencedor no puede matarle sin cometer una venganza o un acto de barbarie, pues todos sus derechos se circunscriben a impedir al vencido que le ocasione algn mal. Hgasele, pues, prisionero como se practica hoy; pero no se le condene a perpetua esclavitud con toda su inocente posteridad, porque no hay para ello justicia ni razn. Cuando Aristteles sube a buscar el origen de la esclavitud, y dice encontrarla en la diversa naturaleza de los hombres, entonces se hunde en un abismo, pues pretende probar que hay hombres formados por la naturaleza para ser libres, y otros para ser esclavos. Nada ms terminante que sus palabras. “La naturaleza, dice, por miras de conservacin, ha creado ciertos seres para mandar, y otros para obedecer. Ella es la que ha querido, que el hombre dotado de razn y de previsin mandase como amo; del mismo modo que la naturaleza ha querido, que el ente capaz de ejecutar con sus facultades corporales lo que se le ordena, obedeciese como esclavo”.56 Y en otra parte se expresa as. “Aquel que, por la ley de la

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JOS ANTONIO SACO /231 /231 /231 /231 /231 naturaleza, no pertenece a s mismo, sino que siendo hombre pertenece a otro, se es naturalmente esclavo. Es hombre de otro, aquel que como hombre llega a ser una propiedad, y la propiedad es un instrumento de uso y todo individual”.57Que la naturaleza ha establecido diferencias entre las facultades intelectuales y las corporales de los hombres, como dice Aristteles, es una verdad evidente; pero esto tan slo prueba, que hay desigualdad entre ellos; desigualdad que ni constituye esclavitud, ni fundamento natural para establecerla. Basta por ventura la simple diferencia de capacidad para convertir a uno en amo y a otro en esclavo? Teora en verdad muy peligrosa por las aplicaciones que de ella se pueden hacer; pues llevada hasta sus ltimas consecuencias, resultara que muchos debieran ser a un tiempo amos y esclavos: amos respecto de aquellos a quienes son muy superiores en inteligencia, y esclavos respecto de aquellos a quienes son muy inferiores. Mas, cules son los grados de superioridad intelectual que en unos se necesita, y de inferioridad en otros, para transformar a aqullos en amos y a stos en esclavos? Y caso que esos grados se pudieran establecer, cules seran las manos imparciales que tendran la balanza para pesarlos con justicia, cuando, de una parte, estn el poder, la fuerza y la superioridad de luces, y, de otra, la debilidad, el desvalimiento y la inferioridad intelectual? Aristteles se encarga de responder a estas preguntas. “Uno es esclavo por naturaleza, cuando es tan inferior a sus semejantes como lo es el cuerpo al alma y el bruto al hombre; y en este caso se hallan todos aquellos en quienes la aplicacin de las fuerzas corporales es el nico y mejor partido que se puede sacar de ellos. Para esos hombres, as como para los otros seres de quienes acabamos de hablar, lo mejor es someterse a la autoridad de un amo; porque esclavo es por naturaleza aquel que puede darse a otro; y lo que precisamente lo da a otro, es el no poder ir sino hasta el punto de comprender la razn cuando otro se la muestra, pero sin poseerla l en s mismo”.58Mas, hay hombres, a no ser imbciles o dementes, que carezcan de razn hasta el punto que supone Aristteles? l lo afirma en el pasaje que acabo de citar; pero ms adelante lo niega para contradecirse. “La primera cuestin [tales son sus palabras] respecto del esclavo, es saber si de l se puede esperar, ms all de su calidad de instrumento y de servidor, alguna virtud, como la prudencia, el valor, la equidad, etc.; o bien, si l no puede tener otro mrito que sus servicios enteramente corporales. De ambos lados hay motivos de duda. Si a los esclavos se les suponen estas virtudes, dnde estar su diferencia respecto de los hombres libres? Y si se les niegan, la cosa no es menos absurda, porque ellos son hombres, y tienen su parte de razn”.59

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 232\ 232\ 232\ 232\ 232\ Si pues, Aristteles confiesa que sera absurdo negarles alguna virtud, como la prudencia, el valor, la equidad; si l mismo reconoce que la posesin de ellas destruye la diferencia entre el hombre libre y el esclavo; y si para concederlas, l tambin admite que stos son hombres, y que tienen su parte de razn, no queda entonces destruido por el mismo Aristteles el principio en que se apoya para decir que hay esclavos por naturaleza? Si las razones de Aristteles no estn conformes entre s, tampoco lo estn sus hechos con su doctrina. l dej la libertad en su testamento a algunos de sus esclavos. Si stos, segn su teora, no merecan ser esclavos, por qu los mantuvo en la esclavitud? Pero si entraban en su teora, y por lo mismo deban, segn ella, ser esclavos, por qu los libert, cuando l mismo deba reconocer que no podan ser libres, puesto que haban nacido esclavos por naturaleza? Las ideas que acabo de exponer, son las que sobre la esclavitud presentaron los dos ms grandes filsofos de la Grecia. A pesar de que ambos partieron de puntos muy diferentes, ambos admitieron la esclavitud: Aristteles como una institucin de la naturaleza; y Platn como una necesidad social. Ninguno de los dos proclam su abolicin, y los dos tuvieron esclavos hasta los ltimos momentos de su vida: de manera que las escuelas que fundaron esos dos hombres eminentes, no trasmitieron a la posteridad ningn principio que pueda invocarse para abolir la esclavitud. Respecto del origen de esta institucin debo exponer aqu mi modo de pensar. Por ms difundida que haya estado la esclavitud en la tierra, yo no la admito como fundada en naturaleza. Creo, s, que se deriva de ciertos sentimientos naturales de que el hombre ha abusado por su inters. Posedo del innato deseo de superioridad, grato es a su corazn dominar y mandar a su semejante. Tiene tambin necesidades, y para satisfacerlas, menester es que trabaje; pero el trabajo es penoso, y como el hombre huye naturalmente de la fatiga, busca, o en la familia o fuera de ella, un ser a quien echar la carga que l no quiere llevar sobre sus hombros. Tal es el primitivo y verdadero origen de la esclavitud, pues la guerra, que no es ms que la fuerza, no es la causa, sino el medio y la ocasin de que el hombre se ha valido para esclavizar a otros menos fuertes que l. Mil veces se ha repetido, que cuando los pueblos que peleaban entre s llegaron a cierto grado de civilizacin, entonces, en vez de matarse a los prisioneros de guerra, dejseles la vida, para venderlos como esclavos, o servirse de ellos el vencedor. En este sentido, por injusta que sea la esclavitud, se la debe mirar como un progreso en la historia del gnero humano, porque los esclavos pudieron en muchos casos recobrar su libertad, porque aun permaneciendo en el cautive-

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JOS ANTONIO SACO /233 /233 /233 /233 /233 rio, pudo tocarles un buen amo, y porque las guerras seran menos sangrientas, pues sabiendo el vencido que ya no se le mataba, no se defendera con tanto encarnizamiento. Los que buscan el origen de la esclavitud de los prisioneros de guerra en cierto grado de civilizacin a que ya haban llegado los pueblos que se combatan, parceme que afirman en trminos absolutos lo que est desmentido por los hechos. Que la civilizacin ha influido poderosamente en templar la violencia de las pasiones, desarmando el brazo de un enemigo enfurecido, nadie lo negar; pero yo no creo que entonces fue cuando empezaron los anales de la esclavitud. Si esto fuera as, las tribus salvajes nunca habran tenido esclavos, pues hubieran matado a todos sus prisioneros; ni a stos tampoco se dara muerte en los pueblos donde ya se hubiera la esclavitud establecido. Pero el gnero humano ofrece en ambos casos pruebas de lo contrario. Volvamos los ojos al continente africano, y en l veremos que unas mismas tribus o naciones, ora matan a sus prisioneros, ora les perdonan la vida, ya para servirse de ellos, ya para venderlos como esclavos. Qu espectculo nos present el Nuevo Mundo al tiempo de su descubrimiento? Ciertas regiones habitadas por caribes, quienes al paso que mataban a algunos de sus prisioneros y se coman sus carnes, vendan otros en los pases ya poblados por los europeos. Si pues, los caribes esclavizaban prisioneros, debe suponrseles, segn las teoras que yo no admito, alguna civilizacin; y si la tenan, ya debi haber desaparecido su primitiva ferocidad con los prisioneros, y, por consiguiente, conservndoles la vida. Pero cmo es, que mientras esos salvajes la concedan a unos para hacerlos esclavos, devoraban a otros con horrible brutalidad? Los indios de la Luisiana tambin mataban a sus prisioneros; mas, permaneciendo en el mismo estado de barbarie los conservaron para venderlos a los franceses, luego que stos empezaron a comprrselos. Hundidos en la barbarie, pues que hasta antropfagos eran, encontraron los espaoles en el Nuevo Mundo muchas tribus indias, que no slo tenan esclavos, sino que vendan stos a otros indios. Mucho antes que hubieran los pueblos llegado al grado de civilizacin que hace respetar la vida de los prisioneros, ya exista la esclavitud, y a seguir esta conducta los indujeron miras de utilidad personal. Sean dos tribus o pueblos hundidos en la barbarie, y que uno tenga facilidad de vender sus prisioneros, mientras otro, en vez de sacar de ellos algn provecho, sienta gravamen en conservarlos; claro es, que el primero les perdonara la vida, no por civilizacin ni humanidad, sino tan slo por inters. El segundo, al contrario, aun cuando fuese menos brbaro, los condenara a muerte, como nico medio de deshacerse de unos seres, que en la paz disminuiran los escasos recursos de subsis-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 234\ 234\ 234\ 234\ 234\ tencia, y en la guerra, o le serviran de estorbo en sus correras, o podran volver sus armas contra l, pasndose a sus enemigos. As vemos, que las tribus africanas conservan los prisioneros por la esperanza de venderlos, o de servirse de ellos; mas, cuando nada de esto pueden hacer, qutanles la vida. No se crea por esto, que yo considero el trfico de esclavos de frica como un progreso de la humanidad, ni como medio de civilizar a los hijos de aquella regin infeliz. Ese trfico, al contrario, as en la Antigedad como en nuestros das, fue y es el origen fecundo de injustas guerras, pues los jefes africanos hanlas emprendido muchas veces, y emprndenlas todava, tan slo con el fin de hacer prisioneros para venderlos a los traficantes europeos. Fijar con precisin la poca en que empez la esclavitud, es absolutamente imposible; pero en medio de las tinieblas que envuelven este punto, bien puede asegurarse que mientras permanecieron los hombres alimentndose de las frutas de los bosques, de la caza y de la pesca, la verdadera esclavitud personal, o no existi, o fue todava muy rara. El embarazo de llevar y custodiar a los cautivos en medio de una vida errante, y lo que es ms, la dificultad de compartir con ellos el sustento que a veces no alcanza ni aun para los mismos amos, hacen inverosmil toda idea de esclavitud en semejante estado. La muerte, pues, debe ser el destino de todo prisionero; y en tales circunstancias, no es la barbarie ni la crueldad el nico mvil que impele al salvaje a matar a su enemigo vencido, sino tambin el deseo de librarse de una carga intil y de atender a su propia conservacin. Si estos pueblos, sin embargo, pudiesen vender sus prisioneros, entonces guiados slo por su inters y no por humanidad, conservaran la vida de unos hombres que de otra suerte pereceran. Cuando ya hubo tribus que comenzaron a tener una residencia fija, y a estimar el trabajo del hombre, entonces tambin empezara el deseo de tener verdaderos esclavos. Desde esa poca, ya no moriran todos los prisioneros bajo los golpes del vencedor. La vida se perdonara a los que se considerase tiles para el trabajo, o a los que pudieran venderse; pero los dems seran sacrificados. En mi concepto, la primitiva esclavitud de los prisioneros fue ms bien obra del inters que de la civilizacin. Al paso que las sociedades se fueron desenvolviendo, sus necesidades tambin se fueron aumentando; y el inters, por una parte, y la civilizacin, por otra, enseando a respetar, aunque por distintos fines, la vida de los prisioneros, contribuyeron a ensanchar la esfera de la esclavitud. Sentadas estas ideas, y expuestas ya las doctrinas de Platn y Aristteles, fundadores, el primero de la Academia, y el segundo del

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JOS ANTONIO SACO /235 /235 /235 /235 /235 Peripato, veamos si en las otras dos clebres escuelas filosficas que existieron en Grecia se encuentra algn principio favorable a la extincin de la esclavitud. De la estoica fue fundador Zenn de Citium, quien siguiendo el tema de la escuela cnica a que haba pertenecido,60 ense que todo hombre malo era esclavo.61 El estoicismo, exagerando y contrariando a veces la naturaleza humana, no slo quera que el hombre fuese de una virtud austera, sino que se mostrase indiferente al dolor, despreciando el infortunio y la muerte.62 Basta enunciar esta doctrina para conocer, que por til que fuese al ciudadano, infundindole varoniles virtudes, ningn consuelo real daba al esclavo. Cmo podran compadecerse de las desgracias de ste, los hombres que ostentaban el mayor desprecio por todos los males de la vida? Ellos no admitan ms esclavitud que la esclavitud moral. En su teora, todos los hombres podan ser libres o esclavos. El libre era esclavo, si estaba dominado por las pasiones y los vicios, y el esclavo era libre si estaba exento de ellos. En el campo de las abstracciones morales, brillantes y laudables son estas ideas; pero como los sufrimientos del esclavo no eran abstracciones, sino realidades y los estoicos no los consideraron tales, la esclavitud griega nada tuvo que agradecer prcticamente a esos filsofos. El mismo Zenn tuvo esclavos, y un da que castigaba a uno por haberle robado, ste le dijo: “estaba en mi destino el robar”, y Zenn aadi: “y el de ser castigado”.63 Este hecho se aviene mal con el principio que reprueba la esclavitud del hombre. No es pues extrao, que cuando el maestro tuvo esclavos, los discpulos tambin los tuviesen; y aun uno de los principales, cual fue Posidonio, inclinose a la doctrina de Aristteles, condenando a esclavitud al hombre dbil que no pudiendo gobernarse a s mismo, se entregaba a otro fuerte para que en recompensa de los servicios que reciba, le guiase y protegiese.64Al exponer Digenes Laercio la doctrina de los estoicos griegos, reconoce que ellos tuvieron tres especies de esclavitud. Transcribamos sus palabras: “Slo el sabio es libre, mientras que los malos son esclavos: porque la libertad es la facultad de obrar segn sus propias inspiraciones, mientras que la esclavitud es la privacin de esa facultad. Ellos [los estoicos] distinguen otra especie de esclavitud que consiste en la sujecin; y una tercera especie, cual es, la condicin del hombre que ha sido vendido y sometido a un amo”.65Los filsofos, pues, que tales doctrinas ensearon, no pudieron ser los apstoles abolicionistas de la antigua esclavitud. Sin embargo, no reconociendo el estoicismo, en sus principios morales, ms hombres libres que a los virtuosos, ni ms esclavos que a los malos, atac indirectamente, y sin pensarlo, la base en que descansaba la esclavitud social, y borrando moralmente la diferencia que las leyes civiles establecan

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 236\ 236\ 236\ 236\ 236\ entre el hombre libre y el esclavo, sembr una semilla que fecundada por otras ideas que nacieron despus, hubo de producir ms adelante saludables resultados. Principios muy diferentes siguieron los discpulos de otra clebre secta. Epicuro, su fundador, cifr la humana felicidad en huir del mal y en buscar los placeres. Esta doctrina explicada por su mismo autor tiene el grave inconveniente de ser contradictoria, y por lo mismo ms peligrosa, porque si ofrece armas a sus enemigos para combatirla, tambin las da a sus sectarios para defenderla. Por una parte, dice Epicuro: “Todo lo que debemos buscar y evitar se dirige a un solo fin: la salud del cuerpo y la tranquilidad del alma. Nuestro objeto en todas las cosas es librarnos del dolor y la inquietud. Logrado este objeto, cesa al instante toda agitacin del alma, porque el animal, desde el momento que posee en su plenitud los bienes del alma y del cuerpo, ya no tiene ninguna necesidad que le aguijonee para ir adelante y buscar otra cosa. Sentimos la necesidad del placer cuando sufrimos su ausencia: pero desde el momento en que no hay sufrimiento, la necesidad no se hace sentir. Por esto, nosotros hacemos del placer el principio y el fin de la felicidad: l es el primer bien que conocemos, bien inherente a nuestra naturaleza”. Epicuro miraba la frugalidad como un gran bien, no porque l juzgase que siempre se la deba practicar, sino porque es bueno acostumbrarse a contentarse de poco para no ser cogido de improviso cuando fuere necesario. “Es menester estar bien persuadido [deca l], de que se goza tanto ms de la abundancia de los bienes, cuanto se est menos habituado a tenerlos como indispensables. Sepamos igualmente que todo lo que es un bien en el orden de la naturaleza puede conseguirse fcilmente, y que los bienes imaginarios son los nicos que se procuran con pena. Un alimento simple y frugal proporciona tanto placer como los platos suntuosos, cuando sirve para aplacar los dolores del hambre. El pan y el agua, sazonados por la necesidad, son una fuente infinita de placer. El hbito de un alimento simple y sin condimento afirma la salud y libra de toda inquietud relativamente a las necesidades de la vida; ella hace ms agradable la buena comida cuando la ocasin se presenta, y nos pone fuera de los cuidados y azares de la fortuna. As, cuando decimos que el fin de la vida es el placer, no hablamos de los placeres de disolucin, como se supone algunas veces, por no bien comprendernos, o por pura malevolencia. Por placer entendemos la ausencia de todo dolor para el cuerpo, y de toda inquietud para el alma. No son, pues, los largos festines, el vino, los goces amorosos con los jvenes y las mujeres; ni una mesa suntuosa, cubierta de pescados y platos de toda especie, lo que procura la felicidad, sino una razn sana, capaz de profundizar las causas que en cada circunstancia deben determinar nuestra eleccin y nues-

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JOS ANTONIO SACO /237 /237 /237 /237 /237 tra repugnancia, capaz, en fin, de alejar las vanas opiniones, origen de las ms grandes inquietudes del alma... Las virtudes son inherentes a la felicidad, y la felicidad, por su parte, es inseparable de ellas. En efecto, dnde encontrar sobre la tierra una felicidad superior a la del hombre virtuoso?”66Este lenguaje es muy laudable; mas, no por eso deja de ir acompaado de un germen peligroso, porque peligrosa es la base en que Epicuro asienta su doctrina. Innato al hombre el deseo de correr en pos del deleite, ella puede arrastrarlo fcilmente al sensualismo; y as sucedi en Grecia, y mucho ms en Roma cuando esta nacin empez a cultivar la filosofa: ni poda suceder de otra manera, porque los trozos que acabo de citar, no encierran toda la doctrina de Epicuro. Hay otros de tan contraria naturaleza, que la simple lectura de uno solo basta para convencerse de que tal filosofa es puramente sensual. “Yo no concibo, as habla, en qu puede consistir el verdadero bien, si se separan los placeres que producen el gusto o el odo; si se suprimen aquellos que causa la vista de las cosas agradables, y de todas las otras que los sentidos procuran al hombre. Y no se puede decir que el gozo del alma sea el nico bien deseable; porque yo jams he reconocido este gozo, sino bajo la sola esperanza de gustar los placeres de que acabo de hablar y de gustarlos sin ninguna mezcla de dolor”. Y ms adelante, dice: “Muchas veces he tenido la curiosidad de saber de aquellos que se llaman sabios, cules seran los bienes que nos quedasen, si se nos suprimieran los placeres de los sentidos. Pero yo no he recibido de su parte sino vanas palabras: y en verdad, que se aparten esas ideas pomposas y quimricas de virtud y de sabidura que ellos hacen sonar tan alto, no sabran ya qu decir, a menos que vengan a las fuentes del deleite que yo he indicado arriba”.67A primera vista parece que el epicuresmo hubiera debido oponerse a la esclavitud, porque a sus principios son contrarios los padecimientos de ella. Qu ser ms infeliz que el esclavo? Quin ms cargado de males, ni ms privado que l de placeres? Pero el epicuresmo, en vez de ponerle en aptitud de gozarlos, y de romper sus cadenas, si no agrav sus dolores, mostrose a lo menos indiferente a su suerte. Mucho ms propenso est el hombre a correr en pos de los placeres materiales que de los morales. Sonle aqullos ms perceptibles y palpables que stos; y como las pasiones se los presentan bajo de una forma seductora, l los abraza y cae en el sensualismo. Pero el sensualismo conduce a la pereza y a la corrupcin, y como la pereza y la corrupcin desdean el trabajo, preciso es que ste recaiga sobre ajenos hombros; resultando de aqu, que a los principios de Epicuro cuadra muy bien la esclavitud, y que a sus fieles sectarios, grato debi de serles el servicio de los esclavos. Siendo esto su inters, podra esperarse que los epicreos se declara-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 238\ 238\ 238\ 238\ 238\ sen enemigos de la esclavitud y que tratasen de abolirla? As fue, que ni ellos ni ninguna de las otras tres escuelas filosficas ya mencionadas mejoraron prcticamente la condicin del esclavo griego, pues la Grecia, ora libre, ora a veces oprimida por sus propios tiranos, ya independiente, ya al fin subyugada por las armas de Macedonia y de Roma, siempre conserv la esclavitud. Complemento de la griega es lo que voy a decir sobre la de Macedonia, pues sta fue, segn Strabn, una parte, aunque poco considerable, de la Grecia.68No es posible trazar el origen de la esclavitud en Macedonia, ni tampoco su historia primitiva. Sobre este punto nos hallamos en la ms profunda oscuridad, y lo nico que se sabe es que aquel pas tuvo esclavos, como los dems de la Antigedad, habindoselos dado las frecuentes guerras con los ilirios, olintios, tracios y otros pueblos.69Filipo domin la Grecia, y en sus guerras prfidas contra ella vendi en almoneda las mujeres y los nios de varias ciudades.70 Respecto de los prisioneros de Atenas, aunque sta era su implacable enemiga, tuvo la generosidad de restituirlos libres a su patria; pero a los tebanos no solamente los vendi, sino que les hizo comprar la sepultura de sus muertos.71Guerras hizo tambin aquel monarca al Quersoneso y a la Escitia, y en esta ltima esclaviz 20 000 mujeres y nias.72Su hijo, el famoso Alejandro, aterr la Grecia con la terrible destruccin de Tebas; perecieron en ella durante el combate ms de 6 000 hombres, y a los 30 000 de sus moradores que escaparon con vida, vendiolos como esclavos en la cantidad de 440 talentos de plata (2 420 000 francos).73 Igual suerte corrieron los habitantes de la Tebas de Tesalia, cuando otro Filipo, tambin de Macedonia, la tom un siglo despus.74Alejandro llev sus armas a pases distantes de Macedonia, y en sus admirables conquistas, la esclavitud march bajo sus banderas victoriosas. En sus expediciones contra los tracios, tribaclianos, getas y tolancianos esclaviz algunos prisioneros, y tambin nios y mujeres.75En la primera batalla que dio en Asia sobre las mrgenes del Grnico, carg de cadenas a los griegos que se haban reunido a los persas, y enviolos a Macedonia, para que sirviesen como esclavos, en castigo de haber tomado las armas contra sus compatriotas, pues en el ejrcito de Alejandro haba muchos griegos.76En la batalla de Arbelas77 acab aquel gran capitn con el poder de Daro. Dcese que entonces hizo ms de 300 000 prisioneros;78 pero de tan asombroso nmero, cuntos y cuntos miles no arrastraran las cadenas de la esclavitud? Cuando Alejandro tom por asalto a Gaza, en Palestina, esclaviz a las mujeres y a los nios.79 Lo mismo hizo en la Gaza de la Media

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JOS ANTONIO SACO /239 /239 /239 /239 /239 Atropaciana y en otras ciudades de la Sogdiana, cuyos esclavos reparti entre sus soldados.80En sus correras por la Media cautiv a muchos de los mardos,81 que eran pueblos salteadores.82 Cuando los soldados de Alejandro saquearon y destruyeron a la rica Perspolis, antigua capital de la Persia, no slo mataron cruelmente a sus prisioneros, sino aun a los mismos que habiendo pagado un rescate,83 tenan un derecho sagrado a su vida y libertad. Triunfante se pase Alejandro por el Asia hasta la India. All bati el ejrcito de la nacin de los agalasas, que a su marcha se oponan, tom por asalto las ciudades adonde se refugiaron los vencidos, y usando del brutal derecho de la guerra, esclaviz a todos los que cayeron en sus manos.84 A 40 000 eleva Arriano el nmero de los que cautiv Alejandro en los primeros combates que tuvo a su entrada en la India;85 y cuando tom a Sangala por asalto, no seran esclavizados los 70 000 indios que cayeron en su poder, despus de haber matado 17 000 de ellos?86Fiel a la dura ley de aquellos tiempos, Alejandro, al retirarse de la India, esclaviz muchos indios halienos, y tambin a otros varios pueblos de aquella regin.87Con la muerte de Alejandro desplomose el colosal imperio que su diestra poderosa haba levantado, y disputndose sus fragmentos los ambiciosos generales que bajo sus rdenes marcharon a la conquista del Asia, siguironse largas y sangrientas guerras, en que muchos hombres libres pasaron a ser esclavos. Los macedonios no slo tuvieron esclavos, sino tambin siervos: tales fueron los llamados penestes,88 lo mismo que en Tesalia. En mayor nmero, los poseyeron algunos pueblos de la Iliria, su vecina. De los dardanos, dice Ateneo con exageracin inadmisible, que cada uno de ellos tuvo 1 000 siervos, y an ms, los cuales sirvieron de soldados en la guerra y de labradores en la paz.89 A los ardeos atribyeseles, siguiendo a Teopompo, un total tambin exagerado de 300 000 prospelastas.90Macedonia, despus de tantos triunfos y de haber asombrado al mundo con las conquistas de Alejandro, sufri la misma suerte que toda la Grecia, pues cayendo ambas bajo la terrible espada de Roma, perdieron su independencia.Notas1Plutarc., Vida de Teseo § 23. 2Plutarc., Vida de Soln § 23.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 240\ 240\ 240\ 240\ 240\3Plutarc., Vida de Soln § 30. 4Diod. Sic., lib. XI, cap. XLIII. 5Vase la pgina 154 de este tomo. 6Plutarc., Vida de Pericles § 12. 7Aristt., Polt ., lib. I, cap. V, § 11. 8Eurpid., en Stobeus, Florilegium LXII, 19. Edicin Gaisford, Oxford, 1822. 9Stob., Florilegium LXII, 34. 10Eurpid., Ciclo p.., XXIII, 163, 191, y otros pasajes. 11Stob., Florilegium LXII, 15. 12Aten., lib. VIII, p. 336. 13Aristf., Plut .; 189. 14Plutarc., 45, 51, 273, 276. 15 Ranas 757-768. 16Aristf., Avispas 1219, 1292. Tesmof., 1180. Lisistra ., 333. Paz esc. I, 14. 17Esta propensin al robo se comprueba tambin con lo que dice Aten., lib. VIII, p. 357; lib. IX, p. 377; lib. XII, p. 580, y lib. XIV, p. 659. 18Galien., De nat ., fac. I, 17. 19Eub., en Stob., Florilegium LXII, 32. 20“ Liber si sim meo periclo vivam nunc vivo tuo ”. Plaut., Casin ., act. II, esc., IV, vers. 182-185. 21Menandro, en Stob., Floril ., LVII, 6. 22Plaut., Pseudol ., act. I, esc. II. Penl., act. I, esc. 2. 23Aten., lib. XIII. Sobre Scrates, vase al mismo Ateneo, lib. V, p. 220. 24Reines ad Petron. Satyric ., § 75, p. 378. 25Aten., lib. VIII, p. 339; lib. XII, p. 558 y 567; lib. XIII, p. 607, etc., y lib. XIV, p. 621. 26Aristt., Polt ., lib. IV (7), cap. XV, § 6 y 7 27Necio y brbaro llam Pistoclere a Lido su esclavo pedagogo, y aun le amenaz con castigos. (Plaut., Bac ., act. I, esc. II, y act, III, esc. III, vers. 405 a 409.) 28Platn, el Cmico, en Aten., lib. III, p. 103. 29Plaut., Asinaria act. II, esc. II. 30Aulo. Gelio, lib. II, cap. XVIII. Sobre la esclavitud de Digenes, vase el apndice no XXII. 31Licias, Sobre una planta de olivo 32Aristt., Polt ., lib. VIII (5), cap. IX, § 6. 33Herod., lib. VII, cap. CLV. 34Tucd., lib. III, § 73. 35Aten., lib. XI, p. 509, y lib. XII, p. 516. 36Aristt., Polt ., lib. VIII (5), cap. II, § 6. 37Plat., Repb ., lib. V. 38Aristt., Polt ., lib. I, cap. II, § 3. 39Teopomp., lib. XVII, Historiar., en Aten., lib. VI, pp. 265 y 266.

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JOS ANTONIO SACO /241 /241 /241 /241 /24140Aten., lib. VI, p. 264. 41Aten., lib. VI, p. 264. 42Aten., lib. VI, p. 264. 43Eurpid., en Stob., Florileg ., LXII, 11. 44Menand., Sent. Monost ., 133, en Menciske, Fragm ., tom. IV, p. 344. 45Menand., en Stob., Florileg ., LXII, 7. 46Aten., lib. VI, p. 263. 47Stob., Fragment Serm ., 147, p. 680. 48Stob., Fragment Serm ., 147, p. 600. 49Plat., Repb lica, lib. II. 50Plat., Repb lica, lib. V. 51Plat., Repb ., V, p. 295, traduc. de Cousin. 52Plat., Leyes tom. 7, p. 358, trad. de Cousin. 53Aristt., Polt ., lib. I, cap. I, § 6. 54Aristt., Polt ., lib. I, cap. II, § 1. 55Aristt., Polt ., lib. I, cap. II, § 18 y 16. 56Aristt., Polt ., lib. I, cap. I, § 4. 57Aristt., Polt ., lib. I, cap. II, § 7. 58Aristt., Polt ., lib. I, cap. II, § 13. 59Aristt., Polt ., lib. I, cap. V, § 3. 60Dig. Laerc., VI, II, 6, § 66. 61Dig. Laerc., lib. VII, § 121. 62Dig. Laerc., lib. VII, cap. I. 63Dig. Laerc., lib. VII, cap. I. Vida de Zenn. 64Posidonio, en Athen., lib. VI, p. 263. 65Dig. Laerc., lib. VII, cap. I. 66Carta de Epicuro a Mnoece, inserta por Digenes Laercio, en el libro X de sus Vidas y doctrinas de los filsofos de la Antigedad 67Cicer., Tusculan ., III, § 18. 68Strab., lib. VIII, cap. I, § 1 69Justin., lib. VII, § 2, 4, 5 y 6. Strab., lib., VII, cap. VI, § 8. 70Justin., lib. VIII, § 3. Diod. Sic., lib. XVI, cap. VIII y LIII. 71Justin., lib. IX, cap. IV. Polib., lib. V, cap. X. 72Justin., lib. IX, § 1 y 2. 73Diod. Sic., lib. XVII, § 14. Polib., lib. V, § 10. Justin., lib. XI, § 4. lianus, Varia Hist 74Polib., lib. V, § 99 y 100. Arrian., Expediciones de Alejandro lib. I, cap. II. 75Arrian., Exped de Alej ., lib. I, cap. I. 76Arrian, lib. I, cap. IV. 77La batalla no se dio en los campos inmediatos a la ciudad de Arbelas, sino a 500 o 600 estados de ella (de 15 a 18 leguas), cerca del ro Jumelus y de la miserable aldea Gogameles, en la Asiria. (Arrian., lib. VI, cap. IV.) Vanse tambin a Tolomeo, a Aristbulo y a

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 242\ 242\ 242\ 242\ 242\Strab., lib. XVI, cap. I, § 3. ste dice que el equivocado nombre de esa batalla fue trasmitido por los macedonios a los historiadores. 78Arrian., lib. III, cap. V. 79Arrian., lib. II, cap. VII. 80Arrian., lib. IV, cap. I. 81Arrian., lib. III, cap. VIII. 82Strab., lib. XI, cap. XVIII, § 2 y 3. 83Quint. Curc., in Alexand., lib. V, cap. VI. 84Diod. Sic., lib. XVII, cap. XCVI. 85Arrian., lib. IV. cap. VIII. 86Arrian., lib. V, cap. V. 87Arrian., lib., VI, cap. II, y otros. 88Otfr. Mller cita a Eust. ad Dion. Perieg. 533. 89Agatarquide de Cnide, en Aten., lib. VI, p. 271. 90Teopomp., en Aten., lib. VI, p. 271.

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Libro SptimoR O M A R O M A R O M A R O M A R O M A ORGENES DE LA ESCLAVITUD EN ROMA. MUCHEDUMBRE, OCUPACIONES, MERCADOS Y PRECIO DE LOS ESCLAVOSNingn pueblo de la Antigedad tuvo tantos esclavos, ni trafic tanto en ellos como Roma. Diselos su legislacin civil y criminal, el derecho de gentes que entonces rega, y a veces aun la violencia. Los esclavos, dijo el emperador Justiniano, o nacen o se hacen,1 y bajo de tan simples palabras se comprenden todos los modos de esclavizar que hubo en Roma: tales fueron la autoridad paternal, la exposicin del hijo por el padre, nacimiento, deudas, ciertas faltas y delitos, guerras, comercio, plagio, y piratera. Salvo estos dos ltimos modos, legtimos fueron todos los dems. Pasemos, pues, a examinarlos detenidamente en el orden en que los he indicado; siendo de advertir que ni todos nacieron simultneamente, ni tuvieron la misma duracin ni menos produjeron igual abundancia de esclavos. Tan inmensos y terribles fueron los derechos que la ley romana concedi al padre de familia sobre sus hijos, que pudo hasta matarlos. Por eso dijo el jurisconsulto Gayo, que casi no haba otros hombres que tuvieran sobre sus hijos un poder igual al de los romanos.2 Un joven notable por su belleza, instruccin y talento psose en camino para seguir la criminal bandera de Catilina; mas, sabindolo el senador Fulvio, su padre, hzolo detener y matarle, dicindole estas palabras: “Yo te he dado la vida no para servir a Catilina contra la patria, sino a la patria contra Catilina”.3 Casos semejantes pudieran citarse fundndose en Dionisio de Halicarnaso y otros historiadores,4 y aun es controvertible si Bruto procedi en la condenacin de sus hijos, ms bien como cnsul que como padre. Si el padre de familia pudo matar al hijo, con mayor razn venderlo.5Este derecho existi desde los tiempos de Rmulo, pues Numa, segun-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 244\ 244\ 244\ 244\ 244\ do rey de Roma, lo mitig prohibiendo al padre que vendiese al hijo casado con su consentimiento, por ser muy duro que la mujer que haba tomado por marido a un hombre libre, se encontrase de repente con un esclavo.6 Pero la templanza que Numa introdujo en tan brbaro derecho, no fue de larga duracin, porque los decenviros insertaron en su cuarta Tabla la terrible ley de Rmulo;7 y desde entonces la patria potestad recobr toda su fuerza primitiva. Esta potestad fue superior a la que el amo tena sobre el esclavo, pues una manumisin bastaba para que ste quedase libre, mientras que el hijo vendido dos veces, y otras tantas libertado, volva a caer bajo la paterna autoridad, y slo cuando era de nuevo vendido y por tercera vez libertado, sala completamente del yugo paternal.8 Hubo, sin embargo, gran diferencia entre el hijo y los esclavos manumitidos, porque stos pasaban a la clase de libertos; mas, aqul adquira en toda plenitud los derechos civiles y polticos de ciudadano romano. Muy digno es de notarse, que los derechos que tena el padre de matar y de vender a sus hijos no cesaron simultneamente, pues primero se le quit la facultad de venderlos que la de matarlos, segn aparece de una ley del emperador Constantino.9 Perdido haban ya en Roma las costumbres su rudeza primitiva, y an conservaban los padres el derecho de matar a sus hijos. La primera restriccin que se les impuso, dbese al emperador Trajano, quien mand que el padre emancipase al hijo que maltrataba.10 Dcese tambin que Adriano deport a una isla un padre que cazando mat a su hijo, no obstante hallarse ste manchado con el adulterio de su madrastra, y a este propsito importa citar aqu las magnficas palabras del jurisconsulto Marciano: “La patria potestad debe consistir en la piedad y no en la atrocidad”.11 Poco ms de un siglo despus, el ao 228 de Jesucristo, el emperador Alejandro Severo, dirigindose a un padre, estamp las palabras siguientes en una constitucin: “la patria potestad que tenis, os da el derecho de castigar a vuestro hijo; y si l persiste en su conducta, podis acudir a un medio ms severo, llevndole ante el presidente de la provincia, para que contra l pronuncie el castigo que pidiereis”.12 Por ltimo, Constantino promulg en 319 una ley imponiendo la terrible pena de parricida al padre que matase a su hijo.13 ¡Cun inmensa diferencia entre las leyes de las Doce Tablas y las del imperio! Las primeras fueron hijas de las brbaras y feroces costumbres de los antiguos romanos; mas, las segundas, dictadas por la filosofa y el cristianismo. Ni a matar y vender al hijo limitronse los derechos del padre, que extendironse tambin a exponerlo en su infancia para eximirse de mantenerlo: accin que en ciertos casos fue origen de esclavitud. Si en los primeros tiempos de Roma, la supersticin arrastr los padres a exponer a los hijos mal conformados o enfermizos, la miseria

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JOS ANTONIO SACO /245 /245 /245 /245 /245 forzolos despus a continuar en la perpetracin de esa maldad. Con el hecho de arrojarlos del hogar domstico, entendase que renunciaban a la patria potestad;14 pero los nios abandonados a la pblica conmiseracin caan bajo la esclavitud de las personas que los recogan para librarlos de la muerte? Sneca, el Anciano afirma que s.15 Lo mismo se infiere de un pasaje de Suetonio, en que dice, que el expsito Antonio Gnifn fue libertado por el hombre que lo recogi.16 Quintiliano en las Declamaciones que se le atribuyen,17 reconoce en el padre el derecho de reclamar a su hijo en cualquier tiempo, con tal que pague todos los gastos de su alimentacin. Pero deben stos considerarse como precio de venta, o tan slo como indemnizacin alimenticia? El conflicto de estas opiniones naci, de que no haba ley que positivamente fijase la condicin de los expsitos; y por eso, Plinio, el Joven, gobernador de la Bitinia, en su consulta a Trajano, le deca: “El estado y los alimentos de los nios que se llaman expsitos, es, Seor, en toda esta provincia, asunto de gran contienda, y como no he encontrado en las constituciones de vuestros predecesores ninguna decisin general sobre esta materia, ni particular a la Bitinia, he credo deber acudir a vuestras rdenes”.18 Y Trajano le responde: “Frecuentemente se ha tratado la cuestin de aquellos, que habiendo nacido libres, son expuestos, recogidos despus por algunos, y educados en la esclavitud... Yo pienso que no se debe negar la libertad a los que la reclamen, ni que se les puede obligar a rescatarla pagando el precio de los alimentos que han recibido”.19 De estas palabras claramente se colige, que hasta entonces haban los expsitos sido esclavizados. Sancionada en Roma la esclavitud, esclavos nacieron los hijos de padres esclavos, o slo de madre esclava.20 Verna llamronse los nacidos en casa del amo, palabra derivada del latn ver (primavera), por ser sta la estacin en que ms nacan.21 Varrn recomend que se les fomentase en los campos, pues su nacimiento ligaba los padres a la heredad en que habitaban.22 Lo mismo pens Columela, quien adems exima de todo trabajo a la esclava que haba criado tres hijos, y a la que mayor nmero, premibala con la libertad.23 Pero tan buenos consejos y ejemplos fueron desatendidos por la generalidad de los romanos. Como el hijo segua la condicin de la madre, la ley de Roma, a imitacin de otros pueblos antiguos, declar, que si naca de padres esclavos, perteneciese al amo de aqulla.24 Y con razn, porque sobre l pesaban exclusivamente todos los inconvenientes del embarazo, de la lactancia, y la prdida de la esclava si mora del parto. El acreedor pudo prender, azotar y aun vender al deudor.25 Cuando ste se obligaba a prestar algunos servicios en pago del dinero que haba recibido, no se consideraba como esclavo, sino comprometido o ligado (nexus) .26 Si no estaba en poder del acreedor, y reconvenido por l,

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 246\ 246\ 246\ 246\ 246\ reconoca la deuda, dbasele el plazo de 30 das para que la pagase; mas, si no lo haca, se le arrastraba ante el pretor, y si todava no pagaba, ni haba quien lo fiase, era entregado al acreedor.27 ste encerrbalo entonces en el calabozo, que todos los patricios tenan en su morada,28 y al que el decenviro Apio Claudio llam: el domicilio de la plebe romana;29atbalo con correa, o ponale grillos de 15 libras de peso a lo menos, y an ms, si quera; y si no se alimentaba a sus expensas, el acreedor deba pasarle diariamente una libra de harina, o ms.30 Pero este hombre, reducido a tan msera situacin, an no era esclavo ante la ley, sino slo deudor adjudicado, adicto; y si se le pona en libertad, recobraba su primitivo estado de ingenuo, gozando de todos los derechos polticos. La diferencia que haba entre un adicto y un esclavo, explcala Quintiliano: “Un esclavo, a quien su amo manumite, es un liberto; un adicto vuelto a la libertad, es un ingenuo; un esclavo no la consigue sin el consentimiento de su amo, un esclavo est fuera de toda ley; mas, no un adicto. Propio de un hombre libre es aquello que no se puede tener sin ser libre, como el prenombre, el nombre, el sobrenombre, la tribu. El adicto tiene todo esto”.31Hundido en el calabozo aun poda el deudor componerse con el acreedor. En caso contrario, permaneca encadenado 60 das, en cuyo plazo, el acreedor deba presentarlo tres veces al magistrado en el mercado pblico, con el intervalo de nueve en nueve das consecutivos; pregonbase all la cantidad que adeudaba, y si ninguno se compadeca de su suerte, entonces se le mataba o venda ms all del Tber,32 para alejarle del territorio romano, y que con su presencia no recordase a todas horas a la plebe la opresin de los patricios. Tanta fue la crueldad de la ley de las Doce Tablas, que cuando el deudor tena dos o ms acreedores, a quienes era adjudicado, stos podan despedazarlo y repartirse los fragmentos de su cuerpo.33 Pero perpetraron ellos esta crueldad, o menos feroces por su inters que la ley, prefirieron venderlo y distribuirse el dinero? Aulo Gelio asegura, que nunca ley ni oy que tal atrocidad se hubiese cometido;34 mas, considerando las sanguinarias costumbres de los primeros siglos de Roma, y el espritu de venganza que a veces animaba a los acreedores, no es imposible que algunos infelices deudores hubiesen sufrido la pena de la ley de las Doce Tablas. Si hubo casos en que los padres mataron a sus hijos: por qu negar absolutamente, como lo hacen escritores modernos, que ciertos acreedores hubiesen matado a sus deudores, cuando con ellos no los ligaba ningn vnculo de sangre? Ese gnero de esclavitud fue ocasin de graves turbulencias en Roma. Las tierras que a ciudadanos pobres se repartieron en las primeras conquistas, paulatinamente fueron perdindolas. Obligados de continuo los plebeyos a tomar las armas para ir a la guerra, separbanse de sus fa-

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JOS ANTONIO SACO /247 /247 /247 /247 /247 milias y pequeas heredades, y como an no reciban ningn sueldo, pues que esto no se hizo hasta la segunda mitad del cuarto siglo de la fundacin de Roma,35 hallbanse con frecuencia, cuando volvan a sus hogares, envueltos en la miseria. Vendan entonces sus tierras, tomaban dinero prestado a muy crecida usura, y no pudiendo pagar a los acreedores ni intereses ni capital, acababan por ser sus esclavos. No era posible que un pueblo valiente como el romano se resignase en silencio a tan lamentable condicin. La inminente guerra de los volscos ofreci a los plebeyos favorable coyuntura, y rehusando empuar las armas, exclamaron en su indignacin: “Nosotros, que combatimos en el extranjero por la libertad y supremaca de Roma, no encontramos en el interior sino cautiverio y tirana; la libertad del pueblo est menos en peligro durante la guerra, que en la paz, y en medio de los enemigos que de los conciudadanos”.36Agregose a estos clamores una circunstancia que hizo estallar el incendio. Presentose en el foro un anciano con el vestido mugriento y andrajoso, su palidez y flaqueza, su larga barba y revueltos cabellos daban a su rostro una expresin feroz; pero en tan horrible figura se reconoci a un centurin que haba derramado su sangre por la patria, y en prueba de su valor, l mostraba las nobles cicatrices de su pecho. A la multitud que le rodeaba, hablole as. “Mientras yo serva en la guerra contra los sabinos, mi cosecha fue destruida por el enemigo, quemada mi casa, y robado mi ganado. Compelido a pagar el impuesto en tan gran miseria, me fue forzoso tomar dinero prestado: creciendo mis deudas con la usura, privronme primero de las tierras que hered de mi padre y de mi abuelo, y despus, de todo cuanto posea, y extendindose bien pronto como un mal roedor, llegaron hasta mi cuerpo. Cogido, en fin, por mi acreedor, he encontrado en l, no un amo, sino un carcelero y un verdugo”.37En diciendo esto, muestra sus espaldas despedazadas de azotes; la multitud lanza un grito de horror; el tumulto se propaga del foro a toda la ciudad; acuden los dems deudores; jntase el Senado; el pueblo pide remedio a sus males; opnense muchos patricios; pero aterrados con la noticia de que los volscos marchaban contra Roma, y que los plebeyos no queran tomar las armas, el cnsul Servilio public un edicto en que dio libertad a los deudores, y prohibi que mientras el soldado estuviese en campaa, ni se vendiesen sus bienes, ni los acreedores se apoderasen de sus hijos o nietos.38Aunque estas disposiciones conjuraron entonces aquella tempestad, su carcter transitorio no daba garantas para el porvenir. Triunfante Roma, y hecha la paz con los volscos, el pueblo pide la abolicin de las deudas, y el dictador Valerio inclnase a su favor; pero no pudiendo vencer la resistencia del Senado, abdica la dictadura; la plebe se retira al

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 248\ 248\ 248\ 248\ 248\ Monte Sacro; y no vuelve a entrar en Roma sino a la sombra de los tribunos.39 Pero qu podan stos contra una ley, que sobre quedar vigente, estaba sostenida por la prepotencia de los patricios? Continuaron, pues, los abusos, y las cadenas de la esclavitud siguieron cayendo sobre los deudores con el mismo peso que antes.40La insolencia de un noble romano abri nuevo horizonte a la oprimida plebe. Para pagar las deudas de su padre, un hermoso muchacho llamado Publilio se entreg en manos del infame usurero Papirio. Aqul resiste con firmeza a los livianos deseos de su opresor, quien ardiendo en venganza le hace desnudar y brbaramente azotar. Con el cuerpo destrozado, el joven logra escaparse: “lamntase por la ciudad, dice Tito Livio,41 de la infamia y crueldad del usurero; crece la muchedumbre, movida de compasin por su juventud, indignada de su ultraje, animada tambin de un sentimiento personal por la suerte que a ella y a sus hijos poda caberles, lnzase al foro, y de all se dirige precipitadamente hacia la curia. Forzados los cnsules por este tumulto imprevisto, convocaron el Senado, y al paso que los senadores entraban en la curia, arrojbanse a sus pies, mostrndoles el cuerpo del joven todo despedazado. Aquel da se rompi, por el atentado y la violencia de un solo hombre, uno de los lazos ms fuertes de la fe pblica. Los cnsules recibieron orden de proponer al pueblo que, en adelante, ningn ciudadano pudiera ser atado o encadenado sino por una pena merecida, y mientras purgase su delito; debiendo los bienes y no el cuerpo del deudor, ser responsables de su deuda”. Ocurrieron estos sucesos a los 424 aos de la fundacin de Roma. Para que no se repitiesen, publicose entonces la ley Petillia Papiria mandando que en adelante los deudores pudiesen comprometer sus bienes, pero no sus personas.42 Ces, pues, legalmente en Roma la esclavitud por deudas; mas, la suerte de los deudores continu en deplorable estado, porque en la segunda guerra pnica vemos todava, que consternada Roma con los desastres de la batalla de Cannas ofreci completa libertad a los condenados por deudas y delitos, si tomaban las armas contra Anbal.43 La historia no nos ha dejado noticias ciertas acerca de la poca en que la esclavitud por deudas desapareci de los dems pueblos de Italia; pero es incontestable, que se prolong en las naciones que Roma conquist fuera de ella. Cuando el Senado autoriz a Mario para que en su expedicin contra los cimbrios emplease tropas auxiliares sacadas de las naciones transmarinas, y sus diputados las pidieron a Nicomedes, rey de Bitinia, ste les respondi que los publicanos44 se haban llevado, en pago de los tributos, la mayor parte de sus sbditos, y venddolos en las provincias, el Senado, sintiendo entonces la fuerza de los abusos que en ellas se cometan, public un decreto para que no se esclavizase a los hombres libres

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JOS ANTONIO SACO /249 /249 /249 /249 /249 de los pueblos aliados de Roma;45 pero negligentes los pretores en cumplirlo, repitironse all y en otras partes esos tristes ejemplos. A combatir al formidable Mitrdates, rey del Ponto, fue Lculo siendo cnsul, y habiendo recorrido algunas de las provincias del Asia, pertenecientes a Roma, hallolas tan desoladas por la rapacidad de los usureros y publicanos, que sus habitantes haban sido forzados a vender a sus hijos ms hermosos y aun a sus hijas vrgenes. Las ciudades, por su parte, haban tambin vendido los cuadros, las estatuas de los dioses, las ofrendas consagradas a sus templos, y si esto no bastaba para pagar las deudas, sus infelices ciudadanos eran adjudicados a los acreedores como esclavos. Y antes de verse reducidos a tan lamentable situacin, sufran prisiones, torturas y otros males ms crueles que la esclavitud. Nacieron stos de que cuando el dictador Sila pas al Asia, impuso a sus habitantes la pesada contribucin de 20 000 talentos,46 o ms de 20 millones de pesos. Pagada haba sido ya a lo menos dos veces; pero acumulando los usureros usuras sobre usuras, haban hecho subir la deuda a ms de 120 000 talentos; de manera que an restaban por pagarse 80 000; o sea, ms de 80 millones de pesos. Para remediar tan graves injusticias, Lculo fij el inters del dinero a 1 % al mes, prohibiendo que ms se exigiese; aboli toda usura que sobrepujase al capital; mand que los acreedores percibiesen la cuarta parte de la renta de los deudores, y que si alguno hubiese aumentado el capital capitalizando los intereses, perdiera aqul y stos. Con este reglamento pagronse todas las deudas en menos de cuatro aos, y hallndose libres los bienes races, volvieron a sus propietarios. Los usureros lanzaron el grito contra Lculo, y como dice Plutarco, “confiando en el crdito enorme que tenan como acreedores de la mayor parte de los gobernantes, suscitaran a fuerza de dinero algunos demagogos que declamasen contra l; pero Lculo hallaba la compensacin de sus quejas en el amor de los pueblos que gozaban de sus beneficios y en el inters que le mostraban otras provincias que envidiaban la felicidad del Asia a la que haba la suerte dado un gobernador tan humano”.47Cuando Casio Longino, uno de los asesinos de Csar, y uno tambin de los gobernadores ms ladrones que Roma envi a las provincias, pas a la de Siria, impsole enormes contribuciones para disputar a Dolabela el mando de ella. Parte de Siria formaba Palestina a la que llamaron los romanos provincia de Judea, y en la que gobernaba entonces Antipater como procurador nombrado por Julio Csar. Extendido a ella el tributo impuesto por Casio, no pudieron pagarlo sus habitantes, y Antipater, para cubrir esta deuda, viose forzado a ceder a Casio las ciudades de Thamna, Emmas, Lydda y Gophna, cuyos habitantes fueron vendidos por l como esclavos.48La usura fue en todos tiempos una de las plagas de Roma, y con ella se mancharon hasta sus hombres esclarecidos. Haba el Senado romano

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 250\ 250\ 250\ 250\ 250\ fijado el inters del dinero en 12 % al ao; pero su edicto se quebrantaba con frecuencia, y uno de los casos ms infames que nos ha trasmitido la historia, es el del famoso Marco Bruto, otro de los asesinos de Csar. Oprimidos con duras contribuciones los pueblos que caan bajo la dominacin de Roma, acudan a veces a logreros para poderlas pagar. En sus apuros, el Senado de Salamina, capital de la isla de Chipre, tom de Scapcio, testaferro de Bruto, una cantidad de dinero al enorme inters de 48 % al ao; y cuando lleg el tiempo de cobrar, Scapcio, que con el influjo de Bruto se haba hecho nombrar prefecto por Apio, gobernador de Cilicia, y obtenido tropa de caballera para ejecutar sus depravados intentos, puso sitio tan rigoroso al Senado de Salamina, que cinco senadores murieron de hambre. Y esta atrocidad se cometi, no porque aquel Senado se resistiese a pagar el capital que estaba dispuesto a entregar, sino porque Bruto quera que la deuda continuase, para seguir percibiendo el enorme inters del 4 % al mes. En estas circunstancias, lleg Cicern de procnsul a la Cilicia. Escribiole Bruto para que sirviese a Scapcio en cuanto pudiese; e informndose Cicern del asunto, rechaz con indignacin, cual magistrado integrrimo, las injustas pretensiones de Bruto y de Scapcio. El relato que de estos sucesos hace Cicern en sus epstolas a su amigo tico, es tan interesante, no slo por la naturaleza del asunto, sino por los personajes que en l intervienen, que debo hablar de l en un apndice;49 y el hombre imparcial que lo lea, admirar el inmenso contraste que hay entre las ideas y los sentimientos de Cicern y de Bruto. De la repblica pas la usura al imperio, y de los males que ocasion ofrcenos Tcito un ejemplo. Los frisones que habitaban a la margen derecha del Rhin, se sublevaron contra la dominacin romana en tiempo de Tiberio, pues las exacciones de Olennius, comandante de la Frisia, los obligaban a dar como esclavos a sus mujeres y a sus hijos.50El ciudadano que rehusaba inscribirse en el censo, o alistarse en la milicia, era azotado y vendido; el primero, por suponerse que renunciaba al derecho de ser libre; y el segundo, como indigno de gozar de una libertad que no quera defender.51Por una ley de las Doce Tablas, el ladrn cogido en flagrante delito era azotado y entregado a la persona contra quien haba cometido el hurto, para que le sirviese como esclavo. Esto mismo aparece de un pasaje de Aulo Gelio, puesto en boca del jurisconsulto Sexto Cecilio.52Hubo un tiempo en que ningn romano pudo vender su libertad, y si lo haca, fuele lcito reclamarla, lo mismo que al padre, hermanos y dems parientes aun contra la voluntad del vendido, pues para su familia era deshonroso que uno de sus miembros permaneciese en la esclavitud.53 Mas, como aconteca que jvenes corrompidos se dejaban vender por otro con quien se confabulaban para gozar de una parte del precio

