Obras

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Material Information

Title:
Obras
Series Title:
Colección Biblioteca de clásicos cubanos ;
Uniform Title:
Works
Physical Description:
2 v. : ill., port. ; 23 cm.
Language:
Spanish
Creator:
Arango y Parreño, Francisco, 1765-1837
García Rodríguez, Gloria
Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz
Publisher:
Imagen Contemporanea
Ciencias Sociales
Place of Publication:
La Habana, Cuba
Publication Date:
Copyright Date:
2005

Subjects

Subjects / Keywords:
Slavery -- Cuba   ( lcsh )
Politics and government -- Cuba   ( lcsh )
Commerce -- Cuba   ( lcsh )
Economic conditions -- Cuba   ( lcsh )
Genre:
bibliography   ( marcgt )
non-fiction   ( marcgt )

Notes

Bibliography:
Includes bibliographical references and index.
General Note:
"Ensayo introductorio compilación y notas, Gloria García Rodríguez"--T.p. (v. 1).
General Note:
"Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz, Universidad de la Habana"--P. facing t.p. (v. 1).
Statement of Responsibility:
Francisco de Arango y Parreño.

Record Information

Source Institution:
Biblioteca Nacional José Martí
Holding Location:
Biblioteca Nacional José Martí
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
oclc - 176866908
isbn - 9597078422 (set)
ocn176866908
Classification:
lcc - F1751 .A66 2006
System ID:
AA00008955:00001


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Full Text

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(VolumenI)OBRAS BIBLIOTECADECLASICOSCUBANOS

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BIBLIOTECA DE CLSICOS CUBANOS CASA DE ALTOS ESTUDIOS DON FERNANDO ORTIZUNIVERSIDAD DE LA HABANARECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE LA HABANAJuan Vela Valds DIRECTOREduardo Torres-Cuevas SUBDIRECTORLuis M. de las Traviesas Moreno EDITORA PRINCIPALGladys Alonso Gonzlez DIRECTORA ARTSTICADeguis Fernndez Tejeda ADMINISTRADORA EDITORIALEsther Lobaina Oliva

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Responsable de la edicin: Ernesto Chvez lvarez Realizacin y emplane: Beatriz Prez RodrguezTodos los derechos reservados. Sobre la presente edicin: Ediciones IMAGEN CONTEMPORNEA, 2005; Coleccin Biblioteca de Clsicos Cubanos, No. 22 ISBN 959-7078-42-2 obra completa ISBN 959-7078-43-0 volumen I ISBN 959-06-0775-6 Ciencias Sociales Ediciones IMAGEN CONTEMPORNEA Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz, L y 27, CP 10400, Vedado, Ciudad de La Habana, CubaDiseo grfico: Deguis Fernndez Tejeda Composicin de textos: Equipo de Ediciones IC

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ENSA ENSA ENSA ENSA ENSA YO INTRODUCTORIO YO INTRODUCTORIO YO INTRODUCTORIO YO INTRODUCTORIO YO INTRODUCTORIO TRADICI"N Y MODERNIDAD EN ARANGO Y PARREOGLORIA GARCALas ideas, y la nunca desmentida energa de Francisco de Arango y Parreo para ponerlas en planta, estn asociadas a uno de los perodos clave de la historia insular. La trayectoria vital del poltico —nace en 1765 y muere en el crucial ao 1837— acompaa el convulso trnsito de una sociedad colonial que convierte a la plantacin esclavista en su fuente dinmica de desarrollo, y concluye con el inicio del declive funcional de sta en la dcada del cuarenta. No es por s mismo, como quieren atribuirle algunos bigrafos, el artfice del primer gran ciclo de la prosperidad criolla; pero sin su talento, su habilidad para la negociacin y su indiscutible coraje, el camino que llev a Cuba hasta la cumbre del mercado azucarero internacional hubiera sido ms tortuoso y lento. Si sus xitos fueron favorecidos por un conjunto de circunstancias propicias, tanto de carcter mundial como especficas del momento histrico que atravesaba la Metrpoli, no es menos cierto que su inteligencia supo aprovechar todas las coyunturas posibles y tambin una favorable correlacin de fuerzas existente en el seno de la Isla y en Espaa para alcanzar, parcialmente cuando menos, una parte muy sustancial de sus objetivos principales. Nunca se plante fines que, dado su consecuente pragmatismo, estimaba irrealizables. Dosificar las acciones dentro de la estrategia elegida es condicin esencial para un poltico de estatura, y Arango, justo es reconocerlo, manej con acierto esta cualidad suya hasta que las condiciones socioeconmicas y polticas despus de 1820 variaron de sentido, alejndolo de la intensa confrontacin que se suscitaba ya, abiertamente, entre los intereses de la Isla y los metropolitanos. Su retiro a la vida privada, menos voluntario de lo que quiso siempre aparentar, fue incompleto. La Corona lo mantuvo entre las filas de su patriciado, designndolo en cargos de alta jerarqua y recabando de dictmenes suyos sobre las ms variadas materias casi hasta la fecha de su muerte. No cabe duda de que la administracin metropolitana apreciaba la dedi-

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OBRAS 2\ 2\ 2\ 2\ 2\ cacin con que puso el talento y los conocimientos de la realidad insular al servicio de lo que llamaba la prosperidad y la felicidad —nociones para l idnticas— de su terruo y de la que consideraba su nacin, Espaa. Mucho se ha dicho acerca de los rasgos modernos de su pensamiento. Lector de los ms avanzados textos de economa poltica de su tiempo, entre ellos la magna obra de Adam Smith, se nutri a no dudar de las ideas econmicas, sociales y polticas de ese momento histrico singular en que el capitalismo emerge con fuerza incontenible en el escenario mundial. Pero Arango no fue nunca un creador de sistema, ni siquiera un doctrinario a ultranza. Compelido por inters de clase y por amor a su tierra al logro de la prosperidad para la Isla, apel a las nociones modernas al uso, integrndolas en un ideario que era, a la vez, resultado de una reconstruccin peculiar de la realidad colonial y gua normativa para transformarla. Muchos de los problemas vitales de la sociedad colonial que l ayud decisivamente a identificar y definir, conformaron el ncleo doctrinal bsico de las corrientes reformistas posteriores; y no pocas de sus frmulas para solucionarlos pasaron a formar parte del arsenal de las tcnicas polticas de las pujantes lites que se sucedieron dramticamente en el acontecer insular. De este modo sent ctedra en el pensamiento conservador de Cuba durante el siglo XIX. Si sta fuese su nica contribucin perdurable, ella sola bastara para colocarlo en el destacado lugar que hoy ocupa en la historia nacional. El reinado antillano del azcarNace Arango justo en la poca de la consolidacin de las grandes economas azucareras y esclavistas en las Antillas. Fue durante el transcurso del siglo XVIII, precisamente, que se fundaron los emporios coloniales de Saint Domingue, Jamaica y Cuba, regiones donde la plantacin adquiri la fisonoma especfica que la caracterizar como forma social. La importancia de estos tres pases en la produccin de uno de los productos tropicales de ms rpida expansin durante la centuria se refleja en el peso de su participacin para la satisfaccin de la creciente demanda europea. Baste decir para validar el aserto que, alrededor de 1760, esta triada colonial aportaba casi el 50 % del azcar producida en el mbito americano. En estos espacios econmicos, dominados a su vez por tres diferentes potencias europeas de desigual desarrollo socioeconmico, se desplegar el sistema de plantacin hasta alcanzar el mximo de sus potencialidades. Cierto es que, en los seiscientos, en las pequeas islas como Barbados ya tomaba cuerpo la hacienda esclavista cuyo origen data de principios de ese siglo. Pero la vitalidad del sistema slo alcanz su nivel superior de desarrollo en los territorios de esas Antillas, en las que una

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /3 /3 /3 /3 /3 mayor extensin superficial, un entramado social ms complejo y nexos estables con el mercado capitalista internacional, facilitaron el surgimiento de organismos sociales de naturaleza singular. Al mediar el siglo, la posicin relativa de estas tres colonias en la produccin azucarera del continente era desigual. Mientras Jamaica suministra el 19,4 % de la produccin total del mundo colonial americano, Saint Domingue la aventajaba con el 27,6 %; y Cuba, ms rezagada, contribua con un modesto 2,7 %1 de una produccin estimada entonces en 205 000 tm. Cifras que reflejan, de manera elocuente, el diverso ritmo del desarrollo entre ellas en la primera mitad de los setecientos, as como la ndole de los factores que incidan en tan disparejo nivel. Las circunstancias internacionales y la potenciacin del desarrollo capitalista ingls y francs crearon las condiciones ms favorables para la aceleracin de la explotacin de la zona colonial respectiva, pese a las guerras que jalonan este perodo y entorpecen temporalmente los vnculos con los mercados europeos; fenmeno que, coyunturalmente, provocaba alteraciones en los precios de los productos coloniales, alzas sbitas y bruscos descensos, as como en los abastos requeridos en las colonias, y por ende en los costos de produccin. La etapa que se extiende desde 1760 hasta 1791 se caracterizar por un impresionante incremento de los ritmos de expansin azucarera en las tres islas. La posicin relativa de cada una, que hemos apuntado antes, se mantiene hasta el final del perodo, pero la tasa de crecimiento que haba predominado durante la primera mitad del siglo se invierte. Saint Domingue aumenta su produccin en 1,4 veces en el curso de estos treinta aos, mientras Jamaica supera ligeramente a Guarico al crecer en 1,5 veces; en tanto Cuba experimenta una verdadera explosin productiva pues sus zafras pasan de algo ms de 5 000 tm a cerca de 17 000, esto es, triplica el monto de sus cosechas durante el mismo lapso de tiempo.2 En los lustros siguientes y antes de que comiencen a surtir efecto las concesiones ms importantes otorgadas por la Corona gracias a los esfuerzos de la plantocracia criolla y en especial de Arango; esto es, desde 1789, en adelante las tasas se mantienen altas y, lo que es ms ilustrativo an de la tendencia, propenden a incrementarse3 en las dcadas posteriores. Esta expansin econmica de la mayor parte de los llamados frutos tropicales, por excelencia el azcar, el algodn y el caf, se inscribe en el marco organizativo que proporciona la plantacin. sta es una forma so1Manuel Moreno Fraginals. El ingenio. Complejo econmico social cubano del azcar 3 t., La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1978, t. I, pp. 41-42.2Ibid.3Para las cifras de exportacin anual de Cuba consltese Manuel Moreno Fraginals, El ingenio, t. 3, p. 43.

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OBRAS 4\ 4\ 4\ 4\ 4\ cial tpica de la agricultura comercial que adquiere su fisonoma singular en las reas coloniales. El sistema recrea, sobre un nivel social ms elevado desde luego y en otras circunstancias histricas, unas prcticas econmicas muy antiguas. No asimila la experiencia mediterrnea de rancia prosapia artesanal —en la esfera de la elaboracin— y de su retaguardia agraria conformada, por lo comn, por una red de suministradores campesinos ms o menos amplia. Por el contrario, lo que surgir en las Antillas se asemeja ms al modelo del mundo rabe con sus campos de superficies relativamente grandes a los que se aplica una de mano de obra tambin cuantiosa. Braceros por dems que son, pura y simplemente esclavos,4provenientes de poblaciones sometidas bajo la frula musulmana. El modelo se reproduce en Amrica donde la escala de la produccin es un efecto inducido por las condiciones socioeconmicas internacionales imperantes, que aconsejan la adopcin de una solucin de este tipo para la consolidacin de una agricultura de orientacin mercantil. El sistema plantacionista que se erige en Saint Domingue y en Jamaica guarda estrecha semejanza entre s. Y ello no slo por la similitud de su configuracin geogrfica y sus reas territoriales de dimensiones relativamente modestas,5 sino por la trama econmica y social que impone su sello a partir de las unidades organizadas sobre una base esclavista e insertas en un sistema comercial especfico. El smbolo de los nuevos desarrollos agrcolas, que se afianza en ambas islas desde 1740 en adelante a partir de modestsimos niveles a principios de siglo, es sin dudas el ingenio, foco que domina la estructura agraria y constituye la fuente principal de los ingresos exteriores de estos pases. Las cifras de exportacin de las colonias confirman la acelerada expansin que tiene lugar por estas fechas. Jamaica aporta ms de la mitad del azcar producido en el conjunto de las colonias britnicas hacia 1763.6 Saint Domingue produce, adems del preciado azcar, caf, ail y algodn, materias todas de alta demanda en Europa, convirtindose en un verdadero pilar productivo para satisfacer los requerimientos de la sociedades industrial en ciernes. El ms importante elemento integrador del sistema de la plantacin es el ingenio, unidad mixta en las Antillas que combina la produccin agrcola de la caa con su transformacin manufacturera. Dadas las exigencias 4Para la experiencia acumulada en zonas de Asia vase L. Dudley Stamp (edit.): A History of Land Use in Arid Regions, UNESCO, Pars, 1965.5Jamaica tiene una superficie de alrededor de 11 000 km2 mientras el rea de Saint Domingue, en el siglo XVIII, se acercaba a los 27 000. Estas dimensiones, relativamente pequeas, contrastan con la extensin de Cuba ascendente a unos 115 000 km2.6Michael Craton y James Walvin: A Jamaican Plantation The History of Worthy Park 1670 1970, W. H. Allen, London, 1970, p. 52.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /5 /5 /5 /5 /5 productivas especficas de estos cultivos volcados hacia el mercado, las haciendas tienden a ser relativamente grandes; en Saint Domingue la extensin habitual de la sucrerie oscila entre las 150 y las 200 ha, aunque algunas pocas superan un rea mayor de 300. En tanto, el resto de las fincas especializadas en cultivos comerciales no suelen alcanzar, como promedio, tales dimensiones. La dotacin de trabajadores es tambin cuantiosa y la colonia francesa ocupa entre un mnimo de ciento veinte y un mximo de trescientos brazos por unidad, aunque una parte de ellos no se emplea nunca productivamente por diversas causas.7En Jamaica, tanto la dotacin de trabajadores como las reas comprendidas en la explotacin guardan una proporcin similar con la colonia francesa pero, a pesar de la menor rea territorial de la isla britnica, sus unidades usualmente superan el tamao medio de Saint Domingue. Segn testimonios de contemporneos, la plantacin azucarera habitual posee entre 240 y 365 ha de superficie.8 No obstante, la densidad de explotaciones en los espacios llanos es tal que, lo mismo que ocurre en el Guarico, se aplican desde muy temprano prcticas que tienden a preservar el funcionamiento continuo de la plantacin, pues en este caso la extensin decide menos que el mantenimiento de la fertilidad de los terrenos dada la imposibilidad de mover las fincas hacia las zonas montaosas.9 Por ello se acude, ya desde fines del siglo XVII, al empleo del abono animal en ambas colonias, prctica de muy tarda utilizacin en Cuba y en algunas regiones, incluso al riego. La naturaleza econmica de las plantaciones azucareras conforma un rgimen agrario que, basado en un alto grado de especializacin productiva, tiende a ocupar las tierras en una suerte de colonizacin especfica, esto es, con una ocupacin espacial marcada por la multiplicacin de unidades con estructuras de produccin idnticas. Salvo pequeos lotes dedicados a cultivos de subsistencia, atendidos por los esclavos de la plantacin o como parcelas concedidas a stos con el mismo fin, el sistema agrario dibuja un paisaje de extrema monotona, caracterstica para todas las economas insulares. La tendencia a incrementar el rea de las plantaciones, fusionando en una sola unidad las fincas colindantes, propende a la eliminacin de otros tipos de explotaciones menos atractivas desde el punto de vista comercial. Por consiguiente, el sistema tiende a depender de abastos exteriores para su funcionamiento apropiado. A igual fin contribuyen los pa7T. Lepkowski: Hait, Casa de las Amricas, La Habana, 1968-1969, t. I, p. 48.8Joseph Ragatz Lowell: The Fall of the Planter Class in the British Caribbean, 17631833 A Study in Social and Economic History, The Century Co., New York, 1928, p. 37.9Estas prcticas no impiden, por otra parte, la progresiva concentracin de las tierras en propiedades mayores, proceso inevitable cuando operan las leyes propias del mercado.

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OBRAS 6\ 6\ 6\ 6\ 6\ trones de consumo de las clases ricas y acomodadas que aspiran a reproducir las formas de vida de las respectivas Metrpolis. El mantenimiento del contingente necesario de trabajadores, alimentado casi de manera exclusiva por la importacin regular de esclavos, refuerza an ms esta vocacin de dependencia de las economas externas con las que se anuda un lazo desde ya indisoluble. Si en la explotacin agrcola la acomodacin del cultivo a las especificidades ecolgicas de las Antillas conforma un cuerpo de procedimientos empricos que se consolida a lo largo del siglo XVII y del siguiente, el nivel tcnico de la elaboracin del azcar no experimenta transformaciones dramticas de pareja importancia. El corazn del ingenio, el trapiche, no sufrir cambios sustanciales hasta los ltimos veinte aos del XVIII, cuando se ensaya accionarlo mediante la mquina de vapor y se refuerzan las mazas con planchas de hierro. Pero hasta entonces, la fuerza motriz contina siendo el buey o la mula aunque se emplean otras fuerzas naturales para moverlo, en proporcin variable, en el conjunto de las regiones antillanas. En tal sentido el equipamiento tcnico y los procedimientos de elaboracin son sensiblemente iguales. En Guadalupe, hacia 1767, de cuatrocientas quince instalaciones en funcionamiento, el 62,7 % utilizaba animales para poner en movimiento el molino, otro 34,7 % era accionado por agua y slo un 2,6 % por la fuerza elica.10 Martinica, dos aos ms tarde, mostraba un panorama similar pues la composicin de los ingenios reproduca el mismo esquema: un 59 % de ingenios estaba equipado con el primer tipo de fuerza, en tanto el 37,2 % y el 3,8 % respectivamente conformaban las clases restantes.11 Jamaica, en 1768, empleaba mulas o bueyes en el 56,9 % de sus instalaciones, mientras el 36,3 % utilizaba el agua y slo un 6,8 % el viento.12 La eficacia de una u otra fuerza motriz para realizar una molida ptima era muy discutida. La experiencia demostr, no obstante, que el accionado por traccin animal extraa mayor cantidad de jugo y la molienda transcurra con una mayor estabilidad. Algunos autores llegaban tan lejos en la defensa de esta clase de fuerza motriz como para afirmar que era posible obtener hasta el 65 % del jugo de la caa si sta se pasaba dos veces por las mazas. Se atribua a los movidos por el viento una extraccin promedio del 50 %, aunque con un comprensible funcionamiento ms errtico, ms inestable; y al de agua se le asignaba un rendimiento intermedio entre los dos mencionados.13 Una larga experiencia en el Caribe validaba, pues, el empleo de los bueyes en tanto no se modificaran las 10Noel Deer: The History of Sugar London, 1950, t. I, p. 234.11Ibid., t. I, p. 233. Deer da una cifra total de ingenios ascendente a doscientos ochenta y seis, cuando la suma es de trescientos doce.12Ragatz, op. cit., p. 61.13Craton y Walvin, op., cit., p. 123, nota 27.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /7 /7 /7 /7 /7 restantes circunstancias productivas. De ah la persistencia de este tipo de fuerza motriz en los ingenios de Cuba en correspondencia con el nivel tcnico predominante en la regin. Los procedimientos para la elaboracin del producto tampoco haban sufrido transformaciones espectaculares. Una lectura rpida de Labat, o de cualquiera de los otros escritores de fines del siglo XVII y de principios del siguiente, mostrara cuan poco se haba aadido a los artefactos y a los mtodos de hacer azcar de tiempos anteriores. Dada la base tcnica, prcticamente igual en el mbito antillano, las diferencias de produccin media por ingenio entre las colonias dependa de un conjunto de factores diversos: naturales, de organizacin y secuencia de las tareas del proceso productivo y de la escala de la produccin, entre otros. En la dcada de los sesenta, dentro de la jerarqua del mundo azucarero del Caribe, Cuba se hallaba en una posicin intermedia respecto a los dos grandes productores de la regin. Por ejemplo, las cifras disponibles registran una produccin promedio por ingenio de 19,3 tm en Guadalupe y de 29,8 tm para Martinica. En contraste, en Cuba la zafra de 1761 supuso un rendimiento de 49 tm para la regin habanera, zona que aportaba entonces ms del 70 % de la cosecha total de la Isla.14 Solo Jamaica superaba esa cifra con una media de 86 tm por unidad productora,15 volumen para el que se exiga, segn fuentes contemporneas, el empleo de ciento cincuenta y tres trabajadores, tambin como promedio.16 Cuba, por ende, ocupaba ya en el universo productor del Caribe una posicin relevante. Todava el monto total de la produccin distaba de la alcanzada en otras reas, pero en cambio el rendimiento de sus ingenios, al menos en la zona occidental ms desarrollada, la situaba entre las colonias ms avanzadas.17Este crecimiento era el fruto de varios decenios de continuo fomento de las plantaciones. Si la expansin no haba sido ms rpida y amplia, ello se deba a que, durante la primera mitad del siglo, una serie de factores concurrieron para frenar el aumento de la produccin a la medida de las potencialidades de la Isla. En este sentido la falta de mercados desempe 14Moreno Fraginals, op. cit., t. I, p. 171. La secuencia productiva media posterior de los ingenios registra 58 tm en 1792 y 127 tm en 1804, siempre considerando las instalaciones de la regin occidental de la Isla.15Se ha convertido la capacidad del bocoy ingls a razn de 817,2 kg cada uno, segn estimados de Craton y Walvin.16Al comparar estas cifras, que no son otra cosa que clculos toscos, debe tenerse en cuenta los diversos tipos de azcar obtenida, pues Jamaica produca ante todo mascabado, un producto de mayor peso que el purgado al estilo francs o cubano.17Arango argumentar ms tarde que la elaboracin de purgado supona una merma del 27 % del producto total de la zafra. Vase Francisco de Arango, Obras, Ministerio de Educacin, La Habana, 1952, II, p. 20 (Prlogo de Ramiro Guerra).

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OBRAS 8\ 8\ 8\ 8\ 8\ el papel principal de desaceleracin. Bloqueado el acceso directo y legal a los mercados europeos y con una concurrencia ms o menos vigorosa de otros centros insulares en el abasto de las colonias hispanas continentales, a La Habana entonces slo le interesaba acaparar el comercio con un centro consumidor ms prometedor: la Metrpoli. Sin embargo, Espaa constitua en realidad un mercado poco apropiado para una colonia con una economa exportadora en pleno florecimiento. No slo tena un consumo por habitante menor que otros pases del occidente europeo a causa de su retraso econmico, sino que ostentaba un ritmo de crecimiento per cpita tambin menor. Por otra parte, era asimismo un productor de azcar. A pesar de su pronunciado declive —la cosecha peninsular cay de una media de 2 012,5 tm en 1722-1729 a slo 172 tm en 1756— los intereses hispnicos de ese sector no se daban por vencidos y presionaban para recuperar el mercado de la nacin.18 Los propietarios espaoles alegaban que estaran en condiciones de satisfacer el consumo metropolitano siempre que la Corona eliminara los pesados gravmenes que subsistan sobre este ramo. Esta pugna entre productores de uno y otro lado del Atlntico marc la primera mitad de siglo y se resolvi, finalmente en las ltimas dcadas, a favor de los plantadores, quienes lograron ocupar una posicin dominante en el abasto domstico, aunque no eliminar del todo las importaciones de azcares provenientes del extranjero. A estas dificultades en la comercializacin se una una prctica fiscal igualmente viciosa. El tratamiento aduanal conservaba mucho de la envejecida poltica medieval que equiparaba el azcar de otras procedencias al de Indias, sin reservar espacio alguno favorable al producto colonial. Asediada por una economa metropolitana de escaso desarrollo, y por ende poco proclive a expandir sus consumos, y con un rgimen fiscal irracional, la produccin insular tena que adecuarse al ritmo que le marcaban estos magros lmites. Se comprende entonces que, impedida adems de concurrir directamente en otros mercados, la situacin prevaleciente en el mercado peninsular actuara como un freno adicional para que el potencial azucarero de la Isla no pudiera desplegarse a la medida de sus fuerzas. Lo que interesa subrayar de los datos aducidos es que, antes de la ocupacin britnica de La Habana, ya Cuba poda exhibir un considerable desarrollo de la plantacin azucarera, comparable al que funcionaba exitosamente en las dos islas vecinas, y que eran, sin lugar a dudas, los centros productores de mayor peso en la economa internacional del azcar. Ni el nivel tcnico ni las dimensiones de la plantacin, ni siquiera las irregularidades del trfico esclavista, haban impedido la constitucin de 18Manuel Martn Rodrguez: Azcar y descolonizacin Origen y desenlace de una crisis agraria en la vega de Granada, Universidad de Granada, Granada, 1982?, p. 74 (Prlogo de Pedro Tedde).

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /9 /9 /9 /9 /9 un ramo econmico que guardaba estrecha semejanza con el existente en otras reas antillanas. Por estas fechas, incluso, la Isla iba superando con acelerado paso al otrora coloso azucarero de Sudamrica, Brasil, su principal rival en el abastecimiento de la Pennsula en los primeros aos del setecientos que, sin embargo, sufra desde mediados de la centuria una progresiva parlisis de la produccin del azcar. As, en la poca del nacimiento de Arango ya la zona occidental de la Isla poda mostrar un significativo andamiaje azucarero asociado y propiciado, desde luego, por una experiencia productiva que poco tena que envidiar a sus rivales antillanos. Si el crecimiento de la industria todava se resenta de un cierto atraso en el volumen de la produccin con respecto a Saint Domingue y Jamaica, ello se deba ante todo a su desfavorable posicin para acceder a los mercados posibles y, en menor cuanta, a diferencias tcnicas o de otro orden. El mundo de la plantocracia nacienteNo es de extraar que, por tanto, en la Cuba de esos aos existiera ya un pensamiento econmico de marcada vocacin azucarera relativamente importante. A lo largo del siglo XVIII estas ideas irn tomando un definido perfil contestatario ante la poltica econmica aplicada por Espaa, en claro rechazo a las cortapisas impuestas por un mercantilismo primitivo. La necesidad de exportar, orientacin clave de las economas coloniales americanas y de la que depende el progreso de esas sociedades, se transforma as en el eje de las ideas y las acciones de las lites criollas en una sincrona que abarca el continente entero. Ya para el perodo que se extiende entre 1740 y 1760 est constituida en la Isla la capa de propietarios que ser la hacedora eficaz del sistema basado en la plantacin, ante todo aquel que se organiza alrededor de la produccin del azcar. Este grupo tiene, desde luego, una larga historia en Cuba; de hecho es el resultado de una evolucin que supone la acumulacin de riqueza —entendida en su sentido ms amplio y no slo dinerario— en las manos de unas pocas familias fuertemente entrelazadas entre s por lazos matrimoniales, clientelismo de la ms diversa naturaleza e intereses polticos similares.19 La vieja aristocracia insular, an no titulada, cuya raz se asienta en la explotacin extensiva de la tierra y en el aprovechamiento del 19La caracterizacin de los grupos y los ciclos de renovacin de las lites puede consultarse en el estudio pionero de Julio Le Riverend: La Habana (Biografa de una provincia) Academia de la Historia de Cuba, La Habana, 1960; pp. 185-190 y 294-298. Vase tambin Franklin Knight: “Origins of the Wealth and the Sugar Rrevolution in Cuba”, en Hispanic American Historical Review 1977, 52 (2).

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OBRAS 10\ 10\ 10\ 10\ 10\ ganado —de cuya reproduccin natural se apropia—, encontr a fines del siglo XVII una nueva va de adquisicin de dinero en el cultivo y la elaboracin del tabaco y una conexin ms estable con los mercados exteriores, especialmente los vedados al trfico legal. La rpida difusin del gusto por el tabaco en Europa y su conversin en mercanca predilecta para el intercambio por esclavos en frica abri una amplia perspectiva tendente al desarrollo de un movimiento exportador regular. Sin embargo, la poltica metropolitana, proclive a transformar el nuevo producto en una fuente importante de ingresos fiscales mediante su estanco, redujo las posibilidades de acumulacin de estos grupos, limitndolos en consecuencia a sacar provecho de la mnima elaboracin de las cosechas como propietarios de los molinos para rap y a travs de frmulas muy variadas de sujecin de los vegueros, obligados a asentarse en la periferia o al interior de sus grandes haciendas pecuarias. El monopolio ejercido por el Estado espaol respecto al tabaco cre condiciones menos favorables para el enriquecimiento rpido que constitua el objetivo principal de la oligarqua colonial, reforzando al mismo tiempo la tendencia de estos grupos a concentrar sus recursos en la esfera azucarera. El ejemplo de las colonias antillanas bajo el dominio de Inglaterra y Francia pona de manifiesto, en cambio, que era posible alcanzar una prosperidad creciente a travs de la venta de materias primas y alimentos susceptibles de gran consumo en los mercados europeos. De entonces data el esfuerzo sostenido de las oligarquas, en la Isla y en otras regiones americanas, por difundir los cultivos comerciales del azcar, el caf, el ail, el algodn y otros.20 Este estmulo hacia la produccin ampliada de los ya conocidos frutos tropicales y minerales, o de la explotacin de nuevos ramos que se crean igualmente prometedores, reforzaba la inclinacin de las clases dominantes en cada territorio a la bsqueda de mayores y ms cmodas salidas al exterior, desbordando los viejos moldes de la poltica comercial tradicional. Adquiere entonces una fuerza desconocida la antigua propensin de los productores americanos a fijar en los mercados externos la condicin de su propia supervivencia y de su opulencia. A esta evolucin en las ideas y en los mviles de los sujetos econmicos contribuy, claro est, las relaciones que ya se imponan en el mundo del siglo XVIII y quebrantaban muchos de los preceptos normativos de los vnculos entre las potencias europeas y su contraparte colonial; fenmeno que se traduca en un progresivo pero lento abandono de la primitiva concepcin mercantilista. Y as ocurra no slo en los pases con una economa 20Era un lugar comn en la poca el criterio de las fabulosas ganancias obtenidas por las plantaciones, sobre todo las azucareras. Se estimaba que el rendimiento anual de stas ascenda a no menos de un 15% o un 20% del valor de la hacienda, por ejemplo en Jamaica durante los aos de 1775-1800. Vase Craton y Walvin, op. cit., p. 118.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /11 /11 /11 /11 /11 relativamente diversificada y en acelerada transicin al capitalismo, sino tambin en naciones que, como en Espaa, conservaban en lo esencial todava una estructura precapitalista. All las nuevas maneras de entender cmo deba funcionar el sistema econmico y de qu se requera reformar para adecuarlo a los fines previstos se abren paso iniciado el siglo. Los ilustrados hispanos tienen plena conciencia del retraso del pas y de su acentuado debilitamiento como potencia mundial, pese a los inmensos recursos del mundo americano que se le subordina. Romper el inmovilismo del viejo orden es una condicin esencial para obtener la tan deseada prosperidad. Empero, el alcance de las reformas propuestas descansaban, antes que en cambios sustanciales de los eslabones que conforman la trama social —ardua tarea que enfrenta una enconada resistencia de poderosos grupos a ambos lados del Atlntico— en modificar mecanismos puntuales en el sistema; tarea para la que resulta indispensable una renovacin espiritual que prepare el camino a transformaciones ms profundas, conviccin que los pensadores europeos se haban encargado de difundir a medida que transcurre la evolucin capitalista.21La corriente de pensamiento tendente a liberar de trabas el intercambio comercial ganaba terreno entre las mentes ms perspicaces de la centuria. Antes de los trabajos renovadores de Adam Smith ya muchos pensadores ingleses, franceses e incluso espaoles cuestionaban el dogma de que slo era slida la riqueza fundada en la acumulacin de metales preciosos o en la forma de saldos monetarios. En tal sentido la obra de Jernimo de Ustriz, aparecida en 1724, resulta sintomtica del giro de la incipiente mentalidad econmica peninsular.22 Todava deudor de los esquemas mercantilistas en muchos aspectos, el economista espaol se inclina a considerar que la balanza comercial activa no constituye el solo indicador, ni el ms importante, de la potencia econmica de un Estado. Cree que una poltica de aliento a las manufacturas nacionales, basada en una carga tributaria flexible y con la garanta de una posicin dominante en el mercado interior mediante una adecuada proteccin, constituira la estrategia ms eficaz para devolver la pujanza a la nacin debilitada. Una agresiva gestin en la esfera del comercio exterior complementara las medidas de orden interno, siempre que se dejaran atrs los principios restrictivos que haban presidido la accin estatal y privada en esta direccin. La constelacin de brillantes polticos que propugnan cambios trascendentes para la Espaa del siglo XVIII fue reducida prcticamente a la impo21Una apreciacin reciente del movimiento en Michel Zylberberg: “Les Lumires espagnoles au XVIIIe sicle: una emancipation avorte”, en Cahiers dHistoire 2000, pp. 80-81.22Jernimo de Ustriz: Therica y prctica de comercio y de marina, Aguilar S.A., Madrid, 1968 (Introduccin de Gabriel Franco).

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OBRAS 12\ 12\ 12\ 12\ 12\ tencia por la tenaz oposicin de los intereses creados, tanto en la Pennsula como por los sectores a ellos vinculados en las colonias americanas. Pero si bien la renovacin no alcanz a provocar transformaciones inmediatas en el conjunto del sistema econmico,23 logr cierto xito en lo que respecta a la poltica comercial exterior. A estas reformas parciales, desgranadas como cuentas de rosario a lo largo de todo el siglo, dbese que tomara forma una concepcin ms moderna de la explotacin de las colonias, puestas, desde ahora, en funcin del fomento metropolitano. Las reformas comerciales que toman cuerpo desde las primeras dcadas de la centuria no son, desde luego, slo el resultado de la actividad renovadora de los iluministas espaoles. No pequea parte en su articulacin definitiva tiene la sostenida presin sobre el aparato estatal de las oligarquas exportadoras americanas que, con creciente energa, aspiran a insertarse en las corrientes ms prometedoras del flujo internacional de mercancas. En la misma lnea se pronuncian algunos de los memorialistas que inician su labor a favor de la Isla despus de 1740 y, desde mucho antes, los cabildos de casi todas las villas. Se trata de un cuerpo de ideas extrado directamente de la experiencia acerca del funcionamiento del sistema aqu conformado y de las prcticas econmicas del da. Por esa razn se traduce casi siempre en representaciones al Rey con solicitudes puntuales: remover obstculos para la buena marcha de las producciones establecidas, aligerar la carga tributaria o en demanda de privilegios y licencias particulares para la compra de utensilios y de esclavos. Mediante estos memoriales se crea un cuerpo doctrinal que sintetiza, en forma simplificada pero cada vez ms precisa, el mecanismo econmico que caracteriza a la colonia antillana. El ncleo de ese pensamiento descansa, ante todo, en la bsqueda incansable de frmulas que faciliten el vnculo con los mercados, sean espaoles, americanos o extranjeros. Dado que se parte de una legislacin metropolitana profundamente restrictiva y limitada en este terreno, la lucha por eliminarla se inscribe en un movimiento de carcter liberador, esto es, en una pugna cuyo resultado aspira a liberar la accin del sujeto econmico de toda traba; limitaciones, por otra parte, que se perciben como externas y opuestas a la naturaleza misma del sistema econmico. En tal sentido el aliento para la ruptura de los antiguos nexos coloniales y la redefinicin de stos supone la adopcin por los memorialistas insulares, y por buena parte de las oligarquas criollas, de una postura de franco 23Para una evaluacin sugerente del reformismo hispano y de sus xitos relativos vase Roberto Fernndez Daz: “Espaa en el siglo XVIII o los lmites de una reforma”, en R. Fernndez (edit.): Espaa en el siglo XVIII, Editorial Crtica, Barcelona, 1985. (Homenaje a Pierre Vilar. Prlogo de Josep Fontana.)

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /13 /13 /13 /13 /13 liberalismo econmico. Razn tiene el historiador Julio Le Riverend cuando afirma que esta postura intelectual anticipa en varias dcadas el inicio de la reforma filosfica y, sin duda, est tambin en la raz del movimiento liberal que normara la actividad pblica posterior de los criollos.24Basta repasar las obras de Jos Martn Flix de Arrate (1701-1764), de Nicols Jos de Ribera (1724-1775?) y otros escritores contemporneos menos notorios, miembros o al servicio de las oligarquas locales, para percatarse de que nuevos aires recorren el mundo espiritual de la colonia. No se trata slo de una asimilacin ms o menos profunda de las corrientes filosficas y polticas del momento en otras partes del mundo. Esas influencias, claro est, forman parte de la trama discursiva que se formula desde entonces por los escritores y hombres pblicos en la Isla, pero nunca son meras transcripciones sino reelaboraciones, a veces muy refinadas, que validan la experiencia indita de la vida colonial o se emplean para confirmar, tras la indiscutida autoridad de un autor famoso, la validez de una solucin o de una demanda largo tiempo acariciadas en este lado del Atlntico. Esta mentalidad renovadora est alimentada, tambin, por el movimiento ascendente de la mayor parte de las economas americanas que experimentan un auge significativo. En consecuencia, por todo el continente se advierte una preocupacin nueva por describir y registrar los recursos asombrosos de una naturaleza prdiga, en buena medida todava inexplorada. La aventura intelectual de los escritores criollos del sigloXVIII recuerda el deslumbramiento alucinado de los conquistadores europeos y sus admirables descripciones del mundo recin descubierto. Es la poca en que por doquier las oligarquas elaboran una imagen idealizada de sus patrias chicas,25 rebosantes de inmensas tierras frtiles y de minas prodigiosas, poseedoras de una fauna y una flora de extraordinaria diversidad y climas especialmente propicios al desenvolvimiento de la especie humana. Por ello les resulta an ms chocante el contraste entre las expectativas as percibidas de un desarrollo casi ilimitado con la realidad de la dominacin colonial que coarta con sus ataduras administrativas ese halageo futuro. La idea de una creciente prosperidad al alcance de las manos, pero que las restricciones del poder metropolitano torna remota o improbable, se convierte en el leit motiv de las luchas posteriores por las reformas. 24Julio Le Riverend: Historia econmica de Cuba, Edicin Revolucionaria, La Habana, 1971, p. 275.25Una argumentacin sugerente de la “perspectiva ideolgica del paisaje” en Severo Martnez Pelez: La patria del criollo: ensayo de interpretacin de la realidad colonial guatemalteca (10. ed.), Editorial Universitaria Centroamericana, San Jos, 1985, p. 132.

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OBRAS 14\ 14\ 14\ 14\ 14\ En Cuba esta imagen que, con ligeras adiciones perdurar por ms de dos siglos, rebosa un optimismo derivado tambin del crecimiento econmico experimentado a lo largo de varios decenios. La nocin dibuja un pas cuyos suelos, de fertilidad inigualable, apenas requieren la intervencin del hombre para rendir inmensas cosechas; sus recursos naturales son inagotables y, por consiguiente, susceptibles de una explotacin tan multiforme como prolongada. Es tan esperanzadora la visin del futuro que de ella trasciende que toda dilacin en alcanzarlo se percibe igual que un agravio, por dems insoportable e irracional. Sentimiento que ganar en hondura a medida que las posibilidades econmicas de la Isla se tornan realidades y chocan con la anticuada poltica metropolitana. Las ideas de Ribera, ilustrativas del pensamiento de la emergente lite econmica y que prefiguran muchos de los criterios de Arango, antecedindolos casi en cincuenta aos, reflejan esta evolucin de alcance continental. Su ideario est ms en la lnea de Ustriz que de las escuelas que anticipan directamente a Smith.26 En la concepcin del santiaguero, la esfera de la circulacin no slo demanda de los mayores esfuerzos renovadores, sino que constituye el factor dinamizador de todo el sistema econmico. No es casual por tanto que comience su extenso memorial identificando los cambios econmicos que presiden la asombrosa evolucin de pases como Inglaterra y Francia, donde el incremento acelerado del comercio y de la produccin manufacturera son elocuentes refutaciones de los principios del viejo mercantilismo. Por ello no duda en afirmar que “ltimamente el tiempo nos ha enseado que la agricultura con la industria son las verdaderas minas inagotables de la sociedad humana”, subrayando la falacia de fiar en la posesin de los metales preciosos, que califica de convencin o seal relativa, “a la de los gneros y efectos que el hombre ha menester para sus necesidades.”27Ah est a la vista el ejemplo de las Antillas extranjeras para mostrar el camino que propiciar el renacimiento de Espaa; canje de productos a travs de un intercambio comercial que servir de pilar al desarrollo de la Marina y de la industria hispanas. Lo ms interesante del memorial de Ribera son, naturalmente, sus recomendaciones para el fomento de Cuba. Fiel a las ideas predominantes entonces, el nmero de hombres asentados en cualquier territorio, factor decisivo de la produccin, constituye el primer objeto de su consideracin. Poblar bien, segn su opinin, es el mejor modo de garantizar la 26Para una apreciacin un tanto diferente de la postura de Ribera vase el interesante estudio de Olga Portuondo Ziga (Compiladora e Introduccin): Nicols Joseph de Ribera, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1986, pp. 92-105.27Nicols Joseph de Ribera: Descripcin de la isla de Cuba; con algunas consideraciones sobre su poblacin y comercios Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1973, p. 86. (Estudio preliminar y notas de Hortensia Pichardo.)

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /15 /15 /15 /15 /15 felicidad de la colonia y de poner en explotacin sus cuantiosos recursos naturales.28 Se tiene en mente empero una colonizacin que rinda resultados econmicos inmediatos. Nada importa la cualidad social de ese poblamiento pues, pese al indudable amor al terruo que ya se percibe en muchos escritores de entonces, prima ante todo el inters de clase. El pragmatismo de Ribera a este respecto es plenamente compartido por sus contemporneos, como en Arrate entre otros, y por quienes adoptaran ms tarde esa va expeditiva. Dir a la Corona, con un desenfado propio de la poca, que “muy poco importa al Estado que los havitantes de Cuba sean blancos o negros, como trabagen mucho y le sean fieles”.29Postura comprensible en quienes desean un enriquecimiento rpido y contemplan cerca de sus costas los ya establecidos emporios de Saint Domingue y de Jamaica, edificados en brevsimo tiempo histrico. Alcanzar una densidad laboral por los mecanismos reproductivos tradicionales no constitua en ese momento el objetivo inmediato de la oligarqua. As afirma Ribera que el “arbitrio de los esclavos de frica es el nico de que puede valerse para llenar la Ysla de grandes pueblos en breve tiempo”.30 Liberalizar los procedimientos del trfico esclavista para que afluya a la Isla un flujo continuo de braceros ser una condicin esencial para desatar las fuerzas contenidas del potencial que duerme an en la colonia; expediente que se transformar en una opcin estratgica para las lites de los decenios siguientes. Ningn otro factor, considerado por s solo, influye tan decisivamente en la prosperidad del pas como la abundancia o la carencia de esclavos. En posesin de grandes propiedades territoriales y dado el exiguo nivel tcnico requerido para la explotacin de los frutos tropicales, la aristocracia criolla slo aspira al abastecimiento regular de trabajadores baratos y a una poltica comercial que estimule las salidas fciles al exterior. Recrear el modelo jamaicano o francs demanda aperturas hacia el exterior en una doble direccin: en busca de trabajadores y de mercados. Ribera estima que el pas cuenta con recursos materiales y monetarios propios. Y, habra que aadir, con vnculos ms o menos estrechos con una red de casas mercantiles en la Metrpoli.31Arrate se referir a esta dimensin externa indispensable para la vida de Cuba. No slo las oligarquas solicitan aperturas cmodas y baratas 28Ibid., p. 128.29Ibid,, p. 143.30Ibid. El argumento ser reiterado por Arango y Parreo aos ms tarde, enfantizando la urgencia de disponer de brazos a corto plazo.31En verdad poco conocemos de estos nexos comerciales hasta 1825, pese a su indudable importancia para evaluar la naturaleza de ese trfico y las posibilidades reales de financiamiento externo.

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OBRAS 16\ 16\ 16\ 16\ 16\ hacia otros mercados como condicin vital de su supervivencia y ulterior posibilidad de crecimiento, la realidad es que sin ese intercambio no se podra sostener la vida civilizada en la Isla. La sociedad depende de las importaciones para garantizar la permanencia de sus grupos humanos. El historiador va ms lejos y nos descubre otra arista de esa sostenida demanda por la liberalizacin del comercio; dir “que no permiten las circunstancias del pas la adquisicin y conservacin de mucha riqueza, porque siendo tan excesivamente mayor la porcin de los gneros que se necesitan comprar que el producto de los frutos que se logran vender, queda en la colonia muy poca o ninguna sustancia”. Esto es, la acumulacin de dinero marcha a un ritmo inferior al que es posible en el grado de desarrollo ya alcanzado por las producciones insulares;32 argumento que matiza la imprudente aseveracin de Ribera acerca de la cuantiosa masa de riqueza disponible ya por la aristocracia de la colonia. Cuando Arango inicia su labor pblica33 le han antecedido no slo los escritos antes mencionados sino un conjunto importante de representaciones de los cabildos de toda la Isla, en que se argumentan muchas de las demandas que sern defendidas ulteriormente por ste en la Corte.34Ninguna tan reiterada como la de la libertad de importar esclavos, mquinas, herramientas, conocimientos y, desde luego, mercancas del ms variado tipo para la vida corriente. No es casual que el primer papel pblico del representante habanero sea justamente el libre comercio de esclavos, pieza clave para el desarrollo que se concibe como el ms conveniente. El cuerpo de ideas as configurado guarda ntima relacin con el pensamiento reformador de los primeros iluministas espaoles. Con ellos comparte la preocupacin por transformar los modos de insercin del pas a la red comercial internacional y su inters por renovar los moldes espirituales de los habitantes de los respectivos territorios, tanto en lo relativo a crear una mentalidad abierta como demandan las pautas culturales del occidente capitalista as como en reestructurar los modos de participacin de stos en la vida econmica. Pero la aristocracia criolla, que luchar sin descanso por remover las trabas comerciales y fiscales, no aspirar a modificar las bases de la sociedad insular ya afianzada. Su mpetu transformador se detendr en ese lmite; en otras palabras, para ella “revocar las trabas no implicar un trastorno en el rgimen social y econmico estable32Jos Martn Flix de Arrate: Llave del Nuevo Mundo. Antemural de las Indias Occidentales. La Habana descripta : noticias de su fundacin, aumentos y estados ( 1761 ), Comisin Cubana de la UNESCO, 1964, La Habana, p. 95.33A mediados de 1788 recibi los poderes del cabildo que lo acreditaban como su apoderado principal ante la Corte.34Cotjense al respecto sus escritos hasta 1799 contenidos en el tomo I de sus Obras

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /17 /17 /17 /17 /17 cido, sino tan slo una adecuacin de la administracin y legislacin a la situacin econmica existente” .35De esta herencia intelectual bebe el flamante Apoderado de la ciudad de La Habana. El pensamiento de Arango se ha caracterizado con frecuencia como un reflejo de las ideas de Adam Smith. Sin embargo, no sera lcito olvidar ni el ideario ya cristalizado de la clase a que pertenece ni el gran caudal que representa la literatura del iluminismo hispnico que, en el terreno econmico, iniciara Ustriz y prosiguieran Campomanes y Jovellanos. Muchas de las ideas aranguistas hay que rastrearlas hasta estas fuentes ms prximas a su horizonte espiritual, pues durante su primera estancia en Madrid estas ideas tenan una amplia difusin en los crculos a los que habitualmente concurra. La atmsfera cultural madrilea posea una coloracin terica en consonancia con los aires que traspasaban su frontera con Francia; la penetracin del pensamiento de Rousseau y otros escritores de la corriente proburguesa de esa nacin se haban convertido, en virtud de su propagacin hacia abajo, en moneda corriente de las personas de mayor instruccin as como alentaban ya ciertas aspiraciones populares. Una estancia ininterrumpida de ocho aos, en el perodo crucial de 1787 a 1794, lo convirti en espectador interesado de acontecimientos que debieron marcarlo para siempre, pues la sociedad espaola se hallaba tambin en plena efervescencia poltica y social. Los mecanismos de la prosperidadEl desarrollo de la produccin azucarera en la Isla, especialmente en su porcin occidental, era comparable, como se ha visto, a la de otras colonias en el mbito antillano. Si el volumen de las cosechas no alcanzaba las cotas de una Jamaica o de Saint Domingue, el rendimiento promedio de los ingenios insulares mostraba un dinamismo apreciable, lo que pona en evidencia que las condiciones materiales para el incremento del volumen total producido estaban dadas. En el curso de los tres decenios posteriores a 1761, la produccin media de las instalaciones se increment en algo as como un 12 %, en tanto en el caso de la colonia britnica la evolucin fue mucho ms lenta en los aos finales de siglo. Ninguna argucia retrica poda negar esta notable expansin de la economa colonial. Atrapado en la disyuntiva de obtener las concesiones que estimaba necesarias a sus fines y la evidencia incontrastable de la realidad, Arango reinterpreta la evolucin insular desde los aos posteriores a la 35Luis Villoro: El proceso ideolgico de la Revolucin de Independencia UNAM, Mxico, 1967.

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OBRAS 18\ 18\ 18\ 18\ 18\ toma de La Habana por los ingleses en una perspectiva especfica. Su argumento central es que, en el perodo sealado, operaron factores y mecanismos que ya no rigen para la ltima dcada del siglo. Incluso apela a un expediente singular, acude a la intervencin inesperada de un conjunto de casualidades para explicar el crecimiento experimentado, esto es, al criterio de que la expansin estuvo asociada casi por completo a coyunturas ms o menos favorables, ajenas a la accin consciente de la Metrpoli o de los criollos. Esta conjuncin de azares que Arango no dejar de enfatizar y reconocer, march al unsono con la aplicacin por parte de la Corona de una poltica ms liberal. Admite que esta nueva concepcin elimin algunos de los obstculos ms serios para una explotacin de los recursos acumulados en la Isla. Al enumerar los factores coadyuvantes del crecimiento coloca en primer trmino la erradicacin del monopolio mercantil de la Real Compaa de La Habana, institucin que controlaba el intercambio exterior de Cuba desde 1740. La subsiguiente adopcin de una medida tendente a regularizar el trfico comercial con los puertos espaoles, ensanchando el crculo de los habilitados en la Pennsula, fue la contrapartida imprescindible, en 1765, de la eliminacin del monopolio y permiti multiplicar por esta va el volumen del comercio con Espaa en una magnitud desconocida hasta entonces y, con el aliciente adicional, de realizarse con “moderados derechos”. Disponibles entonces mayores oportunidades para vender los productos insulares se requera sostener el crecimiento a travs de una colonizacin econmica ms intensa del territorio, esto es, mediante la importacin de brazos. En este terreno tambin las autoridades metropolitanas variaron parcialmente el rumbo de la poltica anterior. Aunque limitada en sus alcances, la concesin de una serie de contratas para la importacin de esclavos a diversas casas, la ms famosa de las cuales perteneca al Marqus de Casa Enrile, contribuy a mantener el aliento expansionista que la apertura comercial haba alimentado. Al resear los beneficios que la gestin de la Corona haba derramado sobre la sociedad colonial, abriendo las primeras brechas en el hasta entonces bastin mercantilista, Arango apunta que otras circunstancias tambin conspiraron a favor del fortalecimiento de la economa insular. La ms importante de ellas, una afluencia regular de dinero que, por diferentes canales, ingresaron en el perodo que se extiende desde la devolucin de la plaza por los britnicos hasta los finales de la dcada del setenta. Los gastos militares efectuados por la Metrpoli para reforzar la defensa de la capital colonial, que Arango no duda de calificar de inmensos supuso una inyeccin considerable que contribuy a dinamizar la economa local por mltiples vas: compra de materiales, jornales pagados a los esclavos que trabajaban en la construccin, adquisicin de vve-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /19 /19 /19 /19 /19 res para el mantenimiento de las tropas y otras erogaciones de similar naturaleza.36El numerario llegaba a la Isla tambin por las vas corrientes del trfico mercantil. Los comerciantes, impelidos a recibir como saldo de sus ventas la moneda depreciada de uso corriente en Cuba, la llamada macuquina, eran proclives por razones de conveniencia propia a invertir en los productos insulares en vez de exportarla. La salida de esa moneda estaba prohibida, y adems su extraccin requera de una conversin en moneda fuerte, operacin que supona una prdida del 6 % de las sumas saldadas. A ello se agregaba el pago de un 9 % ms como derecho a su exportacin desde la colonia. Condiciones de este tipo favorecan tambin que los mercaderes de Veracruz prefiriesen invertir en los productos de Cuba en lugar de realizar negociaciones de otra clase. El dinero de esa plaza exportado a La Habana no estaba gravado con derecho alguno, en tanto su introduccin en la Pennsula no gozaba de pareja franquicia y sufra de un fuerte recargo aduanal. Convena, pues, al comerciante exportar dinero a la Isla, comprar sus frutos, especialmente el azcar, y enviarla a Espaa. De esta manera, la produccin del azcar, as como otros productos de la Isla, tuvieron una demanda constante hasta 1779. El establecimiento de un arancel en la Pennsula que brindaba una ligera proteccin frente a la importacin del azcar extranjero, aun cuando no se le concedieron mayores privilegios especiales, actu como otro acicate para estimular las producciones insulares. Sin embargo, estos recursos por s solos no hubieran facilitado crecimiento alguno a menos que concurrieran otros factores. En su sentir, “el dinero que se da a un pueblo que tiene encadenada su industria, o se estanca o no es ms que un metal (...) o se escapa de sus manos con la mayor presteza”.37 La importacin cuantiosa y regular de dinero no hubiera sido suficiente para incitar la expansin productiva si paralelamente medidas complementarias, como el suministro de brazos y de instrumentos para el trabajo en condiciones de bajos precios, no hubieran contribuido tambin a ese efecto. La transformacin de la agricultura, empero, no se efectuara si los productores careciesen del estmulo apropiado para inducirlos a correr los riesgos de negocio tan azaroso. En la concepcin de Arango, ese estmulo no poda ser otro que el de garantizar ventajosas salidas a sus frutos entendiendo por tal el aseguramiento de una exportacin sostenida y ventajas arancelarias adecuadas, como las concedidas por el arancel adjunto al Reglamento de 1778. 36Sobre este tema vase la contribucin reciente de Francisco Prez Guzmn: La Habana, clave de un imperio, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1997.37“Discurso sobre la agricultura de la Habana y medios de fomentarla”, en Obras t. I, p. 118.

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OBRAS 20\ 20\ 20\ 20\ 20\ Todos estos factores propiciadores del desarrollo desplegado desde los aos sesenta, origen de la prosperidad de la Isla, desaparecieron hacia finales de los ochenta. El freno inesperado provino de la desaparicin de las casualidades sealadas por Arango. Una a una las ventajas excepcionales de que haba gozado la agricultura durante el perodo de la revolucin de independencia norteamericana fueron anuladas por el retorno a la normalidad. Resultaban ya insuficientes las franquicias comerciales otorgadas por el gobierno metropolitano y la entrada de caudales sufri tambin una sbita interrupcin, tanto por efecto del cese de los gastos militares como por rdenes del virrey de Nueva Espaa que prohibi la salida de los procedentes de Veracruz.38 Habida cuenta de que la expansin azucarera se realiz erigiendo un nmero de instalaciones que no podan operar en condiciones de bajos precios, se comprender que se dibujaba en el horizonte una crisis inminente, una verdadera parlisis del proceso de crecimiento anterior, al decir de Arango. El proyecto para la plantacinLa sublevacin de agosto de 1791 en Saint Domingue cambi radicalmente la situacin calamitosa descrita por el Apoderado y cre un ambiente favorable en la Corte para que ste argumentase en una extensa representacin las potencialidades de Cuba, y su capacidad para imponerse en el mercado internacional supliendo sin dificultad el vaco dejado por la gran productora francesa. La memoria, conocida bajo la denominacin de Discurso sobre la agricultura de la Habana y medios de fomentarla redactada en el breve perodo de menos de dos meses —desde fines de noviembre de 1791 a enero de 1792—, supone un nuevo nivel de anlisis de la economa insular que supera, en mucho, los textos anteriores, aunque sin variar el rumbo estratgico adoptado antes. Y los supera no slo por la amplitud de materias tratadas, sino ante todo por la consistencia lgica de que da muestras as como por la gran fuerza persuasiva de sus argumentos. Pese a las diversas lecturas de que ha sido objeto,39 el memorial persigue unos fines que el propio Arango definira con toda claridad en varias partes 38La orden del virrey Antonio Mara de Bucareli fue slo el comienzo del conflicto entre el comercio de Veracruz y la lite econmica de Cuba, prolongndose ste hasta la primera dcada del siglo XIX. Para un estudio detallado de la cuestin vase Javier Ortiz de la Tabla: Comercio exterior de Veracruz, 1778-1821. Crisis de dependencia Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla, Sevilla, 1978, cap. V.39Consltese, entre otros, Heinrich Friedlaender: Historia econmica de Cuba Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1978, t. I, cap. octavo.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /21 /21 /21 /21 /21 del texto. Advertir a la Corona y a sus compatriotas que, no obstante la favorable coyuntura de que disfrutan, vendiendo “nuestros azcares a un precio ventajossimo” haba que mirar ms lejos, a tiempos donde imperaran condiciones normales de produccin y comercio, “he aqu el verdadero cuidado que debe tener la Isla de Cuba”.40 Consciente plenamente del carcter peridico de los altibajos experimentados por la economa insular, con la alternancia de precios favorables y estrepitosas cadas, en dependencia del movimiento del mercado exterior, quiere que los productores se eleven a “un grado de poder y de riqueza capaz de sostener la competencia, an cuando nuestro rival vuelva en s”.41 De ah que sus recomendaciones se orienten a lograr medidas que no slo equiparen el rgimen comercial de la Isla con el de sus colonias vecinas, aspira a vertebrar un sistema tal que facilite colocar a Cuba en el lugar cimero del mundo azucarero. A tal fin organiza los datos de la historia econmica previa a la dcada del noventa para resaltar los momentos y los rasgos que apoyen su argumentacin. No otro propsito tiene la caracterizacin, con fuertes tintes idlicos, del sistema que gobierna las colonias francesas y britnicas del Caribe. El denominador comn de ambas secciones del texto es la preocupacin por perfilar una poltica comercial y arancelaria de Corte liberal que permita una expansin creciente, en el corto plazo, de la produccin de esos preciados frutos tropicales que tan fabulosos valores registran en los mercados internacionales. El inventario de ventajas y desventajas de la economa insular con respecto a otras reas coloniales ilustra este propsito de Arango que no es desarrollar el sistema de plantaciones —ya establecido en Cuba desde antiguo por otra parte—, sino modificar las condiciones fiscales y mercantiles de la produccin mediante la intervencin protectora del Estado metropolitano. Un rpido resumen de los aspectos analizados por el Apoderado de La Habana en su Discurso muestra el nfasis colocado en lo que, aos ms tarde, definir como la tarea de la economa poltica interpretada en la ptica de los plantadores: “separar estorbos, abrir comunicaciones y facilitar salidas”.42Siete son las condiciones que estima Arango colocan a Jamaica, el ms importante rival de la Isla, en posicin privilegiada respecto a Cuba. De este conjunto tres aluden directamente a los aspectos comerciales de la economa plantacionista. Porque le cuestan menos los utensilios y negros; porque sus salidas son ms libres y ms protegidas y, finalmente, porque sus aranceles en lugar de detener alientan la iniciativa del hacen40Arango, op. cit., t. I, p. 122.41Ibid., p. 133.42Sus palabras son “casi toda la teora de esta moderna ciencia se reduce en nuestro asunto a separar estorbos, abrir comunicaciones y facilitar salidas”, op. cit, t. II, p. 30.

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OBRAS 22\ 22\ 22\ 22\ 22\ dado.43 A modificar el sistema metropolitano en estas cuestiones dedicar la mayor parte de su actividad pblica y la intensa energa que era capaz de desplegar. La organizacin de una va regular para importar brazos baratos, estrategia de la cual la Real Cdula de febrero de 1789 es el primer paso, deba asociarse en el criterio de Arango a una solucin de fondo en un plazo ms o menos largo: el acceso de Espaa al trfico esclavista con el establecimiento de factoras en la costa africana,44 igualando a la Pennsula en esta esfera con el acceso directo de que gozaba Gran Bretaa. De momento, as como en los aos inmediatamente posteriores, su gestin se concentrar en la renovacin de las disposiciones reales que propiciaban ese comercio en el entendido, sin dudas, del cmulo de dificultades que la realizacin de la primera propuesta supona. Tambin a la esfera comercial propende la segunda demanda relacionada con la exencin de derechos para la introduccin de instrumentos y mquinas destinadas a las labores agrcolas. Alcanzado previamente el permiso para la importacin de esa clase de mercancas, aunque fuesen de origen extranjero, la supresin de los derechos coronara el esfuerzo de aquellos quienes tomaban sobre s la arriesgada empresa de crear plantaciones azucareras. Carente de una base industrial propia, el nico recurso inteligente para los gobernantes hispanos era reducir la carga impositiva en la importacin de estos instrumentos ya que no era posible manufacturarlos en territorio nacional y suministrarlo a sus reas coloniales en condiciones de igual costo. Segn el Apoderado de La Habana, ambas medidas brindaran la suficiente proteccin para que en la Isla los agricultores estuvieran “poco ms o poco menos al nivel del extranjero”, es decir, gozando de similares franquicias.45 La reduccin, o eliminacin segn el caso, de impuestos como mecanismo idneo para alentar la iniciativa de los plantadores y agricultores insulares volva a ocupar un lugar central en el Discurso al tratar de los nuevos cultivos comerciales que eran susceptibles de explotacin en Cuba. En su opinin, el algodn, el caf y el ail slo se transformaran en otras tantas fuentes de prosperidad y de ingresos para el fisco en la medida que fueran liberados de todos los gravmenes internos —como la alcabala y el diezmo—, y las exportaciones pudieran enviarse a cualquier puerto del mundo; privilegios que solicitaba tambin para el aguardiente de caa. Si la concesin de estos beneficios era imprescindible para estimular el desarrollo de los nuevos cultivos de exportacin, los ya establecidos no 43Vase la discusin de cada uno de los siete puntos en op. cit., t. I, pp. 124-130.44Aos ms tarde, el propio Arango integrara una sociedad annima creada con ese fin en la Isla y que no tuvo xito, segn nuestras noticias.45“Discurso...”, en op. cit., t. I, p. 136.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /23 /23 /23 /23 /23 estaban menos urgidos de alivio en lo que respecta a las contribuciones y al disfrute de la libertad comercial ms completa. A las ya sealadas demandas para la exportacin azucarera, aada ahora la justa solicitud de que Espaa actuase como Gran Bretaa devolviendo los derechos aduanales que ese producto insular pagaba all y, adicionalmente, la supresin de todos los impuestos municipales y provinciales con que la Pennsula gravaba su consumo.46Otros dos importantes ramos de la explotacin agropecuaria, el tabaco y la cra de ganado, ocupaban un lugar mucho menos destacado en el conjunto de las preocupaciones del Discurso Respecto al primero, insinuaba la conveniencia de levantar la prohibicin de fabricar rap como el medio ms importante para llevar nueva vida a una industria en visible decadencia; y permitir que el producto, de merecida fama en los mercados europeos, se comerciase libremente en stos.47Una ptica similar preside el anlisis de las dificultades que atraviesa la crianza de ganado. No sera posible alcanzar su rpido renacimiento como ramo econmico principal sin que se proceda a la eliminacin de una carga tan gravosa como la obligacin de la pesa. Consciente de que slo esta medida no bastara, propone que una comisin estudie el estado de la explotacin pecuaria en la Isla y determine cules medidas puntuales favoreceran su necesario fomento. Todas estas demandas repiten, de un modo u otro, viejas peticiones que las oligarquas locales, especialmente la habanera, elevaran peridicamente al Rey y dems autoridades de la Metrpoli. El Discurso sin embargo, no se limita a registrar necesidades que, no por reiteradas, eran de menos urgente satisfaccin. A ellas agrega otras propuestas que responden a una visin ms moderna de la economa. Las contribuciones especficas que Arango incorpora al arsenal intelectual de los plantadores se pueden agrupar en tres grandes secciones: disponibilidad de capital, organizacin del proceso laboral y medios institucionalizados para llevar adelante las reformas. En un interesante y breve anlisis, Arango delimita el diverso origen de las necesidades de dinero del plantador. En un primer momento seala la fuente de un estado de cosas lesivo al fomento econmico y que se relaciona con el papel relevante que mantiene la usura en el sistema insular. Para l es imprescindible “sacar al agricultor de las manos del comerciante, de la dependencia en que vive desde que se extingui la 46Ibid., p. 144.47Arango no insiste demasiado en la cuestin; sugiere el nombramiento de una comisin que estudie todo lo relacionado con el cultivo y la elaboracin del tabaco para proponer las soluciones adecuadas. Vase op. cit., pp. 144-145.

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OBRAS 24\ 24\ 24\ 24\ 24\ moneda macuquina, y desde que se imposibilit la concurrencia de los comerciantes de Veracruz”.48Ya hemos mencionado pginas atrs el peso que daba el Apoderado a la incidencia de ambos factores en el crecimiento econmico de la Isla despus de 1762. Ahora, pese a las ltimas medidas adoptadas por la Corona que facilitan el cambio de productos por negros en una suerte de trueque, la necesidad de disponer de efectivo para la compra de esclavos e instrumentos y, adems, para cubrir los gastos de la cosecha y elaboracin del azcar, obligan al plantador a caer en manos del refaccionista local. Sabe que slo cuando los productores renan sus fondos y formen para s una caja de crditos el problema del financiamiento tendr una solucin definitiva. Pero sin instituciones adecuadas que impulsen esta organizacin del crdito, el remedio a los males tendr que ser, por fuerza, coyuntural49 y, en tanto, habr que apelar a otras soluciones. De ah que Arango se incline a sugerir medidas ms aceptables para los grupos de intereses involucrados en el asunto. Una manera hbil de eludir la confrontacin previsible es eliminar la orden prohibitiva del virrey de Nueva Espaa para que el dinero de los comerciantes veracruzanos vuelva a alimentar la venta de azcares y otros productos insulares. El expediente de una moneda provincial, por polmico, queda de momento fuera de las consideraciones del Apoderado, que slo quiere subrayar ahora un puado de las demandas ms importantes. El nfasis otorgado en el Discurso a las transformaciones que demanda el proceso productivo no guarda equivalencia con el tratamiento preciso que se concede a otros aspectos. Aqu el lenguaje se torna abstracto, salvo en lo que se refiere a los tipos de molinos y el proceso de la purga. Sin embargo, sera arriesgado aceptar la caracterizacin del nivel tcnico de las unidades azucareras de Cuba que realiza Arango. Lo que es posible afirmar respecto a los molinos de fuerza motriz animal es que la insistencia en su empleo responda a su comprobada efectividad en relacin con otros tipos, segn se ha visto antes, de manera que la inexistencia de los restantes no constituye prueba fehaciente del retraso de la manufactura criolla. En tal sentido, pareja observacin pudiera hacerse de los criterios que aduce acerca de la organizacin e intensidad del trabajo de los esclavos y de las tcnicas de cultivo de la caa; materias sobre las que no es posible dar una opinin definitiva en el actual estado de las investigaciones. A pesar de que las circunstancias en la Metrpoli fueron favorables para la recepcin de las demandas insulares, Arango sabe que el xito duradero de su proyecto no llegara a trmino sin la existencia de un cuerpo o institucin encargada de propiciar y dirigir los cambios. No es casual entonces que, adjunto al Discurso aparezca la propuesta de viaje por 48Ibid., pp. 145-146.49sta era una de las funciones esenciales que deba cumplir la Junta de Agricultura en el proyecto original del apoderado. Op. cit., p. 146.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /25 /25 /25 /25 /25 varios pases con el objetivo ostensible de conocer los procedimientos comerciales y productivos de stos y, ante todo, la solicitud para crear la Real Junta Protectora de Agricultura. La idea de fundar una institucin de esta clase constituye una verdadera innovacin e ilustra muy bien la audacia del joven Apoderado. Hablo por primera vez con la voz de toda la Isla50Concibe esta Junta, en primer trmino, como un organismo particular sin jurisdiccin contenciosa, con el fin de que contribuya a la proteccin interior y exterior de la agricultura. La ambigua formulacin trata de eludir el conflicto probable con el grupo promotor de un Consulado de Comercio para la Isla, proyecto que espera resolucin real desde 1787. La imprecisin de la frmula proteccin interior y exterior tambin tiende a desviar la atencin de las autoridades acerca de la integracin que se desea dar a sta. Pero es evidente que, de momento, Arango quiere una institucin compuesta slo por doce agricultores, bajo la presidencia inevitable, claro est, del Capitn General y del Intendente de Cuba. Un fiscal designado especialmente en la Audiencia del distrito ejercera una funcin de direccin, a su juicio decisiva, como promotor de la felicidad pblica ; cargo para el que se siente particularmente dotado y dispuesto. Este fiscal o Sndico ostentara la representacin de la Junta en todas las instituciones importantes de la Isla para que en stas “en todo lo que tenga relacin han de orle y tenerle como parte, advirtindose que slo tiene el derecho de representar”. Aade que, para simplificar los trmites de aprobacin de las resoluciones propuestas, que habitualmente demoraban largo tiempo en viaje incierto por los vericuetos de la burocracia, pudiera dirigirse ste al Rey o a sus ministros directamente. Argumenta Arango que el objetivo fundamental de la Real Junta estara encaminado a ejecutar el programa esbozado en el Discurso. Para lograrlo utilizara preferentemente una labor de propaganda de manera que se persuadiera a los vecinos de las ventajas de aplicar la ciencia y los instrumentos modernos en el laboreo de los campos y, cuando fuera conveniente, mediante la concesin de premios a los ensayos y prcticas ms recomendables para el mejoramiento de la actividad agrcola.51Una institucin de este tipo era, ciertamente, una novedad en el aparato administrativo y civil de la colonia. Tras la apariencia inocua del empeo de propagar las luces, empeo tan socorrido en la poca, Arango bosquejaba la constitucin de una agrupacin corporativa sin lastre alguno del 50Palabras del Sndico en la sesin inaugural de los trabajos del Real Consulado de Agricultura y Comercio el 10 de abril de 1795.51El proyecto completo est reproducido en Obras t. I, pp. 156-158.

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OBRAS 26\ 26\ 26\ 26\ 26\ gremialismo medieval tan presente an en el Estado hispano, que traduce muy bien su intencin de dotar a los plantadores de un instrumento para el ejercicio del poder a escala local, pero tambin sin mediaciones con respecto al poder real. Su rechazo a las frmulas envejecidas de los consulados y las sociedades econmicas al uso, por considerarlos ineficaces como medios idneos para una actividad pblica efectiva en pro del fomento de la Isla, provena sin duda de sus ideas ms modernas pero, ante todo, de la intencin de elevar al cuerpo de agricultores a posiciones de mando formalmente reconocidas. En comparacin con el Cabildo, organismo en el que todava por esta fecha los hacendados ocupaban una posicin relevante, aunque compartida, la Real Junta propiciaba encabezar el proceso de cambios que Arango haba esbozado y ampliaba considerablemente el radio de accin de los plantadores al vincularlos a la gestin transformadora de la principal actividad econmica a escala de toda la Isla. A las autoridades metropolitanos no escap el filo poltico que se esconda tras la inocente finalidad de la Real Junta. El Consejo de Indias, en consecuencia, opuso muchos reparos tanto al viaje como a la constitucin de sta. Con su ardor habitual de polemista, que combinaba excelentemente con una bien educada prctica cortesana, Arango trat de salvar ambas propuestas, pero con resultados no muy alentadores. Obtuvo aprobacin para el viaje, mas el Rey mantuvo su negativa a la creacin de una Junta autnoma, resolviendo que sta actuara fusionada al Consulado de Comercio, proyecto tambin aprobado finalmente. Adverta adems la Real Orden que, a su tiempo, se daran reglas para la constitucin y gobierno de la nueva institucin, atribucin que Arango haba reclamado para su Junta que, como parte de sus funciones, prevea otorgarse sus propios estatutos.52Pese al descalabro que supona la decisin real logr el Apoderado dos importantes concesiones: el Conde de Casa Montalvo fue nombrado vocal del Real Consulado a perpetuidad y el propio Arango recibi honor similar al designrsele Sndico perpetuo, con derecho a ocupar asiento junto al Capitn General. Cuando el 10 de abril de 1795 el Real Consulado celebr su primera sesin, el discurso del Sndico devel el alcance de sus miras al decir, con un orgullo apenas disimulado, que por primera vez hablaba con la voz de toda la Isla; asumiendo para su faccin una representacin econmica y poltica que era, al mismo tiempo, un intento claro de subordinacin de los dems grupos regionales. No escapaba al nuevo Sndico la importancia de establecer un consenso efectivo entre las diversas facciones regionales de esa masa heterognea 52Finalmente se erigi el Real Consulado de Agricultura y Comercio sobre la base ordenada por la Corona de que en su direccin “no prevalezca el partido de los hacendados, ni el de los comerciantes, sino que uno y otro queden iguales”. Vase op. cit., t. I, p. 171.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /27 /27 /27 /27 /27 confundida bajo la denominacin equvoca de agricultores Las pugnas entre ellas por alcanzar concesiones del Rey que respaldaran una expansin econmica local, desde el refugio fortificado de sus respectivos cabildos, eran ya seculares. Pero la tensin se agudiz en el siglo XVIII cuando Santiago de Cuba, Bayamo, Trinidad y Puerto Prncipe se lanzaron a una impugnacin firme de lo que consideraban un acaparamiento, por la ciudad de La Habana, de todas las oportunidades para el desarrollo. La confrontacin haba trascendido los marcos insulares con la intencin de interesar la atencin del Rey y sus funcionarios ms cercanos mediante un verdadero alud de quejas y representaciones.53La unidad de accin de la clase, y probablemente lo que era ms importante an para Arango, la oportunidad de subordinar a otras lites regionales al plan proyectado en el Discurso pareca posible a travs de la actividad del Real Consulado, a pesar de la distorsin provocada por la intervencin de la Metrpoli en lo referente a su integracin corporativa. Estaba por ver, sin embargo, si los intereses contrapuestos de la capital y de las otras jurisdicciones podan conciliarse con el acierto necesario para que tan delicada tarea diera sus frutos.54 El resultado infructuoso del empeo no disminuye, sin embargo, la trascendencia histrica del objetivo trazado por Arango, pues una presin del conjunto de los propietarios sobre el aparato estatal hubiera asegurado en el terreno econmico, al menos, xitos de mayor consideracin que los obtenidos hasta principios del siglo XIX. El periplo por el mundo capitalista y colonialConcluida su labor en Espaa, Arango, en compaa del Conde de Casa Montalvo, inicia el recorrido proyectado por Portugal, Inglaterra y algunas de sus colonias en las Antillas. El viaje tiene como finalidad ostensible el conocimiento de las prcticas econmicas de aquellos pases punteros en la organizacin capitalista y en su periferia plantacionista. Es interesante comprobar que nunca lleg a publicarse la relacin pormenorizada del periplo, pese a los reiterados ofrecimientos de Arango en tal sentido. Por la descripcin de las actas correspondientes del Real 53Esos documentos son esenciales para el conocimiento de las ideas y la situacin econmicas en zonas de estructura social diferente a la ms historiada del occidente. Algunos han sido reproducidos por C. Garca del Pino y A. Melis Cappa: Documentos para la historia colonial de Cuba : siglos XVI XVII XVIII y XIX, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1988, pp. 201-203, 203-208 y 208-230.54Las actas del Real Consulado son un testimonio elocuente del ruidoso fracaso de este empeo a causa, especialmente, de los esfuerzos habaneros por acaparar las concesiones reales y por impedir el desarrollo de otras zonas.

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OBRAS 28\ 28\ 28\ 28\ 28\ Consulado se sabe, al menos, qu aspectos fueron del inters prioritario de la comisin. En los apuntes referidos a Portugal, la comitiva se preocup ante todo por los aspectos comerciales del trfico esclavista as como por las condiciones en que se encontraba la produccin azucarera de Brasil. En este ltimo pas, luego de un auge mantenido por cerca de tres dcadas a partir de 1740, la produccin anual comenz a disminuir, tendencia que se mantendra hasta alrededor de 1820. Arango y Casa Montalvo apreciaron con gran cuidado, al parecer, las posibilidades de utilizar los canales lusitanos del comercio de esclavos, con su amplia red de factoras en suelo africano, y comprobaron el bajo precio de las piezas de Indias que el comercio portugus estaba en condiciones de suministrar.55A mediados de mayo de 1794 se dirigieron al Reino Unido. La atencin de ambos comisionados se centr en el rgimen arancelario vigente entre Inglaterra y sus colonias. All pudieron com probar el desfavorable cambio ocurrido en el tratamiento aduanal de los azcares, ya distante del que rega a principios y mediados de siglo. Antes de la revolucin en Norteamrica, la carga del derecho sobre el precio del quintal de azcar en Londres representaba alrededor de un 10 % de su valor; pero ya para 1791 ese porcentaje ascenda nada menos que al 26,9 %; pues aunque la tasa no vari grandemente, el peso del impuesto gravitaba en mayor medida cuando el precio del producto descenda.56 Por otra parte, esta tendencia no era compensada por la reexportacin del producto. La devolucin de derechos por el azcar antillano reexportado ( drawbacks ) tuvo siempre muy escasa significacin en el conjunto de los volmenes comercializados, en patente contradiccin con el papel que le atribua Arango en su famosa memoria. Igualmente atrajo el inters de los viajeros el despliegue de maquinarias y herramientas de diverso tipo manufacturados all, entre stas la mquina de vapor, y su relativo bajo precio. El proceso de refinacin del azcar ocup una importante parte del tiempo de su estancia; con todo detalle estudiaron tanto la tecnologa como los costos de su produccin estimando que era ms ventajoso realizar estas operaciones en los propios centros productores que en la Metrpoli. De estos anlisis surgi la famosa representacin escrita por Arango sobre estas materias, redactada en suelo britnico y enviada de inmediato al Rey. El aspecto ms llamativo para Arango de su recorrido por las Antillas lo observ en la isla de Barbados. Esta pequea isla mostraba una peculiar composicin demogrfica que la distingua en el mundo colonial britnico 55Francisco J. Ponte Domnguez en su libro Arango y Parreo. El estadista colonial, Editorial Trpico, La Habana, 1937. Vase p. 80.56Para 1803, el porcentaje respectivo se elev al 55,7 % del precio de venta del quintal y tres aos ms tarde al 61,7 %. Ver Ragatz, op. cit., pp. 296-297.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /29 /29 /29 /29 /29 del Caribe. Ello se deba a la especial integracin de las dotaciones empleadas en la plantacin azucarera. La colonia se singularizaba por el predominio de las mujeres tanto en el contingente poblacional en su conjunto, como en la mano de obra utilizada por las haciendas. Ya en 1673, el nmero de esclavas era mayor que el de hombres de igual condicin.57 Este hecho lo impresion de tal manera que se incorpor permanentemente a su concepcin del desarrollo econmico insular. En realidad, Barbados haba logrado alcanzar un ideal aorado por todos los plantadores del Caribe, mantener una masa de esclavos ms o menos constante, e incluso creciente, mediante su crecimiento vegetativo. En las ltimas dcadas del XVIII, la estructura de las dotaciones mostraba un alto porcentaje de criollos, fenmeno que reflejaba la tendencia de los esclavos a su reproduccin natural. Autores contemporneos atribuan esa evolucin a la proclividad de los plantadores barbadenses a la adquisicin de mujeres, quizs debido a su menor precio y aprovechndose del prejuicio existente acerca de la menor capacidad femenina para las rudas tareas de la zafra. Lo cierto es que las compras de esclavos en la colonia suponan una entrada permanente de hembras en una proporcin mayor que en el resto del imperio. Grande debi ser la impresin causada por la visin de esos campos donde las esclavas componan el grueso de la mano de obra.58 Y similar inters despert la organizacin de las labores agrcolas, racionalmente distribuidas para aprovechar las diferencias de destreza presentes en una masa fija de trabajadores heterognea desde el punto de vista etario. En esa isla era costumbre organizar las dotaciones en tres o cuatro cuadrillas de trabajo en las que participaban hombres y mujeres por igual. La primera cuadrilla realizaba los trabajos ms duros, como el de azadonar el suelo, cortar y entongar la caa, sembrar, cargar los cestos del estircol y distribuirlo sobre los suelos y otras faenas que demandaban un gran esfuerzo fsico; aqu se incorporaban los esclavos de 20 aos o ms. Los jvenes, entre 15 y 19 aos, componan la segunda cuadrilla y se dedicaban a trabajos considerados ms ligeros, como el desyerbe, la recoleccin de forraje, la atencin al ganado, etc. En ocasiones haba una tercera cuadrilla, integrada por nios de ambos sexos tambin, utilizados como aguadores, vigilantes de ganado y encargados de cargar los cestos de bagazo para apilarlos en el lugar de secado.59 La integracin mixta de las cuadrillas y el predominio de las mujeres en ellas indicaba que los plantadores supo57Beckles reporta este fenmeno durante la segunda mitad del siglo XVIII que se acentu en el perodo hasta la abolicin. Vase Hilary McD. Beckles: Natural Rebels A Social History of Enslaved Black Women in Barbados, Rutgers University Press, New Jersey, 1989, pp. 15-18.58Cuando foment La Ninfa, Arango decidi emplear un crecido nmero de esclavas para las tareas del ingenio, incluidas las fuertes labores de la siembra y el corte de caa.59Beckles, op. cit., p. 31.

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OBRAS 30\ 30\ 30\ 30\ 30\ nan una productividad igual entre los sexos o que, cuando menos, sometan a los dos a faenas igualmente intensas. La experiencia barbadense marc profundamente a Arango y transform su visin del trabajo en la plantacin as como su concepcin acerca del funcionamiento del rgimen esclavista. Demostraba que, segn las evidencias observadas all, la dotacin poda generar su reproduccin sin afectar el rendimiento econmico de la unidad productora.60 Estimulado por este su descubrimiento y durante su estancia posterior en Jamaica, reuni a los hacendados y comerciantes de Cuba que se encontraban en esa isla para dar cuenta de las ventajas de importar mayor nmero de negras, recomendando su empleo en los ingenios insulares. Sin embargo, su propuesta fue acogida con gritos e injurias y tal indignacin generalizada que lo oblig a retirarse precipitadamente de la sala.61La siguiente escala del viaje fue, como se ha dicho, Jamaica. La visita a esta isla era de la mayor importancia, pues eliminado Saint Domingue como productor azucarero y cafetalero a gran escala, la colonia inglesa se eriga como el principal competidor de Cuba. Segn el relato publicado, aqu la comisin se interes ante todo por la situacin de la agricultura y en valorar la eficacia de los ingenios con empleo de diversa fuerza motriz, especialmente los movidos por el agua y el viento. El sistema de contribuciones y el rgimen de gobierno interior de la colonia fueron puestos bajo el microscopio. La comprobacin del intenso comercio ilegal que se desarrollaba entre la isla y Cuba, as como otras posesiones coloniales hispanas, reafirm la conviccin de Arango acerca de la pertinencia de un comercio libre de toda traba. Sus apreciaciones sobre las ventajas de Jamaica en relacin con Cuba son, sin embargo, deliberadamente sobrestimadas. Ya por estas fechas la actividad azucarera aqu haba experimentado cambios de envergadura y la tasa de crecimiento de las cosechas sobrepasaba la obtenida por la isla vecina. Lo que es ms importante, a partir de 1800 la rapidez en la asimilacin de las novedades tcnicas y tecnolgicas ser ms amplia en la colonia hispana que en la posesin britnica.62Armado con la experiencia de las prcticas polticas al uso en la compleja trama burocrtica de la Metrpoli y el conocimiento de primera mano de la situacin econmica en los pases de Europa y las Antillas ms vincu60La singularidad de Barbados como sociedad esclavista no se limita al sistema laboral adoptado, se extiende a otros aspectos del rgimen social muy bien estudiados por Beckles.61La ancdota fue referida por Jos Antonio Saco en Historia de la esclavitud desde los tiempos ms remotos hasta nuestros das (2. ed.), Editorial Alfa, 1944, Habana, t. IV, pp. 40-41.62Para un anlisis del estado tcnico de la produccin azucarera en Jamaica a lo largo del siglo XIX ver, entre otros, Craton y Walvin, op. cit.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /31 /31 /31 /31 /31 lados a la suerte de Cuba, Arango regresa a La Habana, tras accidentado viaje, luego de algo ms de un lustro de ausencia. El individuo: motor de la economa insular?Adscrito al liberalismo temprano, como se ha visto, Arango es un decidido impugnador de las ataduras que una legislacin de franco sabor medieval opone al flujo del intercambio comercial. Su labor se desplegar en dos frentes: quebrar el poder que detentan an los monopolistas a ambos lados del Atlntico y, mediante un razonado discurso, convencer a las autoridades peninsulares de lo lesivo de tales prcticas para el Erario y el aprovechamiento efectivo de las regiones del imperio en las circunstancias creadas por el avance de las relaciones modernas. Ms all de la confrontacin inevitable con los mercaderes de viejo cuo en la articulacin de la poltica econmica en asuntos puntuales, el criollo parte de una concepcin totalmente diferente a la de stos acerca de los mecanismos y las fuerzas impulsoras de la economa. En el terreno comercial y para esa opinin tradicional, la masa de un pas no era ms que un conjunto jerarquizado de hombres distinguibles slo en su varia condicin de productores o de consumidores; pero que, como tal, constitua un objeto ms que un sujeto de las decisiones tomadas desde los centros de poder. El lento ritmo evolutivo de las sociedades precapitalistas otorgaba cierto fundamento a la pretensin de un consumo previsible y relativamente homogneo de la poblacin, caracterstica que converta el comercio en una actividad de singular estabilidad desde el punto de vista de la estructura de los bienes en circulacin. En Arango la poblacin se ha transformado en un conjunto de individuos que, guiados por la razn, persigue la realizacin del propio inters en una bsqueda incesante de la utilidad como fundamento de sus acciones; stos son los mviles supremos que norman el comportamiento humano y que transforman el contingente de personas de un pas en sujetos econmicos dotados de iniciativa propia, sean stos considerados en su condicin de productores o de consumidores. Sus ideas al respecto aparecen ntidamente formuladas en la larga polmica que sostiene contra los enemigos del comercio de neutrales.63 En ese momento, ms all de las discrepancias en torno a la pertinencia o no de abandonar las limitaciones impuestas por el pacto colonial en materia 63La libertad de comercio fue autorizada por breves perodos durante las contiendas blicas que interrumpieron el trfico normal en el perodo de 1776 a 1812. La Corona lo autoriz, por Real Orden, en 1818 tras una intensa y prolongada lucha del Real Consulado y, especialmente, del Sndico. Vase Ponte, op. cit., pp. 267-268.

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OBRAS 32\ 32\ 32\ 32\ 32\ mercantil y de navegacin, se enfrentan dos concepciones acerca del lugar del hombre en la actividad econmica. La cuestin, en realidad, deriva del problema ms general que concierne al papel del individuo en la sociedad moderna, redefinindolo como agente activo del movimiento social. Los criterios encontrados afloran con claridad en la diversa comprensin que ambos contendientes poseen de la funcin social que debe tener el comercio, en este caso el exterior. Los mercaderes compartan una visin esttica y extremadamente rgida de las necesidades humanas. Crean que la sociedad se desenvolva de manera regulada y que ello era posible porque, entre otras cosas, el consumo previsible poda reducirse a una suma de importaciones ajustadas a los artculos de primera necesidad, concebidos y definidos stos como racionales. La precariedad del concepto “racional” en s mismo y aplicado en el contexto de una sociedad en pleno crecimiento salta a la vista y Arango se encarga, con una sorna apenas escondida tras frases amables, de poner en evidencia su inaplicabilidad. Su refutacin, como es habitual en l, abarca un crculo de problemas ms amplios que los suscitados por estos conceptos de regulacin comercial y racionalidad del consumo. En su criterio, tal materia no puede tratarse de manera abstracta, sin considerar el tipo de sistema econmico de que se habla. Dir entonces de la economa colonial de la Isla que “su constitucin econmica la ponen en la alternativa o de perecer, o de mantener aquel trfico sin interrupcin alguna” pues depende enteramente de la exportacin para satisfacer todas las necesidades de la sociedad, incluidas por supuesto las productivas. El comercio exterior, afirma, no posee la misma importancia en pases como Cuba que en territorios con mayores recursos, el Virreinato de Nueva Espaa por ejemplo. Para sobrevivir, la colonia requiere de un intercambio mercantil amplio e ininterrumpido. Y con ello no hace sino seguir el impulso de las leyes ya que si la Isla se abstuviera de dar salida a sus frutos, los habaneros no podran comer ni vestir, ni comprar los tiles necesarios para producir.64En otro aspecto del anlisis, demostrada ya el carcter esencial del vnculo de la colonia con el exterior, Arango arremete contra la simplificacin que se esconde tras la pretendida homogeneidad del consumo, y por consiguiente de su regulacin cuantitativa y cualitativa. Qu es un consumo “racional” para el hombre?, se pregunta una y otra vez a lo largo del texto. En la pintura que traza el publicista de las ideas formuladas por los monopolistas, stos tendan a concebir a la persona como un sujeto conformado de una pieza e invariable, con una naturaleza predeterminada y simple, individuo eternamente sometido a la minora de edad y a quien, desde luego, era indispensable fijar la cuanta y la composicin de sus 64“Comercio de extranjeros amigos y neutrales, dictamen del 22 de setiembre de 1799”, t. I, p. 290.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /33 /33 /33 /33 /33 consumos en su propio beneficio. Sus necesidades no slo estaban predeterminadas sino que eran, en tal sentido, reglamentables. A esta imagen responda Arango afirmando que slo en tiempos muy primitivos poda determinarse, con cierto grado de aproximacin, los productos que satisfacan los requerimientos del hombre, “pero despus que dejamos la desnudez y el alimento de los brutos y que afanados siempre por mejorar nuestra existencia, hemos consumido setenta siglos en multiplicar sus goces y hacerlos necesidades” no entenda cmo era posible “determinar los renglones que indispensablemente se exigen para vivir”.65Sus oponentes partan de que era posible establecer un flujo comercial ms o menos fijo dado que se conoca la estructura corriente de las importaciones, determinadas stas sobre la base de los productos de mayor o menor demanda. De hecho, este ltimo criterio incompatible con la vieja concepcin, pues si a los sujetos no se les reconoca iniciativa alguna para la eleccin de los productos, el concepto mismo de demanda careca de sentido. El comercio de importacin actuaba, entonces, en la funcin de simple suministro de bienes considerados como necesarios y comunes para el consumo humano. Con fina irona se cuestionaba Arango cules podan ser estos bienes dada la diversidad de factores que era imprescindible tomar en consideracin para determinarlos: “Mucho menos alcanzo cmo puede haber para esto una regla universal, cuando por el clima, por el Gobierno, por la religin, por la riqueza y costumbres, son tan varias entre las naciones, entre las ciudades y an entre los individuos, las necesidades humanas.”66La libertad que defenda a ultranza el Sndico no se limitaba slo a preservar los derechos comerciales de la colonia, se extenda tambin a una jurisdiccin hasta entonces poco considerada por los economistas de etapas anteriores: la persona como individuo. Lo que era cierto respecto a los consumos tambin contaba para la apreciacin del comportamiento econmico de los sujetos. Fiel a esta concepcin, en todos sus trabajos Arango har descansar en la preservacin del inters propio y de la utilidad manifiesta de una medida econmica, social o poltica cualquiera la iniciativa del individuo. Cuando en numerosos textos propugna reformas para las instituciones administrativas, o defiende el libre comercio contra las prcticas del comercio ilegal, apelar siempre a esta nocin de que el hombre acta racionalmente sobre la base de obtener ventajas que gratifiquen sus intereses ms vitales y que, por consiguiente, slo apelando a ese inters y satisfacindolo el Gobierno cumple su ms sagrado deber. 65Ibid., p. 299.66Ibid.

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OBRAS 34\ 34\ 34\ 34\ 34\ Si la raz liberal, capitalista, de estas ideas es evidente, no lo es en cambio la latitud que se le asigna en el conjunto del sistema econmico en que vive. Vocero de la plantocracia, reclama para esta clase el goce de las mismas libertades que la economa poltica reconoca como naturales e imprescindibles para el buen funcionamiento de la economa moderna. Aspiraba a obtener para ella el despliegue sin cortapisa alguna de la iniciativa de que haba dado amplia muestra en la primera mitad del siglo. Pero se detiene en esa frontera. El hecho de que casi la mitad de la poblacin permanezca aherrojada en la esclavitud, y por ende fuera del sistema que quiere edificar, no le parece incongruente. Tal contradiccin no le inquieta. Sin dudas, porque conceba ese maridaje como un obstculo circunstancial y compatible con un rgimen mercantil liberado de torpes ataduras. Pero la libertad de movimiento y de accin de los sujetos no es un mero recurso retrico. Constituye, por el contrario, el fundamento para un funcionamiento adecuado de las relaciones capitalistas. Escollos para la economa liberal: el esclavoLa erradicacin de la mayor parte de las limitaciones que opona la vieja concepcin econmica al libre juego del inters personal y la utilidad del individuo, representaba en las ideas de Arango un punto clave. Ya se ha visto su brillante defensa de la libertad de comercio y para la introduccin regular de brazos e instrumentos. Pero tal pensamiento no llegaba a infundir vida al funcionamiento de todo el sistema. La circunstancia de apelar a una mano de obra esclavizada supona una contradiccin en el mecanismo econmico de no pequea monta. Aqu el agente no estaba investido ni de iniciativa ni de posibilidades de accin independiente.67Ni elega las formas de su empleo, ni poda determinar tampoco la cuanta y la composicin de su consumo. Se quebraba as una de las bases esenciales del capitalismo: la conversin de las personas en actores libres de la actividad econmica, en sus artfices verdaderos. Los nexos entre los individuos, atomizados stos en sus nichos econmicos y sociales dada la naturaleza del sistema, no poda verificarse mediante el mecanismo clave de las relaciones de mercado.68 67Vase a este respecto el interesante trabajo de Dale Tomich: Felicidad y esclalvitud: Francisco Arango y Parreo. Enlightenment and Slavery in Cuba. Mss., pp. 18-19. Debo la consulta de este texto a la gentileza del Dr. O. Zanetti.68No es posible en este estudio extendernos en el anlisis de como el empleo de mano de obra esclava contradeca la operacin normal de las leyes econmicas del capitalismo.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /35 /35 /35 /35 /35 La presencia del esclavo distorsionaba, por consiguiente, todo el desenvolvimiento de un rgimen capitalista y esta evidencia no se ocultaba a los perspicaces ojos de los ms lcidos plantadores. Se ha sealado que, en lo ntimo, Arango no fue partidario de la esclavitud y que slo como hombre pblico —dadas las circunstancias histricas de la Isla— apel a un expediente que repudiaba decididamente. Sin embargo, en su condicin de representante de una clase que slo poda concebir la prosperidad sobre la base del trabajo servil, no tuvo escrpulos en respaldar el trfico negrero y el empleo masivo de stos. Convencido, desde la perspectiva de su pragmatismo sin fisuras, que esos brazos eran los nicos disponibles en la cuanta y con la rapidez que exiga su objetivo supremo de desbancar a los rivales de la Isla en el corto plazo,69 fue un paladn incansable para establecer ese comercio y para liberarlo de cuanto obstculo frenara la afluencia masiva de esos braceros. Si los incentivos econmicos modernos no podan aplicarse al manejo de la mano de obra, qu otra frmula facilitara su explotacin? La plantocracia, y Arango con ella, responder sin vacilar en consonancia con una experiencia histrica secular: la institucin slo puede mantenerse mediante la coaccin ms ruda y el miedo generalizado .70 La conciencia de esta realidad es tan ntida que, ya en el Discurso, el desarrollo plantacionista no puede prescindir de una consideracin paralela de proyectos de seguridad para ese creciente sector de poblacin residente en la Isla. Por ello no es de extraar que, al unsono con la aplicacin del programa contenido en el famoso memorial, la creacin de un sistema de orden pblico para la colonia fuese uno de los primeros cuidados del Real Consulado. El Reglamento de cimarrones, adoptado en 1796, intentaba poner al da las antiguas regulaciones vigentes para la represin de las frecuentes deserciones de los esclavos y de sus actos de insubordinacin. Arango y sus contemporneos ms lcidos saban, sin embargo, que la sola apelacin a la violencia no garantizara el desenvolvimiento normal de la economa plantacionista. Una coaccin cruel y constante sobre las dotaciones no era buena para los negocios, as como era materialmente imposible mantener en cada hacienda un estado virtual de guerra. El Sndico era partidario, por tanto, de hallar frmulas que estimularan el inters de los propios esclavos, en sustitucin de los mecanismos espontneos que actuaban en el mismo sentido para la economa capitalista. 69Arango era capaz de adoptar framente decisiones que condenaban mayoras a un cruel destino, y al mismo tiempo vanagloriarse de poseer un corazn tierno.70Representacin de la ciudad de La Habana a las Cortes, 20 de junio de 1811. Obras t. II, p 183.

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OBRAS 36\ 36\ 36\ 36\ 36\ As el rgimen contra la cimarronera se complement con otras medidas de compulsin indirecta. Discutidas entre 1796 y 1799, esas regulaciones aspiraban a subrayar la autoridad indiscutible del amo sobre sus siervos y, al mismo tiempo, crear ciertos mecanismos que estimulasen la diligencia de los esclavos. Se esperaba que el funcionamiento de estas vlvulas de escape permitieran canalizar el rechazo al rgimen en un nivel asimilable por el sistema. Fueron desempolvadas, nuevamente, algunos de los derechos que la antigua legislacin hispana haba reconocido siempre a los esclavos: libertad para casarse a su gusto, capacidad para manumitirse y derecho a la bsqueda y posesin de peculio. El Real Consulado, con la aquiescencia de Arango, aconsej a los propietarios respetar estos preceptos y aprovecharlos en su beneficio, presentndolos ante sus dotaciones como resultado de su magnanimidad personal y no como pautas jurdicas de obligatorio cumplimiento. La eficacia de estas frmulas result, en verdad, limitada. Durante la vida del Sndico y hasta fines de la dcada del cuarenta, las dotaciones no se mostraron proclives a cooperar con esta poltica diseada para estimular el acomodo y la adaptacin al rgimen. Por el contrario, la repulsa al sistema y la lucha constante de los esclavos por mejorar sus condiciones de vida y obtener su libertad civil marcaron de manera indeleble este perodo de la historia colonial como ningn otro. Estas dcadas de rpida transformacin, con su violentos desquiciamientos sociales y polticos, contribuan, sin duda, a estimular la actividad de resistencia en los sectores ms sometidos de la poblacin colonial. Los temores de una reproduccin de los sucesos de Hait, previsible dadas las circunstancias y el crecimiento brutal de los esclavos en el conjunto demogrfico, aconsejaron tambin atender a aquellos segmentos que, fuesen negros o blancos, pero libres, eran susceptibles de una resistencia ms o menos importante. Arango, ya desde su Discurso alert sobre la necesidad de eliminar los batallones de milicias de la gente de color y, en general, el abandono de la errnea poltica, a su entender, de brindar instruccin militar a esa clase de gente. Potencialmente esos veteranos representaban un serio peligro para la plantocracia. Sin embargo, las necesidades imperiales dilataron durante aos la adopcin de una medida tan dramtica. Por otra parte, una vez ms renaci la lucha contra la vagancia. El ocio, que en el pueblo se califica de holgazanera, pero en cambio entre las clases dominantes es considerada ocasin para el perfeccionamiento de s, fue perseguido sin piedad desde los tiempos del gobierno de Luis de las Casas hasta que se cierra el ciclo revolucionario continental en 1825. Todos los resortes fueron puestos en juego para aquietar una efervescencia que creca a ojos vistas, mientras la economa segua su mar-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /37 /37 /37 /37 /37 cha triunfal sobre el modelo plantacionista, ya totalmente consolidado por esas fechas. El lujo desbordante y ofensivo de la oligarqua se inscriba en una intranquilidad generalizada que, muy pronto, dio muestras de s. El descalabro poltico de 1808La carrera pblica de Arango sufri un brusco giro durante los aos 1807 y 1808. La abdicacin de Carlos IV, en marzo de este ltimo, a favor de su hijo Fernando y la invasin subsiguiente de la Pennsula por las tropas francesas cre un verdadero vaco de poder en el sistema de relaciones entre la Metrpoli y las colonias. Quedaron as los territorios americanos librados a su propia suerte. En la Metrpoli surgieron por doquier Jntas locales que reivindicaban, con mayor o menor legitimidad, el derecho de representar a la monarqua. Desanudado el nexo colonial, las oligarquas regionales en Amrica se apresuraron a sacar partido de la coyuntura y crear organismos que, de comn acuerdo con los gobernadores designados por la Corona, ejerciesen la administracin de los territorios respectivos. Cuba se incorpor a este movimiento luego que llegaron las primeras noticias de la ocupacin francesa. El Capitn General Someruelos, tras recibir instrucciones de la Junta de Sevilla, declar rotas las hostilidades entre las dos naciones al tiempo que informaba a la poblacin de los acontecimientos. Tanto el gobernador como su teniente asesor opinaron a favor de la constitucin de una institucin similar en La Habana para garantizar el orden y el desenvolvimiento normal de la colonia.71 Opinin que mantenan tambin varias de las facciones existentes al seno de los ricos propietarios y comerciantes. Durante los das 24, 25 y 26 de julio se efectuaron reuniones de consulta, tanto en las instancias de gobierno como entre los vecinos ms influyentes. Al parecer hubo un rpido consenso para el establecimiento de la Junta siempre que su creacin gozase del apoyo y el respaldo activo de un nmero importante de personas notables, condicin que Arango estim indispensable para aventurarse en esa empresa. Por otra parte, se consideraba que los pasos emprendidos tenan plena legalidad; las atribuciones ordinarias y extraordinarias del Capitn General, reconocidas por la legislacin metropolitana, lo capacitaban para adoptar decisiones de tal envergadura. Adems, el cuerpo capitular se senta en su derecho a recomendar un proyecto que ataa a la conservacin y normal funcionamiento del pas 71Arango protest siempre de que la iniciativa no haba sido suya.

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OBRAS 38\ 38\ 38\ 38\ 38\ dado que como institucin constitua una legtima y la ms legal representacin de este pblico Seguro de no traspasar los lmites de sus facultades, el Cabildo extendi un memorial solicitando la creacin de ese rgano de gobierno en su sesin del 26 de julio; documento que, adems, contaba con las firmas de ms de setenta notorios personajes de la capital. El proyecto del Ayuntamiento defina claramente cul era el fin ostensible de su solicitud que consista principalmente en mantener la unin y la paz interior, objetivos que identificaba, de forma natural, como el inters esencial de toda los habitantes de la Isla en las circunstancias del momento. Por ello peda al gobernador “...el establecimiento de una Junta Superior de Gobierno que, revestida de igual autoridad a las dems de la pennsula de Espaa, cuide y provea todo lo concerniente a nuestra existencia poltica y civil, bajo del suave dominio de nuestro adorado monarca, a quien debe de representar”.72Sin apartarse del reconocimiento de Fernando VII, y por ende de la soberana hispana, la nueva instancia de gobierno propuesta introduca, sin embargo, una novedad de no pequea trascendencia: la incorporacin a ella, adems de las autoridades legalmente constituidas —que la integraran por derecho propio—, tambin de un grupo de vecinos respetables quienes seran los encargados de atender el desenvolvimiento cotidiano de las funciones administrativas en la colonia. Proyecto que en verdad equivala, dada la situacin del sistema colonial, al goce de una amplia autonoma regenteada, en este caso a ojos vistas, por la faccin aranguista de la oligarqua. En la noche del 27 de julio se reuni el Cabildo habanero para deliberar acerca de la pertinencia de dejar establecido el nuevo rgano. Empero la oposicin de un ncleo de importantes funcionarios y de algunos miembros de la aristocracia frustr el intento, apoyados adems, al parecer, por una clientela con visos de populacho.73Resulta en verdad extraa la actitud de quien integraba el cuerpo capitular en su condicin de alfrez real. Arango, tan enrgico y audaz por lo general, no vacil en retirarse de la intentona tan pronto como se conoci la oposicin al establecimiento de la Junta. Sin duda su adiestrado olfato poltico percibi un riesgo mayor de proseguir en el intento: la trascendencia pblica de una desunin al interior de la clase dominante. Un fenmeno que, segn su ms profunda conviccin, haba abierto las brechas por la que irrumpi la plebe en Francia y tambin en Hait. De su visita a este ltimo pas haba sacado una leccin perdurable en tal sentido. 72El documento fue reproducido por Vidal Morales y Morales en su obra Iniciadores y primeros mrtires de la Revolucin Cubana, Consejo Nacional de Cultura, La Habana, 1963, t. I, pp. 33-35.73Ponte Domnguez, op. cit., pp. 190-194, para una descripcin pormenorizada del asunto.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /39 /39 /39 /39 /39 Los enemigos del Sndico no desaprovecharon la oportunidad para estimular las dudas en la opinin pblica de la Isla acerca de su fidelidad a Espaa. En vista del rpido trnsito de las Juntas americanas hacia una autonoma muy libremente interpretada —poco despus a la declaratoria abierta de la independencia— la acusacin lanzada no era de poca monta. No es creble sin embargo, a pesar de sus desmentidos posteriores, que Arango nada tuviese que ver con la intentona. Por el contrario, era una frmula que se adecuaba perfectamente a su apreciacin de los riesgos potenciales que contena la situacin insular y que, adicionalmente, serva a la perfeccin los intereses fundamentales de la plantocracia y a su concepcin del ejercicio del poder. La naturaleza poltica de esa clase social se traduca de maravillas en el proyecto juntista. La actividad a escala local estaba confinada entonces al control del Cabildo y al conjunto de presiones que, a travs de l o mediante vnculos familiares o simplemente el soborno, se ejerca sobre la Capitana General y en el entramado burocrtico de la Corte. Tanto la Junta como el Ayuntamiento eran, por definicin, excluyentes de una participacin ms o menos amplia del vecindario.74 Aun el resto de la propia clase permaneca en una suerte de clientelismo obligatorio ante el poder de una reducida lite, ya que no dispona de ningn mecanismo legal para hacer valer sus intereses. De modo que la gestin poltica quedaba reducida al grupo oligrquico, esto es, a un nmero pequesimo de personas que asuman la tarea de definir y defender lo que consideraban el bien de la Isla, identificndolo con su propio progreso. Las relaciones entre diversas facciones al seno de la plantocracia, entre sta y el resto de la clase propietaria, as como con los funcionarios ms importantes de la colonia, se articulaban de manera compleja habida cuenta que la ausencia de una confrontacin en el espacio pblico y de cargos electivos a todos los niveles y esferas de la administracin estatal presupona el empleo de vas ms o menos encubiertas, fuera de la supervisin popular. Una amplia red clientelar supla algunas de las funciones que, en otras sociedades, suministraban los mediadores polticos formales. La clientela no era slo un mecanismo poltico, constitua una especie de entramado socioeconmico que una al oligarca —o a la familia oligrquica segn el caso— al conjunto de la sociedad local. La amalgama de funciones cumplimentadas por el cliente responda al escaso desarrollo de la actividad poltica en la colonia. sta se limitaba pues a la presin que determinadas 74Desde fines del siglo XVI los cargos en el Cabildo dejaron de ser electivos, adquirindose por compra y, con frecuencia, vinculndose hereditariamente a la misma familia. Las sesiones en Cabildo abierto tambin se eliminaron durante las primeras dcadas de la colonizacin, al menos en La Habana.

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OBRAS 40\ 40\ 40\ 40\ 40\ facciones solan ejercer sobre las autoridades metropolitanas mediante el soborno, las alianzas matrimoniales y de negocios as como la coincidencia coyuntural ante objetivos dados. Confinada a los estrechos marcos de los Ayuntamientos, de la Sociedad Econmica de Amigos del Pas y del Real Consulado la confrontacin poltica se desarrollaba sobre una base muy estrecha y dependa del apoyo de familiares, amigos o socios que actuaban de conjunto. El proceso de vertebracin del proyecto de Junta Superior de Gobierno, y su posterior fracaso, refleja de la manera ms clara la naturaleza de la actividad poltica de los grupos dominantes en la Isla y sus lmites reales. El descalabro de 1808 traduca una pugna por el ejercicio del poder efectivo en la colonia que databa de los aos noventa del siglo precedente y que no hizo sino acentuarse en las dos dcadas siguientes, especialmente desde 1807 en que la crisis econmica y los avatares de la situacin internacional provocaron complicaciones adicionales a la efervescente situacin insular. La confrontacin poltica entre la faccin aranguista y las dems revisti muchas modalidades y apel a una variada gama de argumentos que cuestionaban la ndole del sistema implantado en Cuba y pugnaban por determinar su futuro derrotero.75La actividad de Arango no slo fue contestada en el plano poltico, es decir, como uno de los que apoyaban la constitucin de la Junta; tambin su doctrina acerca de las bases de la economa insular comenz a ser impugnada por estas fechas. El nacimiento de un pensamiento antiplantacionista no cuenta con una validacin historiogrfica, pero es enteramente razonable suponer que su surgimiento coincida con la acelerada difusin de las haciendas esclavistas en la segunda mitad del siglo XVIII. An cuando su presencia en el pueblo fuese dbil y especialmente inorgnica, hay algunas evidencias de su aparicin. Ya en el primer decenio del XIX, voces muy autorizadas, a partir de presupuestos polticos y sociales diversos, contrapusieron en la prensa y en los escasos escenarios pblicos que proporcionaban las instituciones locales, as como en la Corte, una visin alternativa a la defendida por la faccin que encabezaba Arango. De dos frentes diferentes provino esta oposicin. Uno de ellos, nucleado tras el poderoso respaldo del Intendente de Hacienda, el cargo ms elevado de la colonia despus del gobernador, libr una breve, pero intensa batalla contra el proyecto de Arango, cargado de un acentuado plebeyismo que ocultaba mal una desmesurada ambicin personal. La lucha entre los aranguistas y los seguidores del intendente Rafael Gmez Roubaud transcurri inicialmente tras las bambalinas de las re75La denominacin de las facciones que se comentan en el texto simplifica, necesariamente, un proceso que fue complejo y muy dinmico; se utiliza, por tanto, slo con el propsito de argumentar con claridad las dos posturas principales enfrentadas entre s.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /41 /41 /41 /41 /41 presentaciones y los oficios. Pero a raz de la crisis econmica de 1807, adquiri notoriedad pblica en dos sesiones del Real Consulado convocadas para implementar soluciones a la difcil situacin financiera y comercial. Estadsticas en mano, el funcionario no vacil en utilizar ese mismo escenario para reprocharle a la institucin la poltica adoptada y que supona la conformacin de un sistema econmico extremadamente unilateral. Roubaud denunciaba el desbalance visible entre el cuantioso monto de las importaciones de alimentos y el potencial agrcola de la Isla, que era, sin dudar, capaz de suministrar muchos de los artculos introducidos como el arroz, la manteca y otros de menor peso en la estructura de las compras de esta clase de mercancas. Por ende, criticaba la propensin a ocuparse slo del azcar y el caf, desatendiendo otros cultivos de igual utilidad para el pas. Esa estrategia de privilegiar los productos de exportacin haba dotado a la economa insular de una debilidad incuestionable, creando tal sensibilidad en el sistema que guerras u otros acontecimientos podan provocar el cese del flujo comercial, desatando el hambre generalizada y las carencias ms elementales en la poblacin. Por otra parte, haba que considerar el gran volumen de dinero que sala de Cuba para la adquisicin de productos que aqu podan cultivarse con excelentes resultados.76La pugna entre el grupo de Roubaud y el partido de Arango no se limit a cuestiones doctrinales; se extendi a otras esferas como la posesin de tierras mantenidas sin explotacin econmica adecuada —en claro intento por destruir la base de la preeminencia social de los plantadores— y, ante todo, a demostrar la duplicidad, el verdadero trasfondo del desinters de que hacan gala quienes se presentaban como patriotas mientras usaban fondos pblicos o privaban al Erario de sus legtimos ingresos. A tal efecto deca a las autoridades metropolitanas, con motivo de los ataques de que era objeto en su persona y como funcionario estatal, “...pero no puedo menos de decir para el superior conocimiento de Vuestra Excelencia que por activar y no andar en condescendencia, me he atrado el odio de los deudores que son casi todos los vecinos y el de los que los favorecen (...) Ni Vuestra Excelencia con la autoridad ms amplia y con los regimientos a su orden podra realizar los cobros. Como los letrados y fiscal de la Junta de Apelaciones son hijos del pas, se han propuesto desairar, despreciar y ajar al Tribunal del Superintendente General de Real Hacienda en esta isla y lo mismo los vecinos de ella que estn en el Consulado (...). Estas gentes, incluso los asesores hijos del pas, se han propuesto aburrir al de esta intendencia al ms alto grado, y Vuestra Excelencia dgnese asegu76Los datos del comercio exterior entre 1804 y 1807 aducidos por Roubaud estn contenidos en su carta nmero 1023 al ministro. Vase en Archivo Nacional de Cuba (ANC): Gobierno Superior Civil 480/18655.

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OBRAS 42\ 42\ 42\ 42\ 42\ rarse y afianzarse que los recursos, las representaciones, las cartas particulares, las insinuaciones y ms de estas propias gentes que no llevan otra idea, otro fin, ni otro propsito que alucinar, enredar, conmover para que siga el sistema de anarqua que aqu reina”.77Si bien Arango era el blanco principal de sus virulentas acusaciones, en verdad toda la aristocracia criolla se hallaba bajo la contestataria supervisin del Intendente. Se comprende la campaa despiadada que, en justa retribucin, la oligarqua le haba declarado. La audacia insensata de Roubaud no tena lmites, y lleg tan lejos como a husmear en el tabernculo de la plantocracia: una de sus principales medidas fue la de rastrear a los grandes deudores del Tesoro. En su mayora miembros del grupo de poder, las diversas relaciones confeccionadas y remitidas de inmediato a la Pennsula contenan los nombres de las figuras ms representativas de la aristocracia titulada o la del dinero. El blanco principal de sus ataques fue, no obstante, Arango, de quien deca deber 50 000 pesos por los impuestos reales, “esto es, por el dinero de las alcabalas del Rey que ha exigido y cobrado con firmeza de las personas a quienes ha repartido las tierras y cuyas cantidades ha retenido y retiene en lugar de ponerlo en la Tesorera del Rey”.78La posicin antiplantacionista de Roubaud y sus aliados no era otra cosa que pura demagogia para encubrir sus ambiciones de poder. Cierto es que con tales afirmaciones alimentaban el resentimiento de muchos peninsulares, acrrimos enemigos de la aristocracia criolla, terrateniente y acaudalada, que los despreciaba a su vez, pero nunca intentaron ofrecer una alternativa real al camino trazado por el grupo opuesto. En definitiva, los amagos de desplazar a la oligarqua de su posicin prominente no alcanzaron xito alguno y el Intendente fue sustituido, entre otros motivos alegados, por nepotismo. El otro Discurso sobre la agriculturaUn peligro ms serio lo constituy la posicin adoptada por el Obispo Juan Jos Daz de Espada,79 no slo a causa de la relevancia de su posicin social, sino por la influencia destacada que haba llegado a adquirir en la joven intelectualidad criolla. Su trascendencia radica en que daba voz a una 77Ibid., carta nmero 997 de 4 de abril de 1808.78Ibid., carta nmero 998. No dejaba de aadir: “Yo temo mucho de que no se realice este cobro. Arango est muy adeudado en la ciudad y sus fincas no son del todo suyas; el tiempo ser el desengao.”79Obispo Espada Ilustracin reforma y antiesclavismo (Seleccin, introduccin y notas de Eduardo Torres-Cuevas), Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1990.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /43 /43 /43 /43 /43 corriente antioligrquica poco articulada an a nivel popular, pero ya plenamente perceptible desde 1809 en adelante. Constitua una alternativa posible frente al camino elegido por Arango y sus correligionarios, ya que tena como propsito firme crear una sociedad ms equilibrada desde el punto de vista econmico y social. La tesis de Espada parta de premisas de orientacin contraria a las del Sndico. Para empezar estimaba que el progreso de la agricultura tena una fuente diferente a la apuntada por Arango ya que el aumento de la poblacin era efecto y no causa de sta.80 El punto de partida decida, segn el propio obispo, la fundamentacin toda de las propuestas y recomendaciones sobre el desarrollo agrcola. Por consiguiente, dejaba explcito desde el principio que su criterio no era el de “hacendados o comerciantes de la Isla, que miran como en todas partes las cosas por el solo aspecto de la ms pronta, ms crecida y ms fcil ganancia”.81 Las conclusiones contrapuestas derivaban de una dismil apreciacin de los fines del progreso econmico, tal como queda expuesta en el magnfico memorial “Diezmos reservados” trazado por su pluma y concluido en 1808.82Puede considerarse la exposicin de Espada casi como el reverso del Discurso de Arango, aunque el Obispo se cuida de establecer el equilibrio necesario al afirmar que tanto los cultivos comerciales como los destinados al consumo interior, que son el objeto preferente de su preocupacin, son igualmente tiles para el Estado. Pero, desde luego, la inclinacin de Espada est del lado de una agricultura que alimente el trfico interior y fije en la tierra a un contingente campesino numeroso. A diferencia del memorial aranguista, el escrito que comentamos propone un rgimen agrcola que proteja la pequea explotacin y alivie la suerte de arrendatarios y partidarios, sumidos en la mayor miseria y sujetos a obsoletos sistemas de dominio. Quiere Espada que la Isla tenga profusin de alimentos y que, sobre la base de una distribucin ms justa de la propiedad o el acceso a la tierra, aumente la poblacin en la medida que requiere la extensin de la colonia. Antiesclavista confeso, el Obispo concibe el crecimiento de la economa insular sin que para ello se requiera apelar a este tipo de trabajadores. En el memorial adelanta frmulas para lograr el cese inmediato de la trata, como el primer paso para eliminar el nefasto rgimen imperante. Dadas las premisas de que parte en su anlisis, el expediente sobre diezmos critica severamente la poltica aplicada por la Corona. Argumenta 80En alusin a estas palabras de Arango: “Procurar antes que nada, la riqueza territorial y su primera consecuencia, que es el aumento de la poblacin”, t. II, p. 41.81Ibid., p. 232.82Ibid., pp. 217-273. Consltese tambin el excelente estudio introductorio de TorresCuevas que acompaa los textos de Espada.

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OBRAS 44\ 44\ 44\ 44\ 44\ que es un contrasentido proteger cultivos para cuyo desarrollo se requiere de una riqueza inicial apreciable, mientras la pequea agricultura y los labradores ms pobres carecen de toda ayuda crediticia y de todo aliento fiscal. Es justamente a ese tipo de agricultores a quienes el Estado metropolitano debe los mayores cuidados. No hay constancia de la suerte corrida por el escrito de Espada en la Corte, ni de la difusin que pudo haber tenido entre ciertos crculos en la Isla. Su programa, si as es lcito llamarlo, fue uno de los primeros en formular una dicotoma que durante ms de dos siglos encontrara repetido eco en el pensamiento econmico insular. Result igualmente evidente, para estos decenios, que tras ese proyecto faltaba el apoyo social que lo hubiera hecho posible, al menos parcialmente. Pero, sin dudas, muchas de las ideas en l contenidas deban formar parte ya del arsenal de argumentos que se debatan en el encendido clima poltico de las primeras dcada del XIX. Slo cuando la plebe sali a las calles, alentadas por los acontecimientos en Espaa y la convulsin posterior en el continente americano, estas corrientes subterrneas salieron a flote; la posibilidad de que un mayor nmero de personas participasen en las actividades polticas se torn real y, por ende, la necesidad de tomar en cuenta la opinin de unos sectores antes marginados. No hay validacin de acciones callejeras antes de los motines contra los franceses, salvo las asonadas orquestadas por la tropa descontenta. Pero, en cambio, hay certeza de que exista un fermento visible en algunos sectores no oligrquicos, de clase media y populares, como lo demuestran las noticias, artculos y poemas editados entonces en las publicaciones peridicas. La influencia de la Revolucin Francesa, cuya recepcin multiforme afect a numerosos pases, incidi con fuerza descomunal en la sociedad insular. La crtica encarnizada a la aparentemente trivial adopcin de modas y costumbres de esa nacin, desde peinados hasta muebles y danzas para no hablar de ideas, demuestra que la influencia cal hondo en toda la jerarqua social que integraba la colonia. Una buena muestra de la naturaleza de la nueva mentalidad que se difunda es un artculo firmado por El Patn Marrajo destinado a combatir, desacreditndolas, las corrientes que ganaban terreno en la opinin pblica de la capital: “La nueva ilustracin francesa consiste en haber degollado a sus legtimos soberanos, a toda la nobleza, y destruido el sacerdocio y religin, por conseguir los soados ttulos de libertad e igualdad, que no puede haber en ninguna sociedad bien constituida.”83Libertad e igualdad eran palabras que deban tener por fuerza amplia resonancia en partes muy importantes de la poblacin, cuando menos en 83E. Roig de Leuchsenring: Los peridicos: los continuadores del Papel Peridico Oficina del Historiador de la Ciudad, La Habana, 1962, t. II, p. 126.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /45 /45 /45 /45 /45 las ciudades mayores. Pronto la turbulencia poltica encontr canales para su expresin abierta. En marzo de 1809, y a consecuencia de la declaratoria de guerra contra Francia, en La Habana y Santiago de Cuba as como en la campia aledaa a ellas ocurrieron asaltos, saqueos y maltrato a los franceses radicados en la Isla con pretexto de su decretada expulsin. El Marqus de Someruelos relat lo ocurrido a las autoridades espaolas. En justificacin de su conducta deca el Capitn General: “Temiendo yo que los mismos medios capciosos de que est acostumbrado a valerse el Emperador de los Franceses, fueran instrumentos para sorprender la lealtad de estos mismos habitantes, al paso de que no poda sospecharse de otros que de los franceses (...) y como al mismo tiempo estaba desengaado que no haban mostrado mucho de ellos su adhesin a nuestra causa de un modo satisfactorio, ni menos seguan las costumbres civiles y modales que los espaoles que los haban acogido [decidi ste] deban salir de la Isla aquellos que no estuviesen adheridos a nosotros por vnculos indisolubles”.84El gobernador orden la creacin de unas Juntas de Vigilancia que siguieran de cerca la conducta de la poblacin francesa residente en su demarcacin, encargadas asimismo de proceder a la deportacin. Iniciado el procedimiento, cuenta Someruelos, que llegaron “a la Puerta de Tierra de esta plaza dos franceses a caballo que conforme a ordenanza del ejrcito, me fueron remitidos con un soldado de aquella, cuando por cuyo motivo los muchachos de color, creyendo que venan presos, les acompaaron con gritera y algunas pedradas”.85El suceso fue una especie de toque de alarma para que estallara una supuesta indignacin popular el da 21 de marzo. Ese da una porcin de gente de color, cuya mayor parte parece eran muchachos, sali a las calles para atacar a los franceses en la va pblica y en sus propias casas. Durante esa noche, mientras se calmaba el tumulto en la ciudad intramuros, estallaba a su vez en los barrios perifricos y en los partidos pedneos ms cercanos. El 22 por la maana renaci en La Habana, pero el tumulto fue de corta duracin, restablecindose el orden rpidamente. Sucesos similares ocurrieron en Santiago de Cuba. El hecho de que el motn fuese atribuido esencialmente a muchachos y a ciertos malhechores, siempre prestos a beneficiarse durante las situaciones confusas, resta mucha de la importancia poltica que se le ha con84Carta a Benito Hermida fechada a 31 de marzo de 1809, en Archivo General de Indias (AGI), Legajo 1752. El conocimiento de esta correspondencia la debo a la generosidad del historiador Matthew Childs.85Ibid.

