Obras

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Material Information

Title:
Obras
Series Title:
Colección Biblioteca de clásicos cubanos ;
Uniform Title:
Works
Physical Description:
2 v. : ill., port. ; 23 cm.
Language:
Spanish
Creator:
Arango y Parreño, Francisco, 1765-1837
García Rodríguez, Gloria
Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz
Publisher:
Imagen Contemporanea
Ciencias Sociales
Place of Publication:
La Habana, Cuba
Publication Date:
Copyright Date:
2005

Subjects

Subjects / Keywords:
Slavery -- Cuba   ( lcsh )
Politics and government -- Cuba   ( lcsh )
Commerce -- Cuba   ( lcsh )
Economic conditions -- Cuba   ( lcsh )
Genre:
bibliography   ( marcgt )
non-fiction   ( marcgt )

Notes

Bibliography:
Includes bibliographical references and index.
General Note:
"Ensayo introductorio compilación y notas, Gloria García Rodríguez"--T.p. (v. 1).
General Note:
"Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz, Universidad de la Habana"--P. facing t.p. (v. 1).
Statement of Responsibility:
Francisco de Arango y Parreño.

Record Information

Source Institution:
Biblioteca Nacional José Martí
Holding Location:
Biblioteca Nacional José Martí
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
oclc - 176866908
isbn - 9597078422 (set)
ocn176866908
Classification:
lcc - F1751 .A66 2006
System ID:
AA00008955:00002


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Full Text

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(VolumenII)OBRAS BIBLIOTECADECLASICOSCUBANOS

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BIBLIOTECA DE CLSICOS CUBANOS CASA DE ALTOS ESTUDIOS DON FERNANDO ORTIZUNIVERSIDAD DE LA HABANARECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE LA HABANAJuan Vela Valds DIRECTOREduardo Torres-Cuevas SUBDIRECTORLuis M. de las Traviesas Moreno EDITORA PRINCIPALGladys Alonso Gonzlez DIRECTORA ARTSTICADeguis Fernndez Tejeda ADMINISTRADORA EDITORIALEsther Lobaina Oliva

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Responsable de la edicin: Ernesto Chvez lvarez Realizacin y emplane: Beatriz Prez RodrguezTodos los derechos reservados. Sobre la presente edicin: Ediciones IMAGEN CONTEMPORNEA, 2005 Coleccin Biblioteca de Clsicos Cubanos, No. 23 ISBN 959-7078-42-2 obra completa ISBN 959-7078-44-9 volumen II ISBN 959-06-0776-4 Ciencias Sociales Ediciones IMAGEN CONTEMPORNEA Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz, L y 27, CP 10400, Vedado, Ciudad de La Habana, CubaDiseo grfico: Deguis Fernndez Tejeda Composicin de textos: Equipo de Ediciones IC

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Francisco Arango y Parreo (1765-1837)

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Arango fue un precursor y entreg la prosa ms limpia y “moderna” de Amrica (...) Sus escritos, geniales, a veces de un cinismo sin lmites, cubre toda la gama de problemas econmicos cubanos de la poca, e inaugura una nueva prosa americana. Quizs el hombre de ms slida formacin burguesa que diera el imperio espaol, incluyendo la propia Espaa, al nivel de los ms grandes pensadores europeos de entonces. Plante, con increble anticipacin, los problemas fundamentales del subdesarrollo, la dependencia colonial, el intercambio desigual, etctera. Manuel Moreno Fraginals

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ACUERDOS HECHOS POR EL AYUNT ACUERDOS HECHOS POR EL AYUNT ACUERDOS HECHOS POR EL AYUNT ACUERDOS HECHOS POR EL AYUNT ACUERDOS HECHOS POR EL AYUNT AMIENTO AMIENTO AMIENTO AMIENTO AMIENTO DE LA HABANA EN CUMPLIMIENTO DEL REAL DE LA HABANA EN CUMPLIMIENTO DEL REAL DE LA HABANA EN CUMPLIMIENTO DEL REAL DE LA HABANA EN CUMPLIMIENTO DEL REAL DE LA HABANA EN CUMPLIMIENTO DEL REAL DECRETO DE 14 DE FEBRERO DE 1810, DECRETO DE 14 DE FEBRERO DE 1810, DECRETO DE 14 DE FEBRERO DE 1810, DECRETO DE 14 DE FEBRERO DE 1810, DECRETO DE 14 DE FEBRERO DE 1810, CONV CONV CONV CONV CONV OC OC OC OC OC ANDO A LAS AMRIC ANDO A LAS AMRIC ANDO A LAS AMRIC ANDO A LAS AMRIC ANDO A LAS AMRIC AS P AS P AS P AS P AS P ARA LAS ARA LAS ARA LAS ARA LAS ARA LAS PR"XIMAS COR PR"XIMAS COR PR"XIMAS COR PR"XIMAS COR PR"XIMAS COR TES NACIONALES TES NACIONALES TES NACIONALES TES NACIONALES TES NACIONALESExcelentsimo Seor: Remitimos a V.E. copia de los cabildos celebrados con motivo de la eleccin del Diputado en Cortes y formacin de las instrucciones que ha de llevar. Parece que el Ayuntamiento estaba obligado en todos casos a dar cuenta al pblico de sus operaciones en este negocio, y con mucha ms razn habiendo habido sobre l dudas e interpretaciones que conviene sofocar. Por tanto, ha resuelto imprimir los referidos acuerdos y vivamente desea que V.E. accede a tan plausible pretensin. Dios guarde a V.E. muchos aos. Habana y septiembre 14 de 1810. Excelentsimo Sr. Juan Crisstomo Pealver Joaqun de Herrera Excelentsimo Sr. Marqus de Someruelos. Muy Ilustre Ayuntamiento Pasado al Sr. Oidor Asesor General del Gobierno el oficio de los Regidores Comisarios de V.S. de 14 del actual, con la copia que cita de sus cabildos relativos a la eleccin del Diputado en Cortes y sus instrucciones, a fin de que me consultase sobre la solicitud de imprimirlos; he accedido a ello en vista de su dictamen, y al efecto devuelvo a V.S. los indicados documentos. Dios guarde a V.S. muchos aos. Habana, 27 de septiembre de 1810. El Marqus de Someruelos Muy Ilustre Ayuntamiento de esta ciudad.

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OBRAS 2\ 2\ 2\ 2\ 2\ Muy Ilustre Ayuntamiento El Excmo Sr. Secretario de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia me ha comunicado de Real Orden, con fecha de 22 de febrero ltimo, lo siguiente: “Remito a V.E., de orden de S.M., el Real Decreto que acompaa acerca del nombramiento de Diputados de Amrica para las prximas Cortes extraordinarias, y el Manifiesto que sobre el propio asunto dirige el Consejo de Regencia de los Reinos de Espaa e Indias a los americanos espaoles a fin de que se publiquen, y disponga tambin V.E. se impriman y circulen a todos los pueblos del distrito de su mando para su noticia y cumplimiento.” Lo que traslado a V.S. acompaando un ejemplar impreso de los dos documentos citados para el fin a que se contrae por su parte en la eleccin del Diputado respectivo a esta capital. Dios guarde a V.S. muchos aos. Habana, 26 de abril de 1810. El Marqus de Someruelos. Muy Ilustre Ayuntamiento de esta ciudad. Real Decreto de 14 de febrero de 1810El Rey nuestro Seor, D. Fernando VII, y en su Real nombre el Consejo de Regencia de Espaa e Indias, considerando la grave y urgente necesidad de que a las Cortes extraordinarias que han de celebrarse inmediatamente que los sucesos militares lo permitan, concurran Diputados de los dominios espaoles de Amrica y de Asia, los cuales representen digna y legalmente la voluntad de sus naturales en aquel Congreso —del que han de depender la restauracin y felicidad de toda la Monarqua—, ha decretado lo que sigue: Vendrn a tener parte en la representacin nacional de las Cortes extraordinarias del Reino Diputados de los Virreinatos de Nueva Espaa, Per, Santa Fe y Buenos Aires, y de las Capitanas Generales de Puerto Rico, Cuba, Santo Domingo, Guatemala, Provincias Internas, Venezuela, Chile y Filipinas. Estos Diputados sern uno por cada capital cabeza de partido de estas diferentes provincias. Su eleccin se har por el Ayuntamiento de cada capital, nombrndose primero tres individuos, naturales de la provincia, dotados de probidad, talento e instruccin y exentos de toda nota, y, sortendose despus uno de los tres, el que salga a primera suerte ser Diputado en Cortes. Las dudas que puedan ocurrir sobre estas elecciones sern determinadas breve y perentoriamente por el Virrey o Capitn General de la provincia en unin con la Audiencia.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /3 /3 /3 /3 /3 Verificada la eleccin recibir el Diputado el testimonio de ella y los poderes del Ayuntamiento que le elija y se le darn todas las instrucciones que, as el mismo Ayuntamiento como todos los dems comprendidos en aquel partido, quieran darle sobre los objetos de inters general y particular que entiendan debe promover en las Cortes. Luego que reciba sus poderes e instrucciones se pondr inmediatamente en camino para Europa por la va ms breve, y se dirigir a la isla de Mallorca, en donde debern reunirse todos los dems Representantes de Amrica a esperar el momento de la convocacin de las Cortes. Los Ayuntamientos electores determinarn la ayuda de costa que debe sealarse a los Diputados para gastos de viajes, navegaciones y arribadas. Mas —como nada contribuya tanto a hacer respetar a un Representante del pueblo como la moderacin y la templanza, combinadas con el decoro—, sus dietas, desde su entrada en Mallorca hasta la conclusin de las Cortes, debern ser de seis pesos fuertes al da, que es la cuota sealada a los Diputados de las provincias de Espaa. En las mismas Cortes extraordinarias se establecer despus la forma constante y fija en que debe procederse a la eleccin de Diputados de esos dominios para las que hayan de celebrarse en lo sucesivo, supliendo o modificando lo que, por la urgencia del tiempo y dificultad de las circunstancias, no ha podido tenerse presente en este decreto. Tendrislo entendido, y lo comunicaris a quien corresponda para su cumplimiento. Javier de Castaos Presidente. Francisco de Saavedra Antonio de Escao Miguel de Lardizbal y Uribe Real Isla de Len, a 14 de febrero de 1810. Al Marqus de las Hormazas. Acuerdo de 6 de agosto de 1810En la ciudad de La Habana en seis de agosto de mil ochocientos diez, convocados en este da en la Sala Capitular, de orden del Excelentsimo Sr. Presidente, Gobernador y Capitn General, los Caballeros Regidores que a continuacin se expresan, y son los Seores Excmo Sr. D. Salvador de Muro y Salazar, Marqus de Someruelos, Teniente General de los Reales Ejrcitos, Presidente de la Real Audiencia, Gobernador y Capitn General de esta ciudad e Isla de Cuba, etc.; D. Jos Mara Pedroso y D. Jos Ignacio Echegoyen, Alcaldes ordinarios; Capitn D. Ciriaco de Arango y Parreo, Teniente de Regidor Alfrez Real; Conde de O’Reilly, Regidor Alguacil Mayor; D. Jos Mara Escobar, Regidor Alcalde Mayor Provincial; D. Jos Mara de Xenes, Regidor Fiel Ejecutor; D. Juan Crisstomo Pealver, Teniente de Regidor; D. Joaqun de Herrera, Teniente de Regidor; D. Luis Ignacio Caballero, D. Carlos Pedroso, D. Francisco Loynaz, Conde de Santa Mara de Loreto y D. Luis Hidalgo Gato, Regidores;

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OBRAS 4\ 4\ 4\ 4\ 4\ y D. Andrs de Zayas y Jstiz, Sndico Procurador General, a efecto de proceder a la eleccin del Diputado en Cortes, se dio principio a la sesin por la lectura del oficio de S.E. de veintisis de abril, con insercin de la Real Orden de veintids de febrero ltimo, comunicada al Gobierno por el Excelentsimo Sr. Secretario de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia. Seguidamente tom la palabra el Excelentsimo Sr. Presidente y manifest brevemente lo que convena a la felicidad de la Isla, se nombrasen los sujetos ms idneos para asegurar su prosperidad y llenar dignamente la honrosa confianza que haba hecho S.M. de este Cuerpo, y que as lo esperaba S.E. de su acreditado patriotismo y de la imparcialidad con que se haba procedido en las dems elecciones que se haban hecho en todo el tiempo de su mando. Y habindose procedido a la votacin, se verific en los trminos siguientes: El Sr. D. Jos Mara Pedroso nombr a los Seores Oidor D. Francisco de Arango, a D. Juan de Juregui y al Lcdo. D. Juan Bernardo O’Gavan. El Sr. D. Jos Ignacio de Echegoyen nombr a los Seores Oidor Don Francisco de Arango, D. Andrs de Juregui y D. Pedro Regalado Pedroso. El Sr. D. Ciriaco de Arango, a los Seores D. Francisco de Arango, Don Andrs de Juregui y D. Pedro Regalado Pedroso. El Sr. Conde de O’Reilly, a los Seores D. Francisco de Arango, Don Andrs de Juregui y D. Pedro Regalado Pedroso. El Sr. D. Jos Mara Escobar, a los Seores D. Francisco de Arango, Don Andrs de Juregui y D. Pedro Regalado Pedroso. El Sr. D. Jos Mara Xenes, a los Seores D. Francisco de Arango, Don Andrs de Juregui y D. Pedro Regalado Pedroso. El Sr. D. Juan Crisstomo Pealver, al Excelentsimo Sr. Conde del Castillo y a los Seores D. Francisco de Arango y D. Martn de Arztegui y Basabe. El Sr. D. Joaqun de Herrera, a los Seores D. Francisco de Arango, Don Andrs de Juregui y D. Pedro Regalado Pedroso. El Sr. D. Luis Ignacio Caballero, a los Seores D. Francisco de Arango, Don Andrs de Juregui y D. Pedro Regalado Pedroso. El Sr. D. Carlos Pedroso, a los Seores D. Francisco de Arango, Don Andrs de Juregui y al Capitn D. Claudio Martnez de Pinillos. El Sr. D. Francisco Loynaz, a los Seores D. Francisco de Arango, Don Andrs de Juregui y D. Pedro Regalado Pedroso. El Sr. Conde de Loreto, al Sr. D. Francisco de Arango, al Excelentsimo Seor Conde del Castillo y a D. Andrs de Juregui. El Sr. D. Luis Hidalgo Gato, a los Seores D. Francisco de Arango, Don Andrs de Juregui y D. Pedro Regalado Pedroso. En cuyo estado, resultando con todos los votos el Sr. Oidor D. Francisco de Arango, con once el Sr. D. Andrs de Juregui, con nueve el Sr. Don Pedro Regalado Pedroso, con dos el Excelentsimo Sr. Conde del Castillo

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /5 /5 /5 /5 /5 y con uno cada uno de los Seores Coronel D. Martn de Arztegui y Basabe, el Licenciado D. Juan Bernardo O’Gavan, D. Juan de Juregui y el Capitn Don Claudio Martnez de Pinillos, dispuso el Excmo Sr. Presidente que el Mayordomo de Propios saliese a la calle y condujese el primer nio que pasase, como lo ejecut en el nombrado D. Sebastin Baeza. Inmediatamente se colocaron los nombres de los tres sujetos que obtuvieron pluralidad de sufragios en unos globos de madera por los Seores Teniente de Alfrez Real y Decano, y depositados en una jarra de plata, despus de bien movida, se mand al nio sacase uno, recayendo la suerte en el Caballero Teniente de Regidor Alguacil Mayor D. Andrs de Juregui. Reconocidos posteriormente los otros dos globos se encontraron los nombres de los Seores Oidor D. Francisco de Arango y D. Pedro Regalado Pedroso. Aprobada la eleccin por el Excelentsimo Sr. Presidente, se acord que con testimonio de esta acta se le participe a S.E. con lo que se concluy el acto, de que doy fe. Someruelos, Pedroso. Echegoyen. Arango. O’Reilly. Escobar. Xenes. Pealver. Herrera. Caballero. Pedroso. Loynaz. Santa Mara de Loreto Gato Zayas Ante m, Miguel Mndez Acuerdo de 7 de agosto de 1810En la ciudad de La Habana en siete de agosto de mil ochocientos diez se congregaron a Cabildo extraordinario la Justicia y Regimiento que abajo aparecern firmados, con el fin de tratar de las Instrucciones que deben darse al Diputado en Cortes; y habindose conferenciado sobre ello, y conociendo que la gravedad de la materia exige tiempo y meditacin, se acord: Primero que una Diputacin coordine el trabajo, y que a ella dirija cada uno de los vocales de este Ayuntamiento las reflexiones que le ocurran, y luego que estn puestas en orden se presente de nuevo al Cabildo para su examen y aprobacin. Segundo que la Diputacin se componga de los Seores D. Francisco de Arango, D. Luis Hidalgo Gato y D. Andrs de Zayas, Sndico Procurador General de esta ciudad. Tercero que estos mismos Seores extiendan el acta de la eleccin del Diputado para conocimiento del pblico. Cuarto que propongan el modo ms adecuado de consultar y conocer con ms certeza la opinin pblica sobre estos particulares, de suerte que las instrucciones que se den al Diputado lleven la aprobacin general. Quinto que se pase testimonio de esta acta a la Diputacin para su gobierno. Con lo que se concluy el acto, de que doy fe Arango. O’Reilly. Xenes. Herrera. Pedroso. Ponce de Len. Gato. Zayas Ante m, Miguel Mndez

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OBRAS 6\ 6\ 6\ 6\ 6\ Acuerdo de 8 de agosto de 1810En la ciudad de La Habana, en ocho de agosto de mil ochocientos diez, se juntaron a Cabildo extraordinario los Seores Excelentsimo Sr. Presidente, Gobernador y Capitn General, y dems Seores que suscriben este acuerdo, con el objeto de resolver lo conveniente sobre el modo de publicar y solemnizar la interesantsima eleccin de nuestro Diputado en Cortes, y examinar al propio tiempo si sera conveniente que la Diputacin nombrada para la formacin de Instrucciones se organizase de otra suerte, y que el Cabildo para asegurar el acierto en tan importante negocio se asociase con otras personas notables del vecindario y lo provocase a comunicarle sus luces; y despus de haber tenido una larga conferencia sobre estos particulares, se acord unnimemente: Que —pues ya nos constaba que el Sr. D. Andrs de Juregui estaba pronto a aceptar y desempear la alta confianza que se haba hecho de su persona— se publicara la eleccin en los trminos convenientes por el papel peridico El Aviso Que se le citase para hacer el correspondiente juramento a presencia del Excelentsimo Sr. Capitn General, del Ayuntamiento y dems personas que se nombren, y en manos del Sr. Alfrez Real, para las ocho de la maana del da diecinueve. Que, verificado este acto, pasemos todos en Cuerpo a la Iglesia Catedral a dar gracias al Altsimo por tan sealado beneficio, y se cante misa solemne por el acierto de nuestro Disputado, oficiando para esto con el Ilmo. Sr. Diocesano, y convidando a los Cuerpos y personas distinguidas. Que, para el grave asunto de la formacin de las Instrucciones, y en conformidad del espritu de la Real Orden de 14 de febrero, se acompae el Ayuntamiento con cuatro miembros del Real Consulado, dos de la clase de agricultores, dos de la de comerciantes y ocho de los ms respetables de la Sociedad Patritica, dejando al arbitrio de ambos Cuerpos la eleccin de estos sujetos y que a ellos se agreguen todos los Regidores propietarios de este Ayuntamiento, y los dos juiciosos letrados que estn nombrados para consultarle y defenderle. Que todos estos sujetos deban concurrir con los dems Oficiales del Ayuntamiento al acto del juramento y misa solemne, y acordar despus en la misma unin todo lo conveniente sobre las citadas Instrucciones, dando conocimiento al pblico de las medidas que se han tomado para manifestar los deseos que tiene el Ayuntamiento, y la benevolencia y gratitud con que se recibirn las luces que se le comuniquen o las advertencias que se le hagan por cualquier particular. Con lo que se concluy el acto, de que doy fe. Someruelos. Pedroso. Arango. O’Reilly Escobar. Xenes. Pealver. Herrera. Pedroso. Loynaz Doctor Gonzlez Ponce de Len Gato Zayas Ante m, Miguel Mndez

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /7 /7 /7 /7 /7 Acuerdo de 19 de agosto de 1810En la ciudad de La Habana en diecinueve de agosto de mil ochocientos diez, se juntaron en la Sala Capitular para el acto de recibir el juramento al Diputado en Cortes de esta ciudad y pasar a dar gracias al Altsimo, los Seores Excelentsimo Sr. Capitn General; D. Jos Mara Pedroso y D. Jos Ignacio Echegoyen, Alcaldes Ordinarios; D. Francisco de Arango, Alfrez Real; el Conde de O’Reilly, Alguacil Mayor; D. Jos Mara Escobar, Alcalde Mayor Provincial; D. Jos Mara Xenes, Fiel Ejecutor; D. Ciriaco de Arango, Teniente de Alfrez Real; D. Juan Crisstomo de Pealver, Teniente de Regidor Decano; el Conde de Casa Bayona, Regidor; D. Joaqun de Herrera, Teniente; D. Luis Ignacio Caballero, Regidor; Dr. D. Rafael Gonzlez, Dr. D. Jos Mara Sanz, D. Jos de Armenteros, D. C arlos Pedroso, D. Francisco Loynaz, D. Francisco Ponce de Len, D. Luis Gato, D. Jos Nicols de Peralta, Regidores; y los individuos nombrados por el Real Consulado y Sociedad Patritica, que fueron por el primer Cuerpo los Seores Conde de Casa Montalvo y D. Gonzalo Herrera, como agricultores; D. Francisco Hernndez y D. Pedro Mara Ramrez, como comerciantes; y por la Sociedad, el Excelentsimo Sr. D. Juan Francisco del Castillo, el Brigadier D. Agustn Ibarra, el Marqus de Crdenas de Monte Hermoso, el Conde de Zaldvar, el Teniente de Navo D. Juan de Orozco, el Presbtero Dr. D. Pedro de Espnola, D. Francisco de Isla y D. Toms Romay. Y habiendo llegado el Excelentsimo Sr. Presidente, tomaron cada uno sus asientos, interpelndose los individuos antes mencionados con los Regidores, y as que explic el objeto de aquella Junta se levantaron todos los concurrentes y el Sr. D. Andrs de Juregui, Diputado electo, se adelant hasta la mesa del Sr. Presidente, donde de antemano se haban colocado una cruz y un libro de los Santos Evangelios, y puesta la mano sobre ellos, el Sr. Alfrez Real le tom juramento ante el Escribano de Cabildo de desempear bien y fielmente el alto oficio que se le encargaba, lo que as ofreci. Concluido este acto se le asign asiento despus de la primera Justicia, y en el orden debido se encaminaron todos, precedidos de las mazas y Oficiales del Ayuntamiento, a la Santa Iglesia Catedral, donde se haba reunido la mayor parte de la nobleza de esta ciudad, Jefes y Cuerpos de esta plaza, y se celebr, con la asistencia del Ilmo. Sr. Diocesano, una misa solemne. Fenecida que fue, se regres a las Salas Capitulares y se seal el da siguiente para empezar las sesiones para la formacin de las Instrucciones; con lo que se concluy este augusto acto que quedar grabado en el corazn de todo amante de su patria, como que ve restablecida la nacin en uno de sus ms preciosos derechos; de que doy fe. Someruelos Pedroso Echegoyen Arango O’Reilly Escobar Xenes Arango Pealver Bayona Herrera Caballe-

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OBRAS 8\ 8\ 8\ 8\ 8\ ro Dr. Gonzlez Dr. Sanz Armenteros Pedroso Loynaz Ponce de Len. Gato. Peralta. Casa Montalvo. Herrera. Hernndez. Ramrez. Castillo. Ibarra. Crdenas de Monte Hermoso. Zaldvar. Orozco. Espnola. Isla. Romay. Ante m, Miguel Mndez Acuerdo de 20 de agosto de 1810En la ciudad de La Habana, en veinte de agosto de mil ochocientos diez, concurrieron a la Sala Capitular los Seores D. Jos Mara Pedroso, Alcalde Ordinario; D. Andrs de Juregui, Diputado en Cortes; D. Ignacio Echegoyen, Alcalde Ordinario D. Francisco de Arango, Alfrez Real, Oidor Honorario de la Real Audiencia de esta Isla, Superintendente Interino de la Real Factora de Tabacos; el Excelentsimo Sr. D. Juan Francisco Nez del Castillo, Coronel agregado al Regimiento de Infantera de La Habana, Teniente Justicia Mayor de la ciudad de San Felipe y Santiago; D. Gonzalo de Herrera, Caballero de la distinguida Orden de Carlos III y Prior que acaba de ser del Real Consulado; el Conde de O’Reilly, Brigadier de los Reales Ejrcitos, Coronel del Regimiento de La Habana y Regidor Alguacil Mayor; D. Agustn de Ibarra, Brigadier de los Reales Ejrcitos, Subinspector del Real Cuerpo de Artillera de esta Isla y Director de la Sociedad Patritica; D. Jos Mara de Escobar, Regidor Alcalde Mayor Provincial; el Teniente Coronel Conde de Casa Montalvo, Comandante de Escuadrn; el Marqus de Casa Pealver, Regidor Decano; el Marqus de Crdenas de Monte Hermoso, Caballero de la Real y distinguida Orden de Carlos III, Justicia Mayor de la villa de San Antonio; D. Luis Ignacio Caballero, Regidor; Dr. D. Rafael Gonzlez, Consultor de este Cuerpo; D. Jos M ara de Xenes, Regidor Fiel Ejecutor; el Conde de Zaldvar, Caballero de la Orden de Santiago, Coronel graduado y Teniente Coronel del Regimiento de Milicias de esta plaza; D. Carlos Pedroso, Regidor; D. Juan de Orozco, Teniente de Navo y Primer Ayudante de la Comandancia de Marina; D. Juan Crisstomo Pealver, Teniente de Regidor; Presbtero Dr. D. Pedro de Espnola; el Conde de Casa Bayona, Caballero de la Orden Militar de Santiago, Coronel del Regimiento de Milicias de Infantera y Justicia Mayor de la ciudad de Santa Mara del Rosario y Regidor de este Ayuntamiento; D. Pedro Mara Ramrez y D. Francisco Hernndez, de este comercio; D. Francisco Loynaz, Regidor; el Administrador de Reales Rentas, D. Francisco de Isla; D. Joaqun de Herrera, Teniente de Regidor; D. Toms Romay, Mdico de la Real Familia; D. Luis Hidalgo Gato y D. Jos Nicols de Peralta, Regidores; y D. Andrs de Zayas, Sndico Procurador General; para establecer el orden correspondiente en conformacin de las instrucciones que deben darse a dicho Sr. Diputado, en conformidad de los anteriores acuerdos, y en cumplimiento del Real Decreto

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /9 /9 /9 /9 /9 de 14 de febrero ltimo en que el Rey nuestro Seor D. Fernando VII, y en su Real nombre el Consejo de Regencia de Espaa e Indias, se ha servido convocarlas con el grande objeto que en ella se manifiesta y a que esta Junta se propone dirigir sus ideas. Pero a vista de la dificultad que ofrece la reunin de tantos individuos empleados en diversos destinos del Real servicio y pblicos de que no le es posible separarse todas las ocasiones que fuesen necesarias para entender en este grave e importante asunto; que por otra parte exige su ms pronta y feliz conclusin en las circunstancias de que ha de darse principio a las referidas Cortes extraordinarias en todo el presente mes; discurrindose el modo ms adecuado de verificar las competentes Instrucciones en todos los puntos y material que deben comprender para la prosperidad general de la nacin, y particular de esta provincia, se propuso lo primero. Si convendra nombrar una Diputacin a la que se cometiese la completa formacin de las Instrucciones, o la indicacin de los particulares con que debieran ordenarse; lo segundo, qu nmero de individuos deban componerla y si de todas las clases de personas que constituyen la Junta indistintamente, incluidos algunos miembros del Cuerpo Capitular; lo tercero, quines y en qu forma deban elegirse estos Diputados. Y procedindose por votacin general qued acordada con unanimidad la expuesta Diputacin, y por pluralidad de votos que ella por ahora se ocupase en las apuntaciones e indicaciones de los artculos a que aqullas deban limitarse para que, presentadas a la Junta, sta deliberase sobre su extensin, aadiendo o reformando lo que juzgue indispensable; que se compusiese de slo seis de los vocales, con asistencia del Sr. Diputado en Cortes y del Caballero Sndico Procurador General, que se eligiese tambin por votacin, como se practic; resultando electos los seores Alfrez Real D. Francisco de Arango con veintiocho sufragios, el Brigadier D. Agustn de Ibarra y el Teniente Coronel Conde de Casa Montalvo con los mismos votos, el Alguacil Mayor Conde de O’Reilly con diecinueve, el Dr. D. Rafael Gonzlez con veintisis y el Regidor Licenciado D. Luis Hidalgo Gato con dieciocho. Asimismo acord la Junta se autorizare a la Diputacin con todas sus facultades, y en particular con las del Ayuntamiento, suplicando al Excelentsimo Sr. Presidente, Gobernador y Capitn General, por medio de oficio con testimonio de esta acta que se sirva auxiliarla con las que a S.E. competan, en sus peticiones a las dems autoridades y Jefes sobre documentos, papeles y noticias que crea necesitar para el ms exacto desempeo de sus funciones. Con lo que se concluy el acto de que doy fe Pedroso. Juregui. Echegoyen. Arango. Castillo. Herrera. O’Reilly. Ibarra. Escobar. Montalvo. Pealver. Crdenas de Monte Hermoso. Caballero. Dr. Gonzlez. Xenes. Zaldvar. Pedroso. Orozco. Pealver. Dr. Espnola. Bayona. Ramrez. Hernndez. Loynaz. Isla. Ibarra. Romay. Gato. Peralta Zayas. Sndico Procurador General. Ante m, Miguel Mndez

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OBRAS 10\ 10\ 10\ 10\ 10\ Acuerdo de 4 de septiembre de 1810En la ciudad de La Habana, en cuatro de septiembre de mil ochocientos diez, reunidos en la Sala Capitular los Seores que firmarn este acuerdo, y enterados por el Sr. Presidente de que el objeto de su convocacin era el de examinar varias dudas que tena que proponer la Diputacin nombrada para las Instrucciones de nuestro Diputado en Cortes, se procedi a la lectura de un papel que present la misma Diputacin, concebido en estos trminos: “Seores: La Diputacin nombrada para reunir y extender las ideas que han de formar las Instrucciones de nuestro Diputado en Cortes siente, sobremanera, presentarse en esta Sala sin traer siquiera concluido el plan de toda la obra que era, segn lo acordado, la primera parte de su encargo; pero, habiendo tropezado con diferentes dudas que exigan precisamente el preliminar conocimiento y resolucin de esta Junta, han sobrevenido tambin dos novedades importantes que parece nos obligan a examinar y decidir con preferencia absoluta, y sin sujecin a otro plan, cierto nmero de cuestiones. ”Para determinar los encargos que a nuestro Diputado han de hacerse es necesario saber los poderes que ha de llevar, o conocer los lmites y fuerza que han de tener. El Real Decreto del asunto dice sencillamente que verificada la eleccin recibir testimonio de ella el Diputado y los poderes del Ayuntamiento elector ; pero ni da la frmula ni habla tampoco de la fuerza que tengan estos poderes. ”En la Soberana instruccin que se dio para elegir en la Pennsula los Diputados de estas Cortes se dice terminantemente que sean ilimitados sus poderes para acordar y resolver cuanto se proponga en las Cortes, as en razn de los puntos indicados en la Real carta convocatoria como en otros cualesquiera A la eleccin de esos Diputados de la Pennsula concurri todo el vecindario, y es evidente en tal caso que las facultades de aqullos son tan ilimitadas como por todas razones lo son las de sus poderdantes en las actuales circunstancias. Y pueden los Ayuntamientos de Amrica dar a los Diputados que elijan poderes de igual especie? Y si no los pueden dar, de cul han de ser los que den? ”Hay que observar todava en esta misma materia. Establecida la igualdad de derechos entre los espaoles de Europa y de Amrica, no slo por Junta Central y por el Consejo de Regencia sino por las anteriores leyes de la Monarqua, por todas las de la razn y todas las del verdadero inters; y declarado asimismo en los anuncios y convocatorias de estas Cortes, o sea, Congreso representativo de la nacin espaola, que su grande objeto es la salvacin y regeneracin del Estado haciendo leyes generales que lleven consigo (Proclama de la Suprema Junta Central de 28 de octubre de 1809) como lo deben llevar las verdaderas leyes el gran carcter del

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /11 /11 /11 /11 /11 consentimiento pblico se puede suponer este consentimiento de parte de las Amricas por el voto, aunque sea unnime, de los Diputados que ahora envan; por el voto de veintiocho individuos que slo llevan el de sus respectivos Ayuntamientos? Qu es, pues, lo que en tal caso debe hacer el de La Habana para no empaar el eminente mrito que contrajo en haber clamado solo, por la parte que a su vecindario corresponda en la representacin nacional, desde el momento que supo que se trataba de fundar la Junta Suprema Central? Qu es lo que debe hacer para llenar todos sus deberes; para combinar los de su oficio de defensor de este pueblo con los de obediencia y gratitud al Cuerpo Soberano que le ha honrado con la facultad de elegir; para no exponerse tampoco a los reparos que en la materia pueden hacer los Representantes legtimos de la Pennsula, ni de atender por fin ninguna de las consideraciones a que obligue y ha obligado la salud de la patria y urgencia de las circunstancias? ”Por sta y por lo que se nos dice en la Real Cdula de 26 de junio ltimo, que aqu acaba de publicarse, sabemos que antes de que llegue nuestro Diputado habrn decidido las Cortes al menos cinco cuestiones de la mayor importancia. Primera medios para sostener la guerra. Segunda modo de gobernar la nacin mientras dure el cautiverio de nuestro deseado Rey. Tercera conducta que debe seguirse si la malignidad de Napolen trata de restiturnoslo sujeto a su voluntad. Cuarta reglas para las deliberaciones, duracin y seguridad de estas Cortes si no es subyugada la Pennsula. Quinta reglas que deben observarse en contrario evento. ”Es igualmente positivo que lo ocurrido ltimamente en Cdiz, y comunicado de oficio a esta Junta Consular sobre las medidas provisionales que durante la actual guerra se debieran adoptar para el comercio ultramarino de estas posesiones, llama con toda preferencia nuestra atencin y cuidado, y con tan gran exigencia que a juicio de la Diputacin no debe perderse instante en examinar y fijar los diferentes males con que nos amenaza semejante acontecimiento, y en acordar sus remedios. La Diputacin no ha querido prevenir con su dictamen el que formare la Junta sobre estos particulares. Dar las ilustraciones que pidiere cada uno, y cuidar de extender lo que se acuerde. Habana y septiembre 4 de 1810. El Conde de Casa Montalvo Luis Hidalgo Gato. El Conde de O’Reilly. Francisco de Arango. Agustn de Ibarra. Rafael Gonzlez .” La Junta, despus de haber odo esta manifestacin y las varias reflexiones que hicieron sus individuos, se convenci plenamente de que era preliminar y muy grave la duda que se propona sobre la naturaleza y forma de los poderes que a nuestro Diputado han de darse; y conoci tambin, con la misma claridad, que debiendo ya a estas horas haber comenzado las Cortes y no pudiendo por tanto concurrir nuestro Diputado al examen y resolucin de las urgentsimas cuestiones que enseguida presentaba la Diputacin era de toda utilidad que, al menos, se viese sobre ellas en

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OBRAS 12\ 12\ 12\ 12\ 12\ las Cortes nacionales el voto de los individuos que en representacin de este pblico componen en la actualidad este Ilustre Ayuntamiento. Sentadas con unanimidad estas primeras bases, y convenidos asimismo los Seores concurrentes en que quedase para lo ltimo la discusin que exiga el triste y delicado asunto del comercio de esta Isla con naciones extranjeras, se estableci por fin que, guardando el mismo orden que la Diputacin observa, se extendiese en esta acta el voto que sobre cada uno de los puntos referidos formase este Ayuntamiento, y por primera ocasin se dirigiese a las Cortes con los dems acuerdos hechos en el asunto por mano del Capitn D. Claudio Martnez de Pinillos, Apoderado benemrito de este Ayuntamiento y Real Junta Consular.DUDA PRELIMINAR SOBRE LA NATURALEZA Y FORMA DE LOS PODERES QUE HAN DE DARSE AL DIPUTADOHechas en la materia las meditaciones que se asoman en el papel presentado y copiado anteriormente, y vistas por todos sus aspectos, determin el Ayuntamiento, con unanimidad absoluta, que en las apuradas circunstancias en que se halla la nacin y se han convocado estas Cortes no hay reparo, no hay razn que nos deba detener en el despacho de nuestro Diputado ni en la pronta expedicin de sus respectivos poderes que el Ayuntamiento debe darle cuantos pueda, y ceirse a la frmula de que se los otorga tan amplios, plenos y bastantes cuanto puede y debe conferrselos y lo exigen las circunstancias para que cumpla y desempee las augustas funciones de su nombramiento con las facultades que competan al Ayuntamiento. Se acord tambin que deba manifestarse en esta acta al Congreso Nacional que su misma dignidad, su alta justificacin y su verdadero inters claman porque se complete con la brevedad posible la representacin nacional al de las Amricas espaolas sin lo cual no puede suponerse en las leyes que se hagan el consentimiento general que tan necesario es, y tan esencial se estim por la Suprema Junta Central en su luminosa proclama de 28 de octubre ltimo. Que las dificultades subalternas que acaso se han presentado sobre el modo de efectuar estas elecciones sin riesgo de la tranquilidad y justicia deben por la primera vez someterse al juicio y prudencia de los que en esta materia son ms interesantes que nadie, es decir, a los Ayuntamientos y personas ms notables de cada capital, elegidas y presididas por sus Jefes respectivos, haciendo las Cortes lo nico que al parecer deben hacer en el asunto que es, luego poner en prctica, no el nuevo sino el siempre existente y siempre til principio de igualdad de

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /13 /13 /13 /13 /13 derechos y prerrogativas entre los espaoles de ambos mundos, dando a los que tanto mrito han contrado en ste la misma facultad que a los dems para enviar un Diputado al Congreso Nacional por cada cincuenta mil personas, conformndose en la sustancia con la Real Instruccin que se public para la Pennsula en primero de enero anterior, y sujetndose, en cuanto al modo, a lo que provisionalmente dictare la prudencia de las insinuadas Juntas. Las invencibles razones con que pudiera esforzarse esta justa pretensin ni caben en esta acta ni pueden ser necesarias para la persuasin de un Cuerpo tan ilustrado como el de las actuales Cortes de la Nacin Espaola; de un Cuerpo de buenos hermanos que saben lo mucho que importa excitar y fomentar la cordialidad de los vnculos de su esparcida familia; mas s parece preciso que este Ayuntamiento copie por nota lo que sobre la misma materia dijo a la Suprema Junta Central en veintiuno de octubre de mil ochocientos ocho,1 y manifieste enseguida que despus de haber dicho esto no puede desentenderse de que se nos haya anunciado como un favor de estos das, o como una novedad, el que sean estas Amricas parte integrante de la Monarqua Espaola. Lo fueron desde el principio, agregadas como tales a la Corona de Castilla, y nuestros abuelos y hermanos vinieron a descubrirlas, y vienen a fomentarlas bajo la Real promesa de que aquella Corona nunca se separara (Ley 1, Ttulo 1, Libro 3 de la Recopilacin de Indias ), o lo que vale lo mismo que ni los ltimos ni los descendientes de los primeros haban de perder la calidad de espaoles por el eminente mrito de situarse en estos pases. No se citar en contrario ley alguna de nuestros cdigos, y hay muchas que corroboran la existente integridad de tan imprescriptibles y tan preciosos derechos. Es verdad que nunca fueron citados los espaoles americanos para las Cortes nacionales; pero tambin lo es que cuando estas poblaciones llegaron a tener cuerpo ya no quedaba de las Cortes sino un triste simulacro. Lo es igualmente que, aun en ese estado de lastimosa abyeccin, se reconoce de algn modo el goce de ese derecho en los Ayuntamientos de Amrica por las Leyes 1, 2 y 4 del Ttulo 8, Libro 4 de la misma Recopilacin Lo es asimismo que a aquellos simulacros tampoco concurra la grandsima mayora de los ciudadanos, villas y lugares de la Pennsula, y lo es, por fin, que hoy todas ellas concurren con absoluta igualdad llamadas —por as decirlo— por su poder y virtud, es incontestable el derecho que tienen para lo mismo los espaoles de Amrica.

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OBRAS 14\ 14\ 14\ 14\ 14\CUESTIONES QUE NECESARIAMENTE DEBEN DECIDIR LAS CORTES ANTES QUE PUEDA LLEGAR A ELLAS EL DIPUTADO DE ESTA PROVINCIAPRIMERA Medios para sostener la ms justa de las guerras El Ayuntamiento acord —siempre con la misma unanimidad— que en lo esencial de esta cuestin era excusado su voto, siendo notorio a las Cortes y a la nacin entera el ardiente e inextinguible celo de esta provincia por la causa nacional. Contribuir gustossima, a pesar de sus apuros, con la parte proporcional que le tocare, y slo debe decir que, siendo por muchos ttulos conveniente que el modo de la contribucin se arregle a las circunstancias y estado de cada pas, especialmente en aquellos que estn a gran distancia, y que del arreglo slo de sus ordinarias contribuciones y gastos pueden sacar el todo o al menos una parte de esta cuota extraordinaria, parece de toda justicia que sealada que sea por las Cortes nacionales su recaudacin se confe a los mismos contribuyentes, siguiendo en esto el espritu de las antiguas Cortes que daban siempre este encargo al Diputado de cada provincia; y como el nuestro no puede venir a ejercerlo debe tomar su lugar una Comisin de cinco vecinos respetables, suficientemente autorizados para arreglar este punto en todas sus incidencias, los cuales sean elegidos por una Junta compuesta como es la presente. SEGUNDA Modo de gobernar la nacin mientras dure el cautiverio de nuestro deseado Rey Lo que las Cortes hayan resuelto o resuelvan sobre este punto cardinal ser obedecido ciegamente por este fiel vecindario, que en medio de tantas desgracias y tantos desengaos slo se ocupa actualmente de dirigir al cielo sus ardentsimos votos por el acierto de las Cortes en la combinacin de los medios y eleccin de las personas. TERCERA Conducta que debe seguirse si la malignidad de Napolen trata de restiturnoslo sujeto a su voluntad No permita Dios que la nacin se vea en caso tan espinoso. Mas —como est en el orden de las prfidas maquinaciones del ms aprovechado discpulo de Maquiavelo y de Hobbes, y de esto se ocupan ya no slo los papeles pblicos sino los Diputados de las Juntas de Galicia, Catalua, Castilla, Cuencas, etc. en la representacin que hicieron al Consejo de Regencia en

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /15 /15 /15 /15 /15 diecisiete de junio ltimo—, no es posible que este Cuerpo pueda desentenderse del mayor de nuestros riesgos; pero reconociendo que sobre l no puede formarse opinin sin que se presente el caso y se conozcan a fondo todas sus circunstancias, huye la vista por ahora de ese laberinto de males, y descansando, como en todo, en la invencible magnanimidad del Congreso Nacional, nicamente dir que son tan hondas las races que ha echado en este suelo espaol el odio a la tirana, y aun a la influencia francesa, que es imposible que aqullas se pudieran arrancar sin llevarse en pos de s todos los corazones. CUARTA Reglas para las deliberaciones, duracin y seguridad de las Cortes si no es subyugada la Pennsula Son tres cuestiones las que presenta este epgrafe. Sobre las dos primeras, nada se determina por la Real carta convocatoria de estas Cortes, dejndolo por consecuencia a la voluntad de ellas mismas, ilimitada en esto e ilimitada en todo. ¡Qu de temores! ¡Qu de sobresaltos para el que, rodeado de siervos o de mayores riesgos, observa a tanta distancia toda la inmensidad y novedad del poder que rene a este Congreso! ¡Para quien considera los recientes y antiguos estragos que ha causado en muchos Reinos! Mas no, para el que recuerda que la circunspeccin y madurez han sido, en todas edades, virtudes caractersticas de la nacin espaola; para el que cree firmemente que los predilectos hijos —a quienes en el ltimo trance ha recomendado ella no slo su salvacin sino su regeneracin—, vern desde el primer momento que ni la una ni la otra es posible conseguir con la indeterminada acumulacin de todos los poderes sociales; y ante todo tratarn de su sabia distribucin, de su arreglado equilibrio y racional duracin. ste es el voto, y stas las seguras esperanzas del Ayuntamiento y pueblo fiel de La Habana. Las tiene igualmente de que, despus de llenar las primeras atenciones, se variar el lugar en que, por acudir a ellas con la necesaria presteza, han comenzado las Cortes. Amrica desea verlas lejos de las bayonetas, lejos del ruido del can, y ms lejos todava de los variables y peligrosos efectos que produce semejante vecindad, no en el impertrrito nimo de los Padres de la Patria sino en los muchos dbiles que encierra una gran poblacin. QUINTA Regla que deben observarse en contrario evento El Ayuntamiento de La Habana no puede tener jams la pretensin de dictarlas; mas s la de manifestar sus liberales principios. Cumpliendo con

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OBRAS 16\ 16\ 16\ 16\ 16\ los juramentos que para siempre lo ligan con el malhadado Fernando y toda su dinasta; imitando la conducta de sus provincias de Europa, y deseando, como ellas lo han manifestado hasta ahora, que el Imperio Espaol se conserve y consolide en los dichosos pases adonde no puede llegar la espada de Napolen; declara altamente que, aun en el doloroso caso de la subyugacin de la Pennsula, obedecer ciegamente en cualquier otro paraje a las actuales Cortes y al Supremo Gobierno que ellas hayan instituido, contando como debe contar con que, si no estuviese completa, se completar al instante la representacin nacional de las Amricas y se tratar enseguida de las providencias y alteraciones que son consecuentes a semejante trastorno. Ha dicho este Ayuntamiento, con la misma unanimidad con que ha hablado desde el principio, que desde cualquier paraje, como no sea enemigo, oir y obedecer la voz de las actuales Cortes y Gobierno que constituyan, o la de los fieles miembros que escapen de la borrasca; pero no puede menos de manifestar su deseo de que la silla del Imperio se estableciese en tal caso en la ciudad de Mxico, digna por tantas razones de tan gran preferencia.COMERCIO ULTRAMARINONi aun sospecharse poda que se graduase de ventaja la que en sta, como en otras guerras menos desastrosas, disfruta este vecindario en su forzoso comercio con naciones extranjeras. Hijo de la ms notoria y urgente necesidad, o de la desgraciada combinacin de encontrarse la Metrpoli por su desmembracin y apuros sin medios algunos para proveer esta Isla, y ella sin fuerzas para sufrir demoras y mayores recargos en la extraccin y precio de sus abatidos, perecederos y rivalizados frutos; no se pudo sospechar —vuelve el Ayuntamiento a decir— que hubiese quien creyera ventajoso tan miserable estado, ni pretendiese quitarnos la tabla en que nos sostenemos en medio de este huracn. Menos poda esperarse semejante pretensin de parte de un pueblo sitiado que, por pblicos edictos, acababa de restringir la extraccin ultramarina y prohibir enteramente la del jabn y vveres; y menos, por fin, creerse esa solicitud cuando estaba contra ella el venerable orculo de la nacin espaola, cuando el Consejo Real, declarado, como siempre, en favor de la justicia, haba recomendado la nuestra al Supremo de Regencia, y ste, por mil indicios, nos haba hecho sentir la misma benevolencia. Todo se olvid, sin embargo, y todo debe temerse en este particular, si estamos, como debemos estar, a las ltimas noticias, y a lo que sin ellas dicen los mismos manifiestos hechos en la materia por nuestro Supremo Gobierno y publicados en sus Gacetas de 22 y 29 de junio.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /17 /17 /17 /17 /17 Ni ste es el lugar de analizar tan desagradable suceso ni el Ayuntamiento tampoco lo debe ejecutar ahora por muchas consideraciones. Llegar el da en que, desembarazadas las Cortes de negocios ms urgentes o grandiosos, vuelvan sus penetrantes ojos al importante asunto de nuestro comercio ultramarino, y en ese da de justicia, en ese da tremendo para el inters gremial y particular, cuidar La Habana de poner en claro las tramas y abusos de aqullos, y los incalculables males que por su causa ha sufrido la buena economa y la poltica sana de la nacin espaola. Reducido por ahora el Ayuntamiento a hablar de esta tolerancia interina, contento con lo que en su defensa ha expuesto anteriormente al Soberano Gobierno, confiado en la palpable necesidad y justicia de las medidas adoptadas, ufano con la calificacin que de ellas ha hecho el Consejo Real, y el mismo Supremo de Regencia que —aun en el aciago momento en que expidi su duplicada manifestacin de 27 de junio— confiesa la existencia de nuestros crueles males y la necesidad de su alivio —el Ayuntamiento guarda el ms respetuoso silencio y pide tan solamente a las Cortes nacionales, y al Supremo Gobierno por ellas instituido con tanto encarecimiento como justicia, que nada se innove en la materia hasta la llegada de nuestro Diputado, y que si acaso hubiere quien la quiera promover, se vea la verdad de los hechos y derechos grabada con grandes caracteres en todas las pginas del expediente que de aqu se ha remitido, as como est en el corazn de los que suscriben esta acta y de todo este vecindario la ms indisoluble unin a la causa nacional y el ms profundo respeto a lo que sobre todas materias se resuelva en nuestras Cortes—. Con lo que se concluy este acto, de que doy fe. Nota Que el Sr. D. Jos Mara Pedroso, Alcalde Ordinario; el Sr. D. Andrs de Juregui, Diputado de esta ciudad para las Cortes; y el Sr. Regidor Conde de Santa Mara de Loreto, Prior del Real Consulado, que por indisposicin no asistieron a este acuerdo, vinieron voluntariamente al acto de su lectura y enterados detenidamente de l solicitaron firmarlo, y en efecto lo firmaron, de que doy fe. Jos Mara Pedroso. Jos Ignacio Echegoyen. Andrs de Juregui. Francisco de Arango. Gonzalo de Herrera. El Conde de O’Reilly. El Marqus de Crdenas de Monte Hermoso. Jos Mara de Escobar. Agustn de Ibarra. El Conde de Casa Montalvo. El Marqus de Casa Pealver. Dr. Rafael Gonzlez. Jos Mara Xenes. Dr. Jos Mara Sanz. Luis Ignacio Caballero. El Conde de Casa Bayona. Jos de Armenteros. Francisco Hernndez. Juan Crisstomo Pealver. Francisco de Isla. Joaqun de Herrera. Juan de Orozco. El Conde de Santa Mara de Loreto. Francisco Ponce de Len y Maroto. Luis Hidalgo Gato. Pedro Mara Ramrez. Carlos Pedroso. Jos Nicols de Peralta. Andrs de Zayas Sndico Procurador. Ante m, Miguel Mndez

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OBRAS 18\ 18\ 18\ 18\ 18\Notas1Sera ofender la justicia y alta penetracin de tan ilustrado Cuerpo el detenernos ahora en esforzar los derechos que juzgamos nos asisten en el presente caso. Somos espaoles y no de las perversas clases de que las dems naciones formaron muchas de sus factoras mercantiles —que es a lo que se redujeron y reducen sus establecimientos de Amrica—, sino de la parte sana de la honradsima Hesperia, y esa ilustre sangre que corre por nuestras venas en nada ha desmerecido, porque a costa de tantas vidas, privaciones y fatigas haya venido a conquistar, establecer y fomentar tantas Espaas nuevas, tantos Reinos opulentos. Nuestros amados Monarcas, siguiendo los mejores ejemplos de la sabia antigedad y las reglas de justicia e inters bien entendido, dieron a estas poblaciones desde su nacimiento la misma constitucin, el mismo orden de gobierno y los mismos goces que tienen en general los dems de la Pennsula. Y podremos creer nosotros que de ellos nos rebajarn los gloriosos sustitutos del Rey que todos adoramos? Tan firmes en nuestra confianza como en nuestra imperturbable y rancia fidelidad todo lo abandonamos a su sabia discrecin, de la cual todos queremos, y todos esperamos recibir el lugar que nos tocare en el Cuerpo Nacional, el que se crea compatible con nuestra localidad, el que sea correspondiente a ms de trescientos mil espaoles que, con tan gran nmero de libertos y de esclavos y tanto provecho del Estado, ocupan la primera conquista que nos queda de Coln.

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REPRESENT REPRESENT REPRESENT REPRESENT REPRESENT ACI"N DE LA CIUD ACI"N DE LA CIUD ACI"N DE LA CIUD ACI"N DE LA CIUD ACI"N DE LA CIUD AD DE LA AD DE LA AD DE LA AD DE LA AD DE LA HABANA A LAS COR HABANA A LAS COR HABANA A LAS COR HABANA A LAS COR HABANA A LAS COR TES, EL 20 DE JULIO DE TES, EL 20 DE JULIO DE TES, EL 20 DE JULIO DE TES, EL 20 DE JULIO DE TES, EL 20 DE JULIO DE 1811, CON MOTIVO DE LAS PROPOSICIONES 1811, CON MOTIVO DE LAS PROPOSICIONES 1811, CON MOTIVO DE LAS PROPOSICIONES 1811, CON MOTIVO DE LAS PROPOSICIONES 1811, CON MOTIVO DE LAS PROPOSICIONES HECHAS POR DON JOS MIGUEL GURIDI HECHAS POR DON JOS MIGUEL GURIDI HECHAS POR DON JOS MIGUEL GURIDI HECHAS POR DON JOS MIGUEL GURIDI HECHAS POR DON JOS MIGUEL GURIDI Y ALCOCER Y DON AGUSTN DE ARGELLES Y ALCOCER Y DON AGUSTN DE ARGELLES Y ALCOCER Y DON AGUSTN DE ARGELLES Y ALCOCER Y DON AGUSTN DE ARGELLES Y ALCOCER Y DON AGUSTN DE ARGELLES SOBRE EL TRFICO Y ESCLA SOBRE EL TRFICO Y ESCLA SOBRE EL TRFICO Y ESCLA SOBRE EL TRFICO Y ESCLA SOBRE EL TRFICO Y ESCLA VITUD DE LOS VITUD DE LOS VITUD DE LOS VITUD DE LOS VITUD DE LOS NEGROS; EXTENDID NEGROS; EXTENDID NEGROS; EXTENDID NEGROS; EXTENDID NEGROS; EXTENDID A POR EL ALFREZ MA A POR EL ALFREZ MA A POR EL ALFREZ MA A POR EL ALFREZ MA A POR EL ALFREZ MA YOR YOR YOR YOR YOR DE LA CIUD DE LA CIUD DE LA CIUD DE LA CIUD DE LA CIUD AD, DON FRANCISCO DE ARANGO AD, DON FRANCISCO DE ARANGO AD, DON FRANCISCO DE ARANGO AD, DON FRANCISCO DE ARANGO AD, DON FRANCISCO DE ARANGO POR ENC POR ENC POR ENC POR ENC POR ENC ARGO DEL AYUNT ARGO DEL AYUNT ARGO DEL AYUNT ARGO DEL AYUNT ARGO DEL AYUNT AMIENTO AMIENTO AMIENTO AMIENTO AMIENTO CONSULADO Y SOCIEDCONSULADO Y SOCIED CONSULADO Y SOCIED CONSULADO Y SOCIED CONSULADO Y SOCIED AD PA AD PA AD PA AD PA AD PA TRI"TIC TRI"TIC TRI"TIC TRI"TIC TRI"TIC A DE LA A DE LA A DE LA A DE LA A DE LA HABANA HABANA HABANA HABANA HABANA1 1 1 1 1Seor: La ciudad de La Habana, por medio de su Ayuntamiento, Consulado y Sociedad Patritica, viene a la Soberana presencia de V.M., con toda la precipitacin que exige el mayor de sus riesgos, ms confiada en la prudencia y sabidura de V.M. que en la valenta que a sus razones pueda dar en tan gran turbacin. Se trata de nuestras vidas, de nuestra fortuna y de la de nuestros descendientes; y lo que ms nos inquieta es ver que V.M., que tanto atendi estos objetos el 26 de marzo, tanto los desatendiese el siguiente 2 de abril; el considerar, Seor, que habiendo V.M. calado en la primera discusin toda la trascedencia, todo el tamao y carcter de las cuestiones relativas a la nueva introduccin y a la futura suerte de los negros que nos sirven, y mandado en consecuencia que se tuviese sobre ellas la conveniente espera y la reserva debida, despus, sin mayor impulso, revoca tan juicioso acuerdo, separa de la Constitucin lo que de ninguna manera puede tratarse antes de ella, y admite sin titubear no tan slo a discusin, sino a pblico debate, cuestiones que son tan ajenas del crtico momento en que estamos, que en todos se consideraron por arriesgadas y espinosas, y que, propuestas ahora como sencillas y fciles, se han promovido y sostenido con tantas equivocaciones, como fueron las especies que en su apoyo se dijeron. Sea lcito a nuestro dolor hablar con esta franqueza; sea lcito a nuestra amargura expresar sus sentimientos con el temple y colorido que tienen en nuestros corazones; en nuestros corazones, Seor, donde nada puede entrar que sea contrario al filial amor, a la imperturbable obediencia que

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OBRAS 20\ 20\ 20\ 20\ 20\ a V.M. profesamos. Lejos tambin de nosotros el designio de mancillar la ilustracin conocida y pureza de intenciones de los dignos Diputados que hablaron contra nuestros intereses; pero V.M. y ellos no es posible que hagan alto en el calor de las frases que a nuestra tribulacin se escapen, ni en el vigor de los ataques que hagamos en nuestra defensa. Dividiremos sta en tres partes o captulos. El primero, para probar que antes de la Constitucin que nuestra Monarqua ha de tener ni es lcito ni conveniente agitar estas cuestiones. El segundo, para hacer ver que, aunque se quiera prescindir de la incompetencia e inoportunidad que hay ahora para el arreglo de estos puntos, nunca se debe hacer por el orden intentado, pues por l se falta a todas las buenas reglas y a todas las consideraciones que en el caso exigen la justicia, la alta poltica y la misma humanidad que se tom por apoyo. En el tercero, por ltimo, se concluye resumiendo los medios de hacer este arreglo a su tiempo y por su orden. Captulo primero Antes de la Constitucin que nuestra Monarqua ha de tener ni es lcito ni conveniente agitar estas cuestiones Si creyramos nosotros que la sabidura de V.M. pudiera slo guiarse por el ejemplo de otros pueblos, recobraramos desde luego la tranquilidad que nos falta; porque al paso que en nuestro favor tenemos el ms adecuado, el ms completo y doctrinal ejemplo, es may fcil hacer ver que en los que a V.M. se citaron —slo con respecto al trfico—, o se falt a la verdad o a la exactitud debida. Los portugueses, de contado, no han abolido tal comercio, ni an sealado trmino para su abolicin; y la ms feliz, la ms sabia y ms poderosa de las naciones conocidas, ni estaba en nuestra situacin cuando trat esa materia, ni tuvo en ella por cierto la irregular conducta que de V.M. se exigi el citado 2 de abril. En el curso de este papel, y en sus oportunos lugares, haremos reconocer tan esenciales diferencias; y por ahora diremos que el nico pueblo de la tierra antigua y de la tierra moderna que, con respecto a este asunto se ha encontrado en nuestro caso, es el angloamericano en la memorable poca de la conquista y establecimiento de su independencia, y que por tanto debemos examinar sus pasos no para que sirvan de regla, sino de gua a los nuestros. Dur trece aos la fiera y heroica lucha de ese magnnimo pueblo, y el mismo Congreso que la empez la acab; pero en toda ella la voz del Gobierno o de la Ley general de aquellos Estados estuvo tan silenciosa sobre el trfico y suerte de sus negros como lo peda la prudencia, como lo exigan las muy preferentes y multiplicadas atenciones de la salvacin de la Patria, y como lo demandaba la imperfecta organizacin de la Representacin nacional. Cada provincia, pues, sigui con absoluta franqueza las

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /21 /21 /21 /21 /21 reglas que crey mejores, y fueron tan diferentes como era su modo de pensar y situacin respectiva. Finalizse la guerra; hablse de Constitucin. Se estableci para hacerla un Cuerpo de Representantes con ttulo de Convencin y entonces se vino a hablar de introduccin de esclavos y arreglo de esclavitud. Pero, de qu manera? Con qu circunspeccin, Seor? Con qu miramientos por los derechos provinciales, y aun por los errores y extravos de la opinin individual? Dgalo mejor que nosotros la misma letra de aquella Constitucin; dgaselo a V.M. la Seccin IX de su artculo I, que en copia se encuentra entre los documentos anexos con el nmero 1. La filantropa negrera naci, como V.M. sabe, en las felices regiones que gozan de los beneficios de esa Constitucin; y antes de sancionarla, aun antes de que se convocara la Convencin que la hizo, eran tantos los progresos que en favor de los esclavos haba hecho la doctrina del Patriarca de Pennsylvania que ya diferentes provincias de su grado haban dispuesto que se cerrara la puerta a nueva introduccin de negros, y se abriesen mil caminos para hacer libres y tiles a los siervos existentes. Pues, con todo eso, Seor, bast que en otras provincias o no hubiese igual clemencia, o lo que es ms natural, no hubiese iguales proporciones para ejercitarla entonces; bast, decimos, esta consideracin para que Constitucin tan benfica, o de principios tan liberales, no se abstuviese slo de canonizar los de Penn, sino que se impusiera la obligacin precisa de no impedir en veintin aos la introduccin de esclavos. Lo ms notable no es esto. Lo es el desprendimiento de toda intervencin en la economa de la esclavitud existente. El Gobierno general de esos Estados se reserv el derecho de ordenar la parte exterior de este negocio; queremos decir, el trfico y nueva introduccin de siervos. Pero la parte interior, esto es, el arreglo de la futura suerte de los negros ya introducidos, o que se introdujesen en los veintin aos siguientes, y la de sus descendientes, qued separado de la soberana nacional, y slo a cargo del Gobierno Provincial, como lo podr ver V.M. en las leyes fundamentales de cada una de aquellas provincias, y de pronto en la de Kentucky, que acompaamos en copia por ser el Estado ms moderno de aquella Confederacin. Y ello es que, con tan nuevo sistema, con reglas muy diferentes en las diversas provincias, con olvido —puede decirse— de las innumerables y contradictorias lecciones que en la materia nos dej la ms sabia Antigedad, ese pueblo infante ha conseguido y consigue lo que, ni aun en su ancianidad, lograron nuestros insignes maestros; esto es, mantener sus esclavos en perfecta tranquilidad y hacerles ms llevadero el yugo de la servidumbre. No sospechamos siquiera que se pueda disputar la oportunidad de este ejemplo, ni la fuerza con que prueba que no pudieron tocarse, antes de la

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OBRAS 22\ 22\ 22\ 22\ 22\ Constitucin ofrecida para la monarqua espaola, los arduos y diferentes puntos de la nueva introduccin y de la suerte futura de los esclavos que hay en varias de nuestras provincias; y el mismo ejemplo —aun presentado y expuesto con tan gran sencillez— ya nos demuestra en parte la falta de exactitud con que a V .M. se cit el de los circunspectos ingleses. Nuestra nacin no se halla en la feliz situacin en que Inglaterra estaba ahora veintitrs aos. Puede V .M. contar, y contar a todo trance, con la obediencia de los buenos; pero ni lo son todos, ni es medio de aumentar su nmero, el de agregar tentaciones, y tentaciones tan vehementes como las que produce el inters ofendido, y mucho ms, cuando lo es en partes tan esenciales, en cosas controvertibles, y en que, si hay alguna culpa, toda, toda es del Gobierno. Vuestra Majestad Seor, debe reconocer que el arrancar de su pas los infelices negros, y mantenerlos aqu en la esclavitud en que se hallan, no es obra de los particulares, sino de los Soberanos que nos pusieron en tal caso, y de l no puede sacrsenos precipitadamente decretando nuestra ruina, y olvidando en un momento todo lo que nos ha predicado y se nos ha mandado por ms de trescientos aos. Felices nosotros si, en vez de tener tan peligrosos compaeros, fusemos todos unos, o al menos conservsemos la desgraciada raza que encontr sobre este suelo su inmortal Descubridor; pero todo pereci a manos de la ignorancia. La piedad inconsecuente del P Fr. Bartolom de las Casas nos introdujo los negros; y una poltica insana, derramando por todos lados el opio del despotismo, ha detenido el progreso de las luces, del vigor y del nmero de blancos. Al cabo de tres centurias, y a impulsos de mil desgracias, volvemos de este cruel sueo con toda la enervacin y peligros consecuentes. Oimos con respetuoso contento la voz santa de la Justicia, que a todo espaol anuncia que el da es llegado de deshacer la cadena de sus males, y de formar la de sus bienes. Y cuando confiadamente estbamos esperando que todos sus eslabones se refundiran a un tiempo, o que se guardara en esto la debida preferencia, vemos que sin remediar, ni considerar siquiera nuestra situacin interior, sin designar al menos un nuevo modo de proveernos, se trata de quitar de repente el que la antigua moral y las antiguas leyes haban dado para nuestra subsistencia, o para la de nuestras labores, que son las que nos mantienen; vemos que sin miramiento a la agitacin presente, se mueven las ms arriesgadas y ms convulsivas cuestiones sobre la esencia del dominio y suerte de nuestros esclavos; vemos que a V.M. se proponen como llanas, y muy obvias, las que nunca resolvieron de semejante manera los griegos y los romanos, la que ni a tocar se atrevieron esos ingleses mismos, que por modelo se citaron en la propia discusin; y vemos, ltimamente, que de hecho se determine que estas cuestiones no tocan al plan de Constitucin, y que deben antes de ella ponerse en deliberacin. En iguales circunstancias, y en uso de nuestra natural defensa, es preciso que digamos y, sin acudir a ejemplos, probemos del modo posible

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /23 /23 /23 /23 /23 que semejantes cuestiones no debieron por ahora ponerse en deliberacin. Decimos del modo posible porque para ejecutarlo con toda la exactitud y claridad necesarias era menester hablar con muy gran detencin sobre el origen, objeto y lmites del Soberano poder que V.M. obtiene, y esto por cierto no entra en la esfera de un memorial, ni puede desempearse en el conflicto y premura en que actualmente nos vemos. El poder, Seor, que en V.M. reside es el que la esparcida familia de la nacin espaola ha recobrado en su orfandad, y depositado por su bien en manos de V.M., y es otra verdad inconcusa —publicada por V.M. de diferentes maneras— que la gran mayoridad de este Pueblo Soberano, o por gemir bajo el yugo del prfido usurpador, o por hallarse muy lejos de la silla de nuestro Imperio, o por la desprevencin en que se le consider, no ha hecho el sagrado depsito de su autoridad suprema del modo completo y legtimo con que debe ejecutarlo. Estos defectos de la actual Representacin de la nacin espaola eran inevitables en las apuradas circunstancias en que V.M. se reuni, y son por lo mismo incapaces de debilitar en nada la autoridad soberana que tiene V.M.; pero esos mismos defectos —que aun en el sistema adoptado por la eleccin de Diputados en las provincias libres de la Metrpoli quieren notar algunos— han sido y debido ser los principales mviles y mayores fundamentos que V.M. ha tenido para buscar en sus angustias el remedio radical de una Constitucin, y declarar desde luego que en ella se ha de arreglar la Representacin nacional sobre incontestables bases de justicia y de igualdad, en trminos que se asegure la estrecha y perenne unin de los miembros del Estado, y su cooperacin sincera al engrandecimiento de nuestra inmensa familia y a la felicidad de todos sus individuos. Y sin que est hecho esto y puesto en planta, Seor, se puede tratar de otra cosa que de lo que sea urgente y relativo slo a la salud exterior o a la interior de la nacin? Pueden examinarse con acierto, decidirse con legalidad, mandarse con seguridad cosas que no sean conducentes a aquellos dos grandes fines? Puede ponerse la mano en el sagrado de la propiedad, ya adquirida en conformidad de las leyes; de la propiedad, decimos, cuya inviolabilidad es uno de los grandes objetos de toda asociacin poltica, y uno de los primeros captulos de toda Constitucin? Pueden tocarse tan espinosos, tan respetables puntos cuando con especialidad se dirigen a los mayores intereses de todos los habitantes de varias provincias sumisas entre tantas que no lo son, y que estn en el catlogo de las que no han completado su representacin en el Congreso? Es verdad que V.M. en sus poderes no tiene lmites sealados; pero, deja de tenerlos en su sabidura y conciencia, en la naturaleza misma de su sagrada misin? Cuando zozobra una nave, no es tiempo de deliberar, sino de sentir el peligro y suspirar por el remedio; y el que se encarga del

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OBRAS 24\ 24\ 24\ 24\ 24\ timn en tan crtico momento, sin haber odo otra cosa que acaloradas maldiciones contra los autores del mal y plegarias muy vehementes por los futuros aciertos, ya sabe que sus facultades se cien a sacar el bajel del apuro en que se halla y a tomar las precauciones que eviten iguales riesgos. Puede de aqu excederse? Puede trastornar siquiera el orden que a los remedios seala la misma entidad y proximidad de los riesgos? Tomemos otro camino, y demos, Seor, por sentado que V.M. puede ahora hacer leyes sobre todo. Pero, tenemos medios establecidos para que las que se hagan sean sin precipitacin ni tardanza, sin predileccin ni rencor, sin influjo alguno de las pasiones mismas que suele abrigar la virtud? Tenemos alguna norma para esto, alguna seguridad o probabilidad para el acierto, algn freno para el error? Pues, por qu nos ocupamos de leyes que no son pedidas por la urgencia del momento; de hacerlas en la tempestad; de hacerlas tempestuosamente, por un orden?... ¡Ah, Seor! Slo nuestra existencia comprometida, slo los horrores que con fundamento tememos, pudieran haber vencido nuestra justa timidez para tocar estos puntos delante de los ms sabios y ms ilustres individuos de la admirable nacin. Perdnenos V.M.; perdone que le recordemos, con la sumisin ms profunda, que la mayora absoluta de votos, y aun la determinada de un solo Congreso —por ms luces que rena, por ms numeroso que sea— rara, rarsima vez proporcion buenas leyes. La historia de los aciertos y desvaros de los pueblos y la uniforme conducta de sus legisladores venerables nos ensea esta verdad; y cuando de las tristes resultas que su olvido ha producido no tuvisemos ms pruebas que las de la Revolucin Francesa, ellas bastaran por cierto para alejarnos mil leguas de tan mortfero ejemplo. Nosotros nos guardaremos del criminal pedantismo de desenvolver esta doctrina delante de V.M.; pero s nos es preciso contraerla al mismo suceso que motiva nuestra queja; exprimir toda su sustancia, hacer las observaciones que para purificarla juzguemos ser necesarias, y presentar las pruebas que de aqu puedan sacarse, para que se hagan visibles los riesgos y equivocaciones a que est expuesto un Congreso que delibera solo, y solo tambin decide sin trmites ni sujecin por mayora de votos. Captulo segundo Aunque se quiera prescindir de la incompetencia e inoportunidad que hay ahora para el arreglo de estos puntos, nunca se debe hacer por el orden intentado, pues por l se falta a todas las consideraciones que en el caso exigen la justicia, la alta poltica y la misma humanidad que se tom por apoyo El 26 de marzo, como dijimos al principio, dej V.M. sentado que era digno de secreto y propio de la Constitucin todo lo relativo a la esclavitud

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /25 /25 /25 /25 /25 civil, que por desgracia nuestra existe en estos pases; y prescindiendo por ahora de las razones de Justicia y de poltica que hay para la irrevocabilidad de este acuerdo, no dndole en este momento ms fuerza que la que deban tener todos los que dentro de sus facultades haga V.M., parece de toda evidencia —que para que en lo sucesivo se pudiese proponer o admitir en sesin pblica cualquiera de los particulares que a la esclavitud concerniesen— era de necesidad que antes se tuviesen sobre ello otra discusin secreta y acuerdo revocatorio. Pues en el Diario de las Cortes vemos que sin nada de esto se present el 2 de abril a pblico examen uno de los mismos puntos propuestos a V.M. el 26 de marzo, y que sobre l se dijo y se oy cuanto se quiso. Y esto poda suceder si ya tuvisemos pauta constitucional para hacer y proponer leyes? Y sobre todo para aqullas que tocan a los fundamentos, a la existencia misma de muchas provincias? El autor de esta mocin, y todos los que la apoyaron, tropezaron desde luego en aquella inconsecuencia, y para salvarla dijeron que el punto de que se trataba no admita dificultad, ni era acreedor a la reserva y consideraciones habidas con los dems que el 26 se tocaron. Por tanto, pareca que, al menos en cuanto a estos otros, se guardara lo acordado. Pero, ¡cul, Seor, debe ser nuestra confusin y sorpresa, o la de todos los que lean lo que sobre esta ocurrencia nos dice el citado Diario al notar que contra ese acuerdo, contra las nuevas y vigorosas reclamaciones de nuestro Diputado, y contra lo mismo que haban alegado los que pretendan una excepcin para tratar en pblico el punto aislado del trfico, se nombra una Comisin para examinar, y de pronto resolver cuanto fuese concerniente a la esclavitud civil, o todo lo que en la primera sesin se haba considerado digno de reserva y de detencin! La pluma se cae de nuestras manos cuando fijamos la vista en lo nico que se aleg para tan gran novedad. Cuatro palabras del Sr. Alcocer, todas equivocadas, entre s contradictorias, y satisfechas en parte en la misma discusin. V.M. lo ver cuando a su anlisis lleguemos por el orden natural de la misma discusin. Nuestra atencin ahora se dirige, como es justo, al que primero habl y fue, por decirlo as, el origen del trastorno y la ocasin de este mal. El Sr. Argelles, ese ardiente y muy ilustrado defensor del bien y gloria de nuestra patria comn, es el que se nos presenta en aquel aciago da sorprendido por su celo, y sorprendiendo el de otros, o por decirlo de una vez, adormeciendo al Congreso con el humo filantrpico que adormeca sus sentidos. Su primer desliz es el de haber hermanado y amalgamado en cierto modo dos cosas tan diferentes como la tortura de un criminal y la traslacin de esclavos de su pas nativo a otro extrao. Qu conexin pueden tener asuntos tan diferentes? Con qu objeto pudo unirse uno de los ms sencillos y menos trascendentales axiomas de derecho privado con un problema muy intrincado y difcil de derecho de gentes, de derecho civil pblico y privado, de poltica, de economa, y de moral tambin; un proble-

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OBRAS 26\ 26\ 26\ 26\ 26\ ma que aunque resuelto en parte por otros gobiernos, es en el nuestro, y aun en nuestra nacin, absolutamente nuevo, y por la diversidad de circunstancias digno de estudiarse y de decidirse de diferentsimo modo? Lo decimos con dolor; pero debemos decirlo. El visible fin de semejante amalgama fue que los sentimientos de humanidad y ternura que haba de producir en V.M. la discusin sobre tortura, dejasen su corazn en el estado de blandura que el orador necesitaba para que su proposicin segunda pasase como la primera. Estos ardides, estos juegos con la flaqueza humana, que a cada instante se urden con la ms sana intencin, y a cada paso se logran de los frecuentes momentos de acaloramiento o de inercia en que se ven los Congresos, son el mayor de sus riesgos, y el mayor de los escollos que puede tener el acierto y justicia de sus leyes. El Sr. Argelles no disimul su designio. Pidi que su proposicin, lo mismo que la primera, se decretase sobre tabla; y en la proposicin asienta que esto se debe hacer “sin detenerse en las reclamaciones de los que puedan estar interesados en que se contine en Amrica la introduccin de esclavos”... ¡Condenarnos sin ornos! ¡Juzgar de la suerte de un milln de hombres; que quizs son interesados en este negocio, sin guardar siquiera las formalidades que se observan con el particular ms oscuro en el negocio ms claro! Y pudiera creerse que todo el fundamento que con alusin a esta negativa de audiencia diese el Sr. Argelles, fuera el siguiente? “La oposicin –dijo— que puedan hacer los interesados, nada conseguira, atendida la libertad del Congreso respecto de las mejoras de Amrica. Sera infructuosa, como lo ha sido la que hicieron en Inglaterra los opulentos plantadores traficantes de Liverpool y otras partes, que se conjuraron por espacio de veinte aos contra el digno e infatigable Wilberforce ” De que el Congreso sea libre para las mejoras de Amrica, se infiere acaso, Seor, que sobre ellas no deba ser oda Amrica? Se infiere —no quisiramos notarlo— que nada conseguira? Y de que fuese infructuosa la oposicin de los plantadores y traficantes ingleses, se sigue que debe excusarse la nuestra? Se sigue que ser lo mismo que aqulla? Ha probado el Sr. Argelles que nuestro trfico, nuestras plantaciones, nuestra moralidad en esta parte, nuestras leyes interiores, y la suerte de los esclavos entre nosotros, es idntica a la de los ingleses? Indica siquiera esos esenciales e indispensables puntos de comparacin? Pues, cmo pide que se nos niegue la audiencia? Cmo, a la faz del mundo, estampa por razn nica la de que el Congreso es libre para las mejoras de Amrica? No es esto lo ms. Lo ms es que el Sr. Argelles —que con tanto respeto mira los venerables ritos de la legislacin anglicana, que en ellos est instruido, y tanto manifiesta estarlo en lo que ejecut aquel gobierno para la abolicin de este trfico— haya podido proponer que V.M. tenga una conducta diametralmente opuesta, y haya podido olvidar que el Parlamento britnico jams ha pronunciado de repente sobre los grandes intereses

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /27 /27 /27 /27 /27 de sus provincias, jams ha hollado las consideraciones que les son debidas, ni el primero de sus derechos, que es el de ser odas, y odas con toda la pausa e impasibilidad inseparables de jueces y legisladores. El clebre Guillermo Pitt fue el que primero habl contra el comercio de negros en la Cmara de los Comunes en 1788, sin otra solicitud que “la de que se tomase este asunto en debida consideracin”. El mismo Wilberforce, a quien tan justamente y con laudable entusiasmo elogi el Sr. Argelles, cuando sobre esta materia hizo su primera mocin a finales del propio ao, lejos de estar por la repentina y no instruida abolicin del trfico concluy, al contrario, diciendo “que no pretenda empear la Cmara en una resolucin inmediata”. La Cmara no lo habra hecho, aun cuando l lo pretendiese. Tom en consideracin y abri audiencia sobre el asunto, siendo su primer paso formar una Junta de los ms altos personajes del Reino —esto es, de varios miembros del Consejo Privado del Rey que reuniese con toda la legalidad y autenticidad necesarias la plena informacin que peda tan importante materia—. Esta Junta se arregl a los seis captulos, que traducidos literalmente remitimos a V.M. en el papel nmero 3; y al cabo de ao y medio de fatiga imprimi en un volumen en folio de ms de ochocientas pginas, que tenemos a la vista, la enorme masa de noticias y documentos que haba reunido. Sin embargo de esto, se admiti por los Comunes cuanto de palabra y por escrito les quisieron exportar los agentes de las islas y los comerciantes de este trfico, y concluida la audiencia en 1791, despus de la ms detenida y ms acalorada discusin —que para siempre honrar los nombres ilustres de Pitt, Wilberforce, Smith, Dolben, Whitbread, Fox, Morrington y otros principales defensores de la humanidad desvalida— los Comunes decidieron que gradual y no repentinamente fuese abolido el trfico, sealando en consecuencia 1796 para su terminacin. La causa de la humanidad no tuvo tan favorable acogida en la Cmara de los Lores, donde se recibi el propuesto bill con la mayor frialdad, y despus se combati con el mayor calor por muchos de sus individuos, entre otros el Duque de Clarence, el Lord Canciller y el de Hawkesbury. Abrise nueva audiencia delante de la misma Cmara. En ella se consumieron otros diecisis aos, y cuando ya era indudable que las colonias inglesas tenan quizs mayor nmero de negros del que necesitaban para cultivar sus tierras y asegurar la propagacin de la especie, fue cuando la Cmara Alta prest su conformidad y obtuvo Real aprobacin el filantrpico bill Hay todava que advertir una diferencia esencial entre la ley inglesa y la proposicin que, fundado en ella, hizo a V.M. el Sr. Argelles. Diez meses de trmino concedi aqulla para las expediciones pendientes y habilitadas, sin embargo de saber que sus comerciantes se empleaban en el infame oficio de hacer de la carne humana un verdadero trfico, llevndola a todas las naciones; y el Sr. Argelles ni aun un da quera conceder despus de la

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OBRAS 28\ 28\ 28\ 28\ 28\ publicacin del decreto no obstante de que nosotros, slo para proveernos, sacamos los negros de frica. Es esto justo? As puede atropellarse la fe pblica, el derecho adquirido por las leyes existentes? Se dir quizs, y aun se apunta por el Sr. Argelles, que esos trmites y esa demora no fueron obra de la justicia, sino de los esfuerzos del poderoso inters; y nosotros sin negar que parte se debera a estos esfuerzos, y parte a las imprescindibles consideraciones de la justicia y poltica con las leyes que antes autorizaban aquel comercio y haban empeado a muchos en valiosas empresas, insistiremos en que, ms o menos detenida, siempre se habra dado audiencia, porque nunca la dispens tan ilustrado Gobierno. No han acabado los descuidos que tenemos que notar en la proposicin y brevsimo discurso de nuestro respetable adversario; pero el buen orden exige que los dems se presenten unidos a los que cometieron los otros dignos vocales que salieron a apoyarle. Nunca olvidar nuestra Amrica el inters y denuedo con que el Sr. Meja ha defendido sus derechos en el punto capital de la representacin en Cortes; pero, por lo mismo, es preciso que nosotros extraemos que fuese el Sr. Meja el que primero apoyase que en un asunto tan arduo, que es propio slo de Amrica y que en ella toca a tantos, se nos fuese a sentenciar sin que estuviese completa nuestra Representacin en el Congreso. Debemos tambin extraar la equivocacin con que hizo la cita de Portugal; pues, como V.M. ver por la copia que hemos sacado del Semanario Patritico de esa ciudad, nmero 35, la Corte de Brasil —sin embargo ser hoy una provincia inglesa—no ha hecho otra cosa en el asunto que un ofrecimiento vago e indeterminado de abolir este comercio, y una declaracin terminante de que siempre lo ejecutar gradualmente y que seguir por ahora en el propio pie que antes; esto es, sacando los negros de los mismos parajes de donde acostumbraba sacarlos, y llevndolos donde les acomode, sin la limitacin siquiera de no conducir al extranjero esta negra mercanca. Debemos admirar asimismo que tan discreta persona, como el Sr. Meja, calificase de fraude el obedecimiento de unas leyes que no slo nos autorizan, sino que nos obligaron y nos han estimulado a la adquisicin de negros; que dijese que era medio de aumentar la familia nacional el de impedir en ella nueva introduccin de hombres, y de hombres tan a propsito para los trabajos de esta zona; y que confundiendo por fin el incremento de la especie humana con los medios de uniformarla en sus goces, quisiese empezar esta obra entre nosotros por donde debe acabarse, y pusiera su atencin en el punto indiferente de que se aumentara algo ms el nmero de negros bozales, que son —entre nuestras gentes de color— los menos identificables con los blancos, tambin los menos temibles y menos dignos por fin de nuestro compasivo esmero. Conviene, por muchas razones, que nos detengamos un poco en aclarar los hechos y los principios en este punto esencial de la uniformidad o identificacin de derechos

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /29 /29 /29 /29 /29 Blancos, como sus dueos, y a veces ms capaces que ellos, eran en general los siervos de la Antigedad, y el peso de sus cadenas deba ser por esta causa tan intolerable para ellos como temible el Estado. La humanidad sufra todo el ultraje posible en semejante violencia, y para vivir sobre ella era preciso tomar con invariable firmeza el camino del rigor, o si se quera poner una medida y un trmino a tan duro sufrimiento era de necesidad obrar con toda consecuencia en tan arriesgada carrera, y no descansar hasta el punto en que con la infamante memoria de la cruel esclavitud se acabasen sus peligros. Licurgo tom en Esparta el primero de estos partidos, y ni dej al esclavo esperanza de ser libre ni puso tampoco lmites a la autoridad del Seor. Otras naciones pensaron en disminuir los riesgos de la servidumbre, disminuyendo sus males y el nmero de tan violentos huspedes; y todas —sin exceptuar otra que la de los visigodos en Espaa, que al fin cayeron tambin de su orgulloso error, en el reinado de Recesvinto—, al propio tiempo que aligeraron los grillos de la servidumbre y abrieron diferentes puertas para que por la manumisin se rompiesen, reflexionaron con juicio que, en lugar de adelantar en punto a tranquilidad, iban a atrasar mucho con mantener los libres en una clase intermedia, en que con ms recursos tuviesen siempre motivos de desabrimiento y quejas, y en consecuencia trataron de que sin detencin se confundieran con sus dueos, conservando, cuando ms, un resto de abatimiento en la persona del liberto, cuyos hijos como ingenuos entraban en la plenitud de ventajas que la ciudadana ofreca. De color negro, de pelo, de facciones diversas, de costumbres salvajes, son en su origen los esclavos modernos, y —aunque esta desigualdad entre ellos y los antiguos hace gran diferencia en las consideraciones y cuidados de la humanidad y poltica, y demandaba sin disputa distintos procedimientos de parte de los legisladores—, parece que haba de ser sin separarse nunca de las bases esenciales de la justicia y prudencia. De seguro, en sus balanzas no fue donde se gradu la estima de los accidentes con que naturaleza quiso que el hombre negro se distinguiese del blanco; pero —dado por sentado que por ellas mereciese toda la humillacin, o toda la degradacin, en que de conformidad le han puesto las naciones cultas— no podemos comprender cmo con el desaparecimiento, o con la moderacin de aquellos accidentales defectos, no desaparecen tambin, o en proporcin se moderan, sus dursimos efectos. Mas —ya que as no sucede, y que las naciones cultas subsisten en la opinin de que para las ventajas polticas debe considerarse igual al bozal liberto que al cuartern despejado, aunque sea hijo o sea nieto de ingenuos muy meritorios—, ya que prevalece el concepto de que una gota de sangre negra debe inficionar la blanca hasta el grado ms remoto, en trminos de que, aun cuando nuestros sentidos ni nuestra memoria la descubran, se ha de ocurrir todava al testimonio de los muertos, conservado en tradicin, o en apolillados pergaminos, parece

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OBRAS 30\ 30\ 30\ 30\ 30\ de toda evidencia que —cerradas de esa suerte las puertas de la identificacin con nosotros a todos los descendientes de nuestros actuales esclavos— tambin debieran cerrarse las de la libertad civil, y que, en estado tan violento, la violencia era el recurso que quedaba a los gobiernos, y la conducta de Licurgo su nica pauta segura. Por ese camino han ido y van todava los ingleses con pocas moderaciones, teniendo en la mayor anchura el ejercicio del dominio, y en la mayor estrechez los medios de su extincin. Pero nuestras leyes —muy lejos de semejante rumbo, y separadas tambin del otro que siguieron los antiguos, al paso que han restringido la autoridad del amo y ampliado considerablemente las puertas y los arbitrios para la libertad del esclavo— continan en el sistema de degradacin perpetua de las razas libertadas, y sin cuidarse jams del aumento de su nmero, haberes y capacidad, ahora mismo se trata de aumentar los medios para la libertad civil; y hablndose de uniformar la gente de color con la blanca, en vez de tropezar con sus primeros y mayores obstculos saltamos por encima de ellos, y, sin entendernos antes con las muchas y diferentes clases de hombres que aqu hay entre los dos extremos de blancos y bozales, en stos fijamos los ojos y ponemos el cuidado. Sabido es que en los pases donde significa poco la libertad poltica, pesa muy poco tambin la esclavitud civil; y estando todava nosotros en el primero de estos casos, no vemos otro motivo para conceder al ltimo tan preferente atencin que el de seguir constantes en el ciego y casual rumbo de nuestras leyes negreras Por otra parte, es muy obvio que el centro de la gran obra de la uniformidad o posible identificacin de ventajas entre los individuos de nuestra larga familia, es el de la declaracin de las nuevas calidades, nuevas prerrogativas, nuevas jerarquas y nuevas seguridades del ciudadano espaol; y sin fijar ese punto no podemos alcanzar cmo se pueden tirar las lneas que han de salir de l, y mucho menos aqullas que se derivan de otras. Es de toda precisin que se establezca ese centro, y que se tome esa altura para proceder con acierto y por natural escala en la magnfica obra de la identificacin nacional; y es de la mayor evidencia que en ella nada bueno puede hacerse con respecto a nuestras castas, si la ley y la opinin no se purifican antes de la visible inconsecuencia de calificar como brbara nuestra esclavitud civil, y vincular su infamia en las entraas y sangre de todos los descendientes de aquel tronco desgraciado. Despus del Sr. Meja apoy el Sr. Garca Herreros la intempestiva propuesta, dndole una extensin que su autor quiso quitarle para que fuese admitida, pidiendo que, por el mismo principio que se trataba de prohibir la nueva introduccin de negros, era justo derogar la ley que declaraba esclavo al hijo de mujer esclava. “Horroriza — dijo — por los medios vergonzosos que se emplean para que estos desgraciados procreen.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /31 /31 /31 /31 /31 Con este infame objeto se violan todas las leyes del decoro y del pudor.” El Sr. Argelles tena noticias contrarias, pues supone que ahora no procrean aqu los negros como deben procrear y que, quitada la esperanza de que nos viniesen ms, los que tenemos actualmente “se multiplicarn entre s con ventaja suya y de sus dueos”. En esta contradiccin tiene V.M. otra prueba de los temibles efectos de la precipitacin —sobre todo en negocios en que se habla por odas, que exaltan, por su naturaleza, la imaginacin de los buenos y ahogan su discernimiento—. Ni el Sr. Garca Herreros ni el Sr. Argelles estaban bien informados. Entre los muchos males e inconvenientes de la esclavitud, no conocemos nosotros los que para manifestar su horror indica el Sr. Garca Herreros. La esclava preada y parida es intil muchos meses, y en este largo perodo de inaccin su alimento debe ser mayor y de mejor calidad. Esta privacin de trabajo, este aumento de costo en la madre, salen del bolsillo del amo. De l salen tambin los largos, y los ms veces estriles gastos del mismo recin nacido, y a esto se unen los riesgos que se corren en las vidas de madre e hijo; y todo forma un desembolso de tanta consideracin para el dueo, que el negro que nace en casa ha costado ms, cuando puede trabajar, que el que de igual edad se compra en pblica feria. De aqu se infiere que, de parte de los amos, no hay ni puede haber inters en promover los partos de sus esclavas, y que por consecuencia son imaginarios los horrores que apunt el Sr. Garca Herreros. Resulta tambin que era injusta e inhumana su pretensin: injusta, porque iba a impedir el pago de una deuda tan legtima; e inhumana, porque si no se establecan casas pblicas para recoger estos nios, se les iba a dejar en el mayor abandono, sin la salvaguardia nica que su existencia tiene que es el inters del amo, o la remota esperanza de indemnizarse de sus gastos —gastos tan respetables que quizs han sido entre los hombres el principal apoyo de la patria potestad; que dieron lugar a los jurisconsultos romanos para fundar en el derecho natural esta especie de esclavitud— y que en Pennsylvania misma —donde no queran dejar ni sombra de servidumbre— se calcularon con larga mano y se mandaron pagar. Y cmo poda pensarse de diferente manera cuando el cuidado de un tutor tiene su recompensa, y hasta la enseanza de un oficio impone, al que la recibe, proporcionada dependencia? El Sr. Argelles asent con razn que la propagacin de esta casta esclavizada depende en gran parte del suave ejercicio del dominio; pero se enga mucho en creer que es medio eficaz de que los dueos procedan con la lenidad debida, el de quitarles de repente la facultad de traer de fuera nuevos esclavos. Sucedera as o ha debido suceder en las islas inglesas, al tiempo que se cerraron sus puertas para estas adquisiciones; porque —como ya se ha dicho— tuvieron el suficiente para poner en sus fundos rurales los brazos que haban menester, y para proveerlos de las hembras

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OBRAS 32\ 32\ 32\ 32\ 32\ necesarias para la procreacin. Pero el Sr. Argelles, que ningunas noticias tendra del estado de nuestras haciendas, las confundi con las inglesas, y las puso en igual caso. Otro error y otro pecado contra la humanidad y la poltica. No hay una sola hacienda en esta Isla que tenga los negros que debe tener, y el mayor servicio que a la humanidad puede hacerse en este asunto, la mayor correccin que el ciego inters necesita es la de facilitar los medios de que no se exija del esclavo campestre ms trabajo del que pueda hacer buenamente. No hay una hacienda tampoco que tenga las hembras que corresponden al nmero de sus varones. Ms diremos; que son poqusimas las que tienen hembras; porque as son nuestras cosas; porque, hasta ahora poco, era mal recibido entre nuestros moralistas tener los dos sexos en nuestros predios rsticos sin que precediera el matrimonio, y no era pecaminoso condenar a perpetuo celibato a los que haban nacido y vivido en absoluta poligamia. Lo que debiera horrorizar al Sr. Garca Herreros son las brutales, pero necesarias consecuencias que se seguan y se siguen de tan absurdos escrpulos. Adjunto enviamos a V.M. un extracto de lo que promovi el Consulado ahora once aos, y de lo que el Soberano resolvi hace siete para destruir este error. Y si este documento no basta para convencer a V.M. de que nuestras haciendas se hallan, en cuanto a negras, en el estado que hemos dicho, srvase V.M. llamar a su vista las noticias anuales de introducciones de esclavos que debe haber en la Secretara del Despacho de Hacienda, y ver por ellas que hasta ahora quince aos venan muchsimas menos hembras que varones; y viniendo tan pocas que apenas eran las necesarias para el desordenado servicio domstico de las familias blancas, se vendan por un tercio menos que los varones, cuando en las islas inglesas siempre han valido lo mismo. De quince aos han empezado a variar las ideas en esta parte, y el precio de las hembras ha subido; aunque nunca ha igualado al de los varones, porque se han llevado a los nuevos establecimientos; pero ni aun all han ido las suficientes, y los antiguos se mantienen sin mujeres. stos y aqullos, sin excepcin alguna —dijimos y repetimos— estn sin los brazos precisos; estn, aadimos, en la escasez ms lastimosa, especialmente los de azcar; y esta verdad, como todas las que nuestra Representacin contiene, no puede dudarse por V.M. si considera los hechos que vamos a presentar. Hasta 1762, o sea, el ao de la invasin de esta plaza, puede llamarse nulo nuestro comercio exterior, y nuestra agricultura hasta entonces puede muy bien decirse que no sala de las goteras de las poblaciones respectivas. Su saludable movimiento empez entonces en la jurisdiccin de esta ciudad, en la cual se permiti que los naturales de la Pennsula, saliendo de ciertos puntos, viniesen libremente a comerciar a este puerto y otros de

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /33 /33 /33 /33 /33 las islas vecinas. Pero en 1789 fue cuando tom nuestra industria el ms impetuoso vuelo a impulsos de las nuevas franquicias dadas a nuestro trfico, y de la altura de precios a que llegaron nuestros frutos por la ruina de Santo Domingo. Casi de repente se triplicaron las producciones del distrito de La Habana, y Dios sabe hasta qu punto hubiera podido llegar este tempestuoso arranque si no lo hubieran detenido las subsecuentes guerras y los ltimos ruinosos trastornos que ha habido y hay en el comercio y consumo de nuestros frutos; pero ello es que, a su pesar —si bien se examine el caso—, nuestra Isla —que intrnsecamente vale, por de contado, infinitamente ms que Jamaica— ya tiene desde hoy la ventaja de producir, con muchos menos negros, tanto o ms que ella, y la exceder grandemente si llegan a finalizarse las haciendas principiadas. Decimos que son iguales los productos de ambas islas porque —aunque en el punto de azcar, que es el de mayor importancia, se nos presenta Jamaica con mucho mayor cantidad de arrobas— es menester advertir que su azcar es todo bruto, echado en los mismos bocoyes al salir de las calderas; y el nuestro, todo se purga en hormas, con baja quizs de los dos tercios, que se convierten en melazas. El aguardiente ya toma el incremento que debe. Nuestra ganadera adems, nuestra cera, nuestra madera y nuestro precioso tabaco valen millones al ao, y hay mil artculos menores —de que nos provee nuestra propia industria— que se compran en Jamaica de las manos forasteras; todo lo que, bien mirado, decide en nuestro favor con muy enorme ventaja. Y si se hiciera este cotejo valuando los capitales, como se hizo con todas las islas inglesas cuando se trat de la abolicin del trfico, nosotros estamos ciertos de que en lugar de los veintids millones de libras esterlinas a que ascendi entonces la tasacin de Jamaica, Cuba pasara del triplo, por los edificios de sus grandes pueblos, por la infinidad de sus haciendas menores, por la mucho mayor extensin de sus tierras y ganados, y sobre todo por la inmensa y valiosa ventaja de su poblacin blanca. Esto supuesto, veamos los negros que para sus labores tiene ahora cada una de estas islas, los que desde el principio se han introducido en ellas y la proporcin de los libres de color. La Gua de Jamaica del ao anterior dice que son trescientos veintiocho mil los esclavos agricultores contribuyentes, y no ser mucho aadir otros cincuenta mil por los que fraudulentamente se omiten para evitar la contribucin, para los inhbiles y para las pequeas haciendas que no se comprenden siendo de cuatro negros su dotacin. Hay, pues, en los destinos rurales sobre trescientos ochenta mil negros, y no habr diez mil en sus poblaciones; porque se sabe su pequeez, y que todos los blancos de esta isla no llegan a treinta mil, a los cuales hay que aadir los libres de todos colores que, segn se asent en el Parlamento britnico, eran cuatro mil noventa y siete en 1787, y de ah no han pasado mucho, segn noticias seguras. En cuanto a los negros que en Jamaica han entrado desde que la

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OBRAS 34\ 34\ 34\ 34\ 34\ conquistaron los ingleses, estando a las moderadas noticias de Bryan Edwards, ltimo historiador de la isla, y a los asientos de introduccin de los aos posteriores, pasan sin duda de ochocientos mil los negros all introducidos. La mitad, pues, es la que escasamente existe. De nuestra Isla no nos es posible hablar con la misma exactitud porque no hay antiguos asientos de introduccin en este puerto, y de lo dems ni antiguos ni modernos tenemos, y no nos ha sido muy fcil adquirir los imperfectsimos y reservados padrones que en ocasiones se han hecho de algunos de nuestros distritos. Pero nuestros conocimientos locales harn que no sean muy erradas las noticias que estampemos. Es mucho suponer el llevar a sesenta mil la introduccin de esclavos hecha hasta 1762 en toda la Isla; y lo reconocern as todos los que sepan algo del inhumano e impoltico bloqueo en que para comerciar se nos mantuvo entonces. Entraron despus ac, en este puerto, los ciento treinta y cinco mil negros que se manifiestan en el estado raciocinado y en los dems de la Isla que —con excepcin de Cuba, Trinidad y Bayamo estn todava en la antigua incomunicacin— los treinta y cuatro mil que por aproximacin se dicen: total, doscientos veintinueve mil. En el mismo estado, damos la existencia y distribucin de los que hay ahora, y resulta que, poco ms o menos, en total son trescientos veintisis mil, a saber: en las poblaciones ciento treinta y nueve mil libres y esclavos, y en los campos ciento ochenta y siete mil, habiendo en Jamaica para menores faenas los citados trescientos ochenta mil. A esta gran observacin debe aadirse la de que los ingleses tienen la mitad de los negros que han introducido, y stos casi todos esclavos; y nosotros presentamos cerca de un tercio ms de los que hemos recibido, entre ellos ciento catorce mil libres. Conviene observar tambin que hecha por aos la distribucin de los negros que aqu han entrado en los treinta anteriores —que han sido los de nuestro movimiento— resultan ser cuatro mil cuatrocientos noventa y siete al ao, y Santo Domingo ya reciba y empleaba de veinticinco mil a treinta mil. Mas, para probar la escasez en que de brazos estamos, tenemos otro documento que es eficacsimo, e incluimos a V.M. con el nmero 7. Por l ver V.M. que el abatimiento de precios en que han estado nuestros frutos en estos seis aos ltimos redujo nuestros hacendados de azcar —que son los principales— a la absoluta imposibilidad de comprar ni an los precisos esclavos para reponer los muertos; siendo cosa bien notoria que los que se han recibido en esta desastrosa poca, o se han vendido para usos domsticos, o a los extranjeros y comerciantes que estaban empeados en la fundacin de cafetales. Estos hechos asentados, o sea, cuanto sin exageracin se ha recomendado sobre la gran escasez de brazos en que se hallan nuestras labores, podremos recordar sin dolor que el Sr. Argelles —suponindolas en el mismo estado que las inglesas—les aplicase las mismas reglas o dedujese

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /35 /35 /35 /35 /35 consecuencias idnticas de datos tan diferentes? Dir ahora que la repentina suspensin del permiso de sacar esclavos del pas de la servidumbre producir el bien de que los que ya estn aqu sean mejor tratados y se multipliquen ms? Pueden ser mejor tratados si se nos quita el arbitrio de dar a nuestras haciendas los brazos indispensables? Puede multiplicar la especie donde las hembras faltan? Sabe V.M. dnde se multiplicarn? Donde se multiplican ahora y se han multiplicado siempre, con el mayor dao nuestro; esto es, dentro de las poblaciones. Por el ms funesto descuido de nuestra soolienta polica, y por el ms culpable olvido de todos nuestros intereses, nuestras cosas en todas las pocas han estado plagadas de esclavos sirvientes de ambos sexos, y principalmente de hembras, que viven comodsimamente, y por lo mismo contraen todo gnero de vicios siendo los ms seguros la pereza y la liviandad. Todas tienen sucesin, y muy numerosa los ms; y todos, la facilidad de libertarse y libertarla a ella y a s mismos; de lo cual ha resultado en todas nuestras poblaciones esa infinidad de gentes de color que con tanto cuidado como nosotros habr V.M. observado en los padrones que enviamos. El dao en esta ciudad llega a tan alto punto, que casi estn a la par los libres de color con los esclavos; y, unidas ambas clases, llegan a la asombrosa suma de cincuenta y cinco mil setenta y siete, que es muy superior a la de blancos, cuyo mal a cada paso toma tan gran incremento que, en el nmero de bautismos de los dos aos anteriores, casi salimos a dos de color por uno blanco. Pensar en medidas violentas para echar de las ciudades y transportar a los campos estas gentes en lo general corrompidas es pensar un imposible, que tal vez sera motivo de mayores injusticias y de mayores desastres. Y aunque este asunto es quizs el que con ms urgencia llama en la presente materia la consideracin prudente de nuestra legislacin, es preciso que ya entremos con la seguridad de que se es mal semillero para sacar ahora los urgentes auxilios que piden nuestras labores; y por una consecuencia que no se puede deducir sin estos antecedentes, la humana abolicin de este trfico —dada de repente, y sin las dems resoluciones que deben acompaarla— iba a producir los inhumanos efectos de extinguir la especie negra donde es conveniente, de que siga creciendo donde es daosa, y deja la blanca sin los medios que necesita para su subsistencia y fomento, o para ponerse en estado de no ser vctima del corrompido enjambre de negros y mulatos urbanos. ¡A cuntas partes tienen que mirar a un tiempo la humanidad y la poltica para proceder con acierto, o hacer un verdadero bien en los casos complicados! No nos debemos cansar de repetir que los negros vinieron y estn aqu por nuestras culpas; pero no por nuestra culpa, sino por la de los que abrieron y allanaron ese camino con las armas de la ley, y aun de la religin que —segn se nos deca, y dicen todava muchos libros de respetables

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OBRAS 36\ 36\ 36\ 36\ 36\ autores— era muy interesada en liberar esas almas de eterna condenacin. Y que no puede ser justo dejar burlados y expuestos a los blancos que obedecieron esos preceptos; que no puede ser bueno condenar a celibato y mayor trabajo a los negros que ya vinieron; y que en ningn sentido puede ser acertado el causar estos males infalibles por un bien, que antes se llamaba mal, y siempre ser por lo menos bien dudoso o bien pequeo. Dios no permita que nosotros profanemos nuestra moral santsima cubrindonos con el velo impo con que se pudo cubrir la desenfrenada codicia. Dios no permita —decimos— que ahora defendamos nosotros como un acto de piedad la violencia de traer, y de traer en cadenas desde pases tan remotos, a criaturas humanas. Pero como no somos autores, ni aun instrumentos siquiera de semejante violencia; como nos hallamos por ella rodeados por todos lados de graves inconvenientes, y autorizados para escoger los que menores sean, huimos de las extremidades, y con igual cuidado procuramos evitar las del srdido inters que las del loco entusiasmo. Imaginarios han sido en todos los siglos pasados, e imaginarios sern con toda probabilidad en los siglos venideros, los bienes que a los negros resulten de dejarlos en su suelo. Esa asociacin filantrpica para endulzar sus costumbres —de que a V.M. habl el Sr. Argelles —nada ha adelantado en Sierra Leona ni en punto alguno de frica. Igual suerte tuvo otra que desde mucho antes exista en Londres con el propio objeto, y, apagada como est la fermentacin que dio el ser a ese establecimiento po, todo indica, todo dice que los negros seguirn en su inmemorial barbarie, o su destino infeliz, y que ste ser el gran fruto de la abolicin decantada. Es preciso conocer y decir de buena fe que la urgencia y el tamao del servicio que con ella se hace a la humanidad es relativo sin duda a la cantidad de bienes o sufrimientos que tengan en estos pases los negros que a ellos se traigan. Y si pudiese asentarse que todos venan a ser ms felices de lo que eran, no haba mucho que alegar en favor de una medida que se opona a este bien; y de contado, nosotros —que presentamos ms negros de los que nos han trado, que tenemos tantos libres, y que por todos caminos podemos acreditar la general ventaja de los negros transportados y puestos en nuestras manos— no tenemos por lo menos la misma precisin, ni vamos a contraer igual mrito en imitar la conducta de otras naciones en el punto de abolicin. Es cosa tambin notable y chocante a nuestros ojos el verlas tan acaloradas en guardar la inmunidad de los desiertos de frica, y tan desentendidas de sus cometidas violencias, o de lo que por mayores razones de humanidad y justicia debieran hacer en obsequio de los negros ya extrados y esclavizados en sus manos. No es por stos por quienes debieran empezar las obras de su piedad, o de la piedad verdadera? Pues ello es que

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /37 /37 /37 /37 /37 todava nada se ha hecho en esta parte; que los negros que cayeron en la esclavitud inglesa siguen en el propio estado; que lo mismo, o poco menos, sucede en las provincias del sur de la Unin Amricana; y que los pennsylvanos —sos que a todas horas nos predican igualdad entre los hombres, y quieren que con comps se mida— mantienen intacta todava la desigualdad que el orgullo ha fundado en los colores; y —como si hubieran hecho todo lo que tienen que hacer— se han contentado con romper los grillos de ]a esclavitud civil, sin haber adelantado en la libertad poltica a los desgraciados descendientes de sus primeros esclavos. ¡Cunto mejor habra sido que los oficios de ese celo filantrpico se vieran en orden inverso! ¡Cunto ms digno y ms til, en todas las acepciones posibles, el haber establecido una escala de justicia, trazada por la prudencia para que los semibrutos que se pierden en frica ganasen algo desde luego, pasando al dominio blanco y gradualmente llegasen por s o por sus descendientes a la plenitud de goces civiles y polticos que ofrecen nuestras Constituciones! La humanidad entonces mudara de sentimientos, y tampoco la poltica tendra los temores que tiene, y que debe conservar, aun cuando no vengan ms negros. Pero no nos engolfemos en unos particulares que, tocados ya otra vez, no deben todava apurarse. Demasiado es lo que nos hemos distrado de la ofrecida discusin del da 2. Volvamos a tomar su hilo, haciendo como hasta aqu todas las observaciones que puedan ser conducentes a la mayor ilustracin de este asunto, para nosotros tan grande por su naturaleza y tan encadenado con todos los que esencialmente pueden interesarnos. Si el Sr. Gallego hubiera tenido a la vista lo que llevamos expuesto, de cierto no hubiera apoyado, al menos por ahora, la importuna mocin. El mismo principio que le sirvi de gua para rechazar la adicin propuesta por el Sr. Garca Herreros le habra obligado a decir que no se deba prohibir la introduccin de esclavos sin que se completasen las empresas comenzadas. Penetrado del respeto que por los legisladores mismos se debe a la propiedad, dijo este Sr. Diputado, con todo el discernimiento que le caracteriza, que no se poda tratar de que naciesen libres los hijos de los esclavos “por ser una propiedad ajena que se autorizaba por las leyes, y que sin una indemnizacin sera injusto despojar de ella a sus dueos”. Las mismas leyes nos empearon en los gastos de nuevos rompimientos de tierra y fundaciones de haciendas, y sin que se nos indemnice no se nos puede condenar a perder los capitales invertidos en fe de las esperanzas que nos debi inspirar un sistema tan aejo y radicado, no slo en nuestras costumbres sino en las de los dems pueblos civilizados. Fundadas en este principio, todas las islas inglesas protestaron en su Parlamento hacer abandono en sus manos de los establecimientos comenzados en virtud de la ley que permita o provocaba a la introduccin de esclavos. Y esta reclamacin, que fue desde luego la que ms detuvo al

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OBRAS 38\ 38\ 38\ 38\ 38\ Gobierno anglicano, es, entre nosotros, de muchsima ms fuerza por las diferentes circunstancias que, con fastidio quizs, hemos recomendado. El Sr. Prez de Castro fue el ltimo que apoy la absoluta y repentina abolicin con dos especies, que sentimos ver en boca de tan distinguido sujeto, porque las dos nos parecen ser del todo equivocadas. La una fue “que esta providencia no poda excitar reclamacin de nuestros comerciantes, pues no son en general los espaoles los que se dedican al trfico de la esclavitud”. En nada consider o para nada se acord el Sr. Prez de Castro de los principales interesados en este negocio, que son los dueos de esclavos, habiendo sido los que llamaron la atencin del autor de la propuesta; y se olvid tambin de que los extranjeros no eran en este comercio lo que antiguamente fueron, estando a todos prohibido, menos a los portugueses, y que por precisin deban ser espaoles los que trajesen los negros, como efectivamente nos los traen hace cinco aos auxiliados, si se quiere, por comerciantes extraos, que tomarn en este ramo la misma parte que tienen y han tenido siempre en todos los de nuestro giro. La otra observacin que hizo este Sr. Diputado fue la de que, pues “slo se trataba de suprimir el comercio de esclavos sin tocar por ahora a la esclavitud, el punto en cuestin no poda reservarse para la Constitucin, porque no perteneca a ella” Supongamos que as fuese, y que en la Constitucin no se debiera hablar de semejante asunto; pero, se sigue de aqu que deba tratarse ahora, y resolverse de repente? Pues se era el punto en cuestin y eso lo que se apoyaba. No da el Sr. Prez de Castro los fundamentos que tena para asentar que el negocio consabido no se deba reservar para la Constitucin. Nosotros para lo contrario hemos alegado un poderoso ejemplo y razones que creemos ser de bastante fuerza, y adems nos ocurren ahora las que vamos a exponer. Nosotros entendemos por Constitucin los acuerdos espontneos que, para vivir en feliz sociedad, hace un conjunto de hombres en una o diferentes pocas; y siendo tan varios estos acuerdos, como lo son la voluntad, la situacin, moralidad y luces de cada pueblo y de su legislador, no sabemos cmo pueden determinarse los lmites de semejantes convenciones antes de que se verifiquen, antes de que se publiquen, antes de que se sancionen. Verdad es que en las pinturas que de sus variadas obras en este particular nos dej la Antigedad, y en los muy pocos modelos subsistentes o destruidos que presenta nuestra edad, siempre se reconocen ciertos miembros esenciales que, aunque en diferente figura, forman el esqueleto de estas composiciones, y quizs por esta regla tiene trabajada ya el Sr. Prez de Castro —como la juzga conveniente— la traza de Constitucin para nuestra Monarqua. Pero —prescindiendo nosotros de que la que se adopte sea sa, y desentendindonos asimismo de las dificultades que, para semejante tra-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /39 /39 /39 /39 /39 za, presenta la irregularidad que en otra ocasin not este Diputado en nuestra figura nacional, o sea, la diferencia de humores, costumbres y localidad de las diversas partes que constituyen nuestro cuerpo social— creemos, y debemos decir que, en todas las Constituciones habidas y por haber son puntos cardinalsimos y unos de esos esenciales miembros la divisin de derechos y estados de los individuos que se tratan de asociar, y el modo y circunstancias con que se admitirn otros nuevos; y que en la nacin en que hay a mucha distancia hombres sin persona civil, y otros que subsisten de ellos y de la esperanza legal de continuar disfrutando de semejante auxilio, parece de necesidad que en la Constitucin se fijen unos derechos y esperanzas tan fundamentales para gran parte del Imperio; o que slo en ella, y no antes, se declaren los trminos en que deben arreglarse estos puntos, sin olvidar el enlace que todos tienen, o la simultnea ordenanza que piden por su conexin. Despus del Sr. Prez de Castro habl el Sr. Aner, nico que vio la cuestin por una de sus grandes fases, y que en muy pocas palabras mostr lo fundamental que para nosotros era el punto de introduccin de esclavos y la ley que sobre esto trataba de establecer. Pero, al paso que admiramos y agradecemos el buen juicio de este Diputado, no podemos por lo mismo —sin acudir a la mala estrella que nos persigui aquel da, y tanto nos sobresalta— adivinar el motivo que tuvo el Sr. Aner para convenir desde luego que se separase de la Constitucin nacional, cosa tan fundamental, no para la prosperidad sino para la existencia de varias de sus provincias. Repugna al sentido comn, y repugn desde luego al del Sr. Aner prohibir, y no proveer. Repugna, decimos, que siendo uno mismo el sistema que destinaba los negros a nuestro servicio y labores que el que nos impeda traer blancos, y nos quitaba los medios que para su aumento da la libertad poltica en todas sus direcciones, se tratase de prohibir lo uno y no de proveer sobre lo otro. Ya hemos dicho y repetimos —sin que tengamos por esto la pretensin de acertar— que antes, Seor, es pensar en la esclavitud poltica de estas regiones que en la esclavitud civil; antes en los espaoles que en los africanos; antes fijar los derechos y los goces que aqu debe tener la ciudadana, que determinar el tamao y nmero de las puertas que para estos goces deben abrirse o cerrarse a las gentes de color; antes crear los medios de dar vigor a nuestra inerte polica, a nuestra muerta y corrompida administracin pblica en todos ramos, que ir a aumentar sus riesgos y sus cuidados; antes deslindar la esencia y atribuciones del Gobierno nacional y provincial, que empezar la curacin de males que no sean urgentes o capitales; antes reformar los viciados rganos y defectuosos anteojos del antiguo Gobierno, que descubrir las llagas y vicios de las partes remotas de nuestro cuerpo social; antes restituir el derecho imprescriptible —y para nadie ms til que para el Estado espaol— de

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OBRAS 40\ 40\ 40\ 40\ 40\ dar a la industria de estos nuevos y productivos pases la direccin y salida que ms provechosas sean, que quitar o limitar sus antiguos incentivos; antes, por fin, permitirnos que para nuestras labores y nuestra amenazada seguridad busquemos, donde quiera que se hallen, cuantos medios sean posibles, que mover el avispero de la suerte de los negros. El mismo Portugal, nuestro compaero de errores y de desgracia, acaba de manifestarnos que, al menos en cuanto a lo ltimo, quiere tomar buen camino, pues, aplazando para luego el asunto de los negros, convida para Brasil a los blancos extranjeros, y promete tolerar sus principios religiosos. Nosotros, seor, toleramos y hemos tolerado siempre que vengan negros infieles, e infieles se mueren muchos; y no podemos sufrir que vengan blancos catlicos, como no sean espaoles. Dispensamos la cuaresma slo por quitar a los ingleses la ganancia del bacalao que consumamos en ella, y mayores intereses no nos permiten tener menores condescendencias. Todas las naciones sabias nos estn haciendo ver que deben principalmente su casi increble engrandecimiento al empeo con que atraen a su masa nacional, e identifican en ella las personas, capitales y saber de otros pases, y nosotros —aun cuando vemos el nuestro en tan mortal flaqueza— alejamos todava estas adquisiciones con las armas de la ley y de la religin. Vemos crecer —no a palmos, sino a toesas— en el septentrin de este mundo, un coloso que se ha hecho de todas castas y lenguas y que amenaza ya tragarse, si no nuestra Amrica entera, al menos la parte del norte; y en vez de tratar de darle fuerzas morales y fsicas, y la voluntad que son precisas para resistir tal combate; en vez de adoptar el nico medio que tenemos de escapar —que es el crecer a la par de ese gigante, tomando su mismo alimento— seguimos en la idolatra de los errados principios que causan nuestra languidez, y creemos conjurar la terrible tempestad quitando los ojos de ella, queriendo que todos los quiten, y llegando en esta parte hasta el extremo de or, si no con indignacin, al menos con desabrimiento, a los buenos espaoles que, interesados cordialmente en la gloria de su origen y en el bien de su nacin, han solido algunas veces hablar con tmidas frases de nuestra ceguedad imperdonable, de nuestro riesgo inmediato y de su remedio nico. Toda nuestra Amrica est y ha estado, principalmente desde el principio de nuestra gloriosa Revolucin, en necesidad urgente de esos remedios grandes. Perece con paliativos; mas ninguna, de seguro, tan dolorosamente como esta preciosa Isla, que vale por s un imperio, que es adems el puerto o arsenal de Nueva Espaa y la llave de buena parte de Amrica del Sur; pero que, por la precaria naturaleza de su industria, poblacin y gobierno interior, se halla a la discrecin del que domine los mares, y expuesta, por otro lado, a los terribles riesgos de la vecindad del negro Rey Enrique Cristbal y de los Estados Unidos, sin que, en medio de tantos escollos,

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /41 /41 /41 /41 /41 tenga al cabo de tres aos preparada cosa alguna, ni la pueda preparar, atada con las ligaduras del antiguo rgimen que, por las nuevas circunstancias, tampoco puede moverse con la energa conveniente. La posteridad no creer la exterior indefensin, y el abandono interior de esta Isla en tan crtico momento, y se aturdir mucho ms cuando sepa que en esto consume al ao cuatro millones de pesos, y que todo nace de no haber tenido un gobierno provincial, combinado por la prudencia conforme a las circunstancias. Es injusticia culpar a nuestro Excelentsimo Jefe, y es un delirio pensar que, de la mudanza de un hombre, depende nuestra curacin. Si sigue el mismo sistema, con ms o menos fuerza, seguirn sus consecuencias, y la infalible ser que, de una manera u otra, poco antes o poco despus, todos seremos vctimas. Seor, por el mismo principio que el gobierno de uno solo no podra representarse por muchos, tampoco el gobierno de muchos puede representarse por uno. A nuevo corazn corresponden nueva sangre, nueva circulacin, nuevos rganos. La imagen del Gobierno britnico se ve copiada, y se ha visto siempre sin inconveniente alguno, en sus ms pequeas y remotas posesiones. Y lejos de que los romanos lo experimentasen en esto, sus colonias distantes fueron el apoyo de su Imperio, y siendo de romanos, en ellas hallaban stos todo lo que tenan en Roma: Senado, Cnsules, Pretores, Asamblea, el jus romanum in integrum. No lo entendemos, Seor. No podemos entender —quizs porque el inters nos ciega— el fundamento de las dudas que manifiestan algunos para identificar, con las accidentales variaciones que sean justas, a los espaoles de estos pases con los de la Metrpoli, en esos dos puntos cardinales de adquisicin de hombres y gobierno provincial, y el otro de comercio libre. Y nosotros concluiramos diciendo sobre estos puntos lo que nuestra fidelidad, y nuestro honor nos dicen; esto es, que los que son espaoles, deben serlo en todas partes, especialmente en aqullas que, regadas con su sangre o su sudor, los reconocen por sus conquistadores, fundadores o pobladores; y si pudimos ser buenos, rodeados de privaciones, no dejaremos de serlo gozando de todo esplendor y de todas las ventajas anexas a nombre espaol. Pero acaban de llegar a nuestras manos los ltimos testimonios que de su ceguedad han dado los Consulados de Mxico y Veracruz en el punto de comercio; y atravesndose en esto los mayores intereses de la nacin y de la Metrpoli —si es que pueden separarse en su actual estado—, justo, necesario ser que, aunque brevsimamente, algo aadamos sobre esto. Casi al propio tiempo que el descarado Sultn de Francia llama leyes fundamentales de su Imperio los despechados decretos de Miln y de Berln, o sea, la feroz pretensin de reducir el comercio de una gran nacin a los tortuosos y superficiales canales que puede abrir el sable del despotismo, los todava ciegos Consulados de Mxico y Veracruz se oponen al

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OBRAS 42\ 42\ 42\ 42\ 42\ cumplimiento de la Real Orden de 13 de octubre ltimo pasado, y llaman leyes fundamentales de nuestra Amrica los reglamentos que haban amayorazgado en sus manos, o limitado a ellas el comercio del Imperio mexicano. Amrica espaola no conoce otras leyes fundamentales que las de su Metrpoli, a la que desde el principio se declar agregada e igualada; y por lo que respecta a los reglamentos de su comercio —tan variables en su esencia, y tan obligados a amoldarse a las circunstancias del tiempo—, dgnese V.M. echar una ojeada sobre nuestra historia por los aos 1500, 1526, 1527 y 1529, y ver los dbiles y extraos principios de sas que llama el inters leyes fundamentales El repetido apresamiento de nuestros buques por corsarios enemigos; los excesos cometidos por nuestros propios navegantes; la ignorancia de nuestros pilotos; el temor del contrabando; las combinaciones interesadas de los habitantes de La Espaola que, a la voz de su Presidente se reunieron para esto en un Congreso —porque se trataba ac lo mismo que all, los negocios pblicos—; la sobra de medios que para atendernos en la cuna tena la nacin, el muy justo y muy natural deseo de aprovechar para ella todo lo aprovechable; fueron la causa del establecimiento de las restricciones y flotas que despus hizo tan suyas el monopolio mercantil; ese monopolio que todava defiende sus crueles reliquias con el a todas luces indiscreto ttulo de leyes fundamentales ; ese monopolio que, en trescientos aos, no ha hecho adelantar un paso la industria metropolitana; ese monopolio que tanto ha detenido la colonial, y que no habiendo sido jams, ni pudiendo ser otra cosa que un canal seco por donde pasen a Amrica las producciones extranjeras y salgan de la nacin todas las riquezas de Amrica, se atreve todava a llamar ley fundamental al fundamento de nuestra pobreza, al fundamento de nuestra ignorancia y fatal incivilidad, al fundamento de nuestra falta de energa corporal y espiritual, al fundamento de la funesta rivalidad que hoy devora a Nueva Espaa, y debe avergonzarla siempre; al fundamento, en fin, del ms asqueroso egosmo en el caso ms glorioso en que se vio una nacin. Pero dado que as no sea, y que otras ms poderosas fuesen las primordiales razones de nuestra original poltica en materia de colonias, es posible, sera creble que en tan nuevas circunstancias se trate de sostenerlas? Calculado ese sistema, o dirigido al menos para alargar la infancia, o el adormecimiento de los pueblos, cmo puede convenirnos en un momento en que lo que la nacin necesita son fuerzas morales y fsicas? Una Metrpoli europea separada de lo mejor de Europa; una Metrpoli elevada a la inmortalidad por el glorioso camino de su desolacin; una Metrpoli, aun as, precisada a ser largos aos teatro, o taller de atroz guerra, cmo puede subsistir sin agrandar los recursos, la industria, la dignidad, la confianza de las posesiones e hijos que tiene en otros pases? La misma gida

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /43 /43 /43 /43 /43 de Espaa, la gida de la acosada libertad, la incomparable Albin, no tiene necesidad tambin de buscar en este mundo los recursos que en ese otro quiere Napolen quitarle? No es del inters de los buenos, no es del inters de todo el linaje humano desenvolver esos recursos inagotables quizs, y desenvolverlos cuanto antes? Pueden balancearse tamaas consideraciones por remotos e improbables temores que, de puro vergonzosos, de puro pequeos, ni aun claramente se exponen? Los buenos padres jams los tienen, o al menos nunca detuvieron por ellos el engrandecimiento de sus hijos. Y en cualquier caso, ms valen los retornos de gratitud ardiente de un hijo ilustrado y poderoso que las violentas contribuciones de un hijo descontento, y, en todos sentidos, miserable. Los griegos de sus colonias nunca exigieron otra cosa que aquellos dulces retornos, y rarsima vez dejaron de encontrarlos en sus amorosos hijos. Y los griegos no las vieron rodeadas como estn las nuestras de los riesgos ya indicados; riesgos innegables, riesgos imperiosos —principalmente en esta Isla— que piden con tanta urgencia el acrecentamiento de su poblacin, industria, vigor y buen orden para no ser presa sobre todo del brbaro Rey de Hait, que ya nos amenaza con fuerzas muy superiores a las nuestras en tierra y mar; que ya insulta nuestro pabelln y hace reclutas negros en nuestros propios buques; que con el dedo nos seala ese camino de traer a sus banderas toda frica; que, sin ir tan lejos, tiene en Jamaica cuatrocientos mil encadenados. ¡Qu horrorosa perspectiva! Quitemos los ojos de ella, y vamos por fin a ponerlos en los medios que para nuestra felicidad ha discurrido y propuesto el Sr. Alcocer, repitiendo que estamos tan lejos de ofenderle como precisados a defendernos. Hasta que habl este Sr. Diputado, segua la discusin nicamente contrada al punto de nueva introduccin de negros; y debemos confesar que este punto, por su naturaleza, no es acreedor a secreto, y que tan slo lo pide por las delicadas circunstancias en que se halla la nacin, o por las inevitables equivocaciones que en todas cosas, produce la agitacin general. Pero reconocida en todas pocas y en la misma discusin la reserva con que deben tratarse los puntos que tocan a la esencia y ejercicio del dominio sobre esclavos, debemos deplorar siempre la casualidad desgraciada de que se hubiera olvidado tan asentada doctrina, y que para ello bastasen aquellas cuatro palabras que a V.M. anunciamos ser equivocadas contradictorias o satisfechas en la misma sesin Entremos en su anlisis. “Las proposiciones que yo tengo hechas — dijo el Sr. Alcocer — son las mismas que las del Sr. Argelles, y me causa admiracin el que entonces se mandasen pasar a la Comisin de Constitucin y ahora se discutan.” La primera proposicin, aunque ms extensa, poda con efecto llamarse idntica a la del Sr. Argelles; pero las otras siete, que nada tratan de nueva introduccin de esclavos, que slo se dirigen a la suerte futura de los que