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JOS ANTONIO SACO /251 /251 /251 /251 /251 de la venta y anularla despus, engaando al comprador, mandose que los mayores de 20 aos, que consintiesen en tales ventas, esclavos se quedasen;54 bien que pudieran libertarse como los dems esclavos, pero no entrando en la clase de ingenuos, cual haban sido, sino en la de libertos.55Los condenados por algn delito a trabajar en las obras pblicas, a combatir en la arena con las fieras, o a morir en un patbulo, fueron tambin esclavos; mas, no de personas, sino esclavos de la pena (servi poenae).56 Cuando se impona el ltimo suplicio, la vctima, antes de llegar a las manos del verdugo, perda su libertad, transformndose en esclavo, pues la majestad de Roma se ofenda de entregar un hombre libre a castigo tan infamante. Uno de los ltimos modos de esclavizar en Roma fue el establecido por Claudio en el senadoconsulto que lleva su nombre. Por consejo del liberto Pallas, aquel emperador conden a esclavitud la mujer libre que a sabiendas se enlazaba con esclavo ajeno, sin consentimiento del amo;57pero a los ojos de la ya corrompida Roma, esa mujer quedaba libre cuando se enlazaba con el esclavo de su hijo o con el de su liberto.58 Parece, pues, que el objeto de aquel senadoconsulto fue, no tanto castigar la inmoralidad de la accin, cuanto preservar ilesos los intereses del amo extrao; intereses que quiz no se consideraban perjudicados en los dos casos anteriores, porque siendo tan estrechos los vnculos entre el hijo y la madre, y entre el liberto y su patrona, el contubernio de ella con el esclavo de alguno de los dos, poda mirarse como contrado con esclavo propio. Finalmente, la insolencia de los libertos con sus patronos lleg a tal punto, que fue preciso enfrenarla, condenando las leyes a nueva esclavitud al liberto ingrato.59 Hablando de ste Valerio Mximo dice que entre los marselleses, pueblo tan recomendable por su respeto a los antiguos usos, como por su adhesin al imperio romano, era permitido anular hasta tres veces la manumisin de un mismo esclavo, si otras tantas era convencido de haber faltado a la confianza de su amo; pero que, a la cuarta, la justicia rehusaba intervenir en favor de ste, fundndose en la consideracin de que no deba imputar sino a s mismo el mal a que tantas veces se haba expuesto.60La fuente ms abundante que inund a Roma de esclavos fue la guerra. El derecho de gentes sancionado en la Antigedad autoriz al vencedor a matar61 o esclavizar al vencido.62 Fue, de aqu, que los romanos llamasen al esclavo ( servus ), esto es, guardado, porque en vez de matar al prisionero, se le poda vender, y, por lo tanto, conservar (servare). Llamose tambin mancipium, de las palabras manu captus, que significan cogido con la mano.53

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 252\ 252\ 252\ 252\ 252\ En un principio, deseando los romanos aumentar la poblacin de Roma, llevronse a ella e incorporaron en el nmero de ciudadanos a los habitantes de los pueblos vecinos que haban vencido.64 Otra poltica siguieron ms adelante. Los enemigos que se daban o rendan a discrecin, y que por eso se llamaron dediticios (deditii), conservaban su libertad.65 En las ciudades tomadas por asalto, matbase a sus defensores;66 pero si peleaban en campal batalla, la esclavitud era la suerte de los prisioneros, aunque hubo casos en que algunos de stos fueron sacrificados, ora en el mismo campo de batalla, como lo hizo Bruto,67 ora echndolos a pelear entre s para recreo de las tropas,68 ora, en fin, matndolos despus de haber servido para adornar el triunfo de los generales victoriosos; costumbre sanguinaria que dur muchos siglos; pero que no sigui Pompeyo, concluida la guerra contra Mitrdates.69Desde temprano comenz en Roma la esclavitud de los prisioneros de guerra. Tarquino, el Anciano vendi a todos los habitantes de Cornculo, ciudad de la Sabina.70 Lo mismo hizo Camilo con los de Veyes,71 y suerte igual corrieron otros de los etruscos, volscos y pueblos vecinos.72Durante la guerra con los samnitas, cayeron en Aquilonia 3 870 prisioneros;73 11 400 en Cominio;74 en Volona, Palumbino, Herculneo y Lepino casi 8 000;75 y la venta de todos ellos produjo 2 033 000 libras de cobre.76Cuando el cnsul Curio Dentato, se apoder de Tarento, vendi en subasta 30 000 de sus habitantes.77 Hasta entonces slo haban marchado en la procesin triunfal de los generales romanos prisioneros de Italia; mas, como los tarentinos hubiesen llamado en su ayuda a Pirro, rey del Epiro, viose en Roma el carro del vencedor acompaado por primera vez de cautivos extranjeros, hijos de Macedonia, Tesalia y otras partes.78 Con la rendicin de Tarento, ya los romanos fueron dueos de pases que en aquel tiempo no formaban parte de la Italia propiamente dicha, cuyos lmites al norte trazbanlos el Rubicn y la Galia Cisalpina, y al medioda la Magna Grecia; pero a este resultado no llegaron sin haber derramado mucha sangre y reducido a esclavitud inmenso nmero de personas libres. La ambicin romana ya no caba dentro de la pennsula itlica. La conquista de Sicilia, origen de la primera guerra contra Cartago, aument la esclavitud, y Roma victoriosa extendi su poder a la Cerdea. Privada sta por sus nuevos dominadoras del comercio que haca con Cartago, acudi a la insurreccin; pero comprimida cuantas veces estall, sus esfuerzos slo sirvieron para esclavizar a muchos de sus hijos que fueron transportados a Roma.79Bajo la dominacin romana cay Crcega tambin, y esta isla pag igualmente al vencedor el tributo de sus esclavos.80En la segunda guerra pnica, el gran Anbal llev sus armas al corazn de Italia. Triunfante en sus campaas, el peso de la esclavitud cay

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JOS ANTONIO SACO /253 /253 /253 /253 /253 menos sobre los suyos, que sobre los soldados de Roma. Cierto nmero de stos canjeose por algunos de Anbal, y los restantes por 2 libras y media de plata por cabeza: dinero que obtuvo Fabio, general romano, vendiendo sus propias tierras.81 Vencedor Anbal en la memorable batalla de Cannas, propuso al Senado de Roma que rescatase por 3 minas a cada uno de los 8 000 prisioneros que haba hecho: propuesta que aquel orgulloso Senado rechaz con indignacin, no obstante las splicas y lgrimas de las familias de los cautivos que estaban prontas a pagar su rescate.82Esto no es de extraar cuando se trae a la memoria que la ley y la disciplina militar de Roma no slo fueron severas con sus enemigos prisioneros, sino aun con sus mismos ciudadanos que tal suerte sufran. La legislacin heralos de muerte civil, y, por consiguiente, perdan todos sus derechos mientras estaban cautivos;83 llegando esto a tal punto, que si el romano era casado, juzgbase disuelto el matrimonio, aunque la mujer no hubiese dejado la casa marital durante su cautiverio.84 Para que el matrimonio se restableciese, era menester que los cnyuges consintiesen en renovarlo, bien que si la mujer estaba todava libre, poda obligrsela, so pena de perder su dote.85Muy lamentable hubiera sido la suerte del prisionero romano, si la ley no hubiera por una ficcin, templado su rigor desde temprano, disponiendo que libre el cautivo, o por su fuga o por rescate, se considerase que nunca haba sido cautivo, y que entraba en el goce de todos sus primitivos derechos, excepto aquellos ya prescritos. Tan rgida fue con sus guerreros la disciplina militar de Roma, que a veces no quera rescatarlos, prefiriendo que el soldado, antes que caer prisionero, muriese peleando en el campo de batalla. Aconteci tambin, que si el enemigo devolva sin pedir canje ni rescate a los prisioneros romanos, y Roma por las circunstancias en que se hallara, los volva a incorporar en sus tropas, era ponindolos en condicin inferior a la que haban tenido. Cuando Pirro devolvi a Roma sus prisioneros, el Senado decret que los que haban servido en la caballera, fuesen alistados en la infantera; que los infantes pasasen a las filas de los honderos auxiliares, y que ninguno de ellos pudiese reposar bajo de ningn abrigo dentro del campamento, ni fortificar con fosos o palisadas el lugar que se les sealara fuera de l, ni tener tienda cubierta de pieles. Para adquirir su completa rehabilitacin, no les qued ms recurso que el de presentar el despojo de dos enemigos; y tan eficaz fue este castigo, que aquellos soldados fueron despus los enemigos ms formidables de Pirro.86Esto aconteci en el ao 475 de la fundacin de Roma; y tambin armose el Senado de mayor rigor en ocasin mucho ms grave, cual fue cuando le hizo Anbal la propuesta que acabo de mencionar. Antes que asentir a ella, Roma prefiri libertar y armar 8 000 de sus esclavos.87 Anbal,

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 254\ 254\ 254\ 254\ 254\ asombrado de tan extraordinaria energa, y viendo que ya no poda sacar del rescate de los prisioneros el dinero que necesitaba, desahog su clera, matando a unos,88 y vendiendo a otros.89 Muchos de stos fueron llevados a Grecia, y cuando el cnsul Flaminio pas a ella como su libertador, an vivan 1 200. Los aqueos, deseosos de mostrar a Roma su gratitud, los rescataron a razn de 5 minas por cabeza, y entregronlos libres a Flaminio, al momento de embarcarse para tornar a Italia.90Refiere Diodoro de Sicilia, que forzado Anbal a abandonar aquella pennsula, para acudir a la defensa del territorio de Cartago invadido por Escipin, esclaviz a sus mismos aliados. Reuniolos antes de partir, y proponindoles que le siguiesen, o se quedasen, aquellos que rehusaron acompaarle, fueron envueltos por sus tropas, y despus de permitir a cada soldado que esclavizase un aliado, hizo degollar a los 23 000 restantes.91 Tal vez en el nmero de las vctimas y aun en el fondo de este relato podr haber alguna exageracin, pues Diodoro tom esta noticia de la boca de los romanos, enemigos mortales de Cartago y de aquel clebre capitn. La tercera y ltima guerra pnica termin con la total destruccin de Cartago; y 50 000 hombres y mujeres que se haban refugiado en la ciudadela, fueron esclavizados por Escipin.92En el intermedio de la primera y segunda guerra pnica, penetraron las armas romanas en algunos cantones de la Liguria; y en hacer esclavos, solieron cometer sus generales graves injusticias que el Senado trat de reparar, por ser contrarias a la poltica que Roma quera seguir. El territorio de Statiela, teatro fue de una batalla cerca de la ciudad de Caristi, y vencidos los ligures, entregronse a discrecin; pero el cnsul Popilio los vendi. Luego que de tal conducta tuvo noticia el Senado, desaprobola, mandando que Popilio los restituyese a la libertad, indemnizando a los compradores.93Caso semejante ocurri poco despus en la guerra de Grecia. Maltratados e injustamente vendidos muchos habitantes de la ciudad de Abderes, las quejas de las vctimas llegaron a los odos del Senado, y ste en su indignacin lanz un decreto ordenando que se pusiese en libertad a cuantos haban sido esclavizados.94Las armas de Roma entraron tambin en las llanuras que se tienden hasta los Alpes, iniciando en las Galias la era de combates que se prolongaron hasta los triunfos de Csar, triunfos comprados con la sangre y la libertad de los hombres, pues hay quien asegure que esclaviz ms de 400 000 galos,95 y quien hasta un milln.96No fue a los galos desconocida la esclavitud, y a veces sirvironles los esclavos para fomentar el vicio de la embriaguez. Amando el vino con pasin, llevbanselo los comerciantes italianos, quienes reciban un esclavo joven por un tonel de aquella bebida.97

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JOS ANTONIO SACO /255 /255 /255 /255 /255 No contento Csar con esgrimir su espada contra las Galias, fue el primero que llev a Inglaterra sus legiones victoriosas de la que casi no sac ms botn que los esclavos que import en el continente;98 y de la que otros tambin siguieron sacndolos, sin que de la esclavitud se librasen ni aun las familias ms ilustres.99Espaa tambin pag su tributo a la nacin que ya desde tiempos anteriores haba empezado a dominar el mundo, y su constancia en defender su independencia no hizo ms que remachar las cadenas de sus hijos, pues unos fueron vendidos en su misma patria, y otros en tierra extranjera.100 Cuando el cnsul M. Porcio Catn fue a Espaa, vendi como esclavos a todos los bergistanos101 que se alzaron segunda vez contra la dominacin de Roma. Si Polibio celebra la clemencia de Publio Escipin en Cartagena, porque de entre todos sus habitantes slo esclaviz a 2 000 artesanos, para que unos construyesen armas y mquinas, y otros remasen en las naves, ofrecindoles la libertad si bien se portaban,102 Plutarco acrimina la crueldad de Sertorio cuando mand degollar a unos y vender a otros de los jvenes que haca educar en la ciudad de Osca.103 Y estas escenas de esclavitud y de muerte representronse no slo en la guerra, sino tambin en la paz, pues Servilio Galba al desarmar 7 000 lusitanos, mat a unos y vendi a otros.104La invasin de los teutones y cimbrios en las Galias y la Italia, ofreci a Mario el ms grande de sus triunfos, pues habindolos destrozado en las dos clebres batallas de Aix y de Verceil, les esclaviz de 140 a 150 000 hombres.105Mucho antes que Roma hubiese asentado su dominacin en el occidente de Europa, volvi sus armas contra el oriente. Invadi la Iliria, declar la guerra a Perseo, rey de Macedonia, y abrazando el Epiro en funesta hora, la causa de ese monarca, Paulo Emilio triunfa de todos, y a los guerreros esclavizados hcelos subir al Capitolio, uncidos a su carro triunfal. Terminada esta lucha, el Senado decret un severo castigo contra el Epiro, y en un mismo da, y a una misma hora, 70 ciudades fueron saqueadas, y 159 000 personas reducidas a esclavitud.106 Grecia adormecida con la sombra de libertad, que por un momento se le haba dejado, pronto despert de su letargo, pero al salir de l, hallose entre cadenas, y viendo arrastrar como esclavos a sus ltimos defensores para ser vendidos en el mercado de Roma. En defensa de sus aliados, Roma declar la guerra a Antoco III, rey de Siria. Vencido en las batallas de las Termpilas y Magnesia, viose forzado a aceptar una paz humillante, siendo una de las condiciones, que l y sus pueblos restituyesen a los romanos, sus esclavos, los de sus aliados, sus prisioneros, los trnsfugas, y en fin todos los cautivos que tenan en su poder.107 Roma, pues, al paso que impona el yugo de la esclavitud a sus enemigos vencidos, mostrbase a veces muy solcita de

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 256\ 256\ 256\ 256\ 256\ que no gimiesen bajo de l ningn hombre que llevaba el ttulo de romano, ni tampoco ninguno de sus aliados. Tracia le dio sus robustos esclavos para los combates gladiatorios, y cuando las legiones penetraron en Asia, quin podr calcular el nmero de personas que perdieron su libertad? Esclavos hizo Catn en la isla de Chipre;108 esclavos hizo Lculo en Mitilene, tomando a sus habitantes, adems de muchos prisioneros, un botn inmenso, y 6 000 de sus esclavos;109 y cuando el mismo Lculo estuvo en Asia segunda vez peleando contra Mitrdates, rey del Ponto, abundaron tanto aqullos en su campamento que se vendan a 4 dracmas (3 frs. 60 cnt.) por cabeza.110Esclavos tambin hizo Craso en la Mesopotamia;111 esclavos hizo Cicern en su campaa de Issus y en el sitio de Pindenissa, los que vendidos all, importaron 12 millones de sestercios:112 y si crdito se da a la exageracin de los nmeros, Pompeyo, en su carrera triunfal por el vasto imperio de Mitrdates, esclaviz casi 2 millones de personas. A do quiera que Roma extenda su poder, transformaba en esclavos porcin del gnero humano, pues bajo sus guilas siempre marcharon reunidas la victoria y la esclavitud. Ni aun los arenales de la Arabia se escaparon de la dura ley del vencedor. Internose en ellos Petronio en persecucin de los etiopes que atacaron la Tebaida, dioles alcance, batiolos, y de los prisioneros que hizo, 1 000 fueron enviados a Augusto, y los dems vendidos en Egipto.113Bajo el reinado de aquel prncipe fueron vendidos tambin en Eporedia, colonia romana, 44 000 salasios, pueblos que habitaron la mayor parte del pas, que hoy se llama valle de Aosta en el Piamonte, y que sostuvieron muchas lides con Roma.114 Al advenimiento de Augusto, casi toda Espaa estaba dominada por ella, pero an conservaban su independencia los cntabros y los astures. Aqullos fueron los ms valientes y peligrosos enemigos de Roma, pues hacan frecuentes incursiones en los pueblos vecinos. Augusto march en persona contra los cntabros, atacolos por mar y tierra, venciolos en diversos combates, y los restos que no se dieron la muerte con el fuego, hierro y veneno que extraan del vegetal tejo,115 fueron unos tomados como rehenes, y otros vendidos en subasta como esclavos.116Cado haba la Judea bajo la dominacin de Roma, y luchando por sacudirla, alzose contra ella. March Tito a sofocar la rebelin, y sitiando a Jerusaln, consum la ruina de aquella ciudad en el ao 70 de la era cristiana. De los 97 000 judos esclavizados en asedio tan memorable, los ms robustos fueron condenados a trabajar en las canteras de Egipto, los muchachos a ser vendidos, y el mayor nmero a morir en los combates del circo.117 Por este tiempo, ya Roma casi haba cesado en sus conquistas. Las guerras posteriores que sostuvo, fueron ms bien para su defensa que para su engrandecimiento, y en el perodo que termin

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JOS ANTONIO SACO /257 /257 /257 /257 /257 con la destruccin del Imperio de Occidente, ella, ms veces vencida que vencedora, hizo menos esclavos que los que le hizo el enemigo. Viniendo a las guerras civiles, las de Mario y Sila y otras que destrozaron a Roma, pudieron haberle dado muchos esclavos; pero ella, apartndose de los ejemplos de Grecia, no mir como legal la esclavitud de los ciudadanos que empuaban las armas en las turbulencias civiles.118Sin duda que esto sola aumentar la efusin de sangre, porque no debiendo ser vendidos los prisioneros, la soldadesca desenfrenada los mataba en el campo de batalla;119 pero en el altivo pensamiento de un romano era ms digno y glorioso morir a manos del vencedor que arrastrar las cadenas de la esclavitud. sta, pues, lejos de ser fomentada, fue disminuida por las discordias intestinas, porque adems de la interrupcin que el comercio sufra en aquellos perodos calamitosos, los esclavos se mezclaban en la lucha, y mientras muchos alcanzaban la libertad en premio de sus sanguinarios servicios,120 otros eran condenados a muerte.121 No falt, empero, guerra civil que diese ocasin a esclavizar. Durante la que estall entre Galba y Vitelo, Cecina, general de ste, derram mucha sangre en las Galias, y cuando pas por la Helvecia en su marcha hacia Italia, destroz a los helvecios que se le opusieron, vendiendo como esclavos a muchos millares.122Despus de la guerra, fue el comercio la fuente ms abundante de esclavitud en Roma. Mientras los romanos circunscribieron sus conquistas a pueblos poco distantes de su capital, fcilmente pudieron venderse en ella los prisioneros de guerra; pero cuando las extendieron a puntos lejanos, entonces la dificultad y el gasto de conducirlos a Roma, oblig a venderlos hasta en los mismos campos de batalla.123 Esta venta se haca por los cuestores militares124 y si los prisioneros eran de una nacin sublevada, solan venderse para remotos pases y bajo la condicin de que no se les libertase dentro de 20 o 30 aos.125Ningn gnero de comercio en pequeo fue honroso en Roma,126 y tildados estuvieron los taberneros y otros que ejercan ocupaciones semejantes. De esta mancha no estuvieron exentos, por ms en grande que lo practicasen, los traficantes de esclavos,127 a quienes se dio en Roma el nombre de mangones o venalicios ( venalitii ),128 y que Plauto representa en el teatro de Roma como hombres de mala fe y de dursimo corazn.129Para surtir a Roma y a otros pases de Italia, acudan los mangones a los campos de batalla a comprar los prisioneros, o iban en pos de esclavos a diferentes pases. Sacronlos de Cerdea,130 Crcega,131 frica,132 Espaa,133 e Inglaterra.134 Parte de los de Espaa, que eran fuertes segn Plinio,135 llevronse probablemente por agua, pues todo el comercio de su regin meridional, llamada entonces Turdetania, se

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 258\ 258\ 258\ 258\ 258\ haca en naves que iban directamente al puerto de Ostia y a otros de Italia.136A otros pases encaminronse igualmente los romanos, siguiendo las aguas del Danubio. En el fondo del Adritico fundaron, 186 aos antes de Cristo, la ciudad de Aquileya. Desde all enviaban en carros sus mercancas, y atravesando por el monte Ocra la parte ms baja de los Alpes, llegaban a Nauporto que distaba 13 o 14 leguas de Aquileya. En Nauporto tomaban las aguas de uno de los afluentes del Danubio, y entrando en l, llevaban las mercancas a los panonios, tauriscos, y otros pueblos que en sus mrgenes habitaban. Los ilirios, situados cerca de ellas, daban ganado, pieles y esclavos, en cambio de vino, aceite y salazn.137Las riquezas que afluyeron a Roma con la conquista de Macedonia, y los funestos ejemplos que a los romanos se presentaron en Grecia durante la guerra contra Perseo, produjeron en sus costumbres la alteracin ms profunda. El lujo y la grandeza exigieron nuevos esclavos desde entonces, y fue preciso buscarlos en mercados ms abundantes que los hasta aqu mencionados. La isla de Delos aunque pequea, fue tenida en gran veneracin desde la ms remota Antigedad, por sus dos divinidades, Apolo y Diana. Creci en importancia con la dominacin de los atenienses, quienes fomentaron en ella el comercio y la religin. Su prosperidad lleg al colmo despus que destruida Corinto por los romanos, 146 aos antes de Cristo, los comerciantes de esta ciudad se establecieron en Delos por su ventajosa situacin, pues se hallaba en la carrera de todos los que de Italia y de Grecia iban al Asia. La invasin de los generales de Mitrdates y las convulsiones de Atenas la arruinaron completamente;138 pero durante el perodo de su grandeza fue el ms rico emporio donde Roma se surti de esclavos, pues muchos millares de ellos se traficaban en un solo da.139 Y no fue Delos el trmino de las expediciones de los mangones; que tambin acudieron por esclavos a la Siria, Frigia, Bitinia, y otras provincias del Asia.140 No slo Grecia ya subyugada entreg a Roma sus hijos esclavizados, sino tambin las colonias del Ponto Euxino, donde las belicosas tribus del Cucaso vendan sus prisioneros; y las costas de ese mar, segn dice Polibio, dieron a Roma gran nmero de esclavos de superior calidad.141Otra fuente de esclavitud en Roma, aunque reprobada y castigada por las leyes, fue el plagio; delito que consista en ocultar, vender o robar personas libres, libertos o esclavos ajenos,142 y castigolo la ley Fabia primero con una multa, y despus, echando a minas al plagiario.143 En los tiempos de turbulencias civiles aumentose este mal, porque so pretexto de defenderse, andaban pblicamente armados algunos hombres, y sorprendiendo en los campos a libres y esclavos, vendanlos o encerrbanlos en los ergstulos que eran las prisiones que tenan los

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JOS ANTONIO SACO /259 /259 /259 /259 /259 patricios en sus heredades. Para reprimir tales delitos, y poner en libertad a todos los injustamente encerrados en esas prisiones, Augusto mand visitarlas;144 y Tiberio repiti la misma orden, cediendo a la voz pblica, que deca hallarse presos en ellas, no slo los viajeros robados, sino escondidos los ciudadanos que deseaban sustraerse del servicio militar.145Diocleciano agrav las penas contra el plagiario, fuese libre o esclavo el robado.146 Castigo ms cruel aplic Constantino, pues si el plagiario era libre, se entregaba a los gladiadores para que lidiase en la arena; y si esclavo, se le echaba en el circo para ser devorado por las fieras.147En el Imperio de Oriente, Len, el Sabio templ el rigor de esta pena, cuando el plagio se cometa contra un esclavo, porque como entonces el delito no consista en privar al hombre de su libertad, sino en hurtar la propiedad ajena, quiso que al plagiario slo se le castigase como ladrn.148San Juan Crisstomo habla de la frecuencia con que el plagio se cometa en aquellos tiempos.149 Hombres armados salteaban en los campos y caminos; y como los robos de gente y de otras cosas se perpetraban con ms facilidad a caballo que a pie, los emperadores Valentiniano y Valente dictaron, en 364 y 365, varias disposiciones relativas a los individuos que podan tener o usar caballos en la Calabria, Lucania, Samnio y otras provincias de Italia, permitindose el uso de ellos tan slo a los senadores y dems personas exentas de la sospecha de ladrones.150 Manchados con ella los pastores de las provincias de la Valeria y del Piceno, prohibioseles por Arcadio y Honorio en 399 el uso de caballos, imponindose la pena de destierro a los amos o administradores de las heredades que, sabindolo, no lo impedan.151 Tan funesta reputacin de ladrones tuvieron los pastores de aquellos tiempos, que Honorio y Teodosio mandaron en 409, que no se les diese a criar nios; y que si alguno lo haca, se le considerase por este solo hecho como perteneciente a la sociedad de los ladrones.152La piratera, que sin confundirse jams con la guerra, tiene con ella mucha semejanza, porque en ambas impera la fuerza, fue otro principio de esclavitud entre los romanos; pero principio que, lejos de haber sido aprobado por el derecho de gentes, como la guerra, fue prohibido por las leyes de Roma.153 A la piratera fueron muy dados los antiguos etruscos o tirrenos, segn dicen Strabn y Ateneo;154 cuyas expediciones salieron de los puertos del sur de Italia, sirvindoles de principal guarida las islas de Lpari.155 A los etruscos sucedieron mucho tiempo despus los cretenses,156 quienes en el ao 189 antes de la era cristiana retenan en esclavitud, como ya hemos dicho al tratar de Creta, a muchos ciudadanos romanos y a otros italianos.157 Piratas de profesin en el Adritico fueron tambin los habitantes de la costa de Iliria;158 pero ni ellos, ni los etruscos fueron los terribles enemigos del Mediterrneo,

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 260\ 260\ 260\ 260\ 260\ pues el gran peligro vena de la Panfilia y la Cilicia. En fomentar las osadas empresas de aquellos piratas influyeron varias causas. Destruidas por Roma desde temprano las escuadras de Cartago, y ms tarde las de Antoco, ella qued desde entonces sin ningn rival martimo. Cuidando poco de convertirse en potencia naval, no vigil los mares como debiera, y alentados los piratas con la impunidad redoblaron sus asaltos. Favoreciolos el desorden que produjeron en Asia las guerras con Mitrdates,159 y el odio que los reyes de Egipto y Chipre tenan a los de Siria, cuyas costas les dejaban impunemente saquear a la sombra de que hacan el trfico de esclavos; favoreciolos la poca importancia que los romanos dieron en aquellos tiempos a los pases situados ms all del Tauro; y cuando ms adelante empezaron a sentir los males de la piratera, no pudieron volver su atencin hacia ella, porque la guerra civil los despedazaba; favoreciolos, en fin, la facilidad con que vendan a los mismos romanos que apresaban, y la gran ventaja que les ofreca el famoso mercado de la isla de Delos. Llevaron tambin sus cautivos a la Cilicia y la Panfilia; y en Side, ciudad situada en esta ltima provincia, tuvieron sus astilleros y el principal mercado adonde vendan escandalosamente los hombres, sin negar que fuesen libres.160Apoderados del Mediterrneo, obstruyeron el comercio, desolaron las islas, saquearon los templos, y exigieron rescates a ms de 400 ciudades que tomaron. Cuando cogan en el mar algn romano, y ste invocaba el ttulo de ciudadano, ellos afectaban temblar de miedo en su presencia, postrbanse a sus pies, pedanle perdn, ponanle el calzado y la toga para que nadie le desconociese; y despus de esta burla tan cruel, colgaban fuera del buque una escalera, mandbanle que se fuese, y si inmediatamente no lo haca, lo precipitaban al mar.161 A tanto lleg su audacia, que en pleno da desembarcaban en las mismas costas de Italia, y en sus garras caan hasta ciudadanos ilustres. Vestidos con toga pretexta, acompaados de sus criados y precedidos de los lictores con sus haces, llevronse a los pretores Sextilio y Belino; y la hija de Antonio, abuelo del malvado triunviro, yendo un da a su quinta situada en Miseno, fue sorprendida por ellos, y slo puesta en libertad merced a un gran rescate.162Al escndalo de estos sucesos, Cicern exclam con el acento de un romano indignado: “Dir que en estos ltimos tiempos el mar estuvo cerrado a nuestros aliados, cuando nuestros ejrcitos mismos no se atrevan a pasar el estrecho de Brindis sino en medio del invierno? Me quejar de que los enviados de naciones extranjeras han sido cogidos viniendo hacia vosotros, cuando nos ha sido preciso rescatar embajadores del pueblo romano? Dir que el mar no estaba seguro para nuestro comercio, cuando 12 fasces han cado en poder de los piratas? Recor-

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JOS ANTONIO SACO /261 /261 /261 /261 /261 dar la toma de Gnido, de Colofn, de Samos y de tantas otras ciudades clebres, cuando sabis que nuestros puertos, puertos cabalmente de donde sacis la subsistencia y la vida, han sufrido este yugo deshonroso? Ignoris que el puerto celebrrimo de Gaeta, tan lleno de naves, fue saqueado por estos forajidos, bajo los ojos de un pretor, y que en Miseno robaron sus propios hijos al mismo pretor que antes los haba combatido en estos parajes? Debo deplorar los desastres de Ostia, vergenza de la repblica e ignominia nuestra, cuando casi a vuestra vista, la escuadra confiada a la vigilancia de un cnsul del pueblo romano, fue apresada por los piratas y echada a pique?”163Roma, al fin, mostrose digna de su antiguo renombre y confiando a Pompeyo la empresa de purgar al Mediterrneo de piratas, acab con ellos en poco tiempo, destruyndoles sus naves y guaridas, y hacindoles 20 000 prisioneros.164Corriendo la esclavitud hacia Roma por tan diversos canales, inundose de esclavos su territorio; siendo los aos gloriosos de la repblica y el primer siglo del imperio el perodo en que ms abundaron. Corto fue su nmero en las primeras centurias de Roma. Sencillas las costumbres de sus habitantes, pocas necesidades tuvieron. Las mujeres de los ciudadanos hacan el pan para el consumo de la familia;165hilaban la lana, tejan los vestidos,166 y como smbolo de este deber, seguanlas en la ceremonia nupcial doncellas que llevaban husos y lana.167Segn la expresin de Columela, casi todo el trabajo interior de las casas se desempeaba en aquellos tiempos por matronas.168 La historia nos habla de la muchedumbre de esclavos que perecieron con Tulo Hostilio,169 y de la pompa de las personas que rodeaban al ltimo de los Tarquinos; pero por ms que se exagere el esplendor de aquella corte en tiempos todava groseros, esos sirvientes, si es que existieron en tanto nmero, no slo estaban confinados en el recinto del edificio que entonces se deca palacio de los reyes, sino que desaparecieron con la destruccin de la monarqua. Aunque las artes fueron menospreciadas desde el principio y prohibdose su ejercicio a los nobles romanos,170 raro sera el esclavo que se ocupara en ellas, pues las pocas que haba, estaban en manos de plebeyos pobres y de algunos extranjeros, etruscos sobre todo, que acudan a Roma.171Las corporaciones de msicos, plateros, zapateros, carpinteros y de otros artesanos en que Numa dividi el pueblo, no se compusieron de esclavos, sino de plebeyos y extranjeros domiciliados en Roma.172La agricultura, por el contrario, fue tenida en gran honra, y el mayor elogio que se poda tributar a un ciudadano, era llamarle buen labrador.173Los senadores habitaban en sus campos y por eso el empleado pblico que los convocaba para que se reuniesen en la ciudad, llamose viator

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 262\ 262\ 262\ 262\ 262\ pues andaba por las vas o caminos.174 Los patricios amaban la vida campestre, y aun los ms ilustres de ellos cultivaban la tierra con sus propias manos.175 Cuando Cincinato recibi el mensaje del Senado en que le nombraba dictador, arando estaba su pequeo campo en la colina del Vaticano;176 y el suyo sembraba Atilio cuando el pueblo romano le llam para que le salvase de los enemigos; y salvado que le hubo, volvi a empuar la esteva.177A estas consideraciones se agrega que las propiedades rsticas eran entonces muy pequeas. Rmulo178 dio a cada ciudadano dos huebras (dos iugera) de tierra,179 cuyas suertes se aumentaron en siete huebras despus de la expulsin de los reyes.180 En recompensa de las victorias que Manio Curio alcanz, el pueblo quiso regalarle 50 huebras; mas, l las rehus, diciendo, que ciudadano peligroso era aquel a quien no bastaban siete.181 Con tales costumbres y tan pequeas heredades, apenas tuvieron cabida los esclavos en los trabajos de la agricultura. Recibiralos Roma en gran nmero del comercio? Pero su comercio era entonces tan limitado, que muy pocos pudo llevarle. Daraselos la guerra? Pero, sobre ser todava muy estrecho el crculo de sus conquistas, muchos de los vencidos no fueron esclavizados. “La tercera, dice Dionisio de Halicarnaso,182 la tercera de las instituciones de Rmulo, la ms importante de todas, y en mi concepto el ms slido fundamento de la libertad de Roma, es la que mand que no se degollase a los jvenes de los pueblos conquistados, ni se les esclavizase, ni tampoco se destinasen sus tierras a pastos, sino que se les enviase a Roma como ciudadanos, se repartiese entre ellos una porcin de su territorio, y que de las ciudades conquistadas, unas se transformasen en colonias, y a otras se les concediese el derecho de ciudad”. Este pasaje de Dionisio no se debe tomar literalmente, porque ya se ha visto, que los prisioneros muchas veces fueron esclavizados. Ni se olvide, que a conservarlos se opuso el estado de continua guerra en que Roma se hallaba con las naciones vecinas, porque ellos podan fcilmente escaparse y acogerse al territorio enemigo. Corto, pues, hubo de ser en aquellos tiempos el incremento de esclavos, y podemos decir con Valerio Mximo, que los antiguos romanos tuvieron poca o ninguna plata, pocos esclavos y siete huebras de rida tierra.183Corrido haban casi cinco siglos de la fundacin de Roma, y su poblacin esclava comparada con la libre, era todava tan escasa, que refirindose Dionisio de Halicarnaso al censo formado el ao 476 de aquella poca, se expresa as: “En aquel tiempo, los ciudadanos en edad de tomar las armas, eran 110 000, segn el ltimo censo: las mujeres, nios, esclavos, mercaderes y extranjeros que ejercan las artes, formaban a lo menos un nmero triple al de los ciudadanos”.184

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JOS ANTONIO SACO /263 /263 /263 /263 /263 De este pasaje se infiere, que si los ciudadanos en estado de tomar las armas fueron 110 000, y las dems clases ascendieron al triple de ellos, es claro, que el total de la poblacin lleg a 440 000. Comparando Dureau de la Malle185 este pasaje con las tablas de poblacin calculadas para la Francia, cree que esos 110 000 ciudadanos en edad de tomar las armas suponen para todo el sexo masculino el nmero de 195 145, y cantidad igual para el femenino; o sea, 390 290 para entrambos. Pero como el total del censo fue 440 000, resulta entre esta y aquella cantidad una diferencia de 49 710; diferencia que representa el nmero de extranjeros, libertos y esclavos. Mas, cul es la proporcin en que estas tres clases se hallaban entre s? Dureau de la Malle piensa que los esclavos eran 17 186, y los extranjeros y libertos reunidos, 32 524. Esta conclusin es muy aventurada, porque no se apoya en dato alguno, siendo muy probable que el nmero de esclavos fuese mayor, y que acaso hubiese excedido al de los extranjeros y libertos. As, pues, aun invirtiendo estos nmeros y elevando los esclavos a 32 524, que es la suma de los extranjeros y libertos, siempre es muy pequeo este resultado respecto de la poblacin libre. Esta situacin cambi enteramente, cuando Roma llev sus victoriosas legiones, no slo a toda la Italia, sino a ms lejanos pases. La guerra le dio entonces muchos esclavos, y la conquista inmensos terrenos. De aqu nacieron las grandes propiedades que ms adelante, en sentir de Plinio, perdieron la Italia, y aun las provincias.186Los brazos libres que antes se destinaban a la agricultura, retirronse de ella y los campos casi todos ya solamente fueron regados con el sudor de esclavos a quienes se dio la preferencia, as por la facilidad de conseguirlos en el abundantsimo mercado de Roma, como porque teniendo los ciudadanos aspiraciones polticas que satisfacer, y deberes militares que llenar, ni queran darse en alquiler, ni los propietarios servirse de unos hombres a quienes continuamente se arrancaba el arado de las manos, para alistarlos en las legiones que marchaban a la conquista del mundo. Del cambio doloroso que entonces experimentaron las costumbres, Diodoro de Sicilia nos dej una triste pintura. “Los romanos, dice,187cuyas leyes y costumbres eran antiguamente muy buenas, llegaron en poco tiempo a tal grado de poder, que tuvieron el ms clebre y ms grande de los imperios de que habla la historia. Pero en poca ms reciente, la sumisin de tantos pueblos y una larga paz hicieron cambiar para la prdida de Roma, las antiguas costumbres. Para descansar de la profesin de las armas, los jvenes entregbanse a la molicie e intemperancia porque las riquezas satisfacan sus deseos. En la ciudad, preferase el lujo a la frugalidad, y el ocio a los ejercicios militares; en fin, mirbase como feliz, no al que estaba dotado de virtudes, sino al que

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 264\ 264\ 264\ 264\ 264\ pasaba todo el tiempo de su vida en los ms grandes placeres. Comidas suntuosas, exquisitos perfumes, tapices bordados, triclinios ricamente adornados, muebles de marfil, plata y de otras materias preciosas artsticamente trabajadas, estuvieron cada da ms y ms a la moda; desdebanse los vinos que slo halagan medianamente al paladar: ranles menester los de Falerno, de Chos y cualquiera otro que lisonjea el gusto; gastbanse sumas inmensas en pescados y otros platos refinados. Los jvenes llevaban al Foro las telas ms suaves, finas y transparentes como las que usan las mujeres. Todos estos objetos de lujo, propios a engendrar una perniciosa molicie, elevronse pronto a precios increbles: un nfora de vino vendase en 100 dracmas;188 un tarro de salazn del Ponto en 400;189 los cocineros sobresalientes en su profesin pagbanse en 4 talentos; y las cortesanas distinguidas por su belleza valan muchos talentos”.190Este lujo que deplora Diodoro, acompaado de tantos vicios y corrupcin, aument prodigiosamente el nmero de esclavos, no slo por las exigencias de ese mismo lujo, sino porque la gente libre ya rehusaba el trabajo. Ignrase absolutamente el nmero de esclavos que Roma contaba; pero en medio de esta ignorancia no faltan autores que para averiguarlo han aventurado varias opiniones. Las de Wallace191 y Hume192 no llegan a ningn resultado preciso, pues de sus investigaciones no se saca otra cosa sino que en Roma hubo muchos esclavos. Gibbon, sin apoyarse en slidos fundamentos, conjetura, que el imperio romano poda contener en tiempo de Claudio casi 120 millones de habitantes, y que la mitad de stos a lo menos seran esclavos.193 Sin descansar en mejores pruebas, Blair194 se aventura a decir, que entre la expulsin de los reyes y la toma de Corinto, hubo para cada libre un esclavo, a lo menos; y que tres de stos para cada uno de aqullos es un clculo bajo durante el perodo que corri entre la conquista de Grecia y el reinado de Alejandro Severo. Si por un momento se admite como cierta esta arbitraria suposicin, cul sera el nmero de esclavos del imperio en alguno de los aos de ese perodo? Tcito dice, que segn el censo hecho en tiempo de Claudio, el ao 48 de la era cristiana, los ciudadanos ascendieron a 6 944 000,195 de manera, que si por cada uno de ellos hubo tres esclavos, stos debieron subir a 20 832 000; nmero muy inferior al del cmputo de Blair, porque l no habla de ciudadanos sino de personas libres, entre las cuales deben contarse las mujeres y otros individuos que no eran ciudadanos. Dureau de la Malle funda la base de sus clculos en la produccin de trigo en Italia, y comparndola con su consumo, pretende descubrir el nmero probable de todos sus habitantes. Mas, aunque lo consiguiese,

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JOS ANTONIO SACO /265 /265 /265 /265 /265 nada se adelantara, pues no se sabe cul fue el nmero absoluto de los esclavos, ni el relativo a la poblacin libre. En medio de tanta incertidumbre, lo nico que se puede asegurar, es, que ni en la Antigedad hubo, ni en la Edad Moderna ha habido nacin alguna con tantos esclavos como Roma, ni ciudadanos que los poseyesen en tan gran nmero como los de ella. Pobre se consider el que slo tena diez;196 y tanta era, segn Plinio, su muchedumbre en las casas de los opulentos romanos, que algunos de stos se vieron obligados a tener una persona que les recordase sus nombres.197Pero cules fueron stos? Antes de responder a esta pregunta, preciso es subir a los orgenes de Roma. Parece que los primitivos romanos slo usaron de un nombre a dos, como Rmulo, Remo, Numa Pompilio, Tulo Hostilio, Anco Marcio, etc.; pero despus, los ms nobles nunca tuvieron menos de tres, siendo stos: el prenombre, nombre y cognombre o sobrenombre. El prenombre iba primero, designaba el individuo, y generalmente se escriba con la letra inicial; el nombre segua al prenombre, sealaba la gente, y acababa por lo comn en ius ; el cognombre era el ltimo y determinaba la familia. La gente se compona de varias familias; as, la gente Cornelia comprenda las familias de los Escipiones, Dolabelas, Cethegos, Lntulos, Silas y otras. Cuando se deca Publius Cornelius Scipio, Publius era el prenombre; Cornelius, el nombre, y Scipio, el cognombre. De estos distintivos de la libertad no gozaron los esclavos, pues slo tuvieron un nombre, y ste fue al principio el prenombre de su amo. De aqu result, que dndose comnmente el nombre de puer198 al esclavo muchacho, llamose al de Lucio por abreviacin Lucipor o Lucii puer, esclavo de Lucio; al de Marco, Marcipor o Marci puer y al de Publio, Publipor o Publii puer.199 Pero esta costumbre fue abolida, y desde entonces los esclavos tomaron el nombre de sus amos o el del pas de su nacimiento, como Syrus los de Siria, y Lydus los de Lidia, o el nombre que se les daba en la nacin de su procedencia, como Tibius a los de Paflagonia, y Midas o Manos a los de Frigia.200A pesar de esto, yo creo que sera necesario buscar otras denominaciones para distinguirlos, porque con frecuencia pudo tener un mismo amo varios esclavos de un mismo pas, o de una misma procedencia. De la muchedumbre de esclavos que poseyeron algunos romanos, la historia nos ha trasmitido recuerdos interesantes. Tito Minucio arm contra sus acreedores 400 de sus esclavos.201 Cuatrocientos tambin se encontraron en la casa de Pedanio Secundo, prefecto de Roma, cuando fue asesinado en tiempo de Nern,202 y nmero igual dio a su hija Pudentilia, mujer de Apuleyo, cuando le entreg parte de sus bienes.203El vido y opulento Craso especulaba con los incendios, azote de Roma, pues cuando una casa empezaba a arder, l la compraba a vil

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 266\ 266\ 266\ 266\ 266\ precio, como todas las vecinas amenazadas del fuego. As cay en su poder gran parte de Roma, y slo para reedificar y construir edificios en ella, tena 500 esclavos.204Cecilio Claudio, a pesar de las prdidas que le ocasionaron las guerras civiles, dej en su testamento, otorgado el ao 746 de Roma, 4 116 esclavos.205 Y bien los necesit, pues la mayor parte de ellos empleose en cuidar las 3 600 yuntas de bueyes y las 257 000 cabezas de otros ganados que test. Demetrio, liberto de Pompeyo, fue ms rico que su patrono, y diariamente se le presentaba la lista de sus esclavos, como a un general la de sus tropas.206Del excesivo nmero que tuvieron otros romanos, danos tambin alguna idea la ley Furia Caninia, publicada en tiempo de Augusto para restringir las frecuentes manumisiones en testamento, por los males que al Estado causaban, y de los que hablar ms adelante. Estableci esta ley una proporcin entre los esclavos que posea el testador y los que poda libertar, cuyo nmero jams haba de exceder de 100, aun cuando tuviera 500 o ms.207 Esto indica que no fueron pocos los romanos que tuvieron muchos centenares de esclavos, pues de otro modo no habra aquella ley fijado la atencin en esa cantidad. La exageracin a que tan propenso es el hombre, eleva a 10 000 y aun a 20 000 el nmero de esclavos que tuvieron algunos romanos;208pero sin acudir a tales cifras, que en nada cierto se fundan, prodigioso fue el nmero de los que dentro de sus muros Roma encerr. Tcito manifiesta los temores que la inquietaban bajo el reinado de Tiberio, pues relativamente aumentaban los esclavos, mientras los libres disminuan.209 Mand una vez el Senado, que un vestido particular distinguiese a los primeros de los segundos; mas, bien pronto se conoci todo el peligro que amenazara si los esclavos hubieran de este modo contado el nmero de los libres.210 As fue, que el decreto del Senado nunca se ejecut. Tan formidable muchedumbre ocasion desde siglos anteriores un cambio lento, pero general en Italia; pues casi toda la gente libre que en ella trabajaba, fue reemplazada por esclavos; y no es posible que se conozca la gravedad del mal, sin que antes recorramos el vasto crculo de las tareas en que ellos se ocuparon. Hubo en Roma dos especies de esclavos, de naturaleza bien diferente: pblicos y privados. Los primeros pertenecieron al Estado, a las ciudades, y a ciertas corporaciones,211 quienes los adquiran, ya comprndolos con dinero del tesoro pblico,212 ya reservndose el Estado para su servicio algunos prisioneros de guerra, como lo hizo Escipin con 2 000 espaoles en Cartagena,213 ora en virtud de sentencia pronunciada contra algunos criminales,214 ora esclavizando a los habitantes de algunos pueblos rebeldes como los lucanos, picentinos y brucios.215

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JOS ANTONIO SACO /267 /267 /267 /267 /267 Los esclavos pblicos se emplearon en algunas funciones religiosas, en el servicio de los magistrados, y en varias obras del Estado o de las ciudades; pero el crculo de sus ocupaciones fue ms estrecho que el en que se movieron los esclavos privados. En honor de los dioses Lares celebrbanse el 2 de mayo en las encrucijadas (compita) de las calles o caminos las fiestas que por eso se llamaron compitales ;216 y para su servicio emple esclavos Servio Tulio.217A la diosa Mania, madre de los dioses Lares, inmolronse nios antiguamente; pero tan feroz costumbre fue abolida por el cnsul Junio Bruto.218 No slo libres, sino tambin esclavos pudieron hacer ofrendas a Marte Silvano para alcanzar la salud de los bueyes.219En Larino, esclavos fueron los ministros de Marte, y por eso se les dio el nombre de martiales larini .220 Evandro instituy el culto del altar Mximo de Hrcules, y su sacerdocio estuvo vinculado por algunos siglos en la noble familia Poticia; mas, ella lo abandon, y por autorizacin del censor Apio Claudio, confiolo a esclavos pblicos. Esto le atrajo, en sentir del supersticioso pueblo romano, el castigo del cielo, pues las 12 ramas de aquella ilustre familia, todas perecieron en un solo ao, habiendo cegado despus el mismo Apio .221Destinronse tambin al servicio de los templos, algunos esclavos pblicos; y en el de Vesta, uno de ellos ocult a Pisn, cuando Galba fue asesinado en las calles de Roma.222Mensajeros o apparitores para llevar despachos,223 y otros esclavos tuvieron a sus rdenes los jueces,224 cuestores, ediles y otros magistrados.225 Menos la corona, conserv la repblica todas las insignias de la dignidad real, y a los dos cnsules anualmente nombrados, permitiseles llevar lictores con las haces lo mismo que a los reyes; mas, desde el principio se estableci, que alternando por meses, uno solo fuese precedido de aquellas insignias,226 mientras el otro no llevase por delante sino un accensus, que era un esclavo pblico, y con ms frecuencia un liberto.227 En desuso cay esta costumbre, pero Julio Csar la restableci en su primer consulado.228 Esclavos pblicos servan igualmente en las asambleas, y esclavos pblicos llevaban tambin en las ceremonias del triunfo la corona con que los generales victoriosos cean su frente en el Capitolio.229De una ley inserta en el cdigo de Justiniano puede inferirse que en los municipios fueron esclavos por muchos siglos los tabularios o encargados de su contabilidad;230 y tan inherente les era esta condicin que cuando ya empezaron libertos a ejercer estas funciones, declarose expresamente, que el estado de tabulario en nada afectaba su libertad.231Por ltimo, los emperadores Arcadio y Honorio mandaron en 401 de la era cristiana, que los tabularios, as de las provincias como de las ciudades, fuesen enteramente hombres libres.232

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 268\ 268\ 268\ 268\ 268\ En tareas ms recias empleronse otros esclavos pblicos, y tales fueron los que tripulaban naves y manejaban el remo.233Fueron los incendios una de calamidades de Roma,234 y el edil Rufo Egnacio que aspiraba al consulado, granjeose el favor de la plebe empleando sus esclavos en apagar los fuegos de aquella capital.235Para mejorar la polica urbana tan descuidada en este punto, instituy Augusto en el ao 732 de Roma los vigiles o matafuegos,236 empleando para este servicio 600 esclavos bajo las rdenes de los ediles curules.237Esclavos pblicos, llamados aquarii por Cicern,238 ocupronse tambin en los acueductos. Construido fue en Roma el primero por el censor Apio Claudio en los aos 441 de fundada aquella ciudad.239 Otros muchos hicironse despus,240 y si al principio estuvieron al cuidado de los censores y ediles, Augusto encarg su conservacin a M. Agripa, quien form y destin a ellos un cuerpo de unos 240 esclavos, que a su muerte leg al mismo prncipe, y ste los regal al pueblo romano.241Nuevas aguas introdujo Claudio en Roma, empleando para este servicio 460 esclavos ms, pagados del tesoro pblico, y como su nmero total ya ascenda a 700, formronse dos cuerpos, uno compuesto de los 240 de Agripa, y otro de los 460 de Claudio: los primeros fueron declarados esclavos del pblico, y los segundos del csar.242Surtida Roma de aguas en abundancia, construyronse muchos baos para el uso pblico en diferentes partes de la ciudad, y autores hay que exagerando su nmero, lo elevan a ms de 800. Atendiose en su origen ms a la utilidad que al placer;243 pero en los das de Augusto, ya empezaron a tener un aire de grandeza que jams se vio en la Antigedad, ni quiz tampoco se ver en los tiempos venideros, distinguindose por su asombrosa magnificencia los de Agripa, Nern, Tito, Domiciano, Caracalla, Antonino, Diocleciano y otros. Dioseles el nombre de termas (aguas calientes), bien que haba asimismo baos tibios y fros. Cada una de estas termas estaba al cuidado de una persona llamada balneator (baero244), que tena bajo sus rdenes cierto nmero de esclavos pblicos. Curioso dato sera saber a cunto ascendieron todos los empleados en las diferentes termas de Roma; pero muchos debieron ser, no slo por la magnificencia y tamao de aquellos establecimientos, sino por la muchedumbre de personas que a ellos acudan diariamente, pues tantas eran, que muchas veces lean los poetas sus composiciones en las termas.245 Los servicios de esos esclavos consistan en calentar el agua ( fornacatores246), en guardar la ropa de los baistas (capsarii247), en frotar a stos y ungirlos (aliptae, unctores248), en perfumarlos, y en otros servicios. Las tristes funciones de carceleros249 y hasta de verdugos confironse a esclavos pblicos. Uno de ellos precipit de la roca Tarpeya a Marco Capitolino250; y otro, cimbrio o galo de origen, fue a Minturno a ejecutar

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JOS ANTONIO SACO /269 /269 /269 /269 /269 la sentencia de muerte contra Mario; pero deslumbrado, segn se dice, por el resplandor de la gloria de su vctima, no os descargar el golpe, y arrojando la espada por el suelo, huy asombrado de su presencia.251Mirose a los verdugos con tanto horror, que no se les permiti entrar en el foro, ni aun habitar dentro de Roma.252Por ltimo, esclavos pblicos fueron tambin los servi poenae (esclavos de la pena), que eran los condenados por algn delito a trabajar en ciertas obras del Estado o en algunas minas. Las de Sandaracurgium253, situadas en una montaa del Ponto, a poca distancia de la fortaleza de Pimolisa, eran poco productivas y muy insalubres. Beneficironse por cuenta del gobierno romano, quien tuvo en ellas, en tiempo de Strabn, ms de 200 esclavos.254A los condenados a esclavitud por algn delito tvoseles por tan infames, que no deban confundirse con los dems esclavos, “Acordaos, respondi Trajano a la consulta de Plinio, el Joven, cuando era gobernador de Bitinia, acordaos de que el motivo principal de haberos enviado a esa provincia, ha sido porque haba en ella muchos abusos; y uno de los ms grandes que se puede imaginar, es que delincuentes condenados a penas capitales se hayan librado de ellas sin intervencin de la justicia, y se les haya confiado funciones que slo deben desempear esclavos exentos de toda mancha”.255Crculo mucho ms vasto abrazaron las ocupaciones de los esclavos privados; y como unos se emplearon en los campos, y otros en las ciudades, diose a los primeros el nombre de rsticos, y a los segundos el de urbanos. Esta denominacin ninguna duda ofreci, mientras la sencillez de las primitivas costumbres exigi pocos esclavos; pero cuando el lujo de Roma se derram por los campos, y la nobleza romana llev a sus quintas muchedumbre de servidores, no para labrar la tierra, sino para ostentar su grandeza, entonces ya empez a no ser clara la diferencia entre esclavos rsticos y urbanos, pues muchos de stos participaban de la primera condicin por habitar en el campo, y de la segunda por emplearse en ocupaciones propias de la ciudad. En tal incertidumbre, la ley decidi que para tenerse un esclavo por rstico o por urbano, no bastaba que habitase en el campo o en la ciudad, sino que se atendiese al gnero de servicios que prestaba;256 y para mayor seguridad, ella dispuso que en caso de duda, el amo dijese en cul de las dos clases lo consideraba.257Mientras hubo pocos esclavos en los fundos, todos ejecutaron indistintamente los mismos trabajos; pero cuando esos fundos crecieron en extensin, y la familia se aument, entonces las tareas rurales se subdividieron, destinndose a cada una mayor o menor nmero de brazos. Acabo de estampar las palabras familia, fundos; y para inteligencia de lo que ms adelante expondr, importa fijar el sentido en que los