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OBRAS 46\ 46\ 46\ 46\ 46\ ferido al suceso, al menos en la capital.86 La tensin reinante, empero, impuls a decenas de franceses que no haban sido molestados an a huir de la Isla en una migracin cuya cuanta algunos autores estiman entre doce y diecisis mil personas.87El acontecimiento, sin embargo, no fue sino el inicio de una intensa actividad poltica que se extendi hasta 1814. La entrada de otras clases y capas de la poblacin en el escenario pblico confirm que, tras la aparente unanimidad relativa al curso de la evolucin econmica y social de la Isla, existan corrientes alternativas, entre ellas la expuesta por el obispo Espada. En circunstancias tan convulsas como las de esos aos, el caldeado ambiente poltico en Cuba retrajo a Arango. De entonces datan sus deseos de retirarse a la vida privada para cuidar de sus negocios, abandonando incluso el cargo vitalicio de Sndico del Real Consulado, ttulo con que lo haba honrado la Real Orden de su creacin.88 Pero todava la correlacin de fuerzas, tanto en Cuba como en la Metrpoli, no le era del todo desfavorable. El constitucionalismo en accinLos sucesos de Espaa provocaron el cuestionamiento universal del sistema gubernativo a ambos lados del Atlntico. Las fuerzas renovadoras de la Pennsula dieron un vigoroso impulso a la lucha por modernizar las viejas estructuras de la monarqua. Y con estos grupos se alzan en Amrica otros que aguardaban el momento para formular sus propias propuestas de concertacin de un renovado pacto colonial. En Cuba, este movimiento, visible desde los acontecimientos de 1808, contina ganando fuerza en lo sucesivo. La convocatoria a Cortes extraordinarias suscita un sinfn de controversias entre las lites criollas, y sirve de marco para la articulacin de una definida poltica afirmativa 86Meses despus el Intendente, en su correspondencia con el ministerio, reiteraba que la autora del motn perteneca a “los negros de esta plaza” y reiteraba que la tranquilidad reinaba por doquier. ANC, Gobierno Superior Civi l, 481/ 18658, carta nmero 30, fechada a 6 de mayo de 1809.87Jos Luciano Franco: Revoluciones y conflictos internacionales en el Caribe, 17891854 Academia de Ciencias de Cuba, La Habana, 1965, p. 89. Franco aade que la cifra refleja slo la emigracin de la parte oriental de la Isla y que casi la totalidad de sta se radic en Nueva Orleans.88Arango nunca dej de actuar en representacin del Consulado hasta que la creacin de la Junta de Fomento sustituy a la primera institucin.89El memorial comentado se atribuye a la autora de Caballero; en todo caso resume con fidelidad las ideas predominantes en el crculo de Arango. Vase “Exposicin a las Cortes Espaolas”, en Jos Agustn Caballero: Escritos varios, Editorial de la Universidad de La Habana, La Habana, 1956, p. 254.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /47 /47 /47 /47 /47 de la autoctona insular. El debate en torno a los principios que deben regir en la Constitucin que est en proceso de redaccin cuestiona casi todos los aspectos que haba alimentado el antiguo sistema colonial. Cmo entender el ejercicio de la soberana en el imperio espaol? Ser vlido legislar y gobernar los diversos y distantes miembros que componen el cuerpo total bajo un mismo pie?89 La pregunta no era ociosa, pues la experiencia histrica haba demostrado que “ni es razn, ni es posible (...) pueda Gobierno alguno, situado en Europa, gobernar a los pueblos con conocimientos de sus necesidades locales y con arreglo a ellas,”90 se dice en uno de los tantos proyectos que circulan por los corrillos. Se adelanta aqu una tesis que toda Amrica hispana har suya y repetir hasta el cansancio como prueba irrefutable que legitima su derecho a las revoluciones de independencia. Pero ambas interrogantes forman parte de la lnea de combate de las lites criollas. La exposicin que comentamos es representativa del pensamiento de stas, recogido en numerosos documentos y actas de la poca.91Las dos caras del problema de la soberana gozaba de una refinada elaboracin terica vertebrada durante decenios. El memorial propone, desde el inicio de su argumentacin, una distincin neta, precisa, entre las partes componentes del imperio espaol que considera diferentes por su constitucin y caractersticas. Por eso cree que hubiera sido pertinente organizar, por separado, dos congresos; dedicado el uno a legislar sobre los asuntos que resultan de inters comn a espaoles y americanos, y el otro a erigir el sistema conveniente a las condiciones especficas que existen en la Espaa europea. El autor no deja dudas de que es indispensable reconocer la existencia de realidades distintas, con frecuencia escenario de intereses contrapuestos. De esta manera, las cuotas de soberana de una y otra parte del imperio estaran perfectamente claras, tendran lmites claramente perfilados. Pero ya que no se previ este paso, la accin de las Cortes deba encaminar sus pasos a desembarazarse de la anticuada nocin de que la igualdad jurdica y de sistema de gobierno entre peninsulares y americanos son el marco adecuado para el progreso de las respectivas regiones del imperio. De hecho, esa igualdad se ha transformado en una camisa de fuerza que frena la evolucin orgnica de los pases de aquende el Atlntico. La generosa admisin de los representantes de este continente en las Cortes, elegidos por un proceso casi idntico al peninsular y con iguales derechos en el congreso, es a todas luces insuficiente a juicio del autor. Apuntaba ya desde entonces una imprecisa inquietud y la sospecha de que los intereses especiales de los colonos no encontraran eco efectivo en el conjun90Ibid., p. 266.91A tal efecto pueden consultarse los reproducidos en el tomo II de las obras de Arango.

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OBRAS 48\ 48\ 48\ 48\ 48\ to de la representacin nacional.92 De todos modos, la ratificacin de ese derecho hablaba a favor de la monarqua pennsular pues se reconoca en el documento que la progresista Inglaterra no contaba en su Parlamento con una participacin directa de los territorios integrantes de su imperio. En cambio, esta potencia comprendi muy bien que era cuestin de sana poltica delegar la administracin de los asuntos locales a instancias de gobierno encabezadas por los propios colonos. En Jamaica, por ejemplo, exista un Parlamento de cuarenta y dos representantes elegidos por las parroquias cuya funcin consista en dictar las leyes para el desenvolvimiento domstico, poder que ejerca conjuntamente con el gobernador designado por Gran Bretaa. A ste lo asista un consejo de doce miembros que la mxima autoridad de la isla designaba entre los vecinos ms notables.93Al memorialista le resultaba inexplicable que Espaa concediera la participacin de los americanos como diputados plenos en las Cortes y no accediese a una solicitud de menor envergadura: el establecimiento de un gobierno local. Opinaba que la creacin de ste reforzara la lealtad de los americanos a la monarqua y propendera a debilitar “el espritu de faccin y la petulante ignorancia de los perturbadores de la tranquilidad pblica en Amrica”.94Las ideas predominantes entre los patricios que rodeaban a Arango perfilaban un organismo de gobierno con contornos bien delimitados y sobre principios conservadores. La organizacin del nuevo sistema que se propona en el memorial corresponda con ese criterio y estara basado en una divisin de poderes legislativos y ejecutivos. En el primer caso deba crearse una instancia denominada Cortes Provinciales de la Isla de Cuba encargada de dictar las leyes y formular los reglamentos para la marcha de la colonia. A ese fin, las funciones normativas de la Intendencia de Hacienda, el Tribunal de Cuentas, la Junta de Maderas, Temporalidades y otras instituciones caeran en la rbita de esas Cortes.95 El poder ejecutivo sera ejercido por el Capitn General, designado por Espaa, que constituira un consejo ejecutivo de doce vocales, eligiendo a sus integrantes entre las ternas presentadas por las Cortes locales. Las materias judiciales seran del cargo de un Corregidor, cuyas funciones en Cuba cumplan los alcaldes mayores, para atender todos los asuntos concernientes a la justicia y a la polica, excepto la justicia militar que quedara bajo la jurisdiccin del Capitn General. 92La tesis ser retomada por Jos Antonio Saco quien, hasta su muerte, crey ineficaz la actividad de unos pocos diputados insulares en un congreso de mayora peninsular.93Ibid., p. 260.94Ibid., pp. 262-263.95Ibid., p. 283.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /49 /49 /49 /49 /49 Al descender a los detalles de su organizacin, se estableca la composicin de las proyectadas Cortes proponiendo que su integracin tuviera por base, en primer trmino, la cuanta de la poblacin. Las Cortes tendran sesenta diputados, de los cuales treinta corresponderan a occidente, nueve a Santiago de Cuba, seis a Puerto Prncipe y tres para cada una de las restantes jurisdicciones establecidas entonces.96La ndole del sistema propuesto se pone de manifiesto al analizar el proceso electivo. Apartndose del sufragio universal adoptado por las Cortes de Cdiz, el memorialista sugiere determinados requisitos para obtener la condicin de elector; entre ellos, ser espaol de sangre limpia y la posesin de bienes de arraigo es decir, tierras o casas, despojando de todo derecho electoral a los tenedores de bienes muebles, lo que denuncia a las claras la procedencia social del proyecto. La cuanta de esos bienes deba corresponder a un mnimo de tres mil pesos. Por otra parte, la condicin de representante recaera en persona que dispusiera de no menos de doce mil pesos en bienes races.97La definicin de la condicin de electores pone en evidencia claramente el fin poltico de tales requisitos. Se exclua, sin mucho miramiento, a los comerciantes y a otros vecinos que no formaban parte de la oligarqua terrateniente y plantacionista. Las altas cuotas suponan, adems, reservar para un puado de ricachos el ejercicio de los derechos polticos. El proponente consideraba que un sistema as preservara a la sociedad colonial de los “espantosos extravos de la democracia o Gobierno popular derivado de la Revolucin Francesa”.98El proyecto rezuma un aliento aristocrtico, en fuerte contraste con las ideas renovadoras que conformaban el cuerpo de doctrina de la que se nutri la revolucin en Francia y que ya estaban en circulacin entre varios sectores de la Isla. Pona de manifiesto, adems, una debilidad que marcar la trayectoria poltica de esta clase: su renuencia a la concertacin de alianzas con los estratos medios de la sociedad insular. Grupos que tenderan a crecer y a mostrar una actividad nada desdeable durante las pocas constitucionales. La plantocracia habanera, al retener la mitad de los diputados en las sugeridas Cortes Provinciales, declaraba sin tapujos el modo en que entendan sus relaciones con el resto de las oligarquas regionales; de hecho la escasa representacin de cada una de ellas por separado las condenaba en cierto modo a la impotencia, a la azarosa consecusin de un consenso que opusiese un valladar eficaz frente a las pretensiones hegemnicas del 96Esto es, Trinidad, Remedios, Sancti Spritus, Villa Clara y Matanzas. Ibid., p. 278.97Ibid., pp. 280 y 282.98Ibid., pp. 252-253.

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OBRAS 50\ 50\ 50\ 50\ 50\ occidente. Bajo el pretexto de una representacin basada en el nmero de habitantes, La Habana garantizaba la dependencia de las dems jurisdicciones a sus objetivos. En el plano poltico era la contraparte de la preeminencia econmica que defenda desde el Real Consulado. La adopcin de la Constitucin de 1812, con su fuerte carga liberal, fue un rudo golpe para los proyectos de esta clase que eran debate corriente en los salones del Cabildo, la Sociedad Econmica y otras instituciones de igual naturaleza. El rgimen constitucional haba propiciado la eclosin de nuevas fuerzas polticas que disputaban la antigua e indiscutida supremaca de las lites; y la proliferacin de tendencias de que se haca eco la precaria prensa de entonces muestra cunto se cuestionaba el rumbo social que presida la evolucin de la colonia. El acentuado sabor antioligrquico y antiaristocrtico de buena parte de los artculos publicsticos y de los pasquines fijados en las calles principales de la ciudad eran un inequvoco indicio del clima prevaleciente. Otras alternativas sociales se abran paso, no tanto y no slo como posturas doctrinales; stas constituan meros anuncios de un fenmeno ms amenazante an. El descubrimiento de que una labor conspirativa sostenida ganaba terreno entre las clases medias y el sector popular, especialmente durante los aos del segundo perodo constitucional. Esta convulsa etapa, mal apreciada todava por la historiografa, supuso un verdadero reto para el poder colonial y para la aristocracia que lo respaldaba. El inicio del finMuchos fueron los ataques dirigidos a distinguidos miembros de esas lites, Arango entre ellos. Por consiguiente, su decisin de alejarse del escenario poltico a partir de los acontecimientos de 1808 slo se reafirm en los aos sucesivos. Sin embargo, este alejamiento no se tradujo en silencio o completa inaccin. Ante los retos planteados por las corrientes que sostenan la viabilidad de otros modelos de sociedad colonial, o laboraban por una repblica independiente para la Isla, puso al da sus ideas en consonancia con los acontecimientos de que era testigo y las defendi pblicamente con su energa de siempre. En plena armona con su postura conservadora esbozar el ideal de la compatibilidad una sociedad civil en la Isla, plena en el goce de sus libertades y derechos, y paralelamente el mantenimiento del tutelaje colonial, que vea como la garanta de existencia de la primera —frmula que constituir la piedra filosofal del reformismo cubano del XIX—. La viabilidad de este camino estaba por demostrar en los tiempos del ilustre Sndico. La feliz realizacin de este maridaje dependa de la acertada solucin que se

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /51 /51 /51 /51 /51 diera a una serie de problemas fundamentales en torno a los mecanismos de su implantacin, de su eficaz funcionamiento en la compleja situacin insular y de la cuota de iniciativa que fuera realmente permitida a esa sociedad civil local. Una de las cuestiones bsicas radicaba justamente en la efectiva garanta de la libertad civil, esto es, en el grado en que poda ser compatible el ejercicio de las atribuciones e intereses del poder metropolitano y del local. Cuestin que no era mera retrica dado que los objetivos de uno y otro, en la concepcin colonialista del capitalismo y como demostr la experiencia histrica, marchaban en opuesta direccin. La nocin de un estado paternal que vela por la felicidad de sus colonos no pasaba de ser, cuando menos, anacrnica, alejada de la realidad que se impona por doquier en el transcurso del siglo. Por eso, la garanta de una prctica autnoma de la libertad civil, incluida la materializacin de aspiraciones econmicas particulares, tena que chocar continuamente con la funcin asignada a las reas coloniales en el mundo del capitalismo. Quedaba por esclarecer, igualmente, los mecanismos para arribar al consenso en caso de situaciones de conflicto. La participacin en el parlamento nacional y el derecho de representacin parecan, a los ojos de esta lite, plataformas suficientes para exponer lo fundado de las peticiones insulares, racionalidad de tanta fuerza persuasiva por s misma que su sola exposicin convencera de la utilidad de su adopcin y de las ventajas mutuas que se derivaran de su ejecucin. La endeblez de este punto de partida, sin una lucha poltica de mayor alcance pblico, quedara demostrada reiteradamente luego de restaurado el absolutismo en la Isla en diciembre de 1823. El propio Arango no puede menos que confesar, basndose en la trayectoria histrica de los Estados Unidos, las limitaciones inherentes de esta concepcin de una soberana tan limitada como jerarquizada. Las medidas adoptadas por ese gobierno local, sin la representacin simultnea en el Parlamento britnico, reconoca que eran virtualmente inexistentes, afirmando que “quedaban sin efecto alguno muchas resoluciones de sus particulares asambleas”.99 De modo que la pertinencia de lograr grandes beneficios de la autonoma cubana operaba, en la realidad, sobre una idealizacin. Convencido de que la independencia sera, por lo menos, inoportuna en las circunstancias de entonces, Arango traslada su argumentacin a otro terreno. Opina que la eficacia de un gobierno debe medirse ante todo por su capacidad para fomentar la riqueza. “Hasta ahora —dice— no hay descubierta otra seal segura de la bondad de un gobierno, que esa gran prosperidad, esto es, el increble aumento que tienen nuestra fortunas.” El utili99“Reflexiones de un habanero sobre la independencia de esta Isla, 12 de septiembre de 1823”, en Obras t. II, pp. 374.

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OBRAS 52\ 52\ 52\ 52\ 52\ tarismo rampln de que se nutre esta concepcin resulta evidente. De hecho sus limitaciones de clase afloran en aseveraciones de esta ndole; lmites, por otra parte, compartidos por el resto de la lite que encabeza el crecimiento econmico de las primeras dcadas. En su sentir, Cuba goza de condiciones excepcionales bajo el sistema vigente. Sumariza esas ventajas, en contraposicin con la evolucin norteamericana, en cinco aspectos. Entiende que los colonos norteos acudieron al expediente extremo de la independencia porque “...fue, en primer lugar, por su absoluta dependencia en lo ms esencial, que es lo mercantil. Fue, en segundo, porque no teniendo representacin en el Parlamento nacional, quedaban, sin efecto alguno, muchas resoluciones de sus particulares asambleas. Fue, en tercero, por las contribuciones arbitrarias que se les imponan, hollando sus pactos fundamentales. Fue, en cuarto, porque se quebrantaban sus privilegios en el ramo importantsimo de su administracin de justicia. Y fue, en quinto, por el orgulloso desprecio con que el Gobierno britnico haba odo, y contestado sus respetuosas y justas reclamaciones”.100Ninguna de estas desventajas calificaban en la situacin insular segn su opinin. En el afn por desacreditar la pertinencia de una solucin independentista, llega tan lejos como para afirmar que no haba otro pueblo en la tierra ms independiente que el nuestro en la esfera comercial. Gozaba, adems, de los derechos otorgados por la Constitucin de 1812 y de representacin en las Cortes nacionales; la Diputacin insular regulaba las contribuciones, fijadas en cotas menores que las de los peninsulares Protegidos por las leyes en las personas y la quieta posesin de los bienes, la administracin de justicia estaba casi en manos de los criollos. Y, por ltimo, los insulares han sido designados siempre para algunos de los cargos ms importantes en Espaa y en la propia Isla.101Nada haba, pues, que obligase a los cubanos a emprender un camino tan riesgoso. Arango se estremece al pensar en esas turbas de esclavos y plebeyos lanzados sobre la riqueza acumulada. Tiene ante s las imgenes del Saint Domingue destruido que tanto le impresionara durante su visita en 1803. Y por eso acude a los ms increbles argumentos contra la idea de la separacin de Espaa y las formacin de un Estado independiente. En una operacin que ser luego repetida por los autonomistas de finales de siglo, dice que “la independencia de las naciones es una cosa, y la libertad de sus individuos es otra. La primera importa poqusimo, o nada para los que tienen la dicha de gozar de la segunda.102 Afirmacin que el proceso 100Ibid.101Ibid., p. 375.102Obras, t. II, pp. 356-357.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /53 /53 /53 /53 /53 histrico posterior se encargara de refutar del modo ms convincente en el perodo que antecede a su muerte. Los ltimos combatesLa condicin de miembro del Consejo de Indias103 otorgaba a su opinin un peso que equilibraba la pareja accin de los altos funcionarios de la colonia y le ofreca una va para continuar solicitando las medidas que juzgaba indispensables al progreso de sta. Empeo patritico que ocupar tambin sus ltimos aos. Por ello, a fines de 1828, insiste en la necesidad de edificar una nueva biblioteca pblica y de establecer una escuela de qumica, proyecto al que la brusca cada de los precios del caf y las mieles haban conferido mxima prioridad a su entender. Reitera que el nico camino posible radica en una permanente vigilancia para disminuir los costos del cultivo y la fabricacin del azcar frente al avance, ya perceptible, de los adelantos de la produccin remolachera.104El silencio del gobierno metropolitano no le desalienta. Nueve meses ms tarde insiste en que se franquee rpidamente el estudio de la qumica, aduciendo nuevos argumentos a favor de la idea. El diagnstico de la situacin econmica de la Isla no es halageo; la cercan por doquier grandes peligros. De gigantesco incremento califica la expansin azucarera de Brasil, fenmeno al que se aade el asombroso progreso de las fbricas de azcar europeas que emplean como materia prima la remolacha. Un nuevo y cercano enemigo se ha levantado en el horizonte de Cuba: la produccin caera de Luisiana, as como los intentos de establecerla en otros estados de la Unin como la Florida, Carolina del Sur y Georgia. Ya Norteamrica produce alrededor de 46 000 tm, y si a ello se aade la proteccin arancelaria, que grav con un derecho de un peso fuerte la arroba de azcar extranjero, puede concluirse que ese gran mercado para el producto cubano tender a desaparecer o reducirse a una expresin mnima. La prdida de mercados no se limita al muy importante del coloso vecino. Arango prev que la remolacha se difundir como una mancha de aceite en Europa, y que la baratura de los fletes en el transporte de Asia al viejo mundo propiciara la concurrencia de los azcares indios y filipinos all. La 103Los avatares polticos de Espaa modificaron en varias oportunidades el nombre del rgano consultivo supremo de la Corona, pero Arango mantuvo siempre su participacin en ellos. El 3 de enero de 1833 se le design miembro del Consejo de Estado y, al ao siguiente, prcer en la nueva estructura parlamentaria adoptada.104“Carta al Ministro de Gracia y Justicia, fechada a 12 de septiembre de 1828”, en Obras, t. II, pp. 522-523.

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OBRAS 54\ 54\ 54\ 54\ 54\ posicin eminente de la Isla en el mercado mundial azucarero cede terreno a ojos vistas y, aade Arango alarmado, “en medio de las apariencias de esta horrenda tempestad, se sigue aqu fundando ingenios con el mismo o mayor furor que el que justamente hubo despus de la revolucin haitiana”.105A la perspicacia habitual de Arango no se ocultaba que una guerra competitiva para disminuir los costos impondra un cambio radical en la filosofa de los plantadores, como se deduce de las palabras que acabamos de reproducir. Fundar ingenios sobre las bases tcnico-administrativas anteriores conducira inevitablemente al descalabro. De ah su insistencia en la difusin de los conocimientos qumicos para ampliar las ventajas ecolgicas de la produccin insular y mejorar la tecnologa de la fabricacin. Slo as Cuba podra retener el dominio sobre los mercados internacionales de que haba gozado hasta entonces. Haba, sin embargo, otros aspectos de los costos de ms difcil reduccin como la relativa a la mano de obra. El esclavo se encareca y su provisin regular era cada da ms insegura. Urga, pues, encontrar una alternativa para suministrar brazos a los ingenios y otras fincas que empleaban igualmente esta clase de trabajadores. Arango no vacila en reiterar su criterio de que el trfico debe ser abolido de inmediato en estricto cumplimiento de los compromisos contrados con Gran Bretaa y respeto a las ideas humanitarias del momento. Pero, cmo resolver materia de tan candente incidencia econmica y poltica sin levantar una cerrada oposicin? Uno de esos remedios propuestos, reiterado durante aos y nunca alcanzado, fue el fomento de la poblacin blanca. El recurso de fundar colonias en las localidades desiertas de la Isla se reformula con el interesante aadido de que stas, “compuestas, por mitad, de labradores trados en derechura de Europa y de gentes de color honradas, cuidando que todas las hembras fuesen de la ltima especie”, propendera no slo a borrar el prejuicio y debilitar el racismo predominantes hacia esta clase de habitantes, sino que creara una masa de gente apta para su empleo productivo.106El aumento de blancos, prometedor en la perspectiva histrica, no solucionaba empero las necesidades de la agricultura insular a corto plazo. Arango aade, entonces, el anlisis del tratamiento de los esclavos rurales cuya suerte conviene mejorar, objetivo que coincide con los propsitos de la Corte. Conoce perfectamente que en esta materia el inters y la utilidad no son acicates suficientes para modificar comportamientos consagrados de extrema avidez de ganancias inmediatas y, por tanto, la legislacin slo constituira un paliativo secundario. Pero en este terreno, las consideraciones polticas frenan su tradicional audacia, limitndose a recomendar el 105Carta al Ministro de Gracia y Justicia, de 25 de junio de 1829, en Obras, t. II, p. 526.106“Representacin al Rey sobre la extincin del trfico de negros y medios de mejorar la suerte de los esclavos coloniales, 28 de mayo de 1832”, Obras, t. II, pp. 532-533.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /55 /55 /55 /55 /55 establecimiento de premios para aquellos amos que, en sus haciendas, muestran al terminar el ao un saldo demogrfico positivo107 y, simultneamente, alentarlos al cumplimiento de las disposiciones contenidas en la Real Orden de mayo de 1789. La superficialidad de estas recomendaciones muestra cuan poca confianza tena Arango en una transformacin radical de las ideas esclavistas que dominaban la mentalidad de la plantocracia. Desconfianza que se extenda a la capacidad del gobierno metropolitano para inducir cambios favorables en un tema tan polmico. En realidad, desde su relevo de la interinatura de la Real Hacienda, en noviembre de 1825, se levantaban contra l poderosas fuerzas que le hicieron el blanco de humillaciones sin cuento y presiones de todas clases. Desilusionado por el trato inmerecido de las autoridades ms importantes en la isla —Tacn y Villanueva—, Arango trata de mantenerse alejado de la poltica local. Sin embargo, le amarga el giro que, cada vez con mayor claridad, adquiere la poltica colonial metropolitana. Vive an cuando se desarticula, con el apoyo de las autoridades peninsulares, el Real Consulado, instrumento promotor del primer gran ciclo expansivo de la economa esclavista. Al respecto seala con pena que de esta Junta ya no queda ms que las apariencias, enfatizando que se le ha despojado de sus funciones y atribuciones ms importantes. “Hace tiempo que le falt el poderoso apoyo de un Sndico perpetuo y de un Prior que tambin deba ser vocal perpetuo, condecorados y autorizados por el Soberano para defender con energa todo lo conveniente. Y recientemente se le ha desnudado de sus ms esenciales atribuciones, quitando, por fin, la presidencia al Capitn General, y dndosela exclusivamente, contra todo buen principio, al Intendente.”108Evolucin consagrada en el diseo del nuevo rgano que lo suplanta, la Junta de Fomento. Desde su punto de vista, esta concentracin de funciones en el Intendente reduca la capacidad de la plantocracia para una accin independiente, autnoma, ante el Rey, limitando as sus iniciativas. Adems, subordinaba a las miras estrechas de un funcionario especializado lo que poda y deba contar con la comprensin ms abarcadora del gobernador general. No menos dramtico fue el trnsito operado en la esfera de la vida poltica. El constitucionalismo espaol haba consagrado la antigua tradicin medieval de considerar todo territorio colonizado como una extensin de la sociedad madre, sin distingos jurdicos o de civilidad esenciales. Hacia 107Ibid., pp. 534-536.108“Indicaciones sobre el gobierno civil de Cuba”, Obras t. II, pp. 620-621.

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OBRAS 56\ 56\ 56\ 56\ 56\ los aos posteriores a la restauracin de 1823, la Corona se inclina cada vez ms bajo el peso de la presin liberal, esto es, de las fuerzas que pugnan en la Pennsula por el afianzamiento del capitalismo. Y esas fuerzas propugnan una limitacin y no un desarrollo de las instituciones insulares, ni de actividad comparable a la experimentada en los lustros finales del siglo anterior. El sntoma ms claro de los nuevos aires que normarn en lo futuro las relaciones entre la Metrpoli y Cuba se traduce ya en el proceso eleccionario para nombrar diputados a Cortes. La intensa lucha poltica que se desata en la Isla no es nada comparable con la que debern enfrentar los representantes electos. En febrero de 1837, el parlamento se niega a reconocer su representatividad y, en abril vota por excluirlos definitivamente, alegando que, por sus condiciones singulares, Cuba requiere de leyes especiales para su administracin. La antigua peticin de la oligarqua habanera se ha retorcido para actuar en su contra. El ciclo de Arango se ha cerrado. Cuando muere en marzo de ese ao, los mecanismos que crea idneos para asegurar la felicidad de su patria ya no funcionan. Una a una las demandas ms ambicionadas han sido distorsionadas a favor de los intereses metropolitanos, el gobierno local se ha convertido en el rgimen de las facultades omnmodas y, por ltimo, Cuba alcanza al fin una modernidad poco deseable; cada da la Metrpoli y sus funcionarios del aparato insular recuerdan a la orgullosa lite y a su intelectualidad que la Isla no es sino una colonia explotada en los trminos que dicta el capitalismo de su tiempo.

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Francisco de Arango y Parreo (1765-1837)

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Don Francisco de Arango, uno de los hombres de Estado ms ilustrado y ms profundamente instruido de la posicin de su patria. Alejandro de Humboldt

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PALABRAS INICIALES PALABRAS INICIALES PALABRAS INICIALES PALABRAS INICIALES PALABRAS INICIALESLa Repblica tena una deuda con Arango y Parreo: la reimpresin de sus obras, pues la edicin de 1888 est agotada hace muchos aos. El Ministerio de Educacin, regido ahora por el Dr. Andrs Rivero Agero, hace buena esa obligacin y da otra vez a los estudiosos la oportunidad de conocer las ideas de nuestro gran economista de la colonia.* Los temas abordados por Arango pueden parecer anacrnicos. Al desaparecer la estructura social derivada del rgimen esclavista, al consolidarse el sistema del libre comercio y, por fin, al surgir Cuba como nacin independiente, muchas de las alegaciones y “representaciones” de Arango lucen con un aire de inevitable lejana. Adems, el Apoderado del municipio habanero es un hombre ntegramente inscripto en el siglo XVIII que, con tardanza, lleg tambin a nuestro pas con su fisiocratismo, sus preocupaciones agrarias, sus encajes y sus pelucas artificiosas. Sin embargo, Arango tiene un rango permanente en nuestra historia, porque su obra esforzada contribuy a quebrar el marco de la factora y determin una expansin econmica que convirti el pequeo pueblo pobre que era Cuba en un nuevo pas abierto al progreso y la civilizacin. CARLOS GONZLEZ PALACIOSDirector de Cultura *La edicin actual de Biblioteca de Clsicos Cubanos se basa en la de Direccin de Cultura, Ministerio de Educacin, 1952. ( N.del E.)

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO HABANERO Y P HABANERO Y P HABANERO Y P HABANERO Y P HABANERO Y P A A A A A TRIOT TRIOT TRIOT TRIOT TRIOT A. SU POSICI"N A. SU POSICI"N A. SU POSICI"N A. SU POSICI"N A. SU POSICI"N EN LA HISTORIA DE CUBA EN LA HISTORIA DE CUBA EN LA HISTORIA DE CUBA EN LA HISTORIA DE CUBA EN LA HISTORIA DE CUBADon Francisco de Arango y Parreo, cuya fecunda y laboriosa vida llena toda una poca de extraordinario inters en la Historia de Cuba, era de abolengo genuino y castizamente espaol. La raz ms antigua conocida de sus antepasados, segn consigna el Seor Francisco Javier de Santa Cruz y Malleu, Conde de San Juan de Jaruco, en uno de sus tomos sobre linajes de familias cubanas, data de 1444, cincuenta aos antes del descubrimiento de Amrica por Cristbal Coln. En aquella lejana fecha, en el Principado de Asturias, Consejo de Pravia, resida en el Valle de Arango, seor del mismo, un Don Pelayo Cuervo —el nombre es significativo— en quien encuntrase, hasta la fecha, el ms antiguo ascendiente de Don Francisco de Arango y Parreo. En tiempos algo posteriores, dividida la familia en varias ramas, unas preferan el apellido Cuervo, mientras otras usaban el de Arango, nombre del valle asiento del seoro de la misma. Una de estas ltimas familias —que usaban con preferencia el apellido Arango—, resida en Cudillero, nombre de un lugar que suena tan asturiano como el de Pravia, y se halla cercano a ste. Ms tarde todava, esta familia Arango pas a Navarra. Desde el viejo reino nrdico espaol, Don Pedro de Arango y Monroy, natural de Sangesa, en el citado reino, unido ya a la Corona espaola bajo la Espaa unificada de Los Reyes Catlicos, pas a La Habana en 1680 “con destino de Capitn y Contador Mayor de Cuentas, uno de los ms importantes cargos, el de Contador, de la colonia”.1* Ya tenemos, pues, desde finales del siglo XVII una rama del linaje de los Arango establecida en Cuba, en una elevada posicin social y econmica con respecto a la poca. A poco de residir en La Habana, Don Pedro de Arango y Monroy contrajo nupcias con Doa Josefa de Losa y Aparicio. A su fallecimiento, tres lustros ms tarde, Don Pedro dej una descendencia de diez hijos: cinco varones y cinco hembras. El primognito, Jos Francisco, abraz la carrera de las armas, de gran porvenir entonces, cuando comenzaba a reinar la casa de Borbn en las colonias espaolas. Alcanz el grado de Capitn, y en 1721 ocupaba el cargo de Alcalde de La Habana. En esa fecha hallbase ya casado—en la iglesia Catedral de La Las Notas aparecen al final de cada captulo. ( N. del E.)

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OBRAS 62\ 62\ 62\ 62\ 62\ Habana— con Doa Antonia Dionisia Meyreles y Bravo, dama de alcurnia y desahogada posicin econmica. Muy prolfico el matrimonio, tuvo quince hijos, once varones. Uno de ellos, Anastasio, tom parte en la defensa de La Habana contra los ingleses y alcanz el grado de teniente coronel. Otro, Miguel Ciriaco, que lleg a Coronel de Milicias, cas con Doa Juliana Margarita Parreo y Espinosa, hija del capitn gaditano Don Julin Parreo y Montalvo.2 El noveno vstago del matrimonio, Francisco Mara de la Luz, fue el ilustre hijo de Cuba Don Francisco de Arango y Parreo, autor de la extensa coleccin de trabajos publicados en dos tomos en La Habana en 1888. Hoy se reimprimen por feliz inciativa de la Direccin de Cultura de nuestro Ministerio de Educacin, a virtud del gran valor histrico de los mismos, y porque muchos de los estudios e informes reunidos en los dos volmenes continan siendo de valor inapreciable para el conocimiento a fondo de muchos de los problemas histricos, econmicos, polticos y sociales de actualidad en nuestro pas. Arango y Parreo, segn la relacin de su linaje, ajustada a los antecedentes aportados en sus respectivas obras por el Conde de San Juan de Jaruco y el Dr. Francisco J. Ponte Domnguez, corresponde a la segunda generacin de sus antepasados nacida en Cuba. Su abuelo, por lnea paterna, fue Don Jos Francisco, de Sangesa, Navarra, lugar prximo al lmite de la provincia aragonesa de Zaragoza; su padre, Don Miguel Ciriaco, naci en Cuba, en La Habana; Alcalde de la urbe en 1721. Don Francisco de Arango y Parreo resulta ser, pues, nieto de un navarro de linaje de Asturias, la regin nativa de Don Pelayo, el hroe nacional de Espaa que se hombrea con el Cid Campeador. La raz de ese linaje procede del Consejo de Pravia, tpicamente asturiano, con su primer representante conocido, un Don Pelayo Cuervo, seor del Valle de Arango. No obstante, Arango y Parreo, que nace en La Habana el 22 de mayo de 1765, gusta siempre de designarse a s mismo habanero y es uno de los primeros cubanos que habla de Cuba llamndola mi patria Agrguese que con tan ilustre prosapia y casado con una dama de la nobleza, Doa Rita Quesada y Vial, chilena, hija de Don Francisco de Quesada y Silva, IV conde de Donadio de Casasola y Teniente General de los Ejrcitos Reales, Arango y Parreo proclama el principio democrtico de que “los honores slo deben otorgarse en mrito al talento y virtudes, no por razn de cuna”.3Qu factores fueron los que tuvieron fuerza bastante para hacer de Arango y Parreo, desde su ms temprana juventud, pese a su castizo abolengo racial y nobiliario espaol, un habanero, un patriota cubano, un hombre de un elevado criterio social y moral, sostenedor de que no por razones de la cuna, sino en mrito al talento y a las virtudes es que deban otorgarse los honores a quienes los merecen por sus obras? Qu influencias del ambiente natural y del econmico y social de Cuba hicieron sentir su potencia creadora y formativa para moldear el espritu de Arango, unidas a las transformaciones que producanse coetneamente en el mundo y

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /63 /63 /63 /63 /63 en Espaa en los aos decisivos de su formacin mental y de la firme concrecin de sus ideas y de sus principios? El esclarecimiento de las respuestas adecuadas a las interrogaciones precedentes resulta esencial, en primer trmino, para fijar la posicin de Don Francisco de Arango y Parreo en la historia cubana, y para apreciarla en su cabal significacin desde que, a virtud de la ltima voluntad de su padre Don Miguel Ciriaco, hered de ste el cargo de Sexto Regidor, Alfrez Real del Ayuntamiento de La Habana, por proclamacin que se le hizo el 6 de abril de 1786, confirmada por Real Cdula de 11 de julio de l788, en que fue aprobado por Su Majestad segn hace constar el Conde de San Juan de Jaruco en su obra, confirmativa del empleo mencionado en la familia Arango. La formacin de Arango y Parreo como habanero y patriota estaba claramente determinada ya a mediados de 1788, fecha en que slo contaba veintitrs aos, sin haber alcanzado la mayora de edad, correspondiente en aquella poca a los veinticinco aos. En una Instruccin que se form para su propio uso, cuando asumi las funciones de Apoderado de La Habana en la Corte, fechada en Madrid el 15 de julio de 1788, primer documento que aparece en el primer volumen de sus Obras como podr ver el lector en esta reimpresin, Arango y Parreo estampa esta declaracin, a la cual mantvose fiel en todos sus actos hasta el ltimo momento de su larga vida: “Toda la atencin del Apoderado debe ocuparse en promover y fomentar la felicidad de su patria. Con este solo principio consultar sus ideas y por l dirigir todas sus operaciones.” La primera gran influencia sobre la formacin mental y moral de Arango y Parreo fue, cabe colegirlo, la de la poca en que se desarrollaron su adolescencia y los primeros aos de su juventud. Arango naci en La Habana el 22 de mayo de 1765, inmediatamente despus de la toma de la ciudad por los ingleses, contra los cuales lucharon su padre, uno de sus tos y otros miembros de su familia. Es interesante recordar, por lo que se dir ms adelante, que Arango fue contemporneo del Padre Jos Agustn Caballero, nacido en La Habana el 28 de agosto de 1762, con un linaje ilustre tambin. Aun cuando quebrantada en la Guerra de los Siete Aos contra los britnicos, al igual que Francia, con la cual se hallaba estrechamente ligada desde el advenimiento de los Borbones al trono espaol, Espaa haba rebasado el perodo de decadencia bajo los Austrias, y recuperado su posicin y su prestigio de gran potencia en el campo internacional de la poca. “El siglo de las luces”, como se ha llamado frecuentemente al siglo XVIII, se hizo sentir en Espaa. Esa centuria tuvo la “curiosidad del espritu”, la inclinacin a la novedad de las ideas, el afn de la investigacin en el campo de los conocimientos humanos, el vehemente deseo de difundir el saber y un generoso impulso reformador. Se inspir en el propsito idealista de mejorar la condicin poltica, social y econmica de los pueblos; trat de

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OBRAS 64\ 64\ 64\ 64\ 64\ descubrir las causas de los males que afligan a stos; y procur extirparlas y remediarlas en la mayor extensin posible. Los escritos de Locke, de Montesquieu, de los enciclopedistas y de los fisicratas franceses, con sus aciertos y sus errores, unidos a los de otros muchos filsofos, hombres de ciencia, pensadores, escritores y artistas, ejercieron una profunda influencia en el siglo. El acentuado sentido filantrpico de sus obras, al difundirse entre las altas clases, contribuy a la formacin del ideal poltico del despotismo ilustrado, peculiar del mencionado siglo. Dicho ideal se caracteriz, como han expuesto los historiadores, por un marcado inters respecto de los problemas referentes a la mejora de las condiciones fundamentales de vida y de cultura de cada nacin; restauracin de la riqueza nacional y de la hacienda en cada pas; fomento de la poblacin y cultivo del suelo; renacimiento de las industrias tradicionales y aparicin de otras nuevas; expansin de las relaciones mercantiles; tendencia a prestar una mayor consideracin social a las clases inferiores; difusin de la cultura, con un marcado carcter popular; deseo de arrancar a la masa general del pueblo del estado de ignorancia en que viva. Combinados estos empeos del “despotismo ilustrado” con el sentido filantrpico mencionado, vino a significar una especie de transformacin desde arriba. Llevaba sta en su fondo un cierto sentimiento democrtico que, aunque difuso y no bien definido, induca a los estadistas y a los hombres de gobierno a preocuparse por los intereses colectivos en el ms amplio sentido. La aplicacin del despotismo ilustrado estuvo representado en Espaa par los Borbones, especialmente par Carlos III y sus grandes ministros, el Marqus de la Ensenada, los condes de Aranda, Floridablanca y Campomanes, Roda, Azara, Glvez y otros; y aunque el movimiento no alcanz entre los espaoles el impulso que en otras naciones, el cambio de dinasta producido al comienzo del siglo, la colaboracin francesa en el Gobierno y el sentir general de los tiempos, no dejaron de surtir importantes efectos. En mayor grado an llegaron stos a las colonias, pero en cierta medida se extendieron hasta ellas, con lentitud, hasta 1762, en Cuba; con ms rapidez a partir de esa fecha. La sacudida de la toma de La Habana prodjose en un momento oportuno. La Metrpoli viose obligada a poner en accin todos sus recursos para conservar la Isla; y ministros, gobernadores y funcionarios, penetrados de las nuevas ideas, prestaron una atencin que nunca le haban dispensado a los asuntos de la colonia. Bajo la influencia de estas favorables circunstancias, Cuba emergi de dos siglos de oscuridad y se adelant a ser una de las ms valiosas posesiones de la Corona. La influencia del espritu del siglo hzose sentir fuertemente en Cuba, dentro de la relatividad de las cosas, a virtud de que la toma de La Habana y la ocupacin de la ciudad por los britnicos, durante no pocos meses, determinaron una conmocin profunda en la Isla y en la Metrpoli. Carlos

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /65 /65 /65 /65 /65 III, sus ministros y sus asesores y consejeros franceses reconocieron la premura de hacer de La Habana una de las plazas ms fuertes del Nuevo Mundo, y de prestar una mayor atencin al Gobierno y las necesidades de la Isla, cerrada casi totalmente al trfico extranjero y abandonada a la explotacin de la Real Compaa de Comercio de La Habana y de los monopolistas de Cdiz. Escogidos los capitanes generales de la Isla con mayor cuidado desde el Conde de Ricla, sucesor de Prado Portocarrero, hasta la designacin de Don Luis de las Casas, que tom posesin el 8 de julio de 1790, afanronse todos, con mayor o menor xito, en la reparacin de los daos de la toma de La Habana y de la subsiguiente ocupacin britnica, y en introducir cambios y mejoras en el rgimen colonial. Aunque de alcance limitado, esos esfuerzos, unidos a otras varias influencias, iniciaron una poca preparatoria de los grandes progresos correspondientes al perodo de Las Casas. Mientras ocurran estas novedades, Arango y Parreo, no cumplida su mayora de edad (veinticinco aos), pues slo contaba con veintitrs, asuma la representacin del Cabildo habanero en Madrid, en condicin de Apoderado del mismo, del cual era VI Regidor perpetuo. Los pasos por los cuales lleg a tan sealada posicin muy joven an son bien conocidos. Don Miguel Ciriaco Arango y Meyreles, el padre de Don Francisco, hered el VI puesto de Regidor del Consejo o Ayuntamiento habanero de su padre, Don Jos de Arango. Interesse mucho en el ejercicio del mismo, puesto que daba lustre a su familia, le aseguraba alta posicin social, era fuente de mltiples beneficios materiales y satisfaca su inclinacin al ejercicio de las funciones pblicas. Entre sus numerosos hijos, Don Miguel Ciriaco hubo de advertir que Francisco de la Luz era de clarsima inteligencia, muy estudioso y marcadamente inclinado a aficionarse a las actividades concejiles y dems funciones pblicas de su to Manuel Felipe. ste, muy atento al joven sobrino, leg a su hermano Miguel Ciriaco el empleo de Alfrez Real del Ayuntamiento de La Habana a fin de que lo poseyera en calidad de vnculo perpetuo en la familia, a condicin de que pasara despus de Don Miguel Ciriaco al sexto de los hijos de ste, Francisco de la Luz (Arango y Parreo). Don Manuel Felipe, el to protector, falleci el 6 de mayo de 1786. La clusula de su testamento referente al legado del cargo de VI Regidor del Ayuntamiento, para ser traspasado al fallecer Don Ciriaco a su sexto hijo, fue impugnada; de modo que a finales de 1786 el joven Francisco Arango y Parreo, a los veintin aos de edad, tuvo que trasladarse a Santo Domingo a comparecer ante la Audiencia en defensa de su derecho a la concejala habanera, gestin judicial en la cual alcanz una resonante victoria. Enviado par su padre a completar sus estudios en Madrid, por especial recomendacin de algunos de los Oidores de la Audiencia, Arango y Parreo recibi bajo juramento la investidura de abogado el 4 de junio de 1789. Meses antes le haban sido entregados por Don Francisco Calvo de la Puerta,

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OBRAS 66\ 66\ 66\ 66\ 66\ primer Conde de Buenavista, Alcalde de La Habana en dicha fecha, los poderes de principal Apoderado del Ayuntamiento de La Habana en la Corte, a los veinticuatro aos de edad. Mimado de la fortuna, con su talento extraordinario, su slida preparacin, su mesura y su sagacidad, Arango y Parreo inici tempranamente las actividades de una intenssima vida pblica, proseguida hasta el ltimo da de su existencia. Su caso no fue, en rigor, una excepcin. Este acceso de personas jvenes de claro talento y slida instruccin a elevadas posiciones de responsabilidad, fue un hecho singular y caracterstico de los tiempos de mudanza y renovacin de finales del siglo XVIII y principios del XIX en Cuba. El Padre Jos Agustn Caballero, contemporneo de Arango, a los veintitrs aos de edad, en 1785, sirvi varios meses la ctedra de Filosofa en el Seminario de San Carlos, para obtenerla por oposicin pocos meses ms tarde, recibido su nombramiento, hecho por Real Orden de 21 de febrero de 1787, slo un ao antes de que Arango y Parreo recibiese sus poderes para representar el Ayuntamiento habanero en Madrid. Cortos aos despus habran de destacarse igualmente, muy jvenes an para la poca, el Padre Flix Varela, Jos Antonio Saco, Jos de la Luz y Caballero, el poeta Jos Mara Heredia, Claudio Martnez de Pinillos, inclinado a la administracin y a la economa, y otra mucha gente joven con posiciones distinguidas en la historia cubana. Los tiempos de grandes cambios en los que se acelera el ritmo de la Historia presentan siempre ciertas similitudes esenciales, las cuales los contemporneos creen exclusivas de su poca; sta de llevar adelante la juventud es una de ellas. Adems de la influencia formativa del perodo de renovacin y rpidos cambios en que le toc vivir en su adolescencia y los primeros aos de su juventud, y de las de sus primeras experiencias en el ejercicio de sus funciones pblicas antes de cumplir la mayora de edad, Arango y Parreo se form y vivi en La Habana sometido a los efectos del ambiente natural o geogrfico —clima, flora, fauna, paisaje, produccin, rgimen de vida, etc.—; y en el ambiente social de Cuba, distinto tambin radicalmente del de Espaa a finales del siglo XVIII, por ser marcadamente diferentes la organizacin y la estructura demogrfica de la comunidad y las condiciones de vida de la gente de abolengo nobiliario, aun siendo acomodada, como la familia de Arango y Parreo. En Espaa, la gente noble o los simples caballeros con derecho al uso del Don encontraban empleo, cuando llegaban a obtenerlo, en la Milicia, en la Iglesia, en posiciones palaciegas y en altos cargos de la administracin. La parte que obtena acomodo en la forma que acaba de exponerse era una minora. El mayor nmero de los poseedores de propiedades y seoros obtenidos por merced o donacin real desde siglos anteriores, vivan en sus castillos o casas solariegas, de los censos de sus tierras, de las rentas de las mismas, o de las aportaciones en especie de los aparceros; algunos de esos dones en grado extremo de

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /67 /67 /67 /67 /67 estrechez, si las tierras propias eran de corta extensin o poco productivas. Los nobles de este vasto sector de la poblacin espaola, rarsimamente atendan al cultivo de sus tierras ni se dedicaban al comercio, la industria u otra actividad productiva, razn por la cual muchos buscaban empleo en la administracin de las Indias. En Cuba, donde no exista una poblacin labradora numerosa, arraigada en la tierra y habituada a roturarla ao tras ao, los propietarios de las vastas haciendas de crianza, de los pequeos ingenios del siglo XVIII, de los cafetales ya al final del siglo, y de las tierras dadas en aparcera para el cultivo del tabaco, no podan vivir de sus rentas exclusivamente. Hallbanse en la necesidad de atender a hacer producir sus tierras, en esta o aquella forma, segn las circunstancias; de manera que eran gente obligada a administrar y trabajar lo suyo para hacerlo producir, de donde resultaba el familiarizarse con problemas y actividades muy diferentes de los de la gente noble de su tipo en Espaa. Los dones de Cuba, ms en contacto con las deficiencias y las realidades de la vida, tenan un cierto sentido democrtico y humano, concordante con las necesidades de su existencia. Arango y Parreo fue un hombre de ese tipo. Hallbase por tanto especialmente capacitado para las funciones de Apoderado en la Corte del Ayuntamiento habanero, corporacin que con una jurisdiccin extenssima al final del siglo y asentada en su territorio la mayor parte de la poblacin y de la riqueza de Cuba, representaba la clase directora de toda la Isla. En tesis general, el Ayuntamiento era una institucin de muy antiguo abolengo y de tradicin democrtica en Espaa, de la cual conservaba algunas trazas en sus relaciones con los vecinos y los pobladores del municipio, con los altos funcionarios de la Corte y con el monarca mismo, as como con los gobernadores y dems altas autoridades de la colonia. Propietario rural l mismo, Arango y Parreo tuvo oportunidad, en la atencin, el cuidado, el manejo y el fomento de sus propios bienes, de adquirir amplia experiencia en los trabajos de ese tipo y robustecer sus inclinaciones a lo humano y lo democrtico. La clase propietaria productora a la que perteneca Arango y de la que era un verdadero representante en Madrid, distinguase claramente, en cuanto a su sistema de vida, la fuente de sus recursos econmicos y las dificultades a vencer para el logro de un mayor bienestar, de la clase comercial peninsular en Cuba, como ha quedado expuesto. La diferencia entre ambos sectores econmicos se acentuaba par tener Cuba una economa de exportacin, obligados los productores a la venta de su azcar, su caf, su tabaco, su aguardiente y algunos otros pocos artculos en el extranjero, y a obtener de fuera cuanto necesitaban tanto para hacer vida civilizada como para la operacin de sus ingenios. En la imposibilidad de simultanear las actividades propias del productor con las del comerciante, no solamente el comercio interior, sino el exterior de exportacin e importacin, esta-

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OBRAS 68\ 68\ 68\ 68\ 68\ ba a cargo de los comerciantes peninsulares establecidos en la Isla y en algunos pocos puertos de la Pennsula, particularmente en Cdiz y Barcelona. Estos comerciantes financiaban o refaccionaban a los productores, cobrndoles un exorbitante inters, ya que las restricciones al comercio extranjero pona en manos de las grandes casas comerciales de La Habana y de los puertos espaoles mencionados casi todo el intercambio comercial y los pocos buques existentes para el transporte de las mercaderas. Con intereses comunes en el fondo, productores y comerciantes, el carcter monopolista y expoliador del comercio, centralizado en unas pocas grandes casas de La Habana y la Pennsula, los colocaba en posicin antagnica. El comerciante en La Habana segua fielmente la tradicin de defraudar, contrabandear, sobornar a los funcionarios y expoliar a los productores y a los consumidores en general. Y como en su gran mayora los productores eran “hijos del pas” y los comerciantes peninsulares, la contradiccin de intereses, de sistema de vida y de medios de hacer fortuna, eran fundamentalmente distintos. Este contraste marcbalo implcitamente Arango y Parreo al declarar su condicin de habanero al llamar a Cuba su patria y al dejar sentado que toda su atencin la concentrara en ocuparse, promover y fomentar la felicidad de la Isla; principio con el cual nicamente consultara sus ideas y por el que dirigira todas sus operaciones. En tal virtud, Arango fue un defensor constante e inquebrantable de los intereses bsicos de los productores de Cuba, frente a la doble expoliacin del fisco y de los comerciantes monopolistas y expoliadores. La lucha no era en lo esencial distinta de las que sostenan las diversas regiones de Espaa, con una produccin especializada, para la venta en el interior de la Pennsula o en el extranjero; por un lado con el fisco y por otro con el comercio monopolista y especulador que, provisto de amplios recursos, ejerca presin sobre los gobernantes y los agentes del fisco para obtener de aqullos y de stos concesiones y facilidades para mantener su monopolio y realizar sus contrabandos y defraudaciones impunemente, estrujando a los productores, ya fuesen stos industriales o dedicados a la agricultura. Arango entenda que en el ejercicio de sus funciones de apoderado del Ayuntamiento habanero deba gestionar del Rey, de sus ministros y consejeros, del Consejo de Indias, de otros organismos del Estado y de los altos personajes palaciegos y polticos, mejoras en la legislacin y administracin, ajustadas a las peculiares condiciones y necesidades de Cuba. Su tesis era que si se realizaban esas mejoras, aumentara de manera inmediata el desarrollo de la riqueza cubana, con un aumento proporcional directo de los ingresos reales y del tesoro de la Isla. Cuba era una provincia espaola a distancia, con igual necesidad y con igual derecho de ser atendida por la generosa proteccin del trono. En justa correspondencia, esa atencin y esa proteccin del Rey no slo acendrara la lealtad y el amor de sus sbditos habaneros, que bien

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /69 /69 /69 /69 /69 acreditados los tenan; sino nutrira las cajas reales con ingresos triplicados o cuadruplicados, a virtud del mayor rendimiento de los impuestos recaudados ntegramente y del incremento de las rentas imponibles, aumentadas enormemente gracias a un rpido desarrollo de la riqueza que hara de Cuba un imperio y una de las ms brillantes y valiosas joyas de la Real Corona. Para obtener la reforma de las leyes coloniales y las mejoras de la administracin necesitadas con urgencia en la Isla, Arango entenda que una persistente labor, en relacin directa con los funcionarios y las personas que podan ayudarle en la realizacin de sus proyectos, era necesario exponer stos con toda claridad, y destacar especialmente las ventajas de orden pecuniario que obtendra la Corona, siempre escasa de recursos, envuelta Espaa en la complicada poltica de la poca y en guerras exteriores costosas y sangrientas. Esa accin persuasiva directa poda y deba ser ayudada por las personas que hubiesen sido funcionarios de la Hacienda o del gobierno en la Isla, capacitadas para apreciar la fuerza y la validez de los argumentos y las razones del apoderado, un servidor leal del trono y de sus representados. Un conjunto excepcionalmente favorable de circunstancias referentes a Espaa, a los grandes trastornos mundiales producidos par la revolucin francesa de 1789 y a la constitucin de los Estados Unidos de Amrica, unido al resto de la situacin mundial y a las transformaciones de carcter econmico, cultural y social, comenz a producirse en Cuba, acentuadamente a partir del gobierno de Don Luis de las Casas, que tom el mando en 8 de julio de 1790. Un nuevo Intendente de Hacienda, Don Pablo Valiente, compenetrado con Las Casas, le permiti a Arango y Parreo ejercer toda su influencia en el desarrollo econmico, social y poltico de Cuba, siempre en defensa de la agricultura, la industria, la libertad comercial y el fomento de todos los intereses morales y culturales de la comunidad cubana. El autor de estas lneas ha expuesto en uno de sus libros lo que considera esencial y fundamental de la obra de Arango desde que asumi la misin de Apoderado del Ayuntamiento habanero en Madrid hasta la fecha de su fallecimiento, en 21 de marzo de 1837; fecha casi exactamente coincidente con la de la no admisin de los diputados cubanos a las Cortes Constituyentes de 1837, resolucin poltica que se hallaba en directa contradiccin con todo el pensamiento, todos los propsitos y toda la obra realizada para el ilustre prcer.4 Puede, por tanto, afirmarse con exacto ajuste a los hechos, que el perodo de Arango y Parreo se cierra no slo con el hecho de su fallecimiento, sino con el inicio de la poltica de profunda divisin entre espaoles y cubanos, de Tacn y de las citadas Cortes Constituyentes. Sin embargo, muchas de las ideas de Arango tuvieron un carcter de permanencia, porque pasaron a formar parte de los principios bsicos del

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OBRAS 70\ 70\ 70\ 70\ 70\ pensamiento y de la labor de Jos Antonio Saco. Un paralelo entre los dos grandes hijos de Cuba qued expuesto en el Manual de Historia de Cuba pginas 309 a 311. A esas pginas refiero al lector. En cuanto a una biografa completa del gran patricio, refiero a los interesados en conocerla al libro citado en estas palabras preliminares del Seor Francisco Ponte Domnguez, Arango Parreo. El estadista colonial ; al prefacio de los dos tomos de la obra de Arango, de Andrs de Arango, primo de Don Francisco; y al excelente Elogio histrico del Excmo. Sr. Don Francisco de Arango y Parreo compuesto por el mismo seor Andrs de Arango con una serie de valiosas notas ilustrativas. Parceme pertinente, asimismo, dejar constancia de que cuando se solicit de mi, honrndome con tal peticin, que escribiese un estudio preliminar para la edicin de las obras de Don Francisco de Arango y Parreo que se propona hacer la Direccin de Cultura del Ministerio de Educacin, fui informado de que la solicitud se hacia extensiva a que efectuase una seleccin de los trabajos del gran hombre de Estado cubano. Mi sugestin, aceptada par la Direccin de Cultura, fue que la edicin fuese completa, dada el inapreciable valor histrico de todos los trabajos del autor del Discurso sobre la agricultura de la Habana y medios de fomentarla ; trabajo admirable desde cualquier punto de vista que se le considere, que no ha perdido su vigencia, porque ilumina muchos de los problemas econmicos, agrcolas, industriales, comerciales y financieros de Cuba. RAMIRO GUERRALa Vbora, Habana, 7 de abril de 1952.Notas1Francisco J. Ponte Domnguez: Arango y Parreo estadista colonial La Habana, 1937, pg.13.2Ibdem, pp. 12 y 15.3Ibdem, p. 16.4Ramiro Guerra y Snchez: Manual de Historia de Cuba Econmica, social y poltica.

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sta ha sido y ser siempre mi profesin de fe : defender con todo vigor los derechos de la Isla y sostener con el mismo su unin con la madre patria; y ste tambin el lenguaje con que desde los veintids aos he hablado por este pas al venerable Carlos III, a sus dos augustos sucesores, a la Junta Central, a las Cortes extraordinarias y ordinarias. (Manifiesto del Sr. D. Francisco de Arango al pblico)

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /73 /73 /73 /73 /73PREF PREF PREF PREF PREF ACIO ACIO ACIO ACIO ACIOEl elogio histrico del Excmo. D. Francisco de Arango y Parreo a que doy publicidad en el presente opsculo, es el bosquejo de una obra ms importante, llena de curiosos detalles, en que su autor, segn me lo tena anunciado, se propona bajo tan modesto ttulo llenar un gran vaco acerca de la historia de la administracin de la Isla de Cuba, a la par que poner en relieve los trabajos notables de su protagonista. Un fatal acontecimiento, la muerte que el ao pasado sorprendi en edad todava temprana a mi querido sobrino D. Anastasio Carrillo y Arango, le impidi realizar tan til pensamiento. Con esta desgracia han perdido los cubanos y aun la nacin espaola la publicacin de un libro que indudablemente hubiera arrojado mucha luz sobre cuestiones importantes, referentes al gobierno de las Antillas. Carrillo y Arango reuna todas las cualidades necesarias para el caso, y es para m doblemente sensible tener que encabezar la necrologa de un pariente tan cercano y amigo tan ntimo como lo fue mi primo D. Francisco de Arango y Parreo, con la del que la escribi, pariente cercano tambin, que por su inteligencia e instruccin prometa reemplazar a su to. Mas, por grande que sea el sentimiento que el recuerdo de la prdida de ambos me ocasione, me esfuerzo a cumplir un deber de amistad, de justicia y de amor a mi pas al publicar este escrito tal como lo dej su autor, y en el cual se revela bien claramente que el panegirista reuna los conocimientos, la energa del pensamiento y el valor necesario para que, colocado en lugar del elogiado, hubiera sabido competir con l en celo por la prosperidad de la reina de nuestras Antillas. Mi sobrino tena cuando falleci la edad ms propia para los trabajos de recopilacin de datos y de documentos que exige toda obra histrica; y aunque me propusiera cumplir, hasta donde me fuera posible, su objeto a la ma y con mis ocupaciones ser tarea demasiado pesada. Sin embargo, a pesar de que no he podido reunir todava los preciosos antecedentes que ya l haba adquirido, ni otros que todava le faltaban, procurar llenar en cierto modo tan sensible vaco publicando as que la acabe de reunir una coleccin bastante completa de las exposiciones, memorias, informes y dems escritos de mi perdido amigo Arango y Parreo, a la que en su da podr servir de preliminar la presente necrologa.

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OBRAS 74\ 74\ 74\ 74\ 74\ No trato, como deja indicado, de llamar slo la atencin sobre los hechos de la vida de un hombre, sino que principalmente deseo fijarla sobre sucesos econmicos y sociales que estn ligados a todo el perodo de su larga y honrosa existencia. Una biografa tiene tanto ms atractivo cuanto ms se relaciona con la historia de una ciencia, de un pueblo o de una nacin, y la de mi querido primo D. Francisco de Arango y Parreo ofrece este triple inters, puesto que se relaciona macho con la historia de una ciencia, la Economa Poltica; con la de un pueblo, el cubano; y con la de una nacin, la espaola. Bajo el punto de vista de la Economa Poltica, recordar que los principios fundamentales de esta ciencia fueron realmente descubiertos en el ltimo tercio del siglo pasado, cuando mi primo empezaba su carrera pblica. As es que en todos sus escritos se descubre la pureza de las fuentes en donde haba adquirido sus conocimientos. Nuestro Gobierno haba ya vislumbrado desde el tiempo del Marqus de la Ensenada la conveniencia de quebrantar un poco el rigor de nuestro exclusivismo mercantil en Amrica. Ms tarde el decreto que se llam de comercio libre de Indias realiz aquellas ideas; pero con limitacin a ciertos puertos de la Pennsula, a los que se habilit para el efecto. No obstante, los buques extranjeros continuaron por entonces excluidos y las compaas de comercio con privilegios exclusivos estaban en moda, lo mismo que las tasas, los estancos y otro gran nmero de restricciones y gabelas econmicas. Campomanes, en su Educacin popular Moino en sus dictmenes como fiscal del Consejo y Jovellanos ms tarde en su Informe sobre la ley agraria preparaban grandes reformas econmicas para la Pennsula; pero mi primo con mayor xito y favorecido por ciertas circunstancias las consigui ver aplicadas en Cuba. Los resultados superaron desde luego a las ms exageradas esperanzas, de forma que las doctrinas de Adam Smith puede decirse que donde primero recibieron una confirmacin prctica fue en aquella Isla. Mas si, bajo el punto de vista de la Economa Poltica, tiene tanto inters la historia de las reformas pedidas, conseguidas y aplicadas par Arango y Parreo, bajo el de la historia particular de la Isla de Cuba lo presentan todava mayor. Cuba, antes de dichas reformas contaba apenas doscientas mil almas, puesto que el censo de 1774 slo da un total de ciento setenta y un mil seiscientas veinte. Cierto es que las revoluciones de Santo Domingo promovieron bastante emigracin a Cuba; pero nunca pueden representar una diferencia de ms de cien mil almas de aumento que arroja el censo de 1792. La parte espaola del mismo Santo Domingo contaba en 1791 slo unas ciento veintitrs mil personas libres y unas treinta mil esclavas. Tambin contribuyeron al aumento de la poblacin hasta 1822 las revoluciones de las antiguas provincias espaolas del continente americano; pero es

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /75 /75 /75 /75 /75 dudoso que estos progresos hubieran tenido lugar si Cuba no ofreciera seguro empleo a la actividad y capitales de los emigrados con una legislacin mercantil ampliamente liberal. As es que el censo de 1817 cont ya quinientas cincuenta y tres mil almas, el de 1827 setecientas cuatro mil, el de 1841 ms de un milln, el de 1846 ochocientos noventa y echo mil setecientas, el de 1849 novecientas cuarenta y cinco mil, y el de 1859 cerca de un milln ciento ochenta mil. La progresin fue realmente asombrosa durante los primeros perodos de la reforma, y si desde 1841 hasta hoy no ha sido proporcionalmente igual, procede de que el impulso reformista qued paralizado desde que en 1837 se priv injustamente a las provincias de Ultramar de sus derechos polticos y de la representacin que hasta entonces haban tenido en todas las Cortes espaolas. Los mismos progresos presentan las producciones y comercio de la Isla. De 1786 a 1790, la principal exportacin de azcar de Cuba se haca, como hoy, por el puerto de La Habana, en donde se embarcaron por trmino medio anual unas diecisiete mil cajas; mientras que ltimamente la exportacin de toda la Isla ha llegado en 1858 a un milln ochocientas veintisis mil. No tango a manos datos de la exportacin del tabaco en la primera de ambas pocas, pero de los que publican los seores La Sagra en su obra sobre la Isla, Zamora en su Diccionario de legislacin ultramarina y Rodrguez Ferrer en un opsculo sobre el tabaco habano, aparece que desde 1761 hasta 1812 la Real Compaa que monopolizaba el comercio de esta hoja remiti a la Pennsula 3 986 522 arrobas, lo que da un trmino media al ao de 1 954 177 libras; cuya suma ha subido, despus del desestanco promovido por mi primo, a la de 12 391 289 libras exportadas en 1858, y esto sin contar 141 108 millares de cigarros tambin exportados en el mismo ao. As podra continuar esta comparacin con los progresos de la agricultura, de la navegacin y de los productos de todas las rentas pblicas, especialmente los de Aduanas, si no temiera hacer demasiado extensa esta introduccin. Bajo el punto de vista de la historia de Espaa, los trabajos de Arango y Parreo ofrecen asimismo gran inters, porque descubren las causas en virtud de las cuales las islas de Cuba y Puerto Rico han permanecido fieles a su Metrpoli a pesar de la emancipacin general de todas las dems provincias hispanoamericanas. Desde el gran descubrimiento de Coln la nacin espaola, a medida que aumentaba la extensin de su territorio con provincias que eran continentes, disminua en fuerza, en poblacin y en riqueza por efecto de su mal entendido sistema colonial. Cambi de sistema en Cuba, y esta rica Isla a los pocos aos de gravosa se convirti en productiva, siendo como con lucha razn se ha dicho el ms rico florn de la Corona de Espaa. Acerca de este punto un joven e ilustrado cubano, Don Jacinto Pedroso y Montalvo, escriba a su hermano en agosto del ao anterior los siguientes

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OBRAS 76\ 76\ 76\ 76\ 76\ prrafos, que con debida autorizacin transcribo a rengln seguido, porque demuestran hasta que punto son exactas las precedentes apreciaciones. Dice a propsito de la cuestin de importar harinas en Cuba: “Hay otra causa ms justa y ms poderosa para que el pas proclamara la abolicin de unos derechos tan exorbitantes como los que gravaban a las harinas: esa causa es que dichos derechos violaban radicalmente el principio establecido por el Gobierno para la resolucin de las cuestiones comerciales de esta Isla; principio consignado en las disposiciones u ordenanzas, bajo las cuales se mand en 1794 organizar nuestro Tribunal de Comercio y Junta de Fomento. En aquella poca se reconoci y admiti que la Isla de Cuba no tena ni poda tener vida propia sin la libertad de comercio; que adherida mercantilmente a su Metrpoli bajo un sistema exclusivo, como a la sazn lo estaban a las suyas respectivas las dems colonias del orbe entero, era una parsita que robaba a la madre patria sus jugos y su savia. Doctrina grande y admirable, tanto ms cuanto que entonces el rgimen prohibitivo imperaba en Espaa, Francia e Inglaterra, educadas en la escuela economista del abate Lagndara y de Colbert. Y sin embargo, Espaa fue entonces la que acogi y reconoci primero la teora contraria liberal, debida a la iniciativa de un modelito isleo, del nunca bien proliferado D. Francisco de Arango y Parreo. Al reconocimiento y aplicacin de la teora correspondi inmediatamente el desarrollo econmico de Cuba, que foment sus ingenios, sus vegas, dio abrigo a los que huan de Santo Domingo y permiti rechazar la limosna de los situados que hasta entonces haban sido necesarios para su entretenimiento. ”Y ya que toco este punto, permitiere que haga una digresin. Al hablar de D. Francisco de Arango es muy justo quitarse el sombrero y hacer ver que ni el Gobierno, ni el pas, ni la historia, le han concedido todava el elevado puesto que conquist con su genio. Si Inglaterra levanta monumentos a Roberto Peel, Francia a Miguel Chevalier e Italia a Cavour, por haber sido grandes economistas; si Ricardo Cobden ha conseguido ovaciones en toda Europa por sus doctrinas librecambistas, y si esto se considera con razn grande y noble, cmo calificaremos la conducta del Gobierno espaol, y mucho ms la de nuestros compatriotas, al ver que nada han hecho para perpetuar la memoria de un nombre tan venerable como el de Francisco de Arango? Muchos aos antes que Huskisson y que Cobden, desde 1792, y a pesar de las ideas admitidas entonces en Europa, nuestro compatriota descollaba en el mundo intelectual propagando las doctrinas que son patrimonio del orbe civilizado. Yo me enorgullezco como criollo de que nuestra patria haya producido un hombre de tan sobresaliente mrito, a quien debe Espaa su mayor provincia ultramarina, y a quien debe Cuba un nombre y posicin en el mundo.” Los hechos y razones que deja expuestos y esta opinin imparcial escrita sin pretensiones de publicidad en su correspondencia de familia por una

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /77 /77 /77 /77 /77 persona joven, estudiosa y de sano criterio, justifican plenamente la impresin del Elogio histrico que deja redactado mi sobrino el malogrado Carrillo y Arango. Por otra parte, si hoy ocupo un asiento en el Senado, no debo olvidar que antes lo tuve en las Cortes como Diputado de Cuba, y que por este concepto, adems de primo y amigo de D. Francisco de Arango y Parreo, fui su compaero en la alto honra de representar a mi querida patria; tambin lo fui en el cargo de representar en esta Corte al Ayuntamiento y Consulado de La Habana desde 1829 hasta 1834. Testigo ocular de sus trabajos, de sus virtudes, confidente en muchas ocasiones de sus ms ntimos pensamientos, y justo apreciador de sus generosos deseos, debo a la amistad, al parentesco, a la Isla de Cuba y a la misma nacin espaola, la publicacin de un escrito que tanto se relaciona con sus grandes intereses ultramarinos. ANDRS DE ARANGONotas1Lo public su primo y amigo D. Andrs de Arango, en Madrid, Imprenta de Manuel Galiano, Plaza de los Ministerios, 3-1862.

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ELOGIO HIST"RICO ELOGIO HIST"RICO ELOGIO HIST"RICO ELOGIO HIST"RICO ELOGIO HIST"RICO DEL EXCELENTSIMO SEOR DEL EXCELENTSIMO SEOR DEL EXCELENTSIMO SEOR DEL EXCELENTSIMO SEOR DEL EXCELENTSIMO SEOR DON FRANCISCO DE ARANGO Y P DON FRANCISCO DE ARANGO Y P DON FRANCISCO DE ARANGO Y P DON FRANCISCO DE ARANGO Y P DON FRANCISCO DE ARANGO Y P ARREO ARREO ARREO ARREO ARREO escrito por escrito por escrito por escrito por escrito por Don Anastasio Carrillo y Arango Don Anastasio Carrillo y Arango Don Anastasio Carrillo y Arango Don Anastasio Carrillo y Arango Don Anastasio Carrillo y Arango y por encargo de la y por encargo de la y por encargo de la y por encargo de la y por encargo de la Sociedad P Sociedad P Sociedad P Sociedad P Sociedad P atritica de La Habana atritica de La Habana atritica de La Habana atritica de La Habana atritica de La Habana1 1 1 1 1 Primera parteLa esclarecida nombrada del ilustre miembro que acabamos de perder, sus distinguidos talentos, la importancia de sus trabajos y el decidido influjo que tuvieron en la prosperidad de la patria sus eminentes virtudes, slo podran bosquejarse dignamente por un orador que a la elocuencia uniera vasto caudal de erudicin y saber. Y por qu careciendo de estas dotes he merecido a la sociedad un nombramiento tan honroso como desproporcionado a mis fuerzas? Crey sin duda que los vnculos de la sangre y la tierna solicitud de la amistad supliran la insuficiencia; y que el ms interesado en la gloria del Excmo. Sr. D. Francisco de Arango y Parreo sera el mejor vehculo para trasmitir a la posteridad la memoria de sus altas calidades y merecimientos; pero no reflexion que ese mismo inters debera colmar mi apuro, redoblando las dificultades con que habra de luchar. Y en efecto, cmo no verme ms de una vez sobrecogido por el temor de ser tachado de parcialidad, o de que se graden de encarecimientos del afecto lo mismo que pronunciado por otros labios, apenas se tendra por una dbil expresin de la justicia? Situacin terrible, seores, y que me habra obligado a desistir del empeo si una reflexin consoladora no me alentara y sostuviera. Hay ciertos casos en que el auditorio, preparado de antemano, lleno de la importancia del objeto que le rene y percibiendo toda su extensin, se irrita quizs de que el orador dude de los sentimientos que le animan, y presuma inspirrselos o excitrselos; circunstancias solemnes en que el alma no tolera que con los bellos artificios de la oratoria se atene o se divida la idea que la ocupa toda entera; y sin duda, seores, vuestros nimos se ocupan en este momento con tal feliz disposicin, porque a la

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OBRAS 80\ 80\ 80\ 80\ 80\ verdad, qu pudiera yo deciros de los trabajos de don Francisco de Arango para levantar la patria al estado de prosperidad que hoy disfruta, que ya no sepis? Qu de sus virtudes como hombre pblico, que ya no hayis admirado? Qu de aquellos rasgos de su vida privada que revelaban su alma bellsima que no hubieseis contemplado o de que no tengis noticia? As, pues, seores, conmovida vuestra imaginacin por la grandeza del motivo que nos rene, excitados y sostenidos por la ternura y el dolor de nuestros corazones que recorren toda la vida de nuestro ilustre compatriota para lamentar su falta irreparable; nada me dejis que hacer, pues nunca podra deciros e inspiraros ms de lo que sabis y tan profundamente sents. En este sentido, seores, cuando tampoco es preciso amenizar con el lujo de las frases oratorias la esterilidad de un elogio de estatuto, porque la verdad se presenta con todo el atractivo de su candor y de su dignidad, la elocuencia fluye del inters del asunto; y semejante a una virgen modesta y pura, que slo necesita de su nativa belleza para encantar y seducir, la grandeza misma del objeto encadena la atencin, disimula y cubre la deficiencia del panegirista, y le sostiene en una empresa tan superior a la pobreza de sus recursos. Naci D. Francisco de Arango en esta ciudad en 1765; y no esperis que al hablar del varn ilustrado que no reconoca otra aristocracia que la del talento y de la virtud os recuerde el origen de su antigua y distinguida familia. El destino le seal al nacer una cuna esclarecida: hubieran sido menos admirables sus raras cualidades si la suerte le colocara en no tan aventajada situacin? No, por cierto; y los merecimientos del hombre distinguido, que pudo legar un nombre ilustre a sus ltimas generaciones, habran sido tanto ms brillantes cuanto fueran ms formidables los estorbos que a su desarrollo opusieran las preocupaciones y la mala fortuna. No obstante, seores, nuestro ilustre compatriota se nos presenta con un mrito ms, aun considerado bajo el aspecto ventajoso de su nacimiento y de los medios que tuvo de ilustrarse y descollar entre sus conciudadanos. En efecto, una triste pero larga experiencia nos ensea que estas ventajas, lejos de obrar como estmulo en nuestra juventud para cultivar su entendimiento, se convierten, por el contrario, en una especie de insuperable obstculo. La prosperidad nos inocula la indolencia y el abandono; las distracciones de la mocedad, que pronto degeneran en vicios fatales a los individuos y al pas entero, nos alejan de toda ocupacin honesta y provechosa; funestas, pero antiguas preocupaciones, vienen a colmar la medida de esos males, y la insensatez, a la manera de un odioso derecho de sangre, se va vinculando en las familias a la par que se ensanchan sus medios de instruirse, y cuando parece que la patria tendra ms ttulos de reclamar su servicio. Un natural bello, un ardiente y precoz deseo de saber, liberan a nuestro amigo de tan funesto contagio. Su docilidad, su amor al estudio,1 su enten-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /81 /81 /81 /81 /81 dimiento claro y despejado, determinan a sus padres a dedicarlo a la carrera de las letras; y como la mayor parte de los grandes hombres, el joven Arango, apenas sale de la infancia, cuando se le ve descollar y sobreponerse a sus compaeros, merecer desde los primeros pasos en sus estudios mayores que los profesores le distingan, confindole la sustitucin de sus ctedras y desempear con tino y brillantez el magisterio en nuestra Universidad. La necesidad de pasar a la isla de Santo Domingo, asiento entonces de nuestra Audiencia, a continuar un pleito interesante que contra su padre sostena uno de los hombres ms poderosos de esta ciudad, oblig a nuestro amigo a suspender a los veinte aos de edad sus cursos universitarios, y lo que debi serle ms sensible, a abandonar su proyecto favorito de pasar a la Pennsula y beber la instruccin que ansiaba en fuentes ms amplias, ms provechosas que las que poda brindarle nuestra pobre y mal montada Universidad. Sin embargo, este accidente, lejos de perjudicarle, le abre un hermoso campo para lucir la precocidad de su talento y la extensin de su saber en materia de jurisprudencia, granjearle la estimacin y afecto de los ministros de la Audiencia, hasta el extremo de escribir el Regente D. Jos Antonio Gamboa al respetable Marqus de Jstiz para que inclinase al padre de nuestro amigo a que le enviase a la Pennsula por lo mucho que prometan su talento claro y sus conocimientos jurdicos nada comunes, dndole adems espontneamente una certificacin, testimonio tanto ms autntico del grado de admiracin que haba producido el joven estudiante, haciendo triunfar en los estrados los derechos de su padre contra algn veterano profesor, cuanto era el juicio de un magistrado ventajosamente conocido par su integridad e ilustracin. De regreso a esta ciudad bajo tan venturosos auspicios, obtiene el anhelado permiso de pasar a Espaa. Se embarca sin dilacin y se presenta en la Corte, no para entregarse a sus seductoras distracciones o para lanzarse desalado y lleno de juvenil presuncin a perseguir puestos y honores que quizs no le fuera difcil alcanzar, sino con objeto ms atinado, ms digno de su claro entendimiento y de sus nobles designios. Decidido ya a consagrarse al servicio de la patria, conoce, como la mayor parte de los hombres superiores, cun deficiente era la educacin que recibiera, lo mucho que le faltaba para aprender, y lo ms que le sera preciso olvidar; y su primer paso es matricularse en la Academia de Jurisprudencia de Santa Brbara y dedicarse al estudio del derecho natural y de gentes. Sus progresos fueron rpidos como lo acreditan varios discursos que pronunci en pblico, y de los que algunos se conservan entre sus papeles; y preparado con estos conocimientos, ya no dud recibirse de abogado en 1789 y encargarse de representar como Apoderado del Ayuntamiento los intereses de su patria, que haba de menester sin duda de un procurador inteligente, activo y lleno de celo para combatir las codiciosas pretensiones de los

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OBRAS 82\ 82\ 82\ 82\ 82\ Consulados de Cdiz, Mxico y Veracruz, atacar las preocupaciones del Gobierno sobre el sistema econmico adoptado en la administracin de la Isla y de las dems provincias ultramarinas, y echar los cimientos de nuestra actual prosperidad. La entrada de D. Francisco de Arango en el teatro de los negocios coincida felizmente, seores, con un momento crtico; con aquel momento en que fermentando en el mundo civilizado, como en un inmenso laboratorio qumico los principios esparcidos por los filsofos franceses, as en las ciencias polticas como en todas las dems, el entendimiento humano tomaba el prodigioso vuelo que le encumbrara a la altura a que ha trepado. La filosofa, segn lo haba previsto el genio perspicaz y profundo de Condorcet, empezaba a ser reemplazada por otra ms elevada, ms prctica y civilizada. Naca casi la Economa Poltica para marchar a su perfeccin, y poderosamente auxiliada de la crtica, profundizar la historia de las modernas y de las antiguas naciones, y sealar los orgenes, ya de su fuerza y esplendor, ya de su debilidad, decadencia y ruina, y obligar a los gobiernos a abjurar funestos errores y adoptar principios administrativos ms razonables y propicios. Las ciencias naturales que empezaban a salir del estrecho crculo de especulativas, prestaban ya un poderoso auxilio a las industrias. La navegacin se perfeccionaba de un modo asombroso, y excitando con la seguridad que brindaba al genio emprendedor del comercio, pona en contacto pueblos remotsimos de que apenas se tenan mezquinas noticias. Todo haba empezado a conmoverse. El mundo intelectual y el mundo poltico se agitaban a la par, y las mismas revoluciones de los pueblos, en medio de sus vastos horrores, vinieron al auxilio de la razn humana, haciendo revelaciones importantes en el arte de gobernar. Nuestro ilustre amigo no poda dejar de participar de la influencia de ese movimiento universal; debi prever una alteracin ms o menos sustancial en la administracin de las naciones y de los pueblos, y quiso y supo aprovechar aquellas circunstancias en beneficio de su patria. Segunda parteNombrado apoderado de nuestro Ayuntamiento fue su primer cuidado formarse unas instrucciones en las que al mismo tiempo que ya desplegaba un profundo conocimiento de los verdaderos intereses de su patria, descubra sus vastas miras y brillaban las primeras chispas del talento del estadista y de aquella rara sagacidad que tanto le distingua. Esas instrucciones, seores, fueron una especie de pacto que el joven Arango, al dar sus primeros pasos en la carrera pblica celebr con su amada patria, y que llen con tanta perseverancia como acierto. En efecto, ellas son el verdade-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /83 /83 /83 /83 /83 ro semillero de los trabajos que emprendi desde el instante mismo en que pudo presentarse ante el Gobierno con el carcter de representante del Ayuntamiento; que no abandon elevado a las primeras dignidades del Estado, y que con tesn infatigable continu hasta que la muerte arrebat de sus manos la pluma, y hel en su corazn aquel sentimiento noble y activo que haba formado las delicias y los sinsabores de su vida, la prosperidad de la Isla de Cuba. Determinadas por el mismo Ayuntamiento sus obligaciones, fijados los principios de donde haba de partir para llenarlas cumplidamente, pone todo su conato en solicitar se permitiese a nuestra marina mercante ocuparse en el comercio de esclavos y recaba la Real Orden de 28 de febrero de 1789,2 que otorgaba a los nacionales y extranjeros por dos aos la facultad de introducir africanos; facultad que sucesivamente y por sus siempre y oportunas y acertadas gestiones se fue ampliando hasta extenderse a un consentimiento sin restriccin, con la libertad de todo derecho. No dudo, seores, que algunos pondrn en duda el influjo benfico que aquellas concesiones, alcanzadas por la eficacia de nuestro Apoderado, hayan tenido en la prosperidad bien entendida del pas, y las considerarn quizs como un punto opaco en la esclarecida vida de nuestro humane e ilustrado compatriota; pero volvamos la vista hacia la poca en que se hacan tales esfuerzos, recordemos nuestra escasez de poblacin, el clamor de todos los habitantes de la Isla, su inters, la religin que en ste como en otros puntos haba sido profanada par la ignorancia y la codicia, compelindola a santificar el ms abominable de los crmenes; por ltimo, el ejemplo que las naciones ms adelantadas en la civilizacin y en la carrera de las reformas sociales nos daban sobre ese importante punto. Apenas se acababa de nombrar par el Parlamento ingls la primera comisin para ocuparse de tan interesante objeto, y todava la voz filantrpica de Wilberforce, sostenida par la elocuencia de Chatham y Pitt, no haba propuesto aquella clebre serie de proposiciones que condenaban tan horrible trfico, y que no produjeron sus efectos hasta despus de veinte aos de nobles y constantes esfuerzos. Y qu extrao es, seores, que nuestro joven Apoderado hubiera participado del error comn a su siglo, error encubierto por la necesidad, alimentado por el inters, y que hoy mismo tiene tantos y tan decididos partidarios? Pero, en honor de su bello corazn sea dicho, al entablar su pretensin y al esforzarla en 1791 para que se concediese una absoluta libertad en la introduccin de africanos, deploraba la urgencia que exiga tan odiosa franquicia, y se escapaban a su pluma aquellos principios de humanidad que ms tarde le obligaron a pensar de otro modo y a llorar, quizs, como el ilustre y santo obispo de Chiapas el extravo del entendimiento. Pero era demasiado previsora la prudencia de nuestro Apoderado para que se le ocultase que en vano se le daban brazos a la agricultura y alas a su

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OBRAS 84\ 84\ 84\ 84\ 84\ prosperidad, si sus productos haban de cambiarse exclusivamente por los cortsimos que renda la industria metropolitana, y si no hubieran de correr por otros canales que por los estrechos y obstruidos de la Pennsula. Ya en su representacin sobre el comercio de esclavos haba indicado con oportunidad la urgencia de ensanchar nuestras relaciones mercantiles, adoptando un sistema ms en armona con las mximas de una economa bien entendida. Disponase sin duda a impetrar las franquicias que exiga nuestra agricultura; pero, como atinado, aguardaba la ocasin favorable para que no pareciese imprudente y quizs atrevida su solicitud; y la terrible catstrofe que a consecuencia de la revolucin francesa ofreci al mundo una isla vecina, la ms rica y floreciente de las colonias conocidas entonces, vino a brindarle la coyuntura que ansiaba y aprovechara con tan admirable maestra como xito cumplido. Mientras aquel lamentable acontecimiento llenaba de pavor el nimo de estos habitantes, y el Gobierno Supremo en la mayor zozobra aguardaba, tal vez por instantes, la nueva de que las chispas de una hoguera tan prxima haba incendiado nuestros campos; el joven Apoderado, profundo conocedor del estado de su patria, slo piensa en las ventajas que podra allegar del naufragio de un rival tan poderoso. Apenas cunde la fatal nueva por Madrid, cuando se apresura a tranquilizar el nimo del Monarca, sealndole las barreras que impediran que el contagio ganase y se desarrollase en esta Isla; pero al mismo tiempo le pinta con vivsimos colores la necesidad de no perder la oportunidad de dar un poderoso impulso a su agricultura y comercio, y ofrece presentar el plan que debera adoptarse para conseguir tan grandes fines. Un ofrecimiento tan pronto como oportuno no poda ser despreciado en aquellas circunstancias; el Monarca quiso or al representante de nuestros intereses, quien sin prdida de momento extiende su Discurso sobre la agricultura de La Habana y medios de fomentarla, o mejor dicho, el cdigo de nuestra legislacin econmica poltica. Despus de bosquejar el miserable estado de la Isla hasta 1762, la presenta dando el primer paso a la prosperidad bajo la efmera dominacin inglesa, que a este beneficio uni el ms interesante de revelar a la aletargada Espaa el secreto de la inmensa importancia de esta posicin. Ofrcela enseguida, rotas par el feliz gobierno de Carlos III las cadenas que la obligaban a comerciar con determinados puertos de la Pennsula, ensanchando la esfera de sus relaciones, y aumentando sus productos, que a merced de otras causas, que indica y analiza con admirable tino, tomaron en breve tiempo un incremento extraordinario, sntoma infalible del alto grado de ventura que podramos alcanzar bajo una administracin atinada y sabia; y, por ltimo, represntala precipitndose a la altura a que trepara par una consecuencia natural del aumento mismo de sus productos, cuando carecan de solidez proporcionada a su tamao, a cuya calamidad vino a

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /85 /85 /85 /85 /85 unirse la imprudente guerra de 1776, reagravada con la muerte de algunos ilustrados protectores de nuestros intereses. A este cuadro, seores, trazado con tanta maestra, sigue un paralelo no menos interesante y luminoso de nuestra situacin, comparada con la de las colonias extranjeras. Pone en contraste sus recursos y nuestras miserias; sus franquicias y nuestras restricciones; los extensos, animados y ricos mercados abiertos a sus productos; el mezquino, lnguido y pobre en donde haban de cambiarse los nuestros; el estado floreciente de las ciencias y las artes tiles en las metrpolis de que aqullas dependan, y que tan poderosamente influa en los progresos de la agricultura colonial, y el atraso de nuestra nacin y la ignorancia de nuestros agricultores, y la barbarie inmoralidad de nuestros operarios; por ltimo, aqullas reflejando en sus gobiernos la imagen de los Estados de que formaban parte, y los nuestros regidos por odiosas leyes de excepcin,3 aborto de la suspicacia y zozobras que de continuo cercan y atormentan al poder ilimitado. En fin, tras estas valientes y atrevidas pinceladas que tan al vivo retratan nuestra situacin, demuestra con calor la necesidad de aprovechar la feliz oportunidad con que para mejorarla nos brindaba la Providencia, y propone los medios que deberan adoptarse a fin de conseguirlo. Reclama en primer lugar una absoluta libertad de derechos y gabelas por espacio de diez aos para el ail, el caf, el algodn y el aguardiente, y la franquicia de que pudiesen ser extrados esos artculos por nacionales y extranjeros sin ninguna restriccin. Insta tambin para que se redima el azcar y el tabaco de todo impuesto en su reexportacin de los puertos de la Pennsula a cualquiera mercado extranjero; manifiesta la insuficiencia de las medidas hasta entonces adoptadas con el fin de fomentar estos ramos, y, por ltimo, persuade la necesidad de aligerar la industria cubana del embarazo, de las cortapisas y del peso de las contribuciones que la estragaban y consuman. Pero no satisfacan estas solas franquicias el anhelo de nuestro Apoderado. En su noble y ardiente celo juvenil aspiraba a levantar su patria al ltimo pice de prosperidad posible. Lleno ya de la profeca de Raynal y persuadido de que para que las reformas que meditaba prendiesen y fructificasen en nuestro suelo era, ante todo, preciso instruir a sus paisanos, propone aquel viaje que despus emprendi en unin de otro patricio distinguido y digno de nuestra gratitud, el Conde de Casa Montalvo, con objeto de observar los adelantamientos hechos en los pases extranjeros aplicables a nuestras industrias, trasladar a nuestro seno hombres versados en las ciencias naturales, que tan poderoso auxilio prestan a la agricultura y a las artes, y operarios diestros de que absolutamente carecamos; y en fin, establecer a su vuelta la Junta Consular que, guiada por su saber e inspirada por su genio, fue un venero inagotable de ventura para el pas.

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OBRAS 86\ 86\ 86\ 86\ 86\ Si el joven Apoderado no alcanz cuanto anhelaba para su patria, recab concesiones inmensas, atendidas las mximas que en aquella poca dirigan al Gobierno, dej el plantel de las franquicias que sucesivamente y casi hasta nuestros das fueron dispensndose a la Isla. En efecto, consigui la instalacin de la Junta de Gobierno; del antiguo Consulado, obra del todo suya; obtuvo la libertad de todo derecho al azcar y aguardiente, a su reexportacin de los puertos de la Pennsula; que el caf, el ail y algodn fuesen libres de toda clase de impuestos, incluidos el diezmo y alcabala, por espacio de diez aos, y que en el mismo trmino pudiesen ser exportados a cualquier punto extranjero en buques nacionales, permitindoseles adems completar los cargamentos con aguardiente; que los extranjeros que condujesen esclavos disfrutasen del plazo de cuarenta das para realizar su venta, en lugar de los ocho que solamente se les conceda por la Real Cdula de 24 de septiembre de 1791; y en fin, en 1804 logr se eximiese a los nuevos ingenios de las exorbitante y pesadsima contribucin del diezmo. Aquel Discurso lleg a ser como el manual de mximas econmicas que deberan seguirse para promover la prosperidad cubana. Olvidado alguna vez, cuando las riendas del Gobierno fluctuaban en manos inexpertas o poco dispuestas en nuestro favor, volva a servir de norma tan pronto como un ministro ilustrado rega los negocios del Estado. As es como el genio de nuestro Apoderado conoci el primero nuestras necesidades, adivin los resortes que deban tocarse para labrar nuestro bienestar, y ech sus perdurables cimientos. Y no creis, seores, que su celo se limit a aquel trabajo, bastante por s slo para que su memoria fuese eternamente grata a los cubanos. Su carcter ilustrado y activo todo lo abrazaba, todo lo comprenda cuando se trataba del bien de su pas. Una Memoria sobre el foro, que ya empezaba con el aumento de la riqueza a descubrir los vicios que despus le han hecho aparecer tan monstruoso como desolador; varios papeles importantes solicitando, primero, el cuo de la moneda provincial con una baja moderada en su valor; segundo, que al que sacase azcar de los puertos de Espaa para el extranjero, se devolvieran los derechos sin necesidad de acreditar el desembarco en puerto extranjero; y, por ltimo, la defensa que tuvo que hacer contra los ataques que se dirigieron a su Discurso y proyecto de viaje y Junta Consular, sern eternos testimonios de su celo ardiente, de su amor a la patria, de su inmensa ilustracin y capacidad, de su laboriosidad infatigable.4Molesto sera, seores, seguirle en todos sus pasos como Apoderado de nuestro Ayuntamiento; contemplmosle regresando a su querida patria despus de su viaje por el extranjero, lleno de los progresos que haba palpado en todas las ciencias y en todas las artes de la civilizacin, queriendo adelantarse a su poca y aclimatar en este suelo las hermosas semillas que recogiera; pero teniendo que luchar con los estorbos que le oponan la ignorancia y el hbito, la envidia y alguna vez la estupidez.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /87 /87 /87 /87 /87 Aquel joven que no haba completado seis lustros se presenta en las playas de su patria despus de una corta peregrinacin, para ponerse al frente de la revolucin que l solo, sin ms estmulo que su santo patriotismo, sin ms apoyo que su talento, sin otros recursos que los que le sugera su heroica perseverancia; haba empezado a obrar en los principios de administracin econmica de la Isla, y para colocarse a la cabeza del movimiento que haba dado a su agricultura y a su comercio, y dirigirlos y activarlos y ofrecerse siempre como el campen de sus derechos y el agente celossimo de sus intereses. Habis visto, seores, cules eran los fines del viaje que por orden del Gobierno emprendiera nuestro amigo en unin de otro digno habanero. Sus observaciones en los pases extranjeros que recorri, particularmente en las dos grandes capitales del mundo sabio, ensanchando la esfera de sus idea,5 de sus luminosos proyectos y de sus conocimientos; y excitando ms la actividad de su alma y sus nobles sentimientos con la experiencia de lo que influan en la felicidad humana los progresos de la civilizacin, le hicieron ms firme y perseverante en sus propsitos. As es que apenas saluda y pisa las playas de Cuba, cuando no pierde un solo momento y trata de organizar su Junta, como la palanca que haba de levantarnos casi de la nada, a toda la altura de prosperidad de que ramos susceptibles, y que tan ventajosamente correspondi a sus esperanzas. Afortunadamente para el abogado de nuestros intereses, si la apata y la ignorancia, el egosmo y la malignidad, sembraron de estorbos y contradicciones el camino que deba seguir, encontr al frente del Gobierno de esta Isla uno de aquellos hombres que la Providencia destina a los pueblos cuando decreta su felicidad. Ya adivinaris que hablo del ilustre Las Casas, y no extraaris que al nombrarle busque en esta sala y eche de menos su estatua, porque al pie de ella debera sin duda pronunciarse el elogio de su digno amigo. Aquel jefe comprende en el momento toda la extensin de los proyectos de nuestro compatriota, los adopta para prestarles el apoyo y proteccin que merecan; pero comprende mejor su corazn, su saber y sus altas cualidades, y desde luego queda anudada aquella tierna amistad que honrando al uno y al otro fue una fuente inagotable de ventura para la patria. Se instala la Junta de Gobierno y un soplo de nueva vida anima nuestra existencia. brese un vastsimo campo al genio activo y emprendedor de su Sndico, quien, mientras entendindose directamente con el Ministro le daba noticias del resultado de su viaje, de los conocimientos que en l adquiriera y de la introduccin en la Isla de la primera bomba de fuego que haba pasado el Ocano; promova y pona en ejecucin varios proyectos a cual ms ventajosos y benficos. El establecimiento de vendutas, de seguros martimos, el reglamento de cimarrones; obra llena de saber y humanidad que ha merecido lisonjeros elogios de uno de los sabios ms eminen-

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OBRAS 88\ 88\ 88\ 88\ 88\ tes de nuestro siglo;6 la supresin de un funesto reglamento de aduanas en que a un mismo tiempo tuvo que combatir un grave error econmico y los intereses personales del omnipotente Prncipe de la Paz,7 provocando con noble denuedo su sauda enemistad; la introduccin del hielo, ese regalo preciossimo en medio de los ardores del sol del trpico, y que tambin debemos con la prosperidad que disfrutamos a tan infatigable procurador; los diversos estatutos que form, entre ellos los de la Junta misma y Tribunal Mercantil que le era anexo, obras dignas de estudiarse y admirarse,8pero que se escapan al pincel de la elocuencia y sera molesto ocuparse de ellas. Mas permitid que me detenga y os haga un anlisis particular de un informe sobre la necesidad de abrir este puerto y el de Matanzas a las naciones aliadas y neutrales, porque fue sin duda el paso ms decidido que dimos para obtener la anhelada libertad de comercio. Las imprudentes guerras que por consecuencia del malhadado Pacto de Familia9 habamos sostenido con Gran Bretaa, y especialmente la ltima, estancando nuestros productos, nos colocara en una situacin angustiosa y ruinosa, y cuando al cesar aquella calamidad pareca que podramos prometernos das menos aciagos, la ambicin del Capitn del siglo, aspirando a derrocar el trono de San Fernando, convirti en vasto campo de batalla todo el suelo de la Pennsula, qu importaba, pues, que la paz con la poderosa seora de los mares nos dejase libres, si los nacionales ni podan ofrecernos sus productos ni extraer los nuestros con su desmedrada Marina? Fuerza era adoptar un temperamento que nos sacase de tan terrible apuro; desde luego se propuso el nico que poda salvarnos, y consista en abrir este puerto y el de Matanzas a los buques de las naciones neutrales amigas y aliadas. Tan justa, tan irrecusable medida, encontr, no obstante, decididos enemigos en la Junta Consular, que ya por efecto de aejas preocupaciones, ya porque antepusiesen al bien pblico el lucro de sus privadas y tal vez criminales granjeras, trataron de presentar el remedio como atentatorio a los derechos de la Metrpoli y contrario a sus intereses industriales y mercantiles. Apurronse los sofismas y las razones de supuesta conveniencia, repetidas desde el descubrimiento de las Amricas, base del funesto sistema de gobierno que se haba adoptado, y que ya, aunque con timidez, procur combatir nuestro Apoderado en su discurso sobre la agricultura; pero ahora se le ofreca una feliz oportunidad en que dejar correr libres sus ideas, y como Sndico de la Junta Consular extiende aquel clebre informe que quizs fij para siempre nuestra suerte. Lleno de elocuencia, desenvuelve todos los argumentos que condenaban el sistema del monopolio, avieso fruto de la ignorancia en materias econmicas. Ya no escuchamos al joven Apoderado obligado a contemporizar con las mximas del Gobierno, y plagado l mismo de ideas errneas sobre la ciencia de las riquezas. En el discurso sobre la agricultura desco-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /89 /89 /89 /89 /89 llaba, no hay duda, el hombre de talento claro y despejado, de miras trascendentales, pero lleno todava de las preocupaciones de sus maestros; en el Informe del Consulado se ve al estadista instruido par la experiencia e ilustrado con los progresos de las ciencias. Genovesi haba sido el orculo del Apoderado en 1789; pero ya el Sndico del Consulado se haba empapado en los principios del Informe sobre ley agraria, con cuyo autor tena tan admirables semejanzas, y estudiado al padre de las ciencias, al profundo Adam Smith. No era posible resistir la fuerza de tan incontestables razones, y las autoridades superiores de la Isla formaron en su consecuencia aquel acuerdo benfico, amargamente censurado por la codicia de los gremios mercantiles de la Pennsula, Veracruz y Mxico, y que salvndonos de una ruina cierta proporcion a la nacin inmensos beneficios en nuestra naciente prosperidad. No acabara, seores, si os quisiera decir todas las tareas comprendidas por nuestro ilustre amigo para corresponder dignamente a la honrosa confianza de haber sido nombrado Sndico vocal perpetuo del Consulado y Asesor del Tribunal de Alzadas, pues sera preciso referiros paso a paso toda su vida desde que escribi el proyecto que dio vida a aquella Junta, hasta que le falt el aliento para dirigirla e ilustrarla. Sus actas estn llenas del nombre y de los bellos trabajos de su digno promovedor, y sin duda es llegado ya el da en que tenga efecto la seal de gratitud que aquel cuerpo quiso consagrarle poniendo su retrato en la sala de sus sesiones con una inscripcin anloga a los insignes servicios que desde sus primeros aos hiciera a su patria. Mientras paga tan sagrada deuda, consideraremos a nuestro amigo animando otras corporaciones, desempeando diversas comisiones de alta importancia, y haciendo por todas partes la felicidad de su patria, a manera de un ro caudaloso que dividindose en distintos ramales lleva por todas partes la frescura, la fecundidad y la vida. Tercera parteTienen los pueblos como los individuos sus horas de felicidad y bienandanza, as como las tienen menguadas y azarosas. En las primeras todo se combina y rene para su bien, como en las segundas todo conspira y se aduna para derramar entero sobre su existencia el cliz de las amarguras; y el nacimiento de D. Francisco de Arango fue para Cuba una de aquellas horas faustas precursoras de todo gnero de venturas. Su actividad, su saber y su esclarecido mrito le colocaron al frente de un cuerpo que l mismo haba proyectado y organizado como un agente poderoso de prosperidad para el pas. Los derechos de familia le llamaban a otro cuerpo no menos influyente en la suerte de este suelo, y que inspirado par su genio poda prestarle inmensos servicios. En efecto,

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OBRAS 90\ 90\ 90\ 90\ 90\ Regidor Alfrez Real del Ayuntamiento de esta ciudad, ¡qu bienes no deberan aguardarse de un hombre tan ilustrado como activo, tan recto como patriota! Recrranse las actas de aquella corporacin, y se ver al repblico celoso promoviendo con el tino que le caracterizaba cuanto poda contribuir al ornato, al aseo y a la polica de la ciudad. Yo no os cansar refiriendo cuanto debemos en estos puntos tan enlazados con el bienestar de los pueblos a su tesn ilustrado; pero s os lo presentar en aquel momento memorable en que, conmovidos los cimientos de la monarqua, destrozada par fracciones interiores e invadida por las falanges del hombre extraordinario, que fanatizando con la victoria a un pueblo ilustrado y entusiasta, como Mahoma con la religin a otro pueblo ardiente e impetuoso, aspiraba a la conquista de todos los tronos. Momento de prueba, seores, en que no era posible abroquelarse bajo aquellos partidos ambiguos que durante las crisis polticas sirven de escudo a los nimos pusilnimes o dobles, y en que el patriotismo y las virtudes de nuestro amigo lucieron en todo su esplendor. La fatal nueva de los sucesos de Aranjuez y de la invasin del reino por el ejrcito de Napolen Bonaparte llegan a un tiempo mismo; y seguramente no hay elocuencia que alcance a dibujar siquiera la zozobra, la ansiedad, la incertidumbre, el terror pnico que tan extraordinarios acontecimientos imprimieron en los nimos de estos habitantes. Figuraos, seores, los pueblos desamparados y hurfanos de sus reyes y de sus magnates, invadida la capital de la nacin por las irresistibles legiones del hijo de la victoria, sin gobierno, divididas sus provincias, encarcelados nuestros mejores guerreros, o arrojados de antemano por el brazo de la perfidia a lejanas tierras; representaos a la sociedad sin leyes, rotas todos los vnculos, todos los pactos que ligan al ciudadano con el gobierno y el gobierno al ciudadano, el caos en su ms horrible deformidad, y apenas tendris una idea del verdadero cuadro que presentaba Espaa y particularmente estas remotas y abandonadas regiones. Quin resistira al mpetu de las huestes vencedoras en Jena y Austerlitz? Qu ejrcito se les opondra cuando apenas contbamos un soldado? El triunfo del usurpador pareca infalible, y cuanto ms ilustrados los hombres, ms tristes eran sus vaticinios sobre la suerte de la monarqua. A esos temores cedieron los dbiles y los infieles, los virtuosos y esforzados no vieron ms que un sublime deber que cumplir, y con las cadenas o la muerte ante los ojos no dudaron un punto abrazar la desesperada causa de la patria. Sombra ilustre, me parece verte inflamado de aquel noble entusiasmo de los buenos, excitar con tu voz y con tu ejemplo a tus compatriotas, y a los dos das de recibida la fatal nueva, alzar el pendn de Castilla para proclamar en el sptimo Fernando la guerra noble que ya haba declarado la nacin y que derrib el solio levantado sobre las ruinas de la libertad francesa, y sobre los laureles ganados por ella a la impotente resistencia de los tiranos. As te contem-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /91 /91 /91 /91 /91 plamos ms tarde postrado de la cruel enfermedad que te abri el sepulcro, hacer un esfuerzo extraordinario para proclamar en circunstancias no menos aciagas a la tierna e inocente Isabel. Proclamado Fernando VII, preciso era decidir una cuestin la ms espinosa y trascendental que pudo agitarse en un pueblo en medio del vrtigo de aquella horrible crisis. Qu orden de gobierno se estableca? A cul de las diversas Juntas formadas en la Pennsula deberamos someternos? D. Francisco de Arango estaba naturalmente llamado a representar el principal papel en aquel complicado drama, y a ser el blanco de los tiros de los que como l no pensasen.....Viven, seores, algunos de los hombres que tomaron una parte activa en las controversias que entonces se suscitaron; y esta circunstancia me impone el deber de abandonar al severo tribunal de la posteridad el fallo de aquella ruidosa causa, si es que el ilustre amigo a quien lloramos baj al sepulcro ignorando el juicio de sus contemporneos. Como miembro del Ayuntamiento, extiende las actas y acuerdos celebrados a consecuencia del Real Decreto de 4 de febrero de 1810, expedido para convocar los diputados de Amrica a las Cortes extraordinarias y formar las instrucciones que haban de guiar al elegido y que ciertamente fueron dignas de su ilustre autor; pero la patria deba esperar de l uno de los ms afortunados esfuerzos de su talento para desviar el formidable golpe que a su existencia iba a descargar la imprevisin ms inexcusable. Los hombres que se reunieron en 1811 para la formacin de las Cortes extraordinarias que haban de reconstruir el edificio de la Constitucin nacional de que apenas quedaba una apagada sombra, aunque dotados en la mayor parte de patriotismo y de talentos, carecan de aquel tacto delicado, de aquel tino poltico, fruto exclusivo de la experiencia que allega el manejo de los negocios pblicos. Fermentaban en sus cerebros las semillas esparcidas por la revolucin francesa, de que aspiraban a ser imitadores serviles, y en su entusiasmo indiscreto propusieron algunos diputados ciertas medidas respeto a los esclavos que la sabia y poderosa Inglaterra apenas se ha atrevido a realizar al cabo de muchos aos de ensayos y preparativos, contando adems con el inagotable caudal de sus recursos y de sus fuerzas. Un principio era para ellos un dolo en cuyas aras habran sacrificado la suerte de cien provincias, y no es extrao que se hubiese decretado la abolicin de la esclavitud en las colonias. Medida tan intempestiva como impoltica fue propuesta y apoyada par un diputado que, si bien poda lucir algunos conocimientos tericos en los ejercicios de una academia, careca seguramente de pulso y de las dems partes extraordinarias que han de adornar al que aspire dirigir el movimiento de una nacin, que por entre los estragos de las revoluciones busca la independencia y la libertad poltica. Su verbosidad, alguna vez elocuente, y su conducta pblica le haban hecho como el

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OBRAS 92\ 92\ 92\ 92\ 92\ rbitro de las decisiones de aquel Congreso, y con la misma precipitacin de que desgraciadamente se resienten la mayor parte de ellas, se fall la ruina de todas las posesiones espaolas que posean esclavos. Terrible, inexplicable, fue el terror que aquella resolucin, que para colmo de imprudencia se haba discutido en pblico no obstante las atinadas reclamaciones de nuestros representantes, caus en el nimo de estos habitantes. El azoramiento era general, porque ya no se vean las riquezas destruidas y la mendiguez sustituyendo a la opulencia; la muerte era la que estaba a la presencia de cada uno; la muerte, seores, acompaada de todos los horrores de la venganza de unos brbaros. En tan acerbas circunstancias todas las miradas, las esperanzas todas se enderezaron al autor de nuestros bienes, porque seguramente D. Francisco de Arango slo podra hacer escuchar su poderosa voz, manifestar a nuestros legisladores la extensin de sus errores, hacerles avergonzar de su impremeditacin y obligarles a retroceder en su precipitada y funesta marcha. En efecto, seores, las Corporaciones todas le eligen para defender aquella interesante causa, y la representacin que en consecuencia extendi para las Cortes extraordinarias es uno de los monumentos ms hermosos de su talento, de su saber y de su raro criterio. Quin de vosotros no conoce aquella excelente obra? ¡Ah, seores! Si aquellos legisladores se hubiesen aprovechado de las sabias mximas de derecho pblico que contena, si hubiesen fijado su consideracin en los anatemas que encerraba contra las decisiones de una reunin popular y numerosa sin contrapeso alguno en la formacin de las leyes, ¡cuntas lgrimas, cunta sangre, cuntos horrores no hubieran ahorrado a la desventurada patria; cunto tiempo se habra ganado para la civilizacin de Espaa y las reformas que reclama! Un xito brillante y cumplido coron entonces aquella representacin, aunque su inmortal autor tuvo que combatir ms tarde en el seno del Congreso mismo otra tentativa semejante, logrando encadenar de nuevo los mpetus de un entusiasmo pueril y funesto.10Y vosotros, seores, abrid vuestras actas desde que obtuvo el ilustre Arango la distincin de ser miembro de esta reunin de amigos de la patria, y ellas mejor que mi dbil voz os dirn cunto se afan para que este ilustre Cuerpo correspondiese dignamente a los importantes fines de su ereccin. Como simple vocal, vsele promover con infatigable tesn el establecimiento de una escuela de qumica, proyecto que le ocup hasta sus ltimos das; casi formar la actual y nica biblioteca que tenemos, donando la mayor parte de las obras que constituyen su caudal, ofreciendo remitir de Europa las que consideraba ms tiles al pas, redactando el solo peridico que tenamos, y como Director excitando la Sociedad con su ejemplo al trabajo, ilustrndola con sus diversos discursos sobre materias interesantes; y como admirador de los bienhechores de su patria, abriendo una suscripcin para erigir una estatua a Juan Francisco Carvallo, y encargn-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /93 /93 /93 /93 /93 dose en comisin de eternizar con un monumento la memoria del ilustre Las Casas. La Sociedad premi sus desvelos con el nombramiento de socio de honor, demostracin justa de gratitud y tanto ms merecida cuanto que otras extraas de Europa y Amrica se haban apresurado a discernirle iguales y aun mayores distinciones.11Os he ofrecido a nuestro ilustre amigo representando la ciudad como Apoderado de su Ayuntamiento, promoviendo bajo este carcter aquella serie de medidas que fueron el plantel de nuestra prosperidad, proyectando y organizando un Cuerpo que, dcil a su voz, tan insignes beneficios hizo a la patria, y dando movimiento y vida al mismo Ayuntamiento y a esta, digna reunin de amigos del pas; nunca aquellos Cuerpos en toda la historia de su existencia presentaron un cuadro ms animado. Y por qu no decirlo? Nunca derramaron sobre la patria mayor copia de beneficios; nunca ofrecen sus pginas monumentos ms dignos de trasmitirse a nuestras ltimas generaciones. Tiempo es ya, seores, que os lo haga conocer empleado del Gobierno desempeando una multitud de comisiones y destinos arduos y delicados, no del modo que una ciega y fatal rutina prescribe a los hombres dbiles, de menguado bro y escaso ingenio, s, tal cual deba hacerlo el que saba que antes naciera ciudadano que empleado, que los gobiernos no son ms que instrumentos de felicidad para los pueblos y que de la prosperidad de stos pende la fuerza y la existencia de aqullos. El bondadoso y sensato Marqus de Someruelos, que recibi como un legado sagrado los sentimientos generosos de sus dos antecesores en favor de este pueblo, no poda dejar de participar de la ventajosa idea que haba formado de Arango, y considerndolo como el hombre destinado a dirigir los destinos de Cuba12 conoci muy luego todo el valor del joven estadista, que segn la expresin del ilustre Las Casas prometa a la nacin entera felices esperanzas, y no dud ocuparle en una comisin diplomtica, ardua y espinosa que desempe con aquel pulso y aquella prudencia que tanto le distinguan. El objeto ostensible de tan importante comisin era arreglar ciertos negocios burstiles con el General que mandaba las tropas del imperio francs en el Guarico; el verdadero y reservado, indagar el estado de las cosas en aquella colonia y la existencia de ciertos manejos que podran comprometer la tranquilidad de esta Isla. Nuestro amigo llega, arregla en pocos das las diferencias pecuniarias, llena cumplidamente el fin secreto de su comisin,13 y sin perder de vista el objeto predilecto de todos sus trabajos, libera su patria del fatal monopolio de los comerciantes peninsulares. Al dar cuenta del resultado de su encargo, demuestra que, para salvarnos del contagioso mal que tan de cerca nos amagaba, no quedaba otro media que proscribir el mezquino y aniquilador sistema colonial que slo pudo sostenerse mientras la bandera de Castilla seoreaba los mares de Amrica, cuando la nacin no haba visto desaparecer, con una preciosa

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OBRAS 94\ 94\ 94\ 94\ 94\ parte de su poblacin, su industria, el prestigio de sus armas vencedoras, su influencia en Europa y su poder exclusivo en estos dominios. Robustecernos fomentando nuestra agricultura, dando ensanche a nuestro comercio y favoreciendo par esos medios el aumento de la poblacin blanca, era el nico y eficaz conjuro contra la tempestad que en nuestro horizonte tronaba, y el solo medio de ponerse a cubierto de las asechanzas de los enemigos del Estado. No os lo representar como Asesor de Alzadas ejerciendo las pacficas funciones del magistrado, con aquel noble desinters e imparcialidad que le eran tan naturales, con aquel temple suave de alma que hermana felizmente la severidad del juez con la amabilidad e indulgencia del hombre humano e ilustrado. La magistratura, seores, en su carrera noble pero uniforme y tranquila, encerrada en los lmites estrechos de su augusta misin, la de aplicar las leyes, rara vez ofrece grandes ocasiones para que el hombre despliegue toda la extensin de su genio; no obstante, si Francisco de Arango como Asesor de Alzadas sigui aquella regla general, la Providencia, que le haba destinado a romper la mayor parte de los eslabones de la formidable cadena que sujetaba el movimiento de Cuba y le impeda levantarse y prosperar, quiso que tambin desempease igual empleo en la Superintendencia de Tabacos, para hacer a su patria y a la nacin un beneficio que la posteridad no recordar sin bendecir su memoria y derramar lgrimas de la ms pura gratitud sobre su sepulcro. Sabis, seores, que el ms rico de nuestros productos, el primero de los cultivos que tal vez se emprendi en la Isla despus de descubierta y conquistada, y que con el ganado form por mucho tiempo casi nuestra exclusiva ocupacin agrcola, la preciosa hoja del tabaco estuvo monopolizada por una compaa de comercio, y sufri una suerte ms adversa todava con la ereccin de una Factora Real. Los fines de este establecimiento eran sin duda los ms benficos; pero pronto degener, por la arbitrariedad y el abuso de los empleados, en azote funesto que casi extingui la existencia de tan interesante industria. No puede orse sin indignacin que la tirana lleg hasta el extremo inconcebible de condenar a las llamas el fruto de las fatigas de un ao entero, cuando no llenaba los deseos del exclusivo comprador; y que el infeliz veguero, despus de conducir su cosecha hasta el estanco, se presentaba de vuelta a su desolada familia a intimarla el horrible decreto de morir de hambre. La desesperacin puso alguna vez las armas en las manos de aquellas pacficas e infelices vctimas de la ignorancia del Gobierno y de la inflexible codicia de los empleados, y una porcin de labradores honrados hubieron de sufrir la muerte ignominiosa reservada a los grandes criminales. Tantos males, hijos de la fatal prohibicin de que el veguero dispusiese libremente de su propiedad, produjeron una enorme disminucin en el fruto y en los productos del estanco, y la Superintendencia de

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /95 /95 /95 /95 /95 Tabacos se vio obligada a instruir un expediente para buscar los orgenes del mal y los remedios que su gravedad exiga. Consistan aqullos en la existencia de la Factora misma, y stos en su absoluta extincin; pero, quin se atrevera a descubrir esta terrible verdad?, quin dara el primer golpe a un cuerpo poderoso, erigido en el concepto de que haba de reproducir grandes beneficios al Erario y sostenido por el inters de la multitud de personas que le deban una cmoda existencia?, sera el primero en atacarlo uno de sus empleados mismos, aqul a quien por el puesto que ocupaba deba considerarlo ms obligado a defenderlo, ms identificado con su duracin? Esta consideracin hubiera arredrado a un alma comn, a un hombre sin talento ni virtudes que prefiriese la conservacin de su destino al inters pblico y al mayor servicio del Gobierno, a un espritu mezquino que no supiese elegir entre la gloria de haber presentado triunfante la verdad y la justicia, al temor de incurrir en el desagrado de un jefe preocupado o ignorante, o de sufrir la injusta indignacin del Monarca. Don Francisco de Arango, Asesor de la Superintendencia y sustituto de ella, tan ilustrado como prvido, no poda dejar de elegir un partido digno de sus nobles antecedentes. Apenas se le pide su dictamen, cuando se dedica par espacio de dieciocho meses consecutivos a estudiar tan interesante materia, a reunir datos y noticias sobre cuantos particulares decan en relacin con ella, y presenta aquel clebre informe en que el saber, la elocuencia, la erudicin sorprendente, la rectitud de miras y el valor cvico se disputan alternativamente la admiracin y la gratitud del lector cubano; informe digno del autor de la Ley agraria y ms feliz en sus resultados, pues dio el golpe mortal al odioso estanco, y nueva y ms robusto vida al cultivo que quizs est destinado a sostener, en la decadencia de los dems productos de la agricultura, la prosperidad del pas. El infeliz veguero, rotos los grillos que encadenaban sus facultades industriales, pudo al fin dedicarse sin trabas ni fiscalizaciones inicuas al cultivo de la hoja aromtica y deliciosa, y la Isla vio reanimarse uno de sus ms ricos e inagotables gneros de riqueza. ¡Ah, seores!, la antigedad hubiera divinizado sin duda al mortal a quien fuera deudora de tan insignes beneficios, porque no tuvieron otro origen sus dioses; otros pueblos hubieran erigido un monumento al patriota ilustrado y decidido que supo anteponer el bien pblico a las sugestiones del miedo y a los consejos lisonjeros del inters privado, nuestro... cuntos son los habitantes de Cuba que conocen la deuda de gratitud que bajo este concepto tienen con el ilustre Arango? No os recordar, seores, lo que la venganza sauda fragu para desacreditar al digno patriota a quien ramos deudores de tan imponderable ventura, no os lo presentar dando el ltimo testimonio de su noble corazn y de la tranquilidad de su conciencia, negndose a responder a los ftiles aunque emponzoados cargos con que pretendi la rabia impotente

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OBRAS 96\ 96\ 96\ 96\ 96\ de los partidarios de la extinguida Factora empaar su tersa y brillante conducta; la templanza y el comedimiento con que al fin lo hiciera cuando, apremiado por la amistad, se decidi a confundir la impostura y la calumnia; ni os le ofrecer, por ltimo, desempeando la misma Superintendencia de Tabacos y hermanando con admirable tino, en medio de la mayor penuria del Erario, el inters de ste con el del aquejado veguero, porque no concluira si hubiese de conduciros por tan vastos pormenores. Sigmosle, pues, a otro teatro ms amplio y ms digno, si cabe, de su eminente mrito. Electo Diputado para las Cortes de 1813, una enfermedad cruel, que puso a su vista el sepulcro, le impidi concurrir a ellas desde su apertura hasta su trgica terminacin; pero nuestra buena suerte quiso que se encontrara en una sesin en que volviendo a suscitarse la cuestin vital de esclavos, se presentaba el partido abolicionista reforzado con nuevos y formidables campeones. Terrible y obstinado fue el ataque. El saber y la elocuencia embellecida sin duda en la defensa de una causa noble y justa en su esencia, y que para interesar y cautivar todas las simpatas no necesitaba de adornos ni de esfuerzos, unieron sus formidables recursos; pero el autor de la representacin de 1811 estaba presente para detener con slo una palabra el mpetu del entusiasmo imprudente, para oponer a los derechos de una raza encadenada los derechos de otra raza que, no siendo la autora directa del mal, iba a caer, no obstante, vctima de un momento de desvaro y la propiedad violada y convertida en pavesas algunas de las ms bellas e interesantes provincias de la Monarqua. En aquella acalorada discusin, en que el entusiasmo ciego pareca, como muchas veces sucede en esta cuestin, que daba una preferencia decidida a la sangre africana sobre la europea, porque tanto vala decretar la deseada abolicin de la esclavitud, triunf la causa de la razn y de la poltica sostenida por nuestro ilustre defensor, y una mayora inmensa del Congreso, dominada por la fuerza irresistible de su voz, desech las imprudentes medidas reproducidas y apoyadas por los ms clebres de nuestros caudillos parlamentarios. Pero si la suerte le priv del placer de hacer ms por su patria en aquel Congreso, le proporcion la satisfaccin de reparar con usura semejante prdida en su promocin a una plaza en el Consejo de Indias. Para bosquejar la multitud de arduas e importantsimas comisiones en que fue empleado el ilustre Magistrado, sera preciso tener a la vista el archivo de aquel Senado; pero ya presumiris, seores, que un varn tan distinguido por su talento, su saber, su amor al trabajo y su raro tino, no poda dejar de ocupar un lugar muy distinguido entre sus compaeros; y cul no sera la copia de bienes que la patria deba prometerse al contemplar gozosa en tan eminente puesto al mayor de sus hijos, al que le haba consagrado sus tareas todas, toda su vida? En efecto, seores, la libertad de comercio, ese

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /97 /97 /97 /97 /97 bien inmenso a que somos deudores del grado de auge y prosperidad de que disfrutamos, obra toda de su talento y perseverancia, no pasaba de un hecho tolerado, sin carcter, sin consistencia legal, y siempre expuesto a los embates de los interesados en monopolizarnos. Conoca nuestro amigo el eminente riesgo que amenazaba su preciosa obra, y procuraba afianzarla sobre bases ms slidas, menos deleznable, que la que ofreca una simple tolerancia, y para conseguirlo eligi un momento, el ms oportuno. Ocupbase el Gobierno de la conclusin del primer tratado con Gran Bretaa para la abolicin del comercio de esclavos, y D. Francisco de Arango insta entonces para que ya que se iba a dar aquel terrible golpe al progreso de nuestra prosperidad, quedasen por lo menos neutralizados sus efectos, autorizndose de un modo solemne nuestra libertad de comercio. No obtuvo cuanto deseaba, pero alcanz al menos una promesa Real de que no se hara alteracin en nuestro sistema comercial; y este paso inmenso que nos acercaba al trmino de nuestros deseos, este primer rayo de fundada esperanza que lucira para nuestra Isla, despus de tres siglos de descubierta y otros tantos de gemir vctimas de un brbaro monopolio, fue, seores, obra exclusiva de aquella rara sagacidad de nuestro compatriota, siempre en atalaya para acechar el momento de promover y asegurar la prosperidad de su patria. Su constante dedicacin a los negocios pblicos, su larga ausencia de su patria, su noble desprendimiento, los cuantiosos donativos que hiciera a la nacin y que quizs excedan de cien mil,14 amenazaron su fortuna y le obligaron a solicitar una licencia para regresar a esta ciudad y reponer en alguna manera sus malparados intereses.15 Vuelve, en efecto, al seno de sus conciudadanos; y otro hombre en la cima de las categoras sociales, con la conciencia de haber merecido las distinciones con que le honrara el Gobierno, viendo a su pas en el carril de la prosperidad en que le colocaran sus esfuerzos, habra procurado descansar de sus nobles fatigas, recoger tranquilo las bendiciones de sus compatriotas, y dedicarse a labrar la suerte de sus hijos; pero el alma de D. Francisco de Arango era demasiado elevada para ceder a las sugestiones del privado inters, y no partir toda su existencia con el dolo de su corazn, con su cara patria. Hemos visto que la libertad que de comerciar con los extranjeros tenamos no pasaba de una simple tolerancia, combatida incesantemente por el poderoso Consulado de Cdiz y por otros enemigos de nuestra prosperidad, sin que alcanzasen a sofocar sus srdidos clamores y a conjurar los envejecidos sofismas con que sostenan sus pretensiones, las lecciones de la experiencia, el auge que tomara la Isla desde que se abri la puerta a la entrada de buques de las naciones neutrales, y la inmensa copia de beneficios que su bienandanza produca a la Metrpoli misma, ya poltica ya econmicamente.