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OBRAS 44\ 44\ 44\ 44\ 44\ ya estn aqu, cmo se llaman las mismas delante de V.M. que a la vista las tena? “Mis proposiciones —sigue— se reducen a que se suavice la esclavitud sin perjuicio de nadie, y sin que de ello pueda resultar trastorno alguno.” Pronto veremos que las proposiciones se reducen no a que se suavice, sino a que se acabe la esclavitud, con esencial perjuicio de los dueos, y de los mismos esclavos quizs, y con trastorno absoluto de todos los principios; y por ahora recordaremos que el Sr. Gallego haba manifestado el que iba a causarse con una de las solicitudes del Sr. Alcocer, esto es, la de libertad de los hijos de esclavas. La primera proposicin, continu este seor Diputado, “es para que se circunscriba el comercio y se acabe la esclavitud; porque, no habiendo comercio, se ha de acabar la esclavitud, aunque sea de aqu a cien aos”. Ya aqu vemos que se trata de destruir, y no de suavizar la esclavitud. Vemos tambin que se asienta que el fin es circunscribir el comercio de esclavos, y lo que en la primera proposicin se pide es que se acabe al instante; y vemos, por fin, lo que no es posible entender, esto es, que la prohibicin del trfico pueda por s sola extinguir la servidumbre, donde su semilla est tan desparramada y arraigada. Esperanzas muy contrarias haba concebido, y acababa de manifestar el Sr. Argelles, de la prohibicin de ese comercio. Fundado en estas razones el Sr. Argelles, y en la seguridad que dio, sobre su palabra, de que “no deba temerse de ningn modo que estos pueblos se alarmasen, tratndose de su felicidad”, pidi que su proposicin —no sus proposiciones— se discutiese pblicamente, y antes de la Constitucin; y todo lo consigui. Es muy notable el prembulo de estas proposiciones. As empieza: Contrarindose la esclavitud al derecho natural En hora buena que el hombre nazca libre por naturaleza, como nacen igualmente todas sus criaturas; pero, al lado de esa verdad, es menester poner otras que han limitado siempre su spera y primitiva fuerza, y debilitan mucho las deducciones generales que inconsideradamente quieren sacar los que buscan la perfeccin ideal y quimrica de Platn. La primera de estas verdades es que, por la voluntad del hombre, se acab desde muy temprano la libertad natural, no slo en las dems criaturas sino en las de su propia especie, y ninguna la disfruta en toda su plenitud ni con la misma medida. Segunda, que en todas edades y naciones, incluso el pueblo de Dios, hubo esclavitud civil, que se conserv en Europa entre los mismos blancos aun despus del Cristianismo, y en Espaa se mantuvo hasta despus todava del descubrimiento de Amrica. Tercera, que sin interrupcin existi en los pueblos que ms luces nos han dado, y ms cuidado tuvieron de los derechos humanos. Cuarta, que en esos pueblos, llamados por excelencia libres, era la esclavitud civil ms dura que entre nosotros, donde gozan los

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /45 /45 /45 /45 /45 siervos de mayores ventajas que las que les concedieron las suaves leyes de Atenas, pues tienen peculio, adquieren su libertad pagando el precio de su compra —no teniendo, para esto, lmites la generosidad de los amos—, pueden pasar fcilmente del que no es bueno al que lo es, deben ser bien alimentados y asistidos —sean tiles o inutilizados—, y nadie, si no su propio dueo, tiene derecho de maltratarlos, y aun ste, si se excede debe ser perseguido por este delito, como por otro cualquiera. Quinta, que uno ha sido siempre y es en todas partes el origen de la esclavitud; uno el principio de que naci este derecho, a saber, el del ms fuerte. Los antiguos hacan en sus guerras los esclavos; y en las suyas hacen los mismos negros los que para nosotros se compran en la costa de frica. Sexta, que aqullos —tan civilizados y capaces como sus propios dueos— nada les deban sino el rigor de su suerte, y los nuestros —que, en cambio de los muchos males que tiene la vida salvaje, reciben de nuestra mano todas o mucha parte de las comodidades sociales— nos tienen y deben pagarnos esta gran obligacin. Sigamos con el prembulo. Estando ya abolida —la esclavitud, se entiende— por las leyes civiles de las naciones cultas Slo en las frenticas pginas de la Revolucin Francesa, y en sus guillotinadoras leyes, sabemos que se haya abolido la esclavitud existente. Es preciso repetir que los portugueses conservan intacta la que establecieron, y que el Parlamento ingls ni se ha acercado a este punto, ni ha disputado el privativo derecho con que se creen sus Gobiernos provinciales de Amrica para dictar estas leyes, y con corta diferencia, son los esclavos ingleses tan dependientes de sus amos, como los ilotas lo eran de los severos espartanos; de lo cual, entre otras pruebas, volvemos a recordar la muy fuerte que presentan los documentos nmeros 6 y 8, o la comparacin con nosotros, de negros introducidos y existentes, de libres y esclavos. Tampoco en los Estados Unidos ha habido ley directa para la abolicin de la esclavitud. En los del Sur existen con muchas menos moderaciones que las que tiene entre nosotros, y de ello es seguro indicio el mucho menor nmero de sus libertos comparados con los nuestros. Y lo es tambin lo que V.M. puede ver en el American Museum de 1798, en donde se public un vehemente discurso de Mr. Thomas Pinkney, hecho al Estado de Maryland, clamando, entre otras cosas, porque se aboliese la ley que all prohiba la manumisin por testamento; facultad que siempre hemos ejercido nosotros, y que tantas libertades ha producido y produce. En los Estados del Norte se ha acabado, con efecto, la esclavitud civil por la generosidad de los amos; por el rescate permitido al mismo esclavo, pagando el precio de su compra; por la muerte natural o por la ley ya citada que declar y limit la servidumbre del criollo. Pero ninguna ley, ningn principio de Penn, ha atacado directamente la propiedad adquirida en cumplimiento de las antiguas leyes, que intactas se conservaron y ejer-

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OBRAS 46\ 46\ 46\ 46\ 46\ cieron por los seores de esclavos, hasta que se extingui su dominio, por uno de los medios legales que dejamos indicados. Pugnando con las mximas liberales de nuestro Gobierno Especie tan vaga como sta no se puede refutar; pero creemos y decimos que los lmites de la liberalidad son los de la prudencia y justicia, y de ellos ni nos excederemos nosotros ni debemos esperar que salga nuestro ilustrado Gobierno. “Siendo impoltica y desastrosa —de que tenemos funestos recientes ejemplares —y no pasando de preocupacin su decantada utilidad al servicio de las fincas de algunos hacendados, debe abolirse enteramente; mas para no perjudicar en sus intereses a los actuales dueos de esclavos, se har la abolicin conforme a las proposiciones siguientes.” Qu omos, Seor? Qu omos? Estamos en los tiempos funestos de los lamentos de Tcito, tiempos en que las palabras y las cosas toman contrario sentido? El nico ejemplar reciente y desastroso que tenemos es en el nico pas donde hubo abolicin. Y este ejemplar es el que a V.M. se cita para probar la conveniencia de la tal abolicin de esclavitud? No exprimamos la amargura de esta deduccin crudelsima. No repitamos tampoco que, en el estado actual, ms tiene que temer la poltica de las gentes de color puestas en libertad que de las mantenidas en la sujecin y dependencia que la esclavitud produce. Vamos a ver los medios de abolir la esclavitud sin perjudicar a los dueos en sus intereses, sin trastorno alguno, sin perjuicio de nadie. La primera de las ocho proposiciones, aunque idntica a la del Sr. Argelles, manifiesta con ms claridad que llevaba dos objetos: el uno, prohibir de todo punto la nueva introduccin de negros; y el otro, hacer una novedad capital en el ejercicio del dominio ya adquirido en los siervos introducidos, quitando la facultad de poder venderlos o pasarlos a otras manos. Sin hacer caso del dueo, o del agravio que se le infiere en despojarle de uno de los principales atributos de la propiedad, que consiste —como V.M. sabe— en hacer de la cosa propia lo que mejor acomode, diremos que el pobre esclavo iba a sufrir con esto el golpe ms fiero que sobre su infeliz existencia se pudiera descargar, pues iba a perder el mayor de los consuelos que nuestras humanas leyes le han concedido; esto es, el de mudar de amo con la causa ms ligera. El Sr. Alcocer olvid sin duda esta consideracin, y se olvid tambin de que en Espaa hay antiguas y positivas leyes —a las cuales sin variacin se arreglan nuestros tribunales— que tienen mandado ya lo mismo que l solicitaba por sus proposiciones sexta, sptima y octava. Pero de lo que ms se olvid fue de la esencia y fueros del derecho de propiedad, que quiso como incensar en su segunda proposicin, para despus hollarlos en la tercera y la quinta que a la nada reducen nuestro dominio sobre esclavos, no dejndonos ms derecho que el insignificante

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /47 /47 /47 /47 /47 de que se mantengan a nuestro lado, como lo hacen sin coaccin, los buenos y bien tratados criados libres. Y es ste el sistema suave que sin perjuicio de nadie y sin trastorno alguno se nos iba a proponer? Si slo se hubiera dicho que era justo el tal sistema no nos sorprenderamos; porque, al fin, esto depende del modo de percibir y de sentir de cada uno; pero que no se nos perjudica quitndonos noventa y nueve centsimos del derecho adquirido con arreglo a las leyes y con su garanta, y que no se nos causarn trastornos, dando de repente tanto motivo de disgusto a los dueos y dando a tantos esclavos, si no todas, casi todas las atribuciones y goces del hombre libre, son cosas que harn rer a muchos, llorar y temblar a otros. Santsimas en todos sentidos fueron las ordenanzas que en favor de los indios se hicieron por 1542, conducidas a las dos Amricas por Francisco Tello de Sandoval y Blasco Nez Bela; y el Sr. Alcocer sabe bien lo que alarmaron y escocieron, y tampoco pueden ocultrsele dos diferencias que nos favorecen y son muy notables; la una, que las novedades que entonces se intentaron no eran, ni con mucho, tan graves como las que se proponen ahora; y la otra, que el derecho que sobre los indios ejercan aquellos conquistadores estaba casi naciente, y slo fundado en su arbitrariedad; y el que aqu se ejerce sobre los negros no es hijo de nuestra arbitrariedad, sino de antiqusimas y muy repetidas leyes. No naci en nuestra codicia, sino en la conciencia de un clebre sacerdote auxiliado de muchos telogos que, a su vez, fueron o quisieron parecer, de este modo, piadosos y filantrpicos. Pero, sobre todo, Seor, qu motivo pudo tener el Sr. Alcocer para insistir en que ahora se examinen pblicamente tan delicados puntos? Qu mal resultaba del secreto? Qu bien de la publicidad? En tiempos tan calamitosos y de tanta agitacin, es conveniente aumentarla? Pueden ser indiferentes los amos y los esclavos, que es de lo que se componen estas poblaciones? Supongamos a todos los amos tan justos o desinteresados, tan mansos o prudentes, como convena que fuesen, y todava hallaremos, con respecto a los esclavos, males de mucho tamao, que la espera y el secreto evitaran sin duda. Abrir para cualquier bien las esperanzas de un hombre, es abrir tambin la puerta a sus olvidadas y peligrosas reflexiones sobre la privacin de aquel bien. Es excitarlo de seguro, si no a la insubordinacin, al menos a la indocilidad, cuyos inconvenientes y males en la esclavitud no es menester referir, vindose repetidos en todos tiempos y pases. En la estupidez del negro y soledad de nuestras haciendas es la subordinacin ms precisa, y ms temible, por tanto, todo lo que pueda aflojar este resorte nico, este defensor capital de la existencia de los blancos que viven con tantos negros. Adems, es bien sabido lo que se desfiguran o se abultan las noticias pasando por muchas manos, entre las cuales siempre hay indiscretos y malignos que o tergiversan las cosas o dicen las que no deben decir, o creen

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OBRAS 48\ 48\ 48\ 48\ 48\ las que no deben creer; de lo cual entre varias pruebas que podramos presentar con respecto a nuestro caso, slo referiremos a V.M. la del Presbtero Don Jos Gonzlez Tllez que, dos das despus de haberse aqu recibido estas noticias, iba por todas las calles diciendo a cuantos negros vea que V.M., entre otros favores, les haba dispensado el de declararlos libres al cumplimiento de diez aos. Por ventura de este pas, los nublados en los nimos siguen nuestra ley atmosfrica, y con la misma presteza que se forman se disipan; pero si el Sr. Alcocer hubiera visto, por sus ojos, la fermentacin que al principio produjo el anuncio de la felicidad que nos iba a procurar, habra temido, como temieron los juiciosos, que aqu se empezaba a encender la hoguera en que ardi Santo Domingo, si no con igual violencia, de cierto con mayor culpa. Los demagogos de Francia no tenan al canto la leccin de la experiencia, la luz terrible de ese volcn que encendi la precipitacin francesa para reducir a cenizas la joya ms preciosa de su Imperio, para acabar con la vida de millares de inocentes y tener en sobresalto a toda esta vecindad. Cmo disculparemos el asomarnos siquiera a los mismos precipicios? Vuelva V.M. otra vez sus prudentsimos ojos al nuevo Reino de Hait, y considere los riesgos de los que estamos a su vista, rodeados de combustibles, y recibiendo, a todas horas, tantas chispas incendiarias. Fije V .M., repetimos, su paternal atencin en tan dolorosa imagen, y pensando en su madurez todas las circunstancias que hemos procurado apuntar en esta Representacin, decida si es ste el momento de despertar al que duerme, suspendiendo de repente los auxilios esperados y precisos para el mismo; si es el momento de quitarnos los medios de contenerle, si acaso quiere moverse; los medios que siempre fueron gajes esenciales de este dominio y principales garantes de su seguridad. Verdad que no queremos probar ni con las uniformes leyes de la Antigedad, incluidas las de Moiss, ni con las existentes inglesas, ni con la sentencia siquiera del sabio Rey D. Alfonso cuando deca: “Llenero poder ha el Seor sobre su siervo para hacer de l lo que quisiere.” Pero s preguntaremos al Sr. Alcocer si sus medios son los que el Cristianismo adopt para destruir en Europa la esclavitud de los blancos, cul es el pas donde la servidumbre ha existido del modo que l quiere constituirla? Cul, en el que pudo mantenerse privndola de su nico apoyo que es la subordinacin y el miedo? Privando al amo de la facultad exclusiva de castigar hasta cierto punto a su esclavo? Dando arbitrio a ste para exigir un salario, y poniendo en convulsin toda la potestad domnica con la intervencin de un extrao para el arreglo del salario? Esto, si no es libertad, es peor quizs que la libertad absoluta; porque, al menos, ya sabemos los efectos que sta produjo en la isla de Santo Domingo, y una vez establecida no tendramos que dudar sobre el partido conveniente para salvar nuestras vidas, que tal vez pereceran en

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /49 /49 /49 /49 /49 medio de la perplejidad o de las apasionadas combinaciones del inters y del amor propio. Nuestra ilimitada confianza en la prudencia de V.M. no nos puede permitir el abrigar ni un instante ese temor horrendo; pero por ms que esperemos que ha de ser, cual corresponde, el progreso y trmino de este negocio, nos parece que cualquiera que con imparcialidad vea su arranque ha de disculpar nuestro susto, y que sinceramente se ha de interesar por nosotros despus de haber meditado lo que llevamos expuesto, y de ver por conclusin la suma liberalidad de todas nuestras pretensiones y de todas nuestras miras. Captulo tercero Se concluye resumiendo los medios de hacer este arreglo a su tiempo y por su orden No es decantada preocupacin sino muy real y muy notoria, la inmensa utilidad que todos los ramos de nuestra industria nacional han sacado de dedicar los negros al servicio de todas nuestras fincas rurales, y no de algunas como para ms apocarnos se quiso decir. Estn a la vista los portentosos productos de este servicio, y su prodigiosa influencia no tan slo en los progresos de esta Isla, sino en los del trfico y marina nacional. Lo es tambin que para las faenas campestres de este ardiente clima no se pueden encontrar hombres ms a propsito que los que son los negros. Lo est, por fin, que slo de sus madrigueras nos pudimos y podemos proveer con igual abundancia, prontitud y economa. Pero estas verdades, que hace treinta aos dieron tan victoriosa fuerza a las elocuentes plumas que en Francia, en Inglaterra y en todos los pases cultos protegan el hoy perseguido y detestado transporte de negros esclavos, no nos servirn a nosotros para defender nuestra causa. Sabemos que, en todos tiempos, las grandes y generales ventajas se han considerado en mucho por la que se llama poltica en el humano gobierno; pero sabemos tambin que en el de V.M., que slo respira justicia, slo se debe usar de las armas que ella da. Vuestra Majestad ha visto que sas han sido las nuestras en esta Representacin, y ni aun sospechar podr que lo hacemos con estudio si recuerda que de esas mismas us nuestro digno Diputado en los dos momentos de indeliberacin y sorpresa del 26 de marzo y siguiente 2 de abril. Sirvan, Seor, estas pruebas para inspirar la confianza que por tantos ttulos merecemos, para calmar el entusiasmo de los que nos consideran con la ceguedad o el apego del inters. Sirva los anticipados, aunque infructuosos clamores, que oficiosamente dbamos desde 1799 para empezar el arreglo de este delicado asunto. Y sobre todo sirva la consideracin poderosa de que no puede cegarnos el bajo inters de ganancia, mediando el de

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OBRAS 50\ 50\ 50\ 50\ 50\ nuestra seguridad, de tantos modos expuesta y comprometida en este triste negocio y en este momento crtico. Si nosotros no tuvisemos la imparcialidad y calma que puede tener el que ms, hubiramos empleado muchos pliegos en asquerosas pinturas del miserable estado de los negros en su suelo para hacer comparaciones con la esclavitud que aqu sufren, y deducir consecuencias que atacasen en su raz el exagerado precio de las medidas filantrpicas propuestas hasta el presente; pero tan lejos estuvimos de seguir ese camino que, aspirando, por el contrario, a dar un ejemplo puro de verdadera filantropa, hasta abandono hemos hecho de especies muy favorables que pasan por inconcusas en esas naciones cultas Tal es la de que, sin negros esclavos, no pudiera haber colonias. Nosotros, contra ese dictamen, decimos que sin esclavitud, y aun sin negros, pudo haber lo que por colonias se entiende, y que la diferencia habra estado en las mayores ganancias, o en los mayores progresos. Pero los que decimos esto decimos tambin, Seor, que lo que se principi y consolid de ese modo, no puede arrancarse de sus quicios con mucha facilidad, y menos con precipitacin. Pudo ser un mal en buena moral el transportar esclavos desde su pas a ste, y pudo ser un error en poltica el haber despreciado las razones del Gobernador de La Espaola, Ovando, cuando se resista a la introduccin de negros en estas regiones, y sobre todo el haber amontonado muchos al lado de pocos blancos. Pero hechos ya estos males, no confundamos las ideas ni las medidas que para evitarlos sealaban la justicia y la prudencia, con las que deben tomar cuando se hallan precisadas a entrar en otras consideraciones para la larga y prolija curacin de tan grave enfermedad. Acordmonos, Seor, de que el mayor, o al menos uno de los ms grandes protectores de los derechos humanos, ardentsimo enemigo de la esclavitud civil, nos dijo, en medio de los rayos que contra ella disparaba, “que de cualquier naturaleza que la esclavitud sea, es preciso que las leyes civiles procuren por una parte quitar los abusos, y por otra, los peligros”. ste es el resumen de todas nuestras pretensiones. Corrjanse los abusos, arrnquense sus races; pero sin desatender los peligros, ni provocar otros males de ms alta jerarqua. Creemos haber fundado los que en el modo, en el tiempo y la sustancia presentan las resoluciones propuestas a V.M. en las citadas sesiones de 26 de marzo y 2 de abril. Pedimos encarecidamente, y no dudamos conseguir, que se desechan por tanto. Mas no soamos siquiera que, de tan importante negocio, separe V.M. su activa consideracin. A ella, al contrario, lo recomendamos con el mayor empeo; pero que sea por el orden que sealen la prudencia y la razn moderada. Nosotros, con la franqueza que inspira a todo espaol la magnnima justificacin de V.M., hemos indicado ese orden; y con la docilidad que nos distingue estaremos a la voz de nuestro sabio Congreso. Por ahora nos parece que mientras el Gobierno espaol y su pueblo subsistan en su ac-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /51 /51 /51 /51 /51 tual estado de agitacin y zozobra, a nada bueno conducen las discusiones pblicas sobre asuntos de esta clase; y que ni secretamente debe tocarse el de negros hasta que la Constitucin haya sentado sus bases, que son, en nuestro concepto, completa organizacin de la Representacin nacional, lmites de su autoridad, lmites de la que el Poder Ejecutivo necesita para balancear aqulla, modo de hacer nuestras leyes con la detencin necesaria, leyes y facultades que se deben reservar al Gobierno provincial, forma de este Gobierno, nuevos derechos y ventajas del ciudadano espaol, especialmente en los puntos de comercio y adquisicin de extranjeros. Tambin hemos persuadido o procurado persuadir que los favores deseados y merecidos por los negros deben tomar otro arranque, y hacerse en orden inverso al propuesto; y en tal caso es ms preciso que aguardemos las preliminares declaraciones que la Constitucin debe hacer, y con especialidad las que tocan al Gobierno provincial, cuyo vigor es tan necesario para apagar cualquier movimiento como para evitarlo puede servir el aumento de su ilustracin e influencia. Pero —aun cuando nos engaemos y deba empezarse en el asunto de esclavos por donde se ha comenzado, que es por el punto de su nueva introduccin— creemos haber convencido que, ni aun este punto, puede decidirse antes de la Constitucin ni arreglarse en ella con olvido de las necesidades de nuestras haciendas y de las que tienen los siervos de su actual dotacin. Y como para este arreglo se necesita un examen, y deben tambin proceder las necesarias providencias para que —en lugar de ir a los destinos urbanos los negros que vengan de nuevo— salgan de ellos para el campo todos los esclavos y gentes de color posibles, tememos que para la poca en que la Constitucin se publique no han de poder evacuarse estos antecedentes; y por lo mismo insistimos en que, despus de ese da, o del momento feliz en que para todo lo justo y para todo lo bueno se hallen establecidos en Espaa los necesarios medios, sea para cuando se reserve, con los dems asuntos relativos a regeneracin interior, la importantsima obra de destruir en lo posible los graves inconvenientes y males de la esclavitud. V.M., sobre todo, har lo que ms convenga. Habana y julio 20 de 1811. Seor Casimiro de la Madrid Andrs de Zayas. Agustn de Ibarra Director de la Sociedad Patritica. El Conde de Santa Mara de Loreto Prior del Consulado. Francisco de Arango El Conde de Casa Montalvo El Conde de O’Reilly El Marqus de Crdenas de Monte Hermoso. El Conde de Casa Bayona Ciriaco de Arango Jos Maria Escobar Jos Mara de Xenes Luis Ignacio Caballero Joaqun de Herrera Luis Hidalgo Gato Francisco de Isla Dr. Toms Romay Rafael Gonzlez. Francisco Hernndez. Juan Jos de Iguarn Sndico Procurador General. Gonzalo de Herrera Jos Melchor Valds Jos Nicols Arrtez Peralta.

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OBRAS 52\ 52\ 52\ 52\ 52\Notas1Esta Representacin y los papeles que la ilustran se publicaron en 1814 en la Imprenta Repulls, Madrid, con el ttulo de Documentos de que hasta ahora se compone el expediente que principiaron las Cortes extraordinarias sobre el trfico y esclavitud de los negros.

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DOCUMENTOS ANEX DOCUMENTOS ANEX DOCUMENTOS ANEX DOCUMENTOS ANEX DOCUMENTOS ANEX OS A LA REPRESENT OS A LA REPRESENT OS A LA REPRESENT OS A LA REPRESENT OS A LA REPRESENT ACI"N ACI"N ACI"N ACI"N ACI"N DE 20 DE JULIO DE 1811 DE 20 DE JULIO DE 1811 DE 20 DE JULIO DE 1811 DE 20 DE JULIO DE 1811 DE 20 DE JULIO DE 1811NMERO 1Sobre la prohibicin de importar esclavos en los Estados Unidos de Amrica En el Acta Constitucional de los Estados Unidos, o sea, organizacin de su Gobierno Supremo, acordada en Convencin especial de Filadelfia a 17 de septiembre de 1787, a la Seccin IX del Artculo I que trata de los poderes del Congreso se lee el prrafo que, en idioma ingls, es del tenor siguiente: “The migration or importation of such persons as any of the States now existing shall think proper to admit, shall not be prohibited by the Congress prior to the year one thousand eight hundred and eight, but a tax or duty may be imposed on such importation, not exceeding ten dollars for each person.” Traducccin “No podr ser prohibida por el Congreso, antes del ao mil ochocientos ocho la migracin o introduccin de aquellas personas negras que cualquiera de los Estados, ahora existentes, tenga por conveniente admitir; pero podr imponerse sobre semejante importacin un derecho o contribucin que no exceda de diez pesos por cada persona.” Habana, 20 de julio de 1811. Por disposicin de la Junta de Instrucciones, Antonio del Valle Hernndez Secretario del Consulado.NMERO 2Artculo VII de la Constitucin del Estado de Kentucky En la Constitucin particular del Estado de Kentucky, acordada en 17 de agosto de 1799 por una Convencin especial, convocada en Frankfort, se lee el artculo sptimo que aparece traducido a continuacin.

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OBRAS 54\ 54\ 54\ 54\ 54\ Artculo VIII Relativo a esclavos Seccin 1 La Asamblea General no podr tener facultad de hacer leyes para la emancipacin de los esclavos sin el consentimiento de sus dueos, o sin pagar a sus dueos antes de semejante emancipacin un pleno equivalente en dinero por los esclavos as emancipados. No podr tener facultad para estorbar que los que emigren a este Estado traigan consigo cuantas personas sean consideradas como esclavos por las leyes de cualquiera de los Estados Unidos, mientras personas de igual edad y condicin puedan continuar en servidumbre por las leyes de este Estado. Podr hacer leyes para permitir a los dueos de esclavos que los emancipen sin perjuicio del derecho de sus acreedores, cuidando de que no sirvan de carga a ninguno de los distritos de esta Repblica. Podr tener plena facultad para estorbar que se introduzcan esclavos en este Estado como mercanca. Podr tener plena facultad de estorbar que sean trados esclavos algunos de pas extranjero, y de estorbar que sean trados a este Estado los que, desde el da primero de enero de 1789, hayan sido o puedan ser ulteriormente introducidos de pas extranjero en cualquiera de los Estados Unidos. Y podr tener plena facultad de hacer cuantas leyes sean necesarias para obligar a los dueos de esclavos a tratarlos con humanidad, a proveerlos de los vestidos y alimentos necesarios, a no maltratarlos con prdida de la vida o de miembro alguno, y en caso de que se abandonen, o se opongan al cumplimiento de las provisiones de semejantes leyes, disponer que semejantes esclavos se vendan en beneficio de sus dueos. Seccin 2 En todo procedimiento criminal contra esclavos no ser necesario que se tome conocimiento por un grand jury ; mas deber el procedimiento, en semejantes causas, ser prevenido por la ley; bien entendido, no obstante, que la Asamblea General no podr tener facultad de privarlos (a los esclavos) del privilegio de ser juzgados imparcialmente por un petty jury. Es traduccin Habana, 20 de julio de 1811. Antonio del Valle Hernndez .NMERO 3Informe de los Lores Comisarios del Consejo de S.M. Britnica sobre comercio y colonias extranjeras1Sala del Consejo en el Palacio de Whitehall, a 28 de marzo de 1789 Los Honorables Lores de la Comisin del Consejo nombrada para tomar

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /55 /55 /55 /55 /55 en consideracin todas las materias relativas al comercio y colonias extranjeras: Dicen que V.M. se sirvi mandar, por su orden en Consejo de 11 de febrero de 1788, que esta Comisin tomase en consideracin el estado actual del comercio de frica, especialmente en lo que dice relacin con la prctica y modo de comprar y conseguir esclavos en la costa de frica, y su introduccin y venta, sea en los establecimientos y colonias britnicas o en los establecimientos y colonias extranjeras de Amrica y de las Indias Occidentales, y asimismo en cuanto dice relacin con los efectos y consecuencias de este comercio, tanto en frica y las dichas colonias y establecimientos como en el comercio general de este Reino; y que la Comisin informase a V.M. en Consejo del resultado de sus indagaciones con las observaciones que sobre el todo le ocurriesen. La Comisin, en cumplimiento de dicha orden de V.M., procedi inmediatamente a investigar la mencionada materia, y examin las personas que voluntariamente se presentaron, o las que pareci conveniente convocar, como capaces, a juicio de la Comisin, de dar noticias tiles sobre ella. Se dirigi a la Diputacin de la Compaa de Comerciantes que trafica con frica, a los agentes o apoderados de las diferentes islas britnicas de las Indias Occidentales, a los Gobernadores de S.M. y Consejos y Asambleas de las mismas islas, a la Sociedad establecida para la propagacin del Evangelio en pases extranjeros, pidindoles respondiesen a cuantas cuestiones o preguntas parecieron oportunas para ilustrar las diversas partes de tan complicada materia. Juzg asimismo la Comisin conveniente pedir a los Ministros de V.M. en las Cortes extranjeras cuantas noticias pudiesen adquirir acerca del estado del comercio africano que hacen las naciones extranjeras, y del modo que usan para transportar los esclavos a sus colonias y del trato que all les dan. La Comisin mand tambin extractar de los registros de la extinguida Junta de Comercio cuantas noticias se pudiesen encontrar en ellos sobre la materia. Pidi asimismo, y obtuvo de los oficios pblicos y de otros parajes, las noticias que le parecieron propias a esclarecer cualquiera de los puntos de esta indagacin, y especialmente la extensin y valor de dicho comercio en todas sus diversas ramas, y sus efectos y consecuencias en el comercio general de este Reino. Ha estado ocupada la Comisin ms de un ao en recoger noticias sobre los diferentes puntos mencionados; y —como concibe que puede la intencin de V.M. inclinarse a mandar que este Informe se presente cuanto antes sea posible al Parlamento— ha credo oportuno, sin ms dilacin ni espera de noticias ms extensas, ordenar que las ya colectadas fuesen divididas lo mejor que posible fuese en el orden y con arreglo al plan siguiente:CAPTULO 1. Los testimonios que la Comisin ha obtenido sobre el presente estado de los parajes de frica de donde son extrados los esclavos,

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OBRAS 56\ 56\ 56\ 56\ 56\ considerando por separado cada pas de la costa desde el ro Senegal, descendiendo por el sur hasta el ltimo de los establecimientos europeos de dicha costa, con las noticias que se han podido obtener acerca de los pases interiores situados detrs de cada pas de la costa respectivamente, cuyo captulo se contrae a los puntos siguientes: 1 El gobierno de cada pas. 2 La religin. 3 Los usos y costumbres, etctera. 4 De qu modo los esclavos se hacen, o vienen a ser tales como, verbi gratia si lo son por nacimiento o por cautivos hechos en guerra, o robados, o si condenados a la esclavitud por crmenes, y por cules. 5 Si son trados a las costas de los pases, del interior de frica, y de cules. 6 El trato de los esclavos en el pas de donde son trados. 7 De qu modo los europeos compran esclavos, si con dinero o mercancas, y a qu precios, y si suelen obtenerlos por fraude u otro modo impropio, cualquiera que sea. 8 El aspecto y porte de los esclavos al tiempo y en los lugares de venta, o despus de vendidos. 9 Qu nmero de ellos son exportados de cada pas en la costa por las diferentes naciones de Europa, y la proporcin que guardan entre s los varones, las hembras y los nios o infantes. 10 De qu modo se dispone de los esclavos presentados a la venta, cuando no se compran. 11 Los productos de cada pas de frica donde se haga en la actualidad otro comercio cualquiera, la extensin de semejante comercio y las noticias que se hayan obtenido para acrecentar el comercio con frica en aquellos renglones de su produccin o para crear otros ramos nuevos de comercio en otros artculos de su produccin, siempre que se diese la necesaria proteccin para ello. A este captulo est agregado un extracto de los privilegios y estatutos que dieron la primera autoridad y proteccin al comercio de frica, y su continuacin hasta los tiempos presentes, y de los ms interesantes procedimientos de la Cmara de los Comunes con relacin a dicho comercio.CAPTULO 2. Los testimonios que se han obtenido acerca del modo de transportar los esclavos a las Indias Occidentales, con arreglo a los puntos siguientes: El porte o tonelada de los buques. El modo de armarlos y habilitarlos. Las provisiones que se ponen a bordo. Las medicinas. Los oficiales de cada buque, como capitn, cirujano, etctera.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /57 /57 /57 /57 /57 El nmero de esclavos que se acostumbra llevar por tonelada de los diversos pases de la costa de frica. El trato que en general se da a los esclavos a bordo, sea en estado de salud o de enfermedad. La mortalidad de esclavos y sus causas. La mortalidad de los marineros y sus causas. De qu modo son vendidos los esclavos que llegan a las Indias Occidentales.CAPTULO 3. El trato de los esclavos en las Indias Occidentales, y todas las circunstancias a ello relativas en la manera que se advierte en el papel acotado A en el Apndice, y aparece luego en aquella parte del Informe en donde se den los testimonios recibidos sobre este punto. A este captulo est agregado un extracto general de las leyes relativas a los negros esclavos en la mayor parte de las islas, y enseguida una razn menuda de aquellas leyes dichas que subsistiesen en cada isla, colocadas bajo sus diversos ttulos, dispuesta por Mr. Reeves, oficial jurisconsulto de la Comisin. Se encuentran tambin noticias sobre esta materia en las contestaciones que han dado algunos de los Gobernadores y Asambleas de las islas a las cuestiones que les fueron trasmitidas de orden de la Comisin.CAPTULO 4. Los estados que se pidieron para manifestar la extensin del comercio en todas sus ramas, y el nmero de los habitantes libres y esclavos en cada una de las islas de las Indias Occidentales, con arreglo al plan incluido en papel acotado B en el Apndice, hasta el grado que dichos Estados pudieron conseguirlo; como aparecer en aquella parte del Informe que los incluye.CAPTULO 5. Todas las noticias que se han obtenido acerca de las ventajas que se supone disfrutan actualmente las islas francesas de las Indias Occidentales sobre las britnicas, y las razones y circunstancias en que parecen se fundan estas superiores ventajas; todo con arreglo al plan incluido en el papel C del Apndice.CAPTULO 6. Todas las noticias que se han obtenido acerca de la extensin del comercio en las dems naciones de Europa con frica, y el modo con que se hace; acerca del trato de los esclavos en las islas o colonias extranjeras en Amrica y en las Indias Occidentales, y acerca del comercio de esclavos que se sigue entre las costas del norte, este y sur de frica, o en las partes interiores de aquel pas, en conexin con aqullas, sea por europeos o por las diferentes naciones de Asia y frica. Todas las noticias y materias colectadas por la Comisin han sido, pues, divididas por su orden bajo los captulos explicados por los Oficiales de la Junta de Comercio, y los testimonios verbales sobre cada captulo se han extendido cuanto ha sido posible con las mismas palabras que en ellos se usaron. Si pudiese interesar tener a la vista el todo de estos testimonios

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OBRAS 58\ 58\ 58\ 58\ 58\ exactamente como se recibieron ante la Comisin, est pronto una copia a la letra para producirla; mas la Comisin cree de su obligacin remitir a la consideracin de V.M. hasta qu punto convendr publicar todas las noticias recibidas acerca del estado presente de los castillos de frica, y asimismo todas las circunstancias relativas a la parte que los sbditos de V.M. tienen en el comercio extranjero en Amrica e Indias Occidentales. Quizs no sera prudente divulgar enteramente estas ltimas, por justas consideraciones al pblico y a los individuos interesados. Es traduccin Habana, 20 de julio de 1811.NMERO 4Artculo X del tratado de amistad y alianza entre S.M. Britnica y S.A.R. el Sr. Regente de Portugal, firmado en Ro Janeiro a 19 de febrero de 1810; copiado a la letra del Semanario Patritico del jueves 6 de diciembre de 1810, nmero 35 Estando S.A.R. el Prncipe Regente de Portugal plenamente convencido de lo injusta y antipoltica que es la trata de esclavos, y de los inconvenientes que resultan de la necesidad de introducir y renovar continuamente una poblacin extranjera y ficticia para sostener el trabajo de industria en sus dominios de Amrica Meridional, ha resuelto cooperar con S.M.B. en la causa de la humanidad y la justicia adoptando los medios ms eficaces de abolir gradualmente la trata de esclavos en todos sus dominios. Y movido por este principio, S.A.R. el Prncipe Regente de Portugal promete que no se permitir a sus vasallos hacer el comercio de esclavos en ninguna parte de la costa de frica, ni que actualmente pertenezca a los dominios de S.A.R. donde los estados y potencias de Europa que antes traficaban all hayan interrumpido y abandonado semejante trfico; reservando, empero, a sus vasallos el derecho de comprar y traficar en esclavos dentro de los dominios de la Corona de Portugal en frica. Pero se ha de entender claramente que las estipulaciones del presente artculo no se han de entender como contrarios o, de manera alguna, opuestas a los derechos de la Corona de Portugal, a los territorios de Cabinda y Molembo —derechos que se pusieron anteriormente en duda por el Gobierno de Francia— ni como dirigidos a limitar o restringir el comercio de Ajuda y otros puertos de frica —situados en la costa llamada comnmente, en lengua portuguesa, Costa de Mina— que pertenecen o estn reclamados por la Corona de Portugal, por estar resuelto S.A.R. el Prncipe Regente de Portugal a no ceder ni abandonar sus justas y legtimas pretensiones sobre esto, ni los derechos de sus sbditos, a comerciar en estos puntos en la misma manera que lo han hecho hasta ahora. El canje de las ratificaciones del

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /59 /59 /59 /59 /59 presente tratado se har en la ciudad de Londres, dentro del espacio de cuatro meses —o antes si fuere posible—, que se contarn desde el da de la firma. En testimonio de lo cual, nos, los abajo firmados, Plenipotenciarios de S.M.B. y de S.A.R. el Prncipe Regente de Portugal, en virtud de nuestros respectivos poderes hemos firmado de nuestra mano el presente tratado, y hemos mandado poner en l el sello de nuestras armas. Fechado en la ciudad de Ro Janeiro a los diecinueve das de febrero del ao del Seor de 1810. Strangford Linchares .NMERO 5Certificacin de la Secretara del Consulado de La Habana y Real Orden reservada de 22 de abril de 1804 sobre escasez de hembras esclavas y medios de propagar la especie negra Certificacin Certifico: Que en Junta abierta del Consulado, celebrada en 1 de agosto de 1795, a la que asistieron adems de sus vocales como cincuenta de los principales vecinos de esta ciudad, entre otros puntos relativos al trfico de esclavos y los medios de asegurar a nuestra agricultura su fcil y abundante introduccin, se trat tambin de los medios de aumentar su propagacin en la Isla; proponiendo el Sr. Oidor Sndico D. Francisco de Arango que, para animar la introduccin de hembras africanas se impusiese, a imitacin de los ingleses, un derecho de seis pesos por cada cabeza de negro varn, eximiendo de l a las hembras, y exhortando a los hacendados a introducir en sus haciendas hasta un tercio de ellas. Que en otra Junta, tambin abierta, habida a 12 del mismo mes, a la que asistieron, adems de sus vocales, dieciocho de los principales vecinos, tuvo mucha oposicin el pensamiento de un derecho a la introduccin de negros varones, y mucho ms la proposicin que se sustituy por el citado seor Sndico de imponer una capitacin proporcional sobre las haciendas que no tuviesen una tercera parte de hembras; inclinndose la pluralidad de votos a que no convena emplear para la propagacin de esclavos criollos medio alguno coercitivo, respecto a que haban provisto suficientemente nuestras leyes a la libertad que tienen los esclavos de casarse cuando les parece. Que en sesin de 19 de diciembre del prximo ao se nombr a los Seores D. Jos Ricardo O’Farrill y Dr. Don Antonio Morejn en calidad de Diputados para proponer los medios ms suaves y conducentes para obtener la propagacin de negros en el campo.

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OBRAS 60\ 60\ 60\ 60\ 60\ Que la mencionada Diputacin dio cuenta de su trabajo en 23 del propio mes, proponiendo tres medios. El primero que se impetrase del Soberano la gracia de que no adeudasen alcabala las ventas de los negros del campo.2El segundo que el amo de negro del campo casado con esclavo de otro, sea obligado a venderlo por tasacin, siempre que el dueo de la esclava lo quisiere comprar, contando tambin con la voluntad del negro, y entendindose con el amo del negro que no tena un tercio de hembras en su hacienda, y tambin cuando el amo del negro no le permite casarse. El tercero que la Junta Consular estuviese atenta a la propagacin de criollos en las haciendas, y recomendase al Rey a los vecinos que ms se distinguiesen en el buen establecimiento de hembras en sus haciendas, tanto por el nmero de matrimonios que tenga como por el mayor fruto que logre de ellos. Encontraron estas proposiciones igual oposicin que las dems, tanto por ser coactivas como por ser la segunda trascendental a otras resultas o consecuencias ajenas de las que son el objeto de la discusin. Que en vista de esta oposicin, la Junta se abstuvo de toda gestin sobre este negocio, hasta que lleg el caso de extender la Representacin de 10 de julio de 1799, la que no es necesario extractar aqu, pues va remitido ya su expediente al Representante de La Habana por separado. Pero s conviene recordar que sin duda, con vista de ellas, expidi el Consejo de Indias, contemporneamente con la Real Cdula de 22 abril de 1804 sobre comercio de negros, otra reservada de la misma fecha, cuya copia es anexa. Y a pedimento de la Junta de Instrucciones del Ayuntamiento de esta ciudad, doy la presente en La Habana, a veinte de julio de mil ochocientos once. Antonio del Valle Hernndez Secretario del Consulado. Real Orden reservada de 22 de abril de 1811 El Rey: Conviniendo a mi Real servicio, al bien de la Nacin y a la prosperidad de esos mis Dominios, proteger el cultivo de sus feraces tierras, he resuelto, por Cdula circular de esta fecha, se contine el libre comercio de negros bozales y se prorrogue su introduccin por doce aos, contados desde la publicacin de dicha mi Real Cdula para los espaoles, y por seis para los extranjeros, bajo las reglas que en ella se previenen; y asimismo, he venido en mandar que el Gobernador y Capitn General de la Isla de Cuba, y dems donde hubiere ingenios y haciendas trabajadas por negros, observen cuidadosa y escrupulosamente el cumplimiento de la Real Cdula de 28 de febrero de 1789 en cuanto a la humanidad con que deben ser tratados, cuidando el mismo Gobernador, y dems respectivos Jefes, de que en los ingenios y haciendas donde slo hay negros varones se pongan negras, limitando el permiso de la introduccin en tales establecimientos a slo esta clase de sexo, hasta que estn casados todos los que deseen este estado; haciendo entender a los hacendados que, sobre ser

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /61 /61 /61 /61 /61 sta una obligacin de justicia y de conciencia, les resultar la utilidad de aumentar el nmero de sus esclavos, y mejorar la clase de ellos sin el continuo expendio de caudales en la compra de bozales para reportar los que mueren; procedindose en el asunto con la prudencia que pide, sin publicar esta providencia, para evitar los inconvenientes que podran resultar si la entendiesen los negros, dndole lugar que intentasen exigir de pronto su cumplimiento. En consecuencia, mando a mis Virreyes y Presidentes de mis Reales Audiencias de Indias e Islas Filipinas guarden, cumplan y ejecuten, y hagan guardar, cumplir y ejecutar la expresada mi Real resolucin en todas sus partes, comunicndolo a los Gobernadores y dems personas a quienes corresponda. Fechada en Aranjuez, a veintids de abril de mil ochocientos cuatro. Yo el Rey. Por mandato del Rey nuestro Seor. Antonio Porcel Se hallan tres rbricas. Es copia.NMERO 6Sobre introduccin de negros bozales, y existencia y distribucin de la gente de color en la Isla de Cuba Introduccin de negros bozales Fue vivamente disputado desde el principio de la Conquista si convena reemplazar con esclavos africanos la prdida de los indios. Menciona la Historia que, inmediatamente despus de muerto Velzquez, por 1521 se permiti en la Isla de Cuba la introduccin de trescientos negros; pero esto sera en las partes orientales de ella, pues La Habana, a la sazn, estara apenas trasladada a las villas de esta baha desde el partido de Gines a la costa del sur, donde parece que primero se fund. Prevaleci en la Corte el sistema de la prohibicin absoluta, siempre que no fuese con Real licencia; y vista la serie de reglamentos que se sucedieron desde 1526 hasta 1580, y trataron hasta de tasar en Indias el precio de los esclavos —a cien ducados en esta Isla—, se conoce que no hubo provisin formal, ni lo permitira el estado de guerra en que sucesivamente nos hallamos con las naciones martimas, celosas de nuestras glorias; as que la principal introduccin hubo de ser clandestina. La primera contrata por doscientos ocho esclavos de que hay positiva memoria es la de Gaspar de Peralta, que en 1856 obtuvo permiso de expenderlos donde mejor le acomodase en Indias, excepto el Reino de Santa Fe, y contribuy al Rey con dos millones trescientos cincuenta mil maravedes, y que son seis mil quinientos ducados. Pedro Gmez Reynel, que ofreci proveer a razn de tres mil quinientas cabezas al ao, por espacio de nueve, compr en 1595 su privilegio en novecientos mil ducados;

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OBRAS 62\ 62\ 62\ 62\ 62\ y Antonio Rodrguez de Elvas, que provey en 1615 sobre el mismo pie, contribuy al Rey con ciento cinco mil ducados anuales. Por aqu se infiere cun mezquinas y escasas eran esas contratas para todas las Indias; mas, aun ellas cesaron en 1640 por la rebelin de Portugal, y sigui la provisin estancada por la Casa de Contratacin de Sevilla, y por cuenta del Rey, en todo el siglo XVII. Hasta que los franceses durante la Guerra de Sucesin comenzaron a despertar nuestra industria con sus especulaciones para permutar negros y efectos por tabaco, no hubo motivo ni estmulo para comprar esclavos. No era nuestra Isla pas de minas; y habiendo nacido la fortuna de La Habana por la circunstancia de ser un punto de arribada y reunin para el regreso de los buques de Tierra Firme y Veracruz a Europa, no tuvimos hasta entonces ms trfico que el de refrescar sus vveres y aguadas. En esta poca es, pues, cuando se principi en La Habana a desear y poder comprar negros. Ganaron los ingleses por la paz de Utrecht la contrata del asiento La primera Factora y los varios contratistas que sucesivamente se obligaron a proveer el estanco de Espaa, hubieron de repartir algunos negros; mas tuvo el cultivo de tabaco sus vicisitudes y convulsiones que hubieron de interrumpir la pblica tranquilidad. Sigui en 1740 la Compaa de La Habana con el cargo de la provisin de Espaa; apenas nacida sufri los contratiempos de la guerra que aquel mismo ao se nos declar por los ingleses, y concluy con la paz de Aquisgrn. Continu despus la Compaa su trfico de tabaco; pero ya desalentada por las enormes prdidas que haba padecido. Un historiador patricio, que escribi en 1761, asienta que la Compaa haba expendido cuatro mil novecientos ochenta y seis, entre grandes y chicos; y los ingleses durante su dominio, que no pas de un ao, trajeron bastantes. Por tanto, considerando nosotros que por aquel tiempo ya tena La Habana de sesenta a setenta ingenios de azcar, bien pequeos en comparacin de los de ahora, muchas estancias y vegas de tabaco, supondremos, por no parecer cortos, que habran entrado hasta la paz de 1763 en la jurisdiccin de La Habana, esclavos..................................... 25 000 En la parte Oriental de la Isla, si recordamos que fue la ms antigua, la ms favorecida al principio y mejor situada para el trfico clandestino, podemos inferir que, hasta la invasin de La Habana, sera mayor el nmero de esclavos introducidos all que en la capital. Nos lo indica tambin con evidencia la mucho mayor proporcin de libres de color que se observa en la parte oriental, por el documento anexo nmero 9; de modo que hasta aquella poca estimaremos su introduccin en............................................................................. 35 000 Es decir, en toda la Isla hasta 1763, cabezas.................................. 60 000 Suma al frente 60 000

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /63 /63 /63 /63 /63 Suma del frente.... 60 000 Desde entonces tenemos, por lo que respecta a La Habana, las siguientes noticias: la Compaa, cuyas agonizantes reliquias subsisten hasta nuestros das, introdujo en los subsecuentes tres aos, segn puntual noticia que tenemos a la vista, cuatro mil novecientos cincuenta y siete. La contrata del Marqus de Casa Enrile en seis aos, desde 1773 hasta 1779, import catorce mil ciento treinta y dos. La guerra interrumpi de nuevo el negocio; mas, restituida la paz en 1783, convino la escasa y mal combinada contrata de Baker y Dawson, desde 1786 hasta 1789, cabezas: cinco mil setecientos ochenta y seis. Siguise luego el libre comercio de negros establecido por la Real Cdula de este ao, y prorrogado hasta ahora, han entrado por el hasta finales de 1810, cabezas, ciento diez mil ciento treinta y seis. Son en La Habana desde 1763 hasta 1810.............................................................................................................. 135 011 En la parte Oriental, si consideramos que su primitiva fortuna fue declinando al paso que fue creciendo la de La Habana; si nos hacemos cargo de la poca extensin de su cultivo en frutos de su extraccin, que, contando con Cuba, Bayamo y Trinidad, nicos pueblos que hacen algn azcar, apenas forman la octava parte de la cosecha de la capital, ser estimar all hoy alta la introduccin, considerarla en una cuarta parte de la nuestra, es decir, en........... 34 000 Son, pues, los esclavos introducidos en toda la Isla..................... 229 011 Existencia y distribucin de la gente de color Se ver en el documento anexo nmero 9 ya citado el estado general aproximado de la total poblacin de la Isla, y los fundamentos en que descansa; mas nuestro objeto ser aqu distinguir entre las gentes de color, libres y esclavas, cul es la porcin que vive en los pueblos y cul en los campos. En los pueblos En la parte Occidental, o sea de La Habana, ya sabemos que en la capital son veintisiete mil los libres de color y veintiocho mil los esclavos: en total...................................................................................... 55 000 Los siete pueblos de Ayuntamiento, y los que no lo tienen, podrn contener en igual proporcin, es decir, por mitad.................... 18 000 Suma a la vuelta... 73 000

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OBRAS 64\ 64\ 64\ 64\ 64\ Suma de la vuelta... 73 000 Habr, pues, personas de color que habiten los pueblos de la jurisdiccin de La Habana, treinta y seis mil libres y treinta y siete esclavos......................................................................................................... 73 000 En la parte Oriental habr en sus nueve poblaciones de Ayuntamientos y dems treinta y seis mil libres y treinta y dos mil esclavos, o sea,.............................................................................................. 68 000 Son, en todos los pueblos de la Isla, setenta y dos mil libres y sesenta y nueve mil esclavos.................................................................... 141 000 En los campos En la jurisdiccin de La Habana, los libres de color y esclavos que ocupan el campo no pasarn de ciento diecisis mil, a saber: seis mil libres y ciento diez mil esclavos, o sea,................................... 116 000 En la parte Oriental, consideramos sesenta y nueve mil, a saber treinta y seis mil libres y treinta y tres mil esclavos, que son ................................................................................................................ 69 000 Son en todos los campos de la Isla cuarenta y dos mil libres de color, ciento cuarenta y tres mil esclavos, o sea, una existencia total de......................................................................................................... 185 000 En los pueblos................................................. ......... ..... 141 000 En los campos................................................................. 185 000 326 000 Resultado Si de los trescientos veintisis mil habitantes de color existentes en la Isla (ciento catorce mil libres y doscientos doce mil esclavos), se deducen los doscientos veintinueve mil negros esclavos introducidos, resulta un aumento efectivo de noventa y siete mil habitantes en la gente de color. ¡Qu otra nacin o cuerpo de sociedad puede dar al mundo tan buena cuenta de este desgraciado trfico! Habana, 20 de julio de 1811. Antonio del Valle Hernndez

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /65 /65 /65 /65 /65NMERO 7Certificacin de La Secretara del Consulado que acredita la escasez de brazos en las haciendas, especialmente en los ingenios Certifico: Que habindose propuesto la Junta Consular a principios de 1807 acudir al Soberano en solicitud del favor y proteccin que pudiesen ser capaces de precaver la excesiva decadencia que a la sazn senta el interesante cultivo del azcar en esta Isla, supuesto que no residan en este Gobierno facultades suficientes para ello, trat de calificar ante el propio Gobierno, con testimonios intachables, esta misma decadencia de los ingenios, que si bien aqu era de pblica notoriedad poda sin esta precaucin considerarse en la Corte como clamores apasionados del inters privado. Que a consecuencia se pas con fecha 16 de marzo de 1807 oficio al Seor Marqus de Someruelos, en que le suplic el Consulado se sirviese consultar el voto de cuatro o ms individuos de su confianza que no fuesen dueos de ingenios, y que por su carcter, graduacin y conocimiento del pas fuesen intachables para que stos declarasen, entre otras cosas, si era cierto que los amos de ingenios no compraban esclavos ya haba mucho tiempo, por absoluta imposibilidad, nacida del abatimiento del fruto al mismo tiempo que haba subido el precio de los esclavos. Que recay la eleccin del Sr. Gobernador en las personas de los seores D. Jos Fuertes, Administrador de Correos, D. Pedro Gamn, Administrador de Tabacos, y Oidores D. Diego Jos Sedano y D. Jacinto Castellanos, cuyas memorias y demostraciones escritas en satisfaccin al Gobierno y remitidas por ste al Consulado en 15 de julio siguiente atestaron, entre otros comprobantes, el citado hecho como indubitable. Asimismo certifico: Que habiendo el Consulado por s consultado a varios hacendados, amos de ingenios y comerciantes consignatarios de esclavos sobre la certeza del propio hecho, contestaron los seores Marqus de Villalta y el Sr. D. Jos Ricardo O’Farrill, con fecha 20 y 26 de marzo, que, visto por un lado el incremento que hay en todos los costos de un ingenio, y por otro el abatimiento del fruto, vienen a ser estas fincas una carga insoportable, en cuyo estado a nadie tena cuenta por ahora darles mayor fomento. Contest el Sr. Marqus de Casa Pealver, con fecha 18 de marzo, que, aunque en dos aos haba perdido sesenta negros en sus tres ingenios, no haba querido reemplazarlos porque estas fincas no rendan utilidad; lo que ha hecho presente pblicamente, ofreciendo por el peridico vender dichas fincas con una rebaja de veinticinco por ciento en su tasacin; y el Seor Marqus de Crdenas de Monte Hermoso, con fecha 31 del mismo mes, que, aunque tena cuatro ingenios, que antes le daban cinco mil cajas de azcar y estaban entonces en notable decadencia, no haba comprado en

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OBRAS 66\ 66\ 66\ 66\ 66\ los ltimos cinco aos ms que diez negros en pago de un crdito; siendo as que necesitaba doscientos cincuenta ms para mantener dichas fincas en un estado regular de cultivo. Que los comerciantes consignatarios de negros consultados contestaron como sigue: la Casa de Poey y Fernndez, que la porcin de negros que por sus manos han comprado los azucareros en los ltimos cinco aos no pasa de una sexta parte de los que puso en venta. Don Joaqun Prez de Urra, que de cuatro mil setecientas ochenta cabezas de esclavos que recibi de 1802 a 1805, slo compraron los azucareros mil cuatrocientas setenta y una, incluidas muchas que iban destinadas para los operarios de sus fincas; y D. Pedro Juan de Erice, que de tres mil veintinueve cabezas que recibi de 1791 a 1793, las vendi casi todas a amos de ingenios a precios que no subieron de doscientos cincuenta pesos; cuando de mil setecientas cincuenta y cuatro cabezas que le vinieron en los aos de 1802 a 1803, vendi solamente la menor porcin a los amos de ingenios a los precios de trescientos pesos hasta trescientos cincuenta. Y a pedimento de la Junta de Instrucciones del Ayuntamiento de esta ciudad, doy la presente en La Habana, a 20 de julio de 1811. Antonio del Valle Hernndez Secretario del Consulado.NMERO 8Relacin de los libertos a los esclavos en algunos pases extranjeros y en la Isla de Cuba Pases extranjeros Norte de Amrica. Por el estado letra A adjunto, contrado a los Estados Unidos del Norte de Amrica, estn las personas libres de color con los esclavos en raznde.....................................................................1a 12,50 Islas francesas. Por el estado letra B contrado a las islas francesas de esta Amrica, estn en razn de...1a 33,00 Islas inglesas. Por el estado letra C contrado a las islas britnicas de esta Amrica, estn en razn de ..................................................................................1a 65,00 Isla de Cuba Por el estado letra D contrado a esta Isla, estn en razn de .........................................................................1a 1,86 Habana, 20 de julio de 1813. Antonio del Valle Hernndez

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /67 /67 /67 /67 /67 Estado A Estado del acrecentamiento y disminucin respectivos de esclavos que en los diferentes Estados de la Unin Americana hubo durante los diez aos que mediaron entre los censos generales de 1790 y 1800, con distincin de los Estados que temprano abolieron la introduccin de esclavos y de los que continuaron con noticia de los libertos existentes en 1800. Extractado del Manual estadstico de Samuel Blodget, impreso en Washington en 1806, pgina 79. En 1800, la proporcin de libertos a esclavos es de 1 a 12,50 aproximadamente.* Habana, 20 de julio de 1811. Antonio del Valle Hernndez Estados Nueva Hampshire... Vermont..................... Maine.......................... Massachusetts.......... Rhode Island............ Connecticut............... Pennsylvania............. Delaware.................... Totales........ Nueva Jersey............ Nueva York............... Maryland................... Virginia...................... Kentucky.................... Carolina del Norte.. Carolina del Sur....... Georgia....................... Resto de los Estados Unidos........ Totales......... 1790 158 16 948 2 764 3 737 8 887 l6 510 11 423 21 234 103 036 292 627 12 430 100 572 107 09 29 264 3 417 681 097 Esclavos 1800 8 383 951 1 736 6 153 9 231 12 423 15 602 100 393 345 796 40 843 133 296 146 151 59 699 14 022 868 225 Acrecieron 1 000 53 169 28 413 32 724 39 057 30 435 10 605 8 275 Libertos 1800 855 557 818 6 552 3 304 5 300 14 564 8 268 40 218 4 402 10 347 19 987 20 507 741 7 043 3 185 1 919 980 69 111 Menguaron 150 16 565 1 813 2 001 2 734 7 279 5 632 2 643 8 275 *La relacin de 1 a 12,50, determinada por el Sr. Valle Hernndez, corresponde a los sesenta y nueve mil ciento once libertos y ochocientos sesenta y ocho mil doscientos veinticinco esclavos del grupo de Estados que no se apresuraron a abolir la introduccin de negros; pero la que existe entre los ciento nueve mil trescientos veintinueve libertos y ochocientos setenta y siete mil cuatrocientos cincuenta y seis esclavos que haba en todos los Estados en 1800 es de 1 a 8,02. ( Manuel Villanova )

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OBRAS 68\ 68\ 68\ 68\ 68\ Estado B Estado del nmero de blancos, libres de color y esclavos que contenan las islas francesas, extractado de la obra de Necker, sobre la Real Hacienda de Francia, al captulo 13. Libres Colonias pocas Blancos de color Esclavos Santo Domingo......................... 1779 32 650 7 055 249 008 Martinica................................... 1776 11 619 2 892 71 268 Guadalupe.................................. 1779 13 261 1 382 85 327 Cayena........................................ 1780 1 358 10 539 Santa Luca................................ 1776 2 397 1 050 10 752 Isla de Francia.......................... 1776 6 386 1 199 25 154 Isla de Borbn........................... 1776 6 340 26 175 Totales............... 74 011 13 578 478 313 La proporcin de los libres de color a los esclavos es de 1 a 33.* Habana, 20 de julio de 1811. Antonio del Valle Hernndez Estado C Estado del nmero de blancos, libertos y esclavos que contenan las islas britnicas de las Indias Occidentales, recopilado por orden del Consejo britnico de los informes de los respectivos gobernadores y agentes de dichas islas por Mr. Chalmers, al nmero 15 del captulo 4 del Informe sobre el trfico de negros impreso en 1789. Islas pocas Blancos Libertos Esclavos Jamaica....................................... 1787 23 000 4 093 256 000 Antigua....................................... 1774 2 590 37 808 Monserrate................................ 1774 1 300 10 000 Nevis........................................... 1774 1 000 10 000 San Cristbal............................. 1774 1 900 23 462 Vrgenes..................................... 1774 1 200 9 000 Barbada...................................... 1786 16 167 838 62 115 Granada...................................... 1785 996 1 115 23 926 San Vicente................................ 1787 1 450 1 138 11 853 Dominica..................................... 1788 1 236 445 14 967 Bahamas..................................... 1773 2 052 77 2 241 Bermudas................................... 1783 5 462 4 919 Totales............ 58 353 7 706 461 684 La proporcin de libertos a esclavos es de 1 a 65.** Habana, 20 de julio de 1811. Antonio del Valle Hernndez. *Con error menor en la aproximacin, resulta de 1 a 35,23. ( Manuel Villanova) **La suma de los esclavos sera cuatrocientos sesenta y seis mil doscientos noventa y uno, suponiendo que los datos no estuviesen equivocados, y en este caso la relacin de los

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /69 /69 /69 /69 /69 Estado D Razn geomtrica que en la Isla de Cuba guardan los libres de color con los esclavos. Libertos Esclavos Por las demostraciones contenidas en el documento anexo nmero 9, agregada a esta Representacin y contrada a poblacin, se deduce que en la capital estn los libres de color con los esclavos en razn de................................................................. 1a 1,08 Que donde estn ms favorablemente situados, que es en Bayamo, son los libres de color ms numerosos que los blancos o los esclavos, guardando con los primeros la razn de 143 a 100, y con los segundos la de ..........................................................126a100 Por ltimo, que considerada la poblacin total de la Isla estn probablemente en razn de 19 a 35 1/3, o sea,............................................................................ 1a 1,86 Solamente en los partidos de grandes labradores del distrito de La Habana, donde hay grandes negradas, los libres de color se hallan en muy corta proporcin. Esto es local y no altera las antecedentes proporciones. Habana, 20 de julio de 1811. Antonio del Valle Hernndez .NMERO 9Sobre la poblacin de la Isla de Cuba En las consideraciones estadsticas que sobre nuestra poblacin ocurren, la atencin del estadista no tanto debe dirigirse al mrito positivo de los nmeros de vecinos o habitantes, como al relativo que con la clase de blancos guardan las gentes de color, libres y esclavos, que constituyen el cuerpo de nuestra plebe, y al progreso que en su multiplicacin tenga cada una de las tres clases de blancos, libres de color y esclavos, a fin de tomar con respecto a ellas las precauciones de seguridad y justicia que el caso requiera. Ya se ha dicho que no tenemos hasta ahora un censo completo y exacto de la Isla, ni bastante moderno para darnos a conocer el estado presente de ella. El nico censo general que existe es el que en 1791 mand formar libertos a los esclavos sera de 1 a 60; pero si la relacin ha de ser de 1 a 65, como asegura Valle Hernndez, la suma de los esclavos se elevar a quinientos mil ochocientos noventa. ( Manuel Villanova )

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OBRAS 70\ 70\ 70\ 70\ 70\ el Sr. D. Luis de las Casas;3 pero tenemos a la vista varios padrones parciales y posteriores que se hicieron por disposicin del actual Gobernador Capitn General, cuyo mando en lo militar abraza toda la Isla, y nos darn al menos algunos puntos de comparacin en el espacio de veinte aos corridos desde 1779 hasta el presente. En lo poltico hay dos gobiernos principales. El mismo Capitn General es el Gobernador de La Habana, y su jurisdiccin poltica llega hasta Puerto Prncipe, donde nombra un Teniente Gobernador, otro en Trinidad y otro en Nueva Filipina; por cuya razn la jurisdiccin territorial, que se ha reservado el Capitn General como Corregidor, comprende, a ms de la capital, siete pueblos de Ayuntamiento, a saber: Matanzas, Jaruco, San Felipe y Santiago, o sea, Bejucal, y Santa Mara del Rosario con ttulo de ciudades; y Guanabacoa, Santiago de las Vegas y San Antonio de los Baos, con el de villas, que todas tienen una jurisdiccin territorial determinada y administran la justicia ordinaria por sus alcaldes, como los dems de la Isla, con apelacin a la Audiencia del distrito. Hay adems en los campos una porcin de lugares, algunos tan crecidos como las villas, y son Gines y Guanajay; y toda la extensin del campo que est fuera de las jurisdicciones de los Ayuntamientos los gobierna el Capitn General por medio de jueces pedneos repartidos en cortos distritos, en nmero como de sesenta. Cada Teniente Gobernador nombra tambin sus Capitanes a Guerra subalternos en su territorio. El de Puerto Prncipe slo tiene la villa de este nombre con Ayuntamiento. El distrito de Trinidad, que titulan de las Cuatro Villas, o Lugares, porque tiene tal nmero de pueblos de Ayuntamiento, cuenta la ciudad de Trinidad y las villas de Sancti Spritus, Villaclara y San Juan de los Remedios. El Teniente Gobernador de Filipina tiene bajo su mando varias aldeas, y reside por ahora en la de Pinar del Ro. El Gobernador de Cuba comprende en su jurisdiccin cuatro pueblos de Ayuntamiento, que son las ciudades de Santiago de Cuba, Baracoa, Holgun y la villa de Bayamo; y en todos deba nombrar sus Tenientes Gobernadores, aunque, por una rareza que no sabemos explicar, le toca al Gobernador Capitn General el nombramiento de esta ltima poblacin. En lo eclesistico, Santiago de Cuba es la residencia del Arzobispo, cuya jurisdiccin incluye toda la parte Oriental desde la punta de Mais hasta Puerto Prncipe, con veintids parroquias; y el Obispado de La Habana abraza toda la parte Occidental desde las Cuatro Villas hasta el cabo de San Antonio, con cuarenta parroquias —en total sesenta y dos—, las cuales se fundaron hace mucho tiempo, cuando la ganadera era la sola industria de sus habitantes, y por consecuencia necesitan de nuevas subdivisiones con arreglo a las nuevas necesidades de las poblaciones, de la industria y del cultivo. Sin duda alguna deba y poda el brazo eclesistico ayudar al civil en el cuidado de hacer un censo; pero se nos dice que, con motivo de haberse

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /71 /71 /71 /71 /71 mandado a Espaa ciertas noticias de poblacin sobre este Obispado por mano de D. Bernardo O’Gavan, no se quedaron aqu copias de ellas; y si bien ahora se han pedido iguales informes al Arzobispo de Cuba, ello es que no las tenemos a la vista, y quiere la desgracia que no podamos sacar en limpio sino ciertos resultados parciales que, sin embargo, podrn en alguna manera llenar nuestras miras. Para presentarlos con claridad ser preciso distinguir en la Isla cuatro distritos principales: 1 La jusrisdiccin de La Habana, que comprende con treinta y dos parroquias, la capital, los siete pueblos de Ayuntamiento que hemos mencionado y otros lugares que abraza todo el territorio, desde el cabo de San Antonio al este hasta lvarez y La Habana. 2 La jurisdiccin de las Cuatro Villas mencionadas, con ocho parroquias, que contina hacia e1 este, formando con ella el Obispado de La Habana. 3 La de Puerto Prncipe, con siete parroquias, y pende del Arzobispado de Cuba. 4 La de Cuba, que comprende quince parroquias, con cuatro pueblos principales de Ayuntamiento, y concluye en la punta de Mais. No es nuestra intencin acumular estados ni otros documentos, porque la materia por s es rida y fastidiosa si de un golpe de vista no se presenta la sustancia que de ellos se puede exprimir en satisfaccin a los dos problemas que hemos anunciado al principio de esta nota; a saber: primero qu proporcin guardan ahora entre s las tres clases de blancos, libres de color y esclavos en los principales puntos de la Isla; segundo qu proporcin guarda cada una de dichas tres clases en el progreso de su aumento o multiplicacin; y cul sea el aumento de las tres en un tiempo dado. Punto primero Sobre saber cul sea la razn proporcional que guardan entre s las tres clases de blancos, libres de color y esclavos, diremos que no es ni puede ser uniforme en los diversos puntos de la Provincia, ni en diversos tiempos. Ella vara segn el grado y la especie de industria a que se aplica el vecindario, es decir, que no es la misma, verbi gratia en los distritos de ganadera que en los de cultivos; es diferente en los pueblos interiores, que en los puertos de mar; diversa en los partidos de grandes labranzas que en los de pequeas y divididas propiedades. Comenzaremos este examen por el principal distrito de la Isla, es decir, el de la capital. Desgraciadamente no tenemos sobre los campos de ella las noticias requeridas, y slo podremos presentar el padrn que de La Habana y sus arrabales acaba de hacerse en noviembre ltimo por este Ayuntamiento, anexo con la letra A Y contrayndonos al tema del presen-

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OBRAS 72\ 72\ 72\ 72\ 72\ te punto notaremos, por el estado letra B que la proporcin de blancos con las gentes de color libres y esclavos, expresada en partes centesimales, es como 43 es a 27 y a 30; excediendo por consecuencia las dos clases inferiores en 7 centsimos a la primera.4 Ahora veinte aos apareca la capital en la relacin de cincuenta y tres, veintids y veinticinco por ciento, no sucede esto porque hayan disminuido los blancos, sino porque es mayor que entonces el nmero relativo de esclavos y libres de color, como que estas dos clases entonces componan 47 centsimos del todo, y hoy son 57 centsimos. En las villas de esta jurisdiccin es muy diferente esta razn proporcional: es de 60, 10 y 30; y es casi la misma en los partidos inmediatos a ellas, o los que enteramente estn ocupados de pequeas labranzas. Es decir, que all las dos clases de gentes de color (libres y esclavos) juntas no pasan de los dos quintos del total. En los partidos de grandes labranzas que contienen las haciendas dotadas de numerosas negradas, suele la proporcin variar desde 36, 6 y 58 hasta 30, 3 y 67; es decir, que all hay pocos libres de color, y que llegan los esclavos a formar dos tercios del total. Mas en los de Vuelta Abajo, donde abundan las vegas de tabaco de ms crdito, es aun respectivamente mayor el nmero de blancos, a saber: 62, 23 y 14; o en otros trminos, que hay pocos medios de adquirir esclavos. Pero es todava mayor en los partidos de ganadera de Vuelta Arriba, donde llega a 66, 20 y 14. En 1791, de ciento treinta y siete mil ochocientas una almas que se daban a la jurisdiccin de La Habana, tenida consideracin a las tres clases, era la proporcin de blancos, libres de color y esclavos la siguiente: 53, 21 y 29;5 es decir, que las dos ltimas clases eran menores que la primera en 3 centsimos; mas, desde aquella poca, han arribado aqu cien mil esclavos bozales de frica, y seguramente habr mudado la proporcin en una razn que, segn nuestros clculos aproximativos, se acerca por trmino medio de toda ella a 46, 12 y 42. En la jurisdiccin inmediata de las Cuatro Villas nos faltan tambin recientes padrones; pero los tenemos de 1791 y 1801, y hallamos que en dicho tiempo, y en Trinidad, donde hay ms cultivo, ha disminuido la relativa proporcin de blancos, porque ha aumentado la de esclavos; que en Villaclara han prosperado ms los libres de color; y que en Sancti Spritus y San Juan de los Remedios van progresando ms los blancos; bien que conocidamente ha sido en el primero de stos, por sus adelantos en el ganado, que ha tenido mucha estimacin, y en el segundo, por el comercio clandestino con las islas Bahamas. De las jurisdicciones contiguas, es decir, Puerto Prncipe y Cuba, tenemos padrones comparativos recientes, y de los dos decenios anteriores.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /73 /73 /73 /73 /73 Aparece por ellos que el distrito de Puerto Prncipe, que slo tiene una villa por cabeza y se ocupa exclusivamente del ganado, se ha mantenido casi estacionaria la razn proporcional de sus tres clases, si bien ha aumentado asombrosamente la propagacin de todas, como lo veremos en el siguientes captulo; su ltima razn proporcional es la de 52, 14 y 33 En la provincia de Cuba notamos grandes diferencias en sus cuatro pueblos. En la ciudad de Santiago de Cuba, que cuenta cincuenta ingenios y ciento cincuenta cafetales, se ha aumentado mucho el nmero de esclavos en estos veinte aos, de manera que se ha mudado la proporcin relativa de 40, 33 y 27 a 38, 25 y 37. En Baracoa, a beneficio del propio impulso en caf, se advierten progresos singulares. Holgun ofrece el cuadro ms respetable de aquella jurisdiccin, en orden a blancos. Siempre tuvo corta proporcin de gente de color, y se mantiene en ella, pues ahora es como sigue: 28, 13 y 59. Por la inversa, es notable Bayamo por la enorme proporcin de libres de color, los cuales exceden en su nmero a blancos y a esclavos —30, 44 y 26 es la presente proporcin—, lo que se podra atribuir a que se provey clandestinamente de esclavos muy temprano desde Jamaica, su vecina. Por ltimo, balancea la proporcin total de aquella provincia por los nmeros actuales de sus clases, es como sigue: 37, 35 y 28; siendo notable que se ha mantenido casi igual en estos veinte aos. Recopilando ahora la poblacin total de la Isla, cual nos consta por el censo de 1791, era su razn proporcional de 50, 21 y 29; pero como quiera que ha sido libre en este medio tiempo la introduccin de esclavos, hay fundada razn para creer que dicha proporcin no pasara ahora de 45, 20 y 35. Punto segundo Antes de pasar al segundo problema que hemos mencionado acerca de la proporcin que cada una de las tres clases de blancos, libres de color y esclavos guarda en el progreso de su particular propagacin, y cul sea el aumento comn de las tres en un tiempo dado, es preciso anticipar algunas reflexiones importantes. Ya se sabe y fcilmente se comprende que la propagacin de los blancos est en directa razn de la felicidad y proteccin que reciben de sus leyes, sin lo cual no se favorecen los matrimonios. Los blancos campestres multiplican sin duda alguna ms que los urbanos; pero la gente libre de color, que lo pasa todava con menos lujo y menos necesidades, es la que en todo evento se propaga asombrosamente, como se va a demostrar. Por lo que respecta a la reproduccin de los esclavos, no es extrao que —coartada su introduccin por la poltica, por la religin, y aun por la naturaleza del trfico, que nunca trae arriba de un tercio, y a veces mucho menos, de hembras —nada sepamos de los medios de favorecer su multiplicacin.

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OBRAS 74\ 74\ 74\ 74\ 74\ Por los dos censos de La Habana y sus arrabales que tenemos con diferencia en tiempo de veinte aos, si calculamos los aumentos de cada clase por s, hallamos que en ella los blancos se han acrecentado en setenta y tres por ciento, los libres de color en ciento setenta y uno, y los esclavos en ciento sesenta y seis por ciento; siendo el crecimiento de las tres clases juntas, en el propio tiempo, de ciento diecisiete por ciento, como se ve por el extracto anexo bajo la letra B No ser menos curioso el extracto comparativo de la mitad de este tiempo, es decir, slo diez aos, relativa al barrio extramuros de Guadalupe, o La Salud, que es adjunto bajo la letra C Por l se ve que el nmero de los blancos creci en doscientos cincuenta y uno por ciento; la gente libre de color en doscientos noventa y cinco por ciento y los esclavos en trescientos diez por ciento. El crecimiento total de todas las clases ha sido de doscientos setenta y ocho por ciento. Si pasamos a la parte Oriental de la Isla, hallaremos con asombro iguales observaciones. Veremos por el estado D que en veinte aos crecieron en Baracoa los blancos en ciento sesenta y cinco por ciento; en Holgun en ciento siete por ciento y en Bayamo en ciento veinte por ciento. Con admiracin notamos que los libres de color disminuyeron en Cuba y Baracoa, sin atrevernos a asignar causa alguna; que al contrario, en Holgun y Bayamo crecieron en la asombrosa proporcin de trescientos cincuenta y tres por ciento en el primero de estos pueblos, y del ciento veintiocho por ciento en el segundo; que los esclavos se aumentaron mucho en estos cuatro pueblos, pero especialmente en Bayamo y Holgun; y que el aumento general fue mayor en estos ltimos que en Cuba y Baracoa. Circunstancias particulares, locales o accidentales, pueden haber contribuido a estas variaciones, como son, el atractivo del comercio y del cultivo en los puertos de mar y sus inmediaciones. El odio que tienen los libres de color a la agricultura, o quizs la poca proteccin que en ella encuentra todo el que la emprende sin caudal ni mayores proporciones, y sobre todo el estmulo que ofrecen las ciudades a sus vicios, o a su aplicacin preferente a las artes mecnicas, son causas que explican en gran parte su asombrosa propagacin. Confesemos que a ella tambin contribuye ms que todo la benignidad del clima, que exime a nuestra plebe de las muchas miserias y calamidades que afligen al pobre, e impiden su propagacin en los climas fros. En confirmacin de esta verdad, traeremos ahora bajo la letra E el propio clculo para el distrito de Puerto Prncipe, que no ha padecido ninguna sensible alteracin favorable ni adversa que pudiese acelerar o menguar su industria y costumbres. All se ve que en los ltimos veinte aos aumentaron los blancos en setenta y cinco por ciento, los libres de color en ciento treinta y uno, los esclavos en sesenta y uno por ciento y las tres clases juntas en ochenta y nueve por ciento. En cuanto a la relacin que guarda la poblacin con el rea de la Isla, no tiene ms que dos caracteres generales. Hasta la Guerra de Sucesin se

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /75 /75 /75 /75 /75 mantuvo la poblacin de esta Isla puramente pastora; y entonces es cuando en el espacio de sesenta aos, hasta la rendicin de los ingleses, La Habana foment los pequeos ingenios sitios estancias y vegas de tabaco que los vencedores encontraron en ella. La primera divisin de parroquias se hizo con consideracin a aquel estado primitivo; y cuando vino el cultivo a cautivar las tierras, ahuyentando a la ganadera, en la parte poblada que escasamente compondr alrededor de los grandes pueblos de la Isla un quinceavo de su rea, sucedi que se poblaron grandemente las parroquias ocupadas en labranzas y quedaron, casi tan despobladas como antes, las dedicadas a la crianza. Entre estas ltimas hay muchas en la Isla, como Consolacin, Macuriges y Hanbana, y otras que ignoramos en la parte Oriental, tan extensas como algunas provincias de Espaa, que no cuentan diez almas por legua cuadrada. Ya se sabe que la superficie total de la Isla es de 6 764 leguas planas del pas, de a cinco mil varas, o sea, 906 458 caballeras.6 En el pao poblado de La Habana, desde Matanzas hasta Baha Honda, que regulamos en 400 leguas planas y trescientas mil almas por las razones que vamos a ver a continuacin, corresponden estos datos a setecientas cincuenta personas por legua, que es la poblacin que designaba Necker en l784 a las provincias menos populosas de Francia, como eran Orleans, Berry, Poitou, Limosin, Champaa, Borgoa, Roselln y el Delfinado. Rstanos dar razn de nuestras conjeturas sobre los nmeros totales a que asciende hoy la poblacin total de toda la Isla, y en sus principales distritos; pues hemos confesado que no podemos presentar nada que seguro sea sobre la parte ms florida y opulenta de ella, que es la de los campos de la capital. Tenemos, no obstante, datos recientes, como se ha visto, sobre los distritos de la parte Oriental; y quizs por buenas y probables deducciones podremos satisfacer en alguna manera a lo que de nosotros exige nuestro propsito. El distrito de Cuba con los partidos de Bayamo, Holgun y Baracoa, segn los padrones hechos por sus jefes polticos el ao pasado, contiene, almas............................................................................................................ 93 304 El de Puerto Prncipe......................................................................... 48 034 Las Cuatro Villas que tenan, por padrones hechos ahora diez aos, sesenta y tres mil doscientas sesenta y siete almas; y si por el tiempo transcurrido en este decenio les agregamos treinta por ciento, sern ............ 68 945 Total de la parte Oriental.................................................................. 2l0 283 Nosotros que sabemos, por noticias fidedignas, cun imperfectos y cortos son los padrones a que aludimos, tenemos sobrados fundamentos para creer que en la realidad esta misma poblacin Oriental se acerca a doscientas cincuenta mil almas.

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OBRAS 76\ 76\ 76\ 76\ 76\ Ahora, por lo que toca al distrito de La Habana, si sobre las cuarenta y cuatro mil trescientas treinta y siete almas que tena su capital en 1791 ha crecido, como lo hemos visto, por el espacio de veinte aos en la proporcin de ciento diecisiete por ciento, breve hallaremos que debe por este camino llegar ahora la poblacin de todo el distrito a trescientas mil almas; y si nos hacemos cargo de la imperfeccin que hay en nuestro novsimo padrn, mientras el brazo eclesistico no nos suministre los medios de rectificarlo por los clculos colaterales de bautismos, entierros y matrimonios, juzgamos acercarnos a la verdad con suponer por el conocimiento que nos asiste de los creces de las negradas de campo que han tenido hembras en este tiempo, y por el que tenemos de sus pueblos y aldeas y de sus vegas en la parte destinada a la crianza, que la jurisdiccin entera, desde el cabo de San Antonio hasta las parroquias de lvarez y de La Habana, encierra seguramente trescientas cincuenta mil almas, o sea, seiscientas mil en toda la Isla. Es decir, que balanceados por menor todos los datos que tenemos, podremos figurar como sigue la Poblacin aproximada de la Isla de Cuba Blancos Libres Esclavos T otales de color La Habana y arrabales.............. 43 00027 000 28 000 98 000 Sus campos.................................. 118 00015 000119 000 252 00 Parte occidental.......................... 161 00042 000147 000 350 000 Relacin a 100............ 46 12 42 100 Cuba, pueblos y campos............ 40 00038 000 32 000 110 000 Puerto Prncipe........................... 38 00014 000 18 000 70 000 Cuatro Villas................................ 35 00020 000 15 000 70 000 Parte oriental............................... 113 00072 000 65 000 250 000 Relacin a 100............ 45 29 26 100 Resumen general Parte occidental.......................... 161 000 42 000 147 000 350 000 Parte oriental............................... 113 000 72 000 65 000 250 000 Totales de la Isla......................... 274 000 114 000 212 000 600 000 Relacin a 100............ 45 19 35 100 Es lo que por ahora podemos presentar de noticias dignas de alguna atencin en la materia. Habana, 20 de julio de 1811. Por disposicin de la Junta de Instrucciones. Antonio del Valle Hernndez Secretario del Consulado.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /77 /77 /77 /77 /77 LETRA A Padrn de la ciudad de La Habana con distincin de colores, edades y sexos (1810) Hombres Mujeres De unDe un da a De 15 De 60 da a De 15 De 60 15 a 60 a 100 15 a 60 a 100 aos aos aos aos aos aos T otal Blancos....................... 3 146 6 057 348 2 860 5 478 47618 365 Pardos libres............. 814 1 103 116 725 1 515 141 4 414 Morenos libres.......... 893 1 449 133 819 2 308 284 5 886 Pardos esclavos......... 227 l53 194 197 119 183 1 073 Morenos esclavos...... 1 781 4 699 78 1 561 5 224 9413 437 6 86113 461 869 6 16214 644 1 17843 175 Padrn de La Salud Blancos........................ 3 261 1 312 8743 687 1 812 74411 690 Pardos libres.............. 460 779 40 l90 1 000 8 2 477 Morenos libres........... 500 2 489 17 587 3 026 113 6 732 Pardos esclavos.......... 100 220 8 77 189 11 605 Morenos esclavos....... 448 3 552 15 558 2 300 42 6 915 4 769 8 352 9545 099 8 327 91828 419 Padrn de Jess Mara Blancos........................ 658 720 274 480 974 257 3 363 Pardos libres.............. 326 399 169 268 551 174 1 887 Morenos libres........... 499 628 304 370 838 314 2 953 Pardos esclavos.......... 83 52 58 74 77 56 400 Morenos esclavos....... 508 719 241 347 976 231 3 022 2 074 2 518 1 0461 539 3 4161 03211 625 Padrn del Horcn Blancos........................ 132 329 49 218 287 31 1 046 Pardos libres.............. 72 62 17 64 91 18 324 Morenos libres........... 44 30 11 41 60 16 202 Pardos esclavos.......... 37 17 10 34 17 10 125 Morenos esclavos....... 56 344 16 71 96 10 593 341 782 103 428 551 85 2 290

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OBRAS 78\ 78\ 78\ 78\ 78\ Padrn del Cerro Hombres Mujeres De unDe un da a De 15 De 60 da a De 15 De 60 15 a 60 a 100 15 a 60 a 100 aos aos aos aos aos aos T otal Blancos....................... 259 302 8 258 252 4 1 083 Pardos libres............. 27 31 1 35 34 2 130 Morenos libres.......... 15 33 2 10 40 2 102 Pardos esclavos......... Morenos esclavos....... 144 343 7 72 118 1 685 445 709 18 375 444 9 2 000 Padrn de San Lzaro Blancos....................... 211 414 82 223 396 59 1 385 Pardos libres............. 34 44 5 55 66 11 215 Morenos libres.......... 22 34 18 26 63 18 181 Pardos esclavos......... 22 27 1 23 19 2 94 Morenos esclavos...... 71 294 30 77 223 18 713 360 813 136 404 767108 2 588 Padrn de Jess del Monte Blancos....................... 868 390 187 565 486223 2 719 Pardos libres............. 22 16 24 32 21 11 126 Morenos libres.......... 45 51 112 82 94 62 446 Pardos esclavos......... Morenos esclavos...... 181 204 60 52 111 90 698 1 116 661 383 731 712386 3 989 Padrn de Regla Blancos....................... 353 430 22 331 415 25 1 576 Pardos libres............. 20 45 41 64 170 Morenos libres.......... 14 30 2 13 42 3 104 Pardos esclavos......... Morenos esclavos....... 37 l05 5 132 86 3 368 424 610 29 517 607 31 2 218

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /79 /79 /79 /79 /79POBLACI"N DE LA CIUDAD DE LA HABANA Y SUS ARRABALES La Salud, Jess Mara, El Horcn, Cerro, San Lzaro, Jess del Monte, Regla con distincin de colores, sexos y edades Nota. No se han comprendido en este estado los soldados de los regimientos de la guarnicin ni la tropa y matrcula de la Real Armad a. Tampoco se han incluido los religiosos, religiosas y transentes. Habana, noviembre de 1810. El Conde de O’Reilly Es copia. Antonio del Valle Hernndez La Habana................ La Salud................... Jess Mara.............. El Horcn................. Cerro........................ San Lzaro............... Jess del Monte........ Regla........................ Resumen General Blancos 18 365 11 690 3 363 1 046 1 083 1 385 2 719 1 576 41 227 Pardos libres 4 414 2 477 1 887 324 130 215 126 170 9 743 Morenos libres 5 886 6 732 2 953 202 102 181 446 104 16 606 Pardos esclavos 1 073 605 400 125 94 2 297 Morenos esclavos 13 437 6 915 3 022 593 685 713 698 368 26 431 Total de almas 43 175 28 419 11 625 2 290 2 000 2 588 3 989 2 218 96 304 Clasificacin Blancos............................................ 41 227 Pardos libre ...... .... ........ 9 743 Morenos libres ...... .... .... 16 606 26 349 Pardos esclavos............. 2 297 Morenos esclavos ...... ..... 26 431 28 728 Total............ 96 304 Blancos Pardos libres Morenos libres Pardos esclavos Morenos esclavos De un da a 15 aos 8 888 1 775 2 032 469 3 226 16 390 De 15 a 60 aos 9 914 2 519 4 744 469 10 260 27 906 De 60 a 100 aos 1 844 372 599 271 452 3 538 Total de varones 20 646 4 666 7 375 1 209 13 938 47 834 De un da a 15 aos 8 622 1 410 1 948 405 2 870 15 255 De 15 a 60 aos 10 100 3 402 6 411 421 9 134 29 468 De 60 a 100 aos 1 859 265 872 262 489 3 747 Total de hembras 20 581 5 077 9 9 23 1 088 12 493 3 747 Total de hembras y varones por colores 41 227 9 743 16 606 2 297 26 431 96 304 Varones Hembras

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OBRAS 80\ 80\ 80\ 80\ 80\ LETRA B Resultados comparados de los padrones de la ciudad de La Habana y sus arrabales, hecho el uno en 1791 por disposicin del Sr. Don Luis de las Casas y el otro en 1810 por el Ilustre Ayuntamiento Libres Relacin a AosBl ancos de color Esclavos T otales 100 de las clases 1791.................... 23 737 9 751 10 849 44 337 53 23 25 1810.................... 41 227 26 349 28 728 96 304 43 27 30 Aumento en veinte aos........ 17 490 16 598 17 879 51 967 Corresponde al aumento en la clase de blancos a........ 73 % En la de libres de color a.................................................. 171 % En la de esclavos a............................................................. 165 % Aumento comn de todas clases..................................... 117 % Habana, 20 de julio de 1811. Antonio del Valle Hernndez LETRA C Comparacin de la poblacin del barrio extramuros de Guadalupe o La Salud en los ltimos diez aos Libres de color Esclavos Padrones BlanPar-MorePar-More-T otal comparados cos dos nosT otal dos nosTotal general En 1800.......... 3 3231 0871 2432 330 921 7661 858 7 511 En 1810..........11 6902 4776 7329 209 6056 9157 52028 419 Aumento en 10 aos......8 3671 3905 4896 879 5135 1495 662 20 908 Corresponde el aumento en la clase de blancos a...... 251 % El de los libertos a............................................................ 295 % El de los esclavos a........................................................... 310 % El aumento general de las tres clases a...................... 278 % Habana, 20 de julio de 1811. Antonio del Valle Hernndez

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /81 /81 /81 /81 /81 LETRA D Comparacin de los padrones de los cuatro distritos de la provincia de Cuba, hechos el uno en 1791 y el otro en 1810 Libres de Razn a 100 CubaBl ancos color Esclavos Totales de las clases 1791 .............. 7 926 6 698 5 213 19 837 40 33 27 1810 ............. 9 421 6 170 8 836 24 427 38 25 37 Aumento .......... 1 495 3 623 4 590 Disminucin .... 528 Aumento de blancos corresponde a.......18 % En los libres de color hubo disminucin. Aumento de esclavos....................69 % De todos................................23 % Libres Razn a 100 BaracoaBl ancosde color EsclavosTotales de las clases 1791.............. 850 1 381 169 2 400 35 57 7 1810.............. 2 060 1 319 664 4 043 51 33 16 Aumento............. 1 210 495 1 643 Disminucin ...... 62 Aumento de blancos................................... 165 % En los libres de color hubo disminucin Aumento de esclavos................................. 292 % De todos....................................................... 68 % Libres Razn a 100 HolgunBlancosde color EsclavosT otales de las clases 1791................... 4 116 1 001 5 862 10 979 37 954 1810................... 8 534 4 54216 850 29 926 28 1359 Aumento............. 4 418 3 54110 988 18 947 Aumento de blancos................................. 107 % De libres de color...................................... 353 % De esclavos ...................... ................ ........ ..187 % De todos...................................................... 187 %

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OBRAS 82\ 82\ 82\ 82\ 82\ Libres Razn a 100 Bayamo*Bl ancosde color EsclavosTotales de las clases 1791.............. 6 584 9 132 7 28723 002294031 1810..............14 49820 85316 73347 984304426 Aumento............. 7 91411 721 9 446 24 982 Aumento de blancos................................... 120 % De libres de color....................................... 128 % De e escl avos............................................... 129 % De todo s....................................................... 129 % Habana, 20 de julio de 1811. Antonio del Valle Hernndez *El estado comparativo de la poblacin de Bayamo, segn los padrones de 1791 y 1810, se reproduce aqu conservando los errores que contiene. Humboldt advirti esos errores y propuso su correccin que descansa en una de las varias hiptesis que pueden establecerse ( Essai Politique sur l’ile de Cuba t. I, p. 163). Suponiendo que la proporcionalidad a 100 de las tres clases sociales en 1810, que aparece en el texto, fuese la verdadera, el estado comparativo de los citados padrones tomara esta forma: 1791 1810 Aumento en 1810 Blancos....................................... 6 58414 395 7 811 Libres de color........................... 9 13221 113 11 981 Esclavos..................................... 7 28712 476 5 189 Totales..............23 00347 984 24 981 La incertidumbre se desvanecera si fuese posible consultar el padrn de los habitantes de la Isla en 1791. ( Manuel Villanova)

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /83 /83 /83 /83 /83 LETRA E Resultado comparativo de los padrones de Puerto Prncipe, hechos el uno en 1791 y el otro en 1810* Libres de Razn a 100 Padrn deBl ancos color Esclavos Totales de las clases 1791 .............. 14 1682 997 8 22625 366561232 1810 ............. 24 8306 93513 26548 0345214 33 Aumento en 20 aos.......... 10 6623 938 5 03922 668 Aumento en los blancos................................. 75 % En los libres de color..................................... 131 % En los esclavos................................................ 61 % En todas las clases juntas............................ 89 % Habana, 20 de julio de 1811. Antonio del Valle Hernndez *No existe correspondencia entre los datos por clases y el total de habitantes en cada uno de los aos comparados. En la hiptesis de que la proporcionalidad a ciento en cada ao fuese la sealada en el texto, la poblacin por clases y los clculos relativos al aumento tomaran estas formas: 1791 1810 Aumento en 1810 Blancos...........................................14 20524 978 10 773 Libres de color............................... 3 044 6 965 3 921 Esclavos......................................... 8 11716 091 7 974 Totales..................25 36648 034 22 668 El aumento de las clases en los veinte aos sera de 75,83 % en los blancos, 128,81 % en los libres de color, 97,01 % en los esclavos y 89,36 % en el total de los habitantes. ( Manuel Villanova )

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OBRAS 84\ 84\ 84\ 84\ 84\Notas1Este Informe se imprimi en Londres, en 1789, formando un tomo en folio grande de ms de ochocientas pginas con gran nmero de estados y un mapa de frica. Lleva este ttulo : Informe de los Lores Comisarios del Consejo de S.M.B., encargados de tomar en consideracin todos los negocios relativos al comercio y a las colonias extrajeras, en que dan cuenta a S.M. de los testimonios y noticias que han reunido en cumplimiento de la orden de S.M. en Consejo, dada en 11 de febrero de 1788, acerca del estado presente del comercio de frica, y especialmente del comercio de esclavos; y acerca de los efectos y consecuencias de este comercio, tanto en el frica y en las Indias Occidentales, como en el comercio general del Reino.2De la Representacin de la ciudad de La Habana existe en el Archivo General de la Isla una copia, hecha por el Secretario del Consulado D. Antonio del Valle Hernndez. En el primero de los medios propuestos por la Diputacin del Consulado la certificacin ofrece una variante notable, pues el manuscrito de Valle Hernndez dice: “El 1, que se impetrase del Gobierno la gracia de que no adeudasen alcabalas las ventas de las negras de campo.” ( Manuel Villanova )3No se tuvo presente que en diciembre de 1792 se form el Padrn general de los habitadores de la Isla de Cuba D. Ramn de la Sagra reprodujo ese padrn en su Historia fsica, poltica y natural de la Isla de Cuba (1842); y se encuentra asimismo en las Memorias de la Sociedad Econmica de la Habana de 1846. ( Manuel Villanova )4As dice el texto; pero la diferencia entre 27 + 30 y 43 es de 14 centsimos. ( Manuel Villanova )5As se lee en el texto impreso en 1814; pero el error es evidente. Acaso la relacin a cien, de las clases de habitantes, era de 53 aos en los blancos, 21 aos en los de color libres y 26 aos en los esclavos. ( Manuel Villanova )6Dice as el texto de 1814; pero en realidad las 6 764 leguas cuadradas equivalen a 906 099, 96 caballeras. ( Manuel Villanova)

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DOCUMENTOS DOCUMENTOS DOCUMENTOS DOCUMENTOS DOCUMENTOS QUE A QUE A QUE A QUE A QUE A T T T T T AEN A LA REPRESENT AEN A LA REPRESENT AEN A LA REPRESENT AEN A LA REPRESENT AEN A LA REPRESENT ACI"N ACI"N ACI"N ACI"N ACI"N DE 20 DE JULIO DE 1811 DE 20 DE JULIO DE 1811 DE 20 DE JULIO DE 1811 DE 20 DE JULIO DE 1811 DE 20 DE JULIO DE 1811NMERO 1Proposiciones del Sr. D. Jos Miguel Guridi y Alcocer Contrarindose la esclavitud al derecho natural, estando ya proscrita por las leyes civiles de las naciones cultas, pugnando con las mximas liberales de nuestro actual Gobierno, siendo impoltica y desastrosa —de que tenemos funestos y recientes ejemplares— y no pasando de preocupacin su decantada utilidad al servicio de las fincas de algunos hacendados, debe abolirse enteramente. Mas, para no perjudicar en sus intereses a los actuales dueos de esclavos, se har la abolicin conforme a las proposiciones siguientes: 1 Se prohbe el comercio de esclavos, y nadie en adelante podr vender ni comprar esclavo alguno bajo la pena de nulidad del acto, y prdida del precio exhibido por el esclavo, el que quedar libre. 2 Los esclavos actuales, para no defraudar a sus dueos del dinero que les costaron, permanecern en su condicin servil, bien que aliviada en la forma que se expresa adelante, hasta que consigan su libertad. 3 Los hijos de los esclavos no nacern esclavos, lo que se introduce en favor de la libertad, que es preferente al derecho que hasta ahora han tenido para los amos. 4 Los esclavos sern tratados del mismo modo que los criados libres, sin ms diferencia entre stos y aqullos, que la precisin que tendrn los primeros de servir a sus dueos durante su esclavitud, esto es, que no podrn variar de amo.

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OBRAS 86\ 86\ 86\ 86\ 86\ 5 Los esclavos ganarn salario proporcionado a su trabajo y aptitud, bien que menor del que ganaran siendo libres, y cuya tasa se deja al juicio prudente del Justicia territorial. 6 Siempre que el esclavo —o ya porque ahorre de sus salarios o bien porque haya quien le d el dinero— exhiba a su amo lo que le cost, no podr ste resistirse a su libertad. 7 Si el esclavo vale menos de lo que cost, porque se haya inutilizado o envejecido, esto ser lo que exhiba para adquirir su libertad; pero si vale ms de lo que cost, por haberse perfeccionado, no exhibir sino lo que cost, lo cual se introduce tambin en favor de la libertad. 8 Si el esclavo se inutiliza por enfermedad o edad avanzada, dejar de ganar salario; pero el amo estar en la obligacin de mantenerlo durante la inhabilidad, ora sea perpetua ora temporal. Guridi y Alcocer Se ley en la sesin pblica de la maana de 26 de marzo, y las Cortes acordaron que pasasen estas proposiciones a la Comisin de Constitucin. Rubricado .NMERO 2Proposiciones del Sr. Agustn de Argelles 1 No pudiendo subsistir en vigor en el Cdigo Criminal de Espaa ninguna ley que repugne a los sentimientos de humanidad y dulzura que son tan propios de una nacin tan grande y generosa, sin ofender la liberalidad y religiosidad de los principios que ha proclamado desde su feliz instalacin el Congreso nacional, pido que declaren las Cortes abolida la tortura, y que todas las leyes que hablan de esta manera de prueba tan brbara y cruel como falible y contraria al objeto de su promulgacin, queden derogadas por el decreto que al efecto expida Vuestra Majestad. 2 Que sin detenerse V.M. en las reclamaciones de los que puedan estar interesados en que se contine en Amrica la introduccin de esclavos de frica, decrete al Congreso abolido para siempre tan infame trfico, y que, desde el da en que se publique el decreto, no puedan comprarse ni

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /87 /87 /87 /87 /87 introducirse en ninguna de las posesiones que compone la Monarqua en ambos hemisferios bajo ningn pretexto esclavos de frica aun cuando se adquieran directamente de alguna potencia de Europa o Amrica. 3 Que el Consejo de Regencia comunique sin prdida de momento al Gobierno de S.M. Britnica el decreto a fin de que, procediendo de acuerdo en medida tan filantrpica, pueda conseguirse en toda su extensin el gran objeto que se ha propuesto la nacin inglesa en el clebre bill de la abolicin del comercio de esclavos. Cdiz, 1 de abril de 1811. Agustn de Argelles. Se leyeron estas proposiciones en la sesin pblica de la maana de 2 de abril de 1811; y despus de admitida a discusin la primera se aprob por unanimidad, y se mand que, para evitar toda arbitrariedad y que no quede apremio alguno de ninguna clase, la Comisin de Justicia extienda el proyecto de ley ms conveniente. Rubricado Las dos segundas se admitieron a discusin, y se mand que pasasen a una Comisin para que proponga su dictamen; as como las del Sr. Alcocer que estn en la Comisin de Constitucin y que se inserten en el Diario as como la discusin. Rubricado .NMERO 3Discusin sobre el comercio de esclavos habida en las Cortes el 2 de abril de 1811 Vanse las proposiciones en su respectivo lugar, y cmo fue aprobada unnimemente la primera del Sr. Argelles acerca de la tortura; en cuanto a la segunda, sobre la abolicin del comercio de esclavos, expresa el Diario que, habiendo algunos seores propuesto que pasase a la Comisin de Constitucin, dijo: El Sr. Meja Me opongo absolutamente a semejante determinacin. Las proposiciones del Sr. Alcocer han pasado a esta Comisin porque encierran un caso distinto, cual es el de abolir la esclavitud, negocio que requiere mucha meditacin, pulso y tino; porque el libertar de una vez una inmensa multitud de esclavos, a ms de arruinar a sus dueos, podr traer desgraciadas consecuencias al Estado; pero el impedir la nueva introduccin de ellos es una cosa urgentsima. Yo no har ms que apuntar dos razones. Primera hay muchas provincias en Amrica cuya existencia es precaria por los muchos esclavos que con nuevas introducciones se aumentan a un nmero indefinido. Segunda hay una ley en Inglaterra que prohbe el comercio de negros en todos los dominios de S.M. Britnica, a quien se le ha encargado por el Parlamento que en todos los tratados que

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OBRAS 88\ 88\ 88\ 88\ 88\ haga con las dems potencias las induzca a lo mismo. En virtud de este encargo, acaba V.M. de ver que se ha puesto un artculo expreso aboliendo este comercio en la alianza firmada con Portugal. Aguardaremos a que nuestros aliados nos lo vengan a ensear y exigir? Agregue V.M. a lo dicho que, supuesto que las naciones que tienen comunicacin con nosotros —es decir, los ingleses, los portugueses y los norteamericanos— han abandonado ya este trfico, y nosotros estamos muy lejos de poderle practicar en grande y metdicamente —pues no lo sufren nuestra marina y situacin— el aprobar esta proposicin no indicar sino el deseo de mandar una cosa justsima, que ha de seguirse de suyo. Slo el empeo de sostener la propia fortuna, reduciendo a la clase de bestias a millones de hombres, pudiera hallar nociva esta proposicin; pero por eso mismo debe V.M. darse prisa a sancionarla. En fin, ya es menester que V.M. empiece a aumentar su familia, volvindola en lo posible uniforme; y no lo ser nunca si saben los egostas que tienen en su mano el medio de impedirlo comprando a porfa esclavos, mientras llega el caso de prohibirse su introduccin. El que pasase este asunto a la Comisin indicada vendra bien cuando ya se pensase en extinguir la esclavitud; pero aqu se trata de impedir que se introduzcan ms negros. Opngome, pues, formalmente, a que se espere a la Constitucin, obra larga, que, por muy pronto que se presente, durar bastante tiempo para multiplicar, entre tanto, mil fraudes contra la mente de V.M.; y as, pido, para evitarlos, que el Seor Presidente seale cuanto antes un da para la discusin. El Sr. Argelles Seor, mi segunda proposicin tampoco puede hallar dificultad despus de la distincin que ha hecho el Sr. Meja. Los trminos en que se halla concebida manifiestan que no se trata en ella de manumitir los esclavos de las posesiones de Amrica, asunto que exige la mayor circunspeccin, atendido el doloroso ejemplo acaecido en Santo Domingo. En ella me limito, por ahora, a que se prohba solamente el comercio de esclavos. Para tranquilizar a algunos seores que hayan podido dar a la proposicin sentido diferente, expondr a V.M. mis ideas. El trfico de esclavos, Seor, no slo es opuesto a la pureza y liberalidad de los sentimientos de la nacin espaola, sino al espritu de su religin. Comerciar con la sangre de nuestros hermanos es horrendo, es atroz, es inhumano; y no puede el Congreso nacional vacilar un momento entre comprometer sus sublimes principios y el inters de algunos particulares. Pero todava se puede asegurar que ni el de stos ser perjudicado. Entre varias reflexiones alegadas por los que sostuvieron tan digna y gloriosamente en Inglaterra la abolicin de este comercio, una de ellas era profetizar que los mismos plantadores y dueos de esclavos experimentaran un beneficio con la abolicin, a causa de que no pudiendo introducir en adelante nuevos negros habran de darles mejor trato para conservar los individuos; de lo que se seguira necesariamente que, mejorada la condicin de aquellos infelices,

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /89 /89 /89 /89 /89 se multiplicaran entre s con ventaja suya y de sus dueos a pesar de que el tiempo corrido desde la abolicin es todava corto, estoy seguro que la experiencia ha justificado la profeca. Esto mismo suceder a los dueos de nuestros ingenios, y a otros agricultores de La Habana, Puerto Rico, Costa Firme, etc., y aun no puede dudarse que la prohibicin sera un medio de inclinarlos a mejorar el cultivo por otro medio ms anlogo al que reclama la agricultura, y ms digno de los sbditos de una nacin que pelea por su libertad e independencia. Todava ms. La oposicin que puedan hacer los interesados nada conseguira, atendida la libertad del Congreso, respecto de las mejoras de Amrica. Sera infructuosa, como lo ha sido la que hicieron en Inglaterra los opulentos plantadores y traficantes de Liverpool y otras partes, que se conjuraron abiertamente y por espacio de veinte aos contra el digno e infatigable Wilberforce, autor del bill de la abolicin. Jams olvidar, Seor, la memorable noche del 5 de febrero de l807 en que tuve la dulce satisfaccin de presenciar en la Cmara de los Lores el triunfo de las luces y de la filosofa; noche en que se aprob el bill de abolicin del comercio de esclavos. En consecuencia de tan filantrpica resolucin, se form en Londres una Asociacin, compuesta de los defensores de aquel bill y varias otras personas respetables, para desagraviar por cuantos medios fuesen posibles, e indemnizar a las naciones de frica, del ultraje y vejamen que han sufrido con tal infame trfico. Su objeto es formar establecimientos cientficos y artsticos en los mismos parajes que eran antes el mercado de la especie humana, llevndoles de esta suerte toda especie de cultura y civilizacin, y su profunda sabidura ha exceptuado slo la propaganda religiosa; no fuese que so color de religin se abusase —como se ha hecho muchas veces— de este santo ministerio, prefiriendo dejar a los progresos de la ilustracin un triunfo que slo puede conseguirse con el convencimiento y los medios suaves. Convencido el Gobierno de Inglaterra de que el objeto del bill no poda conseguirse mientras las naciones de Europa y Amrica pudiesen hacer por s este trfico, o prestar su nombre a los comerciantes ingleses, resolvi interponer su mediacin para con las potencias amigas a fin de que se adoptase la abolicin por sus Gobiernos. Creo que aquel Gabinete haba dado pasos con Suecia y Dinamarca antes de la actual guerra; y si no ha hecho al de V.M. igual proposicin, sera ya porque en aquella poca tenamos la desgracia de estar separados, ya en el da, porque la ocupan atenciones de mayor urgencia. Por tanto, Seor, no desperdicie V.M. una coyuntura tan feliz de dar a conocer la elevacin y grandeza de sus miras, anticipndose a seguir el digno ejemplo de su aliada, para no perder el mrito de conceder espontneamente a la humanidad el desagravio que reclama en la abolicin el comercio de esclavos. El Sr. Juregui. No es, Seor, el inters privado el que me hace hablar en tan grave asunto. Aplaudo el celo de los dos seores preopinantes, y aun

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OBRAS 90\ 90\ 90\ 90\ 90\ me identifico con sus principios y sentimientos, que son los mos. Pero, Seor, ser bueno que un negocio como ste se trate as? Recuerdo a V.M. lo que hace pocos das expuse con motivo de una proposicin muy semejante a sta, pidiendo que, por las consecuencias que pudieran tener en Amrica, se discutiese en secreto, para que no se insertase en el Diario de las Cortes que por todas partes circula, y V.M. as lo resolvi. No basta decir que la presente cuestin se decidir combinando todos los extremos, y con el pulso y prudencia que caracterizan al Congreso. Yo as lo creo y espero; pero el mal est en tratarse en pblico; est en que inevitablemente se anticipe el juicio de tantos interesados en un negocio tan delicado, y que de aqu resulten las fatales consecuencias, que es ms fcil y seguro llorar que prever y remediar. A la Isla de Cuba, y en especial a La Habana, a la que represento, es a la que ms interesa este punto; todo aquel vasto territorio goza hoy de profunda tranquilidad. Con la noticia de que esto se trata sin que le acompae una resolucin que concilie tantos intereses como en s encierra este asunto, puede comprometerse el sosiego que felizmente reina en una posesin tan interesante bajo todos aspectos. Movimientos demasiado funestos y conocidos de V.M. agitan una gran parte de Amrica. Y nos expondremos a alterar la paz interior de una de las ms preciosas porciones de la Espaa ultramarina? Lejos de m, Seor, evitar el que se trate esta cuestin. Cuando llegue el da se reconocer lo que me mueve hoy a hablar, y cules son los sentimientos que abriga mi corazn; pero no precipitemos las cosas; tratmoslas por aquel orden que exige la prudencia. Acurdese V.M. de la imprudente conducta de la Asamblea Nacional de Francia, y de los tristes, y fatalsimos resultados que produjo, aun ms que sus exagerados principios, la ninguna premeditacin... digo ms, la precipitacin e importunidad con que toc y condujo un negocio semejante. Por tanto, concluyo, y hago sobre ello proposicin formal, que este negocio se trate por quien V.M. determine; pero, precisamente, en sesin secreta, para evitar las consecuencias que de otro modo son de temer, y que tan presente tuvo V.M. en otra sesin que llevo citada; no insertndose tampoco en el Diario de las Cortes esta discusin. El Sr. Garca Herreros Apoyo la proposicin del Sr. Argelles, pero quisiera que se le hiciera una adicin. Si se cree injurioso a la humanidad el comercio de esclavos, lo es menos el que sea esclava una infeliz criatura que nace de madre esclava? Si no es justo lo primero, mucho menos lo es lo segundo. Y as, pido que se declare que no sean hijos de esclavos; porque, de lo contrario, se perpeta la esclavitud aunque se prohba este comercio. Horroriza or los medios vergonzosos que se emplean para que estos desgraciados procreen. Con este infame objeto se violan todas las leyes del decoro y del pudor. El Sr. Gallego Esto trae otros inconvenientes; porque al cabo es una propiedad ajena, que est autorizada por las leyes, y que, sin una indem-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /91 /91 /91 /91 /91 nizacin, sera injusto despojar de ella a su dueo. De lo que aqu se trata es de abolir el comercio de negros. Y una cosa es abolir la esclavitud, que fue lo que decret la Asamblea, y otra es abolir este comercio. Acerca de la esclavitud se tratar cuando y con la circunspeccin que corresponda. De cualquiera manera estos negocios han de tener toda la publicidad posible, especialmente cuando indicados ya en pblico, sera muy perjudicial tratarlos en secreto; por tanto, es mi opinin que puesto que no hay los inconvenientes que se temen, y una vez anunciados en pblico tales asuntos, se continen tambin en pblico, a menos que se me hagan ver esos perjuicios que se suponen. El Sr. Prez de Castro Adhirindome al modo de opinar del autor de la proposicin, slo aadir que, pues se trata, segn ella, nicamente de suprimir el comercio de esclavos, sin tocar por ahora a la esclavitud, el punto en cuestin no debe reservarse para la Constitucin; porque no pertenece a ella; y que la supresin del comercio de que se trata, recomendada por principios de religin y de humanidad, no puede excitar reclamaciones de nuestros comerciantes, pues no son en general los espaoles los que se dedican al trfico de la esclavitud. El Sr. Aner ste es un asunto que en Inglaterra se discuti por espacio de muchos aos, y finalmente se acord que se aboliese el comercio de esclavos. Parece que la humanidad se interesa en esto; pero conviene antes atender a que para las regiones remotas de Amrica es preciso indagar el modo de reportar la falta de los brazos tan necesarios para cultivar aquellas tierras. ste es un negocio que necesita mayor examen y una larga discusin; y as yo deseara que se nombrase una Comisin para que propusiese el modo con que aboliendo el comercio de esclavos se remediase la falta de brazos tiles que ha de producir en Amrica semejante abolicin. Cuando se discuta esta materia dar mi dictamen. El Sr. Alcocer Las proposiciones que yo tengo hechas sobre la esclavitud son las mismas que la del Sr. Argelles, y me causa admiracin el que entonces se mandasen pasar a la Comisin de Constitucin y ahora se discutan. Mis proposiciones se reducen a que se suavice la esclavitud sin perjuicio de nadie, y sin que de ello pueda resultar trastorno alguno. La primera proposicin es para que se circunscriba el comercio y se acabe la esclavitud; porque no habiendo comercio de esclavos, se ha de acabar la esclavitud, aunque sea de aqu a cien aos. Insistiendo, pues, en mis principios, pido que se discuta mi proposicin antes de la formacin de la Constitucin, y pues no debe temerse de ningn modo que aqullos se alarmen tratndose de su propia felicidad. El Sr. Villanueva En el Diario debe insertarse por su instituto todo cuanto se dice, omitiendo nicamente lo que la prudencia hace juzgar intil o de ningn inters. El mandarle omitir algn asunto —sobre desacreditar este papel, que debe merecer la confianza de la nacin, en cuyo benefi-

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OBRAS 92\ 92\ 92\ 92\ 92\ cio se ha establecido— sera ridculo, mediante haber asistido a la sesin un numeroso concurso y los autores de otros peridicos. El Sr. Meja De mandar que no se inserte esta discusin en el Diario de las Cortes han de resultar tres cosas: primera, que V.M. mande ahora mismo que todos los que han asistido a la sesin no escriban nada de lo que han odo; segunda, que el autor de El Conciso y dems papeles pblicos, que hacen sus apuntes, callen sobre el particular; y tercera, que el Diario pierda el crdito que debe merecer. Con esto, admitida a discusin la segunda proposicin del Sr. Argelles, se mand que pasase a una Comisin particular para que propusiese su dictamen; igualmente que las del Sr. Alcocer, cuyo tenor es el siguiente; acordndose que todo se insertase puntualmente en este peridico.NMERO 4Nombramiento de la Comisin especial encargada de enumerar las proposiciones del Sr. Guridi y Alcocer y del Sr. Argelles, hecho en la sesin pblica de 20 de abril de 1811 Se dio cuenta de haber nombrado el Sr. Presidente para individuo de la Comisin de Agricultura a los seores Pelegrn, Martnez de Tejada, Ayts, Becerra y Esteller; como igualmente para la encargada de examinar las proposiciones de los seores Argelles y Alcocer, relativas al comercio de negros, a los seores Juregui, Power, Dou, Del Monte y Morales de los Ros.NMERO 5Representacin que el Capitn General de la Isla de Cuba, Marqus de Someruelos, elev a las Cortes el 27 de mayo de 1811 sobre la proposicin de abolir el comercio de negros1Pues que V.M. tiene confiada a mi cuidado la conservacin de esta importante Isla, es de mi precisa obligacin ocurrir a V.M. con la novedad que hay en el da, de resultas de haberse sabido la sesin del da 2 de abril ltimo, en que se propuso la abolicin del comercio de esclavos, segn consta de la misma sesin en los nmeros 37 y 38 del Diario de las discusiones y actas de las Cortes. Es muy grande, Seor, la sensacin que ha hecho en estos habitantes, y muy tristes las especies que se susurran en esta capital, y que irn cundiendo por los campos y por todas las dems poblaciones de la Isla, que excitan toda la vigilancia del Gobierno.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /93 /93 /93 /93 /93 Precisamente ha llegado tamaa novedad al mismo tiempo que estaban penetrados estos habitantes de la necesidad y urgencia de socorrer a la Madre Patria para mantener ejrcitos en ella, segn se les haba hecho ver por el manifiesto del Consejo de Regencia, a que acompa mi proclama del l0 del corriente, recomendando la lectura del plan general de una suscripcin patritica en Amrica, de que incluyo dos ejemplares de cada clase. En aquellos das slo se hablaba de la suscripcin para sostener soldados en Espaa; ahora slo se habla de la sesin citada de las Cortes. Yo suplico a V.M. se digne providenciar se trate este asunto con toda la reserva, detencin y examen que su gravedad requiere, para no perder esta importante Isla; y que se digne tener en consideracin los acreedores que son estos leales habitantes para alejarles todo temor de ver repetida en ella la catstrofe de su vecina la de Santo Domingo, dominada ahora por los que antes eran esclavos all, despus de haber sufrido sus dueos las terribles desgracias que son bien notorias. He cumplido con mi obligacin. Dios ilumine a V.M. y d acierto en sus decretos para la felicidad de la nacin. Habana, 27 de mayo de 1811. Seor. El Marqus de Someruelos .NMERO 6Acuerdo del Ayuntamiento de La Habana de l6 de agosto de 1811 sobre la Representacin de la ciudad, extendida por D. Francisco de Arango Seores D. Casimiro de la Madrid y D. Andrs de Zayas, Alcaldes Ordinarios; Capitn Don Ciriaco de Arango, Teniente de Regidor, Alfrez Real; el Conde de O’Reilly, Regidor, Alguacil Mayor; D. Jos Mara Escobar, Regidor, Alcalde Mayor Provincial; D. Jos Mara de Xenes, Regidor, Fiel Ejecutor; D. Luis Ignacio Caballero, D. Francisco de Loynaz, el Conde de Santa Mara de Loreto, D. Jos Nicols de Peralta, Regidores por S.M.; y D. Juan Jos de Iguarn, Sndico Procurador General. Como mejor puedo y debo, certifico que en el Cabildo ordinario celebrado en este da, a que concurri la Justicia y Regimiento que al margen aparecern, consta, entre otras cosas, haberse tratado y acordado lo siguiente: El Sr. Conde de O’Reilly ley la Representacin encargada en el Cabildo extraordinario de 23 de mayo ltimo, y que extendi el Sr. D. Francisco de Arango, en orden a las inmaduras mociones hechas en las propias Cortes los das 26 de marzo y 2 de abril ltimos, acerca del trfico de esclavos y otros puntos relativos a la servidumbre; y muy satisfecho el Cabildo por la lectura que se hizo en el acto de lo bien que en ella se desempean todos

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OBRAS 94\ 94\ 94\ 94\ 94\ los puntos propuestos en la ltima junta general, acord, conforme a la misma, que inmediatamente, y por triplicado, se eleve al Supremo Congreso Nacional, por conducto de nuestro Diputado en Cortes. Y que por el mismo orden se dirijan copias de ella al Ayuntamiento de Cuba, al de Lima y dems capitales de ambas Amricas, para que, unidas nuestras preces, as como lo estn nuestros intereses sobre este punto, contribuyamos todos, como es debido, al logro de lo que tan justamente pedimos en dicha Representacin. Por ltimo, penetrado el Ayuntamiento de las sabias y profundas miras de legislacin contenidas en dicho papel, con objeto a mejorar esta parte de nuestra poltica; y agradecido como debe estarlo a la maestra, fuerza de razones y gran decoro con que ha defendido en l nuestra causa y nuestros derechos el esclarecido miembro de este Cuerpo, que lo extendi, crey dar al Sr. D. Francisco de Arango una prueba de su alta consideracin y respeto con no hacer, en esta solemne y extraordinaria ocurrencia, ninguna demostracin pblica de tan debidos sentimientos; lo primero, porque en ello no hara ms que despertar de nuevo las malignas desconfianzas de la envidia y emulacin, siempre ciegas y siempre ingratas; y lo segundo, porque espera que algn da llegue el tiempo en que la pblica opinin de los buenos —que al fin ha de prevalecer hasta en los ltimos rincones del Imperio espaol— discernir al referido Seor, de un modo ms digno y duradero, el justo tributo de alabanzas que merecen as sus singulares cualidades, como sus dilatados servicios en obsequio de la causa pblica y del Estado. Que siguiendo la indicada intencin, se estampe este acuerdo en el acta de este da, y slo se comunique al Real Consulado de esta ciudad. Es conforme a su original, a que me remito. Habana y agosto l6 de 1811. Lugar del signo. Juan de Dios Ayala .NMERO 7Acta de la sesin celebrada por las Cortes el 23 de noviembre de 1813 Es lstima que an no se haya publicado el Diario de las Cortes del ltimo mes de noviembre, y que por otra parte se niegue la Oficina de Taquigrafa a dar una copia del acalorado debate que hubo sobre el asunto de esclavos en la sesin pblica del 23 del citado mes de noviembre, de la cual con todo cuidado slo se hizo una superficialsima indicacin en el acta impresa de aquella fecha. stas son sus palabras: “La Comisin de Hacienda, en vista de la proposicin hecha por el Seor Diputado Rus a las Cortes generales y extraordinarias en la sesin pblica de l4 de agosto de este ao, y que reprodujo en l6 del corriente, atendiendo

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /95 /95 /95 /95 /95 la Comisin a la situacin actual de las provincias de Ultramar, cree justo y poltico que se declararen libres del derecho de alcabalas las ventas, cambios y permutas de esclavos en toda la Monarqua. Las Cortes aprobaron este dictamen. El Sr. Antilln hizo la siguiente adicin: Mientras por desgracia no pueda verificarse entre nosotros la abolicin de la esclavitud Por haber aprobado las Cortes la siguiente idea que present el Sr. Arango, se suspendi el tratar sobre dicha adicin: Decida el Congreso si gusta orme en secreto para decidir si en pblico o en secreto se ha de tratar de la adicin que ha hecho el Sr. Antilln .” Pero hubo adems proposicin formal para la efectiva abolicin de la esclavitud, hubo vehementes discursos, y hubiera habido muchos ms si la prudencia del Sr. Presidente y de la mayora del Congreso no hubiese tomado el ms vivo empeo en cortar y reservar tan arriesgada discusin.Notas1Esta Representacin fue leda en la sesin secreta de 7 de..., y se mand pasar a la Comisin que entiende en el asunto de comercio de negros.