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 270\ 270\ 270\ 270\ 270\ romanos las tomaron, lo mismo que el de otras que con ellas tienen estrecho enlace. Diose el nombre de familia, no a uno ni a dos esclavos que habitaban en una misma casa,258 sino a mayor nmero.259 “Quince hombres libres, deca Apuleyo, constituyen pueblo; e igual nmero de esclavos, familia”;260 bien que Sneca llam familia al conjunto de 11.261La palabra fundo se aplic en Roma a todo edificio y a todo campo; pero, generalmente, llamose casa a los edificios urbanos, y villa a los rsticos.262 Villa, por tanto, fue el conjunto de los edificios destinados al servicio de un fundo. Un lugar cualquiera en la ciudad sin edificio, denominose rea, y en el cam po ager (tierra labrada); y este mismo ager cuando tena edificio, se llam fundo.263 Sin embargo, un lugar no era fundo sino parte de l, y muchas veces no tena villa.264 El fundo, pues, y el lugar se diferenciaron en que el primero siempre tuvo villa, mas, no el segundo; y tambin en que el primero fue de vasta extensin, donde podan trabajar centenares de labradores libres o esclavos, a tal punto, que en los tiempos calamitosos de Roma, muchos fundos se transformaron en aquellos latifundios, que, segn Sneca, abrazaban provincias, y donde nacan y moran ros.265 El fundo distinguiose tambin de la posesin, del ager y del predio. La posesin y el ager eran unas especies de fundos menos extensos que el lugar, y que adems carecan de todo edificio. La posesin se diferenciaba del ager, en que aqulla slo conceda el uso del terreno; mas, el ager constitua un derecho de propiedad: y tanto ste como aqulla se comprendan bajo el nombre genrico de predio.266La villa se compona de tres partes diferentes: rstica donde se alojaban los esclavos y dems operarios del fundo;267 urbana, donde habitaba el amo, y que humilde al principio, convirtiose despus en magnfico edificio, donde ostentaron los romanos su lujo y esplendor;268 y fructuaria en la que se preparaba y guardaba el vino, aceite y otros productos del fundo.269Con esas magnficas villas de los tiempos posteriores form un contraste el tugurio edificio que ms conviene al cuidado del campo que a las casas de las ciudades.270Hecha esta explicacin, continuemos la nomenclatura de los esclavos segn sus ocupaciones. Para el buen orden de los trabajos, dividironse aqullos en decurias o cuadrillas de diez en diez, gobernadas por otro esclavo que se deca decurin Columela las recomend como tiles a la agricultura; mas, no quiso que pasasen de ese nmero. “En efecto, dice, diez hombres son fciles de vigilar; mas, nmero mayor distraera la atencin del jefe. Cuando la heredad es de grande extensin, las decurias se distribuirn en las diferentes partes que la componen. Al sealar la tarea,

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JOS ANTONIO SACO /271 /271 /271 /271 /271 siempre se proceder de manera que nunca se deje un esclavo solo, ni aun dos juntos, porque cuando estn dispersos en pequeo nmero, no pueden ser atentamente vigilados. Por otra parte, no deben emplearse ms de diez en la misma obra; porque siendo en grande nmero, uno se recuesta sobre otro para la tarea que en comn se les impone. Esta divisin de trabajo tendr la ventaja de excitar una laudable emulacin entre los trabajadores y de hacernos conocer los perezosos. Cuando esta especie de lucha se hubiere establecido, entonces el castigo que se imponga a los morosos, los otros lo tendrn por justo, y lo soportarn sin murmuracin”.271En esta subdivisin de trabajo, prefiriose para arar a los esclavos altos, pues podan marchar derechos sin encorvarse, apoyndose en la esteva del arado.272 Mas, para el cultivo de la vid, en el que con frecuencia se emplearon esclavos encadenados, buscose menos el tamao que la inteligencia y la robustez.273 Esclavos ordinarios ejecutaron los trabajos agrcolas que no exigan capacidad particular, y por eso se les llam mediastinos .274Extraer aceite y otros productos, hacer vino, cardar lana e hilarla, cortar y coser los vestidos de la servidumbre,275 cocinar,276 asistir los enfermos en el valetudinarium o enfermera,277 cuidar los caballos, ovejas y otros animales de la heredad,278 fueron tambin ocupaciones de los esclavos rsticos. Como boyeros escogiose a los esclavos de aspecto imponente, y de voz poderosa, al mismo tiempo que de suave ndole, para que los bueyes les temiesen sin necesidad de maltratarlos.279 Hubo tambin pastores cuyo nmero se aument con la decadencia de la agricultura, pues recibiendo Roma sus granos de Sicilia,280 del Egipto281 y de otras partes,282convirti en prados y dehesas muchas de las tierras de Italia que el agricultor libre fund en otro tiempo con su trabajo. Estos pastores deban ser esclavos tan activos cuanto giles y vigorosos para seguir los rebaos en los bosques, defenderlos de los asaltos de ladrones y animales feroces, y lanzar el dardo. Para guardar ovejas y puercos en las llanuras, bastaban muchachos de ambos sexos.283En muchos de los grandes fundos o heredades hubo esclavos carpinteros, albailes y fabricantes de instrumentos agrcolas;284 y las quintas de los opulentos seores tuvieron adems para su recreo pescadores, cazadores ( venatores, aucupes285), jardineros ( hortulani ) y topiarii, tan hbiles, que con las plantas formaban varias figuras, animales, y aun letras que expresaban as sus nombres como los de sus amos.286Generalmente gobernaba y haca cultivar las heredades, un hombre, esclavo o libre, llamado villicus (mayoral), cuyo nombre le vino de villa.287 Seguan luego el subvillicus288 o contramayoral; los monitores o celadores de segundo orden; los magistri operum o capataces;289

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 272\ 272\ 272\ 272\ 272\ los que guardaban, ms bien que cultivaban, el campo y los frutos ( saltuarii 290), y otros. Para los castigos haba no slo una prisin o casa de trabajo (ergastulum291), sino esclavos especiales que los daban, segn dicen algunos; pero el texto en que se apoyan,292 no es aplicable a los esclavos privados, ni menos se refiere a los que haba en las heredades particulares. Esclavos hubo, en fin, y muy infelices por cierto, que trabajaban en las minas. Ricas eran las de plata en Cartagena de Espaa; extendanse por un terreno de casi 12 leguas, producan diariamente 25 000 dracmas (unos 22 000 francos), y ocupaban a 40 000 esclavos.293 Strabn dice, que adems de esas minas, haba otras de plata y oro en Espaa; pero que en su tiempo, las de este ltimo metal pertenecan casi todas al Estado, as como las de plata a los particulares.294A ms de 70, como en su lugar se dir, sube el nmero de las ocupaciones de los esclavos rsticos en Roma; y si de los campos se pasa a las ciudades, veranse otras ejercitadas en ellas, as dentro como fuera de las casas. Hubo, pues, esclavos herreros, carpinteros, sastres, zapateros, tejedores, bataneros, y otros menestrales.295Deshonroso en Roma todo comercio en pequeo,296 los amos para desempearlo, valironse de personas alquiladas, o de sus esclavos. Hubo, por tanto, entre stos, banqueros,297 logreros,298 taberneros, mercaderes, a quienes se dio el nombre de institores, palabra que cuadra no slo al esclavo puesto por el amo a la cabeza de una taberna, sino tambin al que sin ella poda comprar y vender;299 habindolos hasta capitanes de buques ( magistri navium300). De la variedad de ocupaciones desempeadas por los esclavos en el servicio domstico, abundante testimonio ofrecen as las leyes y los escritores latinos en prosa y verso, como los columbarios de la antigua Roma. Diose tal nombre a las salas espaciosas, donde se colocaban en nichos, a diferentes alturas, las urnas fnebres de los esclavos y libertos de algunas familias ricas. Tuvironlos las de Lucio Aruncio, de Mecenas, Escribonia, Lucio Pasieno, Silvano, y otras;301 pero el ms importante de todos fue el de Livia, tercera mujer de Augusto, descubierto por unos vieros en 1726, y descrito por Gori.302 En l yacan las cenizas de ms de 1 100 esclavos y libertos, y las inscripciones de las urnas indican la inmensa variedad de servicios que aqullos prestaban. Plagadas estuvieron de esclavos las casas de los opulentos romanos. Muchos de ellos tuvieron palacios, que fue costumbre separar de todo edificio; bien que otros propietarios tambin fabricaban, para alquilar, una sola casa o varias reunidas, dejndolas aisladas por todas partes. De aqu el nombre de insulae (islas) que se les dio,303 y el de insularii a los esclavos o libertos encargados de su polica.304

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JOS ANTONIO SACO /273 /273 /273 /273 /273 En los primeros tiempos de Roma, desconocidos fueron los porteros. Un martillo colgado a la puerta para golpear, anunciaba la llegada de alguna persona.305 Ms adelante generalizose la costumbre de poner de guarda un esclavo atado a una cadena,306 al que ordinariamente acompaaba un perro tambin encadenado;307 y de aqu la inscripcin “Cave canem” (gurdate del perro) que se lea a la entrada de la habitacin del portero.308 En ciertos casos empleronse mujeres y hasta viejas.309Andando el tiempo y mejorados los edificios, el portero (ianitor, ostiarius) permaneca siempre en el prothyrum, que era un corredor entre la puerta de entrada y la del atrio. Las casas o palacios de los ricos no se limitaron a un solo portero, pues la afluencia de clientes que acudan a ellos requeran a veces mayor nmero. Despus del portero dbase con los atrienses o aurarii que cuidaban el atrio310 y con los introductores, admisssionales .311 Haba adems en esas grandes casas o palacios un mayordomo (procurator312), un tesorero o contador (dispensator313), y muchedumbre de esclavos inferiores como camareros (cubicularii314), barredores y limpiadores,315 guardadores de silencio (silentiarii316), anunciadores de horas (horarii317), baadores ( balneatores318), tonsores que afeitaban319 y cortaban el cabello320 y las uas,321 peinadores y rizadores ( ciniflores322). Supersticiosos los romanos consideraron como buen presagio la preferencia que se daba en los movimientos al pie derecho sobre el izquierdo. Por eso fue, que algunos amos colocaron en la puerta de sus aposentos un esclavo joven, exclusivamente encargado de advertir a las visitas, que entrasen primero con el pie derecho, pues hacerlo con el izquierdo, se tena por mal agero.323 Por eso era tambin impar en todos los templos el nmero de escalones, pues empezando a subirlos con el pie derecho, ste era el primero que entraba en ellos.324En los primeros siglos de Roma, redjose la cocina a lo puramente necesario para el sustento de la vida, y aun los ciudadanos ms ilustres solan preparar ellos mismos su comida.325 El cocinero, donde lo haba, era el menos til y el ltimo de los criados,326 pues para las comidas extraordinarias se alquilaba uno en el mercado.327 Pero cuando el lujo invadi a Roma, ya el servicio de la cocina y de la mesa exigi muchos esclavos. Hubo, pues, focarii que encendan y alimentaban el fuego,328cocineros ( coci ), pinches y cocineros en jefe ( archimagiri329); distinguindose los de Sicilia, cuyos platos delicados se llamaron siculae dapes;330reposteros ( dulciarii ), panaderos ( pistores ), pasteleros de varias especies ( offarii crustarii etc.331), y despenseros ( cellarii332), los cuales en las casas medianas reunan tambin las funciones del mayordomo en las grandes, bajo el nombre de condus promus .333Numeroso fue tambin el servicio del triclinium o comedor en el que haba un jefe de sala ( triclinarchia334), convidadores ( invitatores

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 274\ 274\ 274\ 274\ 274\ vocatores335), preparadores y adornadores de la mesa ( structores336) ; lectisterniatores o colocadores de lechos ( lecti ) en torno de ella; de los cuales tuvieron los romanos dos especies: cubicularios para dormir, y triclinares para comer, pues ellos coman echados, apoyndose sobre el brazo izquierdo.337 Al principio comieron sentados,338 como la generalidad de la gente, pues la costumbre de comer recostados sobre lechos, adoptada primero por los hombres,339 y despus, por las mujeres, la tomaron de los pueblos orientales. Esa posicin guardronla solamente en la cena, que fue su comida principal, la que hacan en verano entre la octava y novena hora, esto es, de dos a tres, y en invierno a la dcima hora; o sea, las cuatro.340Los trinchadores ( scissores carptores341) llamados tambin chironomont o gesticuladores porque ejercan su habilidad al comps de la msica,342 fueron muy estimados en Roma, donde haba maestros que los enseaban. El pregustator probaba los platos antes de servirlos a los convidados;343 los diribitores repartan el pan y los manjares;344 los coperos ( pocillatores ), el vino. Los obsonatores saban excitar con platos sabrosos el apetito de sus amos;345 y los flabelliferi espantaban las moscas con ramos o abanicos o echaban fresco a sus seores.346En los banquetes de gran lujo, hermosos muchachos de Alejandra347y de otros pases, adornados de largas y ensortijadas cabelleras,348 con una tnica sutil ceida a la cintura, y formando comparsas segn su nacin y su color,349 derramaban agua de nieve en las manos de los convidados, servanles el vino, enlazbanles con guirnaldas de flores las piernas y los pies, y se los frotaban con perfumes.350 En otros banquetes, la mesa era servida por lindas jvenes esclavas, que a veces se presentaron desnudas, como lo exigi Tiberio en el convite que Sexto Gallo le dio.351 En esas orgas, las mujeres se embriagaban al par de los hombres;352 esclavos cantores e instrumentalistas lucan su habilidad; bellas gaditanas cantaban y ejecutaban danzas voluptuosas353 y aun solan introducirse en el saln del festn desgarradas cortesanas,354 bufones, locos y enanos a caro precio comprados.355 A tanto lleg la disolucin de las costumbres, que hubo esclavos muchachos condenados a placeres tan infames,356 que la pluma se resiste a describirlos. Las seoras ricas tuvieron tambin su servidumbre particular compuesta de esclavos de ambos sexos. Las hembras se emplearon en coser,357 hilar,358 tejer y en otras ocupaciones.359 Adems, parteaban, criaban los nios, peinaban y rizaban a sus seoras,360 arrancbanles las canas,361 teanles el pelo y las cejas,362 ponanles los dientes postizos que segn el picante Marcial se guardaban de noche, no en la boca, sino en el tocador,363 y, por ltimo, la peluca.364 Como las romanas tenan generalmente los cabellos negros, dieron la preferencia por su rareza al pelo rubio. De aqu fue que unas se lo tean,365 y otras se rapaban la

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JOS ANTONIO SACO /275 /275 /275 /275 /275 cabeza para adornarse con rubias cabelleras postizas cuyo pelo compraban en los pases del norte.366 Las esclavas que perfumaban y adornaban a sus amas, llamronse ornatrices ,367 y para que ejerciesen su arte con toda gracia, fueron enseadas por maestros especiales.368Si estas esclavas pudieron servir de confidentes a sus amas, hubo otro que aunque varn, debi inspirarles ms seguridad. ste era el esclavo llamado recepticio que no obstante formar parte de la dote, la mujer lo reservaba para s, sin entregarlo al marido, ni darle sobre l ninguna autoridad.369Tiempo hubo en que tan escasos fueron los eunucos, que slo los poseyeron las grandes seoras.370 Luego que se generalizaron, sirvironse de ellos muchas de las matronas que afectaban virtudes;371 gratos fueron tambin a los romanos por su voz aguda, sus formas graciosas, e impdicos372 atractivos; y aun hubo algunos maridos que los emplearon en vigilar a sus mujeres.373 ¡Fatal engao!, pues los eunucos se entregaban a torpes amores con ellas. “Quin guardar, deca Juvenal, a los mismos guardas?”374Cuando las opulentas romanas salan a la calle, ostentaban su grandeza, as por el nmero, como por el lujo de sus esclavos. Adems de los lacayos de honor ricamente vestidos y peinados que las acompaaban, haba esclavos que rompan la marcha ( anteambulatores375); y en la comitiva de las seoras poco recatadas, iban esclavos que se empleaban en hacer saludos,376 llevar mensajes poco decorosos377 ( salutigeruli internuncii). Las seoras y caballeros aparecan en pblico a pie o en carruaje, de los que tuvieron varias especies. Las sillas ( sell ), y las lecticas ( lectic ) eran transportadas en hombros de fuertes y corpulentos esclavos ( lecticarii o succollatores ), sacados de la Siria, Capadocia y de otros pases.378 De ordinario, dos de ellos cargaban la silla;379 mas, la lectica, cuatro, seis, y a veces ocho, segn el esplendor de las personas.380 Los carruajes llamados unarota porque slo tenan una rueda, eran tambin tirados por esclavos, a diferencia de los de dos o cuatro ruedas que lo eran por mulas o caballos guiados por cocheros.381Para contener el lujo que desde la segunda guerra pnica empezaron a ostentar las damas romanas, la Ley Oppia les prohibi el uso de carruajes en la ciudad y a una milla fuera de ella; pero amotinadas las seoras, la ley fue revocada 20 aos despus, a pesar de la enrgica resistencia del cnsul M. Porcio Catn.382En las salidas de aparato, romanos hubo que contaron en su squito hasta 200 esclavos.383 Solan llevar a su lado a uno llamado nomencltor porque se aprenda de memoria los nombres de muchos ciudadanos para decirlos a su amo en voz baja, cuando ste los encontraba en las calles, pues entre los romanos era cortesa saludarse por sus nombres.384 Nun-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 276\ 276\ 276\ 276\ 276\ ca fue tan til el nomencltor como en los das de elecciones, porque deseando entonces el candidato captarse la benevolencia de los electores, los llamaba por su nombre, y aun les hablaba de sus familias como si las conociese.385Hacia fines de la repblica, promulgose una ley prohibiendo que los candidatos llevasen a su lado nomenclatores. Catn de tica fue el nico que la observ, logrando aprenderse de memoria los nombres de todos los ciudadanos de Roma; mas, esto le concit la malevolencia de muchos que no pudieron imitarle.386Casos hubo en que algunos amos iban acompaados en la ciudad y en los campos de muchedumbre de esclavos, sobre todo gladiadores; mas, no por vana ostentacin, sino para su defensa personal; y as lo hizo Miln contra las acechanzas de Clodio.387 Cuando los generales marchaban a la guerra, llevaban algunos esclavos para su servicio; mas, uno solo bast a Catn, el Censor.388 Escipin Emiliano, despus de dos consulados clebres, y de otros tantos triunfos gloriosos, fue slo seguido de siete esclavos.389 Csar, en medio de la muchedumbre que posea, y de la magnificencia que ostentaba, llev solamente tres a la conquista de la Gran Bretaa; y Catn de tica, acompaado de su hijo, nunca se sirvi, segn Valerio Mximo, de ms de 12:390 testimonio que no concuerda con el de Plutarco, quien dice, que cuando aqul fue nombrado tribuno de los soldados, y enviado a Macedonia, le acompaaron para su servicio, en el viaje que hizo a pie, 15 esclavos y dos libertos.391 Si hubiera esta costumbre pasado de los jefes a los soldados, muy perniciosa habra sido a la disciplina militar. Por eso fue, que cuando el cnsul Metelo, a ejemplo de Cornelio Escipin en Numancia, tom en la guerra contra Jugurtha, en frica, el mando de las tropas romanas ya corrompidas por la excesiva indulgencia de Albino su antecesor, prohibioles servirse de acmilas y esclavos para el transporte de sus armas y vituallas.392Grecia fue la civilizadora de Roma, y sta no conoci las bellas artes hasta que aqulla no le revel sus encantos. Hubo, sin embargo, desde el principio algunos romanos que estimaron la pintura. Un miembro de la ilustre familia Fabia pint a los 450 aos de Roma el templo de la Salud, y tomando el sobrenombre de Pictor lo trasmiti a su descendencia como ttulo de honor. El poeta Pacuvio realz su gloria pintando el templo de Hrcules en el forum boarium .393 Con el transcurso del tiempo, hzose de moda exponer en pblico algunos cuadros,394 y tener los ricos galeras;395 pero esto fue ms bien por imitacin y lujo que por gusto y amor al arte.396 El belicoso espritu de Roma y la facilidad con que ella sacaba artistas de Grecia, envilecieron la pintura, y sus cultivadores en Roma, fueron, con muy raras excepciones, hombres degradados.397 Del Digesto aparece, que esclavos la ejercitaron,398 y lo mismo prueba una inscripcin del columbario de Livia.399

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JOS ANTONIO SACO /277 /277 /277 /277 /277 Mejor suerte que la pintura corri la arquitectura, pues Roma tuvo buenos arquitectos, no slo griegos, sino indgenas. Mas, sera ella cultivada solamente por hombres libres? Craso emple centenares de esclavos en levantar edificios en Roma; y entre ellos hubo arquitectos, y quiz tambin escultores;400 y lo que Craso ejecut en grande, no lo haran otros en pequeo, ya en sus propias construcciones, ya alquilando a otros sus esclavos? Si Atenas prohibi a stos el ejercicio de la medicina, Roma no sigui su ejemplo, pues no slo las familias ricas, sino aun algunas de mediana fortuna, tuvieron esclavos mdicos.401Cuando la civilizacin griega penetr en Roma, sus hijos aspiraron a poseer esclavos instruidos. As fue, que los romanos de educacin literaria, o que afectaban tenerla, poseyeron esclavos lectores (anagnostes 402), anotadores, amanuenses o secretarios,403 bibliotecarios,404encuadernadores (glutinatores405) y pumicatores ,406 as llamados, porque pulan con piedra pmez las hojas de los libros.407 Calvisio Sabino, romano tan opulento como necio, queriendo pasar por literato entre sus amigos, recurri para conseguirlo a un medio muy ridculo. “Calvisio Sabino, nuestro contemporneo,408 dice Sneca, era hombre muy rico. Nunca he conocido poderoso ms inepto. Tena una memoria tan infeliz, que olvidaba, ya el nombre de Ulises ya el de Aquiles, ya el de Pramo, a pesar de que los conoca lo mismo que nosotros a los maestros que nos ensean; y jams hubo nomencltor409 que destrozase ms cruelmente los nombres que lo que l haca con los de los troyanos y griegos. Quera, sin embargo, pasar por sabio; y he aqu el medio de que se vali: Compr a precios muy altos dos esclavos, uno para que se aprendiese de memoria a Homero, y otro a Hesodo. Compr adems otros nueve, y a cada uno de ellos les hizo aprender un poema lrico. No hay que admirarse si le costaron muy caro; porque no habindolos hallado instruidos, hubo de pagar quien los ensease. Con esta provisin empez a perseguir a los que convidaba a su mesa, y poniendo a sus pies los esclavos, stos le soplaban los versos que quera recitar; pero las ms veces se quedaba a la mitad... Este hombre, sin embargo, siempre tuvo la presuncin de creer que saba todo lo que saban sus esclavos”. Tambin hubo mujeres que precindose de instruidas, andaban acompaadas de filsofos y literatos alquilados o comprados, cuyas lecciones slo tomaban al tiempo de peinarse, pues a creerlas, no tenan ms tiempo en todo el da. “Muchas veces, dice Luciano,410 mientras el filsofo trata profundamente algn punto moral, una esclava joven se acerca a su ama, y le da un billete amoroso. Entonces se interrumpen los discursos instructivos, y ella no los vuelve a or, sino despus de haber contestado a su amante”.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 278\ 278\ 278\ 278\ 278\ Entregada Roma en sus primeros siglos a la agricultura y a los rudos trabajos de la guerra, poco tiempo pudo dar a los estudios liberales; y la gramtica, lejos de haber sido honrada en Roma, no estuvo en uso en aquellos tiempos.411 De aqu la poca importancia con que muchos ciudadanos la miraron aun despus de introducida, y de aqu, en parte, el haber cado en manos de esclavos y libertos. Levantada de tanta postracin, no se desdearon de escribir acerca de ella aun los ciudadanos ms ilustres.412 Pero los romanos, a imitacin de los griegos, distinguieron al gramtico del gramatista ( grammaticus grammatista ); ste era el que solamente enseaba las reglas de la gramtica; mas, aqul extenda su enseanza a otros ramos literarios.413 Un gramtico en Grecia y Roma fue lo que hoy se llama un literato, y tal es el nombre que al principio dieron los griegos al gramtico.414Los esclavos instruidos, ya griegos, ya de otros pases, dieron origen a la perniciosa costumbre de que los amos les confiasen la educacin de sus hijos. Llamseles pedagogos y preceptores :415 stos enseaban las artes, letras o ciencias; aqullos deban formar el corazn de los nios, inspirndoles buenas costumbres, ministerio mucho ms delicado que la enseanza puramente literaria; pero ni unos ni otros fueron siempre esclavos.416 Cuando los nios no se educaban en casa, los esclavos que los acompaaban a la escuela llevndoles los libros y el recado de escribir en una caja ( capsa ), llamronse capsarii ,417 nombre que tambin se dio, como ya se ha dicho, a los esclavos que en las termas guardaban la ropa de los baistas. Esclavos hubo tambin que se destinaron a divertir al pueblo romano en los combates del circo y en las representaciones escnicas. En aqullos, no slo lucharon fieras con fieras, y hombres con ellas, sino hombres con hombres. De los primeros nada dir; mas, s de los dos postreros, porque en ellos figuraron, as hombres libres que voluntariamente peleaban, o se alquilaban, como tambin esclavos. Bestiarii llamose a los que figuraban en las luchas de hombres con fieras; y en ellas figuraron, no slo personas libres, condenadas a esclavitud por delitos, sino aun los mismos que siempre haban vivido en ella.418 Grande importancia tomaron en Roma tan brbaras diversiones, y la historia menciona que Pompeyo, en su segundo consulado, ofreci al pueblo romano un espectculo de 600 leones y 17 o 20 elefantes, que todos perecieron en cinco das por la mano del hombre.419 Cmodo, el brutal emperador, adquiri funesta celebridad lidiando con las fieras, y cuntase que mat muchos millares de bestias feroces, habiendo entre ellas elefantes.420Tanto o ms feroces fueron los combates de los gladiadores, cuyo origen sube probablemente a la antigua costumbre de aplacar los manes de los que moran en la guerra, sacrificando en su tumba a los prisioneros enemigos.421

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JOS ANTONIO SACO /279 /279 /279 /279 /279 De muchos modos, y con diversas armas, pelearon los gladiadores.422Aunque todos no fueron esclavos, el nmero de stos fue tan considerable, que para formar alguna idea, es preciso exponer rpidamente la historia sangrienta de aquellos espectculos. Los primeros que los ofrecieron al pueblo romano, el ao 489 de Roma, fueron los dos hermanos Bruto en los funerales de su padre.423 Continuronse en ocasiones semejantes por voluntad de los testadores,424 por disposicin de las familias que los ofrecan como solemne expiacin,425 o cuando la patria quera honrar la memoria de algn insigne ciudadano.426 El pueblo fue acostumbrndose a tan feroz espectculo, llegolo a amar con furor por las profundas emociones que le causaba, convirtiolo en diversin nacional, y psolo bajo la proteccin tutelar de Marte y de Saturno, en cuyas fiestas se derramaron torrentes de sangre humana.427Desde entonces encargose el Estado de proveer a todos sus gastos, y los ediles los dieron peridicamente, sin que por eso dejasen los particulares de ofrecerlos al pueblo, ora por afectos de familia, ora por miras de ambicin,428 ora con el fin de familiarizar al soldado con la sangre y con la muerte.429Al principio, slo fueron gladiadores los prisioneros de guerra, los esclavos, y los criminales condenados por sentencia; pero despus bajaron a la arena, no ya hombres libres alquilados,430 sino caballeros,431 senadores432 y hasta nobles matronas433 y emperadores, pues Cmodo combati centenares de veces.434 En los juegos que Escipin consagr en Cartagena a los manes de su padre y de su to, los gladiadores no fueron esclavos, ni hombres oscuros, sino ilustres personajes.435 Empresarios hubo, que compraban esclavos para hacerlos gladiadores, y alquilarlos, habindoseles dado por eso el nombre de lanist o vendedores de carne.436 Otros, sin abrazar esta profesin, comprronlos tambin, y como rasgo que caracteriza las costumbres de aquellos tiempos se puede citar el pasaje de Cicern en que felicita a su amigo tico por los gladiadores que haba comprado: “se dice que son admirables en el combate, y que si los hubieras querido alquilar, habras sacado el duplo de su valor”,437 y en otra parte de sus obras, aunque no niega que este espectculo era cruel, lo aprueba como escuela de valor.438 Plinio, el Joven avanza ms que Cicern, pues elogia con entusiasmo esos sangrientos combates. “Espectculos, dice, no de molicie y de corrupcin, que enervan y degradan las almas, sino que estimulan a recibir nobles heridas y al desprecio de la muerte, mostrando hasta en los esclavos y criminales el amor de la gloria y el deseo de vencer”.439Estos espectculos pasaron de Roma a otras ciudades de Italia y de las provincias; y las ruinas de los anfiteatros que todava se ven en algunas de ellas, atestiguan tan triste verdad a las presentes generaciones.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 280\ 280\ 280\ 280\ 280\ En los primeros combates lidiaron pocos gladiadores; mas, su nmero se fue aumentando al paso que creca la aficin del pueblo a esas luchas. Si en los funerales de Em. Lpido slo combatieron 22 pares,440y en los de Levino, 25,441 ya en los del abuelo de Terencio Lucano salieron 30 a la arena,442 y 60 en los de Licinio.443 Csar, cuando fue edil, ofreci a Roma un espectculo de 320 pares;444 y ms hubieran sido, si sus enemigos, espantados de la gran multitud de gladiadores que llev de todas partes, y de lo que con ellos hubiera podido hacer, no hubiesen alcanzado una ley, restringiendo el nmero de los que en adelante debieran entrar en Roma.445 En Judea hizo lidiar Agripa en un solo da 700 pares.446 En tiempo de Domiciano se peleaba hasta de noche a la claridad de antorchas,447 y cuando Trajano triunf de los dacios, los espectculos duraron 123 das, pues que combatieron 10 000 gladiadores.448Cmodo divirti a Roma con casi 1 000 combates,449 y Gordiano le ofreci 12 en un ao, lanzando a veces 1 000 gladiadores, y nunca menos de 300.450 Estas cifras por s solas manifiestan la muchedumbre de esclavos destinados a tan espantosa carnicera. Algunos emperadores trataron de disminuirla; pero tan sangrientos juegos no se prohibieron hasta Constantino en 325, ni cesaron enteramente hasta el reinado de Honorio.451Prisioneros esclavizados y criminales condenados divirtieron tambin a los romanos en las representaciones de combates navales llamados naumaquia Dironse al principio en el Circo Mximo, y despus en otras partes. Con tal objeto hizo Augusto un lago cerca del Tber,452 y Domiciano una naumaquia.453 Los combatientes, que llevaron el nombre de naumachiarii, deban pelear hasta la muerte, a menos que la clemencia del emperador les salvase la vida.454A los combates gladiatorios y naumticos sucedieron los espectculos de la escena introducidos de Etruria, para aplacar la clera del cielo, cuando una peste horrorosa desolaba a Roma.455 En su origen, estas representaciones slo consistieron en una danza ejecutada a la moda toscana y al son de una flauta;456 pero despus se fueron variando y perfeccionando hasta elevarse a la comedia, la tragedia, y la pantomima. Envilecido el ejercicio de estos espectculos por la opinin y por la ley, empleronse en ellos, gente baja y esclavos,457 que educados al efecto, se alquilaban o vendan, solos o en compaas,458 pues hubo empresarios que anduvieron de pueblo en pueblo dando representaciones. Por ltimo, ocupronse los esclavos hasta en las tristes funciones de la muerte. Los pollinctores (pellis unctores) que frotaban con perfumes la piel de los cadveres,459 fueron propiedad de los libitinarios ,460nombre que se dio a los empresarios de las ceremonias fnebres, porque tenan a su cargo el templo de Venus Libitina, donde se guardaban los objetos necesarios para los funerales.461 Esclavos fueron igualmente

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JOS ANTONIO SACO /281 /281 /281 /281 /281 los vespillones o lecticarii, as llamados, porque llevaban en sus hombros los cadveres462 al lugar donde deban ser enterrados o quemados. Digo enterrados, porque as lo hicieron los romanos al principio;463 pero despus empezaron a quemarlos, imitando a los griegos.464 Esta costumbre se generaliz a fines de la repblica,465 y en tiempo de los emperadores ya fue casi universal; mas, con el cristianismo se fue aboliendo paulatinamente, y al terminar del siglo cuarto, no exista.466Tal fue el inmenso nmero de ocupaciones rsticas y urbanas a que se destinaron los esclavos en Roma. Sobre este punto el italiano Lorenzo Pignorio escribi una obra especial en el siglo decimosptimo. Popma escribi tambin sobre el mismo asunto; y W. Blair trae en el captulo VI de su obra una tabla en latn, con los nombres correspondientes en ingls, de las diferentes ocupaciones de los esclavos, cuyo nmero asciende a ms de 260. Pignorio lo eleva a ms de 300, a pesar de que omiti algunas que Gruter menciona en su coleccin de inscripciones sepulcrales. De advertir es que hubo esclavos especiales para ciertas funciones; mas, no para cada una de ellas, pues frecuentemente se acumularon muchas en unos mismos. Los lacayos de tico podan desempear perfectamente las funciones de lectores y amanuenses.467 Marcial nos representa unos mismos esclavos entregados a diversas tareas en la quinta de Faustino, situada en las mrgenes de Baya.468 Plinio, el Joven emple algunas veces sus esclavos urbanos en trabajos rsticos;469y hechos semejantes aparecen de las inscripciones de algunos monumentos sepulcrales.470No obstante la prodigiosa muchedumbre de esclavos que tuvo Roma, dedicronse todava algunos brazos libres a la agricultura y a las artes. Catn numera entre los trabajadores rsticos al esclavo y al hombre libre, quien a veces cultivaba las tierras, recibiendo la novena, la octava, la sptima y hasta la quinta parte de los frutos que producan.471 Varrn dice, que en la agricultura se empleaban esclavos y hombres libres, ora juntos, ora separados; y que los libres eran o asalariados, o en su mayor parte pequeos propietarios que labraban la tierra con sus familias.472 Otras veces, el hombre libre la arrendaba al propietario y la cultivaba por su cuenta. Cuando el propietario no poda visitar sus tierras con frecuencia porque resida a larga distancia de ellas, entonces le era ms til arrendarlas a colonos que cultivarlas por esclavos. Dbase en general la preferencia a libres jornaleros en los servicios transitorios o de corta duracin, porque de este modo el propietario no se gravaba con esclavos que le seran intiles la mayor parte del tiempo. Lo mismo se haca cuando las tierras eran insalubres, porque peligrando en ellas la vida de los esclavos, el amo sufra grave quebranto con su muerte.473

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 282\ 282\ 282\ 282\ 282\ De esclavos y brazos libres empleados en la agricultura habla tambin Columela; y despus de dar algunos consejos sobre su manejo, opina, con el opulentsimo Volucio, que los ms tiles son los que han nacido en la misma heredad, porque “adheridos a ella desde la cuna, la miran como su patrimonio”.474 En apoyo de los autores geopnicos viene el testimonio de Plinio, el Joven, el cual tena labradores libres en su heredad, y dice tambin que los haba en otra que quera comprar.475En la granjera pecuaria empleronse tambin brazos libres, y para que stos no menguasen, Csar mand que los criadores de ganados tuviesen a lo menos un tercio de pastores libres.476En las ciudades hubo plebeyos que ejercitaron las artes. Cuando se descubri la conjuracin de Catilina, los libertos de Lntulo y algunos de sus clientes recorrieron los talleres de Roma, incitando los artesanos libres a la sedicin.477“Dcese, as habl Cicern en el Senado, que un agente de Lntulo recorre la mansin del pobre y los talleres del artesano, con la esperanza de seducir, a fuerza de dinero, las almas simples y crdulas. S, hase tratado de sublevar a los artesanos: pero no se han encontrado entre ellos ni tan miserables, ni tan perdidos que no quisiesen conservar el modesto asilo en donde un trabajo diario satisface a sus necesidades, el lecho en que reposan y el curso mismo de sus hbitos pacficos. Yo no temo decirlo: esta clase industriosa es, por su posicin, amiga del reposo y de la tranquilidad. Todas las ganancias de su trabajo, todos sus medios de existencia necesitan, para sostenerse, de una grande poblacin. Slo la paz alimenta su industria. Si sus utilidades disminuyen cuando estn cerrados los talleres, qu no ser cuando fueran consumidos por las llamas?”478Csar, al disolver las corporaciones de su tiempo, respet aquellas que haban sido fundadas en las primeras edades de Roma;479 cuales fueron sin duda las de artesanos y otras establecidas por Numa.480 Las sentencias de los jurisconsultos y lo dems que se dir, prueban tambin, que, en medio de la muchedumbre de esclavos que abarcaron tantas ocupaciones, siempre hubo en la sociedad romana personas libres que se dedicaron a las artes. Expuestos ya los copiosos orgenes de la esclavitud en Roma, la inmensa muchedumbre de sus esclavos y las diversas tareas a que se destinaron, pasemos a investigar los diferentes precios en que se vendieron. Singular espectculo present el mercado de esclavos en Roma, pues a l se llevaron de todas clases, edades y naciones. Si en Atenas slo se sacaron a venta pblica el primero de cada mes, en Roma hubo mercado diario en la Va Sacra,481 en el campo de Marte,482 en la calle Toscana,483y en el templo de Venus donde se exponan las cortesanas.484 Los muchachos hermosos destinados a placeres impuros tenanse reservados y

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JOS ANTONIO SACO /283 /283 /283 /283 /283 ensebanse en un tablado con rejas ( catasta ) a slo los aficionados que saban apreciarlos.485A los esclavos introducidos de pases ultramarinos blanquebanseles los pies con greda,486 y si eran del oriente taladrbanseles las orejas.487Los prisioneros de guerra vendanse sub hasta porque donde estaba el pregonero se pona una lanza; o sub corona porque se les colocaba una en la cabeza488 como signo de la victoria sobre ellos alcanzada. Cuando los esclavos se presentaban con gorro ( pileus ), era indicio de que el vendedor no responda de sus defectos.489Para realzar el mrito de los esclavos, valanse los traficantes de varios artificios.490 Hacanlos mover, saltar, cantar y lucir otras habilidades.491Daban redondez y gracia a sus descarnados miembros, frotndoles todo el cuerpo con trementina caliente, pues crean que esta sustancia dilataba la piel y pona al hombre en aptitud de engordar.492Para que apareciesen ms muchachos, arrancbanles los vellos, signos de la pubertad,493 y aun se dice que detenan su crecimiento, frotando las partes donde salen con huevos de hormigas y sangre de los testculos de cordero.494Un papel colgado al pescuezo del esclavo495 anunciaba sus buenas cualidades;496 mas, para impedir fraudes, mand el pretor que tambin se indicasen sus defectos.497Anuncibase a veces con anticipacin la venta de los esclavos,498 y efectubase, o por cabeza, o en lotes, juntando buenos con malos, y viejos con jvenes.499 Para ser mejor visto de los circunstantes, subase sobre una piedra el esclavo en venta.500Examinbalo el comprador atentamente, hacindolo desnudar,501 y en ciertos casos reconocer por un mdico.502 Era la epilepsia una de las enfermedades que ms se procuraba descubrir, lo que se consegua, segn Plinio y Apuleyo, quemando el azabache (gagates), as llamado de la ciudad y ro Gages en Licia, e inspirando el esclavo sus vapores.503Dicen que lo mismo aconteca, cuando se haca girar en su presencia el torno o rueda de un alfarero.504 Estas precauciones, de cuya eficacia no puedo responder, inducen a sospechar que la epilepsia no era enfermedad rara en aquellos tiempos. En su sencillez rstica y militar poco aprecio hicieron los primeros romanos de la plata, oro, joyas y otros objetos de lujo, a los que llamaron cosas no mancipi; mas, tuvieron en alta estima los predios rsticos y urbanos del suelo itlico, el caballo que los conduca en la guerra y en la paz, el mulo y el asno que llevaban las cargas, el buey que surcaba las tierras, y el esclavo que las labraba. A todas estas cosas dioseles el nombre de mancipi .505 En los primeros aos de Roma, casi encerrados sus moradores dentro de los muros de ella, codiciaron estos objetos como indispensables para la vida. Buscronlos en la guerra con las naciones

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 284\ 284\ 284\ 284\ 284\ vecinas, y adquirindose por la conquista, pertenecieron al Estado, el cual repartiolos como don precioso entre los primeros romanos. As lo hizo Numa, su segundo rey.506De la importancia que se dio a las cosas mancipi naci que no pudieran adquirirse ni enajenarse del mismo modo que las no mancipi; y como el Estado era quien daba su propiedad, l tambin era quien deba intervenir en su enajenacin. As fue que el acto por el cual sta se haca llamose mancipacin (mancipatio): acto tan solemne, que en l intervenan la religin, la autoridad pblica, y cierto nmero de testigos, pronuncindose una forma de palabras especialmente establecida.507Con el transcurso del tiempo enriquecironse los romanos, y sus costumbres se alteraron; mas, no por eso se cambi el modo de enajenar los esclavos que eran una de las cosas mancipi. De estas frmulas jurdicas que deban observarse rigorosamente, aprovechronse los hombres de mala fe en la venta de los esclavos, pues vendindose sin la mancipacin, el incauto comprador crea muchas veces haber hecho buen negocio adquiriendo barato el esclavo; pero como la venta era nula por faltarle los requisitos esenciales de la ley, presentbase un pcaro confabulado con el vendedor reclamando la propiedad de aqul. A esto alude Plauto en su comedia del Persa .508 Tales abusos no empezaron a corregirse sino cuando el pretor dio al comprador la excepcin de dolo, o la excepcin de cosa vendida y entregada (rei vendit et tradit). Muy astutos y dolosos los traficantes, el comprador era muchas veces vctima de sus engaos; y para no dejarlo expuesto a sus tiros, los ediles, usando de sus atribuciones sobre los mercados y ventas que en ellos se hacan, publicaron un edicto que deca: “Los vendedores de esclavos deben manifestar a los compradores las enfermedades o vicios de cada uno; si se ha huido, si es vagabundo, y si no est libre de toda obligacin judicial. Todas estas declaraciones deben hacerse en voz alta y pblicamente al tiempo de la venta. Si un esclavo es vendido contra estas estipulaciones generales, o si no corresponde a las cosas afirmadas o prometidas cuando se verific la venta, nosotros daremos juicio al comprador o a cualquiera otro que tenga derecho para que el esclavo sea devuelto (redhibeatur) Lo mismo ser, si un esclavo ha cometido algn crimen capital, si ha intentado suicidarse, o si ha bajado a la arena para combatir con las fieras: todo esto se debe declarar en la venta; pues por tales hechos daremos juicio. Adems, si alguno es acusado de haber vendido, con conocimiento de causa y por fraude contra estos mandatos, daremos juicio”.509Todos los casos comprendidos en este edicto dieron derecho al comprador para devolver el esclavo dentro de seis meses, contados desde que se hizo la venta, usando de la accin redhibitoria.510 Pero si los de-

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JOS ANTONIO SACO /285 /285 /285 /285 /285 fectos fsicos o morales del esclavo, callados maliciosamente por el vendedor, no eran de tanta gravedad como los anteriores, entonces el comprador poda intentar dentro de un ao la accin estimatoria o quanto minoris para que el vendedor le descontase del precio recibido, cuanto menos valiese el esclavo en razn del vicio o lesin que padeca.511Referir todos los casos en que la legislacin romana dio al comprador esas dos acciones, sera traspasar los lmites de la historia, cayendo en un tratado de jurisprudencia.512 Sin embargo, mencionar, que el comprador poda usar de la accin redhibitoria cuando el vendedor no declaraba si el esclavo era recin importado (novitius), o antiguo (veterator). El jurisconsulto Celio deriva este ltimo nombre del gnero de servicio a que se destinaba el esclavo, y no del tiempo que serva;513 pero Marciano, ms acertadamente, llam veterator514 al que haba servido un ao continuo en la ciudad; y novitius al que menos tiempo. Preferase generalmente el novitius al veterator porque no habiendo contrado como ste los vicios de Roma, era ms dcil bajo la rienda del amo. Siendo, pues, ms buscado, y pagndose por lo mismo mejor, el traficante los interpolaba para vender al veterator como novitius .515Exigiose tambin del vendedor, que manifestase la nacin a que perteneca el esclavo, pues este conocimiento daba un indicio de su carcter, e influa en la decisin del comprador.516 Crease, que los dlmatas eran feroces; los cretenses, embusteros; los misios,517 sirios,518 bitinios y capadocios, robustos y excelentes para llevar lecticas y otras cargas;519los frigios, tmidos; los jnicos, hermosos; y los muchachos alejandrinos, obscenos en sus chistes.520 Los negros, muy estimados al principio por su rareza, fueron despus envilecidos; as fue, que cuando un rico romano convidaba a comer a sus clientes, gente parsita y no bien mirada en Roma, l se haca servir por un elegante esclavo del Asia, mientras que un negro era quien llenaba la copa de aqullos.521 Los epirotas eran buenos para casados;522 los galos, excelentes pastores, sobre todo de acmilas:523 los bretones tenan alta estatura,524 circunstancia que influy en que Augusto los destinase al servicio del teatro:525 las gaditanas se distinguan por su canto seductor y danzas voluptuosas:526 los sardos fueron de tan ruin calidad que se vendan bajo el pregn que pas despus en proverbio: “Sardos de venta, uno peor que otro” (Sardi venales, alius alio nequior527) : y los corsos, peores que todos por su indomable y feroz carcter.528 “Es un espectculo singular, dice Strabn, ver su ferocidad y estupidez. O desdean vivir, o permaneciendo en una apata e insensibilidad absoluta, fatigan a sus amos y bien pronto los hacen arrepentir de haberlos comprado, aunque haya sido en muy corta cantidad”.529A pesar de todas las precauciones de la ley, el vendedor a veces las eluda astutamente, pues indicaba con tanta destreza aun las faltas gra-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 286\ 286\ 286\ 286\ 286\ ves del esclavo, que las haca aparecer como insignificantes. El siguiente rasgo de Horacio pinta la travesura de un mangn. “Floro, un esclavo est de venta, y se te le propone. Naci en Tibur o en Gabia: ‘Mirad, dice su amo, ¡qu blanca piel! Es hermoso de pies a cabeza. Pues bien, dadme 8 000 escudos, y es vuestro; es un lacayo precioso; comprende un gesto, una ojeada. La lengua griega le es familiar, pues se ha penetrado de ella. No hay talento que no posea; es una blanda arcilla que recibir todas las impresiones. Adems, canta, sin arte, es verdad, pero no sin dulzura y juzgaris de ello en la mesa. Yo s que prometer mucho excita desconfianza. No sienta bien al vendedor realzar demasiado su mercanca. A m nada me apura, y aunque pobre, nada debo. No hay traficante que os trate tan bien como yo, ni con ningn otro, sera yo tan acomodadizo. A propsito, una sola vez se olvid de s; como se hace comnmente, corri a esconderse en las escaleras por temor del ltigo. Hagamos, pues, negocio, si la falta os parece venial’ ”.530El comprador est ya advertido de la tacha del esclavo, y si entrega el dinero, nada puede reclamar en justicia contra el vendedor, pues que ste ya ha indicado que se haba huido una vez. Los esclavos pagaban a su importacin un derecho; y los eunucos introducanse de varios pases, principalmente de la Persia. De ellos se habla en una lista de mercancas sujetas al impuesto, hecha por el jurisconsulto Marciano, y conservada en una ley del Digesto .531Todo traficante deba declarar el nmero de esclavos que introduca, y si se equivocaba, era condenado a pagar dobles derechos por cada esclavo omitido, aunque alegase buena fe.532 Si la importacin se haca por contrabando, los esclavos eran confiscados.533 Muchos fraudes cometieron los mangones para eludir la contribucin que haban de pagar. Cuenta Suetonio, que ellos introdujeron en Brindis un muchacho hermoso de gran valor, con la toga y la bula de ciudadano. Vendido en Roma y descubierto el engao, declarsele libre fundndose en que as lo haban querido los mismos importadores al ponerle aquellas insignias, smbolos de libertad. En medio de las vicisitudes del mundo romano, experimentolas tambin el impuesto que se pagaba por los esclavos importados; y curioso es mencionar lo que acerca de este punto se ha descubierto en el presente siglo. En la primavera de 1858 hacanse en Argel, por orden de Si-Mokar, caid de los ouled sallam, en la subdivisin de Batna, unas excavaciones para construir un molino de agua en las minas de Zraa, la antigua colonia Julia Sarai; y all se descubri una tarifa de lo que en el ao 202 de la era cristiana se pagaba en las aduanas por los esclavos y otros efectos introducidos en aquella regin. Exigiose, pues, en dicha tarifa por un esclavo 1 dinero; por cada mulo, mula, caballo o yegua 1 dinero; y as sucesivamente por otros animales. Mas, aqu es de no-

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JOS ANTONIO SACO /287 /287 /287 /287 /287 tar que los esclavos fueron equiparados a los caballos y mulos. Tambin lo es que dicha tarifa se form viviendo todava el clebre jurisconsulto Papiniano, por quien sabemos que la ley tasaba entonces los esclavos en 20 slidos de oro, equivalentes a 500 francos.534Adems del derecho que pagaban los esclavos a su entrada en el territorio romano, impsose otro a la venta de cada uno: ste era la vigesimaquinta parte de su valor; o sea, el 4 %. Por mucho tiempo, pagolo el comprador; mas, deseando Nern aliviar a ste, suprimiolo, echndolo sobre el vendedor, quien aumentando el precio del esclavo en proporcin al valor del impuesto, pronto se conoci que el comprador no sacaba provecho alguno del cambio hecho por Nern.535El precio de los esclavos vari extraordinariamente segn su abundancia o escasez, su patria, la tarea o profesin que ejerca, su aptitud para desempearlas, y la riqueza, gustos y aun caprichos del comprador. De notar es que en un pas donde se vendieron tantos esclavos, y en donde hubo de ellos mercado diario, hayan quedado tan pocas noticias acerca de su precio.536 De la fundacin de Roma al imperio de Justiniano 13 siglos corrieron; y en los cinco primeros no se encuentra vestigio alguno que pueda revelarnos el precio de los esclavos en Roma. Verdad es que Anbal y el dictador Fabio Mximo convinieron en rescatar sus prisioneros hombre por hombre, y en su defecto, pagar por cada uno 2 libras y media de plata romana.537 Cada libra equivala segn Plutarco a 100 dracmas griegas,538 y como cada dracma representa un valor de 87 cntimos franceses segn unos autores, y de 92, segn otros, resulta que el precio del rescate de cada prisionero fluctuara entre 217 y 230 francos.539El mismo Anbal, despus de la batalla de Cannas, pidi por cada jinete un rescate de 500 numos cuadrigatos (388 frs.); por cada pen romano 300 cuadrigatos (234 frs.); por cada aliado 200 cuadrigatos (156 francos); y por cada esclavo 100 cuadrigatos540 (78 francos).541Inferiores debieron de ser estos precios a los que entonces tenan en Roma los esclavos, no slo porque los 8 000 que en aquellas circunstancias arm el Senado, los compr a precio ms alto que el que le peda el enemigo por los prisioneros,542 sino porque Anbal necesitaba de dinero para los gastos de la guerra, y rale adems muy gravoso mantener y llevar consigo el gran nmero de prisioneros que hizo en aquella batalla. Casi por ese mismo tiempo damos con otro dato que puede acercarnos algo ms a la verdad. Catn, el Censor naci a los 520 aos de Roma, o 234 antes de la era cristiana, y Plutarco dice, que aquel romano jams pag por esclavos robustos que saban curar caballos y manejar bueyes, ms de 1 500 dracmas.543 Como Plutarco era griego, siempre que habl de monedas en sus Vidas de Hombres Ilustres redjolas a la dracma griega, tomando sta por equivalente de dinero (denarius) cuyo valor

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 288\ 288\ 288\ 288\ 288\ en su tiempo era casi igual al de la dracma, y, por consiguiente, las 1 500 representaran unos 1 304 francos. Pero entre Catn y Plutarco mediaron casi tres siglos, y valiendo menos el dinero en tiempo de aqul que de ste, los 1 500 dineros debieron ser 1 164 francos. Este dato indica solamente el precio mximo que pagaba Catn por un buen esclavo rstico. Mas, cul fue el valor a que se vendieron entonces los de inferior calidad, o que se dedicaban a diferentes ocupaciones? La historia guarda silencio. Ya en el siglo de Catn, haba el lujo invadido a Roma, y durante su censura trat de reprimir el gran nmero de esclavos que ostentaban los romanos. Con este objeto, decidi que los esclavos de menos de 20 aos de edad vendidos despus del ltimo censo en 10 000 ases (776 frs. 30 cnt.), a lo ms fuesen tasados diez veces ms alto que lo que haban costado, echndoles un impuesto de 3 ases por 1 000.544 Pero de aqu no puede inferirse cul fue entonces el verdadero precio de los esclavos, no slo porque aquella contribucin se limit a los que haban costado 10 000 ases, sino porque no se hace distincin de sexos, ocupaciones, ni otras circunstancias indispensables para llegar a un exacto resultado. Sin salir del mismo siglo sexto de la fundacin de Roma, pues que Plauto fue contemporneo de Catn, aquel autor dramtico nos ofrece en muchas de sus comedias los precios en que supone fueron vendidos los esclavos de ambos sexos. A falta de otros datos, correspondientes a aquella poca, presentar aqu la diferencia de precios que l da en sus comedias. Dos nias de pocos aos robadas en Cartago con su criandera fueron vendidas todas tres en 18 minas de plata545 (1 565 francos). El muchacho Filopolemo, hijo de Hegin, tambin robado, fue vendido en 6 minas546 (poco ms de 521 francos). La joven esclava llamada Fenicia fue vendida en 20 minas,547 o 1 740 francos. La cortesana Filemacia es libertada por un joven en 30 minas548 o 2 600 francos. La muchacha Ampelisca alcanza tambin su libertad por el mismo precio.549 En igual cantidad, sin comprender la ropa y alhajas, es vendida la esclava Planesia.550Un joven enamorado compr una hermosa prisionera en 40 minas,551o 3 480 francos. Una tocadora de lira fue vendida en 50 minas,552 o 4 350 francos. A la misma cantidad subi una esclava cortesana, que un padre y un hijo se disputaron en una venduta, sin atreverse a confesar ninguno de los dos que la quera para s.553 Hombre hubo que dio por una linda muchacha hasta 60 minas,554 o 5 215 francos. Aunque el fondo de las comedias de Plauto fue griego en los asuntos y en los personajes, l introdujo a veces en ellas las costumbres de Roma; pero los precios de los esclavos que hace figurar en la escena, son puramente arbitrarios, porque no los tom del mercado romano. Esta consi-

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JOS ANTONIO SACO /289 /289 /289 /289 /289 deracin, por s sola, basta para que seamos cautos, y que no los aceptemos como expresin de la verdad. Vironse, sin embargo, en tiempos posteriores esclavos vendidos a precios mucho ms altos que los de Plauto en sus comedias. Tales fueron los de lujo y los destinados al placer o vanidad de sus amos. Sucedi a Plauto en las glorias del teatro el esclavo Terencio, quien menciona la venta de una negrita y un eunuco en 20 minas los dos.555Pero este precio no puede servir de tipo, porque entonces, as los negros como los eunucos, eran muy raros en Roma; y los primeros luego que abundaron en ella, considerronse, segn he dicho ya, como esclavos muy inferiores. Dos siglos despus de Plauto, Horacio en una de sus stiras introduce como interlocutor a un esclavo, el cual dice, que fue comprado en 500 dracmas.556 Este precio manifiesta que el esclavo era de servicio ordinario, pues los de lujo o de placer llegaban en aquella misma poca a cantidades muy elevadas. Pintando el mismo poeta la astucia de los traficantes, en una epstola a Julio Floro, supone vendido en 8 000 numos (2 150 frs.) un muchacho hermoso y de talento.557Ms variedad en los precios ofrece el poeta Marcial. Brlase ste de Febo por haber dado 100 000 sestercios558 (casi 2 5000 frs.), por un muchacho que l no quiso comprar en esa cantidad.559 Censura a Melicho por haber adquirido una esclava en igual suma.560 Habla tambin de muchachos esclavos comprados cada uno en 100 000 y hasta en 200 000 sestercios.561 Menciona igualmente una muchacha esclava de reputacin muy equvoca, que no se vendi en 600 sestercios por la torpeza del pregonero.562 Mfase de Caliodoro por haber vendido un esclavo en 1 300 numos; para bien cenar, aunque cen mal.563 Por ltimo refiere la venta de algunos esclavos jvenes en 100 000 sestercios.564Despus de los precios en cierta manera arbitrarios a que aluden los poetas latinos, vengamos a los verdaderos tomados del mercado de Roma. Columela, que escribi en el primer siglo del imperio, lamenta la costumbre de comprar a bajo precio o de escoger entre los criminales vendidos en subasta, los esclavos viadores. l quera que para conseguirlos buenos se pagasen por ellos hasta 8 000 sestercios que equivalan a unos 2 000 francos. Pero ese mismo deseo, y la prctica en contrario que l cita, prueban claramente que aquella cantidad no fue el precio corriente de los esclavos viadores.565Pasemos ahora a considerar el valor de los esclavos de lujo y de placer a fines de la repblica y primeros tiempos del imperio. Los cocineros, como se ha dicho en su lugar, fueron los ltimos de los esclavos; pero cuando empez a introducirse el lujo del Asia, entonces tambin comenzaron a venderse muy caros,566 y los aventajados en el oficio se pagaron hasta en 4 talentos567 (20 865 francos).