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OBRAS 98\ 98\ 98\ 98\ 98\ Es verdad que sus formidables embestidas se estrellaron siempre en las oportunas gestiones de nuestro Consulado y en la firmeza con que Fernando absoluto supo desatender las aspiraciones del egosmo, y ser fiel a su Real promesa, la nica que en ms de veinte aos de continua lucha haba salido en nuestro favor de los labios del poder; pero los sucesos polticos de 1819, al mismo tiempo que impidieron al Monarca —cuya memoria, sean cuales fueren los errores de su vida, nunca podr recordar un habanero sin una emocin de justa gratitud— cumplir su palabra, en medio del jbilo de la nacin comenzaron a nublar y oscurecer nuestra felicidad por una de aquellas anomalas tan inconcebibles como frecuentes, por desgracia, en el curso de los negocios humanos. En efecto, seores, parece que nuestra suerte nos ha condenado a mirar la aurora de las reformas polticas en la Metrpoli como un meteoro funesto precursor de zozobras y amarguras para nuestra patria. Las Cortes de 1821, cediendo quizs sin conocerlo a las sugestiones de los inflexibles enemigos de nuestros progresos, publican aquellos clebres aranceles que, so calor de una igualdad falaz, nos arrebataban la anhelada libertad de comercio y amenazaban de muerte nuestra prosperidad. El estancamiento de la inmensa masa de frutos que exportbamos era la inmediata consecuencia de aquella funesta ley de aduanas, y en la alteracin de los nimos no era difcil prever, atendidas las circunstancias polticas bajo cuyo influjo se encontraba entonces la Isla, que una pgina horrible podra cerrar la historia de su existencia como posesin espaola, La Junta Consular se apresuraba a nombrar una comisin que representase a las Cortes las fatales consecuencias que produciran los aranceles, y aunque nuestro amigo por su elevada esfera de Consejero propietario de Estado16 no era miembro de ella, suya fue la representacin,17 como fue siempre suyo el derecho de protegernos y “salvarnos en los grandes apuros”. “Las palabras en que concibi su dictamen —as se explica un digno amigo del Sr. Arango— fueron pocas, pero llenas de gran sentido, campeando en ellas aquella sagacidad y penetracin que le llevaban al fin que se propona, y que como siempre recab en aquellas circunstancias espinossimas, consiguiendo que el primer jefe de la Isla, aunque contrayendo una terrible y casi positiva responsabilidad, no pusiese en ejecucin los aranceles.” El xito ms cumplido coron aquel poderoso esfuerzo, y nuestro inmortal amigo vio asegurado para su patria el precioso bien que con treinta aos de infatigables trabajos le haba procurado. Las mismas Cortes que amenazaron de un modo tan funesto nuestra prosperidad expidieron, dciles a las razones de nuestro compatriota, autorizando exclusivamente la Isla para comerciar con el extranjero, y el Sr. D. Fernando VII, fiel a su Real promesa, ratific aquella providencia en 1824, hacindola extensiva a todas las Amricas.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /99 /99 /99 /99 /99 As termin aquella obstinada lucha que casi sostuvo un hombre solo, armado de su talento y de su perseverancia, y alenlado por la justa causa que defenda, contra cuerpos poderossimos, ricos y llenos de influjo. Los consulados de Cdiz, Barcelona, Mxico y Veracruz eran los terribles paladines del monopolio; inmensos los recursos de que disponan, y todava reforzaban este bando formidable las aejas pero arraigadas preocupaciones del Gobierno. D. Francisco de Arango deba combatirlos todos; supo vencerlos, y en recompensa —y cul ms honrosa para l?— concedile la Providencia bastante vida para ver coronados sus nobles esfuerzos y contemplar el bello espectculo que ofreca su patria, alzndose casi de la nada, a ser la ms rica, la ms floreciente de todas las colonias; valer ella sola ms a la Metrpoli que la ms adelantada de sus provincias peninsulares, dar un decidido impulso a su industria, su comercio y marina, encontrar en ella consuelos y abundantes recursos en tiempos de tribulaciones y de penuria, y ver realizado el clebre vaticinio del abate Raynal.18S, ilustre patricio, tuya fue esta gran obra.19 Por ti haban ya flameado en nuestro puerto las banderas de todas las naciones comerciales del globo; y fomentando nuestra agricultura, y animando con nuestra naciente prosperidad la industria metropolitana, y aumentando los ingresos del Erario, demostrado al Gobierno con la irresistible elocuencia de los hechos lo que ya le pronosticaras con tus sabios discursos. T supiste preparar ese gran acontecimiento, y preparar tambin tu pas para que produjese en l de un solo golpe la inmensa suma de bienes de que disfruta. A tu voz haba desaparecido la fatal Factora de Tabacos, y revocdose una ley brbara que atacaba a la propiedad de los bosques con grave dao de la agricultura. Habas proporcionado a sta los brazos que la faltaban, aligerndola tambin del gravoso impuesto del diezmo y de otros derechos y gabelas que la debilitaban. Un cuerpo felizmente organizado por ti la protega, promova sus adelantamientos, procurando solcito y celoso remover los estorbos que la detenan o contrariaban; qu ms poda esperar de ti la patria? No te deba tambin la salvacin, embotando el golpe furibundo que a su existencia diriga la imprudencia ms ciega e imperdonable? S; por ti existe, acaso, y por ti es rica y la rodea y la perfuma aquella aura apacible de profunda tranquilidad, fruto precioso y exclusivo de la verdadera prosperidad de los pueblos... Saboreamos estos inapreciables bienes; una voz se alza frecuentemente del fondo de nuestras conciencias, y un recuerdo de que los debemos al ilustre Arango; lo agradecemos, quizs, pero... la posteridad slo, la tarda, pero justsima posteridad, sabr apreciarlos y premiarlos. Nuestro amigo contribua por otros medios a perfeccionar su obra y hacerla ms slida y provechosa. Entre otras comisiones que desempeaba aqu como Consejero se le encarg de esta Intendencia de Ejrcito

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OBRAS 100\ 100\ 100\ 100\ 100\ y Superintendencia General, en los momentos ms crticos y angustiados en que nunca se viera el Erario de la Isla; pero l encontr el secreto de cubrir sus inmensas y perentorias obligaciones sin abrumar al pueblo y estrujar la industria con nuevos impuestos y arbitrios, que si bien podan servir de momentneo alivio al mal, atacando al fin en su parte ms noble el principio de la vida industrial, lo haran degenerar en otro ms grave y desesperado. Su perspicacia descubre a la primera mirada una multitud de abusos fatales en los diversos ramos de nuestra administracin rentstica, y en el brevsimo espacio de ocho meses que permaneci en el destino, los ataca y los aniquila. Introduce economas en los gastos de la Marina y Ejrcito, anula varias contratas perjudiciales, purga las oficinas de multitud de malas prcticas, y las regenera y remonta sobre mejores bases. Luchando infatigable con los estorbos que le presentaba la extirpacin de tan aejos y arraigados vicios, logra aumentar las rentas, prepara una porcin de tiles y bien meditadas innovaciones que deba llevar a cabo su digno sucesor, y, por ltimo, deja sealada su fugaz administracin con el establecimiento de los arsenales, cuyos felices resultados se palpan desde el instante mismo de su creacin. Todo esto, seores, califica al profundo economista, al administrador hbil, al empleado celoso y activo; pero adems nos descubre al patriota insigne, al hombre extraordinario, que ajeno a las preocupaciones vulgares saba que antes se deba a su patria y a su gloria que a su empleo; que no se poda servir bien al Estado sin ser buen ciudadano, segn l mismo deca al Ministerio en sus ltimas comunicaciones, con aquel noble candor, seguro distintivo de las almas elevadas. Permitid, seores, que os traslade aqu aquellas palabras que con carcter de oro deban grabarse en la morada de todo funcionario pblico. “Y no se crea —deca— que ciego par el momentneo aumento de los Reales intereses, he sacrificado los pblicos. Invariable en mis principios de combinarlos y unirlos, he evitado con esmero en la presente poca los insensatos extremos que pudieran dividirlos, sin dejar de ser, como lo fui toda mi vida, procurador celossimo del verdadero bien de mi amada patria.” ¡Ah, seores, la historia de nuestros das ofrece sin duda muy pocos rasgos tan nobles, tan grandes, tan dignos de la gratitud de un pueblo, y de pasar a la posteridad! Y cuando reflexionamos que aquella profesin de fe se haca en una poca de funesta recordacin, cuando el patriotismo era un crimen que se expiaba en el cadalso o en el destierro, y donde un Ministerio lleno de zozobras reproduca en la nacin los tiempos de los lamentos de Tcito, entonces es cuando nuestro ilustre consocio se nos presenta ms digno de la veneracin de sus compatriotas. Retirado de aquel puesto delicado, an le esperaban nuevos trabajos que emprender en obsequio de su patria. Algunos, seores, los dir la historia con su severa imparcialidad cuando desaparezcan del teatro de la

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /101 /101 /101 /101 /101 vida todos los contemporneos que desempearon en ellos algn papel, y slo queden sus hechos por testigo, y por juez la verdad; pero otros pueden enumerarse sin ofender la ajena susceptibilidad y sin que el panegirista incurra en la nota de apasionado e injusto. Comisionado para formar el plan de estudios que debera regir en la Isla, nadie mejor que l, digno patricio que haba sacrificado ms de treinta mil pesos de su bolsillo para establecer una escuela gratuita en la villa de Gines, era capaz de percibir todo el bien que podra proporcionar a su patria en tan importante ramo; pero compelido a no desviarse del tipo que se le diera, su situacin era tanto ms espinosa cuanto estaba ms patente el triste espritu de oscurantismo que dictara el reglamento de la Pennsula, que era su psimo modelo; no obstante, hcese superior a todo temor, y se atreve cuanto lo permiten las circunstancias a mejorar su obra, empleando, para no chocar abiertamente con las mximas que entonces dirigan al Gobierno, aquella admirable sagacidad que tanto le caracterizaba. Pero, a pesar de tanta prudencia, el proyecto se malogr, as por parecer demasiado liberal como por la vigorosa oposicin que le hiciera un cuerpo poderoso, tristemente interesado en sostener un privilegio funesto a los progresos de la educacin literaria. Desempe adems otras comisiones delicadas que sera largo enumerar; pero quisiera me fuese dado ocuparos de sus trabajos para la formacin de un cdigo negrero, obra importantsima y naturalmente reservada a su alta capacidad y a sus vastos conocimientos locales. El hombre que tan ahincadamente haba solicitado la libertad de conducir a este suelo cuantos africanos ansiase nuestra codicia, dcil como siempre a la voz de la razn, ilustrado por sus propias reflexiones y aleccionado por la experiencia, se nos presenta ya como el apstol ms celoso de la abolicin del trfico... Seores, sta es sin duda una de las pginas ms bellas de la vida del ilustre Arango, y entendindola quizs conseguira yo dar ms animacin al lnguido y descolorido cuadro que con mano trmula he trazado; pero dcil al imperioso precepto de la prudencia, debo sacrificar tamaa ventaja y privarnos de las tiernas emociones que nos proporcionara esta parte de mi discurso. En fin, el gobierno de Isabel le destin a dirigir la educacin cubana, y quizs haba tratado de colocarle en un puesto ms eminente y desde el cual pudiera influir decididamente en los destinos de esta patria que ya le era deudora de tantos beneficios; pero la moderacin de sus principios y otros motives que no es de este momento referir, malograron el feliz proyecto y con l una rica cosecha de venturas. Entre tanto, su mquina, aunque robusta, debilitada par su misma actividad, gastada par el tiempo y desmedrada por continuos padecimientos, ofreca ya los sntomas alarmantes de una prxima desorganizacin; pero casi exnime, los intereses de Cuba le ocupaban, le reanimaban todava, y la muerte hubo de encon-

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OBRAS 102\ 102\ 102\ 102\ 102\ trarle en sus habituales tareas, siempre enderezadas a mejorar la suerte de su querida patria. Y despus del bosquejo que os he ofrecido de los ilustres trabajos de Don Francisco de Arango, me atrever a conduciros al retiro de su vida privada para haceros contemplar al amigo oficioso y constante, al carioso hermano, al esposo amantsimo, al padre tierno y solcito, al hombres dulce y generoso que cifraba el mayor placer de su vida en la persecucin de no haber hecho derramar una lgrima, al que por su rara probidad y la templanza de su carcter era el rbitro amistoso o judicial de las diferencias de las familias ms notables del pas; en fin, al vecino honrado, lleno de pundonor, modelo de todas las virtudes cvicas? No, por cierto, aquellas cualidades, por grandes que pudieran aparecer, apenas figuraran en un grado muy subalterno al lado de las eminentes dotes del hombre pblico. Un Rey que se honraba escribiendo el elogio de un filsofo, deca que la historia de un monarca consista en la narracin de los beneficios que haba hecho a sus pueblos; la de un guerrero, en sus batallas; la de un literato, en el anlisis de sus producciones. El elogio histrico de D. Francisco de Arango se cifra en la exposicin de sus nobles trabajos que, desde la edad de veintin aos, emprendiera para levantar su patria a la mayor altura de prosperidad posible y que absorbieron su vida entera, sin que ni los obstculos le desanimasen, ni el temor de atacar envejecidas pero fuertes y poderosas preocupaciones le detuviese, ni le arredrase la enemistad de un jefe obcecado o de cuerpos poderosos, ni le irritase la envidia ni la injusticia o la ingratitud le entibiasen. Tal era el hombre que hemos perdido. ¡Y en qu momentos, gran Dios, quisiste privarnos de su apoyo! Acaso han determinado abandonar esta hermosa tierra de Cuba, hurfana e indefensa a la mal disimulada clera de sus enemigos y a las consecuencias de la ciega y no menos funesta prevencin de los que no conocindola todava se empean en lanzarla un siglo hacia atrs en el carril de la civilizacin? En efecto, seores, la muerte del infatigable defensor de nuestros intereses coincide con un instante crtico para el pas; como si se conociera que nos falta nuestro Aquiles, se reproducen las ridculas y enmohecidas cuestiones sobre la libertad de comercio, se niega a la Isla el carcter de provincia espaola y se nos amenaza con ms formidables golpes.20 Sucumbiremos en esa nueva lucha? No. Si ha enmudecido la poderosa voz que hizo triunfar nuestros derechos, hablan sus incontrastables argumentos y hablan los hechos; s, hombre grande, esos hechos elocuentes, indestructibles, ms fuertes que los sofismas, ms poderosos que el mpetu terrible, pero pasajero de las pasiones. Cuba, rica e ilustrada, vive tranquila en medio de ]as convulsiones que agitan hace veintiocho aos la Monarqua, y sumisa a su venerable madre, siente sus momentneos extravos, los llora en silencio, pero no conspira a exagerar sus males, al contrario la consuela y la acorre con su sangre y con sus riquezas. He aqu el hecho que tantas veces predi-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /103 /103 /103 /103 /103 jiste y que se ha realizado an ms all de lo que t mismo te prometas. l nos servir de defensa, y algn da la madre Espaa acompaada de la ms hermosa de sus hijas, de la fiel e inocente Cuba, vendr a regar la losa de los benemritos de la patria que juntamente guarda tus cenizas con las flores de la gratitud, y a renovar sobre ella el juramento de vivir unidas para su recproca felicidad, como el mayor de los holocaustos que podran dedicar al ms grande de los habaneros y al ms leal de los espaoles.21Habana, 29 de diciembre de 1837.Notas1Ni en la niez se le vio distraerse en juegos, ni en la mocedad dejarse dominar de ninguna pasin, porque todas en l [son sus palabras] eran subalternas a las que senta por el bien pblico.2Aunque ya Carlos III en el artculo 108 de la Instruccin que dio a la Junta de Estado manifestaba la necesidad de fomentar el comercio de esclavos, las mximas de humanidad y de bien entendida poltica que dirigan al Gobierno en este asunto estn patentes en la Real Cdula de 31 de mayo de 1789, expedida a consecuencia de haber alcanzado D. Francisco de Arango el permiso a que se elude. Esa Cdula, donde se determina el modo de educar, tratar, castigar, etc. los esclavos, honra tanto ms al Gobierno que la dictaba cuanto era mayor el contraste que formaba con la barbarie de los cdigos negreros de Francia, Inglaterra y los Estados Unidos; debe, sin embargo, advertirse que nunca llega a estar en completa observancia.3Aunque las Amricas fueron incorporadas a la corona de Castilla, y declaradas parte integrante de la Monarqua y se orden que su sistema de gobierno se asimilase en cuanto fuese posible al de la Monarqua, preciso es convenir con el erudito D. Andrs Murriel (Gobierno del Sr. D. Carlos III) que la legislacin de estos dominios encerraba en el fondo una poltica suspicaz meticulosa y opresiva Esta poltica era fundamental en todo lo relativo a las Amricas, como sera fcil demostrarlo, y fue lo que priv a Espaa de los inmensos beneficios que le haba proporcionado su casi exclusiva dominacin sobre tan rica porcin del globo. Convencironse, aunque tarde, de esta verdad los ilustrados ministros de Carlos III y empezaron, segn observa el escritor citado, a sacar poco a poco a Amrica de la ignorancia, de la ociosidad y de la pobreza, favoreciendo las enseanzas, promoviendo las comunicaciones de las diferentes provincias, preparando par tan tiles relaciones interiores modos seguros de aumentar la prosperidad de Espaa y Amrica, pues no era posible vivificar en sta la agricultura, el comercio y todo lo que

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OBRAS 104\ 104\ 104\ 104\ 104\ pudiese contribuir a mejorar su estado social sin que la Metrpoli sacase de ello sealadas ventajas. Igual poltica sigui el Sr. D. Carlos IV, particularmente cuando le rodeaban consejeros sabios y fieles; y en el reinado del Sr. D. Fernando VII, a pesar de las intrigas de los consulados de Cdiz y Barcelona, alcanzamos concesiones inmensas en beneficio de la agricultura y el comercio. A vista de esos antecedentes, parece inconcebible que cuando ciertos hombres quieren hacer volar la nacin en la carrera de las reformas polticas, aspirando a poner en ejecucin las teoras sociales ms exageradas, se empean esos mismos hombres precisamente en lanzarnos un siglo hacia atrs en el carril de la civilizacin, invocando hasta los derechos de la conquista. Vase un folleto titulado Estado actual de la isla de Cuba escrito por un subsecretario de Estado perteneciente al partido del progreso rapidsimo.4El carcter activo y laborioso de D. Francisco de Arango era conocido de cuantos le trataban. En la excelente nota biogrfica que se public en el Diario de 24 de abril de este ao, se hizo la siguiente resea de sus diversos escritos: Discurso sobre la agricultura de la Habana y medios de fomentarla 1792; Proyecto de un viaje de investigacin por Francia Inglaterra y sus colonias Defensa de este proyecto 1793; Relacin del viaje que hizo a dichas partes con el Sr. Montalvo 1794; Memoria sobre los incalculables perjuicios que resultan del privilegio exclusivo concedido a las refineras de azcar que se establecen en la metrpoli escrita en Londres en 1794; Noticias tiles a nuestra agricultura y comercio, escritas en Francia par aquella misma poca; sus proposiciones hechas en el Consulado, en su calidad de Sndico, sobre caminos, establecimiento de vendutas, casas de seguros, introduccin de nieves, etc.; Informe sobre los males y remedios que en la isla de Cuba tiene el ramo de tabacos escrita en 1805 e impresa en La Habana en 1812; Informe en el expediente sobre los medios que convenan adoptarse para sacar la agricultura y comercio del estado en que se hallaban en 1808 impresa en La Habana en el mismo ao; Representacin a las Cortes generales en nombre de las Corporaciones de la Habana contra las proposiciones de los Diputados Argelles y Alcocer sobre trfico de negros, escrita en 1811 e impresa en Madrid con otros documentos en 1814; Mximas econmicas polticas sobre el comercio colonial, presentadas en 1816 al Consejo de Indias; Acuerdos hechos por el Ayuntamiento de la Habana en cumplimiento del decreto de 14 de febrero de 1810 convocando las Amricas a las prximas Cortes nacionales impresos en esta ciudad en el mismo ao; Al pblico imparcial de esta Isla folleto publicado en La Habana en 1821, defendindose de varias recriminaciones que le hicieron; sus observaciones sobre la independencia de esta Isla; Informes al Consejo de Indias en los varios expedientes del plan de estudios de 1828; Infor-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /105 /105 /105 /105 /105 mes al Rey sobre la condicin de los esclavos en la isla de Cuba, y urgente necesidad de la supresin de la trata 1832; Noticias de su comisin diplomtica al Guarico en 1803; Observaciones sobre el “Ensayo poltico de la isla de Cuba” del Barn de Humboldt ; Manifiesto a S.M. sobre el desempeo de la Intendencia de la Habana 1825; Extracto del “Espritu de las leyes”; Observaciones sobre el “Viaje de Anacarsis” y gran nmero de opsculos que public en diversas pocas.5Este viaje por Inglaterra, Francia, Portugal y las colonias britnicas contribuy extraordinariamente a extender las ideas de Arango, a desenvolver en l aquel tino prctico que tanto le distingua y tuvo felicsimos resultados para la Isla. En efecto, a su eficacia y a la de su digno compaero el Conde de Casa Montalvo, se debi el primer ensayo que sin duda se hizo en Amrica para aplicar la fuerza del vapor a los molinos de caa, como lo acreditan estas palabras de un oficio al Ministro Gardoqui, dndole cuenta del viaje: “Seremos tambin los primeros que hayamos hecho pasar el Atlntico el ms poderoso agente que conoci la industria, para que los que no tengan agua con facilidad usen de la bomba de fuego para mover sus trapiches y abandonen para siempre el costoso, incierto y dbil recurso de las mulas y bueyes.” La mquina se coloc en un ingenio del Conde de Jaruco, hoy de Santovenia, en donde existen todava algunas piezas; marchaba con bastante regularidad, aunque se detena con bastante frecuencia, y hubo de abandonarse par falta de un maquinista inteligente, y esta desgraciada circunstancia nos priv par muchos aos de los beneficios del descubrimiento ms admirable de nuestra poca.6Humbodlt.7Se estableci un derecho de dos y medio por ciento sobre todos los artculos de importacin y exportacin en favor de Godoy, como protector de nuestro comercio. Ya el nima del valido estaba prevenido contra Arango por los informes del Intendente Viguri que, a consecuencia del dictamen sobre la Factora de Tabacos, le haba acusado de afecto a la independencia envolviendo en esta horrible calumnia al Conde de O’Reilly y al respetable Las Casas; y es indudable que, a no haber ocurrido la revolucin que derrot al poderoso favorito, el nombre de nuestro digno compatriota habra aparecido entre los dems ilustres espaoles sacrificados por su encono.8El reglamento del Tribunal Mercantil, que tan excelentes resultados produjo, fue obra original de Arango. En l, segn deca el Ministerio al remitirlo para la aprobacin Soberana, haba tratado de combinar el sistema romano con el ingls, y, al exponer sus motivos, descubra un conocimiento profundo, extenso y filosfico de las legislaciones de ambas naciones.

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OBRAS 106\ 106\ 106\ 106\ 106\9Aunque el Pacto de Familia no deba considerarse sino como un tratado de alianza ofensiva y defensiva, y para que tuviese lugar el casus foederi haban de concurrir todos los requisitos que en tales circunstancias requiere el derecho internacional, segn se expresaba Carlos III en su Instruccin reservada a la Junta de Estado, la influencia francesa consegua siempre envolver a Espaa en sus guerras con Inglaterra, llevando par lo regular la peor parte en ellas.10Esa representacin fue traducida al ingls y al francs, y hablando de ella el Barn de Humboldt califica a su autor de uno de los hombres de Estado ms ilustrados y ms profundos e instruidos en la posicin de su patria. ( Ensayo poltico sobre la isla de Cuba p. 112.) Hoy ms que nunca debera estudiarse ese sublime escrito.11La Sociedad de Sevilla le haba nombrado en 1805 socio de honor, y la de Guatemala socio consultor en 1811. La nuestra, al nombrarle socio de honor, hizo una resea de sus servicios.12Dando cuenta D. Luis de las Casas al Gobierno de los felicsimos resultados que haba producido la creacin de la Junta de Gobierno del Consulado, se expresaba en estos trminos: “Y si V. E. reconociese algn mrito en este Cuerpo, no dejar de reconocerlo igualmente en el alma que as lo anima, quiero decir, en su Sndico promovedor de ereccin de esa Junta Lo es tambin en ella de las grandes empresas que quedan indicadas. Su celo pblico las ha promovido, y sus talentos y sus conocimientos, su providencia, su eficacia y su dulzura de carcter, facilitan el logro allanando los obstculos que naturalmente se presentan.” Despus de otras expresiones no menos encarecidas, y de recomendarlo para las gracias con que el Rey tuviese a bien premiarlo, conclua en estos trminos: “Yo lleno mi deber en promoverlo y en decir a V.E., sin recelo de equivocarme, que la Monarqua prepara en el Sndico y Oidor D. Francisco de Arango un hombre de Estado, y un vasallo que har los ms grandes y tiles servicios. En vsperas de entregar las riendas de este gobierno, me complazco en dejar con este vaticinio un testimonio del concepto y estimacin en que le tengo.” Casi en los mismos trminos se expresaba el Conde de Santa Clara en informe de 6 de agosto de 1798; y el Marqus de Someruelos al dar cuenta del resultado de la comisin del Guarico, aseguraba al Gobierno que ya estaba muy sazonado el estadista que haba anunciado D. Luis de las Casas.13Por el buen desempeo de aquella importante comisin fue premiado con la Cruz Pensionada de Carlos III.14No es por cierto fcil fijar la cantidad a que ascendieron los cuantiosos donativos que D. Francisco de Arango hizo, ya directamente al Gobierno, ya a las corporaciones, etc. El valor de los libros, que pasaban de mil doscientos volmenes escogidos que con sus estantes regal a la Sociedad Patritica, se gradu en cuatro mil pesos fuertes. Segn expedien-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /107 /107 /107 /107 /107 tes y otros documentos que tenemos a la vista, excedi en mucho ms de treinta mil pesos fuertes el costo del hermoso edificio que para escuela hizo construir en Gines —en una de sus salas celebra hoy el Ayuntamiento sus sesiones— y los gastos erogados en traer profesores de la Pennsula. Recibida la noticia del cautiverio de Fernando VII, adems de los enormes desembolsos que le ocasion su jura y proclamacin, entreg dos mil pesos fuertes en las cajas de Veracruz para remitirlos a Cdiz a disposicin del Gobierno, como se verific; y luego que se supo la retirada de la Junta Central de Sevilla, puso en estas cajas mil pesos fuertes y mil quinientos poco despus. Adems remiti cuatrocientos barriles de aguardiente, y entreg diez mil pesos fuertes en efectivo para que se empleasen en cigarros y se enviasen tambin a Espaa; la venta de los cigarros produjo treinta mil pesos fuertes segn consta de un oficio de Cangas Argelles, Ministro que fue de Hacienda. Sirvi por dos aos la Superintendencia de Tabacos, y renunci los sueldos ascendentes a diez mil pesos fuertes aproximadamente. Como Asesor de Alzada nunca llev derechos de ninguna clase, pues todos los renunci en favor de los litigantes. Desde enero de 1836 empez a contribuir con setenta y dos pesos fuertes mensuales para las urgencias de la guerra civil; en fin, hizo gastos considerables para la jura de nuestra actual Soberana en momentos de haber sufrido una gran prdida de esclavos causada por el clera morbo. Si se calcula el valor de todos estos sacrificios, se ver que no hemos exagerado gradundolos en cien mil pesos fuertes, y se convendr en que quizs no ha habido en estos tiempos otro espaol que, adems de haber servido tan ventajosamente a la nacin con sus talentos y su saber, se haya manifestado tan prdigo de su hacienda.15Aunque D. Francisco de Arango vino con licencia, y haba renunciado el sueldo, trajo el importante encargo de establecer los aranceles, y sucesivamente desempe otras comisiones delicadas, a saber, la de vocal del Tribunal Mixto para conocer del apresamiento de buques negreros y la de la Intendencia y Superintendencia General en que permaneci nueve meses; la de formar el plan de estudios; la del arreglo de los complicados negocios de las colonias Fernandina de Jagua; la de decidir ciertas cuestiones que se haban suscitado sobre la obra pa de Martn Calvo; la de redactar un cdigo negrero; la de informar acerca del modo ms conveniente de establecer en la Isla el gobierno civil separado del militar. Todo esto por Reales "rdenes, y son innumerables los encargos que desempe a peticin de los autoridades superiores de la Isla.16No creemos inoportuno hacer una breve resea de los empleos y condecoraciones que obtuvo Arango. Fue Sndico y vocal perpetuo de la Junta de Gobierno del Consulado; Asesor del Tribunal de Alzadas, con facultad de suplir al Capitn General que era el presidente en casos de ausencia y enfermedad; agraciado con los honores de Oidor de la Audiencia de

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OBRAS 108\ 108\ 108\ 108\ 108\ Santo Domingo, debiendo disfrutar del sueldo de ministro propietario; Asesor de la Superintendencia de Tabacos y sustituto de ella; obtuvo los honores de Oidor de la Audiencia de Mxico, y en 1811 los del Consejo de Indias; en el mismo ao fue nombrado vocal de la Junta de Censura, y en 1814 Consejero propietario de Indias; en 1820 promovido al Consejo de Estado, habindose declarado en 21 de enero de 1835 que, conforme al Real Decreto de 30 de noviembre del ao anterior, deba ser considerado en el goce de su plaza efectiva. Fue condecorado con la Gran Cruz de Isabel la Catlica, elevado a la dignidad de prcer del Reino, nombrado Vicepresidente de la Junta que debi establecerse en esta ciudad para dirigir nuestros estudios; y, por ltimo, agraciado, a solicitud de nuestro Ayuntamiento, con un ttulo de Castilla, que su sensatez y moderacin nunca desmentida le obligaron a rehusar, siendo uno de sus motores el de no establecer la desigualdad entre sus hijos con la vinculacin que hiciera para el primognito.17Esa representacin, como la mayor parte de los escritos de D. Francisco de Arango, es documento precioso para la historia econmica de la Isla. El Barn de Humboldt la cita con frecuencia.18El pronstico del abate Raynal ( Historia poltica t. III, p. 257) de que la “isla de Cuba valdra a Espaa un reino”, debe admirar tanto ms cuanto que en la poca en que se hacan nuestras exportaciones en azcar y tabaco, apenas ascendan a cuatro millones de pesos fuertes. La Isla vale hoy ms de un reino, y puede en pocos aos duplicar su importancia agrcola y comercial, y proporcionar a Espaa una gran influencia en las naciones que baa el golfo de Mxico si el Gobierno Supremo fija en ella la consideracin, y cumpliendo una promesa sagrada: la de un sistema de gobierno local que promueva ordenada y eficazmente sus intereses, dependientes ahora de la voluntad incierta y algunas veces caprichosa de quienes la gobiernan. Con frecuencia se repite que bajo el actual rgimen hemos prosperado, pero as slo pueden discurrir dos clases de personas. Primero, las que interesadas en mantener los abusos que nos devoran insensiblemente, pretenden fascinar con tan especioso argumento; y, segundo, las que son incapaces de entrar en el anlisis de las verdaderas causas de la prosperidad que hemos alcanzado, conocer su naturaleza y percibir el carcter, la extensin y la funesta influencia de los vicios que de un modo lento e imperceptible, es verdad, pero positivo y constante, minan los fundamentos de esa prosperidad. Los orgenes de sta son puramente naturales, independientes de la accin del Gobierno en la mayor parte. Estn en nuestra magnfica y envidiable situacin geogrfica, en la extensin de la superficie de la Isla, en la casi virginal feracidad de la tierra, en la naturaleza privilegiada de sus producciones y en las circunstancias accidentales que de medio siglo a esta parte la han favorecido. El brbaro sistema de monopolio y de

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /109 /109 /109 /109 /109 restricciones tuvo por mucho tiempo sofocados tantos elementos de riqueza para el pas y de poder para la nacin, y cuando los esfuerzos de Don Francisco de Arango, las rectas intenciones de un jefe celoso, la ilustracin de algunos ministros o la necesidad haca quebrantar el rigor de la legislacin colonial, y se nos concedan algunos ensanches comerciales, esto era siempre a medias y de un modo tan precario, que muchas veces se reciban casi a un tiempo la orden que nos otorgaba una franquicia y la que la revocaba. Al favor de las circunstancias, y a la asiduidad de nuestro Agente ms que a la voluntad del Gobierno, debemos al fin la conservacin del comercio libre y la prosperidad de nuestra agricultura; pero como los vicios de nuestra organizacin gubernamental —segn ahora se dice— eran y son infinitos, aquellas causas de prosperidad no han podido tener el desarrollo vigoroso de que son susceptibles. Para los hombres que estudian y conocen la verdadera situacin del pas, hay una verdad terrible que cada da adquiere algunos grados ms de evidencia, a saber, que esa prosperidad que tanto deslumbra tiene ms de brillante que de slida; que las causas que la han producido y sostenido empiezan a debilitarse y que el menor accidente puede hacer desaparecer en pocos instantes. En efecto, adems de la incertidumbre que naturalmente produce la existencia de la esclavitud en lo interior, no se apoya en un sistema fijo y racional de gobierno, ni en buenas leyes que protejan la propiedad y la seguridad individual, ni en tribunales bien organizados, porque nada hay ms arbitrario, ms monstruoso, que la administracin de justicia en la Isla, ni en corporaciones municipales, constituidas con cierto fin, en ninguna base legal y permanente puesto que todo es vago y caprichoso, como cuanto depende de la voluntad del hombre y no del precepto de la ley. Y en lo exterior tienen nuestros productos que luchar con los iguales o anlogos de otros pueblos, que ms adelantados en la industria y disfrutando de una proteccin de que carecemos, hacen sumamente temerosa la competencia, y nos vemos rodeados por las asechanzas de enemigos encarnizados y poderosos que espan la ocasin de darnos un golpe de muerte. Estos elementos de ruina no se neutralizan sino abandonando esa poltica meticulosa, mezquina y opresiva que slo tiende a dividir y debilitar cuando aqu, ms que en ninguna parte, es preciso unir y fortalecer Obrar con justicia para borrar esa funesta lnea que las imprudencias y prevenciones enconadas de un jefe acaba de trazar. Mejorar la organizacin interior; y sin entregarse en brazos de una ciega confianza, persuadirse ntimamente de que en un perodo de cien aos quizs, el menor, el ms remoto de los riesgos que la Isla corre para Espaa es el de aspirar a una nacionalidad independiente.19Creemos que no dejar de ser interesante una breve resea de lo ocurrido desde que por primera vez se permiti a varios buques angloamericanos introducir algunos vveres, hasta que se expidi la Real Cdula de

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OBRAS 110\ 110\ 110\ 110\ 110\ 1824 autorizando la Isla y las dems provincias de Amrica para comerciar libremente con las naciones extranjeras. Consideramos la noticia tanto ms til cuanto son menos conocidos estos y otros puntos muy importantes de nuestra historia econmica, aun de las personas que ms instruidas parecen en ella. El sabio Barn de Humboldt, por ejemplo, en la excelente obra que antes hemos citado, extraviado por algunos escritores cubanos, asegura que al Gobernador D. Luis de las Casas se debi la fundacin de la Junta de Agricultura y Comercio y el Consulado (Nota 1, p. 108), e igualmente la primera introduccin directa de harinas de los Estados Unidos (pgina 214). El ilustre Las Casas, tan acreedor a nuestra eterna gratitud, no tuvo ms parte en la fundacin de la Junta de Agricultura y Comercio y el Consulado que el haberse encontrado al frente de este Gobierno cuando lleg D. Francisco de Arango con especial comisin para establecer aquel Cuerpo que haba proyectado como el mismo Las Casas indica en el informe que hemos transcrito en la Nota 12, prestndole todo el apoyo de su autoridad, que sin duda fue de gran importancia. En cuanto a la primera introduccin en este puerto de vveres de los Estados Unidos, no tuvo ninguna parte aquel Gobernador. Por los aos de 1780, 1781 y 1782, y durante la guerra de independencia de esos Estados, se permiti que algunos de sus buques trajesen vveres para proveer el gran ejrcito y escuadra que aqu se haban reunido; pero se hizo la Paz en Versalles en 1783, ces en consecuencia aquel permiso, y volvimos a quedar sujetos a todo el rigor del rgimen colonial. En 1788 consigui D. Francisco de Arango, como Apoderado de nuestro Ayuntamiento, que se permitiera la libre introduccin de negros, as en buques nacionales como extranjeros, pudiendo stos adems importar utensilios de agricultura y extraer en proporcin de su valor frutos del pas. Ocurri entre tanto la insurreccin de la parte francesa de Santo Domingo, y el mismo Arango obtuvo para nuestro comercio todas las franquicias que ya hemos indicado, hablando de su Discurso sobre la agricultura y los medios de fomentarla. Empero, todas aquellas concesiones, aunque grandes e importantes comparadas con el rgimen severo en que habamos vivido, estaban muy lejos de dar a nuestra prosperidad el impulso que peda y necesitaba. La gran masa de nuestros productos se extraa exclusivamente por buques nacionales para puertos de la Pennsula, de donde tambin recibamos a precios de monopolio todos los artculos de nuestro consumo; y en estas circunstancias cualquiera interceptacin de nuestras relaciones mercantiles con la madre patria originaba incalculables quebrantos. La guerra en 1796 con Inglaterra nos puso por consecuencia en una situacin apuradsima, y para salir de ella promovi Arango, como Sndico del Consulado, y se acord en una junta de todas los autoridades presidida por el seor Conde de

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /111 /111 /111 /111 /111 Santa Clara y el Intendente Visitador General D. Jos P Valiente, digno tambin de memoria cubana, abrir el puerto a todos los buques neutrales para la introduccin de efectos y extraccin de nuestros frutos. Aprob esta medida el Gobierno Supremo, pero era muy poderoso el inters que tenan en que no subsistiera los comerciantes de Cdiz, Barcelona, Veracruz y Mxico, y as es que antes de dos aos fue separado del mando el apreciable Conde de Santa Clara, y su sucesor el Marqus de Someruelos trajo orden reservada para prohibir sin dilacin el comercio de los neutrales. Por fortuna, este virtuoso e ilustrado jefe se persuadi ntimamente de la necesidad de sostener la medida adoptada por su antecesor, y tomando sobre s una gran responsabilidad no dio cumplimiento a la orden funesta de que era conductor. Mas no fue de muy larga duracin aquella ventura de que nos priv naturalmente en 1802 la Paz de Amiens, y volvimos a quedar a la merced de los comerciantes de Cdiz y Barcelona, hasta que a los dos aos, poco ms o menos, una nueva guerra con Inglaterra hizo indispensable ocurrir la misma medida. Los terribles acontecimientos de 1808 exigan que se le diese algunos ensanches, y con este objeto la Junta de Gobierno del Consulado instruy un expediente, y en virtud de l y del memorable informe de su Sndico convino el Marqus de Someruelos en admitir los buques de todas las naciones aliadas y neutrales. Esta resolucin, que adems de justa tena el carcter de indispensable en aquellos crticos momentos, encontr en la Pennsula, y aun aqu mismo, una fuerte oposicin; sin embargo, al ver que la nacin, resquebrajada la antigua mquina del Gobierno, pensaba remontarla sobre otros resortes, que en consecuencia se agitaban las cuestiones ms graves y trascendentales de poltica y economa civil, y se declaraba solemnemente que las Amricas disfrutaran de todas los reformas que se proyectaban como parte integrante de la Monarqua, natural pareca esperar que no se volviese a hablar de monopolio y quedase para siempre proscrito el brbaro sistema de restricciones, que tan funesto haba sido a la vctima como al sacrificador; y nuestro digno y celoso Apoderado que entonces lo era el actual Intendente de Ejrcito, Conde de Villanueva, solicit y obtuvo que la Regencia autorizase por Real Orden de 17 de mayo de 1810 el libre comercio con las naciones extranjeras de ste y de todos los puntos de Amrica. Desgraciadamente el Gobierno, encerrado en el estrecho recinto de la isla gaditana, estaba dominado por sus moradores, los ms interesados siempre en el monopolio de estas provincias, y no es de extraar que aquella justa resolucin fuera un motivo de escndalo, que la Regencia sobrecogida llevase la debilidad hasta fingirse ignorante de su publicacin, que se mandara formar expediente y se arrestase al Marqus de las Hormazas, Ministro de Hacienda, y a otros empleados, y, por ltimo, que revocase la orden y se expidiese otra enteramente contraria, pero que satisfaca los deseos

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OBRAS 112\ 112\ 112\ 112\ 112\ del Consulado de Cdiz. El noble y decidido Marqus de Someruelos se neg a dar cumplimiento a semejante determinacin; sostuvo la Providencia que haba adoptado con tan buen xito, y represent enrgicamente al Gobierno Supremo la necesidad de mantenerla y los males gravsimos que podra originar su cesacin. Entre tanto D. Francisco de Arango, por medio de la imprenta, ilustraba la opinin y haca triunfar ante ella nuestra buena causa; y mientras que aguardbamos que una resolucin favorable pusiese trmino a aquel reido litigio, la vuelta del Rey en 1814, y el restablecimiento de todas las antiguas mximas de Gobierno, ofreci a los inflexibles enemigos de nuestra prosperidad una ocasin preciosa que aprovecharon en efecto, alcanzando una orden rigurosa para que inmediatamente cesase el comercio con extranjeros. Terrible era el golpe que amag la Isla, pero como una de sus mayores ventajas ha sido sin disputa esa serie de capitanes generales, casi nunca interrumpida, todos rectos e ilustrados y llenos de patritico deseo de hacer prosperar esta importante posesin, el que entonces la gobernaba, que era D. Juan Ruiz de Apodaca, no menos convencido que sus antecesores de los funestos resultados que producira semejante determinacin, resolvi no cumplirla y representar a Su Majestad los inconvenientes que ofreca su ejecucin. Poco o nada quizs habramos adelantado con este paso si carecamos en la Corte de un agente celoso e interesado en oponerse a los intrigas de los Consulados de Cdiz, Barcelona, Mxico y Veracruz, y nuestra buena suerte quiso que en aquellos momentos se presentase en Madrid Don Francisco de Arango a desempear la plaza que se le haba concedido en el Consejo de Indias. Las solicitaciones de aquellos cuerpos encontraron, como ya haba sucedido en otra poca, un formidable adversario en nuestro antiguo Apoderado, que al fin consigui en 1817, con motivo del tratado celebrado para la cesacin del trfico de esclavos, una promesa Real y solemne de que no se hara novedad respecto a nuestro comercio. Por ltimo, los Cortes de 1821, a virtud de la luminosa representacin del mismo Arango, oponindose a la plantificacin de los aranceles que haban formado, autorizaron de un modo solemne lo que hasta entonces no pasaba de un hecho tolerado, y Fernando VII ratific en 1824 ese importante decreto hacindolo extensivo a todas las Amricas.20Cuando esto se escriba, se cometa la inconcebible injusticia de no admitir en las Cortes a los diputados de la Isla, expresamente convocados a ellas, y se trataba de restringir nuestra libertad de comercio y de adoptar otras medidas no menos injustas.21Don Francisco de Arango y Parreo contrajo matrimonio en la Corte, en 1817, con la seorita Doa Rita Quesada, hija del Coronel D. Francisco Quesada, Conde de Donadio, que mand la caballera en Buenos Aires a

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /113 /113 /113 /113 /113 las rdenes del General Liniers cuando el desembarco de los ingleses en aquel virreinato; y por una rara coincidencia era sobrina del Mariscal de Campo Conde de Donadio, que tambin combati y rechaz a trece mil ingleses que desembarcaron en las inmediaciones de El Ferrol en 1801, y sobrina fue tambin de D. Vicente Quesada, Marqus de Moncayo, que pereci vctima de nuestras disensiones civiles en el pueblo de Hortaleza. De aquel matrimonio tuvieron cinco hijos que todos perecieron en edad muy temprana, existiendo slo el ms joven, D. Julin, heredero de tan ilustres padres.

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INSTRUCCI"N QUE SE FORM" INSTRUCCI"N QUE SE FORM" INSTRUCCI"N QUE SE FORM" INSTRUCCI"N QUE SE FORM" INSTRUCCI"N QUE SE FORM" DON FRANCISCO DE ARANGO CUANDO DON FRANCISCO DE ARANGO CUANDO DON FRANCISCO DE ARANGO CUANDO DON FRANCISCO DE ARANGO CUANDO DON FRANCISCO DE ARANGO CUANDO SE ENTREG" DE LOS PODERES DE LA HABANA SE ENTREG" DE LOS PODERES DE LA HABANA SE ENTREG" DE LOS PODERES DE LA HABANA SE ENTREG" DE LOS PODERES DE LA HABANA SE ENTREG" DE LOS PODERES DE LA HABANA Y P Y P Y P Y P Y P APELES DEL ASUNTO APELES DEL ASUNTO APELES DEL ASUNTO APELES DEL ASUNTO APELES DEL ASUNTOToda la atencin del Apoderado debe ocuparse en promover y fomentar la felicidad de su patria. Con este solo principio consultar sus ideas y por l dirigir todas sus operaciones. En su consecuencia procurar con tesn el remedio de los males que produce a aquella colonia la escasez de negros, pero no precipitar por esto y admitir partidos que tal vez nos proporcionen ms males de los actuales. Una libertad absoluta con las dems naciones en este ramo de comercio sera lo ms til desde luego; y si lo resiste el Gobierno, al menos intentar conservarla entre nosotros y que no se nos prive de sta por la contrata de Alwood. Que se haga, pero sin perjuicio de lo que cualquier espaol pueda introducir por s, y con la condicin precisa de que mejore de castas y aumente el nmero que ha ofrecido. Con llenar estas ideas aun no hemos llegado al fin. No basta asegurar los brazos que animan la agricultura y proporcionar con sta frutos abundantsimos, siempre que su extraccin no se facilite en trminos que lisonjee al labrador de un premio correspondiente a las fatigas que emplea. Es indispensable, pues, intentar que se destruyan los trabas que hasta aqu se han puesto a este equilibrio dichoso; es preciso establecerlo en todos y cada uno de los frutos conocidos en La Habana. El azcar, que es el de primera atencin, debe por esta regla liberarse del derecho que nuevamente se ha impuesto a cada arroba al tiempo de verificar su ingreso en los puertos de estos reinos. El tabaco, que hasta aqu ha sufrido el duro yugo del estanco, procure al menos ahora que o se aumente su situado o se d facultad al infeliz labrador para poder vender lo que para s no quiera la Factora. El ganado, sea el mayor o menor de cerda, sentir muchos atrasos siempre que se le oprima con el plan establecido para su contribucin de derechos. Mucho mayor y ms til a su fomento y al de la Real Hacienda sera subrogar la actual alcabala en una capitacin que fuese correspondiente.

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OBRAS 116\ 116\ 116\ 116\ 116\ El aguardiente de caa, que es fruto, aunque industrial, de consideracin en La Habana, merece las exenciones que pretendi el Conde de Buena Vista, y sobre que se ha consultado al Virrey y Audiencia de Nueva Espaa. Vigile, pues, el Apoderado en sus resultas y esfurcese por abrir este ramo de comercio no slo con la provincia de Yucatn y dems que nos pertenecen, sine tambin con los Estados Unidos de Amrica. Se perfeccionarn los fbricas, se aumentar el Real Erario y la poblacin de la Isla; y si se quiere llegar al lleno de nuestra felicidad, inste el Apoderado por aniquilar los derechos que nuevamente han impuesto al numerario que pasa de Nueva Espaa a La Habana. Tal vez con esta providencia veramos cesar sus instancias por moneda provincial y se reconocera que el modo de perpetuar la abundancia de aqulla no viene del establecimiento de un signo particular; pues si por este respeto se lograse impedir su extraccin, es cierto que como especie nunca se podr prohibir, a menos que los mismos frutos por su cantidad, calidad y precios no provoquen al mercado y atraigan a sus colonos el numerario extranjero. stas son los solas cadenas que han detenido hasta ahora, en todos los pases del orbe, los metales o los signos que forman de ellos los hombres. Por ltimo, encarga el Conde a su sucesor que propenda en cuanto le sea posible con los intenciones del Excmo. Sr. Bailo sobre la introduccin de los bramantes de sus fbricas de Granada en nuestro pas, y que espere del Ayuntamiento sus nuevas rdenes e instrucciones sobre estos particulares y los dems que le ocurran. Madrid, 15 de julio de 1788.

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PRIMER P PRIMER P PRIMER P PRIMER P PRIMER P APEL SOBRE EL COMERCIO APEL SOBRE EL COMERCIO APEL SOBRE EL COMERCIO APEL SOBRE EL COMERCIO APEL SOBRE EL COMERCIO DE NEGROS DE NEGROS DE NEGROS DE NEGROS DE NEGROS1 1 1 1 1La experiencia de tres siglos y la razn antes que ella tienen bien acreditado que los frutos de retorno y no los metales preciosos de las colonias americanas son los que felicitan por infinitos rumbos a sus respectivas Metrpolis. La prctica de esta verdad es la que ocupa ya toda la atencin y desvelos de los ilustrados gobiernos. En vano se les ha opuesto la despoblacin del terreno que quieren ver cultivado, pues aunque en sus propios dominios no han encontrado para esto los recursos necesarios, o sea, los brazos precisos, las costas occidentales de frica allanan este inconveniente abrindoles un manantial de hombres lo ms a propsito para su interesante objeto. Los dinamarqueses, holandeses, portugueses, franceses y con especialidad los ingleses han ocurrido all a hacer de primera mano este miserable comercio. Nuestra Espaa nicamente se ha abstenido de adoptar ese recurso. Y es porque los tiene en s para poder suplir esa falta esencialsima? ¡Ojal!, pero la desgracia es que los suyos son menores comparativamente que los de cualquiera de aqullas y su necesidad es mayor que las de todas juntas Cmo, pues, la sacamos de semejante embarazo? No se presenta otro medio que el de rescatar los negros de las naciones rivales. Supuesta esta precisin, debe tambin suponerse que estamos en obligacin de hacer efectivo en el caso el canon que nos ensea que todo lo que del extranjero necesite una nacin lo busque por aquel medio que le sea menos costoso. Veamos las diferentes maneras con que podemos hacer la adquisicin de esclavos en las manos extranjeras. Por tres rumbos. El primero, el de una libertad absoluta para que aquellas mismas vayan a derramarlos en nuestras posesiones ultramarinas. El segundo, el de una libertad limitada a los vasallos del Rey para que todos puedan irlos a comprar donde quieran; y el tercero, es el de una contrata exclusiva hecha con alguna o muchas casas.

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OBRAS 118\ 118\ 118\ 118\ 118\ Sin necesidad de entrar en la menor discusin se conoce que de los tres partidos, el primero por s solo o unido con el segundo es el ms til a la agricultura y saltan a primera vista las ventajas que al colono americano atraera la libertad absoluta otorgada a los naciones. La precisa concurrencia ha de producir por fuerza una comodidad extremada en los precios en el modo de pagarlos y en los fatigas que excuse al colono comprador. No hay duda, vuelvo a decir, que ste es el partido ms til al colono agricultor y si por este respecto hubiera de decidirse la eleccin de los propuestos, s muy bien que se tendra la preferencia y ciega aceptacin de nuestro sabio Ministro; pero como la utilidad de una parte no es acreedora a este nombre si de ella resultan perjuicios de mucha mayor entidad al todo de la nacin, es preciso que veamos lo que sobre esto hay. De esa libertad resulta, segn se dice, una infraccin manifiesta de la Ley 1 y 7 del Ttulo 27, Libro 9 de la Recopilacin de Indias destruyndose del todo sus dos objetos, a saber, el excusar el contrabando y el de ocultar nuestro gobierno interior a las dems naciones. Este ltimo inconveniente ya no lo es, porque es pblico y notorio a todos los habitantes del orbe el modo con que all nos gobernamos y adems de esto hay leyes en aquel mismo ttulo que en caso de necesidad han permitido la entrada y comercio de extranjeros. La Ley 4 es una de stas. Por qu, pues, no ha de acodarse en el presente caso la misma dispensa? Por temor del contrabando? No nos alucinemos ni creamos que por prohibir la entrada en nuestros puertos a las embarcaciones forasteras, se disminuye ese mal que debe subsistir mientras haya tan gran diferencia entre el precio de los gneros que remitimos y los que tienen en sus factoras las dems naciones. Lo mismo es para el cubano satisfacer su necesidad en el puerto, que hacer la travesa de una noche y lograr con ms comodidad y abundancia en Montego Bay o Santa Luca todo lo que apetece y desea. El modo de retraerlo de esa propensin maldita es facilitarle arbitrios para que sea agricultor. Tenindolos, l detestar un recurso que lo expone con menos utilidad de la que saca de su terreno a la vejacin y penas que siguen a la contravencin de los Reales Decretos. No por esto digo yo que se abran al extranjero las puertas de toda la Isla ni que tcitamente autorice el Gobierno un contrabando que haba de enervar sus fuerzas; al contrario, voy a proponer los medios de que ste se disminuya en la Isla de Cuba, aun permitiendo la libertad absoluta para el comercio de negros. Yo contemplo que estos dos extremos pueden conciliarse muy bien con las siguientes precauciones. Primera, que aunque todo extranjero o nacional pueda proveer de negros a la Isla de Cuba, no pueda llevarlos a otro puerto que el de la ciudad de La Habana. Segundo, que sus embarcaciones tengan poco ms de doscientas toneladas y que por cada una haya de llevar

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /119 /119 /119 /119 /119 un negro. Tercera, que no puedan internarse en la Isla, ni tampoco permanecer en el puerto ms tiempo que el que el Gobernador o Intendente considere necesario para el expendio de sus cargamentos. Cuarta, que no hayan de dejar apoderado en La Habana que no sea de aquel vecindario. Quinta, que estn sujetos a todas las providencias que tomare el Intendente para prevenir el fraude dentro de sus embarcaciones; y, por ltimo, que si lo llegase a encontrar sepan que para su castigo saldrn de su nivel las penas y olvidando la proporcin que deben tener con el delito harn que se pague el menor que cometan, con la prdida de todos sus bienes y con la corporal de dos aos de prisin. A vista de esta ltima circunstancia, habr algn comerciante negrero tan olvidado de su verdadero inters que, por lo que vale menos, exponga todo su haber y estimacin a la vigilancia del numeroso resguardo de La Habana y a la estrechez de su baha? Por eso he dicho que en ella solamente debe hacerse ese comercio, porque s que los gneros prohibidos casi nunca se han introducido por all y para que no tengan las conexiones y auxilios que se requieren para el contrabando he puesto la tercera y cuarta condicin, aadiendo la segunda para que no les quede buque en qu poderlo hacer, al menos de consideracin. Pero supongamos un momento que ni todas estas precauciones, ni la confianza que se debe tener en unos hombres tan celosos de su estimacin y honor como son los habaneros, sean suficiente freno para contener el fraude. Supongamos que se haga con tal de que se me confiese que nunca lo podr haber de gran consideracin o el mismo que hasta aqu se ha hecho por los dems surgideros. Y entonces ser posible que tan pequeo mal se prefiera al gran bien que resultara a las rentas, al comercio, a la navegacin y con especialidad al Rey? No se me diga que es se el mal terrible, que lo que se sospecha es que trascienda a nuestra Espaa. Una sospecha como sta fcilmente se disipa con estas dos reflexiones. La primera, que de La Habana, por no haber otro comercio abierto que el de cera con los puertos del continente, no sale embarcacin alguna para ellos, a no ser que se d este nombre a los pequeos correos que se expiden mensualmente para Veracruz. La otra, que aun cuando lo hubiese franco, por ventura haya alguna razn de diferencia entre el puerto de La Habana y el de Cdiz para que en aqul se sospeche la facilidad del contrabando por la concurrencia de extranjeros, y en ste no haya tal temor? No tienen los mismas aduanas que pasar el contraventor haciendo la negociacin en una baha que en otra, y adems de esto no tiene mayor disimulo y proporcin en Cdiz con la multitud de gneros que se reciben y los continuos registros que se abren para Nueva Espaa, que la que hallara en La Habana donde no hay uno en el ao? Quede, pues, desvanecido este gravsimo obstculo, y para asegurarse ms impngase la misma rigurosa pena al contrabandista espaol que la que se impuso al extranjero. Y si

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OBRAS 120\ 120\ 120\ 120\ 120\ quedan todava algunos restos de temor, tmese un medio oportuno. Permtase, por va de ensayo, la libertad absoluta; tres o cuatro aos de trmino no destruiran la nacin, aun cuando los abusos llegasen a la extremidad. Y en caso de que los haya, muy fcil ser cortarlos encargndose a los jefes de la plaza y Marina unidos al Intendente el examen e informe de la verdad. No es creble que la oculten, y el gobierno puede entonces continuar o negar con razn a aquella Isla el bien que le ha concedido. Entretanto, no la hay para que siendo ms idnea para aprovecharse de l, que la isla de Santo Domingo, no disfrute de igual favor. A l es al que aspira La Habana y el que debe concederse. Nada se conseguira con el segundo partido, que es la libertad limitada para que los mismos vecinos vayan a buscar esclavos a las colonias extranjeras; pues por s slo y sin la libertad absoluta de nada servira ese partido porque, adems de que poda ser ilusorio por los pocos conocimientos y capitales que hay para estas expediciones, se viola aquel saludable canon que asentamos al principio. El extranjero vende a mayor precio el esclavo porque le van a comprar a su mercado y l no viene a ser vendido en el nuestro. Y finalmente, el colono tiene que perder mucho tiempo en aquel viaje, cuando del otro modo todo lo aprovechara en el cultivo de la tierra. Uniendo estos dos partidos es como puede conseguirse el gran bien que se busca. Pero si por nuestra desgracia se nos niega ese favor, al menos hgase un mixto de la libertad limitada y la contrata exclusiva del modo que lo propone Mr. Alwood. Una casa solo encargada de la provisin de negros pudiera tiranizarnos, llevndolos con escasez de la calidad que quisiese y a precios que sean arbitrarios. Y por tanto, es necesario en tal caso que se admitan todas las proposiciones de Alwood, y se le agreguen otras cuatro condiciones. La primera es la ltima de los que antes propuse; la segunda es distinguir, en los trminos que lo pide el Ayuntamiento de La Habana, los precios de las diferentes clases y aadirles que de ellos nunca podr subir, pero s bajar, si le conviene; la tercera que extienda con precisin hasta el nmero de cuatro mil la introduccin anual y que de stos las dos partes sean varones y una hembra, sin incluir los que el Protomedicato separe como inservibles; y la cuarta que haya la misma proporcin entre negros y toneladas que la que se ha exigido para el libre y absoluto comercio. Es ocioso detenerse en impugnar los ridculas especies y adiciones de los comerciantes de La Habana. Su larga representacin no habr trado otro provecho al Ministro que el de conocer claramente los miserables principios de aquel gremio que pretende el recargo de derechos sobre la entrada y valor de negros para incomodar al extranjero, sin acordarse que nosotros o nuestros frutos somos los pagadores de ese recargo. No han comprendido tampoco que el especioso argumento que hacen para recomendar los trabas que quieren poner al comercio de negros,

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /121 /121 /121 /121 /121 precisando a que se haga en embarcacin espaola para aumentar de este modo nuestra marina mercante, pierde toda su fuerza si se recuerda que el verdadero modo de procurar una felicidad perpetua a esa Marina es fomentar en Amrica las verdaderas riquezas que ofrece la superficie de su feraz territorio. En ste es donde el Estado debe suponer su tesoro, el progres de sus fuerzas y el seguro fundamento de su poder, y as es menester que comience por franquearle todo auxilio para que sea fructfero despreciando a los principios esas pequeas ganancias que se recompensarn despus con exorbitantes usuras. El medio ms oportuno de que lleguemos cuanto antes a tan dichosa poca es el de la libertad absoluta en el comercio de negros que dejo recomendada a la superior penetracin de nuestro actual Ministro. Madrid y febrero 6 de 1789.Notas1Este Papel se remiti con el siguiente oficio: “Excmo. Sr.: Usando del superior permiso que obtuve de V.E. para presentarle hoy con el laconismo posible todas las reflexiones que conceptuase esenciales en el asunto de negros, he formado las que van en el adjunto papel. Yo no las expondra a tan sublime censura, si la obligacin de una parte no lo exigiese y no supiese de la otra que en la bondad de V.E. han de encontrar disculpas mis errores y defectos. Nuestro Seor guarde a V.E., etctera.”

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SOBRE LA DIVISI"N DE LA AUDITORA SOBRE LA DIVISI"N DE LA AUDITORA SOBRE LA DIVISI"N DE LA AUDITORA SOBRE LA DIVISI"N DE LA AUDITORA SOBRE LA DIVISI"N DE LA AUDITORA DE LA HABANA DE LA HABANA DE LA HABANA DE LA HABANA DE LA HABANADesde que se situ en La Habana la Capitana General se estableci tambin un auditor de guerra que reuniendo en su persona la jurisdiccin militar de este empleo y la ordinaria de teniente gobernador, deba al propio tiempo ser el asesor preciso de los asuntos polticos y militares que pudiesen ocurrir en el Tribunal de Gobierno y Capitana General. No era posible que un hombre desempease por s esta multitud de encargos, aun en un pueblo infeliz, cual era entonces La Habana. Los abusos consecuentes hubieron de dar lugar a que los gobernadores en virtud de una Real Cdula fechada en Buen Retiro a 12 de noviembre de 1689 estableciesen la prctica de elegir uno, dos y aun tres letrados de los de aquel vecindario que en compaa del auditor concurriesen todos los das a los audiencias pblicas y partiesen entre s la asesora de los causas que tocaban al Gobierno. Pareca que la costumbre haba autorizado ya un temperamento tan til, pues subsisti noventa aos sin alteracin alguna, extendindose al contrario por el reglamento de Milicias que se hizo en aquella Isla a finales de 1764 con la creacin de dos asesores privativos de estos cuerpos. Pero cuando la poblacin y la riqueza de la Isla comenzaban a fomentarse y cuando por esta razn se deba esperar otra nueva divisin en las vastas atenciones que todava restaban al expresado auditor, salieron en primer lugar las adjuntas Reales "rdenes, y luego las dos Reales Cdulas que se acompaan copiadas, en donde se suprimen a un tiempo las asesoras de Milicias para que no lo sea otro que el expresado auditor, y al gobernador se manda que slo con aqul consulte los litigios que juzgare y de ninguna manera lo haga con otro letrado. La razn o fundamento de estas resoluciones es tan justa como obvia. Con ellas se quiere atar los manos del gobernador, sujetndole al dictamen de una persona pblica conocida al Soberano, digna de su confianza y asimismo responsable de sus acciones. Podr esperarse que se consiga en efecto evitar aquel obstculo? El jefe lego es verdad que ya queda sin arbitrio para forjar a su antojo con consultas mercenarias, providencias detestables. Pero, el objeto se llena? Habr menos injusticias? Seguramente que no. Antes slo eran temibles de un gobernador malvado,

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /123 /123 /123 /123 /123 y ahora son indispensables al auditor ms recto, sabio y prudente. Todas estas cualidades unidas a la aplicacin ms constante no le pueden dar avo para el puntual desempeo de sus encargos. Cualquiera de ellos le basta a ese hombre completo y perfecto. No hay aqu exageracin. La razn lo est dictando sin considerar otra cosa sino que la respetable guarnicin de la ciudad de La Habana; la gran porcin de milicias y de tropa veterana que hay regadas por la Isla han de hallar su desagravio en el dictamen de un hombre que tiene tambin que darlo en ms de cuatrocientas causas que cuando menos giran entre paisanos en el Tribunal del Gobierno, y que desempear los que ocurran en el suyo de Teniente. Pero yo no quiero or las voces de la razn; consultemos la experiencia, y ella nos dar pruebas todava ms convincentes. Bsquense los efectos de las Reales Resoluciones de 1783 y 1784 y se ver que el primero fue cerrar el Juzgado de la Tenencia de Gobierno. Casi nadie ocurre a l. El segundo es todava ms sensible; a pesar de esta desmembracin, se ha visto en la necesidad el expresado Auditor de tomar dos abogados que pblicamente despachan lo que sin conocimiento ha de firmar l despus. Este arbitrio y las fatales consecuencias que continuamente tocan los tribunales superiores no es imputable al difunto D. Jos de Cartas. l apur sus fuerzas en el desempeo de su encargo, aunque en vano, pues se ha visto que las de ningn hombre pueden ser proporcionadas. Y aun cuando por imposible pudisemos encontrarlo, hay todava otra herida que ha abierto la reunin. sta es la de la desconfianza que debe reinar en el pblico con el conocimiento y presencia de su nico juez o asesor. Antes no lo conoca porque se ocultaba a todos la eleccin del gobernador, ahora lo tienen a la vista; su magistratura no es ya sino el mismo magistrado el que le amedrenta y confunde. Cada individuo por s se ve expuesto a ser la vctima del resentimiento o disgusto que tuvo con el Auditor; en una palabra, es un dspota en la primera instancia, sin que se enerve este obstculo con la libertad de pedir que se acompae con otro, pues recaer el nombramiento en alguno de sus devotos, y estamos en el propio lance respecto del Auditor que el que en el gobernador se temi y se procur evitar. Quien viere estas reflexiones creer que su objeto es recomendar y pedir la libertad anterior que tena el gobernador para tomar asesores de los abogados de La Habana; y a la verdad que ellas seguirn este rumbo si el carcter y notorias circunstancias de algunos de aquellos letrados combinadas con la animosidad que la distancia presta a los que en Amrica mandan no quedasen en su fuerza sosteniendo todava la sujecin del juez lego. No es, pues, el intento destruirla; consrvese enhorabuena; pero para que sea saludable prevnganse tambin los abusos en que por necesi-

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OBRAS 124\ 124\ 124\ 124\ 124\ dad incidir el asesor, y para esto no hay ms media que el de dividir sus funciones. As se ve practicado en todas las ciudades de Espaa que se pueden comparar con La Habana. En el gobierno de Cdiz, que no es capitana general, cuya poblacin no es mayor que la de la citada Habana, incluidos sus arrabales y que por ser un pueblo propiamente de comerciantes y tener su Consulado, pocos litigios restan para los juzgados ordinarios, se reparten, sin embargo, los empleos que ejerce el Auditor de La Habana en cuatro individuos distintos, pues hay uno para Auditor de los negocios de Guerra, otro para asesor del Gobierno y dos para alcaldes mayores. Conque, por qu en La Habana, pueblo inclinado al litigio, se ha de suponer el milagro de que uno lo ha de ser todo? No es creble, ni puede ser tolerable a los sobresalientes luces de nuestro actual Ministerio. l tratar desde luego de finalizar estos males haciendo por va de ensayo la primera divisin, con reserva de aumentarlo si la necesidad lo pidiere. Por ahora, lo ms til sera dar la auditora a un sujeto, a otro la tenencia de Gobierno; y a los dos la asesora de ste, dejando al Jefe el arbitrio de consultar con ambos, y distribuir entre ellos las causas que fuesen ocurriendo, y al vecindario el consuelo de desconocer los manos que pueden tiranizarlo, de mudar de ellas a las del otro asesor, seguros de que en l no habr la parcialidad y sumisin que en los acompaados actuales, y de ver prevenidos tambin los indispensables peligros a que se miran expuestos o bien porque el auditor muera —como acaba de suceder— y quede el gobernador en la antigua libertad, o ya porque se mude a aqul de destino y ha de sustitursele con otro que por bisoo en la prctica del pueblo debe estar en la inaccin o ha de cometer mil errores; cuando por el contrario, esto es, en el caso de admitirse la divisin propuesta, habr siempre un asesor veterano que con una mano contenga la licencia que se podra tomar su jefe o gobernador, y con la otra le ilustre y le saque de los barrancos en que podra arrojarlo un asesor inexperto. Tantas utilidades tan claras y tan constantes pudieran dificultarse si resultase de su efecto gravamen al Real Erario; pero ni este inconveniente hay en el nuevo proyecto. Para ponerlo en planta, no necesita el Rey adelantar el sueldo que da al Auditor actual; bastan los dos mil pesos con que contribuye hoy para el entretenimiento de los dos. Uno solo con mil pesos tiene suficientsimo, respeto a que de asesoras han de tomar cuando menos dos mil o tres mil cada uno; y si se duda de esto pregntese cul es el sueldo del Auditor de Marina, y se ver que mil pesos, y que sin que en su juzgado haya ni aun la vigsima parte de litigios que en el Gobierno, vive con temor de Dios, con gran comodidad, y le sobra todava algo que reservar. Y por ltimo, si hay algn escrpulo an, asgnense al teniente gobernador mil doscientos pesos y al auditor ochocientos, con tal que este ltimo empleo recaiga siempre en patricios que tienen otros auxilios, y que en el

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /125 /125 /125 /125 /125 presente plan se hallan para obtenerlo sin impedimento legal, supuesto que ya no tiene la administracin de justicia que tena cono teniente; siendo por el contrario muy conforme a la razn de adoptar un reglamento que promete mil efectos saludables. El primero es el de hallarse perfectamente combinada la defensa de los intereses Reales con la de aquel pblico en la consulta de dos hombres que, aun cuando los supongamos parciales y apasionados por su respectivo partido, han de proporcionar por lo mismo el camino del acierto al Jefe de la colonia, pues de esta contradiccin sacar los luces precisas para fijarse en el medio ms oportuno y til. Segundo, que de necesidad se ha de endulzar infinito la suerte de aquellos vasallos y por lo mismo se afianza su sumisin y respeto. Ninguna determinacin gubernativa los sorprender entonces ni les ser pesada. Todos saben que tienen una voz amiga al lado del que los manda, y bajo de tal confianza suponen que es necesaria la carga que se les imponga y la sufrirn con paciencia. El gobernador, de otra parte, gana mucho con adquirir las indispensables noticias que necesita en cada paso de la boca de un patricio conocido, cuyo ministerio, unido a su mismo nacimiento, le empean a decir verdad. Son infinitas por ltimo las ventajas generales y particulares que resultaran de semejante enlace. Cualquiera las tocar slo con la reflexin, pero si no basta sta no hay ms que ocurrir al ejemplo que los sabios conquistadores de China nos ofrecen. Todos sus tribunales estn compuestos por mitad de trtaros y de naturales, prctica la ms racional, y que, como dice un gran hombre, su falta es la que ha causado en Europa la prdida de muchas conquistas. Mas, para qu se buscan ejemplos extraos? La Habana misma, no los da? Al principio no se dice, y la propia Real Cdula no expresa que hasta estos ltimos tiempos han estado en posesin aquellos letrados de dirigir con acierto en compaa del Auditor a todos los gobernadores? Hoy mismo no se ve subsistente la provisin de la auditora de Marina y asesora de la Intendencia en aquellos naturales? Por qu, pues, en el Gobierno no se ha de creer muy til el nuevo establecimiento que comprende este proyecto? Todos los inconvenientes que pudieran oponerse estn prevenidos en l, y as no falta otra cosa para que sea efectivo que el hallazgo de un protector benfico e ilustrado, y ste es el que le proporciona la suerte en el Ministerio actual. Madrid.

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REPRESENT REPRESENT REPRESENT REPRESENT REPRESENT ACI"N HECHA AL CONSEJO SOBRE ACI"N HECHA AL CONSEJO SOBRE ACI"N HECHA AL CONSEJO SOBRE ACI"N HECHA AL CONSEJO SOBRE ACI"N HECHA AL CONSEJO SOBRE LA INVERSI"N DEL SOBRANTE DE VESTUARIO LA INVERSI"N DEL SOBRANTE DE VESTUARIO LA INVERSI"N DEL SOBRANTE DE VESTUARIO LA INVERSI"N DEL SOBRANTE DE VESTUARIO LA INVERSI"N DEL SOBRANTE DE VESTUARIOSeor: La ciudad de La Habana con la sumisin debida parece ante V.M. y en el expediente formado en fuerza de la resistencia de su comercio sobre la actual inversin del sobrante que deja el arbitrio establecido para el vestuario de los militares voluntarios de aquella Isla, dice que para instruir mejor lo que hasta aqu se ha actuado, se le mand entregar con objeto de que fundase de nuevo el derecho que le asiste y desnudase al comercio de los estudiados sofismas que ha empleado para el adorno y explanacin del suyo. Bien conoce la ciudad que stos no se ocultaron a la penetracin del Consejo, pero su mismo precepto la pone en necesidad de hacerle demostraciones tan claras y tan notorias. El caso est reducido que por ltimo arbitrio se estableci en La Habana en 1785 para vestir los milicias que se hallen en toda la Isla el de exigir dos reales por cada caja de azcar de los que se extraen de aquel puerto, y tres por cada barril de aguardiente, vino y vinagre de los que se introducen; y como de este fondo despus de llenado el objeto resulta el anual sobrante de treinta mil a cuarenta mil pesos, se dud de su ms til y racional inversin. Es cierto que la ciudad estaba sin autoridad para drsela por s, pero tena lo bastante para indicrsela al Rey y slo falta este paso y una determinacin Soberana obtenida con pureza y sin nota de violencia para adquirir un derecho incontestable y sagrado; ste lo tiene ya en virtud de la Real Orden de 21 de diciembre de 1786; pero el comercio que ve la fuerza y vigor de este ttulo ha pretendido enervarla con la falsedad y calumnia de que se arranc con violencia y gran perjuicio suyo. El examen de este punto es el que se someti al Consejo a cuya vista est la copia de la Real Orden y en ella la ms clara prueba de la sencillez y verdad con que procedi en sus informes la ciudad. Lo mismo que dice ahora fue lo que dijo entonces, que no tena muelles ni casa para sus juntas y habitacin de su jefe; que el pavimento en sus calles era provisional formado anualmente de tierra y prontamente arrastrado por el impulso de las aguas al fondo de la baha, la que por instantes perda su capacidad y

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /127 /127 /127 /127 /127 hermosura y se acercaba a su ruina; que el agua que provea sus fuentes era muy puerca y malsana como que se conduca por una zanja inmunda; que estaba sin carnicera y que sus escasos fondos no la permitan atender a tantas necesidades, en cuyo estado ocurran a la Soberana piedad para que condolido de ellas destinase a su remedio el residuo de los propios y del impuesto del vestuario. sta fue su relacin y ste el extracto mismo que encabeza la Real Orden. Cmo, pues, estando a los ojos del comercio y citndola tantas veces, se atreve a suponer que es violenta y efecto de la falsedad? Qu pruebas da de su efecto? Acredita por ventura que La Habana est adornada de alguno de los edificios u obras que se han mencionado? Hace ver que son superfluos o intiles? Demuestra otro arbitrio propio con que formarlos cuando trata de viciosa la relacin que de ellos remiti al Ayuntamiento? Seguramente que no; pues, dnde est la mentira? En los gritos del comercio, tan falsos en esta parte como en la del perjuicio que dicen se le infiere. Los que pudieran quejarse o decir que lo padecen eran los consumidores; pero el vendedor negociante que tiene muy buen cuidado de cargar en el precio de sus gneros el derecho que ha pagado, es un mero prestamista que con nada contribuye al expresado fondo. Los habaneros solos, que son los consumidores del vinagre, vino y aguardiente y de las ropas que se hacen en cambio de sus azcares, son los verdaderos dueos, o ms claro, son los que pagan todo de aquel gravamen. Esta reflexin basta para acreditar que el comercio nunca siente tal perjuicio, y con ella queda excluido y declarado no parte, para su infundada instancia. Olvidmonos, pues, de l; pero no de las especiosas razones que emplea en su representacin. La principal o ms fuerte es proponer que el insinuado sobrante se vaya imponiendo a censo, hasta que se complete la porcin o cantidad necesaria para redituar los veinte mil y tantos pesos precisos para el vestuario, en cuyo caso se puede extinguir el arbitrio y conseguir La Habana la ventaja de comprar con ms comodidad los gneros recargados. El comercio, arrebatado por un entusiasmo inaudito, toma el lugar de padre de la Patria, y quiere hacerla creer que trata de conservar en sustancia, cuando su carcter y miras siempre han sido devorarla. l se alucina y no ve que con aquella advertencia y las dems publica la insinuada verdad de que el habanero, y no l, es el perjudicado y el verdadero dueo de los caudales que reclama. A tales inconsecuencias se ve arrastrado el comercio por su dominante pasin del inters y codicia. Libre de ella la ciudad sacrifica muy gustosa el gravamen que padece a su necesario culto e indispensable ornato. Es cierto que si pudiera hara los mayores esfuerzos por apartar de sus hombros, con tan saludable proyecto, la carga que sobrelleva; pero ella ve que es preciso o no existir o hacer algn desembolso para conservar su decoro, la salud de sus vecinos y

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OBRAS 128\ 128\ 128\ 128\ 128\ corresponder al comercio los miramientos que tuvo por ella cuando hizo el papel de Padre, tratando de conservarle un puerto que tanto le ha dado y dar. Si La Habana pretendiese para superfluos adornos el insinuado sobrante, est bien que se negase esta loca pretensin; pero hasta ahora no vemos que haya pedido otra cosa que fabricar una casa que no tiene para sus juntas y la habitacin de su jefe, en lo cual es inferior al pueblo ms infeliz que se conozca en el orbe. Lo ha solicitado tambin para empedrar sus calles, no por dar un paso tan esencial de polica y decencia, sino por evitar las fatales consecuencias que se siguen a su puerto de recibir anualmente doscientos cincuenta carretones de tierra que se consumen para mantener traficable el piso de la ciudad; y lo ha pedido, por ltimo, para hacer una caera decente y una carnicera limpia que ahorren a sus vecinos muchas enfermedades de los que sufren hoy por la porquera e inmundicias con que se les vende la carne y tienen el agua que beben. Conque una vez que acredita la necesidad en que est de hacer estos desembolsos, que justifica tambin por los razones expuestas, que es ella quien lo ejecuta con el indicado sobrante, y ltimamente que demuestra que, por recaer este impuesto en la parte ms rica del pueblo y hallarse ya establecido, es el ms adecuado e idneo para tan urgentes fines, qu razn puede ocurrir para privarla de la gracia que S.M. la hizo por la Real Orden citada? No la encuentra la ciudad, y por si acaso se cree que es cierto lo que se amerita de contrario, a saber, que con el sobrante de sisa que est destinado a obras pblicas pueden concluirse stas, se hace presente al Consejo que lo que sobra es muy poco o nada en algunos aos, y que por esta razn han estado sin ir adelante desde 1774 las casas de Gobierno y Capitulares, hasta que se consigui la asignacin que actualmente se disputa; lo que V.M confirmar cuando vea la adjunta copia de oficio ltimamente elevada al conocimiento del Rey, en que hace ver que todava no alcanzan estos arbitrios para los insinuadas obras; y se propone tomar el de una contribucin entre los dueos de las casas y carruajes, sobre cuyo asunto pende la resolucin Soberana, con consulta —segn se tiene entendido— de la Real y Suprema Junta de Estado, y siendo regular que sta sea favorable y conforme a lo que se ha propuesto. Suplica a V.M. la referida ciudad que se digne concebir la suya en los mismos trminos por cuanto lleva expuesto, y por ser estas ventajas trascendentales al comercio que se queja respecto a que la mayor parte de sus individuos se hallan avecindados all, y por todo lo dems que pueda ocurrir a la Soberana penetracin de S.M. Madrid.

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REPRESENT REPRESENT REPRESENT REPRESENT REPRESENT ACI"N SOLICIT ACI"N SOLICIT ACI"N SOLICIT ACI"N SOLICIT ACI"N SOLICIT ANDO EL CUO DE ANDO EL CUO DE ANDO EL CUO DE ANDO EL CUO DE ANDO EL CUO DE LA MONED LA MONED LA MONED LA MONED LA MONED A PRO A PRO A PRO A PRO A PRO VINCIAL CON UNA BAJ VINCIAL CON UNA BAJ VINCIAL CON UNA BAJ VINCIAL CON UNA BAJ VINCIAL CON UNA BAJ A A A A A MODERAD MODERAD MODERAD MODERAD MODERAD A EN SU V A EN SU V A EN SU V A EN SU V A EN SU V ALOR ALOR ALOR ALOR ALORSeor: La ciudad de La Habana y su Apoderado General en esta Corte, con el mayor respeto expone que odos por el augusto Padre de V.M. los justsimos clamores con que pretendi aquel pblico un signo particular que sostuviese en vigor el giro y comercio interior, se reconoci prontamente la realidad del mal y la necesidad del remedio que propona la ciudad, y a pesar de las luminosas razones con que los mayores sabios sostienen en general los perjuicios de estos signos provinciales, se vio con la fiel antorcha de una constante experiencia que en La Habana era precisa por encontrarse en un caso complicado y singular. Rebasado ya este escollo, toda la atencin del Gobierno qued por entonces fija en indagar los medios de combinar el inters del Estado con el particular de La Habana para establecer con respecto y vitalidad de ambos la moneda provincial. Estos antecedentes y el laudable y digno esmero que el Ministerio empleaba para resolver con acierto tan interesante problema, lisonjeaban los deseos y esperanzas de la Isla, endulzaban su miseria y haban enjugado sus lgrimas, cuando por su desgracia vio admitido y aprobado el cuo de una moneda cuyo valor intrnseco fuese de un cuarenta por ciento menor que el imaginario. Esta resolucin le present de un golpe, aunque por distinto rumbo, otra cadena de males mayores que los que sufra. Se renovaron sus penas y por consecuencia sus splicas; con el mayor respeto las elev al Trono, y viendo que no lograban la contestacin que pedan las repiti por medio del exponente en una representacin que dio en el ltimo mes de junio. Su decisin est pendiente tambin, y el Apoderado sufriendo entre tanto los dolorosos reclamos de su necesitada patria, sin que haya podido atinar con el verdadero motivo de la expresada detencin. En sus dudas ha credo que lo puede ser la recomendacin que all hace del nuevo plan que ha formado el Tesorero de Ejrcito D. Ignacio Pealver; es verdad que el suplicante lo concepta racional y utilsimo al Estado; pero si a V.M. no le debe igual concepto, l depondr desde luego

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OBRAS 130\ 130\ 130\ 130\ 130\ su ventajosa opinin y consentir gustoso en el olvido absoluto del insinuado proyecto. Desprciese enhorabuena, mas con l no se confundan los lamentos de La Habana, stos no los provoca el deseo de ver triunfantes los ideas del Tesorero, sino la necesidad y miseria que toda la Isla padece; en una palabra, su empeo es que se sustituya otro signo al que se le ha destinado con la gran diferencia de un cuarenta por ciento entre su valor intrnseco y el imaginario, y que ste por ningn motivo llegue a correr en la Isla. Son dos pretensiones en una. La primera es que se le d una moneda provincial, punto que no es ya disputable, supuesto que V.M. la ha credo necesaria. La duda est en la segunda, a saber, que esta moneda sea perjudicialsima, sea la ruina de la Isla, siempre que se fabrique con las cualidades y valor que V.M. ha mandado. Sobre esto se ha hablado infinito en los antecedentes papeles, y sera inoportuno repetir aqu los razones que con extensin se han dado antes; todas estn a la vista de V.M. y alcanzarn el aprecio que merecen, teniendo siempre presente estas cuatro reflexiones. Primera, la agricultura naciente de aquella Isla, los reglamentos que la protegen y sus cortas relaciones de comercio, hace que no le sean adaptables los providencias generales y de grandes relaciones. Segunda, que por lo mismo le es del mayor perjuicio la moneda consabida, que slo podra introducirse para renovar los males que experiment la Isla poco antes de la ltima guerra, cuando por la ganancia que ofreca la falsificacin de la maquina hubo una inundacin de ella y fue preciso recogerla luego. Tercera, que no hay otra introduccin de moneda fuerte que la que proporciona el situado, pues el negociante de Veracruz no la lleva porque paga ntegros los derechos que se exigen en Espaa. De aqu es de donde se hace la fraudulenta extraccin que contina siempre; de aqu saca el comerciante los sumas que manda a estos Reinos; y de aqu toma el extranjero el precio de los negros que se le ha permitido llevar. Ahora, pues, qu queda a la Isla para su comercio interior ? Smense aquellas partidas y se ver que ni para cubrirlas alcanza el situado. ¡Triste reflexin por cierto; pero necesaria para hacer ver a V.M. que sin la moneda provincial no puede subsistir la Isla, y que su establecimiento no se debe dilatar si es que se estima en algo la subsistencia de aquella brillante colonia! A V.M. corresponde y a sus paternales desvelos determinar el signo que sea conveniente a La Habana; a todo se allana este pueblo, menos a dejar de poner en la consideracin Soberana los daos que le resultan de la circulacin del cuarenta por ciento y de la penosa inaccin en que vive y se mantiene. Por todo lo cual a V.M. suplica que, teniendo presente lo que anteriormente se ha expuesto, por un efecto de compasin se digne mandar que contine el curso de la moneda provincial sin tanta baja en su valor, y s con aquella proporcin que es precisa para combinar dos extremos, que son el de contener su extraccin y evitar su falsificacin. Madrid.

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REPRESENT REPRESENT REPRESENT REPRESENT REPRESENT ACI"N MANIFEST ACI"N MANIFEST ACI"N MANIFEST ACI"N MANIFEST ACI"N MANIFEST ANDO ANDO ANDO ANDO ANDO LAS VENT LAS VENT LAS VENT LAS VENT LAS VENT AJ AJ AJ AJ AJ AS DE UNA AB AS DE UNA AB AS DE UNA AB AS DE UNA AB AS DE UNA AB SOL SOL SOL SOL SOL UT UT UT UT UT A LIBER A LIBER A LIBER A LIBER A LIBER T T T T T AD AD AD AD AD EN LA INTRODUCCI"N DE NEGROS, EN LA INTRODUCCI"N DE NEGROS, EN LA INTRODUCCI"N DE NEGROS, EN LA INTRODUCCI"N DE NEGROS, EN LA INTRODUCCI"N DE NEGROS, Y SOLICIT Y SOLICIT Y SOLICIT Y SOLICIT Y SOLICIT ANDO SE AMPLE A OCHO ANDO SE AMPLE A OCHO ANDO SE AMPLE A OCHO ANDO SE AMPLE A OCHO ANDO SE AMPLE A OCHO LA PR"RROGA CONCEDIDA POR DOS AOS LA PR"RROGA CONCEDIDA POR DOS AOS LA PR"RROGA CONCEDIDA POR DOS AOS LA PR"RROGA CONCEDIDA POR DOS AOS LA PR"RROGA CONCEDIDA POR DOS AOSSeor: Don Francisco de Arango y Parreo, Apoderado General de la ciudad de La Habana, puesto a L.R.P de V.M., confiesa que nunca podr su Patria expresar bastantemente la sincera gratitud que debe a vuestra Soberana piedad por el particular favor que acaba de dispensarla, prorrogando por dos aos la absoluta libertad para la introduccin de esclavos. Esta gracia es apreciable por todas sus circunstancias, pero por ninguna tanto como por haber salido sin que nadie la pidiese, y sin tener otro agente que el paternal desvelo con que V.M. previene las necesidades y splicas de sus amados vasallos. Penetrado de estos principios, lleno de la confianza que inspira tanta bondad, y de que V.M. tiene particular complacencia en variar sus providencias siempre que se le representan bajo un aspecto ms til, se ha atrevido el exponente a levantar la voz y a pretender que el decreto de la prorrogacin tenga las ampliaciones que especificar despus. Vuestra Majestad habr recibido ya las dos representaciones que el vecindario de La Habana hizo sobre este asunto sin antecedente alguno al tiempo que aqu se formaba el decreto consabido; y habr visto que unos claman por contrata y otros porque se prorrogue la libertad absoluta. Esto no debe admirar. Los hombres varan en sus juicios, y aunque caminen a un fin no siempre se conforman ni abrazan los mismos medios. Si se compara el nmero y el valor de los negros introducidos en La Habana desde la dichosa poca de la libertad, con los partidos que sobre estos dos puntos hace D. Felipe Alwood, es preciso que alabemos el celo de los patricios que protegen su contrata. Pero si se discurre sobre los dems relaciones que esta materia tiene, y si se considera que la escasez y caresta del gnero dependi de casualidades que, regularmente hablando, no volvern a verse, y de algunos inconvenientes que puede muy bien evitar la sabidura de V.M., no nos debe sorprender que clame la

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OBRAS 132\ 132\ 132\ 132\ 132\ mayor parte por la libertad del comercio. Tampoco se debe extraar que los de este sistema tan atinados en los dems digan, sin razn alguna, que en nada se debe variar la Real Cdula de 28 de febrero de 1789. Calcularan las ventajas que en cualquier situacin tiene la libertad absoluta sobre la mejor contrata; y temerosos de que Alwood fuese escuchado si ellos se detenan en pedir innovaciones, tomaron el partido sencillo de aprobar, en todas sus partes, la precitada Real Cdula y pedir en consecuencia su solo prorrogacin. No as el exponente actual, que en ms feliz situacin y desnudo de tales miras, puede hablar con toda franqueza y decir a V.M. que la libre introduccin ha dejado de prosperar, no slo por las casualidades que se apuntan en el prrafo... de los partidarios de la libertad, sino ms bien por las siguientes razones. Nadie podr negar que el mercader de todo gnero lleva su mercanca adonde se le paga mejor, adonde la expende ms pronto y adonde tiene ms recursos para cobrar su producto; en una palabra, adonde asegura ms bien su inters y utilidad. Estos principios sentados, veamos si los comerciantes negreros, despus de tener franco el puerto de San Cristbal, encuentran mayores o iguales atractivos en l que en las dems colonias. Donde se paga mejor Es cierto que sobre este punto no puede haber regla constante o fija; pues el precio es relativo a la necesidad del gnero, y como sta es tan variable, depende de las circunstancias que valgan ms en La Habana que en Santa Luca los negros. Pero lo que puede decirse es que en el caso de no tener una noticia exacta del estado de cada colonia, aqullas sern preferidas que tengan ms atenciones; y que al modo que es ms natural acudir antes a la casa del poderoso que a la de un pobre hombre para vender cualquier cosa los... se irn ms bien a los pueblos que tengan doscientas haciendas que a los que tengan ciento. Por esta regla segura, La Habana no puede competir, hablando regularmente, con las dems colonias, porque su agricultura es inferior, con mucho, a la ms pobre de todas. Donde la expende ms pronto. La necesidad es tambin la que influye en esto, y puede servir de medida, pero por la misma razn y otras que se dirn despus tienen la preferencia los colonias extranjeras sobre la ciudad de La Habana. Y donde tiene ms recursos para cobrar su producto Aqu es donde la balanza pesa ms contra nosotros. V.M. puede ver en el adjunto papel nmero 1 todas las seguridades que tiene un negrero ingls —que son los que verdaderamente hacen este comercio— para llevar a Granada, Dominica o Jamaica sus cargamentos, cuando en La Habana le espera un pueblo desconocido, de un idioma muy distinto, donde puede confundir al hombre de bien, al pudiente, con el miserable y embustero, y donde se ve obligado

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /133 /133 /133 /133 /133 o a vender todo su cargamento al contado o a abandonar el recobro de la parte que venda a plazos en manos desconocidas, porque se le estrecha a salir en un trmino perentorio del puerto y se le prohbe dejar por apoderado a otro que no sea espaol. En una palabra, donde asegura ms bien su utilidad Permtame V.M. que una los tres puntos anterior y que discurra sobre ellos bajo el nombre de inters y utilidad. Ya se ha visto que al comerciante ingls no debe provocarle La Habana para llevar sus negros, ni por el precio, ni por la prontitud en vender, ni por la seguridad en los pagos; conque, en qu ha de encontrar su utilidad e inters el comerciante negrero para llevarnos los negros?, en los frutos de retorno? Nosotros ninguno tenemos que sirva para las costas de frica, y esta clase de negociantes, esto es, los de primera mano, que son los que debemos atraer por muchas razones, lo que desean ganar es el tiempo para repetir sus expediciones. Todo, todo contribuye al presente a dificultar en La Habana los progresos de la libertad. Las reflexiones anteriores no tienen respuesta slida; pero mucho ms fuerte es la que se puede hacer con respecto a la situacin geogrfica de la Isla de Cuba. Hgase V.M. cargo que esta Isla, y particularmente el puerto de San Cristbal, se hallan a sotavento de todas las colonias agricultoras del septentrin americano; conque, aun cuando prescindisemos de las dems ventajas que tienen sobre nosotros las otras colonias para atraer el mercado de los miserables africanos, es preciso que La Habana, por el orden regular, sea la ltima, o ms bien sea la que reciba en su puerto los rezagos de las otras. Dgnese V.M. reflexionarlo y conocer que no hay rplica. De todo esto se deduce que la libertad del comercio no puede prosperar mientras duren todos los obstculos insinuados, y que por lo mismo que es imposible destruir algunos o los ms de ellos; aqullos que estn ms en el arbitrio de V.M. merecen toda indulgencia. Tales son los dos puntos de precisarles a dejar apoderados nacionales y el estrechsimo trmino de dos aos que se da para este comercio. El exponente aprueba todas las providencias que conducen a evitar la detencin del extranjero en nuestras poblaciones ultramarinas; conoce que tienen una relacin muy estrecha con nuestra constitucin; pero ve por otra parte que es indispensable proporcionar alguna seguridad al extranjero para alentarlo a que vaya a un puerto desconocido. Prohbasele enhorabuena la ociosa detencin en l. Tampoco se le permita dejar comisionistas de los suyos; pero, al menos, tome V.M. la mano y squelo de toda desconfianza, adoptando el plan de seguridad que se explica en el papel nmero 2; y cuando esto no tenga lugar, srvase V.M. hacerle conocer por medio de la Gaceta doce sujetos acaudalados, hombres de bien, expertos en este comercio y dignos de su confianza, que sean idneos para que se les franquee el extranjero y pueda escoger entre ellos el que

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OBRAS 134\ 134\ 134\ 134\ 134\ mejor le parezca para consejero y apoderado, y tenga a bien V.M. anunciarles que para el cobro de sus crditos gozarn de los mismos privilegios que goza el Fisco. Advierta V.M. que sin una de esas providencias es imposible que aporte ningn negrero de primera mano en La Habana, si no es en uno de los casos, o en el de saber que hay suma escasez del gnero, como ha sucedido ahora, o en el de hallarse las principales colonias del extranjero en las crisis y fermentacin que actualmente; y entonces, de qu nos sirve la absoluta libertad? No vale decir que en diecinueve meses han entrado cuatro mil y tantas cabezas, y que en los dos meses que han mediado entre la entrega y remisin de las dos representaciones citadas, han llegado otras dos mil. En cuanto a estas ltimas no tenemos noticia circunstanciada, y as no podemos descubrir con claridad los causas de esta abundancia; pero en vista de las irrefragables razones que hemos dado, bien podemos atribuirla sin temor de equivocarnos a la miserable situacin de los colonias francesas, que antes necesitaban millones y hoy no reciben un negro. Por lo que toca a las expediciones de los diecinueve meses, adjunta encontrar V.M marcada con el nmero 3 la relacin exacta de todas ellas; y si fuere de su Real agrado analizarlas, hallar que entre las de primera mano casi ms de la mitad se han hecho por la casa de Baker y Dawson. Y por qu? Porque ha tenido en La Habana a D. Felipe Alwood, aqul que solicit aqu el efecto de la contrata, y que por haber vivido echo o diez aos en La Habana conoce a todos sus vecinos; pero si V.M. condesciende a las instancias del comercio de La Habana, fundadas en una ley de Indias, y apoyadas por el Supremo Consejo de aquellos dominios, para que se haga salir a Alwood de all con los otros extranjeros; la casa de Baker y Dawson se retraer de estas remisiones, har lo que los dems negreros, y quedamos reducidos a uno u otro aventurero que atraiga la suma escasez, y al miserable recurso de ir nuestros propios colonos a buscarlos a las islas. Vuestra Majestad ha visto en otra representacin que dio el exponente, a principios de febrero de 1789, la ninguna utilidad que atraa a la agricultura colonial esta clase de empresas, pues entonces no saba que la nacin inglesa, como que es la seora de este comercio, haba de ponernos ms trabas y estrechar ms este giro, como efectivamente lo ha hecho, mandando que se cierren los puertos de sus colonias para todas las embarcaciones espaolas que pasen de sesenta toneladas, con lo que se hace mucho ms costosa la empresa y se atan de una vez las manos a los que quieran hacerlas. Es tambin de gran embarazo la estrechez del plazo dado a los extranjeros para la libertad del comercio. Dos aos no son suficientes para radicar o consolidar unas empresas tan largas y tan expuestas. Los aventureros solamente calculan sobre el producto de la primera expedicin; pero los comerciantes de fuste, que son los que debemos llamar, no se exponen

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /135 /135 /135 /135 /135 de este modo, y cuenta para entablar un giro sobre la seguridad de poder resarcir en la segunda o tercera remisin lo que en la primera puedan perder. No hay que cansarnos. V.M. est bien convencido de que su mayor inters en este punto es que sus vasallos americanos tengan lo ms barato posible y, con plazos que sean justos, los negros que necesiten, y que esto no se puede conseguir sin alentar la concurrencia de vendedores. En virtud de estos principios, se decidi vuestro Real nimo por lo que el exponente pidi en la citada representacin del mes de febrero de 1789, y estimul tambin a todos los interesados en este ramo a que le propusiesen lo que les pareciese, bajo cuyo principio se ha animado el suplicante a poner a vuestros Reales pies las reflexiones que le ocurren en favor de sus paisanos, o ms bien en el de vuestro Real servicio. Cree que se hace un mrito con decir que la libertad absoluta no ha de poder conseguir un progreso firme y constante si se mantiene en pie en que se encuentra hoy, y que es de precisa necesidad para que los habaneros tengan a buen precio los negros y con la comodidad de plazos, punto en que quizs se interesa ms que en la comodidad de precios, extender a seis u ocho aos el plazo dado, y adoptar —esto particularmente— el plan de seguridad del papel nmero 2; o cuando esto no tenga lugar, dar a conocer entre los vecinos de La Habana los doce que mejor le parezcan, para que los extranjeros elijan consejeros y apoderados entre ellos, en la inteligencia de que gozarn, para el cobro de sus crditos, de todos los privilegios fiscales y de una particular proteccin de la parte del Gobierno. V.M., sobre todo, har lo que sea mejor. Aranjuez y mayo 10 de 1791.

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PAPEL NMERO 2 QUE SE CIT PAPEL NMERO 2 QUE SE CIT PAPEL NMERO 2 QUE SE CIT PAPEL NMERO 2 QUE SE CIT PAPEL NMERO 2 QUE SE CIT A EN LA A EN LA A EN LA A EN LA A EN LA REPRESENT REPRESENT REPRESENT REPRESENT REPRESENT ACI"N ANTECEDENTE ACI"N ANTECEDENTE ACI"N ANTECEDENTE ACI"N ANTECEDENTE ACI"N ANTECEDENTEPor el artculo 11 de la Real Cdula de 28 de febrero de 1789 se prohbe la permanencia de los extranjeros en el puerto, quitndoles hasta la facultad de dejar apoderado que no sea de su propio pas. Estas precauciones son tiles, son necesarias; pero todava queda un flanco por donde ser muy fcil eludirlas y burlarlas. El negociante extranjero no siempre podr hacer de contado la venta de sus negros, ni el colono todas veces est en disposicin de comprarlos. Es indispensable, pues, que haya negociantes a plazas, y he aqu un especioso pretexto de que se valdr el vendedor para dilatar su salida, pues hallndose desnudo de la facultad de dejar un hombre de su satisfaccin para recoger su haber, y careciendo tal vez de la esperanza de volverlo a recobrar por s, parece que tiene motivo para detenerse en el puerto mientras que se le paga. Si este inconveniente se salva, previniendo a los Intendentes y Gobernadores que no lo estimen por tal, incidiremos en otro que siendo doble es mayor; a saber, que el extranjero se retraer de este trfico, o si lo hace ser con la mayor desconfianza y en trmino que no logremos la comodidad deseada en los contratos a plazos. sta es una conjetura infalible confirmada por la experiencia de estos dos aos pasados, que exige pronto remedio y que lo tiene muy fcil. Sin quitar al negociante extranjero la facultad de dejar un apoderado del pas que cuide de sus intereses, si l se los quiere confiar, tome la mano el Gobernador y, por un nuevo decreto, hgase responsable del efecto de las promesas que hicieren nuestros colonos, constituyndose fiador de su importe a los plazos convenidos, siempre que se celebre el contrato con la intervencin y formal aprobacin del individuo o individuos que se nombraren con la sola comisin de examinar los fianzas e hipotecas que se den, para que si no son buenas las reprueben, y si son bastantes, esto es que sin falta alguna aseguren el cumplimiento de lo estipulado, los admitan y por esto les contribuya el extranjero con el tanto regular de comisin.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /137 /137 /137 /137 /137 Parece, a primera vista, dura esta constitucin de la parte del Gobierno; pero no lo es si se advierten las ventajas que se alcanzan y que no puede tener las ms remotas resultas, supuesta la seguridad de la deuda, aun cuando reserve el nombramiento de estos inspectores o fiscales para alguno de los ministros empleados en la Real Hacienda. Mas para que no quede la ms remota sospecha de que por el descuido o malversacin de aqullos puede en algn caso quedar perjudicado el Rey, que por de contado recibe el importe de la comisin, propone el Apoderado General de La Habana un partido que absolutamente precave el perjuicio de Su Majestad. Se reduce a que el nombramiento recaiga en tres vecinos de La Habana que eligir el Ayuntamiento, ricos, condecorados, de actividad y celo, que sean Regidores, del nmero de hacendados y de aquel comercio con las siguientes condiciones. Primera, que sean responsables de sus omisiones en el examen de las fincas hipotecadas; segunda, que estn prontos a juntarse en casa del ms antiguo luego que ste les avise que algn negociante negrero tiene que consultarles aquel da; tercera, que han de tener para el cobro de estas cantidades todos los privilegios que S.M. disfruta, como que en su nombre lo intentan; cuarta, que estas deudas no puedan entrar en concurso de acreedores, ni dejarse de pagar por privilegio alguno que tenga la alhaja hipotecada, a menos que no sea el de tener algn gravamen anterior y preferente que por omisin no se haya descubierto; quinta, que mensualmente turne entre ellos el encargo de intentar y proseguir el efectivo cumplimiento de los contratos; sexta, que el Fiscal de la Real Hacienda pueda pedir que se le exijan al instante quinientos pesos de multa, aplicada por cinco partes —la una al propio Fiscal y las dems a S.M.— al Diputado mensual que el da despus de cumplido el plazo no haya demandado judicialmente al deudor; sptima, que por estas comisiones y por la de quedar encargado de recoger todas las partidas pendientes y cumplir las rdenes que sobre su remisin les diere el comerciante negrero, reciban y dividan igualmente entre s el importe regular que deba pagar el extranjero para semejantes encargos; octava, que la eleccin de estos tres comisionistas se haga anualmente; novena, que S.M. les advierta que conceptuar como mrito el exacto desempeo de este encargo. De este modo S.M. nada puede arriesgar. Mucho ms aventuraba cuando se haca cargo de todos los negros que llevara la casa de Baker y Dawson; los pagaba y despus quedaba por su cuenta devolverlos, y quizs atrados con este cebo los extranjeros despus que hayan adquirido los conocimientos necesarios no ocurrirn a la tal Junta. Los primeros momentos de estas empresas son los que deben aprovecharse y en los que debe establecerse la confianza y buena fe. Madrid y marzo 2 de 1791.

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OFICIO ACOMP OFICIO ACOMP OFICIO ACOMP OFICIO ACOMP OFICIO ACOMP AANDO COPIA DE LA AANDO COPIA DE LA AANDO COPIA DE LA AANDO COPIA DE LA AANDO COPIA DE LA REPRESENT REPRESENT REPRESENT REPRESENT REPRESENT ACI"N SOBRE LA INTRODUCCI"N ACI"N SOBRE LA INTRODUCCI"N ACI"N SOBRE LA INTRODUCCI"N ACI"N SOBRE LA INTRODUCCI"N ACI"N SOBRE LA INTRODUCCI"N DE NEGROS, Y CORROBORNDOLA CON DE NEGROS, Y CORROBORNDOLA CON DE NEGROS, Y CORROBORNDOLA CON DE NEGROS, Y CORROBORNDOLA CON DE NEGROS, Y CORROBORNDOLA CON RAZONES MUY S"LIDAS RAZONES MUY S"LIDAS RAZONES MUY S"LIDAS RAZONES MUY S"LIDAS RAZONES MUY S"LIDASExcelentsimo Sr.: El plazo que se fij para el comercio libre e introduccin de esclavos en las islas de Barlovento y provincia de Caracas iba a expirar muy luego, a tiempo que se ocurri por los vecinos de Santa Fe pretendiendo igual favor. El Gobierno, que estim ser conveniente y justo concedrselo, determin de oficio dar otros dos aos de prrroga a Caracas y a las islas, y as lo mand publicar a principios de este ao en la gaceta de esta Corte. El vecindario de La Habana, que ignoraba todo esto, se ocupaba al propio tiempo en acordar los medios que pudiesen ser ms tiles para atraer a su suelo la abundancia y baratura de los miserables negros; pero quiso la desgracia que no todos conociesen por nico y mejor partido el del comercio libre, y que desconcertados algunos por los dbiles progresos que haba tenido hasta entonces, creyesen que las ventajas de una contrata exclusiva como la que haba propuesto D. Felipe Alwood a nombre de la casa inglesa de Baker y Dawson eran ms seguras y slidas que los que un buen raciocinio presentara a su idea y a sus esperanzas en favor de la libertad. Por tanto, pretendieron que Alwood fuese escuchado y que sus proposiciones o las de cualquier contratista que quisiese mejorarlas se admitiesen cuanto antes. Esta su representacin fue puesta en manos del Gobernador y Capitn General de la Isla para que la remitiese al Rey, con informe en la primera ocasin, quien recibi a pocos das otro papel firmado por el mayor nmero de hacendados que clamaban por la libertad e impugnaban la contrata. En vista de todo esto, no tard el Gobernador en formalizar el expediente y dirigirlo a S.M. con su informe reservado que se reduce a apoyar a los que piden la continuacin y prrroga de la libre introduccin. Llegado aqu el expediente, crey el Apoderado General de la ciudad de La Habana que era de su obligacin desentraar el asunto y discurrir sobre l con la imparcialidad y pureza que necesitaba el caso y que se requera para consolidar la felicidad de su patria. Lleno de tan buena inten-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /139 /139 /139 /139 /139 cin form la representacin de que acompaa copia; y si en ella no concluye con ms extensin y nervio contra los principales obstculos que por sus mismos principios ha dejado conocer, no es su culpa, sino de las circunstancias que no le han permitido otra cosa. De este modo ha conseguido que sus splicas sean esforzadas con el dictamen de la Mesa y Direccin y que los acogiese el Ministro con la mayor bondad; pero este favorable aspecto puede variar muy bien llegando a la Junta de Estado. Las recientes providencias tomadas contra los extranjeros existentes en Espaa han despertado todo el temor y desconfianza del que expone. Permtame V.E. que le abra mi corazn y que le deje ver la razn de mis sospechas. Las mximas del Ministerio de Estado y su vigilante sistema a nadie, Seor, se ocultan. Toda relacin, todo trato, y cualquiera conexin que pueda haber por ahora entre los vasallos de Espaa con los de las dems naciones le parece peligrosa, y no es dudable a mi vista que ha de encontrar mil riesgos en el que pretendemos tener con los negociantes negreros; pero si se detiene en conocer la ndole y carcter de estas gentes, lejos de ver en ellos apstoles de libertinaje hallar que sus cabezas no estn llenas de otra cosa que de lo que traen sus buques. Y desde las costas de frica, qu noticias ni qu ideas de inquietud pueden llevar? Estos corazones de piedra, estos hombres inhumanos que ultrajan la humanidad y que se envilecen al punto de hacer un miserable comercio de sus hermanos, de hombres, no son los que debemos temer. Su estupidez y codicia tienen encadenadas las facultades de sus almas e incapaces de elevarse sobre la bondad o defectos de un sistema de gobierno apenas salen del suyo, sino lo que les es preciso para vivir en su trfico. Supuestas estas verdades, sera posible que visemos desatendidas la felicidad de las Antillas, la felicidad de la nacin —que principalmente consiste en fomentar la agricultura colonial— slo por vanos temores? No lo espero. Es demasiado ilustrado y sabio nuestro Gobierno, y sobre todo est en l el inmortal autor de la libertad absoluta para la introduccin de esclavos. S, Seor Excmo., aunque pese a V.E. y ofenda su moderacin tan lisonjero ttulo, La Habana no puede omitirlo, ni puede dejar de expresar su gratitud de este modo. La aurora de su felicidad la ha debido a V.E., y a su tesn y entereza espera deber tambin la conservacin de su vida. Consiste sta en que le entren negros por todos los caminos posibles y en que se les concedan las pequeas ampliaciones que pide en su representacin el Apoderado General, y para conseguirlo implora e interesa eficazmente toda la proteccin y magnanimidad de Vuestra Excelencia. Nuestro Seor guarde la importante vida, etc. Madrid, 9 de agosto de 1791.

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REPRESENT REPRESENT REPRESENT REPRESENT REPRESENT ACI"N HECHA A SU MAJEST ACI"N HECHA A SU MAJEST ACI"N HECHA A SU MAJEST ACI"N HECHA A SU MAJEST ACI"N HECHA A SU MAJEST AD AD AD AD AD CON MOTIV CON MOTIV CON MOTIV CON MOTIV CON MOTIV O DE LA SUBLEV O DE LA SUBLEV O DE LA SUBLEV O DE LA SUBLEV O DE LA SUBLEV ACI"N ACI"N ACI"N ACI"N ACI"N DE ESCLA DE ESCLA DE ESCLA DE ESCLA DE ESCLA V V V V V OS EN LOS DOMINIOS FRANCESES OS EN LOS DOMINIOS FRANCESES OS EN LOS DOMINIOS FRANCESES OS EN LOS DOMINIOS FRANCESES OS EN LOS DOMINIOS FRANCESES DE LA ISLA DE SANTO DOMINGO DE LA ISLA DE SANTO DOMINGO DE LA ISLA DE SANTO DOMINGO DE LA ISLA DE SANTO DOMINGO DE LA ISLA DE SANTO DOMINGO1 1 1 1 1Seor: Don Francisco de Arango y Parreo, Apoderado General de la ciudad de La Habana, con el mayor respeto, expone a V.M. que credos sus causantes de que el correo extraordinario que lleg ayer a esta Corte ha salido de aquel puerto con el objeto de anunciar los lamentables efectos de la sublevacin que ha habido en la colonia del Guarico, y persuadidos tambin que el examen de este suceso, despus de excitar la compasin del Gobierno por la desgracia del vecino, ha de fijarse en descubrir la trascendencia y relaciones que pueda tener con nuestras islas, han conceptuado preciso encargar al exponente que est a la mira de todo y que oportunamente haga ver a V .M. la inquietud en que se hallan por su inmediacin al incendio, y por la posibilidad de su comunicacin. Penetrado el exponente de la gravedad del asunto y de la prontitud con que se pasar a examinarlo, ha extendido a toda prisa las reflexiones siguientes, que puestas a los R.P de Vuestra Majestad producirn los efectos ms justos y convenientes. Es ocioso detenerse en descubrir el origen y causas de esta catstrofe, un desorden ha trado otro. Los amos han enseado a sus siervos, y por su propia mano se han fabricado su ruina. Autores de la anarqua, no se deberan quejar de verla reinar en los negros; pero no es tiempo de invectivas. V.M. est instruido perfectamente en el detalle de esta tragedia que el exponente ignora, contentndose con saber que los esclavos han aspirado a la libertad civil por el ejemplo de sus amos. El exponente prescinde, como que no es de su resorte, de las consecuencias que podran sentirse en la parte espaola de la isla de Santo Domingo, que es el establecimiento nuestro ms inmediato; pero no puede olvidar que esta isla en la parte francesa est casi unida a la de Cuba por la punta de Mais, y que, aun cuando no pasen los sublevados y se propague la doctrina de sublevacin por la boca de estos infernales apstoles, podamos ser tan desgraciados que cundiese el mal ejemplo. Temen los habaneros este caso y viven con la mayor precaucin; pero para sosegar en algn

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /141 /141 /141 /141 /141 modo la inquietud de V.M. y su cuidado, hace presente el suplicante que hay tres diferencias considerables entre una y otra colonia. La primera es estar animados todos los libres de Cuba del mismo espritu de subordinacin y eterna y ciega obediencia a su Soberano. La segunda, haber una guarnicin ms respetable en la ciudad de La Habana que en la del Cabo Francs. Y la tercera, y principal, est en el modo de tratar a los esclavos. Los franceses los han mirado como bestias y los espaoles como hombres. El principio de aquellos amos y aun de su legislacin negrera ha sido siempre el excesivo rigor, infundir a sus esclavos todo el temor que se pueda, credos de que de este solo modo era capaz un blanco de gobernar cien negros en el centro de los bosques y en medio de unas tareas tan fuerte y tan continuas. De aqu el derecho de prisin, el de mutilacin, el de vida y muerte, y en fin todo lo que hay de ms brbaro en la legislacin de Lacedemonia y de Roma para tratar sus esclavos; y as no debe extraarse ver repetidas en las llanuras del Guarico las mismas guerras de esclavos que ocuparon y pusieron en tanto riesgo a los romanos, mientras que no suavizaron la suerte de aquellos infelices y les dieron todos los consuelos posibles o compatibles con la seguridad de los amos. stos fueron la vigilancia del magistrado para que fuesen bien tratados, la abolicin del derecho de mutilar y matar, la facultad de quejarse del amo cruel o que no los alimenta competentemente, la de mudar en tal caso a otro cualquiera, y el establecimiento de medios para llegar a ser libres. De todos estos recursos carece en la colonia francesa el negro, y ninguno de ellos le falta en las nuestras, tanto porque se lo dan las leyes como porque los amos cuidan de observarlos por su utilidad; de modo que los esclavos de La Habana se hallan hoy con todo los auxilios y bienes que pudieron conseguir los ms felices del mundo, y nuestras leyes civiles han balanceado perfectamente los dos extremos que son los abusos de los propietarios y el fomento de la insubordinacin e insolvencia del esclavo. No hay que temer por esta parte. V.M. tiene a la vista las dos representaciones que humildemente hicieron el Ayuntamiento y el cuerpo de Hacendados de La Habana y el informe de su Gobernador sobre los inconvenientes que poda traer en alguna de sus partes la ejecucin de la Real Cdula de 29 de mayo de 1789. Estas representaciones hechas en consecuencia del espritu de la misma Real Cdula declaran que sus reglas sern llevadas a efecto en el todo o en parte, segn la situacin de cada comarca; dicen cuanto poda decir en este particular el Apoderado General, que est muy seguro de que la penetracin de V.M., si piensa ahora en alguna innovacin, siempre ser con vista de estos antecedentes y con atencin a la delicada situacin en que se hallan hoy las cosas, que cuando ms permite una vigilancia secreta sobre la conducta de los amos, pero que

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OBRAS 142\ 142\ 142\ 142\ 142\ de ningn modo sea conocida a los negros para que no d bros a su natural insolencia. Hasta aqu los habaneros y sus fundados recelos. Entren ahora su inters y las fundadas ventajas que pueden sacar de la misma desgracia. Apartada de su celo y reinando en todo l la tranquilidad y sosiego que el exponente espera, sta es la preciosa ocasin de aumentar su agricultura. No extrae V.M. ni contemple extemporneas estas ideas. Nadie ms que el suplicante compadece a los franceses. Quisiera a costa de su sangre liberarlos del desastre; pero siendo esto imposible, y vindolos sumergidos en una calamidad que cuando no destruye toda la felicidad en aquella colonia la atrasar infinito, es preciso que la mire no slo con compasin, sino con ojos polticos, y que en fe de buen patriota y de buen vasallo anuncie al mejor de los reyes la ocasin y los medios de dar a nuestra agricultura de las islas ventaja y preponderancia sobre la de los franceses. Solamente en este caso pudiramos ir a su alcance. Un tomo al lado de un coloso era lo que figurbamos respecto de nuestros vecinos. Cmo podramos igualarnos ni llegar a dar nuestros frutos con la comodidad que ellos? Por ms que nos esforzsemos nunca llegaramos a su punto. Ahora s, que devastada la gran masa de ese coloso y destituido de movimiento por el desconcierto de sus miembros le podemos alcanzar; mas para esto, Seor, es menester andar mucho y aprovechar por entero el tiempo de la inaccin del vecino. V.M. comprender muy bien la intencin del exponente, y su Soberana bondad desear que le propongan los medios de conseguirla para examinar su justicia y ver si acaso son dignos de adoptarse. El suplicante promete hacerlo sin dilacin luego que salga la Real Cdula que est anunciada sobre el libre comercio e introduccin de esclavos. sta es la base de cualquier raciocinio sobre el particular; sin verla no se puede representar ni hacer a V.M. otra splica, sino que se digne perdonar la eficacia del que expone, como un efecto de su celo por el Real servicio y por el bien de su patria, y tomar en consideracin las reflexiones que ha apuntado, haciendo de ellas el uso que fuere de su Soberano agrado. Noviembre 20 de 1791.2Notas1Oficio con que la representacin se dirigi a cada uno de los Seores Ministros de Estado: “Excmo. Sr.: Examinando bien el asunto de que trata la adjunta representacin, he credo que su despacho no corresponde a V.E. en particular ni a otro alguno de los Secretarios de Estado, y s a la reunin de todos, hallndose en Junta Suprema. Procediendo en este concepto y con los ms vivos deseos de acertar he tomado el partido

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /143 /143 /143 /143 /143 de dirigir a cada uno su ejemplar, y de suplicar a V.E. respetuosa y encarecidamente que antes de examinar la sublevacin del Guarico se digne pasar los ojos por estas toscas producciones de mi celo y hacer de ellas el uso que mejor parezca. Nuestro Seor guarde a V.E., etc. Madrid.”2Oficio del Secretario de la Junta de Estado en virtud de la representacin que antecede: “En la Suprema Junta de Estado se ha visto la representacin que V. ha dirigido al Rey por mano de los seores Ministros que la componen, con motivo de la insurreccin de negros de la parte francesa de la isla de Santo Domingo. ”Ofrece V. en ella proponer medios de adelantar la agricultura y cosechas de la Isla de Cuba; y la Junta ha acordado que V. exponga todo lo que en este asunto le sugiera su conocimiento de las circunstancias y proporciones del pas, y lo enve por mi mano; a cuyo fin le remito un ejemplar de la nueva Cdula sobre el comercio de negros. Dios guarde a V. muchos aos. San Lorenzo, 22 de noviembre de 1791. Eugenio de Llaguno Seor Don Francisco de Arango .” Respuesta al oficio antecedente: “Hoy ha llegado a mis manos la carta que V.S. me escribi con fecha del 22, y a pesar de las ocupaciones que me proporciona el despacho del correo de Amrica quiero contestar a V.S. y expresarle mi gratitud por la plausible noticia que me comunica en ella. ”Acepto con el mayor gusto el honor que me dispensa la Suprema Junta de Estado, y en virtud de su licencia expondr por mano de V.S. con la brevedad posible, y el respeto establecido, todo lo que me ocurra sobre la Cdula del libre comercio de negros y sobre los dems medios de adelantar la agricultura y cosechas de mi patria. ”Todava no he examinado con la reflexin necesaria la Real Cdula citada, pero ya puedo decir, sin temor de equivocarme, que est dado el primer y ms interesante paso de nuestra felicidad, y que por tanto debo tributar las ms rendidas gracias a los autores de ella, y pues V.S. es el rgano de este dignsimo Cuerpo que preside la nacin, deba yo a V.S. el favor de desempear por m tan justo y sagrado deber.”

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DISCURSO SOBRE LA AGRICUL DISCURSO SOBRE LA AGRICUL DISCURSO SOBRE LA AGRICUL DISCURSO SOBRE LA AGRICUL DISCURSO SOBRE LA AGRICUL TURA TURA TURA TURA TURA DE LA HABANA Y MEDIOS DE FOMENT DE LA HABANA Y MEDIOS DE FOMENT DE LA HABANA Y MEDIOS DE FOMENT DE LA HABANA Y MEDIOS DE FOMENT DE LA HABANA Y MEDIOS DE FOMENT ARLA ARLA ARLA ARLA ARLA1 1 1 1 1Nada es tan falible y equvoco como las esperanzas humanas. Cules mejor fundadas que las que lisonjearon a Espaa cuando descubri el Nuevo Mundo? Quin no temi su poder? Quin no envidi su fortuna? Y quin no confiesa ya que este precioso aumento ha tenido mucho influjo en la debilidad y decadencia de esta gran Monarqua? Todos los espaoles lloran con amargura lo que celebraron sus mayores con tanta alegra y entusiasmo; pero la diferencia est en que unos maldicen a Amrica, y otros los desgraciados principios con que se empez a gobernar; aqullos hablan a ciegas, y sin buscar el remedio gastan todo su tiempo en llorar y declamar. stos, por el contrario, tratan de buscar las races de los males que sentimos; suben a la dichosa poca de nuestros Reyes Catlicos, y corriendo desde all la dinasta austriaca nos van descubriendo en ella los males y sus remedios. Sigamos los ilustres pasos de los verdaderos patriotas y llenemos los deseos de nuestro sabio Gobierno.Verdadero origen de los males que nos ha trado el descubrimiento de AmricaPor los desvelos de aqullos logramos hoy la ventaja de que pasen por verdades, y aun por verdades eternas, los cosas que en el siglo anterior apenas se haban elevado a la clase de problemas. Ya nadie niega ni duda que la verdadera riqueza consiste en la agricultura, en el comercio y las artes, y que si Amrica ha sido una de las causas de nuestra decadencia fue por el desprecio que hicimos del cultivo de sus feraces terrenos, por la preferencia y proteccin que acordamos a la minera, y por el miserable mtodo con que hacamos nuestro comercio.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /145 /145 /145 /145 /145Remedios que se han aplicado desde que reina la casa de Borbn en EspaaGracias a la casa de Anjou que ha sabido despreciarlo, y que en prueba de su desprecio nos ha quitado de encima los galeones y las flotas; que estableci los correos martimos; que abri la comunicacin entre los reinos de Amrica; que subdividi los gobiernos de aquellas vastas regiones; que facilit la entrada en todas los provincias de Espaa a las embarcaciones que vienen de nuestras posesiones ultramarinas; y que, por ltimo, trata de animar por todos medios la industria de la nacin, adoptando con prudencia los slidos y justos principios.Obstculos que encontraron los buenos deseos e ideas del seor Felipe VSegn ellos, consiste nuestro inters, siguiendo el sistema actual de Europa, en sacar de aquellos dominios la mayor porcin de frutos posibles para tener una balanza ventajosa de comercio, es decir, para vender a las dems naciones ms gneros que los que recibimos de ellas. Ocupado de esta idea, el Sr. Felipe V hubiera tal vez llevado al mayor punto de aumento la agricultura de Amrica si el melanclico estado en que se encontr la Metrpoli no hubiese necesitado del todo de su atencin, y si por otra parte no hubiese desconcertado sus luminosas mximas la crassima ignorancia del comercio nacional. Sin embargo, alguna vez alz sus benignos ojos sobre aquella vasta porcin de su imperio, e hizo en diversos lugares ensayos muy oportunos. Cuba,2 esa preciosa alhaja que por s sola bastaba para vivificar la nacin para hacerla poderosa, debi a sus paternales desvelos la consideracin y memoria que no se le haba prestado en los anteriores dos siglos; olvidada y despreciada como las dems colonias en que no se satisfaca de repente auri sacra fames slo serva para gastar el situado que le iba de la ciudad de Mxico. De sus primordiales poblaciones, la nica que se conservaba con un cierto aire de importancia era la de La Habana, que por su feliz situacin fue desde muy temprano el principal punto de la defensa de la Isla, y logr que los galeones y flotas entrasen en su anchuroso puerto cuando regresaban a Espaa y dejasen una parte de sus inmensas riquezas.

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OBRAS 146\ 146\ 146\ 146\ 146\ Sus providencias en favor de la Isla de CubaA impulsos de estos auxilios caminaba lentamente su poblacin e industria, pero condenados a vivir sin saber de la Metrpoli, sin ropa para vestirse, sin vino para celebrar el Santo Sacrificio de la Misa, y sin embarcacin alguna que en cambio de estos objetos les extrajese el sobrante de sus frutos. Tuvieron por gran bien que el Sr. Felipe V consintiese en la ereccin de una Compaa exclusiva que mantuviese el comercio. Con poca diferencia de tiempo, mand formalizar all un arsenal para la construccin de navos; vino consecutivamente la guerra de 1729, y march a aquel puerto una escuadra considerable al mando de los generales Reggio y Spnola; se aument la guarnicin y se trat de enviar situado para la compra de tabacos. Continuaron las visitas de las flotas y galeones, y con todos estos medios, con todos estos canales de riqueza abierto por aquel Soberano para su felicidad, La Habana haba adelantado muy poco en 170. Vctima del monopolio de la Compaa exclusiva, que encadenaba su industria y le daba dura ley en la compra y en la venta de las cosas comerciables. Los males llegaron al colmo, y por ltimo apuraron la paciencia del vecindario. Todos clamaron a la vez contra un Cuerpo semejante, y reunieron sus voces para elevarlas al Trono. Verdadera poca de la resurreccin de La HabanaMas, en el mismo momento de esta fermentacin, se encendi la infeliz guerra de 1760; guerra para siempre sensible a todo buen habanero, pues le puso en contingencia de salir del suave yugo de la Monarqua espaola, pero que puede sealarse como la verdadera poca de la resurreccin de La Habana. El trgico suceso de su rendicin al ingls le dio la vida de dos modos: el primero fue con las considerables riquezas, con la gran porcin de negros, utensilios y telas que derram en solo un ao el comercio de Gran Bretaa; y el segundo, demostrando a nuestra Corte la importancia de aquel punto, y llamando sobre l toda su atencin y cuidado. Apenas se recobr de las manos enemigas, cuando se comenzaron a trazar los medios de su perpetua conservacin en el dominio de Espaa. Esta obra no consista solamente en el establecimiento de soberbias fortificaciones, ni tampoco en la existencia de soldados y navos. Era menester poblacin y riquezas permanentes que sufriesen estos gastos, y ayudasen a la Corona en sus dems urgencias.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /147 /147 /147 /147 /147Toda la felicidad que hoy tiene la debe a las sabias y benficas providencias del Sr. D. Carlos IIIEl magnnimo, el generoso Carlos, conoci con claridad que para efectuar su plan no bastaba que se abriesen nuevos canales a la entrada del numerario. La larga experiencia de sesenta aos haba hecho ver la insuficiencia de este medio; que el dinero que se da a un pueblo que tiene encadenada su industria, o se estanca o no es ms que un metal ( inutile pondus ), o se escapa de sus manos con la mayor presteza; que con sus negros y su libre comercio haban hecho ms en un ao los ingleses3 que nosotros en los sesenta anteriores; y que en fuerza de estas lecciones, todo nuestro asunto se reduca a hacer que los inmensos caudales que iban a entrar en La Habana para la construccin de los cuatro castillos, etc. se empleasen en el cultivo de tierras. Se necesitaba para esto facilitar la entrada de brazos y utensilios, y animar la ambiciosa industria del colono, dando ventajosas salidas a sus frutos. La existencia de estas verdades era incompatible con la de la Compaa exclusiva. Se le dio el golpe mortal; se la desnud de su privilegio opresor, se abri un comercio libre y franco entre La Habana y Espaa con derechos moderados, se estableci un correo mensual para su comunicacin con la Metrpoli, y se hizo una contrata con ciertas casas para que llevasen negros. Otras causas de los progresos de la agricultura habaneraA tan sabias providencias se unieron otros agentes ocultos, otras mil casualidades conspiradas en favor de la agricultura de La Habana. Se sabe cul fue la influencia de registros luego que se abri el comercio, y cunto se equivocaron los que sostenan la Compaa con la miserable razn de que para el consumo de La Habana bastaban dos embarcaciones cada ao. Tantos consumos nuevos fueron poderosos estmulos para la aplicacin y el trabajo, y el comerciante adems tena que recibir en pago la plata macuquina que no se poda extraer no slo por estar prohibido, sino porque la gran diferencia que haba entre su valor intrnseco y corriente detena cualquier especulacin; pues, para reducirla a fuerte haba que pagar un gran premio, y despus tena que exhibir el nueve por ciento de derechos Reales, con que de ninguna manera le convena preferir la moneda al fruto. Se vea en precisin de traerlo y de alentar, sin querer, la industria de la colonia.