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MANIFIESTOS EN DEFENSA DEL INFORME AL MANIFIESTOS EN DEFENSA DEL INFORME AL MANIFIESTOS EN DEFENSA DEL INFORME AL MANIFIESTOS EN DEFENSA DEL INFORME AL MANIFIESTOS EN DEFENSA DEL INFORME AL SUPERINTENDENTE DIRECTOR GENERAL DE SUPERINTENDENTE DIRECTOR GENERAL DE SUPERINTENDENTE DIRECTOR GENERAL DE SUPERINTENDENTE DIRECTOR GENERAL DE SUPERINTENDENTE DIRECTOR GENERAL DE TABACOS DE LA ISLA DE CUBA, EN QUE SE TABACOS DE LA ISLA DE CUBA, EN QUE SE TABACOS DE LA ISLA DE CUBA, EN QUE SE TABACOS DE LA ISLA DE CUBA, EN QUE SE TABACOS DE LA ISLA DE CUBA, EN QUE SE PIDI" LA SUPRESI"N DE LA FACTORA PIDI" LA SUPRESI"N DE LA FACTORA PIDI" LA SUPRESI"N DE LA FACTORA PIDI" LA SUPRESI"N DE LA FACTORA PIDI" LA SUPRESI"N DE LA FACTORAI MANIFIESTO DE 21 DE JUNIO DE 18121Seor D. Jos de Arazoza. Ninfa y junio 21 de 1812. Muy Sr. mo, he recibido por fin el papel de la calavera rosa Aponte etc ., que son cosas muy conexas con el punto disputado de abolicin o reforma de la Factora. Puedo decir con verdad que el asqueroso libelo ha hecho en m una impresin, si no contraria, muy diversa de la que pretendan sus desalmados autores; pero conozco tambin que en el giro que este negocio ha tomado, o en el estado que ya tiene, no me es lcito seguir ni los impulsos de mi corazn ni el dictamen de mi razn; conozco, digo, que ya no puedo continuar en mi silencio y mi retiro —de que tambin parece que quiere hacrseme cargo—, y lo que ms siento es que, por muy poco que sea lo que diga en la materia, ha de ser siempre muchsimo, si he de tocar siquiera los puntos ms esenciales. Gracias a la mala fe con que se ha procurado embrollar y oscurecer este asunto, amontonando al intento, tantas, tan inconducentes y tan extravagantes especies. Vamos a empezar, sin embargo, esta desagradable tarea suplicando a V., como le suplico, que con esta carta imprima al instante dos piezas que en mi concepto son partes de mi contestacin o sus ms importantes preliminares. La primera de ellas es el papel que escrib cuando lleg a mis manos el decreto con que la Superintendencia quiso empezar mi proceso. V. sabe que, en 19 del pasado, le supliqu que imprimiese el referido papel y V. debe por lo mismo explicar, en una nota, el motivo que ocurri para que as no se hiciese.2 Cito tambin por testigos de la verdad de este escrito al Dr. Don Pedro de Ayala, a D. Miguel de Arambarri —que le acompaaba— y

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /97 /97 /97 /97 /97 a D. Pedro Diago. Suplico a V. asimismo que, por otra nota, explique con individualidad todo lo que pas cuando V. me pidi y yo prest mi condescendencia para la impresin de mi Informe sobre Factora.3La segunda pieza es la correspondencia que desde aqu he tenido con el Sr. D. Jos Gonzlez, despus que sali, en El Censor Universal de esa ciudad el papel de las dos 00. Con la primera pieza trato de hacer sensible toda la injusticia que contiene el decreto de la Superintendencia que me provoc a escribir; y con la segunda, el origen y mayor injusticia de tan groseros y despiadados golpes como los que se han descargado contra mi inocente persona y mi largusima familia, todava ms inocente; siendo seguro que, si no he hecho bien, no habr hecho mal a los que as me han tratado. Seguir sin demora diciendo lo que deba decir sobre los tres libelos y me despedir, como es justo, de tan estril y vergonzosa contienda. Entre tanto, se repite de V. su afectsimo amigo Q.S.M.B. Francisco de Arango PRIMERA PIEZA Muy Sr. mo, en el Diario de esa ciudad de 14 del corriente, nmero 645, he visto que nada basta para vivir tranquilo u olvidado en estos tiempos. Espantado del abuso que se hace del santo permiso de publicar ideas tiles, aturdido de la algazara que han armado las ms viles y ms ruines de las pasiones humanas, y convencido por fin de que en tales circunstancias gana ms con su silencio que con su voz la inocencia, me resolv a despreciar cuanto se imprimiera contra m hasta que pasase el delirio de esa fiebre de escribir o el brazo de la justicia tuviese la misma fuerza contra las plumas atroces que la que conserva todava contra las lenguas voraces. Estaba yo muy credo de que nadie era capaz de sacarme de mi propsito, y ms cuando consideraba la abstraccin en que ahora vivo; pero el Diario referido me ha presentado un caso que yo no pude prever. Quien trata de zaherirme no es un particular apasionado o vendido sino un Jefe de Real Hacienda, que me habla pro tribunali delante de la nacin. No puedo desentenderme de intimacin semejante, y debo dar mi respuesta por el conducto de V. como editor del Informe que ha provocado el decreto, y Director de la oficina en que el Diario se publica. Empezar declarando que lo que ms me ha costado es creer que el Seor D. Jos Gonzlez diese tan falso paso, y que todava considero que todo lo que en l hay suyo es la simple suscripcin arrancada en un momento de inadvertencia o sorpresa. Esto supuesto, acerqumonos al memorable decreto. Dice as: “El Sr. D. Jos Gonzlez, Superintendente Director General de la Renta de Tabacos de esta Isla, ha decretado lo siguiente: Factora de Tabacos

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OBRAS 98\ 98\ 98\ 98\ 98\ de La Habana, 11 de mayo de 1812. Para que el pblico pueda juzgar imparcialmente del Informe que el Sr. D. Francisco de Arango present como Asesor electo para la Superintendencia de Tabacos, y ha dado a luz despus que, concluida su interinidad en el ejercicio de Superintendente Director General, se le condecor por el Gobierno con los honores de Ministro del Supremo Consejo de Indias a que aspir como trmino de la carrera en esta Renta, imprmase la contestacin que dio a aqul el Sr. Oidor D. Francisco Figueras, Asesor interino de la dicha Superintendencia en aquella poca para remitirse a la Corte en confrontacin del primero, y al efecto insrtese este decreto en el papel titulado Diario de la Habana Gonzlez Y en cumplimiento de lo que se previene, pongo el presente a 12 de mayo de 1812. Juan Antonio Unzueta Secretario.” La obligacin que me impongo es la de convencer que en nada son oportunas, en nada ciertas las especies que se tocan. No s a lo que pueda conducir la de que yo hubiese escrito el Informe consabido, como Asesor electo de la Superintendencia; pero s s que es absolutamente equivocado este primer supuesto. Yo me encargu del Informe cuando no estaba nombrado para la Asesora, y lo entregu cuando ya haba manifestado la firme resolucin que siempre haba tenido de no ejercer semejante empleo. A buen seguro que en oposicin de estas dos aserciones se presente un solo documento, y yo, entre los muchos que para acreditarlas tengo, citar‚ por ahora, como el ms fcil de ver, la portada con que se ha impreso el Informe —igual en todo a la del manuscrito—, y en ella se notar el cuidado con que us slo de mi simple nombre. La frase dar a luz se usa, comnmente, hablando de producciones fsicas, y cuando la leemos en las esquelas en que se participa el feliz alumbramiento de alguna mujer, lo que entendemos es que acaba de nacer un nio. Si es esto lo que ha querido decirnos o darnos a entender el decreto, claro est que se equivoca, porque hace seis aos que naci mi Informe y hace otros tantos que se public su nacimiento con algunas copias que tienen varios sujetos en esa ciudad y fuera de ella, de las cuales una estuvo largo tiempo en poder del mismo Sr. D. Jos Gonzlez habr dos aos y medio. Si lo que quiso decirse fue que ahora sacaba yo a luz o imprima esta obra, quin no ve la ligereza de semejante aserto, siendo V. el editor y habiendo V. explicado con la misma letra de molde con que se public el Informe los antecedentes y motivos que para hacerlo tena? Mas para estos aprietos hay expedito el recurso de desmentir de lleno y huir el cuerpo, con frescura, a toda calificacin. Y contra tales recursos no tiene otro la cortesana que el de callar y dejar correr el supuesto del que yo soy el verdadero editor, para que sobre l se asienten los cargos de haberlo sido despus que concluida mi interinidad en el ejercicio de Superintendente Director General, se me condecor con los honores de Ministro

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /99 /99 /99 /99 /99 del Supremo Consejo de Indias a que aspir‚ como trmino de mi carrera en esta Renta. Sin detenerme en la inconexin de estas especies con el aviso que se nos daba de que iba a imprimirse otro papel en confrontacin al mo ; sin recomendar tampoco que si son ciertos los perjuicios que la Factora nos ha hecho, no dejarn de serlo porque yo sea ingrato con la Renta o con los que de ella quieran vivir —que son dos cosas distintas—, puedo decir y V. probar, con documentos que deben existir, lo distante que yo estaba de pensar en esta impresin del Informe; que di mi condescendencia para ella cuando esperbamos por momentos la abolicin de todo estanco de tabaco, ya solicitada por la Regencia del Reino, en la Memoria que a su nombre ley el Sr. Canga Argelles en la sesin pblica de Cortes de 2 de noviembre anterior;4 cuya esperanza tampoco se debilit por la llegada del Seor Gonzlez, en principios de febrero de este ao, pues en pblico y en secreto dijo constantemente que as iba a suceder sin demora y que por esto mismo haba l venido con toda precipitacin para tomar posesin de su sueldo y de su empleo. Y cuidado que nada de esto puede ponerse en duda, porque descansa en la honradez del Sr. Superintendente y en innumerables testigos y hechos del mismo abono. Probar ms y no con dichos tergiversables, sino con documentos incontestables, esto es, que desde el momento en que entr en la Superintendencia, hasta el en que se nos asegur que las Cortes se ocupaban del asunto de tabacos, no hice otra cosa que clamar por mi separacin de este empleo, y por el examen y resolucin de mi Informe sobre los males y remedios del ramo de tabacos en esta Isla. Copiados estn, en el Apndice con que V. lo ha impreso, tres de los citados documentos, y ms expresivos para el caso son todava otros catorce que en mi correspondencia con la Corte tienen los nmeros 135, 139, 148, 160, 161, 169, 171, 189, 198, 203, 210, 219, 238 y 244. No se copian enseguida por evitar fastidio y porque, estando en poder del Sr. Superintendente, me basta citarlos para ser credo; pero en desahogo de mi ofendida delicadeza, notar que en la poca que con ms calor habl de esto fue en la de no estar nombrado para la Superintendencia el Sr. D. Jos Gonzlez, o en la de haberse asegurado que no la vena a servir. Aadir tambin que el referido Seor habl conmigo de la impresin que se estaba haciendo del Informe sin manifestar el menor desagrado y me dej en el concepto de no haber ledo ese papel del Sr. D. Francisco Figueras que tanto he deseado ver, y tan oculto se ha mantenido hasta ahora; sorprendindome sobremanera que la Superintendencia publique en el da este Informe, cuando en el mucho tiempo que tuve aquella Secretara a mi disposicin no le vi jams. Niego por fin redondamente la especie de que yo haya aspirado a los honores de Ministro del Supremo Consejo de Indias, como trmino de

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OBRAS 100\ 100\ 100\ 100\ 100\ mi carrera en la Renta; y bien cierto de que con ningn documento se podr probar semejante proposicin, me abstengo de presentar la muy ligera exposicin que hice al Ministerio en 15 de octubre de 1810 —un ao antes de drseme los tales honores—, porque no se diga que busco la ocasin de publicar mis servicios; y me reduzco slo a remitir a V. para que se impriman con esta carta otros dos oficios muy posteriores a aqul y quizs ms oportunos, nmeros 1 y 2. Estaba reservada para m tan original acusacin. Quin pudo creer que, cuando nada hay vedado para la prensa, a m se me acusara de publicar sin ofensa de nadie y con la mayor moderacin mis particulares ideas sobre un punto tan interesante al bien de toda la nacin? Quin pensar que, despus que la Regencia del Reino haba publicado su dictamen para la abolicin de todo el estanco de tabacos, a m se me hiciese cargo de haber prestado mi condescendencia para la impresin de un Informe que slo se diriga a procurar los remedios de los gravsimos males que esta Isla estaba sufriendo en el mismo ramo de tabacos? En el Sr. D. Jos Canga Argelles ha sido accin muy loable haber presentado a la nacin y ledo en plenas Cortes su Memoria de 2 de noviembre para la abolicin general del estanco, y en m es un delito el publicar despus lo que en la misma materia pienso sobre esta Isla... ¡Si del cofre subterrneo de que se saca ahora la Memoria de un difunto para confrontar con la ma, saldr otra para atacar la del Sr. Canga Argelles! ¡Si se intentar tambin acusacin de ingratitud contra ese Sr. Superintendente General de la Renta de Tabacos en todo el Reino! Probable es que los que a m me muerden, le hayan llenado de elogios y que esta farsa se haya repetido en los asuntos de nuestros montes y matrculas, sobre los cuales est a la vista del pblico lo que de m se deca en 1807 en uno de los papeles que V. ha impreso en su Apndice a mi Informe, mientras que, por los mismos motivos, se oyen en todas partes los grandes y justos elogios que acaba de merecer el Sr. Ministro de Marina interino Don Jos Vzquez de Figueroa. ¡Qu miseria! Mi conciencia es mi consuelo. Ella me dio tranquilidad para esperar las resultas de esa y otra muchas ms graves y poderosas acusaciones; ella me dio tambin bros para seguir siempre hablando en beneficio pblico, cuando tan pocos eran los que se atrevan a hacerlo; y ella me dio prudencia para callar o no hablar sino lo muy preciso, cuando son tantos los que gritan, o para que nadie se entienda, o nadie sea conocido. Dios guarde a V. muchos aos. Ninfa y mayo 19 de 1812. B.L.M. de V., su afectsimo amigo y servidor. Francisco de Arango Seor D. Jos de Arazoza.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /101 /101 /101 /101 /101 SEGUNDA PIEZA Habiendo buscando y no encontrado entre mis papeles mi contestacin de 22 de mayo del ao anterior a la Real Orden circular sobre sueldos de interinos de 27 de marzo del mismo ao, supliqu de oficio al Sr. Superintendente Director General, D. Jos Gonzlez, en uno de los ltimos das del mes pasado, que se sirviese facilitarme una copia de aquella contestacin y S.S. tuvo a bien envirmela con un ejemplar impreso de la citada Real Orden circular, acompaada, no de una carta de oficio, sino de la confidencial que sigue: Primero. Junio 2 de 1812. Mi estimado amigo, incluyo a V. las copias que me pide, y yo le pido que no haga caso de papeluchos, ni tampoco del decreto que yo me cargu, por evitar papelones de estas gentes quejossimas y temerosas de quedar sin Factora, y sin qu comer a la verdad, como sucedera al que se tratara de negarle su herencia o aniquilrsela. V. conoce las cosas del da y tendr prudencia para evitar contestaciones (de otros) que siendo a V. incmodas lo sern a su afectsimo. Gonzlez Seor D. Francisco de Arango.CONTESTACI"NSegundo Sr. D. Jos Gonzlez. Mi estimado amigo, no debo dejar sin respuesta la que V. se ha servido escribirme, ni variar el vocativo con que V. me honra todava. Por ms que los procedimientos de V. y que la misma carta a que contesto ahora, me digan que V. no es mi amigo, ni cosa que se lo parezca;5 yo debo suspender mi juicio, en vista de la seguridad y afirmativa de V., hasta que veamos el fin de este sainete y yo oiga las explicaciones que me indica. En cuanto al consejo que me da, le dir con la inalterable verdad que profeso que nada de lo que mis parciales han escrito en mi favor sobre este asunto es mo, ni lleva mi previo examen; que yo escrib con la urbanidad que, por muchas razones debo guardar, una corta, aunque vehemente respuesta al decreto de V. y no habindole querido dar curso dos amigos mos, desist, mal de mi agrado, de su publicacin, porque me pareca que era tarde, y dir por fin que al propio tiempo que envi este papel, o poco despus, contest a varias preguntas que mis amigos me hacan sobre las miserables acusaciones que se publicaban contra m. Esto basta por contestacin al consejo, y en cuanto a la amenaza en que —si no me equivoco— viene envuelto, repito a V. lo que otras muchas veces le he dicho: tengo mi conciencia limpsima por todos lados; slo con calumnias puede atacrseme y de ellas se ha redo, y con el favor de Dios se reir siempre su afectsimo servidor de V. Francisco de Arango

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OBRAS 102\ 102\ 102\ 102\ 102\ P .D. Lo de la amenaza no es relativo a Usted. Ninfa, 6 o 7 de junio.6Tercero Sr. D Francisco de Arango, una vez que mi esquela de urbanidad le dice a V. que no soy su amigo ni cosa que se le parezca, excusado es el aguardar ya explicaciones de palabra del que se firma su afectsimo. Gonzlez Y ya est el sainete finalizado. Junio 11 de 1812.CONTESTACI"NCuarto Sr. D. Jos Gonzlez, ser lo que V. quisiere; pero siempre tendr el consuelo de que ni yo haba dado motivo para ser tratado como lo fui por el decreto de V. y dems pasos contemporneos, ni tampoco lo presta mi franca, pero muy urbana y en nada ofensiva contestacin para acabar el sainete como V. quiere acabarlo y se sirve prevenir a su atento servidor. Arango Ninfa y junio 13 de 1812. Quinto Sr. D. Francisco, yo no he empezado este sainete y menos he dispuesto acabarlo de otro modo que contestando a V.; as lo hago a la del 147 que recib ayer, y digo que lo empez V.8 o sus parciales —como expresa su carta del 8— con el Informe y sus notas contra la Factora, y lo acabaron las voces de latrocinio y albergue de iniquidades del papel de Lavn. Suponga V. que mi decreto fuese mal dirigido; tuve la delicadeza de satisfacer a V. y a toda su familia en mi particular. Le ped a V. en mi papel del 2 que cortase el desafo literario, porque las gentes de la Factora estaban resentidsimas;9 le record que ya haban soltado la amenaza de publicar el oficio nmero 18310 y V. me responde que de todo se reira, etc.;11yo no pude contener ms tiempo su libertad de imprenta. Esto mismo contest a su primo de V., Anastasio, que buscaba al autor de los papeles, y esto mismo he participado ayer al Excelentsimo Seor Capitn General; pues las apelaciones al Diario ya est visto que hacen ms dao que provecho. Siento la incomodidad de V., como lo ofrec, ya que no poda remediarla sin dos letras de V. que asegurase a los de Factora el silencio de sus parciales. Repito a V. que he sido su amigo mientras V. lo ha querido, y aado que si V. vuelve a querer yo volver a serlo como antes lo era12 su atento servidor. Gonzlez Junio 18 de 1812. P .D. Va una de Prez que abierta vino con la de oficio y la dirigir Pepe Arango.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /103 /103 /103 /103 /103Notas1Este Manifiesto se public como suplemento al Diario de la Habana el 27 de junio de 1812, nmero 689, bajo este ttulo: “Don Francisco de Arango principia a dar a este pblico la satisfaccin que le debe”. ( Vidal Morales y Morales)2El original de esta carta lo conservo en mi poder. Omit su publicacin en vista del papel inserto en El Censor nmero 95, firmado 00, quien separndose de la cuestin del estanco trataba slo de la persona del Sr. Don Francisco de Arango, y me pareci entonces que la mejor contestacin a los autores de semejantes libelos era un absoluto silencio; a ms de que tena muy presente la ventaja que lleva un annimo en zaherir a una persona conocida. ( El Editor del Informe)3Pongo la nota que dice el Sr. Arango ms bien por condescender a su peticin urbana que por satisfacer a sus contrarios. stos no oyen ni ven lo que no les viene a cuento. Los antecedentes relativos a la impresin del Informe se han explicado con bastante claridad en los papeles impresos, y se repetirn para recordar lo que deba estar olvidado. En la Advertencia Preliminar del editor del Informe que insert en el Diario nmero 640, se dijo: “El editor no pretende prevenir la opinin pblica sobre los dos papeles (el de Roubaud y el de Arango). Debe, s, manifestar que sin conocer personalmente al Sr. D. Francisco de Arango lo ley con mucho gusto en casa de D. Toms de Juara, comerciante de esta ciudad, y dese siempre que se imprimiese; con cuyo motivo y el de haberse propuesto en el Diario de la Habana nmero 523, la cuestin si convendra o no abolir la Factora, lo ejecuta, ahora, previo el permiso de su autor, acompaando esta breve y sencilla relacin de los antecedentes, etc. En la contestacin que di en el Diario, nmero 647, con el ttulo “Rechazo poltico”, al decreto del Sr. D. Jos Gonzlez, incluso en el nmero 645, ratifiqu lo mismo con las siguientes palabras: “Se ha padecido equivocacin en el decreto en afirmar que el Seor Arango ha dado a luz —es decir, que mand imprimir— su Informe, cuando es muy notorio que nunca pens en su publicacin y fue menester que interviniese la splica de sus amigos para obtener su venia.” stos son los antecedentes acerca de la impresin del Informe; antecedentes manifestados al pblico con absoluta imparcialidad, y antecedentes que deben servir de acusacin que hago al mismo D. Francisco de Arango por la frialdad con que mir la impresin de su obra en el dilatado tiempo de seis aos, hasta que las instancias de varios amigos lograron su permiso y condescendencia. El editor crey que la cuestin del tabaco se aclarara con la urbanidad propia de todo literato, mas, las personalidades que luego sobrevinieron le hicieron enmu-

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OBRAS 104\ 104\ 104\ 104\ 104\ decer, por no incurrir en un vicio anexo a la incivilidad y barbarie. ( El Editor del Informe)4Esta Memoria se public en Cdiz y se reprodujo en La Habana en 1812 por los seores Arazoza y Soler, impresores de la Real Sociedad Patritica, en un folleto de veinte pginas en cuarto. Su ttulo dice as: “Memoria sobre la renta del tabaco, leda en las Cortes generales y extraordinarias, el da 2 de noviembre de 1811, por D. Jos Canga Argelles, Secretario interino de Estado y del Despacho Universal de Hacienda de Espaa”. ( Manuel Villanova )5El sobreescrito de esa carta era de letra de D. Francisco Merino que, segn se me haba asegurado, era el que haba prestado la firma para la impresin del papel de las dos 00; y adems de los inoportunos consejos y amenazas que contiene la carta, vena acompaada de un ejemplar impreso de la Real Orden de 27 de marzo de ste, subrayado en el pasaje que se crea debilitar mi mrito en no haber solicitado el sueldo de Superitendente.6E1 8 se recibira esta carta y el 13 se public el libelo que tiene por ttulo “Segunda parte de la oracin fnebre”.7Puede ser que la fecha de esta carta sea del 14. Pero mi borrador tiene la del 13, y aquel da o el siguiente sali para La Habana, y la respuesta, como se ve, es posterior, no slo al libelo sino a los disgustos que ha producido.8Si empezar es imprimir —sabindolo el seor Gonzlez y habiendo hablado de esto conmigo— un Informe que no contiene la menor ofensa personal, tiene razn el Seor Superintendente. Yo no s qu signifiquen esa llamada y ese parntesis, cuando todos saben las diferentes acepciones de la palabra parcial y que su sentido natural en el presente caso es el de amigo o familiar, como se dice enseguida.9Es literal la copia que se presenta de la carta del da 2, y el original, si se quiere, est pronto para su confrontacin. All, como se ve, no se habla de tal desafo literario ni se me pide que medie para cortar ajenas contestaciones, ni yo deb entender que se pretenda otra cosa que retraerme de que hiciese uso del documento que se me remita, o de que contestase al decreto y papel de las dos 00.10Tampoco hay tal cita del oficio nmero 183, ni era posible que esto me lo dijese el Sr. Gonzlez sin confesar que l lo iba a publicar, porque este papel entregado por m mismo al Seor Superintendente con los dems de mi correspondencia con el Ministerio, no poda usarse por otros sin su orden y consentimiento. Y qu poda yo temer de que se publicase el oficio nmero 183? Acaso no estuvo en mis manos el que el Sr. Gonzlez no viese tal oficio? No fui yo el que lo puse en las suyas? Por qu, pues, sentira yo la publicacin y glosa si se hubiera procedido en ellas con racionalidad y decoro?

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /105 /105 /105 /105 /10511Que me haba redo siempre y seguira rindome de la calumnia, es lo que dije. Ahora aado que todava me ro.12Como antes ... Lo creo, pues ms finas expresiones, que las que su Seora me hizo en casa de la Seora Marquesa del Real Agrado la noche antes de venirme a este ingenio, no es posible que se hagan. Yo me guardar bien de gozar de este favor. Suplico a mis lectores que para dar todo su valor a este prrafo, se examine con cuidado esta pequea correspondencia, y se tenga presente que lejos de haber en el Informe personalidad alguna concluyo, al contrario, salvando el honor de todos los individuos de la Factora. Tambin conviene recordar que ese Informe se escribi ahora siete aos y habla por consecuencia con los Ministros de entonces. Los del da no lo eran en aquella poca; algunos no estaban todava en la Factora, y los dems se hallaban en las plazas subalternas, y de contado el Seor Superintendente actual estaba en Madrid o en Puno. A nadie, pues, ofend con la impresin de mi Informe, y ofendido tan gravemente por el decreto de la Superintendencia y el papel de las dos 00 todava callaba. No contento con esto, el Sr. Gonzlez manifiesta ahora que quera que yo suplicase a S.S. y a la Factora que no me ofendiesen ms, y que, por no haberlo hecho, es por lo que se me ha tratado como se ha visto, tomando por pretexto un papel no annimo, sino firmado por D. Manuel Garca de Lavn, con seales evidentsimas de que yo ni poda haberlo visto ni dirigido, porque lo poco que dice de mis servicios es casi equivocado, y equivocado en mi perjuicio, por falta de exactas noticias.

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DOCUMENTOS DOCUMENTOS DOCUMENTOS DOCUMENTOS DOCUMENTOS anexos al Manifiesto de 21 de junio de 1812 anexos al Manifiesto de 21 de junio de 1812 anexos al Manifiesto de 21 de junio de 1812 anexos al Manifiesto de 21 de junio de 1812 anexos al Manifiesto de 21 de junio de 1812NMERO 1Excelentsimo Seor: Por el oficio de V. E. de 5 de febrero me he impuesto de lo que haban representado D. Rafael Gmez Roubaud y el Dr. D. Jos Gonzlez Ferregurt sobre la Asesora de esta Superintendencia, y de lo que con vista de todo se ha dignado resolver el Consejo de Regencia, y con este motivo me veo en la necesidad de recordar a V.E. lo que con tanta repeticin tengo expuesto sobre el mismo particular, esto es, que yo no he llegado a ejercer semejante Asesora, que nunca deb tenerla, y que en el da debo creerme exonerado de ella. No llegu a ejercerla por las razones que manifest a S.M. en mi representacin de 9 de diciembre de 1806, que en copia volv a dirigir a ese Superior Ministerio por mano de este Capitn General, cuando, contra todos mis intereses y contra todos mis deseos, me hizo venir de mis haciendas para encargarme interinamente de esta Superintendencia. No debo tenerla por lo mismo que he repetido diferentes ocasiones, esto es, porque no puede ser a propsito para la Asesora, ni para la Superintendencia, quien estaba persuadido y con la mayor detencin escribi para persuadir que estos dos empleos eran no slo ociosos, sino muy perjudiciales. Aad tambin que S.M. acaba de dispensarme —por el Ministerio de Hacienda de Indias— la gracia que le haba pedido de que se me exonerase de todos los destinos que exigiesen mi precisa residencia en esta ciudad, y que por consecuencia tambin deba creerme exonerado de la Asesora y de la Superintendencia; al menos, mientras durasen las importantes atenciones que me arrastraban al campo. Suplico, pues, encarecidamente a V.E. que, llamando a su vista estos antecedentes, se sirva presentarlos al Consejo de Regencia para que me dispense la justicia que me asiste; y le suplico tambin que, teniendo presente mis anteriores servicios —los que me parece haber hecho en estos quince meses de interinidad—, y considerando por fin que ha sido sin costo alguno del Erario y con grave dao de mis intereses, se me d el consuelo de recono-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /107 /107 /107 /107 /107 cer que no es por falta, sino por sobra quizs de celo, por lo que yo pretendo separarme de este ramo. Por lo dems, es justo que diga que el Dr. D. Jos Gonzlez Ferregurt es muy a propsito para la Asesora, y que yo contino por lo mismo valindome de l hasta que llegue el Superintendente propietario, parecindome no slo excusado, sino inoportuno para las graves atenciones que rodean a V.E. el detenerme a hablar sobre las reclamaciones que he hecho en otros tiempos, y parece que ahora repite esta Intendencia de Ejrcito para que a su Juzgado se una el de la Superintendencia de Tabacos. Son a mis ojos puras sutilezas las que por la Intendencia se alegan, y por ningn lado veo en este altercado lo que siempre busco cuando trato de materias del servicio; esto es, alguna ventaja para el Estado o para el pblico. A estos dos eternos mrtires les es casi indiferente que sea juez en los asuntos de tabacos la persona encargada de la Superintendencia o Direccin de este ramo, o la que lo est de esta Intendencia de Ejrcito. Y si ha de haber tal Superintendencia, y se crey y se cree conveniente —como lo creer cualquier imparcial que examine el negocio— que est separada de la Intendencia, apenas puede concebirse que no lo estn sus respectivos juzgados, y apenas disimularse que tanto tiempo se pierda en interpretar el oscuro sentido de algunas Reales determinaciones para concluir en que debe ser del patrimonio de la Intendencia juzgar todas las causas correspondientes al ramo de tabacos. No sera mejor aprovechar ese tiempo en ver si acaso conviene la supresin del Juzgado de la tal Superintendencia y de ella misma? Es tanto lo que sobre esto he clamado, que ya temo molestar la atencin del Ministerio, cuyo respetable silencio provoca y exige el mo. Dios guarde a V.E. muchos aos. Habana, 2 de abril de 1811. Excelentsimo Seor Francisco de Arango Excmo. Sr. Secretario de Estado y del Despacho Universal de Hacienda.NMERO 2Conclusin de otra carta dirigida al mismo Ministerio con fecha 31 de octubre de 1811 y el nmero 244. En ste tengo tambin el desconsuelo de no saber el tamao de esta necesidad, porque la Real Orden que contesto no me la determina ni tampoco si he de preferir la remesa de la hoja a la de cigarros, en caso de no haber para todo, sobre lo cual V.E. me dir lo que debe hacerse. En estas dudas, en estas variaciones —que, lejos de extraar, reconozco inevitables en nuestras actuales circunstancias— crecen mis temores de no poder acertar en el desempeo de este empleo, y ms se aumentan cuando observo que a los repetidos y ya citados manifiestos que

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OBRAS 108\ 108\ 108\ 108\ 108\ he hecho a ese Ministerio sobre mi situacin y la de esta Factora, nunca recibo respuesta. Mientras el actual Gobierno subsista y V.E. sea parte de l, puedo descansar y descanso en su alta justificacin y en el conocimiento que tiene de estos antecedentes; pero en el posible caso de una mudanza de sistema o de personas, debo temer y evitar reconvenciones y cargos. Por esto es por lo que he suplicado y suplico a V.E. —quizs con importunidad— que atienda las justas, bien intencionadas y sinceras splicas que tantas veces he hecho para que me libere de este encargo, dejndome en la mediana que he buscado desde el principio de nuestra gloriosa Revolucin, no para abandonar por cierto la santa causa de la Patria, sino para mejor servirla en puestos que no sean atacables por la malignidad desenfrenada, o por las ruines pasiones que tanto reinan y pueden en estos das miserables.II MANIFIESTO DE 20 DE JUNIO DE 18121¡Qu triste, qu horrendo espectculo es el de ver a una madre al borde del precipicio y a sus hijos ocupados en devorarse entre s! Ella, predicando unin y pidiendo los socorros, que slo as puede tener, y su inhumana familia aprovechando el momento de su debilidad y postracin para encender la hoguera del rencor y de la envidia. Tan crueles y voraces llamas llegaron a mi inocente persona desde los primeros momentos de nuestra memorable e inmortal Revolucin, y desde entonces no ceso de estar echando sobre ellas el agua del sufrimiento y de la moderacin con un profundo silencio, y mi tranquilo semblante ha sido con lo que he contestado a los ms incendiarios pasquines, a los ms subversivos y calumniosos annimos y a las ms alevosas imputaciones esparcidas contra m, de palabra y por escrito. Ni mis desafectos en pblico, ni mis amigos en secreto, podrn decir que me oyeron propagar otra doctrina que la de la suma indulgencia y la mayor lenidad. Y viendo que estos esfuerzos no eran todos los que yo poda hacer en obsequio de la Patria, creyendo, digo, que en la presente poca pudiera yo ser ms ltil separado de los empleos que me daban tanta parte en materias de gobierno y de justicia de esta Isla, solicit con empeo y obtuve con alegra esa separacin. Pero con sumo dolor he visto prcticamente lo que deca hace tiempo un gran conocedor del corazn humano y habilsimo pintor de sus miserias y afectos: “No se me diga —son sus palabras— que hay medios de endulzar el rencor y sobre todo la envidia; se puede alguna vez echar por tierra a ese monstruo, pero no domesticarlo. l se indigna igualmente de que se le resista, que de que se le cede, y con la misma constancia persigue al que le combate que al que pide favor.”

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /109 /109 /109 /109 /109 Entre las muchas pruebas que de esta funesta verdad he tenido en mi retiro, no es la mayor por cierto, pero s la ms notoria, el asombroso montn de desagradables ocurrencias que ha producido la impresin de mi antiguo Informe sobre abolicin o reforma de esta Factora. El pblico, si no me engao, ha visto ya —convencido por el Manifiesto que hice con el Diario nmero 689— la inculpabilidad e inocencia con que me prest a la impresin del referido Informe, y ha visto, con mayor evidencia, que los que aparecen autores o instrumentos de los ltimos envenenados dardos disparados contra m no pueden sacar de mi Informe, ni de mis ulteriores pasos, ni an pretexto para quejarse. Mas para ms ilustrar o para desenvolver de una vez este punto cardinal, faltan que hacer todava las ms fuertes reflexiones que reserv con cuidado para el presente lugar. Me dice el Sr. D. Jos Gonzlez, en su carta de 2 del presente, que el pblico ha visto impresa, que “l se haba encargado de dar su memorable decreto por evitar papelones de estas gentes —parece que se contrae a las de Factora, o a cierta parte de ella— quejossimas y temerosas de quedar sin Factoria y sin qu comer, a la verdad, como sucedera al que se tratara de negarle su herencia o aniquilrsela”. Salta a los ojos la forzada aplicacin de estas ltimas especies a un Informe que, ni por asomos, pretende que sean despojados de su sueldo y su carrera los empleados de la Factora, y que por el contrario se empea en disculpar a las personas y hablar slo de las cosas. Est tambin al alcance de cualquier hombre de razn que —aun cuando el Informe dijera lo que no ha soado decir, y procurara hacer mal a los empleados actuales— no era su publicacin aqu la que deba asustarles, sino su presentacin al Gobierno de la nacin, que es donde debe fallarse sobre esa pretendida herencia y sabiendo todos que en el expediente del asunto y a vista del Supremo Gobierno est mi Informe hace seis aos, cmo se puede creer que su impresin en La Habana haya podido dar causa a esas amargas quejas, a ese susto de quedar sin qu comer ? Hay ms. Estos sentidsimos dolientes, o alguno de ellos al menos, han recibido de Cdiz y puesto a vender, en la sombrerera esquina de la Obrapa, cuatrocientos ejemplares del papel que all se imprimi con el ttulo de Contestacin del Sr. D. Rafael Gmez al Sr. Redactor General de Cdiz nmero 181. De ese papel copi D. Jos de Arazoza la parte que est en el Apndice a mi Informe, y en ella se leen las siguientes clusulas: “El fallecimiento de D. Joaqun Enrique de Luna, Oficial de la Secretara de Estado de Hacienda de Espaa en el Negociado de Tabacos, ha sido una prdida al Estado, y seguramente me sorprendo y no alcanzo —al or los clculos y demostraciones en punto a si debe o no ser libre la siembra, la manufactura y el expendio, venta o comercio de tabaco en toda la Pennsula— que si as se estimase —aunque no se sepa el estado de poblacin, etc.— no debe quedar persona alguna empleada de la Renta en la Isla

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OBRAS 110\ 110\ 110\ 110\ 110\ de Cuba, y disolverse y acabarse la Factora de La Habana y subalternas, que estableci la Compaa, no la Real Hacienda, la que viendo sus ganancias fue uno de sus impulsos el adquirirla, y es menester estar muy sobre aviso el que no se forme otra corporacin que entorpezca la libertad que se desea. ”As, pues, para seguir la opinin general —contra la que no es poltico resistir, a pesar de lo que acredit al nmero 8 de mi exposicin citada de 3 de mayo de 1807— de que el tabaco debe ser libre en sus tres ramos: agrcola, manufacturero y expendedor; es decir que, del mismo modo que se comercia con el azcar, caf, cera, etc., se haga con el tabaco; todos siembren, todos manufacturen cigarros, polvo exquisito, cucarachero, rap‚ andullo y de cuerda, llamado Brasil o negro, todos comercien. Slo resta que, calculndose el derecho que debe cargarse al tabaco para en parte redimir al Estado de su prdida, ser el medio nico de que con el tiempo se conozca lo verdadero, lo til y seguro.” De este galimatas no es fcil sacar en limpio si es el Sr. Roubaud u otro tercero el que dice que “aqu no debe quedar empleado alguno de esta Renta, y que es menester estar muy sobre aviso para que no se formase otra corporacin que entorpezca la libertad”, pero lo que se ve con la mayor claridad es que el Sr. Gmez Roubaud se conforma con que se suprima todo estanco de tabaco; que confiesa, que ste es el deseo general y que slo manifiesta el de que se tenga conocimiento de lo que acredit en su exposicin de 3 de mayo de 1807 Y cmo no se alarmaron los empleados de la Factora con la publicacin de este grupo de noticias tan infaustas para ellos y tan enemigas de su pan? Cmo, al contrario, son ellos los que las ponen en venta y libre circulacin? Y creer el pblico ahora que la causa del brbaro encono manifestado contra m en esos libelos es la que me indicaba el Sr. Gonzlez en su citada carta del 2? Visto y revisto est que los empleados de la Factora no pudieron temer la prdida de su pan por la impresin de mi pblico Informe, y que este recelo, aun cuando fuese fundado, no pudiera producir tan infernal explosin. Otros han sido los sustos; otro, el motivo de tanta fermentacin, y todos tienen su origen en aquel mismo rencor que descarg contra m en estos ltimos aos tan repetidos, tan impos y tan malogrados golpes. Lo que se temi no fue que la Factora se acabase, sino que el pblico viese una de las seales que he procurado dar de mi celo por su bien; y lo que acab de producir tan desesperada alarma fue que al lado de ese buen rasgo de mi carrera pblica se presentase otro, que tan al vivo retrata al venerable fundador de la pequea, pero muy piadosa cofrada de mis perseguidores. Era muy regular que para confundir los naturales efectos de este contraste, y sofocar un rayo de luz tan puro y brillante, echaran el resto de su celo los antiguos y nuevos individuos, los pblicos y ocultos sirvientes de aquella cofrada, y he aqu el origen, he aqu la fuente del decreto, de las dos

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /111 /111 /111 /111 /111 00, de la hedionda calavera y de las dems producciones de su especie que, por diferentes y tortuosos rumbos, irn presentndose al pblico. Pero la Providencia, esa santa Providencia que slo ha cuidado de mi honor en medio de este huracn y de mi natural inaccin, permiti que la prudencia faltase a mis bienhechores, y que, equivocando el momento y perdiendo en sus pasiones el mal guardado equilibrio que conservaron hasta aqu, no tan slo descubriesen sus malsimas entraas, sino que hicieran patente que sa que acabo de indicar es la verdadera causa de tan gran irritacin. “No hay que hacer alto —exclamaron en medio de su turbacin y de su desconcierto—, no hay que hacer alto en la reservadsima carta de Roubaud, arrancada de los autos por el gran Juregui ” ¡Qu imprudente es la rabia que rara vez puede encubrirse! Cul es la relacin que tiene con mi carta de 15 de octubre de 1810 la de Roubaud de 3 de mayo de 1807? Qu enlace la glosa de aqulla con la reserva de sta? Y su arrancadura de autos? Por qu causa descubrir ese dolor y esa ira por el inconexo hecho de haber un tercero arrancado tan sagrado documento? Pero, ms que la imprudencia, resalta en esas dos lneas el descaro y la osada. Los que sin rubor alguno y sin utilidad, que es lo ms, han presentado al pblico mi carta de 15 de octubre —es decir, un documento que estaba en el secreto del honor y bajo la salvaguardia de la amistad y del decoro de la Superintendencia—, esos mismos son los que sin asomar el ms leve fundamento, usando de las ms groseras palabras, se atreven a achacar el mismo horroroso crimen delante del pueblo habanero a su representante en Cortes, a un dechado de honradez y de circunspeccin. ¡Arrancada!... Pues qu, las limpsimas, las transparentes manos de aquel digno ciudadano han dado el menor motivo para creer esa violencia? Las ha visto alguno arrancar la habitacin, las alhajas y el dinero ajeno? Las ha visto arrancar de su silla y llevando hasta el sepulcro al Ministro celoso que no poda consentir en viajes de diez mil pesos en postillones... de a tres mil en secretaras, resguardos, estanquillos, intervenciones? Las ha visto trabajando en algn taller de alevosas? Las ha visto dando movimiento al fuelle con que se encenda la perenne fragua de infamatorios escritos? Las ha visto escribiendo elogios ruines y cultivando con bajeza el favor de algn criado de Godoy, de algn Noriega? Las ha visto inventando y grabando en decretos, en impresos y frontispicios el ttulo de grande para el ms pequeo de los Almirantes?... Las ha visto tomando la copa para brindar por el privado, sin hacerlo por el Rey? ¡Virtuoso Someruelos, tu lealtad nos redimi de tan gran humillacin; mas ella no pudo precaver que bajo un mismo solio se presentaran apareados, a los ojos de este pblico, el retrato del Soberano y de su inicuo valido, como si acaso fuera el de su legtima esposa!

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OBRAS 112\ 112\ 112\ 112\ 112\ Y cmo no se tiene pudor de llamar reservadsimo lo que se confiesa en autos? En autos y reservadsimo? Reservadsimo lo que el mismo autor ha anunciado a la nacin como digno de su conocimiento, citndole fechas y especies en ese impreso que aqu se mand vender y se vende de su cuenta? No hubo secreto para ofender con esas citas y las especies que las preceden, y lo habr para defenderse? Fue lcito a la alevosa asomar tales especies, y no lo sera a la franqueza ponerlas de manifiesto? Se glosaron, se increparon acaso, habiendo para ejecutarlo tan preciosos materiales? Y todava se insulta, y con tanto desafuero, a la moderacin generosa? Ms valdra que, al haber visto delante del mundo entero esa pequea exaltacin del fuego de la iniquidad, se recordarsen tantas y tan indiscretas prendas como las que se han soltado, y se temiese... se recordase la causa del Escorial, y lo escrito sobre ella en 29 de febrero y 10 de abril de 1808; se temiese, repito, y en vez de provocar con calumnias se bendijera a toda hora la templanza de los que dejan comer el mal adquirido pan, que tantos no tenan ayer tarde. El pblico perdonar este momento de calor a la tierna, pero muy noble amistad, que desde mis primeros aos profeso al Sr. D. Andrs de Juregui, y ms que a ella, al horror de ver con tanta repeticin atropellados en su persona el decoro y la virtud. Y —pues ya est bien descubierto el objeto y motivo de los libelos que contra m se escriben, y el nido donde se han forjado y seguirn forjando esos tejidos informes de embustes y despropsitos, tan sucios y tan imperfectos, como son por lo comn los que se hacen en zahurdas, o por criados y arbolarios se tejen a la luz pequea de algn candil— el pblico conocer que no es justo me degrade hasta el punto de analizar obras tan despreciables; que no es razn que yo lidie sobre tan movediza arena; que lidie con gladiadores, con gladiadores que se valen de armas tan prohibidas, y que para usarlas se acogen a la inmunidad de que la imprenta goza. “Pero la calumnia no contestada deja siempre algunos rastros —me reponen mis amigos—, y nosotros en tu obsequio hemos llamado altamente la atencin de todo el pblico. Parece que t no debes dejarnos ya desairados.” Por lo primero, confieso que no quebrantara yo mi propsito de callar; porque la filosofa unida a la buena conciencia borra o no hace caso de semejantes rastros, y los mejores observadores de la marcha natural de los acontecimientos humanos nos dicen que los libelos caen como las hojas de otoo en los rboles de Europa Mas el comprometimiento, el deseo de mis amigos y mi extremado respeto a la pblica opinin me obligan a hacer un esfuerzo para tomar en la mano ese manojo de saetas disparado a mis espaldas. Vamos a ver, al menos, la parte ms aguda de ellas. Dirgese a poner en dudas mis servicios, ridiculizando con este objeto el ndice que de ellos remit al Supremo Gobierno con la mayor violencia y por instigaciones de otros que no eran D. Andrs de Juregui, el cual estaba aqu muy despacio en 15 de octubre de 1810;

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /113 /113 /113 /113 /113 degradar mi nacimiento y educacin; atribuirme gran deseo o gran ambicin de mando; manchar mi desinters y limpieza en el manejo de los asuntos pblicos; dar a mis prudentes pasos, en esta ltima poca, el carcter de criminal cobarda y el opuesto de infidencia. NDICE DE 15 DE OCTUBRE Fue lcito y aun elogiado en la sabia Antigedad el que los ciudadanos recordasen a los pueblos lo que en su servicio haban hecho; pero nuestras costumbres no estn de acuerdo todava con esos buenos ejemplos, y el pblico me permitir que yo me valga de otro para probar la verdad, o ms bien la moderacin extremada con que se form ese criticado ndice. Lo har por m el Secretario del Consulado, D. Antonio del Valle Hernndez, que ha sido el ms inmediato testigo de mi vida pblica y el mejor compaero de mis tareas econmicas. Y si la pasin de la amistad que le debo o la de su propio inters lo cegare en algn caso y le obligare a dar valor a lo que no lo tiene, yo declaro desde ahora que no pretendo otra cosa que acreditar a mis compatriotas que en todo dije verdad al Superior Ministerio, que dije muchsimo menos de lo que tena que decir, que lo dije con modestia, y que ni me atrev por tanto a hacer peticin formal como me lo encargaban; y todava arrepentido de que sonara pretendiendo quien no supo pretender, me limite an ms —en la Representacin de 2 de abril, que el pblico ha visto impresa— diciendo que mi intencin era que el Supremo Gobierno conociese mis servicios, y calificase por ellos que no era por falta de celo por lo que yo me excusaba de seguir en la Superintendencia. Yo no tengo mis servicios por heroicos ni por grandes, los tengo por proporcionados a mi carrera y deberes, y slo disputar la rectitud de intencin, el amor a la justicia y el ms ardiente inters por el bien de mi pas. MI NACIMIENTO Confieso que yo no s cmo salir del embarazo en que me hallo para hablar de una materia tan ridcula a mis ojos. Sirvime de diversin la explicacin que me hicieron de las agudas alusiones de la calavera y la losa y del mayor escndalo el ver tan vilipendiada la memoria de mi difunto to y bienhechor D. Manuel Felipe de Arango. Si los caribes que en su desmoronada calavera quisieron beber mi sangre supieran lo que es juro de heredad tal vez hubieran excusado tan gran profanacin, y respetado la propiedad con que el tercer Alfrez Real de su casa us de aquella expresin. D. Gonzalo de Oquendo fue el segundo de la suya, y era tan nieto de Don Nicols Castelln, primer Alfrez Mayor de esta ciudad, como yo de

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OBRAS 114\ 114\ 114\ 114\ 114\ l. Todos los regimientos de este Cabildo han seguido esta mudanza de personas, y, entre otros, el de Alcalde Provincial ha pasado por mil manos despus que obtuvo su creacin, ahora ciento sesenta aos, D. Jos Ruiz Guilln, quien —como mi bisabuelo el Capitn y Contador mayor de cuentas, D. Pedro de Arango— busc una de esas ricas y muy limpias losas para que con la bendicin de la Iglesia —dada por un jesuita, que era de la misma losa— le sirviese de compaera. Y seguir yo tratando de materia tan despreciable para m? Cometer la sandez de hablar de mi nacimiento al pueblo que me ha visto nacer y me ha honrado de tantos modos? Es sta, sala de hijosdalgos? Ir yo ahora a registrar calaveras en el antiguo y privilegiado enterramiento de mis mayores? Levantar yo tambin la fra losa que las cubre para examinar e insultar sus respetables cenizas? No... Dejemos solos, en ocupacin tan impa, a los que, por no tener sepultura, quieran invadir las ajenas. Y si hubiere entre los mos quien me acuse de indiferencia en este particular, yo le responder, en el tiempo de los desengaos, lo que en el de las ilusiones de esa especie contest a los suyos el filsofo Mariscal de Francia Catinat: “Si no estis contentos con que yo desprecie esas miserias, borradme de vuestra genealoga.” Si no estis contentos —aadir yo— salid vosotros, que sois la mitad de La Habana rica y pobre, a tener esa contienda. A m me bastan los ttulos de hombre de bien y de ciudadano espaol. EDUCACI"N Soy la parte interesada, y hay testigos imparciales. Mis maestros, mis condiscpulos podrn hablar —si se les pregunta— no de mi aprovechamiento, sino de mi aplicacin; no de mi decente porte, sino de mis buenas costumbres. Yo slo dir que por esa educacin estoy, desde los veintids aos, estimado de los primeros y ms meritorios personajes de la nacin; estoy, desde entonces, desempeando los poderes de mi Patria y encargos de la mayor confianza. Por ella, me consult el Consejo pleno de Estado, a los veintiocho aos de edad, para destinos superiores que se me confirieron; por ella he tenido otros muchos en esos veinticuatro aos; por ella he llegado al ltimo grado de la magistratura; no por el favor de personas que jams han estado en el caso de dispensarlo, y con quienes no he tenido otros vnculos que los del parantesco y la ms decorosa amistad, y por ella, en fin, nunca he sido reprendido, sino muy distinguido de nuestro Supremo Gobierno, ni he sufrido otros ataques que los que ahora me hace la venganza de 1..., bajo el atrincheramiento de la inmunidad de la imprenta.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /115 /115 /115 /115 /115 AMBICI"N DE MANDO Al propio tiempo que esto se me echa en cara, se me hace un cargo por haberme retirado. ¡Adelante! Y qu, tan mal nos ha ido en estos dieciocho o veinte aos que se me suponen de mando absoluto? Permita el cielo que, habida consideracin a tiempos y circunstancias, nos vaya del mismo modo en los veinte aos siguientes. Pero yo —que ya demuestro lo mucho que celebrara haber sido en tan crtico y tan afortunado perodo el director absoluto de la mquina poltica de mi Patria— debo respetar la verdad y declarar —como declaro a la faz del mundo y en presencia del primer interesado en este punto— que, excepto los dos aos que alcanc del mando del Sr. D. Luis de las Casas —quien con su cordial amistad me dio, en todos los negocios de su gobierno, la parte que poda conceder hombre tan superior, y que a su lado tena otro que para el caso vala tanto como l— despus ninguna he tenido ni pretendido tener, directa ni indirectamente, en cosas que no hayan sido del resorte de mis empleos, y en stos siempre me ce a mis propias facultades. Es cierto que merec a los Excelentsimos Seores Conde de Santa Clara y Marqus de Someruelos la ms alta consideracin; mas la logr, no con visitas que nunca les hice sino de mes a mes, ni con lisonjas, que siempre han estado tan lejos de mi carcter, sino con inalterables pruebas de mis puros deseos del bien. Declaro, en fin, que entre las injusticias que se hacen al Marqus de Someruelos, la mayor es suponerle capaz de ser dominado por otro. Por el extremo opuesto pudo pecar S.E. No he conocido hombre alguno ms celoso de su autoridad y dictamen, ni ms temeroso de que pudiera crersele en dependencia de otro, y el Seor su sucesor tropezar a cada momento con irrefragables testimonios de una verdad tan constante a todos los que se le acercaren, a los mismos quizs que ahora la contradicen. PUREZA, DESINTERS Hay fieras que por ese lado quieran tambin morderme? El mismo Roubaud no lo hizo en la brbara filpica de 3 de mayo, ni en el millar de ellas que sus agentes confiesan en el papel de la calavera Y ya que se hace, por qu no se citan hechos, cuando los ms ocultos de esa clase se transpiran y al fin se publican? Los que se traen por testigos son los animados entes del empedrado alumbrado numerado nieve linterna —que no s lo que es—, puentes caminos —milagro que no se habl de todos los fondos del Consulado y sus costas, quizs porque otros tendrn a su cargo estos puntos—, los franceses ingleses americanos ... y por qu no de los espaoles ? Se temera su lengua. Y por qu los ingleses, que entraron en nuestro comercio despus que dej los empleos? Mis deudas ... Ya

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OBRAS 116\ 116\ 116\ 116\ 116\ se ve; por eso ha habido y hay demandas contra m. Y si debo tanto, dnde se ha ido ese montn de dinero del empedrado, alumbrado, etc.? Se olvid acusarme de dilapidador para combinar dos extremos tan opuestos, como son el de haber arrancado tanto dinero y deber todo el que tengo? Y a estos dislates he de responder? Cortemos de una vez este nudo de iniquidades desafiando, como desafo, al que quiera, para que me haga cargos, no en la Torre de Babel —que es a lo que se me parece nuestra libertad de imprenta en su actual abuso— ni por los extraviados y eternos caminos de la chicana, sino por los del honor y verdad delante del Excmo. Sr. Gobernador actual, que no es mi valedor ni puede ser sospechado de parcialidad alguna. Empecemos. Examinemos siquiera el empedrado, a ver si logro dejar enterrados, debajo de todas sus piedras, esos embelecos de la malignidad. Vamos a la presencia de S.E., y quede a su cuidado dar al pblico los resultados de sus indagaciones, que es lo que debe hacerse y no noticias vagas y maliciosas, prohibidas hasta en los tribunales que tienen competentes luces, suficiente tiempo y medios adecuados para desentraarlas. Me comprometo a ms; me comprometo a probar que, de esa nada de que yo he salido —quiero decir, de mi respetable familia— han entrado en mi poder en plata acuada desde 1796 hasta 1804 ms de doscientos cuarenta mil pesos: los unos, para quedarse siempre en mi poder, y los otros para devolverlos a mi mayor comodidad, o sin inters o con el ms moderado. A estos capitales —que puedo llamar heredados de mis padres, de mis tos Don Manuel Felipe, D. Casimiro, D Mariana, D Mara Bernarda y vnculo de Meireles— hay que agregar cuarenta y siete mil pesos: veintiocho mil pesos de la pequea parte de comisin, que me toc en 1796 como apoderado del Conde de Jaruco cuando estuvo ausente, y diecinueve mil pesos que recib del difunto D. Pedro Matas Menocal por un negocio de tierras. Hay otras dos partidas de ciento cuarenta y cinco mil pesos de ausentes que aqu no han estado avecindados, recibidas por m en ese perodo para tenerlas doce aos a inters moderado. Hay trece buenas y bien vendidas cosechas de azcar, aguardiente, caf y dems frutos menores que han producido mis fincas, las cuales por lo menos llegarn en limpio a cuatrocientos mil pesos. Hay los censos —esas deudas que se llaman tan gratuitamente trampas, siendo, si las hay, del ms santo y noble origen—. Y sin contar mis sueldos y honorarios, que nunca han sido bastantes para mi decorosa subsistencia, todo junto forma un capital mucho mayor sin duda que el que representan la finca colosal y sus anexas, o todo lo que yo poseo. Y en esta tierra donde tan fcil es adquirir y multiplicar lcitamente capitales, viendo cules han sido los mos, y cul el orden de mi vida en todas cosas, habr quien, despus de estas notorias indicaciones, no confiese que el servicio pblico, en vez de ayudarme, me ha perjudicado grandsimamente para el aumento de bienes? Conozco que en cierto modo

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /117 /117 /117 /117 /117 me he abatido y degradado con estas explicaciones; pero, en recompensa, tendr la ventaja de poder a boca llena llamar infame al que, despus de hechas, se niegue a la calificacin que propongo e insista en mortificarme por la parte ms sensible para un Magistrado que ha sido, y ser toda su vida, idlatra de su pureza. COBARDA CRIMINAL, INTERESADO ABANDONO DE LOS NEGOCIOS PBLICOS, DESLEALTAD Por atrevido e insolente se me acusaba en el documento reservadsimo ; por hombre muy poderoso y muy temible, en la Representacin de 15 de diciembre de 1808, que es muy posterior a ese miedo que me inspiraron los pasquines; por revolucionario y cabeza de partido, se me acusa todava en el papel de la calavera ; y en verdad que no es combinable con la cobarda el haber seguido siendo, y ser todava, cabeza de un partido, ni con la ambicin y codicia dejar empleos que daban —segn se supona y supone— tanto dinero e influjo, y dejarlos, teniendo an tantas trampas; pero todo lo combina la fresca malignidad. El ser prudente, generoso y moderado, no es ser cobarde. Huyo de las revoluciones lo mismo que de las bajezas, y no he conocido ni tengo otro partido que el de la razn, bajo cuyas banderas he sido y ser intrepidsimo soldado hasta llegar a la valla que me seala la ley, que nunca he traspasado ni traspasar jams. Sin recordar antiguos hechos, que son todo mi consuelo, debo indicar algunos de la presente poca. Debo decir siquiera que tengo el honor de estar puesto a la cabeza de una lista remitida a S.A. Serensima el Seor Prncipe Almirante, en que se daban a conocer a S.A. los que aqu con arrojo sostenan al desvalido FERNANDO en la causa del Escorial contra el poder serensimo Dir, con la ms dulce emocin, que al paso que fui denunciado como jefe del partido que ac no reconoca la soberana de Sevilla, y al paso que tambin tuve firmeza para sostener esa opinin en un tribunal superior, la tarde del mismo da en que por ellas y otras igualmente sanas e igualmente decorosas se haba pedido mi cabeza en uno de esos pasquines, que tanto me honran, y tanto se me recuerdan. Yo fui tambin el autor de que este Ayuntamiento hiciese el debido homenaje a la supremaca de la Junta Central, antes de que lo exigiese, antes de que llegase la noticia de su instalacin. Dir que no me arredraron tampoco las amenazas y gestiones —hechas contra m y contra nadie ms— de dos Consulados poderosos y de los infinitos acalorados agentes que aqu tenan para pedir y sostener la libertad de nuestro comercio, hasta llegar al punto no slo de conseguirla sino de que mis mismos adversarios hayan conocido su error. Dir que no me arredraron esas acusaciones de infidencia y deslealtad, repetidas y parafraseadas de tantas maneras; no me impidieron, por lti-

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OBRAS 118\ 118\ 118\ 118\ 118\ mo, promover con la entereza de mis obligaciones —no en las plazas y cafs ni al odo de sediciosos, sino en los lugares donde la ley me lo permita—, las ideas que los pseudopatriotas caracterizaban de subversivos y algo ms, y que las Cortes despus han adoptado y sancionado sobre nuestros derechos iguales con los espaoles de Europa —que, segn se deca entonces, eran ningunos por ser de pas conquistado— sobre nuestra parte en la Representacin nacional, nombramiento de Diputado, Gobierno Provincial y dems reformas esenciales. S, yo fui el autor de las representaciones que este solo Ayuntamiento, y ningn otro de Amrica, hizo al Gobierno Supremo sobre estos particulares. ¡Ah! Es verdad que “hay momentos —como deca un gran hombre— en que el alma ms denodada se cansa de combatir o de ejercer sus fuerzas, y que, indignada de la injusticia con que se le corresponde, o irritada de las atroces injurias de la calumnia y de la insolente malignidad, desea los consuelos y ventajas de la vida privada”; pero no fueron sas las razones que a m me movieron para dejar esos temibles y lucrativos empleos Las que yo tuve estn recopiladas en estas palabras que el pblico ha visto impresas en el segundo documento de mi anterior Manifiesto, a saber: “Que en este tiempo quera vivir en la mediana, no para abandonar la santa causa de la Patria, sino para mejor servirla en puestos que no sean atacables por la desenfrenada malignidad, o por las ruines pasiones que tanto reinan y pueden en estos miserables das.” Estoy separado ahora de todo lo que es gobierno; pero ni he abandonado ni abandonar la dulce complacencia de servir en los dems ramos, y en ellos he estado y estoy ocupado actualmente. No ped el sueldo que se me conserva, y que, a m solo, se me echa en cara a los cuatro meses de haberme separado de un empleo de ms de triple dotacin. Me sera fcil justificar que, aun en este estado, merezco y gano bien los mil seiscientos cincuenta pesos; pero me es ms agradable decir que siempre ha sido y siempre ser mi nimo ayudar con eso, y con todo lo que ms pueda, a nuestra afligida Patria. El pblico no puede dudar que todas las especies con que se ha procurado empaar mi cristalina lealtad han sido representadas de diferentes maneras a nuestro Supremo Gobierno, y sobre la fundamental de todas, es decir, la de aquella proyectada Junta independiente y tirnica se han visto, por lo menos, impresas dos representaciones, de las cuales ya cit la de 15 de diciembre de 1809, y la otra de 15 de agosto del mismo ao, se remiti al Excmo. Sr. D. Francisco de Saavedra, Presidente entonces de la que se titulaba en Sevilla Junta Suprema de Espaa e Indias Y ese Seor Presidente es el que, como Ministro de Hacienda, firma la Real Orden del 28 de agosto de 1809 en que, accedindose a mi solicitud de exoneracin temporal, se me honra sobremanera, y, con vista de todos aquellos antecedentes, se dice que siempre se tendrn presentes mis buenos y agradables servicios

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /119 /119 /119 /119 /119 Estando el mismo Seor en la Regencia del Reino y el gran Juregui ac despacio, me mandaron dar gracias, sin pedirlas, por lo bien que haba desempeado hasta entonces la interinatura de la Superintendencia de Tabacos. La posterior Regencia —sin solicitarlo yo tampoco, porque no puede drsele ese nombre a la muy anterior y criticada indicacin que hice de mis servicios— me ha dado en la carrera de la Magistratura los supremos honores, y la actual Regencia ha manifestado de m, y lo ha manifestado a las Cortes, el concepto que se ha visto en la Real Orden de 30 de enero de este ao con que concluye el apndice a mi Informe. Las Cortes tambin me han honrado aprobando el nombramiento que me hizo la Suprema Junta de Censura para vocal de la Provincial de esta Isla. Testigos ms inmediatos de mi conducta en esta poca —quiero decir el Jefe de la Isla y sus Ayuntamientos— me han colmado de distinciones. Ocho Ayuntamientos me dieron su unnime voto para la Diputacin de la Central, y el de esta capital, entre ellos; me lo volvi a dar, con la misma unanimidad, para la Diputacin en Cortes. stas son las losas donde yo descanso y stas las que quieren romperse y no pueden levantarse. Sobran, para mi tranquilidad, tantos y tan autorizados testimonios, y ellos imponen a mi cordura la obligacin de no revolver materias que, siendo odiosas, estn ejecutoriadas en favor de mi inocencia; pero hace mucho tiempo que ella me clama porque, al menos, corra el velo con que a los ojos del pblico ha estado cubierto hasta ahora ese ponderado negocio de establecer aqu Junta tirnica e independiente Tengo, muchos meses hace, reunidos en La Habana los documentos necesarios para esto. Y al fin, con este motivo, me resuelvo a romper en este solo punto mi prudentsimo silencio, y lo har en cuanto regrese a la ciudad; pero con la moderacin y sencillez que pidan los gemidos de la Patria, con la consideracin de que mientras estn los galos apoderados del capitolio espaol, no es tiempo de acusar a Verres ni de escribir catilinarias. Ninfa y junio 26 de 1812. Francisco de Arango .Notas1Este Manifiesto fue publicado como suplemento al Diario de la Habana de 7 de julio de 1812, nmero 699, llevando este ttulo: “Don Francisco de Arango cumple el ofrecimiento que hizo en su anterior Manifiesto de 21 de junio”. ( Vidal Morales y Morales )

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REPRESENT REPRESENT REPRESENT REPRESENT REPRESENT ACI"N QUE ARANGO ACI"N QUE ARANGO ACI"N QUE ARANGO ACI"N QUE ARANGO ACI"N QUE ARANGO COMO COMO COMO COMO COMO DIP DIP DIP DIP DIP UT UT UT UT UT ADO A LAS ADO A LAS ADO A LAS ADO A LAS ADO A LAS COR COR COR COR COR TES ORDINARIAS, ELEV" TES ORDINARIAS, ELEV" TES ORDINARIAS, ELEV" TES ORDINARIAS, ELEV" TES ORDINARIAS, ELEV" A LA DIP A LA DIP A LA DIP A LA DIP A LA DIP UT UT UT UT UT ACI"N PRO ACI"N PRO ACI"N PRO ACI"N PRO ACI"N PRO VINCIAL VINCIAL VINCIAL VINCIAL VINCIAL EL 1 DE JULIO EL 1 DE JULIO EL 1 DE JULIO EL 1 DE JULIO EL 1 DE JULIO DE 1813, P DE 1813, P DE 1813, P DE 1813, P DE 1813, P AR AR AR AR AR TICIP TICIP TICIP TICIP TICIP ANDO SU ANDO SU ANDO SU ANDO SU ANDO SU PR"XIMA SALID PR"XIMA SALID PR"XIMA SALID PR"XIMA SALID PR"XIMA SALID A A A A A P P P P P ARA CDIZARA CDIZ ARA CDIZ ARA CDIZ ARA CDIZ1 1 1 1 1Excelentsimo Seor: Si pudieron mis dolencias quitarme la satisfaccin de felicitar a V.E. al tiempo de su instalacin, ellas, mediante Dios, no me podrn estorbar que salga luego para Cdiz a cumplir con el precepto de mi adorada Patria, y que todas las prevenciones que en su obsequio quiera hacerme el Cuerpo que en la Provincia tiene su representacin. Me voy en la fragata “Diana”, y vengo a pedir a V.E. que con sus grandes luces auxilie las pequeas mas, y con sus repetidos encargos alimente y ejercite mi ardiente y fiel patriotismo. l me impele y autoriza a hacer a V.E. no una advertencia de maestro, sino una insinuacin de amigo, con la sincera protesta de que lejos de pensar en censurar las tareas de esta respetable Junta, ni aun de ellas tengo noticias por mis tenaces achaques. Veinticinco aos de experiencia y desengao en el manejo de la causa pblica me han hecho conocer que el escollo de que ms deben huir los Cuerpos que la promueven es el de emprender mucho y de emprenderlo sin plan. Para hacer algo es preciso emprender poco, y escoger, entre lo mucho, lo ms esencial y urgente. Yo concibo que en nuestra Isla lo que ms importa, despus de procurar a la nacin los extraordinarios socorros que en su actual angustia necesita es, primero poner los medios de asegurar su tranquilidad interior, y segundo establecer sin demora el ms indispensable, el ms firme apoyo de nuestra libertad poltica. Sobre lo primero, srvase V.E. llamar a su vista el expediente que instruy nuestro antiguo Ayuntamiento, cuando en cierto modo haca las veces de esta Diputacin, y acabar la obra que all se empez, rectificando las ideas y cumpliendo la gran promesa que contiene la Representacin de 20 de julio de 1811 que yo extend para las Cortes por comisin de aquel Cuerpo. En cuanto a lo segundo, antes de decir cosa alguna, copiar cuatro palabras de oro vertidas no ha muchos aos: “El arranque de un pueblo

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /121 /121 /121 /121 /121 hacia la libertad ser siempre de una duracin efmera, si no es sostenido en los espritus por el convencimiento y en los corazones por el sentimiento. El que no tiene luces no sabe ser libre, y el que no tiene virtud no es digno de serlo.” ¡Qu campo tan vasto abren a la meditacin estas poqusimas frases! De qu servir habernos dado Constitucin si no se ponen los medios de que sepamos lo que es, y la amemos a la inglesa? Y podemos saberlo, podremos amarla, subsistiendo en la ignorancia y con los vicios polticos a que debieron conducirnos tres siglos de despotismo? De qu servirn las leyes contra la tirana y abusos que nos rodean si su raz queda intacta, si no se constitucionan —permtase esta expresin— todas nuestras cabezas y todos nuestros corazones? Tendremos esas santas leyes con la misma indiferencia y la misma inobservancia con que se mantena, en nuestros antiguos cdigos, la que prohiba a los Reyes establecer gravmenes sin consentimiento del pueblo. Ni es ste el lugar ni el momento en que debo detallar el sistema que conviene seguir en el particular; pero no estar de ms que indique el paso primero que a mi parecer debe darse, y tambin contribuir al logro de tan gran fin con los medios efectivos que me pueden permitir mis actuales facultades. Casi toda la poblacin rstica de nuestra Isla —esto es, los principales instrumentos de nuestra fortuna— y gran parte de la urbana, no sabe leer ni escribir. No sabiendo leer no puede saber, como corresponde lo que es Constitucin; y no sabiendo como corresponde lo que es Constitucin, ni puede amarla ni defenderla como corresponde ... Same lcito no concluir esta aflictiva ilacin, y poner en su lugar un rasgo bien expresivo de una gaceta angloamericana que, describiendo las abominaciones y efectos de un atroz asesino de aquel pas, dijo para coronarlas: “Por fin, no saba escribir ni leer este mal hombre.” Tan raros como todo esto son en los pases libres los hombres que no saben leer. Esforcmonos, pues, para que lo sean en esta Isla; transformmosla en esta parte, hagamos que en poco tiempo reciban todos sus habitantes con la debida perfeccin la ms til de todas las enseanzas, que es la de primeras letras; y mientras no se consiga esto con la generalidad necesaria, lejos de or proyectos o de destinar fondos para nuevas enseanzas y establecimientos, aplquese a tan gran objeto lo que se gasta en otros, que le son muy inferiores en orden y utilidad. A impulsos del celo respetable del Cura y del Sacristn mayor de Gines, Don Agustn Hermosilla y D. Jernimo Prez, se ha establecido all en regular pie una escuela de primeras letras; tienen ya un buen maestro, y tienen para esto y para todo lo bueno la mejor disposicin; pero les falta un edificio capaz de recibir todos los nios del partido, y les falta dinero para costear la escuela y hacerla gratuita. En tales circunstancias, no quiero dejar mi pas llevando el doloroso escozor de que se pueda perder esta

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OBRAS 122\ 122\ 122\ 122\ 122\ preciosa semilla; y en la vspera de mi salida me vengo a obligar con la Diputacin de mi Provincia, por este papel que suscribo y por una escritura pblica que otorgarn, si se cree necesaria, mis apoderados generales Don Jos Ignacio de Echegoyen, D. Ciriaco y D. Mariano de Arango, primero a poner luego por obra, concluir y entregar a quien V.E. disponga, en un ao lo ms tarde, el edificio deseado, hacindolo en el solar destinado ya para este fin y en los decorosos trminos que el adjunto plano y su nota explican; segundo que si concluido el edificio no llegare por tasacin a ocho mil pesos, completar esta cantidad en nuevas obras anlogas al intento; tercero entregado que sea, corresponder en plena propiedad al vecindario de Gines; pero precisamente para el fin a que lo destino; cuarto me comprometo a dar desde el da de mi salida hasta el de mi regreso trescientos pesos anuales, y en caso de que en el intermedio fallezca se har por mis albaceas o herederos imposicin formal de seis mil pesos para asegurar el rdito de los trescientos, con la condicin expresa de que necesariamente se han de destinar al objeto a que los aplico; pero si Dios me concede el gusto de volver con salud y sin notable menoscabo en mis bienes, ser mi mayor complacencia costear la escuela en un todo y auxiliar con cuanto pueda las dems fundaciones de igual clase que en el progreso de su poblacin necesitare el partido. Hay en l pudientes e ilustrados hacendados que con la mejor voluntad contribuirn al entretenimiento de esta obra pa, y entre ellos nombro a mis apreciables amigos D. Ignacio de Herrera y D. Pedro Diago, porque pasan en sus fundos ms de la mitad del ao, y creo que sern muy gustosos en que la Diputacin les encargue que abran y realicen una suscripcin proporcionada al objeto. No puedo concluir sin recomendar a la Diputacin que en nuestro actual estado los prrocos deben ser los ms tiles agentes de que puede echarse mano para semejantes empresas; y espero al menos que no se desairar el mrito de los de Gines, en cuyo favor me hace hablar mi amor a la justicia; as como el de la causa pblica me ha arrancado en momentos de tanto apuro esta desaliada y difusa exposicin. Dios guarde a V.E. muchos aos. Habana, 1 de julio de 1813. Francisco de Arango Excelentsimo Sr. Presidente y Seores Vocales de la Diputacin Provincial.Notas1Esta Representacin se public en el Diario de la Habana de 8 de julio de 1813. ( Vidal Morales y Morales )

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DOCUMENTOS RELA DOCUMENTOS RELA DOCUMENTOS RELA DOCUMENTOS RELA DOCUMENTOS RELA TIV TIV TIV TIV TIV OS A LA OS A LA OS A LA OS A LA OS A LA REPRESENT REPRESENT REPRESENT REPRESENT REPRESENT ACI"N DE 1 DE JULIO DE 1813 ACI"N DE 1 DE JULIO DE 1813 ACI"N DE 1 DE JULIO DE 1813 ACI"N DE 1 DE JULIO DE 1813 ACI"N DE 1 DE JULIO DE 1813NMERO 1Contestacin del Presidente de la Diputacin el 1 de julio de 1813 An antes de ejercer V.S. el importante encargo que le ha confiado esta Provincia, empieza ya a realizar las lisonjeras esperanzas que concibi desde el momento en que fue elegido V.S. su Diputado en las prximas Cortes ordinarias. Veinticinco aos consagrados por V.S. a la ilustracin y prosperidad de esta Isla eran el garante ms fiel de sus futuras operaciones. Esa misma conviccin reuni en favor de V.S. los sufragios de la junta electoral de estas Provincias, y esa misma experiencia hizo que el pueblo justo y reconocido de La Habana aplaudiera la eleccin de V.S. con las ms extraordinarias y afectuosas expresiones. No fueron menos sinceras las que verti la Diputacin Provincial oyendo el oficio de V.S. de 1 del corriente en que, participndola su prxima salida para Cdiz, la indica a V.S. con el idioma del verdadero patriotismo el medio ms seguro de cumplir sus sagrados deberes. Comprendiendo con el placer que inspira la demostracin de una verdad importante, cuanto V.S. la insina sobre educacin y enseanza de primeras letras, aun fue mayor su convencimiento y complacencia, admirando a V.S. erigir en el pueblo de Gines uno de esos monumentos de pblica utilidad. Lo ser sin duda para los vecinos de esa comarca, y cuando sus alumnos ejerzan algn da los derechos de ciudadano espaol bendecirn la mano benfica por quien disfrutan de esta dignidad. La Diputacin recibe bajo sus auspicios esa obra predilecta de V.S. y tan anloga a su instituto, esperando con la mayor confianza del ilustrado patriotismo de V.S. que no sern menos favorecidos los dems pueblos de esta Provincia. V.S. conoce muy bien lo que cada uno de ellos necesita, y lo que interesa al bien comn y a la prosperidad general, y siendo sta el objeto secundario de la misin de V.S. no es presumible omita medio alguno para promoverlo y para conseguirlo.

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OBRAS 124\ 124\ 124\ 124\ 124\ Tales fueron las ideas y afectos que excit la exposicin de V.S. en la Diputacin Provincial, y queriendo perpetuar entre sus acuerdos un testimonio irrefragable del alto aprecio y consideracin que V.S. la merece, celebr el acta de que incluyo copia, protestando a V.S. que mis particulares sentimientos hacia su persona no son inferiores a los del Cuerpo que represento. Dios guarde a V.S. muchos aos. Palacio del Gobierno de La Habana a 3 de julio de 1813. Juan Ruiz de Apodaca Seor Diputado en Cortes, D. Francisco de Arango.NMERO 2Acta de la sesin celebrada por la Diputacin Provincial el 3 de julio de 1813 Certifico que, en sesin celebrada el 3 del corriente por la Diputacin Provincial y presidida por el Excmo. Sr. D. Juan Ruiz de Apodaca, Capitn General, Jefe Superior Poltico de esta Provincia, se ley un oficio del Seor Don Francisco de Arango, Diputado por esta Provincia en las prximas Cortes ordinarias, en que, participando a la Diputacin su inmediata partida para aquel destino, se ofrece a desempear con el mayor celo y eficacia cuanto se digne recomendarle este Cuerpo; insinundole al mismo tiempo que, para conservar nuestra tranquilidad interior, convendra tuviese a la vista la Representacin que el Excmo. Ayuntamiento de esta ciudad hizo a las Cortes generales en 20 de julio de 1811, y para facilitar nuestra libertad poltica deba con antelacin a otros objetos y enseanzas dedicarse eficazmente a establecer en los campos escuelas de primeras letras, porque sin saber leer no puede saberse, como corresponde lo que es Constitucin y no sabindose, como corresponde lo que es Constitucin, no puede amarse ni defenderse como corresponde Para realizar tan tiles ideas, present el plano de una casa que ha dispuesto edifique inmediatamente en el pueblo de Gines, destinndola a ese fin, cedindola en propiedad a sus vecinos y asignando adems trescientos pesos anuales para sus gastos necesarios, cuya escuela deber dirigirse por ahora por el mismo maestro de primeras letras que han elegido el Cura prroco y Sacristn mayor de dicha iglesia; aadiendo que, para hacer ms general este beneficio, estableciendo otras en el mismo partido, se encargue abrir una suscripcin a los seores D. Ignacio de Herrera y D. Pedro Diago. Convencida la Diputacin, an ms por los hechos que por las razones, del generoso e ilustrado patriotismo del Sr. D. Francisco de Arango, propuso al Excmo. Seor su Presidente significase a S.S. el alto aprecio y consideracin con que haba odo sus insinuaciones y aceptado sus ofertas, como tan anlogas unas y otras a los

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /125 /125 /125 /125 /125 principales objetos de su instituto; esperando con la mayor confianza de su acreditado celo por el bien pblico y de los vastos conocimientos que tiene acerca de los intereses de esta Provincia, que no omitir en el Congreso nacional medio alguno conducente a su fomento y prosperidad; incluyndose copia certificada de este acuerdo en el oficio que servir dirigir a Su Seora el Excmo. Sr. Presidente, e imprimindose uno y otro documento en el Diario del Gobierno para hacer ms pblicos los sentimientos de esta Diputacin. Habana, 6 de julio de 1813. Toms Romay Secretario.

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VOTO P VOTO P VOTO P VOTO P VOTO P AR AR AR AR AR TICULAR DE V TICULAR DE V TICULAR DE V TICULAR DE V TICULAR DE V ARIOS CONSEJEROS ARIOS CONSEJEROS ARIOS CONSEJEROS ARIOS CONSEJEROS ARIOS CONSEJEROS DE INDIAS SOBRE LA ABOLICI"N DEL DE INDIAS SOBRE LA ABOLICI"N DEL DE INDIAS SOBRE LA ABOLICI"N DEL DE INDIAS SOBRE LA ABOLICI"N DEL DE INDIAS SOBRE LA ABOLICI"N DEL TRFICO DE NEGROS TRFICO DE NEGROS TRFICO DE NEGROS TRFICO DE NEGROS TRFICO DE NEGROS1 1 1 1 1Los Ministros D. Francisco Requena, D. Francisco Ibez Leyva, Don Francisco de Arango, D. Francisco Javier Caro de Torquemada, D. Jos Navia y Bolaos, D. Bruno Vallarino y D. Mariano Gonzlez de Merchante piensan de diferente manera. Su dictamen es el siguiente: Estamos conformes en que se prohba el trfico de negros; toda Europa desdicindose ahora de sus antiguas mximas acaba de estipularlo as, en obsequio de la humanidad, y ni sera decoroso que Espaa rehusara tomar parte en tanta gloria ni adelantara nada con rehusarlo. Inglaterra, duea y seora de los mares, desea ardientemente la universal y perpetua abolicin de este trfico, y como tiene medios harto poderosos de conseguir a todo trance su deseo, intil y aun perjudicial sera de nuestra parte cualquier oposicin. Mas de ningn modo podemos convenir en que el trfico de negros se prohba repentinamente. Los Estados Unidos de Amrica, que se ufanan de haber sido los primeros en prohibirle, concedieron a sus sbditos veintin aos de plazo. El Parlamento de Gran Bretaa no tard menos de diecinueve en or a los hacendados de sus colonias, y acogan cuantas noticias podan esclarecer la materia, y encaminar con acierto su debate y decisin. El Prncipe Regente de Portugal le prohibi cinco aos despus de haber ofrecido a S.M. Britnica que coadyuvara al logro de sus designios, y aun esta prohibicin no fue general sino limitada a las costas de frica que estn al norte del ecuador; pues respecto de las que estn al sur, S.A.R. ha querido reservar y diferir la prohibicin para otro tiempo y otro tratado. Imitando el ejemplo de estas tres naciones, nada se aventura; por el contrario, desvindose de las sendas que ellas han trillado con prspero suceso, se traspasan las reglas de la justicia, se desestiman las ms prudentes mximas de la poltica, y sobre todo esto se corren grandes riesgos, tanto ms temibles cuanto son menos previstos. Cerradas las costas de frica a todas las naciones europeas, las provincias de Amrica que se encuentran en la triste necesidad de cultivar sus tierras con esclavos, no tienen medio ninguno para suplir la falta de los que mueran o se ahorquen. A lo cual es consiguiente que suba mucho el valor de los que ya existen en aquellas regiones, que se disminuya indefinida-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /127 /127 /127 /127 /127 mente el producto de las haciendas y que el precio de los frutos crezca en razn compuesta de aquella subida y de esta disminucin. Esos daos, harto dignos de consideracin por s solos, llegaran a un trmino que la prudencia humana no puede calcular ni prever si la prohibicin del trfico fuera repentina. Averiguada cosa es, por cuantos han querido observarla, que las haciendas de Amrica no tienen para su cultivo los negros que necesitan y que, en ninguna de ellas, el nmero de hembras es proporcionado al de varones. Prohibir sbitamente el trfico de negros en tan desventajoso estado de cosas sera acelerar los perjudiciales efectos de la prohibicin y hacerlos ms insoportables; sera condenar millares de hacendados a perder una buena parte de sus rentas, y, lo que es ms, a sufrir, sin poderlo remediar, un gran deterioro y menoscabo en sus capitales; sera cegar de improviso todas las fuentes de prosperidad, y querer que el luto y la miseria hiciesen presa de los pases donde ahora reinan la alegra y la abundancia. Pero dejemos a un lado los intereses de los propietarios, y olvidndonos de la justicia que tienen para exigir del Gobierno que no los destruya de una plumada y en un solo instante, fijemos nuestra consideracin en la triste suerte de los infelices que ya son esclavos. Sin mujeres con quienes casarse pasarn su amarga vida en violento e insoportable celibato, privados para siempre de las dulzuras y consuelos que el matrimonio facilita a todos los hombres, y ms particularmente a los desgraciados. Desprovistas las haciendas de los brazos necesarios para su labranza, y creciendo cada da esta escasez de brazos, los pocos que en ellas queden habrn de hacer las mismas faenas que antes se repartan entre muchos; pues los amos, a trueque de que sus rentas no mengen y sus capitales decaigan lo menos que sea posible, recargarn a sus esclavos con mayor trabajo. Como el valor de stos ha de subir exorbitantemente, les ser ms difcil la consecucin de su libertad; porque ni ellos tendrn tanta facilidad en juntar el peculio necesario para comprarla ni los amos sern ms francos y generosos en otorgrsela. As, el ponderado y dudoso bien que se intenta hacer a los habitantes de frica, redunda en dao y calamidad de sus hermanos. Nos interesamos por unos brbaros sin polica ni civilizacin y que nunca han usado de su libertad sino para venderse o devorarse, y nos olvidamos de aqullos a quienes nuestra comunicacin y nuestra enseanza han hecho racionales trabajadores, industriosos y cristianos. Escrupulizamos privar a aqullos de su vana y quimrica libertad, y a stos les remachamos las cadenas y se las hacemos ms pesadas. Ya que nos olvidamos de los esclavos de Amrica y aun de sus amos, razn sera que nos acordramos de nuestros propios intereses, y que, en la actual penuria del Erario, aprovechramos la favorable ocasin que se presenta para exigir algo de los ingleses en recompensa de la prohibicin que tanto desean. Esta mxima poltica, practicada en todas las naciones

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OBRAS 128\ 128\ 128\ 128\ 128\ del mundo, no pudo ocultarse a la penetracin de S.M., y as, cuando ofreci prohibir el trfico de negros dentro de ocho aos, exigi ciertas condiciones que no sabemos cules fueron. Sin que stas se hayan verificado todava, pretenden ahora los ingleses que el plazo de ocho aos se reduzca a cinco. En tal estado de cosas, lo ms natural y ms sencillo sera consultar a S.M. que accediera a esta pretensin; que ponderara bien el servicio que en ello haca, y que exigiera, en retribucin de este servicio, las mismas condiciones que haba exigido anteriormente, o las que su alta comprensin juzgase ms conveniente al bien general de sus dominios. Si, en vez de seguir este camino sealado por la prudencia, se prohbe inmediatamente el trfico de negros, los ingleses no creern que en esto se hace ningn sacrificio, puesto que se les concede an ms de lo que solicitan. No habr trminos hbiles para estipular cosa ninguna por va de resarcimiento, y S.M. perder intilmente los auxilios que de una nacin rica y poderosa podra exigir con tan justo y decoroso ttulo. Y qu dirn los habitantes de Amrica de una prohibicin tan sbita, tan inesperada y tan contraria a su bienestar? Vern con gusto, o al menos con indiferencia, que se les cierre de improviso y para siempre el mismo camino por donde pueden surtirse de los brazos que necesitan? Por los clamores con que la Isla de Cuba pide que se prorrogue el plazo de doce aos concedido a los buques espaoles en la Real Cdula de 22 de abril de 1804 para la introduccin de negros bozales, pudiramos asegurar, sin recelos de engaarnos, que los hacendados de aquella Isla llevarn muy a mal la repentina abolicin de este trfico. Los perjuicios que ocasione esta repentina abolicin en las dems partes de Amrica sern ms llevaderos, y de ah provendr tal vez el silencio que todas ellas han guardado; mas, en la Isla de Cuba han de ser enormes e insoportables, y este convencimiento es la poderosa causa de sus clamores y repetidas instancias. Debindose los rpidos progresos de aquella Isla a la introduccin de negros que cultivan sus campos y a la exportacin que han hecho de sus frutos las naciones extranjeras, al punto que cualquiera de esos dos mviles deje de obrar, es forzoso que decaiga su agricultura, se amortige su comercio y desaparezca su opulencia con ms o menos celeridad. El trnsito de la abundancia a la escasez, de la riqueza a la miseria es muy duro de hacerse y nunca se hace sin suma repugnancia. Las dos ltimas guerras con Francia y Gran Bretaa pusieron insuperables estorbos a la introduccin de negros en dicha Isla. Los corsarios de Cartagena han estado y estn todava dificultando esa introduccin, y hasta los ingleses han apresado, por frvolos pretextos, varios buques espaoles que hacan este comercio. Por estas causas han sido ilusorios para la Isla de Cuba los doce aos sealados en la Real Cdula de 22 de abril, y por las mismas se encuentran hoy sus haciendas tan desprovistas de brazos como si tal permiso no se hubiera concedido. En tan crticas circunstancias no ser prudencia hacer la dura

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /129 /129 /129 /129 /129 prueba que quiere hacerse de la fidelidad y constancia de aquellos naturales. Las leyes econmicas dictadas por influjo de potencias extranjeras tienen poqusima recomendacin, por muy justas que sean, en el nimo de los sbditos. Pues, qu ser cuando tales leyes conceden a dichas potencias mucho ms de lo que solicitan, y cuando son realmente contrarias a los intereses y manifiestamente opuestas a los apasionados deseos de una provincia vasta, opulenta y remota? Las razones expuestas hasta aqu nos parecen tan luminosas y convincentes que no acertamos a concebir cmo han sido desestimadas por el Consejo. Unnimemente acordes en que se prohba el trfico de negros, no encontramos razn plausible para que esta prohibicin se haga de repente. Ni el deseo de los ingleses, ni nuestra propia conveniencia piden que se lleven las cosas por tan arriesgado extremo. Algase el peligro de que se repitan en nuestras posesiones los estragos y horrores que en la colonia francesa de La Espaola; alganse las injusticias con que los africanos son esclavizados por los europeos, y la sin razn que habra en dejar subsistir este inicuo trfico por un solo momento; pero estas razones ms tienen de especiosas que de slidas, y su aparente robustez se desvanece al punto que nos acercamos a reconocerla. El peligro que se teme de parte de los negros es tan remoto y fcil de precaver que bien pudiera llamarse vano, y las trgicas escenas de La Espaola son felizmente de aqullas que nunca se representan dos veces. Para que all sucedieran tantas desgracias fue necesario que en Francia hubiera una sangrienta y feroz revolucin; que se formase en el calor de ella el insensato proyecto de libertar todos los negros e igualarlos con los blancos en derechos y condicin; que los Comisionados de la Repblica los azuzasen contra todos aqullos que se oponan a las nuevas instituciones; que nosotros mismos disemos armas y municiones a algunos que aparentaban seguir la justa causa del Rey; y en fin, que los ingleses vistiesen, armasen, regimentasen y disciplinasen crecidsima porcin de ellos para hacer la guerra a los franceses y asolar aquella rica y floreciente colonia. De tan extraordinario conjunto de circunstancias provino que el negro Santos Louverture se hallase, cuando menos lo pens, con una fuerza capaz de encender en su altivo nimo el osado pensamiento de sacudir el yugo y hacerse independiente. Como es moralmente imposible que vuelva a repetirse tan larga serie de maldades, de indiscreciones y de locuras, ser tambin imposible que los negros vuelvan a cometer en ninguna parte los horrores y estragos que en Santo Domingo. En nuestras posesiones es esto menos temible; porque en ellas el nmero de esclavos es muy inferior al nmero de libres, y aun el de negros y mulatos no es desproporcionado con el de blancos, de cuyo prudente equilibrio resulta en favor de estos ltimos una seguridad tan estable que en tres siglos jams ha sido notablemente interrumpida. Las sediciones que alguna que otra vez han suscitado

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OBRAS 130\ 130\ 130\ 130\ 130\ nuestros esclavos han sido parciales y momentneas. La vigilancia de los magistrados y el inters de los amos han apagado el fuego con maravillosa presteza y facilidad, cuando apenas se descubra la llama. Este peligro que tanto se teme no puede aumentarse mucho con el corto nmero de negros que se introduzcan en el breve espacio de cinco aos, y aun en el caso de que se aumentara bastara para alejarle o disiparle dictar providencias prudentes y sabias que no ocasionen perjuicios graves e irreparables. La otra razn tomada de la injusticia del trfico no tiene ms solidez que la precedente. Si el asunto no fuera de suyo tan grave y trascendental, bastara decir para refutarla que las autoridades en que se ha querido apoyar no tuvieron aceptacin ninguna en la poca en que pudieron tenerla, ni sirvieran de estorbo para que los gobiernos ms ilustrados de Europa autorizasen el trfico de negros con sus leyes y le protegiesen con sus armas. Las mismas rdenes religiosas, cuyo hbito vistieron esos escritores, han posedo grandes haciendas sin haber escrupulizado nunca acerca de la esclavitud de sus negros; prueba irrefutable del poco aprecio que se ha hecho de tales opiniones. Sera, ciertamente, cosa muy extraa que los Prncipes de Europa se hubieran cegado tanto en una materia tan clara, permaneciendo en su ceguedad por ms de trescientos aos, y necesitando para salir de ella que el Parlamento de Gran Bretaa les revelase ahora el recndito y misterioso dogma de que la esclavitud de los negros es contraria a los derechos de la humanidad. En el mundo ha habido siempre esclavos y los habr. Hbolos en el pueblo de Dios; hbolos en las antiguas repblicas de Grecia y en los antiguos imperios de Asia; hbolos en Roma, en tiempo de los Cnsules y de los Emperadores; hbolos en los pueblos del norte que invadieron, sojuzgaron y repartieron entre s el Imperio de Occidente; hbolos, por fin, en todas las naciones modernas que se levantaron sobre las ruinas de este coloso. Actualmente los hay en muchos reinos de Europa. Los hay en Asia, y frica tambin est inundada de ellos. Las naciones que pueblan esta ltima regin tienen su derecho de gentes como lo tienen todas, por ms brbaras que nos parezcan. Ellas hacen la guerra, ajustan la paz, envan y reciben embajadores. A los prisioneros los devoraban o los mataban antiguamente; pero, de tres siglos a esta parte, los vende a quien se los compra. En este cambio nada han perdido esos infelices, y si de ello dudase alguno, dganos cuntos de los llevados a la Amrica espaola —no siendo pocos los que se liberan y allegan caudal— han querido volver a la tierra donde nacieron. Mas, cmo han de quererlo cuando ellos mismos se avergenzan de ser bozales y ocultan esta cualidad con tanto estudio como entre nosotros encubre su infamia un ensambenitado? Es verdad que los negreros hacen con esta ocasin algunos plagios y cometen algunas crueldades; pero stos son casos particulares que por s solos no bastan para decidir generalmente que el trfico es injusto y

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /131 /131 /131 /131 /131 mucho menos para prohibirle de improviso. Harto frecuentes han sido siempre los robos, y con todo eso a nadie le ha ocurrido pensar que sea injusta la introduccin del dominio, ni que el vano recelo de que fuesen hurtadas las cosas que se compran y se venden sea fundado motivo para prohibir toda contratacin. Aunque el trfico de negros fuera tan injusto como se pondera, no por eso sera necesario prohibirle inmediatamente. La ley que prorrogase este injusto trfico no sera preceptiva, sino permisiva; nadie sera apremiado en fuerza de ella y el comprar o no comprar esclavos dependera del libre y espontneo albedro de cada uno. Compraralos el que tuviese por lcito este comercio; el que lo tuviese por ilcito no los comprara. La piedra de toque en materias de legislacin es no prohibir lo que mandan las leyes divinas, naturales o positivas; ni mandar lo que estas mismas leyes prohben. Cuando se contraviene esa regla, despliega toda su fuerza aquella sabida mxima de que primero se debe obedecer a Dios que a los hombres Mas, cuando se trata de tolerar y permitir, han tenido lugar en todos los tiempos y no pueden menos de tenderle las consideraciones de utilidad y conveniencia. El temor de causar mayores daos que los que se intentan remediar ha podido siempre mucho en el nimo de los legisladores prudentes, y as no hay cdigo ninguno, por ms sabios que hayan sido sus autores y muy piadosos, que no abunde en este gnero de conveniencias y permisiones. Nacidas de la flaqueza humana y dictadas por la necesidad de temporizar con ella, durarn tanto como las leyes y como los hombres. Por todas estas consideraciones somos de dictamen que se consulte a S.M. dicindole: primero que bien puede acceder a la solicitud del Prncipe Regente de Gran Bretaa y prohibir a todos sus vasallos el trfico de negros bozales en la forma siguiente: en las costas de frica que estn al norte de la lnea equinoccial desde ahora mismo; en las que estn al sur de dicha lnea, desde el 22 de abril de 1821 en adelante. Segundo que S.M. Britnica indemnice completamente a los dueos de las expediciones espaolas que sus cruceros han apresado, nombrando para este efecto persona que haga la correspondiente liquidacin de comn acuerdo con el Consulado de La Habana y el Intendente de Puerto Rico, que son los que hasta ahora han reclamado. Tercero que S.M. Britnica d rdenes estrechas y eficaces para que los mencionados cruceros no apresen, detengan, ni registren, por ningn pretexto, los buques espaoles que dentro del plazo estipulado fueren a comprar esclavos en las costas de frica que estn al sur del ecuador. Cuarto ltimamente, que S.M. se digne tomar en consideracin los grandes perjuicios que van a sufrir los hacendados de Amrica con la abolicin del trfico de negros y dictar aquellas providencias que su alta comprensin juzgare ms oportunas para aumentar la poblacin de blancos en aquellos dominios y particularmente en la Isla de Cuba, donde ha de ser mayor la falta de brazos, por cuya razn convendra muchsimo

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OBRAS 132\ 132\ 132\ 132\ 132\ que S.M. no alterase ni restringiese, entre tanto se examine este punto y se arregle el comercio en general, la posesin en que est dicha Isla de contratar directamente con los extranjeros amigos y neutrales. V.E. no obstante, etctera. Madrid, 15 de febrero de 1816.Notas1Atribyese a D. Francisco de Arango la redaccin de este Voto Particular. ( Vidal Morales y Morales )

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AXIOMAS ECON"MICO AXIOMAS ECON"MICO AXIOMAS ECON"MICO AXIOMAS ECON"MICO AXIOMAS ECON"MICO -POLTICOS RELA -POLTICOS RELA -POLTICOS RELA -POLTICOS RELA -POLTICOS RELA TIV TIV TIV TIV TIV OS OS OS OS OS AL COMERCIO COLONIAL, PRESENT AL COMERCIO COLONIAL, PRESENT AL COMERCIO COLONIAL, PRESENT AL COMERCIO COLONIAL, PRESENT AL COMERCIO COLONIAL, PRESENT ADOS ADOS ADOS ADOS ADOS AL CONSEJO DE INDIAS EN 1816 AL CONSEJO DE INDIAS EN 1816 AL CONSEJO DE INDIAS EN 1816 AL CONSEJO DE INDIAS EN 1816 AL CONSEJO DE INDIAS EN 18161 1 1 1 1I Las leyes de comercio, y con ms particularidad las de comercio martimo, son leyes reglamentarias que deben andar con el tiempo y situacin de las cosas. II Cuando se consolid el sistema de comercio exclusivo con nuestras Amricas, guardaban alguna proporcin los recursos del proveedor con las necesidades del consumidor, y haba adems posibilidad de establecer y sostener toda clase de restricciones, porque ni tenamos temibles rivales en aquella navegacin ni establecimientos extranjeros a la inmediacin de nuestras posesiones ultramarinas. Los hay ahora por todas partes, llenos de cuanto pueda desearse, y al paso que las necesidades de nuestras colonias son quizs mil veces mayores que lo eran al principio, la industria de nuestra Metrpoli, su marina, todas sus fuerzas, sus recursos todos, en vez de crecer han menguado. Y en este estado, en el de fermentacin y desabrimiento de nuestras Amricas, cmo se podrn seguir aquellas primitivas leyes o reglas para nuestro trfico? III Aun cuando fuesen posibles en las actuales circunstancias, sera menester que en ellas se probase la justicia o la utilidad al menos de semejante sistema; y por ningn camino puede presentarse tal prueba. IV Salta a los ojos la justicia con que los mismos espaoles, gente de una misma sangre y origen, vasallos de un mismo Rey, piden que, en el pas que

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OBRAS 134\ 134\ 134\ 134\ 134\ habitan, en el pas que ellos han conquistado o poblado, en el pas que ellos han fertilizado con su sangre o su sudor, se observen para el comercio las reglas que en la Madre Patria. Salta a los ojos, repito, la justicia con que piden que en La Habana, por ejemplo, se haga lo mismo que en Mlaga para sacar los sobrantes de su industria y conducir de otras partes lo que les haga falta o les pueda acomodar. V En cuanto a la utilidad es el colmo de la superficialidad querrnosla persuadir, presentando nicamente los bienes o las ventajas que del sistema exclusivo se supone resultan a una parte de la nacin, o a algunos de sus diferentes miembros. Aun cuando fuesen ciertas esas ventajas parciales, restaba examinar el costo que nos tenan, y pesarlo en la balanza de la conveniencia pblica, poniendo de un lado los supuestos bienes, y del otro los perjuicios o menoscabos que causan. VI Tres siglos de favores dispensados estrilmente a esos mismos miembros, tres siglos de decadencia en el cuerpo del Estado, y tambin de languidez en los mismos ramos o miembros privilegiados, parece que son bastantes para que abramos los ojos, o confesemos todos que son quimricas esas ofrecidas ventajas. Y un instante de reflexin hecha con imparcialidad basta para comprender que son inmensas, que son incalculables las prdidas que han sufrido la industria, poblacin, navegacin y riqueza de nuestras Amricas por sostener un sistema con que no medr la Metrpoli. VII Da lstima or decir que en la dependencia mercantil consiste la dependencia poltica de nuestras posesiones ultramarinas. Antipata es la que hay entre esas dos dependencias. Lo que de la mercantil resulta es resentimiento y pobreza en los que la sufren, y stos no son por cierto apoyos de la dependencia poltica, o al menos no son tan seguros como la distraccin y alegra que produce la riqueza consiguiente a la libertad de comercio. VIII Es quizs mayor dislate pensar que es buena poltica tener los pueblos distantes en la infancia y privaciones. La razn y la experiencia nos dicen que los infantes slo producen gastos, cuidados y sobresaltos; y es

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /135 /135 /135 /135 /135 cosa bien conocida que el hombre por lo general se une con el que le trata, y huye del que no le complace. Buenas pruebas nos da de esto nuestra reciente experiencia. IX En qu paraje de nuestras Amricas ha habido ms convulsiones? En cules tiene hoy ms races el espritu de insurreccin? En el interior de los continentes, esto es, donde no llegaron extranjeros y eran ms las restricciones. La Habana, por el contrario, lejos de estar en rebelin, nunca dio ms prueba de amor a su Metrpoli que cuando con ms amplitud goz de la libertad de comercio. Ella sin duda ha sido, entre todas nuestras llamadas colonias, la que mayores dispensas y favores ha obtenido en materia de comercio; ella, por tanto, es la ms vigorosa y despejada; y ella sin duda es la que menos sustos causa, y la que ms cordialmente ha auxiliado a su Metrpoli en este tiempo de delirios. X A los dos siglos y medio de su fundacin, o sea, en 1762, bastaban para el suministro de toda la Isla de Cuba dos registros o cargamentos de efectos europeos conducidos a La Habana por la Compaa que tom su nombre, y entonces la extraccin anual de frutos de tan preciosa Isla consista en algunos millares de cueros sin curtir, en unas trescientas mil arrobas de tabaco, y en veinte mil arrobas de azcar, si acaso. No llegaba su poblacin a doscientas mil personas de todas castas, y las rentas Reales pasaban poco de trescientos mil duros; y he aqu el fruto que, al cabo de doscientos cincuenta aos, dieron en la Isla de Cuba las leyes monopolizadoras. Aflojronse sus trabas en 1764 con motivo de la fcil conquista que hicieron los ingleses de una capital que no tena el vigor que poda tener. En 1780 ya asombraban los progresos que haban hecho los consumos, los frutos, la poblacin y el Erario en todos los puntos de la Isla que disfrutaron de ensanches. Pero aumentados stos por el concurso de tan extraordinarias circunstancias como las que nos han rodeado, lo que vemos es que aquella Habana que para surtir toda la Isla reciba dos solos cargamentos en 1762, consume ya, en slo su distrito, ms de ochocientos y produce a corta diferencia el mismo tabaco que entonces produca, mucho mayor nmero de cueros, cuatro millones de arrobas de azcar, en lugar de aquellas veinte mil, gran cantidad de aguardientes y melazas que no se conocan en la primera poca, veinticinco millones de libras de caf, medio milln de pesos en cera y mil artculos que se llaman menores, y son mayores que todos los que se sacaban antes. La poblacin ha triplicado por lo menos, y las rentas Reales de toda la Isla, a pesar de su psima organizacin y la

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OBRAS 136\ 136\ 136\ 136\ 136\ detestable administracin en que han estado y estn, se acercan anualmente a cuatro millones de pesos. Y se dir todava que al Estado, que a la nacin es til que se estreche y no se ensanche la fuente de tantos bienes? Habr algn espaol bien intencionado que, fijando los ojos en el cuadro que nos ofrece ese pequeo punto de nuestras Amricas, deje de ver los incalculables perjuicios que hemos sentido en los otros por la tenacidad de sostener nuestro sistema colonial? Habr, digo, quien se atreva a proponer que renunciemos a tantos bienes por unas esperanzas que, aun cuando no fuesen, como son quimricas, seran siempre infinitamente menores y menos atendibles a todas las relaciones? Puede ser til acabar de irritar a los rebeldes y descontentar a los sumisos? Puede serlo privar al Erario de los enormes ingresos que en La Habana ha producido esa libertad criticada? Y dnde est la marina necesaria para defendernos de los corsarios insurgentes? Dnde las ciento veinte mil toneladas que slo la Isla de Cuba necesita para extraer sus frutos? Pero falta lo mejor. Esos mismos miembros o ramos que se han querido favorecer con el triplicado monopolio de vender comprar y conducir lejos de haberse disminuido han crecido inmensamente en La Habana y deben crecer en todas partes, a la sombra benfica de la libertad mercantil. El consumo de frutos metropolitanos —que es el verdadero patrimonio de la Pennsula— es mil veces mayor en La Habana que lo era en 1762. El nmero de marineros y embarcaciones nacionales empleados en los diferentes ramos de aquel comercio est en la misma proporcin, y puede seguir en pasmosa progresin si con la libertad del trfico se forman aranceles y reglamentos oportunos. El mismo gremio de consignatarios nacionales —que tan impropiamente se ha alzado con el nombre de comercio— ha ganado mucho con las franquicias de La Habana, pues slo dentro de las murallas de aquella opulenta ciudad, hay en la actualidad tantos espaoles ricos con este ejercicio como los que haba en Cdiz para el trfico de toda Amrica en el tiempo de las flotas. Quin es, pues, quien con ellas ha perdido? Los consignatarios establecidos en los puertos de la Pennsula? Ni aun esto puede concederse si se lleva exacta cuenta de lo que ellos han ganado en las especulaciones que en compaa de los de all hicieron y estn haciendo. Nadie, pues, nadie sino los que no reflexionaron, o a lo ms los que no ven otro camino que el que trillaron sus abuelos, el que los espaoles americanos detestan, el que se ha hecho impracticable por el contrabando extranjero, el tristsimo de ser en Cdiz factores de los ingleses, franceses, alemanes, etc. Pero no es a semejantes gentes a quienes yo me dirijo. Busco imparcialidad, buen juicio y conocimientos; y en un tribunal semejante estoy pronto a desenvolver, si se juzga necesario, cuanto acabo de indicar con el ttulo de Axiomas.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /137 /137 /137 /137 /137 No creo que el celo ilustrado necesite de mayores estmulos; pero no debo ocultar una gran perspectiva que el mo descubre. Perece Espaa por falta de recursos con que cubrir sus obligaciones; y sin meterme yo a sealar la senda que debera tomarse para encontrarlos recordar dos verdades generalmente reconocidas: primera que es necesario adoptar un nuevo sistema de rentas; segundo que para establecerlo como corresponde y acudir entre tanto a las necesidades ordinarias y extraordinarias del Estado, son precisos, al menos, cuarenta millones o cincuenta millones de duros. Oigo decir que es imposible encontrarlos, y si yo no me equivoco, slo el libre comercio de la Isla de Cuba, establecido como corresponde, puede facilitar medios para la mitad de esa suma. Ms claro, ese libre comercio —despus de producir lo necesario para cubrir, no las abusivas, sino las atenciones naturales de aquella posesin— debe dejar un sobrante que sea suficiente para asegurar los rditos y la amortizacin de un capital de veinte millones de duros, cuyo emprstito no ser difcil en el extranjero con semejante hipoteca.Notas1La autenticidad de estos Axiomas est probada por una carta que Don Francisco Antonio de Rucavado, Apoderado de la Junta Consular de La Habana en Madrid, dirigi el 25 de junio de 1816 a los Seores Prior y Cnsules, en que dice: “He visto unos Axiomas, escritos por el Sr. D. Francisco de Arango y Parreo, relativos al comercio martimo, que prueban sus profundos conocimientos en esta materia. Sin duda ha emprendido este trabajo como para preparar la opinin y allanar el camino para el informe que debe dar con los Seores Valiente y Viaa sobre este gravsimo negocio. La cuestin est presentada en su verdadero punto de vista, y no parece que pueda haber hombre sensato que no se rinda a la fuerza irresistible de sus raciocinios y exactas comparaciones.” ( Vidal Morales y Morales)

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DICT DICT DICT DICT DICT AMEN DEL CONSEJO DE INDIAS AMEN DEL CONSEJO DE INDIAS AMEN DEL CONSEJO DE INDIAS AMEN DEL CONSEJO DE INDIAS AMEN DEL CONSEJO DE INDIAS DE 22 DE JUNIO DE 1816 POR QUE SE SUPRIMA DE 22 DE JUNIO DE 1816 POR QUE SE SUPRIMA DE 22 DE JUNIO DE 1816 POR QUE SE SUPRIMA DE 22 DE JUNIO DE 1816 POR QUE SE SUPRIMA DE 22 DE JUNIO DE 1816 POR QUE SE SUPRIMA EL GRA EL GRA EL GRA EL GRA EL GRA V V V V V AMEN IMP AMEN IMP AMEN IMP AMEN IMP AMEN IMP UESTO AL AGU UESTO AL AGU UESTO AL AGU UESTO AL AGU UESTO AL AGU ARDIENTE ARDIENTE ARDIENTE ARDIENTE ARDIENTE DE CAA DE CAA DE CAA DE CAA DE CAA1 1 1 1 1Con Real Orden de... se remiti al Consejo, para que consultase lo conveniente, un informe o representacin de D. Pedro Alcntara de Acosta, Diputado por Santiago de Cuba en las llamadas Cortes ordinarias, en que se quejaba de los grandes perjuicios que se seguan de la observancia de un acuerdo que acompaa en testimonio, hecho en 23 de diciembre de 1813 por la Junta Superior de Real Hacienda de la Isla de Cuba. El acuerdo se reduce a restablecer el impuesto de cuatro reales de plata fuertes por cada botija de aguardiente de caa que se fabricase en aquella Isla, cuyo gravamen, establecido de orden del Rey, se haba suprimido poco antes por disposicin del Capitn General y del Superintendente de Hacienda de la Isla. Fue causa de esta novedad un decreto de las Cortes extraordinarias de 12 de marzo de 1811 en que se mand cesar en la exaccin del derecho de pulpera que produca en La Habana ms de veintids mil pesos anuales, y vindose aquella Junta en necesidad de obedecer y de buscar arbitrios para llenar el dficit en que, por mil razones y entre otras por la falta de situados, se hallaban aquellas Reales Cajas, pareci lo mejor establecer el gravamen de los citados cuatro reales sobre botija de aguardiente. Acosta lo representa como perjudicial en extremo a la agricultura, comercio y Real Hacienda de la Isla. Acompaa para esto un clculo comparativo del costo y precio que all tiene aquel licor, y de l deduce que cuesta ms de lo que vale, y que, por consecuencia, no puede sufrir exacciones. Aade, con el mismo objeto, que son ningunas las puertas que para su extraccin tiene abiertas el referido aguardiente, pues ya se sabe que no conviene traerlo a la Metrpoli, y que, de nuestras posesiones de Amrica, las unas tienen prohibida su introduccin por el estanco del mismo ramo, y las pocas que no se hallan en semejante caso estn en insurreccin; de suerte que las esperanzas de los alambiqueros de Cuba casi se ven reducidas a los consumos del pas, y en tan miserable estado no es posible tolerar la referida exaccin.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /139 /139 /139 /139 /139 Pasada esta reclamacin a informe de la Contadura y Fiscal de S.M., reconocieron ambos Ministros en los dictmenes que se acompaan que pareca conveniente la supresin del expresado impuesto; pero temiendo el perjuicio de las recomendables atenciones de aquel Erario concluy la Contadura, en trminos condicionales, diciendo que poda accederse a la abolicin del impuesto sobre aguardiente siempre que el de pulperas se hubiese restablecido. El Fiscal no avanza tanto y quiere que antes se pregunte al Intendente de La Habana si est restablecido o no el derecho de pulperas, si el de aguardientes que reclama causa los perjuicios que representa Acosta, y si se descubran otros medios de reemplazar este gravamen con menos perjuicio pblico. El Consejo en este estado crey que sin ir a La Habana poda encontrarse en la Secretara de Despacho de Hacienda de Indias la luz que la Contadura y el Fiscal buscaban sobre la raz de este asunto, que fue, como ya se ha visto, la supresin del derecho de pulperas. Pidironse con efecto a la Secretara expresada las noticias que tuviese, y habindose remitido con papel de 28 de abril ltimo los dos expedientes que el Consejo devuelve, se ve en ellos que, en 30 de octubre de 1814 y 13 de febrero del presente, mand V.M. restablecer el expresado impuesto sobre pulperas y tambin el de alcabala en la venta de esclavos, que igualmente haban dispensado las Cortes, y daba a las Cajas de La Habana una renta anual de cincuenta y siete mil pesos anuales. Aclarado, pues, que ha cesado el motivo que tuvo la Junta Superior de Hacienda de la Isla de Cuba para restablecer el gravamen de cuatro reales sobre botija de aguardiente de caa. Purificada, por consiguiente, la condicin que pona la Contadura a la solicitud de Acosta, y el principal estorbo que para acceder a lo mismo manifest el Fiscal, entr el Consejo en la meditacin y examen que este negocio peda, y, aunque por distinto rumbo que el que Acosta se propuso, encuentra que es muy fundada y justa su solicitud. El aguardiente, Seor, que en nuestras Antillas se llama de caas, y en las extranjeras ron o tafia, es parte del producto de un ingenio, lo mismo que lo es el azcar, y ms digno que ste de la proteccin del Gobierno porque cuesta ms trabajo, no tiene en la nacin consumo y en los mercados extranjeros le esperan muy fuertes trabas y poderosos rivales. Con mucha sabidura y utilidad del Estado se ha liberado el azcar de toda contribucin en su consumo en Cuba y en su extraccin al extranjero, y una inconsecuencia que no puede disculparse, la de sostener el impuesto de cuatro reales que ciega e indistintamente grava la extraccin y consumo del aguardiente de caa.

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OBRAS 140\ 140\ 140\ 140\ 140\ Adems de ser palpable este error e inconsecuencia, lo es igualmente que no es til, ni aun posible, gravar la industria en su cuna y ms si sus progresos dependen de consumos extranjeros. La Junta Superior de Cuba en vez de haber olvidado tan obvios e incontestables principios, pudo y debi encontrar otros caminos ms grandes y ms seguros de favorecer a un tiempo la industria y el Real Haber. Pudo y debi tropezar con un hecho que descubre la senda que deba tomarse para la combinacin dichosa de aumentar el Real Erario y fabricacin de aguardientes. El hecho, Seor, consiste en que las mieles de que se hace el aguardiente en cuestin salen de la Isla de Cuba en cantidades inmensas para los Estados Unidos, donde con gran ventaja de la industria de aquel pas son convertidos en ron. Nosotros exigimos por ellas derechos moderadsimos, y vemos con indiferencia que esos angloamericanos, esos diestros protectores de su industria y su inters, impiden la introduccin del ron o aguardiente extranjero con un enorme gravamen, cual es el de cinco hasta diez duros por cada barril de carga segn su calidad y fuerza. ¡Cunto mejor habra sido que la Junta Superior de la Isla de Cuba, en lugar de ir a hacer guerra a los alambiqueros de Cuba con el consabido gravamen de los cuatro reales la hubiesen declarado abierta a los alambiqueros angloamericanos usando de sus propias armas con proporcin y juicio! ¡Cunto ms til por todos respetos y razones gravar fuertemente las mieles que se sacan para hacer aguardientes en los Estados Unidos que favorecen esa industria extranjera, agobiando la naciente nuestra! El Consejo ha dicho que esta operacin deba hacerse con juicio y proporcin; porque sabe que en nuestra situacin no es posible conseguir de pronto que la Isla de Cuba convierta en aguardiente todas las mieles que produce; y mientras no haya seguridad de lograr este gran fin, es un bien, y no pequeo, conservar y aun atraer compradores para la miel, de la misma suerte que lo es vender a buen precio las lanas de Espaa para pases extranjeros, mientras que no estamos seguros de poder manufacturarlas. Pero as como es indudable que en esto se debe andar con prudencia y detencin, es ms evidente todava que slo por ese camino debe dirigir sus pasos la Junta de Hacienda de Cuba. En fuerza de esta verdad es de opinin el Consejo que V.M. se digne mandar al Superintendente de Real Hacienda de la Isla de Cuba que suprima sin demora el inconsecuente y perjudicadsimo impuesto que se restableci por el citado acuerdo de 23 de diciembre de 1813, y que siguiendo los principios que se dejan indicados para gravar la extraccin de las mieles, instruya sobre ellos, con la posible brevedad, el conveniente expe-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /141 /141 /141 /141 /141 diente en Junta Superior de Hacienda con previa y completa audiencia de la Real Junta Econmica de Agricultura y Comercio de aquella Isla. V.M., sin embargo, resolver, etctera.Notas1Este dictamen fue redactado por D. Francisco de Arango (Vidal Morales y Morales)

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IDEAS SOBRE LOS MEDIOS DE EST IDEAS SOBRE LOS MEDIOS DE EST IDEAS SOBRE LOS MEDIOS DE EST IDEAS SOBRE LOS MEDIOS DE EST IDEAS SOBRE LOS MEDIOS DE EST ABLECER ABLECER ABLECER ABLECER ABLECER EL LIBRE COMERCIO DE CUBA Y DE REALIZAR EL LIBRE COMERCIO DE CUBA Y DE REALIZAR EL LIBRE COMERCIO DE CUBA Y DE REALIZAR EL LIBRE COMERCIO DE CUBA Y DE REALIZAR EL LIBRE COMERCIO DE CUBA Y DE REALIZAR UN EMPRSTITO DE VEINTE MILLONES UN EMPRSTITO DE VEINTE MILLONES UN EMPRSTITO DE VEINTE MILLONES UN EMPRSTITO DE VEINTE MILLONES UN EMPRSTITO DE VEINTE MILLONES DE PESOS DE PESOS DE PESOS DE PESOS DE PESOS1 1 1 1 1Excelentsimo Seor: La Soberana orden que V.E. se sirvi comunicarme el 3 del presente mes me hall sin documento alguno de los que son precisos para darle cumplimiento. En buscarlos y ordenarlos he consumido gran parte del tiempo que va corrido, y no poco me detuvo la dificultad de conciliar el precepto de V.E. con la letra de mi promesa. Lo que V.E. me manda es que extienda mis ideas sobre los medios de establecer como corresponde el libre comercio de Cuba, y de conseguir, por la concesin de tal privilegio, veinticinco millones de pesos, y yo lo que dije fue “que ese libre comercio establecido como corresponde, despus de producir lo necesario para cubrir, no las abusivas, sino las naturales obligaciones de aquella posesin, debe dejar un sobrante que sea suficiente para asegurar los rditos y amortizacin de un capital de veinte millones de duros, cuyo emprstito no sera difcil en el extranjero con semejante hipoteca”. Puede ser que me equivoque; pero a m se me presentan tres esenciales diferencias entre lo que V.E. me exige, y lo que yo indicaba. Es la primera sealarme V.E. la suma de veinticinco millones siendo veinte en los que yo me fijo. Segunda, parecerme que V.E. cuenta con que Cuba apreste ese capital, y yo se lo promet que se sacara de all lo correspondiente a los crditos y amortizacin Y tercera, que V.E. considera esta suma como el precio de un privilegio y mi verdadero empeo en el papel de Axiomas fue persuadir que, por reglas de justicia y de utilidad nacional, deba Cuba disfrutar del mismo comercio que Mlaga. Es cierto que entre las ventajas que a la nacin ofrece esa pura libertad recomend con calor el gran aumento del Erario, y present por fin la agradable perspectiva de realizar desde ahora el auxilio ya expresado; pero ni fue mi intencin asomar esa esperanza como el precio de un privilegio, ni menos pens ni pienso que se fuese en nuestro nimo el principal estmulo o la razn capital. Indiqu alguna de preferente atencin; mas yo sin duda no supe darles el valor que tienen, y estoy en necesidad de tocarlas y esforzarlas antes de llegar a su trmino, o sea, al auxilio indicado.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /143 /143 /143 /143 /143 Yo prescindo del poderoso y para m irresistible influjo que el actual estado del Nuevo Mundo y de las potencias de Europa debe tener en la poltica y economa mercantil de nuestro Supremo Gobierno con respecto a sus Amricas; pero ya que no me atreva a poner la mano en tan gran y triste cuadro, es preciso, para mi intento, que al menos haga ver las prximas y muy funestas resultas que forzosamente han de sentirse en el cultivo y comercio de Cuba por la nueva situacin de Brasil, o sea, por el nuevo estado en que su Gobierno lo ha puesto y que con esto demuestre que si no queremos arruinar el punto ms importante de nuestras Amricas, es decir, la Isla de Cuba, debemos sin perder instante franquearle todas las ventajas concedidas a Brasil, o al menos todas aquellas que quepan en las facultades y poder de nuestro Rey. Es bien sabido que toda la fortuna de esa Isla depende ahora de los frutos que extrae, y que con la misma ventaja con que la naturaleza los da en aquella tierra los produce en la de Brasil. Se sabe tambin que muchos de aquellos frutos no tienen en nuestra Metrpoli aplicacin alguna, a saber, las melazas, el ron, la cera y aun el algodn, y que el consumo que del azcar, caf y ail se hace en la Pennsula no llega anualmente a un dcimo de los productos de Cuba, y si sigue su fomento al paso que debe seguir casi no figurar la parte que en ellos tome el consumo de la Metrpoli. Y es precisa consecuencia de estos antecedentes que la gran masa de esas producciones va y por fuerza debe ir a los mercados extranjeros a sostener competencia con los de igual clase de Brasil. ste, que tiene a su servicio, sin inconvenientes ni obstculos y a precios nfimos, todos los brazos de frica, no se ha contentado con llamar a los blancos europeos dndoles libertad de conciencia, carta de naturaleza, seguridad y otros privilegios; sino que por el conducto de sus embajadores ( Gaceta de Madrid de 8 de agosto de este ao), hace en todas partes reclutas de gente til. Brasil tiene adems una marina mercante tan considerable como econmica, y cuenta al mismo tiempo con todas las facilidades y toda la proteccin de la inglesa. Disfruta igualmente y sin limitacin alguna con racionales aranceles, el comercio libre de las dems naciones conocidas. Tiene all mismo la proteccin y amparo de su Soberano y participa en fin del poderoso socorro de las dems ricas y variadas producciones de aquel inmenso y privilegiado suelo, en donde las mejores maderas, las carnes y bestias tiles abundan tanto como los metales preciosos. Ninguna posesin de Amrica, incluso la de los Estados Unidos, reuni jams iguales ventajas, y es preciso conocer que, con tal poderoso impulso, los frutos coloniales de aquel pas, especialmente el azcar y caf, han de llegar prontamente a pasar con muchos grados la altura a que llev este cultivo la desgraciada parte francesa de Santo Domingo. Y entonces, cual debe ser la suerte de la infeliz Cuba si continan las trabas de nuestras

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OBRAS 144\ 144\ 144\ 144\ 144\ antiguas leyes, si sigue con el peso enorme que puede ver V.E. en los adjuntos documentos nmeros 1 y 2? Mientras no se llene el vaco que actualmente hay en los consumos de Europa; mientras a sus mercados venga menos azcar del que se necesita, todos venderemos bien y venderemos a un precio, con la diferencia, no obstante, de que, siendo infinitamente mayores las ganancias de los brasileos, los progresos de sus haciendas sern en igual proporcin. Pero, llevados al no remoto caso de que la cantidad de frutos coloniales exceda a la de los consumos por ahora posibles, es de material evidencia que el que pueda vender por menos arruinar por fuerza al que no pueda igualarle. No es menester esperar esa sencilla experiencia. Ya la tuvimos en 1787, 1788, 1789 y 1790, en que se vieron atestados de azcar los almacenes de la Pennsula, sin saber qu hacer con el corto sobrante de La Habana; porque en los mercados extranjeros no nos dejaba lugar el privilegiado Santo Domingo. Su ruina nos sac entonces de embarazos, y nuestro sabio Gobierno que los toc y justamente temi que se repitieran olvid, como deba, la estrechez de nuestras antiguas mximas, y abri en La Habana, para el comercio extranjero, las diferentes puertas que puede ver V.E. en el documento que incluyo con el nmero 3. Dgnese V.E. detener aqu su justa consideracin, y despus de comparar la notable diferencia que hay de aquellas circunstancias a las crticas del da, examinar el tamao de esas gracias hechas al comercio de La Habana y todas sus consecuencias. Santo Domingo no tena ni la cuarta parte de la proteccin y ventajas que tiene Brasil. El negro Cristbal y el mulato Petin no amenazaban a Cuba con cincuenta mil hombres de guerra de tan temibles calidades. La Monarqua disfrutaba de las minas de Mxico, y en vez de necesitar de los auxilios de La Habana regaba all todos los aos, para la construccin de navos, compra de tabacos y situado de plaza, ms de dos millones de pesos. Entonces no haba malas tentaciones ni tentadores, y sin embargo, un Gobierno sabio que, sin otro impulso que el de las representaciones que le hice como Apoderado de La Habana, sin otro estmulo que el de su inters bien entendido, hizo de La Habana la excepcin que deba; olvid para con ella toda las antiguas reglas, liber de diezmos a los frutos nuevos y devolvi toda clase de derechos a los nacionales que fuesen al extranjero. Tambin les permite que sin venir a la Pennsula lleven en derechura los frutos menores, y para fomentar la extraccin de azcar y caf concede en fin que los mismos extranjeros entren en aquel puerto con negros, mquinas, tablas, duelas y otros artculos de menos importancia, que reunidos llegaron a valer y a extraernos en un ao ms de tres millones de pesos. En mi papel de Axiomas, he indicado a V.E. las resultas portentosas de este sistema benfico, y ahora presento a V.E. su interesante detalle en el estado que acompao con el nmero 4. En el ver V.E. que, a pesar de las

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /145 /145 /145 /145 /145 crueles alternativas que en la misma poca sintieron todos los comercios del mundo, y a pesar tambin de nuestros aranceles, que slo parecen calculados para fomentar contrabando, las franquicias concedidas al comercio de La Habana, y su posterior libertad, han hecho el milagro de que en lugar de doscientas sesenta y cuatro sean mil ciento catorce las naves mercantes que anualmente van a aquel puerto; que las rentas Reales han cuadriplicado cuando menos sus ingresos, y que los comerciantes metropolitanos que tanto gritaron contra la admisin de neutrales en La Habana durante la guerra de 1796, hallaron en la paz de Amiens que, en lugar de las doscientas sesenta y cuatro naves que antes podan emplear en aquel trfico, llegaron a cinco las que necesitaron, y que hoy mismo disfrutan de esta ventaja en medio de la actual pobreza y de los actuales estorbos de nuestra navegacin y de la concurrencia ilimitada de extranjeros. Y para dar a este punto toda la luz que merece, acompao tambin con el nmero 5 otro estado que demuestra lo que valan los efectos que el comercio nacional introduca en La Habana antes de la admisin de neutrales, y en la poca posterior de la paz de Amiens. Note V.E. que en ao comn, excluidos los registros de Canarias, no pasaban de ochenta y cinco los que iban de la Pennsula, y el importe, no de las ganancias, sino del capital de todos ellos, no llega al aumento que, aun con nuestros aranceles, ha tenido el Erario de 1796 ac. ¡Qu golpe de luz tan irresistible! ¡Qu campo para reflexionar! Pero es menester respetar la ocupada atencin de V.E. y seguir como el relmpago. Aun sin estos resultados, que slo imponen silencio al inters mal entendido, o a su constante mana de amontonar voces y hechos indigestos contra los invariables principios de la buena economa, he dicho y mil veces dir con igual confianza que la crtica situacin de la Isla de Cuba y su interesante conservacin pide —con preferencia a toda otra consideracin— la ms amplia y preferente proteccin del Gobierno. Mas, para qu me empeo en repetir tantas veces lo que S.M. mismo ha dicho, lo que S.M. ha declarado en la Real Orden que en copia acompao con el nmero 6? La justificacin del Rey, y su paternal desvelo por el bien de sus vasallos, sin ajeno impulso, manifiesta a su Consejo ese inminente riesgo y sus ardientes deseos de ocurrir a tanta urgencia. Y contra tan expreso mandato hay todava quien hable? S, Seor Excmo. Dicen unos que la parte Oriental, y no la Occidental, es la que corre ese riesgo y de la que S.M. habla. Pues qu‚ las separa algn muro o algn foso inexpugnable? Hay en la parte Occidental lo que se necesita para resistir a Enrique y Petin? No son comunes a toda la Isla esos y los dems peligros que hemos presentado antes? El punto y puerto occidental de La Habana no es el que ms interesa a la Monarqua espaola en aquella preciosa Isla? Acaso son menores sus riesgos porque posea actualmente mayor riqueza o mayor cantidad de frutos? No es eso puntualsimamente lo que ms deba asus-

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OBRAS 146\ 146\ 146\ 146\ 146\ tarnos, y ms nos aleja de la posibilidad de sostener nuestras antiguas reglas? Otros replican que no es lo mismo conocer el riesgo que los riesgos de evitarlo; que debe esperarse sobre esto la consulta pedida al Consejo, y ms cuando se atraviesan las reclamaciones de Cuerpos tan respetables como los Consulados peninsulares, y los miramientos debidos a las leyes existentes... La pluma se cae de mis manos cuando veo que esos respetos, tan dignos de mi consideracin, pueden detener la accin del Gobierno en el momento en que ve sobre s el fuego que va a devorarnos, y el agua con que puede apagarlo; en el momento en que ve que Cuba va a perecer, y a perecer prontamente, si prontamente no obtiene —en todo lo que sea posible— las ventajas de Brasil. Adems, ese Consejo, con unanimidad de votos y en sesin plensima, ha dicho a S.M., por dos veces, que ahora no conviene privar a La Habana del libre comercio de extranjeros (consultas sobre negros y proclama), y que en el caso de haberse dado rdenes para prohibirlo se debieran recoger. Lo dems sigue a su paso, y a ese paso no pueden ir los auxilios que pide Cuba. Y qu valor pueden tener los gritos del inters contra los de la justicia? Y sin ir tan lejos, qu estimacin merecen los gritos del ciego inters contra el poderoso clamor del inters del Estado? Qu bien marcado le ha producido en trescientos aos el dichoso monopolio? Nuestra Gaceta publica que —desde que Lisboa no lo ejerce sobre Brasil— florece ms su comercio. El de Gran Bretaa con los angloamericanos ha tenido por el mismo orden un asombroso incremento. Nosotros mismos en La Habana, en medio de tantos infortunios, reveses y estorbos, vemos un grandsimo aumento en la navegacin y en los capitales nacionales. Y todava... Qu quieren los Consulados? Que vuelva La Habana al ao 1790? Y cmo se har ese milagro estando tan disminuidos, tan entorpecidos sus recursos, y tan aumentadas las necesidades y peligros de Cuba? Entonces, que tena aquella Isla la mitad de lo que hoy tiene que extraer, no consentan en que los extranjeros sacasen de all —en cambio de negros, utensilios, etc.— un tercio de la cosecha o tal vez una mitad? Y que hoy que falta ese gran desage por el impedimento que todos aquellos tienen para el comercio de negros se habla de volver a 1790? Es esto posible? Supongamos que lo fuese, y que en obsequio de esas quimricas ventajas del monopolio debieran quemarse los frutos de Cuba. Pero, podra el Erario cerrar los ojos y no ver que iba a perderse ms de lo que valen, no las ganancias, sino los capitales que en el trfico de Cuba empleaba nuestro comercio? Se podra querer que volviese la navegacin de Cuba a 1790, y que se debilitase el baluarte de nuestras Amricas, y fuese fcil presa de tantos envidiosos? Yo me consumo cuando me veo precisado a esforzar estas verdades. Pero me aflijo ms que cuando tocaba los riesgos que por tantos y tan

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /147 /147 /147 /147 /147 diversos caminos amenazaban al pas donde nac, y consideraba a mil leguas su urgentsimo remedio. Mi situacin es hoy otra. El cielo y la ilustracin de V.E. me han facilitado la audiencia directa del venerado Padre de todos los espaoles, y lleno de consuelo, despus de haber puesto en su justa consideracin y en la de su primer Consejero las razones que persuaden que Cuba, no por privilegio, sino por rigurosa justicia y utilidad del Estado, necesita de las ventajas concedidas a Brasil, voy a cumplir con gusto el ofrecimiento con que termina el papel de mis Axiomas. Ya he dicho que aquel ofrecimiento se redujo solamente a presentar los medios de sacar del libre comercio de Cuba, establecido como corresponde lo que fuese necesario para facilitar un emprstito de veinte millones de duros. Y suponiendo por ahora lo que en papel separado demostrar despus, esto es, que para semejante objeto basta la suma anual de veinticuatro o veintiocho millones de reales de velln, dir dnde puede hallarse o proporcionarse esa suma. Cuando pasaron a La Habana en 1763 los Condes de Ricla y O’Reilly para acordar el fomento y fortificacin de aquel interesante punto, se calcularon con escrupulosidad sus gastos, y todos se fijaron en un milln doscientos cincuenta mil duros. Las rentas Reales de la Isla no pasaban entonces de trescientos mil duros, y qued dispuesto que fuese de Mxico todo lo que costasen las nuevas fortificaciones proyectadas, el situado anual de setecientos mil pesos para gastos de la guarnicin y el de ciento cincuenta mil pesos para reparos de fortificacin, adems de lo que necesitasen la Marina y la Factora. La guarnicin es de igual fuerza, y sus sueldos son los mismos y slo ha habido incremento en los empleados de Rentas; pero ste y otros nuevos gastos que sean indispensables no pueden llegar a medio milln de pesos, y siempre sacaremos en limpio que, acercndose hoy a cuatro millones de pesos los rendimientos de las contribuciones de Cuba, debiera haber un sobrante anual en aquellas Cajas mucho mayor que el de los citados veinticuatro o veintiocho millones de reales. Si V.E. duda de la exactitud de este raciocinio, y de la certeza infalible de que ese sobrante se emplea hoy sin el debido orden, dgnese echar una ojeada sobre el estado que presento con el nmero 7, y en l o en sus notas hallar, primero, que los gastos anuales naturales de aquella posesin son, en ao comn, dos trillones ochenta y cinco mil trescientos sesenta y cuatro pesos; segundo que entre estos gastos, los de militares y empleados slo llegan a ochocientos treinta y cinco mil ciento sesenta y un pesos; y tercero que el resto de lo gastado sube a muchsimo ms (un milln doscientos cincuenta mil doscientos tres pesos), y esto puesto en dos partidas (la de diez millones setenta y cinco mil ochocientos noventa y cinco pesos, y la de nueve millones setecientos cincuenta dos mil setecientos noventa y nueve de la data), que por s solas expresan las reformas que

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OBRAS 148\ 148\ 148\ 148\ 148\ merecen. Estas tres observaciones demuestran a mis ojos que, si se examina bien la materia, no es mucho lo que habra que aadir al clculo que para los gastos de Cuba formaron los Condes de Ricla y O’Reilly; pero, sin ir tan all, me parece que es preciso que V.E. conozca que, en los actuales rendimientos de aquel Erario, hay al menos el sobrante que para nuestro auxilio buscamos. Bien s que sobre aquellas rentas han cado las necesidades de su Apostadero de Marina, la Factora de Tabacos, las dos Floridas, los buques de guerra que por all pasan y aun las expediciones de Tierra Firme; pero s tambin que, aun en esto mismo, no hay orden, y me lleno, no dir de escndalo, pero s de confusin cuando, al mismo tiempo que oigo decir que no estn pagados los marinos de La Habana, recuerdo que me ha escrito el Tesorero General de aquellas Cajas que, en el ao anterior (1815), se entregaron a aquella Marina de seiscientos mil a setecientos mil duros; no le vena ms de Mxico en los tiempos felices en que construa navos. Si todo se proporcionase a nuestro estado y recursos, creo firmemente que, con la entrada que ha habido en las Cajas Reales de La Habana, se habra atendido a todo lo que deba atenderse, y cuando no hubiese quedado el sobrante que se busca para el inmediato socorro de la Madre Patria, se habra visto con ms claridad el inters del Estado en ensanchar y no secar esa fuente de socorros tan urgentes en el da, y clasificados stos se ocurrira a ellos con el debido discernimiento. Todo es confusin actualmente, y donde la hay son fciles los abusos y necesarios los errores. Dejo indicado el primero y ms natural auxilio que de la Isla de Cuba podra sacarse para los actuales ahogos de su Madre Patria; pero no crea V.E. que descansaba sobre esto cuando hice el ofrecimiento con que conclua mi papel de 23 anterior. Sin perder de vista el fcil y urgente arreglo que pide tamao desorden, conceb entonces y presento ahora a V .E. en el papel nmero 8 un nuevo recurso para los rditos y amortizacin de los veinte millones de duros, diciendo otra vez que, a pesar de este nuevo gravamen, en vez de menguar, excedern en los actuales rendimientos de la Isla de Cuba si su libre comercio se establece como corresponde. La prosperidad que buscamos depende necesariamente de las producciones de aquella Isla, y stas, en vez de crecer, menguarn o desaparecern si no gozan, primero de la misma libre extraccin que las de Brasil; segundo si esta extraccin no se protege con racionales aranceles; tercero si no se procura ordenar y aligerar los gravmenes o cargas pblicas, establecindolas, administrndolas y aplicndolas con discernimiento; cuarto si no se facilitan los brazos que faltan y son indispensables; quinto y ltimo —aunque tan urgente como el primero— si no se toman medidas para la futura seguridad de aquella Isla y su duradera unin con la Madre Patria.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /149 /149 /149 /149 /149LIBRE COMERCIO CON EXTRANJEROSMe parece que sobre este particular he dicho todo lo conveniente en el presente escrito, y en el de los Axiomas, y aadir‚ solamente que, por no haberse tenido la seguridad necesaria en el goce de este gran bien, ha habido y hay en las especulaciones mercantiles, y en los rendimientos del Erario, las alternativas que produce la incertidumbre. La misma Habana —que es sola la que est en posesin de ese libre trfico— no ha logrado todos los bienes posibles, siguiendo entre tanto en su antiguo abatimiento las dems grandes poblaciones de la Isla, a saber, Baracoa, Santiago de Cuba, Bayamo, Puerto Prncipe, Trinidad, Villaclara, San Juan de los Remedios y Matanzas. A ninguna de ellas, excepto Santiago de Cuba y Trinidad, llegaron jams registros de la Pennsula, y en alguna (Puerto Prncipe) hay ms de cuarenta mil almas. Todas se han mantenido y mantienen del perjudicial contrabando con Providencia y Jamaica, y al Estado importa atajar este mal, ponindolas en el caso de que prontamente sean, si no otras Habanas, poco menos. En todas es utilsimo para el Erario; en todas es necesario para su conservacin, que para siempre se establezca el comercio con nacionales y extranjeros con las solas restricciones que pide el inters nacional en los puertos de la Pennsula.ARREGLOS DE ARANCELESYo no soy capaz de olvidar la vigilante y decidida proteccin que merece la industria nacional en todos sus ramos. Al contrario, he dado y dar toda mi vida pruebas irrefragables de mi atencin y respeto a este sagrado inters. Y de ello presento a V.E. un verdadero testimonio en las notas que contiene el impreso que acompao con el nmero 9; son mos y se publicaron en la ms triste de las pocas. El arancel que hoy gobierna en la aduana de La Habana es el mismo provisional que se hizo en 1811, entonces imperfecto, y hoy mucho ms. Para formarlo y combinarlo con el inters de la industria metropolitana, es del todo indispensable que sepamos en qu quedan los aranceles de la Pennsula, que tantas variaciones necesitan. En los de all y los de ac es menester renunciar a pretensiones quimricas, y que por ser imposibles obran contra su propio objeto. Exjase del comercio extranjero todo lo que pueda exigirse en la situacin de las cosas; pero no se aspire a ms, porque eso y aspirar a nada es una misma cosa. Estas verdades son obvias, pero no observadas y por eso las repito y quiero corroborarlas, llamando nuevamente la atencin de V.E. a las notas del estado nmero 5, en donde se ve claramente el pbulo que nuestros excesivos derechos daban al contra-

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OBRAS 150\ 150\ 150\ 150\ 150\ bando de Jamaica y Providencia. ste subsiste en todos los puertos de la Isla de Cuba, menos en La Habana, donde ha sido reemplazado por el que hacen en baha los buques extranjeros que all entran, del mismo modo que lo hace toda la Pennsula; pero con mayor incentivo, por ser excesivamente mayores los derechos.ORDEN DE LOS IMPUESTOS Y EN SU ADMINISTRACI"N Y APLICACI"NEsta operacin, tan difcil para toda la Pennsula, es fcil hasta cierto punto en la Isla de Cuba, donde no hay la complicacin que ac, y todo est en la cuna. La reforma ha de empezar por la cabeza. Quien da margen al desorden es la misma Corte, por la falta de concierto que hay en sus disposiciones. Por cada Ministerio se resuelve lo que aisladamente se cree conveniente en aquel ramo y se echa sobre aquellas Cajas una nueva obligacin, quizs no calculada, y de cierto no combinada con las dems que tienen. Pondr un ejemplo reciente que haga sensibles las consecuencias fatales de esa falta de unidad y concierto en las providencias del Gobierno. Dicen —aunque no atino con el motivo— que est decidido el envo de tres mil hombres a La Habana; y estoy seguro de que para esta resolucin no se ha contado ni se ha podido contar con lo que para su subsistencia necesitan esas gentes, ni el estado de aquellas Cajas para sufrir este nuevo gasto. Puede ser que el jefe militar, autor de esta operacin, haya tenido razones plausibles para llevar a aquel punto unas fuerzas que pudieran ser ms tiles en otro; pero es ms posible todava que no le hubieran hecho fuerza sus razones si se hubiese visto obligado a considerar el costo de tal refuerzo, y el dao que esto iba a causar a otras atenciones preferentes. All y ac es de toda precisin que haya unidad de accin; que haya plan combinado de operaciones y que, antes de alterarlos, se vea en todas sus relaciones la novedad que se intenta. La primera parte de ese plan debe, sin duda, ser el estudio de la naturaleza y tamao de las contribuciones. No es mi intencin que de repente se desbarate el sistema que ahora tienen las contribuciones de Cuba. Estoy ms penetrado que nadie de los males que acompaan a las innovaciones repentinas; pero lo estoy tambin de que no hay inconveniente en estudiar y ver si lo que contribuye ahora Cuba en lo que puede contribuir, y si por otros medios pudiera con menos gravamen contribuir lo mismo o ms. A poco examen, juzgo que se conoceran la utilidad de una reforma y los prudentes caminos que, para llevarla a cabo, debieran adoptarse. Es menester tambin que a tanta distancia se sealen lmites ms estrechos o ms precisos al arbitrio y facultades que en la administracin y aplicacin de las rentas tienen los Intendentes. Su verdadero freno consis-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /151 /151 /151 /151 /151 te por ahora en la glosa que deben hacer de sus cuentas los tribunales de ellas; y esta glosa o nunca llega o llega muy tarde. Otros preservativos puestos en el mismo ejercicio de sus facultades impediran que se hiciese lo que despus de hecho no se puede remediar. Que, antes de empezar el ao, forme un plan de las atenciones que le esperan, y las clasifique en Junta de Real Hacienda; que no se altere la clasificacin de estas atenciones sino en la misma Junta, dando las razones, y que anualmente sea obligado el Intendente con la Junta a demostrar al Ministerio, de un modo satisfactorio, la justa y legal inversin de los fondos percibidos.BRAZOSSi en el aumento de sus frutos consiste la felicidad, cuando no la conservacin de Cuba, es cierto que el principal agente de esa felicidad es el aumento de brazos. Cuba, por su feracidad, por su configuracin, por su clima y situacin puede mantener fcilmente ms de ocho millones de almas, y las que tiene ahora no pasan de seiscientas mil; es decir, que est en la cuna, y lo peor es que, mal distribuida esa pequea poblacin, no hay la que se necesita en los establecimientos civiles. Todas sus haciendas de frutos de extraccin tienen menos de los precisos, y para que no se destruyan o desaparezcan en poco tiempo es menester cerrar los ojos sobre otros inconvenientes, y a toda costa completar sus dotaciones con la misma clase de gentes que hay en ellas actualmente. Conozco y confieso los graves inconvenientes que tiene en aquel paraje el aumento de negros; pero ste dejar de ser un mal si se limita a cinco aos la introduccin de esas gentes, y al propio tiempo se toman las debidas precauciones. La primera de todas es la de procurar all, por todos los medios posibles, la adquisicin de blancos. Respeto las poderosas razones que tiene nuestro Gobierno para no convenir en la libertad de cultos, y slo pretendo para Cuba lo que, sin tantos motivos, se ha concedido en este punto a Puerto Rico por la Real Cdula de agosto del ao prximo pasado. Quiero, en dos palabras, seguridad y proteccin para los catlicos extranjeros que all vayan sean del pas que fuesen. Hace treinta aos que nuestros Soberanos conocieron la utilidad de derogar en Cuba las leyes contra extranjeros, pues en las instrucciones reservadas se permite desde entonces a los Capitanes Generales que admitan extranjeros tiles. Por esta oscura y estrecha senda han entrado muchos, y no pocos se han arrepentido al verse expuestos a ser expedidos con el menor pretexto de guerra con la nacin de que proceden, u otro semejante, y, teniendo adems que pasar por la larga y costosa prueba que nuestras leyes exigen, para obtener la naturalizacin.