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 290\ 290\ 290\ 290\ 290\ Tito Minucio, arrebatado de amor por una esclava, comprola en 7 talentos ticos,568 que equivalan a 38 656 francos. Doscientos mil sestercios arranc Toranio, traficante de esclavos, al triunviro Marco Antonio por dos hermosos muchachos de semejanza tan extraordinaria, que se los vendi por gemelos; mas, el engao se descubri por la diversidad de lenguas que hablaban, pues uno haba nacido en Asia y otro en las Galias. Antonio quiso castigar a Toranio, pero ste desarm su clera, dicindole, que por eso cabalmente se los haba vendido tan caros, pues nada tena de extrao que se pareciesen dos seres habidos en una misma madre, mientras era una maravilla encontrar tan perfecta semejanza en dos personas nacidas en pases diferentes, y que no tenan el ms remoto parentesco. Salida tan aguda cautiv a Antonio, y desde entonces los supuestos gemelos fueron su delicia.569Cien mil sestercios pag el ridculo Calvisio Sabino, de quien he hablado ya, por cada uno de los 11 esclavos que de memoria se aprendieron a Homero, Hesodo, Pndaro y a otros poetas:570 y en tiempos posteriores compr en igual cantidad a una hermosa cortesana el infame Heliogbalo.571Lutorio Prisco dio por Pezn, uno de los eunucos de Sejano, 500 000 sestercios (125 000 frs.) segn unos, y 50 millones de sestercios segn otros (12 500 000 frs.). Esta enorme divergencia proviene del modo de leer las cifras de Plinio;572 pero yo me inclino a la primera cantidad, porque la segunda es tan extraordinaria que jams se ha visto en la historia de la esclavitud antigua ni moderna. Los enanos se vendieron tambin con mucha estimacin. Uno llamado Canopas, de dos pies y un palmo de alto (809 mm), era el encanto de Livia, la nieta de Augusto.573 Domiciano asista a los combates del circo con un enano a sus pies, vestido de escarlata,574 cuando a la pequeez se juntaba la deformidad, entonces el enano era mucho ms estimado, y los viles traficantes, arrastrados del inters, inventaron medios horribles para producir monstruos, ya impidiendo el desarrollo de la naturaleza, ya dislocando atrozmente las partes del cuerpo humano.575Por el inmenso provecho que a sus amos dejaban, altos precios alcanzaron los gladiadores, gramticos y cmicos. De los primeros slo he encontrado un dato; pero no puede servir de regla. Hallbase el malvado Calgula en una venduta, a la sazn de estarse rematando 13 gladiadores; y como l viese a Aponio Saturnino dormitando y cabeceando en un banco, dijo al vendutero con aire burlesco y maligno: “Observo que ese antiguo pretor me hace seas con la cabeza, que siempre puja”. Y Calgula no ces de pujar, hasta que los 13 gladiadores llegaron a 9 millones de sestercios (2 250 000 frs.); cantidad en que los hizo adjudicar a Saturnino.576M. Scauro compr al gramtico577 Lutacio Dafno en 700 000 sestercios578 (175 000 frs.); y despus de haber sacado grandes ganan-

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JOS ANTONIO SACO /291 /291 /291 /291 /291 cias con las lecciones que daba el esclavo, vendiolo a Quinto Ctulo en 200 000 sestercios579 (50 000 frs.). No todos los gramticos alcanzaron precios tan elevados, pues hubo algunos tan ineptos que se vendieron en 5 minas (434 frs.). De los cmicos, ya Plinio ha dicho, que en su tiempo algunos dieron por su libertad mucho ms de 700 000 sestercios:580 y no es extrao que as fuese, pues del pleito seguido entre el cmico Quinto Roscio y Fannio, propietario de un esclavo tambin cmico, aparece que aqul ganaba anualmente en Roma 300 000 sestercios (75 000 frs.), y la actriz Dionisia, su contempornea, 200 000 sestercios (50 000 francos).581stas son las noticias que nos dej la Antigedad acerca del precio de los esclavos en Roma. Muy incompletas son, porque slo se refieren a ciertos perodos de la vida de aquella nacin; pero aun as, se puede asegurar que los esclavos de lujo o de placer tuvieron un precio incomparablemente mayor que los empleados en el trabajo de los campos o de la ciudad. Esta diferencia forma un contraste entre la esclavitud antigua y la moderna, pues siendo la ndole de sta ms para provecho que para vana ostentacin del amo, el valor de los esclavos est en razn directa de la utilidad que producen. Algunas leyes de la poca del imperio fijaron en ureos o slidos582 el valor de los esclavos. Hbolos, pues, tasados en 5 ureos (125 frs); en 8 (200 frs.); en 10583 (250 frs.), y en 20584 (500 frs.). Pero no se puede asegurar, que stos fuesen los precios corrientes del mercado, pues no fueron ms que ejemplos de que se valieron los jurisconsultos para resolver las dificultades que pudieran ocurrir. Quiz esos precios se acercaran al valor mximo, mnimo o medio de los esclavos; pero en esta incertidumbre tales datos no tienen toda la fuerza en que deben descansar las aserciones histricas. Ms confianza merecen los precios que mencionan otras leyes. Trtase en ellas de los libertos que habiendo gozado por algn tiempo de libertad, se vean expuestos a perderla por ser nulo el testamento o acto en que la recibieron; y deseando los emperadores asegurrsela, sin atacar el derecho de propiedad, mandaron que tales esclavos fuesen libres, pagando a los interesados que los reclamasen la cantidad de 20 slidos de oro585 (500 frs.). Este precio, igual para todos los esclavos, sin atender al sexo, edad y diferente aptitud para el trabajo, manifiesta que el legislador se inclin a favorecer la libertad, y que por lo mismo, ira a buscar no el valor mximo, sino el medio de los esclavos ordinarios. Esta conjetura se robustece, al ver que Constantino impuso al que abrigaba un esclavo prfugo la obligacin de restituirlo a su dueo, dndole adems otro igual, o en su defecto, 20 slidos de oro.586 Debe, sin embargo, advertirse, que desde el tiempo de aquel emperador ya el slido no vala sino 15 francos 53 cntimos; de manera, que los 20 slidos slo ascendieron a 310 francos 60 cntimos.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 292\ 292\ 292\ 292\ 292\ Recorriendo la serie de emperadores que sucedieron a Constantino, es menester bajar hasta Justiniano, para encontrar una tarifa de los esclavos. sta se halla en dos leyes, de las cuales, la primera se refiere a la divisin de una herencia, entre varios coherederos; y como a uno de stos hubiesen tocado por suerte todos los esclavos, l pag a los dems en dinero la porcin que les corresponda.587 La segunda ley se contrae a los casos en que se da libertad a esclavos pertenecientes a muchos amos,588 y la escala del precio mximo que en ambas se fija, es la siguiente: SlidosFrancos Los esclavos de ambos sexos, hasta 10 aos de edad .......................................10151 Los de ambos sexos mayores de 10 aos que no t enan ofic io.......................20302 Los mismos que tenan oficio .............................30453 Los que podan ser amanuenses ........................50755 Los mdicos y parteras .......................................60906 Los eunucos menores de 10 aos .......................30453 dem. de mayor edad no artesanos ...................50755 dem. dem. artesanos. ........................................701 057 Aunque es imposible confrontar esta tarifa con otra de pocas anteriores, porque ninguna ha llegado hasta nosotros, bien se puede asegurar que es muy baja, y que en tan reducidos precios debi influir no slo la menor necesidad que entonces haba de esclavos por estar ya rehabilitado el trabajo libre, sino el concurso de varias causas que favorecan la abolicin de la esclavitud.Notas1Justiniani, Institutiones lib. I, tt. III, § 4. 2Gaii Institut. Coment ., I, § 55. Institut Just ., lib. I, tt. IX, § 2. 3Valer. Mxim., lib. V, cap. VIII. 4Dionis. Halicarar., lib. II, cap. IV. Valer. Mxim., lib. V, cap. VIII. Quintiliano, Declam 5Leges XII Tabularum, Tab. 4a. 6Plutarc., Numa § 22. 7Dionis. Halicarar., lib. II, cap. VIII. 8Si pater filium ter venum duit, filius a patre liber esto. Ley inserta en la 4 de las Doce Tablas. Ulpiano, Fragmenta tt. X, § 1. Gaii Inst. Coment ., 1, § 132, y IV, § 79.

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JOS ANTONIO SACO /293 /293 /293 /293 /2939 Libertati a majoribus tantum inpensum est, ut patribus, quibus jus vitae in liberos, necisque potestas (olim) erat permissa, libertatem eripere non liceret ( Cod Just ., lib. VIII, tt. XLVII, ley, 10.) 10 Dig ., lib. XXXVII, tt. XII, ley 5. 11 Dig ., lib. XLVIII, tt. IX, ley 5. 12 Cd. Just ., lib. VIII, tt. XLVII, ley 3. 13 Cd. Just ., lib. IX, tt. XVII, ley nica. 14 Cd. Just ., lib. VIII, tt. LII, 1. 2. 15Controv., V, 33. 16Suetonio, de Illustr Gramm ., lib. nico, § 7. 17 Declam ., 278. 18Plin., lib. X, epist. 71. 19Plin., lib X, epist. 72. 20 Justin. Inst ., lib. I, tt. III, § 4. 21Festus, Fragment 22Varrn, De Re Rustica lib. I, § 17. 23Columela, lib. I, § 8. 24 Justin. Inst ., lib. I, tt. III, § 4. 25Tit. Liv., lib. II, cap. XXIII, y lib. VIII, cap. XXVIII. 26Varr., De Lingua Latina lib. VII, § 105. 27XII Tablas, Tab. III. 28Tit. Liv., lib. VI, cap. XXXVI. 29Tit. Liv., III, cap. LVII. 30XII Tablas, Tab. III. Aul. Gel., Noct. Attic ., lib. XX, cap. I. 31Quintil., Institut Orator ., lib. VII, cap. III. 32Aul. Gel., Noct. Attic ., lib. XX, cap. I. 33XII Tablas, Tab. III. Quintil., Instit Orat ., lib. III, § 6. Tertuliano, Apologet ., cap. IV. 34Aul. Gel., lib. XX, cap. I. 35Tit. Liv., lib. IV, cap. LX. 36Tit. Liv., lib. II, cap. XXIII. 37Tit. Liv., lib. II, cap. XXIII. 38Tit. Liv., lib. II, cap. XXIV. 39Tit. Liv., lib. II, cap. XXVII-XXXII. 40Tit. Liv., lib. II, cap. XXVII. 41Tit. Liv., lib. VIII, cap. XXVIII. 42Tit. Liv., lib. VIII, cap. XXVIII. 43Tit. Liv., lib. XXIII, cap. XIV. 44 Publicanos eran los que arrendaban las rentas del Estado. 45Diod. Sic., Fragm ., lib. XXXVI, cap. III. 46Plutarc., Vida de Sila § 32. 47Plutarc., Vida de Lculo § 11 y 29.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 294\ 294\ 294\ 294\ 294\48Joseph, Antiged Judaic ., lib. XIV, tt. XII. 49Vase el apndice no. XXIII. 50Tcit., Anal ., lib. IV, cap. LXXVII. 51Dionis. Halicar., lib. IV, 15. Cicer., Pro Cecina ., § 34. Valer. Mxim., lib. VI, cap. III, § 4. 52Aul. Gel., Noches ticas lib. XX, cap. I. 53 Dig ., lib. XL, tt. XII, ley 1. 54 Dig ., lib. XL, tt. XII, ley 7, y tt. XIII, 1.1 y 3. 55 Dig ., lib. I, tt. V, ley 21. 56 Dig ., lib. XXIX, tt. II, 1. 25, § 3. Institut Just ., lib. I, tt. XVI, § 1. 57Paul., Sent ., lib. II, tt. 21 (A), § 1-10. 58Paul., Sent ., lib. II, tt. 21 (A), § 13 y 16. 59 Dig ., lib. XXV, tt. III, 1. 6, § 1. Cd. Just ., lib. VI, tt. VII, 1. 2 y 4. Justin. Institut ., lib I, tt. XVI, § 1. 60Valer. Mxim., lib. II, cap. VI, § 7. 61 Institut Just ., lib. I, tt. III, § 3. 62 Dig ., lib. XLI, tt., I, ley 5, § ltimo. Institut. Just. lib. II, tt. I, § 17. 63 Dig ., lib. I, tt. V, ley 41, § 2 y 3. Institut. Just. lib. I, tt. III, § 3. Varr., De Lengua Latina lib. VI, § 85. 64Dionis. Halicarar., lib. II, § 35 y 36. Tit. Liv., lib. I, § 11., 13, etc. 65Tit. Liv., lib. VII, cap. XXXI. 66Tit. Liv., lib. V, cap. XXI. Gaii Instit. Comment ., I, § 14. 67Din Casio, XLVII, 48. 68Din Casio, XLVIII, 19 y 22. 69Appian., Bello. Mitr 70Dionis. Halicar., III, 50. 71Tit. Liv., lib. V, cap. XXII. 72Tit. Liv., lib. X, cap. XLVI. 73Tit. Liv., lib. X, cap. XLII. 74Tit. Liv., lib. X, cap. XLIII. 75Tit. Liv., lib. X, cap. XLV. 76Tit. Liv., lib. X, XLVI. 77Plutarc., Fab. Max ., § 35. 78Florus, lib. I, cap. XVIII. 79Fest., Fragm ent. Tit. Liv., lib. XLI, cap. XXI. 80Strab., lib. V, cap. IV, § 5. Diod. Sic., lib. V, cap. XIII. 81Tit. Liv., lib. XXII, cap. XXIII. Din Casio, Fragm 82Polib., lib. VI, cap. LVIII. Tit. Liv., lib. XXII, cap. LVIII-LXI. 83 Dig ., lib. XLIX, tt. 15. 84 Dig ., lib. XLIX, tt. XV, 1. 12, § 4. 85 Dig ., lib. XLIX, tt. XV, 1. 8, y 14, § 1. 86Valer. Mxim., lib, II, cap. VII, § 15.

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JOS ANTONIO SACO /295 /295 /295 /295 /29587Tit. Liv., lib. XXII, cap. LVII. 88Diod. Sic., Fragm del lib. XXVI. 89Appian., de Bello Annibalico cap. V, § 14 y 28. 90Plutarc., Vida de Flaminio § 19. 91Dio. Sic., Fragm del lib. XXVII. 92Appian., De bellis punicis 93Tit. Liv., lib. XLII, cap. VIII. 94Tit. Liv., lib. LXIII, cap. IV. 95Valleius Paterculus., Hist ., II, 47. 96Appian., Bell. Civil Plutarc., Jul. Csar Slo en una ciudad del pas de los atuatucos vendi Csar a los traficantes de esclavos 53 000 de sus habitantes. (Csar, De bell Gall ., lib. II, § 23.) 97Diod. Sic., lib. V, cap. XXVI. 98Cicer., Epist. ad Atticum IV, 16. Strab., lib. IV, cap. V, § 4. 99Tcit., Anal ., lib. XIV, cap. XXXI. 100Plutarc., Vida de Sertorio § 3 y 28. 101El asiento de los bergistanos estaba, segn unos, donde hoy se halla la ciudad de Teruel, y segn otros, cerca de la ciudad de Huesca, do al presente dice Mariana, hay un pueblo llamado Bergua. (Mariana, Histor. de Espaa lib. II, cap. XXV.) 102Polib., lib. X, fragm. 2. 103Plutarc., Vida de Sertorio § 28. Osca es hoy la ciudad de Huesca, en Aragn. 104Valer. Mxim, IX, VI, 2. 105Osorio, lib. V, cap. XVI. Plutarc., Mario § 22 y 28. Eutropio, lib. V, cap. I y II. Valleius Paterc., lib. II, cap. VIII, XII y CX a CXV. Ammian. Marcel., lib. XXXI, cap. V. 106Plutarc., Paulo Emil ., § 32. Strab., lib. VII, cap. VIII, § 4. 107Polib., lib. XXII, cap. XXVI. 108Din Casio, XXXIX, 23. 109Plutarc., Vida de Lcul ., § 7. 110Plutarc., Vida de Lcul ., § 16, 17, 18 y 20. 111Plutarc., Vida de Craso § 21. 112Cicer., Ad Attic ., V, 20. 113Strab., lib. XVII, cap. I, § 22. 114Strab., lib. IV, cap. VI, § 5. 115Plin., lib. XVI, cap. XX. Virgilio, Bucl ., ecl. IX, vers. XXX. 116Florus, lib. IV, § 12. 117Joseph, Bell. Jud ., VI, IX, 2. 118 Dig ., lib. XLIX, tt. XV, 1. 21, § 1. Cd. Just ., lib. VII, tt. XIV, 1. 4. 119Tcit., Hist ., lib. III, cap. XXXIII y XXXIV. 120Plutarc., Vida de Mario § 36 y 44. 121Plutarc., Vida de Sertor ., § 6. Sueton., Vida de Augusto 122Tcit., Hist ., lib. I, cap. LXVII y LXVIII. 123Plutarc., Lcul ., § 20. Dionis. Halicar., IV, 24. Csar, De bel. Gal ., III, 16, etc.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 296\ 296\ 296\ 296\ 296\124Plaut., cap. IV, act. I, esc. II, vers. 1 y 2. 125Dion., lib. LIII. Suet., Aug ., § 21. 126Cicer., De officiis lib. I, § 42. 127 Dig ., De Edilit Edict ., 1. 44, § 1. 128Sneca, De Benef ., lib. IV, § 13. Dig ., De Edilit Edict ., 1. 44, § 1. Cicer., Orator § 70. 129Plaut., Rudens act. II, esc. VII, vers. 574 y 575, y act. V, esc. III. 130Tit. Liv., lib. XLI, § 21. 131Strab., lib V, cap. IV, § 5. Diod. Sic., lib V, § 13. 132Terenc., Eunuc ., act, III, esc. II, vers. 470. Juvenal, Stir V, vers. 53, y Stir VII, vers. 118. 133Juven., Stir XI, vers. 162. 134Strab., lib. IV, cap. V, § 2. 135Plin., Hist Nat ., lib. XXXVII, § 77. 136Strab., lib. III, cap. II, § 1 y 2. 137Strab., lib. IV cap. VI, § 7, y lib. V, cap. II, § 3. 138Strab., lib. X, cap. VIII, § 2. 139Strab., lib. XIV, cap. V, § 3. 140Cicer., In. Verr ., V, 56. Plaut., Mercat ., act. II, esc. III. Horat., Epst ., lib. I, epst. 6. Strab., lib. VII, cap. III, § 8. Gori, Columbar. Liviae Augustae. 141Polib., lib. IV, § 38. 142Diose tambin el nombre de plagio, al hurto de una produccin literaria, y el de plagiario al que la hurtaba. (Marcial, Epigram ., lib. I, epig. 53.) 143 Dig ., lib. XLVIII, tt. XV, ley 7. 144Sueton., August ., § 32. 145Sueton., Tiber ., § 8. 146 Cd. Just ., lib. IX, tt. XX, ley 7 y 15. 147 Cd. Teod ., lib. IX, tt. XVIII, ley 1. 148Len, Constitu ., 66. Adicin al Cd. Jus 149Chrysost., Ad. pop. Antioch ., homil, XVI, 4. t. 2, p. 166. 150 Cd. Teod ., lib. IX, tt. XXX, l. 1, 2, 3 y 4. 151 Cd. Teod ., lib. IX, tt. XXX, 1. 5. 152 Cd. Teod ., lib. IX, tt. XXXI, ley 1. 153 Dig ., lib. XLIX, tt. XV, 1. 19, § 2. 154Strab. lib. V, cap. IV, § 2. Ateneo, lib. XV, p. 572. 155Polib. 156Strab., lib. X, cap. VII, § 3. 157Tit. Liv., lib. XXXVII, cap. LX. 158Strab.., lib. VII, cap. VI, § 12. 159Floro, Hist Rom ., lib. III, cap. VII. 160Strab., lib. XIV, cap. III, § 1. 161Plutarc., Pompeyo § 23 y 24.

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JOS ANTONIO SACO /297 /297 /297 /297 /297162Plutarc., Pomp ., § 24. 163Cicer., Pro lege Manilia § 12. 164Plutarc., Vida de Pompeyo § 27 y 29. Strab., lib. X, cap. VII, § 3. 165Plin., Hist Nat ., lib. XVIII, cap. XXVIII. 166Tit. Liv., lib. I, cap. LVII. Ovidio, Fast ., lib. II, vers. 741 y 742. 167Plin., lib. VIII, cap. LXXIV. 168Columel., lib. XII, Praefat. 169Dionis. Halicar., III, 35. 170Dionis. Halicar., IX, 25. 171Dionis. Halicar., VI, 53. Tit. Liv., lib. I, cap. LVI. Plin., lib. XXXV, cap. XLV. 172Plutarc., Numa, § 22. 173Catn, De Re Rust ., Proefat. Plin., lib. XVIII, § 4. Locuples (rico) quera decir, plenus loci lleno de tierra, de campo; y el nombre de la moneda (pecunia ) se tom de pecus (ganado). Plin., lib. XVIII, § 3. 174Cicer., de Senect ., 16. Columel., Proefat. Plin., lib. XVIII, § 4. 175Valer. Mxim., lib. IV, cap. IV. 176Tit. Liv., lib. III, § 26. Cicer., de Senect ., 16. Plin., lib. XVIII, § 4. 177Valer. Mxim., lib. IV, cap. IV, § 5. 178Varr., Re Rust ., lib. I, § 10. Plin., lib. XVIII, § 2. 179 Iugerum cuyo plural es iugera era una medida de 28 800 pies cuadrados romanos (Varr., Re Rust ., lib. I, cap. X. Plin., lib. XVIII, cap. III. Columel., lib. V, cap. I), que equivalan a 25 reas francesas, y poco ms de 20 metros cuadrados. La rea es un cuadrado de 10 metros por lado. 180Plin., lib. XVIII, § 4. Valer. Mxim., lib. IV, cap. III, § 5. 181Plin., lib. XVIII, cap. IV. 182Dionis. Halicar., lib. II, cap. XVI. 183Valer. Mxim., lib. IV, cap. IV, § 11. 184Dion. Halicar., lib. IX, cap. XXV. 185Dureau de la Malle, Economie Politique des Romains tom. 1, lib. II, cap. I. 186Plin., lib. XVIII, cap. VII (6), § 2. 187Diod. Sic., Fragm ., lib. XXXVII. 188Ms de 90 francos. 189Ms de 360 francos. 190Para que se forme una idea de las riquezas que afluyeron a Roma, Cicern ( De offic ., lib. II, § 22) y Plinio (lib. XXXVIII, cap. XVII), nos dicen que slo los tesoros importados de Macedonia hicieron cesar todas las contribuciones; pues ascendieron a 230 millones de sestercios, casi 45 millones de francos. 191Wallace, Dissertation on the Numbers of Mankind 192Hume, Political Disc ., X. 193 History of the Decline and Fall of the Roman Empire cap. II. 194Blair, An Inquiry into the state of slavery amongst the Romans cap. I. 195Tcit., Annal ., lib. XI, cap. XXV.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 298\ 298\ 298\ 298\ 298\196Valer. Mxim., lib IV, cap. IV, § 11. 197Plin., lib. XXXIII, cap. VI. 198Plauto, Cicern y Horacio. 199Quintil., Inst. Orat, lib. I, cap. IV. 200Strab., lib. VII, cap. III, § 8. 201Diod. Sic., Fragm, lib. XXXVI. 202Tcit., Anal ., lib. XIV, cap. XLII, XLIII. 203Apuleyo, Apologet 204Plutarc., Vida de Craso § 2. 205Plin., lib. XXXIII, cap. XLVII. 206Snec., De tranquilit. anim ., § 8. 207Gaii Instit. Comment ., I, § 42-46. Ulpian., Fragm ., I, § 24. 208Aten., lib. VI. 209Tcit., Anal ., lib. IV cap. XXVII. 210Snec., De Clement ., lib. I, cap. XXIV. 211 Dig ., lib. II, tt. IV, 1. 10, § 4, y lib. XXIX, tt. II, ley 25, § 1 y 2. Instit Just ., lib. II, tt. I, Praefat., y § 6. 212Tit. Liv., lib. I y IX. 213Tit. Liv., lib XXVI, cap. XLVII. Polib., lib. X, cap. XVII. 214Plin., Epst ., lib. X, epst. 40. 215Strab., lib. V, cap. X, § 3. Aul. Gel., lib. X, cap. III. 216Macrob., Saturnal ., lib. I, cap. VII. 217Dionis., Halicar., lib. IV, cap. XIV. 218Macrob., Saturnal ., lib. I, cap. VII. 219Cat., Re Rust ., § 83. 220Cicer., pro Cluent ., § 15. 221Tit. Liv., lib. I, § VII, y lib. IX, § XXIX. Valer. Mxim., lib. I, cap. I, § 17. Virgil., Eneid ., VIII, 270. 222Tcit., Hist ., lib. I, cap. XLIII. 223Strab., lib. V, cap. X, § 3. 224Reinesius, Inscr ., cl. I, ng. 19, p. 43-44. Gruter, p. 1031, n 3. 225Tit. Liv., lib. XLII, cap. XVI. Aul. Gel., lib. X, cap. III, y lib. XIII, cap. XIII. 226Tit. Liv., lib. II, cap. I y LV, y lib. IX, cap. VIII. Dionis. Halicar., V, 2. Aul. Gel., lib. II, cap. XV. 227Cicer., Ad Quint. fratrem lib. I, epst. 1. (Esta epstola es la que corresponde al n 29 de la edicin de Nizard.) 228Sueton., Vida de Csar § 20. 229Juven., Stir X. 230 Cd. Just ., lib. VII, tt. IX, 1. 3. 231 Cd. Just ., lib. VII, tt. IX, 1. 3. 232 Cd. Just ., lib. X, tt. LXIX, 1. 3.

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JOS ANTONIO SACO /299 /299 /299 /299 /299233Tit. Liv., lib. XXVI, cap. XLVII. 234Strab., lib. V, cap. VII, § 5. 235Velei. Paterc., lib. II, cap. XCI. 236Sueton., August ., § 30. 237Din Cas., lib. LIV, cap. II. 238Cicer., Famil ., VIII, 7. 239Diod. Sic., lib. XX, cap. XXXVI. 240Vase el apndice no XXIV al fin de este tomo. 241Frontin, De acueductos § 98. 242Frontin, De acueductos § 116 y 117. 243Snec., Epstola 86. 244Cicer., pro Coel ., 26. 245Horacio, Stir ., lib. I, Stir ., IV, vers. 73. Marc., Epigram ., lib. III, 44, 10. 246 Dig ., lib. XXXIII, tt. VII, 1. 14. 247Pignoris, De Servis. 248Snec., Epst 96. Juven., Stir III, vers. 76, y Stir VI, vers. 423. Marc., lib. VI y epigr. 32, vers. 6, y lib. XII, epigr., LXX, vers. 3. 249Plin., lib. X, epst. 30 y 31. 250Din Cas., Fragm ., XXXI. 251Valer. Mxim., lib. II, cap. X, § 6. Plutarc., Mar ., § 42. 252Cicer., pro C. Rabirio 5. 253 Sandaracurgium quiere decir sandraca, nombre que aqu se toma, no por la resina que da la tuya articulada de la Arabia, sino por el sulfuro de arsnico rojo, llamado vulgarmente oropimente o rejalgar. 254Strab., lib. XII, cap. II, § 30. 255Plin., lib. X, epst. 40 y 41. 256“ Urbana familia et rustica, non loco, sed genere distinguitur ”. ( Dig ., De Verborum significatione 1. 166.) 257 Dig ., lib. XXXII, De Legat ., III, 1. 99, pr. 258 Dig ., lib. L, tt. XVI, 1. 40. 259Cicer., pro Cecina § 19. 260Apule., Apolog 261Snec., Epst 27. 262“ Fundi appellatione omne aedificium et omnis ager continetur: sed in usu urbana aedificia, aedes rustica, villae dicuntur ”. ( Dig ., lib. L, tt. XVI, 1. 211.) 263“ Locus vero sine aedificio in urbe area ; rure autem ager appellatur Idemque ager cum aedificio fundus dicitur ”. ( Dig ., lib. L, tt. XVI, 1. 2 11.) 264“ Locus est non fundus sed portio aliqua fundi fundus autem integrum aliquid est: et plerumque sine villa locum accipimus ”. ( Dig ., lib. L, tt. XVI, 1. 60.) 265Snec., Epst 89. 266“ Qustio est, fundus a possessione, vel agro, vel proedio quid distet? Fundus est omne, quidquid solo tenetur. Ager est, si species fundi ad usum hominis

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 300\ 300\ 300\ 300\ 300\comparatur... Possessio ab agro juris proprietate distat: quidquid enim adprehendimus, cujus proprietas ad nos non pertinet, hoc possessionem appellamus. Possessio ergo usus, ager proprietas loci est. Proedium utriusque suprascript generale nomen est: nam et ager et possessio hujus appellationis species sunt ”. ( Dig ., lib. L. ta XVI, ley 115). 267Columel., lib. I, § 6. 268Columel., lib. I, § 6. 269Columel., lib. I, § 6. 270“ Tugurii appellatione omne aedificium, quod rusticae magis custodiae convenit, quam urbanis aedibus significatur ”. ( Dig ., lib. L, tt. XVI, 1. 180.) 271Columel., De Re Rustic ., lib. I, cap. IX. 272Columel., lib. I, cap. IX. 273Columel., ibdem. 274Columel., ibd. 275Columel., lib. XII, cap. III. Dig ., lib. XXXIII, tt. VII, 1. 12, § 5. 276 Dig ., lib. XXXIII, tt. VII, 1. 12, § 5 y 6. 277Snec., lib. I, § 16 278 Dig ., XXXIII, tt. VII, 1. 12, § 8. Varr., Re Rustica lib. III, cap. IX Columel, lib. VIII. 279Columel., lib. I, cap. IX. 280Cicer., II, in Verr., III, 70. 281Aurel. Vctor, Ep I. 282Joseph, De Bell. Jud ., II, 16. 283Varr., lib. II, cap. X. 284 Dig ., lib. XVII, tt. I, 1. 26 § 8, y lib. XXXIII, tt. VII, 1. 12, § 5 y 6, y 1. 19. 285Jul. capit., Anton. Pius Dig ., lib. XXXIII, tt. VII, 1. 12, § 12 y 13, y lib. XXXII, De legat ., 3, 1. 99, § 1. Hora., lib. I, epst. 6, y lib. XXXIII, tt. VII, 1. 12, § 5 y 6, y 1. 19. 286Jul. capit. Plin., Hist Nat ., lib XV, § 30, y lib. XVI, cap. LX (33). Plin., lib. III, epst. 19, y lib. V, epst. 6. Dig ., De legat ., 3, lib. XXXII, ley 60, § 3. 287Varr., De Re Rust ., lib. I, § 2. 288Orelli, Inscript ., n 2859. 289Columel., lib. I, § 9. 290“ Saltuarium autem tuendi et custodiendi fundi magis, quam colendi paratum esse ”. ( Dig ., lib. XXXII, De legat ., III, 1. 60, § 3.) “ Saltuarium antem Labeo quidem putat eum demum contineri, qui fructuum servandorum gratia paratus sit ”. ( Dig ., lib. XXXIII, tt. VII, ley 12, § 4.) 291Juven., St 14, vers. 23 y 24. Plin., lib. XVIII, cap. VII. 292Aul. Gel., lib. X, cap. III. 293Strab., lib. III, cap. II, § 3. Polib., Fragm ., XXXIV, IX Diod Sic., lib. V, cap. XXXVI. 294Strab., lib. III, cap. II, § 3. 295 Cicer., In Ver ., IV, § 26. Plutarc., Cras ., § 2. Dig ., lib. XXXII, De legat ., III, 1. 65, § 1 y 2. 296Cicer., De Offic ., lib. I, § 42. 297Plutarc., Cras ., § 2. 298 Dig ., lib. XIV, tt. III, 1. 19, § 3.

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JOS ANTONIO SACO /301 /301 /301 /301 /301299 Dig ., lib. XIV, tt. III, 1. 17, § 1; 1. 18, y otras del mismo ttulo y libro. 300 Dig ., lib. XIV, tt. I, 1. 1, § 4. Instit. Just., lib. IV, tt. VII, § 2. 301Para las inscripciones de estos y otros columbarios, vase a Muratori, Coleccin de Inscripciones III, XXII; a Gruter, Reinesius, Fabretti, Ligori, Orelli y Gori. 302Gori, Monumentum sive columbarium libertorum et servorum Liviae Augustae et Cesarion. Romae, etc Impreso en Florencia en 1727. 303Vitruv., lib. I, cap. VI. Snec., De Ira lib. III, § 35. Fest., lib. IX. Sueton., Nero § 16. Cicern menciona el alquiler que sacaba de sus casas: merces insularium. (Cicer., Ad Attic ., lib. XV, epst. 17.) 304Pignoris, De Servis 305Plutarc., De Curiosit ., III, p. 516. 306Sueton., De Clar. Rethor ., § 3. Columel., Praefat. Ovid., Amor ., lib. I, eleg. 6, vers. 1, 25 y 26. 307Sueton., Vitel ., § 16. Snec., De Ira lib. III, § 37. Petron., Satiricn § 29. Plaut., Mostelar ., act. III, esc. II. 308Petron., Satric ., § 29. 309Plaut., Curcul ., act. I, esc. I, vers. 76. 310Varr., De ling. latin ., VIII, 61. Virgi., Eneid ., lib. VI, vers. 575. Plaut., Asinar ., act. II, esc. III. 311Macrob., Saturnal ., lib. I, cap. VII. Gori, n 33 y 34. 312Petron., Satric §, 30. 313Petron., Satric ., § 29. Varr., De ling. latin ., V, 183. Gori, n 29 y 176. Dig ., lib. XI, tt. III, 1. 16. 314 Dig ., De verborum significat ., 1. 203. Gori, n 26, etc. Sueton., Tiber ., § 21. 315Plaut., Pseudolus act. I, esc. II, vers. 182, etc. Horac., lib. II, satir. IV. Juven., Stir XIV, vers. 61-68. Columel., lib. XIII, cap. III. 316Procop., De bell. Pers ., lib. II. Salvian., De Gubernat Dei lib. IV. 317Juven., Stir X, vers. 215. Marc., lib. VIII, epigr. 67. 318 Dig ., lib. XXXIII, tt. VII, 1. 13, § 1, y 1. 17. Los baos pblicos, de que ya he hablado, se llamaron termas, y los privados balnae. (Varr., De ling. lat ., lib. VIII, 48, y lib. IX, § 68.) 319Ovid., Metamorfos ., XI, 182. Marc., lib. VI, epigr. LII. Cicer., Tusculan ., V, § 20. Hubo esclavas que tambin afeitaban. (Cicer., Tusculan ., V, § 20. Plaut., Truculen ., IV, esc. III.) 320Marc., lib. VI, epigr., LII. 321Plaut., Aulul ., act. II, esc. IV, vers. 308. Tibul., lib. I, eleg. 8. 322Horac., lib. I, st. II, vers. 98. Tibul., lib. I, eleg. 8. 323Virgi., Eneid ., VIII, vers. 302. Petron., Satiric ., § 30. 324Vitruv., De Architectura. 325Juven., Stir XI, vers. 79. 326Tit. Liv., XXXIX, cap. VI. 327Plin., lib. XVIII, cap. XXVIII. Orelli, n 2782. 328 Dig ., lib. IV, tt. IX, 1. 1, § 5.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 302\ 302\ 302\ 302\ 302\329Apule., Metamorf ., lib. X. Juven., Stir VII, vers. 184, y Stir IX, vers. 109. Marc., lib. XIV, epigr. 220. 330Aten., XIV, 23. Horac., lib. III, Oda 1, vers. 18. 331Marc., lib. XI, epigr. 31, y lib. XIV, epigr. 222 y 223. Apule., Metam ., lib. X. Horac., lib. II, stir III, vers. 227. Lamprid., Heliogb ., § 26. 332Plin., Hist Nat ., lib. XIX, § ltimo. Marc., lib. XI, epigr. 31. Snec., epst. 122. Orelli, n 2868. 333Plaut., Pseudol ., act. II, esc. II, vers. 620. 334Petron., Satric ., § 22. Lucan., Farsal ., X. Orelli, n 2884. 335Marc., lib. VII, ep. 86. Apule., Metam ., lib. III. Gori, n 202. Fabretti, n 5, p. 72. 336Juven., Stir V, vers. 123. Virgi., Eneid ., lib. I. Macrob., Saturn ., lib. I, cap. ltimo. 337Plaut, Pseudol 338Ovid., Fast ., VI, vers. 305. Serv., en Virgi., Eneid ., VII, 176. 339Valer. Mxim., lib. II, cap. I, § 2. 340Marc., lib, IV, epigr. VIII, y lib. XI, epig. 52. Horac., lib. I, epst. 7, vers. 70 y 71. Plin., lib. III, epst. 1. 341Juven., St V, vers. 123, y Stir IX, vers. 109. Petron., Satric ., § 36. 342Petron., Satric ., § 36. Juven., Stir V, vers. 120, y Stir XI, vers, 135, etc. 343Tcit., Anal ., lib. XII. Sueton., Claudi ., § 44. Juven., Stir VI, vers. 630. 344Juven., Stir V, vers. 66. Apule., Metam ., II. 345Snec., Epst. 17. 346Marc., lib. III, epigr. 82, vers. 11. Plaut., Trinum 347Petron., 31. 348Petron., 70. 349Snec., Epst. 95. 350Petron., 31 y 70. 351Sueton., Tiber ., § 42. 352Snec., Epst. 95. 353Juven., Stir VI, vers. 1. y 2, y XI, vers. 162 y siguientes. Tit. Liv., lib. XXXIX, cap. VI. Marc., lib. V, epigr. 78. De esclavos msicos habla tambin Cicern ( In Pis ., 34, y en otras partes). Una inscripcin sepulcral (Gruter, n 1 y 4, p. 332) consagra la memoria de un esclavillo bailarn que muri a la temprana edad de 12 aos. Otras inscripciones hacen tambin mencin de esclavas flautistas y de otras msicas. (Orelli, n 2610, 2611 y 2638.) 354Elius Lamprid., Heliogb ., § 25 y 29. 355Sueton., August ., § 74. Plin., lib. IX, epst. 17. Elius Lamprid., Heliogb § 28. 356Snec., Epst. 95. 357Gori, Inscrip n 101. 358Gori, no 86, etc. 359Plaut., Trin ., act. II, esc. I,. vers. 245. Quintil., Declam ., 373. 360Ovid., Amor ., lib. I, eleg. 14; lib. II, eleg. 7. Juven., Stir VI, vers. 491. Festus, voce Tutulus.

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JOS ANTONIO SACO /303 /303 /303 /303 /303361Macrob., Saturn ., lib. II, cap. V. 362Ovid., Ars. Am ., III, vers. 163. 363Marc., lib. IX, epigr. 38, vers. 3. 364Ovid., Ar. Am ., cant. III, vers. 165. Juven., Stir VI, vers. 120. Sueton., Othon ., § 12. 365Marc., lib. XIV, epigr. 26 y 27. 366Marc., lib. V, epigr. 68, y lib. XII, epigr. 23. Ovid., Ar. Am ., cant. III, vers. 161-167. 367Orelli, n 2878. Gori, no 67 y 85. Dig ., lib. XXXII, De legat III, 1. 65 § 3. 368 Dig ., lib. XXXII, De legat ., III, 1. 65, § 3. 369Plaut., Asin ., act. I, esc. I, vers. 72. Aul. Gel., lib. XVII, cap. VI. 370Terenc., Eunuc ., act. I, esc. II, vers. 167 y 168. 371Marc., lib. VI, epigr. 67. Juven., Stir 6, vers. 513 y 514. 372Juven., Stir VI. Marc., lib. III, epigr. 82,, vers. 15-17. 373Ovid., Amor ., lib, II, eleg. 3. Claudian., in Eutrop ., lib. I, vers. 98 y 99. Heliogbalo en sus prodigalidades sola regalar eunucos a los convidados a su mesa. (Lamprid., Heliogb ., § 20.) 374“ Quis custodiet ipsos Custodes ? Cauta est et ab illis incipit uxor” (Juven., Stir VI, vers. 318, 349, y 367-379.) 375Petron., § 28. Snec., epst. 123. 376Apule., De Deo Scrat 377Juven., St XIV, vers. 28. 378Cicer., In Ver ., V, § 11. Snec., Epst. 80 y 110. Juven., Stir III, ver. 239, y Stir IX, vers. 142. 379Juven., St IX, vers 142. 380Cicer., Verr ., V, 11. Marc., lib. IX, epigr. 3. Juven., Stir I, vers. 64. 381Patron., Satric ., XXVIII. 382Tit. Liv., lib. XXXIV, cap. I-VIII. Valer. Mxim., lib. IX, cap. I, De luxuria et libidine in Romains, § 3. 383Horac., I, stir. III, vers. 11. 384Cicer., Atic ., IV, 1. Dig ., lib. XXXVIII, tt. I, 1. 7, § 5. Plutarc., Cat. de tic ., § 11. Snec., De Benef ., I, 3, etc. 385Horac., I, epst. VI, vers. 48–55. 386Plutarc., Cat. de tic ., XI. 387Cicer., pro Milo. 388Plutarc., Cat. de tic ., § 2. 389Valer. Mxim., lib. IV, cap. III, § 13. 390Valer. Mxim., lib. IV, cap. III, § 12. 391Plutarc., Cat. de tic ., § 12. 392Valer. Mxim., lib. II, cap. VII, § 2. 393Plin., Hist Nat ., lib. XXXV, cap. VII. 394dem., cap. VII-X.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 304\ 304\ 304\ 304\ 304\395La pinacoteca era una de las piezas que componan las casas o palacios de los grandes. [Vitruv., lib. VI, cap. IV. (7).] 396 Hactenus dictum sit de dignitate artis morientis deca Plinio, lib. XXXV, cap. XI (5). 397Plin., lib. XXXV cap. VII (4). 398 Dig ., lib. XXXVIII, tt. I, 1. 23, pr. 399Gori, Columb. Liviae Augustae n 126. 400Plutarc., Cras § 2. 401Snec., De Benef ., lib. III, 24; De Const. Sap ., § 1. Sueton., Calgul ., § 8, y Ner ., § 2. Dig ., lib. XXXIV, tt. I, 1. 16, § 1, y lib. XL, tt. V, 1. 41, § 6. Apule., Aplog ., y Metam ., IX, init. Gori, n 73 y 77. Orelli, no 2792. 402Plin., lib. VIII, epst. 1. Sueton., August ., 78. Plutarc., Cras ., § 2. Gori, n 27. 403Sueton., Tit ., § 3. Cornel., Nep., Pomp. Att., 13. Orelli, n 2873 y 2874. Snec., Epst. 90. Csar hizo morir a Filemn su esclavo secretario, por haberse confabulado con sus enemigos para envenenarlo. (Sueton., Csar § 74.) 404Cicer., Fam ., XIII, 77. 405Cicer., Atic ., IV, 4. 406Ovid., Trist ., lib. III, eleg. 1, vers. 13. 407Marc., lib. I, epigr. 67 y 118, lib. IV, epigr. 10. 408Snec., Epst., 27. 409En las pginas 275-276 de este captulo ya he dicho lo que era en Roma un nomencltor. 410Luciano, De merc. cond ., tom II, p. 181, de la traduccin francesa. 411Sueton., De illustr. gramm ., § 1. 412dem, § 3. 413Quintil., Inst. Orat ., lib. I, cap. IV. Sueton., De illustr. gram ., § 4. 414Sueton., ibdem. 415Snec., De Ira lib. II, § 22. Plin., lib. IV, epst. 13, y lib. V, epst. 16. Quintil., Inst ., lib. I, cap. I. Plaut., Bacch ., act. I, esc. II, vers. 193. Sueton., Ner ., § 36. Valer. Mxim., lib. VI, cap. I, § 3. 416Strab., lib. XIV, cap. I, § 31. Sueton., De illustr. gram ., § 3, etc. 417Juven., Stir X, vers. 114. Sueton., Ner ., § 36. 418Cicer., Fam ., VIII, 1, y Vatin ., § 17. Sueton., Claud ., § 21, y Calgul ., § 27. Aul. Gel., lib. V, cap. XIV. Plin., lib. VIII, cap. VI. 419Plin., lib. VIII, cap. VII y XX. 420lius Lampr., Commod ., § 12. Y ya que de fieras hablo, cuntase que uno de los brbaros placeres de Heliogbalo fue, que algunos de sus esclavos amansasen leones, leopardos y osos para asustar con ellos a sus convidados, ya echndoselos en el comedor a la hora del banquete, ya encerrndolos despus de ebrios en un cuarto, e introduciendo en l esas fieras por la noche, para que cuando despertasen, se hallasen en tan formidable compaa. (Lamprid., Heliogb ., § 24.) 421Virgi., Eneid ., lib. X, vers. 517–520. 422Vase el apndice no. XXV 423Valer. Mxim., lib. II, cap. IV, § 7. 424Cicer., In Vatin ., § 15. Snec., De brev. Vit ., XX. Aten., lib. IV, p. 154.

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JOS ANTONIO SACO /305 /305 /305 /305 /305425Tit. Liv., lib. XXIII, cap. XXX; libro XXXI, cap. L; lib. XXXIX, cap. XLVI, y lib. XLI, cap. XXVIII (33). 426Cicer., Phil ., IX, 7. 427Lips. Saturn. 428Cicer., Vatin ., 15. Sueton., Csar § 39. 429J. Capitolinus., Max y Bab ., 8. 430Tit. Liv., lib. XXVIII, cap. XXII. 431Sueton., Csar § 39. Sueton., August ., § 43. 432Sueton., Csar § 39. Tcit., An ., lib. XV, cap. XXXII. Dion Cassius, XLIII, 23; XLVIII, 43, y LVI, 25. 433Sueton., Domit ., § 4. Tcit., An ., XV, XXXIII. 434Lamprid., Commod ., § 5, 11, 12 y 15. 435Tit. Liv., lib XXVIII, cap. XXI. 436Orelli, n 2551 y 2553. 437Cicer., Att ., IV, 4. 438Cicer., Tuscul ., lib. II, § 17. 439Plin., Panegr ., § 33. 440Tit. Liv., lib. XXIII, cap. XXX. 441Tit. Liv., lib. XXXI, cap. L. 442Plin., lib. XXXV, cap. XXXIII. 443Tit. Liv., lib. XXXIX, cap. XLVI. 444Plutarc., Csar § 5. 445Sueton., Csar § 10. 446Joseph, Hist Jud ., XV, VIII, y XIX, VII, 5. 447Sueton., Domit ., § 4. 448 Dig ., lib. XLVIII, cap. XV. 449Lamprid., Commod ., § 12. 450J. Capitolin., Gordiani Tres, Gordian. Sen., § 3. 451Prudent., Symmach ., II, 11–21. 452Sueton., August ., § 43, y Tber ., § 72. Tcit., Anal ., lib. XII, cap. LVI. 453Sueton., Domi ., § 5. 454Tcit., Anal ., lib. XII, cap. LVI. 455Tit. Liv., lib. VII, cap. II. 456dem., ibdem. 457Orelli, n 214 y 2645, para los cmicos; y para los mimos, los n 2616, 2623 y otros. 458 Dig ., lib. XXI, tt. I, 1. 34. 459Plant., Pœnul ., Prol., vers. 63. 460Snec., De Benef ., VI, 38, y D., lib. XIV, tt. III, 1. 5, § 8. 461Tit. Liv., lib. XLI, § 21. 462Sueton., Domi ., § 17. Eutrop., lib. VII, § 23. Marc., lib. I, epigr. 31. y 48. 463Cicer., De Legibus lib. II, § 22. Plin., lib. VII, § 55.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 306\ 306\ 306\ 306\ 306\464Plutarc., Numa 465Cicer., De Legib ., lib. II, § 22. 466Macrob., VII, 7. 467Cornel. Nep., Pomp. Atic., 13. 468Marc., lib. III, epigr. 58, vers. 24 a 32. 469Plin., lib. IX, epst. 20. 470Orelli, n 2880 y 2884. 471Cat., Re Rust ., § 5, 136 y 137. 472Varr., De Re Rust ., lib. I, § 2, 16 y 17, y lib. II, § 3. 473Varr., Re Rust ., lib. I, § 16 y 17. Columel., Re Rust ., lib. I, § 7. 474Columel., lib. I, § 7. 475Plin., lib. III, epst. 19. 476Sueton., Csar § 42. 477Salust., Catil ., § 50. 478Cicer., Catilin ., IV, § 8. 479Sueton., Csar § 42. 480Plutarc., Numa § 22. 481Marc., lib. II, epigr., 63, vers. 2. 482Marc., lib. IX, epigr. 60. 483Plaut., Curcul ., act. IV, esc. I, vers. 490. 484Plaut., Pnul ., act. I, esc. II. 485Pers., Stir VI, vers. 77. Marc., lib. VI, epigr. 29, y lib. IX, epigr. 60. 486Plin., lib. XXXV cap. LVIII. Juven., Stir I, vers. 111. Tibul., lib. II, eleg. V, vers. 62. Ovid., Amor ., lib. I, eleg. VIII, vers. 64. 487Juven., Stir I, vers. 104. 488Tit. Liv., lib. V, cap. XXII. Aul. Gel., Noct. Atic ., lib. VII, cap. IV. 489Aul. Gel., Noct. Atic ., lib. VII, cap. IV. 490Snec., epst. 80. 491Terenc., Eunuc ., act. III, esc. II 492Plin., Hist Nat ., lib. XXIV, cap. XXII. 493Plin., lib. XXXII, cap. XLVIL494Plin., lib. XXX, cap. XIII. 495Petron., 29. 496Snec., epst. 47. Sueton., De Illustr. gramm ., § 4. 497Aul. Gel., Noct. Atic ., IV, 2. 498Plaut., Menchm ., act. V, esc. IX, al fin. 499 Dig ., lib. XXI, tt. I, 1. 34 y 36. 500Plaut., Bacch ., act. IV esc. VII. Cicer., contra Pisn, § 15. 501Snec., epst. 80. Sueton., August ., § 69. 502Claudian., contra Eutropio, lib. I, vers. 35 y 36. 503Plin., lib. XXXVI, cap. XXXIV. Apule., Apolog

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JOS ANTONIO SACO /307 /307 /307 /307 /307504Apule., Apolog 505Ulpian., Regul ., tt. XIX, § 1. 506Plutarc., Numa § 21. Cicer., De Repbl ., lib. II, cap. XIV. 507Gaii Institut. Comment ., II, § 3. 41 y 65. 508Plaut., Persa act. IV, esc. 3. 509 Dig ., lib. XXI, tt. I, 1. 1. 510 Dig ., lib. XXI, tt. I, 1. 21 y 23. 511 Dig ., lib. XXI, tt. I, 1. 18, pr., y 1. 61. 512Vanse las 65 leyes del dilitio edicto lib. XXI, tt. I, del Digesto 513 Dig ., lib. XXI, tt. I, 1. 65, § 2. 514 Dig ., lib. XXXIX, tt. IV, 1. 16, § 3. 515 Dig ., lib. XXI, tt. I, 1. 37. 516 Dig ., lib. XXI, tt. I, 1. 31, § 21. 517Juven., Stir IX, vers. 143 y 144. 518Juven., Stir VI, vers. 352. Marc., VII, 53. Plaut., Trinum ., act. II, esc. IV. Pers., Stir VI, vers. 77. 519Marc., lib. VI, epigr. 77. Juven., Stir III, vers. 240. 520A esto alude Estacio en sus versos, cuando llora la muerte de un muchacho, hijo de una esclava que haba adoptado. “ Non ego mercatus Pharia de pure loquaces Delicias doctumve sui convicia Nili Infantem lingua nimium salibusque protervum. Dilexi ...” (Stat., Silv V, silv. V, vers. 66-69.) 521Juven., St V vers. 53. 522Varr., Re Rust ., lib. I, § 17. 523Varr., Re Rust ., lib. II, § 10. 524Strab., lib. IV., cap. V, § 2 y 3. 525Virgi., lib. III, Georg. 526Juven., Stir XI, vers. 162-166. Marc., lib. VI, epigr. 71. 527Tit. Liv., lib. XLI, § 21. Fest., Fragm 528Diod. Sic., lib. V, § 13. 529Strab., lib. V, cap. IV, § 5. 530Horac., lib. II, epst. 2. 531 Dig ., lib. XXXIX, tt. IV, 1. 16. 532 Dig ., lib. XXXIX, tt. IV, 1. 16, § 10. 533 Dig ., lib. XXXIX, tt. IV, 1. 16, § 3. 534 Rapport de Monsieur Rgnier, de l’Institut, au prince Ministre de l’Algrie ( Moniteur Universel 6 de diciembre de 1858.) 535Tcit., Anal ., lib. XXX, cap. XXXI. 536Los clsicos latinos en prosa y verso, y algunas leyes de los Cdigos de Justiniano son la fuente donde han bebido Dureau de la Malle en su Economa Poltica de los Romanos el escocs W. Blair, y cuantos ms han tratado del precio de los esclavos en Roma.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 308\ 308\ 308\ 308\ 308\537Tit. Liv., lib. XXII, cap. XXIII. 538Plutarc., Fab ., § 12. Tit. Liv., lib. XXII, cap. XXIII. 539Si hago la reduccin del valor de las antiguas monedas romanas en francos, es porque el sistema decimal se presta ms que otro alguno a una divisin fcil y racional, y porque tambin est ms generalizado que todos los otros. 540El numo fue bigato o cuadrigato segn el cuo representaba un carro tirado por dos caballos (biga), o por cuatro (cuadriga). Plin., lib. XXXIII, cap. XIII.) 541Tit. Liv., lib. XXII, cap. LII y LVIII. 542Tit. Liv., lib. XXII. 543Plutarc., Catn, el Censor § 6. 544Tit. Liv., lib. XXXIX. cap. XLIV. 545Plaut., Pœnul ., act. IV, esc. II, vers. 893-900. 546Plaut., Captiv ., act. V, esc. II. 547Plaut., Pseudol ., act. I, esc. I. 548Plaut., Mostel ., act. I, esc. III, vers. 299. 549Plaut., Rudens Prlog., vers. 45, y act. V, esc. III, vers. 1391-1394. 550Plaut., Curcul ., act. I, esc. I, vers. 64, y la esc. II del act. IV. 551Plaut., Epidic ., act. I, esc. I, vers. 50. 552dem., ibdem., act. III, esc. III, vers. 346. 553Plaut., Mercat ., act. II, esc. III, vers. 421-431. 554Plaut., Pers ., act. IV, esc. IV, vers. 656. 555Terenc., Eunuc ., act. 1, esc. II, vers. 165-169. 556Horac., lib. II, stir. VII, vers. 49. 557Horac., lib. II, epst. 2. 558El sestercio vari mucho en su valor. Columela naci en tiempo de Augusto o de Tiberio, y, bajo de ste, el valor del sestercio fue de 2,5 cntimos de franco; por consiguiente, los 8 000 sestercios de que habla Columela equivalen a 2 000 francos. Pero veamos el valor que tuvo el sestercio en otras pocas: Del ao 485 a 510 de la fundacin de Roma ........41 cnts. 510 a 513 ...................................................22513 a 707 ...................................................20En tiempo de Csar ..............................................28Tiberio ............................................25Claudio ...........................................26Nern .............................................20De Galba a los Antoninos .....................................25559Marc., lib. I, epigr. 59. 560Marc., lib. II, epigr. 63. 561Marc., lib. III, epigr. 62. 562Marc., lib. VI, epigr. 66. 563Marc., lib. X, epigr. 31. 564Marc., lib. II, epigr. 70. 565Columel., Re Rust ., lib. III, § 3. 566Tit. Liv., lib. XXXIX, § 6.