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OBRAS 148\ 148\ 148\ 148\ 148\ El comercio de Veracruz tena entonces libertad de derechos para pasar a La Habana el dinero que quisiere, y haca gruesas remisiones para que se empleasen en frutos, sabiendo que estaban en aprecio en la Pennsula y que se iban a ahorrar cuando menos los crecidos derechos que se le haban de exigir si traa dinero. En auxilio de estas ventajas concurri tambin la casualidad de no haber otra colonia espaola que trajese a la Metrpoli los mismos frutos, y por ltimo, el cuidado del Gobierno en recargar de derechos los de igual clase que pudiera conducir el extranjero, con lo cual se evit una concurrencia que hubiera arruinado en su infancia la agricultura de La Habana. El justo y piadoso autor de tan sabia precaucin y de las dems providencias que acaban de referirse vio recompensados sus desvelos con los ms felices efectos, sintindolos por momentos si se puede hablar as. La Habana en 1763 estaba casi en mantillas, y en 1779 ya era una gran plaza de comercio, ya haca cuantiosas remisiones de cera a Nueva Espaa, ya provea a la Pennsula de todo el azcar que necesitaba y que tomaba del extranjero, le daba muchos cueros al pelo, alguna porcin de caf y el tabaco necesario para la Real Factora.4Las cosechas iban llegando a un punto que era menester pensar en proteger sus salidas al extranjeroPero este maravilloso incremento nos acercaba al punto de tener un sobrante5 que se deba despachar en las ferias extranjeras y ya nos pona en precisin de fomentar nuestra industria por principios ms extensos, y de mayor relacin. No s si por ellos fue que se hizo el sabio arancel de 1778 en que se exime de todo derecho a su introduccin en la Pennsula los principales objetos de extraccin de La Habana; lo cierto es que no hubo lugar de entrar en las grandes consideraciones que trae consigo la concurrencia de nuestros frutos con los de otras naciones en el mercado extranjero, ni de ver si eran suficientes los alivios que proporcionaba el referido arancel. La guerra de 1779 cort el hilo de estos clculos, y en lugar de llevar a La Habana la desolacin y miseria le trajo grandsimos bienes y por ella solamente pudieran haberse sofocado los males que haba causado la recoleccin de la moneda macuquina.6Es cierto que mientras dur no hubo extraccin segura y continua de azcares; que se escasearon los utensilios, que se encarecieron los negros otro tanto de lo que valan en la paz, y que por la misma causa no prosper el ramo ni los dems de extraccin; pero con la llegada del ejrcito de operaciones y escuadras que all se reunieron, tomaron un vuelo increble los otros ramos de agricultura. Treinta y cinco millones de pesos que entraron para la subsistencia del ejrcito, despus de llenar el vaco de la

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /149 /149 /149 /149 /149 macuquina, envilecieron el numerario, dieron un precio exorbitante a todas las cosas vendibles y proporcionaron recursos a los mismos azucareros para recompensar con ventajas el estanco de sus cosechas. ¡Ojal que a tantos bienes se hubiese unido la ventaja de saber aprovecharlos! Pero cuando volvi la paz, cuando zarp la escuadra, cuando se ausent el ejrcito, cuando nos vimos solos y ajustamos nuestras cuentas, fue cuando conocimos que apenas quedaban en nuestro poder el diezmo de las riquezas que all se haban derramado. Las dems se escaparon al extranjero en cambio de bagatelas, y lo peor es que aun de este corto resto la mayor porte se haba empleado en el fomento de haciendas que no daban los costos cuando falt la abundancia de consumidores. La decadencia con explicacin de los motivosEn este estado tomaron su antiguo curso las cosas y los agricultores de los ramos de extraccin encontraron sus haciendas sin adelanto alguno, desprovistas de negros y escasas de todo utensilio. Tenan algn numerario de la inundacin pasada, y se deshacan por emplearlo en mejora de sus ingenios creyendo que estas haciendas seguiran prsperamente. ¡Incautos, que no advertan la notable diferencia de los tiempos; que las principales causas de su felicidad pasada faltaban y que un nuevo orden de cosas les anunciaba su ruina! En efecto, la Isla de Cuba, en los seis aos que corrieron desde 1779 hasta 1785 perdi todos los protectores secretos de su felicidad, lejos de deber ir adelante hubiera encontrado su ruina en el aumento de sus cosechas. La plata macuquina faltaba y con ella el nico freno de la codicia mercantil, y el mejor fomento de la agricultura habanera; corra la fuerte y, adems de esto, se haban minorado sus derechos al introducirse en Espaa.7 Se haban cerrado los puertas a la libre entrada del dinero que antes remita el comercio de Veracruz;8 se haba recargado el azcar con el crecido derecho de una peseta en cada arroba,9 y el consume de la Metrpoli estaba ya completo.10 Para qu, pues, se pretendan medios de fabricar ingenios? Pues qu, era menester mucho clculo para ver que, completo el consumo de la Metrpoli y no pudiendo sostener la concurrencia en el extranjero, iban a decaer los frutos? Ello es que a pesar de todo, los habaneros continuaron sus clamores por que se les enviasen negros. La Corte por aquel tiempo no conceptu conveniente concederle los favores que les franque despus por la benfica Real Cdula de 28 de febrero de 1789, y los dej vivir en todo el espacio intermedio con los debilsimos auxilios que proporcionaron algunas licencias particulares y la contrata de Baker y Dawson. No crecieron, pues, los cosechas y no se sinti por eso todo el peso de los males que amagaban.

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OBRAS 150\ 150\ 150\ 150\ 150\Revolucin de Francia favorable a los frutos de La HabanaCuando empezaban a incomodar fue cuando la Providencia11 descarg sobre Francia el azote que hoy la aflige. La confusin y desorden que reinaba en sus colonias disminuy sus producciones, y dando valor a las nuestras hizo que no nos fuese nociva la abundancia de negros que nos trajo la citada Real Cdula de 1789. Hoy, en ms feliz situacin, por el funesto incremento que han tenido las desgracias del vecino, vendemos nuestros azcares a un precio ventajossimo; pero maana, qu habr? He aqu el verdadero cuidado que debe tener la Isla de Cuba. Ocasin favorable para aumentar sus cosechasEl labrador aplicado bendice al Omnipotente que le prodiga las lluvias y los dems favores que hacen estimar sus cosechas; pero por esto no olvida los males radicales y ciertos que padeca su heredad en el ao antecedente. Aplica para su remedio los bienes que est disfrutando, y reflexiona y calcula, en medio de la abundancia, para el tiempo regular. Imite este ejemplo La Habana; acurdese de que decayeron sus cosechas desde 1779 por diferentes causas. Y ahora que las va a acrecentar por los favores que le hace su piadoso Soberano en la Real Cdula de 24 de noviembre ltimo, y por el abatimiento temporal de los franceses, y de hacer presente a su buen Rey todo lo que es necesario para lograr en el extranjero la permanente salida de sus frutos.No lo pueden conseguir si no se le facilita en el extranjero una salida ventajosaEs dueo cualquier Monarca de imponer la ley que mejor le parezca en las mercaderas que vienen de fuera para el consumo de su Reino. No se excluyen de esta regla los frutos de sus mismas colonias siempre que en la Metrpoli puedan consumirse todos. Si le es posible evitar el contrabando puede recargar los derechos sin perjudicar sus intereses teniendo, por supuesto, el cuidado de aumentar los aranceles en los frutos de igual clase que vengan del extranjero. El consumidor paga ms caro el fruto; pero el agricultor de Amrica tiene salida de l. Mas esto no tiene lugar cuando de lo que se trata es de formar un sobrante que llevar al extranjero o cuando en realidad ya lo hay. En ese mercado concurre con igual privilegio el caf de Espaa, v. gr ., que el de Francia, y aqul se vender primero que se d a precio ms cmodo. Si el nuestro nos es ms costoso, en vano lo llevan;

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /151 /151 /151 /151 /151 porque o no le vendern o le vendern con prdida. De todo lo cual se infiere que si el Gobierno quiere fomentar la industria de sus colonias y tener una balanza ventajosa, debe seguir en sus producciones la marcha poltica de los dems naciones; cotejar el costo que les tiene a ellos la agricultura de coda ramo con el que tiene a sus vasallos; ver lo que cuestan los transportes y fletes, hasta llevarlos al mercado de consumo, y si la comparacin nos fuese desventajosa, lejos de imponer derechos, lejos de coartar los salidas y de pensar en trabas, es menester dar premios, conceder franquicias, en una palabra, ocuparse en igualar nuestra economa e industria a la de nuestros rivales. Nadie negar estas verdades. Nuestro Gobierno las publica como dogmas en el prlogo de la traduccin de los aranceles de Francia de 1786. Esto supuesto, veamos si se han observado para fomentar la exportacin de los frutos de la Isla de Cuba. Contraigmonos por ahora al ramo de azcar que es el ms floreciente, o por mejor decir el nico que se puede llamar de extraccin.Inconveniente que hay para eso ejemplificado en el ramo del azcarDel azcar que da Amrica se provee hoy Europa entera y la cultivan all los franceses, los ingleses, los portugueses y nosotros.l2El orden natural peda que los poseedores de los terrenos ms frtiles fuesen los legisladores en este ramo; pero sucede lo contrario exactamente. Los franceses fueron los peor situados y son los ms adelantados. Los ingleses les siguen en la misma proporcin. Entra despus Portugal y ltimamente nosotros.13 Y por qu este trastorno? Porque les cuestan menos los utensilios y negros; porque gastan menos en mantenerlos y les trabajan ms; por la mayor perfeccin de sus conocimientos en agricultura; porque tienen mejor orden y economa en sus fbricas, porque sus salidas son ms libres y ms protegidas; porque sus aranceles en lugar de detener alientan su aplicacin; y, por ltimo, porque no estn afligidos como nosotros del enorme peso de la usura.PRIMER INCONVENIENTEPorque les cuestan menos los utensilios y negros El diferente estado de felicidad y vigor en que los franceses e ingleses tienen el comercio y las artes, hacen que sus colonos logren a mejor el precio que nosotros todos los gneros y herramientas que puedan necesitar. sta es una ventaja notoria que nadie osar negar. Lo mismo digo de los negros; ahora es cuando hemos puesto los medios de que en nuestras Amricas se compren con

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OBRAS 152\ 152\ 152\ 152\ 152\ alguna comodidad, y aun todava, cunto nos falta que andar para que los alcancemos? Los portugueses como ms vecinos a la Costa de Oro, y como el mismo Brasil les da frutos los ms a propsito para este comercio, introducen anualmente en Pernambuco, Ro Janeiro y Baha cerca de veinte mil de todas clases. El agricultor toma porte si quiere en estas expediciones; y si no, encuentra los negros que necesita al precio cmodo de ciento treinta a ciento cuarenta pesos cuando ms. Los ingleses son los seores de este comercio y proporcionan los mismos bienes a sus colonias. Los franceses son los ms atrasados en l, sin embargo de que tienen factoras en frica y lo hacen directamente. Mas para que su agricultura no se resintiese de esta diferencia seal el exorbitante premio de veinticuatro pesos por cada negro que se introdujese, y esto en qu tiempo...? cuando ya tenan cerca de cuatrocientos mil dentro de Santo Domingo.14Nosotros, aun ahora, que no vamos a Guinea, apenas llegaremos a cincuenta mil negros15 en toda la Isla de Cuba. No prometemos premios, al contrario, cerramos a una nacin el puerto y sujetamos a las dems a la dura ley de no dejar apoderado de su confianza, y a salir dentro de ocho das despus de verificada la venta. Cmo, pues, hemos de tener con la misma comodidad y abundancia los negros que necesitamos? Nos llegarn los rezagos y siempre seremos los ltimos.SEGUNDO INCONVENIENTEPorque gastan menos en mantenerlos y trabajan ms. Los ingleses, franceses y portugueses en la mayor porte tienen un mismo modo de alimentar sus esclavos. No les dan ni dinero ni alimento —aunque esto ltimo se lo prevengan sus leyes—, sino un pedacito de terreno para que lo cultiven, y el tiempo que coda nacin ha juzgado conveniente. Nosotros damos el mismo terreno y el mismo tiempo para el cultivo al que se quiere aplicar; pero sin perjuicio de la racin diaria de carne y menestra. Los ingleses y los franceses tienen menos das festivos y por consecuencia sacan mayores tareas de sus esclavos.16TERCER INCONVENIENTEPor la mayor perfeccin de sus conocimientos en la agricultura Esta proposicin no necesita de ser ilustrada para merecer asenso. No es menester pasearse por los campos de La Habana para saber que en ellos son forasteros absolutamente desconocidos, hasta por sus nombres, los tiles conocimientos de Fsica Natural, de Qumica y de Botnica; pero, aun prescindiendo de estos auxilios, no hay ms que pararse en un punto para conocer el diferente estado de una y otra agricultura. En La Habana

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /153 /153 /153 /153 /153 dura un ingenio sesenta aos; cuando ms, el tiempo de la juventud y lozana de los tierras; pasado ste se abandona, se dice que ya las tierras no sirven para aquel fin, y se trasplanta a otra parte el tren con indecibles gastos. En el Guarico y Jamaica no tienen trmino. Se hacen para que duren a la voluntad de Dios; y esto que, en cuanto a terreno, los suyos se componen respectivamente de la mitad que los nuestros.17 Ellos plantan de diferente manera las caas; cogen en el propio terreno cosechas de varias menestras, y otras muchas diferencias que no se expresan aqu por evitar fastidio.CUARTO INCONVENIENTEPorque tienen mayor orden y economa en sus fbricas Este punto se resuelve por los mismos principios que el anterior; pero merece que se diga algo sobre l. Para la fbrica de azcar hay cuatro oficinas. En una est el molino de la caa, llamado trapiche; la otra sirve para colocar unas grandes ollas de cobre o de hierro donde se cuece el caldo hasta darle el temple necesario; la tercera es el depsito de las hormas o el lugar donde se purga o blanquea el azcar, y la cuarta sirve para secar el azcar o extraer el agua que ha recibido en la oficina anterior, porque su purificacin se hace a beneficio de una porcin de barro hmedo puesto sobre la superficie de azcar. Es menester mucha reflexin para ver que en esta diversidad de operaciones industriales nos llevar el extranjero una ventaja incalculable? Podra hacerlas todas demostrables si no me extendiera demasiado; pero hablar slo de tres que son las ms esenciales. Todos saben que la economa del trabajo de los hombres consiste en suplirlo por mquinas o bestias, y que el tiempo y la experiencia sirven para perfeccionar las mquinas, pues en los ingenios de La Habana no se usan otras que las que llevaron de Andaluca los primeros fundadores. La caa se muele con trapiches de madera y al lento impulso de cuatro palancas, igualmente de madera oblicuamente colocadas y tiradas por bueyes. No hay un molino de viento o de agua, ni una idea de lo que es esto, cuando en las colonias extranjeras adems de ser stos muy comunes, las habitaciones que por su situacin no pueden tenerlo usan trapiches de hierro bien construidos; colocan las palancas o manjarrias casi horizontalmente y consiguen moler mayor cantidad de caa en el mismo espacio de tiempo. Segunda. Para cocer el caldo de la caa usan de reverberos que les ahorran el inmenso gasto de lea, bastndoles el bagazo seco de la caa; cuando en La Habana todava es un problema si convienen ms estos reverberos que gastar la novena parte del valor de las cosechas en cortar y arrancar un monte entero de rboles para cada zafra.

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OBRAS 154\ 154\ 154\ 154\ 154\ Tercera. Para secar el azcar tenemos nosotros una gran casa donde la exponemos a los rayos del sol, con el riesgo de que venga un chubasco de los que son all muy frecuentes, y lo que es ms, con la seguridad de que ocupando un doble espacio de tiempo no alcanzamos a darle el grado de dureza y sequedad que con mucho menos trabajo le da el extranjero, haciendo esta operacin con el fuego por virtud de unas estufas propias para este fin. As sucede de lo dems. En cada paso se debe reconocer la superioridad de los conocimientos cientficos de estas dos naciones.QUINTO INCONVENIENTEPorque sus salidas son ms libres y ms protegidas Ninguna nacin europea con dominios en las Indias dej de adoptar la mxima de tenerlos en la Metrpoli. Los ingleses fueron los nicos que quisieron singularizarse cuando conquistaron Jamaica, hasta que la famosa acta de navegacin de 1651 despoj aquellos colonos de la facultad de comerciar con las dems naciones, y los oblig a llevar directamente sus frutos a Gran Bretaa; pero tambin es verdad que todas estas colonias tienen su compensacin. Jamaica, v. gr ., que goz por mucho tiempo del privilegio de entera libertad aun despus de haberla perdido, conserv el derecho de vender una parte de sus frutos en las que se llaman hoy Provincias Unidas de Amrica; y viendo el Parlamento britnico que el acta de navegacin haba atrasado infinito la felicidad de la colonia, le permiti otra vez en 1739 que llevase en derechura sus azcares a ciertos mercados extranjeros. Conociendo que no bastaba esto, estableci el drawback para liberarlos18 de todo derecho en caso de que se extrajese del Reino, y ltimamente nos dice nuestra Gaceta en el captulo de Londres, de 29 de marzo de 1791, que se han sealado premios a los extractores de refino. Los franceses permiten a sus colonos que traigan en derechura su refino a Espaa, que lleven adonde puedan su tafia o aguardiente de caa; y por lo que respecta a los dems fruto, son obligados a conducirlos a Francia, mas para qu? Para depositarlos, si quieren, en los cuatro puertos de Dunkerque, Marsella, Nantes y San Malo, desde donde pueden sacarlos sin pagar derecho alguno al paraje que mejor les parezca.19Los portugueses emplean mucho tabaco, aguardiente y azcar en el comercio de negros, tanto en comprar los que necesitan como en vender a las dems naciones para el mismo fin. El resto de sus producciones es verdad que traen precisamente a Portugal; pero si no las embarcaciones ahorran en primer lugar treinta y siete reales de velln en cada caja por el derecho que se llama de valdeacin, y si la sacan al extranjero, se les devuelve la mitad de los derechos Reales. 20Y nosotros, qu salidas tenemos para nuestro azcar? Las de la Pennsula y nada ms. Lo traemos a los puertos habilitados y se nos exigen

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /155 /155 /155 /155 /155 iguales derechos del que se consume en el Reino que el que va al extranjero. No se diga que ahora con el comercio libre de negros tendremos algn desage; convengo en que as suceder mientras dure la escasez; pero pasada sta, todo ello ser una miseria. Los americanos llevarn alguno; pero los ingleses no pueden llevarlo a su pas porque les est prohibido, ni introducirlo, ni pueden quererlo tenindolo ms barato en Jamaica. Estas naciones logran en el ramo de azcar otra ventaja considerabilsima. El azcar en la operacin de la purga suelta una miel espesa, que era la que lo ennegreca. De ella hacen los franceses el caldo que llaman tafia, los ingleses el ron, los portugueses y nosotros el aguardiente de caa. Todos saben los considerables productos que rinde a aqullos su ron, o sea, su aguardiente, y no necesita demostrarse que ste ceda en gran ventaja del azcar; pues debe considerarse que se aligerarn mucho sus costos con la buena venta de la miel. Lo que resta averiguar es si en este ramo hemos gozado nosotros de igual ventaja. Hasta que comenz la libre introduccin de negros puede decirse con verdad que no haba dnde llevarlo. En el reino de Nueva Espaa est prohibida su introduccin. En el de Mrida lo tiene estancado el Rey. En Nueva Orleans tenamos que sufrir una concurrencia ruinosa con la tafia de los franceses. Y a Europa no le podemos traer, porque a causa de estos inconvenientes y de los fuertes derechos que se le exigen no se han perfeccionado las fbricas y no es posible que guste.SEXTO INCONVENIENTEPorque sus aranceles en lugar de detener alientan su aplicacin ste es asunto de hecho, y as con echar una ojeada sobre el papel que va marcado con el nmero 2 se conocer la gran diferencia que hay entre nosotros y ellos.SPTIMO Y LTIMO INCONVENIENTEY ltimamente, porque no estn afligidos como nosotros del enorme peso de la usura Ventaja considerabilsima que en realidad existe, sin embargo de que parecer quimrica a todo el que considere que la usura es hija de la escasez del dinero, y que en ninguna parte de Amrica deba sentirse menos sta que en La Habana. Se extraar con razn verla reinar en un pueblo en donde han entrado tantos y tan inmensos tesoros, cuando en el Cabo Francs y particularmente en Jamaica —que casi no tienen otro signo que los que fraudulentamente nos sacan— viven los agricultores libres de esta opresin. La razn de diferencia es muy obvia. La mayor porte de las haciendas del Guarico y de Jamaica o pertenecen a comerciantes o tienen a sus propietarios residiendo en la Metrpoli. Una u otra situacin los exime de la doble tirana del comerciante, pues ni

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OBRAS 156\ 156\ 156\ 156\ 156\ se hallan en precisin de pedirles dinero a inters para hacer los fuertes suplementos que es preciso anticipar para cada cosecha, ni tienen que pagarles caros los renglones que les son necesarios. Negros, mquinas, herramientas y aun los lienzos para vestir sus esclavos le vienen de la Metrpoli, o por remisin del propietario, o por el cuidado del comerciante compaero; y as les importa muy poco o nada que ande escaso el numerario. El habanero, al contrario, ni tiene propietario en la Metrpoli ni compaa con el negociante, y adems de esto los ms de ellos emprenden el establecimiento de sus haciendas con poco capital. Se empean para concluirlas y no les queda otro recurso que el de ser tiranizados por los que tienen dinero y almacenes de los utensilios precisos; de aqu resultan las negociaciones ruinosas y frecuentsimas en La Habana de ajustar la venta de azcar con dos reales (cinco de velln) de prdida en cada arroba, porque se adelante su importe cuatro o seis meses; de vender con pacto de retro las fincas urbanas con condiciones torpsimas, otra clase de usura paliada, pero abominable, que se ha introducido nuevamente; y lo que es peor, de recibir remesas de gneros para quemarlos esto es, para salir de ellos perdiendo la mitad del valor que traan en la factura. stos son hechos innegables que atestar cualquiera que haya estado en La Habana, sin otra variacin que la de exceptuar ocho o diez amos de ingenios, muy ricos, que a fuerza de economas han llegado a tener un sobrante con que hacer por s mismos los suplementos. Conque si es una verdad el crecido inters del dinero, es nuevo impuesto para el agricultor. Si sigue por consecuencia, es menester tomar medios de quitarnos ese peso. Reflexiones sobre estos inconvenientesAhora bien; si en nada sobrepujamos la industria de nuestros rivales; si en cada punto del cuadro comparativo que acabo de delinear estamos en igual distancia que la que hay de diez a uno, cmo podremos dar salida a nuestro sobrante luego que se llene el vaco que hoy tenemos por la desgracia del Guarico? De qu manera podremos sostener la concurrencia en el mercado extranjero?Demostracin de que son mayores los que hay para el cultivo de algodn, caf y ailNo se diga que estos males son peculiares al azcar y que en los dems frutos la ventaja es por nosotros; pues sucede todo lo contrario, y de ello dan irrefragables testimonies los registros de las aduanas del Reino y de

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /157 /157 /157 /157 /157 la Isla de Cuba. ¡Quin lo creera! Esta Isla que tiene excelentes terrenos para el cultivo del caf y ail, que da el mejor algodn del mundo —al decir de los ingleses—, tanto por su finura y tamao como por ser de varios colores, no ha formado todava un objeto de extraccin de estos ramos, mientras que los franceses sacan de un pao de tierra inferior un milln de quintales de caf, otro de libras de ail y doce de algodn.21 Para qu se busca ms prueba? Puede haberla ms convincente de que en estos renglones debe ser mucho menor la utilidad que nos resulta en su cultivo? La misma demostracin sobre el tabacoY qu diremos del tabaco habano? El mejor que hay en el orbe, el que se estima ms, y el que slo por nuestro descuido ha podido perder la preferencia en el gusto de toda Europa. Yo no entro en la intrincada cuestin de si convendra ms al Real Erario la libertad de su comercio que el estanco en que lo tienen; sin embargo de que veo que las naciones que ms han hecho es estancarlo en la Metrpoli y nunca en la misma colonia; pero no debo omitir las quejas que con ternura he odo infinitas veces a sus miserables cultivadores. Todos los que lo son de pequeos territorios estn condenados a vivir entre afanes y trabajos; pero si el cielo les da una cosecha abundante y llegan a recogerla dentro de sus almacenes, gustan y disfrutan al menos del dulce consuelo de tener asegurada la subsistencia de aquel ao. No as el tabaquero de La Habana; a pesar de que no hay planta que cause ms sobresalto, ni tenga mayores riesgos en su cultivo y abono; a pesar de que una noche baste para destruir el ms hermoso sembrado, no son stos los peligros que ms afliccin le causan. Los que en la Factora le esperan son todava mayores. All debe llevar la cosecha y esperar su estimacin del juicio que quiera formar el oficial llamado reconocedor. De la probidad o integridad de un mortal depende la suerte de tantos infelices; porque los dems recursos que les quedan22 sirven para empeorar el lance; y lo ms doloroso es que el reconocedor, si quiere ser malo, tiene un vastsimo campo en La Habana. En las dems factoras de la Isla, excepto San Juan y Martnez, se divide en tres clases solamente el tabaco; pero en aquella hay siete, cada una con precio diferente, desde cuatro y medio duros la arroba hasta seis reales. Conjetrense ahora los daos que son posibles en esta graduacin. Yo no alcanzo la razn de dar tanto campo a la maldad. Por qu hay en La Habana siete clases, en San Juan de Martnez cinco y en las dems factoras tres? Por qu esta novedad, cuando en la antigedad slo se conoca una? Por qu en La Habana y Matanzas si se declara alguna parte del tabaco inservible por el reconocedor, se ha de condenar a las llamas23 y

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OBRAS 158\ 158\ 158\ 158\ 158\ en las dems factoras se entrega al cultivador? Vuelvo a decir que no alcanzo la razn de la diferencia. Pero despus de todo esto, sali ya el agricultor de dudas? Lleva a su pobre casa el fruto de sus tareas? Nada menos. Concluido el reconocimiento, la graduacin y peso de sus cargos, si el situado de Mxico no ha llegado se le da una papeleta que se forma sin su presencia, en donde se explica lo que se le debe, y el dinero no se le paga hasta que llega el situado, que unas veces tarda ms y otras menos. El hombre infeliz que ha de volver a su campo, que tiene contrados empeos, que tal vez carece de lo que necesita para comer, qu ha de hacer? Cambiar el papel por dinero en casa del usurero. Les est prohibido vender a los particulares. Hay un visitador que va a reconocer sus plantos para saber lo que puede dar cada uno, y por otra parte se sabe que no hay ms que un situado fijo para la compra de todo el que se produzca; conque as no hay mejor remedio que acortar la siembra y de aqu resulta su ningn aumento, su decadencia.24Bien ha conocido el Gobierno este tropel de males y otros muchos que se omiten; bien ha querido evitarlo y nunca lo ha conseguido, sin embargo de tocar que todo el perjuicio es sobre la clase privilegiada de labradores pobres. Los ricos han abandonado un cultivo tan ingrato. Y el pobre es el que lo hace, porque es muy poco costoso; necesita de cuidado, pero no de capital.25Algunos creern intempestivo que pidamos el remedio de estos males en la presente poca: se engaanDescubiertas ya las causas reales y verdaderas de la decadencia de los diferentes ramos de la agricultura habanera; conocidos todos los males que la atormentan y abaten, temo que al proponer sus remedios se me trate de temerario y se me quiera decir que no teniendo lugar estas quejas en las circunstancias presentes, es extemporneo y ridculo el pretender favores cuando sin necesidad de ellos, por el vaco que ha dejado el incendio del Guarico, podemos vender nuestros frutos al precio que nos acomode; pero esta reflexin miserable no nos perjudicar. Habaneros, la obra de vuestra felicidad no se desconcertar por tan dbil objecin. El suceso de Cabo Francs causa muy contrarios efectos en el modo de pensar del poltico sabio y sensato. Por lo mismo que al presente os hallis sin enemigos; por lo mismo que ahora duerme la industria del que os ha arruinado, se os debe dar todo auxilio para ver si se consigue lo que nunca se esper; esto es, que os elevis a un grado de poder y de riqueza capaz de sostener la competencia, an cuando vuestro rival vuelva en s. Alentaos, que sta es la idea de vuestro sabio Gobierno. Aprovechad el momento de

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /159 /159 /159 /159 /159 pasar a nuestro suelo las riquezas que el estrecho territorio del Guarico daba a la nacin francesa. Parecer a muchos impracticable y ridculo este pensamiento, pero ser a aqullos que nada sepan de la agricultura de Amrica, ni de su orden y progreso; que acostumbrados al lento paso de Europa piensen que la plantacin de un ingenio, de un algodonal, cafetal, etc., necesita para fructificar tantos aos como las moreras de Granada, y que para que haya hombres que hagan estos cultivos es menester esperar la tarda reproduccin de la especie. Por toda respuesta los remitir a la Historia. Vean en ella a Jamaica crecer en poqusimos aos; a Santo Domingo francs formar en menos de treinta todo el fondo de riquezas que posea antes de la insurreccin de sus esclavos, y a nosotros como, sin tantos auxilios, en slo diecisis aos, desde 1763 hasta 1779, dimos a nuestras cosechas todo el ser que tienen hoy. El que supiere algo de estas clases de plantaciones dir conmigo que si hubiese caudales para comprar y posibilidad de introducir en los puertos de Cuba, en slo un ao, todo los negros que necesita para el cultivo de sus tierras, dentro de tres aos llegaran sus producciones al doble si se quiere de lo que nos dice nuestra Gaceta de los de la parte francesa de Santo Domingo.26 No hay que dudarlo. La poca de nuestra felicidad ha llegado, el tiempo de nuestro desengao, el tiempo de or a un autor francs que ha muchos aos que nos est diciendo: “El azcar, la ms rica e importante produccin de Amrica, bastara sola para dar a la Isla de Cuba toda la felicidad que est ofrecindole la madre Naturaleza. La fertilidad increble de sus tierras nuevas la pondran en estado de dejar atrs todas las naciones que la han precedido en esta clase de cultivo. Todos los trabajos que han empleado aqullas en el espacio de medio siglo para perfeccionar sus fbricas, seran para esta colonia rival que con adoptar su mtodo excedera o destruira en menos de veinte aos toda su felicidad.”27 Qu esperamos? Cmo nos detenemos en proponer los medios de realizar ese consejo, cuando nuestro Superior Gobierno desea orlos y adoptar los que contemple justos?Es muy fcil conseguirlo siempre que se remedie prontamente los inconvenientes expuestosPRIMER REMEDIO PARA EL PRIMER INCONVENIENTEHe dicho y he demostrado que los extranjeros nos toman el paso desde antes de entrar a labrar la tierra porque les cuestan menos los negros y los utensilios Pues es menester trabajar en destruir esta ventaja. Nada

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OBRAS 160\ 160\ 160\ 160\ 160\ ser ms til que alentar con premios y con ensayos nuestro comercio directo a las costas de frica, y para esto convendra fundar establecimientos en la misma costa o en su vecindad. No es difcil, diga lo que quiera la ignorancia. Muchas personas sensatas me han asegurado que en las inmediaciones de Brasil pudiramos formar con poco gasto nuestras factoras, proveernos desde all de frutos del mismo Brasil para hacer el comercio de negros con ventajas; no como lo hizo la Compaa de Filipinas, cuyas expediciones en la mayor parte fueron al ro Gabn, donde compraba ms caro y peor que nadie; y, sin embargo, no hubiera perdido el treinta por ciento que perdi si no hubiera tenido una mortalidad extraordinaria, y si no hubiese hecho para dos o tres expediciones los costos de barracas, etc., que deban servir para siempre. Esto es urgente en el da. Es menester considerar que los negros ya escasean, y que en las circunstancias presentes hay ms necesidad de ellos que nunca. Los franceses han de llenar su vaco. Los ingleses han de redoblar sus esfuerzos y los extranjeros deben ir ahora con menos frecuencia a La Habana, habindoseles dado entrada en Santa Fe y Buenos Aires. Pero no son estos arbitrios los nicos que deben tomarse para remediar nuestra escasez y caresta de negros. Veo las dificultades que se tienen y que necesitndose de algn tiempo para vencerlas no poda ir nuestro fomento con la velocidad que deseamos. El partido que acaba de abrazar el Gobierno es digno de los mayores elogios, y llenara nuestros deseos an sin la concurrencia de Francia, siempre que se extendiese el trmino de los ocho das que se le seala al extranjero y se le permitiese dejar apoderado de su satisfaccin. De este modo lograremos alguna abundancia; y entre tanto tmense las medidas convenientes para ver si en la misma Habana o en otra parte se puede formar un cuerpo que haga el comercio directo a frica. Sobre los utensilios tambin hemos adelantado mucho, habindosenos permitido su introduccin de fbricas extranjeras; pero la exaccin de derechos en los de stas carga al agricultor, y ni es un objeto de utilidad para el Rey ni un estmulo para las ferreras de Vizcaya que tienen sobrada ocupacin y que por ahora no pueden llevar los ms de estos utensilios, porque ni los han visto. Las mquinas y primeras materias se liberan de derechos en todas las naciones ilustradas. Y la nuestra sigui este principio en igual caso al presente, esto es, tratando de fomentar la agricultura de Santo Domingo. Ms animada la concurrencia de negros con las dos gracias que he indicado, y protegida la entrada de todo utensilio y mquina de labranza con la libertad de derechos, estaremos en estos dos puntos poco ms o poco menos al nivel del extranjero.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /161 /161 /161 /161 /161Examen de los remedios oportunos para el segundo, tercero y cuarto inconvenienteEl agricultor habanero ya tiene franqueado el paso hasta el sitio de su planto. Mi imaginacin se entusiasma y se llena de alegra al verle emprender el desmonte con armas y fuerzas iguales a las de sus competidores; pero, apenas caen los rboles, apenas se allana el terreno, apenas se trata de darle el beneficio oportuno, cuando mi abatimiento renace viendo que el francs y el ingls son conducidos por Ceres, y que mis compatriotas destituidos de todo principio depositan su confianza en una prctica ciega y quedan por consecuencia expuestos a los ms crasos errores. Pero no es esta diferencia la que me atormenta ms. Si hubiese docilidad, si no estuvisemos preocupados, si lo poco que sabemos lo hubisemos aprendido por principios, me quedara la esperanza de que nuestro propio inters preparase nuestra atencin y nos obligase a or la voz de la razn; pero la desgracia es que lo que hacen mis isleos lo ejecutan as porque lo vieron hacer a sus padres, a los primitivos agricultores de la Isla, a los ingenieros que fueron de Motril y de Granada, y contra una vieja costumbre constante y uniformemente observada vale el razonamiento muy poco. La misma experiencia suele ser desairada aun cuando se presenta a los ojos con resultados favorables; queda mucho que vencer para obligar a la generalidad de los hombres a que abandonen un mtodo que conocen y de que siempre han usado. Hay muchas personas en mi patria de sobresalientes luces y muy capaces de todo. He odo a algunas declamar contra nuestros errores; pero a ninguna he visto que los haya abandonado. Quiero suponer, sin embargo, que algunos se presten gustosos a exponer su subsistencia, abrazando nuevos mtodos; pero estos agricultores osados no pueden obrar por s solos, necesitan oficiales y subalternos hbiles que realicen sus deseos. Y dnde los encontrarn? El inters de los que hay los empear en ridiculizar, desacreditar e imposibilitar cualquier invencin extraa o nueva; y aun cuando se llegue a hacer un ensayo, cmo cundir el ejemplo? Se sabe cul es el tirano imperio de la ignorancia. ¡Cuntos interesados hay siempre en su perpetuidad!, y ¡cuntos recursos buscarn para desacreditar las obras del vecino!28Concluyamos, pues, con decir que los grandes males necesitan grandes remedios; que por todas partes les hagan la guerra; que la ignorancia de los agricultores subalternos de La Habana no puede ser derribada si no se arman contra ellos el Gobierno, la razn y los vecinos ilustrados de aquel pueblo. Esto no se puede hacer ni por medio de los actuales Consulados ni de las Sociedades Patriticas. Aqullos no sirven para otra cosa que para dar de comer a sus ministros; para traer consideracin al cuerpo til de comerciantes y para cortar entre ellos suave y sencillamente algunos de los ruidosos pleitos que a menudo se originan. Eso de propagar las luces,

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OBRAS 162\ 162\ 162\ 162\ 162\ no digo de agricultura, pero ni aun mercantiles, es asunto muy ajeno de su instituto y de sus ocupaciones. Las Sociedades Patriticas en su presente organizacin no pueden traer los bienes de que son susceptibles; sin autoridad, sin fondos y sin estmulos para mover al trabajo a sus miembros, influyen flojsimamente en el bien comn. Y adems, hablemos con lisura y verdad: si las que hay en la Pennsula apenas sirven para reedificar, cmo hemos de persuadirnos que la que se establezca en La Habana ha de ser capaz de hacer desde los cimientos tan complicado edificio?Designacin del nico remedio proporcionado a estos malesNo digo por esto que sea perjudicial su establecimiento, mas para el fin propuesto conduce muy poco o nada. Puede servir, cuando ms, de cuerpo auxiliar en las operaciones de otro que nazca sabiendo que sea ms respetable al pblico, que tenga resortes ms vivos para su movimiento; en una palabra, que sea capaz de crear y de propagar de repente por s o por medio de sus agentes los conocimientos que hoy faltan de fsica, qumica, botnica, etctera. El proyecto que va adjunto combina todos los extremos; ofrece otras muchas ventajas, y es, en mi concepto, el nico que puede sacarnos del abatimiento en que nos tiene la superioridad de los conocimientos extranjeros, y de mantenernos en el estado de vigor y de proteccin necesario para que no volvamos a vernos en el triste caso en que nos hallamos desde que se siembra el fruto hasta que se deposita en los almacenes urbanos. Lo que se debe hacer sobre el segundo inconvenienteNo quiero proponer arbitrios para que les igualemos en el punto de gastar menos en mantener los negros y de hacerlos trabajar ms La humanidad y la religin sellan mis labios, y en lugar de inflamar mi envidia por esta triste ventaja excitan mi compasin. Lejos de mis compatriotas tan inhumano estudio. Aprendan enhorabuena el modo con que aqullos reparten las tareas para evitar la confusin y desorden en el trabajo de los esclavos; pero nada de buscar medios de aumentar la afliccin a la ms desgraciada porcin de toda la especie humana. Si con conocimiento de causa, y con vista de las utilidades que esto pudiera traer al mismo servicio de Dios, hubiere algunos das festivos que convenga habilitar para el trabajo, el tiempo nos dir cules son, y las potestades legtimas determinarn lo ms justo

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /163 /163 /163 /163 /163Examen de los remedios adecuados al quinto y sexto inconvenienteHemos provedo hasta ahora de todos aquellos medios que deben proteger nuestras cosechas hasta ponerlas en los almacenes del agricultor. Se trata ya de embarcarlas29 y llevarlas a la Aduana, y ste es el punto en que el cosechero pregunta: dnde llevo yo mi fruto?, qu derechos se me exigen? Pregunta que no se puede responder por reglas generales y constantes. El sealamiento de stas depende de la situacin y clase de cada fruto considerado en todas sus relaciones. Si est naciente, si tiene rivales poderosos que se oponen a su aumento, si usando de todas sus fuerzas no puede competir con aqullas, por qu se les han de coartar las salidas? No digo yo en aquel caso, pero ni aun en el de igualdad de fuerzas, es til detener los progresos cargndolos ms y ms con derechos y leyes prohibitivas que le impidan una ventajosa concurrencia en el extranjero. Estas trabas deben reservarse para el tiempo en que no le sean pesadas, para cuando pueda llevarlas, sin perjuicio suyo y sin beneficio del rival, que va a disputarle la ventaja en el mercado extranjero. Yo no s si me he explicado. La Naturaleza, los buenos padres de familia, me entendern desde luego. Mi intencin es que el trato y mtodo que aqullos observan en la crianza de sus hijos sirvan de regla al Estado para tratar a los cosecheros que se proponen llevar sus frutos al extranjero. Males que deben tenerse presentesYo quiero que en la infancia no nos acordemos de ellos, sino para ayudarlos; que en los tiempos inmediatos les demos ocupacin, pero que sea ms propia para aumentar sus fuerzas que para enervarlas; y por ltimo, que cuando llegue el caso de tener toda la robustez deseada para presentarse en la lid, o en el gran mercado de Europa a disputar la palma, deseo que el Estado le exija todas las recompensas posibles. Pero slo las posibles, cuidado con esta palabra. Es menester que el peso no los agobie, que les deje las fuerzas y libertad necesarias para vencer en la lucha. Se infiere de lo dicho que, como ningn fruto de los de La Habana ha llegado ni con mucho a la perfeccin de que es capaz, y que todos tienen poderosos enemigos con quienes combatir, es menester que tratemos como nios a los que estn en esta situacin y como adolescentes a los que tengan ms fuerzas; que demos a aqullos una absoluta libertad, que lejos de pedirles derechos y de coartarles las salidas los auxiliemos, y que a stos les pidamos proporcionalmente y con prudencia. Los ramos nacientes y que antes se han sealado como incapaces de formar un objeto de extraccin, deben ser comprendidos en la absoluta

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OBRAS 164\ 164\ 164\ 164\ 164\ libertad que crezcan y lleguen a tener la robustez necesaria para sostener el fardo de los derechos y leyes prohibitivas. ste en realidad no es un favor. La utilidad es del Estado que, sin perder cosa alguna ni ponerla de su parte, se encuentra al cabo de cierto tiempo con una renta que no tena, y con una porcin de vasallos en aptitud de ayudarle. Esta verdad tan obvia todava no ha conseguido el triunfo de un convencimiento completo. El que ms la atiende toma un media, y, o da salidas libres exigiendo algn derecho o libertad de derechos limitando las salidas. No basta. El caf, el ail y el algodn de La Habana, como todos los dems de Amrica, se liberan de derechos a su entrada en el Reino por el reglamento y aranceles citados de 18 de octubre de 1778. Y qu provechos han hecho? Ninguno.30Bien advierto que a esto habrn contribuido tambin las causas que deja indicadas como perjudiciales en general a los ramos de extraccin, y que nuestra ignorancia en el cultivo de aquellas tres producciones y la asombrosa superioridad a que los haban llevado los franceses nos quitaba toda utilidad en estas empresas; pero contando yo con la adopcin del proyecto adjunto y con sus saludables efectos, supongo allanado el inconveniente de nuestros diferentes conocimientos, y para vencer los otros propongo como medio indispensable, sin el cual no puede conseguirse el fin, que —adems de la absoluta exencin de derechos, incluidos los de alcabala y diezmos por el tiempo de diez aos para todo cultivador de algodn, caf y ail, como S.M. lo concedi en general a los vecinos de Santo Domingo y Trinidad— sea tambin libre para cualquier puerto del mundo la extraccin de estos frutos; que no slo se puedan sacar por los extranjeros en cambio de negros, sino que tambin tengan libertad los espaoles para llevar en derechura estos renglones donde quieran, donde sepan que se venden a mejor precio, dndose para esto tiempo indefinido en lugar de los cuatro meses que seala para todos los frutos la ltima Real Cdula de 24 de noviembre, bien entendido que los cargamentos han de completarse de estos renglones y del aguardiente de caa, y han de tener obligacin de retornar a la Pennsula con gneros que sean de libre entrada, o si no volverse a La Habana con negros, utensilios o dinero; y para que as se verifique y no haya fraude, se tomarn las precauciones convenientes. Se coloca en esta clase el aguardiente de caaHe colocado en esta clase el aguardiente de caa porque su decadente estado, sus escasas salidas, y sobre todo las ventajas que su fomento traeran al azucarero, piden esta consideracin. Merecen tambin un alivio en los crecidos derechos 31 que paga antes de salir de La Habana, o al menos que se excluya de ellos al ron. La Metrpoli que hoy paga algunas sumas al

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /165 /165 /165 /165 /165 ingls por el ron que le traen, tiene particular inters en fomentar este ramo naciente de la industria habanera. Acordmonos de que el derecho del aguardiente fue establecido por un falso principio de poltica. Se crey que en l se protega indirectamente el cultivo del azcar, siendo todo lo contrario. No soy yo el descubridor de este error, ni el inventor del remedio. Con menos palabras y ms energa se hallar uno y otro en la dcima de la Real Orden de 18 de abril de 1786 expedida en beneficio de los vecinos de Santo Domingo.Aplicacin de las mismas reglas a los ramos que ya tienen algn poder, como son el azcar y el tabacoEl azcar y el tabaco nos quedan; los dos ramos principales o nicos de extraccin, los que tienen ya poder para verse colocados en un rango medio. No hay un motivo para excusar el azcar de venir en derechura a Espaa. Salidas del azcar y sus derechosDe lo que debemos tratar es de los derechos que corresponde exigirle. Aunque en su lugar he dicho todo lo necesario para ilustrar este punto y creo que de mi raciocinio resulta que lejos de poder nuestro azcar soportar mayores derechos que los extranjeros merece, ms bien que el ingls, ser premiado a su extraccin del Reino, yo no puedo calcular con fijeza ni sealar exactamente la rebaja o gratificacin que debe darse, siendo precise para esto adquirir una noticia puntual de los costos que nos tiene esta produccin, hasta llegar al paraje de su consumo y de los que tiene la misma produccin presentada en concurrencia por nuestros rivales; ms claro, de lo que tiene de costo una arroba de azcar de La Habana y otra de Jamaica llevadas a Hamburgo. Pero esta noticia no es necesaria para mandar devolver a su extraccin los derechos que ha pagado ese fruto a su introduccin. En esto nada pierde S.M., pues siempre ha de quedar en el Reino la porcin que necesite para su consumo. Y por lo que toca al sobrante, estamos en la precisin de imitar a las dems naciones en la devolucin de derechos, o de abandonar una concurrencia que no se puede sostener. Si esto es justo hablando de los derechos Reales, con cunta mayor razn lo ser con respecto a los provinciales y municipales? Quien los causa es la accin de consumir y no la de depositar. Por qu, pues, se han de cobrar de un gnero que ha estado en depsito? Bien veo que no es sta la ocasin oportuna de hacer un arreglo fundamental en nuestros aranceles; porque subidos los precios del azcar exorbitantemente con la desgracia del

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OBRAS 166\ 166\ 166\ 166\ 166\ Guarico, todo est fuera de su nivel, y el vendedor y no el consumidor es el que pone la ley; pero lo cierto es que las dems naciones siguen con sus ventajas, y que si nos descuidamos podremos llegar a tiempo que nada nos aprovechen las medidas que tomemos, esto es, cuando los franceses hayan recobrado sus fuerzas y cuando los ingleses hayan tomado en este ramo la superioridad decidida que les deben procurar sus conocimientos y cuidados en protegerlo, tanto por sus providencias para facilitar la extraccin al extranjero como para fomentar establecimientos en la costa de frica; empresa la ms bien concertada y cuyos felices principios32 anuncian que va a pasarse a Gran Bretaa el derecho preferente de proveer de azcar al mundo europeo. La misma ventaja que hoy logramos en la venta de los azcares puede sernos muy funesta, si no la sabemos aprovechar. Ya he dicho y repito que si se quiere fomentar este ramo, es menester que obremos como si estuvisemos en los tiempos anteriores a la insurreccin de los negros del Guarico para que, cuando vuelvan, no nos encontremos en el triste caso en que estbamos. Todos saben que el derecho de peseta establecido en 1785 acab de arruinar nuestra concurrencia en el extranjero, que se haba sostenido dbilmente protegida de la larga guerra que afligi a Inglaterra y Francia, que por esta causa antes se hacan algunas extracciones; pero desde entonces ni un grano ha salido del Reino. Esto lo publicarn los registros de las aduanas y lo dirn los negociantes con la misma franqueza que a m me lo han afirmado Mr. de Ganh, Cnsul General de Suecia en Cdiz, y el Marqus de Casa Enrile, dos personas de las ms instruidas y de las ms imparciales en este comercio. Conque, por qu detenernos?, qu inconveniente hay para mandar devolver a los extractores de azcar al menos este derecho con los municipales y provinciales ? Quede para despus del arreglo formal de los aranceles, y sea uno de los primeros encargos de los Comisionados de que se habla en el proyecto adquirir en el extranjero las noticias que el Gobierno necesite sobre este particular. La misma cuestin sobre refinoLas dificultades que he hallado para fijar las franquicias que deben concederse al azcar, no las tango con relacin al refino; ste es un ramo naciente de la Isla que se debe proteger para liberar a la Metrpoli de pagar al extranjero las sumas que por l le paga hoy. Los franceses no estn en este caso porque tienen muchas refineras en Europa, y sin embargo permiten que se extraiga en derechura para Espaa el que se fabrica en sus colonias. Nosotros, que ninguna tenemos en la Pennsula, que dependemos absolutamente del extranjero y que por fomentarlo en nues-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /167 /167 /167 /167 /167 tras colonias no nos puede faltar azcar comn; supuesto que ya nos sobra, debemos trabajar con empeo en que nos venga de all el refino necesario. No hay otro medio de conseguirlo que trasplantar a nuestro suelo el mtodo de las refineras extranjeras y darles la absoluta libertad de derechos que a stas conceden sus respectivas naciones. Remedios para el tabacoSobre el tabaco no me atrevo a proponer. Es asunto muy oscuro y de demasiado inters para ser tratado y resuelto de repente, Me reducir, pues, a llamar la atencin Soberana sobre este interesante ramo, recordndole las sumisas quejas que he dado a nombre de los agricultores que ofrecen como prueba de su justicia la decadencia del cultivo, demostrada por la comparacin de los situados y hacienda tambin presente que desde que se prohibi a particulares la fbrica del tabaco en polvo fino, han dejado de consumirlo las naciones extranjeras. Y no es porque se ha extinguido el gusto. Los nombres de Pedro Alonso, Jstiz y Pealver son todava preciosos a los apasionados del tabaco. Pagan a peso de oro todo el que se les presenta de estas fbricas antiguas, y apenas quieren regalado el de nuestras factoras. Y qu significa todo esto? Que el Estado ha hecho una prdida conocida en prohibir las fbricas particulares, que nada aventurara en permitirlas en La Habana para extraer al extranjero, y que ste era el nico medio de resucitar un ramo que fue tan pinge para nuestro comercio. Pensar que las fbricas Reales pueden hacer ese milagro, y llegar a perfeccionar sus conocimientos, es un error combatido por la experiencia y el orden natural de las cosas. Es lo mismo que esperar que sea igualmente feliz la agricultura de un pas encargndose a jornaleros lo que se desempea por los mismos propietarios. Si estas consideraciones tienen tanta fuerza para el Gobierno como para m, poco tardaremos en ver que se darn licencias para moler tabaco y llevarlo al extranjero pagando los debidos derechos; pero si esto no puede ser, me contentar, por ahora, con que al menos se manden facilitar al sujeto que se nombra Fiscal de la Junta de Agricultura todas las noticias que pida de las factoras de La Habana, que se le encargue estrechamente examen de este punto para que, odo su parecer, el de la Real Junta de Tabacos de La Habana, que deber darlo en consecuencia, y el de la nuestra Real Junta de Agricultura, venga con la mayor prontitud a S.M. el expediente y se resuelva lo mejor.33

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OBRAS 168\ 168\ 168\ 168\ 168\ Examen sobre el sptimo y ltimo inconvenienteTodos los frutos de la Isla tienen ya aplicados sus particulares remedios; resta tratar ahora del mal que a todos comprende. De los medios de extinguir la usura; de poner a nuestros agricultores gozando del desahogo que en esta parte disfrutan sus vecinos. Para conseguir el fin no basta hacer apreciables las cosechas como yo espero que sean, si se adoptan las medidas que he propuesto. Esto ser excelente para los agricultores ricos y desahogados, que pueden poner la ley y no para los que se han presentado en el prrafo... Todo el punto de la dificultad consiste en sacar al agricultor de las manos del comerciante, de la dependencia en que vive desde que se extingui la moneda macuquina, y desde que se imposibilit la concurrencia de los comerciantes de Veracruz. Mucho se ha hecho para esto en permitir el cambio de frutos por negros y por utensilios; pero todava quedan en pie dos medios muy poderosos para su ruina. El uno, en estos mismos renglones, porque se pueden necesitar cuando no hay frutos libres para hacer el cambio, y entonces lo ms sencillo es recibirlos al fiado de la casa del usurero; y el otro, consiste en el numerario que es menester adelantar para las dems atenciones de la hacienda. ste es rarsimo desde que se acab la guerra. El poco que hay va a manos del negociante, y no pasa a las del agricultor sin exorbitantes usuras. Son, pues, dos las causes radicales de este mal: la escasez del numerario y la naturaleza de las haciendas que piden tan grandes suplementos. En mi opinin nunca se remediar completamente si los mismos agricultores no renen sus fondos y forman para s una caja de crditos en los trminos que Federico II la estableci en Silesia,34 o en los que sean ms acomodables a aquel pas; pero esta pa e interesante fundacin no se puede verificar desde aqu, ni por medio de encargados ni de rdenes. A la Junta propuesta de Agricultura slo es dado promoverlas y facilitar este inexplicable bien a su patria, con el cual tal vez se podra emprender en derechura el comercio de frica, y tambin se cortara en gran parte la plaga de pleitos que all se padecen. Por lo pronto, lo que se debe hacer para poner al agricultor en ms independencia del comerciante, y para que al propio tiempo se queden en la nacin las ganancias que ofrecen en estas circunstancias los frutos de La Habana, es aumentar el nmero de compradores nacionales. Nada ms til a la agricultura habanera y al Estado en general que derogar la orden que se dio en Veracruz desde el virreinato de D. Antonio Mara Bucareli, mandando que se exigiesen los mismos derechos a la plata que se extrae para La Habana que a la que sale para Espaa, con el agregado de que aqullos se paguen anticipadamente.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /169 /169 /169 /169 /169 No tuvo otra razn para esto aquel honrado Virrey, que la de creer que beneficiaba a la Metrpoli facilitndole mayor introduccin de numerario, como si la nacin tuviese ms inters en hacerse feliz en una parte que en otra, y como si le viniesen mayores ventajas de recibir moneda que azcar, algodn, ail o caf. Las miras de aquel Virrey fueron demasiado estrechas en este particular. Debi haber considerado que con esta providencia slo ganaban los comerciantes de La Habana; que la nacin, por el contrario, perda en la balanza de su comercio; pues si desde La Habana hubiese empleado en frutos alguna porcin del dinero que sala de Veracruz, adems del fomento de nuestra marina mercantil creca la masa de nuestras producciones coloniales, y con ella la riqueza nacional; y al fin de la especulacin, o se haba gastado en La Habana lo que se deba gastar en Espaa para el consumo de la Pennsula, o se reciba con aumento de manos del extranjero lo que se haba dejado en la colonia. Este error podo haber sido disculpable en aquellas circunstancias porque La Habana, adems de la masa de moneda macuquina que tena para su circulacin interior, reciba anualmente de Mxico cuantiosas sumas de pesos fuertes para fortificaciones, ejrcito, marina, etc.; pero hoy que se han disminuido considerablemente estos situados,35 que se vuelven a extraer casi ntegro36 para la Pennsula o para la compra de negros, y que se ha recogido la plata macuquina por los desrdenes que se introdujeron, es de rigurosa justicia suspender aquella providencia que nunca fue conveniente. Es menester acordarse de que no puede haber gran extraccin si no hay gran movimiento en el comercio interior, y que no puede lograrse ese movimiento si no hay abundancia de numerario puesto en circulacin. Es menester no olvidar que disminua sta en La Habana por la abolicin de la plata macuquina; es preciso que se sientan los males que son consecuentes, como lo sabe el Gobierno por las repetidas instancias que se le han hecho, pidiendo moneda provincial y atribuyendo a su falta la escasez de numerario que se experimenta. No entro en la discusin de que sea necesaria o no la moneda provincial para la felicidad de La Habana; pero s aseguro que la mxima fundamental que ha tenido el Gobierno para negarse a esta solicitud, a saber, que de la balanza ventajosa de su comercio y no del establecimiento de un signo particular, resulta la abundancia del numerario, aunque es de eterna verdad, no es aplicable en toda su extensin a aquella colonia. Se hizo para los pueblos que tienen abierto su comercio a todas las naciones; mas para el que lo tiene limitado a la Metrpoli, en la mayor parte, desde donde no se le envan sino telas y frutos; desde donde es contra el orden natural hacer volver el dinero a Amrica, pues importara lo mismo que obligar al retroceso a un impetuoso ro, y donde adems de esto la agricultura, por la naturaleza de los trabajos, necesita de cuantiosas sumas para su subsistencia, las reglas deben ser otras. Convengamos, al menos, en conceder a

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OBRAS 170\ 170\ 170\ 170\ 170\ La Habana la libertad de derechos que gozan las dems colonias para recibir de Veracruz el dinero que quiera remitirse, ya que no se restablece la moneda provincial.El mtodo de abasto por pesas es perjudicial a la agricultura habaneraOtro favor justsimo tiene que pedir todava. El mismo que S.M. concedi a los vecinos de Santo Domingo en la clusula undcima de la Real Cdula citada. Que se libre de la dura carga de la pesa actual a las haciendas de criar ganado. Si hubo razn para hacerlo en Santo Domingo, mayores las hay en La Habana. Si all, que es un pueblo sin comparacin menor, se crey que era muy bajo el precio de veintin cuartos para cada cinco libras de carne, ¡cunto ms perjudicial debe ser esto en La Habana! Agrguese a esta consideracin la de que nosotros pagamos la de veinticuatro por ciento37 antes de consumir la res, y nadie dudar decir que somos ms acreedores que ellos a semejante gracia; y lo cierto es que si sobre esto no se toma providencia, vamos a perder un ramo tan interesante y precioso para el fomento de la agricultura. Al presente necesitamos comprar algunos cientos de miles de arrobas de carne salada a los vecinos de Tampico y Buenos Aires, cuando en tiempos pasados podamos proveer a otros pueblos. Este mal es certsimo, es urgente; se est reclamando hace diecisis aos,38 merece por todas razones el remedio que he pedido ¡ pero sin antecedentes y slo sobre mi palabra, es regular que el Gobierno no quiera aventurar su resolucin y particularmente siendo interesada la guarnicin de la plaza en la existencia de esta clase de abasto. Por tanto quedar muy satisfecho en que sea el examen de este asunto uno de los principales encargos del Fiscal, de cuyo parecer, del de las dems personas o Cuerpos interesados y del suyo formar la Junta de Agricultura un expediente con la instruccin necesaria y se elevar a S.M. lo ms pronto que se puede.Nada se har con fomentarla si no se precaven los movimientos sediciosos de negros y mulatossta sera en otro tiempo mi ltima pincelada, con ella creera haber concluido el cuadro de la felicidad de mi patria; pero la insurreccin de los negros del Guarico ha agrandado el horizonte de mis ideas. Al ruido de este funesto suceso, he despertado y he vista que toda mi obra se sostena en el aire; que nada haba trabajado para darle subsistencia, que el sosiego y

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /171 /171 /171 /171 /171 reposo de todos mis compatriotas, el goce de las felicidades que iban a conseguir estaba pendiente de un hilo: de la subordinacin y paciencia de un enjambre de hombres brbaros. No es hoy cuando ms me espanta esta desagradable advertencia. La suerte de nuestros libertos y esclavos es ms cmoda y feliz que lo era la de los franceses. Su nmero es inferior al de los blancos, y adems de esto debe contenerlos la guarnicin respetable que hay siempre en la ciudad de La Habana. Mis grandes recelos son para lo sucesivo, para el tiempo en que crezca la fortuna de la Isla y tenga dentro de su recinto quinientos mil o seiscientos mil africanos. Desde ahora hablo para entonces, y quiero que nuestras precauciones comiencen desde el momento. Delicadeza de esta materia. Modo con que debe tratarseEl punto es muy delicado y temo precipitar mi dictamen. Creo que no se puede dar con fundamento sin acercarse al sitio de la sublevacin para conocer sus causas; pasar despus a Jamaica y examinar tambin el orden que all se observa y se ha observado con estas gentes; y con vista de todo estudiar los medios de asegurarnos de los movimientos sediciosos de los nuestros sin ofender la humanidad ni faltar a la compasin que merecen estos infelices.La seguridad interior de la Isla padece mucho con el establecimiento de milicias de libertosNo es menester dar este paso para conocer que hay un establecimiento en La Habana digno del mayor cuidado. En las dems colonias vecinas no se conocen las milicias de negros y mulatos libertos que nosotros tenemos, y en caso de una insurreccin de parte de la gente de color tienen los blancos la ventaja de la disciplina militar de que carecemos nosotros. Cuando se establecieron las milicias se crearon dos batallones de negros y mulatos libertos, y estos hombres acostumbrados al trabajo, a la frugalidad y subordinacin, son sin disputa alguna los mejores soldados del mundo. Este establecimiento, considerado militarmente y con relacin a la seguridad exterior, sera un recurso necesario en aquellos tiempos; pero hoy que habr suficiente nmero de blancos, no se debe aventurar la seguridad interior. No son los dos batallones armados los que amedrentan ms. Los veteranos, los licenciados del servicio que se retiran a los campos se presentan a mi idea con ms formidable aspecto.

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OBRAS 172\ 172\ 172\ 172\ 172\Refutacin de las razones que puedan darse en el contrario. Cuando menos es preciso examinar el asunto del modo que se proponeDirn algunos que la diferencia de libres y esclavos separar sus intereses y ser para nosotros en cualquier caso una barrera respetable. Todos son negros; poco ms o poco menos tienen las mismas quejas y el mismo motivo para vivir disgustados de nosotros. La opinin pblica, el uniforme modo de pensar del mundo conocido los ha condenado a vivir en el abatimiento y en la dependencia del blanco y esto slo basta para que jams se conformen con su suerte, para que estn siempre dispuestos a destruir el objeto a que atribuyen su envilecimiento. Prevengamos este lance y ya que por nuestra desgracia no podemos excusarnos del servicio de estos hombres, los nicos a propsito para sufrir el trabajo en aquellos ardientes climas, cuidemos de combinar las miras polticas y militares, examinando el negocio del modo que se explica en el proyecto.Causas de la despoblacin de blancos. La utilidad en su fomento para contener los negros. Medios para conseguirloLa dureza de la vida campestre en aquellas regiones; el descuido con que hasta ahora se ha vivido y la larga extensin de los curatos39 han hecho que la poblacin de blancos40 no est en el pie ventajoso que deba, y lo ms doloroso es que la mayor parte de ella41 se halle entregada al ocio o a ocupaciones poco tiles dentro de las ciudades y villas. Las aldeas, que situadas convenientemente seran un poderoso freno para las ideas sediciosas de los esclavos campestres, son raras;42 y las pocas que hay, en sitios nada a propsito. ste es otro objeto vastsimo para la ocupacin, de la Junta de Agricultura. El arreglo de la polica de los campos43 y el establecimiento de medios que, al paso que hagan agradable esta vida inocente, faciliten la propagacin de la especie. Nada se ha hecho hasta ahora sobre estos particulares. Los cortos aumentos que ha tenido la poblacin se deben a la casualidad. Bendito sea el Ser Supremo que nos va a sacar de este caos, ponindonos a la direccin de una razn ilustrada. l nos ha dado dos reyes sabios, prudentes y justos, que libres de las desgracias que ocuparon la atencin de sus progenitores, pueden y quieren hacernos salir de la infelicidad en que estamos. Carlos I fue el que comenz el edificio, el que lo hizo de ladrillos, y el que dej el diseo para que se hiciese de mrmol. A Carlos IV ha tocado la gloria de su perfeccin. l y sus dignos ministros se declaran protectores de la agricultura habanera. Convidan a sus cultivadores para que les propongan medios de adelantarla, y con magnanimidad

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /173 /173 /173 /173 /173 generosa se disponen a abrazar todos los que sean justos. Si acaso no se adoptasen los que yo dejo propuestos, no es culpa suya; lo ser de mi ignorancia. De antemano lo confieso, y slo disputar la bondad de mi intencin, la pureza de mis deseos. Vive segura de ellos, ¡oh Nacin!, ¡oh Patria querida! No dudes de mi ardiente celo por tu bien. Agradece mis esfuerzos y la tierna enhorabuena que te doy, menos por las ventajas que te esperan que por la felicidad de vivir bajo un gobierno justo y benfico.PROYECTOSe trata de trasplantar a nuestro suelo las ventajas que han proporcionado al extranjero sus mayores conocimientos, de dar medios para propagarlos y de establecer otros que perpeten este bien y los dems posibles; tres cosas que tienen un estrechsimo enlace, que tienen un propio objeto y vienen de un mismo principio. A vista de la prontitud con que caminan los ingleses en los establecimientos de Sierra Leona, y la que emplearon los franceses en reparar las prdidas del Guarico, nosotros no debernos perder un momento. 1. Saldrn, pues, con la mayor brevedad de Madrid dos sujetos, naturales de La Habana, conocidos y bien conceptuados en su pas. Que ambos tengan las calidades de talento y de corazn que se necesitan para esta empresa; que el uno sea de los hacendados ms ricos y el otro un hombre desocupado y capaz de entregarse a todas las tareas que se sealaren, que sepa de economa poltica y rstica, y que para desempear los dems encargos que deben hacrsele sea profesor de Derecho y tenga una plaza togada o la merezca por sus mritos anteriores. 2. Se dirigirn a las ciudades de Francia e Inglaterra en donde se haga el comercio directo de negros y se fabriquen las mquinas y utensilios precisos para la labranza de Amrica. Procurarn saber el precio fijo de todos los artefactos de estas fbricas, en qu consiste su bondad y si se hacen en las colonias; tomarn una noticia exacta de los aranceles que gobiernan en las aduanas de ambos reinos para la exaccin de derechos de todos los frutos de Amrica, con expresin del rgimen y mtodo que se observa en ellas; adquirirn una noticia circunstanciada del modo con que se han de hacer las expediciones de negros a la costa de frica para conocer sus ventajas, y por ltimo servir tambin este viaje para ocultar sus

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OBRAS 174\ 174\ 174\ 174\ 174\ posteriores indagaciones, procurando embarcarse para el Guarico o Jamaica con la mayor prontitud, en calidad de viajeros, de contrabandistas o de lo que parezca mejor para ser desconocidos. 3. La visita de las dos colonias debe hacerse con la mayor prolijidad y circunspeccin, y de ella ha de resultar un conocimiento profundo del modo con que se cultivan all todos los frutos de caa, caf, algodn y ail, etc., y de las diferentes mquinas que se emplean; en una palabra, de todo lo que conduzca a saber lo que practican los extranjeros desde que se siembra cualquiera de dichas plantas hasta que se envasa el fruto y se coloca en los almacenes urbanos, para lo cual se formar una instruccin menuda, si pareciere conveniente. 4.Examinarn tambin con igual atencin el orden que observan en el repartimiento de las tareas de sus esclavos, los medios de que se han valido para hacer los excelentes caminos que tienen, las pensiones y derechos municipales que pagan, sus economas y mtodos de construir las oficinas correspondientes a cada habitacin; su autoridad sobre los esclavos, las alteraciones que ha habido en este punto y los efectos que ha producido cada una en su tiempo; su mtodo de gobernarlos econmicamente y los arbitrios que emplean para aumentar la poblacin de blancos. 5. Llevarn modelos de todas las mquinas que conceptuaren convenientes y adems de la completa instruccin que adquieran, del modo con que estn colocadas, harn todo lo posible por ir acompaados de aquel nmero de operarios —supuesto que est permitido por la Ley 10, Ttulo 27, Libro 9 de la Recopilacin de Indias— que conceptuasen convenientes para hacer los primeros ensayos y propagar estos nuevos conocimientos entre los operarios habaneros. Como no es regular que aqullos quieran hacer este viaje sin una asignacin segura, tendrn facultad los Comisionados para efectuar con ellos el ajuste ms conveniente; debiendo proceder en este caso con la mayor detencin y madurez, tanto en la eleccin de los oficiales como en los trminos de formalizar el contrato, del cual ser primera clsula la obligacin de ensear sus conocimientos a un cierto nmero de jvenes. 6. Concluida con este paso la visita de las colonias, y habiendo de pasar al instante a La Habana los Comisionados para verificar la reforma que se desea, estamos en el caso de insinuar los medios de conseguirlo. 7. Tendrn obligacin los Comisionados de instruir prvidamente al Gobernador de los efectos que haya producido su comisin y de escribir para ello una Memoria exacta de todas las observaciones sobre los puntos sometidos a su examen que convenga publicar; pues las observaciones sobre el trato de negros, derechos de aduana, concejiles, etc., deben reservarse en silencio para su caso oportuno. Se contraern en cada una al estado respectivo de nuestra agricultura y harn ver la diferencia favorable o adversa de la extranjera. Esta Memo-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /175 /175 /175 /175 /175 ria se imprimir a nombre de los dos Comisionados; y al tiempo de publicarse, se publicar tambin y del modo que mejor parezca la intencin y fines de S.M. en dar esta comisin, los bienes que espera de ella y las dems gracias que tenga a bien conceder a la Isla para el fomento de su agricultura y cosechas. 8. Entusiasmados los habaneros por la bondad del Rey, es preciso que lean con gusto las observaciones de sus dos juiciosos compatriotas y que el inters y la curiosidad exciten sus deseos de ver las mquinas y los operarios que han venido del extranjero. ste es el precioso momento de que el Gobernador los convoque a junta general con todo el aparato posible. Se compondr esta Junta del mismo Capitn General, Obispo, Cabildo e Intendente y de los agricultores que quepan en el sitio destinado, siendo preciso que haya de todas clases y de todos los ramos de agricultura en gran nmero. 9. El Capitn General abrir la Junta por la lectura de las Reales "rdenes en que se explican las nuevas gracias que antes se haban publicado y que S.M. dispensa a la agricultura de la Isla, y la particular atencin que ha merecido este asunto, a su Soberana piedad, y que no contento de derramar sobre la Isla tan distinguidos favores, quiere cuidar tambin de establecer medios para su perpetuidad, para lo cual manda fundar una Junta particular que proteja interior y exteriormente la agricultura; y como sus interesantes funciones no pueden describirse, desde ahora quiere S.M. que por lo pronto se forme una provisional, compuesta de las personas siguientes: un Presidente, que lo sea nato el Capitn General, y tendr voto de calidad; el Intendente de aquel ejrcito; un Vicepresidente, que parece justo lo sea el hacendado que haga el viaje; un Fiscal, que tendr plaza de tal en la Audiencia del distrito; y doce vecinos agricultores los ms condecorados, ilustrados y acreditados en el pblico. Estos doce hacendados deben elegirse en aquella Junta misma a pluralidad de votos entre veinticuatro que propondr el Gobernador, que sern los mismos que haya acordado el Vicepresidente y el segundo Fiscal de la Real Audiencia. 10. Enseguida se har una pequea oracin por uno de los doce Comisionados, pintando con los ms vivos colores lo que se debe a las bondades del Rey y la obligacin en que estn de recompensarlas, amndole eternamente y dndole seales de ello con abrazar las reformas que convenga hacer en todos los ramos de labranza, sin lo cual es imposible conseguir la felicidad de la patria. Despus se har la eleccin de los doce vocales, y verificada sta se disolver la junta general y quedar formalizada la particular compuesta de los individuos citados y del Secretario del Ayuntamiento, que har all el oficio de tal mientras se da otra providencia. Tomar el ttulo de Real Junta Protectora de Agricultura y tendr sus sesiones los das que crea necesario.

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OBRAS 176\ 176\ 176\ 176\ 176\ 11. Desnudos ya del carcter de Comisionados los dos individuos que han hecho el viaje insinuado, comenzarn a ejercer las funciones de sus nuevos encargos. El Fiscal, o llmese el promotor de la felicidad pblica, propondr, y la Junta decidir a pluralidad de votos lo que mejor parezca. 12. La Junta no tendr por ahora jurisdiccin ordinaria ni contenciosa. Su primera ocupacin ha de ser buscar los medios ms exquisitos de propagar las luces sobre la agricultura y de examinar cada una de las ventajas que, segn la Memoria de los Comisionados, tiene la agricultura extranjera sobre la nuestra, para demostrar al pblico su verdadero inters y llevarlo a que abandone sus rancias preocupaciones, para lo cual se emplearn las armas de la razn en conversaciones y en manifiestos; las del ejemplo dada particularmente por los dos Comisionados y por el resto de la Junta, y las promesas de premios en los casos que se juzguen necesarios; y si acaso no se juzguen bastantes los operarios que han de ir del extranjero, podr la Junta enviar por ms o habilitar de sus fondos jvenes idneos que vayan a instruirse donde mejor parezca; al propio tiempo se tratar de formalizar los estatutos que describan las funciones y prerrogativas de este Cuerpo. El Fiscal debe proponerlos con arreglo a los que gobiernan en las Juntas de Agricultura y Comercio de Cabo Francs, a lo que ejecut Federico II en Silesia, acto que sus luces y sus observaciones en el viaje de Francia a Inglaterra le sugieran y al conocimiento que debe tener del carcter e ndole de sus paisanos; todo lo que se acordar por la pluralidad de la Junta y se remitir con la posible brevedad a manos de S.M. para su aprobacin. 13. Entre tanto se ocupar la Junta de examinar los interesantes asuntos de las mejoras de que es susceptible el ramo de tabacos, siguiendo para esto el orden propuesto en el prrafo del discurso..., y el de si conviene, o no, la existencia de las milicias negras; pero este punto como tan delicado no se tratar en Junta. Si el Vicepresidente fuere militar har por s una inspeccin de estos cuerpos, reconocer su estado, ver si hay gente blanca con que sustituir la milicia negra, y como militar y poltico comunicar las resultas al gobernador con su parecer; y ste, con la audiencia del Subinspector General de la Isla, remitir a S.M. el expediente con su dictamen, encargndose extremamente el silencio y reserva en todos estos pasos. 14. Examinar tambin los dems obstculos que quedan que vencer para igualar nuestra agricultura e industria a la del extranjero y todo lo que pueda conducir para nuestro mayor fomento. En lo que no hubiere inconveniente, decidir a pluralidad lo que mejor le parezca; y en lo que lo hubiere, esto es, en aquello que tenga puesta la mano S.M. o algn otro cuerpo privilegiado, se consultar a la Corte con prolijidad e instruccin. 15. Ser, asimismo, obligacin del Fiscal examinar los estatutos y rentas del Seminario de San Carlos que hay en aquella ciudad para ver si es

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /177 /177 /177 /177 /177 posible mantener con ellas una ctedra de Fsica Natural, una buena escuela y laboratorio Qumico y un Jardn Botnico, y en todo buscar los medios de hacer unos establecimientos tan tiles y tan necesarios a la perfeccin de los conocimientos de la agricultura. 16. Examinar asimismo la Junta con intervencin de las personas o cuerpos interesados en el asunto del abasto por pesas, siguiendo para esto los principios que se han dado en el discurso y enviar a S.M. el expediente con la mayor instruccin y entonces buscar medios de aclarar la confusin que hay en los lmites de las haciendas de ganado y que dan lugar a infinitos pleitos, cuidando asimismo de dar reglas para cortar los excesos que comienza a haber en la vinculacin de grandes territorios. 17. Se ocupar igualmente la Junta en proponer los medios de aumentar la poblacin de blancos en los lugares de la Isla que juzgue ms convenientes, contando en esta parte con los auxilios del Diocesano, que debe dar grata audiencia a un pensamiento tan propio de sus obligaciones. Se reformar tambin la polica de los campos y se establecern arbitrios de hacer honrosa y agradable la vida campestre; siendo ste uno de los puntos principales de las constituciones fundamentales de la Junta. 18. El Fiscal, adems de las citadas ocupaciones, tendr la de representar a su Cuerpo en todos los dems de la Isla para reclamar en ellos las providencias que se tomen en perjuicio de la agricultura, pues en todo lo que tenga relacin han de orle y tenerle como parte, advirtindose que slo tiene el derecho de representar y que esta especie de proteccin ha de ser una proteccin racional, pues no por amparar la agricultura se ha de perjudicar a las rentas Reales, el inters del comercio o la propiedad particular. Todos estos ramos deben formar una masa, y sin predileccin por ninguno debe tenerse presente que se busca la proteccin de la agricultura porque resulta de ella el bien de todo el Estado, que no se trata de defender una parte sino de promover la felicidad pblica o sus verdaderos principios. 19. Siendo muy conveniente concluir todos estos pendientes con la mayor brevedad, lo tendr entendido la Junta para que no se pierda un momento; y con el mismo objeto de excusar dilaciones se les prevendr que en los casos en que sea necesario consultar a S.M. lo haga en derechura por mano del Secretario de la Junta Suprema de Estado, o, si esto no puede ser, se sealar una de las secretaras del despacho universal que corra privativamente en este negociado, advirtindose que en todos los expedientes que vengan a S.M. debe estar ntegro el parecer fiscal. Los papeles de la Junta vendrn autorizados por el Secretario y firmados por el Presidente o Vicepresidente y por los dos vocales ms antiguos. 20. stas sern las funciones y ocupaciones de la primera Junta de agricultura y del nuevo Fiscal que se crea en la Audiencia del distrito.

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OBRAS 178\ 178\ 178\ 178\ 178\ En cada parte de este pensamiento se presentan mil utilidades y ningn inconveniente. Prescindiendo del milagro de trasplantar a nuestro suelo los conocimientos de nuestros rivales, que slo se podr obrar completamente por este medio, y de las dems comisiones que se insinan, haba suficiente motivo para su creacin, slo con el encargo de proteger la agricultura. Este Cuerpo privilegiado ha existido hasta ahora en la Isla por su propia virtud, sin conocer otra proteccin que la accidental, que puede proporcionarle un buen jefe, cuando en todos tiempos, en todas edades, ste ha sido el primer cuidado de todos los sabios legisladores. 21. Esta Junta es necesaria por otros respectos. La distancia en donde aquellos vasallos se hallan les hace vivir privados de los auxilios que proporciona la inmediacin al Trono. En el caso de un huracn, o de una inundacin igual a la que acaban de sufrir, y se pint en la Gaceta de ... noviembre de 1791, tienen un cuerpo o una persona pblica encargada particularmente de su proteccin. El Gobernador, el Intendente, no tienen fondos para esto. Es cierto que se enterneceran en los primeros momentos, y que desearan muy de veras el remedio de la miseria; pero estos sentimientos de humanidad pronto se evaporan, por estas ocupaciones de la mayor importancia, y el desdichado agricultor queda reducido a s mismo y a sus miserables recursos, y por ltimo, S.M., en Real Cdula de 12 de abril de 1786 confiesa la utilidad de estas Juntas, y promete establecerlas en la isla de Santo Domingo. 22. Ya oigo que se pregunta por los fondos que destino para esta obra, la ms pa y til que se puede inventar. Al presente no puedo pedir que se establezca alguna carga concejil. sta ser una de las partes que se propondrn en las constituciones fundamentales de la Junta, cuando se fijen sus funciones y sus miras. Estoy seguro de que los habaneros consentirn con ms gusto en que se destine a este objeto, que a la creacin del Consulado del Comercio el medio por ciento de averas y resta de penas de Cmara. 23. Los nicos gastos que hasta el presente se ofrecen es el sueldo del nuevo Fiscal, en caso de que no sea togado, y los dems que tengan las mquinas y operarios que lleven del extranjero los Comisionados. Lo primero no puede considerarse como un gasto. Se ha propuesto para este empleo un hombre que cuando menos lo tenga merecido, y a quien S.M. haya ofrecido una plaza correspondiente a aqulla, conque nada importa pagarle aqu o all, y ms cuando este ministro puede considerarse en comisin, pues ni aun para esto, ni para el pago de las mquinas y operarios, tiene necesidad de gravarse el Real Erario. Por fortuna hay un fondo pblico de bastante consideracin que, en parte, puede destinarse a este objeto. En consecuencia de Real Orden de S.M. para que se estableciese un arbitrio de donde saliese el vestuario de milicias, se decret la exaccin de tres

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /179 /179 /179 /179 /179 reales de aquella moneda en cada barril de aguardiente, vino, vinagre y harina que entrase, y la de dos reales en cada caja de azcar que se entregase, creyendo que de aqu se sacaran los veinte mil ciento noventa y un pesos anuales para el intento. Despus se vio que completada esta suma, sobraban en cada ao treinta mil o cuarenta mil duros, y el Gobernador D. Jos Ezpeleta obtuvo Real Orden de S.M. fechada en Madrid a 21 de diciembre de 1786 para que aquel sobrante se destinase a la construccin de varias obras pblicas. Reclam el comercio diciendo que mejor sera que se invirtiesen estos caudales en hacer un fondo que, con sus crditos, diese para el vestuario de milicias, y llegase a liberarnos del impuesto. Mientras se examinaba el asunto, se mandaron suspender, por la va de Hacienda, los efectos de la Real Orden que alcanz Ezpeleta, y el Consejo, sin duda, conoci que aunque lo mejor sera abrazar el pensamiento del comercio, si las obras que se proyectaban eran necesarias, haba de costearlas el pblico, y que lo mismo era quitar aquel impuesto que establecer otro, ha pedido al Gobernador de La Habana una noticia puntual de lo que costaran las obras para dar sus providencias, de modo que no haya abusos y perpetuidad en el gravamen. 24. En este estado se halla el sobrante del vestuario de milicias. Hay cados tres o cuatro aos y, persuadido de que antes es enriquecer La Habana que adornarla y asearla, ninguna obra pblica me parece ms til e interesante que el pago del sueldo del Fiscal, de los operarios, mquinas y dems gastos que se libren por la pluralidad de la Junta para el fomento de la agricultura. Quedando a su disposicin estos caudales, el Consejo puede seguir en conocer del expediente, y S.M. dar comisin a la misma Junta para que examine si conviene que se emprendan luego estas obras, u otras de mayor inters. 25. Lo nico que falta para la perfeccin de la Junta es animar a sus vocales con la esperanza de premios. El patriotismo no basta, y aunque es verdad que estando obligado el Fiscal a examinar los puntos que se le han sealado, ha de darle movimiento, no es solamente ste el fin. Es menester hacer apreciable esta ocupacin, darle valor a estas plazas, y ponerlas en estado de que sean un estmulo para la aplicacin de los dems hacendados. El sueldo no es lo mejor, porque se ha dicho que han de ser gentes acomodadas; conque as, por ahora, lo ms conveniente ser darles representacin; alentarlos con promesas de parte de S.M. y con la expresin de que los que ms se distingan, segn los informes que hagan el Presidente con audiencia del Vicepresidente y Fiscal, tendrn un premio correspondiente a su mrito, y que desde luego declare S.M. como un honor el nombramiento a estas plazas.

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OBRAS 180\ 180\ 180\ 180\ 180\ 26. Otro inconveniente puede ofrecerse para la adopcin del proyecto, que es el encontrar, con la brevedad que se desea, sujetos con las cualidades necesarias para desempearlo. Si la fortuna protegiera mis ideas hasta llegar a este punto, yo habra completado mi triunfo, poniendo a la vista del Gobierno un hacendado recomendable que, ni aun en La Habana, pudiera hallarse mejor; de los ms ricos, ms condecorados, ms ilustres y mejor conceptuados en su patria, y que por casualidad se halla en esta Corte, sin familia ni obligacin alguna. ste es el Conde de Casa Montalvo. Del otro no puedo hablar; no soy hipcrita, y confieso que tengo los ms vivos deseos de servir a mi Rey, a mi nacin y a mi patria; que me alientan para ser candidato de una plaza tan honrosa mi nacimiento, la circunstancia de ser profesor de Derecho, y la de tener calificado mi mrito por una resolucin de S.M. que me promete colocacin correspondiente a sta; pero tambin conozco que me faltan las dems cualidades precisas, yo desnudo de ella, voy a dar un paso que, adems de no ser seguro, puede ser interpretado con perjuicio de los sentimientos patriticos que abriga mi corazn. Dios sabe que con ellos solos he consultado mi plan y que mis nicas miras han sido el bien del Estado. Por l han sido mis afanes, por l son todos mis votos y a l sacrificar con gusto mi inters particular, siempre que S.M. o sus ilustrados ministros no me contemplen idneo para la ejecucin de mi plan.OFICIO AL SR. FISCAL DEL CONSEJO DE INDIASIlustrsimo Sr.: Apenas me he separado de la presencia de V.S.I. cuando he comenzado a extender las reflexiones que me ocurren sobre los reparos que ha puesto el Sr. Contador al proyecto que acompaa mi Discurso. Con semejante precipitacin, ni puedo hablar con todo el nervio que deseo, ni menos hacer una completa defensa de mis ideas, faltndome de la vista las objeciones que hace el Sr. Contador; pero mi primera obligacin es ganar tiempo en el despacho de este cansado negocio. Responder a las objeciones que sepa con claridad e ingenuidad, y por lo dems o V.S.I. lo suplir por s, o se dignar tal vez por su amor a la verdad y al acierto hacerme sus reconvenciones para usar de mis respuestas como mejor parezca. El Sr. Contador tiene demasiados conocimientos para poderse oponer a los principios polticos que sirven de base a mi Discurso, y estoy cierto de

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /181 /181 /181 /181 /181 que en ninguno de ellos habremos discordado. Los males que yo designo como principio de nuestra decadencia, y los remedios que propongo, no pueden haberle disgustado. Sus dudas, desde luego, recaen sobre el remedio del 3 y 4 inconveniente, o ms bien sobre los accidentes de este juicioso remedio; digo sobre los accidentes porque el Sr. Contador, aun en este punto, convendr conmigo en la urgencia que hay de establecer la Junta Protectora de la Agricultura; pero no se conformar en organizarla absolutamente como yo quiero. S.S.I. dir: “Est bien que haya Junta, est bien que se escojan para ella hombres a propsito, que se les encarguen los asuntos de que yo trato; pero que no haya viaje, que no haya Fiscal, que no haya protector de negros, que esta Junta protectora de la Agricultura lo sea tambin del Comercio, y sea coma parte del Consulado, y que para esto no se toque a los fondos del sobrante de vestuario.” No me ocurre ms. Voy a responder a esos reparos del mejor modo que pueda. No haya viaje. Por qu? “Porque es una inconveniencia recomendar la necesidad que hay de establecer luego esa Junta, y quererla hacer depender de un viaje que puede durar mucho tiempo.” Respondo tres cosas: Primera. Que cuando yo di mi papel fue bajo el concepto y promesa de que sera despachado a los dos meses por la Suprema Junta de Estado, que fue la que me lo mand escribir, y contaba tener concluido a estas horas mi viaje; y de aqu resulta que en m no ha habido inconsecuencia, sino en las casualidades, que han hecho detener el despacho de un asunto que no debi demorarse un momento. Segunda respuesta. El viaje no puede ser largo. En Europa —esto es, en Inglaterra, porque el de Francia importa poco omitirlo—, hay muy poco que hacer, y lo que se ha de practicar en Amrica no puede detener mucho tiempo a dos personas que, desde que nacieron, estn acostumbradas a discurrir sobre estos ramos de agricultura, y les es muy fcil comparar las ventajas o desventajas de las extranjeras y la nuestra para sacar los resultados que se necesitan. Y adems de esto, se debe advertir que, si algunos viajeros han volado en esta vida, es preciso que sean stos, porque despus de la confianza que merecen no llevan salario alguno, han de costearse de su bolsillo, no van por pases donde las diversiones puedan distraerlos, y todo el fruto de sus tareas donde lo han de recoger es en La Habana. Tercera y ms poderosa respuesta. Con establecer luego la Junta no se adelanta tiempo alguno, porque si de ella ha de resultar un gran bien, se ha de comenzar por hacer venir a La Habana las mquinas, operarios y noticias que deben adquirir los viajeros. Y una de dos, o decir que la Junta puede hacer a la Isla los bienes que necesita sin estos antecedentes, lo que no puede decirse, o confesar que lejos de perder tiempo, se adelanta en hacer que salgan desde aqu en derechura a buscar estas luces, y que en consecuencia se establezca la Junta; con lo cual se ahorrar mucho dinero,

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OBRAS 182\ 182\ 182\ 182\ 182\ y se conseguir ver desempeada esta comisin por personas de toda satisfaccin; cosa que no puede esperarse despus del establecimiento de la Junta, pues no debe creerse que, aun cuando haya en La Habana hombres de las circunstancias del Conde de Casa Montalvo, stos se quieran convenir a salir de su casa a hacer un viaje redondo. No s si el Sr. Contador dir que sin necesidad de viaje se pueden hacer las indagaciones que se desean en las colonias vecinas, y que las que se necesitan de Europa es muy fcil adquirirlas por cartas y encargos. Por respuesta a esta objecin pido que se repasen los prrafos donde yo mismo puse los puntos a que deben contraerse las observaciones de los viajeros, y estoy cierto de que el mismo Sr. Contador me dir que esta comisin slo puede llenarse por hombres de mucho honor, y a quienes vaya su gloria en desempearla; particularmente lo relativo al comercio de frica; a aranceles de frutos, a las causas de la insurreccin de negros, al modo con que se les trata, tanto de derecho como de hecho, etc. Son asuntos que pueden evacuarse por cartas y encarguitos? El desengao que se va a procurar a los hacendados en los mtodos errados que practican, se facilitar del mismo modo por medio de encargos que por los que yo propongo y que deben resultar del viaje? Que, se cuenta por nada la ganancia que se hace en poner en ocasin a uno de los primeros hacendados y de los ms estimados de la Isla, esto es, al Conde de Casa Montalvo, de que conozca por sus ojos los errores que se quieren enmendar, y de que convencidos de ello predique con entusiasmo y con su ejemplo la reforma? Por ltimo, en este punto objeciona el Sr. Contador que este viaje poda ser til si se hiciera por peritos, pero que del expediente no consta que el Conde de Casa Montalvo ni yo lo seamos. A la verdad, que ni el Conde de Casa Montalvo ni yo somos unos profesores consumados de Fsica, Qumica, Mecnica, Botnica, Diseo, etc.; pero tambin es cierto que esto ninguna falta nos hace para nuestro intento. Nosotros lo que tenemos que hacer, adems de las diversas observaciones econmicas y polticas que se apuntan, es ver las economas, utensilios y mquinas que emplean los extranjeros para cultivar y beneficiar sus frutos. Adquirir de todo un profundo conocimiento para comparar despus en cada ramo el mtodo extranjero con el nuestro, y ver si el resultado nos deja ventajas o desventajas; y para esto a nada conduce la materialidad de saber hacer bien un cilindro, montar un tacho o formar un reverbero. Por ejemplo, en La Habana los molinos de azcar reciben su movimiento por medio de cuatro palancas que son tiradas por bueyes, y en Jamaica, v. gr ., hay molinos que lo hacen por beneficio del agua, y otros por la bomba de fuego. Pregunto, ser menester ser un profesor de maquinaria para conocer cul de los dos partidos es el ms til, y adquirir los medios de poner en ejecucin el que lo fuere? Yo contemplo que para esta clase de comisin, los hombres ms a propsito “son dos sujetos naturales de La Habana, conocidos y bien conceptuados,

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /183 /183 /183 /183 /183 que ambos tengan las calidades de talento y de corazn que se necesitan para el viaje; que el uno sea de los hacendados mas ricos de aquel pas, y el otro un hombre desocupado que entienda de Economa poltica, civil y rstica”. Si estas calidades concurren o no en los sujetos de que habla el proyecto, es cuestin separada, y sobre ella slo puedo decir que respondo del Conde de Casa Montalvo, como responder sin tardanza todo el que le conozca. De todo lo cual resulta que el viaje, lejos de traer algn inconveniente, trae las mayores ventajas, en trmino que, sin l, creo que no puede producir la Junta los efectos que se desean. Vamos al otro reparo del Seor Contador. “Que no haya Fiscal togado”; y la razn es “porque los negocios mercantiles y agrcolas deben tratarse con sencillez, la verdad sabida y buena fe guardada, para lo cual es ociosa la ciencia de las leyes, y mucho ms con la condecoracin de toga” Por partes. Yo no he dicho que la ciencia de las leyes es necesaria para el viaje, sin embargo de que las observaciones que deben hacerse sobre legislacin negrera, etc. lo piden, ni tampoco he querido hacer de la Junta un Tribunal; lo contrario se convence de mi proyecto. Lo que he dicho es “que para desempear los dems encargos que se hacen al Fiscal en La Habana, tenga la calidad de Fiscal de la Real Audiencia” ; conque a nada viene aquello de verdad sabida y buena fe guardada mientras que no se pruebe que en estos otros encargos es ociosa la jurisprudencia. Bien s que la ciencia y frmula de las leyes, lejos de ser conveniente, pudiera perjudicar si se usase de ella en el progreso de los expedientes puramente agrcolas y mercantiles; pero, es esto slo lo que tiene que hacer el Fiscal y a su propuesta la Junta? La proteccin de los agricultores, la de los negros, el derecho de reclamar en todos los tribunales las ofensas que se hagan a estas gentes en los puntos relativos a agricultura; la formacin de las ordenanzas fundamentales de la Junta; las contestaciones con el Obispo para hacerle ver sus deberes, cuando convenga en punto a diezmos, a poblacin y al rgimen de estudios; las reglas sobre vinculacin de terrenos, sobre abastos, etc.; y por ltimo, otros mil incidentes que ahora no se pueden prever, y que son muy naturales en un pueblo de litigantes como es La Habana; pregunto, pueden desempearse sin la intervencin de un letrado. Se nos dir tal vez que, aunque sea necesario para estos casos y aunque deba haberlo en la Junta, no es preciso que sea Fiscal y mucho menos que tenga la toga. A lo primero, parece que no se debiera responder, pues habiendo demostrado que en tanta variedad de asuntos es menester que haya una persona que abra a la Junta un dictamen que la ilustre en las dudas legales que ocurran, y que tanto en stas como en los dems casos de contestacin que se ofrezcan la represente en los otros tribunales y cuerpos de la ciudad, parece tan natural que el que haya de tener este encargo se llame Fiscal, que yo no encuentro otro modo de denominarlo.

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OBRAS 184\ 184\ 184\ 184\ 184\ Entremos con lo togado, que seguramente habr sido la piedra del escndalo. Lo primero que digo es que yo no he credo anexas, a esta Fiscala, la toga; al contrario, he opinado que la Fiscala en estos primeros mementos est anexa a la toga. stas son mis palabras en el Proyecto: “Que tenga una plaza togada el letrado, o la merezca por sus mritos anteriores.” Y quin dudar que, para tantos trabajos, para tantas contradicciones como las que se preparan y es natural ocurran a este Fiscal, se necesita que tenga representacin? De otro modo, no es claro que le confundiran las dems autoridades constituidas en aquella ciudad, y que por ms energa que tuviese en su corazn era imposible que resistiese? He preferido la condecoracin de la toga y el ttulo de Fiscal de la Real Audiencia por tres razones muy slidas. La primera por ser la condecoracin ms anloga a sus ocupaciones; la segunda porque en aquellos dominios se sabe que es la que proporciona ms respeto; y la tercera porque considerndose este individuo como un miembro de la Real Audiencia del distrito, la Junta tendra a este tribunal por natural protector, y el tribunal tendr en aquel Ministro un recurso que ahora no tiene para hacer ejecutar sus providencias a tanta distancia como est La Habana de Santo Domingo, y para adquirir otras noticias muy conducentes al desempeo de su autoridad; y sobre todo, acordmonos de lo que he dicho antes, la toga no viene a servir a la Fiscala, sino la Fiscala a la toga. Yo quiero que la comisin de la Fiscala se d a un Ministro togado, sea Pedro, Juan o Diego, para que la desempee con la energa que es necesaria. Si en esto hay un mal, yo no lo veo, y me alegrara mucho de que se me demostrase. Lo que creo que se replica es que se dan demasiadas facultades a este Ministro; pero a la verdad, que por ms que he revuelto este proyecto, yo no encuentro tal demasa. El Fiscal en la Junta no tiene otra influencia que la que cualquier otro Fiscal en su cuerpo, y fuera de la Junta lleva su representacin como es regular. Conque, dnde est el exceso? En los asuntos que debe examinar? Terminantemente se dice en el proyecto “que en todos aqullos en que haya algn inconveniente, esto es, en que S.M. o algn otro cuerpo privilegiado tenga puesta la mano, que se consulte a S.M. con prolijidad e instruccin”. Cules, pues, son las excesivas facultades? No puede negarse que los asuntos que se proponen como dignos de examen lo merecen con efecto. El modo con que se propone examinarlos nada tiene de abusivo, y mucho menos en la parte que debe ejercer el Fiscal, que es puramente la de proponente. Lo vuelvo a preguntar, dnde est, pues, este decantado exceso de facultades? En el ejercicio de la proteccin de negros. ¡Vlgame Dios! Se me hace un cargo de que quiera igualar los negros a los indios y que cometa el absurdo de pedir para aqullos un protector como el que tienen stos, olvidndome de que los indios son unos hombres libres con persona civil, y los negros unos esclavos sin persona civil. Estas

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /185 /185 /185 /185 /185 mismas razones que se emplean contra mi proposicin son las que ms la recomiendan. Los indios tienen persona civil; los negros carecen de ella; pues, por lo mismo, son dignos de mayor compasin, y deben cuidar ms de ellos las leyes y la humanidad. Y qu, se habr olvidado el Sr. Contador de las circunstancias en que nos hallbamos —y todava nos hallamos— cuando yo escrib mi proyecto? La insurreccin de los negros franceses, no peda de nuestra parte alguna vigilancia extraordinaria? No nos debieron despertar y hacernos precaver de alguna manera los males que podan venirnos por los negros? Lase el prrafo de mi proyecto que propone la proteccin de negros, y se ver el tiento y la cordura —permtaseme este desahogo— con que hablo. Yo no digo que la proteccin sea igual a la de indios, sino que en los casos “en que los recursos extrajudiciales no basten para contener el desorden, proceda el Fiscal del modo que las leyes determinan cuando tratan de los protectores de indios, o en el que parezca mejor al Gobierno”. Qu es lo que hay de contradictorio o extraordinario en esta proposicin? Tampoco digo que esta proteccin se establezca desde ahora para la perpetuidad, sino que “tenga el Fiscal el ojo abierto” sobre la conducta de los propietarios con sus esclavos, y sobre los movimientos de stos mientras resuelve S.M. sobre el punto de su trato y gobierno que est a consulta del Consejo. Ahora bien, si el Consejo, si el mismo Soberano han credo necesario aun antes de la insurreccin del Guarico y de la guerra que nos amenaza dar reglas para el trato, gobierno y defensa de los negros, no es muy consecuente a esto que despus de la insurreccin se encargue interinamente la vigilancia de este ramo a un hombre de quien se tiene confianza, y que despus de su viaje por las colonias extranjeras debe suponerse el ms instruido y el ms a propsito para desempear esta comisin? Por ventura se pone en sus manos algunos medios de tiranizar a los amos y esclavos? No es cierto que a este protector ninguna jurisdiccin se le asigna? Es igualmente verdad que aun la duracin de esta pequea y utilsima facultad de proteger se hace depender de la voluntad del Rey que est pendiente de la consulta del Consejo? Concluyamos este punto de Fiscala y proteccin pidiendo al Sr. Fiscal que repase lo que digo al final del prrafo 14 y en el 26 de mi proyecto y se acabar de convencer S.S.I. de que en todo he querido caminar con detencin, y que cualquier error que pudiera resultar de adoptar completamente mis ideas tena muy fcil remedio. Al propio tiempo le pido que vea la nota segunda de la pgina 175, parte primera, captulo 11, del tomo 1 del Genovesi, para que conozca la utilidad que se puede sacar de que haya un Magistrado particularmente encargado de velar sobre la agricultura y las artes. El otro reparo del Sr. Contador, lejos de oponerse a mis ideas, es muy conforme de ellas. “Que la Junta proteja tambin al comercio.” Lo mismo he dicho yo en el prrafo once de mi proyecto. stas son mis pala-

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OBRAS 186\ 186\ 186\ 186\ 186\ bras: “Para lo cual manda S.M. formar una Junta particular que proteja interior y exteriormente la agricultura.” Proteger exteriormente la agricultura, y particularmente en un pas en donde todo el comercio consiste en la extraccin de sus frutos, es en trminos facultativos lo mismo que proteger al comercio. Si no me detuve en hablar expresamente del comercio, fue porque no poda hacer otra cosa que apuntar mis ideas; y aunque en ellas entraba, como en las de cualquier hombre de razn, el deseo de unir estrechamente la agricultura y comercio, no quise detallar esta unin hasta que, efectuado el viaje, se escribiesen las constituciones fundamentales de la Junta, y se explicasen sus funciones con prolijidad y extensin. Estamos, pues, de acuerdo en este punto, con tal de que lo esencial de este asunto se reserve hasta ver lo que resulta del viaje y de que por ahora no se quiera cometer la falta de hacer dependiente la agricultura del comercio en el nombramiento de los vocales de la Junta. Las manos dependen del cuerpo, y por la misma razn los comerciantes de un pas agricultor no deben ponerse en el caso de dar, sino de recibir la ley de los que con sus sudores los ocupan y mantienen. Por lo que toca al fondo del sobrante del vestuario, reproduzco aqu lo que sobre l he dicho en mi proyecto, y slo aado que como la Junta sea dotada con fondos correspondientes, me importa muy poco o nada que salgan de aqu o all. He concluido mis reflexiones porque se acabaron las noticias que tengo de las objeciones del Sr. Contador. Repito lo que dije al principio, y finalizo este cansado papal pidiendo nuevamente al Sr. Fiscal que, hecho cargo de la precipitacin con que le he escrito, disculpe las muchas faltas que en l notar, y se digne despachar cuanto antes un expediente que tanto se ha retardado, y del cual depende la felicidad de una isla como la de Cuba. Madrid y enero 17 de 1793.ESQUELA QUE SE ENTREG" A LOS MINISTROS DEL CONSEJO DE INDIASDon Francisco de Arango suplica a V.S. que contribuya con su influjo al ms pronto despacho del expediente que debe verse en el Consejo, sobre los medios de fomentar la agricultura de la Isla de Cuba. Con el mismo objeto ruega a V.S. que se digne llamar la atencin del Consejo sobre el contexto de la Real Orden con que se le remiti el expediente para que su consulta se contraiga solamente a los dos puntos que

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /187 /187 /187 /187 /187 manda S.M. y se excuse el examen de los dems que pueda haber tocado el Seor Fiscal. Y por ltimo, implora la justificacin de V.S. para que tenga la bondad de orle en el caso de que el Sr. Fiscal haya puesto en duda algunos de los datos y principios del discurso. El exponente tiene prontas las pruebas de todo cuanto ha dicho en su papel, y parece justo verlas para confrontarlas con las que presente el citado Sr. Fiscal, la Contadura o cualquier otro de los Seores Ministros. La justicia, el amor a la verdad y la naturaleza del negocio, parece que dictan este partido; pero V.S. lo pensar mejor y har lo ms conveniente. Madrid, 7 de abril de 1793. Francisco de Arango.PRIMER OFICIOEn vista del Discurso y proyecto que usted present sobre los medios de fomentar la agricultura y comercio de la Isla de Cuba, despus de varios exmenes y consultas hechas en asunto tan importante, adems de las gracias que constan a usted concedidas por el Real Decreto de 22 de noviembre de 1792, ltimamente, con acuerdo del Consejo de Estado, se ha servido el Rey resolver que se erija en La Habana la Junta propuesta por usted; pero unida al Consulado que tambin va a erigirse en aquella ciudad, y bajo las reglas que a su tiempo se le darn para su constitucin y gobierno. Asimismo se ha servido S.M. autorizar con su beneplcito a usted y al Conde de Casa Montalvo para que juntos hagan el viaje que usted propuso, esperando del celo y talento de ambos, que no omitirn ocasin que pueda ceder en beneficio de la Isla, y que todo se har con la debida reserva, y sin ruido; porque ahora no conviene que se entienda el fin de este negocio, como con esta fecha se lo prevengo al mismo Conde. En cuanto a la reforma o subsistencia de las milicias negras de que tambin habla usted en su Discurso, como incidencia digna de consideracin, tratndose de fomentar la agricultura de la Isla, y habindose de aumentar, por consiguiente, el nmero de negros en ella, ha resuelto S.M. que este punto se trate y determine por el Ministro de la Guerra como tan propio de su departamento, y con esta fecha doy el correspondiente aviso al Sr. Conde de Campo Alange con quien podr usted entenderse sobre l. Y queriendo S.M. emplear oportunamente el celo e inteligencia que usted ha manifestado en estos asuntos, etctera.

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OBRAS 188\ 188\ 188\ 188\ 188\SEGUNDO OFICIOCon fecha 28 de noviembre ltimo, y por oficios separados, avis a VV. SS., entre otras cosas, haberlos nombrado el Rey para los empleos de Prior y Sndico del Consulado que va a establecerse en La Habana, y ahora les comunico de su Real Orden, para que con la mayor reserva lo tengan entendido, que S.M. se ha servido completar la ereccin de dicho Tribunal nombrando para Teniente de Prior al Marqus del Real Socorro; para primer Cnsul a D. Juan Toms de Juregui, y por su Teniente a Don Manuel Jos Torrontegui; para segundo Cnsul a D. Lorenzo de Quintana y por su Teniente a D. Juan Francisco de Oliden; para Asesor en primera instancia, ha nombrado S.M. al Lcdo. D. Manuel de Combra, y en atencin de haber fallecido D. Santiago de Arandia que vena propuesto para escribano, ha resuelto S.M. que sirva por ahora el escribano del Ayuntamiento de aquella ciudad. Adems se han de nombrar nueve Consiliarios, los cuales con el Prior y Cnsules formarn la Junta unida al Consulado, que han de presidir el Gobernador y el Intendente o cualquiera de los dos que concurra a ella. En el nombramiento de estos nueve Consiliarios, los Tenientes que tambin se les han de poner, quiere S.M. se atienda mucho a que no prevalezca el partido de los hacendados, ni el de los comerciantes, sino que uno y otro queden iguales y bien equilibrados, escogindose comerciantes respetables y acreditados por su talento y experiencia, porque as podrn necesitarse muchas veces en el Tribunal, y hacendados de igual talento y crdito, capaces de contribuir al instituto y fin de la Junta que siendo tales unos, todo ellos sern igualmente tiles para ambos establecimientos. Y confiando S.M. al celo e integridad de VV.SS., el cumplimiento de sus benficas intenciones en esta parte, ha resuelto que VV.SS. informen los sujetos que se podrn nombrar para dichos empleos y tenencias, teniendo presente la lista de los que vinieron propuestos de La Habana, cuando se solicit la creacin del Consulado, a los cuales se deber atender en igualdad de circunstancias, como se ha observado en los nombramientos hechos hasta aqu. De orden de S.M. lo participo a VV.SS. para su inteligencia y cumplimiento remitindoles adjunta la citada lista. Dios guarde a VV .SS. muchos aos. Palacio a 4 de enero de 1794. Gardoqui. Seores Conde de Casa Montalvo y Don Francisco de Arango.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /189 /189 /189 /189 /189Nota de los sujetos propuestos a S.M. en 1787 para los empleos del Consulado de La HabanaPara Prior. En primer lugar. El Comandante de Milicia D. Antonio Veitia, Marqus del Real Socorro. En segundo. D. Jos Luis de Herrera, Marqus de Villalta. En tercero. D. Gabriel Pealver, Conde de Santa Mara de Loreto. Para Cnsul primero En primer lugar. El Capitn D. Juan Toms de Juregui. En segundo. D. Gabriel Pealver y Calvo. En tercero. D. Nicols Calvo. Para Cnsul segundo En primer lugar. D. Juan Francisco de Oliden. En segundo. D. Manuel Jos de Torrontegui. En tercero. D. Lorenzo Quintana. Para Consiliarios, hacendados El Conde de Macuriges. D. Pedro Julin de Morales. D. Juan Nepomuceno Noroa. D. Juan Bautista Lanz. Para Consiliarios, comerciantes D. Pedro Juan de Erice. D. Pedro Francisco Marco. D. Manuel de Quintanilla. D. Pedro Martn Alguer. Para Consiliarios, navieros D. Fernando Rodrguez Berenguer. D. Mariano Carb. Para Asesor El Dr. D. Francisco de Arriaga. El licenciado D. Manuel de Combra dirigi al mismo tiempo memorial por mano del Gobernador de La Habana, el cual recomendaba su pericia y conducta. Posteriormente ha sido recomendado por la va de Gracia y Justicia; se acompaan tambin los documentos originales. Tambin han dirigido los memoriales y documentos que se acompaan los sujetos siguientes: El Dr. D. Ambrosio Mara Lauso. El Dr. D. Antonio Morejn Hidalgo. El Licenciado D. Antonio Ponce de Len Maroto. El Dr. D. Nicols de Campos Para Contador. D. Jos Antonio de Arregui. El Gobernador recomend para este empleo a D. Domingo Fernndez de la Fuente, el cual ha remitido por su parte el memorial y documentos que acompaan. Para Tesorero D. Manuel de Ciburu. Para Escribano D. Santiago de Arandia.

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OBRAS 190\ 190\ 190\ 190\ 190\ Pretenden y han remitido los memoriales y documentos que acompaan: D. Alejandro de Porto. D. Gabriel Ramrez. Para Guardalmacn D. Jacinto de Achutegui. Para porteros alguaciles Simn Rodrguez, Antonio Fernndez. Para suplir por el Prior y Cnsules D. Felipe de Zequeira. D. Francisco del Corral. D. Pedro de Alalay. El Gobernador, en su carta, previno que deban tenerse presentes en el repartimiento de oficios del Consulado, as por haber sido los primeros autores del pensamiento como por sus buenas cualidades y servicios que prestaron a la Real Hacienda, a los sujetos siguientes, de aquel comercio: D. Lorenzo de Quintana. D. Mateo de Reigadas. D. Jos Manuel Lpez. D. Manuel de Quintanilla. D. Bernab Martnez de Pinillos. D. Juan de Cabo.OTRO OFICIOLas recomendaciones que vuestra merced me pide en su papal de 10 de diciembre, del cual he enterado al Rey, deben despacharse por la va de Estado, y a este efecto pasan el correspondiente oficio al seor Duque de la Alcudia. El objeto y lmites del viaje deben ser los mismos que vuestra merced propuso en su proyecto, en lo cual no se ha hecho novedad, ni hay ms variaciones que las que han producido el tiempo y circunstancias actuales; porque ya se entiende que el viaje no se ha de extender en el da a posesiones francesas en Europa ni Amrica, y que en materia de aranceles extranjeros, poco o nada haba que adelantar despus de las colecciones publicadas en Espaa. As que en esta parte resta slo encargar a vuestra merced y a su compaero de viaje la prolijidad y el esmero en el examen de los importantes objetos para que se propuso; y que cuando en La Habana hayan de publicar la Memoria instructiva de su comisin y resultados, escojan

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /191 /191 /191 /191 /191 cuidadosamente lo que convenga dar al pblico, reservando con prudencia y cordura aquellos puntos que, por ahora, slo se deben comunicar al Ministerio, para lo cual se pondrn VV.SS. de acuerdo con el Gobernador antes de publicar su Memoria. En cuanto a formacin de ordenanzas, el Rey da a vuestra merced encargo y comisin expresa para trabajar sobre ellas y proponer a su tiempo lo que haya adelantado; S.M. espera que el tiempo, la observacin y la experiencia irn madurando las reflexiones que vuestra merced ha empezado a formar sobre un asunto tan delicado e importante. Mas como en ella se ha limitado vuestra merced a considerar solamente las formas de los juicios y las calidades de los jueces, quiere que yo le advierta no se olvide de la materia o asuntos en que se han de ejercitar. Porque el fijar y distinguir bien los lmites entre los contratos puramente mercantiles y los que no lo son, tiene acaso mayor dificultad, y es de suma importancia para cortar en su raz las competencias que nunca podrn evitarse mientras esto no quede bien claro. Todo lo que participo a vuestra merced de orden del Rey, para su inteligencia y cumplimiento. Dios guarde a usted muchos aos. Palacio, 8 de enero de 1794. Gardoqui. Seor D. Francisco de Arango.OTRO OFICIOEnterado el Rey de los varios puntos que comprenden los dos papeles que vuestra merced me dej, con fecha 16 de febrero y 16 de marzo de este ao, relativos todos al establecimiento del nuevo Consulado y al mayor adelantamiento de la agricultura y comercio de la Isla de Cuba, se ha servido mandar examinar separadamente muchos de ellos para tomar con el debido conocimiento la resolucin que sobre cada uno convenga. En cuanto al derecho de avera, resolvi S.M. desde luego que se empezase a cobrar, como vuestra merced propone, y as se ha prevenido al Visitador Intendente, en primero de este mes. En cuanto al ahorro de caja para el Consulado, tambin ha convenido S.M. en que a su tiempo se hagan a aquellos jefes los encargos que usted pide para que vean si podr acomodarse en la Contadura vieja o en algunas piezas desocupadas del Seminario de San Carlos. Pero en cuanto al permiso que vuestra merced y el Conde de Casa Montalvo puedan llevar del extranjero los arcos y clavos que necesitan

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OBRAS 192\ 192\ 192\ 192\ 192\ para sus propios ingenios y alambiques ya establecidos, y piensan establecer, no ha convenido S.M., atendido a que estos efectos se pueden llevar de nuestra Pennsula. De su Real Orden lo participo a vuestra merced para su inteligencia. Dios guarde a vuestra merced muchos aos. Aranjuez, 15 de mayo de 1794. Gardoqui Sr. D. Francisco de Arango.Notas1Representacin que se hizo para elevar a S.M. por medio de la Suprema Junta de Estado el discurso sobre la agricultura de La Habana. “Seor: ”Don Francisco de Arango y Parreo, como Apoderado General de la ciudad de La Habana, pone a L.R.P de V.M. el discurso que ha formado sobre la agricultura de aquella Isla, y los medios de aumentarla; y por el bien del Estado, y mejor servicio de V.M., pide humildemente la gracia de que su calificacin se confe tan solamente a las superiores luces de la Suprema Junta de Estado para que se trate este asunto con la reserva que pide, y se excusen las perjudiciales demoras que proporcionara la consulta y examen de otros Cuerpos; o al menos, Seor, que no se dilate la decisin de los puntos en que no haya inconveniente, separndose desde luego los que aparezcan que piden informe o mayores dilaciones. ”Si me excedo en cita splica, no es por mi inters; repito que es por el de V.M., que consiste en aprovechar este momento, el nico en que puede darse un fomento increble a la riquesa nacional, o lo que es lo mismo a la agricultura de Cuba. ”Tampoco crea V.M. que pido una cosa irregular en pretender que se decida sin informe de otros Cuerpos un asunto de tanta entidad y de tan grandes relaciones. Yo nada digo en mi papel que no haya probado, o no est pronto a probar; y adems de esto existirn en el Archivo de la Secretara de Indias mil expedientes que satisfagan las dudas que pudieran ocurrir, y particularmente el que se formara para expedir la Real Cdula de 12 de abril de 1786 en beneficio de la isla de Santo Domingo. De ninguna parte puede venir ms informacin que de este expediente. Lo mismo que concedi al augusto padre de V.M. a aquellos isleos, es con corta diferencia lo que yo pido para los mos, pues hasta el proyecto que se incluye y que parece un pensamiento original est indicado en las gracias 3, 4 y 12 de aquella Cdula. ”Guardar proporcin entre la fortuna de aquellas Islas, la razn de decidir es la misma en una que otra; y en las presentes circunstancias tal vez es ms favorable a la Isla de Cuba que a la de Santo Domingo. La ltima est cadavrica, y para resucitarla es menester un milagro polti-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /193 /193 /193 /193 /193 co, como V.M. lo ha visto en los ningunos progresos que ha hecho despus de la citada Real Cdula, y la de Cuba por el contrario est convidando a su amo prometindole cien por uno, si se digna dispensarla su proteccin, si se digna atender sus splicas, concedindole una parte de las gracias que obtuvieron de la bondad del Sr. D. Carlos III los vecinos de Santo Domingo. Madrid y enero 24 de 1792. Seor. Francisco de Arango .”2Se ha credo ocioso dar a conocer las proporciones y ventajas de la Isla de Cuba. No se ignora su extencin, su feliz situacin, la feracidad de su suelo, la variedad de sus producciones y la abundancia y hermosura de sus puertos; calidades que la hacen ms propia que ninguna otra para llevar su agricultura al mayor auge si se le pone en estado de conseguirlo.3Antes del sitio de La Habana, ninguno de sus ingenios renda seis mil panes de azcar al ao, y en 1765 ya haba alguno de ocho mil, diez mil y aun de doce mil.4Vase el estado de las producciones de La Habana marcado con el nmero 1.5Aniguibar calculaba, en 1770, que se necesitaban para el consumo de la Metrpoli cincuenta mil arrobas de azcar. Vase el estado nmero 1 y se conocer que La Habana daba casi otro tanto en 1779.6En 1779 se recogi la macuquina falsificada, y en 1781 se concluy la total recoleccin de este signo. Los particulares reciban en la Tesorera en moneda fuerte el valor intrnseco de la macuquina, y la prdida que le resultaba regularmente era de cincuenta y ocho a sesenta por ciento.7Desde nueve hasta cinco por ciento. Vase el arancel de 1778.8Esto se hizo por la Real Orden expedida a instancia del Virrey D. Antonio Mara Bucareli.9Por Reales "rdenes de 25 de julio y 9 de septiembre de 1785 se estableci el derecho de peseta en arroba de azcar en calidad de por ahora y como un recurso preciso para pagar los intereses de la deuda nacional contrada durante la guerra.10Aniguibar peda quinientas mil arrobas de azcar, y La Habana daba ya de seiscientas mil a ochocientas mil arrobas. Vase el estado nmero 1.11El azcar en 1778 tena en La Habana el precio corriente de diecisis reales la arroba de blanco y de doce la de quebrado; ya haba bajado dos reales en 1787, y aun esto se sostena porque el comerciante tena precisin de hacerse pago de sus crditos anteriores. En comprobacin de esta verdad dir el Marqus de Casa Enrile que cuando comenz la revolucin de Francia haba rezagadas en Cdiz de veinticinco mil a treinta mil cajas de azcar de La Habana.12Se citan estas cuatro naciones porque son las principales. Bien sabemos que los holandeses tienen a Curazao y los dinamarqueses el cayo de

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OBRAS 194\ 194\ 194\ 194\ 194\ Santa Cruz, etc., y que de estos establecimientos sacan casi tantos frutos como nosotros; pero sera muy cansado extender ms el examen comparativo que vamos a hacer. Baste decir que las reglas son las mismas en estas naciones que en Inglaterra y Francia.13sta es una verdad tan conocida que no necesita de prueba; sin embargo, estamos prontos a demostrar la exactitud de nuestra graduacin a todo el que lo desee.14stas son otras tantas verdades que probaremos siempre que sea necesario.15Se habla de esclavos, tanto de los urbanos como de los agricultores. Segn el padrn de 1787, tenamos en toda la Isla de Cuba 300 571 varones y 160 752 hembras; los hombres entre negros y mulatos de ambos sexos llegaban a 320 294 y los blancos son 590 375 varones y 430 235 hembras.16De los ingleses no hay que dudar, se dudar de los franceses, porque expresamente prohbe el rebajo de los das de precepto su ordenanza Real o Cdigo Negro firmado en Pars el 3 de diciembre de 1783; pero a pesar de esto hay la misma diferencia, lo uno porque en realidad ellos tienen menos das festivos, y lo otro porque ningn propietario observa tal ordenanza.17Los franceses destinan para el mayor ciento cincuenta guarres de tierra y nosotros cuatro caballeras para el menor; cada uno de sus guarres consta de cien pasos por cada frente; cada paso de tres pies, y nuestras caballeras tienen por cada frente dieciocho cordeles, y cada cordel veinticuatro varas castellanas.18Recopilacin de las Actas Parlamentarias. Vidi 6 gro. 11 cap. 52.19Traduccin de los Anales de Francia de 1786, t. II, p. 96.20Decretos Reales de S.M. Fidelsima de 27 de enero de 1751 y 25 de noviembre de 1753.21Gaceta de Madrid del viernes 16 de diciembre de 1791, captulo de Londres.22Les queda el recurso de representar sus agravios al Ministro Interventor, al Factor y al Intendente. Las ms veces ser ste un paso infructuoso para los agricultores que entregan sus frutos en la Factora de La Habana; pero la mayor parte de ellos hacen la entrega en el campo a diez o ms leguas de distancia y entonces es impracticable el referido recurso.23Este tabaco se destina a un almacn, llamado por irrisin del hermano Prez.24Segn tengo entendido, el situado que se enva de Mxico para la compra del tabaco de La Habana es de trecientos mil pesos. De algn tiempo a esta parte se han aadido otros doscientos mil, pero stos no son para comprar el fruto. Los cien mil estn consignados a la construccin de

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /195 /195 /195 /195 /195 obras y los otros cien mil los paga adelantados el reino de Lima y los remite por Mxico para polvo fino.25Por el estado nmero 1 se demuestra la decadencia a que haba llegado este ramo en 1782. Despus se advertir que ha vuelto a fomentarse; pero es menester saber que adems de haberse aumentado los precios, se repartieron negros a los agricultores comprados por cuenta de S.M. para que se pagasen con el mismo fruto, y ya se ha dicho la escasez que haba en aquel tiempo de brazos. Pero aun cuando no la hubiera habido, siempre es una ventaja para el pobre tabaquero recibir un esclavo de balde, pues con su mismo trabajo puede pagar su valor. De modo que, propiamente hablando, el Rey es quien ha cultivado el tabaco que da La Habana desde 1785. Esto no podr ser siempre. Fue un recurso extraordinario que bast para una vez. Con l se ha logrado alentar un poco esta preciosa siembra y sin l volver a decaer, se acabar del todo.26Gaceta nmero 100 del viernes 16 de diciembre de 1791, captulo de Londres.27Historie philos, et polit, liv. 12.28Los Condes de Casa Montalvo y de San Juan de Jaruco, que estn actualmente en Madrid, podrn decir las infinitas pruebas que han tenido de esta verdad en el punto de reverberos ; pues convencidos de sus ventajas hizo venir el primero un inteligente del Guarico y a pesar de haberlas hecho visibles en sus ingenios, que son los mayores de La Habana, y del justo aprecio que merecen sus talentos y su juicio, de pocos ha sido imitado, sabiendo todos que no hay un ingenio extranjero que no los tenga. El Brigadier D. Domingo Cervio testificar lo mismo que acaba de suceder en Mlaga en el ingenio perteneciente a D. Toms Guilti, que ha tenido valenta para resistir las murmuraciones de sus paisanos y las prdidas que siempre acompaan a los primeros ensayos, y ha logrado al cabo, por el ministerio de un economista francs, aumentar los productos de su ingenio en un veinticinco por ciento.29Antes de llegar al muelle noto una diferencia que, aunque pequea, debemos librarnos de su influencia. Los ingleses y franceses traen sus frutos en barricas, desde doce hasta diecisis quintales de peso. Nosotros y los portugueses usamos slo de cajas. Comprendo que esto ser por el diferente estado de las artes, por ser ms fcil formar un cajn que construir una barrica; pero no s por qu son nuestros vasos tan pequeos que nunca pasan de cuatro quintales; de modo que necesitamos cuatro para traer lo que conduce en uno los portugueses, etc. El costo ha de ser menor, y as convendra estudiar la materia para abrazar lo mejor.30Vase el estado nmero 1, y esto que en el algodn el Gobierno ha tomado otras providencias ms eficaces para su fomento. Por Real Orden de 14 de marzo de 1786 se encarg particularmente al Gobernador de La Ha-

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OBRAS 196\ 196\ 196\ 196\ 196\ bana la proteccin de este cultivo, mandndole que publicase por bando los deseos que tena S.M. de verlo en el mayor auge. Por otra Real Orden del tiempo en que el Sr. Bailo administraba la Hacienda de Indias, se previno al General de Marina que prefiriese en los buques de la Real Armada la carga de algodn a otra cualquiera. A pesar de todo esto nada se hizo hasta que D. Po Mayet sembr, recogi y embarc las quinientas noventa y siete arrobas que se ven colocadas en el estado en 1785. S.M. ha premiado desde la aplicacin de Mayet, mandndole adjudicar por Real Orden de 24 de abril de 1788 doce caballeras de tierra y diez negros a pagar dentro de tres aos. Tampoco se ha propagado el cultivo. Falta quien lo promueva, y subsisten los inconvenientes que se expresan en el discurso.31Los alambiques deben pagar, segn la orden del Rey, dos pesos fuertes por cada barril de treinta frascos que destilen; pero siendo esto muy incierto y expuesto a mil fraudes, ha tomado el Intendente la providencia de hacer examinar los alambiques corrientes, calcular su produccin sobre las fuerzas que tienen e imponerles una cantidad fija por ao que corresponda a lo que deban pagar. Adems de esta fuerte imposicin, paga el aguardiente seis por ciento de su valor cuando se extrae de La Habana.32La Gaceta de Madrid del martes 6 de diciembre nos lo anuncia. Si es cierto, como en ella se asegura, que el terreno es a propsito, nuestro pronstico a favor de Inglaterra es infalible. Prescindiendo del poder y conocimiento con que se establecen estas plantaciones, bastaba para darles superioridad sobre las dems de su clase su mayor vecindad a Europa y su situacin en el mismo pas de los negros.33Tambin convendr que los viajeros comisionados adquieran una noticia del modo con que se siembra el tabaco de Virginia y de las dems colonias; pues si son positivas las noticias que algunos particulares me han dado, nuestro atraso en esta parte es de mucha consideracin.34Esto se puede ver en la vida de aquel hroe, traducida al castellano por Francisco Calzada, pp. 99 y ss.35Las fortificaciones casi se han acabado, la guarnicin no es tan numerosa y las rentas de la propia Isla han crecido desde ciento cuatro mil pesos que daba en 1764 hasta cuatrocientos cuatro mil cuando menos; el situado, pues, ha quedado reducido a los quinientos mil pesos por peso para tabacos en los trminos que se ha dicho, a lo que viene para la Marina, que unas veces es ms y otras menos, y mil quinientos cincuenta determinados para fortificacin y pago de la guarnicin de La Habana y Santiago de Cuba.36Vase el estado nmero 1 en los aos posteriores a la guerra y se hallar la prueba de esta verdad.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /197 /197 /197 /197 /19737La carne que regularmente se come en La Habana es de reses cebadas en potreros; stas se compran en los hatos que son haciendas de criar. El comprador o potrerero paga dos alcabalas antes de comenzar la ceba; despus de concluida paga otra por la mejora que ha recibido la res, y el matador que la vende al pblico paga una nueva por habrsela comprado al potrerero, que quiere decir cuatro alcabalas o veinticuatro por ciento antes de consumir la res. Esta noticia de arreglo de las alcabalas no es ma. El Marqus de Villalta, que es uno de los hacendados ms ricos de La Habana, me lo ha comunicado como comisionado del Ayuntamiento; estoy pronto en todo caso a presentar su carta..38Don Juan de Orta, siendo Prior Sndico de aquella ciudad en 1774 o 1775, hizo una fuerte representacin sobre el particular, cuya copia podr presentar siempre que se quiera.39Hay algunos que tienen cincuenta leguas, como es el de Macuriges. Era menester que el prroco fuese de naturaleza anglica para que cumpliese exactamente sus obligaciones.40Cualquiera que sepa la inmensidad de europeos que han entrado en Cuba desde su conquista y particularmente desde el principio de este siglo, y que est instruido de la extremada fecundidad de las mujeres en aquel pas que, segn el clculo de Franklin, deben duplicar en veinte aos la poblacin, se admirar de ver los dbiles progresos que all ha hecho.41En la nota 1 he sealado el nmero de blancos de aquella isla. No s puntualmente los que hay en cada ciudad; pero asegurar sin temor de equivocarme que andarn muy cerca de noventa mil los que viven en poblados. Si este clculo se hace por las producciones de la isla comparadas a proporcin con las que da cualquiera de las extranjeras, resultar sin duda que los docientos mil hombres que se cuentan entre blancos y negros en Cuba no hay cuarenta mil ocupados en la agricultura.42Algunos atribuyen su escasez y la despoblacin de los campos al mtodo con que se dividi su propiedad entre los pobladores. Llevados del principio general de que es un obstculo para la poblacin el reunir en una o en pocas manos el dominio de inmensos terrenos, declaman contra las mercedes de los hatos, corrales y cabaas de la Isla de Cuba que por su gran extensin pusieron en pocas manos la propiedad de todo el territorio; pero a mi parecer se declama sin justicia y hay muy poca exactitud en esta observacin. Yo pienso todo lo contrario. Lejos de creer que la despoblacin resulta de estas mercedes, juzgo que las tales mercedes resultaron de la despoblacin y que las que subsisten hoy es por la misma causa. Me explicar. Cuando se dividi la Isla ni haba ganados ni haba labranza. Se sabe que lo primero es ms fcil, y es la ocupacin favorita de los pueblos nacientes. La Habana, sin embargo, reuni ambas miras. Dej para la labranza el territorio necesario, y reparti el otro

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OBRAS 198\ 198\ 198\ 198\ 198\ para la cra de ganados. Como eran pocos los habitantes de la Isla les cupo a mucho y se reparti casi entera entre ellos. A stos seguramente no perjudic el repartimiento. Todos dirn conmigo que proporcionaba grandes comodidades a la primera raza. Vino la segunda, la tercera o la cuarta, y aqu es donde podrn sentirse los males; pero tampoco existen. No haba inconveniente alguno para dividir entre varios hijos una gran posesin, ni menos lo hubo jams para destinar a la labranza las haciendas de criar. A medida que ha ido creciendo aqulla se han ido dividiendo stas, y puede decirse que su subsistencia depende del mayor o menor fomento de la agricultura. Si ayer lleg, v. gr ., hasta tal punto, y maana necesita pasar adelante el amo de la hacienda de ganado que debe destinarse a la labor, tiene el da ms alegre de su vida porque de diecisis mil o veinte mil pesos que vala todo su terreno destinado para cra, y medido por leguas, van a sacar trecientos mil o cuatrocientos mil vendindolo por caballeras para ingenios, sitios de casabe o potreros, etc. No es, pues, esta propiedad de grandes terrenos la que perjudica la poblacin. Los economistas hablan de otra, de la perpetua en una casa, o familia de donde no puede salir ni dividirse. Nuevamente se ha empezado a introducir en La Habana esta clase de mayorazgo, y para precaver sus fatales resultas se proponen medios en el proyecto. Lo que s perjudica a la poblacin de los campos es la declaratoria de S.M. en que manda cobrar dos alcabalas por las tierras de las haciendas demolidas y vendidas a censo. La exibicin de la nueva alcabala no detendr al rico; pero el miserable labrador o no tiene dinero para pagarla o le hace falta para comprar los instrumentos de su labor. Yo no he querido extenderme sobre este asunto en el cuerpo del Discurso porque no es tan urgente como los dems, y sera embarazarnos demasiado.43En pasando de veinte leguas de La Habana se puede delinquir impunemente. Los buques de Macuriges, v. gr ., son un asilo ms seguro que el mismo Santuario.