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OBRAS 152\ 152\ 152\ 152\ 152\ sta es una de las muchas inconsecuencias de nuestro sistema indiano. Se reconoce y confiesa que en algunas partes de Indias es conveniente lo que antes se crey perjudicial para todas. Se manifiesta el deseo de que cese en ciertos puntos la antigua prohibicin, y, sin embargo, all mismo se sostienen todava sus columnas principales. Es menester derribarlas, y, lejos de vender como un favor lo que nos es tan til, allanar cuantos obstculos se opongan a la adquisicin de blancos catlicos, ponindolos a cubierto de esas vicisitudes, facilitndoles todos los goces de la ciudadana, desde el momento que den para ella sus nicos y seguros garantes, que son la propiedad territorial y el matrimonio, publicndolos por nuestros Embajadores en todas las Cortes de Europa, y encargndoles que hagan cuantos reclutas puedan. En Cuba no hay tierras realengas seguras; pero se pueden adquirir a cortsimo precio; y esto —unido a la feracidad de aquel suelo, a la dulzura del clima, ventajas de la situacin y del comercio libre— decidir a muchsimos desde que sepan que no han de ser inquietados por el capricho de un jefe, ni el accidente de una guerra que no les toca ni atae. Mejor que extranjeros seran espaoles; pero hay en esto obstculos ms difciles de vencer. Yo no me atrevo a tocarlos, y nicamente dir‚ para confusin de los partidarios de esa incomunicacin entre hermanos, que en las provincias de Espaa donde es mayor la emigracin para Amrica —esto es, en las Vascongadas y Catalua— es donde Espaa tiene ms vigor y poblacin. Con la misma libertad con que los naturales de Cdiz pueden trasladarse al puerto de Santa Mara y los del puerto a Cdiz, se debera consentir que, de cualquiera de los puntos de la Pennsula, pasasen a nuestras Amricas, y desde all a la Pennsula. Los que all se quedan, all quizs son ms tiles que los que vuelven a la Madre Patria; porque, adems de ser guardianes y conservadores de la unin con la Metrpoli, siempre llenan con dinero el hueco que dejaron y casi nunca se olvidan de enviar a algunos de sus hijos que, aun cuando no los reemplacen, reciban con la educacin las mismas impresiones que ellos y estrechen por ese medio sus vnculos con la Madre Patria.FUTURA SEGURIDAD Y TRANQUILIDAD DE LA ISLAExcusadas o excusables seran las medidas propuestas si simultneamente no se toman otras que eviten una catstrofe, aun cuando no igual en el arranque, muy semejante en el fin que tuvo la de Santo Domingo. Los negros de Cuba estn por mil respetos en situacin diferente de aquella en que estuvieron los de Santo Domingo, y tienen el poderoso freno de la mayora de los blancos, pero en las poblaciones procrean ms que stos, y desde hoy pueden contar con el poderoso apoyo de su vecino Enrique. No

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /153 /153 /153 /153 /153 lo disimulemos. El peligro es inminente y del mayor tamao, y es lo ms sensible que sobre l duermen las naciones europeas, dejando consolidar unos establecimientos mucho ms temibles que los moros del Mediterrneo. Contribuir eficazmente a la salvacin de Cuba el pronto aumento en el nmero y poder de los blancos; pero yo no me tranquilizo con esta sola medida, porque ya he dicho que los negros procrean mucho en las poblaciones, y siempre tengo a la vista su propagacin en las frtiles moradas de Enrique y Petin. Las tres grandes Antillas —es decir, Cuba, Santo Domingo y Jamaica— casi se tocan. La raza negra puede considerarse unida en las dos ltimas, y, si no llega, est muy cerca de un milln de almas, y, en estas circunstancias, Cuba no puede tener completa seguridad si no es blanqueando sus negros. No nos alucinemos, repito. No hay momento que perder. Tomemos al instante los caminos que hoy nos recomienda la poltica y antes seal la justicia. La legislacin europea, aun ahora mismo que tan humana se muestra con esa desgraciada raza, conserva en lo ms esencial su primitivo rigor. Publica que ha sido crueldad arrancarla de su suelo y conducirla por fuerza a espantosa esclavitud, y trabaja con ahnco porque no vengan ms vctimas. Pero, qu ha hecho o intentado en favor de las que tiene? Ha aflojado acaso las terribles cadenas de la esclavitud que el mayor nmero arrastran? Mira con mejores ojos a los pocos que consiguen salir de ese cautiverio? Ha moderado, por ventura, la cruel y eterna ignominia que, aun en la libertad, acompaa a esa inocente sangre? Espaa puede lisonjearse de ser, y haber sido siempre, la ms piadosa y humana con los esclavos negros; pero tambin mantiene en perpetuo vilipendio al liberto y sus descendientes. Este constante motivo de separacin y de odio fue siempre opuesto a las primeras reglas de justicia y de poltica; pero en el da es un delirio querer sostener este apoyo del podero de Cristbal. Conozco la fuerza de las preocupaciones y las dificultades y riesgos que tiene el quererlas destruir o atacar de repente, y veo, a mi pesar, que, no habiendo, como no hay, tiempo que perder en la curacin del mal, se necesita mucho tiento para arrancar sus races; pero quiero, al menos, que por sabios artfices se trace al instante el plan que debe seguirse para blanquear nuestros negros o sea, para identificar en Amrica a los descendientes de frica con los descendientes de Europa. Quiero que, al propio tiempo que con prudencia se piense en destruir la esclavitud —para lo cual no hay poco hecho—, se trate de lo que no se ha pensado, que es borrar su memoria. La Naturaleza misma nos indica el ms fcil y ms seguro rumbo que hay que seguir en esto. Ella nos muestra que el color negro cede al blanco, y que desaparece si se repiten las mezclas de ambas razas; y entonces tambin observamos la inclinacin decidida que los frutos de esas mezclas

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OBRAS 154\ 154\ 154\ 154\ 154\ tienen a la gente blanca. Ensanchemos, pues, tan venturosa senda. Protejamos esas mezclas, en vez de impedirlas, y habilitemos sus frutos para el completo goce de todas las ventajas civiles. Esta medida vale ms, en mi concepto, que todas las que puedan tomarse para la presente y futura seguridad de Cuba; porque de pronto disminuye el nmero de nuestros enemigos domsticos, unindonos a los mulatos, y a la larga blanquear todos nuestros negros. No creo que ahora deba extenderme ms sobre este importantsimo punto, y ya me parece que sobre todos he ocupado demasiado la atencin de V.E.; pero no puedo concluir sin atacar de nuevo al mayor enemigo de todas mis ideas y pretensiones, quiero decir, el temor de que Cuba adquiera fuerzas que la inclinen a separarse de su Metrpoli y del dominio de su dueo. En ninguna parte de Amrica es ms remoto ese temor, o en ninguna es ms fcil precaverlo; pero, aun cuando as no fuese, cabe en razn, cabe en poltica, que ese vago y lejano peligro impida las medidas que, con el apoyo del inters y de la justicia nacional, pide la crtica situacin de Cuba? Puede ser preservativo de la insurreccin el mismo descontento o desesperacin que la produce? Y este descontento o desesperacin no abre las puertas de Cuba a alguna nacin envidiosa? He dicho que, en ninguna parte de nuestras Amricas, es ms remoto por ahora el temor de insurreccin, y, si dijese imposible, dira una verdad que no se funda en la bondad de carcter de aquellos isleos, porque son hombres como los dems, y sujetos, como todos, a los mismos extravos. Pero yo no veo en ninguna otra parte de nuestras Amricas el equilibrio que all hay entre europeos y naturales, entre blancos y negros, entre libres y esclavos; y ste que, por s mismo, es un poderoso obstculo para la alteracin del orden establecido, se aumenta en los blancos con el temor de Cristbal, con la inmediacin a la Metrpoli, y con su continua y recproca comunicacin. Cuando La Habana era pobre, no haba en Espaa habaneros. Los hay ahora en todas las carreras, contndose quizs por millares los que aqu pasan su vida, y estos rehenes pueden llegar a ser todo lo que se necesita si nuestro amado Soberano concede, como corresponde, el comercio libre a Cuba, y se sigue el til plan de atraer con beneficios a aquellos hijos de Espaa, haciendo que Cuba en todos sentidos sea una de sus provincias. ste es mi deseo, menos por el bien del momento que por llevar al sepulcro el dulce consuelo de que mis paisanos se conservarn siendo en los tiempos ms remotos tan fieles vasallos de S.M. Catlica, como lo ha sido y ser siempre. Francisco de Arango y Parreo. Madrid, 25 de agosto de 1816.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /155 /155 /155 /155 /155Notas1El Sr. D. Francisco Antonio de Rucavado, Apoderado en la Corte del Real Consulado de La Habana, en carta de 18 de agosto de 1816, deca a los Seores Prior y Cnsules de dicha Corporacin lo siguiente: “Habiendo dado a conocer el Sr. Arango los verdaderos principios que debieran adoptarse para el establecimiento del libre comercio en la Isla de Cuba, y estn consignados en sus Axiomas, recibi orden el 3 de este mes del Ministerio de Estado para que extendiese sus ideas sobre ese punto, y las relativas al prstamo de los veinte millones de pesos que pudiera negociarse en el extranjero, si se estableciese como corresponde. Actualmente se halla trabajando con ahnco en el desempeo de este encargo delicado, y yo me prometo buenas resultas, a pesar de las contradicciones de la ignorancia.” Y en otra carta, de 3 de septiembre, se refiere al mismo trabajo en estos trminos: “Ya dije a V.S.S., en mi carta de 13 de agosto, que el Seor Don Francisco de Arango estaba trabajando con mucho empeo para corresponder a la orden del Ministerio de Estado sobre los varios puntos contenidos en sus Axiomas, y principalmente sobre el prstamo de los veinte millones de pesos de que en ellos se hace mrito, como fcil de obtenerle en el extranjero si el comercio de la Isla de Cuba se establece bajo los principios que ha propuesto. Este trabajo se concluy el veinticinco por la noche, y al instante paso a entregarlo. Yo me persuado, como dije ya, que las resultas han de ser favorables; porque se va extendiendo la opinin contraria al monopolio y prevaleciendo la idea de que sin la libertad todo desfallece.” ( Vidal Morales y Morales)

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DICT DICT DICT DICT DICT AMEN SOBRE EL EST AMEN SOBRE EL EST AMEN SOBRE EL EST AMEN SOBRE EL EST AMEN SOBRE EL EST ABLECIMIENTO DE ABLECIMIENTO DE ABLECIMIENTO DE ABLECIMIENTO DE ABLECIMIENTO DE LA MONEDA DE COBRE EN LA ISLA DE CUBA LA MONEDA DE COBRE EN LA ISLA DE CUBA LA MONEDA DE COBRE EN LA ISLA DE CUBA LA MONEDA DE COBRE EN LA ISLA DE CUBA LA MONEDA DE COBRE EN LA ISLA DE CUBAExcelentsimo Seor: Por Real Orden de 17 anterior se sirvi V.E. prevenirme que le diese mi dictamen sobre la conveniencia o perjuicios que sentira la Isla de Cuba de tener para su circulacin moneda particular de cobre, y para cumplir, como debo, este Soberano encargo, me precisa recordar, no el antiguo y nunca resuelto expediente sobre crear en nuestra Amrica, y particularmente en nuestras islas, una moneda de plata que, sindoles peculiar, sirviese para animar su circulacin interior, sino el que, por separado, se ha seguido, desde tiempo inmemorial, para que en los mismos parajes hubiese moneda de cobre como la hay en la Pennsula y dems partes de Europa. Repito que este expediente es de tiempo inmemorial, y omitiendo por ahora lo que sobre l se hizo en los dos primeros siglos del descubrimiento de Amrica indicar solamente que todava estn pendientes de consulta del Consejo tres renuevos de esa idea, remitidos por S.M. al examen de aquel Tribunal en 1767, 1790 y 1791. El ltimo fue promovido por D. Eugenio Izquierdo, como Director entonces de la fbrica que estableci para proveer de planchas de cobre a los buques de nuestra Marina. Pidise sobre esto informe a todos nuestros Jefes de Indias, y discordes, como siempre, en su modo de pensar, la cosa qued, como antes, sin resolucin alguna. Es de observarse, sin embargo, que el benemrito Don Luis de las Casas, como Capitn General que era de la Isla de Cuba, apoy en lo sustancial, y por lo respectivo a su distrito, el pensamiento de Izquierdo, y slo puso reparo en cuanto a la forma y peso de la moneda propuesta. Es de advertir tambin que los inconvenientes que otros opusieron al proyecto no eran aplicables a Cuba; y, por tanto, resultan del expediente expresado que por lo que toca a esa Isla no se present reparo que pudiese detener el establecimiento de una moneda de cobre que en su cantidad y peso guardase las debidas proporciones. Sobre tan firme base descansa el laudable pensamiento manifestado por el Sr. D. Jos de Pizarro en el oficio que devuelvo; pero tenemos otra ms slida, a mi entender. En el pas de las minas, que es Nueva Espaa,

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /157 /157 /157 /157 /157 est establecida ya, con beneficio de todos, esa moneda de cobre. Hace tres aos que, usando de sus facultades, hizo acuar aquel Virrey doscientos mil duros de esa especie, y sucesivamente me dicen que ha ido acuando ciento veinticinco mil cada ao. El Rey en esta operacin ha ganado el ciento cincuenta por ciento, y el pblico que, para sus cambios menores se hallaba embarazadsimo con el uso de los tlacos o signos particulares de cada tabernero, se halla muy contento con el que le ha dado el Gobierno para que generalmente se admita en todas las tabernas y en todos los dems cambios. A tan convincentes datos nada se puede aadir; pero, obligado a cumplir con el Soberano precepto que ha exigido mi opinin, la dar en poqusimas palabras diciendo que en una Isla donde toda la moneda que circula viene de fuera y donde la menor que se conoce vale diez cuartos y medio, no puede dejar de ser til un signo particular y, sobre todo, el precio para los cambios menores. Hace veintisiete aos que, siendo Diputado en esta Corte de la ciudad de La Habana, dije al Ministerio de Indias, en apoyo de esto mismo, cuanto supe o alcanc, y no lo repito ahora, lo uno, porque sobre el propio punto —aunque entonces contrado a la moneda de plata— expuso el Sr. D. Francisco de Saavedra en su luminoso Informe de 31 de diciembre de 1790 todo lo que puede desearse, y lo otro, porque hoy se trata de lo menos, esto es, de moneda de cobre y slo con respecto a Cuba. Sobre lo cual, como he dicho, nunca se presentaron perjuicios, ni me parece que pueden ocurrir otras dudas que las que siempre acompaan a cualquier novedad. Para hacerla es indispensable, sin embargo, fijar la ley, peso, forma y valor del signo que se trata de crear. Es preciso tambin determinar la cantidad que debe ponerse en circulacin. Y es necesario, por fin, sealar el paraje que sea ms conveniente para su fabricacin. El Sr. Pizarro indica la parte Oriental de la misma Isla, y esto, que tan agradable es a quien desea como yo el mayor fomento de aquel punto, ofrece, sin embargo, el reparo de la pequeez del objeto y la grandeza de los costos. Pero, aun dado que mayores consideraciones hagan desatender los gastos, siempre es menester que sepamos los que son y de donde han de salir. Nada de esto puede hacerse con acierto sin or a las autoridades superiores de la Isla de Cuba, y por tanto concluyo proponiendo que se sirva V.E. pedir informe sobre todos estos particulares al Capitn General, Intendente y Consulado de aquella Isla, y, con su vista, consultar a S.M. lo que crea ms conveniente para la realizacin de un pensamiento que, a mi entender, repito, no tiene inconveniente alguno y ofrece muchas ventajas. Dios guarde a V.E. muchos aos. Madrid, 22 de agosto de 1817. Francisco de Arango Excelentsimo Sr. D. Martn de Garay.

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AL PBLICO IMP AL PBLICO IMP AL PBLICO IMP AL PBLICO IMP AL PBLICO IMP ARCIAL DE EST ARCIAL DE EST ARCIAL DE EST ARCIAL DE EST ARCIAL DE EST A ISLA A ISLA A ISLA A ISLA A ISLA FRANCISCO DE ARANGO FRANCISCO DE ARANGO FRANCISCO DE ARANGO FRANCISCO DE ARANGO FRANCISCO DE ARANGO1 1 1 1 1No s, compatriotas mos, que es lo que ms me inquieta en este triste momento, si el tener que hablar de m o el considerar la injusticia con que se me ha provocado y arrastrado a esta palestra. Confiado en la seguridad que me deba inspirar mi pacfica conciencia, miraba como imposible que hubiese quien me insultara en mi silencio y retiro, y si me ocurri alguna vez el temor inverosmil de que podran no bastar tan sagradas garantas, siempre cre inalterable mi firme resolucin de no contestar ni aun or a los que tan gratuitamente me quisieran ofender. Pero la refinada malicia de los que tanto especulan en turbar nuestro reposo supo tocar el registro que nicamente poda hacerme variar de plan. Hablaron del proyecto de Junta de julio de 1808, y volviendo a presentarlo con la espantosa figura con que se expuso a este pblico en los primeros momentos y tambin en 1812, ni poda desentenderme del solemne ofrecimiento que hice a mis conciudadanos en julio de 1813,2 ni dejarlo de cumplir, rasgando, como voy a hacerlo, el asqueroso velo con que se quiso cubrir tan inocente ocurrencia. Se equivocan los que creen que para tomar la pluma ha podido estimularme o la amalgamacin que se ha pretendido hacer de cosas tan heterogneas como el referido pensamiento y el discurso que D. Jos de Arango, mi primo, acaba de dar a luz,3 o las despreciables sombras que de diferentes maneras han procurado esparcirse para hacerme sospechoso. Es notorio, y no lo ignoran los que han urdido esta trama, que el consabido papel —en que todo lo que he visto es un vigoroso ataque a nuestros modistas de independencia— y cuantos ha dado a la prensa el referido mi primo, han sido escritos y publicados sin conocimiento mo; y yo caera en el mayor ridculo si me detuviese a impugnar a los que quieren persuadir que soy capaz de desear la muerte de lo que ms amo; o lo que vale lo mismo, que soy capaz de querer que mi Patria abandonara la ventura que disfruta, y sin nada de lo preciso para ser independiente tomase tan seguro camino de perdicin y de ruina. S —lo dir con firmeza a la faz del universo—, amo con la mayor ternura esta tierra en donde nac, y siempre estoy muy dispuesto a sacrificar por su bien cuanto tengo y cuanto valgo; pero ese mismo amor pursimo es el que ms me aleja de semejante delirio; el que ms

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /159 /159 /159 /159 /159 me animara a hacer lo que nunca he hecho, para detener al insensato que con mi adorada Patria quisiera precipitarse en esa sima de horrores. Y, aun cuando el verdadero inters de esta poblacin naciente no me obligase a mirar con tan gran indignacin esa funesta idea, qu puede haber en el mundo que tenga suficiente fuerza, no digo para destruir, sino para debilitar la fidelidad que he jurado a mi insigne bienhechora? Hay algo, por otra parte, que pueda tentar mi satisfecha ambicin; la ambicin, repito, de quien a tanta distancia acaba de merecer a esa nacin heroica y a su muy augusto Jefe una de las primeras dignidades del Estado? Treinta aos de continuas honras y distinguidas confianzas, debidas a una Metrpoli que dispens por mis ruegos tan singulares beneficios a esta afortunada Isla, se olvidan de esa manera? No, desgraciados, no; yo seguir imperturbable, cumpliendo con lo que debo a mi Patria y mi nacin. Solicitar para aqulla, con constancia y con denuedo, todas las ventajas posibles, y me valdr de ese medio y cuantos estn a mi alcance para hacer indisoluble su unin con tan digna madre. Yo procurar adems mostrar a sta mis deseos de pagar con cuanto tengo mi inmensa y particular deuda, y cuando ms no pueda, ir mi pecho al sepulcro lleno de reconocimiento, lleno de la honra de ser ciudadano espaol... Pero, a dnde me conduce mi exaltada imaginacin? Perdonad, conciudadanos, este extravo de la sensibilidad de un hombre que cuando slo pensaba en su viaje a la Pennsula ve atacada su opinin en parte tan delicada; y volvamos a tomar el hilo que qued pendiente. Dije, y volver a decir, que lo que me mueve a escribir es mi respeto a este pblico y la obligacin en que estoy desde que le ofrec revelar el secreto de esa Junta. No ha estado en mi mano la falta de cumplimiento de semejante promesa; porque es bien sabido que en mi navegacin a Cdiz volvi a tomar incremento mi terrible enfermedad; y que por ms de dos aos estuve diferentes veces en los brazos de la muerte. Regres a Madrid, no muy bueno, en marzo de 1815, esto es, a los diez meses de expedido el malhadado decreto de 4 de mayo, y entonces slo era tiempo de callar y perdonar ... y despus, poda pensar que fuese oportuno hablar de semejante materia? Lo har ahora, no con la vehemencia que pudiera haber tenido cuando me aquejaba el dolor de las recientes heridas, sino con la calma y decencia con que en todas ocasiones he procurado explicarme. Dir lo muy preciso solamente de las cosas y nada de las personas Sea mi primer paso presentar, como presento, con el nmero 1, el cuerpo de ese delito, de un delito tan atroz que ni la prescripcin le vale. Quiero permitir que yo fuese el nico autor de ese pensamiento y papel, y que yo solo tambin hubiese solicitado para l votos o suscriptores. Y supuesto que hasta esa lnea y no ms han llegado y pueden llegar todas las acusa-

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OBRAS 160\ 160\ 160\ 160\ 160\ ciones, pregunto, cul es mi delito, mi culpa siquiera en aquellas circunstancias ? Nadie determin los cargos, ni mucho menos las pruebas, y esto basta para excitar la desconfianza del buen pensador y buen juez. Djose vagamente que se trataba de una Junta independiente y tirnica y cuando comenzaron las desgraciadas insurrecciones que todava devoran a muchas provincias de nuestra Amrica, y sin discernimiento alguno se atribuyeron a sus Juntas, entonces, y no antes, naci la idea de que nuestra felicidad se deba a la heroica resistencia que nos haba liberado del mismo terrible azote. Analicemos estas especies y veremos su valor en las tres siguientes cuestiones. Primera, en aquellas circunstancias, pudo un espaol cualquiera hacer semejante propuesta? Segunda, los medios que en ella se indican y los fines que descubre, pueden graduarse de tirnicos o de ilcitos siquiera? Tercera, pudo la prudencia humana condenar entonces o condenar ahora semejante tentativa?CUESTI"N PRIMERAEn aquella circunstancia, pudo un espaol cualquiera hacer semejante propuesta? Y por qu no? Porque se cometa el delito de aspirar a la independencia. ¡Qu ceguedad! ¡Qu miseria! Para poder persuadir que alguno aspira a la independencia es preciso demostrar que ya no se hallaba en ella; es menester probar que las provincias espaolas que haban escapado del yugo del emperador de Europa no estaban en perfecta orfandad; es necesario olvidar que en aquellos das aciagos, lo que se saba en esta ciudad era que, ocupada nuestra Corte y lo mejor de Espaa por las huestes formidables del hombre a quien el mundo ilustrado consideraba invencible, se haba arrebatado entero el linaje de nuestros reyes, y con renuncia de stos o cesin de sus derechos apareca un extranjero dicindose Soberano de Espaa y de sus Indias. Y en tal situacin, de quin dependa esta Isla? De quin?, vuelvo a preguntar. ¡Ah!... De quin depende la nave que al soplar un huracn se encuentra sin su armador y principal piloto, y en su mortal sorpresa slo se le presenta un cariz impenetrable, olas descomunales, escollos por todos lados y motivos poderosos para temer tambin que su tripulacin no conserve la confianza y subordinacin que exige su gran apuro? sta es la verdadera imagen de la dependencia poltica de nuestra Isla en aquellas circunstancias y ya que en ella pudo servir de disculpa para tantas alaridas contra el intento de Junta, la exaltacin de pasiones y la escasez que haba de principios y de luces, cmo es que a tanta

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /161 /161 /161 /161 /161 distancia de aquella fermentacin y de aquella oscuridad se ven repetidas hoy las mismas acusaciones, y repetidas por gentes que se dicen liberales y en todos casos se jactan de ser defensores acrrimos de los derechos del hombre? Cmo se niega o trata de debilitar el derecho que tena el ltimo de los espaoles en semejante caso, para proponer con juicio el plan que creyese ms til para suplir de algn modo la falta del Supremo Gobierno? Se ver despus, y de un modo incontestable, que no fue un cualquiera el autor del criticado pensamiento, sino el mismo Capitn de la nave desgraciada que, deseando conservarla y conservar intacta su naturaleza espaola, buscaba como deba los medios de suplir la falta del armador y piloto, y los de consolidar su dudosa autoridad, sin lo cual deba temer o un naufragio inevitable o todas las agonas que en semejantes apuros produce la insubordinacin.CUESTI"N SEGUNDALos medios que en la Representacin se indican y los fines que descubre, pueden graduarse de tirnicos o de ilcitos siquiera? Apelo al texto, apelo a la buena fe de los que sin prevencin leyeren el papel nmero 1 y con imparcialidad examinen los medios que se pusieron en prctica para dar a conocer y que se llevase a efecto semejante pensamiento. Y si esto slo no bastare para la purificacin de los que se ven acusados por semejante causa, respndase a las siguientes preguntas, teniendo siempre a la vista el papel nmero 1. Aspira a la tirana el que propone que las autoridades constituidas conserven el poder que tienen, y que en ellas mismas y en otras personas de confianza recaiga la autoridad que no existe? Da indicios de miras tirnicas el que presenta sus ideas a los ojos del pueblo de la capital, el que adems las sujeta al voto de su Ayuntamiento, a la decisin del Superior Gobierno, y no se opone a ninguna otra medida? Se prepar algo en secreto para proteger aquel proyecto? Se trat siquiera de captar en su favor la pblica benevolencia? Sali alguno a defenderlo cuando se vio combatido? Provoco por mi parte a todo este vecindario para que levante el dedo el que pueda decir que me oy una sola palabra en apoyo de aquel plan. Bien convencido del derecho que asista a esta Isla para adoptar interinamente el que creyese mejor para su gobierno, tem siempre las resultas de cualquier novedad, y siempre manifest estos recelos con la misma claridad con que se hallan estampados en el acuerdo de 22 de julio de 1808, impreso con mi carta anterior. Veremos,

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OBRAS 162\ 162\ 162\ 162\ 162\ a su tiempo, nuevos documentos que confirmen esta verdad y aclaren ms la inocencia de todos los que intervinieron en semejante negocio. Lo que por ahora interesa advertir es que entonces no tenamos establecidos ni conocidos siquiera los medios que nos ha dado la Constitucin para consultar y conocer el voto de las provincias, y es preciso confesar que los que con este objeto se emplearon en aquel caso prueban, al menos, el gran respeto que sus autores tenan a los derechos del pueblo; porque son mucho ms amplios que los que la Junta Central y la primera Regencia mandaron poner en prctica para la eleccin de Vocales de la citada Junta y de Diputados a las Cortes extraordinarias, pues para lo primero slo se cont con la opinin de todos los Ayuntamientos y otras autoridades, y, para lo segundo, con el simple voto del Ayuntamiento de la capital, mientras que los supuestos y maltratados promotores de la independiente y tirnica Junta contaron tanto con el pueblo, que slo su voz fue oda, y por ella decidido, sin contradiccin ni rplica, aquel importante negocio. Esto se ver ms claro en la siguienteCUESTI"N TERCERAPudo la prudencia humana condenar entonces, o condenar ahora, semejante tentativa? Si mil veces me encontrara en la misma situacin, mil veces aprobara que con igual discrecin se hiciese lo que se hizo. Entonces nadie esperaba la victoria portentosa que alcanzaron nuestras armas en los campos de Bailn, y menos pudo contarse con el especial auxilio que nos dio la Providencia para escapar de las garras del guila que haba abatido tan poderosos imperios, y habiendo en la poblacin de esta Isla particulares principios de desorden y disolucin, quiso tambin la desgracia que concurriesen otros para nuestro sobresalto. Era pblica la enemistad de los Jefes de tierra y mar, y ste no ocultaba su deseo de someternos a la soberana de Sevilla. Fue exonerado entonces el que diriga la Real Hacienda, hallndose en muy mal estado este esencialsimo ramo, y el nuevo Intendente no poda inspirar la confianza necesaria, porque era desconocido y se le sospechaba —supongo que sin justicia— de haber tenido relaciones con el Ministerio de Murat. Adems, es positivo que —aunque en das de tanta afliccin, a nadie pudo ocurrir el villano pensamiento de dejar a nuestra madre en su mayor apuro— fueron muchos y muy buenos los que temieron, con razn, que a cada instante llegase la tremenda noticia de la completa subyugacin de la Pennsula, y con ella mil emisarios pblicos y secretos para inclinarnos a lo mismo o comprometernos con otras naciones. Y debera la prudencia, en medio de tantos peligros, tan inauditas novedades y tan

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /163 /163 /163 /163 /163 gran consideraciones, dormirse o cerrar los ojos? Se le puede hacer un cargo de que buscase arbitrios para prevenir tantos males; de que pensase al menos en buscar un medio suave para suplir la falta del soberano poder, y afirmar e1 que tenan las autoridades existentes? Dice ms, aspira a ms esa Representacin tan criticada como mal leda? Se asoman siquiera en ella las exaltadas pretensiones que, con abatimiento y ruina de las autoridades constituidas, se haban visto realizar en las provincias espaolas de que tenamos noticias? Era prudente, en fin, esperar que se repitiesen aqu, o siquiera se intentasen las tumultuarias escenas de Valencia, Granada y Sevilla? ¡Ah! No quisiera recordar que los que con tanto calor nos acusaban entonces, los que decan a gritos, por las calles y plazas, que no haba necesidad de hacer novedad alguna; los que nos echaban en cara la falta de formalidades y de respeto al pblico con que estbamos procediendo; esos mismos pretendieron que esta provincia reconociese por su Soberano no a la de Sevilla, su igual, sino a los pocos hombres que la estaban gobernando con legitimidad o sin ella; creyendo suficiente para esto la anuencia de las autoridades existentes, y no de todas, ni de las principales siquiera, pues se lleg al extremo de prescindir de la del Capitn General y Ayuntamiento, y solicitar aparte, de palabra o por escrito, la de varios Cuerpos y particulares. Parece increble esto; pero lo ser mucho ms que teniendo el Capitn General y sus pretendidos favoritos tantos motivos, tantos estmulos para reconvenir a los que no haban perdonado medio alguno para perdernos, y habindose visto bien pronto todos los inconvenientes de ese nuevo vasallaje; pues sin el de la posible y al fin realizada subyugacin de Sevilla apareci al instante el de la rivalidad de mando en las Juntas peninsulares, habiendo llegado alguna hasta el punto de proveer empleos de la primera jerarqua en el Virreinato de Buenos Aires, ni entonces hicimos uso de nuestras victoriosas armas, ni ahora pensamos hacerlo. Basta, para mi intento, presentar este contraste a la juiciosa crtica de las personas sensatas. El nico asilo que queda a la malicia de nuestros detractores es el de volar a la impenetrable regin de las posibilidades y sospechas; es decir, que, establecida la Junta, Dios sabe a qu aspirara; que, sin ella, nos salvamos, y con ella se perdieron otras provincias de Amrica. Seamos justos, seamos exactos en nuestros razonamientos, y antes de ver si tienen fundamento esas enfticas rplicas, confesemos con candor que, aun cuando lo tuviesen, nunca se pudo mirar con tan irritados ojos el simple pensamiento o intento manifestado al pblico en esa Representacin. Sera, cuando ms, un error de concepto muy propio de aquella poca, ms disculpable sin duda que el que simultneamente padecieron nuestros acusadores, promoviendo con mayor informalidad el peligroso y degradante reconocimiento de la soberana de Sevilla. Pero nunca pudo

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OBRAS 164\ 164\ 164\ 164\ 164\ mirarse como un delito o una culpa, pues le faltan, para serlo, todos los requisitos y atributos esenciales. Y ese Dios que sabe adonde pudo ir a dar nuestra proyectada Junta si se hubiese realizado, es el mejor testigo de la rectitud y pureza de intencin con que se concibi y se abandon esa idea. Pero dejando a Dios en su altura inmensurable, dejando el ridculo intento de profundizar sus arcanos, veamos de tejas abajo si es cierto que nos salvamos por no haber tenido Junta y que nos hubiramos perdido, como se perdieron otros, si se hubiese realizado. Yo dir siempre que el cielo fue quien entonces nos salv, envindonos por los aires la noticia de Bailn y la fundada esperanza de un Gobierno nacional, sin lo cual es ms que probable que hubiramos llorado a mares la celebrada resistencia de la bulliciosa noche del 27 de julio. Dir tambin que para hablar con precisin contra nuestro proyecto, no basta demostrar que en otras partes fueron malos los resultados de las Juntas proyectadas y establecidas como la nuestra. Es menester convencer que fue perjudicial la tentativa que aqu se hizo, o ms claro, que nos hubiramos salvado sin promover lo que se promovi. Los mismos que han hecho mrito de haber provocado la oposicin del pueblo a aquel pensamiento confesarn, por fuerza, que se logr de ese modo una confirmacin —durable o pasajera, juiciosa o tumultuaria— de las autoridades existentes, o sea, una manifestacin general de respetarlas y obedecerlas en aquellas circunstancias Antes no haba ese saludable y necesario freno, y debemos confesar que no se hubiera logrado tan suave y pacficamente sin el criticado intento y sin el laudable silencio que observaron sus autores. En esos mismos documentos que slo para ofendernos se imprimieron en 1812 y con el mismo objeto se han vuelto a publicar ahora, se supone que tenamos un grandsimo poder, mas no se dice ni se podr decir que le emplesemos en prevenir la opinin pblica ni en sostener la nuestra, y lo que de todo se deduce en verdad y buena fe es que la franca manifestacin de aquel pensamiento y la nobleza de dejarlo sepultar en medio de tantas, tan punzantes y tan amaadas execraciones, fue lo que en aquel momento mereci ms de la Patria. Pero acerqumonos ms a ese pomposo anuncio de que con la proyectada Junta se hubiera perdido esta Isla, como se perdieron para siempre otras provincias de Amrica. Yo no veo el rumbo que se pueda tomar para persuadir que la Junta de La Habana haba de ser menos espaola que las de la Pennsula. ¡Si ser, acaso, porque stas fueron obra de una conmocin popular y la nuestra se preparaba con todo el orden que en tan inesperadas y urgentes circunstancias era posible! ¡Si ser, repito, porque en Espaa se excluyeron las autoridades existentes, y de todo lo contrario trataba nuestro proyecto! ¡Si ser, en fin, por las dificultades que muchos tuvieron all para la organizacin de un Gobierno nacional y los mandones de ac

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /165 /165 /165 /165 /165 volaron a echarse en sus brazos, aun antes de que se instalase!4 Dejemos sin profundizar tan amargas consideraciones. No quiero que se presuma que trato de eludir con ellas la fuerza de la paridad con otras provincias de Amrica. Deseo, al contrario, atacar a ese fantasma para que se conozca que ha debido su existencia a nuestro sin igual sufrimiento. Para probar, con ejemplos, que hubiera sido funesto el establecimiento de nuestra Junta es preciso presentar otra del mismo tiempo, y del mismo carcter, establecida en Amrica con fatales resultados. Y dnde existe ese ejemplo? De donde podr sacarlo la apasionada malicia? Las Juntas revolucionarias de Amrica nacieron veinte meses despus de haber expirado la inocente idea de la nuestra, y se presentaron desde luego con una fisonoma tan distinta como lo eran ya las circunstancias y el estado de la opinin pblica en aquellos desgraciados pases; y no cabe en buena lgica, ni en razn desapasionada, reconvenir con ejemplos de tan diferente especie. Es cierto que Caracas y Mxico pensaron como nosotros en los primeros momentos, y trataron, con efecto, de que all se estableciesen Juntas iguales o semejantes a las de la Pennsula. Y es positivo tambin que se resisti el proyecto con el mayor vigor, y que no se realiz. Y se salvaron por eso? Pues, cmo se dice que nosotros nos salvamos porque resistimos la Junta? Cmo se aade que aqullos se perdieron por haberla establecido? Resultan contraproducentes los dos nicos ejemplos de nuestra Amrica, en que con exactitud pueden fundarse argumentos contra nuestro inocente y, aadir, laudable proyecto de Junta. Resulta, digo, que se perdieron los dos imperios en que se hizo una resistencia igual a la que aqu se provoc, y no sabemos lo que hubiera sucedido all si con discernimiento y juicio se hubieran organizado al principio las Juntas que se pidieron. Siendo lo ms verosmil y ms conforme a razn que si hubieran sido buenos los que compusiesen la Junta, buenas hubieran sido tambin todas sus operaciones. Despus de este desengao, no creo que se me exigir que muestre la inexactitud de cualquier observacin que se pudiera hacer con respecto a Cartagena, Santa Fe y Buenos Aires, donde, si en algunos ratos se han gobernado con Juntas, no ha sido para producir sino para seguir la insurreccin comenzada. En lugar, pues, de esas inadecuadas citas, pudo reflexionarse que las Juntas, en todos los dominios espaoles, no fueron causa sino efecto de la Revolucin, o que fueron ms bien hijas obedientsimas; que en todas partes tuvieron la forma y la direccin que quiso darles el espritu pblico reinante; y debe admirar que, siendo tan obvia esta incontestable verdad, y estando tan acreditada la lealtad de los cubanos, se concibiesen y todava se manifiesten unas sospechas que slo pueden fundarse en la suposicin ignominiosa de que pudiesen variar los nobles sentimientos de nuestros isleos, y como esto ni deba presumirse, ni lo querrn sostener nuestros acusadores, es forzoso que confiesen fran-

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OBRAS 166\ 166\ 166\ 166\ 166\ ca y generosamente que con la misma cordura con que nos mantuvimos sin Junta hubiramos existido con ella, y que fue tan infundada la crtica de aquel pensamiento como el mrito atribuido a los que provocaron la resistencia de este pueblo. Decir, como tambin se ha dicho, que la ambicin de mando fue el principal estmulo de aquella idea es incidir sin provecho en una contradiccin. Ya indiqu que, en esos papeles reimpresos ltimamente y citados como dogmas, se anuncia que tena a mi voz al Jefe Superior de esta Isla, a su Teniente en lo poltico, al Ayuntamiento, Consulado, Sociedad Patritica, etc., y es inconcebible que siendo, como se deca, tan universal el deseo de que siguieran las cosas en el estado en que se hallaban, y siendo tan conocido el axioma de que el mando no admite compaeros, yo quisiera aumentar los mos, creando una Junta numerosa, para la cual estaban designados dos jefes que muy poco antes haban despachado una embajada al poderoso Prncipe de la Paz con pruebas del desafecto que yo y los dems que han sido denigrados por el proyecto de Junta profesbamos a S.A. pidindole, en su virtud, que contra todos lanzase un decreto de expatriacin. Ms natural habra sido el considerar lo mucho que quiere decir que esos ambiciosos mandarines, pintados en aquellos tres aos con tan negros coloridos, hubiesen sido y siempre continuasen siendo los ntimos consultores y amigos del Capitn General que tanto se celebraba. Soy el primero en hacer justicia al dulce y noble carcter de mis paisanos y en publicar que en gran parte se le debe la tranquilidad de esta Isla; pero convengamos tambin en que se debe mucho a la prosperidad que ella sola disfrutaba en tiempos de universal desgracia, y esa prosperidad —permtaseme recordarlo— fue efecto de los denodados esfuerzos que en diferentes pocas y especialmente en aquella hicieron esos mandones, arrostrando unas veces con la respetable autoridad de nuestras leyes; otras, con el poder de los Cuerpos ms ricos de la nacin; algunas, con los caprichos del altsimo privado y sus hechuras; y en todas, con el terrible influjo de las preocupaciones ms arraigadas. Al verme tan engolfado en defender ese proyecto de la Junta habris tal vez presumido, amados conciudadanos, que yo no tengo otras armas para destruir la voluntaria injusticia con que sobre esta materia se trata de incomodarme al cabo de trece aos. Reserv para lo ltimo las que pudiesen servir para mi particular defensa, y de ellas nunca usara si no estuviera persuadido de que queda demostrada la inocencia del pensamiento. Pero, puesta en buen lugar la opinin de mis amigos, ya es tiempo de manifestar la falsedad y ligereza con que de m se ha hablado en semejante materia, haciendo ver con irresistible evidencia que yo no fui autor de semejante proyecto, y que slo tuve parte, primero, en los prudentsimos y saludables medios que se adoptaron para manifestarlo al pb1ico, y segundo,

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /167 /167 /167 /167 /167 en hacer que se cumpliera el juiciossimo acuerdo de que o no tuviramos Junta o fuese con el debido aplauso. Lo que ocurri fue lo siguiente. El Superior Gobierno de esta Isla estaba, como se sabe, en las muy fieles y muy ilustradas manos de mis dos respetables y eternos amigos, el Sr. Marqus de Someruelos y su Teniente Asesor General, el Sr. D. Jos de Ilincheta. Conocieron desde luego todas las dificultades y riesgos de su situacin; pero, penetrados tambin de los que siempre acompaan a cualquier novedad, y llenos de la confianza que les deba inspirar tan pacfico vecindario, estuvieron cinco das firmemente decididos a no hacer en el Gobierno la menor alteracin, y hubieran continuado lo mismo si por una parte no hubiesen sabido lo que comenzaba a hablarse del peligroso reconocimiento de la soberana de Sevilla, y por otra no hubiera llegado a su noticia que muchos clamaban ya porque se hiciese aqu lo que se haba ejecutado en las provincias libres de la Pennsula, sobre lo cual el mismo Sr. Ilincheta se vio empeado, poco antes de las oraciones de la noche del 22, en una acalorada disputa con personas muy sensatas y muy bien intencionadas, nacidas en la Pennsula, que consideraban preciso el que se hiciese algo para no aventurarlo todo. De la casa de la disputa pas el Sr. D. Jos de Ilincheta a la del Capitn General, y, hallndose en las mismas dudas, le vio tambin agitado del temor de los desrdenes que haba en diferentes ramos y de los tristes efectos que pudiera producir la mala inteligencia en que estaban el Gobierno y la Marina, cuyo Jefe no ocultaba su decisin por Sevilla. Dur esta conversacin dos horas y todo lo que se resolvi fue que se continuara a las seis de la siguiente maana. Seran las nueve cuando el Sr. Ilincheta me sorprendi en mi casa, dicindome que acababa de acordar con el Sr. Marqus de Someruelos que convena organizar en la Isla un centro de Gobierno que, al mismo tiempo que interinamente supliese la falta que nos haca el Supremo, consolidase el poder de las autoridades existentes, y mantenindolas en el libre ejercicio de sus facultades ordinarias evitara y remediara sus particulares encuentros. Me aadi, enseguida, que para hacerlo todo con la regularidad posible y a gusto del vecindario, haba convenido con el Sr. General que otras tres personas y yo nos juntsemos con l para combinar los medios ms adecuados al intento. Nos juntamos, con efecto, en la casa de su morada aquella misma maana, y volvimos a reunirnos en diferentes ocasiones en los siguientes das 24 y 25, de cuyas conferencias result que todos fusemos de opinin de que se hiciese la presentacin que, con el nmero 1, reproduzco entre los documentos justificativos anexos. Fue extendida por el difunto Sr. Mariscal de Campo D. Agustn de Ibarra; a todos nos pareci muy bien y todos convinimos en que, sin prevenir la opinin pblica, se pusiese en manos del Sndico Procurador General para que la presentase a los principales vecinos, y por este medio pudiesen saberlo todos y manifestar francamente

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OBRAS 168\ 168\ 168\ 168\ 168\ cul era su voluntad en tan importante negocio. El Sr. Marqus de Someruelos aprob este primer acuerdo y en consecuencia se entreg la Representacin al Sndico para que saliese luego a efectuar su diligencia, cuyas resultas era necesario ver para completar el plan que slo se bosquejaba en la Representacin citada. El 26, bien temprano, dio principio el Sndico a su comisin, y en ella continu hasta las cuatro de la tarde del 27, en cuya hora tuvo que asistir a un cabildo extraordinario que hubo con otro motivo, y, creyendo que ya eran suficientes las setenta y tres firmas que haba recogido de vecinos respetables, empez a hablar del asunto a los capitulares presentes, pero antes de que acabase de explicar su pensamiento le interrump preguntndole por el nmero de suscriptores que contaba, y habindomelo designado le dije que era muy corto para negocio tan grave; que, cuando hubiese doscientos de igual clase, era cuando el Ayuntamiento podra ocuparse de semejante materia. Todos se callaron y se pas a otra cosa, y como en aquella noche fue cuando comenz la gritera contra el establecimiento de Junta, nadie volvi a tratar de ella. ste es el hecho. Vamos a ver sus pruebas. Ya he dicho que saque la cara el que pueda asegurar que yo le habl en favor de tal proyecto. Agrego adems los documentos nmeros 2 y 3 en que el Sr. Marqus de Someruelos y los individuos del Ayuntamiento que estaban presentes afirman que nada les dije en apoyo de esa idea, y el Seor Don Jos de Ilincheta, que est vivo, manifestar tambin, a quien quiera preguntrselo, que, lejos de querer yo sugerirle semejante pensamiento, siempre me expliqu en nuestras conversaciones familiares con las dudas y el temor que tengo manifestados. E1 segundo hecho, a saber, que el pensamiento de Junta naci en el mismo Gobierno se acredita con el documento nmero 4, que sobre el particular algo aade al del nmero 2, y aunque dice lo bastante, podra decir algo ms. El Sr. D. Jos de Ilincheta lo dir si fuese preciso. No necesita de prueba lo que yo mismo confieso, esto es, que se hizo con mi dictamen la citada Representacin, nmero 1, y que tambin lo di para que se publicase, como se public. No tengo comprobante de que fuese el Sr. Ibarra el que la extendiera, ni creo que se echar de menos, toda vez que declaro que tuvo mi aprobacin; pero si hubiere alguno que en esto tenga reparo, le quedar agradecido de que me suponga su autor. Falta la prueba del hecho ms significante o que ms acredita la sanidad de nuestras intenciones. Lo es, a mi ver, que, llevando ya dos das de correr por las calles y andar en manos de todos la citada Representacin, todava exig que la diligencia siguiera por cuatro ms, que son los que corresponden por regla de proporcin para reunir otras ciento veintisiete firmas. Consta esta verdad en el documento nmero 3, y yo lo desvirtuara si me detuviese un momento a demostrar su valor.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /169 /169 /169 /169 /169 Me parece que he probado lo que ofrec probar, y me parece tambin que si mi conducta en aquel caso, y en los muchos espinosos que despus nos ocurrieron, no mereciera la aprobacin que mi conciencia le da, cmo pudiera yo haber recibido las particulares seales que de su aprecio y confianza me dispensaron sucesivamente la Junta Central, la primera y posteriores Regencias, las Cortes extraordinarias? Cmo estrechar mi cordial amistad con el benemrito Marqus de Someruelos, que me la conserv hasta su muerte, con el mismo calor con que me la profesaron los dems Jefes, bienhechores de esta Isla, que mandaron en mi tiempo —hablo de los Casas, Santa Clara, Valiente e Ilincheta—? Cmo merecer, en fin, que los Cuerpos y vecindarios de esta Isla, los mejores testigos y los mejores jueces de mis operaciones de entonces, me honrasen como me honraron? El Consulado me pidi para vocal perpetuo y preeminente de su Junta. La Sociedad Patritica me expidi el ttulo de su socio honorario. Ocho Ayuntamientos de la Isla me presentaron para vocal de la Suprema Central. El de esta ciudad, con unanimidad de votos, me puso en primer lugar para el sorteo de Diputados a las Cortes extraordinarias, y la Junta electoral de toda la Isla, casi con la misma unanimidad, me dio el mismo primer lugar para que la representase en las Cortes ordinarias. Yo no trato de mi elogio y me cuestan gran violencia estas indicaciones; pero, obligado a purificarme, ni me fue posible omitirlas ni dejar de completarlas, presentando documentos que, por decirlo as, forman un perfecto cuadro de mi patriotismo y mi invariable conducta —no en aquellos siete das de alarma y de sobresaltos, sino en los siete aos de temores y esperanzas que se siguieron a ellos—. El pblico ha visto ya el Manifiesto y acuerdo que publiqu con mi carta del 20 del presente mes, y para confirmar que nunca desmay mi ardiente celo en defender los derechos de esta Isla, ni mi respetuoso amor al Gobierno metropolitano, acompao ahora, en el nmero 5, los muy significantes acuerdos que, a nombre del Ayuntamiento, Consulado y Sociedad Patritica, propuse y extend en el mes de agosto de 1810, y suplico que se lea el expediente que sobre el comercio de esta Isla imprimi el Consulado en 1809 y la Representacin de 20 de julio de 1811, impresa en Madrid en 1814, en la cual, a nombre de los mismos Cuerpos y con la ocasin de defender nuestros derechos sobre el trfico de negros, me parece que desenvolv y sostuve todos los que nos asistan. Tambin agrego, con el nmero 6, una noticia de mis donativos que, aunque no llenaron mis deseos, fueron muy superiores a mi caudal y recursos, y concluyo, en fin, el ofrecido cuadro, copiando los dos ltimos prrafos de una representacin que en 29 de agosto de 18165 escrib en Madrid y dirig a S.M. por el conducto de su Secretario de Estado, el Excmo. Sr. D. Pedro Ceballos.

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OBRAS 170\ 170\ 170\ 170\ 170\ As decan: “No creo que ahora debo extenderme ms sobre este importantsimo punto y ya me parece que sobre todos he ocupado demasiado la atencin de V.E.; pero no puedo concluir sin atacar de nuevo al enemigo de todas las ideas que para el bien de mi Isla he presentado; quiero decir, al temor de que el aumento de las fuerzas de aquella preciosa posesin la inclinar a separarse de la dependencia de su Metrpoli. En ninguna parte de Amrica es ms remoto ese temor o en ninguna parte es ms fcil precaverlo; pero, aun cuando as no fuese, cabe en razn que ese vago y lejano peligro impida las medidas que con el apoyo del inters y de la justicia nacional est pidiendo la crtica situacin de Cuba? Puede ser preservativo de la insurreccin el mismo descontento o desesperacin que la produce? Y este descontento o desesperacin no abrir las puertas de Cuba a alguna nacin envidiosa? ”He dicho que, en ninguna parte de nuestra Amrica, es ms remoto por ahora ese temor de insurreccin, y, si dijese imposible, dira una verdad que no se funda en la bondad de carcter de aquellos isleos, porque son hombres como los dems, y sujetos, como todos, a los mismos extravos; pero yo no veo en ningn otro punto de nuestras Indias igual masa de propiedades y propietarios, no veo tampoco el equilibrio que all hay entre europeos y naturales, entre libres y esclavos, entre blancos, mulatos y negros, y a stos que, por s solos, son muy poderosos obstculos para la alteracin del orden, se agregan los justos temores de la vecindad de...; el de la inmediacin de La Habana a su Metrpoli y la continua y recproca emigracin y mezcla de ambas familias. ”Cuando La Habana era pobre no haba en Espaa habaneros; ahora los hay en todas las carreras, contndose quizs por millares los que aqu pasan su vida; y estos rehenes pueden llegar a ser todo lo que se necesita si nuestro amado Soberano concede, como corresponde, el libre comercio de Cuba y se sigue el til plan de atraer con beneficios a aquellos hijos de Espaa, haciendo que Cuba en todos sentidos sea una de sus provincias. ste es mi deseo, menos por el bien del momento que por llevar al sepulcro el dulce consuelo de que mis paisanos se conserven en los tiempos ms remotos tan fieles vasallos de S.M.C. como lo ha sido y ser siempre. Francisco de Arango. ” sa ha sido y ser siempre mi profesin de fe en la presente materia: defender con todo vigor los derechos de esta Isla y sostener con el mismo su unin con la Madre Patria ; y se tambin el lenguaje con que, desde los veintids aos, he hablado por este pas al venerable Carlos III, a sus dos augustos sucesores, a la Junta Central y a las Cortes extraordinarias y ordinarias. No es del caso recordar los efectos que han tenido mis incesantes oficios; lo saben muchos y debo creer que los buenos nunca lo olvidarn. De ellos espero mi mayor defensa y la aprobacin que merece mi firme resolucin de no dar otra respuesta a los que nuevamente me

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /171 /171 /171 /171 /171 quisieren injuriar, que la de ocupar todo mi tiempo en arreglar mis complicados negocios para marchar cuanto antes a morir en mi sistema de hacer bien y no hacer mal Habana, 29 de septiembre de 1821 Francisco de Arango.Notas1Este Manifiesto se imprimi en 1821 en la Oficina de Arazoza y Soler, impresores del Gobierno Constitucional, formando un folleto de 65 pginas en cuarto menor. ( Vidal Morales y Morales). [Al pie del ttulo apareca esta aclaracin: “Los originales de los documentos que se acompaan estarn quince das en la imprenta para que los examine el que guste.” ( N. del E .)]2Vase el Diario de la Habana de 9 de julio de 1813.3Anunciado en el Diario de la Habana de 14 de septiembre.4Manifiesto de este Ayuntamiento de ... de octubre de 1808, publicado con mi carta anterior, de 20 del corriente.5Segn carta de D. Francisco Antonio de Rucavado, Arango concluy, y entreg al Ministro de Estado, la Representacin sobre los medios de establecer el libre comercio de Cuba la noche del 25 de agosto de 1816. Vase la nota puesta por el Dr. Vidal Morales y Morales a la pgina 155 de este tomo. ( Manuel Villanova)

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DOCUMENTOS JUSTIFIC DOCUMENTOS JUSTIFIC DOCUMENTOS JUSTIFIC DOCUMENTOS JUSTIFIC DOCUMENTOS JUSTIFIC A A A A A TIV TIV TIV TIV TIV OS OS OS OS OS ANEXOS AL MANIFIESTO DIRIGIDO ANEXOS AL MANIFIESTO DIRIGIDO ANEXOS AL MANIFIESTO DIRIGIDO ANEXOS AL MANIFIESTO DIRIGIDO ANEXOS AL MANIFIESTO DIRIGIDO AL PBLICO IMP AL PBLICO IMP AL PBLICO IMP AL PBLICO IMP AL PBLICO IMP ARCIAL DE ARCIAL DE ARCIAL DE ARCIAL DE ARCIAL DE EST EST EST EST EST A ISLA EL 29 DE SEPTIEMBRE DE 1821 A ISLA EL 29 DE SEPTIEMBRE DE 1821 A ISLA EL 29 DE SEPTIEMBRE DE 1821 A ISLA EL 29 DE SEPTIEMBRE DE 1821 A ISLA EL 29 DE SEPTIEMBRE DE 1821NMERO 1Representacin de personas notables de La Habana al Ayuntamiento, el 26 de julio de 1808, para que se organizase una Junta Superior de Gobierno con autoridad igual a la de las establecidas en la Pennsula Muy Ilustre Ayuntamiento: Los vecinos hacendados, comerciantes y personas notables de esta ciudad que abajo firmamos, reconociendo en V.S.M.I. una legtima o la ms legal representacin de este pblico, decimos: Que, en vista de las actuales lamentables circunstancias en que se halla la Madre Patria; del cautiverio de nuestro amado Rey y Seor D. Fernando Sptimo y de toda la Real Familia; de hallarse por esta causa suspendidas las relaciones que nos ligan a la Soberana Autoridad y los recursos a la misma que exige el orden del gobierno y economa general; deseando no carecer de aquel apoyo ni vernos privados de estos consuelos; quisiramos que, en el modo de suplir la misma suprema, venerada y necesaria potestad durante la funesta poca presente, diese esta ciudad un ejemplo de prudencia y sabidura tan conforme al espritu de nuestras leyes como a nuestros intereses, que consisten principalmente en mantener la unin y la paz interiores a cuyo efecto hemos credo no deberse diferir el establecimiento de una Junta Superior de Gobierno que, revestida de autoridad igual a la de las dems de la Pennsula de Espaa, cuide y provea todo lo conducente a nuestra existencia poltica y civil, bajo el suave dominio de nuestro adorado Monarca a quien debe representar. Y pensamos que el modo ms adecuado al logro de tan altos y saludables fines, en nuestras particulares circunstancias, es que V.S.M.I. proponga, y el Sr. Capitn General —usando de las ordinarias y extraordinarias facultades que le conceden las leyes— resuelva, a la mayor brevedad,

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /173 /173 /173 /173 /173 los trminos en que deba organizarse esta Junta Superior; parecindonos que en ella deben reunirse las principales autoridades establecidas y un nmero de vecinos respetables, proporcionado a las atenciones de la misma Junta. Esperamos que esta respetuosa manifestacin de nuestra opinin y deseos hallar favorable acogida en el patriotismo de V.S.M.I., que sabr hacer de todo el uso ms conveniente a la causa pblica. Habana, 26 de julio de 1808. Seor D. Francisco de Arango: Habana y octubre 31 de 1811. Muy Sr. Mo, habiendo buscado entre los papeles de nuestro difunto esposo y padre la Representacin que V. nos pide, la hemos encontrado en el estado en que a V. la remitimos. Quedan de V., con el mejor afecto, stos sus ms atentos y S.S.Q.B.S.M. Viuda de Cruz Muoz e hijo .NOTA DE ARANGOLa antecedente Representacin existe original con las setenta y tres firmas de vecinos notables de todas clases, que el Sndico Procurador Don Toms Cruz Muoz recogi en los das 26 y 27 del propio mes de julio, dejndose entender que semejante diligencia no pudo practicarse clandestinamente ni a fuerza de sugestiones, como entonces y despus lo han supuesto los malignos, y s slo con mucha publicidad. No hay en ella la menor testadura ni signo de adulteracin, aunque es cierto que el propio Cruz Muoz hubo de rasgar las tres fojas primeras, a lo largo de siete pulgadas, como se puede ver.NMERO 2Arango pide al Marqus de Someruelos que le diga lo que recuerde sobre ciertos hechos relativos al proyecto de establecer una Junta Superior de Gobierno Excelentsimo Sr. Presidente y Capitn General: Para que la verdad y mi honor queden en su lugar me es preciso incomodar la atencin de V.E. y suplicarle, como le suplico, que, si lo tiene a bien, se sirva en contestacin decirme lo que recuerde sobre los hechos siguientes: 1 Si no es positivo que los pocos, los muy pblicos y muy circunspectos pasos que [en los ltimos das del mes de julio de mil ochocientos ocho, o

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OBRAS 174\ 174\ 174\ 174\ 174\ sea, en los primeros de haberse recibido la triste noticia del rapto de nuestro Soberano] empezaron aqu a darse para el establecimiento de una Junta no Suprema sino Superior de Gobierno, compuesta de las autoridades existentes y de vecinos respetables, fueron con el objeto de fijar sobre este particular la vacilante opinin del pblico y evitar los mayores males que deba temer el que con ojos reflexivos considerase bien el triste aspecto que en aquellos momentos presentaba la Pennsula, y los naturales efectos que deberan producir las lecciones y el ejemplo que nos daban sus provincias en este punto de gobierno. 2 Si no es tambin cierto que todos aquellos pasos se redujeron a poner en manos del difunto D. Toms de la Cruz Muoz, que a la sazn se hallaba de Sndico Procurador General, una Representacin sencillsima que debera circular pblicamente entre los principales vecinos para que manifestasen, con su firma, la aprobacin de la idea, o su desaprobacin de otro modo. 3 Si no es verdad que ninguna medida se tom para preparar o prevenir la opinin pblica sobre este particular; y que —apenas se not en el segundo da de andar en su diligencia el referido Sndico que la opinin ms general, bien o mal instruida, estaba contra la Junta, y se vio por este medio consolidada la autoridad de V.E. y dems existentes— cesaron de todo punto los pasos del expresado Sndico, y ninguno se dio ni se ha vuelto a dar en favor de semejante establecimiento, de lo cual si sigui hablndose en aquellos das fue porque as lo quisieron los que de la efervescencia pblica trataron de aprovecharse para ejercer venganzas, o para ganar opinin a costa de la de otros. 4 Si no es un hecho que esos pasos o todos los que en este asunto se dieron fueron como deban ser, con pleno conocimiento de Vuestra Excelencia. 5 Si no es, por ltimo, cierto que ni antes de pensarse en dar esos pasos, ni cuando se estaban dando, ni muchos meses despus, trat V.E. conmigo de semejante materia; sin que por esto se entienda que yo pretendo ocultar o disminuir la parte que tuve en ella. La publicar al contrario con muy gran complacencia y mucha escrupulosidad, y har ver que si me empeo en aclarar este punto no es porque me infunda temores, sino para que se conozca la maligna ligereza de los que tanto han hablado y tanto han acriminado un hecho que, si no es laudable como yo lo considero, es al menos inocente en todas sus relaciones. Dios guarde a V.E. muchos aos. Habana y enero 3 de 1812. Francisco de Arango .CONTESTACI"N DEL MARQUS DE SOMERUELOSHe recibido en 6 del actual, por la noche, el oficio de V.S. de 3 del mismo, y en vista de su contenido lo que tengo que contestar es que la Junta Provincial que se trat de formar en esta ciudad en la poca que se cita, fue

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /175 /175 /175 /175 /175 con pleno conocimiento mo y que yo deseaba infinito su formacin por los graves cuidados de que me liberaba, y porque crea que as convena para bien de la Isla y de la Pennsula; y que los pasos que se dieron al efecto, segn las noticias que tuve entonces, fueron en los trminos referidos en dicho oficio; y lo mismo para desistir del intento, segn tambin se menciona; y que es igualmente cierto que V.S. no habl conmigo de semejante materia, hasta mucho tiempo despus de haber pasado las conversaciones que se suscitaron sobre la Junta que se haba intentado formar. Dios guarde a V.S. muchos aos. Habana, 8 de enero de 1812. El Marqus de Someruelos. Seor D. Francisco de Arango.NMERO 3Arango solicita del Ayuntamiento de La Habana varios documentos relativos a la Representacin de vecinos notables en que se peda el establecimiento de una Junta Superior de Gobierno Muy Ilustre Ayuntamiento: Necesito testimonio del acuerdo celebrado en 22 de julio de 1808. Asimismo necesito que los seores que asistieron al de 27 del mismo digan en toda forma si no es cierto que habiendo hablado —segn quiero recordar, antes de entrar en sesin— el Sndico Procurador de una Representacin que en su poder se hallaba con la firma de un gran nmero de vecinos respetables, pidiendo en esta ciudad el establecimiento de una Junta Superior de Gobierno, semejante a las establecidas en la Pennsula, yo le contest‚ preguntando que si llegaban a doscientas las referidas firmas, y habiendo dicho que entonces slo llegaran a setenta, le dije que en materia tan grave a nada deba procederse sin que hablasen por lo menos doscientos vecinos notables. Con lo cual qued cortada aquella conversacin sin que volviese despus a promoverse en cabildo. Y necesito, por ltimo, que todos los Regidores declaren, en la ms solemne forma, si yo los previne entonces en favor del establecimiento de la referida Junta, o si les habl alguna cosa sobre este particular que la exprese cada uno. Srvase V.S.M.I. mandar que estas diligencias se evacuen en debida forma, y que, haciendo de las resultas los correspondientes asientos, de todo me d el escribano los testimonios que pida, y que a ellos se agregue el de la proclamacin de nuestro augusto Soberano. Dios guarde a V.S.M.I. muchos aos. Habana y diciembre 20 de 1808. Francisco de Arango. Muy Ilustre Ayuntamiento de esta ciudad de La Habana.

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OBRAS 176\ 176\ 176\ 176\ 176\NOTAS DE ARANGO1 En virtud del antecedente oficio, se form un expediente en que todos los vocales del Excelentsimo Ayuntamiento, menos los ausentes, que haban concurrido al cabildo celebrado en 27 de julio de 1808, a saber, los Seores Conde de O’Reilly, D. Joaqun de Herrera, D. Luis Ignacio Caballero, D. Carlos Pedroso, Conde de Santa Mara de Loreto y D. Jos Mara Xenes, atestaron unnimemente que antes de entrar en cabildo habl el Sndico Procurador General de una Representacin que se hallaba en su poder con la firma de un gran nmero de vecinos, pidiendo el establecimiento en esta ciudad de una Junta Superior de Gobierno, a semejanza de las de la Pennsula; que habiendo preguntado yo al propio Sndico si dichas firmas llegaban a doscientas y contestndome que slo habra setenta, le repuse que, en materia tan grave, a nada deba procederse sin que hablasen al menos doscientos vecinos notables, y que esta conversacin qued en tal estado sin que nada se hubiese promovido en cabildo; y finalmente tambin declararon que, ni antes ni despus, haba hablado yo con ninguno de ellos sobre el particular, a excepcin del Sr. Conde de O’Reilly, que expres haber hablado conmigo algunas ocasiones sin prevenir su juicio ni dictamen. 2 Es muy posible que haya personas tan gratuitamente suspicaces que pongan en duda la exactitud de la impresin, y quizs la realidad de los precedentes documentos; y, en este concepto, me ha parecido oportuno dejar los originales en poder del impresor por espacio de ocho das de su publicacin, a fin de que ocurra a verlos el que deseare cerciorarse de la verdad.NMERO 4El Marqus de Someruelos informa a la Suprema Junta de Sevilla, el 1 de noviembre de 1808, sobre la conducta que observ al saberse en La Habana los notables acontecimientos de la Pennsula provocados por la invasin de las tropas francesas M. P S. Me es sumamente sensible tener que llamar la atencin de V.A., aun para el corto tiempo necesario de leer este escrito, por conocer que est grave y dignamente ocupado V.A. en los vastos cuidados que exigen

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /177 /177 /177 /177 /177 en el da las circunstancias de Espaa. Pero, como la conservacin de mi buen nombre en el concepto de V.A. me es tan interesante, no me es posible mantenerme en silencio, habindoseme asegurado haberse escrito a V.A. [...] en contra de mi conducta sobre las ocurrencias del da; y como este informe de mi proceder es hecho, o al menos ha de pasar por tal, ante V.A., y V.A. creer a este sujeto imparcial en el particular, me es ms forzoso poner de manifiesto mi conducta para que, en vista de ella y lo que por otra parte se informe a V.A., pueda venir en conocimiento de la realidad de los hechos, y de si hay algn inters particular sobre lo que se informe de m a V.A. Tengo anteriormente participado a V.A. con fecha 29 y 30 de julio ltimo (nmeros 2 y 3) sobre mi conducta en orden al Gobierno francs, antes de los ltimos sucesos de haber llevado con engao a Francia a nuestro Rey Fernando VII y a las dems personas Reales; tengo tambin remitido a V.A. la proclama del 17 de julio ltimo, y acompao ahora la que hice publicar en esta plaza y circular en la Isla a pocas horas de haber sabido casualmente en aquel da las ocurrencias de Espaa, de que me instruy el Intendente D. Juan de Aguilar, y yo me impuse por varios papeles impresos que me entreg. Avis‚ a la mayor brevedad a todos los dominios de S.M. en ambas Amricas de los acontecimientos tan notables de la Monarqua, y en algunos de ellos han sido mis avisos los primeros que se han recibido, habiendo producido el mejor efecto, por haberse proclamado inmediatamente a Fernando VII y remitido donativos a la Pennsula en prueba de su lealtad y patriotismo. Despus de la llegada a La Habana, en 2 de agosto, del Comisionado de V.A., D. Rafael Villavicencio, para presentarme el despacho de su comisin, publiqu‚ en virtud de ella, en 8 del mismo mes, la exhortacin que acompao, para excitar nuevamente y empear ms a estos habitantes en hacer donativos para Espaa, no obstante que tambin haba tocado este punto interesante en la proclama de 17 de julio. Como al mismo tiempo que se esparcieron tambin las proclamas de otras Juntas Supremas y Subalternas hubo algunas personas que creyeron sera conveniente en esta Isla una Junta de Gobierno, que uniformase las disposiciones de los diferentes ramos que hay en ella, cada uno con su jefe respectivo, e independientes los unos de los otros; necesitndose gran reforma por lo que respecta a los crecidos gastos que ocasionan los ramos de Real Hacienda, Superintendencia de Tabacos y Marina; yo era de parecer de que convena esta Junta, pues siendo el responsable de la tranquilidad de la Isla, y conociendo las graves dudas que podran ocurrir en muchos casos, me pareca lo ms conforme que stas se decidiesen por la Junta, quedando al cuidado del jefe de cada ramo lo corriente y trivial del suyo, con la facultad que por su mismo empleo tiene. Muchos que no opinaban por la Junta, aunque todos, unnimes en que fuese el Jefe de la Isla el actual Capitn General de ella, y opuestos todos aquellos que conocan que si se llegase a establecer la Junta habran de reformarse desde luego los

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OBRAS 178\ 178\ 178\ 178\ 178\ exorbitantes gastos que hay en sus ramos, eran los que ms hablaban contra el establecimiento de ella, suponiendo que esto era suscitado por algunos pocos que —decan ellos— queran mandar. Con esta variedad de opiniones se conmovieron los nimos de algunos dscolos, y creyeron ser ocasin oportuna para desfogar sus resentimientos particulares contra algunos empleados civiles, celosos en el buen desempeo de sus encargos, y hombres de bien en cuanto ciudadanos. Con este objeto se repetan los pasquines, y se hablaba contra sujetos determinados, sin haber causa para ello, y nunca poda haberla para hablar contra sujetos caracterizados en los trminos dichos. Los continuados pasquines y otras voces que, aun sin fundamento, se esparcan por el pueblo me obligaron a publicar, en 16 de agosto, el adjunto impreso para mantener en tranquilidad a estos habitantes, y mostrar la severidad con que seran tratados los que intentasen perturbar la quietud del pueblo. Logrse esto, en efecto, aunque parece no haberse logrado apagar las conversaciones privadas, y que de ellas ha nacido el informe que se dice se ha dado a V.A. de m y de algunos sujetos con quienes hay motivos particulares de disgustos, por razn de los encargos que ejercen, y se han hecho personales. Me veo en la precisin para ilustrar algo a V.A. de tener que nombrar sujetos. El [...] es un opositor declarado mo, sin otra causa que por razn de mis empleos, sostener mis facultades y no adherirme ciegamente a su modo de pensar, pretendiendo sostener las suyas o las que cree que lo son en tono absoluto. Por esto se han suscitado por su parte competencias ruidosas contra las jurisdicciones del Gobierno y Consulado, ya en cuanto a [...] estos dos sujetos y algunos pocos que no pasarn de seis y son de su squito por fines particulares sern los nicos que hablarn contra m, y todo el resto de los habitantes de la Isla me honran con su respeto, obediencia y cordialidad. D. Jos de Ilincheta y D. Francisco de Arango, por sus respectivos encargos de Asesor General del Gobierno el primero y del Tribunal de Alzadas el segundo y Sndico del Consulado, me asesoraron en sus respectivos ramos y esto les ha ocasionado el desafecto del [...] y por lo que ambos, tambin por sus respectivos encargos, tuvieron que hacer contra la reparable conducta de D. N. [...] se adquirieron el desafecto del [...]. En honor de la verdad dir a V.A. que Ilincheta, por quien son escritos los tres adjuntos impresos, tiene bien acreditado su proceder en esta Isla en ms de diecisis aos que lleva de Teniente Gobernador de La Habana y Asesor General, y que yo debo decir que es, en mi concepto, un perfecto espaol, y por su talento, su instruccin y sus virtudes morales, juzgo que ocupara dignamente una de las primeras sillas del Reino. Arango —dotado por la naturaleza de recomendables circunstancias, ayudado despus con su aplicacin y adorno en los conocimientos y maneras insinuantes que adquiri en Madrid en su juventud y son muy apreciables para la sociedad, vuelto a La Habana con la distincin de la toga, y empleado honorficamente en el Consulado desde el tiempo de su creacin en 1794— fue desde entonces estimado y aplaudi-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /179 /179 /179 /179 /179 do por las personas de distincin de La Habana, y por las dems clases de buen corazn; pero, al mismo tiempo, fue sentida por la envidia de las almas dbiles de algunos que [...]. Uno de stos es D. N. [...]. Dir a V.A., en favor del mrito de Arango, que el ilustrado e imparcial D. Luis de las Casas, siendo Gobernador en esta plaza en 1796, dijo al Sr. Secretario de Estado de Hacienda, con fecha 29 de noviembre, hablando de las tiles tareas de la Junta de Gobierno del Consulado [...] “Y si V.E. reconociese algn mrito en este Cuerpo, no dejar de reconocer igualmente al alma que as lo anima, quiero decir, a su Sndico promovedor de la creacin de esta Junta; lo es igualmente en ella de todas las grandes empresas que quedan indicadas, su celo pblico las ha promovido, y su talento, sus conocimientos, su prudencia, su eficacia y su dulzura de carcter facilitan el logro, allanando los obstculos que necesariamente se presentan; mucho bien hace a su Patria y al Estado, y por todos ttulos se hace Arango acreedor al aprecio y a la remuneracin. V.E. sabr graduar dignamente aqul, y proporcionar sta con generosidad, cuando lo halle oportuno; yo lleno gustosamente mi deber en promoverlo, y en decir a V.E., sin recelo de equivocarme, que la Monarqua prepare en el Sndico y Oidor Honorario Don Francisco de Arango, un hombre de Estado, un vasallo que le har los ms grandes y tiles servicios. En vsperas de entregar las riendas de este Gobierno, me complazco de dejar, con este vaticinio, un testimonio del concepto y estimacin en que le tengo.” Y si esto se deca hace doce aos, qu deber yo decir ahora, habiendo continuado Arango este largo espacio de tiempo en sus tiles tareas, y aplicado a los ramos de su cargo de promover la prosperidad de la Isla en la agricultura y comercio? Repetir‚ y con mucho ms fundamento ahora, lo que con fecha 29 de agosto de 1801 dije al Sr. Secretario de Estado del Despacho de Hacienda, que es lo siguiente: “En orden al Sndico del Consulado D. Francisco de Arango, debo informar a V.E.que lo considero por mi parte en disposicin de emplearse ya, de modo que se saque de l la utilidad que dijo mi citado antecesor D. Luis de las Casas en su referido oficio, y a quien tambin se contrajo el Teniente General Conde de Santa Clara, en el suyo de 6 de agosto de 1798, recomendndolo particularmente, cuyos informes ratifico yo por mi parte.” He credo indispensable instruir a V.A. de todo lo expuesto por lo que pudiere convenir para su conocimiento. Habana, etctera.NOTA DE ARANGOSupongo que el original de este documento existir en la Secretara de Gobierno; pero como yo nunca lo hubiese visto ni procurado, me facilit en Madrid el actual Sr. Marqus de Someruelos la copia por donde se ha impreso literalmente, salvo algunos perodos y los nombres de ciertos sujetos que se han omitido para alejar hasta las sombras de toda personalidad.

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OBRAS 180\ 180\ 180\ 180\ 180\NMERO 5Acuerdos del Ayuntamiento, Consulado y Sociedad Patritica de La Habana, propuestos y extendidos por D. Francisco de Arango con motivo de la convocatoria de Cortes de 1810 por el Consejo de Regencia1NMERO 6Noticia de los donativos que hice a la nacin y a esta Isla desde 1808 hasta 1813 En 20 de julio de 1808 hice la proclamacin, cuyo costo y anteriores preparativos no bajaron de seis mil pesos. En noviembre de 1808 embarc en Veracruz, por mi cuenta, D. Juan Manuel Muoz, dos mil pesos para entregar a la Suprema Junta de Sevilla. En esta Tesorera entregu mil pesos luego que se recibi noticia de la entrada de Napolen en Madrid y retirada de la Junta Central a Sevilla. El ao siguiente de 1811 entregu mil quinientos pesos en la Tesorera de Tabacos en esta ciudad por otros tantos con que me suscrib como Superintendente de aquel ramo, para los gastos de la guerra. Mientras fui Superintendente interino del citado ramo de Tabacos, no exig sueldo ni gratificacin alguna, exceptuando la regala. En julio de 1813, ofrec remitir a la Pennsula para el mismo objeto diez mil pesos en cigarros, los cuales produjeron para el Estado la suma de treinta y cuatro mil doscientos ochenta y ocho pesos, segn se manifiesta en el oficio de gracias que me dirigi el Ministerio. En el mismo 1813 regal todos mis libros con sus estantes a la Biblioteca Pblica de esta ciudad, los cuales me haban costado muy cerca de cuatro mil pesos. Ofrec tambin establecer una escuela de primeras letras en el pueblo de Gines, que ya me cuesta ms de treinta mil pesos. Habana, 29 de septiembre de 1821. Arango .NMERO 7Manifiesto que Arango dirigi a los cubanos, despidindose para ir a ocupar su asiento en las Cortes ordinarias de 18132Cubanos, compatriotas mos: No censuris mi silencio ni atribuyis a tibieza el efecto inevitable de mis tristes circunstancias. Ms que mis deseos han podido mis largas, mis

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /181 /181 /181 /181 /181 crueles dolencias. Ms que mi muy ferviente y muy justa gratitud, mi imposibilidad de expresarla. Desde el 18 de enero, o sea, desde el feliz instante en que, por tan diversas sendas, derramasteis sobre m las honras y los favores, no ceso de ansiar un rato en que poder explicarme, si no con la dignidad que la materia peda y vosotros merecis, al menos con el esfuerzo que cabe en mis siempre pobres y siempre flacas potencias; pero entre deseos de ejecutarlo y esperanzas de lograrlo se me han ido cinco meses, y al cabo de ellos me veo en la dura alternativa de no presentarme a tiempo en el espinoso puesto que la Patria me encomienda, o de hacerlo sin hablaros con la extensin que deba. Yo no debo titubear; y sin volver los ojos al decadente estado en que se halla mi salud; sin acordarme de mis firmsimos y muy fundados propsitos de soledad y retiro; sin reparar en los enormes perjuicios y graves dificultades que me ofrece por todos lados el precipitado abandono de mis bienes y negocios; sin desempear siquiera mi no olvidado ofrecimiento de disipar los restos que pudiese haber dejado la tenebrosa calumnia con que se present a vuestra vista aquel proyecto de Junta independiente y tirnica ; sin hacer alto tampoco en las favorables o adversas resultas del recurso que, contra mi eleccin, ha hecho a las Cortes generales el cura de Sancti Spritus; y sin escuchar, por fin, la lastimera, la octogenaria voz de una excelente madre; oigo slo la de mi Patria, y me presento a avisaros que voy en la fragata “Diana” a poner en cuanto pueda los medios de obedeceros con toda la oportunidad y exactitud que es debido. En este paso primero, ya me parece que os doy indicios bien evidentes de lo que por vuestro bien estoy decidido a hacer en tan ardua comisin, y tengo por excusado, o ms bien impertinente, entreteneros ahora con ofertas y protestas; pero el que est dispuesto, el que anhela la ocasin de daros con provecho vuestro las ltimas y mayores pruebas de amor y reconocimiento, tiembla cuando considera la pequeez de sus alas y el alto vuelo que de ellas esperis y aun exigs. En la gran exaltacin de sentimientos e ideas que una revolucin produce, anda siempre confundido lo bueno con lo posible, y todo lo que parece til o se quiere ver en planta, se aguarda necesariamente y se aguarda por momentos. Y esto es razn? Lo puede ser el pretender que un Congreso, encorvado con el peso de la guerra ms atroz, corra ligeramente por nuestro espessimo bosque de abusos y de reformas? Lo ser el suponerle una fuerza que slo puede ser dada a la Diestra Omnipotente para de golpe abatir y de golpe descuajar ese campo de tres siglos de errores y de delirios; para que lo abone y resiembre y acalle simultneamente los alaridos, por no decir las insidias, de tantos como estn a su sombra? Y si esto no debe exigirse ni esperarse de unas Cortes, y menos de las que van a durar el corto espacio de ocho meses, cmo se puede demandar al ms nfimo de sus miembros? Cmo pedir a un soldado que responda de la conducta de su cuerpo y de sus jefes?

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OBRAS 182\ 182\ 182\ 182\ 182\ Amigos, sed reflexivos y no repitis, como lo oigo, que vuestros Diputados actuales van a sellar la obra de vuestra felicidad, que consta de tan inmensas y grandes innovaciones. Las ms urgentes y obvias ofrecen terribles obstculos. Reparad en que os lo dice quien ha pasado su vida en promoverlas; y si no quisiereis creer lo que su experiencia le ensea, esto es, que el acaloramiento y la precipitacin producen por lo regular efectos que son contrarios a las miras ms patriticas, od a los filsofos griegos que desde aquella remota poca y en medio de las ms sabias y ms antiguas repblicas nos predicaban “que el bien no se hace de repente y que, para que la verdad aproveche, se ha de administrar gota a gota”. Sed reflexivos, repito; sed indulgentes con los que en este huracn se encargan de llevar la luz; y sedlo, sobre todo, mis amados compatriotas, con los que os van a hacer tan eminente servicio, sin ms estmulo que el de vuestra voluntad, sin ms pretensin que la de vuestra benevolencia. Conservadnos, pues, tan precioso galardn. Dejadme volver con l al inocente retiro de que me habis sacado y en donde os anuncio desde ahora con la mayor decisin que pasar los das que el cielo quiera concederme, no para abandonar por cierto la defensa de vuestro bien, sino para mejor serviros —como ya dije otra vez— con obras y no con palabras; para dividir mi fortuna con todos los necesitados, dando a mis amigos la preferencia que es justa, y entre ellos, a mi cara Patria, que siempre ha sido el primero; para continuar mis votos y mis nunca interrumpidos oficios por vuestra paz interior, por vuestra ardiente y generosa unin a la causa nacional, y por vuestros ms grandes progresos en virtud, ciencia y riqueza. Habana, 8 de julio de 1813. Francisco de Arango .Notas1Estos documentos son los mismos que se han dado ya en este segundo tomo, desde la pgina 1 hasta la 18. ( Manuel Villanova )2Este Manifiesto, que vio la luz pblica en el Diario de la Habana, no apareci entre los Documentos justificativos anexos al de 29 de septiembre de 1821; aunque a l se refiere su autor. ( Manuel Villanova)

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REFLEXIONES DE UN HABANERO SOBRE LA REFLEXIONES DE UN HABANERO SOBRE LA REFLEXIONES DE UN HABANERO SOBRE LA REFLEXIONES DE UN HABANERO SOBRE LA REFLEXIONES DE UN HABANERO SOBRE LA INDEPENDENCIA DE EST INDEPENDENCIA DE EST INDEPENDENCIA DE EST INDEPENDENCIA DE EST INDEPENDENCIA DE EST A ISLA A ISLA A ISLA A ISLA A ISLA1 1 1 1 1Y en las colonias en que la menor parte de la poblacin es de sangre europea, la repentina independencia es su sentencia de muerte. Mr. de PradtADVERTENCIAHace pocos das que lleg a mis manos el nmero 52 del peridico de esta ciudad titulado El Revisor y habiendo empezado a leerlo, llam toda mi atencin la carta del Sr. F.R., o sea, el anuncio de un escrito que, “siendo de un sabio, daba a conocer los verdaderos intereses de esta Isla, y nos trazaba la senda que deberamos seguir en nuestras ulteriores relaciones”. ¡Pero, cul fue mi sorpresa cuando vi que el anunciado fanal era una infiel traduccin del captulo 13 de un opsculo que el clebre Mr. de Pradt ha publicado este ao con el ttulo Paralelo entre Inglaterra y Rusia ¡Cul, mi sorpresa, repito, cuando reflexion que el referido captulo consagrado casi todo a combatir la idea de que pudiese esta Isla ser cedida a los ingleses, ni un momento se detiene, no digo en pensar, pero ni an indicar nuestros verdaderos o falsos intereses, y slo en el prrafo penltimo, con el misterioso tono de un profeta, dice, en sustancia, “que lo que esta Isla debe ser y ser dentro de poco es independiente”! Independiente, y dentro de poco?... Y es sa la demostracin de nuestros verdaderos intereses ? sa, la senda que deberemos seguir en nuestras ulteriores relaciones? ... Es preciso ser de hielo para leer con frialdad tan gratuita profeca, y tan atroz consejo; pero, una vez que se trata de la salud de la Patria, es menester desnudarse de todo resentimiento, y que tan slo se oiga la voz imparcial de la razn y la justicia. Conozco mi insuficiencia, y mucho ms para hacer frente a un hombre como Mr. de Pradt; pero conozco tambin nuestro inminente riesgo, y que para detener o apagar el fuego que puede devorarnos debemos acudir todos con los medios y recursos que se hallen a nuestro alcance. Por esta

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OBRAS 184\ 184\ 184\ 184\ 184\ consideracin, y la probable esperanza de que este ejemplo despierte a los buenos escritores, me atrevo a tomar la pluma, contando con la indulgencia que merece mi intencin. Comenzar por copiar el referido captulo, tal cual se public en el expresado Revisor ; dir, enseguida, por notas, lo que me ocurre sobre l; y sacando de las obras del mismo Mr. de Pradt poderossimas armas, ver si puedo demostrar que es crudelsimo enemigo de esta preciosa Isla, o de sus ciudadanos, el que intente persuadir que consista su inters en una independencia que se recomienda por algunos sin definirla siquiera, y que, en nuestras actuales circunstancias, no puede dejar de ser injusta, impracticable y ruinosa.CUBA E INGLATERRAArtculo de Mr. de Pradt, publicado en El Revisor Poltico y Literario del 30 de junio de 18232Acaso parecer inhumano, o al menos impoltico, el aprovechar este momento para acusar a Espaa, teniendo que defenderse de otros muchos ataques, para no agravar su situacin. Ella ha credo que debe mantener su ttulo de Soberana de Amrica, sin embargo de que la mayor parte de aquellas posesiones se hallan emancipadas; (1) y para justificar semejante ttulo, ha declarado buena presa a los buques que procuraban entrar en los puertos de Colombia, y de otros igualmente independientes, al mismo tiempo que los piratas cubiertos con la bandera espaola se echaban sobre todos los buques que podan apresar. Los comandantes espaoles, abandonados de la Metrpoli y sin recibir de ella ni hombres ni dinero, (2) han encontrado en estas presas un alivio a sus males mejorando su fortuna. Los buques ingleses no han sido menos perseguidos que los otros; pero como son tantos en nmero, los particulares han tenido mayor prdida, cuya indemnizacin ha reclamado ya el Gobierno ingls, sobrndole medios en que apoyarse; sus representaciones han sido odas, y Espaa ha sacrificado veinte millones al placer de conservar el ttulo de Seora de Amrica Qu quiere V.?... Cada uno aprecia sus ttulos, buenos o malos, segn el mrito que quiere darles. Algunas personas imparciales creen que esta suma, esta multa y los soldados sacrificados en la intil defensa de Amrica, hubieran sido mejor empleados en Espaa, as como el ejrcito de Brasil estara mejor en Lisboa que en Baha. Los nmeros entre parntesis corresponden a las “Notas de Arango”, incluidas al final del artculo de Mr. de Pradt. ( N. del E .)

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /185 /185 /185 /185 /185 Sea de esto lo que fuere, a vista de esta diferencia, se ha levantado el grito de que Inglaterra va a ocupar a Cuba, y que Espaa se la ha cedido. Verdad es que el aviso ha sido dado por los papeles americanos que aventuran muchas noticias de esta naturaleza; y el mismo rumor se ha propagado por los periodistas ingleses, que tampoco son ms veraces. El hecho ha manifestado qu crdito debe darse a estos anuncios; jams se haba preguntado por semejante cesin. Los benvolos donadores de la Isla, saban bien lo que contena esta liberalidad? Haban reflexionado sobre el carcter y posicin de los donadores y donatarios, as como sobre las consecuencias de este presente tan singular? (3) Espaa en general tiene poca disposicin para ceder; vemos el consumo que hace de hombres y dinero por una soberana imaginaria e imposible de sostener sobre Amrica; vemos que los restos del Ejrcito espaol an continan disputando un terreno que los repele, sin esperanza de conseguirlo, interrumpida su comunicacin con la Metrpoli, a la cual ofrecen el sacrificio de una perseverancia sellada con sangre; y con todo esto a la vista, se representa a Espaa desmembrndose de Cuba al primer requerimiento, y entregando a otro la ms preciosa en s misma de sus colonias, y la ms importante con relacin a las que ha perdido; porque slo por Cuba puede entrar en las otras y sostener sus emisarios en Mxico y en Amrica meridional. En Cuba se halla el fundamento del poder espaol en Amrica; porque all es donde tiene sus ejrcitos y sus almacenes. “Deje de poseer Espaa a Cuba, y Amrica le ser tan inaccesible como China”... La cesin enunciada es, pues, contra la naturaleza de las cosas. La conveniencia y ventajas de las adquisiciones deben ser pesadas y balanceadas por los inconvenientes. Cuba, bajo muchas relaciones, puede convenirle a Inglaterra, y aun ser codiciada de ella; pero, las compensaciones que se dan en cambio, no son tan numerosas como onerosas? (4) Inglaterra ocupa ms colonias y terreno del que puede guardar; y ltimamente, el mundo no puede pertenecer a uno solo. (5) Cuba es un pas muy extenso, de numerosa poblacin; sus costumbres, su religin y su lenguaje no son ingleses. Una parte del Ejrcito ingls debe destinarse a guardar los esclavos, esta propiedad nueva, extensa y poco segura. Bien puede suceder que Espaa de hecho ceda a la Isla de Cuba; pero, si sta no quiere ser cedida, es necesario hacerle la guerra, y esta guerra ser hecha por Inglaterra porque seguramente (6) Espaa no tiene medios ni deseos de hacerla. Esta cesin y esta aceptacin no son, pues, cosas tan sencillas como se las figuran los autores de este bello proyecto; pero he aqu lo principal. (7) Inglaterra posee un punto bien fortificado en una de las islas de Bahamas, que est en el paso de Amrica del Norte a la del Sur. Adems ocupa la isla de Trinidad que casi cierra el continente espaol; si se aade Cuba a este doble medio de poder, la llave del golfo mexicano y del paso de

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OBRAS 186\ 186\ 186\ 186\ 186\ las dos Amricas, caer en poder de Inglaterra; y entonces el golfo de Mxico ser un mar cerrado, y la fuerte extraccin de frutos de los Estados del oeste de la Unin Americana, que se hace por el Mississippi y Nueva Orleans, depender de Inglaterra. Semejante irrupcin en las necesidades y libertades de las dos Amricas, y en la navegacin de todos los pueblos europeos, es de gran consecuencia para que se admita sin una reclamacin y oposicin general y combinada de los dos hemisferios. Son tantos los puntos que domina Inglaterra en el globo, su cetro martimo es tan largo y pesado, que seguramente se harn los mayores esfuerzos para impedirle que adquiera nueva extensin. He aqu a lo que se reduce la ocupacin de Cuba por Inglaterra. Permtasenos creer que los que con tanta ligereza han dispuesto as de aquella Isla, no han visto este negocio bajo todas sus relaciones. (8) (9) Por lo dems, esta cuestin es bien ociosa; y ya que este objeto me recuerda las ideas que mucho tiempo hace fermentan en mi cabeza, dir que (10) uniendo como la razn exige que se haga, la suerte de Cuba a la de Amrica es imposible que esta soberbia Isla, (11) capaz de formar por s sola un magnfico Estado, (12) no sea arrastrada antes de mucho tiempo por el torrente que ha envuelto al resto de Amrica. La Isla de Cuba no ser ni espaola ni inglesa ;3 ser, s, independiente; no pertenecer a nadie, sino a s misma. Cuba no ser ni guardada ni cedida. Todo el mundo sabe hoy que las cosas son guardadas o cedidas por su propia naturaleza, lo dems es nominal y pasajero. Cuba ser libre por s misma o liberada por sus vecinos de Amrica (13) Cmo podr creerse que ellos dejen a sus puertas el antemural desde donde Espaa o Europa puede hacerle tanto mal? Esto es en contra de la naturaleza de las cosas, (14) y Cuba ser no solamente libre sino republicana, (15) porque los mares la libran del derecho de intervencin, y las repblicas de Amrica no sufrirn el establecimiento de los tronos que formaran fuertes contrastes con la naturaleza de su gobierno, as como los tronos de Europa no tolerarn cerca de s la organizacin de repblicas, cuya vida y agitacin natural les parecer un ejemplo peligroso, que pueda despertar el espritu de sus sbditos. Es necesario decirlo e invitar a que se reflexione sobre esto. Si se levantan dos partidos en las dos extremidades de Europa, se levantarn tambin dos estandartes de sociabilidad sobre los dos hemisferios. El astro de la Repblica se levanta triunfante sobre toda Amrica, y concluir iluminando l solo, esta parte del mundo, mientras que Europa gemir bajo el dominio de los reyes. Esta parte del mundo an no ha tenido modelo. Necesariamente se han de producir nuevas escenas entre partidos tan contradictoriamente constituidos. (16) Ser necesaria, para defenderse del influjo que ya tienen ms sabidura de la que se ha empleado para prevenirlo, lo que es muy fcil. Si hubiera habido alguna previsin, Amrica sera en el da tan realista como Europa, y el realismo de la primera hubiera servido de punto de apoyo al de la segunda. En el estado actual de cosas,

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /187 /187 /187 /187 /187 Europa tendr que defenderse de la influencia del republicanismo de Amrica. (17) Esto se ha dicho ya, y a los autores de estas ideas hasta ahora slo se les ha contestado con ultrajes.NOTA DE ARANGO(1) La mayor parte de aquellas posesiones se hallan emancipadas ... El texto no dice tal cosa; dice as: “Elle a cru devoir maintenir sa souverainet sur l’Amrique, qui lui chappe de toutes parts.” Y es la traduccin: “Ella (Espaa) ha credo que debe conservar su soberana sobre Amrica, que por todas partes se le est escapando.” Y es esto lo mismo que decir “que la mayor parte de aquellas posesiones se hallan emancipadas” ?... La emancipacin, en rigor, es el derecho que, en virtud de la ley, ejerce el padre de familia cuando separa al hijo de su potestad; y es muy de notar que en una clusula en que el autor asienta que la madre Espaa se resista a conceder ese derecho a los que lo pretendan, diga el traductor que se hallan emancipadas La disputa est pendiente, y lo que hay de cierto a estas horas son las mortales fatigas, las innumerables muertes e incalculables prdidas que cuesta la pretensin. Y despus, qu seguir? No citemos para esto a los que tienen al frente ejrcitos de la Metrpoli. Hable el que nunca los tuvo; el que con mejores apariencias empez la insurreccin; el que ya cuenta trece aos en tan mprobo trabajo. Hable Buenos Aires, que, anegado en su propia sangre, y envuelto en las ruinas de su industria, ya est dividido en trozos, y ni tiene asegurada su independencia, ni la menor garanta para la libertad poltica de sus individuos; hable Chile, no por mi boca, sino por la del Cnsul angloamericano, que, en 21 de marzo del ao anterior, hizo a sus compatriotas la descripcin ms horrible de aquel paraso de nuestras Amricas. (Vase El Noticioso Mercantil de esta ciudad, de 12 de agosto de 1822, nmero 3813.) Hable la que ayer era opulentsima, y hoy es miserable Nueva Espaa, que, en el corto tiempo de su segunda tragedia, ya ha presentado al mundo tres diferentes actos, a saber, el de plan de monarqua moderada de Iguala, el de imperio de Iturbide, y el de su destruccin, y ahora se prepara para el cuarto en un perfectsimo caos; hable por fin La Habana, recordando a Santo Domingo, al privilegiado Brasil, esa poblacin formada de los mismos elementos que componen la de esta Isla... Cubanos, volved los ojos a esos desengaos terribles y en ellos aprenderis el modo con que debis or a los ciegos consejeros de vuestra emancipacin (2) Han encontrado en estas presas un alivio a sus males, mejorando su fortuna. Las palabras del original son las siguientes: “Ont cherch dans ces captures soit un allgement leurs maux, soit des moyens de fortune.” Y la traduccin castellana es sta: “Han buscado en estas presas o el alivio de sus necesidades o medios de hacer fortuna.”

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OBRAS 188\ 188\ 188\ 188\ 188\ No hay prrafo en que se encuentren mayores pruebas de la mala traduccin de este escrito; pero no siendo mi objeto descubrir estos defectos, y s la mala doctrina, nicamente de esto me ocupar en lo adelante, y slo traducir las frases que se trastornen en perjuicio de mi intento. (3) Espaa en general tiene poca disposicin para ceder. Conviene llamar la atencin sobre todas, y cada una de las fuertes reflexiones con que al autor demuestra que era absolutamente imposible la enunciada cesin de esta Isla. El primero de sus argumentos consiste en la conocida repugnancia de Espaa a toda desmembracin. El segundo, en la importancia de esta preciosa Isla para la nacin espaola, que considera el autor como el nervio de su poder en este hemisferio. El tercero, se funda en las desventajas que tendra esta adquisicin, aun para Inglaterra misma; y esto ltimo bien merece ser tratado en diferentes notas. (4) Inglaterra ocupa ms terreno y ms colonias que las que puede defender; y el mundo, en conclusin, no puede pertenecer a uno solo. He aqu el primer motivo que a los ingleses asiste, segn el Sr. de Pradt, para no admitir el regalo, o sea, la cesin de esta Isla. Dije el primer motivo, siendo dos en realidad, y ambos en extremo vagos, por no decir algo ms. Para afirmar que las fuerzas de Gran Bretaa no pueden alcanzar a tanto, era menester probarlo; y lo que prueba el autor, no en el presente captulo, mas s en los doce anteriores, es la inmensidad del poder de esa nacin, especialmente en la parte martima, que es la esencial para la sujecin y defensa de esta Isla. Adems, el mismo autor, en este propio captulo, reconoce la importancia e incalculables ventajas que tendra para los ingleses tan preciosa posesin, y debi considerar que, aun cuando fuese cierta la insuficiencia de sus fuerzas, les dictaba su inters abandonar lo intil o lo menos ventajoso, por adquirir lo ms til. Por ltimo, yo no creo que, entre los motivos de la supuesta resistencia de los ingleses, pueda tener cabida el de que el mundo no puede pertenecer a uno solo Ser muy buena razn para las dems potencias; mas no para Inglaterra. Pasemos al segundo motivo, o sea, al segundo grupo de estos motivos. (5) Cuba es un pas de mucha extensin, etc. En este trozo no podemos seguir la traduccin del Sr. F.R.; porque se altera el sentido en punto muy esencial. El original dice as: “Cuba est une contre fort tendue; sa population est nombreuse; ses moeurs, sa religion, son langage ne sont pas anglais; le nombre des esclaves, est trs-grand et l’Angleterre a dej bien assez de negres garder. Une partie de l’arme anglaise devrait tre destine la garde de cette propriet‚ nouvelle, etendue et peu sre. Cder Cuba pourrait bien tre le fait de l’Espagne; mais si Cuba ne voulait pas tre

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /189 /189 /189 /189 /189 ced, il faudrait donc lui faire la guerre, et cette guerre serait faite par l’Angleterre; car surement l’Espagne n’en a ni les moyens ni la volont: cette cession et cette aceptation n’tetainet donc pas des choses aussi simples que se le figuraient les auteurs de ce beau projet; mais voici qui est plus fort.” Mi traduccin es sta: “Cuba es un pas de mucha extensin, tiene una poblacin numerosa; no son inglesas sus costumbres, su religin y su idioma; es muy grande el nmero de sus esclavos e Inglaterra ya tiene demasiados negros que custodiar, una parte del Ejrcito ingls tendra que destinarse a la conservacin de esta nueva, extensa y poco segura propiedad. Y aun suponiendo que Espaa quisiese ceder a Cuba, resta considerar que si Cuba se resista, sera preciso hacerle la guerra, y esta guerra haba de ser a cargo de Inglaterra; porque Espaa, de seguro, ni poda hacerla con gusto, ni tiene los medios necesarios para ello; es, pues, visto que esta cesin y esta aceptacin no son cosas tan sencillas como se las figuraron los inventores de tan lindo proyecto.” Esta multitud de razones, o sea, slo indicaciones, no parece que est bien en boca de Mr. de Pradt, y menos en esta obra, despus de habernos pintado con tan fuertes coloridos la inmensidad del poder de esa nacin venturosa, y haber tambin confesado el grandsimo incremento que ese poder tendra con la adquisicin de esta Isla. Es de extraar adems que, siendo el fundamento de este prrafo la incontestable verdad de que en toda adquisicin se deben pesar y balancear ventajas e inconvenientes, el Sr. de Pradt se contente con asomar el tamao de las atenciones y gastos que ocasionara a los ingleses la posesin de esta Isla, y no se acuerde de que ella produce lo suficiente para cubrirlos todos, y que en tan buenas manos, sabe Dios lo que dara. Dejemos esto pendiente para su oportuno lugar, que ser la nota 12, y no perdamos de vista el olvido que en su traduccin padeci el Sr. F.R., hablando de los esclavos. (6) Porque seguramente Espaa no tiene medios, etc. Convengo con Mr. de Pradt en la escasez de medios que tiene actualmente Espaa; pero no con los ingratos que en stos encuentran motivo para separarnos de ella. Ponderan, en primer lugar, el abandono en que estamos y abultan sin detallar los riesgos a que nos exponemos, si por otro lado no buscamos la proteccin necesaria. Y yo quisiera saber qu riesgos nos amenazan, si permanecemos tranquilos, unidos y vigilantes. Es verdad que Espaa se halla en desgraciada situacin; pero en la misma ha estado mucho tiempo hace, y todava no se sienten, ni se asoman tales riesgos; pues no lo son, en mi concepto —si estamos alerta y queremos usar de nuestros sobrados recursos—, esas amenazas que se suponen de parte de los gobiernos insurgentes. Espaa entre tanto contina dispensndonos el apreciable bien de consumir fraternalmente gran parte de

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OBRAS 190\ 190\ 190\ 190\ 190\ nuestros frutos, y en su misma decadencia conserva por varios respectos, quizs encontrados entre s, mucha consideracin de las naciones fuertes; a lo cual se une la rivalidad que hay entre ellas, cuando se trata de variar el dominio de esta Isla; y de ambas causas resulta que todas nos traten bien, y todas en cierto modo nos protejan actualmente. Esto se acabara al instante que nosotros quisiramos depender de una de ellas, o hacernos independientes; y entonces es cuando se debe temer que por la parte oriental vengan a visitarnos los gobiernos disidentes, o los que visitaron la parte espaola de Santo Domingo. Se ha dicho tambin que esa falta de medios va a producir en Espaa la ruina de la Constitucin, y que sin ese baluarte vamos a ser nosotros las principales vctimas de un gobierno arbitrario y acosado por tantas necesidades. Estoy muy lejos de esperar la ruina de nuestras libertades; puede muy bien suceder que en algo se vare, o modere la Constitucin actual; pero no temo ms, y por lo mismo no creo que puedan tener entrada esos terrores pnicos. Y para acabar de destruirlos, bastara considerar, lo uno, que siendo tan grandes, como fueron, las necesidades del Estado en los aos anteriores al de 1820, y siendo absoluto entonces el poder del Rey, nosotros, en lugar de sentir esos horrores, recibimos por el contrario favores de todas clases; y lo otro, que puestas en una balanza esas temidas y exageradas vejaciones, y la completa ruina que una revolucin causara, no es dudosa la eleccin, y todo el que tenga juicio preferir exponerse a un mal que, sobre ser inverosmil, es siempre mucho menor; y lo hara con mayor gusto cuando recordase los poderosos motivos que hay para no esperar que la nia bonita de Espaa, la interesante Isla de Cuba, en circunstancias difciles, sea tratada de otra manera, que lo ha sido en el tiempo en que el poder absoluto nada tena que temer. Volvamos a Mr. de Pradt, y al ms fuerte fundamento de su opinin sobre la cesin de esta Isla. (7) Inglaterra posee un punto bien fortificado en una de las islas de Bahamas, etc. Este prrafo demuestra que, si a la posesin de Providencia aadiesen los ingleses la de esta Isla, quedara en su poder las llaves del golfo de Mxico, y tendran un gran influjo en todas las comunicaciones mercantiles de ambas Amricas; a lo cual no era posible que pudiesen sujetarse las dems naciones. Esto, que no tiene rplica, manifiesta claramente que las dems potencias, y no Inglaterra, son las que han tenido y tienen motivos poderossimos para resistir la cesin. Conviene mucho a mi intento dejar esto bien sentado; y es importante, tambin, que mis lectores observen que esos mismos fundamentos obraran con doble fuerza si se contrajera la cuestin a los angloamericanos, teniendo, como tienen, toda la costa de Florida, y en ella mayores recursos que los que puedan prestar los cayos de Providencia. No aclara Mr. de Pradt cules naciones son las que han podido contener a la poderosa Albin, y solamente nos dice que,

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /191 /191 /191 /191 /191 para esta resistencia, se combinaran sin duda las de los dos hemisferios. En ste, slo tenemos a los Estados Unidos en la clase de nacin, y sus fuerzas —ya se sabe—, siendo muy suficientes para su propia defensa, son casi insignificantes para imponer respeto —no digo a Inglaterra— a ninguna otra de las potencias de Europa. Todas aqullas, segn su Almanaque del ao anterior, consisten en nueve navos de setenta y cuatro, en nueve fragatas de treinta y seis y cuarenta y cuatro, y en varias corbetas con los correspondientes buques menores, en seis mil hombres escasos de tropa arreglada, y diecinueve millones ochocientos veinticuatro mil cuatrocientos setenta y cinco pesos de renta anual, de los cuales ocho millones trescientos seis mil ciento doce pesos estn destinados para la amortizacin y el inters de su deuda, y esto, que es lo bastante para vivir en la paz, que tanto les conviene conservar —pues los principios solos de la guerra que en 1812 tuvieron con los ingleses, les cost la enorme suma de cien millones de pesos—, es nada para oponerse a cualquiera otra potencia; y sobre todo, a la que domina los mares con mil embarcaciones armadas, y un tesoro tan pronto como inagotable; y si ella, por razones polticas, que no son ahora del caso, se abstiene de pretender la posesin de esta Isla, es claro que, por ningn motivo, consentira jams en que los angloamericanos la pudiesen obtener, y que a su resistencia concurriran desde luego todas las naciones martimas del continente europeo. No deben nuestros independientes olvidar un solo instante las verdades anteriores, que obran con igual fuerza en el caso de la supuesta cesin, que en el de voluntaria entrega hecha por nosotros mismos. Y para este caso, hay que agregar lo siguiente: primero que, para tal intento, era preciso el consentimiento de todos los vecinos de la Isla, y en corazones espaoles no cabe la degradacin de olvidarse de su origen, sus costumbres y su idioma, y someterse con gusto al extranjero capricho; segundo que, antes de la voluntaria entrega, era necesario acordar sus trminos y condiciones, y esto peda un examen y una discusin, que es imposible en nuestras actuales circunstancias; tercero que, aunque es verdad que nuestras rentas bastan para cubrir todas las atenciones de la Isla, debe tenerse presente que mucha parte de aqullas se cobra de los artculos que hoy nos introducen los angloamericanos, y entrando en su sociedad cesaba por sus leyes esa contribucin. Hay ms. La cuarta parte, quizs, de las rentas de esos Estados sale de los azcares que reciben del extranjero, y con nuestra incorporacin —como que tenemos ms azcar del que pueden consumir— o habran de sufrir ese dficit —lo cual no es creble—, o habran de tomar uno de dos partidos: el de seguir tratndonos como extranjeros, o el de exigirnos un equivalente para su indemnizacin. Basten, entre otras, estas indicaciones, en cuya virtud y dems que se ha dicho voy a contraerme ya al prrafo de la profeca, o sea, al que nos “traza la senda que debemos seguir en nuestras ulteriores relaciones”.

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OBRAS 192\ 192\ 192\ 192\ 192\ (8) Es tan importante este prrafo, que parece indispensable copiarlo ntegramente, primero en francs, y despus en castellano traducido a mi manera. Texto francs “Au reste, toute cette question tait la plus oiseuse du monde, et puisque le sujet me ramne vers des penses qui ont long temps ocup mon esprit, je dirai qu’en liant, comme la raison exige de le faire, le sort de Cuba celui de l’Amrique, il est imposible que cette le superbe, susceptible de former, elle seule, un magnifique tat, ne soit pas emporte avant peu de temps, dans le courant du mouvement imprim l’Amrique elle-mme: Cuba ne ser ni espagnol ni anglais, il sera indepndant; Cuba s’appartiendra personne, Cuba s’appartiendra lui mme; Cuba ne sera ni gard ni cd: aujourd’hui, il n’y a plus que la nature des choses qui garde ou cde a demeure, tout le reste est nominal et temporaire; Cuba sera libre par lui mme, ou libr par ses voisins de l’Amrique. Comment croire qu’ils laisseront leur porte le boulevard d’o l’Espagne ou l’Europe peuvent leur faire tent de mal? Cela est contre la nature des choses et noe seulement Cuba sera libre; mais il sera rpublicaine; car in droit de intervenir franchissant les mers, les rpubliques d’Amrique ne souffriront pas plus l’tablissement de royauts qui formeraient des contrastes trop frappans avec leur mode de gouvernement, qu’en Europe les royauts ne tolereraient auprs d’elles la formation de rpubliques, dont la vue et l’agitation naturelle leur paratrai ent propres frapper l’esprit et les yeux de leurs sujets.” Traduccin “Por lo dems, esta cuestin es la ms ociosa del mundo, y una vez que la materia me obliga a recordar pensamientos que tanto ocuparon mi mente, dir que, enlazando, como la razn lo dicta, la suerte de Cuba con la del resto de Amrica, es imposible que esa soberbia Isla, capaz por s sola de formar un magnfico Estado, deje de ser arrastrada, y dentro de poco tiempo, por el mismo torbellino que ha dado a las dems Amricas la direccin que hoy tienen. Cuba no ser ni espaola ni inglesa; ser independiente; a nadie, sino a s misma pertenecer. Cuba no se mantendr en su actual estado, ni ser cedida; porque en el da toda posesin, toda cesin es nominal y precaria si no se sostiene por la naturaleza misma de las cosas. Cuba ser libre, o por sus propios esfuerzos, o por los de sus vecinos. Cmo es creble que stos dejen a sus puertas un baluarte desde el cual puede Espaa o Europa hacerles tan gran dao? Esto es contra la naturaleza de las cosas, y no solamente ser Cuba libre, sino que ser republicana; por-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /193 /193 /193 /193 /193 que el derecho de intervencin pasar los mares, y las repblicas de Amrica tendran la misma repugnancia al contraste que a su lado formaran las monarquas, que el que tendrn los reyes de Europa al establecimiento de repblicas, cuya presencia y agitacin natural haban de llamar la atencin, y fijar las miradas de sus sbditos.” (9) Ante todo, es preciso ocuparnos de la nota que pusieron al referido prrafo los editores de El Revisor Salvando su intencin, y protestando que la ma est muy lejos de quererlos ofender, no puedo dejar de decir lo que en el caso ocurre. Estos seores —que con el hecho de haberse desentendido del expresivo anuncio del Sr. F.R., y publicado en su peridico un escrito semejante, dieron motivo para sospechar que gustaban de esa doctrina— ahora la contradicen de una manera tan dbil, que parece que su intento es el de fortificarla; porque sentado al principio que Mr. de Pradt es “para ellos quizs el mejor poltico de Europa” no debieron creer que a su profundidad se ocultasen las obvias consideraciones, que enseguida le opusieron; y menos debieron creerlo, viendo que el mismo autor haba indicado poco antes la principal de todas ellas, a saber, la del influjo que debe tener en nuestro nimo la identidad, o diferencia de costumbres, religin e idioma. Tem, y temo, que pueda perjudicar a la causa que defiendo, el altsimo lugar en que los editores ponen los conocimientos polticos de Mr. de Pradt, y ese temor me obliga a decir con repugnancia que yo no s en qu se fundan. Si hubiesen contrado su elogio a la literatura, felicsima pluma, y fecunda imaginacin de ese autor, nada replicara; pero hablando de poltica, es necesario decir para desengao de muchos, que las nicas pruebas que tenemos de los conocimientos de Mr. de Pradt en ese ramo son sus equivocados pasos en la Asamblea de Notables de 1789, su desgraciada embajada a Polonia, y su empeo de profetizar en una poca en que el que cree ver ms es el que ms se equivoca. Los editores concluyen con estas palabras: “Cuando Mr. de Pradt dice que la Isla de Cuba ser libre, se equivoca; Cuba ya lo es.” Lo que Mr. de Pradt dice, en el perodo sobre que recae la nota, es que Cuba ser independiente y Cuba no lo es. Separemos desde ahora lo que se quiere confundir, y produce mucho dao en el nimo de los incautos; la independencia de las naciones es una cosa, y la libertad de sus individuos es otra. La primera importa poqusimo, o nada para los que tienen la dicha de gozar de la segunda; y en todos los casos en que, por aspirar a la independencia, se puede poner en riesgo el goce del todo, o parte de las efectivas e importantes ventajas de la libertad poltica, es menester despreciar la primera con la misma firmeza con que lo han hecho, y lo hacen los dichosos habitantes de Canad, que lejos de envidiar la independencia de sus vecinos los Estados Unidos, los vimos ayer maana hacindoles cruda guerra. Vamos al original.