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JOS ANTONIO SACO /309 /309 /309 /309 /309567Diod. Sic., Fragm ., XXXVII. 568Diod. Sic., Fragm ., lib. XXXVI. 569Plin., lib. VII, cap. X. 570Snec., epst. 27. 571Lamprid., Heliog ., § 30. 572Plin., lib. VII, cap. XL (39). 573Plin., Hist Nat ., lib. VII, cap. XVI. 574Sueton., Domit ., § 4. 575Quintil., Inst. Orat ., lib. II, cap. V. 576Sueton., Calg ., § 39. 577Sobre la verdadera acepcin de la palabra gramtico en Roma, vase lo que he dicho en la pgina 278 de este libro. 578Plin. Hist Nat ., lib. VII, cap. XL (39). 579Sueton., De Illustr. Gram ., § 3. 580Plin., lib. VII, cap. XI (39). 581Cicer., Pro Q. Roscio § 8. Plinio dice, aunque no como cosa cierta [lib. VII, cap. XL (39], que Roscio ganaba 500 000 sestercios (125 000 frs.); pero el testimonio de Cicern es preferible, no slo porque fue contemporneo de Roscio, sino porque habiendo sido su defensor, tuvo en su mano las pruebas de su aserto. 582El ureo fue una moneda de oro a la que despus se llam tambin slido. Bajo el imperio de Constantino sufri grandes alteraciones el sistema monetario; y una ley por l promulgada en el ao 317, mand que todos los slidos acuados con su efigie tuviesen el mismo peso, corriesen por el mismo valor, y que se impusiese pena de muerte a quien mermase o falsificase la moneda. ( Cd Teod ., lib. IX, tt. XXII, 1. L.) Durante la repblica, la relacin del valor del oro al de la plata fue de 10 a 1 (Tit. Liv., lib. XXXVIII, cap. XI); pero Csar introdujo en Roma tan inmensas cantidades de oro que este metal disminuy de valor, habindose vendido la libra bajo su dictadura en 3 000 sestercios. (Sueton., Csar § 54.) La libra de oro dividiose al principio en 40 ureos o slidos; pero la liga que despus se le fue echando alter su valor intrnseco. En tiempo de Nern, ya la libra contena 45 ureos. (Plin., lib. XXXIII, cap. XIII.) 583 Dig ., lib. XV, tt. I, 1. 11, § 4 y 5; 1. 37, § I, y 1. 38 § 2. 584 Dig ., lib. XVII, tt. I, 1. 26, § 8. 585 Dig ., lib. IV, tt. IV, 1. 31; lib. V, tt. II, 1. 8, § 17, y lib. XL, tt. IV, 1. 47. 586 Cd. Just ., lib. VI, tt. I, 1. 4. 587 Cd. Just ., lib. VI, tt. XLIII, 1. 3. 588 Cd. Just ., lib. VII, tt. VII, 1. 1.

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Libro OctavoR O M A R O M A R O M A R O M A R O M A TRATAMIENTO DEL ESCLAVO POR EL AMO Y POR LA LEYEn una nacin como Roma, donde esencialmente cambiaron las instituciones polticas, los principios de la legislacin, las creencias religiosas y las primitivas costumbres, imposible era que la ndole de la esclavitud hubiese permanecido inalterable en el transcurso de tantos siglos. En tres pocas dividen muchos autores la legislacin romana. La primera, de los reyes; la segunda, de la repblica; y la tercera, de los emperadores hasta Justiniano. Pero esta divisin no es aplicable a la esclavitud, porque ante la ley no hubo diferencia alguna entre el esclavo de la primera poca, y el de la segunda, y ni aun el del primer siglo del imperio. Otros autores, siguiendo tambin una triple divisin, dan nombres y lmites diferentes a cada una de las tres pocas que sealan, cuales son: la aristocrtica, filosfica y cristiana. Encierran la primera entre los orgenes de Roma y el siglo de Cicern en que se difundi en ella la filosofa griega; la segunda entre ese siglo y la conversin de Constantino; y la tercera, entre esta conversin y la ruina del Imperio de Occidente. Sin entrar en el examen de la exactitud o inexactitud de esta divisin, ella tampoco se puede ajustar a la esclavitud, porque cesado haba la poca que se llama aristocrtica, y aun corrido casi dos siglos de la filosfica, y todava la condicin del esclavo era la misma que durante la repblica. Las pocas filosfica y cristiana tampoco cuadran a la esclavitud, porque no slo se tocan y confunden, sino que mucho antes de haber comenzado la postrera, ya se haban hecho alteraciones fundamentales en la condicin del esclavo. A objecin semejante est expuesta la divisin que pudiera hacerse en poca pagana y poca cristiana, porque aun entronizado el paganismo, ya las leyes del imperio haban mejorado esencialmente la suerte del esclavo.

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JOS ANTONIO SACO /311 /311 /311 /311 /311 La nica divisin lgica y natural es aquella que nace de la ndole misma de la esclavitud, y que abraza dos largos perodos: uno, en que la legislacin conserv por muchos siglos su rigor primitivo; y otro, en que se fue mejorando gradualmente la condicin del esclavo bajo la influencia de las ideas filosficas y cristianas. El primero empieza con la fundacin de Roma y acaba en el reinado de Adriano; el segundo corre desde este emperador hasta Justiniano y algunos de sus sucesores. Mas, no se infiera de aqu, que aunque la suerte del esclavo mejor notablemente durante el segundo perodo, fueron por eso abolidas todas las leyes que se haban contra l sancionado en el primero; porque algunas no slo quedaron vigentes, sino que fueron confirmadas y a veces agravadas aun por emperadores cristianos. De esta legislacin terrible y sin piedad para el esclavo tratar ahora, reservando para otra parte todas las modificaciones que experiment la esclavitud en el segundo perodo. Al impulso de dos fuerzas estuvo sometido en Roma el esclavo: a la autoridad del amo, y al imperio de la ley. Por muchos siglos permanecieron estas dos fuerzas, libres e independientes, porque la ley que pudo haber enfrenado la autoridad del amo, dejole a ste la ms absoluta omnipotencia para hacer de su esclavo lo que quisiese. Mientras hubo en Roma pocos esclavos, no debi de ser muy dura su suerte; porque cultivando a par de sus amos los mismos campos, tomando juntos el mismo alimento;1 y mirndolos aqullos en cierta manera como compaeros de sus tareas, natural era que se interesasen en conservarlos para gozar de sus servicios. Pero cuando su nmero se aument; cuando el ciudadano romano abandon los campos por la ciudad, y as en sta como en aqullos, confi el cuidado de sus esclavos a otros esclavos o a hombres mercenarios, entonces cambi enteramente su condicin, transformndose en viles instrumentos de la codicia, vanidad y vicios del amo. En tan deplorable situacin, si el amo consider al esclavo, como su enemigo, el esclavo mir al amo como su opresor. Para no caer en error, importa distinguir los esclavos pblicos de los privados; diferencia que consisti no slo en el gnero de ocupaciones a que se dedicaron, sino en el tratamiento que se les dio. Perteneciendo los primeros al Estado, a una ciudad o corporacin, ya no estuvieron bajo el dominio particular de alguno de sus miembros, y por lo mismo, ninguno tampoco pudo abusar de ellos, apropindose sus servicios. Fueron mejor alimentados que la generalidad de los esclavos privados; recibieron para ello una pensin anual de los fondos pblicos; alojronse tambin en edificios pblicos,2 y vivieron bajo de una dependencia menos dura. En cuanto al alimento de los esclavos privados, el amo fue el rbitro absoluto. Uno de los escritores geopnicos, hablando del que se deba dar a los esclavos rsticos, dice: “Los trabajadores recibirn en invier-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 312\ 312\ 312\ 312\ 312\ no cuatro modios de trigo, y en verano cuatro y medio. El mayoral ( villicus ), su mujer, el contramayoral, y el pastor ( opilio ), tres modios”.3El modio, que fue entre los romanos una medida de capacidad para las cosas secas, equivala a ms de 8 litros: por consiguiente, los tres modios, los cuatro, y cuatro y medio de que habla Catn, se pueden calcular en 25, 34 y 38 litros, cantidad alimenticia que se reparta mensualmente a cada esclavo. Sealando el mismo autor la racin diaria que deba darse a los dems esclavos de la heredad, prosigue: “A los esclavos con grillos cuatro libras4 de pan durante el invierno; cinco desde que empiezan los trabajos de la via hasta que los higos maduren; y cuando lo estuvieren, vulvase a las cuatro libras”.5 Agregbase a esto como regalo una corta porcin de las aceitunas cadas de los olivos, o de las que slo se poda extraer muy poco aceite. La falta de ellas se supla con vinagre y una especie de salmuera hecha con un pececillo de mar.6Repartiose, por ltimo, a cada esclavo un sextario (54 centilitros) de aceite al mes, y un modio de sal al ao.7Su bebida consista durante tres meses del ao en una especie de oximel llamado lora.8 En el cuarto mes dbase diariamente a cada esclavo una hemina de vino, o sea dos congios y medio9 al mes; en cada uno de los cuatro siguientes, un sextario por da, esto es, cinco congios al mes; y en el noveno, dcimo, undcimo y duodcimo, tres heminas diarias, o sea un nfora (25 litros 89 centilitros al mes). A los que tenan grillos repartaseles una racin proporcional a su trabajo, no siendo muy elevada la de diez cuadrantales al ao.10 Por ltimo, en las fiestas Saturnales y Compitales regalbase por extraordinario un congio de vino a cada esclavo. Del brebaje que con el nombre de vino se daba en invierno a los esclavos, Catn nos ha dejado la receta. “chense, dice, en un tonel diez cuadrantales de mosto, dos cuadrantales de vinagre muy fuerte, otro tanto de vino cocido, y 50 cuadrantales de agua dulce. Revulvase bien esta mezcla con un palo tres veces al da durante cinco consecutivos; agrguesele 64 sextarios de agua vieja de mar; tpese el tonel; mantngasele as por espacio de diez das; y consmase este vino hasta el solsticio”.11Tal fue, segn Catn, el alimento de los esclavos rsticos, siendo de notar que nunca se menciona la carne entre los artculos que lo componen. En este punto, as como en otros, la esclavitud moderna de los pases hispanoamericanos ha sacado mucha ventaja a la de Roma. Pasando de los campos a las ciudades de la antigua Italia, poco se sabe acerca de la alimentacin de los esclavos. Invcase un pasaje de Salustio; mas, l no se refiere a esclavos, sino a la racin de cinco modios de trigo que la ley frumentaria seal a cada ciudadano. Con mejor ttulo se citan las palabras de Sneca:12 “es un esclavo, y recibe cinco modios

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JOS ANTONIO SACO /313 /313 /313 /313 /313 y cinco dineros”; pero Sneca habla aqu de la poca del imperio, y no de los siglos anteriores. Y aun cuando de ellos hablase, no se contrae a la generalidad de los esclavos, sino a un cmico, que por su lucrativa profesin se hallaba en circunstancias excepcionales para recibir mayor cantidad que el comn de los esclavos. El alimento de los urbanos debi de estar sujeto a grandes variaciones, segn la clase de servicio que prestaban. A los gladiadores dbaseles mucha carne (sagina13). Y quin podr dudar, que los esclavos de lujo, sobre todo, los destinados al placer de sus amos, estaran mucho mejor alimentados que la inmensa turba de esclavos ordinarios? Acerca del vestido de los esclavos rsticos, Catn encargaba que cada dos aos se les diese un par de zuecos fuertes ( sculponeas), una tnica de tres pies y medio de largo, y una capa o casaca (sagum), recogiendo las viejas, cada vez que se les diesen nuevas, para hacer mantas con ellas.14 Repartaseles tambin un capuchn que les cubriese la cabeza y las espaldas;15 y Columela quera que se agregase una piel con mangas para que pudiesen trabajar aun con mal tiempo.16Los esclavos urbanos no tuvieron un vestido particular que los distinguiese de los libres pobres, quienes tampoco usaron bula, toga, ni estola;17 y ya se apuntaron en otra parte de esta obra, los temores que por su gran nmero infundieron en Roma, cuando el Senado trat de darles un traje particular. Fue, pues, su vestido ordinario, a semejanza del de la clase pobre, una tnica estrecha,18 de color oscuro. A este vestido aluden Cicern y Tcito, cuando hablan, el primero de la fuga de Pisn disfrazado de esclavo19 y el segundo de la de Vocula en un campamento de la Germania?20 Esto mismo confirman otros autores latinos. De barbas y cabellos usaron tambin; mas, al adquirir la libertad, rapbaseles la cabeza y ponaseles un gorro.21 Rapbase igualmente la mitad de ella a los presos en el ergstulo o prisin,22 para reconocerlos en caso de fuga, y como signo de afrenta. Catn apenas habla de las celdas o pequeas piezas en que habitaban los esclavos rsticos.23 Varrn recomend que, adems del alojamiento, se les proporcionase un lugar de reunin adonde pudieran acogerse cmodamente cuando sufran del calor o del fro.24 Columela deseaba que las habitaciones de los esclavos sueltos estuviesen expuestas al medioda, y que para los encadenados se construyese una prisin tan sana cuanto fuese posible, y alumbrada por muchas, estrechas y altas ventanas para que los presos no alcanzasen a ellas con las manos.25Si hubo amos que alojaron mal a sus esclavos, otros los alojaron bien, y Plinio, el Joven escriba a Galo, que algunas de las habitaciones de sus esclavos en su villa Laurentina eran tan cmodas, que podan recibir huspedes.26 Pero pocos amos hicieron lo que Plinio, ni Plinio tampoco lo hizo con todos los esclavos.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 314\ 314\ 314\ 314\ 314\ La humanidad y el inters impusieron al amo la obligacin de cuidar al esclavo enfermo; as es, que en las heredades haba enfermeras, y Columela aconsejaba que se llevase a ellas sin retardo al esclavo que se quejaba, aunque fuese fingida la enfermedad, “porque vale ms dejar reposar uno o dos das a un esclavo fatigado por la tarea, tenindole a la vista, que exponerle a una enfermedad real, abrumndole de excesivo trabajo”.27No haciendo caso de los mdicos, Catn, el Censor, escribi, sin entenderla, una obra de medicina para el uso de su casa. Alimentaba sus enfermos con yerbas, patos, palomas, y liebres: alimento que l juzgaba de fcil digestin para las personas dbiles; pero que, segn Plutarco, tena el inconveniente de ocasionar muchos sueos por la noche.28 ¡Funesto error de Catn!, pues al esclavo sano se negaba la carne que le hubiera aprovechado, y al enfermo se le daba la que le era perjudicial. Amos hubo de tan duro corazn, que para no mantener o cuidar a sus esclavos ancianos o enfermos, los libertaban, echndolos en la isla de Esculapio en el Tber. Claudio, aunque malvado emperador, mand que todos los esclavos enfermos arrojados de casa por sus amos fuesen libres; que si algunos sanaban, los amos nunca pudiesen reclamarlos; y que si en vez de exponerlos, los mataban, fuesen castigados como homicidas.29 Esta humana medida dictada por un tirano, marca una poca en la historia de la esclavitud de Roma, pues fue la primera restriccin que se impuso al brbaro derecho que tena el amo de disponer a su antojo de la vida del esclavo. Ese Catn, que antes de haberse enriquecido, trabajaba en su campo a par de sus esclavos, y tomaba el mismo sustento que ellos;30 ese Catn, que a veces haca alimentar sus esclavillos al pecho de su mujer, para que, como l deca, mamasen con la leche el amor a sus amos;31 ese mismo fue tan desapiadado con los enfermos y viejos, que a vil precio los venda para no mantener brazos intiles.32Del nmero de horas que diariamente trabajaron los esclavos en las heredades, ninguna noticia nos trasmitieron los escritores geopnicos. Catn exigi a los suyos que trabajasen continuamente mientras no dorman,33 sin permitirles completo reposo ni aun en los das feriados, pues en ellos deban ocuparse en limpiar las zanjas y el prado, componer el camino pblico, cultivar el jardn, entrelazar las cercas, cortar la maleza, triturar los granos, y limpiar la heredad por todas partes.34El mismo autor prescribe para el cultivo de un viedo de 100 huebras (100 iugera ) el nmero de 16 esclavos, a saber: el mayoral y su mujer, diez labradores, un boyero, un borriquero, un porquero, y otro esclavo ocupado en enredar las ramas de la vid.35 Para 240 huebras plantadas de olivos slo exige 13 hombres, que son: el mayoral y la mayorala, cinco labradores, tres boyeros, un borriquero, un porquero y un ovejero.36Una de las objeciones que hace Varrn a los clculos de Catn, es, que

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JOS ANTONIO SACO /315 /315 /315 /315 /315 ora sean grandes las heredades, ora pequeas, todas necesitan un mayoral y una mayorala. Por eso se inclina a la base que establece Saserna, quien calcula un hombre para el cultivo de 8 huebras de tierra en 45 das; y aunque reconoce, que cuatro bastan para cada huebra, o sea 32 das para las ocho, aade 13 das ms en compensacin de las enfermedades, malos tiempos, pereza de los esclavos, descuido del amo o administrador.37 Ni en el cmputo de Catn, ni en el de Saserna se puede considerar al esclavo rstico como muy recargado de trabajo; y si todos los dueos de heredad se hubieran ajustado a las reglas que cualquiera de los dos autores prescribe, de seguro que habra sido menos infeliz el esclavo rstico. Para apreciar con exactitud el tratamiento de stos, es menester distinguir a los pastores de los labradores. Aqullos, por la naturaleza de sus ocupaciones, no estuvieron bajo la continua vigilancia del amo, y viviendo menos sujetos, pues que recorran con sus rebaos los montes y los prados, puede decirse, que fueron menos esclavos. Si se les hubiera tratado con rigor, grandsima facilidad tenan para escaparse del yugo de sus opresores. Buscose, pues, su fidelidad, no en el ltigo ni en la cadena, sino en la eleccin que de l se haca, y en las recompensas que se les daban para el buen desempeo de sus tareas.38El boyero, sin ser pastor, porque moraba dentro de la heredad, fue digno de muy buen trato, para que cuidase los bueyes con esmero.39Este animal, ministro de Ceres y compaero del hombre en los trabajos rsticos, fue considerado en la antigua Roma como inviolable; y de aqu fue, que se impuso pena de muerte al que lo mataba.40 Plinio refiere el caso de un ciudadano a quien el pueblo conden a destierro, por haber matado un buey de labor para dar a un infame bardaje un plato de tripas que nunca haba comido.41Infelices fueron los esclavos empleados en la labranza, pues ausente el amo de los campos, porque a Roma lo llamaban los pblicos negocios, el lujo y los placeres, confi su heredad y sus esclavos al cuidado y administracin de otro esclavo, o de algn libre mercenario, llamado villicus en la agronoma romana. Las calidades que en l exigieron Catn, Varrn y Columela, y los deberes que le impusieron, manifiestan toda su importancia. Deba ser prudente, justo, econmico, sobrio, vigilante, acostumbrado desde su infancia a las duras tareas del campo, y de capacidad conocida para su desempeo; no gallardo de cuerpo, ni enamorado, ni viejo para que pudiese resistir las fatigas, ni muy joven para ser respetado y obedecido; casado, as, para que la mujer le ayudase, como para que le impidiese buscar distracciones fuera del fundo, pues slo deba salir de l cuando necesitaba comprar o vender alguna cosa en la ciudad o en el mercado vecino, o para aprender algn nuevo mtodo de cultivo, cuyos conoci-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 316\ 316\ 316\ 316\ 316\ mientos haba menester para ensearlos y aplicarlos; lo mismo que saber el curso de las estaciones y de las variaciones atmosfricas. Si saba escribir era muy til que tuviese un registro en que constase por mes y da el gnero de ocupaciones a que convena dedicar los esclavos. Si no saba escribir, era muy importante que tuviese buena memoria; bien que, a juicio de Columela, la ignorancia de las letras y de la pluma no era gran defecto, porque entonces el villicus llevara a su amo con ms frecuencia dineros que cuentas, y le engaara con menos facilidad. Por ltimo, tacha era en el villicus la curiosidad de saber lo que pasaba en los sacrificios, y el deseo de andar en pos de los mgicos y adivinos, pues estas vanas supersticiones arrastraban al hombre ignorante a gastos y aun a crmenes. Obligaciones del villicus fueron cuidar del alimento y vestido de los esclavos, llamarlos para el trabajo al romper el da, marchar al campo a su cabeza, sealar a cada uno su tarea, tornar con todos a la casa al anochecer, hacerlos cenar y vigilarlos durante el sueo; estimular a los perezosos aconsejndolos suavemente y tratndolos como si fuese padre de familia. Columela le recomendaba que distinguiese y aun convidase a su mesa algunas veces, sobre todo en los das de fiesta, a los esclavos ms laboriosos; y que fuese indulgente con los que trabajaban menos, a fin que si, por una parte, teman su severidad, por otra, no se quejasen de su rigor. Deba visitar diariamente el ergstulo; examinar las cadenas de los esclavos presos; pasar muestra de stos, e inspeccionar en los das de fiesta los instrumentos de agricultura, que haba de tener duplicados, para que cuando se descompusieran o quebrantaran, no perdiese tiempo buscndolos en otra parte. Su alojamiento deba estar junto a la puerta del fundo, para que pudiese ver todo lo que entraba y sala durante la noche. De advertir es, que por grande que era la autoridad del villicus en todo lo concerniente al cultivo del fundo, l muchas veces estaba bajo la vigilancia de un administrador, libre o esclavo llamado procurator .42Respecto de los esclavos deseaba Columela que se imitase su conducta. “Yo, deca, tomo un tono ms familiar con los esclavos del campo, principalmente cuando son irreprensibles, que con los de la ciudad. Como la dulzura del amo proporciona algunos consuelos a sus largos y penosos trabajos, llevo a veces la familiaridad hasta chancear con ellos, y permitirles rer y bufonear conmigo. Muchas veces tambin, y particularmente cuando se trata de una nueva empresa, los consulto como si supieran ms que yo, y esto me pone en estado de juzgar del talento y disposiciones de cada uno de ellos. Por otra parte, siempre los veo acometer con ms gusto aquellos trabajos sobre los cuales se les ha consultado, pues sin duda se imaginan que yo los haba emprendido por su consejo”.43

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JOS ANTONIO SACO /317 /317 /317 /317 /317 Pero sigui el villicus este saludable ejemplo? Cumpli los deberes que se le impusieron? No abrum de trabajo a los esclavos? No les cercen el alimento? No ejerci a veces sobre ellos un excesivo rigor, y otras, una extremada indulgencia, no menos perjudicial al amo que al esclavo? A estas preguntas Columela respondera que tengo razn.44Los escritores geopnicos aconsejaron al amo que visitase con frecuencia su heredad, se informase minuciosamente de todo, y a todo proveyese. Un punto sobre el cual se mostr muy solcito Columela, y que recomend expresamente a los amos, fue el de los esclavos encadenados. “Es un deber, dice, de todo propietario prudente, visitar con frecuencia a los esclavos presos para cerciorarse si estn bien encadenados, si la prisin es bastante segura y slida, si el mayoral ha puesto o quitado a algunos las cadenas sin consentimiento del amo; porque hay dos puntos principales con los que debe conformarse el mayoral: el primero, no quitar las cadenas, sin permiso del padre de familia, a los condenados por l a llevarlas; el segundo, no poner en libertad a los que l hubiese preso de su propia autoridad, sin participarlo antes a su amo. En general, ste debe tener una vigilancia particular con los esclavos encadenados. Debe asegurarse por s mismo, si carecen de vestidos o de otras cosas necesarias; y sobre esto debe velar tanto ms escrupulosamente, cuanto hallndose sometidos esos infelices a muchos superiores, cuales son el mayoral, los jefes de taller, y los carceleros, estn ms expuestos que los otros a sufrir todo gnero de injusticias, siendo por lo mismo ms formidables cuando la crueldad y la codicia de esos superiores los arrastran a la desesperacin”.45Pero la generalidad de los propietarios desatendi los consejos de Columela, pues embriagados en las delicias de Roma, alejronse de sus heredades; y si alguna vez las visitaron, no fue con el fin de mejorar la condicin de sus esclavos, sino de variar la escena de sus placeres. La vida del campo que tan agradable fue a los antiguos romanos, haba ya perdido sus atractivos para las nuevas generaciones, y la matrona de los primeros tiempos de Roma que cifraba toda su ventura en la mansin de los campos, ya mir como indigna de ella aun la permanencia de algunos das.46 Tan lamentable situacin puso en manos del villicus la suerte del esclavo rstico, que oprimido y sin esperanza de justicia, busc un consuelo en la fuga, y tanto ms, cuanto el campo le ofreca una ocasin favorable. De aqu, los crueles castigos que se impusieron a los que eran cogidos; de aqu, la necesidad de encerrar a muchos por la noche en el ergstulo, y de poner a otros una cadena para impedir que se huyesen; y de aqu, en fin, la raza destinada para la cadena, el ferratile genus de que habla Plauto, y que pobl los campos de Italia.47 As lo siente Columela;48 y Plinio, lamentando el decadente estado de la agricultura, condena como detestable el cultivo de las tierras por semejantes esclavos.49

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 318\ 318\ 318\ 318\ 318\ La esclavitud urbana tuvo tambin sus miserias. No fue la ciudad mansin de delicias para la mayora de los esclavos. All sudaron y se fatigaron, all sufrieron castigos y tormentos, y all el ergstulo fue ms terrible que en los campos, porque en stos el preso sala a trabajar respirando el aire libre. Empleronse muchos eunucos en el servicio urbano; y las ciudades fueron el teatro, donde ciertos traficantes llamados lenones vendan las esclavas que entregaban a la prostitucin.50 Calgula supo sacar partido de ellas, pues en su mana de imponer contribuciones, ech tambin una sobre aquellas infelices.51Si en la esclavitud rstica los esclavos dependieron del villicus en la urbana estuvieron bajo las rdenes del mayordomo ( procurator ), y as como aqul, ste tambin abus de su poder.52 Pero la presencia del amo en la ciudad, por distrado y disipado que fuese, pudo remediar algunos males; mientras que su ausencia de los campos dejaba entregado el esclavo a todos los caprichos del villicus De esta diferencia de situacin result, que al esclavo urbano ordinariamente se le amenazaba con el trabajo del campo, y que a l se le enviaba por castigo.53 ¡Coincidencia notable!, pues al cabo de tantos siglos, lo mismo se ha hecho en Amrica. Esa vida rstica que el esclavo urbano detestaba, cuando se le impona por castigo, sola buscarla cuando le iba su inters. Siendo a veces funesto compaero o degradado instrumento de los vicios y asquerosas pasiones del amo, lograba en algunos casos que ste le pusiese a la cabeza de la heredad; pero incapaz de sufrir la silenciosa vida de los campos, pronto suspiraba por la turbulenta Roma,54 y volva a ella despus de haber ocasionado graves quebrantos al amo.55De muy diferente naturaleza a las urbanas fueron las ocupaciones rsticas, y esta sola consideracin, aun prescindiendo de la ndole del amo, dio grados muy diversos a la esclavitud. El esclavo que abrazaba el oficio de herrero, u otro recio trabajo, tuvo una existencia mucho ms penosa que el empleado en el servicio de la mesa, o en otras tareas domsticas. No slo el gnero de ellas, sino el modo de ejercitarlas, influyeron inmensamente en la condicin del esclavo. Aquel a quien el amo permita que trabajase por su cuenta, fuera de casa, pagndole un jornal; aquel a quien confiaba la administracin de alguna tienda o taberna, o gobierno de alguna nave para que comerciase en varios pases, cmo poda compararse con el infeliz portero que viva atado a una cadena, o al que pasaba sus das, trabajando dentro de los muros de un ergstulo? “¡Qu abortos de hombres, deca Apuleyo en sus Metamorfosis ,56 toda la piel manchada con las lvidas seales del ltigo, las espaldas acardenaladas, y apenas cubiertas por los harapos de su tnica! Algunos no tenan sino un cinto estrecho; pero todos se vean desnudos al travs de sus andrajos; la frente marcada, la cabeza medio rapada; los

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JOS ANTONIO SACO /319 /319 /319 /319 /319 pies con una argolla de hierro; de una palidez horrible, y los prpados tan rodos por la atmsfera de humo y de vapor oscuro, que apenas conservaban el uso de los ojos. En la escala de miserias que ofrece la esclavitud romana, parece que los ms infelices fueron los esclavos de las canteras y minas. De las primeras, exclam el cautivo Tndaro cuando sali de ellas: “Yo he visto muchos gneros de suplicio que se sufren en los infiernos; mas, no hay infierno comparable a las canteras de donde yo salgo, pues el inmenso trabajo consume en ellas el cuerpo y todos los miembros”.57Pero las minas fueron, en mi concepto, todava ms horrorosas, porque a la dureza del trabajo y castigos que se imponan, se juntaba la insalubridad de los lugares en que vivos se enterraba a los esclavos. Oigamos a Diodoro de Sicilia: “Cuando los romanos conquistaron la Iberia, sus minas fueron invadidas por una turba de italianos codiciosos que se han enriquecido. Estos industriales compran rebaos de esclavos, y los entregan a los jefes de los trabajos metalrgicos... Los obreros que labran las minas dejan a sus amos enormes provechos. Estos infelices, ocupados da y noche en las galeras subterrneas, agotan sus fuerzas, y mueren en gran nmero abrumados de miseria. No se les da descanso alguno; a fuerza de golpes, los jefes los obligan a soportar su infortunio hasta que mueren miserablemente. Algunos, cuyo cuerpo es ms robusto, y el alma ms fuerte, arrastran largo tiempo su desgraciada existencia; pero el cmulo de sus penas les debe hacer preferir la muerte”.58La suerte del esclavo minero es, a mis ojos, an ms infeliz que la del gladiador condenado a derramar su sangre en la arena para divertir al pueblo romano. El esclavo gladiador no prestaba el juramento que Sneca pone en boca del gladiador libre alquilado para morir combatiendo.59 Si cobarde en la lucha no embesta a su contrario, aplicbasele una barra encendida para que le arremetiese; barra que tambin sirvi para cerciorarse de su muerte, cuando yaca tendido en la arena.60 Mas, a pesar de tan horrible posicin, el esclavo gladiador no sufri los tormentos que el minero, pues tomaba un alimento sustancioso para robustecerse; alojbase en lugar saludable;61 y cuando llegaba la hora de morir, mora, no en la oscuridad de las entraas de la tierra, sino a la luz del da, combatiendo con un adversario, animado de la esperanza del triunfo, y cubierto de los aplausos del pueblo romano. Muerte brbara sin duda, pero muerte acompaada de un sentimiento de gloria, que muchas veces envidiara el esclavo hundido en el fondo de las minas. Si pasamos a contemplar los esclavos de lujo y de placer, ¡cun inmenso contraste entre ellos y los de trabajo! ¡Cun engaosa idea pudiera formarse de la esclavitud romana! Los primeros no slo estuvieron bien alimentados y ricamente vestidos, sino que los muchachos

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 320\ 320\ 320\ 320\ 320\ destinados al placer de sus amos, fueron con tal esmero cuidados, que cuando viajaban, untbaseles un lquido en el rostro para que ni el sol ni el fro marchitasen la tersura de su piel.62 Otros esclavos hubo, tan insolentes y orgullosos, que despreciaban a los clientes o parsitos que coman a la mesa de sus amos;63 y algunos llegaron a cobrar tanto valimiento con stos, que los hombres ambiciosos los adulaban para captarse por medio de ellos la proteccin de sus amos poderosos:64manejos rastreros de que a veces se sirvi hasta el mismo Csar para engrandecerse.65 Esos esclavos, favoritos de la fortuna, frecuentaban el teatro, el circo y los paseos;66 y algunos adquirieron en la poca del imperio grandes riquezas y alta influencia en el poder. Entre los de lujo pueden contarse algunos a quienes se daba instruccin, para especular con ellos vendindolos en alto precio, para lisonjear la vanidad del amo, o para confiarles la educacin de sus hijos: pernicioso ejemplo que no sigui Catn, el Censor, a pesar de que su esclavo Chiln era honrado, buen gramtico y maestro de muchos nios.67 Mas, no por esto se crea que a la generalidad de los esclavos se les diese en Roma instruccin literaria ni moral, pues no ella, sino el servicio, ha sido en todos tiempos el objeto de la esclavitud; y si de la barbarie e ignorancia se les sacaba alguna vez, no era por el bien del esclavo, sino tan slo por el provecho del amo. El avaro y opulento Craso deca, que el deber ms importante del amo era ensear a los esclavos, como instrumentos vivos de la administracin domstica, pues los bienes se deban manejar por los esclavos, y los esclavos, por el amo mismo.68En punto de castigos, todo fue permitido al amo, hasta matar al esclavo. Las comedias de Plauto ofrecen por doquiera pruebas de esta verdad, no en las escenas en que l pinta las costumbres de la Grecia, como hace tantas veces, sino en las de la misma Roma. Y no se atribuyan sus descripciones a exageracin de poeta, pues en su apoyo vienen la stira, la historia y las leyes. Ora se atienda al tono jocoso de los esclavos que figuran en la escena, ora a las amenazas de los amos, se ve que, para castigarlos, se emplearon varas, ltigos de cuerdas o de cuero69 y aguijones como si fueran bueyes, bien que a ellos los equipar la ley.70 “Venid, deca Ballin, dirigindose a sus esclavos; venid, avanzad, marchad, perezosos, pcaros, alimentados para nada, y harto caro comprados, de quienes ni uno solo tendr jams la idea de hacer bien, y de quienes yo jams puedo alcanzar un servicio sino con el castigo. Nunca he visto hombres tan brutos como stos, y a fuerza de recibir golpes tienen callos en los costados, y son de tal naturaleza, que gastan los mismos ltigos... Si no sacuds de vuestro corazn y de vuestros ojos el sueo y la pereza, yo os azotar tanto, que vuestras espaldas presentarn ms

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JOS ANTONIO SACO /321 /321 /321 /321 /321 dibujos y colores que las colchas de Campania, y los tapices de prpura de Alejandra pintados de animales”.71Cuando al esclavo se impona un castigo severo, desnudbasele, suspendasele por las manos, y de los pies colgbasele un peso de 100 libras para que no se moviese.72 Si hablaban durante el servicio de la mesa, hacaseles callar, y a veces con el palo; y una tos, un hipo o un estornudo que se les escapase, tampoco quedaba impune.73 Por una falta, aunque leve, sola romprseles un diente.74 Ponanseles con frecuencia esposas,75 grillos, un collar76 y un cinto de hierro.77 Sometaseles al fro y al hambre, y para ms atormentarlos, envibaseles al molino.78“Si yo no quisiera tanto a mi hijo, deca Nicbulo a su esclavo Crisalo, que hago todo lo que l quiere, te despedazara las espaldas, e iras cargado de cadenas a pasar tu vida en los molinos”.79A veces, el amo condenaba su esclavo a infamia eterna, marcndole en la frente con un hierro encendido, aun por faltas muy leves;80 otras le cortaba la lengua para enmudecerlo;81 quembale el cuerpo con pez encendida,82 mutilbale brbaramente, como se complaca en practicarlo el feroz Minucio Basilio:83 hacale arrastrar una cruz hasta el sitio en que en ella deba morir,84 o echbale a combatir en la arena con las fieras,85 o con los gladiadores, como lo ejecutaba el cruel Macrino con sus esclavos prfugos.86 Y caso hubo en que aqullas fueron menos feroces que los mismos amos.87Tanto furor se extenda tambin hasta las mujeres, pues algunas se complacan en atormentar a sus esclavas. Ovidio les censuraba, que al peinarse y vestirse, las pinchasen con los largos ganchos de que se servan para sujetarse el cabello,88 y, ¡ojal que slo a esto se hubieran reducido todos sus castigos! Juvenal, en su stira contra las mujeres, habla de una enfurecida que pidi a su marido crucificase a su esclavo; y como aqul le preguntase cul era el crimen, y quines los testigos y el delator, pues cuando se trata de la muerte de un hombre, debe procederse con circunspeccin, ella le responde: “¡Insensato! Acaso un esclavo es hombre? Que l no sea culpable, enhorabuena; pero yo lo quiero, yo lo mando, y mi voluntad es la razn”.89 Pinta el mismo autor a ciertas mujeres que furiosas hacen descargar el ltigo sin piedad sobre esclavos y esclavas, y a otras que alquilan verdugos al ao, las cuales, mientras se castiga, ngense el rostro, reciben sus amigas, o examinan el oro y el dibujo de algn vestido nuevo. El castigo contina; y ellas, entretanto, recorren los artculos de un largo diario. Y se sigue castigando, hasta que los ejecutores quedan cansados. Ellas entonces exclaman con voz de trueno: ¡Sal de aqu, que ya se ha hecho justicia!90Y no se tenga este relato por potica ficcin. El antiguo derecho de Roma autoriz expresamente al amo para que pudiese hasta matar a

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 322\ 322\ 322\ 322\ 322\ su esclavo.91 De esta facultad abusaron los dueos, erigindose en jueces; y el viejo Catn, entre otros, juzgaba a sus esclavos, condenbalos a muerte, y ejecutaba la sentencia delante de los otros esclavos sus compaeros.92Estas sentencias, tirnicamente pronunciadas por la sola voluntad del amo, ya no se efectuaron en tiempo de Augusto dentro de los muros domsticos, sino pblicamente.93 Y amos hubo, tan crueles, que, aun sin graves motivos, impusieron estos castigos. Por faltas slo leves, el liberto Vedio Pollin, amigo de Augusto, condenaba sus esclavos a ser devorados por las lampreas que, para su regalo, mantena en su vivero.94Sneca, que consideraba a este hombre como digno de mil muertes,95refiere, que, comiendo Augusto un da en casa de Vedio, un esclavo rompi un vaso de cristal, artculo entonces de mucho lujo; y que condenado a ser devorado por las lampreas, echose a los pies del emperador, suplicndole, no que le concediese la vida, sino otro gnero de muerte menos horrible. Augusto cubri con su proteccin al infeliz suplicante, mand que en su presencia se rompiesen todos los vasos de cristal del amo, y que el vivero fuese cegado.96 Muy poco, en verdad, es el mrito de esa accin, si se reflexiona, que impune qued el cruel Vedio Pollin. Por ventura fue Augusto tan compasivo con los esclavos? No se manch con la sangre de 6 000,97 cuando terminadas las guerras de los triunviros, mand que se cogiesen en un mismo da,98 y restituyesen a sus amos todos los que durante ellas, se haban escapado de su poder, e inscrtose como soldados? Treinta mil fueron los que en el ejrcito servan,99 de cuyo nmero entregronse 24 000 a sus antiguos dueos o herederos que los reclamaron, y los 6 000 restantes, unos fueron degollados, y otros crucificados por orden de Augusto.100En medio de los dolores de la esclavitud, el paganismo, aunque duro con el esclavo, concediole algn solaz momentneo, pues cediendo los amos al imperio de la supersticin, permitironles alegrarse en las fiestas Compitales y Saturnales.101 En estas ltimas, que Roma recibi de Grecia, tuvieron gran soltura los esclavos, porque, como dicen los poetas, en ellas se recordaba la edad feliz en que bajo el cetro de Saturno rein sobre la tierra la abundancia y la igualdad entre los hombres.102Esas fiestas, al principio, slo duraron un da,103 que fue el 19 de diciembre.104 Csar aadi dos, que Augusto declar feriados a semejanza del primero.105 Calgula agreg otro;106 y como a ste se hubiesen juntado las fiestas Sigillares, que duraban tres das, result que las Saturnales se prolongaron hasta siete.107 stas fueron las ms gratas al pueblo romano, pues las calles resonaban da y noche con los gritos de la multitud; los amos se confundan con los esclavos, y borradas las diferencias sociales, stos se vestan como aqullos, y aun se sentaban a su mesa.108Mas, a pesar de tal licencia, no era probable que los esclavos se propa-

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JOS ANTONIO SACO /323 /323 /323 /323 /323 sasen con sus amos, porque vueltos muy pronto a su primera condicin, quedaban expuestos a la clera y venganza de sus opresores. Pasando a contemplar la posicin del esclavo ante la ley, verase que ella le envileci tanto, que, civilmente, lo consider como nada, como un ser muerto,109 y como cosa respecto del amo; pero cosa, que se equipar a los caballos, bueyes y otros cuadrpedos.110 Por eso contronlo algunos entre los instrumentos de agricultura, diciendo que stos son de tres especies: vocales, como los esclavos; semi-vocales como los bueyes, y mudos como los vehculos.111Terribles fueron las consecuencias que de aqu emanaron, segn el antiguo derecho; mas, ste viose a veces forzado a dar vida a ese ser muerto, y a transformar esa cosa en hombre, y hasta en persona legal, pues viviendo el esclavo romano en relacin con los dems hombres de aquella sociedad, y dotado de alma racional, no era dable que dejasen de nacer entre ellos mutuos derechos y deberes: derechos y deberes, que no obstante sus ficciones y rigor, la ley reconoci en muchos casos. Sancionado el fatal principio de la impersonalidad del esclavo, forzosa consecuencia fue que el amo pudiese venderlo,112 empearlo,113 darlo en usufructo,114 regalarlo,115 o enajenarlo de cualquier otro modo que se le antojase.116 Consecuencia forzosa fue tambin que el esclavo nada pudiese adquirir para s,117 ni testar,118 ni obligarse hacia nadie en manera alguna;119 y por eso mand Diocleciano que el que compraba alguna cosa a un esclavo, incurriese en la pena de ladrn;120 pero ese esclavo, que para adquirir y contratar en su favor, no tena persona ante la ley, ella lo rehabilit completamente, siempre que de sus actos pudiese resultar al amo alguna utilidad. As fue, que cuando estipulaba para ste, para s, para otro esclavo su compaero, o sin determinar persona, entendase que estipulaba para el amo.121 Si el esclavo era comn, adquira para todos sus condueos en razn de la parte de dominio que cada uno en l tena; mas, esto no aconteca, cuando expresamente estipulaba para uno solo o por mandato de alguno de ellos.122Tan grande era la fuerza absorbente del derecho del amo para adquirir, que si perteneciendo un esclavo a dos dueos, uno de stos renunciaba a su parte de dominio, el esclavo en vez de ser libre en parte, pasaba enteramente al dominio exclusivo del otro.123 Cogan los enemigos a un esclavo? No por eso quedaba libre, aunque despus se escapase, porque desde el momento en que pisaba de nuevo el suelo romano, volva a la esclavitud.124A tal extremo lleg el derecho del amo para adquirir por medio de su esclavo, que aunque ste le hurtase alguna cosa, no poda acusarlo de ladrn, porque se supona que el amo conservaba en su poder aquello mismo que el esclavo le haba hurtado; pero si lo conservaba, qu era entonces lo que haba de reclamar? Slo en un caso reconoci la ley

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 324\ 324\ 324\ 324\ 324\ hurto del esclavo contra el amo, y fue cuando le sustraa alguna cosa despus de haberse huido.125Fundado en ese mismo derecho, el amo haca suyo, aun ignorndolo y contra su voluntad, todo lo que por cualquier ttulo adquira el esclavo,126 con tal que de sus actos no se le siguiese perjuicio. De aqu naci, que si el esclavo era instituido heredero necesitaba del consentimiento del amo para aceptar la herencia, porque responsable el heredero de las deudas que el difunto pudiera tener, si stas eran mayores que aqullas, el amo, en vez de provecho reciba perjuicio.127 Tan lgica fue la ley, que si el esclavo hereditario adquira alguna cosa en virtud de una estipulacin que haba hecho, esa cosa era para la herencia, pues sta, mientras no era aceptada por el heredero, representaba al difunto.128Sin revocar la ley, la prohibicin de que el esclavo adquiriese para s, el amo a veces le permiti, ms por su propio inters que por generosidad, la posesin de algunos bienes, a los cuales diose el nombre de peculio .129 ste, en concepto de Varrn, deba concederse a los esclavos para estimularlos al trabajo130 y formbase de las cosas que el amo sola regalarles; de las economas que hacan con su industria;131 de la porcin que algunos cercenaban a su propio alimento;132 de lo que a sus amos robaban, pues habalos muy ladrones;133 y aun de las propinas que ciertos esclavos urbanos reciban, segn costumbre, de las personas a quienes convidaban a comer por orden de sus amos. Los empleados en este servicio cogieron grandes esquilmos, sobre todo en la poca corrompida del imperio, pues, si a Suetonio creemos, un rico que no haba sido convidado a la mesa imperial, por ms que lo deseaba, regal 200 000 sestercios (casi 50 000 frs.) a los esclavos de Calgula que lograron sentarle a ella.134 Si impuros fueron algunos de estos medios de adquirir, hubo otros que se encaminaron a moralizar el esclavo. Tales fueron las recompensas que como estmulo al trabajo dieron algunos amos a los pastores,135 cazadores,136 y a otros. A veces aconteci que un esclavo compraba esclavos, a los cuales se dio el nombre de vicarii ,137 y permitiseles tambin tener peculio.138 Catn, el Censor prestaba dinero a los suyos para que comprasen muchachos, y que despus de educados, los vendiesen con ganancia al cabo de un ao.139El peculio fue ttulo de recomendacin para el esclavo,140 pues se tomaba como signo de buena conducta; mas, sta no le vala para gozar exclusivamente de l, porque cuando el amo casaba alguna de sus hijas, o en otros casos particulares, deba hacerle como en Grecia, regalos que nada por cierto tenan de voluntarios.141 Plinio, el Joven, que vivi en el primer siglo del imperio, no fue malo con sus esclavos, y permitioles que al morir, dispusiesen de su peculio en favor de otros de la misma casa, pues a sta l la miraba como la patria y la repblica de los esclavos.142Mas, esta concesin que Plinio respet religiosamente, y que slo naci

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JOS ANTONIO SACO /325 /325 /325 /325 /325 de su voluntad, fue ejemplo muy raro, porque el esclavo siempre estuvo expuesto a que armado el amo de la ley le arrebatase a su antojo, as la administracin del peculio, como el peculio mismo.143 Pero si ste, en rigoroso derecho, no perteneci al esclavo, cmo podra adquirirlo el nuevo amo que lo compraba? De aqu result, que vendido o regalado un esclavo, su peculio quedaba en poder del primer amo, a menos que ste manifestase expresamente lo contrario,144 y tan inflexible fue la jurisprudencia romana, que sin renuncia del amo, no entraban en el peculio ni aun los vestidos que le daba.145Nupcias o matrimonio, concubinato y contubernio fueron los enlaces autorizados o permitidos por las leyes. Las nupcias o matrimonio fueron de tres especies: por confarreacin (confarreatio ), por uso (usus), y por compraventa (coemptio146). Por confarreacin fue cuando el Flamen Dial, gran sacerdote de Jpiter, casaba a un hombre y a una mujer en presencia de diez testigos a lo menos, profiriendo ciertas palabras, y probando una torta o pan hecho de harina, agua y sal, llamado far o pan farreo Fue por uso, cuando una mujer, con consentimiento de sus padres o tutores, viva un ao entero con un hombre para casarse con l, sin haberse ausentado tres noches de su casa. De este modo llegaba a ser su mujer legtima o propiedad adquirida por prescripcin.147 La compraventa se haca, dndose mutuamente el hombre y la mujer una moneda pequea, y mediando ciertas preguntas y respuestas entre los dos. El matrimonio por confarreacin slo podan celebrarlo los patricios, quedando reservados para los plebeyos el del uso y la compraventa; pero ni estos ltimos, ni menos el primero, fueron permitidos a los esclavos. El concubinato no se cont entre los matrimonios;148 y aunque fue, segn las costumbres romanas, muy comn y permitido por las leyes, pues que ninguna pena le impusieron,149 tvose por poco honroso, principalmente para la mujer; mas, a pesar de esto, tampoco pudo contraerlo el esclavo. La nica unin a que ste pudo aspirar, fue el contubernio (contubernium), nombre que se dio al enlace que los esclavos contraan entre s o con alguna persona libre. Esta unin no tena fuerza legal, pues a su antojo el amo la formaba o disolva; no le daba al esclavo ninguna autoridad sobre la esclava, ni patria potestad sobre los hijos, ni vnculo alguno de parentesco, pues, segn el jurisconsulto Paulo, aunque a los esclavos se dispensaba el nombre de padres, hijos, hermanos y parientes, sos eran nombres vanos que nada significaban ante la ley.150 Consecuente fue sta en su rigor, cuando tambin le neg la accin de adulterio contra su mujer infiel,151 pues tal delito no poda existir donde no haba matrimonio; bien que esa accin se daba contra el esclavo que violaba el lecho conyugal de alguna mujer libre:152 y aqu aparece de-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 326\ 326\ 326\ 326\ 326\ mostrado, que si la ley mantuvo inflexible su ficcin, considerando al esclavo sin persona en todo lo que pudiera serle provechoso, rechaz esa misma ficcin y mirole como un ser moral e inteligente en los casos en que deba exigirle su responsabilidad moral. Llamose contubernales a los esclavos que vivan en contubernio; pero andando el tiempo, diose a veces a la esclava el nombre de uxor153 (mujer); nombre que propiamente slo se daba a la mujer libre legtimamente casada. A imitacin de la ley, algunos amos, por generosidad, permitieron a sus esclavos contubernales que grabasen las palabras uxor (mujer), conjux (consorte), sobre la losa fnebre que cubra las cenizas de sus compaeras en la vida.154Muchos amos favorecieron el contubernio con el fin de aumentar sus esclavos. Importante fue, en concepto de Varrn, que al villicus o mayoral de la heredad se le diese por compaera una esclava de ella, pues crea, y con razn, que los hijos nacidos de estos enlaces ligaban los padres al suelo; y a esto atribuy l la buena reputacin de que gozaron, y el alto precio en que se vendieron los esclavos del Epiro.155 A los pastores que habitaban en los bosques y en las montaas, era tambin conveniente darles una mujer; pero sta, segn el mismo Varrn, deba ser robusta para que pudiese seguir los rebaos; y su principal tipo se encontraba en las esclavas de Iliria.156 A la cra de esclavos contubernales, otros amos prefirieron adquirirlos de distinto modo, sin cuidarse de ligar sus esclavos por contubernio. De este nmero fue Catn, el Censor,157 quien ofreci el vergonzoso ejemplo de imponer una contribucin a los esclavos varones que deseaban tener con las hembras algunas relaciones pasajeras; y para mejor asegurar este infame tributo, prohibioles que se acercasen a las ajenas.158Contubernios hubo, en que dos esclavos, y aun tres, se unieron a una sola esclava.159Para alivio de sus males, goz, por ventura, el esclavo del derecho de asilo? Si Grecia abri algunos de sus templos al esclavo para que en ellos se refugiase, Roma le cerr sus puertas. Cierto que Rmulo, para aumentar la poblacin de aquella ciudad, convid con la libertad y la ciudadana a todos los esclavos de los pueblos vecinos que se acogiesen a ella; pero este asilo, inviolable para los esclavos extranjeros, no lo fue para los que despus adquirieron los romanos. Ni puede decirse que lo hubo en la poca de los reyes, ni tampoco durante la repblica. Para sostener lo contrario puede invocarse el pasaje de una comedia de Plauto, en que el esclavo Tranin se acoge a un altar;160 mas, Plauto representa en esta comedia, as como en otras, no lo que suceda en Roma, sino en Grecia, y para encontrar el asilo en aqulla, es menester bajar hasta la poca del imperio. La carencia de asilo durante la repblica, hubo de aumentar la fuga de los esclavos, la cual fue considerada por la ley romana como grave