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RESP RESP RESP RESP RESP UEST UEST UEST UEST UEST AS DE D. FRANCISCO DE ARANGO AS DE D. FRANCISCO DE ARANGO AS DE D. FRANCISCO DE ARANGO AS DE D. FRANCISCO DE ARANGO AS DE D. FRANCISCO DE ARANGO A LOS REP A LOS REP A LOS REP A LOS REP A LOS REP AROS QUE SE HICIERON AROS QUE SE HICIERON AROS QUE SE HICIERON AROS QUE SE HICIERON AROS QUE SE HICIERON A SU A SU A SU A SU A SU DISCURSO SOBRE LA AGRICUL DISCURSO SOBRE LA AGRICUL DISCURSO SOBRE LA AGRICUL DISCURSO SOBRE LA AGRICUL DISCURSO SOBRE LA AGRICUL TURA TURA TURA TURA TURA DE LA HABANA DE LA HABANA DE LA HABANA DE LA HABANA DE LA HABANANo s hasta ahora qu consult el Consejo de Indias. El expediente sigui con el mayor sigilo en la Secretara de Estado de Hacienda de Indias, y al cabo de mucho tiempo y de repetidos oficios que hice por escrito y de palabra consegu que se me entregase una nota simple de reparos que ocurran contra mi Discurso y proyecto, mandndome que respondiese prontamente, y ocultndome el autor de estos reparos, los cuales y sus respuestas son como siguen. Francisco de Arango. Reparo IEn el Discurso se trataba de introducir en La Habana los conocimientos de Fsica, Qumica, etc.; pero en el proyecto slo se habla de las ventajas que han resultado a los extranjeros de estos conocimientos, pues, aunque en el prrafo 17 se propone el establecimiento de ctedras de aquellas ciencias con relacin al Seminario de San Carlos, ste es un arbitrio arriesgado, y lo que resulta es que los viajeros no van a aprender aquellas ciencias para ensealarlas en La Habana, sino solamente a observar la prctica de los extranjeros. Y aun reducido a esto slo el viaje, es asunto muy largo para la brevedad que tanto se encarga en el proyecto Don Francisco de Arango responde lo siguiente: Al Primer ReparoEl Discurso y el proyecto en nada se contradicen, y en el punto que se habla guardan la mayor consecuencia. El Discurso quiere que se introduzcan prontamente en La Habana las ventajas que disfrutan los extranjeros

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OBRAS 200\ 200\ 200\ 200\ 200\ en el cultivo y beneficios de sus frutos, y las causas de estas ventajas, esto es, las ciencias o conocimientos que las han producido. Lo primero puede hacerse fcilmente; mas para lo segundo se necesita de tiempo y de otras combinaciones. Por tanto, en el proyecto, que deba determinar los medios de verificar todas las ideas que se apuntan en el Discurso, se encarga lo primero a los viajeros; y lejos de descuidar lo segundo, se expresa en el prrafo 17 como una de las primeras obligaciones de la Junta. Lase el citado prrafo, y se hallar que no se cie nicamente al recurso del Seminario de San Carlos, segn se dice en la objecin; y que aun cuando fuese arriesgado este arbitrio —como se insina sin probar—, queda en pie el encargo de “buscar otros que proporcionasen en La Habana unos conocimientos tan necesarios para la perfeccin de la agricultura”. Dnde, pues, est la contradiccin ? La brevedad que se encarga en el proyecto no es una brevedad absoluta, sino relativa a los particulares que se necesitaban examinar. Prubese primero que es ocioso el examen preliminar de aquellos particulares, y entonces se demostrar no la contradiccin de mis principios, sino la inutilidad y falsedad de algunos de ellos. Adems de esto, el viaje, por ms que se diga, haba de durar muy poco, hacindose por dos personas que desde que nacieron estn acostumbradas a discurrir sobre estos ramos de agricultura, y que tendran gran facilidad en comparar las ventajas o inconvenientes de la extranjera y de la nuestra para adquirir los datos, y sacar los resultados que necesitan. Y de contado, la brevedad posible. De ninguno de los viajeros del mundo deba esperarse tanto como de stos, porque adems de la confianza que merecen deban viajar a su costa, sin salario. No iban por pases en donde las diversiones pudieran distraerlos, y todo el fruto de sus tareas haban de recogerlo en La Habana. Poda yo hacer ms para asegurar la brevedad que haba recomendado y que en realidad era tan interesante? Reparo IIAdems de eso, no hay en los viajeros los conocimientos necesarios para sacar del viaje la utilidad que se desea, y, por consecuencia, veran con desprecio los hacendados las variaciones que se les proponan por tales maestros. Necesitaban estar instruidos en la Mecnica, y ocupar muchos aos para que el viaje fuese til.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /201 /201 /201 /201 /201 Al Segundo ReparoYo no s cmo responder a esta objecin. Representar ahora a los viajeros como maestros, cuando antes hemos convenido en todo lo contrario, y cuando en todo mi Discurso y proyecto no hoy una palabra que defienda la justa aplicacin de este ttulo, es para m una cosa inconcebible. Todava concibo menos, por qu se requiere en los viajeros el conocimiento de la Mecnica y no se les exige el de la Economa Poltica y Rstica, Fsica, Qumica, Botnica, etc.; pues debiendo contraerse sus observaciones a los resultados no slo de la maquinaria, sino de las dems ciencias citadas, una vez que se requiere la profesin de una de ellas era consecuente exigir lo mismo en las dems. Pero vamos al grano. “No hay en los viajeros los conocimientos necesarios para sacar del viaje la utilidad que se desea ” Dnde est la prueba de esta proposicin? Se ha demostrado que las calidades que yo pido en mis viajeros no son bastantes para desempear las ideas que propongo? Se ha hecho ver que los sujetos propuestos no tienen aquellas calidades? Para que la objecin haga fuerza contra alguna de las partes de mi papel, es menester esforzar uno de estos dos extremos. Ninguno de ellos est probado; pero yo me har cargo de ambos y satisfar brevemente. Mis viajeros, lo que tienen que hacer, adems de las observaciones econmico-polticas que se les encargan, es observar las economas, utensilios y mquinas que emplean los extranjeros para cultivar y beneficiar sus frutos. Adquirir de todas estas prcticas un profundo conocimiento, comparar despus en cada ramo el mtodo extranjero con el nuestro, y ver si el resultado nos deja ventajas o prdidas; y para esto ninguna falta hacen los principios fundamentales de las ciencias respectivas. Por ejemplo. En La Habana los molinos de azcar o trapiches reciben su movimiento por medio de cuatro palancas de madera tiradas por bueyes, y en Jamaica, v. gr ., hay molinos que lo hacen por el beneficio del agua, y otros por la bomba de fuego. Pregunto, ser menester ser profesor de maquinaria para conocer cul de estos partidos es el ms til y para poner en ejecucin el que lo fuere? Yo contemplo que para esta comisin los hombres ms a propsito son aqullos que tengan ms inters en desempearla, esto es, “dos sujetos naturales de La Habana, conocidos y bien conceptuados, que el uno sea de los hacendados ms ricos y ms instruidos de aquel pas y el otro un hombre desocupado, que entienda de Economa poltica, civil y rstica”. stas son las calidades que he exigido de mis viajeros y con ellas, cmo se les puede llamar maestros despreciables, si una de las circunstancias necesarias es que ya tengan el aprecio y aun el respeto de sus paisanos?

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OBRAS 202\ 202\ 202\ 202\ 202\ La otra parte de la cuestin, esto es, si concurren o no en los propuestos aquellas calidades, el Gobierno lo determinar. No hablemos de m. He renunciado solemnemente a toda intervencin en ese asunto, y slo me queda el dolor de haberme olvidado del carcter de los hombres, creyendo por un momento que por ofrecer mi persona no se podran equivocar mis verdaderos sentimientos, ni la energa y pureza que reina en mi corazn; pero no puedo prescindir del agravio que se hace, aunque con oscuridad, al Conde de Casa Montalvo. Sus luces y conocimientos estn a la vista de todos los que le quieran tratar. Acostumbrado desde su juventud a dirigir y fomentar uno de los ms fuertes caudales de La Habana, no ha cesado de dar pruebas de su aplicacin y talento, como se conocer por el testimonio de todos los que le conocen; por los informes de oficio que hay en la Secretara de Guerra relativos a su persona y por las representaciones hechas sobre Sociedad Patritica y Consulado, en las cuales se ve su firma como la de uno de los vecinos ms ilustrados y respetables. En condecoraciones y honores nadie le excede en La Habana. Por lo que toca a caudal, es uno de los primeros agricultores, teniendo en dos ingenios y un gran potrero cerca de quinientos negros, y uno de los primeros ganaderos, pues posee separadamente cincuenta leguas de tierra con doce mil o catorce mil cabezas de ganado mayor y menor. Conozco que me he extendido algo en este punto; pero he credo necesario hacer la pintura del que deba acompaarme. Reparo IIISe agrega que las mquinas que se desean de las fbricas extranjeras pueden extraerse como otra cualquier mercanca, o no; si lo primero basta encargarla a cualquier comisionista y si lo segundo, ms proporcin tendr para extraerlas cualquier comerciante nacional que los viajeros. Al Tercer ReparoPor mi desgracia, encuentro siempre equivocadas las ideas en estas objeciones. Yo he propuesto el viaje para facilitar el conocimiento de las mquinas extranjeras que sean tiles; y no para la materialidad de introducirlas. Son dos cosas muy diversas, que cada una tiene su remedio particular en mi Discurso. De los medios de facilitar la introduccin hablo en el Discurso, y el viaje slo es para proporcionar el conocimiento de las que convenga introducir. Por consiguiente, nada dice contra el viaje, ni contra mis principios esta tercera objecin.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /203 /203 /203 /203 /203 Reparo IVPor ltimo, es muy sabido que en las colonias extranjeras hay almacenes pblicos de todos estos renglones y por medio de las embarcaciones negreras, y las que se despachan en uso de las Reales Cdulas de 28 de febrero de 1789, 24 de noviembre de 1791 y Real Decreto de 22 de noviembre de 1792, sera muy fcil conducirlos a La Habana y los tendran tal vez ms baratos que llevndolos desde Europa. Al Cuarto ReparoVerdades eternas que, lejos de ofender, son muy conformes a mis principios. Reparo VEn Santo Domingo no fue menester viaje para introducir los molinos de moler caa, bast permitir su libre entrada. En Per los hay, y as no es creble sea difcil su adquisicin, ni el aprender su uso en La Habana, que tiene tan cerca las islas extranjeras. Y con efecto, tanto se sabe all como en stas el uso de aquellas y otras mquinas, y hay algunos operarios de las colonias que lo poseen. Al Quinto ReparoPermtaseme decir que el autor de esta objecin ni ha visto ingenio de azcar, ni sabe en lo que realmente consisten. Se van a cumplir echo aos que se permiti la libre introduccin de las mquinas y utensilios en la isla de Santo Domingo, con otros muchos favores que la benignidad de nuestro difunto concedi a aquellos vecinos, y todava estamos esperando los efectos de estas gracias. Sin embargo, se nos cita a esta isla desgraciada, en donde se dice que bast permitir su libre introduccin para que hubiese molinos de moler caa. Tngase presente lo que dije en mi respuesta tercera y nase a lo que voy a exponer. Yo he dicho acaso que en La Habana no hay molinos de caa? Se extraen anualmente de su puerto un milln de arrobas de azcar, y no habr en qu moler la caa? Lo que he sentado es que en la operacin de sembrar aquella planta, de molerla, cocer su caldo, purgar el azcar, secarlo, envasarlo y conducirlo a los almacenes urbanos,

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OBRAS 204\ 204\ 204\ 204\ 204\ nos llevan muchas ventajas los extranjeros. Que se conozcan estas ventajas por el viaje y por el examen y meditacin de los primeros hacendados reunidos en una Junta y despus de conocidas, es cuando no producirn verdadera utilidad las gracias que S.M. nos ha hecho para su introduccin. Por lo que toca a la proposicin de que en La Habana hay algunos operarios que saben muy bien el uso de las mquinas, nadie lo negar si se habla del uso de las mquinas que en La Habana se conocen; pero se reir cualquiera que lo oiga decir con relacin a las extranjeras. Reparo VIEllo es que en La Habana y en toda la Isla se hace y se sabe hacer tan buen azcar como en el extranjero Al Sexto ReparoAunque se probara que en La Habana se hace tan buen azcar como en el extranjero, nada resultaba contra m, que nunca he entrado en esta cuestin. Lo que se debe demostrar es que la elaboracin del azcar bueno se hace con menos costo por nuestras mquinas, que por las de los otros. Reparo VIIY si necesitan ms luces las pueden tomar de Nueva Espaa, Per y Tierra Firme. Adems de lo dicho se sabe que D. Enrique y D. Julio O’Neille, que eran habitantes de Santa Cruz, se han establecido ltimamente en Puerto Rico con quinientos negros y habrn llevado consigo todos los conocimientos que poseen los extranjeros. Lo mismo suceder en la isla de Trinidad y debe suponerse que sucede a D. Juan Bautista Olarzbal en Santo Domingo. En todos estos lugares puede aprenderse lo que se desea sin necesidad de viaje. Al Sptimo ReparoLos viajes de Nueva Espaa, de Per y de Tierra Firme, pases que distan de nosotros muchos centenares de leguas, no son costosos, no son largos, y los de las islas extranjeras, que estn casi unidas a la de Cuba, tienen todos estos inconvenientes. En aquellas colonias nuestras debemos

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /205 /205 /205 /205 /205 creer por fe que est el azcar en su mayor perfeccin, aunque la razn dicta lo contrario; aunque la diferencia de los climas y del gobierno econmico de unas y otras hagan intil la comparacin; aunque se encuentren en ellas los mismos y aun mayores inconvenientes que los que hemos demostrado haberse opuesto a la prosperidad de La Habana, y aunque sea de admirar que tengan que aprender de gentes que slo han cultivado el azcar para su consumo, otros hermanos suyos de igual talento y disposicin, que puede decirse que son los nicos cultivadores de este ramo que tiene la Metrpoli para su provisin. Todava es ms admirable el recurso de Puerto Rico, Trinidad y Santo Domingo. En estas islas hay extranjeros agricultores. Se supone, por conjeturas, que habrn llevado consigo la suma de conocimientos que poseen todas las colonias vecinas. Y se encuentra racional que vayamos a adquirir conocimientos en casa de otros aprendices, y no en la de los grandes maestros, que los han enseado, estando a la misma distancia y siendo de igual costo uno y otro viaje? Si hubiera algn inconveniente poltico, tendran disculpa estos consejos; pero, lejos de haberlo, el mismo que objeciona supone en el tercero y quinto reparo que los habaneros tienen abierto el paso para ir al extranjero por todos los auxilios que necesitan para el fomento de sus haciendas. Reparo VIIIEsto mismo se debe considerar en cuanto al modo de cultivar y beneficiar los frutos, y la economa rstica de los extranjeros, cuyas prcticas y conocimientos pueden tal vez ser menos a propsito que las nuestras, y para hacer esta comparacin, y sacar un resultado como se desea, son menester ms luces que las que al parecer tienen los Comisionados. Al Octavo ReparoMi respuesta en orden al cultivo debe ser la misma que en cuanto a las mquinas. Ya he hablado bastante de las luces que deben tener los Comisionados y slo me queda aadir que yo ni he soado proponer que adoptemos a ciegas todas las prcticas del extranjero. Vase el prrafo de mi proyecto, y se encontrar que lo que pretendo es que los viajeros comparen, para adoptar lo conveniente y desechar lo perjudicial, y ni aun en esto los hago rbitros absolutos. Su obligacin es presentar datos exactos, y los mismos interesados, esto es, la Junta de Agricultores, es la que debe gra-

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OBRAS 206\ 206\ 206\ 206\ 206\ duar si son fundados o infundados los resultados que sacaren, como se explica muy bien en el prrafo 14 del citado proyecto. Reparo IXDe todo el asunto no hay ms noticias que las del Discurso del seor Arango, y se ha de creer sobre su palabra que la agricultura y el beneficio de azcar estn en la mayor imperfeccin en La Habana, sin advertir que no todas las cosas convienen a todos y que de la gran prosperidad de las colonias extranjeras no se puede sacar una consecuencia legtima y absoluta, como la que Arango saca —la perfeccin de ellas y la imperfeccin nuestra en el cultivo y beneficio—, habiendo como hay otras muchas causes de donde principal o tal vez nicamente puede proceder aquella prosperidad. Al Noveno ReparoEstas especies vagas son el azote de la razn, y de la buena lgica. En lugar de decir que no hoy ms noticias que las de mi Discurso, por qu no se sealan las que faltan? No he dicho yo, en la representacin con que acompa a S.M. mi Discurso, que estaba pronto a probar cuanto deca? Pdanseme las pruebas que se quieran, y si no las doy, o no son suficientes, entonces se me puede acusar; pero entre tanto es menester excusen estas declamaciones. Se dice que es preciso creer sobre mi palabra que la agricultura y el beneficio del azcar estn en la mayor perfeccin en el extranjero y en la mayor imperfeccin en La Habana, y se dejan en pie los tres hechos que he citado en los prrafos veinticuatro, veintisis y siguientes para demostrar esta verdad. Por qu no los han impugnado? Madrid est lleno de habaneros y personas que han estado en La Habana y en las colonias extranjeras. Por qu no se les ha preguntado? La Secretara del Despacho tiene en su archivo documentos que ilustran estas dudas. Por qu no se han consultado? A un propio tiempo han pedido a S.M. los habaneros, Sociedad Patritica y Consulado que protejan y fomenten su agricultura e industria. Se necesitan ms antecedentes para estos establecimientos que para el que yo propongo? No vienen de la misma causa? No es uno mismo su objeto? La Gua de Forasteros de La Habana no anda en las manos de todos? Pues, por qu no se ha examinado, y se habra encontrado que colocndose en ellas las ciencias que all se ensean y sus ms infelices profesores, no se encuentra uno siquiera de los ramos de que

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /207 /207 /207 /207 /207 hablo? Se necesita ms prueba? No se sabe que cuando se gobiernan las artes por una prctica ciega, y cuando “no estn auxiliadas por las ciencias, permanecen siempre incultas, imperfectas y atrasadas” ? Se ha visto jams salir de aquel pueblo una memoria, un discurso, un papal cualquiera, sobre la economa de alguno de aquellos ramos de agricultura, sobre Maquinaria, Fsica, Qumica, Botnica, etc. Pero, por qu me canso? No soy yo solo. No es mi palabra el nico garante que tiene la superioridad de las luces extranjeras. Lanse las apreciables memorias que escribi un viajero espaol sobre la colonia francesa de Santo Domingo y que public en esta carta D. Ignacio Gala en 1786, y se ver que el nico espaol que ha tomado la pluma en estas materias se esmera en hacer visibles el atraso de los conocimientos de nuestras colonias respecto de las del Guarico. Para hacer ms admisible esta objecin, se concluye atribuyndome un raciocinio que no es mo. En qu parte de mi Discurso o proyecto he dicho yo que la gran prosperidad de las colonias extranjeras depende nicamente de la mayor perfeccin de sus conocimientos? En el prrafo veinte de mi Discurso he sealado siete causas para esta prosperidad y todava no he dicho que son las nicas que hay. Mi empeo es probar que son ciertas las que propongo, sin repugnancia a confesar que puede haber otras muchas que yo no he acertado a descubrir. Reparo XSe quiere que la Junta se componga solamente de agricultores; la razn dicta que sea de agricultores y comerciantes para Santo Domingo a imitacin de las Cmaras protectoras de la Agricultura y Comercio que tienen los extranjeros en sus colonias, que se componen de cuatro hacendados y cuatro comerciantes. Al Dcimo ReparoPor fin salimos de viaje, y vamos a hablar de Junta. En nada se opone a mis ideas este pensamiento. Las citadas Cmaras de Agricultura y Comercio han sido los principales ejemplos que he tenido presente para proponer el establecimiento de mi Junta, y en el prrafo 11 de mi proyecto se expresa que debe cuidar esta Junta de la proteccin interior y exterior de la agricultura, que en trminos tcnicos es lo mismo que proteger el comercio. Yo no he excluido a los comerciantes del nmero de los vocales, y si

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OBRAS 208\ 208\ 208\ 208\ 208\ no los propuse desde luego fue porque, no teniendo entonces otras noticias de la organizacin de las citadas Cmaras que las que se dan de paso y con alguna equivocacin en el informe que dio la Contadura General de Indias para formar la consulta, que hizo a S.M. el Consejo en 8 de junio de 1785, en favor de la isla de Santo Domingo, se ignoraba el modo con que estaba efectuada esta reunin y los inconvenientes y ventajas que haba trado, y por lo mismo me pareci muy juicioso el diferir la formal organizacin de mi Junta hasta que los viajeros examinasen la naturaleza de las citadas comarcas, y con arreglo a ellas a los dems establecimientos de igual clase que hubiese en el extranjero, propusiesen lo ms adecuado a nuestro carcter y situacin. Siendo de notar que estando todo esto tan bien explicado en los prrafos 11 y 14 de mi proyecto, se me haga cargo de esta prudente detencin para un punto tan interesante, cuando en la objecin anterior se me acusaba de ligereza por la falta de noticias y antecedentes. Reparo XIEst bien que a esta Junta se encargue la promocin de todo lo conducente al fomento de la agricultura, pero de los dems puntos que se comienzan a individualizar desde el prrafo 15 del proyecto, hay algo que slo puede tener una remota conexin con semejante establecimiento; y todos, mucho inconveniente en encomendarlos. Al Onceno ReparoSin que se me designe los puntos que no tienen conexin con este establecimiento, y se me haga ver en qu consiste el inconveniente que hay en encomendarle su examen, no puedo responder a esta objecin. De contado, estos puntos son los mismos de que haba hablado en mi Discurso, para hacer ver que se oponan a los progresos de nuestra industria agricultora. No se ha probado por el que objeciona que son falsos aquellos principios, y ahora salimos con que no tienen conexin con el instituto de una Junta que no se crea con otro objeto que el de remover todos los obstculos que pueden oponerse a la prosperidad de la agricultura habanera. Lo mismo que he dicho de la incongruencia, digo de los figurados inconvenientes. Lanse, lanse con atencin los prrafos de mi proyecto en donde se individualizan aquellos puntos y particularmente el 16, y se conocer que en todos ellos no toma otra parte la Junta que la de promover el pronto despacho e instruccin del expediente.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /209 /209 /209 /209 /209 Reparo XIIReducida, pues, la Junta a su verdadero instituto, ser ocioso el Fiscal, pues a nada conducen los conocimientos del letrado para su cumplimiento. Al Duodcimo ReparoLa causa es convincente, pues por ella vemos que letrado y Fiscal significan lo mismo. Aun reducida la Junta a su verdadero instituto, no se probar que es ocioso el Fiscal. Lo ms que puede decirse es que en aquel caso no es necesario que tenga la calidad de letrado; pero que debe haber uno que ejerza las funciones de Fiscal o de Sndico, es cosa muy diversa, que no se ha intentado probar y de que hablar con ms oportunidad cuando responda al reparo XXXVI. Reparo XIIIAdems de que su sueldo no dejara de ser un gasto efectivo, como se ha intentado persuadir, sea que ya lo tuviese o que lo mereciese por sus anteriores servicios. Al Dcimo Tercer ReparoLase el prrafo 26 de mi proyecto, y conociendo su espritu quedar sin fuerza alguna esta reflexin. Reparo XIVEl cultivo de las tierras se sabe en La Habana con tanta perfeccin como en el extranjero. Al Dcimo Cuarto ReparoCuando vi que se hablaba del Fiscal, cre que va no se tratara ms de las reflexiones que persuadan la inutilidad del viaje; pero me he engaado. Volvamos de nuevo a esta desagradable contienda.

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OBRAS 210\ 210\ 210\ 210\ 210\ Ya he respondido a esta objecin, y lo nico que puedo aadir es que se lean las citadas memorias de D. Ignacio Gala. Reparo XVNo consiste en el mejor que stos dan, sino en el mayor nmero de brazos. Al Dcimo Quinto ReparoNunca haba odo que el mayor cultivo de las tierras fuese consecuencia precisa del mayor nmero de brazos. Reparo XVIY el que las tierras y campos produzcan continuamente el azcar depende de la calidad de ellos, y no de industria particular. Al Dcimo Sexto ReparoLas tierras no producen azcar sino caas, y de stas se saca por medio de muchas operaciones difciles el azcar. El suelo de las colonias extranjeras, nuestras vecinas, no es, ni con mucho, tan frtil como el de La Habana, y por consecuencia es imposible que en aquellos campos se cojan en igual porcin de tiempo mayor nmero de cosechas que en los nuestros; pero esto es cosa muy distinta de las operaciones de la industria. Cuando las tierras estn cansadas en La Habana, se abandonan y se buscan otras nuevas; y en el extranjero se hacen los ingenios con mucha menos extensin, y duran siempre. Aqu entra la industria del hombre, y en este caso tienen lugar mis principios Reparo XVIIY esto es demostrable, pues se sabe que en Martinica hoy terrenos que antes producan abundantemente azcar, y ahora estn absolutamente estriles.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /211 /211 /211 /211 /211 Al Dcimo Sptimo ReparoEs un hecho histrico que esta Isla fertilsima perdi gran parte de su feracidad por el terrible huracn de 1748 o 1749, y que su decadencia actual depende tanto de esta causa natural como de varias otras polticas que se podrn ver en el libro dcimo tercero de L’Histoire philosophique et politique y con ms exactitud en la traduccin que tiene hecha D. Carlos Mara de Irujo de Cartas crticas y polticas sobre las colonias francesas Y esto, qu prueba contra mis principios? Reparo XVIIIY lo mismo sucede en otros parajes de Per. En unos dura mucho tiempo la siembra de caas, y en otros es menester repetirlas cada ao, efecto todo de la variedad y de la mayor o menor feracidad de la tierra y de la industria. Al Dcimo Octavo ReparoEsto es cosa muy distinta de lo que sucede en Martinica, aunque igualmente inoportuno. Nadie ha dicho que todo los terrenos son igualmente feraces. En una parte se necesita sembrar de nuevo los caaverales cada ao y en algunas basta resembrarlos Verdad eterna. Pero, aun en los terrenos ms feraces, en aquellos que ni aun resiembra se necesita, no es cierto que mayor industria se sacara ms? Y no es igualmente cierto que esta feracidad se acaba, y que, en acabndose, entra la industria a suplirla? Pues esto es lo que se desea saber. Los medios que emplean los extranjeros, y que nosotros no conocemos, para moler en todas las estaciones del ao y para hacer de perpetua duracin sus ingenios. Reparo XIXEs incierto que no pueda verificarse con igualdad de precio la venta del azcar que hacen los extranjeros y la que se hace en Cuba; pero, en caso de que as fuese, dependera de otras causas, como son la baratura de los elaborantes, el mal trato que a ellos dan los extranjeros y la mayor comodidad de sus fletes. Pero ni aun con estas causas se puede probar que sale ms caro el azcar de La Habana que el extranjero, y se dar una prueba invencible.

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OBRAS 212\ 212\ 212\ 212\ 212\ Al Dcimo Noveno ReparoOigamos la prueba de la conclusin de este prrafo, y, entre tanto, demos a su autor las gracias porque nos repite aqu como cosa muy nueva lo que se dice en mi Discurso de treinta y cuatro mil modos, esto es, que hay otras muchas causas, adems de la superioridad de los conocimientos extranjeros, para que no podamos competir con sus frutos. Reparo XXEn las islas extranjeras el precio regular del azcar blanco es doce reales de plata por arroba y el del quebrado diez, y el en que la vendan en Europa antes de la insurreccin del Guarico, de veintids a veinticuatro reales plata el quebrado, y de veintisis a veintiocho el blanco, y a estos precios pudieran vender el suyo los habaneros con mucha ventaja y ganancia. Al Vigsimo ReparoPrimer dato. Se probar que no es cierto. Los extranjeros no dividen su azcar, como nosotros, en blanco y quebrado. Su blanco es el refino y de l hacen cinco o seis especies; y del que, en algn modo, puede equipararse a nuestro quebrado y que ellos llaman bruto por no estar purgado, hacen seis, con precios muy distintos coda una, como se podr ver por la papeleta de ventas que acompao, marcada con el nmero 1. Otra especie singular es la de haber hecho la graduacin del precio del azcar por reales de plata, sin decirnos si son de plata fuerte, de velln o de los imaginarios que usa el comercio; y lo ms extraordinario es que se haya escogido esa moneda para apreciar los frutos de un pas en donde no se conoce, y que sin decirnos una palabra de la reduccin de la moneda extranjera a la nuestra, ha salido tan justa la cuenta que no hay un maraved de pico. Pido que se haga reflexin sobre esta advertencia, y que, para conocer su fuerza, se tenga presente que en las colonias extranjeras nuestra moneda fuerte ha tenido siempre un premio considerable, y que habiendo habido en todos tiempos grandes variaciones en este premio, se fija el valor del azcar a diez y doce reales sin hacer la reduccin con consideracin a aquel premio, ni a las infinitas alteraciones que ha tenido. De contado, un peso fuerte vala en el Guarico antes de la insurreccin ocho libras y cinco sueldos, y una onza de oro ciento veintisis libras, y en

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /213 /213 /213 /213 /213 Jamaica se quita a todo peso fuerte la octava porte de su valor, hacindole un agujero que se llena de liga con las letra G.R ( Georgiis Rex ). La verdad de estas proposiciones sobre la moneda y sus variaciones se har constar por diferentes escritos, y entre otros por la preciosa memoria que escribi De Neufchateau en 19 de marzo de 1787 Sur la dissette du numeraire a Saint Domingue Falsificado este dato con tan gran claridad, no me queda por hacer sobre l sino una reflexin muy sencilla. Su autor ser, sin duda, espaol. Las colonias extranjeras casi estn unidas a la de Cuba. Pues, no es de admirar que, sabiendo con tanta exactitud el precio que tena en el extranjero el azcar, no nos diga una palabra sobre el que tiene el nuestro en La Habana y en la Pennsula? No era ms natural averiguar ste que ponerse a probarlo por comparaciones arriesgadas y por conjeturas que siempre encuentran salidas? Vamos al segundo dato. Reparo XXILa prueba es que en Lima y Tierra Firme el azcar tiene el precio de diez y doce reales que antes se ha dicho que tiene en las colonias extranjeras; siendo de notar que son negros en Cuba los elaborantes, y que costando en esta Isla doscientos o doscientos cincuenta ducados, all cuestan ms caros, como que es ms dilatado el viaje, y no se llevan libres de derechos. Al Vigsimo Primer ReparoEs igualmente incierto, y est tan lleno de equivocaciones como el primero. Vase la adjunta carta del Conde de Vistaflorida, cuya honradez y probidad son notorias en esta Corte, y cuyo testimonio debe ser decisivo, tanto por esta razn como porque es uno de los azucareros ms fuertes de Per, y se conocer que no ha valido jams en Lima el azcar los doce reales que se quiere decir, y que tampoco se conoce el terciado o quebrado. La panela es cosa muy diferente. Nuestro azcar quebrado es la parte inferior del pan que nunca queda tan blanca como la superior, y la ponela, segn dice Vistaflorida, se forma de la miel de purga por una nueva operacin. Ntase tambin que aqu se vuelve a hablar de reales de plata, sin distinguir lo que son; y una de dos, o son fuertes, y sta no es moneda corriente en el giro y cambio de Europa, o son de velln y en Lima no los conocen.

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OBRAS 214\ 214\ 214\ 214\ 214\ Asimismo se ver, por la carta de Vistaflorida, la equivocacin con que se asegura que son negros todos los elaborantes de Per, ocultndonos que donde los hay los ms son criollos, cuando uno de stos vale por tres bozales; y negndonos que hay indios empleados en este trabajo. Reparo XXIIDe aqu resulta una demostracin palpable. Pues si en Per “que deba salir ms caro que en La Habana el azcar por lo dicho en el prrafo antecedente” se puede dar al mismo precio que en las islas, cmo en La Habana no sucede lo mismo? Y si se dice que en Per no se usan las mquinas que en el extranjero, diremos entonces que nada tenemos que aprender con el viaje, supuesto que con las malas de Per hacemos ms que los extranjeros con las suyas. Al Vigsimo Segundo ReparoNo era necesario destruir los datos para demostrar que de ellos no se infera la consecuencia que se saca. Pues qu, la baratura o caresta del azcar depende solamente del precio de los negros? ste es uno de los infinitos renglones que son necesarios en estas haciendas y nada importara que en La Habana costasen menos los elaborantes, si en Lima vale menos el dinero; si las carnes, la mulada y la boyada necesarias se dan ms baratas; si el cobre para los trapiches y tachos vale a menos precios; si hay mejores caminos para su conduccin, etc. Aun sin ocurrir a todo esto, la solo diferencia del clima hace que sean ms baratos a quinientos pesos los negros de Lima que a doscientos en La Habana. El intolerable ardor del sol en las islas situadas en la zona trrida acorta el trabajo y la vida de sus labradores, cuando por el contrario la fatiga es saludable en un pas tan templado y benigno como Lima. Despus de todo, tenemos un dato cierto, y es que el excelente y barato azcar de Lima no puede concurrir en la Pennsula con el caro y malo de La Habana. No se diga que por la distancia, pues un azcar tan bien acondicionado padece muy poco con el largo viaje, y el mayor valor de los fletes estar superabundantemente compensado por el menor costo del fruto, y ello es que desde La Habana se hacen expediciones de azcar a Buenos Aires, sin temer la distancia, y ni all sostienen las de Per la concurrencia.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /215 /215 /215 /215 /215 Reparo XXIIIEl algodn no requiere ms que plantarlo. Pocos instrumentos necesita para su siembra, y menos para su cultivo, y se ha observado que slo por una orden que fue al Gobernador de Guayaquil para que protegiese el cultivo de esta planta y prometiese a los cultivadores que por El Callao se extraera para Europa, se aument de tal modo que lleg a un precio nfimo y volvieron a abandonar su siembra, porque no daba los costos. Lo nico que falta son los instrumentos para el desmonte o limpia, y stos a nadie los ocultan los extranjeros. Al Vigsimo Tercer ReparoTodos los frutos del mundo se siembran con las manos, y estos instrumentos en todas partes los hay. A esto nadie se ha opuesto; pero por lo que toca al cultivo y desmonte de algodn, aunque no necesita de muchas mquinas e instrumentos, lo cierto es que en La Habana no las hay, y que es preciso adquirirlas y aprender su uso. El que los guayaquileos hayan sido tan dciles, puede tener muchas causas, y nunca se inferir de aqu que los habaneros deban serlo en este ramo. La docilidad de los de Guayaquil se nos prueba con una Real Orden, cuya fecha no se cita, y con un hecho que carece de individualidad. Yo hago ver la decadencia de este ramo en La Habana por el registro de las aduanas y la insuficiencia de los muchos medios que hasta ahora se han adoptado para su fomento, con el mismo registro de nuestras aduanas, combinado con las Reales "rdenes de 14 de marzo de 1786 y 24 de abril de 1788, y con lo dems que digo en la nota 32 de mi Discurso. Reparo XXIVY lo mismo sucede con el caf que ningn cuidado necesita. Al Vigsimo Cuarto ReparoY lo mismo sucede con el caf que ningn cuidado necesita, ni tiene nada que saber cmo lo cultivamos y beneficiamos nosotros; pero no como lo cultivan y benefician los extranjeros. Vase la citada papeleta nmero 1, en el artculo Caf, y se conocer que los guariqueos lo dividen en cinco

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OBRAS 216\ 216\ 216\ 216\ 216\ clases, y nosotros no conocemos ms que una. Diga cualquiera si en esta clasificacin y diferencia de precios hay industria y utilidad. Reparo XXVPor lo que toca al tabaco, todos saben que el habano es el mejor del mundo y que los extranjeros no han podido imitarlo, y por tanto ellos son los que tienen que aprender de nosotros. Al Vigsimo Quinto ReparoLos extranjeros lo que no han podido imitar es la naturaleza de nuestro suelo; porque es obra de la Providencia, y as a nada conduce la noticia que todos saben, de que el tabaco habano es el mejor del mundo. Lo que se debe examinar es si sacamos de este fruto todas las ventajas que podemos. De su actual sistema econmico es de lo que yo hablo en mi Discurso y proyecto, y no de su cultivo; especie que solamente toco por incidencia en una nota, con relacin a otros y con aquella circunspeccin que siempre empleo en materia que no conozco. Reparo XXVIEl ail en ninguna parte del mundo es tan bueno como en Guatemala. Los mismos ingleses lo han ido a cambiar all, y con todo no han podido igualarnos. Conque a nada conducira el viaje en este ramo, frecuentando tanto los habaneros aquel Reino. No es menos apreciable el algodn de Santa Marta y Cartagena, y el caf de Puerto Rico, y en estas partes puede aprenderse su cultivo ms bien que entre los extranjeros. Al Vigsimo Sexto ReparoPorque los extranjeros no han podido sacar de sus territorios tan buen ail como el que produce Guatemala, se infiere que nosotros sabemos ms que ellos en este ramo. Es menester hablar con propiedad. La obra de la naturaleza es una cosa, y la de la industria es otra. Yo he entrado sentando en mi Discurso que los espaoles de Amrica somos los que poseemos los terrenos ms frtiles, y ms a propsito para el cultivo de los diferentes frutos. He aadido que el tabaco y el algodn de La Habana son los mejo-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /217 /217 /217 /217 /217 res del mundo; pero de aqu ni infiero, ni inferir nadie que tenga buena lgica, que los extranjeros tienen que aprender de nuestra industria; pues se sabe que este buen algodn de La Habana es silvestre, y que la rica calidad del tabaco depende de la del terreno, y as en la misma Habana con los mismos cosecheros se coge un mal tabaco en Doa Mara, y en Guane se cosecha el que sirve de asombro al mundo; y con las mismas hojas sacaba D. Pedro Alonso un polvo maravilloso, y la Factora lo hace malo. Por tanto, no basta decir que el ail de Guatemala es el mejor del universo. Es menester que sepamos si esta bondad se debe a los guatemaltecos o al suelo de aquel hermoso reino. Ello es que con todas estas ponderaciones, con todas las proporciones que tiene el Reino de Guatemala por su poblacin y riqueza, nosotros no sacamos de all igual cantidad de ail a la que produca a los franceses la parte de Santo Domingo antes de la insurreccin; como se podr ver por la carta que acompao del ex Presidente de aquel Reino D. Jos de Estachera; y por lo que dice nuestra Gaceta de 16 de diciembre de 1791, captulo de Londres. Y obsrvese al propio tiempo, en la ya citada papeleta nmero 1, la industria de los franceses en las diversas clases en que dividen su ail, mientras que nosotros slo conocemos tres. No por esto digo que sea ocioso el examen de las aileras de Guatemala; pero adems de que ste es un viaje infinitamente ms largo y costoso que el de las colonias, la situacin geogrfica de aquel Reino es muy diferente de la Isla de Cuba, y su clima es enteramente distinto, inconvenientes que pueden ser de gran consideracin y que no existen en las islas de Santo Domingo, Jamaica y Cuba. Reparo XXVIILas causas de que los azcares de La Habana no puedan concurrir con los extranjeros son otras muy distintas, y consiste, segn el informe de comerciantes y gentes instruidas en este ramo, en que los habaneros no purifican bien el azcar, y no es porque no saben los medios, porque, cuando quieren, lo purifican tan bien como el que comnmente se llama de Holanda. Al Vigsimo Sptimo ReparoLos comerciantes que aseguran que la mayor o menor purificacin del azcar impide su concurrencia, no solamente han errado sino que ni ellos

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OBRAS 218\ 218\ 218\ 218\ 218\ mismos entienden lo que se han dicho. Es verdad que la mejor calidad del azcar le hace subir de precio; pero tambin es cierto que para ponerlo en este estado por medio de la purga se le hace bajar de peso. Y resta averiguar qu es lo que le trae ms cuenta al azucarero: si la demasa del precio de la ms purgada, o el exceso del peso en la menos purgada. El azcar blanco no es el que ms se consume, sino el oscuro; el ms barato, porque se aplica a ms fines y tiene ms compradores en la plebe. Y as se ve que Dutronne de la Couture, en su clebre obra sobre el cultivo de este fruto, quiere que se traiga a Europa para el consumo del pueblo mucho ms azcar sin purgar que purgado, y que los franceses traen la mayor parte en bruto, esto es, sin purgar, y los ingleses lo mismo. Conque a nada conduce esta especie de la purificacin, siempre que los habaneros pudieran darle no purificado, tan barato como cuesta en el mismo estado el suyo a los extranjeros. Reparo XXVIIIEntre otras causas de que no abunden en La Habana ciertos frutos una es la indolencia de los naturales, pues pudiendo mantenerse con el pltano u otro fruto que espontneamente da la naturaleza, no se aplican a trabajos duros, y lo dejan para los esclavos, y estos defectos del clima no los evitan viajes, juntas ni fiscales. Al Vigsimo Octavo ReparoEn primer lugar, debo advertir que el pltano no es fruto silvestre. Se cultiva como cualquiera otro, y despus dir que ni hay en el mundo hombre tan activo y eficaz como el habanero, ni tampoco se encontrar otro alguno que consuma ms carne en su sustento. Ni en el campo ni en la ciudad se acuesta nadie —sta es la misma frase que all se usa— sin comer carne, y en gran cantidad. Los negros mismos, los ingleses esclavos la comen diariamente. Es cierto que el duro trabajo del campo se hace por esclavos, y que la mayor porte de los libres viven en poblados; pero esto no es efecto de la indolencia, que nunca la conoci el habanero, sino del descuido con que hasta ahora se ha mirado la agricultura; de la poca proteccin que han tenido los frutos de fcil cultivo; de la naturaleza de los ingenios, que hacen poderosos a pocos y reconcentran el lujo en las ciudades; siendo regular que quien encuentre medios para subsistir en ellas, las prefiera a la dureza de la vida campestre. ¡Indolentes los habaneros! Yo recurro a la

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /219 /219 /219 /219 /219 experiencia. Madrid est lleno de ellos. Examnense, y yo aseguro que no habr uno que se resista al trabajo, como de l espere su fortuna o mayor comodidad. Si en algo pecan es en el exceso de sus fuegos. Para nada son intiles ni perezosos; lo que les falta son luces, direccin y orden, y esto es lo que se consigue por medio de “viajes juntas y fiscales” Reparo XXIXOtra causa es la propensin de aquellos naturales al contrabando. Esta punible ocupacin ahuyenta a aquellos vecinos del trabajo del campo, y no es la falta de conocimiento lo que causa la escasez. Al Vigsimo Noveno ReparoEl contrabando se hace en Espaa, en toda Amrica y se har en el mundo entero, siempre que por medio de l encuentren ganancia los hombres. Por consiguiente, sta no se debe suponer una calidad de tales y tales pueblos, sino un efecto de la situacin en que se hallan, y uno de los medios ms eficaces de retraerlos de este maldito trfico es proporcionarles arbitrios para que cultiven la tierra con ventaja, pues tenindolos detestarn un recurso que los expone con mayor utilidad a las vejaciones y penas que proporciona semejante carrera. La prueba de esta verdad se ve en la misma Isla de Cuba. De los terrenos ms cultivados, esto es, de aquellos en donde ha habido ms proporciones y estmulos para el cultivo, es de donde salen menos contrabandistas, y en el interior de la Isla —porque el cultivo trae menos ventajas— el nmero de contrabandistas es infinitamente mayor. Ocupmonos, pues, en hacer ms y ms agradable la agricultura para disminuir el contrabando, y lejos de atribuir la decadencia de este ramo a lo propensin al comercio fraudulento, confesemos que el contrabando, en gran parte, es efecto de la ociosidad en que por necesidad se hallan muchsimos hombres. Reparo XXXEl artculo de negros, su ms fcil adquisicin y reglas de su gobierno pblico y familiar, no es negocio para la Junta, ni puede arreglarse hasta que se publique el cdigo anunciado en la Real Cdula de 12 de abril de 1786.

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OBRAS 220\ 220\ 220\ 220\ 220\ Al Trigsimo ReparoEn el mes de noviembre de 1786 le este cdigo en la ciudad de Santo Domingo, por el favor que me haca su autor D. Agustn Emparn, entonces Oidor de aquella Audiencia. No slo lo haba va concluido, sino remitido al Consejo con favorable censura del Regente de la Audiencia, D. Francisco Javier Gamboa, y creo que de todo el Tribunal. El tal cdigo nada hablaba sobre el comercio de negros; asunto muy ajeno de esta clase de obras, y, por consiguiente, no entiendo cmo se asienta en la objecin que en l se darn reglas para su ms fcil adquisicin. Por lo que toca a su gobierno pblico y familiar, nada dir de los siete aos que van gastados en el examen del cdigo, ni de la diferencia que hay entre los negros de la parte espaola de Santo Domingo, que es para quienes se mand escribir y escribi, y los de la Isla de Cuba; slo recordar que, a pesar de estar pendiente este asunto, y sin embargo de no haber acaecido todava la insurreccin del Guarico, el Gobierno no crey poder pasar ms tiempo sin arreglarlo, y public la Real Cdula de 31 de mayo de 1789. Esto acredita que no debe esperarse la resolucin del expediente formado sobre el citado cdigo para dar a los negros de La Habana las diversas reglas que necesitan. Y que la fomentacin de estas reglas es negocio de la Junta, adems de dictarlo la razn, lo pruebo con la autoridad de los doctores D. Francisco de Saavedra, D. Ignacio de Urruira, Contadura de Indias y Fiscal de Nueva Espaa; los cuales, consultados por el Consejo de Indias en el expediente que se ha formado sobre el cumplimiento de la citada Real Cdula de 31 de mayo de 1789, han dicho que se suspenda el cumplimiento de este Soberano despacho, y que se forme en cada capital de provincia una Junta compuesta de los principales hacendados, Obispo y Capitn General que proponga las reglas que deban gobernar en esta materia. El Consejo todava no ha resuelto; pero no parece regular que se aparte del dictamen de personas tan respetables. Dgase ahora que ste no es negocio para la Junta. Reparo XXXILa Junta sera intil y perjudicial, porque la multiplicidad de cuerpos autorizados causa confusin, competencias y discordias.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /221 /221 /221 /221 /221 Al Trigsimo Primer ReparoSu inutilidad no se ha demostrado, quedando existentes las pruebas que se han dado en el Discurso y proyecto de su gran utilidad, o por mejor decir, de su necesidad. Por lo que toca a la confusin, competencias y discordias que se le atribuyen, slo dir que esta Junta organizada como correspondera, en lugar de fomentarlas las cortara; y que lejos de ser mi intencin multiplicar cuerpos, pensaba en ahorrar uno, pues tratndose de establecer Sociedad Patritica y Consulado, yo quera que mi Junta desempease las funciones de una y de otro. Y en prueba de que cuando se trata del bien pblico deben callar todas estas pequeas consideraciones, se ha visto que el Supremo Consejo de Indias las ha despreciado latamente, pues persuadido del atraso en que se hallaba la industria habanera no se ha opuesto a la ereccin del Consulado, y sin embargo de estar viendo, por la experiencia, la poca vitalidad que producen en la Pennsula las Sociedades Patriticas y de que la que se propona para La Habana era una copia de la de Madrid y Canarias, ha decretado su establecimiento por Real Cdula de 15 de diciembre de 1792. Reparo XXXIIAquel Gobierno y la Intendencia estn encargados de la prosperidad de la Isla, y en las Reales disposiciones est prevenido todo. Al Trigsimo Segundo ReparoPor m respondern la experiencia y la autoridad del Gobierno que de mucho tiempo a esta parte no se ocupa en otra cosa que en buscar ms eficaces protectores a la industria de la Pennsula. Reparo XXXIIIEn los reglamentos para las isla de Santo Domingo, Puerto Rico y Trinidad se hallarn todas las mximas y caminos ms oportunos de sacar de los terrenos todo el partido posible de la aplicacin y el trabajo.

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OBRAS 222\ 222\ 222\ 222\ 222\ Al Trigsimo Tercer ReparoSanto Domingo, Puerto Rico y Trinidad tienen sabios reglamentos, y a la primera de las Antillas, la nica que produce algo a la nacin, porque no los tiene y los pide, se le hace un cargo, y se le quiere obligar a que se conforme con leer los de aqullas? Por otro lado, de qu reglamento se habla? Quisiera ver los de Puerto Rico, pues sobre la felicidad de esta pobre isla no s que se haya escrito palabra. Y de Santo Domingo, a no ser la Real Cdula de 12 de abril de 1786, que a nada viene en este caso, tampoco tengo noticias de que haya ms reglamentos. Los de Trinidad nos quedan. Se hablar desde luego de las Reales Cdulas y providencias expedidas para su poblacin y fomento. Qu conexin tienen stos con lo que se trata? Qu adelantaran los habaneros con leer tan bellas disposiciones, y saber que en Trinidad se admiten extranjeros y que a todo poblador se le dan tales y tales auxilios? No hay duda “que stos son los caminos ms oportunos para sacar todo el partido posible”. Pero, los alcanzarn los habaneros slo porque lean que los tienen los trinitarios. ltimamente, el mismo que ahora nos aconseja que veamos los reglamentos de Santo Domingo, etc., es el que en las dos objeciones antecedentes se ha opuesto a que tengamos Junta protectora de la agricultura, cuando en la Cdula citada de Santo Domingo se dice que ste es uno de los medios ms eficaces para su prosperidad y fomento. Reparo XXXIVAdems de que sera de gran inconveniente la censura que con la institucin de esta Junta se pretende poner a los primeros Jefes de aquel Gobierno principal y municipal, civil, militar, econmico y de Real Hacienda. Al Trigsimo Cuarto ReparoEl Censor, tomado desde la antigedad ms remota, tuvo siempre autoridad para corregir y castigar al que se apartaba de las leyes o violaba las costumbres, y esta autoridad de ningn modo puede atribuirse a la Junta que he propuesto. El derecho de representar, el de defender con vigor al cuerpo privilegiado de agricultores, o por mejor decir, la felicidad pblica, es todo lo que yo le concedo; y esto se llama censura? Tiene esto inconvenientes? El primer derecho del hombre es el de conservacin y de-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /223 /223 /223 /223 /223 fensa; y por el ejercicio de ste jams se ha dicho, hasta ahora, que se perturbaba el orden de los tribunales y que se estableca una censura terrible. Adems de esto, si la principal condicin de mi Junta es que sea su representante un Ministro de S.M., esto es, un Fiscal de la Real Audiencia, y su Presidente el Jefe de aquella provincia, si mis principios no se oponen a que se abran sus puertas a todas las autoridades constituidas, por qu dice que yo pretendo censurarlas? Reparo XXXVDe manera que con ttulo de Junta se iba a formar un tribunal simulado, por independiente y superior a todos los de all. Al Trigsimo Quinto ReparoCmo se prueba esta proposicin? Dnde est la simulacin? No es posible ms claridad que la que yo he empleado en describir las funciones de mi Junta. No he comenzado por decir en mi proyecto que la Junta no tendr por ahora jurisdiccin alguna ordinaria, ni contenciosa? Pues, cmo se afirma que hay simulacin y que va a establecerse un tribunal? El por ahora lo puse porque, como he dicho antes, pensaba estrechar la alianza de la agricultura y del comercio y que de la misma Junta saliesen las personas que deban administrar justicia en las causas mercantiles por las reglas consulares. Para esto era el viaje y la reunin de todos. Reparo XXXVIA semejante Junta nunca podr convenirle un Fiscal, propio solamente de los tribunales superiores. Cuando ms podra ser un Fiscal rural y pedneo, o propiamente un Censor, segn las leyes y sus intrpretes. Al Trigsimo Sexto ReparoEn el reparo anterior, la Junta era un tribunal, y en ste ya no conviene darle tal nombre, para negarle el Fiscal. Lase el proyecto con reflexin, y se ver que el Fiscal que yo propongo no iba a ser Fiscal de la Junta, sino de la Audiencia del distrito, comisionado en la citada Junta para asunto del mayor inters. Con lo cual queda quitado el inconveniente que se nos opone

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OBRAS 224\ 224\ 224\ 224\ 224\ con la autoridad de las leyes y de sus intrpretes. Bueno sera saber cules eran estas leyes o estos intrpretes, pues a pesar de ellos vemos que sin llamarlos rurales y pedneos, los ms de los tribunales inferiores tienen sus fiscales o promotores fiscales y aun las Juntas econmicas y Academias de varias ciencias lo tienen. Y para que no se crea que esto es hablar al aire, citar entre otras la Academia de Santa Brbara, la Junta de Comercio y Moneda, y todos los Consejos en sus Salas de Gobierno, en las cuales no se puede despachar el mayor asunto econmico sin or por escrito al seor Fiscal. Y despus de todo, la cuestin es de palabras, pues llmese Fiscal o barrendero, el resultado es que en toda asociacin y particularmente en aqullas en que no se ha de tratar de inters privado, es indispensable que haya una persona encargada de dar movimiento a los negocios, de analizarlos y presentarlos por los aspectos que tienen, y de representar a su Cuerpo en lo dems que convenga. Reparo XXXVIIY el recomendarlo por la utilidad que traera a la Real Audiencia para la ereccin de sus providencias, hace poco honor a los habaneros y a las personas que all gobiernan. Al Trigsimo Sptimo ReparoBien puedo ser yo el autor de esta especie, pero ni en mi Discurso ni en mi proyecto se encuentra. Reparo XXXVIIIEs de admirar que hablndose de la Isla de Cuba, se pidan solamente gracias para el paraje ms beneficiado que es La Habana, y se olvida el resto de la Isla, que est en la mayor miseria, particularmente la capital1tan recomendable por su puerto, mejor que el de La Habana, y ms a propsito para mantener all las escuadras en tiempo de guerra. Al Trigsimo Octavo ReparoEs de admirar que hablndose de mi Discurso y de mi proyecto se me haga cargo por lo que merezco elogio. Yo no soy Apoderado de toda la Isla

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /225 /225 /225 /225 /225 de Cuba, sino solamente de la ciudad de La Habana. Ni yo tengo facultades para representar por las dems ciudades de la Isla, ni conocimiento de su estado. Sin embargo de esto, no se encontrar una proposicin, una sola palabra en que demuestre predileccin por mi patria. Al contrario, siempre hablo en trminos generales y aplicables a toda la Isla y aun a toda Amrica. Y por consecuente a estos principios, se dice en la Real Orden de 24 de noviembre de 1792 que acompaaba el Real Decreto de 22 del mismo, que “la ciudad de La Habana, por medio de su Apoderado, haba influido con sus oficios e instrucciones al bien general de toda la Isla” No hay consuelo para esto. Si el puerto de Cuba es mejor y ms a propsito que el de La Habana para mantener las escuadras en tiempo de guerra y a pesar de esa verdad se sigue el sistema contrario, el Gobierno es el nico delincuente en esta porte y no el Gobierno del da, sine el de todos los tiempos. Acsesele a l y no a m que doy bastantes pruebas de moderacin en disimular la injusta comparacin que se hace entre las ventajas de uno y otro puerto, slo porque comprendi que por no venir esto al caso no me toca responder. Madrid, 4 de julio de 1793.CARTA DEL SR. CONDE DE VISTAFLORIDAMuy Sr. mo y amigo: En contestacin a las tres preguntas que V.M. me hace en su apreciable de 30 del pasado, digo a la primera que de veinte aos a esta parte el azcar ha abaratado en Lima, y su precio corriente en el menudeo es el de veinticinco reales de plata fuerte, que es la que all corre, vendindola por libras; y en partidas gruesas de diecinueve a veinte la arroba. En los aos dichos ha habido sus pequeas alteraciones de precio, pero lo corriente es lo expresado. Sobre la segunda, digo a V.M. que por lo general no se conoce en Lima otra clase de azcar que la blanca de piln, pues la que llaman de panela procedente de las mieles que purga la blanca, es para usos ordinarios. Sobre la tercera y ltima, digo a V.M. que en mi hacienda y en todas las dems de la costa de Per hacen todas las labores esclavos, y en las haciendas antiguas la mayor parte de los esclavos son criollos y se pone el mayor cuidado en su procreacin. En tierra adentro, por lo general se trabajan las haciendas con indios.

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OBRAS 226\ 226\ 226\ 226\ 226\ Es cuanto tango que decir a V.M. De su casa, 3 de julio de 1793. B.L.M., etctera. El Conde de Vistaflorida Seor D. Francisco de Arango.CARTA DEL SR. ESTACHERAMuy Sr. mo y amigo: En contestacin a la de V.M. de 11 del corriente dir que el precioso fruto del ail es sumamente delicado, y su mayor o menor cosecha en el Reino de Guatemala pende de muchas causas; y as no puede fijarse el nmero de zurrones —cada zurrn encierra doscientas catorce libras— a que asciende la de cada ao; pero haciendo una prudente regulacin (por un quinquenio) me parece podr ser de trescientos a cuatrocientos zurrones. Sus calidades se dividen en tres clases: a la primera llaman flor ; a la segunda, sobresaliente ; a la tercera e nfima, corte La estimacin por lo general que dichas tres guardan entre s es, por ejemplo, si la libra de corte vale nueve reales de aquella moneda, la de sobresaliente vale once o doce y media, y la de flor, catorce; con lo que me parece haber satisfecho a sus dos preguntas, y si V.M. quiere saber ms ocurra a los comerciantes y corredores de la Lonja de Cdiz, quienes estn ms impuestos en esta materia que los cosecheros y comerciantes guatemaltecos; y mande V.M., etc. Pamplona, 21 de junio de 1793. Jos Estachera Seor D. Francisco de Arango.Notas1Debe referirse a la ciudad de Santiago de Cuba.

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REPRESENT REPRESENT REPRESENT REPRESENT REPRESENT ACI"N SOLICIT ACI"N SOLICIT ACI"N SOLICIT ACI"N SOLICIT ACI"N SOLICIT ANDO ANDO ANDO ANDO ANDO QUE EN EL ACTO DE EXTRAERSE DE ESP QUE EN EL ACTO DE EXTRAERSE DE ESP QUE EN EL ACTO DE EXTRAERSE DE ESP QUE EN EL ACTO DE EXTRAERSE DE ESP QUE EN EL ACTO DE EXTRAERSE DE ESP AA AA AA AA AA P P P P P ARA EL EXTRANJERO EL AZC ARA EL EXTRANJERO EL AZC ARA EL EXTRANJERO EL AZC ARA EL EXTRANJERO EL AZC ARA EL EXTRANJERO EL AZC AR DE CUBA AR DE CUBA AR DE CUBA AR DE CUBA AR DE CUBA SE DEVUEL SE DEVUEL SE DEVUEL SE DEVUEL SE DEVUEL V V V V V AN AL EXTRACTOR AN AL EXTRACTOR AN AL EXTRACTOR AN AL EXTRACTOR AN AL EXTRACTOR LOS DERECHOS DE INTRODUCCI"N LOS DERECHOS DE INTRODUCCI"N LOS DERECHOS DE INTRODUCCI"N LOS DERECHOS DE INTRODUCCI"N LOS DERECHOS DE INTRODUCCI"N SIN NECESID SIN NECESID SIN NECESID SIN NECESID SIN NECESID AD DE HACER CONST AD DE HACER CONST AD DE HACER CONST AD DE HACER CONST AD DE HACER CONST AR ANTES AR ANTES AR ANTES AR ANTES AR ANTES SU DESEMBARCO EN P SU DESEMBARCO EN P SU DESEMBARCO EN P SU DESEMBARCO EN P SU DESEMBARCO EN P UER UER UER UER UER TO EXTRANJERO TO EXTRANJERO TO EXTRANJERO TO EXTRANJERO TO EXTRANJERODon Francisco de Arango y Parreo, Apoderado general de La Habana en esta Corte, expone a V.M. con el debido respeto, que consecuente al Real Decreto expedido en 22 de noviembre ltimo en favor de la agricultura de la Isla de Cuba, se present el primero el Marqus de Casa Enrile, vecino y del comercio de Cdiz, solicitando permiso para embarcar al extranjero cierta porcin de azcar, y pidiendo en consecuencia que se le devolviesen los derechos que se le haban exigido a su introduccin en aquel puerto. El Administrador de aquella Real Hacienda quiso or a la Contadura sobre este particular para establecer las reglas generales que deberan gobernar en el uso de esta gracia, y habiendo odo con efecto decret que los negociantes extractores del azcar al extranjero, para percibir el dinero que hubiese contribuido de derecho a su introduccin en Espaa, deberan justificar en primer lugar que era cosecha de la Isla de Cuba; y en segundo, presentar certificacin del Cnsul espaol que acreditase el desembarco del azcar en puerto extranjero. El exponente no tiene que replicar en cuanto a la primera condicin; pero encuentra la segunda tan intil como injusta. Para fundar la injusticia basta solamente acordarse de las palabras o condiciones con que V.M. concedi esta gracia en su citado decreto, y de las ningunas facultades que tienen los ejecutores de las gracias para restringirlas. V.M. no ha dicho otra cosa sino que devuelvan los derechos siempre que se extraiga el azcar para pases extranjeros De cul, pues, de estas palabras pudo asirse el Administrador para aadir que despus de la extraccin de nuestros puertos sea necesario probar la introduccin en el extranjero? Para sostener su intencin era preciso confundir el verdadero significado de las voces, y decir como se dice en el adjunto decreto que la extrac-

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OBRAS 228\ 228\ 228\ 228\ 228\ cin o el fin de ella no se verifica realmente hasta que se prueba la introduccin en el extranjero Un concepto tan voluntario y tan opuesto al sentido natural de la palabra extraccin slo poda ser culpable en el caso de que de l resultase alguna utilidad; pero no hay ni puede haber otra que o la de incomodar al comerciante retardndole la devolucin del derecho y obligndole ociosamente a recoger el certificado del Cnsul, o la de aadir afliccin al que tuviese la desgracia de naufragar o de arribar a nuestros puertos con avera. Esto no tiene duda. Desde que sale de nuestros puertos el azcar para el extranjero sin necesidad de esperar un momento, ya sabe que le ha de suceder una de tres cosas: o que ha de llegar a su destino, o que ha de arribar a algn puerto nuestro o que ha de naufragar, y de aqu resulta que o el Administrador de Cdiz ha querido reducir al primer caso solamente, y aun en ste con mezquindad, la gracia que V.M. concedi sin distincin, o ha de confesar conmigo que es excusada su precaucin. En el segundo y en el tercero no pueden traer certificado del Cnsul. Conque, qu suceder? Perder el premio. Aunque el Administrador lo pretendiere, la humanidad de V.M. no negar este consuelo al extractor desgraciado que habiendo hecho por su parte todo lo que le corresponda hubiera perdido en el mar toda su fortuna; y por lo que toca al que arribare a nuestros puertos con avera y en trminos de no poder seguir viaje al extranjero, suceder que por haber emprendido una cosa laudable, lejos de recibir premio tendr pena; pues si ha salido de Cdiz, v. gr ., y arriba a Algeciras, seguramente en Algeciras no le dejarn desembarcar el azcar libre de derechos, y el Administrador de Cdiz consecuente a su principio no le devolver los que cobr, porque no ha presentado el certificado del Cnsul. En atencin a este inconveniente, a los dems expuestos, al literal contexto del Real Decreto citado, y a que por ningn camino puede temerse el fraude en un fruto tan voluminoso como es el azcar, a V.M. suplica el exponente se sirva mandar al Administrador de Cdiz que d al Real Decreto la inteligencia que se le ha dado en otras aduanas martimas del Reino, y que en virtud de ella se devuelvan los derechos que haya pagado el azcar de la Isla de Cuba en el momento en que se verifique su extraccin para el extranjero, esto es, luego que salga de aquel puerto. Madrid, 7 de febrero de 1793.

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REFLEXIONES SOBRE LA MEJOR REFLEXIONES SOBRE LA MEJOR REFLEXIONES SOBRE LA MEJOR REFLEXIONES SOBRE LA MEJOR REFLEXIONES SOBRE LA MEJOR ORGANIZACI"N DEL CONSULADO DE LA ORGANIZACI"N DEL CONSULADO DE LA ORGANIZACI"N DEL CONSULADO DE LA ORGANIZACI"N DEL CONSULADO DE LA ORGANIZACI"N DEL CONSULADO DE LA HABANA, CONSIDERADO COMO TRIBUNAL HABANA, CONSIDERADO COMO TRIBUNAL HABANA, CONSIDERADO COMO TRIBUNAL HABANA, CONSIDERADO COMO TRIBUNAL HABANA, CONSIDERADO COMO TRIBUNALEl Tribunal del Consulado en su primera instancia es casi igual en todas partes, pero en el Juzgado de Alzadas hay notables variaciones. En los Consulados de Burgos y Bilbao debe ser Juez perpetuo de sus apelaciones el Corregidor.1 En Sevilla,2 Lima, Mxico,3 etctera, turna esta Comisin entre los ministros de la Audiencia. En Valencia4 y en alguna otra parte se elige cada cuatro aos un comerciante para este destino. Consecuente a esta variedad en la organizacin de los Tribunales de Alzadas, se ha variado tambin el modo de intervenir en ellos un letrado; pero ni se ha dudado de su precisa intervencin ni se han distinguido los casos en que debe intervenir. En aquellas partes en que el Juez es letrado es ocioso el Asesor de Alzadas, y por consecuencia no lo hay. En otras, v. gr ., en Valencia,5 donde el Juez es lego, hay un Asesor perpetuo con ttulo y sueldo para que concurra a la vista y sentencia de las causas apeladas. Por ltimo, en algunas otras corren las asesoras de las causas apeladas entre los letrados del pas. Veamos, pues, antes de examinar otros puntos, cul de estos tres medios es el ms adaptable al Consulado de La Habana. El ltimo de ninguna manera puede convenirle, porque sera de notable gravamen para los mercaderes litigantes el pago de sus asesoras, y la justicia se administrara tarda e indebidamente. Estas consideraciones han hecho que en los dems tribunales de aquella ciudad haya Asesores precisos con nombramiento real y salario correspondiente. Y a la verdad que habindolo de haber de esta naturaleza en la primera instancia de los negocios consulares, con mucha mayor razn deben precaverse aquellos inconvenientes en la segunda instancia. El segundo partido, esto es, el de que el Juez sea lego y haya un Asesor asalariado para las causes apeladas, tiene en primer lugar el inconveniente de que haya dos sueldos considerables; y en realidad el del Juez es absolutamente ocioso en este caso; porque una de dos, o ha de ser Juez uno de los jefes de la plaza o un vecino o comerciante de all elegible por cierto tiempo.

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OBRAS 230\ 230\ 230\ 230\ 230\ Si se adopta lo primero, qu es lo que se debe esperar en asuntos mercantiles de unos hombres que nada entienden de ellos? Si aun para los asuntos litigiosos de su departamento los ha credo el Gobierno poco idneos, y los ha sujetado al preciso dictamen de un Asesor, cmo hemos de creerlos capaces de determinar por s en las materias consulares? Y qu, se cuentan por nada las infinitas ocupaciones de estos dos jefes? Apenas pueden con las que tienen y se les quieren agregar otras tan prolijas e impertinentes? Si as se hace, o no darn expedientes a los negocios o concurrirn a su despacho sin imponerse de ellos. Se agrega que el principal fin del establecimiento del Consulado ha sido separar de todas las dems jurisdicciones la mercantil, y poner estos negocios bajo una proteccin absolutamente independiente. Y esto no se puede conseguir si el Tribunal del Gobernador —que es el Corregidor de La Habana— o el Intendente quedan con el juzgado de Alzadas, que de contado lograrn ser jueces de segunda instancia de muchas causas en que lo hayan sido en primera. Si se toma el medio de nombrar cada tres o cuatro aos como en Valencia un vecino para Juez de apelaciones, queda todava en pie el inconveniente de los dos sueldos; y el del Juez, a la verdad, yo no s qu utilidad proporciona entonces ni qu razn hoy para nombrarlo cada cuatro aos, y no hacer con l lo mismo que se hace con los dos adjuntos, supuesto que el Tribunal no goza de aquella autoridad y consideracin que con mucha utilidad gozara, tanto para con sus ministros como para con el pblico, si tuviese un jefe fijo y condecorado. El mtodo de Lima y Mxico, etc., esto es, que turne el Juzgado de Alzadas entre los ministros de la Audiencia, es impracticable en La Habana porque no hay Audiencia; pero supongamos que la haya, y examinemos sus utilidades y perjuicios. Sin duda alguna es el menos costoso porque ahorra el sueldo del Asesor y sus asesoras; pero tiene el inconveniente gravsimo de mantener al Consulado en cierta dependencia de la toga y de sujetarlo a su rutina y frmulas, con lo cual se destruyen los principales fines que se han tenido para el establecimiento de estos tribunales, y por tanto convengo en que por esta consideracin sera mejor para Juez de Alzadas el Capitn General. De lo otro resulta que hay graves males en todos los medios adoptados hasta ahora para el nombramiento de Juez de Alzadas; y por la variedad y contradiccin de estos establecimientos se conoce claramente que no se han profundizado los principios que gobiernan en la materia, y que todo lo que se ha hecho ha sido a la casualidad. Los Consulados, en mi concepto, fueron organizados desde el principio muy defectuosamente, esto es, sin llenar el fin que se tuvo en su establecimiento, y por esto han degenerado tanto; y en los ltimos que se han formado no se conoce casi diferencia alguna entre ellos y un tribunal ordinario de justicia. Analicemos la cosa.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /231 /231 /231 /231 /231 Es claro que los Consulados se establecieron principalmente para evitar pleitos entre mercaderes, y para cortar suave y sencillamente los que no pudieran evitarse. Las leyes hicieron cuanto podan para conseguir lo primero. El nombramiento de rbitros6 que se encarguen de conciliar a los que quieran litigar antes de ser admitidos al juicio, es el recurso ms sabio que puede haberse tomado; pero no sucede lo mismo para los casos en que la intervencin judicial se hace indispensable. Las mejores leyes que hay sobre este punto son las primeras, esto es, las que se hicieron para Burgos y Bilbao; pero yo suplico que se lean atentamente, y se me confesar que hay tanta claridad en explicar el laudable fin de esos tribunales como oscuridad e insuficiencia en el establecimiento de los medios para conseguirlo. Todas las leyes de la materia nos hacen ver que su objeto es sacar de las manos enredadoras de los letrados el enjuiciamiento de las causas mercantiles; prohben que se admitan escritos en estilo forense, encargan que se decidan las disputas por la verdad sabida y buena fe guardada; pero ni determinan los trmites que deba haber en estos juicios7 ni excluyen a los letrados de intervenir en ellos; al contrario, les reconocen e insinan a los Cnsules que necesitarn de su consejo, y lo que es peor, no distinguen los casos en que este consejo ser necesario, y dejando confundidas las materias de hecho con las de derecho exponen a los Consulados a que caigan en mil absurdos, o a que se entreguen ciegamente a la consulta de letrados y se frustre el intento. Las resultas de todo esto han sido que los letrados al fin y al cabo se han amparado de los Consulados, y que las leyes posteriores los han hecho parte integrante de tales tribunales, destinando a cada uno un Asesor o dos sin designar los casos en que deben asesorar, nombrndolos indistintamente para todos;8 con lo cual sucede que el Prior o Cnsules son unos autmatas, y lo mismo el Juzgado de Alzadas, y quien tiene la voz es el letrado. Para precaver, pues, estos males, y restituir la jurisdiccin consular a su primitivo origen, tanto en la primera como en la segunda instancia, se proponen las reglas siguientes, advirtiendo que quedan en fuerza y vigor las que sobre otros puntos tenga establecidas el Consulado de Bilbao, y que solamente deben considerarse derogadas en los casos que van a expresarse. Pido que no se me culpe por la rpida lectura de estas reglas y que se ponderen al menos las razones que dar despus que las establezca. El tribunal del Consulado se compondr de un Prior, dos Cnsules, un Asesor, un Escribano y un Juez de Alzadas. Los tres primeros empleos sern temporales y los tres ltimos perpetuos, todos con la correspondiente dotacin, para que por ningn ttulo ni pretexto pueda llegar cosa alguna a los litigantes por va de derechos, propinas y gratificaciones. No me opongo, por las razones que dar despus, a que se elijan cada dos aos el Prior o Cnsules, segn se observa en todas partes; pero quie-

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OBRAS 232\ 232\ 232\ 232\ 232\ ro que se busquen sujetos a propsito para estos cargos. Si los hechos en que han de juzgar son mercantiles, cmo se han de desempear bien estos encargos por personas que no los profesan y que tal vez no los entienden? Est bien que para autorizar el Tribunal, y porque debe ser, segn la intencin de S.M., protector de la agricultura y comercio9 sea Prior uno de los primeros vecinos de La Habana; pero para Cnsules concibo que deben elegirse comerciantes, o al menos que todo el arbitrio de esta eleccin sea del comercio, supuesto que han de ser sus jueces. Los das y horas de audiencia no pueden fijarse desde aqu; porque no se saben los negocios que ocurrirn y porque regularmente han de disminuirse mucho con las precauciones que van a tomarse. El modo de hacer las elecciones tampoco se puede designar, porque todava no sabemos en qu parar la Junta de Agricultura y Comercio. Hechas las elecciones, y formado el Tribunal, es menester tomar las medidas ms eficaces para que se eviten todos los pleitos que se puedan evitar. En primer lugar esto se encargar estrechamente por S.M., y de hacerlo as prestarn juramento a su entrada en los empleos todos los que los obtuvieron en el Consulado. Todos los juicios sern verbales hasta la cantidad de ochocientos pesos. El Prior y Cnsules admitirn la demanda, llamarn las partes a su presencia, procurarn componerlas, y si lo consiguen decidirn a pluralidad lo que contemplen ms justo, procediendo en esta parte con consulta del Asesor, o sin ella, como les parezca ms conveniente; del mismo modo que lo ejecutan los alcaldes ordinarios de la misma ciudad en todos los juicios verbales que ocurren en su tribunal. En pasando de la cantidad citada de ochocientos pesos, se enjuiciar por escrito; pero no se admitir demanda alguna judicial sin que antes se haya hecho constar que aquellas partes han pasado, y no se han querido conformar con el juicio de rbitros. Para que estos rbitros tengan las calidades necesarias, y como es justo carezcan de toda influencia en su nombramiento los que han de ser jueces en primera instancia, se fijar cada tres meses en las puertas del Consulado una lista de treinta sujetos de los ms acreditados en el pueblo, tanto en el ramo de comercio como en el de hacendados, para que las partes elijan de aqullos los que mejor les parezcan y se presente cada una en el Consulado designando la persona que ha escogido, a fin de que se notifique el nombramiento. La lista de los sujetos que han de ser rbitros la formar el Juez de Alzadas, y en caso de que alguna de las partes no se acomode con ninguno de los nombrados en la lista, ocurrirn al referido Juez de Alzadas, quien o les propondr otros seis individuos para que elijan o eligir l los dos que mejor le parezcan de seis que las partes le presentarn.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /233 /233 /233 /233 /233 Por ningn ttulo podrn ser rbitros los ministros del Consulado, ni intervenir de modo alguno en este paso prejudicial. Los rbitros nombrados en esta forma tendrn obligacin de emplear todos los medios que su prudencia le sugiera a fin de conciliar las partes; pero si no lo consiguen, no les queda facultad para otra cosa que para informar secretamente al Consulado, juntos o separados, del juicio que han formado del litigio y del carcter de los litigantes. Si resultase sin efecto el arbitramiento, podr el actor presentar su demanda al Consulado y exponer clara y distintamente en ella los hechos de que se trata y el derecho que le asiste. El Consulado pasar el pedimento a su Asesor para que con la misma claridad y con el preciso trmino de un da exponga su dictamen sobre la naturaleza del juicio, y en conformidad de lo que diga el letrado pronunciar su auto y continuar sin consultarle ms en los trmites ordinarios del juicio, siguiendo para esto la prctica del Consulado que ms haya simplificado las frmulas, en vista de lo cual o de lo que S.M. considere mejor se formar una pauta que ir adjunta a la Real Cdula de ereccin del Consulado para que se observe con la mayor escrupulosidad. Puesta la causa en estado de sentencia, se har relacin de ella al Prior y Cnsules, sin asistencia de Asesor, y con las alegaciones necesarias en el modo y forma que se prescribir en la pauta; y habiendo visto y examinado bien todo lo que convenga examinar, los dichos Prior y Cnsules pronunciarn su sentencia a pluralidad de votos, diciendo que de lo actuado resulta probado este o aquel hecho. Sin publicar esta sentencia, ni admitirse recurso alguno contra ella, se pasarn al Asesor los autos para que, teniendo presente tan solamente los hechos que sientan en su sentencia el Prior y Cnsules, sin meterse a examinar si es justo o injusto su juicio, diga en consecuencia, dentro del segundo da lo ms tarde, la ley o doctrina legal que es aplicable a aquel hecho a fin de que en nombre del Tribunal se mande efectuar este dictamen, sin tener arbitrio para alterarlo el citado Prior y Cnsules. El Asesor, adems de estas funciones, tendr a su cargo la prosecucin de las competencias que ocurran en el Tribunal, y debe ser consultado en la misma forma que se ha expresado en el captulo anterior por el Prior y Cnsules, siempre que les ocurra alguna duda legal o que hayan de pronunciar algn auto interlocutorio, y en ninguno de estos casos tendrn facultad el citado Prior y Cnsules para apartarse del dictamen del Asesor ni para valerse de otro letrado, a menos que no est recusado por las partes conforme a derecho. Se trata ya de entrar en la segunda instancia, y de buscar el mejor modo de organizarla. Al principio de este papel se han demostrado los graves inconvenientes a que estn sujetas las tres especies de Jueces de Alzadas que hasta ahora conocemos; inconvenientes que se aumentan con-

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OBRAS 234\ 234\ 234\ 234\ 234\ siderablemente en perjuicio de los litigantes con el arbitrio ilimitado que ha tenido el Juez de Alzadas para nombrarse adjuntos a su antojo; con lo cual y con la confusin que reinaba en los procesos entre las materias de hecho y de derecho, si el Juez de Alzadas era letrado puede decirse que en l estaba refundido todo el Tribunal y toda la diferencia que haba de estos juicios a los dems, era el hacerse con menos aparato, menos frmulas y menos votantes; calidades que seguramente tienen todos los juzgados de Turqua y Persia. Para evitar el embrollo de los letrados ya se han tomado las correspondientes precauciones; y las que restan que tomar en la segunda instancia no han de ser con perjuicio de la recta administracin de justicia. Nada importa que se haga prontamente la justicia si no se ha de administrar bien. Formemos, pues, un Tribunal de Alzadas tan sencillo como los antiguos; pero ms incapaz de parcialidad y enredo. Dmosle una cabeza visible autorizada e independiente de las dems jurisdicciones del pueblo; y sin pararnos en el tiempo que debe durar, establezcamos medios seguros de evitar sus abusos; y por ltimo veamos si podemos combinarlos de modo que se ahorren gastos. Se crear desde luego un Juez de Alzadas por tiempo ilimitado, que sea profesor de derecho y con aquella condecoracin que parezca conveniente. Pronunciado en los expuestos trminos el auto interlocutorio o definitivo que quiera apelarse, se presentar el apelante ante el Juez de Alzadas en el trmino y la forma que se prescribir en la pauta, quien oir sus apelaciones y sustanciar la segunda instancia del modo que tambin se le prescribir en la citada pauta. La apelacin puede interponerse sobre los hechos o sobre el derecho, o sobre hechos y derecho juntamente. Apelar de los hechos es apelar del juicio del Prior y Cnsules. Apelar del derecho es apelar del dictamen legal que, supuestos aquellos hechos, dio el Asesor; y apelar de los hechos y del derecho juntamente es intentar probar que tan injustamente se dedujeron del proceso los hechos por el Prior y Cnsules como se aplic el derecho por el Asesor. Si la apelacin fuere de derecho y de algn auto interlocutorio, o sobre el atropellamiento de algunas frmulas, el Juez de Alzadas la oir, sustanciar y decidir por s solo; y a lo ms que tendr lograr el apelante ser a suplicar ante el mismo Juez de Alzadas en caso de que las leyes se lo permitan; pero si fuere de algn auto definitivo, despus de oda y sustanciada la apelacin por el Juez de Alzadas, slo tendr arbitrio el apelante o la parte contraria para pedir letrados adjuntos, y el Juez, en consecuencia, para nombrar los dos adjuntos que en su compaa deben decidir por votos iguales la apelacin, citar las partes y en presencia del Escribano les presentar una lista de doce abogados para que borren de ella los que quieran, y separados que sean, se pondrn en cdulas los nombres de los

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /235 /235 /235 /235 /235 que quedan, se metern en una urna cerrada, cada uno de los litigantes sacar una cdula y los sujetos cuyos nombres estn escritos en ellas sern los letrados adjuntos para la vista de aquel pleito. Y lo mismo se practicar en caso de que haya splica eligiendo nuevos letrados. El honorario de estos letrados adjuntos, que debe ser muy corto porque se trata solamente de la decisin de un punto de derecho, se fijar en la pauta y se satisfar al arbitrio del Tribunal de Alzadas por algunas de las partes, o por el Asesor de quien se apela. Si la apelacin fuese de hecho, tan solamente el Juez de Alzadas por s solo la oir y la sustanciar segn las reglas establecidas; y luego que est en estado de sentenciarse proceder a nombrar tres adjuntos legos en los mismos trminos que se ha explicado para el nombramiento de los adjuntos letrados, y slo con la diferencia de que la lista que debe presentar a las partes debe ser de dieciocho y que de las cdulas que entran en urna ha de sacar primeramente una el Juez de Alzadas y las otras dos los litigantes; todo esto con la formalidad y sencillez que se ha explicado en el prrafo anterior. El Juez de Alzadas designar seguidamente el da en que se debe ver el pleito, y asistir a presidir el Tribunal, a hacer observar las reglas establecidas y a ilustrar a los adjuntos legos en alguna duda legal que les pueda ocurrir; pero no tendr voto alguno, y la pluralidad de los tres ser la que formar sentencia de hecho sin que se puedan mezclar sobre el derecho Si la sentencia de los adjuntos fuese confirmatoria de las del Prior y Cnsules, se publicar confirmando la sentencia de hecho y de derecho de la primera instancia. Si el apelante quisiese todava suplicar en caso de que se lo permitan las reglas del Consulado, el Juez de Alzadas admitir por s solo esta splica, la sustanciar y volver a practicar las mismas diligencias de otros tres adjuntos legos, que son los que definitivamente han de sentenciar en los mismos trminos en que se hizo en la apelacin. Si la sentencia de los primeros adjuntos fuere revocatoria, se expresarn en ella los hechos que segn su concepto resultan del proceso; y una de dos, o hay lugar de suplicar y se entabla la tal splica y entonces sin hablar nada del nuevo derecho que resulta por la variacin de los hechos se admite la splica, y se sentencia de nuevo con los segundos adjuntos, y segn los hechos que estos segundos adjuntos dedujeren aplica el derecho el Juez de Alzadas en la misma forma en que lo hizo el Asesor en el Consulado; o no ha lugar a splica, y en tal caso el Juez de Alzadas, que de ninguna manera puede votar en el hecho, pone en consecuencia de la sentencia de los adjuntos la aplicacin que l hace del derecho, advirtindose que en uno y en otro caso no hay lugar a otro algn recurso ordinario. Si la apelacin fuese de hecho y de derecho juntamente el Juez de Alzadas la oir y la sustanciar por s mismo en los trminos regulares; y por lo que toca al hecho sea de auto interlocutorio o de definitivo, se nom-

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OBRAS 236\ 236\ 236\ 236\ 236\ brar tres adjuntos legos en los trminos expuestos; pero por lo que toca al derecho si fuese auto interlocutorio el Juez de Alzadas decidir por s solo si fuese justa la sentencia del Asesor y aplicar tambin por s solo el derecho que resulte de los hechos que deduzcan en su sentencia los adjuntos. Si la apelacin fuere de auto definitivo en caso de que las partes no pidan adjuntos letrados, el Juez de Alzadas har las mismas funciones que se han hecho para el auto interlocutorio; pero si quieren adjuntos letrados, se nombrarn en los trminos explicados anteriormente, y el Juez de Alzadas sealar en primer lugar da para que se vea el negocio por los adjuntos legos, presidir la sesin, y luego que den su sentencia, sin publicarla ni admitir recurso alguno contra ella, citar los adjuntos letrados y examinar con ellos en la forma prevenida primeramente si es justa la aplicacin que se hizo de la ley o doctrinas legales al hecho que dedujeron el Prior y Cnsules; y en segundo lugar aplicarn el derecho a los nuevos hechos que hayan asentado en su sentencia los adjuntos legos. Lo mismo se efectuar en la splica si acaso la hubiere; y contra lo determinado en ella no habr recurso alguno si no es por gracia particular de Su Majestad. El Juez de Alzadas, adems de estos encargos, desempear los de Fiscal en los trminos que se propone en mi Discurso y proyecto ; tomar el juramento a todos los ministros del Tribunal, les dar posesin y cuidar de la rigurosa observancia de todas las reglas establecidas en esta Real Cdula, pudiendo obligar a su cumplimiento a todos los que las quebrantaren, tanto en el Tribunal como fuera de l, por todos los medios suaves que le dicte su prudencia; y sus facultades llegan en este punto hasta reconvenir y apercibir; pero si la materia fuese tan grave que exija pena pecuniaria o corporal, el Juez de Alzadas se acompaar con dos letrados adjuntos de seis que los Consiliarios nombrarn al tiempo de las elecciones de oficio para este fin, y con ellos ver si la materia es digna de examinarse segn las reglas de derecho, decidiendo la cosa a pluralidad entre los tres. Si la decisin fuere para proceder, y la jurisdiccin consular no alcanzare para imponer la pena, se pondr la causa en estado por el Juez de Alzadas y se pasar a la justicia ordinaria para que la contine. Y en caso de que baste la jurisdiccin consular para proseguir en el conocimiento de la causa, la formar por s solo con el Escribano del Consulado; proceder conforme a derecho, y admitir para la Sala de Justicia del Consejo los recursos que permitan las leyes. A m me parece que organizado de este modo el Tribunal se sacarn mil utilidades y se evitarn muchos pleitos, tanto por el cuidado que se ha puesto en la calidad de los rbitros como por el ningn inters que pueden tener el Asesor, el Prior y los Cnsules en que haya pleitos, pues en ellos slo encontrarn trabajo y no utilidad.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /237 /237 /237 /237 /237 Los enredos y cavilaciones de abogados, que en La Habana son ms temibles que en parte ninguna, estn prevenidos ya porque se quita la intervencin del Asesor y por consecuencia las asesoras, los regalos de las partes y el inters de eternizar los pleitos, ya porque se dan al Prior y Cnsules las luces suficientes para que procedan por s mismos y sacudan este imperio, que tiene un hombre sobre otro, no por la superioridad de sus conocimientos, sino por la oscuridad de sus vestidos y por el orden judicial. Se previenen los abusos que pudieran hacer de su jurisdiccin el Prior y Cnsules, y los males que poda producir su ignorancia si quisieren decidir por s, o por consejos apasionados y dependientes, las materias de derecho, comisionando para esta declaracin a persona instruida y versada en ellas. Si nuestra legislacin estuviese en menos confusin, poda decirse que cualquiera era capaz de imponerse en el derecho establecido para las causas mercantiles; pero por desgracia est tan embrollada y defectuosa la parte mercantil como la del derecho de acrecer. Adems de esto, decidiendo del derecho distinta persona de la que decidi sobre el hecho, se asegura mucho ms la imparcialidad. El Asesor ha de fundar su dictamen contrado a los hechos que otros le presentan, y con el temor de que hay quien examine su exactitud y probidad; y yo no s si habr un hombre tan malo que diga una cosa que no puede fundar y que se desentienda del severo censor que le espera. El modo de enjuiciar, despus de ser mucho ms claro y sencillo, ser mucho menos costoso. El Juez de Alzadas y su Tribunal como yo lo propongo evitan todos los inconvenientes que hemos demostrado, que tienen los que hasta ahora se han conocido, y rene todas las ventajas que son posibles. Antes era el rbitro de las apelaciones, pues poda nombrar adjuntos a su voluntad, y ahora ni sabe cules pueden ser ni tiene como es justo el menor influjo en la decisin de cosas de hecho, que es en lo que pueden verificarse los mayores agravios. En las de derecho posee las facultades convenientes para las cosas de poca entidad y de urgente despacho, pero en las de mayor consideracin no tiene ms que un voto y ningn influjo en el nombramiento de los acompaados; y por ltimo, si fuese tan malo que en los casos en que puede proceder por s solo se atreviese a hacer una aplicacin inicua del derecho al hecho, los recursos extraordinarios al Rey siempre estn abiertos, y slo con presentar copia autorizada de la sentencia de los adjuntos de hecho, y de la aplicacin que se hizo del derecho, se puede demostrar la injusticia y alcanzar su reparacin y castigo. Estos medios de quitar a los Jueces de Alzadas el arbitrio de hacer dao son los seguros y no el de Valencia, v. gr ., de elegirlo cada cuatro aos, o el de Sevilla, Lima, Mxico, etctera. Todo lo que se conseguir con estas variaciones es que los Jueces sean por menos tiempo injustos; pero nada se ha hecho para precaver la injusticia. Si los medios que yo propongo lo

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OBRAS 238\ 238\ 238\ 238\ 238\ consiguen con efecto, entonces qu mal resulta de la mayor duracin del empleo? Al contrario, mucho bien, porque el Tribunal tendr una cabeza respetable que no consienta que confunda su jurisdiccin con otra alguna; que le d autoridad; que defienda sus prerrogativas con energa; que mire con otro apego que la mira un transente la conservacin del buen orden y que pueda trabajar con ms provecho y conocimiento en la enmienda de los abusos que pudieran introducirse. Contra esto puede decirse que por qu razn se propone un Prior lego y un Juez de Alzadas letrado. Aqu no hoy contradiccin. Los mismos principios gobiernan. En la primera instancia el mayor temor consiste, y las mayores precauciones deben ser para evitar que se introduzcan las frmulas de los letrados, y para conseguirlo conviene mucho poner un jefe lego. En la segunda instancia ya es imposible la introduccin de estas frmulas, y debe balancearse el cuidado que se ha puesto en la primera instancia en cerrar las puertas a las frmulas, poniendo a la cabeza del Tribunal de apelacin un hombre que siendo conocido por su oposicin al enredo y oscuridad curial entienda de derecho, y vea si el Consulado ha cometido faltas en la sustanciacin, y si la demasiada simplicidad ha ofendido la justicia. Se agrega que el Juez de Alzadas ha de sustanciar por s solo todas las apelaciones y splicas que se interpongan; ha de decidir los casos en que se admita la apelacin en el efecto devolutivo o en el suspensivo; y ha de sentenciar las apelaciones de derecho que se interpongan de autos interlocutorios, y para esto es menester ser letrado. Adems de esto, el encargo de Censor que se le da requiere el conocimiento de las leyes. La audiencia pronta que ha de dar l por s solo en las apelaciones de poca entidad, tambin lo exigen. Se ahorra el sueldo de un nuevo Asesor y se da a la decisin de derecho sobre la de hecho, que no tiene existencia, la preferencia y la condecoracin debidas. No s si me habr equivocado, pero yo encuentro todo esto clarsimo y muy sensato. En Inglaterra los tribunales de derecho son permanentes10y los jueces del hecho son particulares para cada negocio .11 En Roma el Pretor y el Tribunal de los Centunviros decan el derecho, y las partes elegan sus jueces para cada negocio entre los que se hallaban en la lista que al comenzar el ejercicio de su empleo se formaba el Pretor y fijaba en lugares pblicos. Yo he procurado imitar en cuanto ha sido posible lo que se ha hecho en el mundo de ms sabio para desempear mi objeto. El examen perjudicial de los arbitrios calmar las animosidades y puede evitar muchos pleitos, recayendo el nombramiento en sujetos recomendables y de la absoluta confianza de las partes. El Juez de Alzadas en la formacin de la lista no puede tener mira alguna contraria a este fin, como podran tenerla el Prior, Cnsules y Asesor. Las partes eligen entre lo bueno lo mejor, y ni pueden

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /239 /239 /239 /239 /239 quejarse de su propia eleccin ni tienen arbitrio para hacer una pantomima de este paso perjudicial. Cuando el litigio es inevitable, estn tomadas las medidas convenientes para que en la primera instancia corra con la claridad y justificacin posibles. No se me oculta que podra mejorarse el actual sistema, y que en lugar de Cnsules temporales convendran mucho ms adjuntos particulares para cada negocio; pero esto sera trastornar enteramente las ideas establecidas, y ya se sabe lo que cuesta conseguir este trastorno. En el tribunal de la segunda instancia, despus de haber quitado al Juez de Alzadas todo el arbitrio que antes tena para hacer mal, y dndole la autoridad que necesita, reconociendo que la esencia de la cosa consista en el nombramiento de los adjuntos, he formado para su eleccin un mtodo compuesto del romano y del ingls. El romano me pareci muy a propsito para el nombramiento de rbitros y por eso le adopt en todas sus partes para aquel caso; pero un individuo que se debe todo a la eleccin de una parte, desempear ms bien el oficio de abogado que el de Juez. El ingls, que por evitar este inconveniente sin disminuir la confianza que deben tener los litigantes en sus jueces, establece el medio indirecto de las muchas recusaciones, es en mi concepto ms sabio que el romano; pero no me parece tan sencillo como el que yo propongo. Ninguno de los Ministros del Tribunal queda a mi parecer con arbitrio de hacer mal, al menos de hacerlo impunemente. Distinguidas claramente las funciones de cada uno, no puede ocultarse su responsabilidad, y tanto por esta razn como por el ningn inters que tienen en que haya pleito, supuesto su poco influjo y la publicidad de sus acciones, me parece que he llenado los dos objetos de estos establecimientos, a saber, que se eviten todos los pleitos que se puedan, y que los que sean inevitables se sustancien con claridad y se sentencien con rectitud Madrid y abril 20 de 1793. Francisco de Arango.Notas1Ley 1, Ttulo 13, Libro 3 de la Recopilacin de Castilla .2Ley 42, Ttulo 6, Libro 9 de la Recopilacin de Indias .3Ley 37, Ttulo 46, Libro 9 de la Recopilacin de Indias .4Real Ordenanza 1, cap. 1; Ordenanza 15, cap.1 y Ordenanza 17 de 12 de agosto de 1773.5Real Ordenanza 10 y la 17 en los captulos 2 y 3.6Ley 37, Ttulo 6, Libro 9 y Ley 28, Ttulo 46, Libro 9 de la Recopilacin de Indias .7Vase las Leyes 20 y 37 del Ttulo 6, Libro 9 y la 26 del Ttulo 46, Libro 9 de la Recopilacin de Indias

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OBRAS 240\ 240\ 240\ 240\ 240\ 8Ordenanzas 10 y 17 del Consulado de Valencia. 9Reglamento de 12 de octubre de 1778, artculo 53.10The Consult of England by Lolme, Chap. 9, tit .3, p.198.11Espiritt des Lois, liv.11, cap. 18 et supra cit

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REPRESENT REPRESENT REPRESENT REPRESENT REPRESENT ACI"N HECHA POR D. FRANCISCO ACI"N HECHA POR D. FRANCISCO ACI"N HECHA POR D. FRANCISCO ACI"N HECHA POR D. FRANCISCO ACI"N HECHA POR D. FRANCISCO DE ARANGO A NOMBRE DE UN INDIVIDUO DE ARANGO A NOMBRE DE UN INDIVIDUO DE ARANGO A NOMBRE DE UN INDIVIDUO DE ARANGO A NOMBRE DE UN INDIVIDUO DE ARANGO A NOMBRE DE UN INDIVIDUO DE LA HABANA, CON EL OBJETO DE QUE DE LA HABANA, CON EL OBJETO DE QUE DE LA HABANA, CON EL OBJETO DE QUE DE LA HABANA, CON EL OBJETO DE QUE DE LA HABANA, CON EL OBJETO DE QUE LOS VECINOS DE AQUEL PUEBLO QUE LOS VECINOS DE AQUEL PUEBLO QUE LOS VECINOS DE AQUEL PUEBLO QUE LOS VECINOS DE AQUEL PUEBLO QUE LOS VECINOS DE AQUEL PUEBLO QUE EXISTIERAN EN LA PENNSULA DURANTE EXISTIERAN EN LA PENNSULA DURANTE EXISTIERAN EN LA PENNSULA DURANTE EXISTIERAN EN LA PENNSULA DURANTE EXISTIERAN EN LA PENNSULA DURANTE LA GUERRA PUDIESEN HACER VENIR LA GUERRA PUDIESEN HACER VENIR LA GUERRA PUDIESEN HACER VENIR LA GUERRA PUDIESEN HACER VENIR LA GUERRA PUDIESEN HACER VENIR SUS FRUTOS EN EMBARCACIONES NEUTRALES SUS FRUTOS EN EMBARCACIONES NEUTRALES SUS FRUTOS EN EMBARCACIONES NEUTRALES SUS FRUTOS EN EMBARCACIONES NEUTRALES SUS FRUTOS EN EMBARCACIONES NEUTRALESExcelentsimo Sr. He visto la resolucin que V.E. puso al memorial que le di, solicitando permiso de S.M. para sacar de La Habana el azcar de mi cosecha en embarcaciones neutrales; y aunque el hecho de haberla extendido en la misma noche que entregu mi representacin deja ver bien claramente el nimo de V.E. y su repugnancia a esta gracia, no por esto me desanimo. V.E. ama la justicia, yo pienso que la pretendo, y si logro demostrarla nada me debe desalentar. Todo el fundamento de la negativa consiste en que S.M. no quiere que vayan embarcaciones extranjeras a sus puertos de Amrica Yo har ver que este principio ha tenido y tiene sus excepciones en la misma ley; que ninguna es ms justa que la que yo solicito y que, ni aun en su origen, pudo aplicarse a mi caso la razn poltica de esta prohibicin. La ley de cerrar los puertos de Amrica al comercio extranjero se hizo con el objeto de proteger el nuestro, y con el de ocultar nuestro sistema interior a las naciones rivales; pero aun en su mismo establecimiento se admitieron excepciones para los casos que o no se oponan a estos fines o eran indispensables. En el propio ttulo veintisiete, libro noveno de la Recopilacin de Indias se hallan algunas, y en nuestros tiempos hemos visto en la ltima guerra con Inglaterra que los angloamericanos tenan abierto el puerto de La Habana para llevar comestibles y actualmente lo tienen todas las naciones extranjeras para introducir negros. Esto supuesto, queda probado que S.M. o sus leyes no resisten enteramente la entrada de las embarcaciones extranjeras en nuestros puertos, sino la de aqullas que puedan perjudicar a las miras polticas que dejamos sentadas. Y podr alguien decir que yo me opongo a estas miras solicitando que se me permita fletar una embarcacin extranjera para conducir con

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OBRAS 242\ 242\ 242\ 242\ 242\ seguridad el azcar que me producen en Amrica mis ingenios, y que necesito en Espaa para mi precisa subsistencia, para el servicio del Rey y para el entretenimiento de las mismas haciendas? Son menos poderosos estos motivos que los que han tenido las leyes para conceder las excepciones citadas? En aquellos casos se ha permitido a los extranjeros que entren en nuestros puertos, y que comercien con mucha utilidad suya en ciertos ramos por favorecer a los agricultores, porque el comercio nacional no podr hacer otro tanto y porque de la ganancia del extranjero nos resulta a nosotros mayor ganancia; pues, en mi caso, el extranjero ningn comercio activo va a hacer, ninguna ganancia directa, ningn perjuicio al comercio nacional. l es un simple instrumento de quien se vale un espaol para asegurar su subsistencia. El dinero que l se lleva por el flete, que es lo que nicamente gana, no lo pierde nuestra nacin, al contrario, ha ahorrado mucho en la seguridad de la conduccin. Conque si esto es as, por qu se ha de exponer a la miseria o a los apuros de un retardo a un vasallo que necesita el dinero para servir al Rey y para alentar la industria de la nacin, gastando en la Metrpoli con tanta generosidad como es pblico? No se puede decir que con esta gracia se invierten las reglas establecidas. Yo no pretendo llevar cargada la embarcacin de gneros prohibidos, ni defraudar a la Real Hacienda de los derechos que le corresponden, ni salir de ningn puerto extranjero; al contrario, he pedido que salga de la Pennsula del mismo modo que cualquier otra embarcacin nacional. Tampoco se puede decir que es temible el contrabando; pues, en estos trminos, lo propio debe temerse de la embarcacin extranjera que de la embarcacin nacional y, ltimamente, con la entrada de un extranjero en La Habana no se quebranta la ley. Entran para vender negros y pueden extraer por s todos los frutos que quieran. Pues, por qu un espaol, que se halla en un caso particular tan recomendable, no ha de poder entrar bajo de las mismas banderas, con aceite, vino, etc. en Espaa, para extraer su cosecha con la misma seguridad y provecho que lo hace el extranjero negrero? Concluyo, pues, con suplicar a V.E. que se digne examinar estas razones que, en mi concepto, demuestran que mi solicitud no es opuesta al espritu poltico de las leyes prohibitivas, aun cuando se considere en su origen, para que en vista de todo lo que digo en este papel y en mi representacin al Rey y nota que la acompaaba, determine S.M. lo que considere justo. Aranjuez, 29 de mayo de 1793.

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RESUL RESUL RESUL RESUL RESUL T T T T T AN GRANDES PERJUICIOS AN GRANDES PERJUICIOS AN GRANDES PERJUICIOS AN GRANDES PERJUICIOS AN GRANDES PERJUICIOS DE QUE EN EUROP DE QUE EN EUROP DE QUE EN EUROP DE QUE EN EUROP DE QUE EN EUROP A SE HAGA LA F A SE HAGA LA F A SE HAGA LA F A SE HAGA LA F A SE HAGA LA F ABRIC ABRIC ABRIC ABRIC ABRIC ACI"N ACI"N ACI"N ACI"N ACI"N DEL REFINO DEL REFINO DEL REFINO DEL REFINO DEL REFINO1 1 1 1 1Aunque quise demostrar en mi Discurso sobre la agricultura de la Habana que era justo y conveniente fomentar en nuestras islas la fbrica del azcar refino, en honor a la verdad y en desempeo de mi oficio debo confesar ahora que, lejos de encontrarse all razones que lo demuestren, ni aun acert siquiera a presentar la cuestin por sus diferentes aspectos. sta, sin duda, es la causa de que no se halle resuelto un punto tan importante, y esta fundada sospecha la que me mueve hoy a aclarar una verdad que ms interesa en mi concepto al Erario Real y a los consumidores de la Metrpoli que a los azucareros de Amrica. Entremos, pues, en su examen, desnudo de prevenciones, apartando de nosotros el ejemplo de otros gobiernos; o lo que vale lo mismo la fatalsima idea de que en todo han acertado y que en todo nos conviene el imitarlo a ciegas. Inglaterra, esta nacin tan justamente admirada por sus conocimientos, por su genio mercantil, por su economa y su industria, no se liber por esto de la censura de los sabios cuando hablan de su sistema econmico en diferentes ramos; y mientras que Europa entera, aturdida de sus progresos, se afana en adoptar y copiar sus reglamentos mercantiles, los grandes escritores ingleses se empean en demostrar que stas no han sido siempre las causas de la opulencia de su patria. Si hemos de creer su doctrina, es infundada e injusta la veneracin que se tributo al famoso acto de navegacin; y su triple monopolio, lejos de producir algn bien, ha causado grandes males a la masa de la nacin y al progreso de las colonias; pero, aun cuando no la creamos, aun cuando por el contrario concedamos que ha sido de incalculable utilidad para Gran Bretaa el privilegio exclusivo de vender, comprar y conducir todo lo que consumen y producen sus colonias, nada de esto perjudica al sistema que defiendo. Mi objeto es hacer conocer que no slo es injusto e impoltico, sino diametralmente opuesto al verdadero espritu del acto de navegacin el acto parlamentario que quiso aniquilar, y aniquil, las refineras de Amrica, estableciendo en cada quintal el derecho de quince chelines2 sobre el azcar bruto, y el de cuatro libras

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OBRAS 244\ 244\ 244\ 244\ 244\ esterlinas, cinco chelines y ocho dineros sobre el azcar refino que viniese de las colonias. Hay no obstante quien alabe semejante providencia y se atreva a decir que con ella se aumenta la industria de la madre patria, la marina mercantil y se asegura ms la dependencia de las colonias ; en una palabra, se realizan los altos y laudables fines que el acto de navegacin se propuso. A la sombra de una verdad pasan regularmente innumerables errores, y abusando de las palabras y de su genuino sentido es como se sostienen los sofismas econmicos. Nada es ms conveniente que multiplicar en una nacin los ramos de ocupacin til; pero los que no lo sean, aqullos que slo se sostienen con costosos sacrificios de todas las clases del Estado, lejos de fomentar, contemplo que mejor se dira que ofenden esencialsimamente la industria y verdadero inters. El establecimiento de las refineras en Inglaterra proporciona cmoda subsistencia a un corto nmero de individuos; pero, ser justo que la riqueza nacional pierda por ellos una octava porte del azcar que produce su Amrica; que el consumidor ingls, esto es, toda la nacin que usa diariamente del refino para el t, lo pague un tercio ms caro; que el comercio est privado de la ventaja de hacer exclusivamente este trfico en el mercado extranjero; que el Erario pblico pierda anualmente el aumento de cuatrocientos ochenta y cinco mil setecientas cincuenta y siete libras doce chelines cuatro dineros, y que el inters de ochenta o noventa familias, las ms de ellas extranjeras,3 se prefiera al de muchos millares de vasallos ingleses situados en las Antillas? Ser justo, vuelvo a decir, que esto se llame aumentar la industria nacional?, que esto pase en una nacin ilustrada? Pues tal es la situacin de la sabia Inglaterra en materia de refino; y para que nadie lo dude hablarn por m los hechos, valindome en muchos de ellos de las observaciones y clculos que acaba de presentar al pblico Mr. Edwards en su elegante y juiciosa Historia civil y comercial de las colonias britnicas en lo que ellos denominan Indias Occidentales. Todos saben que mientras no se refina el azcar bruto est continuamente soltando la miel que se llama de purga, y que toda la que escurre en los almacenes y a bordo de las embarcaciones es absolutamente perdida; y es igualmente notorio que esta prdida se excusara si se refinase el azcar en las mismas plantaciones de caas. Y aunque por la variedad que hay en la calidad del gnero, y en el tiempo que media desde su almacenamiento hasta su refinacin; no puede fijarse invariablemente la cantidad que se pierde, por un clculo de aproximacin gradan, sin embargo, los de Jamaica que la barrica que pesa all diecisis quintales slo pesar aqu catorce. De suerte que la prdida es de una octava parte; y sean los agricultores o los consumidores los que la sufran, lo que no admite disputa es que la riqueza nacional queda disminuida en aquella cantidad.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /245 /245 /245 /245 /245 De la misma clase es la prdida de las veintiocho libras y tres cuartos de melaza4 que quedan despus de la refinacin. Todos los ingenios de Jamaica tienen anexo alambique, y sin aumentar costos reducirn a ron aquellas veintiocho y tres cuartos solamente, mientras que el refinador de Europa apenas les encuentra un destino; y no se crea que esto es de poca entidad, pues en cada barrica de diecisis quintales seran cuatrocientas cuarenta y ocho libras —suponiendo que sean solas veintiocho—, que segn el exacto clculo de Mr. Edwards hacen sesenta y cuatro galones; reducidos stos a ron de prueba de Jamaica, resultan cuarenta galones, o lo que es lo mismo tres libras esterlinas trece chelines y cuatro dineros a razn de un cheln y diez dineros por cada galn de ron .5Aun nos falta lo mejor. El refinador de Europa tiene que pagar los acarreos del azcar en bruto desde el muelle a su casa; el inters de dos mil libras esterlinas, poco ms o menos, que se necesita emplear en un buen establecimiento, sin contar el valor del edificio cuyo alquiler cuesta a Mr. Nash trescientas libras esterlinas anuales; un nuevo seguro para el fuego; el salario del director de la fbrica, y ms de cuarenta libras en que se computan la manutencin y el estipendio de cada jornalero. Todos estos costos o la mayor parte seran ociosos si el refino se hiciese en Amrica, porque all ni se necesita nuevo director para la fbrica ni nuevo capital para comprar el gnero y costear el edificio. Todo lo que hay que hacer es agregar tres calderas, algunas hormas de barro para purgar el azcar y doce o catorce negros ms. Los dos primeros renglones son de ninguna entidad y el ltimo proporciona un nuevo ahorro para las refineras de Amrica, pues aqu casi cuesta tanto el jornal de un ao como all la perpetua esclavitud de un negro.6 Recjanse ahora estos datos, nanse con los de los prrafos anteriores, y encrguese al ms apasionado que haga el clculo, y cuando no saque por resultado, como quiere Mr. Edwards, la prdida de ocho libras esterlinas nueve chelines y dos dineros en cada barrica de diecisis quintales, ha de presentar al menos un resultado extraordinario. A esto se agrega la facilidad que hay en un corto nmero de fabricantes que residen en el propio mercado del consumo para mantener subidos los precios de un gnero; ochenta o noventa refinadores pronto se darn el santo y arreglarn entre s con gran comodidad el precio que debe tener; y si dudare alguno de esta fcil coalicin, que consulte la experiencia, que lea en los papeles pblicos de esta Isla, algn tiempo despus de la conquista de las colonias francesas, y ver claramente que habiendo bajado con este motivo el azcar bruto desde sesenta hasta cuarenta chelines, el refino se mantuvo casi sin alteracin. Entra muy bien ahora el decantado aumento de la industria nacional. Sin duda que la parte industriosa de la nacin inglesa, que regula su estipendio por el costo de los artculos necesarios para su consumo, disfruta

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OBRAS 246\ 246\ 246\ 246\ 246\ de un gran alivio con pagar el azcar de su t una tercera o una cuarta parte ms caro de lo que deba. El comercio tambin gana mucho con pagar aquel exceso de precio, porque de este modo se aumenta el consumo de las colonias y la cantidad exportable de refino, y no est expuesto a que las dems naciones abran los ojos y le despojen de este ramo de trfico, slo con fomentar las refineras en sus colonias. Nada digo del Gobierno, porque ste es el que ms ventajas saca con sostener las refineras en Europa, y si no vase lo que resulta de los siguientes hechos que sustancialmente he sacado de la obra de Mr. Edwards. La cantidad de azcar bruto introducido en Inglaterra de las plantaciones britnicas lleg en 1787 a un milln novecientos veintisis mil ciento veintin quintales, y los derechos exigidos por ellos a un milln ciento ochenta y siete mil setecientas setenta y cuatro libras doce chelines ocho dineros; si el azcar se hubiese refinado en las plantaciones mismas no se habra perdido la octava parte en escurriduras, y por consecuencia se habran refinado dos millones ciento sesenta y seis mil ochocientos ochenta y seis quintales en lugar del milln novecientos veintisis mil ciento veintin quintales citados, que segn el clculo de los refinadores de Londres —que se copiar seguidamente— hubieran dejado, excluidas las quebraduras, un milln ochenta y tres mil cuatrocientos cuarenta y tres quintales en panes superiores y cuatrocientos veinticinco mil seiscientos treinta y ocho quintales en panes bastardos. Sentados estos datos, supngase que se cobran en cada uno de los cuatrocientos veinticinco mil seiscientos treinta y ocho quintales bastardos los mismos quince chelines que se cobran ahora en el azcar bruto, y para que el agricultor y el consumidor no estn muy recargados, aumntense solamente diez chelines en cada quintal del milln ochenta y tres mil cuatrocientos cuarenta y tres de refino superior. Con esta operacin resulta al Erario una ganancia de cuatrocientas ochenta y cinco mil setecientas cincuenta y dos libras doce chelines cuatro dineros, porque en lugar de un milln ciento ochenta y siete mil setecientas setenta y cuatro libras doce chelines ocho dineros, cobrara un milln seiscientas setenta y tres mil quinientas treinta y dos libras. Hablemos del incremento de la marina mercantil. Se funda en una reflexin que a primera vista alucina. Es innegable que para pasar de la clase de bruto a la de refino el azcar pierde en esta segunda operacin la tercera parte de su peso, poco ms o menos,7 y por consiguiente parece que si se hiciese el refino en Amrica perdera la marina mercantil, destinada a conducir el azcar, una tercera parte de su ocupacin; pero esta consecuencia est muy lejos de ser exacta. No es el peso sino el volumen el que regula los fletes. El nmero de barricas y no el de quintales es el que debe considerarse; y aun cuando demos por perdidas las treinta y tres libras y media de la melaza y cachaza, las setenta y ocho y media que han de venir

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /247 /247 /247 /247 /247 en panes, ocuparn el mismo lugar, y quizs ms que las ciento doce libras en bruto; pues es sabido que ste pesa ms por su naturaleza, que viene en polvo, pisado con cuanta fuerza es posible y que por consecuencia no puede dejar hueco alguno, al paso que para colocar y transportar los panes de refino es menester que queden considerables vacos. Hgase la experiencia y se ver que las barricas que ahora cargan diecisis quintales podran llenarse con diez u once de refino. Tampoco es cierto, como se supone, que se pierden para el transporte las treinta y tres y media libras de la melaza y cachaza. (Vase el clculo de la nota antecedente.) De ellas se hace el ron; y si se disminuye el nmero de las embarcaciones cargadoras de azcar, se aumentara el de las del ron. Es adems de esto una equivocacin procurar el incremento de la marina mercantil en el comercio de Amrica disminuyendo los provechos de sus haciendas. Esto es pensar en los efectos antes que en las causas, y olvidarse de que el nico y verdadero estmulo de la navegacin en aquellos dominios consiste en el aumento de los objetos de su exportacin y consumo; aumento que no puede conseguirse sin que crezcan las ganancias de los colonos y se fomenten con ellos los ramos de agricultura. Los comerciantes egostas, autores de tantos sofismas econmicos, pudieran aspirar solamente a confundir la evidencia de este principio fundamental y a presentar caminos que, aunque muy perjudiciales al fomento de los diferentes ramos que constituyen la felicidad pblica, aseguren a la suya los ms rpidos progresos. Pero se asegura ms la dependencia de las colonias Juego de palabras para confundir las ideas y mantener el error. De qu dependencia se habla? De la poltica? No es posible, y si tal dijeren no son dignos de respuesta. De la mercantil? Vamos a verlo. Es una verdad en efecto que el que carece de algo y no lo sabe hacer por s, vive en la dependencia del que se lo suministra; y es igualmente que el inters del proveedor consiste en cerrar todos ]os caminos de que el necesitado reciba por otras manos, o sepa hacer con las suyas lo que se le quiere vender. Nadie se opone a que Inglaterra, siguiendo en esta parte el espritu de su acta de navegacin, trabaje incesantemente en mantener la dependencia de sus colonias dndole ella sola todo lo que necesiten, y que por una consecuencia necesaria sea tambin sola en comprar y conducir sus frutos; pero, en qu se opone a este sistema de dependencia el que se refine el azcar en el mismo paraje donde se produce la caa? las providencias que ahora sirven para atraer a la madre patria el azcar bruta, no harn venir el refino? Considrese tambin que ni aun actualmente pretende el ingls europeo proveer al americano de este artculo. El fabrica para su uso8 el refino que consume y vive por consecuencia en la ms absoluta independencia. Nadie, pues, gana con la existencia del ms intil de todos los gremios, y todo presenta motivos para desterrar de Inglaterra tan equivocado sis-

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OBRAS 248\ 248\ 248\ 248\ 248\ tema; pero ya que, por fortuna, lo vemos todava subsistente, aprovechmonos de su error para sacar de nuestro azcar las ventajas que ellos pierden, y para despojarlos del lucrativo comercio que por hallarse sin rival hacen en este ramo.9Ya comienzan a ocurrir las razones particulares que tiene el gobierno de Espaa para adoptar mis ideas, y proteger en sus ingenios de Amrica las refineras de azcar, la rivalidad propuesta era suficiente motivo, y particularmente en un tiempo en que con tanto empeo se solicitan los medios de aumentar nuestras producciones coloniales ; pero por poderosa que sea esta consideracin, hay otras todava ms urgentes sacadas de la diferente situacin y naturaleza de nuestras colonias de azcar y con las que se probar claramente que lo que en Inglaterra es un delirio sera un imposible en Espaa. Es ocioso repetir aqu lo que tantas ocasiones he procurado demostrar, y con especialidad en el citado Discurso sobre la agricultura de la Habana porque no creo que se me disputar que el azcar de La Habana, en igual estado, debe salir a sus agricultores un tercio ms caro que a los de Jamaica; pues adems de que stas compran a mucho menos precio los negros, telas, instrumentos y utensilios necesarios, no pagan como nosotros el diezmo que se da a la Iglesia; el grandsimo producto que de sus mieles sacan es otra nueva ventaja. Asegurados de la buena venta de sus aguardientes entre los angloamericanos, en Inglaterra, Escocia, Irlanda y dems reinos del norte de Europa es una parte integrante de cada ingenio de azcar el alambique proporcionado para la destilacin de sus melazas; y lejos de concebir con separacin estas dos fbricas se supone como una en todo clculo del producto de sus ingenios10 y se da por infalible que con lo que rindan los aguardientes se han de costear todos los gastos de la hacienda. ¡Qu diferencia en las nuestras! Apenas habr hoy tres ingenios que hagan esta granjera, y hay muchos que por haberla emprendido sacaron escarmientos en lugar de ganancias. No es sta la ocasin de examinar las causas de tan gran mal. Basta ver que es cierto para poder inferir que siendo en extreme ruinosas para los colonos ingleses las exclusivas refineras de su Metrpoli, mucho ms lo deben ser para los pobres habaneros. La rplica que a esto sigue no destruye nuestros principios. Cmo no se han arruinado hasta ahora? Y cmo ni siquiera han pensado por su propia utilidad en hacer refinos cuando las Leyes de Indias no ponen impedimento? Sobre lo primero se ha dicho bastante en el citado Discurso de la agricultura de la Habana y slo repetir que los azucareros de aquella Isla van a vivir ahora en mundo muy diferente. El consumo de la Metrpoli les bastaba antes para dar salida a su fruto. All eran los nicos proveedores, y entonces no tenan que temer la concurrencia extranjera; pero hoy que

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /249 /249 /249 /249 /249 vamos a experimentarla en el sobrante que nos queda, hoy que tratamos de aumentarlo, qu ser de nosotros si dejamos subsistir todos nuestros males antiguos si no procuramos al menos que se remedien en parte? La segunda reflexin es la que no tiene respuesta; mas, por fortuna, no urge contra la cosa sino contra las personas. Lo nico que hay de comn entre los ingenios extranjeros y los nuestros es que se saca el azcar de la misma planta, y nadie debe extraar que entre nuestros infinitos olvidos se halle tambin comprendido el arte facilsimo de hacer azcar bruta propio para refino; el de ponerlo en estado de purificacin con la economa necesaria, y saben que con esta sola novedad iban a aumentar en mucho el producto de sus haciendas. Contentos con imitar la ceguedad de nuestros mayores hemos continuado siempre en hacer blanco y quebrado, o lo que es lo mismo, un semirrefino que tiene casi igual costo y que por no venir bautizado con otro nombre y figura se vende en el mercado de Europa, con corta diferencia, como si estuviese en bruto.11 Yo confesar tambin que esta indisculpable inercia ha sido tan perjudicial a nosotros como a la Metrpoli, pues la ha mantenido en este artculo dependiente del extranjero, y que ella es la que ha dado lugar al establecimiento y proteccin de las fbricas nacientes de Sevilla, Santander y Bilbao. Pero de aqu no inferir que unas fbricas que fueron muy tiles cuando se concibieron deban mantenerse cuando sean ociosas; esto es, cuando se desengaen los amos de nuestros ingenios, cuando se pongan en estado de remitir a la Pennsula el refino que necesita. No se imagine tampoco que yo pretendo destruirlas. Que sas y cuantas ms se quieran subsistan eternamente, con tal de que no piensen optar al privilegio opresor que gozan las de Inglaterra. Aqu al menos no hay los inconvenientes particulares de que acabamos de hablar, se presentan algunos sofismas para defender el sistema, y se trata de una preocupacin antigua que interesando a muchos gira sobre un gran ramo de consumo. Pero, sera posible que hubiese un refinador tan atrevido que para colorear su ambicin hablase en Espaa de las pretendidas ventajas de marina mercantil, de industria nacional, etctera? Porque el azcar bruta viene pisado y el refinado en panes, hemos hecho ver al principio que la marina inglesa nada perdera con permitir refineras en sus colonias. Pues en la Isla de Cuba no hay que ocurrir a estos clculos; sabindose ya que de all todo el que viene es un casi refino con el nombre de blanco y quebrado; que ste se reduce a polvo y se oprime dentro de las cajas con la mayor fuerza posible, y que por consecuencia si se trajese en panes, aunque alga ms purificados, lo que ahora se envasa en cien cajas tal vez ocupara ciento treinta. La especie de la industria nacional pudo pasar en Inglaterra porque todos gastan refino; y confundiendo las ideas se persuade que lo que consumen todos lo fabrican todos. En Espaa ni aun esta confusin es posible. Sea por el poco uso que se hace del t y del caf; o, lo que creo ms proba-

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OBRAS 250\ 250\ 250\ 250\ 250\ ble, porque nuestro azcar blanco suple en las reposteras las funciones del refino, es tan corto el gasto que se hace de ste que si la baratura no lo extiende bastar una buena fbrica para proveer la Pennsula;12 ser posible que trece hombres tengan el arrojo de creer que su suerte es preferible a la del Estado mismo? La idea de fabricar en Espaa el refino que debe competir con el ingls en el mercado extranjero es tan injusta como impracticable: injusta, porque no hay motivo para privar a los colonos de una ventaja tan natural; e impracticable, porque si a los mayores costos que precisamente lleva nuestro azcar se agregan los de nueva fbrica, cmo es posible esperar que sostengan la concurrencia? Desde La Habana es de donde debe intentarse esta gran operacin; y para verificarla es menester asegurar a aquellos hacendados que el gobierno de Espaa, lejos de adoptar en algn tiempo el sistema ingls y de inutilizar por este medio los gastos que se necesiten hacer en las oficinas actuales, se esmerar siempre en proteger sus esfuerzos. Es nuestra solicitud, sin pretender privilegio alguno contra las refineras existentes en Sevilla, Santander y Bilbao, que no se nos trate como extranjeros, que nuestros refinos corran la misma suerte que los suyos y que el que los diere ms baratos sea el que venda primero. El que hiciere oposicin a un convenio tan igual demuestra en su resistencia que slo a costa del pblico es como puede subsistir. Falmouth, noviembre 6 de 1794. Idea de la refinera que Mr. Nash tiene en LondresUna de las mejores refineras de Londres es la que tiene Mr. Nash en Lemon Street Guldmuni Field. En ella pueden refinarse diariamente noventa quintales de azcar con la asistencia de catorce operarios, cuando ms; con tres calderas de cobre batido que, pesando ocho quintales y medio, tienen setenta y cuatro pulgadas de profundidad y treinta y seis de dimetro y con una casa de siete pisos; catorce a diecisis varas castellanas de frente y dieciocho a veinte de fondo. La casa est distribuida de la siguiente manera. Sus subterrneos sirven para almacenes, y lo primero que en el cuarto bajo se encuentra es un portal que en su largo se extiende por todo el frente del edificio y cuyo ancho no pasar de seis varas; all se pesa el azcar y hay sobre mano izquierda un pequeo despacho para el director, desde el cual se puede ver todo lo que se hace en la siguiente pieza. sta es la casa de calderas situada de la misma manera, con el propio largo y casi con igual ancho que el portal. Contra el muro principal de mano izquierda estn colocadas las tres calderas donde se labra el refino, y aunque tiene cada una su fuego particular, respiran todas por la misma chimenea. En la propia lnea hay un gran estanque forrado en plomo, capaz de recibir igual

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /251 /251 /251 /251 /251 cantidad de caldo al que contienen las tres calderas, y para repartirlo desde aqul a stas se valen de una pequea bomba que facilita la operacin. Otra singularidad se advierte tambin en las calderas, y es que la mitad de sus empuaduras es postiza, para quitarla o ponerla segn crezca o disminuya el caldo que contengan. Al frente de aquellas calderas, a distancia de cuatro pasos y casi en el centro de la pieza, estn medio enterradas en el suelo, y sin fornalla alguna, otras tres tambin de cobre, que sirven para recoger la porcin de azcar que conservan las cachazas. Se hace esta operacin con unos coladores de bramante tendidos sobre las calderas en donde se ponen las cachazas y se les extrae con agua el dulce que les quedaba; el almbar que va soltando se pasa a las refinadoras para convertirlo en azcar, y la bazofia se vende a los labradores vecinos, que con preferencia la emplean en abonar sus tierras. En lo que queda de esta pieza se pone a enfriar el azcar dentro de hormas iguales a las que nosotros usamos. Hay todava un patio con colgadizos en el mismo cuarto bajo que tiene cuatro estanques y una piedra de molino. En el primero de aqullos se lavan las hormas, y en el segundo las pipas para no desperdiciar las partculas de azcar que les pudieran quedar. En el tercero se limpia y prepara el barro que sirve para purgar el azcar, y en el cuarto se templa el agua de cal que en la clarificacin se emplea. La piedra de molino que se ha anunciado recibe su movimiento por un caballo, y est colocada de modo que el aire no puede ofenderla. Su destino es reducir a polvo el azcar moreno que en ltimo anlisis se saca de la miel de cachaza, etctera. Esto es todo lo que hay en el cuarto bajo. En los dems no se ve otra cosa que barricas vacas y hormas que se estn purgando. En esta operacin (la de purga) no se nota diferencia esencial. Hay ms limpieza y mejor preparacin en el barro, y en lugar de nuestros tinglados y estanques tiene cada horma un porrn para recoger la miel. En el segundo y tercer piso no se puede parar de calor, porque en cada uno de ellos tiene abierta su boca la chimenea de las calderas; y adems de esto se halla colocada en el tercero la estufa que seca el azcar. El alquiler de la casa cuesta anualmente trescientas libras esterlinas; el jornal de cada operario diecisis, y el alimento, que tambin se les da, se regula en treinta. Vale cheln y medio cada libra del cobre de las calderas; tres guineas la bombita con que desde el estanque se pasa a ellas el caldo, y otras tantas guineas una rueda de hierro que est colocada en el techo de la casa, que se mueve con gran presteza, y por medio de una cuerda hace bajar y subir muy fcilmente todo lo que se debe llevar desde el uno al otro piso. Eran cuatro las clases de refino que en esta fbrica se hacan. La libra del superior se venda a cheln y medio, la de segunda clase un tercio ms barato, la de tercera por la mitad que la primera, y la cuarta —aquel polvo

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OBRAS 252\ 252\ 252\ 252\ 252\ que se muele en la piedra— por medio cheln cada libra. Haba hormas de todos tamaos, y despus de advertir que son mucho ms slidas que las nuestras, que para su mayor fortaleza tiene cada una tres o cuatro arcos de madera y que las ms pequeas de todas contendrn diez libras de azcar bruto y costarn media real con sus arcos, concluiremos observando que en Rusia pagan cinco chelines ms caros el quintal de refino que va en ciertos panes puntiagudos y pequeosREAL ORDENDeseando el Rey, por todos los medios posibles, fomentar la agricultura y el comercio de esa Isla, cuya prosperidad le ha merecido siempre particular atencin y cuidado, as por la utilidad y beneficio de sus habitantes, como por lo mucho que en esto se interesa el bien general del Estado; y teniendo presente que lo que expusieron el Prior Conde de Casa Montalvo y el Sndico D. Francisco de Arango en su representacin de 6 de noviembre de 1794 y de los informes que sobre ella han recado, se ha servido S.M. conceder las gracias siguientes: Primera, que puedan establecerse en todo el distrito de esta Isla refineras de azcar para conducirlo a estos Reinos o a los dems dominios de S.M. en Amrica, en la inteligencia de que no han de gozar privilegio exclusivo. Segunda, que adems de las franquicias concedidas al azcar en el Real Decreto de 22 de noviembre de 1792, se devuelva el seis por ciento de alcabala que adeuda en esa Isla a toda la que, despus de haberse introducido en estos Reinos, se extraiga para pases extranjeros; en cuya gracia no se ha de comprender el azcar que stos saquen en cambio de negros. Tercera, que se libre de todos los derechos Reales el aguardiente ron que se extraiga de esa Isla para las dems partes de nuestra Amrica, donde est permitido la introduccin de este licor; el que igualmente se extraiga para los puertos extranjeros de Europa, con arreglo al permiso que concede a los habitantes de esa Isla el citado Real Decreto; y tambin el que saquen los extranjeros que conduzcan negros, subsistiendo los derechos que contribuye el ron que se conduce para el consumo de estos Reinos. Todo lo cual participo a V.S. de Real Orden para su inteligencia y que lo haga notorio al comercio. Dios guarde a V.S. muchos aos. Aranjuez, 23 de febrero de 1796. Gardoqui. Seores Prior y Cnsules del Consulado de La Habana.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /253 /253 /253 /253 /253Notas1Este trabajo se public en esta ciudad, Imprenta de la Capitana General, con la siguiente advertencia: “Esta Memoria se imprime a costa del Consulado, y con el objeto importante de hacer conocer a este pblico lo mucho que le interesa fomentar en sus ingenios la fbrica del refino ; y por si acaso no bastan las ideas que aqu se dan, se suplica eficazmente a los buenos habaneros que con las suyas auxilien la intencin del Consulado; que aadan lo que faltare; que de buena fe manifiesten sus reparos y sus dudas; que pongan en movimiento el inters de cada uno, ilustrando de todos modos el punto de refineras. Y para que la discusin se abra con todos los antecedentes que deben tenerse a la vista, acompaamos tambin el papel nmero 1 y copia de una Real Orden que solicitaron desde Falmouth el difunto Conde de Casa Montalvo y el autor de la Memoria. F. de A. ”2El valor intrnseco de un cheln es algo menos que el de algunas de nuestras pesetas fuertes. Por cada peso duro se pagan regularmente cuatro chelines y medio. Cada cheln tiene doce dineros o penis, una libra esterlina veinte chelines y una guinea veintiuno.3En 1688 (D’Avenant, Discourses on the Plantion Trade ...) eran cincuenta familias, y por el aumento que ha habido en la importacin de azcar bruto creemos que sea cierto lo que decimos por noticias respetables sobre su actual nmero.4Vase en este mismo papel el clculo presentado por los refinadores de Londres.5Un galn equivale a cuatro botellas nuestras, poco ms o menos.6Ya se sabe que en Jamaica valen los negros cincuenta libras esterlinas cuando ms. Vase en confirmacin el Report of the Lords of the Commitee of Council, appointed for the consideration of all matters relating to trade and foreign plantations submitted to His Majestys consideration..., 1789 .7El Comit de refinadores de Londres da el siguiente producto de ciento doce libras inglesas de azcar bruto, reducidas a refino: Libras Panes superiores............. 56,25 Bastardos......................... 22,25 Melazas............................. 28,75 Cachazas........................... 4,75 112,008Jamaica, que es la nica colonia donde puede hacerse algn consumo de refino, tiene dos fbricas establecidas en Kingston.9En 1790 y 1791 se extrajeron de Inglaterra doscientos setenta y ocho mil trescientos noventa y un quintales, que estimado cada uno a noventa

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OBRAS 254\ 254\ 254\ 254\ 254\ libras esterlinas favorecen la balanza del comercio ingls nada menos que en un milln doscientos veinticinco mil setecientas sesenta libras esterlinas.10Despus de explicar por menor todos los gastos que hay que hacer para formar en Jamaica un ingenio de seiscientos acres de tierra, se establecen sus productos anuales de esta forma: 200 barricas de azcar bruto a £15 cada una ....£ 3 000 130 bocoyes de ron a £10 cada uno....................... £ 1 300 £ 4 30011Precio en chelines del azcar bruto en el mercado de Londres en los aos que se citan: Ao Mximo Mnimo 1779.................... 59..............59 1780.................... 59..............45 1781.................... 73..............56 1782.................... 73..............40 1783.................... 45..............28 1784.................... 46..............26 1785.................... 45..............36 1786.................... 56..............40 1787.................... 52..............4112Se puede afirmar que en Espaa no se consumen diariamente noventa quintales de refino, que son los que doce operarios y un director se labran cada da en la refinera de Mr. Nash.