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OBRAS 194\ 194\ 194\ 194\ 194\ (10) Uniendo como la razn lo exige, la suerte de Cuba a la del resto de Amrica, etc. Y qu razn ser sta? Lo que mi razn me dicta es que la suerte de Cuba a quien est unida, y a quien debe estarlo, aun cuando tenga otra poblacin, otras rentas y otro gnero de industria, es a las naciones de mayor fuerza martima, a las que pueden consumir mayor cantidad de los frutos que ella produce, y le proporcionen en cambio los artculos de su consumo con mayor comodidad. Y tienen esas fuerzas, tienen esos medios las repblicas ideales de nuestra vecindad? Los tendrn en muchos siglos, aun cuando se consoliden? Podrn consumir nuestros frutos, tenindolos en su propio suelo? Su industria puede proveernos de lo que necesitamos? Es menester delirar para decir, sin embargo, que nuestra suerte nos une a la revolucin de nuestra Amrica. Nuestro frenes puede ser; pero, por fortuna, hace trece aos que este frenes de pocos trabaja sin gran provecho. (11) Capaz de formar por s sola un soberbio Estado Si tiene el mismo juicio que hasta aqu; si en su infancia, y aun en su adolescencia, se conserva en el estado de subordinacin y quietud en que se conserva el hombre que quiere ser algo despus; pero, si trastorna este orden, le tocar de seguro la suerte que al joven incauto, que antes de tiempo quiere gobernarse por s mismo, y dar rienda a sus pasiones; le suceder mucho ms; porque ste, al menos, no tiene lejos ni cerca enemigos que le ataquen, y Cuba los tendr sobre s de diferentes clases en el momento que trate de cualquier revolucin. ¡Adorada Patria ma, oye con atencin lo que te digo con lgrimas! El Supremo Creador te puso donde sers algn da, para gran parte de Amrica, lo que Albin es para Europa, y de ti depende el que nuestros descendientes ocupen tan eminente lugar. (12) No sea arrastrada antes de mucho tiempo por el torrente que ha envuelto al resto de Amrica. La Isla de Cuba no ser ni espaola ni inglesa; ser, s, independiente; no pertenecer a nadie, sino a s misma [...] Cuba ser libre por s misma o liberada por sus vecinos de Amrica. ¡Cmo es posible leer estos perodos sin llenarse de admiracin! Si se dijera simplemente que el ejemplo de las provincias vecinas deba cundir en esta Isla, y precipitarla en una revolucin o intento de independencia, todos conoceramos que este anuncio no excedera los lmites de la posibilidad; pero asegurar que esta Isla “antes de mucho tiempo ser independiente por sus propios recursos o los de las provincias insurreccionadas de Amrica contra la voluntad y el esfuerzo de las potencias de Europa”... Y quin lo asegura? El mismo autor, y en la misma obra en que, con tanto empeo, ha tratado de persuadir que aun la opulenta Francia y la poderosa Austria con sus treinta millones de almas y sus veinte siglos de civilizacin no pueden sostener por s solas su verdadera independencia. Ese autor, repito, es el que nos asegura que la naciente Cuba, que, contan-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /195 /195 /195 /195 /195 do bien, llegar al uno por ciento de la poblacin y civilizacin de Francia, “antes de poco tiempo no pertenecer a nadie sino a s misma”. Todava hay ms. En este propio captulo asienta Mr. de Pradt que Inglaterra no podra adquirir esta Isla; porque lo resistiran las naciones de Europa, y ahora nos dice que nuestras fuerzas, o las de nuestros vecinos bastan para tanta empresa. En cuanto a las ltimas, baste decir que la Unin anglo-americana, para quien la Providencia parece que prepar y quiso reunir todos los elementos que la libertad necesita y todos los medios de ir hasta el ms alto grado de la prosperidad humana, cuenta cuarenta y siete aos de una independencia que, de hecho, gozaba desde su nacimiento, y ya hemos visto que al cabo de tanto tiempo apenas tiene recursos para su propia defensa. Pues, cmo se supone que antes de mucho estarn nuestras provincias disidentes en situacin de sostenerse contra el poder de Europa la independencia de esta Isla?... Dejemos esto, y hablemos de nuestros propios recursos. Todo cuanto tenemos, nuestras propias vidas estn en medio del mar y sin una marina que sea bastante para defender nuestras costas, y proteger la extraccin de nuestros frutos. Qu es lo que somos nosotros, y dnde est esa marina capaz de contrarrestar la de Europa? Para salir de este apuro, no faltar quien apele al heroico patriotismo, y predique el abandono de todas nuestras riquezas. Supongamos el milagro de que los sibaritas puedan convertirse de repente en algo ms que espartanos. Supongamos, digo, que por el insignificante capricho de llamarnos independientes, sin poderlo ser, fuese unnime y sincero, desde la punta de Mais hasta el cabo de San Antonio, la resolucin de vivir desnudos, y slo con los alimentos que producen nuestros campos. Lograremos con esto ese magnfico intento? Vamos a cuentas. Toda la poblacin de la Isla de Cuba consiste, cuanto ms, en trescientos cuarenta mil, o trescientos cincuenta mil blancos. Rebjense las tres cuartas partes por hembras, nios y ancianos, y tendremos ochenta mil u ochenta y cinco mil hombres tiles. De ellos veinticinco mil, por lo bajo, son de tropa arreglada y europeos, que lejos de ser partidarios de la loca independencia, la combatirn a todo trance desde la fortaleza que ocupan. Quedamos, pues, reducidos a unos sesenta mil hombres, bien o mal armados, y esparcidos por supuesto en toda la extensin de la Isla. Y eso, qu significa cuando, si bien se medita, no es todava lo bastante para custodiar nuestras haciendas, dirigir nuestras labores y mantener en mil ramos el trabajo necesario? Y habr quien en este estrecho tenga valor para decir que empiece la insurreccin, abandonando por un lado esa industria indispensable, y descuidando, por otro, tanto nmero de forzados? ¡Qu horror! Los europeos, al menos, dueos de los puestos fortificados, dueos del mar, y con los grandes auxilios que por l recibiran, si no tenan que ganar, poco tendran que te-

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OBRAS 196\ 196\ 196\ 196\ 196\ mer; pero nuestros sesenta mil, quizs con sesenta jefes, y sesenta pretensiones, todas contradictorias, derramados por la Isla, con aquel obstculo al frente, con la miseria a su lado y lo que es ms, a la espalda con tantos enjambres de avispas sueltas, alborotadas, qu es lo que pueden esperar? No quiero considerarlo; pero s admirarme de que en esto no se detuviese el mismo autor, que tan presente lo tuvo en 1817 en la apreciable obra que escribi sobre las colonias, y ms, cuando en este propio captulo puso en cuenta a los ingleses lo mucho que se necesitaba para custodiar nuestras haciendas, y habl tambin de la extensin y poblacin de la Isla. Si hubiese comparado, como deba haberlo ejecutado, la una con la otra, de cierto se habra abstenido de asentar, como asent, que era numerosa la ltima; y menos lo hubiera hecho si hubiese considerado la figura de la Isla, su extraordinaria estrechez, o sea, sus setecientas leguas de costas, que son otras tantas bocas por donde pueden introducirse la desolacin y la muerte, no dominando los mares. Descansemos, y dejemos lo mucho que queda de la profeca para las tres notas siguientes. (13) Cmo podr creerse que ellos (nuestros vecinos), dejen a sus puertas el antemural desde donde Espaa o Europa les puede hacer tanto mal? Esto es contra la naturaleza de las cosas. Y cmo podr creerse, replico a Mr. de Pradt, que la poderosa Europa sufra que se la despoje del citado antemural? Qu fuerzas tiene Amrica para hacer esta conquista, estando las fortalezas y los mares de la Isla en manos de los europeos? Dice Mr. de Pradt “que es contra la naturaleza de las cosas que los americanos permitan que los europeos conserven este importante puesto”. Y lo que a m me parece contra la naturaleza de las cosas, es que pueda un pigmeo desarmado quitar a un gigante armado lo que tiene en tanto aprecio. (14) Y Cuba ser, no solamente libre, sino republicana, etc Dejemos aparte el que Mr. de Pradt tambin confunda, en el presente perodo, lo libre con lo independiente, y hablemos de lo republicano. No se indica de qu especie ha de ser esta repblica, y hasta saberlo, no se pudo asegurar que sera libre Cuba; porque es constante que ha habido, y puede haber repblicas sin libertad. Y cmo pudiera creerse que un hombre de los conocimientos de Mr. de Pradt hubiese podido olvidar lo difcil, lo imposible que es constituir una repblica en territorios tan inmensos, y con gentes acostumbradas al gobierno de uno solo? Pues qu, el reciente y sangriento ejemplo de su ilustre patria se ha borrado de su memoria? Cmo considera fcil, cmo considera hecho en la tierra de las tinieblas lo que no pudo lograrse en la mansin de las luces? Y, antes de ese cruel ejemplo, no haban anunciado lo mismo las lecciones de la historia, y las de todos los sabios? Yo citar un solo hecho, y una sola autoridad; pero de tanta fuerza, que nadie puede impugnarlos.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /197 /197 /197 /197 /197 El hecho es el de los angloamericanos, que habiendo nacido y vivido siempre libres, teniendo, por decirlo as, en la masa de la sangre el hbito y las virtudes que para su conservacin exige la libertad, todava para constituirse en confederacin, o crear un centro de poder, que uniendo las fuerzas de los trece Estados para su seguridad exterior, los dejase independientes en su gobierno interior, todava, repito, fueron tan grandes las dificultades que en este pequeo arreglo ocurrieron, que el venerable Franklin lleg a creerlas invencibles; y ac con tan distinta materia, ac que todo est por crear, y en lugar del sentimiento y proteccin de Europa que ellos tuvieron, contamos con su oposicin, todo es fcil, todo es hecho aun antes de comenzar. La autoridad es nada menos que la de Juan Jacobo Rousseau cuya doctrina ha sido y es hace cincuenta aos el origen y apoyo de las ideas exaltadas en materia de libertad. Pues, ese patriarca de nuestros demcratas fue el que dirigi, no a los desgraciados habitantes de Amrica espaola, sino a los civilizados franceses, en su proyecto de constitucin para Polonia, el siguiente desengao: “La libertad es un excelente alimento; pero de digestin tan difcil que slo puede lograrse en estmagos muy sanos. Me hacen rer ciertas naciones que, en medio de su envilecimiento, siguiendo la voz de cualquier faccioso, tienen la osada de hablar de libertad sin saber lo que es; y con los corazones llenos de todos los vicios de la esclavitud, juzgan que, para ser libre, basta amotinarse. ¡Oh, noble y santa libertad! Si esas pobres gentes fuesen capaces de conocerte; si ellos supiesen lo que cuesta adquirirte y conservarte; si ellos sintiesen que, por duro que sea el yugo de los tiranos, son ms austeras tus leyes; sus dbiles almas, esclavas de las pasiones que deberan ahogar, te temeran cien veces ms que a la misma servidumbre.” Hasta aqu Rousseau. Oigamos a su sabio expositor Mr. Lacroix ( Constituciones de los Estados de Europa ): “Y qu se puede aadir a tan elocuentes palabras? Repetirlas, publicarlas, ponerlas a la vista de todos los que aspiran a la libertad. ¡Pueblo francs, no hay que disimular, slo de ti es de quien ha querido hablar este legislador!” Y contra esto, qu es lo que puede decirse? Qu es lo que puede oponer Mr. de Pradt para apoyar la quimera de nuestra Repblica? Vamos a orlo. (15) Porque los mares la libran del derecho de intervencin y las Repblicas de Amrica no sufriran el establecimiento de los tronos que formaran fuertes contrastes con la naturaleza de su gobierno; as como los tronos de Europa no toleraran cerca de s la organizacin de repblicas Antes de entrar en materia, debo advertir que no estoy conforme, como lo demuestra mi traduccin de la nota 8, con el sentido que ha dado el Sr. F.R. a la frase que dice “Car le droit d’intervenir fanchissant les mers”. Y qu se adelantara con decir que los mares libran a Cuba del

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OBRAS 198\ 198\ 198\ 198\ 198\ derecho de intervencin siendo indisputable que los mares son los que sujetan a Cuba al poder o voluntad del que domine en ellos, o tenga fuerzas para poder bloquearla? Esto sentado, sigamos. Las Repblicas de Amrica ... Conque, segn esta cuenta, nosotros no seremos dueos de adoptar la clase de gobierno que nos acomode, sino que recibiremos el que nos den las repblicas de Amrica? Y es sa la independencia que vamos a conseguir? Adelante. Mr. de Pradt public esta obrita en abril del presente ao, y en aquella fecha todo lo que poda saber de nuestras Amricas era que Iturbide reinaba en Nueva Espaa; que los partidarios del dictador Bolvar preparaban su coronacin en Colombia; que San Martn y O’Higgins gobernaban militarmente una parte de Per y el Reino de Chile; que Buenos Aires, hecho pedazos, no saba del paradero de esos jefes; y que Brasil se resolva a tener un emperador. De dnde, pues, pudo sacar el referido Mr. de Pradt la existencia de esas repblicas, la existencia de las colosales fuerzas, que eran indispensables para no sufrir y contrarrestar las de Europa? Y en qu se funda tambin esa mortal repugnancia que tendran las repblicas de Amrica al establecimiento de los tronos? Los gobiernos perfectos pueden mirar con desprecio o compasin a los que no lo son; mas esto nunca produjo ni puede producir jams el singular empeo de no querer consentirlos o sufrirlos a su lado. As vemos que Grecia no lo tuvo en destruir las monarquas de Macedonia y de Persia; y los poderosos romanos, sea en el tiempo de su repblica, o en el floreciente de su imperio, tampoco tuvieron esa idea con los reyes sus vecinos; y cuando les hicieron guerra fue para aumentar su poder y no contra su sistema de gobierno, pues unas veces los vimos dejando a los mismos reyes en clases de tributarios, y otras sujetando las provincias conquistadas al capricho de sus procnsules. A m me parece adems que estn en contradiccin los dos extremos de la clusula que se ha colocado al principio de esta nota. Si es cierto, como lo supone el primero, que a los monarcas asusta que sus sbditos vean las repblicas vecinas, cmo, por el contrario, ha de asustar a stas el que sus ciudadanos observen la degradacin de los otros? Y qu, hasta ayer maana no estuvo sembrada de repblicas buenas o malas Europa civilizada? Y aun hoy que tanto fermenta y escuece la doctrina de la igualdad y los derechos del hombre, no existen todava algunas? Pero ya es tiempo de acabar con las notas relativas al prrafo de la profeca, y de decir cuatro palabras sobre el otro que le sigue y le sirve de ornamento. (16) Ser necesario para defenderse del influjo, etc. Fuera muy conveniente hacer del presente prrafo una nueva traduccin, porque tiene mil defectos la del Sr. F.R.; pero, como no toca a lo esencial del asunto, y no quiero cansar ms, me abstengo de este trabajo. Parece que en cierto modo nos da a entender este prrafo que en el gobierno republicano se

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /199 /199 /199 /199 /199 halla la felicidad de las sociedades humanas, y es preciso repetir lo que sobre esto sabemos por los mejores principios, y por la maestra del mundo, que es la sabia experiencia; esto es, que no puede haber repblicas perfectas en las grandes reuniones o sociedades de hombres. Por otra parte, yo no puedo combinar el sentido de este prrafo con el de los primeros doce captulos de la obra y especialmente con el dcimo, en que, ponderando la influencia que han de tener en el mundo las seis Inglaterras se dice lo siguiente: “Espaa y Portugal estn hoy muy separados de los portugueses y espaoles de Amrica. Y, sin embargo de esto, ninguna diferencia se nota entre los unos y los otros en el orden humano y social... La actividad del carcter ingls, y la excelencia de los modelos que producen sus instituciones, propagarn sin falta las instituciones y costumbres inglesas. Y los espaoles, siendo seores de Amrica y de Islas Filipinas, no han propagado su existencia social... Es, pues, evidente, que Inglaterra por la multiplicacin de su linaje, por el modo con que lo tiene distribuido en todo el globo, y por la perfeccin seductora de sus instituciones, est destinada a dar en paz un nuevo aspecto al universo.” Ahora bien, poda esperarse que el que se acababa de explicar en semejantes trminos y al propio tiempo saba que el dominante deseo de los europeos es el que all se imite o perfeccione el sistema de los ingleses, dijese tan prontamente que los tronos de Europa —de los cuales es uno el ingls— tenan que precaverse de la influencia de las repblicas que pretender formar los espaoles de Amrica? ... Es muy verosmil que la libertad se asiente en esos tronos del modo con que lo est en Albin, o de otro de su misma especie; pero no es de esperar ni desear que vuelvan los Robespierre a proclamar repblicas donde no pueden realizarse. Y en cuanto a si pas o no la oportunidad de que Europa haga a nuestra Amrica el bien de ponerla en buen camino, estoy muy lejos de creer lo que afirma Mr. de Pradt, y pienso, por el contrario, que el arreglo de este gran negocio depende de la voluntad y concierto de las potencias de Europa, si se desnudan de pasiones que ya no pueden sostenerse, y, hechas cargo de las actuales circunstancias, tratan de buena fe de combinar en justicia la felicidad de ambos mundos. (17) Esto se ha dicho ya, y a los autores de estas ideas hasta ahora se les ha contestado con ultrajes El original dice as: “On en avait averti; mais on a trouv que l’avis ne mritait que des outrages pour ses auteurs.” Y mi traduccin es sta: “Hubo quien sobre esto hiciese a tiempo las convenientes advertencias; pero se despreci el consejo, y slo con ultrajes se contest a sus autores.” Esto se refiere a las dos obras que public Mr. de Pradt, la primera en 1800, con el ttulo Las tres edades de las colonias, y la segunda 1817, con el de Las colonias y la revolucin actual de Amrica En cuanto a la primera, que no tengo a la vista, recuerdo que es muy superior a la del

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OBRAS 200\ 200\ 200\ 200\ 200\ abate Raynal en la parte histrica y literaria; y recuerdo tambin que su objeto fue excitar a los gobiernos de Europa, o sea al de Espaa, a que resolviesen por s la emancipacin de las colonias antes que ellas lo intentasen; con cuyo motivo propone la divisin de toda Amrica en distintas monarquas. Y por si acaso hay quien diga que este consejo fue un anuncio de las actuales revoluciones, apelo a la buena fe de todos los hombres sensatos que dirn conmigo que en los aos que mediaron desde 1800, en que se public la obra de Las tres edades..., hasta 1808, en que comenzaron las expresadas revoluciones, nadie so que pudiese haberlas, y que se debieron a Napolen o a la verdadera orfandad en que por su causa qued Amrica; cosa que no previ ni pudo prever Mr. de Pradt en 1800, como l mismo lo confiesa, cuando dice que la “revolucin de nuestras Amricas no era efecto de su propia fuerza, sino de la debilidad de su Metrpoli”. En esa segunda obra insiste Mr. de Pradt en su antiguo pensamiento, fundndolo con mucha razn en lo que estaba ocurriendo; y al menos en esta ocasin creo que debieron atenderse sus luminosos consejos; pero al paso que pago con mucho gusto el tributo de respeto que merecen ambos escritos, es muy justo que, del nico que tengo, extraiga lo que contiene en apoyo de mis ideas, y que concluya mis notas traduciendo exactamente los pasajes conducentes. En la pgina 135 del segundo tomo se dice: “Estn en revolucin (las colonias espaolas), no por su propia fuerza, sino por la debilidad de su Metrpoli.” En la pgina 138: “El esclavo tiene ms necesidad de independencia que el colono europeo. La independencia colonial slo se hace sentir a ste, en sus relaciones polticas y comerciales; pero en lo dems, l goza de su propiedad y participa de todas las ventajas de la sociedad.” En la pgina 139: “El blanco solamente para hacer ms fortuna puede necesitar la independencia.” En la pgina 140: “Una independencia repentina encierra y produce los ms grandes peligros para las colonias y sus metrpolis, y en las colonias en donde la menor parte de la poblacin es de sangre europea, la repentina independencia es su sentencia de muerte, como ya lo hemos visto en Santo Domingo.” En la pgina 142: “En las colonias en que hay diferentes castas, la independencia que sin preparacin pone en movimiento unos cimientos tan heterogneos, provoca necesariamente su choque, y corre de consiguiente el mayor peligro.” Y ms abajo: “La independencia no preparada abre la puerta en primer lugar a la guerra, y en segundo, a conmociones interiores, y stas son dos causas de desgracia absolutamente contrarias a la misma naturaleza de las colonias.”

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /201 /201 /201 /201 /201 En la pgina 145: “Esto ser mejor si se juzga por la plaga de toda clase de males que para las colonias y la Metrpoli ha producido esa irrupcin de independencia que, sin ser preparada por clculo ni plan alguno, se efecta en medio de un caos, resultando del choque de intereses y enemistades de las castas, las muertes, los incendios y todos los desastres que son de esperar de la ferocidad habitual de semejantes combatientes.” Y ms abajo: “Y an suponiendo que la Metrpoli aceptase el divorcio de la colonia y la dejase seora de su suerte, ¡qu embrollo tan horrible sera el que producira el abandono de un infante que, despus de haber roto sus andadores, se arroja en medio del mundo sin preparar siquiera el suplemento de aqullos!” Pgina 147: “Estos males seran mucho mayores en las Antillas, pobladas de gentes tan diferentes en costumbres, en idioma, en sangre, en extensin de territorio, etctera.” “En los Estados Unidos, la independencia dirigida por los hombres ms hbiles de aquel pas; por hombres que hubieran honrado el Antiguo Mundo como honraron el Nuevo, y que partiendo de un punto fijo y nico para llegar a un fin igualmente fijo y simple, contaron y debieron contar con los necesarios elementos de uniformidad de ideas, uniformidad de acciones y hasta de localidades. En una palabra, eran ingleses de Amrica que pedan a los ingleses de Europa que los dejasen gozar de las ventajas de su virilidad.” Pudiera copiar mucho ms; pero no quiero cansar, y excuso toda reflexin, porque temo desvirtuar la fuerza del mismo texto. Despus de tan elocuentes y decisivas sentencias, y lo dems que se ha dicho en las notas anteriores, ser, si no fastidioso, excusado para muchos, el insistir todava en demostrar que es injusto, impracticable y ruinoso para esta Isla el intento de independencia; pero no todos se hallan dispuestos del mismo modo; y, aunque pocos, hay algunos tan tenaces y obcecados en este particular, que ni ven lo que aventuran, ni saben lo que pretenden. La voz hueca de independencia ocupa toda su razn, y, verdaderos idlatras del sonido de esa palabra, si alguna idea se permiten, es la de creer firmemente, que en ella, como en una concha, se halla depositada la perla de la libertad. ¡Desgraciados, que ni usan de su vista material, con la cual descubriran infinitas sociedades, que no disfrutan del bien que se llama libertad, porque sean independientes; al paso que veran otras gozando de las ventajas de la libertad posible, sin pretender ni desear el honor de ser naciones! Esta primera verdad, que, como acabo de decir, est delante de los ojos de todo el que quiera abrirlos, destruye, por de contado, el principal estmulo de tan ciego frenes; pues, visto que son dos cosas distintas y separadas, la de que una sociedad se constituya en nacin independiente de las otras, y la de que sus individuos gocen de los beneficios de esa libertad

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OBRAS 202\ 202\ 202\ 202\ 202\ deseada, y tambin desconocida, es claro que los dems delirantes no entraran en lo primero sin asegurar lo segundo; y puestos ya en el camino de examen y de anlisis, era como preciso que quisiesen conocer en qu consista el aumento de ventajas que iba a proporcionarles la ofrecida libertad. Y han visto los alucinados la seguridad siquiera de conseguir el intento? La pueden dar los facciosos? ¡Y qu facciosos, Dios mo! Unos hombres que comienzan por arrostrar con descaro la opinin juiciosa de una mayora, que se acerca a la totalidad del vecindario, y que en el furor impotente de no atraerlo, ocurren para su exterminio a nefandos medios... Y ser creble que, con tan viles maniobras, pudiese en la culta Habana llegar a tener proslitos? ¡Qu vergenza, si es verdad! Pero qu gran consuelo el or que han abortado tan infernales proyectos, y que abiertos ya los perspicaces ojos del generoso cubano, es de esperar que ninguno se acerque a semejante empresa, sin estar bien enterado de 1o que verdaderamente valen y significan libertad e independencia, del costo y probabilidad que tiene en lo general la adquisicin de esos bienes, y sobre todo de las ventajas y riesgos de semejante intento, contrayndolo a esta Isla. Difcil es definir, o poder determinar el grado de independencia y libertad poltica que el hombre debe obtener; pero es fcil conocer, por la razn y la historia, que esta infeliz criatura parece que no naci para gozar tanto bien. En efecto, quin negar que la aventurada y precaria existencia que el hombre pudo tener en el estado natural, es de suyo dependiente? Quin, que lo considere rodeado de tantos riesgos, tanta debilidad, y tantas necesidades, puede desconocer que el primer grito de su imperfecta razn fue para buscar los auxilios y vnculos de sus semejantes? Y puesto ya el individuo en semejante caso, ni an de nombre puede llamarse o juzgarse independiente, porque quedando sujeto a la especie de gobierno que adopte su asociacin, y obligado para siempre a depender de alguno, slo podr decirse que en unos tuvo ms goces, y en otros menos ventajas. Es cierto que en la primera poca de las sociedades humanas, en que todos los deseos y pretensiones de los socios estuvieron reunidos al estrechsimo crculo de conservar la vida, y asegurar, con el orden, el alimento y el sueo, lejos de ser sensible, ni aun quizs se notara el peso de la dependencia. Pero, aumentadas despus las necesidades de cada uno; multiplicadas, tambin, y puestas casi en contacto otras sociedades de hombres ms o menos numerosas, se aument por consecuencia la dependencia recproca en que tenan que vivir los hombres de buena sociedad, y las sociedades entre s. Este estado de relaciones, tan variadas y multiplicadas, exigi por precisin que hubiese un regulador; y as como cada sociedad hubo de buscarlo en sus leyes o propia constitucin, las naciones igualmente por convenios o costumbres, debieron de establecer reglas, que conservaran en lo posible su independencia de las otras, y que les asegura-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /203 /203 /203 /203 /203 sen los auxilios que cada una necesita de las dems. No siempre presidi la justicia a estas combinaciones; porque se le atravesaron sus dos eternos rivales, la ambicin y la codicia, y la fuerza que, en tal caso, es el supremo poder, se puso por lo regular de parte de las dos ltimas; y con estos dictadores ya se puede presumir el grado de independencia nacional, y de libertad individual que el hombre pudo alcanzar. ¡Miserable humanidad, con qu dolor veo los hechos de acuerdo con tan aciagas y funestas presunciones Dgase si no, cules son los resultados que nos presenta la historia, al cabo de setenta siglos? De las cuatro partes en que dividimos la tierra, la mayor, desconocida en los sesenta y seis primeros, empieza a poblarse ahora. Las otras dos, que le siguen en tamao, gimieron constantemente bajo el yugo del despotismo y la dura aristocracia, y en su gran abatimiento tambin tuvieron que sufrir muy repetidos trastornos en la independencia y lmites de sus respectivas naciones. Y por lo que mira a Europa, no s quin pueda decir que disfrutase antes, o que en el da disfrute los bienes de la independencia y libertad. Conozco que en este escrito no puede desenvolverse tan importante materia con la extensin que pide; pero basta, para mi intento, echar una rpida ojeada sobre esta parte de la historia. Me contraer primero al punto de independencia. No es menester que subamos a los tiempos fabulosos, ni a aqullos en que estuvo Europa, o sumida en la barbarie, o sometida al despotismo de la orgullosa Roma. Tampoco recordaremos la suerte que le toc en la desventurada poca de la irrupcin de los brbaros y dominio del feudalismo. Prescindiremos igualmente de los mortales sustos que le caus la ambicin de Carlos V y su hijo, y ms tarde Luis XIV, y olvidaremos por ltimo lo poco que ha producido, y lo mucho que ha costado, ese sistema de equilibrio que ha mantenido Europa en una constante guerra o en un perpetuo armamento. nicamente hablar de lo que sobre su independencia ha ocurrido en estos ochenta aos ltimos, en que tanto se esperaba y tanto se prometa de la civilizacin de los pueblos y gobiernos. Pues en ellos es en los que, despus de haber corrido ros de sangre para hacer un nuevo repartimiento de Italia, y engrandecer a Prusia a expensas de sus vecinos; despus tambin de haberse dividido Polonia entre tres grandes potencias con la misma tranquilidad con que dividen tres socios su capital y ganancias, se apareci un hombre nuevo que puso a sus pies casi de repente al continente europeo; y cuando por una especie de milagro, debido en la mayor parte a la constancia inglesa y al pundonor espaol, pudo romper las cadenas que ya llevaba con gusto, hallamos, por una parte, considerablemente alterada la independencia y lmites de sus respectivas naciones; y por la otra, omos al Sr. Pradt dicindoles que, si no quieren ser subyugadas por Rusia, se alisten sin demora alguna en la bandera anglicana. Y esto se puede llamar

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OBRAS 204\ 204\ 204\ 204\ 204\ independencia? Dnde est la poca de seguridad para las naciones de Europa? Adems, no hay una entre ellas que no dependa de las otras para satisfacer gran parte de sus necesidades y consumir el sobrante de sus productos; y esta mutua dependencia, indestructible en lo humano, que parece deba ser un poderoso motivo de paz y perfecta unin, ha sido, por el contrario, la manzana de su discordia, sin ver otra garanta que la de la mayor fuerza, despus de refundirse en una, muchas naciones antiguas, todava no estn seguras, y buscan por todos lados el aumento de su poder. Ser prudente, ser acertado, que los dbiles de ac obren en sentido inverso? Esta conducta no es diametralmente opuesta al esencial objeto de las sociedades humanas? Es una verdad innegable que, si el hombre renunci a su libertad natural fue por salvar su existencia, disminuyendo sus riesgos; y es otra verdad palpable que trabajan por aumentarlos las sociedades dbiles que quieren subdividirse. Contra esto, slo hay una rplica, a saber, que es menos malo ponerse en ese peligro que sufrir el despotismo. A este punto era al que yo quera traer a los fanticos de la independencia, para que, por su propia boca, confesasen que ella por s nada vale, y que, si tiene algn precio, es cuando por su medio se logra el bien de la libertad poltica; y como anteriormente hemos visto —quizs con mayor detencin de la que convena— lo que se debe esperar de una revolucin, especialmente en esta Isla, parece que, dejando para lo ltimo la conclusin de ese punto, examinemos antes si, al menos en la ilustrada Europa, se ha gozado, o goza hoy, de esa libertad que con razn nos hechiza. En toda la Antigedad, solamente de dos pueblos se dice que fueron libres. Los griegos con sus colonias, y los poderosos romanos; pero, ¡qu lejos estuvieron de haber llegado a la altura de una libertad perfecta! Que los primeros no hallaron la lnea divisoria de derechos y deberes que exige la libertad; que no encontraron el medio de que pudiese la ley contener desde esa raya las demasas del Gobierno y las licencias del pueblo lo prueban sobradamente la diferencia esencial que hubo entre las leyes fundamentales de aquellas repblicas, la mortal agitacin y las repetidas variaciones que sufrieron las mismas leyes, y sobre todo, que sus dos lumbreras en poltica y moral —su Platn y su Aristteles—, poco satisfechos de semejantes gobiernos, dejaron sobre la materia muy diferentes lecciones. Y de Roma, qu diremos? Podr su fortuna oscurecer los vicios de su Constitucin? Debi a sus primitivas virtudes, y a su espritu guerrero su larga y brillante vida; pero toda la pas en los terribles combates, que debiera producir el choque de su aristocracia y de su democracia; y puede muy bien decirse que, antes que finalizara esa obstinada lucha, dio los ltimos suspiros su imperfecta libertad. Y lo peor es que ambos pueblos la perdie-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /205 /205 /205 /205 /205 ron, cuando sus conocimientos en este importante ramo llegaban al ms alto grado, y cuando, para defenderlos, parece que el cielo envi a un Demstenes, a un Marco Tulio. La perdieron sin embargo; y aquellos inmortales genios fueron testigos y vctimas de las arteras de un rey de cortos Estados, y de un ciudadano imberbe. Fue tan completo el triunfo del felicsimo Octavio, que por ms de trece siglos qued como sepultada la esperanza de libertad. A1 despotismo romano sigui la dominacin de los brbaros, y si bien entre ellos se guardaron ciertos fueros anlogos a las costumbres que trajeron de las selvas, los dems slo sintieron el peso de tan feroz conquista. El tiempo, la mezcla de linajes, la religin cristiana, y el mismo inters de los reyes, perjudicado altamente por el de sus grandes vasallos, fueron suavizando un poco la insoportable dureza de aquel infeliz estado, y al fin con el auxilio de las luces que empezaron otra vez a difundirse en Europa, hubo algunas tentativas en defensa de los derechos y dignidad del hombre; pero debemos creer que hubieran quedado en embrin si a todos no iluminara el siglo de Luis XIV. Yo no dir que a esa antorcha debe Inglaterra la perfeccin que dio a su sistema de gobierno con la expulsin de Jacobo. S muy bien que tan gran obra, hecha sin plan y a pedazos, tard para su conclusin ms de setecientos aos; pero s asegurar que el sublime Montesquieu, cuando no sea el descubridor de la admirable simetra de aquella composicin, fue el que present a Europa en un magnfico cuadro esa nueva y bella imagen de la libertad anglicana. Y tambin sealar ese momento feliz, como el de la resurreccin de las ideas liberales; porque entonces comenzaron a ocuparse con calor de asunto tan importante los que podan ilustrarlo. Al principio, todos siguieron las respetables huellas del juicioso Presidente, y llenos de la admiracin que les deban causar las diferentes y ventajosas formas en que renaca en Albin la perdida libertad, todos debieron contentarse con que en su nacin se copiara o imitase, en lo posible, el sistema de los ingleses. Pero nuestra natural propensin a descubrir defectos y presentar mejoras, produjo pronto en los nimos aquella fermentacin y decidida tendencia al rgimen democrtico, que tom tan gran vuelo con los escritos elctricos del celebrado Juan Jacobo. Una nacin poderosa, la ms sabia de entonces, se decidi a hacer uso de tan exaltados principios, y despus de haberse visto confundida en un abismo, retrocedi para salvarse hasta el extremo opuesto. Ahora la vemos con otras, y entre ellas nuestra heroica Espaa, haciendo, con ms templanza, nuevos y distintos ensayos; pero sin tener resultados que puedan guiar nuestro juicio, omos al profundo Bentham, con otros hombres de mrito, calificando de sofismas, y de sofismas anrquicos, la famosa declaracin de los derechos del hombre, o sea, el fondo de la doctrina de aquel original ginebrino que, habiendo nacido ciudadano de una repblica, quiso

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OBRAS 206\ 206\ 206\ 206\ 206\ vivir y morir en un gobierno desptico, y publicar desde all sus lisonjeras teoras. sta es, en resumen, la historia de la libertad en Europa. Sin tratar de lo pasado, porque nada nos ofrece que nos pueda consolar, es menester conocer que todo lo que en la actualidad tenemos en el continente, son esperanzas y luces. Y en cuanto a stas, ya vimos su ineficacia en los antiguos tiempos, y su variedad al presente; y lo que es ms, que nadando, como nadamos, en ellas, ni tenemos deslindados los derechos y deberes del hombre social, ni conocido el medio de que sean cumplidos stos, y respetados aqullos; y estamos por consecuencia como estuvimos hasta aqu, expuestos a que la libertad sea vctima de la anarqua o despotismo; de esos dos dragones que estuvieron en su acecho desde el principio del mundo, y ms tarde o ms temprano siempre la hicieron su presa. Cremos, como ya se indic, que el mixto del gobierno ingls haba resuelto el problema de la manera posible; y no podemos negar que es prodigioso hasta ahora el progresivo aumento de sus buenos resultados; pero nuestros patriotas, siempre alarmados con la preponderancia que all gozan el monarca y la nobleza, han hecho otras composiciones que, aunque parecen mejores, no han obtenido todava la indispensable sancin de la experiencia. Por otra parte, son sabidos los temibles efectos de las grandes novedades, y no podemos olvidar que el principal promotor de las que nos agitan fue el que nos hizo ver (Nota 13) la oposicin en que estaban con nuestras costumbres y hbitos, y en tal estado, en una situacin en que, vuelvo a repetir, ni aun estn determinados los lmites de la libertad social, no me parece prudente correr con precipitacin por medio de tantas espinas; y me parece atroz recomendar a esta Isla que siga ese torbellino, cuando por un lado carece de la fuerza necesaria y de los dems requisitos que pide esa indefinida y nunca vista libertad, y por el otro, goza de todas las ventajas que disfrutaron hasta ahora los pueblos ms venturosos. Ya oigo que se me interrumpe. Ya oigo que los entusiastas, y, sobre todo, los facciosos, osan invocar en su apoyo, o profanar ms bien, un nombre y ejemplo sagrado. ¡Inmortal Washington! ¡Quin te dira, quin dira a los espartanos que se pusieron a tus rdenes, que vuestra justa y prudente resolucin poda servir de pretexto para insurrecciones injustas y desastrosas! A todos encanta hoy la prosperidad de que gozan esos Estados Unidos, y todos los entusiastas piensan que all est ya el apetecido modelo de la libertad posible; pero los reflexivos que, ms que en las instituciones, ven en los hbitos de ese pueblo la deseada distincin y garanta de derechos y deberes; notando que tan temprano se van desapareciendo o al menos debilitando sus primitivas virtudes; observando que su puesto lo ocupan sin resistencia la ambicin y la codicia; viendo que estn abiertas las puertas de toda la Unin para recibir en su seno a cualquier clase de gentes, y aumentar sin lmites el nmero de los Estados; temiendo con

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /207 /207 /207 /207 /207 razn que han de crecer los motivos de rivalidad, que son naturales entre tan grandes y tan distintas provincias; y considerando, en fin, que el progresivo aumento que ha de tener la fuerza de cada una, ha de entorpecer la accin de su Gobierno Supremo, tal cual est constituido; los reflexivos, repito, aunque no ven todava en su verdadero asiento la posible libertad, admiran, como es debido, el portentoso principio de esa grandiosa obra, y en medio de los motivos que tienen para dudar que llegue a su perfeccin, confiesan que hasta el presente es lo mejor conocido en materia de gobiernos, y que deben imitarlo los pueblos o sociedades que se hallen en igual caso. Y estamos en l nosotros? Yo no hablar de sus derechos primitivos, o sea, los pactos expresos que hicieron con el Gobierno ingls los fundadores de esas colonias. No me detendr en hacer ver la gran diferencia de su educacin, hbitos y costumbres. Tampoco har mrito de las ventajas que les daba su poblacin, su sangre republicana, su localidad y sus poderosas alianzas. Dir solamente que si los angloamericanos hubiesen disfrutado o podido alcanzar, no el todo, sino una parte de las ventajas que disfruta esta Isla, ni en sueos hubieran pensado separarse de su Metrpoli, y con ella viviran tan estrechamente unidos como lo est Canad. No fue por veleidad o capricho por lo que decidieron exponerse a los horrores de una revolucin. Fue, en primer lugar, por su absoluta dependencia en lo ms esencial, que es lo mercantil. Fue, en segundo, porque no teniendo representacin en el Parlamento nacional, quedaban, sin efecto alguno, muchas resoluciones de sus particulares asambleas. Fue, en tercero, por las contribuciones arbitrarias que se les imponan, hollando sus pactos fundamentales. Fue, en cuarto, porque se quebrantaban sus privilegios en el ramo importantsimo de su administracin de justicia. Y fue, en quinto, por el orgulloso desprecio con que el Gobierno britnico haba odo, y contestado sus respetuosas y justas reclamaciones. Y pregunto de buena fe a todos mis compatriotas, hay uno solo que pueda tener motivo para esas o semejantes quejas? Lo ms duro, lo verdaderamente oneroso de la dependencia de las nuevas colonias, era la parte mercantil. Y en este ramo no hay otro pueblo en la tierra ms independiente que el nuestro, siendo cierto al propio tiempo que, a pesar de haber perdido ese derecho exclusivo, contina nuestra Metrpoli dndolo en su territorio a todos nuestros productos. En lo dems, esta Isla no slo por la Constitucin de 1812, sino por nuestras antiguas leyes, ha tenido siempre el rango, la consideracin y goce que las provincias de la Metrpoli; y en el estado presente tiene en el Congreso nacional la misma representacin que ellas. Nuestra Diputacin Provincial, ms autorizada que las suyas, es en realidad la reguladora de nuestras contribuciones, que en todos tiempos fueron menores que las de los peninsulares. Nuestras personas y

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OBRAS 208\ 208\ 208\ 208\ 208\ bienes han estado y estn protegidos por leyes que si por algo pecan, es por su suavidad. La administracin de justicia, casi absolutamente, est en nuestras manos. El gobierno municipal lo est enteramente. Los naturales de este pas son atendidos para los ms altos destinos de la nacin, y singularmente para todos los de la Isla. A nosotros, a nuestros padres, a todos nuestros ascendientes se ha tratado por el Supremo Gobierno, y por el Superior de la Isla con la mayor dulzura, debindose a este conjunto de ventajas el increble aumento que tienen nuestras fortunas. Y hasta ahora no hay descubierta otra seal segura de la bondad de un gobierno que esa gran prosperidad Pues, cules son las razones que nos pueden obligar a abandonar tanto bien, y arrostrar con tanto mal? Cules, los fundamentos que se pueden alegar para romper un pacto que colectivamente obliga a la sociedad cubana respecto de la peninsular con la misma, o mayor fuerza que la que tiene un contrato entre dos particulares? Olvidemos para siempre el ejemplo inadecuado de los angloamericanos, pues sus individuos, de cierto, ni aun hoy mismo estn mejor que nosotros; y si las desventuras de nuestros desgraciados paisanos —los de las asoladas provincias espaolas que se hallan en insurreccin— no bastan para alejarnos de su mortfero rumbo, baste el recuerdo de sus diferentes goces y diferentes recursos al tiempo de su alzamiento; basten los mayores motivos interiores y exteriores que tenemos para temer cualquiera revolucin; y baste, sobre todo, la indisputable verdad de que por un bien, que si no es imaginario, por lo menos es incierto, y de un costo incalculable, no deben abandonarse las grandes y reales ventajas de que estamos disfrutando. Grabada con nuestros corazones esta importante verdad, se estrellarn en ella las maquinaciones de los malos, y los sofismas que forma la vanidad de algunos que, aventurndolo todo —por ver si pueden hacer el papel que no les toca—, quieren que su pobre Patria imite su fatuidad; y que, olvidando tantas consideraciones de utilidad y justicia se arroje ciega a las llamas en busca de un imposible que, aun vencido, la pondra en tanta debilidad que, para no perecer en el fuego de su discordia interior, tendra que sustituir otro yugo al imperceptible y suavsimo que tiene en la actualidad. Despertad, conciudadanos, y permitid este arranque al tierno amor que os profeso. Despertad, vuelvo a decir, y si queris conservar vuestras vidas y fortunas, jurad con santo entusiasmo mantener en todo trance, sea de la especie que fuere, y cueste lo que costare, el juicio y tranquilidad que tuvisteis hasta aqu. A ella debis tan asombrosos progresos en pocas tan desventuradas, y a ella deberis que nuestra Patria llegue a su virilidad perfecta con mucha anticipacin, y lo que es ms, sin zozobras y sin manchas. Cultivad con ms esmero la planta de la virtud arrojando de vuestro lado a sus crueles y arraigados enemigos: la envidia y la presuncin, la mala fe y la vagancia. Y cuando por esos medios se obtenga la

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /209 /209 /209 /209 /209 madurez que exige la emancipacin, aun entonces acordaos de los que os dieron el ser, y sobre la slida base de incontestable justicia, que se asiente enhorabuena con la independencia posible el sistema de gobierno que pidan las circunstancias. ¡Quiera el cielo que as sea, y que, al recoger nuestros hijos los frutos de vuestra prudencia, la imiten y recomienden a todos sus descendientes, como el verdadero origen de su poder y grandeza! Habana y septiembre 12 de 1823. Un habanero .Notas1De estas “Reflexiones” se hicieron dos ediciones en La Habana, en 1823, en la Oficina de Arazoza y Soler, Impresores del Gobierno Constitucional y Capitana General por S.M., cada una en folleto de 37 pginas en cuarto menor. La reproduccin que aqu se hace es de la segunda edicin, corregida y aumentada por su autor. Atribyese este opsculo a D. Francisco de Arango en el “Elogio histrico” que, por encargo de la Sociedad Econmica de La Habana, escribi D. Anastasio Carrillo, y con esta opinin estuvo conforme D. Jacobo de Pezuela en el Ensayo histrico de la Isla de Cuba (p. 520); pero en la Historia de la Isla de Cuba (t. IV, p. 164), cambi de parecer —aunque sin aludir a la contradiccin— diciendo que las “Reflexiones” fueron trazadas por D. Jos de Arango, hermano de D. Francisco. Resulta que el Sr. Pezuela anduvo tan desacertado al modificar su primera afirmacin, como en establecer que Jos de Arango era hermano de D. Francisco. ( Manuel Villanova )2Preceda inmediatamente al artculo la carta siguiente: “Seores Editores de El Revisor ”Muy Seores mos: Suplico a Vds. tengan la bondad de insertar, en su apreciable peridico, el artculo adjunto que me lisonjeo ser ledo con gusto, no slo porque ha salido de la pluma del sabio Mr. de Pradt, sino tambin porque da a conocer nuestros verdaderos intereses; trazndonos la senda que debemos seguir en nuestras relaciones ulteriores. ( F.R .)”3A pesar de lo respetable que es para nosotros un voto como el del liberal Mr. de Pradt, quizs el mejor poltico de Europa, nos es forzoso manifestar nuestras ideas. La Isla de Cuba ser siempre espaola ; lo ser porque as lo exige el enlace de las familias y la conformidad de intereses de usos, de opiniones, de espritu pblico, y porque el Gobierno que hoy rige a Espaa asegura su felicidad. Cuando Mr. de Pradt dice que la Isla de Cuba ser libre, se equivoca: Cuba ya lo es. ( Nota de los editores de El Revisor Poltico y Literario)

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CAR CAR CAR CAR CAR T T T T T AS DE ARANGO AS DE ARANGO AS DE ARANGO AS DE ARANGO AS DE ARANGO COMO INTENDENTE DE COMO INTENDENTE DE COMO INTENDENTE DE COMO INTENDENTE DE COMO INTENDENTE DE EJRCITO EJRCITO EJRCITO EJRCITO EJRCITO AL SECRET AL SECRET AL SECRET AL SECRET AL SECRET ARIO DE EST ARIO DE EST ARIO DE EST ARIO DE EST ARIO DE EST ADO Y DEL ADO Y DEL ADO Y DEL ADO Y DEL ADO Y DEL DESP DESP DESP DESP DESP ACHO DE HACIEND ACHO DE HACIEND ACHO DE HACIEND ACHO DE HACIEND ACHO DE HACIEND A A A A AIInforma que tom posesin de la Intendencia el 4 de junio de 1824 Carta Nmero 1 Excelentsimo Seor: Debiendo salir de este puerto, con destino a la Pennsula, las fragatas “Tarntula” y “Fama”, aprovecho esta ocasin de informar a V.E. que, en virtud del Real Decreto de 12 de febrero ltimo, y de los dos oficios que en copia acompao, tom posesin ayer de esta Intendencia. Al dar esta noticia, no puedo menos que rogar a V.E. y a sus dignos compaeros que, ya que quisieron ser generosos promotores de las singulares honras que la bondad Soberana se ha servido dispensarme, completar tan gran favor haciendo todo lo posible para que el Rey nuestro Seor quede en la firme creencia de que s lo que le debo y que, para corresponder de algn modo a su Soberana confianza, sacrificar gustoso hasta mi propia vida. Dios guarde, etc. Habana, 5 de junio de 1824. Excelentsimo Sr. Francisco de Arango Excelentsimo Sr. Secretario de Estado y del Despacho de Hacienda. Oficios anexos a la carta Nmero 1 Excelentsimo Sr.: Con fecha 12 de febrero de este ao, me dice el Excelentsimo Sr. Ministro de Hacienda lo que sigue: “Deseoso el Rey de proporcionar a esa Isla todos los medios de felicidad y engrandecimiento, ha fijado principalmente su Soberana atencin hacia las autoridades que deban gobernarla en su Real nombre, y habindole hecho presente la Junta de Ministros las circunstancias que concurren en D. Francisco de Arango para desempear con exactitud y celo la Intendencia de Ejrcito y Real Hacienda de la misma, se ha servi-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /211 /211 /211 /211 /211 do S.M. conferrsela en comisin y con retencin de la plaza de Ministro togado que ocupa en el Real y Supremo Consejo de Indias. Al mismo tiempo me manda S.M. que remita a V.E., como lo ejecuto, el nombramiento, que acompao, pues quiere S.M., en prueba de la confianza que V.E. le merece, que entregue o suspenda el citado nombramiento, segn que lo considere oportuno, por cuya razn no se ha publicado esta Soberana determinacin.” Y lo traslado a V.E. con la mayor satisfaccin, felicitndole al mismo tiempo por la confianza que merece al Rey, N.S., esperando tambin que V.E. corresponder a las benficas intenciones de S.M. que no perdona medios para proporcionar la felicidad y engrandecimiento de esta Isla siempre fiel; acompaando a V.E. el Real nombramiento. Dios guarde a V.E. muchos aos. Habana, 2 de junio de 1824. Excelentsimo Sr. Francisco Dionisio Vives. Excelentsimo Sr. D. Francisco de Arango. Es copia. Juan Nepomuceno de Arocha Excelentsimo Sr.: Acabo de recibir el oficio en que V.S. se sirve comunicarme la resolucin Soberana de 12 de febrero ltimo, y todo lo que mi gratitud me permite responder es que dispuesto como siempre a sacrificarme gustoso por el mejor servicio del Rey, N.S., estoy pronto a obedecer aquella determinacin; concluyendo, como debo, con dar las gracias a V.E. por el honor que me ha hecho. Dios guarde a V.E. muchos aos. Habana, 2 de junio de 1821. Excmo. Sr. Francisco de Arango. Excelentsimo Sr. D. Francisco Dionisio Vives. Es copia. Juan Nepomuceno de Arocha.IIInforma sobre la consignacin de la Marina del Apostadero Carta Nmero 42 Excelentsimo Seor: Por las copias que acompao, se enterar V.E. de que esta Intendencia ha pagado a la Comandancia de Marina la consignacin prevenida; y de consiguiente, nada ha tenido que hacer para cumplir el encargo que, de Real Orden, se sirvi V.E. hacerme, con fecha 21 de febrero. Esto mismo haba ya dicho mi antecesor, en carta de 21 de abril ltimo, y yo llamara la atencin de V.E. sobre la repeticin infundada de semejante queja, si el

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OBRAS 212\ 212\ 212\ 212\ 212\ mismo Comandante de Marina no me hubiese descubierto su verdadero objeto. En una larga conferencia que el da 19 del presente tuvimos, me hizo conocer que l, lo que reclamaba, no eran los seiscientos cincuenta mil pesos que se le estaban pagando, sino el aumento de trescientos cincuenta mil pesos que, segn sus clculos y los de las llamadas Cortes, conceptuaba necesarios para la decorosa subsistencia de este Apostadero, y habindole demostrado la imposibilidad en que estas Cajas se hallaban de aumentar ni un octavo a los seiscientos cincuenta mil pesos, me habl entonces de reasumir el extinguido derecho de Almirantazgo, toneladas y anclaje, y recibir adems de estas Cajas los trescientos mil pesos anuales que se le haban sealado en Real Orden de 6 de abril de 1811, cuyas sumas reunidas podan muy bien acercarse al milln de pesos deseado. Como no estaba bien instruido en todos los antecedentes de esta ltima pretensin, nada pude contestarle, y habindomelo hecho por escrito, en oficio del 5 del presente, que tambin remito en copia, le respond el da 7, hacindole ver el inocente origen de la demora que en la resolucin de este asunto imputaba a mi antecesor, pues haba dependido y dependa de informe de la Junta Consular, a la que se lo record con aquella misma fecha. Espero, pues, este informe, y aseguro a V.E. que lo espero con temor; porque veo, por una parte, la exigencia de la Marina, y considero, por la otra, la imposibilidad de complacerla sin grave perjuicio de este Erario. Yo lo he encontrado en un momento de crisis, siendo lo menos que sus actuales entradas sean muy inferiores a sus precisas atenciones. Lo ms es que, despus de hallarse tan debilitadas las fuentes de la riqueza pblica, la obstruyen de mil maneras los reglamentos y manejos de todas las aduanas de la Isla. Yo he dicho por moderacin que se han debilitado las fuentes de la riqueza de esta Isla, pudiendo decir con verdad que se han disminuido lo menos en una mitad, siendo mayor la baja que ha sufrido el precio de nuestros frutos, y casi igual la de nuestro giro por las desgraciadas revueltas que arruinan a Nueva Espaa, y en este estado; en unas circunstancias en que la prudencia exige rigurosa economa y la razn aconseja que nuestras principales rentas —que son las aduanas— se pongan sin la menor demora bajo de buenos principios, es justo que, por una parte, se pidan de todos lados sumas enormes, y que, por la otra, se pretenda el establecimiento de derechos imposibles, o sea, el nominal aumento de ms contribuciones que slo pueden servir para fomentar el contrabando, o para acabar de secar las fuentes de nuestras riquezas? Yo trabajo sin descanso para poner en claro nuestro verdadero estado, y presentarlo al instante al Jefe Superior de esta Isla, a fin de acordar con l lo que interinamente se tenga por conveniente, antes de

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /213 /213 /213 /213 /213 elevar al Rey, N.S., por el conducto de V.E. este interesante cuadro. Por ahora me contento con estas indicaciones, creyendo que debo aadir las siguientes. Las dos primeras medidas que exigen nuestros apuros se reducen, a mi ver, a gastar menos y procurar tener ms. No descuido lo segundo, ni lo descuidar un momento; y espero que, a pesar de tantos contratiempos, se adelantar mucho si nuestras aduanas se establecen y con severidad se sostienen bajo las reglas que son tan conocidas y practicadas en todas las naciones sabias, y en cuanto a lo primero no puedo menos de recordar tres hechos que para m dicen mucho. Cuando el Conde de O’Reilly arregl, en 1764, la parte militar de esta plaza, supuso que un milln de pesos bastara para todas sus atenciones, y con efecto bast por largo tiempo. Es poco lo que la guarnicin ha aumentado, y ya se necesita doble cantidad, slo para la parte militar. El otro hecho es que yo conoc la Marina de este Apostadero, en 1795, en el ms brillante pie, y su consignacin entonces no llegaba o no pasaba de setecientos mil pesos. La Real Hacienda de la Isla estaba dotada y no mal servida con poco ms de cien mil pesos, y hoy gasta el triple, aunque no desconozco que las ocupaciones de este ramo han crecido inmensamente. De estos tres hechos se infiere, o que se han introducido en estos ramos gastos que pudieran ser disculpables en los tiempos de abundancia, y que no son tolerables en los de tanta escasez, o que hay otros vicios secretos menos disimulables. Si acaso me equivocare en este modo de pensar, tengo siempre la confianza de que me salvar mi puro y desinteresado celo con el Rey, N.S., y en el concepto de V.E., a quien dirigir a su tiempo todo lo que se adelante en tan importante materia. Dios, etc. Habana, 16 de julio de 1825. Excmo. Seor. Francisco de Arango. Excelentsimo Sr. Secretario de Estado y del Despacho de Hacienda.IIIRemite testimonio del sumario que se est formando sobre un contrabando introducido escandalosamente por el muelle de la Aduana de La Habana Carta Nmero 81 Excelentsimo Seor: Como prueba de lo que insinu en mi carta del 12 de este mes, Nmero 73 de este ndice, remito a V.E. testimonio del sumario que, de mi orden, se est formando para probar el escandaloso hecho de haberse introducido, a

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OBRAS 214\ 214\ 214\ 214\ 214\ las ocho de la noche del viernes 20 del corriente y a vista de un gran nmero de vecinos, un contrabando por el mismo muelle de la Aduana. Esto no pudo hacerse sin el auxilio del Resguardo y basta para probar su extremada relajacin. S muy bien que, si, en lo que se est actuando, se descubren delincuentes, estoy autorizado para imponerles el correspondiente castigo; pero s tambin la dificultad, por no decir imposibilidad, del descubrimiento legal de esos reos. Todos los conocen, todos los designan en secreto, y todos huyen de nombrarlos en el Tribunal. Estoy convencido de que, por esos manejos, pierde el Erario una mitad quizs de lo que importan sus legtimos derechos, y en medio de la actividad y constancia con que procuro y procurar el remedio de tan grave mal, tropiezo muy a menudo con los estrechos lmites, que tienen mis facultades, sobre todo para variar destinos. Voy a dar el primer paso en este negocio fundamental, que es el establecimiento de arreglar los aranceles, y cuando me acerque a los medios de su ejecucin y a la calidad de las personas que de ella deben cuidar, si en algo creo necesario traspasar mis facultades, espero que, en consideracin al motivo, se perdonar el exceso. Dios guarde a V.E. muchos aos. Habana, 28 de agosto de 1824. Excelentsimo Sr. Francisco de Arango Excelentsimo Sr. Secretario de Estado y del Despacho de Hacienda.IVExpone el estado de las Cajas Reales Carta Nmero 82 Excelentsimo Sr.: En mi consulta del 16 anterior, Nmero 42, dije a V.E. que trabajaba sin descanso para poner en claro el verdadero estado de estas Cajas y que pensaba acordar, con el Jefe Superior de esta Isla, las providencias interinas que fuesen convenientes, y elevarlo todo por el conducto de V.E. al Soberano conocimiento. Cumpliendo, pues, con este anuncio remito el adjunto expediente con tres documentos que bastan, en mi opinin, para demostrar las apuradas circunstancias en que recib esta Intendencia. Resulta de ellos que, aun suponiendo el imposible de que tengamos en el resto de este ao las entradas que tuvimos en el anterior, hay todava un dficit para cubrir las ms precisas y ordinarias atenciones; y siendo las extraordinarias que han ocurrido y se asoman muy superiores a las que fueron hasta aqu, se ve a la Intendencia recargada con una deuda de ms de cinco millones de pesos, y sin el repuesto que siempre tuvo en las liquidaciones y crditos pendientes en la Aduana, y todo esto, en un momento

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /215 /215 /215 /215 /215 en que, abatido hasta el ltimo extremo el precio de los frutos que constituyen la fortuna de este pas, no slo falta el recurso de la riqueza pblica, sino que, para colmo de nuestra afliccin, al mismo tiempo que los colombianos apresan hasta los buques costeros de la nacin, delante de nuestro puerto, los mismos espaoles, convertidos en piratas, estn robando y asesinando a las naves extranjeras que con sus mercancas vienen por nuestros frutos. El cuadro que acabo de hacer no tiene otros coloridos que los de la pura verdad, y no se dirige a V.E. con el fin de contristarle. El mal es, sin duda, grande; pero muy curable a mi ver si se siguen con constancia las dos sendas que indiqu en mi citado papel, Nmero 42, “Disminuir los gastos y aumentar las rentas”. No quiero hacer mencin de lo que por mi parte he adelantado en lo primero, y dejo este cuidado a los que, bien hallados con los abusos, sienten a toda hora el peso de mi vigilancia; pero en mi recinto no es mucho lo que puedo adelantar el plan de ahorros; donde stos pueden brillar es en los enormes gastos que causan los otros ramos, segn lo indiqu en el referido papel y lo vuelvo a repetir. En cuanto al aumento de rentas, no me he olvidado de la Real Orden de 21 de febrero de este ao, en que S.M. autoriz a mi antecesor para que le propusiese nuevas contribuciones; pero yo me guardar de dar el falso paso de proponer nuevos impuestos, antes de ver si es posible —como lo espero— que los actuales produzcan todo lo que necesitamos, y antes de convencer al pblico de que se han hecho todos los esfuerzos que deben hacerse para evitarle nuevos gravmenes. Del mismo modo de pensar es este Capitn General, con quien tengo acordado en primer lugar hacer en las aduanas lo ms indispensable para acrecentar sus rendimientos, poniendo desde luego en prctica un juicioso arancel, que remitir a V.E. en el prximo correo con el expediente del asunto, y enseguida establecer una Junta que se titular de auxilios compuesta de tres empleados de la Real Hacienda, tres individuos de este Ayuntamiento, otros tantos del Consulado, dos hacendados, dos comerciantes y un Secretario que renan, por supuesto, todas las calidades necesarias, y que, trabajando convenientemente en proponernos y aconsejarnos lo ms conducente a los dos grandes fines de gastar menos y recoger ms al propio tiempo que sirvan de testigos de nuestras verdaderas necesidades y buenas intenciones, sean tambin voluntarios y poderosos agentes de las medidas extraordinarias que tenga que tomar la Intendencia para cubrir con discrecin sus indispensables urgencias, sean momentneas o permanentes. ste es el bosquejo de mi plan de curacin, y estoy tan contento con l, que pocas veces me acuerdo de la gravedad del mal, especialmente cuando reflexiono que, sobre lo uno y lo otro, se ha de fijar la ilustrada atencin de V.E. que sabr corregir los extravos de mi celo y obtener de S.M. la ms conveniente resolucin.

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OBRAS 216\ 216\ 216\ 216\ 216\ Dios guarde a V.E. muchos aos. Habana, 28 de agosto de 1824. Excelentsimo Sr. Francisco de Arango Excelentsimo Sr. Secretario de Estado y del Despacho de Hacienda.VDa cuenta de auxilios prestados a la Marina Real y llama la atencin sobre los perjuicios que los colombianos y piratas estn causando al comercio Carta Nmero 83 Excelentsimo Sr.: Como un apndice de lo que expuse a V.E. el 16 anterior, papel Nmero 42, y en precaucin de lo que se dir quizs contra esta Intendencia por la falta de medios con que puede suponerse a la Marina para repeler los increbles ataques que este comercio est sufriendo de parte de los corsarios colombianos y de los piratas que salen de nuestras propias casas, he credo conveniente remitir a V.E. la adjunta copia certificada, Nmero 1, para que vea por ella y especialmente por mis oficios de 23, 24 y 27 del mes actual, todo lo que me he esforzado en auxiliar a este privilegiado Cuerpo, conociendo lo que a esta Isla y al Estado importan sus servicios efectivos. Remito tambin, con el Nmero 2, otra copia certificada de lo que en esta Intendencia ha ocurrido sobre piratas, y de lo que con este motivo he recomendado al Capitn General. Antes se deca que la Constitucin ataba las manos de estas autoridades para perseguir y castigar en tierra a esos bandidos, y se aada que la abolicin del abominable y en todos sentidos perjudicial comercio de frica haba producido ese mal; y hoy que no hay Constitucin y por desgracia ha revivido aquel comercio, vemos a nuestros piratas haciendo las atrocidades que se indican en el adjunto impreso.1 Yo no s lo que sera de nosotros si los ingleses y angloamericanos no persiguieran por su propio inters a esos crueles enemigos de esta preciosa Isla, a menos temibles por los grandes males que causan a su comercio, que por los descubrimientos que hacen en nuestras costas para introducir por ellas a los que quieran perturbar la tranquilidad de nuestros campos. V.E. har de estas noticias y ligeras indicaciones el uso que crea oportuno. Dios, etc. Habana, 29 de agosto de 1824. Francisco de Arango Excelentsimo Sr. Secretario de Estado y del Despacho de Hacienda.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /217 /217 /217 /217 /217VIParticipa lo que ha hecho para salvar el embarazo de su inhabilidad legal en asuntos judiciales, y consulta lo conveniente sobre la sucesin interina de la Intendencia Carta Nmero 84 Excelentsimo Sr.: Deseando que ni por un momento se detuviese el curso de los negocios en que por cualquier motivo pudiese yo estar implicado, y queriendo al propio tiempo destruir hasta la sospecha de conservar en ellos aun la ms remota influencia, ped dictamen sobre esto al Fiscal, al Asesor y al Tribunal de Cuentas, recomendando a todos, en mi decreto de 9 de junio, que, teniendo en consideracin las extraordinarias circunstancias en que se hallaba la sucesin de esta Intendencia, me propusiesen el medio que fuese ms eficaz para la aclaracin y defensa de los Reales intereses. En el adjunto expediente encontrar V.E. el dictamen de cada uno de los citados Ministros, en sustancia reducidos a que el Contador ms antiguo me reemplace en todos casos, y tambin ver V.E. enseguida mi conformidad interina con este modo de pensar; pero, al dar cuenta al Rey, nuestro Seor, debo decir el mo, con mi natural franqueza. De contado, en mi opinin, son dos cosas muy distintas y que deben sujetarse a diferentes reglas la inhabilidad del Intendente para poder conocer de alguno o algunos negocios judiciales, y el orden de sucesin en el caso de vacante. Dgase lo que se quiera de la presuncin que tienen a su favor los empleados a que se contraen los informes ya citados, yo sin contraerme a personas y considerando slo la debilidad humana y su marcha natural, siempre dudar y siempre desconfiar de la firmeza que se supone en unos subalternos, dependientes de mil modos del Jefe inhabilitado; y por tanto dir que, para evitar las condescendencias de los dbiles, que, como todos sabemos, son los que ms abundan, y para liberar a los buenos de tan posibles compromisos, conviene que, en todos los casos en que el Intendente en ejercicio se encuentre inhabilitado por cualquier motivo, debe pasarse el negocio al Capitn General, cuya dignidad e independencia salva todos los temores y todos los riesgos posibles sin inconveniente alguno. Y hablando de la segunda duda, o sea, de la que se promueve en el informe del Tribunal de Cuentas sobre la sucesin de la Intendencia en los casos de vacante momentnea o duradera, conozco que es indispensable que V.E. someta a la resolucin de S.M. este importante punto; porque sobre l se citan hechos y resoluciones contradictorios.

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OBRAS 218\ 218\ 218\ 218\ 218\ La Ordenanza de Intendentes de Nueva Espaa, mandada observar en esta Isla en lo que sea adaptable, la Real resolucin de 16 de diciembre de 1812, disponen que la Intendencia recaiga en el Asesor, y contra esto me ocurre que el Asesor de Real Hacienda de La Habana no es Teniente letrado, como lo es en Nueva Espaa; observo adems que en todas las Juntas y concurrencias del ramo, pospuesto a los Contadores Mayores, alterna con los Ministros Oficiales Reales. Y advierto ltimamente que, sin entrada, su oficio en la Junta Directiva no tiene camino abierto para estar enterado del estado de los negocios econmicos y gubernativos que son los que verdaderamente constituyen la Intendencia, y por tanto no encuentro la razn que pueda haber para llamar a esta interinatura a un empleado que, con menos representacin que los otros, ejerce sus funciones en un ramo separado. Los Contadores Mayores de Cuentas que son, sin disputa, los Ministros ms autorizados de las Intendencias, deben suponerse, por su oficio, bien instruidos del estado de las rentas y del de su administracin, y tienen en su favor las antiguas disposiciones que con efecto les daban la interinidad consabida; pero esto, que frecuentemente se ha alterado por particulares privilegios, rene para m dos inconvenientes: el uno es distraer de tan importante encargo a los que lo desempeen, y el otro, ponerlos en el caso de que para las interinidades deben ser juzgados por el mismo Tribunal; lo cual, a mi ver, es de mayor trascendencia de lo que a primera vista aparece; porque se repiten los casos de interinidad y con ellos la ocasin de confundir las funciones en los diferentes Ministerios, y debilitar la energa y la independencia en que conviene mantener a un Tribunal que, por mis principios, debe conservarse sin contacto alguno con la parte administrativa, colocado en cierta altura para poder observar y corregir todos los procedimientos de los dems empleados. Los Ministros principales o llmese Oficiales Reales, son los que con ms frecuencia han tenido en esta Isla por particulares Reales "rdenes la interinidad de la Intendencia, y antes de que la hubiera, ellos, en realidad, la desempeaban en unin de los Gobernadores; pero, por Real Disposicin de 20 de agosto de 1815, parece que estn excluidos de optar a la interinidad del mando superior de Hacienda por la consideracin de que sus cuentas pendientes se deben glosar en el Tribunal, de que seran Presidentes, si ocupasen la Intendencia, en cuyo caso adems iban a confundirse funciones de fiscales y celadores del Intendente. Yo no dir que estas razones dejen de ser atendibles; pero no puedo prescindir de que estos Ministros son los que estn ms al corriente de los negocios de la Intendencia, y esto tiene para m un grandsimo valor. Ni me toca decidir ni aconsejar en la materia. He llenado mi deber presentndola en sus diferentes aspectos, y a S.M. corresponde, con la

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /219 /219 /219 /219 /219 consulta de V.E., dictar la resolucin; pero mi celo por su Real servicio no me permite concluir sin decir a V.E., para que, si lo tiene a bien, lo haga presente al Rey, nuestro seor, que por las mismas razones con que para la propiedad de la Intendencia se solicita y nombra a la persona ms idnea, por las mismas, vuelvo a decir, se debe buscar y designar la que se crea ms capaz de entrar en la interinidad, y no dejar a la suerte que ocupen este lugar sujetos que, pudiendo ser buenos para los destinos que tienen, no lo sern quizs para ponerse al frente de esta complicada mquina. Dios, etc. Habana, 29 de agosto de 1824. Excelentsimo Sr. Francisco de Arango. Excelentsimo Sr. Secretario de Estado y del Despacho de Hacienda.VIIRemite el expediente de los aranceles, y pide la Soberana aprobacin Carta Nmero 108 Excelentsimo Sr.: Creyendo que sera perdido todo lo que se escribiese por los buques mercantes que van a salir maana, tena resuelto no dirigir en ellos correspondencia alguna; pero habindoseme asegurado que los dems Jefes la envan, me aventuro a remitir los expedientes de que trata este ndice, y entre ellos el relativo a los nuevos aranceles anunciados a V.E. en mi carta Nmero 82. Faltndome el tiempo, y estando en el expediente las razones que este Capitn General y yo hemos tenido para semejante medida, excuso hacer su defensa, y pongo toda mi confianza en la pureza de mi intencin, en la ilustracin de V.E. y en la soberana bondad, a quien rendidamente suplico que se digne aprobar una providencia aplaudida en esta Isla, y sumamente importante a sus Reales intereses. Dios guarde, etc. Habana, 4 de noviembre de 1824. Excelentsimo Seor Francisco de Arango. Excelentsimo Sr. Secretario de Estado y del Despacho de Hacienda.

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OBRAS 220\ 220\ 220\ 220\ 220\VIIIParticipa que ya se estn observando los aranceles que remiti con el oficio Nmero 108, y da el motivo de no haber establecido la Junta que se propona crear Carta Nmero 127 Excelentsimo Sr.: Conforme a lo que anunci en mi oficio de 4 del mes prximo pasado, Nmero 108, se hallan en completa observancia en las aduanas de esta Isla los aranceles generales que remit a V.E. y se estn examinando las medidas auxiliares propuestas con el mismo objeto por este Real Consulado sobre Comisiones mercantiles, averas y resguardo. De todo dar a su tiempo la razn correspondiente, debiendo aadir ahora lo que, por la precipitacin, dej de manifestar en mi citado oficio, esto es, que para adelantarme a poner en prctica los referidos aranceles sin haber obtenido la aprobacin Soberana, no tan slo me animaron los motivos que indiqu, y el de la incomunicacin en que dolorosamente estamos con la Metrpoli, sino el de haber consentido este Capitn General en usar para este caso de las facultades extraordinarias que S.M. ha tenido a bien concederle por la Real Orden de 14 de febrero ltimo de que di cuenta a V.E. en mi oficio, Nmero 87, de 31 del siguiente agosto. Temo que extrae V.E. que, hablndole de aranceles, nada diga de la Junta o Comisin que al mismo tiempo anunci en mi oficio Nmero 82. He suspendido este paso y otros semejantes, porque entre las pocas noticias que en estos dos meses ltimos han llegado de la Pennsula, corre como positiva la de que el Rey nuestro Seor haba tenido por conveniente nombrar otro Intendente para esta Isla, y en tales circunstancias me pareci prudente reservarle la eleccin de las personas, y as lo he manifestado a este Capitn General; pero no crea V.E. que se ha entibiado mi celo por la mejora y reforma que piden todos los ramos de esta productiva Hacienda. Al contrario, espero y ofrezco prontas y expresivas pruebas de lo que se ha adelantado en la venta de sal, aduanas subalternas, Hospital Militar y otros ramos. Dios guarde, etc. Habana, 7 de diciembre de 1824. Excelentsimo Seor Francisco de Arango Excelentsimo Sr. Secretario de Estado y del Despacho de Hacienda.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /221 /221 /221 /221 /221IXNoticia el estado de la amortizacin del emprstito de doscientos cincuenta mil pesos que se destin al socorro de las tropas de Costa Firme que, al mando del General Morales, capitularon en Maracaibo, y al armamento de buques contra corsarios disidentes Carta Nmero 198 Excelentsimo Sr.: Para amortizar el emprstito de doscientos cincuenta mil pesos —que S.M. se ha dignado aprobar en Real Orden de 5 de junio ltimo— con destino al socorro de las tropas de Costa Firme que haban capitulado en Maracaibo, y al armamento de algn buque contra los corsarios disidentes, faltan ciento cuarenta y cuatro mil doscientos cuarenta y ocho pesos, siete y medio reales, pues de los doscientos ochenta y dos mil quinientos quince pesos a que ascendi su principal, premios, comisin y gastos, slo se han recaudado hasta el da 25 de enero de este ao, ciento treinta y ocho mil doscientos sesenta y seis pesos y medio real, segn me ha manifestado este Real Consulado, al que est cometido el encargo; y lo aviso a V.E., aadiendo que he dispuesto el cumplimiento de la citada Real Orden, y que, cuando se concluya la expresada amortizacin, cesar el cobro de los arbitrios, y har la participacin que en ella se me previene. Dios guarde, etc. Habana, 3 de febrero de 1825. Excelentsimo Sr. Francisco de Arango. Excelentsimo Sr. Secretario de Estado y del Despacho de Hacienda.XInstruye de la reclamacin que hizo el Comisario britnico sobre la introduccin de negros bozales y propone que se sujeten a la pena de contrabando los buques que no vayan y no regresen directamente de los puertos de frica con cargamento de efectos Carta Nmero 226 Excelentsimo Sr.: El Juez Comisario britnico de la Comisin Mixta establecida en esta plaza para celar el cumplimiento del tratado sobre la abolicin del trfico de negros bozales, dirigi a este Capitn General un oficio en que, refirindose a buques que haban salido para frica y regresado en lastre con procedencia de otros puntos adonde, dice, no llegaron, solicitaba se empleasen los medios oportunos para cortar dicho trfico. Trasladndome

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OBRAS 222\ 222\ 222\ 222\ 222\ dicho oficio, el mencionado Capitn General, me recomend que al intento se tomasen por la Aduana de este puerto las convenientes medidas; y habiendo pedido informe al Administrador General de Rentas, que no desempe a mi gusto, le previne que lo diese contrado a mi decreto de 24 de noviembre ltimo. Convencido, por resultas, de que el remedio del mal no puede hallarse en la Aduana, porque en sus actuales reglas no cabe la averiguacin y escarmiento de tales abusos, lo particip en respuesta al Capitn General, manifestndole mi sentimiento de no tener autoridad para poder perseguir este abominable trfico; pero que si creyese convenientes al objeto algunas providencias extraordinarias, me hallara pronto para hacer en su apoyo cuanto de m dependiese, a fin de evitar un mal que, de varios modos, se opone a la moral pblica, a la tranquilidad de esta Isla y aun a las verdaderas ventajas de nuestra agricultura que, por motivos tan obvios, debiera en estos momentos mantenerse estacionaria. Siendo el asunto digno de la noticia del Rey, nuestro Seor, por las expuestas razones, y por las relaciones que tiene con el Gobierno britnico, acompao copia certificada del expediente en el estado que hoy tiene, a fin de que V.E. se sirva dar cuenta a S.M., parecindome que, entre las nuevas medidas que se pudieran tomar para impedir o minorar este gravsimo mal, sera conveniente la de autorizar a las aduanas para que, bajo su responsabilidad, cuiden de que los buques que se dirijan a la costa de frica no puedan volver en lastre, ni pretextar que arribaron y proceden de otros puertos, sujetndolos a la pena de contrabando si no van y regresan directamente de los de frica con cargamento de efectos. Dios guarde a V.E. muchos aos. Habana, 7 de marzo de 1825. Excelentsimo Sr. Francisco de Arango. Excelentsimo Sr. Secretario de Estado y del Despacho de Hacienda.XIDa cuenta del estado de su salud para que S.M. resuelva lo que sea ms conveniente a sus Reales intereses Carta Nmero 229 Excelentsimo Sr.: No extrae V.E. que le recuerde, y le pida con empeo, la pronta resolucin de mi consulta de 29 de agosto anterior, Nmero 84. Me mueve, entre otros motivos, el poderossimo de haber padecido ltimamente, por espacio de dos meses, un destemple de cabeza y una destilacin tan fuerte, que me hizo temer muchas veces mi completa inhabilidad para el buen despacho de esta Intendencia; y puedo aadir, con verdad, que lo que ms me afliga era no ver a mi lado un sucesor que tuviese el vigor y calidades que este destino exige en circunstancias tan crticas. Lo nico que me

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /223 /223 /223 /223 /223 consolaba era la seguridad con que se deca, por todos, que estaba nombrado para l mi apreciable amigo D. Claudio Martnez de Pinillos; pero, debiendo ya poner en duda ese anuncio, faltara a todos mis principios y a mi profunda gratitud por las bondades del Rey, nuestro Seor, si le ocultara el peligro en que estuvo mi salud, y las fatales consecuencias que podran resultar si, como es muy probable, vuelvo a sentir el mismo ataque. No trato de mi inters, ni de la conservacin de mi vida; he dicho a V.E., y con el corazn lo repito, que la sacrificar gustoso por el mejor servicio de S.M.; pero, si me faltan las fuerzas, qu importarn mis deseos? Srvase V.E. manifestar al Rey, nuestro Seor, esta sincera expresin, para que, en su vista, resuelva lo ms conveniente a sus Reales intereses; bien sea sobre la propiedad, o sobre la sucesin del importante encargo que desempeo por el noble influjo de V.E., y puro efecto de la Soberana bondad. Dios guarde, etc. Habana, 7 de marzo de 1825. Excelentsimo Sr. Francisco de Arango. Excelentsimo Sr. Secretario de Estado y del Despacho de Hacienda.XIIResume lo que ha hecho en diversos particulares, tratados en anteriores comunicaciones, y expone el estado en que se encuentran Carta Nmero 390 Excelentsimo Sr.: Creyendo que ser sta la ltima correspondencia que dirija a V.E. como Intendente de La Habana, y habiendo, en las anteriores, diferentes cabos sueltos, juzgo de mi deber reunirlos en este papel, y dar cuenta del estado en que se halla cada uno. En mi carta de 14 de julio, Nmero 32, habl de este Tribunal de Cuentas y siguiendo el mismo hilo, en la de 28 de agosto, Nmero 79, asegur a V.E. que el Tribunal, sin apremio, llenara sus prevenciones. Tengo la satisfaccin de acompaar a V.E., con el Nmero 1, una prueba convincente de la exactitud de ese anuncio, y de la imparcial justicia con que recomend y vuelvo a recomendar el pundonor y celo de D. Nicols de Toledo. En el ltimo prrafo de la citada carta Nmero 79, amplificado despus en la de 4 de diciembre, Nmero 119, manifest el embarazo en que haba encontrado estas Cajas y toda su cuenta y razn, por la inmensidad de cantidades que estaban en buenas cuentas, y promet tambin que se cortara de raz este gravsimo mal. No s si lo lograr antes de dejar la Intendencia; pero s, que es admirable lo que ya se ha adelantado. Dgne-

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OBRAS 224\ 224\ 224\ 224\ 224\ se V.E. verlo en la certificacin que acompao con el Nmero 2, y recibir con aprecio esta nueva seal del distinguido mrito del Jefe, D. Sebastin de Ayala, que ha dirigido esta operacin importante. Al propio tiempo que hice conocer la apurada situacin de esta Intendencia (oficios de 16 de julio, Nmero 42; de 28 de agosto, Nmero 82; y de 7 de diciembre, Nmero 127), manifest a V.E. la seguridad que tena de proporcionarme recursos en la economa de gastos y en el aumento posible de las actuales rentas para lo cual propuse, como medio indispensable, la creacin de una Junta que desgraciadamente no se pudo establecer por las razones que di en mi citado oficio Nmero 127. Privado de tan necesario auxilio, y abrumado, por otra parte, con el incesante trabajo que exige la mal combinada y pesadsima marcha de esta Superintendencia, me parece que no es mucho lo que se puede esperar de mi fugaz comisin; y, en tal concepto, me atrevo a presentar a V.E. lo que pude adelantar en la ejecucin de mi plan, valindome para probarlo, no de amaados raciocinios, sino de documentos que slo podrn tacharse con depravada intencin. Economas Dije que las mayores deban esperarse de la Marina y Ejrcito, y esta buena obra, retardada a mi pesar, se ha comenzado ya con lisonjeras apariencias por la Comisin de Auxilios establecida al fin, del modo que hice presente en mi carta Nmero 278. Y por lo que toca a mi ramo, si V.E. ha podido ver, en los expedientes de San Juan de Ula, las medidas que tom, me parece que con ellas puede haber formado juicio de mi eficaz empeo en conseguir los posibles ahorros en toda clase de gastos; pero no estar de ms comprobar esta verdad con otros hechos distintos. De tiempo inmemorial haba una contrata de maderas que sacaba del Erario considerables sumas; muri el contratista, y tomando este pretexto y el de las pocas obras que tenamos entre manos, mand suspender la contrata (documento Nmero 3), y con esta suspensin parece que se acab, o se redujo a poqusimo, la necesidad de este artculo. Las tropas necesitaron catres y el precio que para su compra se me propuso fue el de siete pesos, y yo los logr a cuatro y cuarto, de la mejor calidad (documento Nmero 4). El quintal de velas para alumbrar los cuarteles costaba sesenta pesos y ahora cuesta veintitrs (documento Nmero 5). Era de mucha monta el gasto que ocasionaban los dems utensilios necesarios para los referidos cuarteles y cuerpos de guardia; tom, para disminuirlo, tres providencias: primera la de prohibir los repuestos y exigir que, a fines de cada mes, se me presentase un estado de las necesidades probables del siguiente (documento Nmero 6); segunda reformar las antiguas contratas y hacerlas mucho ms equitativas (documento N-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /225 /225 /225 /225 /225 mero 4); y tercera oficiar a la Capitana General para que los Cuerpos tratasen con ms cuidado todos esos utensilios (copia Nmero 7). Por resultas de estas medidas, ha habido un ahorro de ms de la mitad de ese gasto, como lo comprobar V.E. si se toma la molestia de ver en los estados mensuales de estas Cajas lo que se cargaba antes en el artculo “Almacn General” (que es el que comprende todos esos renglones), y lo que se carga ahora, habiendo mucho ms tropas. Nada se ha comprado sin mi previo conocimiento, y de esa vigilancia diaria e inexcusable ha resultado el ahorro de ms de un veinticinco por ciento en el costo de hospitalidades, como se demuestra por la certificacin y oficio que se acompaan con el Nmero 8. Las raciones de los forzados y sirvientes, sacadas a pblica subasta, tambin han bajado (Nmero 5), y el mismo papel que las oficinas consumen ha sentido igual reforma (documento Nmero 9). En una palabra, no ha habido artculo, grande o pequeo, ni gasto de cualquiera especie, que no haya pasado por mi criba y no haya salido limpio de la paja que traa. Puede ser que alguno extrae que no presente la suma de los indicados ahorros; pero como yo creo que en esto no he hecho ms que cumplir con mi deber, y no pretendo otro premio que el de que se conozca que he procurado corresponder a la Soberana confianza, dejo, en este estado, el ramo de economas y paso al de Aumento de las actuales rentas Vuestra Excelencia sabe que sa no es obra de ocho meses, que son los que rigurosamente puedo contar de Intendencia, porque los cuatro o cinco primeros no fueron bastante para conocer el terreno. En ellos, no obstante, se concluyeron y pusieron en prctica los deseados aranceles; y no hay persona sensata que no conozca los saludables efectos que en todos sentidos producen. En el corto tiempo que desde su establecimiento ha mediado, es casi imposible demostrar el aumento que con ellos han tenido los derechos de estas aduanas; pero algo se puede traslucir por las certificaciones que acompao con los Nmeros 10 y 11, pues nos dicen que, con menos buques de entrada, ha habido mayores rendimientos; y aun sin esa indicacin, parece que as debe creerlo el que considere que se han acabado los embrollos de aforos y liquidaciones. Bien a mi pesar, existe el de averas; pero, pendientes slo de un informe del Consulado. Y hubiera fenecido tambin el que causa la costosa e imperfectsima organizacin interior de estas oficinas, si su estimable Administrador General me hubiese despachado, en los ocho meses anteriores, los informes que con repeticin le he pedido sobre esto, y sobre las administraciones subalternas, que tanto llamaron mi atencin desde los primeros momentos, por hallarme convencido de que, por falta de orden, dan poco, pudiendo dar mucho. Me queda el consuelo de que las mejoras que se han conseguido en el que puede mirar-

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OBRAS 226\ 226\ 226\ 226\ 226\ se como nervio de nuestras rentas, se llevarn a cabo por el digno sucesor que S.M. me ha nombrado. Pero, antes de concluir tan interesante punto, debo recordar: primero el til establecimiento de la Aduana de Cuba y la organizacin de las de Matanzas, Trinidad, Sancti Spritus y Villaclara (cartas Nmeros 275, 374, 391, 392 y 393); segundo la notable baja que el contrabando ha tenido en este ao, sobre lo cual no puedo presentar ms pruebas que la opinin general; y tercero que no quedan de mi tiempo ms deudas que las corrientes (carta Nmero 227). Y si S.M. adopta las medidas que all propuse, creo que no se repetirn los escndalos pasados. Siento dejar este destino sin presentar resultados de lo mucho que se ha trabajado para remediar el trastorno que, con las doctrinas anrquicas e irreligiosas, ha padecido el ramo importante de diezmos. No dir que se ha logrado ponerlo en pie floreciente; pero s, que quedar en el mejor que permitan las actuales circunstancias. Las rentas de tanteo y vigsima, abolidas por las Cortes, acaban de restablecerse con el esmero y buen orden que por menor se explica en su respectivo expediente (carta Nmero 394). La de papel sellado no poda menos de ser mirada con inters por quien conoce los cuantiosos rendimientos que puede producir en este rico y litigioso pas; y as es que, sin embargo del ningn auxilio que para esto me han prestado los fueros privilegiados, ver V.E. en el documento 12, lo que en mi tiempo ha aumentado, sin violencia y sin perjuicio; y creo que pasar del duplo de la totalidad de su actual producto, si S.M. se digna atender el recuerdo y observaciones que hice en mi consulta Nmero 395. De sal y pulperas he tratado en mi carta de 22 del mes prximo pasado, Nmero 384; pero me ha parecido oportuno acompaar un estado (Nmero 13), que, a un golpe de vista, muestre los descubrimientos hechos en el primer artculo. Hasta la pequesima renta de gallos se presenta a V.E., en el documento Nmero 14, con el aumento de treinta y tres y un tercio por ciento, no para probar que en ella y en las dems se ha adelantado todo lo que prometen, sino lo que pudo hacerse en los cortos y angustiados das de mi administracin; en los cuales no estar de ms indicar que dejo dos expedientes que con el tiempo pueden importar mucho, a saber, el de nieve, que ser algn da de consumo general (documento Nmero 15), y el de solares extramuros (documento Nmero 16). Y no se crea que, ciego por el momentneo aumento de los Reales intereses, he sacrificado los pblicos. Invariable en mis principios de combinarlos y unirlos, he evitado con esmero en la presente poca los insensatos extremos que pudieran dividirlos; sin dejar de ser, como lo fui toda mi vida, procurador celossimo del verdadero bien de mi amada Patria. Cuento, con seguridad, que as lo reconocen los respetables protectores de este ilustre vecindario. Lo han dicho a S.M., sin hallarme yo presente, repetidas

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /227 /227 /227 /227 /227 ocasiones; mas en sta, considero que debo excusar esos nuevos testimonios de mi buena intencin; porque s que valen poco, cuando el mismo interesado o los pide o los provoca. Me parece que, sin ellos, he satisfecho ya lo que al principio anunci; y me parece tambin que, si V.E. se sirve poner, en las Reales manos, esta reverente exposicin, atestando al propio tiempo la incontestable verdad de que, habiendo encontrado la Intendencia en los indicados apuros, salgo de ella libre de empeos sin haber establecido nueva contribucin y sin dejar de llenar todas sus atenciones ordinarias, y tantas extraordinarias. Me parece, repito, que lograr de seguro el nico premio a que aspiro, que es el de que S.M. conozca y tenga a bien declarar que me he esforzado por corresponder a la alta confianza que se dign hacer de m en su Real Decreto de 12 de febrero del ao prximo pasado. Dios guarde a V.E. muchos aos. Habana, 1 de julio de 1825. Excelentsimo Sr. Francisco de Arango Excelentsimo Sr. Secretario de Estado y del Despacho de Hacienda.XIIIAvisa que ha entregado la Intendencia a D. Claudio Martnez de Pinillos Carta Nmero 5062Excelentsimo Seor: Ayer he dado cumplimiento a la Real Orden de 17 de marzo ltimo, poniendo en posesin de esta Intendencia de Ejrcito a D. Claudio Martnez de Pinillos. Srvase V.E. hacerlo presente al Rey, nuestro Seor; repitiendo que sus Soberanas resoluciones siempre encontrarn en m la ms pronta y respetuosa obediencia. Dios guarde a V.E. muchos aos. Habana, 4 de noviembre de 1825. Excelentsimo Sr. Francisco de Arango Excelentsimo Sr. Secretario de Estado y del Despacho de Hacienda.

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OBRAS 228\ 228\ 228\ 228\ 228\Notas1Este impreso era la Gaceta de la Habana de 29 de agosto de 1824, en que se daba noticia de los perjuicios causados por los corsarios de Colombia, en los trminos siguientes: “El 26 del corriente entraron de Cayo Blanco en cinco das, botes y lanchas de la corbeta inglesa ‘Icarus’, que conducen apresada a una goleta pirata armada con cuatro caones de a seis y una balandra de las presas que haban hecho los piratas. Dice el Comandante que, a las cinco de la maana del da 21, abord y apres la goleta mencionada, despus de hacer muy poca resistencia; hallando en su bodega nueve americanos amarrados. El encuentro fue inmediato al Cayo Blanco de sotavento, en donde encontraron quemados hasta doce buques, entre ellos fragatas, no apresando a nadie de la tripulacin de la goleta pirata, por haberse arrojado al mar y la proximidad de la costa los protegi en su fuga.” (Manuel Villanova)2Al insertar, en esta coleccin de escritos, trece de las cartas oficiales que el autor, como Intendente de Ejrcito, dirigi al Ministro de Estado y del Despacho de Hacienda, quedan disipados los errores en que incidieron Don Anastasio Carrillo (“Elogio Histrico del Excelentsimo Sr. D. Francisco de Arango y Parreo”) y D. Antonio Lpez Prieto ( Boletn Oficial de Hacienda t. I, p. 168), al fijar a la administracin de D. Francisco de Arango trminos que difieren del que sealan la primera y la ltima de las cartas; es decir, que Arango estuvo encargado de dirigir los asuntos rentsticos de su pas desde el 4 de junio de 1824 hasta el 3 de noviembre de 1825. De estas trece cartas, copia de la que lleva el Nmero 390 se encuentra entre los papeles que Arango al morir dej a su familia, y las doce restantes las reproduzco aqu de las minutas que existen en el Archivo General de Cuba. (Manuel Villanova)

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CONSUL CONSUL CONSUL CONSUL CONSUL T T T T T A SOBRE LOS RIESGOS QUE A SOBRE LOS RIESGOS QUE A SOBRE LOS RIESGOS QUE A SOBRE LOS RIESGOS QUE A SOBRE LOS RIESGOS QUE AMENAZAN A CUBA AL TERMINAR 1825 AMENAZAN A CUBA AL TERMINAR 1825 AMENAZAN A CUBA AL TERMINAR 1825 AMENAZAN A CUBA AL TERMINAR 1825 AMENAZAN A CUBA AL TERMINAR 1825Es imposible negar que son de mucho tamao los riesgos de que se ve amenazada esta preciosa Isla. Lo de menos sera que los Gobiernos insurgentes quisieran su destruccin o su ocupacin, que es lo mismo. El mal est en que esos Gobiernos cuentan para su empresa con lo que nadie esperaba; es decir, con los tesoros, con los hombres y la ciencia de ingleses y angloamericanos, con cuyo auxilio han podido hacer el inesperado milagro de reunir una escuadra de diecisiete buques, once de los cuales pasan de cincuenta caones, y ya se deja sentir la agitacin y alarma que haba en esta poblacin, vindose sin iguales fuerzas y sin proporcionados medios para su entretenimiento. El primero o el ms inmediato peligro que la imaginacin presenta es un bloqueo. ¡Qu horrorosa perspectiva! Basta considerar que del comercio martimo depende la existencia, la vida de este pas. Con el bloqueo cesaban los recursos que ahora tiene para los gastos pblicos; cesaban los que esta poblacin necesita para el sostenimiento de las labores y alimento de sus esclavos; y siendo forzoso sacar del mismo vecindario, al menos lo indispensable para la subsistencia de nuestra Marina y Ejrcito, es muy fcil prever los desagrados y peligros de tan violento estado. Y si se agrega —como es verosmil—, desembarcos parciales para alborotar o talar las haciendas de las costas, es difcil calcular la fuerza del descontento ni la que en situacin semejante podra conservar el Gobierno. Muchos opinan que las potencias martimas de Europa no consentirn el bloqueo, y yo no puedo negar que me consuelo a ratos con tan racional esperanza; pero ms fundada era la que ahora dos aos tenamos de que esos mismos Gobiernos no permitiran en Amrica establecimiento de repblicas; y lo que vemos es que no slo lo consienten, sino que lo protegen, en trminos que puede decirse que no es con las nuevas Repblicas sino con esas potencias con las que esta pobre Isla tiene que combatir En el mes de marzo o abril de este ao, fue cuando supimos aqu que los mexicanos y colombianos pensaban en tener escuadra. Cremos entonces que, para conservar en la nuestra la superioridad necesaria, bastaba que se nos enviasen las dos grandes fragatas ltimamente construidas y un navo de lnea; y ahora sabemos que, aun cuando venga ese

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OBRAS 230\ 230\ 230\ 230\ 230\ auxilio, llegaremos, cuando ms, a la mitad de la fuerza que nuestros enemigos renen. Pero quiero suponer que, para salir de este apuro, nos remita la Pennsula todo lo que nos falta; que, aun en este supuesto, no creo que deba ni pueda olvidarse que la causa de Mxico y de Colombia es en el da la de los angloamericanos e ingleses, que all han derramado considerable parte de su inmenso capital; y si por este principio han dado repentinamente a las expresadas Repblicas la poderosa Marina que hoy nos causa tanto espanto, es de palpable evidencia que, por el mismo motivo, han de continuar haciendo los esfuerzos necesarios. Y nosotros?... Nuestra afligida Metrpoli, puede en proporcin hacerlos? Mi dolor no me permite contestar a esta pregunta; pero s debo decir que las actuales rentas de la Isla todas dependen del comercio ultramarino, y aunque ste siga sin interrupcin alguna y haya en la administracin de aqulla celo y pureza, todava no hay lo bastante para cubrir tantos gastos. A1 cruel temor del bloqueo, sigue el de una invasin terrestre; consideremos, pues, la posibilidad y consecuencias de semejante empresa. Nuestra Isla, que por el sur est al frente de Costa Firme, toca por esa parte con el cabo de Catoche de la costa de Yucatn y, por otro lado, con el de Tiburn de la isla de Santo Domingo; de suerte que, en pocas horas, se hace, desde los dos puntos ltimos, la travesa a nuestra tierra, y no es menester muchos das para hacerla de Costa Firme. Sabemos que el presidente Boyer propuso a los colombianos una alianza ofensiva y defensiva; que el inters e inclinacin de aquel caudillo debe incitarle a hacer con los negros de esta Isla lo que en Hait ha sancionado la poderosa Francia, y que le es muy fcil aprontar treinta mil hombres terribles para cualquier empresa. Bolvar conoce muy bien la importancia de este punto, y sabe que mientras se mantenga en las manos europeas, tiene mucho que temer. Los mexicanos, que con el mismo o mayor recelo y que tan fcilmente pueden enviarnos veinte mil hombres, carecen de puertos y quieren tener escuadra. En ambas Repblicas hay muchos desertores de esta Isla que trabajan sin descanso para lograr su regreso con las armas en la mano, contando con hallar en ella infinitos partidarios, o al menos con la facilidad de ganar o sublevar los esclavos. Y, con semejantes datos, estando como se ha supuesto, la superioridad martima de parte de los insurgentes, es preciso convenir en que es muy fundado el temor de una invasin formal o una seria tentativa. Y cules son las resultas que se deben esperar? Lo confieso; creo muy arriesgada la conservacin de la Isla en el dominio del Rey, nuestro Seor, y estoy casi persuadido de que su actual riqueza, si no se arruina, se atrasar para siempre. Nosotros tenemos, es cierto, todas las fortalezas y un cuerpo de tropas respetable; pero ste se ha de dividir para la guarnicin de las plazas y castillos y la defensa de otros muchos puntos importantes; y el enemigo que es dueo de elegir el de desembarco, ha de ser superior en

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /231 /231 /231 /231 /231 l; y entonces, con nuestros caminos, con tan enormes distancias, quin detendr en sus principios las infinitas tramas de esos revolucionarios? Es cierto que la mayora de los blancos, por sus nobles sentimientos y por su propio inters, quisiera que a toda costa se alejase la invasin; pero, una vez realizada, existira ese mismo inters? Contemos, no obstante, en todos casos y estados, con los grandes propietarios —con esos buenos vasallos y malsimos soldados—. Y los dems? Los jvenes, los aventureros, los descamisados, la gente de color, los esclavos... ¡Cuntos enemigos, si un ejrcito de revolucionarios enarbola en nuestras playas su bandera de recluta! Descanse, sin embargo, en mi firme decisin y la de mis compaeros de armas, de vencer o de morir; mas, como no sabemos lo que podr durar esa penosa lucha, y tenemos por seguro que nuestros enemigos usarn de armas vedadas y pondrn en movimiento los ms detestables medios, es muy prudente temer, como lo dije antes, que sean del mayor tamao e irreparables quizs los perjuicios que reciba la agricultura de esta Isla —verdad que se ve de bulto slo con volver los ojos al lamentable cuadro que presenta Venezuela, no habiendo all tanta materia inflamable como la que por desgracia se encuentra aqu a cada paso. Pero lo que ms me ocupa en tan tristes circunstancias es el espritu pblico que reina en este momento. Es general la opinin de que, estando interesadas las grandes potencias martimas en la independencia de la Amrica continental, no hay fuerzas para restablecer los derechos de Espaa en tan inmensos pases; y que en el estado de enajenacin y delirio en que estn los nimos de los insurgentes —aun cuando hubiese camino para la reconquista—, sera momentnea y de ningn provecho para la nacin, si se ponen como deben ponerse en cuenta sus grandes costos, los de la conservacin, la posibilidad de una guerra martima que todo lo trastornara y el inters que ha mostrado la seora de los mares. Desgraciadamente han venido los sucesos a fortificar, de diferentes maneras, este modo de pensar y sus tristes deducciones. E1 solo reconocimiento de Hait bastaba para aumentar el desaliento de los fieles y el ardor de los revolucionarios; pero nuestra mala estrella quiso aadir tambin el anuncio del futuro reconocimiento de los dems pases insurreccionados, que tan claramente se indica por el Barn de Mackau en su arenga al presidente Boyer; la admisin de los buques insurgentes en los puertos franceses; la terminante manifestacin hecha por el Ministro Villle en sus Cmaras, de que aquel Gobierno se reservaba el papel de mediador; y, sobre todo, la voz que poco antes o poco despus esparcieron los papeles extranjeros, de que Inglaterra y Francia haban ofrecido a Espaa la garanta de esta Isla y la de Puerto Rico, siempre que reconociese la independencia en el resto de nuestra Amrica. Sea lo que fuere de la verdad de esta noticia, es positivo que, unida a los antecedentes indicados, produjo y produce los ms perjudiciales efectos

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OBRAS 232\ 232\ 232\ 232\ 232\ en todo este vecindario. No tratemos de los malos. Lo que llama mi atencin y no puede menos de llamar la paternal de S.M. es el clamor de los buenos, que —persuadidos de que esto no se puede conservar en el suave dominio del Rey, nuestro Seor, si con prontitud no se adopta la enunciada garanta— juzgan que, desprecindola, slo se logra la intil ruina de este pas; y la nacin, desaprovechando los momentos que le quedan para sacar ventajas de los Gobiernos insurgentes, se privar de las muy grandes que, en ese estado y con buena administracin, debe esperar de esta posesin; ventajas que se engrandecen, recordando que la parte francesa de Santo Domingo —que al tiempo de su insurreccin vala y produca menos que lo que hoy vale y produce Cuba— era, sin embargo, el mejor apoyo del floreciente estado de la industria y del comercio de la nacin francesa. Ni me toca decidir ni entrar en esta cuestin. A m lo que me corresponde es procurar de todos modos calmar tanta agitacin, dar cuenta a S.M. con la sencillez que lo hago, cumplir lo que determine y serle sumiso y fiel mientras me dure la vida.NOTA DE ARANGOYo escrib este papel al dejar la Intendencia, esto es, a finales de 1825, para que el Capitn General lo dirigiese al Rey. No s lo que hizo y creo que tendra miedo. Las circunstancias han variado considerablemente, y, sin embargo, contino en mi opinin de que lo que a Espaa conviene es no emprender la reconquista, sino hacer la paz, sacando todo el partido posible de los pases insurreccionados. Diciembre de 1828.1Notas1Esta nota es autgrafa, y por lo mismo pone fuera de toda duda la autenticidad de la consulta. (Manuel Villanova)

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ARANGO MANIFIEST ARANGO MANIFIEST ARANGO MANIFIEST ARANGO MANIFIEST ARANGO MANIFIEST A CU A CU A CU A CU A CU ANTO HIZO P ANTO HIZO P ANTO HIZO P ANTO HIZO P ANTO HIZO P ARA LA ARA LA ARA LA ARA LA ARA LA SAL SAL SAL SAL SAL V V V V V ACI"N DEL C ACI"N DEL C ACI"N DEL C ACI"N DEL C ACI"N DEL C ASTILLO DE SAN JU ASTILLO DE SAN JU ASTILLO DE SAN JU ASTILLO DE SAN JU ASTILLO DE SAN JU AN DE ULA AN DE ULA AN DE ULA AN DE ULA AN DE ULAExcelentsimo Seor: Con fecha del 29 anterior, me transcribi este Intendente la carta de 31 de julio, en que se sirve V.E. darme expresivas gracias, de orden de S.M., por los auxilios prestados al castillo de San Juan de Ula hasta el 5 de marzo ltimo, y repetirme igualmente la recomendacin ms eficaz para que, a todo trance, se procure sostener aquel importante punto. Aun sin este estmulo, consideraba preciso dar cuenta de mi conducta en este grave negocio, demostrando a V.E. que, mientras permanec en la Intendencia, hice cuanto de m dependi para llenar en esta parte los Soberanos preceptos, y si no lo ejecut en la goleta guatemalteca “Pachet”, que de aqu se despach con la infausta noticia de haberse perdido el castillo, fue porque, adems de hallarme enfermo, nada supe de aquel correo hasta la vspera de su salida, y entonces ya no haba tiempo para reunir, y menos para copiar, los documentos necesarios; pero ya, por mi fortuna, los tengo todos delante y me puedo lisonjear de probar con evidencia que si mi proceder fue laudable hasta el 5 de marzo, no lo es menos, de seguro, hasta el 3 de noviembre en que entregu la Intendencia. Por pura moderacin, o porque en todas ocasiones ha sido y ser mi sistema no abultar ni exagerar, dije en mis representaciones de 5 y 7 de marzo (Nmeros 225 y 228) que el castillo de San Juan de Ula quedaba surtido de todo lo necesario para nueve meses; pero la verdad es, como lo demostrar a priori y a posteriori que los vveres que en l entraron en enero y febrero anteriores eran suficientsimos, por lo menos para un ao. Dgnese V.S. examinar el documento que dej de remitir y acompao ahora con el Nmero 1 y ver por l que, adems de la provisin de nueve meses que llev la expedicin, y de que di noticia en mi citada carta Nmero 225, llegaron contemporneamente, al referido castillo, otros dos cargamentos, a saber, el del pailebote “Scott” y el de la goleta “Thomas Jennart”, y que con excepcin de los doscientos barriles de harina y dems frioleras que se devolvieron a esta ciudad, segn se demuestra en el citado documento Nmero 1, all se qued lo dems; y la cuenta de ese exceso, hecha con exactitud, producir por lo menos raciones para otros tres meses. Me

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OBRAS 234\ 234\ 234\ 234\ 234\ sera muy fcil hacer esta demostracin; pero no me ocupo de ella, porque la de los resultados es mucho ms persuasiva; son los siguientes. El castillo se entreg, pasados los nueve meses de haberse recibido los consabidos socorros, sin haberse pensado en acortar la racin, y, a pesar de que se inutiliz, por lo crudo de la estacin, una infinidad de artculos, que se emplearon en alimentar el ganado y las aves, haba una existencia considerable al tiempo de la capitulacin; siendo de notar que la carne se hallaba en el mejor estado, y que si el de la harina era malsimo para moribundos y enfermos, no lo era para gente sana, porque es notorio que la comi con gusto la guarnicin insurgente que se posesion del castillo. Est, pues, visto, que all quedaron, a principios de febrero, los vveres necesarios, cuando menos para un ao. Sentada esta base, sigamos. En la copia de expediente que remit a V.E. con mi referida carta de 5 de marzo, se hallan las reglas que, con conocimiento de todos los antecedentes del caso y escrupulosa audiencia del Teniente de Rey de la misma fortaleza, D. Jos Callava, fueron establecidas, en Junta de Generales, para el sostenimiento y sucesivo socorro de aquella fortaleza. Se dispuso en la primera que al instante se renovase toda la guarnicin, y con ella se enviasen vveres para nueve meses. En la segunda que, en atencin a que a los seis meses de residencia era cuando apareca el escorbuto, se hiciese, al cumplimiento de ella, la misma renovacin de hombres y vveres. Y en la tercera, que nuestros buques de guerra fuesen en el intermedio a visitar el castillo. Ejecutada en todas sus partes la disposicin primera, debemos slo tratar del socorro que se deba remitir al cumplimiento de los seis meses. Sobre esto, siguiendo siempre mi sistema de no ostentar, me content, a su tiempo, con decir a V.E. (carta de 17 de octubre, Nmero 502) que haba cumplido exactamente lo nuevamente acordado por la Junta de Generales, y creyendo que, para quedar en el lugar que merezco, bastaba la simple lectura de mis dos oficios de 5 y 9 de agosto, y las listas de lo enviado, me content con la copia de esos solos documentos; pero hoy, que, por nuestra desgracia, se ven inutilizados los esfuerzos que hice entonces para llenar los encargos y miras de S.M., justo ser que presente las dems pruebas que tengo de mi irreprensible conducta en esta segunda poca. En los citados oficios de 5 y 9 de agosto, ha visto V.E. mi ciega y prontsima deferencia a todo lo que dispusieron la Capitana General y la Junta referida; y ahora por el documento que acompao con el Nmero 2, o sea, las cartas que el 1 y 5 de septiembre dirig a esta Comandancia General de Marina, ver mi decidido empeo en facilitar, como facilit, todo lo que se me pidi para la pronta salida del convoy. En el anterior, de enero, manifest a V.E. lo mucho que me haba afligido la repentina solicitud de diecinueve mil pesos que la Marina me hizo; y en esta ocasin, siendo mayores mis apuros, y habindoseme pedido con la misma premura sobre cuarenta mil

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /235 /235 /235 /235 /235 para el contratista y los pagos, contest al instante, recomendando mi notoria estrechez, y pretendiendo por ella que se redujese algo la cantidad pedida; pero declarando, desde luego, que por semejante motivo no sufrira detencin la salida del convoy; y habindose replicado que no era posible acceder a mi solicitud de rebaja, entregu a los cuatro das la suma pretendida; y cuando di cuenta de lo hecho (Nmero 502) ni aun enter a V.E. de semejante ocurrencia. Con esto y con la notoria verdad de que la expedicin sali surtida de cuanto se quiso, y que, si hubiera llegado, se habran salvado el castillo y las preciosas vidas de todos o la mxima parte de sus benemritos defensores, parece que est concluida mi defensa en esta poca; pero, como se han esparcido algunas especies malignas, capaces de alucinar a los que no se hallen instruidos de todos los antecedentes, y de producir dudas sobre el incontestable mrito que en este caso creo haber contrado, me permitir V.E. que moleste su atencin, y haga ver que son injustas e infundadas voces. Prescindiendo sus autores de que el socorro sali en tiempo muy oportuno; olvidando que lleg a las puertas del castillo y que, si hubiese entrado, nada hubiera sucedido, supuesto que se sostuvo otros cuarenta y dos das, vuelven los ojos atrs y dicen, primeramente, que nuestros buques de guerra no fueron en el tiempo intermedio —segn se determin por la Junta de Generales que anteriormente cit— a enterarse del estado en que se hallaba el castillo. Aaden, en segundo lugar, que se falt tambin al referido acuerdo en no haber hecho salir esta expedicin antes de los seis meses. Agregan, por tercer cargo, que despus de esa demora se detuvo algunos das la salida del convoy por causa de la Intendencia, que no proporcion buenos vveres en el momento asignado. Y, por ltimo, se dice que aqulla se descuid tambin en no enviar algn neutral en los seis meses citados. Es claro que los dos cargos primeros no se dirigen a m; pero mi buena fe y la justicia que debo al infatigable celo que en este negocio han tenido los principales Jefes, no pueden dejar en pie tan infundadas especies. Es cierto que la Junta citada dispuso que, en ese intermedio, se visitase el castillo; pero bajo el supuesto de que esto fuese posible; y consta la imposibilidad, por documentos incontestables, que V.E. tiene a la vista. El uno es la copia del acta de la Junta que, en 30 de octubre de 1824, tuvimos el Capitn General, el Comandante General del Apostadero y yo, en la cual manifest el segundo, con sobrado fundamento, que sin la “Sabina” no era prudente enviar buques de guerra a San Juan de Ula. El otro, el desgraciado suceso de que, por haber varado la fragata a su entrada en este puerto, cuando regres en marzo del referido castillo, se hubiese estado carenando hasta principios de septiembre; siendo tambin un hecho que en ese medio tiempo crecieron los anteriores recelos sobre el aumento que tenan o pronto deban tener las fuerzas navales de los insurgentes.

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OBRAS 236\ 236\ 236\ 236\ 236\ Y qu se habra adelantado con semejante visita? Hecha como corresponda, en los ltimos das de abril o en los primeros de mayo, hubiera trado las agradables noticias que por otros conductos tuvo la Capitana General hasta junio, y habra fortificado con ellas la opinin en que estbamos todos de que con tan buenos vveres y con la disciplina y aseo que reinaban en el castillo, no se deba temer que volviese el escorbuto. Y con tales antecedentes, es justo hablar de visitas y de la pequea e indispensable tardanza que tuvo la salida del convoy? En vez de echrnosla en cara, parece que deba admirarse el celo de la Capitana General que, a pesar de esas lisonjeras noticias, quiso desde fines de julio que la expedicin saliese, lo cual no se verific por el estado de la “Sabina”. Seamos justos, vuelvo a decir; y en lugar de tan infundadas reconvenciones, recordemos que con mayores motivos a nadie ocurrieron ni debieron ocurrir en el ao antecedente, en el cual tambin empez la enfermedad en julio o agosto, y aunque aqu recibimos sus primeros clamores en octubre, el socorro no sali hasta mediados de enero, por causa de la misma “Sabina”; y en este ao, en que slo ha habido la tardanza de algunos das, o de algn mes si se quiere, es una atroz injusticia reconvenirnos por ella, constando que fue inevitable, y sabiendo al propio tiempo que, a pesar del inesperado vuelo que tom la enfermedad, el socorro sali a tiempo, y todo se habra remediado si hubiera entrado cuando lleg al castillo. El tercer cargo, sobre ser de ninguna sustancia, es absolutamente infundado. No negar que la Marina me avis, en 31 de agosto, que estaban pronto sus buques; pero ya se sabe lo que son estos avisos, bastando recordar sobre ellos que en la anterior expedicin tambin se dijo que todo estara pronto para el 20 de diciembre, y a pesar de la singular actividad que tuvo su celossimo Jefe D. ngel Laborde, el convoy no dio la vela hasta el 15 de enero. Es un hecho constante del oficio que me pas este Ministro Interventor el 29 de agosto, que en aquella fecha no se encontraban de muy buena calidad los artculos esenciales de harina, como, arroz y menestras, y que con este motivo, ped al Capitn General que nos reunisemos sin demora para acordar lo mejor, y en realidad, lo acordamos al siguiente da con el Comandante de Marina; pero no fue necesario extender aquel acuerdo, porque como se ver por el documento que acompao con el Nmero 3, entraron al instante diferentes buques con las deseadas provisiones; y es visto que por este motivo no fue por el que se detuvo aquellos ocho o diez das la salida del convoy, cuya demora consisti al principio en la habilitacin de los mismos buques de guerra o mercantes que estaban a cargo de la Marina, pues la Maestranza estuvo ocupada en la conclusin de estas obras hasta el ltimo momento (documento Nmero 4), y despus, como es notorio, porque empez a hacer agua la fragata de guerra “Aretusa”, y fue preciso reconocer y remediar aquel dao.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /237 /237 /237 /237 /237 Podra muy bien evadir el ltimo de los cargos diciendo, en primer lugar, que mi deber se reduca a cumplir, como cumpl exactamente, el acuerdo de la Junta de Generales, y recordando, en segundo, que el castillo no se perdi por falta de vveres, sino por los inesperados e increbles progresos de la enfermedad, debidos en su principio a la extraordinaria ardenta y humedad de la estacin, y llevados a su colmo por la desesperacin que en los nimos produjo la aparicin y desaparecimiento del suspirado socorro. Aadir, sin embargo, dos observaciones perentorias. La una es que no hubo tiempo para el envo de esos neutrales; pues, habindose sabido que el castillo segua bien en junio y tratndose en julio de la salida del convoy, no haba para qu pensar en neutrales. Y la otra observacin se reduce a que en esa Junta de Generales se reconoci que en el estrecho bloqueo que sufra el castillo por las embarcaciones menores de los insurgentes, no poda hacerse uso de neutrales, y nicamente deba de contarse con el socorro peridico de nuestros buques de guerra, y slo en el invierno y en el desesperado caso de haber faltado, como falt ste, pudo haber motivo para volver a pensar en tomar un partido que, sobre suponerse imposible, deba hasta entonces considerarse excusado, teniendo, como tena, el castillo, la provisin necesaria. Y por si acaso hay quien contradiga la imposibilidad de este recurso, citando con malicia el hecho de haberse enviado ltimamente y fondeado delante del castillo la goleta “Hornillos”, no estar de ms indicar que esa goleta sali, estando ya en invierno, con la orden y la esperanza de entrar en el fondeadero en medio de un norte, o sea, en el momento en que por su temor deban haberse alejado los buques del bloqueo; y sabemos, sin embargo, que el fuego de la plaza hubiera echado a pique la goleta, si no hubiese anclado cuando ya estaba acordada la infausta capitulacin. Me parece que he demostrado del modo ms victorioso lo que al principio ofrec; es decir, que esta Intendencia, hasta el ltimo momento, hizo cuanto pudo hacer para la conservacin del importante castillo de San Juan de Ula, y ninguna parte tuvo en su dolorosa prdida. Dgnese V.E. poner esta exposicin en la consideracin del Rey, nuestro Seor, y obtener de su inalterable justicia la aprobacin que espera mi constante anhelo por su mejor servicio. Dios guarde a V.E. muchos aos. Habana, 4 de enero de 1826. Excelentsimo Sr. Francisco de Arango. Excelentsimo Sr. Secretario de Estado y del Despacho de Hacienda.