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JOS ANTONIO SACO /327 /327 /327 /327 /327 delito. El hecho solo de salir el esclavo de la casa del amo con intencin de huirse, aunque despus se arrepintiese y volviese a ella,161 o aun sin salir, si se ocultaba hasta que tuviese ocasin de escaparse;162 o si perteneciendo a un fundo era aprehendido por alguno dentro de sus lmites, sin llegar a traspasarlos;163 en todos estos casos, la ley lo castigaba como prfugo; castigo que no pocas veces era el de la horrible muerte de la cruz y el de lidiar con las fieras del circo. Comnmente se estampaban al esclavo prfugo en la frente con un hierro encendido, las letras iniciales que manifestaban a todos su delito, o se le pona un collar de hierro con una inscripcin que expresaba el nombre del amo, y de la que Pignorio trae un modelo: “Cgeme, porque soy prfugo, y restityeme a mi amo Bonifacio Linario”.164El que ocultaba un esclavo prfugo era considerado como ladrn,165debiendo entregarlo al amo con otro igual, o 20 slidos; y si lo abrigaba por segunda o tercera vez, deba restituirlo con dos o tres ms, o dar 20 slidos por cada uno.166Empero, no era prfugo cuando se pona bajo la proteccin de algn amigo del amo para que implorase su perdn. Y tan duras leyes no se suavizaron ni aun bajo del imperio. Marco, Aurelio y Cmodo mandaron que los gobernadores, magistrados y militares de cada circunscripcin ayudasen a los amos a buscar sus esclavos fugitivos;167 y el primero de aquellos dos emperadores dio la facultad de que se pudiese entrar en pos de ellos hasta en las heredades de los senadores y del mismo prncipe.168 Algunos, para mejor ocultarse, finganse mendigantes; y por eso se les busc aun entre stos.169 Como el esclavo cometa con la fuga hurto de s mismo, nadie poda prescribirlo por tiempo alguno, aunque lo poseyese de buena fe.170 Constantino agrav tanto las penas contra los esclavos que se huan a los brbaros, que los conden a minas, a la amputacin de un pie y a otros crueles castigos.171stos fueron en parte arrancados por el gran temor que inspiraban las frecuentes invasiones de los brbaros, y la facilidad con que los esclavos se iban a ellos. Sitiada Roma por Alarico, pasronse a ste 40 000 esclavos.172 Sublevados los godos en las inmediaciones de Andrianpolis, y derramados por la Tracia, vieron engrosar diariamente su nmero con muchos de sus compatriotas esclavizados por los romanos.173 No fue esa misma Tracia saqueada por turbas de soldados desertores y de esclavos prfugos que se disfrazaban con el nombre de hunos?174 De estos temores provino, que las leyes prohibieron a los esclavos en 416 se vistiesen como los brbaros;175 y en 468 el emperador Antemio les ved el uso de armas en las ciudades y en los campos.176El remedio ms eficaz para impedir la fuga de los esclavos y los castigos que por ella se les impona, es el que da Penculo, uno de los personajes de Plauto en la comedia Menchmi “Quieres guardar

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 328\ 328\ 328\ 328\ 328\ con seguridad un hombre e impedirle que se huya? Encadnale con la buena comida y bebida. Mientras le dieres de comer y beber abundantemente todos los das, jams se huir, aunque haya cometido un crimen capital. Con tales cadenas le retendrs fcilmente. Los lazos de la golosina son maravillosamente elsticos, y cuanto ms los estires, tanto ms se estrecharn”.177Sin propiedad, sin familia, sin persona, sin ningn derecho civil, cmo pudo gozar el esclavo de los polticos ni aspirar a pblicas funciones? As fue, que si usurpaba algunas de ellas, castigbasele con pena de muerte; y un esclavo nombrado Pretor, en los primeros aos del imperio, por haberse fingido libre, fue precipitado de la roca Tarpeya, bien que antes de ejecutarse el suplicio, recibi la libertad.178Destruida ya la repblica, Julio Csar, con desprecio de las leyes y de la opinin, emple algunos de sus esclavos en la administracin de la moneda y de las rentas pblicas.179 Uno de los rasgos que ms distinguieron el reinado de Alejandro Severo, fue el haber excluido de sus consejos y de su servicio a los esclavos eunucos, pues deca: “Jams consentir que esclavos comprados con dinero puedan disponer de la vida de los prefectos, cnsules y senadores”.180Excluyseles tambin de la milicia, pues a esta carga y a este honor slo podan aspirar los ciudadanos; y pena capital se impuso a los que fraudulentamente entraban en ella,181 bastando para merecerla el simple alistamiento, aunque todava no hubiesen formado parte de las legiones.182 Pero graves y extraordinarias circunstancias ocurrieron, en que amenazada Roma de un gran peligro, viose forzada a admitirlos en ellas. Ocho mil de los jvenes ms vigorosos arm contra Anbal despus de la desastrosa batalla de Cannas;183 y este ejemplo se repiti en tiempos posteriores; mas, siempre se les dio la libertad al entregarles las armas, como generalmente se haca, o despus de alcanzado el triunfo. El esclavo no slo fue vctima de los rigores de su amo y de la ley, sino que tambin estuvo expuesto a que sobre l descargasen su clera otros que no lo eran. Pero el esclavo a su vez convirtiose en agresor, as del hombre libre, como del esclavo. Es, pues, preciso considerarlo bajo el doble aspecto de ofendido y de ofensor. Bajo el primero, la ley nicamente atendi al inters material del amo, porque al esclavo, como esclavo, no se le haca dao ni ofensa. Una injuria verbal o un puetazo no le infera ningn agravio, y por lo mismo el amo no tena accin para reclamar, pues sta solamente estaba reservada para los casos en que gravemente maltratado,184 el ofensor le pagase cuantos daos haba ocasionado al esclavo.185Llegaban los golpes al extremo de matarle? La Ley Aquilia, equiparndolo a los cuadrpedos, dispuso que el amo pudiese exigir del matador una indemnizacin equivalente al duplo del valor mximo que el esclavo

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JOS ANTONIO SACO /329 /329 /329 /329 /329 haba tenido en el transcurso del ao en que se le mataba.186 Como aun sin castigar al esclavo poda el amo ser perjudicado, la ley mand que el ladrn de aqul pagase a ste, ya el cudruplo, ya el duplo de su valor, segn que el hurto era manifiesto o no manifiesto;187 y el duplo tambin pagaba el que sin hurtarlo, lo induca a la fuga o a cometer cualquiera accin que influyese en corromperlo y en disminuir su valor.188Pero el esclavo, en vez de vctima, fue muchas veces delincuente. Y quin era entonces el responsable? Seralo tan slo el esclavo? Seralo tan slo el amo? 0 seranlo los dos? Uno de los casos en que la ley consider al esclavo como persona civil, fue en los contratos y dems actos de los cuales resultaba al amo algn provecho. Siendo, pues, aqul un rgano, un medio, que ste tena de adquirir, justo fue, que as como ganaba con l, tambin fuese responsable, a lo menos en cierta medida, de los daos que ocasionaba. Equiparole la ley a los cuadrpedos; pero no estaba el amo de stos obligado a reparar el dao que haban ocasionado a los extraos? Pues por identidad de razn estvolo tambin el amo del esclavo; y de esta responsabilidad material o pecuniaria no se exima aunque fuese inocente; que si culpable era, entonces poda ser castigado de otra manera, pues ya no tanto responda por el esclavo, cuanto de su propia conducta. Cuando el esclavo hurtaba, injuriaba, o cometa otro dao, dbase entonces contra el amo accin reparatoria (noxal), dejando a su eleccin, o que pagase todos los perjuicios ocasionados por su esclavo, o que entregase ste como noxa al reclamante,189 pues sera injusto, dice la ley, que la malignidad del esclavo costase al amo ms de lo que vale su cuerpo.190Si el esclavo cometa algn acto culpable por orden de su amo, o si aun sin mandarlo, no lo impeda pudiendo hacerlo, el amo quedaba enteramente responsable, como si fuera el perpetrador de dicho acto.191El mandato del amo exima al esclavo de toda pena en los hechos leves; mas, no en los graves.192 ¡Dura alternativa la del esclavo en este ltimo caso!, porque si no obedeca al amo, quedaba expuesto a su clera; y si le obedeca, la ley lo castigaba; y he aqu otro ejemplo en que ella lo consideraba como persona civil, pues que le exiga una responsabilidad por sus hechos. Solcita siempre la ley de los intereses del amo dispuso, que cuando muchos de sus esclavos se coaligaban para hacer algn hurto considerable, no se exigiese de l una reparacin mayor que la que en tal caso se debera reclamar a un hombre libre, pues se le podra arruinar, obligndole a entregar como noxa todos los delincuentes.193Sin persona legal, evidente es que el esclavo no pudo ser testigo,194actor ni acusador.195 Sin embargo, hubo casos en que se le admiti a declarar; mas, esta declaracin deba ir acompaada de la tortura, por-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 330\ 330\ 330\ 330\ 330\ que slo por este medio tan brbaro como falaz, era como a su testimonio se daba alguna fuerza.196 Mostrose Augusto muy circunspecto en la aplicacin del tormento, pues no quiso que se impusiese ni a todas las personas, ni en todas las causas; reservolo tan slo para los delitos graves, y cuando no poda descubrirse la verdad de otro modo que torturando a los esclavos.197 Si stos sufran alguna lesin, deban indemnizar a los amos las personas que los haban llamado a declarar, y si moran en el tormento, entonces deban pagarles el duplo de su valor.198Para justificarse ante los jueces, el amo pudo entregar su esclavo a la tortura; y este medio de defensa slo le fue negado en la poca calamitosa de los malos emperadores.199 No pudiendo ser compelido un ciudadano a acusarse a s mismo, y estando el esclavo legalmente identificado con su amo, fuele prohibido declarar contra l.200 Con todo, permitisele que lo hiciese, pero sometindole a la tortura, en los delitos de adulterio,201 y en los que se profanaba la santidad de los templos:202 delitos cuyas pruebas no eran fciles hallar sino en el seno de las familias, o en el silencio de aqullos. La vestal Minucia fue denunciada por un esclavo;203 y esclavos depusieron tambin contra Clodio, cuando este malvado profan los misterios de la Buena Diosa.204Para salvarlos de la tortura, libertronlos a veces sus amos; y notable ejemplo de esto nos ofrece en la historia, la conducta de Miln en la causa que se le form por la muerte de Clodio.205 Pero no queriendo la ley que los amos delincuentes quedasen impunes por falta de prueba, prohibioles que libertasen a sus esclavos antes de ser examinados en juicio;206 y a fin que el temor no les impidiese decir la verdad contra sus amos, mandose que fuesen vendidos para que saliesen de su poder.207 A pesar de estas precauciones, parceme ms acertado, que nunca se hubiera admitido su declaracin contra el amo. Envilecido el esclavo por las leyes, por qu fiar a su palabra, y palabra arrancada en medio del tormento, el honor de las familias y la vida del ciudadano? No pudo ceder el esclavo al soborno de un enemigo del amo? No pudo dar por venganza una falsa declaracin contra su amo a quien odiara? Este peligro, que durante los buenos tiempos de Roma tuvo poca trascendencia, ya porque se limit a muy pocos delitos, ya porque supo impedirlo el comn inters de los ciudadanos, lleg a ser formidable, cuando, perdida la libertad romana, permitiose a los esclavos que pudiesen declarar contra sus amos, o denunciarlos en las causas de Estado.208 Desde entonces ya no se sinti seguro ni aun el hombre ms inocente, y de esta triste verdad ofrecen terribles ejemplos las guerras civiles que acabaron con la repblica, y las posteriores tiranas del imperio. De la venganza de los esclavos, cita Apiano varios casos;209 y Lucano nos presenta algunos furiosos que asesinaban a sus amos, clavndoles un pual en las entraas.210

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JOS ANTONIO SACO /331 /331 /331 /331 /331 Tal fue, sin embargo, el horror que a veces inspiraron esas delaciones, que el mismo Sila, a pesar de haber ofrecido, en su furor contra sus enemigos, la libertad a los esclavos que denunciasen el escondrijo de sus amos, la concedi a uno que entreg al tribuno Sulpicio, su seor; pero al mismo tiempo, para castigarle tan vil accin, le hizo precipitar de la roca Tarpeya, con el gorro de la libertad en la cabeza.211 Cargado de cadenas devolvi Craso a Carbn un esclavo que le present pruebas escritas contra l. En el segundo triunvirato hubo uno que para salvar a su amo se puso sus vestidos con riesgo de su vida. Denunciole otro esclavo compaero suyo; pero el pueblo indignado, compeli a los magistrados a libertar al esclavo fiel, y a crucificar al vil delator. En aquella misma poca viose con escndalo, que un esclavo no slo entreg a su amo, sino que se adjudic sus bienes; mas, la indignacin pblica fue tan grande, que los triunviros, lejos de considerar libre a ese infame, le devolvieron como esclavo a la enlutada familia de la vctima.212Comprimidas las guerras civiles por la diestra vencedora de Csar, l proscribi con horror tan funestas acusaciones y denuncias.213 Augusto sigui en este punto las huellas de su antecesor. Tiberio, fingiendo respetar las leyes, eludiolas astutamente en las causas de conspiracin contra Libn, Druso y Silano. “Al ver, dice Tcito, al ver que negaba el acusado [Libn], tratose de dar tortura a sus esclavos que conocan su letra. Mas, como un antiguo senadoconsulto prohiba que esto se hiciese, Tiberio, fecundo en recursos, y hbil en inventar nuevas formas, hizo vender los esclavos a un agente del fisco, para que pudiesen declarar contra Libn sin que la ley fuese violada”.214Para robar y matar con ms descaro e infamia que Tiberio, fomentaron las delaciones Calgula, Claudio y Nern;215 y el primero de estos tiranos, revocando la ley de Augusto que no permiti a los desterrados llevar consigo ms de 20 esclavos o libertos,216 concedioles nmero indefinido, pues consideraba que de este modo tendran ms espas que los denunciasen.217 Con razn, pues, exclamaba Sneca, el Filsofo: “Recordad los ejemplos de los que han perecido en las emboscadas domsticas, a fuerza abierta o por fraude, y veris que la venganza de los esclavos no es menos terrible que la de los tiranos”.218Para no encontrar estos horrores, es menester llegar a la poca de los buenos emperadores. Nerva prohibi, bajo pena de muerte, que al esclavo se le oyese en juicio contra su amo.219 Alejandro Severo mand que no se torturase a los esclavos para que declarasen contra sus amos, ni que las deposiciones as arrancadas tuviesen fuerza alguna.220 Sin duda que no se guardaron las prohibiciones de estos monarcas, pues el emperador Tcito hubo de renovarlas, encargando expresamente que no se admitiese el testimonio de los esclavos en las causas criminales, aunque fuesen de lesa majestad.221

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 332\ 332\ 332\ 332\ 332\ En los delitos de esta especie, fue tan severo Constantino, que el hecho solo de presentarse un esclavo o liberto a denunciar a su amo o patrono, o a declarar contra ellos, bast para que tales denunciadores fuesen condenados a muerte sin orseles siquiera.222 Pero ese mismo emperador, deseando descubrir y castigar a los que alteraban la moneda y ultrajaban la moral, robndose muchachas, recompens con la libertad a los esclavos que los denunciaran.223Arrastrado a los tribunales, el esclavo tena menos garantas que el ciudadano. No poda, como ste, invocar antes del juicio, la proteccin de un tribuno.224 Hombre de vil esfera, a veces era juzgado, no por los jueces ordinarios, sino por los triunviros capitales,225 magistrados inferiores, encargados de presidir a los suplicios.226 En igualdad de delito sufra una pena mucho ms grave que la gente libre.227 Aun sin matarle, y tan slo por acechar a la vida del amo, comnmente era quemado vivo.228Igual pena sufra, si copulaba con su ama, la que tambin incurra en pena capital.229 El esclavo que consultaba los adivinos para saber si su amo tendra o no corta vida, era crucificado.230 Cuando por cualquier delito se pronunciaba contra l sentencia de muerte, sta se ejecutaba sin apelacin, a no ser que el amo mismo, u otro en su nombre la interpusiese.231 Por ltimo, al esclavo se le ajusticiaba en lugar diferente que al hombre libre;232 y si a ste se le decapitaba con la segur ,233 se le precipitaba de la roca Tarpeya,234 o sofocaba en una crcel,235 a aqul ordinariamente se le haca morir en una cruz como patbulo ms afrentoso.236Y esta diferencia en el modo de juzgarle y de matarle no fue lo ms horrible; fuelo, s, que hubo caso en que aun la posibilidad de cometer un delito contra el amo bastaba para llevar al suplicio hasta a los inocentes. El senadoconsulto silaniano impuso al esclavo la indispensable obligacin de defender al amo.237 Si asaltado ste, en un camino por ladrones, los esclavos que le acompaaban tomaban la fuga, todos eran condenados a muerte.238 Lo mismo aconteca cuando pudiendo impedir que el amo se suicidase, dejaban que se matase.239 Dursimo fue, por cierto, que al patbulo se les llevase tan slo por no haber expuesto su vida en defensa de la del amo; pero qu pensar de aquel senadoconsulto cuando decreta, que si un amo, y por amo se entiende aqu, no slo el padre de familia, sino aun sus hijos emancipados, qu pensar, repito, de aquel senadoconsulto, cuando dispuso, que si un amo es asesinado en su casa, los esclavos que con l se hallasen bajo del mismo techo, todos fuesen condenados a muerte?240 Fundose tan sanguinaria disposicin, en que si los esclavos no estuvieran obligados, aun con riesgo de su vida, a defender a sus amos contra los domsticos o extraos, sera imposible conservar la seguridad de las familias.241 Exceptuose nicamente de tan atroz suplicio a los presos que no podan salir de la prisin, ni romper las cadenas para socorrer a su amo; a los locos, ciegos, enteramente

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JOS ANTONIO SACO /333 /333 /333 /333 /333 sordos y mudos, porque no oan; a los nios si no eran cmplices; y a los enfermos de tanta gravedad que no podan moverse de la cama.242Haba el destino decretado que el senadoconsulto silaniano recibiese su ejecucin, por primera y ltima vez, bajo el reinado espantoso de Nern. Pedanio Secundo, prefecto de Roma, fue asesinado en su casa por uno de sus esclavos, ya por haberle rehusado la libertad, despus de convenido el precio, ya por celos que le inspiraba la afeccin de su amo por otro esclavo. Cuatrocientos de stos, hombres, mujeres y muchachos vivan bajo el techo de Pedanio, y todos deban marchar al patbulo. Patente era la injusticia; el pueblo compadecido de la suerte de tantas vctimas, se amotin en su favor; y muchos senadores combatieron el senadoconsulto como cruel, mientras otros, en mayor nmero, lo defendieron con empeo. En estas circunstancias, Cayo Casio, que opinaba por la pena de muerte, tom la palabra, y habl as: “Un consular acaba de ser asesinado en su propia casa por un esclavo, sin que ninguno de ellos haya impedido o descubierto sus acechanzas, a pesar de estar vigente todava el senadoconsulto que a todos los amenaza de muerte. Decretad la impunidad. A quin, entonces, servir de escudo su propia dignidad, cuando la prefectura de Roma no ha salvado a Pedanio? Quin confiar, para su defensa en la muchedumbre de sus esclavos, cuando Pedanio ha perecido en medio de 400? Y qu esclavo socorrer a su amo, cuando ni aun el temor de la muerte le hace apartar nuestros peligros? Dirase, como se supone sin rubor, que la justicia ha provocado la venganza del matador, por habrsele quitado dinero paternal, o esclavo heredado de sus mayores? Hagamos ms, y concedamos, que en nuestro juicio, l ha tenido derecho de matar a su amo. ”Se quiere que yo apoye con argumentos lo que se ha establecido por los hombres ms sabios? Si debiramos decretar sobre estas cosas por primera vez, se cree que un esclavo forme el proyecto de matar a su amo, sin que se le escape la menor amenaza, ni que lo descubra la menor indiscrecin? Admito que l prepare sus armas sin que se sepa; pero eludir la guarda, llevar una luz, derribar las puertas, consumar el homicidio sin que nadie lo sepa todava? No, mil indicios anuncian siempre el crimen. Si se compele a revelarlo, podremos vivir solos en medio de numerosos esclavos turbulentos; en fin, si es forzoso perecer, pereceremos vengados de esclavos criminales. Nuestros antepasados teman el carcter de los esclavos, aunque stos, naciendo en los mismos campos, y bajo los mismos techos, queran a sus amos desde que nacan. Pero despus que tenemos en nuestros hogares esclavos de diferentes naciones, de costumbres tan opuestas, de diversas religiones, y a veces sin tener alguna, no podemos contener esa coluvie de esclavos sino por el temor. Perecern algunos inocentes, yo lo s, pero cuando un ejrcito ha huido y que se le diezma, los valientes son sorteados lo mismo que los cobardes.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 334\ 334\ 334\ 334\ 334\ No hay grandes ejemplos sin injusticias particulares, las cuales desaparecen ante las consideraciones de pblica utilidad”.243Ningn senador se atrevi a impugnar el razonamiento de Cayo Casio, y aunque se alz un rumor confuso en favor de las vctimas, el partido contrario triunf en el Senado. Pero la ejecucin de la sentencia presentaba dificultades, porque la plebe amotinada se arm de piedras y antorchas. Nern, entonces, public un edicto increpando la conducta del pueblo, y cubriendo las calles de tropas, hizo arrastrar al patbulo a los 400 esclavos de Pedanio.244Tal fue la ndole de la esclavitud romana por una larga serie de siglos. Qu recursos, pues, le quedaban al esclavo contra el inflexible rigor del amo? Se refugiara a los templos como pudo hacerlo el esclavo griego? Pero Roma no le abri sus puertas hasta la poca del imperio. Apelara a la fuga? sta empeoraba su situacin, porque le expona a los castigos ya mencionados. Hallara algn consuelo en la opinin pblica? Pero la opinin pblica era su mayor enemigo. Pondrase en abierta insurreccin contra el amo? Remedio funesto a que acudi muchas veces, y que en vez de mejorar agrav su condicin. Implorara, en fin, la proteccin de las leyes? Pero stas lo haban completamente abandonado al absoluto poder del amo; y slo fue en la poca del imperio, cuando se dictaron algunas disposiciones que mitigaron el primitivo rigor de la esclavitud. Aunque duro en general el amo con el esclavo, y dura tambin la ley, no faltaron romanos ilustres, que antes de haber penetrado la filosofa y el cristianismo en la legislacin de Roma, hubiesen sido suaves con sus esclavos, y reprobado el rigor con que se les trataba. Los retricos y filsofos de Grecia entraron en Roma por primera vez entre la segunda y tercera guerra pnica. Rompiose una pierna un enviado de aquella nacin, y durante su convalescencia empez a comunicar sus ideas a las personas que lo visitaban. Restablecido que fue, dio pblicas lecciones, y a su imitacin abrironse otras escuelas. Ms adelante, Digenes, Critolaus y Carneades, embajadores tambin de Atenas en el ao 604 de Roma, hicieron gran ruido en esta ciudad por su elocuencia; y como hubiese Carneades sostenido un da la existencia de la justicia, y combatdola al siguiente, Catn, el Censor pidi que se les echase inmediatamente de Roma. Tales escuelas fueron condenadas, primero por un senadoconsulto, y despus por un edicto. Aqul, segn Suetonio, deca: “Bajo el consulado de Cayo Fannio Strabn y M. Valerio Messala, el Senado, conformndose con el informe de Marco Pomponio, pretor, en virtud de lo que se ha dicho sobre los filsofos y retricos, ha decretado que M. Pomponio tome precauciones, y que en el inters de la repblica no consienta tales hombres en la ciudad”.245

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JOS ANTONIO SACO /335 /335 /335 /335 /335 El edicto fue publicado en aos posteriores por los censores Domicio Enobardo y Lucio Licinio Craso. Deca as: “E. Domicio Enobardo y Lucio Licinio Craso, censores, han declarado lo que sigue: hemos sabido que hombres, bajo el nombre de retricos latinos, han establecido nuevas escuelas, que los jvenes acuden a escucharlos, y que all pasan das enteros. Nuestros mayores arreglaron lo que deben aprender los jvenes, y las escuelas que deben seguir; por tanto, desaprobamos estas novedades contrarias a los antiguos usos, y las creemos malas; as hacemos conocer nuestra decisin, tanto a los que tienen estas escuelas, como a quienes las frecuentan, pues esto nos desagrada”.246No obstante estas prohibiciones, las cuatro principales escuelas filosficas de Grecia se propagaron en Roma, principalmente la estoica y la epicrea, pues ambas eran las ms conformes al estado en que Roma se hallaba en las agonas de la repblica y en el primer siglo del imperio. Destruida la libertad, las almas enrgicas que la amaban, no pudiendo encontrarla en el nuevo gobierno, buscronla en su alma; y como este deseo cuadraba perfectamente con la doctrina de Zenn, muchos romanos abrazaron el estoicismo, mientras otros, en gran nmero, pusilnimes, arrojronse en brazos del corrompido epicuresmo, cuyos principios, sin favorecer a los esclavos, contribuyeron a la disolucin de los romanos, as como antes lo haba hecho con los griegos. Al establecer Polibio la diferencia que haba en sus das entre la probidad de stos y de aqullos, dice: “Si se presta a los griegos un talento, con diez promesas, diez cauciones y otros tantos testigos, es imposible que guarden su fe; pero entre los romanos, sea que deba darse cuenta del dinero pblico o del de los particulares, hay fidelidad a causa del juramento que se ha hecho. Hase, por tanto, sabiamente establecido el temor de los infiernos, el cual se combate hoy sin razn”.247¡Cun lejos estaban ya los tiempos en que sentado Fabricio a la mesa de Pirro en Epiro, y oyendo discurrir a Cineas sobre la doctrina de Epicuro, exclam: ¡Gran Hrcules, ojal que Pirro y los samnitas tengan tales opiniones, mientras estuvieren en guerra con nosotros!248Pero en las ideas de las otras tres escuelas greco-romanas, o en las de aquellos hombres clebres que a ellas no pertenecieron, hubo en el perodo que nos ocupa algunos sentimientos o principios que se encaminasen a mejorar la condicin del esclavo? Varrn, que fue en concepto de Cicern el ms sabio de los romanos, mir al esclavo, segn se ha indicado ya, como instrumento de trabajo, y salvo la palabra, equiparole en lo dems a los bueyes de labor;249 mas, a pesar de la degradacin moral en que lo hundi, no fue duro con ellos. Cicern, el ms ilustre representante del platonismo en Roma, no slo manej blandamente a los suyos, sino que dese que a todos se diese buen trato. “Los esclavos, dice, hllanse en la ms baja condicin:

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 336\ 336\ 336\ 336\ 336\ as, apruebo a los que mandan, que se use de ellos como si fueran mercenarios; que se les exija sus servicios, pero que se les suministre lo que necesiten”.250 Aplausos merece la tierna solicitud que mostr durante la enfermedad de su liberto Tirn;251 y sobremanera nos interesan las lgrimas que derram por la muerte del esclavo Sositeo, su lector.252 Sin embargo, l sigui el comn sentir de aquellos tiempos aprobando la esclavitud; y si llora a Sositeo, avergnzase al mismo tiempo de verter lgrimas por un esclavo.253Plinio, el Joven tambin trat blandamente a sus esclavos y lament la muerte de ellos, no por inters, sino por humanidad. “No ignoro [escriba a su amigo Paterno], que muchos consideran semejantes desgracias como simple prdida de bienes, y que con tales sentimientos se creen hombres grandes y sabios; yo no s si lo son; lo que s s, es que no son hombres”.254Aunque griegos de origen, nacieron bajo la dominacin romana Diodoro de Sicilia y Plutarco. Contemporneo el primero de Augusto, reprob la crueldad de los amos con sus esclavos;255 mas, ni combati el cimiento en que descansaba la esclavitud, ni me parece que esa reprobacin naci solamente de humanidad, sino de miras polticas, porque espantado deba estar de la sangre derramada en las guerras serviles de su patria la Sicilia. Plutarco, sin atacar tampoco el principio de la esclavitud, manifiesta a lo menos humanos sentimientos, cuando increpa la conducta de Catn, el Censor, que para no mantener a sus esclavos ancianos, los venda o echaba de casa.256Sneca, el Estoico recomienda que “mientras vivamos entre los hombres practiquemos la humanidad”.257 Por eso reprueba los sanguinarios juegos del circo en que perecan los esclavos para divertir al pueblo romano. “El hombre, exclama, es cosa sagrada, y el hombre se mata hoy por diversin: la muerte de un hombre es un espectculo”.258Sneca no pudo mirar con indiferencia el mal trato que los amos daban a los esclavos, y no tanto por el inters de aqullos, cuanto por un sentimiento de justicia. “Mandar a los esclavos con moderacin es un mrito; y debes pensar, no en lo que puedes hacerles sufrir con impunidad, sino en lo que te permite la naturaleza del bien y de la equidad; pero ella exige que se trate suavemente aun a los cautivos comprados con dinero... Aunque se puede todo contra ellos, hay cosas que contra el hombre prohbe el derecho comn de los seres, porque todo hombre es de la misma naturaleza que t”.259Mas, en ninguna de sus obras brillan tanto los sentimientos de Sneca hacia los esclavos, como en la carta que escribi a su amigo Lucilio; carta digna de los elogios que se le han tributado. Empieza en ella por alabarle la dulzura con que trataba a sus esclavos.

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JOS ANTONIO SACO /337 /337 /337 /337 /337 “He sabido, dice, con placer, de los que os han visitado, que vivs en familia con vuestros esclavos; en eso reconozco vuestra prudencia y vuestros principios. ¡Ellos son esclavos!, pero son hombres. ¡Son esclavos!, pero habitan bajo vuestro techo. ¡Son esclavos! S, son compaeros de nuestra esclavitud, si consideramos que la suerte tiene un poder igual sobre ellos y sobre nosotros”.260Pinta despus en esa carta la gula de los romanos, sus asquerosas orgas, la degradante condicin de algunos esclavos, y el rigor con que a otros se trataba. Y qu resulta, pregunta Sneca, de tanta opresin? Al responder, presenta el contraste de la conducta que seguan los esclavos con sus amos, segn el buen o mal trato que stos les daban. “Cllanse, dice, delante del amo, y hablan de l por detrs. Pero los esclavos, cuyos labios no estaban cosidos, los que podan conversar delante del amo y con l, esos estaban prontos a morir por l, y a echar sobre sus cabezas el peligro que le amenazaba. Ellos hablaban en la mesa, pero se callaban en la tortura”. A los que para tratar mal a sus esclavos alegan el pretexto de que son nuestros enemigos, l les replica: “Nuestra arrogancia es la que ha creado este proverbio: Tantos esclavos, cuntos enemigos. ¡Nuestros enemigos! No lo son; y nosotros somos quienes tales los hacemos. Callo otras pruebas de nuestra barbarie y de nuestra inhumanidad respecto de ellos, tratndolos como bestias, y no como hombres; mientras nosotros estamos muellemente tendidos para cenar, uno enjuga los esputos, otro, inclinado, recoge lo que arroja el estmago de los convidados llenos de vino... Mirad esotro que echa el vino: aderezado como una mujer, lucha con su edad, quiere salir de la infancia; mas, se le retiene en ella a la fuerza. Arrncanse o desarriganse todos los vellos de su cuerpo. Con la talla de un guerrero y la piel lisa de un nio, l vela toda la noche, sirviendo alternativamente a la borrachera y a la impudicia de su amo: esposo en la alcoba, copero en la mesa”. Al contemplar tan triste espectculo, Sneca recuerda al amo, que piense que ese hombre a quien l llama su esclavo ha nacido de la misma semilla que l, que goza del mismo cielo, respira el mismo aire, y vive y muere con l.261 Y prosigue: “Yo no quiero discutir la aplicacin, el uso que se debe hacer de esos esclavos, vctimas de nuestro orgullo, de nuestra crueldad y de nuestro desprecio; limito mis preceptos a uno solo: tratad a vuestro inferior como quisierais ser tratado por vuestro superior. No pensis jams en el poder que tenis sobre vuestro esclavo, sin pensar al mismo tiempo en el que un amo tendra sobre vos”. Por esta consideracin, Sneca recomienda a los amos la clemencia con sus esclavos; que ejerzan su autoridad sin orgullo; y que se hagan ms bien respetar que temer.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 338\ 338\ 338\ 338\ 338\ “Se me va, dice l, se me va a acusar de que enarbolo para los esclavos el gorro de la libertad, y que ataco la autoridad de los amos; pues bien, yo lo repito, vale ms el respeto de su parte que el temor”.262Recomienda tambin a los amos que traten con familiaridad a sus esclavos; y que aun admitan a unos a su mesa, porque son dignos de ella, y a otros para que lo sean. A los voluptuosos, como l los llama, que de bajo y vergonzoso tachen tal consejo, respndeles que esos mismos hombres besan la mano de los esclavos de otros. En esto, Sneca tiene razn. Pero cuando los hombres que no aceptan su consejo, ni son voluptuosos, ni tampoco besan la mano de esclavos ajenos, qu razn podr alegar para invertir el orden general establecido en punto de sumisin? No basta invocar el buen trato que se debe dar a los esclavos, pues esto se puede conseguir perfectamente sin llegar a tanta familiaridad con ellos; y yo confieso que en este particular no estoy enteramente de acuerdo con su sentir. Esa familiaridad de los amos con sus esclavos, llevndola hasta el extremo de que aqullos sienten a stos a su mesa, si son buenos, porque lo merecen, y si no lo son, para que lo sean, son ideas inadoptables como regla general de conducta en materia de esclavitud. Yo admito que esto se practique por ciertos amos con ciertos esclavos; pero que as lo hagan indistintamente todos los amos con muchos de los esclavos, son cosas que si se ejecutasen, seran no menos perjudiciales a aqullos que a stos. En cualquiera clase de la sociedad en que unos estn llamados a mandar, y otros a obedecer, necesario es que se conserve el respeto y la disciplina; pero ese respeto y esa disciplina no se pueden mantener desde el momento en que una ntima familiaridad rompe la barrera que debe mantener separados a los inferiores de los superiores. Por ventura, aun los pueblos modernos que ms se precian hoy de demcratas e iguales, como son en Europa los franceses, y en Amrica los norteamericanos, tratan a sus criados, a pesar de que son libres, con la familiaridad que Sneca recomienda? Por ventura sientan a su mesa, no ya a sus criados indignos, pero ni aun siquiera a los dignos? Y si esto acontece con los sirvientes libres, cmo pudiera hacerse con los esclavos a quienes su misma triste condicin pone en circunstancias tan diferentes? Los buenos esclavos que de los amos merecieran la distincin de sentarse a su mesa, no se desalentaran en su buen servicio al ver que igual recompensa se dispensaba tambin a otros que no eran como ellos? Ser se el modo acertado de estimularlos al buen comportamiento, cuando los que no lo tienen consiguen los mismos favores? Hay instituciones de tan funesta naturaleza, y la esclavitud es una de ellas, que llevan en su misma esencia el origen del mal. La esclavitud exige por su propia ndole, que entre el amo y el esclavo medie, en general,

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JOS ANTONIO SACO /339 /339 /339 /339 /339 una distancia que los mantenga separados; y pretender que entre unos y otros exista un nivel social, que es contrario a la naturaleza de la esclavitud, es predicar una filosofa, que si brillante en el papel, en la sociedad no se puede realizar. Mucho mejor que Sneca, comprendi Platn la ndole de la esclavitud. Este filsofo deca: “Cuando un esclavo ha faltado, es menester corregirle, y no atenerse a simples reprimendas como si fuera persona libre, pues eso lo hara ms insolente. En cualquiera cosa que se le haya de decir, es menester tomar siempre el tono de amo, y no familiarizarse jams con sus esclavos, sean hombres, sean mujeres. Los amos que caen (y son muchos) en este defecto, debilitan su autoridad, y hacen a sus esclavos ms penosa la obediencia”.263Yo pienso como Platn, y si alguna excepcin admito, es tan slo respecto de aquellos esclavos a quienes un largo trato y un ntimo conocimiento de sus buenas calidades permitan al amo tratarlos con la llaneza y familiaridad de que habla Sneca. Cuando este filsofo escribi sus obras, ya haba sonado la voz del cristianismo, y empezado a difundirse por el mundo. Creen algunos que de esa fuente recibi Sneca sus ideas, pues en sus das predic San Pablo en Roma, por espacio de dos aos,264 y que este apstol y aquel filsofo tuvieron correspondencia epistolar. En antiguas ediciones de las obras de Sneca, se publicaron 14 cartas, que se suponen escritas por l a San Pablo; pero generalmente se consideran hoy como apcrifas, y aunque San Agustn las menciona,265 es de sospechar que las palabras que se atribuyen a Sneca, fueron intercaladas por mano ajena. Que Sneca conociese las ideas del cristianismo, cosa es que racionalmente no se puede negar; pero decir que slo de l recibi sus inspiraciones, como pretenden algunos, es asercin muy aventurada. Por qu negar a la humanidad y a la filosofa toda influencia en el corazn y entendimiento de Sneca? No hubo paganos antes de Jesucristo que abogaron por el buen trato de los esclavos, y que aun condenaron como injusta la esclavitud? Yo no s si Sneca trat a sus esclavos del modo que aconseja en sus obras. A las palabras de hombres de acrisolada virtud doyles entero crdito, aunque no vayan acompaadas de hechos; pero se halla Sneca en tal caso? Acusado el orador Suilio de varios crmenes en tiempo de Nern, desatose contra sus enemigos, y a Sneca, que tuvo mucha parte en su condenacin, imputole haber corrompido a la hija del gran Germnico, manchado el tlamo de las principales romanas, reunido, de malas maneras, en slo cuatro aos, 300 millones de sestercios,266 andar de heredpeta cerca de los viejos sin hijos, y de haber devorado la Italia y las provincias con sus enormes usuras. Tcito refiere tan graves acu-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 340\ 340\ 340\ 340\ 340\ saciones;267 pero no dice si eran falsas o verdaderas. Y este profundo silencio deja ciertas dudas y una penosa impresin sobre el carcter de Sneca. Hay corazones de linaje tan noble, que, aun en medio de la degradacin de la esclavitud, conservan sentimientos generosos. Si en el furor de las guerras civiles que destrozaron a Roma, hubo muchos esclavos que entregaron sus amos al verdugo, no faltaron otros que, con riesgo y aun sacrificio de su vida, salvaron la de sus amos. Roma nos ofrece algunos ejemplos, y la historia debe recordarlos siempre a la posteridad para que nunca se olviden. Herido Publio Escipin en un combate contra Anbal, y abandonado de todos, slo le acompaa su fiel esclavo, quien montndole a caballo, le salva y lleva al campamento.268Pintando Plauto en sus comedias la conducta de los buenos esclavos, nos presenta el noble rasgo de Tndaro que, cogido y vendido junto con su joven amo, se propone libertarlo, y para conseguir su intento, finge, con riesgo de su vida, que l es el amo, y el amo, el esclavo. Cuando el comprador descubre la estratagema de Tndaro, indgnase contra l, y en su furor le somete a los ms crueles castigos; pero el esclavo, lejos de arrepentirse, exclama con grandeza de alma: “Si yo muero, y l no vuelve como ha dicho, yo dejar ms all de la tumba el brillante ejemplo de haber librado a mi amo de las manos del enemigo y de la esclavitud, para restituirlo a su patria; y de haber querido que el peligro que amenazaba su cabeza, cayese sobre la ma”.269Este rasgo que Plauto nos ofrece en la escena, tal vez se podr considerar como invencin de poeta; pero la historia lo confirma, mostrndonos acciones de esclavos mucho ms grandes que las de Tndaro. Acusado de incesto el orador M. Antonio, y pidiendo los acusadores que se diese tormento a un esclavo que poda descubrir la verdad, ste, viendo la inquietud de su amo, le dijo que lo entregase a los jueces, prometindole que de su boca no saldra una sola palabra que pudiera perjudicarle. Efectivamente, despedazado con el ltigo, tendido sobre el potro, y quemado con planchas encendidas, supo con su leal fortaleza salvar a su amo.270Pero la influencia del buen trato nunca se sinti tanto, como en las guerras civiles de Roma, pues entonces hubo esclavos que por salvar a sus amos, se elevaron hasta el herosmo. Uno de C. Graco, llamado Euporo o Filcrates, siguiole en su fuga del monte Aventino. Temiendo su amo caer en manos de sus enemigos, tendi el cuello a la espada que llevaba su esclavo, y no queriendo ste sobrevivirle, al instante se mat con el mismo acero. Lo mismo ejecutaron un esclavo del joven Mario,271 y otro de C. Vettio para que ste no fuese entregado a Pompeyo.272

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JOS ANTONIO SACO /341 /341 /341 /341 /341 Perseguido Cornuto por la faccin de Mario, sus esclavos le ocultaron en su propia casa; y habiendo recogido a uno de los muertos en la calle, le ahorcaron, pusironle en un dedo el anillo de su amo, mostrronle a los satlites de Mario, y despus lo sepultaron, fingiendo que era su propio amo, a quien ellos haban matado. As pudo Cornuto refugiarse a las Galias.273Cepin, que haba conspirado contra la vida de Augusto, fue condenado; pero un esclavo lo llev de noche en un cesto hasta el Tber, baj a Ostia con l, y de all le condujo tambin de noche a la quinta de su padre en el territorio de Laurento. Rechazado de Cumes por un naufragio, se ocult con su amo en Npoles; y cogido all por un centurin, no hubo dinero, ni amenazas que le hiciesen traicionar a su amo.274Durante el sitio de Grumentum, unos esclavos dejaron a su ama, y se fueron al enemigo. Tomada la ciudad, se pusieron de acuerdo entre s, y precipitndose en la casa de ella, la arrastraron con aire amenazador, diciendo a quienes los encontraban, que al fin ya tenan la facultad de castigar a su cruel ama. Llevndola de esta manera, y fingiendo que la arrastraban al suplicio, pusironla en seguridad con una piedad respetuosa.275Proscrito Anto Restin, vagaba de noche y solo. Mientras sus esclavos robaban sus bienes, uno de ellos, a quien haba cargado aqul de cadenas, y estampdole en la frente la marca de su ignominia, viose libre por la compasin de otro esclavo, despus de la condenacin de su amo. Psose entonces a buscar a ste, encontrole y persuadiole que no le temiese, dicindole que l saba que su afrenta deba imputarse, no a su amo, sino a la fortuna. Mientras Restin permaneci escondido, llevole vveres el esclavo; y cuando supo que se acercaban sus perseguidores, mat a un viejo que la casualidad le present, hizo una hoguera, en la que arroj el cadver, y habindola encendido, adelantose hacia los que buscaban a Restin, dicindoles que ya l haba hecho justicia del proscrito, y que lo haba castigado ms cruelmente de lo que l mismo lo haba sido. Creysele y Restin se salv.276Uno de los casos ms grandes que nos ha conservado la historia, es el de un esclavo de Urbino Ponopion en tiempo de las proscripciones de los triunviros. Condenado a muerte, ocultose en su quinta de Reatino; mas, descubierto su paradero fue a matarle una turba de soldados. Entonces ese esclavo heroico cambia con l de vestidos, pnese su anilla, hcele escapar por una puerta excusada, acustase en la cama de su amo, y all recibe el golpe mortal fingiendo ser Urbino. Cuando ste fue rehabilitado, levant un honroso monumento a la memoria de su fiel esclavo.277Otros casos admirables pudieran citarse278 para honra de algunos esclavos y vergenza de muchos romanos.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 342\ 342\ 342\ 342\ 342\Notas1Plin., lib. XXXIII, cap. VI, § 10. 2Tab. Heracl., en Blondeau, Mon. juris, anteiust., p. 84. 3Cat., Re Rust ., § 56. 4La libra romana slo tena 12 onzas. 5Cat., Re Rust ., § 56. 6Cat., Re Rust ., § 58. 7Cat., Re Rust ., § 58. 8Cat., Re Rust ., § 57. 9El congio equivala a 12 heminas; y la hemina era la mitad de un sextario, el cual equivale a 54 centilitros. 10Cat., Re Rust ., § 57. El cuadrantal, segn Plinio, era una medida equivalente al nfora. 11Cat., Re Rust ., § 104. 12Snec., epst. 80. 13Tcit., Hist ., lib. II, cap. LXXXVIII. 14Cat., § 59. 15Cat., § 2. 16Columel., Re Rust ., lib. I, § 8. 17Vase el apndice no. XXVI. 18Snec., Brev. vit ., § 12. 19Cicer., in Pison ., § 38. 20Tcit., Hist ., IV, 36. 21Plaut., Anf ., act. I, esc. I, vers. ltimo. Juven., Stir V, vers. 171. 22Apule., Metam ., IX. 23Cat., § 14. 24Varr., De Re Rust ., lib. I, § 13. 25Columel., De Re Rust ., lib. I, § 6. 26Plin., lib. II, epst. 17. 27Columel., lib. XII, § 3. 28Plutarc., Cat. Cens ., § 36. 29Sueton., Claud ., § 25. 30Plutarc., Cat. Cens ., § 4. 31Plutarc., Cat. Cens ., § 29. 32Cat., Re Rust ., § 2. Plut., Cat ., § 6. 33Plutarc., Cat. Cens ., § 32. 34Cat., Re Rust ., § 2. 35Cat., § 10. 36Cat., § 11. 37Varr., lib. I, p. 18. 38Varr., De Re Rust Apule., Metam ., VII y VIII.

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JOS ANTONIO SACO /343 /343 /343 /343 /34339Cat., Re Rust ., § 5. 40Varr., Re Rust ., lib. II, § 5. Columel., lib. VI, Pref. 41Plin., Hist Nat ., lib. VIII, cap. LXX, § 4. 42El cuadro que acabo de trazar de las calidades y deberes del villicus lo he tomado de Catn, Columela y Varrn. Vase el primero en su obra Re Rust ., § 1, 5, 142 y 143; al segundo en su De Re Rust ., lib. I, § 13, y el tercero en su Agricultura lib. I, cap. I, VI yVIII; lib. XI, cap. I y VIII, y lib. XII, cap. I. 43Columel., De Re Rust ., lib. I, § 8. 44Columel., De Re Rust ., lib. I, § 8. 45Columel., De Re Rust ., lib. I, § 8. 46Columel., lib. XII, Prlog. 47Plaut., Mostel ., act. I, esc. I, vers. 18. Snec., De Tranq. anim ., X. 48Columel., lib. I, § 9. 49Plin., lib. XVIII, cap. IV, § 4 y 5, y cap. VII, § 4. 50Snec., Controv ., X, 4. Plaut., Pseudol ., act. I, esc. II. 51Sueton., Calg ., § 40. 52Plaut., Asin ., act. II, esc. II, vers. 354, y la esc. IV. 53Plaut., Asin ., act. II, esc. II, vers. 325. Horac., lib. II, stir. VII, al fin. Snec., De Ira III, 29. D., lib. XXVIII, tt. V 1, 35, § 3. Petr., Satric 69. 54 Horac., lib. I, epst. 14, vers. 14 y 15. 55Columel., lib. I, Pref., y § 8. 56Apule., Metam ., IX, § 15. 57Plaut., Capt ., act. V, esc. IV. 58Diod. Sic., lib. V, cap. XXXVI y XXXVIII. 59Snec., Epst. 37. 60Quintil., Declam ., IX, 6. 61Strab., lib. V, cap. II, § 3. 62Snec., Epst. 123. 63Juven., Stir V. 64Snec., De Benef ., lib. III, § 28. 65Sueton., Csar § 27. 66Columel., lib. I, § 8. 67Plutarc., Cat. Cens ., § 30. 68Plutarc., Craso § 2. 69Horac., Ep ., lib. II, ep. 2, vers. 15. 70 Dig ., lib. IX, tt. II, 1. 2, § 2. 71Plaut., Pseudol ., act. I, esc. II. Vase tambin el Asin ., act. II, esc. II, vers. 10, 49 a 51, 76 y 99. Rudens act. III, esc. II, vers. 626. Captiv ., act. III, esc. IV, vers. 642. Terenc., Form ., act. I, esc. IV. 72Plaut., Asin ., act. II, esc. II. 73Snec., Epst. 47. 74Marc., Epigr

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 344\ 344\ 344\ 344\ 344\75Plaut., Asin ., act. II, esc. II, vers. 36. 76Plaut., Captiv ., act. II, esc. II, vers. 354, y act. III, esc. IV, vers. 644. 77Plaut., Pœnul ., act. IV, esc. II, vers. 827. 78Plaut., Men ., act. V, esc. VI, vers. 954. 79Plaut., Bacch ., act. IV esc. VI, vers. 820 80Juven., Stir XIV, vers. 21 y 22. 81Marc., lib. II, epigr. 82, vers. 1. 82Plaut., Captiv ., act. III, esc. IV, vers. 531. 83Appian ., De Bell. Civ ., III, 98. 84Plaut., Fragm de la comedia Carbonaria vers. 46. Miles Glorios ., act. II, esc. IV vers. 361. 85Polib., Histor ., lib. I. lianus, Varior ., lib. III, cap. XXIX. Aul. Gel., lib. V, cap. XIV. Lactantius, lib. V, cap. XIX. 86Jul. Capitol., Macrin ., § 12. 87Vase el apndice no. XXVII. 88Ovid., Ar. Ama ., III, 239. Amor ., lib. I, eleg. 14. 89 Pone crucem servo. —Meruit quo crimine servus Supplicium? Quis testis adest? Quis detulit? Audi! Nulla unquam de morte hominis cunetatio longa est. —O demens! ita servus homo est? Nil fecerit, esto! Sic volo, sic jubeo, sit pro ratione voluntas. (Juven., Stir VI, vers. 220-224.) 90Juven., Stir VI, vers. 476-487. 91 Dig ., lib. I, tt. VI, ley l, § 1. 92Plutarc., Cat. Cens ., § 32. 93Din Casio, lib. XLIV, cap. III. 94Plin., lib. IX, cap. XXXIX, § 2. 95Snec., De Clem ., lib. I, § 18. 96Snec., De Ira lib. III, § 40. 97Oros., VI, 18. 98Appian., De Bell. Civ ., V. 99Oros., VI, 18. 100Appian., De Bell. Civ ., V. 101Macrob., Saturnal ., lib. I, cap. VII. 102Macrob., ibdem. 103Tit. Liv., lib. II, cap. XXI, y lib. XXII, cap. I. 104Macrob., Saturn ., lib. I, cap. X. 105Macrob., ibdem. 106Sueton., Calg § 17. 107Macrob., Saturn ., lib. I, cap. X. 108Snec., Epst. 47. Horac., lib. II, stir. VII. 109 Dig ., lib. XXXV, tt. I, 1. 59, y lib. I, tt. XVII, 1. 32 y 209. 110Ulpian., Fragm ., tt. XIX, § 1.

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JOS ANTONIO SACO /345 /345 /345 /345 /345111Varr., De Agricultura lib. I, cap. XVII. 112 Dig ., lib. XXI, tt. I, de dilit. Edict. 113 Dig ., lib. XX, tt. I, 1. 1, § 1. 114 Instit. Just ., lib. II, tt. IV, § 2, y tt. V, § 3. 115 Dig ., lib. XXXIX, tt. V, 1. 18, y 1. 31, § 2. 116 Dig ., lib. XXX, II, De Legatis 1. 32, § 2. Los cdigos romanos ofrecen por doquiera numerosas pruebas de esta verdad. 117 Institut. Just ., lib. II, tt. IX, § 3. 118 Dig ., lib. XXVIII, tt. I, 1. 19. 119 Dig ., lib. L, tt. XVII, 1. 22. 120 Cd. Just ., lib. IV, tt. XXVI, 1. 10; lib. VI, tt. II, l. 12 y 14. 121 Dig ., lib. XLV, tt. III, 1. 1, pr., y 1. 15. Inst Just ., lib. III, tt. XVII, pr., y § 1. 122 Dig ., lib. XLV, tt. III, 1. 3 y 7. Inst. Just ., lib. III, tt. XVII, § 3. 123Ulpian., Fragm ., tt. I, § 18. Paul., Sent ., lib. IV, tt. XII, § 1. 124 Dig ., lib. XLIX, tt. XV, l. 19, § 5. Cd Just ., lib. VIII, tt. LI, 1. 10 y 12. 125 Dig ., lib. XLVII, tt. II, 1. 17. 126 Dig ., lib. XLI, tt. I, 1. 32; lib. XLV, tt. I, 1. 62. Inst. Just ., lib. II, tt. IX, § 3. 127 Dig ., lib. XXIX, tt. II, 1. 26. Inst. Just ., lib. II, tt. IX, § 3, y tt. XIV, § 1. 128 Dig ., lib. XXVIII, tt. V, 1. 31, § 1, y 1. 35. Inst. Just ., lib. III, tt. XVII, pr. 129 Dig ., lib. XV, tt. I, 1. 5, § 3 y 4. 130Varr., Re Rust ., lib. I, § 17. 131 Dig ., lib. XV, tt. I, 1. 39. 132Terenc., For ., act. I, esc. I, vers. 43. Snec., Epst. 80. 133Virgi., glog III, vers. 16. Horac., lib. I, epst. VI, vers. 45 y 46. 134Sueton., Calg ., § 39. 135Varr., Re Rust ., lib. I, § 17. Plaut., Asin ., III, 1, vers. 521 a 524, y Merca ., III, I, 515. 136Aten., lib, VI, p. 274. 137 Dig ., lib. XV, tt. I, 1. 7, § 4; 1. 11, § 4 y 5, y 1. 37, p. 1.138 Dig ., lib. XV, tt. I, 1. 4, § 6, y 1. 7, § 4; lib. XXXIII, tt. VIII, 1. 6, § 2. 139Plutarc., Cat. Cens ., § 33. 140Plaut., Rudens 1, II, 74. Fabretti, Inscr ., n 38, p. 252. 141Terenc., For ., act. I, esc. I. 142Plin., lib. VIII, epst. 16. 143Snec., De Benef ., VII, 4. Dig ., lib. XV, tt. I, 1. 4, princip., y 1. 8 y 40. 144 Dig ., lib. XV, tt. I, 1. 16; lib. XVIII, tt. I, 1. 29, y lib. XXXIII, tt. VIII, 1. 24. 145 Dig ., lib. XV, tt. I, 1. 25. 146Gaii Inst. Coment ., I, § 109-113. 147Gaii, Instit. Coment ., I, § 111. 148 Dig ., lib. XLVIII, tt. V, 1. 34. Cd. Just ., lib. VI, tt. LVII, 1. 5, al fin. 149 Dig ., lib. XXV, tt. VII, 1. 3, § 1. 150 Dig ., lib. XXXVIII, tt. X, § 5.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 346\ 346\ 346\ 346\ 346\151 Dig ., lib. XLVIII, tt. V, 1. 6. Cd. Just ., lib. IX, tt. IX, 1. 23 y 24. 152 Dig ., lib. XLVIII, tt. II, 1. 5, Cd Just ., lib. IX, tt. XI, 1. 26. 153Paul., Sent ., III, VI, 38. Dig ., lib. XXXIII, tt. VII, 1. 12, § 7 y 33. 154Gori, Inscr ., n 231. Orelli, no 2842 y 2843. Fabretti, p. 311, n 347, y otros. 155Varr., I, § 17. 156Varr., lib. II, § 10. 157Plutarc., Cat. el Cens., § 32. 158Plutarc., Cat. el Cens ., § 32. 159Spon., Miscell Antiq ., p. 235. Muratori, p. 1297, n 7; p. 1034, n 1; p. 1582, no 5, y p. 1597, no. 1. Vase tambin la inscripcin de una columna funeraria que existe en el Museo del Louvre en Pars, sala l, n 109. 160Plaut., Mostellaria act. V, esc. I. 161 Dig ., lib. XXI, tt. I, 1. 17, § 1. 162 Dig ., lib. XXI, tt. I, 1. 17, § 4. 163 Dig ., lib. XXI, tt. I, 1. 17, § 8. 164“ Tene me quia via fugi et revoca me domino meo Bonifacio Linario ”. (Pignoris, Tract de Serv Rom ., p. 32.) 165 Dig ., lib. XI, tt. IV, 1. 1, pr. 166 Cd. Just ., lib. VI, tt. I, 1. 4. 167 Dig ., lib. XI, tt. IV, 1. 1, § 2. 168 Dig ., lib. XI, tt. IV, 1. 3. 169 Cd Teod ., lib. XIV, tt. XVIII, 1. nica. 170 Just Inst ., lib. II, tt. VI, § 1. 171 Cd. Just ., lib. VI, tt. I, 1. 3. 172Zsimo, V 42. 173Ammian. Marcel., lib. XXXI, cap. VI. 174Zsimo, V 22. 175 Cd Teod ., lib. XIV, tt. X, 1. 4. 176 Cd. Just ., lib. IX, tt. XII, 1. 10. 177Plaut., Menchm ., act. I, esc. I. 178Din Casio, XLVIII, 34. 179Sueton., Csar ., § 76. 180Lamprid., Alej. Sever ., § 65. 181 Dig ., lib. XLIX, tt. XVI, 1. 11. 182Plin., lib. X, epst. 39. 183Tit. Liv., tt. XXII, cap. LVII. 184 Institut Just ., lib. IV, tt. IV, § 3. 185 Institut Just ., lib. IV, tt. IV, § 4 y 5. 186 Dig ., lib. IX, tt. II, 1. 2. 187 Inst ., lib. IX, tt. I, § 5. 188 Dig ., lib. XI, tt. III, 1. 1, pr., y § 5.