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DISCURSO DEL SR. SNDICO DEL CONSULADO DISCURSO DEL SR. SNDICO DEL CONSULADO DISCURSO DEL SR. SNDICO DEL CONSULADO DISCURSO DEL SR. SNDICO DEL CONSULADO DISCURSO DEL SR. SNDICO DEL CONSULADO A SU JUNT A SU JUNT A SU JUNT A SU JUNT A SU JUNT A DE GOBIERNO EN SESI"N A DE GOBIERNO EN SESI"N A DE GOBIERNO EN SESI"N A DE GOBIERNO EN SESI"N A DE GOBIERNO EN SESI"N DE APER DE APER DE APER DE APER DE APER TURA CELEBRAD TURA CELEBRAD TURA CELEBRAD TURA CELEBRAD TURA CELEBRAD A EL 10 DE ABRIL A EL 10 DE ABRIL A EL 10 DE ABRIL A EL 10 DE ABRIL A EL 10 DE ABRIL DE 1795 DE 1795 DE 1795 DE 1795 DE 1795Seores: En fuerza de vuestro primer acuerdo, de la recomendable eficacia del Seor Consiliario Comisionado y de la infatigable y notoria vigilancia de nuestro Excmo. Presidente, nos vemos hoy en estado de empezar a ejercer nuestras importantes funciones. El pblico ya las conoce, y sabe que S.M. deseoso de hacer feliz la ms importante de sus islas os ha escogido entre muchos para que seis su instrumento. Vosotros, en consecuencia, no le podis retardar los testimonies que espera de vuestro amor por la patria y de vuestra gratitud y obediencia al mejor de los monarcas. Penetrado de estas ideas, lleno del entusiasmo que a todos debe animarnos, y teniendo muy presente que si a vosotros os toca el honor de hacer el bien, a mi oficio corresponde el de promoverlo y agenciarlo, os hablo por primera vez con la voz de toda la Isla, y en su santo nombre os exhorto a que no os separis de esta Sala sin dar alguna seal de vuestro celo patritico. Mi pretensin no se extiende a que procedis de tropel, y que dejis marcados vuestros primeros pasos con las notas indelebles de la precipitacin y el error. Lo que solicito es que los habaneros vean, y sepan los dems cubanos, que empiezan con nuestra vida nuestras tiles tareas, y que a la multitud de ceremonias y de vanos cumplimientos que regularmente acompaan la instalacin de los Cuerpos, hemos sustituido nosotros una discusin importante. Si slo hubiese de seguir mi gusto y mi propio inters, os suplicara que oyeseis con preferencia los resultados que ha tenido el viaje que por Real Orden hizo de su bolsillo y con slo mis auxilios aquel ilustre patriota ;1pero temo que se piense que pretendo sorprenderos hablando de lo que hemos hecho, sin decir lo que ofrecimos. El libro de mis obligaciones2 es el que tengo en las manos y el que deposito en las vuestras para sujetarme gustoso al riguroso examen que hagis de nuestra conducta. Considero, adems de esto, que antes de ha-

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OBRAS 256\ 256\ 256\ 256\ 256\ blar de remedios, deben conocerse los males, que al mtodo curativo ha de preceder el estudio de la naturaleza del enfermo, del rgimen que la ha alterado y de los diferentes sntomas que caracterizan la dolencia, y que por esta regla no debemos ocuparnos en descubrir los medios de fomentar la agricultura y comercio de esta Isla sin que sepamos lo que es, y lo que debe y puede ser; en qu consisten sus bienes, y ms que todo, sus males; de dnde le han provenido, y si nuestras facultades bastan para desempear nuestro vastsimo encargo. La mayor porte de estos temas estn tratados tambin en el papel que os presento; pero en tan dbil escrito no es en donde encontraris motivos que los recomienden, sino en vuestra propia meditacin, en la utilidad de obrar con orden, y sobre todo en la necesidad de iluminar a un pblico numeroso. Yo respeto ms que nadie, o tanto como el que ms, al que actualmente servimos; pero hablando en general, ni le supondr ilustrado de aquellos preliminares ni menos convendr en que sin ellos contribuir gustoso a la obra de su felicidad. Si vosotros lo dudis, consultadle en este mismo instante, en este instante precioso en que principia l mismo a cuidar de su fortuna, y le hallaris tan lejos de aquellos principios como de su verdadero inters; tan cerca de la indiferencia como de la desconfianza, y tan lleno de deseos como de dificultades. Su cuidado se reduce a preguntar por todas partes, y ver si puede indagar cul ser el primer favor que recibir de esta Junta; pero sin tocar siquiera la dificultad de la respuesta, sin advertir que para ella, al menos en mi opinin, es preciso examinar, analizar y apurar todo lo que en s comprenden aquellos antecedentes. Jueces de mis errores, padres de toda la Isla, reflexionadlo un momento, y ved si vuestras superiores luces pueden sacar a las mas de la perplejidad en que se hallan para satisfacer de repente aquel clamor de la patria. En tal caso ganaris para vuestra gloria el tiempo que se adelante, y yo lograr el consuelo de daros la primera prueba de mi profundo respeto, sujetndome gustoso al plan que me prescribis, tanto para hablar del viaje como para ordenar las siguientes discusiones. Francisco de Arango y Parreo.Notas1El difunto Conde de Casa Montalvo.2El discurso y proyecto sobre la agricultura de La Habana.

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SOBRE LAS NOTICIAS COMUNICADAS SOBRE LAS NOTICIAS COMUNICADAS SOBRE LAS NOTICIAS COMUNICADAS SOBRE LAS NOTICIAS COMUNICADAS SOBRE LAS NOTICIAS COMUNICADAS POR EL SR. SNDICO D. FRANCISCO POR EL SR. SNDICO D. FRANCISCO POR EL SR. SNDICO D. FRANCISCO POR EL SR. SNDICO D. FRANCISCO POR EL SR. SNDICO D. FRANCISCO DE ARANGO Y P DE ARANGO Y P DE ARANGO Y P DE ARANGO Y P DE ARANGO Y P ARREO A LA JUNT ARREO A LA JUNT ARREO A LA JUNT ARREO A LA JUNT ARREO A LA JUNT A A A A A DE GOBIERNO DEL CONSULADO DE GOBIERNO DEL CONSULADO DE GOBIERNO DEL CONSULADO DE GOBIERNO DEL CONSULADO DE GOBIERNO DEL CONSULADO DE AGRICUL DE AGRICUL DE AGRICUL DE AGRICUL DE AGRICUL TURA, INDUSTRIA Y COMERCIO TURA, INDUSTRIA Y COMERCIO TURA, INDUSTRIA Y COMERCIO TURA, INDUSTRIA Y COMERCIO TURA, INDUSTRIA Y COMERCIO DE LA HABANA, DE LA HABANA, DE LA HABANA, DE LA HABANA, DE LA HABANA, adquiridas en el viaje que por encargo de S.M. ha adquiridas en el viaje que por encargo de S.M. ha adquiridas en el viaje que por encargo de S.M. ha adquiridas en el viaje que por encargo de S.M. ha adquiridas en el viaje que por encargo de S.M. ha hecho a Inglaterra, P hecho a Inglaterra, P hecho a Inglaterra, P hecho a Inglaterra, P hecho a Inglaterra, P ortugal, Barbada y ortugal, Barbada y ortugal, Barbada y ortugal, Barbada y ortugal, Barbada y Jamaica Jamaica Jamaica Jamaica JamaicaACUERDO. En sesin de la Junta de Gobierno del Consulado de 30 de septiembre de 1795, presidida por el Excmo. Sr. Gobernador y Capitn General, el Sr. Sndico, recordando los resultados de su viaje, observ que haba comunicado ya ocasionalmente algunos de ellos a la Junta, y que estaba pronto a dar cuenta de los dems, junta o separadamente, como mejor le pareciese a la Junta. Manifest la Junta que oira con el mayor gusto las noticias del Sr. Sndico dejando enteramente a su arbitrio el modo y la forma que ms le acomodasen El Marqus del Real Socorro. Juan Toms de Juregui. Lorenzo de Quintana. Antonio del Valle Hernndez. ACUERDO. En sesin de la Junta de Gobierno del Consulado de 14 de octubre de 1795, presidida por el Excmo. Sr. Gobernador y Capitn General, sigui luego el Sr. Sndico la relacin de su viaje en la parte que corresponde a su residencia en Portugal e Inglaterra. Dio cuenta de las cosechas de azcar que hacen los portugueses en sus colonias de Brasil y del destino que dan a dicho fruto. Relat las noticias que haba adquirido en las fundiciones de Inglaterra sobre la fabricacin, y los precios de factura de los utensilios necesarios para los ingenios de azcar. ltimamente comunic a la Junta el proyecto de la mquina de vapor que mand hacer el Conde de Casa Montalvo en Inglaterra para mover los trapiches, y present a la Junta al mismo tiempo un modelo pequeo y varios planos que manifestaban el mecanismo de la mquina. La Junta oy con el mayor aprecio las comunicaciones del Sr. Sndico, y manifestaron varios Consiliarios el deseo de

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OBRAS 258\ 258\ 258\ 258\ 258\ que el Sr. Sndico escribiese e imprimiese una relacin por extenso de su viaje para que este pblico pudiese aprovechar las importantes noticias que tan rpidamente ha odo la Junta. El Marqus del Real Socorro. Juan Toms de Juregui. Lorenzo de Quintana. Antonio del Valle Hernndez. ACUERDO. En sesin de la Junta de Gobierno del Consulado de 21 de octubre de 1795, presidida por el Marqus del Real Socorro, siguiendo el Seor Sndico la relacin de su viaje comunic a la Junta un aviso que haba recibido por el ltimo correo de Espaa de que la mquina de vapor, cuyos modelos y diseos haba presentado en la ltima sesin, estaba acabada y en vsperas de embarcarse para Cdiz El Marqus del Real Socorro. Juan Toms de Juregui. Lorenzo de Quintana. Antonio del Valle Hernndez. ACUERDO. En sesin de la Junta de Gobierno del Consulado de 28 de octubre de 1795, presidida por el Excmo. Sr. Gobernador y Capitn General, sigui el seor Sndico la relacin de su viaje, participando a la Junta las noticias que haba adquirido en Inglaterra y en Jamaica sobre las refineras de azcar, y comunicndole una memoria que pas al Ministerio de Real Hacienda para convencer las ventajas que resultaran al Estado de fomentar en esta Isla los refinos de azcar. Luego se extendi sobre el viaje a Jamaica, describiendo sucesivamente el actual estado de los varios ramos de agricultura en aquella isla y en la de Barbada, como son ingenios de azcar movidos por bestias, por el agua y por el viento, estancia, caf, algodn, ail y tabaco, acompaando su relacin con la exhibicin de los modelos de las principales mquinas que se emplean para beneficiar dichos frutos. El Marqus del Real Socorro. Juan Toms de Juregui. Lorenzo de Quintana. Antonio del Valle Hernndez. ACUERDO. En sesin de la Junta de Gobierno del Consulado de 18 de noviembre de 1795, presidida por el Excmo. Sr. Gobernador y Capitn General, prosiguiendo el Sr. Sndico la relacin de su viaje present a la Junta un nivel, un teodolito y un estuche de Matemticas que haba comprado en Inglaterra para las operaciones de agrimensura que se ofreciesen de orden del Consulado. La Junta, agradeciendo la til adquisicin que le proporcionaba el Sr. Sndico, acord que por Tesorera se pagase el importe de estos instrumentos que asciende a treinta y media guineas, al cambio de veintiocho y tres cuartillos El Marqus del Real Socorro. Juan Toms de Juregui. Lorenzo de Quintana. Antonio del Valle Hernndez. ACUERDO. En sesin de la Junta de Gobierno del Consulado de 12 de diciembre de 1795, presidida por el Marqus del Real Socorro, Prior, prosigui el Sr. Sndico la relacin de su viaje, tratando particularmente de lo

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /259 /259 /259 /259 /259 que observ en la isla de Jamaica e incidentalmente de varios otros puntos interesantes para esta isla, como son la moneda provincial, la introduccin de la plata en esta isla, las relaciones de comercio de esta plaza con la de Cdiz, el privilegio de los ingenios; y habiendo finalizado su relacin, represent el Secretario que, por la multitud de objetos y noticias que haba tocado el Sr. Sndico en el curso interrumpido de ella, quedaban muy imperfectos en las actas los apuntes que haba podido recoger, por lo que pidi el Sr. Sndico una lista exacta de todos los asuntos que haba tratado para que constase y se insertase en las actas. El Marqus del Real Socorro. Juan Toms de Juregui. Lorenzo de Quintana. Antonio del Valle Hernndez. ACUERDO. En sesin de la Junta de Gobierno del Consulado de 23 de diciembre de 1795, presidida por el Excmo. Sr. Gobernador y Capitn General, el Sr. Sndico comunic a la Junta la lista que haba ofrecido en la penltima sesin de los objetos que trat en la relacin de su viaje, para que se insertase en el presente acuerdo, la que a la letra es como se sigue. Puntos de que he tratado en la relacin de mi viaje. En Espaa Mtodo de agricultura en La Mancha y Andaluca. Conocimiento de estos cultivadores. Su fortuna comparada con la de nuestros negros. Estado del comercio de Cdiz. Utilidades que resultaran a nuestra Isla de estrechar con l sus relaciones. Consulado de esta ciudad. Sus ventajas y defectos, tanto en lo econmico como en lo judicial. Idem del Hospicio. Su floreciente situacin. Lo que de l conviene adoptar para el de La Habana. Academia de las Bellas Artes. Pie admirable en que est la crcel de aquella ciudad. Casa de viudas. Escuelas gratuitas de primeras letras. Hospitales. Motivos que tuvimos para pasar por Cdiz. Los principales fueron conocer las facultades de aquellos comerciantes con el extranjero sobre nuestros frutos y sus proporciones. Sus relaciones para anticiparnos fondos. Noticias y reflexiones sobre todo esto, contradas particularmente al azcar y aguardiente de caa, con explicacin del estado en que dej varias instancias que sobre este ltimo ramo tena entabladas en la Corte. En Portugal Situacin de este pueblo. Extensin de su comercio y producciones de sus colonias. Estado en que se halla en stas la agricultura. Sistema econmico y gubernativo que en ellas se observa. Comodidad de que disfrutan en el precio de negros. Sus factoras en la costa de frica, con cuantas noticias pueden conducir al comercio que all hacen. Medios para que nosotros nos aprovechemos de l. En Inglaterra Una descripcin sucinta de su opulencia. Hermosura de sus campos. Perfeccin de su cultivo. Medios de que se valieron para conseguirlo. Comercio con sus colonias. Reglas con que lo hacen. Ventajas que les produce. Comodidad de precios en las mquinas y utensilios que para las haciendas coloniales se necesitan. Facilidad que nosotros tenemos para lograr esta ventaja y librarnos de la caresta con

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OBRAS 260\ 260\ 260\ 260\ 260\ que las compramos. Comercio de los ingleses de la costa de frica. Noticia circunstanciada de todos los particulares relativos a este punto, indicando los medios que nos convendra adoptar para participar de sus ventajas. Refineras. Memoria especial sobre este importante ramo. Bombas de fuego aplicables a nuestros molinos de caas. Trapiche de nueva invencin explicado por un modelo. Barbada. Extensin de esta isla, nmero de sus habitantes. Causas de tan portentosa poblacin. Su sistema de cultivo. Su producto anual. Sus derechos municipales. Jamaica. Sistema de gobierno que se observa en esta isla. Su extensin, cantidad de tierra cultivada. Nmero de condados, villas, parroquias, iglesias, rectores, habitantes, blancos y negros. Gasto total de la colonia para su defensa y para mantener el orden y la pureza de la religin. De qu modo se contribuye por los moradores. Comparacin de nuestro sistema de contribuciones con el de esas colonias. Medios que en todos tiempos se han empleado para alentar la poblacin de blancos. Examen de su eficacia y efectos. Introduccin anual de negros. Autoridad que sobre ellos concedieron las leyes a sus amos. Noticia e idea de los diferentes cdigos negreros. Proyecto de ley para que los negros sean adscriptos a la gleba. Caminos. Cmo los hacen? Cmo los conservan? Agricultura. Noticia exacta del modo como se cultivan en esta isla la caa, el algodn, el caf y el ail. Del orden que observan en el repartimiento de las tareas de sus negros, y del mtodo con que tienen establecidas las mquinas y oficinas necesarias para cada hacienda, con todo lo dems que es conducente a este punto. Modelos presentados de las mquinas que con este objeto costeamos. Noticias de las que usaban los franceses en la desgraciada colonia de Santo Domingo. De las causas de la prosperidad y de la ruina del Guarico. Nota. Adems de esto he presentado las observaciones que hicimos en todas las colonias, relativas a moneda provincial y a facilitar la correspondencia del agricultor colonial con el comercio metropolitano. Aadi el Sr. Sndico que aunque sus actuales ocupaciones no le permitan absolutamente continuar la relacin escrita que haba empezado, estara pronto a comunicar a cualesquiera de los seores Vocales todas las noticias o explicaciones que le pidiesen sobre los precitados asuntos, a cuyo fin podra cada uno de dichos seores tener a la vista dicha lista a modo de ndice o recuerdo. Agradecida la Junta a las comunicaciones y ofertas del Sr. Sndico, acord unnimemente: Que haba desempeado con igual talento y acierto el encargo que tena de S.M. de comunicar las observaciones y noticias que le hubiesen ocurrido en el viaje que hizo a Portugal, Inglaterra, Jamaica y Barbada con el Sr. Conde de Casa Montalvo; en cuya vista crea de su obligacin que se le diese por un oficio, a nombre de la Junta, las ms expresivas gracias haciendo presente al Rey sus distinguidos servicios en el desempeo del precitado encargo de S M. El Marqus del Real Socorro. Juan Toms de Juregui. Lorenzo de Quintana. Antonio del Valle Hernndez.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /261 /261 /261 /261 /261 Excelentsimo Sr. D. Diego de Gardoqui Excelentsimo Sr.: En cumplimiento del encargo que tenan de S.M. el Sr. D. Francisco de Arango y el difunto Conde de Casa Montalvo de comunicar a esta Junta de Gobierno las experiencias y noticias que en su viaje hubiesen adquirido, se manifestaron pronto desde su llegada a comenzar dicha comunicacin. Las atenciones inseparables de un nuevo establecimiento demoraron la ejecucin de esta oferta durante los primeros meses del Consulado, y la temprana muerte de nuestro primer Prior frustr inesperadamente sus esperanzas y las de la Junta. Pero le qued en la persona de su compaero un depositario que deba cumplir por los dos, y as ha sucedido. El Sr. D. Francisco de Arango, quien haba ya tratado ocasionalmente varios objetos de su viaje, como son fanales, negros y algunos otros, empez en 7 de octubre la relacin formal de l y la prosigui en varias sesiones ordinarias y extraordinarias hasta la del 23 de diciembre en que la finaliz, ofreciendo comunicar a cualesquiera de los Seores Vocales de la Junta todas las noticias o explicaciones que le pidiesen sobre los particulares de los asuntos que haba tocado. Satisfecha ya la Junta del celo y distinguido talento de su Sndico, por las muchas pruebas que de uno y otro le haba dado en el desempeo de sus importantes y penosas obligaciones, cree un deber hacer presente al Rey, por manos de V.E., como lo hace actualmente, el acierto con que ha cumplido por l y por su difunto compaero el encargo que les haba conferido S.M., en cuyo testimonio acompaamos a V.E. copia certificada de la declaracin que hizo la Junta con este motivo a 23 de diciembre ltimo. Nuestro Seor guarde la vida de V.E. muchos aos. Habana, 12 de febrero de 1796. El Marqus del Real Socorro. Juan Toms de Juregui. Lorenzo de Quintana. Antonio del Valle Hernndez. Seor D. Francisco de Arango y Parreo: Habiendo odo con el mayor inters esta Junta de Gobierno la relacin que en cumplimiento del encargo de S.M. le ha hecho V.S. del viaje que verific a Inglaterra, Portugal, Barbada y Jamaica en compaa del difunto Conde de Casa Montalvo, nos ha encargado dar a V.S. las ms expresivas gracias por el acierto y talento con que supo a un tiempo instruirla y deleitarla. Crey de su obligacin y acord al mismo tiempo ponerlo expresamente en noticia de S.M., como lo hace con fecha de este da, para que conozca S.M. que sus benficas miras quedan cumplidas en esta parte, como no poda menos de esperarse del celo y patriotismo de V.S. Slo nos resta unir nuestras propias expresiones a las de la Junta y acompaarle copia certificada del acuerdo de 23 de diciembre ltimo a que damos cumplimiento en este instante. Dios guarde a V.S. muchos aos. Habana, 12 de febrero de 1796. El Marqus del Real Socorro. Juan Toms de Juregui. Lorenzo de Quintana. Antonio del Valle Hernndez.

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OBRAS 262\ 262\ 262\ 262\ 262\ ACUERDO. En sesin de la Junta de Gobierno del Consulado de 24 de febrero de 1796, presidida por el seor Visitador General Intendente, con motivo del oficio que por acuerdo de la Junta se pas al Sr. Sndico para darle las gracias por la relacin de su viaje, record a la Junta todo lo que haba pasado en orden a dicha relacin, y pidi que constase nuevamente en el acuerdo de este da; y cediendo la Junta a tan justa instancia en un asunto que consta a todos los Seores Vocales de all, se acord as. Dijo, pues, el Sr. Sndico que desde su llegada aqu no haba cesado de solicitar que se le permitiese dar cuenta de los resultados de su viaje, y que habindolo impedido las urgentes ocurrencias de un Cuerpo que se estableca y trataba de su organizacin, condescendi por ltimo la Junta, en fuerza de sus repetidas instancias, a que hubiese para esto sesiones extraordinarias, y que habiendo concluido su relacin, instado por los seores para que la imprimiese, resisti hacerlo tan de pronto, lo primero, por la multitud de ocupaciones que le rodeaban; lo segundo, porque habiendo de someter por su orden a la resolucin de la Junta las diferentes innovaciones que del viaje haban de resultar, tena por ms til ir publicando cada particular a medida que la Junta lo fuese examinando para resolver; siendo de su obligacin ir presentando cada uno en los trminos que lo hizo cuando se trat del comercio de negros y de la construccin de caminos; e igualmente podr la Junta determinar con ms madurez lo que conviene publicar; que de esta manera el pblico sacar ms utilidad y en el intermedio tendr cada cual libertad para ocurrir a l por las ilustraciones que necesitase sobre cada punto de los comprendidos en la relacin de su viaje y sealados en la lista que entreg; a todo lo cual se avino unnimemente la Junta, convencida de que el celo y talento del Sr. Sndico aseguraban el cumplimiento de estas ofertas. Record igualmente, en cumplimiento de sus obligaciones, las ideas que desde la instalacin de la Junta haba ofrecido sobre el plan que haba de seguir el Consulado en la serie de sus trabajos, para que guardase orden y consecuencia en sus operaciones, y no emprendiese a un tiempo un conjunto de obras que superase sus fuerzas; que propusieron entonces los Seores Erice y Calvo, Diputados al efecto, varios ideas y proyectos, entre los cuales se prefiri el de caminos, evacuando al propio tiempo algunos otros. Insinu que en esto, sea por descuido o por no tener a la vista su proposicin, la Junta haba seguido ms bien el orden de los incidentes que otro alguno; lo que demostraba la necesidad de fijar definitivamente un orden o serie de trabajos para reconcentrar oportunamente todas las especies, informes y noticias, e ir formalizando los expedientes respectivos. Aplaudi unnimemente la Junta el pensamiento del Sr. Sndico y lo apoy particularmente el Sr. Visitador Intendente, quien, hacindose cargo de que era imposible formar un plan inalterable por estar la Junta pendiente de datos todava desconocidos y de incidentes casuales y ulteriores, propuso que quedase encargado el

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /263 /263 /263 /263 /263 Sndico de presentar un plan provisional de trabajo dirigido a fijar el orden que se ha de seguir en las operaciones del Consulado, en vista de sus facultades y de las circunstancias; y qued as acordado. El Marqus del Real Socorro. Juan Toms de Juregui. Juan Francisco de Oliden. Antonio del Valle Hernndez. REAL ORDEN. En carta de 27 de febrero prximo pasado da V.S. cuenta de que el Sr. Sndico D. Francisco de Arango ha hecho en la Junta de Gobierno relacin del viaje que en compaa del Prior Conde de Casa Montalvo hizo a Portugal, Inglaterra y colonias inglesas; que habiendo desempeado cumplidamente esta comisin acord la Junta dar gracias a Arango, hacienda presente a S.M. como lo ejecuta el distinguido mrito que ha contrado y que no se imprima por ahora dicha relacin sin que se publique cada punto, segn lo vaya examinando la misma Junta. Enterado el Rey de todo lo referido, se ha servido aprobar lo acordado por V.S. y qued muy satisfecho del acreditado celo y actividad de Arango, a quien con esta fecha doy el aviso correspondiente. Y de Real Orden lo participo a V.S. para su inteligencia. Dios guarde a V.S. muchos aos. Aranjuez, 19 de junio de 1796. Gardoqui. Seores Prior y Cnsules del Consulado de La Habana. ACUERDO. En sesin de la Junta de Gobierno del Consulado de 24 de agosto de 1796, presidida por el Excmo. Sr. Gobernador y Capitn General, ley seguidamente el Secretario dos oficios del Excmo. Sr. Ministro de Hacienda, el uno con fecha 19 de junio ltimo pasado, en que S.M. haciendo justicia al celo y actividad que ha manifestado el Sr. Sndico en la relacin que ha hecho a la Junta de su viaje a Inglaterra, Portugal, Barbada y Jamaica, aprueba todo lo actuado por la Junta en este particular. El Marqus del Real Socorro. Juan Toms de Juregui. Lorenzo de Quintana.

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REPRESENT REPRESENT REPRESENT REPRESENT REPRESENT ACI"N PROPONIENDO QUE SE ACI"N PROPONIENDO QUE SE ACI"N PROPONIENDO QUE SE ACI"N PROPONIENDO QUE SE ACI"N PROPONIENDO QUE SE MODIFIQUE EL MTODO DE ELECCIONES DEL MODIFIQUE EL MTODO DE ELECCIONES DEL MODIFIQUE EL MTODO DE ELECCIONES DEL MODIFIQUE EL MTODO DE ELECCIONES DEL MODIFIQUE EL MTODO DE ELECCIONES DEL CONSULADO CONSULADO CONSULADO CONSULADO CONSULADODesde que tuve el honor de proponer al Rey el establecimiento de una Junta que protegiera en esta Isla la agricultura y comercio, hice ver cunto importaba mantenerla en movimiento y que en esto se observase orden y consecuencia. Recelando al propio tiempo que en ciertas estaciones del ao sera imposible esperarlo de los vocales hacendados, propuse que se nombrasen, adems de los propietarios y tenientes, consiliarios sustitutos. Lo resisti V.E., y la experiencia acredita que aqul no era buen remedio para el mal que yo tema; pues si haba de resultar de las ausencias precisas que los agricultores hacen, era muy pobre recurso el de darles sustitutos que se hallen en el propio caso. La prueba de esta verdad la tocamos actualmente. La Junta del Consulado, que no ha podido negarse a permitir las ausencias. que se hacen con tan justo motivo y que para mantenerse ha credo necesario arrogarse la facultad de nombrar interinamente sujetos que reemplacen a los que faltan, se ve embarazada a cada paso con el mismo inconveniente. Creer que se puede salvar prohibiendo las ausencias es verdaderamente un delirio, porque adems de que no habra autoridad alguna que pudiese conseguirlo, se ofendera gravemente el inters del pblico si se privase a los amos de asistir a sus haciendas en el tiempo de la cosecha. Es, pues, un mal necesario del que pueden resultar muy fatales consecuencias si al instante no se adoptan las medidas convenientes. stas, a mi parecer, consisten en arreglar las sesiones de modo que los hacendados puedan concurrir a ellas en la urgencia de las cosechas, y en suspender por seis aos, respecto de los Consiliarios, el mtodo de elecciones que S.M. previene en el artculo cuarenta y dos de la Real Cdula. Que haya, enhorabuena, Juntas semanales; pero que en los tres meses que regularmente pasan en el campo todos los agricultores, baste para formarlas uno de los Presidentes, Prior, Cnsules —o los que compongan el Tribunal— y Sndico; que se despachen entonces los negocios muy urgentes y que los dems se reserven para los otros nueve meses, en los cuales habr dos de precisa asistencia para los tenientes, en atencin a que muchos agricultores pasan en sus haciendas casi la mitad del ao; y en los

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /265 /265 /265 /265 /265 siete restantes sean obligados los Consiliarios a asistir sin que se les admita otra excusa que la de enfermedad. Adoptado este sistema pueden distribuirse los meses en la siguiente forma: enero, abril y mayo, de vacante para los Consiliarios y tenientes, por ser los de ausencia general; febrero y marzo, de precisa residencia para los tenientes, porque muchos propietarios los pasan tambin en el campo, y los siete restantes para los Consiliarios. De este modo nadie sentir perjuicio, y slo podrn quejarse los vecinos indolentes que por ningn motivo merezcan entrar en la Junta. Y para que en ella no veamos gentes de semejante clase, propongo que se suspenda, al menos por seis aos, el mtodo de elecciones prevenido en el artculo cuarenta y dos de nuestra Real Cdula. Se sabe que fue copiado de las Ordenanzas que gobiernan en Bilbao, y que para aquel pueblo y todos los que se hallan formados debe ser muy a propsito; mas para los pases en que el espritu pblico apenas est en mantillas, las reglas deben ser otras. Aqu la suerte no es buena, porque procede a ciegas o en muy dilatada esfera, y es muy casual que tropiece con el reducido nmero de los hombres benemritos. Por otra parte, es probable, por no decir muy seguro, que las juntas generales en los primeros tiempos sean tan poco concurridas como lo fueron hasta ahora las que se han convocado con ms interesante objeto;1 que a ellas irn nicamente los que ya lleven formado algn partido; y de aqu resultar que sean electores y electos los de una propia cbala. Con el tiempo cesarn estos inconvenientes. El pblico conocer el verdadero valor de la plaza de Consiliarios; har que todos la estimen y la deseen obtener, y entonces nada mejor que el orden establecido en el artculo cuarenta y dos. Por ahora lo que se necesita es que el Capitn General proponga y Su Majestad nombre por el tiempo de seis aos los nueve Consiliarios, cnsules respectivos, tenientes y el Sndico, declarado que stos son en todo iguales a los otros, y que en caso de que alguno muera la Junta le d sucesor sin prdida de momento y sin admitir excusa. Juzgo que S.M. y Vuestra Excelencia han de aprobar un temperamento que remedia muchos males y que ninguno tiene. El acierto en la eleccin no se puede equivocar, hacindose propuesta por el Jefe de esta Isla en un tiempo en que por estar cerca de su regreso de Europa se halla tan lleno de conocimientos de la calidad de los sujetos como ajeno de pasiones. La proximidad de este regreso, bien perjudicial a La Habana, me recuerda otra providencia tan necesaria como las anteriores. Antes de llegar aqu fue para m un problema el de si sera o no til que concurriese siempre a las Juntas Consulares uno de los jefes de la Isla, y si he de decir la verdad se inclinaba mi opinin al partido negativo, creyendo que la autoridad pudiese perjudicar la libertad de discurrir; pero la experiencia de ocho meses ha disipado mis temores y demostrado claramente que ste es un freno preciso para mantener la decencia y el decoro conveniente, y por

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OBRAS 266\ 266\ 266\ 266\ 266\ tanto pido que en los primeros ocho meses no falte el Capitn General y que sin su asistencia o la del Intendente de la Isla no se puedan celebrar las Juntas Consulares. Que hagan los dems jefes por orden de S.M. lo que sin necesidad de ella ha hecho constantemente el Gobernador que tenemos. Si V.E. creyese que este aumento de obligacin pide alguna recompensa pecuniaria, concito que en nada se emplearn mejor los fondos del Consulado que en ganar el patrocinio del Jefe principal de la Isla. Ya he dicho que poco ha de tardar la llegada de su sucesor y por lo mismo insisto en suplicar a V.E. se expidan sin dilacin las providencias citadas, concluyendo con pedir que se haga al Gobernador que viniere la misma recomendacin que V.E. hizo con fecha 21 de octubre de 1794 al que actualmente tenemos. Tal vez extraar V.E. que estando todava pendiente mi representacin de 16 de julio del prximo pasado ao, me atreva a proponer en sta algunos puntos relativos a ordenanzas, ignorando todava el mtodo que deba seguir para el mejor desempeo de esta comisin importante; pero adems de que no se pueden estimar como verdaderas innovaciones las que acabo de indicar, son de tan gran urgencia que de la mayor dilacin resultaran grandes males. Y para que V.E. conozca la fuerza de esta verdad y proceda en el asunto con los debidos informes, resuelvo dirigir este papel por medio del Presidente de nuestra Junta, suplicndole por oficio separado que con igual fecha le paso que informe sobre todo a V.E. lo que concepte oportuno. Lo propio habra hecho gustoso con toda la Junta del Consulado; pero se trata de su propio inters. Hay en ella individuos que no estn muy contentos. Otros que no querran la presidencia continua de los jefes de la Isla, y ninguno que sea capaz de hacer con imparcialidad las propuestas de sujetos. Por esto no la he consultado y quedo con la confianza de que en este proceder reconocer V.E. el desinteresado celo que siempre me acompa en el servicio del Rey. Febrero 4 de 1796.Notas1El comercio de negros, caminos, etctera.

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INFORME QUE SE PRESENT" EN 9 DE JUNIO INFORME QUE SE PRESENT" EN 9 DE JUNIO INFORME QUE SE PRESENT" EN 9 DE JUNIO INFORME QUE SE PRESENT" EN 9 DE JUNIO INFORME QUE SE PRESENT" EN 9 DE JUNIO DE 1796 A LA JUNT DE 1796 A LA JUNT DE 1796 A LA JUNT DE 1796 A LA JUNT DE 1796 A LA JUNT A DE GOBIERNO DEL REAL A DE GOBIERNO DEL REAL A DE GOBIERNO DEL REAL A DE GOBIERNO DEL REAL A DE GOBIERNO DEL REAL CONSULADO DE AGRICUL CONSULADO DE AGRICUL CONSULADO DE AGRICUL CONSULADO DE AGRICUL CONSULADO DE AGRICUL TURA Y COMERCIO TURA Y COMERCIO TURA Y COMERCIO TURA Y COMERCIO TURA Y COMERCIO DE EST DE EST DE EST DE EST DE EST A CIUD A CIUD A CIUD A CIUD A CIUD AD E ISLA POR LOS SEORES AD E ISLA POR LOS SEORES AD E ISLA POR LOS SEORES AD E ISLA POR LOS SEORES AD E ISLA POR LOS SEORES DON JOS MANUEL DE TORRONTEGUI, SNDICO DON JOS MANUEL DE TORRONTEGUI, SNDICO DON JOS MANUEL DE TORRONTEGUI, SNDICO DON JOS MANUEL DE TORRONTEGUI, SNDICO DON JOS MANUEL DE TORRONTEGUI, SNDICO PROCURADOR GENERAL DEL COMN, PROCURADOR GENERAL DEL COMN, PROCURADOR GENERAL DEL COMN, PROCURADOR GENERAL DEL COMN, PROCURADOR GENERAL DEL COMN, Y DON FRANCISCO DE ARANGO Y P Y DON FRANCISCO DE ARANGO Y P Y DON FRANCISCO DE ARANGO Y P Y DON FRANCISCO DE ARANGO Y P Y DON FRANCISCO DE ARANGO Y P ARREO ARREO ARREO ARREO ARREO OIDOR HONORARIO DE LA AUDIENCIA OIDOR HONORARIO DE LA AUDIENCIA OIDOR HONORARIO DE LA AUDIENCIA OIDOR HONORARIO DE LA AUDIENCIA OIDOR HONORARIO DE LA AUDIENCIA DEL DISTRITO Y SNDICO DE DICHO REAL DEL DISTRITO Y SNDICO DE DICHO REAL DEL DISTRITO Y SNDICO DE DICHO REAL DEL DISTRITO Y SNDICO DE DICHO REAL DEL DISTRITO Y SNDICO DE DICHO REAL CONSULADO CONSULADO CONSULADO CONSULADO CONSULADO cuando examin la mencionada Real Junta cuando examin la mencionada Real Junta cuando examin la mencionada Real Junta cuando examin la mencionada Real Junta cuando examin la mencionada Real Junta el Reglamento y Arancel de captur el Reglamento y Arancel de captur el Reglamento y Arancel de captur el Reglamento y Arancel de captur el Reglamento y Arancel de captur a a a a a ss s s s de escla de escla de escla de escla de escla v v v v v os cimarrones, y propuso al os cimarrones, y propuso al os cimarrones, y propuso al os cimarrones, y propuso al os cimarrones, y propuso al R R R R R ey ey ey ey ey su reforma su reforma su reforma su reforma su reforma1 1 1 1 1Lleg por ltimo el da de tratar fundamentalmente el punto de cimarrones; y parece regular que antes que descubramos el dictamen que sobre l nos ha pedido esta respetable Junta, demos una idea exacta de los motivos que ha habido para examinar este asunto, del modo con que se consider por los que sobre l han hablado y del verdadero aspecto con que se debe mirar. No nos detendremos mucho en explicar lo primero. Saben todos cun vehementes y cun continuos han sido los clamores de este pblico contra el arancel y sistema que gobierna en nuestra Isla para la captura de negros o mulatos cimarrones; y que mientras levantaban el grito dos sndicos de la ciudad,2 y continuaban sus trmites los ruidosos expedientes que por ]a misma causa haban promovido y seguan el Sr. Marqus de Casa Pealver y D. Pedro Matas Menocal, el Juzgado de la Intendencia iba anotando tambin los hechos que all ocurran, en prueba de los abusos que tanto se destacaban. La Junta del Consulado reconoci bien temprano3 que su deber la obligaba a agitar esta reforma; pero recargada de asuntos de la primera importancia, habra tardado algn tiempo en hacer tan buen oficio si no la hubiese excitado el Sr. Visitador Intendente, a cuya propuesta acord, en

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OBRAS 268\ 268\ 268\ 268\ 268\ sesin de 24 de febrero ltimo pasado, que se prefiriese este punto a los dems pendientes, y para que se tratase con la solemnidad debida se determin tambin solicitar la asistencia del mismo Sr. Intendente, la del Ilustre Ayuntamiento, la del Sr. Alcalde Provincial y la de todos los vecinos que gustasen concurrir. De este acuerdo result la Junta de 5 de marzo, y de ella la unnime resolucin de poner en nuestras manos todos los documentos que all se tuvieron presentes4 para que con su vista y la de un nuevo papel que prometi escribir el Sr. D. Manuel de Zayas, Teniente de Provincial, formsemos nuestro dictamen y disemos cuenta de todo en otra Junta pblica. Y stos, en sustancia, son los antecedentes que ha habido para que se examine hoy en la presente asamblea el punto de cimarrones. Ya vimos tambin de paso los sujetos que sobre l han hablado hasta el presente, y se sigue que tratemos del modo con que lo consideraron. Por lo que nos da a entender la representacin que hizo al Ilustre Ayuntamiento su Sndico Personero D. Jos de Coca Aguilar5 fue D. Miguel Garca, actual Fiel Ejecutor y entonces (en 1793) Procurador del Comn, el que primero pidi la reforma del arancel y sistema consabido. No ha llegado a nuestra vista la reclamacin de Garca, y todo lo que sabemos de ella es lo que nos dice en la suya el referido Coca. ste se quej vivamente de que subsistiera todava la dura y excesiva exaccin que el pblico estaba sufriendo por la captura de los fugitivos, pidi su pronto remedio y propuso para ello que se moderase su antiguo arancel; que se formara otro nuevo, consultado con la prudencia y con las diferentes circunstancias en que hoy se halla la poblacin de La Habana, que no se diera comisin de aprehender esclavos sino a hombres de notoria honradez, aprobada conducta y discrecin; y que la asignacin que a stos se hiciera no fuese en razn de la distancia que hay entre el lugar de la aprehensin y esta ciudad, sino de la que resulte entre el paraje donde mora y donde aprehende el esclavo. Viene a concluir en lo mismo D. Pedro Matas Menocal quien, despus de haber probado con el testimonio de diez vecinos de la mayor excepcin que los campos estn inundados de rancheadores que abusan de sus facultades con grave perjuicio del pblico, deja al arbitrio del Gobierno el remedio de estos males, pidiendo que se tenga presente la asignacin que se hace para presidiarios y esclavos del Rey en el bando de buen gobierno de 1783; la que se seala a los Capitanes de Partido por el captulo diez de su Instruccin y lo que sobre todo dijere el Sndico de la ciudad, que era el citado Coca. Posterior a estos recursos fue el del Sr. Marqus de Casa Pealver, que aunque reducido a pedir la ms puntual observancia del arancel actual, dio lugar a que el Gobierno pensase con este motivo poner a todo remedio; y para adoptar el mejor, encarg al Ayuntamiento por Auto de 5 de noviem-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /269 /269 /269 /269 /269 bre ltimo que tomase en consideracin asunto tan importante y con audiencia del Caballero Sndico Procurador dijese su parecer acerca de las medidas que estimase convenientes. En honor de la verdad, debemos decir que este Auto fue el que comenz a mirar bajo su verdadero aspecto el gran e interesante negocio que tenemos entre manos. Nadie pens hasta entonces en descubrir la causa originaria de estos males. Nadie se haba ocupado de ejecutar su anlisis, ni menos en estudiar las medidas o remedios que en general convenan. A lo ms que se extendieron fue a proponer paliativos y curaciones parciales, sin advertir que si se aplican a ciegas son a veces infructuosas, a veces contradictorias y a veces an ms nocivas que la misma enfermedad. Los que haban sido testigos de la barbarie y crueldad con que algunos cuadrilleros tratan a los cimarrones clamaban con mucha vehemencia, en nombre de la humanidad —o sea, en el de su inters— por que se contuviera tan reprensible exceso. Pero el que no presenci aquella abominacin, el que tiene muchos huidos y algunas ideas confusas de la revolucin del Guarico, lejos de reclamar contra el brutal rancheador insta por que se aumenten sus injustas facultades. En medio de estos partidos se pone el de los indiferentes, que sin aprobar la crueldad ni empearse en reprimirla, se fijan tan solamente en el inters pecuniario, y encuentran que es mucho dinero el que cuesta la captura; y muchas las facilidades que goza el aprehensor para servirse, a su antojo, del infeliz fugitivo. ste slo es quien no tiene partidario, defensor ni protector y para decirlo de una vez ni aun el derecho de huir de los rigores del hambre, del trabajo y la crueldad As lo quiere su suerte, y mientras subsista en ella tngase por imposible, o al menos por muy arriesgado, el sealar los casos en que es culpable o inocente la fuga de los esclavos. No puede haber otra regla que la conciencia del amo, y est dormida o despierta es menester que en ella descanse la ley, y que todas las que sobre cimarrones se hagan tengan por principio y fin el evitar su reunin, y restituirlos cuanto antes al dominio de sus dueos. Mas la dificultad consiste en ver cmo se ejecuta la pronta restitucin sin ofensa de la humanidad, o con la menos posible, y con toda la economa y comodidad que sea dable. Esto es lo que debe estudiarse, esto es lo que no se estudi y lo que bien meditado haba de hacer conocer los verdaderos defectos del sistema que gobierna y que tanto se critica; la utilidad y justicia de las reformas propuestas o que puedan proponerse, y esto, por ltimo, es lo que nosotros llamamos presentarse la cuestin bajo su verdadero aspecto. Para seguir con mtodo el hilo de este discurso, parece que habra de comenzarse por el ms prolijo examen del sistema que gobierna, de su

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OBRAS 270\ 270\ 270\ 270\ 270\ autoridad y origen y del que puedan tener los diferentes abusos que quieren acumulrsele; pero la notoriedad de los hechos y nuestra firme intencin de hacer a la menor costa todo el bien que sea posible, nos aleja por ahora de un examen casi ocioso, propio tan solamente para ofender e insultar al Alcalde Provincial. Veamos, ante todo, los principios invariables en que se debe fundar el Reglamento de Capturas; establezcamos sobre ellos el plan que ms nos convenga, y al paso que recorramos sus diferentes partes anotemos igualmente las leyes que los sostienen y los males que remedian. Si, sin embargo de esto, hubiera quien ponga dudas, o quien intente impugnarlos citando algn privilegio, alguna ley o costumbre, tendremos muy buen cuidado de darles pronta respuesta. Baste saber al presente que ni por la ley que cre en los dominios de Indias el oficio de Alcalde Provincial6 ni por el ttulo que se despach al de La Habana7 se le quiso conceder el privilegio particular de aprehender los cimarrones, que sobre capturas de esclavos jams se hizo en esta Isla un reglamento formal; que lo nico que tenemos es el artculo sesenta y dos de las Ordenanzas Municipales en que se fija el precio de las capturas y se habilita a todo el mundo para que pueda hacerlas. Y que lo que hay despus de esto es un Auto de Gobierno previniendo a los particulares que presenten al Alcalde Provincial los cimarrones que aprehendan; y un arancel posterior publicado por el mismo Gobierno para arreglar las capturas, con consideracin al estado en que se hallaba entonces la poblacin campestre. Volvamos a los principios; pues, como advertimos antes, ellos nos descubrirn los males y sus remedios. Evitar la reunin de cimarrones y restituirlos cuanto antes al dominio de sus dueos, dijimos que deba ser el nico fin y objeto de las leyes de este asunto, y que su gran obra es ver cmo se ejecuta la pronto restitucin sin ofensa de la humanidad, o con la mayor posible, con toda la economa y comodidad que sea dable. Demos mayor claridad, o al menos mayor extensin a estas primeras ideas. Se interesa el propietario en la ms pronta captura de su esclavo fugitivo, y se interesa igualmente la pblica tranquilidad por los daos que le causan todos los vagabundos. Por tanto, es necesario combinar y consultar el reglamento de capturas con aquellos intereses. Mas, como no siempre es posible hacer absolutamente esta combinacin, como en diferentes casos pende la salud pblica del sacrificio y olvido del particular inters, dicta la prudencia legal que se economicen mucho semejantes sacrificios; que se hagan tan solamente en casos desesperados; que se respete en los otros la vida del racional y la propiedad que sobre ella adquiri su semejante; que con gran discernimiento se procuren separar los vanos de los justos temores; las leyes de precaucin de las de puro castigo; que se premie y estimule la actividad del rancheador; que se refrene y castigue su barba-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /271 /271 /271 /271 /271 rie y su codicia; y que sobre un asunto tan oscuro y tan variable, no se establezcan jams reglas generales ni perpetuas; pues lo que ayer fue muy til puede ser hoy muy nocivo, y lo que es bueno y preciso en Jamaica, v. gr ., perjudicar tal vez en otra isla o ciudad. Tales son, en mi concepto, los principios esenciales que en la presente materia deben tenerse a la vista, y tales los que sirven de base al proyecto de Reglamento que enseguida presentamos. Trtese de la salud pblica o del inters del amo, las reglas sobre capturas de los esclavos prfugos deben variar con el tiempo; se han de estrechar o aflojar, segn crezca o disminuya el nmero de negros y blancos, los riesgos o los motivos que puede haber para temer. Ser, pues, la primera regla de este nuevo Reglamento que se examinen todas al cumplimiento de diez aos, y se alteren o confirmen con la solemnidad y detencin que actualmente se ejecuta. Tomando esta precaucin no deben ponerse en cuenta los riesgos y temores remotos, ni obligrsenos por ellos a que empecemos con sangre el Reglamento de Capturas. Sabemos que aqu nunca hubo verdadera sedicin de parte de los esclavos; que su nmero es mayor que el de los hombres libres; que, segn lo que demuestra el estado nmero 5, no deben darnos cuidado los que actualmente andan huidos; que nuestra religin santa ha debilitado antes, y debilitar siempre, el grito de los sediciosos; y que la gran distancia que hay de unas haciendas a otras dificultar por ahora las sublevaciones campestres. Pues, a qu conduciran reglas exterminadoras? Con una gran vigilancia y el exacto cumplimiento de las leyes anteriores, creemos que se pone a salvo la pblica tranquilidad. Proponemos, por tanto: Que los Capitanes Generales y dems Justicias de esta Isla vivan con la mayor atencin sobre los procedimientos de los esclavos, segn les est encargado por las Leyes 13 y 20 del Ttulo 7 Libro 5 de la Recopilacin de Indias Para que fuese efectiva semejante vigilancia, para que tuviese datos sobre que poder obrar, se conceptu conveniente que el escribano de cada Cabildo llevase un libro separado en donde manifestar y anotar los negros huidos.8 Pero, o sea que no se prepararon los medios de adquirir estas noticias, o que la escribana de Cabildo, llena de otras atenciones muy diferentes, no era a propsito para desempear graciosamente tan pesada comisin, es cierto que en esta ciudad jams hubo tal registro. Creyndolo nosotros muy til, deseando que se establezca con cuanta exactitud sea dable, y estando casi seguros de que nada bastar para que sin estipendio lo lleve el escribano de Cabildo, proponemos que se encargue al contador del Consulado. Y para que pueda tener los materiales precisos le avisarn siempre que quieran, y cada mes precisamente, todos los hacendados, amos de ingenio,

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OBRAS 272\ 272\ 272\ 272\ 272\ cafetales, algodonales y aileras9 el nmero de los que tienen huidos, con la individualidad y expresin que puede verse en el modelo de papeleta que al final de este papel se coloca con el nmero primero, en la cual aadirn si les acomoda las noticias que tengan sobre la existencia de alguna ranchera o palenque. La Contadura coordinar por partidos estas papeletas, sacar con toda claridad el resultado que ofrecen y anotar asimismo las haciendas que han faltado a tan justa obligacin. Convendr tambin que enven cada seis meses un resumen igualmente circunstanciado de los que les quedan dispersos. Y la Contadura cuidar de arreglar estas otras noticias en los trminos que explica el artculo anterior. Ser tambin obligacin de los Capitanes de partido avisar mensualmente lo que pudiesen saber de las rancheras y palenques que existan en su distrito, sin que ellos ni las Justicias inmediatas hayan podido destruirlos; y remitir, de todos modos, una lista de los esclavos que ellos han aprehendido con explicacin de los destinos que han llevado. Para que se faciliten y no sean costosas estas noticias a los Capitanes de partido se imprimirn anualmente por cuenta del Consulado y se repartirn entre ellos unos estados iguales al modelo que se pondr al final de este papel. No basta que estas noticias lleguen a una oficina, ni es suficiente tampoco pasarlas sencillamente al conocimiento de las Justicias. Sucedera muchas veces que no las examinasen por atender a otras; y en infinitos casos se encontraran las Justicias sin suficientes arbitrios para poner remedio o concertar las medidas que en el caso convinieran.10 Por tanto, es necesario que haya quien por una parte reciba aquellas noticias y promueva con vigor todo lo conveniente, y que exista por la otra un fondo proporcionado para costear de pronto las expediciones que se hagan, slo por conservar la pblica tranquilidad. A los Sndicos de la ciudad y Consulado parece que toca de justicia semejante obligacin; y con este objeto tendrn la de examinar mensualmente el registro que ha de formar la oficina designada, con la condicin precisa de que en el primer Cabildo y Junta de gobierno promovern uno y otro lo que juzguen conveniente; advertido el del Consulado que por esta falta incurrir en la pena que se seala despus. Y por lo que toca al fondo, ninguno ms a propsito para hacer estos suplementos que el caudal del Consulado; pues, previniendo la citada ley 20, que el Virrey, Presidente o Audiencia reparta los gastos de cada expedicin en cinco partes pagadera la una por la Real Hacienda, y las otras cuatro por los mercaderes y dems interesados, claro es que reuniendo el Consulado todos estos respectos debe ocurrirse a l por tales suplementos, conservndole el derecho de reintegro que establece la misma ley. Mas otra vez repetimos que esto solamente se entiende para aquellos casos en que por previo acuerdo se haya calificado que puede ser ofendida

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /273 /273 /273 /273 /273 o estar en algn peligro la pblica tranquilidad; y aun en ellos, queda expedito el reintegro que la misma ley concede. Y para que sea efectivo se previene que en las expediciones que el Consulado costee se entreguen a l, y no a otro alguno, los esclavos que se aprehendan. Si las leyes del asunto se miran con reflexin,11 si se tienen en consideracin las creces que la gente de color va teniendo en esta Isla, el particular cuidado que a S.M. han causado las insurrecciones de nuestros vecinos y los recientes encargos que se han hecho sobre esto al Capitn General, habremos de convenir que a su superior autoridad es a quien corresponde el privativo conocimiento de todo lo que dice relacin —en materia de cimarrones— con la tranquilidad pblica; pero como han estado en posesin las Justicias Ordinarias y las de Hermandad12 de perseguir los palenques y rancheras de cimarrones, y en lugar de perjuicio se sigue mucho bien de que se multipliquen los perseguidores, siempre que no se excedan o abusen de su autoridad, ningn inconveniente hay en que subsista esta costumbre con tal de que siguiendo la misma costumbre13 sea el Gobierno Superior de la Isla el que arregle los aranceles con que deben ser remunerados los Jueces que ataquen un palenque o una ranchera; que se d cuenta al mismo Gobierno de la expedicin y de sus resultas para que no se tomen providencias sobre el mismo asunto; y que en los dems se arreglen a lo que disponen las leyes. Es intil que los Capitanes de partido, en uso de la facultad que el Gobierno les ha conferido por el artculo dcimo de su Instruccin, puedan atacar por s mismos las rancheras o palenques, y que se les aada la obligacin de visitar mensualmente su distrito con la comitiva que sea necesaria, y con el nico objeto de descubrir cimarrones avisando de las resultas en la relacin mensual que han de enviar al Consulado, y estando advertidos de que ser muy reparable cualquier omisin o descuido que tengan en esta parte. Ya que no pueden dictarse reglas para que se ataque a los negros con la menor crueldad posible, sepan al menos sus perseguidores que la facultad ilimitada que tienen para ofenderlos cesa desde el momento que los desarman o aprehenden. Que lejos de poder hacer costas y formar procesos para inquirir los delitos que anteriormente hayan cometido, deben observar a la letra la citada ley 26 que lo prohbe. Que no los lleven a la crcel sino en el caso de motn, salteamiento de caminos o de famosos ladrones para castigar ejemplarmente a los cabezas; y entregar los dems desde luego a sus amos si los reclaman y pagan puntual el precio de la captura que por arancel se les deba; o al Sr. Prior del Consulado que mandar pagar sin demora los costos que haya causado, y tomada razn en Contadura se destinarn al instante a aquella obra pblica que se crea ms a propsito.

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OBRAS 274\ 274\ 274\ 274\ 274\ Vamos a tratar ahora de cimarrones sueltos; a establecer reglas que aunque consulten slo el inters privado, contribuyan al del pblico por el camino ms corto a destruir la reunin de los esclavos prfugos, cuidando de que no los haya. Bajo un nombre general se designaron hasta ahora todos los fugitivos, suponiendo de este modo que tan temibles y delincuentes eran los cimarrones sueltos que no tienen intencin ni arbitrio para hacer mal como los que estn unidos y se hallan apalencados. Ya es tiempo de distinguirlos, y si por precisin hemos de consentir en que se ataque a stos sin miramiento alguno, establezcamos al menos que se trate con dulzura al simple cimarrn, al que slo huye del trabajo; que no se pague lo mismo por la captura de ste que por la captura de aqul; que actualmente no se tomen providencias exterminadoras; que las que se adopten se dirijan solamente a cerrarle todas las puertas y quitarle los asilos que busca su holgazanera. Para aprehender a estos infelices no se necesitan armas ni gente aguerrida; lo que se ha menester es que se multipliquen los rancheadores, y que en la persecucin de cimarrones simples tenga todo el vecindario el mismo lucro e inters. Por tanto, proponemos que se guarde y ejecute el artculo 62 de las Ordenanzas Municipales de esta ciudad en cuanto dispone que cualquiera puede aprehender fugitivos. Esta Real disposicin no se halla revocada por S.M. ni puede decirse tampoco que la costumbre es contraria. Si contra ella hay algo, es el injurdico y desautorizado auto que pronunci el Sr. D. Dionisio Martnez de la Vega, Gobernador de esta plaza, y confirm en 10 de agosto de 1729, mandando que los esclavos que por otros se aprehendiesen fueran entregados al Alcalde Provincial para averiguar si eran o no delincuentes de la Hermandad, con nimo conocido de desalentar por este medio a los particulares, y dejar a D. Antonio Barreto, hombre muy celoso y activo, que era Alcalde Provincial en aquella poca, nico aprehensor de cimarrones. Pero ya dejamos sealada la ley14 que prohbe semejante averiguacin y en virtud de ella, de la citada Ordenanza 62 y del respeto con que miran los del campo al Alcalde Provincial, se debe publicar por el mismo Magistrado que puso aquella restriccin que todos pueden aprehender cimarrones, sin otras obligaciones que las que despus se dirn y con la seguridad de que se les pagar el precio de la captura. Se dice que esta providencia tiene el inconveniente de que por ganar la captura provocaran a la fuga los mismos economistas, administradores y empleados en las haciendas; que podran adems los particulares ocultar muy fcilmente a los aprehendidos, o entregarlos a quienes no fuesen sus dueos; y que aun cuando nada de esto sucediese haba de mirarse con abandono un encargo que a nadie en particular tocaba, y sobre el cual a nadie poda reconvenirse.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /275 /275 /275 /275 /275 La ltima especie es un sofisma chocante, fundado en falsos supuestos. Quin es el que en particular cuida ahora de la persecucin de esclavos? Los Alcaldes Provinciales se ocupan por lo comn de sus atenciones domsticas y de tomar frescamente el precio de las capturas que otros ejecutaron. La mayor parte de los rancheadores son mayorales de haciendas15 u hombres que se emplean en el campo. No hay cuadrilla ambulante en solicitud de cimarrones. Se forman momentneamente cuando hay una ranchera y se determina atacarla; pero los cimarrones simples o se aprehenden en algn encuentro casual —que es lo ms comn— o en los ratos de ociosidad de algunos comisionados. Es, pues, de esperar que siempre que se franquee a todos el mismo estmulo16 que ahora se concede a pocos, sern mucho ms perseguidos los cimarrones simples. Y en caso de que no creciese el numero de los perseguidores, ningn dao se inferira a los que actualmente lo son. Al contrario, mucho bien vista la mayor seguridad y nuevos auxilios que ahora gozan. Los otros dos inconvenientes son tan ciertos como antiguos. En los mismos casos se hallaban los actuales cuadrilleros, y la nica diferencia que habr es que antes no haba remedios y ahora los estableceremos. Todos los esclavos que se encuentren sin papel de su amo, mayordomo o mayoral, o con papel que pase de un mes de fecha, a tres leguas de la hacienda de criar y a legua y media de las de labor, sern tenidos por cimarrones. Cualquiera podr aprehenderlos y ganar para s todo el precio de la captura, como no est asalariado por el amo del esclavo. Para cortar los abusos que se notan actualmente en el arreglo de distancias, para que no se confunda el premio del aprehensor con el del conductor, se declara que en todas partes es uno el derecho de captura porque verificada sta, debe el aprehensor haber entregado el esclavo dentro de setenta y dos horas precisas a las Justicias o al Capitn de partido ms inmediato. En caso de que se sepa quin es el amo del esclavo, se podr invertir este orden y entregrselo a su dueo, si el aprehensor fuere pagado, y toma para su resguardo un recibo competente. l mismo deber dar la Justicia o Capitn a quien se lleve algn esclavo; y seguidamente lo pondr en la prisin ms pblica del pueblo, o en un buen cepo que costearn los vecinos, con su correspondiente casa, donde se mantendr diez das bien alimentado y asistido. Si en este tiempo apareciere el verdadero amo del negro, se le devolver sin demora con tal de que pague antes los costos de la captura y dems que haya causado, y deje tambin su recibo. Si el amo no apareciere o no pagare puntualmente lo que para aquel caso previene el arancel al cumplimiento de los diez das, se traer el cimarrn a esta ciudad y en la Contadura del Consulado se pagarn todos los costos que segn el arancel haya causado.

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OBRAS 276\ 276\ 276\ 276\ 276\ Se pondr con prisiones y toda seguridad en las obras del Consulado o en las dems pblicas que haya, para entregarlo a su amo siempre que lo reclame y est pronto a pagar lo que por l debiere; advirtindose que nada se abonar por jornal ni se exigir tampoco por lo que se gaste en alimento y curacin el tiempo que permanezcan a las rdenes del Consulado sin que se sepa su dueo; porque sabindose y avisndoselo, corre la curacin de su cuenta. Para reclamar estos negros y probar su propiedad no debe escribirse una letra, basta la confrontacin con el registro que existir en la Contadura del Consulado; y cuando por aquel medio no se aclare la verdad, splase con el conocimiento privado de las circunstancias del reclamante, y con el recibo circunstanciado que siempre debe quedar en la Contadura del Consulado. Resta saber quin ser el sujeto a quien se encargue esta calificacin. Corresponde de derecho a la Intendencia de Ejrcito, porque toca a su Juzgado el privativo conocimiento de todos aquellos bienes que no tienen seor o que lo tienen en duda. Pero considerando que las muchas atenciones del Jefe de Real Hacienda retardaran la pronta entrega de los esclavos; y que aun cuando todos tuviesen en el asunto el mismo inters y celo que ha manifestado el Sr. Intendente, nunca se les podra conceder el conocimiento de sujetos que tanto se necesita para que se entreguen los prfugos, sin costos ni dilaciones a sus verdaderos dueos, proponemos que entre los individuos del Ayuntamiento o del Consulado elija anualmente el mismo Sr. Intendente un hacendado respetable y activo que con la debida honradez desempee esta comisin. Con las anteriores providencias parece ocioso que en el papel peridico se den noticias de los cimarrones que estn en las obras pblicas a cargo del Consulado; pero no hay inconveniente en que la Contadura del Consulado cuide de que se comunique al pblico esta noticia mensual en el papel peridico.ARANCEL DE CAPTURASNEGROS APALENCADOSl. En los casos extraordinarios se sealar por el Gobierno el premio que sea conveniente, con audiencia del Cuerpo que proporciona los fondos.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /277 /277 /277 /277 /277 2. Si no precede este sealamiento, y entre muertos, heridos y presos pasaren de veinte los esclavos, se darn dieciocho pesos por cada uno que se coja vivo, sea donde fuere17 el lugar de la ranchera; nada por los que en la refriega murieren o viniesen tan estropeados18 que los renuncien sus dueos. Por los palenques en donde pasen de doce los aprehendidos, muertos o heridos, se pagar diecisis, y diez pesos por los que pasen de seis. 3. Si alguno de los aprehensores saliese herido en la refriega se pagar por el Consulado su curacin, y todo el tiempo que dure se le dar de salario lo que ganaba por su oficio. 4. Supuesto que con competente comisin de cualquier Justicia ordinaria o de Hermandad puede atacarse un palenque o ranchera, y que los que de ella se aprehendan deben llevarse a la ciudad donde reside la Justicia que dio la comisin para que se proceda con arreglo a las leyes, se previene que el Consulado pagar la captura de aquellos esclavos que se hallen en el caso de la ley y merezcan por sus excesos ejemplar castigo, y el amo perder su esclavo si se concepta necesario. 5. Adems de lo que se seala por la captura de cada negro apalencado, se contribuir con un real diario para alimento, y se pagar la conduccin a razn de tres reales por las cuatro primeras leguas y dos las dems. 6. Lo que resulte de las capturas de apalencados se repartir por iguales partes entre los de la expedicin, y slo al que capitanee la cuadrilla se dar una sexta parte ms que a los otros ; pero las Justicias que no asistan al ataque no pretendern parte alguna por haber dado la comisin, ni llevarn ms derechos que los que se sealan a los Jueces de Hermandad por la Ley 1, Libro 8, Ttulo 13 de la Recopilacin de Castilla que es la nica que puede aplicarse a semejante caso.CIMARRONES SIMPLES7. La reunin de cinco o seis negros no forma palenque, y a nadie puede causar el mayor susto o cuidado. Se estimarn, pues, como cimarrones simples; y para graduar la captura no se admitir prueba de si hicieron o no resistencia; pero si por casualidad fuese herido algn aprehensor se le dar la asistencia que previene el artculo tercero del arancel. 8. Se pagarn cuatro duros por el hecho de la aprehensin, y dos reales por cada legua de las que tiene que andar desde su casa hasta la del Capitn de partido o Justicia ms inmediata, donde irremisiblemente debe estar el esclavo setenta y dos horas despus de su aprehensin. 9. Si el aprehensor no estuviese domiciliado en aquella vecindad, se graduar la distancia desde la casa donde durmi la noche anterior, con tal que esta casa exista dentro del mismo partido; y si no existiere se le abonar un duro.

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OBRAS 278\ 278\ 278\ 278\ 278\ 10. Nada se abonar por la manutencin y asistencia de aquellas setenta y dos horas. Por razn de alimento se pagar un real en cada uno de los diez das que debe estar el negro en la cabeza del partido, y adems de esto, lo que por relacin jurada de la Justicia o Capitn se hubiere gastado en curar al esclavo; seis reales para el Capitn o Justicia por el cuidado que ha tenido en aquellos diez das. 11. Si pasados stos no apareciere el amo o no pagare lo que segn este arancel debe, y se remite el esclavo a esta ciudad para que se satisfagan los costos por la oficina correspondiente y se d el destino que se seala por este Reglamento, se pagar por su conduccin lo mismo que por la de apalencados.PENAS CONTRA LOS INFRACTORES DE ESTE REGLAMENTO1 El hacendado que hubiese faltado a remitir la lista que slo por su bien se le pide, no perder por esto el derecho de probar la propiedad que sobre su esclavo conserva, mas es justo castigarle con la pena de dos pesos aplicados al fondo del Consulado por cada esclavo que lleve sin aquella circunstancia; y para que no se tengan condescendencias en esta parte ni se dispensen unas multas tan justamente exigidas, sea obligacin del Sndico del Consulado examinar las listas y compararlas con los recibos al menos dos veces al ao para reclamar lo conveniente. 2 Las Justicias y Capitanes de partido procedern criminalmente contra todo el que con conocimiento mantuviese un negro por ms tiempo que el que se permite en este Reglamento a los aprehensores o que los hubiere entregado a quien no es el verdadero dueo; y sustanciado el sumario se remitir con el reo a la Intendencia de Ejrcito, como incidencia de mostrencos, para que siga la causa por sus trmites regulares; y adems de la pena que por ley merezca el exceso, se impondr la multa de cien pesos para el delator. 3 Lo mismo se har con la Justicia o Capitn de partido que ocupe en su servicio al negro que debe estar en el cepo, o que con mala fe lo entregue a quien no es su dueo. 4 Tambin se proceder criminalmente contra el aprehensor que por ganar la captura quitase el papel, alterase la distancia o de cualquier manera le supusiese huido, sin que en realidad lo sea; pero en todos estos casos debe hacer de fiscal uno de los dos Sndicos, de cuyo celo se espera

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /279 /279 /279 /279 /279 que tengan la debida indulgencia con las pequeas faltas, pues decaera de lo contrario el oficio de rancheador. 5 Obligadas las Justicias y Capitanes de partido a exigir del dueo el precio de la captura y dems costos antes de entregar el esclavo, no tardarn un momento en pagar lo que corresponde al aprehensor; advertidos de que si as lo hiciesen y ste reclamase con justicia, sern condenados en el triple. 6 Se castigar igualmente con un mes de crcel al conductor de negros que los dejase huir; y sin perjuicio de lo dems que merezca su malicia, se impondr la misma pena al que condujere los negros que vengan para el Consulado y los entregue a otros. 7 El hacendado calificador que debe nombrar la Intendencia exigir del Sndico del Consulado la multa de veinte pesos fuertes, siempre que hubiese faltado a la obligacin que se le impone en el artculo diez de este Reglamento. Concluiremos nuestro Reglamento con el arancel y penas que deben acompaarle; para su comprobacin hemos procurado ordenar con cuanta claridad es posible los diversos documentos que en este papal se citan. Repetimos que contra l nadie podr citar ley, privilegio o costumbre; y que si tenemos la dicha de que se conforme la Junta con nuestras sanas ideas, aprobadas por su acuerdo y el del Ilustre Ayuntamiento, ocurriremos gustosos al Tribunal de Gobierno y a donde ms sea preciso para defender la verdad y la causa de este pblico. Conceptuamos conveniente que la recomiende al Rey esta respetable Junta, y que se soliciten de la Soberana piedad dos gracias muy esenciales para realizar los bienes que el Reglamento promete. La primera es que no haya esclavos mostrencos; que puestos en las obras pblicas, conforme al Reglamento anterior, todos los que se encuentren sin dueo conocido permanezcan en aquel servicio sin limitacin de tiempo. Se evitarn muchos procesos y enredos; se conservar intacta la propiedad de un amo inocente, se beneficiar al pblico y el Rey nada perder.19 Tenemos por casi cierto que el Sr. Visitador Intendente apoyara esta solicitud, porque conocemos su amor a todo lo justo, y porque somos testigos de la laudable dulzura con que se ha tratado en su tiempo este ramo de mostrencos. Consiste la otra gracia en pedir que se observen en esta Isla la Ley 4, Ttulo 13, Libro 8 de la Recopilacin de Castilla y el Auto acordado de 1740 que se halla en el Libro 8, Ttulo 13; es decir, que se limite el nmero de cuadrilleros de la Hermandad y que su eleccin se haga con las mismas circunstancias y una aprobacin equivalente20 a la que exige el Auto acordado. De otra manera ser difcil que se consigan los fines que en el Reglamento nos proponemos. Podrn a cada paso eludirlos y contrariarlos los subalternos de la Hermandad, y hablando con la franqueza que lo debemos hacer sera la mejor providencia el que se abolieran semejantes cuadrilleros. Pu-

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OBRAS 280\ 280\ 280\ 280\ 280\ diramos demostrar la utilidad y justicia de esta indicacin fundndonos para ello en la misma historia de las leyes que hablan de la Santa Hermandad; pero demasiado se ha dicho para que entremos de nuevo en discusin tan prolija. De todos modos habamos de tropezar con el privilegio que para el nombramiento de aquellos cuadrilleros tiene por ley y costumbre el seor Alcalde Provincial, y despus de un largo pleito vendramos a parar en tratar de indemnizarle. Pues hagmoslo desde ahora; compre el pblico estos oficios, har una accin generosa y cortar de raz los diferentes males que se sufren actualmente; y cuando no sea esto, pidamos al Soberano que, por va de indemnizacin, le concede alguna gracia. La Junta determinar lo que sea ms conveniente. A sus superiores luces hemos sometido en todo nuestro imparcial dictamen; y para que mejor se conozca el celo que nos anima, el Sndico del Consulado concluye con la propuesta de ser el primer suscriptor para la compra del Oficio de Alcalde Mayor Provincial. Habana, 9 de junio de 1796 Jos Manuel de Torrontegui. Francisco de Arango.CERTIFICO: Que la antecedente copia es conforme a su original, que con fecha de este da pasaron los Seores Prior y Cnsules, en el expediente de cimarrones, al Excmo. Sr. Gobernador y Capitn General. Habana, 27 de julio de 1796. Antonio del Valle Hernndez.21Notas1Este Informe se dio a la luz en La Habana en la Imprenta de la Capitana General.2D. Miguel Garca y D. Jos de Coca Aguilar.3Por acuerdo de 15 de junio de 1795.4El expediente de Menocal, el del Sr. Marqus de Casa Pealver y el oficio del Sr. Intendente.5En 9 de abril de 1795.6Ley 1, Ttulo 4, Libro 5 de la Recopilacin de Indias .7No parece el ttulo de D. Jos Ruiz Guilln que fue el primero (1658); pero s el del ltimo, que fue D. Jacinto Barreto.8Vase las Leyes 21 y 22 del propio Ttulo y Libro.9No se exige de las dems haciendas porque en ellas rara vez hay cimarrones; y siendo tantas, sera muy embarazosa esta diligencia.10Quin las escribe hoy y cuida de hacerlas valer? Nadie. Qu arbitrios hay establecidos para costear las expediciones? Ninguno. Qu estmulos hay sealados para los que las emprenden? La facilidad de abusar de un arancel indiscreto. Adelante lo veremos.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /281 /281 /281 /281 /28111Las del Ttulo 5 y 7 de la Recopilacin de Indias contra las cuales no hay privilegios ni disposicin alguna. Si el Alcalde Provincial pretendiese persuadirlo, citaramos los documentos de que hablan las dos siguientes notas. La Real Cdula que expidi el Consejo en 15 de julio de 1787, con motivo de una disputa entre el Alcalde Provincial y el Gobernador de Cuba, y la decantada Cdula que contra el Sr. Luis de Unzaga gan Don Jacinto Barreto; pues, en punto de cimarrones, mandan estas dos Reales determinaciones que se ejecuten las leyes y queden los privilegios que tena segn su ttulo el Alcalde Provincial. Las leyes le son contrarias, y como advertimos antes el ttulo no las deroga.12El Alcalde Provincial de La Habana nunca pretendi probar que su jurisdiccin fuese privativa, aun en los casos de Hermandad. Examnese el expediente del Sr. Unzaga, y se ver que el mismo D. Jacinto Barreto confiesa en su memorial al Rey ser acumulativa su jurisdiccin.13Nadie disputar esta verdad. Vase, para su mayor aprobacin, el nico apoyo que hoy tienen los derechos que reclama el Alcalde Provincial y el arancel que en la actualidad se observa; ambos son obra del Gobierno.14La 26 del Ttulo 5, Libro 7.15El comisionado Pedro de Herrera estaba asalariado por el Sr. Marqus de Casa Pealver en la misma hacienda de El Per.16No es el mismo, porque ahora o nada toman o cuando ms la mitad de lo que el arancel les seala.17En el mismo partido se forman regularmente las cuadrillas. Por la diferencia de distancia no se aumentan ni disminuyen los riesgos. Conque, por qu han de regularse por la distancia del palenque el precio de la captura, como se halla establecido por el actual arancel?18Se hace esta distincin de muertos y vivos por que la barbarie se temple por la codicia.19Solrzano, hablando de esta clase de mostrencos en el nmero 12 del Libro 6, captulo 6 de su Poltica Indiana dice que indistintamente se aplica a la Real Cmara o a las obras pblicas; y en Espaa, por Real Decreto de 17 de noviembre de 1785, estn aplicados todos los bienes mostrencos, abintestatos vacantes, a la construccin de caminos y obras pblicas.20El auto acordado pide la del Supremo Consejo. Pongase aqu la del Capitn General o la de la Real Audiencia, cuando la haya en esta Isla.21El Barn de Humboldt, en su Ensayo poltico sobre la isla de Cuba, alude con encomio a este Informe si bien las palabras que cita no reproducen precisamente los conceptos emitidos por el Sr. Arango. ( Vidal Morales y Morales.)

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RELACI"N DE LOS MRITOS RELACI"N DE LOS MRITOS RELACI"N DE LOS MRITOS RELACI"N DE LOS MRITOS RELACI"N DE LOS MRITOS DEL SR. D. JOS P DEL SR. D. JOS P DEL SR. D. JOS P DEL SR. D. JOS P DEL SR. D. JOS P ABLO V ABLO V ABLO V ABLO V ABLO V ALIENTE, VISIT ALIENTE, VISIT ALIENTE, VISIT ALIENTE, VISIT ALIENTE, VISIT ADOR ADOR ADOR ADOR ADOR GENERAL, INTENDENTE DE EJRCITO Y REAL GENERAL, INTENDENTE DE EJRCITO Y REAL GENERAL, INTENDENTE DE EJRCITO Y REAL GENERAL, INTENDENTE DE EJRCITO Y REAL GENERAL, INTENDENTE DE EJRCITO Y REAL HACIENDA DE LA ISLA DE CUBA, HACIENDA DE LA ISLA DE CUBA, HACIENDA DE LA ISLA DE CUBA, HACIENDA DE LA ISLA DE CUBA, HACIENDA DE LA ISLA DE CUBA, escrita de orden y a nombre de la Junta escrita de orden y a nombre de la Junta escrita de orden y a nombre de la Junta escrita de orden y a nombre de la Junta escrita de orden y a nombre de la Junta de Gobierno del Real Consulado de la propia Isla de Gobierno del Real Consulado de la propia Isla de Gobierno del Real Consulado de la propia Isla de Gobierno del Real Consulado de la propia Isla de Gobierno del Real Consulado de la propia IslaEl Prior y cnsules de La Habana solicitan la continuacin de D. Jos Pablo Valiente en esta Intendencia GeneralExcelentsimo Sr.: Sabiendo yo, el Prior de este Consulado, que el Ayuntamiento de la ciudad haba resuelto suplicar a S.M. con la mayor eficacia de la continuacin de D. Jos Pablo Valiente en el mando de la Real Hacienda de esta importante Isla, por los acrecentamientos que recibira de su mano en los ramos de agricultura y comercio, y el premio en l de su distinguido mrito; que otros Cuerpos respetables, los hacendados, comerciantes y mercaderes unan juntamente sus votos a los del Ayuntamiento, y tambin que la Junta de Gobierno del mismo Consulado se hallaba penetrada muy de antemano y con mayores motivos de los propios deseos; aprovechndome en la de 17 de este mes de la ocasin de elogiarse en ella con otra Memoria al mismo Intendente, record sus apreciables calidades y sus grandes servicios en bien de esta Isla, y asomando lo mucho que importaba su continuacin a la cabeza del ramo de Hacienda apenas lo propuse, cuando todos los Vocales se derramaron en alabanza de tan digno Jefe. En consecuencia, acord la Junta hacer a S.M. la ms rendida splica al logro de la expuesta solicitud, incluida la de que sin removerlo se digne premiar sus servicios. Y para que en todo tiempo constase que este Cuerpo proceda en el asunto con la justicia y circunspeccin que corresponde, someti a su Sndico la formacin de una sucinta Memoria de los principales hechos en que el Intendente ha acreditado su celo, su juicio, su ilustracin, su desinters, su suavidad y su amor al Real servicio.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /283 /283 /283 /283 /283 El Sndico, llenando las intenciones de la Junta, escribi la Memoria y fue comprendida la letra en acta Consular de dicho da. Ella es un bosquejo, pero fiel y bastante a persuadir el mrito de quien se trata. La Isla debe mucho al Intendente, lo honra y lo ama, y con razn se promete mayores ventajas de un jefe que funda y afianza las del Erario Real en las del contribuyente. Acompaamos testimonio del acta y a nombre de la Junta suplicamos a V.E. se sirva ponerlo en noticia de S.M. y concurrir con su justificado influjo al intento de la continuacin y premio de D. Jos Pablo Valiente como un bien general para esta Isla. Dios guarde, etc. Habana, 23 de marzo de 1798. Excmo. Sr. D. Francisco de Saavedra.MEMORIA DEL SNDICOEl expresado Ministro sirvi por primera vez la Intendencia desde mayo de 1787 hasta septiembre de 1789 a contento general de las personas de probidad y de juicio. Favoreci eficazmente a nuestro comercio e hizo construir los grandes colgadizos que hoy sirven de resguardo a las cajas de azcar en los tiempos de las lluvias. Pag muchos crditos antiguos, hacienda justicia a tantos acreedores, quienes ponindolos en giro los fomentaron e hicieron ms tiles al Erario. Conoca muy bien que la prosperidad del comercio dependa de los ramos de agricultura e industria y abri el camino de conceder dos aos en la doble alcabala por las ventas de las tierras montuosas, en trminos que su primer ejemplar adoptado por el Rey es la Ley o regla en las concesiones de estas gracias, mediante las cuales se experimentan maravillosos efectos. En Junta abierta para examinar el importante punto del comercio de negros por nacionales y extranjeros, a que de orden de S.M. asisti en calidad de Intendente, llen los justos deseos de toda la Isla producindose por mximas de ilustracin y de cordura. Puso cobro a los intereses Reales con la debida templanza, sin extorsiones ni apremios rigurosos. Por una consecuencia de su admirable mtodo en el desempeo del empleo, tuvieron las Rentas Reales en dicho tiempo el aumento de ms de quinientos mil pesos fuertes, por el cual S.M. se dign darle las gracias en Real Orden que le comunic el Excmo. Seor

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OBRAS 284\ 284\ 284\ 284\ 284\ Don Fray Antonio Valds, a cuyo cargo corra entonces interinamente la Secretara de Estado de Guerra y Hacienda de estos dominios. La ciudad de Cuba usaba de cartones en lugar de numerario, y la tropa y los dems a quienes se pagaba con ellos padecan el quebranto de un treinta a un cuarenta por ciento. Se falseaban con mucha frecuencia, y la Real Hacienda, al verse en el doloroso caso de graves procedimientos criminales, vena a sentir toda la prdida porque al cabo estaba obligada a recogerlos y abonarlos. El Sr. Intendente se acord con el Gobierno y Capitana General y habindose decidido a la redencin de los cartones, la cometi al Sr. D. Francisco de Isla que hoy es Administrador General de Rentas Reales, quien pas a dicha ciudad con los caudales necesarios que consistieron en ms de doscientos mil pesos, y desde aquel feliz da respir Cuba, cesaron los perjuicios y se cortaron las falsificaciones y el origen de las causas. Para ello tom cien mil pesos, de mayor suma perteneciente a las cajas de Nueva Orleans en ocasin de no hacerles falta considerable, y los ha reintegrado exactamente. El resto corresponda al fondo de la presa de Pensacola que en aquel tiempo ni mucho despus pudo distribuirse por no constar los partcipes, y en el momento que a esfuerzos de su celo y de sus oficios se venci la expuesta dificultad, ha pagado y paga sin demora a cuantos acreedores han ocurrido y ocurren, de modo que los medios elegidos para la redencin de los cartones fueron efectivos y sin ocasionar el ms leve perjuicio. A su ruego y por su quebrantada salud fue relevado, en septiembre de 1788, de la Intendencia para mejor atender a las otras graves comisiones de su cargo; mas, examinados sus servicios por tres Juntas se dign el Rey cometrsela de nuevo y con mayores facultades. La eleccin fue en persona ya experimentada de largo tiempo por toda esta Isla, y las aclamaciones y contento general con que se oy y recibi fueron y son un ilustre testimonio del acierto. En efecto, luego que tom posesin simplific las operaciones de la Real Aduana y ampli el muelle, en trminos que hoy se hace por el comercio en una semana ms que antes en un mes. Reuni bajo de un techo la Tesorera General y la Contadura Principal de Ejrcito y extingui el mtodo gravoso y estril de libramientos, y con esta sola providencia los hechos que, en el importante manejo de las Cajas descansaban sobre meras formalidades, se aseguran y afianzan ya con la realidad y con la concurrencia de los Ministros responsables. Las Reales Cajas se hallaban sumamente empeadas de resultas de la guerra de 1779 a 1783, y aunque las de Mxico eran las obligadas a la remesa del dinero para el pago de los crditos, no podan atender a tanto objeto y el comercio clamaba por la falta de su giro y por el perjuicio de un veinticinco por ciento que tena en las libranzas o crditos. El Intendente volvi a penetrarse segunda vez de todas las razones de justicia y de conve-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /285 /285 /285 /285 /285 niencia que empeaban al pago, y sin remesas de Mxico lo ha verificado en milln y medio de pesos, restndole slo las liquidaciones con alguna otra Real Caja de otras posesiones de S.M. en esta Amrica. Paga con la mayor exactitud y suple en toda urgencia a la Marina y a otros Ministerios fuera de la Isla. Ha atendido y atiende sin angustia a todos los gastos extraordinarios de la pasada y presente guerra. Durante ella redimi los censos consignados sobre las Rentas Reales, que recauda sin extorsiones ni apremios ruidosos. Favorece constantemente a nuestro comercio despus de haber restablecido el crdito en estas Cajas, que estaba abatido hasta el ltimo grado. Se ha hecho dueo de la confianza de todos; ha recogido el fruto de sus desvelos, viendo aumentar el Real Erario en trminos tan portentosos que no pueden referirse sin admiracin, pues slo en diez meses del primer ao de su mando pas el rendimiento de la Aduana de trescientos treinta mil pesos fuertes. Presumi que en el ramo de diezmos haba complot de parte de los pretendientes a sus remates, y se dedic por medio de una porfiada aplicacin al remedio de todos los males y abusos que impedan su debida prosperidad. Presidi personalmente todas las Juntas de este ramo que por largos meses fueron diarias, y en ellas promovi y estableci las ms ajustadas medidas. Hizo dividir varios partidos para proporcionar ms concurrencia de pretendientes y postores, y gobernndose por los conocimientos del verdadero estado de la agricultura de cada territorio remataba o suspenda, con cuya mxima restableci con estos hacimientos generales la libertad y la pureza. As, en los remates celebrados en el espacio de cuatro aos, considerando el valor del ramo en menos de ochocientos mil pesos, logr el aumento de ms de ciento por ciento, siendo sta la mayor prueba de su juiciosa combinacin y de su infatigable celo en lo que no dice perjuicio al inters del vasallo. El Hospital Militar de San Ambrosio era un edificio indecente y ruinoso, y apenas admita con suma incomodidad doscientos enfermos. El Intendente compr a plata, de contado, varios casas contiguas hacia el mejor viento e hizo una obra digna de la piedad del Soberano a quien sirve, mediante la cual admite hoy hasta setecientos, y todos con la ventilacin y separacin que les conviene. Con este motivo la Marina en sus apuros remite a dicho Hospital muchos de los enfermos de sus escuadras, y la guarnicin cuenta con un recurso que no tena y era de extrema necesidad. An era ms ruinoso e incmodo el otro Hospital del Pilar, extramuros, y adems ocasionaba multiplicacin de dependientes y gastos. El Intendente traslad los enfermos al de San Ambrosio, y en l, con ahorro de doce mil pesos anuales, logran todos la ms justa asistencia, de modo que los jefes militares se hallan a una voz contentos y satisfechos, y lo han atestado de oficio a la Capitana General en distintas ocasiones hablando de esta hospitalidad como digna de dar ejemplo en Espaa y en Amrica.

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OBRAS 286\ 286\ 286\ 286\ 286\ La presente guerra sobre la inmediata anterior puso a esta Isla en eminente peligro de perecer en sus ramos de industria, agricultura y comercio. El Intendente la recomend a S.M. con repeticin y energa pidiendo el establecimiento de convoyes cada cuatro meses, y en todos remita al Sr. Virrey de Mxico una lista muy circunstanciada de los precios a que los vveres corran en esta plaza, para que sirviese de gua a los hacendados y comerciantes de aquel Reino en sus especulaciones o remesas. Este Virrey renov los bandos y providencias en fomento del comercio y provisin de esta Isla; pero cuando la abundancia de corsarios impidi aquel auxilio y se perdi la esperanza de convoyes, acercndose ms el expuesto peligro y llegado el caso de tratar de abrir el comercio a los extranjeros, el Intendente, en la mejor inteligencia y unin con el Excelentsimo Sr. Conde de Santa Clara, actual Gobernador y Capitn General, ha llenado las esperanzas que el pblico ha tenido y tiene de sus luces, de su prudencia y de su amor. Ha simplificado el ramo de administracin de justicia de su Tribunal de un modo apreciable, aprovechando al efecto los auxilios del Asesor D. Diego Sedano, a quien el Real Consulado dio gracias por la conducta que examin y hall en las causas mercantiles que se le pasaron con motivo de su ereccin en esta Isla. Constan a todos la sana correspondencia del Intendente con los Capitanes Generales de su tiempo, con los dems Jefes, con los Cuerpos y con todas las clases; la ingenuidad y buena fe con que contribuye en todas las Juntas a los objetos del Real servicio; el celo y la direccin con que aplic el considerable ramo de costuras de la Real Hacienda al entrenamiento y auxilio de las recogidas en la Real Casa de Beneficencia; la humanidad con que oye y atiende a los ms infelices, y el concepto general que justamente le han dada sus prendas de desinters y de amor al pblico donde sirve. La Real Sociedad le ha demostrado su gratitud, ya por medio de Diputaciones, dndole gracias por su concurrencia al bien de la mencionada Real Casa, ya por el nombramiento de socio de honor por aclamacin de todos sus individuos. El Ilustre Ayuntamiento lo aprecia y lo pide. La Junta de Gobierno del Real Consulado lo elogia repetidamente en sus actas. El Cabildo Eclesistico lo mira como protector de sus rentas y el pblico todo apetece la continuacin del Intendente.1Notas1Fue D. Jos Ricardo O’Farrill y Herrera, el Prior del Consulado, quien suscribi la exposicin de 23 de marzo de 1798 al Ministro D. Francisco Saavedra, y que precede a la Memoria del Sndico sobre los mritos de Valiente. ( Vidal Morales y Morales.)

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SOBRE LA QUEJ SOBRE LA QUEJ SOBRE LA QUEJ SOBRE LA QUEJ SOBRE LA QUEJ A DEL SR. SNDICO A DEL SR. SNDICO A DEL SR. SNDICO A DEL SR. SNDICO A DEL SR. SNDICO POR SUPONER ALGUNOS QUE ES LA CAUSA POR SUPONER ALGUNOS QUE ES LA CAUSA POR SUPONER ALGUNOS QUE ES LA CAUSA POR SUPONER ALGUNOS QUE ES LA CAUSA POR SUPONER ALGUNOS QUE ES LA CAUSA DE QUE NO SE CONCEDA LA INTRODUCCI"N DE QUE NO SE CONCEDA LA INTRODUCCI"N DE QUE NO SE CONCEDA LA INTRODUCCI"N DE QUE NO SE CONCEDA LA INTRODUCCI"N DE QUE NO SE CONCEDA LA INTRODUCCI"N DE HARINAS DEL NOR DE HARINAS DEL NOR DE HARINAS DEL NOR DE HARINAS DEL NOR DE HARINAS DEL NOR TE TE TE TE TEACUERDO. En Junta de Gobierno del Consulado de 23 de mayo de 1798, presidida por el Marqus del Real Socorro, Prior, se ley un memorial del Seor Sndico de este Cuerpo en que se queja de las injustas inculpaciones de algunos individuos que suponen que sus conexiones con el Sr. Conde de Mopox son causa de que no se pida, y tal vez de que no se conceda absoluta libertad para introducir harinas de los Estados Unidos en los puertos de esta Isla; concluyendo por que la Junta lo defienda de tan falsa imputacin. Extra la Junta tan calumniosa inculpacin, y declar que no tan slo haba cumplido el Sr. Sndico con las obligaciones de su empleo en este negocio, sino que le deba este Cuerpo y toda la colonia la ms justa y merecida gratitud por la pureza, energa y verdadero patriotismo con que haba promovido constantemente cuanto poda interesar el bien comn; que contrayndose al asunto de harinas, el expediente del permiso a los neutrales era un monumento perenne y muy particular de esta verdad, y que por tanto deban el Sr. Sndico y este Cuerpo sepultar en el olvido y el desprecio los mencionados clamores como producciones de la ignorancia o de la envidia. Enterada la Junta de un memorial en que D. N. Rancs, comerciante de esta ciudad, pide la libre introduccin de quinientos treinta y un barriles de harina del Norte, fundando su solicitud en la providencia general de 15 de noviembre ltimo pasado en orden a neutrales, acord la Junta, a proposicin del Sr. Sndico, recomendar esta solicitud con energa a los Seores Jefes, repitiendo lo que constantemente ha dicho este Cuerpo, que la justicia y la conveniencia exigen que en las circunstancias actuales se admitan cuantos vveres se presenten del Norte y particularmente las harinas El Marqus del Real Socorro. Juan Toms de Juregui. Jos Manuel Lpez. El Sndico reclama hoy un pblico testimonio de todo este respetable Cuerpo para desvanecer la injusticia con que algunos negociantes me atri-

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OBRAS 288\ 288\ 288\ 288\ 288\ buyen un descuido que slo muerto o enfermo soy yo capaz de tener. Se cree, porque lo afirman algunos, que las notorias y estrechas relaciones de amistad y de inters que me unen con el Sr. Conde de Mopox han entorpecido mi oficio y han hecho que no se pida y tal vez que no se conceda absoluta libertad para introducir harinas de los Estados Unidos en los puertos de esta Isla. Pido a V.S. que me defienda de tan falsa imputacin y que se sirva atestar los hechos que referir. Apenas se previ la guerra que por desgracia tenemos, provoqu a este Cuerpo a que pidiese al Rey el libre y absoluto permiso para la introduccin de harinas y toda especie de vveres de los Estados Unidos, y sin embargo de la Real Orden con que se nos contest negndonos esta instancia, y del exclusivo permiso que se concedi a mi amigo, sabe V.S. que asegurando que iba a tener una parte en las ganancias de ste, fui el primero en pretender que se representase al Rey contra el privilegio exclusivo y se le hiciese ver la utilidad y justicia que toda la Isla tena en pretender la gracia que a uno solo se haba concedido. Muchos no haban hecho tanto —permtaseme este desahogo— y juzgo que nadie concebira que yo pasase de aqu. Pues todava fui adelante. La gracia de introducir slo harinas no era quizs tan lucrativo como la de ser nico exportador de los frutos del pas. Consta a la Junta, y en sus actas, que si por no tener el honor de ser Jefe de esta Isla no me corresponde la gloria de haber sido el que permitiendo la introduccin de otros objetos abr la puerta a la exportacin de frutos, al menos puedo decir que en calidad de promotor no ha habido quien tanto haga por facilitar y extender concesin tan importante. Hablen los expedientes que para esto he trabajado, las representaciones y oficios que a mi nombre y al de la Junta he hecho; hablen nuestros Jefes y todos los que han sido vocales de esta Junta y de la Superior de Permisos y hable, por ltimo, lo ocurrido en la Junta Superior sobre la Real Orden de 15 de noviembre ltimo pasado. Yo fui el que la llev all, aun antes de venir de oficio, el que ped y expres que se comprendiese en su letra todo lo que nos trajesen de libre y lcito comercio de los Estados Unidos, liberndolo de la precisin de retornar a Europa. Es cierto que como Apoderado, que como amigo del Conde, tuve precisin de dirigir en su ausencia una operacin que quizs podra trastornar su fortuna, y es igualmente constante que he intervenido en ella aun despus de estar presente; pero lo primero lo hice porque me era indispensable, ejerciendo sus poderes, y he subsistido en lo segundo porque de negociacin tan vasta es imposible separarse de repente; pero saben todos que poco a poco iba desprendindome de ella y para los avisos que he dado dentro y fuera de la plaza es constante que en este mes quedaba de todo separado; y cuidado no se crea que la investidura de Sndico me inhabilitaba para hacer de comerciante, pues lo contrario nos dice el artculo 20 de nuestra Real Cdula. Mi escrupulosidad, mi delicadeza en esta materia

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /289 /289 /289 /289 /289 eran las que me hacan abandonar empresa tan lucrativa, y ellas fueron las que tambin me obligaron a dar cuenta de mi situacin por el Ministerio de Hacienda, pidiendo a S.M. con fecha de 22 de mayo del ao antecedente se sirviere decidir si me era lcito o no continuar en este asunto, y viendo que se tardaba la resolucin Soberana, yo por m mismo he tomado la que acabo de anunciar a tiempo que el inters hace que algunos ingratos difundan por este pblico las especies que son causa de mi actual reclamacin. Muy injusta en todas pocas y ahora ms injusta que nunca, pues por mi instancia se ha dado a la citada Real Orden una extensin que no tiene y que, segn mi concepto, era tambin comprensiva de harinas y dems vveres. Lanse los trminos materiales del acuerdo de la Junta que por su encargo extend, y ella ser sin duda la prueba ms evidente de que siempre que he podido he hecho crudsima guerra al privilegio exclusivo de que poda resultarme la garanta de muchos miles. Consideremos ahora el pago que quiere darse a tan grandes sacrificios y la justicia o injusticia con que se me cree indolente en promover lo que toca al noble oficio que ejerzo. La Junta por conclusin ver si hoy algo que hacer en beneficio de este pblico. Habana y mayo 23 de 1798.

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COMERCIO DE EXTRANJEROS AMIGOS COMERCIO DE EXTRANJEROS AMIGOS COMERCIO DE EXTRANJEROS AMIGOS COMERCIO DE EXTRANJEROS AMIGOS COMERCIO DE EXTRANJEROS AMIGOS Y NEUTRALES Y NEUTRALES Y NEUTRALES Y NEUTRALES Y NEUTRALES REAL ORDEN DE 20 DE ABRIL DE 1799, COMUNICADA POR EL SR. MINISTRO DE HACIENDA A LOS SEORES PRIOR Y C"NSULESEl incesante desvelo del Rey para la felicidad de sus amados vasallos y las representaciones que se dirigieron a sus Reales manos sobre la estagnacin que padecan nuestras colonias de sus principales frutos y la falta que experimentaban de gneros y efectos de primera necesidad, causndose irreparables perjuicios a su agricultura y comercio, fueron los motivos que inclinaron su piadoso Real corazn a expedir la Real Orden de 18 de noviembre de 1797 permitiendo a todos sus vasallos hacer expediciones a aquellos dominios de gneros no prohibidos en buques nacionales o extranjeros desde los puertos de potencias neutrales o desde los de Espaa, bajo las reglas que se estimaron oportunas para evitar fraudes y asegurar los retornos a los de la Pennsula. Lejos de verificarse los efectos favorables a que se diriga esta Soberana resolucin, ha convencido la experiencia de un modo incontestable que no pudiendo guardarse las debidas formalidades con que se estableci y abusando los espaoles mismos del privativo favor que se les dispensaba, se ha convertido todo en dao general del Estado y particular de los vasallos de Amrica y Espaa y en aumento de la industria y del comercio de sus enemigos, poniendo en su mano la fuerza ms poderosa para continuar la guerra y hacer llorar a toda Europa su calamidad. Con este positivo conocimiento no ha podido el Rey dilatar un instante el remedio eficaz de tantos males, derogando como se ha servido derogar en todas sus partes la citada Real Orden de 18 de noviembre de 1797 y cualesquiera permisos que por otros se hayan concedido en general o particular o por providencias gubernativas de los Virreyes, Gobernadores, Intendentes y dems Ministros de Amrica; quedando en su fuerza y vigor las Leyes de Indias y el Reglamento del Libre Comercio y los mismos Jefes obligados bajo expresa responsabilidad a tomar cuantas providencias juzguen conducentes, no slo a su puntual observancia sino tambin a reparar los daos que ha causado el exceso ocurrido en el uso de la citada Real Orden, sin admitir excusas ni pretextos de cualquier clase que

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /291 /291 /291 /291 /291 sean una vez que se dirijan a debilitar el cumplimiento de esta Real resolucin. Por tanto, espera S.M. que animado el comercio de Espaa y Amrica pondr en ejercicio todos los esfuerzos posibles para el logro del gran bien que les ofrecen sus recprocas expediciones, disminuyendo el riesgo que promueve la guerra por los medios adoptados y dems que la necesidad sabe sugerir en iguales casos; pero si aun estimasen precisos los auxilios del Gobierno podrn los Consulados de este Reino y los de Amrica representar a S.M. cuanto les dicte su obligacin y amor con la confianza de que sern atendidos, siempre que fijen sus ideas a asegurar el fomento de nuestro comercio e industria, apartando las causas que hasta ahora le han impedido en dao universal de los vasallos y utilidad de los enemigos. Todo lo participo a V.S. de Real Orden para su ms exacto cumplimiento en la parte que le corresponde, dndome aviso de su recibo y de las providencias que vaya tomando al expresado fin para la Soberana inteligencia de S.M. Dios guarde a V.S. muchos aos. Aranjuez, 20 de abril de 1799. Soler Seores Prior y Cnsules del Consulado de La Habana.ACUERDO DEL CONSULADO DE 7 DE AGOSTO DE 1799 SOBRE LA ANTERIORREAL ORDENHabana, siete de agosto de mil setecientos noventa y nueve. En Junta de Gobierno de este Real Consulado habida este da, presentes los Seores Marqus de Someruelos, Gobernador y Capitn General, Presidente; don Jos Ricardo O’Farrill, Prior; D. Juan Jos Patrn y D. Felipe Fernndez de Silva, Cnsules; Marqus del Real Socorro, D. Jos Manuel Lpez, Don Nicols Calvo, Marqus de Crdenas de Monte Hermoso, D. Juan Cabo, Don Pedro Mara Ramrez, D. Andrs de Juregui, D. Gonzalo de Herrera y Don Pedro Diago, Consiliarios; D. Francisco de Arango, Sndico. Se hizo lectura de una Real Orden que con fecha 20 de abril ltimo comunica a este Cuerpo el Excmo. Sr. Ministro de Hacienda, por la cual se sirve S.M. derogar en todas sus partes la que en 18 de noviembre de 1797 permiti a neutrales el comercio directo con nuestra Amrica, y restituir la antigua fuerza y vigor a las Leyes de Indias y Reglamento de Comercio que gobernaban. Recibi la Junta este Soberano rescripto con el ms profundo respeto, y conformndose con el dictamen que sobre ella dio su Sndico acord por unanimidad: Que estando como debe estar, persuadida de que el Rey tuvo a la vista, cuando se sirvi expedir en 1797 la providencia general sobre neutrales todas las razones de conveniencia y necesidad que la reco-

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OBRAS 292\ 292\ 292\ 292\ 292\ mendaban, nos compete ahora examinar las que ha tenido S.M. para revocarla y slo nos toca cumplirla con aquella obediencia tan propia de la lealtad de nuestros corazones, siempre prontos a sacrificar no tan slo nuestros bienes sino tambin nuestras vidas por el honor y bien comn de la nacin; que en este supuesto y en cumplimiento del encargo que hacen la Real Orden a los Consulados, debemos solicitar con infatigable desvelo los arbitrios que conviene emplear para que en medio de los riesgos de esta guerra pueda el comercio nacional reemplazar a los neutrales; con cuyo intento es necesario procurar noticias documentadas que nos demuestren las verdaderas necesidades de la colonia, sus recursos y los del comercio nacional en estas circunstancias; el enlace que tienen entre s estas necesidades y los efectos que, de satisfacerlas, o no pueden resultar a la colonia y a la misma Metrpoli; y para que se ejecute todo esto y quede instruido el expediente con toda la exactitud y brevedad que exigen las circunstancias, se nombr a los Seores Consiliarios D. Nicols Calvo y D. Pedro Mara Ramrez, encargndoles que procedan con el acuerdo de los Seores Prior, Cnsules, Sndico y Secretario, sin perdonar gasto alguno y que de todo den cuenta para hacer en consecuencia los acuerdos que convengan al ms puntual cumplimiento de la Soberana intencin Antonio del Valle Hernndez, Secretario.DICTAMEN DEL SNDICO DE LA JUNTA ECON"MICA DE AGRICULTURA YCOMERCIO DE LA HABANA EN EL EXPEDIENTE INSTRUIDO PARA EL CUMPLIMIENTO DE LA REAL ORDEN DE 20 ABRIL DE 1799 QUE PROHIBI" EL COMERCIO EXTRANJERO EN AMRICA1El Sndico viene hoy a cumplir con el precepto que se sirvi V.S. imponerle en su acuerdo de 13 del corriente y viene a hacerlo de un modo inusitado hasta hoy, pues en vez de comenzar por la deseada respuesta trata de verificarlo con dudas y preguntas. Qu es lo que la Junta quiere del promotor de sus miras? Que abogue por la ruina de la Isla o presente la cara y sea el que primero se oponga a que tenga cumplimiento la Real Orden circular del ltimo 20 de abril? No es de esperar lo primero de un Cuerpo que fue formado por nuestro Augusto Monarca con muy opuestos designios, ni debe creer lo segundo quien, como yo, sea testigo de la enrgica confianza con que siempre supo V.S. explicar al Soberano lo que no era de observar en sus Reales mandamientos. Pues, para qu se me pasa un

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /293 /293 /293 /293 /293 expediente que la Junta ha examinado y vista que en todas sus lneas prueba que, sin arruinar la Isla, sin exponer la defensa de tan importante plaza, sin destruir los restos de la marina de este puerto y sin perjudicar anualmente al Rey dos y media millones de pesos, no puede tener cumplimiento la Real Orden ya citada? Para qu, vuelvo a decir, quiere este Cuerpo or ms que lo que sobre el particular le han dicho la Comandancia de Marina, los estados de la Aduana, el gremio de Hacendados, el de Comerciantes, la Administracin de Correos, los Cnsules o Agentes de la Repblica Francesa, el Director de la extinguida Compaa de Seguros, el Diputado del Consulado de Cdiz, los amos de ingenios, respectivos a las costas de las papeletas de precios de los frutos de Veracruz y la certificacin de la Aduana sobre granos y ailes detenidos? Mi dbil voz, mis vulgares raciocinios, pueden aadir fuerza alguna a tan preciosos, a tan decisivos documentos. Ser acaso por guardar las formalidades ordinarias y acreditar ms y ms la detencin y miramiento con que este Consulado recibe y procura el cumplimiento de las Soberanas rdenes? Pues qu, no bastan dos meses consagrados al desprecio de los clamores pblicos y a la solicitud de medios con que poder vencer lo imposible de la orden? No basta para la justificacin de V.S. ver en el mismo expediente desvanecidas y frustradas todas las tentativas que la prudencia humana pudo dictar a su celo para cumplir el encargo que en la citada Real Orden hace S.M. a todos los Consulados? Cul puede ser en tal caso el motivo de temer que tenga este ilustre Cuerpo para acercarse a su padre, a su Monarca querido, a los dignsimos Jefes que tienen puestos en la Isla y manifestarles con respeto lo que dice cada vecino por escrito, de palabra, en la plaza, en sus hogares? Vamos, pues, sin ms demora a presentar de rodillas los desgraciados resultados de nuestra solicitud y si acaso quiere V.S. presentarlo sin hablar, confiando slo al mrito de tan precioso expediente nuestra defensa y consuelo, omitamos reflexiones y queden en el olvido las que sobre el mismo expediente he formado y voy a leer.La Habana no puede existir sin comercio ultramarino de introduccin y extraccinAun cuando la ciudad de La Habana no fuese el baluarte de nuestras Indias y no tuviese por esto tantos y tan indispensables artculos que recibir cada instante del comercio ultramarino, sera preciso decir que la clase de su industria y constitucin econmica la ponen en la alternativa o de perecer o de mantener aquel trfico sin interrupcin alguna. Por l ha de recibir todo lo que consume, y sin l no puede pagar el valor de estos consumos. Ms claro, siguiendo el impulso de las leyes pagan los habaneros toda su subsistencia con el azcar que fabrican, y siempre que no lo extrai-

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OBRAS 294\ 294\ 294\ 294\ 294\ gan es preciso que no coman, que no vistan, que no continen sus labores, que sus mquinas, sus dems utensilios y hasta sus mismos operarios les vienen por aquel conducto. Hay todava dos circunstancias que aprietan ms el dogal. Es la primera la naturaleza de sus haciendas, compuestas de esclavos o jornaleros que ni tienen discernimiento para conformarse con la escasez ni hay justicia para disminuirles los pocos consuelos que gozan en su triste situacin. Es la segunda la naturaleza del azcar. Difcil de conservar aun en los climas ms secos, resiste poqusimo tiempo a la humedad del nuestro y tampoco era posible tener con el debido resguardo la cosecha de un solo ao, pues como se trata ya de ciento ochenta mil cajas —incluidas las de nuestro consumo—, sera menester ocupar toda la ciudad con ellas. Pero aun cuando hubiera almacenes, aun cuando por mucho tiempo permaneciera sin lesin el fruto de nuestros sudores y fuese tambin posible trampear y dejar para otro ao nuestra subsistencia o su pago, de qu modo extraeramos dos o tres cosechas juntas, cuando slo para una necesitamos setecientas embarcaciones? Y lo que es peor, dnde habra compradores para todas? El ao que pas no se reemplaza, porque el azcar es un artculo de consumo diario que tiene su medida en el gusto y bolsillo del consumidor y ni en su estmago puede suponerse disposicin para duplicar de repente la dosis, ni medios en su bolsillo para costear tal capricho. Por tanto sucedera que el ao de nuestra ausencia vendiesen los enemigos a doble precio sus frutos, y el ao de la inundacin o habramos de arrojar al mar una gran parte de los nuestros o de venderlos por precios tan bajos que no dejasen los costos. Y entonces, cmo pagbamos las deudas del ao atrasado? Resulta, a mi parecer, mostrado con evidencia que esta ciudad, que esta Isla, por seguir los designios de su Metrpoli se halla en necesidad de recibir de fuera los medios de subsistir, esto es, de mantener a todo trance un comercio ultramarino. Veamos si la nacin obligada a sostenerle por motivos tan sagrados est en aptitud de hacerlo durante la presente guerra.Es imposible contar por ahora con el de nuestra PennsulaSin convoyes no es posible; y de esto quien mejor puede hablar es el comercio de Cdiz, que ni un barquichuelo solo nos ha enviado en toda la guerra. No se debe disculpar diciendo que dej de hacerlo porque nos supona provedos por el comercio de neutrales. Existimos algn tiempo sin tener este consuelo y por mucho ms de un ao estuvo reducido aquel trfico a artculos determinados. Por qu no especul en otros que tanta ganancia ofrecan? Y aun despus de la Real Orden de 18 de noviembre de

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /295 /295 /295 /295 /295 1797, por qu no nos han remitido muchos de los nacionales, sabiendo la necesidad y la escasez que siempre hubo? Adems, por qu nos dijo con fecha 22 de agosto de 1797 que hasta la paz no le envisemos el cargamento riqusimo de la fragata “Placentina”? Y prefiere la larga estagnacin de estos fondos al riesgo de su transporte? Y por qu cuando escribi a su diputado en La Habana y cuando nos escribi a nosotros remitiendo la Real Orden de 20 de abril, no nos habla de compra de frutos y remisin de efectos? Dos correos hemos recibido, y segn lo que nos dice el papel nmero 12 ni por sus sueos lo han pensado. Para salir del mal paso tal vez se ocurrir al bloqueo de aquel puerto, y los dems? Es cosa cierta que nunca por jams se han vendido al precio que en toda esta guerra los efectos que nos dan Vizcaya, Alicante, Mlaga y en gran parte Catalua. Y ello es que nadie ha venido a buscar estas ganancias. Cmo se haban de atrever? Ellos saban muy bien que nosotros, los desgraciados vecinos de Providencia y Jamaica, habamos de tener trabajos aun para conducir de la costa en miserables canoas los frutos de nuestras cosechas, y con razn no han querido venir a ser apresados a la vista de nuestro puerto. Los del seno mexicano que contaron solamente con el peligro de corsarios y que por la inmediacin gozaban de otros recursos, han sido las tristes vctimas de esta confianza indiscreta que a ellos los ha perdido y a nosotros nos cost por quererlos ayudar la enorme suma de un milln noventa y ocho mil veintiocho pesos pagados por sus seguros. Cdiz habla de su bloqueo como de cosa concluida. Dios lo quiera. Y el nuestro? Dgnese V.S. enterarse de lo que sobre esto dice la Comandancia de Marina, y veremos si aun libres del suyo y asegurado de escolta pueden hacerse cargo de proveer un puerto que en dieciocho meses ha sufrido en diversas pocas doce de bloqueo por escuadras y que siempre est rodeado de una plaga de corsarios. Refirales V.S. que de nuestras mismas radas nos han arrebatado este ao tres mil trescientas treinta y dos cajas de azcar; que todava nos quedan dieciocho mil ochocientas ochenta y tres por traer; que los gneros de Veracruz y Nueva Orleans se venden ha mucho tiempo el triple que en la paz porque no pueden venir; que su celebrada invencin de faluchos o msticos para proveer a Veracruz de azogues y otros efectos ha servido solamente para aumentar la riqueza de los corsarios bretones; que han sido apresados cinco correos, y que las embarcaciones ms veleras de nuestra escuadra han tenido que andar sorteando el riesgo y escapando a milagros. Pero prescindamos un instante de tan inevitables riesgos. Supongamos que no los hay y que en su lugar tenemos lo que es imposible aqu y mucho ms en Espaa, quiero decir convoyes peridicos y oportunos; pues, ni aun as podra hablando de buena fe ofrecer nuestro comercio la provisin de esta plaza. En el estril 1798 ocupamos cerca de seiscientos buques, y al

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OBRAS 296\ 296\ 296\ 296\ 296\ menos en diez por ciento debe calcularse cada ao el aumento de nuestras cosechas; conque, para el siguiente se acercar a setecientas el nmero de embarcaciones precisas. De dnde salen? Y lo que es ms, de dnde se saca su marinera y lo que se necesita es mucho mayor cantidad para las expediciones de las dems colonias? Se necesita ocurrir a las banderas neutralesSi por lo que omos decir y por lo que pasa en La Habana hemos de sacar en limpio lo que ocurre en la Pennsula, diremos que con la Comandancia de este Departamento que ni aun para las ms urgentes atenciones de la Marina Real puede haber marinera. Seamos justos, seamos veraces, y entonces todos diremos que en las circunstancias presentes es un recurso preciso para la subsistencia de esta Isla el de las banderas neutrales, muy til al Soberano, a la industria de la Metrpoli y al inters de su comercio. Con utilidad del Real ErarioSegn el estado de la Aduana, vemos en 1798 subir los Reales derechos de esta Aduana a un milln cuatrocientos treinta y siete mil doscientos cuarenta y cinco pesos siete reales, y segn el clculo de este ao pasaremos de un milln ochocientos mil pesos; de modo que sin las alternativas que hasta ahora se experimentaron ya pasara de dos millones lo que producira este ramo. Suspndase y por primera partida hace S.M. tan enorme e intil prdida. A ello se debe agregar por lo bajo otro medio milln por el aumento de precio, que forzosamente habran de tener los artculos que anualmente se consuman en las fortalezas, guarnicin, escuadra, arsenal y hospitales. De forma que llega el quebranto a dos millones y medio de duros que son setenta y dos de reales reducidos a papel. Malogra S.M. la ventajosa proporcin de poner fondos en Europa por el sencillo camino que indica el comercio de La Habana en el prrafo 59 de su Representacin. Bajarn los diezmos y con ellos los novenos Reales; perder el Rey la parte efectiva que tiene en el aumento o conservacin de la fortuna de estos vecinos, y lo que es ms esencial la seguridad de mantenerlo provedo y en estado de sostener una invasin. La agricultura e industria espaolas que durante la guerra nada nos han enviado ni pueden enviarnos por medio de su comercio, algo ha remitido por el de neutrales y por el mismo ha recibido directamente algunos socorros de nuestros frutos. Se haba logrado restablecer la comunicacin que tanto nos importa con Buenos Aires, y se estaban cargando en Cdiz siete americanos

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /297 /297 /297 /297 /297 al tiempo de publicarse la Real Orden de 20 abril. Estas relaciones se hubieran aumentado mucho ms si la perspicaz Inglaterra no lo hubiese embarazado con la ley que declar de buena presa al neutral que navegue de un puerto enemigo a otro; ley que slo puede eludirse con el costoso arbitrio de hacer escalas intermedias, tomando mil precauciones. El mismo comercio de la Pennsula participaba tambin de las grandes ventajas que resultan al de esta Isla, su compaero y hermano, y esta participacin vale mucho ms sin duda que el ponderado permiso del perjuicio de fletes y comisiones que sofsticamente se atribuye a la tolerancia de neutrales. ¡Qu quejas tan infundadas! ¡Qu gritera tan confusa! No es lo mismo dejar de ganar porque lo impiden irresistibles circunstancias, que perder por causa de los neutrales. Es innegable que cuando nuestro comercio trae a Amrica los efectos que esta consume y extrae sus producciones, es l solo quien gana este flete. Ahora no lo hace porque no tiene ni buques, ni marineros, ni libertad para navegar. Pregunto, lo poda hacer impidiendo que otros lo hagan? Si no fuese en el todo ser en parte, se responde, y por de contado impedimos que el extranjero se aproveche de estas ganancias y se enriquezca con ellas. Con la razn y la experiencia he demostrado antes que ni en el todo ni en parte puede hacerlo; y lo que es ms, que ni en todo ni en parte quiere intentarlo y con mucho fundamento y mucha utilidad del Estado, porque el flete de un solo buque que llegara a salvamento no resarcira seguramente la prdida de otros cuatro que andando con felicidad haban de ser apresados. El provecho del extranjero, sobre ser temporal, hijo de las calamidades de una guerra que todos sentimos, que todos lloramos, es necesario para evitar otros males mucho ms considerables. Ni tampoco se le impide aquel provecho con cerrarle nuestros puertos, pues la marina mercante de los neutrales adems de sus peculiares atenciones puede contar con el vaco que por fuerza ha de haber en la de todas las potencias beligerantes, y tiene por consecuencia sobrado entretenimiento aun cuando perdiese el nuestro. En cuanto a comisiones es tan pequeo asunto que, aun cuando todas las perdisemos, nunca podran balancear los grandes y esenciales intereses que acaban de recomendarse. Pero conviene advertir que la prdida no es tanta como se quiere abultar. Los artculos que vienen y van a Espaa dejan su comisin all, y est probado que es ms lo que de all recibimos por el conducto de neutrales que lo que nos vendra sin ellos. Los renglones extranjeros que vengan sin tocar en Espaa llegan con efecto libres de este recargo; pero no es el extranjero, sino unos vasallos muy fieles, muy amantes de su Rey, los que de ello se aprovechan, queremos decir nosotros los consumidores; pues con aquel menor costo hemos de comprar los gneros. Cbresenos, si se quiere, tan involuntario ahorro, y ste s que ser el medio de asegurar la llorada comisin.