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INFORME AL REAL CONSULADO DE LA INFORME AL REAL CONSULADO DE LA INFORME AL REAL CONSULADO DE LA INFORME AL REAL CONSULADO DE LA INFORME AL REAL CONSULADO DE LA HABANA, EN EL EXPEDIENTE P HABANA, EN EL EXPEDIENTE P HABANA, EN EL EXPEDIENTE P HABANA, EN EL EXPEDIENTE P HABANA, EN EL EXPEDIENTE P ARA FORMAR ARA FORMAR ARA FORMAR ARA FORMAR ARA FORMAR LAS INSTRUCCIONES Y PROPONER A LA LAS INSTRUCCIONES Y PROPONER A LA LAS INSTRUCCIONES Y PROPONER A LA LAS INSTRUCCIONES Y PROPONER A LA LAS INSTRUCCIONES Y PROPONER A LA PERSONA QUE SE ENCARGUE DE LA COMISI"N PERSONA QUE SE ENCARGUE DE LA COMISI"N PERSONA QUE SE ENCARGUE DE LA COMISI"N PERSONA QUE SE ENCARGUE DE LA COMISI"N PERSONA QUE SE ENCARGUE DE LA COMISI"N DE P DE P DE P DE P DE P ASAR A JAMAIC ASAR A JAMAIC ASAR A JAMAIC ASAR A JAMAIC ASAR A JAMAIC A A EX A A EX A A EX A A EX A A EX AMINAR EL AMINAR EL AMINAR EL AMINAR EL AMINAR EL EST EST EST EST EST ADO DE ADELANTO EN QUE SE HALLA ESA ADO DE ADELANTO EN QUE SE HALLA ESA ADO DE ADELANTO EN QUE SE HALLA ESA ADO DE ADELANTO EN QUE SE HALLA ESA ADO DE ADELANTO EN QUE SE HALLA ESA ISLA CON RESPECTO AL CUL ISLA CON RESPECTO AL CUL ISLA CON RESPECTO AL CUL ISLA CON RESPECTO AL CUL ISLA CON RESPECTO AL CUL TIV TIV TIV TIV TIV O Y O Y O Y O Y O Y ELABORACI"N DE LOS FRUTOS COLONIALES ELABORACI"N DE LOS FRUTOS COLONIALES ELABORACI"N DE LOS FRUTOS COLONIALES ELABORACI"N DE LOS FRUTOS COLONIALES ELABORACI"N DE LOS FRUTOS COLONIALESExcelentsimo Sr. y Sres.: Nombrados por V.E. y por V.S.S., en cumplimiento del acuerdo de 20 de junio ltimo, para formar las instrucciones y proponer a la persona a quien se encargue la comisin de pasar a Jamaica a examinar el estado de adelanto en que se halla aquella isla respecto al cultivo y elaboracin de los frutos coloniales, hemos extendido el papel adjunto, relativo a la expresada comisin, y proponemos a la ilustracin de V.E. y V.S.S. que, a los captulos que comprende la instruccin que hemos formado, se aadan todos los que concepten tiles a la misma empresa, y que no hemos credo, del todo, necesario especificar. Mas, ya que por fortuna esta Junta ha puesto los ojos en el estado de decadencia de nuestros frutos, y que, por ese rumbo, busca algn medio de auxiliarlos, creeramos no haber cumplido con nuestro deber si desaprovechsemos la ocasin de presentar este negocio bajo todos sus aspectos; haciendo ver que el remedio de los males que sufrimos y que nos amenazan, no se conseguir con slo las noticias que produzca el viaje propuesto. Ellas podrn servir en la economa de la produccin, de lenitivo a las prdidas efectivas que en el da sufren los hacendados de caf, y la mayor parte de los dueos de ingenios, con el bajo precio habitual a que venden sus productos; pero siendo sta una sola de las ventajas que los rivales de nuestra Isla tienen sobre nosotros para obtener, en los mercados de Europa, la preferencia en la venta de sus frutos, ser necesario que, simultneamente, nos pongamos a nivel, o al menos lo procuremos en las dems que obtienen, debidas a sus relaciones polticas y mercantiles, o a la proteccin de sus respectivos Gobiernos.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /239 /239 /239 /239 /239 No nos toca examinar los motivos que ha tenido esta preciosa Isla para dedicar su industria casi exclusivamente a los frutos de extraccin. Basta, para nuestro intento, asentar una verdad que nadie disputar, esto es, que la mxima parte de nuestro capital hoy est invertido en ingenios y cafetales; que las cuatrocientas veinte mil cajas de azcar y cuatrocientos cincuenta mil quintales de caf que se exportan, son como la sangre que anima la riqueza de toda la poblacin, ya mantenindola directamente, por lo que una gran parte de ella ayuda a su produccin, ya alimentando indirectamente a los otros gneros de industria que viven, crecen o menguan en razn directa de lo que producen aquellos ramos; habindonos acostumbrado —por estar atendidos a ellos— a recibir del extranjero aun los artculos de vveres que pudieran darse aqu con beneficio de los productores y ventajas de los consumidores; y finalmente, que a consecuencia de este estado de cosas, la suerte de la Isla est tan ligada y pendiente de la exportacin de los frutos, que a ella debe su existencia, y sin ella perecera toda la fortuna pblica; verdad tan inconcusa, que haramos agravio a las luces de V.E. y V.S.S. si intentsemos probarlas, entrando en su anlisis. Pero hay quien crea que nuestra exportacin depende de nuestro consumo, y que mientras consumamos lo que los extranjeros nos envan, nuestros frutos tendrn siempre su salida asegurada. Poco importa, en la opinin de los que as se explican, que tengamos nosotros que vender nuestros productos a un precio nfimo, con tal de que podamos dar abasto a lo que se nos trae de fuera; porque una vez —as lo dicen— que lleguen a nuestros puertos los buques conductores, han de cargar de azcar, caf o mieles, etc., o han de volverse en lastre, y perder sus fletes. Los que as se explican, olvidan del todo la diferencia de intereses del naviero y del cargador, y ni siquiera presumen que ste comparar la prdida en el flete, con la que pueda tener en los frutos antes de decidirse a comprarlos, o a llevarse su capital en letras, como frecuentemente sucede y est en el orden; porque lo contrario equivaldra a decir que nada importa a un especulador ganar o perder en el giro que emprende, y suponer tambin que los consumos de efectos europeos en esta Isla, o la altura de sus precios, no depende en mucha parte del aumento de nuestra riqueza; ms claro, del sobrante que nos deje el precio de nuestros frutos. Sucede a los manufactureros europeos en nuestro mercado lo que a nuestros hacendados en los mercados de Europa, compiten aqullos en perfeccionar sus efectos, e inventan mquinas, con que los hacen ms baratos; sus Gobiernos los protegen, no slo con la absoluta libertad de derecho, sino con todos los auxilios directos e indirectos que estn a su alcance, y que pueden conducir a que sus mercancas lleguen a los parajes de consumo con menores costos que los de igual especie, que a los mismos mercados llevan otras naciones; y si por esos medios no pudieran vender sus efectos a un precio que les diese ganancia, es claro que se arruinaran si

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OBRAS 240\ 240\ 240\ 240\ 240\ quisiesen persistir en sostener esas fbricas. Tal es la marcha de los negocios en las que naturalmente se encuentra indicado el sistema que debemos seguir para sostener nuestra industria en medio de los peligros que la amenazan. Mientras no se llen el vaco que dejara en los mercados de Europa la destruccin de la isla de Santo Domingo, mientras a sus mercados se remitan menos azcar y caf de la que necesitaban, todos los productores rivales de esta clase de frutos vendamos bien y vendamos a un precio, aunque con la diferencia de ser mayores las ganancias de los que mejores proporciones tenan de producirlos a menos costo. Mas el aspecto que nos presenta la plaza, y las noticias contestes de todas las de Europa, nos hacen ver palpablemente que es ya llegado el triste caso —que se pronostic delante de esta Junta en 1808 con respecto al caf— de que excedera su produccin a las necesidades de los consumidores. Y aunque, en cuanto al azcar, no hayamos llegado todava al mismo paralelo —gracias a la mayor generalidad de usos a que se destina este fruto y a las mayores dificultades que presenta su elaboracin—, todo nos anuncia que el progreso de su produccin asciende en una escala mayor que la que se extiende su consumo. Ni debemos lisonjearnos por el efmero precio que tiene el azcar en este momento, que tampoco ofrece grandes ganancias a la mayor parte de los ingenios. Sera un delirio esperar su subsistencia, porque sabemos que el precio actual no corresponde al de los mercados de Europa con la pequea subida que ha tenido, y porque, aunque all sea un poco ms alto que lo fue en el ao pasado, debe atribuirse a accidentales y pasajeras circunstancias, tales como las inundaciones del Bltico que consumieron grandes depsitos, la guerra de la India, las convulsiones de Brasil, su guerra con Buenos Aires y la cortedad de cosechas en estas islas y en Nueva Orleans. Mas stos son accidentes momentneos, y los precios de 1825 y 1826 deben hacernos conocer ms bien el estado de la cuestin. Quin, que considere atentamente los precios medios de esos aos, y con este motivo haga la cuenta de las cantidades de azcar que en el da y en adelante vayan a Europa de la India, Filipinas, Brasil y dems partes de Amrica, no ver que la concurrencia va siendo superabundante respecto del consumo? Y, si esto es as, cmo puede desconocerse que slo podrn sostener esa concurrencia aqullos que, por sus menores costos, puedan vender su azcar al precio ms inferior? Brasil, por ejemplo, que tiene a su servicio y a precios nfimos todos los brazos de frica, los capitales de Inglaterra a un inters muy mdico, todos los utensilios necesarios para sus ingenios, proporcionados por los mismos ingleses —con la mayor comodidad en virtud de los estrechos lazos de su comercio—, inmensidad de tierras feraces a orillas de ros caudalosos, o de la mar, ganados sin nmero para sus mquinas y labores y para alimento de sus esclavos, por slo el costo casi

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /241 /241 /241 /241 /241 que tiene la piel entre nosotros, inmensos bosques llenos de las mejores maderas, variadas y ricas producciones, inclusos metales preciosos, que dan un poderoso fomento a su comercio, sostenido adems por una marina mercante muy econmica, y recibiendo la proteccin y amparo directo e inmediato de su Soberano; Brasil, que se ha poblado de artistas y de hombres cientficos que su Gobierno ha reclutado, por decirlo as, de doce aos a esta parte en los pases ms adelantados de Europa, y que, con su ayuda, llevar a mayor perfeccin toda clase de cultivo y elaboracin de sus frutos, cuya salida adems es libre de derechos; Brasil, seguramente, encontrar ventajas, vendiendo su azcar a precios que seran ruinosos para nosotros. Y la India, cuya inmensa poblacin, industriosa y abundantsima en recursos, suministra, a precios nfimos, todos los medios de produccin, gozando de la proteccin directa del Gobierno britnico y del fomento de su vastsimo comercio, ya abierto a todas las naciones del globo; y las Islas Filipinas, que, a la extraordinaria baratura de su azcar, aaden la particular proteccin que el Gobierno le ha dispensado en la exencin de derechos de que goza. Quin no se presentar en los mercados de Europa bajo mejores auspicios que nosotros? Quin no nos llevar ventajas entre nuestros coproductores rivales? Y una Corporacin, cuyo instituto primordial es fomentar la agricultura y comercio de esta siempre fiel Isla, permanecer tranquila, contemplando un prospecto tan fatal a su riqueza y a su propia existencia? El Consulado, a cuya ilustracin y firmeza debe esta Isla su salvacin desde 1797; el Consulado, que, con el expediente que instruy en 1808, rompi para siempre las cadenas del monopolio mercantil y liber a esta Isla de las convulsiones que ha sufrido y sufre el resto de nuestras Amricas, se atendr ahora a proponer o a adoptar la simple medida del proyectado viaje a Jamaica, cuando nuestros riesgos son infinitamente mayores que en aquella poca, y ms durables los males que nos amenazan? V.E. y V.S.S. no pueden dudar de ellos; al Supremo Gobierno se han manifestado, no slo en el expediente citado de 1808, sino en los instruidos por el primero que suscribe este informe, en 1792 y 1816; pero, por si acaso hubiese quien nos crea hoy en menor peligro que el que en 1808 tuvimos, justo ser detenernos, aunque sea rpidamente en comparar ambas pocas. Entonces el sistema continental, la guerra martima de que procedi y el bloqueo universal establecido por Gran Bretaa, fueron las causas de la estagnacin del comercio y del abatimiento que sufrieron nuestros frutos. No la rivalidad de Brasil, apenas empezaba; ni de la India y Filipinas, desconocidas todava en Europa por esta clase de productos; ni de las islas de Barlovento, combatidas o conquistadas por los beligerantes; ni el fomento de la Luisiana, que an se hallaba en sus principios; no, finalmente, la abundancia de producciones, sino las dificultades opuestas por los Gobiernos europeos a la llegada de los frutos a los puertos mismos de su

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OBRAS 242\ 242\ 242\ 242\ 242\ entrada al consumo, fueron las nicas causas que nos obligaron a vender nuestro azcar y caf por lo que quisieran darnos los especuladores que haban de ir a correr peligros inminentes antes de lograr el fruto de sus expediciones. Nuestro apuro, en el hecho de ser general a todos los productores de las mismas especies, vena a ser menor en su esencia y en su duracin y dependa de la guerra que lo causaba. A pesar de estas consideraciones, que disminuan hasta cierto punto la intensidad del mal, se oy la voz de este Consulado que clamaba por un pronto remedio, y contra leyes establecidas, contra el sistema poltico mercantil, consagrado por nuestro Gobierno en el rgimen de sus colonias, las autoridades superiores de la Isla, se vieron forzadas, por la imperiosa necesidad demostrada en el expediente ya citado, a dictar la medida que poda salvarnos. Luci la aurora de la paz en 1814, y nosotros aprovechamos las incomparables ventajas de nuestra situacin, en los altos precios a que se abrieron los mercados de Europa y que continuaron en los aos sucesivos. Haba cado Napolen, y destruidas en consecuencia las barreras que se oponan al libre trfico entre las naciones productoras, vimos que todava ramos dueos de poner el precio a nuestros frutos, porque su abundancia no alcanzaba an al consumo. Mas, a los doce aos de paz —cuando ningn obstculo impuesto por la violencia se opone al comercio, cuando la libertad es la mxima que se ha adoptado generalmente en el sistema mercantil de todas las naciones, cuando, de consiguiente, las cosas han tomado su asiento natural y se han puesto en su verdadero equilibrio—, no vemos tristemente demostrado que nuestros rivales han tomado tan extraordinario vuelo en las mismas producciones y que el resultado de su acumulacin, y aun del aumento que tuvieron las nuestras, en los ltimos tiempos ha sido el crear una exuberante cantidad de frutos desproporcionada ya al consumo, o mejor dicho, a los precios que los consumidores pueden ofrecernos? Y si todos esos rivales que hasta ahora nos llevan una ventaja conocida, en la baratura con que pueden producir sus azcares, nos la llevan tambin —probablemente dentro de poco tiempo— en la calidad del fruto, cuya perfeccin nosotros no hemos conseguido, sino de una tarda experiencia, teniendo ellos en su mano todos los medios y aun ms que nosotros, cules sern los resultados de la inaccin de este Cuerpo en tan crticos momentos? Cul, el prospecto de mejorar nuestra suerte? La paz con el continente vecino sera sin duda un bien para esta Isla, por el beneficio indirecto que, de su posicin geogrfica, sacara en el comercio general de Amrica y Europa, cuyo centro no podra menos de ser este puerto. Mas, ni este suceso producira en el punto a que nos contraemos ventaja alguna directa, ni debemos contar con l, porque depende de circunstancias ajenas de nuestra propia prosperidad, que es a lo que nos

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /243 /243 /243 /243 /243 toca atender ms de cerca, y, sin atenernos a probabilidades remotas, debemos procurar el remedio de males que, nterin persista el actual estado de cosas, deben ir empeorando por un orden natural. Ni debemos desvanecernos con los inmensos ingresos del Real Erario en los ltimos aos, porque esto, en ningn caso, obra contra lo que hemos dicho; pues, aunque fuese prueba de los progresos de nuestra riqueza, no lo es por cierto de su futura felicidad, que es de lo que tratamos. Y, aun lo primero, no es cierto. Es notorio que, de poco tiempo a esta parte, se ha ido restringiendo la laxitud de nuestras aduanas, por el establecimiento de aranceles fijos en los aforos y medidas severas contra el fraude, y no hay duda en que stas, llevadas con rigor, han comenzado a hacer patente el verdadero cupo que deba producir el comercio a las rentas Reales; cupo que todava est lejos de la cantidad que fij el primero que suscribe, en el citado expediente de 1816; mas no se ha demostrado que el aumento sea debido a la mayor importacin de valores, que es sobre lo que carga la parte ms considerable de los derechos de aduanas y cuyo aumento, si lo hubiese simultneamente con el de las exportaciones, pudiera servir de prueba, aunque equvoca, de nuestra prosperidad progresiva; porque sta consiste verdaderamente en el mayor o menor sobrante que dejan los capitales y trabajo empleados en la produccin, y no en la masa total de los productos. As que, desentendindonos del aumento que hayan tenido las rentas Reales en los ltimos aos, debido a la mayor rigidez en el cobro de los derechos, debemos atender ms bien al resultado que nos d la comparacin de la balanza de comercio en los ltimos cuatro aos, con la de 1816, no perdiendo de vista, primero que mil cajas de azcar en aquel ao valan lo que dos mil en stos, y mil quintales de caf, lo que hoy valen mil quinientos; segundo que el aumento que se nota en la exportacin del azcar —debido en mucha parte, como se ha dicho, al mayor rigor de las Aduanas—, no es efecto de mejoras de la industria, sino de capitales sobrantes de aquella poca afortunada, nuevamente empleados, que han trado consigo gastos nuevos de refaccin; y por ltimo, que slo una desproporcin favorable entre stos y el precio de los productos es la que constituye la riqueza, la cual, como hemos indicado, y no debemos cansarnos de repetirlo, no es otra cosa que el sobrante que nos dejan nuestros capitales o nuestra industria; bien as como no puede llamarse ms rico el propietario de un ingenio que produzca dos mil cajas, valiendo el azcar a seis y diez reales, que el dueo de otro que haga mil y las venda a doce y diecisis; ni el que, haciendo dos mil cajas, tuviese que gastar mil quinientas en su refaccin, respecto de otro que, con el costo de cuatrocientos, produjese mil. Tal es, en ambos ejemplos, la pintura de nuestro estado relativo, ya a lo que hemos sido, comparado con lo que somos, ya de lo que somos respecto de los extranjeros, nuestros rivales.

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OBRAS 244\ 244\ 244\ 244\ 244\ En tales y tan tristes circunstancias, creemos que esta Junta no puede desentenderse de tomar por s y proponer al Gobierno todas las medidas que dicta la prudencia y la previsin para remediar en lo posible los males que ya nos agobian y los que con mayor dureza nos estn amenazando; medidas que, por una parte, proporcionen a los capitales ya destinados al azcar y caf un moderado inters, y por la otra, abran a nuestra industria vastos y ms seguros medios de ocupacin en otros ramos menos rivalizados y ms independientes de los riesgos exteriores.Primera medida Establecimiento de una Ctedra de QumicaLa primera medida debe ser dirigida a establecer la mayor economa en la fabricacin del azcar, la cual, no slo consiste en la construccin y disposicin de las pailas o trenes —que es lo que podremos aprender del viaje a Jamaica—, sino en la perfeccin de las operaciones qumicas que no puede obtenerse, segn observa el sabio viajero, Barn de Humboldt, sino del conocimiento ms profundo de los modos de obrar de la cal, de las sustancias alcalinas y del carbn animal; de la determinacin exacta de los puntos mximos de temperatura a que debe exponerse el guarapo en las diferentes calderas, y del anlisis de ste, pues, por lo general, puede decirse que nuestro azcar excede en bondad al de la India y Brasil; es menester confesar que su buena calidad depende ms bien de circunstancias eventuales que de la perfeccin de nuestros trabajos, puesto que en un mismo ingenio se ve variar la calidad del azcar de un ao a otro y aun en la propia cosecha con el mismo maestro; y en algunos, en que los ms acreditados maestros no lo han podido hacer bueno, hay zafra en que uno cualquiera logra sacarlo excelente. Esto consiste en que obramos a tientas, entregando nuestras fincas a operarios que, sin la menor tintura de la teora y rudimentos del arte, siguen ciegamente las rutinas que han visto observar a los ms viejos; y tal vez despus de que su ignorancia ha hecho fallar las ms lisonjeras esperanzas de un amo de ingenio, perdindole toda o la mayor parte de la cosecha, se contentan con echar la culpa al tren, o a la calidad de la caa; pero sin poder asignar ninguna causa especfica del mal xito que han tenido, ni proveer por consiguiente de remedio alguno para evitarlo; de suerte que, al siguiente ao, mudando de maestro de azcar, o sentando nuevo tren, se vuelven a correr los mismos riesgos procedentes de la misma ignorancia. Hace ms de treinta aos que la Sociedad Patritica, y despus el Consulado, se ocuparon en la idea de establecer una Ctedra de Qumica, que sera el remedio de esa ignorancia, y de la que padecemos en el conocimiento de abonos adecuados, y en las dems aplicaciones que tiene la Qumica a

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /245 /245 /245 /245 /245 la agricultura; y es ciertamente singular que esta feliz ocurrencia, que tuvo por padrinos muchos particulares, que aun se suscribieron con cantidades considerables, no se haya visto realizada, sin embargo de haberse dado algunos pasos al efecto en 1818, hasta el grado de haber venido un profesor con un pequeo laboratorio. Creemos que la Junta est en el caso de reunir los antecedentes del asunto y agitarlo de nuevo para llevar a efecto un establecimiento de donde deben salir los maestros a quienes, con ms conocimientos, entreguemos en adelante el manejo de nuestros laboratorios, y a quienes confiemos el resultado de nuestros sudores; tenindose presente lo que con tal motivo aconseja el mismo sabio que hemos citado, en su Ensayo Poltico sobre esta Isla, a saber, que para mejorar las operaciones tericas de nuestros ingenios, debemos confiar la empresa a un qumico que salga de alguno de los laboratorios ms clebres de Europa, quien, adems de los conocimientos generales tericos y prcticos sobre los anlisis vegetales, posea una slida instruccin de la fbrica de azcar de remolacha, para que, despus de analizar los jugos de las caas de Otahit, criolla y de cinta, en diferentes terrenos y estaciones del ao, previa observacin de la influencia meteorolgica sobre las plantas, haga las aplicaciones que la ciencia y las variaciones del clima y del terreno exijan, sin cuyo trabajo, aade el ilustrado viajero, se podr obtener alguna perfeccin parcial; pero, en lo general, la fabricacin del azcar permanecer en el estado en que hoy se halla, siendo el resultado de accidentes ms o menos felices.Segunda medida CaminosAlgo adelantaremos, sin embargo, con el viaje proyectado, en cuanto a la economa de elaboracin, si, como esperamos, los comisionados nos traen las apetecidas noticias acerca del ahorro de combustible, mtodos sencillos de conduccin, as dentro de las mismas fincas, como para el acarreo de los frutos ya elaborados, distribucin de los trabajos del campo para aprovechar los brazos, y dems puntos sobre que versan las instrucciones que hemos extendido. De todas las noticias deber formarse una cartilla rstica apropiada a nuestras fincas, para que todos los hacendados puedan instruirse y poner en prctica las mejoras que se propongan. Pero esta Corporacin no debe olvidar —y es la segunda medida que proponemos— el interesantsimo expediente de caminos, porque en esta materia no es dado a los particulares obrar por s solos, y cuando menos necesitan de direccin y de que siquiera se aparten trabas y se formen planes bien combinados adaptables a empresas particulares, bajo el sistema de peajes o contribuciones locales, aplicndolo a nuestro pas, con arreglo a nuestras

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OBRAS 246\ 246\ 246\ 246\ 246\ costumbres y localidades, tenindose presente que en ste, ms que en otro pas nuevo, el espritu especulador est limitado a los giros que proporcionan ganancias ms inmediatas y cmodas; porque l ofrece recursos variados y lucrativos para el empleo del capital en numerario y circulante, en razn del gran valor que tiene el dinero efectivo, por circunstancias que no son del caso, y porque, desgraciadamente, el pblico hasta ahora no ha experimentado ventajas prcticas de las empresas anlogas que han llegado a ponerse en ejecucin.Tercera medida Exencin de derechos a la exportacinNada, empero, aprovecharn a la riqueza pblica, la economa y perfeccin en el cultivo y elaboracin de nuestros frutos, y en los medios de conduccin a los puertos, si desde stos a los lugares de su consumo van con ms cargas en el flete y en los derechos que las que sufren nuestros rivales. Ya hemos dicho que la base y fundamento de la riqueza de esta Isla consiste actualmente en el cultivo del azcar y caf a que est consagrada la mayor parte de su capital. De consiguiente, nterin el transcurso del tiempo u otras circunstancias no hagan variar este orden de cosas, facilitar la exportacin de esos frutos ser sinnimo de proteger a la Isla de Cuba, y recargarlos ser lo mismo que tratar de empobrecerla. No es de ahora que nuestro Gobierno se penetr de esta mxima, cuando miras de poltica, ms bien que econmicas, tenan todas las vastas posesiones americanas cerradas al comercio extranjero, y que la sola vista de una nave que no fuese espaola en estos mares era un motivo de desconfianza y de observacin para el Gobierno, cuando ni a buques espaoles era permitido transportar las producciones de Amrica a puertos extranjeros, una ley de excepcin autoriz a poder exportar a ellos el azcar de esta Isla. Para conciliar nuestro propio inters y proteger nuestra industria, sin derogar los principios generales de la poltica que dominaba entonces nuestro sistema de comercio y navegacin, se haba ya prevenido que a los frutos introducidos en la Pennsula que se reexportasen para el extranjero, se les devolviesen los derechos que haban pagado a su entrada. Y, ltimamente, para excitar an ms a la exportacin, se toler y permiti que se introdujesen ciertos artculos extranjeros en buques neutrales, a condicin de que el importe de sus cargamentos fuese exportado en frutos del pas, permitindose, en fin, que los frutos nuestros fuesen en derechura a los mercados extranjeros. Aun hizo ms el Gobierno. En 1792, con motivo de las novedades de la isla de Santo Domingo, haba llegado aqu el azcar al alto precio de treinta

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /247 /247 /247 /247 /247 y ocho y cuarenta y dos reales la arroba; los hacendados disfrutaban de una riqueza extraordinaria —no efecto de su industria, no de su aplicacin, no de grandes capitales puestos en actividad— debida nicamente a la fortuna que derramaba sobre ellos cuantiosos valores; el Real Erario nada sacaba de este aumento de precios; el azcar se valuaba a su exportacin al precio de ocho y doce reales, y era absolutamente indiferente, al parecer, la subida que tena en la plaza, si de sus productos no se consignaba una parte a las Cajas Reales. El celo fiscal de la Administracin crey hacer un servicio a S.M., proponiendo que el aforo se levantase proporcionalmente al precio corriente del azcar, y esta idea fue trasmitida al Ministerio; pero S.M., en Real Orden de 16 de octubre de aquel ao, se dign mandar que no se hiciese novedad y que se observase la Real Orden de 18 de julio de 1790, en que S.M., atendiendo al fomento de nuestra agricultura, y con la idea de facilitar el comercio, dispuso que continuase el aforo de doce reales el blanco y ocho el quebrado. Es de notarse que en aquella poca contribua la Isla de Cuba al Gobierno con slo setecientos mil pesos, y que su guarnicin, Arsenal, Apostadero de Marina, fortalezas y la mayor parte de sus gastos, se provean con un milln ochocientos mil pesos, que importaban los situados enviados de Nueva Espaa, razn por la cual no pareciera gravoso que cediese en beneficio del Erario —que abundantemente derramaba en ella los tesoros que sacaba de otros reinos— una parte de aquella nueva inesperada riqueza que sus habitantes se encontraban, por decirlo as, entrada por las puertas sin diligencia suya. Vemos, sin embargo, que el Monarca desaprob la medida que se le propona, y que manifest harto conocimiento de los sanos y benficos principios de la buena Administracin, rehusando los momentneos productos que proporcionara al Erario el arbitrio sugerido, y dando al tiempo la esperanza de recoger pimos frutos de aquella liberalidad bien entendida; en no adoptar una medida ruinosa en el fondo, aunque por el momento pareciese lucrativa. A esos principios, a esa generosa conducta de nuestro Gobierno, se debe nuestro engrandecimiento sucesivo, consolidado despus por la libertad absoluta del comercio, de que tanto ha dependido nuestra inalterable unin, tranquilidad y adhesin al Gobierno; y a esas mximas generosas debe ste tambin, a su vez, los inmensos auxilios que ha recibido para sostenimiento de otras provincias, para gastos de la guerra en el continente americano, para mantener siempre con lustre el pabelln nacional en nuestro hemisferio, y, en fin, para proporcionar a sus valientes defensores un asilo generoso, cuando a l los han conducido las desgracias o vicisitudes del campo de batalla.

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OBRAS 248\ 248\ 248\ 248\ 248\ Puerto Rico, las Floridas, Venezuela, Cartagena, Panam, Mxico mismo, y ltimamente San Juan de Ula, todos han librado ms o menos su subsistencia sobre las Cajas de La Habana. Y quin ha desembolsado las cuantiosas erogaciones que ha costado mantener por algn tiempo esas posesiones en adhesin a la Metrpoli, a pesar de la obstinada guerra suscitada en ellas? Quin ha prodigado sus caudales y auxilios de toda especie en tan sangrienta lucha? Quin ha costeado los crecidos gastos de dos ejrcitos que han regresado de Costa Firme y Mxico? Quin ha suplido a la construccin o compra de buques para la Marina Real, y provedo lo necesario para los aumentos de guarniciones, causados por la guerra? Quin ha acudido a todas estas exigencias, sin desatender al Gobierno Supremo, en varias remesas, despus de cubiertos sus propios gastos, sino esta siempre fiel Isla? La que veinte aos hace necesitaba, para sus interiores atenciones, ser provista de situados, ha podido subvenir a las necesidades generales del Estado con otro tanto de lo que aqullos exigen?... Pues este milagro —que tal hubiera parecido a muchos en aquella poca— no es debido sino a la proteccin generosa y bien entendida que a nuestros frutos otorg S.M. en los principios de su arranque hacia la prosperidad, como hemos manifestado, y a esta Junta a la que, en momentos de apuro, debieron no verse envueltos en la ruina que por su excesiva depresin les amenazaba. Y, si en aquel tiempo, en que la naturaleza de las cosas daba por s misma a la Isla de Cuba un empuje suficiente a enriquecerla, y a hacerla prosperar, todava el Gobierno Supremo tuvo la sabidura de darle un fomento directo, quitando toda especie de trabas a la exportacin, y tomando medidas que la hiciesen ms productiva; si, en otra ocasin, en que momentneamente se resenta nuestra agricultura de la estagnacin de los frutos, este Consulado tuvo la gloria de vivificarla promoviendo esos favores, cuyos beneficios y portentosos efectos estn a la vista de todos; si, en circunstancias menos aflictivas, cuando, como hemos dicho, tenamos en nuestro favor todo el vigor de una riqueza creciente, sin obstculo a sus progresos, atrajimos toda la atencin de nuestro paternal Gobierno Supremo, la mereceremos menos, ahora que disminuyen todas las probabilidades de nuestro fomento, y se aumentan cada da los escollos en que amenaza destruirse nuestra riqueza? Adems, la medida que vamos a proponer no ser con el objeto de rehusar al Gobierno una parte de sus ingresos, sino con el de que se saquen stos de una manera que sea menos perjudicial al pas; de una manera que sus habitantes contribuyan con ms igualdad y proporcin; y de una manera, en fin, que no se cause la ruina de los capitales que han dado nacimiento a la existencia de la Isla, y que han casi realizado la proftica expresin de Raynal, que la Isla de Cuba sola valdra a Espaa un reino.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /249 /249 /249 /249 /249 Las aduanas pueden considerarse bajo dos aspectos: o como recaudadoras de las contribuciones indirectas, impuestas al comercio, o como reguladoras de la industria propia. En el primer punto de vista, aparece la nuestra, a los ojos del observador, como de primer orden; pues, siendo su objeto apurar el mximo de las contribuciones, no puede dudarse que los remedios son muy satisfactorios, siendo extraordinarios sus productos, comparados con la masa de poblacin consumidora.1 Mas no es tan ventajosa su perspectiva bajo el segundo aspecto. Por una parte, los derechos que se cobran a nuestra agricultura e industria son excesivos, y a tal punto que, en nuestro concepto, ms bien deben disminuirlos que fomentarlos, pues sabida y puesta por base la necesidad de que ellos lleguen a los mercados de Europa, con los menores costos posibles, para poder competir con los extranjeros, nuestros rivales, se ve que el azcar pague diez por ciento, despus que una parte de ella ha satisfecho el diezmo que desconocen los extranjeros; el caf‚ ocho y un veinteavo por ciento; y el triaje, diecinueve por ciento, entre derechos ordinarios y extraordinarios; calculndose los precios corrientes de estos frutos por el general de los ltimos dos aos. Por otra parte, vemos ciertos frutos de la agricultura extranjera que entran a competir con los nuestros de igual clase, con ventajas considerables, por las circunstancias peculiares de los productores, y por la suavidad con que les han impuesto los derechos. Tales son arroz, maz, menestras y legumbres de todas clases, cerdos vivos, manteca, carnes saladas de toda especie, sebo, ropas hechas y muebles, etc., cuyas mercancas si se recargasen, no en proporcin de su precio, sino de la utilidad comparativa que dejan a sus introductores, y en razn de las dificultades que tenemos nosotros de producirlas y traerlas al mercado, no mantendran a nuestra industria agrcola en una dependencia ruinosa, puesto que no puede, bajo ella, prosperar ni adelantarse en estos ramos, que por la misma razn se hallan abandonados en manos pobres. Es verdad que si nosotros fusemos dueos de fijar los precios como en la corta poca que ya citamos, al azcar y al caf‚ nada importara, segn se ha hecho hasta aqu, comprar al extranjero cuanto necesitsemos; porque nuestra riqueza, es decir nuestro sobrante, sera excesivo y suficiente siempre a mantener toda una poblacin en las ocupaciones subsiguientes a dichos grandes ramos de especulacin. Pero, volvemos a decirlo, nuestras miras no pueden ni deben ya extenderse a continuar en un orden de cosas contrario a la naturaleza, que no es dable sujetar a nuestro arbitrio. Apenas podremos conseguir, bajo los precios de Europa, lograr a fuerza de economas, a fuerza de mejorar o generalizar la bondad de nuestros frutos, y a fuerza de proteccin de parte del Gobierno, que ellos no nos sean ruinosos, y que dejen un mdico inters de los grandes capitales empleados en su cultivo y fabricacin. As es que la prudencia y previsin del Gobierno deben consistir en sostener con una

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OBRAS 250\ 250\ 250\ 250\ 250\ mano el vacilante edificio de la riqueza colonial, fundada en el azcar y el caf, al paso que, con otra, fomente todos los dems ramos de la industria, de que sea susceptible nuestro estado, para dar insensiblemente a los capitales el nuevo giro a que las circunstancias los llaman, so pena de verse perder los antiguos, sin producir otros nuevos que los reemplacen, teniendo muy presente que el nacimiento instantneo de multitud de rivales de nuestras producciones depende tan slo del restablecimiento del orden y de la paz en el continente vecino, pues todas sus costas son, a propsito, para los mismos cultivos. A nuestro modo de entender, no encontramos argumento que puede oponerse a la medida que dejamos insinuada, a saber, gravar los efectos de importacin que se oponen al desarrollo y fomento de nuestra industria, con aquellas cuotas que se crean suficientes a indemnizar al Erario, de los ingresos producidos por las contribuciones impuestas a nuestros frutos de exportacin, y hacer cesar stas de todo punto, si no se quiere exponer nuestra riqueza territorial a la ruina que tan de cerca y por todas partes la amenaza. Dos nicas objeciones podrn presentarse por alguno, menos atento a considerar la importancia de estas medidas en su trascendencia, que por el aspecto que presentan a primera vista y momentneamente. Primera que, liberndose de todo derecho la extraccin, no podra cubrirse el dficit que dejara su importe en los ingresos de las Cajas, con el impuesto que se propone recargar a los artculos extranjeros, que perjudican a nuestra industria; segunda que este nuevo impuesto encarecera los artculos gravados y perjudicara a los consumidores. Al contestar a la primera de estas objeciones, debemos repetir que de ninguna manera es nuestro intento privar al Real Erario de unos ingresos de que tanto necesita, sino que los impuestos de donde salgan nunca se establezcan en los frutos de extraccin. Tenemos en nuestro favor el hecho satisfactorio de que los seiscientos catorce mil setecientos ochenta y un pesos y dos y medio reales que importaron todos los derechos de exportacin en este puerto el ao prximo pasado, casi se llenaron en los nueve primeros meses del corriente con los seiscientos trece mil doscientos once pesos siete reales que quedaron sobrantes en Caja, despus de cubiertas superabundantemente las atenciones pecuniarias de esta Isla, y dems extraordinarias del Real servicio que gravitan sobre ella, en virtud de las circunstancias polticas, y despus de haberse pagado con separacin trescientos sesenta y tres mil ochocientos cincuenta y siete pesos, correspondientes al emprstito de cuatrocientos veinticinco mil ochocientos noventa y dos pesos, abierto en diciembre de 1825. Es decir, en otras palabras, que todas las cargas de esta Tesorera se habran atendido completamente, dejando un sobrante, sin derecho alguno sobre la exportacin.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /251 /251 /251 /251 /251 Y, si tan feliz resultado han producido las entradas ordinarias, tan slo ayudadas por el celo de la Administracin, cmo no es de esperar que, aumentados considerablemente los derechos de importacin que proponemos subrogar a los de salida, se obtengan iguales, o tal vez ms ventajosos ingresos? As es que, en nuestra opinin, muy lejos de temer el dficit que se anuncia, creemos que se aumenten aqullos notablemente, en razn de que el mismo favor que se presta a nuestra agricultura, redundar muy pronto en fomento del comercio. Mas, aunque as no fuese, y que el importe de los impuestos cuya subrogacin proponemos dejase el supuesto dficit, no encontraran las autoridades superiores de esta Isla, en su ilustracin y profundos conocimientos, otros medios de llenarlo, y su activo celo no agotara todos los recursos, antes de propender a la continuacin de unas contribuciones cuyos ruinosos efectos, en nuestras actuales circunstancias, quedan manifestados? No se ocuparan desde luego, y en primer lugar, en establecer la ms rgida economa en los gastos? No dieron ya pruebas de esta propensin justa, al establecer la Comisin de Auxilio? Y sobre todo, el Gobierno Supremo, en las Reales "rdenes citadas de 1790 y 1792 y en toda su conducta ulterior, no nos ha dado pruebas irrefragables de estar bien persuadido de la prudente mxima de despreciar pequeas y mezquinas ganancias, para consolidar la riqueza que tanto le ha producido en retribucin, y que an le producir ms si no se cierran por medio de impuestos las fuentes de nuestra riqueza? El Gobierno paternal de S.M. no medir nuestra posibilidad para proporcionarnos lo que debamos contribuir a su Real servicio sin derribar el rbol, como suele decirse, para coger el fruto? Esta Corporacin, ms al alcance de las generosas ideas de S.M., y de los beneficios que este pas debe a su munificencia y a la de sus augustos predecesores, no podr un momento desconocer la fuerza de estas reflexiones. La segunda objecin deja de serlo, si se atiende a que los dos males que enuncia son justamente los objetos que nos proponemos en la medida indicada. Primero, encarecer ciertos artculos de nuestra industria, hasta el grado que nuestros productores, y no los extranjeros, sean los que puedan fijar sus precios, porque se trate de fomentar a aqullos y no a stos. Segundo, hacer que recaigan sobre los consumidores, con ms igualdad y justicia, los impuestos que hoy graven slo a los productores, en lo que se cumplen simultneamente las dos miras de las aduanas, que antes dijimos: exigir las contribuciones, supuesta su necesidad, y beneficiar con ellas indirectamente a la industria propia. A estas mximas, puestas en prctica, debern los ramos menores de nuestra agricultura una parte de la proteccin que exigen para hacerlos prosperar; pero la Junta no debe limitarse a ellas. Entre los objetos que merecen la preferente atencin de este Cuerpo es uno el fomento de la ganadera, que, en diversas pocas, ha ocupado sus sesiones.

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OBRAS 252\ 252\ 252\ 252\ 252\ Es inconcebible el estado de atraso en que se halla un ramo que debera abrazar la mayor parte de la riqueza de la Isla, si se considera, no slo la generalidad del consumo de carnes, sino la abundancia de bueyes que se necesitan para la fabricacin del azcar y para las conducciones de toda especie en que se emplean por lo general. Cules son las causas de este atraso y del abandono que hemos hecho en manos de la naturaleza para la cra de nuestros ganados? Consiste en el excesivo peso de las contribuciones que cargan sobre este artculo? Convendra al Estado en general privarse de ellas, al menos por algn tiempo, a trueque de los beneficios que resultaran de su fomento a la riqueza de la Isla? Estas cuestiones merecen examinarse detenidamente, y examinarse tambin los perjuicios positivos a que estamos expuestos en el caso de una guerra martima que nos privase de una gran parte de artculos de primera necesidad dependientes de la importacin extranjera, y que pudiramos procurarnos dentro de la Isla si la crianza de ganados llegase al grado de fomento en que se encuentra en otros pases, por ejemplo, en Amrica del Norte, tal vez sin las proporciones naturales que tenemos nosotros para adquirirlo. El tabaco, origen primitivo de la riqueza de nuestros padres, es un rengln que debera atraer las miradas de este Cuerpo, a cuyo esfuerzo y celo patritico debi verse libre de las cadenas del monopolio. Cul es la causa de que habiendo subido el precio de los cigarros a un grado tan alto, que se dificulta su exportacin al extranjero, la suerte del agricultor que produce aquella hoja preciosa no ha mejorado comparativamente, no habindose alterado en igual escala el valor de los medios de produccin? Se nos ha dicho que en los Estados Unidos se ha alzado el derecho a la introduccin de cigarros, al paso que se ha bajado a la importacin de la rama, cuya medida es conocidamente dirigida a aprovecharse de la parte industrial del torcido. Nos convendra a nosotros seguir el rumbo opuesto, liberando de todo derecho a la extraccin del tabaco elaborado, o, por el contrario, coadyuvar todava ms a la exportacin de la rama, que es en lo que estriba el monopolio que felizmente debemos a la naturaleza en esta clase de produccin? El cultivo del arroz, de las papas, y de las dems menestras y legumbres que se nos introducen del Norte de Amrica y que podramos nosotros producir con utilidad de nuestros capitales, tal vez no necesitan de otro fomento que el de la regulacin de los derechos de la aduana a la importacin de iguales artculos; mas, no por eso, son menos dignos de fijar la consideracin de la Junta para examinar los medios que puedan dar mayor impulso a su produccin, sin dejar de promover otros ramos, como ail, cacao, grana y algodn, despus de estudiadas las ventajas que pudieran producirnos.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /253 /253 /253 /253 /253 En suma, volvemos a repetirlo, no debemos dejar de la mano la proteccin directa de los frutos de exportacin para auxiliarlos en su decadencia hasta adonde alcance la fuerza del Gobierno, al paso que tratemos de extender la esfera de nuestra industria para dar empleo a capitales que vendran con el tiempo a quedar muertos, a consecuencia de no poder nosotros sostener la concurrencia de los extranjeros en la produccin de azcar y caf. Vuestra Excelencia y V.S.S., cuyo ardoroso celo por el bien pblico es notorio, harn el uso que corresponda de la serie de reflexiones a que nos ha conducido el deseo de la prosperidad de esta Isla, tan digna, por todos ttulos, de la proteccin que el Soberano le dispensa, y de los trabajos que esta Junta le dedica, concluyendo con recapitular los objetos a que deseamos llamar su consideracin: 1 Que simultneamente se promuevan los expedientes sobre establecimiento de la Ctedra de Qumica aplicada a la agricultura, y sobre plan general de caminos, tratndose de que ste sea en el concepto de excitar a la formacin de empresas particulares. 2 Que se represente a S.M. lo conveniente a fin de que la mxima reconocida en todas las naciones, y consagrada, con respecto a esta Isla, en el espritu del Real Decreto de 22 de noviembre de 1792, de que los frutos de nuestra industria sean libres a su extraccin, se erija en principio inviolable, y se encargue a estas autoridades que, en los casos extraordinarios en que pueda ser forzoso aumentar los impuestos, sea recargando cualquiera de los ramos de consumo, puesto que as se encontrar la contribucin ms natural y justamente repartida, sin que se entienda que en nuestra splica comprendemos al tabaco, cuyas particulares circunstancias exigen consideraciones parciales, como tambin la extraccin de maderas, o de mieles de purga por su relacin con la de aguardientes. 3 Que igualmente se represente a S.M. el perjuicio incalculable que causa a la venta de nuestros azcares en la Pennsula, la libertad de derechos de que goza, a su entrada en ella el de Filipinas, y se pida una justa igualdad entre ambas producciones, hacindose presente que la ventaja que llevan las nuestras, en el precio de los fletes, est sobradamente compensada con la facilidad y baratura de los medios con que se cuenta en Filipinas para la produccin del azcar. 4 Que se forme expediente, trayendo a la vista los antecedentes que existan en la Secretara Consular, sobre el fomento que se deba dar a la crianza del ganado, nombrndose una Comisin escogida de hacendados de dentro o fuera del seno de la Junta que investigue e informe sobre las causas que pueda haber para que la carne y el tabaco tengan entre nosotros un valor tan alto, al paso que en el Norte de Amrica se venden ambos artculos a precios nfimos. 5 Que dicha Comisin, u otra que se nombre, se encargue de informar acerca de los cultivos que convenga fomentar por ser ms ventajosos a

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OBRAS 254\ 254\ 254\ 254\ 254\ nuestras circunstancias, para llenar el vaco que dejar, en la industria agrcola de este pas, la decadencia del caf 6 Y, finalmente, que la Junta seale desde luego una poca no lejana en que se haga dar cuenta del estado de todos estos expedientes, y verifique lo mismo en otras sucesivas, con el objeto de tener siempre ideas exactas de los progresos que hagamos en ellos y en la mejora de nuestra agricultura. Habana, 8 de noviembre de 1827. Francisco de Arango. Juan Montalvo. Joaqun Prez de Urra.Notas1Los derechos de importacin y exportacin, que se recaudan en la Aduana de este puerto, ascienden a cerca de cuatro sptimos del total importe de los impuestos de toda la Isla, los cuales subieron en el ltimo ao a ms de siete millones de pesos. Francia, con treinta y dos millones de habitantes, pag por toda clase de contribuciones, en el mismo ao, ciento noventa y cinco millones y medio. Las rentas de Gran Bretaa e Irlanda ascienden a doscientos sesenta millones poco ms o menos, siendo su poblacin de veintin millones. Es decir que la Isla de Cuba, con setecientos quince mil habitantes, de los cuales un treinta y seis por ciento son esclavos, ha producido respectivamente a su poblacin una renta de veinte por ciento menos que la nacin ms rica y ms recargada de contribuciones que existe, cuarenta por ciento ms que Francia y ciento cincuenta ms que la Pennsula, aun suponindole una renta de cuarenta millones, por diez y medio millones de habitantes.

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OB OB OB OB OB SER SER SER SER SER V V V V V ACIONES ESCRIT ACIONES ESCRIT ACIONES ESCRIT ACIONES ESCRIT ACIONES ESCRIT AS EN 1827 AL AS EN 1827 AL AS EN 1827 AL AS EN 1827 AL AS EN 1827 ALENSA ENSA ENSA ENSA ENSA YO POLTICO SOBRE LA ISLA DE CUBA YO POLTICO SOBRE LA ISLA DE CUBA YO POLTICO SOBRE LA ISLA DE CUBA YO POLTICO SOBRE LA ISLA DE CUBA YO POLTICO SOBRE LA ISLA DE CUBA1 1 1 1 1I Pgina 55, Nota 2 El ro de la Chorrera, que fue el que caus la ruina de los Molinos, no tiene cavernas en su curso, como sucede al de San Antonio, que todo se sume en ellas. Los Molinos fueron vctimas de una masa enorme de aguas detenidas por un malecn que se form en 1731 contra los Puentes Grandes, de resultas de un grandsimo temporal de aguas. stas, al fin, rompieron el malecn, y cay aquel torrente sobre los desgraciados Molinos, que estn dos pasos de all. II Pgina 63 Hay tambin chapapote cerca de las aguas minerales de Madruga, diecisis leguas a barlovento de La Habana y seis a sotavento de Matanzas. III Pgina 66 En La Habana y su jurisdiccin, jams ha habido temblores de tierra. Cuando los hubo muy fuertes en la parte oriental de la Isla, dijeron algunos que haban sentido por ac cierto movimiento, y otros que nada percibieron. IV Pgina 75 La ms fuerte helada de que aqu tenemos memoria fue la de la noche del 9 de diciembre de 1812, que lleg hasta el extremo de recoger, en algunas partes, grandes tmpanos de hielo; secndose, en consecuencia, muchos millares de cafetos y algunos caaverales.

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OBRAS 256\ 256\ 256\ 256\ 256\ V Pgina 149 Hasta ayer maana, hubo en Guanabacoa muchas familias de indios. Yo las alcanc, y el Sr. Barn [de Humboldt] ver en la Historia de Arrate que los indios, en sus canoas, eran los que provean de agua a esta ciudad, antes de que se hiciese la zanja que tenemos hoy; y, a siete leguas de Bayamo, hay todava un pueblo de indios, que se llama Jiguan, que goza de los privilegios que, por las leyes y otras Reales disposiciones, estn concedidas a los indios; consta de trescientas casas. Pero es casi seguro que desaparecern, lo mismo que los de Guanabacoa, por sus continuas mezclas con blancos y negros. VI Pgina 169 El libre comercio de negros no se estableci en esta Isla hasta 1789, y en el intermedio que hubo desde 1763, no recibimos ms africanos que los que nos trajeron los contratistas que se citan. VII Pgina 169 El Rey de Espaa acert al exigir las cuatrocientas mil libras esterlinas de que se trata, para indemnizar a los espaoles interesados en las presas ilegales que haban hecho los ingleses y no por los perjuicios que produjese la abolicin de este trfico. Vase el tratado. VIII Pginas 173, 174 y 175 No puede ser ms dulce y amistosa la reconvencin que en este lugar me hace el Sr. Barn [de Humboldt]; pero no merecindola, y como abundo en sus mismos principios, no puedo pasar por ella. Ese documento es uno de los comprobantes de la “Representacin”;1 y en ella se explica muy bien que el sentido de la frase que se copia no es el que se presenta por el Sr. Barn, a quien suplico que modere su rigor, leyendo el primer prrafo de la pgina 40, el ltimo de la 41, el primero y el segundo de la 45, y sobre todo la conclusin de la “Representacin”, en donde su autor manifiesta que estuvo y estar siempre muy lejos de sostener, con esa comparacin, tan abominable trfico, y que slo pretendi, como deba pretender, demostrar con ella las diferentes reglas que deban seguirse para la distinta conducta que haban tenido en este asunto las islas extranjeras, nuestras vecinas.2

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /257 /257 /257 /257 /257 IX Pgina 176 Mster Cropper debi tener presente la escasez de hembras que haba en esta Isla, y sin apurar ese dato, ni puede hacerse ni sostenerse la comparacin entre Jamaica y Cuba. X Pgina 176 Para calcular la mortalidad o disminucin anual entre los negros de nuestras haciendas, es menester distinguir la que hay en los negros bozales acabados de llegar, y la que se nota en los que ya estn aclimatados. La primera es muy variable y ms depende del estado de salud en que llegan; la segunda no pasa del cinco por ciento, y quizs no llega, en la gran mayora de las haciendas, y ya hay algunas en donde los nacidos reemplazan con exceso a los muertos. XI Pgina 189 La cera no fue compaera del tabaco. Se comenz a beneficiar a impulso del Gobernador Marqus de la Torre en 1772, y su extraccin, como ms abajo se indica, empez tres aos despus. XII Pgina 192 El autor de esas cartas, ni estuvo en La Habana ni trat con nadie. Vivi siempre en Guanabacoa, cerca de una herrera, y de ah sacara las noticias que imprimi. XIII Pgina 208 Hoy sucede lo contrario. El quebrado slo se vende ms caro; y el blanco sin quebrado, ya no tiene aumento en su precio. XIV Pgina 210 En estos dos aos ltimos, han pasado de tres mil cajas el ingenio viejo de Ro Blanco y el de D. Juan Montalvo; siendo lo ms notable que, en

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OBRAS 258\ 258\ 258\ 258\ 258\ Trinidad, hay otros dos ingenios de igual producto. Slo Ro Blanco tiene cuatrocientos negros y los dems no pasan de trescientos, y entre los ingenios nuevos de Matanzas hay algunos que, con ciento cincuenta o ciento sesenta negros, hacen doscientas cajas. El joven Conde de Jaruco ha hecho un ingenio a tres leguas de Matanzas que, a pesar de la seca del ao anterior, le ha producido nueve mil seiscientas cajas, y los negros que all tiene —segn dice—, son doscientos veinte. XV Pgina 211 El alimento, vestuario y hospitalidad de un negro campestre bien asistido, cuestan desde veinticinco hasta treinta pesos al ao. XVI Pgina 212 Treinta y dos mil arrobas de azcar pueden producir, incluidas las cachazas, doce mil barriles de miel de a diez frascos cada uno, y de esa miel se sacarn, puesta en La Habana y rebajadas sus mermas, de cuatrocientas a cuatrocientas cincuenta pipas de aguardiente de ciento ochenta frascos y de veinte a veintiuno grados de fuerza, cuyo precio corriente hace dos aos es de veinte a veintids pesos pipa; es decir, que el aguardiente de un ingenio de dos mil cajas slo puede producir de ocho mil a diez mil duros y los gastos de esa finca, habiendo orden, sern de veinte mil a veinticinco mil pesos anuales. XVII Pgina 213 Con doscientos cincuenta mil duros sobra mucho para hacer en las tierras nuevas de Matanzas, y dems de la Isla, un ingenio de dos mil cajas, y yo no dudo que esas fincas hechas con economa y administradas con discrecin, den un inters de dieciocho por ciento, esto es, del capital efectivo gastado en ellas, y no del que se les d en las tasaciones. No dir lo mismo de los ingenios viejos, porque sus productos son mucho menores y su valor se regula no por lo que en ellos se ha gastado, sino por las tasaciones que se hacen, segn las cuales habr muchos que no den el dos por ciento, vendiendo el azcar y el aguardiente al precio del da.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /259 /259 /259 /259 /259 XVIII Pginas 220 y 221 No se puede pasar por esta comparacin. Nuestros ingenios nuevos, en tierras y aos buenos, dan treinta y dos mil arrobas de azcar purgado, con doce o catorce caballeras de caa y no ms. Aun en los ingenios viejos, hay pedazos de tierra que dan respectivamente el mismo producto. Y quin sabe lo que dara si el cultivo se hiciese en pequeo y por manos libres e interesadas en l, como sucede en la India ? De esto y de los menores costos en la elaboracin, es de lo que en mi concepto depende la mayor baratura del azcar de aquellas regiones, lo cual se nota igualmente, y por los mismos motivos, en todos sus dems frutos. XIX Pgina 232 Nota Un frasco espaol contiene tres botellas comunes, y un galn ingls, cuatro y media. Nuestras pipas regularmente pasan de ciento veinticinco galones. XX Pgina 236 Ya no vienen de Mississippi, sino de Portland y otros parajes del continente angloamericano, las tablas para nuestras cajas. El millar de pies de estas tablas produce treinta y dos cajas y por lo comn se venden de dieciocho a veintids duros. El precio a que se vende hoy una caja acabada es el de nueve reales fuertes. XXI Pgina 236 La molienda comienza en algunos ingenios en noviembre, los ms empiezan a principios de diciembre, y los muy perezosos a fines del mismo mes. XXII Pginas 236 y siguientes Deseara que el Sr. Barn [de Humboldt] viese mi corazn, o al menos mis ojos, todas las veces que he ledo esta copia de mis principios y constantes sentimientos.3

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OBRAS 260\ 260\ 260\ 260\ 260\ XXIII Pgina 237 Todos se acuerdan con aprecio y gratitud de esos tiles ensayos, y ellos han servido eficazmente a otros reverberistas, en cuyo ramo creo que hay bastante adelantado; pero no dir lo mismo de otros maestros de azcar. Se hace generalmente mejor azcar que antes; pero ni se saca la cantidad que debiera sacarse, ni hay seguridad en nada. Ya se abandonaron casi generalmente las clarificadoras y hemos vuelto a nuestras antiguas pailas. No hay otro remedio, en este importante punto, que el que indica el Seor Barn [de Humboldt]. Me ocupo seriamente de hacer adoptar su consejo y que La Habana le deba este nuevo factor. XXIV Pgina 238 Ese clculo —que no es del que lo firmaba— no puede gobernar hoy; y con este motivo debo hacer una advertencia que antes he omitido: las tierras de los ingenios no valen lo que el Sr. Barn asienta. Las mejores y menos distantes, se tasan —y una cosa es tasar y otra es vender— a dos mil pesos la caballera. Son pocos los ingenios nuevos que las han comprado a mil pesos, y muchos las han comprado a censo redimible en seiscientos pesos, que equivalen a cuatrocientos pesos en efectivo. Esas tierras de a tres mil y cuatro mil pesos son las que en las inmediaciones de la ciudad se emplean en siembras menores. XXV Pgina 242 Ya habl‚ sobre esto, en la observacin que hice a la pgina 210. XXVI Pgina 243 Es cierto que hay vegas de tabaco servidas slo por blancos; pero las ms se cultivan por negros, gobernados por algn blanco. XXVII Pgina 252 Tabaco Remito un informe que trabaj sobre este ramo en 1806 —tiene bastantes errores de imprenta—, y lo remito porque creo que en l hallar el Sr. Barn [de Humboldt] ms noticias que en ningn otro escrito sobre

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /261 /261 /261 /261 /261 todos los ramos de nuestra agricultura. Ya hace once aos que se aboli la Factora; porque la que qued con este nombre y destruyeron las Cortes, no era ms que una casa de comercio encargada de comprar y remitir lo que le peda el estanco de la Pennsula. Esa abolicin no ha producido, en la apariencia, tantos bienes como se esperaban; pero, en realidad, son muy grandes, como lo demuestra ese estadito, que con respecto a Vuelta Abajo mand formar y publicar, cuando, por Real comisin, desempe esta Intendencia. En otros partidos, y con especialidad en los orientales de la Isla, los progresos han sido mucho mayores. El contrabando que se hace en este artculo, principalmente en cigarros, es enorme, y estoy en la persuasin de que sus cosechas —incluido nuestro incalculable consumo—, al precio del da, valen tanto como las de caf‚ y si sigue el abatimiento de este fruto, y los grandes propietarios se ven precisados a abandonar sus cultivos favoritos, creo que el tabaco pronto llegar a las nubes. XXVIII Pgina 259 Ya he dicho que en 1772 fue cuando vinieron aqu, de Florida, las abejas europeas. XXIX Pgina 264 Se acab enteramente esa reexportacin de efectos para Veracruz, Trujillo, etc. Ah se recibe en derechura, lo que de segunda mano podamos enviar nosotros. XXX Pgina 271 Ya se sabe lo que son estas balanzas. En las harinas, artculo de nuestro consumo, hay una equivocacin de ms de cincuenta por ciento. XXXI Pgina 283 El venerable D. Luis de las Casas no tuvo parte en el gran negocio de abrir nuestro comercio a extranjeros. Los primeros que entraron en este puerto fueron los angloamericanos, a quienes se permiti, en la guerra de su independencia por 1780, 1781 y 1782, traer algunos vveres para el sostenimiento del gran ejrcito y escuadra que vinieron entonces de Espaa; pero esto ces con la paz. En 1788 obtuve yo, como Apoderado de esta

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OBRAS 262\ 262\ 262\ 262\ 262\ ciudad, el libre comercio de negros con nacionales y extranjeros, permitiendo a stos que al mismo tiempo pudiesen introducir todos los utensilios de nuestra agricultura y extraer en proporcin nuestros frutos. A poco rato vino la insurreccin de la parte francesa de la isla de Santo Domingo, y logr‚ para el comercio con extranjeros, los ensanches que se explican en el expediente que se imprimi en 1808 y que incluyo con el Nmero 3. Se concedieron al mismo algunos privilegios particulares para que los extranjeros introdujesen vveres en esta Isla. Y habiendo sobrevenido en 1796 la guerra con los ingleses, el Sndico del Consulado, que ahora hace estas “Observaciones”, promovi —y se acord en una Junta de todas las autoridades, presidida por el Capitn General, Conde de Santa Clara, y el Intendente Visitador General, D. Jos Pablo Valiente— que se abriera el puerto de La Habana a todos los buques neutrales, para la introduccin de efectos y extraccin de nuestros frutos. La Corte no pudo dejar de aprobar esta medida, en vista del expediente que se le remiti por el Consulado y la Junta referida; mas, antes de dos aos, se separ de la Capitana General el buen Conde de Santa Clara. Su sucesor, el Marqus de Someruelos, trajo orden reservada para prohibir al instante el comercio de neutrales; pero este benemrito Jefe se penetr bien pronto de la indispensable necesidad del referido comercio, y, tomando sobre s toda la responsabilidad, dej sin cumplimiento la referida Real Orden. (Vase mi “Representacin”, en el Nmero 3.) Seguimos con nuestros neutrales en toda prosperidad, hasta que la Paz de Amiens restituy a la Metrpoli su privilegio exclusivo. A los dos aos, poco ms o menos, volvi la guerra con Inglaterra y el virtuoso Someruelos abri de nuevo nuestro puerto a las banderas neutrales. En este estado continuamos hasta 1808, en que el mismo Marqus de Someruelos, en vista del citado expediente (impreso Nmero 3), admiti a comercio a todas las naciones amigas. Parece increble que, en tan tristes circunstancias, pudiese el Consulado de Cdiz pensar en sostener su exclusiva, y, sin embargo, es un hecho, no slo que lo intent, sino que lleg a obtener, de la Regencia del Reino, resolucin favorable. Ac no se dio cumplimiento, sosteniendo con vigor esta terrible lucha de la manera que indican los papeles que van marcados en los impresos Nmeros 4 y 5. Regres el Rey en 1814, y entonces fueron mayores nuestros riesgos, habindose expedido al instante orden para la suspensin de nuestro comercio con extranjeros; pero no se puso en prctica, porque el Capitn General, D. Juan Ruiz de Apodaca, manifest el temor de las resultas que poda tener semejante providencia; y a esa sazn lleg a Madrid el antiguo Apoderado de La Habana, D. Francisco de Arango, a ocupar su plaza en el Consejo, y, accediendo el Rey a la propuesta de este Supremo Tribunal, se concluy este negocio por la Real Orden que va anexa con el Nmero 6.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /263 /263 /263 /263 /263 XXXII Pgina 283 No digo para cinco meses, para siempre tiene vveres la Isla con que poder subsistir. Lo que le faltara, en caso de un largo bloqueo, sera la voluntad de sufrir tantas privaciones, y sobre todo, la de la extraccin de los frutos que nos mantienen. Nuestro consumo de harinas, ya he dicho que es mucho mayor de lo que se supone; sobre lo cual conviene tambin advertir que ya se acercan a ochenta mil barriles anuales los de harina que nos remite Santander, y dicen los inteligentes que, vendindose, como ella se vende, a once o doce pesos, puede sostenerse contra la de los Estados Unidos, por estar aqulla libre de derechos y sta recargada con el de siete pesos en barril, siendo extranjero el buque conductor. XXXIII Pgina 286 Vuelvo a decir que Mariel nunca ha llegado a ser puerto habilitado. XXXIV Pgina 287, Nota El arreglo de derechos, o sea, los aranceles generales, no se hizo hasta 1824, siendo D. Francisco de Arango Intendente en comisin; son maravillosos los efectos que ha producido. Se remite un ejemplar, documento Nmero 7. Y en cuanto al establecimiento del depsito, al paso que ha causado el grandsimo bien de no estrechar a los comerciantes por el pago de derechos, ni obligarlos a que vendan con precipitacin, es menester recordar lo que ya se dijo sobre la pgina 264, esto es, que ya no hay reexportacin para Nueva Espaa. XXXV Pgina 293 Es admirable el aumento que las rentas han tenido despus de los aranceles, especialmente en los puertos de Trinidad y Matanzas. Los rendimientos de este ao sern infinitamente mayores que los del anterior, del cual se envan estados con un ejemplar de su balance (documento Nmero 8), y se agregan, para su perfecta inteligencia, algunas observaciones manuscritas, documento Nmero 9.

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OBRAS 264\ 264\ 264\ 264\ 264\ XXXVI Pgina 300 Todo esto ha variado despus que, por los aranceles, se redujeron a uno los diferentes derechos establecidos. XXXVII Pgina 302 Con los nuevos aranceles se estableci una aduana en Santiago de Cuba, y desde entonces es de mucha consideracin el aumento que han tenido aquellas Cajas Reales. XXXVIII Pginas 312 y siguientes Nada ms justo, nada ms til a los mismos propietarios, que lo que aqu se insina, y nada ms abominable que el descaro con que se hace ese contrabando. XXXIX Pgina 324 Este Reglamento es de 1795, y el Sndico que propuso con vigor muchas veces, para que se arreglase fundamentalmente este importante negocio, lo hizo tambin hallndose de Consejero, y cree, con dolor, que se morir sin lograrlo.Notas1Las “Observaciones” de Arango a la obra de Alejandro de Humboldt se refieren al tomo primero de la edicin publicada en Pars, en 1826, con el ttulo de Essai politique sur l’le de Cuba Un ejemplar de esta edicin se encuentra en la Biblioteca de la Sociedad Econmica de Amigos del Pas de La Habana; ejemplar que forma parte de la valiosa donacin de mil volmenes de obras cientficas hecha en 1863 por el Sr. D. Jos Silverio Jorrn. (Manuel Villanova)2Las citas de Arango se refieren a la edicin que en 1814 se public en Madrid de la Representacin de la ciudad de la Habana a las Cortes el 20 de julio de 1811 (Manuel Villanova)3Entre las “Observaciones” de Arango, sta ocupa el ltimo lugar en el manuscrito que ha servido para la presente publicacin. (Manuel Villanova)

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PLAN DE ESTUDIOS PLAN DE ESTUDIOS PLAN DE ESTUDIOS PLAN DE ESTUDIOS PLAN DE ESTUDIOSTTULO IPrevenciones generales Artculo 1 Queda suprimida la Universidad de esta ciudad titulada San Jernimo y en su lugar se establecer otra con el ttulo de...,1 sujeta, como todas, a la autoridad del Rey, nuestro Seor, y a la de su Representante en esta Isla, conforme a sus Estatutos. Todos los grados de la antigua Universidad se incorporarn en la nueva y los Directores de aqulla sern del Claustro de sta y gozarn de las prerrogativas anexas a su grado. 2 En la nueva Universidad se ensear Gramtica Latina y Castellana, Dibujo, Instituciones Filosficas, Fsica Experimental, Qumica, Elementos de Historia Natural, Principios de Matemticas, de Nutica, de Agrimensura y Geometra aplicada a las Artes, Teologa, Leyes, Cnones, Medicina, Ciruga, Historia, Geografa y Cronologa. Habr tambin Academias para cada ciencia, y dos especiales de Oratoria y Prctica Forense. 3 No habiendo edificio proporcionado para la reunin de estos estudios, y siendo de necesidad aprovecharse de algunos ya establecidos en diferentes parajes, se formar de todos un Cuerpo que, para su enlace y arreglo, conserve la esencia y merezca el nombre de Universidad. 4 Se declaran, en consecuencia, como partes integrantes de la de La Habana, todos los estudios que existen y van a establecerse en el Real Seminario de San Carlos. Del mismo modo pertenecern a la Universidad las Ctedras que han de quedar en el convento de Predicadores; la de Anatoma y Clnica, que debe costear la Real Hacienda; la de Botnica, que se paga por el Consulado y Sociedad Patritica; la Escuela de Dibujo, que tiene a su cargo este ltimo Cuerpo; y la Biblioteca Pblica que ha de fundarse en el citado Seminario. 5 En cuanto a los dems estudios que hay en La Habana, se reserva su arreglo a la Direccin que, para todos los de la Isla, debe establecerse con la Universidad, sin perjuicio de disponer antes lo que sea posible para mejorar la educacin y enseanza en las dems poblaciones.

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OBRAS 266\ 266\ 266\ 266\ 266\TTULO IILenguas Artculo 6 Para ser admitido en las clases de Latinidad, es preciso saber Doctrina Cristiana, leer y escribir correctamente y las cuatro reglas de contar por nmeros enteros, sujetndose sobre estos particulares al correspondiente examen. 7 En estas escuelas se ensear: 1, la Gramtica de la Lengua Latina con toda extensin; 2, paralela y comparativamente, la Castellana; 3, a traducir correctamente del Latn al Espaol y de ste al Latn; 4, un tratadito de Antigedades Romanas ; otro, de Mitologa, y otro, de las acepciones figuradas de las voces, como suele decirse, de los tropos o figuras de significacin. 8 Los libros de que por ahora se har uso sern los siguientes: la Gramtica Latina del padre Carrillo,2 o la de los Padres Escolapios de la provincia de Castilla, y la Castellana de la Real Academia Espaola. Para traducir del Latn al Castellano, la Coleccin de Autores usada en las Escuelas Pas y el Calepino de Salas, o el Diccionario manual de Ximnez. Para la versin al Latn, el Requejo; para la Mitologa, el tratado del Padre Juvencio, traducido al castellano. Para las Antigedades Romanas y los tropos dictar el Profesor unas breves lecciones, mientras no se hayan publicado los compendios de que se hablar en el artculo 110 del Reglamento General publicado en 29 de noviembre de 1825 para las Escuelas de Latinidad y Colegios de Humanidades. 9 Tendr la Universidad dos diferentes Escuelas de Latinidad, una en el Real Seminario de San Carlos3 y otra en el convento de Predicadores,4 y habr dos Preceptores y un Ayudante5 para cada una, titulndose el primero de aqullos Preceptor de menores, y el segundo, de mayores. El de menores tendr a su cargo la enseanza de los Rudimentos, y el de mayores con el Ayudante, los de sintaxis y propiedad, cuidando todos de que los alumnos no pasen de una clase a otra sin la aptitud necesaria. 10 En la de menores o Rudimentos, se estudiarn las declinaciones y conjugaciones con la correspondencia castellana; y cuando los alumnos digan ya salteados y sin equivocacin todos los tiempos en los diversos modos de las voces activa y pasiva, se les pondr a traducir del Latn al Castellano, y recorrern por su orden el tomo primero de la coleccin de que habla el artculo 8. Mientras se van soltando en este ejercicio y en el importantsimo del anlisis gramatical, estudiarn las reglas de gneros y pretritos y las ms necesarias de concordancia y rgimen, y se les irn explicando las varias especies y formas de oraciones latinas y los diversos modos de combinarlas y enlazarlas unas con otras, hacindoselas formar prcticamente en cortos ejemplos, cuyo texto se les dar de viva voz.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /267 /267 /267 /267 /267 11 En la segunda, a la cual pasarn cuando estn ya bastante diestros en formar oraciones de todas clases y tengan bien sabidas las reglas de gneros y pretritos y las ms necesarias de sintaxis, estudiarn sta en toda su extensin, enterndose muy a fondo de los idiotismos de la lengua latina, y observando aquellas construcciones en que ms se diferencia de la espaola. Continuarn la traduccin del Latn al Castellano en el tomo segundo de la Coleccin Latina analizando siempre los pasajes que traduzcan; harn todos los das por escrito la versin de algn trozo espaol en prosa, de los contenidos en la castellana de que se habla en el artculo 112 del ya citado Reglamento General, y estudiarn al mismo tiempo el tratadito de Antigedades Romanas 12 En la tercera, en la cual entran cuando ya traduzcan corrientemente los autores latinos de prosa, pasarn a los poetas, estudiando al mismo tiempo, en sus respectivas gramticas, la prosodia y versificacin latina y castellana, y los tratados de Mitologa y Tropos. En los poetas latinos, adems de traducirlos de viva voz, en buena prosa castellana, y analizarlos, medirn los versos dando razn de la cantidad de las slabas, y se ensayarn alguna vez en poner en el metro castellano correspondiente el pasaje latino que se les seale. Pondrn tambin en el metro latino que exija su naturaleza, algunos de los versos castellanos que comprenda la Coleccin Espaola 13 En tres pocas fijas, a saber, en octubre, a principios de enero y Pascua de Pentecosts‚ admitirn los Maestros en sus Escuelas a los nios que les presentaren sus padres o tutores. 14 Todos los das se concurrir a las aulas sin ms asuetos que los siguientes: las tardes de los jueves, en aquella semana en que no ocurriese fiesta de precepto; las vacaciones de Navidad (desde el 24 de diciembre hasta el 6 de enero, ambos inclusive); el Lunes y Martes de Carnestolendas; el Mircoles de Ceniza por la maana; los diez das desde el Domingo de Ramos hasta el tercero de Pascua de Resurreccin; los das del Rey y la Reina; las tardes de la cancula y los ocho das siguientes a los exmenes anuales. 15 Las aulas durarn dos horas y media6 por la maana, y dos por la tarde, variando la de entrada, segn las estaciones, a arbitrio de los Maestros. 16 Las tres clases estarn en piezas separadas si el edificio lo permitiese, y aun cuando se renan en una misma sala se colocarn los discpulos con la debida separacin. 17 Cada clase estar dividida en dos secciones o bandas que se disputen premios semanales, y en ambas se darn los puestos por ascenso, segn el mrito y la aplicacin de los alumnos. 18 Las bandas estarn subdivididas en dos o ms decurias, cuando el nmero lo permita; siendo decuriones de ellas los mas aventajados en la clase.

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OBRAS 268\ 268\ 268\ 268\ 268\ 19 Estos decuriones tomarn la leccin de memoria a los individuos de sus respectivas decurias, cuidarn de que estn en el aula con silencio y compostura, se repetirn las explicaciones del Maestro, y avisarn a ste de las faltas que se cometieren, as en la parte literaria como en la disciplina; cuidando el Preceptor de que los nios ejerzan esta censura con imparcialidad y rectitud, y oyendo alguna vez los descargos de los acusados, para que as los decuriones se habiten a proceder con justicia y moderacin. 20 Cuando el Maestro, por estar las clases en piezas separadas o por ser considerable el nmero de alumnos, no pueda atender por s solo a todos los ejercicios, podr tener uno o ms pasantes, eligiendo entre sus discpulos los que fueren de su confianza; pero, no siendo de ellos, han de estar examinados y tener la correspondiente licencia para ensear, y en este caso, harn en la clase que se les confe las veces del Maestro, y ste cuidar de que en todas se siga el mtodo prescrito, y se aproveche y distribuya el tiempo con arreglo a la instruccin que el mismo deber dar por escrito a sus pasantes. 21 Los Maestros debern tener registros en que anoten los nombres y apellidos de los discpulos, los de sus padres o tutores, el pueblo de su naturaleza y vecindad, el da en que entraron en la escuela y aqul en que pasaron de una clase a otra, la especie de talento que mostraren, su aplicacin, aprovechamiento y conducta moral, los premios que han ganado y castigos que han sufrido, con expresin de la falta cometida. Y con arreglo a estas notas, que guardarn muy reservadas, darn los informes que se les pidan por la Superioridad o por los padres y tutores. A stos les pasarn de oficio, cada seis meses, un aviso circunstanciado de cuanto pueda interesarles en orden a los progresos y conducta de los alumnos. 22 En cada aula habr una imagen o estampa de nuestro Seor Jesucristo, de la Virgen Santsima o de algn santo, ante la cual, arrodillados todos los discpulos, antes de comenzar los ejercicios literarios, dirn una devota oracin en que imploren la asistencia del Espritu Santo. Del mismo modo recitarn otra, antes de salir de la clase por maana y tarde. 23 Los das festivos concurrirn todos formados y presididos por el Maestro a la misa mayor de la parroquia en que la escuela estuviese situada, o a la de otra iglesia o capilla proporcionada a las circunstancias de la escuela. 24 Tambin se obligar a los alumnos que puedan a que confiesen y comulguen tres veces en el ao por lo menos. 25 Todos los sbados por la tarde se destinar la ltima hora de clase para repasar la Doctrina Cristiana y rezar el Santo Rosario. 26 Los maestros cuidarn muy particularmente de que no se corrompan las costumbres de sus alumnos, tomando todas aquellas precauciones

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /269 /269 /269 /269 /269 que la prudencia les dicte para evitar que se vicien, y despidiendo del aula a cualquiera en quien adviertan resabios capaces de contagiar a los otros. 27 El Preceptor examinar el ltimo da lectivo de cada mes a todos los alumnos, en aquella parte que hayan estudiado, para observar y anotar los progresos que hubiesen hecho. Tambin los examinar cuando hayan de pasar de una clase a otra, asistiendo a estos exmenes los otros Preceptores, si hubiese ms de uno. 28 Adems de estos exmenes mensuales y de pase, celebrar uno ms extenso al fin de cada semestre, convidando a los padres o tutores de los alumnos para que, por s mismos, puedan ver sus adelantamientos. 29 Entre el 15 y 22 de septiembre se celebrar examen general y pblico de todas las clases que presidir el Rector.7 El Maestro, con la debida anticipacin, publicar impreso el programa del examen, especificando en l las materias en que hayan de ser respectivamente examinados los alumnos, dividindolos por clases, y expresando sus nombres y apellidos. 30 Al ms sobresaliente de cada clase, en estos exmenes se le adjudicar un premio, que consistir en una medalla de plata de peso de una onza, la cual podr llevar pendiente del cuello todo el ao inmediato, a no ser que, por falta o culpa notable, merezca que se le suspenda el uso de aquella condecoracin. La medalla tendr en el anverso, entre dos palmas, una inscripcin que diga “La aplicacin premiada”, y en el reverso otra que diga “Por el Seor D. Fernando VII”. Estos premios se adjudicarn por los Jueces de aquel acto, que lo sern el Rector y dos personas de las ms condecoradas e inteligentes que aqul escoja entre los que concurran;8teniendo obligacin estos Jueces de or el dictamen del Preceptor; pero sin precisin de conformarse con l. 31 Adems de los premios anuales, se repartirn otros en los exmenes de semestre, al alumno ms aventajado en cada clase. Estos premios se adjudicarn por el Maestro y consistirn en un lazo de seda que los premiados llevarn, en el aula, atado al brazo izquierdo todo el semestre siguiente, si por alguna falta grave no perdiesen este honroso distintivo. 32 El sbado de cada semana, en la primera hora de la tarde, los discpulos ms adelantados de las dos bandas en que se subdividen las clases, tendrn entre s un certamen sobre los puntos que el Maestro sealare y la banda de los que ste declarare por vencedores tendr en su poder, durante la prxima semana, la bandera de la clase, y el ms antiguo de ella, una cinta u otra condecoracin que le distinga. 33 Diariamente servir de premio a los que mejor desempeen la obligacin de aquel da, el ganar uno o ms puestos; as como la prdida del que tenan, ser parte de castigo para los desaplicados. 34 Para imponer las dems penas de que se hagan merecedores los alumnos por faltas literarias y de conducta, tendrn presente los Maes-

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OBRAS 270\ 270\ 270\ 270\ 270\ tros de Latn lo dispuesto en el ttulo 6 del Reglamento de las Escuelas de primeras letras. 35 El estudio de la Latinidad durar de dos a tres aos, segn la capacidad y aprovechamiento de los discpulos, a quienes no se dar certificacin de haber ganado curso hasta que estn completamente instruidos de las materias que son objeto de esta enseanza. Al Catedrtico de mayores es al que corresponde dar la certificacin de aptitud para presentarse a los exmenes de Latinidad que se exigen9 antes de comenzar el estudio de la Filosofa. 36 Por ahora seguirn sin novedad las escuelas de Gramtica Castellana y Latina que existen en esta ciudad y en el resto de la Isla, sujetas a las variaciones que crea conveniente hacer la Direccin de Estudios, oyendo a la Universidad. 37 La Direccin de Estudios10 cuidar de establecer, tan luego como lo permita el estado de los fondos que estn a su disposicin, la enseanza de las lenguas sabias, vivas y muertas.TTULO IIIDibujo Artculo 38 Habr una Escuela de Dibujo establecida con toda comodidad en el Seminario de San Carlos, y en ella se refundir la que costea actualmente la Sociedad Patritica.1139 Ser gratuita para los pobres, para los que estudien matemticas y la Geometra aplicada a las Artes; y los dems pagarn, al tiempo de matricularse, lo que se dir en su lugar.1240 Los referidos estudiantes de Matemticas y Geometra aplicada a las Artes tienen precisin de ganar cdula de curso en la Escuela de Dibujo para ser admitidos en la Ctedra de Geometra aplicada a las Artes, y por lo que toca a la de Matemticas, no ser en el primer ao sino en el segundo13 en el que se exigir la certificacin de aptitud y asistencia a la Escuela de Dibujo.TTULO IVFilosofa Artculo 41 El estudio de la Filosofa, como preliminar al de las facultades que se dicen mayores, se har en tres aos o cursos acadmicos, indispensables para recibir el grado de Bachiller o para comenzar la carrera de Teologa, Leyes, Cnones y Medicina.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /271 /271 /271 /271 /271 42 En estos tres cursos se ensearn Lgica, Elementos de Matemticas, Metafsica, Filosofa Moral, Fsica y Qumica. 43 Los libros de las diversas asignaturas sern los siguientes. Para el estudio de la Lgica, de los Elementos de Matemticas y de la Metafsica, la obra titulada Institutionum elementarium philosophiae ad usum studiose juventutis ab Andrea de Guevara et Bosoazabal Guanaxuatense Presbitero; para la Filosofa Moral, la tica del Padre Jaquier; y para la Fsica y Qumica, la citada obra de Guevara, la de Libes y los Elementos de Don Mateo Orfila. 44 Tres Catedrticos darn esta enseanza en el Colegio Seminario de San Carlos,14 en los trminos siguientes: Un Catedrtico ensear por la maana, en hora y media, a los estudiantes de primer curso, la Dialctica y Ontologa; no pasando los jvenes a estudiar sta sin haber aprendido bien la primera. Por la tarde, durante igual espacio de tiempo, les explicar el mismo Catedrtico, los Elementos de Matemticas. 45 En el segundo curso y por igual tiempo, de maana, explicar otro Catedrtico las dems partes de la Metafsica, a saber, Cosmologa, Psicologa y Teologa Natural, deteniendo el Catedrtico a sus discpulos en el estudio del ltimo y muy importante captulo del Guevara, que tiene por ttulo De Deo Religiose colendo y ensendoles sucintamente los fundamentos de la Religin verdadera, que exclusivamente es la Catlica. 46 Por la tarde ensear este mismo Catedrtico la tica del Padre Jaquier, omitiendo los captulos que hubiesen estudiado los cursantes en el Guevara, y ponderndoles, en los de officiis singularmente, lo que deben a Dios, al Rey y a las autoridades que, a nombre de Dios y del Rey, nos gobiernan en lo espiritual y en lo temporal. 47 En el tercer curso, otro Catedrtico ensear, en dos horas por la maana, Fsica General15 particular y experimental, y en igual tiempo, de tarde, Qumica, para cuya enseanza habr un gabinete proporcionado de Fsica y un laboratorio de Qumica.1648 Probados estos tres cursos, podrn los jvenes aspirar al grado de Bachiller en Filosofa, que slo se exige a los que hayan de ser Catedrticos de este ramo o continuar la carrera en las Ctedras de Matemticas y Ciencias Naturales, u obtener las de Humanidades. 49 La Direccin de Estudios, con audiencia de la Universidad, determinar oportunamente los requisitos necesarios para aspirar a los grados de Licenciado y Doctor en Filosofa.17Historia Natural 50 En una de las salas del convento de Santo Domingo habr una Ctedra de Historia Natural, en la cual se ensearn los Principios de Botnica, Zoologa, Geologa y Mineraloga.18

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OBRAS 272\ 272\ 272\ 272\ 272\ 51 Durar un ao el curso acadmico de esta enseanza, y las lecciones se darn en hora y media de maana y una de tarde, reducindose a explicar sencillamente los principios generales de las referidas ciencias o lo que sea suficiente para que los alumnos puedan aprender a estudiar por s solos. 52 La Junta de Direccin, oyendo a la de Catedrticos, elegir los libros de asignatura, y para suplir la falta de gabinete de Historia Natural, Mquinas y Jardn Botnico, se agregar, a cada uno de los tratados elementales que se estudien, una coleccin de estampas bien iluminadas que representen con exactitud los objetos.19TTULO VMatemticas Artculo 53 En la Ctedra de Matemticas que existe en el Real Colegio Seminario, se ensearn en dos cursos acadmicos Aritmtica, lgebra, Geometra Elemental y Descriptiva, ambas, Trigonometra, Geometra Prctica, Aplicacin del lgebra a la Geometra y Principios de Astronoma. 54 Los libros de esta asignatura sern la obra de Mr. Lacroix, traducida por Rebollo, y para la Geometra Descriptiva, el tratado de Monge, traducido tambin al espaol. 55 En hora y media por la maana se ensear a los estudiantes de primer curso, Aritmtica, lgebra y Geometra Elemental y Descriptiva. 56 El mismo Catedrtico, en igual espacio de tiempo, explicar, por la tarde, a los estudiantes del segundo curso, ambas Trigonometras, Geometra Prctica, Aplicacin del lgebra a la Geometra y Principios de Astronoma, distribuyendo el tiempo como mejor le parezca.20Nutica, Agrimensura y Geometra aplicada a las Artes 57 Para ser admitido al estudio de la Nutica, se necesita certificacin de haber ganado los dos cursos de Matemticas. 58 Habr un Catedrtico para ensear la Nutica en dos cursos.21 Los estudiantes del primero asistirn por la maana y los del segundo por la tarde, siendo de hora y media cada leccin. 59 El libro de esta asignatura ser el Curso de estudios elementales de Marina escrito por D. Gabriel Ciscar, y queda a cargo del Catedrtico el dividir las materias de esta enseanza, segn lo crea conveniente, entre los estudiantes de primero y segundo curso; teniendo presente lo que traen adelantado en el estudio de Aritmtica, Geometra y Trigonometra.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /273 /273 /273 /273 /273 60 Otro Catedrtico dar de maana, en una hora, leccin de Agrimensura a los que presenten la correspondiente certificacin de haber ganado los dos cursos de Matemticas; quedando al arbitrio de la Direccin de Estudios designar la obra que debe servir de texto para esta enseanza, y proponer a S.M. las reglas que deben observarse para el recibimiento de los Agrimensores. 61 El mismo Catedrtico emplear otras dos horas en dar lecciones de Geometra aplicada a las Artes,22 procurando acomodar sus explicaciones a la capacidad de los discpulos que, por supuesto, deben presentarse con certificacin de haber ganado un curso en la Escuela de Dibujo. 62 Teniendo en consideracin la calidad de las personas que deben concurrir a esta Ctedra, y lo que importa atraerlas por todos los medios posibles, la Junta de Direccin, con audiencia del Catedrtico y de la Universidad, elegir las horas que sean ms cmodas para los alumnos, y sealar el libro de asignatura. 63 Por los mismos motivos, se previene que esta enseanza, la de Dibujo, Fsica, Qumica, Matemticas y Teologa, deben ser gratuitas y nada puede exigirse por razn de matrculas.TTULO VITeologa Artculo 64 El estudio de la Teologa hasta el grado de Licenciado se har en cinco aos o cursos acadmicos.2365 En los dos primeros, uno de los Catedrticos del Real Seminario de San Carlos ensear en hora y media por la maana la Teologa Moral, sirvindole de texto el Compendio de los Salmanticenses, y en una hora, por la tarde, explicar el tratado de Vera Religione por el que con este ttulo escribi Luis Baylli. 66 A estas lecciones de tarde, asistirn todos los estudiantes de quinto ao de facultad mayor. 67 Probados estos dos cursos y con las dems calidades que se dirn, sern admitidos los Profesores de Teologa al grado de Bachiller en esta Facultad. 68 En los otros tres cursos, un Catedrtico explicar, en hora y media por la maana y una por la tarde, la Teologa Escolstica y la Historia y Disciplina General de la Iglesia, sirviendo de texto para lo primero las Instituciones que escribi el Padre Cervoni, dominico, con el siguiente ttulo: Instituciones Theologiae quas ad usum scholarum Auctore ac Magistro Divo Thoma Aquinate composuit Fr. Tomas Maria Cerboni ordinis Predicatorum Roma, 1797, y para lo segundo el Breviario de

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OBRAS 274\ 274\ 274\ 274\ 274\ Bertis y la obra de D. Ramn Fernndez de Larrea, titulada Synodorum oecumenicarum Summa segunda edicin. 69 El Catedrtico dar conocimiento a sus discpulos de los captulos ms interesantes de reformatione del Concilio de Trento, de la Bula Apostolici Ministerii y de los concordatos celebrados entre la Santa Sede y los Reyes de Espaa. 70 Dedicar este Catedrtico una parte del curso a explicar la Historia y Disciplina Particular de la Iglesia de Espaa, adoptando para esta enseanza la Suma de Concilios de Espaa de Villamuo, o a falta de esta obra, y con preferencia, cuando se traduzca al latn, la intitulada Anlisis de las antigedades eclesisticas de Espaa, para instruccin de los jvenes segunda edicin reformada y corregida por su autor, el Padre Maestro Fray Manuel Villodas. 71 Probados estos cursos y con los dems requisitos que se dirn, pueden los Profesores aspirar al grado de Licenciado y despus de ste al de Doctor.TTULO VIILeyes Artculo 72 La carrera de Leyes hasta el grado de Licenciado se har en siete aos o cursos acadmicos. 73 En los tres primeros, se ensear en el Real Colegio de San Carlos por un solo Catedrtico, en hora y media de maana y una de tarde,24 la Historia y Elementos del Derecho Romano y Patrio. 74 Los libros de asignatura sern los siguientes. Para la Historia, el Heinecio, en el primer tercio del curso, y por el espacio de tiempo que el Catedrtico crea necesario; para los Elementos del Derecho Romano, la Instituta de Justiniano con los Comentarios de Arnoldo Vinio, compendiados e ilustrados con notas relativas al Derecho Espaol por D. Juan Sala en la obra titulada Institutiones Romano-Hispanoe ad usum Tyronum Hispanorum, segunda edicin, y la Ilustracin al Derecho Real de Espaa del mismo Sala, que deber traducirse al latn. 75 En el cuarto ao, otro Catedrtico, en el convento de Predicadores, explicar hora y media por la maana y una por la tarde, las Instituciones Cannicas del Ilustrsimo Obispo Juan Devoti, sealndose, para esta asignatura, las materias escogidas de los Libros 1, 3 y 4 que conciernen a la Jurisprudencia Cannica del foro, cuyo conocimiento es ms importante a los juristas. El Catedrtico instruir a sus discpulos por los autores regncolas ms piadosos en todo lo perteneciente a las regalas de S.M. slidamente extendidas y a las obligaciones y derechos del Real Patronato.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /275 /275 /275 /275 /275 76 Probados estos cuatro cursos, sern admitidos los Profesores al grado de Bachiller en Leyes. 77 En el quinto ao y en hora y media por la maana, se explicarn, por otro Catedrtico, en el convento de Predicadores, los ttulos del Derecho Civil Romano, y los correspondientes de las Partidas sirviendo de texto para esta Ctedra la obra de D. Juan Sala, titulada Digestum RomanoHispanum obligando a los alumnos a que tomen conocimientos ms extensos de los cdigos romanos y de los nuestros, y a que consulten incesantemente el inmortal de las Partidas de D. Alfonso el Sabio. 78 Por la tarde asistirn los cursantes de este ao a la Ctedra de Religin. 79 En el sexto y sptimo curso, un mismo Catedrtico, en el referido convento, y en hora y media por la maana, explicar la Novsima Recopilacin contrayndose a los Ttulos ms escogidos de los Libros 1, 2, 3 y 5 y de los 10, 11 y 12, y sirviendo como de gua para este estudio la Ilustracin al Derecho Real de Sala. Tomarn tambin los discpulos algn conocimiento de las dems leyes de la Recopilacin por el Sumario que va al fin de este cdigo, y de las posteriores a la edicin ltima, por las colecciones publicadas o que se publicaren. 8025 Tres tardes en la semana (lunes, mircoles y viernes), durante dos horas, asistirn los Profesores del sexto y primer curso a la Academia de Jurisprudencia Prctica Forense que organizar, por un Reglamento particular, la Junta de Direccin, sobre las bases siguientes: 81 En el primer tercio de cada uno de estos dos cursos se explicar la teora del orden judicial civil y criminal por el Febrero adicionado y corregido por Gutirrez; consultndose, para ampliar la enseanza, al Navia Bolaos, Lacaada y los Tiempos de Paz Los otros dos tercios se ocuparn en ejercicios prcticos de demandas de toda clase, recursos, acusaciones, defensas y dems que se expresarn en el Reglamento. 82 Los Catedrticos de quinto, sexto y sptimo ao sern, por meses, los moderantes o regentes de esta Academia26 y acordarn, al principio de cada curso, el mtodo que deba seguirse a fin de que la instruccin sea uniforme y provechosa. 83 Con esta Prctica y los siete cursos probados, sern admitidos los Profesores de Leyes al grado de Licenciado, cuyo ttulo exhibido en la Real Audiencia del distrito, servir para abogar en todos los Tribunales de su territorio; y el que quisiere presentar el mismo ttulo en los Supremos Consejos, quedar habilitado para abogar en todo el Reino. 84 Los que hicieren iguales estudios en las tres Universidades de Salamanca, Valladolid y Alcal, obtendrn la misma licencia para abogar en esta Isla, en la cual no gobernarn por ahora27 las compensaciones establecidas en el final del artculo 67 y en el 68 del Plan de Estudios aprobado para la Pennsula en 14 de octubre de 1824.

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OBRAS 276\ 276\ 276\ 276\ 276\TTULO VIIICnones Artculo 85 La carrera de Cnones hasta el grado de Licenciado se har en siete aos o cursos acadmicos. 86 Los cuatro primeros aos son los mismos que se prescriben a los cursantes de Jurisprudencia Civil, en cuyas Ctedras los estudiarn. 87 Ganados estos cuatro cursos, podrn los canonistas, si quieren, recibir el grado de Bachiller en Leyes; mas, para graduarse en Cnones, necesitan otro curso, que ser el quinto de esta facultad, el cual se ganar por ahora asistiendo de maana a la misma Ctedra de Instituciones Cannicas de que trata el artculo 75, cuidando el Catedrtico de que los estudiantes de quinto curso queden bien instruidos en los ttulos de las Instituciones Cannicas que se hayan omitido o pasado ligeramente en el curso anterior, y ya se supone que esa Ctedra pertenece a la facultad de Cnones.2888 Para que esta enseanza sea ms completa y fructuosa, a la edicin que deber hacerse de las Instituciones del Devoti, arreglada a la ltima publicada en Roma en 1816, se aadirn, en cada ttulo o captulo, los correspondientes escolios con expresin de lo ordenado en nuestros Concilios nacionales, concordatos, leyes, pragmticas y loable costumbre de la Iglesia Espaola, a imitacin de los que se insertaron por cuatro laboriosos jurisconsultos en las Instituciones del Selvaggio, edicin de Madrid en 1789. 89 Los estudiantes de este curso asistirn por la tarde a la Ctedra de Religin con los dems de quinto ao. 90 Se establecer una Ctedra de Decretales a que concurrirn los estudiantes de sexto curso, hora y media por la maana y una por la tarde. 91 Para esta asignatura servir la obra de Carlos Sebastin Berardi, titulada Comentaria in Jus Ecclesiasticum Universum ilustrndola el Catedrtico con la particular disciplina y leyes del Reino. Ampliar tambin las explicaciones para dar conocimiento de las Colecciones Eclesisticas y del Decreto de Graciano consultando la obra del mismo Berardi titulada Gratiani Canones genuini ab apocryphis discreti 92 En el sptimo y ltimo curso asistirn con los telogos a la Ctedra de Historia y Disciplina Eclesistica de que trata el artculo 70.2993 Concluido este curso y con las dems condiciones que se dirn, pueden los Profesores aspirar al grado de Licenciados y al de Doctor en Cnones. 94 Si aspiraren al de Licenciado en Leyes, despus de recibir el grado de Bachiller en esta facultad, estudiarn un ao en la Ctedra de Digesto Romano-Hispano, y otro de Derecho Real por la Novsima Recopilacin con la asistencia a la Academia de Prctica Forense.30

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /277 /277 /277 /277 /277 95 Los telogos graduados de Bachilleres que aspiraren al mismo grado en Cnones, estudiarn antes un ao de Instituciones Cannicas con los juristas y canonistas. 96 Recibido este grado, si aspiraran al de Licenciado despus de concluida su carrera, estudiarn antes un ao de Decretales.TTULO IXMedicina y dems facultades de curar Artculo 97 El estudio de la Medicina y Ciruga hasta el grado de Licenciado se har en siete aos31 o cursos acadmicos, y las matrculas que se estudiarn son las siguientes: Anatoma, Fisiologa, Patologa, Higiene Privada y Pblica, Materia Mdica, Medicina Legal, Arte de Formular, Afectos Internos, Clnica Mdica, Bibliografa Mdica, Vendajes, Grandes y Pequeas Operaciones, Enfermedades de los Huesos, Obstetricia, la Introduccin a la Prctica de la Medicina, los deberes del Mdico y la Clnica Externa.3298 Habr por ahora cinco Catedrticos propietarios para la enseanza de esos ramos. 99 Para matricularse en Medicina, es preciso haber ganado los tres cursos de Filosofa, en los cuales se incluye el de Qumica. 100 Tambin se necesita ganar un curso de Historia Natural, lo que puede hacerse o en los mismos tres aos de Filosofa o en los dos primeros de Medicina, quedando establecido que, sin la correspondiente certificacin del Catedrtico de Historia Natural, nadie podr matricularse para el tercer curso de Medicina; y con el deseo de facilitar a los escolares la asistencia a aquella Ctedra, se encarga que sus lecciones se den en horas distintas de las sealadas para las otras. 101 Las Instituciones Mdico-Quirrgicas se estudiarn en cinco aos; y con la esperanza de que los Catedrticos se dedicarn a dar cuanto antes traducidos en buen latn los libros que se designan, en consideracin a los progresos y estado actual de conocimientos mdicos, se han sealado adems de los textuales para cada asignatura, los que sirven para ampliar la enseanza. Entre tanto se estudiarn los autores siguientes. Para Anatoma, Caldani; para Fisiologa y Patologa, Gregory; para Materia Mdica, Swediaur; para Medicina Legal, Plenck; para Afectos Internos, Selle; para la Historia de la Medicina y Bibliografa Mdica, Blumenbach. En las materias quirrgicas y dems, queda al arbitrio del Catedrtico, con la aprobacin del Claustro, eleccin del texto.33102 Primer ao Anatoma terica y prctica, procurando el Catedrtico hacer cuantas disecciones pueda; teniendo entendido que han de ser

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OBRAS 278\ 278\ 278\ 278\ 278\ veinticuatro por lo menos las que se hagan en cada curso, sin perjuicio de las Anatomas Patolgicas que, en todo tiempo, har el Catedrtico de Clnica sobre los cadveres de los que hayan estado enfermos en las salas, y a las que debern concurrir los jvenes de todos los cursos. Los libros para la ampliacin de doctrina de esta asignatura sern el Nuevo manual de Anatoma por Maygrier, la Anatoma Descriptiva por Bichat, y la obra espaola de Bonells y Lacaba. Habr, adems del Catedrtico, un Director Anatmico con dotacin fija, y con la obligacin de hacer las disecciones que se ofrezcan en la Clnica, y dar all algunas lecciones de Anatoma Patolgica. 103 Segundo ao Otro Catedrtico explicar la Fisiologa en unin con la Patologa y enseguida de sta la Higiene. Para la ampliacin de la Fisiologa, segn los conocimientos del da, se valdr del Haller, Richerand y Dumas; y para la Higiene, del Hufeland. Los discpulos de este segundo ao repetirn las lecciones del primero, principalmente en la parte Prctica. 104 Tercer ao Otro Catedrtico explicar la Teraputica, la Materia Mdica y la Medicina Legal, en la que se incluye la Higiene Pblica, teniendo presente las obras de Giraudy, Alibert y Nisten, Zaquas y Fodr. Los discpulos de esta Ctedra asistirn a la de cuarto ao y a las salas de ambas Clnicas durante las visitas. 105 Cuarto ao Otro Catedrtico ensear la Patologa Especial, la Nosografa Mdica, Obstetricia, enfermedades del sexo, las de los nios y las sifilticas; para lo que, entre otros, se valdr de los mejores prcticos regncolas, sin perder de vista a Hipcrates y sus sabios comentadores y secuaces Valls, Esteve, Vega, Mercado, Dureto, Hollerio y Marciano. Los cursantes de este ao asistirn a las visitas34 y repetirn las lecciones del anterior. 106 Quinto ao El mismo Catedrtico de Anatoma encargado de la instruccin del primer ao35 explicar las enfermedades de los huesos, los afectos externos, las grandes y pequeas operaciones, los vendajes, etctera, tanto sobre el cadver como sobre el hombre vivo, en la Sala de Clnica Externa del Hospital Militar de San Ambrosio. Los cursantes de este ao repetirn las lecciones del cuarto y asistirn a las visitas de ambas Clnicas. 107 Las lecciones de la primera, segunda, tercera y cuarta Ctedra se darn, en hora y media por la maana y una por la tarde, por los respectivos Catedrticos, y como el de Anatoma est encargado igualmente de la enseanza de quinto y sexto ao, tendr la misma hora de lectura por maana y tarde. 108 Si dos de los Catedrticos se convinieren mutuamente en cambiar sus asignaturas, podrn verificarlo, si el Rector y Claustro lo creyesen conveniente.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /279 /279 /279 /279 /279 109 Se combinarn las horas de enseanza de modo que los estudiantes puedan asistir a sus Ctedras respectivas y repetir las lecciones del ao anterior. 110 Finalizados estos cinco cursos, y con las dems condiciones que a todos los estudiantes de facultad mayor se previenen, podrn los de Medicina recibir el grado de Bachiller para continuar la carrera. 111 Sexto y sptimo ao Clnica Interna y Externa o Clnica de perfeccin. En estos dos aos el gran libro ser el hombre enfermo; y como a la vez se han de aprovechar los cursantes de las lecciones prcticas de la Medicina Interna y Quirrgica, concurrirn a las visitas de ambas Clnicas; repitiendo en el sexto ao las materias del quinto, sin perjuicio de las expresadas lecciones de Clnica Interna ni de la concurrencia en el ao sptimo a la visita de Clnica Quirrgica. Es decir que, en el ao quinto y sexto, son las lecciones de Clnica Externa, y en el sexto y sptimo, de Clnica Interna, para lo que se pondrn de acuerdo los respectivos Catedrticos. 112 Al intento y durante nueve meses36 el Profesor de Clnica Interna se limitar a comprobar a la cabeza del enfermo la teora de los Afectos Internos, haciendo notar a sus discpulos todo lo que contribuye a formar bien el diagnstico. Har ver, siempre que pueda, en el cadver las alteraciones de los rganos que han padecido durante la enfermedad, y que los alumnos todos, sin excepcin, escriban las historias de los enfermos existentes, que no bajarn de doce. Los instruir en el modo de formar la Topografa del pas, y encargar a un cursante el cuidado de escribir a las horas regulares las observaciones meteorolgicas que, unidas a las historias, darn a conocer el influjo de la atmsfera en las enfermedades epidmicas, endmicas y espordicas. Finalmente, har aprender de memoria a sus discpulos y les explicar los aforismos y pronsticos de Hipcrates, recomendndoles y hacindoles manejar las obras de Prspero Alpino y Guillermo Cowper. La Bibliografa, la Historia de la Ciencia, la Introduccin a la Prctica de la Medicina, el mtodo de visitar y los Deberes del Mdico sern objetos de instruccin en todo este tiempo. 113 La Ctedra de Clnica Interna estar unida a la plaza de primer Mdico del Hospital Militar de San Ambrosio, y la de Anatoma y Ciruga37a la de primer cirujano del mismo. 114 Conforme a lo prevenido en el artculo 50 los Bachilleres de Medicina asistirn en el quinto ao con los de las otras facultades a la Ctedra de Religin una hora por la tarde. 115 Concluidos estos aos de Medicina Prctica con los dems requisitos que se dirn, podrn los Bachilleres aspirar al grado de Licenciado. Con la presentacin de este ttulo a la Junta Superior de Medicina y Ciruga38 de esta Isla, y al Real Protomedicato mientras esa Junta se establece, quedarn dispensados de sufrir el primer examen de terica, y con slo

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OBRAS 280\ 280\ 280\ 280\ 280\ el de Prctica, que se har por dos Catedrticos de Medicina, recibir la revlida, y con ella facultades amplias de ejercer la Medicina y Ciruga en todos los Reinos de S.M.C., sin que ninguna Corporacin ni provincia, en virtud de sus privilegios, pueda coartrselas. Los simples Bachilleres sufrirn ambos exmenes para su revlida, segn las leyes, y los Licenciados si quisieren se graduarn de Doctores. 116 Excepto algunas particularidades expresadas en este ttulo y el mtodo singular de oposiciones, que se fijar en el correspondiente, las dems prevenciones de estos Estatutos, en la parte literaria y econmica y en la disciplina moral y religiosa, son aplicables y se aplicarn a la facultad mayor de Medicina, en todo igual a las dems. 117 Respecto a la Farmacia Veterinaria y dems facultades de curar, no contndose todava con los medios necesarios para los establecimientos especiales que demanda su enseanza, se recomienda eficazmente a la Direccin de Estudios y a la nueva Universidad para que de ellos se ocupen lo ms pronto que sea posible.TTULO XHistoria, Cronologa y Geografa Artculo 118 Habr una Ctedra de Historia, Cronologa y Geografa, que estar a cargo del Bibliotecario. 119 Esta Ctedra se tendr los lunes, mircoles, viernes y sbado de cada semana, y a ellas debern concurrir precisamente los estudiantes de Filosofa y los dems que gusten. 120 La clase se abrir despus que hayan concluido las de Filosofa, y su duracin ser de hora y media por la maana. 121 Los libros de asignatura sern los siguientes: para la Historia, el Discurso sobre la Historia Universal por Bossuet; para la Geografa, los Elementos de esta ciencia escritos por D. Isidro Antilln; y para la Cronologa, el Catedrtico compondr un tratado que sirva de texto, presentndolo a la Direccin de Estudios para su aprobacin.TTULO XIDe la Biblioteca Artculo 122 La Biblioteca de la Universidad ser pblica, y se establecer en las piezas nuevas que deben hacerse en el Seminario de San Carlos, tomando las medidas conducentes a atraer la concurrencia.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /281 /281 /281 /281 /281 123 Servirn para esta Biblioteca los libros que ya rene la del Seminario, los que tiene la Sociedad Patritica en la llamada Biblioteca Pblica39 y los que se compraren con los fondos que se designen por S.M. con vista de las propuestas que se le hagan. 124 Habr desde luego un Bibliotecario, que lo ser el Catedrtico de Historia, Geografa y Cronologa. Y un dependiente con la dotacin que se le asigne al mismo tiempo y del mismo modo que a los dems empleados de la Universidad. 125 La Direccin de Estudios, con audiencia del Bibliotecario y del Claustro, formar un Reglamento para el buen gobierno de este establecimiento.TTULO XIIMtodo de enseanza Artculo 126 Adems del orden de cursos, asignaturas y libros prescritos para el mtodo interior de enseanza en las Ctedras se observarn las siguientes reglas generales: Primera Al principio del curso, se reunirn los Catedrticos de cada facultad, incluidos los de Filosofa y Lenguas y con el conocimiento prctico que tienen de la extensin de los libros de asignatura y de los das lectivos, sealarn los ttulos, captulos o disertaciones que puedan omitirse, los cuales bastar llevar ledos para dar cuenta en la Ctedra, y cules, en fin, deban estudiarse con ms esmero; de modo que ningn ttulo o captulo importante deje de explicarse. 127 Segunda. Se extender una tabla comprensiva de cuanto va dicho y se entregar al Rector, quien la mandar fijar a las puertas de cada respectiva enseanza. 128 Tercera Una copia de esta tabla se remitir al Presidente40 de la Junta de Direccin para los efectos convenientes. 129 Cuarta. Las horas de que se habla en este Plan han de ser ntegras y naturales, desterrndose el abuso de horas acadmicas. 130 Quinta El Catedrtico leer diariamente la lista y anotar las faltas antes de empezar las lecciones. Seguidamente har la explicacin de la materia del da, cindose al texto, y acomodndose a la capacidad de los discpulos. El ltimo cuarto de hora se ocupar precisamente en preguntas o argumentos. 131 Sexta El Catedrtico procurar economizar el tiempo todo lo posible, a fin de que diariamente, si se puede, o al menos un da s y otro no, se repasen las materias explicadas en el anterior. 132 Sptima Las explicaciones y las preguntas y respuestas se harn en castellano; pero los argumentos y las respuestas sern precisamente

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OBRAS 282\ 282\ 282\ 282\ 282\ en latn. Este canon se observar inviolablemente en todos los ejercicios de academias, exmenes para grados y oposiciones, en no siendo preguntas, y en los actos mayores, quedando a cargo del que preside el hacer que se cumpla. 133 Octava En los aos de Instituciones se obligar a los escolares a decorar las lecciones y a fijarse en el estudio literal del libro elemental de la asignatura. 134 Novena En los dems aos, las lecciones sern ms extensas, los argumentos se harn con reflexiones sucintas; se ilustrarn las explicaciones con preguntas y rplicas de los discpulos a quienes tambin el Catedrtico dar noticias de las controversias y autores ms clebres de la Facultad y de su historia literaria. 135 Dcima Cada Catedrtico, al principio del curso, formar un cuaderno razonado sobre el mtodo de enseanza que piensa adoptar en su Ctedra, lo presentar al Rector y ste lo remitir al Presidente de la Junta de Direccin para los fines que convenga.TTULO XIIIAcademias 136 Adems de la Academia Prctica, habr una de Oratoria, a la que asistirn los jueves y domingos, durante dos horas, los cursantes de quinto ao de Teologa, de Leyes y de Cnones, si han de ganar cdulas de curso.41137 En los dos primeros meses, se darn lecciones tericas, por la Filosofa de la elocuencia de Capmany, amplindolas por el Blair, y lo restante del curso, se ocupar en toda clase de composiciones sagradas y forenses. 138 Cuando ocurriere, en la semana, fiesta de precepto, en aquel da se tendr la academia del jueves. 139 Sin perjuicio de lo que S.M. determine sobre el nombramiento del primer Moderante de estas academias,42 se concede al Claustro General la facultad de elegir entre sus individuos, o entre los Licenciados de cualquier Facultad, distinguidos por su instruccin en letras humanas y dems calidades, el que crea ms a propsito para el desempeo de este encargo, cuya dotacin ser de ochocientos pesos anuales.43140 Habr tambin academias dominicales de Filosofa, Teologa, Leyes, Cnones y Medicina, cuyos ejercicios en todos los domingos del curso, despus de or misa, durarn dos horas y media, con asistencia de todos los Profesores, a excepcin de los que concurran a la Academia de Oratoria o de Jurisprudencia Prctica.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /283 /283 /283 /283 /283 141 Sern Moderantes de la Academia de Filosofa, a la que asistirn todos los de esta ciencia, los tres Catedrticos, presidiendo en cada ao el que lo fuese de Metafsica y tica. Sobre una proposicin de esta asignatura, se tendr el primer ejercicio de argumentos y defensas, que durar una hora. Igual tiempo durar el segundo, sobre una cuestin de Fsica, y el primero de los que arguyan, ser un cursante de tercer ao. La ltima media hora, se ocupar en preguntas que harn los cursantes de segundo y tercero a los de primer ao, sobre las materias que hayan estudiado. Cada Catedrtico auxiliar, en estos ejercicios, a sus respectivos discpulos. 142 Habr otra Academia de Matemticas y Ciencias Fsicas, a la que concurrirn todos los estudiantes de esta asignatura, siendo Moderantes los Catedrticos, incluso el de Nutica y Agrimensura. Presidir el ms antiguo y dedicarn el tiempo a preguntas y observaciones prcticas conforme a un Reglamento que formarn y se presentar al Claustro General para su aprobacin. 143 Sern Moderantes de Leyes los dos Catedrticos de quinto, sexto y sptimo curso, que alternarn por meses, del mismo modo que se ha dispuesto para la Academia de Prctica. Y en cuanto a Teologa, Cnones y Medicina, se establecer la misma alternativa entre los respectivos Catedrticos, con aprobacin del Rector.44144 Los ejercicios sern en la forma siguiente: en la primera hora, despus de or misa, se dar principio a la academia, recitando un Bachiller, por espacio de media hora, una disertacin latina que habr compuesto en el trmino de cuarenta y ocho horas, sobre la proposicin de las Instituciones que le hubiese cabido en suerte; le argirn dos Bachilleres, a cuarto de hora cada uno, y en cinco minutos responder el sustentante en materia a cada argumento. Las proposiciones sorteables se tomarn de los libros de Instituciones, y en Teologa sern doscientos artculos puramente teolgicos de la Summa de Santo Toms. 145 Seguir otro ejercicio de argumentos y defensa, presidiendo en la Ctedra un Bachiller y haciendo de actuantes los alumnos de tercero y cuarto curso, sobre una conclusin que de las Instituciones habr sealado el Moderante. La ltima media hora se dedicar a preguntas que harn los cursantes de tercero y cuarto ao a los de primero y segundo, sobre las materias que hubiese estudiado y que el Moderante sealar. 146 La proposicin que ilustrar el Bachiller disertante, la de ejercicio de defensa y las materias sobre que versar el de preguntas y respuestas, se fijarn los viernes a las puertas de las aulas, donde se tendrn las academias. 147 Cuatro faltas a estas academias se computarn como quince a las Ctedras, y por lo mismo se negar la cdula, para probar el curso, a los estudiantes que dejaren de asistir ms de cuatro veces a estas academias.45

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OBRAS 284\ 284\ 284\ 284\ 284\ 148 Si se hubiere formado ya el Reglamento de que trata el artculo 122 del Plan de las Universidades de la Pennsula de 14 de octubre de 1824, se observar en todas sus partes; y en caso contrario, har el Claustro el que tenga por conveniente, remitindolo para su aprobacin a la Direccin de Estudios.TTULO XIVExplicaciones de extraordinario Artculo 14946 La Junta de Direccin, con audiencia de la Universidad, establecer estas explicaciones, siguiendo, en lo posible, lo que se dispone sobre ellas en el ttulo XI del ltimo Plan de Estudios mandado observar en la Pennsula.TTULO XVDuracin del curso, matrcula, das lectivos y de asueto, faltas de asistencia y cursillo Artculo 150 El curso o ao escolar durar desde el 18 de octubre hasta el 18 de junio. 151 El da de San Lucas se har la abertura de los estudios con una oracin inaugural, que pronunciar el Moderante de Oratoria o el Catedrtico de mayores, la que se imprimir, cuidando el mismo Rector de remitir a la Direccin el competente nmero de ejemplares. 152 La matrcula estar abierta desde el 18 de octubre hasta el 4 de noviembre; y slo hasta el 20 de ste sern admitidos por el Rector para matricularse, los estudiantes que acreditaren las causas poderosas y legtimas que les hubieren impedido presentarse antes del 4 de noviembre. Suplirn estas faltas en el cursillo. 153 No sern admitidos a la primera matrcula los escolares que no presenten al Secretario cdula de aprobacin en los exmenes de Latinidad que se prescriben, ni para matricularse en algn curso, sin haber probado el anterior, conforme al orden establecido en este arreglo. 154 No podrn matricularse para ganar dos cursos en una misma o diferente carrera; pero s podrn hacerlo para estudiar Matemticas, Geografa, Historia, Cronologa, Historia Natural y aprender el Dibujo. 155 Se conceder a los Maestros y a los discpulos quince das en todo el curso, en los que, o continuados o interrumpidos, podrn no asistir a sus Ctedras; si voluntariamente faltasen ms das, los escolares perdern

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /285 /285 /285 /285 /285 curso, y los Catedrticos todas las rentas correspondientes a cada leccin, prorrateadas por das lectivos. 156 El Rector, por causas justas, podr conceder a los Catedrticos quince das de licencia y no ms; y el Claustro, por motivos gravsimos, podr ampliarla hasta treinta, y no ms. 157 Los Catedrticos que voluntariamente abandonaren la enseanza por dos meses, adems del sueldo correspondiente a cada da lectivo, perdern sus Ctedras. El Claustro, sin ms formalidades que la de un expediente instructivo, para acreditar el hecho, las declarar vacantes, y el Rector convocar inmediatamente a oposiciones en la forma acostumbrada. 158 Para que las faltas por causa de enfermedad no perjudiquen a los Catedrticos, avisarn al Rector y acreditarn la enfermedad o dolencia que les impida asistir a Ctedra. 159 Cuando los estudiantes enfermaren, darn aviso al Catedrtico, quien, al tercer da lo har al Rector, para que, a su arbitrio y por cuenta de la Universidad, enve un mdico que certifique de la enfermedad o dolencia; si sta les impidiese asistir a Ctedra treinta das lectivos, perdern curso, a no suplir las faltas asistiendo al cursillo. Podrn tambin suplir otros treinta das, asistiendo dos meses a las explicaciones de extraordinario cuando se establezca. 160 El cursillo durar desde el 18 de junio hasta el 18 de julio, y en l suplirn los Catedrticos y los escolares las faltas inculpables expresadas en los artculos anteriores. 161 El Rector har que sea puntual y efectiva la enseanza en el cursillo, por los Catedrticos o sustitutos en todos los das, incluidos los feriados, y durante las horas prescritas en este arreglo. A los sustitutos se dar una gratificacin decente por este trabajo.TTULO XVIExmenes para la primera matrcula y para ganar curso Artculo 162 Los que se presenten a matricular en las Universidades por primera vez, sern examinados en Latinidad y en la traduccin de los clsicos y del libro de la respectiva asignatura. 163 El 10 de octubre comenzarn los exmenes, y continuarn hasta el 20, y si en este da no se hubieren concluido, se prorrogarn hasta el 4 de noviembre. 164 El Rector o el Vicerrector presidirn estos exmenes, que se harn por el Moderante de Oratoria y los dos Catedrticos de mayores. Se les encarga que procedan en ellos con la ms exquisita escrupulosidad, en

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OBRAS 286\ 286\ 286\ 286\ 286\ consideracin a los irreparables perjuicios que resultan a la enseanza, a los jvenes y a sus familias, por la inobservancia de esta ley. 165 Al fin de cada curso, se tendrn exmenes generales de todos los cursantes, quienes se presentarn a ellos con la cdula de asistencia y aprovechamiento dada por su Catedrtico. 166 Sern examinadores de Instituciones Filosficas, los tres Catedrticos, y para examinar a los estudiantes en las Ctedras Superiores de Filosofa, asistirn los que hubiere de estas asignaturas. 167 Harn los exmenes de Teologa, tres o ms Catedrticos que elegir el Claustro entre los de la Universidad, y los de los conventos de Regulares en que haya Ctedras de esta facultad. En la de Derecho Civil, lo sern sus tres Catedrticos; en Cnones, los dos que hay y uno de Derecho Civil, que nombrar el Claustro; y en Medicina, los tres de Instituciones Mdicas. 168 Los exmenes generales se harn desde 1 de junio, tarde y maana, con toda publicidad y en horas que no hubiere Ctedras de la respectiva facultad. 169 No se exigir este examen a los cursantes del ao anterior inmediato al grado de Bachiller. 170 Sin la nota de Examinado y Aprobado firmada por los examinadores, no podr probarse ningn curso. 171 A los que hubieren sido reprobados, se concedern quince das de trmino para presentarse a nuevo examen; si fueren reprobados en ste, se les sealar el plazo de cuatro meses para habilitarse a entrar en el tercero; y si todava en ste se les reprobare, volvern a estudiar el mismo curso, al fin del cual, si todava fueren reprobados, los despedir de la Universidad el Rector, como desaplicados o ineptos, ponindolo en noticia de sus padres o tutores.TTULO XVIIExmenes para los grados de Bachiller Artculo 172 El 1 de junio comenzarn los exmenes para los grados de Bachiller, en horas que no sean de Ctedras de la facultad respectiva. 173 El ejercicio para recibir el grado de Bachiller en Filosofa, ser una hora de preguntas que harn los tres Catedrticos de estas ciencias, sobre las materias estudiadas en los tres aos. 174 Acto continuo se votar la aprobacin o reprobacin, y se conferir el grado por el que preside, que deber ser un Doctor en Filosofa o en cualquiera facultad mayor, pero graduado de Bachiller en aqulla.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /287 /287 /287 /287 /287 175 Para los grados de Bachiller en Teologa, Leyes y Cnones, sern examinadores los individuos que designa el artculo 167. 176 Disertar el graduando media hora sobre la proposicin que en veinticuatro horas antes le hubiere tocado en suerte, ante el Decano de la facultad; responder en cinco minutos en materia a cada uno de los argumentos que, por espacio de diez, le harn los examinadores, y contestar a las preguntas que sobre las materias de las Instituciones le har, durante media hora, otro de los examinadores. 177 Inmediatamente se votar la aprobacin o reprobacin del ejercicio; y publicada la aprobacin por el Secretario, conferir el Decano el grado en la forma acostumbrada, previos los juramentos que se dirn en el ttulo correspondiente, y no otros. 178 Antes del 1 de junio, los examinadores con el Decano extendern doscientas proposiciones relativas a las principales materias de las Instituciones, para que sean sorteadas, con la prevencin de que, en Teologa, se elegirn doscientos artculos puramente teolgicos de la Summa de Santo Toms, y en Leyes, sern ciento de Derecho Civil Romano, cincuenta de Derecho Patrio, y cincuenta de Cnones; repitindose la suerte cuando saliese ms de una de stas, a no conformarse el graduando que ha de elegir una de las tres que le hayan tocado. 179 Los cursantes juristas que, ganados los tres primeros cursos de Instituciones, y los canonistas que, con los cuatro sealados en este Plan, quisieren graduarse a Claustro pleno, con certificacin del Catedrtico que acredite su idoneidad, sern admitidos al examen ante los Catedrticos y Doctores de la facultad. Recitar el graduando una disertacin latina, de media hora, sobre la proposicin que, elegida entre tres, le hubiere cabido en suerte, veinticuatro horas antes; le argirn dos Catedrticos o Doctores en un cuarto de hora cada uno, y responder en materia a cada argumento en cinco minutos, comentar enseguida las preguntas que, durante otra hora, le harn los examinadores, por su antigedad. Media hora preguntarn precisamente sobre la materia del curso que a virtud del grado se le dispense. Cuidar el Rector de que se observe el mayor rigor en estos exmenes.TTULO XVIIIExmenes para los grados de Licenciado Artculo 180 Los Bachilleres que, acreditadas las calidades prescritas en este Plan, aspiraren al grado de Licenciado, sufrirn tres exmenes: uno secreto, ante los Catedrticos y Doctores de la facultad, quienes en una hora de preguntas tantearn la idoneidad de los candidatos para ser o

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OBRAS 288\ 288\ 288\ 288\ 288\ no admitidos. Concluido este examen, se votar la admisin o exclusin y los admitidos harn el depsito. 181 E1 segundo ser el ejercicio llamado Repeticin pblica que se tendr en da feriado con la solemnidad posible, y con asistencia de los Catedrticos, Doctores y Licenciados de la facultad y de las dems que gustaren concurrir, debiendo repartrseles conclusiones impresas. 182 Por espacio de una hora, recitar el graduando una disertacin latina, sobre la proposicin que, ocho das antes, le hubiere cabido en suerte; eligiendo una de tres cdulas entre las cuatrocientas que contendrn proposiciones escritas sobre las principales materias de la facultad. Un Bachiller de sexto y sptimo ao, sealado por el Rector, le argir veinte minutos en forma, y en diez responder el sustentante, contestando a las rplicas. Por igual tiempo y forma, le argirn los Catedrticos o Doctores que, por su antigedad, pidieren el argumento, a quienes responder del modo dicho. Por turno irn prevenidos los Doctores para este ejercicio. 183 E1 da que el Rector designare, asistir ste, acompaado de dos Doctores, a dar puntos para el ejercicio secreto, en la forma dicha en el artculo anterior; con la advertencia de que si el ejercicio fuere en Teologa, trescientas proposiciones sern elegidas en la Summa de Santo Toms, y cien sern de Escritura y Disciplina General de la Iglesia. 184 Durante veinticuatro horas, el graduando permanecer incomunicado en la Biblioteca u otra pieza cmoda, suministrndosele comida, cama, recado de escribir y un escribiente que no sea facultativo; el Rector y dos Catedrticos celarn sobre la incomunicacin, y una hora antes de empezar el ejercicio, entregar el graduando al Secretario la disertacin escrita en limpio para que puedan leerla los examinadores. 185 Darse principio al ejercicio con la lectura que en tres cuartos de hora har el candidato, de la disertacin en latn; le argirn dos Catedrticos Doctores, turnando entre s para estos ejercicios, y durar veinte minutos cada argumento; en diez, responder el candidato a las rplicas. Pasado algn intervalo de reposo, que se conceder, cuatro examinadores, sacados por suerte entre los que no hubieren argido, le preguntarn durante una hora sobre toda la facultad. No podrn, pues, ser menos de seis los examinadores para la Licenciatura. 186 El Rector presidir este acto, y sin votar en l, a no ser facultativo, examinar con los dos ms antiguos los votos de Aprobado y Reprobado expresndose en la publicacin y en los ttulos la simple aprobacin, cuando no fueren todos de Aprobacin y con unanimidad o nemine discrepante cuando lo fueren. 187 Acto continuo y con las formalidades de estilo, conferir al aprobado el grado de Licenciado, previos los juramentos que se dirn y no otros.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /289 /289 /289 /289 /289TTULO XIXDel Doctorado Artculo 188 A los licenciados que lo solicitaren, se les conferir el grado de Doctor con la solemnidad y formalidades prescritas en los respectivos Estatutos y supresin de gastos intiles. 189 Los ejercicios y arengas de estilo versarn sobre materias tiles y correspondientes a la dignidad del acto, que presidir el Rector a quien compete conferir el grado, teniendo a su lado al Decano de la facultad; se dar fin con un elogio en latn, que pronunciar el nuevo Doctor, en alabanza del Monarca que con tanto celo promueve los estudios generales de las ciencias tiles a la Religin y al Estado.TTULO XXJuramentos al tiempo de recibirse los grados menores y mayores y en las posesiones de Ctedras Artculo 190 Al juramento prescrito por los Estatutos de la antigua Universidad de esta ciudad, y por las leyes que mandan se jure antes de recibir grados o posesionarse de las Ctedras, ensear y sostener la doctrina del Concilio de Constanza contra el regicidio, y ensear y defender la Inmaculada Concepcin de Mara Santsima, se aadirn los dos siguientes: Primero Ensear y defender la soberana del Rey nuestro Seor y los derechos de su Corona. Segundo No haber pertenecido ni haber de pertenecer jams a las sociedades secretas reprobadas por las leyes. Cuando se publicare un Reglamento acadmico, que comprenda las disposiciones particulares que no pueden expresarse en un Plan y arreglo general, se dictar la frmula del juramento uniforme que habr de observarse en todas las Universidades.TTULO XXIIncorporacin de cursos y de grados Artculo 191 Los cursos ganados y los grados recibidos en las Universidades de Salamanca, Valladolid y Alcal, podrn incorporarse en sta, precediendo para el grado de Bachiller y para los de Licenciado y Doctor la verificacin de los ttulos y la consignacin de la mitad del depsito.

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OBRAS 290\ 290\ 290\ 290\ 290\ 192 Los cursos de Filosofa y Teologa, que los regulares hayan estudiado en sus Colegios de Enseanza, conforme a las asignaturas de este Plan, se admitirn y podrn ser incorporados en esta Universidad, o para continuar la carrera o para recibir los grados. 193 La incorporacin de cualquier curso o grado, no se verificar sin que preceda la acordada del Secretario, dirigida a la respectiva Universidad o Colegio secular o regular para contestar la legitimidad de las certificaciones. El Secretario no expedir la contestacin sin la autorizacin del Rector o Superior, la que se har constar.TTULO XXIICtedras: su clasificacin y calidades para obtenerlas Artculo 194 Todas las Ctedras de esta Universidad son de propiedad y jubilacin,47 excepto las que pertenecen por ahora a otros establecimientos, a saber, la de Latinidad, la Escuela de Dibujo, Historia Natural, Matemticas, las dos de Instituciones de Filosofa, la de Anatoma y Clnica, la de Instituciones de Derecho y la de Teologa. 195 Para ganar la jubilacin se requieren treinta aos de puntual enseanza, acreditados en debida forma. 196 Para obtener la Ctedra de Filosofa se requiere haber ganado seis aos por lo menos en cualquier facultad mayor o el grado de Licenciado en Filosofa. 197 A los opositores de Lenguas que fueren graduados de Bachilleres en cualquier facultad mayor, no se les exigir el grado de Bachiller en Filosofa. 198 Los propietarios de estas ltimas Ctedras que, con las calidades precisas, quisieren graduarse de Licenciados y Doctores de facultad mayor o en Filosofa, sern admitidos a medias propinas; para ganar la jubilacin habrn de recibir cualquiera de estos grados. 199 Para obtener las Ctedras de Teologa, Leyes y Cnones los que sean Doctores o Licenciados, adems de los grados de Bachiller, deben haber ganado siete cursos en la respectiva facultad. 200 Los que fueren nombrados Catedrticos de Teologa, se ordenarn in sacris en el trmino de seis meses, pasados los cuales, si no lo hicieren, se declarar vacante la Ctedra. 201 Todos los dems Catedrticos para ganar la jubilacin, recibirn en el propio trmino de seis meses el grado de Licenciado.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /291 /291 /291 /291 /291TTULO XXIIIDe las oposiciones a las Ctedras Artculo 202 Luego que se verificare la vacante de alguna Ctedra, se publicar en Claustro General; el Rector convocara a oposiciones por edicto, en la forma acostumbrada, con expresin del valor de la Ctedra. El trmino improrrogable ser de cincuenta das, para que, dentro de ellos, los opositores de afuera puedan presentar y verificar sus ttulos y el certificado de buena conducta, segn el artculo 277, condiciones precisas y nicas para ser admitidos a la oposicin. 203 En Claustro General, se sacarn por suerte siete individuos, los que nombrarn a pluralidad de votos los tres Censores y Jueces de la oposicin. 204 Para Censores sern preferidos los Catedrticos jubilados de provisin Real. 205 En las oposiciones a las Ctedras de Teologa, podrn ser nombrados Censores, despus de los llamados en el artculo anterior, los Catedrticos de esta facultad, que existen en algunos conventos de la ciudad. 206 Para Censor en las Ctedras de Filosofa, podr ser nombrado cualquier Catedrtico de facultad mayor, con tal que tenga el grado de Bachiller en Filosofa. 207 Para Censores en las Ctedras de Lenguas, nombrar a los Catedrticos, Doctores y Licenciados o Bachilleres que hubieren acreditado tener conocimiento de ellas. 208 Cuando para sta o cualquiera otra oposicin faltaren peritos en el Gremio y Claustro de la Universidad, podr sta nombrar Censores de afuera y los gastos que ocurran sern por cuenta de la misma. 209 Los Censores, despus de haber examinado todos los documentos que les exhibir el Secretario, y tomado conocimiento de las calidades de los opositores, arreglarn con el Rector las trincas, segn la mayor dignidad y antigedad literaria con sujecin a las leyes de la Novsima Recopilacin y a los Estatutos de la Universidad, en cuanto no se opongan a stos. 210 De las materias principales de cada asignatura elegir la facultad respectiva doscientos captulos o ttulos (para Teologa sern artculos de la Summa de Santo Toms) y se sacarn por suerte tres cdulas a presencia de los contrincantes; el opositor elegir la que guste. Pasando a la Biblioteca, dar escrita, antes de media hora, la conclusin que haya de defender, comunicndose a los contrincantes y a los Jueces. En la forma dicha para la Licenciatura, permanecer incomunicado las veinticuatro horas que preceden al ejercicio.