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JOS ANTONIO SACO /347 /347 /347 /347 /347189 Dig ., lib. IX, tt. IV, 1. 1. Inst. Just ., lib. IV, tt. VIII, princ. 190 Inst. Just ., lib. IV, tt. VIII, § 2. 191 Dig ., lib. IX, tt. II, 1. 44 y 46, y tt. IV, 1. 2. 192Dig., lib. XLIV, tt. VII, 1. 20, y lib. L, tt. XVII, 1. 157. 193 Dig ., lib. LXVII, tt. VI, 1. 1. 194Terenc., For ., act. II, esc. I, vers. 292. 195Terenc., For ., act. II, esc. I, vers. 292. 196 Dig ., lib. XXII, tt. V, 1. 21, § 2. Cicer., Pro Dejotar ., § 1. 197 Dig ., lib. XLVIII, tt. XVIII, 1. 8. 198Paul., Sent ., lib. V, tt. XVI, § 3. Dig ., lib. XLVIII, tt. XVIII, 1. 6. 199Tcit., An ., III, 14. 200Paul., Sent ., lib. V, tt. XVI, § 4, 5 y 6. 201 Dig ., lib. XL, tt. IX, 1. 12, § 6. Cd. Just ., lib. IX, tt. IX, 1. 3. 202Cicer., Pro Mil ., § 22. 203Tit. Liv., lib. VIII, § 15. 204Cicer., Pro Mil ., § 22. 205Cicer., Pro Mil ., § 21. 206 Dig ., lib. XL, tt. IX, 1. 12, § 6. Cd. Just ., lib. IX, tt. IX, 1. 3. Tit. Liv., lib. VIII, § 15. 207 Dig ., lib. XLVIII, tt. V, 1. 27, § 11. 208 Dig ., lib. XLVIII, tt. IV, 1. 7. 209Ap., B. Civil ., IV, 26, 29, 39, 51. 210Luc., Farsal ., II, 148. 211Valer. Mxim., lib. VI, cap. V, De Just. Roman ., § 7. Plutarc., Sila § 14. 212Ap., B. Civil ., IV, 29. 213Din Casio, lib. XLI, cap. XXXVIII, p. 287. 214Tcit., An ., lib. II, § 30, y lib. III, § 67. 215Tct., Hist ., lib. I, § 2. Plin., Paneg ., § 42. Dig ., lib. XLVIII, tt. IV, 1. 7, § 2. 216Din Casio, lib. LVI, cap. XXVI, p. 826. 217Din Casio, lib. LIX, cap. VIII, p. 911. 218Snec., Ep. IV. 219Din Casio, lib. LXVIII, cap. I. 220 Dig ., lib. XLVIII, tt. XVIII, l. 1, § 16. 221“ In eadem oratione cavit ut servi in dominorum capita non interrogarentur, ne in causa majestatis quidem ”. (Flavius Vopisc., Tcit ., § 9). 222 Cd. Teod ., lib. IX, tt. V, 1. 1. 223 Cd Teod ., lib. IX, tt. XXI, 1. 2, § 1. 224Snec., Controv ., lib. III, cap. IX. 225Cicer., Pro Cluent ., § 13. Aul. Gel., lib. III, cap. III. 226Salust., Catil ., § 55. 227 Dig ., lib. XLVIII, tt. XIX, 1. 16, § 3, y 1. 28, § 16. 228 Dig ., lib. LXVIII, tt. XIX, 1. 28, § 11.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 348\ 348\ 348\ 348\ 348\229 Cd ., lib. IX, tt. XI, 1. nica. 230Paul., Sent ., lib. V, tt., XXI, § 4. 231 Dig ., lib. XLIX, tt. I, 1. 15. 232Tcit., An ., XI, 60. 233Cicer., In Verr ., V, 59 y 60. Tit. Liv., XII, 19, y XXVI, 15. 234Tit. Liv., lib. VI, § 20. 235Salust., Catil ., 55. Cicer., In Vatin ., § 11. 236Cicer., Pro Rabir ., § 5. In Verr ., V, 63 y 68. Pro Dejotar ., § 9. Valer. Mxim., lib. II, cap. VII, § 9. 237Paul., Sent ., lib. III, tt. V (Ad senatus consult. Sila.), § 7. Dig ., lib. XXIX, tt. V, 1. 1, n 18. 238Paul., Sent., ibdem, § 8. 239 Dig ., lib. XXIX, tt. V, 1. 1, § 22. 240 Dig ., lib. XXIX, tt. V, 1. 1, § 26. 241Ibdem, 1. 1, pr. 242 Dig ., lib. XXIX, tt. V, 1. 3. 243Tcit., Anal ., lib. XIV, cap. XLIII y XLIV. 244Tcit., Anal ., lib. XIV, § 45. 245Sueton., De Claris Rhetoribus § 1. 246Sueton., De Claris Rhetoribus § 1. Aul. Gel., XV, 11. Cicer., De Ora ., III, 24. 247Polib., lib. VI. 248Plutarc., Vida de Pirro § 24. 249Varr., De Re Rust ., lib. I, § 17. 250Cicer., De Offic ., lib. I, § 3. 251Cicer., Ad Diversos XVI, 4. 252Cicer., Ad Attic ., I, 12. 253“ Nam puer festivus, anagnostes noster, Sositheus decesserat, meque plus, quam servi mors debere videbatur commoverat ”. (Cicer., Ad. Attic ., I, 12.) 254Plin., lib. VIII, epst. 16. 255Diod. Sic., Fragm ., lib. XXXIV, § 35. 256Plutarc., Catn el Censor § 7. 257Snec ., De Ira, III 43 258Snec., Epst. 95. 259Snec., De Clement ., lib. IV, § 18. 260Snec., Epst. 47. 261Snec., Epst. 47. 262Snec., Epst. 47. 263Plat., Leyes lib. VI. 264Act. Apost., cap. XXVIII, vers. 30 y 31. 265San Agustn, vol. II, epst. 153. 266Ms de 70 millones de francos. 267Tc., Anal ., lib. XIII, § 42.

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JOS ANTONIO SACO /349 /349 /349 /349 /349268Macrob., Saturnal lib. I, cap. XI. 269Plaut., Captiv, act. III, esc. V, vers. 616. 270Valer. Mxim., lib. IV, cap. VIII. 271Diod. Sic., Fragm ., lib. XXXVIII, 15. Valer. Mxim., lib. VI, cap. VIII. 272Macrob., Saturn ., lib. I, cap. XI. Snec., De Benef ., III, 23. 273Plutarc., Mario § 47. 274Macrob., Saturn ., lib. I, cap. XI. 275Macrob., Saturn ., lib. I, cap. XI. Snec., De Benef ., III, 23. 276Macrob., Saturn ., lib. I, § 11. 277Valer. Mxim., lib. VI, cap. VIII Macrob., Saturn ., lib. I, cap. XI. 278Vase a Snec., De Benef ., III. § 23-36; a Valer. Mxim., VI, 8, y a Macrobio en las Saturnales I, 11.

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APNDICES APNDICES APNDICES APNDICES APNDICESI Lago Mœris(Pgina 39) “Como las crecidas del Nilo, dice Diodoro de Sicilia, no tenan siempre una medida regular, y que de la regularidad de este fenmeno depende la fertilidad del suelo egipcio, Mœris hizo un lago destinado a recibir el exceso de las aguas a fin que no inundasen por su abundancia el pas sin oportunidad, formando pantanos y estanques, y que, por su falta, no se perdiesen las cosechas. Para que este lago se comunicase con el ro, l construy un canal de 80 estadios (8 000 m) de largo y sobre tres plthres (unos 87 m) de ancho. De este modo, se retiraban las aguas y se poda, abriendo y cerrando la entrada por medio de mquinas dispendiosas, procurar a los agricultores bastante agua para fertilizar sus tierras. Para abrir y cerrar este sistema de esclusas gastbanse no menos de 50 talentos.1 Este lago an existe en nuestros das con las mismas ventajas que antes, y hoy se le llama por su constructor lago Mœris”. (Diod. Sic., lib. I, cap. LII.) Esto dijo de aquel lago Diodoro de Sicilia, y de l hablan tambin Herodoto, Strabn y otros escritores de la Antigedad. Segn los dos primeros, su circunferencia era de 3 600 estadios (360 km), y su profundidad de 50 orgias (90 m). El rey que lo construy dej en el centro un espacio libre para erigir un sepulcro y dos pirmides de un estadio de altura; una para l, y otra para su mujer, colocando en su cspide estatuas de piedra sentadas en un trono. Decase que el lago encerraba 22 gneros de peces, cuya pesca era tan productiva, que en los seis meses que entraba el Nilo en el lago, renda al real tesoro 20 minas (1 834 frs.) al da, y en los seis en que las aguas se retiraban, un talento diario (5 500 francos); renta que el rey seal a su mujer para sus adornos. (Herodot., lib. II, cap. CXLIX. Diod. Sic., lib. I, cap. LI y LIII.) Los griegos dieron equivocadamente a ese lago el nombre de Mœris, por haber credo que as se llamaba el rey que lo construy. Tal nombre

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 352\ 352\ 352\ 352\ 352\ no se encuentra en ningn monumento, ni en la lista de reyes que trae Manethon. l fue obra de Amen-m hat III, que rein al fin de la duodcima dinasta, segn Manethon, y poco antes de la invasin de los hyksos. Los antiguos egipcios, en su lengua copta, llamaron aquel lago Phiom en mere o sea: lago de la inundacin del Nilo. La palabra mere, que significaba el agua que haba formado el lago, fue transformada errneamente por los griegos en el nombre imaginario de un rey Mœris. Andando el tiempo, la palabra phiom (lago) se aplic a toda la provincia donde l estaba, y de ah se deriv despus el actual nombre de Faim (R. Lepsius, Cartas sobre el Egipto Etiopa etc ., carta XI.) Hanse encontrado en nuestros das algunos restos que prueban la existencia de lago tan extraordinario. Linant, clebre ingeniero francs, al servicio del Egipto, descubri algunas de las gigantescas esclusas, de millas de largo, que ponan en comunicacin al dicho lago con el canal del Nilo. ( Mmoire sur le lac Mœris, prsent et lu la Socit Egyptienne, le 5 juillet 1842, par Linant de Bellefonds, Inspecteur gnral des ponts et chausses, publi par la Societ Egyptienne. Alexandrie, 1843, in-4.) Pero cuntos trabajadores se emplearon en obra tan estupenda? La historia guarda silencio no slo acerca de su nmero, sino tambin de su condicin, e importante sera saberlo, porque as pudiramos tal vez conocer si todos fueron libres, o si hubo esclavos entre ellos.II Sobre el laberinto(Pgina 39) Fue el Laberinto, en concepto de Herodoto, el monumento ms portentoso de todo el Egipto, ora se considere su trabajo, ora su costo. Hallbase cerca de la ciudad de Crocodilpolis, y componase de 12 patios cubiertos, rodeados de muros, cuyas puertas estaban unas en frente de otras, seis al norte, seis al sur, todas contiguas. Encerrbalas un muro exterior; sus aposentos eran dobles, de los que estaban 1 500 bajo la tierra, y 1 500 encima. Herodoto visit los segundos, lo que no se le permiti con los primeros, porque, segn le dijeron, servan de sepultura a los cocodrilos sagrados y a los reyes que lo haban construido. Los pasajes al travs de las cmaras, las salidas de stas para entrar en los patios, y de stos en aqullas, causaban el mayor asombro. De piedra era el techo de todos estos edificios, lo mismo que los muros que estaban por todas partes adornados de figuras en relieve. Alrededor de cada

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JOS ANTONIO SACO /353 /353 /353 /353 /353 patio haba una columnata de piedras blancas perfectamente unidas. Al remate del laberinto alzbase una pirmide de 50 brazas (90 m), en la cual estaban esculpidas grandes figuras de animales. (Herodoto, lib. II, cap. CXLVIII.) Cuentan los antiguos griegos que Maros, Mendes o Imandes fue el rey que erigi el Laberinto, o ms bien la pirmide levantada en l para su tumba. En la lista de reyes de Manethon, aquel monarca aparece hacia el fin de la duodcima dinasta, que fue la ltima de la antigua monarqua poco antes de la invasin de los hyksos o pastores. (Lepsius, Cartas sobre el Egipto Etiopa etc ., carta XI.) Del Laberinto hablan tambin Diodoro de Sicilia, lib. I, cap. LXI, y Strabn, lib. XVII, cap. I, § 16. Y sensible es repetir, que aqu tambin guarda silencio la historia sobre el nmero y condicin de tantos brazos como trabajaron en tan portentoso monumento.III Sobre las tres grandes pirmides de Gizeh(Pgina 39) Pens Herodoto que estas pirmides eran sepulcros de reyes: verdad que han confirmado los importantes descubrimientos hechos sobre el Egipto desde fines del pasado siglo. Ellas cuentan ms de 5 000 aos y violas el patriarca Abraham, cuando visit aquel pas. La ms alta fue construida por el faran Khufu; la segunda, por Khafra; y la tercera, por Menkaura. Herodoto llam Cheops al primero, Chefrn al segundo, y Micerino al tercero. La gran pirmide est asentada sobre una roca que se eleva a 32 metros sobre las aguas del Nilo, cuando estn ms hinchadas. Los miembros de la comisin cientfica que llev Napolen a Egipto, dieron a la primera pirmide la altura vertical de ms de 144 metros; a la segunda, 138 metros; y a la tercera, como 53. La solidez de la gran pirmide es de 2 620 000 metros cbicos; la de la segunda, de 1 880 000; y la de la tercera, de 193 000. Napolen escribi en Santa Elena una nota relativa a la ms alta de las tres pirmides. “La roca en que descansa esta pirmide est 130 pies sobre el Nilo, 134 sobre el capitel de la columna del Mekias, 143 sobre el mar Rojo (crecientes), 173 sobre el Mediterrneo. En la base superior de la pirmide truncada, nos hallamos a 551 pies sobre el valle del Nilo, 594 sobre el Mediterrneo, 564 sobre el mar Rojo. Esta pirmide tiene 1 128 000

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 354\ 354\ 354\ 354\ 354\ toesas cbicas, o lo que es lo mismo, piedra suficiente para hacer una muralla de 4 toesas de alto y una de ancho, por espacio de 563 leguas, o con que circunvalar el Egipto desde el Barathron, en Siene, hasta el mar Rojo, y desde Suez hasta Rafah, en Siria”. Curioso es tambin el clculo que otros han formado sobre las piedras de dichas pirmides. Si con las de la primera se quisiera construir un muro de 3 metros de altura y de un tercio de metro de ancho, se obtendra un muro de 262 mirimetros; con las de la segunda, uno de 188; y con las de la tercera, uno de 19: de manera, que todas las piedras de las tres pirmides formaran un muro de 469 mirimetros, o sea 1 054 leguas de longitud; es decir, un muro que podra atravesar el frica, desde Alejandra hasta la costa de Guinea. (Nota a la traduccin francesa de Strabn, puesta a un pasaje del lib. XVII, cap. I, § 14.) De las tres grandes pirmides, la segunda llamada de Chefrn, es el monumento ms interesante de la Antigedad para la metrologa. Su base, que es de 106 toesas y dos tercios, era el patrn del estadio egipcio, el cual representaba la quingentsima-cuadragsima parte del grado de la eclptica, avaluado primitivamente por los egipcios en 57 600 toesas. Esta base contiene exactamente 400 codos de a 10 y 9 pulgadas, dos lneas y cuatro dcimos; o sea, 520 milmetros. “Con estos solos datos, dice un esclarecido cubano,2 y el conocimiento del codo nilomtrico (tricentsima-sexagsima parte del estadio) se puede construir de nuevo todo el sistema mtrico del antiguo Egipto y explicar su geografa comparativa”. As aparece demostrado en la memoria sobre la “Constitucin Fsica del Egipto”, escrita por De Rozire, miembro de la referida comisin.IV Sobre el antiguo canal del Egipto(Pgina 39) La poca en que se empez y termin este canal, asunto es de varias y encontradas opiniones entre los autores de la Antigedad. Al decir de Herodoto, comenzolo Nekos, rey de Egipto, pero suspendiolo, por haberle un orculo anunciado que trabajaba para los brbaros, que as apellidaron los egipcios a los extranjeros; suspensin que Strabn atribuye a la temprana muerte de aqul. Bajo la dominacin persa, continuolo Daro I, y diole fin juntando las aguas del Nilo con el mar Rojo. Era su longitud de cuatro jornadas de navegacin y de una anchura que podan vogar apareadas dos trirremes. Tal es el relato de Herodoto, lib. II, cap. CLVIII, y lib. IV, cap. XLII.

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JOS ANTONIO SACO /355 /355 /355 /355 /355 Cotejando este pasaje con otros de Aristteles, Diodoro de Sicilia, Strabn y Plinio, surgen algunas dificultades y aun contradicciones. Aristteles atribuye a Sesostris el comienzo de esta obra, y a Daro su continuacin; pero asevera que la abandon por haber sabido que estando la tierra ms baja que el nivel del mar Rojo, la entrada de ste en el Nilo descompondra las aguas potables con gran dao de la poblacin. De notar es, que Aristteles no menciona a Nekos, ni tampoco habla de la existencia de un canal concluido como afirma Herodoto. (Aristteles, Meteorolog ., I, 14.) Esto induce a creer que ese canal, por su poca anchura y profundidad, ya estaba obstruido en los das de Aristteles, que vivi un siglo despus de aquel historiador, pudiendo as conciliarse la aparente contradiccin que se advierte entre los dos. Diodoro concuerda con Herodoto en que hubo un canal desde la boca Pelusiaca hasta el mar Rojo; que Nekos lo empez, y Daro lo continu; pero que ste suspendi sus trabajos por haberse descubierto que siendo el nivel del mar Rojo ms alto que las tierras de Egipto, stas seran inundadas. Aade que ms tarde lo concluy Tolomeo II, haciendo construir en el lugar ms conveniente una especie de barrera con mucho arte, que se abra a voluntad para que los buques pasasen, y se cerraba inmediatamente despus. Por eso se llam ro de Tolomeo a la parte del canal hecha por l. (Diod. Sic., lib. I, cap. XXXIII.) A unos oy decir Strabn que su constructor fue Sesostris, y a otros que Nekos; mas, Plinio refirese solamente al primero. Ambos admiten que Daro lo continu, pero que lo interrumpi por temor de inundar el Egipto, o de corromper las aguas del Nilo. Los mismos afirman tambin que Tolomeo Filadelfo lo prosigui, y Plinio expresa que lo llev desde el mar Rojo hasta los lagos Amargos por espacio de 37 500 pies de largo, 100 de ancho, y 48 de profundidad. (Plin., lib VI, cap. XXXIII.) En el conflicto de tantas opiniones, Lepsius, director de la expedicin cientfica prusiana, de que ya he hablado en su lugar, piensa juiciosamente que en vez de un canal, hubo dos; y de esta manera, se puede fcilmente explicar la razn por qu unos atribuyen su comienzo a Sesostris o Ramss II, y otros a Nekos, muchos siglos despus. El canal primitivo empezado por Sesostris arranc del Nilo en Bubastis y dirigiose en lnea exactamente oriental hasta Heronpolis, cerca de Seba-Biar, hoy Mkfar. En su apoyo, menciona haberse encontrado en las inmediatas ruinas de Abu-Kesheb un grupo de granito que representa a ese rey, y que debi de estar en el templo de aquel sitio. Ramss fue gran monarca: abri diversos canales con objetos varios; los egipcios, que desde tiempos muy remotos poseyeron, con la mayor perfeccin, el arte de nivelar, practicronlo ms que nunca en tiempo de Ramss; y, por tanto, no es extrao que ste hubiese concebido el proyecto de que se comunicasen los dos mares.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 356\ 356\ 356\ 356\ 356\ En un mapa cuidadosamente levantado por de Rozire, ingeniero en jefe de la expedicin cientfica que llev Napolen a Egipto, marcronse distintamente los vestigios de dos cortaduras diferentes relativas al canal que juntaba el Nilo con el mar Rojo. La primera desde Heronpolis, trmino de la obra de Sesostris, hasta los lagos Amargos, era solamente de unos 7 000 metros; la segunda desde aqullos hasta el mar Rojo meda casi 28 000. Es, pues, ms que probable que la primera fuese obra de Nekos, y que llegando hasta los lagos Amargos, hubiese suspendido su obra, o por los motivos ya indicados, o por temor de inundaciones. La segunda cortadura representa la parte del canal, continuado por Daro I, rey persa. En una excursin militar que el referido De Rozire hizo desde Suez, descubri un montn de ruinas en un distrito no determinado exactamente, pero que no poda estar lejos de la extremidad meridional de los lagos Amargos, en el cual estaban esparcidos los restos de la estatua de un rey persa, y varios fragmentos de inscripciones cuneiformes, todas en granito rojo. ( Description de l’Egypte Antiquits col. VIII, p. 27, etc.) Adems, la porcin ms grande de aquellas inscripciones contena cabalmente el nombre del rey Daro. Y en verdad, que la existencia de ruinas e inscripciones persas, en esta parte del istmo, difcil es de explicar, si no se refiere a la apertura del canal situado en l; y esto fortalece el testimonio de Herodoto atribuyendo al rey Daro la terminacin de aquella obra, no obstante lo que en contrario digan otros autores. Para aumentar el declive del canal, transportronse sus orgenes, en tiempo del emperador Trajano,3 de Bubastis hasta Babilonia, corriente arriba del Nilo. Pretenden algunos que ese canal nunca sirvi para la navegacin; pero Luciano, empleado en Egipto por los aos 160 de la era cristiana, y que deba saber lo que sobre este punto pasaba, dice en trminos positivos que se iba por agua y en bote, desde Alejandra hasta Clisma, en el mar Rojo. (Lucian., Pseudomant ., § 44.) Segn Letronne, este canal fue navegable hasta el tercer siglo de nuestra era, pero fue interrumpido despus hasta que el califa Omar lo reabri en el ao 639. Con esta aseveracin no concuerda un pasaje de Gregorio de Tours, tomado de la relacin de un peregrino, y segn la cual era todava navegable hacia el ao 500 de Jesucristo. Letronne dice tambin que desde su reapertura por Omar permaneci navegable hasta el ao 762 o 767 en que fue de intento obstruido por el califa El-Mansur. Sin entrar en largas disertaciones sobre la historia de este canal, podemos establecer las conclusiones siguientes: 1 En el ao 1350 antes de Cristo, Sesostris (Ramss II) abri un canal de Bubdastis a Heronpolis, cerca de Seba-Biar. 2 En el ao 600 antes de Cristo, Nekos parece que prolong este canal hasta los lagos Amargos.

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JOS ANTONIO SACO /357 /357 /357 /357 /357 3 El ao 500 antes de Cristo, Daro, continuando el canal desde los lagos Amargos hasta el mar Rojo, junt por primera vez las aguas de ste con las del Nilo. 4 En el ao 350 antes de Cristo, y en tiempo de Aristteles, parece que el canal ya estaba obstruido. 5 En el ao 250 antes de Cristo, Tolomeo Filadelfo abri un ancho canal (ro Tolomeo), desde el mar hasta los lagos Amargos, y levant la ciudad de Arsinoe, orillas del mar Rojo. 6 En el ao 100 de Jesucristo, Trajano abri un nuevo canal (ro Trajano), desde Babilonia hasta Heronpolis. 7 En 643 o 644 despus de Cristo, el califa Omar restableci la interrumpida comunicacin. 8 En 762 o 767 de Cristo, el canal fue obstruido por el califa ElMansur.4VSobre el embalsamamiento de los cadveres humanos en Egipto(Pgina 45) Antiqusima fue la costumbre de embalsamar los cadveres en Egipto. Cuando all muri el patriarca Jacob, su hijo Joseph mand a sus esclavos mdicos que lo embalsamasen, no como novedad que se introduca, sino conforme a la usanza general del Egipto. Aquella operacin dur 40 das. (Gnesis, cap. I, vers. 2 y 3), y no 70 como en siglos posteriores. Para embalsamadores, nombr la ley egipcia ciertas personas que despus de su muerte trasmitan a sus hijos el ejercicio de esta profesin. Tres fueron las especies de embalsamamiento. La primera costaba 1 talento de plata; la segunda, 20 minas, y la tercera, mucho menos. Cuando mora alguna persona, los parientes llevaban el cadver a los embalsamadores, quienes les presentaban tres modelos de muertos en madera, pintados al natural, para que escogiesen. Hecha la eleccin, y ajustado el precio, retirbanse los parientes, y aqullos procedan a su obra. Si el embalsamamiento era de primera clase, comenzbase por sacar el cerebro por la nariz, parte con un hierro encorvado, y parte por medio de drogas que se introducan en la cabeza. Despus uno de ellos trazaba en el costado izquierdo el paraje por donde se deba hacer la incisin; otro en seguida practicaba sta con una piedra cortante de Etiopa, el cual, segn Diodoro de Sicilia, se escapaba a la carrera, per-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 358\ 358\ 358\ 358\ 358\ seguido de los asistentes que le arrojaban piedras, y proferan imprecaciones como para descargar sobre l la venganza de este crimen, pues los egipcios miraban con horror a quien violaba el cuerpo de uno de los suyos, hirindole o cometiendo otra violencia. Sin embargo, los embalsamadores gozaban de muchas consideraciones, porque estaban en relacin con los sacerdotes, y tenan, como ellos, entrada en el santuario. Introducida la mano por la incisin, sacbanse las entraas, excepto los riones y el corazn; limpibaselas, lavbaselas con vino de palma; frotbaselas en seguida con aromas majadas, y despus se llenaba el vientre de mirra pura machacada, de canela y de otros perfumes, salvo el incienso. Hecho esto, cosase la herida, y salbase el cadver, cubrindole de natrn durante 70 das. Transcurrido este plazo, que no era permitido prorrogar, lavbase el cadver, y envolvasele enteramente en bandas de tela de algodn, untadas de goma arbiga, que ordinariamente serva de cola a los egipcios. Retirbanlo entonces los parientes, y haciendo construir una caja de madera de forma humana, encerrbanlo en ella, y ponanla derecha contra el muro en una sala destinada al efecto, donde se conservaba mientras no se le eriga, fuera de ella, una tumba particular. Tal era el modo ms costoso de embalsamar. Cuando se escoga la segunda especie, no se haca incisin alguna, ni se sacaban las entraas con la mano. Un lquido aceitoso, extrado del cedro, inyectbase por el ano en el vientre del muerto; tapbase este conducto; cubrase el cadver de natrn durante los 70 das mencionados; y en el ltimo, quitbase el tapn del ano y entonces sala del vientre el lquido inyectado, cuya fuerza era tan grande que disolva las entraas arrastrndolas consigo. El natrn consuma las carnes, y del cuerpo slo quedaban la piel y los huesos. Concluida esta operacin entregbase el cadver. La tercera especie de embalsamamiento, que era para los pobres, consista en inyectar el cadver con un lquido llamado surmaya y en cubrirlo de natrn durante los referidos 70 das. Despus entregbase a los parientes. (Herodoto, lib. II, cap. LXXXVI-LXXXVIII. Diod. Sic., lib. I, cap. XCI.)VI Sobre los animales sagrados(Pgina 50) En gran veneracin tuvieron los egipcios a ciertos animales; y fueron el buey, la oveja, cabra, cabrn, perro, lobo, gato, len, cinocfalo,

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JOS ANTONIO SACO /359 /359 /359 /359 /359 icneumn, musaraa, hipoptamo, nutria, guila, gaviln, ibis, tadorne, axyrynchus cocodrilo, lepidote, latos, anguila y una especie de serpiente. Pero de estos animales unos se veneraron como sagrados en toda o la mayor parte del Egipto, y otros, solamente en algunas comarcas o ciudades. A esta ltima clase perteneca la oveja, que nicamente se vener entre los saitas y tebaicos; la cabra y el cabrn, entre los mendecianos; el perro, en Cinpolis; el icneumn, en Heraclepolis; el latos, pez del Nilo, entre los latopolitas; el cinocfalo, en Hermpolis; el lobo, en Licpolis; el guila, entre los tebanos; el len, entre los leontopolitas; la musaraa, en Attribis; el hipoptamo, en la comarca de Paprmite; y en las inmediaciones de Tebas, una especie de serpiente, innocua al hombre, y que despus de muerta se enterraba en el templo de Jpiter. Acerca del origen del diferente culto que a estos animales se tributaba, poco acordes entre s estuvieron los egipcios. De entre todos los animales referidos, hubo algunos que solamente fueron tenidos por sagrados; mas, otros recibieron adems el culto de dioses, ora en todo el Egipto, ora en ciertas partes de l. Cuntanse en su nmero la vaca que se alimentaba en Momenfis, el buey Mnevis en el templo del Sol de Helipolis, y el buey Apis en Menfis. En todos los dems parajes, as del Delta, como fuera de l, los dems animales de la misma especie, machos o hembras, eran simplemente considerados como sagrados. A estos tres animales, Diodoro de Sicilia agreg tambin como divinidades el cocodrilo, el icneumn, el cabrn y el len; y los habitantes de la ciudad de Oxyrynchus adoraron al animal de este nombre, erigindole un templo. El buey Apis tena la frente blanquecina, lo mismo que otras pequeas partes del cuerpo, siendo negro lo dems. Luego que mora, buscbasele sucesor con todo el ceremonial de un luto pblico, y cuando reuna los signos indicados, llevbasele a Menfis, en donde 100 sacerdotes le introducan en el santuario, transformndose desde entonces en divinidad y ocupando el lugar del muerto. A ste embalsambanle los sacerdotes para conservarle, sepultndole con extraordinaria magnificencia. Cuntase que cuando Tolomeo, hijo de Lagus, fue, despus de la muerte de Alejandro, a tomar posesin del Egipto, muri de vejez el buey Apis en Menfis, y su guardin gast en sus funerales, no slo toda su fortuna, que era grande, sino que tambin pidi prestados a Tolomeo 50 talentos de plata (unos 50 000 pesos), para los dems gastos. Todava en tiempo de Diodoro de Sicilia, aquellos guardianes no gastaban menos de 100 talentos en los funerales de esos animales. El origen de la divinidad que se atribuy al buey, provino de los grandes servicios que prestaba a la agricultura, pues era compaero del hombre en sus labores.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 360\ 360\ 360\ 360\ 360\ En la ciudad de Crocodilpolis, asentada a orillas del lago Mœris, y as llamada porque era en ella muy venerado el cocodrilo, los habitantes mantenan en aquel lago uno domesticado por los sacerdotes. stos lo alimentaban de pan, carne, vino y otros comestibles que le llevaban los extranjeros que queran verle. Strabn fue uno de ellos, y refiere que hallndose el animal en la orilla del lago, los sacerdotes le cogieron, abrironle unos la boca, otro le puso en ella la comida, y que lanzndose entonces al lago el cocodrilo, pas rpidamente a la margen opuesta. Cuando este animal mora, embalsambasele y encerrbasele en una caja construida al efecto. Extrao sin duda es que se hubiese tributado culto divino a tan feroz animal; mas, danse para esto dos razones: Una, que menos el Nilo que los cocodrilos que en l viven, eran la mejor defensa del pas; que los salteadores de la Arabia y de la Libia, no se atrevan, por el gran nmero de estos animales, a cruzar el ro a nado, y que habra lo contrario acaecido, si los cazadores los mataran. Otra, que perseguido por sus perros un antiguo rey de Egipto, llamado Menes, refugiose al lago Mœris, y transportado sobre el lomo de un cocodrilo hasta la margen opuesta, construy en las inmediaciones, para recuerdo de este beneficio, una ciudad con el nombre de Crocodilpolis, ordenando a sus habitantes que adorasen como dioses a los cocodrilos. Pero si tal veneracin merecieron en aquella ciudad, hubo otra, cual fue la de Heraclepolis, cuyos habitantes los tuvieron por el animal ms pernicioso. A los animales que merecan culto divino, consagrbaseles un pedazo de tierra, cuyo producto bastase para su alimento y conservacin. En las enfermedades de sus hijos, los egipcios hacan votos a alguna de aquellas divinidades, y consistan en raparse la cabeza, pesar los cabellos por un peso igual de oro o plata, y dar su importe en moneda a los que cuidaban los animales sagrados. Estos guardianes, lejos de avergonzarse, envanecanse en rendirles culto; mostrbanse con sus insignias en las ciudades y en los campos, y reconocidos que eran como tales guardianes, todos los saludaban respetuosamente. Muerto alguno de estos animales, envolvanlo en una mortaja, y dndose golpes en el pecho, y lanzando gemidos, llevbanlo a los embalsamadores. Despus del embalsamamiento, depositbanlo en una caja sagrada y sepultbanlo con una magnificencia que a veces sobrepujaba a sus recursos. El matador voluntario de algn animal sagrado era condenado a muerte, pena que tambin sufra el que voluntaria o involuntariamente mataba un gato o un ibis. Cuando tales casos ocurran, el pueblo, sin previo juicio, se precipitaba sobre el matador para despedazarlo. “Todo esto, dice Diodoro de Sicilia, inspira tanto temor, que quien encuentra uno de estos animales muertos no se acerca a l, prorrumpe en grandes lamentaciones y protesta de su inocencia. El respeto y el culto por

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JOS ANTONIO SACO /361 /361 /361 /361 /361 estos animales estaban tan arraigados, que en la poca en que el rey Tolomeo no era todava aliado de los romanos, y en que los habitantes reciban con el mayor agasajo a los viajeros de Italia, por temor de guerra, un romano que haba matado un gato fue asaltado en su casa por el populacho arrostrando la venganza de Roma, y no pudo sustraerse del castigo, bien que su accin haba sido involuntaria, y que el rey envi magistrados para salvarlo. De este hecho, yo fui testigo ocular, durante mi viaje a Egipto”. (Herodoto, lib. II, cap. LXV, LXIX, LXXI,LXXII, LXXIV y LXXV. Diod. Sic., lib. I, cap. XXI, XXXV y LXXXVIII-XC. Strabn, lib. XVII, cap. I, § 10, 14 y 17.)VII Sobre Tarsis(Pgina 54) En el libro I de los Reyes, cap. X, vers. 22, lese lo siguiente: “El rey [Salomn] tena en el mar la flota de Tarsis con la de Hiram; y, cada tres aos, la flota de Tarsis volva, trayendo oro, plata, marfil, monos y pavos reales”. En este pasaje no se habla de Ofir; pero mencinase expresamente en el versculo 11 del mismo captulo y libro, en el versculo 28 del captulo IX, y en el 19 del captulo XXII. De estos diferentes pasajes puede inferirse que Salomn tena dos flotas, una que iba a Tarsis, y otra a Ofir. Acerca de este ltimo punto ya hemos discurrido en esta obra; pero en cuanto a Tarsis, veamos qu cosa es. Registrando la antigua geografa, damos con un pueblo llamado Tarse o Tarso, asentado no lejos del embocadero del Cidnus, y capital de la provincia de Cilicia, en el Asia Menor; mas, no obstante la semejanza de nombres, imposible es que tal sea el punto a que se refiere el Viejo Testamento. Para que las flotas de Salomn saliesen del puerto de Asiongaber en el mar Rojo, y llegasen al Asia Menor, necesario era que rodeasen toda el frica y entrasen en el Mediterrneo. Pero tal navegacin era entonces absolutamente desconocida, porque la primera vez que se habla de haberse navegado en derredor del frica, partiendo del mar Rojo, es en tiempo de Nekos, rey de Egipto, seis siglos antes de la era cristiana, y Salomn vivi 1 000 aos antes de ella. A tan insuperable dificultad jntase la no menor, de que los productos exportados de Tarsis no se encontraban en ninguna parte del Asia Menor.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 362\ 362\ 362\ 362\ 362\ Algunos autores, sin vacilar, situaron a Tarsis en el medioda de Espaa, fundndose en que haba una ciudad, en la Btica, de nombre Tartesus; y por cierto, que entre ste y el de Tarsis no hay mucha semejanza. Describiendo Plinio la Btica coloca poco ms all de la entrada del estrecho de Gibraltar, la ciudad Carteya, a la que dice llamaron Tartesos los griegos. (Plin., Hist Natural lib. III, cap. III, § l.) Piensan algunos que sus ruinas existen cerca de San Roque, en el embocadero del ro Guadarranque; mas, hay quien opina que la clebre Tartesus se hallaba en el sitio ocupado hoy por Cartaya, lugar que, en otro tiempo, pudo llamarse Carteia (Chr.-Th. Reichard, Thesaurus topog ., Norimb., 1824, n 7.) Strabn se expresa as: “Al salir del Mediterrneo, djase a la derecha el monte Calpe [la montaa de Gibraltar]. A 40 estadios de esta montaa est Cartaia, ciudad antigua y considerable, donde tenan los iberos, en otro tiempo, un arsenal de marina”. (Strab., lib. III, cap. I, § 2.) Tratando el historiador Mariana del asiento y circunferencia de Espaa, dice que despus de Gibraltar se sigue Tarteso, o Tarifa, como vulgarmente la llaman los espaoles. (Mariana, Historia de Espaa lib. I, cap. II.) Sea lo que fuere de Tarteso, o Tartesus, de su derivacin de Tarsis, y de su situacin en Espaa, no es creble que las flotas de Salomn llegaran a ella desde el puerto de Asiongaber, en el mar Rojo. Yo convengo en que de all, pudieron exportarse oro y plata en abundancia, pues de ambos metales hubo ricas minas en la antigua Iberia. Quiz tambin, hubieran podido sacarse monos, aunque lo dudo, porque, si bien existen aquellos cuadrumanos en la montaa de Gibraltar, y yo mismo los vi en 1838, la historia no hace mencin de su existencia all en aquellos tiempos remotos, y en mi concepto, su primera entrada sera bajo la dominacin de los rabes, cuando stos, pasando de frica muchos siglos despus, conquistaron a Espaa. Respecto del palo de sndalo, pavos reales y otros efectos que llevaron las flotas de Salomn, delirio sera pensar que de Espaa los sacaron, porque en ella no existieron semejantes artculos de comercio. Pero surge todava dificultad ms grave, y es la imposibilidad que naves procedentes del mar Rojo acometiesen la navegacin en torno del frica, que como ya he dicho, era del todo ignorada. Si a Espaa hubieran ido las flotas de Salomn, natural es que este monarca se hubiera valido de la muy fcil, breve y conocida ruta del Mediterrneo, cuyas aguas baan las costas de Palestina; y tanto ms, cuanto sus naves estaban en gran parte tripuladas por sus vecinos los fenicios, mareantes los ms expertos de toda la Antigedad, y que estaban muy familiarizados con la navegacin de aquel mar. Un autor muy versado en la historia y letras hebraicas me parece que ha resuelto satisfactoriamente esta cuestin. l dice que, en el lenguaje de los marinos fenicios, llamronse generalmente buques de Tarsis

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JOS ANTONIO SACO /363 /363 /363 /363 /363 los buques destinados a largos viajes, y que el autor de las Crnicas (II. Crnic ., cap. IX, vers. 21), ignorando el significado de aquellas palabras, hizo viajar errneamente las naves de Salomn desde el mar Rojo hasta el punto imaginario de Tarsis. (Munk, Descript ., etc ., de la Palestine lib. III, IV perodo, p. 295, nota 2.)VIII Sobre el ao Sabtico(Pgina 54) As como el sbado o da sptimo de la semana deba consagrarse al reposo, del mismo modo deba dejarse descansar la tierra un ao en cada siete (Deuter., cap. XV, vers. l); y he aqu, por qu a ste se le llam ao Sabtico, o sbado de la tierra. Durante l, suspendanse todos los trabajos de la agricultura; y el fruto de los rboles, y cuanto ms produca la tierra espontneamente, era para los pobres, esclavos, extranjeros, y aun animales. (xod., cap. XXIII, vers. 10 y 11. Levit., cap. XXV, vers. 2 a 7.) Tampoco poda el acreedor perseguir al deudor, y por eso se le llam tambin ao de descanso o abandono. Durante l y la fiesta anual de los Tabernculos, deban leerse al pueblo los libros de la ley, lectura a que podan asistir los extranjeros. El ao Sabtico empezaba haca el equinoccio de otoo, y segn la tradicin, parece que el primero se celebr a los 14 aos de la entrada de los hebreos en la tierra de Canan; pero en sentir de Michaelis (tom. II, § 74) es probable, que nunca se observ sino despus de su vuelta del destierro de Babilonia. El objeto de Moiss, al establecer el ao Sabtico, fue inspirar a su pueblo sentimientos de humanidad; pero Tcito, con las preocupaciones de un pagano, y sin comprender el espritu de las leyes mosaicas, atribuy su institucin a la pereza de los hebreos: “ Septimo die otium placuisse ferunt, quia is finem laborum tulerit; dein, blandiente inertia, septimum quoque annum ignaviœ datum ” (Tcit., Hist ., lib. V., cap. IV.)IX Sobre el ao del Jubileo(Pgina 54) El da de las expiaciones, que era el dcimo del sptimo mes, se proclamaba el Jubileo, al son del jobel, que era quiz trompeta, y de aqu la

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 364\ 364\ 364\ 364\ 364\ palabra Jubileo. Instituyose con el fin de restablecer el equilibrio de la sociedad hebrea, pues en l se perdonaban las deudas (Josefo, Antiged ., lib. III, cap. XII y XIII); el esclavo hebreo adquira su libertad; y las tierras vendidas volvan a sus antiguos poseedores. Parece que el Jubileo nunca se observ antes del destierro de Babilonia. (Michaelis, Mosaiches Recht tom. II, § 73.)X Sobre la diversidad de enlaces entre los hebreos(Pgina 55) Conformndose los hebreos con las costumbres orientales, tuvieron tres especies de mujeres: las legtimas, o verdaderas madres de familia, como Sara, mujer de Abraham, y Rebeca, mujer de Isaac; las concubinas o mujeres de segunda clase, como Agar (Gnes., cap. XVIII, vers. 3 y 4), y Cetura (Gnes., cap. XXV, vers. 1 y 5. I. Crnic ., cap. I, vers. 32); y las mujeres de mala vida, cuya conducta fue reprobada. Las leyes de Moiss se inclinaron a la monogamia, esto es, a una sola mujer; y aunque permitieron la bigamia, o dos mujeres (xod., cap. II, vers. 9 y 10. Levt., cap. XVIII, vers. 18. Deuter., cap. XXI, vers. 15, 16 y 17), condenaron expresamente la poligamia (Deuter., cap. XVII, vers. 17). Fueron, pues, contrarios a las costumbres nacionales y a las instituciones mosaicas los ejemplos escandalosos de algunos reyes hebreos, que formaron harenes, tomando muchas concubinas. Es verdad que el patriarca Jacob tuvo a un tiempo cuatro mujeres; y acaso en esto se fundaron los rabinos para decir que todo hebreo poda casarse simultneamente con igual nmero de ellas; pero, adems de que en aquel patriarca influyeron circunstancias especiales que no pueden servir de regla general, la opinin de los rabinos no se apoya en ningn texto bblico.XI Sobre el siclo hebreo(Pgina 55) Del siclo de plata sirvironse los hebreos en sus relaciones mercantiles. Dividiose en semi-siclo (xod., cap. XXX, vers. 13), en cuarto de

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JOS ANTONIO SACO /365 /365 /365 /365 /365 siclo (I Samuel, cap. IX, vers. 8) y en otras piezas ms pequeas (I Samuel, cap. II, vers. 36). Lo que los hebreos pagaban a Dios por contribucin, por inscribirse en el censo, por primicia, o por rescate, era en siclos del santuario. (xod., cap. XIII, vers. 13, y cap. XXX, vers. 12 y 13. Nmer., cap. XVIII, vers. 15 y 16. Levt., cap. XVII, vers. 3 y 4.) De aqu infirieron muchos intrpretes, que haba dos especies de siclo: uno comn o profano, y otro santo o del santuario. Segn algunos, parece que aqul vala algo ms de franco y medio, y ste ms de 2 francos; pero las vastas investigaciones hechas por el alemn Beckh sobre los antiguos pesos, monedas y medidas de los antiguos hebreos, fijan indistintamente el valor del siclo (skel) en casi 3 francos 10 cntimos. (Beckh, Recherches mtrologiques sur les poids, les titres des monnaies et les mesures de l’antiquit, dans leurs rapports mutuels. Metrologische Untersuchen etctera Berln, 1838.)XII Sobre la Pascua(Pgina 61) Tres grandes fiestas tuvieron los hebreos, con el objeto de recordar los acontecimientos ms notables de su historia, enlazndolos al mismo tiempo con la agricultura, cimiento de la constitucin de aquel pueblo. A estas fiestas deban concurrir todas las tribus, o a lo menos todos los hombres que pudieran emprender el viaje al santuario del Eterno; y tan grandes reuniones no slo debieron reanimar el espritu pblico, sino estrechar los vnculos de la unidad nacional. La Pascua era una conmemoracin de la salida de Egipto: empezaba el da 14 por la tarde del mes de Abib, y duraba siete das. La vspera de la fiesta, cada familia deba inmolar un cordero o un cabrn aojo, vctima que se llamaba cordero pascual, sin defecto alguno, cuya sangre recogida por los sacerdotes haba de derramarse al pie del altar. Asbase la vctima, y era comida la noche misma con yerbas amargas y pan cimo, dicho as por carecer de levadura, lo que indicaba que los hebreos salieron tan precipitadamente de Egipto, que aqul no tuvo tiempo de fermentar. Deba ser comida toda la vctima en el mismo da; cuando algo sobraba, quembase al fuego; y si una familia no era bastante numerosa para consumirla, poda reunirse con otra. (xod., cap. XII.) Ofrecase, adems, en cada uno de los siete das, un holocausto de dos toros jvenes, un morueco, siete corderos, ofrendas y libaciones, y un cabrn, como sacrificio de pecado. En esos das, era permitido traba-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 366\ 366\ 366\ 366\ 366\ jar, excepto en el primero y el sptimo, que eran festivos. Enlazada la Pascua con la agricultura, representaba tambin el primer perodo de las cosechas, siendo la fiesta de la cebada, planta la ms precoz de los cereales. Celebrbase, por tanto, el segundo da de Pascua por un rito particular, que consista en presentar en el santuario un manojo de la nueva cosecha, inmolndose al mismo tiempo un cordero, acompaado igualmente de una ofrenda y de una libacin. Concluida esta ceremonia, declarbase abierta la cosecha, y slo entonces era lcito comer del nuevo grano. (Levt., cap. XXIII.)XIII Sobre la Pentecosts(Pgina 61) A las siete semanas, o 49 das de la Pascua, celebrbase, en el quincuagsimo, otra gran fiesta llamada por Moiss Fiesta de las Semanas (xod., cap. XXXIV, vers. 22. Deuter., cap. XVI, vers. 10 y 16), a la que se dio despus un nombre griego que significa 50, y de donde vino el de Pentecosts. Si la cosecha comenzaba por la cebada durante la Pascua, terminaba por la del trigo hacia la Pentecosts, que se denominaba tambin Fiesta de la Cosecha, y que estaba particularmente consagrada al trigo. (xod, cap. XXIII, vers. 16, y cap. XXXIV, vers. 22.) Su duracin era de un solo da, en que se ofrecan dos panes fermentados hechos con candeal, como primicias de la nueva cosecha, y por eso se dijo tambin la Pentecosts da de las primicias. (Nm., cap. XXVIII, vers. 26.) Inmolbanse, adems, siete corderos, dos moruecos, un toro nuevo, acompaados de las ofrendas y libaciones de costumbre, y de un cabrn, como sacrificio de pecado; agregndose tambin un sacrificio pacfico de dos corderos. (Sobre la Pentecosts, vase a Munk, Description etc ., de la Palestine lib. III, segunda parte, IV, B, b.)XIV Sobre la fiesta de los Tabernculos(Pgina 61) La fiesta de los Tabernculos, la ms grande y solemne entre los hebreos, fue la fiesta por excelencia. (I Reyes, cap. VIII, vers. 2 y 65. II.

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JOS ANTONIO SACO /367 /367 /367 /367 /367 Crnic ., cap. V, vers. 3, y cap. VII, vers. 8 y 9.) Llamsela tambin fiesta de las tiendas o cabaas, porque mientras se celebraba, los hebreos habitaban en ellas, en conmemoracin de la vida nmada que pasaron en el desierto. (Levt., cap. XXIII, vers. 42 y 43. Nehemas, cap. VIII, vers. 14.) Levantbanlas en las plazas pblicas, calles, patios y aun techos de las casas, y cubranlas con hojas de palma, ramos de olivo y otras plantas. (Nehemas, cap. VIII, vers. 15.) Empezaba la fiesta el 15 del sptimo mes, y duraba siete das. En el primero, nico en que se prohiba trabajar, hacase una procesin, llevando los hebreos en las manos un haz de ciertos vegetales (Levt., cap.XXIII, vers. 40), como smbolo que anunciaba el fin de las cosechas, y el tiempo de recoger todos los frutos de la tierra (xod., cap. XXIII, vers. 16. Levt., cap. XXIII, vers. 39. Deuter., cap. XVI, vers. 13). De aqu fue, que tambin se la llam fiesta de la cosecha. (xod., cap. XXIII, vers. 16.) Adems de las ofrendas y libaciones de costumbre, y del cabrn, que como sacrificio de pecado se inmolaba en todas las fiestas hebreas, sacrificbanse el primer da 13 becerros; 12 el segundo; 11 el tercero; diez el cuarto; nueve el quinto; ocho el sexto, y siete el sptimo. Hacase igualmente en cada uno de estos das un holocausto de dos moruecos y 14 corderos. (Nm., cap. XXIX, vers. 12 a 34.) Si los hebreos celebraron esta fiesta desde el tiempo de Moiss, punto es muy dudoso.XV Sobre el Digesto hind(Pgina 79) El Digesto o Cdigo de las Leyes de los hindes es una de las adquisiciones ms importantes que se han hecho para conocer las costumbres y polica de la antigua India. Warren Hastings, gobernador general de las posesiones britnicas en aquella regin, reuni en Calcuta en la segunda mitad del pasado siglo una asamblea de los brahmanes ms instruidos en las leyes, quienes tomando de sus ms antiguos y clebres autores las sentencias, una por una, sin mutilacin ni adiciones, formaron en dos aos un cdigo completo de las leyes hindes. Este cdigo fue traducido de la lengua snscrita en ingls por H. J. Colebrooke con el ttulo de Digest of Hindu Laws on contracts and succesions, etc., translated from the original sanskrit, London 1801

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 368\ 368\ 368\ 368\ 368\XVI Sobre el mes y ao indiano(Pgina 81) El mes indiano consta de 30 das. El ao se divide en lunar y solar: aqul parece ms antiguo que ste; pero entrambos tienen 12 meses y, por consiguiente, 360 das. El ao indiano se divide tambin en seis estaciones. Los meses solares se llaman: Madhu, Mdhava, Sucra, Sucl, Nabhas, Nabhusyas, I’sa, Urja, Sahas, 8ahasya, Tapas y Tapasya. Los nombres de los meses lunares son: A’swina, Ea’rtica, Ma’rgasi’sha, Pausha, Ma’gha, P’ha’lguna, Chaitra, Vaisa’c’ha, Iyaisht’ha, A’sha’d’ha, Sra’vana, y Bha’dra. Aunque la mayor parte de los ayunos y fiestas de la India se arreglan por los das de la luna, sin embargo, las ms notables y solemnes de esas fiestas se refieren al ao solar. Vase la memoria de W. Jones, intitulada: “The lunar year of the Hindus”, inserta en Asiatic Researches volumen III, p gina 257.XVII Sobre el Chou-King(Pgina 92) El Chou-King o Libro por Excelencia es el segundo de los cinco libros cannicos de los chinos, y fue coordinado en la segunda mitad del siglo quinto, antes de la era cristiana, por Kong-Fu-Tseu (Confucio), que es el ms grande y venerado filsofo de la China. El Chou-King es un libro histrico, cuyos primeros captulos fueron escritos ms de 22 y aun 23 siglos antes de Jesucristo. Contiene, no slo gran nmero de documentos preciosos sobre los primeros tiempos de la China, sino de alocuciones de muchos emperadores de las primeras dinastas, dirigidas a los principales empleados de la nacin. Tradjolo en francs el misionero Gaubil, que residi en Peking 36 aos, y donde muri en 1759. Enriquecido de notas interesantes publicolo De Guignes en 1770; y en 1843 se hizo en Pars nueva edicin corregida por G. Pauthier.