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OBRAS 298\ 298\ 298\ 298\ 298\ Ya llegaremos al prrafo en que se haga ver lo que aun con este ahorro y el auxilio de los neutrales estamos nosotros perdiendo. Probado que a nadie perjudica, que a todos aprovecha en la presente poca el comercio de neutrales con La Habana, parece que habamos llenado el objeto de este papel. Pero falta lo mejor: el captulo de abusos y riesgos de este permiso. Ha dicho la iniquidad que en esta ciudad se ha abusado de la benfica Real Orden de 18 de noviembre de 1797, y sin citar hecho alguno se hacen figurar con voces y frases preadas inconvenientes polticos en su continuacin u observancia. Si de lo que se trata es de abusos mercantiles o fraudes de Reales derechos, no me toca contestar. La Aduana y la Intendencia dirn lo que sobre esto ha ocurrido; y el Rey, que nada ha sabido por el conducto de estos celosos Ministros, podr pedirles razn de su profundo silencio. Pdasela tambin al anterior Jefe de esta Isla por los elogios que hizo de nuestras demostraciones al recibir la Real Orden con que se nos anunci el prximo sitio de la plaza. l har ver los motivos que para hacerlo ha tenido. Sin embargo de estos testimonios, puede ser que todava se diga que est el peligro en dejarnos saborear, y que despus ser duro volvernos a las restricciones. Sepan los miserables que as hablan que nada para el habanero es duro cuando se trata de hacer la voluntad de su Rey, y ms cuando se encamina a fortalecer los vnculos eternos e indisolubles de gratitud, de amistad y parentesco que le unen con su Metrpoli. Y si titubeasen aun sepan que nuestro particular inters, el aumento de nuestra fortuna, es el que ms nos impele a desear que vuelva pronto el venturoso da de ver restablecido con la paz el privilegio exclusivo del comercio nacional, pues adems de que hoy tratamos con aventureros mal intencionados y prfidos, que a cada paso nos burlan y han sido la principal causa de las lastimosas e inauditas quiebras que son pblicas, les vendemos nuestro azcar cuarenta por ciento menos de lo que nos pagaba antes de la presente guerra el comercio nacional; estn a precios altsimos muchos de los renglones de primera magnitud y en ninguno conocemos ventajosa diferencia. Pido a la Junta que mande calificar estos hechos haciendo que se examine el clculo que acompao para saber si es cierto, como lo estoy creyendo, que pasan de ocho millones de pesos lo que ganara La Habana con ver restablecido su trfico al estado en que se hallaba antes de la guerra. Y perdiendo todo esto, habr quien quiera todava aumentar nuestras desgracias? Nadie puede interesarse en detener el rpido e increble vuelo que con la ruina del Guarico tomaba nuestra agricultura. Todos los espaoles deben, por el contrario, contribuir a que nosotros aprovechemos el breve y feliz momento de ocupar en el comercio de Europa el lugar que antes tena la desgraciada Santo Domingo. En esto es en lo que consiste el

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /299 /299 /299 /299 /299 verdadero inters del comercio nacional. Permtaseme recomendrselo, y same igualmente lcito hacer a S.M. presente que slo para aprovechar tan importante ocasin se ha establecido esta Junta y concedido mil gracias que de nada serviran, si faltase un solo ao el saludable movimiento de la introduccin y extraccin. A l ocurren los ingleses en semejantes casosQu monstruo desconocido es se de la comunicacin con neutrales o extranjeros ? Con el mismo, con mayor empeo que Espaa, se defienden los ingleses y se defendi la monarqua francesa de dar parte a otras naciones en la navegacin y comercio, especialmente en sus colonias; pero en la verdadera urgencia siempre han cedido gustosos lo que no podan conservar. Y as hemos visto a los primeros que, olvidados de la superioridad de sus escuadras, buscaron a los neutrales para cederles una parte de su navegacin en Italia y Francia. Los vimos en 1782 franquear sus puertos de Amrica a los que quisieron socorrerlos, y por ltimo consentir despus de largas disputas en que, haya paz o haya guerra, vayan all extranjeros con vveres y otros auxilios. Los francesesFrancia adopt tambin este temperamento en su gobierno monrquico. Abran los brazos hasta para sus enemigos si iban a sus colonias con socorros o con negros; en la paz estableci slo para Santo Domingo tres puertos francos para que los extranjeros pudiesen introducir negros, vveres, maderas, duelas, etc. Ahora practican lo mismo, y si no son abultadas las noticias que me han dado, nuestro rival vuelve al orden y se ocupa en fomentar un comercio que puede ser nuestra ruina. Imitndolos nosotros cedimos a la inflexibilidad con que se aplicaron sobre esto las primitivas leyes, y no slo por sentimiento de justicia sino de verdadera utilidad abrimos para extranjeros la libre contratacin de Trinidad y Nueva Orleans e hicimos la debida distincin entre las colonias puramente agricultoras y las que no lo eran; quedaron stas en todos tiempos y en todos ramos dependientes al comercio nacional y de sus propios recursos, y las otras consiguieron tener un trfico abierto para traer o recibir del extranjero, en la paz, negros, utensilios rurales, mquinas, duelas, etc. Con ms franquicia consentimos en la guerra de 1779 que, a pesar de nuestra superioridad martima, entrasen en La Habana neutrales con toda clase de comestibles, tolerando con razn que introdujesen efectos en distintas ocasiones. Lo mismo en la de 1793, sin embargo de haberse hecho

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OBRAS 300\ 300\ 300\ 300\ 300\ sin riesgo alguno en el mar; y en la actual, antes de la Real Orden de 18 de noviembre de 1797, aprob S.M. por la de 23 de julio del mismo ao la introduccin de vveres y ropas gruesas. Por tanto, no veo la razn de que se presente con un aspecto ominoso un recurso tan natural y tan usado por todos.En su defecto resucitara el comercio de los ingleses y a este mal reuniran otros de igual o mayor tamaoPeor sera que lo reemplazase el ilcito ruinoso comercio que por fuerza haba de entablar un enemigo que es dueo de nuestras desiertas costas. Ahora logramos verlo muy minorado porque falta su incentivo, que es el extremado lucro. Pero restablecido ste por la ausencia de los neutrales volver con ms vigor tan pernicioso trfico; y adems de las ganancias que logren en sus efectos, tendrn los enemigos otras tres de la mayor monta: la de sacar el numerario, dejando nuestro comercio interior en la mayor confusin; la de vender sus frutos en los mercados de Europa, sin concurrencia de los nuestros; y, la principal de todas, convertir en esqueleto a la colonia rival, a la que se preparaba para consolar en la paz y ser el ms til fomento del comercio y navegacin espaoles.Confesamos que no se hizo para esta Isla la Real Orden de 20 de abril, sino la de 18 de noviembreMe parece que los peor intencionados, los que menos amen a su Rey y a su nacin, han de callar y ceder a la irresistible fuerza de tantos convencimientos, confesando con nosotros que no se hizo para esta Isla la Real Orden circular de 20 de abril. Pretendern cuando ms que la de 18 de noviembre se observe literalmente, en el punto de extraccin, y que en cuanto a la introduccin se limite a los artculos de primera necesidad.Entendindose, en cuanto a retornos, del modo que se entendi en La HabanaEstablecer lo primero, esto es, obligar a los neutrales a que lleven sus retornos a Espaa es lo mismo que proscribir su comercio, porque se les estrecha a hacerlo con igual riesgo que si estuviesen en guerra, supuesto lo que se dijo al final del prrafo.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /301 /301 /301 /301 /301Y no limitando la introduccin de artculos de primera necesidadEn cuanto a lo segundo, sabe V.S. que yo he sido en otros tiempos el ms tenaz defensor de este temperamento; pero con mejor reflexin y con el auxilio de la experiencia he visto que sobre ser imposible sealar estos artculos, lo que vendra a conseguirse sera abrir la puerta a mil abusos tan perjudiciales a nuestro inters como tiles al enemigo. Por qu es imposibleSlo tomando al hombre en el estado natural o en los primeros pasos de su civilizacin, pueden determinarse los artculos llamados de primera necesidad, porque entonces ya se sabe que ni el pan le era preciso para conservar su vida, su vigor e independencia pero despus que dejamos la desnudez y el alimento de los brutos y que afanados siempre por mejorar nuestra existencia hemos consumido setenta siglos en multiplicar sus goces y hacerlos necesidades, yo no s cmo es posible determinar los renglones que indispensablemente se exigen para vivir, y mucho menos alcanzo cmo puede haber para esto una regla universal, cuando por el clima, por el Gobierno, por la religin, por la riqueza y costumbres, son tan variadas entre las naciones, entre las ciudades y aun entre los individuos las necesidades humanas. Crece esta dificultad en los pases que, como La Habana, reciben de fuera casi todos sus consumos y que precisados a pagarlos con sus frutos han de sentir en ellos un perjudicial reflujo, siempre que se limiten los fondos del comprador, o lo que vale lo mismo, los renglones de importacin. Porque, quin es el que puede sealar la incierta y oscura lnea de esta fatal divisin, la medida necesaria para que llegue a extraerse sin un gran abatimiento la cantidad de frutos que paga nuestra subsistencia y la de nuestras haciendas? Esto es mucho ms sensible al considerar que con excluir los artculos que se llaman de lujo no se impide su introduccin; pues nuestros enemigos la haban de hacer por la costa, y de aqu resultaran los infinitos males que hemos indicado en uno de los prrafos de este papel. Por otra parte, no descubro las ventajas que puede haber en limitar el comercio de neutrales a los pretendidos artculos de primera necesidad. Si esto se hiciera por proteger en lo posible las producciones nacionales, evitndoles la concurrencia de las extranjeras de igual clase, y efectivamente se consiguiera, digo que justo sera pasar por tal sacrificio; pero cuando considero que los ms de los artculos nacionales son de primera

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OBRAS 302\ 302\ 302\ 302\ 302\ necesidad y que todos o la mayor parte de los que se excluyen son producciones extranjeras, veo que la limitacin no nace del laudable deseo de favorecer la industria de los agricultores y artistas metropolitanos, sino del insignificante y quimrico de proteger en tan imposibles circunstancias los fletes y comisiones de nuestro comercio. Bastante se ha dicho sobre esto, y bastante sobre todo. Tiempo es ya de poner fin a mis prolijas reflexiones y de pedir por ellas que, pues no encontramos arbitrios de mantener en esta guerra un trfico directo con Espaa; que, pues, el comercio nacional no puede desempear por ahora la sagrada obligacin que tiene de proveernos, es de su inters, es de su justicia y sobre todo de la del Soberano y de sus representantes en esta Isla sostener al sustituto que sabiamente le dio la Real Orden circular de 18 de noviembre y posteriores acuerdos, declarando que muy lejos de ser acreedores a la reforma intentada por la de 20 de abril, exige todo lo contrario el examen del asunto contrayndole a esta Isla; por lo que con mayores franquicias debe ensancharse un camino que se abre por necesidad, que se ha usado y se usar con la moderacin deseada, y que en lugar de hacer bien a nuestros aborrecidos enemigos slo lo hara a la nacin y a su Monarca benfico. Habana, 22 de septiembre de 1799. Francisco de Arango. ACUERDO FINAL. Habana, veintitrs de septiembre de mil setecientos noventa y nueve. En Junta de Gobierno extraordinaria habida en este da, presentes los Seores D. Jos Ricardo O’Farrill, Prior; D. Juan Jos Patrn y D. Felipe Fernndez de Silva, Cnsules; D. Jos Manuel Lpez, D. Nicols Calvo, Marqus de Crdenas y de Monte Hermoso; D. Gonzalo de Herrera; D. Jos Vicente Valds; D. Juan Cabo; D. Pedro Mara Ramrez y D. Pedro Diago, Consiliarios; D. Francisco de Arango, Sndico; D. Antonio del Valle Hernndez, Secretario; D. Ciriaco de Arango, Contador; y D. Jos Rafael de Armas, Tesorero. Teniendo por objeto esta sesin extraordinaria concluir y poner el sello al expediente instruido en cumplimiento de la Real Orden de 20 de abril que ha cerca de dos meses nos tiene desvelados, en ocasin en que concluye con el presente mes la prrroga del trfico de gneros y efectos concedida por los Seores Jefes en 17 del pasado, se hizo lectura del dictamen que sobre el citado expediente dio por escrito el Sr. Sndico, y respecto a lo que en l pide en orden al clculo por mayor que presenta de los perjuicios que nos causa la actual guerra, o lo que es lo mismo, la ausencia del comercio nacional, se acord que con el fin de que la calificacin de dicho clculo se haga con la mayor imparcialidad y nunca pueda quedar en l la mayor sospecha de exageracin, se pida al apoderado del Consulado de Cdiz tenga a bien examinarlo detenidamente y hacemos constar su dictamen sobre l, y que tambin se suplique a los Seores Jefes de la colonia se sirvan satisfacerse de la verdad y certeza del mencionado clculo del modo que tengan por ms conveniente.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /303 /303 /303 /303 /303 Evacuado este incidente y volviendo a lo principal, la Junta, convencida nuevamente, por el mrito del expediente y de las ajustadas e irrefragables reflexiones que el Sr. Sndico ha hecho en su precitado dictamen de que por ocasin de la guerra y falta de comercio nacional, aun gozando esta Isla del de los neutrales, sufre un quebranto anual de cerca de cinco millones de pesos; que aquel remedio, aunque escaso y subsidiario, es el nico que ha podido y puede precaver su total ruina por las particulares razones que de bulto influyen con respecto a otras colonias; y que en trminos tan claros, justos y demostrados no cabe temer de la Soberana justificacin que se desagrade del uso del nico recurso til para mantener, aunque con la explicada decadencia, a una Isla de tanta importancia al Estado; acord por unanimidad de votos que por oficio y copia a la letra del expediente se suplique a los Seores Jefes, Capitn General e Intendente la continuacin del permiso durante la guerra, sin diferencia y como lo haba antes del recibo de la novsima Real Orden circular; manifestando en dicho oficio la confianza con que desde luego se promete del notorio celo, ilustracin y amor de SS.SS. a todo lo que interesa al Real servicio y bien pblico el pronto y favorable xito de su splica; y que tambin se haga derechamente a S.M. con igual copia por el Ministerio de Estado de Hacienda, segn la Junta debe ejecutarlo y lo observa en todos los puntos graves. Habana, 5 de octubre de 1799. Antonio del Valle Hernndez, Secretario.Notas1Este Dictamen se public en los nmeros 124 y 125 de El Centinela de la Habana del domingo 28 de diciembre de 1813, peridico que diriga Don Antonio del Valle Hernndez, Secretario del Consulado. ( Vidal Morales y Morales .)

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JUNT JUNT JUNT JUNT JUNT A DE EQUIV A DE EQUIV A DE EQUIV A DE EQUIV A DE EQUIV ALENTES P ALENTES P ALENTES P ALENTES P ALENTES P ARA SOCORRER A ARA SOCORRER A ARA SOCORRER A ARA SOCORRER A ARA SOCORRER A LOS EMIGRADOS DE SANTO DOMINGO LOS EMIGRADOS DE SANTO DOMINGO LOS EMIGRADOS DE SANTO DOMINGO LOS EMIGRADOS DE SANTO DOMINGO LOS EMIGRADOS DE SANTO DOMINGOLa Junta de Equivalentes tom esta denominacin para explicar su instituto, o al menos su principal objeto; y as no puede decirse que tuvo tan solamente el de dar algn socorro a los que de Santo Domingo llegasen con verdadera urgencia. Creada para cumplir las Reales determinaciones que en 8 de septiembre de 1795 se comunicaron a esta Capitana General y a la de Santo Domingo, conviene tener presente que S.M. en la ltima promete transportar de balde y dar un equivalente en nuestra Isla a todos los vecinos de aqulla que quisiesen continuar bajo de su justo gobierno; y para que se cumpliese con toda religiosidad su Soberana palabra, quiso prevenir por la otra al Gobernador que entonces tena esta plaza. Primero, que se impusiera de lo que sobre el particular se deca al Presidente de Santo Domingo; segundo, que preparase todo lo necesario para la hospitalidad de aquellas pobres gentes; y, tercero, que desde luego les diese tierras en parajes oportunos con los tiles y mquinas que creyera convenientes. La Junta, que al comenzar sus sesiones se hall sin fondos ningunos, sin tierras de que poder disponer y sin noticias tampoco del nmero y calidades de la gente que vena, no pudo acordar otra cosa en su primera sesin que imponer al Soberano de estos impedimentos; pedir al Virrey de Mxico algn socorro de dinero; al Presidente de Santo Domingo las noticias necesarias, y decretar que entre tanto y como pronto remedio se diese hospitalidad por cuenta de la Real Hacienda a todos los necesitados que de Santo Domingo viniesen. Pero no siendo posible conocer al indigente; no siendo dable tampoco proporcionar los socorros a las necesidades; reconociendo asimismo que todos tendran alguna y que quien menos tuviese tendra quizs derecho al equivalente ofrecido, se reform aquel acuerdo y, sin excepcin, se mand asistir con tres reales diarios a todos los nobles padres de familia que fuesen llegando y con real y medio a los dems, encargndose al Ayuntamiento y Oficial comisionado que cuanto antes colocase en sus respectivos oficios a los que tuviesen alguno para que cesara entonces la sealada pensin. Abandonse asimismo el proyecto de alojar a nuestros huspedes

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /305 /305 /305 /305 /305 en los castillos, casas del Pilar, etc., y autorizando al Oficial comisionado para que en la ciudad y extramuros alquilara las casas necesarias; sin duda se les dej arbitrios para establecer el sistema que por fin prevaleci, esto es, el de dar en dinero el alquiler de la casa correspondiente a cada uno. stos fueron en sustancia nuestros primitivos acuerdos provisionales en todo; pero dispositivos para que se diesen las moderadas pensiones que hoy gozan los dominicanos. Por ms que me he detenido en examinarlos, ni veo que se pusiese plaza para estas pensiones ni de ellas encuentro excluidas a las personas y familias de los asalariados. S presume que la Junta lo saba; porque mi memoria me lo asoma; porque de hecho no las han gozado los ms; porque la Intendencia las neg expresamente a algunos y no es presumible lo hiciese sin conocimiento de la Junta; y porque a esto slo debemos atribuir la negativa que se dio en sesin de 30 de mayo de 1797 a la solicitud de pensiones que hacan la mujer del Teniente Coronel D. Joaqun Cols y la de D. Bernardo Rivera. Pero en el mismo laconismo y silencio de este acuerdo se est conociendo a las claras que la Junta penetraba la incongruencia de semejante procedimiento, y si condescenda en ello era por contemporizar con las difciles circunstancias en que se hallaba. En efecto, no se compadece la citada negativa con el otro acuerdo de 16 de marzo de 1796 en que se autoriz al Oficial comisionado para que volviera a dar pensiones a aquellos menestrales que o hubiesen perdido su acomodo o que con l no ganasen lo bastante para subsistir. Si los menestrales merecen toda esta consideracin, por qu no la mereceran las familias de los que vivan de sueldo en Santo Domingo, cuando es notorio que aqu no poda alcanzarles para la mitad que all? Pero dejemos esto para luego. No cortemos al presente el hilo de la breve y preliminar historia de nuestros procedimientos. Asentemos slo que hasta aqu todo era diminuto, todo provisional, sujeto a las variaciones que dictara en cada caso la prudencia de nuestro Presidente, de la Intendencia y del Oficial comisionado; y siempre pendiente del arreglo fundamental que habra de acordarse en la Junta, luego que reunidos los fondos solicitados y las instrucciones pedidas a S.M. y al Presidente de Santo Domingo, pudiera tratarse de equivalentes. El Sr. Virrey de Mxico se nos neg a lo primero. El Presidente de Santo Domingo dijo que en su conflicto era imposible tomar y remitir las noticias que se le exigan. El Gobernador de Cuba y la Intendencia nos informaron que no haba tierras realengas de que poder disponer y S.M., que aprob todas las disposiciones que la Junta haba tomado para socorrer a nuestros huspedes y que crey tambin que para todo habra habido con lo que el Virrey de Mxico nos hubiese remitido, dice que sobre equivalentes no haba urgencia por entonces, pues se haba suspendido la entrega de Santo Domingo.

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OBRAS 306\ 306\ 306\ 306\ 306\ Visto que nada haba venido de Mxico con aquel objeto; que el nmero de pensionistas se aumentaba diariamente; que las Cajas Reales de esta plaza no podan con sus atenciones; que varios particulares clamaban ya por sus equivalentes; que en efecto no haba tierras de que poder disponer; y sobre todo que urga hacer un arreglo fundamental en el asunto, se acord instruir nuevamente a S.M. del estado de las cosas, instar otra vez al Presidente por las noticias pedidas envindole una especie de modelo del orden con que deban venir, y continuar entre tanto las pensiones establecidas. Seguimos en esta situacin hasta abril de 1798 en que viendo la Intendencia que la Corte no contestaba; que el Presidente se negaba por segunda vez a remitir aquellas noticias, y que ya le era insoportable este cuantioso y extraordinario gusto, clam en Junta de 28 del citado mes por su suspensin o al menos porque fuesen estrechados los pensionistas a salir de La Habana, donde eran perjudiciales, e ir a parajes poco poblados en donde seran tiles, y en que el Rey podra ser ayudado con proposiciones semejantes a la de D. Jos Mara Escobar sobre poblacin en Jagua. La Junta no pudo acceder a la suspensin de pensiones, y el mismo Seor Intendente reconoci la justicia de esta resistencia consintiendo gustoso en el sealamiento de varios personas que no eran del todo indigentes pedidas en aquella misma sesin; pero s acordamos representar vivamente a S.M. las dificultades en que nos hallbamos y noticiarle que por va de ensayo se fabricaran veinticinco casas en Matanzas y se tentara el medio indirecto de suspender las pensiones, siempre que se negaran a disfrutarlas en Florida, Jagua o el citado Matanzas los que se hallaran en estado de emprender esos viajes. Pendiente la contestacin de S.M., ocurre la Contadura Principal de Ejrcito al Jefe de esta Real Hacienda pintndole con vivos colores las urgencias del Real Erario, la grandiosidad del gravamen, la mucha justicia que en su concepto haba para suspenderlo y la necesidad sobre todo de castigar y remediar varios abusos introducidos en la administracin de este ramo. Convencido del gran celo y de la muy recta intencin de la Contadura Principal, penetrado como ella de la escasez en que se hallan estas Cajas y de su dificultad en sobrellevar tanto gasto, no me puedo conformar con la suspensin que propone ni calificar de abusos muchos de los que cita. Hablemos de la suspensin. Despus entrarn los abusos y su oportuno remedio. Como la cuestin es saber si existe o no existe todava la obligacin de pagar las pensiones referidas; y ni stas ni ninguna otra se extingue con alegar que andan escasos los fondos necesarios al intento, yo contemplo que la Junta debe prescindir en un punto que, sobre ser inconexo, incumbe privativamente al departamento que el Rey tiene destinado para buscar los medios de desempear con exactitud e igualdad sus diferentes atencio-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /307 /307 /307 /307 /307 nes. Contraigamos, pues, la cuestin a saber si se deben las precitadas pensiones. Pudiera ponerse en duda que fuesen, como se ha credo, alimenticias y temporales slo para los necesitados y que ste, por ltimo, fuese el objeto final de nuestra Junta. Lo contrario se demuestra con la relacin que hice de sus acuerdos y de las Reales "rdenes de su ereccin. Est a la vista de Vuestras Seoras Ilustrsimas. Para socorro de los necesitados se idearon con efecto las pensiones cuando se consider que algunos no lo seran, y que habra facilidad de distinguir estas clases; pero vista, como dije, la imposibilidad de hacer este discernimiento, considerando tambin que al menos necesitado vendra muy bien este auxilio en nuestro caro pas, y sobre todo que ste sera ms acreedor quizs a mayor equivalente, la Junta legalmente obrando y queriendo en parte cumplir la sagrada obligacin que S.M. se impuso por su Real Orden de 8 de septiembre mand sin limitacin de tiempo y sin distincin de personas que se diera este socorro, mientras que averiguaba el verdadero derecho que cada uno tena al equivalente ofrecido. Esto, que tan conforme es a las reglas de justicia y a las que S.M. nos dio en sus citadas Reales "rdenes de 8 de septiembre, de 30 de diciembre de 1795 y de 25 de mayo de 1796, est ms que confirmado por la de 17 de octubre de 1798, expedida en favor de Da. Teresa de Mueses, y por el profundo silencio con que ha contestado la carta a las tres representaciones que se le han hecho, pintndole la situacin de las cosas y el remedio que pedan. Es, pues, imposible, y sera injusto, graduar ahora de provisionales las pensiones y tratar de suspender lo que el Rey tiene aprobado; mas, diremos lo que su innata piedad no puede dejar de hacer como principio de pago de la obligacin que contrajo con estos leales vasallos. Para esforzar su dictamen trae la Contadura a colacin lo ocurrido en 1763 con los buenos espaoles que abandonaron la Florida por seguir en el dominio del Monarca catlico; pero si yo no me engao, lo poco que puede sacarse de los papeles que la Intendencia ha enviado sobre este particular hablan decisivamente en favor de mi opinin. El Excmo. Sr. Conde de Ricla y no el Rey excit a los floridanos a que dejasen su pas y se viniesen a ste, ofreciendo remunerarles superabundantemente todo lo que perdiesen. Sabemos que la Florida era entonces en sustancia un presidio, y que, hablando en general, sus vecinos por lo mismo poco o nada perderan con variar de domicilio. Sin embargo, el Conde de Ricla, fiel a sus ofrecimientos, les seal pensin desde el momento que llegaron, y no nos consta si hubo en aquellos primeros tiempos la distincin de sexos que tanto se recomienda; consta, s, que comparada la baratura de entonces con la caresta de ahora, puede estimarse por doble el diario que se seal a los vecinos pobres del arenal en Florida

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OBRAS 308\ 308\ 308\ 308\ 308\ respecto del que nosotros damos a los ms acomodados de la frtil isla espaola. Consta tambin que, no contento el Conde de Ricla con aquella providencia, trat de cumplir su oferta de equivalentes dando una caballera de tierra, un negro y sesenta pesos a cada familia pobre que quiso establecerse en Matanzas; y consta, por ltimo, que aun despus de estos auxilios y del transcurso de siete aos no se atrevieron por s solos el Gobernador e Intendente de esta plaza a suspender las pensiones. Consultaron a la Corte y S.M., por razones que no estn a nuestra vista, parece que suprimi algunas en 1770, pues slo dej subsistentes para mujeres las que disfrutan todava. Fuera preciso probar la identidad de circunstancias y traernos otra orden que hablase con los dominicanos como con los floridanos para que tuviese fuerza la paridad que nos hace la Contadura Principal. Mientras no se d alguna prueba, mientras no venga la orden, mientras el Rey no nos diga que se suspendan las pensiones establecidas, yo sostendr la causa de aquellos desgraciados isleos con las mismas armas con que se les hace la guerra, y con el ejemplar citado de los floridanos dir que —con mejor derecho que ellos para ser socorridos, cuando no indemnizados— depende de S.M. y no de nosotros decir si ya nos hallamos en el caso de suspender o no sealar los establecidos socorros. En ellos habr habido abusos como siempre los ha habido en todo cuanto manejan los hombres, mucho ms cuando el asunto sobre ser complicado est en el aire y esperando de da en da reglas fundamentales. El oficio de la Contadura es descubrirlos, indicarlos, increparlos si se quiere, y lejos de merecer por esto mi crtica o desaprobacin se hace digna de mi elogio; pero yo me guardar de adherirme a su dictamen en los casos en que concluye contra los principios que deja establecidos, y nunca encontrar motivos para pedir con ella que se condene al oficial comisionado al reintegro de los pagamentos mal hechos. En semejantes materias no puede haber la tirantez que en las dems de Real Hacienda, y mientras no se descubra o mala fe o extrema omisin no debe tener entrada la responsabilidad del encargado, y ms cuando est sujeto a la intervencin de las Oficinas Reales que —como ahora lo ha hecho la Contadura Principal— pueden poner en tiempo el remedio conveniente. Convengo desde luego en que Josefa lvarez y Antonia de Paula Usos deben volver a la Real Hacienda lo que malamente han percibido, y convengo tambin en que el oficial comisionado sin orden de la Junta o de su Presidente no debi dar, contra el acuerdo de 3 de mayo de 1797, las pensiones de Da. Mara Mercedes Gasque, Da. Mara Beln Caro, Doa Micaela Snchez, Da. Mara Josefa Girn, Da. Mara del Carmen Sabin y Da. Felipa Snchez; porque todas son o mujeres o hijas de militares o de asalariados por la Real Hacienda; pero reclamo la justicia de la Junta en este punto; recuerdo la reflexin que antes hice en favor de estas

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /309 /309 /309 /309 /309 familias, ms meritorias a mi parecer que cualesquiera otras. Por aqulla, por las rdenes verbales que dieron al Oficial comisionado los dos primeros Seores Presidentes de esta Junta y por las facultades que expresa y tcitamente se confirieron al mismo oficial en el acuerdo de 16 de marzo de 1796, disculpo su condescendencia y contemplo que la Junta debe alegrarse de ella, y mandar que no sean de peor condicin que las dems dominicanas las que sean mujeres o hijas de los pobres defensores del Estado. En cuanto a Da. Catarina Campuzano no encuentro fundado el reparo de la Contadura; porque aunque es cierto que es mujer del Capitn D. Ignacio Caro, este caballero nunca ha llegado a venir, est en Santo Domingo con su sueldo, y su consorte por este motivo y por el de ser notorio que ha abandonado grandes comodidades y bienes es acreedora a mayor socorro. Recelo con la Contadura que D. Juan Ignacio Rendn no necesitar ya de la pensin que se le concedi por acuerdo de 28 de abril de 1798; pero la Junta es la que debe decidirlo, y mientras ella no suspenda esta asignacin ningn cargo puede hacerse al Oficial comisionado, como que el acuerdo fue que se le suministrase hasta que se supiera que por mejor establecido en su facultad no necesitaba de este auxilio. Est puesto en su lugar el reparo de la pensin de casa que con separacin de su madre disfruta Da. Mara Angustias Girn, siendo soltera y viviendo con aqulla; pero este hecho digno de remedio nace de la falta de reglas que hoy en el punto de casas, sujeto todo como se ha visto a la conciencia y arbitrio del oficial comisionado, que debi graduar las circunstancias de cada familia. Ya que nosotros lo sabemos, me parece que ste debe ser uno de los artculos del Reglamento que pide la Contadura y que voy a proponer por ltima parte de mi informe. Est visto que variando en los principios hemos de variar en algo en el plan de esta reforma. La Contadura slo reconoce por acreedores a los indigentes, yo he sentado lo contrario. Si bien se examine su informe, aun entre los necesitados no nos queda que escoger, pues sealndoles tiempo para que se acomoden, es claro que al cabo de cuatro aos todos deben suponerse fuera del caso de pensin, y mi dictamen fue y ser siempre que sin expresa orden de S.M. o sin proporcionar el equivalente ofrecido, a nadie puede quitarse la pensin que legtimamente goza. Discordamos por ltimo en otro punto menos sustancial, que es el de exponer a los dominicanos a que vayan, como van ahora los floridanos, a cobrar de Tabla Real; y discordamos en esto porque aunque reconozco que ste es el ms seguro medio de evitar abusos, veo que hay otros y que aqul es impracticable por infinitas seoras de la primera distincin, que antes se dejaran perecer que ir a pasar el sonrojo. Esto supuesto, paso a proponer las providencias que a mi parecer deben darse.

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OBRAS 310\ 310\ 310\ 310\ 310\ Soy de opinin que, exceptuando las solas personas de los que gozan sueldos, las de los libertos que aqu salieron de la esclavitud, las de los intrusos que aqu vinieron antes del 8 de septiembre, las personas de Antonia de Paula Usos y los hijos de Josefa lvarez, continen todos los dominicanos de ambos sexos gozando de las pensiones establecidas hasta que S.M. resuelva la consulta que sobre el particular debe hacerse; que se pase a la Contadura Principal una lista circunstanciada de todos los pensionistas; que el Oficial comisionado entregue otra sin falta mensualmente de la alta y baja que ocurra; que sin decreto de la Junta a nadie se d en lo sucesivo nueva pensin; que para evitar arbitrariedades en el punto de asignacin de casas, quede convenido que ha de ser de diez pesos para la familia del noble sea larga o corta y seis pesos para la del plebeyo; que se repartan sin demora en los trminos acordados las veinticinco casas de Matanzas; y que, pues es tan visible el beneficio que resulta a S.M. y a este pblico de establecer all cuantas familias se puedan, se construyan las otras veinticinco decretadas luego que lo permitan las presentes exigencias de estas Cajas, y se reportan en los mismos trminos. Y por ltimo, que al dar cuenta a S.M. de este acuerdo con copia ntegra, o como la Junta lo determine, se le recomiende la mediocridad de estas pensiones en un pas donde al ms infeliz jornalero no alcanza para comer los seis reales de plata que gana diariamente, la justicia con que la gozan estos emigrados, las grandes sumas que se necesitan para tratar de equivalentes, y el incalculable bien que a la seguridad de esta Isla resulta de aumentar por tan fcil medio la poblacin de blancos. La Junta resolver, como siempre, lo que sea ms conveniente. Habana y septiembre 26 de 1800. Francisco de Arango.

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SOBRE LA CREACI"N DE VENDUT SOBRE LA CREACI"N DE VENDUT SOBRE LA CREACI"N DE VENDUT SOBRE LA CREACI"N DE VENDUT SOBRE LA CREACI"N DE VENDUT AS O AS O AS O AS O AS O ALMONEDAS ALMONEDAS ALMONEDAS ALMONEDAS ALMONEDASSeor Presidente y Vocales: Se debe decir en obsequio de la verdad que en todas las oposiciones ya verbales, ya escritas, que se han hecho a la venduta o remate lcito no hay un argumento que convenza. Todos son recelos, todas sospechas, hijas de la prevencin que contra la novedad reina siempre; y as, es de creer que en este caso suceda lo que sucedi en otros muchos, y que los que por falta de experiencia y con la mejor fe reclaman contra la idea, vengan a ser despus sus mayores protectores. Oigamos los fundamentos de su actual resistencia. Cualquier persona de mala fe tendr arbitrio, podr sacrificar en la venduta los intereses ajenos. Es innegable, porque lo es tambin que en todas partes y tiempos hubo hombres dispuestos a abusar de la confianza; pero esto ha sucedido siempre sin que haya vendutas y no alcanzo que ellas provoquen o faciliten tales manejos. En ningn pas extranjero tiene derecho el consignatario para sacrificar indebidamente los efectos que se le consignan. Para esto se necesitan motivos u rdenes especiales de los dueos, y sin ellas es una misma la responsabilidad haya venduta o no la haya. Si se apuraran los ejemplares que sobre esto se citaron en la Junta, se vera que encierran algn misterio, y que al menos conservan los consignantes quejosos su derecho de reclamar contra los males consignatarios, del mismo modo que podan hacerlo en cualquiera otro caso de malversacin; pero nada es ms fcil entre nosotros que evitar todo riesgo haciendo pblica una verdad tan obvia por medio de una declaratoria del Tribunal que ha de cuidar su observancia. Entre tanto, convengamos en que con ella o sin ella ningn comerciante de crdito de los que hay en esta plaza se aventurar a sacrificar indebidamente los intereses ajenos. Tambin se dice que la prctica de los remates es desconocida en los dominios espaoles de Indias. Lo era igualmente el comercio de neutrales y la necesidad lo autoriz, y sus saludables efectos demostraron muy en breve la equivocacin de los que a l se opusieron. No es esto decir que el establecimiento de las vendutas sea de la clase e importancia del otro.

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OBRAS 312\ 312\ 312\ 312\ 312\ Lo que doy a entender es que el argumento de no estar en prctica lo que se promueve, debilsimo por s, es contra producentem cuando como ahora hay variacin de circunstancias; pues si las tales vendutas no son admisibles en nuestra Amrica, porque los espaoles que con ellas comercian no las tienen ni estiman, por razn inversa deben adoptarse cuando nuestro comercio es slo con extranjeros que las conocen y desean. Adems, no es verdad que estos remates pblicos sean aqu tan desconocidos como se supone. Ha habido y hay en La Habana ejemplares de vendutas, unos autorizados y otros sin autorizar. Qu son las quemazones, que en varias pocas ha habido y hay ahora, sino unas vendutas hechas sin la debida formalidad y con el agregado de que hacindose en ellas ventas por menor pueden causar perjuicio a las tiendas de menudeo? Y qu otro nombre merece el permiso que en 1794 se dio a D. David Nagle a tiempo que trataba de ausentarse de esta ciudad para que vendiese al mejor postor una porcin de negros bozales rezagados? La teora, digmoslo as, de estos remates o vendutas anda entre nosotros sin regla, del mismo modo que anduvo al principio entre los extranjeros, sobre lo cual referir el hecho siguiente. Una casa de comercio conocida con el nombre de Cudworth y Parrell fue la primera que en Charleston estableci la venduta, y habiendo la comunidad del comercio tratado de imponer a la mencionada casa en los capitales que remataba una pensin proporcionada quiso Cudworth eludir la ley de esta manera. Continu exponiendo los efectos uno por uno a la vista de los que queran comprar, y en lugar de pregones cada uno guardando silencio iba escribiendo con un lpiz sobre el mostrador el precio que ofreca; y cuando ste llegaba al punto que convena al vendutero, exhiba el rematador su dinero y se llevaba el gnero. Mas no vali esta treta; se fulmin contra el vendutero un proceso muy grave, del cual result que l quedase arruinado y las vendutas establecidas, en trminos de habrseme asegurado que slo en aquella ciudad hay al presente cinco autorizadas. Hemos dicho alga sobre los inconvenientes que se suponen en estos establecimientos. Hablemos de sus utilidades. No puede negarse que con ellas se acabarn de redondear ms prontamente los cargamentos, cuyas liquidaciones, a pretexto de rezagos, suelen detenerse a veces con malicia, a veces sin ella; que habr en la plaza mayor circulacin, porque es de creer que con semejante motivo salgan a luz caudales que sin l quedaran eternamente estancados; que los tenderos, lejos de sufrir en unos remates que son por mayor y al contado, cuentan con este sitio seguro donde proveerse a buenos precios; y que el Estado, por ltimo, tiene un arbitrio para auxiliar las obras pblicas. Pero tan ciertas son estas utilidades como es seguro que para conseguirlas es preciso contar con la integridad de las personas que han de

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /313 /313 /313 /313 /313 dirigir tales establecimientos. La formalidad de escribanos es, a mi parecer, excusada si el director del remate merece la confianza pblica y tiene las cualidades necesarias para que sus registros hagan fe. l debe estar bajo la inmediata inspeccin del Tribunal de Comercio y presentar cada mes al Gobierno, y al mismo Tribunal, una relacin jurada de las facturas originales de los remates. stos deben hacerse en das y horas determinados, anunciados previamente y bien conocidas del pblico, a quien de antemano ha de avisarse por carteles o por el peridico qu efectos son los que se rematan cada da. Tambin es sabido que si se hubiera de pagar alcabala de los efectos comerciales que se vendiesen en remates, no sera posible que se sostuviesen tales establecimientos. Su objeto es aumentar la circulacin de los efectos que habran de venderse en los almacenes, y ninguna razn puede darse para cobrar en la venduta lo que no se exige en aqullos. Mas ste es punto que por separado se debe tratar con la Intendencia General y me persuade que, examinado a buena luz, no se habra de empear en una exaccin que es contra artculo expreso del Reglamento de Alcabalas. Sobre estos antecedentes descansa el acuerdo que la Junta tiene hecho para recomendar al Gobierno que por el tiempo de la guerra permita en esta ciudad el establecimiento de una o ms vendutas. Los he tocado sin esforzarlos mucho y de paso he indicado algunas de las precauciones que son convenientes. Voy enseguida a recapitular todas las que creo necesarias para cumplir con las rdenes de la Junta, que en sustancia se redujeron a prevenirme que propusiese las reglas que debern gobernar en estos establecimientos. Ser la primera no fijar su nmero inviolablemente. Permitir dos por ahora. Sujetar la materia a nuevo examen dentro de un ao, para que si se notasen perjuicios que ahora no ocurren se supriman sin demora. Los administradores habrn de tener la probidad necesaria y adems harn de dar fianza abonada de su buena administracin y para todo accidente que no sea caso fortuito. Que toda clase de efectos, fincas y alhajas puedan rematarse en la venduta. Que la comisin se reduzca a cuatro y medio por ciento de la venta de efectos y a dos los de las de fincas, esclavos y embarcaciones; entendindose que aqu no se incluyan los gastos de conduccin y almacenaje que pase de quince das. Que sobre esta comisin se imponga un gravamen de cinco por ciento aplicable por el Gobierno a los objetos pblicos que mejor parezcan. Que a los tres das de verificada la venta se haya de entregar al dueo su producto y su cuenta.

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OBRAS 314\ 314\ 314\ 314\ 314\ Que el amo de los efectos se haya de instruir y contentar con las calidades del comprador, y no constando esta contenta sea responsable el vendutero de cualquier falta que resulte. Que se anuncien en el peridico con toda individualidad los efectos que van a rematarse y el da y hora en que esto se verificar. Que haya venduta todos los das que sean necesarios, con tal de que por el peridico o carteles se haya comunicado con anticipacin. Que el da que la hubiese est abierta desde las nueve de la maana hasta la una de la tarde. Y que mensualmente se presente al Gobierno y al Tribunal de Comercio una noticia circunstanciada de las operaciones hechas en el mes anterior. La Junta resolver lo que ms justo contemple. Habana y julio 29 de 1801. Francisco de Arango.

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INFORME SOBRE LA INTRODUCCI"N INFORME SOBRE LA INTRODUCCI"N INFORME SOBRE LA INTRODUCCI"N INFORME SOBRE LA INTRODUCCI"N INFORME SOBRE LA INTRODUCCI"N DEL HIELO DEL HIELO DEL HIELO DEL HIELO DEL HIELOSeor Presidente y dems Vocales: Nada ms agradable que las bebidas heladas en los tiempos de calor, y nada quizs ms fcil para la opulenta Habana que gozar de este consuelo en su riguroso esto. Van pasados, sin embargo, cerca de tres centurias y todava no ha habido quien se ocupe de este asunto. Lo voy yo a hacer este da, presentando al Consulado las tres cuestiones siguientes y las pocas reflexiones que a mi parecer permiten. Primera. Es posible que La Habana tenga hielo en el esto? Segunda. Su uso sera conveniente o perjudicial a la salud? Y Tercera. Ganaramos o perderamos con la introduccin de un artculo que fuese a aumentar nuestros gastos? Si es verdad, como aseguran personas muy fidedignas, que la plaza de Charleston recibe de Nueva York la mayor parte del hielo que consume, es claro que no hay inconveniente para que del mismo paraje y de algunos ms cercanos pueda conducirse a La Habana el que necesitamos, y slo falta en tal caso que, como se hace en todas partes, se construyan aqu pozos en donde como es debido se guarde y conserve el hielo. Tenemos hechos que comprueban tan fundadas conjeturas, pues hemos visto en tiempo del Sr. Marqus de la Torre, y en el ao antecedente, que sin precaucin ninguna se trajeron y llegaron en buen estado de Veracruz y Boston algunas porciones de hielo, y como llegaron stas pueden llegar muchas ms. En el segundo punto no puedo hablar porque no soy facultativo, pero me valdr de la opinin de uno muy respetable, y en su apoyo recordar antes que hay en Espaa ciudades donde el calor del verano es mayor que el de La Habana, y tanto en ellas como en la mayor parte de los pases que estn bajo la zona trrida se usan sin limitacin ni temor las bebidas heladas; pero sobre todo oigamos al respetable Rosier hablando de la materia “Si me he detenido —dice— en explicar las reglas que deben tenerse presentes para construir bien los pozos de hielo, no ha sido por satisfacer la sensualidad de los que gustan de las bebidas frescas, sino porque considero estos pozos como un objeto esencial y de primera necesidad, especialmente en las provincias meridionales donde el viento sur que llaman los

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OBRAS 316\ 316\ 316\ 316\ 316\ italianos siroco y que de seguido reina muchos das, produce calores vivos e insoportables a veces. De aqu resulta un estupor en todos los miembros y una dificultad en el estmago para hacer la digestin que son causas de la disentera y otras muchas enfermedades que llegan hasta el punto de hacerse epidemias. El hielo y las bebidas heladas entonan el estmago, y todo el sistema nervioso y musculoso participa del buen estado de aquella oficina. Con el hielo se sobrellevan sin angustias los mayores calores, y esto no es como los ms creen, porque refresca, sino porque da tono y remonta todos los resortes de la mquina.” Si gana tanto la salud con el hielo parece superfluo que entremos en la ltima cuestin, porque a tan gran inters deben ceder los dems; pero por fortuna ninguno hay que pueda ofenderse de la introduccin de este rengln porque la Junta sabe que para dar salida a algunos de nuestra industria que no la pueden tener por medio del comercio racional, se buscan en el extranjero artculos de introduccin que no sean perjudiciales a la industria de la Metrpoli. Ninguno al parecer ms adecuado que el hielo. El slo bastar quizs para extraer en la paz nuestras estancadas mieles, aguardiente, cucuruchos, etc., y he aqu un motivo nuevo y poderoso para que la Junta se ocupe de animar su introduccin y la buena construccin de pozos para recibirlo, sin lo cual nada se ha hecho. El mismo celebrado Rosier da las reglas necesarias con la claridad y menudencia que acostumbra. Si la Junta quiere saberlas que se anime a hacer el pequeo costo del primer pozo, muy fcil es traducirlas y ofrecerlas a su examen. En esto, como en todo, seguir las rdenes de este respetable Cuerpo y de su digno Presidente. Habana, 23 de septiembre de 1801. Francisco de Arango. En Junta de gobierno del Real Consulado, celebrada el 23 de septiembre de 1801, se acord pasase a manes del Sr. Gobernador Capitn General el papel del Sr. Arango para su examen y aprobacin superior. El Sr. Marqus de Someruelos en oficio de 15 de octubre de 1801 contest que —en vista de haberle informado el Tribunal del Protomedicato que no podan daar a la salud pblica las bebidas fras si se usaban con reglas de moderacin y a horas proporcionadas, como tambin que seran tiles al uso medicinal para las enfermedades que se originan de la rarefaccin y colicuacin de la sangre, que son tan frecuentes en los climas clidos— convena en que por entonces dispusiera el Real Consulado se hiciera slo un ensayo de este premeditado establecimiento, conducindose el hielo del paraje ms inmediato donde lo hubiera, ya fuera nacional o neutral, para que segn su resultado pudiera en lo adelante tomarse la providencia que ms conviniera.

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VOTO DEL SNDICO DEL REAL CONSULADO VOTO DEL SNDICO DEL REAL CONSULADO VOTO DEL SNDICO DEL REAL CONSULADO VOTO DEL SNDICO DEL REAL CONSULADO VOTO DEL SNDICO DEL REAL CONSULADO DE LA HABANA EN EL EXPEDIENTE DE LA HABANA EN EL EXPEDIENTE DE LA HABANA EN EL EXPEDIENTE DE LA HABANA EN EL EXPEDIENTE DE LA HABANA EN EL EXPEDIENTE FORMADO P FORMADO P FORMADO P FORMADO P FORMADO P ARA DELIBERAR ACERC ARA DELIBERAR ACERC ARA DELIBERAR ACERC ARA DELIBERAR ACERC ARA DELIBERAR ACERC A A A A A DE LOS GRA DE LOS GRA DE LOS GRA DE LOS GRA DE LOS GRA VES PERJUICIOS QUE SUFREN VES PERJUICIOS QUE SUFREN VES PERJUICIOS QUE SUFREN VES PERJUICIOS QUE SUFREN VES PERJUICIOS QUE SUFREN LA AGRICUL LA AGRICUL LA AGRICUL LA AGRICUL LA AGRICUL TURA Y COMERCIO TURA Y COMERCIO TURA Y COMERCIO TURA Y COMERCIO TURA Y COMERCIO por causa del Reglamento de Maderas que rega por causa del Reglamento de Maderas que rega por causa del Reglamento de Maderas que rega por causa del Reglamento de Maderas que rega por causa del Reglamento de Maderas que rega en esta Isla antes de la Real Cdula en esta Isla antes de la Real Cdula en esta Isla antes de la Real Cdula en esta Isla antes de la Real Cdula en esta Isla antes de la Real Cdula de 14 de febrero de 1800 de 14 de febrero de 1800 de 14 de febrero de 1800 de 14 de febrero de 1800 de 14 de febrero de 18001 1 1 1 1El Rey ha mandado que nuestra Junta examine, si es posible, si es til que sus Reales cortes de maderas se alejen de esta ciudad treinta leguas por lo menos. Dudar que de esta mudanza resultaran ventajas para nuestra propiedad agricultora y comercio, sera negar la verdad y oponerse abiertamente a lo que la misma Real Cdula nos est manifestando. Esta Junta, por tanto, en lo que debe fijarse es en saber si el Real Erario o el bien general del Estado pierde ms por otro lado, que lo que se cree que gana con la libertad y progresos de nuestra agricultura y comercio. Para hacer la comparacin con rigurosa exactitud y resolver con la misma, era preciso que de una parte visemos analizadas las insinuadas ventajas, y de la otra supiramos cules y cuntos eran los ponderados perjuicios que iba a sentir por su causa el inters nacional. Lo primero es imposible, porque siempre lo fue sujetar a clculo todos los bienes que en cualquier caso produce el libre uso del dominio; y an cuando fuese fcil, no deberamos perder tiempo en esta demostracin, si fuesen, como yo lo creo, areos y nulos los perjuicios que se oponen. A decir la verdad, no hemos conseguido hasta ahora que se nos individen en trminos generales, como nos lo anunci el primer dictamen del Excelentsimo Sr. Comandante de Marina. Con este motivo pedimos a S.E. una explicacin circunstanciada sobre este particular, y tal no puede llamarse la que nos dio en su papel de 9 de septiembre. La Junta deseaba saber a punto fijo la calidad y tamao de aquellos perjuicios, y lo que S.E. nos dice en sustancia es que los cortes Reales vienen a ser tiles a los treinta o cuarenta aos de su establecimiento, y que en este floreciente estado se hallan las que actualmente tenemos; por

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OBRAS 318\ 318\ 318\ 318\ 318\ lo cual sera su abandono tan perjudicial al Real Erario, como lo es para un particular el de una opulenta mina en el momento en que, desaguada y vencidos todos los obstculos, empezase a ser fructfera. Yo pienso todo lo contrario. No hallo analoga entre nuestro asunto y el de minas. Encuentro que el Real Erario iba a ganar y no a perder con llevar a otros parajes de esta Isla los cortes que en ella tiene de maderas; y pienso en general que en ninguno conviene por ahora mantenerlos treinta aos. Para hacerme entender me ver precisado a hablar ms de lo que quisiera, a explicar primero en lo que consiste un corte de maderas, sea de particular o del Rey, a pintar la situacin y estado de las de S.M. en esta jurisdiccin, y a hacer sensibles las ventajas o inconvenientes de estos establecimientos, tocando e ilustrando las cuestiones principales de esta importante materia. De todas las operaciones rsticas, tal vez es la menos costosa y ms sencilla la de cortar, labrar y arrastrar los rboles, pudiendo decirse que cuanto hay que saber en este ramo se aprende por instinto o, al menos, con la misma facilidad con que se explica. Todos saben las pocas en que conviene cortar cada clase de maderas. La ciencia de labrarlas es compaera de la de manejar el hacha, y la economa de las conducciones, que es el punto principal, consiste casi nicamente en cortar y suavizar las distancias. Lo que hemos dicho tiene la misma aplicacin al caso de haberse de menester un solo rbol, que al de necesitar muchos, y toda la diferencia que habr del uno al otro consistir en que un hombre, con el auxilio de un solo animal, podr desempear la primera operacin; y el nmero de hombres y animales se aumentar en proporcin de la cantidad de rboles que se solicitaren. Un particular de Matanzas, v. gr., necesita por una sola vez veinte tozas. Lo primero que solicita es el sitio ms cercano y de mejores maderas. Despus examina si hay modo de mantener con economa los hombres y animales precisos y al fin se decide por el sitio que mejor rene todas estas circunstancias. Su Majestad o sea otro particular que vive de vender maderas en la misma Matanzas y en La Habana, debe tener, por ejemplo, en sus almacenes, dos mil tozas cada ao; y en el tamao es en lo que esta operacin se distingue de la otra. Como que es ms vasta, necesita de por fuerza de ms hombres y animales, para cuya adquisicin y entretenimiento ya se ve son precisos ms combinacin y cuidados. Pero, a poco que se medite, se sabe lo que conviene, y en el caso de considerar que ofrece mayores ventajas el hacer de propia cuenta las operaciones de cortar, labrar y arrastrar, o asegurar por contratas la subsistencia de sus operarios y animales, o preparar por s mismo las siembras y habitaciones indispensables, prefi-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /319 /319 /319 /319 /319 riendo, conforme a las circunstancias, la compra al arrendamiento o el arrendamiento a la compra. Tan obvio como esto es que el corte que se comienza en los parajes ms cmodos y abundantes de maderas, se ha de continuar abriendo por donde fuere ms til, y todava es ms claro que el insensible y pequeo costo de estas comunicaciones, ni el de los capitales invertidos en dehesas, bueyes y carretas, pueden fijar en un paraje al especulador de maderas, ni an detenerlo en l, cuando haya llegado al punto de ver que le salen all ms caras que lo que le saldran en otro sitio ms abundante y cmodo; pero como siempre en esto ha habido quien suscite grandes dudas, es preciso detenernos en hacer ver, aunque sea con fastidio, que son vanas esas dudas. Hemos visto que, lo que con ms o menos abundancia se necesita para un corte grande o pequeo, son hombres, utensilios de agricultura, bueyes, carretas, dehesas y comunicaciones. Los cuatro primeros artculos nada pierden con pasar de un paraje a otro. Las dehesas y los caminos no pueden trasladarse; pero si las primeras son alquiladas, no tenemos caso, y si son compradas, mejor todava. Se sabe que una caballera de tierra en parajes distantes, montuosos y no cultivados, que son por fuerza los de un nuevo corte de maderas, vale la cuarta, la quinta y aun la sexta parte de aquello en que viene a estimarse, cuando abierto y descuajado su territorio comienzan a florecer en l las labranzas. Y as es que la Marina, que compr de mi familia el potrero San Pedro a razn de cuatrocientos pesos por caballera, puede enajenarle ahora al respecto de un mil seiscientos, porque a tanto se han vendido otras de labor contiguas que no son de igual bondad. En las fbricas, cercas y labranzas, no sera tanta la ganancia; pero es tan notorio que quienes fabrican y siembran ganan siempre cuando venden, como que nuestras gentes del campo buscan, por lo regular, su fortuna comprando tierras montuosas en puntos que comienzan a poblarse y vendindolas despus con mayor estimacin. Y en vista de esto, cmo podr decirse que en la mudanza de cortes se pierde con las dehesas? Lo que vemos cada da es que, con lo que vale la antigua que se vende, se establecen por lo menos otras dos de igual tamao en los partidos incultos. Y en cuanto a las arrendadas, si fueron con la irritante condicin de que concluido el arrendamiento no se cobren las mejoras necesarias o tiles, es innegable la prdida que se supone; pero una de dos, o el ajuste se hizo de esa manera, en consideracin a la baratura del arrendamiento, esto es, a que el amo pagaba las mejoras con lo que de la renta de sus tierras dejaba de percibir cada ao, o es muy necio el arrendatario que renuncia a un cobro tan justo y usual; y, en ninguno de los dos casos, puede formarse argumento. Y qu mejoras son sas que tanto se ponderan y tan poco se especifican? Una cerca de palos y cuatro casas de paja, que en cada potrero vendrn a valer mil pesos. Tales son las que el Rey ha hecho en todos los

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OBRAS 320\ 320\ 320\ 320\ 320\ que tiene arrendados, y a fe que S.M. no hablar de prdidas, porque habindolos tomado con su comodidad, hace veinticinco aos los disfruta sin alteracin, por la misma renta, y en ninguno ha hecho ms obras que las indispensables o muy tiles para sus mismos trabajos, esto es, una cerca de palos y cuatro barracas de paja. ¡Qu objeto para detener una gran operacin! Si la Junta tiene duda, mndelo examinar, y por lo pronto pregunte al Caballero Sndico de la ciudad si no es cierto que as sucede con un potrero de su casa, que arrendado desde los principios en cuatrocientos pesos anuales, poda muy bien ganar ms del doble. Y los caminos? Supongamos que todos los del Rey en estos cortes tienen el ancho de diecisis varas, y que sean catorce las leguas como se asienta abiertamente por la Marina en cada corte. Supongamos tambin que hay tres cortes Reales existentes, cuando en realidad slo hay o debe haber uno. Qu resultara de todo esto? Que la prdida es de cuarenta y dos leguas de carretera, las cuales, reducidas a varas planas, componen una superficie de tres millones trescientas mil varas cuadradas, que con la diferencia de dos mil setecientos sesenta y ocho equivale a la superficie que tienen diecisiete de nuestras caballeras. El rompimiento y limpia de estas dieciocho caballeras no cuesta diecisiete mil pesos en el pas, y he aqu a lo que puede llegar el mximo valor o costo de estas cuarenta y dos leguas de carretera, dndole un ancho que tiene pocas veces, suponiendo tres cortes, cuando en realidad slo hay uno; y desentendindonos, por ltimo, de que ese camino Real ha pasado y pasa por muchos lugares que ya estaban abiertos y no necesitaron, por tanto, de ningn trabajo. Y si queremos explicarnos con exactitud y verdad, cmo podremos sufrir que se nos pongan en cuenta unos caminos que ya estn pagados y cuyos costos pueden llamarse nulos? S, ya estn pagados; porque se sabe que desde que se emprende el corte y arrastre de la primera toza, es preciso abrir alguna parte del camino, y de este trabajo hecho por los mismos conductores, se carga por necesidad en el costo de la toza; siguen las que estn ms lejos y el camino se va abriendo en igual conformidad. Por qu, pues, se llama prdida lo que se hace sin sentir y est satisfecho en la misma conformidad cuando llega a abandonarse? Los pobres particulares ni dan valor ni se acuerdan de los caminos que abrieron; y el Rey, que con sus esclavos y presidiarios los forma, casi a ningn costo, podr hacer caso de ellos? Todas las haciendas, todas las fincas rurales tienen ms o menos comunicaciones abiertas para sus necesidades y nunca, por jams, han sido considerados como parte de su precio. La misma Marina sigue su ejemplo, en el presupuesto que ltimamente nos present sobre el precio que aqu tiene un codo cbico de madera, pues vemos que valundose en l todos los artculos de que se compone el corte Real de Matanzas, prescinde absolutamente de lo que son caminos.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /321 /321 /321 /321 /321 No ha faltado quien diga, ni faltar quiz quien repita que el Rey no abre los suyos como los particulares, porque aqullos se contentan con ir abriendo los que van necesitando para sacar sus maderas; y el Rey, como ha de permanecer en un sitio mucho tiempo, comienza por establecer comunicaciones de extremo a extremo del corte. Sin disputar la verdad de este hecho, como pudiramos hacerlo con los planos que el Excelentsimo Sr. Comandante de Marina nos ha presentado; sin criticar tampoco tan errado sistema; sin hacer ver la economa que a poca reflexin ofrece el de los particulares, que consiste en sacar primero lo que ms cerca se halla; dir slo que lo que vendra a suceder en tal caso sera que el Rey adelantase el trabajo que sucesivamente deba hacerse por partes. Mas no por eso dejar de cargar en cada toza lo que le corresponda en el costo de la apertura. Disipado, en mi opinin, el temor fantstico de prdidas en caminos y potreros o dehesas, y sin medio, por consecuencia, de sostener las que se suponan en el abandono de los actuales cortes, es menester acercarse a la peregrina especie de que en los cortes Reales faltan todava que extraer las ms tiles maderas, o hablando en el lenguaje hiperblico que se ha usado, de que los cortes del Rey estn hoy en el estado de una mina desaguada, siendo ahora cuando de ellas pudieron sacarse con mayor abundancia y menos costo las buenas maderas. Quin podr or sin asombro esta proposicin? Lo mejor es lo que queda. Pues, no es notorio que el corte de Alquzar fue enteramente abandonado en 1794, y que slo por la interrupcin de la navegacin costanera resucit ltimamente? No es igualmente pblico que el de Casiguas casi se halla en igual grado de abandono? Cmo, pues, aplicaremos aquella proposicin absoluta a esos dos abandonados o extenuados establecimientos? Mejor y menos costoso son, cimonos en nuestro caso; y se asienta que queda lo mejor, cuando estamos viendo que las pocas maderas que por la guerra se sacaban de Alquzar venan desde Majana y San Marcos con dieciocho leguas de arrastre; que las que se extraen por Jaruco del de Casiguas, que no son muchas ms, salen del Jobo a distancia de doce y catorce leguas; y que las que suministra el predilecto corte de Matanzas se sacan de San Andrs. Se podr persuadir que las maderas de dieciocho, trece y nueve leguas tienen a S.M. ms cuenta que las que sac, por ejemplo de Govea que distaba slo dos leguas, del tumbadero de Almendares, que era el de Alquzar; de la misma hacienda de Casiguas, que slo distaba dos leguas de Jaruco; y de Santa Ana y San Pedro, que apenas estarn dos y media del de Matanzas? Yo no veo, adems, la utilidad que pueda esperarse de especie tan improbable, porque en nuestro caso nada podra influir el que fuesen ms baratas las maderas de San Marcos, Jobo y San Andrs, que lo que fueron las de Govea, Casiguas y Santa Ana. Lo que importaba averiguar, lo que

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OBRAS 322\ 322\ 322\ 322\ 322\ importara probar sera que las de San Marcos, Jobo y San Andrs salan a S.M. ms baratas que las que podan sacar de otros parajes de la Isla que no estn en nuestra jurisdiccin. Yo bien s que para hablar con propiedad en este punto sera preciso tener a la vista un estado de las distancias y costos que tienen las maderas de la Isla; pero, por desgracia, no las hay; y yo que no soy responsable de esta falta, no creo que para suplirla sea menester sealar con el dedo los parajes en que ms conveniente fuere establecer los cortes. Sabemos que por repetidas Reales "rdenes, y especialmente por la de 18 de agosto de 1767, est recomendada la baha de Jagua. Nadie puede dejar de creer que con iguales ventajas haya otros muchos parajes en tantos centenares de leguas que de monte bravo quedan todava en la Isla. Es inconcuso que en ninguno pueden quedar las maderas tan lejos como se hallan las que actualmente se extraen, y de todo esto tenemos una irrefragable prueba en el reconocimiento que slo de la parte oriental hizo el Sr. D. Miguel de la Puente, en el que, segn unos, dej marcados cinco millones de codos cbicos, y tres, segn otros, el que ms a cinco leguas del mar. Por qu, pues, no van all los cortes que ac tenemos? En ello, despus de ahorrar S.M. dos tercias del tiro, hara un gran bien a la naciente poblacin de aquellos pases, sin perjuicio a sus escasas necesidades de madera, y en parte se realizaran los saludables deseos que el mismo Sr. Puente manifest de resguardan con pequeas poblaciones las costas que hoy estn abiertas a nuestros temibles rivales. Reflexinese un poco y se ver que lo que es un mal para los parajes poblados, es un bien para los despoblados, en los cuales sin ningn gasto, antes bien con ganancias del Real Erario, veramos comenzar de repente otras tantas aldeas como fuesen los cortes que S.M. quisiese establecer, y al paso que en ochenta o noventa aos no puede esperarse que estas poblaciones lleguen a crecer hasta el punto que les perjudique la inmediacin de los Reales cortes, se sabe que se, sobre poco ms o menos, es el espacio de tiempo que por una parte tarda la naturaleza en reproducir los rboles, y el que, segn el Sr. Puente, necesita S.M. disfrutar de nuestros bosques, para que los de la Pennsula vuelvan a la clase de bravos. Aun cuando no fueran tan ciertos, tan fundados, tan exactos mis anteriores raciocinios; aun cuando, por el contrario, fuese verdad que las maderas de estas inmediaciones salan al Rey ms baratas que las de los dems parajes de la Isla, sera justo que sin designar ese ahorro nos decidamos a ciegas por un partido que es opuesto a las Reales intenciones? En la Real Orden fundamental de la Junta de Maderas est dispuesto se den al pblico todas las que necesite, y que por ningn pretexto se nieguen a la agricultura las tierras que puedan emplear, con lo cual se demuestra que la poblacin y agricultura de esta ciudad necesitan en su actual estado, no digo treinta leguas, sino cincuenta a barlovento y sotaven-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /323 /323 /323 /323 /323 to; no hay para qu detenernos en expresar ese clculo de ahorros que hemos visto por la inversa. Vamos a cuentas. En el juicioso papel que present a esta Junta el Caballero Sndico del Comn, hemos visto que, lo menos en el contorno de veinte leguas lo que hay son grandes poblaciones, opulentas haciendas de labor, infinidad de caseros que sin madera ninguna para sus muchas necesidades, tienen que traerla muy lejos a subidsimos precios; y si el examen se hace de buena fe con un poco de detencin, teniendo a la vista los mismos planos que la Marina ha presentado, habremos de confesar que cuando no lleguen, se acercan a veinticinco leguas las que en contorno de esta ciudad se hallan sin maderas ningunas; pues, aunque sin demolerse hay haciendas ms cercanas, vemos que otras a treinta leguas, como Guamacaro, estn demolidas por hallarse sin maderas y haber mucho tiempo que por all pasaron los cortes de S.M. Son stas las mismas palabras del informe que el Seor Subinspector de Montes ha dado a la Junta Particular de Maderas en su ltima sesin. En comprobacin de este hecho y de otros muy esenciales, conviene decir en este lugar que desde veinticinco a sesenta leguas de este puerto se hallan las ocho haciendas que en 1779 fueron designadas al abasto de maderas de esta poblacin. Para darles semejante destino se nombraron peritos que visitaron hasta cuarenta y siete, y por el informe de los reconocedores que con fecha de 9 de junio del mismo ao existe todava en la Secretara de Gobierno, se ve, primero, que los rboles buenos que las cuarenta y siete tenan, llegaron a veintiocho mil trescientos cuarenta; y segundo, que las ocho de las consignaciones, esto es, Pozas, Sierra Morena, Juanillas y Limones, a barlovento, y Ro de Puercos, Buenavista, San Marcos y Vija, a sotavento, tienen en todo ocho mil trescientos veinte rboles tiles. Por otra parte, sabe la Junta, y consta en los registros de la misma Secretara de Gobierno, que son veintiocho mil setecientos noventa y ocho las piezas de cedro, caoba, sabic, chicharrn, roble y guayacn que se han permitido sacar de las citadas ocho haciendas; y si suponemos, como por notoriedad lo hemos supuesto, que, a la sombra de aquellos permisos, se ha introducido en este puerto doble porcin por lo menos de maderas, la Junta, despus de admirar el abandono con que se ha mirado este importante ramo del abasto pblico, ha de convenir por fuerza en lo que todos sabemos, y es que para completar las cincuenta mil y tantas piezas de madera introducidas en La Habana desde 1780, ha sido preciso saquear todas las intermedias, o cuando menos, las que estn situadas a corta distancia de la costa. Y de todo resulta que cuando no estn limpias de maderas las treinta leguas pretendidas, al menos debe ser muy poca la que queda por sacar, situada por precisin a larga distancia de las costas. Y es de aqulla de que la Marina debe proveerse con preferencia a la que est a las orillas del mar? Estos cuatro palitroques, que ni con mucho alcanzan a cubrir las primeras

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OBRAS 324\ 324\ 324\ 324\ 324\ necesidades de las haciendas que se demuelan, no son dignos todava de vivir en libertad? Acabo de decir que las maderas que quedan en las haciendas que sin demoler se hallan dentro de las treinta leguas, no alcanzan para cubrir sus meras necesidades. Aado ahora que, aunque estuviesen ntegras, no alcanzaran, ni por ningn motivo debera visitarlas la Marina. Por el contrario, que de ellas debera enteramente desprenderse para cumplir con las Reales disposiciones del asunto, con los preceptos de la buena economa y aun de la buena fsica. De las referidas cuarenta y siete haciendas reconocidas en 1779 por el Teniente de Navo D. Flix Estrada, D. Jernimo de Enrquez y D. Rafael Lpez, las que resultan con ms maderas son Corral Feo y Crucecitas. A aqulla se asignan tres mil cuatrocientas cincuenta piezas, y a sta tres mil cien de catorce pulgadas arriba. Quiero dar por cierto que es mucha ms la madera que tienen, y les aumento de un golpe dos tercios, el uno de pura gracia, y el otro de horconadura; y aun as, lo que sacaremos en limpio ser que las dos haciendas ms abundantes comprenden diez mil novecientos dieciocho rboles de buena madera. Veamos ahora cuntos son los que esas mismas haciendas necesitarn para sus edificios el da que reduzcan a labor. Como para la asignacin de maderas las hemos considerado en toda la integridad de su terreno, es menester que en el mismo estado las contemplemos para la distribucin de sus tierras. Tienen, pues, las dos, ocho leguas completas, o lo que es lo mismo, poco ms de ochocientas treinta y dos caballeras. No pretendo que las ocho leguas sean a propsito para ingenio; slo una mitad considero en esta clase. La otra cuarta parte, propia para cafetales, y el resto, de inferior calidad, para sitios y potreros; y de tan moderadas suposiciones, vamos a ver lo que sale. En las cuatrocientas diecisis caballeras de caa caben sobradsimamente cuatro grandes ingenios y seis medianos. El mo, que es el de la primera clase, tiene sesenta y una caballeras, y ha consumido ms de dos mil tozas de maderas tiles, como lo convencen las mismas licencias que he pedido, y las que debe creerse que a su sombra me he tomado, como lo har ver con mis libros de cuentas, y como lo dir cualquiera que le haya llevado en la edificacin de sus fundos; pero siendo mi plan ponerlo todo por bajo, slo cuento con que sean mil doscientos rboles tiles los que para un ingenio grande se necesiten. Y por este lado nos hallamos con la necesidad de cuatro mil ochocientas. Los seis ingenios pequeos gastarn sobre seguro mucha mayor porcin; pero no queriendo asignar ms que ochocientas piezas para cada uno, saco en los seis, otras cuatro mil ochocientas. Diecisis cafetales y otros tantos sitios y potreros es lo menos en que pueden distribuirse las cuatrocientas diecisis restantes caballeras. Y si esto es moderadsimo, quin no dir que lo es mucho ms el regular cincuenta tozas buenas de todas maderas para las necesidades de cada uno

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /325 /325 /325 /325 /325 de estos predios? El menor de ellos habr menester un tercio ms, y algunos con cuatro tantos no tendrn bastante; pero, aun as, sacamos en las tres partidas, que son indispensables, once mil doscientos rboles buenos para las primeras necesidades de estas dos haciendas. Acordmonos que son slo diez mil novecientos diecisis los que estirando la cuerda supusimos en ellas, y sacaremos por consecuencia que en las haciendas ms abundantes de maderas faltan doscientas ochenta y cuatro piezas para sus primeras necesidades. Y qu les queda para reparaciones? Qu para los nuevos edificios que cada da se proyectan? Qu, por fin, para los que se han de hacer llegado el feliz caso de creacin de pueblos, o sea, slo de subdivisin de haciendas? Yo le dir en pocas palabras, si la Junta no quisiera tomarse el trabajo de preguntarlo a cualquier hacendado, no digo de los que estn a tres o cuatro leguas de este puerto, sino de los que se hallan a seis y siete. Les queda, seores, la necesidad de dar treinta y cinco y cuarenta pesos por una toza que, encontrada en sus montes, les costara a lo sumo cinco pesos de tumba y labor. La dura precisin para algunos de ir a buscar muy lejos una vigueta, una reja, una vara, un cuje, etctera. Si alguno piensa que exagero, haga una reflexin muy sencilla con los pocos documentos que tenemos a la vista. Mi ingenio que consta de sesenta y una caballeras, fue el primero que se estableci en un extremo del hato de Mayabeque. A este hato nunca llegaron los cortes de S.M., y en l, sin embargo, de sus catorce leguas de extensin, no pude proveerme de la madera precisa, pues la Junta ha visto por las mismas licencias que he pedido y que la Marina ha presentado, que tuve que ir a Barbudo, a Omoa, a Gabriel y Guanamn. No habr un amo de ingenio que no se haya encontrado en el mismo caso. Todos empezamos a pagar por cuatro la toza que despus nos cuesta diez y doce, y todos acabamos sin dejar en los bosques de nuestra propiedad un palo que sea de cuenta. Yo, por fin, tengo todava treinta y cinco caballeras de monte espeso con algunos palos buenos de pequeas dimensiones, y como estoy en el centro y a catorce leguas de esta ciudad, no me quedan tan lejos los bosques vrgenes. Pero, cul es el recurso con que cuentan quienes se hallan situados en el espacio intermedio? Cul encontrarn cuando lleguen a demolerse esas haciendas que estn dentro de las treinta leguas, y son las que ahora nos proveen? En buena economa, parece que ni caba que de all se extrajesen maderas para nuestras poblaciones; y, se podr sostener que la construccin naval entre en parte? Estamos viendo que la madera por su escasez o por su distancia, que es lo mismo, cuesta en las poblaciones y en el pas cultivado cuatrocientos por ciento ms de lo que costaba ha treinta aos. El Rey quiere que este mal se remedie. Y nos apoyaremos todava en su Real voluntad para dar parte a la Marina en unos bosques que, estando tan prximos al cultivo, deberan por lo mismo liberarse de contribuir la necesaria para las poblaciones?

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OBRAS 326\ 326\ 326\ 326\ 326\ Yo me confundo cuando oigo al Soberano mandar en todas sus Reales "rdenes que se den a la agricultura y al vecindario todas las tierras y maderas que hayan menester, y veo al propio tiempo que sin ninguna utilidad del Real Erario, con perjuicio, en mi opinin, se quiere quitar de aquellos ramos una parte de lo que con propiedad pueden llamar suyo para concedrsela poco despus en ajeno territorio, a doble distancia y con mayores costos. No hubiera sido ms conforme a razn, a las Reales intenciones, a los buenos principios del derecho de propiedad, de la economa civil, de la justicia y aun del mismo Real Erario, que el Rey se hubiese situado, o al menos se situase ahora, donde no perjudicara, esto es, donde en ochenta o cien aos no pudiera haber grande poblacin; y no que, por contrario sistema, deje quietos los despoblados, y quiera colocarse donde no hay lo necesario para la actual y prxima poblacin? No estamos en el caso de disputar preferencias; pero si lo estuvisemos, preguntara: Por quin se decidira el Real nimo? Querra primero hacer un navo que dejarnos sin casas en que hacer nuestras labores y con que formar las ciudades? Habra cabezas en que pudiese caber la idea de que el Rey pensase conservar de bosque, un solo instante, lo que pudiera convertir en fecundo y ameno jardn? Yo entiendo que lo que el Rey quiere decir cuando declara que con nuestras maderas se ocurra a las necesidades de su Armada y a las nuestras, es que, contando que hay para todos, desea que ambos ramos queden igualmente servidos por el orden ms natural. Es indiferente, cuando menos para la construccin naval, situar aqu o all sus cortes. La agricultura, al contrario siente notable perjuicio con lo que la Marina le quita poco antes de establecerse. Por qu, pues, slo ha de quitar? Por qu la ha de obligar a que despus vaya lejos a solicitar por gracia y con triplicados gastos lo que el Rey le ha concedido? Por qu ha de contribuir sin necesidad ninguna a la gran caresta que las poblaciones sufren en este importante ramo? No es tan fcil como esto el presentar las ventajas que saca S.M. con proveer de nuestras maderas sus arsenales de Europa. Lo que sabemos es que el Rey carga all por seis pesos el codo cbico de ellas. Nos consta tambin que en ocasiones se paga por el doble, y yo he odo asegurar a personas que no son capaces de mentir, que a tanto, nunca cuestan las de los montes de Espaa. Todos sabemos, han sido enormes las mermas y prdidas en las maderas remitidas desde aqu a la Pennsula. Y por ltimo, observamos que los ingleses y franceses, quienes tanto entienden de economa, nunca pensaron en los rboles de Amrica para la provisin de sus arsenales en Europa. Y aunque apurando estos hechos, pudiera muy bien probarse que en ningn caso convena a S.M. extraer nuestras maderas, mi nimo nunca ha sido llevar tan lejos la pluma. He prescindido y prescindo nuevamente de ese examen, y empeado solamente en probar que todos ganan con variar el actual sistema, dejando

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /327 /327 /327 /327 /327 en libertad las tierras cultivadas y prximas a cultivarse, llevando los cortes Reales a los lugares desiertos o menos poblados, y estableciendo tambin astilleros ambulantes, voy por ltimo a desvanecer hasta el remoto temor de que, por ese camino, pudieran quizs faltar las maderas que de nuestros bosques ha pedido o puede pedir la metrpoli. A cunto llega, pues, el nmero de codos cbicos que anualmente se nos pide? Esta pregunta, como todas las que de su especie hemos hecho, tendra para resolverse invencibles dificultades, si para allanarlas hubisemos de recurrir a las respectivas oficinas; pero, sobre mi responsabilidad, presentar a la Junta noticias seguras que puedan ser suficientes para su ilustracin en el caso. Para formar juicios sobre l, contemplo que es buen camino saber cunta es la madera que se ha remitido a Espaa y se ha consumido en este arsenal que desde que el Sr. D. Jos Manuel de Villena en 1788 tuvo el especial encargo de fomentar apara ambos objetos los cortes de maderas. Cuarenta y un buques han sido los que con maderas se han despachado en estos quince aos, y la suma total de sus cargamentos llega a nueve mil doscientos noventa y cinco codos y un quebrado, de madera dura, y a cincuenta y ocho mil ochocientos setenta y tres con otros quebrados de codos cbicos de cedro, que en todo componen sesenta y ocho mil ciento sesenta y ocho, en ocho mil trescientas doce tozas de rboles. Quitemos de estos quince aos, cinco que ha habido de guerra, en los cuales ha sido imposible la remisin. Repartamos entre los otros diez los sesenta y ocho mil ciento sesenta y ocho codos cbicos remitidos, y hallaremos que lo que toca a cada ao son seis mil ochocientos diecisis y seis dcimos, en ochocientas treinta y una piezas con dos dcimos de otra. Si la cuenta quiere hacerse de otro modo, tomando por punto de comparacin los aos de ms copiosas remesas, nos fijaremos en los de 1791, 1792 y 1793 que pueden llamarse los nicos de consideracin; y en los tres reunidos hallaremos que se enviaron mil quinientas veinticuatro piezas de madera dura, con siete mil novecientos diecinueve codos sin contar los quebrados, y once mil ciento sesenta y seis piezas de cedro, con cuarenta y cinco mil trescientos cincuenta y ocho codos, excluidos tambin los quebrados. Esto es lo mximo y todava no alcanzamos a dieciocho mil codos anuales. En el mismo tiempo, esto es, en los quince aos citados, se construyeron en este arsenal seis navos, siete fragatas, dos bergantines y alguna otra embarcacin menor, y ningn constructor dir que en estas embarcaciones y en las carenas que han ocurrido, pudieron gastarse ms de doscientos sesenta mil codos cbicos de nuestra madera, los cuales repartidos en los citados quince aos apenas pasan de diecisiete mil codos anuales.

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OBRAS 328\ 328\ 328\ 328\ 328\ De todo sacamos en limpio que, aun en los tiempos ms brillantes de nuestra construccin naval, no puede decirse que exceden de treinta y cinco mil codos cbicos los que de nuestros bosques deben sacarse anualmente para la contratacin naval. En el estado de nuestro Erario y de nuestras atenciones, no es posible creer que la construccin contine con vigor. Mas yo, no slo lo creo, sino que yendo ms lejos, me adelanto a suponer que llegarn a cincuenta mil codos cbicos los que cada ao, y por el espacio de cien, debemos contribuir para este objeto. La suma total de estos codos ser la de cinco millones, los mismos que sobre poco ms o menos dej marcados el Sr. Puente sin pasar de cabo de Cruz. Y cuntos sern los que se le escaparon, cuntos los que quedan desde aquel cabo hasta Jagua? Yo apelo al juicio de todos los prcticos en esta parte, quizs la ms feraz de nuestra Isla, y de su testimonio espero, cuando no mayor porcin, al menos igual a la que seal el Sr. Puente. Y si esto es verdad, cmo se puede hablar de falta de maderas? Falta de justo repartimiento es lo que podr haber; pero madera, sobran para el Rey en parajes en que no perjudique a sus vasallos. Si el medio de proporcionrselas ms baratas es tener abandonadas y en manos de nuestros enemigos las que se hallan en los despoblados, y sujetas a restricciones las que el vecindario pide y deben destinarse para sus usos, yo no penetro por qu el Sr. Puente, que tanta inteligencia y celo ha mostrado en esta parte del Real servicio, propuso a S.M. el pensamiento de llevar y multiplicar all los cortes o astilleros ambulantes, y dijo en el artculo 91 de su proyectado reglamento u ordenanza “que sin necesidad de pedir licencias pudiesen los agricultores cortar las maderas que para sus haciendas necesiten”. Tampoco alcanzo la razn que pueda haber para que los usos urbanos tengan sealado un territorio independiente de los Reales cortes, y que lo mismo no se haga con las atenciones rsticas, que cuando no sean preferibles son al menos iguales. Me confundo mucho ms cuando contra mi sistema, y a favor del que gobierna, oigo recomendar lo que la buena poltica y la buena fsica se interesan en la conservacin de montes. En efecto, la buena fsica por mil respectos y especialmente por el de las lluvias, y la economa rstica por otros no menos importantes y sabidos, exigen que toda hacienda, y con particularidad en las que necesitan edificios tan vastos como los de esta Isla, haya proporcionado terreno solamente destinado para la crianza de rboles. Mas esto, qu conexin tiene con lo que estamos tratando? Acaso con aquel objeto hay un solo artculo, un solo estmulo en el actual Reglamento de Montes? l empieza por quitar a los dueos o llmense poseedores de las haciendas no demolidas el derecho y el inters de conservar los rboles. Empieza, digo, por tomar un partido con el que puede decirse que slo la

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /329 /329 /329 /329 /329 Providencia Divina queda encargada del cuidado de nuestros bosques en los siglos que median hasta que la Marina los disfruta, y hecha esta operacin, lejos de haber ley que limite la tala o quema de los montes, ha odo la Junta que se nos ponen en cuenta los pocos rboles intiles que para lea conservan nuestras haciendas de labor. Repito, aunque sea con cansera, que yo no entiendo, que yo no atino con el motivo que pueda alegarse para desnudar de sus maderas unos fundos que habindolas menester dentro de poco, se hallan sin ellas, el da que las necesitan, y no slo tienen que pagarlas ms caras, sino tambin contribuir a la injusticia de poner a otros hacendados en el mismo duro caso. Preguntar mil veces si no es ms natural y ms justo que todos nos pongamos en el de tener con ms comodidad y baratura las maderas que se nos han concedido. Y siempre dir, por lo mismo, que a nada conduce la disputa del dominio o propiedad de los bosques. El Rey, prescindiendo de esa cuestin tan importante entre un padre justsimo y unos hijos que le adoran; el justo Carlos [Carlos IV] tiene dicho que lo que quiere, lo que conviene es que todos sean bien servidos. Sigamos sus piadosas huellas, busquemos con imparcialidad su verdadero inters, y veamos si consiste, como yo creo haberlo probado: 1 En que salgan de la jurisdiccin de esta ciudad, o al menos de cuarenta leguas de circunferencia los Reales cortes de Su Majestad. 2 En que esto no se ejecute de repente, sino con la prudencia necesaria, para que S.M. no sienta el menor perjuicio, de cuya combinacin cuidar la Real Junta de Maderas. 3 En que con la mayor inmediacin que de la costa sea posible y en proporcionada distancia de las grandes poblaciones, se multipliquen cuanto sea dable el nmero de los Reales cortes, para que al paso que eviten los robos de maderas que hacen los extranjeros, sigan la prudente y econmica regla de ir extrayendo primero que la ms lejana, la madera que en cualquier paraje de la Isla est ms cercana al mar; ms claro, que mientras que en Nipe o en Jagua sea fcil, por ejemplo, encontrarla a dos leguas de distancia, no dejemos sas, o para el enemigo, o para despus, y est la Marina ocupada en sacar con triple costo la que nuestra agricultura y nuestra poblacin necesitan en San Marcos, en el Jobo y San Andrs. 4 Que todos esos parajes desiertos en que por cien aos no es de esperar que haya poblacin considerable, sean reconocidos y marcados todos sus rboles de cuenta; que se imponga a cada propietario la obligacin de cuidarlos, defenderlos y presentarlos cuando la Marina los pida; y que al intento se formen por duplicado listas circunstanciadas de lo que hay en cada hacienda, que se depositarn en las respectivas secretaras de Gobierno y de Marina con los informes que dieren los respectivos Ayuntamientos de aquel distrito, y la calificacin que sobre ellos haga la Junta, con consideracin al estado y necesidad de cada pueblo.

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OBRAS 330\ 330\ 330\ 330\ 330\ 5 Que cada cinco aos se repita la misma visita en los trminos ms convenientes para evitar las acostumbradas vejaciones, de lo cual y de tomar medidas con que castigar en esta parte los descuidos de los hacendados y reparar las prdidas o faltas que haya, cuidar en particular la Junta de Maderas. 6 Que en recompensa de este cuidado tendrn los hacendados la seguridad de que nadie, sino el Rey, pueda entrar en sus bosques, y que de ellos tambin les ser lcito extraer sin licencia de nadie la madera no marcada. 7 Y quede derogado el artculo que sealaba territorio para proveer de maderas a las poblaciones de esta jurisdiccin, las cuales en lo sucesivo se entendern con los dueos de los territorios en que las hubiese sin marcar; y atendiendo a que ste en realidad no es medio de disminuir la caresta que se sufre en este ramo tan esencial; considerando que es ya excesiva la distancia a que nos quedan las maderas; reflexionando que mientras menos empleemos en usos de las nuestras, ms habr para los ms privilegiados; y advirtiendo, por ltimo, que lejos de perjudicarse, gana mucho el comercio nacional con permitir la introduccin de maderas extranjeras en cambio de melazas, aguardiente y otros artculos semejantes, y se establecer este trfico en trminos racionales. 8 Que subsistan en toda su fuerza las reglas establecidas para fijar el uso de las maderas preciosas, aumentando, si se quiere, las penas y la vigilancia, y quedando como siempre al cuidado de la Marina la severa ejecucin de tan justo e interesante arreglo. 9 Que la Junta de Agricultura y Comercio de esta Isla seale de sus fondos un fuerte premio para la Memoria que mejores medios proponga de fomentar nuestras buenas maderas, sin perjuicio de los progresos del cultivo; y con su vista provea la Junta de Maderas lo que fuere ms conveniente al fomento de un ramo que tanto interesa a la pblica felicidad. 10 Que en el inesperado caso de ser importante que se reduzca a cultivo alguna de las haciendas en que haya rboles marcados, sea preciso solicitarlo ante la Junta de Maderas, demostrando la necesidad de demoler y los medios de combinarla con la que hubiere de aprovechar los rboles de SuMajestad. 11 Y por lo que respecta a las otras haciendas que estn dentro de la jurisdiccin de esta ciudad y no tengan maderas marcadas, cuidar siempre la Junta de no permitir su demolicin sin que quede convencida de que hay utilidad, o lo que es lo mismo, posibilidad de ponerlas en cultivo; a cuyo intento se instruirn en uno y otro caso oportunos expedientes, oyendo en los primeros al Subinspector de Montes, y guardando a su dictamen toda la consideracin que debe merecer por su empleo y conocimientos en la materia. 12 Que la Junta de Maderas se componga en lo sucesivo de los Seores Gobernador, Comandante de Marina, Intendente de Ejrcito, Ingeniero

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /331 /331 /331 /331 /331 Hidrulico, Subinspector de Cortes, Sndico de la Ciudad, Sndico del Consulado, y dos hacendados respetables que anualmente se nombrarn a pluralidad de votos por la misma Junta; que sus sesiones sean doce al ao, fijando una cada mes, sin perjuicio de las extraordinarias que fueren precisas; que como hasta aqu, sea su Secretario el de Gobierno; que en ella se traten todas las materias que tengan relacin con montes y maderas; que la pluralidad de votos las decida, y que todos queden con arbitrio de representar al Soberano lo que juzguen conveniente, en caso de que su dictamen sea contrario al del acuerdo. Habana, 1 de diciembre de 1802. Francisco de Arango .Notas1Anales y Memorias de las Reales Juntas de Fomento y Sociedad Econmica, enero de 1850, t. III, p. 295.

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COMISI"N DIPLOMTICA AL GUARICO COMISI"N DIPLOMTICA AL GUARICO COMISI"N DIPLOMTICA AL GUARICO COMISI"N DIPLOMTICA AL GUARICO COMISI"N DIPLOMTICA AL GUARICOInstruccin que se da al Sr. D. Francisco de Arango para la Comisin con que pasa al Guarico1 Reclamar el pago por letras de cambio aceptables de las cantidades que en dinero efectivo se han entregado por este Gobierno, y las que importan las que se han gastado en otros auxilios, ya por la Real Hacienda ya por la Marina, de la composicin de los buques en este Arsenal, segn los documentos adjuntos; pues el General Leclerc ofreci, en su primera carta de 11 de febrero de 1802, hacerlo en libranzas sobre la Tesorera de Francia, y en otra de 18 de abril del mismo ao dijo pagara con letras que aguardaba sobre Veracruz el nuevo prstamo que peda de seiscientos mil pesos. 2 Que todo buque que sea indispensable su venida a este puerto ha de ser en lastre y sujetarse a nuestras leyes y Reales "rdenes, tanto por lo respectivo a Real Hacienda como a las de polica de las Ordenanzas de Marina; y por lo que gasten durante su precisa detencin lo hayan de pagar en dinero o letras de cambio aceptables, y el portador del pliego, si viniere alguno comisionado, debe volverse en el mismo buque as que se le entregue la respuesta; cuyo punto se arreglar en los trminos que previenen dichas leyes y posteriores Reales "rdenes, de algunas de las cuales se acompaan copias para proceder con el debido conocimiento. 3 Manifestar la justa queja de los negros ladinos que se han vendido furtivamente, de los que han trado en sus buques de guerra y del Estado, el contrabando hecho por los mismos, y desertores negros que se han ido en algunos buques; pidiendo al propio tiempo se tomen por aquel Gobierno las medidas necesarias para evitar en lo sucesivo se repitan estos excesos, si acaso hubiere precisin de venir algn buque al puerto, siempre sujeto a las reglas expresadas en el artculo antecedente.1Se advierte que aunque por las diligencias practicadas hasta el presente no se han encontrado ms negros vendidos por los buques de la Repblica que los que constan de los tres expedientes que llev en testimonio el Capitn de Navo Reynaud, se ha asegurado al Gobierno por

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /333 /333 /333 /333 /333 persona tenida por verdica que un oficial de los mismos buques le dijo que se haban vendido al pie de sesenta. Tambin debe tenerse presente que con fecha de 3 de enero ltimo pas oficio al Gobierno el citado Reynaud diciendo haberle dado parte el Teniente de Navo Monfort, Comandante de la goleta de la Repblica “Le Courrier”, en donde l vino a su comisin, que se le haban desertado cuatro marineros, y que por falta de stos pidi luego se le entregaran, como se verific el da 5 del citado enero, cuatro negros que vinieron en el bergantn “Necker”, nombrados Freman Larromel, Juan Francisco, Juan Pedro y Juan Bak, y por peticin de su Comandante se pusieron en depsito en la crcel por malvados, en 1 de noviembre de 1802, hasta que el mismo buque saliese del puerto. Igualmente se tendr presente que dicho Monfort entreg cuatro al francs Parent, que tiene el caf titulado El Comercio en la calle de Volcn, dice l para que se los guardase porque eran domsticos suyos. (ste es uno de los expedientes de venta de esclavos.) Solamente por venta preferira dejar estos buques y llevar los otros perversos para conducir setenta y cinco mil pesos al Guarico. 4 Se harn presentes los trescientos veintinueve mil pesos con que se qued el General negro Toussaint a su entrada violenta para tomar posesin de la capital y parte espaola de Santo Domingo, segn manifiesta el Sr. D. Joaqun Garca en los documentos que se acompaan; pues ya que no satisfagan dicha suma, al menos tendrn conocimientos de estos auxilios, y hacindolo reconocer el actual Gobierno en debida forma; se podr repetir por nuestra Corte su reintegro a la de Francia. 5 Se reclamar la parte de tropa que haya del Regimiento de Santo Domingo y del Real Cuerpo de Artillera que a peticin de Toussaint quedaron como auxiliares cuando su toma de posesin. 6 Como por disposicin del General Rochambeau se han abierto para los extranjeros los puertos del Guarico, Puerto Republicano y el de Santo Domingo, y que el Prefecto Hctor Daune en copia pasada al General Noailles le deca hiciese saber esta determinacin en Jamaica y en La Habana; es preciso aclarar con el General la idea que se pueda llevar en esto, cuando se sabe que nuestras leyes prohben este comercio. Pero por lo que pudiere suceder en adelante, se tomar conocimiento de los artculos de exportacin e importacin; de la cantidad que pueda consumirse y extraerse de cada uno de los puertos habilitados, y de los respectivos precios; como asimismo del mayor o mayor riesgo y contingencias a que estuviere sujeta la venta de ellos, y el cobro de su precio. 7 Acordar las condiciones ms ventajosas en punto a derechos, gabelas y seguridad de las personas y bienes; tomndose razn de las que all merezcan mayor concepto de probidad para que hagan funciones de consignatario, si acaso tuviere efecto algn comercio entre ambas colonias.

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OBRAS 334\ 334\ 334\ 334\ 334\ 8 Tratar que los frutos que se extraigan de la isla de Santo Domingo en buques espaoles puedan introducirse en Francia sin adeudar ms derechos que si se condujeran en buques franceses. 9 Manifestar la imposibilidad en que se halla este Gobierno de dar ms socorros; y que si en lo sucesivo pudiere proporcionar algn arbitrio para dar otros, sern indispensables rdenes terminantes del Rey del modo y forma en que hubieran de darse; por lo que el gobierno de Santo Domingo debe recurrir al Primer Cnsul para que de acuerdo de ambas Cortes desciendan las rdenes convenientes. 10 Hacer ver los inconvenientes que ofrecen nuestras leyes para la ilimitada admisin de letras de cambio y establecer sobre esto una regla. 11 Pasar a la parte antes espaola, si se creyere conveniente, para informarse del estado e ideas de aquellos habitantes; tomar el conocimiento ms exacto que se pudiere de lo que hubieren perdido los que han emigrado; y si otros quisieren emigrar, orles sus proposiciones si fueren distintas de lo que se ha hecho hasta aqu con los que han venido a la Isla. 12 Si de resultas de las conferencias con el gobierno de Santo Domingo se creyere oportuno acordar otros puntos que nos puedan ser tiles de cualquier modo, se acordarn tambin con reserva a S.M como todo lo dems. 13 Pedir una noticia exacta y fundada de las reclamaciones que aquel gobierno tenga que hacer a ste en punto de dinero; respecto a que el ciudadano Noailles dice ascienden a cerca de tres millones de pesos sin manifestar cmo ni en qu funda su dicho, pues en su ltimo oficio de 2 del corriente en contestacin a otro mo se explica as: “Los ochocientos mil pesos que V.S. calcula ha enviado La Habana a la colonia de Santo Domingo desde la llegada del General Leclerc, son representados por trescientos mil pesos que se deben a la Repblica por la devolucin que hay que hacer a ciudadanos franceses; seiscientos mil pesos por presas ilegales hechas despus de haberse firmado los tratados; doscientos cincuenta mil pesos por dinero entregado en Veracruz; ciento setenta mil por letras de cambio. ltimamente, dos millones, poco ms o menos, de reclamaciones justas que unidas a las sumas indicadas presentan un balance considerable a favor de la isla de Santo Domingo.” Se acompaa un impreso en francs titulado Proceso verbal de la toma de posesin de la parte espaola de la isla de Santo Domingo en donde se hallan los artculos del convenio entre el Sr. Don Joaqun Garca y Toussaint, bajo las cuales deba hacerse la entrega, y copia en castellano de las contestaciones que dio el mismo Sr. Garca. Tambin se incluye copia de la proclamacin de Toussaint a los pueblos espaoles, fechada en San Juan de la Maguana a 20 de enero de 1801. Por lo que pueda convenir, se acompaa igualmente copia de los artculos 9, 10 y 1l del Tratado de Basilea.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /335 /335 /335 /335 /335 Y finalmente se incluye una certificacin del escribano de Guerra del nmero de presas hechas por corsarios franceses, con lo dems que se expresa en ella. Habana, 5 de marzo de 1803. Someruelos.Instruccin reservada que se da al Sr. D. Francisco de Arango para la Comisin con que pasa al Guarico1 Saber el estado de tranquilidad o alteracin en que se halle la Isla, tanto en la parte antes espaola como en la francesa. 2 Tomar conocimiento del estado de la agricultura con expresin de los frutos que se cogen en la actualidad, y de las medidas que se tomen para su aumento. 3 El nmero de habitantes blancos que haya, si han vuelto y permanecen algunos de los que emigraron, y qu fondos hayan introducido. 4 Si han venido comerciantes de Francia y establecido casas de comercio, particularmente con la idea de hacer el comercio clandestino con las colonias espaolas. 5 Qu nmero de tropas existan de las que han venido de Francia; en qu puntos las tengan distribuidas y qu nmero esperen todava. 6 Cul es el estado de superioridad sobre los insurgentes o al contrario. 7 Cul es el nmero de los insurgentes armados y cul el de los negros pacficos que viven libres en poblado, o en clase de esclavos en las haciendas. 8 En qu montaas o puntos se hayan hecho fuertes, cuntos en cada parte y de qu modo; si se comunican y auxilian los unos a los otros; como asimismo a qu distancia estn de la costa; y de dnde y por quin se proveen de vveres y municiones. 9 Qu fondos se trajeron de Francia para entretener el ejrcito, y realizar el proyecto; si vienen algunas remesas de dinero o se esperan de prximo; qu recursos saca el Gobierno de la propia isla para el mismo objeto; y cul sea el mtodo de administrar los fondos pblicos. 10 Cules son las ideas del Gobierno y su conducta acerca de los prisioneros insurgentes, y si ha remitido algunos y en qu nmero a las colonias espaolas o a otras. 11 Por qu razn no ha mandado las libranzas de los prstamos que se han hecho. 12 Spase si han sacado socorros y en qu trminos y cuntas de otras posesiones espaolas, y si han sacado algunos de las colonias de otras naciones. 13 Cules sean las instrucciones del Gobierno de la Repblica en punto a solicitar socorros de las posesiones espaolas y de las otras naciones en calidad de prstamo o de otra manera.

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OBRAS 336\ 336\ 336\ 336\ 336\ 14 Por si el General en Jefe de Santo Domingo tocase alguna especie sobre verificar la entrega de la parte antes espaola de aquella isla, se acompaa copia de una Real Orden de 20 de mayo de 1802 que trata del asunto para que sirva de gobierno sobre la respuesta que deber darse en el particular. Se incluyen tambin con el mismo objeto otras tres copias de igual nmero de Reales "rdenes comunicadas al Sr. D. Joaqun Garca —una de 20 de marzo de 1801, otra de 16 de septiembre del mismo ao y otra de 23 de junio ltimo—, todas relativas a la entrega de dicha parte espaola. Se advierte, por ltimo, que con fecha 12 de mayo de 1802 se dio cuenta a la Corte de la segunda instancia del General Leclerc de 18 de abril de dicho ao para que se enviase al Guarico un agente militar y otro civil; el primero para hacer la entrega del pas, y el segundo para arreglar los intereses de S.M.; que en 4 del mismo mayo se le dijo se suspenda por entonces la ida del Sr. D. Joaqun Garca para la toma de posesin como estaba nombrado, segn anterior aviso, hasta recibir este General determinacin del Rey a lo que tena expuesto en el asunto; y que todava no se ha recibido resolucin de la Corte ni a lo representado por el nominado Seor Garca, ni por esta Capitana General. Habana, 5 de marzo de 1803. Someruelos.Notas1Se acompaa copia de la carta recibida ltimamente del Gobernador de Luisiana de 16 de febrero, en donde da parte de la llegada all de un bergantn procedente del Guarico con catorce negros de los destinados a ser echados al agua.

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COMISI"N DE ARANGO EN SANTO DOMINGO COMISI"N DE ARANGO EN SANTO DOMINGO COMISI"N DE ARANGO EN SANTO DOMINGO COMISI"N DE ARANGO EN SANTO DOMINGO COMISI"N DE ARANGO EN SANTO DOMINGO Parte espaolaI En caso de que el General en Jefe Rochambeau hable de la informalidad con que se supone hecha la entrega de esta parte de la isla, y pretenda que de nuevo se haga, se sostendr lo contrario, conforme a lo que disponen las adjuntas Reales "rdenes Estando en el Guarico a bordo del navo “Duquesne” toc en mi presencia esta especie el Subprefecto Du-Raims, y sostuvo fuertemente que careca Toussaint de representacin legtima, y que era por lo mismo nula la entrega que se le haba hecho. Con este antecedente, y con la consideracin de que mal podan entablarse las pretensiones de tropa y dinero si faltaba el supuesto de la legtima representacin de Toussaint, me pareci oportuno allanar, antes que nada, este obstculo, y al intento habl de la materia en mi primera conferencia con el General en Jefe en trminos y en ocasin que creyendo l que yo buscara como pretexto para ir a la parte espaola el repetir su entrega, se inclinase a lo contrario. Las resultas fueron tan favorables como se manifiestan en mi oficio de 23 de abril, en el de 29 germinal del citado General y en el artculo segundo del Convenio. II Reclmense las tropas espaolas que al tiempo de la entrega retuvo Toussaint Estas tropas que apenas llegaban a quinientos hombres al tiempo de la entrega, fueron en gran parte vctimas de la crueldad de Toussaint despus de la entrada de los franceses. Es cosa cierta que a vista del Jefe de Brigada Savs, actual Comandante militar de la plaza del Guarico, pasaron por las armas a ms de doscientos de aquellos infelices hombres. Y tampoco puede dudarse que el destacamento que se hallaba en Jacmel al mando de D. Juan Savin, y otros de igual clase, tuvieron la misma suerte. Con estas prdidas y con las que debe haber causado el tiempo es muy posible que, como generalmente se asegura, no llegan a ciento cincuenta los soldados que de aquellos Cuerpos quedan en Santo Domingo. Todos, o los ms

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OBRAS 338\ 338\ 338\ 338\ 338\ de ellos; han de estar cumplidos, y el Rey en consecuencia va a pagar intilmente su transporte. Yo, sin embargo, las reclam; mas, hablando ingenuamente, lo hice porque saba que me los haban de negar y quera ostentarme generoso en este punto para dejar de serlo en los que conviniera. El gobierno de Santo Domingo se resisti con efecto (carta segunda del General Rochambeau); pero con razones que yo no deba dejar pasar. Habl contra ella en mi ofici de 25 de abril, ofreciendo al propio tiempo que bajo la condicin de devolver las prendas y municiones y efectos con que Toussaint recibi aquellas tropas, hara mis oficios para que quedasen siempre agregadas al ejrcito de Francia; y habiendo conseguido por la tercera carta del General en Jefe y por el prrafo 2 del artculo 2 del Convenio que se reconozca como legtima la deuda de las referidas prendas, municiones y efectos; me parece que desde luego debe reclamarse su importe, haciendo abandono de los intiles derechos que alegbamos sobre las tropas. III Los trescientos veintinueve mil pesos que Toussaint tom a las Arcas Reales de Santo Domingo, al tiempo de la citada entrega, deben reconocerse como deuda legtima de la nacin francesa Cuando habl sobre este punto en mi oficio de 23 de abril ignoraba enteramente la esencialsima especie de que el General Leclerc haba encontrado en Santo Domingo ms de doscientos mil pesos de los trescientos veintinueve mil que reclamamos. Esto lo vine a saber despus que el General Rochambeau me remiti su oficio de 4 del floreal, en que tan generosamente reconoce la justicia de nuestra solicitud; pero tratndose despus del Convenio, y habindome confesado el Prefecto que en las Arcas de Santo Domingo haba encontrado con efecto el General Leclerc los citados doscientos mil y ms pesos, inst y consegu que en la parte ltima del artculo 1 del Convenio se sentase un hecho tan esencial para fundar las reclamaciones que nuestra Corte debe hacer en esta parte. Con este motivo recomiendo que ser muy oportuno que se remitan a Madrid los recibos originales que dio Toussaint de aquellas cantidades, los cuales, segn noticias, existen en esta Contadura. Estos comprobantes son indispensables para liquidar y conseguir el pago de la deuda. IV Pdase tambin el Archivo de la Comandancia de Santo Domingo que retuvo Toussaint Este encargo no iba en mis instrucciones; pero s en un oficio que con fecha 4 de marzo me pas el Sr. Intendente de este ejrcito. Las resultas han sido tan favorables como lo explican el prrafo ltimo de la carta de 4 del floreal del General Rochambeau, y la parte segunda del prrafo 1, artculo 2 del Convenio.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /339 /339 /339 /339 /339 V Es preciso conocer la situacin poltica, rural y mercantil de esta parte; el estado e ideas de aquellos habitantes; lo que verdaderamente han perdido hasta ahora los que emigraron a pases espaoles y las condiciones con que emigrarn los que quedan, y para todo esto puede el Comisionado pasar a la ciudad de Santo Domingo si acaso lo cree conveniente El viaje a la ciudad de Santo Domingo slo poda hacerse por mar desde la de Port-au-Prince, y tratndose de remontar poda muy bien pasar un mes en una embarcacin tan pesada como la nuestra. El Rey iba a gravarse en gastos de alguna entidad; y esta consideracin unida a la de que con semejante viaje iba a alarmar cuando menos al Gobierno francs, habran bastado para retraerme de l; pero lo que en realidad me decidi fue el considerarlo intil, habiendo adquirido en Guarico y Port-au-Prince las ms esenciales noticias que en mi Instruccin se pedan, o por mejor decir las que slo eran posibles. Los rebeldes no han penetrado hasta lo que se llamaba la parte espaola, porque la defienden su falta de vveres y su pobreza, pues en nada deben contarse los dbiles puestos que el Gobierno francs ha colocado en algunos puntos de aquellas fronteras. Los guarnecen espaoles que bien contra su voluntad van hasta de cincuenta leguas a hacer un servicio penoso y mal pagado. Esta especie de requisicin militar tiene a los pobres dominicanos en tal estado de disgusto, que a mi parecer todos, todos, abandonaran con presteza un pas que slo ofrece incomodidades y riesgos. En medio de ellos jams pudo crecer la industria, y as es que la agricultura y comercio de la parte espaola de Santo Domingo en vez de adelantar puede decirse que ha menguado. Durante mi mansin en Port-au-Prince vinieron all muchos de aquellos desgraciados habitantes y me hicieron conocer por s y por el conducto de su compatriota el Secretario de la Comisin su situacin y deseo de restituirse al dominio de Espaa. Movido de compasin, credo de que nuestro Gobierno debe toda proteccin a unas gentes que si no abandonaron sus hogares en el ao que les seal el Tratado de Basilea fue o por falta de proporcin, o porque desearan justamente ver si vendan en algo sus grandes o pequeos bienes; y persuadido por ltimo de que nosotros debemos procurar a toda costa que con esta gente se aumente la dbil e importante poblacin de la parte oriental de Cuba, me decid a pedir al General en Jefe la libertad de emigrar que tan justamente se solicitaba por unos hombres que ni haban nacido ni se haban constituido a ser individuos de la Repblica. El General Rochambeau, sin razones que oponer a tan fundada representacin y quizs sin acordarse en aquel momento de que el General Kerversau estaba organizando un Cuerpo de dos mil hombres de los mismos espaoles, me dijo de palabra y en trminos positivos que ni haba

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OBRAS 340\ 340\ 340\ 340\ 340\ negado ni negara pasaporte a los que se lo pidiesen; pero el General Touvenot, Jefe de su Estado Mayor, me hizo entender aquel mismo da que el General en Jefe no haba tenido presente las razones que le impedan cumplir con su ofrecimiento, y en efecto al da siguiente neg el pasaporte a D. Vicente Mancebo que por mi consejo fue a pedrselo, despus de haberme presentado el memorial que acompao (nmero 1). Con hecho tan decisivo, y otros que lo ratificaron, me pareci imprudente irme a empear sin fruto en una solicitud que no estaba en mis Instrucciones y que verdaderamente deba someterse a la justicia de las dos Cortes, Espaa y Francia. A esto me reduje y esto consegu por el prrafo 3 del artculo 2 del Convenio. Aun cuando personalmente hubiera yo ido a la ciudad de Santo Domingo, creo que, sin mucho tiempo y trabajo, no habra podido conseguir exactas y circunstanciadas noticias de las verdaderas prdidas que han hecho los espaoles que despus de la cesin de Santo Domingo emigraron a nuestras colonias. Si algo puede adelantarse en tan oscura materia conjeturo que ser por el conducto de D. N. Tavares y D. Jos Lavastida quienes, adems de conocer bien el pas y de ser sujetos de probidad, tienen tiempo suficiente para aquella indagacin. En consecuencia, la encargu a los dos por los oficios que en copia acompao con el nmero 2. Parte francesaI Estado de su agricultura y comercio La pluma se me cae de las manos cuando trato de comenzar la triste pintura que en la actualidad puede hacerse de la que era poco hace la ms floreciente y rica colonia del orbe. La parte francesa de Santo Domingo que en 1788, con una poblacin de treinta y ocho a cuarenta mil blancos, de veintiocho mil libres de color y cuatrocientos cincuenta y dos mil esclavos de todos sexos, tena en movimiento setecientos noventa y tres ingenios de azcar, tres mil ciento siete cafetales, tres mil ciento cincuenta aileras, setecientas noventa y nueve algodoneras, sesenta y nueve cacaotales, ciento setenta y tres alambiques, sesenta y un tejares, trescientos trece hornos de cal y tres teneras; esa colonia, digo, que sin contar con su comercio directo al extranjero reciba de su nacin en ciento treinta y ocho mil seiscientas veinticuatro toneladas y cincuenta y cuatro millones quinientas setenta y ocho mil libras, y remita en frutos el valor de ciento setenta y cinco millones novecientas noventa mil libras tornesas, puede decirse que hoy se halla reducida a la nada; pues, exceptuando el partido de Cul-de-Sac para azcar y los de Grand-Bois y Jeremas para caf, todo lo dems, despus de haber sido incendiado y arrasado, est en posesin de los rebel-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /341 /341 /341 /341 /341 des; y estos tres partidos de Cul-de-Sac, Grand-Bois y Jeremas, que suenan en poder de los franceses, lo que en realidad les producen son enormes gastos y continuos sustos. Es verdad que el ltimo que, sin duda, era ya el ms rico de su especie, pues se calculaba que l slo poda producir en 1792 la cantidad de veinte a veinticinco millones de libras, se mantuvo hasta ahora poco en la dependencia de los franceses, en la que tambin estaba a la muerte del General Leclerc, el rico partido de azcar que se llamaba Los Cayos; pero los rebeldes en los cinco meses anteriores incendiaron y sublevaron enteramente los ingenios de Los Cayos y, con el tizn en la mano, pasaron a Jeremas. Las ltimas noticias que de este partido haba en Port-au-Prince eran que la mitad de sus esclavos se haban ya unido a los rebeldes, que slo por la fuerza se mantenan en las haciendas los que quedaban; que de aqullas ya haba incendiadas ms de la tercera parte, y que no poda dudarse que la misma suerte cupiese a las dems, vista la superioridad de las fuerzas de los insurgentes. Las haciendas de Cul-de-Sac, Grand-Bois, mitad quemadas, mitad apuntaladas, viven a la sombra del Cuartel General de Port-au-Prince, y aun con todo este respeto son atacadas e incendiadas a cada instante. Para rechazarlos y contener las deserciones de los esclavos que les quedan, hay en cada hacienda una fortificacin y una guardia costeada por el dueo, siempre proporcionada a los riesgos. y a los medios que ste tiene. Setenta hombres paga Mr. Per slo para su ingenio, y l mismo me ha confesado que apenas le da para estos costos el azcar que recoge, aadindome que cuando ms llegar a un tercio de las antiguas dotaciones el nmero que quedaba de esclavos, y que su produccin respectiva no puede calcularse en tanto. Es, pues, claro que en el actual estado deben contarse como cero los productos de la agricultura de Santo Domingo, y por consecuencia preciso debe decirse lo mismo de su comercio, que ni tiene qu exportar en cambio de lo que importa ni cuenta con consumidores que se lo puedan pagar. Cuando el General Leclerc hizo su acuerdo con Toussaint y en su virtud crey que estaba pacificada la isla, comunic su error a los comerciantes de Francia, y stos, que en sus combinaciones no se detienen tanto como nosotros y que jams haban quitado la vista de la fuente ms productiva de su fortuna, corrieron alucinados a los puertos de Santo Domingo; pero con tanto tropel que hubo mes en que slo la aduana del Guarico pas de doscientas mil libras de producto. La ilusin de los especuladores fue de tan corta duracin como la del General, quien en pocos meses vio desaparecer su ejrcito, y con l la afectada sumisin de los negros; que slo esperaba que el clima hiciera sus efectos sobre el ejrcito blanco para quitarse la mscara. Con efecto, casi a un mismo tiempo se levant en todos los campos la bandera de la rebelin. Quemaron lo que Toussaint dej en pie. Encerraron en las villas martimas a los europeos, y si no se apoderaron de

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OBRAS 342\ 342\ 342\ 342\ 342\ ellas y sus defensores fue porque les faltaba un jefe de las calidades de aqul. El honrado y laborioso Leclerc pag con la vida su error, y los comerciantes de Francia se vieron en la precisin de retornar sus efectos o darlos por nfimos precios. Desde entonces es muy poco lo que viene de los puertos de la Repblica, por cuya escasez se vio obligado el actual Gobierno de la isla espaola a dar libre entrada a todos los extranjeros en Guarico, Port-au-Prince y Santo Domingo. 6, 8 y 20 nivoso, ao 11 de la Repblica. II Cul es el que clandestinamente se hace desde all con nuestras colonias? Deben ser pocos los contrabandistas que quieran ir ahora a un mercado que por punto general es menos ventajoso que el de Jamaica y Providencia. En el Guarico haba dos pequeas embarcaciones procedentes de Tierra Firme y de la parte oriental de Cuba; pero nos aseguraron algunos comerciantes que haban vendido muchos caldos a los espaoles, y que stos ocurrieron en gran nmero en los meses de la ilusin y abundancia. Dir tambin sin nombrar persona —porque esto slo podra conducir a manchar mi honor— que por documentos incontestables que en parte he visto y en parte tengo en mi poder, cuando no todos, la mayor parte de los comisarios franceses que han venido a esta ciudad, y han ido a las otras colonias, han llevado consigo fuerte contrabando. Citar algunos hechos que acrediten lo que digo. Mr. Menardi, comerciante respetable de Port-au-Prince, me pidi recomendacin para uno de los empleados que enviaba el Gobierno a Caracas y Cartagena, y con este motivo me dijo que era persona de confianza, que llevaba treinta mil pesos en efectos y que iba a establecer su giro en aquellos dos puntos. Mr. de Meharn, negociante del Guarico, me dio a leer carta de uno de los comisarios que han estado en La Habana en que le devolva parte de los efectos que consigo trajo, dicindole que no haba podido introducirlos. Otro comerciante de encajes, cuyo nombre no recuerdo, pero que en Port-au-Prince viva en mi misma calle, ensendome y recomendndome su gnero me dijo que de l poco tiempo antes le haba comprado mil ochocientos pesos para traer a La Habana el sujeto que me nombr. Uno de los miembros de aquellos Consejos me empe fuertemente por escrito y de palabra para que le protegiese en la extraccin de animales en la parte oriental de nuestra Isla, y me sucedi lo mismo con otro Capitn de Navo retirado. III Que medidas toma el Gobierno para fomentar estos tres artculos? Toussaint fue el que las tom tan acertadas y eficaces que despus de hacer respetar la propiedad puso en movimiento todas las antiguas ha-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /343 /343 /343 /343 /343 ciendas, y con razn esperaba que dentro de poco tiempo volviese a recobrar la colonia su riqueza y esplendor; pero las mismas manos que haban servido para reedificar aquel suntuoso edificio fueron las que volvieron a destruirlo a la llegada de los franceses. El General Leclerc, despus de su capitulacin con aqul, se ocup seriamente de todo lo que interior y exteriormente poda conducir al fomento de la agricultura y comercio de la colonia; pero como su tranquilidad era el principal cimiento de tan magnfica obra, y con ella no poda contarse mientras Toussaint existiera en la isla y se conservasen en manos de los negros agricultores ms de sesenta mil fusiles que, a la llegada de los franceses, les haba entregado su caudillo, Leclerc comenz sus operaciones por arrestar a Toussaint, halagar a los dems generales negros y valerse de ellos para el desarmamento de los agricultores. Esta medida dictada, a mi parecer por la necesidad y conducida por la prudencia, fue la que sirvi de pretexto para la insurreccin general que contina todava; y en medio de ella, qu es lo que puede hacer el actual Gobierno? Su nica ocupacin y objeto es la sujecin de los rebeldes, y aunque segn mi dictamen deba estar ya formado el plan que habra de seguirse en caso de conseguirlo, yo ninguno he visto o he visto que no lo hay. Bien s que el Prefecto Dauve ha dirigido una Memoria al Ministro de Francia demostrando las ventajas que resultaran a la colonia de comerciar con las nuestras, y que en esa Memoria, que fue escrita antes de la muerte de Leclerc, o lo que es lo mismo en el tiempo de la ilusin, se proponan otros medios de fomentar la colonia. Tambin me consta que en las Instrucciones dadas al General Boyer y al Comisario Deutrans, que salieron para Francia el 17 de abril ltimo, se recuerda aquella Memoria como asunto de mucha importancia; pero las circunstancias del da son absolutamente distintas de las que gobernaban cuando aqulla se escribi. Los cultivadores con que entonces se contaba son hoy los ms acrrimos enemigos de la agricultura y del orden, y antes que nada contemplo que es menester decidir la suerte o destino que deben tener en la paz aquel enjambre de rebeldes. El General en Jefe me dijo diferentes veces que su opinin era acabar con todos — peau nouvelle, son sus palabras— e introducir nuevos negros; y en consecuencia vemos que no slo no se da cuartel, sino que con los prisioneros se cometen mil barbaridades. Esa opinin y la conducta que le es consecuente estn muy lejos del plan que yo deseo, porque adems de ser para m un imposible, como lo demostrar en su lugar, acabar, y menos por ese medio, con los insurgentes, yo nunca me hallara tan embarazado como cuando llegase este caso, porque entonces s es dificultoso restablecer la agricultura y comercio en un pas enteramente talado y despoblado. El objeto de Francia no debe ser, de seguro, la conquista de un desierto. Ni se es su inters, ni se puede ser su plan cuando se resolvi a tantos gastos.