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OBRAS 292\ 292\ 292\ 292\ 292\ 211 Comenzar leyendo el opositor, en tres cuartos de hora, la disertacin en latn, le argirn los coopositores veinte minutos cada uno, y ocupar diez el sustentante en responder y contestar a las rplicas que le hicieren. 212 Adems de este ejercicio, que harn todos sucesivamente, concurrirn los opositores al examen privado que se har por los Censores, preguntando cada uno un cuarto de hora a cada opositor, sobre la materia de la asignatura de la Ctedra, y el mejor modo de ensearla. Se suspender y continuar sin interrupcin este ejercicio, los das que sean necesarios, empleando en l las horas que el Rector juzgare convenientes. 213 Concluidos los ejercicios de oposicin, cada uno de los Censores en el preciso trmino de diez das, entregar al Rector su censura cerrada y sellada, con la propuesta por orden, de los tres ms benemritos, y con la clasificacin de los dems opositores. 214 El Rector, pasados otros cuatro, remitir a la Direccin de Estudios estas censuras cerradas, acompaando la suya, si la Ctedra fuere de su facultad; y, por separado, el informe sobre la conducta y opiniones polticas de los opositores, el cual extender, oyendo antes al Tribunal de Censura. 215 El Rector y los Censores observarn las leyes del Ttulo 9, Libro 8 de la Novsima Recopilacin en cuanto no se oponga a lo previsto en este arreglo, y por lo tocante al orden y mtodo de consultar las Ctedras, quedarn provistas en el que lleve el primer lugar, siempre que con esta propuesta se conforme la Direccin de Estudios, quien lo har presente al Capitn General para su conocimiento y aprobacin; pero si la Direccin no se conforma con los propuestos, la dirigir con su dictamen al citado Capitn General, y ste con el suyo a S.M., por conducto del Supremo Consejo de estos dominios, para la conveniente resolucin; y mientras sta desciende, se servir la Ctedra interinamente por el que haya llevado el mejor lugar en la propuesta de los censores.48216 A cuantos intervengan, de cualquier modo, en las censuras, informes y provisiones de Ctedras, bajo toda responsabilidad se encarga que procedan con la ms rigurosa y exquisita escrupulosidad, a fin de que el magisterio pblico nunca se confe a sujetos indignos y capaces por su inmoralidad u opiniones antirreligiosas, o antimonrquicas, de pervertir la juventud. 217 Aunque las oposiciones a las Ctedras de Matemticas, de Ciencias Naturales, de Medicina, Humanidades y Lenguas debern verificarse con sujecin a las reglas generales, en el mtodo de los ejercicios se harn las variaciones indispensables en estas ciencias. 218 Los argumentos no se harn en forma silogstica ni en latn, y s en reflexiones sueltas y sucintas, proporcionndose a los opositores los medios ordinarios de demostracin.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /293 /293 /293 /293 /293 219 Los ejercicios que debern hacer los opositores en Medicina sern tres. El primero consistir en una disertacin latina, de media hora, sobre uno de los tres puntos sorteados que elegir, y la compondr dentro del trmino de veinticuatro horas, encerrado en una pieza a propsito, con los libros que pidiere, bajo la vigilancia de un Catedrtico y de los contrincantes si quisieren asistir. El segundo, en una leccin de repente en castellano, sobre uno de los tres piques que elegir tambin del libro elemental de texto, manifestando en esto su maestra y disposicin para la enseanza. Concluido cada uno de estos ejercicios, harn los contrincantes sus argumentos o reflexiones; para el primero, en latn, de las conclusiones que sacar el actuante dentro de dos horas, del punto sorteado; y para el segundo, en castellano. Cada uno de estos argumentos o reflexiones, durar media hora. El ltimo acto ser privado; pero a presencia de los opositores, y consistir en una hora de preguntas que har cada uno de los Censores sobre todas las partes de la Medicina y ramos auxiliares. 220 Los opositores a las Ctedras de Anatoma y Medicina Clnica harn otro ejercicio antes del privado; para la Anatoma ser una leccin terica y prctica, sobre el cadver, de uno de los rganos de la economa; y para la de Clnica, una exposicin del estado actual del enfermo que se le seale, caracterizando la enfermedad luego que se separe del enfermo, y formando el diagnstico, pronstico y curacin de ella; uno y otro acto sin argumentos ni limitacin de tiempo. 221 Para la Ctedra de mayores49 o Humanidades, se tendrn dos ejercicios de oposicin; en el primero, traducir el opositor improvisamente con el Tito Livio, Cicern y Quintiliano, y enseguida, en Terencio, Virgilio y Horacio. Despus de la traduccin, le propondrn dificultades los contrincantes, sobre la Gramtica, Retrica y Potica, debiendo durar este ejercicio hora y media. En otro, har una composicin de veinticuatro horas, la que antes habr entregado a los Censores y coopositores, la lectura durar media hora, y en otra, le preguntarn los coopositores, y cuando gusten, los Censores, sobre la disertacin o sobre las materias de asignatura. 222 Cuando se establezcan Ctedras de Griego, Hebreo y rabe, se observarn en sus oposiciones las reglas establecidas en el Ttulo 20, artculos 208, 209 y 210 del nuevo Plan de Estudios, mandado observar en la Pennsula.TTULO XXIVObligaciones del Catedrtico Artculo 223 Los Catedrticos son responsables de la asistencia y aprovechamiento de sus discpulos, debindoles tambin dar ejemplo de santa doctrina y de irreprensible conducta.

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OBRAS 294\ 294\ 294\ 294\ 294\ 224 Para cumplir lo primero, tendrn una matrcula o libreta, donde anotarn diariamente las faltas de asistencia y las de leccin. Estas ltimas se computarn como aqullas para conceder o negar la cdula de curso. 225 En una lista reservada anotarn los vicios o defectos que observaren en sus discpulos, y si lo estimaren conveniente pasarn copia al Tribunal Correccional de Censura. 226 Vigilarn, por cuantos medios estn a su alcance, sobre la conducta de los discpulos. Si observaren o supieren algn extravo, los amonestarn en secreto y en pblico, segn su prudencia les dictare; y cuando ya su autoridad paternal no alcance a conseguir la enmienda del extraviado, darn cuenta con reserva al Tribunal Correccional de Censura. 227 Todos los Catedrticos formarn una lista de sus discpulos con notas individuales y expresivas de su capacidad, aplicacin, instruccin y aptitud para los cargos o destinos que podrn desempear en las diferentes carreras de la Universidad o del Estado. Con toda reserva se entregarn estas listas al Rector, y ste las dar a su sucesor para que se custodien en un depsito, al que podrn acudir las mismas Universidades y el Gobierno, cuando les pareciere, para los fines que convengan. 228 Adems de estos deberes, y los comunes literarios de su ministerio, sern obligados los Catedrticos a sostener cada ao un acto pblico de conclusiones, ejercicio que ser requisito indispensable para la jubilacin.TTULO XXVSustitutos de las Ctedras Artculo 229 La Ctedra de Fsica y Qumica tendr siempre un Ayudante que sustituir al propietario en los casos de enfermedad y ausencia necesaria. 230 Por lo que toca a las dems facultades, el Gremio de Catedrticos, oyendo las propuestas relativas a cada uno, nombrar el da de San Lucas dos Sustitutos para cada facultad, prefiriendo por clases al Doctor, Licenciado o Bachiller, cuyos ejercicios hubieren sido aprobados en cualquier oposicin a las Ctedras. 231 Los dos Sustitutos referidos, suplirn por antigedad las faltas que hicieren por enfermedad o por ausencia necesaria, cualquiera de los Catedrticos de cada facultad. 232 Estos Sustitutos no tendrn dotacin permanente. De los fondos de la Universidad se les pagarn por das los dos tercios del sueldo sealado a la respectiva Ctedra;50 entendindose esto, en el caso de enfermedad del propietario; y en el de ausencia, ser de su cargo pagar los referidos dos tercios.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /295 /295 /295 /295 /295TTULO XXVIActos mayores Artculo 233 Llamarnse as los que han de presidir cada ao los Catedrticos pro munere Cathedrae. El actuante ser un discpulo, u otro escolar, a su eleccin. 234 Adems de stos, habr cuatro actos cada ao pro Universitate en la facultad de Teologa, dos en Leyes, uno en Cnones, y uno en Medicina, presidindolos por turno los nuevos Doctores. 235 Se defendern dos conclusiones, y a lo ms cuatro, y se imprimirn, previa la censura de los Catedrticos de Teologa, Leyes y Cnones, que harn las veces de Censor Regio y con licencia del Rector, llenndose la falta de cualquiera de los citados Catedrticos con el Doctor o Doctores ms antiguos de la facultad respectiva.51236 El Rector har que se tengan los actos, por la maana, los jueves del ltimo tercio del curso, o antes si fuere necesario, en el aula ms grande de cada respectiva facultad, con asistencia de todos los Catedrticos, Doctores y estudiantes, que, con este motivo, no tendrn Ctedra. 237 No se omitir por esto la academia de Oratoria prescrita a los cursantes del quinto ao, tenindose en horas diferentes de las del acto, sealadas por el Rector. 238 El acto comenzar por un argumento de veinte minutos, que propondr un Bachiller a quien, en otros diez, responder el actuante contestando a sus rplicas; el segundo argumento ser de un Catedrtico, sin limitacin de tiempo, y en el restante hasta cumplir dos horas, argirn los Catedrticos o Doctores que gusten y pidieren el argumento siguiendo el orden de antigedad; pero irn prevenidos, turnando entre s los Doctores menos antiguos. 239 La Universidad costear la impresin de sus actos y los actuantes o los Presidentes Catedrticos los de su obligacin. En todos ellos se darn las propinas de costumbre.52TTULO XXVIIDel gobierno de la Universidad Artculo 240 El gobierno de la Universidad pertenece al Rector y al Claustro respectivamente y segn lo dispuesto en este arreglo.

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OBRAS 296\ 296\ 296\ 296\ 296\TTULO XXVIIIDel Rector Artculo 241 El Rector es la cabeza de la Universidad para su gobierno literario, poltico, econmico, contencioso y correccional, con las solas restricciones que se dirn. 242 Desde que se pongan en observancia estos Estatutos, se har el nombramiento de Rector por el Capitn General entre los tres sujetos que propongan, segn lo dispuesto para los Catedrticos en el artculo 215 del ttulo XXIII.53243 Reunido el Claustro, cuando se abra el primer curso despus de la aprobacin de estos Estatutos y en todos los trienios sucesivos, se sacarn por suerte siete individuos Compromisarios quienes, por mayora de votos, harn la terna, con sujecin a la ley que dice que las elecciones de Rectores recaigan en hombres de edad provecta, y Profesores acreditados por su talento, prudencia y doctrina. 244 Podrn incluir en las ternas Cannigos o Dignidades de esta Iglesia Catedral, con tal que sean de excelentes calidades y tengan el grado de Doctor en cualquier Universidad aprobada. El grado les ser incorporado en el mismo hecho de que se les nombre Rectores. 245 Las propuestas se dirigirn a la Direccin de Estudios por el que presidiere la eleccin, procurando que sea acto continuo para que en el mismo da se remitan por aqulla al Capitn General con el correspondiente dictamen. 246 El Rectorado durar tres aos, y al fin de ellos podr ser incluido en la terna el Rector que loablemente hubiere desempeado su cargo, si rene en su favor cinco votos de los siete. 247 El Rector, en el gobierno interior de la Universidad, proceder con arreglo a las leyes publicadas, o que se publicaren, de las cuales ser el ejecutor y el nico responsable. 248 Slo el Rector podr convocar y presidir el Claustro General, el de Catedrticos, la Junta de Hacienda y las Juntas de facultad. 249 Nombrar entre los individuos del Claustro un Vicerrector de acreditada conducta, para que lo supla y auxilie en el desempeo de sus obligaciones. 250 Celar sobre los estudiantes, sobre los Catedrticos y Doctores y sobre todos los individuos del Claustro y del Gremio, quienes, al matricularse, jurarn obedecerlo in licitis et honestis 251 Visitar, cuando lo juzgue oportuno, las aulas, acompaado de uno o ms Catedrticos de la respectiva facultad, y de los Ministros y dependientes de estilo; y precisamente lo har antes de vacaciones de Navidad, de Semana Santa y de verano.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /297 /297 /297 /297 /297 252 Oir o har que Comisionados de su confianza oigan las explicaciones de los Maestros, celando sobre la pureza de las doctrinas religiosas y monrquicas. 253 No podr alterar las leyes; pero resolver las dudas, o por s u oyendo el proceso del Claustro General, o del Claustro de Catedrticos, en negocios de su competencia, quedando siempre responsable de la resolucin que adopte. 254 No podr suspender a ningn Catedrtico, a no ser por delito que merezca formacin de causa criminal, en cuyo caso lo har, dando cuenta al Consejo, por el conducto de la Direccin de Estudios, con los motivos justificados y sin perjuicio de continuar la causa. 255 Ejercer la jurisdiccin contenciosa sobre todos los individuos que gozaren del fuero acadmico, el cual se concede con las siguientes aclaraciones.TTULO XXIXFuero Acadmico Artculo 256 Todos los individuos del Claustro, los del Gremio de la Universidad que se matricularen y asistieren puntualmente a las Ctedras, y los Oficiales, Ministros y dependientes con sueldos fijos, gozarn del fuero criminal pasivo, a no ser en los delitos que por las leyes merezcan pena corporal. 257 A los mismos se concede el fuero civil pasivo, restringido a las demandas que hicieren por deudas u otras obligaciones nacidas puramente de hechos ejecutados por los escolares y dems privilegiados. 258 Con respecto a los escolares o Maestros que no residan todo el ao en los pueblos donde se hayan establecido las Universidades, se limita a las obligaciones contradas durante el curso y puntual asistencia a las Ctedras. 259 Se concede al Rector la jurisdiccin civil que competa a los Jueces de Rentas de la Universidad de Salamanca para la administracin y cobranzas de las suyas en los trminos y con las limitaciones que se contienen en las Leyes del Ttulo 6, Libro 8 de la Novsima Recopilacin ; por ser muy conforme al fomento y prosperidad de los estudios generales la extensin de esta gracia a todos aqullos cuyos fondos estn bajo la inmediata inspeccin y direccin del Gobierno. 260 Las apelaciones en todas estas causas del fuero acadmico se harn al Claustro General, el que nombrar para Jueces dos Doctores juristas y uno canonista, quienes procedern con arreglo a las leyes.54

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OBRAS 298\ 298\ 298\ 298\ 298\TTULO XXXClaustros Artculo 261 No habr ms Claustros que el General y el de Catedrticos. 262 Del Claustro General son individuos todos los Doctores de la Universidad, y para deliberar se requiere que haya reunidos once, incluido el Rector o Vicerrector. 263 A1 Claustro General, adems de otras facultades que se le designan en los correspondientes ttulos de este arreglo, pertenece el nombramiento de todos los Oficiales, Ministros y dependientes necesarios para la administracin y buen gobierno, salvo, empero, los derechos de Patronato u otro legtimo ttulo. 264 E1 Claustro particular de Catedrticos, que convocar y presidir el Rector, y las Juntas de cada facultad, slo se reunirn para tratar asuntos concernientes a la instruccin literaria, mejoras de la enseanza y remocin de los obstculos que la impidan. No podr deliberar sin la asistencia de dos individuos por lo menos de cada facultad, y todos han de ser Doctores o Licenciados.TTULO XXXIJunta de Hacienda Artculo 265 Habr adems una Junta de Hacienda, encargada exclusivamente de administrar, recaudar y distribuir la renta de la Universidad, dando cuenta mensualmente de sus operaciones al Claustro General, y presentando dos veces al ao, por todo el mes de enero, y por todo el mes de julio, las cuentas, que el Claustro aprobar, si las hallare conformes, y dejar de aprobar, si juzga que no lo estn. 266 Se compondr esta Junta del Rector, del Sndico Fiscal, de cuatro individuos del Claustro, dos Catedrticos y dos Doctores pertenecientes a distintas facultades y el Contador55 que llevar los libros de cargo y data, y extender los acuerdos, mas no tendr voto. 267 Luego que empiece a regir este Reglamento, el Claustro General nombrar los cuatro individuos que han de componer la Junta de Hacienda, renovndose por mitad cada dos aos. 268 Nombrar tambin, entre los Catedrticos ms acreditados, un Sndico Fiscal, a quien autorizar con los correspondientes poderes para promover los intereses de la Universidad, la rgida observancia de todas

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /299 /299 /299 /299 /299 las leyes acadmicas y cuanto conduzca al florecimiento de las letras y buenas costumbres. Este oficio durar cuatro aos.56269 La primera ocupacin de esta Junta, que se instalar inmediatamente, ser la de tomar razn del producto de los fondos que S.M. asigne para la dotacin de esta Universidad, comparada con los gastos necesarios, y demostrar por fin los sobrantes o faltas que resulten, remitindolo todo, con las observaciones convenientes, a la Junta de Direccin para que sta proponga a S.M., sin prdida de momento, todo lo que crea oportuno para poner en planta y en el mejor pie posible este establecimiento. 270 Las bases para la dotacin de las Ctedras sern las siguientes. Todas tendrn dos mil pesos anuales,57 exceptuadas de esta regla, primero, las de Latinidad y Gramtica Espaola que se han de costear enteramente por el colegio Seminario y Convento de Predicadores. Segundo, la Escuela de Dibujo, que por ahora ha de seguir pagndose por la Real Sociedad Patritica. Tercero, las dos Ctedras de Instituciones Filosficas y las dos de Teologa que tambin se costean por el expresado Real Seminario. Cuarto, la de Matemticas y la de Instituciones de Derecho Civil y Patrio que, aunque pertenecen al mismo Colegio, tendrn de los fondos de la Universidad una gratificacin anual de quinientos pesos. Quinto, la de Nutica y Agrimensura, y la de Geometra aplicada a las Artes que, debiendo desempearse por dos maestros de la Escuela Nutica de Regla, continuarn con su actual asignacin y un sobresueldo de quinientos pesos anuales por la mayor ocupacin y el aumento de gastos que debe causarles su traslacin a esta ciudad.58 Sexto, la de Fsica Experimental y Qumica que gozar los tres mil pesos que se sealan, o lo ms que sea necesario para encontrar un Profesor que tenga todas las calidades que se indican en la Nota 15 de estos Estatutos. 271 Empezarn a correr estos sueldos desde que los Catedrticos tomen posesin de sus destinos, y si alguno o algunos vinieren de Ultramar, se les dar lo preciso para su transporte. 272 Para arreglar el nmero y sueldo de los empleados, ministros y sirvientes, y todos los gastos de la Universidad, el Rector y Claustro, oyendo a la Junta de Hacienda y teniendo presente que esos empleados han de ser los indispensables, y que en el sealamiento de sus sueldos no deben olvidarse las obtenciones que tengan, informar sin demora a la Direccin de Estudios cuanto juzgue conveniente para que enseguida resuelva lo que mejor parezca y me d cuenta con el respectivo expediente. 273 Todas las rentas de la Universidad entrarn en un fondo comn que acrecer con los derechos que se perciban por matrculas, incorporaciones de cursos y colacin de grados. Los derechos que se pagarn por cada uno de estos actos sern los siguientes.

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OBRAS 300\ 300\ 300\ 300\ 300\ Primera matrcula ................................ 6 pesos Las siguientes ........................................ 3 pesos Por cada curso que se incorpore......... 6 pesos Dos terceras partes de lo percibido por estos ttulos ingresar en el rea de la Universidad, y la otra tercera parte ser para las propinas de estilo. Grado de Bachiller en Filosofa........... 50 pesos Grado en Facultad mayor ..................... 100 pesos Grado de Licenciado............................... 300 pesos Grado de Doctor ...................................... 2 000 pesos La Universidad propondr y la Direccin de Estudios resolver la parte que en los grados debe destinarse para propinas, haciendo su distribucin como crea ms conveniente. Y si en lo sucesivo creyere que es til aumentar el precio de matrculas y grados, me lo har presente con la necesaria instruccin.TTULO XXXIIDisciplina moral y religiosa Artculo 274 Para que la educacin moral y religiosa de los jvenes, no menos importante que su instruccin literaria, se afiance sobre bases slidas, se establecer en esta Universidad un Tribunal de Censura y Correccin encargado de velar y hacer que se observen las siguientes leyes de polica escolstica y disciplina moral y religiosa, que obligarn a los Maestros y a los discpulos. 275 El Rector y cuatro Doctores que nombrar el Claustro, debiendo ser dos de ellos eclesisticos seculares o regulares y todos acreditados por su doctrina y conducta, formarn el Tribunal de Censura y Correccin, y para que no se transpiren sus trabajos, que debern hacerse con la posible reserva, el ms antiguo har de Secretario. 276 Los que hayan de matricularse por primera vez, presentarn al Tribunal de Censura la nota de su nombre y apellido, lugar de su naturaleza y ltima residencia, la fe de bautismo y un certificado de su buena conducta poltica y religiosa dado por el Prroco y la autoridad civil de donde proceda; y sin la frmula del Tribunal, Admtasele, no lo inscribir el Secretario en la matrcula. 277 Otro certificado igual, dado por el Rector y los Catedrticos, se exigir a los que se presenten para incorporar cursos y grados de otras

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /301 /301 /301 /301 /301 Universidades, no eximindose tampoco a los alumnos de los Colegios y Seminarios de presentar igual testimonio, dado por los Directores de estos establecimientos. 278 El mismo certificado presentarn los opositores a Ctedras, sin el cual no sern admitidos a la oposicin. 279 A1 finalizarse el curso, todo escolar procurar el testimonio de buena conducta, firmado por el Tribunal de Censura. 280 Sin la cdula del Tribunal que diga Es de buena conducta ningn escolar podr probar el curso, ni ser admitido a los grados acadmicos. 281 Ningn estudiante podr alojarse en posadas o casas cuyos dueos se procuren por este medio algn lucro o granjera, sin que stos presenten la autorizacin dada por el Rector para admitir estudiantes. 282 El Rectorado la conceder sin or al Tribunal de Censura encargado de tomar los competentes informes. 283 Se exceptuarn de esta ley los colegios, conventos, casas de particulares de distincin, los eclesisticos, los parientes de los estudiantes u otros vecinos honrados.59284 La nota que, segn el Artculo 276, han de presentar los estudiantes, expresar tambin la posada o alojamiento donde vivieren, y cuando se mudaren, presentarn otra nueva para convencimiento del Tribunal. Igual nota entregarn a sus respectivos Catedrticos, que tambin son obligados a velar sobre la aplicacin y conducta de sus discpulos. 285 Los individuos del Tribunal y sus dependientes velarn sobre los excesos que puedan cometer los estudiantes, si tienen reuniones sospechosas, si salen a deshora de la noche o en las de estudio, si juegan o asisten a juegos prohibidos, o en horas de estudio a los no prohibidos, si mantienen comunicacin con personas sospechosas o indicadas de malas opiniones, si malgastan en vicios o en excesivo lujo. A los dueos de casas o de posadas, que de cualquier modo apadrinaren o encubrieren estos desrdenes, les negar el Rector la autorizacin para admitir estudiantes en el inmediato curso. 286 El Tribunal har un prudente uso de las noticias y de cualquier denuncia que se le hiciere, reservando con cautela los nombres de los denunciadores. 287 En las horas de estudio por la maana y por la noche, no podrn los estudiantes salir libremente de sus casas o posadas, a no ser por justas causas, y si lo hicieren quedan expuestos a la censura y correccin del Tribunal, segn la calidad y nmero de transgresiones. 288 Son horas de estudio de siete a once por la maana en invierno, y de seis a diez, desde Resurreccin hasta el 18 de junio. Los son igualmente en invierno las tres primeras horas de la noche desde el toque de oraciones y dos desde Resurreccin hasta el fin del curso. 289 Podr el Tribunal sealar sitio y horas de recreo, en las que los estudiantes se diviertan honestamente; pero se les prohbe asistir en das

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OBRAS 302\ 302\ 302\ 302\ 302\ lectivos a los teatros o juegos pblicos, y en todos el detenerse en botelleras o en cafs, y el asistir a reuniones sospechosas por cualquier ttulo. 290 Los individuos del Tribunal y los Alguaciles y Ministros de la Universidad rondarn y velarn de noche sobre la observancia de los dos ltimos artculos, y con el permiso e instrucciones del Rector, podrn presentarle los transgresores para que disponga lo conveniente. 291 Los estudiantes vestirn con modestia y los militares y eclesisticos usarn de su respectivo traje.60292 Se prohbe a los estudiantes el uso de cualquier gnero de armas. 293 Observarn la mayor compostura en su porte y modales; harn siempre las acostumbradas demostraciones de veneracin al Rector, Catedrticos y Doctores, a las dems autoridades de cualquier clase, a los eclesisticos y personas de distincin y a todos darn muestras de la urbanidad propia de una educacin esmerada. 294 El Tribunal de Censura anotar las seas que se le dieren, de los estudiantes descompuestos e inmorigerados. 295 Se prohbe a los estudiantes reunirse a las puertas de las iglesias, pasear bulliciosamente por los claustros durante la enseanza de las Ctedras y formar grandes corrillos en las calles o plazas pblicas. 296 El Rector o los individuos por l sealados, harn algunas visitas domiciliarias en las posadas de los estudiantes, sorprendindolos en las horas de estudio, y vigilndolos singularmente sobre su conducta disipada o extraviada. 297 Vigilar esmeradamente para que no lean ni circulen entre los individuos de la Universidad, libros prohibidos o de malas doctrinas y manifiestamente corruptores, aunque no conste la prohibicin. Indagar y admitir denuncias sobre la introduccin, circulacin y ventas; y cuando aprehendiere alguno, despus de castigar, o a juicio prudente o con arreglo a las leyes a los culpados pertenecientes a su fuero, dar aviso a la autoridad competente con el cuerpo del delito, si lo hubiere, para que con arreglo a las mismas, proceda a lo que haya lugar en justicia contra los introductores, vendedores o expendedores de malos libros. 298 A1 Tribunal de Censura toca celar sobre las Bibliotecas, e indagar si se observan en la que lo fuere de la Universidad y en otras cualesquiera pblicas, las leyes que mandan tener cerrados, y en pieza reservada, los libros prohibidos, los notoriamente malos y corruptores, y las que prohben a los Bibliotecarios el franquearlos a cualquiera que no tenga licencia para leerlos. 299 Toda infraccin de esta ley, en la Biblioteca de la Universidad, ser severamente castigada por el Rector, y de las que el Tribunal sepa que se cometen en otras, dar noticia a las autoridades competentes, pudiendo prohibir a los estudiantes, con fundados motivos, la concurrencia a cualesquiera bibliotecas o libreras pblicas o privadas.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /303 /303 /303 /303 /303 300 Redoblar el Tribunal su vigilancia secreta sobre las libreras o tiendas de libros que estn indicados de ejercer o haber ejercido el vedado comercio de malos libros. 301 Todos los estudiantes y los Moderantes obligados a asistir a las academias dominicales, se presentarn los domingos a las ocho en invierno, y a las siete desde Resurreccin a San Juan, en la iglesia o capilla de la Universidad,61 donde oirn misa antes de empezarse los ejercicios. 302 Dos domingo al mes pronunciar, despus de misa, una pltica de cuarto de hora, sobre las obligaciones cristianas y acadmicas, un Presbtero u ordenado in sacris que, entre los cursantes telogos o canonistas de sexto o sptimo ao, nombrar el Rector, para cada una de las plticas; si no lo hubiere a propsito para este ministerio, designar en los Presbteros seculares o regulares del Gremio y Claustro los que hayan de desempearle. 303 Colocados separadamente y por cursos los estudiantes, irn saliendo ordenadamente para sus respectivas academias, y los Moderantes observarn quines son los morosos o notablemente descuidados, para poder informar cuando el Rector o los Censores les preguntaren. 304 Adems del cumplimiento de Iglesia en la Pascua, habr en el curso dos das solemnes de confesin y comunin, a las que estn obligados todos los individuos no Presbteros del Gremio y Claustro de las Universidades; uno ser el de la Inmaculada Concepcin de Mara Santsima, y otro el ltimo domingo del mes de mayo. 305 Las vsperas de estos das por la tarde, no habr aulas, y s una pltica de media hora, que pronunciar un Catedrtico o Doctor Presbtero, sobre las disposiciones para recibir con fruto los Santos Sacramentos, asistiendo el Rector y todos los nombrados en el artculo anterior. 306 El Rector adoptar las ms prudentes medidas que le inspire su celo, para asegurarse del cumplimiento de esta ley, tomando en consideracin, para proveer lo que convenga, las faltas que nazcan de desprecio o de culpable negligencia.TTULO XXXIIIPremios y castigos Articulo 307 De diez grados de Bachiller o de Licenciado en cada facultad, continuando la cuenta en la serie de los cursos, se conferir uno gratis al estudiante pobre ms sobresaliente en doctrina y conducta. Sern Jueces para adjudicar este premio, el Decano y cuatro Catedrticos de la facultad, examinando a los aspirantes, y teniendo presente las notas del Tribunal de Censura.

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OBRAS 304\ 304\ 304\ 304\ 304\ 308 Todos los aos, en cada facultad, y en Filosofa, se destinar un grado de Bachiller gratis, como premio que se adjudicar al ms sobresaliente estudiante pobre o rico. Acudirn los aspirantes al Decano, quien, con los Catedrticos de la facultad, les har un examen de media hora de preguntas; clasificarn el mrito relativo, y votarn el premio al ms aventajado; pero teniendo presente las notas de conducta que se pedirn al Tribunal de Censura. En el ttulo que se les expidiere, se expresar, por Sobresaliente nota que les servir a los premiados de mrito positivo y singular en todas sus solicitudes. 309 De dos en dos aos, se conferir tambin gratis, en cada facultad, un grado de Doctor a los Licenciados que a ttulo de Sobresalientes aspirasen a conseguirlo. Sern examinados media hora, por todos los Catedrticos de la facultad, presidiendo el Decano; y por votos secretos se adjudicar el premio al ms sobresaliente, si no lo desmereciese por su conducta. La calidad de sobresaliente se expresar en el ttulo, y ser atendida con las provisiones de Ctedras y en las solicitudes que hiciere el premiado. 310 Cuando esta Universidad tenga fondos disponibles, abrir exmenes pblicos para adjudicar premios, a uno o a dos cursantes que sean los ms sobresalientes de cada curso. El premio ser una obra clsica de la facultad respectiva, bien encuadernada y con las armas de la Universidad. 311 Todava, para estmulo al estudio y magisterio de las Ciencias, se destinar una plaza de Oidor en la Audiencia del Distrito, la que se proveer exclusivamente en los Catedrticos seculares de ambos Derechos que acreditaren por certificacin de la Direccin de Estudios, haber enseado diez aos con puntualidad y esmero en las Ctedras de su facultad. 312 Igualmente habr una Canonja en esta Santa Iglesia Catedral para los Catedrticos, telogos y canonistas que acreditasen, con el mismo certificado de la Direccin de Estudios, haber enseado sus Ctedras diez aos por lo menos, con loable celo. Con el mismo certificado conceder S. M., si lo tuviese a bien, los honores de su Real Cmara. 313 A1 Catedrtico que traduzca en buen latn cualquier obra de las que estn en castellano y son de asignatura en este Plan, se le conceder tres aos para la jubilacin, y diez al que compusiese una obra elemental que, a juicio del Gobierno, sea digna de estudiarse como texto en la Universidades del Reino, sin perjuicio de otras gracias a que se le considere acreedor. 314 Adems de los castigos acadmicos para faltas puramente literarias, que van expresados en los ttulos correspondientes —y de los que el Rector y el Claustro, respectivamente, en uso de la jurisdiccin criminal que se les otorga, habrn de importar a los delincuentes— tanto el Rector por s, como el Tribunal de Censura, castigar las faltas o transgresiones de la polica escolstica, relativa a las costumbres. 315 Estos castigos sern puramente correccionales, y quedarn al arbitrio y juicio prudente del Tribunal, segn la naturaleza, calidad y gra-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /305 /305 /305 /305 /305 do de culpa, de malicia o de perversidad del culpado; procediendo, para la imposicin de los castigos ms graves, como la prisin en la crcel, o la final expulsin de la Universidad, instructivamente o por un juicio meramente verbal. 316 Las amonestaciones o correcciones de los reincidentes hasta tercera vez, se harn cuando convenga, por el Rector, o un individuo del Tribunal en la Ctedra respectiva, a presencia de los condiscpulos, para enmienda y escarmiento. 317 La reclusin en la casa o posada del estudiante, los avisos dados a sus padres, tos o tutores, la asistencia a una parte o a todo el cursillo, intimada como necesaria para ganar curso, sern, juntamente con otros que la prudencia sugiera, los medios ordinarios de correccin de algunas faltas. 318 Las faltas ms graves se corregirn con la reclusin en la sala correccional de la crcel de la Universidad, graduando la detencin, segn la mayor o menor culpabilidad y las seguras muestras de enmienda que diere el culpado. 319 A esta sala sern conducidos los que en das lectivos asistieren a los teatros y los que fueren sorprendidos en la calle a deshora de la noche. 320 Igualmente lo sern cuando se renan a las puertas de las iglesias bulliciosamente o con escndalo. 321 Cuando las faltas o culpas fueren de tal naturaleza, o tan repetidas que arguyan incorregibilidad, o gran perversidad poltica o moral, aunque no haya delitos justificados, el Rector con el Tribunal expelern de la Universidad al culpado por incorregible, remitindole a su pueblo, dando aviso a sus padres o tutores, y a la justicia para que vele sobre su conducta. 322 La Direccin de Estudios, oyendo a la Universidad y consultando el estado de sus fondos, costear o auxiliar a los Profesores ms sobresalientes de la Universidad, para que vayan a la Pennsula o pases extranjeros a adquirir los conocimientos que les falten.62TTULO XXXIVDisposiciones Generales para la ejecucin de estos Estatutos Artculo 323 Para la ejecucin de estos Estatutos y resoluciones de las dudas que presenten, habr una Junta en la Universidad llamada de Arreglo y Plan de Estudios, la cual se compondr del Rector y los Catedrticos ms antiguos de todas las facultades.63 Se reunir esta Junta las veces que sea necesario y en vista de las indicaciones que se hacen y facultades que se le conceden en el ttulo XXXII del ltimo Plan Literario de Estudios y Arreglo General de las Universidades del Reino,

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OBRAS 306\ 306\ 306\ 306\ 306\ propondr a la Direccin General de Estudios de la Isla las dudas que le ocurran.64324 Por Reglamento particular, se sealarn las atribuciones de esta Direccin,65 entre las cuales tendr por de contado las designadas en estos Estatutos, y especialmente la de decidir las dudas de que habla el prrafo anterior; pero con la obligacin de dar cuenta a S. M. con el expediente por conducto del Consejo. 325 Se derogan todas y cualesquiera leyes, rdenes y providencias hasta lo presente publicadas, y los Estatutos de la Universidad de San Jernimo, en cuanto se opongan a stos. Habana, 31 de agosto de 1828. Francisco de Arango.Notas1Yo no me he atrevido a proponer el ttulo que debe tener esta Universidad, dejndolo, como debo, a la Soberana eleccin.2La Gramtica del franciscano fray Jos Carrillo fue publicada en Pamplona en 1817. ( Fidel Morales )3Vase el expediente Nmero 4, donde est la anuencia de este Reverendo Obispo para que las Ctedras de Latinidad del Colegio se pongan en el pie que S. M. desea; debiendo advertir que todo lo que se dispone en este ttulo es conforme al Reglamento General de 29 de noviembre de 1825.4Me parecen necesarias estas dos Escuelas de Latinidad, y no veo inconveniente en que se imponga al Convento de Predicadores la obligacin de sostener una que, sujeta a la Universidad, siga en todo las reglas de este ttulo. Aun cuando el referido Convento no fuese tan rico, y no hubiese estado percibiendo cerca de cien aos una parte tan considerable del producto de la antigua Universidad, parece que, por su instituto y por su propio inters, debe alegrarse de tener esta ocasin en que servir al pblico y ganar el afecto de la juventud.5En el pliego de Gastos y Arbitrios no se ha comprendido el de estos Ayudantes, suponiendo que el Colegio y el Convento cuidarn de todo lo relativo a estos establecimientos.6Se ha rebajado media hora de asistencia a estas Ctedras, por lo caluroso del clima.7Aqu no hay Corregidor; lo es el Capitn General, rodeado de tantas ocupaciones, que sera un delirio esperar su constante asistencia a estos actos. Parece, por todas razones, que deben ser presididos por el Rector.8Tampoco es fcil contar con el cura para estos actos, y me parece adems que su concurrencia podr ser conveniente en ciudades menos populosas.9As se dispone en los Artculos 25 y 26 del Plan de Estudios.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /307 /307 /307 /307 /30710La escasez de medios es la que nos obliga a dejar este cuidado a la Direccin de Estudios, debiendo advertir que, por lo que toca a lenguas vivas, especialmente la francesa e inglesa, hay maestros particulares que aqu las ensean, y muchos que las aprenden.11En el expediente Nmero X hay una noticia del estado de la Escuela de Dibujo establecida y pagada por esta Real Sociedad Patritica, y aunque no puede decirse que se halla en un pie brillante, es menester aplaudir este pensamiento y confesar las ventajas que ha producido. Interesa mucho perfeccionarlo. El tiempo abrir el camino y proporcionar los medios. Por ahora, debemos contentarnos con sacar la Escuela de la indecente pieza donde se halla y ponerla en el Colegio con toda la comodidad posible. La Sociedad continuar pagndola, hasta que acuerde lo conveniente con la Universidad y Direccin de Estudios, teniendo presente lo que dicta la razn, esto es, que los establecimientos cientficos deben estar en unin y dependencia de cuerpos sabios.12Vase la tarifa del Ttulo XXXI.13De esta manera se consigue que los estudiantes del primer curso de Matemticas aprovechen la tarde en aprender el Dibujo.14La escasez de fondos que tenemos es lo que nos obliga a reducir a dos cursos y otros tantos Catedrticos, lo que en el Plan de Estudios se distribuye en tres; creyendo, por otra parte, que aprovechando bien el tiempo, hay el suficiente para ensear y aprender en esos dos cursos lo ms interesante de las materias que se indican.15Se dir tal vez que, para el estudio de la Fsica Experimental, debe preceder el de las Matemticas; pero adems de que esto es opinable entre autores respetables —vase contra ese modo de pensar, los apreciables Elementos de Fsica que el ao anterior public en Londres el Dr. N. Arnold—, es preciso no olvidar que en el primer curso de Instituciones Filosficas se deben tambin ensear los primeros elementos de las Matemticas.16Hace cuarenta aos que clama este vecindario por un Profesor de Qumica de sobresaliente mrito, esto es, que no slo tenga las calidades necesarias para ensear tan importante ciencia, sino que tambin rena las que exige el sabio Barn de Humboldt ( Ensayo poltico sobre la isla de Cuba ), para perfeccionar los inciertos y groseros mtodos que empleamos en la fabricacin de nuestro azcar. Me remito sobre esto a los luminosos consejos de aquel clebre viajero, y a lo que el Consulado indica en su reciente acuerdo de 30 de julio ltimo (expediente Nmero XI, ltima hoja), y concluir observando que en un momento en que tan grandes esfuerzos hace Francia para llevar a su ltima perfeccin la fbrica de azcar de remolacha, parece que ni debemos perder tiempo, ni ahorrar gastos para hacer lo mismo con el azcar de la caa. Es esto de tanta importancia y urgencia, que convendra separarlo del ms deteni-

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OBRAS 308\ 308\ 308\ 308\ 308\ do examen que piden estos Estatutos, y dar sin demora las resoluciones que sean necesarias para que vengan cuanto antes el qumico y su laboratorio; contando para lo ms urgente con los fondos Consulares que, por su instituto, estn destinados a objetos de esta clase; parecindome excusado repetir lo que ya tengo indicado en el Informe de remisin sobre el modo de elegir este profesor y su ayudante.17Debo decir con franqueza que no he entendido bien el Artculo 43, Ttulo IV del Plan Literario de Estudios de la Pennsula, y en esta duda me ha parecido mejor dejarlo suspenso.18El Plan de Estudios de la Pennsula exige a los mdicos un curso de Botnica, y esta disposicin, unida a lo mucho que interesa que la juventud aprenda los elementos de las Ciencias Naturales, es lo que me ha decidido a la creacin de esta Ctedra. Yo no s si se dir que le doy demasiada extensin; lo cierto es que yo no soy el autor de semejante pensamiento; oigo la opinin de personas respetables, habiendo quedado persuadido, despus de leer sus razones, de que al paso que basta un curso para los elementos de las ciencias indicadas, se necesitan muchos aos de estudio para aprenderlas.19Tampoco es ma esta opinin, sino de los que la merecen en semejante materia, y ya que se habla de la inutilidad de que haya jardn para aprender la Botnica, es menester recordar lo que con mayor deteniendo —aunque no con toda la necesaria—, se dice en el expediente Nmero XIII, esto es, que aqu hay un principio de Jardn Botnico que corre a cargo de la Sociedad Patritica, con un profesor pagado por ella, por el Real Consulado y por la Real Hacienda, y parece que al cargo de este profesor, que lo es D. Ramn de la Sagra, debe ponerse la Ctedra de Historia Natural propuesta. El citado La Sagra se queja de haber abierto dos cursos de Botnica y Mineraloga y no haber podido concluirlos por falta de discpulos, y habiendo pretendido de m, con ese motivo, que, con arreglo al Plan de Estudios de la Pennsula, mandara que concurriesen a su Ctedra los estudiantes de Medicina, contest que mis facultades se reducan a proponerlo a S.M. en su caso, como lo ejecuto ahora. A m me parece que a esa falta de asistencia puede haber contribuido mucho la gran distancia y aislamiento en que est el Jardn Botnico, y todo puede remediarse, poniendo la Ctedra en el convento de Santo Domingo, obligando a que estudien Botnica los que se dedican a la Medicina y encargando a la Direccin de Estudios que tome todas las medidas que considere oportunas para promover la concurrencia a esta Ctedra.20Todo esto se propone con acuerdo de los interesados y en el supuesto de dar al mismo Catedrtico, de los fondos de la Universidad, una gratificacin de quinientos pesos anuales.21En el establecimiento de Regla, se divide esta enseanza entre dos maestros, pero all no entran los discpulos con la preparacin de dos cursos

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /309 /309 /309 /309 /309 de Matemticas, y tratndose de economas, no puede haber inconveniente en reducir a uno los referidos dos maestros, destinando el otro a la Agrimensura y Geometra aplicada a las Artes, y ms si se tiene presente el corto nmero de discpulos que siempre ha tenido esa Escuela (expediente Nmero XI), y el cortsimo que tiene en la actualidad, como se puede ver en la noticia que, sobre sus ltimos exmenes, da el Diario de esta ciudad, adjunto al citado expediente. Es un dolor que, para tan pequeo objeto, se hagan tan grandes gastos, parece imposible que haya quien desconozca la utilidad y justicia que hay en agregar a la Universidad esa enseanza y esos fondos del modo que se propone.22Creo que no debo detenerme en recomendar la importancia de esta enseanza. Baste decir que nuestros artesanos carecen de todo principio y que por este motivo, para cualquier obra de alguna entidad, vivimos en la cara dependencia de los pocos, poqusimo que vienen de fuera.23Esto y todo lo dems de este ttulo es conforme a la opinin de este Reverendo Obispo, como se puede ver en sus oficios de 28 de marzo y 27 de junio de este ao, copiados con sus posteriores aclaraciones, al final del expediente Nmero IV. Yo haba pensado distribuir entre los Conventos todas las Ctedras de Teologa que el Plan establece; pero he cedido como debo a las superiores luces de un Prelado que tanto inters ha tomado en que se lleve a efecto la interesante reforma de estos Estudios.24Podr ser mejor que haya para esta enseanza tres Catedrticos distintos, como lo dispone el Plan de la Pennsula; pero la falta de fondos me inspir la idea de reducirme a uno, y despus de meditarlo mucho y acordarlo con el actual catedrtico del Seminario de San Carlos, no veo inconveniente en que las mismas materias, que, segn el Plan de la Pennsula, deben ensearse en los tres primeros aos por tres catedrticos distintos, se enseen por uno solo en el mismo espacio de tiempo, admitiendo anualmente los estudiantes que se presenten en regla, y tenindolos por supuesto de tres diferentes clases, esto es, de 1, 2 y 3 curso. E1 catedrtico trabajar un poco ms; pero no tanto como los de Gramtica y Filosofa, y pagndosele bien, por qu no lo ha de hacer? Yo creo que, reflexionando un poco sobre esta materia, convendremos todos en que es un gasto intil el de los tres catedrticos, y que basta uno, si tiene aplicacin y mtodo.25En lugar de dos, he puesto tres das de concurrencia a la Academia Prctica, para ver si de este modo se familiarizan los alumnos con los buenos principios, y se sepultan los que estn tan arraigados en este perverso foro.26No teniendo estos catedrticos ocupacin por la tarde y llevando un sueldo igual a los que la tienen, creo que deben encargarse de la regencia de esta Academia.

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OBRAS 310\ 310\ 310\ 310\ 310\27Vase lo que sobre esto digo en el papel titulado “Letrados. Foro de la Habana”, y tngase presente la facilidad que haya para adquirir esas certificaciones de prctica. Es de toda precisin, al menos por algunos aos, cerrar tantas puertas abiertas para los abusos, y reducirse nicamente a lo que se propone en los Artculos 83 y 84 de estos Estatutos.28Ya se deja entender que esto se hace para economizar gastos; pero, bien reflexionada la materia, se conocer que es ociosa esa segunda Ctedra de Instituciones Cannicas si el que sirve la primera distribuye bien su tiempo y se ocupa con el adelantamiento de sus discpulos.29Tngase presente la nota 23.30Ya se ha dicho, en la nota 27, el motivo que hay para negar el suplemento de que habla este artculo en sus ltimas partes.31Se asignan siete aos al estudio Mdico Quirrgico en conformidad al Artculo 2 del Captulo 6 del nuevo Reglamento sobre la materia, publicado en la Pennsula.32Esta enumeracin de ramos es conforme tambin al citado nuevo Reglamento, en el mismo Captulo 6.33No se seala texto a las materias no comprendidas en el Plan de Universidades; porque, conforme al predicho nuevo Reglamento en el Artculo 15 del propio Captulo, se deja al arbitrio de cada catedrtico la eleccin de autores, previa la aprobacin de la Junta de Catedrticos.34La necesidad de disminuir el nmero de catedrticos sin menoscabo de la instruccin, nos ha obligado a reunir, en una Ctedra, varios ramos, procurando la igualdad en el trabajo de los catedrticos que se proponen.35Debiendo desempear el Cirujano Mayor del Real Hospital de San Ambrosio, las Ctedras de Anatoma y Ciruga, se rene en un solo catedrtico la enseanza de estas dos materias, tan estrechamente enlazadas.36Se fijan nueve meses, en lugar de doce que seala el Reglamento particular; porque, segn ste, tienen alternativa por aos los catedrticos de Clnica Mdica y Afectos Internos, procurndose de este modo algn descanso.37Vase sobre esto los expedientes Nmeros IX y X, y la nota 31 del pliego de gastos y arbitrios.38Atendiendo a las reformas que, segn el nuevo Reglamento de Medicina y Ciruga, debe sufrir el rgimen econmico y gubernativo de las facultades de curar, hemos dicho que el despacho de los ttulos de los Mdicos Cirujanos corresponder a la Subdelegacin o Diputacin de la Junta Superior Gubernativa de Medicina y Ciruga, de cuya organizacin se ocupar la Direccin General de Estudios de la Isla, en unin de la nueva Universidad, luego que se plantifique.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /311 /311 /311 /311 /31139Vase lo que digo en el oficio de remisin y en la nota C del pliego de gastos y arbitrios, sin olvidar que el Estado, como dueo de semejantes establecimientos, puede variar su forma, siempre que lo pida el bien pblico.40No habiendo aqu Consejero Director y proponindose una Junta para la Direccin de Estudios, parece que a ella debe pasarse esa copia por conducto de su Presidente.41Adems de esta Academia, celebrara yo mucho que desde luego pudiese establecerse la Ctedra de Literatura Latina y Espaola; pero la escasez de fondos y de buenos maestros deja en suspenso, por ahora, mis vivsimos deseos.42La eleccin de este moderante se halla en el mismo caso que la de los Catedrticos de Derecho, etc., y en vista de lo que sobre esto expongo en el Informe de remisin, S. M. resolver si ha de venir de all o debe nombrarse aqu.43Me ha parecido mucho la mitad de la dotacin de un catedrtico para esta asignacin, siendo el trabajo tres tantos menos que el que tienen aqullos, por cuya razn y la de mucha escasez de fondos, he rebajado algo de la mitad sealada.44En muchos aos no habr aqu doctores y licenciados que tengan para estas moderantas la calidad de opositores a Ctedras, segn se exige en el Artculo 117 del Plan de la Pennsula, y aun cuando se llegue a ese caso, creo muy aventurado el nombramiento de tales moderantes. Lo ms sencillo es dotar bien a los catedrticos y echar sobre ellos toda la carga que puedan resistir.45Me ha parecido preciso variar en algo la letra del Artculo 121 del Plan General de Estudios de la Pennsula, para concordarlo con el Artculo 130 del mismo Plan.46Me he hallado muy embarazado con este ttulo, pues adems de saber que en algunas Universidades de la Pennsula no se ha puesto en prctica, no encuentro das desocupados para estas explicaciones de extraordinario, y no puedo olvidar que en este pas no es posible exigir tanto de la aplicacin de la juventud.47Conociendo el carcter de estas gentes y teniendo presente las dificultades que habr para la eleccin de los primitivos catedrticos, y no hallando justicia para la diferencia de recompensas entre los que tienen igual trabajo, y pueden muy bien tener los mismos conocimientos, me he resuelto a suprimir la clasificacin de Ctedras, igualndolas en sueldos y derechos, excepto por ahora las de Latinidad, Escuela de Dibujo, Instituciones Filosficas, Historia Natural, Matemticas Puras y las de Teologa, porque no son pagadas por la Universidad; pero siendo de la misma naturaleza que las otras, me parece justo que se recomiende a la Direccin de Estudios que medite e informe a S. M. sobre la jubilacin de esos catedrticos.

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OBRAS 312\ 312\ 312\ 312\ 312\48A m me parece que el sistema que propongo es el ms conforme a justicia. El Rey, nuestro Seor, en su vista resolver lo mejor.49As se titula en el Artculo 25 del Ttulo III del nuevo Plan de Estudios de la Pennsula.50Ya se deja entender que las variaciones que se hacen en este ttulo, nacen principalmente de la escasez de fondos; pero conviene decir que es de la mayor importancia cortar el abuso de que las Ctedras se sirvan por sustitutos, a lo cual contribuye mucho el que cada propietario tenga suplente con asignacin permanente.51Siendo dos los catedrticos de Teologa de esta Universidad, otros tantos de Cnones y tres de Leyes, es precisa la adicin o variacin hecha en este artculo.52Aqu no se conocen esas propinas; pero se procurar averiguar la costumbre que se supone en las Universidades de Espaa.53En la distancia a que estamos, no es posible la Soberana consulta que se exige en el Artculo 230, y parece que lo mejor que puede hacerse es lo que propongo. Ya se sabe que el Rector de la Universidad de San Jernimo debiera ser precisamente religioso dominico; pero, como no se trata de seguir esos Estatutos, sino lo que dicta la razn y lo que se dispone en el Plan de Estudios de la Pennsula, no me debo detener en manifestar los muy grandes y muy obvios inconvenientes de ese privilegio exclusivo de nuestros religiosos dominicos.54Se ha suprimido el Ttulo XXVII del Plan de Estudios de la Pennsula; porque en nuestro Rector se refunde el oficio de Cancelario.55En el Artculo 263 del Plan de Estudios de la Pennsula, se encarga al Claustro y Direccin de Estudios el arreglo del nmero y sueldos de los empleados que debe tener la Universidad; pero no se trata del modo de elegirlos, ni se determina el tiempo que deben durar tan diferentes oficios. Por incidencia, se habla del contador en el Artculo 257, y en ninguna parte del Secretario, siendo tan indispensable. En vista de este silencio, no me he atrevido a tratar en estos Estatutos de los empleados principales de la Universidad, dejando a sta y a la Direccin el total arreglo de este negocio; pero no puedo dejar de decir que el religioso que es actualmente Secretario de la Universidad de San Jernimo, me ha pedido que informe a S. M. sobre su conducta y su mrito. Nada puedo decir de lo segundo, porque ahora lo he conocido; y en cuanto a lo primero, lejos de saber cosa en contrario, he tenido varios informes que le son muy favorables.56Con el Nmero 16 remito una Representacin que me ha entregado el actual Fiscal de esta Universidad. Repito lo que le contest‚ esto es, que se me han dado buenos informes de este sujeto; pero es demasiado joven y sera de malsimo ejemplo empezar faltando a lo que dispone este artculo sobre el modo de hacer el nombramiento de Sndico.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /313 /313 /313 /313 /31357Es lo menos que puede asignarse a un catedrtico en este caro pas, contando con los auxilios que le proporcionarn las propinas y otros trabajos de su profesin. Y no hay que argir con el ejemplo del Real Seminario de San Carlos, en donde los catedrticos slo tienen seiscientos pesos al ao; porque esos seiscientos pesos son ms que los dos mil que yo asigno, considerando que los catedrticos del Colegio tienen casa, comida y toda asistencia en estando enfermos, y aun as, estn descontentos y creyndose mal dotados, representan a menudo que, cuando se hicieron los Estatutos del Colegio, todo costaba la mitad.58El primero de estos dos maestros tiene en la actualidad ochocientos pesos anuales, y el otro, setecientos. Segn se me ha informado eran Pilotos de la Real Armada, y se dieron por muy bien servidos de obtener esa especie de retiro. Yo no s si son los hombres que para el caso convienen; pero tienen nombramiento Real y es menester respetarlos y excusar el nuevo gasto de estas jubilaciones. La Direccin de Estudios ver lo que hace y entonces acordar lo mejor. Entre tanto, parece justo que se les asista con otros quinientos pesos; porque van a tener ms trabajo, y no es lo mismo vivir en Regla que en la Habana.59Se ha suprimido la clusula ltima del Artculo 276; porque aqu nunca se ha visto ni es posible que se vea, habiendo gente de color, que los estudiantes sirvan de criados.60Se han suprimido del Plan de Estudios los Artculos 284, 285, 286 y 287; porque aqu es imposible introducir esa novedad, y yo no s si se conseguir lo que exigen los artculos anteriores. Despus de tanta libertad y abandono, no conviene tanta rigidez; por lo cual me reduzco a proponer que se recomiende a la Direccin de Estudios que fije su atencin en este ttulo y, con audiencia de la Universidad, proponga las variaciones que tenga por indispensables.61Ya se supone que debiendo dividirse estos ejercicios entre el Colegio Seminario y el Convento de Predicadores, se oir la misa en una de las dos iglesias, como mejor acomode.62Aunque esto no se dispone en el Plan de Estudios de la Pennsula, todos sabemos que de Espaa mismo salen muchos jvenes costeados por el Gobierno con tan importante objeto.63Creo que aqu, al menos por algunos aos, deben ser Vocales de esta Junta los catedrticos ms antiguos de cada facultad, y no los Decanos, por la muy obvia razn de que aqullos tendrn inters en la reforma, y stos sern partidarios del sistema en que fueron educados.64Hallndose esta Junta tan distante del Supremo Gobierno, no parece conveniente que por s sola decida las muchas y graves dudas que han de ocurrir. Su oficio debe reducirse a proponerlas e ilustrarlas.65Esta Direccin es de absoluta necesidad, hallndonos a tanta distancia del Trono y de la Inspeccin General de Estudios establecida en la Pe-

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OBRAS 314\ 314\ 314\ 314\ 314\ nnsula; pero como ac no ha llegado el Reglamento que para esto se ha formado, me contento con recomendar el pensamiento e indicar, en la ltima parte del papel titulado “Letrados. Foro de la Habana”, las personas que aqu pueden desempear este encargo y otros de igual naturaleza.

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DOCUMENTOS RELA DOCUMENTOS RELA DOCUMENTOS RELA DOCUMENTOS RELA DOCUMENTOS RELA TIV TIV TIV TIV TIV OS AL PLAN DE OS AL PLAN DE OS AL PLAN DE OS AL PLAN DE OS AL PLAN DE ESTUDIOS ESTUDIOS ESTUDIOS ESTUDIOS ESTUDIOS1 1 1 1 1IArango pide al Capitn General que no se alojen tropas en el Convento de Predicadores Excelentsimo Seor: Para dar la ltima mano al Plan de nuestros estudios mayores, es preciso que me valga de la autoridad de V.E. y de su acreditado celo. Entre lo mucho que falta para tan indispensable y tan grandiosa empresa, es lo primero un edificio donde haya la capacidad y decencia necesarias. Slo tenemos las pocas y malas piezas bajas que facilita el Convento de Predicadores, y ni aun con stas puede contarse, si V.E. no se digna concedernos provisionalmente y obtener para siempre de S.M., el justsimo privilegio de que se alojen tropas en los claustros o portales del referido convento. Aspiro, por una parte, a que se me franqueen para la Universidad todas las piezas que all pueden convenirnos, y pretendo, por la otra, que V.E. nos d la seguridad de usarlas, prohibiendo en aquel sitio el alojamiento de la tropa. He dicho que esto es justsimo y creo que, para demostrarlo, basta considerar la incompatibilidad que hay entre el sosiego que pide la enseanza de las ciencias, y el bullicio inevitable del cuartel ms arreglado. No hago alto en los inconvenientes que produce el roce de la juventud con tantos hombres distintos; y slo me detengo en suplicar a V.E. que se sirva comparar el miserable ahorro que puede resultar al Erario, de ese alojamiento, con las grandes ventajas que deben esperar este vecindario y el Estado, de que no se perturbe la buena enseanza de nuestros tiernos hijos. Pienso que ste debe ser el primer objeto del Gobierno, y ms en las circunstancias presentes; juzgo que, para conseguirlo, no deben excusarse gastos, y en este sentido se explica la Real Orden de mi comisin; pero no por eso me olvido de los apuros de la Real Hacienda, y busco, por todos lados, arbitrios para evitarle o disminuir los costos que es necesario hacer. Me parece, por tanto, que se pudiera ahorrar el de las dos interesantsimas Ctedras de Anatoma y Clnica, organizndolas en el Real Hospital de San Ambrosio, del modo que lo propone el Doctor D. Francisco Alonso

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OBRAS 316\ 316\ 316\ 316\ 316\ Fernndez en el adjunto Proyecto que hizo por encargo mo, y que ha tenido mi aprobacin, despus de or a los profesores ms acreditados de esta ciudad. No debo repetir en apoyo de este pensamiento, lo que su autor recomienda, hablando de los muchos bienes que a los militares enfermos y al pblico resultaran de ese establecimiento combinado con los otros que simultneamente deben ponerse en planta para que nuestros mdicos adquieran la buena doctrina que, por desgracia nuestra, no han recibido hasta ahora. Y no puedo presumir que sea obstculo para esos bienes el pequeo aumento de gastos que va a tener, en esta parte, el Hospital Militar; gastos que pueden compensarse con mucha facilidad, procurando, en otros ramos de menos inters en el mismo Hospital, la posible economa; y as concluyo descansando, como debo, en la ilustracin de V.E. y del Excelentsimo Sr. Intendente, a quien con esta fecha dirijo copia de este oficio y del citado Proyecto, suplicndole que por su parte contribuya a tan excelente obra. Dios guarde a V.E. muchos aos. Habana, 9 de noviembre de 1827. Excelentsimo Seor. Francisco de Arango. Excelentsimo Sr. Capitn General de esta Isla.II“Letrados. Foro de La Habana” El gran nmero de letrados no es lo que debe asustarnos, sabiendo que siempre lo hubo en las naciones ms cultas; sabiendo, digo, que en Atenas y Roma, en Pars y Londres, las aulas de Derecho fueron y son las de mayor concurrencia; lo que debe dar cuidado es la mala calidad de esos profesores, o sea, la mala enseanza de tan importante ciencia. Y aunque no falta quien diga que a los Gobiernos no toca mezclarse en esos estudios, ni exigir tampoco la pblica y solemne calificacin de la aptitud del letrado, porque el avisado inters sabr desechar al malo y valerse del que es bueno, yo dir siempre que conoce poco el mundo quien cuenta con la libertad y acierto de esa eleccin, habiendo tantos incautos y necios y tantos medios de alucinar y seducir a los pocos que disfrutan de sagacidad y buen juicio. Nuestras leyes, por tanto, se han ocupado siempre en prescribir los trmites y requisitos precisos para llegar al ejercicio de tan noble profesin, en cuyo supuesto y en el de que ya hace cuarenta y cuatro aos que el desorden de este Foro llama toda la atencin de nuestro Supremo Gobierno, parece que lo que nos toca es examinar las medidas dictadas con este objeto, demostrar que no han tenido el efecto deseado, y proponer, por fin, las que deban producirlo. La primer providencia que se tom en la materia, fue en 1784 y se redujo a prohibir en esta Isla la nueva recepcin de abogados, tenindose

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /317 /317 /317 /317 /317 por excesivo el nmero de ochenta, o cien, que por entonces habra; y aunque yo no soy devoto de esas prohibiciones, debo confesar, sin embargo, por ser de notoriedad, que si aquella providencia no bast para extinguir el desorden indicado, sirvi para detener los espantosos progresos que ha hecho desde que dej de observarse hace veinte aos, en los cuales lo de menos es el increble aumento del nmero de abogados, pues llama ms la atencin el que se haya triplicado y a veces quintuplicado el estipendio de sus vistas y sus honorarios, que hayan crecido los litigios en la misma proporcin, y que llegue a tal extremo el embrollo de su sustanciacin, que el ms joven e inexperto de nuestros actuales letrados, si no se atreve a decir lo que contest a Pitodoro, un abogado famoso de Bizancio, esto es, que all no haba ms leyes que las de su voluntad, al menos podr responder con mayor seguridad que es capaz de detener el tiempo que se le antoje la ejecucin de las leyes. Nuestro Supremo Gobierno y, sobre todo, su Consejo, han entrevisto muy bien estas funestas verdades, y si no las han palpado, es porque no han visto a la letra, sino slo en relacin, los pocos expedientes que llegan a su conocimiento. Felizmente no es preciso hacer ese examen de procesos, ni es necesario tampoco or los continuos clamores de tantos oprimidos y tantos sacrificados. Basta tomar en la mano la Gua de Forasteros de esta ciudad, y ver en ella que de los cuatrocientos abogados o poco menos que existen en la Isla, casi todos educados en esta Universidad y en este Foro, ms de trescientos estn ejerciendo sus funciones, o en virtud de la imprudente libertad que establecieron las Cortes, o con escandaloso abuso de la que concedi la Real Cdula de 4 de septiembre de 1819; pues, aunque en ella se levant la antigua prohibicin, fue bajo condiciones que en raro caso se habrn cumplido. Se mand, por de contado, fundar en esta capital una Academia de Prctica y un Colegio de Abogados de slo ochenta individuos. No se ha hablado de Academia, y menos todava de Colegio, y, habiendo ya en esta ciudad muy cerca del cudruplo de los ochenta letrados que se fijaron para ella, no hay mes, no hay semana en que los peridicos no nos anuncien otros nuevos, recibidos, o en la Real Audiencia del Distrito —a cuya Academia de Prctica, imaginaria o verdadera, ni se han asomado siquiera—, o en los Tribunales de la Pennsula, a cuya Corte han ido —hablo en general, como siempre— contra la intencin de la cdula, a estudiar menos y gastar ms. Pero el exceso del desorden est prometiendo el orden; y esto es lo que ms me anima a proponer los medios de conseguirlo. A mi ver, nunca hay justicia, ni conveniencia tampoco, en empezar prohibiendo; antes me parece que deben descubrirse y ver si pueden corregirse las causas de la enfermedad o mal que quiera remediarse. No puede negarse que, en nuestro caso, la primera y principal debe haber sido nuestra mala educacin literaria, unida a la facilidad que ha habido para obtener el

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OBRAS 318\ 318\ 318\ 318\ 318\ ttulo de abogado. Tambin ha contribuido mucho el haber estado confundidas las funciones de abogar y asesorar; el que estn en ejercicio tantos letrados recibidos, no en virtud, sino a la sombra de la citada Real Cdula de 1819; el no haber premios proporcionados para los que sobresalgan por su rectitud y saber; el no tener aranceles juiciosos que fijen hasta los honorarios y vistas de autos; el que no sea parte de sus sentencias definitivas, la expresa calificacin del mrito de la sustanciacin y regulacin de honorarios; el que para todos los fueros no haya unas mismas reglas sobre derechos, recusaciones, acompaados, competencias, etc.; y por ltimo, que haya faltado una Comisin temporal, competentemente autorizada, para reclamar aqu la observancia de las Reales disposiciones de la materia, informar lo conveniente a nuestro Supremo Gobierno, y procurar lo que crea ms conducente a perfeccionar en esta Isla la administracin de Justicia. De lo primero, esto es, de la educacin literaria, parece que nada hay que decir en este lugar, habindolo hecho en el que corresponde; pero no estar de ms volver a recomendar que uno de los correctivos de la referida Real Cdula de 1819, produce en la actualidad un efecto muy contrario; hablo del que se contrae a los pretendientes de abogaca que vayan a la Pennsula. Los ms no han ido a las Universidades, sino derechamente a Madrid, para volver al instante con el ttulo deseado; y, aunque se detengan un poco, es un error pensar que hay ganancias en ese viaje; porque lo que generalmente se saca de l, en esa edad peligrosa, son vicios y pretensiones. Insisto, por tanto, en que no se deje otra puerta abierta para la abogaca de esta Isla, que la de hacer en esta ciudad los estudios que exige el nuevo Plan, o ejecutarlos en algunas de las tres Universidades mayores de la Pennsula, conforme a sus Estatutos. La facultad de abogar debe separarse de la de asesorar Estoy persuadido de que esta sola providencia, bien ejecutada, basta para regenerar nuestro Foro; pues se lograr con ella poner en buenas manos la administracin de Justicia, quitar el enredo de las recusaciones, salvar el inconveniente de que los asesores natos firmen lo que no despachan, y destruir, por fin, el comercio de condescendencias y servicios que hay y debe haber entre los asesores que abogan, y entre aqullos y los que influyen en su nombramiento. Pienso tambin que nada es ms conforme a las Reales resoluciones de la materia; y, si no, venga la razn que ha habido para poner tanto empeo en sujetar a los jueces legos superiores al dictamen de un asesor calificado, y dejarlos libres para que nombren acompaados en los casos de recusacin que son casi todos; venga el motivo de poner asesores natos en el Gobierno Poltico y Militar, en la Marina, Intendencia, Artillera, Ingenie-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /319 /319 /319 /319 /319 ros y Correos, y no tenerlos en los dems Tribunales, especialmente en los de los Alcaldes Ordinarios donde la concurrencia es tan grande, que, la mayor parte de los das, la simple peseta de la firma produce a cada uno de veinte a veinticinco duros; de contado, se entiende, porque lo de tasacin es mucho ms. Parece que si hubo fundamento para poner a los jueces legos superiores, en la dependencia de un asesor nombrado por S.M., debe con mayor razn tomarse igual precaucin en los otros Tribunales, y parece al propio tiempo que ese saludable freno pierde toda su eficacia, si se conserva al juez lego la facultad de elegir acompaados a su antojo, o por mejor decir, al de los que le rodean. Se replicar a esto ltimo con una Real Orden que recientemente ha dispuesto que, en el caso de ser recusado alguno de los dos asesores del Gobierno Poltico, el otro era su preciso acompaado; pero esa providencia que, como se ha dicho, slo se contrae al Gobierno Poltico, por huir de un inconveniente, incide en otro mayor, cual es el de que teniendo esos dos asesores el cudruplo de los negocios que pueden despachar, van a aumentar el escndalo pblico de firmar lo que trabajan otros. No es menester detenerse en hacer sentir lo mucho que importa impedir ese manejo, ni tampoco es necesario recomendar al Gobierno la ninguna utilidad que resulta de que, entre los asesores natos, haya alguno que rena, si no mayor, al menos, igual renta que el Capitn General; lo que importa es detallar el remedio ya indicado. Consiste, como ya dije, en separar la facultad de abogar de la de asesorar, y en destinar para sta la nata de los letrados existentes. Sin auxilio de la experiencia, no puede fijarse el nmero de los que deben tener este destino; pero me parece que no sera excesivo el de cuarenta o cincuenta, considerando que se necesitarn dos o tres para cada alcalde ordinario de esta ciudad, asignando a cada asesor ciento cincuenta causas, uno para los dems Jueces que en ella y en el resto de la jurisdiccin; no lo tengan nato, ocho o diez auxiliares de los propietarios del Gobierno Poltico y Militar, para que sean nombrados en las Asesoras, desde el momento que aqullos tengan ms de ciento cincuenta causas, que son las que buenamente puede despachar cada uno; y veinte por lo menos para acompaados, de todos los Tribunales ordinarios o privilegiados. Ya se supone que estos asesores subsidiarios no han de poder ser recusados sin causa legtima y probada; y de este modo se destruye uno de los principales recursos que tiene, en el da, la malicia para eternizar los pleitos con recusaciones voluntarias. Y a fin de que la Justicia nada tenga que temer, y s que agradecer con esta innovacin, gozarn, actor y reo, la facultad de separar cada uno, en los escritos de demanda y contestacin, hasta cuatro de los expresados asesores subsidiarios, y el juez no podr nombrarlos. Para evitar confusiones en sus destinos, y que ellos y el pblico sepan el que tiene cada uno, se reunirn todos los aos el 2 de enero, ante el Capitn

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OBRAS 320\ 320\ 320\ 320\ 320\ General, los Jefes de los Tribunales; y hecha en esta Junta la expresada separacin, se tomar razn de ella por el escribano de Gobierno, que asistir tambin y publicar sus resultas en tres diarios consecutivos, y en una lista que pondr y mantendr todo el ao en el lugar ms visible de su oficio. Despus de lo que se ha indicado, es intil aadir que los asesores subsidiarios o auxiliares quedan privados de la facultad de abogar, cuyo encargo se reserve a los que no han merecido tanta distincin. Y por lo que toca al nombramiento, parece que siempre debe hacerse por S.M. a propuesta de la Real Audiencia, y con informe secreto del Capitn General y de quien ms se crea conveniente. Puedo alucinarme, pero estoy tan persuadido de la utilidad de esta combinacin que, para recomendarla, creo que basta presentarla, sin que por esto diga que deje de tener en la prctica muchos inconvenientes, que se podrn remediar con lo que observe y proponga la Comisin de que hablar despus. Letrados intrusos Aunque lo ms est hecho con destruir la facilidad que los malos abogados tienen en la actualidad para ser jueces, parece que debe tener lugar el propuesto expurgatorio, despus de tanto desorden. Soy enemigo de los partidos violentos; y no quisiera mortificar a los que ya tienen un ttulo, aunque sea ilegal. Deseo, por tanto, que en esto se proceda con la mayor lenidad, y que para cortar el vuelo a la intriga y evitar los inconvenientes de todo escrutinio, se diga, por punto general, que todos los que se han recibido en los ltimos cinco o seis aos, sin cumplir los requisitos de la Real Cdula de 1819, queden suspensos por un bienio, y obligados a ocuparlo en los ejercicios que el Plan de Estudios seala a los cursantes de sexto y sptimo ao. Estmulos Esto es de toda precisin, aunque no sea ms que para compensar la baja que en sus honorarios van a tener los letrados, segn se dir despus. No considero bastante la nueva creacin de asesores auxiliares, y propongo, por tanto, que de ellos se saque la mitad de los propietarios, en los casos de vacante, y que lo mismo se haga con respecto a los Ministros de la Real Audiencia. Pienso, por fin, que conviene establecer aqu, sin demora, un Colegio de Abogados, que en lo posible se iguale al de Madrid; parecindome excusado advertir, despus de lo que tengo dicho, que no juzgo conveniente la limitacin de nmero.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /321 /321 /321 /321 /321 Aranceles Parece increble que no los haya en estos Tribunales inferiores, y que sean tan subidos los de segunda y tercera instancia. Por lo que toca a los primeros, acompao impresa la nica pauta que tiene este Tasador de Costas; y basta su lectura para convencerse del abandono en que est este interesante ramo. El hecho es que los procesos se tasan en la oscuridad, y al arbitrio del que por arrendamiento y remate ejerce ese oficio, y en todo lo dems, esto es, en escrituras, anotacin de hipotecas, etc., cada uno pide lo que quiere y arranca lo que puede. Slo los jueces continan llevando, por su media firma, la peseta sealada. Entre estos abusos, el ms notable es el que los letrados pongan, por la vista de autos y providencias, todo lo que se les antoja. No hace treinta aos que la vista de cada foja se regulaba en un real de esta moneda, o sea, dos y medio de velln, y aun me parece siempre una recompensa excesiva; porque adems de ser muchsimas las hojas que no se leen, basta un minuto o poco ms para pasar la vista por las veinte o veinticuatro lneas de letrones con que se llenan las tiles, y cincuenta o sesenta reales de esta moneda que equivalen a ciento treinta, o ciento cincuenta reales de velln, son ms que suficientes para pagar cada una de las horas que se empleen en un trabajo tan suave. Sin embargo, vemos hoy que el ms escrupuloso duplica la parada, y que son infinitos los que la triplican y cuadruplican. En igual proporcin, han crecido los honorarios, en trminos de ser muy comn que pasen de mil duros, y lleguen alguna vez a seis mil malsimos alegatos; de ser muy comn, aado, que ocho mil pesos no basten para pagar en un ao los derechos del Fiscal, Asesor y defensores de una causa. Son muchos los ejemplares que se pudieran citar, en prueba de tan conocida y dolorosa verdad; pero no tratando yo de acusar, sino de remediar, referir solamente un hecho tan atroz como notorio, a saber, que en el concurso de un desgraciado octogenario, de un vecino principal y honradsimo llamado Don Juan Bautista Pacheco, pasaron de treinta mil duros las costas que se causaron en 1826, en cuyo pago se consumi una preciosa finca que para el suyo hicieron rematar los acreedores. Puede tolerarse esto? Puede permitirse que los que no son Parrasio ni Apeles sigan abusando del noble derecho de apreciar su trabajo? Pido, por tanto, que los nuevos aranceles no slo sean relativos al trabajo de los escribanos y dems subalternos, sino que fijen tambin el precio invariable de la vista de cada foja, y se establezcan bases para el de los escritos simples, alegatos y providencias. Recuerdo igualmente lo que he pedido en la nota... del pliego de gastos y arbitrios, esto es, que, para evitar los manejos de los subalternos, en la oscuridad con que se hacen actualmente las tasaciones de costas, se encargue esta operacin a una de las dos oficinas autorizadas que all indico. Y ya que habl del escandaloso ejem-

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OBRAS 322\ 322\ 322\ 322\ 322\ plar del concurso de Pacheco, no puedo menos que indicar otra medida que, si bien inconexa con el punto de aranceles, es de grandsima y notoria utilidad. Hablo de ese derecho de atraccin indefinido que tiene el Fisco para llamar a su Tribunal los concursos de sus deudores; de lo cual resulta que all se eternizan, con gran beneficio de los curiales del ramo, con poco o ninguno del Erario, que, en lugar de adelantar, se atrasa en sus cobros, y con el notable gravamen que resulta a los litigantes de estas variaciones de tribunales. ¡Cunto mejor sera obligar a los Ordinarios a que hiciesen el pago efectivo del Fisco, del modo que fuese posible, acordndose al intento en una concurrencia con el Fiscal o Ministro Real! El arreglo de este punto podra confiarse tambin a la Comisin que propondr despus. En las sentencias de todos los procesos se ha de hacer mrito de la observancia o inobservancia de las leyes en el punto de actuacin, y del arancel que gobierna; imponiendo, por supuesto, las penas que sean necesarias No s, en verdad, por qu no se ejecuta esto en todos los tribunales del mundo; y creo que nada puede oponerse, tratndose de un pas en que slo se piensa en embrollar los pleitos y aumentar su costo. Todo lo propuesto ha de ser extensivo a los Tribunales especiales y privilegiados Y por qu no, siendo tan justo y tan til? Es menester recordar que los dos tercios quizs de la poblacin litigante de esta Isla est aforada, y por tanto, que nada haramos con destruir los abusos en los Tribunales Ordinarios, si se les dejaba un asilo en los privilegiados, y particularmente en el de Guerra, en donde un solo asesor despacha, segn se asegura, mayor nmero de causas que los dos del Gobierno Poltico, y en donde los descuidos son ms difciles de corregir por la distancia en que se halla el Tribunal Superior. El Consejo de Ministros, por su acuerdo de 29 de enero ltimo, recomend el arreglo de estos estudios —y por consecuencia del Foro— al Ministerio de Gracia y Justicia; y no puede dudarse que, apoyadas por ste tan saludables medidas, sean sancionadas por el mismo Consejo, y mandadas observar en los Departamentos de todos los Ministerios. Comisin autorizada para la ejecucin y mejora de este plan, decisin provisional de competencia, etctera Sin esta Comisin, y sin que sus individuos tengan acreditada su integridad y saber, creo muy aventurados los saludables efectos de las indicadas providencias. Tenemos aqu, por fortuna, tres Magistrados, los

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /323 /323 /323 /323 /323 ms a propsito para el desempeo de este encargo, el de la Inspeccin o Direccin de Estudios, y el delicado y gravsimo de negros. Hablo del ex Regente D. Francisco de Paula Vilches y los ex Fiscales de Mxico Don Jos Hiplito Odoardo y D. Juan Ramn Oss. El primero vive en la miseria, ganando como letrado el pan que necesita su numerosa familia y todos en la oscuridad o inaccin. Por qu no aprovechar sus luces y distinguir su mrito en tan oportuna ocasin? Hago esta indicacin, sin que los citados Ministros tengan el menor antecedente, y me atrevo a hacerla por la confianza que me inspira el ilustrado celo del Jefe a quien la dirijo, sin detenerme en el mezquino reparo del aumento de gasto que producirn estos sueldos; porque —adems de que aqu hay muchos que los gozan con motivos menos recomendables— pudiera allanarse ese inconveniente, si acaso lo es, poniendo a los referidos Magistrados, por va de comisin, al frente de los asesores auxiliares, con igual nmero de causas que las asignadas a los propietarios del Gobierno Militar y Poltico, e iguales emolumentos; y eso, unido al sueldo de cesantes que gozan, bastara para su decorosa subsistencia. Pero no puedo explicar la repugnancia con que hago esta indicacin; porque s que van a distraerse, comprometerse, y aun degradarse con esas Asesoras, los que deben ser jueces o censores de los que las obtienen. Contra estos Comisionados y mis dems propuestas, se repetir quizs que el medio ms natural y seguro de reformar nuestro Foro es el de trasladar a esta ciudad la Real Audiencia del Distrito; y conviniendo yo en que las severas providencias de tan autorizado Tribunal sern de la mayor eficacia para el radical remedio de tan horroroso desorden, nunca he podido comprender por qu no puede darlas desde el paraje donde est, o por qu se necesita que venga aqu para hacerlo. Dejando a un lado los motivos que haya tenido para haberlas omitido, cuando llega a sus odos todo lo que aqu pasa, y a su vista se presentan los cuerpos de tantos delitos, quiero decir, los procesos que contienen tan escandalosas actuaciones y honorarios; prescindiendo de la indulgencia con que ha procedido y procede en el recibimiento de abogados, y olvidndome por fin de que su propio Regente confiesa en la exposicin que dirigi a S.M. en 8 de abril de 1825, que en el mismo Puerto Prncipe se arrebata las mulas de los carruajes de los mismos Oidores, debe sorprenderme mucho que, en esta ocasin, se nos recomiende lo contrario de lo que se ha recomendado siempre, esto es, que sea conveniente poner a los jueces en medio de las tentaciones. Difcil ser encontrar un pas donde las haya mayores que las de esta ciudad; y es bien sabido que, aun para aqullos en que slo se cuenta con las ordinarias, se dijo, con sobrada razn, que se ganara infinito, si en una nube pudiesen vivir los jueces y disparar desde all los rayos de su justicia. ¡Nueva Audiencia en una poblacin tan antigua, tan opulenta, tan cara, tan lujosa, tan corrompida!...

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OBRAS 324\ 324\ 324\ 324\ 324\ Es imposible, de toda imposibilidad, que, en el estado actual de La Habana, pueda observarse ninguna de las precauciones que establecieron las leyes, para evitar, aun en los pueblos nacientes, el peligroso contacto de los Magistrados con sus dependientes y con los litigantes. Y aunque se suponga que todos los Oidores que aqu se enven estn a prueba de tantas tentaciones, siempre les faltar el saludable, el casi necesario prestigio que adquieren cuando son fundadores o fomentadores del pueblo de su residencia, o aquella superioridad que no es posible tomar sobre el que naci sin Audiencia, y sin Audiencia lleg a una altura colosal. Y qu diremos del recuerdo que, con este mismo intento, se hace de nuestras primitivas leyes y de la Ordenanza de Intendentes? Suscribiendo muy gustoso, al menos en lo gubernativo y judicial, a los merecidos elogios que se hacen de las primeras, quisiera que se me dijese si estamos en los tiempos y circunstancias en que se formaron; si existen siquiera sus pedestales, esto es, el Ministerio Universal, el Consejo nico, la integridad y relaciones de tan inmenso territorio, la reunin de toda autoridad en cada uno de los que eran Jefes Superiores de tantas provincias o reinos, la incomunicacin con el extranjero, la posibilidad de conseguirla... Y puede tolerarse que, en situacin tan distinta, se citen esos modelos? Y quin sostendr que, aun en los primeros tiempos, fuesen tan adecuados para las islas como para los continentes? Lo cierto es que nuestro Supremo Gobierno tom aqu diferente rumbo en lo mercantil y econmico, y aun en lo judicial, mucho antes de que faltasen los citados pedestales, y no ha tenido ni tiene motivo para arrepentirse. En cuanto a la Ordenanza de Intendentes, no negar que fue til para Nueva Espaa, sacrificada por sus Corregidores y sus Alcaldes Mayores; y convendr tambin en que en algo podr serlo para esta Isla, supuesto que S.M. nos mand observarla en lo posible ; pero tambin dir que ese posible es casi nada, como lo conocer el que se tome el trabajo de leer con un poco de atencin la referida Ordenanza; porque ac ya haba Intendencias, no hay indios, Corregimientos, Alcaldas, ni los muchos errores y abusos que all haba en el sistema de cuenta y razn; y de estos ramos es de lo que principalmente se ocupa aquel Reglamento. Conviene, sin duda —no por lo que en l se dice, sino porque as lo ensean los primeros elementos de la ciencia de gobierno—, mejorar nuestra actual divisin de provincias y partidos, crear en ellas los Ministros que les falten, y darles la actividad y energa que son precisas; pero esto se debe hacer, no de memoria, sino con los debidos informes, y el mayor discernimiento; y entonces se puede ver si es til en todas partes el aumento de autoridad que se pide para el Jefe Superior y para los Provinciales, y si es conveniente la multiplicacin de Ayuntamientos que la Ordenanza encarga, cuando los que tenemos en las poblaciones nacientes de esta Isla slo han servido para aumentar los litigios, la pereza y vanidad de sus pobres vecindarios.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /325 /325 /325 /325 /325 Celebro, sobremanera, no verme en la necesidad de analizar estos puntos y los dems que se asoman y amontonan en la citada Exposicin de 8 de abril de 1825; su apreciable autor ya no existe, y esa consideracin bastara para detener mi pluma. He tocado solamente, y con la mayor ligereza, lo que tiene relacin con la materia que trato, esto es, con la reforma del Foro; y sin hacer valer los grandes gastos que tendra que soportar el Erario, ni los alaridos de los habitantes de la parte oriental de la Isla, juzgo que he demostrado que, para la regeneracin deseada, la Audiencia puede ser ms til, quedndose donde se mand situar, con el debido examen, en 1800. Habana, 31 de agosto de 1828.IIIMdicos Tampoco soy de dictamen que se limite el nmero de mdicos y cirujanos, y lo que creo conveniente es que se establezcan las reglas que se proponen para que los profesores de tan interesante y difcil ciencia tengan en lo sucesivo los estudios y prctica que son necesarios, y con respecto a los actuales, se tomen las precauciones que son posibles. De lo primero, se trata en el nuevo Plan de Estudios, y en cuanto a lo segundo, esto es, a lo que deba hacerse con los facultativos recibidos, y que intenten recibirse en el largo intermedio que ha de haber, desde este momento hasta que tengamos profesores que hayan hecho sus estudios con arreglo al nuevo Plan, dir que —adems de ser odiosa y en extremo difcil la empresa de expurgar los mdicos recibidos— no puede desconocerse el derecho que les asiste por el ttulo que, con arreglo a las Reales disposiciones de la materia, han ganado para ejercer su facultad. Pero es muy fcil y muy justo que los que todava no tienen licencia para curar en la clase de mdicos o cirujanos latinos, sean obligados a empezar otra vez, y con sujecin a los nuevos Estatutos, el estudio de la Medicina, siempre que no sean Bachilleres; y si lo fueren, que, con arreglo al mismo Plan, hagan los estudios, y tengan la prctica que se exige a aqullos; quedando, por supuesto, suprimidos los exmenes que hasta ahora ha hecho el Protomedicato, y el despacho de los ttulos que, en consecuencia, expeda, en cuanto se opongan a lo dispuesto en el ltimo Reglamento. En orden a Cirujanos romancistas, Farmacuticos, Sangradores o Flebotomianos, y Albitares o Profesores de Veterinaria, parece lo ms prudente dejar las cosas en el estado en que se hallan, hasta que, establecidas la nueva Universidad y la Direccin de Estudios, examinen con detencin la materia, y vean lo que se puede y conviene hacer en ella, y entonces —al propio tiempo que se hagan racionales aranceles para contener los

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OBRAS 326\ 326\ 326\ 326\ 326\ excesos que hay en esta parte, y que tan bien se traslucen en las respuestas del Protomedicato (cuaderno Nmero XIV) y en otros informes privados, que no se acompaan por no abultar— se acordar lo ms oportuno sobre la prohibicin de romancistas, que, con mucha razn, quieren ver extinguidos (Documentos Nmeros VII y XIV) los doctores Bernal y Cowley. Y por lo que toca a la solicitud que en el cuaderno Nmero XV hacen los doctores en Medicina, me parece que es conforme a las ltimas palabras del Artculo 96, Ttulo VIII del Plan de Estudios de la Pennsula, y que lo es tambin a la razn y a la prctica de las naciones sabias en donde se honra y protege con esmero a los que estn encargados de la conservacin de nuestra salud y existencia. Habana, 31 de agosto de 1828.IVArbitrios propuestos para ocurrir a las primeras atenciones de la Universidad Por 38 323 pesos 5 reales que tiene la Escuela de Nutica en esta cuidad, que se reducen a 28 000 por las rebajas que puede haber2........................................................................................... 28 000 Por otros 28 000 (tomado tambin un trmino medio) de igual impuesto en Matanzas3.................................................................. 28 000 Por lo que estos impuestos o sus sobrantes produzcan en el espacio de ocho meses que puede tardar la resolucin de S.M., y otros diecisis que se necesitarn para la conclusin de las obras, contando con la baja que han de tener con motivo del nuevo arancel de los Estados Unidos4............................ 16 000 $ 72 000Notas1No se han encontrado otros documentos de los que ilustraban el Plan de Estudios, trazado por Arango, que los que aqu se ponen. ( Manuel Villanova )2La verdadera existencia de este arbitrio en el primer da del presente mes de agosto, era la de treinta y ocho mil trescientos veintitrs pesos cinco y medio reales, a saber, veinticuatro mil trescientos veintitrs pesos cinco y medio reales, depositados en las Arcas Consulares; diez mil pesos prestados a la Casa de Beneficencia; y cuatro mil en la Empresa

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /327 /327 /327 /327 /327 de Correos Martimos, en cuya virtud me parece que al menos podemos contar con veintiocho mil y pico de pesos, suponiendo que no se cobre lo de la Beneficencia; y por lo que toca a la justicia con que pueden aplicarse estos caudales a la fundacin de la Universidad, vase el expediente Nmero XI, del cual, entre otras cosas, resulta que, destinada esta contribucin para el estril establecimiento de una Escuela Nutica en Regla, ha quedado un sobrante, despus de atendido el principal objeto, y las dos escuelas primarias que posteriormente se han agregado. A m me parece que, de rigurosa justicia, corresponde la aplicacin de estos fondos a nuestra empresa, en la cual no se ha olvidado la enseanza de la Nutica y se trata de la de otras ciencias ms importantes. Vase, repito, el referido expediente.3En el cuaderno Nmero XII estn las explicaciones y anuencia del Seor Intendente sobre este particular. Por aqullas se ver que es racional el clculo de veintiocho mil pesos; porque ya haba ms de dieciocho mil en el mes de septiembre de 1826 y pasan de cincuenta mil los bocoyes de miel que, segn los estados de la Aduana de Matanzas, se han extrado desde entonces de aquel puerto, los cuales, al respecto de dos reales de esta moneda cada uno, dan un producto de ms de doce mil quinientos pesos. Me parece ocioso detenerme en recordar la justicia con que pretendo que se aplique este caudal a los primeros costos de la Universidad, habindose manifestado el objeto de esta contribucin, y tratndose de aplicar su producto a la misma Escuela Nutica y a otros estudios ms tiles para Matanzas y para toda la Isla.4Esta partida es dudosa o est expuesta, en mi opinin, a sufrir grande rebaja. Los angloamericanos son los nicos que necesitan nuestra miel, y nos la han extrado hasta ahora en inmensas cantidades; pero aquel Gobierno acaba de publicar un nuevo arancel en que es visible el objeto de prohibir indirectamente la introduccin de nuestra miel y el derecho que pagaba, y de aqu ha nacido que yo me haya reducido en esta partida a mucho menos de la mitad de lo que debiera ser, si la exportacin siguiera en su antiguo pie.

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CAR CAR CAR CAR CAR T T T T T A AL MINISTRO DE GRACIA Y JUSTICIA A AL MINISTRO DE GRACIA Y JUSTICIA A AL MINISTRO DE GRACIA Y JUSTICIA A AL MINISTRO DE GRACIA Y JUSTICIA A AL MINISTRO DE GRACIA Y JUSTICIA SOBRE LA BIBLIOTECA PBLICA SOBRE LA BIBLIOTECA PBLICA SOBRE LA BIBLIOTECA PBLICA SOBRE LA BIBLIOTECA PBLICA SOBRE LA BIBLIOTECA PBLICA Y LA ESCUELA DE QUMICA Y LA ESCUELA DE QUMICA Y LA ESCUELA DE QUMICA Y LA ESCUELA DE QUMICA Y LA ESCUELA DE QUMICAExcelentisimo Seor: Remito a V.E. la lista que le ofrec de los libros que tiene hoy la que lleva aqu el nombre de Biblioteca Pblica, sin responder, por supuesto, del buen estado de aqullos, ni tampoco de su existencia. Con este motivo me ocurre que no pudiendo realizarse el importantsimo establecimiento de la nueva Biblioteca sin concluir el edificio proyectado para ella, puede pasar mucho tiempo, si para empezar la obra, tenemos que esperar el examen y resolucin del complicado expediente que dirig a V.E. en 31 anterior. Y esta consideracin me mueve a proponer para la Biblioteca lo mismo que para la Escuela de Qumica, esto es, que, con separacin de todo lo dems, y con la mayor prontitud, se examinen y resuelvan estos dos particulares. A las indicaciones que hice en notas, a los Estatutos, tratando de la Escuela de Qumica, debo aadir ahora que crecen por momentos mis temores sobre la futura suerte de la riqueza de esta Isla. Con la enorme baja que han experimentado en sus precios el caf‚ y las mieles, se secaron —y para siempre quizs— dos grandes manantiales de nuestra prosperidad, y recelo que al azcar, que es nuestra ncora de esperanza, le suceda poco menos, y le suceda pronto, si con la posible presteza no se toman en su auxilio las medidas que he propuesto a la Junta Consular, y con especialidad las que tienden a disminuir los costos del cultivo y fabricacin de ese fruto, siendo la ms eficaz la del auxilio de la Qumica, a que principalmente deben los fabricantes franceses el azcar de remolacha, y los refinadores de Londres su ahorro de gastos o aumento de producto de cerca de tres cuartas partes; en comprobacin de lo cual y de los poderosos motivos que tenemos para inquietarnos por los progresos de las fbricas de remolacha, remito los dos impresos adjuntos en que van marcados los lugares conducentes, y concluyo repitiendo que el Consulado, de sus fondos, o de los pertenecientes a la Escuela Nutica de Regla, puede y debe proporcionar lo necesario para los primeros gastos de la Escuela de Qumica. En cuanto a la Biblioteca, al paso que no puede negarse el grave inconveniente de la demora que he indicado, ninguno puede presentarse para que se deje de emprender con la mayor actividad la obra proyectada para

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /329 /329 /329 /329 /329 ella y para otros estudios; pues, aun en el caso —imposible para m— de que dejen de tomarse grandes providencias para la mejora de nuestros estudios secundarios y mayores, siempre tendra ese edificio una aplicacin, no til, sino necesaria para los que ya existen en piezas inmundas, a saber, para la Escuela de Dibujo, la de Nutica, la inexcusable de Qumica, la misma Biblioteca, la de Leyes, etctera. Supuesta, pues, la utilidad que en todos casos ha de producir ese edificio, por qu no hemos de ganar tiempo en su construccin, habiendo fondos para ello? Los fondos existentes de la Escuela Nutica de Regla y la de Matanzas llegarn a fin de ao a cincuenta mil pesos, poco ms o menos, y la citada obra est regulada en treinta y cuatro mil, de los cuales habr mucho que bajar, si a la Junta Consular, que tiene operarios suyos y otros recursos, se hace el encargo de construirla, sin perjuicio de la intervencin de la Junta de Hacienda de la Universidad, si se establece en el intermedio, y de mis eficaces oficios, en el tiempo que aqu permanezca, etc., etc. Habana, 12 de septiembre de 1828. Excmo. Sr. Francisco de Arango. Excelentsimo Sr. Secretario de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia, etctera.

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CAR CAR CAR CAR CAR T T T T T A AL MINISTRO DE GRACIA Y JUSTICIA A AL MINISTRO DE GRACIA Y JUSTICIA A AL MINISTRO DE GRACIA Y JUSTICIA A AL MINISTRO DE GRACIA Y JUSTICIA A AL MINISTRO DE GRACIA Y JUSTICIA SOBRE LA URGENCIA DE QUE SE EST SOBRE LA URGENCIA DE QUE SE EST SOBRE LA URGENCIA DE QUE SE EST SOBRE LA URGENCIA DE QUE SE EST SOBRE LA URGENCIA DE QUE SE EST ABLEZC ABLEZC ABLEZC ABLEZC ABLEZC A A A A A LA ESCUELA DE QUMICA LA ESCUELA DE QUMICA LA ESCUELA DE QUMICA LA ESCUELA DE QUMICA LA ESCUELA DE QUMICAExcelentisimo Seor: Los muy fundados temores que sobre la futura suerte de la riqueza de esta Isla manifest a V.E. en mi carta de 12 de septiembre anterior (Nmero 9), lejos de debilitarse, se han aumentado, en trminos que considero preciso llamar otra vez sobre ellos la atencin de V.E., poniendo en su conocimiento los nuevos motivos que hay para que, entre otros auxilios, se nos facilite al menos el del estudio de la Qumica, con la mayor presteza. Lo que me asustaba entonces era el gigantesco incremento del cultivo de la caa en el Imperio de Brasil, la facilidad y baratura con que ya se haca la navegacin de Filipinas y la India y el asombroso progreso de las fbricas de azcar de remolacha establecidas en Francia. Pero, como si no bastasen enemigos tan terribles, se han agregado despus los que voy a presentar. En los adjuntos peridicos de Charleston que remito, traducidos en la parte conducente, encontrar V.E. una demostracin de que se acab para esta Isla el ms ventajoso mercado que tenan nuestros azcares; esto es, el de las provincias de la Confederacin angloamericana. Cremos todos que no haran grandes progresos los ingenios que de pocos aos a esta parte se haban establecido en Nueva Orleans, y nadie presuma que pudiese haberlos mas all de los treinta grados, y la verdad es que ya los hay al sur de los treinta y tres, y que, venciendo todas las dificultades que les presenta el clima, han cosechado la increble cantidad de ochenta mil bocoyes de azcar, o sea, cuatro millones de nuestras arrobas; pero este hecho notorio no es el que se demuestra en los citados peridicos. Lo que se dice en ellos es que la fabricacin del azcar no est reducida hoy al terreno de Luisiana, sino que en la Florida y lo que es ms, en Carolina del Sur y en Georgia, se establecen centenares de ingenios a la sombra del reciente arancel que ha agravado la introduccin del azcar extranjero en todas las provincias de la Unin, con el enorme derecho de un peso fuerte por arroba, con lo cual puede asegurarse que, para el ao siguiente, no se introducir all ni una libra de nuestro azcar. Y si V.E. lo duda, dgnese examinar el estado que se halla en la pgina 223

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /331 /331 /331 /331 /331 del adjunto Mensajero Semanal de Nueva York y en l ver que, sin necesidad de la proteccin del referido arancel, y sin la multitud de ingenios formados ltimamente al norte de Luisiana, en Georgia, en Carolina y la Florida, ya en el ao anterior estaba reducido el consumo de nuestros azcares, en toda la Confederacin, a la miserable cantidad de unas diez mil u once mil cajas, o sea, ciento setenta mil o ciento ochenta mil arrobas. A esta gran prdida, es decir, al del mercado inmediato y de nuestras mayores esperanzas, se agrega la reciente amenaza que, en la Cmara de Diputados de Francia, ha hecho Mster Crespel, asegurando que bastarn cinco aos para que en aquel Reino se haga de remolacha todo el azcar preciso para su consumo, cuyo anuncio no puede despreciarse, si a las indicaciones que hice en mi citada carta Nmero 9 se agregan otras dos nuevas que significan mucho, al menos en mi opinin. La primera es que el Gobierno francs ha credo de tanta importancia este cultivo, que, para protegerlo, ha nombrado una Sociedad presidida por Mster Dubrunfaut, y la segunda es que el ejemplo de ese cultivo ya va cundiendo por otros Reinos, y en Blgica se hacen grandes ensayos al cargo del muy inteligente refinador Mster Leon. Hay ms. Mi susto, como indiqu‚ no provena al principio de la disminucin de nuestros consumidores de azcar, sino del prodigioso incremento que deba tener la cantidad de ese fruto que de la India y Filipinas, de Brasil y otros parajes ms favorecidos que esta Isla, iba a presentarse en los mercados de Europa. Pues, aun por este rumbo, tenemos hoy nuevos motivos de temor o sobresalto; porque sabemos que se aumenta por momentos la baratura de fletes, y el nmero de buques yentes y vinientes de Asia y partes distantes de frica. Y por lo que toca a Brasil, adems de ser constante que en el ao anterior ha habido una introduccin de cuarenta y seis mil negros bozales, nos dicen los papeles pblicos que no contento aquel gobierno con las grandes ventajas que naturalmente gozan sus colonos, por la abundancia, bondad y bajo precio de sus tierras, carnes, animales y esclavos, para atraer a sus puertos mayor concurrencia de compradores, ha liberado de todo gravamen la extraccin de frutos, y ha disminuido mucho los derechos establecidos a la introduccin de efectos extranjeros. Con dar estas noticias o referir estos hechos, me parece que he cumplido, y que me debo abstener de hacer sobre ellas las obvias reflexiones que presentan y que no pueden ocultarse a la penetracin de V.E. Lo nico que aadir es que, en medio de las apariencias de esta horrenda tempestad, se sigue aqu fundando ingenios con el mismo o mayor furor que el que justamente hubo despus del incendio de la parte francesa de Santo Domingo. No digo ms, y concluyo remitindome a lo que tengo expuesto en el Informe que sobre la materia di a la Junta Consular hace dieciocho me-

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OBRAS 332\ 332\ 332\ 332\ 332\ ses, y esperando, por lo menos, que la piedad del Rey e ilustracin de V .E. nos socorrern prontamente con lo que dejo indicado al principio de esta carta. Dios guarde a V.E. muchos aos. Habana, 25 de junio de 1829. Excelentsimo Sr. Francisco de Arango. Excelentsimo Sr. Secretario de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia.

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CAR CAR CAR CAR CAR T T T T T A AL SECRET A AL SECRET A AL SECRET A AL SECRET A AL SECRET ARIO DEL SUPREMO ARIO DEL SUPREMO ARIO DEL SUPREMO ARIO DEL SUPREMO ARIO DEL SUPREMO CONSEJO DE INDIAS EN QUE EL A CONSEJO DE INDIAS EN QUE EL A CONSEJO DE INDIAS EN QUE EL A CONSEJO DE INDIAS EN QUE EL A CONSEJO DE INDIAS EN QUE EL A UTOR A UTOR A UTOR A UTOR A UTOR A VISA VISA VISA VISA VISA EST EST EST EST EST AR TRADUCIENDO UNA “MEMORIA SOBRE AR TRADUCIENDO UNA “MEMORIA SOBRE AR TRADUCIENDO UNA “MEMORIA SOBRE AR TRADUCIENDO UNA “MEMORIA SOBRE AR TRADUCIENDO UNA “MEMORIA SOBRE LA AB LA AB LA AB LA AB LA AB OLICI"N DE LA ESCLA OLICI"N DE LA ESCLA OLICI"N DE LA ESCLA OLICI"N DE LA ESCLA OLICI"N DE LA ESCLA VITUD EN LAS VITUD EN LAS VITUD EN LAS VITUD EN LAS VITUD EN LAS COLONIAS EUROPEAS” COLONIAS EUROPEAS” COLONIAS EUROPEAS” COLONIAS EUROPEAS” COLONIAS EUROPEAS”Como han pasado ocho meses desde que acus a V.S. el recibo de su carta reservada de 11 de enero anterior, temo que pueda notarse mi demora en remitir la respuesta que ofrec, y creo de necesidad suplicar a Vuestra Seora se sirva manifestar en mi nombre a nuestro Supremo Consejo que, a los seis u ocho das de haber llegado a mis manos la referida carta acordada, me traslad al partido de Gines con el doble objeto de ocuparme exclusivamente de cumplir sus rdenes y hacerlo en medio de los ingenios, o sea, en el mismo teatro de los mayores sufrimientos de los desgraciados negros. Empec‚ con efecto, mi obra con el mayor empeo; pero debo confesar que adelantaba poco; porque siempre tropezaba con las dificultades que present en mi Exposicin de 30 de agosto anterior, y que el Consejo desestim, sin duda porque yo no supe manifestar su fuerza con la claridad necesaria. En semejante estado llegaron a mis manos la primera y segunda parte de una “Memoria” sobre la abolicin de la esclavitud colonial que haba empezado a publicarse en la Revista Enciclopdica de Pars ; y parecindome que la lectura de este escrito dara mucha luz al negocio, y mayor fuerza a mis observaciones, me decid a su traduccin, creyendo que encontrara alguna persona de confianza que me la hiciera con regularidad y prontitud; mas vi despus que era indispensable que yo cargase con tan pesado trabajo, y en l he empleado ms tiempo del que pens. Traducidas y empezadas a pasar en limpio las dos partes de la citada “Memoria”, me hall detenido por falta de la tercera, que no se vendi hasta enero o febrero, y a pesar de mi diligencia, no ha llegado aqu hasta la semana anterior. La estoy traduciendo ya; pero es ms larga que las otras, y de tan difcil versin como ellas, no s lo que en esto tardar, y slo puedo decir que no perder momento en concluir ese trabajo, y me ocupar, enseguida, de las notas y observaciones que crea oportunas para que acuerde el Consejo lo que juzgue conveniente. Dios guarde a V.S. mucho aos. Habana, 24 de agosto de 1831. Francisco de Arango. Seor Secretario del Supremo Consejo de Indias.

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REPRESENT REPRESENT REPRESENT REPRESENT REPRESENT ACI"N AL REY SOBRE ACI"N AL REY SOBRE ACI"N AL REY SOBRE ACI"N AL REY SOBRE ACI"N AL REY SOBRE LA EXTINCI"N DEL TRFICO DE NEGROS LA EXTINCI"N DEL TRFICO DE NEGROS LA EXTINCI"N DEL TRFICO DE NEGROS LA EXTINCI"N DEL TRFICO DE NEGROS LA EXTINCI"N DEL TRFICO DE NEGROS Y MEDIOS DE MEJORAR LA SUER Y MEDIOS DE MEJORAR LA SUER Y MEDIOS DE MEJORAR LA SUER Y MEDIOS DE MEJORAR LA SUER Y MEDIOS DE MEJORAR LA SUER TE TE TE TE TE DE LOS ESCLA DE LOS ESCLA DE LOS ESCLA DE LOS ESCLA DE LOS ESCLA V V V V V OS COLONIALES OS COLONIALES OS COLONIALES OS COLONIALES OS COLONIALESSeor: Con la traduccin de la interesante “Memoria” que anunci a V.M. en 24 de agosto anterior, remito la de un Discurso que sobre la misma materia pronunci Mr. Moore en una reciente sesin de la Cmara Legislativa de Virginia; y envo por fin todas las observaciones y las noticias que considero esenciales, para la completa ilustracin del grave y complicado arreglo de la suerte de nuestros negros. Con esto me pareca que, sin salir de los lmites que me seala mi corta capacidad, cumpla fielmente lo que ofrec a V.M. en mi Exposicin de 30 de agosto de 1830; pero cediendo, como debo, a la terminante orden de 11 de enero de 1831, me adelanto a dar dictamen sobre todas las cuestiones que en la “Memoria” se tocan, y juzgo de necesidad hacer en esta Representacin un resumen de las diferentes ideas, que en mis observaciones presento, o sea, del plan que conviene adoptar en esta reforma. Para recomendar urgencia, es bastante la lectura de la “Memoria” y especialmente la de los envidiables prrafos de su conclusin; pero todava creo que han de obrar con mayor fuerza en el paternal corazn de V.M. los hechos de que di aviso, en mi carta de 26 de enero ltimo, en cuya virtud no hay en el da un solo Gobierno, de los que tienen negros, que no se ocupe en suavizar la injusticia de su esclavitud, y en tomar medidas de seguridad. Tengo por imposible que la religiosa Espaa, que dio sobre la materia tan anteriores pruebas de su piedad y cordura, sea la que se mantenga inmvil en el momento ms crtico. Ante todo debo ratificar algunas de las indicaciones fundamentales que hice en mi citada Representacin de 30 de agosto. Dije y repito que, en estas circunstancias, no es conveniente una coleccin separada de las leyes existentes y las que nuevamente se dicten sobre la materia, y mucho menos que lleve el ttulo de Cdigo Negro. Al que rene, como yo, los de las otras aciones, nada le sera tan fcil como poner en nuestro idioma, con las convenientes alteraciones, el todo o parte de esos cdigos o reglamentos extranjeros y presentar un libro con el pomposo ttulo de Cdigo negro

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /335 /335 /335 /335 /335 espaol ; pero, no tratando de especular, ni de ganar nombrada, y consultando slo el cumplimiento de mi deber, y el voto de mi conciencia, insisto en que no es tiempo de alborotar, y que debemos reducirnos a aplicar sin ruido, o con el menos posible, los remedios oportunos, empezando por las providencias que sean ms eficaces para fomentar nuestra poblacin blanca, prefiriendo, por supuesto, los puntos principales de la costa del sur, y no descuidando las relativas a mejorar las costumbres de nuestros campesinos y las calidades de sus curas. Esto supuesto, entremos en el resumen, siguiendo el mismo orden o divisin de puntos que en la “Memoria” se observa paras su plan de reformaPUNTO PRIMEROAbolicin efectiva del trfico de esclavos Hace muchos aos que estoy predicando la necesidad, la justicia y tambin la utilidad de esta abolicin efectiva, y, aunque mi natural repugnancia a toda medida violenta me oblig a decir en mi citada Exposicin de 30 de agosto, que, sobre el modo de ejecutar la indispensable abolicin, se oyese tambin a la Junta de vecinos que all propuse, hoy nos hallamos en la notable, por no decir vergonzosa situacin de ser los nicos que continuamos haciendo tan asqueroso comercio. Nuestros ltimos compaeros eran los franceses y brasileos; pero el Rey de los primeros ha hecho un tratado con el de Inglaterra, para perseguir con todo empeo el abominado trfico, y los gobiernos de Martinica y Guadalupe —segn se ha expuesto en las observaciones—, pasando con indiscrecin del uno al otro extremo, han derogado todas las leyes depresivas de la gente de color, lo cual, a mi parecer, dice ms sobre el asunto que el expresado tratado. Y por lo que toca a Brasil, se sabe que su Gobierno ha prohibido ltimamente ese comercio, a instancias de Inglaterra, y, aunque la intervencin de esta potencia es una garanta infalible de que en aquel Imperio se llevar a efecto la citada prohibicin, sabemos, adems, que all se ha publicado un decreto, aplicando la pena establecida por el artculo 173 de su Cdigo Criminal, al introductor de negros, y la multa de doscientos pesos, por cada esclavo, al que tuviere parte en su introduccin. Conviene, por fin, recordar que el Estado angloamericano de Luisiana, por amor a su verdadero inters, ya no se contenta con impedir la introduccin de bozales, sino que tambin ha prohibido la de criollos de otros Estados de la Unin, y parece que todos los dems tratan de hacer lo mismo, segn lo anuncian los papeles pblicos, y se da por seguro en el discurso de Mster Moore. No creo que debo decir ms, para persuadir la precisin en que estamos, de llevar a cabo la misma prohibicin, decretada tantos

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OBRAS 336\ 336\ 336\ 336\ 336\ aos hace por nuestro sabio Gobierno. La dificultad consiste en los medios de lograrlo y eso depende de las autoridades ejecutoras. Ya dije que, en los primeros tiempos de la prohibicin, no se haca tal contrabando; y que no se habra pensado en hacerlo, si no se hubiera contado con el disimulo. ste naci, al principio, del equivocado y disculpable concepto de que se beneficiaba nuestra agricultura con la introduccin de brazos; pero en el da se pagan fuertes gratificaciones por la tolerancia, o sea, proteccin de esa introduccin, y con tal apoyo, unido a las facilidades que proporcionan las inmensas y desiertas costas de nuestra Isla, ya se ve que no es muy fcil destruir un fraude tan organizado; pero todo depende de los trminos en que se extienda el Soberano mandato, y de la voluntad y prudencia del Jefe Superior de la Isla, en cuya autoridad hay sobrados medios para hacer esta gran obra.PUNTO SEGUNDOBorrar o destruir la preocupacin del color Me parece haber demostrado hasta la evidencia, no la justicia y preferencia, sino el particularsimo inters que tiene nuestra Isla en que se desaparezca lo ms pronto esa funesta preocupacin; pero sus grandes races no pueden arrancarse de un golpe. Lo que ha sido obra de la ley, lo que se sostiene por ella, y por el hbito, no de aos, sino de siglos, no puede desaparecer de repente; y no hay que volver los ojos a la imprudente conducta de Guadalupe y Martinica, porque debe tenerse presente que los franceses se encuentran en muy diferente caso, estando destruida por su Revolucin la distincin de clases, y familiarizados tambin, al menos hasta cierto punto, con la diferencia de colores. Y, sin embargo, es ms que probable que tengan que arrepentirse de tan precipitado paso, y de todas suertes es indispensable preparar los nimos, antes de darlo, o al menos or a los blancos, antes de que la ley pronuncie. Al insistir en que se forme la Junta de vecinos que propuse para esto, en mi Representacin de 30 de agosto, vuelvo a reconocer que ser de la mayor importancia que el Jefe Superior de la Isla, y los otros de las principales ciudades, incluida la Real Audiencia, con relacin a Puerto Prncipe, tomen el mayor empeo en hacer este milagro, del modo que sea posible o menos aventurado. Pero, cmo se consigue desde luego que estos Jefes tengan la buena voluntad y las luces que pide esta terrible lucha? Vienen los ms con los ojos cerrados, y puede afirmarse que ser muy raro el que llegue a adquirir sobre la materia todos los conocimientos tericos y prcticos que se necesitan, y, aun con ellos, tropezarn a cada paso con los obstculos que presentan las leyes existentes y todas sus consecuencias. En

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /337 /337 /337 /337 /337 tales circunstancias, me parece que debemos empezar por imprimir con reserva en esa Corte un nmero determinado de ejemplares de la “Memoria” y sus Observaciones, o sacar copias manuscritas, y enviarlas al Capitn General, para que l y los dems Jefes tomen el conocimiento debido, repartan entre los hacendados los que juzguen convenientes y se tengan enseguida las conferencias que con ellos he propuesto, o se les oiga del modo que se crea ms oportuno, sobre la derogacin de las leyes existentes, y los medios de destruir los hbitos en que se sostiene la fatal preocupacin, sin olvidar, por supuesto, el punto esencial de educacin y dems graves cuestiones que en las Observaciones se tocan, obrando en todo con el debido pulso y secreto, y dando a V.M. la correspondiente noticia. Sin esperar estas resultas, pudiera tratarse de establecer colonias en parajes a propsito, compuestas, por mitad, de labradores trados en derechura de Europa, y de gentes de color honradas, cuidando que todas las hembras fuesen de la ltima especie, y estableciendo de hecho la mayor igualdad entre los colonos. Es casi seguro que en estos establecimientos aislados sucediese lo que aconteci al principio en Santo Domingo, esto es, que nadie reparaba en la diferencia del color, y ese ejemplo sera de la mayor eficacia para desimpresionar a los preocupados del resto de la Isla. Hay otro arreglo, si no ms importante, de seguro, ms urgente, a saber, el de tomar medidas para contener el desorden en que viven muchas gentes de color, y estar a la vista de sus movimientos, siendo dignos de mucha atencin los que impropiamente se llaman emancipados sobre los cuales dije, si no todo lo que hay que decir, al menos lo conveniente, en mi Exposicin de 30 de agosto de 1830, tantas veces citada; mas, para arreglar este punto, es indispensable formar un padrn muy circunstanciado de todas estas gentes. Dgnese V.M. recomendar esta operacin al Capitn General, y en su vista, dar mi dictamen del modo que se me prevenga.PUNTO TERCEROMudar el actual sistema de esclavitud Yo dira mejorar la suerte o condicin de los esclavos coloniales. Por fortuna, ya sabemos que los nuestros, y especialmente los urbanos, estn en posesin de muchas de las mejoras que se proponen; pero los del campo, o sea, los de muchsimos ingenios, necesitan, sin disputa, de la proteccin de la ley y de sus Magistrados. Trabajan, en general, ms de lo que deben. Se les castiga cruelmente. No se les alimenta, viste ni asiste sus enfermedades como corresponde. Se les permite, es verdad, tener peculio, pero no se les da tiempo proporcionado para cultivar su conuco y cuidar

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OBRAS 338\ 338\ 338\ 338\ 338\ sus animales. Pueden casarse, pero, considerados como bienes muebles, el amo, o su acreedor, puede separarlos del lado de su compaera e hijos y privarlos de los nicos consuelos de su miserable vida. No se les da idea de la religin, y ni tienen ese freno los brbaros que los gobiernan, quedando impunes sus excesos en la soledad de los campos; porque la voz de aquellos infelices no puede llegar a los tribunales, por carecer de toda proteccin, y ni aun pueden ser testigos. Repito que la humanidad y el inters del Estado y el de los mismos amos claman por el pronto remedio de tantos y tan graves males; pero podran ser funestos los efectos de la ley que, con semejante objeto, se publicase en las crticas circunstancias del da, y tan nulos para los siervos, como lo fue la bien intencionada Real Cdula de 31 de mayo de 1789. Por tanto, soy del dictamen que —recomendando las consideraciones de humanidad y el verdadero inters que tienen los hacendados en la procreacin de sus esclavos, y que, para conseguirla, es indispensable tratarlos bien— se establezca, por un cuatrienio, el premio anual de tres mil pesos, y la gracia de una cruz, al amo de ingenio que, en esta Isla, logre tener mayor nmero de esclavos nacidos que muertos; otro premio de dos mil pesos al segundo de esa clase, haciendo de ambos, y de los dems que sobresalgan, honrosa mencin en el Diario de esta ciudad, y que se les den las gracias por el Capitn General; que se castigue con una multa de quinientos pesos al dueo de ingenio que se presente con menos nacidos y ms muertos, y con otra de doscientos al que le siga en la misma desgracia. Y para asegurar la justicia y el acierto de estos premios y castigos, servirn las listas que se prescriben en el captulo 12 de la citada Real Cdula de 31 de mayo de 1789, comprobadas con el aviso separado que en una esquelita debe dar el cura al Protector sustituto del distrito, el ltimo da de cada mes, de los bautismos y entierros de esclavos que en su parroquia ha habido. El Capitn General, con mi acuerdo, si se cree conveniente, har un Reglamento para que se adjudiquen con imparcialidad los citados premios y penas, y se formen, como es debido, y entreguen a quien correspondan las referidas listas. El mismo Jefe debe establecer el Protectorado, con las tres divisiones que he indicado en la observacin 61, y las Subdelegaciones necesarias, formando conmigo, y con la audiencia que se crea indispensable, el conveniente Reglamento, y dejando para despus de ser odos los hacendados, el sealamiento de sus obligaciones, el de las penas en que incurrirn, si no cumplen con ellas, y el modo de averiguar y corregir estas faltas. Por ahora, debemos reducirnos a manifestar a los amos, con la suavidad y secreto que el Capitn General juzgue convenientes, que S.M., por razones de justicia y por la utilidad de ellos mismos, quiere que los esclavos sean instruidos en los principios y prcticas religiosas; que

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /339 /339 /339 /339 /339 tengan el descanso, alimento, vestido, alojamiento y asistencia necesarios; que, por ningn motivo, se trabaje los domingos; que se acaben las llamadas faenas y contrafaenas; que no se les castigue con exceso; que se guarde con las hembras el recato necesario, y se concedan, a las preadas y paridas, los alivios que pida su situacin; que los Protectores estn especialmente encargados de velar sobre todo esto, para corregir, como corresponda, a los amos descuidados; y que, a reserva de lo que con audiencia de ellos se provea sobre las circunstancias que deben concurrir en los blancos encargados de la direccin o gobierno de las haciendas, se exija desde ahora que sepan leer y escribir; que se declaren glebae adicti los esclavos campestres, no pudiendo rematarse, ni aun para pagar al Fisco, y slo cuando ellos lo soliciten con justa causa, o se haya reservado ese derecho en la escritura de venta, sea permitida su separacin de la hacienda en que se hallen; cuidando siempre de combinar las cosas de modo que los casados no abandonen a sus familias; que la esclava, madre de cuatro hijos vivos, no vaya a trabajar al campo, y goce de doble tiempo de descanso que las otras; que a la que tenga seis hijos vivos se pague, adems, la gratificacin mensual de un peso, la cual se vaya aumentando con una peseta, por cada uno de los hijos que pasen de seis; que el esclavo pueda heredar, y sea admitido por testigo en los casos sealados por la ley de partida, y en los dems que el Juez lo crea oportuno, quedando al arbitrio de ste, dar al dicho de aqul, el valor que merezca, segn las circunstancias. Y aunque es poco lo que hay que hacer en favor de los esclavos urbanos, porque en general son felices en su estado, llama mi atencin un establecimiento que existe en los fosos de la muralla de esta ciudad para castigar a los que all se remiten por sus amos. Conviene moderar este abuso, siquiera por nuestro decoro, o por evitar el escndalo que debe causar al forastero, or todas las madrugadas tantos latigazos y tantos gemidos. El Capitn General puede poner remedio, con la menor insinuacin. Repito que no es por ese slo respecto, por el que los esclavos urbanos deben llamar la atencin, sino por el de su excesivo nmero y descuidada polica. Es de la mayor urgencia ocuparse de este particular; mas, para hacerlo con provecho, debe tomarse el ms exacto conocimiento del nmero de esclavos que hay en cada casa, con expresin de su destino, y si es posible, de sus buenas y malas calidades. La Capitana General tiene la mayor facilidad para adquirir estos datos, y con ellos a la vista, oyendo a los amos sensatos —que tambin deben hablar sobre la sujecin de tantos libres ociosos—, no es difcil arreglar este interesante punto de polica, o bien sometindolo a este Capitn General, con mi acuerdo, o que sobre esto demos a V.M. el conveniente informe.

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OBRAS 340\ 340\ 340\ 340\ 340\PUNTO CUARTOEstablecer un sistema de manumisin gradual En las diecinueve ltimas observaciones, he manifestado mi opinin a todo lo que nuestro autor propone en este punto. Deseo, como l, la extincin de la esclavitud, y conozco que mientras exista, servir de mucho apoyo a la preocupacin del color. Pero, adems de creer que, en nuestras actuales circunstancias, es muy peligroso abrir nuevas puertas para la manumisin, pienso que son imaginarias todas las que se nos recomiendan. Dejemos esto, por ahora. Dejemos para ms tarde la consumacin de la obra y contentmonos con trazarla y comenzarla y establecer los medios de que siga hasta su fin, sin traspasar jams los lmites que nos sealan la experiencia y el buen juicio. Estoy muy lejos de presumir que todo se conseguira con adoptar mi plan; pero, al considerar lo mucho que he trabajado en l, es natural que desee que se examine y juzgue con la misma detencin, y se debe disculpar que me atreva a pedir a V.M., con la mayor sumisin, que, al intento, se nombre una Comisin de dos Ministros de los que tienen ms conocimiento del estado de este pas, que, unidos a nuestro Fiscal, vean con despacio este complicado negocio, y se pongan en estado de informar sobre cada punto, en trminos que resulte la acertada resolucin que todos apetecemos. Pero V.M. determinar, como siempre, lo ms justo y conveniente. Habana, 28 de mayo de 1832. Seor. A los R.P de V.M. Francisco de Arango.

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DOCUMENTOS ANEXOS DOCUMENTOS ANEXOS DOCUMENTOS ANEXOS DOCUMENTOS ANEXOS DOCUMENTOS ANEXOS A LA REPRESENT A LA REPRESENT A LA REPRESENT A LA REPRESENT A LA REPRESENT ACI"N AL REY SOBRE ACI"N AL REY SOBRE ACI"N AL REY SOBRE ACI"N AL REY SOBRE ACI"N AL REY SOBRE EXTINCI"N DEL TRFICO DE NEGROS EXTINCI"N DEL TRFICO DE NEGROS EXTINCI"N DEL TRFICO DE NEGROS EXTINCI"N DEL TRFICO DE NEGROS EXTINCI"N DEL TRFICO DE NEGROSI Memoria sobre la esclavitud en las colonias europeas y particularmente en las francesas, mirando con igual atencin el inters de los esclavos, el de sus amos, el de las mismas colonias y el de sus metrpolis1La historia de esta cuestin es la de todas las cuestiones de humanidad y justicia. Al principio siempre tienen una gran oposicin; mas luego que se conocen sus saludables efectos, la contradiccin se convierte en aprobacin general. Discurso pronunciado por Philips en la Cmara de los Comunes en septiembre de 1826.ARTCULO IVamos a tomar parte en la antigua y acalorada disputa que se sostiene en Europa sobre la esclavitud colonial; pero tomando un rumbo enteramente distinto del seguido hasta el presente. Renunciaremos de contado el examen especulativo y general de la esclavitud. Prescindiremos tambin de la naturaleza y fundamento de esta institucin social, si es permitido honrarla con semejante ttulo. Nos abstendremos, por fin de la historia de las modificaciones que en todas las naciones ha sufrido, y contrayndonos slo a la que existe en Amrica, pondremos el mayor empeo en descubrir todos sus hechos y todos sus malos efectos, para sacar de ella nuestras mejores armas y los materiales necesarios para formar un cuadro tan animado, tan horrible, que l mismo est pronunciando el decreto de abolicin del sistema que presenta. Hasta aqu se ha trabajado en demostrar que es criminal o contraria a todos los derechos semejante esclavitud, y nuestro intento se dirige a per-

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OBRAS 342\ 342\ 342\ 342\ 342\ suadir que es absurda, que es contraria a todos los intereses. Esta sola indicacin nos parece que es bastante para recomendar nuestra empresa. Veamos, pues, el plan que en su desempeo nos proponemos seguir. Para poder fallar contra la esclavitud referida, o para poder hacerlo con conocimiento de causa, debe saberse antes con la mayor exactitud el estado en que se halla, y, por tanto, empezaremos por un fiel resumen de la verdadera situacin de la poblacin agrcola de nuestras colonias, bien sea con arreglo a las leyes, o a lo que en realidad se practica. Una vez que se conozca el verdadero estado de la citada esclavitud, haremos un prolijo examen de los diferentes efectos que en todas sus relaciones produce, y de aqu resultar la necesidad de abolirla; pero, como muchas personas despus de haber convenido en esa necesidad, tratan de persuadir que la tal abolicin es materialmente imposible por los invencibles obstculos que ofrecen las circunstancias o naturaleza del negocio, nosotros demostraremos que sa es una preocupacin que carece de fundamento. Y conociendo que, adems de probar la urgencia y justicia de la abolicin, es menester presentar los medios de realizarla, concluiremos nuestra obra indicando el orden que debe adoptarse para llevar a cabo tan gran revolucin sin faltar al respeto que es debido a la propiedad privada, y a la conservacin de la paz pblica en las mismas colonias. Conforme a esta divisin, examinaremos en la primera parte la condicin actual de los esclavos en las colonias, no slo de derecho, sino de hecho; demostraremos en la segunda que, del actual estado de la esclavitud, resulta la necesidad de su abolicin, y que sta puede conciliarse con la existencia de las mismas colonias; y propondremos, en la tercera, los medios de conseguirlo gradualmente. Para formar idea del inmenso trabajo que nos ha costado la formacin de esta Memoria, es preciso conocer la infinidad de fuentes a que hemos tenido que acudir para sacar y reunir los materiales precisos. Podemos asegurar que nada hemos omitido de lo que puede conducir a desempear con acierto esta difcil empresa, y debemos aadir que lo que nos ha excitado y sostenido en ella, no es el deseo de obtener aprobaciones ni elogios, sino la noble esperanza de contribuir de algn modo a tan gloriosa reforma, o al menos de dar ideas que en uno o en otro paraje produzcan el gran bien de mejorar la suerte de esas criaturas, que tan lejos de nosotros viven en tanta desgracia. Excitados vivamente por tan punzante estmulo, olvidamos los dems, y con ingenuidad declaramos que ms nos ha ocupado la idea de hacer una buena accin, que la de publicar un buen libro.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /343 /343 /343 /343 /343PRIMERA PARTECondicin de los esclavos segn la ley y prctica de las colonias Punto primero Colonias francesas La base de su legislacin en la presente materia es el clebre decreto de 1685, refrendado por Colbert, y conocido con el ttulo de Cdigo Negro.2Sus principales disposiciones son las siguientes: Se impone a los amos la obligacin de hacer que sus esclavos se instruyan en los principios del cristianismo, permitindoles que asistan a los ejercicios religiosos. Debe cesar todo trabajo, desde las doce de la noche del sbado hasta la misma hora del domingo. Se prohbe y castiga con multa el amancebamiento del amo con su esclava, declarando que los hijos que nacieren de esa unin prohibida, slo por el matrimonio podrn obtener libertad, en cuyo caso quedarn legitimados y libre tambin la madre. Los esclavos no pueden contraer matrimonio sin permiso de sus amos; pero stos no los pueden obligar a que se casen contra su voluntad. Se fija la cantidad de alimento y la especie de vestido que los amos deben dar a sus siervos; declarndose que esta obligacin no puede eludirse con permitirles que trabajen por su cuenta algn da de la semana. Y siempre que se falte a esto, o se imponga por el amo algn castigo inhumano, tiene el esclavo derecho para dar la queja al Procurador General, quien deber tomarlo bajo su proteccin, y perseguir en justicia al infractor. Pueden los amos poner prisiones a sus esclavos, castigarlos con cuerdas o varas; pero no darles tormento ni mutilarlos, y al que hiciere lo contrario, se le confiscar el esclavo atormentado o mutilado. Los amos han de proceder en todo como buenos padres de familia, y deben, por tanto atender y cuidar a sus esclavos cuando estn enfermos. stos no son capaces de tener propiedad ni disponer de cosa alguna; porque carecen de persona y son considerados como bienes muebles. No pueden ser admitidos como rbitros ni como testigos; pero sobre esto ltimo conviene advertir que habindose notado que de la rigurosa observancia de semejante disposicin resultaba el mal de quedar impune la mayor parte de los delitos que se cometan en las haciendas, se admiti por fin el testimonio de los esclavos, mas nunca contra sus amos; declaracin que se ha hecho formalmente en 1828 por el Tribunal Supremo de Casacin. Los esclavos no pueden establecer demandas judiciales. Los tribunales ordinarios lo juzgan por el orden general. Pueden apelar, segn el cdigo al

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OBRAS 344\ 344\ 344\ 344\ 344\ Consejo Soberano; pero este derecho se limit despus a los casos de muerte o desjarrete. Tiene pena capital el esclavo que hiera a su amo o a cualquiera de su familia en la cara, y, segn los casos, puede imponrsele esa misma pena por las violencias que cometa contra las dems personas libres. Luego hablaremos de lo que el Cdigo Negro dispone en todo lo relativo a la manumisin. Tratemos ahora de la ordenanza hecha por Luis XVI en 1784, la cual contiene muchas disposiciones en favor de los esclavos. Despus de especificarse en ella, con la mayor claridad, las horas diarias de descanso que aqullos deben tener, y las que han de disfrutar en los domingos y das festivos, se manda que se les seale un pedazo de tierra para que lo cultiven cuando puedan, y hagan suyos los productos. En todas las haciendas deben sembrarse las legumbres y vveres necesarios para el consumo de sus esclavos, y debe haber un hospital bien montado para la buena asistencia de los enfermos. Se prohbe que duerman sobre el suelo los negros; se ordena que las preadas o las que estn criando slo se empleen en trabajos moderados, y que las madres de seis hijos gocen de la ventaja de un da de descanso por semana en el primer ao, y de dos en el segundo; observndose el mismo orden en los posteriores, hasta que queden exentas de toda especie de faena. Se limitan a cincuenta los latigazos que pueden darse a un esclavo. Se declara que los administradores de las haciendas no slo pueden ser separados de sus funciones, sino multados y castigados hasta con la pena de muerte en los casos convenientes. Otra ordenanza del ao siguiente (1787), expedida a solicitud de los amos, recomend a los esclavos el respeto y obediencia que deban a aqullos y a sus representantes; pero declarando que no se calificasen por actos de insubordinacin las quejas que dieran por falta de alimento o por mal trato. Fijada de esta manera la condicin legal de los esclavos, vino la Revolucin, que todo lo trastorn. La Convencin Nacional aboli la esclavitud en todas nuestras colonias; pero el Gobierno Consular se apresur a restablecerla por la ley que public en 30 pradial del ao dcimo, o sea, en 10 de mayo de 1802, restituyendo las cosas al estado que tenan en 1789; y esto no se ha alterado por la casa de Borbn, despus de su restauracin; de suerte que, en esta materia, las leyes que gobiernan en nuestras colonias son las publicadas por Luis XIV, Luis XV y Luis XVI.3Las leyes que acabamos de extractar pueden dividirse en dos clases. El objeto de las unas es mejorar la suerte de los esclavos, y el de las otras, sostener con el rigor la seguridad de los amos. Pero la verdad es que, al paso que las ltimas han sido cumplidas, no slo con escrupulosidad, sino

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /345 /345 /345 /345 /345 con una severidad excesiva, las otras, por el contrario, se han ejecutado pocas veces, y en muchas, han sido violadas con la mayor impudencia. En 1788, ya se lamentaba Malovet4 de que estaban en absoluto olvido esas leyes protectoras de los eslavos, y stos a discrecin de sus amos. Y ms recientemente, otro autor, muy recomendable por su actual situacin,5 dice: “En cuanto al artculo del Cdigo Negro que prescribe la ropa que debe darse anualmente a los eslavos, puede muy bien asegurarse que quizs no hay dos haciendas en todas las colonias en que se d cumplimiento a tan justa ley. Casi todos los negros estn desnudos; a ninguno se da cama ni colchn, y de aqu resulta que, por dormir en un suelo tan hmedo, mueren muchsimos de enfermedades de pecho, mientras que los blancos jams las padecen (p. 165). Muere tambin un gran nmero de nios, porque duermen desnudos sobre la tierra, y no se cuida de su vestido ni de su alimento. En los hospitales de ms nombrada, hay, cuando ms, camas de campaa, y dichoso el negro enfermo que tiene para cubrirse una estera de paja. Lo mismo sucede en cuanto al alimento, que est pendiente de la cantidad de tierra que se destina a su siembra, del ms o menos esmero que se pone en su cultivo, y de la bondad de la estacin. Algunos boniatos y un poco de agua componen generalmente la racin de cada esclavo, y, si, estimulado por el hambre, sale a robar qu comer, a la maana siguiente es castigado con ltigo. ¡Cuntas veces he presenciado que los negros se quedan sin almorzar por no haber ni un boniato que darles! Y por lo que respecta al castigo, muy a menudo se impone el de quinientos latigazos, sacudidos a la vez por dos negros contramayorales, cuyo agasajo se repite con frecuencia al mismo individuo en la maana siguiente, bastando cualquier motivo para imponer esa pena (p. 174).” “Muchas ocasiones he visto yo —dice un autor moderno que ha estado veinte aos en varias de nuestras colonias—6 castigar a un negro hasta sacarle la sangre por haber roto un vaso, o lavado mal algn plato, y me acuerdo de haber odo varios das los gritos de uno de esos desgraciados a quien diariamente se repeta el mismo castigo por haberse olvidado de regar los nabos de su amo [afirmando el mismo autor] que no hay ms regla, en cuanto a castigos, que la voluntad del amo, estando en absoluto olvido las citadas leyes de Luis XIV y Luis XVI.” Se hallan en el mismo caso las relativas a la duracin del trabajo, que depende enteramente de lo que el amo o sus sustitutos disponen, y generalmente se exige del negro ms de lo que sus fuerzas permiten. Un antiguo colono de Santo Domingo, sin embargo de ser muy celoso defensor de la esclavitud,7 confiesa francamente que ese exceso de trabajo es la causa principal de la gran mortalidad (1)* que se observa en aquellos infelices.8 *Los nmeros entre parntesis remitan a las Observaciones que Arango y Parreo hiciera a la traduccin de la “Memoria”, las cuales se han extraviado. Ver la nota 1 en este captulo. (N. del E.)