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JOS ANTONIO SACO /369 /369 /369 /369 /369XVIII Sobre las mujeres inferiores en China(Pgina 93) Permitida es en China la poligamia; mas, todas las mujeres que toma un hombre, no son iguales entre s, pues una sola es la que lleva el ttulo de mujer legtima o principal, llamndose inferiores las dems. El enlace de stas y de aqulla se diferencia, as en el modo de contraerlo, como en sus efectos legales. El hombre que, teniendo una mujer principal, eleva otra a la misma condicin, es castigado con 90 palos; y si al estado de mujer inferior hace descender a la principal, la pena es de 100 palos. (Leyes Fundamentales del Cdigo Penal de la China, t. I, divisin 3, seccin 103.) Este cdigo fue traducido del chino en ingls por sir George Staunton, y del ingls en francs por Renouard de Saint-Croix, Pars, 1812.XVIII BIS Sobre la poblacin de la China(Pgina 96) Es la China el pas ms populoso del mundo, y su poblacin es el duplo, a lo menos, de la de toda Europa. Hanse hecho en este siglo dos censos de aquella nacin, uno en 1812 por orden del emperador Kia-King, y otro en 1852 por la de Hieng–Foung. El primero fue traducido y publicado por Pauthier en 1842, bajo el ttulo de “Documentos estadsticos oficiales sobre el imperio de la China”; el segundo vio la luz pblica traducido en ingls por el Dr. Bowring, gobernador de la isla Hong-Kong, perteneciente a la Gran Bretaa. La poblacin del censo de 1812 ascendi a 360 279 597 habitantes, y la de 1852, a 530 595 937; pero debe advertirse que en estos dos censos no se comprendi la Mongolia, la Manchuria, etc., pues hechos en ellas los padrones por familias, y no por cabeza, como en las 18 provincias de la China propiamente dicha, su poblacin no es bien conocida. CENSO DE 1852 ProvinciasHabitantes 1Tchi-li, o P-tchi-li .......................................... 40 000 000 2Chan-toung ..................................................... 41 700 621 3Chan-si ............................................................. 20 166 072

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 370\ 370\ 370\ 370\ 370\ 4Ho-nan............................................................. 33 173 526 5Kiang-soa ......................................................... 54 494 641 6Nganhoe......................................................... 49 201 992 7Kiang-si ............................................................ 43 814 866 8Fo-kien............................................................. 22 699 460 9Tch-kiang ....................................................... 37 809 765 10Hou-p............................................................. 39 412 940 11Hou-nan ........................................................... 26 859 608 12Chen-si ............................................................. 14 698 499 13Kan-sou ............................................................ 21 878 190 14Sse-tchouan ..................................................... 30 867 875 15Kouang-toung ................................................. 27 610 128 16Kouang-si ......................................................... 10 584 429 17Yun-nan ............................................................8 008 300 18Kouci-tcheou ...................................................7 615 025 ————— 530 595 937 Si la poblacin de las 18 provincias de la China propiamente dicha subi en 1812 a 360 279 597, y en 1852 a 530 595 937, resulta, que en los 40 aos aument 170 316 340, o casi la mitad. Segn esta proporcin, la China doblara su poblacin en poco ms de 80 aos; y no necesito probar que muchas naciones adquieren ese aumento en un perodo ms corto. En cuanto a la exactitud de dichos censos, tengo muchas dudas, porque la misma numerosa poblacin de la China es grave obstculo para llegar a un resultado preciso. Agrgase a esto el mal gobierno de aquella nacin, pues los mandarines y empleados desempean muy mal sus funciones, y no creo que, en punto a censos, sean ms probos y puntuales que en los dems negocios.XIX Sobre el Libro de las Recompensas y de las Penas(Pgina 97) Entre las muchas obras compuestas por los sectarios de Lao-Tseu, y que se publicaron de 1567 a 1620 en la gran coleccin intitulada Taotchang ninguna goza de tanta autoridad, ni se ha reimpreso tantas veces como el Kan-ing-p’ien o Libro de las Recompensas y de las Penas. Esta obra no es ms que una compilacin de sentencias sacadas o imita-

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JOS ANTONIO SACO /371 /371 /371 /371 /371 das de los King o libros cannicos, de los Ss-chou o libros clsicos, y de los de los filsofos. Como he mencionado a los sectarios de Lao-Tseu, conviene advertir aqu, aunque sin entrar en consideraciones sobre la diferencia de las doctrinas religiosas establecidas en China, que hay en ella tres religiones principales: la de los letrados, cuyo origen sube a Confucio, que naci en 550 o 551 aos antes de Cristo; la de Fo o el budismo, introducido de la India el ao 65 de nuestra era; y la de los Tao-se o taostas, que consideran como fundador de su doctrina al filsofo Lao-Tseu, el cual naci bajo el reinado de Ting Wang, de la dinasta de los Tcheou, en el ao 604 antes de Cristo. Suponen sus sectarios, que hallndose su madre retirada en un lugar solitario, concibi repentinamente por la sola virtud vivificante del cielo y de la tierra; que llev al hijo en su seno por espacio de 80 aos, y que naci con los cabellos blancos, de donde le vino el nombre de Lao-Tseu, que quiere decir nio viejo. (Julien, Advertencia a la traduccin del Libro de las Recompensas y de las Penas .) Este libro fue traducido del chino en francs por Estanislao Julien, e impreso en Pars en 1835.XX Sobre los honderos de las islas Baleares(Pgina 133) Los habitantes de estas islas fueron los honderos ms diestros de la Antigedad, y acerca de este punto Diodoro de Sicilia se expresa as: “Tienen por arma tres hondas; llevan una en derredor de la cabeza, otra del vientre, y en sus manos la tercera. Durante el combate lanzan piedras enormes, y con tal fuerza, que parecen arrojadas por una catapulta. En los sitios de las plazas fuertes alcanzan a los que defienden las almenas, y en las batallas campales rompen los escudos, cascos y toda armadura defensiva del enemigo. Son tan certeros en el tiro, que rara vez yerran el golpe. Adquieren esta destreza, porque desde su primera juventud se entregan a este ejercicio, y las madres mismas obligan sus hijos a manejar continuamente la honda: danles por blanco un pan clavado a un palo; y los muchachos permanecen en ayunas hasta que lo hayan tocado, y obtenido de la madre el permiso de comerlo”. (Diod. Sic., lib. V, cap. XVIII.) Piensa Strabn que los etolios fueron los inventores de la honda; mas, es probable que se equivoque, y que aqullos no seran ms sino los primeros griegos que de ella se sirvieron. (Strab., lib. VIII, cap. III, § 26.)

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 372\ 372\ 372\ 372\ 372\XXI Sobre el valor de las monedas en Grecia(Pgina 144) Dividiose en tica el valor de la moneda en bolo, dracma, mina y talento. Seis bolos equivalan a 1 dracma; 100 dracmas, a 1 mina, y 60 minas, a 1 talento. La dracma era la moneda corriente de Grecia, pues la mina y el talento slo representaban un peso determinado. Los autores modernos no estn acordes acerca del valor de la dracma, pues fluctan de 80 a 92 cntimos de franco. De esta diferencia resulta que al talento tico no se le ha dado un valor fijo, y que mientras Dureau de la Malle, en su Economa Poltica de los Romanos lo reduce a 5 216 francos y 16 cntimos, Miot, traductor y anotador de Diodoro de Sicilia, lo eleva a 5 500 francos. El mismo Dureau de la Malle grada la mina en 86 francos 94 cntimos, y el valor del bolo en 14 a 15 cntimos. Estas observaciones deben tenerse presentes para evitar errores en el precio que se dio a los esclavos en Grecia.XXII Sobre la esclavitud de Digenes(Pgina 226) Hubo tres filsofos griegos que llevaron este nombre. El primero naci en Creta y ense con brillo por los aos 500 antes de Jesucristo; el segundo vio la luz primera en Snope en el ao 413 antes de la era cristiana; y el tercero en Cilicia en poca muy posterior a las dos ya mencionadas. Yo no trato aqu ni del primero ni del ltimo, sino solamente del segundo, llamado Digenes, el Cnico, y que sufri la esclavitud. Echado de su tierra junto con su padre por monederos falsos, vivi en Atenas en la mayor miseria, y cogido por piratas en un viaje que hizo, fue vendido como esclavo. En la introduccin de esta obra dije que su esclavitud dur toda su vida; pero examinando despus este punto, he tropezado con un pasaje de Aulo Gelio que me obliga a modificar mi primer aserto. Dice aquel historiador: “Proponindose Jeniade de Corinto comprar a Digenes, preguntole qu saba hacer, y ste le respondi orgullosamente: ‘Mandar a los hombres libres’ ”. Esta respuesta altanera hizo en Jeniade tan profunda impresin, que le compr, libertole despus, y al confiarle sus hijos, le dijo: “Recibe mis hijos, a quienes mandars“. (Aul. Gel., lib. II, cap. XVIII.) Si Aulo Gelio no se equivoca en su relato, cierto es que Digenes no fue esclavo toda su vida, sino tan slo parte de ella.

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JOS ANTONIO SACO /373 /373 /373 /373 /373XXIII Sobre las usuras de Marco Bruto(Pgina 249) En la pgina 249 del primer tomo de esta historia he hablado de las escandalosas usuras con que se manch el famoso Marco Bruto, y all ofrec ampliar este asunto, presentando algunos trozos de la correspondencia que medi entre Cicern y tico, su amigo. Es el caso, que Bruto dio a Scapcio y a Matinio de Chipre, acreedores de la ciudad de Salamina, cartas de recomendacin para Cicern. Hallbase ste ya de procnsul en Cilicia, en donde recibi a Scapcio, y le prometi, que por consideracin a Bruto, hara que se le pagase. Diole aqul las gracias y pidiole una plaza de prefecto; mas, Cicern se la neg, fundndose en que no quera concederla a ningn negociante; que lo mismo haba hecho con otros muchos; y que si quera ser prefecto para asegurar su crdito, l le prometa no necesitar de ello para que se le pagara. Diole de nuevo las gracias, y se retir. Cicern recuerda a su amigo tico que Apio haba nombrado de prefecto a Scapcio y ddole tropa de caballera para compeler a los salaminos. Como Scapio abusaba de su autoridad, Cicern retir aquella tropa de la isla de Chipre; lo que digust mucho a Scapcio. Cicern, en cumplimiento de su palabra, hizo que los diputados de Salamina se le presentasen con l en Tarso, capital de Cilicia. Quejronse ellos largamente del crecido inters que ste les exiga y de sus vejaciones; mas, Cicern mandoles que terminasen este asunto y pagasen, a lo que ellos se prestaron sin ninguna resistencia. Pero Scapcio, testaferro de Bruto, tena pretensiones exorbitantes. “Yo haba, dice Cicern a su amigo tico, yo haba fijado en mi edicto, como otros gobernadores, el inters del dinero a 1 % al mes, agregando, al cabo del ao, el inters al principal. Scapcio reclamaba el 4 %. —Qu pretensin es sta?, le dije. Puedo yo ir contra mi propio edicto? l me present entonces un senadoconsulto de los cnsules Unitulo y Filipo, que mandaba: ” ‘Que los gobernadores de Cilicia atendiesen en justicia a esa obligacin’. Esto me horroriz porque era la ruina de la ciudad”. Cicern refiere a tico que haba Bruto obtenido aquel senadoconsulto por medios inmorales, y que ni l ni su testaferro Scapcio queran que Salamina les pagase, pues su objeto era mantener en pie la deuda para seguir cobrando el enorme inters del 4 % al mes. Y escandalizado de tanta impudencia, Cicern le escribe a tico: “Si Bruto me condena todava, yo no s por qu debemos estimarle. Estoy seguro a lo menos que su to no me condenar, principalmente ahora, que un senadoconsulto, despus de vuestra partida, segn creo, ha fijado el inters del dinero a 1 % al mes, y prohibido aadir los intereses al capital”.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 374\ 374\ 374\ 374\ 374\ Qujase Bruto a tico de la carta de Cicern. tico vuelve a escribir a ste, quien le responde en los trminos siguientes: “Vengamos a Bruto, cuya amistad yo haba, por vuestras instancias, buscado con el mayor empeo, y a quien ya haba empezado a amar. Pero lo dir? No, no lo quiero, por temor de ofenderle. Estad cierto de que nada he preferido al deseo de servirle, y que tal fue mi primer cuidado. l me present un papel, y como habais recomendado sus intereses, nada he omitido... Pasemos ahora a Salamina. Veo claramente que ni vos ni yo sabamos que este dinero fuese de Bruto, pues l nunca me haba dicho nada sobre esto. An conservo su papel, que empieza as: ‘La ciudad de Salamina debe dinero a M. Scapcio y a P Matinio, mis amigos particulares’. Despus de habrmelos recomendado, aade, para interesarme ms, que l les ha servido de fiador por una fuerte suma. Yo haba conseguido que se les pagase a razn de 1 % al mes, agregando, al fin de cada seis aos, los intereses al principal; pero Scapcio peda 4 %, y yo tema perder vuestra amistad si me prestaba a su solicitud. Esto era ir contra mi edicto, y arruinar enteramente una ciudad que est bajo la proteccin de Catn y del mismo Bruto, y a la que haba yo colmado de beneficios. Scapcio, ahora, me presenta una carta de Bruto, en la que dice que l es el ms interesado en este negocio, cosa que jams haba l dicho ni a vos ni a m. Pdeme tambin una plaza de prefecto para Scapcio; pero en los ofrecimientos que le hice por vuestro conducto, siempre exceptu a los negociantes, y aun cuando yo concediese alguna de estas plazas a alguno, siempre sera menester excluir a Scapcio. l tuvo una bajo de Apio, que le haba dado tambin alguna tropa de caballera, con la cual haba sitiado al Senado de Salamina, hasta el punto que cinco senadores murieron de hambre. As fue, que el mismo da en que llegu a mi provincia, y en que lo supe en Efeso por los diputados de Chipre, exped rdenes para que inmediatamente saliese aquella tropa de la isla. Tal es, sin duda, el motivo de haberse Scapcio quejado injustamente de m a Bruto. Pero mi partido est tomado. Si Bruto pretende que yo deba hacer pagar a Scapcio a razn de 4 % al mes, no obstante mis reglamentos y edictos, que fijaban el inters al uno, y cuando los usureros menos acomodadizos se contentaban con este inters; si l halla malo que yo le haya negado una plaza de prefecto para un negociante, cuando Torcuato y Pompeyo, a quienes las he rehusado, al primero para Lennio, vuestro amigo, y al segundo para Sexto Estacio, han aprobado mi conducta; si l me reprocha haber hecho retirar aquella caballera, siento mucho descontentarle, pero siento mucho ms encontrarlo tan diferente de lo que yo lo haba credo“. Y en otra de sus cartas al mismo tico, refirindose a lo que haba escrito, en sus obras, contra la usura, le dice: “Si yo tal hiciera, osara jams leer o tocar esos libros que tanto alabis?” (Cicern, Ad Atticum V, 21; VI, 1, y VI, 2.)

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JOS ANTONIO SACO /375 /375 /375 /375 /375 Tal fue el gran republicano Bruto que ha pasado a la posteridad con el renombre de virtuoso. Plutarco escribi su vida; pero, al paso que lo colma de grandes elogios, guarda profundo silencio sobre los hechos que se acaban de mencionar. Sera porque los ignorase? Sera por espritu de partido, porque, siendo tambin republicano, deseaba ocultar los graves pecados que manchaban la conducta de Bruto? Esto es lo que yo creo, porque las pasiones polticas generalmente sacrifican la imparcialidad y la justicia.XXIV Sobre los acueductos romanos(Pgina 268) Si en este apndice hablo de los acueductos romanos, no es para trazar su historia, sino solamente para llamar la atencin sobre un punto dudoso. Sabido es que aqullos se llevaron por entre rocas y montaas, y que cuando se encontraba con algn valle, levantbanse arcos de piedra o de ladrillo, sobre los cuales construase un canal para que siguiesen su curso las aguas. Supnese por esto que los romanos ignoraron que el agua, conducida en tubos, se eleva a la altura de su fuente primitiva, a pesar de la distancia y de la desigualdad del terreno por donde pasa. Muy improbable es que, acostumbrados ellos a llevar de un punto a otro el agua en tubos, hubiesen desconocido la ley del nivel a que estn sujetos todos los lquidos. Y en efecto, de un pasaje de Plinio, el Naturalista aparece que los romanos no la ignoraban completamente, y que si en los valles no se sirvieron de tubos, para conducir el agua de un punto a otro, provendra de que aqullos no seran bastante fuertes para resistir la presin del agua. Prescindiendo de esta conjetura, que no es de Plinio, veamos lo que ste dice en el libro XXXI, captulo XXXI (6): “ Quam surgere in sublime opus fuerit, e plumbo veniat. Subit altitudinem exortus sui ”. (Cuando es necesario hacer subir el agua, emplanse tubos de plomo, y ella se eleva a la altura de su fuente.) Este pasaje me parece que remueve toda duda, a lo menos para el tiempo de Plinio, sobre la ignorancia que en este punto se atribuye a los romanos.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 376\ 376\ 376\ 376\ 376\XXV Sobre los gladiadores(Pgina 278) De diversos modos y con diversas armas lidiaron los gladiadores. Como preludio del combate peleaban al principio con espadas de madera, las que dejaban al son de una trompeta y tomaban sus armas verdaderas. Las de los llamados secutores fueron un casco, un escudo y una espada o una maza emplomada. stos peleaban con los retiarii, cuyo vestido era una tnica corta, y sin nada en la cabeza. En la mano izquierda llevaban una lanza de tres puntas, llamada tridente o fuscina, y en la derecha una red, con la que procuraba el retiarius envolver a su contrario, arrojndola sobre su cabeza; y arrastrndolo prontamente, con ella, matbalo con su tridente; pero si no lograba su objeto, ya por haber tirado la red, o muy corto o muy largo, al instante echaba a huir y preparaba la red para el segundo tiro, mientras que su antagonista lo persegua vivamente para matarle. Los gladiadores que llevaban en su casco la imagen de un pez, llamronse mirmillones, de una palabra griega que significa: pez. Una espada encorvada o sable y un escudo eran las armas del mirmilln. Los que peleaban con dos espadas dijronse dimachrii ; y laquearii los que usaban de un lazo para enredar a sus contrarios. Haba otros gladiadores con el nombre de essedarii, porque lidiaban en carros, a manera de los galos y bretones. Denominronse andabat los que combatan a caballo con los ojos vendados, y fiscales o csarianii los que, por su gran destreza y agilidad en el combate, eran mantenidos a expensas de los emperadores. Ellos tambin llamronse postulatii, porque el pueblo a veces peda que saliesen a la arena. No siempre pelearon a pares los gladiadores, pues en ciertos casos, combatieron muchos a un tiempo, y por eso se les dio el nombre de catervarii Antiguamente no pudieron las mujeres asistir al combate de los gladiadores sin permiso de las personas bajo cuya autoridad estaban; pero abolida despus esta restriccin, Augusto les seal un puesto particular en los asientos ms altos del anfiteatro. Cuando un gladiador reciba una herida, inclinaba sus armas como seal de estar vencido; pero su suerte penda de la voluntad del pueblo. Si ste volva hacia abajo el dedo pulgar, era seal de que se le salvaba la vida; pero si lo levantaba, era signo de que continuara el combate, bien que, algunas veces, era perdonado por la entrada del emperador en el anfiteatro. Cuando esto no aconteca, empuaba de nuevo la espada con admirable fortaleza. Una palma, que variaba en su naturaleza y adornos, segn las circunstancias, era la recompensa del vencedor; pero los matados o heridos mortalmente, arrastrbanse con un gancho a un lugar, cerca del anfiteatro, llamado spoliarium

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JOS ANTONIO SACO /377 /377 /377 /377 /377XXVI Sobre la bula, toga y estola(Pgina 313) Usaron los muchachos romanos una bola (bula) hueca que colgada del pescuezo caales al pecho. Pretenden algunos que la bula tena la forma de un corazn, y otros que ste estaba grabado en ella. Las personas ricas y acomodadas llevronla de oro; mas, los hijos de los libertos y ciudadanos pobres solamente de cuero. En cuanto a los esclavos, prohibdoles fue su uso. La toga, distintivo principal del traje romano, fue una bata, ancha, flotante, que cubra todo el cuerpo, sin mangas, abierta por arriba hasta la cintura, y estrecha por debajo. El brazo derecho quedaba libre, y con el izquierdo se recoga la falda de la toga y se echaba sobre la espalda siniestra, a manera de la capa espaola, formando en el pecho una cavidad en la cual se podan llevar algunas cosas. La moda, que en nada es tan variable y caprichosa como en el vestido, alter con el tiempo las formas de la toga. sta fue, al principio, estrecha; cubra los brazos, llegaba hasta los pies, y fue el nico traje de los romanos; mas, no as despus, porque debajo de ella se pusieron una tnica. El color de la toga era blanco, y oscuro o negro en las personas enlutadas. Ciertos presbteros, los magistrados, augures, y aun los individuos privados que ofrecan juegos al pueblo romano, usaron de una toga con franjas de prpura: sta fue la toga pretexta. Los muchachos, hasta la edad de 17 aos, llevaron una bata con franjas de prpura, semejante a la toga pretexta, y cuando los cumplan, dejbanla, y ponanse la toga de los hombres (toga virilis ). La ceremonia de este cambio se haca con gran solemnidad delante de las imgenes de los dioses Lares. La toga solamente pudieron usarla los ciudadanos romanos, siendo, por consiguiente, excluidos de ella los esclavos. En los primeros tiempos llevaron la toga, as los hombres como las mujeres; pero despus las matronas usaron de un vestido diferente, llamado estola, con una franja ancha que llegaba hasta los pies, y que no pudieron usar las esclavas, cortesanas, ni mujeres condenadas por adulterio.XXVII Sobre un esclavo fugitivo y un len reunidos en una gruta(Pgina 321) Apin, con el dictado de Plistonices, fue hombre de vastos conocimientos, y form una “Coleccin de las cosas ms admirables del Egip-

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 378\ 378\ 378\ 378\ 378\ to“ En el libro V de ella, refiere lo que l mismo vio un da en Roma, y que Aulo Gelio, en sus “Noches ticas“ ha trasmitido a la posteridad. Dbase al pueblo romano un espectculo de hombres condenados a lidiar con fieras. Entre stas, sali a la arena un len, cuya talla monstruosa, rpidos saltos, rugido terrible y flotante melena, llenaban de asombro a los espectadores. Introdujronse despus los infelices que deban combatir con las bestias, habiendo entre ellos un esclavo llamado Androclo, que haba servido a un procnsul. Al instante que el len lo percibi, detvose como asombrado; dirigiose poco a poco, y con aire suave, hacia l, mirndole como si le reconociera. Acercdosele que hubo, frot su cuerpo con el suyo, agitando la cola de una manera sumisa y afectuosa, como un perro que halaga a su amo; lame los pies y las manos del desgraciado, a quien el terror haba casi quitado la sensibilidad. Mas, Androclo, sintindose acariciado por el feroz animal, reanmase, abre paulatinamente los ojos y mira al len. Entonces, como si mutuamente se hubieran reconocido, el hombre y el len mustranse muy alegres. A tan extrao y conmovedor espectculo, el pueble prorrumpe en grandes clamores. El emperador manda al instante que Androclo se le presente, y le pregunta cmo es que tan feroz animal le ha perdonado. El esclavo cuntale entonces la aventura ms asombrosa: “Yo era, le dice, esclavo del procnsul que gobernaba la provincia de frica; la crueldad con que, sin motivo, me trataba diariamente, forzome a la fuga. Para escaparme con ms seguridad de la persecucin de un amo a quien obedeca todo el pas, busqu un escondrijo en la soledad de los campos y arenas, resuelto a matarme, de cualquier manera, si llegaba a carecer de alimento. March entonces, bajo los rayos ardientes del sol a medioda, y descubr en el camino una caverna aislada y profunda; penetr en ella para ocultarme, y apenas hube entrado, cuando vi un len que tomaba el mismo camino. Una de sus patas estaba toda ensangrentada; andaba con pena, lanzando gemidos, ocasionados por un fuerte dolor. A semejante vista, qued aterrado; mas, luego que el len entr en la caverna, su mansin acostumbrada, y que me vio ocultndome en el fondo, acercose a m con aire suave y sumiso, levant la pata y me la present, como si me pidiera socorro. Cogila con mi mano, arranquele una gruesa espina que tena clavada, apretela, para que saliese la sangre corrompida, y en fin, ya sin gran temor y dedicndome con cuidado a esta operacin, llegu a purificar y secar enteramente la llaga. Entonces el len, a quien yo haba aliviado de sus dolores, se ech y se durmi, dejando la pata entre mis manos. Desde ese da, vivimos juntos y durante tres aos habitamos los dos en la misma caverna, participando del mismo alimento. Cuando el len volva de su caza, traame los mejores pedazos de las presas que haca. No teniendo fuego, asbalos a los rayos del sol, en punto de medioda. Sin embargo, habindome cansado de

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JOS ANTONIO SACO /379 /379 /379 /379 /379 este gnero de vida, un da, mientras el len estaba fuera, me alej de la caverna. Despus de tres das de marcha, vironme unos soldados y me prendieron. Llevado a Roma, comparec delante de mi amo, quien, al instante, pronunci mi decreto de muerte, condenndome a lidiar con las fieras. Veo que este len ha sido cogido tambin despus de nuestra separacin y ahora, gozoso de encontrar a su bienhechor, me muestra su reconocimiento”. Tal fue, segn Apin, el relato de Androclo. Escribiose al punto su aventura en una tablilla que circul entre los espectadores. A peticin de todos, fuele concedida su gracia, y adems, quiso el pueblo que se le regalase el len. “Yo lo vi despus, aade el autor, teniendo a su len atado con una dbil correa, pasearse por todas las calles de la ciudad. A l dbasele plata, al len echbanse flores, y todos exclamaban: ‘¡He aqu el len que ha dado hospitalidad a un hombre: he aqu el hombre que ha curado a un len!’ ” (Aul. Gel., Noch Atic ., lib. V, cap. XIV.) Asombroso y singular es el caso mencionado. Muchedumbre de personas no le darn crdito alguno; pero yo confieso que estoy ms inclinado a creerlo que a negarlo. Llamamos feroz al len porque se nutre de carne y a veces devora al hombre. Si los cuadrpedos, aves y otros animales de que el hombre se alimenta, tuvieran bastante inteligencia y pudieran hablar, qu juicio tan terrible no formaran de l? Tendranle sin duda por el ser ms cruel y feroz de la tierra. La zoologa est muy adelantada en nuestros das, en la parte descriptiva y en la clasificacin; mas, en punto a las costumbres de los animales, deja mucho que desear. Raumur, en sus Memorias para servir a la historia de los insectos hizo buenos trabajos sobre las costumbres de ellos; pero existen otros semejantes acerca de las de los cuadrpedos, aves, reptiles y otros muchos animales? Los naturalistas no emprenden viajes para este solo objeto, y los conocimientos que tienen sobre l, muy limitados son e imperfectos. Redcense casi todos, a lo que han ledo en algunos viajes, hechos por personas no siempre competentes en la materia, o a lo que han observado en los pocos animales que viven en lo que hoy llamamos jardines zoolgicos o de aclimatacin. Estos animales, encerrados en un corto espacio de terreno, o aprisionados en jaulas, carecen de libertad para entregarse a todos los instintos de su naturaleza, y con tal gnero de vida, sus costumbres forzosamente se alteran. Tomarase como paradoja; pero, en el particular a que me refiero, creo que los salvajes africanos y los indios montaraces del Nuevo Mundo saben ms que nuestros sabios naturalistas, y que stos aprenderan mucho, si aqullos pudieran comunicarles sus conocimientos.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 380\ 380\ 380\ 380\ 380\Notas1Unos 275 000 francos si al talento griego se le da el valor de 5 500 francos. 2Este ilustre cubano, mi entraable amigo, fue el ya difunto seor D. Jos de la Luz y Caballero, quien tradujo del francs en castellano el Viaje por Egipto y Siria que hizo Volney a fines del pasado siglo. Publicolo en Pars en 1830, enriquecido de apndices interesantes; y del que corresponde a las pirmides he tomado las palabras que he transcrito. 3Los anotadores de la traduccin de Strabn que antes he mencionado dicen que fue en tiempo de Adriano. (Strab., lib. XVII, cap. I, § 12, nota 2.) 4Sobre la historia del antiguo canal de Egipto, vase: Letronne, “l’Isthme de Suez“ ( Revue des Deux-Mondes 15 de julio de 1841). Le Pre, “Mmoire sur le canal des deux mers” ( Description de l’Egypte tat moderne tom. I). De Rozire, “Mmoire sus la gographie, etc., de la mer Rouge“ (ibdem, Antiquits tom. I). Gosselin, Recherches sur Dicuil p. 12. Lucien., De mercede conductis § 12. Notices et extraits des manuscrits etc ., tom. VI. Dicuil, De mens ., orb. terrea VI 3, § 6. Langls, Eclairc., sur le voyage de Norden tom. III, p. 193. Mannert, Geograph von Africa I. Weil, Gesch. der Chalifen I. Lepsius, Cronologa de los Egipcios Berln, 1849.

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NDICE ONOMSTICO NDICE ONOMSTICO NDICE ONOMSTICO NDICE ONOMSTICO NDICE ONOMSTICO —A— Abraham: 36, 42, 47, 52, 53, 56, 60, 353, 364. Abulfeda: 46. Admeto: 142. Adriano, Publio Elio: 244, 311, 380. Agamenn: 143, 167. Agar: 60, 364. Agatachides: 46. Agatocles: 136, 137. Agesilao: 144. Agis: 207, 208. Agnias: 190. Agripa, Marco Vepsanio: 268, 280. Agustn, san: 53, 339. Ahmed Baj: 52.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 382\ 382\ 382\ 382\ 382\Alarico: 327. Albino: 276. Alcibades: 161. Alcinoo: 152. Alejandro Magno: 40, 43, 68, 126, 127, 129, 130, 166, 238, 239, 359. Alejandro Severo: 244, 264, 328, 331. Alexis: 157. Amass II: 42. Ambracia: 179. Amen-m-hat III: 352. Amenofis I: 49. Amilcar Barca: 132. Amiot, misionero: 92, 116. Ammiano Marcelino: 110, 122, 131. Ampelisca: 288. Anaitis: 190. Anaxgora: 35. Anco Marcio: 265. Andramitis: 110. Androclo: 378, 379. Andrmaca: 143, 152, 167. Anfiloco: 147. Anbal: 133, 134, 248, 252, 253, 254, 287, 328, 340. Anniceris: 150. Antemio: 327. Antfanes: 171. Antifn: 173, 174. Antgene: 126, 127, 183. Antgono de Macedonia: 162, 201, 213. Antimene.Ver Antgene. Antoco III: 255, 260.

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JOS ANTONIO SACO /383 /383 /383 /383 /383Anto Restin: 341. Antipater: 249. Antstenes: 164. Antonino Po: 268. Antonio: 132, 260. Antonio Gnifn: 245. Apiano: 330. Apio Claudio: 246, 250, 267, 268, 373, 374. Apin: 41, 377, 378. Apis: 359. Apolo: 142, 150, 173, 180, 198, 258. Apolodoro: 179. Aponio Saturnino: 290. Apries: 40. Apuleyo, Lucio: 265, 270, 283, 318. Aquiles: 143, 149, 152, 164, 167, 277. Arcadio: 259, 267. Aristeo: 40. Aristbulo: 241. Aristfanes: 171, 174, 222, 223. Aristoginton: 162. Aristome: 204. Aristteles: 155, 157, 162, 171, 174, 175, 177, 179, 203, 207, 208, 210, 211, 215, 222, 223, 224, 226, 227, 228, 230, 231, 232, 234, 235, 355, 557. Arquitas: 158. Arriano, Flavio: 68, 128. Artenis: 179. Artabace: 125. Artajerjes: 66, 128. Artevis: 179. Astarte: 56.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 384\ 384\ 384\ 384\ 384\Atal: 179. Ateneo: 158, 159, 160, 174, 188, 199, 239, 259. tico, Tito Pomponio: 250, 279, 281, 373, 374. Atila: 123. Atilio: 262. Augusto, Csar Octavio: 51, 78, 208, 256, 259, 266, 268, 272, 280, 285, 290, 308, 322, 330, 331, 336, 376. Aulo Gelio: 226, 246, 250, 372, 378. Aunaro: 130. Aurelio: 327. Ayax: 152. —B— Baal-Pheoc: 57. Baco: 172, 180. Ballin: 320. Bathuel: 53. Belino: 260. Belona: 190. Benjamn: 64. Ben Ouziel: 61. Beroso: 126. Bias: 157, 175, 179. Bihma: 80. Bilha: 60. Blair, W.: 264, 281, 307. Bocchoris: 45. Beckh: 158, 180, 365. Bonaparte, Napolen: 353, 356. Botta: 139. Brahma: 78, 79, 82. Brsidas: 206.

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JOS ANTONIO SACO /385 /385 /385 /385 /385Briseis: 143. Browring; doctor: 369. Bruto, Lucio Junio: 267, 279. Bruto, Marco Junio: 243, 250, 252, 279, 327, 373, 374, 375. Buffon, Jorge Luis Leclere (conde de): 113. Bunsen: 37. —C— Cahen: 59, 74. Calieratidas: 146. Calgula: 290, 318, 322, 324, 331. Calino: 223. Caliodoro: 289. Calvisio Sabino: 277, 290. Cam: 53, 55. Cambises: 40, 50, 128. Camilo: 252. Cannn: 53, 55, 56. Cang-hi: 110, 116. Canopas: 290. Canopus: 43. Caracalla: 268. Carbn: 331. Carneades: 334. Carlos V de Espaa: 35. Casas, Bartolom de las (fray): 35. Casio Longino, Cayo: 249, 333, 334. Castro, Juan de: 46. Catilina, Lucio Sergio: 243, 282. Catn de tica: 276. Catn, el Censor: 255, 256, 275, 276, 281, 287, 288, 312, 313, 314, 315, 320, 322, 324, 326, 334, 336, 343, 374.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 386\ 386\ 386\ 386\ 386\Catyayana: 81. Cecilio Claudio: 266. Cecina: 257. Celio: 285. Cepin: 341. Ceres: 172, 315. Csar, Cayo Julio: 249, 250, 254, 255, 267, 276, 280, 282, 295, 304, 308, 320, 322, 328, 331. Cetura: 36. Ciaxara II: 64. Cicern, Marco Tulio: 208, 250, 256, 260, 268, 279, 282, 297, 301, 302, 309, 310, 313, 335, 373, 374. Cimn: 220. Cinadn: 200, 205. Cincinato, Lucio Quinto: 262. Cineas: 335. Ciro: 64, 128, 130, 131. Claudiano: 110. Claudio: 251, 264, 268, 308, 314, 331. Clearcho Solence: 110. Cleomenes: 201, 212. Cleistene: 158. Cleolao: 142. Cleopatra VI: 35. Clodio, Publio Apio: 276, 330. Colebrooke, H. J.: 86, 367. Coln, Cristbal: 49. Columela, Lucio: 135, 245, 261, 270, 282, 289, 308, 313, 314, 315, 316, 317, 342. Cmodo, Lucio: 28, 279, 280, 327. Confucio: 119, 368, 371. Constantino: 244, 280, 291, 292, 309, 310, 327, 332.

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JOS ANTONIO SACO /387 /387 /387 /387 /387Cornelio Escipin: 276. Cornuto: 341. Craso, Lucio Licinio: 256, 265, 277, 320, 331. Crates Tebano. Ver Crates. Crates: 178. Creso: 127. Crisalo: 321. Cristo. Ver Jesucristo. Critolaus: 334. Cronos: 134, 136, 137, 172, 279, 322. Ctesas: 124. Ctsicles: 158. Culluca-Bhata: 78. Curio Dentato: 352. Curtius, Ernesto: 180, 191. —CH— Champollion, Juan Francsisco: 38. Chandler: 191. Chang Pih Jin: 98, 99. Chao-Tsou: 94. Chaou, A.: 98, 99. Characxo: 43. Characxo de Metylene: 43. Chefrn: 353. Cheops: 353. Chezi: 82, 113. Chiln: 320. Chum: 110. Chun-Tchi: 109. Chun-ty: 111.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 388\ 388\ 388\ 388\ 388\—D— D’Anastasy: 38. Daro: 129, 238, 354, 355, 356, 357. D’Auville: 46. David: 54, 55, 58. De Guignes: 97, 107, 116, 368. D’Herbelot: 116. Demetrio de Falera: 149, 158, 160, 181, 226. Demetrio Falerio. Ver Demetrio de Falera. Demcrito de Abdera: 35. Demstenes: 145, 157, 160, 164, 165, 169, 172, 173, 179, 183, 197, 223. Deslongchamps, A. Loiseleur: 78. Deucalin: 213. Diana: 258. Dfilo: 168. Diocleciano: 259, 268, 323. Diodoro de Sicilia: 37, 38, 39, 46, 47, 48, 49, 68, 77, 78, 124, 125, 129, 131, 133, 136, 141, 163, 164, 178, 204, 209, 219, 254, 263, 264, 319, 336, 351, 355, 357, 358, 360, 361, 371. Dioeo: 163. Diofante: 155. Digenes, el Cnico: 31, 147, 226, 240, 334, 371, 372. Digenes Laercio: 235, 241. Din Casio: 183. Din Crisstomo: 180. Dionisia: 291. Dionisio de Halicarnaso: 197, 243, 262. Dionisio, el Anciano: 150, 166. Dios: 30, 41, 47, 56, 59, 64, 108, 365. Dolabela: 249. Dom. Calmet: 58.

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JOS ANTONIO SACO /389 /389 /389 /389 /389Domiciano, Tito Flavio: 268, 280, 290. Domicio Enobardo: 335. Doricha: 43. Drimaco: 177. Druso, Marco Livio: 331. Du Halde: 116, 119, 120. Dureau de la Malle: 263, 264, 307, 372. Dusha-rutha: 77. —E— Edipo: 162. Edrisi (El): 46, 71. Eforo: 123, 198, 199, 200. Elena: 42, 143, 152, 161. El-Mansur, califa: 356, 357. Epaminondas: 146, 202, 205, 208. Epicuro: 157, 176, 179, 225, 226, 236, 237, 241, 335. Eratostheno: 37. Erinias: 172, 173. Esclax: 134. Escipin, el Africano: 254, 266, 279. Escipin Emiliano: 276. Escribona: 272. Esculapio: 180. Esopo: 161. Espartaco: 31. Esquilo: 162. Esquines: 162, 190. Estacio: 307. Estalino: 223. Eterno. Ver Dios. Eudoxo: 35.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 390\ 390\ 390\ 390\ 390\Eumnides. Ver Erinias. Eumeo: 167. Eupolias: 174. Eurpides: 145, 173, 222, 223, 228. Eurstenes: 199. Eusebio, obispo: 41. Evandro: 267. Evemero: 132. Evephne: 147. Ezequiel: 66. —F— Fabio Mximo Ruliano, Quinto: 212, 253, 287. Fabricio, Cayo: 335. Faleas: 187. Fannio: 291. Fanodico: 179. Faustino: 281. Febo: 289. Federico Guillermo IV de Prusia: 52. Fedn de Elea: 226. Fedro, esclavo: 179. Feldria: 166. Fenicia: 288. Fereclo: 152. Fercrates: 228. Fidias: 219. Filemacia: 288. Filemn: 175, 228, 304. Filipo de Macedonia: 147, 166, 183, 238, 373. Filipo: 238. Filcrates. Ver Euporo.

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JOS ANTONIO SACO /391 /391 /391 /391 /391Filomelo: 227. Filomonides: 156, 157. Filn: 65, 179. Filopolemo: 288. Flaminio Nepote, Cayo: 254. Floro, Lucio Anneo: 286. Formin: 179. Fou-Hi: 92. Frin: 162. Fulvio: 243. —G— Galba, Servio Sulpicio: 257, 267, 308. Galien: 73. Galo: 313. Ganimedes: 313. Gaubil, misionero: 109, 116, 368. Gayo: 243. Germnico: 38, 339. Gibbon, Eduardo: 264. Gordiano: 280. Gori: 272. Gosselin: 71, 121. Graco, Cayo: 340. Gregorio: 189. Gruter: 281. —H— Han, dinasta: 94, 95, 96, 97, 111. Hannn, el Grande: 134, 135. Han-wou-ty: 103. Hastings, Warren: 367. Haterio: 224.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 392\ 392\ 392\ 392\ 392\Haughton: 78. Hebe: 173. Hctor: 143, 152. Hcuba: 149. Heeren: 221. Hegin: 288. Helnico: 124. Heliogbalo: 290, 303. Helio: 200. Hee-Tsin: 111. Heou-Tcheu, dinasta: 95. Hrcules: 42, 50, 134, 142, 197, 267, 276, 335. Heriado: 149. Hermiona: 167. Hermoes: 180. Hermodeo: 162. Hermotino: 127, 128. Herodoto: 37, 39, 40, 41, 42, 43, 76, 121, 122, 124, 126, 127, 131, 134, 135, 143, 153, 154, 159, 199, 207, 209, 351, 352, 354, 355, 356, 358, 361. Hesodo: 124, 152, 277, 290. Hsychius: 216. Heo-Tsin: 111. Hevrieu, misionero: 116. Hieng-Foung: 369. Hien-ty: 111. Hiparco: 162. Hipcrates: 183. Hipponico: 156, 157. Hoang-Ty: 92. Hoeng-lin: 111. Homero: 65, 124, 143, 151, 152, 167, 200, 277, 290.

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JOS ANTONIO SACO /393 /393 /393 /393 /393Honorio: 259, 267, 280. Horacio: 286, 289. Ho-ty: 111. Huc, misionero: 108. Hume: 158, 264. —I— Ifito: 142. Imandes. Ver Maros. Inen-Chao: 111. Isaac: 364. Isaas: 53. Iseo: 185, 190. Ismael: 60. —J— Jacob: 36, 47, 53, 59, 60, 110, 357, 364. Jafet: 53. Jahn: 59. Jasn: 146, 197. Jeniade de Corinto: 147, 372. Jencrates: 175. Jenofonte: 128, 130, 131, 155, 157, 164, 169, 170, 171, 175, 202, 205, 223. Jeremas: 64. Jerjes I: 127. Jesucristo: 35, 38, 41, 51, 56, 64, 77, 94, 95, 97, 103, 109, 110, 119, 120, 133, 145, 149, 158, 177, 204, 209, 212, 258, 339, 356, 357, 371, 372. Joel: 66, 126. Jones, William: 78, 368. Jorge Sincello: 141. Joseph. Ver Jos. Jos: 36, 42, 47, 48, 51, 53, 357. Josefo, Flavio: 39, 41, 53, 54, 59, 65, 70, 364.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 394\ 394\ 394\ 394\ 394\Josu: 57. Juan Crisstomo, san: 259. Jud: 64. Julien, Estasnislao: 371. Julio Africano, obispo: 41. Julio Floro: 289. Juno: 172. Jpiter: 65, 142, 172, 190, 229, 325, 359. Justiniano: 242, 267, 287, 292, 307, 310, 311. Justino: 67, 76, 122, 136. Juvenal, Dcimo Junio: 275, 321. —K— Kedorlaomer: 52. Khafra: 353. Khufu: 353. Kia-King: 369. Kia-y: 97. Kien-Loung: 92. Kong-Fu-Tseu. Ver Confucio. Kouang-wou: 97, 103, 109. Kwang Wie Pang: 98, 99. —L— Laban: 53. Laertes: 152, 164. Lagus: 359. Lais: 150. Laius: 162. Laomedonde: 142. Lao-Tseu: 370, 371. Lea: 60. Lennio: 374.

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JOS ANTONIO SACO /395 /395 /395 /395 /395Lntulo: 282. Len, el Sabio: 259. Leonida: 225. Lpido, Marco Emilio: 280. Lepsius, Ricardo: 37, 38, 52, 352, 353, 355. Letronne: 158, 171, 356. Levino: 280. Le Wan Foo: 98, 99. Libn: 225. Libn: 331. Lican: 149, 164. Licias: 157, 223, 226. Licino: 280. Licn: 157, 160, 179. Licn, esclavo: 179. Licurgo: 35, 153, 161, 199, 201, 205, 207, 221. Lido: 240. Linant de Bellefonds: 352. Linario, Bonifacio: 327, 346. Lisandro: 144, 208. Lisias: 185. Livia: 272, 276. Livia, nieta: 290. Lot: 52. Lucano, Marco Anneo: 330. Luciano: 171, 277, 356. Lucilio, Cayo: 336. Lucio Aruncio: 272. Lucio Pasieno: 272. Lculo: 249, 256. Lutacio Dafno: 290.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 396\ 396\ 396\ 396\ 396\Lutorio Prisco: 290. Luz y Caballero, Jos de la: 380. —M— Macrino: 321. Magn: 135. Mahmud de Ghazna: 86, 116. Mahoma: 86. Maimonide: 60, 141. Manason: 228. Manass: 57. Manes: 222. Manethon: 37, 41, 70, 352, 353. Mania: 262, 267. Manu: 30, 78, 79, 81, 82, 83, 84, 85, 86. Manio Curio: 262. Marcelo, Marco Claudio: 163. Marcial, Cayo Valerio: 274, 281, 289. Marciano: 244, 285, 286. Marco Antonio: 290, 340. Marco Capitolino: 268. Marco Pomponio: 334. Mariana, Juan de: 133, 295, 362. Mario, Cayo: 248, 255, 257, 340, 341. Maros: 353. Marte: 132, 267, 279. P. Matinio: 373, 374. Mecenas, Cayo Cilnio: 272. Medea: 142. Medio: 146. Megasthene: 77, 78, 124. Megila: 204.

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JOS ANTONIO SACO /397 /397 /397 /397 /397Melicho: 289. Menandro: 175, 222, 223, 228. Mendes. Ver Maros. Menelao: 42, 161. Menephtha: 37. Menephtha II: 50. Menes: 35, 36, 42, 360. Menipo: 226. Menkaura: 353. Menoece: 241. Menu. Ver Manu. Mercurio: 172. M’Kensie, capitn: 85. Mnevis: 359. Metelo: 276. Metrodoro: 228. Micerino: 353. Michaelis Spicilogium: 75, 363, 364. Milne, William: 118. Miln: 276, 330. Minerva: 172, 173, 180. Ming, dinasta: 120. Minos: 146, 210, 211. Minucia: 330. Minucio Basilio: 321. Miot: 372. Mirn de Priene: 202. Mitrdates: 189, 249, 252, 256, 258, 260. Moeris: 42, 351, 352. Moiss: 35, 49, 53, 54, 56, 57, 58, 60, 61, 63, 141, 363, 364, 366, 367. Moloch: 56, 136, 141.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 398\ 398\ 398\ 398\ 398\Mon-Koung: 109. Montgomery Martin, R.: 90. M. Scauro: 290. Muller, Otfried: 191, 197, 199, 201, 202, 204, 211, 213. Mummio, Lucio: 163. Munk: 363, 366. Mus: 176, 179, 226. —N— Nabis: 206, 213. Nabucodonosor: 64, 67, 125. Nahum: 125. Near: 166. Necos (Nekos): 39, 40, 44, 355, 356, 361. Ngeou-Yang-Sieou: 120. Neptuno: 142. Nern: 265, 268, 287, 308, 309, 331, 333, 334, 339. Nerva: 331. Nstor: 161. Nicerate: 164. Nicias: 145, 156, 157, 163, 164, 166. Nicias, esclavo: 179. Nicbulo: 321. Nicols de Damasco: 78. Nicomedes: 248. Nicostrato: 147, 164. Nino: 124. Nitrocris: 125. No: 53. Numa Pompilio: 243, 244, 261, 265, 282, 284. —O— Ochus. Ver Artajerjes.

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JOS ANTONIO SACO /399 /399 /399 /399 /399Oded: 58. Olennius: 250. Olimpio: 179. Omar, califa: 356, 357. Onesicrite: 77. Onesifon: 170. Onfala: 142. Orme’s: 116. Osirtasen. Ver Sesrtesen I. Ovidio, Publio Ovidio Nasn: 321. —P— Pablo, san: 339. Pacuvio, Marco: 276. Pallas: 251. Panionio: 127, 128. Papiniano: 287. Papirio: 248. Paris: 43, 50, 152. Parmenin: 130. Pasin: 179, 183. Paterno: 336. Patroclo: 149, 152. Paulo, Julio: 325. Paulo Emilio: 255. Pausanias: 172, 200, 204, 209. Pauthier, G.: 92, 119, 368, 369. Pedanio Secundo: 265, 333, 334. Pelias: 142. Pelpidas: 146. Penlope: 152. Penculo: 327.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 400\ 400\ 400\ 400\ 400\Pericles: 168, 219, 220. Perseo: 200, 255, 258. Perseo, esclavo: 226. Petit, Samuel: 180. Petronio, Cayo: 256. Pezn: 290. Pignorio, Lorenzo: 281, 327. Pndaro: 290. Pirra: 213. Pirro: 252, 253, 335. Pisn: 267, 313. Pistoclere: 240. Pitgoras: 35. Planesia: 288. Platn: 31, 35, 150, 154, 155, 157, 162, 163, 173, 174, 175, 177, 179, 208, 223, 226, 227, 228, 229, 230, 232, 234, 339. Plauto, Tito Maccio: 168, 173, 180, 223, 257, 284, 288, 289, 317, 320, 326, 327, 340. Plinio, el Joven: 245, 269, 279, 281, 282, 313, 324, 336. Plinio, el Naturalista: 38, 44, 78, 199, 257, 263, 265, 283, 290, 291, 315, 317, 355, 362, 375. Plistonices: 377. Plutarco: 132, 145, 147, 174, 201, 202, 203, 204, 208, 220, 249, 255, 276, 287, 288, 336, 375. Polemarco: 157. Poliade: 181. Polibio: 133, 206, 211, 213, 258, 335. Policarte: 161. Polichares: 147. Polidamas de Farsalia: 197. Pompeyo, Cneo Pompeyo Magno: 252, 256, 261, 266, 278, 340, 374. Popilio: 254.

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JOS ANTONIO SACO /401 /401 /401 /401 /401Popma: 281. Porus: 78. Posidonio: 235. Premare, misionero: 116. Pretor: 328. Pramo: 143, 149, 164, 277. Prisco: 123. Psammis: 40. Psammtico: 40, 43. Publilio: 248. Publio Escipin: 255, 340. Pudentilla: 265. Putifar: 36, 42, 48. —Q— Querilos: 161. Quern de Pelenne: 227. Quintiliano, Marco Aurelio: 245, 246. Quinto Ctulo: 291. Quinto Curcio: 68 Quinto Roscio: 291. —R— Rameneses. Ver Ramses II. Ramses II: 37, 38, 39, 355, 356. Ramses III: 37, 38. Ramses IV: 38. Raquel: 60. Raumer: 379 Rebeca: 53. Rgulo, Marco Alilio: 134. Reichard, Chr.-Th.: 362. Reitemcier: 191.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 402\ 402\ 402\ 402\ 402\Remo: 265. Rey. Ver Alejandro Magno. Rhodopis. Ver Doricha. Rollin: 158. Rmulo: 243, 244, 262, 265, 326. Rozire, de: 354, 356. Ruben: 57. Rufo Egnacio: 268. —S— Sabacon: 46. Safo: 43. Saint-Croix, Renouard de: 158, 369. Salatis: 41. Salomn: 39, 54, 55, 57, 58, 63, 361, 362, 363. Salustio, Cayo Crispo: 312. Samuel: 58. Sara: 60, 364. Sardanpalo: 125. Saserna: 315. Satiros: 179. Saturno. Ver Cronos. Scapcio: 250, 373, 374. Seemak-oang: 107, 119. Sedecas: 61. Sejano: 290. Sem: 53. Semramis: 39, 110, 124, 125. Sneca, Lucio Anneo: 245, 270, 312, 313, 319, 322, 336, 337, 338, 339, 340. Serapis: 180. Sertorio, Quinto: 255. Servilio Galba: 247, 255.

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JOS ANTONIO SACO /403 /403 /403 /403 /403Servio Tulo: 267. Sesonchis. Ver Sheshonk I. Sesoosis: 37, 355, 356. Sesrtesen I: 37. Sesostris. Ver Sesoosis. Sheshonk I: 39. Sethos I: 37, 38. Sextilio: 260. Sexto Cecilio: 250. Sexto Estacio: 374. Sexto Gallo: 274. Sicigno: 174. Sila, Lucio Cornelio: 189, 249, 257, 331. Silano: 331. Sileno: 222. Silvano: 272. Simario: 165. Si-Mokar: 286. Siouen-wang: 110. Smindide de Sibaris: 158. Socils: 179. Scrates: 155, 162, 164, 179, 223, 226. Sfocles: 223. Soln: 35, 148, 153, 155, 161, 163, 168, 218, 219. Sosia: 225. Sositeo: 336. Soung, dinasta: 95, 97, 103, 111, 120. Sou-Tche: 119, 120. Spudias: 164. Sse-ma-thsin: 119. Statius Thebaidos: 173.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 404\ 404\ 404\ 404\ 404\Staunton, George (sir): 369. Sticho: 169. Strabn: 36, 37, 38, 39, 42, 43, 76, 77, 78, 121, 123, 124, 131, 135, 141, 151, 164, 190, 200, 204, 209, 210, 238, 259, 269, 272, 285, 351, 354, 355, 360, 362, 371, 380. Strabn, Cayo Fannio: 334. Straton: 67, 68, 78, 151, 157, 179. Strimodoro: 180. Suetonio, Cayo: 245, 286, 324, 334. Suidas: 178. Suilio: 339. Sulpicio: 331 Surena: 132. —T— Tcito, Cornelio: 38, 61, 63, 72, 250, 264, 266, 313, 331, 339, 363. Tachon: 179. Tales de Mileto: 35. Tamerln. Ver Timur. Tang, dinasta: 95. Tarquino, el Anciano: 252. Tcheou, dinasta: 93, 97, 111, 371. Tching-Ti: 94. Telmaco: 161. Temstocles: 174, 219. Teodesio: 259. Teodosio: 123. Teofrasto: 157, 160, 179, 226. Teopompo: 144, 158, 177, 197, 200, 227, 239. Teou vou: 111. Terencio: 166, 169, 289. Terencio Lucano: 280. Tesalo: 213.

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JOS ANTONIO SACO /405 /405 /405 /405 /405Teseo: 173, 174, 218. Thang, dinasta: 95, 97, 101, 109, 111, 118, 119. Thimaus: 41. Thsingche-hoang-ti: 94. Thsin-Chi-Hoang-ti: 96, 109. Tuhmosis III: 41. Tiberio: 250, 259, 266, 274, 308, 331. Tichio: 152. Timarcho: 160. Timodemo: 180. Timur: 86. Tndaro: 319, 340. Ting Wang: 371. Tirn: 336. Tito Livio: 133, 248. Tito Minucio: 265, 290. Tolomeo Auletes: 46. Tolomeo Lagus Soter: 40, 41, 241, 359, 361. Tolomeo Filadelfo: 40, 47, 355, 357. Tolomeo IV: 46. Torcuato: 374. Toronio: 290. Tours, Gregorio de: 356. Trajano, Marco Ulpio: 244, 245, 269, 280, 356, 357. Tranin: 326. Trogo-Pompeyo: 67. Tsin, dinasta: 94, 95. Tsing-Ti: 94. Tucdides: 145, 147, 153, 154, 157, 158, 159, 160, 201, 203, 206, 219. Tulo Hostilio: 261, 265.

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HISTORIA DE LA ESCLAVITUD 406\ 406\ 406\ 406\ 406\—U— Ulises: 65, 152, 161, 167, 277. Unitulo: 373. Urbino Ponopio: 341. —V— Valente: 259. Valentiniano: 259. Valerio de Ancio: 212. Valerio Mximo: 172, 173, 182, 251, 262, 276. M. Valerio Messala: 247, 334. Valmiki: 77. Varrn, Marcos Terencio: 135, 226, 245, 281, 313, 314, 315, 324, 326, 335, 342. Vedio Pollin: 322. Venus: 151, 163, 164, 280, 282. Vespasiano, Tito Flavio: 256, 268. Vesta: 267. Vettio, Cayo: 340. Vincent: 71. Vitelo: 257. Vocula: 313. Volney, Constantino (conde de): 380. Volucio: 282. —W— Wallace: 264. Wallon Henri A.: 82, 158, 159, 199. Wellesley, Arturo: 90. Wellington, duque de. Ver Wellesley, Arturo. Wen-ti: 97. Wowsung: 102.