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OBRAS 344\ 344\ 344\ 344\ 344\ El Gobierno, pues, de Santo Domingo no piensa hoy en el fomento de su agricultura y comercio, y por lo que toca al de contrabando dije, en primer lugar, que el mismo Prefecto me ha confesado que para la subsistencia de aquella isla van muchas reses de la parte oriental de la nuestra. Tampoco pudo negarme que las imprentas de aquella colonia tenan orden suya para omitir en los papeles pblicos la entrada de buques espaoles. Estas medidas son, sin duda, en fomento del contrabando, y yo no creo que pueda llevarse otro objeto en la repeticin y multitud de emisarios que de Santo Domingo se envan a nuestras colonias. El punto que ms se encargaba en las Instrucciones que a Puerto Rico, Caracas y Santa Fe llev el Coronel Davirmarle, era el de examinar con cuidado las ventajas que de all pudiera sacar el comercio de Francia. Detrs de Davirmarle fueron a Caracas con el mismo carcter de comisarios primero Mr. Deutrans y ltimamente Mr. De-Rose, y a Santa Fe o Cartagena Mr. Plassant, y ahora Mr. Lastour a La Habana. Ya se sabe que en el mando del General Leclerc se envi primero al Prefecto Mongiraud, y luego al General Barkier; que en el poco tiempo que llev de General Rochambeau han venido uno detrs de otro el Comisario Bermonet, el Capitn de Navo Reynaud, el General de Brigada Noailles, segunda vez Reynaud, el Teniente de Navo Plassant, y que por mis instancias al Prefecto y al General Touvenot se deshizo el proyecto de enviar al Jefe de Brigada Nerau, quien por tres ocasiones distintas me asegur tener orden de su General para prepararse; debiendo notarse que el General nunca me habl sobre este punto, ni menos sobre sus dos ayudantes Lastour y Leclerc que prontamente salan para Cartagena y Veracruz sin otra comisin aparente que la de pedir dinero a unos jefes que repetidamente han dicho que carecen de l y de rdenes para darlo. IV Qu ciudades o poblaciones estn en poder de los blancos Casi todas las martimas que son las principales de aquella colonia, a saber, Bayaj, Guarico, Puerto de Paz, isla de la Tortuga, Puerto de San Nicols, isla de la Gonave, Port-au-Prince, Leogane, Jeremas, Los Cayos de San Luis y todas sus dependencias. Los negros poseen pocas calas y entre ellas son las principales Gonaives, Archaye y Petit-Goave, estando quemada la poblacin de esta ltima. V El nmero y clase de habitantes que hay en ellas. En qu situacin se hallan respecto de los negros A punto fijo no puede sealarse este nmero, porque ni el Gobierno mismo lo sabe; pero, a juicio de personas sensatas, y sobre poco ms o menos, puede decirse que de todos sexos, edades y colores, sin contar el

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /345 /345 /345 /345 /345 Ejrcito, habr sobre diecisis mil almas en las diferentes poblaciones, siendo en todas ellas excesivamente mayor el nmero de las mujeres. Ya se ha dicho que la situacin de estos habitantes es la de verse obligados a no salir sin riesgos de las puertas de las ciudades, y para que mejor se entienda la fuerza de esta proposicin aadir ahora que los negros son dueos de la Montaa de la Carbonera en cuya falda se halla establecido el Cuartel General de Port-au-Prince. VI Cules y cuntas sean las fuerzas del Ejrcito blanco y cmo estn distribuidas Todos convienen en que pasan de cuarenta mil hombres los que entre Marina y Ejrcito han venido de Francia desde la salida de la expedicin para Santo Domingo, y si yo hubiera de creer al General Touvenot dira que pasan de veinte mil los que en la actualidad hay vivos; pero este General por su empleo esta obligado a disminuir las prdidas y ocultar su situacin. Por caminos ms seguros, es decir, por el dicho combinado del Prefecto, del Inspector General L alane, de los Co misarios Ordenadores Colbert y Deutrans, del secretario de la Prefectura y otros muchos, concluyo que no pasa de trece mil el nmero de guerreros europeos que haba en toda la colonia el 15 de mayo, que fue el da de mi salida de all, de los cuales es preciso rebajar siempre ms de cuatro mil enfermos. La Guardia Nacional est compuesta de toda la gente del pas, sin excepcin de personas, y llegar en toda la colonia a poco ms de cinco mil hombres. Este ejrcito obra sobre la defensiva, guarnece las villas y defiende como puede, y en los trminos anteriormente explicados, los partidos de Grand-Bois, Culde-Sac y Jeremas; siendo en este ltimo punto donde proporcionalmente es mayor la fuerza, porque tambin all es donde se nota mayor nmero de negros. Parece increble que de cuarenta y tres mil hombres que en quince mesas han venido a la colonia slo queden trece mil; pero ms admirar saber que de estos cuarenta y tres mil hombres han llegado trece mil despus de la muerte del General Leclerc, y decir que apenas quedan vivos los mismos trece mil hombres que llegaron en estos ltimos siete meses. Los ms han sido vctimas del clima y de la mala asistencia; pero muchos han pasado por el filo de la negra espada y no pocos desertado. El secretario de la Prefectura, en mi presencia y sin contradiccin, ha dicho pblicamente en la mesa del Prefecto que pasaron de dos mil quinientos hombres los que perecieron en la expedicin de Crete a Pierro, y que de seiscientos que fueron a la de Petit-Goave slo volvieron trescientos en estado de servir. La desercin, principalmente de los regimientos poloneses, es considerable. Hay quien lo haga llegar a setecientos hombres, y ni tiene duda que habr dos meses que de Jeremas desertaron a un tiempo dos compaas casi enteras,

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OBRAS 346\ 346\ 346\ 346\ 346\ ni la hay tampoco en que los tales poloneses fueron los que mejor sirvieron a los negros en la defensa de Petit-Goave. VII Con qu fondos se sostiene? Le vienen de Francia? Saca algunos de la misma isla? Cuenta con lo que ha de sacar de nuestras colonias? Asciende a mucho lo que le ha producido este arbitrio? Cules son las Instrucciones de la Repblica sobre este punto? Han pedido y obtenido algo de las colonias extranjeras? En los cuarenta das de mi residencia en Guarico y Port-au-Prince se recibieron de Francia dos remesas de un milln de libras cada una. El Capitn Plassant tambin trajo de Cartagena dieciocho mil pesos, parte de los cuatrocientos mil que aquel Sr. Virrey ofreci al General Leclerc. De Francia han venido antes otras pequeas partidas. De Caracas se ha enviado, empleada en bestias, una parte de los cuatrocientos mil pesos que aquellas Cajas Reales prometieron suministrar al referido Leclerc. De Jamaica se sacaron cerca de ochocientos mil pesos que, en cambio de letras, proporcion la casa de Lindo. Las aduanas, como se insinu anteriormente, produjeron algo al principio y en las Cajas de Port-au-Prince y Santo Domingo se encontraron efectivos cerca de cuatrocientos mil pesos fuertes. De todas estas partidas, de las que han ido de La Habana y de las que han podido adquirir con letras sobre Pars, es de lo que ha subsistido con infinitos trabajos aquel desgraciado ejrcito, cuyo gasto anual en todas sus partes pasa de diez millones de duros, como me lo aseguraron diversas personas que pueden saberlo, y me lo confes tambin el Prefecto Dauve. Yo no puedo comprender los designios de Francia. Ella ha sabido la situacin y necesidades de este ejrcito, y nada le ha remitido en muchos meses; ahora ofrece hacer los mayores esfuerzos y enva por junto un milln mensual, o lo que es lo mismo, doscientos mil duros mal contados, que viene a ser la cuarta parte de lo que cuando menos se necesita. Esa misma Francia est pagando las letras que con prdida de veinte, treinta y aun cuarenta por ciento se le giran de Santo Domingo y prefiere este ruinoso partido al de acordar con Espaa, o con Inglaterra, otros sin comparacin ms sencillos, seguros y cmodos. El Prefecto lo atribuye todo a la ineptitud o malevolencia del que acaba de ser secretario de la Marina; pero al propio tiempo me ha dicho que l y el General Leclerc directamente informaron al Primer Cnsul y en tal caso, cmo se puede atribuir al descuido del Ministro? Los ejrcitos franceses hicieron, hasta ahora, la guerra, sacando del mismo pas gran parte de su subsistencia. Sin duda que con este arbitrio se cont para Santo Domingo, y yo no la tengo tampoco en que tambin entr en cuenta lo que de nuestras colonias se pudiera conseguir. De otra suerte,

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /347 /347 /347 /347 /347 a qu vendra la resistencia y enfado del General Rochambeau sobre la manifestacin de sus instrucciones en esta parte? Por prudencia y consideracin a nuestras circunstancias, no quise yo decirle que en las facultades ordinarias de su empleo no estaba reconocida la de poder empear su nacin por sumas indeterminadas; y que para obtenerlas era muy natural y preciso que manifestase los ttulos que le autorizaban. Fui moderado en mis explicaciones por escrito, como se ve por mi correspondencia y con la mayor dulzura le dije de palabra todo lo conveniente, por cuyo medio consegu que se reconociera como deuda y se mandaran librar sobre el Tesoro de Francia las cantidades que se haban suplido, y que tal vez se habran recibido con nimo de no devolver. Y me asegur tambin de que con efecto estaba autorizado el General para librar sobre Francia, en cuyas Tesoreras se pagaba puntualmente todo lo librado por ese orden. Nada se ha pedido a los gobiernos de las otras colonias extranjeras. VIII Cul es el mtodo de administracin que gobierna en este ejrcito y colonia? La administracin del da es puramente militar. La colonia se halla en estado de guerra, y todo se gobierna por la ley marcial. Casi no hay rentas que percibir, y el nmero y sueldo de los empleados en este ramo es doble cuando menos a lo que era antes de la revolucin. Han mudado de nombre los antiguos empleos, y si hemos de creer a los habitantes del pas la cuenta y razn en lugar de ganar ha perdido mucho. Se supone que la confusin es hija de la torpe avaricia, y que a la sombra de aqulla se alimenta y crece sta. Lo que yo no entiendo, y sin embargo se daba universalmente por cierto, es el motivo que haba para que en la parte del sur, donde estaba Mster Want, se comprase la harina a nueve pesos, pagndola a la par en letras de cambio sobre Pars al mismo tiempo que en Port-au-Prince se pagaba el propio barril a veintids pesos con el mismo papel sobre Pars. Creo que slo a fastidiar pudiera conducir el que yo hiciese la anatoma del mtodo que se observa en la administracin econmica de este ejrcito. Se llama Comisario en Jefe el que nosotros conocemos por Intendente, y ste tiene en cada villa un Subdelegado o Teniente que le representa con el ttulo de Subcomisario. Hay un Pagador General que del mismo modo tiene sus segundos. Cada ramo de rentas tiene su jefe y su oficina, y la perfecta organizacin de todos estos oficios est pendiente todava. IX Son superiores o inferiores las fuerzas de los blancos a las de los insurgentes? Habiendo dicho antes que los blancos se hallan a la defensiva encerrados en las villas, parece que nada hay que aadir en el presente artculo.

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OBRAS 348\ 348\ 348\ 348\ 348\ Dir de paso, por lo que aseguran los habitantes, que con igualdad de fuerzas no gustan los soldados franceses presentarse a los negros. X A qu nmero llegan stos? A cul el de los negros pacficos? Borremos de nuestra idea semejante distincin. No hay que hablar ya de negros rebeldes y pacficos. Exceptuando los poqusimo que hay en las villas al servicio domstico de los blancos y dos compaas que estn en Cul-de-Sac al mando del Jefe de Brigada Viet, todos los dems, incluidos las hembras y los nios, son rebeldes obstinados, y no se crea que cuando incluyo los nios es sobre mi palabra. Procedo con la autoridad de las personas de ms prctica y juicio, y entre otras citar la muy respetable de Mr. Saves, Comandante Militar del Guarico, que habiendo estado prisionero ms de dos meses entre ellos merece ms fe que otros y asegura que ha vista a los prvulos divertirse con sus sablecitos en herir a los blancos muertos o expirantes. Una cosa es el nmero de los rebeldes y otra el nmero de los que forman su ejrcito, pero sobre ambas hay la variedad de opiniones que por fuerza debe haber en materia tan oscura. Hay quien diga que, cuando ms, llegarn a ochenta mil de todos sexos y edades los negros que quedan en la isla, creyendo de buena fe que pasan de cinco sextos las prdidas que los negros han sufrido desde el principio de la revolucin, y hay quien crea que aqullas no han excedido a los productos que en este tiempo de libertad ha dado la procreacin. Unos fijan la fuerza armada en diez mil hombres y otros piensan que se quedan cortos, llevndola hasta treinta mil. En medio de estas contradicciones yo creo que hay datos bastantes para formar un juicio, si no seguro, muy probable al menos. Mr. Marboix, actual Ministro en Francia, antiguo y muy celoso Intendente de aquella colonia, fija en quinientos cincuenta mil el nmero de sus esclavos, contando con los que se introdujeron aun despus de la revolucin, esto es, en 1788, 1789, 1790 y 179l, que fue cuando verdaderamente ces toda introduccin, y yo conjeturo que con poca diferencia se es el nmero cierto. El ciudadano Page, en la obra que acaba de publicar sobre la regeneracin de Santo Domingo, cree con muy buenas razones que los actuales restos de esta existencia llegan cuando menos a trescientos setenta y cinco mil novecientos trece. El General Touvenot los estima en cuatrocientos mil, y varios habitantes son de la misma opinin fundndose para ello en lo mucho que ha procreado la especie, por cuyo motivo se ha visto en varios haciendas y partidos, como el de Collet, en Los Cayos y en el de Jean Rabel, que en vez de bajar ha aumentado el nmero absoluto de sus individuos. Pero an hay, a mi parecer, medios ms seguros de sacar el mismo resultado a muy corta diferencia. Los estragos de la guerra donde se han hecho sentir es en los varones adultos, porque las hembras, viejos y nios rarsima vez habrn sido vcti-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /349 /349 /349 /349 /349 mas de las armas. Supongo, pues, que los nacidos en la guerra llenen el hueco que la muerte haya dejado en aquella dbil clase, y elevndola a la mitad del total de esclavos que haba en la colonia cuento por ese lado doscientos setenta y cinco mil almas. Y aunque crea lo que no es verosmil, esto es, que de los adultos han perecido dos tercios, o lo que es lo mismo, ciento ochenta y tres mil ochocientos treinta y tres, siempre sacaramos una existencia de noventa y un mil novecientos once hombres capaces de llevar las armas, que unidos a los otros doscientos setenta y cinco mil hacen un todo de trescientos sesenta y seis mil trescientos once negros. El referido Page, que peca quizs de prolijo, da el pormenor del ejrcito de Toussaint y lo hace llegar a cuarenta mil novecientos setenta hombres. Agrguese a este nmero el de los sesenta mil agricultores que, adems de aqullos, recibieron de su mano fusiles a la llegada del Ejrcito francs, y reflexionando que adems de los sesenta mil quedaron muchos sin armas, se ver claramente, en prueba de mi conjetura, que pasaban con exceso de cien mil hombres varones y adultos los que ahora catorce meses existan en la colonia. Es cierto que de entonces ac ha habido gran mortalidad, pero tambin lo es que en este punto, como en otros, se ha exagerado sin lmites; y es mucho suponer, como en mi clculo supongo, que adems del gran nmero de hombres que se qued sin armas hayan perecido diez mil de los que las tenan. No cabe, pues, duda, en mi opinin, que debemos contar en las montaas de Santo Domingo, cuando no con cuatrocientos mil enemigos al menos con trescientos sesenta mil. Examinemos ahora los que componen entre ellos su actual ejrcito, que quizs en el mismo examen hallaremos muchas pruebas a las anteriores combinaciones. Los que dicen que no llegan a doce mil hombres hacen muy poco honor al ejrcito de los blancos, pues siendo stos sobre diecisis mil, poco ms o menos, sera vergonzoso verlos acorralados por un ejrcito tan inferior en el nmero, en la calidad y en el armamento. La verdad es que en Port-au-Prince, Jeremas y Los Cayos, que es donde actualmente se hace una guerra activa, los negros se han presentado siempre con fuerzas mucho mayores que las que tienen los blancos, y a m me parece que con este solo dato hay motivo suficiente para creer que pasa de treinta mil hombres el ejrcito de los negros. Esta opinin, que es la de todas las gentes sensatas, se conforma tambin con la del Jefe del Estado Mayor Touvenot y la de Mr. Kerengal, Comandante de Marina en la parte del norte, y en su apoyo sabemos que el ejrcito de Toussaint, cuando venci a Rigot, era de treinta y cinco mil ochocientos diez hombres, y el de ste, que despus se uni al otro, era de nueve mil; en total, cuarenta y cuatro mil ochocientos diez. Ya se dijo con relacin a Page, y as resulta del Estado militar que corra impreso a la llegada de los franceses, que era de cuarenta mil novecientos setenta hombres el ejrcito de Toussaint. Conque lo menos que

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OBRAS 350\ 350\ 350\ 350\ 350\ ahora se deben contar son treinta o treinta y cinco mil hombres, siempre sobre las armas. XI Hay acuerdo o inteligencia entre los primeros? No hay mejor prueba de la buena inteligencia de los negros que el silencio de los blancos en esta parte. El General Clauset divulg en el Guarico que los congos de aquel partido hacan guerra a los criollos, y refirindolo en mi presencia le contest con sonrisa un comerciante llamado Mr. Lefevbre que ste era un ardid para sacarle municiones. El General call, y despus nadie ha vuelto a hablar ni de congos ni de criollos, ni de divisin ninguna. El negro Dessalines fue reconocido como sucesor de Toussaint cuando se hizo pblica la ltima insurreccin y dividi el mando de la colonia entre los dems generales de aqul, por el mismo orden con que los blancos lo han hecho; es decir, sealando un comandante para la parte del norte, otro para la del oeste y otro para la del sur, con sus respectivos subalternos y fuerzas determinadas. Dessalines estableci su Cuartel General en Gonaives, y all subsiste muy fortalecido y con un cuerpo de tropas de tres a cuatro mil hombres. Se asegura que ha perdido mucho en el concepto de los negros, y que los que estn en el sur se gobiernan con independencia a las rdenes de un mulato llamado Petin, que fue Coronel de Ingenieros al servicio de la Repblica, y posee, segn se dice, toda clase de talentos; pero sea lo que fuere de esta independencia, lo cierto es que de ella no se ha seguido hasta ahora guerra ni desunin y que los negros van donde los llama el riesgo. XII Por qu camino se proveen de vveres y municiones? Nadie puede sealarlo con fijeza, y es quizs lo que ms me admire en esta revolucin. Todas las colonias vecinas estn interesadas en la ruina, o sujecin de estos rebeldes, y ellos por su parte ni tienen dinero ni frutos con que excitar la codicia. Los ms de los puertos estn en poder de los franceses, y aunque stos no tengan todas las embarcaciones necesarias para guardar las costas, siempre hay cruzando las bastantes, a mi parecer, para que ningn aventurero se atreva a emprender la larga y peligrosa operacin de descargar en la costa, y volver a cargar de frutos voluminosos. Vemos, sin embargo, que los negros por todas partes se presentan con municiones sobrantes; y aunque yo creo con algunos que ellos, previniendo este lance, engaaron al General Leclerc y prepararon grandes repuestos, no puedo persuadirme que fuesen de tal tamao que duraran ocho meses. ltimamente se apresaron en la costa del sur tres buques americanos con indicios muy vehementes de estar traficando con los negros, y para

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /351 /351 /351 /351 /351 juzgarlos se haba comisionado al Consejero Despenville. Hay quien diga que de los mismos franceses sacan sus armas los rebeldes; y efectivamente se hallan entre sus prisioneros muchos fusiles nuevos de fbrica francesa. Los negros adems andan continuamente en canoas armadas por la costa, en trminos que con ellas han hecho ya algunas presas de consideracin, a pesar de la vigilancia de la Marina francesa que las persigue y que cuida tambin de quemar los pequeos astilleros que a menudo construyen en sus surgideros. XIII Qu suerte o destino tienen los negros que caen prisioneros? Todos mueren, y as suceda desde los ltimos tiempos del General Leclerc. Lo ms dulce para estos infelices es ser pasados por las armas, y todava no es lo peor que espalda con espalda, y de dos en dos, sean arrojados al mar. Lo que me estremece es haber odo de boca del Jefe de Brigada Nerau, Comandante de la Guardia del General en Jefe, que la noche antes haba echado a los perros una negra prisionera; y otra tarde, que en aquella maana haba sorprendido un destacamento de doce insurgentes, cuyo jefe fue entregado a la tropa que lo pidi para sacarle vivo los ojos. Yo no comprendo cmo puede disculparse ni a qu pueda conducir tan atroz procedimiento. Creo, al contrario, que esta guerra es interminable si se quita a los rebeldes la esperanza de capitulacin o perdn. El juicioso Touvenot pensaba del mismo modo, y sin fijarse todava en el partido que fuese ms conveniente me dijo que lo meditaba y que lo promovera. Yo, de mi parte, tanto por humanidad como por el gran inters que considero tenemos en finalizar o apagar esta guerra, extend el papel que acompao con el nmero 3, y confidencialmente lo entregu al General Rochambeau, encargndole el secreto y dicindole lo promoviese por su parte. Se me manifest al principio satisfecho de la idea; pero despus nada hizo, y Touvenot pretenda fuese a nuestro cargo el costo de la extraccin de negros. Por evitarlo y dejar a mi Gobierno en toda libertad para combinar y calificar mis ideas en esta parte, tom el partido de ocultar mi nombre; pero en realidad yo pienso que, por mil razones, nos conviene adoptar un pensamiento que en la mayor parte no es mo. XIV Han ido y van algunos negros a nuestras colonias por disposicin del Gobierno? Me han asegurado que para Puerto Rico y para la parte oriental de esta Isla han salido muchos rebeldes. Pero el Gobierno nunca ha intervenido en esas especulaciones, forjadas por la brbara codicia de algunos particulares. Mas, sea lo que fuere de los autores de esta iniquidad, conviene tomar medidas para impedir su progreso y sus efectos. Para esto sera oportuno

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OBRAS 352\ 352\ 352\ 352\ 352\ hacer las averiguaciones necesarias por medio de los jefes que hay en Baracoa, Holgun, Cuba, Bayamo y Puerto Prncipe. XV Hgase presente a aquellos jefes lo ocurrido con diferentes buques franceses en este particular, en la introduccin de efectos y en el de desercin de nuestros marineros y esclavos, y que para impedir iguales males en lo sucesivo se hace preciso que los buques franceses se sujeten a las formalidades dispuestas por las Leyes de Indias y posteriores Reales "rdenes En el prrafo segundo de mi nota de 26 de abril, en el tercero de mi oficio de 3 de mayo, en las cartas del General Rochambeau de 12 y 15 del floreal y en el artculo tercero del Convenio, se ve claramente que hice cuanto de mi parte pude para llenar los justos deseos de este Gobierno. No consegu todo lo que se me haba encargado, pero creo haber alcanzado mucho; primero, con la promesa de que no vendrn ms embarcaciones mercantes; segundo, con el comprometimiento de que slo se enviarn las indispensables de guerra y que su tripulacin ser toda blanca; y tercero, con someter a la resolucin de nuestras respectivas Cortes el acuerdo de lo dems XVI Spase por que no se han remitido letras en pago de las cantidades suplidas por este Gobierno hasta la fecha Ya he manifestado mi juicio sobre este particular en mi respuesta al prrafo 7. XVII Solictese el pago de aquellas cantidades Est evacuado a toda satisfaccin, como se comprueba por el artculo primero del Convenio. Por los quinientos cincuenta y ocho mil pesos que he entregado en letras, y por la llegada del Capitn Plassant a liquidar lo dems. XVIII Aclrese con este motivo lo que dice el General Noailles en su oficio de 2 de marzo en el que de repente y sin comprobantes pretende compensar aquel descubierto con una deuda imaginaria de ms de tres millones que nos supone Sonrindose me habl de esto el General Noailles, y casi en el mismo tono lo hizo el General Rochambeau; y aunque en su picante carta de 12 del floreal quiso asomar la especie, yo siempre la mir y trat con el desprecio que mereca, y con l logr enterrarla, pues ya se ha visto que de ella no se

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /353 /353 /353 /353 /353 habla en el Convenio, y lo que es ms, que sin hacerle caso ninguno se nos han entregado las letras. XIX Manifistense, por ltimo, la imposibilidad que actualmente tiene este Gobierno para dar ms socorros y la necesidad en que se halla el de Santo Domingo de ocurrir al Primer Cnsul para que acuerde con nuestra Corte lo conveniente en la materia Lo hice de palabra y lo ratifiqu por escrito en mi oficio de 26 de abril, cuya contestacin est tambin a la vista; pero cuando llegue el caso de hablar del artculo cuarto del Convenio, explicar mis ideas sobre este importante punto. XX Demustrense los inconvenientes que ofrecen nuestras leyes para permitir en nuestras colonias el cambio ilimitado de letras que ha querido establecerse, y sobre esto acurdese alguna regla Los demostr en el artculo cuarto de mi nota de 26 de abril, y en el quinto de mi oficio de 26 de mayo, y qued concluido a satisfaccin este asunto por el artculo quinto de la carta del General en Jefe de 15 del floreal. XXI No son admisibles en nuestras colonias los comisarios extranjeros, y los que vengan con justa causa deben volverse luego que reciban respuestas de los pliegos que conduzcan As lo dije y lo procur esforzar por los artculos tercero y cuarto de mi nota de 26 de abril y mi oficio de 3 de mayo; pero debo confesar que mi opinin mud desde que vi el estado en que la colonia se hallaba, y que por ningn motivo creo que nos conviene seguir con la indiferencia y descuido con que hemos estado hasta aqu. A todo trance, y a toda costa, debemos tener all un hombre recomendable, que siendo testigo de lo que pase prevenga con sus oficios o con sus oportunas noticias los muchos y graves males con que se ve amenazado el comercio de toda esta parte de Amrica y de la tranquilidad de nuestras Antillas. Bien veo que entonces ser preciso tolerar aqu el comisario francs; pero, de todas maneras, lo estamos tolerando y hemos de tolerar, y yo creo que es menos malo admitir uno permanente que recibir todos los das nuevos aventureros con nuevas necesidades. Creo tambin que con la facilidad que proporciona nuestro agente para tratar los negocios, se escasearan los pretextos que ha habido para repetir las expediciones de buques y que ste podr desvanecer muchas combinaciones. Mi dictamen es que no se debe esperar la resolucin de la Corte para enviar al comisario, porque no se sabe lo que puede suceder en

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OBRAS 354\ 354\ 354\ 354\ 354\ estos seis meses, y es mucho lo que importa estar a la vista de semejantes movimientos. No es menester que vaya con el carcter de permanente. Despchese con el pretexto de aclarar algunas dudas sobre los negocios pendientes, y entre tanto puede muy bien consultarse la voluntad del Rey, que seguramente ha de ser conforme a tan buenas razones. Las Leyes de Indias ni previeron el estrecho en que nos hallamos ni se opusieron jams a que los jefes de Amrica, en casos apurados, tomasen extraordinarias providencias. Aun sin estar en ellos, hemos visto que en la parte espaola de Santo Domingo eran admitidos los comisarios franceses y que de ella se enviaban a la francesa cuando haba cualquier motivo. Acaba de recibirse la Real Orden de 26 de agosto de 1802 encargando que se adquieran de las colonias extranjeras muchas nociones esenciales, y yo no s que para esto haya otro medio seguro que el de emisarios de confianza. XXII Aclrese la idea que pueda haber llevado el Prefecto Dauve, que sabiendo muy bien que nos est prohibido el comercio con extranjeros encarga al General Noailles que, por medio de esta Capitana General, publique en nuestra Isla la libertad de comercio que el General en Jefe ha concedido a los tres puertos de Santo Domingo, Guarico y Port-au-Prince El General en Jefe hizo suya esta idea como se ve por su oficio de 12 del floreal, desentendindose de que yo lo atribua en mi nota de 26 de abril al Prefecto colonial, y esto sin duda se fragu entre ellos para huir el cuerpo a la reflexin que se fundaba sobre el hecho constante de ser el mismo Prefecto quien haba dado orden a las imprentas para que omitiesen en los papeles pblicos la entrada de buques espaoles; pero sea lo que fuere de todo esto, lo que no tiene duda es que el encargo del General Noailles, en esta parte, no llevaba otro objeto que el de publicar en nuestra Isla que en la de Santo Domingo haba tres puertos abiertos para el contrabando. XXIII y XXIV En caso de que sea posible y conveniente establecer algn comercio, se procurar conseguir para nuestros frutos igualdad de derechos con los franceses a su introduccin en Francia y todas las ventajas que sean dables en las dems pensiones y gabelas, adquiriendo asimismo las noticias que son convenientes sobre precios, consumos, extracciones, seguridad o riesgos de las expediciones y situacin en que se hallan Si adems de lo dicho y de resultas de las conferencias que tenga el Comisionado con las autoridades constituidas de Santo Domingo se creyere oportuno acordar algo ms que pueda sernos til, se har tambin, siempre con reserva de lo que S.M. determine sobre este punto

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /355 /355 /355 /355 /355 Uno estos dos artculos, porque, antes de dar razn del XXIII que por todos ttulos debe ser el ltimo de este papel, me parece que debemos hablar de lo que por m se ha hecho en virtud del XXIV. Usando de las facultades que se me confieren en l pude muy bien acordar, a nombre de este Gobierno, los particulares que comprenden los artculos cuarto y quinto del Convenio; pero, como en lo sustancial nada se adelantaba con semejante acuerdo, ocult mis facultades y dej expeditas las que tiene este Gobierno para admitir o desechar las proposiciones que le hace el de la isla de Santo Domingo. Leyndolas de carrera habr muchos que las vean con los ojos del desprecio y que quizs me censuren slo porque las admit. No niego que a primera vista parecer chocante el que considere yo como hacedero y til un prstamo anual de cerca de dos millones y medio de pesos, sabiendo como saba y como mis instrucciones lo prevenan el miserable estado del comercio de La Habana, la escasez de su Tesorera y los reiterados encargos que el Soberano ha hecho para que de todas maneras se excusen en numerario los socorros pretendidos por la colonia francesa; pero, a pesar de todo esto, cre entonces, y creo ahora que es justo, que es necesario, que es til y que es tambin fcil el proporcionar el prstamo de aquella gran cantidad, siempre que no haya dudas sobre su exacto pago en la Tesorera de Pars. Primero hablaremos de la necesidad y justicia, y despus nos contraeremos a las razones que hacen til y facilitan el prstamo referido. Yo no s si me equivoco en lo que voy a decir; pero mi error en tal caso no puede tener trascendencia, porque ni lo he dicho a nadie ni lo dir tampoco. En las circunstancias presentes creo que es mayor el inters de la nacin espaola que el que debe tener la francesa para la tranquilidad de Santo Domingo. A ms me adelanto y digo que, si se reflexiona un poco, la Repblica debe abandonar una empresa que va a costarle ms de lo que puede producirle y que si bien se mire, a los que verdaderamente importa es a los Soberanos que tengan en la vecindad colonias que conservar. Arruinadas como se hallan todas las haciendas de Santo Domingo, lo que va a conquistar Francia es un montn de tierra que puede quizs servirle para fundar despus una colonia nueva, y este inters a mi vista no vale quince millones de pesos, dos navos de los mejores y treinta mil guerreros que lleva perdidos hasta ahora. Probable es que con el duplo no pueda concluir una guerra que est a los principios. Hay quien dude que lo logre aun con todo su poder. Y aunque no soy de ese dictamen, aunque creo que si en ello se obstina Francia y a toda costa resuelve hacer respetar sus armas, lo conseguir por fin, siempre considero que en el anfiteatro de enormes montaas que componen el suelo de aquella isla es casi imposible acabar con la raza de los bandidos. Sobre lo que tenemos una terrible experiencia en el Mariel o Palenque de Barahu, que con slo ciento veinticinco negros se defendi ochenta y cinco aos de franceses y espaoles.

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OBRAS 356\ 356\ 356\ 356\ 356\ Mantuvo la desolacin en todos aquellos contornos y al fin oblig al ms imperioso de los Gobernadores de Santo Domingo, esto es, al General Belle-Combe, a reconocer su libertad e independencia en 1785. El comercio de Francia carece hay de los grandes medios que posea en la dichosa poca de 1763 a 1788. Entonces los tena y en lugar de prever los riesgos con que los empleaban en Santo Domingo, slo vea las ganancias que en una tierra nueva produca un cultivo tambin nuevo, tard cuarenta aos en dar a su colonia el fomento que la haca tan apreciable. Hoy que aquel comercio se halla en notoria decadencia, que ha de mirar, cuando no con horror al menos con desconfianza, a un pas de que tanto dao ha recibido y que, por ltimo, ve que las dems colonias producen ya ms azcar y caf que el que quizs consume actualmente Europa, cunto tiempo tardar para restablecer la cultura de la desgraciada Santo Domingo? Y si no la restablece, o lo ejecuta con la pobreza y lentitud que son precisas, qu va Francia a sacar de los sacrificios que hace? Page, que cree imposible la sujecin de los negros y que por lo tanto se ocupa de organizar un proyecto quimrico de unin y comercio con ellos, dice, y a mi parecer con mayor fundamento, que es todava ms difcil el encontrar til destino a los frutos que bajo del antiguo rgimen produjese la colonia. El General Touvenot, sin ir por ese camino y sin considerar otra cosa que las dificultades y costos que debe tener la empresa, leyndome una carta que escriba a Francia con el ex Prefecto Want, me manifest claramente que el inters de la Repblica era abandonar esta conquista y aplicar sus conatos al fomento de Nueva Orleans y de sus dems colonias. Cualquiera que vea el pas y con juiciosa imparcialidad profundice la materia, pensar del mismo modo. Y si el Gobierno de Francia sostiene hoy por punto de honor una empresa que le es tan ruinosa, y todava se obstina en enviar, como se asegura, otros veinte mil en el presente ao, me temo que no sean bastantes y que si as sucede no ha de querer repetir nuevas tentativas y esfuerzos. Y en tal caso, cul ser la suerte de Espaa o la de sus colonias en estas regiones? Yo no pongo en cuenta la trascendencia que el mal ejemplo de aquellos esclavos pueda tener en los nuestros. No quiero creer tampoco que esos guerreros de doce aos que ya se hacen respetar y an temer de los soldados de Bonaparte y Moreau, o por s mismos o excitados por alguna nacin enemiga, pasen algn da a nuestras colonias a hacer que nuestros esclavos adopten sus funestas mximas; lo que yo temo, lo que veo de cerca, es que volvamos al tiempo de los filibustiers y bucaniers, y que infestadas nuestras costas de tan atrevidos piratas se acabe la seguridad que necesita el comercio de Costa Firme, el de la Isla de Cuba y el del Seno Mexicano. Por este solo temor dije y repito que Francia, que ya no tiene que perder, que pelea por esperanzas remotas y quizs areas, o no

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /357 /357 /357 /357 /357 seguir o no llevar sola el peso de esta funesta guerra, y que nosotros que estamos en la vecindad, en la posesin de inmensos terrenos y no menos lisonjeras esperanzas, estamos ms interesados que ella en la ruina de un enemigo que por s solo es temible, y que lo ser mucho ms con el auxilio de los ingleses y de los angloamericanos. La filantropa de los cuqueros que en Norte Amrica ha conseguido la abolicin de la esclavitud, no dejar sin socorros a los que en Santo Domingo sepan conquistar su libertad y que, por otra parte, puedan presentar a su comercio muy til ocupacin. Los ingleses maduran despus de mucho tiempo el proyecto de abolir en sus colonias la esclavitud. Pitt y Fox, siempre encontrados, se unieron en este negocio para esforzar la opinin de la ms ilustrada y ms sana parte de su nacin que no slo con razones filosficas sino polticas sostiene la abolicin de la esclavitud. Algunos piensan que de ella es un principio el establecimiento de los dos regimientos de color creados en estos ltimos tiempos en la isla de Jamaica, porque en efecto repugna a los principios de todos sus cdigos negros. Mas yo no creo tanto. Juzgo que la Corte de St. James se mantiene en la irresolucin por la influencia de muchas personas que tienen grandes fondos en las Antillas y en el comercio de frica, y pienso por ltimo que aquel gabinete celebrara y fomentara la insurreccin de todas las colonias de caf y azcar, aun cuando de cierto supiese que peligraban las suyas. Lo que a Inglaterra importa es extender su comercio; y nadie que considere la superioridad de su Marina, de su industria y de sus fondos, podr dudar un momento que ella se iba a apoderar, cuando no del todo, de la mayor parte del comercio de las Antillas si fuesen independientes. Francia por este respecto tiene tambin inters en contener las largas y ambiciosas miras de su temible rival, y yo querra que nosotros que somos los primeros dolientes en la calamidad que asoma no la visemos con el aire de indiferencia que la vimos hasta aqu. Querra, digo, que ocultando nuestro susto, hicisemos, con la apariencia de favor, lo que por nuestro inters debemos hacer realmente. Querra, repito, que sin dar nada procursemos con maa sostener a los franceses en la guerra de Santo Domingo. Ellos, en primer lugar, no la pueden continuar sin que nosotros les facilitemos una parte, al menos, del dinero que all gastan. Y yo, lejos de pretender que se lo demos de balde, he procurado, al contrario, establecer un cambio en que por diferentes caminos aventajemos mucho. Vase el artculo 4 del Convenio. Siempre se considera en el comercio una especulacin muy til la de tomar en Europa la misma cantidad que en Amrica se entrega. Nuestro Gobierno y nuestro comercio tienen que enviar todos los aos, al menos, veinte millones de pesos desde estas colonias a Espaa; y si lo hace del

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OBRAS 358\ 358\ 358\ 358\ 358\ modo que se propone, en lugar de pagar recibe un premio de diez por ciento. Otra ventaja de mucho mayor entidad resulta de mi Convenio, y es que la mitad del prstamo se debe pagar en frutos coloniales, con cuyo arbitrio se puede ganar otro seis por ciento y hacer a los hacendados de esta Isla el mayor beneficio posible adelantndoles unos fondos que no encuentran hoy o pagan a enormes premios. Con este arbitrio, organizado en trminos convenientes, quizs cesarn en gran parte las angustias de esta plaza, como que, en mi concepto, son hijas de la desproporcin que hay entre sus empresas principiadas y los capitales que circulan. La tercera y no pequea utilidad que se saca es cerrar la puerta al contrabando que estn haciendo los franceses en nuestras dems colonias con la capa de ir a solicitar socorros, pues es condicin expresa que cesen de todo punto aquellas expediciones. En La Habana tambin se va a disminuir este mal, pues en vez de recibir o temer a cada instante una embarcacin francesa vendr slo cada dos meses, bajo las reglas establecidas, y sin facultad, si no nos conviene para sacarnos frutos, como claramente se expresa en los ltimos prrafos de los artculos 4 y 5 del referido Convenio. Todo este edificio de ventajas est fabricado sobre la seguridad o confianza de que se paguen en Francia las letras de Santo Domingo. Me consta que los particulares lo consiguen, y de nacin a nacin debo creer que es ms seguro. Conozco, sin embargo, que lo ms prudente es proceder en el asunto con consulta de la Corte. Pero lo malo ser que empeada nuevamente la Corte de Francia por la misin del General Boyer, ajuste con la nuestra a mejores condiciones el prstamo necesario. Por lo tanto, quisiera que no soltsemos de la mano el cabo del Convenio, y que, pues podemos tardar poco en saber las resultas que han tenido las primeras letras que nos entreg el General Noailles, entretengamos hasta entonces al General Rochambeau, y sin perjuicio de lo que pueda resolverse con tan seguro dato, ni de lo que se escriba a la Corte, se entienda desde luego este Gobierno con el de Mxico y Santa Fe, para que, enterados de las ventajas del pensamiento y de la madurez con que se entabla, digan qu fondos de los remisibles a Espaa son los que quieren hacer pasar por el canal indicado. El General Rochambeau, que es de carcter muy vivo y que no debe ser muerto en las circunstancias en que se halla, quiere y esperar la respuesta con la misma prontitud con que l acostumbra a dar las suyas; pero yo a prevencin le hice ver en todas nuestras conferencias las dificultades que habra para encontrar en La Habana tan crecidas sumas. Y con el objeto de evitar todo compromiso al Gobierno, le hice entender asimismo que yo nada esperaba de las rentas empeadas del Estado; que del comercio y

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /359 /359 /359 /359 /359 agricultura de esta ciudad y Mxico eran de los que podan conseguirse los auxilios que desebamos. Hay, pues, abiertas estas puertas para salir o para ganar algn tiempo y resolver con fijeza en un asunto de cuya combinacin me confieso autor, y que si acaso es menos no se dir en su actual estado que con el pude comprometer al Gobierno que representaba. Lo mismo digo del punto esencialsimo del comercio, en el que nada hay ajustado, y lo que por instigacin ma se propone ni puede decirse perjudicial a los intereses mercantiles de nuestra nacin ni menos graduarse de excesivo; cuando por el contrario ha sido proyectado ms bien para contener que para extender las vastas y pblicas miras que tienen sobre el comercio de Amrica nuestros temibles aliados. Aun cuando yo poseyese los conocimientos necesarios, sera imposible que un escrito de esta clase y en tan corto tiempo pudiera tratar este asunto con la dignidad que pide. Yo s muy bien que as lo exiga el respeto de nuestras leyes, y que para acordar contra ellas una nueva providencia en materia que se roza con nuestros ms grandes y ms sagrados intereses, parece que era preciso entrar en todas sus relaciones. Mas ya que esto no es factible en las circunstancias presentes, apuntar los principios que me han gobernado en el caso. Todas las naciones que tienen grandes colonias en Amrica imitaron nuestro ejemplo y procuraron ser solas en proveerlas y extraer sus frutos; pero con los mismos designios no todas han tomado los mismos caminos ni han tenido o tienen los mismos medios, y de aqu han nacido los diferentes efectos que ha producido en cada una el mismo sistema exclusivo. Espaa despreci por mucho tiempo el fomento de la agricultura, y de sus inmensas colonias casi no extraa otra cosa que los metales preciosos. Al contrario, el extranjero, que no los tena en las suyas, trat slo de fomentar el producto de la tierra. Nosotros en todas partes pensamos siempre en establecimientos perpetuos, y as todas nuestras poblaciones de Amrica tienen hoy el aire de las ciudades o provincias de Espaa, en donde sus vecinos se arraigan, se multiplican y viven con el mismo orden que los de la Pennsula. Dejando, como debemos dejar, aparte a los angloamericanos, vemos que franceses e ingleses no han hecho otra cosa que establecer factoras de agricultura y comercio en donde el europeo viene a trabajar algunos aos para volver despus a su pas con la poca o mucha fortuna que adquiere, y de aqu nace la corta poblacin blanca que en sus colonias se nota. Nosotros, para proveer y fomentar todo un mundo, cremos que era bastante un puerto de la Pennsula y cierto nmero de buques. El extranjero, al contrario, para fomentar sus pequesimos puntos franque sin trabas todos los puertos y toda la Marina nacional En nuestras colonias, por consecuencia, deba haber escasez, sobra en las suyas.

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OBRAS 360\ 360\ 360\ 360\ 360\ Si la industria, comercio y riqueza de cada nacin fuesen proporcionadas a las necesidades y extensin de sus colonias, estaba bien que ese sistema de exclusin se sostuviese y defendiese igualmente en todas partes y tiempos; pero no parece que de la propia manera debe manejarse una nacin que de su suelo saca todo o casi todo lo necesario para sus colonias y que en su mismo suelo consume cuando menos la mayor parte de los efectos coloniales que otra que, con menos artculos propios que remitir, tiene por un lado mayor extensin de colonias y por otro menor consumo de sus frutos. Al tiempo del descubrimiento de las Indias era Espaa respectivamente la ms industriosa nacin del orbe. Todas las necesidades de sus Amricas apenas llegaran a un centsimo de las que experimentan hoy en la parte que conserva, y por consecuencia pudo creer que encontrara en s los recursos necesarios para fomentarlas y proveerlas. Y aun cuando se alucinase en estas combinaciones, al menos estaba segura de poderlas realizar por ser sola todava en todas aquellas regiones. Pero, se podr decir hoy que estamos en el mismo caso? La industria nacional —que, an volando, no podra seguir el veloz paso de la procreacin comenzada en tantos puntos de Amrica— se halla al cabo de tres siglos cuando no disminuida, al menos sin notable aumento. La poblacin de nuestras Indias, aunque no en el pie que debiera estar, es ya mayor que la de toda la Pennsula. Sus necesidades y producciones exceden con mucho a los recursos de la Metrpoli, y sta, por consecuencia, se ve en la dura precisin de comprar al extranjero la mayor parte de lo que consumimos y a llevarles a vender lo ms de nuestros productos. En la compra de aquellos artculos extranjeros son recargadas sus colonias con un doble flete, con duplicada comisin, con mayor inters de demora para el capital invertido, y con unos derechos que no bajarn del veintids por ciento; todo lo cual forma un aumento al menos de cuarenta por ciento. De aqu resulta, en primer lugar, que el colono espaol que compra a muy alto precio los artculos de consumo; que tiene ms das festivos que observar; que paga a la Iglesia un diezmo que en las colonias extranjeras de su especie no se conoce; y que no saca de sus melazas el partido que ellas, ha de encontrar por fuerza que sale ms caro su fruto y que con el gran sobrante que le queda despus de completar el consumo de su Metrpoli es imposible que pueda sostener la concurrencia del otro. Lo segundo y ms doloroso es que, habiendo perdido Espaa la ventaja que tuvo a los principios de ser solo en las Amricas, ve hoy rodeadas sus colonias de factoras extranjeras, cuyos moradores, despus de aprovechar para s los bajos precios a que logran los efectos europeos, nos venden, de contrabando y en cambio de numerario, una gran parte de ellos, y despus de fomentar por ese camino su industria, la de su Metrpoli y su

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /361 /361 /361 /361 /361 navegacin, disminuyen la nuestra en gran manera y nos quitan la nica ventaja que sobre ellos pudiramos tener si los privsemos o les vendisemos caro el numerario preciso para su circulacin. Entorpecida la de esta Isla con las grandes extracciones que se hacen por ese funesto canal, lloramos continuamente los males del contrabando; pero mirando siempre con ciega veneracin aquel sistema que lo produce y sostiene, dirigimos nuestro encono contra los males vasallos que por tan asquerosos caminos buscan su particular ventaja. Nadie ms que yo detesta a los que as se ocupan en aprender todos los vicios y en arruinar el Estado; pero por lo mismo quisiera que se pusiera en prctica el nico remedio que hay de aniquilar esa raza. Quisiera, digo, que se destruyese el gran inters que los mueve y que al cabo de tres siglos de tan enormes y aumentadas prdidas se pusiesen en balanza con los ponderados bienes del sistema mercantil que seguimos en Amrica. Y ya que a m no corresponde el proponer medios que radicalmente curasen un mal tan perjudicial y arraigado, al menos, pues conduce a mi objeto, perdneseme el haber asomado estos principios y por conclusin de ellos decir, en general, que la Amrica de Carlos IV no es la de Carlos I ni de Felipe II, y que la importante y envidiada colonia que dirige el Marqus de Someruelos no es la pobre Cuba que casi solos gobernaban el desconfiado Velzquez y sus dems sucesores, cuando el pabelln de Espaa era el que slo tremolaba en estos dichosos o funestos mares. La ilustre casa de Anjou, que puede, sin linsoja, llamarse la autora del fomento y seguridad de Cuba, conoci desde temprano la diferente naturaleza de las colonias puramente agricultoras y la justa preferencia que entre stas mereca la nuestra por su situacin y sus circunstancias, y en proporcin de los riesgos y necesidades que ha sufrido ha ido facilitndole sus socorros y franquicias. En continuacin de este benfico sistema vemos que el justo Carlos, sin esperar la triste pintura que este pueblo debe hacer de su estado, vemos, digo, que por una parte nos lo pide en la reciente Real Orden de 26 de agosto de 1802 y que por la otra nos dicen los papeles pblicos que en odio de la nacin que ms debemos temer y que slo saca provecho del contrabando de nuestra Isla y aun del de toda la Amrica espaola, se ocupan los dos gabinetes de Espaa y Francia en hacer un tratado de comercio que a todos sea conveniente. Y en tales circunstancias, podr parecer violento que yo proponga un ensayo? Yo no me olvido que esa nacin colosal que hoy se dice nuestra aliada puede maana ser nuestra opresora, y lejos de que desee ver reinar en su Marina la superioridad que en su Ejrcito apetezco, espero que al menos respectivamente dure por mucho tiempo su inferioridad martima. Mas, al paso que deseo que sus fuerzas navales tengan necesidad de las nuestras, quisiera tambin que las de esta unin llegasen al grado en que estuvieron en 1779, esto es, a ser respetadas de la soberbia anglicana.

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OBRAS 362\ 362\ 362\ 362\ 362\ Consecuente a estos designios, creo de buena fe que en aquellos ramos en que podamos establecer con Francia una reciprocidad de ventajas y destruir las que sin ellas saca Inglaterra, debemos apresurarnos por realizar nuestro acuerdo. Nosotros nos encontramos ya muy embarazados para dar salida al sobrante de los caros frutos de esta Isla. Francia no saca actualmente de sus colonias los que de igual clase necesita para su consumo, y abrirnos ese mercado con las mismas franquicias que disfrutan ellos es para m una ventaja de tan considerable magnitud que, siendo Soberano, la comprara a costa de sacrificios. Y se podr rehusar ofrecindola sin ellos? El convenio propuesto ofrece naturalizar los frutos de Cuba, con tal de que para su pago se admitan en la parte oriental de nuestra Isla todos los productos de la industria francesa, y en la occidental aquellos artculos que en virtud de privilegios pueden hoy introducir algunos particulares. Y esto es pedir sacrificios? Vamos por partes, y no olvidemos que el flete de este nuevo trfico es en beneficio de la navegacin espaola, pues por condicin expresa ninguna embarcacin francesa ha de entrar en nuestros puertos. El comercio de Espaa nada o casi nada saca de la parte oriental de Cuba. Los jamaicanos cargan con su numerario y dejan sin extraccin sus frutos. El Rey gasta en ella anualmente un situado considerable y en vez de remediar sus miserias las vemos que, siempre existentes, han excitado muchas veces la atencin del Soberano, que oficiosamente ha preguntado la causa de aquella pobreza y el modo de remediarla. Antes, que no haba negros ni riesgos en Santo Domingo, pudo mantenerse en ese estado una provincia que por algunos parajes no dista catorce leguas del incendio. Hoy que necesita ser el baluarte de toda la Isla y de nuestro comercio en esta Amrica, cmo podremos continuar en la misma inaccin? Sin tan urgente motivo, sin otro en la realidad que el que tienen los particulares inteligentes, cuando con muchas fincas y pocos fondos dan a partido las que no pueden manejar por s, vimos que el Rey concedi libre comercio a todas las naciones en la isla de Trinidad y en la provincia de Luisiana; yo lo pedira tambin como nico y seguro medio de hacer prosperar a Baracoa, Holgun, Santiago y Bayamos, si, por una parte, no creyese que en las actuales circunstancias haba riesgo en permitir al extranjero la entrada en aquellos puertos, y por la otra no pensara que la mayor baratura que en los gneros de importacin pudiera proporcionar la concurrencia de aqullos ni con mucho recompensa la ventaja de hacer franceses nuestros frutos de extraccin. Mas para que esto produzca el efecto deseado precisa que en nuestras aduanas haya moderacin de derechos y ningunas trabas en la extraccin de frutos. Si falta lo primero, subsistir el contrabando de Jamaica y todos los males que le son consiguientes. Y si por un mal entendido sistema de

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /363 /363 /363 /363 /363 abastos se prohbe la extraccin de reses, excluiremos, en primer lugar, uno de los renglones principales del producto de aquellos territorios, continuarn los ingleses sacndolas fraudulentamente y los franceses no sufrirn la exclusin de un artculo que les es tan esencial. Crecera, es verdad, el precio de los ganados; y los habaneros, especialmente los que en esta jurisdiccin tenemos ingenios, sentiremos ms que nadie esa caresta; pero ni hay justicia ni posibilidad de impedir a los ganaderos orientales que gocen del aumento de precios que todos sus compatriotas van a tener de repente en el fruto de su trabajo. El comercio nacional encargado de su movimiento recibir gran parte de tan palpables ventajas, los ingleses perdern las que han tenido hasta aqu, la Iglesia y el Rey vern aumentar sus rentas, y sobre todo lograremos que con la poblacin blanca crezca la seguridad en puntos tan importantes. Vamos a hablar ahora de lo que propone el Convenio en la parte occidental y dejemos para ltimo lo que no debe olvidarse, que son las precauciones precisas para nuestra seguridad. Despus de llenar el gusto de la Pennsula tenemos un sobrante de quinientos mil quintales de azcar, y ese sobrante, poco ms o menos, debe ser el vaco que en el consumo de Francia dejan sus actuales colonias. En favor de stas o de su Erario ha establecido la Repblica un aumento de derechos de treinta por ciento para el azcar extranjero; y de aqu resulta que mientras que aqullas venden en su propio suelo a nueve pesos el azcar bruto —precio corriente de Port-au-Prince en todo este ao, no tenindolo el azcar purgado porque no se fabrica— nosotros no pasamos de siete pesos por el quintal de nuestro azcar purgado que, como es notorio, vali siempre un tercio ms que el bruto o no purificado. Es cosa demostrada que a siete pesos en el actual estado de gastos y gravmenes no puede dejarnos ventaja la fbrica del quintal de azcar, y es preciso por consecuencia que se nos faciliten medios de hacer ms barato el fruto o de venderlo ms caro. El propuesto convenio nos abre el ltimo camino, y el portazgo que nos pide no puede llamarse gravoso toda vez que sin utilidad del Estado se ha concedido y concede a todas las naciones en unos ramos, y a varios particulares en otros. Sin ventaja ninguna para nuestros frutos, y en obsequio de la clase agricultora de esta colonia, nos es permitido ir a buscar a Norte de Amrica harinas, tablas, caballos, herramientas, todo utensilio de agricultura, vveres de todas clases, drogas de medicina, muebles de casa y otras cosas de esta especie, y es menester confesar que muchos de estos artculos son de fbrica inglesa, vendidos de segunda mano por los angloamericanos. Todos estos renglones o la mayor parte de ellos pueden sacarse de Santo Domingo a los mismos o quizs menores precios, y no sera mucho ms til a nuestras actuales relaciones polticas, al inters de nuestro

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OBRAS 364\ 364\ 364\ 364\ 364\ comercio nacional, al fomento de la Isla de Cuba que, en vez de darlo sin recompensa ninguna a la industria de esas dos temibles naciones, lo disemos con tanta ventaja, a la que con nosotros debe mantener el equilibrio de las fuerzas de Europa? Yo oigo el susurro de los anticontrabandistas temblando con el que desde Santo Domingo se va a hacer en los artculos prohibidos a la sombra de los permitidos. El infalible y nico remedio de este mal ya est indicado. Apliqumosle. Pongamos en su nivel los aranceles de nuestras aduanas. Desarmemos la irreducible codicia del hombre. Hagamos en todos los efectos del comercio de Indias lo que con tanto suceso hicimos en la plata, en los encajes y otros artculos. Reconozcamos y fijemos por fin los verdaderos lmites de nuestra industria y poder, y se ver cun pronto desaparecen de estas costas el ruinoso contrabando que todos deseamos destruir. Y si esto no pareciere tan til, tan justo y tan fcil como yo lo encuentro, si se cree todava que nuestro comercio y navegacin se fomentan con prohibiciones y recargos que tanta ocupacin y tantas ventajas facilitan a la marina enemiga, al menos convengamos en que debemos procurar que ese contrabando se haga con menos perjuicio nuestro. Ya he dicho que yo no puedo detenerme ni ir tan lejos como quisiera en cada punto. Mi objeto es justificar mi conducta y opinin en el propuesto convenio, y a cada paso vacilo entre el temor de ser confuso o diminuto y el de excederme de mis lmites. Mas yo no puedo concluir sin recordar, primero, que nos conviene sacar partido y conceder a los franceses lo que quizs sin l y con mucha mayor amplitud estn pretendiendo y esperan ellos conseguir; segundo, que situada La Habana entre los dos fuegos de Nueva Orleans y Santo Domingo ha de haber a cada paso pretextos con qu romper las barreras de nuestras prohibiciones; tercero, que en mis ideas de comercio con Santo Domingo entra el inters de que Francia no abandone aquella colonia; pues ya que, como yo lo creo, deja de serle interesante por los antiguos respetos, al menos lo puede ser por el de nuestro comercio. Con este objeto, ms que con ninguno otro, defend el prstamo, y con el mismo lo conservara si pudiese, aun restablecida la tranquilidad de Santo Domingo; cuarto —extendiendo esta idea, y buscando siempre medios de combinar y consolidar ms y ms todas las de mi plan— que el comercio de negros que hoy se hace en La Habana por todas las naciones poda limitarse a la nuestra y a la francesa, siempre que sta se sujetase a no extraer ms que frutos y a recibirlos en sus puertos de Europa como productos de sus colonias. Esta idea repugnar a muchos de mis compaeros los hacendados de La Habana; pero si tienen presente que establecida una Compaa Africana entre nosotros podemos hacer por medio de los mismos ingleses lo que ellos hacen directamente en el da; si se acuerdan de que los franceses antes de la revolucin llegaron a introducir en sus colonias cerca de treinta

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /365 /365 /365 /365 /365 mil negros tan baratos como los ingleses; si reflexionan que stos lo que quieren de nosotros es el numerario que tanta falta nos hace, y aqullos dando salida en su pas y con su comercio a nuestro aguardiente, nuestro caf y nuestro azcar nos compensan grandemente el mayor precio que en los primeros aos pudiera acaso pedirnos por sus negros; y si, por ltimo, advierten que de este modo distraemos a los franceses de las empresas rsticas que pudieran proyectar en Santo Domingo, pues damos a sus fondos una ocupacin til y segura, vern quizs con los ojos que yo veo y dirn conmigo que por mil y mil respetos es til para esta Isla la coartacin que propongo. Sindolo para ella en ste y en los dems ramos, lo es seguramente para su Soberano; y la nacin, que tiene siempre los mismos intereses que aqul, ver ir en gran aumento los goces de esta colonia, y en ella hallar dentro de poco lo que los franceses tenan en la desgraciada Santo Domingo, esto es, el apoyo de su comercio, de su navegacin e industria; pero con la diferencia de que ni la Naturaleza nos ha dejado rivales ni la poltica puede tener temores si toma las debidas precauciones. Digo que la Naturaleza no nos ha dejado rivales, porque en las otras islas de azcar y caf o nunca hubo la misma feracidad que en la nuestra, o si la hubo ya est agotada. Cuba, casi toda inculta, se halla en un estado de progresin principiante y para arruinar a sus rivales, para hacerlas que no puedan cultivar los mismos frutos, le falta slo disfrutar de las ventajas que ellas gozan por su comercio. Si stas se opusieran a l a tranquilidad y seguridad de esta Isla a buen seguro que las promoviese yo. Todo debe posponerse a tan sagrado inters; pero es menester proceder con meditacin y cordura y no imitar a los indios que juzgan que cortar el rbol es el medio de conservar y recoger su fruto. Ms que en medios de fomento he trabajado yo en estudiar todos los que pudieran servir para conservar lo que tenemos; y de ello dan testimonio los ltimos prrafos de mi Discurso sobre la agricultura de esta Isla y toda la representacin y plan que por encargo de este Real Consulado form para dirigir a S.M. con fecha 10 de julio de 1799. Es lstima que su resolucin est todava pendiente de informes que no se dan; pero ser ms sensible que por un temor remoto, cuyo remedio ha de buscarse por diferentes caminos, vaya a obstruirse la gran obra de la felicidad de la Isla, de nuestro comercio y, an puedo decir tambin, de la industria nacional. Si lo que la poltica teme es que se repita en Cuba la catstrofe de Santo Domingo, confiese conmigo que el medio ms seguro o el nico que hay seguro es que se reconozca la independencia de los rebeldes de Santo Domingo; y que destruido ese enemigo son muy dbiles los que quedan que temer. Todo nuestro conato, pues, debe dirigirse a aquel punto, y ya

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OBRAS 366\ 366\ 366\ 366\ 366\ que conocemos que los franceses son los nicos que pueden conseguirlo, esforcmoslos, ayudmoslos, obligumoslos a que no abandonen una empresa que ms que a ellos nos interesa a nosotros. Dado este primer paso, tomemos en nuestro pas las debidas precauciones. Veamos si son buenas las que yo propuse en los citados Discurso y plan, o si son mejores otras, y no dejemos dormir por ms tiempo lo que hace diez aos debera estar en prctica. Mis principios no han variado y lo que voy a advertir, lejos de ser contra ellos, es en su confirmacin. En el aumento de blancos y en nuestra separacin de los rebeldes de Santo Domingo consiste nuestra seguridad. El nmero de aqullos es menor, por desgracia, en los puntos donde deba ser mayor, esto es, en la parte oriental de la isla; y para aumentarlo me parece que no debe perdonarse medio ni diligencia. Contestando el artculo quinto de mi Instruccin dije que lo deseaban los dominicanos espaoles y aadir ahora que igualmente lo apetecen los franceses. Abramos los brazos y demos de balde tierras a todos los que quieran establecerse en Baracoa, Holgun y Santiago. Con ocho o diez mil pesos se compra una provincia entera en aquellos incultos pases, y si en ella concedemos por quince aos libertad de alcabalas y diezmos poco se tardar en lograr lo que deseamos. Nada hay que temer de los colonos franceses que slo se acuerdan de la miseria y desgracias que les produjo con los negros su espritu revolucionario y su crueldad. Pienso, por el contrario, que instruidos por la experiencia nadie sabr apreciar ni defender con ms bros las ventajas del orden y de la subordinacin Pero advierto que yo quiero que la poblacin se aumente en los puntos de la costa que ya se encuentran abiertos, y lejos de creer conveniente que se abran en ellos nuevos boquetes soy de dictamen que, por ahora, se prohba enteramente su desmonte y el establecimiento de cualquier poblacin o hacienda. Es verdad que el comercio gana mucho con encontrar los frutos a la vera del mar, y que en buena economa, antes que las tierras del centro, deben ser cultivadas y pobladas las de la orilla; pero teniendo al frente enemigos tan temibles, y no pudiendo en cada punto establecer los medios proporcionados de defensa, dicta la prudencia que no abandonemos los invencibles que la Naturaleza nos da, y que contentndonos con menos ganancias labremos nuestra fortuna detrs de bosques y de malezas que defienden nuestras costas, a las cuales no salgamos hasta que cesen del todo los motivos de temer, o nuestras fuerzas sean tales que los hagan despreciables. Habana y julio 17 de 1803 Francisco de Arango.

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INFORME DEL SR. OIDOR SNDICO DEL REAL INFORME DEL SR. OIDOR SNDICO DEL REAL INFORME DEL SR. OIDOR SNDICO DEL REAL INFORME DEL SR. OIDOR SNDICO DEL REAL INFORME DEL SR. OIDOR SNDICO DEL REAL CONSULADO DE AGRICUL CONSULADO DE AGRICUL CONSULADO DE AGRICUL CONSULADO DE AGRICUL CONSULADO DE AGRICUL TURA, INDUSTRIA TURA, INDUSTRIA TURA, INDUSTRIA TURA, INDUSTRIA TURA, INDUSTRIA Y COMERCIO DE LA HABANA SOBRE ARREGLO Y COMERCIO DE LA HABANA SOBRE ARREGLO Y COMERCIO DE LA HABANA SOBRE ARREGLO Y COMERCIO DE LA HABANA SOBRE ARREGLO Y COMERCIO DE LA HABANA SOBRE ARREGLO DE DERECHOS DE INTRODUCCI"N DE DERECHOS DE INTRODUCCI"N DE DERECHOS DE INTRODUCCI"N DE DERECHOS DE INTRODUCCI"N DE DERECHOS DE INTRODUCCI"N DE LOS AR DE LOS AR DE LOS AR DE LOS AR DE LOS AR TCULOS QUE TRANSPOR TCULOS QUE TRANSPOR TCULOS QUE TRANSPOR TCULOS QUE TRANSPOR TCULOS QUE TRANSPOR T T T T T AN AN AN AN AN A EST A EST A EST A EST A EST A ISLA LOS BUQUES NEUTRALES A ISLA LOS BUQUES NEUTRALES A ISLA LOS BUQUES NEUTRALES A ISLA LOS BUQUES NEUTRALES A ISLA LOS BUQUES NEUTRALESLa Junta del Consulado, que tiempos hace deseaba verse en presencia de V.S. para darle vivas pruebas de su justa gratitud, desempea este deber con doble satisfaccin, viendo la benignidad o, por mejor decir, la nobleza con que V.S. viene a or nuestras ideas sobre un asunto que es privativo de la Intendencia. Su importancia en realidad era digna, en cierto modo, de tanta condescendencia; pero slo la tendra quien, como Vuestra Seora, calase toda la dificultad del negocio que se trata y supiese lo que vale ilustrar los de su clase con audiencia conveniente y juiciosa discusin. Se trata, Sr. Presidente, de saber de qu manera puede ser ms til el arreglo de los derechos que, mientras dura la guerra, deben pagar los neutrales que entran en los puertos de esta Isla; o, por mejor decir, se trata de saber si acaso es bueno o digno de alguna reforma el arreglo que sobre esto se hizo en la guerra anterior. Es menester asentar que todo cuanto se diga contra el referido mtodo no es ni puede entenderse en censura de sus autores; pues, adems de que estamos en distintas circunstancias, a saber, una guerra en que se halla absolutamente suspenso el comercio nacional, cuando en la otra ni lo estuvo de hecho ni el Superior Gobierno lo dispuso como ahora. Sabemos igualmente que en todos los Reglamentos de esta clase hay mucho que reformar despus de las primeras experiencias. El que en la anterior guerra se hizo se ci sencillamente a dar cumplimiento a la Real Orden de 23 de julio de 1797, y en su virtud se trat de exigir el importe que segn los aranceles y noticias que se adquirieron hubiera pagado cada artculo si hubiese venido por Espaa. Pero el comercio contra esto nota, en primer lugar, y promete demostrar que la cuenta no se ha hecho con exactitud en muchos artculos, y que adems no es justo que por razn del cambio de la moneda se aumente

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OBRAS 368\ 368\ 368\ 368\ 368\ treinta y tres por ciento; pues, cuando ms, deba ser el dieciocho designado para lleva y conduccin. Nota en segundo que nada satisfactorio se ha hecho en favor de los artculos nacionales que vengan por el conducto de neutrales, siendo en las circunstancias presentes cuando, ms que nunca, necesitan el alivio y proteccin que por nuestra legislacin y toda buena poltica se les debe conceder. Nota en tercero que habiendo algunos artculos que no tienen precio sealado en los aranceles, es importante fijarlo y no dejar su avalo al incierto arbitrio de un tercero. Nota asimismo que son iguales los derechos que en todos los artculos de este comercio se exigen, cuando parece justo hacer oportunas distinciones y, sobre todo, que aqullos en que el contrabando es ms fcil fuesen los que, en proporcin, contribuyesen menos. Profundizando esta ltima especie, que es sin duda la ms importante del asunto, y distinguiendo, como debo distinguir, dos clases de contrabando, esto es, el que hacen o pueden hacer en baha los mismos neutrales y el que directamente se ejecuta por los espaoles con las colonias enemigas que nos rodean; teniendo presente que el segundo, al paso que cede ntegra e inmediatamente en beneficio de una nacin contra quien todos debemos conspirar, rene la agravante y para nosotros la crudelsima circunstancia de extraernos el numerario, de ponernos por esta falta en los grandes apuros en que nos vemos y de redimir a aquellas colonias de los que experimentaran si careciesen de ese ingreso, como todos lo sabemos y juiciosamente lo observa el autor de la carta que en debida forma presento; reflexionando tambin que entre todos los remedios conocidos para este mal ninguno seguro hay, si no es el de equilibrar las ganancias con los riesgos, o sea, el de bajar los derechos en trminos que el contrabandista no pueda encontrar en ellos la seguridad de ganar en concurrencia de los que legtimamente introdujeron sus efectos; y creyendo, ltimamente, que conseguido el fin de extinguir el contrabando, aun con la minoracin de derechos, ha de resultar aumentado el producto de las aduanas; juzgo: En primer lugar, que en nada deben ser tan moderados los derechos que se establezcan como en aquellos artculos que vienen o pueden venir de Jamaica o Providencia. En segundo, que para que ningunos queden a tan inicuo trfico, ningunos deben excluirse del comercio de los neutrales; pues estando, como estn, abandonadas nuestras costas a la superioridad de las fuerzas enemigas es muy fcil comprender que cualquier excepcin que se haga en el comercio de neutrales ha de ceder en favor del que hacen los enemigos. Y en tercero, que para determinar el fraude que llamamos de baha es del todo indispensable que los derechos sean moderados en general, y sobre todo en los renglones en que el contrabando es ms fcil.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /369 /369 /369 /369 /369 Si nosotros consultsemos nuestros particulares intereses y a todos no prefirisemos los del Real Erario, hablaramos solamente de la baja de derechos en el punto de comestibles; esforzaramos esta splica con el ejemplar de Puerto Rico, en donde, segn asegura, se ha permitido su entrada, exigiendo solamente un siete por ciento de derechos con la trivial reflexin de que tales artculos, conocidos comnmente con el nombre de los de primera necesidad, fuesen y deben ser siempre privilegiados; y, por ltimo, con la comparacin a que brindan las Reales "rdenes de 12 de octubre de 1779 y 8 de agosto de 1782, de las cuales la primera, hablando de comestibles, fija el veintiuno y veintisis por ciento, y la segunda parece que se extiende al treinta y dos, tratando de renglones secos. Esforzaramos, digo, este particular en que el contrabando es difcil, y dejaramos correr el que se hace en la baha, para lograr por ese medio baratura general; pero cumpliendo nosotros con nuestro deber, anteponiendo a todo los Soberanos intereses, acordndonos de la escasez de estas Reales Cajas y tratando nicamente de combinarlos con los de este pblico, hemos insinuado antes, y repetimos ahora, que los artculos voluminosos y, por consiguiente, los comestibles son los que ms dificultades encontrarn en la introduccin fraudulenta, son los que deben sufrir mayores derechos, para que recompensen las minoraciones que en los dems se hagan, y slo recomendamos la consideracin que sea dable en aquellos renglones que, por hallarse escasos en los mercados que nos proveen y muy solicitados en otros, pueden huir del nuestro o de sus grandes derechos. He presentado por mayor los principales puntos que el comercio desea ver ilustrados y arreglados en este importante negocio; sobre ellos dar de palabra las explicaciones que faltan y que la estrechez del tiempo no me ha permitido extender, para que acordando la Junta lo que tenga por ms til lo ponga en la consideracin del Seor que nos preside a fin de que determine lo que crea ms conveniente; concluyendo yo este papel con recomendar a V.S. como partes o incidentes del negocio principal, primero, que sobre los mismos principios se arreglen los derechos que deban pagar en los dems surgideros de la Isla los buques nacionales y extranjeros; y, segundo, que se recomiende al Sr. Intendente la pretensin que tiene el comercio de que en el cobro de derechos se le den las posibles esperas. Habana y marzo 8 de 1805. Francisco de Arango.

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INFORME DE D. FRANCISCO DE ARANGO INFORME DE D. FRANCISCO DE ARANGO INFORME DE D. FRANCISCO DE ARANGO INFORME DE D. FRANCISCO DE ARANGO INFORME DE D. FRANCISCO DE ARANGO AL SR. D. RAF AL SR. D. RAF AL SR. D. RAF AL SR. D. RAF AL SR. D. RAF AEL G"MEZ ROUBA AEL G"MEZ ROUBA AEL G"MEZ ROUBA AEL G"MEZ ROUBA AEL G"MEZ ROUBA UD, UD, UD, UD, UD, SUPERINTENDENTE DIRECTOR GENERAL SUPERINTENDENTE DIRECTOR GENERAL SUPERINTENDENTE DIRECTOR GENERAL SUPERINTENDENTE DIRECTOR GENERAL SUPERINTENDENTE DIRECTOR GENERAL DE T DE T DE T DE T DE T ABACOS EN LA ISLA DE CUBA, SOBRE ABACOS EN LA ISLA DE CUBA, SOBRE ABACOS EN LA ISLA DE CUBA, SOBRE ABACOS EN LA ISLA DE CUBA, SOBRE ABACOS EN LA ISLA DE CUBA, SOBRE LOS MALES Y REMEDIOS QUE EN ELLA TIENE LOS MALES Y REMEDIOS QUE EN ELLA TIENE LOS MALES Y REMEDIOS QUE EN ELLA TIENE LOS MALES Y REMEDIOS QUE EN ELLA TIENE LOS MALES Y REMEDIOS QUE EN ELLA TIENE ESTE RAMO ESTE RAMO ESTE RAMO ESTE RAMO ESTE RAMO ESCRITO EN 1805 ESCRITO EN 1805 ESCRITO EN 1805 ESCRITO EN 1805 ESCRITO EN 18051 1 1 1 1Pulchrum est benefacere Reipublicae, etiam bene dicere haud absurdum est. Sallustius Advertencia del editorEn 16 de junio de 1804 o muy pocos das despus de haber llegado a esta ciudad el Sr. D. Rafael Gmez Roubaud con la interinidad de la Intendencia de Ejrcito y la propiedad de la Superintendencia de Tabacos, le propuso el Administrador General de este ramo que se aumentara el precio de la hoja que aqu se vendiese. El Sr. Roubaud consult el punto con el Sr. Don Francisco de Arango, y ste, aprovechando la ocasin de entrar al examen general de todo el sistema de la Factora, prepar con estas miras el expediente interesante que tenemos a la vista. Finaliza con un Informe en donde despus de demostrar la ligereza de la propuesta, se convence el enlace que tena este punto con todo el sistema y la necesidad que haba de que ste se examinase con la debida detencin. Comprometise a ello el Seor Arango, y ofreci al intento presentar un segundo informe, o una segunda parte del que acababa de dar en el expediente de ventas. Ni el Sr. Arango ni nadie haba preparado para esto los materiales precisos, y fue menester emplear el ms mprobo y dilatado trabajo para poder reunirlos, ordenarlos y analizarlos. Perturbse en medio de esto la buena armona y confianza entre el Superintendente y el referido Arango, y de aqu crecieron las dificultades que haba entonces para hablar con claridad en materia tan complicada y tan oscurecida por los que la manejaron; pero, a pesar de todo, se acab la obra y se present al Superintendente, quien la esperaba con ansia para quejarse a la Superioridad. Nada

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /371 /371 /371 /371 /371 comprueba tanto esta verdad como el oficio con que el referido Roubaud dirigi al Ministerio de S.M. el presente Informe con fecha de 3 de mayo de 1807, que se acompaa al final de esta obra con el nmero 1. El Seor Roubaud no dej copia de l en esta Superintendencia, y en su lugar qued el oficio de 23 de abril del mismo ao, que se agrega a continuacin con el nmero 2. Aunque el editor tena las mayores seguridades de que se haba remitido al Ministerio la expresada consulta de 3 de mayo, era de temer que no todos lo creyesen, principalmente viendo que no exista en esta Superintendencia, y s la de 25 de abril; pero cesarn estas dudas en vista de la citacin que, aunque informe, acaba de hacer Roubaud en la contestacin a El Redactor General de Cdiz con fecha 24 de diciembre ltimo, inserto en el papel que dio a la luz con el ttulo “Tabacos, etc.”, en la oficina de D. Vicente Lema, impresor de aquella ciudad, que copiada a la letra desde el prrafo 11 se agrega tambin al final de esta obra con el nmero 3. El editor no pretende prevenir la opinin pblica sobre los dos papeles. Debe, s, manifestar que, sin conocer personalmente a D. Francisco de Arango lo ley con mucho gusto en casa de D. Toms de Juara, comerciante en esta ciudad, y dese siempre que se imprimiese; con cuyo motivo y el haberse propuesto en el Diario de la Habana nmero 523, la cuestin si convendra o no abolir la Factora, lo ejecuta ahora, previo el permiso de su autor, acompaando esta breve y sencilla relacin de los antecedentes y circunstancias del caso para que se d a las cosas su verdadero valor. Es tanto ms interesante hoy la impresin de este papel cuanto sabemos por el Diario de Cortes que el Congreso se ocupa en el arreglo de la renta del tabaco, tanto de esta Isla como de la Pennsula, mediante los repetidos clamores que el Sr. Arango ha hecho a la Corte posteriormente para el fomento de este ramo, segn se demuestra por los tres oficios, marcados con el nmero 4, que dirigi al Ministerio de Hacienda, y el oficio que ste pas por mandato de la Regencia a los Secretarios de Cortes, que tambin se copia al final de esta obra con el nmero 5. Sea cual fuere su resolucin, deber celebrar este vecindario la valenta con que un buen patricio supo poner en claro los errores cometidos en la materia; precisamente en un tiempo en que era tan arriesgado hablar la verdad pura y sencilla sin mezclar la vil adulacin. El autor retoc posteriormente esta obra sin alterar la sustancia, lo que se advierte para inteligencia de los que la hayan ledo manuscrita. Habana y abril 1 de 1812. Jos de Arazoza

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OBRAS 372\ 372\ 372\ 372\ 372\Documentos que se citan en la advertencia preliminar del editorI Superintendencia de Tabacos de La Habana. Nmero 17. Excmo. Seor. Para poder acompaar a V.E. originales de los informes que me ha dado Don Francisco de Arango y el que en su vista ha evacuado el Oidor Don Francisco Figueroa de Vargas, que pasa a esa Corte y que lleva esta consulta con los referidos expedientes, que legajo con los nmeros 1, 2 y 3, necesito formar una introduccin preliminar que corra el velo y que ponga de manifiesto y a la faz del pblico la causal de la decadencia y el trastorno en las plantaciones del tabaco en la Isla de Cuba, para que florezca esta renta que es la mayor de la Monarqua y en la que descansan obligaciones ms sagradas de la Corona. Tengo a la vista la Real Orden de 30 de abril de 1802, comunicada a esta Superintendencia y Direccin General y cuya copia sealo con el nmero 4, para poder instruir a V.E. sobre el informe que aqu dieron a la va de guerra a fin de que no se liberaran los labradores de tabaco del servicio de quintas, necesito aclarar que los que le dictaron para no concederse aquella gracia tan necesaria al fomento de la renta omitieron la esencial verdad de la decadencia de las cosechas de tabaco y V.E va a or lo que nunca ha llegado a su noticia. El partido de Gines, de donde se han sacado tantos tabacos, en donde estaban situadas todas las vegas, se ha convertido desde 1797 en ingenios y cafetales, arrancando casi de por fuerza a los pobres labradores los terrenos y vegas destinados a la siembra de tabaco. El primero que principi con un gran ingenio de azcar, y que electriz con entusiasmo errneo, fue el difunto D. Nicols Calvo, hermano del Conde de Buena Vista; le sigui el Conde de O’Reilly, su sobrino poltico, el Capitn General D. Luis de las Casas (cosa singular), D. Francisco de Arango y Parreo en el suyo titulado La Ninfa, y en el que tiene impuesto D. Jos Pablo Valiente, Intendente y Visitador que fue de La Habana, como cien mil pesos fuertes, y otros varios particulares; pero con tanto capricho como ignorancia, pues parecindoles el terreno a propsito para caaverales, y habiendo hecho grandes y magnficos edificios con grandes gastos, no corresponden sus utilidades a ellos y as son perdidos y arruinados como lo digo pues, aunque ponderan que sus ingenios valen cuatrocientos mil y ms pesos, si se les pregunta que justifiquen los productos libres se ver estn verdaderamente arruinados, siendo estos mismos sujetos los que han acabado las plantaciones de tabaco en esta Isla ,2 como lo probar con el nmero 7 segn dir. He reconocido este partido de Gines, su situacin plana, sus acequias para regado, que desde inmemorial tiempo se formaron sacando del ro las aguas para las vegas de tabaco, la buena calidad de la tierra y el conjunto todo es el ms oportuno, de manera que cuando vi y reconoc este

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /373 /373 /373 /373 /373 partido me figur hallar en la huerta de Valencia en esa Pennsula, y conoc el gran mal que se haba hecho a esta Factora y a la mayor de las rentas de la Monarqua Esto, crea V.E., es una verdad clara y segn ir diciendo. El tabaco es una planta que necesita de riego con oportunidad y tan delicada que es necesario reconocerla diariamente una por una, y hasta de noche con luces para que los muchos insectos que produce no la devoren. En el da se han abierto nuevas tierras para siembras de tabaco; se han establecido vegas en las inmediaciones de los ros, con el fin de que con las avenidas pueda el terreno estar hmedo y a propsito para la planta; pero sin la oportunidad del riego a mano, de las zanjas y acequias, como estaba y est puesto en todo el partido de Gines con tal medida y arreglo, formando los cuadros respectivos de las vegas y tan sencillamente que con un mero azadn se quitaba la tierra, se regaba el cuadro, se tapaba cuando era necesario; el agua sigue y como siempre es corriente, la que despus de atravesar todas las tierras, vuelve al ro por las acequias, dejando fertilizado el terreno. De esto resulta que se ha hecho un mal irreparable y que ahora estn las cosechas de tabaco sujetas a las estaciones del tiempo, es decir, como las dems de granos que suceden en esa Pennsula De consiguiente, si cuando se hacen los semilleros no llueve, si lo mismo sucede cuando se hace el trasplante, y si en oportunidad no recibe riego, todo se perdi y as es que se atribuye a sequas lo que no ha sucedido hasta ahora, y en suma arruinada la renta Arruinada, Excmo. Sr. Lo expuso en 16 de junio de 1797 el Administrador General que era de esta Factora, Don Juan de Mecolaeta, como suplico y ruego a V.E. se sirva enterar por la adjunta copia nmero 5. Que no logr ser atendido es constante y paso a manos de V.E., sealado con el nmero 6, el extracto de todos los acuerdos de la Junta; pero como los poderosos de La Habana se salen con cuanto quieren, lograron el que se destruyesen las vegas, se arruinase la plantacin de tabaco de los exquisitos de Gines, y en suma que favorecidos los poderosos por el Capitn General y el Intendente, contribuyesen a esta desolacin y tuviesen parte en el negocio Pero, cul ha sido el resultado? Lo mismo que tengo ya manifestado, de que los tales dueos de ingenios se hallan arruinados, y es menester que pruebe a V.E. esta asercin, que no quede duda, ni que lo hago con documentos festinados. El adjunto testimonio nmero 7 de la instancia, que como Intendente del Ejrcito me ha presentado Da. Brbara O’Farrill, viuda de D. Nicols Calvo, de quien llevo hecha mencin, solicitando le compre el ingenio para pagar al Rey lo que debe, porque la experiencia ha demostrado que aquellas tierras tan superiores para tabaco no son buenas para caas le har conocer a V.E. cuanto le llevo expuesto, y cuanto pronostic el Administrador Mecolaeta. Ruego muy mucho a Vuestra Excelencia se sirva enterar de dicho testimonio. El Conde de O’Reilly me ha hablado sobre el mismo asunto, y creo se ha dirigido directamente a V.E., y le he manifestado la imposibilidad, a

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OBRAS 374\ 374\ 374\ 374\ 374\ causa de que habiendo hecho enormes edificios, quieren resarcir el valor de todo con las tierras. El ingenio de Don Luis de las Casas pas a segundas manos, y el de D. Francisco de Arango, que se halla en el mismo caso, dicen que va a hacer plantaciones de arroz, nico arbitrio que le queda, despus que con sus discursos en el Consulado y en la Junta de la Factora oblig a los jefes y a la misma Junta a que tomasen un partido tan ruinoso para la mayor de las rentas de la Monarqua. Yo estoy aturdido del tono y declamaciones de que usa en su informe con proposiciones areas, y nada conducentes al fin recto del Rey; ha querido figurar erudicin, y despus de haber acabado con las plantaciones de tabaco de la Isla quiere ahora que la hoja sea libre y, en suma, que no haya rentas de tabacos El sistema que se ha propuesto este Arango con su erudicin para que no le cobren sus acreedores como trescientos mil pesos que debe en la ciudad, lo que adeuda a la Real Hacienda, de que tango dada parte a V.E., como Intendente, en 4 de octubre de 1805, nmero 708, con el escndalo apoyado por el administrador de tierra, su amigo, para que l vaya cobrando las alcabalas del Rey, se quede con ellas y no las reintegre sino al cabo de aos; el ser Sndico del Consulado, llevando la voz y voto, as como en la ciudad; de que es dspota, como en el Tribunal de Alzadas, que necesita de gran reforma y de una visita exquisita, as como en los fondos de dicho Consulado y ciudad; el ser caracterstico en l su lenguaje atrevido e insolente, como tambin lo ha verificado en el Informe que dio como Sndico en los asuntos de maderas, hablando mal e indebidamente contra el Real Cuerpo de Marina y su Juzgado, y por ltimo, querindose hacer el omnipotente de La Habana, el dictador y el orculo en un todo, habindome tenido engaado al principio, y que por no conformarme con sus ideas y gestiones no ha tomado posesin del empleo de Asesor para que le propuse, y que, desde luego, no conviene el que le sirva. El haber querido meter las historias del tabaco, que de nada sirve, y es lo mismo que desde Pars dije a V.E., en 25 de julio de 1803, tratando de este mismo asunto; el criticar, hablar sin fundamento ni solidez de las oficinas de esta Factora, que nada tiene que ver con los vegueros ni siembras, del mismo modo que las dependencias de las alndigas o depsitos del trigo en Espaa con los labradores, que le siembran, riegan, rastrillan y entregan; el reducirse sin conocimiento a slo esto, y no a proponer el medio de que haya mucho tabaco, y que ste sea bueno, punto distinto al del modo de su aplicacin, administracin o dispendio; el no reducirse a otra cosa que a paradoja, anatematizaciones y otras palabras infundadas y areas ; me hacen proponer al Rey, como Superintendente Director General de la Renta en esta Isla, la necesidad de que a imitacin de lo que se observa en Nueva Espaa, Caracas y toda Amrica, se estanque el tabaco en hoja y torcido en la Isla de Cuba; que se impongan derechos moderados y que, con juicio y prudencia, se realice, a fin de que adems de la gran abundancia con que

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /375 /375 /375 /375 /375 se proveer de tabaco la Metrpoli, se ahorrar el situado de Nueva Espaa, o podr reducirse a slo un tercio; pues con los moderados derechos impuestos al consumo y con el valor del tabaco, que reintegren las Direcciones de Tierra Firme del que para su consumo se les remite de la Factora de La Habana, queda suficiente caudal para el todo. Para hacer esta proposicin tengo presente entre varios expedientes lo informado por el Marqus de la Sonora a su regreso a Espaa al Virrey de Mxico en 31 de diciembre de 1771, y lo expuesto al Presidente de Guatemala por D. Juan Manuel Ramrez en 27 de julio de 1784, sobre que descendi Real Orden de 27 de marzo de 1786 Por qu los vasallos de Cuba, y con particularidad los de La Habana, no se han de igualar a los dems? Qu vasallos del Rey estn ms beneficiados que los de La Habana, reteniendo sumas inmensas del Erario, lucrndose con ellas en medio de las angustias y hallarse exhaustas las Cajas Reales? Qu vasallos pagan menos derechos o contribuciones, no slo en la extraccin, sino en lo interior de alcabalas, etc.? De qu le sirve al Rey que sea rica en el nombre la Isla de Cuba si necesita S.M. sealar situados para cubrir sus obligaciones y sostenerla? Pues, a qu tanto escribir, tanto hablar, tanto ponderar la agricultura y comercio de La Habana y en la Isla de Cuba? Esto necesita de gran reforma, Sr. Excmo.; y as reducir a slo cuatro puntos el todo de mi exposicin. Primero. Que se estanque en La Habana el tabaco elaborado para su consumo, as como lo est la hoja Segundo. Que se impongan derechos prudentes al tabaco elaborado y de hoja que se venda para el consumo. EL EMPERADOR DE LOS FRANCESES LOS HA IMPUESTO, vase la copia nmero 8. Tercero. Que se forme gremio de vegueros bajo la jurisdiccin del Superintendente Director General de la renta de tabacos. Cuarto. Que para la realizacin pacfica de los puntos anteriores se les d destino fuera de la Isla a las personas que a su tiempo se manifestarn Estos cuatro puntos causarn a V.E. alguna sorpresa para presentarlos al Rey; pero, tratndose de asegurar para siempre el establecimiento de la renta de tabacos en esa Metrpoli sin tantos papeles opuestos y escritos como se han extendido, la mayor parte viciosamente, y que de acumular ms datos sera embarazar la bien ocupada atencin de V.E., me resta slo aadir que si V.E. lo estimare conforme y le pareciese conveniente por este grave asunto el que yo pase a sa con licencia, demostrar de boca y con documentos, y ante alguna Junta de Ministros que se forme, la necesidad de lo propuesto; de otra suerte V.E. no lograr jams el fin que ha deseado y conviene a los intereses del Rey. V.E., sin yo pretenderlo ni solicitarlo, sino porque me crey capaz de este destino, me propuso a S.M. y V.E., por lo mismo, debe asegurarse de la veracidad de mis exposiciones, y que son dictadas al fin recto del servicio. Todas otras, sean cuales fueren, estn viciadas, ya sea porque los que las firmaron no saben lo que firman, como lo que motiv la Real Orden de 30 de abril de

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OBRAS 376\ 376\ 376\ 376\ 376\ 1802, de que hablo al principio, y ya porque los hijos del pas son sospechosos y prefieren su utilidad y ventaja a la del Estado y a los ingresos del Erario como aqu se est tocando. Por ltimo, repito, si V.E. cree conveniente que para de una vez consolidar esta Factora, y de consiguiente los grandes ingresos de la renta de tabaco en esa Metrpoli, pase yo con licencia a sa, en este caso propondr, para que supla mi ausencia, al Contador Mayor, Decano del Tribunal de Cuentas, D. Nicols Snchez Silgado, sujeto de toda mi confianza. Dios guarde, etc. Habana, 3 de mayo de 1817. R. G. Roubaud Excmo. Sr. D. Miguel Cayetano Soler. II Superintendencia de Tabacos de La Habana. Nmero 17. Excmo. Seor. Original paso a manos de V.E. el Informe que sobre esta Factora de Tabacos me ha entregado D. Francisco de Arango, asesor nombrado de esta Superintendencia, y notando el nuevo sistema que propone; pero que sobre todo lo que se necesita es que se paguen las consignaciones tantos aos ha detenidas; V.E., sin embargo, se servir resolver lo que guste; no siendo corto el entorpecimiento en que me veo por tal Informe, que juzgo es de la mayor gravedad y atencin para la resolucin de S.M. Dios guarde a V.E. muchos aos. Habana, 20 de abril de 1807. Excelentsimo Seor. Rafael Gmez Roubaud Excelentsimo Seor don Cayetano Soler. IIIContestacin de don Rafael Gmez Roubaud al seor Redactor General de Cdiz, nmero 181El Asesor D. Francisco de Arango evacu y me entreg su segundo Informe grande y voluminoso en 26 de agosto de 1806. Las circunstancias ocurridas en este tiempo me obligaron el dirigir todo el expediente e informes al Oidor don Francisco Figuera de Vargas, quien hasta el 31 de enero de 1807 no lo despach y me lo devolvi. Examinado por m con toda la atencin que exiga asunto de tal tamao, y meditando lo que sera ms conveniente al servicio del Estado, me resolv dirigir a la Superioridad, con fecha de 3 de mayo del propio 1807, todo el expediente y los informes originales, diciendo que sera gran confusin el aglomerar ms datos para la resolucin que fuese del agrado de S.M.; que me pareca deba venir yo a Espaa para que vista en una junta de Ministros, y con presencia de lo que a boca pudiera exponer para la debida claridad, resolviera el Rey lo que creyese ms conforme; pero no se me contest. S que este expediente est en el da en las Cortes; no s si completo, o si se han usado de las exquisitas noticias y documentos de tantos como en l han trabajado, sien-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /377 /377 /377 /377 /377 do el que menos yo, pues esperaba dar mi juicio y dictamen en su oportunidad como el encargado para el caso, y segn fueren las intenciones del Gobierno; pero no ignore el todo, y... Tambin en el mismo mes de mayo de 1807 se form una junta solemne en la Factora, copia nmero 4, para acreditar el abandono en no recibirse de Mxico las consignaciones desde 1802 hasta aquella fecha, y poder pagar a los labradores el sudor de su frente, de que se dio cuenta al Gobierno, quien contest de una manera tan extraordinaria como ignorante. El fallecimiento de D. Joaqun Enrique de Luna, Oficial de la Secretara de Estado de Hacienda en Espaa en el negociado de tabacos, ha sido una prdida al Estado; y seguramente me sorprendo y no alcanzo al or los clculos y demostraciones en punto a si debe o no ser libre la siembra, la manufactura y el expendio, venta o comercio del tabaco en toda la Pennsula; que si as se estimase, aunque no se sepa el estado de poblacin, etc., no debe quedar persona alguna empleada de la renta en la Isla de Cuba, y disolverse y acabarse la Factora de La Habana y subalternas que estableci la Compaa, no la Real Hacienda, la que viendo sus ganancias fue uno de sus impulsos el adquirirla, y es menester estar muy sobre aviso el que no se forme otra corporacin que entorpezca la libertad que se desea. As, pues, para seguir la opinin general —contra la que no es poltico resistir a pesar de lo que acredit al nmero 8 de mi exposicin citada de 3 de mayo de 1807— de que el tabaco debe ser libre en sus tres ramos, agrcola, manufacturero y expendedor; es decir, que del mismo modo que se comercia con el azcar, caf, cera, etc., se haga con el tabaco; todos siembren, todos manufacturen cigarros, polvo exquisito, cucarachero, rap, andullo y de cuerda llamado Brasil o negro, todos comercien; slo resta que, calculndose el derecho que debe cargarse al tabaco, para en parte redimir al Estado de su prdida, ser el medio nico de que con el tiempo se conozca lo verdadero, lo til y seguro. Es tal mi adhesin a la Isla de Cuba, que ofrezco muy luego presentar algunos puntos interesantes a su agricultura y comercio con otras noticias adquiridas en el tiempo que serv aquella Intendencia de Ejrcito y Superintendencia General de Tabacos. Cdiz, 24 de diciembre de 1801. Rafael Gmez Roubaud. IVOficios del Sr. Superintendente D. Francisco de Arango al Sr. Ministro de HaciendaExcelentsimo Sr.: Por la fragata “La Ceres”, en que yo esperaba al Superintendente propietario o mi pretendida y deseada orden de rele-

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OBRAS 378\ 378\ 378\ 378\ 378\ vo, he recibido antes de ayer la de 1 de agosto, en que manifestndome V.E. los ilimitados deseos que tiene el Gobierno Supremo de que se remitan cigarros a la Pennsula, me manda que con este objeto tome las convenientes medidas. Y cules podr tomar quien tiene sus Cajas en el miserable estado que a V.E. consta, y quien adems se halla con todas las ligaduras y dudas que tengo yo? Sin medios, sin autoridad proporcionada, sin buenos compaeros, sin seguridad siquiera de que puedan subsistir los planes que se proyecten, qu cosa se puede hacer ni aun intentar con provecho? Males y descrdito es lo que puede prometerse quien se halle en mi situacin, y por esto han sido y son tan ardientes e importunos mis clamores a V.E. para que venga otro a encargarse de este ramo, que por fortuna conservo en estado regular. Las Cortes y V.E. tienen sobrada razn en la peticin de cigarros. Hace muchos aos que debi verse que el gran asunto de esta Factora era el de aumentar aqu hasta el infinito la fbrica de este artculo con economa y perfeccin, y esto lo recomend con el mayor calor en mi prolijo Informe de 1806, procurando de mil modos hacerlo entender tambin al Ministerio desde que me encargu de esta Superintendencia, y no contentndome con haber tenido siempre ocupadas las fbricas establecidas, trat de la fundacin de otras nuevas, aun en medio de los apuros y contradicciones que me rodeaban. El expediente se hallaba en el mejor estado cuando con la noticia de la prdida de las Andalucas e infortunios que sucedieron, vino la del nombramiento del nuevo Superintendente, y en este estado ya ve V.E. que lo que aconsejaba la prudencia era no hacer novedad. Llega actualmente la orden de 1 de agosto; pero al propio tiempo leemos en los diarios que las Cortes Generales tienen entre manos el gran asunto de la reforma de esta Factora y aun el del estanco del tabaco en la Pennsula. Qu es, pues, lo que en esta expectativa puede emprenderse para la ilimitada remesa de cigarros, siendo para ella preciso nuevos establecimientos, algn tiempo y mucha constancia? Deseoso, sin embargo, de dar, como siempre, el ms puntual cumplimiento a las Soberanas rdenes, he pasado a informe de la Administracin General este asunto, y har cuanto pueda en su obsequio y avisar las resultas sin prdida de momento, asegurando, entre tanto, que se ir remitiendo todo lo que sea posible. Pero permtame V.E. que le haga una reflexin que no debo diferir. Los cigarros, que con tanta prontitud se expendan en el mes de julio en esa plaza, se fabricaron en sta con el mayor esmero —por encargo especial del Gobierno— de hoja escogida de Vuelta Abajo y de un tamao muy reducido; por cuyas calidades se hubieran vendido aqu esos cigarros a mayor precio que al que all se han expendido; y los cigarros comunes, de hoja de tierra adentro, que regularmente se envan a la Pennsula, no se venderan ac por los dos tercios que sos. Al Rey, de contado, le cuestan muchsimo ms los

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /379 /379 /379 /379 /379 primeros que los segundos, y yo pregunto: ya que el Estado ha de hacer el oficio de mercader, por qu causa no ha de observar la primera de sus reglas? Por qu lo que le cuesta ms y es mejor no lo ha de vender a mayor precio que lo que le cuesta menos y no es tan bueno? Y por qu si all no es posible hacer esa distincin en el gnero, ac, que se puede hacer con provecho, no se permite sacarlo verificando la venta? Dios guarde a V.E. muchos aos. Habana, 6 de octubre de 1811. Francisco de Arango. Excelentsimo Sr.: Me es sumamente sensible haber madrugado tanto en acusar a V.E. el recibo de su interesante orden de 1 de agosto anterior. Lo hice acabado de recibirla y en el angustiado momento de haber hecho corte de caja, y tener por toda existencia la de trece mil seiscientos diecisiete pesos seis reales y siete octavos, y todava por pagar gran parte de la cosecha. Me expliqu por consecuencia con toda la melancola que en mi corazn haba; y esto me duele ahora, porque hubiera sido mejor haber callado y esperado. En efecto, el horizonte ha mudado en estos cinco das intermedios porque he recibido en ellos parte de los procesos de la testamentara del difunto Conde de Mopox, y puedo fundar esperanzas de hacer dinero de estos bienes, o al menos sostener con ellos el crdito de la Factora. Tengo, pues, este recurso y todo lo que apurar para realizar en lo posible el decreto de las Cortes, que me traslada V.E. en su referida orden de 1 de agosto. Pudiera decir yo algo de lo que tengo hecho; pero est en embrin, y saliendo maana este barco debo reducirme a suavizar con estas vindicaciones la sequedad de mi primer respuesta, o sea, de mi oficio del 6 del corriente, nmero 235. En l conclua haciendo algunas observaciones sobre el mal calculado precio que tienen ah los cigarros, y sobre la prohibicin que hay para venderlos aqu quizs con mayor ventaja. Despus he ledo la discusin que hubo en el Supremo Congreso con motivo de la mocin que hizo el Sr. Aner para que se aumentase a ochenta reales el precio de los cigarros; y bien reflexionado todo, debo, aunque sea en dos palabras, decir, sin demora alguna, que por todo buen principio y sin ningn inconveniente debe venderse ah la libra de cigarros de hoja de Vuelta Abajo a ochenta reales, y a sesenta la de los otros partidos. Estoy muy lejos de recomendar por esto que sea perpetuo este precio. Conviene, al contrario, poner el mayor empeo en que baje mucho, y deseo con ansia verlo descender hasta el grado de baratura que es preciso para que puedan los pobres gastar de nuestro tabaco y se destierre en Espaa el uso del extranjero; pero esta gran operacin necesita de tiempo, de otras combinaciones y otras circunstancias. En las que nos hallamos debemos considerar que slo la gente pudiente consume el tabaco habano; y que slo por ella puede alcanzar el que hay, y en tal

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OBRAS 380\ 380\ 380\ 380\ 380\ caso nuestro estanco —aun queriendo proceder con una moderacin que no permiten las privilegiadsimas necesidades del Erario— debe arreglar sus precios por los que tiene o tendr el artculo en manos de los particulares. Y stos, seguramente, en el presente ao ganaran muy poco vendiendo ah nuestros cigarros por los precios que he propuesto. Y para que de esta verdad queden todos convencidos, puede asegurar V.E. que el precio ms moderado que tienen en esta ciudad los cigarros de Vuelta Abajo es el de tres pesos fuertes libra, y que nunca baja de dos el de los otros partidos, siendo de hoja escogida como son los de la Factora. Agrguense despus los costos y riesgos del transporte con gabelas y derechos, y se ver la ganancia que pueden sacar de aqu los que especulen en esto. Dios guarde a V.E. muchos aos. Habana, 11 de octubre de 1811. Francisco de Arango. Excelentsimo Sr. Antes de que vea V.E. lo que por m se ha hecho en cumplimiento de la Real Orden de 1 de agosto ltimo, ser conveniente se instruya de los preparatorios pasos que antes haba dado yo para el utilsimo aumento y posible economa de la fabricacin de cigarros. Por estos antecedentes conocer V.E. que es mucho lo que ambas cosas tenemos que adelantar, y que ninguna quizs producira al Erario iguales utilidades. Yo no s si en la Pennsula —aun quieta y toda dependiente de nosotros— pudieran tener salida al alto precio del da los dos millones de libras que el Sr. Soler calculaba en 1801; pero s estoy bien seguro de que se venderan aqu mismo, quizs con mayor estima, abriendo las puertas precisas, y que si esta operacin llegase a plantificarse, ella por s sola dara una ganancia anual de tres millones y medio de pesos fuertes por lo menos. Su mayor inconveniente es el de asegurar la gran cantidad de hoja que es menester, y en el actual sistema de esta Factora es un delirio esperarlo. En 1806 propuse detenidamente los males de que adoleca este establecimiento, y hablando con la timidez y detencin que eran propias de aquel tiempo ofrec aclarar las dificultades que ocurriesen y se me pudieran oponer. Siempre estoy pronto y deseoso de llenar este deber, y siempre persuadido de que a quien ms perjudican las restricciones y trabas con que aqu se halla el tabaco es a las granjeras o estancos que en la Pennsula y en nuestras dems posesiones tiene S.M. Es menester estar ciego para no ver que la primera medida que en esto debe tomarse es la de agrandar y ensanchar cuanto sea posible la fuente de que beben todos y todos quieren beber. Subsistan o no subsistan los estancos de tabaco en nuestros dems pases, aqu de lo que debe tratarse es de aumentar al infinito la abundancia, baratura y buena calidad de la hoja que en ellos ha de consumirse, y esto no se consigue con trabas y restricciones. Dios guarde a V.E. muchos aos. Habana, 16 de octubre de 1811. Francisco de Arango.

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /381 /381 /381 /381 /381 VOficio del Ministro de Hacienda a los Secretarios de Cortes, en virtud de lo expuesto por D. Francisco de Arango en los oficios antecedentesLa Regencia de las Espaas me manda diga a VV.SS., como lo ejecuto, para que lo pongan en noticia de S.M., que habiendo llegado a este puerto porcin de tabaco de La Habana en cigarros y con l la carta adjunta del Director Superintendente de la Factora de aquella Isla, D. Francisco de Arango, sujeto que, a la circunstancia de haber nacido all y ser propietario, rene muchos conocimientos e inteligencia en tan importante ramo, ha resuelto S.A. suspender la venta de aquel fruto hasta que S.M., en vista de las razones expuestas por Arango y de la necesidad de reunir fondos con que hacer frente a tanto dispendio, determine lo que considere ms justo y conveniente, en concepto de que la opinin de la Regencia en el asunto es la misma del Superintendente. Dios guarde a VV.SS. muchos aos. Cdiz, 30 de enero de 1812. Jos Canga ArgellesNotas1Este Informe se public en forma de folleto, en 1812, en la Oficina Nueva de Arazosa y Soler.2Este ingenio se fund en cuatro caballeras de tierra, dndose principio a su establecimiento cuando ya no era Capitn General de esta Isla Don Luis de las Casas. En las tierras de La Ninfa no haba vegas de tabaco; eran montuosas y distaban del pueblo de Gines, por el camino de entonces, ms de tres leguas. En donde haba algunas vegas era en los terrenos de que se componen el citado ingenio del respetable D. Luis de las Casas, el de D. Nicols Calvo y el del Sr. Conde de O’Relly; cuyo territorio total ascendi a sesenta y cuatro o sesenta y cinco caballeras, compradas por altsimos precios a los que quisieron venderlas. Conviene adems advertir tres cosas muy importantes para los forasteros. La primera es que el partido de Gines es uno de los setenta u ochenta de esta Isla donde se cultiva tabaco. Segunda, que en este partido slo para polvo fino se da buen tabaco y ya se sabe lo que ha decado este ramo. Y tercera, que extendindose las aguas del ro de Gines hasta Lechupas y San Julin, por su ribera derecha, y hasta Guanamn, por la izquierda, se riegan hoy con esas aguas ms de diez leguas planas de terreno o mil quinientas caballeras, pudiendo fcilmente regarse otras diez leguas que todava estn montuosas. El lector podr juzgar el dao que pudie-

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OBRAS 382\ 382\ 382\ 382\ 382\ ron hacer para el cultivo de tabaco la separacin de las sesenta y cinco caballeras cansadas que emplearon en caa los referidos seores Calvo, O’Relly y Las Casas.

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INFORME DE ARANGO INFORME DE ARANGO INFORME DE ARANGO INFORME DE ARANGO INFORME DE ARANGOSUMARIO. SECCI"N I. Idea general de los progresos del tabaco y de su decadencia en esta Isla. SECCI"N II. Origen y progresos del que aqu se llama estanco. SECCI"N III. Anlisis de las partes que componen este estanco. SEC-CI"N IV. Remedios que conviene adoptar. Seccin IIDEA GENERAL DE LOS PROGRESOS DEL TABACO Y DE SU DECADENCIA EN ESTA ISLA1Poco importa que el tabaco no fuese, como se crey, una produccin especial o exclusiva del Nuevo Mundo. Enhorabuena que sea planta indgena de Asia; que tambin se d silvestre en las ardientes regiones del continente de frica, y que, llevada a Europa, se cultive con ventaja hasta en los helados Alpes.1 Lo esencial a nuestro intento, lo que nadie pone en duda es que de Amrica sale el tabaco ms selecto, y que ningn europeo haba conocido el uso de esta preciosa droga hasta que los espaoles la vieron arder en la boca de los naturales de Cuba, segn aseguran unos,2 o de Yucatn segn otros.32Su ejemplo cundi como el fuego, y slo pudo atajarlo la equivocada opinin que los mdicos de entonces formaron de las virtudes y calidades de esta hoja. Pero disipados con el tiempo estos primeros errores el consumo del tabaco se extendi por todo el orbe, y al paso que facilit la ms amplia ocupacin al comercio de las naciones proporcion a sus caudillos materia sobre qu fundar una de las ms pinges rentas o recursos del Estado. 3Los primitivos dueos, los descubridores de Amrica y del uso del tabaco fueron probablemente los primeros que sobre l fundaron una contribucin. Al menos es sabido que en 1636 era de tanta entidad, que en las Cortes de aquel ao la solicit para s y la obtuvo la Corona. Arrendse desde entonces a varios particulares; despus a las mismas provincias, y

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OBRAS 384\ 384\ 384\ 384\ 384\ en sus manos se mantuvo desde 1702 hasta 1731 que tom la administracin el Ministerio del Rey, y estableci el sistema que con cortas variaciones nos gobierna todava.4 No me toca examinarlo ni calcular los perjuicios o ventajas que presenta. A mi cargo slo est ver si en tan importante ramo se ha sacado de esta Isla todo el partido que ofrece. 4Ninguno se sac de contado en los dos primeros siglos de su descubrimiento, pues D. Agustn Palomino fue el que primero tuvo comisin del soberano para comprar en esta ciudad y remitir a Espaa tabacos para la Real Hacienda, y esto vino a suceder en 1701.5 Hubo de conocerse entonces la importancia de este encargo, y a poco rato —es decir, en 1711— se cre para ejercerlo una Factora formal, cuyo primer Director fue D. Martn Loinaz. Veintitrs aos despus se aboli esta Factora y se celebr un asiento (1734) con D. Jos Tallapiedra, para que cada ao hiciese a Espaa remesa de ciento veinte mil arrobas de tabaco: las cuarenta mil de hoja para chupar de primera calidad, de los partidos de Santiago, Sierra y Bejucal, cincuenta y seis mil buenas para moler; y veinticuatro mil en polvo molido, rancio, aterronado y labrado, de hoja limpia y despalillada. En 1736 se hizo nuevo asiento con el Marqus de la Madrid, que con rebaja de un cuarto de velln en cada libra se constituy a remitir las mismas ciento veinte mil arrobas del tabaco de vegas e igual cantidad del de estancias. Pero el vecindario de esta Isla, representado en la Corte por D. Martn de Arstegui, pint con tan vivos colores los males de estos asientos, que al fin consigui destruirlos, y que en su lugar se fundara en 1740 una Compaa mercantil que tomase sobre s entre otras obligaciones la de remitir anualmente al precio de La Madrid, no las doscientas cuarenta mil a que ste se haba obligado, sino las ciento veinte mil pedidas a Tallapiedra con sus mismas circunstancias. 5Ni S.M. ni el pblico estuvieron bien servidos, y a pesar de la riqueza y gran poder de este Cuerpo al cabo se le arranc en 1760 la comisin del tabaco, y para su mejor desempeo se cre la Factora que tenemos actualmente, dotndola a los principios con los cuatrocientos mil pesos consignados a la Compaa, y aadindole despus otros cien mil pesos ms. De la subsistencia de este establecimiento no puede formarse argumento para probar el acierto o utilidad de sus pasos, pues hace ms de veinte aos que est gritando contra ellos el Ministerio del Rey y expidiendo sin cesar censuras y conminaciones,6 a cuyo pesar sigui el mal en el mayor incremento, y por ltimo recurso se ha depositado en S.M. toda la autoridad y confianza necesarias para tratar de su cura. 6Parece increble, en efecto, que pudisemos llegar a la dura necesidad de ocurrir al extranjero hasta para completar los consumos de este pblico.7 Y ste, sin embargo, es el lastimoso caso en que se encuentra una Isla que, o por la feracidad de su suelo o por el feliz temple de su clima, goza la preeminencia de ser en lo descubierto la que mejor tabaco ha pro-

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /385 /385 /385 /385 /385 ducido y produce.8 El desagradable contraste que estas verdades ofrecen casi se hace insoportable cuando la razn se detiene y trata de profundizar. 7Era muy natural que la siembra del tabaco fuese la ocupacin predilecta de los primeros pobladores o cultivadores de esta Isla, y consta efectivamente por hechos irrefragables que no solamente fue el preferente alimento de nuestro naciente trfico, sino que en los pocos momentos en que goz de libertad, o tuvo la que los dems frutos, a todos los eclips9 y por lo menos lleg a dar en ao comn sobre seiscientas mil arrobas.10 La cera, el caf, el aguardiente y aun el azcar mismo, que tan respetable hace hoy nuestro comercio martimo, o le eran desconocidos o casi no figuraban cuando ya toda Europa gustaba de nuestros cigarros, y buscaba por sus nombres el polvo de D. Pedro Alonso y de D. Juan de Jstiz. Nuestra actividad y poblacin fueron despus ac en el mayor aumento, y continuando en el mismo el gusto de los europeos por el tabaco habano, a lo menos parece que ni nosotros podamos abandonar un ramo que, por decirlo as, casi nos es privativo, para entregarnos a otros en que tenemos rivales mucho ms favorecidos, ni ninguna otra colonia empearse en un cultivo en que la Naturaleza nos daba la preferencia. 8Lo contrario, sin embargo, sucede por nuestra desgracia. Muchas colonias extranjeras se dedicaron con provecho a la cultura del tabaco, y Virginia especialmente lo tom con tal ardor que en 1758 lleg al punto de extraer setenta mil bocoyes, que vienen a ser ms de tres millones de arrobas. Posteriormente, es verdad que por la degradacin de sus tierras o porque hall ms ventajas el cultivo del trigo y del algodn, se ha minorado en un tercio su cosecha de aquel fruto;11 pero tambin es cierto que ese vaco lo llenaron con exceso las otras provincias angloamericanas en Carolina, Maryland, Georgia y Kentucky, en trminos que todas juntas producen en ao comn ms de cuatro millones de arrobas.129Nosotros, por el contrario, con la antigua y vergonzosa experiencia de que esos mismos angloamericanos prefieren a cualquier precio los cigarros de esta Isla13 y con poblacin tiempos hace para recoger,l4 si se quiere los mismos cuatro millones de arrobas, ya habamos retrocedido en el citado 1758,15 ya despus hemos seguido an con mayor abandono, mirando, cuando no con tedio, al menos con indiferencia el camino de nuestras dichas, buscndolas por otros rumbos en donde los extranjeros nos llevan grandes ventajas. 10Nada de esto extraar quien conozca los agentes de la humana actividad, y sepa cul fue la incertidumbre, desamparo y sujecin en que alternativamente estuvo, hasta 1762, la agricultura de esta Isla; no lo extraar, repito, quien haya tenido noticia de que en algunos casos llegamos al cruel extremo de carecer de vino con que celebrar el santo sacrificio de la misa ;16 quien estuviere enterado de que para socorrer tantas necesidades en alivio de las vejaciones, que sucesivamente causaron la primitiva

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OBRAS 386\ 386\ 386\ 386\ 386\ Factora y los asentistas, y como medio eficaz de dar salida a los productos de una poblacin ya numerosa, se cre en la Habana una Compaa exclusiva que acabase de arruinarla. En resumen, el que advierta que la industria de esta colonia naci y estuvo mucho tiempo o sin alas o con grillos, condenada a la inaccin o sujeta casi siempre a los rateros caprichos y muy mezquinos recursos del insaciable monopolio, lejos de echarnos en cara la actividad de Virginia se admirar con razn de que la habanera existiera entre tantas aflicciones, e hiciese por temporadas los progresos que hemos dicho. 11Prueba de esta verdad, y prueba muy expresiva, son los gigantescos pasos que ha dado la fortuna pblica de esta preciosa Isla en estos cuarenta y tres aos de ilustracin y franquicia. Todo ha crecido; todo ha volado a su sombra, y slo el que de ella no disfruta, quiero decir, el tabaco, que en todo el tiempo de las trabas era el que tena alguna vida, ha sido el que la ha perdido. 12Para ms bien conocer las causas de este trastorno, y sacar las consecuencias que a nuestro intento conducen, conviene que hagamos alto y echemos, aunque sea una ojeada, sobre esta segunda poca, arrancando para ella del venturoso da de la restauracin de La Habana al justo dominio de sus dueos, o sea, del feliz momento en que por la sabidura y eterna beneficencia del Seor D. Carlos III logr, entre otros bienes, esta Isla liberarse de las flotas, y comerciar en derechura no slo con el puerto de Cdiz sino con otros de Espaa. 13Como en nuestra ciudad no haba aduanas ni registros formales, no tenemos a la vista estados circunstanciados de la extraccin que se haca en 1761 o 1762. Pero los libros de la Compaa nos dicen lo que por mayor insinuamos, esto es, que ninguna haba de cera, caf y aguardiente; que la de azcar slo llegaba a veinte mil ochocientos cuarenta y una arrobas nueve y tres cuartos libras;17 y que la de tabaco, que a causa de los asentistas y Compaa estaba ya en decadencia, sera, sin embargo, en ao comn, como de trescientas mil arrobas.18 Vamos a ver ahora el reverso de la medalla. 14La exportacin de azcar llegar ya en toda la Isla a cinco millones de arrobas, que sin contar sus mieles o el aguardiente que dan valen de nueve a diez millones de pesos.19 La cera, que empez a blanquearse en 1775, nos da para nuestro gran consumo, y nos trae anualmente de Veracruz y otras partes medio milln de pesos.20 El caf, que comenz despus de la insurreccin del Guarico, o por mejor decir a finales del gobierno memorable del Sr. D. Luis de las Casas, poco despus del establecimiento del Consulado, cuenta actualmente en su gremio ms de cuatrocientas haciendas formales,21 que dentro de dos o tres aos estarn en gran producto; y calculando racionalmente pasarn de quinientas mil arrobas, las cuales, al precio del da, son tres millones de pesos. nicamente el tabaco es el que

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /387 /387 /387 /387 /387 no ha corrido la misma dichosa suerte, como si bien se examina lo demuestra claramente el citado nmero 9 del expediente de ventas. 15Hubo un instante en que, segn se dice, vio la Factora en su gremio de nueve a diez mil labradores,22 que en una sola cosecha llegaron a entregar trescientas cuarenta mil novecientas ochenta y cuatro arrobas once libras; pero esto que apenas basta para hacer como se deben las remesas a la Pennsula; que ni es lo que fue ni sombra de lo que deba ser dur solamente un ao,23 retrocediendo despus hasta el punto de estar reducido a un tercio el nmero de labradores,24 cuyas entregas reunidas en los ltimos diez aos nos dan en el comn noventa y seis mil ochocientas cuarenta y seis arrobas una y media libras, no de clases principales sino de todas juntas,25 y si de all rebajamos el doce por ciento de mermas que la Factora confes en el expediente de ventas, y las sesenta mil cuatrocientas cincuenta y siete arrobas que, segn l, se vendieron a este pblico en 1803, las cuales en otro tiempo todas salan de las vegas,26 apenas puede suponerse, hablando con exactitud, que lleguen a veinte mil en los ltimos aos y a treinta mil en los anteriores las que quedaron libres para proveer la Pennsula y nuestros estancos de Amrica. No hay que aturdirse ni entrar en reflexiones. No hay que volver los ojos a los cuatro millones de arrobas de las Provincias Unidas, ni a las seiscientas mil que, estando todava en mantillas, llegamos a recoger nosotros. Falta todava lo mejor de este espantoso contraste. 16El azcar, que es el ramo que naci con el tabaco, el que medraba tan poco bajo el duro imperio de los asentistas y de la Compaa, y el que despus ha dado pasos ms portentosos, no ha tenido notable aumento de precios en esos cuarenta y tres aos; porque, aunque lleg a duplicarlos con la insurreccin del Guarico, ese momento pas con la celeridad de un relmpago; y vueltas a su nivel las cosas podemos asegurar que, con diferencia de un real o real y medio a lo ms, vendemos en la actualidad la arroba de este fruto al precio que se venda hace cuarenta y aun sesenta aos.27 No puede decirse lo mismo de los infinitos artculos que para su elaboracin necesita,28 ni tampoco de los premios que pagan los amos de ingenio por los gruesos suplementos que exigen tan grandes fbricas, pues de pblico se sabe que el dinero y aquellos utensilios valen en la actualidad el duplo de lo que valan antes. Por otra parte, es notorio que las colonias, casi con tan buen terreno como nosotros para el cultivo de la caa, logran a precios mucho ms cmodos todos los utensilios y artculos de su consumo, y disfrutan adems las extraordinarias ventajas de encontrar los suplementos que necesitan al moderado inters de cinco por ciento, de no tener diezmos, de no pagar alcabala y de que sus fletes sean ms baratos que los nuestros. 17Las haciendas de tabaco que estn al alcance del pobre, igualmente que al del rico, que admiten indiferentemente a un agricultor y a muchos,

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OBRAS 388\ 388\ 388\ 388\ 388\ que dan ocupacin al viejo y al nio, al varn y a la hembra, aun para su establecimiento y subsistencia casi no necesitan capitales, porque slo se componen de labradores, tierra y barracas, esto es, de unos artculos que se dan a renta y que estn a bajos precios en parajes oportunos —como despus se ver—; que aun en las inmediaciones de esta ciudad a menudo se han franqueado sin inters y a plazos largos por la misma Factora; que estn libres de la rivalidad de las colonias vecinas o de las vicisitudes que en el consumo de Europa causa la concurrencia de sus frutos; teniendo, como tienen en Espaa, un mercado exclusivo, u oyendo que en nombre del Rey les ofrecen recibir todo el producto de su cosecha por doble o por triple precio del que se les daba antes de que hubiera Factora;29 disfrutando hace algunos tiempos la gran ventaja de ser pagados en dinero en el instante que llegan, y logrando, por ltimo, la de vender con mucha estimacin una parte de sus cosechas a los consumidores. Esas haciendas, digo, con tan grandes incentivos, lejos de haberse aumentado con proporcin a las otras en estos cuarenta y tres aos; lejos de haberse atrado, como lo haban hecho antes, a los cultivadores de aqullas, nunca volvieron a ser lo que antiguamente fueron y al fin las vemos correr a su total exterminio. 18Y cul puede ser la causa de tan inesperado suceso? Cul la de que en la citada poca no haya crecido en Espaa el consumo del tabaco, o al menos del tabaco habano?30 Cul la de que ni aun para sostenerlo hayan podido alcanzar las remesas que la Factora ha hecho en estos ltimos diez aos?31 Cul la de que all se sostenga a costa de tantas fatigas y lgrimas el mucho menos apreciable tabaco de Brasil y aun de Virginia? Cul la de que est Europa libre de la contribucin en que nuestros fabricantes, y sobre todos Pedro Alonso, la llegaron a poner? Cul la de que tan raros sean en las naciones civilizadas nuestros apetecidos cigarros; tan poco apreciado en unas y tan desconocido en otras el rap de nuestra hoja?32 Y cul, por fin, el motivo de que sta jams haya ardido en las regaladas pipas del voluptuoso asitico ni en las perennes cachimbas del indolente africano? 19Parece ocioso decirlo, porque todo nos persuade que esto nace del estanco, o sea, del ms restricto sistema en que se puso aquel fruto en el momento mismo en que se dio a los otros la libertad de que gozan.3320Cuando todos lo lograron vimos que el tabaco fue el alimento y objeto del comercio de los franceses, y mientras que por distinto trmino todos se vieron sujetos a la misma dependencia o al mismo grado de abandono, y la medida de la habanera industria era la de las combinaciones y limitados fondos de la primitiva Factora, de los asentistas o de la Compaa, vimos del mismo modo que el tabaco descollaba entre todos nuestros frutos, y que tom la extensin que quiso o que pudo darle el inters o los fondos de los que entonces eran dueos de nuestro trfico; pero desde que el libre comercio quit las riendas a stos y dio al agricultor eleccin, era

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FRANCISCO DE ARANGO Y PARREO /389 /389 /389 /389 /389 forzoso esperar o muy fcil prever que sta recaera en los ramos que ofreciesen recompensas sin zozobras. 21Al menos no era de creer que el hacendado rico, el que quizs trabaj para poder vivir con tranquilidad y decoro y sin otra dependencia que la de las leyes comunes, se quisiera sujetar a pesquisas humillantes, y sin un enorme lucro renunciar a la esperanza de dar alguna vez la ley. Del pobre se pudo pensar que, por tener menos orgullo y menores proporciones para aspirar a las labores de extraccin, que llamaremos libres, se viese como forzado a continuar la del tabaco; pero no se tuvo presente que nuestras grandes haciendas, y en particular las de azcar, llevan en pos de s un nmero considerable de pelantrines blancos. No se previ tampoco el rpido y portentoso vuelo que haba de tomar la fortuna pblica, y con ella los consumos de carne, granos, legumbres y dems siembras menores. No se presumi que la libertad del trfico llegara por esas sendas hasta la choza del pobre, y presentndole nuevas y menos arriesgadas ocupaciones o le obligara a desertar de la siembra del tabaco o le pondra en el caso de exigir en este ramo excesivas recompensas. 22La Factora nunca entr en estas combinaciones, y sin distinguir los tiempos, sin examinar tampoco si se deba a su sistema o a particulares circunstancias la regular abundancia que tuvo algunos momentos tan ocupada de cerrar las puertas de la extraccin, como resistida a dar racionales ensanches a las de introduccin, ha visto con mucha sorpresa lo que debi tocar desde su instalacin; ha visto, digo, que por sus umbrales no pasan hace muchsimo tiempo los hacendados ricos, y que a millares se escapan los pobres, que venan antes en fuerza de la costumbre o de la necesidad. 23En este conflicto ocurre a examinar las causas de su inminente ruina, y resistida siempre a buscarlas en su seno unas veces las encuentra en la excesiva sequa de los aos anteriores, otras en la cortedad de los precios existentes y algunas en la escasez de factoras formales, que en lo interior de la Isla promoviesen el cultivo.3424Pero yo que noto que los que as discurren son miembros de aquel mismo Cuerpo, que en iguales circunstancias se opuso al establecimiento de la Factora independiente de Cuba;35 de aquel que con tanto esfuerzo estuvo hasta 1796 oponindose al aumento de precios, alegando unas veces que slo por los existentes poda convenir al Rey el tabaco de esta Isla,36 y recomendando otras que ellos haban bastado para poner el cultivo en el regular estado en que se haba visto antes. Yo, que intilmente he buscado, y de ninguna poca he encontrado una demostracin de las ventajas o desventajas que, comparado con los otros, ofrece el cultivo de este fruto, ni tampoco de aquel punto en que a S.M. conviene o puede perjudicar la compra de nuestro tabaco para sus Reales fbricas, y que sin estos datos me encuentro por precisin en incapacidad absoluta de saber si hemos llegado, o pasado de los justos y naturales lmites de los precios de compra; yo

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OBRAS 390\ 390\ 390\ 390\ 390\ que me acuerdo de que el cultivo del tabaco no ha necesitado de aumentar su precio para subir a la altura en que en los Estados Unidos lo vemos,37 y que nosotros, al contrario, pagndolo hoy, segn hemos demostrado en las notas 10 y 29, por cerca del triple de lo que lo pagbamos ahora sesenta aos, y estando, como hemos estado, los ocho antecedentes haciendo aumentos continuos,38 siempre fuimos hacia atrs; yo, que reflexiono que la seca no pudo ser igual en todos los partidos de la Isla, y sin embargo lo ha sido al menos proporcionalmente la cortedad de cosechas de tabaco;39 yo que advierto que esa calamidad, siendo comn a todos los frutos, no ha detenido a los de libre extraccin en sus rpidos progresos;40 y yo, que por ltimo observo que no solamente se advierte la disminucin de cosechas, sino la de labradores, y que la gran desercin de stos comenz antes de las secas, y que mayor ha sido al lado de las factoras formales que en donde no las hay,41 debo concluir al menos que la Factora no h