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OBRAS 346\ 346\ 346\ 346\ 346\ “Muchas veces —dice (p. 137)— me he afectado hasta el extremo, al considerar el inmenso trabajo que los negros tienen en los ingenios de azcar, y sobre todo, en el tiempo de molienda. Apenas les quedan algunos minutos para descansar. Los que estn en el trapiche y en la casa de calderas, empiezan la semana trabajando, sin interrupcin, las primeras veinticuatro horas. Al cumplimiento de ellas, esto es, a la media noche del lunes, son relevados por los que trabajan en el campo, siguiendo esa alternativa en los dems das de la semana; de suerte que, cuando la dotacin de esclavos no es numerosa, puede asegurarse que cada tres das toca a cada individuo la misma faena, y como la molienda es continua desde el lunes hasta las doce de la noche del sbado, el negro pasa ocho das sin dormir, en un trabajo violento (p. 378). Las negras preadas estn muchas veces trabajando hasta la vspera de su parto, y en cuanto al descanso del domingo, depende tambin de la voluntad del amo, que hace sobre esto lo que le acomoda.”9En tales circunstancias, parece intil preguntar lo que ocurre sobre la enseanza de la religin. Es verdad que la mayor parte de los esclavos estn bautizados; pero su instruccin religiosa se reduce a una supersticin vergonzosa. Malovet10 confiesa que “ninguna idea tienen de la religin, mezclando en ella todas las extravagancias de los cultos idlatras; que ni se cuida ni se da tiempo para instruirse, su penosa vida se pasa en la ms miserable estupidez, siendo testigos de la desarreglada vida de los sacerdotes, etc., etc.” Y esto mismo se ratifica por los escritores modernos11dicindonos que “la gran mayora de aquellos infelices, slo de nombre son cristianos”. En lo nico que no conocen freno es en la incontinencia. Hay muy pocos matrimonios, porque los amos los dificultan en vez de favorecerlos, a pretexto de que ese sagrado vnculo no les deja la misma facilidad para disponer de las personas de los esclavos y de las de sus hijos. Un escritor, apologista moderado de la esclavitud, nos ha dicho que “la ley que prohbe a los amos abusar de los esclavos ni ha sido ejecutada ni puede serlo”.12En cuanto a la administracin de justicia debida a los esclavos, est reducida, segn se asegura,13 “al ms escandaloso abuso y a la arbitrariedad ms chocante”, y de esto se convencer el que se tome el trabajo de examinar la coleccin de las sentencias que han pronunciado los Tribunales coloniales hasta estos ltimos tiempos, en las cuales hallar que muchos fueron condenados a horca por palabras sediciosas, o por haber levantado la mano contra un blanco, y ver tambin que, con una multa en azcar o algunos das de prisin, fueron castigados muchos amos que quitaron la vida a sus esclavos de un balazo o a fuerza de latigazos.14Un decreto del Gran Juez, de 9 de febrero de 1804, nos da a conocer que hasta esa poca slo haba un Tribunal con jurisdiccin competente para determinar sobre homicidios de esclavos. Y en 1817, fue cuando se estableci en las Antillas la publicidad de los debates en los negocios de estos

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /347 /347 /347 /347 /347 infelices, y cuando se les permiti que tuviesen un defensor, permaneciendo todava privados del ltimo recurso titulado en casacin. ste es el verdadero estado de la esclavitud de las colonias francesas, debiendo confesar, sin embargo, que, suavizadas en el da casi generalmente las costumbres de los amos, hay muchos que son ms humanos; pero no tanto como quieren hacer creer los mismos colonos, o los oradores que tienen en nuestras Asambleas para que los defiendan. Conviene adems no olvidar, cuando se trata de colonias, que es imposible formar una idea absoluta del rgimen que en ellas se observa; porque, siendo arbitrarios los hechos, son muy variables, todos dependientes de circunstancias locales y momentneas. Con respecto a una colonia puede ser verdad lo que, hablando de la inmediata, ser falso, al menos hasta cierto grado. La buena eleccin de un Gobernador que se empee en proteger la humanidad, es suficiente a veces para suavizar el sistema o conducta de los amos. Decimos esto, porque as lo exige la severa imparcialidad con que escribimos; pero sin debilitar nuestra anterior descripcin sobre el verdadero estado en que de hecho y de derecho se encuentran los esclavos de nuestras colonias en el siglo XIX, que tanto nos envanece. Punto segundo Colonias inglesas La actual legislacin sobre esclavos de los dominios britnicos, se compone de la Ley consolidada de Jamaica de 1817, de las Actas de mejora decretadas para las dems islas, en los aos subsecuentes, y de las "rdenes en Consejo expedidas por el Gobierno metropolitano para las colonias de Trinidad, Santa Luca y Demerara que no tienen Asambleas Representativas. En otro de nuestros nmeros (el de febrero de 1830, t. 45, p. 259) expusimos los hechos que fueron dando ocasin a esas determinaciones, y por tanto bastar que ahora extractemos lo sustancial. La ley de Jamaica obliga a los amos a instruir a sus esclavos en los principios de la fe cristiana; a concederles dos das en cada mes para el cultivo de su conuco; y a darles una vez al ao una muda completa de ropa. Se prohbe por ella el trabajo en los domingos; se exime de contribucin la hacienda en que la propagacin de la especie produce un aumento de esclavos en su dotacin; (2) y se obliga a los amos a que mantengan de todo lo necesario a los que se inutilizan por su edad o enfermedades. Se previene tambin que, en el caso de homicidio de un esclavo, pueda aplicarse 1a pena capital al delincuente; que los amos que castiguen con crueldad sean multados o puestos en prisin, y si lo piden las circunstancias, se les declare incapaces de tener esclavos. Se ordena asimismo que no pasen de treinta y nueve los latigazos que se den a cada individuo en los casos necesarios,

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OBRAS 348\ 348\ 348\ 348\ 348\ debiendo el mismo amo o su administrador presenciar el castigo. Se prohbe el uso de collares o cadenas, y por ltimo, se establece la institucin protectora del jurado para conocer de las causas criminales de los negros. Las mejoras decretadas para las dems islas inglesas se han copiado de las que acabamos de extractar, y por lo que toca a las "rdenes en Consejo estn reducidas a nombrar un Magistrado con el ttulo de Protector de esclavos, que cuide del cumplimiento de las leyes que los favorecen, y defienda sus derechos siempre que se lo pidan; a prohibir que los administradores o mayorales lleven como antes el ltigo en seal de autoridad; a limitar a veinticinco el nmero de azotes que puedan darse al esclavo varn, y que por ningn motivo se imponga pena corporal a las hembras; a prevenir que en cada hacienda haya un libro en que se asienten los castigos que se impongan; a declarar que los jueces pueden conceder permiso a los esclavos para casarse contra la infundada voluntad de su dueo; a disponer que en caso de venta no pueda hacerse la de uno de los cnyuges con separacin del otro, ni con la de sus hijos menores de diecisis aos; (3) a conceder al esclavo la libre administracin de su peculio, con accin expedita para ocurrir a cualquier Tribunal en el caso de ser inquietado en el libre ejercicio de su propiedad, pudiendo rescatar su libertad y la de cualquiera de su familia pagando su justo precio. Y se habilita, por ltimo, al esclavo para que, en ciertos casos, sea admitido como testigo, si presenta certificacin de tener la instruccin religiosa necesaria. Sobre estas bases se halla actualmente arreglada en las colonias inglesas la condicin del esclavo. Dejamos al cuidado del lector que haga la debida comparacin de este rgimen con el que se observa en las colonias francesas, y pasaremos a ver la verdadera influencia que estas leyes han tenido en la situacin de los negros ingleses. En un Informe que se imprimi en 1825, por orden de la Cmara de los Comunes15 y que era el resultado de las indagaciones que en las mismas colonias haban hecho dos Comisionados nombrados con el objeto, se afirma que “en aquella poca se trataba all a los esclavos con la mayor dulzura; que jams se ejecutaban las disposiciones crueles de las antiguas leyes, por la repugnancia con que las miran los actuales amos, cuya mayora es muy humana e ilustrada, y siempre va en progresin; que en el largo perodo de veinte aos que haban durado las indagaciones de los Comisionados, slo haban odo un nmero muy pequeo de hechos brbaros; que en los frecuentes viajes que haban hecho por todas las islas inglesas, nunca vieron que los sobrestantes o directores de los trabajos hicieran uso del palo o del ltigo que llevan en la mano como seal de autoridad; que en todas partes se establecen escuelas para poner los esclavos en aptitud de recibir y hacer buen uso de los nuevos favores que puedan dispensrseles; y por ltimo, que, segn su dictamen, en todas las islas se haba recibido con muy buena voluntad el principio de mejorar gradualmente el sistema de esclavitud”.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /349 /349 /349 /349 /349 Con motivo de las nuevas medidas propuestas por el Gobierno para plantear esas mejoras, tenemos un discurso pronunciado en 1823 por Burke, como miembro de la Asamblea Legislativa de Jamaica, que confirma el buen estado en que se hallan los esclavos de aquella isla. El orador asegura que “se observan con la mayor religiosidad todas las disposiciones de la Ley consolidada, que se castigan con gran severidad los delitos cometidos contra esclavos; que se aumentan mucho sus matrimonios por el empeo que hay en promoverlos, que gozan completamente de su peculio, el cual en algunos casos poda ser una fortuna para los pequeos labradores del Reino Unido; que la isla gasta anualmente diez mil libras esterlinas, para cumplir con el designio de dar a los esclavos una buena instruccin religiosa; pero que a pesar de todo, el actual Cdigo Negro, lejos de haber llegado a su perfeccin, necesita todava de nuevas mejoras”.16En el Informe que en 1824 dio la misma Asamblea de Jamaica sobre los momentneos alborotos de negros que all hubo, se asienta, como un hecho incontestable, “que ninguno de los reos haba alegado para su defensa que sus amos los tratasen con crueldad o con demasiada exigencia”. El aumento de las propiedades de los esclavos es un hecho que da bastante idea de que se van habituando con el orden, con la economa y con la sociabilidad. En la sola isla de Jamaica lleg a un milln de libras esterlinas el valor de las propiedades, y a dos millones y medio en todas las Antillas inglesas, (4) cuya poblacin negra es de setecientos mil individuos.17 A veces sucede que, vindose un amo perseguido por sus acreedores, ocurre a sus esclavos, y ellos le prestan el todo o parte de lo que necesita. Otra prueba de la moderacin que ha habido en el trabajo de los esclavos es que en 1818 ya el nmero de hembras era mucho menor, pues slo excedan al de varones en setenta y cinco, siendo de trescientos cuarenta y cinco mil individuos la poblacin total de los esclavos de aquella isla, y antiguamente contra uno de los ms seguros principios de Estadstica, era enorme esa diferencia, por el insoportable trabajo que se exiga a los varones.(5) Y de resultas de los nuevos Obispados establecidos en Jamaica y Barbada, son muy lisonjeros los progresos que se notan en la instruccin religiosa; porque hay quien vigile sobre la conducta del clero, y quien le obligue a cumplir con sus deberes.(6) E1 Obispo de Barbada hizo una visita de toda su dicesis martima en 1825, y dio sobre la materia circunstanciadas noticias, asegurando que “los blancos propietarios se prestaban gustosos a contribuir con lo necesario para la ereccin de nuevos establecimientos religiosos, y hablando de las escuelas que l haba fundado para negros pequeitos, elogia su docilidad y aptitud, esperando que pronto le servirn para dar alguna instruccin a los negros adultos”.18 (7) Hace algunos aos que existe en Jamaica una Sociedad, dependiente de otra de Londres, para procurar la conversin y la instruccin religiosa de

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OBRAS 350\ 350\ 350\ 350\ 350\ los esclavos; y por un documento, publicado por la Diputacin que tiene en la Parroquia de Santo Toms, vemos que en 1824 haba gastado esa Sociedad tres mil trescientas treinta y cinco libras esterlinas en enviar setenta clrigos misioneros para la instruccin de 1os negros de la misma isla, la de Monserrate, San Cristbal, Barbada, Nevis y Demerara. Iguales Diputaciones hay en las dems islas britnicas, y en una carta escrita al Agente de Londres por los diez Comisionados que llevan la correspondencia de las islas de Bahamas,19 se dan las noticias suficientes para formar juicio de la situacin de los esclavos en aquellas islas, pues se asegura que, a beneficio del sealamiento de tarea, no pasa de siete horas diarias el trabajo de los esclavos; que es respetado el libre uso de su peculio; que en las ventas que de ellos se hacen, jams se separan los cnyuges, ni stos de sus hijos (p. 12); que son dirigidos en sus labores de la misma manera que los jornaleros; que, aunque sus sobrestantes o mayorales llevan en la mano un ltigo o una vara, es slo para distinguirse y demostrar su destino (p. 12); que se observan religiosamente todas las disposiciones relativas al alimento y vestuario, siendo bastante el aspecto de estos esclavos para demostrar que no tienen motivo de queja; que la instruccin religiosa, favorecida por los amos, ha hecho los mayores progresos, en trminos que son muy pocos los esclavos que no son cristianos, citndose para comprobarlo los informes de la Sociedad Wesleyana, y el significante hecho de que entre los predicadores autorizados para estas islas, ya hay cuatro negros (p. 19); (8) que tambin los matrimonios se protegen por los amos, y, si todos no estn autorizados con las ceremonias eclesisticas, es porque slo se hallan facultados para esto los clrigos de la Iglesia Anglicana, y no hay ms que dos en aquellos setenta cayos, o pequeas islas, por cuya razn muchos blancos se encuentran en el mismo caso; pero que, en honor de los progresos de la moralidad, debe decirse que rara vez hace falta ese requisito para la fiel observancia del contrato, que slo por la muerte se disuelve (p. 20); declarando en fin los citados Comisionados que los castigos que se imponen son suaves, comparados con los que por iguales faltas sealan las leyes criminales de la Metrpoli. Otro informe, presentado en 1820 a la Asamblea de la isla de Tobago, dice que diariamente va a menos la mortalidad de los negros; que sus propiedades se aumentaban y se haba mejorado mucho su situacin en todo lo relativo a su alimento, vestido, habitacin, sealamiento de conuco o tierra para sus labores, reforma en sus inclinaciones a la magia o brujera, y abandono absoluto de los trabajos de noche; de todo lo cual resultaba, segn la opinin de los informantes, que los progresos que all se hacan, en el sistema de mejorar la suerte de los negros, eran tan efectivos y rpidos, como poda permitirlo la naturaleza de estas gentes, que, en la mayor parte, eran naturales de frica.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /351 /351 /351 /351 /351 En una carta escrita al Ministerio en 1825 por el Gobernador de Dominica, se asegura que los negros en general estaban all bien tratados y contentos, siendo muy raros los casos en que tenan motivo para quejarse de sus amos. Y el Gobernador de Granada, pocos meses despus, al tiempo de abrir la sesin legislativa de aquella Asamblea, se felicit de gobernar una isla donde tanto se haba hecho en favor de los esclavos, y donde se prometa que se hara mucho ms dentro de poco tiempo. Contemporneamente se present al Parlamento la relacin de los castigos impuestos en la isla de Trinidad, y se ve por ella que, en el nmero de quinientas cincuenta y seis haciendas dotadas con cinco mil novecientos quince esclavos, haba algunos intervalos de tres meses sin encontrar un castigo. Tenemos, por fin, varios expedientes de 1824, seguidos en la misma isla contra negros, y todos estn formados con la intervencin del Protector de eslavos, que con arreglo a lo dispuesto por las "rdenes en Consejo, examin los testigos despus del Fiscal.20 Y nos sera muy fcil citar sobre lo mismo otros muchos comprobantes del propio gnero. Pero, debemos creer que es efectivo ese bien? Daremos por positivo que los negros ingleses disfrutan en realidad de todos esos consuelos? Prestaremos asenso a los colonos, cuando nos quieren persuadir que la suerte de sus esclavos es tan buena que casi no desean mejorarla? Mucho lo dudamos. La esclavitud por su naturaleza pone al amo en posicin de privar al esclavo de todos los bienes que las mejores leyes pueden dispensarles, y las publicadas hasta ahora no son todava las mejores. Confesaremos que en las colonias inglesas, lo mismo que en las dems, los amos son ms humanos que antes; pero no puede desconocerse que all, como en todas partes, hay infinitos casos en que el amo puede hacer lo que quiera de su esclavo, y que la suerte de ste depende muy a menudo del carcter y moralidad de aqul, del estado de su fortuna, y sobre todo, de las calidades de los mandatarios, de su autoridad, etc. (9) Y cmo es posible creer en esa decantada felicidad de los negros de las Antillas inglesas, cuando vemos sus gacetas llenas de anuncios de cimarrones, (10) y se mantienen en rigor las terribles leyes promulgadas contra ellos? Dgase enhorabuena que el espritu de la nueva legislacin inglesa es protector del esclavo; pero convengamos tambin en que puede ser eludida, y que, en efecto, lo ha sido en diferentes casos, y, sobre todo, conzcase que el negar a los esclavos el derecho de ser testigos contra sus amos, es lo mismo que consentir en que queden impunes muchos de los agravios que los primeros pueden recibir de los ltimos. En prueba de esta verdad, cit diferentes hechos en la Asamblea de Jamaica de 1824, uno de sus miembros, llamado Rennals, que, comisionado para examinar este punto, sostuvo la opinin de que se admitiese el testimonio de 1os esclavos contra sus amos, apoyndola en que, del expediente que la Comisin haba instruido, resultaba que “muchos blancos manifiestamente delincuentes, hubieran escapado al cas-

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OBRAS 352\ 352\ 352\ 352\ 352\ tigo que merecan si no se hubiesen admitido las declaraciones de los esclavos”; a lo cual agregaremos, por conclusin, que un amo de negros, honrado colono de una de las tres islas inglesas sometidas al rgimen establecido por las "rdenes en Consejo, despus de excitarnos con empeo a la publicacin de este escrito, acaba de manifestarnos que “hay todava una infinidad de abusos monstruosos que quedan impunes; porque los Magistrados se ven en la precisin de desentenderse de ellos”. Es, pues, evidente que, aunque sea mucho lo que han hecho los ingleses en favor de sus esclavos, les falta qu hacer todava. Punto tercero De las colonias de las dems naciones y estados independientes de las dos Amricas Los espaoles parece que, para borrar la mancha de las crueldades que sus antepasados cometieron con los indios, han procurado distinguirse de los dems europeos, (11) tratando siempre con dulzura a los negros que trajeron en reemplazo de la primitiva y extinguida poblacin de aquellos pases. Su legislacin negra descansa en principios ms equitativos y humanos, y se ha ejecutado con otra religiosidad que la que se nota en la mayor parte de las dems colonias. Est compuesta de Reales Cdulas y Decretos de los Gobernadores, y en ella se declara por criminal al que, en cualquier castigo, derrame la sangre del esclavo.(12) Se autoriza a ste para que disponga libremente de su propiedad; se le permite que mude de amo por el precio de su compra, siempre que para ello tenga fundado motivo, y en el caso de que el esclavo haya desmerecido por su edad o por alguna enfermedad, puede el Magistrado determinar la cantidad en que el negro ha de venderse. Goza, adems, de las mayores facilidades para ahorrarse, pagando al amo su justo precio, y es admitido como testigo en diferentes casos. De las colonias espaolas es de donde el Gobierno ingls ha copiado la til institucin del Protector de esclavos. (13) En ellas, como debe suponerse, se mira, con mucha atencin, el punto de la instruccin religiosa; hay el mayor empeo en fomentar los matrimonios, y es un hecho decisivo en favor de la humanidad con que los espaoles han tratado a sus esclavos, el ver que, ni an en sus islas, ha habido sublevaciones, sin embargo de que su nmero es mayor comparativamente que el de las Antillas. Los Gobiernos republicanos que ltimamente se han establecido en la parte continental de Amrica que perteneca a Espaa, han abolido la esclavitud, y, para conseguirlo, han tomado las providencias de que hablaremos despus. El rgimen legal de Brasil, en esta materia, es, con corta diferencia, igual al de los espaoles. En general est fijada la cantidad de trabajo que

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /353 /353 /353 /353 /353 semanalmente puede exigirse de un esclavo, en trminos que pueda concluirlo en cuatro o cinco das, y quede el tiempo sobrante a su favor; pero, a pesar de la humanidad con que all son mirados, y tan grande la miseria y corrupcin en que viven, que, en la mayor parte de las provincias del Imperio, el nmero de muertos excede con mucho al de los que nacen, y hasta ahora no se ha encontrado otro recurso para llenar este vaco que el de la nueva introduccin de bozales.21En las colonias dinamarquesas —cuya nacin tiene la gloria de haber sido la que primero prohibi el trfico de negros—, y especialmente en la de Santa Cruz, los esclavos son tratados con humanidad, y de ello es suficiente prueba el aumento de su nmero.22Los holandeses, hasta fines del siglo anterior, llevaron en este negocio la palma de la crueldad, alimentando mal a sus esclavos, tenindolo casi desnudos, sin lmites para el trabajo, y sin otro freno que el de sufrir una multa en caso de quitar la vida a alguno de esos infelices.23Pero la variacin general que en nuestros das han tenido las costumbres, ha producido tambin considerables mejoras en la condicin de los siervos holandeses, cuyos amos, ilustrados por la terrible leccin de tener en aquellos montes cincuenta mil cimarrones, han mudado de principios, y obran con humanidad, segn lo asegura el imparcial observador que antes citamos.24Concluiremos nuestro examen por esas colonias que fundaron los ingleses, y formando hoy un estado independiente, sirven de apoyo a todas las esperanzas de la civilizacin americana. Al principio de su gloriosa Revolucin, las leyes negreras eran las que regan en todas las posesiones britnicas. Pero ellos las modificaron, y mejoraron de hecho la condicin del esclavo antes de que lo intentasen los colonos de las islas. Despus de la independencia muchos Estados de la Unin abolieron la esclavitud, y, si subsiste en otros, es con importantes mejoras.(14) En los del norte, como Maryland, Delaware, etc., hay ms humanidad que en los Estados del medioda. En un jurado se conoce de sus delitos juzgndolos por las leyes establecidas para los blancos. Los amos son castigados en Delaware con la pena capital, en caso de haber muerto al esclavo, y con una multa cuando los tratan con dureza. Y en Maryland, se ha limitado la tarea de cada esclavo al cultivo de seiscientas matas de tabaco. A fines del siglo pasado estuvo en Carolina del Sur el virtuoso La Rochefoucauld Liancourt, y las leyes que entonces gobernaban con respecto a los esclavos eran las crudelsimas de 1742; pero aquel Gobierno ha dictado despus diferentes providencias benficas a los esclavos. Debieron ser muy urgentes, cuando vemos declamar en 1816 al gran Jurado de Charleston contra la frecuencia de homicidios que se cometan con los negros, publicando que sus amos, de uno y otro sexo —como ejercan so-

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OBRAS 354\ 354\ 354\ 354\ 354\ bre ellos un poder ilimitado—, se dejaban llevar del exceso de sus pasiones, tratndolos brbaramente, y a veces con ms crueldad que a las mismas bestias, resultando de aqu que aquella ciudad y todo el Estado fuesen el oprobio del mundo civilizado. En consecuencia, se promulg una ley aumentando las multas establecidas contra el homicidio de un esclavo, y aadiendo la prisin. Y hace poco tiempo que se declar, por fin, que el amo que matase a su esclavo sera castigado como los dems homicidas. En Georgia, nunca fueron tan rigurosas como en Carolina las leyes negreras; y, sin embargo, se han hecho diferentes modificaciones, entre las cuales se halla la de haberse ordenado que el que mate o estropee a un esclavo, sea castigado con la pena sealada para el mismo delito cometido contra un blanco.25La legislacin de los Estados modernos que tienen esclavos es muy humana. Las dos Constituciones de Kentucky y Mississippi encargan a sus A sambleas Generales que hagan las leyes necesarias para conseguir que los dueos traten con humanidad a sus siervos, atendiendo como corresponde a todas sus necesidades, y abstenindose de castigos brbaros. “En los delitos de traicin no se exige que los procesos se formen por un Jurado; pero se encarga a la Asamblea General que haga una ley particular para arreglar la sustanciacin de estas causas, y que cuide de no privar al esclavo del derecho de ser juzgado por un pequeo Jurado.”26En cumplimiento de estas disposiciones constitucionales se han dictado varias providencias para asegurar a los esclavos una proteccin eficaz. Y en la gran mayora de los Estados Unidos gozan hoy de la ventaja de ser considerados como inmuebles, de suerte que slo con la tierra pueden pasar a otro dueo.27 (15) Hemos expuesto con toda imparcialidad la actual y verdadera condicin de los esclavos coloniales, segn la ley y la prctica. Y ahora haremos un resumen de lo ms sustancial de esta exposicin. Resulta de ella: 1 Que en lo relativo a alimento, vestido, habitacin y cuidado de los enfermos y nios, es mucho lo que en todas partes han adelantado los esclavos; pero no con igualdad, porque la impiden las diferencias producidas por la distinta situacin en que se encuentran los amos. 2 Que la costumbre de fijar el trabajo del esclavo, en trminos de que le queden libres algunos das de la semana, se halla establecida en un pequeo nmero de colonias, o mejor dicho de haciendas. 3 Que, con muy pequeas diferencias, est en todas partes de hecho, cuando no de derecho, al arbitrio del amo, el punto esencial de sealar las horas de trabajo y de descanso que en el da y la noche deben tener los negros, con arreglo a su sexo, edad, estado de salud y fuerzas; slo las preadas puede decirse que gozan del descanso que les conceden las leyes.(16)

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /355 /355 /355 /355 /355 4 Que, por el descuido de los amos en instruir a sus esclavos en los verdaderos principios de la religin cristiana, que es la que sirve de base a la sociedad moderna, siguen los africanos de muchas haciendas observando las prcticas idlatras y supersticiosas que trajeron de su pas. 5 Que generalmente se mira con indiferencia el matrimonio de los esclavos, pudiendo decirse que slo en las espaolas merece la debida atencin. 6 Que slo en algunas est prohibida, con ciertas restricciones, la venta separada de los individuos de una misma familia. 7 Que el uso del ltigo, como castigo domstico y legal, est autorizado en todas partes, habiendo en algunas ms moderacin que en otras; que est determinado casi generalmente el nmero de latigazos que debe darse en cada caso;(17) que del mismo modo est prohibido que el ltigo sirva de estmulo para el trabajo, y en algunas colonias inglesas no se impone a las mujeres esa especie de castigo. 8 Que en las mismas colonias inglesas, o en parte de ellas, se observa la prctica de llevar en las haciendas un libro, en que se toma razn de los castigos que se aplican. 9 Que la institucin de un Magistrado con ttulo de Protector de esclavos, existe solamente en algunas colonias inglesas y espaolas. 10 Que en todas partes, con ms o menos franqueza, se permite al esclavo tener su peculio con conocimiento del dueo, y disponer, del mismo modo, de todo lo que le produzca. 1l Que son pocas las colonias en que se concede al esclavo la accin civil contra un blanco. 12 Que slo en Brasil y en las colonias espaolas, es permitido al esclavo mudar de amo, cuando tiene justa causa. 13 Que en parte ninguna se halla expresamente reconocido el derecho del esclavo para defender su persona contra el ataque de un blanco. Y en algunas colonias se ha castigado con severidad al negro que se ha defendido. 14 Que hay todava colonias donde el delito de muerte o mutilacin de un esclavo no tiene otra pena que la de multa o destierro. 15 Que en todas son rigurossimas las penas establecidas para los delitos cometidos por esclavos; y casi generalmente hay frmulas y tribunales especiales para semejantes casos. 16 Por ltimo, que en ninguna pueden ser testigos contra sus amos, y en algunas est prohibido que lo sean contra los blancos. ste es el verdadero estado de la esclavitud colonial. Falta, pues, que presentemos sus naturales y forzosas consecuencias; y se ser el objeto de la segunda parte de esta Memoria.

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OBRAS 356\ 356\ 356\ 356\ 356\SEGUNDA PARTEDespus de haber demostrado, en la primera parte de esta Memoria, lo que es, de derecho y de hecho, la condicin actual de un esclavo colonial, consideraremos ahora los resultados morales y materiales que esa esclavitud produce, con relacin a los siervos, a sus amos, a las colonias y a las metrpolis; y probaremos, en fin, que la tal esclavitud, no solamente es opuesta en todas sus relaciones a la moral y al buen juicio, sino que es un error que sea indispensable para la conservacin o existencia de aquellos establecimientos. Punto primero En lo concerniente a los esclavos Los colonos han combatido muchas veces a los adversarios de la esclavitud, comparando la condicin de sus negros con la de los labradores o jornaleros campestres de algunas partes de Europa; y como si lo hubiesen hecho con la exactitud debida, han dado por sentado que los primeros son ms dichosos que los segundos, y nos han echado en cara que, teniendo a nuestro lado miserias ms exigentes, nos desentendemos de ellas, y tratamos solamente de que se ponga remedio a las que nos quedan tan lejos. Bastarn pocas palabras para poner en claro la debilidad y poca sinceridad de semejantes asertos. Es innegable que el estado de las clases obreras en varias partes de Europa deja mucho que desear. Y de buena fe confesaremos que, aunque los agricultores viven libres actualmente de las sangrientas convulsiones y encarnizadas guerras en que se mantuvieron durante la Edad Media, su situacin todava en muchos pases es en extremo penosa, como que lo que sacan de su continuo y excesivo trabajo, apenas puede alcanzarles para vivir pobremente. El Fisco les arrebata la mayor parte del fruto de sus sudores, y los obliga a sufrir infinitas privaciones; de suerte que causa lstima comparar su triste estado, con los goces que a los otros proporcionan los prodigiosos progresos que el lujo y las artes han hecho. Pero aun as, es preferible su miserable suerte a la de los esclavos. Si el hombre no tuviese otro destino que el de vegetar en la tierra, pudiera muy bien sostenerse que el esclavo de un buen amor era, por excepcin —porque la naturaleza de la esclavitud exige que sean una excepcin los buenos amos— preferible a la de los labradores que existen en los pases de Europa mal constituidos. Pero todo nos demuestra que el hombre ha nacido, no slo para vegetar, sino para desenvolver sin trabas sus facultades intelectuales, en trminos de poder ser miembro libre de la sociedad a que pertenece, para pagarle, sin duda, el correspondiente tributo; pero de aquella

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /357 /357 /357 /357 /357 clase que a l le convenga elegir, siguiendo su inclinacin o disposicin natural. Tal es, sin rplica, la ley de la humanidad; y de ella resulta que, desde el uno hasta el otro polo, observemos que, por un instinto secreto, conocen esta verdad todos los hombres del mundo, y la expresan vulgarmente diciendo que la libertad es el mejor de los bienes. La condicin del labrador pobre es algunas veces miserable, volvemos a confesarlo; pero ¡cuntas circunstancias pueden contribuir a endulzarla! l trabaja mucho, pero es dueo de limitar su trabajo; su salario es corto, pero tiene el derecho de exigirlo, y no lo recibe como una regala que pueden darle o quitarle. La fortuna no le ha igualado a los ricos; pero la justicia le pone al mismo nivel. Como padre, como esposo, como propietario, no tiene otro superior que Dios y la ley comn; y, aunque le pesen mucho las contribuciones que paga, tiene el consuelo de ser uno de los miembros del Estado que las percibe. Y si esto le parece poco, y no se conforma con su suerte, tiene muchos caminos francos para poder variarla. El mundo est a su eleccin. Si las montaas le disgustan, puede establecerse en los llanos; tiene abiertas las puertas de las ciudades, en cuyos talleres le est convidando la industria. La Iglesia le recibe en sus milicias, y el Ejrcito en sus filas. A todo puede aspirar en esas distintas carreras, y en ella puede ganar riquezas, ttulos, condecoraciones y todas las grandezas humanas. ¡Qu distancia tan inmensa hay entre esta situacin y la del infeliz esclavo! El que lo compra, no slo compra su cuerpo, sino su voluntad, sus pensamientos, en una palabra, todo su ser moral. Ya no se pertenece a s mismo. Ya no depende de s. Ya no es el que era; trabaja todo lo que su amo quiere, y no puede descansar, si ste no se lo permite. Cultiva la tierra, como los bueyes la aran. La casualidad le coloca en un ingenio de azcar, en un arrozal o en una ailera; all debe morir, y su modo de trabajar no tiene variacin, si su amo no lo cree conveniente. Cuando desmaya en sus labores, quien lo reanima es el ltigo. Su salario se reduce a la simple subsistencia arreglada por el amo, rbitro de fijar su bebida, su comida, su habitacin y su vestido. Tal es su estado, mientras est en la finca a que le llev su destino; y si sale de ella, tiene que sufrir la ignominia inherente a la esclavitud y al color de su cutis, por cuyos dos respectos, es lcito a cualquier blanco injuriarle o maltratarle. Slo para sus faltas hay freno. En todo lo que le es relativo, no se notan ms que incoherencias, contradicciones y absurdos. Por una parte, se halla fuera de la ley comn, y por otra, se le sujeta a todas las obligaciones sociales; se le considera hombre, y se le quita el derecho de defenderse de otro hombre. Es poseedor y es posedo; su peculio le pertenece, y sus hijos no; se niega su moralidad y su conciencia, y se le supone con deberes; se le degrada de la dignidad de racional, se le asemeja a los entes privados de discernimiento, y se le castiga con ms rigor que el que se usa con los que tienen conocimiento de lo justo y de lo injusto. En tal situacin, podemos muy bien decir que el esclavo ni existe

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OBRAS 358\ 358\ 358\ 358\ 358\ en la sociedad, ni en el Estado, ni an en la ciudad; y lo que es ms ni en su familia, de la cual puede su amo separarlo cuando guste... (18) ¡Y ste es el ente que pretende compararse con los labriegos de Europa! Se sostendr todava semejante paralelo? Sigamos y examinemos los vicios de tan monstruosa y tan funesta institucin, aun en el caso de que la humanidad y la razn hayan procurado atenuar sus resultados. Ha probado la experiencia que nada es tan daino al buen orden de la sociedad como la permanencia de una ley que tenga dos sentidos, o que divida, en dos partes diferentes, la poblacin que existe en un mismo punto. Son muy sensibles los vicios de semejante sistema; pues, por l, se establece un privilegio legal, en favor de una de las partes, y una opresin legal contra la otra; de lo cual, necesariamente, ha de resultar un estado permanente de guerra en la misma sociedad, como que se compone de dos fracciones esencialmente enemigas; pues la tendencia de la una es fortificar el yugo que tiene impuesto, y la de la otra, romperlo. El lazo social no consiste en el inters comn, que dirige al mismo objeto todas las claves de la poblacin, y no hay otro vnculo, entre las dos razas enemigas, que el muy variable y casual de la fuerza material. La Ley, por no estar en armona con la equidad, pierde su sancin, presentndose bajo el aspecto de una voluntad caprichosa, y todos, en consecuencia, se creen con derecho para violarla, siempre que puedan hacerlo. Slo abusando del sentido de las palabras, se ha podido titular sistema una organizacin semejante; pues, no es otra cosa que una desorganizacin consagrada por la ley, al ltimo extremo de la insensatez humana. La historia es buen testigo de la infinidad de males que ha producido ese error; y, de ellos, se hallan tan penetradas las naciones civilizadas, que todas reconocen, como la primera de sus necesidades, el establecimiento de una igualdad legal, y todas hacen esfuerzos para introducir este principio en sus respectivas constituciones. El caso es que la esclavitud, donde quiera que se encuentra, exige, por su naturaleza, una ley especial para los esclavos, y otra, tambin especial, para los hombres libres. Y se, segn hemos visto, es el sistema que en las colonias se observa, pudiendo aadir que hay en ellas otra tercera ley especial para los libres que no tienen el honor de que su sangre sea puramente europea. Mas esto no nos ocupar ahora; pues solamente hablaremos de la ley especial relativa a los esclavos, examinando los caracteres del sistema que ha creado. Decimos que es esencialmente contrario a la equidad, que es la verdadera base y el principio conservador de toda sociedad civil; y, para demostrarlo, creemos que no necesitamos hacer valer el sacrificio absoluto que el esclavo hace de su libertad fsica y moral, el abandono de sus derechos como padre y como esposo, ni su entera sumisin a los castigos corporales que quieran imponerle. Basta considerar que la regla fundamental de semejante sistema es que un hombre adquiera sobre otro el derecho de obli-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /359 /359 /359 /359 /359 garlo toda su vida a trabajar en su beneficio, slo porque le da un alimento miserable y le asiste en lo dems con la misma mezquindad. Y aun cuando sea cierto, como lo cree Malovet,28 que hay una especie de contrato entre el comprador y el comprado, no debe reconocerse que es el ms injusto y vicioso que se puede escogitar? Los mismos legisladores, no hacen una confesin de la iniquidad radical de esa convencin, cuando se ven precisados a moderar sus efectos, ordenando, por ejemplo, que el amo deje al esclavo un tiempo proporcionado para que trabaje en su beneficio, y que hasta cierta edad no puedan venderse los hijos con separacin de sus padres? Y no siendo la equidad la base de este sistema, es consecuencia precisa que la violencia lo sea. Sin necesidad de emplearla, se encuentran agricultores en todas partes del mundo, y para lograr que el esclavo se preste a semejante servicio, es necesario valerse del ltigo y las cadenas. El que traiga a la memoria la fiel pintura que de la esclavitud hemos hecho; el que recuerde lo que, sin avergonzarse, no es posible recordar, esto es, el cmulo de sufrimientos a que estn sujetos unos entes que son hombres; el que no olvide la multitud de crueles providencias que se han dictado para conservarlos en una subordinacin justa y en un temor saludable, confesar, de seguro, que la esclavitud debe su establecimiento y su existencia a una violencia sostenida por las leyes, y que esa violencia legalizada es su nica garanta. Sin comentario alguno dimos antes una idea de esa multitud de leyes, y ahora sin detenernos mucho, evocamos algunos recuerdos, quedando en la persuasin de que, aun las personas menos instruida en las reglas que deben seguirse para la graduacin de las penas, han de conocer que en todas las establecidas contra los infelices esclavos, hay una violacin constante de los sagrados principios dictados por la razn y por la humanidad. Citaremos, por va de ejemplo, las penas que se sealan para el caso de que el esclavo levante la mano contra un blanco, o le amenace siquiera; para el de mutilacin de un animal; y, para el de la fuga,(19) delito que Montesquieu no pudo comprender en qu consista, cuando lo cometa un esclavo.29Cmo es posible esperar que, en un sistema dictado por la injusticia y violencia, se encuentren garantas que sean realmente eficaces en favor de los esclavos? Cmo puede protegerlos, el que con tanta barbarie los considera y los trata? Hemos dicho, y repetimos, que en casi todas las colonias, y especialmente en las francesas, nunca han tenido cumplimiento las leyes que se han dictado en favor de los esclavos. Y lo hemos dicho, porque as lo aseguran escritores recomendables, y lo persuade la misma necesidad que el legislador ha tenido de reencargar la observancia de esas leyes. Otra prueba de esa verdad es que todava se disputa entre los defensores y adversarios de la esclavitud, si es practicable, o al menos peligroso, que la ley intervenga en el ejercicio de este dominio, limitando las facultades que debe tener el amo. Y sea lo que fuere de esta cuestin, parece innegable, a

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OBRAS 360\ 360\ 360\ 360\ 360\ su vista, que, si el tal sistema fuese menos vicioso en su esencia, no se temera tanto el poner sobre l la mano, manifestndose, por ese recelo, que al menor impulso pueda desplomarse un edificio que descansa sobre tales cimientos; y ste es el motivo de que las providencias benficas a los esclavos, siempre acompaadas del temor de que pudiesen convertirse en perjuicio de los amos, se expidieran en trminos que quedasen al arbitrio de stos; y aunque sean en s muy buenas, les falta lo principal, que es lo necesario para ser ejecutadas. Y en efecto, no lo han sido. La consecuencia necesaria de un sistema que presenta tales caracteres es la completa degradacin del que tiene que sufrirlo; y as es que el estado de embrutecimiento de la mayor parte de esos negros, slo puede compararse al de las hordas salvajes. Los mismos colonos lo confiesan; pero atribuyndolo a la naturaleza del negro, y no a la de su esclavitud, siendo de toda evidencia que a sta (20) es a la que los negros deben todas sus imperfecciones morales. Al decir esto, es preciso recordar la clebre cuestin de la inferioridad natural de esa raza comparada con la blanca; pero ser muy poco lo que nos detendremos en ella, porque el tiempo ha hecho casi ridcula una discusin que se promovi y sigui con la mayor seriedad. Fundbase la inferioridad del negro en las diferencias orgnicas que presenta en el color de su piel, en la aspereza de su cabello, en lo abultado de sus labios, etc. Pero yo no s cmo, de esas diferencias en la organizacin fsica, pudo inferirse que deba haberla en el desarrollo de las facultades intelectuales y morales. Por lo que respecta al color de la piel, vemos que es infinita la variedad que hay en el mundo entre la blanca y la negra, la de color de cobre y la amarilla, y la explicacin ms probable de ese fenmeno de los distintos colores de los hombres, es que aqullos se forman entre la epidermis y la piel. Y qu relacin puede tener la inteligencia humana —esa noble emanacin de la Divinidad— y una piel dispuesta de modo que pueda reflejar o absorber todos los rayos luminosos? Lo mismo puede decirse de la diferencia de pelo; y en cuanto a la forma de la cabeza, que es en efecto un carcter ms esencial, observaremos primeramente que esta parte del cuerpo, lejos de ser idntica en todos los negros, vara como en los blancos, aun en una misma tribu; y diremos, adems, que los mismos autores convienen en que no merece tanta importancia la ingeniosa teora del ngulo facial de Camper y Cuvier.30A los conocimientos fisiolgicos se une la religin, para ensearnos que toda la especie humana procede de un mismo tipo. Y aunque es cierto que, a consecuencia de los trastornos que ha experimentado el mundo, las diversas fracciones de la humanidad colocadas en situaciones climticas e higinicas muy diferentes, han tenido ciertas modificaciones en su organizacin fsica, de aqu no puede inferirse que hay hombres esencialmente inferiores a los otros, y ms cuando no se nota que se haya alterado la

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /361 /361 /361 /361 /361 especie por esas modificaciones. Y se es el caso de los negros, en quienes generalmente se advierte mucho vigor, grandsima delicadeza en sus sentidos y una superioridad de fuerzas que es el origen de su desgracia, pues, por ese motivo,(21) se les da la preferencia para el cultivo de los frutos coloniales. Nada es, pues, ms absurdo que figurarse que los negros, porque son negros, estn degradados y son necesariamente, o por su naturaleza, viciosos, mentirosos, rateros, impdicos, supersticiosos, envenenadores, inclinados a la magia o brujera, incapaces de instruccin y hasta de comprender los deberes sociales, etc., siendo indispensable tener la mano levantada sobre ellos para poder reprimir sus malas inclinaciones, contra las cuales nada puede su razn, que nunca sale de la infancia. Lo que hay que admirar es la seguridad con que se publican y renuevan estos asertos. Ahora mismo acabamos de ver a Jamaica y a otras islas presentando grandes inconvenientes para conceder a los esclavos el derecho de ser testigos en los tribunales, diciendo que es muy dudoso, o al menos muy difcil, hacerles comprender el valor del juramento. ¡Miserable ceguedad! El derecho de que en Europa goza el ltimo de sus individuos, el labriego ms estpido, se disputa en las Antillas a un hombre que, si pudiera atravesar el brazo de mar que lo separa de nosotros, lograra tal vez por la superioridad de su talento, ponerse a la cabeza de un ejrcito, o ser miembro de un Senado.(22) Entre los mismos colonos, hay algunos que han hecho justicia a los negros, y observando las mejoras de su carcter moral, cuando se les trata bien, nos dan idea de lo que adelantaran si llegaran a ser libres. “Los negros del campo —dice el Coronel Malefant—31 son generalmente dciles, humanos, generosos, hospitalarios, buenos padres, buenos maridos, buenos hijos, respetuosos con los viejos, sumisos a sus amos y a sus padres, y laboriosos, aunque se diga lo contrario.” Podramos presentar una multitud de atestaciones iguales a sta; pero las creemos ociosas, teniendo a la vista un hecho tan decisivo como el de Hait, en donde se ve el rpido vuelo que en su civilizacin ha tenido esta raza;(23) en donde hay escuelas, dirigidas por negros, que esparcen la instruccin religiosa y los conocimientos tiles;32 en donde las leyes son hechas por negros, y los Magistrados que cuidan de su ejecucin son tambin negros, y estn desempeadas por los mismos todas las ocupaciones civiles, y todas las funciones polticas. Y habr quien, con este hecho a la vista, se atreva a repetir que los negros no estn formados para conquistar y poseer una sociabilidad perfecta? Habr quien sostenga que la naturaleza, y no el sistema colonial, es el que se opone al desarrollo moral e intelectual de estos infelices, y que la naturaleza es la que los condena a la degradacin en que se ven sumergidos? Y a eso slo los condena? El tal sistema no solamente degrada, sino que tambin asesina; pues, si el comercio de frica no hubiera facilitado el

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OBRAS 362\ 362\ 362\ 362\ 362\ reemplazo de tantas vctimas, ya a estas horas no habra negros en las colonias. La causa primera de su mortalidad es el trabajo excesivo que se exige del esclavo, y a ella se agregan el abandono, el mal alimento, los castigos insensatos, otras mil penalidades fsicas y morales y la desesperacin que muchas veces producen. Distintas ocasiones se ha llamado la atencin pblica sobre esta mortalidad; pero quizs hasta ahora no se ha presentado el negocio en su verdadero tamao, ni con sus horribles colores. Tratemos, pues, de ejecutarlo, reuniendo con este objeto algunos hechos importantes. Un escritor nos dice que, desde 1680 hasta de 1776 (noventa y seis aos), se introdujeron en la isla de Santo Domingo ms de ochocientos mil negros.33 En 1777 slo haba all doscientos noventa mil, y de ellos ciento cuarenta mil eran criollos, o nacidos en la isla. Resulta, pues, que en el ms hermoso suelo del globo, y a pesar de la extremada fecundidad que las mujeres tienen en esos climas, quedaban ciento cuarenta mil de los ochocientos mil introducidos.(24) A fines del siglo ltimo, haba en Surinam setenta y cinco mil negros, o sea, cincuenta mil, rebajando los viejos y los nios, con los cuales se llenaban todas las atenciones de aquella colonia; mas, para mantener completo ese nmero, se necesitaba la introduccin anual de dos mil quinientos, y esto demuestra que el nmero de muertos exceda al de los nacidos en los dos mil quinientos, y que la disminucin de la especie llegaba all a un cinco por ciento anual; de suerte que, si hubiese faltado la citada introduccin, a los veinte aos se habran extinguido los negros en Surinam.34Si creemos al Barn de Humboldt,35 la mortalidad de negros en la Isla de Cuba es de siete por ciento.(25) Un orador respetable,36 apoyndose en documentos ministeriales de 1824, ha sostenido, en la Cmara de Diputados, que la disminucin de negros en la isla Martinica est en razn de uno a trece. Moreau de Janns37 asienta que desde 1817 hasta 1820 ha habido en las Indias Occidentales britnicas una baja de dieciocho mil doscientos cincuenta y un negros, sin embargo de los que all nacieron en la misma poca, y constando la poblacin de aquellas islas de setecientos cincuenta mil doscientos doce esclavos, resulta que ha habido en ella la disminucin anual de seis mil individuos, o lo que es lo mismo, uno por ciento veintisis, y esto bastaba para que a las tres generaciones quedase casi extinguida aquella poblacin negra.(26) A estas noticias agregaremos otras que hemos sacado de un cuadro estadstico publicado en 1827, por un peridico consagrado exclusivamente a la noble causa de la abolicin que promovemos.38 Resulta de l que, en los aos que corrieron desde 1818 hasta 1824, slo las islas Bahamas, Barbada y Dominica presentan aumento (27) en la poblacin negra, el cual asciende a tres mil cuatrocientos cuarenta y dos individuos; habiendo habido en las dems posesiones inglesas una disminucin de treinta y un mil cuatrocien-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /363 /363 /363 /363 /363 tos diecinueve, y deduciendo de stos los tres mil cuatrocientos cuarenta y dos del aumento que tuvieron las citadas tres colonias, resulta que la total disminucin de los negros ingleses asciende en la expresada poca a veintisiete mil novecientos noventa y siete. Mas, para acabar de convencerse de que el tal sistema ha sido la plaga ms devastadora que la humanidad ha sufrido, basta saber que de frica han salido para las regiones equinocciales desde su descubrimiento, unos setenta mil negros anuales,39 o sea, veinte millones o veinticinco millones en su totalidad, de los cuales slo quedan unos pocos millones regados en las dos Amricas.(28) Y no es posible dudar que la esclavitud y sus desastrosas consecuencias sean el verdadero origen de tan horrorosos resultados, si se observa que la mortalidad ha disminuido en los parajes en que se ha suavizado el sistema, y que en todas partes guarda proporcin con la especie y duracin del trabajo que se exige del esclavo; siendo lo ms notable o ms decisivo en el caso, el ver que, en los mismos lugares en que esa poblacin siendo esclava sufri tan inmensa baja, tuvo considerable aumento desde que lleg a ser libre. En los Estados Unidos y en Hait se demuestra esta verdad, y muchos documentos oficiales la confiesan, hablando de la mayor parte de las posesiones inglesas. Pero nos reduciremos a citar un ejemplo de la isla de Trinidad que no deja que desear.40 En 1816, se llevaron all setecientos cuarenta y cuatro negros angloamericanos de ambos sexos y de diferentes edades, que haban tomado partido por los ingleses en la ltima guerra; y habindoles dado un pedazo de terreno para que en l gozasen de su libertad, a los ocho aos (en 1824), ya ascenda esa pequea colonia a novecientos veintitrs individuos, siendo lo ms singular que su aumento anual, equivalente a dos y medio por ciento, es precisamente igual a la disminucin que hubo en aquella poca en la poblacin esclava de la misma isla.(29) Y si de todo lo dicho es precisa consecuencia que, para poder mantener semejante esclavitud, se necesita una ley especial que sirva de apoyo a un sistema contrario a la equidad, fundado en la violencia, sin eficacia alguna para llevar a efecto los consuelos que la misma ley quiso conceder al esclavo, y solamente a propsito para sostener su degradacin y la extincin de su raza, quin tendr la osada de levantar la voz para defender semejante institucin? Quin se opondr al justsimo anatema que debe lanzarse contra l? Punto segundo En lo concerniente a los amos Si hay una verdad averiguada, es la de que la esclavitud tiene la misma influencia en la corrupcin del esclavo que en la del amo. Cien veces se ha

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OBRAS 364\ 364\ 364\ 364\ 364\ demostrado la evidencia de esta proposicin. Y, aunque en su apoyo hay infinitos hechos sacados de todas las pocas, ninguno tan eficaz como el que nos presenta la misma sociedad colonial. Estamos muy lejos de querer herir o satirizar a los colonos; pero como el sistema adoptado para el cultivo de sus tierras debe haber influido en sus hbitos morales, es de nuestro deber determinar esa influencia. Quin podr negar que la esclavitud parece estar combinada para excitar las inclinaciones viciosas que debe refrenar la ley? Quin no reconocer que, siendo difcil que un hombre sepa dominarse, es lo mismo que quitar todo dique a sus pasiones, poner a su discrecin la persona de otro hombre? Quin dudar que la codicia, la lascivia, la clera y todas las otras enfermedades del alma encuentran, en tal estado, un incentivo continuo, un alimento constante? Quin sostendr que la virtud es compatible con una situacin semejante? Cmo es posible tener deseos moderados, cuando, para satisfacerlos, podemos disponer libremente de las fuerzas de otro hombre? Cmo ser continentes, cuando, para dejar de serlo, ni an la seduccin es precisa? Cmo, hermanos, siendo a menudo espectadores de unos castigos que en Europa slo podran presenciarse por la hez del populacho? Ahora bien; y en todo esto no hay una causa perpetua, una causa necesaria de depravacin? Se ha observado que los nios y las nias de las colonias son los que dan ms pruebas de insensibilidad y meditada crueldad contra los esclavos, y creemos que esta observacin no ha menester comentario, porque ella sola demuestra toda la extensin del mal moral que la esclavitud produce. En los que no son nios o que ya son hombres hechos se nota algunas veces que la reflexin y el conocimiento de su verdadero inters reprime su tendencia a esos excesos, y de aqu se saca un argumento contra la reforma y mejoras que no nazcan de los mismos amos. “¡Dejadlos obrar —se repite sin cesar—; descansad en su razn, y ms en su inters que es el de conservar la vida a unos hombres comprados a tan alto precio y que componen la parte mayor de sus capitales.” Pero el testimonio irrecusable de los hechos nos dice que nada pueden esa razn y ese inters contra las pasiones brutales, y que por ellas moran a millares esos negros comprados a tan alto precio; nos dice, repetimos, que, sin embargo de que su valor creca en proporcin de la mortalidad y del aumento del cultivo, los amos no abran los ojos, y sin reparar en la ruina que los amenazaba, seguan, con pocas excepciones, en su sistema de destruccin, extenuando sus esclavos con un trabajo excesivo, enfermndolos con crueles castigos, quitndoles en fin la vida, cuando les pareca, y a pesar de que saban que esas horrorosas demasas les costaban a veces dos mil cuatrocientos pesos fuertes por ao, se consolaban, diciendo que frica era una buena madre.41

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /365 /365 /365 /365 /365 Autores dignos de fe nos han dado a conocer lo que son en general los blancos que tienen ms parte en esta cruel opresin, esto es, los asalariados para el gobierno de los negros. En esas manos es donde se presenta el sistema con toda su odiosidad y donde ms claramente se ve la funesta influencia que ejerce la esclavitud sobre la raza blanca. Libertinaje, orgullo y crueldad son los constitutivos del carcter y los hbitos de esos segundos amos. Ellos han sido los autores de los principios que forman la doctrina y la moral prctica de las colonias; ellos los que han hecho creer “que el negro ha nacido para ser esclavo; que nada se le debe disimular; que es indispensable mostrarse terrible con l; y que la mayor arte consiste en hacer que produzca lo ms, y que cueste lo menos que sea posible; y sobre todo, que los que quieran hacer fortuna en las islas deben antes ahogar la sensibilidad filantrpica de Europa”. Y este brbaro consejo es el que por desgracia se sigue generalmente, pues vemos que los europeos que al principio se muestran compasivos, al fin adoptan las ideas y conducta de los otros; probndonos con esta mudanza la poderosa influencia que tiene en la moralidad aquel espectculo de iniquidad. Un joven del Cabo de Buena Esperanza, hijo de un eclesistico de la misma colonia, convicto de haber matado a un esclavo, fue condenado a muerte en 1822, y como el sacerdote que estaba encargado de asistirlo en aquel terrible lance le preguntase qu idea tena de la esclavitud, exclam el desventurado caminando ya para el cadalso: “Seor, la esclavitud es un horroroso sistema, peor para los amos que para los esclavos.”42 ¡Qu hay que aadir, despus de or a una de sus vctimas teniendo la muerte a la vista! Repetimos que lo que hemos dicho sobre el carcter de los colonos, es slo con relacin al asunto de la esclavitud; porque en los dems respectos, siempre se les ha hecho justicia, y recientemente ha dicho un escritor ya citado43 que son los hombres ms apreciables del mundo; buenos, serviciales, justos y humanos, con tal que no se trate de negros ni de gente de color. Dominados por las impresiones que desde su infancia recibieron, son unos verdaderos fanticos en semejante materia, y por consecuencia, no son ellos los culpables, sino el detestable sistema que los puso en ese estado. Punto tercero En lo concerniente a las colonias Salta a los ojos, y lo ha probado la experiencia, que se halla en un peligro inminente y progresivo la sociedad que en su seno mantiene una poblacin sujeta a los sufrimientos y degradacin en que estn los negros de muchas colonias; mas, para conocer mejor el tamao de ese riesgo, conviene que presentemos en su totalidad y con la exactitud posible la relacin existen-

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OBRAS 366\ 366\ 366\ 366\ 366\ te entre la poblacin blanca y la negra, o de color, de las citadas colonias.(30) El archipilago de las Antillas contiene, en su totalidad, dos millones ochocientos cuarenta y tres mil habitantes, a saber, 482 600 blancos 1 212 900 de color libres 1 147 500 esclavos44En las Guayanas hay una poblacin total de doscientos quince mil novecientos veintids individuos, dividida como sigue: 9 971 blancos 11 402 hombres de color 194 549 negros esclavos En Brasil, la poblacin debe presentar, poco ms o menos, los resultados siguientes: 900 000 blancos 600 000 hombres de color libres 1 900 000 esclavos 1 600 000 indios y mestizos, entre los cuales hay cierto nmero de esclavos, y con ellos se completan los cinco millones de almas a que asciende, segn se asegura, la poblacin de ese Imperio. La de los Estados Unidos, sin contar algunas tribus de indios, era de nueve millones quinientos mil habitantes en 1820, y esta poblacin estaba dividida del modo siguiente: 7 726 325 blancos 235 557 hombres de color libres 1 538 118 negros esclavos (31) Es de advertir que la poblacin esclava y liberta se encuentra casi toda en los diez Estados meridionales de aquella Unin, ascendiendo all el nmero de negros y dems gente de color a un milln cuatrocientos noventa y seis mil doscientas ochenta y cinco, y el de blancos a un milln ciento ochenta y ocho mil setecientos noventa y seis. En los nuevos Estados independientes de Amrica espaola, puede haber, entre negros y gente de color libres, o prximos a serlo, dos millones quinientos mil individuos regados y mezclados con los otros ocho o nueve millones de hombres de diversas razas que forman la poblacin de ese inmenso continente.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /367 /367 /367 /367 /367 Por este clculo parece que la raza negra asciende a diez millones, poco ms o menos; y siendo de cuarenta millones la total poblacin de Amrica, resulta que una cuarta parte es de negros y gente de color, o lo que es lo mismo, para cada individuo de raza negra hay tres de origen europeo. Y si aqullos estuvieran distribuidos con igualdad en la inmensa extensin del Nuevo Mundo, no habra motivo, en verdad, para alarmarse mucho; pero vemos, al contrario, que toda sta se halla en pocos puntos distribuida del siuiente modo. En los diez Estados angloamericanos que tienen negros, o que los tienen en gran nmero, apenas hay un blanco para un hombre originario de frica. El mismo resultado presenta Brasil, si los indios forman un cuerpo con los blancos; pero, si se unen a los negros, como parece ms natural, habr cerca de tres africanos para cada blanco. En las Guayanas se cuentan de veinte a veintin negros u hombres de color, para cada europeo o criollo blanco; en el archipilago de las Antillas de cuatro a cinco; y en las otras partes de Amrica, creemos intil hacer la comparacin, sabiendo que all han procurado ponerse a cubierto de todo riesgo, estableciendo un nuevo sistema gradual y efectivo para extinguir la esclavitud. Las Antillas son las que se hallan en mayor peligro por la excesiva desproporcin en que las dos razas se encuentran. Haciendo la cuenta por mayor, resulta que slo hay el diecisiete por ciento de blancos y el ochenta y tres de color, de los cuales cuarenta y tres son libres y cuarenta esclavos. En Cuba llegan los blancos a cuarenta y cinco por ciento, mientras que en Jamaica no pasan del doce, y las dos Antillas francesas del once. Hay otras islas que slo tienen el cinco o el seis por ciento de blancos, y algunas en que hay un blanco para cien negros.(32) Estas noticias comparativas son por s bien expresivas, y aunque sera muy fcil darles mayor extensin, vale ms emplear el tiempo en otras consideraciones importantes. Se ha confesado que la esclavitud es la gangrena del cuerpo poltico de los Estados Unidos.45 En Brasil es un manantial de inquietudes para todos los que tienen penetracin y juicio. Y si eso sucede en Estados tan poderosos, qu no debern temer los que viven en ese archipilago, donde la desproporcin de las dos razas es infinitamente mayor, y ms riguroso el sistema, y donde los brazos de mar que separan los establecimientos de una misma nacin dificultan los recprocos auxilios que se pudieran dar en caso de necesidad? Desde la fundacin de esas colonias, se previeron los inconvenientes que podran resultar algn da de la importacin inconsiderada que en ellas se haca de negros. Espaa, que a los principios slo la toler, y que tambin se ocup de reprimir su abuso,46 no tard mucho en separarse de esta sabia precaucin, y todas las naciones se empearon a porfa en ates-

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OBRAS 368\ 368\ 368\ 368\ 368\ tar de negros aquellos establecimientos. Entonces fue cuando se estableci el principio de que el aumento de prosperidad de las colonias estaba en razn absoluta del aumento de sus esclavos; no se volvi a pensar en las mejoras que poda admitir el sistema agrario y el de la fabricacin de sus productos, y creyendo que con tener negros todo se tena, slo se puso cuidado en que cada colonia recibiese de frica al menos la cantidad necesaria para reemplazar los muertos. Y esto se llamaba poblar las colonias.47Sordos a las lecciones de la experiencia, no reparaban en que sus esclavos se hacan indciles y revoltosos con el aumento de su raza, y que conociendo el que adquira su fuerza numrica, intentaran romper el yugo que los oprima. “Despus de la paz de 1763 —dice al autor de los Anales del Consejo de la Martinica —, ya no son los esclavos lo que eran treinta o cuarenta aos antes. Parece que estn enterados de lo que sobre ellos dice la Historia filosfica y poltica de Raynal.”48 Europa presinti el peligro y manifest a los colonos todo lo que deban temer de la nueva conducta que se observaba en los negros. Y en apoyo de estas advertencias de la sabidura europea, aparecieron muy luego algunas insurrecciones parciales; pero nada fue bastante para abrir los ojos de los colonos, que siempre continuaron pidiendo con el mismo empeo nuevas remesas de bozales, sin reflexionar siquiera que ese aumento de fuerzas en una raza enemiga iba a producir otro mal, que era el de despertar en sus descendientes criollos la idea de su origen, avivando su amor a la independencia o su odio a la opresin; siendo lo ms notable que, aun despus de la sangrienta catstrofe de Santo Domingo, se ve todava a los colonos procurando por todos lados sostener un trfico que, aun cuando no fuese inhumano, repugna al sentido comn.(34) Parece que con lo dicho hay motivo sobradsimo para que todos admiren semejante ceguedad; pues nos falta lo mejor. Dicta la razn que si hay algn medio de disminuir tantos peligros, es el de aligerar o hacer ms tolerable el yugo de la esclavitud. Y la experiencia confirma esta sensible verdad mostrndonos que en los pases en que con ms dulzura se ha tratado a los esclavos, y con especialidad en la Amrica espaola, jams hubo insurrecciones. Y pareca, por tanto, que se deba aumentar la humanidad de nuestros colonos, en la misma proporcin en que se aumentaba el nmero de sus esclavos. Pues, bien; todo lo contrario es lo que se ha ejecutado, observndose que donde hay ms negros, es donde menos se ha suavizado o mejorado su suerte, llegando al extremo de que muchas colonias han fundado su oposicin a las mejoras, en lo que deba provocarlas; esto es, en esa superioridad numrica de los negros. En Tobago, por ejemplo, deca su Consejo de 1825, “que an cuando fuese cierto que all no se debieran adoptar las mejoras del sistema, no deba extraar el Gobierno que se concediesen ms fuertes garantas a la sociedad en una isla en que vivan

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /369 /369 /369 /369 /369 doscientos cincuenta colonos libres en medio de catorce mil esclavos, esto es, en la proporcin de uno a cincuenta y seis”.49 Cuando tratemos de la gente de color, presentaremos otro ejemplo nuevo, y todava ms eficaz de la sinrazn colonial. Pero acerqumonos ms a la proporcin y situacin en que se hallan esos blancos con sus negros. Cerca de quinientos mil de aqullos estn rodeados, estrechados, contados por una poblacin que, viviendo en la mayor miseria, se encuentra repartida en trminos que hay parajes en que el oprimido est en razn de diez, veinte, y hasta de cien por uno. Y es evidente que de aqu ha de resultar una de dos cosas: o que se extinga la raza africana si contina el mismo sistema de opresin y no se permite la nueva introduccin de bozales, o que se corra el inevitable riesgo de una subversin, si se protege la propagacin de la especie. Esto no puede ponerse en duda si se observa que una mitad de los negros de Amrica ha adquirido ya su libertad; si se recuerda lo que ha sucedido en Surinam y Jamaica, con los terribles cuerpos que los cimarrones formaban;50 si se tiene presente que la horrorosa revolucin de la ms grande y ms rica de las Antillas, ha convertido en amos y soberanos a seiscientos mil esclavos; y si se advierte que en las nuevas Repblicas establecidas en el continente espaol, se ha abierto la puerta para que los esclavos vayan gradualmente pasando al rango de ciudadanos. As, pues, los negros de nuestras islas pueden por todos lados saludar desde sus playas a sus manumitidos compatriotas.(35) Y nuestro colonos, en tan crtica situacin, slo muestran inquietud, cuando saben lo que se escribe en Londres y en Pars sobre la esclavitud; creyendo que es un gran mal el que se les demuestre la imperiosa necesidad de modificar y abolir un sistema que los amenaza con una inevitable catstrofe. Punto cuarto En lo concerniente a las metrpolis Son muchos los que en nuestros das niegan la utilidad de las colonias, especialmente de Amrica. Y a poco que se reflexione, se viene en conocimiento de que, al menos, son dudosas las ventajas que pueden sacarse de la posesin de unas islas situadas en otro hemisferio, llenas de radas que no estn defendidas ni por la naturaleza ni por el arte, y expuestas, por consecuencia, a ser invadidas y ocupadas fcilmente en el caso de una guerra; resultando de aqu que, en el de paz, temen sus metrpolis hacer grandes sacrificios para su prosperidad, sin los cuales ya se sabe que decaen con prontitud, y son una verdadera carga. Cuesta mucho proteger a los pocos europeos que all existen en medio de una poblacin tan temible, por la opresin que sufre; y, para esto, es

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OBRAS 370\ 370\ 370\ 370\ 370\ necesario sostener algunas veces un orden poltico que, por ser contrario a los buenos principios de gobierno, provoca la censura de los escritores de Europa. A cada rato es preciso relevar los empleados y los soldados que all se envan, porque aqullos se consideran como en un pas de conquista, y muchos de stos son vctimas de las enfermedades de aquellas regiones. Y esos continuos relevos causan a la Madre Patria considerables gastos y prdidas de mucha gente. As vemos, por ejemplo, que los intereses de nuestras dos Antillas llegaban en 1820 a once millones ochocientos sesenta mil francos y lo que ellas produjeron slo ascendi a cinco millones setecientos noventa mil; y no habiendo habido desde entonces una diferencia notable, resulta que Francia paga, por ese lado, algo ms de seis millones por tener el honor de conservar esas posesiones. Hay otro sacrificio de mucha monta, si se toma en consideracin el sobreprecio que paga por las producciones de las referidas colonias. El quintal de su azcar nos cuesta cincuenta francos. La Habana nos lo dara a treinta y cinco, y la India inglesa, todava a menos. Say calcula estos sacrificios en setenta millones a ochenta millones de francos anuales.51 En Inglaterra se han quejado cien veces de los privilegios particulares que ha sido preciso acordar a los frutos de sus colonias americanas, con detrimento de los de otras posesiones del Imperio britnico.52 Y en efecto, qu puede haber ms chocante que la diferencia de contribuciones en los productos nacionales de una misma especie? Qu cosa ms contraria a la equidad y a los derechos de productores y consumidores? A esto se responde que, si no se hiciera esa diferencia, no podran sostener la concurrencia las posesiones britnicas que se cultivan con esclavos. Y entonces, a qu propsito se conservan esas colonias de esclavos?(37) Cualquiera conocer que todo lo que podemos hacer en la presente Memoria es indicar las grandes cuestiones que de tropel se presentan cuando se va recorriendo esta importante materia, sobre la cual hay escritos una infinidad de volmenes, tanto en favor como en contra. Entre tanto, muchas de las colonias se han separado de sus respectivas metrpolis, y si las otras siguen el mismo rumbo, Europa no debe sentirlo. Pero mientras no llegue ese caso, tal vez sera irracional aconsejar su abandono. Mas es de toda justicia obligarlas a que suavicen su sistema, para que no lleguen a ser una carga insoportable. Ya se ha visto que de la esclavitud nacen generalmente los inconvenientes de semejantes posesiones, y se debe ser, por tanto, el punto que exclusivamente llame nuestra atencin en esta gran controversia. Presentando la cuestin en trminos generales, puede muy bien sostenerse que las colonias son tiles a sus metrpolis, en cuanto consumen los productos de su industria, y les remiten, en cambio, varios artculos que casi se han hecho de primera necesidad.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /371 /371 /371 /371 /371 Por lo que toca a Francia, puede calcularse que vale sobre ochenta y cuatro millones de francos lo que anualmente se introduce en sus colonias, pero, de esta suma, hay que rebajar lo importado por extranjeros, cuyo contrabando nunca ha podido destruirse, por la facilidad de las comunicaciones con las otras islas de aquel archipilago, y porque est muy lejos de la Madre Patria, que es la que recibe el perjuicio. Ese contrabando llegaba ahora aos en nuestras dos Antillas, segn Moreau de Jonns,53 a diecisiete millones de francos que se pagaban en frutos, causando esa nueva prdida a la industria metropolitana; con lo cual, quedan destruidas las ponderadas ventajas de ese ramo del comercio nacional, en trminos, que l mismo dice, en la pgina 359, “que son tan funestos los efectos de semejante contrabando, que casi sera mejor haber perdido las colonias”. Y aunque es cierto que ellas reciben de la metrpoli todo lo dems que consumen, a nadie puede ocultarse el considerable aumento que esos consumos tendran si no hubiese esclavitud. Siendo aquella poblacin de trescientas setenta mil almas; y habiendo entre ellas, trescientos nueve mil esclavos, resulta que los verdaderos consumidores slo llegan a sesenta y un mil, de los cuales treinta y ocho son blancos, y veintitrs mil libres de color; pues ya se sabe que los miserables consumos de los esclavos casi no deben contarse, estando reducidos al poco bacalao y carne salada de su alimento y al tejido ordinario con que cubren sus carnes. Pero, si de la condicin en que estn pasaran a tener un salario como obreros libres, mejoraran, desde luego, su alimento y su vestido, empezaran a gozar de las comodidades que ofrece la vida social, y no sera extrao que estos cuatro quintos de aquella poblacin necesitasen muy pronto, al menos, cantidad igual a la que se lleva hoy para la gente libre, que, como ya se ha dicho, compone una quinta parte de la totalidad de aquellos habitantes. Duplicada de esta suerte la navegacin y la extraccin de productos de la metrpoli, era de esperar tambin que fuese en constante aumento, por los rpidos progresos que deba tener la propagacin de la especie negra, cesando la mortalidad que la esclavitud causa en ella. Es, pues, del mayor inters para la industria metropolitana esa transformacin de esclavos en obreros libres, en caso de ser posible, pues facilita el expendio que tanto necesitan nuestras manufacturas. Este clculo es aplicable a todas las colonias que tienen esclavos, y no es poco lo que l ha influido en el empeo que han tomado los ingleses por la manumisin de los suyos. Al aumento que tendr la extraccin de efectos metropolitanos debe acompaar, por fuerza, otro proporcional en la creacin de los valores de cambio o de exportacin, y esto se hace ms sensible con la reflexin siguiente. Se ha calculado que para producir todos los frutos coloniales que necesitamos para nuestro consumo interior, y para la alimentacin de nuestros labradores, se necesitan setenta y seis leguas cuadradas de

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tierra, y cerca de ciento cuarenta y dos, si se quiere que nuestras colonias produzcan todo el algodn que se emplea en las fbricas francesas. La superficie de nuestras colonias, comprendida la de Borbn, es de cuatrocientas treinta leguas cuadradas y basta por consecuencia un tercio de su terreno para el expresado fin. Ese tercio corresponde en realidad a la extensin que se da a las propiedades que all existen, pues llegan, segn se dice, a ciento cuarenta y seis leguas; pero su exportacin est muy lejos de lo que se desea. Luego no es bueno el sistema que se emplea para conseguirlo, o lo que vale lo mismo, es mala la esclavitud. Y si no nos faltan tierras, tampoco nos faltan brazos. As est probado, por los clculos siguientes tomados de la misma fuente. Para obtener la cantidad de frutos coloniales que Francia consume actualmente bastan treinta mil cuadros de tierra de tres mil cuatrocientas dos toesas superficiales cada una. De cada cuadro se cosechan ahora en nuestras colonias, en azcar, seis mil libras; en caf dos mil; en ail setecientas cincuenta, y en algodn quinientas o seiscientas. Se necesitan tres hombres para cultivar dos cuadros sembrados de caa; uno solamente para el de caf o ail, y otro para tres de algodn. De lo cual resulta que, con cuarenta mil individuos, tenemos los suficientes para cosechar todos los frutos coloniales de nuestro consumo, el cual puede duplicarse si aqullos toman el incremento indicado. Y de todas maneras, se ve que, en lugar de los ochocientos mil labradores que antes de la revolucin haba en nuestras colonias, bastan ochenta mil o cien mil en el estado actual de su industria agrcola.54 Y no produciendo los trescientos nueve mil esclavos de nuestras colonias, lo que deben producir cuarenta mil labradores ordinarios, tenemos otra razn para condenar el sistema que los dirige actualmente, es decir, la esclavitud.(38). Los colonos no slo confiesan que se puede mejorar el cultivo de sus tierras y la fabricacin de su azcar, sino que se aumentaran sus productos hasta en una cuarta parte, si all se hiciese uso de los animales, mquinas y procedimientos agrcolas y qumicos que en Europa son comunes. Y el principal obstculo que presentan para esto es que sus esclavos son todava ms rutinarios que nuestros labradores europeos,(39) pgina 240. Pero, quin puede creer que sacando a esos trescientos nueve mil individuos de la languidez en que los mantiene el yugo de la esclavitud, y ponindolos en la clase de trabajadores libres, deje de tener gran aumento el producto de las colonias? Todos conocemos y la ciencia econmica nos ensea las ventajas del trabajo libre, en trminos que, desde Smith y hasta Say, no hay sobre este punto diversidad de opiniones entre los escritores clebres; y si tan generosa teora necesitara de prueba, no la hallaramos al instante en los siglos anteriores? Hay algn estado antiguo o moderno cuya fortuna agrcola, industrial o comercial no se haya aumentado por la manumisin de las clases laboriosas?

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /373 /373 /373 /373 /373 Se infiere, pues, de todo lo que hemos dicho, que la esclavitud tambin es contraria al inters de la metrpoli, y que su abolicin aumentara en gran manera el valor de sus colonias. Pero, podr efectuarse sta? Podrn las colonias existir sin esclavos? El clima de aquellos pases, la naturaleza de su terreno, las plantas que se cultivan y la diferencia de razas, no oponen invencibles obstculos para que el trabajo se haga all por manos libres, como se hace en otras partes? No importa lo mismo pedir esa abolicin, que solicitar la ruina de aquellos establecimientos? Vamos a examinar estas distintas cuestiones. Se ha dicho cien veces, y sin cesar se repite, que el trabajo que los frutos coloniales exigen es superior a las fuerzas de los europeos. Y el caso es que los mismos colonos han llegado a creerlo, a fuerza de repetirlo, y han conseguido que otros piensen del mismo modo, y tengan por un mal necesario el de mantener a los negros en tan deplorable estado. Pero examinando los hechos, veremos que en todo esto no hay ms que preocupacin. Fijemos primero la vista en el origen o fundacin de esas mismas colonias, con especialidad las francesas, y hallaremos que los primeros trabajos, es decir, los ms penosos, que son los desmontes, se hicieron por europeos, llamados entonces enganchados de treinta y seis meses ; porque se comprometan a servir este tiempo, quedando libres despus para volver a su patria. En 1665, el establecimiento francs de Tortuga se compona de cerca de cuatrocientas cincuenta personas que cultivaban tabaco. En Santo Domingo no haba otro que el de Leoganes, con cerca de ciento veinte individuos, todos libres; los cuales, cuatro aos despus, ascendan a mil quinientos, por la sabia administracin de su primer Gobernador Ogeron; y parece que ni aun hubo fugitivos de la parte espaola de Santo Domingo hasta 1669.55El sistema de los enganchados no dur tan poco, ni fue reemplazado al instante por el de esclavos trados de frica, y lejos de creerse entonces que aquel clima y aquellas faenas eran incompatibles con la organizacin fsica de los europeos, se mand a los propietarios, por Reales Decretos de 1696, 1716 y 1728, que se tuviese al menos un enganchado56 por cada veinte esclavos. Lo que dur poco fue la observancia de estas leyes, por la facilidad que ya haba para la adquisicin de negros, y de esa facilidad naci, y con ella se arraig, la preocupacin de que los blancos no podan sufrir los trabajos de la agricultura colonial. Concurrieron adems otras causas diferentes para que este equivocado concepto adquiriese crdito. Daremos las principales. Qu clase de europeos era la que iba a las colonias? Es preciso convenir en que, por lo general, eran gentes sin moral, agobiadas de deudas, y que despus de haber malgastado su patrimonio, se aventuraban a ver si bajo otro cielo adquiran un nuevo capital que disipar. Y ya se sabe que, para semejantes hombres, los mejores medios son los que con ms pronti-

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OBRAS 374\ 374\ 374\ 374\ 374\ tud les proporcionan el oro que solicitan. Y cmo poda esperarse que, acostumbrados a pasar el tiempo en la indolencia, mudasen de conducta, y se entregaran a trabajos tan penosos, en un pas al que momentneamente los arrastr la codicia? Haba adems otro obstculo de mucha entidad, y era la degradacin y envilecimiento en que all estaba la clase de cultivadores, slo porque se compona de negros, y era difcil que hubiese quien con ellos quisiera confundirse. Todos los observadores juiciosos han fijado su atencin en ese envilecimiento, del cual ha resultado tambin que no hayan alcanzado xito los ensayos que se han hecho para mejorar all el sistema de cultivo. Muchas veces se ha intentado introducir el arado, y para que aprendiesen los negros, sin violencia, el uso de ese instrumento, se enviaron de Europa labradores escogidos; pero a poco tiempo, vindose al nivel de los esclavos, se creyeron envilecidos, y prorrumpieron en insultos contra stos; habindose notado la singularidad de que los mismos negros se burlaban de unos blancos que se sometan a hacer sus propios trabajos. Esto, unido a los embarazos que cuenta todo labrador cuando se ve separado del suelo que est acostumbrado a cultivar, y de aquella rutina que constitua su saber, era lo suficiente para disgustar al labrador europeo, y para que no prosperasen las apetecidas mejoras. Mientras que los esclavos cuidaban del cultivo de la tierra, los libres de color desempeaban en los pueblos las profesiones industriales; y como todos venan del mismo origen, y por tanto sufran la misma degradacin, los blancos tenan ese pretexto para considerar como indecoroso el ejercicio de unas profesiones tan tiles y tan honrosas para la capacidad fsica e intelectual del hombre.(40) Y he aqu el origen de la ociosidad y desorden en que de ordinario vivan los blancos que no estaban ocupados en gobernar las haciendas o en negocios mercantiles. Al lado de esos vagabundos, iban a consumar su ruina los jvenes que generalmente y por diversos motivos pasaban a las colonias. En tan mala compaa, consolidaban sus hbitos de disipacin, y seducidos por bribones e intrigantes, pronto acababan con el pequeo capital que consigo haban llevado. El abuso de los placeres, fatal en todos los climas, y mortal en las colonias, arruinaba su salud, y en ese estado de languidez, careciendo muchas veces aun de lo ms necesario para mantener la vida, y devorados del pesar de ver frustradas todas sus esperanzas, eran vctimas al fin de sus vicios, de su tristeza, o de la suma miseria; sin que por esto dejara de atribuirse su muerte a la devoradora influencia de aquel clima; pero todo nos persuade que lo que hay de cierto sobre esto es lo que nos han dicho diferentes escritores;57 esto es, que un rgimen irritante, seguido de los excesos a que provoca aquel cielo abrasador, y de las facilidades que la esclavitud proporciona, son las verdaderas causas de la gran mortalidad de los expresados europeos.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /375 /375 /375 /375 /375 Se insiste mucho en la diferencia del trabajo que exigen aquellas tierras, y el que piden las de Europa; y para probar que slo los africanos son capaces de sufrirlo, citan a los indios, cuya raza se ha extinguido en las Antillas; pero es bien sabido que los indios no perecieron en los trabajos del cultivo, el cual o no haba empezado, o estaba en su infancia, sino en el beneficio de las minas que fueron las que al principio llamaron toda la atencin de los conquistadores. La desgraciada tentativa que se hizo el siglo anterior en Guayana, se present por Malovet como un hecho que demuestra la imposibilidad de conseguir que se hagan por europeos los trabajos agrcolas de las colonias.58 Pero este argumento no puede hacer fuerza a los que estn enterados de la desastrosa historia de aquella expedicin. No fue porque trabajaran sino por las circunstancias que les impidieron trabajar por lo que perecieron aquellos desgraciados, enviados con toda la imprevisin necesaria para que, hallndose en la mayor miseria y sufriendo todas las privaciones posibles, contrajesen las mortales enfermedades que son consecuentes. Y aunque esta indicacin es bastante para absolver a aquellos pases del cargo que se les hace en el presente caso, conviene aadir que algunos parajes de Guayana son con efecto enfermizos, y es bien claro que antes de nacer las colonias se destruirn, si no se toman de antemano las medidas necesarias para purificar la atmsfera y hacer saludable el suelo en que van a establecerse. Decir que los negros son de absoluta necesidad para cultivar los frutos tropicales, es oponerse a mil hechos notorios que demuestran lo contrario. Lo ms duro de aquellos trabajos es el cultivo de la caa y la elaboracin del azcar, y nadie ignora que sin negros se hace mucho azcar en diferentes partes de las Indias Orientales. Indostn con su poblacin indgena dirigida por el genio industrial de Inglaterra, produce una cantidad que va siempre en aumento. En Java el principal cultivo es el de la caa y habiendo all de cuatro millones a cinco millones de habitantes, slo se cuentan entre ellos veintisiete mil esclavos, domsticos casi todos.59 En Mxico puede decirse que nunca ha habido poblacin negra, pues slo llegaban a seis mil los que haba esparcidos en el inmenso territorio de Nueva Espaa, y aun de sos la mayor parte eran tambin domsticos, y Mxico, sin embargo, produce bastante azcar. “Hace veinte aos —dice el Barn de Humboldt— que no se conoca en Europa el azcar mexicano, y en el da, slo Veracruz exporta ciento veinte mil quintales.”60Es de tan gran importancia este punto, que nos parecen pocos todos los hechos y testimonios que en su apoyo presentemos. El autor de las Consideraciones sobre Santo Domingo ,61 cree muy posible que se ejecute por blancos el cultivo colonial, y piensa que sera ventajoso que en compaa de los negros se emplease la multitud de vagos que all existen. Un viajero que citamos antes, dice que es un absurdo pensar que los europeos no pueden ser

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OBRAS 376\ 376\ 376\ 376\ 376\ agricultores en aquellos climas, y que de lo contrario hay muchsimos ejemplos; que en Luisiana existen familias alemanas, y en Barbada, irlandesas, que sin el auxilio de negros se emplean con provecho en cultivar la tierra; que el sistema de los antiguos enganchados franceses se practica todava en algunos parajes de los Estados Unidos, donde muchos colonos tienen en sus haciendas blancos enganchados unidos a los esclavos, con la diferencia de que los primeros trabajan mejor y les cuestan menos.62 Un americano, Magistrado de Georgia y antiguo agricultor de las Indias Occidentales, dice que es un error creer que slo por negros pueda cultivarse la caa, el caf, etc.; que los criollos blancos de Anguila y de Trtola, y los que en Barbada se llaman hombres de diez acres como estn acostumbrados a una vida activa y sobria, tienen la agilidad y robustez necesarias para el caso, y prueban con su ejemplo que los blancos son capaces de cultivar en esos climas los expresados frutos.63 En fin, un escritor francs conocido por sus interesantes escritos sobre nuestras colonias, y que entre nuestros contemporneos es uno de los que mejor las conocen,64 se muestra tan convencido de la aptitud de los europeos para aquel cultivo, que propone como uno de los medios de fomentarlo que se remitan a nuestras colonias veinte mil labradores franceses, y que por lo pronto se enven seis mil. Resulta, pues, de lo dicho, que los negros no son de absoluta necesidad para semejante cultivo;(41) pero, como en la actualidad estn encargados de l, y para conseguir que lo hagan se dice que es necesario mantenerlos en la condicin de esclavos, no podemos excusar el examen de este punto, bien seguros de probar con hechos irrefragables que para semejante error no se presenta otro apoyo que el de la misma preocupacin. Alegan que, siendo tan fcil sacar de la tierra tropical lo necesario para mantener la vida, no hay estmulo para el trabajo, y slo por fuerza se sale de la apata a que provoca aquel clima.65 Y esto se refuerza con la observacin siguiente. Para la subsistencia de un hombre es suficiente all el producto de un pedazo de tierra igual a la tercera parte de un arpent. Y en Francia est calculado que para lo mismo son precisos tres arpens ; de lo cual se infiere que la duodcima parte de la poblacin colonial puede proveer al mantenimiento de todos los dems, que, desde luego, permanecen con los brazos cruzados.(42) Pero la consecuencia que de tan admirable fertilidad puede sacarse, es que aquella tierra puede tener mucho mayor poblacin que la que se sostiene en Francia, y que si no se ha aprovechado ese don de la naturaleza, no es por causa suya, sino por motivos particulares, todos imputables al hombre; con lo cual se desvanece esa necesidad de mantener ociosa una gran parte de la poblacin, para evitar el exceso de producciones, o su prdida, por falta de consumidores, pues stos se aumentaran en la misma proporcin en que crecieran aqullos, como se ve que sucede en todas las partes del mundo.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /377 /377 /377 /377 /377 Es preciso, dicen, que el trabajo sea forzado entre los trpicos; es necesario que el castigo saque a los hombres del entorpecimiento en que los sumergen los abrasadores rayos del sol perpendicular; es preciso, concluyen, que el labrador sea esclavo o bruto ¡Qu extraa, qu absurda contradiccin! (43) Ser posible que los mismos climas en que la naturaleza ha procurado hacer ms ligero el trabajo del hombre para adquirir su alimento; que donde se ha esmerado en disminuir las fatigas y sudores que cuesta en otras partes, sea donde quiera persuadirse que el hombre est condenado a sufrir por precisin lo ms duro y ms acerbo que hay para su condicin? Reconozcamos, pues, que es demasiada la importancia que se ha querido dar a la latitud en que se hallan las colonias, y que si en los tiempos antiguos, como en los modernos, se fija la vista en los distintos paralelos, se ver con claridad que nada ha sido tan variable como la especie y grados del trabajo ejecutado por el hombre en situaciones enteramente anlogas, y se reconocer que con esclavos o sin ellos ha trabajado mucho o poco, conforme a las circunstancias, o sea, a la influencia de la religin, de las leyes y de la vecindad de las costas y las montaas. Ahora se habla de las regiones tropicales, y en los siglos en que ni estaban civilizadas ni bien conocidas las partes septentrionales de Europa, tambin se pudo decir que sin esclavos era imposible cultivar aquellas tierras heladas. Y quin sabe si en la antigua Roma se sostuvo esta opinin, y se repiti cien veces? Sin embargo, en nuestros das, florecen la agricultura y todos los ramos de industria en medio de aquellos hielos; (44) y aunque en algunos parajes hay siervos para ese objeto, en otros los labradores pueden muy bien igualarse a los ms libres y ms civilizados del globo. Pero volvamos a los negros. No referiremos lo mucho que se ha dicho sobre su pereza inveterada y su disposicin moral que siempre se opondr, segn se nos asegura, a un trabajo provechoso, si obtiene la libertad.66 Y tampoco nos detendremos en impugnar unas aserciones que estn desmentidas por los hechos ms notorios. Los autores de ese error, que son los colonos, han pretendido tambin que se les d entero crdito, porque ellos son los que han tratado los negros y los que pueden conocerlos, y no los escritores de Europa que, sin haberlos visto, se han declarado sus apologistas. Pero la experiencia ha probado que esos escritores no se engaaron, y que es tan injusto como absurdo sostener que slo encadenados pueden trabajar los negros. Crean los colonos conocerlos, y a quien ellos conocan era a sus esclavos; observaban con admiracin que las facultades fsicas y morales de los ltimos no se desenvolvan bajo el ltigo de sus contramayorales, y de aqu inferan que era invencible su estupidez; olvidndose de que la esclavitud, lejos de civilizar al hombre, sirve para embrutecerlo. Y para probar que los negros preferan la vagancia al trabajo, citaban sus frecuentes fugas,

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OBRAS 378\ 378\ 378\ 378\ 378\ en que abandonaban sus goces que tenan en las haciendas para vivir en los bosques sin el menor auxilio. Pero si se busca el motivo de esos actos de desesperacin llevados hasta el extremo de despreciar la vida, se ver que no haba otro que el profundo horror que les inspiraba un trabajo que slo les produca miserias y malos tratamientos. Y es se, por ventura, el caso del negro libre? Tambin se alega la repugnancia que los libertos tienen a las faenas campestres, y la preferencia que dan a las profesiones industriales de las ciudades. Hablamos antes del desprecio con que por lo general se miraba en las islas el trabajo de la agricultura, slo porque los esclavos estaban encargados de l, y eso ya indica el origen de semejante aversin. Y si las ocupaciones de las ciudades les eran provechosas, si en ellas lograban a un mismo tiempo ganar ms y trabajar menos, lo que de aqu puede sacarse es una prueba de discernimiento y buen juicio. Tampoco tiene fuerza el otro argumento que se nos hace, fundado en la negligencia con que los esclavos cultivan la tierra que se les seala para aumentar su peculio. Fcil es reconocer la verdadera causa de semejante negligencia, si se recuerda que, por lo regular, no tenan los esclavos ms tiempo para ese cultivo que el que robaban al sealado para sus comidas despus de haber sufrido el desmesurado trabajo que no pueden negar los mismos que ahora nos hablan de su pereza. Vindonos ocupados hasta de estas pequeeces, no se podr negar que queremos contestar todos los argumentos de los apologistas de la esclavitud. Discurre mal y contra toda evidencia el que sostiene que los negros no trabajarn, siendo libres, en el cultivo de la tierra, porque algunas veces haya sucedido as, o porque cuando son esclavos se necesita del castigo para hacerles trabajar; pues estamos viendo en muchas partes de Amrica un gran nmero de libertos trabajar hasta en ese cultivo y se alquilan con facilidad en el tiempo de las cosechas en los Estados Unidos y en Brasil donde hay muchsimos ms. Lo mismo sucede en las Repblicas hispanoamericanas, y quizs con ms frecuencia, porque el trabajo del campo nunca lleg a ser all una ocupacin exclusiva de los negros. Hasta en las Antillas en que todo parece calculado para alejarlos de las faenas rurales, es muy comn ver a los libertos ganando salario en las haciendas vecinas a las villas, cuyo hecho est consignado en muchos informes dados al Gobierno ingls. El Barn de Humboldt, despus de haber visitado diferentes fincas rurales de Nueva Espaa, dirigidas ya por negros libres, ya por mulatos o por zambos asegura que los hechos justificados por l mismo y en todo conformes con la antigua opinin de los colonos ilustrados, prueban que Amrica puede producir azcar y ail por medio de manos libres, y que los desdichados esclavos tienen capacidad para ser all labriegos y arrendatarios de tierras, como en Europa los blancos.67 A lo cual agregaremos, por

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /379 /379 /379 /379 /379 lo que toca a Mxico, otras noticias que hemos sacado de una carta de 1820, escrita por el seor Ward que resida en aquella ciudad como Enviado del Gobierno ingls en la que dice que, queriendo contribuir por todos los medios que estuviesen a su alcance a ilustrar la gran cuestin colonial que se agitaba entonces, visit el valle de Cuernavaca y Cuantla Amilpas en donde se cosecha una gran parte del azcar y caf que produce Nueva Espaa, y vio que all no haba esclavos. Todas las labores se ejecutaban antes por negros comprados en Veracruz a trescientos o cuatrocientos pesos fuertes cada uno. Pero notndose que perecan muchsimos por el cansancio del camino y la variacin del clima se tom por algunos hacendados ricos el partido de fomentar esta parte de la poblacin, dando libertad anualmente a un cierto nmero de los esclavos existentes, conservndolos como jornaleros, y casndolos con naturales del pas. Tuvo muy buen resultado este plan econmico, y los que lo adoptaron sintieron todas sus ventajas cuando estall la guerra de independencia en 1810; pues sus libertos continuaron trabajando en sus fincas, y de las otras se huyeron todos los esclavos. Aade el seor Ward, que all ni se usa ni se piensa en usar de medios coercitivos para excitar al trabajo a los jornaleros, sin embargo de que son negros o mulatos.68Negros y libres son los agricultores de Sierra Leona, y aunque hay razn para extraar lo poco que ha adelantado esa colonia, no es tan victorioso, como se presume, el argumento que con este motivo forman los defensores de la esclavitud; porque adems de no ser lo mismo concebir un pensamiento noble y digno de todo aprecio, que poseer los talentos necesarios para llevarlos a efecto, debe tenerse presente que esa colonia ha sufrido tres guerras en los cincuenta aos que han corrido desde su fundacin, y no era posible, por ltimo, esperar grandes resultados de los esfuerzos filantrpicos que algunos particulares hicieron para civilizar frica, siguiendo Europa entera en aquel infame trfico. Citemos otra vez a Hait. Esa Repblica cuenta actualmente en el trabajo cerca de novecientos mil negros libertos o ingenuos, y la exportacin de sus productos lleg en 1824 a setecientas veinticinco mil libras de azcar, novecientas noventa y dos mil novecientas cincuenta libras de algodn y treinta y siete millones setecientas mil libras de caf, sin hacer mrito de las maderas finas, del cacao, ron, etc. Es verdad que esa exportacin que puede avaluarse en sesenta y cinco millones de francos, no llega a la mitad de la que hizo en 1789 la sola parte francesa de aquella isla, y tambin convenimos en que puede haber exageracin en esas noticias. Pero, aunque de ellas se rebaje un tercio o una mitad, queda todava una cantidad de productos coloniales de bastante consideracin, y parece que es todo lo que poda esperarse de una isla que ha sido teatro de tan largas guerras y que despus de sufrir tan grandes emigraciones, ha perdido inmensos capitales en el incendio de los edificios y mquinas de sus haciendas. Lo cierto

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OBRAS 380\ 380\ 380\ 380\ 380\ es que su poblacin va en aumento y esto prueba que su cultivo lo tiene.(46) No es posible resistir a la autoridad y fuerza de un ejemplo que tan evidentemente demuestra que los negros, sin ser esclavos, pueden trabajar con provecho en el cultivo de los frutos tropicales, y que no es un sueo de la filantropa europea el creer que esa raza puede ser transformada en una poblacin activa y laboriosa; infirindose tambin, de lo que anteriormente expusimos, que los blancos, europeos o criollos, son capaces de hacer all lo mismo que los africanos. En la tercera parte de esta Memoria examinaremos lo que ser ese trabajo libre en sus relaciones con la propiedad tal cual existe ahora, y propondremos los medios que en nuestro concepto pueden conciliar el verdadero inters de los amos con la libertad de los esclavos. Resumamos. Si se ha podido sostener la extraa paradoja de que el hombre no ha nacido con la necesidad de vivir en sociedad, al menos no se ha negado que la tendencia de sta es a procurar sus mejoras y su perpetuidad. Y como la esclavitud, segn hemos hecho ver, se dirige a lo contrario, esto es, a la disolucin de la misma sociedad, es claro que ese sistema de violencia e injusticia es inmoral y vergonzoso; que tiene antipata con los principios que sirven de base y vnculo a la comunidad, pues sostenindose sta por el trabajo de sus miembros, el tal sistema est organizado de manera que todas las fatigas sean para los unos y todo el fruto para los otros, para lo cual es preciso sostener a la clase productiva en un estado constante de sufrimiento, de abnegacin y de miseria; que se halla comprometida la seguridad del pas, habiendo en el mismo suelo dos o tres especies de hombres naturalmente enemigas, y que por consecuencia viven en recproca y completa alarma; que no puede haber en semejante sistema un orden legal y uniforme; que deben ser ilusorios los favores y garantas que por l se concedan a los esclavos, siendo al contrario causa de la destruccin fsica de stos, de su degradacin y de su embrutecimiento, privndoles, por consecuencia, de que puedan llegar a conocer y gozar las ventajas de la que es tambin un principio de depravacin para los blancos y un motivo de enormes gastos para la metrpoli; que se opone al gran aumento que pueden tener la agricultura y poblacin de las colonias; que priva al Estado del que por natural consecuencia debieran tenerse sus rentas; y que perjudica, en fin, considerablemente a la industria y al comercio de la Madre Patria, disminuyendo o haciendo casi nulo el gran consumo que all pudieran hallar sus frutos y manufacturas. Es, pues, en todos sentidos contrario a los intereses comunes la esclavitud colonial. Y siendo, por su naturaleza, un principio necesario y constante de desorganizacin, debe proclamarse como eminentemente antisocial ; y piden su abolicin todos los intereses humanos, que por su causa padecen o se hallan en tan gran peligro.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /381 /381 /381 /381 /381TERCERA PARTEQu medios deben tomarse para que se verifique la abolicin gradual de la esclavitud colonial? No hay que disimularlo; aunque estn bien manifiestos todos los vicios y males de esa esclavitud, y demostrada igualmente la precisin en que estamos de abolirla para siempre, queda por vencer todava, para poder lograrlo, una dificultad inmensa. Esa esclavitud constituye una propiedad o un capital de la mayor entidad. Y por cualquier lado que se mire o se quiera examinar este interesante negocio, siempre se tropezar o se vendr a parar en la superior, o casi exclusiva consideracin que merece en el estado actual de la sociedad semejante propiedad. Hablando por principios y por razones de justicia, puede muy bien ponerse en duda su naturaleza, y aun persuadirse que el contrato en que se funda es ilcito y vicioso hasta en su misma materia. Pero, dejar por eso de estar al abrigo de la fe pblica un contrato de compra y venta que se perfeccion con la entrega del precio y de la cosa; que se hizo de buena fe y que se solemniz con la rigurosa observancia de todas las formalidades legales? Habr quien sostenga que una convencin no slo tolerada, sino protegida (47) por la ley, pueda anularse por ella? Mas no se crea que la sociedad pierde por ese motivo el sagrado derecho de cuidar de su conservacin. De que ella deba proteger una propiedad adquirida con su consentimiento, se infiere acaso que no deba protegerse a s misma? Se infiere que no pueda usar de su autoridad suprema para modificar, o para conciliar el ejercicio del dominio particular con la conservacin del orden y pblica seguridad? Y en el caso de que sta exija el completo sacrificio de cualquiera propiedad, no podr estrechar al dueo particular a que en beneficio comn renuncie todos sus derechos, previa la indemnizacin competente? Pues tal es el caso en que se presenta la esclavitud colonial, y no es posible dudar que deben aplicarse a l los incontestables principios que acabamos de indicar, y que frecuentemente se adoptan y ponen en prctica con motivos menos graves. Quede, pues, sentado, que as como no es lcito despojar a los colonos de una propiedad —estmese como mueble o inmueble— que constituye gran parte de su capital, es tambin indisputable que la sociedad puede y debe no slo obligarlos a que hagan buen uso de ella, sino a que la renuncien si as lo exige el inters general, y se les proporciona la indemnizacin debida; y digan lo que quieran los defensores de la esclavitud, especialmente en Inglaterra, nunca llegarn a probar que en semejante acto de la autoridad social haya violacin alguna del derecho de propiedad. Habiendo reconocido que los colonos no deben perder el dominio adquirido sobre sus esclavos, sin una indemnizacin competente, tcitamente

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OBRAS 382\ 382\ 382\ 382\ 382\ hemos dicho que ha de ser gradual y no repentina la abolicin de esta esclavitud; pues salta a los ojos la imposibilidad de reunir, ni aun por el emprstito ms considerable, la cantidad que se necesita para pagar el precio del inmenso nmero de esclavos que existen en las colonias. Y sera adems una gran indiscrecin prescindir de los grados por donde debe pasarse de la esclavitud a la libertad. No hay duda en que la especie humana est formada para vivir en sociedad; pero tampoco la hay en que, cuando algunos hombres han sido educados y mantenidos en la suma estolidez, o llmase brutalidad, es menester concederles con cuidado y detencin los goces de la sociabilidad, para que no se convierta en mal el bien que se quiera hacerles. Los esclavos de todos los pases deben aprender a ser libres antes de dejar de serlo, y la sociedad que proceda de diferente manera, y quiera precipitar esa peligrosa operacin, sufrir sin falta las ms horribles catstrofes.(48) Esto supuesto, pasemos a ver las bases en que descansa nuestro proyecto de abolicin. Est reducido a un conjunto de medidas progresivas, que al paso que produzcan con la prontitud posible la deseada libertad, se combinen igualmente con el inters de los amos. Todas pueden comprenderse y dividirse en los cuatro puntos cardinales siguientes: primero acabar de hecho con el trfico de negros; segundo borrar o destruir la preocupacin de los colores o de las castas; tercero mudar el actual sistema de esclavitud; y cuarto establecer, en fin, el ms adecuado, para la extincin gradual de aqulla. Punto primero Acabar de hecho con el trfico de negros Es cosa tristsima tener que hablar todava de la extincin de este trfico. El mundo civilizado est convencido de sus horrores; todos conocen que es causa de despoblacin y barbarie para Europa y para frica, y el origen de acciones tan inhumanas y tan inicuas, que el alma se estremece slo en considerarlas. Se sabe tambin que es tan mortfero para las tripulaciones de las naves que lo hacen, como para los miserables pueblos que lo alimentan.69 Consta igualmente que no pudiendo los gobiernos cerrar los odos al grito de indignacin que reson desde el uno al otro polo contra ese abominable trfico, todos lo proscribieron. Y, sin embargo, ¡ existe Gracias a la secreta connivencia o culpable negligencia con que est favorecido el vil inters que lo anima. Volvemos a repetirlo con el dolor ms profundo: se est haciendo todava ese detestable comercio. (49) Y hay motivo para creer que nuestra misma patria, a pesar de los rpidos progresos que en ella han hecho todas las ideas generosas, tiene gran parte en la perseverancia con que se va perpetuando ese

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /383 /383 /383 /383 /383 delito poltico. Nantes ha adquirido por ese respecto una celebridad deplorable, y es pblico que, adems de entrar los cargamentos de negros en nuestras colonias casi sin disimulo, Martinica es una especie de depsito adonde van a proveerse las vecinas que tienen cerradas las puertas para los buques negreros.70Se dijo, y se demostr hace tiempo, que el buen trato de los esclavos no se poda conseguir hasta que los colonos perdieran la esperanza de reemplazar los muertos con los que viniesen de frica, y sobre esto hay otras consideraciones dignas de toda atencin. Por de contado, es bien claro que la introduccin de negros bozales en las haciendas en que hay criollos, contribuye eficazmente a retardar los progresos de la civilizacin, o a mantenerlos a todos en el mismo estado de brutalidad. Entre los recin llegados hay muchos decididos por la ociosidad, por la vida salvaje, por la credulidad ms estpida, por la idolatra, por la magia, etc.; y estos hbitos e ideas se comunican fcilmente a los compaeros que se encuentran gimiendo bajo el mismo yugo; observndose que hasta el lenguaje de aqullos se hace comn, y se convierte en un vnculo que estrecha las relaciones de unos hombres que ya tienen el de un mismo origen, de lo que resulta que nadie adelanta en la carrera de la civilizacin, y los amos se valen de este pretexto para mantener en vigor el cruel sistema que con ellos observan.(50) Tambin se nota que las haciendas en que se repiten con ms frecuencia los actos de insubordinacin y aun de rebelin, son aqullas en que los muertos se reemplazan con bozales. stos son siempre los primeros a sublevarse, y los que dan los malos ejemplos de mutilar animales, envenenar a otros, quitarse ellos mismos la vida, hacindolo muchos a un tiempo, y cometen otros atentados horribles, que slo pueden nacer del furor sombro que han debido producirles los tormentos que sufrieron durante la navegacin. Y esto, por supuesto, sirve tambin para esforzar la necesidad de mantener en todo su rigor el actual sistema, sin embargo de lo que hemos dicho, para convencer que, lejos de ser a propsito para reprimir esos excesos, sirve para excitarlos. Es, pues, de toda evidencia que el primer paso que para la extincin de la esclavitud debe darse, es el de acabar real y efectivamente con la introduccin de nuevos negros en las colonias. Perdiendo la esperanza de tener ese recurso para reemplazar los muertos, cesar la negligencia con que ahora se trata a los vivos y en su lugar pondrn los amos el mayor cuidado en la conservacin y multiplicacin de los esclavos que poseen, como que de esto depende la existencia de sus haciendas. Se moderar el trabajo, se mejorar el alimento, y lejos de considerar como clases improductivas la de preadas y nios, sern en extremo atendidas. Se destruirn por esos medios los motivos de desesperacin que ahora tienen los esclavos, desaparecern tambin sus lamentables efectos, o sea, los atentados que ac-

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OBRAS 384\ 384\ 384\ 384\ 384\ tualmente cometen, y faltarn, por fin, los pretextos que se alegan para sostener el cruel sistema que gobierna. Su abolicin tendr una poderosa influencia en la moralidad del esclavo, conducindolo por grados a la clase de agricultor libre, a la cual jams llegar en los parajes en que contine la introduccin de bozales, pues vemos por la experiencia que, slo en los pases en que ha cesado, es donde se han hecho algunos progresos en la civilizacin de los negros. Ya dijimos que, aunque est prohibido ese trfico por todos los gobiernos europeos, solo en los Estados Unidos y en las colonias inglesas se ha conseguido el intento, porque se tomaron las medidas convenientes para prevenir el fraude o asegurar el castigo. El Congreso americano, al prohibir ese comercio en 1818, coloc a los infractores en la clase de piratas, y les impuso la pena capital. Los ingleses no hicieron tanto; pero igualaron ese delito al de felona, y para su castigo establecieron una pena infamatoria acompaada de la deportacin a Botany Bay, o la de siete hasta catorce aos de cadena para el Capitn del buque, confiscando la nave con su cargamento y dando la libertad a los negros. No se content con esto el Gobierno ingls. Conociendo toda la dificultad que haba para destruir de repente ese contrabando, dict providencias que impidieran en sus colonias la introduccin fraudulenta de lo que pudiese escapar a la vigilancia de los cruceros que estableci al intento, y ese fue el objeto de las actas llamadas de registro o encabezamiento a que dio lugar el bill propuesto por M. J. Stephen en 1815. En su consecuencia, y a fines de 1816,71 se hizo en Jamaica una Ordenanza que sirvi de modelo a las dems islas britnicas, y por ella se dispuso que todo dueo de esclavos entregue al Jefe o Comisario de su parroquia un estado exacto de su negrada, expresando el nmero, y dando la filiacin de cada uno de los individuos que la componen, cuyos estados, presentados por primera vez en 1817, deben siempre autorizarse con el juramento que, ante los Magistrados, ha de prestar el dueo de ser cierto cuanto expone; repitindose, cada tres aos, la misma diligencia, con el agregado de que en columnas separadas se manifieste el aumento o disminucin que en aquella poca ha tenido la negrada, y se den con claridad las causas de lo uno y de lo otro, sin que se excepten de esta regla los esclavos que corresponden al Rey; pues est mandado que el Secretario de Gobierno presente la referida noticia, bajo la pena de cien libras en caso de contravencin. Tambin cuida la Ordenanza de prevenir la infidelidad de los encargados de recibir y calificar esos documentos, imponindoles la multa de cincuenta libras por la menor falta que cometan en el cumplimiento de su deber. Y hay un artculo que dispone que todo el que dejare transcurrir el trmino sealado para la entrega de estas listas, o que con malicia las haya presentado inexactas, pagar cien libras por cada uno de los individuos que omita, “sin perjuicio de que, en caso necesario, se le persiga judicialmente,

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /385 /385 /385 /385 /385 por la violacin de las leyes que prohben la introduccin de esclavos en las colonias”. Tales son las disposiciones esenciales de la referida Ordenanza, y, aunque no ha faltado quien sostenga en Inglaterra que no han sido suficientes, nosotros creemos que han producido el efecto deseado, y que deben adoptarse en los dems pases. Todos convienen en la ineficacia de las leyes que con ese objeto promulg Francia en 15 de abril de 1818 y 25 del mismo mes de 1827. En la ltima, se seal la pena de destierro a los contraventores, y una multa igual al valor del buque; pero no del cargamento, por haberse dicho en la discusin que no era decente que se tratase a los hombres como a las mercancas Con esto se consigui que la tal multa no fuese bastante para contener la codicia de los especuladores, cuyos grandes beneficios pueden ms que sus temores. Espaa y Portugal han sido menos escrupulosas, extendiendo la pena pecuniaria al valor total del buque y cargamento, y uno y otro llega algunas veces a seiscientos mil o setecientos mil francos. Nuestras leyes, adems, nada disponen sobre la futura suerte de los negros apresados, por cuyo silencio quedan como antes, en clase de esclavos del Rey ; es decir, que el Estado saca ganancia de un trfico proscripto por l. No es posible que esto siga, y debemos esperar que tendr bien pronto la conveniente enmienda.72Punto segundo Borrar o destruir la preocupacin del color o de las castas La esclavitud europea tena cierto carcter general, que conviene presentar, por lo mucho que interesa a la mayor claridad de la discusin actual. Ya sabemos que fue obra de la victoria;(51) era esclavo el que era vencido, o el que sufra una de las desgracias a que estn expuestas todas las cosas humanas. Y esto ya nos da a entender que el sello de la degradacin no poda ser inherente a una esclavitud fundada sobre semejante ttulo; porque slo naca de una desventura que poda recaer, y muy a menudo recaa, en persona de mrito superior. Los griegos, siervos de Roma, tenan casi siempre ms talento y ms instruccin que sus amos,(52) y por lo que respecta a nuestros barones feudales, tan satisfechos de su ignorancia, es bien sabido que estaban entregados a sus siervos, secretarios y otros, en todo lo que no tocaba al noble ejercicio de las armas. A este origen poltico de la servidumbre europea debe atribuirse, sin duda, el no verla acompaada —al menos en general— de la cruel infamia que es insuperable de la otra .(53) Y por tanto, nosotros, perteneciendo, como casi todos pertenecemos, a esa clase conocida por el nombre de comunes que con el auxilio de la Corona conquist su independencia, recor-

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OBRAS 386\ 386\ 386\ 386\ 386\ damos, con ms orgullo que humillacin, que nuestros ascendientes fueron esclavos de monjes y de seores; y se es tambin el motivo de la extravagante situacin que tienen, en diferentes ciudades moscovitas, algunos comerciantes que, sin embargo de pagar capitacin como esclavos o descendientes de ellos, no por esto experimentan la menor degradacin, ni dejan de gozar de todos los dems privilegios de la ciudadana. Es muy diferente el caso de la esclavitud colonial; su origen no es poltico, sino comercial No es de hombres vencidos, sino de hombres comprados; lo que se trata no es de una condicin que pueda llamarse accidental o efecto de la casualidad, sino de una condicin necesaria, dependiente de la misma naturaleza de los entes que a ella se ven condenados. Y en tales circunstancias, la infamia debe ser inherente a semejante esclavitud; pues la raza que la sufre se presenta a los ojos del hombre libre como una mercanca vil y despreciable. Las causas que se han indicado bastaban para producir esos tristes resultados; pero, qu suceder si a ellos se agrega la de una organizacin diferente, si el color de la piel del esclavo, por ejemplo —ese carcter que tanto distingue a los hombres—, es tan desemejante que sirve de marca para conocer, para no equivocar a la raza desgraciada? Es visto que en ese estrecho no queda recurso alguno al infeliz esclavo para sustraerse de la degradacin que lleva por decirlo as grabada en su mismo rostro. Lo peor es que, comunicando con su sangre esa misma diferencia a todos sus descendientes, les trasmite el mismo oprobio, o la prueba indestructible de su desgraciado origen, contra la cual no aprovecha la mudanza de condicin, pues por ser libre no muda de piel, y esto basta para que le persiga un desprecio que, aunque naci en la esclavitud, pas despus al accidente del color. Tal es en efecto esa preocupacin fatal, ese manantial fecundo de iniquidades y desgracias. Para acabar de formar el juicio que merece, conviene repetir que es ms sauda con el negro que con el esclavo. En las Antillas, dice Stephen, no es tan injurioso el ttulo de esclavo como el de negro. Se pone menos empeo en probar que se desciende de un hombre libre, que en acreditar que no hay una gota de sangre negra en las venas del promovente.73 En las colonias espaolas en que, segn dice Humboldt, tiene menos fuerza la preocupacin consabida, se observa sin embargo que se da mucha importancia a esa blancura que goza la piel de la raza cltica, siendo muy comn el que cualquier hombre del pueblo, en sus rias o disputas, diga a su adversario: “Es V. acaso ms blanco que yo?”74Por esa preocupacin se han mantenido y mantienen en la situacin ms extraordinaria e inconcebible los hombres libres de ambas razas que existen en las colonias. Y sobre esto, conviene que nos detengamos un poco, porque este particular tiene ms conexin con el estado de los negros que la que a primera vista aparece.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /387 /387 /387 /387 /387 Las primitivas leyes negreras de Francia no hacan diferencia entre los hombres libres, tuviesen el color que tuviesen; se dice expresamente en ellas que la manumisin de los esclavos en las islas era equivalente al nacimiento en ellas, y por tanto se habilita a los libertos para que, sin carta de naturalizacin, gocen de todas las ventajas de los vasallos franceses; se les declara exentos de todo servicio a sus antiguos dueos, y slo se les recomienda que a stos, a sus viudas y a sus hijos, les guarden el mayor respeto, concedindoles los mismos derechos, privilegios e inmunidades que gozan las personas que nacieron libres. Leyes tan terminantes prueban que la preocupacin no exista en aquella poca,(54) pues no hay una sola palabra de los artculos citados de donde pueda inferirse la ms ligera distincin o superioridad de raza. Y no puede formarse argumento de la recomendacin de guardar el mayor respeto a la familia de los amos, porque esa clusula es general en las leyes de todos los pases y de todos los tiempos, tratndose de manumisin, y si hay algo que notar es que la ley francesa limita este respeto a los hijos del seor. Otra prueba de lo mismo es la facilidad y frecuencia con que los blancos se casaban entonces con las negras y mulatas. Las mismas leyes estimulaban esos enlaces; pues vemos que el cdigo negro citado declara que, por el hecho del matrimonio, quedasen libres la mujer y los hijos habidos anteriormente; con cuyo motivo fue considerable el nmero de estos enlaces hasta fines del siglo XVII; pero desde esa poca se ha trabajado, por el contrario, en hacerlos olvidar; y a medida que adquira fuerza la preocupacin, se fueron disminuyendo los expresados matrimonios, tomando su lugar el ms escandaloso libertinaje, para aumentar con l la degradacin de la gente de color que, por lo regular, desciende de ese comercio ilegtimo. Luego que se arraig esa preocupacin, naci a su influjo otra legislacin distinta, y por ella se estableci, como lo vamos a ver, el sistema ms odioso que se poda aplicar a hombres libres. Una ordenanza local de 1704 dispone que perdern la nobleza todos los que se casen con mujeres de color. Otro estatuto posterior previene que el blanco que se casare con negra o mulata no podr ser oficial ni obtener empleo alguno de la colonia.75Un reglamento hecho en Martinica en 1720, prohbe a los negros y mulatos libres usar de vestidos de lujo, pena de confiscrselos, de poner a los infractores en prisin y quitarles la libertad en caso de reincidencia.76Una sentencia del Consejo del Guarico, pronunciada en 1758, les prohbe llevar espadas o machetes, si no estn empleados en el servicio de la polica de los campos. Otras varias providencias, publicadas en 1764, los declara incapaces de todas las funciones pblicas, diciendo expresamente que no puedan ser

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OBRAS 388\ 388\ 388\ 388\ 388\ mdicos, cirujanos, notarios, escribanos, ujieres, comerciantes en grande, etctera. Otro edicto de 1765 prohbe a los abogados y notarios admitir, como pasantes o auxiliares, a los hombres de color, dando por razn que semejantes ocupaciones slo pueden confiarse a personas de reconocida probidad la cual no puede encontrarse en personas de tan vil nacimiento Un juez del Guarico, con motivo de una gran escasez de vveres que hubo en 1763, prohibi a los panaderos, con la pena de cien libras, que vendiesen pan a gente de color antes que estuviesen provistos todos los blancos. Un Gobernador de Martinica dispuso en 1765 que los libres de color no pudiesen reunirse para bailes o festines, so pena de trescientas libras por la primera falta, y prdida de libertad y otras mayores en caso de reincidencia. Una sentencia del Consejo Superior, pronunciada en 1780, condena a varias personas de color libres a destierro, despus de exponerlas en la picota o argolla, por haber sido insolentes con los blancos. Otro decreto del mismo Tribunal del ao siguiente, prohbe a los oficiales pblicos dar el ttulo de seor o de seora a las gentes de color.77Y por fin, una sentencia pronunciada en 1783 se contenta con multar a un matrimonio blanco que se excedi en los golpes que haba dado a una mulata libre.78En esa poca, poco ms o menos, fueron judicialmente despojados de sus bienes muchos libertos, porque era imposible creer que hubiesen ganado tanto en el tiempo que mediaba desde su manumisin, y se deba presumir que los haban robado a sus amos. El Gobierno Consular en 1802, repuso en todo su vigor las leyes que prohiban la entrada en Francia de la gente de color; y en 1807, se circul una orden del Ministerio de Marina, dirigida a los Capitanes Generales de las colonias, recomendndoles la rigurosa observancia de esa prohibicin, para impedir segn se dice, la impoltica y escandalosa mezcla de la sangre africana con la francesa.79Y no contentos con haber puesto tan estrechos lmites al uso de esa libertad, se han buscado y aprovechado todos los pretextos y ocasiones posibles para despojar de ella a los que la haban obtenido. Una ordenanza colonial de 1820 obliga a los libertos a presentar sus cartas de libertad; y como eran infinitos los que las haban perdido, o se haban descuidado en sacarlas, sufrieron la desgracia de volver a ser esclavos. Hay una sentencia pronunciada en 1770, que impuso esa pena a un mulato del Guarico y a sus hijos, sin embargo de contar cuarenta aos de libertad. Despus se tom el partido de ofrecer como una gracia que se mantendran en la libertad los que no tenan otro ttulo que el de la posesin, siempre que hiciesen en servicio pecuniario de cuatro mil libras. Y en 1802, se vendieron, como mostrencos, muchos que haca trece aos que gozaban de la libertad, porque no pudieron presentar ttulos, ni pagar las cuatro mil libras. En 1803 y

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /389 /389 /389 /389 /389 en l809, se declar que el obtener la libertad en una colonia no bastaba para gozarla en otra, si all no se confirmaba; de suerte que el liberto de Martinica estaba expuesto a no ser reconocido como tal en Guadalupe. ste es el rgimen con que todava se oprime a la gente de color de nuestras colonias. Est comprobado por muchos hechos.80 Y sobre todo, por el clebre y reciente, acaecido en Martinica, que tanto honra la decidida firmeza del abogado francs Isambert, por el cual se ha presentado a Europa el escndalo de una sentencia que condenaba a marca y galeras a muchos ciudadanos en todos sentidos estimables, por el supuesto delito de haber reclamado con moderacin en el reinado de Luis XVIII los derechos de ciudadana que se les haban concedido en el de Luis XIV. Y qu es lo que despus de todo esto dicen los apologistas de semejante sistema colonial? Una sola cosa, que el inters y seguridad de las colonias exigen imperiosamente que se proceda de esa suerte;81 que es necesario para el buen orden (55) que no se debilite en los descendientes de la especie negra ese estado de humillacin en cualquier grado que se encuentra;82 y que pretender lo contrario vale lo mismo que promover la sublevacin y ruina de las colonias.83 ste ha sido por lo regular el lenguaje que han usado los expresados apologistas, pidiendo siempre la continuacin de esos abusos, en nombre del reposo pblico y de la seguridad general. Mas para demostrar toda lo absurdo de semejante sistema, no se necesita ms que el auxilio del buen juicio. Dicen que es menester que haya una clase intermedia entre los blancos y negros.(56) Dnde est el fundamento de esa necesidad? Cmo se demuestra la utilidad de esa aristocracia de color? Qu bien puede producir la humillacin y vasallaje en que se quiere mantener a la clase intermedia? Cmo se puede esperar que hallndose en semejante estado, quiera contribuir a la conservacin de la seguridad gener